Mi?rcoles, 12 de marzo de 2008

Palabras de San Daniel Comboni sobre la humildad del misionero, publicadas en el Boletín bimestral MISIONEROS  de la Tercera Edad perteneciente a MARZO-ABRIL 2008.

Comboni, aunque parece, y de hecho tiene un carácter enérgico y pudiera dar la impresión de una cierta tendencia a imponer su criterio y creerse algo en la tarea de la evangelización, sin embar­go él nos muestra el lado genuino de la humildad del misionero en la tarea de la evangelización de África en aquel momento. El habla del misionero como marioneta de Dios, friegaplatos de la obra de Dios, inútil monigote, pelagatos empecatado, piedra escondida bajo tierra o siervo inútil. Leamos sus cartas:

 

 "Hay que tener en cuenta que los tiempos son dificilísimos en todas partes. Por tanto, es Dios quien mueve los hilos: nosotros somos marionetas" (Escritos n. 2.441)


 En menos de seis años desde que establecí las pequeñas fundaciones de Egipto, he gastado más de 500.000(digo quinientos mil) francos en oro en mis Obras, o mejor, en las Obras de Dios (de las que yo soy el friega platos y San José el Ecónomo), creadas a favor de la Nigrizia; así que tengo que hacer. Ahí van, pues, como un relámpago, mis noticias" (Escritos 3.334).


 "No crea su Eminencia que por encontrarme atrasado en la Obra pierdo el ánimo. No, yo no me desanimaré nunca, porque es obra de Dios y porque, aunque yo sea un pobre monigote, un servus inutilis, en manos de Dios, estoy seguro de que con la gracia divina me re­cuperaré del retraso, y con la ayuda de la Santa Sede llevaré la Obra tan adelante que antes de morir, si la muerte no me viene demasiado pronto, la conquista de Africa para la fe llegará a buen puerto" (Escritos 7.000).


 "En una palabra, el Misionero de la Nigrizia debe con frecuencia reflexionar y meditar que él trabaja en una obra de altísimo merito, sí, pero sumamente ardua y laboriosa, para ser una piedra escondida bajo tierra que quizá nunca saldrá a la luz..." (Escritos 2.701).


 

El Misionero de la Tercera Edad vive consciente de que en medio de la debilidad, la fragilidad de la salud o el cúmulo de los años, sin embargo siente y experimenta que todavía es siervo del Señor y que su aportación, como piedra escondida en el gran edificio de la Iglesia, cosechará sus frutos aunque desde un punto de vista humano aparentemente nada cambie.


Publicado por verdenaranja @ 22:56  | Ecumenismo
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