Lunes, 14 de enero de 2008
Mensaje de los Obispos de la Comisi?n Episcopal para las
Relaciones Interconfesionales con motivo de la
Semana de oraci?n por la Unidad de los Cristianos
18-25 de enero de 2008


No ces?is de orar


1. Primer Centenario del Octavario de Oraci?n por la unidad

Se cumplen en 2008 cien a?os del Octavario de oraci?n por la unidad de los cristianos, desde que el P. Paul Wattson, cofundador de la Sociedad de la Expiaci?n (Society of the Atonement), de Graymoor (Nueva York, Estados Unidos), diera comienzo a esta semana anual de oraci?n por la unidad visible de la Iglesia. Desde entonces hasta el presente el camino ha cubierto etapas felizmente superadas y ha vencido obst?culos que parec?an insalvables. Las diversas Iglesias y Comunidades eclesiales se han ido incorporando a esta larga marcha de plegarias y oraciones por la recuperaci?n de la unidad visible perdida de la Iglesia, y la oraci?n intensa y ferviente del Octavario es hoy patrimonio de todas las confesiones cristianas.

2. Avances en la reconstrucci?n de la unidad visible de la Iglesia

El Movimiento ecum?nico, que tiene su punto de partida en la asamblea de Edimburgo en 1910 y condujo a la creaci?n del Consejo Ecum?nico de las Iglesias en 1948, se vio ampliamente enriquecido con la contribuci?n propia del ecumenismo cat?lico desde los a?os sesenta del pasado siglo, gracias al gran impulso que recibi? del Vaticano II. Al lado del ecumenismo misionero de Edimburgo surgieron otras corrientes, que aunaron esfuerzos por la unidad mediante la anhelada convergencia doctrinal en la fe com?n y en el testimonio de los cristianos en el mundo. El ecumenismo teol?gico arroja al presente un notable avance, que hemos de agradecer con humildad a la misericordia de Dios. Junto al di?logo teol?gico el ecumenismo pastoral ha ayudado a Iglesias y Comunidades eclesiales a aunar esfuerzos por un mejor servicio al pueblo de Dios y una mejor articulaci?n de la presencia p?blica de la Iglesia en la sociedad contempor?nea. Todo ello est? redundando en beneficio de la nueva evangelizaci?n que las sociedades de nuestro tiempo esperan de la Iglesia.

Fruto del di?logo teol?gico entre las grandes confesiones cristianas es el reciente documento de la Comisi?n mixta de Iglesia Cat?lica y de la Iglesia Ortodoxa ?Comuni?n eclesial, conciliaridad y autoridad?, del pasado 13 de octubre de 2007, en el cual cat?licos y ortodoxos han llegado a un primer principio de acuerdo sobre el primado del Papa (?el primero de los Obispos?), que necesitar? todav?a mucha reflexi?n antes de que se pueda hablar de acuerdo pleno en un tema tan determinante para la recomposici?n de la unidad visible de la Iglesia. Con todo, el documento es un don del Se?or a la Iglesia, que llega cuando se cumple el primer aniversario del viaje de Benedicto XVI a la sede de Constantinopla, del Patriarca Ecum?nico.

Ya en el campo m?s espec?ficamente pastoral y del testimonio, la III Asamblea Ecum?nica Europea de Iglesias, celebrada en Sibiu (Ruman?a), del 4 al 9 de septiembre de 2007, ha constituido un notable ?xito ecum?nico gracias a la labor de las dos grandes plataformas eclesiales que han organizado la asamblea: el Consejo de Conferencias Episcopales de Europa (CCEE) y la Conferencia de Iglesias de Europa (CIE). La primera agrupa a las Conferencias episcopales cat?licas y la segunda a las Iglesias y Comunidades eclesiales no cat?licas. Esta tercera asamblea europea de Iglesias tuvo por lema ?La luz de Cristo ilumina a todos?. Celebrada despu?s de las asambleas de Basilea (1989) y Graz (1997), la convocatoria de Sibiu ha querido proyectar la luz de Cristo sobre los pueblos y naciones de Europa, que lentamente se alejan de la tradici?n cristiana. Se trata de una preocupaci?n por Europa que no quiere dejar de tener muy en cuenta la situaci?n global del mundo y la b?squeda de Dios de las grandes religiones.

Haci?ndonos eco del mensaje de Sibiu, queremos recordar en primer lugar el ?nimo que la asamblea quiso dar a las Iglesias para proseguir el di?logo teol?gico sin cansancio; y la invitaci?n que hace al ejercicio de la caridad rec?proca y para con todos los hombres. Caridad que es signo visible que las Iglesias dan al mundo del amor de Dios. Este signo se expresar? con eficacia grande si todos los cristianos se manifiestan un?nimes en la defensa de los derechos humanos y en favor de la paz en el mundo. Una paz que s?lo llegar? con la profunda transformaci?n del coraz?n de cada ser humano, obra de la gracia de Dios.

Animamos a todos a ser testigos del amor de Cristo y a orientar este testimonio particularmente en favor de la vida humana, amenazada por las desgracias naturales, las graves enfermedades contagiosas y aquellos males que son causados por el desorden moral que genera el pecado, como la insolidaridad y la injusticia social, la explotaci?n sin escr?pulo de los seres humanos, el terrorismo y las guerras. Una amenaza que se cierne sobre la vida y que, en nuestros d?as, est? adquiriendo una gravedad no conocida por la pr?ctica del aborto y el infanticidio, la manipulaci?n de la vida embrionaria y su destrucci?n. La asamblea de Sibiu ha sido sensible a la urgencia que han de sentir los cristianos de todas las confesiones en defender unidos la dignidad del ser humano y la condici?n sagrada de la vida.

Cuando los cristianos dan unidos testimonio de Cristo se abre camino el Evangelio predicado por la Iglesia y retrocede el grave mal de nuestro tiempo que es el relativismo moral, que tanto contribuye a apartar a las personas y las sociedades del camino abierto por la predicaci?n del Evangelio de Jesucristo. La norma de una vida regida por los verdaderos valores evang?licos es la fidelidad a los mandamientos de la ley divina y el seguimiento de Cristo por la senda evang?lica de las bienaventuranzas. La asamblea de Sibiu ha querido, adem?s, recordar a todas las Iglesias el compromiso adquirido en Estrasburgo de aplicar la Carta ecum?nica para Europa, el fruto m?s palpable de la asamblea de Graz. Si las Iglesias se proponen secundar con empe?o este compromiso, su testimonio ser? mucho m?s eficaz ante los ciudadanos y las instituciones europeas. La aplicaci?n de la Carta pretende contribuir a que las relaciones entre las Iglesias se asienten sobre la fe com?n en la Santa Trinidad, en la obra redentora de Jesucristo Hijo de Dios y en la misi?n de salvaci?n confiada por Cristo a la Iglesia, y sin menoscabo de la lealtad a la verdad tal como es percibida por cada una de las Iglesias, lealtad que es camino seguro hacia un futuro reconciliado. Al mismo tiempo, la Carta pretend?a sentar las bases para un di?logo interreligioso con el juda?smo y el islam en la nueva situaci?n de las sociedades europeas, sin menoscabo tambi?n de la identidad de Europa hist?ricamente marcada por el cristianismo.

3. Un ecumenismo espiritual alimentado por la oraci?n constante de los cristianos y de las Iglesias

El ecumenismo, sin embargo, no podr? avanzar hacia su propio objetivo si cada uno de los cristianos y todos en la comuni?n de las Iglesias no unieran su plegaria a la de Cristo, el Mediador ?nico de todos los hombres, para implorar al Padre de las misericordias la unidad visible de la Iglesia una y santa. Sin la oraci?n incesante se desdibuja y se pierde el camino hacia la unidad visible. Hay un ecumenismo espiritual que ha contribuido de modo decisivo al reencuentro de las Iglesias, y todos los cristianos han de hacer cuanto est? de su mano para fortalecerlo.

La oraci?n de cada cristiano y cada Iglesia es el alimento del avance hacia la unidad visible. Fue este convencimiento el que inspir? la introducci?n del Octavario por la unidad que, cien a?os despu?s, se ha convertido en una pr?ctica puntual en cada mes de enero, a?o tras a?o. No podemos olvidar que esta oraci?n incesante y sostenida ha salvado situaciones de dificultad cuando el desaliento ha cundido en la marcha del ecumenismo. Durante su celebraci?n todas comunidades cristianas est?n llamadas a orar por la unidad: las comunidades parroquiales y las de vida consagrada, los movimientos y sectores pastorales de la vida de la Iglesia. La oraci?n interconfesional tiene un particular sentido en esta semana grande de la unidad, y es preciso que se realice respetando las orientaciones del Directorio ecum?nico sobre este modo de oraci?n ecum?nica. Para ello se ofrecen a todos los materiales preparados conjuntamente por el Pontificio Consejo para la promoci?n de la unidad de los cristianos y la Comisi?n de Fe y Constituci?n del Consejo Ecum?nico de las Iglesias. Aconsejamos utilizar estos materiales, pero debidamente adaptados en cada caso seg?n el criterio pastoral de los p?rrocos y de los sacerdotes que regentan la vida pastoral de las comunidades cristianas y las casas religiosas, siguiendo siempre las orientaciones del Obispo diocesano.

Al ecumenismo espiritual han contribuido de manera particular las conferencias y encuentros ecum?nicos de las comunidades monacales y religiosas que han sentido una llamada particular a practicar esta v?a de acercamiento entre los cristianos, comprometi?ndose generosamente en la com?n tarea de orar sin cesar por la unidad de la Iglesia. Queremos hacer una menci?n especial de este ecumenismo espiritual y confiamos a las comunidades religiosas movidas por el carisma de la unidad a que no cesen de orar para que se cumpla la voluntad de Cristo: ?Padre, que sean uno, como t? y yo somos uno, para que ellos tambi?n sean uno en nosotros, para que el mundo crea que t? me has enviado? (Jn 17,21).

A todos les recordamos que la necesidad de orar sin desmayo es exhortaci?n y voluntad de Cristo, que a todos nos ha dado ejemplo supremo de comuni?n con Dios su Padre en la oraci?n que le sosten?a en fidelidad a su misi?n, uniendo su voluntad a la voluntad del Padre. As? lo ense?? a sus disc?pulos entreg?ndoles la oraci?n del Padrenuestro: ?H?gase tu voluntad as? en la tierra como en el cielo? (Mt 6,10); y con aquellas otras y definitivas palabras suyas con las que acept? su pasi?n y cruz: ?Padre si es posible, pase de m? este c?liz, pero no se haga mi voluntad sino la tuya? (Mc 14,36). Hemos de suplicar del Se?or de la Iglesia su unidad visible y confiar a su bondad y providencia la inspiraci?n para hacer en cada momento aquello que convenga al reino de Dios y su presencia en la Iglesia.

Al dirigir este mensaje a las comunidades cristianas pensando en la pr?xima celebraci?n del Octavario de oraci?n por la unidad, cuando se cumplen sus cien a?os de tradici?n y vigencia, nos confiamos a la Inmaculada Virgen Mar?a, figura de la Iglesia y Madre de la esperanza, para que asista con su intercesi?n a todos los cristianos y los sostenga en fidelidad al ?nico Se?or de la Iglesia.

Madrid, a 8 de diciembre de 2007
Inmaculada Concepci?n de la Virgen Mar?a

Adolfo, Obispo de Almer?a, Presidente
Santiago, Arzobispo de M?rida-Badajoz
Jos?, Obispo de Tuy-Vigo
Rom?n, Obispo de Vic


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Publicado por verdenaranja @ 23:39  | Ecumenismo
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