Domingo, 13 de enero de 2008
ZENIT publica el informe que ofreci? el cardenal Walter Kasper, presidente del Consejo Pontificio para la Promoci?n de la Unidad de los Cristianos, a Benedicto XVI y a los cardenales de la Iglesia reunidos en el Vaticano el 23 de noviembre pasado en v?speras del consistorio para la creaci?n de nuevos purpurados.


En el tiempo de que dispongo, por desgracia, s?lo podr? presentar en sus grandes l?neas y, no de modo exhaustivo, los informes y reflexiones sobre la situaci?n ecum?nica actual. Con todo, espero que mi relaci?n ponga de relieve la obra de la divina Providencia, que gu?a hacia la unidad a los cristianos separados, para que su testimonio sea un signo cada vez m?s claro ante el mundo.

1. Comenzar? con una primera observaci?n, que considero esencial. Lo que llamamos ecumenismo -y que es necesario distinguir del di?logo interreligioso- encuentra su fundamento en el testamento que nos dej? Jes?s mismo la v?spera de su muerte: "Ut unum sint" (Jn 17, 21). El concilio Vaticano II defini? la promoci?n de la unidad de los cristianos como uno de sus principales objetivos (cf. Unitatis redintegratio, 1) y como un impulso del Esp?ritu Santo (cf. ib., 1 y 4). El Papa Juan Pablo II declar? que la b?squeda ecum?nica es un camino irreversible (cf. Ut unum sint, 3); y el Papa Benedicto XVI, desde el primer d?a de su pontificado, asumi? como compromiso primario el trabajar sin escatimar energ?as en el restablecimiento de la unidad plena y visible de todos los seguidores de Cristo. Es consciente de que para esto no bastan las manifestaciones de buenos sentimientos. Hacen falta gestos concretos que entren en los corazones y sacudan las conciencias, impulsando a cada uno a la conversi?n interior, que es el presupuesto de todo progreso en el camino del ecumenismo (cf. Homil?a en la misa en la capilla Sixtina ante el Colegio cardenalicio, 20 de abril de 2005). Por tanto, el ecumenismo no es una elecci?n opcional, sino un deber sagrado.

Naturalmente, ecumenismo no es sin?nimo ni de humanismo ingenuo ni de relativismo eclesiol?gico. Se apoya en la firme conciencia que la Iglesia cat?lica tiene de s? misma y en los principios cat?licos, de los que habla el decreto sobre el ecumenismo (cf. Unitatis redintegratio, 2-4). Es un ecumenismo de la verdad y de la caridad; ambas est?n ?ntimamente unidas y no pueden sustituirse mutuamente. Ante todo, es preciso respetar el di?logo de la verdad. Las normas concretas est?n expuestas de modo vinculante en el "Directorio ecum?nico" de 1993.

El resultado m?s significativo del ecumenismo en los ?ltimos decenios -y tambi?n el m?s gratificante- no son los diversos documentos, sino la fraternidad recuperada, haber redescubierto que somos hermanos y hermanas en Cristo, haber aprendido a apreciarnos los unos a los otros, y haber emprendido juntos el camino hacia la unidad plena (cf. Ut unum sint, 42).

Por este camino, la c?tedra de Pedro se ha convertido durante los ?ltimos cuarenta a?os en un punto de referencia cada vez m?s importante para todas las Iglesias y para todas las comunidades eclesiales. El hecho de que, tras el entusiasmo inicial, se haya asumido una actitud de mayor sobriedad demuestra que el ecumenismo se ha vuelto m?s maduro, m?s adulto. Ya es una realidad diaria, percibida como algo normal en la vida de la Iglesia. Con gran gratitud debemos reconocer en ese desarrollo la obra del Esp?ritu Santo que gu?a a la Iglesia.

De modo m?s espec?fico, podemos distinguir tres campos en el ecumenismo. Ante todo, el de las relaciones con las antiguas Iglesias orientales y con las Iglesias ortodoxas del primer milenio, que reconocemos como Iglesias puesto que, a nivel eclesiol?gico, han mantenido como nosotros la fe y la sucesi?n apost?licas. En segundo lugar, el de las relaciones con las comunidades eclesiales surgidas directa o indirectamente -como las Iglesias libres- de la Reforma del siglo XVI; estas comunidades han desarrollado su propia eclesiolog?a, tomando como fundamento la sagrada Escritura. Y, por ?ltimo, la historia reciente del cristianismo ha registrado una "tercera oleada", la del movimiento carism?tico y el movimiento pentecostal, surgidos al inicio del siglo XX y extendidos luego por todo el mundo con un crecimiento exponencial.

As? pues, el ecumenismo debe afrontar una realidad muy variada y diferenciada, que se caracteriza por fen?menos muy diversos seg?n los contextos culturales y las Iglesias locales.

2. Comencemos por las Iglesias del primer milenio. Ya en los primeros diez a?os de di?logo con las Iglesias orientales pre-calcedonianas, o sea, en el per?odo comprendido entre los a?os 1980 y 1990, logramos resultados importantes. Gracias al consenso conseguido entre el Papa Pablo VI y el Papa Juan Pablo II con los Patriarcas respectivos fue posible superar las antiguas controversias cristol?gicas surgidas en torno al concilio de Calcedonia (a?o 451) y, por lo que ata?e a la Iglesia asiria de Oriente, en torno al concilio de ?feso (a?o 381).

En la segunda fase, el di?logo se concentr? en la eclesiolog?a, es decir, en el concepto de comuni?n eclesial y en sus criterios. El pr?ximo encuentro se tendr? en Damasco del 27 de enero al 2 de febrero de 2008. En ?l se discutir? por primera vez el borrador de un documento sobre "Naturaleza, constituci?n y misi?n de la Iglesia". Gracias a este di?logo, las Iglesias de antigua tradici?n, e incluso de tradici?n apost?lica, toman de nuevo contacto con la Iglesia universal despu?s de haber vivido al margen de ella durante mil quinientos a?os. Es muy normal que eso suceda s?lo lentamente, paso a paso, dadas las circunstancias, es decir, los muchos siglos de separaci?n y las grandes diferencias de cultura y mentalidad.

El di?logo con las Iglesias ortodoxas de tradici?n bizantina, sir?aca y eslava, se inici? oficialmente en 1980. Con esas Iglesias tenemos en com?n los dogmas del primer milenio, la Eucarist?a y los dem?s sacramentos, la veneraci?n de Mar?a, Madre de Dios, y de los santos, y la estructura episcopal de la Iglesia. A estas Iglesias, como a las antiguas Iglesias orientales, las consideramos Iglesias hermanas de las Iglesias locales cat?licas. Ya exist?an diferencias en el primer milenio, pero en esa ?poca no se percib?an como un factor de divisi?n en el seno de la Iglesia. La separaci?n verdadera se produjo a trav?s de un largo proceso de alejamiento y alienaci?n, a causa de una falta de comprensi?n y de amor rec?procos, como puso de manifiesto el concilio ecum?nico Vaticano II (cf. Unitatis redintegratio, 14). Por tanto, lo que sucede hoy es necesariamente un proceso inverso de reconciliaci?n mutua.

Los primeros pasos importantes se dieron ya durante el Concilio. Conviene recordar, por ejemplo, el encuentro y el intercambio de correspondencia entre el Papa Pablo VI y el Patriarca ecum?nico Aten?goras, el famoso "Tomos agapis" y la cancelaci?n de la memoria de la Iglesia de las excomuniones rec?procas del a?o 1054, en el pen?ltimo d?a del Concilio. Sobre esas bases fue posible reanudar algunas formas de comuni?n eclesial del primer milenio: el intercambio de visitas, de mensajes y de misivas entre el Papa y los Patriarcas, sobre todo con el Patriarca ecum?nico; la cordial convivencia y colaboraci?n en muchas Iglesias locales; la concesi?n, para uso lit?rgico, de edificios de culto por parte de la Iglesia cat?lica a cristianos ortodoxos que viven entre nosotros en la di?spora, como signo de hospitalidad y de comuni?n.

Durante el ?ngelus pronunciado con ocasi?n de la fiesta de San Pedro y San Pablo de este a?o, el Papa Benedicto XVI subray? que con estas Iglesias estamos ya en una comuni?n eclesial casi plena.

En los primeros diez a?os del di?logo, desde 1980 hasta 1990, se puntualiz? y se puso de relieve lo que tenemos en com?n con respecto a los sacramentos (sobre todo, a la Eucarist?a) y al ministerio episcopal y sacerdotal. Sin embargo, el cambio pol?tico de 1989-1990, en vez de simplificar nuestras relaciones, las complic?. La vuelta de las Iglesias cat?licas orientales a la vida p?blica, despu?s de a?os de brutales persecuciones y de heroica resistencia pagada incluso al precio de la sangre, ha sido vista por las Iglesias ortodoxas como amenaza de un nuevo "uniatismo". As?, en la d?cada de 1990, a pesar de las importantes aclaraciones que se hicieron en los encuentros de Balamand (1993) y Baltimore (2000), el di?logo se estanc?. La situaci?n de crisis se agudiz? sobre todo en las relaciones con la Iglesia ortodoxa rusa despu?s de la erecci?n can?nica de cuatro di?cesis en Rusia el a?o 2002.

Gracias a Dios, despu?s de muchos esfuerzos realizados con paciencia, el a?o pasado fue posible reanudar el di?logo; en 2006 se tuvo un encuentro en Belgrado y hace cerca de un mes nos reunimos de nuevo en R?vena. En esa ocasi?n, se produjo una decisiva mejora por lo que respecta al ambiente y a las relaciones, a pesar de que se ausent? la delegaci?n rusa por motivos inter-ortodoxos. As? se inici? una prometedora tercera fase de di?logo.

El documento de R?vena, titulado: "Consecuencias eclesiol?gicas y can?nicas de la naturaleza sacramental de la Iglesia", ha constituido un vuelco importante. Por primera vez, los interlocutores ortodoxos han reconocido un nivel universal de la Iglesia y han admitido que tambi?n en este nivel existe un Protos, un Primado, que s?lo puede ser el Obispo de Roma seg?n la taxis de la Iglesia antigua.

Todos los participantes son conscientes de que este es s?lo un primer paso y que el camino hacia la comuni?n eclesial plena ser? a?n largo y dif?cil; sin embargo, con este documento hemos puesto una base para el di?logo futuro. El tema que se abordar? en la pr?xima sesi?n plenaria ser?: "El papel del Obispo de Roma en la comuni?n de la Iglesia en el primer milenio".

Por lo que ata?e m?s espec?ficamente al Patriarcado de Mosc? de la Iglesia ortodoxa rusa, las relaciones en los ?ltimos a?os se han allanado sensiblemente. Podemos decir que ya no hay hielo, sino deshielo. Desde nuestro punto de vista, ser?a ?til un encuentro entre el Santo Padre y el Patriarca de Mosc?. El Patriarcado de Mosc? nunca ha excluido categ?ricamente ese encuentro, pero considera oportuno resolver antes los problemas que, a su parecer, existen en Rusia y sobre todo en Ucrania. Conviene recordar, por lo dem?s, que se han tenido muchos encuentros tambi?n en otros niveles. Entre ellos cabe mencionar la reciente visita del Patriarca Alexis II a Par?s, considerada por ambas partes como un paso importante.

Resumiendo, podemos afirmar que a?n ser?n necesarias una continua purificaci?n de la memoria hist?rica y muchas oraciones para que, sobre la base com?n del primer milenio, logremos colmar la fractura entre Oriente y Occidente, y restablecer la comuni?n eclesial plena. A pesar de las dificultades que a?n persisten, es fuerte y leg?tima la esperanza de que, con la ayuda de Dios y gracias a la oraci?n de tantos fieles, la Iglesia, despu?s de la divisi?n del segundo milenio, en el tercero vuelva a respirar con sus dos pulmones.

3. Pasemos ahora a las relaciones con las comunidades eclesiales surgidas de la Reforma. Tambi?n en este campo se han registrado signos estimulantes. Todas las comunidades eclesiales se han manifestado interesadas en el di?logo, y la Iglesia cat?lica mantiene el di?logo con casi todas las comunidades eclesiales. Se ha alcanzado cierto consenso en el ?mbito de las verdades de fe, sobre todo por lo que concierne a las cuestiones fundamentales de la doctrina sobre la justificaci?n.

En muchos lugares existe una fecunda colaboraci?n en el ?mbito social y humanitario. Se ha generalizado progresivamente una actitud de confianza mutua y de amistad, caracterizada por un profundo deseo de unidad, que sigue existiendo a pesar de que, de vez en cuando, se registran tonos m?s duros y ?speras desilusiones. De hecho, la intensa red de relaciones, tanto personales como institucionales, que se han desarrollado mientras tanto, puede resistir las tensiones ocasionales.

La situaci?n ecum?nica no ha sufrido ninguna interrupci?n, sino un profundo cambio. Se trata del mismo cambio que han experimentado la Iglesia y el mundo en general. Aqu? me limitar? a citar s?lo algunos aspectos de esta transformaci?n.

1) Despu?s de haber logrado un consenso fundamental sobre la doctrina de la justificaci?n, ahora debemos nuevamente discutir temas cl?sicos controvertidos, entre los que cabe destacar la eclesiolog?a y los ministerios eclesiales (cf. Ut unum sint, 66). A este prop?sito, las "Cinco respuestas" dadas por la Congregaci?n para la doctrina de la fe el pasado mes de julio han suscitado perplejidad y originado cierto malhumor. La agitaci?n que se ha producido con respecto a ese documento era, por lo general, injustificada, pues el texto no afirma nada nuevo, sino que reafirma de modo sint?tico la doctrina cat?lica. Sin embargo, ser?a de desear que se revisara la forma, el lenguaje y la presentaci?n en p?blico de esas declaraciones.

2) Las diferentes eclesiolog?as llevan necesariamente a tener distintas concepciones de lo que es la finalidad del ecumenismo. As?, el hecho de que nos falte un concepto com?n de unidad eclesial como meta por alcanzar, es un problema. Ese problema es a?n m?s grave si consideramos que la comuni?n eclesial es para los cat?licos el presupuesto para una comuni?n eucar?stica y que la ausencia de una comuni?n eucar?stica conlleva grandes dificultades pastorales, sobre todo en el caso de matrimonios y familias mixtas.

3) Mientras, por una parte, nos esforzamos por superar las antiguas controversias, por otra surgen nuevas divergencias en el campo ?tico. Eso ata?e de modo especial a las cuestiones relativas a la defensa de la vida, al matrimonio, a la familia y a la sexualidad humana. A causa de estas nuevas brechas que se est?n produciendo, el testimonio p?blico com?n se ha debilitado notablemente, por no decir que resulta casi imposible. La crisis que se ha verificado en el interior de las respectivas comunidades se puede ejemplificar con gran claridad en la situaci?n de la Comuni?n anglicana, que no es un caso aislado.

4) La teolog?a protestante, marcada durante los primeros a?os del di?logo por el "renacimiento luterano" y por la teolog?a de la palabra de Dios de Karl Barth, ahora ha vuelto a los motivos de la teolog?a liberal. En consecuencia, constatamos que, en lo que ata?e a la parte protestante, los fundamentos cristol?gicos y trinitarios que hab?an sido hasta ahora un presupuesto com?n, quedan a veces diluidos. Lo que consider?bamos nuestro patrimonio com?n ha comenzado a deshacerse en muchos puntos como los glaciares en los Alpes.

Pero tambi?n hay fuertes corrientes contrarias, que han surgido como reacci?n ante los fen?menos que he mencionado. Se registra en todo el mundo un fuerte crecimiento de grupos evang?licos, cuyas posiciones coinciden por lo general con las nuestras en las cuestiones dogm?ticas fundamentales, sobre todo en el campo ?tico, pero a menudo son muy divergentes en lo que ata?e a la eclesiolog?a, la teolog?a de los sacramentos, la ex?gesis b?blica y la comprensi?n de la tradici?n.

Hay agrupaciones eclesiales importantes que desean imponer en el anglicanismo y en el luteranismo elementos de la tradici?n cat?lica por lo que se refiere a la liturgia y al ministerio eclesial. A estas agrupaciones se les a?aden cada vez m?s comunidades mon?sticas que, viviendo frecuentemente seg?n la regla benedictina, se sienten cercanas a la Iglesia cat?lica. Adem?s, existen comunidades pietistas que, ante la crisis relativa a las cuestiones ?ticas, no se sienten totalmente a gusto en las comunidades eclesiales protestantes; y ven con gratitud las claras tomas de posici?n del Papa, que no hace mucho tiempo criticaban con un tono menos ben?volo.

Todos estos grupos, juntamente con las comunidades cat?licas de vida consagrada y los nuevos movimientos espirituales, han constituido recientemente "redes espirituales", agrupadas a menudo en torno a monasterios como Chevetogne, Bose y sobre todo Taiz?, y tambi?n en movimientos como el de los Focolares y el de "Chemin neuf".

De este modo, podemos decir que el ecumenismo vuelve a sus or?genes en peque?os grupos de di?logo, de oraci?n y de estudio b?blico. Recientemente, estos grupos han tomado la palabra tambi?n en p?blico, por ejemplo en los grandes encuentros de los movimientos en Stuttgart, en 2004 y en 2007. As?, juntamente con los di?logos oficiales, que cada vez resultan m?s dif?ciles, han surgido nuevas formas de di?logo prometedoras.

Por consiguiente, esta panor?mica general nos muestra que no s?lo existe un acercamiento ecum?nico, sino que tambi?n hay fragmentaciones y fuerzas centr?fugas que est?n actuando. Adem?s, si tomamos en cuenta las numerosas "Iglesias" as? llamadas independientes, que siguen surgiendo sobre todo en ?frica, y la proliferaci?n de grup?sculos a menudo muy agresivos, comprobamos que el panorama ecum?nico ahora resulta muy diferenciado y confuso. Este pluralismo no es m?s que el reflejo de la situaci?n pluralista de la sociedad "pos-moderna", que a menudo lleva a un relativismo religioso.

En el contexto actual, son particularmente importantes los encuentros como la asamblea plenaria del Consejo mundial de Iglesias, que tuvo lugar en febrero del a?o pasado en Porto Alegre (Brasil), el "Global Christian Forum" y la "Asamblea ecum?nica europea", celebrada en septiembre de este a?o en Sibiu-Hermannstadt (Ruman?a). Estos encuentros tienen como finalidad reunir en di?logo a los diversos grupos divergentes y, en la medida de lo posible, mantener unido el movimiento ecum?nico con sus luces, sus sombras y sus nuevos desaf?os, en una situaci?n que ha cambiado y que sigue cambiando r?pidamente.

4. El tema del pluralismo me lleva a la tercera oleada de la historia del cristianismo, es decir, la difusi?n de los grupos carism?ticos y pentecostales, los cuales, con cerca de cuatrocientos millones de fieles en todo el mundo, ocupan el segundo lugar entre las comunidades cristianas, desde el punto de vista num?rico, y experimentan un crecimiento exponencial. Sin una estructura com?n y sin un ?rgano central, son muy diversos entre s?. Se consideran como el fruto de un nuevo Pentecost?s; en consecuencia, el bautismo del Esp?ritu desempe?a para ellos un papel fundamental.

Refiri?ndose a ellos, el Papa Juan Pablo II afirm? que este fen?meno no debe considerarse s?lo de modo negativo, pues, m?s all? de los innegables problemas, testimonia el deseo de una experiencia espiritual. Eso no quita que, por desgracia, muchas de esas comunidades mientras tanto se han convertido en una religi?n que promete una felicidad terrena.

Con los pentecostales cl?sicos ha sido posible entablar un di?logo oficial. Con otros siguen existiendo notables dificultades a causa de sus m?todos misioneros un poco agresivos. Ante ese desaf?o, el Consejo pontificio para la promoci?n de la unidad de los cristianos ha organizado en varios continentes seminarios para obispos, te?logos y laicos comprometidos en el ecumenismo: en Am?rica Latina (S?o Paulo y Buenos Aires); en ?frica (Nairobi y Dakar); en Asia (Se?l y Manila). El resultado de estos seminarios se refleja tambi?n en el documento final de la V Asamblea general del Episcopado latinoamericano y del Caribe, celebrada en Aparecida en mayo de este a?o.

Ante todo, es necesario hacer un examen de conciencia pastoral y preguntarnos de modo auto-cr?tico: ?Por qu? tantos cristianos abandonan nuestra Iglesia? No debemos comenzar pregunt?ndonos: ?qu? es lo que no est? bien en los pentecostales?, sino m?s bien: ?cu?les son nuestras carencias pastorales, y c?mo podemos reaccionar ante este nuevo desaf?o con una renovaci?n lit?rgica, catequ?tica, pastoral y espiritual?

5. Esta pregunta nos lleva a la pregunta conclusiva: ?De qu? modo proseguir el camino ecum?nico? No es posible dar una respuesta ?nica. La situaci?n es demasiado diversa seg?n las regiones geogr?ficas, los ambientes culturales y las Iglesias locales. Son las Conferencias episcopales, en particular, las que deben asumir sus responsabilidades.

En l?nea de principio, debemos partir del patrimonio com?n de fe y permanecer fieles a lo que, con la ayuda de Dios, ya hemos conseguido ecum?nicamente. En la medida de lo posible, debemos dar un testimonio com?n de esta fe en un mundo cada vez m?s secularizado. Eso significa, en la situaci?n actual, tambi?n redescubrir y reforzar los fundamentos de nuestra fe. De hecho, todo se tambalea y se vac?a de sentido si no tenemos una fe firme y consciente en el Dios vivo, uno y trino, en la divinidad de Cristo, en la fuerza salv?fica de la cruz y de la resurrecci?n. Para quien ya no sabe lo que es el pecado y lo que es estar implicado en el pecado, la justificaci?n del pecador no tiene ninguna importancia.

S?lo apoy?ndonos en la fe com?n es posible dialogar sobre nuestras diferencias. Y ese di?logo debe realizarse de un modo claro pero no pol?mico. No debemos ofender la sensibilidad de los dem?s o desacreditarlos; no debemos se?alar con el dedo lo que nuestros interlocutores ecum?nicos no son y lo que no tienen. M?s bien, debemos dar testimonio de la riqueza y de la belleza de nuestra fe de un modo positivo y acogedor. De los dem?s esperamos la misma actitud. Si esto sucede, entonces podr? existir entre nosotros y nuestros interlocutores, como dice la enc?clica Ut unum sint (1995), no s?lo un intercambio de ideas, sino tambi?n de dones, con el que nos enriqueceremos ambos (cf. nn. 28 y 57). Ese ecumenismo de intercambio no es un empobrecimiento, sino un enriquecimiento mutuo.

En el di?logo fundamentado en el intercambio espiritual, el di?logo teol?gico desempe?ar? tambi?n en el futuro un papel esencial. Sin embargo, s?lo ser? fecundo si est? sostenido por un ecumenismo de la oraci?n, de la conversi?n del coraz?n y de la santificaci?n personal. En efecto, el ecumenismo espiritual es el alma misma del movimiento ecum?nico (cf. Unitatis redintegratio, 8; Ut unum sint, 21-27) y a nosotros nos toca promoverlo en primer lugar. Sin una verdadera espiritualidad de comuni?n, que permite dejar espacio al otro sin renunciar a la propia identidad, todos nuestros esfuerzos desembocar?an en un ?rido y vac?o activismo.

Si hacemos nuestra la oraci?n que Jes?s pronunci? en la v?spera de su muerte, no debemos desalentarnos y vacilar en nuestra fe. Como dice el Evangelio, debemos confiar en que lo que pedimos en el nombre de Cristo ser? escuchado (cf. Jn 14, 13). A nosotros no nos toca decidir cu?ndo, d?nde y c?mo. Eso corresponde a Aquel que es el Se?or de la Iglesia y que congregar? a su Iglesia desde los cuatro vientos. Nosotros debemos contentarnos con hacer todo lo que est? de nuestra parte, reconociendo con gratitud los dones recibidos, es decir, lo que el ecumenismo ha realizado hasta ahora, y mirar al futuro con esperanza. Basta echar, con un m?nimo de realismo, una mirada a los "signos de los tiempos" para comprender que no hay ninguna alternativa realista al ecumenismo, y sobre todo ninguna alternativa de fe.
Publicado por verdenaranja @ 22:14  | Ecumenismo
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