Martes, 29 de enero de 2008
Subsidio lit?rgico para la celebraci?n de la Jornada Mundial de Vida Consagrada tal como viene en los materiales recibidos.


Fiesta de la presentaci?n del Se?or

MONICI?N DE ENTRADA

Nos reunimos hoy para celebrar la fiesta de la Presentaci?n de Jes?s en el Templo, hecha por Mar?a y Jos?. Hoy, de manera especial, acudimos con el coraz?n abierto a la escucha de la Palabra.
En este mismo d?a, la Iglesia universal, por iniciativa del Papa, mira a la vida consagrada y a cada uno de sus miembros, como un don de Dios al servicio de la humanidad.
Los consagrados y consagradas de nuestra di?cesis renuevan hoy su consagraci?n por amor a Cristo. Unidos a ellos, en torno a nuestro Pastor, congregados en una sola familia por el Esp?ritu Santo, vayamos a la casa de Dios, al encuentro de Cristo.
Lo encontraremos y lo conoceremos en la fracci?n del pan, hasta que vuelva revestido de gloria.

RENOVACI?N DE LA CONSAGRACI?N

[Acabada la homil?a, los miembros de los Institutos de Vida Consagrada renuevan su consagraci?n en el seguimiento de Cristo y en la misi?n de la Iglesia.]

El Celebrante:

Hermanos y Hermanas:
En esta fiesta de la Presentaci?n de Jes?s en el templo, os invito a todos a agradecer conmigo al Se?or el don de la vida consagrada, que el Esp?ritu ha suscitado en la Iglesia. Vosotros, aqu? presentes, consagrados al servicio de Dios, en una gran variedad de vocaciones eclesiales, renov?is vuestro compromiso de seguir a Cristo casto, pobre y obediente, para que, por medio de vuestro testimonio evang?lico, la presencia de Cristo se?or, luz de los pueblos, resplandezca en la Iglesia, e ilumine al mundo.

(Todos oran en silencio durante alg?n tiempo)


El Celebrante:

Bendito seas, Se?or, Padre Santo porque en tu infinita bondad, con la voz del Esp?ritu, siempre has llamado a hombres y mujeres, que ya consagrados en el Bautismo, fuesen en la Iglesia signo del seguimiento radical de Cristo, testimonio vivo del Evangelio, anuncio de los valores del Reino, profec?a de la Ciudad ?ltima y nueva.

Cantor: Gloria a Ti, por los siglos.

Asamblea: Gloria a Ti, por los siglos.

Lector 1?:

Te glorificamos, Padre, y te bendecimos, porque en Jesucristo, tu Hijo, nos has dado la imagen perfecta del servidor obediente: ?l hizo de tu voluntad su alimento,
del servicio la norma de vida, del amor la ley suprema del Reino.

Lector 2?:

Gracias, Padre, por el don de Cristo, hijo de tu Sierva, servidor obediente hasta la muerte. Con gozo confirmamos hoy nuestro compromiso de obediencia al Evangelio, a la voz de la Iglesia, a nuestra Regla de vida.

Asamblea: Gloria a Ti, por los siglos.

Lector 1?:

Te glorificamos, Padre, y te bendecimos, porque en Jesucristo, nuestro hermano, nos has dado el ejemplo m?s grande de la entrega de s?: ?l, que era rico, por nosotros se hizo pobre, proclam? bienaventurados a los que tienen esp?ritu
de pobre y abri? a los peque?os los tesoros del Reino.

Lector 2?:

Gracias, Padre, por el don de Cristo, hijo del hombre, paciente, humilde, pobre, que no tiene d?nde descansar la cabeza. Felices, confirmamos hoy nuestro empe?o de vivir con sobriedad y austeridad, de vencer el ansia de la posesi?n con el gozo de la entrega, de utilizar los bienes del mundo por la
causa del Evangelio y la promoci?n del hombre.

Asamblea: Gloria a Ti, por los siglos.

Lector 1?:

Te glorificamos, Padre, y te bendecimos, porque en Jesucristo, hijo de la Virgen Madre, nos diste un modelo supremo de amor consagrado: ?l, Cordero inocente, vivi? am?ndote y amando a los hermanos, muri? perdonando y
abriendo las puertas del Reino.

Lector 2?:

Gracias, Padre, por el don de Cristo, esposo virgen de la Iglesia virgen. Felices confirmamos hoy nuestro compromiso de tener nuestro cuerpo casto y nuestro coraz?n puro, de vivir con amor indiviso para tu gloria y la salvaci?n del hombre.
Asamblea: Gloria a Ti, por los siglos.

El celebrante:

Mira bondadoso, Se?or, a estos hijos tuyos y a estas hijas tuyas: firmes en la fe y alegres en la esperanza, sean, por tu gracia, un reflejo de tu luz, instrumentos del Esp?ritu de paz, prolongaci?n entre los hombres de la presencia de Cristo. ?l, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Asamblea: (Cantando) Am?n, am?n, am?n.

PRECES
[A las preces completas de la Solemnidad, se propone a?adir estas cuatro espec?ficas]

? Se?or, tu Palabra es viva y eficaz, te pedimos por todos los j?venes, para que sean capaces de abrir su coraz?n a tu mensaje y sean transmisores de vida. Roguemos al Se?or.

? Te pedimos por los religiosos, los miembros de institutos seculares y de nuevas formas de vida consagrada, por el orden de las v?rgenes, por cuantos han recibido el don de la llamada a la consagraci?n, para que acogiendo la Palabra de Dios en el coraz?n, sean aut?nticos testigos ante el mundo. Roguemos al Se?or.

? Por las familias, para que sean la tierra buena donde pueda crecer el esp?ritu de escucha y acogida del Evangelio, siendo germen de vocaciones. Roguemos al Se?or.

? Por quienes estamos participando en esta celebraci?n de acci?n de gracias por la vida consagrada, para que todos seamos uno y el mundo crea en nuestro ?nico Salvador. Roguemos al Se?or.

Vivir la vida desde la palabra,
comprometerse con la palabra en la vida


?Tu palabra es antorcha para mis pasos y luz en mis sendas?
(Sal 119, 105)


Ante la invitaci?n recibida deseo compartir con quien lea estas p?ginas, c?mo vivo el seguimiento de Jes?s desde mi vocaci?n religiosa y desde el sentirme comprometida
con la Palabra, con SU Palabra.

En realidad, y si miro atr?s, si algo ha sido crucial en mi vocaci?n es esta Palabra que siendo ?viva y eficaz, es m?s cortante que una espada de dos filos: penetra hasta la divisi?n del alma y del esp?ritu, hasta los tu?tanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del coraz?n? (Heb 4, 12). Por Gracia, por puro don (siempre mediado a trav?s de mi familia y de personas que me han acompa?ado a lo largo de la vida), el tesoro de la Palabra se me ha
revelado continuamente como esencial y fascinante, trascendental y necesario para mi camino personal y de fe.

VIVIR LA VIDA DESDE LA PALABRA

?Heme aqu?, Se?or? (1 Sam 3, 4):
La seducci?n de escuchar mi nombre pronunciado por su boca


Si pienso en la presencia de la Palabra en mi vida no puedo m?s que retrotraerme a mi infancia. Est? vivo en m? el recuerdo de una experiencia: la seducci?n que me provocaba la Palabra de Dios desde que descubr? que ?l se comunicaba con
el ser humano, con cada persona de un modo ?nico y propio. Esto era algo que me sorprend?a y me maravillaba enormemente. ?Qu? pod?a haber en el mundo m?s maravilloso que escuchar a Dios y entender su Palabra?

Desde la inocencia y la apertura de coraz?n que da la ni?ez, me encontraba deseosa y dispuesta a escuchar su Palabra y a responder con prontitud a ella. Como dice un gran amigo m?o: ?el ni?o recuerda al adulto lo fundamental; la persona adulta, envuelta en las dificultades cotidianas, a veces se olvida de lo esencial. Pero a los ni?os lo esencial les invade sin m?s, porque no tienen nada que recordar del pasado
ni que temer del futuro; para ellos todo es presente?.

Inmersa en ese presente continuo, se me regalaba la b?squeda de su voz, el deseo de responder y la diligencia preparada
para cuando llegara la ocasi?n. Ojal? hoy Dios me encontrara ?y nos encontrara? as?, en medio de la realidad concreta de nuestro mundo. Y aunque nos suceda, como en tiempos de Samuel, que ?por aquellos d?as era rara la palabra de Yahveh y la visi?n prof?tica no era frecuente? (1 Sam 3, 1), que no dejemos de o?r la voz con la inocencia del ni?o, superando toda ?sordera adulta?. Esa voz emitida por Quien nos llama continuamente por nuestro nombre y nos invita a ser portadores y portadoras de su mensaje a toda la tierra.

?H?gase en mi seg?n tu Palabra? (Lc 1, 38):
La alegr?a de saberme invitada a compartir su proyecto


Con los ojos nuevos de la joven que va descubriendo la vida m?s all? de su propia realidad, fui conociendo el sufrimiento de las personas, las injusticias que abren brechas abismales entre los pueblos, las diferencias sociales que imposibilitan
la igualdad, la soledad de quienes son abandonados a su suerte, la enfermedad que consume las fuerzas y el sentido de la vida? Descubr? al mundo necesitado de pies y manos, de corazones y cabezas dispuestas a comprometerse con ?l y conoc? que hab?a personas empe?adas en vivir la Palabra que impele a salir a los caminos ?sanando enfermos, curando leprosos, resucitando muertos??. La Vida Religiosa que conoc? me lleg? en ese momento como Evangelio vivo, como buena noticia dada a los m?s empobrecidos y necesitados (?c?mo desear?a que as? le llegara hoy este mensaje a los/as j?venes con quienes comparto la vida!...).

Al ir creciendo, descubr? que la Palabra estaba inundada de frases como ?T?, s?gueme?, ?Ve y diles??, ?Yo te env?o?, ?Quien quiera seguirme que?? que me invitaban a disponerme para colaborar en el mundo que Dios sue?a para sus hijos e hijas, no pudiendo m?s que responder con un ?H?gase?, que hoy est? grabado en la alianza que llevo en mi mano derecha. Descubro y experimento que la Palabra va dejando su huella, de modo imperceptible pero real: ?As? ser? toda palabra que sale de mi boca: no volver? a m? de vac?o, sino que cumplir? mi voluntad y llevar? a cabo mi encargo? (Is 55, 11).

?Puesto que obedientes a la verdad hab?is suprimido cuanto impide un sincero amor fraterno, amaos de coraz?n e intensamente unos a otros, pues hab?is vuelto a nacer, no de una semilla mortal, sino de una inmortal: a trav?s de la palabra viva y eterna de Dios? (1 Pe 1, 22): La comunidad, espacio de escucha y de compromiso con la palabra

?Heme aqu? y ?H?gase? se han convertido en s?plicas continuas en mi vida existiendo siempre, junto a ellas, el deseo de responder a la llamada de manera concreta y cotidiana, de una forma sencilla y cada vez diferente a lo largo de los a?os.

Porque la Palabra de Dios ?penetra como lluvia, cae como roc?o y como llovizna sobre el c?sped? (Dt 32 2) y as?, seg?n est? la tierra de nuestro coraz?n en el momento de recibirla cobra significados y matices diversos. ?C?mo no sorprendernos cada d?a ante una Palabra que es siempre la misma y siempre nueva!

Aunque la respuesta a la invitaci?n recibida sea ?personal e intransferible?, no me puedo imaginar viviendo hoy sin escuchar e intentar hacer vida la Palabra junto a otros/as. S? que somos convocados y enviados por el mismo Se?or y que ?l se nos da ?ah? donde estemos dos o m?s reunidos en su nombre? (cf. Mt 18, 20). Es su Palabra la que nos invita y posibilita amarnos de coraz?n e intensamente unos a otros y esto se concreta en la familia y en la comunidad, en el trabajo y en todos los espacios en los que, de manera habitual, se nos regala vivir, participar, trabajar... Es en el entorno cercano y diario donde se verifica c?mo nos dejamos conducir y c?mo hacemos vida una Palabra que nos alienta a colaborar decididamente en su proyecto de Salvaci?n.
Es ella la que nos urge a denunciar y comprometernos con todas las realidades en que est? en juego el despliegue del Reino en nuestro mundo y a anunciar la buena noticia
de un Dios que nos hace familia suya en el Hijo para compartir todos/as juntos/as la mesa del banquete preparado.

COMPROMETERSE CON LA PALABRA EN LA VIDA


En mi realidad actual, todo esto se desarrolla de manera muy sencilla. Vivo en comunidad, trabajo, estudio, preparo y animo actividades de pastoral, intento alimentar de alg?n modo mis relaciones fraternas y de amistad y busco momentos para cultivar mi relaci?n con el Se?or que es quien me lleva a vivir todo lo dem?s. Como todos/as, m?s o menos, ando ?haciendo virguer?as? con un tiempo que es limitado, y
no siempre las combinaciones son las m?s adecuadas ni las que m?s desear?a. A la vez ?imagino que tambi?n como todos/as? busco que la Palabra caiga como esa gota de lluvia suave y perenne en mi coraz?n, mi mente y todo mi ser. Orar con la comunidad, celebrar la Eucarist?a, saborear cada noche o cada amanecer la Palabra que la Liturgia nos regala cada d?a y tener la inmensa fortuna de estudiar Sagrada Escritura
son medios claros que me posibilitan abrirme a la sorpresa cotidiana de la Palabra de Dios.

No s? si puedo decir que mi vida ?est? comprometida con la Palabra?. M?s bien siento que ?la Palabra compromete mi vida desde ese: ?Vete y haz t? lo mismo? (Lc 10, 37)?. La Palabra ha sido y es portadora de salud, sentido y alegr?a en mi propia vida y me siento enviada por ella a posibilitar que otras y otros la experimenten igualmente como Evangelio, como buena noticia.

La palabra, mediaci?n de salud y de vida


En mi pr?ctica cotidiana como enfermera de un Centro de D?a para Mayores se me da a conocer la importancia de la palabra a la hora del cuidado y la atenci?n sanadora. Siempre se dice que ?un gesto vale m?s que mil palabras?, pero no es
menos cierto que la palabra tiene un poder consolador y sanador ?siempre que los gestos y actos que la acompa?en sean acordes con ella? mayor que los posibles tratamientos
farmacol?gicos o las mejores t?cnicas.

?Di tan s?lo una palabra y quedar? sano? (Mt 8, 8). La palabra da aliento y consuelo, fortalece al abatido e incluso calma el dolor f?sico que a veces es agravado por la soledad, el miedo y la inquietud. Desde la experiencia de poder transmitir fortaleza y salud a trav?s de la palabra y la escucha, se aviva en m? el deseo de profundizar
la dimensi?n sanadora que la Palabra de Dios tiene. Estoy convencida de que la Palabra libera, consuela, cuida; que es Palabra de vida y Vida con may?sculas: ?He venido para que tengan vida y vida en abundancia? (Jn 10, 10).

Creo que es enorme la responsabilidad que, como creyentes, tenemos de transmitir as?, rompiendo con lecturas represoras y enjuiciantes que la ocultan, la Palabra de Amor que nuestro Dios nos regala. El mundo est? sediento de palabras de alivio y descanso y ?qu? puede ser mejor b?lsamo que escuchar: ?Venid a m? los que est?is fatigados y agobiados, y yo os aliviar? (Mt 11, 28)? Cierto que es Palabra que
remueve, inquieta, interpela, suscita interrogantes y cuestionamientos personales.
Pero creo que todo ello s?lo se vive con sentido cuando de fondo y de manera fundante, se ha experimentado el Amor primero. Si no ha sido as?, lo que produce es rechazo y negaci?n.

Tengo experiencia del bien que hace escuchar y profundizar esta Palabra. Descubro la necesidad que de ella tienen tanto j?venes como adultos y mayores. Por eso hoy me siento comprometida a conocerla y proclamarla.

PALABRA QUE HAY QUE CONOCER: el estudio de Sagrada Escritura
Mi compromiso con la Palabra se concreta as? en el estudio de la misma. Tras el Bachiller en Teolog?a, la Congregaci?n me propuso y envi? a continuar los estudios teol?gicos. Como Familia Vedruna sentimos necesidad de una preparaci?n que
nos posibilite pronunciar una palabra fundamentada en la sociedad y en la Iglesia.

Estamos convencidas de que Dios nos regala esa Palabra y que todos y todas tenemos no s?lo derecho a recibirla, conocerla en profundidad, saborearla y gustarla? sino que, adem?s, estamos en la obligaci?n de ello.

Me siento enormemente afortunada de poder estudiar Sagrada Escritura, he experimentado la emoci?n de asomarme a los textos originales y percibir el calor, la fuerza y el amplio significado que cada palabra encierra en las lenguas hebrea y
griega. Doy gracias cada d?a por la gente que ha dedicado y dedica su vida a acercarnos a las entra?as de esta Palabra y me siento invitada a compartir aquello que voy descubriendo con otros y otras, especialmente con quienes son m?s j?venes y
a quienes a?n, por desgracia, no se les ha posibilitado conocer y disfrutar la palabra de nuestro Dios Amor.

PALABRA QUE HAY QUE PROCLAMAR: la experiencia de Ain Karem
Fue tambi?n mi Familia Vedruna la que me invit?, hace ya 7 a?os y junto a otras hermanas j?venes a poner m?sica a la Palabra. Ain Karem surge desde el env?o congregacional a componer cantos para el proyecto de Pastoral Juvenil Vedruna
?Monte Horeb?.

Respond? a esa propuesta desde la propia experiencia del bien recibido a trav?s de la m?sica y la oraci?n con cantos compuestos sobre textos b?blicos. Creo que, en la b?squeda por abrir nuevos caminos de Pastoral, el desarrollo de la m?sica, el canto y otras formas de arte es esencial. La m?sica es un lenguaje universal que nos llega a todos/as, penetra hasta lo m?s hondo, despierta nuestros sentidos y nos moviliza. La Palabra cantada queda resonando, casi imperceptiblemente, en nuestro ser. Una hermana de mi comunidad me recuerda siempre que, como dijo un insigne profesor ?tras cualquier celebraci?n dominical, si le preguntas a la gente quiz?s no sepan decirte qu? dijo el cura en la homil?a, pero muchos saldr?n tarareando los cantos
entonados en la Eucarist?a. Y esa palabra cantada permanece dentro?. El canto es un medio insustituible en el encuentro y en la fiesta. ?Cantad a Dios con un coraz?n agradecido salmos, himnos y c?nticos inspirados?? (Col 3, 16). Ya dec?a Santa Teresa que cantar es orar dos veces?

Nuestra Congregaci?n ha optado preferencialmente por los j?venes y nos sentimos enviadas a caminar con ellos: ?? la realidad de los j?venes nos provoca, los deseos nos urgen y el compromiso de hacer vivo nuestro carisma hoy nos adentra con audacia en la b?squeda de caminos nuevos de di?logo, evangelizaci?n y acompa?amiento?? (Doc. Capitular M?stica y Profec?a, 33). S?, deseamos hacer camino, compartir
b?squedas, entrar en di?logo con los j?venes. A ellos deseamos conocer, escuchar y comprender. Y a ellos nos sentimos enviadas a acompa?ar y evangelizar, a
anunciar la Buena Noticia que es Jes?s, nuestro Se?or.
En Ain Karem los cantos brotan de la oraci?n y de la experiencia. Son canciones basadas sobre todo en la Palabra de Dios y en lo que ella suscita en nuestra vida. Esto es as? porque estamos convencidas de que la Palabra siempre permanece. Un canto surgido desde un sentimiento o emoci?n podr? ser hecho oraci?n s?lo mientras dicho sentimiento o emoci?n perdura. Pero la Palabra siempre se queda.
Deseamos transmitir, a trav?s de ellos y desde un profundo agradecimiento, la experiencia de Dios que da sentido a nuestra vida; facilitar espacios de oraci?n personal
y comunitaria que hagan posible el encuentro y el cultivo de la relaci?n con nuestro Se?or; potenciar y recrear la dimensi?n eclesial, festiva y celebrativa de la fe
y, sobre todo, anunciar con alegr?a a los m?s j?venes que conocer a Jes?s es encontrar el tesoro.

Orar, profundizar, contemplar, estudiar, conocer, proclamar, compartir la Palabra... Todo ello se va entretejiendo con las actividades cotidianas. Vivo el deseo que ya cantaba hace a?os Brotes de Olivo: ?No quiero cantar a Dios si no hay brillo de Dios en m?, para cantar sin vivir mejor que calle; la fuerza de la voz y la Palabra est? en la grandeza de hacerlo vida?. No siempre puedo ni s? hacerlo. No
siempre se cumple en m? esta oraci?n hecha canto, pero en m? est? el deseo de hacerlo vida, consciente y agradecida a ?l, mi Se?or, que es quien posibilita todo. Como
canta Ain Karem: ??C?mo podr? pagarte, mi Se?or? ?c?mo podr? expresarte mi agradecimiento si todo lo tengo por ti??
Inma Eibe Hermana Carmelita de la Caridad de Vedruna

Mar?a, modelo de acogida de la Palabra de Dios en la vida


?As?, pues, la invocamos: Santa Mar?a, t? fuiste una de aquellas almas humildes y grandes en Israel que, como Sime?n, esper? ?el consuelo de Israel? (Lc 2, 25) y esperaron, como Ana, ?la redenci?n de Jerusal?n? (Lc 2, 38). T? viviste
en contacto ?ntimo con las Sagradas Escrituras de Israel, que hablaban de la esperanza, de la promesa hecha a Abrah?n y a su descendencia (cf. Lc 1, 55).
As? comprendemos el santo temor que te sobrevino cuando el ?ngel de Dios entr? en tu aposento y te dijo que dar?as a luz a Aquel que era la esperanza de Israel y la esperanza del mundo. Por ti, por tu ?s?, la esperanza de milenios
deb?a hacerse realidad, entrar en este mundo y su historia. T? te has inclinado ante la grandeza de esta misi?n y has dicho ?s?: ?Aqu? est? la esclava del Se?or, h?gase en m? seg?n tu palabra? (Lc 1, 38). Cuando llena de santa alegr?a
fuiste aprisa por los montes de Judea para visitar a tu pariente Isabel, te convertiste en la imagen de la futura Iglesia que, en su seno, lleva la esperanza del mundo por los montes de la historia. Pero junto con la alegr?a que, en tu
Magnificat, con las palabras y el canto, has difundido en los siglos, conoc?as tambi?n las afirmaciones oscuras de los profetas sobre el sufrimiento del siervo de Dios en este mundo. Sobre su nacimiento en el establo de Bel?n brill? el
resplandor de los ?ngeles que llevaron la buena nueva a los pastores, pero al mismo tiempo se hizo de sobra palpable la pobreza de Dios en este mundo. El anciano Sime?n te habl? de la espada que traspasar?a tu coraz?n (cf. Lc 2, 35),
del signo de contradicci?n que tu Hijo ser?a en este mundo. Cuando comenz? despu?s la actividad p?blica de Jes?s, debiste quedarte a un lado para que pudiera crecer la nueva familia que ?l hab?a venido a instituir y que se desarrollar?a
con la aportaci?n de los que hubieran escuchado y cumplido su palabra (cf. Lc 11, 27s). No obstante toda la grandeza y la alegr?a de los primeros pasos de la actividad de Jes?s, ya en la sinagoga de Nazaret experimentaste la verdad
de aquella palabra sobre el ?signo de contradicci?n? (cf. Lc 4, 28ss). As? has visto el poder creciente de la hostilidad y el rechazo que progresivamente fue cre?ndose en torno a Jes?s hasta la hora de la cruz, en la que viste morir como un fracasado, expuesto al escarnio, entre los delincuentes, al Salvador del mundo, el heredero de David, el Hijo de Dios. Recibiste entonces la palabra: ?Mujer, ah? tienes a tu hijo? (Jn 19, 26). Desde la cruz recibiste una nueva misi?n. A partir de la cruz te convertiste en madre de una manera nueva: madre de todos los que quieren creer en tu Hijo Jes?s y seguirlo. La espada del dolor traspas? tu coraz?n. ?Hab?a muerto la esperanza? ?Se hab?a quedado el mundo definitivamente sin luz, la vida sin meta? Probablemente habr?s escuchado de nuevo en tu interior en aquella hora la palabra del ?ngel, con la cual respondi? a tu temor en el momento de la anunciaci?n: ?No temas, Mar?a? (Lc 1, 30). ?Cu?ntas veces el Se?or, tu Hijo, dijo lo mismo a sus disc?pulos: no tem?is! En la noche del G?lgota, o?ste una vez m?s estas palabras en tu coraz?n.
A sus disc?pulos, antes de la hora de la traici?n, ?l les dijo: ?Tened valor:
Yo he vencido al mundo? (Jn 16, 33). ?No tiemble vuestro coraz?n ni se acobarde? (Jn 14, 27). ?No temas, Mar?a?. En la hora de Nazaret el ?ngel tambi?n te dijo: ?Su reino no tendr? fin? (Lc 1, 33). ?Acaso hab?a terminado antes de
empezar? No, junto a la cruz, seg?n las palabras de Jes?s mismo, te convertiste en madre de los creyentes. Con esta fe, que en la oscuridad del S?bado Santo fue tambi?n certeza de la esperanza, te has ido a encontrar con la ma?ana de Pascua. La alegr?a de la resurrecci?n ha conmovido tu coraz?n y te ha
unido de modo nuevo a los disc?pulos, destinados a onvertirse en familia de Jes?s mediante la fe. As?, estuviste en la comunidad de los creyentes que en los d?as despu?s de la Ascensi?n oraban un?nimes en espera del don del
Esp?ritu Santo (cf. Hch 1, 14), que recibieron el d?a de Pentecost?s. El ?reino? de Jes?s era distinto de como lo hab?an podido imaginar los hombres. Este ?reino? comenz? en aquella hora y ya nunca tendr?a fin. Por eso t? permaneces
con los disc?pulos como madre suya, como Madre de la esperanza. Santa Mar?a, Madre de Dios, Madre nuestra, ens??anos a creer, esperar y amar contigo.
Ind?canos el camino hacia su reino. Estrella del mar, brilla sobre nosotros y gu?anos en nuestro camino.

BENEDICTO XVI, SPE SALVI facti sumus, 30 de noviembre de 2007, n. 50
Publicado por verdenaranja @ 0:12  | Liturgia
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