Acontecer pastoral de una parroquia

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Historia, horarios, fiestas y el acontecer pastoral de la parroquia de El Dulce Nombre de Jesús en La Guancha y de San José en San Juan de la Rambla, ambas en Tenerife, Islas Canarias, España; recopilación de noticias y artículos de interés.
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martes, 29 de enero de 2008
AMERICA/COLOMBIA - Asamblea Plenaria de los Obispos sobre “el papel de la mujer en la Iglesia y en la sociedad”: Mons. Castro Quiroga: “que la mujer manifieste la decisión firme de defender la vida, la familia, el matrimonio y la maternidad” (Fides)

(Bogotá, D.C., 28 de enero al 1º de febrero de 2008)


ALOCUCIÓN INAUGURAL
DEL EXCELENTÍSIMO MONSEÑOR
LUIS AUGUSTO CASTRO QUIROGA
ARZOBISPO DE TUNJA
PRESIDENTE DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL



Saludamos con afecto fraterno a Monseñor Aldo Cavalli, Nuncio Apostólico de su Santidad en Colombia, a quien le damos la más cordial bienvenida. Señor Nuncio en su persona vemos la presencia del Santo Padre en nuestra patria. Su Excelencia encontrará en este grupo de Obispos de Colombia una comunidad de hermanos con quienes podrá compartir la fe y la comunión eclesial propia de los discípulos misioneros del Señor. Ha sido una sana tradición en esta Iglesia que peregrina en Colombia mantener unas íntimas relaciones y un apoyo decidido a la persona del Nuncio como expresión de comunión colegial con el Santo Padre. Una vez más, bienvenido Señor Nuncio a nuestro país que lo acoge con cariño.

Señor Cardenal Pedro Rubiano Sáenz, Arzobispo de Bogotá y Primado de Colombia; Monseñor Iván Antonio Marín López, Vicepresidente de la Conferencia Episcopal; Monseñor Fabián Marulanda López, Secretario General de la Conferencia Episcopal; apreciados señores Arzobispos y Obispos, estimados sacerdotes y colaboradores del SPEC, Directivos del CELAM que nos acompañan, directivos de la Conferencia de Religiosos de Colombia, mujeres insignes en la vida de la Iglesia y de la sociedad invitadas a esta Asamblea Episcopal, demás invitados especiales y amables representantes de los medios de comunicación.

ENCÍCLICA SPE SALVI

Agradecemos a Su Santidad el Papa Benedicto XVI el regalo de su última Encíclica SPE SALVI sobre la esperanza cristiana.
En estos días en que se está revelando en detalle, la tragedia escondida para muchos, de los horrores acaecidos en el país rural durante los últimos 20 años, a manos del paramilitarismo y la subversión, es necesario escuchar el mensaje del Santo Padre, para reforzar nuestra esperanza.

Las crucifixiones, los descuartizamientos, las torturas, las violaciones, los hundimientos para siempre en los ríos, la quema de seres vivos, el estrangulamiento de hombres y mujeres, las desapariciones, los secuestros y las masacres, evocan un ingente número de víctimas para quienes la esperanza de la justicia no brilla suficientemente y que podrían quedar sumidas para siempre en el absurdo de su derrota irreparable.

Horkheimer manifestaba la más honda nostalgia de la escuela de Francfort: “que el verdugo no triunfe definitivamente sobre la víctima”. Benedicto XVI le responde exigiendo la justicia en este mundo pero invitándolo a abrirse a un nuevo horizonte de sentido, el horizonte de la justicia divina.

“Dios sabe crear la justicia de un modo que nosotros no somos capaces de concebir y que, sin embargo, podemos intuir en la fe. Sí, existe la resurrección de la carne. Existe una justicia. Existe la revocación del sufrimiento pasado, la reparación que establece el derecho. La injusticia en la historia no puede ser la última palabra en absoluto y ello hace plenamente convincente la necesidad de retorno de Cristo y de la vida nueva” (Spe Salvi,43).

Y añade Benedicto XVI: “Dios es justicia y crea justicia. Éste es nuestro consuelo y nuestra esperanza. Pero en la justicia está también la gracia. Esto lo descubrimos dirigiendo la mirada hacia el Cristo crucificado y resucitado. Ambas -justicia y gracia- han de ser vistas en su justa relación interior. La gracia no excluye la justicia. No convierte la injusticia en derecho. No es un cepillo que borra todo, de modo que cuanto se ha hecho en la tierra, acabe por tener siempre igual valor” (Spe Salvi 44).

Concluye el Papa Benedicto su Encíclica presentándonos a María como estrella de la esperanza.

“La vida es como un viaje por el mar de la historia, un viaje en el que escudriñamos los astros que nos indican la ruta. Las verdaderas estrellas de nuestra vida son las personas que han sabido vivir rectamente. Ellas son luces de esperanza. Jesucristo es ciertamente la luz por antonomasia. Pero para llegar hasta Él, necesitamos también luces cercanas, personas que dan luz reflejando la luz de Cristo, ofreciendo así orientación para nuestra travesía. Y quién mejor que María podría ser para nosotros estrella de esperanza?” (Spe Salvi,49).
A ella encomendamos esta Asamblea cuya reflexión central es la mujer cristiana en la historia y en la Iglesia.

Agradecemos también a Benedicto XVI por su mensaje de paz llamado: “Familia, Comunidad de Paz”. Es ahí en la familia, donde hay una mamá y un papá, que se forjan las virtudes que hacen de cada ser humano un instrumento de paz. En efecto, en el hogar se aprenden la justicia, el amor, la autoridad, el servicio a los más débiles, la ayuda mutua, la acogida del otro y el perdón, todos ingredientes de la paz como vida plena y sana relación con los demás.

EL CENTENARIO DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL

Estamos de centenario. Este acontecimiento nos sugiere ante todo dar gracias a Dios por el hecho de que la Conferencia Episcopal ha sido un testimonio de comunión eclesial y ha favorecido la tarea de la Iglesia Católica en Colombia, la cual impulsa a los fieles cristianos a vivir su fe con alegría y coherencia, en comunidades eucarísticas y marianas, creadora y animadora de cultura (D.A 478) así como camino hacia la santidad. Una mirada al presente y al pasado, nos llena de agradecimiento a Dios por lo que ha hecho por medio de la Conferencia Episcopal, nos mueve a apreciarla más y frente a tantas dificultades actuales, sostiene nuestra autoestima eclesial.

Claro está que nuestra autoestima no se mide por los índices de popularidad sino por la calidad de nuestra acción evangelizadora, por nuestra búsqueda de la voluntad de Dios y nuestra capacidad de conversión cotidiana, criterios éstos ajenos a las estadísticas.

San Alberto Hurtado decía: En nuestras obras, el pueblo sabe que comprendemos su dolor”. Sigamos actuando a favor del dolor de Colombia que es la mejor expresión de nuestra vivencia del Evangelio de la misericordia y el mejor de los remedios contra cualquier supuesta baja de autoestima.

DIRECTORIO SOBRE CASOS ESPECIALES

Se han producido algunos escándalos por parte de sacerdotes que han generado sufrimiento enorme, a los Señores Obispos, a su presbiterio y a los católicos del país. Nos duelen y apenan todos esos escándalos acontecidos y otros que nos han lacerado y no pudimos corregir a tiempo, porque han sacudido en muchos feligreses católicos su sentido de viva pertenencia a la Iglesia.

Hagamos nuestros y pongamos de manifiesto en el directorio y en la práctica pastoral los seis criterios indicados por un hermano Obispo para tratar los casos de graves faltas que llegan a ser delitos:
Primero, el dolor por las fallas de algunos sacerdotes.

Segundo, las duras penas que existen en la Iglesia para estos gravísimos delitos.

Tercero, el llamado que la Iglesia misma hace para que se realicen con diligencia los procesos del caso.

Cuarto, la necesidad para acudir a los estrados de la Iglesia para denunciar los casos de esa naturaleza que se conozcan.

Quinto, la apertura que hay en la Iglesia a derogar para determinados casos la misma figura jurídica de la prescripción para que lleguen las penas a los culpables.

Sexto, la no oposición a que los clérigos culpables sean juzgados por los delitos que cometan contra las leyes del país .

Sea este Directorio una ayuda para ir logrando la renovación de nuestro clero, el mayor desafío de nuestra Iglesia hoy. Benedicto XVI nos dice:

“Para todo sacerdote es muy edificante saber que el Obispo, del que ha recibido el don del sacerdocio o que, en cualquier caso, es su padre y su amigo, lo tiene presente en la oración, con afecto, y que está siempre dispuesto a acogerlo, escucharlo, sostenerlo y animarlo” .

ANTE LA NUEVA CULTURA

A todo lo dicho hasta ahora, es necesario añadir otras consideraciones muy importantes de tipo cultural y de tipo espiritual.

Como sabemos, una nueva cultura, antes restringida a círculos muy estrechos, se ha popularizado y ha entrado masivamente en los hogares por diversos caminos.

Debemos mirar a la cultura nueva con simpatía, según nos pide Aparecida. Al fin de cuentas, esa es la cultura que ha de recibir el evangelio.

Un evangelio apócrifo cuenta que un día que Jesús iba caminando junto con sus discípulos, vieron el cadáver putrefacto de un perro. Pedro, que estaba delante, dijo: “Maestro, apártate” pero Jesús, en cambio, siguió caminando, se detuvo un instante y exclamó: “¡Qué dientes más blancos!”.

Aunque tiene elementos de muerte, sin embargo, nuestra primera tarea ante la cultura nueva es destacar los dientes blancos, lo positivo de la misma.

Se infiere de lo anterior que esta cultura tiene luces y tiene sombras.

Por un lado tenemos luces como la emergencia de la subjetividad y el respeto a la dignidad y a la libertad de cada uno, sin duda una importante conquista de la humanidad.

La cultura actual llamada de la postmodernidad le reconoce a la Iglesia la libertad para evangelizar, pero no le concede la de imponerse a la fuerza porque, como sabemos, tiene miedo de todo lo que se presente como absoluto. Le concede la posibilidad de proponerse pero no de imponerse, tanto menos con altanería. Le agrada que hablemos no sólo desde el cerebro sino desde el corazón, con sinceridad y cercanía.

Por otro lado, hay sombras pues esta cultura acaba por erigir el individualismo como característica dominante de la cultura actual, responsable del relativismo ético y la consiguiente crisis de la vida y de la familia (Aparecida, 479).

En Europa, donde el influjo es mayor que en nuestras tierras, esta cultura ha causado dentro del hombre una progresiva herida. Primero lo alejó de Dios, apagando el cielo interior de lo sobrenatural. Luego mortificó su razón pidiendo el sacrificio de la inteligencia y finalmente vació su voluntad, al despojar de consistencia los valores éticos.

Con la inspiración y liderazgo pastoral de Benedicto XVI, la Iglesia Católica ha querido ser un muro de contención que frene el avance de este relativismo. Esta actitud de la Iglesia choca directamente contra varios aspectos de la cultura dominante actual. La reacción de esta cultura contra la Iglesia no se ha hecho esperar. La constatamos en nuestro país.

Cuando este muro de contención de la Iglesia ofrece grietas, que son el comportamiento indebido de algunos de sus miembros, estas grietas son ampliadas al máximo por la cultura actual, para hacernos aparecer como si estuviésemos a punto de desplomarnos.

Así es la reacción de la cultura del relativismo contra la Iglesia, lo cual no tiene comparación con otras reacciones ante hechos similares. Nos duele esta reacción pero es para nosotros una advertencia como fue la del canto del gallo, cuando Pedro negó a su Señor. No podemos caer en la gran contradicción de querer luchar contra el relativismo ético y el indiferentismo religioso y al mismo tiempo suministrarle las armas para que nos neutralice.

Benedicto XVI nos recuerda que “la Iglesia está llamada a hacer que en el mundo resplandezca la luz de Cristo, reflejándola en sí misma como la luna refleja la luz del sol. “Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo” (Mt 5, 16) .

CAMPAÑA AUDAZ

Reafirmamos el valor de la vida, un valor no negociable, un valor que cubre también a los niños aún no nacidos pero ya concebidos.

Reafirmamos este valor ante la ambigua campaña promovida por el Ministerio de la Protección Social y varias ONGs que se muestran muy solícitos por el bienestar de la mujer, lo cual es importante, pero se presentan totalmente indiferentes ante la suerte que corre el niño por nacer y eso no está bien. En concreto se han realizado treinta foros en todo el país acompañados de una fuerte estrategia publicitaria para presentar las implicaciones éticas, jurídicas y médicas de la Sentencia C-355 de la Corte Constitucional que despenalizó el aborto en tres casos específicos.

La campaña que acentúa el derecho que tiene la mujer, por ser dueña de su cuerpo, a eliminar la criatura que lleva dentro de sí, desconoce que esa criatura no es parte de su cuerpo, aunque necesite urgentemente del mismo.

Consideramos que las mejores campañas del Ministerio de la Protección Social debieran estar orientadas a ayudar a la mujer a enfrentar de manera más positiva su embarazo, sin sacrificar la nueva vida que se gesta en su vientre. Es verdad que hay respuestas aparentemente fáciles y efectivas, pero que, aún siendo legales porque fueron aprobadas por la Corte constitucional, son éticamente condenables porque se atenta contra la vida de seres humanos inocentes.

Este intento de confundir el sentido ético de la mujer, de incidir, a través de los medios, en el cambio de su conciencia hacia una actitud más laxa, debido a la urgencia de obtener y mostrar mejores resultados en cuanto a abortos, nos parece sencillamente absurdo, aún más si lleva a despertar el deseo de legalizar todo tipo de aborto.
La vida que hay en el vientre de la madre es el test de toda democracia, es su prueba de fuego. Una persona demócrata ha de ser el más grande y entusiasta defensor de quienes no pueden defenderse a sí mismos, de las gentes más débiles, ya se trate de la mujer en situaciones de abuso, como del niño no nacido, pero no de la una contra el otro.

De igual manera nos sorprenden las decisiones administrativas tan contundentes en determinados temas relacionados con la salud sexual y reproductiva, como por ejemplo, la inclusión de la Pasta del día siguiente y de los preservativos gratuitos en el Plan Obligatorio de Salud. Sorprende esta agilidad cuando somos testigos de la gravedad de la problemática de la salud en nuestro país.

APARECIDA EN COLOMBIA

Con la coordinación de Monseñor Jorge Jiménez, los Obispos que estuvimos en Aparecida presentamos diversos aspectos del documento allí elaborado. Fue un taller muy bien diseñado y de una inmensa riqueza para todos.

En esta Asamblea daremos un paso adelante al definir el pensamiento de la Iglesia Católica en Colombia frente a algunos de los aspectos más esenciales y urgentes de la vida de la Iglesia y que Aparecida nos hizo notar ¿Frente a Aparecida, ¿qué piensas Iglesia Católica en Colombia de ti misma y de la nación? A esta pregunta daremos respuesta con este trabajo.

Así como Medellín tuvo un seguimiento nacional que se plasmó en aquél famoso documento llamado “La Iglesia ante el cambio”, también Aparecida tendrá una expresión de nuestra Iglesia que peregrina en Colombia y que desde Aparecida se pronuncia sobre los aspectos más importantes de la vida nacional y eclesial, sobre su presente y sobre su futuro.

RECONCILIACIÓN, PAZ Y ACUERDO HUMANITARIO

La Iglesia Católica con autonomía e independencia ha estado y estará dispuesta a facilitar y acompañar todos los procesos que puedan conducir a la construcción de una Colombia reconciliada, en paz y con justicia social. La Iglesia tiene como razones fundamentales en su reflexión y acción, el derecho a la vida, y a la vida digna; el diálogo como alternativa al conflicto armado, y el llamado para que se anteponga la conciencia de lo humanitario a cualquier cálculo político.

Ante el fracaso de todas las facilitaciones propusimos una “Zona de Encuentro” en el país, en la cual delegados del Gobierno Nacional y representantes de las FARC – EP se puedan reunir para definir los términos de un acuerdo que posibilite la liberación de todos los secuestrados en poder de ese grupo armado y de los miembros de esta organización en las cárceles del Estado.

Como Presidente de la Conferencia Episcopal y en nombre de la Iglesia Católica en Colombia, expreso la inmensa alegría por el retorno a sus hogares de Clara Rojas y de Consuelo González de Perdomo y reitero la profunda solidaridad con el dolor de todas las familias que tienen a sus seres queridos injustamente privados de la libertad. Insto al Señor Manuel Marulanda Vélez y a los miembros del Secretariado a que acepten la invitación que les extendí en carta del pasado 13 de diciembre para que nos reunamos en los términos y en las condiciones que estimen pertinentes.

No pretendemos como Iglesia definir los términos de una negociación. Se trata de diseñar conjuntamente una estrategia que interprete, tanto las necesidades y los requerimientos que las FARC-EP han manifestado para el buen curso del intercambio humanitario, como los supuestos bajo los cuales el Gobierno estaría dispuesto a realizarlo.

En los albores de este 2008 queremos responder a los anhelos y las demandas de todos los colombianos y de la misma comunidad internacional.

José, llevado cautivo, pasó largo tiempo en tierra extraña lejos de su familia hasta la llegada de sus hermanos. Como él, esperamos vivir el encuentro con todos los que están injustamente privados de la libertad y que mantienen su confianza en la ayuda de Dios y en el compromiso de su Iglesia. “Yo no me olvidaré de ti” (cfr. Is 49, 15).

De la misma manera, extiendo un llamado al Gobierno Nacional y a los miembros del Ejército de Liberación Nacional para que superando las dificultades existentes avancen en el acuerdo base y lleguen a una negociación de paz.

LA ASAMBLEA SOBRE LA MUJER

Esta Asamblea tendrá como punto central, la reflexión sobre la mujer en la Iglesia y en la sociedad.

El Evangelio nos advierte que no podemos ser lobos vestidos con piel de oveja, pero no nos prohíbe que, como Jeremías, Ezequiel y otros profetas más, seamos ovejas vestidas con piel de lobo.
El movimiento feminista hoy, como otros movimientos sociales en épocas pasadas, ha tenido que vestirse con piel de lobo con la única finalidad de que el valor que defiende y al que la sociedad se muestra sorda, sea atendido, que ese valor se abra espacio en las conciencias de los demás y se le tome en serio.

La mujer, en efecto, se ha levantado –como ha acontecido en otras situaciones llámense de colonización, de esclavitud, de racismo o de injusta miseria– para reclamar su verdadero valor de ser humano.

El sistema sexista alimentó el prejuicio de una mujer menos capaz que el hombre sobre la base de su sexo biológico. Las consecuencias fueron el desconocimiento y aún rechazo de sus derechos políticos, económicos, legales y educativos.

Estando así las cosas, la mujer vivió la experiencia de haber sido marginada, reducida a simple auxiliar del hombre, infravalorada sistemáticamente y hasta considerada incapaz de tomar decisiones que se refieren a toda una comunidad.

El movimiento feminista ha tenido una visión del mundo que afirma la dignidad de la mujer como persona humana en todo su derecho, que critica los sistemas de patriarcado en lo que han sido violatorios de su dignidad y que reclama cambios profundos sociales, culturales, intelectuales y religiosos.

El movimiento feminista no es uniforme. Hay un feminismo que se aleja de la visión cristiana y se encierra en rígidas dicotomías ya de género ya de determinismo biológico.

Pero hay también un “feminismo cristiano” que busca la dignidad de la mujer en todos los campos sobre la base de la profunda verdad del Evangelio. Este feminismo es un canto de vida y de esperanza que brota del corazón de cada mujer de fe. Lo pude captar participando en alguno de los encuentros de mujeres como preparación a esta Asamblea. Escuché frases muy interesantes y significativas expresadas por las participantes.

Una de ellas afirmaba: “El 90% de la Pastoral de la Iglesia está a cargo de las mujeres”. Es difícil determinar con exactitud el porcentaje, pero es un hecho que la participación de la mujer en la pastoral es enorme y merece la mejor de las Asambleas como signo de gratitud, de aprecio y de estímulo para seguir en su vida ministerial en la Iglesia, como discípula y misionera de Jesucristo para que en Él nuestros pueblos tengan vida.
Esta Asamblea las anime a seguir anunciando a Jesucristo con sus vidas, sus acciones y sus palabras. Que en su lenguaje, en sus narraciones, en la interpretación de los símbolos bíblicos y contemporáneos, sigan conjugando su visión concreta de la vida con su imaginación; que sigan uniendo su comprensión profunda de la Sagrada Escritura con los hechos individuales y culturales actuales, para que la voz del Señor llegue como lo que es, el mensaje dirigido a nosotros hoy; que su ejemplo nos lleve a entender que la palabra de Dios se dirige en primer lugar a quienes la anunciamos; y que nos sigan ofreciendo esas intuiciones femeninas tan especiales sobre el Evangelio que muchas veces escapan aún al más sagaz de los varones.

Escuché otra frase interesante: “Nosotras las mujeres somos capaces de generar un crecimiento espiritual en los varones y en la sociedad”. No hay duda de que la mujer sigue siendo mediadora entre Dios y los hombres. Gracias a una mujer, María de Nazareth, que aceptó con su Fiat ser mediadora de la encarnación, el mundo entero recibió el Verbo de Dios. Gracias a la mujer, a una jovencita llamada Nino, las tierras del Cáucaso conocieron a Jesucristo. Gracias a una mujer, Clotilde su esposa, Clodoveo quemó lo que adoraba y empezó a adorar lo que antes había quemado. Porque las lágrimas de una madre no podían quedar sin ningún fruto, Agustín llegó a conocer y a amar a Cristo, belleza siempre antigua y siempre nueva. Gracias a una mujer, Teresa de Calcuta, el siglo XX, el de las masacres y los racismos, conoció una de las más bellas formas del heroísmo de la caridad.

Por todo lo anterior, se comprende otra frase escuchada en esos encuentros: “El mundo pide a gritos la sal y la luz de la mujer cristiana”.

El mundo y en especial el femenino espera que la mujer cristiana, con la valentía que le infunde el Espíritu, tenga la audacia propia del apóstol para ser discípula misionera de Jesucristo; manifieste la decisión firme de defender la vida, la familia, el matrimonio y la maternidad, aspectos éstos que un feminismo de los años 70 quiso denigrar aduciendo que eran obstáculo para la verdadera promoción de la mujer; siga mostrando la creatividad de una constructora de paz y de justicia para ayudar a que la mujer salga de la situación precaria actual que no tiene fronteras.

En efecto, la Organización Mundial de la Salud reconoce que el 70% de los 1.200 millones de personas que viven en la pobreza -aquellos seres humanos cuya existencia depende de menos de un dólar diario- son mujeres.

Igualmente, entre el 80 y 90% de las familias pobres del mundo están encabezadas por mujeres. Unas mujeres que por lo demás, son propietarias únicamente del 1% de la tierra y suponen dos tercios de la población analfabeta de la sociedad internacional. Todo esto se llama feminización de la pobreza.

Como Obispos venimos a esta Asamblea a escuchar a la mujer cristiana, sus gozos y esperanzas, sus frustraciones y anhelos; a captar mejor los profundos cambios que han acontecido en la mujer de hoy y a ser solidarios con todas las respuestas que desde el Evangelio y desde Aparecida puedan ser diseñadas en fraterna colaboración para beneficio de la mujer colombiana que vive y se desgasta en favor de la vida, de la Iglesia y de la sociedad, con la fuerza del Espíritu, en nombre de Cristo y para gloria de Dios Padre.

Que el Espíritu del Señor que descendió sobre la Virgen María nos asista con sus luces para que podamos discernir la voluntad de Dios en este momento particular de nuestra historia y haga “prósperas las obras de nuestras manos”.


+ Luis Augusto Castro Quiroga
Arzobispo de Tunja
Presidente de la Conferencia Episcopal

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