sábado, 02 de febrero de 2008
Ficha de Estudio-reflexión de "El Espíritu Santo en la Biblia y en los Santos Padres" en la Formación Permanente de los Sacerdotes de la Diócesis de Tenerife.


ISTIC-Delegación para el Clero. Diócesis de San Cristóbal de la Laguna

EL ESPIRITU SANTO EN EN LOS SANTOS PADRES



De fa divinidad del Espíritu Santo a la
divinización del hombre por el Espíritu Santo


Profesor: Macario Manuel López García


Oración inicial: Invocación al Espíritu Santo con San Agustín

« Si temes la muerte, ama la vida. Tu vida es Dios, tu vida es Cristo, tu vida es el Espíritu Santo. Obrando mal no le agradas. No habita en un templo que amenaza ruina ni entra en un templo sucio. Pero gime ante él, para que se limpie ese lugar; gime ante él para que se edifique su templo. Reconstruya El lo que tú destruiste; reforme El lo que exterminaste; levante El lo que tú tiraste al suelo. Clama a Dios, clama interiormente, clama díde El oye. Porque también pecas allí donde El ve; clama allí donde El oye». (SAN AGUSTÍN, Sermón 161, 7).

1. La afirmación de la divinidad del Espiritu Santo, en la fe de la Iglesia primitiva

El que la revelación acerca de la persona del Espíritu Santo se haya realizado de un modo progresivo, y podríamos decir que un tanto silencioso y discreto, no implica, en modo alguno, una mengua de la dignidad de la tercera persona de la Trinidad. Leamos ahora una serie de textos que nos muestran cómo la Iglesia va profesando cada vez con mayor claridad la divinidad del Espíritu Santo.

1. «A continuación enseñaron que el Espíritu Santo está asociado al Padre y al Hijo en honor y en dignidad. Sobre este punto no se ve claramente si es engendrado o inengendrado o si hay que considerarlo también a El como hijo de Dios o no: ambas cosas hay que investigarlas según la medida de nuestras fuerzas a partir de la Escritura santa y analizarlas con agudo examen. Ahora bien, que este Espíritu Santo haya inspirado a cada uno de los santos, sean profetas o apóstoles, y que no hubo un Espíritu en los antiguos y otro distinto en los que fueron inspirados cuando la venida de Cristo, es cosa que se predica clarísimamente en la Iglesia». (ORÍGENES, De principiis I, Praef 4).

2. «Y para demostrar con más razones una mejor refutación contra los impíos, a partir de los argumentos con que se demuestra que el Hijo no es una criatura, de esos mismos se demuestra que tampoco el Espíritu es una criatura. Las criaturas vienen de la nada y tienen un comienzo de existencia. En efecto, en el principio hizo Dios el cielo y la tierra (Gen 1,1) y todo lo que hay en ellos. Pero el Espíritu Santo viene de Dios y así es llamado, como dijo el Apóstol. Y si el Hijo, puesto que no viene de la nada, sino de Dios, justamente no puede ser una criatura, necesariamente tampoco el Espíritu Santo es una criatura, puesto que confesamos que viene de Dios, mientras que las criaturas vienen de la nada. Además el Espíritu se llama y es unción y sello... Ahora bien, las criaturas son ungidas y selladas en El. Y si las criaturas son ungidas y selladas en El el Espíritu no puedes ser una criatura. En efecto, no hay similitud entre el que unge y los ungidos». (SAN ATANASIO, Ep. a Serapión III, 2,2—3,2).

3. «... después de recibir el mandato, plenamente convencidos por la resurrección de nuestro Señor Jesucristo y confiados en la Palabra de Dios, con la certeza del Espíritu Santo partieron para evangelizar que el Reino de Dios estaba a llegar». (SAN CLEMENTE ROMANO, 1 Clem XLII, 3).

4. «Este es el que fortaleció sus corazones y sus inteligencias; el que aclaró los misterios del evangelio; el que iluminó en ellos las realidades divinas y robustecidos por El no temieron cadenas ni cárceles por el nombre del Señor. Más aún, incluso pisotearon los poderes del mundo y sus tormentos, armados y fortalecidos ya por medio de él, poseyendo en sí mismos los dones que este mismo Espíritu reparte y distribuye como ornato para la Iglesia esposa de Cristo».(NOVACIANO, La Trinidad XXXIX, 167).

—¿Cuáles son los aspectos que la Iglesia ha tenido claros desde el siempre sobre el Espíritu Santo y cuales aquellos que ha tenido que investigar a partir de la Sagrada Escritura con más detenimiento, según los textos 1 y 2?
—¿Qué otro aspecto, además de la esencia divina de la que participa el Espíritu Santo, muestran los textos 3 y 4?


2. La divinización del hombre por el Espíritu Santo. Una acción progresiva.

El Espíritu Santo vivifica las almas porque las une con Dios; y por esos en los símbolos de la fe se le lama «vivificante», de acuerdo con la Sagrada Escritura, donde se atribuye al Espíritu Santo la vinculación de las almas con Dios (cfr. Rom 8,9). La acción del Espíritu vivificador alcanza también al cuerpo de quienes han recibido el don de estar unidos a Cristo (cfr. Rom 8,11). Comenzamos este apartado con la lectura de unos textos patrísticos referidos a la encarnación y unción del Verbo, que es la primera divinización del hombre v paradigma de esta acción del Espíritu Santo en nosotros.

5. «[María es] sagrado y misterioso telar de la encarnación, en el cual de un modo inefable fue tejida la túnica de la unión, de la cual fue tejedor el Espíritu Santo, la hilandera fue la potencia que extendió su sombra desde lo alto, la lana fue el antiguo vellón de Adán, la trama fue la carne incontaminada de la Virgen, la lanzadera fue la inmensa gracia de Aquel que asumió nuestra naturaleza v, finalmente, el artífice fue el Verbo o Palabra de Dios que realizó su ingreso a través del oído». (PROCLO DE CONSTANTINOPLA, Homilía mariana 1').

6. «Hoy el Espíritu Santo se cierne sobre las aguas en forma de paloma, para que, así como la paloma de Noé anunció el fin del diluvio, de la misma forma ésta fuera signo de que ha terminado el perpetuo naufragio del mundo. Pero a diferencia de aquella, que sólo llevaba un ramo de olivo caduco, ésta derramará la enjundia completa del nuevo crisma en la cabeza del Autor de nuestra progenie, para que se cumpla aquello que predijo el profeta: Por eso el Señor tu Dios te ha ungido con aceite de júbilo entre todos tus compañeros (Sal 44,8)». (PEDRO CRISÓL000, Sermón 160).

Pero también el Espíritu actúa sobre todo el Cuerpo de Cristo que es la Iglesia como leeremos en los siguientes textos.

7 «En efecto, Éste [el Espíritu Santo] es el que suscita profetas en la Iglesia, enseña a los maestros, confiere el don de lenguas, realiza prodigios y curaciones, opera obras maravillosas, da el discernimiento de los espíritus, da el poder de gobierno, sugiere los consejos y organiza y distribuye cualquier otro don carismático. De este modo hace a la Iglesia del Señor perfecta y acabada en todo y por todo». (NOVACIANO, La Trinidad XXXIX, 167).

8. «Lo que el alma es respecto al cuerpo del hombre, eso mismo es el Espíritu Santo respecto al cuerpo de Cristo que es la Iglesia. El Espíritu Santo obra en la Iglesia lo mismo que el alma en todos los miembros de un único cuerpo. Mas ved de qué debéis guardaros, qué tenéis que cumplir y qué debéis temer. Acontece que en un cuerpo humano, mejor, de un cuerpo humano, hay que amputar un miembro: la mano, un dedo, el pie. ¿Acaso el alma va tras el miembro cortado? Mientras estaba en el cuerpo vivía; una vez cortado perdió la vida. De idéntica manera, el hombre cristiano es católico mientras vive en le cuerpo; el hacerse hereje equivales a ser amputado, y el alma no sigue a un mimbreo amputado. Por tanto, si queréis recibir la vida del Espíritu Santo, conservad la caridad, amad la verdad y desea la unidad para llegar a la eternidad». (SAN AGUSTÍN, Sermón 267,4).

9. «Ahora bien, puesto que el Hijo es la imagen del Dios invisible, y la forma de su sustancia, todos los que son modelados y formados según esta imagen o forma son conducidos hacia la semejanza de Dios. Ahora bien, consiguen esta forma o imagen según las leyes del desarrollo humano. Del mismo modo, puesto que el Espiritu Santo es el sello de Dios, los que reciben la torma y la imagen de Dios, una vez signados por medio de El, son conducidos en El al sello de Cristo, llenos de sabiduría, de ciencia, y lo que es más, de fe». (DIDIMO DE ALEJANDRÍA, El Espíritu Santo 95).

—¿Qué aspectos de la acción del Espíritu Santo, sobre jesucristo y sobre la Iglesia, destacaría como más actuales para el cristiano del tercer milenio, y de un modo especial para nosotros pastores, llamados a configurarnos con Cristo y a presidir su Iglesia?
—¿Cómo actualizo en mí y en mi comunidad, por medio del Espíritu Santo, la imagen de Cristo recibida en el acto creador?


En el hombre comienza, con el bautismo, el proceso de divinización en el que es conducido, por el Espíritu Santo, hacia Dios. Como observaremos, en el último texto de este apartado, es necesaria la humildad del hombre para poder acoger esta transformación.

10. «Hermanos, para quienes lo reciben con temor, el santo bautismo es grande, en orden a la consecución de las realidades superiores. Pues el Espíritu, rico y generoso, se difunde siempre en aquellos que han recibido esta gracia. Los santos apóstoles, llenos de ella, mostraron a las Iglesias de Cristo los frutos de su plenitud. En aquellos que han recibido sinceramente este don, el Espíritu permanece según la medida de la fe de cada uno de los que lo han recibido. Cooperando e inhabitando, edifica el bien en cada uno de ellos conforme al esfuerzo del alma en las obras de la fe, como lo indica esta palabra del Señor: quien ha recibido aquella mina la ha recibido para trabajar, esto es, la gracia del Espíritu Santo ha sido dada a cada uno para el provecho de quien la ha recibido y para su aumento». (SAN GREGORIO DE NISA, Enseñanza sobre la vida cristiana 9).

11. «Efectivamente, así como lo que está junto a los brillantes colores también ello se colorea por causa de la reverberación, así también el que fija claramente su mirada en el Espiritu por la gloria de Este, se transforma de alguna manera en algo más luminosos, al ser iluminado en el corazón, como por una luz, por la verdad que procede del Espíritu. Y esto es el "ser transformados por la gloria del Espíritu en su propia gloría" (cfr. 2 Co 3,18), y no de manera mezquina y floja, sino tanto cuanto corresponde a quien es iluminado por el Espíritu». (SAN BASILIO DE CESAREA, El Espíritu Santo XXI, 52).

12. «No es dificil percibir cómo transforma el Espíritu a imagen de aquellos en los que habita: del amor a las cosas terrenas, el Espíritu nos conduce a la esperanza de las cosas del cielo, y de la cobardía y la timidez, a la valentía y generosa intrepidez de espíritu. Sin duda es así como emitimos a los discípulos, animados y fortalecidos por el Espíritu, de tal modo que no se dejaron vencer en absoluto por los ataques de los perseguidores, sino que se adhirieron con todas sus fuerzas al amor de Cristo. Se trata exactamente de lo que había dicho el Salvador: Os conviene que yo me vaya al cielo (Jn 16,7). En ese tiempo, en efecto, descendería el Espíritu Santo». (CIRILO DE ALEJANDRÍA, Comentario al Ev. de S. Juan 10).

13. «Este [el Espíritu], iluminando los ojos ya purificados de toda mancha, los torna espirituales por su comunión con El. Y como los cuerpos resplandecientes y traslúcidos, cuando cae sobre ellos un rayo luminoso, ellos mismos se vuelven brillantísimos y por sí mismos lanzan otro rayo luminoso, así también las almas portadoras del Espíritu, iluminadas por el Espíritu, ellas misma. se vuelven espirituales y proyectan la gracia en otros. De ahí el previo conocimiento del futuro, la inteligencia de los misterios, la captación de lo oculto, la distribución de los carismas, la ciudadanía celestial, la danza con los ángeles, la alegría interminable, la permanencia en Dios, la asimilación a Dios, y el deseo supremo: hacerse Dios [la divinización por la gracia)». (SAN BASILIO DE CESAREA. El Espíritu Santo IX, 23).

14. «Los obreros de Cristo y de la verdad, por su fe y sus trabajos a favor de la virtud, reciben por la gracia del Espíritu los bienes que están por encima de su naturaleza; cosechan con alegría indecible y pone en práctica sin fatiga el amor sencillo y recto, la fe inconmovible, la paz firme, la bondad verdadera y todas las demás cosas por las que el alma, hecha mejor que ella misma y más poderosa que la maldad del enemigo, se ofrece a sí misma como mansión para el Espíritu adorado y santo del cual recibe la paz inmortal de Cristo, por esta paz, el ama se une y se adhiere al Señor». (SAN GREGORIO DE NISA, Enseñanza sobre la vida cristiana 95).

15. «Del mismo modo que la participación en el Hijo de Dios nos hace hijos adoptivos y que la participación en la Sabiduría, nos hace sabios en Dios, igualmente también la participación en el Espíritu Santo nos hace santos y espirituales». (ORÍGENES, De principiis IV, 4, 5).

16. «En consecuencia, puesto que el Espíritu Santo nos convierte de multiplicidad en unidad, se le apropia por la humildad y se le aleja por la soberbia. Es agua que busca un corazón humilde, cual lugar cóncavo donde detenerse; en cambio ante la altivez de la soberbia, como altura de una colina rechazada, va en cascada. Por eso se dijo: Dios resiste a los soberbios y, en cambio, a los humildes les da su gracia (Sant 4,6). ¿Qué significa les da su gracia? Les da el Espíritu Santo. Llena a los humildes, porque en ellos encuentra capacidad para recibirlo. (SAN AGUSTÍN, Sermón 270, 6).

– ¿Que aspectos de la action del Espiritu Santo en el hombre para conducirlo a Dios, son mils necesarios recurperar en nuestra predicación y catequesis, a la luz de los textos leídos?
– ¿ Que soberbias, según el texto 1 b, detectamos en nuestra Iglesia que se convierten en resistencias a la acción del Espíritu Santo hoy? ¿Cómo podríamos corregirlas?


Esta vida divina otorgada al hombre implica la inhabitación de Dios en el cristiano. Esta realidad sobrenatural de que el Padre y el Hijo habiten en el alma fiel se realiza mediante el amor, o sea, por el Espíritu Santo, que es el Amor del Padre y del Hijo. Los Santos Padres ponen de relieve que no se trata de una mera presencia divina, como la que existe en todas las creaturas, sino de una inhabitación como en una casa o en un templo.

17. «La vida del cuerpo es el alma, y la vida del alma, Dios. El Espíritu de Dios habita en el alma y, a través del alma, en el cuerpo, para que también nuestros cuerpos sean templos del Espíritu Santo, don que nos otorga Dios. El Espíritu de Dios viene a nuestra alma, porque la caridad de Dios se ha derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado, y lo posee todo quien posee lo principal». (SAN AGUSTÍN, Sermón 161, 6).

18. «El espíritu Santo ha comenzado a habitar en vosotros. ¡Que no se tenga que marchad No lo exc[uyais de vuestros corazones. Es buen huésped: si os encuentra vacíos, os llena; si hambrientos, os alimenta; finalmente, sí os halla sedientos, os embriaga. Sea El quien os embriague, pues dice el Apóstol: No os embriaguéis de vino, en el cual está todo desenfreno. Y, como queriendo enseñarnos de qué debemos embriagarnos, añadió: Antes bien llenaos del Espíritu Santo, cantando entre vosotros con himnos, salmos y cánticos espirituales,- cantando al Señor en vuestros corazones (Ef 5,18-19)». (SAN AGUSTÍN, Sermón 225, 4).

–¿Qué diferencia hay entre la presencia de Dios en cada creatura y la inhabitación en et hombre? ¿Soy consciente de la dignidad que la inhabitación produce en mí y en mi prójimo?
–¿Qué pecados están alejando hoy al Espiritu Santo del hombre? ¿Qué podríamos hacer como pastores para secundar la voz del Espíritu Santo?


Oración final: Súplica dei don del Espíritu Santo con San Agustín

«Si nos convertimos en odres nuevos y esperamos vigilantes su gracia, seremos llenados abundantemente del Espíritu Santo, y con el Espíritu Santo existirá en nosotros la caridad; el vino nuevo nos pondrá en ebullición y su cáliz embriagador y extraordinario nos dejará ebrios, hasta el punto de olvidarnos de todo lo mundano que nos tenía atados, corno se olvidaron los mártires al ir al martirio». (SAN AGUSTÍN, Sermón 272-B, 7)
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