Acontecer pastoral de una parroquia

Acerca de ...
Ver perfil público del propietario del blog
Historia, horarios, fiestas y el acontecer pastoral de la parroquia de El Dulce Nombre de Jesús en La Guancha y de San José en San Juan de la Rambla, ambas en Tenerife, Islas Canarias, España; recopilación de noticias y artículos de interés.
Participantes
Buscador

Servicio cortesia de miarroba.com

Valid XHTML 1.0!

Valid CSS!

CSS - Tableless

martes, 11 de diciembre de 2007
Sugerencias para la homilía propuesta en los materiales para la celebración de Caritas en el tiempo de Navidad.

1. Las heridas del desamor

La humanidad padece muchas enfermedades, pero la más grave, sin duda, es el desamor. El amor es la célula madre, de la que se deriva la salud del cuerpo y del alma. Un niño que no es amado enferma y enloquece. Pero el niño que es amado crece sano y feliz. "Una persona sin amor está oscura por dentro'(Benedicto XVI), está muerta.
Si hubiera más amor en nuestra sociedad, la Navidad sería una fiesta interminable. Desaparecerían las marginaciones y los ol¬vidos, no habría madres que murieran al dar vida, ni habría niños hambrientos ni epidemia insuperables ni enfermedades incurables. Las injusticias crueles, las guerras asesinas, las escla¬vitudes torturantes serían cosas horribles del pasado.

El Hijo de Dios vino cargado con la medicina del amor. Él mismo era esa medicina. Tanto amó Dios al mundo... Se quedó con nosotros para enseñarnos a amar.
Jesús niño divino, sigue amando a este mundo nuestro, que está muy enfermo. Sigue enseñándonos a amar, para que llevemos esta medicina a tantos hermanos que sufren las secuelas del odio, de la injusticia y la indiferencia. Y convén-cenos de que el silencio y la insensibilidad son más dañinos y crueles que la violencia y el terror.

2. La herida de la falta de vida

La vida, fruto de amor, es don de Dios, el primero y funda-mental. La vida es gracia y oportunidad, es relación y comu¬nión, es siembra y cosecha, es esfuerzo y conquista. La vida no debería ser carga, sino gratificación y creatividad.

Por desgracia, para una inmensa mayoría de mujeres y hombres la vida no tiene nada de gratificante, sino de angustia y preocupación. Nacen con dolor, viven con sufrimiento, con-viven con dificultad, trabajan con frustración, padecen enfermedad, mueren con facilidad.
¡Qué distinta suerte la del niño que nace en un país rico y la del que nace en un país empobrecido! Al uno le sobran atenciones y regalos, al otro le faltan alimentos, medi-cinas y cuidados.

Jesús vino a sembrar vida donde había muerte, para que tengan vida y vida en abundancia. Se acercaba a los enfermos para curarlos y para transformar sus sufrimientos en sacramentos. Venida mí...

Jesús, niño divino, quédate con nosotros para curar nuestras en¬fermedades.Te presentamos a los enfermos de anemia, de lepra, de malaria, de cólera, de tuberculosis, de sida... Son enfermedades que podrían evitarse, pero lo impiden nuestras cegueras, nuestros egoísmos, nuestras injusticias estructurales. También a los enfermos de alma, de mente, de corazón. Dales un toque de gracia. Y haz de nosotros ministros de tu salud. Que a nadie falte la medicina de tu presencia recién nacida y resucitada.

3. Heridas de muerte

Amamos la vida, pero tenemos un miedo sordo y constante a la muerte. Amamos la vida, pero no la defendemos adecuada-mente. Queremos vivir, pero se impone una cultura de muerte. ¿Quiénes y cuántos son los diablos que la manejan? Ahí están, seguros y orgullosos, los poderes de las tinieblas: los señores de la guerra, los dueños de la economía, los magos de las finanzas, los brujos de la comunicación... Son los amos del mundo.

Policromía mortal:

Muerte roja: por la guerra, el terrorismo, la mafia, todo tipo de violencia.

• Muerte negra: del hambre, la exclusión, las pandemias.

• Muerte blanca: por los abortos, los suicidios, la eutanasia.

• Muerte amarilla: del sida, la droga, la autodestrucción.

• Muerte gris: por accidentes naturales o provocados.

Dios no hizo la muerte ni quiere la muerte ni se recrea en la destrucción de los vivientes (cf. Sb 1,13 ss). Dios es amigo y cultivador de la vida. Nació Jesús para vencer la muerte y transformarla en pascua. Quiso morir para que nosotros pu-diéramos resucitar. "No temas (...) Estuve muerto, pero ahora vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del infierno" (Ap 1, 17-18). Jesús resucitado nos enseña que el amor es más fuerte que la muerte.

Niño divino, ayúdame a prolongar tu presencia liberadora. Ayú¬dame a combatir el poder de las tinieblas desde mi debilidad.

"Amo a todo enfermo y solo. ¿Quién consuela su llanto? (...) ¿Y quién estrecha contra su propio corazón el corazón desesperado? Haz, Dios mío, que pueda ser en el mundo sacramento tangible de tu amor (.. .), llegara convertir en amor toda la soledad del mundo" (Chiara Lubich)

Comentarios