S?bado, 26 de enero de 2008
D?a 25 de Enero
Fiesta: La conversi?n de San Pablo



Un Evangelio para vivir y difundir



En s?ntesis, asegura Jes?s a sus disc?pulos, en estos pocos vers?culos de san Marcos que nos presenta hoy la Iglesia en la fiesta de la conversi?n de San Pablo, dos verdades que deben iluminar la existencia de cuantos queremos entregarnos de verdad en la difusi?n del Evangelio. Por una parte, dice el Se?or que su mensaje de salvaci?n es imprescindible para la bienaventuranza eterna del hombre; por otro lado, afirma el poder de la fe en ?l, pues, sus fieles ser?n invencibles, ning?n poder temporal podr? con ellos. La vida del Ap?stol de las gentes es un testimonio vivo de fe en lo uno y lo otro.

No ofrece el disc?pulo de Cristo, con su insistente exposici?n de las verdades reveladas recibidas de Cristo, algo s?lo de relativa importancia. Brinda siempre a quienes le escuchan la llave imprescindible y suficiente para la felicidad eterna, ?nico sentido del esfuerzo humano. Luego, cada uno, debe practicar; ha de poner por obra lo cre?do: la fe, si no va acompa?ada de obras, est? realmente muerta, asegura el ap?stol Santiago. Pero es preciso primero aceptar por la fe el mensaje de salvaci?n que nos ha tra?do el Hijo de Dios encarnado. Y no se trata de un reconocimiento exclusivamente te?rico, como quien aceptara la verdad de una historia antigua, que para nada tiene repercusi?n en su vida. Tambi?n creen los demonios y se estremecen, concluye el mismo ap?stol Santiago, para ense?ar hasta qu? punto es est?ril una fe en Jesucristo, que no se manifieste que las obras que ?l nos ense??.

Por otra parte, lo que transmitimos ense?ando en nuestros apostolados en grupo, o en conversaciones personales ?m?s concretas, m?s en confidencia?, no es, en modo alguno una opini?n m?s, ni tampoco cierto modo de ver la vida v?lido para algunos. No vamos con un planteamiento que, por interesante que resulte, no reclama compromiso alguno. Pretendemos, como primera y descarada intenci?n, comprometer la vida de las personas. Como es natural, respetando por completo su libertad. Pero deseamos, con un apasionado querer, que nuestros parientes, amigos y conocidos rectifiquen de su vida lo que difiere del ideal cristiano. As? lo pretendemos porque es el querer de Dios para todos los hombres.

Cada uno de los que meditamos estas palabras del Se?or y somos capaces de valorarlas, debemos sentirnos los primeros destinatarios de la exigencia que Jesucristo reclama de sus disc?pulos. Ante todo les exige: Id al mundo entero y predicad el Evangelio a toda criatura. Y, seguidamente, concreta las consecuencias pr?cticas ?por as? decir? de ese Evangelio en quienes lo vivan, y la especial protecci?n que sentir?n quienes lo transmitan. Pero, ante todo, lo primordial es llenar el mundo con el mensaje de salvaci?n ?el ?nico mensaje salvador para el hombre? que Jesucristo, Nuestro Dios y Se?or, vino a traer al mundo.

Pregunt?monos, pues, c?mo encarnamos personalmente en nuestra conducta cotidiana esas ense?anzas, que posiblemente conocemos bien y hasta aconsejamos a otros. "No se da lo que no se tiene", reza la sabidur?a popular. Y as? sucede en la vida cristiana: Alma de ap?stol: primero, t?. ?Ha dicho el Se?or, por San Mateo: "Muchos me dir?n en el d?a del juicio: ?Se?or, Se?or!, ?pues no hemos profetizado en tu nombre y lanzado en tu nombre los demonios y hecho muchos milagros? Entonces yo les protestar?: jam?s os he conocido por m?os; apartaos de m?, operarios de la maldad".
No suceda ?dice San Pablo? que habiendo predicado a los otros, yo vaya a ser reprobado
.

Las palabras de san Josemar?a nos pueden poner en guardia, si nos consideramos buenos y exigimos a otros que sean mejores. Es posible que debamos pedir m?s amor a Dios manifestado en obras, ante todo, para nosotros mismos. Ser? manifestaci?n de que nos parece poco lo que nos exigimos por Aquel que, siendo Dios, dio por nosotros su vida, por amor nuestro. Adem?s, como hemos recordado, por exigente que pudiera ser nuestra vida al servicio del Evangelio, nada debemos tener. A los que crean acompa?ar?n estos milagros... Y enumera Jes?s una serie de peligros, frecuentes en la ?poca, y que no da?ar?an a los que vivieran de acuerdo con su fe. En nuestro tiempo son otros los peligros para los cristianos consecuentes. Pero lo decisivo sigue siendo que con Dios no hay fuerza capaz de acabar con nosotros. En el peor de los casos tendr?amos que recordar: no teng?is miedo a los que matan el cuerpo y despu?s de esto no pueden hacer nada m?s. Os ense?ar? a qui?n ten?is que temer: temed al que despu?s de dar muerte tiene potestad para arrojar en el infierno.

?Acaso no vemos el horizonte de nuestra existencia en la eternidad como esa vida gozosa con Dios que nunca termina? Vale la pena hacernos con frecuencia estas consideraciones, para no dar excesiva importancia a las contrariedades de la vida presente, de modo particular si son consecuencia de la lealtad al mensaje de Cristo: no es el siervo m?s que su se?or. Si me han perseguido a m?, tambi?n a vosotros os perseguir?n. De este modo advert?a el Se?or a sus Ap?stoles que tendr?an dificultades, persecuciones, en concreto, por su lealtad al Evangelio. Ha venido sucediendo a lo largo de los siglos y es un hecho claramente palpable en nuestros d?as. Aparte, claro est?, del evidente sacrificio que supone ser leales a Dios en lo ordinario de cada jornada.

La Madre de Dios, Nuestra Madre, no se quiere apartar de sus hijos, los hombres. La contemplaci?n de su figura, siempre fiel, nos anima suavemente, aunque con fortaleza, a dar a conocer la Buena Noticia y a que sea, m?s y m?s, vida de nuestra vida.



Publicado por verdenaranja @ 14:57  | Espiritualidad
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