Los Obispos de la Región de Río Negro (diócesis de Alto Valle, San Carlos de Bariloche y Viedma”, enterados por los medios de comunicación de la aprobación el pasado 29 de noviembre la ley conocida como “Muerte digna”, se han dirigido nuevamente a todos los fieles de la Provincia, por medio de un comunicado titulado “Dignidad de la vida humana”.
Enterados por los Medios de Comunicación Social que el pasado 29 de noviembre se aprobó para toda la Provincia de Río Negro la ley conocida como “Muerte digna”, los Obispos de las Diócesis de Alto Valle, Bariloche y Viedma, nos dirigimos al pueblo de la Provincia, para informarles de lo siguiente:
1. Con fecha 11 de julio, los Obispos rionegrinos hicimos conocer un Mensaje titulado la “Dignidad de la vida humana”, donde expresábamos el pensamiento de la Iglesia respecto al proyecto que entonces se debatía en la legislatura de la Provincia, conocido como “Muerte digna”.
Decíamos en el Mensaje, que ofrecíamos esas “consideraciones, tanto a los fieles católicos, como a todos los varones y mujeres de buena voluntad”. A la vez, teniendo en cuenta la alta responsabilidad de todos los Sres. Legisladores provinciales, se les hizo llegar a cada uno, con fecha 12 de julio, el texto completo, para que estuvieran informados de lo que la Iglesia piensa sobre el tema.
2. A pesar del tiempo transcurrido desde que se envió el Mensaje y hasta que se sancionó la Ley, en ninguno de los Obispados se recibió comentario alguno sobre dicho Mensaje, ni a favor ni en contra del documento. Tampoco sabemos si dentro de la legislatura produjo al debate o intercambio de ideas.
3. Teniendo en cuenta afirmaciones aparecidas en algunos medios de la no colaboración de la Iglesia cuando le fue requerida, decimos claramente que nunca se recibió en ninguno de los Obispados del Alto Valle, San Carlos de Bariloche y Viedma, invitación alguna para dialogar sobre tan delicada cuestión, ni siquiera cuando se conoció el Mensaje enviado a los Sres. Legisladores.
4. Respecto a la cuestión que se llama “encarnizamiento terapeútico”, reiteramos el párrafo de nuestro Mensaje que corresponde al tema:
“La Iglesia, reiteradamente, ha manifestado que se opone a las intervenciones médicas ya no adecuadas a la situación real del enfermo, por ser desproporcionadas a los resultados esperados, o bien por ser demasiado gravosas para él o su familia (lo que la ciencia llama hoy “encarnizamiento terapéutico”): “Ante la inminencia de una muerte inevitable, a pesar de los medios empleados, es lícito en conciencia tomar la decisión de renunciar a unos tratamientos que procurarían únicamente una prolongación precaria y penosa de la existencia, sin interrumpir sin embargo las curas normales debidas al enfermo en casos similares.” (Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, “Declaración sobre la Eutanasia”, 5-5-1980).
Las curas “normales” de las que habla la Declaración sobre la Eutanasia, hace referencia, entre otras, a la hidratación y alimentación. Por eso se debe ser muy cuidadosos en distinguir las curas normales de los métodos considerados desproporcionados o ya no adecuados al bien del paciente” (Mensaje de los Obispos del 11 de julio de 2007).
5. Por otra parte, según hemos podido leer en los Medios, la nueva Ley establece que “toda persona que padezca una enfermedad irreversible en estado terminal tiene derecho a manifestar su rechazo a los procedimientos quirúrgicos, de hidratación y alimentación y de reanimación artificial cuando estos sean desproporcionados a las perspectivas de mejoría y produzcan dolor y sufrimiento”.
En cuanto a este punto de los cuidados paliativos, queremos recordar también lo dicho en el Mensaje de julio pasado, porque creemos que la Ley no respeta el derecho que tiene el enfermo a recibir dichos cuidados ordinarios, sabiendo que ellos no son parte de lo que llamamos ensañamiento terapeútico, sino “un medio natural de conservación de la vida”:
“Es bueno tener presente que “…la administración de agua y alimento, aunque se lleve a cabo por vías artificiales, representa siempre un medio natural de conservación de la vida, no un acto médico. Por lo tanto, su uso se debe considerar, en principio, ordinario y proporcionado, y como tal moralmente obligatorio, en la medida y hasta que demuestre alcanzar su finalidad propia…” (Juan Pablo II, 20/03/2004). Por lo tanto, dejar de hidratar y alimentar a un paciente es, simplemente, condenarlo a muerte por inanición, deshidratación y/o desnutrición” (Mensaje de los Obispos de Río Negro del 11 de julio de 2007).
6. Finalmente, creemos que la asistencia religiosa, según sea la confesión del enfermo, es un derecho y una ayuda valiosa para todo paciente, especialmente en la fase final de la vida, que si es bien recibida, transfigura el dolor mismo en un acto de amor redentor y la muerte en apertura hacia la vida plena y feliz en Dios.
Saludamos cordialmente a todos, con la bendición del Dios “que ama la vida” (Sab. 11,26).
General Roca, 6 de diciembre de 2007
Mons. Néstor H. Navarro, obispo de del Alto Valle del Río Negro
Mons. Fernando Carlos Maletti, obispo de San Carlos de Bariloche
Mons. Esteban María Laxague, obispo de Viedma
Mons. Miguel Esteban Hesayne, obispo emérito de Viedma
Mons. José Pedro Pozzi, obispo emérito del Alto Valle del Río Negro
DIGNIDAD DE LA VIDA HUMANA
Comunicado de los obispos de Río Negro
Enterados por los Medios de Comunicación Social que el pasado 29 de noviembre se aprobó para toda la Provincia de Río Negro la ley conocida como “Muerte digna”, los Obispos de las Diócesis de Alto Valle, Bariloche y Viedma, nos dirigimos al pueblo de la Provincia, para informarles de lo siguiente:
1. Con fecha 11 de julio, los Obispos rionegrinos hicimos conocer un Mensaje titulado la “Dignidad de la vida humana”, donde expresábamos el pensamiento de la Iglesia respecto al proyecto que entonces se debatía en la legislatura de la Provincia, conocido como “Muerte digna”.
Decíamos en el Mensaje, que ofrecíamos esas “consideraciones, tanto a los fieles católicos, como a todos los varones y mujeres de buena voluntad”. A la vez, teniendo en cuenta la alta responsabilidad de todos los Sres. Legisladores provinciales, se les hizo llegar a cada uno, con fecha 12 de julio, el texto completo, para que estuvieran informados de lo que la Iglesia piensa sobre el tema.
2. A pesar del tiempo transcurrido desde que se envió el Mensaje y hasta que se sancionó la Ley, en ninguno de los Obispados se recibió comentario alguno sobre dicho Mensaje, ni a favor ni en contra del documento. Tampoco sabemos si dentro de la legislatura produjo al debate o intercambio de ideas.
3. Teniendo en cuenta afirmaciones aparecidas en algunos medios de la no colaboración de la Iglesia cuando le fue requerida, decimos claramente que nunca se recibió en ninguno de los Obispados del Alto Valle, San Carlos de Bariloche y Viedma, invitación alguna para dialogar sobre tan delicada cuestión, ni siquiera cuando se conoció el Mensaje enviado a los Sres. Legisladores.
4. Respecto a la cuestión que se llama “encarnizamiento terapeútico”, reiteramos el párrafo de nuestro Mensaje que corresponde al tema:
“La Iglesia, reiteradamente, ha manifestado que se opone a las intervenciones médicas ya no adecuadas a la situación real del enfermo, por ser desproporcionadas a los resultados esperados, o bien por ser demasiado gravosas para él o su familia (lo que la ciencia llama hoy “encarnizamiento terapéutico”): “Ante la inminencia de una muerte inevitable, a pesar de los medios empleados, es lícito en conciencia tomar la decisión de renunciar a unos tratamientos que procurarían únicamente una prolongación precaria y penosa de la existencia, sin interrumpir sin embargo las curas normales debidas al enfermo en casos similares.” (Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, “Declaración sobre la Eutanasia”, 5-5-1980).
Las curas “normales” de las que habla la Declaración sobre la Eutanasia, hace referencia, entre otras, a la hidratación y alimentación. Por eso se debe ser muy cuidadosos en distinguir las curas normales de los métodos considerados desproporcionados o ya no adecuados al bien del paciente” (Mensaje de los Obispos del 11 de julio de 2007).
5. Por otra parte, según hemos podido leer en los Medios, la nueva Ley establece que “toda persona que padezca una enfermedad irreversible en estado terminal tiene derecho a manifestar su rechazo a los procedimientos quirúrgicos, de hidratación y alimentación y de reanimación artificial cuando estos sean desproporcionados a las perspectivas de mejoría y produzcan dolor y sufrimiento”.
En cuanto a este punto de los cuidados paliativos, queremos recordar también lo dicho en el Mensaje de julio pasado, porque creemos que la Ley no respeta el derecho que tiene el enfermo a recibir dichos cuidados ordinarios, sabiendo que ellos no son parte de lo que llamamos ensañamiento terapeútico, sino “un medio natural de conservación de la vida”:
“Es bueno tener presente que “…la administración de agua y alimento, aunque se lleve a cabo por vías artificiales, representa siempre un medio natural de conservación de la vida, no un acto médico. Por lo tanto, su uso se debe considerar, en principio, ordinario y proporcionado, y como tal moralmente obligatorio, en la medida y hasta que demuestre alcanzar su finalidad propia…” (Juan Pablo II, 20/03/2004). Por lo tanto, dejar de hidratar y alimentar a un paciente es, simplemente, condenarlo a muerte por inanición, deshidratación y/o desnutrición” (Mensaje de los Obispos de Río Negro del 11 de julio de 2007).
6. Finalmente, creemos que la asistencia religiosa, según sea la confesión del enfermo, es un derecho y una ayuda valiosa para todo paciente, especialmente en la fase final de la vida, que si es bien recibida, transfigura el dolor mismo en un acto de amor redentor y la muerte en apertura hacia la vida plena y feliz en Dios.
Saludamos cordialmente a todos, con la bendición del Dios “que ama la vida” (Sab. 11,26).
General Roca, 6 de diciembre de 2007
Mons. Néstor H. Navarro, obispo de del Alto Valle del Río Negro
Mons. Fernando Carlos Maletti, obispo de San Carlos de Bariloche
Mons. Esteban María Laxague, obispo de Viedma
Mons. Miguel Esteban Hesayne, obispo emérito de Viedma
Mons. José Pedro Pozzi, obispo emérito del Alto Valle del Río Negro

