S?bado, 29 de diciembre de 2007
Art?culo sobre el Siervo de Dios el P. Tom?s Morales enmnviado a la parroquia como difusi?n de supersona, editado por "Secretariado Tom?s Morales. C/ Benito Guti?rrez, 45. 28008 Madrid (Espa?a)"


EL SIERVO DE DIOS P. TOM?S MORALES, FUNDADOR (1)


Considerado un pionero en la formaci?n de los laicos, haci?ndoles conscientes de la tarea apremiante, pues es ?todo un mundo el que hay que rehacer desde sus cimientos; por lo que es preciso transformarlo de salvaje en humano, y de humano en divino, seg?n el coraz?n de Dios? (P?o XII, exh. Por un mundo mejor, 10-2-1952), el Siervo de Dios P. Morales vivi? siempre atento a los signos de los tiempos. Respondi? con prontitud y sin reservas, mediante la entrega abnegada e incansable, a los sucesivos llamamientos de los Papas de la segunda mitad del siglo XX a la participaci?n activa y responsable del laicado en la vida de la Iglesia y de la sociedad.

Los inicios del movimiento de laicos fundado por el P. Morales se encuentran en una tanda de Ejercicios espirituales, celebrada a finales de 1946, en la que los j?venes asistentes, tocados por el amor de Dios, sintieron en sus corazones el ardor apost?lico e hicieron suya la misi?n de llevar a otros lo que ellos mismos hab?an conocido: un nuevo estilo de vida evang?lico capaz de llenar en plenitud el coraz?n del hombre. Entendieron entonces que muchos j?venes viv?an como ellos hasta ahora sin ideales, hundidos en un materialismo asfixiante, de espaldas a Dios, infelices.
Para acometer esta urgente tarea de movilizar al laicado el P. Morales concibi? la idea de poner en marcha un movimiento de laicos comprometidos que vivan con madurez y responsabilidad los compromisos adquiridos en el bautismo. Y lo puso en marcha.

El estilo aut?nticamente evang?lico vivido por los primeros militantes del movimiento del Hogar del Empleado, acompa?a-do de una fuerte vida interior, que contagiaban como por ?smosis a todos los que se acercaban a ellos, fue el ambiente adecuado para que algunos sintieran la llamada del Se?or a una entrega total y exclusiva a aquella obra que el Esp?ritu Santo estaba impulsando. En el verano de 1955 este primer n?cleo de miembros consagrados toman el nombre de Cruzados de Santa Mar?a, al servicio de Jesucristo, Rey eterno y Se?or Universal. Marcan, as?, su m?stica apost?lica bajo el manto de la Virgen: los Ejercicios espirituales de san Ignacio, en los que se formar?n ellos mismos y atraer?n a otros para que sean transformados por la gracia de Cristo. Actualmente los Cruzados son un Instituto secular de derecho diocesano (11 de febrero de 1988).

En torno a 1960 comienza a surgir otro n?cleo de mujeres que tambi?n quieren entregarse definitivamente a Dios sin
abandonar el mundo y la profesi?n en que se encuentran. Unos a?os despu?s, diciembre 1965, nace en la Iglesia la P?a Uni?n Cruzadas de Santa Mar?a, que desde el 13 de mayo de 2000 son un Instituto secular de derecho pontificio.

Los primeros matrimonios que surgieron de aquellos militan-tes, formados en la espiritualidad ignaciana, que vieron a la luz de Dios su vocaci?n al matrimonio, fueron asoci?ndose bajo la denominaci?n de Hogares de Santa Mar?a para ayudarse a vivir con fidelidad, y hacer vivir a otros, lo que hab?an recibido en el nuevo estado de vida al que hab?an sido llamados. Comenzaron su camino en los a?os 60, cuando el P. Morales dio un retiro espiritual a dos matrimonios. En los a?os siguientes, el P. Morales los impulsaba de forma paciente mediante la direcci?n espiritual. Fueron consolid?ndose hasta ser aprobados en 1996 como asociaci?n p?blica de fieles laicos. Viven en el matrimonio las exigencias de la consagraci?n bautismal seg?n el carima del P. Morales: vida de oraci?n y sacramentos, austeridad de vida, castidad conyugal y apertura generosa a la vida, cumplimiento del deber profesional, apostolado vivido de forma prioritaria con sus hijos aunque proyect?ndose, tambi?n, hacia otras familias de su entorno social. Su fuente de renovaci?n interior son los Ejercicios espirituales y los d?as de retiro mensual.

Diversas ramas componen, en la actualidad, el ?rbol de la Familia de Santa Mar?a: laicos militantes, j?venes y adultos, que integran varias realidades, pluralidad de formas en comuni?n; un fuerte n?cleo de consagrados y consagradas (Cruzados y Cruza-das de Santa Mar?a), sacerdotes y familias: ?La familia Cruzada se integra de laicos y sacerdotes (...) Dentro de los laicos, tres ramas enteramente aut?nomas funcionan con independencia absoluta y sin permitir intromisiones: masculina, femenina, matrimonial? (Vademecum, p. 62). Los sacerdotes, dedicados exclusivamente al ministerio ordenado. Los laicos agrupados en la Milicia de Santa Mar?a , movimiento apost?lico de formaci?n de j?venes, futuros padres y madres de familia, sacerdotes, religiosos o laicos consagrados, viven al servicio de la Iglesia universal, de todas sus obras, troquela hombres y mjueres que sepan amar all? donde Dios los sit?e; se caracteriza por el clima de familia, el estilo de los primeros cristianos, el esp?ritu de superaci?n, el amor a la Virgen, la sinton?a con el Papa y el Magisterio eclesi?stico, la universalidad, la b?squeda y perseverancia en el proyecto personal de vida. ?Toda la familia Cruzada, en cualquiera de sus ramas, cree y vive la vocaci?n divina de laicado afirmada por veinte siglos de cristianismo y puesta a plena luz por el Vaticano II?.

Propio del carisma de la Familia de Santa Mar?a es, adem?s, fomentar vocaciones a la vida consagrada, como aprendimos de los continuos ejemplos del Fundador en la direcci?n de las almas que se acercaban a ?l. En particular, las vocaciones a la vida contemplativa. Aquellas se formaron en la Milicia de Santa Mar?a se inmolan en el silencio de los claustros y ofrecen sus vidas por las restantes ramas y realidades de la Familia de Santa Mar?a. Son miembros ocultos, silenciosos, pero imprescindibles tambi?n para la vitalidad de la Familia.

El carisma otorgado al P. Morales se inspira en el misterio de la vida escondida del Verbo Encarnado en Nazaret. Los miembros est?n llamados a prolongar en si mismos esta dimensi?n de la vida de Cristo. As?, pues, y en palabras del fundador, el elemento distintivo de nuestro carisma, a la luz de este misterio, es la b?squeda de la ?santidad apost?lica en medio del mundo, viviendo la espiritualidad contemplativa en la acci?n de Nazaret? (reglamento para consagrados, p. 9) al servicio de los j?venes y las familias.

Una aspiraci?n a la santidad sin salir del mundo, m?s bien sirvi?ndose de ?l, como de los pelda?os de una escalera, para llegar hasta Dios. En medio del mundo, prolongando ?la acci?n santificadora de la Encarnaci?n; consagr?ndolo a Dios, ofreci?ndolo por la Virgen, en Jes?s, como oblaci?n ?nica al Padre?. Esta nota implica que buscamos la santidad a trav?s de la vida familiar, profesional y social, es decir, a trav?s del cumplimiento de los propios deberes de estado. Compartimos la vida, las preocupaciones y los afanes con los dem?s, como la Sagrada Familia en los treinta a?os de Nazaret. Los miembros del Movimiento Familia de Santa Mar?a son ?gente del mundo, gente de la calle? (ibid, p. 10), pero su estar en el mundo se caracteriza por la sencillez y la alegr?a propias de quien se siente ?hijo de Dios en medio de los hermanos que nos rodean? (ibid, p. 10). A trav?s de la presencia y la competencia profesional, llevamos el fermento del mensaje cristiano. Nuestra presencia no se limita a estar de forma an?nima, pasiva o cobarde. aunque no se puede olvidar que la mayor eficacia, el m?ximo poder de convicci?n arranca de lo que somos, no de lo que hacemos o decimos. Es una presencia madura que se manifiesta en el testimonio de vida cristiana; la palabra iluminadora pronunciada con el ?dulce nombre de Mar?a siempre en el coraz?n? (ibid, p. 11), y la acci?n responsable en servicio de los dem?s.

Mirando a Cristo, buscamos la santidad en el trabajo profesional convertido en contemplaci?n. Cada uno encuentra en su trabajo, oculto y competente, el mejor medio de unirse con Jes?s. Es el ?altar en que se santifica. Con ?l se ofrece con y en Cristo? (ibid, p. 7). Nuestro servicio a Dios y a los hombres est? vinculado a la perfecci?n con la que realizamos nuestros quehaceres. Por eso, seguimos la consigna de san Pablo: ?lo que hac?is, hacedlo con toda el alma, como quien sirve a Dios y no a los hombres, sabiendo que recibir?is del Se?or la herencia en recompensa. Servid a Cristo Se?or? (Col 3, 23-24).

El P. Morales estaba convencido de que ?vivir en Nazaret es realizar el apostolado m?s fecundo y universal?. Mira a Cristo que, siendo el Salvador del mundo, ?lo salv? desapareciendo ante la voluntad del Padre en vida oculta, obediente, de trabajo? (ibid, p. 111). Nazaret es tambi?n vivir una vida de uni?n estrech?sima con Mar?a Sant?sima que vivi? su peregrinaci?n en el ocultamiento de una vida como la de los dem?s y en ella se santific?. Imitando la tarea de Mar?a como educadora del Ni?o Jes?s, la Familia de Santa Mar?a trabaja de todos los modos posibles por la educaci?n de la juventud, y al servicio de todas las familias del mundo.

Rasgo medular en la espiritualidad de la Familia de Santa Mar?a es su ?m?stica mariana de amor conquistador?, emulando al vi-da del cristianismo primitivo. Los primeros cristianos viv?an unidos ?ntimamente a la Virgen. Ella les alentaba y les animaba. Su presencia les llenaba de amor y les lanzaba a la misi?n. En particular, el amor a la Virgen se vive imitando su estilo de vida, sus virtudes, la eficacia del amor, del amor oculto, ofrecido, oblativo; estilo de confianza audaz, di disponibilidad total, de alegr?a sencilla. De entre los momentos de la vida de Mar?a el Siervo de Dios descubri? dos actitudes fundamentales que dan una impronta caracter?stica a la espiritualidad de sus obras: la contemplaci?n, envuelta en el misterio de la Trinidad y el esp?ritu de servicio; su vida interior en presencia continua de Dios, a la escucha del Esp?ritu Santo y en la donaci?n de s?, la disponibilidad permanente para la misi?n: la Inmaculada y la Visitaci?n.


1 Cfr. L. Jim?nez, Un movimiento, unas obras, una misi?n. El P Morales fundador, Ed. Encuentro, Madrid 2000.
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