Lunes, 31 de marzo de 2008

Publicado en la HOJA DE DIFUSIÓN PARROQUIAL DE SANTA RITA DE CASIA DE PUNTA BRAVA Y DE SAN PABLO EN LAS DEHESAS - PUERTO DE LA CRUZ, Número 140.


ALGUNOS CONSEJOS PARA PONER EN PRÁCTICA

 

En el respeto se inspiran todas las virtudes. Hablando de Dios has de respetar el nombre de Dios, la palabra de Dios, el templo y todo lo sagrado, con un profundo respeto a todo lo que se relaciona con el culto a Dios. Los mismos sacerdotes y cuantos estamos consagra-dos a Dios, debemos respetarnos a nosotros mismos. En verdad «estamos comprometidos» y no nos perte­necemos libremente. Hemos elegido a Dios libremen­te y con todas las consecuencias. Como cristianos, debemos respetar nuestra dignidad y cuanto hagamos debemos hacerlo con la dignidad de un cristiano, de alguien que debe hablar, actuar y aún pensar como el mismo Cristo. Este es un ideal posible de conseguir. Si no fuera así, el mismo Cristo no nos hubiera dicho que debemos ser perfectos como el Padre Dios es per­fecto. Hemos de respetar el honor, la fama, el prestigio personal de los demás y estar convencidos de que en cada prójimo vive el mismo Cristo y está queriéndole. Y cualquier cosa que le hagas mal le duele al mismo Dios. Al contrario ayúdales para que cada persona que encuentres se dé cuenta que lleva a Dios dentro y quiere que se salve, ¿por qué te pones nervioso con el que vino a decirte algo que para tí es desagradable?. Es­cucha en silencio. Deja hablar aunque lo que esté diciendo sea mentira o te esté ofendiendo a tí o a la institución a la que perteneces tú. Oye la conversación hasta el final, sin interrumpir y luego que dejen hablar a ti, sin interrumpirte. No se trata de tragarse todo lo que te digan y si no hay modo de aclarar tus ideas y el otro sigue con la misma actitud, creo que lo mejor es dejar el asunto para otro día. Porque si no, se cae en un "dialogo de sordos".

 

Conserva los modos. No levantes la voz, aunque estés convencido que tú tienes la verdad y la otra persona esté equivocada. Ten cuidado con las palabras que digas. No le ofendas en modo alguno con tus palabras, aunque la otra persona trate de decir que eres tú el que mientes, el que está equivocado, porque si le hieres, entonces se acaba el diálogo y lo tenemos más en contra. La otra persona buscará cómo defenderse y puede volverse más agresiva y más insultante y también empiece a chillar, a insul­tar y todo puede terminar mal. Así no se consigue nada. Lo mejor es que se sienten a dialogar, en serenidad, en calma y con cuidado con los que están oyendo, porque pueden dar versiones completamen­te distintas de la realidad. A nadie le gusta que le saquen los colores delante de otros. Tenemos que tener prudencia y no llamar la atención en público, aunque tengas toda la razón. No impongas por la fuerza tu verdad, porque también puedes estar equi­vocado. Debes respetarte a ti mismo, pues, eres propiedad de la divinidad.

 

Llevas grabada la imagen del mismo Dios. En ti habita la Santísima Trinidad y siempre estás ante la presencia amorosa de Dios. Respeta a cada perso­na humana porque en cada hombre, en cada mujer está plasmada la imagen del mismo Dios. No seas nunca un ordinario, ni un vulgar en tu vocabulario, no seas chabacano en tus modales, en tu educación, en tu compostura, en tu modo de sentarte, cami­nar, arrodillarte. Ponte elegante ante Dios con todo el respeto y la veneración. Debes respetar y amar todo cuanto ha sido creado por Dios y al hombre de una manera más especial, porque es la obra estrella de cuanto creó, ya que lo ha hecho a su imagen y semejanza y lo elevó a un estado sobre-natural con un destino final en El Cielo. Está claro que Dios nos espera en El Cielo. En el juicio final cuando el Señor divide a todos los seres humanos en dos grandes grupos, a un lado los que cumplie­ron sus santos mandamientos y en el otro los que quebrantaron esas mismas leyes y no pidieron perdón, ni rectificaron. ¿Qué dirá al primer grupo? Entren, los benditos de mi padre: «a heredar El Cielo preparado para ustedes antes de ser creado el universo entero» y al otro grupo dirá: «fuera de aquí, malditos, vayan al infierno preparado por el diablo y para los que le siguen»

 

Mira en todo la huella de Dios. Fíjate en todo lo creado y podrás decir: por aquí pasó Dios dejando trozos de su amor, de su belleza, de su orden, de su inteligencia, de su bondad infinita. Por eso el respeto a todas las criaturas aún a las inanimadas. Cada una cumpliendo al pie de la letra su misión. Respeta los lugares sagrados: el templo, las imá­genes, las personas. La vida es lo más serio que tenemos y hemos de respetar profundamente cada minuto que Dios prolongue nuestra vida, como algo sagrado. Decir vida, es decir amor y decir amor es decir Dios, porque Dios es amor. Estamos siempre bajo la presencia y la mirada de Dios. Respeta especialmente a los niños, porque Dios se remira en ellos. Nunca le hagas daño ni le des mal ejem­plo. El Señor dice que al que le de un mal ejemplo a un niño, más le valdría que le metieran por el cogote una piedra de molino y lo tiraran al mar. ¡Cuidado con las palabras que utilices! ¡Cuidado con tu manera de contestar! Nadie tiene la culpa de los problemas que te atormentan. No se trata de desahogarte y descargar en cualquiera el estado de tensión en que te encuentras, porque quizá te haya ocurrido a ti algo adverso y estás mal, y casi sin darte cuenta te sale el mal humor y la agarras con quien no tiene culpa de nada. Esto sencillamente no es justo. Que la pague el que tenga la culpa.


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Carta a mi querido Teófilo del Padre Antonio María del Hogar Santa Rita del Puerto de la Cruz, publicado en la revista “Como las Abejas , Enero-Febrero – 2008 / número 37.

 

CARTA A MI QUERIDO TEÓFILO


Carísimo amigo mío, Teófilo. Gracias por tus palabras, gracias por la confianza depositada en mi persona. Trataré de no fallarte. Yo me siento muy a gusto, conversando contigo, que es lo que me parece esta peculiar relación de amistad, a través de unas cartas. Ya, como que me he acostumbrado a recibir tus cartas, siempre me pregunto, ¿Qué me va a contar hoy mi querido amigo Teófilo? Hoy, como siempre, me ha sorprendido tu sinceridad, tu transparencia. Me cuentas el problema que tienes para vivir cristianamente en el ambiente en que te desenvuelves y aún me dices que yo mismo obraría como tú, si estuviera en tu lugar. No lo dudo. Yo no soy mejor que tú y estoy fabricado con el mismo barro. Pero hay una cosa muy importante que te está ocurriendo y es que te estás sintiendo cómodo en ese ambiente y ya ni te haces problemas de conciencia, del comportamiento tan incoherente en que estás inmerso.

 


Ahora te estás dando cuenta de las burlas que hacen de la religión y del mismo Dios, ese grupo de personas con quienes compartes tantas horas del día, por razón de tu trabajo. Aún estás en plan de observador y miedoso de darte a conocer como aún piensas. ¡Qué pena me da Teófilo! ¡Que pena! ¡Dios mío! Cómo puede venirse abajo en tan poco tiempo una formación tan religiosa vivida durante tantos años. Aquellos benditos años de colegio, esa gran devoción a María Auxiliadora que aún conservas, aunque un poco a escondidas; pero mi buen Teófilo, estás pisando un terreno pantanoso y poco a poco, casi sin darte cuentas, te estás hundiendo y cuando vengas a tomar conciencia de esta peligrosa situación, te estará llegando el fango hasta el cuello y si María Auxiliadora no hace un milagro, te puedes ahogar en el fango.


Ahora estás a tiempo. Has hecho muy bien en escribirme. Pienso que lo que no debes es seguir caminando por ese sendero que conduce a tu perdición personal, ahora, precisamente que te estás dando cuenta ¡Cuántos con los mismos principios que tú, de madre muy religiosa, formados en colegios de Salesianos, o de La Salle, o en los escolapios, donde entra en el ideario del Centro, como algo fundamental, la vida espiritual y han agarrado un camino, como el que has cogido tú, o peor, se han metido hasta en pandillas, no sólo de anticlericales, sino hasta de delincuentes, y metidos en los sitios mas bajos de la sociedad!


Empezaron poco a poco a desviarse del buen camino, y terminaron echando pestes del colegio. de los curas, y de todo lo que suene a religión. Sin apenas darse cuenta, acabaron siendo verdaderos rebeldes y enemigos de la Santa Iglesia y aún del mismo Dios. ¡Cuántos casos de sacerdotes que han renegado de Cristo y se han vuelto enemigos de la Iglesia! Todos empezaron a abandonar sus relaciones con Dios, y finalizaron abriendo una zanja cada vez más ancha, de separación con Él.


¡Que lástima! ¿Verdad? Han cambiado el verdadero y único Dios, por un montón de dioses de la Tierra, capitaneados por el mismísimo Diablo, como son: el alcohol, el dinero, las drogas, la prostitución, y llegan a comportarse peor que los animales. ¡Dios mío! ¡Dios mío! A dónde vamos a parar. Cómo nos dejamos engañar y embaucar por el horrible Diablo, que nunca da la cara, y hasta le interesa que no crean en Él, para hacer más daño, como un zorro, agazapado. Por eso, mi buen amigo Teófilo, quiero que recapacites y que caigas en la cuenta, que no es cualquier cosa lo que te está ocurriendo. Es un aviso de Dios y creo firmemente que es la misma María Auxiliadora la que te está echando una mano. Lejos de meterte miedo, y menos de invadir tu vida, ya que me has dado ese voto de confianza, quiero exponerte, simplemente mi consejo.

Tú me dices que yo en tu lugar haría igual y no lo dudo. No obstante, si no quieres llegar a lo peor, a estar hundido en medio del pantano, ahora es el momento de echar una mirada atrás, con valentía, porque te estás jugando tu vida eterna. Puede ser que casi ya no te diga nada eso del Cielo, ni del Infierno.

 

No obstante, si aún queda en ti algún rastro de tu formación religiosa, te pido, por favor, que escuches a un amigo. Estás, mi querido amigo Teófilo, en el filo de un precipicio y has de tener en cuenta, que árboles más altos han caído.


Piensa por un momento en la grandeza que tenía el Diablo antes de ser arrojado al Infierno ¡Tan hermoso, tan inteligente, tan feliz! Y por su soberbia se enfrentó a su mismo Creador y, eso que no tenía "Diablo" que le tentara, porque a partir de ese día, empezaron a existir: el Infierno y los demonios. ¡Qué horrible! De esplendorosos ángeles llenos de felicidad y de amor, a horrorosos demonios, llenos de amarguras, infelicidad, envidia y odio. Tú que palpaste esa felicidad de niño y adolescente, como en el movimiento "luz y vida", a llegar ahora, a poder caer en lo más bajo de tu vida, en que sin darte apenas cuenta, estás envuelto hasta el cuello por el fango hediondo del pecado.


Cuántos casos he conocido parecidos al tuyo. Quisiera no tener tanta experiencia. He presenciado verdaderas aberraciones y atrocidades en personas que eran maravillosas moralmente, cuando niños. ¿Qué puedes hacer tú? Pienso que nadie te exige que seas un héroe pero si ves que no hay modo de cambiar y que tu situación espiritual sigue en declive, yo te aconsejaría que cambiaras de lugar, que buscaras un puesto de trabajo en otro lugar. Si no actúas a tiempo, llegará un momento en que todo esto que te digo te resbale y te empecines de tal modo, que estés en otra onda y que tengas dos vidas, cerrado a escuchar cualquier consejo que vaya en esta dirección. Ni valdrán los consejos de tu madre, ni harás caso a las pobres palabras de un amigo llamado "Padre Antonio" y hasta quizá nunca más quieras ni escucharme ni saber de mí.

Mi buen Teófilo, no estoy haciendo algo espantoso de tu problema. Sencillamente te estoy hablando con la mano en el corazón, buscando tu felicidad en el Cielo; pero también en la Tierra, porque la felicidad, con la que llenas el vacío y el alejamiento de Dios, es una felicidad vacía que caduca al momento. Me da coraje por dentro, de que ese zorro del Diablo del que casi nadie quiere hablar, salga con la suya y tenga un candidato más para el Infierno. Ahora mismo no estás en una situación tan degradante; pero es el momento de frenar y plantearte tu vida y compararla con esa otra época de tu vida en que tan feliz cantabas, el "rendido a tus plantas". Te acuerdas... ¿Verdad?


No sé por qué tenemos que echar en el olvido épocas bonitas de la vida que hemos vivido. y que pueden ahora, con una mayor madurez, impulsar a que llevemos una vida digna y en concordancia con tu vida cristiana. Fidel Castro, por ejemplo, se educó en los padres Jesuitas y ha llegado a perseguir a muerte a los mismos cristianos, aunque ahora parece que se ha vuelto más tolerante. Yo recuerdo cuando estaba con los guerrilleros en la sierra y tenía hasta un capellán. Y ¡cuántos, que fueron en su tiempo muy buenos católicos. se han vuelto con el tiempo verdaderos enemigos de Cristo y de su Iglesia y de todo lo que suene a religión!


Bueno, mi querido Teófilo, espero que no te haya caído mal lo que te he aconsejado a raíz de tú situación religiosa, ya que tú mismo me la has contado. No es que quería alarmarte, ni comerte el "coco" como se suele decir. Es lo que siento y he podido observar cómo tú cuando me cuentas, que aunque, sea lentamente, has ido dejando de bendecir la mesa, de santiguarte al pasar por las iglesias, sea como sea tu costumbre y, lo que es peor, creo que has dejado definitivamente todo contacto con la Iglesia y, como me relatas con toda sinceridad y frialdad que ya ni sientes remordimientos de faltar a Misa y duermes tan tranquilamente a "pierna suelta" como si nada hubiera pasado. Es grave lo que te pasa. Vas en declive y en bajada, en tu vida espiritual y en tu relación con Dios, hasta casi no pintar nada en tu vida. Hasta pronto, amigo.


¡Que lástima! Pero ¡Qué verdad tan grande! Una vez te dije, que, por el temperamento extremista que tienes, terminarías en "Santo" o en "Diablo". ¡Mira por dónde vas ya! Sin embargo. Dios te sigue esperando, y a m¡, aquí me tienes como más amigo que nunca, dispuesto a echarte una mano si tú quieres

 

Seguiremos en otra ocasión. Hasta siempre, amigo Teófilo.

 

Antonio Hernández y Hernández

 


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Arículo publicado en la revista "Iglesia Nivariense" de la Diócesis de Tenerife, número 81 FEBRERO 2008.


LA RIQUEZA DE LAS PARROQUIAS


No me estoy refiriendo a esas riquezas materiales que, efectivamente, existen en nuestras iglesias, que no se pueden vender por muchas razones, y que es bueno conocer para evitar malos entendidos.

 

En muchas iglesias existen imágenes adornadas con joyas de mayor o menor valor, que han sido donadas para adornar determinada imagen, joya de la que no se puede disponer para otro fin, salvo que el donante lo autorice.

También existen tallas e imágenes adquiridas por suscripción popular y donaciones. de las que tampoco se puede disponer.


En su conjunto la Iglesia en general tiene un patrimonio rico. Es más, mantenerlo en buenas condiciones, le supone soportar su mantenimiento, motivo por el cual se ve obligada a enjugar dicho gasto con la cuota que hay que pagar al entrar en determinados museos eclesiales.

Y eso es bueno saberlo, ya que con frecuencia se habla de las riquezas de la Iglesia, de las que, repito, no puede disponer.


De ahí que a los cristianos se les esté orientando de forma que sus donativos puedan ser destinados a alguna de las múltiples obras sociales que mantiene.

Pero al escribir sobre las riquezas de la parroquia no me estoy refiriendo a riquezas materiales. Esta frase de "la riqueza de las parroquias" se la oí decir a un párroco, joven y con sólida formación, refiriéndose a sus parroquianos mayores. Y comparto plenamente el que los mayores —entre los que me incluyo— somos la riqueza de las parroquias, de la Iglesia.

Llevar el peso de una parroquia es algo que el párroco solo no puede afron­tar, máxime si además -como pasa en nuestra diócesis— lleva más de una.


Su principal labor pastoral es anun­ciar la Palabra, celebrar la eucaristía, confesar, pero además debe contar con sus catequistas para preparar las Pri­meras Comuniones, tener colaboración en las eucaristías con lectores, cantos, preparar el altar, realizar la colecta. Pero además ha de celebrar los oficios en entierros, llevar sus libros de nacimien­tos, confirmación, matrimonios, incluso la contabilidad de la o las parroquias.


También tiene que visitar enfermos de la parroquia, llevar sus comuniones, celebrar la Semana Santa, la fiesta del patrono de la parroquia...

Y precisamente ahí es donde aparece la riqueza de las parroquias, formada principalmente por esos numerosos cristianos, que, generosamente, dedican parte de su tiempo en colaborar en las labores de las parroquias, orientados y animados por su párroco, principal res­ponsable de la marcha de las mismas.


Y hay trabajo para todos, desde dar clases a inmigrantes, a trabajar con alco­hólicos. de ayudar a madres solteras, a matrimonios en dificultad, de visitar la cárcel a ayudar a discapacitados.

Alegrémonos si vemos nuestros templos llenos de mayores, formando esa riqueza que con generosidad, permite que el Dios con nosotros llegue a muchos hogares.

Un testimonio que, cara a la socie­dad, vale más que mil palabras.


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ZENIT   publica la intervención que pronunció Benedicto XVI el domingo 30 de Marzo de 2008 al rezar la oración mariana del Regina Caeli junto a miles de peregrinos congregados en el patio de la residencia pontificia de Castel Gandolfo.

 

Queridos hermanos y hermanas:

Durante el Jubileo del año 2000, el querido siervo de Dios Juan Pablo II estableció que en toda la Iglesia el domingo después de Pascua, además de domingo in Albis, fuera denominado domingo de la Divina Misericordia. Lo hizo en concomitancia con la canonización de Faustina Kowalska, humilde religiosa polaca, nacida en 1905 y fallecida en 1938, celosa mensajera de Jesús misericordioso.


La misericordia es en realidad el núcleo central del mensaje evangélico, es el nombre mismo de Dios, el rostro con el que Él se ha revelado en la antigua Alianza y plenamente en Jesucristo, encarnación del Amor creador y redentor. Este amor de misericordia ilumina también el rostro de la Iglesia, y se manifiesta ya sea a través de los sacramentos, en particular el de la Reconciliación, ya sea con obras de caridad, comunitarias e individuales.


Todo lo que dice y hace la Iglesia manifiesta la misericordia que Dios siente por el hombre. Cuando la Iglesia tiene que recordar una verdad descuidada, o un bien traicionado, lo hace siempre movida por el amor misericordioso, para que los hombres tengan vida y la tengan en abundancia (Cf. Juan 10, 10). De la misericordia divina, que pacifica los corazones, surge, además, la auténtica paz en el mundo, la paz entre los pueblos, culturas y religiones.


Al igual que sor Faustina, Juan Pablo II se convirtió a su vez en apóstol de la Divina Misericordia. En la noche del inolvidable sábado 2 de abril de 20005, cuando cerró los ojos a este mundo, se celebraba precisamente la vigilia del segundo domingo de Pascua, y muchos observaron la singular coincidencia, que unía en sí la dimensión mariana --primer sábado del mes-- y la de la Divina Misericordia.


De hecho, su largo y multiforme pontificado encuentra aquí su núcleo central; toda su misión al servicio de la verdad sobre Dios y sobre el hombre y de la paz en el mundo se resume en este anuncio, como él mismo dijo en Cracovia-Lagiewniki en 2002, al inaugurar el gran Santuario de la Divina Misericordia: «Fuera de la misericordia de Dios no hay otra fuete de esperanza para los seres humanos». Su mensaje, como el de santa Faustina, presenta el rostro de Cristo, revelación suprema de la Misericordia de Dios. Contemplar constantemente ese Rostro: esta es la herencia que nos ha dejado, que acogemos con alegría y hacemos nuestra.


Sobre la Divina Misericordia se reflexionará de manera especial en los próximos días, con motivo del primer Congreso Apostólico Mundial de la Divina Misericordia, que tendrá lugar en Roma y se inaugurará con la santa misa que, si Dios quiere, presidiré en la mañana del miércoles 2 de abril en el tercer aniversario del fallecimiento del siervo de Dios, Juan Pablo II. Pongamos el Congreso bajo la celestial protección de María santísima, Mater Misericordiae. Le encomendamos la gran causa de la paz en el mundo para que la Misericordia de Dios realice lo que es imposible hacer únicamente con las fuerzas humanas, e infunda la valentía del diálogo y de la reconciliación.

[Al final de la oración mariana el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En italiano dijo:]

Ante todo, dirijo un cordial saludo a los numerosos peregrinos que en este momento están reunidos en la plaza de San Pedro, de manera especial a quienes han participado en la santa misa celebrada en la iglesia del Espíritu Santo de Saxia por el cardenal Tarcisio Bertone, con motivo de la fiesta de la Divina Misericordia. Queridos hermanos y hermanas: que la intercesión de santa Faustina y del siervo de Dios Juan Pablo II os ayuden a ser auténticos testigos del amor misericordioso. Como ejemplo a imitar, me complace indicar hoy a la madre Celestina Donati, fundadora de la Congregación de las Hijas Pobres de San José de Calasanz, que será proclamada beata hoy en Florencia.


[En español, dijo:]


Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española. Queridos hermanos: En este domingo dedicado a la Divina Misericordia, agradezcamos a Dios Padre el amor que nos ha manifestado en la muerte y resurrección de su propio Hijo, y pidamos a la Virgen María que interceda por nosotros para que sepamos reconocer en Cristo resucitado la fuente de la esperanza y de la alegría verdadera. Feliz domingo.


[Traducción del original italiano realizada por Jesús Colina

© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana]


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Domingo, 30 de marzo de 2008

Intervención que pronunció Benedicto XVI el  miércoles 26 de marzo de 2008, durante la audiencia general concedida en la plaza de San Pedro del Vaticano.

 

Queridos hermanos y hermanas:

«Et resurrexit tertia die secundum Scripturas», «Resucitó al tercer día según las Escrituras». Cada domingo, en el Credo, renovamos nuestra profesión de fe en la resurrección de Cristo, acontecimiento sorprendente que constituye la clave de bóveda del cristianismo. En la Iglesia todo se comprende a partir de este gran misterio, que ha cambiado el curso de la historia y se hace actual en cada celebración eucarística.


Sin embargo, existe un tiempo litúrgico en el que esta realidad central de la fe cristiana se propone a los fieles de un modo más intenso en su riqueza doctrinal e inagotable vitalidad, para que la redescubran cada vez más y la vivan cada vez con mayor fidelidad: es el tiempo pascual. Cada año, en el «santísimo Triduo de Cristo crucificado, muerto y resucitado», como lo llama san Agustín, la Iglesia recorre, en un clima de oración y penitencia, las etapas conclusivas de la vida terrena de Jesús: su condena a muerte, la subida al Calvario llevando la cruz, su sacrificio por nuestra salvación y su sepultura. Luego, al «tercer día», la Iglesia revive su resurrección: es la Pascua, el paso de Jesús de la muerte a la vida, en el que se realizan en plenitud las antiguas profecías. Toda la liturgia del tiempo pascual canta la certeza y la alegría de la resurrección de Cristo.


Queridos hermanos y hermanas, debemos renovar constantemente nuestra adhesión a Cristo muerto y resucitado por nosotros: su Pascua es también nuestra Pascua, porque en Cristo resucitado se nos da la certeza de nuestra resurrección. La noticia de su resurrección de entre los muertos no envejece y Jesús está siempre vivo; y también sigue vivo su Evangelio.


«La fe de los cristianos -afirma san Agustín- es la resurrección de Cristo». Los Hechos de los Apóstoles lo explican claramente: «Dios dio a todos los hombres una prueba segura sobre Jesús al resucitarlo de entre los muertos» (Hch 17, 31). En efecto, no era suficiente la muerte para demostrar que Jesús es verdaderamente el Hijo de Dios, el Mesías esperado. ¡Cuántos, en el decurso de la historia, han consagrado su vida a una causa considerada justa y han muerto! Y han permanecido muertos.


La muerte del Señor demuestra el inmenso amor con el que nos ha amado hasta sacrificarse por nosotros; pero sólo su resurrección es «prueba segura», es certeza de que lo que afirma es verdad, que vale también para nosotros, para todos los tiempos. Al resucitarlo, el Padre lo glorificó. San Pablo escribe en la carta a los Romanos: «Si confiesas con tu boca que Jesús es Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo» (Rm 10, 9).


Es importante reafirmar esta verdad fundamental de nuestra fe, cuya verdad histórica está ampliamente documentada, aunque hoy, como en el pasado, no faltan quienes de formas diversas la ponen en duda o incluso la niegan. El debilitamiento de la fe en la resurrección de Jesús debilita, como consecuencia, el testimonio de los creyentes. En efecto, si falla en la Iglesia la fe en la Resurrección, todo se paraliza, todo se derrumba. Por el contrario, la adhesión de corazón y de mente a Cristo muerto y resucitado cambia la vida e ilumina la existencia de las personas y de los pueblos.

¿No es la certeza de que Cristo resucitó la que ha infundido valentía, audacia profética y perseverancia a los mártires de todas las épocas? ¿No es el encuentro con Jesús vivo el que ha convertido y fascinado a tantos hombres y mujeres, que desde los inicios del cristianismo siguen dejándolo todo para seguirlo y poniendo su vida al servicio del Evangelio? «Si Cristo no resucitó, -decía el apóstol san Pablo- es vana nuestra predicación y es vana también nuestra fe» (1Co 15, 14). Pero ¡resucitó!


El anuncio que en estos días volvemos a escuchar sin cesar es precisamente este: ¡Jesús ha resucitado! Es «el que vive» (Ap 1, 18), y nosotros podemos encontrarnos con él, como se encontraron con él las mujeres que, al alba del tercer día, el día siguiente al sábado, se habían dirigido al sepulcro; como se encontraron con él los discípulos, sorprendidos y desconcertados por lo que les habían referido las mujeres; y como se encontraron con él muchos otros testigos en los días que siguieron a su resurrección.


Incluso después de su Ascensión, Jesús siguió estando presente entre sus amigos, como por lo demás había prometido: «He aquí que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (Mt 28, 20). El Señor está con nosotros, con su Iglesia, hasta el fin de los tiempos. Los miembros de la Iglesia primitiva, iluminados por el Espíritu Santo, comenzaron a proclamar el anuncio pascual abiertamente y sin miedo. Y este anuncio, transmitiéndose de generación en generación, ha llegado hasta nosotros y resuena cada año en Pascua con una fuerza siempre nueva.


De modo especial en esta octava de Pascua, la liturgia nos invita a encontrarnos personalmente con el Resucitado y a reconocer su acción vivificadora en los acontecimientos de la historia y de nuestra vida diaria. Por ejemplo, hoy, miércoles, nos propone el episodio conmovedor de los dos discípulos de Emaús (cf. Lc 24, 13-35). Después de la crucifixión de Jesús, invadidos por la tristeza y la decepción, volvían a casa desconsolados. Durante el camino conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado en aquellos días en Jerusalén; entonces se les acercó Jesús, se puso a conversar con ellos y a enseñarles: «¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?» (Lc 24, 25-26). Luego, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras.


La enseñanza de Jesús -la explicación de las profecías- fue para los discípulos de Emaús como una revelación inesperada, luminosa y consoladora. Jesús daba una nueva clave de lectura de la Biblia y ahora todo quedaba claro, precisamente orientado hacia este momento. Conquistados por las palabras del caminante desconocido, le pidieron que se quedara a cenar con ellos. Y él aceptó y se sentó a la mesa con ellos. El evangelista san Lucas refiere: «Sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando» (Lc 24, 30). Fue precisamente en ese momento cuando se abrieron los ojos de los dos discípulos y lo reconocieron, «pero él desapareció de su lado» (Lc 24, 31). Y ellos, llenos de asombro y alegría, comentaron: «¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?» (Lc 24, 32).


En todo el año litúrgico, y de modo especial en la Semana santa y en la semana de Pascua, el Señor está en camino con nosotros y nos explica las Escrituras, nos hace comprender este misterio: todo habla de él. Esto también debería hacer arder nuestro corazón, de forma que se abran igualmente nuestros ojos. El Señor está con nosotros, nos muestra el camino verdadero. Como los dos discípulos reconocieron a Jesús al partir el pan, así hoy, al partir el pan, también nosotros reconocemos su presencia. Los discípulos de Emaús lo reconocieron y se acordaron de los momentos en que Jesús había partido el pan. Y este partir el pan nos hace pensar precisamente en la primera Eucaristía, celebrada en el contexto de la última Cena, donde Jesús partió el pan y así anticipó su muerte y su resurrección, dándose a sí mismo a los discípulos.

Jesús parte el pan también con nosotros y para nosotros, se hace presente con nosotros en la santa Eucaristía, se nos da a sí mismo y abre nuestro corazón. En la santa Eucaristía, en el encuentro con su Palabra, también nosotros podemos encontrar y conocer a Jesús en la mesa de la Palabra y en la mesa del Pan y del Vino consagrados. Cada domingo la comunidad revive así la Pascua del Señor y recibe del Salvador su testamento de amor y de servicio fraterno.


Queridos hermanos y hermanas, que la alegría de estos días afiance aún más nuestra adhesión fiel a Cristo crucificado y resucitado. Sobre todo, dejémonos conquistar por la fascinación de su resurrección. Que María nos ayude a ser mensajeros de la luz y de la alegría de la Pascua para muchos hermanos nuestros.

De nuevo os deseo a todos una feliz Pascua.


[Al final de la audiencia el Papa saludó en varios idiomas a los peregrinos. En español, dijo:]


Saludo cordialmente a los visitantes de lengua española. En particular, a los alumnos del seminario mayor iberoamericano de los Padres de Schönstatt. Saludo también a los distintos grupos de estudiantes y peregrinos venidos de Argentina, El Salvador, España, México, Puerto Rico, y de otros países latinoamericanos. Que la alegría de la resurrección de Cristo haga más profunda y fiel vuestra vida cristiana, al mismo tiempo que os animo a ser, con la ayuda de María, mensajeros de la luz y la alegría de la Pascua para todos vuestros hermanos. ¡Felices Pascuas!

[En italiano]


Saludo, por último, a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados. Queridos jóvenes y especialmente vosotros, muchachos y muchachas que habéis venido en tan gran número de parroquias y oratorios de la archidiócesis de Milán, sed protagonistas entusiastas en la Iglesia y en la sociedad. Vosotros, que hacéis este año la «profesión de fe», empeñaos en construir la civilización del amor, fundada en Cristo, que murió y resucitó por todos. Queridos enfermos, que la luz de la Resurrección ilumine y sostenga vuestro sufrimiento diario, haciéndolo fecundo en beneficio de toda la humanidad. Y vosotros, queridos recién casados, sacad cada día del misterio pascual la fuerza para un amor sincero e inagotable.


[Traducción distribuida por la Santa Sede

© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana]


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 ASIA/TIERRA SANTA- La esperanza no decae, incluso ante el sufrimiento y el malestar

JEFES DE LAS IGLESIAS EN JERUSALÉN


Mensaje de Pascua 2008

 

“En la tarde del día primero de la semana, Jesús entró y se colocó en medio de ellos. Él les dijo, “Paz a vosotros” y les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor y de nuevo él les dijo “Paz a vosotros” Juan 20, 19-21



Queridas hermanas y hermanos,

 

Cristo ha resucitado.

 

Muchas personas limitan sus pensamientos sobre la Pascua a la tumba vacía. Cuán importante entonces, para nosotros concentrarnos en la primera manifestación que nuestro Señor hizo a sus discípulos. Es un estímulo considerable que seamos beneficiados por el hecho que Cristo viviente esté saludando a la Iglesia viviente. No desestimamos la carga de tantos de nuestros fieles hoy día desde la violencia continua y actos de terrorismo que les rodean, y de los que nosotros somos víctimas, en la región de Cisjordania, en Gaza y en la sociedad Israelí. Sin embargo, el Señor resucitado nos recuerda y nos dice que tenemos un papel y que nosotros debemos cambiar la situación presente,  través del poder y la fuerza que Él nos da.

 

En la tarde de la primera Pascua parece obvio que los discípulos estuvieran llenos de miedo mezclado sin duda con duda y perplejidad. Mucho había acontecido que les hacía dudosos de su futuro y consecuentemente estaban temerosos. Sin embargo, en el momento de mayor necesidad Jesús entró y permaneció entre ellos. Al menos creyeron que él se les apareció de improviso. Porque, desde que le vieron muerto en la Cruz, ellos creyeron que todo estaba acabado y que el Maestro les había abandonado. Pero, el miedo, la debilidad y las puertas cerradas no pudieron mantener a Jesús alejado de sus discípulos… ¡entonces o ahora! Él se les apareció glorioso y renovó su fe.

 

Al dar a sus discípulos el saludo convencional “La Paz sea con vosotros” Jesús está buscando tranquilizar los corazones de sus ansiosos y agitados discípulos. Les mostró sus manos y su costado para convencerles de su identidad como de uno recientemente crucificado. Así su miedo y duda son reemplazados por la alegría. Hoy día nosotros también, vivimos con miedo y perplejidad. También necesitamos ver al Señor  resucitado, para hacer desaparecer la perplejidad y el miedo a causa  de todo lo que está sucediendo alrededor nuestro y en nosotros, de esta manera reemplazar nuestro miedo y ansiedad con la paz y la alegría.

 

Sin embargo el mensaje de la Pascua  no se acaba aquí. La nueva alegría es una misión que los apóstoles deben llevar al mundo. Jesús los envió al mundo agitado como un todo para llevar a cada uno su alegría y paz.

 

Jesús dice: Como el Padre me envió, así os envío yo”.

 

En este aspecto Jesús revela que su Iglesia debe ser el instrumento por el que su poder salvador debe ser hecho conocer al mundo para que las vidas de los hombre y mujeres tengan la oportunidad de someterse a las llamadas de su Reino.

 

Más es revelado cuando Jesús habla a sus discípulos del poder espiritual que les dará para hacerles capaces de llevar a cabo su misión que él les ha dado.

 

“Él sopló sobre ellos y dijo Recibid el Espíritu Santo”.

 

En este instante los está preparando para el próximo Pentecostés. Les mostró también la relación íntima entre él mismo y el Espíritu Santo, algunas veces descrita en la Iglesia Primitiva como “el Espíritu de Cristo”.

 

Al haber hablado a sus discípulos del poder espiritual que Él les está dando Jesús entonces deja claro que la Iglesia tiene una función específica en el mundo predicar y convencer a las gentes que los hombres y las mujeres tienen la responsabilidad de confesar sus pecados. Si se arrepienten verdaderamente  y creen entonces sus pecados son perdonados.

 

Es normal que nosotros llevemos el mismo mensaje a nuestra Tierra. Igualmente debemos quitar de las personas las muchas cargas  causadas por la Ocupación, derramamiento de sangre, violencia y asesinatos y odio muto, así como los caminos equivocados seguidos hasta el momento para conseguir seguridad. En todas estas situaciones de muerte demostramos que nosotros somos apóstoles de la resurrección, con su alegría y esperanza. Tenemos que decir al pueblo que la situación presente en la que estamos viviendo es parte del pecado del mundo, pero debe ser parte también del nuevo poder  que se nos ha dado por Cristo resucitado.  Por lo tanto invitamos a hacer penitencia, a admitir su participación en el pecado del mundo, a ser perdonados y a llegar a ser capaces de ver los caminos rectos que conducen a la seguridad y a la paz. Decimos esto a nuestros líderes en Palestina e  Israel. Los caminos utilizados hasta hoy para alcanzar la seguridad deben cambiarse, Si no, permaneceremos en las mismas posiciones en un permanente círculo de violencia. Para vosotros, Líderes de esta Tierra, pedimos que Dios os dé luz y fortaleza para quitar de ella muerte y miedo para restaurar  en ella la paz con seguridad.

 

Así, al saludaros a todos vosotros en este tiempo de  Pascua urgimos a todos los afectados a demostrar su fe en términos más positivos especialmente mostrando su creencia personal en un Jesús resucitado y glorificado. Además, nuestro Jesús no es un personaje de la historia sino más bien el Único que nos enseña y nos guía por el camino de paz y de nueva vida.

 

A nuestros amigos por el mundo deseamos la paz y alegría del Señor Resucitado Gracias por vuestra piadosa ayuda pero por favor pediríamos que  recordarais que vuestra fe en Cristo tiene su origen en este Tierra Santa. Tenéis que asumir vuestras responsabilidades aquí. Vosotros sois también responsables con nosotros de restaurar en ella la alegría de la Resurrección de modo que  se levanten las cargas de muerte, odio, Ocupación, Muros de seguridad y el miedo de correr el riesgo de la paz. Haced dondequiera que podáis y por favor involucrad a vuestros Gobiernos también a asumir sus responsabilidades por la paz de esta Tierra

 

Rogad por nosotros así como por una paz justa y extensa en esta Tierra; rogad que el miedo, el principal obstáculo para la paz, desaparezca. Rogad que las personas se reconozcan y acepten unas a otras, de modo que los caminos rectos  se abran ante la gloria de la Resurrección para que esta Tierra de la resurrección pueda disfrutar de nueva vida a la que Dios le ha llamado.

 

Cristo ha resucitado.

Feliz y Santa Pascua

 

Patriarcas y Jefes de las Iglesias de Jerusalén

Patriarca Theophilos III, Greek Orthodox  

Patriarca Michel Sabbah, R.C. Latin 

Patriarca Torkom I Manoogian, Armenian Orthodox

Fr Pierbattista Pizzaballa, ofm, Custos of the Holy Land

Arzobispo Anba Abraham, Coptic Orthodox

Arzobispo Swerios Malki Murad, Syrian-Orthodox

Arzobispo  Abouna Matthias, Ethiopian Orthodox

Arzobispo  Paul Sayyah, Maronite

Obispo Suhail Dawani, Anglican

Obispo Mounib Younan, Lutheran

Ob ispo Pierre Malki, Syrian-Catholic

Archimandrita Joseph Saghbini, Greek Catholic

Fr. Rafael Minassian, Armenian Catholic

(Traducción particular no oficial desde el Inglés)
Texto original en Inglés:
http://www.fides.org/eng/documents/holy_land_-_heads_of_churches.doc

 

 


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BAUTISMOS EN LA GUANCHA


23 de Marzo

Dentro de la solemnidad del Domingo de Pascua fueron bautizados con el agua bendecida en la Vigilia Pascual dos niños: Dianens y Mónica. Los padrinos encendieron las velas en el cirio colocado en un lugar desatado de la iglesia.

 

BAUTISMOS EN SAN JOSÉ


23 de Marzo

En la hora señalada en el programa comenzó la solemnidad del Domingo de Resurrección siendo tres los niños que recibieron el sacramento del Bautismo: Desirée, Carla y Diego.


(Estamos construyendo un templo)


24  de Marzo


(Fuente de la Guancha) La semana se abrió el Domingo de Ramos con el Paso del Señor del Burrito que procesionó por segunda vez desde la Ermita del Calvario hasta el templo parroquial. Muy emotiva fue la procesión del Señor Preso, titular la Cofradía de la Santa pasión, que tuvo lugar el Miércoles Santo.

 
La liturgia del Triduo Pascual, con su introducción del Jueves Santo, invitó a los fieles a unirse y vivir la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. El recorrido del Via Crucis en la mañana del Viernes Santo, acompañando las imágenes del Nazareno y la Virgen de Dolores y la participación vespertina en la procesión del Entierro y la del Silencio, ayudó a la meditación del insondable amor de Dios por nosotros.

 
El Domingo de Pascua se comenzó a vivir con la Vigilia Pascual y se concluyó en la mañana con la Solemne Misa, bautismos y Procesión y Bendición del Santísimo Sacramento.

La predicación estuvo a cargo del sacerdote Don Ramón Padilla Brito y el canto lo llevó el grupo parroquial.


(Estamos consttruyendo un templo) 


 

30 de Marzo


(Fuente de la Guancha) Como en años anteriores, el Segundo Domingo de la Pascua,  en nuestras parroquias de El Dulce Nombre de Jesús de la Guancha y de San José de San Juan de la Rambla, los niños que recibirán su Primera Comunión en el próximo mes de Mayo celebraron la Renovación de las Promesas Bautismales.


Resultaron unas celebraciones  muy entrañables. Una madre se dirigió a la comunidad diciendo. “Nos alegramos y damos gracias a Dios al ver que nuestros hijos siguen el camino de Jesucristo y quieren ser cristianos de verdad. Haremos todo lo posible por nuestra parte, con la palabra y con el ejemplo de vida, para que ellos vayan haciéndose cada día mejores cristianos y sean constantes en venir a la catequesis. Confiamos en la ayuda de Dios”. Un niño leyó el Acta de su Bautismo y todos, después de hacer la señal de la cruz, alrededor de la Pila Bautismal con las velas encendidas respondieron a las preguntas del sacerdote.


Con esta celebración se pretende que los niños se hagan conscientes de la correlación que hay entre su bautismo y su Primera Comunión.

Treinta y cinco fueron los niños en La Guancha y veintiocho en San José.

(Estamos construyendo un templo)




29 y 30 de Marzo


(Fuente de la Guancha) El joven seminarista de tercer año de los Estudios Eclesiásticos Jonay Berriel Díaz estuvo con nosotros este fin de semana (29 y 30 de Marzo). Su presencia entra dentro de la Campaña Vocacional por el Día del Seminario, del acercamiento del Seminario a las parroquias y que nuestras comunidades tomen conciencia de esa institución tan fundamental para la diócesis. El seminarista pudo dar testimonio en los templos parroquiales de La Guancha y de San José y visitar también las ermitas de Ntra. Sra. de Coromoto, Santa Rosalía y San Felipe Neri. En todos ellos hizo una llamada a la oración y a la colaboración.

(Estamos construyendo un templo)


DOMINGO 3 DE PASCUA / A

6 de abril de 2008


La paz de Jesús resucitado esté con todos vosotros.

 

En este tiempo de Pascua, Jesús se hace presente en el camino de nuestra vida, como lo hizo con aquellos discípulos de Emaús. También a nosotros nos abrirá, en esta Eucaristía, el sentido de las Escrituras y nos partirá el pan, para que, recono­ciéndolo, podamos entrar en comunión con él y con el Padre

 

Aspersión: La aspersión con agua nos recuerda nuestra entrada en la Iglesia, que se realizó por el bautismo que un día recibimos. Renovémoslo ahora dentro de nuestro corazón. (Aspersión por toda la iglesia con un canto bautismal


Que Dios todopoderoso nos purifique del pecado y, por la celebración de esta Eucaristía, nos haga dignos de participar del banquete de su Reino. Amén.

 

1. lectura (Hechos 2,14.22-33): Escuchemos ahora cómo el apóstol Pedro interpreta el acontecimiento de la resu­rrección de Jesús a la luz de la Escritura, descubriendo en ella la realización de las promesas de Dios.

 

2. lectura (1 Pedro 1,17-21): La carta de san Pedro nos abre a la profundidad del misterio de la resurrección de Jesús, decidido antes de la creación del mundo. Este misterio nos llena de fe y de esperanza y debe guiar nuestro proceder en esta vida.

 

Antes del aleluya (Eva Lucas 24,13-35): Aclamemos, con el canto del aleluya, al Señor resucitado que nos ofrecerá su palabra y nos hará descubrir el sentido de su entrega hasta la muerte.

 

Credo breve cantado.

 

Oración universal: A Jesús resucitado, vida y esperanza de la humanidad entera, le rogamos diciendo: JESÚS RESUCITADO, ESCÚCHANOS.

 

Por la Iglesia extendida de Oriente a Occidente; por todos los que estamos llamados a ser en el mundo testigos de la Buena Noticia de Jesús. OREMOS.

 

Por los que aún no han descubierto, o han olvidado, la presencia del Señor en el camino de sus vidas. OREMOS.

 

Por los niños y niñas que se preparan para participar por primera vez en la Eucaristía; por los jóvenes que se preparan para recibir la Confirmación. OREMOS.

 

Por los enfermos, por los que viven bajo el peso del dolor y la tristeza. OREMOS.

 

Por nosotros; por nuestros familiares y amigos; por nuestros compañeros de trabajo o de estudio. OREMOS.

 

Señor Jesús, quédate con nosotros para explicar-nos el sentido de las Escrituras y para partirnos el pan. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos.

 

Prefacio: También ahora, como en aquella aldea de Emaús, el Señor se hará presente en medio de nosotros. Con espíritu de acción de gracias, pida-mos saber reconocerlo en esta Eucaristía y en el camino de nuestras vidas. (Prefacio II de Pascua. Aclamación 3 después de la consagración y Amén final, ambos cantados).


Padrenuestro: Antes de partir el pan, en el que reco­nocemos a Jesús, nos atrevemos a decir:

 

Invitación a la comunión: Este es el Cordero de Dios, Jesucristo, el vencedor de la muerte, que se nos da como alimento de vida eterna. Dichosos los invitados a la cena del Señor.


CPL 


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Comentario a las lecturas del segundo domingo de Pascua - A publicado en el Diario de Avisos el 30 de Marzo de 2008 bajo el epígrafe "el domingo, fiesta de los cristianos".
 

 

¡Ei que fué

a Sevilla!


DANIEL PADILLA


Creo que te comprendo, Tomás. Aquella frase tuya, tan gráfica –"Si no meto mis dedos en las llagas de sus ma-nos y mi mano en su costado"- dirigida a los apóstoles, radiantes de haber visto al Señor, te ha bautizado para siempre: "Tomás, el incrédulo". Aún, en las conversaciones diarias, cuando alguien cuenta algo sorprendente, decimos con ironía: "Yo, como Tomás: ver para creer". Pero yo te comprendo.


Porque, verás. Los hombres y las mujeres, a partir de los siete años, somos como tú. Más filósofos que teólogos. Más experimentalistas que místicos. De niños, sí, lo creíamos todo: que había un hombre dentro de la radio y que, desde allá ha­blaba. Pero llegando al "uso de razón", esa "razón" nos inclina a "meter los dedos" y las manos en las heridas, para palparlas.


Pero yo no creo que tú fueras un incrédulo. Al menos, en el sentido de rechazar la posibilidad de la presencia del Resucita-do en aquella "soledad" que estaban viviendo. ¡Si era eso jus­tamente lo que anhelaban: ver a Cristo vivo! Lo que pasa es que, cuanto más deseamos una cosa, ese mismo deseo nos ha-ce negarla. Un padre dice a su hijo: "Si apruebas, iremos de va­caciones a Disney". Y es tanta la alegría del niño, que quiere que eso lo repita otra vez. Eso querías tú, Tomás: que te lo re­pitieran.

Por otra parte, con tu frase tan cruda y realista –"si no me-to mis dedos..."- lo que hacía era alinearte al lado de todos los hombres que hacen un camino y tienen miedo. Miedo de ir "so-los". Miedo de no contar con una compañía más fuerte. Eso le pasó al pueblo de Israel en el desierto. Como Moisés tardaba en bajar de la montaña, pidió a Aarón: "Haznos un Dios que ca-mine delante de nosotros". Eso le decían los de Emaús a aquel caminante que se puso a su lado: "Quédate, Señor, con noso­tros". Es cosa dura caminar desasistidos por la estepa solitaria, sin la evidencia de alguna huella conocida. Es muy humano ese miedo y no me parece un pecado tan grande. En el fondo, es como una confesión negativa de nuestra necesidad de Dios: "No me escondas, Señor, tu rostro"...

Lo malo no es eso. Lo malo sería que, después de tener una constatación de la presencia de Dios, acaso no se arre­glasen las cosas. Porque los paisanos, fueron testigos de las "maravillas de Dios". ¿Por qué, pues, más de una vez, les llamó Jesús: "hombres de poca fe"? No está claro, Tomás, que el "ver y palpar" lleve necesariamente a la fe. ¿Sabes una cosa? En las visiones, vemos "lo que queremos". No ve-mos con los ojos sino con el deseo, con la disposición inte­rior, con las ganas de ver. Por eso seguramente dijo Jesús: "Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios". Es menester tener el alma limpia sin prejuicios y muy anhelante; entonces es cuando "se ve". Ante los milagros continuos de Jesús, unos creyeron y otros no. ¿Por qué? Por eso, Tomás: porque hace falta una cierta docilidad del alma para todo encuentro, un dejarse empapar por la gracia. De hecho, en las personas que nos resultan gratas sólo vemos virtudes. En las que resultan antipáticas, sólo defectos. Es por esa razón: porque "vemos lo que queremos".


Pero, además, con toda confianza, Tomás, quiero decirte otra cosa. Y es que no te quejes mucho. Porque tú fuiste un pri­vilegiado. A ti, en buena ley, te correspondía haberte quedado sin premio. Ya sabes el refrán: "El que fue a Sevilla, perdió su silla". Pues, no. Te saliste con la tuya. Te visitó el resucitado. Y te enseñó las llagas. ¡Claro que te dirigió un implícito reproche: "Dichosos los que sin ver, creen"!


¡Menudo corte, ¿eh, Tomás?! ¡Te pusiste colorado, supongo!


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Extracto de trabajo sobre "El Carisma del Movimiento de Cursillos de Cristiandad": FIDELIDAD Y RENOVACIÓN del P. Antonio Diufaín Mora Viceasesor del Secretariado Nacional R. D. Asesor del Secretariado Diocesano de San Pedro de Macorís. Octubre, 2004

LOS CARISMAS


CONCEPTO DE CARISMA

 

No pretendo ahora hacer una reflexión teológica exhaustiva sobre los carismas. No es el lugar ni el momento. Me limitaré a precisar lo que comúnmente entendemos en la Iglesia cuando nos referimos a carismas.

Carisma (Kharisma) es una palabra que nos viene del griego y que deriva de la palabra gracia (Kharis).

Los carismas son “dones” de Dios, distintos de “el don” de Dios, que es la gracia.

Los carismas son un resultado de la gracia. La gracia es la fuente de los carismas. Y, no hay carismas auténticos sin vida de gracia.

Los carismas son dones de Dios, distribuidos por el Espíritu a una o varias personas, no para beneficio propio, sino para la utilidad común y la edificación del Cuerpo de Cristo1.En pocas palabras: dones de Dios recibidos para el bien de la Iglesia.

 
UNIVERSALIDAD Y VARIEDAD DE LOS CARISMAS

Hay carismas para todos y carismas para todo2.

Todo bautizado tiene carismas3..

Dios es quién construye su Iglesia. Por medio de Jesucristo tuvo a bien instituir las estructuras de esta Iglesia, pero no cesa de construirla actualmente por los dones, kharismata, los servicios o ministerios, diakoniai, los diversos modos de acción, energemata, de que habla san Pablo en 1Cor 12,4-6. Y lleva a cabo esto distribuyendo talentos y dones a todos los fieles.

Existe el peligro de entender por carisma sólo una manifestación extraordinaria (curaciones, hablar en lenguas, profecía...), incluso excepcional.

No es esta la verdadera noción de carisma. San Pablo habla de carismas tan poco llamativos como los de exhortar y consolar (Rm 12,8), de servir (Rm 12,7), de enseñar ( Rm 12,7; 1Cor 12,28s), discurso de sabiduría y de ciencia (1Cor 12,8), de fe (1Cor 12,9), discernimiento de espíritus (1 Cor 12,10), de ayuda y gobierno (1Cor 12,28).

En san Pablo, los carismas son aquellos dones de naturaleza y de gracia que distribuye el Espíritu y emplea para utilidad y edificación de la comunidad. En este sentido todos los fieles tienen carismas. Todos están llamados a ejercitar sus dones para la utilidad común.

Hay variedad de carismas.

Extraordinarios o sencillos y humildes.

En su rica diversidad reflejan la pura y única Luz del Espíritu Santo.

Son una riqueza para la Iglesia.

Siempre que se trate de dones que provienen verdaderamente del Espíritu Santo.

Y que se ejerzan de modo plenamente conforme a los impulsos auténticos de este mismo Espíritu, es decir, según la caridad.

La caridad es la verdadera medida de la importancia de los carismas4.


ELEMENTOS DEL CARISMA

 

Todo carisma tiene tres elementos constitutivos, que comportan unas exigencias:

Un don de Dios:

Lo recibimos de Dios: discernimiento (1 Jn 4,1).

Gratuitamente, sin mérito de nuestra parte: agradecimiento (1 Cor 1,4).

No lo poseemos en propiedad, sólo lo administramos (Mt 25, 14ss: "Los talentos"): responsabilidad

Que nos capacita:

Quedamos preparados y dispuestos para asumir diversas tareas o ministerios5: reconocimiento (por el que los recibe y por todos los miembros de la Iglesia) (1Tim 1,12).

Para el bien de los demás:

Es carisma en tanto y en cuanto está directa o indirectamente puesto al servicio de los demás: caridad (1Cor 12,7; 13,1-13).

Para la construcción (renovación, vitalidad apostólica, santidad) de la Iglesia: eclesialidad (1 Cor 14,12).

No para el lucimiento o beneficio propio: humildad (1Cor 13,4).


EL DISCERNIMIENTO DE LOS CARISMAS

 

Siempre es necesario el discernimiento de los carismas6

“Ningún carisma dispensa de la referencia y sumisión a los pastores de la Iglesia”7.

Los pastores tienen “el carisma de discernir los carismas”.

“A ellos compete sobre todo no apagar el Espíritu, sino examinarlo todo y quedarse con lo bueno”, a fin de que todos los carismas cooperen, en su diversidad y complementariedad, al “bien común”.

El Concilio Vaticano II nos dice: De la recepción de estos carismas, incluso de los más sencillos, procede a cada uno de los creyentes el derecho y la obligación de ejercitarlos para bien de los hombres y edificación de la Iglesia, ya en la Iglesia misma, ya en el mundo, en la libertad del Espíritu Santo, que "sopla donde quiere" (Jn. 3,8), y, al mismo tiempo, en unión con los hermanos en Cristo, sobre todo con sus pastores, a quienes pertenece el juzgar su genuina naturaleza y su debida aplicación, no por cierto para que apaguen el Espíritu, sino con el fin de que todo lo prueben y retengan lo que es bueno (Cf. 1 Tes., 5,12; 19,21).8

«No puede sacarse de aquí la conclusión –algunas veces insidiosamente aireada– de que el Papa y los Obispos tengan en la marcha de la Iglesia una misión negativa, como freno y cauce prudencial de la vida y de la acción, que sería sólo patrimonio de los carismáticos. Ni tampoco debe concluirse que la Jerarquía pueda prescindir a su arbitrio de los carismas del pueblo de Dios. La verdad es mucho más bella y fecunda. El don de gobierno en la Iglesia es un auténtico carisma, “carisma institucional”, que procede del mismo Espíritu Santo y mueve al gobernante a la acción positiva de enseñar, santificar y gobernar; a no apagar la acción del Espíritu (“non Spiritum exstinguant” ( Cons. Dog. Iglesia, 12), “non quidem ut Spiritum exstinguant” ( Decr. Apost. Laicos, 3 ), sino que los ayuda y mueve a que “todo lo prueben y retengan lo que es bueno” (“omnia probent et quod bonum est teneant”, I Tes. 5, 12.19.21, Ibíd., 3).

Así, pues, enseña el Concilio que el Sumo Pontífice y los Obispos tienen, en lo que a los carismas se refiere, una misión positiva y concreta, para la que les asiste la acción del Espíritu Santo:

la de reconocer los verdaderos carismas,

alentarlos y promoverlos;

distinguirlos de los falsos,

señalar el cauce para su recto ejercicio en el seno de la comunión de los hermanos y asegurar de este modo su plena fecundidad y eficacia.»9

«No sería conforme a la voluntad de Dios que un pastor sagrado suprimiera o sofocara un verdadero carisma, o lo desviara de su recto camino. Esto es muy cierto. Pero debemos afirmar a continuación que tampoco sería conforme con la voluntad divina que un miembro del Pueblo de Dios pretendiera imponer su pensamiento, su punto de vista o su inspiración carismática a la Jerarquía.»10

Por tanto, los pastores de la Iglesia tienen, respecto a los carismas, la responsabilidad de juzgar, de discernir:

su genuina naturaleza,

su debida aplicación,

no para sofocar, sino para encauzar.11

 


(i)                  [1] cf. 1Cor 12,7; 1Pe 4,10

(ii)                 [2] Gayá, S., Carisma Fundacional del MCC, en “54 temas sobre el MCC”, ed. Trípode, Caracas, 1991.

(iii)               [3] cf. Congar, Y., El Espíritu Santo, Barcelona 1991, p. 367s

(iv)               [4] cf. 1Cor 13

(v)                [5] cf. LG 12; cf AA 3

(vi)               [6] cf. LG 12; LG 30; ChL, 24

(vii)             [7] ChL 24,11

(viii)            [8] AA 3; Cf. LG 4, 7, 12, 30; PO 9; AG 4.

(ix)                [9] Mons. Juan Hervás, Carisma y Cursillos de Cristiandad, p. 16.

(x)                 [10] Idem, p. 18.

(xi)              “Podemos ver un elocuente ejemplo en aquellas dos vigorosas personalidades del siglo XIII, que se sintieron irresistiblemente llamadas a reaccionar contra los graves males que aquejaban a la Iglesia de su tiempo: Pedro Valdo y Francisco de Asís.

(xii)            Pedro Valdo, al que puede reconocerse una buena intención inicial, llega a un momento de su vida en que lo que hubiera podido ser don carismático para bien de la Iglesia, se enfrenta y choca con el carisma institucional de la Jerarquía. Pugna contra el Papa y los Obispos y pretende, sin ellos y contra ellos, reformar y purificar la Iglesia, convencido de que le inspira el mismo Dios. “En la Iglesia debe mandar el más santo”, piensa. Y no duda en revestirse a sí mismo de la pureza y santidad que niega, que no ve o que no existía, ciertamente, en algunos Pastores de la Iglesia.

(xiii)          Por el contrario, Francisco de Asís, acuciado por ideales de pobreza, renuncia y pureza, que coinciden en muchos aspectos con los de Pedro Valdo, emprende la lucha por camino muy distinto al de su contemporáneo. Sin duda, estaba revestido de una santidad que no tenían muchos Prelados con quienes tuvo que tratar, pero no le arredran las miserias de los hombres ni las dificultades que en aquella época atravesaba la Iglesia. Él trata, ante todo, de someter su vocación carismática a la Jerarquía. Y con la bendición del Sumo Pontífice Inocencio III, comienza su obra de renovación de la Iglesia “desde dentro”, en “comunión con los hermanos” y “plenamente sometido a las disposiciones de la Jerarquía”.

(xiv)            Así, de la misma raíz de una noble inquietud espiritual, justificada por los males que azotaban la vida cristiana de la época, arrancan a un tiempo la herejía valdense y el franciscanismo, el orgullo rebelde y la evangélica humildad, un nuevo mal de la Iglesia y el providencial remedio que necesitaba. La raíz fue la misma, pero el camino muy diverso. A Pedro Valdo le faltó lo que el Concilio hoy tan claramente nos ha explicado: someter lo que él juzgaba carisma personal a aquellos que, por voluntad de Jesucristo, tienen el don de gobernar la Iglesia.” (Idem, p. 21).

(xv)              [11] Al reflexionar sobre la responsabilidad de los pastores respecto al discernimiento de los carismas, me vienen a la memoria unos versos que el poeta gaditano –mi paisano– dirige al alma ardiente de Javier por boca de Ignacio de Loyola:

(xvi)           JAVIER:Pero ¿quién te manda ser mi guardador?

(xvii)         IGNACIO: El dolor de tu alma ardiente, Javier: me da pena verla arder sin que dé luz ni calor.
Eres arroyo baldío que, por la peña desierta, va desatado y bravío.
¡Mientras se despeña el río, se está secando la huerta!

(xviii)       ...

(xix)           Vengo a ensancharte, Javier, en ti mismo tu medida, y a hacer que se talle y mida por tu ambición, tu valer; quiero en tu tierra poner nuevas espigas y flores; templarte en nuevos ardores
el sentimiento y la idea, y, bruñéndola a dolores, hacer que tu vida sea, sin mancha de error ni mal,
como perfecto fanal en el que no se adivina en donde el aire termina y en dónde empieza el cristal.

(xx)               (El Divino Impaciente, José María Pemán)


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S?bado, 29 de marzo de 2008

Artículo semanal del arzobispo de Valencia Don Agústín García-Garsco Vicente para el domingo 24 de Febrero de 2008.

Constructores de la sociedad

 

La existencia de leyes no es incompatible con las reflexiones éticas, morales y filosóficas que proponen pautas de conducta en beneficio del individuo y también de la sociedad. La historia demuestra que muchas normas éticas acaban siendo convertidas en leyes por la voluntad popular o sirven para transformar o derogar leyes que, como toda obra humana, resultan mejorables. La norma ética perfecciona la norma legal.

Minusvalora la democracia quien pretende reducir la participación del individuo y de los agentes sociales al derecho a votar cada cuatro años, para cambiar a unos por los otros. Además del momento verdaderamente importante de las elecciones, los auténticos demócratas admiten muchos otros cauces de participación y alientan la participación de todo tipo de entidades, asociaciones e individuos que con sus ideas pueden crear estados de opinión que redundan en beneficio de una democracia abierta y realmente participativa. Resulta triste comprobar cómo algunos políticos pretenden tener una especie de monopolio u oligopolio de las ideas e intentan negar el derecho de los cristianos y de la Iglesia a expresar consideraciones éticas y morales para que sean libremente aceptadas por quien libremente desee hacerlo.

Los cristianos proclamamos la defensa eficaz de la dignidad de todos los seres humanos, sin marginaciones ni exclusiones, ni por otros individuos ni tampoco por el Estado. El derecho a la vida es un derecho basado en consideraciones éticas y religiosas, que también cuenta con respaldo constitucional. Considerar y reivindicar este derecho en toda su amplitud se hace necesario cuando de nuevo se escuchan voces que presentan el aborto libre como un derecho social. No contentos con la dramática ineficacia y pasividad con la que se ha estado aplicando la legislación en España, quisieran dejar totalmente desprotegido al ser humano en su fase embrionaria, como si se tratase de una cosa, no de un ser humano, de una persona en la fase inicial de su biografía. Los nuevos avances científicos, la constatación de los sentidos de audición del feto, así como que desde su concepción posee un código genético diferenciado de su madre y de su padre, que será el mismo tras su nacimiento y a lo largo de toda su existencia, son nuevos argumentos que ponen en evidencia las falacias abortistas.

Hay que recordar con firmeza que el no nacido es uno de los nuestros, una persona humana que está recorriendo las primeras fases necesarias e imprescindibles de su identidad. No es una cosa, sino un ser humano diferente, con un código genético propio de ser humano, único e irrepetible, que tiene derecho a no ser tratado como una cosa que puede tirarse a la basura, tal como han hecho las clínicas abortistas.

Si vulneramos sus derechos, rompemos las leyes éticas más profundas de la convivencia —“lo que quieras para ti, quiérelo para los demás”; “recuerda que tú también fuiste así”; “el ser humano es una dignidad”— y optamos por las antípodas del Estado de Derecho: el dominio del fuerte sobre el débil, la desigualdad radical entre seres humanos nacidos y no nacidos, el juicio sobre la vida y la muerte de los hijos. Si se enmascara la realidad con expresiones falsas, como la de “pre-embrión”, o manipuladoras, como la de “interrupción del embarazo”, se opta por violentar la verdad y por la mentira interesada.

La defensa de la vida humana en todas sus fases, la cultura de la vida, la defensa de los seres indefensos, es una legítima bandera de hombres y mujeres por encima de las ideologías. La sociedad actual española, con sus estructuras políticas, económicas y sociales, a pesar de diversas iniciativas, sigue sin resultar eficaz en la defensa de los derechos de las mujeres embarazadas. Por encima de las leyes bonitas, y lamentablemente poco eficaces, es una realidad que muchas mujeres se sienten presionadas y coaccionadas a retrasar o impedir su maternidad.

Defender la vida humana naciente, y la relevancia para el futuro de la sociedad de la maternidad no es de derechas ni de izquierdas, es una actitud de un orden moral superior. Los propios partidos políticos deberían favorecer esas actitudes de conciencia, en lugar de instrumentalizarlas con fines electoralistas. Será signo inequívoco de madurez democrática.

Como Pastor de la Iglesia en Valencia, hago un llamamiento a todos los creyentes, hombres, mujeres, empresarios, trabajadores, para que ofrezcan testimonio de su defensa de la vida humana y de los derechos y dignidad de la maternidad con apoyo a todas las instituciones, entidades y asociaciones que fomentan la cultura de la vida. Frente a la pasividad de los poderosos en la defensa de la familia y la vida, los cristianos debemos de transformar la sociedad en los distintos ambientes y circunstancias en los que nos encontremos, antes y después de los periodos electorales.

Con mi bendición y afecto


Publicado por verdenaranja @ 23:20  | Hablan los obispos
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Alfonso Aguiló

www.interrogantes.net

 Algunos, cuando ante sus problemas oyen hablar de Dios, o les hacen alguna consideración sobrenatural, cambian de sintonía y desconectan por completo. Reaccionan como si dijeran: "Vamos a ser prácticos, por favor. No me vengas ahora con sermones como si yo fuera un infeliz en busca de resignación. Quiero soluciones."

        Quizá no comprenden que el alma es algo muy importante. A lo mejor esas personas entienden muchísimo sobre como funciona el cuerpo, y pueden hablar de niveles de colesterol o de transaminasas, conocen bien qué conviene a su salud de su cuerpo y como prevenir o curar una gripe, o lo que sea, pero no saben una palabra sobre la salud de su alma, siendo como son sus enfermedades mucho más dolorosas.

        No olvides que la raíz de muchos problemas está en el alma. La raíz de muchos de tus problemas está en tu alma.

        "El moderno experimento de vivir sin religión ha fracasado", decía Schumacher. Por eso, muchas veces, cuando la gente nota un vacío grande, y se pregunta qué le falta a su vida, lo que le falta es la rectitud de la fe, el acatamiento de Dios. Ese reconocimiento es lo que hace que la vida esté construida en sabiduría y libertad. No veo a Dios por ninguna parte —dicen—, mi fe se muere, o mi fe se ha muerto... y quizás la fe sigue latente, ahogada por esas costumbres insanas o aquellas claudicaciones inconfesables.

        La fe es algo personalísimo de lo que no se puede prescindir, y en ella actúa la iniciativa de Dios; y la iniciativa es de Dios, pero nuestra respuesta es decisiva.

        A veces, en medio del griterío de nuestro mundo interior es imposible oír su voz, y no queremos o no podemos responder. Y dejamos que permanezca esa duda, que es perezosa, que no quiere terminar de enterarse; porque supone volver otra vez al viejo tema, porque supone afrontar la realidad de muchos desengaños, y cambiar. Y cuesta. Y es más fácil dejarlo pasar. Pero hay que dar un paso, de fortaleza y de generosidad, y la duda inmediatamente pasa a ser una duda deseosa de comprobación, ansiosa de búsqueda, dispuesta a hacer lo imposible por penetrar en la verdad.

Otras veces, el problema de fe proviene del desequilibrio en la formación. No es difícil encontrarse cristianos que son brillantes en su profesión, incluso cultos, muy leídos y muy viajados, con grandes experiencias quizá, pero absolutamente ignorantes en lo referente a su fe. Son intelectuales cristianos que abandonaron el estudio de los fundamentos de sus creencias con el final de sus estudios primarios o con las primeras crisis de la adolescencia; que conservan una imagen de la teología que bien podría servir para un cuento de hadas, cuando la teología es sin duda la ciencia sobre la que más se ha hablado, escrito, investigado y debatido, a lo largo de todos los siglos. Les falta estudio de su propia fe, que es equilibrio en su formación.

 

Y esa fe débil bien puede tener su causa en una formación religiosa deficiente o impartida por personas que no han sabido mostrarles su grandeza. Esa ignorancia es un formidable enemigo de la fe, puesto que la fe en cualquier cosa exige siempre un suficiente conocimiento previo.

        Por eso hemos de ser consecuentes y dedicar el tiempo y esfuerzo que sean precisos para tener un conocimiento de la doctrina cristiana adecuado a nuestra condición intelectual. De esta forma, la experiencia de tantos siglos en la vida de tantas personas nos ayudará a vivir esas exigencias y a superar las dificultades que se nos presenten, que quizá no sean nuevas.

 

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VATICANO - LAS PALABRAS DE LA DOCTRINA por don Nicola Bux y don Salvatore Vitiello - La incidencia de los católicos en la vida del mundo depende del ser Iglesia

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - Desde América hasta Europa, pasando por China - como lo han recordado las meditaciones del Via Crucis en el Coliseo escritas por el Arzobispo de Hong Kong - la política mira desde este punto de vista a los católicos: si no tienen miedo de manifestar su pensamiento sobre el hombre y las grandes cuestiones o si más bien se limitan a declaraciones genéricas sobre los valores. El resultado es contrastante: en Oriente se es perseguidos, en Occidentes se es homologados hasta hacerse insignificantes. Dos resultados opuestos consecuencia del escuchar o no las enseñanzas vivas de la Iglesia.

Si los primeros cristianos se hubiesen emancipado de la enseñanza apostólica, nadie se hubiese dado cuenta de ellos en el imperio romano y en breve tiempo hubiesen desaparecido. ¿Qué impidió esto? Todos conocemos el célebre versículo de los Hechos de los Apóstoles que describe en síntesis extrema su vida: “Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones” (2,42).

A los católicos corresponde en todas las generaciones el deber de “acudir asiduamente” a escuchar la doctrina apostólica y “perseverar” en la vida: quiere decir encarnarla y anunciarla en todo tiempo y lugar, en los modos propios de la profesión de cada uno, siempre conservándola con fidelidad en la forma en que ha sido recibido.

La asiduidad de la comunidad cristiana dos los orígenes a escuchar “la enseñanza de los apóstoles”, recuerda como consecuencia el tema de la recepción del Magisterio en la Iglesia hodierna. Es necesario reconocer un gran crecimiento de la atención, incluso de muchos laicos cristianos y de no creyentes, a sus pronunciamientos sobre las diversas cuestiones de fe y razón; sin embargo uno se debe preguntar qué efecto tenga todo esto o, como se suele decir, qué grado de recepción, o cuánto la conciencia de los fieles se deje iluminar y formar por la enseñanza de los Sucesores de los Apóstoles, el Obispo de Roma y los demás Obispos en comunión con él. Hasta qué punto el Magisterio vivo es asumido como la Palabra de Dios actualizada a la que someterse con obsequio, en cuanto ofrece el criterio esencial de juicio con el que confrontar toda cosa, toda realidad personal y comunitaria; en una palabra, si la conciencia del fiel tiende a ser eclesial o a permanecer privada, o incluso dividida entre el pensamiento de Cristo y el pensamiento del mundo, entre la pertenencia eclesial y la conformación a la moda cultural de turno.

El texto de los Hechos habla de “enseñanza” al singular, justamente para subrayar la unidad doctrinal fundamental de la Iglesia, contra toda forma de relativismo que pretenda reducir esta enseñanza a opinión, de democratismo que lo quisiera someter al voto de la mayoría. No es un misterio que, en la nivelación general de la comunicación, directamente proporcional al aumento del número de las informaciones, se da el tentativo de emanciparse del Magisterio eclesial, en particular por parte de aquellos católicos que sostienen así de ser “adultos”, cuando deberían permanecer siempre como niños espirituales (cf. 1Pt 1,14; 2,2).

Dicho fenómeno se encuentra especialmente en la recepción del Magisterio Pontificio: la “enseñanza de los apóstoles”, como se sabe, es competente en la medida en que se realiza en plena comunión con el del apóstol Pedro y de sus sucesores. Salvando todas las conocidas distinciones canónicas sobre los grados del Magisterio y sobre el asentimiento que se le debe, permanece el hecho que, también según el común sensus fidei del pueblo de Dios, el magisterio del Papa no es calificable en ningún caso como una de las opiniones en la Iglesia, sino que constituye el criterio de verificación de la autenticidad de la enseñanza de un Obispo o de una Conferencia Episcopal. El Magisterio del Papa expresa en síntesis el auténtico pensamiento de la Iglesia y con él todos los católicos que trabajan en cualquier campo están llamados a confrontarse, para continuar a ser como los primeros cristianos asiduos en escuchar “la enseñanza de los apóstoles”.

De esto depende la incidencia o no en la vida social y política del mundo: ser como la sal para preservar el mundo de la corrupción o hacernos insípidos y ser arrastrados con él. (Agencia Fides 28/3/2008; líneas 46, palabras 715)


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Vivir en la paz de Dios

 

 

 San Juan nos ofrece en estos versículos una escena verdaderamente pascual. La vida espléndida de Jesús glorioso aparece ante sus discípulos como algo normal. Es la vida propia del Hijo de Dios que nos ha sido prometida en su nombre. De esta vida, lo que hoy meditamos a partir del texto precedente, viene a ser sólo un botón de muestra.

        Consideremos nada más lo que san Juan nos cuenta de aquella tarde del domingo en que resucitó el Señor. Jesús se presenta ante sus discípulos, Señor de las leyes físicas. Su cuerpo es glorioso –no podemos imaginar esa corporalidad gloriosa– y, a pesar de que le habían abandonado en su momento más duro, los tranquiliza. No sólo les desea la paz, les entrega la paz: la paz sea con vosotros, les dice. Ellos se alegran al verlo y nuevamente les dice: la paz sea con vosotros. Consideremos una vez más llenos de agradecimiento que el Señor querrá siempre nuestro bien, nuestra felicidad y alegría, a pesar, incluso, de nuestras infidelidades.

        Y dicho esto les mostró las manos y el costado. ¡Qué importante es no cerrar los ojos a la realidad! A la realidad del amor de Dios por los hombres y a la realidad de nuestro pecado. A la vista de esas manos y ese costado no hay nada que decir. Unicamente reconocer con humildad y agradecimiento nuestra condición y la suya. Pero, ni se nos ocurra pensar que, con ese gesto, Jesús pretende echar algo en cara a los Apóstoles. El Señor no sabe sino amar. Por eso, mientras ellos lo contemplan con las huellas frescas de la Pasión, con las pruebas del abandono de ellos y de su amor, Él se reafirma en su entrega incondicionada a los hombres y los llena de paz.

        A continuación el amor de Dios por los hombres llega a su cénit: Jesús despliega para sus discípulos y para toda la humanidad los frutos de su Pasión. Entrega el Espíritu Santo y configura a unos hombres –simples criaturas– con Él mismo: Como el Padre me envió así os envío yo. Dicho esto sopló sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les son perdonados; a quienes se los retengáis, les son retenidos. Que no queramos salir en nuestra oración de las acciones de gracias. Nos entrega al Paráclito, nos encomienda su misma misión, nos perdona y garantiza que jamás nos faltará su perdón.

        —¡Dios es mi Padre! —Si lo meditas, no saldrás de esta consoladora consideración.
         —¡Jesús es mi Amigo entrañable! (otro Mediterráneo), que me quiere con toda la divina locura de su Corazón.
         —¡El Espíritu Santo es mi Consolador!, que me guía en el andar de todo mi camino.
         Piénsalo bien. —Tú eres de Dios..., y Dios es tuyo.

        Así se expresaba san Josemaría. Y nosotros vamos a decirle a Jesús que no nos deje ser injustos, que nos abra bien los ojos y nos llene de su luz, para darnos cuenta de lo que somos y valemos; de lo que podemos porque así lo ha querido Dios. Que nos llenemos de afán de corresponder y que muchos, que están a nuestro lado pero tal vez no se enteran, vibren también felices –¡entusiasmados!– con Él.

        Pero, estemos en guardia, que en cada uno hay un Tomás desconfiado que "necesita pruebas", que quiere que las cosas le "entren por los ojos". Queramos acostumbrarnos en cambio a lo sorprendente; a algo mucho mayor de lo que nuestros ojos pueden llegar a comprobar. Habremos de poner los medios humanamente desproporcionados de la oración y la expiación, y el empeño por extender en el mundo el Reino de Dios, asimismo desproporcionado e increíble para los criterios meramente terrenos. Estaremos de esta forma viviendo el "permanente tiempo Pascual" que comenzó a partir de la Resurrección de Cristo. Un tiempo apostólico para el que contamos con los mismos medios que los discípulos –sintiéndonos uno de ellos–, siguiendo el consejo del Señor: rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies.

        A la Virgen la llamamos cada día "Reina de la paz" en el rezo del Santo Rosario. Le pedimos la paz que Ella siente, siempre confiada en el amor que Dios le tiene


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Publicado por verdenaranja @ 14:29  | Espiritualidad
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VATICANO - “La Dominus Iesus y las religiones" de Su Exc. Mons. Angelo Amato, Arzobispo Secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe (septima parte)

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - Por gentil concesión de "L’Osservatore Romano", la Agencia Fides publica el texto integral de la Conferencia del año Académico 2007-2008 del instituto Teológico de Asís, pronunciada por Su Exc. Mons. Angelo Amato, Arzobispo Secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, sobre el tema “la Dominus Iesus y las religiones". Las traducciones en las diversas lenguas han sido realizadas por la Agencia Fides, no revisadas por el autor.

Epistemología del diálogo interreligioso

En los últimos tiempos, también la teología católica está desarrollando un diálogo interreligioso, cuya epistemología está todavía en su fase inicial. A diferencia del diálogo ecuménico, que posee una compartida y sólida plataforma en la fe trinitaria y cristológica, constituida por el Bautismo, la Sagrada Escritura y el Credo, el diálogo interreligioso, se basa simplemente en la pertenencia de los creyentes a la raza humana y en la apertura de toda persona a la dimensión ascética y espiritual (para estas consideraciones, cf. El documento Diálogo y Anuncio. Reflexiones y orientaciones sobre el diálogo interreligioso y el anuncio del Evangelio de Jesucristo, publicado en 1991 por el Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso conjuntamente con la Congregación para la Evangelización de los Pueblos).

También en esto se puede distinguir el «diálogo de la caridad» del de «la verdad». El primero, concretamente, se puede realizar en una doble modalidad: mediante la vida y la acción.

El «diálogo de la verdad», a su vez, se tiene cuando las personas se esfuerzan por vivir con el espíritu abierto y listo para hacerse cercano al prójimo, compartiendo las alegrías y las penas, los problemas y las preocupaciones. En concreto, el diálogo de la vida significa apertura recíproca y respeto por el otro como persona humana, sujeto libre de decisiones propias.

El «diálogo de la acción» se tiene cuando los cristianos y los demás creyentes colaboran para el desarrollo integral y la liberación del prójimo. En concreto, el diálogo de la acción se desarrolla en la cooperación con los demás creyentes por la paz entre las naciones, la justicia, la defensa del ambiente y la promoción de los valores de la ley natural, común a toda la humanidad. Véase al respecto el Decálogo de Asís por la paz, enviado en el 2002 por Juan Pablo II a todos los jefes de estado y de gobierno.

Este diálogo de la caridad — que puede ser considerado también como el «espíritu» del diálogo — tiene concreciones ejemplares en la vida humana y cristiana, y de ello da testimonio ampliamente la comunidad eclesial en todo el mundo y de muchas formas. Es lamentable, sin embargo, que no pocas veces falta una debida reciprocidad.

Además del diálogo de la caridad, está también el «diálogo interreligioso de la verdad», que, a su vez, se puede articular en dos momentos: en el diálogo teológico y en el diálogo espiritual.
El «diálogo del intercambio teológico» se tiene cuando los especialistas buscan profundizar en la comprensión de las respectivas doctrinas poniendo de relieve los eventuales valores presentes en ellas. Se trata de un diálogo doctrinal que reconforta y valora las diferentes creencias religiosas. También aquí se trata no de un diálogo genérico sino bilateral. Es, además, un diálogo que requiere alta competencia y un perfecto conocimiento de la propia identidad y de la del otro. Este diálogo se hace aún más difícil por el hecho que las grandes religiones o las llamadas religiones tradicionales poseen en su propio discurso articulaciones distintas y diferencias notables: son distintos, por ejemplo, el budismo hinayana del mahayana o del tantrayana; y lo mismo con el hinduismo, en el que se pueden distinguir las tres «grandes religiones hinduistas»: el visnuismo, el shivaismo y el shaktismo. El diálogo doctrinal, pues, debe tener en cuenta esta variedad y la especificidad de cada uno de sus interlocutores.

Una segunda concreción del diálogo interreligioso de la verdad se da en el «diálogo de la experiencia religiosa o de la espiritualidad», que se realiza cuando las personas, radicadas en sus tradiciones religiosas, comparten sus riquezas espirituales, por ejemplo en el campo de la oración y de la contemplación, de la fe y de los modos de buscar a Dios o de buscar el Absoluto. Nos situamos así en el corazón de toda expresión y experiencia religiosa, que como tal es de difícil acceso para aquellos que se acercan a ella con un interés puramente científico o intelectual.

Este doble diálogo de la verdad, doctrinal y espiritual, requiere competencia y sabiduría evaluativa. No puede ser llevado a cabo de manera genérica, sino teniendo en cuenta al interlocutor específico; tampoco puede ser hecho sólo desde una perspectiva fenomenológica. Los gestos de culto comunes a la humanidad — tal como los describe la antropología cultural — no necesariamente tienen el mismo significado religioso y espiritual.

El cardenal Francis Arinze, por muchos años a la cabeza del Pontificio Consejo para el diálogo interreligioso, hace algunas puntualizaciones al respecto: «Palabras como Dios, Persona divina, alma, cielo, salvación, redención, perfección, gracia, mérito, caridad, pecado e infierno, no necesariamente significan lo mismo para cristianos, musulmanes, budistas, hinduistas o para los fieles de las religiones africanas tradicionales. Si se usan estas palabras en los encuentros interreligiosos, es necesario aclarar su significado» (Francis Arinze, Meeting other believers, Vendrame Institute Publications, Shillong, 1998, p. 24).

El mismo purpurado, seguidamente, invita a los teólogos cristianos a no ocultar la propia identidad: «Los cristianos que, comprometidos en las relaciones interreligiosas, intentan esconder su identidad cristiana, o al menos disminuirla un poco, parecen decir, aunque sin palabras, que Cristo es un obstáculo o una dificultad para el diálogo, y que ellos más bien han encontrado una fórmula mejor para el contacto con los demás que consiste en poner momentáneamente aparte el hecho de ser enviados por Cristo […]. Si somos católicos, no deberíamos tratar de disimularlo en nuestro encuentro con los demás. No promovemos un auténtico diálogo suprimiendo nuestra identidad religiosa. Si un interlocutor pierde su identidad religiosa, deja de ser uno con el cual dialogar. Si el otro esconde su identidad, se presenta el riesgo de malentendidos, sospechas, errores de identidad, o de creer que se está de acuerdo cuando en realidad no se lo está» (Ibi. P. 23)

Más concretamente: «Un católico que se encuentra con un musulmán no debería disminuir la importancia de la propia fe en la Santísima Trinidad (tres personas y un solo Dios), en Jesucristo como Hijo de Dios y Dios, en el Hijo de Dios que se hace hombre y que muere en la Cruz por la salvación de toda la humanidad, en Santa María Virgen, como Madre de Dios. Los musulmanes no aceptan estas doctrinas. Pero un interlocutor musulmán sincero no debería irritarse si los católicos creen en ellas. Por otra parte, un musulmán en diálogo no debería dudar en afirmar que los musulmanes consideran el Corán como la última revelación de Dios y Mahoma como el más grande y el último de los profetas. Los budistas no hablan de Dios o del alma, pero los cristianos serían inauténticos si no lo hicieran. La sinceridad en relación a la propia religión es parte del diálogo» (Ibi, p. 24).

Ser fieles al propio documento de identidad religioso es el mejor pasaporte para entrar en el territorio religioso del otro y dialogar en verdad y en libertad.

Una última consideración tiene que ver con la finalidad del diálogo interreligioso, que no es la de la comunión de toda la humanidad en una religión que incluya sincréticamente elementos de las distintas religiones. La finalidad del diálogo interreligioso es ante todo la promoción común de la paz, de la comprensión y de la colaboración entre los pueblos. El diálogo, además, no puede y no debe excluir la conversión de los individuos a la verdad y a la fe cristiana, en el respeto de la libertad y de la dignidad de cada persona.

Paradójicamente, sin embargo, en una cierta teología católica de las religiones — y también en una cierta praxis «pastoral» — el diálogo interreligioso, a diferencia del ecuménico, parece haber alcanzado su punto de llegada en la convicción de que las diversas religiones constituyen simplemente caminos diversos para la misma salvación. (Agencia Fides 28/3/2008 Líneas: 98 Palabras: 1.369)


Publicado por verdenaranja @ 10:38  | Espiritualidad
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Saturnino Agustín Yanes Valer, sacerdote con discapacidad auditiva de la Diócesis Nivariense, ha sido nombrado por el Papa Benedicto XVI prelado de honor de Su Santidad, como reconocimiento a su medio siglo dedicado a la atención pastoral de las personas con su misma discapacidad.

(EL DÍA, 23 - IV, DORY MERINO, Tenerife) Saturnino Agustín Yanes Valer, sacerdote con discapacidad auditiva de la Diócesis Nivariense , ha sido nombrado por el Papa Benedicto XVI prelado de honor de Su Santidad, como reconocimiento a su medio siglo dedicado a la atención pastoral de las personas con su misma discapacidad.

Este sacerdote ha realizado su trabajo pastoral no sólo en esta Diócesis, sino en toda España, a través del servicio que realizó durante muchos años en la Conferencia Episcopal.

En la actualidad desarrolla su labor en Tenerife, atendiendo a la formación de personas con discapacidad auditiva. Entre las últimas iniciativas que ha puesto en marcha destaca el blog que se puede visitar en la página web www.pastoraldelsordo.blogspot.com., donde se ofrecen las lecturas de la misa en lenguaje sencillo y la homilía de cada domingo en lenguaje de signos.

La Pastoral del Sordo de Tenerife está ubicada en el Convento de Las Clarisas de La Laguna y ofrece catequesis de Primera Comunión o de Confirmación, preparación al Bautismo o al Matrimonio, formación catequética de adultos, cursos de Orientación Familiar, visitas a enfermos, celebraciones exequiales y asistencia social, entre otras.

Agustín Yanes Valer nació en La Habana, Cuba, el 26 de febrero de 1929, hijo de padres españoles que regresaron a Tenerife cuando el niño tenía siete meses. A los cinco años tuvo una enfermedad infecciosa y quedó sordo. A los siete años empezó el colegio del pueblo, y el maestro, teniendo en cuenta su discapacidad, le sentaba en su mesa para que pudiera entenderle. Eso suponía un gran esfuerzo, pero él quería aprender y se pasaba las horas leyendo libros que le prestaba el maestro.

Terminó la escolarización y le pusieron a trabajar en el comercio de un tío, pero por las tardes asistía a clases particulares, y así pudo terminar el Bachillerato Superior.

En su familia hubo varios sacerdotes, y cuando Agustín tenía once años, al saber que uno de sus primos ingresaba en el Seminario Diocesano, él también quiso seguir este camino, y fue con su madre a hablar con el párroco, pero el cura del pueblo, un buen sacerdote que siempre le acogió con cariño y le animó, le dijo que no era posible debido a su sordera. A los catorce años se celebraron en Tenerife una misiones populares, y volvió a surgir en él la idea del sacerdocio, pero los padres jesuitas que daban la misión le hicieron ver la imposibilidad debido a que no oía.

Tuvo contacto con franciscanos, jesuitas, escolapios, y en todas las puertas donde llamó se las cerraron con una negativa.


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- REDACCIÓN DE “IGLESIA NIVARIENSE”

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BOLETÍN 278

 

 

La parroquia de San José, en Breña Baja (La Palma), acogerá el domingo, 30 de marzo, el Encuentro Insular de Pascua al que están invitados todos los fieles de la isla. Dos cantautores animarán dicho encuentro que finalizará con la Eucaristía presidida por el obispo, Bernardo Álvarez.

 

Este sábado, en la parroquia de El Pilar de Santa Cruz, el Obispo abrirá los actos del primer Centenario de la Adoración Nocturna en la Diócesis. La Junta de Gobierno y la comisión organizadora del Centenario han elaborado un folleto en donde recogen las fechas más significativas de esta conmemoración.

 

Durante esta semana, el Centro de Orientación Familiar “COF2000” ha desarrollado las primeras jornadas de Formación sobre el Matrimonio y la Familia.  En las mismas se matricularon 30 personas y otras tantas acudieron como oyentes. Los temas giraron en torno al diálogo entre padres e hijos.

 

Se ha celebrado la VII Jornada Nacional por la Vida. Con tal motivo, los obispos de la Subcomisión Episcopal para la Familia y Defensa de la Vida han escrito una nota en la que destacan, entre otros aspectos, que “nunca se puede legitimar la muerte de un inocente”  y que “Dios ama también la vida enferma y débil”.

 

Los responsables del Departamento de Pastoral Misionera se han reunido con el Obispo y el Vicario General en una tarde de trabajo para evaluar la marcha de esta delegación y sus objetivos y acciones futuras.

 

El programa de televisión española “Pueblo de Dios” abordará en su emisión del 6 de abril el trabajo que realiza Cáritas Diocesana en Tenerife. El reportaje se centrará en la labor que presta esta organización católica con los inmigrantes, con las personas sin empleo y con la promoción laboral de la mujer.

 

Por otro lado, el próximo miércoles se va a desarrollar el último encuentro de la formación continua del Clero en el Seminario Diocesano.

 

Además, el viernes y sábado tienen una cita importante los más jóvenes en el Encuentro Diocesano de este sector pastoral y, el domingo, ocurrirá otro tanto, con las Hermandades y Cofradías.

 

El pasado 18 de marzo, en la parroquia de Nuestra Señora del Carmen (Puerto de Tazacorte), la primera Comunidad de Tazacorte celebró la primera parte de la liturgia de Renovación de las Promesas Bautismales. La mencionada liturgia culminó en la Vigilia Pascual del día 22, celebrada en la Sede Catedralicia.

 

 

La próxima semana estará en las parroquias un nuevo número de la revista Iglesia Nivariense, cuya portada está dedicada a la mujer con ocasión del próximo Congreso fe-cultura.

 

El obispo, Bernardo Álvarez, durante la homilía del Solemne Pontificial, manifestó que “la comunidad cristiana es la manifestación visible de Cristo Resucitado”. Álvarez invitó a los presentes a reflexionar sobre el milagro de la resurrección y dio gracias a Dios por la fe del pueblo y su trabajo durante la Semana Santa. Además, el prelado invitó a los católicos a no sólo entender a los inmigrantes, sino a acogerlos e integrarlos.

 

La Consejería de Patrimonio Histórico del Cabildo Insular de La Palma invertirá algo más de 600.000 euros en la mejora de templos cristianos de la isla, además de colaborar con 60.000 euros en la restauración de la sede del Obispado en La Laguna.

 

Por otro lado, varios portavoces de diferentes partidos políticos del Cabildo de La Palma, ante el inminente traslado de los residentes en el Centro Familiar Virgen de El Socorro, de Breña Baja, han agradecido públicamente a los Hermanos de la Cruz Blanca “la encomiable labor que han venido desempeñando en pro de este colectivo y de sus familias”.

 

El Jurado del I Concurso Insular de Fotografía sobre la Semana Santa “FotoCofrade 2008”, organizado por la Cofradía de Nuestro Señor del Huerto, adscrita a la Parroquia de San Francisco de Asís de Santa Cruz de La Palma, ha decidido concederle el primer premio de este certamen a José Antonio Fernández Arozena, por la fotografía titulada “Rojos”. El premio se entregará el martes a las 20:00 horas, en el Colegio de Abogados de Santa Cruz de La Palma donde se expondrán las fotos de dicho certamen.

 

No dejamos La Palma porque la parroquia de los Remedios en Los Llanos de Aridane, con la ayuda del ayuntamiento y el cabildo, busca la construcción de la iglesia de Nuestra Señora de la Esperanza en el barrio de Triana de la citada localidad.

 

EL pasado 26 de marzo, tuvo lugar una reunión entre la Comisión Mixta, el Obispado de Tenerife y el Cabildo Insular para abordar las obras que en estos momentos están en ejecución: la parroquia de San Juan en Arico, la ermita de Santa Catalina en Taganana, el Obispado, la Catedral, etc. Además, se concretó la redacción de los planes directores de la iglesia de San Marcos, en Icod de Los Vinos y de Santa Catalina en La Laguna. Por otro lado, se está redactando el proyecto de restauración de San Francisco en Icod de los Vinos, así como el proyecto de restauración de la iglesia de San Andrés de Santa Cruz de Tenerife. Asimismo, se estableció el inicio de las obras de restauración en la iglesia de Santo Domingo de Guzmán, en La Laguna, y en la iglesia que lleva el mismo nombre en Santa Cruz de Tenerife.

 

Durante la reunión también se acordó realizar una visita de responsables de las dos instituciones (cabildo y obispado) a todos los templos históricos de Tenerife que aún no están catalogados como bienes de interés cultural para estudiar su estado y sus necesidades.

 

Las obras de las cubiertas de la iglesia de San Francisco, en Santa Cruz de Tenerife ya han finalizado. Asimismo, los trabajos de electrificación del templo están a punto de concluir.

 

Prácticamente todos los edificios dañados por el temporal “Delta” ya han recuperado su fisonomía originaria. La excepción es el templo del Porís de Abona que aún tiene pendientes diversas obras.

 

El próximo 6 de abril, la Casa de Acogida Madre del Redentor, celebrará el XVII Aniversario de su fundación. La Eucaristía tendrá lugar en el monasterio de Tegueste a las 12:00 horas. Posteriormente, el almuerzo se desarrollará en la Sala Castilla para recaudar fondos destinados a los fines sociales de esta obra. La Fundación Canaria Madre del Redentor gestiona en estos momentos 5 casas en Icod de los Vinos, tres en El Sauzal y una en Tacoronte. Durante su existencia, este centro ha atendido a 1056 ancianos.

 

El pasado 24 de marzo, la Fundación Canaria Geriátrico Virgen de Candelaria celebró una reunión con el viceconsejero para relaciones exteriores, Moisés Plasencia, para concretar la ayuda del Gobierno en esta obra social destinada a acoger canarios mayores residentes en el país venezolano.

 

Representantes del Ayuntamiento de La Laguna, el Obispado y el Monasterio de Las Clarisas han mantenido varias reuniones para concretar el plan de restauración de la parte del monasterio que estará destinado al museo de arte sacro. La alcaldesa, Ana Oramas se ha comprometido a realizar gestiones en Madrid para garantizar la aportación de la Fundación CajaMadrid a tal efecto.

 

El Cabildo Catedral ha mantenido una reunión extraordinaria para examinar el proceso de los estudios que se están realizando en el edificio catedralicio. En este sentido, el Instituto Eduardo Torroja ya ha realizado las catas pertinentes en la cúpula central de las cubiertas.

 

El próximo 13 de abril tendrá lugar la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones de Especial Consagración. A nivel diocesano, Candelaria acogerá diferentes Horas Santas ante el Santísimo, concretamente en la Cueva de San Blas de 9:30 a 21:00 horas. El obispo, Bernardo Álvarez presidirá la Eucaristía a las 12:00 horas. Además, el convento de los Padres Dominicos acogerá una Expo-Vocacional desde el 13 al 20 de abril.

 

Del 4 al 6 de abril la Casa de Ejercicios de Santa Cruz de Tenerife acogerá una tanda de ejercicios espirituales dirigidos por Eduardo Rodríguez Rodríguez.

 

El periódico “El Día”, en su número del 22 de marzo, ha publicado un reportaje sobre Marko Iván Rupnik, jesuita y artista esloveno conocido por realizar, entre otros trabajos, la capilla “Redemptoris Mater” del Vaticano. Rupnik estuvo recientemente en Tenerife y, junto al obispo, Bernardo Álvarez, visitó varios templos que podrían albergar alguna de sus obras. Este artista siempre ha defendido que el arte es una forma más de evangelizar.

 

También “EL Día”, en su edición del 23 de marzo, ha publicado un reportaje sobre el sacerdote, Saturnino Agustín Yanes, el cual ha sido nombrado por el Papa Benedicto XVI, Prelado de honor como reconocimiento a su medio siglo dedicado a la atención pastoral de las personas con discapacidad auditiva. Yanes quedó sordo a los cinco años y a los treinta y tres ingresó en el seminario. Se ordenó sacerdote el 30 de abril de 1967.

 

Por otro lado, el periódico “La Opinión” ha publicado en su edición del 23 de marzo, un reportaje sobre la icononografía religiosa en Tenerife.

 


Jueves, 27 de marzo de 2008

Artículo de Carlos Pérez publicado en la revista de la diócesis de Tenerife "Iglesia Nivariense", número 81, FEBRERO 2008

Carlos Pérez


«Dios se me ha mostrado

en los rostros de los refugiados»


Elías López, jesuita palmero, lleva más de 14 años trabajando en campos de refugiados en distintos países del continente africano. Se ordenó diácono en Burundi, en una celebración de más de cinco horas a la que acudieron alrededor de 5000 personas. Actualmente trabaja en la oficina internacional del Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) en Roma. Una organización íntimamente ligada a la Compañía de Jesús que está presente en más de 50 países.

  

 

Elías López. Jesuita palmero, lleva más de 14 años trabajando en campos de refugiados en distintos países del continente africano. Se ordenó diácono en Burundi, en una celebración de más de cinco horas a la que acudieron alre­dedor de 5000 personas. Actualmente trabaja en la oficina internacional del Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) en Roma. Una organización íntimamente ligada a la Compañía de Jesús que está presente en más de 50 países.

 

"El Servicio Jesuita a Refugiados —comenta López- es una organización iniciada en 1980 por el padre Pedro Arrupe, anterior superior general de la Compañía de Jesús. cuando se produjo la crisis de lo que se llamaba en Asia "boat people", que era toda la gente que escapaba del régimen de Vietnam en barcos y botes". El jesuita palmero compara esta situación a la que se vive actualmente en Canarias con las pateras. "Hay que pensar que en los cayu­cos podrían venir refugiados. Si fuera así, se les tendría que dar la posibilidad de que se acogieran al derecho interna­cional y si esto no se hace,

 tendrían que intervenir instituciones como el Defen­sor del Pueblo".

 

Aún, hoy día, la definición de refu­giado es: toda persona que huye de su tierra y cruza la frontera porque su estado no lo puede defender y siente que su vida corre peligro. En cualquier caso, según López, este concepto no es exacto. "Cada vez se va ampliando más porque está muy reducido para abordar la problemática de migraciones forzo­sas. En la actualidad, por ejemplo, se está hablando de refugiados medioam­bientales o ecológicos. Además, a esta problemática hay que sumarle todas las personas que huyen de su país por temas de sequía."


El Servicio Jesuita a Refugiados está presente, prácticamente, en todo el mundo, pero, sobre todo, en aquellas zonas en donde permanecen los conflic­tos desde hace mucho tiempo y ya no son actualidad informativa. "Uno de los criterios fundamentales que nos guía a la hora de discernir y elegir los sitios donde intervenir --indica López- es normalmente los conflictos olvidados. Es decir, aquellos refugiados que no son atendidos por ninguna otra agencia humanitaria, ONG o por ACNUR que es el Alto Comisionado de las Nacio­nes Unidas para los refugiados. Cuando ellos no están presentes en un sitio, nosotros intentamos ir ahí."


Ha pasado 2007 y una zona de las más castigadas por diversos factores ha sido la región de Darfur, en Sudán. Un buen número de campañas llevadas a cabo por cantantes, actores y famo­sos de todo tipo, han levantado la voz de alarma para ayudar a esta zona del país africano. Sin embargo, una cierta desidia informativa ha provocado que mucha gente aún desconozca el drama que se está viviendo en Darfur. Elías López lo ha palpado de forma directa. "Hay un conflicto étnico y religioso —señala-. El gobierno del país es musulmán pero en el sur hay africanos cristianos. Ambos sectores mantienen un conflicto cruzado étnico-religioso al que hay que sumarle otra cuestión: el medioambiente. Se trata de una zona que se ha ido desertificando con el tiempo y los recursos económicos para llevar adelante la vida de estas pobla­ciones es cada vez más difícil. Lo que ha ocurrido es que estas facciones de grupos rebeldes, apoyadas algunas por el gobierno y otras en contra de él, han causado la muerte de unas 200.000 personas y el desplazamiento de otras 2.000.000 al Chad del Este."


Elías López habla con mucha pasión sobre todo lo que tiene que ver con su trabajo y se muestra satisfecho de haber optado por su vocación de jesuita. "Todo comenzó desde muy pequeño --comenta-. Por La Palma pasaban muchos jesuitas invitados por el sacerdote Juan Dionisio Pérez Álva­rez y contaban numerosas historias. Yo soñaba con recorrer esos mismos paí­ses de los que hablaban. Con el tiempo, esas vivencias me fueron abriendo el corazón y la mente hasta el punto que me llevaron a ordenarme diácono en Burundi, ante la expectación de 50.000 burundeses y bajo el ritmo de cien-tos de enormes tambores. Estoy muy contento, hoy día,  de esa decisión que tomé hace 18 años, mucho más cuando dedicas tu vida a echar una mano a gente que no ha tenido la suerte que muchos de nosotros hemos tenido. Yo siento que mi vida entregada a estas personas, intentando aportar algo, tiene mucho sentido. Además, aunque suene a tópico, ellos me dan más a mí de lo que yo les doy a ellos. En los campos de refugiados yo he tenido las experiencias más duras pero al mismo tiempo las más hondas en cuanto a fe y solidaridad. Muchas veces Dios se me ha mostrado en los rostros de los refugiados."

 


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Entrevista a Marko Ivan Rupnik publicada en la revista "Iglesia Nivariense" de la Diocesis de Tenerife , número 81, FEBRERO 2008.     

 

Carlos Pérez

 

«La belleza promueve

el espíritu de libertad»

 

Jesuita, poeta, artista, teólogo... Marko Iván Rup­nik es un polifacético creador que creció junto a la majestuosa belleza de los alpes eslovenos. De sus vivencias en este país destaca que de pequeño iba tras su padre a recoger piedras para preparar la tie­rra fértil. Su padre hacía un signo de la cruz sobre el campo antes del trabajo y, Rupnik, contemplaba como aquellas manos tocaban las piedras y la tierra con una sacralidad litúrgica. Con el tiempo, se dio cuenta que era la misma solemnidad con la que tomaba el pan y el vino de la merienda. Y cuando por la tarde dejaba el campo, la tierra había cam­biado su forma. Actualmente, Rupnik es uno de los artistas más importantes del arte sacro y ha reali­zado, entre otros trabajos, la capilla "Redemptoris Mater", en el Vaticano.

 

P.- ¿Cuál es el motivo de su visita a Tenerife?

 

R.- He sido invitado por el obispo para visitar diferentes iglesias de la isla y valorar la posibilidad de realizar aquí algunas de mis obras. Concretamente he estado en templos del sur y de la zona metropolitana.

 

P.- Usted, a través del arte, intenta conseguir la comunión entre Oriente y Occidente de las distintas Iglesias cris­tianas. Para ello cuentan con el centro Aletti. ¿En qué consiste este centro?

 

R.- El arte siempre ha sido un espa­cio, un lugar privilegiado para realizar la comunión entre los seres humanos. En el caso nuestro, si hablarnos del arte sacro y del centro Aletti, es evi­dente que este encuentro entre Oriente y Occidente ha traído consigo siempre una gran creatividad. Lo importante no es como la Iglesia acerca el arte sino como acerca a los artistas a la Iglesia contemporánea. En el centro Aletti, de hecho, trabajamos con grupos de artis­tas de ocho países distintos y de ocho Iglesias distintas. La comunión de la Iglesia es posible desde el recíproco reconocimiento y proviene de una expe­riencia espiritual. Mi opinión es que la espiritualidad es un espacio óptimo para el encuentro entre los cristianos. Particularmente, no creo mucho en las incursiones técnicas abstractas. Es pre­ciso crear espacios y nosotros lo hemos encontrado en el arte.

 

P.- Usted habla de la belleza en la liturgia católica como un camino en la evangelización de hoy y siempre.

 

R.- Sí, efectivamente. La belleza expresa que el mundo está habitado por el amor. Por lo tanto, es obvio que si la Iglesia es una comunidad de personas que viven la redención y están inmersos en este amor de Dios, todos deberlos tener esta importancia de la belleza. del amor de Dios, ya sea como edificio o como comunidad cristiana. No debemos estar tan preocupados de cómo hacer teología, como convencer, como tratar la verdad en la que creemos. sino sobre todo, de testimoniar, de hacer ver, de suscitar el deseo de vivir como viven los cristianos. Por ello, si las personas no desean la vida espiritual, la misión de la Iglesia es inútil. Otro aspecto importante de la belleza en la vida cris­tiana es que la belleza promueve en el ser humano una acción libre.

 

P.- Usted es el Consultor del Con­sejo de la Cultura de la Santa Sede, ¿piensa que la cultura contemporá­nea se está alejando poco a poco de la tradición cristiana?

 

R.- Yo estoy preocupado por una cierta alergia que el cristianismo lleva a sus espaldas en Europa. Existe un cierto lai­cismo radical que desarrolla un deseo y

una voluntad de ignorar al cristianismo. Parece que hoy día, se puede ser cual­quier cosa pero no se puede ser pacífica-mente cristiano. Por otro lado, nosotros tenemos que preguntarnos sobre cómo hemos realizado la teología en los últi­mos tiempos para que se haya creado este deseo de vivir sin fe.

 

P.- Recientemente, ha sido elegido el nuevo general de la Compañía de Jesús. Se trata de un español con un amplio conocimiento del mundo asiá­tico, ¿Qué opina de este perfil?

 

R.- No lo conozco aunque he escuchado hablar de él. Lo que sí estoy seguro es que ha sido el resultado de una votación espiritual porque los padres, los electo-res, han elegido muy rápido a este padre general. En este hombre han visto un hombre sabio, prudente y adecuado para este tiempo. Además, ha sido una buena elección desde el punto de vista "estra­tégico" ya que, en estos momentos, Asia es el continente más emergente aunque Europa tenga todavía grandes riquezas que compartir con los demás.

 

P.- Sus obras en la sacristía y en la capilla de la Catedral de Madrid, o en la Capilla de la Santísima Trinidad en un Santuario tan importante como Fátima, en Portugal, son algunas de las muestras de su trabajo. ¿Tendremos en el futuro uno de sus mosaicos en Tenerife?

 

R.- La verdad que estoy muy disponi­ble para esto y además cuento con el apoyo del obispo. El problema es mi calendario que está lleno de proyectos y compromisos. En cualquier caso, voy a hacer todo lo posible para llevar a cabo alguna de mis obras aquí.

 


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INTENCIÓN MISIONERA - “Para que, cada vez más, los futuros presbíteros de las iglesias jóvenes sean formados cultural y espiritualmente para evangelizar sus naciones y el mundo entero”. Comentario a la intención Misionera del Santo Padre Benedicto XVI para el mes de abril de 2008.

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - Es una gran alegría comprobar la vitalidad de las Iglesias jóvenes. Su fecundidad nos llena de esperanza, sobre todo ante la escasez de vocaciones de las Iglesias de antigua tradición. Pertenece a la misma esencia del sacerdocio la vocación universal de cada presbítero. Como dice el decreto Presbiterorum ordinis: “El don espiritual que recibieron los presbíteros en la ordenación no los dispone sólo para una misión limitada y restringida, sino para una misión amplísima y universal de salvación "hasta los extremos de la tierra" (Act., 1,8), porque cualquier ministerio sacerdotal participa de la misma amplitud universal de la misión confiada por Cristo a los Apóstoles. Porque el sacerdocio de Cristo, de cuya plenitud participan verdaderamente los presbíteros, se dirige por necesidad a todos los pueblos y a todos los tiempos, y no se coarta por límites de sangre, de nación o de edad, como ya se significa de manera misteriosa en la figura de Melquisedec” (PO, 10).

Y el Santo Padre Benedicto XVI, en su mensaje para la Jornada Mundial de Oración por las vocaciones que se celebra el día 13 de este mes, ha dicho: “La Iglesia es misionera en su conjunto y en cada uno de sus miembros. Si por los sacramentos del Bautismo y de la Confirmación cada cristiano está llamado a dar testimonio y a anunciar el Evangelio, la dimensión misionera está especial e íntimamente unida a la vocación sacerdotal”.

El corazón del sacerdote debe ser un corazón como el de Cristo, con un amor universal, que no conoce fronteras. Debe ser un amor que no se restringe a los hombres de una nación o raza, sino que siente dentro de sí la ternura de Jesús por cada hombre, por cada hermano.

La formación debe incluir una disponibilidad y apertura para ser enviado a aquellas zonas del mundo donde haya mayor necesidad. Estas actitudes no se improvisan. Deben ser cultivadas para crear en los candidatos al sacerdocio la certeza de ser sacerdotes para la Iglesia Universal. Cada ministro del Señor “debe llevar en su corazón la solicitud por todas las Iglesias” (PO, 10).

La labor de formación es esencial. A ella se deben dedicar los mejores recursos humanos, los más decididos esfuerzos para ofrecer a la Iglesia sacerdotes santos, con una adecuada formación humana, intelectual y pastoral. Sacerdotes que hayan comprendido que de su unión vital con Cristo depende toda la fecundidad de su ministerio: “Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí” (Jn 15, 4). Dice Benedicto XVI en el Mensaje ya mencionado: “Al hacerse una sola cosa con el Maestro, los discípulos ya no están solos para anunciar el Reino de los cielos, sino que el mismo Jesús es quien actúa en ellos… Precisamente porque el Señor los envía, los Doce son llamados «apóstoles», destinados a recorrer los caminos del mundo anunciando el Evangelio como testigos de la muerte y resurrección de Cristo”.

Desde los comienzos de la Iglesia, el fervor misionero de los Apóstoles hizo posible su extensión por los cinco continentes. Ese espíritu de universalidad, ese mandato del Señor: “Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación” (Mc 16, 15), debe ser acogido en cada generación, por cada bautizado, y especialmente, por cada sacerdote.

Dado el gran número de vocaciones con que Dios está bendiciendo las jóvenes Iglesias, recemos para que los presbíteros que han nacido de ellas, se sepan enviados por el mismo Señor a evangelizar el mundo entero. Pidamos para que “a través de sus sacerdotes, Jesús se siga haciendo presente entre los hombres de hoy hasta los confines últimos de la tierra”, pidamos para que, como en los comienzos, “reunida en torno a la Virgen María, Reina de los Apóstoles, la comunidad eclesial aprenda de Ella a pedir al Señor que florezcan nuevos apóstoles que sepan vivir la fe y el amor necesarios para la misión” (cf. Benedicto XVI, Mensaje para la Jornada Mundial de oración por las vocaciones). (Agencia Fides 27/3/2008 Líneas: 50 Palabras: 732)


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VATICANO - AVE MARÍA por mons. Luciano Alimandi - ¡Aparecerá un día también a nosotros!

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - ¿Cuándo se nos concederá ver al Señor resucitado, extasiarnos en Su presencia? Con certeza podemos decir: al final de nuestros días, cuando nuestro corazón llegue a sus últimos latidos de vida, entonces sí, tendremos el privilegio y la gracia indescriptible de ver a nuestro Señor, de encontrarLo en el horizonte del más allá, porque Él es la Puerta (cf. Jn 10, 9), el Paso de este mundo al Padre.

Lo sabremos reconocer y seremos capaces de entender Su voz, si durante nuestra peregrinación terrena Lo hemos conocido. Su Rostro, Su Persona no nos serán extraños, no dudaremos en abandonarnos enteramente a Jesús, ya que ese “momento” será el punto de llegada de innumerables actos de amor y de donación, que habremos dejado detrás nuestro, a lo largo de la existencia. Realmente ella se parece al camino que los Apóstoles realizaron con Jesús, un camino hecho de progresiva confianza en Él. También nosotros, como ellos, escuchamos Su Palabra, familiarizamos con su Presencia, descubrimos los signos de Su acción en medio de nosotros, nos hacemos Sus testigos y Lo invocamos como nuestro Maestro y Señor.

También a nosotros, como a los primeros discípulos, nos es concedido entrar cada vez más en Su Reino, a través de la conversión, haciéndonos niños (cf. Mt 18, 3). La única diferencia entre los primeros discípulos y nosotros, es que nosotros veremos al Resucitado solamente al final, mientras ellos Lo han visto durante la vida terrena. Él se nos aparecerá en el momento del tránsito, cuando saldrá a nuestro encuentro “la Luz verdadera, que ilumina a todo hombre” (Jn 1, 9). Pero justamente por ello seremos llamados bienaventurados, porque a pesar de no haberlo visto hemos creído en Él (cf. Jn 20, 29). La fe en la Resurrección de Jesús es el más grande don del Cielo sobre esta tierra, porque mediante ella entramos en comunión de vida con el Resucitado; cuántas veces el Señor lo afirmó: “tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3, 16).

Esta es la fe que Jesús quiere encontrar a su regreso sobre la tierra; ¿pero la encontrará? Él no lo dice. En el Evangelio deja esta pregunta sin respuesta (cf. Lc 18, 8) y así indica que conservar la fe no es fácil y justamente por eso, uno se juega todo: ser o no ser auténticos cristianos. También para los apóstoles fue grande el riesgo de perder la fe. A pesar de haber vivido con Jesús, haber asistido a Sus milagros, recibido Sus más íntimas enseñanzas, en el momento de la prueba corrieron el riesgo de perderse. El Evangelio testimonia varias veces la dificultad de comprender a Jesús. Huyeron todos al momento de Su arresto y Lo abandonaron (cf. Mt 26, 56), porque no creían como deberían haber creído.

También nosotros, como los discípulos de Emaús, a veces tenemos “los ojos incapacitados para reconocerlo” (Lc 24, 16), porque somos “insensatos y tardos de corazón para creer la palabra” (Lc 24, 25). Los Evangelios de la Resurrección revelan la debilidad de la fe de los primeros discípulos e indican que, para todos los cristianos se trata de la misma lucha, de las mismas dudas, de la misma resistencia de la carne con respecto al espíritu. En el hombre, en efecto, hay dos realidades en contraposición entre ellas: la materia y el espíritu. Una lo impulsa hacia las cosas exteriores, hacia las cosas visibles, terrenas, la otra lo atrae hacia las cosas interiores, aquellas invisibles, celestiales.

San Pablo, el gran converso al Resucitado, recuerda que, según nuestras opciones de vida, nos hacemos hombres espirituales o permaneceremos siendo hombres naturales, que no pueden percibir aquello que es sobrenatural, como, justamente, la Resurrección de Cristo: “el hombre natural no capta las cosas del Espíritu de Dios; son necedad para él. Y no las puede conocer pues sólo espiritualmente pueden ser juzgadas. En cambio, el hombre de espíritu lo juzga todo; y a él nadie puede juzgarle… Pero nosotros tenemos la mente de Cristo” (1Cor 2, 14ss).

Para tener los pensamientos de Cristo es necesario vivir según el Espíritu. En efecto, Cristo es Dios y Dios es Espíritu (Jn 4, 24). Para no perder la fe en el Resucitado, para profundizar en ella cada vez más, necesitamos huir del pecado y vivir en la gracia de Dios. En otras palabras, no es posible mantener la fe si nuestra vida no está en sintonía con lo que se cree. Todo el anuncio evangélico está en función de la conversión y la fe. “Cambio de vida” y “fe” son inseparables: “¡Convertíos y creed en el Evangelio! (Mc 1, 15). Proclamar la fe sólo con la boca no ayuda a nuestra santificación. Detrás de la fe, como base de la fe, en virtud de la fe se debe situar la conformación de nuestra vida a la de Jesús; es claro que será un camino progresivo. Esto será posible sólo si negamos nuestro “yo” materialista y carnal, esclavo de la “concupiscencia de la carne, de la concupiscencia de los ojos y de la soberbia de la vida” (1Jn 2, 16) como nos enseña san Juan. ¡Este pequeño gran “yo” no dejará nunca de buscarse a sí mimo! Entonces, con la fuerza de la fe y el abandono en Cristo Resucitado, con el “Jesús confió en Ti”, proclamado con toda la fuerza de nuestra alma, realizaremos un éxodo de nosotros mismos y caminaremos hacía el Señor que viene, hasta llegar a ese encuentro definitivo, cuando la fe no tendrá razón de existir, pues, ¡nos habremos transfigurado en Él! (Agencia Fides 26/3/2008; líneas 63, palabras 956)


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26 de Marzo


Con motivo de la celebración en nuestra diócesis de Tenerife el Primer Centenario de la Adoración Nocturna, 1908-2008,  se han recibido en la parroquia los materiales para su difusión y conocimiento entre los fieles: Cartel, Programa de Actos y Tríptico explicativo de lo que significa la Adoración y quien es un Adorador. Habrá durante los meses de Marzo a Junio actos en todas las islas de la diócesis: El Hierro, La Gomera, La Palma y en Tenerife Sur y Norte, siendo la clausura en La Laguna con una solemne Eucaristía presidida por el Obispo Diocesano. Destacan en la programación los encuentros, vigilias y procesiones y exposiciones itinerantes de láminas sobre “El hombre eucarístico” y “La parroquia eucarística”.


La oración ante el Santísimo, bálsamo espiritual y humano que consuela y sana, acoge e ilumina el corazón del hombre.


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Mi?rcoles, 26 de marzo de 2008


Artículo publicado en Boletín de MISIONEROS JAVERIANOS, Número 440 - Marzo 2008


ENTRE NOSOTROS

Compartiendo una ilusión
JUAN BOTTON - MÁRTIR EN CHINA
1908 - 1944



El P. Juan Botton nació en Carminagno, Vicenza, Italia, en mayo de 1908, último de diez hermanos. Nació en una familia de agricultores y pronto sin­tió la llamada del Señor, con esta intención ingresó en los Misioneros Jave­rianos en 1920, en nuestra casa de Vicenza, donde siguió sus estudios prima­rios y cursó la escuela media; posteriormente haría el noviciado y estudiaría teología en Parma.

 

Parma

 

En aquellos años, nuestra casa de Parma respiraba por todos los poros aires de China: los primeros formadores de nuestro Instituto trabajaron allí. Por otra parte, mientras Juan estudiaba teo­logía, nuestro Beato Funda­dor, Mons. Conforti, visitó China por unos meses y regresó entusiasmado de lo que había visto, «he visto un campo flo­reciente, —dijo a la co­munidad a su regreso—tal vez, entre todos los pueblos de la tierra, el chino es el más dis-puesto... si hubiera más misioneros de cate­quistas...»

 

Terminados los es­tudios teológicos, fue ordenado sacerdote por el Beato Conforti en abril de 1931. Después de la ordenación, durante tres años, es-tuvo en Italia trabajando en la animación misionera.

 

China

 

En Septiembre de 1934, llegó el tan deseado momento por el P. Juan: su mar-cha a China, donde llegó, acompañado de otros seis javerianos. Llegaron a Shanghai y de allí siguieron a Zhengz­hou, donde los javerianos tenían la Casa Religiosa. Inmediatamente se dieron al estudio del chino.

 

Terminado el tiempo del estudio, el P. Juan fue destinado a la misión de Zhengzhou, que se encontraba en la provincia de Henan, una zona, en gran parte, montañosa. Tenía una extensión de 32.000 Km. cuadrados y contaba con una población de más de siete millones de habitantes. Después de treinta años de cristianismo los cristianos eran unos 20.000.

 

Pobreza y guerra

 

El problema más grande de la zona era el hambre, que comenzó a agravarse en los últimos meses de 1936. Muchas familias se vieron obligadas a marchar a otros lugares del país en busca de mejores oportunida­des de vida que, casi seguro, no encontra­rían. Había mucha gente hambrienta, enferma, desnutrida, en los huesos...

 

A la miseria se juntó la guerra. Ya desde 1931, Japón había de-mostrado sus intenciones imperialitas sobre Chi-na. En Julio de 1937, Japón comienza a mover sus tropas hacia Pekín y hacia Chi-na entera. Los dos bandos cuentan con de-cenas de miles de soldados, los enfrenta­mientos son cada vez más frecuentes; la destrucción, el saqueo y la muerte se ex-tienden; las misiones son atacadas y des­truidas, los misioneros se ven obligados a cambiar de residencia.

 

Campo de concentración

 

Italia entra en guerra al lado de Alema­nia, ambas son amigas de Japón y, por lo tanto, consideradas enemigas de China. Los Misioneros italianos son sospechosos y en ocasiones son acusados de espías, el clima es tenso entre los chinos y los ita­lianos, no es fácil convencer a las autori­dades de que tales sospechas son infun­dadas. Las represalias no tardan en llegar: el 6 de mayo de 1942 se ordena a los misioneros italianos que, en el plazo de un mes, deben estar todos en el campo de concentración de Neixiang, a 400 Km. de la zona donde se encuentran trabajando. Comienzan un fatigoso y largo viaje: con lo puesto, comiendo de lo que les daban, sin ninguna posibilidad de atención mé­dica... Las condiciones del campo eran desastrosas: eran unas casuchas viejas, sin organización interna, comiendo cuan-do les llevaban algo, expuestos al frío...

En noviembre de 1943, los PP. Zulián y Juan son liberados y vuelven al hospi­tal, del que P. Zulián había sido director, en la ciudad de Zhehgzhon, y comienzan a hacerlo funcionar de nuevo.

 

Para salvar a otros

 

Nos lo cuanta el P. Zulián en su diario: «29 de abril de 1944: Los japoneses avanzan. El patio del hospital está lle­no de mujeres y niños. Hacia el medio día algunos japoneses entran en el patio, pistola en mano, gritando que somos espías... pero la cosa queda ahí.

30 de abril de 1944: la ciudad es bombardeada, cerca del hospital caen las bombas, el grueso del ejército japo­nés está cada vez más cerca, los soldados chinos resisten como pueden pero van retrocediendo, los disparos cada vez están más cerca de nosotros... Ha­cia las cinco de la tarde los japoneses están en el patio del hospital. El P. Juan dice: «ya están aquí, yo salgo, de lo con­trario nos lanzan alguna granada y aquí morirnos todos». Sale velozmente y en la puerta encuentra dos japone­ses, grita. «italiano, italiano» y dando un grito de dolor cae al suelo, los dos japoneses le han clavado las bayone­tas. El P. Juan se desangra rápida-mente..., muere diciendo: «no lloréis, estoy bien así», después con un suspi­ro espiró diciendo: «Señor, ven a lle­varme».

 

Posteriormente llega, un oficial que, viendo al P. Juan muerto, me pregun­tó por nuestra nacionalidad, al contes­tarle que éramos italianos pidió disculpas y añadió: «son los errores de la guerra». n

 

P. Luis Pérez Hernández s.x.


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Programa de Actos para la celebración del primer centenario de la Adoración Nocturna en la Diócesis de Tenerife, 1908 - 2008.



PROGRAMA DE LA CELEBRACIÓN DEL PRIMER CENTENARIO DE LA ADORACIÓN NOCTURNA EN TENERIFE


APERTURA DEL CENTENARIO

PARROQUIA DE NTRA. SRA. DEL PILAR.

Santa Cruz de Tenerife

Sábado 29 de marzo de 2008, a las 18:30 h.

 

 SOLEMNE VIGILIA DE LA DIVINA MISERICORDIA

- A las 18:30 h. Acogida y reunión de presidentes. A las 19:15 h.: Procesión de banderas.

- A las 19:30 h.: CONCELEBRAC1ÓN EUCARÍSTICA. Preside el Excmo.

y Rvdmo Monseñor D. Bernardo Álvarez Afonso, Obispo de Tenerife.

- A continuación: Exposición del Santísimo, Turno de vela y Procesión.

 

ENCUENTROS Y VIGILIAS:

ROSARIO, VÍSPERAS, EUCARISTÍA Y PROCESIÓN:

Objetivo: Propiciar la convivencia y relación entre los adoradores y orar
en comunión, en nombre y representación de toda la Iglesia.

 

ISLA DE EL HIERRO:           

P. N. S. DE LA CONCEPCIÓN: Valverde    

Sábado 12 de abril, a las 18:30 h.

 

TENERIFE SUR:

P N. S. DEL CARMEN: Los Cristianos, Arona

Sábado 19 de abril, a las 19:00 h.

 

ENCUENTRO DE TARSICIOS, JÓVENES Y ADULTOS

TEGUESTE - PARROQUIA DE SAN MARCOS

Encuentro Parroquial de Tarsicios, Jóvenes y Adultos y Presentación de "La Parroquia Eucarística"

Sábado 3 de mayo, a las 18:00 h.

EUCARISTÍA, PRESENTACIÓN Y EXPOSICIÓN DEL SANTÍSIMO

 

TENERIFE NORTE:

VIGILIA DE SAN PASCUAL BAYLÓN, PATRÓN DE LA A. N. E,
PARROQUIA DE SAN MARCOS - 1COD DE LOS VINOS

Sábado 17 de mayo, a las 18:00 h.

 

ENCUENTRO DIOCESANO

CUEVA DEL SANTO HERMANO PEDRO - GRANADILLA
"El hombre que fue caridad" - VIGILIA DEL CORPUS CHRISTI

Sábado 24 de mayo, a las 19:00 h.

 

  

ISLA DE LA GOMERA:

PARROQUIA DE SAN MARCOS EVANGELISTA: AGULO

Sábado 31 de mayo, a las 19:00 h.

 

VIGILIA JUVENIL / ENCUENTRO JUVENIL

PARROQUIA DE N. SRA. DEL PILAR - SANTA CRUZ DE TENERIFE

Sábado 7 de junio de 2008, a las 19:30 h.

- Dar pasos para seguir dándole a la iglesia ese impulso y fuerza que se pide

a los jóvenes, con la idea de buscar mayor cohesión, conocerse más, rezar juntos y compartir proyectos y esperanzas.

 

ISLA DE LA PALMA:

PARROQUIA SAN PEDRO APÓSTOL - BREÑA ALTA

Sábado 14 de junio, a las 19:00 h.

 

EXPOSICIÓN ITINERANTE DE LÁMINAS:

"EL HOMBRE EUCARÍSTICO"

 

Y PRESENTACIÓN ITINERANTE DE:

"LA PARROQUIA EUCARÍSTICA"

Del 29 de marzo al 28 de junio de 2008

  

Sábado 28 de junio de 2008

A las 12:00 h.: Concentración de adoradores en la Plaza de la Catedral.
(exterior de la iglesia de la Concepción).

A las 12:30 h.: Rezo del Santo Rosario y Ángelus.

 

S. I. CATEDRAL - SAN CRISTÓBAL DE LA LAGUNA


A las 13:00 h.: SOLEMNE EUCARISTÍA VIGILIA JUBILAR DEL CENTENARIO. CONCELEBRACION EUCARÍSTICA, presidida por el Excmo. y Rvdmo. Monseñor D. Bernardo Álvarez Afonso, Obispo de Tenerife.


- A las 14:30 h Traslado al Seminario para el almuerzo.

- A las 16:30 h.: Visita a la Exposición: "EL HOMBRE EUCARÍSTICO

- A las 17:30 h.: Charla y presentación: " La Parroquia Eucarística".

- A las 18:00 h.: Exposición del Santísimo Sacramento y Turno de Vela.

- A las 19:00 h.: RESERVA Y CLAUSURA DEL CENTENARIO.


Palabras de la Junta de Gobierno y de la Comisión Organizadora del Centenario de la Adoración Nocturna de la Diócesis de Tenerife, publicadas en el Programa de Actos.


Queridos hermanos y hermanasen Cristo:


Es para la Adoración Nocturna un motivo de alegría comunicaros la celebración del 1 Centenario desde su fundación. Es ésta una celebración de amor a Cristo Sacramentado, es un momento para reconocer el trabajo de los que nos precedieron y un momento para mirar con ilusión y esperanza al futuro.


La oración ante el Santísimo, bálsamo espiritual y humano que consuela y sana, acoge e ilumina el corazón del hombre. Es un beneficio que podemos obtener en cualquier momento con una sencilla visita al Sagrario, donde el Amor de los Amores nos espera con infinita paciencia, con infinita ilusión. ¿Qué mejor modo de corresponder a esta actitud de Cristo que convertirnos en impulsores de un acercamiento al Santísimo Sacramento del Altar?


Desearíamos que Jesús estuviese presente en todos los momentos de nuestro diario quehacer, sin limitarnos a los momentos de presencia sacramental, que tuviésemos nuestra sensibilidad alerta para descubrirlo caminando junto a nosotros:


Pero las personas necesitamos, por nuestra esencial limitación, estímulos que nos ayuden a lograrlo.


Para contribuir a ello, os invitamos a participar en todos los actos que la Adoración Nocturna organiza, a modo de hitos en el camino, durante este año Centenario.


Un saludo en Cristo.


La junta de Gobierno y

La Comisión Organizadora


Con motivo de la celebración del centenario de la fundación de la Adoración Nocturna en la Diócesis de Tenerife se ha distribuido una hoja de difusión por las parroquias para su conocimiento.


Qué es la Adoración Nocturna


La Adoración Nocturna es
una Archicofradía exrendida
por todo el mundo, con su
sede principal en Roma

La Adoración Nocturna,
con su oración
y sacrificia, atrae grandes
bendiciones de Dios sobre
la Iglesia y el mundo,
además de ser
un instrumento poderoso
 de santificación
para los mismos Adoradores.


ADORADORES

ADORADORES DIURNOS

Son los que durante el día
hacen una hora de oración.
escogida segun sus necesidades
y las de la pripia Adoración,
una vez al mes.

ADORADORES NOCTURNOS

Son los que una noche al mes
participan formando parte de
un grupo o turno, distribuidos
de m,odo que, pasando una hora
de Adoración urante la noche, aseguren la Adoración.

ADORADORES TARSICIOS

Son los niños o nilas que,
una ves al mes, durante el día
hacen una hora de oración,
adaptada a su edad, escogiendo
el día y hora que mejor se
acomoda a sus circunstancias e
imitanto así a los mayores.

DISPOSICIONES

Vivir intensamente la
Devoción Eucarística

Invitar a otras personas
a adorar.

Asitencia asidua a todas las vigilias.

Relacionarse con los
adoradores impedidos y
con los honorarios.

Ofrecerse a las parroquias
para fomentar el
culto al Satísimo Sacramento.


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El Presidente y vicepresidente de la Adoración Nocturna de la diócesis de Tenerife se dirigen a los párrocos anunciando la celebración del Centenario de la Adoración.

Seminario Diocesano
(Casa de la iglesia) Cl La Verdellada s/n CP. 38207 La Laguna

Telf. 636 57 18 39 Fax. 922 25 18 47

[email protected]


ADORADO SEA EL SANTISIMO SACRAMENTO 

AVE MARIA PURISIMA  
    


Reverendo Párroco:


Que Jesús sea en su alma.


Le acompañamos programa del Centenario de la Adoración Nocturna de la Diócesis, así como un Boletín de suscripción, para que lo pueda distribuir entre sus feligreses.


La ventaja de que cada parroquia tenga un grupo de adoradores, es que sus miembros no alteran las otras actividades parroquiales, sino que las potencian al máximo.


Nuestro Señor Obispo D. Bernardo, nos recuerda, que su padre fue Adorador Nocturno, y que duda cabe, que los frutos de tantas vigilias son hoy un testimonio de eficacia.


El próximo año 2.010 se celebrara el Congreso Eucarístico, estando previsto que tenga lugar en España. Seria un buen deseo el poder para entonces afirmar que en todas las parroquias existe un grupo de adoradores. De esta manera junto con el Santo Hermano Pedro "El hombre que fue caridad", las celebraciones del "Corpus Christi" y los monumentos del Jueves Santo, se podrá afirmar que la Diócesis de San Cristóbal de la Laguna (Tenerife) es un "Patrimonio Eucarístico de la Cristiandad".


Nos ofrecemos y estamos a su disposición, para el día que le sea mas conveniente, después de la misa del domingo, trasladarnos para animar a sus feligreses y explicar en que consiste la Adoración Nocturna, o si ya tiene un grupo de adoradores, acudir con Nuestro Director Espiritual D. Manuel Bethencourt Cabrera para la imposición de las medallas, y constitución del grupo en nombre del Sr. Obispo.

Que Dios nos Bendiga.


Esperamos vernos pronto. Siempre en el Sagrario...

En San Cristóbal de La Laguna a dos de Marzo festividad de Domingo de la Alegría, del año 2008 del Señor.


Fdo. el Presidente de la Adoración Nocturna

 

Vo Bo El Director Espiritual Rvdo. D. Manuel Bethencourt Cabrera

 

 


Martes, 25 de marzo de 2008

Documento de trabajo `para la reflexión sobre LA CARIDAD PASTORAL EN LA VIDA Y MINISTERIO DE LOS PRESBÍTEROS.

 

 

Un aspecto central y esencial en el ministerio y la vida del Presbítero. El elemento fundamental y unificante.


Así lo reconoce la Iglesia en vanos de sus documentos. De la caridad pastoral se habla en la Lumen gentium, n. 27, Christus Dominus, Presbyterorum Ordinis n. 14, etc. Este último número presenta a la caridad pastoral como generadora de unidad de vida en el presbítero: "la unidad de vida pueden construirla los presbíteros si en el cumplimiento de su ministerio siguieren el ejemplo de Cristo, cuyo alimento era hacer la voluntad de Aquel que lo envió para que llevara a cabo su obra (..), conseguirán la unidad de su vida uniéndose a Cristo en el conocimiento de la voluntad del Padre, y en don si mismos por el rebaño que les ha sido confiado. Así, -desempeñando el oficio de buen pastor, en el mismo ejercicio de la caridad pastoral hallarán el vínculo de la perfección sacerdotal que reduzca a unidad su vida y acción".

 

Pastores dabo vobis 23 recogiendo la enseñanza del Concilio presenta la caridad pastoral como         la opción fundamental que unifica. todas las facetas de la vida del presbítero: "La caridad pastoral constituye el principio interior y dinámica y capaz de unificar las múltiples y diversas actividades del sacerdote. Gracias a la misma puede encontrar respuesta a la exigencia esencial y permanente de unidad entre la vida interior y tantas tareas y responsabilidades del ministerio, exigencia tanto más urgente en un contexto sociocultural y eclesial fuertemente marcado por la complejidad la fragmentación y la dispersión. Solamente la concentración de cada instante y de cada gesto en torno a la opción fundamental y determinante de "dar la vida por la grey" puede garantizar esta unidad vital, indispensable para la armonía y el equilibrio espiritual del sacerdote". (PDV 23).

 

El Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros en el n. 43 dice que la caridad pastoral constituye el principio interior y dinámico capaz de unificar las múltiples y diversas actividades del sacerdote e instrumento indispensable para llevar a los hombres a la vida de gracia. "Constituye el alma del ministerio sacerdotal" (PDV 48).

 

 

2. ¿Qué es la caridad pastoral del presbítero?


a)      La participación de la caridad pastoral de Cristo (PDV 23), I Buen Pastor que ama, sirve, guía, da la vida por la humanidad. La caridad que muestra el rostro de Cristo Pastor amando, sirviendo, guiando y dando la vida por la comunidad. Es el amor de Cristo Pastor encarnado, prolongado, historizado, actualizado en el amor concreto del presbítero a su comunidad y a la entera comunidad eclesial. No es_.pues un sentimiento que nace de mi temperamento afectivo o de mi talento servicial o de mi espíritu responsable. Too eso le da cuerpo, armadura: pero el origen es otro. Nuestra caridad pastoral tiene su origen fontal en la caridad pastoral de Cristo que 'nos es transmitida por el Espíritu Santo, a partir de nuestra Ordenación. Diríamos que es como un injerto de nuestra vida ministerial en el tronco de la caridad pastoral de Cristo.

 

b) Un amor primario y principal. La caridad pastoral es un amor primario. Que no está subordinado en la vida del cura a ningún otro amor, ni amical, ni sexual, ni familiar, ni patriótico, ni social. No está sometido a ningún proyecto propio, ni a ninguna otra solidaridad. Es decir, no es un amor secundario que deriva de otras opciones que el cura haya hecho, sino que la caridad pastoral es la opción originaria. Pero es un amor, al mismo tiempo, principal. La caridad pastoral es el amor principal del presbítero. Todos los demás intereses y valores quedan subordinados a este amor. No solamente este amor no está subordinado a otros amores, sino que todos los demás están subordinados a este amor.

 

Siempre nuestro amor es un amor de pastora y a este amor de pastor le están subordinados otros amores. Siempre ama con caridad de pastor. La caridad pastoral ejerce, pues, un primado sobre os los amores y opciones que existen en la vida de un cura.


c)      Un amor único y total e identificación con Jesucristo Pastora y con el pueblo encomendado:  

Con Jesucristo Pastor. No es sólo amor de adhesión a su persona y su mensaje, no es sólo seguimiento, es identificación con las actitudes de Cristo Pastor, con su amor de pastor. La caridad pastoral como recoge PDV, en el párrafo segundo del número 23: "Es aquella virtud con la que nosotros imitamos a Cristo en su entrega de sí mismo y en su servicio”. La pregunta del Señor resucitado a -Pedro, "¿Me amas?", y su respuesta: "Tú sabes que te quiero"; "apacienta mis ovejas." (Jn 21) pertenecen, pues, a la entraña misma de nuestra caridad pastoral. En la contemplación creyente del Señor, el presbítero se une a Cristo y asimila el espíritu y los rasgos del amor pastoral que Jesús tiene a la humanidad.           

 

Acoger este don de la caridad pastoral con todas sus consecuencias es "expropiar a sí mismo" y hacer de toda la existencia una total "donación de sí mismo" a la Iglesia, compartiendo el don de Cristo y a su imagen. (cf. PDV 23). No es sólo hacer sino amar, desarrollar la acción pastoral dándonos. Son inseparables el "dar" y el "darse". Una caridad así convierte al sacerdote en el apóstol que "se hace todo a todos para salvar a algunos" (Cf. 1 Cor 9, 22), el amor de Cristo le apremia de tal forma que llevado por ese amor da no sólo el Evangelio de Dios sino su propia vida (cf. P Tes 2, 8), como Cristo Pastor.

 

Con la comunidad encomendada, la iglesia particular, la iglesia universal: La caridad pastoral es un amor cuyo destinatario inmediato es la comunidad eclesial encomendada por el Obispo al cuidado del sacerdote. La comunidad y cada uno de sus componentes merecen y reclaman, en primer plano, la caridad pastoral del presbítero. Pero la caridad pastoral es un amor que no se confina en esa comunidad directamente encomendada al servicio del presbítero, sea parroquial, sea movimiento apostólico, sea seminario... No se confina ahí, sino que tiene también como destinatarios fundamentales a la Iglesia Diocesana y a la Iglesia Universal. El presbítero ama a su parroquia y a la Iglesia universal con el mismo amor pastoral. Es una caridad que impulsa a San Pablo a trabajar en comunión con los demás apóstoles para no correr en vano (cf. Gal 2, 2). Es una caridad que le exige de manera particular y específica una relación personal con el presbiterio y con su Obispo (PDV 23).

 

 

3. ¿Qué significa que la caridad pastoral es central?


a) Que todo en la vida del presbítero está ordenado a la caridad pastoral. Las diversas opciones o actividades del presbítero deben constituir bien una condición previa para la caridad pastoral, bien un componente de la caridad pastoral, bien una consecuencia de la caridad pastoral, bien un estímulo para la caridad pastoral, bien algo, que sea coherente con la caridad pastoral, bien, al menos, algo positivamente compatible con la caridad pastoral. No puede haber nada en la vida de un presbítero que sea incompatible con la caridad pastoral. Todo :mis cosas, dineros, mis compromisos familiares, mis amistades, mis relaciones, mis aficiones -aunque sean aficiones tan sanas como "la afición al Tenerife"... mis ocupaciones, mi forma de vivir, mis gastos, mis vacaciones. Todo debe confrontarse con las exigencias de la caridad pastoral. "En todo sacerdote, en todo caridad de pastor”.  Sin menoscabo de que un cura tiene derecho a sus propias opciones, a sus amistades, a su mundo familiar, a la satisfacción de sus necesidades básicas. Sin embargo, toda su vida ha de vivirla en coherencia con la consagración realizada.

 

b) Que todas las virtudes están modificadas por la caridad pastoral. La oración es oración en el presbítero; la fe es fe, la esperanza es esperanza; la disponibilidad es disponibilidad. Pero el porqué y el cómo específico de estas virtudes están inspirados en la caridad pastoral. Es la caridad pastoral la que colorea matiza da su perfil específico a todas y a cada una de las virtudes en la vida del presbítero

 

La oración del pastor no es exactamente la del monje ni la del profesional laico, ni la del sindicalista cristiano, ni la de la madre de familia; tiene unos motivos y un estilo propios. La pobreza del pastor no es exactamente la pobreza e un ermitaño; tiene su propia fisonomía recibida de la caridad pastoral. El celibato del pastor, no es igual en la vida monástica que en la vida del sacerdote, tiene su sello característico. La ascesis del pastor no es la ascesis de una congregación reparadora que ha aparecido en la Iglesia como carisma para reparar la ingratitud de los hombres ante Dios, sino que se deriva de las exigencias de la caridad pastoral. Lo mismo sucede con la disponibilidad. No es la propia de un seglar entregado de la parroquia, o de un movimiento apostólico; es aquella postulada y configurada por la caridad pastoral. Habría que recorrer todas y cada una de las virtudes, y descubrir los rasgos fisonómicos que la caridad pastoral imprime en cada una de estas virtudes.

 

Que la caridad pastoral es principio unificador y dinamizador como dice PDV 23: "principio interior y dinámico capaz de unificar las múltiples y diversas actividades del sacerdote". Principio capaz de unificar y dinamizar, por consiguiente, potenciar. «Solamente la concentración de cada instante y de cada gesto en torno a la opción fundamental y determinante de dama por la grey, puede garantizar esta unidad vital indispensable para la armonía y el equilibrio espiritual del presbítero. La diversidad de tareas se resumen en un denominador común: todas ellas son expresión de la caridad pastoral, y adquieren su unidad en este punto, a pesar de su multiplicidad y de su diversidad »

 

Como sabemos, ya Presbyterorum Ordinis se preocupó mucho de la unidad de vida del presbítero. Y con sobrada razón, porque la dispersión en las tareas pastorales del sacerdote induce fácilmente, en la práctica, a una dispersión interior_ Y ésta provoca malestar y sentimiento de infecundidad. Algunos curas nos sentimos internamente "poco unificados". Una cierta dispersión de las tareas es inevitable en la mayoría de los sacerdotes. Incluso, una cierta variedad en las actividades pastorales es una de las riquezas de la vida de los curas. Pero puede producir fácilmente una dispersión interior si el presbítero no descubre vitalmente que todas sus tareas, por diversas que sean, están ligadas entre sí por un objetivo: servir pastoralmente  a la comunidad. Son expresión y realización de un único oficio de amor. Concebir, sentir y vivir las tareas del ministerio ligadas entre sí, por el amor del pastor, favorece la unidad interior en la multiplicidad exterior.

 

Las personas unificadas, con unidad interior, irradian serenidad y paz. La dispersión, la falta de unidad interior, es fuente de desasosiego y de sentimiento de infecundidad.

 

Porque todo en la dinámica del ser humano tiene una tendencia a la unidad; cuando esa tendencia se satisface, se genera en nosotros un bienestar que nos revela que estamos en el buen camino. Pasar de lo caótico y de lo disperso a lo estructurado y unificado (aunque no llegue a ser plenamente estructurado y unificado, porque nos quedamos siempre a medio camino), es el itinerario humano, y naturalmente, el itinerario de la vida espiritual.

 

4. ¿De dónde fluye la caridad pastoral?

a)      La fuente permanente. Por supuesto, el amor pastoral de Dios por su pueblo o la caridad pastoral de Jesús, son a fuente originaria. Pero la fuente permanente más próxima a nosotros es el carisma presbiteral recibido en la Ordenación. En el sacramento del Orden, por el don del Espíritu Santo, Cristo infunde su propia caridad pastoral a los presbíteros y los hace "sacramentos de su amor por a g la . Como dice PDV 33: 'Mediante la Ordenación, amadísimos hermanos, habéis recibido el mismo Espíritu de Cristo, que os hace semejantes a El, para que podáis actuar en su nombre y vivir en vosotros sus mismos sentimientos" (Cf PDV 33, 70 y 72). Estos sentimientos se compendian en la "caridad pastoral" y no son otros que los del Buen Pastor que entrega su vida por las ovejas.

Hemos recibido, pues, del Espíritu Santo un carisma para amar pastoralmente a la comunidad. Este carisma es una cantera inagotable de caridad pastoral, plantado en nuestro mismo corazón. En virtud del carisma recibido hemos recibido el don y la capacidad de invertir, cada uno con su temperamento, un capital de afecto, servicio, compromiso y fidelidad en la comunidad que se nos ha encomendado y en la Iglesia particular y universal. El Espíritu nos capacita para ello en la Ordenación.

 

Podemos extraer de este carisma que encierra un inmenso potencial de caridad pastoral el amor concreto, necesario en nuestro ministerio. Este carisma puede ser reavivado-(2 Tm 1, 6) como las brasas. Sobre ellas continuamente podemos y debemos soplar para extraer de ellas el fuego, "la llama" de la caridad pastoral.

 

Tenemos dentro de nosotros mismos, como regalo del Espíritu (no como regalo individual sino compartido con los demás presbíteros y al servicio de la totalidad de la comunidad) y como signo del amor pastoral de Jesús a los hermanos, la fuente de nuestras propia regeneración como pastores. Azotados, castigados muchas veces, por las condiciones inhóspitas en que vivimos, por la situación de intemperie en la que trabajamos, etc. -no mas que en otros tiempos de la historia de la iglesia- necesitamos reavivar el sedimento regenerador del carisma recibido en la ordenación.


b)      La fuente próxima y eminente de la caridad pastoral es la Eucaristía. La caridad pastoral encuentra en la Eucaristía "su expresión plena y su alimento supremo" (PDV 23. 24. Cf. PO 14). Fluye de la Eucaristía. La celebración de la Eucaristía es la actualización de la entrega filial de Cristo al Padre y de la entrega pastoral de Cristo a los hermanos. En otras palabras, es la actualización de la caridad pastoral de Cristo.

 

Cuando celebramos la Eucaristía y representamos sacramentalmente a Cristo en esa Eucaristía, somos asociados con El a la dinámica de esta doble y única entrega: de la entrega pastoral a los hermanos, de la entrega filial a Dios. En cada Eucaristía somos como arrastrados por El en ese doble único movimiento de la caridad pastoral. Nos identificamos con ese movimiento, y, al identificamos, activamos y enriquecemos en nosotros el sedimento de la cari­dad pastoral depositado por la Ordenación. Cuando el presbítero identificado con Cristo dice «esto es mi Cuerpo», es decir, ésta es mi persona que se entrega por vosotros, denota una cosa y connota otra. Denota al cuerpo de Cristo, pero connota a su propia persona, la persona del cura que se entrega por su comunidad: «Esta es mi persona que se entrega por vosotros.» Y cuando dice «ésta es mi Sangre», es decir, mi vida derramada por vosotros, denota la vida de Cristo que se ofrece, pero connota su propia vida que se dispone a gastarse cada día por los suyos.

 

Esto sucede en cada Eucaristía si los poros de nuestra fe y de nuestro amor están abiertos para vivir lo que está aconteciendo. Cuando nos abrimos a esta dinámica, que se despliega y se actualiza en la celebración, la Eucaristía nos va "tallando y modelando" a imagen del Buen Pastor. Benedicto XVI nos recomienda la celebración cotidiana de la Eucaristía, en consonancia ante todo con el valor objetivamente infinito de cada eucaristía; y (...) además (...) motivado por su singular eficacia espiritual (...) promueve la conformación con Cristo y consolida al sacerdote en su vocación" (Sacramentum Caritatis 80).

 
c)      La fuente inmediata la caridad pastoral es el ejercicio mismo de nuestro ministerio. "… desempeñando el oficio de buen pastor, en el mismo ejercicio de la caridad pastoral hallarán el vínculo de la perfección sacerdotal que reduzca a unidad su vida y acción " (PO 14). "La vida espiritual del sacerdote se desarrolla a través de su ministerio" (PDV 25). Según Pastores Davo Vobis la caridad pastoral caracteriza, plasma y define la vida del sacerdote (21, 2), anima y vivifica aI sacerdote para que siga fielmente a Cristo (27, 1), lo conforta y anima en el ministerio (15, 5 y 23), garantiza la unidad de vida y acción (23 y 72), es principio y fuerza del ministerio del presbítero (57, 6), anima y sostiene los esfuerzos humanos del sacerdote para que su actividad pastoral sea actual, creíble y eficaz (72), es fuente del servicio y don de sí mismo que el sacerdote hace en el ministerio (24).

 

En consecuencia, "la tesis" que sostenía y sostiene, que la oración une a Dios, pero que la acción aleja de Dios; que la oración capitaliza pero que la acción descapitaliza; que la oración recoge, y la acción disipa; que la oración carga baterías, pero que la acción las descarga, no puede sostenerse a la luz, no sólo del Concilio Vaticano II, sino de la más genuina tradición de la Iglesia. El ejercicio del ministerio no es obstáculo sino alimento; y no un alimento adicional, sino fundamental. Un presbiterio que no ha resuelto el  problema de su vida espiritual mientras no haya aprendido a recibir de toda la realidad del mismo ministerio motivos, estímulos, vivencias y contenidos permanentes para su espiritualidad. Eso sí, capítulo muy importante, del ejercicio mismo del ministerio del presbítero son la oración litúrgica sacramental, la Liturgia de las Horas, la oración comunitaria con los grupos, los Ejercicios, la Lectio etc.

 

5. Dos dimensiones constitutivas, o rasgos preeminentes, de la caridad pastoral que hunden sus raíces en la más honda tradición bíblica: La Ternura y la Fidelidad.

 

a. La Ternura se expresa en una "familiaridad", un afecto por el rebaño. El buen pastor conoce a sus ovejas y sus ovejas le conocen Él y da su vida por ellas” El amor pastoral del presbítero ha de estar ungido de este carácter afectivo, familiar. Jacques Leclergc decía: «un cura es un hombre que ha puesto su corazón allí donde está su obra». Podríamos decir nosotros: "un cura es un hombre que ha puesto su corazón allí donde esta su comunidad", la que se le ha encomendado. Allí invierte toda su capacidad de amar como pastor. Conoce a sus fieles no a vista de pájaro, trata de conocerles personalmente en la medida de sus posibilidades, los acoge, les dedica tiempo y acompaña hasta ver "a Cristo formado en ustedes" (Ga 4, 19. Cf. PDV 22)

 

La Ternura al encontrarse con la pobreza, con el sufrimiento, con la enfermedad, con la miseria moral y espiritual, con la esclavitud del pecado se expresa como misericordia. Las entrañas de misericordia son uno de los rasgos capitales de la figura del Padre. La caridad pastoral es amor que se estremece desde las entrañas ante la miseria y el dolor. La misericordia es una característica tan singular para el presbítero que se encuentra en su vida con tantos lugares humanos en los que el pecado, el dolor, la miseria, la esclavitud, el sufrimiento tienen su hueco. Es un amor que se conmueve ante los "que nos son confiados de modo especial" (PDV 30).

Hay una caricatura de este amor afectivo o familiar que es la actitud el “funcionario”, el asalariado del Evangelio, que separa su vida privada de su vida profesional, que te dice «no me cuente usted su vida, se acabó el plazo para la solicitud". El cura buen pastor no dedica "unas horas a la parroquia", no está "unos ratitos en ella", "no está pensando en otro destino". Además, al amor afectivo y misericordioso del pastor se contraponen la intransigencia y la intolerancia que no conocen la compasión, componente necesario de la misericordia. El corazón célibe del buen pastor dice: ¡Ustedes necesitan de todo mi amor, de toda mi entrega!

 

b. La  fidelidad. Significa constancia y estabilidad en el amor. La caridad pastoral es un amor fiel que nos vincula a la comunidad y despierta en nosotros un fuerte sentimiento de pertenecer a ella. Quien así está arraigado en su comunidad no está "en comisión de servicios". Vive con la comunidad un amor "esponsal", un amor fiel como es el amor de Dios. Si la ternura brinda entrañas, la fidelidad confiere solidez, estabilidad. El amor fiel no está sometido a los vaivenes del afecto. Su punto de referencia no reside en el estado afectivo del sacerdote (cómo estoy yo, como me siento yo, si estoy satisfecho... ) sino en las necesidades de la comunidad, y en el compromiso que ante Jesucristo y ante la Iglesia he contraído con ella. Precisamente por esta inmunidad frente a las oscilaciones del afecto es un amor equilibrado: al abrigo de los grandes entusiasmos y de las grandes decepciones. Sabe soportar sin descomponerse la prueba de incomprensión y de la desafección pasajera por parte de quien sea, incluso de la misma comunidad. Si esta se diera no huye de los suyos. Porque el estímulo fundamental de su amor no es la correspondencia directa y concreta de esta comunidad en la que estoy (mejor que se de). El amor fiel del pastor es un amor «asimétrico», que sigue ofreciéndose al margen de la aceptación recibida, es ofrenda gratuita.

 

Contradice la fidelidad un ministerio ejercido sin empeño real por la atención y el servicio a los encomendados. O cuando mi mente está centrada en «me voy unos días aquí y otros allá. Al fin y al cabo... ». Tampoco es inventarse "servicios pastorales" que no me han encomendado porque me resulta más gratificante.... El cura sabe que es serio el encargo recibido y es consciente de que a la comunidad encomendada le pertenece todo su amor. No se permite devaneos ni alternancias en ese servicio.

 

 

6. Actitudes derivadas de la caridad pastoral.

 

a. La abnegación. “El amor del Buen Pastor les impulsa a dar su vida por las ovejas, dispuestos aún al sacrificio supremo, a ejemplo de los sacerdotes que incluso en nuestros días no se negaron a entregar su vida” (PO 13). El amor abnegado soporta con fortaleza la dificultad, el sacrificio, el sufrimiento inherentes al servicio pastoral, porque sabe que el misterio pascual en su dimensión de cruz es propio de toda realidad cristiana honda, y el ministerio lo es. Estas negatividades no retraen al sacerdote de seguir sirviendo; no generan en él ni amargura, ni sentimiento de saturación (` ya me basta, ya estoy harto ..."). Como el viento que, lejos de apagar un incendio fuerte, lo vigoriza, la dificultad, lejos de debilitar el amor pastoral lo fortalece. Así sucede en todos los amores sólidos: el conyugal, el amical, el parental... Así sucede también en el amor pastoral. Este amor teñido de abnegación conoce bien el dicho de San Agustín: «Apacienta mis ovejas significa sufre por mis ovejas”.


b. La esperanza pastoral. “En su calidad de educadores de la fe, los presbíteros mantienen una firme esperanza respecto a los fieles" (PO 13). El que ama espera no sólo en Dios, que es el término primordial de nuestra esperanza, sino también en su comunidad: en la inmediata a la que sirvo, en la intermedia que es mi diócesis, y en la mayor que es la Iglesia Universal.

 

Los diagnósticos sombríos y poco esperanzados que a veces emitimos respecto de nuestra comunidad nacen no sólo de las innegables lagunas objetivas que tiene toda comunidad pequeña, mediana y grande, sino de un déficit de nuestra caridad pastoral hacia ellas. Confiar en la gente es la mejor manera de despertar en ella lo mejor y adormecer lo peor.

 

c. La actitud consoladora y alentadora. Los presbíteros han de "consolar a aquellos que viven en cualquier apretura, alteándoles con el consuelo que Dios les da a ellos" (PO 13). Consolar y alentar son funciones connaturales del buen pastor.

El ánimo de la gente es un importante motor de su comportamiento. Por eso levantar el ánimo equivale a elevar y mejorar la calidad de su vida humana y cristiana. Levantar la moral de la gente, sobre todo, la de la gente machacada por tantas preocupaciones en la vida, en este panorama desesperanzado que vivimos, es tarea de la caridad pastoral.

Estar junto a las personas abatidas, visitar a la gente "averiada", consolar, animar, no es un apostolado rosa ni una actividad residual. Es la caridad que se vuelve servicio del aliento y del consuelo.

 

Es bueno, es necesario que los presbíteros incorporemos a nuestro trabajo la programación, la organización, la distribución de las tareas, la evaluación, la atención de los agentes de pastoral. Pero no sería bueno que margináramos de nuestra agenda la tarea de alentar y consolar.

 

d. La voluntad de crecimiento pastoral, de progresar como pastores en la acción pastoral. "Los sacerdotes progresan continuamente en la realización más perfecta de su tarea pastoral dispuestos, si es necesario, a emprender nuevos caminos pastorales guiados por el Espíritu de amor, que sopla donde quiere". El deseo de mejorar la calidad de nuestro servicio pastoral es también una actitud derivada de la caridad pastoral y un signo de la salud integral de un cura. Este deseo es el que nos impulsa a preparamos y a actualizarlos en los saberes teóricos y prácticos relativos a la actividad pastoral.

 

El mismo deseo nos hace receptivos ante iniciativas y propuestas de mejoramiento. Ante las iniciativas pastorales de la Diócesis, del Arciprestazgo, de los Planes Diocesanos de Pastoral, de la propia comunidad_ Nos hace capaces de ser críticos, incluso con aquellas metas y procedimientos pastorales que hemos adquirido o dominado con mucho esfuerzo y sobre los cuales tendemos a descansar plácidamente, rutinariamente. Siembra en nosotros una pacífica inquietud que nos impide sentarnos sobre nuestros propios logros y congelar nuestro crecimiento pastoral. Puede estar

suscitando en nosotros el paso de una pastoral de "mantenimiento", de "respuesta a lo que me piden" a una pastoral de propuesta creativa y misionera que sale al encuentro de indiferentes y alejados (Cf. PDV 28). La caridad pastoral "empuja y estimula al sacerdote a conocer cada vez mejor la situación real de los hombres a quienes ha sido enviado; a discernir la voz del espíritu en las circunstancias históricas en las que se encuentra; a buscar los métodos más adecuados y las formas más útiles para ejercer hoy su ministerio" (PDV 72, 8)

Es la caridad pastoral la que promueve la Formación Permanente, y alimenta toda iniciativa de mejoramiento compartiendo la historia de la propia

 

 

 

  1. La vida de Cristo es una manifestación ininterrumpida y diaria de "caridad pastoral" (PDV 22) que lleva a perfección con su total despojo exterior e interior en la cruz hasta el don total de sí mismo (PDV 30 y 65). En el se manifiesta de modo eminente el amor del Buen Pastor que da la vida por las ovejas (PDV 40).

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Publicados en HOJA DE DIFUSIÓN PARROQUIAL DE SNTA RITA DE CASIA DE PUNTA BRAVA Y DE SAN PABLO EN LAS DEHESAS - PUERTO DE LA CRUZ,  número 140.

ALQUNOS CONSEJOS PARA PONER EN PRÁCTICA

 

La hora, solo tiene 60 minutos, y el día 24 horas. Es cuestión, pues, de planificar el tiempo y no ir a lo que vaya saliendo. No se puede a cada momento estar improvisando. Ten una escala de valores y de prio­ridades, para despilfarrar a tontas y a ciegas un te­soro tan valioso como el tiempo. Piensa seriamente en ahora mismo ¿Tienes un plan de trabajo? ¿Tienes un honrado establecido? Pon de hora en hora qué estás haciendo. A veces nos agobiamos porque tenemos muchas cosas que hacer a la vez y nos quedamos parados y abrumados porque el trabajo nos desbor­da, tenemos tantas cosas entre manos y estamos tan desorganizados, que no nos rinde el tiempo. Es cuestión de sentarse a pensar, para poner cada cosa en su sitio. Hemos de llenar de amor cada momento de nuestra vida, que a la hora de planificarlo primero que pongas sean tus obligaciones particulares y eso llévalo puntualmente, poniendo en lugar especial un buen rato de oración concreto de tiempo, nunca menos de 15 minutos o media hora, no te vayas por las ramas, luego tu horario de trabajo con puntuali­dad. Por falta de organizarte, haces un montón de actividades desordenadas y parece que has hecho un montón de cosas y lo que has hecho es perder un montón de tiempo por no prever con anticipación lo que tienes que hacer en concreto. 

 

Dice el Señor, que "el que pone la mano en el arado y mira hacia atrás no es digno de El" por eso hemos de mirar hacia delante, que ayer metiste la pata, te equivocaste o cometiste una imprudencia o perju­dicaste a alguien por alguna decisión que tomaste. Reconoce con humildad que lo hiciste mal o que no lo pensaste bien, ni tuviste en cuenta las con-secuencias de una decisión tomada, quizá tomada un poco "a la ligera", sin pararte a pensar en los "pros y los contra". La cuestión es que lo que has hecho, hecho está y no puedes estar dándole vueltas y más vueltas a lo que ya no tiene salva­ción. Lo que tienes ahora que hacer es aprender de los errores, para no caer en los mismos otra vez y me temo que todavía cave la posibilidad de volverte a equivocar. Pero de todos modos no vale la pena mirar atrás para lamentarnos. Podríamos mirar atrás para aprender, para evitar caer en los mismos fallos. Has de ser humilde y aceptar la parte de penitencia que te toca soportar por culpa de tus imprudentes decisiones y pensar mejor las cosas antes de actuar y tomar el parecer de quien haya que tomarlo aunque seas tu, por razón del cargo, el que tenga la última palabra. Su vida siempre será un aprendizaje. A empezar de nuevo, pues, con nuevos bríos.

 

El trabajo santifica la vida, ocupa la imaginación y evita un montón de vicios. Dice el refrán que el ocioso, no necesita diablo que le tiente. El trabajo siempre ha ayudado a adquirir las virtudes. Dice el lema de los monjes benedictinos. "Ora y trabaja". Todos los Santos han sido muy activos y han estado muy ocupados. El trabajo aleja al demonio, que como el ladrón no se acerca sino durante el sueño. Qué fácil le queda al diablo tentar al perezoso, al que no sabe ni que hacer. Con el tiempo decía un Santo: Siempre ando buscando una multitud de ocupaciones para que mí cabeza no tenga tiempo de hacer imaginaciones, ni mi corazón se llene de tristeza. Busca siempre en qué tener ocupado tu tiempo. Evita, pues, la ociosidad que condene al pecado. El tiempo es la perla preciosa que el Señor ha puesto en nuestras manos para negociar. Aun-que el trabajo fue un castigo impuesto a nuestros primeros padres, haz del trabajo un canto de ala­banza a Dios. El trabajo endulza la vida. Lo que hace dura la vida no es el trabajo, ni siquiera el sufrimiento, es la no aceptación de ambos, y la rebeldía ante los problemas.

 

 Si tú procuras agradar a Dios en todo cuanto haces, está claro que agradarás a todo el mundo. Des­pués de hacer una confesión buena y seria, debes mantener delicado el estado de tu conciencia, y volver a la inocencia y sencillez que tenías en otros tiempos. iEs tan hermosa un alma en gracia! iQué feliz se siente toda la Santísima Trinidad cuando está habitando dentro del alma de una persona que no tenga pecados mortales! ¿Por qué, pues, vuel­ves a pecar? Ibas bien, ¿Por qué vuelves a las andadas? ¿Por qué te desanimas? Pide a Dios luz para que entiendas de verdad a lo que te arriesgas, cuando tan fácilmente sigues otra vez en el dicho-so pecado. Tu ya tienes experiencia y amarga, de las consecuencias del pecado. Igual como en otros tiempos a Eva, qué bonito lo pone todo el diablo antes de pecar. "Era apetitosa y atractiva aquella famosa manzana" comió y ¿Después qué? Tuvo que esconderse. Huir. Empezó a sentir vergüenza y se le vino abajo toda la felicidad que tenia. De verdad, que no vale la pena el pagar un precio tan grande, a cambio de un rato de placer corporal. iCómo se viene todo abajo!


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Publicados en la HOJA DE DIFUSION PARROQUIAL DE SANTA RITA DE CASIA DE PUNTA BRAVA
Y DE SAN PABLO APÓSTOL EN LAS DEHESAS - PUERTO DE LA CRUZ (AÑO 4 - N° 130       20 DE MAYO DE 2007)

 

EJEMPLOS QUE NOS AYUDAN, TRAMOS DE AQUÍ Y DE ALLÁ

 

San Clemente Hofbauer se aparece a su amigo Zacarías Werner


El célebre predicador de San Clemente Hofbauer (ti 820) tenía un amigo llamado Zacarías Werner, que de protes­tante se convirtió en católico y llegó a ser sacerdote. Un año y medio después de la muerte de San Clemente, sucedió el siguiente hecho: Apenas Zacarías había rezado las preces de la noche y metídose en cama, cuando su aposento se llenó de una luz como del día y pudo ver delante de él, de pie y con un ramo de palma, otro de olivo y un lirio en la mano, al difunto Clemente Hofbauer, que llamándole a si con un movimiento del rostro le dijo: «Ven, ven en seguida». Y al momento desapareció la visión. No fue difícil a Zacarías adivinar el significado, de ella. El domingo siguiente, que, era: el primero de Adviento de 1822, pre­dicando en la iglesia de las Ursulinas, refirió el hecho a los oyentes y declaró que no le quedaba mucho tiempo de vida, por habérselo así avisado San Clemente, añadiendo que no había sido un sueño, sino que la aparición se había desarrollado con aquella misma evidencia y naturalidad con que el estaba ante ellos y les hablaba. Siete semanas después había muerto Zacarías Werner (Haringer, Vida de San Clemente Hofbauer, Viena, 1877, pág. 439). La palma que Hofbauer tenía en la mano era un símbolo de su victoria sobre el mundo, el lirio significaba la inocencia de su vida, y el ramo de olivo su mansedumbre y caridad. De estas virtudes, estuvo lleno el santo en alto grado.

 

 Aparécele a Santa Francisca Romana un hijo suyo difunto

 

Santa: Francisca Romana (t1414) fue una mujer casada, cuyo hijo de nueve años, Juan Evangelista, murió de la peste el año 1411. Un año después de su muerte apareciósele  glo­rificado a su madre. Tenía a su lado a un mancebo vestido de blanco de la misma edad que él, pero mucho más hermoso. Estremeciese de pronto la madre, pero pronto se tranquilizó al acercársele su hijo y saludarla respetuosamente. Quiso ella abrazarle, pero no pudo, pues no tenía verdadero cuerpo. Preguntándole la madre en qué lugar se hallaba del otro mundo y en qué se ocupaba, contestó el niño: «No tengo más que hacer, sino contemplar, alabar y glorificar la infinita bondad de Dios; me encuentro en el segundo coro del cielo al lado de ese mancebo que ves aquí; él es mucho más hermoso que yo, porque se encuentra en un grado más elevado; él te ha sido enviado por Dios para consolarte en tu peregrinación terrena, para que te acompañe sin cesar y tú puedas verle presente día y noche. Yo he venido a buscar a mi hermanita Inés y llevarla a la dicha del cielo». Desapareció el muchacho, pero no el ángel al cual Santa Francisca Romana vio siempre a su lado. Su hija de cinco años Inés enfermó y murió a los pocos días. Estas apariciones de difuntos acontecen muy raras veces. Si el Señor favoreció con algunas de ellas a Santa Francisca Romana, fue por la misión especial que le había confiado.

 


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Artículo del Padre Antonio Hernández pueblicado en la HOJA DE DIFUSIÓN DE SANTA RITA DE CASIA DE PUNTA BRAVA Y DE SAN PABLO EN LAS DEHESAS - PUERTO DE LA CRUZ, número 130.


MI MADRE

 

Un nuevo día en el Planeta Tierra. Todo comienza a moverse; coches, motos, hombres y mujeres y la creación entera, trabajando en el engranaje de esta tremen­da maquinaria del mundo.

Hoy me he levantado pensando en mi madre, ¡Qué maravillosas son las ma­dres! Es el invento más hermoso que Dios ha realizado.

Gracias, Padre Dios por este invento, gracias por haber conocido a mi madre. Ya se marchó de este planeta; pero yo sé que está viva, que está en el cielo espe­rándome. Estás en todo, Padre Dios. Por eso la tarde en que ibas a morir nos rega­laste a tu propia Madre y te la llevaste al cielo contigo y allí la pusiste como Madre del universo. ¡Qué hermoso es saborear el nombre de Madre! iMadre! ¡Cuántos sufrimientos! ¡Cuantos dolores! ¡Cuántas preocupaciones! iCuántos desvelos! iCuán­tos recuerdos de una madre! ¡Cuántos consejos! Parece todavía oír a mi madre, dulce nombre de madre. Mi madre ha muerto; pero sigue viva. Las madres nunca mueren.

¡Dios mío! Gracias por la fe, porque por la fe la sigo viendo viva y porque es tan maravilloso tener madre tú nos hiciste el regalo de tu Madre. Una madre que no se muere, que sufre y llora para que no nos desviemos del buen camino.


Amigos, tenemos Madre en el cielo. iEl cielo! Vale la pena luchar. Qué im­porta el trabajo, el sufrimiento. Luego es el cielo. ¡Madre del cielo! iVirgencita de Candelaria! Ayúdanos a amarnos. Que en este lugar en que nos encontramos, lla­mado Planeta Tierra, nos sintamos, en verdad, hermanos. Trabajadores, voluntarios, ancianos: todos hijos de un mismo Padre y de una misma madre.


iMadre! dulce nombre de madre. Si todos en verdad somos hermanos, y estamos viviendo en un mismo hogar. ¿Por qué no nos queremos más? ¿Por qué no nos ayudamos los unos a los otros?. Hemos de ser comprensivos y tolerantes y aguantarnos.


Por eso en estos cuatro días que vivimos en este Planeta Tierra, ayudémonos. No despreciemos a nadie. Nada de burlas, ni de críticas. Nada de desprecios, ni desaires. Haz a los demás lo que tú quieras que te hagan a ti. Vamos a intentar de ser siempre delicados en el modo de tratar a los demás y los que tienen su cabeza bien ayuden a los que no la tienen tan bien. Hoy por ti y mañana por mi.

Cómo le duele a una madre ver a dos hijos que están peleados, o que no se hablan. Qué hermoso es estar unidos. Vale la pena luchar por la unión, por amarnos, sonreírnos, y tener siempre vivas las ganas de irnos al cielo, junto a nuestra Madre. Hagamos de este mundo un nido de amor, donde prime, por encima de todo, el respeto y la amistad.


Amigos todos, luchemos por conseguir un verdadero hogar lleno de amor. Todos los que habitamos este planeta somos personas humanas, todos nos mere­cemos el respeto. Nadie es más que nadie, todos somos iguales ante Dios; pero cada uno realizando la misión que le ha tocado. Nada es despreciable, ningún tra­bajo es bajo. Todo es cuestión de amor. Qué importa lo que se haga lo que en verdad importa es e! amor que se ponga en lo que se haga.


Sonríe, Dios te quiere. Levanta el ánimo. Ponle alegría a la vida. Piensa en los demás. Todos tienen derecho a que le sonrías.


Hoy me he levantado pensando en mi madre, quiero honrar a mi madre, que desde la otra parte de la eternidad esté orgullosa de su hijo. Que todos cuando te escuchen y vean cómo te comportas, piensen en tu madre, en que tienes una madre maravillosa que ya se juntó con la hermosa madre del cielo, a quien queremos con­sagrar este nuevo día.


Amigos míos, que la palabra hogar no sea el nombre de una institución sino un hogar de verdad. El padre de este hogar es Dios. La madre de este hogar es la Virgen. Nosotros en verdad somos hermanos. De aquí, al Hogar del Cielo, donde uno a uno iremos llegando. Tengamos pues, también un recuerdo para los que han vivido aquí en la Tierra con nosotros y ya están disfrutando en el cielo, sin dolor, ni sufrimientos. Que nuestros hermanos del cielo nos ayuden. Adelante amigos. Tene­mos madre.

Cuando mi madre en la Clínica de San Fernando iba a morir nos dijo: hijos míos, les espero en el cielo, vivan bien, cristianamente. ¡Madre! Tú que estás ya tan cerquita de Dios, échanos una mano para que pueda ir al cielo y no me eche a perder. No me corrompa. Sigue cuidando de tu hijo para que nos reunamos un día en el Cielo.


Yo he dicho muchas veces, que soy hijo de tres amores: El amor de Dios, el amor de mi padre y el amor de mi madre.

Una niña que leyó el escrito, me dijo: Padre Antonio, yo soy hija de dos amores, porque yo no se quién es mi padre de la tierra y, entonces le respondí, que todavía hay quién lo tiene peor, porque solo puede decir que es hija de un solo amor: Dios, pues, la madre abandonó a la recién nacida, hija, y no quiso saber nada más de ella.


De todos modos, cada uno debe amar a la madre que un día le llevo nueve meses en su seno y tuvo el coraje de respetar nuestra vida y dejarnos nacer. Está claro que de los tres posibles amores, el que no se pone en tela de juicio es el amor de Dios.


Si hemos sido llamados a vivir en el Planeta Tierra, procedente del Cielo, es porque expresamente Dios nos quiere y nos tiene preparados un bendito lugar en la casa de Padre Dios. Dios me quiere. Dios te quiere. Esta es una verdad absolu­tamente auténtica. Y somos, por encima de todo, hijos de Dios.


Visto desde Dios, nadie ha venido a este planeta ni por casualidad, ni por equivocación, ni por penaltis. Ha venido porque Dios ha querido. Para Dios somos cada uno, seres únicos, e igualmente importantes, y venimos al seno de nuestra madre, cargados de amor, porque el origen de nuestra alma es la divinidad y Dios es amor. Luego al contacto con los habitantes del planeta tierra, este amor se va contaminando, y bastante de las veces, se convierte el amor en odio y envidia.


¡Qué horrible! Que unos seres, como somos todos los hombres, creados por amor y para amar, nos contaminemos en fuente de odio, de rencor, de soberbia, de lujuria y de ira. Sabiendo que nuestro destine final es el cielo porque no cumplimos el tiempo que nos toca vivir en este planeta, para hacer el bien, para amar sin fron­teras y a «fondo perdido», sin esperar, ni siquiera correspondencia. Cada uno viene a este mundo con una misión concreta a realizar. Diríamos que cada uno viene con el proyecto debajo del brazo. Todos somos importantes para Dios y nadie es huér­fano. Tenemos una madre en el Cielo, que está preocupada en cada minuto de cada día, de todos y cada uno de todos los seres humanos que poblamos este planeta.


No esperemos a que nos amen. Amemos. No esperamos que nos ofrezcan o acepten la amistad. Lleva siempre la mochila a cuestas repleta de amistad y repár­tela a mansalva. Sé tu amigo de los demás. Eso está en tus manos.


Antonio María Hernández y Hernández

 


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Lunes, 24 de marzo de 2008

El obispo de Tenerife manifestó ayer, durante la homilía del Solemne Pontifical, que "la comunidad cristiana es la manifestación visible de Cristo Resucitado". Álvarez invitó a los presentes a reflexionar sobre el milagro de la resurrección y dio gracias a Dios por la fe del pueblo y su trabajo durante la Semana Santa.

(EL DÍA, 24-III-08, S/C Tenerife) "La comunidad cristiana es la manifestación visible de Cristo Resucitado". Así se expresó ayer el obispo de Tenerife, Bernardo Álvarez, durante la homilía del Solemne Pontifical que presidió en la Iglesia Matriz de la Concepción de La Laguna, sede catedralicia. "Hoy es Domingo de Resurrección" -enfatizó el prelado nivariense- "como San Pablo hace casi dos mil años, también nosotros, con inmensa alegría y paz, conmemoramos, proclamamos y transmitimos lo que hemos recibido: que Cristo ha resucitado; que Él es el Señor, el dueño de la Vida y la Historia".

El obispo hizo un reiterado e insistente llamamiento a la uni-dad: "No podemos -dijo- felicitarnos si estamos divididos, enfrentados".

En un templo de La Concepción lleno de fieles, y especialmente engalanado para el día más solemne para los cristianos, Álvarez invitó a los presentes a reflexionar sobre el milagro de la resurrección, que no es otro que "nuestro yo, nuestro individualismo, se convierte en el Yo de Cristo, y es que el yo se transforma en nosotros. Por ello, los cristianos oramos diciendo Padre Nuestro, venga tu Reino, y lo hacemos llevando en el corazón el mundo entero, y sentimos que cualquier persona es un hermano, alguien que me pertenece y a quien yo también pertenezco. ¡Ése es el gran milagro de la Resurrección! Un sólo Señor, una sola fe, un sólo Dios Padre, una sola y gran familia".

En este sentido, Bernardo Álvarez tuvo unas palabras para los inmigrantes, invitando a los católicos a no sólo atenderlos, sino a acogerlos e integrarlos, especialmente en las parroquias. Que los inmigrantes sientan, indicó, "cuando llegan a nuestras Islas que están en casa, ya que nuestras parroquias son católicas, es decir, abiertas a todos y al mundo; hogar para todos y cada uno".

"Nos felicitamos", prosiguió el obispo, porque Jesús "con su muerte y resurrección es quien ha hecho posible que seamos una sola familia; que el mal sea vencido a fuerza de bien". Por ello, enfatizó, "seremos aparición de Cristo resucitado si somos testigos de su amor, testigos de paz, testigos y trabajadores por la justicia". Para finalizar, Bernardo Álvarez recordó las palabras del libro del Apocalipsis, escrito en una situación de tribulación y dificultades: "No temas, soy yo, el que vive, estaba muerto pero, ya ves, sigo vivo".

Al finalizar la eucaristía el obispo dio gracias a Dios por la fe del pueblo y por todos los que, con su trabajo, hacen posible la Semana Santa para, a continuación, impartir la bendición papal. Tras ella, salió en breve procesión en las andas del Corpus, el Santísimo, el Señor Resucitado.


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Segunda parte de arículo publicado en la revista Iglesia Nivariense" de la diócesis de Tenerife, perteneciente a ENERO 2008,  Número 60.

EL COMPROMISO MATRIMONIAL (y II)

 

Fue en la primera parte de este artículo, publicada en la revista de diciembre, prometí comentar los "primeros principios" que según A. H. Chapman - son vitales a la hora de asumir el compromiso matrimonial, principios fundamentales a la hora de querer casarse y formar una familia.


Y leyendo el Evangelio de Mateo 7, 4 -27, nos relata a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca y que, pese a las lluvias, inundaciones y vientos que la azotaron, no se hundió precisamente por estar cimentada sobre roca.


No así como el hombre necio que edificó sobre arena y por ello su casa se hundió totalmente.

Someramente, en ese afán de edificar nuestro matri­monio v familia sobre roca, comentaré los "primeros principios" en que apoyarnos.

 

1. COMPROMISO DE VIVIR, JUNTOS EN AFEC­TUOSA ARMONIA

 

Este compromiso que es obvio muchos cónyuges no lo tienen en cuenta. No ven más allá del capricho del momento, la intoxicación sexual y lo divertido de la huta de miel. Cuando empieza lo cotidiano (cambiar pañales. organizar la economía familiar, compartir las cosas), las incomodidades y exasperaciones que ello implica irrita en extremo.


Y es que enamorarse de tuca persona y disfrutar una luna de miel son cosas muy agradables y atractivas, pero una relación afectuosa y armónica requiere una cadena de duros esfuerzos, flexibilidad y tolerancia reciproca a la cual pueden no estar dispuestos.


Por eso el sacerdote no pregunta si están locamente enamorados, sino si están dispuestos a "airarse, a hon­rarse y a respetarse toda su vida". Un SI que dan ambos no solo para una fiesta y una luna de miel, sino que implica la lucha diaria para que su convivencia sea para ambos no solo tolerable, sino agradable; no solo agrada­ble sino enriquecedora.


Comprendo —yo al menos— que este principio sea el primero.

 

2. COMPROMISO DE MANTENER UNA RELA­CION SEXUAL SANA ENTRE AMBOS Y CION NADIE MÁS

 

Dicho de otra forma, a mantener entre los dos una relación fiel, exclusiva y sana.

El hecho de que muchos de los futuros contrayen­tes hayan tenido una sucesión ale relaciones sexuales antes del matrimonio complica las cosas. Porque el com­promiso de limitarse en lo sucesivo a una sola persona implica un notable cambio de estilo de vida, no imposible pero sí difícil. Además, como los que han de someterse a este cambio son los dos. el porcentaje de posibilidades de fracaso en este punto se duplica.

 

3. COMPROMISO DE FORMAR UNA UNION ECONÓMICA

 

Después de satisfacer las necesidades básicas comunes (vivienda, salud, alimentación, vestido, impuestos) la pareja debe establecer acuerdos sobre lo que puede gastar cada uno en otras cosas. Cada uno ten­drá que asegurarse de que sus propios gastos no se exce­dan y ofendan al otro. Cuando este acuerdo no se hace o criando se hace y no se cumple, vendrán a fin de ores peleas y mutuos reproches por los gastos realizados. La austeridad (diferente de la tacañería) y la generosidad (diferente del despilfarro) son dos virtudes que ambos han de practicar para lograr una armónica gestión de la economía hogareña.

 

4. COMPROMISO DE VIVIR CON LOS HIJOS

 

La relación con los hijos aporta [Huchas satisfacciones a la pareja. pero también implica mantener con ellos unas relaciones complicadas, enojosas y prolongadas. Cuando los hijos entran en escena, la relación entre los esposos se vuelve más intrincada, y si a esto se le agrega la presencia de hijos provenientes de anteriores uniones de uno o ambos cónyuges. la cosa se complica todavía más.

Los hijos son de los dos y ambos tienen que ver igualmente con ellos, v la pareja ha de ser consciente de que va a exigirles cambios y adaptaciones que van a per-turbar la comodidad de ambos.

 

5. COMPROMISO DE ACTUAR EN SOCIEDAD COMO UNA PAREJA CASADA

 

Esto significa que ambos deben presentarse ante parientes y conocidos y ante el público en general, como personas unirlas por un lazo especial, exclusivo. Ya no son solo novios o amigos. Son esposos ahora y ambos deben evitar todos aquellos comportamientos que puedan ofender al otro, respetar las exigencias de la fidelidad conyugal.

Tal vez sea necesario revisar las relaciones socia-les que se tenían antes ale casarse. Con frecuencia las amistades de solteros no convienen como amistades de casados.

Hay que respetar las sanas costumbres que estable­cen las fronteras entre solteros y casados.

 

6. COMPROMISO DE DAR PREFERENCIA AI CÓN­YUGE POR ENCIMA DE TODA OTRA PERSONA

 

El esposo debe estar más atento a las necesidades y a los sentimientos de su esposa que a los de su propia madre o de su jefe. La mujer debe conceder mucha mayor prioridad a las necesidades v sentimientos de su marido que a los de sus queridos padres y hermanos.

Las relaciones con los hijos deben tener una especial prioridad frente a las otras relaciones, pero no deben sobre-pasar la prioridad que se deben los esposos entre si.

Ambos esposos tienen que ser igualmente cuidado­sos ele que sus propios parientes (en especial sus queri­dísimos padres) no se metan como una cuña entre los dos, de forma que cada atto sea responsable de ponerlos en su puesto. En realidad, el peligro proviene más de la pareja inmadura que de la suegra/o entrometida/o.

 

7.- COMPROMISO DE MANTENER ENTRE LOS DOS UNA INTIMA COMUNICACIÓN QUI? INCLUYA IDEAS, SENTIMIENTOS YACTITUDES.

 

La comunicación es fundamental en el matrimonio. Sin ella no se mantiene la vida de la pareja. La pareja necesita destinar tiempo y crear ambiente propicio para
mantener esta comunicación, aislándose ele personas y situaciones que los distraigan (televisión, teléfono, etc). Un alto porcentaje de problemas matrimoniales se solu­cionarían adecuada y oportunamente sin necesidad de llegar hasta el psicólogo o psiquiatra, si ambos esposos se dedicaran a desarrollar su capacidad de conversar y dialogar juntos.

 

8. COMPROMISO DF, MUTUA AYUDA EN 'I'ODAS LAS FORMAS POSIBLES

 

En la alegría, en la adversidad, en el dolor, en salud y enfermedad, en pobreza y en prosperidad. En la voluntad creadora de Dios, varón y mujer han sido creados para ser mutua ayuda y compañía. Cada uno debe ser para el otro la persona con quién pueda contar siempre en las necesi­dades, la primera a quién habrá de llamar para compartir las penas v las alegrías.

Cuando este compromiso de rompe, así sea en pequeñas cosas, la soledad invadirá a la pareja y se arriesga a dar lugar a intervenciones de extraños, tal vez necesarias pero con frecuencia dañinas para el matrimonio.

 

9. COMPROMISO DE PASAR MUCHO TIEMPO EN MUTUA COMPAÑÍA

 

Hay parejas que durante el noviazgo y primer tiempo de matrimonio pasaban mucho tiempo juntos, pero después permiten que el trabajo, la televisión y las relaciones sociales invadan el tiempo ele la pareja y al final se miran como extraños. Si hicieran un recuento de las horas semanales que pasan juntos, se darían cuenta de que él pasa en la oficina más tiempo con su secretaria que con su esposa, y ella está más tiempo con sus amigas, parientes o sus compañeros de trabajo que con su marido.

Las parejas que de verdad, por razones independien­tes de su voluntad (como condiciones de trabajo de los dos o de uno), necesitan ingeniarse para aprovechar el tiempo juntos al máximo. De lo contrario se generaría una situación de abandono afectivo, ele pésimas conse­cuencias

 

10. COMPROMISO DE FORMAR JUNTOS UNA REIACION QUE DURE INDEFINIDAMENTE

 

Para los esposos cristianos significa el compro­miso de indisolubilidad, de empeñarse en una rela­ción que nada ni nadie pueda romper: "lo que Dios ha unido, que nadie lo separe". Es empeñarse en que la" relación dure.


La oración de Sara, la noche de su boda con Tobías, refleja el anhelo de los que verdaderamente se aman: "Señor, concédenos que los dos lleguemos juntos a la vejez". Y no solo es un anhelo, sino también un programa de vida.


"Primeros principios" necesarios para edificar nuestro matrimonio, nuestra familia sobre roca. Oportu­nidad que tanto novios como casados tenemos a nuestro alcance. Dialogando y reflexionando sobre estos diez puntos, podencos enriquecernos y crecer en nuestra vida matrimonial, y también ocasión para descubrir la riqueza que el matrimonio encierra. al tiempo que nos ayuda a descubrir sus exigencias.


Nuestra felicidad, nuestro matrimonio, muestra fami­lia bien lo merecen.

 


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Homilía que pronunció Benedicto XVI en la Vigilia de la Noche de Pascua, 23 de Marzo de 2008.

 

Queridos hermanos y hermanas:

En su discurso de despedida, Jesús anunció a los discípulos su inminente muerte y resurrección con una frase misteriosa: "Me voy y vuelvo a vuestro lado" (Jn 14,28). Morir es partir. Aunque el cuerpo del difunto aún permanece, él personalmente se marchó hacia lo desconocido y nosotros no podemos seguirlo (cf. Jn 13,36). Pero en el caso de Jesús existe una novedad única que cambia el mundo. En nuestra muerte el partir es una cosa definitiva, no hay retorno. Jesús, en cambio, dice de su muerte: "Me voy y vuelvo a vuestro lado". Justamente en su irse, él regresa. Su marcha inaugura un modo totalmente nuevo y más grande de su presencia. Con su muerte entra en el amor del Padre. Su muerte es un acto de amor. Ahora bien, el amor es inmortal. Por este motivo su partida se transforma en un retorno, en una forma de presencia que llega hasta lo más profundo y no acaba nunca. En su vida terrena Jesús, como todos nosotros, estaba sujeto a las condiciones externas de la existencia corpórea: a un determinado lugar y a un determinado tiempo. La corporeidad pone límites a nuestra existencia. No podemos estar contemporáneamente en dos lugares diferentes. Nuestro tiempo está destinado a acabarse. Entre el yo y el tú está el muro de la alteridad. Ciertamente, amando podemos entrar, de algún modo, en la existencia del otro. Queda, sin embargo, la barrera infranqueable del ser diversos. Jesús, en cambio, que a través del amor ha sido transformado totalmente, está libre de tales barreras y límites. Es capaz de atravesar no sólo las puertas exteriores cerradas, como nos narran los Evangelios (cf. Jn 20, 19). Puede atravesar la puerta interior entre el yo y el tú, la puerta cerrada entre el ayer y el hoy, entre el pasado y el porvenir. Cuando, en el día de su entrada solemne en Jerusalén, un grupo de griegos pidió verlo, Jesús contestó con la parábola del grano de trigo que, para dar mucho fruto, tiene que morir. Con eso predijo su propio destino: no se limitó simplemente a hablar unos minutos con este o aquel griego. A través de su Cruz, de su partida, de su muerte como el grano de trigo, llegaría realmente a los griegos, de modo que ellos pudieran verlo y tocarlo en la fe. Su partida se convierte en un venir en el modo universal de la presencia del Resucitado, en el cual Él está presente ayer, hoy y siempre; en el cual abraza todos los tiempos y todos los lugares. Ahora puede superar también el muro de la alteridad que separa el yo del tú. Esto sucedió con Pablo, quien describe el proceso de su conversión y Bautismo con las palabras: "vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí" (Ga 2, 20). Mediante la llegada del Resucitado, Pablo ha obtenido una identidad nueva. Su yo cerrado se ha abierto. Ahora vive en comunión con Jesucristo, en el gran yo de los creyentes que se han convertido -como él define- en "uno en Cristo" (Ga 3, 28).


Queridos amigos, se pone así de manifiesto, que las palabras misteriosas de Jesús en el Cenáculo ahora -mediante el Bautismo- se hacen de nuevo presentes para vosotros. Por el Bautismo el Señor entra en vuestra vida por la puerta de vuestro corazón. Nosotros no estamos ya uno junto al otro o uno contra el otro. Él atraviesa todas estas puertas. Ésta es la realidad del Bautismo: Él, el Resucitado, viene, viene a vosotros y une su vida a la vuestra, introduciéndoos en el fuego vivo de su amor. Formáis una unidad, sí, una sola cosa con Él, y de este modo una sola cosa entre vosotros. En un primer momento esto puede parecer muy teórico y poco realista. Pero cuanto más viváis la vida de bautizados, tanto más podréis experimentar la verdad de esta palabra. Las personas bautizadas y creyentes no son nunca realmente ajenas las unas para las otras. Pueden separarnos continentes, culturas, estructuras sociales o también acontecimientos históricos. Pero cuando nos encontramos nos conocemos en el mismo Señor, en la misma fe, en la misma esperanza, en el mismo amor, que nos conforman. Entonces experimentamos que el fundamento de nuestras vidas es el mismo. Experimentamos que en lo más profundo de nosotros mismos estamos enraizados en la misma identidad, a partir de la cual todas las diversidades exteriores, por más grandes que sean, resultan secundarias. Los creyentes no son nunca totalmente extraños el uno para el otro. Estamos en comunión a causa de nuestra identidad más profunda: Cristo en nosotros. Así la fe es una fuerza de paz y reconciliación en el mundo: la lejanía ha sido superada, estamos unidos en el Señor (cf. Ef 2, 13).


Esta naturaleza íntima del Bautismo, como don de una nueva identidad, está representada por la Iglesia en el Sacramento a través de elementos sensibles. El elemento fundamental del Bautismo es el agua; junto a ella está, en segundo lugar, la luz que, en la Liturgia de la Vigilia Pascual, destaca con gran eficacia. Echemos solamente una mirada a estos dos elementos. En el último capítulo de la Carta a los Hebreos se encuentra una afirmación sobre Cristo, en la que el agua no aparece directamente, pero que, por su relación con el Antiguo Testamento, deja sin embargo traslucir el misterio del agua y su sentido simbólico. Allí se lee: "El Dios de la paz, hizo subir de entre los muertos al gran pastor de las ovejas, nuestro Señor Jesús, en virtud de la sangre de la alianza eterna" (cf. 13, 20). En esta frase resuena una palabra del Libro de Isaías, en la que Moisés es calificado como el pastor que el Señor ha hecho salir del agua, del mar (cf. 63, 11). Jesús aparece como el nuevo y definitivo Pastor que lleva a cabo lo que Moisés hizo: nos saca de las aguas letales del mar, de las aguas de la muerte. En este contexto podemos recordar que Moisés fue colocado por su madre en una cesta en el Nilo. Luego, por providencia divina, fue sacado de las aguas, llevado de la muerte a la vida, y así -salvado él mismo de las aguas de la muerte- pudo conducir a los demás haciéndolos pasar a través del mar de la muerte. Jesús ha descendido por nosotros a las aguas oscuras de la muerte. Pero en virtud de su sangre, nos dice la Carta a los Hebreos, ha sido arrancado de la muerte: su amor se ha unido al del Padre y así desde la profundidad de la muerte ha podido subir a la vida. Ahora nos eleva de la muerte a la vida verdadera. Sí, esto es lo que ocurre en el Bautismo: Él nos atrae hacía sí, nos atrae a la vida verdadera. Nos conduce por el mar de la historia a menudo tan oscuro, en cuyas confusiones y peligros corremos el riesgo de hundirnos frecuentemente. En el Bautismo nos toma como de la mano, nos conduce por el camino que atraviesa el Mar Rojo de este tiempo y nos introduce en la vida eterna, en aquella verdadera y justa. ¡Apretemos su mano! Pase lo que pase, ¡no soltemos su mano! De este modo caminamos sobre la senda que conduce a la vida.


En segundo lugar está el símbolo de la luz y del fuego. Gregorio de Tours narra la costumbre, que se ha mantenido durante mucho tiempo en ciertas partes, de encender el fuego para la celebración de la Vigilia Pascual directamente con el sol a través de un cristal: se recibía, por así decir, la luz y el fuego nuevamente del cielo para encender luego todas las luces y fuegos del año. Esto es un símbolo de lo que celebramos en la Vigilia Pascual. Con la radicalidad de su amor, en el que el corazón de Dios y el corazón del hombre se han entrelazado, Jesucristo ha tomado verdaderamente la luz del cielo y la ha traído a la tierra -la luz de la verdad y el fuego del amor que transforma el ser del hombre. Él ha traído la luz, y ahora sabemos quién es Dios y cómo es Dios. Así también sabemos cómo están las cosas respecto al hombre; qué somos y para qué existimos. Ser bautizados significa que el fuego de esta luz ha penetrado hasta lo más íntimo de nosotros mismos. Por esto, en la Iglesia antigua se llamaba también al Bautismo el Sacramento de la iluminación: la luz de Dios entra en nosotros; así nos convertimos nosotros mismos en hijos de la luz. No queremos dejar que se apague esta luz de la verdad que nos indica el camino. Queremos preservarla de todas las fuerzas que pretenden extinguirla para arrojarnos en la oscuridad sobre Dios y sobre nosotros mismos. La oscuridad, de vez en cuando, puede parecer cómoda. Puedo esconderme y pasar mi vida durmiendo. Pero nosotros no hemos sido llamados a las tinieblas, sino a la luz. En las promesas bautismales encendemos, por así decir, nuevamente, año tras año esta luz: sí, creo que el mundo y mi vida no provienen del azar, sino de la Razón eterna y del Amor eterno; han sido creados por Dios omnipotente. Sí, creo que en Jesucristo, en su encarnación, en su cruz y resurrección se ha manifestado el Rostro de Dios; que en Él Dios está presente entre nosotros, nos une y nos conduce hacia nuestra meta, hacia el Amor eterno. Sí, creo que el Espíritu Santo nos da la Palabra verdadera e ilumina nuestro corazón; creo que en la comunión de la Iglesia nos convertimos todos en un solo Cuerpo con el Señor y así caminamos hacia la resurrección y la vida eterna. El Señor nos ha dado la luz de la verdad. Esta luz es también al mismo tiempo fuego, fuerza de Dios, una fuerza que no destruye, sino que quiere transformar nuestros corazones, para que nosotros seamos realmente hombres de Dios y para que su paz actúe en este mundo.


En la Iglesia antigua existía la costumbre de que el Obispo o el sacerdote después de la homilía exhortara a los creyentes exclamando: "Conversi ad Dominum" -volveos ahora hacia el Señor. Eso significaba ante todo que ellos se volvían hacia el Este -en la dirección del sol naciente como señal del retorno de Cristo, a cuyo encuentro vamos en la celebración de la Eucaristía. Donde, por alguna razón, eso no era posible, dirigían su mirada a la imagen de Cristo en el ábside o a la Cruz, para orientarse interiormente hacia el Señor. Porque, en definitiva, se trataba de este hecho interior: de la conversio, de dirigir nuestra alma hacia Jesucristo y, de ese modo, hacia el Dios viviente, hacia la luz verdadera. A esto se unía también otra exclamación que aún hoy, antes del Canon, se dirige a la comunidad creyente: "Sursum corda" -levantemos el corazón, fuera de la maraña de todas nuestras preocupaciones, de nuestros deseos, de nuestras angustias, de nuestra distracción- levantad vuestros corazones, vuestra interioridad. Con ambas exclamaciones se nos exhorta de alguna manera a renovar nuestro Bautismo: Conversi ad Dominum -siempre debemos apartarnos de los caminos equivocados, en los que tan a menudo nos movemos con nuestro pensamiento y obras. Siempre tenemos que dirigirnos a Él, que es el Camino, la Verdad y la Vida. Siempre hemos de ser "convertidos", dirigir toda la vida a Dios. Y siempre tenemos que dejar que nuestro corazón sea sustraído de la fuerza de gravedad, que lo atrae hacia abajo, y levantarlo interiormente hacia lo alto: en la verdad y el amor. En esta hora damos gracias al Señor, porque en virtud de la fuerza de su palabra y de los santos Sacramentos nos indica el itinerario justo y atrae hacia lo alto nuestro corazón. Y lo pedimos así: Sí, Señor, haz que nos convirtamos en personas pascuales, hombres y mujeres de la luz, colmados del fuego de tu amor. Amén.


[Traducción del original italiano distribuida por la Santa Sede

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Mensaje de Pascua que pronunció Benedicto XVI a mediodía del doningo de Resurrección, 23 de Marzo de 2008, en la plaza de San Pedro.

«He resucitado, estoy siempre contigo»

 

Resurrexi, et adhuc tecum sum. Alleluia! He resucitado, estoy siempre contigo. ¡Aleluya! Queridos hermanos y hermanas, Jesús, crucificado y resucitado, nos repite hoy este anuncio gozoso: es el anuncio pascual. Acojámoslo con íntimo asombro y gratitud.


"Resurrexi et adhuc tecum sum". "He resucitado y aún y siempre estoy contigo". Estas palabras, entresacadas de una antigua versión del Salmo 138 (v.18b), resuenan al comienzo de la Santa Misa de hoy. En ellas, al surgir el sol de la Pascua, la Iglesia reconoce la voz misma de Jesús que, resucitando de la muerte, colmado de felicidad y amor, se dirige al Padre y exclama: Padre mío, ¡heme aquí! He resucitado, todavía estoy contigo y lo estaré siempre; tu Espíritu no me ha abandonado nunca. Así también podemos comprender de modo nuevo otras expresiones del Salmo: "Si escalo al cielo, allí estás tú, si me acuesto en el abismo, allí te encuentro... Porque ni la tiniebla es oscura para ti, la noche es clara como el día; para ti las tinieblas son como luz" (Sal 138, 8.12). Es verdad: en la solemne vigilia de Pascua las tinieblas se convierten en luz, la noche cede el paso al día que no conoce ocaso. La muerte y resurrección del Verbo de Dios encarnado es un acontecimiento de amor insuperable, es la victoria del Amor que nos ha liberado de la esclavitud del pecado y de la muerte. Ha cambiado el curso de la historia, infundiendo un indeleble y renovado sentido y valor a la vida del hombre.


"He resucitado y estoy aún y siempre contigo". Estas palabras nos invitan a contemplar a Cristo resucitado, haciendo resonar en nuestro corazón su voz. Con su sacrificio redentor Jesús de Nazaret nos ha hecho hijos adoptivos de Dios, de modo que ahora podemos introducirnos también nosotros en el diálogo misterioso entre Él y el Padre. Viene a la mente lo que un día dijo a sus oyentes: "Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar" (Mt 11,27). En esta perspectiva, advertimos que la afirmación dirigida hoy por Jesús resucitado al Padre, - "Estoy aún y siempre contigo" - nos concierne también a nosotros, que somos hijos de Dios y coherederos con Cristo, si realmente participamos en sus sufrimientos para participar en su gloria (cf. Rm 8,17). Gracias a la muerte y resurrección de Cristo, también nosotros resucitamos hoy a la vida nueva, y uniendo nuestra voz a la suya proclamamos nuestro deseo de permanecer para siempre con Dios, nuestro Padre infinitamente bueno y misericordioso.


Entramos así en la profundidad del misterio pascual. El acontecimiento sorprendente de la resurrección de Jesús es esencialmente un acontecimiento de amor: amor del Padre que entrega al Hijo para la salvación del mundo; amor del Hijo que se abandona en la voluntad del Padre por todos nosotros; amor del Espíritu que resucita a Jesús de entre los muertos con su cuerpo transfigurado. Y todavía nás: amor del Padre que "vuelve a abrazar" al Hijo envolviéndolo en su gloria; amor del Hijo que con la fuerza del Espíritu vuelve al Padre revestido de nuestra humanidad transfigurada. Esta solemnidad, que nos hace revivir la experiencia absoluta y única de la resurrección de Jesús, es un llamamiento a convertirnos al Amor; una invitación a vivir rechazando el odio y el egoísmo y a seguir dócilmente las huellas del Cordero inmolado por nuestra salvación, a imitar al Redentor "manso y humilde de corazón", que es descanso para nuestras almas (cf. Mt 11,29).


Hermanas y hermanos cristianos de todos los rincones del mundo, hombres y mujeres de espíritu sinceramente abierto a la verdad: que nadie cierre el corazón a la omnipotencia de este amor redentor. Jesucristo ha muerto y resucitado por todos: ¡Él es nuestra esperanza! Esperanza verdadera para cada ser humano. Hoy, como hizo en Galilea con sus discípulos antes de volver al Padre, Jesús resucitado nos envía también a todas partes como testigos de su esperanza y nos garantiza: Yo estoy siempre con vosotros, todos los días, hasta el fin del mundo (cf. Mt 28,20). Fijando la mirada del alma en las llagas gloriosas de su cuerpo transfigurado, podemos entender el sentido y el valor del sufrimiento, podemos aliviar las múltiples heridas que siguen ensangrentando a la humanidad, también en nuestros días. En sus llagas gloriosas reconocemos los signos indelebles de la misericordia infinita del Dios del que habla al profeta: Él es quien cura las heridas de los corazones desgarrados, quien defiende a los débiles y proclama la libertad a los esclavos, quien consuela a todos los afligidos y ofrece su aceite de alegría en lugar del vestido de luto, un canto de alabanza en lugar de un corazón triste (cf. Is 61,1.2.3). Si nos acercamos a Él con humilde confianza, encontraremos en su mirada la respuesta al anhelo más profundo de nuestro corazón: conocer a Dios y entablar con Él una relación vital en una auténtica comunión de amor, que colme de su mismo amor nuestra existencia y nuestras relaciones interpersonales y sociales. Para esto la humanidad necesita a Cristo: en Él, nuestra esperanza, "fuimos salvados" (cf. Rm 8,24)


Cuántas veces las relaciones entre personas, grupos y pueblos, están marcadas por el egoísmo, la injusticia, el odio, la violencia, en vez de estarlo por el amor. Son las llagas de la humanidad, abiertas y dolientes en todos los rincones del planeta, aunque a veces ignoradas e intencionadamente escondidas; llagas que desgarran el alma y el cuerpo de innumerables hermanos y hermanas nuestros. Éstas esperan obtener alivio y ser curadas por las llagas gloriosas del Señor resucitado (cf. 1 P 2, 24-25) y por la solidaridad de cuantos, siguiendo sus huellas y en su nombre, realizan gestos de amor, se comprometen activamente en favor de la justicia y difunden en su alrededor signos luminosos de esperanza en los lugares ensangrentados por los conflictos y dondequiera que la dignidad de la persona humana continúe siendo denigrada y vulnerada. El anhelo es que precisamente allí se multipliquen los testimonios de benignidad y de perdón.


Queridos hermanos y hermanas, dejémonos iluminar por la luz deslumbrante de este Día solemne; abrámonos con sincera confianza a Cristo resucitado, para que la fuerza renovadora del Misterio pascual se manifieste en cada uno de nosotros, en nuestras familias y nuestros Países. Se manifieste en todas las partes del mundo. No podemos dejar de pensar en este momento, de modo particular, en algunas regiones africanas, como Dafur y Somalia, en el martirizado Oriente Medio, especialmente en Tierra Santa, en Irak, en Líbano y, finalmente, en Tibet, regiones para las cuales aliento la búsqueda de soluciones que salvaguarden el bien y la paz. Invoquemos la plenitud de los dones pascuales por intercesión de María que, tras haber compartido los sufrimientos de la Pasión y crucifixión de su Hijo inocente, ha experimentado también la alegría inefable de su resurrección. Que, al estar asociada a la gloria de Cristo, sea Ella quien nos proteja y nos guíe por el camino de la solidaridad fraterna y de la paz. Éstos son mis anhelos pascuales, que transmito a los que estáis aquí presentes y a los hombres y mujeres de cada nación y continente unidos con nosotros a través de la radio y de la televisión. ¡Feliz Pascua!


[Traducción del original italiano distribuida por la Santa Sede

© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana]


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 Aprecio por el acuerdo alcanzado entre la mayoría y la oposición e invitación a los responsables a hacerse cargo de los cientos de millares de refugiados provocados por la violencia reciente. Es la posición de la Comisión “Justicia y Paz” de la Conferencia Episcopal de Kenya, expresada en una declaración del 3 de marzo publicada por la Agencia Católica CISA de Nairobi.




(Traducción particular no oficial desde el Inglés)


Un nuevo Corazón y un nuevo Espítitu

 

“Os daré un corazón nuevo y pondré un nuevo espíritu en vosotros. Cambiaré vuestro corazón de piedra y os daré un corazón nuevo de carne. Y pondré mi espíritu en vosotros  para seguir mis decretos y os ayudaré a mantener mis leyes”. Ezequiel 36, 26-27

 

Querido pueblo de buena voluntad,

 

La Comisión de Justicia y Paz de la Conferencia Episcopal Católica de Kenia desea felicitar a nuestros líderes, a saber al Presidente Mwai Kibaki y al Honorable Raila Odinga,  por la valiente medida tomada al firmar el muy deseado acuerdo de paz. Reconocemos las iniciativas iniciales hechas por el Arzobispo Desmond Tutu, por el anterior Presidente de la AU Su Excelencia John Kufuor de Ghana y por el Presidente Ugandés Su Excelencia Yoweri Museveni. Damos también las gracias a los equipos de  mediación  de ambos lados, a los que PNU y ODM estaban implicados  a través de la facilitación de Su Excelencia Hon Kofi Annan, el anterior Secretario General de UN, Su Excelencia Hon Benjamín Mkapa, el anterior Presidente de Tanzania, la Anterior Primera Dama de Sudáfrica, Mrs, Gracie Machel y Su Excelencia Hon. Jakaya Kikwete, el Presidente de la República Unida de Tanzania, y el Presidente de  Unión Africana. También alabamos los dos equipos de negociación  desde PNU y ODM por su incansable trabajo. Además, también agradecemos a la Comunidad Internacional y a diversos grupos en Kenia por sus esfuerzos, preocupación y pro-acción.

 

La Iglesia Católica confía el proceso de paz y de reconciliación a Dios mientras continuamos rogando por los dos líderes para que mantengan los requisitos del acuerdo firmado con un corazón nuevo y con un nuevo espíritu. En verdad, encomendamos a Dios y a la buena voluntad  de todos los hombres y mujeres  asegurar la implementación del acuerdo de la paz firmada. Sobre todo,  los Parlamentarios deberían moverse con rapidez en efectuar las enmiendas constitucionales necesarias. Es un imperativo sobre todos los Miembros del  Parlamento trabajar juntamente para asegurar que el acuerdo sea afianzado en la Constitución, y que los dos líderes principales consigan la ayuda mecesaria para actualizar el acuerdo.

 

Como testigo de la violencia después de las elecciones que se ha cobrado las vidas de más de 1.000 kenianos y desplazados por encima de 300.000 interior y exteriormente, la Comisión de la Conferencia Episcopal Católica de Justicia y Paz de Kenia invita al Presidente Kibaki y al Honorable Raila, el líder del Movimiento Democrático Arange,  a mobilizar la buena voluntad política de sus parlamentarios y partidarios de base a niveles nacionales para trabajar juntamente con el fin de conseguir la Verdad, la Justicia y la Reconciliación. Animamos a todos los líderes religiosos y a las personas de buena voluntad en todos los niveles  a unirse en conseguir curación, justicia y paz predicando la paz y asegurando que la justicia sea dada a través de medios activos no violentos.

 

Apelamos a la juventud a a ser parte de la construcción de la paz y tenedores de desarrollo en todos los niveles y evitar toda suerte de violencia para asegurar que cesen todos los asesinatos, quema de casas, desplazados, amenazados a todos los niveles. Apreciamos las opiniones hechas por nuestros dos líderes respectivamente como sigue;

 

“Habrá retos a lo largo del camino pero estoy seguro que a través del diálogo y sentido de unidad y propósito  por el bien de todos los Kenianos tendremos éxito”. (H.E, Presidente Mwai Kibaki/ Government/ Party del National Unity Leader).

 

“La crisis ha enseñado a los Kenianos una lección importante con el fin de forjar un fundamento fime para  un Paíss Unido” (Hon. Raila Odinga, Orange Democratic Movement Leader).

 

Apreciamos el  buen trabajo que continúa haciéndose por las agencias humanitarias,  Red de Caritas, Iglesias Particulares, Organizaciones Religiosas, Organizaciones Civiles, y todas las personas de buena voluntad, en ayudar a los kenianos desplazados y a todos los afectados.

 

Invitamos a los medios a continuar jugando su legítimo papel en destacar las diversas cuestiones pertinentes que rodean  el acuerdo de paz y sostienen el debate en el ámbito público de construcción de la paz. La comunidad internacional y asociaciones de desarrollo deberían continuar la ayuda y  colaboración en la reconstrucción de nuestra nación.

 

Invitamos a todos los kenianos a abrazar el acuerdo que ha sido alcanzado y a abrir el proceso de curación y reconciliación y buscar diálogo en orden a llegar a ser agentes de Verdad, Justicia, Paz  y Unidad.

 

Como personas de un único país, debemos abrir nuestros corazones a Dios de manera que él pueda otorgarnos un  nuevo corazón y un nuevo espíritu lleno con esperanza después de la experiencia de la violencia post-electoral.

 

Que permanezcamos en Justicia, Paz, y Unidad.

 

Quiera Dios bendecir a Kenia

 

Firmado

 

Rt. Rev. Peter Kairo, Presidente, Comisión Católica de Justicia y Paz

 

Most Rev. Zaccheaus Okoth Vice Presidente

 

Rt. Rev. Martin Kivuva Musonde, DIÓCESIS CATÓLICA DE, 3 de Marzo de 2008


Texto original:

http://www.fides.org/eng/documents/a_new_heart_and_a_new_spirit.doc

 

 


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Domingo, 23 de marzo de 2008

La parroquia de La Guancha, bajo la dirección técnica de Viajes Ramalugo ha organizado para las días 3 al 10 de Julio de 2008 una excursión Holanda y Bélgica 


VIAJE CON EL GRUPO

PARROQUIA LA GUANCHA

Dirección Técnica de VIAJES RAMALUGO S, L, -1. C.
198

 

DEL 3 AL 10 DE JULIO 2008

 

VENTA ANTICIPADA

50 EUROS DE DESCUENTO PARA LAS

RESERVAS HECHAS ANTES DEL DIA 5 DE MAYO

 

AMSTERDAM - WATERLAND - VOLEMDAM GRAN DIQUE MOLINOS DE VIENTO ROTTERDAM

MARKEN - EDAN SUBASTA DE FLORES DE AALSMER - LA HAYA

 

BÉLGICA

 

BRUJAS A PIE

DUSSELDORF (ALEMANIA)

 

VIAJES RAMALUGO S. L.
Teléfonos: 922 25 82 01 - 922 25 14 23 - 922 63 10 02
Fax. 922 25 14 55 - Móvil: 620 27 17 21

PLAZAS LIMITADAS

 

 

Estimados amigos:


Una vez más nos disponemos a ofrecerle nuestro viaje tradicional del VERANO DEL 2008. Este año el destino elegido es HOLANDA, BELGICA Y ALEMANIA. Las ciudades a visitar están incluidas en las capitales europeas de la cultura y de sus maravillosos paisajes. Estas ciudades, no solo tienen un indudable atractivo artístico que las hacen merecedoras de varios días de estancia, si no que también están situadas en un territorio hermoso, con notables monumentos y poblados llenos de encantos que hace que surjan en aquel que las visitan el deseo de regresar nuevamente.


Rogamos hagan las reservas en firme ya que las plazas son limitadas, con la entrega de 500.-Euros el 1 de Mayo como fecha tope y el resto un mes antes de la salida del grupo. Para más información se pueden dirigir a nosotros que gustosamente les atenderemos agradeciéndoles la colaboración prestada en los viajes anteriores esperando compartir juntamente esta nueva edición.

Saludos muy Cordiales: Jesús Ramallo

 

PROGRAMA

 

DIA 3 DE JULIO (JUEVES) TENERIFE – DUSSELDORF – ARNHEM – AMSTERDAM – VOLENDAM

 

Salida en guagua desde el lugar que se indique al Aeropuerto de Tenerife. Tramite de facturación y embarque en vuelo Internacional con La Compañía Alemana Air Berlín. Con destino a DUSSELDORF. Llegada y salida en guagua hacia ARNHEM con parada en esta ciudad para realizar la cena y después de la misma salida en dirección AMSTERDAM con llegada al hotel. HAMPSHIRE GOLFHOTEL en Waterland. Alojamiento.

 

DIA 4 DE JULIO (VIERNES) EXCURSIÓN DE UN DIA – GRAN DIQUE . MOLINOS DE VIENTO – EDAM – MARKEN

 

Desayuno y salida para realizar una interesante excursión acompañados de un guía local que les dará una completa imagen de estas tierras y sus gentes. EDAM importante centro lechero. Pintoresca localidad con numerosas casas del siglo XVII. Esta dominada por el SPEELTOREN, esbelto campanario con carillón, construido en el siglo XV en estilo gótico tardío y que pertenecía a una iglesia ya desaparecida. En la Plaza principal se encuentra el Ayuntamiento, pudiendo visitar la Sala de Consejos que esta decorada en estilo rococó. En esta misma plaza se encuentra el EDAMS museo donde se exponen pinturas, porcelana, antigüedades, grabados y litografía, y documentos concernientes a la historia local y una interesante colección de vestidos. Se hará una visita de una fábrica de Queso, pasando por LOS MOLINOS DE VIENTO con una breve parada (con los que bombean el agua desecando los terrenos bajos) para proseguir hasta EL GRAN DIQUE impresionante obra de ingeniería de los Años 30, con la que se regulan los flujos marinos evitando así las inundaciones. Almuerzo en ruta para proseguir hacia MARKEN unos de los típicos pueblos marineros junto al Yssellmeer, antiguo Zuiderzee con sus típicos paisajes y construcciones con grandes diferencian entre si pese a su proximidad., lo que hace que sus costumbres y atuendos se diferencia notablemente. Tiempo libre para ctividades personales hasta la hora que se indique para embarcar en Barco hacia VOLENDAM. Cena y alojamiento en el hotel golfhotel.

 

DIA 5 DE JULIO (SABADO) VISITA AMSTERDAM TODO EL DIA

 

Desayuno y salida hacia Ámsterdam, para visitar los monumentos más importantes de la ciudad acompañado de un guía local, efectuando una Panorámica. Lo más maravilloso de AMSTERDAM el encanto personal con e ventajas de una gran ciudad. La ciudad goza además de una intensa vida cultural y un ambiente de los más variados de Europa. Ámsterdam hará en la antigüedad una aldea de pescadores conocida como AEMSTELREDAMME con se convertiría pronto en una prospera ciudad de gran actividad comercial. Sin duda alguna destaca SUS CANALES, CASCO ANTIGUO, PLAZA DE DAM, EL AYUNTAMIENTO, EL BARRIO JUDIO, LA CASA DEL PINTOR HOLANDES REMBRANDT Y EL MERCADO DE LA FLORES, que por cierto es uno de los más extensos y mejor conservados de Europa. Almuerzo  E! en Restaurante y tiempo libre para actividades personales hasta la hora que se indique la salida para el hotel,. Cena y alojamiento.

 

DiA 6 DE JULIO (DOMINGO)          AALSMEER (SUBASTA DE FLORES) — DELF.- LA HAYA — ROTTERDAM - BRUSELAS.

 

Desayuno y salida a primera hora de la mañana acompañados de un guía local hasta Rótterdam a la famosa. SUBASTA DE FLORES DE AALSMEER. Breve parada y visita continuando a DELF preciosa localidad conocida por sus bellas porcelanas azul y sus calles llenas de flores con tiempo libre seguiremos hasta LA HAYA donde se encuentra el TRIBUNAL INTERNACIONAL DE JUSTICIA y donde haremos una visita panorámica de la ciudad. Almuerzo y después de la misma salida hacía ROTTERDAM, que tiene el mayor puerto de mundo ya que sus muelles superan los cien kilómetros. Se hará una parada para subir EUROMAST que es la torre más alta de los países Bajos, continuando hacia BRUSELAS. Cena y alojamiento

 

DIA 7 DE JULIO (LUNES)     VISITA DE LA CIUDAD MEDIEVAL DE 3RUJAS TODO EL DIA

 

Desayuno y salida acompañado de un guía local de habla castellana para recorrer la Región de Flandes y conocer la ciudad mas importante y espectacular como es BRUJAS. Se hará la visita a pie. BRUJAS, cautivadora ciudad con sus simbólicos canales, con el LAGO DEL AMOR, que s es un resto del antiguo puerto, hoy retirado varios kilómetros por la acción de la arena. También tenemos la PLAZA MARKT Y LA PLAZA DEL BURG Y LA PLAZA MAYOR donde también se encuentra la BASILICA DE LA SANTA SANGRE, EL AYUNTAMIENTO, LA IGLESIA DE NUESTRA SEÑORA etc .Almuerzo en Restaurante con tiempo libre para actividades personales hasta la hora que se indique el regreso a Bruselas. Cena y alojamiento.

 

DIA 8 DE JULIO (MARTES) VISITA DE LA CIUDAD DE BRUSELAS

 

Desayuno y salida para efectuar una visita panorámica y a pie por BRUSELAS a los monumentos mas importantes de la ciudad donde destaca LA GRAND PLACE, CON LAS CASAS DEL REY, DE LS GREMIOS Y EL AYUNTAMIENTO, LA CATEDRAL, MANENKENF-PIS Y EL ATOMIUM.. También el barrio SABLON, EL PALACIO DE JUSTICIA, PARQUE DEL CINCUENTENARIO. Almuerzo en Restaurante en centro y tiempo libre para actividades personales hasta la hora del regreso al hotel. Cena y alojamiento

 

DIA 9 DE JULIO (MIERCOLES) BRUSELAS — DUSSELDORF

 

Desayuno y salida en dirección a DUSSELDORF. Llegada al hotel y entrega de habitaciones con tiempo libre hasta la hora del almuerzo. Después del mismo visita panorámica de la ciudad acompañado de un guía local. Tiempo libre para actividades personales hasta la hora de la cena. Alojamiento en Dusseldorf.

 

DIA 10 DE JULIO (JUEVES)  DUSSELDORF – TENERIFE

 

Desayuno y salida hacia el Aeropuerto de Dusseldorf a la hora que se indique. Tramites de facturación y embarque en vuelo de La Compañía Alemana Air Berlín con destino a TENERIFE. Traslado en guagua hasta el lugar que se indique y fin de nuestros servicios

 

PRECIO POR PERSONA: 1.425. EUROS

 

SUPLEMENTO INDIVIDUAL: 220.-EUROS

 

ESTE PRECIO INCLUYE LOS SIGUIENTES SERVICIOS


AVIÓN: TENERIFE - DUSSELDORF - TENERIFE

 

HOTEL DE 4 ESTRELLAS EN HOLANDA EN BRUSELAS TRES ESTRELLAS Y DUSSELDORF
(SITUADOS EN CIUDAD PERIFERIA, EN BRUSELAS PERIFERIA, EN DUSSELDORF CENTRICO)
REGIMEN: PENSION COMPLETA (Alojamiento, desayuno, almuerzo y cena)
TASAS DE AEROPUERTOS — SEGURO TURISTICO
GUÍAS LOCALES EN AMSTERDAM — BRUSELAS — DUSSELDORF
ENTRADAS: BARCO DE MARKEN A VOLENDAM — AALSMEER, SUBASTA DE FLORES — CASA DE
LOS DIAMANTES — PASEO EN LANCHA REGULAR EN AMSTERDAM — MADURODAN HOLLANND
KONINKLIJKE PORCELANA FLES — TORRE EN ROTTERDAN — BRUJAS A PIE - BRUSSELAS
TOURS EN GUAGUA CON AIRE ACONDICIONADO, BUTACAS RECLINABLES Y V. D.
ASISTENCIA DEL PERSONAL ESPECIALIZADO DE VIAJES RAMALUGO S. L.


EL PRECIO NO INCLUYE
LAS BEBIDAS EN LAS COMIDAS Y NINGUN OTRO SERVICIO NO ESPECIFICADO EN EL PROGRAMA

 

AVISO MUY IMPORTANTE

El precio indicado en este programa esta basado en los precios actuales de los Carburantes, tarifas aéreas, hoteleras y transportes y para un grupo mínimo de 40 personas. Cualquier variación
sustancial se hará una revisión en los mismos.
ES NECESARIO IR PROVISTO DEL D. N.1.
(VIGENTE) NO HACIENDOSE RESPONSABLE VIAJES RAMALUGO POR CUALQUIER ANOMALIA. Y
LA ENTREGA DE UNA FOTOCOPIA. DEL D. N. I.

 

Bus de lujo exclusivamente para el recorrido indicado en programa atendiendo a la nueva reglamentación de transporte correspondiente a horarios diarios y descansos semanales.

Guía correo acompañando al grupo durante todo el recorrido

 

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VIAJES RAMALUGO S. L.
Teléfonos: 922 25 82 01 — 922 25 14 23 — 922 63 10 02
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Teléfonos: 629 04 97 14 - 922 34 16 67


CONDICIONES GENERALES

 

La organización técnica de este programa ha sido realizada pera Agencia de Viaje RAMALUGO S. L. Titulo. IC. 193 con domicilio en Juana Blanca n° 2 de La Laguna (Tenerife). El presente programa, se acoge a la nueva reglamentación de viajes combinados según la ley de 21/1995 del 6 de Junio.

 

ANULACIONES: En caso de que algunos servicios contratados y anulados estuvieran sometidos a condiciones economices especiales de contratación, tal como fletes de aviones, hoteles, restaurantes, Bus, tarifas especiales etc., los gastos de anulación por desistimientos vienen expuestos con recargo especial, con independiente de la penalización procedente y los gastos de gestión y anulaciones siguientes:

 

A.• Entre 30 y 15 días antes de la salida el 50% del importe de los servicios incluidos.

B. Entre 14 y 3 días el 75%,

C. En días y la fecha de iniciación del viaje el 100%.

 

Si las compañías prestadas no se oponen y siempre que se haga la notificación con tres días hábiles antes de la salida del grupo, puede subrogar a otra persona en su lugar, en tal caso, en lugar de la penalización, se cobrara en suplemento del precio total, más los gastos económicos ocasionados para efectuar dicha anulación.


Palabras sacadas de cuaderno de Caritas para la celebración de Cuarsma y Pascua 2008 perteneciente al Domingo de Pascua.

MEDITA ALGUNAS PALABRAS DE CRISTO RESUCITADO

 

En Mateo:

 

Dios os guarde. No temáis.

Id, avisad a mis hermanos que vayan a Galilea, allí me verán.

Id y haced discípulos a todas las gentes, bautizándolas.

Ya estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

 

 En Marcos:

 

Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación.

El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea se condenará.

 

En Lucas:

 

¿De qué discutís entre vosotros mientras vais de camino?

¡Qué torpes y ciegos sois para creer lo que dijeron los profetas!

¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?

Les explicó... las Escrituras.

La paz con vosotros.

Mirad mis manos y mis pies; soy yo. Palpadme y ved...

Mirad, yo voy a enviar sobre vosotros la Promesa de mi Padre.

 

En Juan:

 

Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?

¡María!

Vete a donde los hermanos y diles...

Corno el Padre me envió, también yo os envío.

Recibid el Espíritu Santo.

A quienes perdonéis los pecados les quedan perdonados.

Acerca tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado.

Dichosos los que creen sin haber visto.

Muchachos, ¿tenéis algún pescado? Echad la red a la derecha...

Venid a comer.

Simón de Juan, ¿me amas más que éstos?

Apacienta mis corderos, mis ovejas.

Sígueme.

 

 


Publicado por verdenaranja @ 21:50  | Espiritualidad
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Reflexión sacada de celebración para el día de Pascua de Resurrección  del cuaderno de Caritas para Cuaresma y Pascua 2008.


MARCADOS POR LA RESURRECCIÓN

 

En cada Eucaristía nos abrirnos a la presencia resucitada de Jesucristo. Hoy lo hacemos con más decisión y alegría. Puede que nuestras puertas estén cerradas, como las del Cenáculo en aquel día pascual. Pero Cristo se hace pre-sente de nuevo en medio de nosotros.


Desde la pobreza y humildad. Cristo resucitado, a pesar de su triunfo tras­cendental, es humilde y se manifiesta humildemente. Gracias, Jesús, porque no nos apabullas. Actúas desde muy dentro en ambientes de amistad.


Nosotros no somos mejores que los primeros discípulos. Ellos, con sus miedos y con sus dudas, nosotros con nuestros miedos y nuestras dudas. Ellos con sus bloqueos y sus ruindades, nosotros con nuestros bloqueos y debilida­des. Ellos con sus cegueras y sus torpezas, nosotros con nuestras cegueras y nuestras ignorancias y nuestras caídas y nuestros fallos.


Pero ellos se abrieron a Cristo con alegría inmensa y se dejaron transfor­mar. Nosotros también queremos abrirnos a Cristo iluminador y ojalá nos de­jemos transformar.


Jesús se hace presente. Es por pura benevolencia, es porque somos sus amigos y quiere compartir con nosotros sus secretos y hacernos partícipes de su vida nueva.

Experimentar su presencia. Jesús no está en el sepulcro ni en la antigua Jerusalén. Jesús está aquí. Jesús está aquí, ahora, en medio de nosotros. Nos quita los miedos, nos da su paz, nos enseña sus llagas y nos parte el pan.


Experimentar su presencia. Jesús está resucitado y resucitando en noso­tros. Sabemos que él nos está perdonando. Nos hace partícipes de su alegría. Nos llenamos de confianza. Su aliento íntimo penetra en nosotros y sentimos la fuerza de su Espíritu. Es el principio de una vida nueva.


Experimentamos su presencia. Sentimos la necesidad de perdonarnos, de bendecirnos y querernos. Nos aceptamos como somos y compartimos lo que tenemos y lo que somos. Por encima de nuestras diferencias hay un misterio que nos une. Puede ser la Palabra, puede ser el pan, puede ser el Espíritu. En-tendemos los deseos de Jesús: Que todos sean uno.


Testigos de su presencia. El Señor resucitado nos ha pacificado y fortaleci­do para que vayamos a sembrar la paz y a fortalecer a los decaídos. El Señor ha encendido nuestro corazón para que podamos curar las cegueras del mun­do. Nos ha dado las medicinas de su Espíritu para que recorramos los caminos del mundo como samaritanos compasivos y liberadores.


Por eso:


- Cada vez que reconoces tu pobreza, tu torpeza, tu opacidad, Cristo está resucitando en ti.

- Cada vez que sientes su llamada y sales a su encuentro, Cristo está re­sucitando en ti.


- Cada vez que abres tu corazón a su palabra, Cristo está resucitando en ti.


- Cada vez que te reúnes con los hermanos para partir el pan, Cristo está resucitando en ti.

- Cada vez que siembras la paz, Cristo está resucitando en ti.


- Cada vez que sabes perdonar y compartir, Cristo está resucitando en ti.


- Cada vez que ofreces tu mano al hermano, Cristo está resucitando en ti.


- Cada vez que tocas con veneración las llagas de un pobre, Cristo está resucitando en ti.


- Cada vez que te acercas al pobre y te haces más pobre, Cristo está resu­citando en ti.


- Cada vez que levantas tu voz contra la mentira o la injusticia, Cristo está resucitando en ti.

 


- Cada vez que liberas a un hermano de alguna muerte, Cristo está resu­citando en ti.

- Cada vez que das vida y engendras vida, Cristo está resucitando en ti.


- Y cada vez que gastas por amor tu vida, Cristo está resucitando en ti.


Porque:


Donde hay vida, allí está Cristo.
Donde hay comunidad, allí está Cristo.
Donde hay libertad, allí está el Espíritu.
Donde hay paz, allí está el Espíritu.
Donde hay misericordia, allí está Dios.
Donde hay amor, allí está Dios.


Está Dios recreando y regalando.

Está el Espíritu liberando y vivificando.
Está Cristo compartiendo y resucitando.


Publicado por verdenaranja @ 21:43  | Espiritualidad
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Pubicada en cuarderno de Caritas  para la Cuaresma y Pascua 2008 pra la celebración de la Vigilia Pascual.


I. Cristo, vida y redención nuestra

 

 

 

En la mañana de Pascua

una explosión de misterio,

el difunto rompe losas

dejando libre el infierno;

sus puertas ya están abiertas,

 toque de vida a los muertos,

Eva y Adán, redimidos,

por vez primera sonrieron.

Hijos de Adán, hijos de Eva,

no lloréis más sin consuelo,

alguien lloró vuestros llantos,

vuestras penas florecieron. 

 

Hay señales de victoria

en infierno, tierra y cielo,

un manto de flores blancas

cubre todo el universo.

¡Qué bien huele a rosa y nardo,

y a pan carnal recién hecho!

Todo sabe a miel con vino,

como en banquete del Reino.

Fue en la mañana de Pascua

lo que un día al fin seremos.

Dios esperando a sus hijos

con los dos brazos abiertos.

Es Cristo resucitado

anticipo y compañero,

él nos ha abierto el camino,

parto del hombre nuevo.

Sé tú mi fiesta perenne,

en la noche mi lucero,

sé tú mi blanca bandera,

todos los triunfos al vuelo.


Publicado por verdenaranja @ 21:26
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DOMINGO 2 DE PASCUA / A

30 de marzo de 2008


La paz de Jesús resucitado esté con todos vosotros.

 

 Hace una semana, en la Noche Santa de Pascua, celebrábamos, en esta iglesia y en todas las igle­sias del mundo, la gran noticia. Jesús, crucificado y muerto por amor, vive para siempre. Y nosotros, la comunidad de sus seguidores, unidos a él, que-remos vivir como él ha vivido, porque sabemos que esta es la única manera que vale la pena vivir, la única manera que da la felicidad.

Hoy, en esta Eucaristía, celebraremos de nuevo la presencia de Jesús resucitado. Para seguir cami­nando con él, toda la vida.

 

Aspersión: Por la aspersión del agua, recordemos ahora nuestro bautismo, que nos unió a Jesús para siempre.

 

Que Dios todopoderoso nos purifique del pecado y, por la celebración de esta Eucaristía, nos haga dignos de participar del banquete de su Reino. Amén.

 

1. lectura (Hechos 2,42-47): Hoy, en este domingo después de Pascua, en nuestra asamblea resuena aquel relato que es como el modelo para todas las comunidades cristianas de todos los tiempos. Escu­chemos cómo vivían los primeros seguidores de Jesús resucitado.

 

2. lectura (1 Pedro 1,3-9): Durante los domingos de Pascua, en la segunda lectura escuchamos las pala-bras de la carta del apóstol Pedro, que nos exhorta a vivir de verdad como bautizados.

 

Credo breve, cantado

 

Oración universal: A Jesús resucitado, vida y espe­ranza de la humanidad entera, orémosle diciendo: JESÚS RESUCITADO, ESCÚCHANOS.

 

Por nuestra parroquia, esta comunidad de cristianos y cristianas que quiere ser en medio del mundo testi­monio de amor y de esperanza. OREMOS:


Por los niños, los jóvenes y los adultos que recibirán el bautismo o la confirmación en este tiempo de Pascua. OREMOS:


Por todos aquellos que participan en la vida social y política con el afán de construir un mundo más justo y más humano. OREMOS:


Por todos los cristianos que, en cualquier lugar del mundo, nos reunimos este domingo para celebrar la Eucaristía convocados por Jesús resucitado. OREMOS:

 

Escucha, Señor Jesús, nuestras plegarias, y haz de nuestra vida un verdadero testimonio de tu Evangelio. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

 

Padrenuestro: Llenos del Espíritu de Jesús resucitado, nos atrevemos a decir:

Invitación a la comunión: Este es el Cordero de Dios, Cristo Jesús, el vencedor de la muerte, que se nos da como alimento de vida eterna. Dichosos los invitados a la cena del Señor.

 

Despedida (después de la bendición solemne): Herma­nos y hermanas, que estas fiestas de Pascua nos llenen a todos de alegría. Podéis ir en paz, aleluya, aleluya.

 
CPL


Publicado por verdenaranja @ 21:12  | Liturgia
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Homilía que pronunció Benedicto XVI en el Domingo de Ramos, XXIII Jornada Mundial de la Juventud, 16 de Marzo de 2008.

Queridos hermanos y hermanas:
Año tras año el pasaje evangélico del domingo de Ramos nos relata la entrada de Jesús en Jerusalén. Junto con sus discípulos y con una multitud creciente de peregrinos, había subido desde la llanura de Galilea hacia la ciudad santa. Como peldaños de esta subida, los evangelistas nos han transmitido tres anuncios de Jesús relativos a su Pasión, aludiendo así, al mismo tiempo, a la subida interior que se estaba realizando en esa peregrinación. Jesús está en camino hacia el templo, hacia el lugar donde Dios, como dice el Deuteronomio, había querido "fijar la morada" de su nombre (cf. Dt 12, 11; 14, 23).

El Dios que creó el cielo y la tierra se dio un nombre, se hizo invocable; más aún, se hizo casi palpable por los hombres. Ningún lugar puede contenerlo y, sin embargo, o precisamente por eso, él mismo se da un lugar y un nombre, para que él personalmente, el verdadero Dios, pueda ser venerado allí como Dios en medio de nosotros.

Por el relato sobre Jesús a la edad de doce años sabemos que amaba el templo como la casa de su Padre, como su casa paterna. Ahora, va de nuevo a ese templo, pero su recorrido va más allá: la última meta de su subida es la cruz. Es la subida que la carta a los Hebreos describe como la subida hacia una tienda no fabricada por mano de hombre, hasta la presencia de Dios. La subida hasta la presencia de Dios pasa por la cruz. Es la subida hacia "el amor hasta el extremo" (cf. Jn 13, 1), que es el verdadero monte de Dios, el lugar definitivo del contacto entre Dios y el hombre.

Durante la entrada en Jerusalén, la gente rinde homenaje a Jesús como Hijo de David con las palabras del Salmo 118 de los peregrinos: "¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en el cielo!" (Mt 21, 9). Después, llega al templo. Pero en el espacio donde debía realizarse el encuentro entre Dios y el hombre halla a vendedores de palomas y cambistas que ocupan con sus negocios el lugar de oración.

Ciertamente, los animales que se vendían allí estaban destinados a los sacrificios para inmolar en el templo. Y puesto que en el templo no se podían usar las monedas en las que estaban representados los emperadores romanos, que estaban en contraste con el Dios verdadero, era necesario cambiarlas por monedas que no tuvieran imágenes idolátricas. Pero todo esto se podía hacer en otro lugar: el espacio donde se hacía entonces debía ser, de acuerdo con su destino, el atrio de los paganos.

En efecto, el Dios de Israel era precisamente el único Dios de todos los pueblos. Y aunque los paganos no entraban, por decirlo así, en el interior de la Revelación, sin embargo en el atrio de la fe podían asociarse a la oración al único Dios. El Dios de Israel, el Dios de todos los hombres, siempre esperaba también su oración, su búsqueda, su invocación.

En cambio, entonces predominaban allí los negocios, legalizados por la autoridad competente que, a su vez, participaba en las ganancias de los mercaderes. Los vendedores actuaban correctamente según el ordenamiento vigente, pero el ordenamiento mismo estaba corrompido. "La codicia es idolatría", dice la carta a los Colosenses (cf. Col 3, 5). Esta es la idolatría que Jesús encuentra y ante la cual cita a Isaías: "Mi casa será llamada casa de oración" (Mt 21, 13; cf. Is 56, 7), y a Jeremías: "Pero vosotros estáis haciendo de ella una cueva de ladrones" (Mt 21, 13; cf. Jr 7, 11). Contra el orden mal interpretado Jesús, con su gesto profético, defiende el orden verdadero que se encuentra en la Ley y en los Profetas.

Todo esto también nos debe hacer pensar a los cristianos de hoy: ¿nuestra fe es lo suficientemente pura y abierta como para que, gracias a ella también los "paganos", las personas que hoy están en búsqueda y tienen sus interrogantes, puedan vislumbrar la luz del único Dios, se asocien en los atrios de la fe a nuestra oración y con sus interrogantes también ellas quizá se conviertan en adoradores? La convicción de que la codicia es idolatría, ¿llega también a nuestro corazón y a nuestro estilo de vida? ¿No dejamos entrar, de diversos modos, a los ídolos también en el mundo de nuestra fe? ¿Estamos dispuestos a dejarnos purificar continuamente por el Señor, permitiéndole arrojar de nosotros y de la Iglesia todo lo que es contrario a él?

Sin embargo, en la purificación del templo se trata de algo más que de la lucha contra los abusos. Se anuncia una nueva hora de la historia. Ahora está comenzando lo que Jesús había anunciado a la samaritana a propósito de su pregunta sobre la verdadera adoración: "Llega la hora -ya estamos en ella- en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren" (Jn 4, 23). Ha terminado el tiempo en el que a Dios se inmolaban animales. Desde siempre los sacrificios de animales habían sido sólo una sustitución, un gesto de nostalgia del verdadero modo de adorar a Dios.

Sobre la vida y la obra de Jesús, la carta a los Hebreos puso como lema una frase del salmo 40: "No quisiste sacrificio ni oblación; pero me has formado un cuerpo" (Hb 10, 5). En lugar de los sacrificios cruentos y de las ofrendas de alimentos se pone el cuerpo de Cristo, se pone él mismo. Sólo "el amor hasta el extremo", sólo el amor que por los hombres se entrega totalmente a Dios, es el verdadero culto, el verdadero sacrificio. Adorar en espíritu y en verdad significa adorar en comunión con Aquel que es la verdad; adorar en comunión con su Cuerpo, en el que el Espíritu Santo nos reúne.

Los evangelistas nos relatan que, en el proceso contra Jesús, se presentaron falsos testigos y afirmaron que Jesús había dicho: "Yo puedo destruir el templo de Dios y en tres días reconstruirlo" (Mt 26, 61). Ante Cristo colgado de la cruz, algunos de los que se burlaban de él aluden a esas palabras, gritando: "Tú que destruyes el templo y en tres días lo reconstruyes, sálvate a ti mismo" (Mt 27, 40).

La versión exacta de las palabras, tal como salieron de labios de Jesús mismo, nos la transmitió san Juan en su relato de la purificación del templo. Ante la petición de un signo con el que Jesús debía legitimar esa acción, el Señor respondió: "Destruid este templo y en tres días lo levantaré" (Jn 2, 18 s). San Juan añade que, recordando ese acontecimiento después de la Resurrección, los discípulos comprendieron que Jesús había hablado del templo de su cuerpo (cf. Jn 2, 21s).

No es Jesús quien destruye el templo; el templo es abandonado a su destrucción por la actitud de aquellos que, de lugar de encuentro de todos los pueblos con Dios, lo transformaron en "cueva de ladrones", en lugar de negocios. Pero, como siempre desde la caída de Adán, el fracaso de los hombres se convierte en ocasión para un esfuerzo aún mayor del amor de Dios en favor de nosotros.

La hora del templo de piedra, la hora de los sacrificios de animales, había quedado superada: si el Señor ahora expulsa a los mercaderes no sólo para impedir un abuso, sino también para indicar el nuevo modo de actuar de Dios. Se forma el nuevo templo: Jesucristo mismo, en el que el amor de Dios se derrama sobre los hombres. Él, en su vida, es el templo nuevo y vivo. Él, que pasó por la cruz y resucitó, es el espacio vivo de espíritu y vida, en el que se realiza la adoración correcta. Así, la purificación del templo, como culmen de la entrada solemne de Jesús en Jerusalén, es al mismo tiempo el signo de la ruina inminente del edificio y de la promesa del nuevo templo; promesa del reino de la reconciliación y del amor que, en la comunión con Cristo, se instaura más allá de toda frontera.

Al final del relato del domingo de Ramos, tras la purificación del templo, san Mateo, cuyo evangelio escuchamos este año, refiere también dos pequeños hechos que tienen asimismo un carácter profético y nos aclaran una vez más la auténtica voluntad de Jesús. Inmediatamente después de las palabras de Jesús sobre la casa de oración de todos los pueblos, el evangelista continúa así: "En el templo se acercaron a él algunos ciegos y cojos, y los curó". Además, san Mateo nos dice que algunos niños repetían en el templo la aclamación que los peregrinos habían hecho a su entrada de la ciudad: "¡Hosanna al Hijo de David!" (Mt 21, 14s).

El comercio de animales y a los negocios con dinero Jesús contrapone su bondad sanadora. Es la verdadera purificación del templo. Él no viene para destruir; no viene con la espada del revolucionario. Viene con el don de la curación. Se dedica a quienes, a causa de su enfermedad, son impulsados a los extremos de su vida y al margen de la sociedad. Jesús muestra a Dios como el que ama, y su poder como el poder del amor. Así nos dice qué es lo que formará parte para siempre del verdadero culto a Dios: curar, servir, la bondad que sana.

Y están, además, los niños que rinden homenaje a Jesús como Hijo de David y exclaman "¡Hosanna!". Jesús había dicho a sus discípulos que, para entrar en el reino de Dios, deberían hacerse como niños. Él mismo, que abraza al mundo entero, se hizo niño para salir a nuestro encuentro, para llevarnos hacia Dios. Para reconocer a Dios debemos abandonar la soberbia que nos ciega, que quiere impulsarnos lejos de Dios, como si Dios fuera nuestro competidor. Para encontrar a Dios es necesario ser capaces de ver con el corazón. Debemos aprender a ver con un corazón de niño, con un corazón joven, al que los prejuicios no obstaculizan y los intereses no deslumbran. Así, en los niños que con ese corazón libre y abierto lo reconocen a él la Iglesia ha visto la imagen de los creyentes de todos los tiempos, su propia imagen.

 

Queridos amigos, ahora nos asociamos a la procesión de los jóvenes de entonces, una procesión que atraviesa toda la historia. Juntamente con los jóvenes de todo el mundo, vamos al encuentro de Jesús. Dejémonos guiar por él hacia Dios, para aprender de Dios mismo el modo correcto de ser hombres. Con él demos gracias a Dios porque con Jesús, el Hijo de David, nos ha dado un espacio de paz y de reconciliación que, con la sagrada Eucaristía, abraza al mundo. Invoquémoslo para que también nosotros lleguemos a ser con él, y a partir de él, mensajeros de su paz, adoradores en espíritu y en verdad, a fin de que en nosotros y a nuestro alrededor crezca su reino. Amén.

 [Trascripción distribuida por la Santa Sede

© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 20:54  | Habla el Papa
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Homilía que dirigió Benedicto XVI a los jóvenes de la diócesis de Roma el 13 de marzo de 2008, durante la celebración penitencial en la Basílica de San Pedro, en preparación de la Jornada Mundial de la Juventud.

 

 

Queridos jóvenes de Roma:

También este año, en la proximidad del domingo de Ramos, nos reunimos para preparar la celebración de la XXIII Jornada mundial de la juventud que, como sabéis, culminará con el encuentro de los jóvenes de todo el mundo que se celebrará en Sydney del 15 al 20 del próximo mes de julio. Desde hace tiempo conocéis el tema de esta Jornada. Está tomado de las palabras que acabamos de escuchar en la primera lectura: "Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos" (Hch 1, 8). No es casualidad que este encuentro tenga forma de liturgia penitencial, con la celebración de las confesiones individuales.


¿Por qué "no es casualidad"? Podemos hallar la respuesta en lo que escribí en mi primera encíclica. En ella puse de relieve que se comienza a ser cristiano por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva (cf. Deus caritas est, 1). Precisamente para favorecer este encuentro os disponéis a abrir vuestro corazón a Dios, confesando vuestros pecados y recibiendo, por la acción del Espíritu Santo y mediante el ministerio de la Iglesia, el perdón y la paz. Así se deja espacio para la presencia en nosotros del Espíritu Santo, la tercera Persona de la santísima Trinidad, que es el "alma" y la "respiración vital" de la vida cristiana: el Espíritu nos capacita para "ir madurando una comprensión de Jesús cada vez más profunda y gozosa, y al mismo tiempo hacer una aplicación eficaz del Evangelio" (Mensaje para la XXIII Jornada mundial de la juventud, n. 1: L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 27 de julio de 2007, p. 6).


Cuando era arzobispo de Munich-Freising, en una meditación sobre Pentecostés me inspiré en una película titulada Metempsicosis (Seelenwanderung) para explicar la acción del Espíritu Santo en un alma. Esa película narra la historia de dos pobres hombres que, por su bondad, no lograban triunfar en la vida. Un día, a uno de ellos se le ocurrió que, no teniendo otra cosa que vender, podía vender su alma. Se la compraron muy barata y la pusieron en una caja. Desde ese momento, con gran sorpresa suya, todo cambió en su vida. Logró un rápido ascenso, se hizo cada vez más rico, obtuvo grandes honores y, antes de su muerte, llegó a ser cónsul, con abundante dinero y bienes. Desde que se liberó de su alma ya no tuvo consideraciones ni humanidad. Actuó sin escrúpulos, preocupándose únicamente del lucro y del éxito. Para él el hombre ya no contaba nada. Él mismo ya no tenía alma. La película -concluí- demuestra de modo impresionante cómo detrás de la fachada del éxito se esconde a menudo una existencia vacía.

Aparentemente ese hombre no perdió nada, pero le faltaba el alma y así le faltaba todo. Es obvio -proseguí en esa meditación- que propiamente hablando el ser humano no puede desprenderse de su alma, dado que es ella la que lo convierte en persona. En cualquier caso, sigue siendo persona humana. Sin embargo, tiene la espantosa posibilidad de ser inhumano, de ser persona que vende y al mismo tiempo pierde su propia humanidad. La distancia entre una persona humana y un ser inhumano es inmensa, pero no se puede demostrar; es algo realmente esencial, pero aparentemente no tiene importancia (cf. Suchen, was droben ist. Meditationem das Jahr hindurch, LEV, 1985).

También el Espíritu Santo, que está en el origen de la creación y que gracias al misterio de la Pascua descendió abundantemente sobre María y los Apóstoles en el día de Pentecostés, no se manifiesta de forma evidente a los ojos externos. No se puede ver ni demostrar si penetra, o no penetra, en la persona; pero eso cambia y renueva toda la perspectiva de la existencia humana. El Espíritu Santo no cambia las situaciones exteriores de la vida, sino las interiores. En la tarde de Pascua, Jesús, al aparecerse a los discípulos, "sopló sobre ellos y dijo: "Recibid el Espíritu Santo"" (Jn 20, 22).
De modo aún más evidente, el Espíritu descendió sobre los Apóstoles el día de Pentecostés como ráfaga de viento impetuoso y en forma de lenguas de fuego. También esta tarde el Espíritu vendrá a nuestro corazón, para perdonarnos los pecados y renovarnos interiormente, revistiéndonos de una fuerza que también a nosotros, como a los Apóstoles, nos dará la audacia necesaria para anunciar que "Cristo murió y resucitó".

Así pues, queridos amigos, preparémonos con un sincero examen de conciencia para presentarnos a aquellos a quienes Cristo ha encomendado el ministerio de la reconciliación. Con corazón contrito confesemos nuestros pecados, proponiéndonos seriamente no volverlos a cometer y, sobre todo, seguir siempre el camino de la conversión. Así experimentaremos la auténtica alegría: la que deriva de la misericordia de Dios, se derrama en nuestro corazón y nos reconcilia con él.


Esta alegría es contagiosa. "Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros" -reza el versículo bíblico elegido como tema de la XXIII Jornada mundial de la juventud- y seréis mis testigos" (Hch 1, 8). Comunicad esta alegría que deriva de acoger los dones del Espíritu Santo, dando en vuestra vida testimonio de los frutos del Espíritu Santo: "Amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio de sí" (Ga 5, 22-23). Así enumera san Pablo en la carta a los Gálatas estos frutos del Espíritu Santo.


Recordad siempre que sois "templo del Espíritu". Dejad que habite en vosotros y seguid dócilmente sus indicaciones, para contribuir a la edificación de la Iglesia (cf. 1 Co 12, 7) y descubrir cuál es la vocación a la que el Señor os llama. También hoy el mundo necesita sacerdotes, hombres y mujeres consagrados, parejas de esposos cristianos. Para responder a la vocación a través de uno de estos caminos, sed generosos; tratando de ser cristianos coherentes, buscad ayuda en el sacramento de la confesión y en la práctica de la dirección espiritual. De modo especial, abrid sinceramente vuestro corazón a Jesús, el Señor, para darle vuestro "sí" incondicional.


Queridos jóvenes, la ciudad de Roma está en vuestras manos. A vosotros corresponde embellecerla también espiritualmente con vuestro testimonio de vida vivida en gracia de Dios y lejos del pecado, realizando todo lo que el Espíritu Santo os llama a ser, en la Iglesia y en el mundo. Así haréis visible la gracia de la misericordia sobreabundante de Cristo, que brotó de su costado traspasado por nosotros en la cruz. El Señor Jesús nos lava de nuestros pecados, nos cura de nuestras culpas y nos fortalece para no sucumbir en la lucha contra el pecado y en el testimonio de su amor.


Hace veinticinco años, el siervo de Dios Juan Pablo II inauguró, no lejos de esta basílica, el Centro internacional juvenil San Lorenzo: una iniciativa espiritual que se sumaba a muchas otras ya activas en la diócesis de Roma, para favorecer la acogida a jóvenes, el intercambio de experiencias y de testimonios de fe, y sobre todo la oración que nos ayuda a descubrir el amor de Dios.


En esa ocasión, Juan Pablo II dijo: "El que se deje colmar de este amor -el amor de Dios- no puede seguir negando su culpa. La pérdida del sentido del pecado deriva en último análisis de otra pérdida más radical y secreta, la del sentido de Dios" (Homilía en la inauguración del Centro internacional juvenil San Lorenzo, 13 de marzo de 1983, n. 5: L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 10 de abril de 1983, p. 9). Y añadió: "¿A dónde ir en este mundo, con el pecado y la culpa, sin la cruz? La cruz se carga con toda la miseria del mundo que nace del pecado. Y se manifiesta como signo de gracia. Acoge nuestra solidaridad y nos anima a sacrificarnos por los demás" (ib.).

Queridos jóvenes, que esta experiencia se renueve hoy para vosotros: en este momento mirad la cruz y acoged el amor de Dios, que se nos da en la cruz, por el Espíritu Santo, pues brota del costado traspasado del Señor. Como dijo el Papa Juan Pablo II, "transformaos también vosotros en redentores de los jóvenes del mundo" (ib.).

Divino Corazón de Jesús, del que brotaron sangre y agua como manantial de misericordia para nosotros, en ti confiamos. Amén.

 

[Traducción distribuida por la Santa Sede

© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana]


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 ZENIT pblica el comentario del padre Raniero Cantalamessa, OFM Cap. --predicador de la Casa Pontificia-- a la Liturgia de la Palabra del Domingo de Resurrección, 23 de Marzo de 2008.



Domingo de Pascua

Hechos 10,34a.37-43; Colosenses 3,1-4; Juan 20, 1-9


¡Ha resucitado!


A las mujeres que acudieron al sepulcro, la mañana de Pascua, el ángel les dijo: «No temáis. Buscáis a Jesús Nazareno, el crucificado. ¡Ha resucitado!». ¿Pero verdaderamente ha resucitado Jesús? ¿Qué garantías tenemos de que se trata de un hecho realmente acontecido, y no de una invención o de una sugestión? San Pablo, escribiendo a la distancia de no más de veinticinco años de los hechos, cita a todas las personas que le vieron después de su resurrección, la mayoría de las cuales aún vivía (1 Co 15,8). ¿De qué hecho de la antigüedad tenemos testimonios tan fuertes como de éste?


Pero para convencernos de la verdad del hecho existe también una observación general. En el momento de la muerte de Jesús los discípulos se dispersaron; su caso se da por cerrado: «Esperábamos que fuera él...», dicen los discípulos de Emaús. Evidentemente, ya no lo esperan. Y he aquí que, de improviso, vemos a estos mismos hombres proclamar unánimes que Jesús está vivo; afrontar, por este testimonio, procesos, persecuciones y finalmente, uno tras otro, el martirio y la muerte. ¿Qué ha podido determinar un cambio tan radical, más que la certeza de que Él verdaderamente había resucitado?


No pueden estar engañados, porque han hablado y comido con El después de su resurrección; y además eran hombres prácticos, ajenos a exaltarse fácilmente. Ellos mismos dudan de primeras y oponen no poca resistencia a creer. Ni siquiera pueden haber engañado a los demás, porque si Jesús no hubiera resucitado, los primeros en ser traicionados y salir perdiendo (¡la propia vida!) eran precisamente ellos. Sin el hecho de la resurrección, el nacimiento del cristianismo y de la Iglesia se convierte en un misterio aún más difícil de explicar que la resurrección misma.


Estos son algunos argumentos históricos, objetivos; pero la prueba más fuerte de que Cristo ha resucitado ¡es que está vivo! Vivo, no porque nosotros le mantengamos con vida hablando de Él, sino porque Él nos tiene en vida a nosotros, nos comunica el sentido de su presencia, nos hace esperar. «Toca a Cristo quien cree en Cristo», decía san Agustín, y los auténticos creyentes experimentan la verdad de esta afirmación.


Los que no creen en la realidad de la resurrección siempre han planteado la hipótesis de que se haya tratado de fenómenos de autosugestión; los apóstoles creyeron ver. Pero esto, si fuera cierto, constituiría al final un milagro no inferior al que se quiere evitar admitir. Supone, en efecto, que personas distintas, en situaciones y lugares diferentes, tuvieron todas la misma alucinación. Las visiones imaginarias llegan habitualmente a quien las espera y las desea intensamente; pero los apóstoles, después de los sucesos del Viernes Santo, ya no esperaban nada.


La resurrección de Cristo es, para el universo espiritual, lo que fue para el universo físico, según una teoría moderna, el Big-bang inicial: tal explosión de energía como para imprimir al cosmos ese movimiento de expansión que prosigue todavía, miles de millones de años después. Quita a la Iglesia la fe en la resurrección y todo se detiene y se apaga, como cuando en una casa se va la luz. San Pablo escribió: «Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo» (Rm 10,9). «La fe de los cristianos es la resurrección de Cristo», decía san Agustín. Todos creen que Jesús ha muerto, también los paganos y los agnósticos. Pero sólo los cristianos creen que también ha resucitado, y no se es cristiano si no se cree esto. Resucitándole de la muerte, es como si Dios confirmara la obra de Cristo, le imprimiera su sello. «Dios ha dado a todos los hombres una garantía sobre Jesús, al resucitarlo de entre los muertos» (Hechos 17,31).


[Traducción del original italiano por Marta Lago]


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Comentario a las lecturas del Domingo Pascua - A publicado en el Diario de Avisos el 23 de Marzo de 2008 bajo el epígrafe "el domingo, fiesta de los cristianos".


Conjugando

el verbo pasar

DANIEL PADILLA

Cada semana, con deseos de cercanía, hago esta sencilla glosa evangélica, preparando el "domingo". La sección, en tono de aviso, se titula así: "El domingo, fiesta de los cristianos". Hoy es domingo. El domingo de los domingos. Hoy es Pascua.


Y Pascua significa "paso". Lo sabe cualquier alumno de pri­maria. Pero, como esto de "pasar" puede tener varias lecturas, convendrá clarificar qué "paso" es ése de la Pascua cristiana.


Hay un primer modo de "pasar". El simple devenir de las co­sas. "Todo fluye", decía Heráclito. "Nuestras vidas son los ríos que van a dar en el mar", melancolizaba Manrique. Y Teilhard de Chardin pintaba la evolución impresionante del universo entero "en marcha hacia el espíritu". Pero, dejando a los sabios, cada uno comprueba su propio "pasar". Nuestros tejidos se renuevan constantemente. Antes de un mes, tendré una piel distinta. Total­mente otra. No es éste, claro, el "pasar" de la Pascua.


Tampoco hablamos aquí del "pasotismo". Eso, más que "pa­sar" es dejar que "las cosas y los sucesos pasen", mientras uno permanece en la indiferencia: "Si se hunde el mundo, que se hunda". O aquello más ligero: "¡A mi plin, yo duermo en Pi­kolín!". Esa actitud está —ya lo comprenderán- en las antípodas del Evangelio. No es ése el "paso".


Hay un tercer modo de "pasar", de hondas resonancias cris­tianas. "Como el tiempo pasa, es menester apreciarlo". Es la parábola de "los talentos". O aquello de Pablo: "Mientras tene­mos tiempo, hagamos el bien". ¡Qué bellas cartas, a este respec­to las que se cruzaron el obispo Iniesta y Butragueño! Aludien­do a la gloria efímera de los "ídolos", decía el Buitre: "Sé que Butragueño pasará mucho antes que Picasso". Y le contestaba el obispo: "También Picasso pasará, Emilio. El único que no pa­sará es Jesús, que dijo: "Mis palabras no pasarán". Por eso te pi­do, amigo mío, que le conozcas y que le reconozcas ante los hombres".


Pero la Pascua cristiana es el "paso" de la muerte de Cristo bendito a una vida ya plena. No a la vida anterior, tan vulnera­ble y menesterosa. Sino a una vida, en la que "la muerte no ten­ga ningún lugar". En la vigilia de anoche entre símbolos y lec­turas gratificantes, hemos evocado esta Pascua, que tiene tres vertientes.


La creación. "En el principio creó Dios el cielo y la tierra. Y vio que todo era bueno". Era el paso del no-ser, al ser. Luego el hombre emborronó el paisaje. Pero la Pascua volvió a recrearlo todo. Desde entonces, cada avance de la ciencia, cada nueva me­dicina, cada amanecer, un niño que nace, son una nueva crea­ción: "Yo hago nuevas todas las cosas".


La liberación. Los israelitas "pasaron" el mar y se libraron. Ese "paso" no ha terminado. Los que se adentran en el mar del Misterio Pascual de Cristo, poco a poco se van librando de todas las esclavitudes.

La resurrección. Un ángel dijo ante el sepulcro: "Ha resuci­tado. No está aquí". Desde entonces todos los mensajeros han predicado ese kerigma: "Nosotros somos testigos de la resurrec­ción del Señor". Y Pablo especialmente atento a la unión exis­tente entre los miembros y la cabeza del cuerpo, completó el ar­gumento: "Si Cristo resucitó, también nosotros debemos resuci­tar". Si no, "vana seria nuestra fe".


Hoy es domingo, amigos. El día de nuestra fe. El día de nues­tra esperanza. El día de nuestra alegría. "Hoy es el día que hizo el Señor". El domingo de los domingos. ¡La Pascua! En el "gloria" deben sonar las campanillas. ¡Al mediodia, tenemos que brindar! ¡Felicidades!


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S?bado, 22 de marzo de 2008

REDACCIÓN DE “IGLESIA NIVARIENSE”

C. San Agustín, nº 28

38201. La Laguna. Tenerife.

Tfno. 922-314961 / Fax. 922-256362

e-mail: [email protected]

 

BOLETÍN 277

 

 

 

 

·         El Obispo preside el sábado en la noche la Vigilia Pascual en la Sede Catedralicia. Ya el domingo, celebra la misa pascual a las doce de la mañana  en la que se imparte la bendición apostólica.

 

·         Asimismo, el obispo, Bernardo Álvarez presidió en la Parroquia de la Concepción, la Misa Crismal en la que los presbíteros renovaron sus promesas sacerdotales. Además en esta celebración se bendijeron los óleos y se consagró el Santo Crisma.

 

·         Al término de la Misa Crismal, el obispo hizo público el nombramiento de Prelado de Honor por parte del Papa Benedicto XVI al sacerdote, Saturnino Agustín Yanes. Este presbítero, que quedó sordo desde muy temprana edad, ha dedicado gran parte de su vida a la pastoral con personas que tienen carencias auditivas.

 

·         Más de 300 personas escenifican La Pasión, en el municipio de Adeje. A esta expresión artístico-religiosa acuden cada año más de 10.000 espectadores.

 

·         Otro tanto ocurrió en la villa mariana de Candelaria donde más de 350 vecinos, entre ellos la banda de música y la coral, han puesto en escena la representación de la pasión de Cristo en la plaza de la basílica. La obra, que cada año consigue mayor número de espectadores, consta de nueve escenarios que escenifican los momentos más importantes de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús.

 

·         El Obispo presidió el Rito de Conclusión del Neocatecumenado en la parroquia de Nuestra Señora del Carmen, en Tazacorte. El grupo estaba formado por unas treinta personas.

 

·         Por otro lado en Garachico se está desarrollando la llamada Pascua Contemplativa y en Tacoronte una tanda de ejercicios espirituales

 

·         La Organización Nacional de Ciegos (ONCE) pondrá a la venta este fin de semana, por vez primera, un Cupón dedicado a La Semana Santa de La Laguna, sede de la Diócesis Nivariense. Esta iniciativa ha sido posible gracias a los responsables de la Junta de Hermandades y Cofradías de la ciudad.

 

·         El cupón reproducirá los ojos de un cofrade tras un capirote de penitencia, el escudo de la Junta y la frase “S. Cristóbal de La Laguna, Patrimonio de la Humanidad”. Además, se incluye también la silueta de las dos torres y la Cúpula de la Catedral de la Diócesis, cerrada por obras en la actualidad.

 

·         Jorge Fernández, sacerdote que está vinculado a Santa Cruz de Tenerife desde hace 17 años y hace 2 a La Laguna, ha comentado para “Canarias24horas.com”, que cuando llegó a la ciudad capitalina vio con “pena” las procesiones que se realizaban en esa época por lo que pensó que se debía hacer un esfuerzo entre todas las comunidades y parroquias para dignificar estas expresiones públicas en la calle. Este hecho se está consiguiendo estos años

 

·         Después de más de setenta años, la Semana Santa de Santa Cruz de La Palma recuperará la interpretación de Las Chirimías, pequeñas piezas musicales que se interpretaban en las paradas de la procesión de El Calvario, el Viernes Santo.

 

  • Del 25 al 29 de marzo, el Centro de Orientación Familiar “COF2000” organiza las primeras jornadas de Formación sobre el Matrimonio y la Familia.

 

·         El suplemento “Crónica” del periódico “El Mundo”, en su edición del domingo 16 de marzo, ha publicado un reportaje sobre el sacerdote de la Diócesis Nivariense, Evans Gliwitzki. “Cura, católico, casado, con hijos y con parroquia en Tenerife”, es el titular de este trabajo periodístico en el que se exponen las causas excepcionales que confluyeron para que este ex miembro de la alta iglesia anglicana se convirtiera a la fe católica y se ordenara sacerdote.

 

·         Por otro lado, el diario “ABC” ha publicado también este pasado domingo, una entrevista al obispo, Bernardo Álvarez, en la que entre otros asuntos aborda cuestiones como la elección de un nuevo presidente en la Conferencia Episcopal, la inmigración y la manera en que los católicos isleños viven el comienzo de la Semana Santa.

 

·         La monja canaria, María Socorro Sarmiento, ha narrado la dramática situación que viven miles de personas en el Congo en un reportaje que recoge el periódico “Diario de Avisos”. Denunciando la falta de información que hay en este país africano, Socorro señala: “Tuve que enseñar a las mujeres a alimentar a sus hijos, y convencerlas con regalos para que vinieran a dar a luz al hospital”.

 

·         El Pleno del Ayuntamiento de Los Realejos ha aprobado solicitar al Gobierno de Canarias que la Fiesta de las Cruces de Mayo sea declarada como Fiesta de Interés Turístico Regional.

 

·         Una delegación de alfombristas del municipio de La Orotava se desplazó a principios de este mes a la Feria Internacional de Turismo de Berlín, con el fin de elaborar un tapiz de tierras naturales del Parque nacional del Teide. La alfombra fue confeccionada en el stand de Canarias y se elaboró con un diseño circular.

 

  • Del 25 al 29 de marzo, el Centro de Orientación Familiar “COF2000” organiza las primeras jornadas de Formación sobre el Matrimonio y la Familia.

 

·         El Espacio Cultural CajaCanarias de la capital tinerfeña se está convirtiendo en punto de encuentro durante estas semanas de relevantes pensadores, sociólogos, filósofos y periodistas para abordar la situación política, económica y social de África, continente vecino pero lejano para Occidente. Estos foros son una invitación a la reflexión sobre un territorio que posee el 90% de los recursos naturales del planeta, pero que paradójicamente es el continente con más países subdesarrollados.


Día 22 de Marzo
Sábado Santo

 

Optimismo en el dolor de amor


Mientras sucedían estas cosas Jesús permanece muerto en el sepulcro. Es el momento de mayor desolación de los Apóstoles, que no terminarían de creer que su Maestro había muerto. Aunque no tenemos noticias de dónde se encontraban este día los discípulos del Señor –sólo sabemos que Juan permaneció junto a María al pie de la Cruz hasta el final–, nos los imaginamos completamente abatidos por la tristeza. Tal vez sus pensamientos irían del remordimiento por haber abandonado a Jesús en el Huerto de los Olivos, con lo que comenzó su Pasión, al recuerdo nostálgico de tantos prodigios vividos de cerca con el Él y de tantas palabras suyas retenidas –de vida eterna, como confesó Pedro–, que habían llenado sus vidas de una esperanza inigualable.


        Un dolor imposible de describir hizo presa en ellos, viéndose vacíos y culpables. Un dolor que se afianzaba con el paso de las horas, que les hacía más y más patente la muerte de Jesús, para ellos tan inesperada. Por otra parte, el miedo por el que huyeron dejándolo solo la noche de Getsemaní aún les afectaba. Pedro –aunque luego lloró– había negado conocer al Señor por no correr la suerte de su Maestro. Los demás, si no de palabra, le habían negado también de verdad, con las obras; y, como explica san Juan, estaban escondidos por miedo a los judíos. Los prícipes de los sacerdotes y los fariseos se habían hecho fuertes después de conseguir la condena de Jesús. Hasta lograron que Pilato pusiera a su disposición soldados para guardar el sepulcro. Ser de los de Aquel hombre crucificado y muerto, era peligroso en ese momento. De ser reconocidos, sus vidas no estaban seguras: lo mejor era esconderse...


        Sin embargo, no todos se acobardan. En "Via Crucis" lo describe san Josemaría: Nicodemo y José de Arimatea –discípulos ocultos de Cristo– interceden por el desde los altos cargos que ocupan. En la hora de la soledad, del abandono total y del desprecio..., entonces dan la cara "audacter" (Mc XV, 43)...: ¡valentía heroica!


         Yo subiré con ellos al pie de la Cruz, me apretaré al Cuerpo frío, cadáver de Cristo, con el fuego de mi amor..., lo desclavaré con mis desagravios y mortificaciones..., lo envolveré con el lienzo nuevo de mi vida limpia, y lo enterraré en mi pecho de roca viva, de donde nadie me lo podrá arrancar, ¡y ahí, Señor, descansad!


         Cuando todo el mundo os abandone y desprecie..., serviam!, os serviré, Señor.


        No nos interesa establecer comparaciones entre los que dieron la cara en aquellas horas difíciles por el Señor y los que entonces fueron cobardes, pero, recuperados por acción de la Gracia, supieron dar toda su vida para que se extendiera en el mundo el Reino de Cristo. Nosotros deseamos serle fieles siempre y le pedimos fortaleza, lealtad, para los momentos de cobardía y de flojera, que vendrán: no somos perfectos, y le decimos: ¡Perdón, Señor! ¡Ayúdame más, que quiero serte siempre fiel!


        ¡Que no nos importe reconocernos débiles y por eso pecadores! Lo hemos sido en otro tiempo: bien claras tenemos nuestras traiciones pasadas; y lo seremos en el futuro, aunque sea de ordinario en asuntos menudos, a los que queremos dar importancia, sin embargo, porque son faltas de amor con el Señor. Por eso, dolidos de nuestras debilidades, tal vez no tan antiguas..., nos proponemos rectificar con un propósito bien determinado. Querríamos no sentir más la necesidad de pedir perdón, querríamos no ofender más al Señor, aunque deseamos ardientemente reconocerlo arrepentidos –como Pedro– inmediatamente después de cada ofensa.


        El dolor de los pecados: dolor por haber ofendido a Dios, es verdadero dolor, pero no es un dolor triste, no puede serlo. Es un dolor optimista, esperanzado, porque Dios lo acoge si contempla que es sincero con el deseo de no apartarnos más de su lado: No despreciarás, Señor, un corazón contrito y humillado, le decimos con el salmo. Por eso el momento del dolor es también el de la paz, el de la seguridad, el del optimismo; e inmediatamente el momento de la gratitud y de la alegría.


        Quiere el Señor manifestar su bondad y su poder en sus hijos los hombres y lo hace muchas veces perdonándonos y sanando nuestras heridas, para que llenos de su fortaleza venzamos en la lucha contra nosotros mismos una y otra vez, aunque también de vez en cuando seamos vencidos. Bastará entonces con volver los ojos nuevamente a Dios, que comprende la flaqueza nuestra y quiere otra vez ayudarnos, porque nunca nos ha dejado de querer.


        ¡Y, qué decir de nuestra Madre! De continuo nos contempla como a hijos siempre pequeños –rebeldes, quizás– y siempre dignos de compasión, porque somos suyos. Así se lo decimos cada uno: ¡Mírame con compasión, no me dejes Madre mía!

 

 

 

 

 


NOVEDADES FLUVIUM


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Una vida gloriosa también para los hombres

 

Hemos terminado de conmemorar un año más y de vivir los acontecimientos de la Pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo. El heroísmo de la caridad de Jesús, Dios y hombre, queda patente ante sus discípulos durante la Última a Cena. Un amor de Dios a los hombres más allá de toda comprensión humana. Por los ojos les entró a los Apóstoles que vino a servir, cuando realizó por ellos que la tarea de lavarles los pies propia de los siervos. Pero no podían hacerse cargo –tampoco nosotros ahora– del amor que supone entregarse Él mismo: con su cuerpo, con su sangre, con su alma y con su divinidad, como alimento para todas las generaciones. Así lo había anunciado poco tiempo antes en la sinagoga de Cafarnaún, ante el escándalo de la mayoría de sus oyentes. Sin embargo, nuestro Salvador fue intransigente: En verdad, en verdad os digo que si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo le resucitaré en el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él, les aseguró.


        No tenemos los cristianos, por consiguiente, ninguna duda de que la vida que espera Dios de nosotros por Jesucristo no puede ser solamente una vida humana de obras perfectas, por el intento tal vez de imitar la conducta de Jesús. ¿Tendría acaso el hombre con sus solas fuerzas, por perfectas e insólitas que fueran, la capacidad de trascender hasta la divinidad? Pues en ese ámbito nos quiere Dios desde el principio como hijos por Jesucristo: Vino a los suyos, y los suyos no le recibieron. Pero a cuantos le recibieron les dio la potestad de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre, que no han nacido de la sangre, ni de la voluntad de la carne, ni del querer del hombre, sino de Dios. Así se expresa san Juan al comienzo de su evangelio, en una página gloriosa, síntesis insuperable de la realidad de Jesucristo y el sentido genuino de la vida de los hombres.


        Los hombres solos no somos capaces de llegar hasta donde Dios espera, por mucha que sea nuestra perfección e incansable nuestro empeño. Pero Jesucristo no deja en todo caso de exigir y el ideal cristiano se presenta como la ilusión de quienes están dispuestos a llevar una vida esforzada hasta el mayor sacrificio. Una vida, pues, que podríamos calificar de heroica e imposible. ¿Acaso no es así, como sustraída ya de este mundo, la vida de Jesús resucitado? La vida de Jesús de Nazaret que a partir de esta noche, contemplamos se presenta, en efecto, a los ojos humanos como un extraordinario e incomprensible prodigio. Tan sorprendente que, aunque lo había advertido con tiempo, al saber de la Resurrección, las mujeres salieron y huyeron del sepulcro, pues estaban sobrecogidas de temblor y fuera de sí. Y no dijeron nada a nadie, porque estaban atemorizadas, explica san Marcos. Una reacción, sin embargo, podríamos decir, natural. Una vez más el proyecto de Dios nos resulta demasiado grandioso como para aceptarlo sin más.


        El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán, pero al tercer día resucitará. Las palabras de Jesús parecen inequívocas, pero no sabemos si resultaron a sus discípulos más alejadas de su capacidad de comprender porque anunciaban la muerte de Jesús o su Resurrección. En todo caso, nos dicen los evangelistas que ellos no comprendieron nada de esto: era éste un lenguaje que les resultaba incomprensible, y no entendían las cosas que decía. (...) Y se pusieron muy tristes (...) y temían preguntarle. La Resurrección del Maestro había quedado en sus mentes como un misterio casi olvidado. Hizo falta la innegable realidad del sepulcro vacío, como lo encontraron en la mañana del domingo, para que despertara en ellos y aceptaran el incompresible misterio de la vida resucitada que les había sido anunciado.


        —¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? No está aquí, sino que ha resucitado; recordad cómo os habló cuando aún estaba en Galilea diciendo que convenía que el Hijo del Hombre fuera entregado en manos de hombres pecadores, y fuera crucificado y resucitase al tercer día.
        Entonces ellas se acordaron de sus palabras. Y al regresar del sepulcro anunciaron todo esto a los once y a todos los demás
. Así se expresaba san Lucas. Y san Juan, protagonista perplejo de lo que la Magdalena anunciaba, cuenta que entonces entró también el otro discípulo –el proio Juan– que había llegado antes al sepulcro, vio y creyó. No entendían aún la Escritura según la cual era preciso que resucitara de entre los muertos.


        El Apóstol manifiesta por extenso a los primeros fieles de Corinto la tremenda relevancia que tiene para el cristiano de la Resurrección de Jesús. Basten ahora estas palabras suyas: Cristo ha resucitado de entre los muertos, como primer fruto de los que mueren. Porque como por un hombre vino la muerte, también por un hombre la resurrección de los muertos. Y así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados. También hay, por consiguiente, para el hombre una vida resucitada.


        ¿Cómo, si no, podrían cumplirse en nosotros tantas promesas del mismo Cristo? Recordemos ahora tan sólo una, en aquellos momentos últimos, entrañables, de Jesús con sus discípulos, la víspera de su Pasión: No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas. De lo contrario, ¿os hubiera dicho que voy a prepararos un lugar? Cuando me haya marchado y os haya preparado un lugar, de nuevo vendré y os llevaré junto a mí, para que, donde yo estoy, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.


        Llenos de gratitud, mientras contemplamos el mundo y la vida con los ojos de la fe, por encima de estas realidades de ahora, hacemos el propósito de buscar una razón trascendente, unidos a la Madre de Dios –¡Bienaventurada porque has creído!– en cada cosa que nos ocupe en la vida.


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Resurrección: una alegría sin barreras

 

    
  El Evangelio según san Juan nos narra con bastante detenimiento lo sucedido el primer día de la semana, el siguiente al sábado, el día en que resucitó el Señor. Este hecho fue de tal trascendencia para la naciente Iglesia que originó el cambio, no poco importante, del día especialmente dedicado a Dios. El día del culto por excelencia no fue ya el sábado para los cristianos, sino el dies domínica, día del Señor, el domingo.


        Este cambio era necesario, no sólo para marcar con claridad la diferencia entre la antigua ley –que había preparado la venida del Mesías– y la ley de la fe en el Dios Trino; era preciso, sobre todo, para afirmar sin paliativos la ley de la Gracia, una nueva economía de la salvación, por la cual los hombres, injertados en Cristo, somos verdaderamente familia de Dios. Era importante significar que los preceptos del pasado no eran ya necesarios, toda vez que Jesucristo había saldado sobradamente con su sacrificio la deuda de nuestros pecados. En adelante, aplicándose en el cristiano los méritos de la Cruz, agradamos a Dios como un hijo bueno a su padre.


        Hijos de Dios. —Portadores de la única llama capaz de iluminar los caminos terrenos de las almas, del único fulgor, en el que nunca podrán darse oscuridades, penumbras ni sombras.
         —El Señor se sirve de nosotros como antorchas, para que esa luz ilumine... De nosotros depende que muchos no permanezcan en tinieblas, sino que anden por senderos que llevan hasta la vida eterna.

        Así leemos en "Forja". Esa luz del convencimiento firme de nuestra filiación divina, alumbra a cada uno en primer lugar. Inundar a otros de alegría, transmitirles la propia riqueza, es algo espontáneo, manifestación del esplendor y seguridad que provoca la fe en quien la vive. El fuego no puede sino quemar, como la luz necesariamente ilumina. También es cierto que el agua apaga y la suciedad contamina lo que le rodea. Seamos luz ardiente de Dios, ricos, entusiasmados por gozar del mayor Amor, y con el deseo –que casi no hay que proponerse– de que muchos más sean felices de verdad.


        Antes que los Apóstoles, supo de la resurrección del Señor María Magdalena. Por los otros evangelios sabemos de su alegría al conocer que Jesús vivía. Entonces echó a correr, fue a Simón Pedro y al otro discípulo al que Jesús amaba... "Echó a correr...", dice san Juan. Como nosotros cuando descubrimos algo estupendo. Enseguida nos vienen a la cabeza personas queridas y nos apresuramos a compartir la alegría, porque deseamos que sean también muy felices.


        Fácilmente nos podemos imaginar el efecto inmediato de la "onda expansiva" provocada por esta mujer y los dos primeros discípulos que se acercaron al sepulcro a primera hora del domingo. En muy poco tiempo, todos: los otros apóstoles y las demás mujeres que acompañaron al Señor, sabrían la noticia. Y, a continuación, otros más que apreciaban a Jesús en Jerusalén, aunque no le siguieron tan de cerca. Era la consecuencia natural de un entusiasmo que se transmite.


        Muy pronto, por algunos de la guardia que custodiaba el sepulcro, llegó también la noticia a los que habían planeado y logrado la muerte de Jesús; que, según san Mateo, reunidos con los ancianos, después de haberlo acordado, dieron una buena suma de dinero a los soldados con el encargo de decir: Sus discípulos vinieron de noche y lo robaron mientras nosotros dormíamos. Es muy diferente, como vemos, la reacción de los que han decidido dejar al Señor de lado. El empeño por mantener a toda costa su actitud de siempre les lleva a falsear lo evidente por cualquier medio, no importa si correcto o no.


        La verdad incontestable de la resurrección de Jesús, públicamente ejecutado como un malhechor, se imponía necesariamente en el pueblo y confirmaba en la fe a los discípulos tras el desencanto por la aparente derrota del Calvario. Cristo mismo, resucitado, vivifica ya a los suyos. No hay fuerza –no puede haberla– capaz de contener el triunfo del Hijo de Dios actuando en sus fieles: su Reino no tendrá fin, dijo el Ángel a María; y las puertas del infierno no prevalecerán contra Ella, prometió Jesús a Pedro, refiriéndose a la Iglesia. No son nuestros buenos propósitos, nuestras disposiciones de fidelidad, ni la grandes cualidades que puedan tener algunos cristianos, la garantía del triunfo final de los cristianos en la historia. Es el propio Cristo, Dios hecho hombre por amor a los hombres, el garante de nuestra victoria definitiva.


        Como María, conscientes de nuestra debilidad y del poder divino en favor de sus hijos, proclamamos que ha hecho en cada uno cosas grandes el que es Todopoderoso y las hará hasta el fin de los tiempos.


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ZENIT publica las palabras que dirigió Benedicto XVI en la noche del Viernes Santo, 21 de Marzo de 2008,  al final del Vía Crucis que presidió en el Coliseo de Roma.

 

Queridos hermanos y hermanas:

También en este año hemos recorrido el camino de la cruz, el Vía Crucis, volviendo a evocar con fe las etapas de la pasión de Cristo. Nuestros ojos han vuelto a contemplar los sufrimientos y la angustia que nuestro Redentor tuvo que soportar en la hora del gran dolor, que supuso la cumbre de su misión terrena. Jesús muere en la cruz y yace en el sepulcro. El día del Viernes Santo, tan impregnado de tristeza humana y de religioso silencio, se cierra en el silencio de la meditación y de la oración. Al volver a casa, también nosotros, como quienes asistieron al sacrificio de Jesús, nos golpeamos el pecho, evocando lo que sucedió. ¿Es posible permanecer indiferentes ante la muerte del Señor, del Hijo de Dios? Por nosotros, por nuestra salvación se hizo hombre, para poder sufrir y morir.


Hermanos y hermanas: dirijamos hoy a Cristo nuestras miradas, con frecuencia distraídas por disipados y efímeros intereses terrenos. Detengámonos a contemplar su cruz. La cruz, manantial de vida y escuela de justicia y de paz, es  patrimonio universal de perdón y de misericordia. Es prueba permanente de un amor oblativo e infinito que llevó a Dios a hacerse hombre, vulnerable como nosotros, hasta morir crucificado.


A través del camino doloroso de la cruz, los hombres de todas las épocas, reconciliados y redimidos por la sangre de Cristo, se han convertido en amigos de Dios, hijos del Padre celestial. «Amigo», así llama Jesús a Judas y le dirige el último y dramático llamamiento a la conversión. «Amigo», llama a cada uno de nosotros, porque es auténtico amigo de todos nosotros. Por desgracia, no siempre logramos percibir la profundidad de este amor sin fronteras que Dios nos tiene. Para Él no hay diferencia de raza y cultura. Jesucristo murió para liberar a la antigua humanidad de la ignorancia de Dios, del círculo de odio y violencia, de la esclavitud del pecado. La Cruz nos hace hermanos y hermanas.


Pero preguntémonos, en este momento, qué hemos hecho con este don, qué hemos hecho con la revelación del rostro de Dios en Cristo, con la revelación del amor de Dios que vence al odio. Muchos, también en nuestra época, no conocen a Dios y no pueden encontrarlo en el Cristo crucificado. Muchos están en búsqueda de un amor o de una libertad que excluya a Dios. Muchos creen que no tienen necesidad de Dios.


Queridos amigos: Tras haber vivido juntos la pasión de Jesús, dejemos que en esta noche nos interpele su sacrificio en la cruz. Permitámosle que ponga en crisis nuestras certezas humanas. Abrámosle el corazón. Jesús es la verdad que nos hace libres para amar. No tengamos miedo: al morir, el Señor destruyó el pecado y salvó a los pecadores, es decir, a todos nosotros. El apóstol Pedro escribe: «sobre el madero llevó nuestros pecados en su cuerpo a fin de que, muertos a nuestros pecados, viviéramos para la justicia» (I Pedro 2, 24). Esta es la verdad del Viernes Santo: en la cruz, el Redentor nos ha hecho hijos adoptivos de Dios, que nos creó a su imagen y semejanza. Permanezcamos, por tanto, en adoración ante la cruz.


Cristo, danos la paz que buscamos, la alegría que anhelamos, el amor que llene nuestro corazón sediento de infinito. Esta es nuestra oración en esta noche, Jesús, Hijo de Dios, muerto por nosotros en la cruz y resucitado al tercer día. Amén.


 [Trascripción realizada por Zenit. Traducción del original italiano de Jesús Colina

© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana]


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En la tarde del Viernes Santo, 21 de Marzo de 2008, Benedicto XVI presidió, en la Basílica vaticana, la celebración de la Pasión del Señor. Durante la Liturgia de la Palabra se ha dado lectura al relato de la Pasión según san Juan.

A continuación el predicador de la Casa Pontificia, el padre Raniero Cantalamessa, O.F.M. Cap., pronunció la homilía, cuyo texto ofrecemos íntegramente. (ZENIT.org)


 

P. Raniero Cantalamessa O.F.M. Cap.

 

Predicación del Viernes Santo de 2008

en la Basílica de San Pedro

 

«LA TÚNICA ERA SIN COSTURAS»


«Los soldados, después que crucificaron a Jesús, tomaron sus vestidos, con los que hicieron cuatro lotes, un lote para cada soldado, y la túnica. La túnica era sin costura, tejida de una pieza de arriba abajo. Por eso se dijeron: "No la rompamos; sino echemos a suertes a ver a quién le toca". Para que se cumpliera la Escritura: "Se han repartido mis vestidos, han echado a suertes mi túnica"» (Jn 19,23-24).

Siempre ha surgido la cuestión de qué quiso decir el evangelista Juan con la importancia que da a este particular de la Pasión. Una explicación reciente es que la túnica recuerda al paramento del sumo sacerdote y que Juan, por ello, deseó afirmar que Jesús murió no sólo como rey, sino también como sacerdote.

De la túnica del sumo sacerdote no se dice, sin embargo, en la Biblia, que tuviera que ser sin costuras (Cf. Ex 28,4; Lev 16,4). Por eso los exégetas más autorizados prefieren atenerse a la explicación tradicional según la cual la túnica inconsútil simboliza la unidad de la Iglesia [1].

Cualquiera que sea la explicación que se da del texto, una cosa es cierta: la unidad de los discípulos es, para Juan, la razón por la que Cristo muere: «Jesús iba a morir por la nación, y no sólo por la nación, sino también para reunir en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos» (Jn 11,51-52). En la última cena Él mismo había dicho: «No ruego sólo por estos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado» (Jn 17,20-21).

La alegre noticia que hay que proclamar el Viernes Santo es que la unidad, antes que una meta a alcanzar, es un don que hay que acoger. Que la túnica estuviera tejida «de arriba abajo», escribe san Cipriano, significa que «la unidad que trae Cristo procede de lo Alto, del Padre celestial, y por ello no puede ser escindida por quien la recibe, sino que debe ser integralmente acogida» [2].

Los soldados dividieron en cuatro partes «los vestidos», o «el manto» (ta imatia), esto es, el indumento exterior de Jesús, no la túnica, el chiton, que era el indumento interno, que se lleva en contacto directo con el cuerpo. Un símbolo éste también. Los hombres podemos dividir a la Iglesia en su elemento humano y visible, pero no su unidad profunda que se identifica con el Espíritu Santo. La túnica de Cristo no fue ni jamás podrá ser dividida. Es también inconsútil. Es la fe que profesamos en el Credo: «Creo en la Iglesia, una, santa, católica y apostólica».

 

Pero si la unidad debe servir como signo «para que el mundo crea», debe ser una unidad también visible, comunitaria. Es ésta unidad la que se ha perdido y debemos reencontrar. Se trata de mucho más que de relaciones de buena vecindad; es la propia unidad mística interior --«un solo Cuerpo y un solo Espíritu, una sola esperanza, un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos» (Ef 4,4-6)--, en cuanto que esta unidad objetiva es acogida, vivida y manifestada, de hecho, por los creyentes.

Después de la Pascua, los apóstoles preguntaron a Jesús: «Señor, ¿es en este momento cuando vas a restablecer el Reino de Israel?». Hoy dirigimos frecuentemente a Dios el mismo interrogante: ¿Es éste el tiempo en que vas a restablecer la unidad visible de tu Iglesia? También la respuesta es la misma de entonces: «A vosotros no os toca conocer el tiempo y el momento que ha fijado el Padre con su autoridad, sino que recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos» (Hch 1,6-8).

Lo recordaba el Santo Padre en la homilía pronunciada el pasado 25 de enero, en la Basílica de San Pablo Extramuros, en conclusión de la Semana [de oración] por la unidad de los cristianos: «La unidad con Dios y con nuestros hermanos y hermanas --decía-- es un don que viene de lo Alto, que brota de la comunión de amor entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y que en ella se incrementa y se perfecciona. No está en nuestro poder decidir cuándo o cómo se realizará plenamente esta unidad. Sólo Dios podrá hacerlo. Como san Pablo, también nosotros ponemos nuestra esperanza y nuestra confianza en la gracia de Dios que está con nosotros».

Igualmente hoy será el Espíritu Santo, si nos dejamos guiar, quien nos conduzca a la unidad. ¿Cómo actuó el Espíritu Santo para realizar la primera fundamental unidad de la Iglesia: aquella entre los judíos y los paganos? Descendió sobre Cornelio y su casa de igual manera en que había descendido en Pentecostés sobre los apóstoles. De modo que a Pedro no le quedó más que sacar la conclusión: «Por lo tanto, si Dios les ha concedido el mismo don que a nosotros, por haber creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo para poner obstáculos a Dios?» (Hch 11,17).

De un siglo a esta parte hemos visto repetirse ante nuestros ojos este mismo prodigio a escala mundial. Dios ha efundido su Espíritu Santo de manera nueva e inusitada en millones de creyentes, pertenecientes a casi todas las denominaciones cristianas y, para que no hubiera dudas sobre sus intenciones, lo ha derramado con idénticas manifestaciones. ¿No es éste un signo de que el Espíritu nos impele a reconocernos recíprocamente como discípulos de Cristo y a tender juntos a la unidad?

Esta unidad espiritual y carismática, por sí sola, es verdad, no basta. Lo vemos ya en los inicios de la Iglesia. La unidad entre judíos y gentiles en cuanto se realizó estaba amenazada por el cisma. En el llamado concilio de Jerusalén hubo una «larga discusión» y al final se llegó a un acuerdo, anunciado a la Iglesia con la fórmula: «Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros...» (Hechos 15,28). El Espíritu Santo obra, por lo tanto, también a través de otra vía que es el afrontamiento paciente, el diálogo y hasta los acuerdos entre las partes, cuando no está en juego lo esencial de la fe. Obra a través de las «estructuras» humanas y los «ministerios» instituidos por Jesús, sobre todo el ministerio apostólico y petrino. Es lo que llamamos hoy ecumenismo doctrinal e institucional.

 

La experiencia nos está convenciendo, sin embargo, de que este ecumenismo doctrinal, o de vértice, tampoco es suficiente ni avanza si no se acompaña de un ecumenismo espiritual, de base. Lo repiten cada vez con mayor insistencia precisamente los máximos promotores del ecumenismo institucional. En el centenario de la institución de la Semana de oración por la unidad de los cristianos (1908-2008), a los pies de la Cruz deseamos meditar sobre este ecumenismo espiritual: en qué consiste y cómo podemos avanzar en él.

El ecumenismo espiritual nace del arrepentimiento y del perdón, y se alimenta con la oración. En 1977 participé en un congreso ecuménico carismático en Kansas City, en Missouri. Había cuarenta mil personas, la mitad católicas (entre ellas el cardenal Suenens) y la otra mitad de diversas denominaciones cristianas. Una tarde empezó a hablar al micrófono uno de los animadores de una forma en aquella época extraña para mí: «Vosotros, sacerdotes y pastores, llorad y lamentaos, porque el cuerpo de mi Hijo está destrozado... Vosotros, laicos, hombres y mujeres, llorad y lamentaos porque el cuerpo de mi Hijo está destrozado».

Comencé a ver a los participantes caer, uno tras otro, de rodillas a mi alrededor, y a muchos de ellos sollozar de arrepentimiento por las divisiones en el cuerpo de Cristo. Y todo esto mientras un cartel sobresalía de un lado a otro en el estadio: «Jesús is Lord, Jesús es el Señor». Me encontraba allí como un observador aún bastante crítico y desapegado, pero recuerdo que pensé: Si un día todos los creyentes se reúnen para formar una sola Iglesia, será así: mientras estemos todos de rodillas, con el corazón contrito y humillado, bajo el gran señorío de Cristo.

Si la unidad de los discípulos debe ser un reflejo de la unidad entre el Padre y el Hijo, debe ser ante todo una unidad de amor, porque tal es la unidad que reina en la Trinidad. La Escritura nos exhorta a «hacer la verdad en la caridad» (veritatem facientes in caritate) (Ef 4,15). Y san Agustín afirma que «no se entra en la verdad más que a través de la caridad»: non intratur in veritatem nisi per caritatem [3].

Lo extraordinario acerca de esta vía hacia la unidad basada en el amor es que ya está abierta de par en par ante nosotros. No podemos «quemar etapas» en cuanto a la doctrina, porque las diferencias existen y hay que resolverlas con paciencia en las sedes apropiadas. Pero podemos en cambio quemar etapas en la caridad, y estar unidos desde ahora. El verdadero y seguro signo de la venida del Espíritu no es -escribe san Agustín-- hablar en lenguas, sino que es el amor por la unidad: «Sabéis que tenéis el Espíritu Santo cuando accedéis a que vuestro corazón se adhiera a la unidad a través de una sincera caridad» [4].


Meditemos en el himno a la caridad, de san Pablo. Cada frase suya adquiere un significado actual y nuevo, si se aplica al amor entre los miembros de las diferentes Iglesias cristianas, en las relaciones ecuménicas:


«La caridad es paciente...

La caridad no es envidiosa...

No busca su interés...

No toma en cuenta el mal (si acaso, ¡el mal realizado a los demás!).

No se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad (no se alegra de las dificultades de las otras Iglesias, sino que se goza en sus éxitos).

Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta» ( l Co 13,4 ss).


Esta semana hemos acompañado a su morada eterna a una mujer -Chiara Lubich, fundadora del Movimiento de los Focolares-- que fue una pionera y un modelo de este ecumenismo espiritual del amor. Con su vida nos demostró que la búsqueda de la unidad entre los cristianos no lleva a cerrarse al resto del mundo; es, más bien, el primer paso y la condición para un diálogo más amplio con los creyentes de otras religiones y con todos los hombres a quienes les importa el destino de la humanidad y de la paz.

 

«Amarse -se dice-- no es mirarse el uno al otro, sino mirar juntos en la misma dirección». También entre cristianos amarse significa mirar juntos en la misma dirección que es Cristo. «Él es nuestra paz» (Ef 2,14). Ocurre como en los radios de una rueda. Observemos qué sucede a los radios cuando, desde el centro, parten hacia el exterior: a medida que se alejan del centro se distancian también unos de otros, hasta terminar en puntos lejanos de la circunferencia. Miremos, en cambio, qué sucede cuando, desde la circunferencia, se dirigen hacia el centro: según se aproximan al centro, se acercan también entre sí, hasta formar un único punto. En la medida en que vayamos juntos hacia Cristo, nos aproximaremos también entre nosotros, hasta ser verdaderamente, como Él pidió, «uno, con Él y con el Padre».

Aquello que podrá reunir a los cristianos divididos será sólo la difusión, entre ellos, de una nueva oleada de amor por Cristo. Es lo que está aconteciendo por obra del Espíritu Santo y que nos llena de estupor y de esperanza. «El amor de Cristo nos apremia al pensar que uno murió por todos» (2 Co 5,14). El hermano de otra Iglesia -es más, todo ser humano-- es «aquél por quien murió Cristo» (Rm 14,15), igual que murió por mí.

 

Un motivo debe impulsarnos sobre todo en este camino. Lo que está en juego al inicio del tercer milenio ya no es lo mismo que al principio del segundo milenio, cuando se produjo la separación entre oriente y occidente, ni es lo mismo que a mitad del mismo milenio, cuando se produjo la separación entre católicos y protestantes. ¿Podemos decir que la forma exacta de proceder del Espíritu Santo del Padre, o la manera en que se realiza la justificación del pecador, sean los problemas que apasionan a los hombres de hoy y con los que permanece o cae la fe cristiana? El mundo ha seguido adelante y nosotros hemos permanecido clavados a problemas y fórmulas de las que el mundo ni siquiera conoce ya el significado.

En las batallas medievales había un momento en que, superada la infantería, los arqueros y la caballería, la riña se concentraba en torno al rey. Ahí se decidía el resultado final del choque. También para nosotros la batalla hoy se libra en torno al rey. Existen edificios o estructuras metálicas hechas de tal modo que si se toca cierto punto neurálgico, o se mueve determinada piedra, todo se derrumba. En el edificio de la fe cristiana esta piedra angular es la divinidad de Cristo. Suprimida ésta, todo se disgrega y, antes que cualquier otra cosa, la fe en la Trinidad.

De ello se percibe que existen actualmente dos ecumenismos posibles: un ecumenismo de la fe y un ecumenismo de la incredulidad; uno que reúne a todos los que creen que Jesús es el Hijo de Dios, que Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo, y que Cristo murió para salvar a todos los hombres; otro que reúne a cuantos, por respeto al símbolo de Nicea, siguen proclamando estas fórmulas, pero vaciándolas de su verdadero contenido. Un ecumenismo en el que, al límite, todos creen en las mismas cosas, porque nadie cree ya en nada, en el sentido que la palabra «creer» tiene en el Nuevo Testamento.

«¿Quién es el que vence al mundo -escribe Juan en su Primera Carta-- sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?» (1 Jn 5,5). Siguiendo este criterio, la distinción fundamental entre los cristianos no lo es entre católicos, ortodoxos y protestantes, sino entre quienes creen que Cristo es el Hijo de Dios y quienes no lo creen.

 

«El año segundo del rey Darío, el día uno del sexto mes, fue dirigida la palabra del Señor, por medio del profeta Ageo, a Zorobabel, hijo de Sealtiel, gobernador de Judá, y a Josué, hijo de Yehosadaq, sumo sacerdote...: ¿Es acaso para vosotros el momento de habitar en vuestras casas artesonadas, mientras mi Casa está en Ruinas?» (Ag 1,1-4).

Esta palabra del profeta Ageo se dirige hoy a nosotros. ¿Es éste el tiempo de seguir preocupándonos sólo de lo que afecta a nuestra orden religiosa, a nuestro movimiento, o a nuestra Iglesia? ¿No será precisamente ésta la razón por la que también nosotros «sembramos mucho, pero cosechamos poco» (Ag 1,6)? Predicamos y nos esforzamos en todos los modos, pero el mundo se aleja, en lugar de acercarse a Cristo.

El pueblo de Israel escuchó la reprensión del profeta, dejó de embellecer cada uno su propia casa para reconstruir juntos el templo de Dios. Entonces Dios envió de nuevo a su profeta con un mensaje de consuelo y de aliento, que es también para nosotros: «¡Mas ahora, ten ánimo, Zorobabel, oráculo del Señor; ánimo, Josué, hijo de Yehosadaq, sumo sacerdote, ánimo, pueblo todo de la tierra!, oráculo del Señor. ¡A la obra, que estoy yo con vosotros!» (Ag 2,4). ¡Ánimo, a todos vosotros, que tanto os importa la causa de la unidad de los cristianos, y al trabajo, porque yo estoy con vosotros, dice el Señor!


[Traducción del original italiano por Marta Lago]

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[1] Cf. R. E. Brown, The Death of the Messiah, vol. 2, Doubleday, Nueva York 1994, pp. 955-958.

[2] S. Cipriano, De unitate Ecclesiae, 7 (CSEL 3, p. 215).

[3] S. Agustín, Contra Faustum, 32,18 (CCL 321, p. 779).

[4] S. Agustín, Discursos 269,3-4 (PL38, 1236 s.).

 


Publicado por verdenaranja @ 10:43  | Espiritualidad
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Viernes, 21 de marzo de 2008

Texto del Vía Crucis que se recitará en la noche de el Viernes Santo, 21 de Marzo de 2008, en el Coliseo de Roma, bajo la presidencia del Papa, con meditaciones y oraciones escritas por el cardenal Joseph Zen Ze-Kiun, S.D.B., obispo de Hong Kong.

 

 

OFICINA PARA LAS CELEBRACIONES LITÚRGICAS

DEL SUMO PONTÍFICE  

 

VÍA CRUCIS EN EL COLISEO  

 

PRESIDIDO POR EL SANTO PADRE BENEDICTO XVI 

 

VIERNES SANTO 2008

 

 

meditaciones y oraciones

de su eminencia reverendísima

Cardenal JOSEPH ZEN ZE-KIUN, S.D.B.

Obispo de Hong Kong

 

 

PRESENTACIÓN


Cuando Su Santidad el Papa Benedicto XVI me pidió que preparase las meditaciones para el Via Crucis del Viernes Santo de este año en el Coliseo, no dudé lo más mínimo en aceptar esta tarea. Entendí que con este gesto el Santo Padre quería manifestar su atención por el continente asiático, e incluir en particular en este ejercicio solemne de piedad cristiana a los fieles de China, que tienen una gran devoción al Via Crucis. El Papa quiso que yo llevara al Coliseo la voz de aquellos hermanos y hermanas lejanos.

Sin duda, como nos enseñan los Evangelios y la tradición de la Iglesia, el protagonista de esta Via dolorosa es Nuestro Señor Jesucristo. Pero, tras Él hay mucha gente del pasado y del presente, estamos nosotros. Dejemos que esta noche muchos de nuestros hermanos lejanos, también en el tiempo, estén presentes espiritualmente entre nosotros. Probablemente ellos, más que nosotros hoy, han vivido en su cuerpo la Pasión de Jesús. En su carne Jesús ha sido de nuevo arrestado, calumniado, torturado, escarnecido, arrastrado, aplastado bajo el peso de la cruz y clavado en aquel madero como un criminal.

Obviamente, esta noche en el Coliseo no estamos sólo nosotros. En el corazón del Santo Padre y en nuestros corazones están presentes todos los «mártires vivientes» del siglo veintiuno. «Te martyrum candidatus laudat exercitus».

Pensando en la persecución, pensamos también en los perseguidores. Al escribir el texto de estas meditaciones me he dado cuenta con gran sobresalto de ser poco cristiano. He tenido que hacer un gran esfuerzo para purificarme de sentimientos poco caritativos para con los que hicieron sufrir a Jesús y los que, en el mundo actual, hacen sufrir a nuestros hermanos. Sólo cuando he puesto ante mí mis pecados y mis infidelidades, me he podido ver a mí mismo entre los perseguidores y me ha embargado el arrepentimiento y la gratitud por el perdón del Maestro misericordioso.

Meditemos, pues, cantemos y recemos a Jesús y con Jesús por los que sufren a causa de su nombre, por los que le hacen sufrir a Él y a sus hermanos y por nosotros mismos, pecadores y algunas veces también sus perseguidores.

 

 

ORACIÓN INICIAL

 

El Santo Padre:

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

R/. Amén.


Jesús Salvador, estamos reunidos en este día, a esta hora y en este lugar,  que nos recuerda tantos siervos y siervas tuyos, que hace siglos, entre el rugido de los leones hambrientos y los gritos de la muchedumbre que se divertía,  se dejaron desmembrar y golpear hasta la muerte  por su fidelidad a tu nombre.

Nosotros, venimos hoy aquí para expresarte a Ti  la gratitud de tu Iglesia  por el don de la salvación alcanzada mediante tu Pasión.

Los Coliseos se han ido multiplicando a lo largo de los siglos, allí donde nuestros hermanos, como continuación de tu Pasión, son todavía hoy perseguidos duramente en diversas partes del mundo. Junto a ti y con nuestros hermanos perseguidos de todo el mundo, comenzamos hondamente conmovidos este camino de la Via dolorosa, que Tú recorriste un día con tanto amor.

 

PRIMERA ESTACIÓN


Jesús en el Huerto de los Olivos


V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.

R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.


Lectura del Evangelio según San Marcos. 14, 32-36

Fueron a una finca, que llaman Getsemaní, y dijo a sus discípulos: «Sentaos aquí mientras voy a orar». Se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, empezó a sentir terror y angustia, y les dijo: «Me muero de tristeza: quedaos aquí velando». Y, adelantándose, un poco, se postró en tierra pidiendo que, si era posible, se alejase de él aquella hora; y dijo: «Abbá! (Padre): tú lo puedes todo, aparta de mí ese cáliz. Pero no lo que yo quiero, sino lo que tú quieres».


MEDITACIÓN

Jesús sentía miedo, angustia y tristeza hasta el punto de morir. Eligió a tres compañeros, pero que muy pronto se durmieron, y comenzó a rezar Él sólo: «Pase de mí esta hora, aparta de mí este cáliz... Pero, Padre, que se haga su voluntad».

Había venido al mundo para hacer la voluntad del Padre, pero nunca como en aquel momento comprobó lo profundo de la amargura del pecado, y se sintió perdido.

En la Carta a los Católicos en China, Benedicto XVI recuerda la visión de San Juan en el Apocalipsis que llora ante el libro sellado de la historia humana, del «mysterium iniquitatis». Sólo el Cordero inmolado es capaz de abrir ese sello.

En tantas partes del mundo la Esposa de Cristo está atravesando la hora tenebrosa de la persecución, como en un tiempo Ester, amenazada por Aman, como la «Mujer» del Apocalipsis amenazada por el dragón. Velemos y acompañemos a la Esposa de Cristo en la oración.


ORACIÓN

Jesús, Dios Omnipotente, que te has hecho débil a causa de nuestros pecados, te resultan familiares los gritos de los perseguidos, que son eco de tu agonía. Ellos preguntan: ¿Por qué esta opresión? ¿Por qué esta humillación? ¿Por qué esta prolongada esclavitud?

Vuelven a la mente las palabras del Salmo: «Despierta, Señor, ¿por qué duermes? Levántate, no nos rechaces más. ¿Por qué nos escondes tu rostro y olvidas nuestra desgracia y opresión? Nuestro aliento se hunde en el polvo, nuestro vientre está pegado al suelo. Levántate a socorrernos» (Sal 43, 24-26).

No, Señor. Tú no has usado este Salmo en Getsemaní, pero has dicho: «Hágase tu voluntad». Podrías haber convocado doce legiones de ángeles, pero no lo hiciste.

Señor, el sufrimiento nos da miedo. Se nos presenta de nuevo la tentación de aferrarnos a los medios fáciles del éxito. Haz que no tengamos miedo del miedo, sino que confiemos en ti.

+

Todos:

Pater noster, qui es in cælis:

sanctificetur nomen tuum;

adveniat regnum tuum;

fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.

Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;

et dimitte nobis debita nostra,

sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;

et ne nos inducas in tentationem;

sed libera nos a malo.

Stabat mater dolorosa,

iuxta crucem lacrimosa,

dum pendebat Filius.

 

SEGUNDA ESTACIÓN

 

Jesús, traicionado por Judas, es arrestado

 

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.

R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.


Lectura del Evangelio según San Marcos. 14, 43a.45-46.50-52

Todavía estaba hablando cuando se presentó Judas, uno de los Doce. Y en cuanto llegó, se acercó y le dijo: «¡Maestro!» Y lo besó. Ellos le echaron mano y lo prendieron. Los discípulos lo abandonaron y huyeron. Lo iba siguiendo un muchacho envuelto sólo en una sábana; y le echaron mano; pero él, soltando la sábana, se les escapó desnudo.


MEDITACIÓN

Traición y abandono por parte de aquellos que Él había elegido como apóstoles, a los cuales había confiado los secretos del Reino, y en los que había puesto total confianza. Un rotundo fracaso. ¡Qué dolor y qué humillación!

Pero todo esto sucedió como cumplimiento de lo que habían dicho los profetas. De otra manera, ¿cómo se hubiera podido conocer la fealdad del pecado, que es justamente traición al amor?

La traición sorprende, sobre todo si se refiere a los pastores del rebaño. ¿Cómo pudieron hacerle esto a Él? El espíritu es fuerte, pero la carne es débil. Las tentaciones, las amenazas y chantajes, doblegan la voluntad. Pero ¡qué escándalo! ¡Qué dolor para el corazón del Señor!

No nos escandalicemos. Las defecciones nunca han faltado en las persecuciones. Y después se han producido con frecuencia los regresos. En aquel joven, que arrojó la sábana y huyó desnudo (cf. Mc 14, 51-52), intérpretes autorizados han visto al futuro evangelista Marcos.


ORACIÓN

Señor, quien huye de tu Pasión queda sin dignidad. Ten piedad de nosotros. Nosotros nos desnudamos ante tu majestad. Te mostramos nuestras llagas, las más vergonzosas.

Jesús, abandonarte a Ti es abandonar el sol. Al intentar desembarazarnos del sol, caemos en la oscuridad y el frío.

Padre, nos hemos alejado de tu casa. No somos dignos de ser recibidos de nuevo por Ti. Pero Tú mandas que nos laven, nos vistan, nos calcen y nos pongan un anillo en el dedo.

+

Todos:

Pater noster, qui es in cælis:

sanctificetur nomen tuum;

adveniat regnum tuum;

fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.

Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;

et dimitte nobis debita nostra,

sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;

et ne nos inducas in tentationem;

sed libera nos a malo.

Cuius animam gementem,

contristatam et dolentem

pertransivit gladius.

 

TERCERA ESTACIÓN

 

Jesús es condenado por el Sanedrín


V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.

R. Quia por sanctam crucem tuam redemisti mundum.


Lectura del Evangelio según San Marcos. 14, 55.61b-62a.64b

Los sumos sacerdotes y el sanedrín en pleno buscaban un testimonio contra Jesús, para condenarlo a muerte; y no lo encontraban. El sumo sacerdote lo interrogó preguntándole: «¿Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios bendito?» Jesús contestó: «Sí lo soy».Y todos los declararon reo de muerte.


MEDITACIÓN

El Sanedrín era la corte de justicia del pueblo de Dios. Ahora, esta corte condena a Cristo, el Hijo de Dios bendito, y lo juzga reo de muerte.

El inocente es condenado «porque ha blasfemado», declaran los jueces rasgándose las vestiduras. Pero nosotros sabemos por el Evangelista que lo hicieron por envidia y odio.

San Juan dice que, en el fondo, el sumo sacerdote habló en nombre de Dios: únicamente dejando condenar a su Hijo inocente, Dios Padre pudo salvar a sus hermanos culpables.

A lo largo de los siglos, multitud de inocentes han sido condenados a sufrimientos atroces. Hay quien clama justicia, pero son ellos, los inocentes, quienes expían los pecados del mundo, en comunión con Cristo, el Inocente.


ORACIÓN

Jesús, Tú no te preocupas de hacer brillar tu inocencia, estando entregado sólo a volver a dar al hombre la justicia que perdió por el pecado.

Éramos tus enemigos, no había modo de cambiar nuestra condición. Tú te hiciste condenar para darnos el perdón. Salvador, no dejes que caigamos en la condenación en el último día. «Iudex ergo cum sedebit, quicquid latet apparebit ; nil inultum remanebit. Iuste iudex ultionis, donum fac remissionis ante diem rationis».

+

Todos:

Pater noster, qui es in cælis:

sanctificetur nomen tuum;

adveniat regnum tuum;

fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.

Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;

et dimitte nobis debita nostra,

sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;

et ne nos inducas in tentationem;

sed libera nos a malo.

O quam tristis et afflicta

fuit illa benedicta

mater Unigeniti!

 

CUARTA ESTACIÓN

 

Jesús es negado por Pedro

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.

R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.


Lectura del Evangelio según San Marcos. 14, 66-68.72

Mientras Pedro estaba abajo en el patio, llegó una criada del sumo sacerdote y, al ver a Pedro calentándose, lo miró fijamente y dijo: «También tú andabas con Jesús el Nazareno». El lo negó diciendo: «Ni sé ni entiendo lo que quieres decir» ... Y en seguida, por segunda vez, cantó el gallo. Pedro se acordó de las palabras que la había dicho Jesús: «Antes de que cante el gallo dos veces, me habrás negado tres», y rompió a llorar.


MEDITACIÓN

«Aunque tenga que morir contigo, no te negaré» (Mc 14, 31). Pedro era sincero cuando decía esto, pero no se conocía a sí mismo, no conocía su debilidad. Era generoso, pero había olvidado contar con la generosidad del Maestro. Pretendía morir por Jesús, mientras era Jesús quien debía morir por él para salvarlo.

Al hacer de Simón La «piedra»... para fundar sobre ella la Iglesia, Cristo incorpora al apóstol a su iniciativa de salvación. Pedro creyó ingenuamente que podía dar algo al Maestro, mientras que todo lo recibía gratuitamente de Él, incluido el perdón tras la negación.

Jesús non mudó su elección de Pedro como fundamento de su Iglesia. Después del arrepentimiento, se concedió a Pedro la capacidad de confirmar a sus hermanos.


ORACIÓN

Señor, cuando Pedro habla iluminado por la revelación del Padre, te reconoce como Cristo, Hijo de Dios vivo. En cambio, cuando se fía de su razón y de su buena voluntad, se transforma en obstáculo para tu misión. La presunción le lleva a renegar de ti, su Maestro, en cambio, el arrepentimiento humilde lo confirma como la roca sobre la cual tú edificas tu Iglesia. La decisión de confiar la continuación de la obra de la salvación a hombres débiles y vulnerables manifiesta tu sabiduría y poder.

Señor, protege a los hombres que has elegido, para que las puertas del infierno no prevalezcan sobre tus siervos.

Dirige tu mirada sobre todos nosotros, como aquella noche hiciste con Pedro, después del canto del gallo.

+

Todos:

Pater noster, qui es in cælis:

sanctificetur nomen tuum;

adveniat regnum tuum;

fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.

Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;

et dimitte nobis debita nostra,

sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;

et ne nos inducas in tentationem;

sed libera nos a malo.

Quæ mærebat et dolebat

Pia mater, cum videbat

Nati pœnas incliti.

 

QUINTA ESTACIÓN

 

Jesús es juzgado por Pilatos

 

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.

R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.


Lectura del Evangelio según San Marcos. 15, 12-15

Pilato tomó de nuevo la palabra y les preguntó: «¿Qué hago con el que llamáis rey de los judíos?» Ellos gritaron de nuevo: «Crucifícalo». Pilato les dijo: «Pues ¿qué mal ha hecho?» Ellos gritaron más fuerte: «Crucifícalo». Y Pilato, queriendo dar gusto a la gente, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.


MEDITACIÓN

Pilato parecía poderoso, tenía derecho sobre la vida y la muerte de Jesús. Se complacía en ironizar sobre el «Rey de los Judíos», pero en realidad era débil, cobarde y servil. Temía al emperador Tiberio, temía al pueblo y a aquellos sacerdotes, a pesar de que los despreciaba en su corazón. Entregó a Jesús para que lo crucificaran, aún sabiendo que era inocente.

En su intento veleidoso de salvar a Jesús, dejó libre incluso a un peligroso homicida.

Inútilmente buscaba lavarse las manos que le chorreaban de sangre inocente.

Pilato es la imagen de todos los que detentan la autoridad como instrumento de poder y no se preocupan de la justicia.


ORACIÓN

Jesús, al declararte valientemente como rey, intentaste despertar en Pilato la voz de su conciencia. Ilumina la conciencia de tantas personas constituidas en autoridad, para que reconozcan la inocencia de tus seguidores. Dales el valor de respetar la libertad religiosa.

La tentación de adular al poderoso y de oprimir al débil está muy difundida. Y los poderosos son aquellos que han sido constituidos en autoridad, los que controlan el comercio y los medios de comunicación; pero existe también la gente que se deja manipular fácilmente por los poderosos para oprimir a los débiles. ¿Cómo fue posible que aquella gente, que te habían conocido como un amigo lleno de compasión y que sólo hizo el bien a todos, gritara «Crucifícalo»?

+

Todos:

Pater noster, qui es in cælis:

sanctificetur nomen tuum;

adveniat regnum tuum;

fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.

Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;

et dimitte nobis debita nostra,

sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;

et ne nos inducas in tentationem;

sed libera nos a malo.

Quis est homo qui non fleret,

matrem Christi si videret

in tanto supplicio?

 

SEXTA ESTACIÓN

 

Jesús es flagelado y coronado de espinas


V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.

R. Quia por sanctam crucem tuam redemisti mundum.


Lectura del Evangelio según San Marcos. 15, 15b.17-19

Pilato, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran. Los soldados lo vistieron de púrpura, le pusieron una corona de espinas que habían trenzado, y comenzaron a hacerle el saludo: «¡Salve, rey de los judíos!». Le golpearon la cabeza con una caña, le escupieron; y, doblando las rodillas, se postraban ante él.


MEDITACIÓN

La flagelación usada en aquella época, era un castigo terrible. El horrible flagellum de los Romanos arrancaba la carne a pedazos. Y la corona de espinas, además de causar dolores agudísimos, constituía también una burla a la realeza del divino Prisionero, así como los escupitajos y los puñetazos.

Torturas tremendas siguen surgiendo de la crueldad del corazón humano, y las de tipo psíquico non son un tormento menor que las corporales, y frecuentemente las mismas víctimas se convierten en verdugos. ¿Carecen de sentido tantos sufrimientos?


ORACIÓN

No, Jesús; eres tú quien sigues reuniendo y santificando todos los sufrimientos: de los enfermos, de los que mueren llenos de penalidades, de todos los discriminados; pero los sufrimientos que destacan por encima de todos son aquellos sufridos por tu nombre.

Por los sufrimientos de los mártires, bendice a tu Iglesia; que su sangre sea semilla de nuevos cristianos. Creemos firmemente que sus sufrimientos, aunque en un principio pueden aparecer como una derrota completa, traerán la verdadera victoria a tu Iglesia. Señor, otorga la perseverancia a nuestros hermanos perseguidos.

+

Todos:

Pater noster, qui es in cælis:

sanctificetur nomen tuum;

adveniat regnum tuum;

fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in tierra.

Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;

et dimitte nobis debita nostra,

sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;

et ne nos inducas in tentationem;

sed liberanos a malo.

Quis no posset contristari,

piam matrem contemplari,

dolentem cum Filio?

 

SÉPTIMA ESTACIÓN

 

Jesús es cargado con la cruz

 

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.

R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.


Lectura del Evangelio según San Marcos. 15, 20

Terminada la burla, le quitaron la púrpura y le pusieron su ropa. Y lo sacaron para crucificarlo.


MEDITACIÓN

La cruz, el gran símbolo del cristianismo, se ha transformado de instrumento de castigo ignominioso en un estandarte glorioso de victoria.

Existen ateos llenos de valor dispuestos a sacrificarse por la revolución: están dispuestos a abrazar la cruz, pero sin Jesús. Entre los cristianos existen «ateos» de hecho que quieren a Jesús, pero sin la cruz. Ahora, sin Jesús la cruz resulta insoportable y sin la cruz no se puede pretender estar con Jesús.

Abracemos la cruz y abracemos a Jesús y con Jesús abracemos a todos nuestros hermanos que sufren y son perseguidos.


ORACIÓN

¡Oh, divino Redentor!, con qué ímpetu abrazaste la cruz, que desde tanto tiempo habías deseado. Ella pesa sobre tus espaldas llagadas, pero es sostenida por un corazón lleno de amor.

Los grandes santos han entendido tan profundamente el valor salvífico de la cruz hasta el punto de exclamar: «O padecer o morir». Concédenos acoger al menos tu invitación a llevar la cruz detrás de Ti. Tú has preparado para cada uno de nosotros una cruz a nuestra medida. Tenemos en la mente la imagen del Papa Juan Pablo II, que sube al «Monte de las cruces», en Lituania. Cada una de aquellas cruces tiene una historia que contar, historia de dolor y de gozo, de humillación y de triunfo, de muerte y de resurrección.

+

Todos:

Pater noster, qui es in cælis:

sanctificetur nomen tuum;

adveniat regnum tuum;

fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.

Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;

et dimitte nobis debita nostra,

sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;

et ne nos inducas in tentationem;

sed libera nos a malo.

Quis non posset contristari,

Piam matrem contemplari

dolentem cum Filio?

 

OCTAVA ESTACIÓN

 

Jesús es ayudado por el Cireneo a llevar la Cruz


V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.

R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.


Lectura del Evangelio según San Marcos. 15, 21

Y a uno que pasaba, de vuelta del campo, a Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rufo, lo forzaron a llevar la cruz de Jesús.


MEDITACIÓN

Simón de Cirene venía del campo. Se tropezó con el cortejo de muerte y lo forzaron a llevar la cruz junto a Jesús.

En un segundo momento, él corroboró este servicio, se mostró feliz de haber podido ayudar al pobre Condenado y llegó a ser uno de los discípulos en la Iglesia primitiva. Seguramente fue objeto de admiración y casi de envidia por la suerte especial de haber ayudado a Jesús en sus sufrimientos.


ORACIÓN

Amado Jesús, Tú probablemente mostraste al Cireneo tu gratitud por su ayuda, mientras la cruz en realidad fue causada por él y por cada uno de nosotros. Así, Jesús, nos lo agradeces cada vez que ayudamos a los hermanos a llevar la cruz, mientras no hacemos más que cumplir con nuestro deber de expiar por nuestros pecados.

Eres Tú, Jesús, quien está al comienzo de este círculo de compasión. Tú llevas nuestra cruz, de tal manera que seamos capaces de ayudarte en tus hermanos a llevar la cruz.

Señor, como miembros de tu cuerpo, nos ayudamos mutuamente a llevar la cruz y admiramos el ejército inmenso de cireneos que, aunque sin tener todavía la fe, han aliviado generosamente tus sufrimientos en tus hermanos.

Cuando ayudemos a los hermanos de la Iglesia perseguida, recuérdanos que somos nosotros quienes, en realidad, somos ayudados por ellos.

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Todos:

Pater noster, qui es in cælis:

sanctificetur nomen tuum;

adveniat regnum tuum;

fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.

Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;

et dimitte nobis debita nostra,

sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;

et ne nos inducas in tentationem;

sed libera nos a malo.

Tui Nati vulnerati,

tam dignati pro me pati,

pœnas mecum divide.

 

NOVENA ESTACIÓN

 

Jesús encuentra a las mujeres de Jerusalén


V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.

R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.


Lectura del Evangelio según San Lucas. 23, 27-28

Le seguía una gran multitud del pueblo y mujeres que se dolían y se lamentaban por él. Jesús, volviéndose a ellas, dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos».


MEDITACIÓN

Las mujeres, las madres obtienen de su amor una inmensa capacidad de aguante en el sufrimiento. Sufren por culpa de los hombres, sufren por sus hijos. Recordamos las madres de tantos jóvenes perseguidos y hechos prisioneros por causa de Cristo. ¡Cuántas largas noches han pasado esas madres en vigilia y con lágrimas! Recordamos las madres que, corriendo el riesgo de ser arrestadas o perseguidas, han perseverado en la oración en familia, cultivando en el corazón la esperanza de tiempos mejores.


ORACIÓN

Jesús, al igual que, a pesar de tus sufrimientos, te preocupaste de dirigir tu palabra a las mujeres en la Vía de la Cruz, haz que hoy también se escuche tu voz llena de consuelo y de luz para tantas mujeres que sufren.

Tú les exhortas a no llorar por ti, sino por ellas mismas y por sus hijos.

Llorando por ti, lloran sufrimientos que llevan la salvación a la humanidad y son, por tanto, causa de gozo. En cambio, aquello por lo que deberían llorar es por los sufrimientos causados por los pecados, que las convierten a ellas, a sus hijos y a todos nosotros en leños secos que merecen ser echados al fuego.

Tú, Señor, enviaste a tu Madre a Lourdes y a Fátima para recordarnos este mismo mensaje: «Haced penitencia y rezad para apaciguar la ira de Dios». Haz que acojamos de una vez con un corazón sincero esta invocación llena de dolor.

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Todos:

Pater noster, qui es in cælis:

sanctificetur nomen tuum;

adveniat regnum tuum;

fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.

Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;

et dimitte nobis debita nostra,

sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;

et ne nos inducas in tentationem;

sed libera nos a malo.

Eia, mater, fons amoris,

me sentire vim doloris

fac, ut tecum lugeam.

 

DÉCIMA ESTACIÓN

 

Jesús es clavado en la cruz

 

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.

R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.

Lectura del Evangelio según San Marcos. 15, 25.31.34

Era media mañana cuando lo crucificaron. Los sumos sacerdotes se burlaban también de él diciendo: «A otros ha salvado y a sí mismo no se puede salvar». Y a la media tarde, Jesús clamó con voz potente: «Eloí, Eloí, lamá sabactaní» (que significa: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado»?).


MEDITACIÓN

Jesús desnudo, clavado, en medio de dolores inefables, ridiculizado por sus enemigos, se siente incluso abandonado por el Padre. Es el infierno que merecen nuestros pecados. Jesús ha permanecido en la cruz, no se ha liberado.

En Él se han cumplido las profecías del Siervo doliente: «Sin figura, sin belleza... sin aspecto atrayente... Lo estimamos leproso, herido de Dios... Todos errábamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino, y el Señor cargó sobre Él todos nuestros crímenes. Maltratado, voluntariamente se humillaba y no abría la boca; como un cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador» (Is 53, 2.4.6-7).


ORACIÓN

Jesús crucificado, no en el Tabor sino en el Calvario, Tú nos has revelado tu verdadero rostro, el rostro de un amor que ha llegado hasta el límite.

Hay quien por respeto quiere representarte cubierto por un manto real también sobre la cruz. Pero nosotros no tememos mostrarte tal y como colgabas del patíbulo aquel viernes, desde el mediodía a media tarde.

Contemplarte crucificado nos lleva a avergonzarnos de nuestras infidelidades y nos llena de gratitud por tu misericordia infinita. ¡Oh Señor, cuánto te ha costado el habernos amado!

Confiando en la fuerza que viene de tu pasión, prometemos no ofenderte jamás. Deseamos tener un día el honor de ser crucificados como Pedro y Andrés. Nos estimula la serenidad y el gozo que hemos tenido la gracia de contemplar en los rostros de tus siervos fieles, los mártires de nuestro siglo.

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Todos:

Pater noster, qui es in cælis:

sanctificetur nomen tuum;

adveniat regnum tuum;

fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.

Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;

et dimitte nobis debita nostra,

sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;

et ne nos inducas in tentationem;

sed libera nos a malo.

Fac ut ardeat cor meum

in amando Christum Deum,

ut sibi complaceam.

 

UNDÉCIMA ESTACIÓN

 

Jesús promete su Reino al buen ladrón


V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.

R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.


Lectura del Evangelio según San Lucas. 23, 33.42-43

Y cuando llegaron al lugar llamado «La Calavera», lo crucifica-

ron allí, a Él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Uno de ellos decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino». Jesús le respondió: «Te lo aseguro, hoy estarás conmigo en el paraíso».


MEDITACIÓN

Era un malhechor. Representa a todos los malhechores, es decir, a todos nosotros. Ha tenido la suerte de estar junto a Jesús en el sufrimiento. Nosotros tenemos esta misma suerte. Digamos también: «Señor, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino». Tendremos la misma respuesta.

¿Y los que no tienen la fortuna de estar junto a Jesús? Jesús está cerca de ellos, de todos y cada uno.

«Jesús, acuérdate de nosotros»: digámoselo por nosotros, por nuestros amigos, por nuestros enemigos y por los perseguidores de nuestros amigos. La salvación de todos es la verdadera victoria del Señor.


ORACIÓN

Jesús, acuérdate de mí cuando, conocedor de mi infidelidad, tenga la tentación de desesperarme.

Jesús, acuérdate de mí, cuando, después de repetidos esfuerzos, me sienta todavía en el fondo del valle.

Jesús, acuérdate de mí, cuando todos se hayan cansado de mí y nadie confíe en mí, y me encuentre solo y abandonado.

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Todos:

Pater noster, qui es in cælis:

sanctificetur nomen tuum;

adveniat regnum tuum;

fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.

Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;

et dimitte nobis debita nostra,

sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;

et ne nos inducas in tentationem;

sed libera nos a malo.

Sancta mater, istud agas,

Crucifixi fige plagas

cordi meo valide.

 

DUODÉCIMA ESTACIÓN

 

La madre y el discípulo junto a la cruz de Jesús


V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.

R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.


Lectura del Evangelio según San Juan. 19, 25-27

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María de Cleofás y María la Magdalena. Jesús, al ver a su madre, y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Luego dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre». Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.


MEDITACIÓN

Jesús se olvida de sí mismo incluso en aquel momento crucial y piensa en su Madre, piensa en nosotros. Ante todo, ¿confía su Madre al discípulo, como parece sugerir san Juan, o más bien confía el discípulo a la Madre?

En cualquier caso, para el discípulo María será siempre la Madre que el Maestro agonizante le ha confiado y para María el discípulo será siempre el hijo que el Hijo agonizante le ha confiado y al que estará espiritualmente cercana sobre todo en la hora de la muerte. Junto a los mártires agonizantes, estará siempre la Madre, que está en pie, junto a su cruz, para sostenerlos.


ORACIÓN

Jesús y María, habéis compartido totalmente el sufrimiento: Tú, Jesús, en la cruz y tu, Madre, a los pies de la misma. La lanza ha traspasado el costado del Salvador y la espada ha traspasado el corazón de la Virgen Madre.

En realidad, hemos sido nosotros con nuestros pecados los que hemos causado tanto dolor.

Aceptad nuestro arrepentimiento, nuestra debilidad, que siempre corre el riesgo de traicionar, renegar y desertar.

Aceptad el homenaje de fidelidad de todos los que han seguido el ejemplo de San Juan, que permaneció valientemente junto a la cruz.

Jesús y María, os doy el corazón y el alma mía. Jesús y María, asistidme en la última agonía. Jesús y María, que entregue en paz junto a vosotros el alma mía.

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Todos:

Pater noster, qui es in cælis:

sanctificetur nomen tuum;

adveniat regnum tuum;

fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.

Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;

et dimitte nobis debita nostra,

sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;

et ne nos inducas in tentationem;

sed libera nos a malo.

Fac me vere tecum flere,

Crucifixo condolere,

donec ego vixero.

 

DECIMOTERCERA ESTACIÓN

 

Jesús muere en la Cruz


V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.

R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.


Lectura del Evangelio según San Lucas. 23,46

Y Jesús, clamando con voz potente, dijo: «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu». Y dicho esto, expiró.


MEDITACIÓN

Jesús muere realmente porque es verdadero hombre. Entrega al Padre su último aliento. Qué precioso es el aliento. Al primer hombre se le dio el aliento de vida, y a nosotros se nos da de un modo nuevo en la resurrección de Jesús, para que seamos capaces de ofrecer cada aliento a su Dador. ¡Cuánto tememos a la muerte y cómo somos esclavos de este temor! El sentido y el valor de una vida se deciden en el modo de entregarla. Ya para el hombre sin fe no es admisible que se aferre a la vida perdiendo su sentido. Para Jesús, además, no hay amor más grande que el de dar la vida por el amigo. Quien esté apegado a la vida la perderá. Quien esté dispuesto a sacrificarla la conservará.

Los mártires dan el mayor testimonio de su amor. No se avergüenzan de su Maestro ante los hombres. El Maestro estará orgulloso de ellos ante toda la humanidad en el último día.


ORACIÓN

Jesús, tú has tomado la vida humana justamente para poderla dar. Revistiéndote de nuestra carne de pecado, Tú, Rey inmortal, te has hecho mortal. Aceptando la muerte más trágica y oscura, fruto extremo del pecado, has realizado el acto supremo de completa confianza en el Padre. «In manus tuas, Domine, commendo spiritum meum».

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Todos:

Pater noster, qui es in cælis:

sanctificetur nomen tuum;

adveniat regnum tuum;

fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.

Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;

et dimitte nobis debita nostra,

sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;

et ne nos inducas in tentationem;

sed libera nos a malo.

Vidit suum dulcem Natum

morientem desolatum,

cum emisit spiritum.

 

DECIMOCUARTA ESTACIÓN

 

Jesús es bajado de la cruz y puesto en el sepulcro


V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.

R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.


Lectura del Evangelio según San Marco. 15,46

José de Arimatea compró una sában


 


El obispo de Tehuacán y encargado de la Conferencia del Episcopado Mexicano de la Dimensión de la Familia, monseñor Rodrigo Aguilar Martínez, explica cómo ganar la indulgencia plenaria en estos días santos.

 

El Santo Triduo Pascual y la Indulgencia Plenaria


Durante la Semana Santa podemos ganar para nosotros o para los difuntos el don de la Indulgencia Plenaria si realizamos algunas de las siguientes obras establecidas por la Santa Sede.


Obras que gozan del don de la Indulgencia Plenaria en Semana Santa:


Jueves Santo


1. Si durante la solemne reserva del Santísimo Sacramento, que sigue a la Misa de la Cena del Señor, recitamos o cantamos el himno eucarístico del "Tantum Ergo" ("Adorad Postrados").

2. Si visitamos por espacio de media hora el Santísimo Sacramento reservado en el Monumento para adorarlo.


Viernes Santo


1. Si el Viernes Santo asistimos piadosamente a la Adoración de la Cruz en la solemne celebración de la Pasión del Señor.


Sábado Santo


1. Si rezamos juntos el rezo del Santo Rosario.

Vigilia Pascual

2. Si asistimos a la celebración de la Vigilia Pascual (Sábado Santo por la noche) y en ella renovamos las promesas de nuestro Santo Bautismo.


Condiciones:


Para ganar la Indulgencia Plenaria además de haber realizado la obra enriquecida se requiere el cumplimiento de las siguientes condiciones:


a. Exclusión de todo afecto hacia cualquier pecado, incluso venial.


b. Confesión sacramental, Comunión eucarística y Oración por las intenciones del Sumo Pontífice. Estas tres condiciones pueden cumplirse unos días antes o después de la ejecución de la obra enriquecida con la Indulgencia Plenaria; pero conviene que la comunión y la oración por las intenciones del Sumo Pontífice se realicen el mismo día en que se cumple la obra.


Es oportuno señalar que con una sola confesión sacramental pueden ganarse varias indulgencias. Conviene, no obstante, que se reciba frecuentemente la gracia del sacramento de la Penitencia, para ahondar en la conversión y en la pureza de corazón. En cambio, con una sola comunión eucarística y una sola oración por las intenciones del Santo Padre sólo se gana una Indulgencia Plenaria.


La condición de orar por las intenciones del Sumo Pontífice se cumple si se reza a su intención un solo Padrenuestro y Avemaría; pero se concede a cada fiel cristiano la facultad de rezar cualquier otra fórmula, según su piedad y devoción.


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Jueves, 20 de marzo de 2008

Artículo del Padre Antonio María Hernánez del Hogar Santa Rita del Puerto de la Cruz en Tenerife publicado en la HOJA DE DIFUSIÓN PARROQUIAL DE SANTA RITA DE CASIA DE PUNTA BRAVA Y DE SAN PABLO EN LAS DEHESAS - PUERTO DE LA CRUZ, Número 140


LOS SUFRIMIENTOS DE LOS DEMÁS

 

El «sálvese quien pueda», y el pensar cada uno solamente en su propia vida y no importarle el sufrimiento de los demás, no es una actitud de persona creyente, ni siquiera de seres humanos.


Es espantoso el sufrimiento que hay en el mundo y sin irnos a ninguna parte del mundo, donde hay tanta miseria, tanto dolor y tanta hambre. Aquí mismo en el lugar donde ahora estas viviendo o trabajando. Si nosotros pudiéramos extraer el dolor, los problemas y los sufrimientos que vivimos en un mismo pueblo. Trabajando en una misma empresa, sin irnos más lejos y los pusiéramos uno encima del otro, creo que haríamos una montaña tan grande como el Teide y no digamos si nos vamos a los hospitales o a las clínicas, a los leprosarios, a los manicomios, o nos vamos a los campos de refu­giados y a tantos lugares de la tierra donde hay guerras, imagínate que montañas de dolor.


¡Cuánto dolor! ¡Cuánto sufrimiento! ¡Cuántos problemas hay encerrados dentro de cada persona! Es realmente este mundo un valle de lágrimas; pero la carga se hace menos pesada cuando se lleva entre dos. Y el camino se pasa más entretenido cuando vamos charlando en compañía. Un dolor compartido es menos dolor. Cuando Cireneo ayudó a Jesús a cargar la Cruz, el peso de la cruz fue más llevadero para los dos.


A veces una sonrisa, un tener paciencia para escuchar al otro, cuánto alivia y cuánto facilita el poder seguir adelante. Cuánto ayuda la amistad cuando es verdadera. Es curioso, estamos fabricados de amor. Dios al entregarnos su vida, al depositar un día nuestra alma en el seno de nuestra madre para que se produzca la fecundidad entregó parte de lo que es El: Amor. Dios es amor, solamente amor y nuestra alma llegó a nuestro cuerpo llena de amor. Por eso dentro de cada uno de nosotros hay almacenado mucho más amor que odio. Y es curioso, cuanto más amemos a los demás, cuánto más nos preocupemos del sufrimiento de los demás, cuanto más intentemos de hacer feliz a los demás, más invade nuestra vida el amor y cuanto más amemos sin fronteras, sin estar mirando: esto me cae bien, este me cae mal, este me cae simpático, este no lo puedo tragar, cuando amamos así, a fondo perdido sin aún esperar el ser correspondido, ¡, ayudar, colaborar, sin esperar nada a cambio. Amar, preocuparnos de los problemas, de los sufrimientos del trabajo de los demás, sin esperar que nos den ni las gracias. Esto es amor del bueno.


Tener un profundo respeto a los demás. Tener mucho cuidado de no hacer daño a nadie, ni querer perjudicar nunca a nadie, ser delicado con las palabras que decimos, aún en medio de un enfado. Medir bien lo que vamos a decir y cómo lo vamos a decir, para no herir. El corazón también se educa y así llegará un momento en qué tú mismo te das cuenta de que eres incapaz de odiar. Cuánto destruye el odio, la envidia y la soberbia. El amor une, quita distancias, quita fronteras, rompe los pequeños grupos. El que ama une, el que odia divide. No olvidemos que somos hijos de un mismo Padre y de una misma Madre. Cuánto quisiera que no fuera una mera palabra, el que seamos hermanos, pues, lo somos de verdad y así no cerrar círculos de amistad, quitar las cercas, tirar abajo las fronteras, no marginar a nadie, no discriminar a nadie, no juzgar a nadie, no desprestigiar ni criticar a nadie, ¡Qué sacamos con eso! Y aceptar al amigo tal y como es con sus sufrimientos, con sus problemas.

 

Con todo lo que significa una persona. Este es el caballo de batalla. Tener en cuenta al que más sufre, al más necesitado, al más débil, al más difícil. Hay gente que parece que disfruta haciendo sufrir. Tenemos que seguir luchando porque el lugar donde vivamos sea una verdadera familia sin hijos privilegiados, ni hijos desgraciados. No hay nadie especial. Cuántas veces he dicho que somos un todo único y aunque ciertamente haya grupos que por razón del trabajo o de donde viven de alguna manera estén cla­sificados. Aunque ciertamente es una realidad que existen grupos distintos, seamos solidarios de verdad y unámonos todos por la amistad.


En un equipo de fútbol. No todos son porteros, ni todos defensas, ni todos de­lanteros, ni todos árbitros. Cada uno tiene su propia misión; pero el equipo funciona cuando están unidos, no cuando cada uno va por su lado. Nos tiene que interesar lo de todos, no nos critiquemos pues los unos a los otros.

Sufrimientos, alegrías, aciertos y desaciertos son padecimientos de todos. Ven­ga, a seguir luchando. La unión hace milagros. El mundo será de los que más amen y que mejor lo demuestren. Esto lo he dicho muchas veces, y lo digo convencido.


Qué horrible es vivir en medio de tanta guerra, tanta lucha entre hermanos. ¡Qué horrible es ver gente insultándose, peleándose, vivir en medio de chillidos, vulgaridades, descalificaciones, groserías, faltas de respeto, qué horrible ver aún en los telediarios los enfrentamientos y hasta insultos, risas y burlas de nuestros mismos políticos entre si. Es un espectáculo desagradable el ver las risitas burlonas de un grupo mientras el otro aplaude. A veces da la impresión que se odian y esto lo están viendo los niños y los jóvenes y nosotros los adultos. Hace mucho daño el mal ejemplo de los «Padres de la Patria»

Es normal que uno piense de una manera y otros de otra; pero creo que no es motivo para el odio. Mira la misma naturaleza, qué variedad en flores, en verduras, en frutas, en peces, en animales y esto lejos de producir enfrentamientos hace que la naturaleza sea más bella. Amar al que piensa diferente como tu no quiere decir que estés de acuerdo. Son puntos de vista distintos, maneras diversas de ver las cosas. Según los principios que tenga cada uno; pero no debe ser causa de odio. Dios nos hizo distintos y tenemos derecho a ser distintos y esto, lejos de ser algo malo, es al contrario algo enriquecedor.


¡Cómo cambiaría el mundo si siguiéramos aquellas bonitas palabras de un hom­bre que quiso mucho al mundo y amó a todas las criaturas venidas de las mismas manos providenciales de Dios! Pon amor donde hay envidia y odio, pon paz donde hay guerra, pon alegría donde hay tristeza. Dale comida al hambriento, aunque sea tu enemigo. Así decía: «El Gran San Francisco de Asís»


Cómo cambiaría el mundo si nos sintiéramos más solidarios con los que sufren, no solamente en el dolor de las enfermedades del cuerpo. Qué cantidad de sufrimientos hay almacenados en este mundo en que vivimos, además de la barbaridad de enfer­medades que azotan a la humanidad en todas las partes del mundo. Cuánto sufrimiento por la soledad, la marginación, el drama de tantos matrimonios deshechos, el hambre, tantos niños abandonados, aún teniendo familia, los parados de verdad, la discrimina­ción por razón de la religión, la raza, del sexo.


Baja Señor de nuevo a la tierra, aunque terminemos crucificándote de nuevo, y sacude a esta sociedad que ha ido perdiéndose, y acabando con los valores que hacen digna la raza humana. Agarra Señor nuestros sufrimientos y únelos a tu reden­ción. Gracias, Padre Dios por pensar en mi y querer contar conmigo en la creación de este mundo dejado por Ti a medio-hacer.   

 

Antonio María Hernández y Hernández

 

 


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Artículo semanal del Padre Fernando Lorente, o.h., publicado en EL DÍA en la sección CRITERIOS el miércoles 19 de Marzo de 2008 bajo el epígrafe "Luz en el Camino".

Luz en el Camino Fernando Lorente, o.h. *

Desde el primer día de Jueves Santo


EN JUEVES SANTO se requiere primordialmente hablar y escribir de la Eucaristía, de la caridad y del sacerdocio. Maravillosa trinidad que manifiesta y pone sobre la mesa: el corazón de la Humanidad, la promesa salvadora de Dios y el aval de su propio amor. Todo manifestado en la entrega sin medida del Señor Crucificado Y así, presentados la verdad y el misterio, enseguida nos percatamos de cuánto vamos a necesitar de las advertencias divinas manifestadas muy antiguamente. Como entonces, también nosotros ahora tenemos la misma necesidad de ellas: "Que no rebroten las raíces amargas, que el celemín de pensamientos racionales no apague la luz de la sabiduría, que no sean tinieblas quienes hablen".


La Eucaristía es un misterio que hacemos memoria de la última cena de Jesús en la víspera de su Pasión.


Los cristianos celebramos y vimos la actualización y presencia. Renovación del ofrecimiento sin condiciones y alimento nuevo para un hombre, también nuevo, renacido en la pascua del Señor resucitado. Misterio tan grande no puede quedar atrasado en el racionalismo de una experiencia limitada y sensible. Es misterio de fe y es otra ciencia la que se necesita para verificarlo y vivirlo. Como el amor todo lo puede, no es de extrañar que rompa las distancias entre el misterio y la vida. Nuevo sería el mandamiento para el hombre renacido: amarás a los demás como a ti se te ha querido. Sin olvidar que es pretensión mentirosa el decir que se busca sinceramente a Dios sin procurar el bien del hermano. Y, desde ese día del primer Jueves Santo, las relaciones entre los hombres tienen nuevo código y referencia para la conducta: el amor insondable de Cristo.


Todos los seres humanos somos los amigos de Cristo. Y, entre ellos, los que él ha elegido para hacer memoria, actualidad, de las palabras y de los signos. Los sacerdotes hablan con las palabras de Cristo y realizan los signos que Cristo hacía. Elegidos de entre los hombres, llevan consigo la debilidad de quienes somos pecadores. Llamados por Jesucristo, y revestidos con gracia y levadura nuevas, enseñan lo que han oído y renuevan en los sacramentos, lo que han visto hacer a su Señor: perdonar los pecados, bendecir y consagrar el pan, cuidar de los enfermos y de los pobres, anunciar el año de gracia del Señor.


En el día de Jueves Santo se cumple esta Escritura. No es registro que da fe de un hecho que ha sucedido, sino confirmación de la actualidad. Esto es en lo que creemos y esto es lo que vivimos apoyados en la fe, que es también confianza sin límite en quien nos ha manifestado amor tan grande. Y ahora es cuando aparecen las raíces amargas, los celemines que ensombrecen y las tinieblas empeñadas en hablar. Aducen razones de la falta de eficacia que tiene la fe, pues no se ve la transformación que la creencia realiza en el comportamiento de las personas. Puede ser que contemplen a Dios, pero los demás no ven a Dios reflejado en la conducta diaria de los creyentes. Para algunos, la religión no es sino un resto de la historia definitivamente pasada. Las verdades de la fe, simple alienación. Los misterios, relatos imaginados. Para otros, y por favor que Dios les ha hecho, religión y fe, verdad y misterio, es sabiduría nueva que vivir y luz para enseñar. Y haciéndolo todo con sencillez y humildad, para que se vea bien clara la luz, pues si la vasija que la lleva es de barro, más se evidencia que el resplandor tan admirable solamente puede llegar de fuentes que superan cualquier conocimiento humano.


La batalla se ha hecho contienda diaria. Ayer, don Carnal y doña Cuaresma libraron el duro combate. La ceniza haría de árbitro y discernimiento y la Cuaresma se alzaría con el triunfo. Ahora, la batalla es constante, diaria. Es casi obligado, en cada momento, hacer elección entre lo auténtico y lo fascinante. La apariencia engaña y la escoria se confunde con el buen metal y el trigo con la cizaña. Continuamente se presentan al sufrido contemplador modelos para el equívoco. Más que ofrecer valores, se facilitan utilidades. No se dan criterios, sino ambigüedades para la opinión. Cada Jueves Santo se cumple esta Escritura. Y la Iglesia, como depositaria y garante de la fe, trata de recordarlo, haciendo leer el Evangelio como pan de cada día para alimento de la fe. En esto se ocupa el magisterio y servicio en la caridad del sucesor de Pedro, del Papa. Recordando a los Papas, no como críticas negativas, tenemos que gozarnos de Juan Pablo II y de su sucesor, Benedicto XVIII, por sus magníficos documentos: "Veritas splendor". Y "Deus Charitas", entre otros, respectivamente, que constituyen un maravilloso canto a la verdad, a la honestidad del conocimiento, a la valoración de la conciencia, al reconocimiento sincero de la luz.


Son palabras repetidas en forma y momentos diversos, pero con la misma rotundidad evangélica. Hoy se cumple esta Escritura. El Jueves Santo, vivido en la profundidad sincera de la fe y desde hace dos mil años, lo atestigua y confirma. Día del mandamiento nuevo fraterno y del pan y del hombre revestido de la novedad de una Pascua y de un testamento permanentemente nuevo. Y es que con el Jueves Santo llega, un año más, la memoria del pan de cada día: creer en Dios y servir con amor fraterno y sin medida, pues todo lo demás vendrá por añadidura. Por eso, las personas que viven con sinceridad la fe mantienen una actitud mental de amor que se traduce en una actitud vital de servicio para todos, sin distinción.


* Capellán de la clínica

S. Juan de Dios


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 ZENIT publica las palabras que dirigió Benedicto XVI el miércoles, 19 de Marzo de 2008, a los 3.500 jóvenes participantes en el encuentro internacional UNIV 2008, iniciativa que se celebra todos los años desde 1968 con la inspiración y aliento de san Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei.

 

[En inglés:]


Queridos amigos:

Os doy mi cordial bienvenida a todos vosotros que habéis venido a Roma de diferentes países y universidades para celebrar la Semana Santa juntos y para participar en el congreso internacional UNIV. De este modo, podréis beneficiarios de momentos de oración común, de enriquecimiento cultural y de intercambio fecundo de las experiencias hechas por vuestra asociación con centros y actividades de formación cristiana patrocinados por el Opus Dei en vuestras respectivas ciudades y naciones.


[En español:]


Vosotros sabéis que con un serio compromiso personal, inspirado en los valores evangélicos, es posible responder adecuadamente a los grandes interrogantes del tiempo presente. El cristiano sabe que hay un nexo inseparable entre verdad, ética y responsabilidad. Toda expresión cultural auténtica contribuye a formar la conciencia y estimula a la persona a superarse a si misma a fin de que pueda mejorar la sociedad. Uno se siente así responsable ante la verdad, al servicio de la cual ha de ponerse la propia libertad personal. Se trata ciertamente de una misión comprometida y para realizarla el cristiano está llamado a seguir a Jesús, cultivando una intensa amistad con Él a través de la oración y de la contemplación. Ser amigos de Cristo y dar testimonio de Él allí donde nos encontremos exige, además, el esfuerzo de ir contracorriente, recordando las palabras del Señor: estáis en el mundo pero no sois del mundo (cf. Jn 15,19). No tengáis, por tanto, miedo, cuando sea necesario, de ser inconformistas en la universidad, en el colegio y en todas partes.


[En italiano:]


Queridos jóvenes de UNIV, sed levadura de esperanza en este mundo que anhela encontrar a Jesús, en ocasiones sin darse cuenta. Para mejorarlo, esforzaos ante todo por cambiar vosotros mismos a través de una vida sacramental intensa, especialmente acercándoos al sacramento de la Penitencia, y participando asiduamente en la celebración de la Eucaristía. Encomiendo a cada uno de vosotros y a vuestras familias a Maria, que nunca dejó de contemplar el Rostro de su Hijo Jesús. Invoco sobre cada uno de vosotros la protección de san Josemaría y de todos los santos de vuestras tierras, mientras de corazón os deseo una feliz Pascua.


[Traducción por Jesús Colina

 © Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana]


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ZENIT  publica la intervención que pronunció Benedicto XVI el miércoles, 19 de Marzo de 2008, durante la audiencia general en la que meditó sobre el Triduo Pascual, que comienza el Jueves Santo y culmina con la Vigilia Pascual.

 

Queridos hermanos y hermanas:


Hemos llegado a la vigilia del Triduo Pascual. Los próximos tres días son llamados comúnmente «santos», porque nos hacen revivir el acontecimiento central de nuestra Redención; nos reorientan hacia el núcleo esencial de la fe cristiana: la pasión, la muerte y la resurrección de Jesucristo. Son días que podríamos considerar como un solo día: constituyen el corazón y el fulcro de todo el año litúrgico, así como de la vida de la Iglesia. Al final del camino cuaresmal, nos disponemos también nosotros a entrar en el clima mismo que Jesús vivió entonces en Jerusalén. Queremos despertar en nosotros la memoria viva de los sufrimientos que el Señor padeció por nosotros y prepararnos para celebrar con alegría, el próximo domingo, «la verdadera Pascua, que la sangre de Cristo ha recubierto de gloria, la Pascua en la que la Iglesia celebra la fiesta que constituye el origen de todas las fiestas», como dice el prefacio para el día de Pascua del rito ambrosiano.  


Mañana, Jueves Santo, la Iglesia hace memoria de la Última Cena, en la que el Señor, en la vigilia de su pasión y muerte, instituyó el Sacramento de la Eucaristía, y el del Sacerdocio ministerial. En esa misma noche, Jesús nos dejó el mandamiento nuevo, «mandatum novum», el mandamiento del amor fraterno. Antes de entrar en el Triduo Santo, aunque íntimamente ligado a él tendrá lugar en cada comunidad diocesana, mañana por la mañana, la Misa Crismal, en la que el obispo y los sacerdotes del presbiterio diocesano renuevan las promesas de la Ordenación. También se bendicen los óleos para la celebración de los sacramentos: los óleos de los catecúmenos, los de los enfermos, y el santo crisma. Es un momento particularmente importante para la vida de cada comunidad diocesana que, reunida entorno a su pastor, reafirma la propia unidad y la propia fidelidad a Cristo, único sumo y eterno sacerdote. En la noche, en la misa en la Cena del Señor se hace memoria de la Última Cena, cuando Cristo se entregó a todos nosotros como alimento de salvación, como medicina de inmortalidad: es el misterio de la Eucaristía, fuente y cumbre de la vida cristiana. En este sacramento de salvación, el Señor ha ofrecido y realizado para todos aquellos que creen en Él la unión más íntima posible entre nuestra vida y su vida. Con el gesto humilde pero sumamente expresivo del lavatorio de los pies, se nos invita a recordar lo que el Señor hizo a sus apóstoles: lavándoles los pies proclamó de manera concreta el primado del amor, amor que se hace servicio hasta el don de sí mismos, anticipando también así el sacrificio supremo de su vida que se consumirá el día después, en el Calvario. Según una hermosa tradición, los fieles concluyen el Jueves Santo con una vigilia de oración y de adoración eucarística para revivir más íntimamente  la agonía de Jesús en el Getsemaní.


El Viernes Santo es la jornada que recuerda la pasión, crucifixión y muerte de Jesús. En este día, la liturgia de la Iglesia no prevé la celebración de la santa misa, pero la asamblea cristiana se reúne para meditar en el gran misterio del mal y del pecado que oprimen a la humanidad, para recorrer, a la luz de la Palabra de Dios y ayudada por conmovedores gestos litúrgicos, los sufrimientos del Señor que expían este mal. Después de haber escuchado la narración de la pasión de Cristo, la comunidad reza por todas las necesidades de la Iglesia y del mundo, adora a la Cruz y se acerca a la Eucaristía, consumando las especies conservadas de la misa en la Cena del Señor del día precedente. Como invitación ulterior a meditar en la pasión y muerte del Redentor y para expresar el amor y la participación de los fieles en los sufrimientos de Cristo, la tradición cristiana ha dado vida a diferentes manifestaciones de piedad popular, procesiones y representaciones sagradas, que buscan imprimir cada vez más profundamente en el espíritu de los fieles sentimientos de auténtica participación en el sacrificio redentor de Cristo. Entre éstos, destaca el Vía Crucis, ejercicio de piedad que con el paso de los años se ha ido enriqueciendo con diferentes expresiones espirituales y artísticas ligadas a la sensibilidad de las diferentes culturas. De este modo han surgido en muchos países santuarios con el nombre de «calvarios» hasta los que se llega a través de una salida empinada, que recuerda el camino doloroso de la Pasión, permitiendo a los fieles participar en la subida del Señor al Monte de la Cruz, el Monte del Amor llevado hasta el final.


El Sábado Santo se caracteriza por un profundo silencio. Las Iglesias están desnudas y no están previstas liturgias particulares. Mientras esperan el gran acontecimiento de la Resurrección, los creyentes perseveran con María en la espera, rezando y meditando. Hace falta un día de silencio para meditar en la realidad de la vida humana, en las fuerzas del mal y en la gran fuerza del bien que surge de la Pasión y de la Resurrección del Señor. Tiene una gran importancia en este día la participación en el Sacramento de la reconciliación, indispensable camino para purificar el corazón y predisponerse para celebrar la Pascua íntimamente renovados. Al menos una vez al año, tenemos necesidad de esta purificación interior, de esta renovación de nosotros mismos. Este Sábado de silencio, de meditación, de perdón, de reconciliación desemboca en la Vigilia Pascual, que introduce el domingo más importante de la historia, el domingo de la Pascua de Cristo. La Iglesia vela junto a fuego nuevo bendito y medita en la gran promesa, contenida en el Antiguo y en el Nuevo Testamento: la liberación definitiva de la antigua esclavitud del pecado y de la muerte. En la oscuridad de la noche, a partir del fuego nuevo se enciende el cirio pascual, símbolo de Cristo que resucita glorioso. Cristo, luz de la humanidad, despeja las tinieblas del corazón y del espíritu e ilumina a cada hombre que viene al mundo. Junto al cirio pascual, resuena en la Iglesia el gran anuncio pascual: Cristo ha resucitado verdaderamente, la muerte ya no tiene poder sobre Él. Con su muerte, ha derrotado el mal para siempre y ha donado a todos los hombres la vida misma de Dios. Según una antigua tradición, durante la Vigilia Pascual, los catecúmenos reciben el Bautismo para subrayar la participación de los cristianos en el misterio de la muerte y de la resurrección de Cristo. De la esplendorosa noche de Pascua, la alegría, la luz y la paz de Cristo se extienden en la vida de los fieles de toda comunidad cristiana y llegan a todos los puntos del espacio y del tiempo.


Queridos hermanos y hermanas: en estos días particulares, orientemos decididamente la vida hacia una adhesión generosa y convencida a los designios del Padre celestial; renovemos nuestro «sí» a la voluntad divina, como hizo Jesús con el sacrificio de la cruz. Los sugerentes ritos del Jueves Santo, del Viernes Santo, el silencio henchido de oración del Sábado Santo y la solemne Vigilia Pascual, nos ofrecen la oportunidad de profundizar en el sentido y en el valor de nuestra vocación cristiana, que surge del Misterio Pascual, y concretizarla en el fiel seguimiento de Cristo en toda circunstancia, como hizo Él, hasta la entrega generosa de nuestra existencia.


Hacer memoria de los misterios de Cristo significa también vivir en adhesión profunda y solidaria con el hoy de la historia, convencidos de que lo que celebramos es realidad viva y actual. Llevamos, por tanto, en nuestra oración el carácter dramático de los hechos y de las situaciones que en estos días afligen a muchos hermanos y hermanas nuestros de todas las partes del mundo. Nosotros sabemos que el odio, las divisiones, las violencias, no tienen nunca la última palabra en los acontecimientos de la historia. Estos días vuelven a alentar en nosotros la gran esperanza: Cristo crucificado ha resucitado y ha vencido al mundo. El amor es más fuerte que el odio, ha vencido y tenemos que asociarnos a esta victoria del amor. Por tanto, tenemos que volver a comenzar a partir de Cristo y trabajar en comunión con él por un mundo basado en la paz, en la justicia y en el amor. En este compromiso, que involucra a todos, dejémonos guiar por María, quien acompañó al Hijo divino por el camino de la pasión  y de la cruz, y que participó, con la fuerza de la fe, en la aplicación de su designio salvífico. Con estos sentimientos, os hago llegar ya desde ahora mis mejores deseos de feliz y santa Pascua a todos vosotros y a vuestras comunidades.  


[Al final de la audiencia, el Santo Padre saludó a los peregrinos en varios idiomas.En español, dijo:]


Queridos hermanos y hermanas:


Con el Triduo Pascual conmemoramos el evento central de nuestra Redención, preparándonos para las fiestas de Pascua.


Mañana, Jueves Santo, la Iglesia hace memoria de la Última Cena. En ella el Señor instituyó los Sacramentos de la Eucaristía y del Sacerdocio ministerial y nos dejó el mandamiento nuevo del amor fraterno. El gesto del lavatorio nos invita a vivirlo como servicio. Concluye el día con vigilias de adoración eucarística, para revivir íntimamente la agonía de Jesús en Getsemaní.

El Viernes Santo la Iglesia acompaña a Jesús en su pasión y muerte, y medita el misterio de mal y del pecado que oprime a la humanidad, orando por las intenciones de la Iglesia, adorando la Cruz y comulgando. También se realizan actos de piedad popular como procesiones, representaciones sagradas y el Vía Crucis.


El Sábado Santo se caracteriza por un gran silencio. Mientras los creyentes esperan la resurrección del Señor, perseveran rezando con María. Este día desemboca en la Vigilia Pascual, que introduce en el domingo más importante de la historia, el de la Pascua de Cristo. El cirio encendido en medio de la noche es símbolo de Cristo que resucita glorioso.

Saludo a los peregrinos de lengua española. En estos días santos podéis profundizar en el sentido de vuestra vocación cristiana, rezar por las situaciones que afligen a la humanidad y anunciar la gran esperanza: ¡Cristo crucificado ha resucitado y ha vencido al mundo! Felices Pascuas.


 [Traducción del original italiano por Jesús Colina

 © Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana]

 

 


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Mi?rcoles, 19 de marzo de 2008

DOMINGO DE RESURRECCIÓN - A


23  de Marzo
 

«¿Qué has visto de camino, María, en la mañana? A mi Señor glorioso, la tumba abandonada. » (secuencia) Este es el día de la Resurrección, este es el día en que Dios ha resucitado de la muerte a Jesús, el Hijo de Dios que se hizo hombre y murió en la cruz por amor a todos nosotros.

 

Toda la Iglesia se reúne para celebrar que la muerte y el pecado han sido vencidos, que nacemos a una vida de intimidad con Dios y de fraternidad entre los hom­bres. Al igual que las mujeres y los apóstoles, nosotros, que buscamos a Jesús, nos sorprendemos por el anuncio de la Resurrección.

 

Una actitud de fe y de acogida nos ayudará a encontrarnos con el Señor que quiere resuci­tar tantas situaciones de muerte, de pecado y de dolor que padecemos.

 

De este encuentro surgirá la necesidad de comunicar a otros esta gran noticia, y permitir así, que todos los hombres puedan experimentar la fuerza de la Resurrección.


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Entrevista a Manuel Iñiguez publicada en la revista Iglesia Nivariense ENERO 2008, Número 80.


Entrevista a Manuel Iñiguez      
Carlos Pérez

 

«Lo que crea el Espíritu Humano no tiene Precio»

 

Recientemente, Manuel Iñiguez, Secretario de la Comisión de Patrimonio Histórico de la Conferen­cia Episcopal Española estuvo en Tenerife para disertar sobre "El arte y la acción catequética", ponencia que desarrolló durante la XXII Semana de Teología organizada por el ISTIC. Iñiguez quiso compartir parte de sus pensamientos y reflexiones con los lectores de Iglesia Nivariense.

 

P.- ¿Qué relación existe entre patrimonio y acción catequética?

R.- La relación es que el patrimonio cultural de la Iglesia nace de la vida de la propia Iglesia. Y nace como un instrumento para reali­zar su misión, que no es otra que la de evangelizar. Dentro de la evangelización, una de las acciones importantes es la tarea catequética. Por este motivo, los católicos no sólo conservamos el patrimonio por ser una herencia extraor­dinaria que hemos recibido del pasado, sino porque es un instrumento muy válido y muy necesario para seguir evangelizando y catequizando al hom­bre actual. Por lo tanto, debemos intentar que el patrimonio se convierta en un instrumento para la catequesis.

 

P.- La belleza y el simbo­lismo del arte puede ser­vir de catequesis, pero sigue habiendo un sector de la población que critica el hecho de que la Iglesia albergue tanta riqueza artística. ¿Cuál es la res-puesta que se debe dar a esta crítica?

 

R.- Primero, que la Iglesia no ha cultivado el arte por el arte. Segundo, que esa postura de "piedra de escándalo", de los que dicen que la Iglesia posee maravillas y tesoros que deberían ser vendidos para remediar, de alguna manera, el hambre en el mundo, es una postura totalmente basada en el des-conocimiento. Responde a una mentalidad mercanti­lista que a todo le pone pre­cio, sin embargo, lo que es capaz de crear artísticamente el espíritu humano, no tiene un valor concreto ya que es incalculable. Por otra parte, poca hambre vamos a reme­diar vendiendo el patrimonio y privándolo de la contempla­ción o del interés de muchas personas. Creo que, en defi­nitiva, esa es una postura un tanto farisaica.

 

P.- Desde su punto de vista, ¿cree que el arte religioso está estancado en la actua­lidad?

 

R.- Este es un problema com­plejo. A lo largo de la historia ha habido diversos estilos con los cuales la Iglesia se ha valido para transmitir la fe. Así, por limitarnos a estilos
más conocidos, el Románico, el Gótico, el Renacimiento para terminar en el Barroco. Pero también la Iglesia se sirve de las vanguardias actuales. Lo que ocurre es que el espíritu humano va reaccionando de un estilo a otro. Así en unas épocas ha habido un neogó­tico o un neobarroco. En cual­quier caso, qué duda cabe que también hoy hay una sensibi­lidad y un interés muy gran-des por innovar. Todo ello iniciado con el Padre Aguilar que contribuyó muchísimo al florecimiento de las nuevas expresiones artísticas. De todas formas, tampoco se le puede pedir a un artista que tenga unos planteamientos subjetivistas y ajenos a la fe, porque no todo arte sirve para expresar la fe.

 

P.- Usted ha señalado que uno de los peligros a evitar es la banalización e inter­pretación laicista que se hace del patrimonio. ¿No es así?

 

R.- Sí, porque estamos en un momento actual en el que muchos quieren vaciar de contenido al arte religioso. Estas personas son de la opi­nión de que el arte es sólo arte y punto. Sin embargo, el arte religioso y. dentro del arte religioso, el arte sacro, tiene un contenido muy concreto. El artista, con sus dotes y su inspiración, hunde las raíces de su obra en la vivencia de la fe. Por lo tanto, banali­zar una obra de arte es pre­cisamente quedarnos en la anécdota y no ir al contenido fundamental de la obra. Esto, no me cabe la menor duda, de que se trata de algo inten­cionado. El cristiano tiene que ir más allá de la simple belleza estética.


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Martes, 18 de marzo de 2008

Artículo publicado en el Boletín MISIONEROS JAVERIANOS ENERO-FEBRRO 2008, Número 439 en la sección "La Misión: Gozo y Esperanza".


AUTOESTIMA Y ESPERANZA

P. Carlos Collantes

 

 

 

El diálogo es un servicio al hombre y a la sociedad, servicio que todas las re­ligiones están llamadas a realizar y que en nuestros días se hace más nece­sario o urgente a causa de los conflictos y desequilibrios de nuestro mundo a cuya solución las religiones pueden contribuir con actitudes y prácticas de diálogo entre ellas. El concilio Vaticano II valoró de forma positiva, siempre con matices, las religiones no cristianas poniendo de esa manera las bases para la práctica del diálogo interreligioso.

 

«Todos los pueblos forman una comunidad, tienen un mismo origen, puesto que Dios hizo habitar a todo el género humano sobre la faz de la tierra y tienen también un fin último, que es Dios, cuya providencia, mani­festación de bondad y designios de salvación se extienden a todos, hasta que se unan los elegidos en la ciudad santa...» (Nostra Aetate 1) Venimos de Dios y hacia El caminamos. El amor en el origen, la comunión plena al final del recorrido. La unidad de la familia humana —de origen y de destino— tiene para la Iglesia un fundamento teológico. Jesús venido para «reunirir a los hijos de Dios disper­sos» rehace y renueva —con la ofrenda de su vida— la unidad de todos; la fe funda una nueva fraterni­dad y en la raíz el gesto de Jesús que entrega su vida. Dentro de este de­signio de amor y de unidad encuen­tran su lugar las culturas y las religio­nes. Unidad en la diversidad históri­ca, caminos distintos que nos llevan al mismo y único Dios, aunque nuestros corazones, nuestras tradiciones religiosas lo perciban de manera diferente, con luces distintas, con imágenes variadas, en la penumbra, entre luces y sombras. Los cristianos oírnos una voz alentadora y atractiva que nos dice: “yo soy la luz del mundo, el que me sigue no camina en tinieblas”

 

Dios dialoga

 

La religión responde a esa doble ne­cesidad de identidad —quienes somos

y de orientación —ha­cia donde vamos—. Si el evangelio dialoga con las culturas —lo hemos visto en los últi­mos números— ¿,cómo no va a hacerlo con las religiones, ya que és­tas constituyen el «alma» de la cultura misma, el secreto de la visión y del sentido de la vida de un pueblo?

 

La Iglesia —«sacramento universal de salvación»— enviada al mundo, dialoga con él, quiere hacerlo aunque ¡cómo nos cuesta! Dialoga con sus gentes, con sus culturas y religiones, en situaciones so­ciopolíticas marcadas con dolorosa fre­cuencia por la injusticia. La misión ad gentes es anuncio y es testimonio, y am­bos se viven en contextos diferentes e in­cluyen actividades variadas. Hemos abordado las relaciones entre la misión y la justicia, entre el evangelio y las culturas, existe además otra actividad im­portante y muy necesaria en nuestros días: el diálogo interreligioso.

La revelación de Dios tiene un carác­ter dialoga]. «Y dijo Dios...» nos recuer­da el libro del Génesis. Dios crea con la Palabra y establece un diálogo de amor con el ser humano, creado libre y res­ponsable, capaz de escucha y respues­ta. El diálogo es el modo, el estilo como Dios comunica y ofrece su sal­vación. Dios nunca impone o ejerce violencia para que aceptemos su vo­luntad. Respetuoso, se insinúa, sugie­re, invita... a veces, como el viento libre e impetuoso, remueve, trastoca, con-mueve, aunque tal vez esto último sólo suceda a los profetas, a quienes de ver-dad se dejan conducir por el Viento, por su Espíritu.

 

Sólo Dios salva

 

Estamos viviendo cambios profundos a nivel socio-cultural, que marcarán toda una época. A nivel eclesial también hemos vivido cambios significativos —teológicos— que afectan a la forma como la Iglesia se ve y ve su misión en el mundo. En el concilio Vaticano II la Iglesia repiensa y redefine su relación con la sociedad, con el mundo y se sitúa en él en actitud de apertura, diálogo, servicio. Del conci­lio sale una Iglesia que quiere vivir en el corazón de la historia, por eso se abre a perspectivas distintas, a nuevas sensibi­lidades. No nos encontramos con Dios al margen de nuestras circunstancias y la gente vive inmersa en un contexto, en una cultura, en una religión concreta.

 

Durante siglos —desde el punto de vista de su salvación— hemos tenido una visión pesimista de los no cristianos. El anuncio cristiano, seguido de la confesión de Cristo y de la recepción del bautismo, era totalmente necesario para tener acce­so a la salvación eterna. El encuentro sin-cero con creyentes de otras religiones hizo evolucionar algunas ideas o mentali­dades. Los teólogos, por su parte, fueron elaborando explicaciones que nos ayuda-rían a superar el pesimismo salvífico. Si la voluntad salvífica universal de Dios es real y de ello no podemos dudar, ¿podía-mos seguir pensando que se condenaban por no haber sido bautizados? Si la Igle­sia no se identifica con el Reino de Dios ni tiene el monopolio de la salvación —es Dios quien salva— ¿podíamos reducir la voluntad salvífica divina a la vía «oficial» que representa la Iglesia? Se fue llegando al optimismo salvífico.

 

Presencia de Espíritu

 

En un primer momento se afirma la posibilidad de salvación de las personas singulares. Quienes no conociendo el evangelio, sin culpa propia, se esfuerzan por actuar conforme a su conciencia, re­ciben la gracia de Dios y pueden alcan­zar la salvación por caminos conocidos y ofrecidos por Dios, Padre de todos (LG 16. GS 22). Se da un paso más, inevita­ble, en forma de preguntas: los no cris­tianos consiguen la salvación en sus reli­giones ¿gracias a ellas o a pesar de ellas? ¿Son, éstas, caminos y vías de salvación? ¿Tienen un sentido positivo en el plan de Dios? Las religiones, dirán algunos teólogos, son un camino positivo para una relación correcta con Dios, caminos de salvación, no se encuentran al margen de la providencia de Dios, de la acción de su gracia. Son consideradas, por tanto, como positivamente queridas por Dios, como «vías de salvación». Caminos de salvación, los hombres se salvan en ellas, pero siempre por Cristo, es él —media­dor universal— quien comunica la gracia, la misericordia, la salvación de Dios.

 

La actitud hacia las religiones ha ido cambiando. Son percibidas y valoradas como intentos de responder a los grandes interrogantes que anidan en el corazón humano

y se puede descubrir en ella destellos o «semillas» del Verbo de Dios. No hay que ignorar o rechazar lo que contienen de verdadero, de santo. Sin embargo, el con-cilio nos recuerda que han de ser ilumi­nadas, sanadas, purificadas, elevadas y consumadas por el cristianismo.

 

El pluralismo religioso caracteriza la situación permanente, el contexto en que viven muchas iglesias particulares, sobre todo en Asia. La interdependencia de pueblos y culturas favorece el im­pulso, la necesidad, la actitud de diálo­go con las religiones por parte de la Iglesia. El Espíritu Santo actúa en todo tiempo y lugar, y está presente en las personas y en la sociedad, en culturas y religiones. 

 

«La Iglesia católica no rechaza nada de lo que en estas religiones hay de santo y verdadero. Conside­ra con sincero respeto los modos de obrar y de vivir, los preceptos y doctrinas que, por más que discre­pen en mucho de lo que ella profe­sa y enseña, no pocas veces refle­jan un destello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres. Anuncia y tiene la obligación de anunciar constantemente a Cristo, que es «el Camino, la Verdad y la Vida (Juan 14, 6), en quien los hombres encuentran la plenitud de la vida religiosa y en quien Dios re-concilió consigo todas las cosas». (Nostra Aetate n° 2 Vaticano II)

 

«La cuestión de las relaciones entre las religiones adquiere cada día ma­yor importancia. Varios factores contribuyen a dar actualidad a este pro­blema. Ante todo la creciente interdependencia entre las diversas partes del mundo, que se manifiesta en diversos planos: la información a la que accede un número siempre mayor de personas en la mayoría de los países; las migraciones están lejos de ser recuerdo del pasado; la tecnología y la industria modernas han provocado intercambios hasta ahora desconoci­dos entre muchos países. Es claro que estos factores afectan de manera diversa a los diferentes continentes y naciones, pero en una u otra medi­da ninguna parte del mundo puede considerarse ajena a ellos». («El cris­tianismo y las religiones» u° 1. Comisión Teológica Internacional, 1996)


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ZENIT publica la homilía que pronunció en la mañana del lunes, 17 de Marzo de 2008, Benedicto XVI, en la santa misa que celebró, en la Capilla Redemptoris Mater del Palacio Apostólico vaticano, en sufragio por el arzobispo de Mosul de los Caldeos (Irak), monseñor Paulos Faraj Rahho.

 

Venerados y queridos hermanos:

Hemos entrado en la Semana Santa llevando en el corazón el gran dolor de la trágica muerte del querido monseñor Paulos Faraj Rahho, arzobispo de Mosul de los Caldeos. He querido ofrecer esta Santa Misa en sufragio suyo, y os agradezco que hayáis acogido mi invitación a orar juntos por él. Siento cerca de nosotros, en este momento, al Patriarca de Babilonia de los Caldeos Emmanuel III Delly, y a los obispos de aquella amada Iglesia que en Irak sufre, cree y reza. A estos venerados hermanos en el episcopado, a sus sacerdotes, a los religiosos y a todos los fieles envío una especial palabra de saludo y de aliento en la difícil situación que están viviendo.


El contexto litúrgico en que nos encontramos es el más elocuente posible: son los días en los que reviviremos los últimos momentos de la vida terrena de Jesús: horas dramáticas, cargadas de amor y de temor, especialmente en el ánimo de los discípulos. Horas en las que se evidenció claramente el contraste entre la verdad y la mentira, la mansedumbre y rectitud de Cristo y la violencia y engaño de sus enemigos. Jesús experimentó la aproximación de la muerte violenta, notó que se estrechaba en torno a sí la trama de sus perseguidores. Experimentó la angustia y el temor, hasta la hora crucial de Getsemaní. Pero Él vivió todo esto inmerso en la comunión con el Padre y confortado por la «unción» del Espíritu Santo.


El Evangelio del día nos recuerda la cena de Betania, que con la mirada llena de fe del discípulo Juan revela significados profundos. El gesto de María, de ungir los pies de Jesús con el precioso ungüento, se convierte en un acto extremo de amor agradecido en vista de la sepultura del Maestro; y el perfume, que se difunde por toda la casa, es el símbolo de su caridad inmensa, de la belleza y bondad de su sacrificio, que llena la Iglesia. Pienso en el santo crisma que ungió la frente de monseñor Rahho en el momento de su bautismo y de su confirmación; que ungió sus manos el día de la ordenación sacerdotal, y después también la cabeza y las manos cuando fue consagrado obispo. Pero pienso también en las muchas «unciones» de afecto filial, de amistad espiritual, de devoción que sus fieles reservaban a su persona, y que le acompañaron en aquellas terribles horas del secuestro y de la dolorosa prisión -a la que llegó tal vez ya herido--, hasta la agonía y la muerte. Pero esas unciones, sacramentales y espirituales, eran prenda de resurrección, ¡prenda de la vida verdadera y plena que el Señor Jesús vino a darnos!


La lectura del profeta Isaías nos ha situado ante la figura del Siervo del Señor, en el primero de los cuatro «Cantos» en los que resalta la mansedumbre y la fortaleza de este misterioso enviado de Dios, que se ha realizado plenamente en Jesucristo. El Siervo es presentado como aquél que «traerá el derecho», «proclamará el derecho», «establecerá el derecho», con una insistencia sobre este término que no puede pasar inadvertida. El Señor lo llamó «para la justicia» y él llevará a cabo esta misión universal con la fuerza no violenta de la verdad. En la Pasión de Cristo vemos el cumplimiento de esta misión, cuando Él, frente a una condena injusta, dio testimonio de la verdad, permaneciendo fiel a la ley del amor. Sobre este mismo camino, monseñor Rahho tomó su cruz y siguió al Señor Jesús, y así contribuyó a llevar el derecho a su martirizado país y al mundo entero, dando testimonio de la verdad. Fue un hombre de paz y diálogo. Sé que tenía una particular predilección por los pobres y los discapacitados, para cuya asistencia física y psíquica había dado vida a una asociación especial denominada Alegría y Caridad ("Farah wa Mahabba"), a la que había confiado la tarea de valorar a estas personas y sostener a sus familias, muchas de las cuales habían aprendido de él a no ocultar a estos parientes y a ver en ellos a Cristo. Que su ejemplo sostenga a todos los iraquíes de buena voluntad, cristianos y musulmanes, para construir una convivencia pacífica, fundada en la fraternidad humana y en el respeto recíproco. 


Estos días, en profunda unidad con la comunidad caldea en Irak y en el extranjero, hemos llorado su muerte, y la inhumana forma en la que tuvo que concluir su vida terrena. Pero hoy, en esta Eucaristía que ofrecemos por su alma consagrada, queremos dar gracias a Dios por todo el bien que hizo en él y a través de él. Y deseamos al mismo tiempo esperar que, desde el Cielo, él interceda ante el Señor para obtener a los fieles de esa tierra tan probada el valor de seguir trabajando por un futuro mejor. Igual que el amado arzobispo Paulos se entregó sin reservas al servicio de su pueblo, que sus cristianos sepan perseverar en el compromiso de la construcción de una sociedad pacífica y solidaria en el camino del progreso y de la paz. Confiamos estos deseos a la intercesión de la Virgen Santísima, Madre del Verbo encarnado por la salvación de los hombres, y por ello Madre de la Esperanza.
 

[Traducción del original italiano por Marta Lago

 © Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana]


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ORACIÓN
POR
LA SANTIFICACIÓN
DE LOS SACERDOTES

 


Ven, oh Espíritu Santo,

y da a los sacerdotes,

dispensadores de los misterios de Dios,

un corazón nuevo que actualice toda su educación y toda su preparación,

que les haga conscientes del sacramento recibido;

un corazón que responda siempre con nueva ilusión

a los incesantes deberes de su ministerio,

en orden a tu Cuerpo Eucarístico y a tu Cuerpo Místico,

Dales un corazón nuevo, siempre joven y alegre.

 

Ven, oh Espíritu Santo, y da a nuestros sacerdotes,

discípulos y apóstoles de Cristo Señor,

un corazón puro, capaz de amarle sosamente a Él con la plenitud,

el gozo, y la profundidad que solo Él sabe dar,

cuando constituye el exclusivo y total objeto del amor

de un hombre que vive de ru gracia;

dales un corazón puro que :sólo conozca el mal

para denunciarlo, combatirlo y huir de él;

un corazón puro como el de un niño,

pronto al entusiasmo y a la emoción.

 

Ven, oh Espíritu Santo,

y da a los ministros del pueblo de Dios un corazón grande,

abierto a tu silenciosa y potente Palabra inspiradora;

cerrado a toda ambición mezquina, a toda miserable apetencia humana;

impregnado totalmente del sentido de !e Santa Iglesia;

un corazón grande, deseoso únicamente de igualarse al del Señor Jesús,

y capaz de contener dentro de si las proporciones de la Iglesia,

las dimensiones del mundo;

un corazón grande y fuerte para amar a todos,

para servir a todos, para sufrir por todos;

grande y fuerte para superar cualquier tentación,

dificultad, hastío, cansancio, desilusión, ofensa;

un corazón grande, fuerte, constante,

si es necesario hasta el sacrificio,

feliz solamente de palpitar con el Corazón de Cristo

y de cumplir con humildad, fidelidad y valentía la voluntad divina. Amén.

 

PABLO VI


Publicado por verdenaranja @ 22:42  | Oraciones
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DOMINGO DE PASCUA / A

23 de marzo de 2008

 

Hoy la entrada de la misa debe ser muy solemne. Si parece oportuno, el celebrante, al llegar al presbiterio, puede encender el cirio pascual, mientras continúa el canto.

 

Hermanas y hermanos, sed bienvenidos a celebrar la Eucaristía de Pascua. Que Jesucristo resucitado esté con todos vosotros.

 

¿Por qué buscáis entre los muertos a aquel que vive? ¡No está aquí! ¡Ha resucitado! Esta noche, en todo el mundo, en todos los lugares donde hay cristianos, ha resonado esta gran noticia. Esta noche, en todo el mundo, se ha encendido el cirio pascual y se ha levantado hacia Dios el canto gozoso del aleluya. Hoy estamos aquí para celebrar la resurrección del Señor. Y para recordar, y revivir, que nosotros nos hemos incorporado también a esa vida nueva de Cristo resucitado. Celebremos, pues, con toda la alegría la gran fiesta de la Pascua.

 

Durante el tiempo pascual es muy apropiado el rito de la asper­sión. Hoy, sin embargo, se podría hacer después de la renovación de las promesas del Bautismo. En ese caso, ahora se hace un breve silencio y se pasa directamente al Gloria, cantado.

 

Profesión de fe: El día de nuestro bautismo participamos de una manera misteriosa, sacramental, de la muerte y resurrección de Cristo. Ahora, en esta Eucaristía de Pascua, renovemos de todo corazón nuestra fe.

 

Se puede cantar el Credo breve, o bien decir el Credo dialogado de la renovación de las promesas del bautismo que proponemos a continuación, como en la Vigilia Pascual. El Credo se puede acabar con la aspersión, que hoy se podría hacer en este momento.

 

¿Renunciáis al pecado para vivir verdaderamente como hijos de Dios? sí, RENUNCIO.


¿Renunciáis a todas las obras del mal en vuestra vida? SÍ, RENUNCIO.


¿Renunciáis a vivir pensando sólo en vosotros mismos, olvidándoos de los demás y de Dios? sí, RENUNCIO.

¿Creéis en Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra? sí, CREO.


¿Creéis en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que nació de santa María Virgen, murió, fue sepultado, resucitó de entre los muertos y está sentado a la dere­cha del Padre? Sí, CREO.


¿Creéis en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de los muertos y la vida eterna? sí, CREO.


Esta es nuestra fe, la fe de la Iglesia, la que se proclamó en nuestro bautismo y que ahora hemos renovado. La aspersión con el agua nos recuerda la vida nueva a la que en aquel momento nos incor­poramos. (Aspersión por toda la iglesia, con un canto bautismal).

 

Oración universal: A Jesús resucitado, vida y esperanza para la humanidad entera, orémosle diciendo: JESÚS RESUCITADO, ESCÚCHANOS.


Por la Iglesia: por el papa, por los obispos, sacerdotes y diáconos, por los religiosos y religiosas, por todos los fieles. Que en todos crezca la fe y la esperanza que nos trae la resurrección del Señor. OREMOS:


Por nuestro país, y por todos los países del mundo. Que a todos alcance la paz y el bienestar. OREMOS:

Por los que durante este tiempo de Pascua recibirán el bautismo, la confirmación o la primera eucaristía. Que vivan llenos de la gracia del Espíritu Santo. OREMOS:


Por todos nosotros. Que esta Pascua fortalezca nues­tra fe en Jesús resucitado.

 

Padrenuestro: Unidos a Jesucristo resucitado, como hijos e hijas de Dios, nos atrevemos a decir:

CPL


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Artículo semanal del Padre Fernando Lorente, o.h., publicado en EL DÍA el 12 de Marzo de 2008 en la sección CRITERIOS, bajo el epígrafe "Luz en el Camino".

Luz en el Camino Fernando Lorente, o.h. *


Reflexión y vida cuaresmal


EL PROBLEMA de casi todos los tiempos -del nuestro también- no es sólo que tienen un mal concepto de Dios y de las personas, sino sobre todo que se pierde el sentido del pecado. Y, por lo tanto, toda la parábola -aquí la del hijo pródigo- cae por su base. Si este hijo no es un pecador sino un vividor envidiable, entonces ni hay pecado ni hay perdón de su padre ni oposición de su hermano. Sin embargo, aunque hayamos perdido el sentido del pecado y el sentimiento de culpabilidad, seguimos siendo pecadores y necesitando el perdón de Dios y la acogida de las personas. Por eso, para cuando despertemos de nuestro sueño moral, y tal vez entonces caigamos en la desesperación, vale la pena tener a flor de memoria esta parábola conmovedora en la cual, si nos vemos como hijos pródigos del siglo XXI, veamos también a Dios como Padre siempre dispuesto a perdonar "no sólo siete, sino hasta setenta veces siete".


El "hijo pródigo" no supo a qué se debía el abrazo de su padre, hasta que volvió a reencontrarlo tras un tiempo de hambre y de soledad. Fue necesario irse despojando, en aquel país lejano -lejano "desierto"- de tantas cosas que le habían mantenido ciegos los ojos e insensibles el corazón. Tuvo que aprender, con hambre, lo maravilloso que es un sencillo pedazo de pan. Tuvo que descubrir, tras días de masticar a solas su tristeza, la alegría que supone sentarse al lado de un hermano, sentir la caricia de un padre. Tuvo que verse por debajo de los jornaleros para curarse de la impertinencia de haber tirado por la borda su dignidad de hijo. Por eso, la figura más triste de la parábola es la del hijo mayor. Éste no tuvo "desierto". Como nunca estuvo lejos, no llegó a descubrir la honda felicidad de lo cotidiano. ("Hijo, tú estás siempre conmigo, todo lo mío es tuyo"). Lo daba tan por hecho, tan por supuesto, que había llegado a perder toda capacidad de asombro de agradecimiento. Por eso el corazón se le fue quedando pequeño. Tan pequeño que no puede comprender la alegría de su padre: "Este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido, estaba perdido y lo hemos encontrado".


La alegría de saberse perdonado y de vivir perdonando es una de las profundas alegrías. El hijo pródigo temblaba pensando en la vuelta porque tenía conciencia de su pecado y temía a su padre. Gracia a Dios salvó una peligrosa tentación: la de dejarse llevar del miedo a su padre. Hay muchas conciencias aplastadas por el miedo a Dios, por sentimientos de culpabilidad ante la presencia del pecado personal. Para todas las personas que sufren esta situación, no hay más que una exclusiva receta que se escribe con mayúscula: Dios es Padre, que ama, espera y perdona siempre. Para Dios, el pecado no es algo que se olvida sino, más bien, algo que ha dejado de existir. Tomarse un tiempo para escuchar a Dios puede parecer a muchos un juego para personas desocupadas, una evasión noble para gentes incapaces de enfrentarse a sus verdaderos problemas, un entretenimiento para quienes no saben disfrutar de la vida de otra manera. No cabe mayor equivocación.


La tradición cristiana ha comprendido que el centro de esta parábola es la generosidad del Padre. Ciertamente, el arrepentimiento del pecador es algo absolutamente indispensable. Pero la realidad primaria reside en Dios, que guarda su ternura vigilante y compasiva para la persona pecadora. El hijo pródigo no ha tenido necesidad de llamar a una puerta. De antemano se le había abierto. El padre corre a su encuentro.


Que este sea el resultado que todos alcancemos de la "reflexión y vida" en la Cuaresma que estamos terminando.


* Capellán de la clínica S. Juan de Dios


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Artículo publicado en Boletín "MISIONEROS JAVERIANOS", ENERO-FEBRERO 2008, Número 439.


Sierra Leona   
FAMILIA JAVERIANA

 

EL ROSTRO AFRICANO DE CRISTO


Al inicio del tercer milenio cristiano nos encontramos frente a un nuevo ho­rizonte humano y eclesial. Los cambios a todos los niveles, la evolución del pensamiento teológico, la comprensión que la iglesia tiene de sí misma y de su misión, requieren nuevas respuestas y nuevos estilos de apostolado.

 

Nosotros los misioneros, con nuestra presencia específica, somos, cada vez, menos protagonistas y nos convertimos en colaboradores, en ayudantes. Esto implica una nueva comprensión de nues­tra presencia y una nueva sensibilidad, nuevos modelos de presencia y de estilo de trabajo en nuestra colaboración con la iglesia local.

 

Nuevas respuestas

 

También en Sierra Leona nos encon­tramos frente a un nuevo mundo, una nación nueva y una iglesia nueva. En parti­cular, la Iglesia de Makeni se encuentra ante tres realida­des que la interpelan: el fin de la guerra en Sierra Leona, que ha creado una nueva si­tuación social; el crecimien­to del personal local en la diócesis: por primera vez los sacerdotes y agentes de pastoral locales son mayoría; la invitación del Papa a hacer nuevos programas pastorales.

 

El sínodo diocesano ha nacido como una exigencia para dar respuesta a estas nuevas realidades. En el transcurso de los trabajos del sínodo nos hemos dado cuenta de que éste requiere un empeño personal y comunitario de altísimo nivel. Hemos dejado que el Espíritu nos hable a través de la experiencia viva de nuestras comuni­dades de fe.

 

El primer fruto ya lo hemos notado, ha sido la experiencia de vivir juntos como discípulos del Maestro: laicos y obispo, sacerdotes y misioneros, iniciando un camino que queremos continuar con la mirada de la fe puesta en Jesús.

 

Crecimiento constante

 

El tema de nuestro sínodo nos mues­tra la meta de nuestro camino: «Que la Iglesia local crezca y muestre el rostro africano de Cristo». Es una tarea ambi­ciosa, pero el verbo «crecer» indica un empeño comunitario en el tiempo. Pen­samos en un crecimiento armónico de todos los miembros de la iglesia, de un cuerpo radicado en el territorio, en una cultura propia, en un pueblo que tiene su historia y sus valores. Tenemos que per­mitir al Evangelio «fertilizar» esta cultu­ra, purificándola de elementos anti-evan­gélicos, para que resplandezca la belle­za del rostro africano de Cristo.

 

Nuestra meta y empeño son alcanzar, como iglesia, la plena madurez de la es­tatura de Cristo. Una meta que nunca se consigue plenamente, pero que propor­ciona el entusiasmo de comprometerse para construir un proyecto más grande que nosotros: ser artífices, junto al Es­píritu Santo, de un nuevo rostro de Cristo en su cuerpo que es la Iglesia en Sie­rra Leona. Es necesario hacer un trabajo en profundidad, para impregnar la cultura, los valores, la historia, la sensi­bilidad y el contexto social del pueblo sierraleonés para «fertilizar» todo con los valores de Cristo.

 

Iglesia africana


No tenemos la intención de hacer una versión africanizada de la iglesia europea, sino hacer crecer una iglesia que sea auténticamente africana y auténticamente cristiana. Para ello es importante formar a las personas y a los agentes de pastoral, comenzando por los sacerdo­tes. Son todos ellos los que, con su ex­periencia de fe vivida en nuestras comu­nidades, realizarán el proceso de incul­turación del Evangelio. Los misioneros queremos animar y apoyar este trabajo. Con este motivo hemos abierto en Makeni un centro de formación de ciencias so­ciales y religiosas, el «Fatima Institute».

 

Obviamente no somos una isla, no afrontamos solos este gran reto. Forma­rnos parte de la Iglesia africana a nivel continental. Trabajamos como células vivas de un cuerpo más grande.

 

El trabajo del Sínodo se realiza en el contexto de la Iglesia africana y tenien­do en cuenta la realidad humana en la que la Iglesia vive. Uno de los trabajos principales de nuestra diócesis es el tra­bajo por la justicia, los derechos huma­nos, el cambio de las estructuras injus­tas y el promover todo lo que favorezca el nacimiento de la cultura del amor.

 

Hijos e hijas

 

Mi sueño como obispo es ser, en medio de este pue­blo, uno que sirve y que ve crecer la iglesia, familia de Dios, que genera nuevos hi­jos e hijas y ofrecer todo a Cristo pan partido para el mundo. Tengo confianza en la acción lenta y paciente de Dios. El Reino de Dios se parece a un campo donde se siembra la semilla, pasan los días y la simiente despunta y crece, gradualmente la planta se hace grande y maduran los frutos hasta que llega la hora de recogerlos. (Conf. Mc. 4, 26-29).

 

Nota final

 

Uno de los letreros más comunes que se pueden ver en las calles y en los trasportes públicos de Sierra Leona es este: «Jesus is the answer» La respuesta es Je­sús. Algunos interpretan esta frase en sentido espiritualista. Para los cristia­nos tiene un significado muy concreto: la respuesta es Cristo encarnado en nues­tra realidad humana, que anuncia el Reino, que da la vida, que vence al mal.

 

Verdaderamente la respuesta es Cristo. Cristo es el regalo mejor que podemos hacer a África y a la entera humani­dad. n

 

Mons. Giorgio Biguzzi s.x.

Obispo de Mamen


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Lunes, 17 de marzo de 2008

Asunción (Agencia Fides) - Los Obispos de Paraguay han realizado en Asamblea Plenaria junto con los Superiores Mayores de los Religiosos de Paraguay durante la cual han analizado y reflexionado sobre el contenido del Documento de Aparecida y el documento “Habla Señor, que tu Iglesia escucha”, que determina las Líneas de Acción Pastoral de la Iglesia en Paraguay.
Al termino de la reunión han publicado un Mensaje sobre las Próximas elecciones nacionales que tendrán lugar el 20 de abril.



MENSAJE DE LOS OBISPOS DEL PARAGUAY
SOBRE LAS ELECCIONES NACIONALES



Los Obispos de Paraguay nos dirigimos a todos los Sacerdotes, diáconos permanentes, miembros de comunidades religiosas, laicos comprometidos con la acción pastoral de la Iglesia, fieles cristianos y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad que habitan este suelo.


A lo largo de la historia los Obispos en todas partes; y también en Paraguay, hemos entendido así cumplir una responsabilidad ineludible: compartir con todos la vida del pueblo en todo momento, particularmente en los momentos difíciles. Siempre la palabra de la Iglesia quiere ser elevada para recordar la voluntad de Dios que a todos ama con amor verdadero; recordar también el camino señalado para que la pacífica convivencia facilite alcanzar la superación de dificultades y hacer realidad el bienestar de cuantos integran la comunidad nacional.


Pensando en nuestro pueblo, hemos realizado la Asamblea conjunta con los Superiores Mayores de los Religiosos/as en el Paraguay, en un clima de comunión, de profunda oración y de fraternidad evangélica.


Fuimos motivados en nuestra reflexión por el contenido de las conclusiones del Documento de Aparecida con el tema “Discípulos y misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos en Él tengan vida…” y por el documento “Habla Señor, que tu Iglesia escucha”, que determina las Líneas de Acción Pastoral, lanzado últimamente en Caacupé, el 8 de diciembre del 2008 para toda la Iglesia en nuestro país. Hemos subrayado los cinco temas que son un desafío para todos y un camino de respuesta a nuestra situación eclesial: la comunión, la coherencia, la evangelización, la formación y la opción por los jóvenes y las familias.


Como escenario de estas reflexiones hemos compartido la lacerante situación por la que atraviesa nuestro pueblo por la falta de coherencia en la vida socio-política y la fe de los cristianos.

Hoy particularmente queremos concentrarnos en un tema de interés general impostergable. Se trata de las próximas elecciones nacionales.


Debemos ser sembradores de la esperanza. Por eso decimos:

  • El sufragio es derecho y obligación. Todos tenemos derecho a elegir con libertad a quién creemos candidato idóneo.
  • El candidato propuesto debe reunir condiciones de estadista, preocupado por todos y al servicio de todos.
  • Se debe exigir rectitud y honestidad de vida en los candidatos; así como conocimiento suficiente de la responsabilidad que asumen.
  • Es indispensable conocer programas de gobierno, claros, realistas, democráticos y basados en valores éticos y respetando los valores religiosos. Estos programas deben tener en cuenta los problemas sociales y las necesidades fundamentales del pueblo, especialmente pobre y pueblo joven.
  • Repetimos una vez más, clara y enfáticamente lo dicho en el Mensaje del mes de noviembre del 2007: “La Iglesia no propone ningún candidato así como no apoya ninguna candidatura a la conducción política del país. Por eso no realiza campaña política alguna que pueda favorecer a una parte de la población dejando a la otra de lado. La naturaleza y misión universal de la Iglesia no puede ser reducida a una situación política sectorial”.
  • Nada ni nadie nos apartará de esta postura. Es la postura de siempre, ratificada no hace mucho por el mismo Papa Benedicto XVI acerca de un caso suficientemente conocido y planteado en nuestro país.
  • Los católicos, en particular, debemos discernir, a la hora de elegir los programas que defiendan y promuevan la vida desde su concepción hasta su muerte natural, la familia, la dignidad humana y el bien común, que brotan de la moral y la ética. Por lo tanto, rechazar aquellas candidaturasy programas que les son contrarios.


Queremos concluir con una palabra alentadora. Católicos o no, estamos llamados a procurar el bien común, no solo con palabras sino también con hechos. Recordamos que cumpliendo los deberes cívicos contribuimos al progreso y bienestar de la sociedad. Si no lo hacemos, perjudicamos a todos.


Nos consta suficientemente que existen en todas partes personas y grupos con grandes valores y méritos. Hacemos votos para que sobre esa base se trabaje por respetar los resultados obtenidos en las urnas y terminar los enfrentamientos, las agresiones, las maniobras y picardías de toda clase, que tanto perjudican al pueblo. En muchas ocasiones hemos demostrado los paraguayos que somos capaces de salir adelante.


Con esa confianza imploramos la bendición de Dios. Pedimos la intercesión de la Virgen de Caacupé y de San Roque González de Santa Cruz para que el Paraguay se renueve desde sus fundamentos cristianos. Con sincero espíritu de servicio y paternal afecto los bendecimos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.


Asunción, 14 de marzo de 2008.

Firman los Obispos del Paraguay.


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 Panamá (Agencia Fides) - El Comité Permanente de la Conferencia Episcopal Panameña ha publicado un comunicado en el que manifiesta su opinión sobre dos anteproyectos de ley que se están intentado imponer en el país, el primero sobre “Salud sexual y reproductiva” y el segundo sobre la “Protección integral a la niñez y adolescencia”.


COMUNICADO DEL COMITÉ PERMANENTE

DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL PANAMEÑA

 

 

Como es sabido, existen unos anteproyectos de ley integral sobre salud sexual y reproductiva y sobre la protección del menor y del adolescente, lo que ha generado diversas reacciones y comentarios en los medios de comunicación social.

 

Con relación a estos temas, nosotros los Obispos de la Conferencia Episcopal Panameña deseamos aclarar lo siguiente:

 

1-  Reconocemos que es función del Estado velar por la salud integral de toda la población que habita en la República de Panamá (Art. 109, Constitución Nacional).

 

2-  La Iglesia Católica ha participado en varias reuniones con miembros de los Ministerios de Salud, Educación y Desarrollo Social en relación con los anteproyectos de Ley ya mencionados tratando de ofrecer nuestra colaboración en la búsqueda del bien común y exponiendo nuestra postura con respecto a todo lo que afecta a la vida humana, al matrimonio y a la familia, célula básica de la sociedad.

 

3-  Nuestra participación como Iglesia Católica en estas reuniones no significa en manera alguna la renuncia ni el desconocimiento de los principios y valores inherentes a nuestra fe y a la ley natural inserta en la persona humana.

 

4-  Creemos en la necesidad de promover una verdadera educación sexual cuyo objetivo no es el placer por el placer sino una educación para el amor en consonancia con nuestra condición de seres racionales y en vista a fortalecer la institución familiar respetando la edad biológica de la niñez y la adolescencia.

 

5-  Nos alegra el que algunas recomendaciones presentadas por nuestros delegados han sido incorporadas a los mencionados anteproyectos.

 

6-  Expresamos nuestro desacuerdo con otros artículos por su ambigüedad y porque contrarían la doctrina que nuestra Iglesia siempre ha proclamado en favor de la dignidad de la sexualidad, de la persona humana y en defensa de la vida, de la familia y el matrimonio, unión estable entre un varón y una mujer.

 

7-  Reiteramos lo que nos dijo el siervo de Dios Juan Pablo II cuando visitó a Panamá hace veinticinco años: “el cristiano auténtico, aun a riesgo de convertirse en ‘signo de contradicción’, ha de saber elegir bien las opciones prácticas que están de acuerdo con su fe.  Por eso, dirá sí a la estabilidad de la familia; sí a la convivencia legítima que fomenta la comunión y favorece la educación equilibrada de los hijos, al amparo de un amor paterno y materno que se complementan y se realizan en la formación de hombres nuevos”.  

 

Firman el Comunicado

 

+José Luis Lacunza Maestrojuan, O. A. R.

Obispo de David

Presidente de la CEP

 

+José Dimas Cedeño Delgado

Arzobispo de Panamá

Vicepresidente de la CEP

 

+José Domingo Ulloa Mendieta, O. S. A.

Obispo Auxiliar de Panamá

Secretario General de la CEP


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Homilía que dirigió Benedicto XVI el domingo 9 de marzo al celebrar la misa con jóvenes de los cinco continentes en la pequeña iglesia románica del Centro Internacional Juvenil San Lorenzo del Vaticano, que se encuentra a pocos metros de la plaza de San Pedro.


Señores cardenales;
venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio;
queridos hermanos y hermanas:


Para mí es una gran alegría poder conmemorar juntamente con vosotros, en esta hermosa iglesia románica, el 25° aniversario del Centro internacional juvenil San Lorenzo, que el amado Papa Juan Pablo II quiso instituir cerca de la basílica de San Pedro e inauguró el 13 de marzo de 1983. La santa misa que se celebra aquí todos los viernes por la tarde constituye para muchos jóvenes, que vienen de varias partes del mundo para estudiar en las universidades romanas, una importante cita espiritual y una significativa ocasión para tomar contacto con cardenales y obispos de la Curia romana, así como con obispos de los cinco continentes de paso por Roma para su visita ad limina.


Como habéis recordado, también yo vine aquí muchas veces a celebrar la Eucaristía cuando era prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe, y fue siempre una hermosa experiencia encontrarme con chicos y chicas de tantas regiones de la tierra para quienes este centro es un importante punto de acogida y de referencia.


Y precisamente a vosotros, queridos jóvenes, dirijo ante todo mi cordial saludo, agradeciéndoos la acogida entusiasta que me habéis dispensado. Saludo, asimismo, a todos los que habéis querido participar en esta celebración, a la vez solemne y familiar. Saludo en especial a los señores cardenales y a los prelados presentes. Permitidme que entre ellos cite en particular al cardenal Paul Josef Cordes, titular de esta iglesia de San Lorenzo in Piscibus, y al cardenal Stanislaw Rylko, presidente del Consejo pontificio para los laicos, a quien agradezco las amables palabras de bienvenida que me ha dirigido al inicio de la santa misa, juntamente con los dos portavoces de los jóvenes.


Saludo a mons. Josef Clemens, secretario del Consejo pontificio, al equipo de jóvenes, sacerdotes y seminaristas que animan este centro bajo la guía de la sección de jóvenes de ese dicasterio, y a todos los que de diferentes maneras brindan su colaboración. Me refiero a las asociaciones, a los movimientos y a las comunidades aquí representadas, con una mención especial para la Comunidad del Emmanuel, que desde hace veinte años coordina con gran fidelidad las diversas iniciativas y ha creado una Escuela de misión en Roma, de la que provienen algunos de los jóvenes aquí presentes. Saludo también a los capellanes y a los voluntarios que han trabajado aquí en estos veinticinco años al servicio de la juventud. A todos y a cada uno va mi afectuoso saludo.


[A partir de aquí, el Papa dejó los papeles y continuó hablando espontáneamente: ]


Pasemos ahora al evangelio de este día, dedicado a un tema importante y fundamental: ¿qué es la vida?, ¿qué es la muerte?, ¿cómo vivir?, ¿cómo morir? Con el fin de ayudarnos a comprender mejor este misterio de la vida y la respuesta de Jesús, san Juan usa para esta única realidad de la vida dos palabras diferentes, indicando las diversas dimensiones de la realidad llamada "vida": la palabra bíos y la palabra zoé. Bíos, como se comprende fácilmente, significa este gran biocosmos, esta biosfera, que va desde las células primitivas hasta los organismos más organizados, más desarrollados, este gran árbol de la vida, en el que se han desarrollado todas las posibilidades de la realidad bíos. A este árbol de la vida pertenece el hombre; forma parte de este cosmos de la vida que comienza con un milagro: en la materia inerte se desarrolla un centro vital; la realidad que llamamos organismo.


Pero el hombre, aun formando parte de este gran biocosmos, lo trasciende, porque también forma parte de la realidad que san Juan llama zoé. Es un nuevo nivel de la vida, en el que el ser se abre al conocimiento. Ciertamente, el hombre es siempre hombre con toda su dignidad, incluso en estado de coma o en la fase de embrión, pero si sólo vive biológicamente no se realizan ni desarrollan todas las potencialidades de su ser. El hombre está llamado a abrirse a nuevas dimensiones. Es un ser que conoce. Desde luego, también los animales conocen, pero sólo las cosas que les interesan para su vida biológica. El conocimiento del hombre va más allá; quiere conocerlo todo, toda la realidad, la realidad en su totalidad; quiere saber qué es su ser y qué es el mundo. Tiene sed de conocimiento del infinito; quiere llegar a la fuente de la vida; quiere beber de esta fuente, encontrar la vida misma.


Así hemos tocado una segunda dimensión: el hombre no es sólo un ser que conoce; también vive en relación de amistad, de amor. Además de la dimensión del conocimiento de la verdad y del ser, existe, inseparable de esta, la dimensión de la relación, del amor. Y aquí el hombre se acerca más a la fuente de la vida, de la que quiere beber para tener la vida en abundancia, para tener la vida misma.


Podríamos decir que toda la ciencia es una gran lucha por la vida; lo es, sobre todo, la medicina. En definitiva, la medicina es un esfuerzo por oponerse a la muerte, es búsqueda de inmortalidad. Pero, ¿podemos encontrar una medicina que nos asegure la inmortalidad? Esta es precisamente la cuestión del evangelio de hoy. Tratemos de imaginar que la medicina llegue a encontrar la receta contra la muerte, la receta de la inmortalidad. Incluso en ese caso, se trataría de una medicina que se situaría dentro de la biosfera, una medicina ciertamente útil también para nuestra vida espiritual y humana, pero de por sí una medicina confinada dentro de la biosfera.


Es fácil imaginar lo que sucedería si la vida biológica del hombre no tuviera fin, si fuera inmortal: nos encontraríamos en un mundo envejecido, en un mundo lleno de viejos, en un mundo que no dejaría espacio a los jóvenes, un mundo en el que no se renovaría la vida. Así comprendemos que este no puede ser el tipo de inmortalidad al que aspiramos; esta no es la posibilidad de beber en la fuente de la vida, que todos deseamos.


Precisamente en este punto, en el que, por una parte, comprendemos que no podemos esperar una prolongación infinita de la vida biológica y sin embargo, por otra, deseamos beber en la fuente de la vida para gozar de una vida sin fin, precisamente en este punto interviene el Señor y nos habla en el evangelio diciendo: "Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás" (Jn 11, 25-26). "Yo soy la resurrección": beber en la fuente de la vida es entrar en comunión con el amor infinito que es la fuente de la vida. Al encontrar a Cristo, entramos en contacto, más aún, en comunión con la vida misma y ya hemos cruzado el umbral de la muerte, porque estamos en contacto, más allá de la vida biológica, con la vida verdadera.

Los Padres de la Iglesia llamaron a la Eucaristía medicina de inmortalidad. Y lo es, porque en la Eucaristía entramos en contacto, más aún, en comunión con el cuerpo resucitado de Cristo, entramos en el espacio de la vida ya resucitada, de la vida eterna. Entramos en comunión con ese cuerpo que está animado por la vida inmortal y así estamos ya desde ahora y para siempre en el espacio de la vida misma. Así, este evangelio es también una profunda interpretación de lo que es la Eucaristía y nos invita a vivir realmente de la Eucaristía para poder ser transformados en la comunión del amor. Esta es la verdadera vida.


En el evangelio de san Juan el Señor dice: "Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia" (Jn 10, 10). Vida en abundancia no es, como algunos piensan, consumir todo, tener todo, poder hacer todo lo que se quiera. En ese caso viviríamos para las cosas muertas, viviríamos para la muerte. Vida en abundancia es estar en comunión con la verdadera vida, con el amor infinito. Así entramos realmente en la abundancia de la vida y nos convertimos en portadores de la vida también para los demás.


Los prisioneros de guerra que estuvieron en Rusia durante diez años o más, expuestos al frío y al hambre, después de volver dijeron: "Pude sobrevivir porque sabía que me esperaban. Sabía que había personas que me esperaban, sabía que yo era necesario y esperado". Este amor que los esperaba fue la medicina eficaz de la vida contra todos los males.

En realidad, hay alguien que nos espera a todos. El Señor nos espera; y no sólo nos espera: está presente y nos tiende la mano. Aceptemos la mano del Señor y pidámosle que nos conceda vivir realmente, vivir la abundancia de la vida, para poder así comunicar también a nuestros contemporáneos la verdadera vida, la vida en abundancia. Amén.


[Traducción distribuida por la Santa Sede

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ZENIT publica la intervención que pronunció Benedicto XVI el Domingo de Ramos, 16 de Marzo de 2008, al rezar el Ángelus junto a varios miles de peregrinos congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano.

 

Al final de esta solemne celebración, en la que hemos meditado en la Pasión de Cristo, deseo recordar al arzobispo de Mosul de los Caldeos, monseñor Paulos Faraj Rahho, trágicamente fallecido hace unos días. Su hermoso testimonio de fidelidad a Cristo, a la Iglesia y a su gente, a la que no quiso abandonar a pesar de las amenazas, me lleva a elevar un fuerte y apremiante grito: ¡basta con las masacres, basta con la violencia, basta con el odio en Irak! Al mismo tiempo, hago un llamamiento al pueblo iraquí, que desde hace cinco años carga con las consecuencias que ha provocado el desmantelamiento de su vida civil y social: querido pueblo iraquí, ¡álzate y sé tú mismo, en primer lugar, reconstruye tu vida nacional! ¡Que el camino hacia la paz en nombre de Dios sea la reconciliación, el perdón, la justicia y el respeto de la convivencia civil entre tribus, etnias, grupos religiosos!


Y ahora, queridos hermanos y hermanas, renuevo a todos mi cordial saludo. Lo dirijo de manera especial a los jóvenes que han venido de numerosos países con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud, que el querido siervo de Dios Juan Pablo II quiso unir al Domingo de Ramos. Mi pensamiento se dirige en este momento a Sydney, en Australia, donde se encuentran a pleno ritmo los preparativos para el gran encuentro que mantendré allí con los jóvenes de todo el mundo del 15 al 20 de julio próximos. Doy las gracias a la Conferencia Episcopal de Australia, en particular, al cardenal Pell, arzobispo de Sydney y a sus colaboradores por todo lo que están haciendo con tanto empeño, así como a las autoridades australianas, tanto las federales como las australianas, por el apoyo generoso que han ofrecido a esta importante iniciativa. ¡Nos vemos en Sydney!


[Al final del Ángelus, el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:]


Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española y los aliento a salir al encuentro de Cristo con las buenas obras, de modo que imitando todos su ejemplo de amor hasta la cruz, merezcamos un día tener parte en su resurrección. Me dirijo ahora en particular a los jóvenes aquí presentes y a cuantos se unen a esta oración mariana a través de la radio y la televisión. Os invito a que me acompañéis en la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud que tendrá lugar en Sydney el próximo mes de julio. Muchas gracias y feliz Domingo de Ramos.


[Traducción del original italiano realizada por Jesús Colina

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Domingo, 16 de marzo de 2008

Nota de los obispos de la Subcomisión para la Familia y Defensa de la Vida de la Conferencia Episcopal Española, con motivo de la Jornada por la vida (25 de marzo de 2008), con el título «La vida es siempre un bien».

  

Frente al mal, está el bien;

frente a la muerte, la vida (Sir 33,14)

 

1. Promover una cultura de la vida


Coincidiendo con la solemnidad de la Encarnación del Señor, que este año se celebra el 31 de marzo, la Iglesia en España celebra la VII Jornada por la Vida, que es una invitación a la oración y a proclamar el valor sagrado de toda vida humana desde su comienzo en la fecundación hasta su fin natural. De esta oración debe brotar un compromiso decidido para vencer al mal a fuerza de bien, a la «cultura de la muerte» promoviendo una cultura que acoja y promueva la vida.


El misterio de la Encarnación del Señor nos invita a considerar la grandeza y dignidad de la vida humana. Como nosotros, el Hijo de Dios comenzó su vida humana en el seno de su Madre. Por eso, este misterio nos recuerda que desde el momento de la concepción, la vida humana tiene un valor sagrado que todos debemos reconocer, respetar y promover: «la vida del hombre es don de Dios, que todos están llamados a custodiar siempre»[1].


Los obispos sentimos el deber de promover en la Iglesia y en la sociedad el valor de la vida humana, alentando todas las iniciativas que promueven la familia y la vida como, por ejemplo, la moratoria internacional sobre el aborto.


2. «Nunca se puede legitimar la muerte de un inocente»


Hace poco, la sociedad española se ha sentido conmovida por ciertas prácticas abortivas y la crueldad de los medios utilizados para ocultarlas. Esta realidad, que los obispos venimos denunciando desde hace años[2], ha suscitado de nuevo el debate sobre el aborto en nuestra sociedad.


Como ya dijimos[3], aun considerando como un gran avance el cese de la práctica ilegal del aborto, la acción genuinamente moral y humana sería la abolición de la «ley del aborto», que es una ley injusta[4]. Juan Pablo II nos dijo en Madrid en 1982: «Quien negara la defensa a la persona humana más inocente y débil, a la persona humana ya concebida aunque todavía no nacida, cometería una gravísima violación del orden moral. Nunca se puede legitimar la muerte de un inocente. Se minaría el mismo fundamento de la sociedad»[5].


Invitamos a los fieles a que eleven su oración al Señor para que ilumine la conciencia de nuestros conciudadanos, especialmente la de los políticos. Que el Dios de la vida les ayude a comprender y remediar el enorme drama humano que el aborto supone para el niño en el seno de su madre, para la propia madre, y para la sociedad entera. La ley del aborto debe ser abolida, al tiempo que hay que apoyar eficazmente a la mujer, especialmente con motivo de su maternidad, creando una nueva cultura donde las familias acojan y promuevan la vida. Una alternativa importante es la adopción. Miles de esposos tienen que acudir a largos y gravosos procesos de adopción mientras en España más de cien mil niños murieron por el aborto durante el año 2006.  


3. La conciencia del católico ante la vida humana


Nos dirigimos ahora a los católicos para recordarles sus obligaciones morales y de conciencia. Ningún católico, ni en el ámbito privado ni público, puede admitir en ningún caso prácticas como el aborto, la eutanasia o la producción, congelación y manipulación de embriones humanos, La vida humana es un valor sagrado, que todos debemos respetar y que las leyes deben proteger.


No puede sostenerse que el aborto es inadmisible para un católico pero que esto no obliga al que no lo es. Al contrario, «el cristiano está continuamente llamado a movilizarse para afrontar los múltiples ataques a que está expuesto el derecho a la vida. Sabe que en eso puede contar con motivaciones que tienen raíces profundas en la ley natural y que por consiguiente pueden ser compartidas por todas las personas de recta conciencia»[6].


Por eso, si algún católico albergara dudas sobre este tema, debería acudir a la oración para pedir la luz del Espíritu Santo. También podrá informarse de las razones por las que la Iglesia sostiene, siempre con argumentos teológicos, filosóficos y científicos sólidos, el valor y la dignidad de la vida personal desde la fecundación hasta la muerte natural.




4. Dios ama también la vida enferma y débil


La vida es una realidad maravillosa que no deja de sorprendernos. Cuantos más datos nos proporciona la ciencia, mejor podemos comprender que la vida del hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, es un misterio que desborda el ámbito de lo puramente bioquímico.


En su constante progreso, la ciencia afirma cada vez con más fuerza que desde la fecundación tenemos una nueva vida humana, original e irrepetible, con una historia y un destino únicos. Una vida que tiene que ser acogida, respetada y amada: «es compromiso de todos acoger la vida humana como don que se debe respetar, tutelar y promover, mucho más cuando es frágil y necesita atención y cuidados, sea antes del nacimiento, sea en su fase terminal»[7].


Pedimos al Señor que en esta Jornada, contemplando el misterio de su encarnación, sepamos acoger como la Virgen María el don de la vida, y aprendamos de la madre del amor hermoso a defender y promover la vida en todos sus momentos, proclamando que «frente a la muerte está la vida» (Sir 33,14). 


Madrid, 8 de marzo de 2008


Los Obispos de la Subcomisión Episcopal de Familia y Vida

Mons. Julián Barrio Barrio,

Presidente de la CEAS

Mons. Juan Antonio Reig Pla,

Presidente de la Subcomisión para la Familia y Defensa de la Vida

Mons. Francisco Gil Hellín

Mons. Vicente Juan Segura

Mons. Manuel Sánchez Monge

 

[1] Benedicto XVI, Discurso a los participantes en la XXII Conferencia Internacional del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud, 17-XI-2007.

[2] Como ejemplo remitimos nuestras notas para la Jornada de la Vida: «La vida humana, don precioso de Dios» (2005); «Amar y promover la vida» (2006); «Por una cultura de la vida» (2007).

[3] cf. Por una cultura de la vida. Nota de los Obispos de la Subcomisión de Familia y Vida, 2007.

[4] Nos referimos a la Ley Orgánica 9/1985 que despenaliza el aborto en ciertos supuestos (artículo 417bis del código penal).

[5] Juan Pablo II, Homilía en la Misa de las Familias, Madrid, 2-XI-1982.

[6] Benedicto XVI, Discurso a los participantes en la asamblea general de la Academia Pontificia para la Vida, 20-III-2007

[7] Benedicto XVI, Angelus 3-II-2008.


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Mensaje que ha escrito monseñor Lázaro Pérez Jiménez, obispo de Celaya (México) con motivo de la Semana Santa.


La Semana Santa, luces y sombras

El próximo domingo se inicia la Semana Santa también conocida como la Semana Mayor por todo lo que encierra para nuestra fe católica en tan pocos días. Un autor especialista en liturgia se refiere a ella en estos términos:» Se llama Semana Santa a la última semana de la Cuaresma, la que prepara e introduce en la celebración de la Pascua. Comienza con el domingo de la Pasión o de Ramos, y concluye con el inicio del Domingo de Pascua. Abarca, por tanto, días de la Cuaresma, hasta el Jueves por la tarde, y los dos primeros del Triduo Pascual» (José Aldazabal, Vocabulario básico de la liturgia, pag. 376). Razones suficientes existen para designarla con el término de Mayor; ninguna otra semana del calendario litúrgico contiene tantos significados para nuestra salvación como ésta. La Iglesia hace memoria de los grandes acontecimientos salvadores que se centran en la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Hacer memoria, en lenguaje bíblico, no es el simple recuerdo de un suceso del pasado sin sentido para el presente, sino es hacer presente dichos acontecimientos pero a través de signos realizados en la misma celebración que tiene, a la vez, un influjo y gran repercusión en la vida del creyente.


Inicia, pues, con la celebración del Domingo de Ramos o de las Palmas una verdadera fiesta en la que participa con fe el pueblo católico; basta contemplar el flujo de personas que asisten a la bendición de las palmas y al recorrido que hace el pueblo desde un punto determinado de la comunidad hasta llegar al templo o rectoría, lugar en el que se celebra la solemne eucaristía, propia de la fiesta. Es hermoso contemplar los rostros de pequeños y adultos portando las palmas en sus manos y entonando cantos dedicados a Cristo Rey; de esta forma pretenden, en cierto modo, solidarizarse con la multitud que días antes de entrar Jesús a su pasión lo aclamó con vítores y auténticas confesiones de fe que expresaban la certeza de que ese hombre sencillo, montado sobre un burrito, era el Mesías esperado anunciado siglos atrás por los profetas.


A propósito de las palmas, muy apreciadas por el pueblo sencillo, aprovecho para decir que llevarlas a las casas tiene un signo especial. Hay quienes recurren a ellas en tiempo de conflictos o de necesidades urgentes como, por ejemplo, en el caso de enfermedades que amenazan la salud de un ser querido. No faltan quienes las utilizan ante peligros de la naturaleza como cuando azotan huracanes o acontece un terremoto de dimensiones espectaculares. Hay que ser respetuosos con las expresiones de fe del pueblo católico pobre que no entenderá de teologías, pero que con su actitud se convierten en verdaderos testigos de la fe y del amor a Dios. Por algo el Documento de Aparecida cuando se refiere a ella dice cosas hermosas y trascendentes para la fe católica como cuando afirma que la piedad popular es el alma de los pueblos latinoamericanos, que refleja una sed de Dios que solamente los pobres y sencillos pueden conocer y que es un verdadero tesoro que los pastores deben acompañar y proteger.

Sería muy lamentable y casi un suicidio espiritual si hubiese pastores que por ignorancia pretendieran aniquilarla o menospreciarla. Es verdad que hay que evangelizarla y purificarla, pero nada le quita su enorme valor. La piedad del pobre pueblo es en América Latina el sostén de la fe y del amor a la Iglesia. Se dan casos en los que se ha llegado al cinismo de burlarse de las expresiones de nuestros fieles sencillos. Conozco el caso de un pastor que, por no entender las tradiciones populares, le pidió al párroco de un templo en que se veneraba la imagen de un Cristo doliente que no se la diera a nadie; su ignorancia supina tenía como única intención acabar con la peregrinación a la que asistían más de doce mil personas que caminaban toda la noche y cuya historia se remontaba a ciento ochenta años. ¡Qué torpeza y que falta de sensibilidad para con la fe de los sencillos! Comportamientos como éste no los entiendo en personas que se dicen llamadas a confirmar la fe del pueblo creyente.


No obstante nuestro llamado a ser cercanos a la gente pobre y respetar sus costumbres religiosas, es deber del pastor explicarle a los suyos que el sentido que debe darse a los signos y, en este caso particular de las palmas, va mucho más allá de las puras expresiones externas. Se supone que quien porta palmas a la casa es porque ha participado en la procesión del Domingo con el que se inicia la Semana Mayor y ha estado presente en las alabanzas proferidas a Jesús. Pues bien, las palmas serán en todo momento el recuerdo de nuestra vocación a ser adoradores del único Señor de la historia. A Jesús hay alabarlo siempre y es de desear que la familia inculque a los hijos desde pequeños el deseo de alabar a su Señor y no solo en ciertas circunstancias.


Cabe mencionar que el Domingo de Ramos conlleva signos de luz y de sombra a la vez. Quien asiste a la celebración desde el primer momento en que las palmas son bendecidas, tendrá la ocasión de escuchar dos párrafos del evangelio en los que el primero será el relato de la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén y, posteriormente, la narración de la pasión de Cristo que culmina con su muerte en la cruz. Luz y sombra en una misma celebración. Por lo demás, puestos en el ambiente de la Semana Mayor, podemos observar que los mismos que exaltaron a Jesús el día de su entrada a Jerusalén, fueron quienes días después, por instigación de los sacerdotes, levantaban la voz para pedirle a Pilatos su muerte.


Yo hago una sincera invitación a examinarnos si acaso en nuestra vida cristiana actuamos como aquellos hombres y mujeres. Podemos caer en la tentación de pasar momentos de mucha piedad y profundos deseos de alabar al Señor pero combinados con otros en los que nos olvidamos de El y, si estuviera en nuestras manos quizá hasta pediríamos nuevamente su muerte.


+Lázaro Pérez Jiménez


Obispo de Celaya

 


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Carta que ha enviado monseñor J. Ignacio Munilla, obispo de Palencia España, sobre la confesión.


Confesarse
 

       El tiempo de Cuaresma comenzó con una llamada a la conversión, y la Iglesia nos recuerda la importancia y la necesidad de acudir al sacramento de la Confesión, especialmente en estas fechas previas a la Semana Santa. Sin embargo, parece evidente que la práctica de este sacramento -conocido indistintamente como sacramento de la Penitencia, de la Reconciliación, del Perdón o simplemente, de la Confesión- sufre una notable crisis. Por ello, es necesario que recuperemos este tesoro de gracia, expresado en el mismo Credo: «Creo en el perdón de los pecados».


       1º.- De la pereza a las dudas: Una buena parte de los fieles que se han alejado de este sacramento, no lo han hecho por un rechazo a la fe católica, sino simplemente arrastrados por el mal de la pereza y por la ley del mínimo esfuerzo. Es indudable que el sacramento de la Penitencia requiere un esfuerzo notable, y que a algunas personas les puede exigir altas dosis de vencimiento propio.


       Pero claro, quien cede a la pereza, tarde o temprano, se hace vulnerable a las dudas de fe: se empieza por entonar el célebre "yo me confieso con Dios", dejando en el olvido la afirmación bíblica de que «Dios confió a los apóstoles el ministerio de la reconciliación» (2 Cor 5,18), para terminar por decir aquello de "yo no hago mal a nadie... no tengo pecados", contradiciendo las palabras de Cristo: «El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra» (Jn 8,7).


       2º.- Sensibilidad moderna: Más allá de la pereza, algunos piensan que la sensibilidad moderna chirría ante la confesión de los pecados a un ministro mediador. Sin embargo, deberíamos atrevernos a cuestionar el presupuesto de partida: ¿es cierto que la sensibilidad moderna es reacia a la confesión particular de los pecados? Hay a nuestro alrededor muchos síntomas que invitan a cuestionarlo. No me refiero únicamente al aumento de pacientes en las consultas de los psicólogos, inversamente proporcional al descenso de la confesión. Ahí tenemos también la proliferación de los "reality shows" radiofónicos y televisivos, en los que los "penitentes" reconocen ante millones de espectadores sus "pecados" con sus rostros distorsionados por el zoom televisivo, como si de una discreta rejilla de confesionario se tratase.


       3º.- Abusos en las celebraciones comunitarias: Por los motivos aducidos, tanto los fieles como los sacerdotes, podemos tener la tentación de cometer o de permitir determinadas infidelidades en la disciplina de este sacramento. Por ejemplo, ¿qué sentido tiene una celebración comunitaria de la Penitencia, en la que los fieles se limitan a confesar de forma genérica «soy pecador», o «perdón, Señor», sin necesidad de concretar sus propios pecados?


       La declaración de los pecados personales ante el sacerdote, es una parte esencial del sacramento de la Reconciliación. Baste entender las siguientes palabras del Evangelio de San Juan: «A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos» (Jn 20, 23). Es decir, el sacerdote que administra este sacramento, no puede ni debe hacerlo de una forma automática, ya que su tarea consiste en discernir si existe el debido arrepentimiento en el penitente, intentando suscitar en él una verdadera contrición, de forma que así puedan darse las condiciones para «perdonar» los pecados en nombre de Cristo, o «retenerlos», en su caso. Lógicamente, para poder realizar ese discernimiento, es necesaria la manifestación de las faltas al confesor.


       4º.- Confesiones rutinarias y desesperanza: Una celebración correcta del sacramento de la Penitencia no depende exclusivamente de la manifestación íntegra de nuestros pecados. Quienes nos confesamos con frecuencia, debemos tener en cuenta que existe el peligro de caer en la rutina y en la superficialidad. Los penitentes hemos de procurar con responsabilidad, que nuestra confesión sea un encuentro personal con Jesucristo, quien nos consuela en nuestras debilidades, al mismo tiempo que fortalece nuestra esperanza en el inicio de una vida nueva.


       Los penitentes habituales podemos ser tentados también por el cansancio y hasta por la desesperanza, cuando a veces no percibimos un avance en la reforma de nuestra vida moral. Nos puede dar la sensación de que siempre caemos en los mismos pecados y de que estamos encadenados en una espiral de caídas y peticiones de perdón, sin progresos constatables. Sin embargo, la única manera de permanecer fieles a la llamada a la conversión, es continuar fieles en el camino penitencial, «sin perder la paz, pero sin hacer las paces». Es decir, sin perder la paz interior, por que no avanzamos como sería nuestra deseo; al mismo tiempo que nos resistimos a pactar con nuestro pecado, sin rebajar el ideal de la santidad al que estamos llamados. Decía un autor espiritual que el cristianismo no es tanto de los perfectos, como de aquellos que no se cansan nunca de estar empezando siempre.


       Los cristianos que nos acercamos a recibir el perdón en estos días, estamos llamados a ser testigos de la Misericordia de Dios. La alegría del perdón es el mejor testimonio de fe y de esperanza ante nuestros hermanos. De forma similar a como San Agustín escribió un libro autobiográfico con el título de «Confesiones», en el que cuenta la conversión de su vida pecadora, para proclamar ante el mundo la bondad de Dios; así también nosotros, al «confesar» nuestros pecados, «confesamos» el Amor de Dios.


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Desde la Oficina de Prensa del Obispado de Tenerife se nos remite la conferencia dada por el  cardenal Hummes, responsable del Clero y de Catequesis, a los responsables de las delegaciones de catequesis de nuestro país, sobre  el papel de los sacerdotes en este importante servicio  evangelizador.


La decisiva responsabilidad de los presbíteros en la catequesis

 

Claudio Hummes

 

Viernes, 14 de marzo 2008

 

Vosotros estáis llamados, actualmente, por voluntad de Dios, a llevar adelante esta específica e insustituible tarea de la catequesis en vuestras respectivas Diócesis. Se trata de una llamada y misión fundamental para la efectiva evangelización de vuestras Iglesias particulares.


I. Los Presbíteros y la Catequesis


Quisiera centrar nuestra reflexión y compromiso en un aspecto que me parece fundamental y que quizás hemos olvidado o descuidado un poco en estos últimos tiempos, es decir, la efectiva dedicación y atención de todos los presbíteros a la

catequesis.

Vuestra tradición sacerdotal, en lo que se refiere a la dedicación personal y directa del presbítero a la función de catequizar, es muy rica: san Juan de Ávila, san Enrique de Ossó, Andrés Manjón, el Beato Manuel González, el Obispo Llorente y tantísimos más, quienes, unas veces, quisieron responder a la necesidad de catequizar desde una vocación plena al Ministerio de la Palabra, y, otras, desde el sentimiento de compasión pastoral por la ignorancia integral de los bautizados. Estos son por ejemplo los casos de san Enrique de Ossó, de Andrés Manjón o del Beato Manuel González con sus lemas “pan y catecismo”, “evangelización y promoción humana” u otros similares.


Lo que fue denominador común para todos ellos fue la necesidad de evangelizar y de formar a los creyentes en épocas de profundas crisis culturales y la necesidad de renovar la Iglesia.


Su ejemplo no puede dejarse en el olvido; por el contrario, debe ser hoy una fuerte llamada a todos los presbíteros sobre la necesidad de atender e insistir en la finalidad de la catequesis y en su concreción en la catequesis al servicio de la iniciación cristiana o catequesis de iniciación cristiana.


Es hoy particularmente urgente que todos los presbíteros de la Diócesis, y no solo los Delegados diocesanos, tomen nuevamente conciencia de que están llamados a catequizar en primera persona, en una sociedad secularizado y paganizada, que ha ido perdiendo la presencia de ámbitos cristianos. La función propia del presbítero en la tarea catequizadora no brota de una fuente secundaria sino «del sacramento mismo del Orden que ha recibido», como afirma el numero 224 del Directorio General para la Catequesis. Es el sacramento el que constituye a los presbíteros en «educadores de la fe» (Presbyterorum ordinis, n. 6b).


Debemos hacer un esfuerzo para quitarnos ese lastre un poco burocrático que se nos ha ido metiendo en nuestra labor pastoral, quizás por excesiva confianza, mal entendida, en que la Iglesia no puede perecer o, al revés, por miedo ante una sociedad, que parece impermeable e indiferente al anuncio del que somos portadores.


Cuanto más secularizado es el ambiente, más necesidad tienen los catequizandos de que se les proporcione una presencia viva del evangelio, un testimonio explícito del espíritu y del modo de vivir cristiano, recreando el ámbito educativo típicamente cristiano.

Por ello es importante la experiencia de fe en las parroquias como comunidades cristianas vivas, guiadas por pastores que sienten en su propia entraña sacerdotal la importancia vital y la urgencia actual de la catequesis; catequesis parroquial que no aleja del ámbito secular en el que día a día el catequizando debe vivir la fe, sino que lo capacita para ser testigo de la misma.


En este sentido tiene una importancia capital la vivencia del domingo, como día de fe, por parte de todos los miembros de la comunidad parroquial. El día del Señor, el día de la resurrección es el día de los cristianos, es nuestro día, como enseña el Catecismo de la Iglesia Católica (n.1166). El Concilio Vaticano II afirma que «la Iglesia, desde la tradición apostólica que tiene su origen en el mismo día de la resurrección de Cristo, celebra el misterio pascual cada ocho días, en el día que se llama con razón ‘día del Señor’ o domingo» (Const. Dog. Sacrosantum Concilium,n. 106). Su centro es “el banquete del Señor”, porque es aquí donde toda la comunidad de los fieles encuentra al Señor resucitado “al partir el pan” (Cf. Lc 24,30).


Los presbíteros, y especialmente los párrocos, deben esforzarse por formar a los fieles a la vivencia teológica del domingo y también como día catequético por excelencia para toda la comunidad cristiana. Conozco perfectamente y comprendo las dificultades pastorales que esto comporta en una sociedad, sobre todo en una sociedad urbana que necesita del día de descanso para salir de la ciudad y dedicarse al descanso en contacto con la naturaleza. Pero esto no nos debe desanimar. Es muy importante lo que esta en juego y merece la pena empeñarse seriamente por salvaguardar y promover el carácter cristiano original de este día de fiesta en honor del Señor.


Hace algunos años la Congregación para el Culto divino y la Disciplina de los Sacramentos publicó una magnifica Instrucción sobre el domingo (Dies Domini), que puede siempre servirnos de referencia en la catequesis para llevar adelante esta magnifica tarea pastoral y catequética del día por excelencia de la asamblea del Pueblo de Dios.



El empeño pastoral porque el domingo sea de verdad «el día del Señor» para la comunidad cristiana que se le confiado, entra dentro de la misión más amplia por el fortalecimiento y configuración de la personalidad cristiana, de la identidad cristiana y eclesial de nuestros iniciandos. Los presbíteros, en efecto, tratan, sobre todo a través de la catequesis, por conseguir que todos los fieles de su comunidad se formen adecuadamente y alcancen la madurez cristiana.



Ello comporta fundamentalmente para el presbítero la misión de promover la unidad y coordinación de la catequesis, es decir, cuidar la orientación de fondo, su adecuada programación y su integración en el proyecto evangelizador de la comunidad parroquial, de la Diócesis y de la Conferencia Episcopal.



Dicha programación debe contar con la participación activa de los propios catequistas. La integración debe cuidar no solo la unidad con el proyecto evangelizador de la parroquia, de la Diócesis y de la Conferencia Episcopal (integración “ad extra”, podríamos decir), sino también, y lo que es muy importante, su integración “ad intra”, es decir, su vinculación con la vida litúrgica y sacramental y con la actividad evangelizadora y caritativa que toda la comunidad desarrolla, conforme a un plan general de evangelización.


En otras palabras, fomentar siempre la esencial vinculación de Palabra, Sacramento y Caridad; o de catequesis, acción litúrgica y servicio de la caridad. La pastoral de la iniciación cristiana ha de garantizar esta unidad sustancial; asimismo la catequesis de iniciación cristiana deberá estar a su servicio.



Se trata en definitiva que el presbítero en primera persona sea el garante de la unidad de la misión eclesial, de las grandes acciones evangelizadoras y de la necesaria coordinación de los distintos ámbitos, acciones y agentes de la catequesis.


Pero no olvido que estoy hablando a los Delegados diocesanos de catequesis. Esta tarea de unidad y coordinación como exigencia de la renovación y revitalización de la catequesis al servicio de la iniciación cristiana, en los proyectos diocesanos de pastoral, es vuestra tarea primordial


El Delegado diocesano ha de impulsar la dedicación efectiva de todos los sacerdotes de la Diócesis a la catequesis, lógicamente según la misión y las efectivas posibilidades de cada uno. El Delegado diocesano debe saber ayudar a cada uno en la organización de esta dedicación. En el ámbito de la propia comunidad hay que saber sacrificar puntos de vista particulares y conjuntarse en un proyecto diocesano de evangelización con espíritu de unidad y de comunión con la Iglesia particular; al mismo tiempo que esta, la Iglesia particular, se mantiene en comunión con toda la Iglesia, a través de la propia Conferencia Episcopal.


Ilusionar y ayudar a los presbíteros para trabajar con proyectos comunes, diocesanos y nacionales, esa es la tarea del Delegado diocesano. El Directorio General para la Catequesis propone «el establecimiento del proyecto global de catequesis, articulado y coherente, que responda a las verdaderas necesidades de los fieles y que esté convenientemente ubicado en los planes pastorales diocesanos. Tal proyecto ha de estar coordinado, igualmente, en su desarrollo, con los planes de la Conferencia Episcopal». (DGC 223). El Directorio propone dicho establecimiento de proyecto global como tarea y preocupación del Obispo en su Diócesis, pero ¿quién mejor que el Delegado diocesano de catequesis para ayudar y colaborar con el propio Obispo para llevar a cabo dicho proyecto?


A este propósito, quisiera llamar vuestra atención sobre la importancia de usar y promover los Catecismos de la Iglesia española en vistas de este proyecto común. Entre otras razones porque otorga un lenguaje común de la fe.


Sabéis bien que, a este respecto, la Congregación para el Clero ha concedido muy a gusto recientemente la “recognitio” al nuevo Catecismo de la Conferencia Episcopal Española Jesús es el Señor, que será objeto de estudio por parte vuestra en esos días de Jornadas Nacionales. Es una gran oportunidad para la unidad de criterio y de acción y para configurar realmente la catequesis de infancia al servicio de la iniciación cristiana.

Igualmente, en el ámbito de la unidad y coordinación de toda la actividad catequética, los Delegados diocesanos deberán animar y promover que los sacerdotes asuman su responsabilidad en la formación de los catequistas, en todas las dimensiones que la integran. (Quinta parte cap. 2º. Nº 233-251)


Los catequistas tienen necesidad de ser atendidos en formación integral como tal, en su itinerario de fe por el sacerdote, no solo en los aspectos teológicos, y pedagógicos, que son de gran utilidad para el ejercicio de su función de catequizar. El sacerdote está entre los catequistas no solo para la formación teológica y doctrinal de los mismos, o para la capacitación pedagógica. Debe atenderles en su integridad en cuanto creyente adulto que participa de la misión de evangelizar.


Por último, esta promoción de la unidad y coordinación se ha de llevar a la practica en relación con los lugares y vías de la catequesis, como indica el Directorio General en el Capitulo tercero de la quinta parte.


Desde la unidad es posible hacer frente a la llamada “crisis” de las vías tradicionales de la transmisión de la fe, crisis de las vías de catequización. Desde el proyecto de catequesis de la Iglesia particular concebido en unidad y comunión quien catequiza y quien es catequizado percibe hasta hacerla vida propia la “comunión” como núcleo profundo del ser mismo de la Iglesia universal y de las Iglesias particulares, que constituyen la comunidad cristiana referencial.


Percibiendo y viviendo esta “comunión” es factible superar esa supuesta crisis de la que hablábamos. La comunión, que es el núcleo profundo del ser mismo de la Iglesia, a imagen de la Trinidad, debe hacerse cercana y visible en la rica variedad de los lugares y vías de la catequesis, «en la rica variedad de las comunidades cristianas inmediatas, en las que los cristianos nacen a la fe, se educan en ella y la viven. La familia, la parroquia, la escuela católica, las asociaciones y movimientos cristianos, las comunidades eclesiales de base...» (DGC, 253).


La Iglesia siempre ha tenido conciencia de que estos lugares y vías de catequesis deberían ser entendidos en la diversidad de las tareas y en la unidad/complementariedad de objetivos. Por ello la necesidad de insistir en la claridad de objetivos y en la permanencia en ellos.


La parroquia, si la familia no educa en la fe, se vería en la disyuntiva de formar a los niños como huérfanos. Por ello, la necesidad de afrontar claramente la responsabilidad de los cónyuges cristianos de la transmisión de la fe en el seno de la propia familia. Igualmente el colegio religioso, no puede educar en la fe a los alumnos prescindiendo de la parroquia.


II. La Catequesis renovada


Desde el Concilio Vaticano II, la catequesis ha ya recorrido un largo camino de revocación. Tres frutos importantes han derivado de este proceso: primero, un renovado uso de la Biblia, principalmente de los Evangelios, en la catequesis; segundo, una preocupación por unir fuertemente fe y vida; tercero, la elaboración de nuevas metodologías para el trabajo de catequesis.



a) catequesis como proceso de iniciación para la vida de fe: se trata de un proceso que integra una catequesis de experiencia de Dios, pasando de una catequesis principalmente teórica y doctrinal, hacia una catequesis más vivencial, sin perder, por supuesto, el aspecto de contenido doctrinal integral. Ello significa que, tanto la dimensión doctrinal como la vivencial, están integradas en el proceso de llegar a ser discípulo de Jesucristo. Se delinea de este modo un modelo metodológico que lleva a la experiencia de Dios, la cual se expresa, sobre todo, en la vida litúrgica y orante.

b) Iniciación a la vida de fe en comunidad: conforme a la pedagogía de Dios, Él mismo se revela en la vida y en la historia comunitaria de su pueblo, tanto en el tiempo de la Alianza con Israel como de la Nueva Alianza en Jesucristo, acogiendo y santificando los creyentes como miembros de un pueblo;

 

c) Proceso permanente de educación de la fe: la formación en la fe se prolonga en la vida entera de los discípulos de Jesús dando una importancia fundamental a la catequesis de adultos;


d) Catequesis kerygmática y cristocéntrica, con dimensión trinitaria: o sea, la catequesis debe tener como hilo conductor los contenidos del primer anuncio, el Kerygma, que conduce a Jesucristo y de este modo profundiza kerygmáticamente la conversión primera. Pero, con mucha frecuencia, la propia catequesis debe también hacer el primer anuncio y de este modo conducir el catequizando a un encuentro personal con Jesucristo para creer en Él, adherir a Él y decidirse a seguirlo como discípulo. De hecho, como dice Juan Pablo II en la Catechesi Tradendae: “La peculiaridad de la Catequesis, distinta del anuncio primero del Evangelio que ha suscitado la conversión, persigue el doble objetivo de hacer madurar la fe inicial y de educar al verdadero discípulo por medio de un conocimiento más profundo y sistemático de la persona y del mensaje de Nuestro Señor Jesucristo(49). Pero, en la práctica catequética, este orden ejemplar debe tener en cuenta el hecho de que, a veces, la primera evangelización no ha tenido lugar. Cierto número de niños bautizados en su infancia llega a la catequesis parroquial sin haber recibido alguna iniciación en la fe, y sin tener todavía adhesión alguna explícita y personal a Jesucristo, sino solamente la capacidad de creer puesta en ellos por el bautismo y la presencia del Espíritu Santo (.......). Es decir, que la catequesis debe a menudo preocuparse, no sólo de alimentar y enseñar la fe, sino de suscitarla continuamente con la ayuda de la gracia, de abrir el corazón, de convertir, de preparar una adhesión global a Jesucristo. (n. 19). De este modo, la catequesis debe ayudar muchas veces al catequizando a esa adhesión personal profunda a Jesucristo, quien lo conduce al Padre, en el Espíritu Santo. Nace de ahí, el seguimiento de Jesús; nace el discípulo. Al mismo tiempo, esta catequesis cristocéntrica incluye una dimensión antropológica, puesto que educa para vivir el misterio de aquel que reveló el hombre al hombre, el nuevo Adán, Jesucristo.


e) Catequesis, Biblia y vida: la catequesis es considerada como una forma de ejercer el ministerio de la Palabra de Dios, para la transformación de la vida del catequizando y de la comunidad en creyentes. De este modo, debe realizar una concreta unidad entre fe y vida. La Biblia es el libro de la fe y, por ello, constituye el texto principal de la catequesis. Así pues, la tradicional Lectio Divina, la lectura orante de la Biblia, puede nutrir el catequista y el catequizando, promoviendo la necesaria integración entre fe y vida.

f) Catequesis y espiritualidad: la catequesis debe conducir el catequizando a una vida de intimidad espiritual con Jesucristo y con la Trinidad Santa, constituyendo una espiritualidad bíblica, litúrgica, cristológica, trinitaria, eclesial, mariana y encarnada en la realidad.


g) Catequesis transformadora: esto es, la catequesis debe formar el catequizando y la comunidad para una acción transformadora de las estructuras de pecado de la sociedad humana, conforme a los criterios y a los métodos de acción propuestos por el Evangelio, interpretado auténticamente por el Magisterio, principalmente en su Doctrina social;

h) Catequesis inculturada: la catequesis debe valorizar y asumir los valores de la cultura, el lenguaje, los símbolos, la manera de ser y de vivir del pueblo en sus diversas expresiones culturales. La inculturación del Evangelio es una exigencia metodológica de la catequesis. Como afirma Juan Pablo II: “No es la cultura la medida del Evangelio, sino Jesucristo es la medida de toda cultura y de toda obra humana” (Disc. de Apertura de la IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, en Santo Domingo, n. 2);

i) Catequesis generadora de misioneros: el discípulo nace del encuentro con Cristo y de la adhesión a Él. Del discípulo nace, entonces, el misionero. El verdadero discípulo que hace experiencia de Dios en Jesucristo, siente dentro de sí la pasión misionera de anunciar a otros lo que vive, lo que ha experimentado, para conducir siempre más personas a un encuentro con Cristo. Hoy, en la Iglesia, hay un fuerte despertar de la urgencia de la misión, no sólo dirigida “ad gentes”, sino también de una misión dirigida a los católicos que no participan de la vida de la comunidad eclesial, los católicos alejados. Se trata de una misión en el propio territorio, donde la Iglesia ya esta presente. La catequesis, por tanto, debe formar misioneros muy sensibles a la necesidad de una nueva evangelización misionera.



III. Dos recomendaciones concretas


1. Se constata hoy que muchos párrocos no acompañan suficientemente a sus catequistas, que son generalmente un grupo de laicos y laicas. Les confían la catequesis y después los dejan trabajar solos.


En verdad, la comunidad parroquial espera que su párroco se responsabilice en primera persona de la catequesis. Los catequistas necesitan de una formación constante y precisan sentir la presencia y el interés del párroco por su trabajo. Pero, sobre todo, esperan que el párroco les oriente sobre los contenidos para trasmitir en la catequesis y los métodos para llevar a los catequizandos a hacer una experiencia personal y profunda de Dios y a conocer y vivir mejor su fe. De esta presencia animadora y orientadora del párroco depende en gran parte el buen éxito de la catequesis en la parroquia.

2. El párroco debe empeñarse también para que los catequizandos reciban y aprendan el entero contenido del Catecismo, y no apenas una parte. Considerando que muchos niños reciben la catequesis apenas en edad infantil y después nunca más reciben un programa sistemático de catequesis, será necesario encontrar caminos para que ellos, ya en el catecismo infantil, reciban, aunque sintéticamente, el entero contenido del catecismo, adaptado obviamente a su universo infantil y a su capacidad de entendimiento y vivencia de la fe. Ahora bien, el Catecismo de la Iglesia Católica indica y desarrolla este contenido catequético integral para ser trasmitido hoy, según las orientaciones de la Iglesia.

Conclusión

Termino, deseando que esta Jornada Nacional de Delegados Diocesanos de Catequesis recoja los mejores éxitos. La fundamental importancia de la Catequesis en la vida de la Iglesia requiere que invirtamos nuestros mejores esfuerzos en este campo. De hecho, allí donde hay una buena catequesis, el futuro de la Iglesia será mucho mejor. Al contrario, donde se descuida la Catequesis, la Iglesia tendrá serios problemas en el futuro. De ahí que la tarea de los Delegados Diocesanos sea tan decisiva. Pido a Dios que bendiga vuestro trabajo y os conceda abundantes frutos.


¡Muchas gracias!


Cardenal Claudio Hummes

Prefecto de la Congregación para el Clero

 


Publicado por verdenaranja @ 17:43  | Hablan los obispos
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Desde la Oficina de Prensa del Obispado nos remiten la impactante denuncia que recoge el Diario de Avisos sobre la situación en Congo a través del testimonio de una  misionera canaria María Socorro Sarmiento.



Una llamada desde el corazón de África


La monja canaria María Socorro Sarmiento narra la dramática situación que viven miles de personas en el Congo.


JOSÉ LUIS CÁMARA, DiariodeAvisos, 16-marzo08


En un país asolado desde hace décadas por la guerra y el hambre, sólo la voluntad de un grupo de personas anónimas y su enconado esfuerzo diario, contribuye a paliar situaciones inhumanas e injustificadas, propias de otro tiempo.


Uno de estos ángeles de la guarda es la religiosa canaria María Socorro Sarmiento, quien a través de DIARIO DE AVISOS denuncia las continuas violaciones de los derechos humanos y las condiciones de vida que, en pleno siglo XXI, se dan todavía en muchas zonas de la República Democrática del Congo.


Nacida en Las Palmas de Gran Canaria hace 54 años, la hermana María Socorro sintió la vocación misionera cuando apenas había llegado a la veintena de edad. Después de completar su formación académica en el internado que la Orden de la Pureza de María tiene en Santa Cruz de Tenerife, realizó el noviciado en otra isla, en Mallorca, concretamente en su capital, Palma, antes de viajar por primera vez al continente africano a principios de la década de los 70 junto a un grupo de misioneros franciscanos de Bélgica. Tras superar numerosas dificultades, y en pleno régimen del dictador Joseph Mobutu, la religiosa canaria contribuyó a la fundación de la primera misión de la Orden en Kafakumba, en el interior del Congo, en 1974.


Extrema pobreza.

El centro, además de un colegio y una residencia, contaba con un pequeño hospital, supervisado por la propia hermana María Socorro, quien antes de viajar al Congo había estado también un año en París estudiando enfermería y afecciones tropicales. Ello le permitió combatir muchos de los problemas de una población congoleña sumida en la extrema pobreza y marcada por el trágico conflicto bélico que asediaba todo el país. De hecho, tanto ella como sus compañeras de misión sufrieron los rigores de las milicias locales, a las que tuvieron que sortear en infinidad de ocasiones durante las épocas más crudas de la guerra.


"Tuve que enseñar a las mujeres a alimentar a sus hijos, y convencerlas con regalos para que vinieran a dar a luz al hospital", relata la hermana María Socorro. Pese a sufrir un severa afección de riñón, que la obligó a permanecer un año en el colegio de La Cuesta recuperándose, la misionera grancanaria nunca ha querido aceptar su vuelta a las Islas, consciente de que "todavía queda mucho que hacer" en países como el Congo.

Después de aquella primera misión y tras la puesta en marcha del hospital de Kafakumba, María Socorro Sarmiento colaboró decisivamente en la creación de las otras cuatro misiones y cinco casas de acogida que la Orden posee en el país centroafricano, hogares en los que además de asistencia y educación básica también se proporciona formación y capacitación profesional.


Deshumanización.

Pese a su labor y a los avances logrados la última década, la hermana María Socorro deja claro que la violencia y la deshumanización sigue estando latente en muchas zonas del país. Por eso, los superiores y superioras mayores de las congregaciones religiosas en la provincia del Katanga, han suscrito recientemente un manifiesto en el que pretenden denunciar ante la comunidad internacional una tragedia sólo comparable a una epidemia a nivel mundial.


Agresiones sexuales.

En el citado documento, los Comités del USUMA-ASUMA y todos los miembros de las congregaciones religiosas presentes en el Katanga, exponen numerosos casos de agresiones sexuales a menores, martirios, matanzas selectivas y todo tipo de vejaciones, la mayor parte de las cuales quedan impunes ante "la gran indiferencia cómplice y culpable que muestran tanto las autoridades civiles como las militares". En este sentido, la organización no gubernamental Médicos Sin Fronteras (MSF) confirmó a finales del pasado año en un informe que un 75% de los casos de agresiones sexuales acogidos por todo su personal en el mundo son declarados en la ciudad congoleña de Goma. De ellos, más de la mitad son relativos a menores de edad, algunos de los cuales ni siquiera han cumplido los diez años. Entre las víctimas, por ejemplo, Médicos Sin Fronteras constata el caso de una niña de 3 años martirizada con una espiga de maíz; o el de una adolescente de 15 años violada por seis soldados y luego abierta con un cuchillo.

Por su parte, la Federación Internacional de Derechos Humanos también recoge en su último resumen anual testimonios como el de una niña de 10 años que fue atracada en su camino hacia la escuela, violada en sucesivas ocasiones y secuestrada durante varios días. El propio John Holmes, coordinador de las operaciones urgentes de las Naciones Unidas, subraya que "la violación se ha convertido en un fenómeno cultural" en el país.

Acciones urgentes.

Ante episodios de esta naturaleza, el grupo de misioneros que encabeza la monja canaria demanda una acción urgente y profunda "para devolver la paz a todo el territorio de la República, garantizando con ello la seguridad de las personas y de sus bienes".

La empresa, no obstante, se torna complicada, como reconoce la propia hermana María Socorro Sarmiento, quien apela a la conferencia de paz celebrada en enero en Goma como instrumento para resolver la grave situación que vive parte de la República Democrática del Congo. "Los discursos bonitos hechos a los ojos del público y las condenas verbales no van siempre acompañados de acciones, que es lo que realmente se necesita aquí", concluye enérgicamente.


Publicado por verdenaranja @ 17:32  | Misiones
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Desde la Oficina de Prensa del Obispado se nos remite la entrevista hecha al Obispo de Tenerife Don Bernardo Álvarez y publicada en el ABC 16-3-08.

"Es una equivocación pensar que la Iglesia funciona con parámetros políticos"

 

POR BERNARDO SAGASTUME; ABC16-3-08

 

LA LAGUNA. La entrevista se desarrolla en un edificio que no es el que ocupará dentro de «un año», según dice con ilusión Bernardo Álvarez, obispo de Tenerife, respecto de la Casa Salazar, víctima de un inclemente incendio en enero de 2006 y que se encuentra en pleno proceso de reconstrucción. Sumergido en la Semana Santa, Álvarez analiza asuntos como la elección del nuevo presidente de la Conferencia Episcopal.

 

-Seguramente, usted tendrá una manera distinta de ver la elección de Antonio María Rouco Varela como nuevo presidente de la Conferencia Episcopal Española.

 

-Sí, lo veo muy distinto. A veces, me parece que el concepto de izquierda y derecha se traspola, erróneamente, de la vida pública a la de la Iglesia. Es una equivocación pensar que la Iglesia funciona con parámetros políticos y que está sumida en una lucha de poder como puede suceder en otros ámbitos. En la Iglesia todo tiene que tender al consenso y no a imponer ideologías.

 

-No deciden, en un momento, ser más progresistas o más conservadores.

 

-Claro que no. La iglesia participa de lo que es el ritmo de la sociedad y los cambios que en ella se producen. A veces, hasta los padece. Pero, gracias al Evangelio, propone una manera de organizar la vida y la sociedad.

 

-A la hora de votar pesan otras cosas.

 

-Cada obispo tiene su criterio personal. Pedimos a Dios que nos dé una postura objetiva y desde criterios de fe, que es lo que debe pesar, y no las simpatías ni nada parecido.

 

-Usted conocerá muchos curas de izquierda y de derecha.

 

-Sí, pero son categorías no aplicables. Se trata de algo diferente y nosotros dejamos en manos de cada cristiano su decisión política.


-Más de uno se llevaría una sorpresa si viera qué votan los sacerdotes.

 

-(se ríe) Claro que sí, seguramente.

 

La `X´ en el IRPF

-¿Qué expectativas hay para la campaña de la `X´ en la declaración de la renta?

 

-Estamos empeñados en promover la participación de los católicos en esta campaña. En Canarias estamos por debajo de la media nacional, las personas que ponen la X en la declaración está debajo del 30 por ciento, mientras que en el resto de España ronda el 36 por ciento. Tenemos que hacer una concienciación de los católicos, porque esto no supone ningún gasto, solamente da a la Iglesia una parte de sus impuestos. Ojalá también los ciudadanos pudieran hacer esto mismo también con otros asuntos, no sólo con la Iglesia, pero en fin, en estos momentos la ley sólo permite que se asigne este 0,7 por ciento a la Iglesia Católica o a su confesión religiosa.


-¿Falta conciencia en esto?


-Queremos difundir que es una responsabilidad como católicos contribuir al sostenimiento de la Iglesia y esta es una forma de hacerlo. Aparte de las donaciones y colectas de cada domingo en la misa. Por otro lado, también hay ciudadanos que hacen esto sin considerarse ellos católicos, sino porque valoran la labor de la Iglesia en asuntos sociales y educativos.

 

-La Semana Santa parece tener una doble dimensión: una exterior, con las procesiones y los actos públicos, y otra interior, referida a cómo vive cada cristiano esta época del año.

 

-Es cierto, hay una parte visible, ostensible, que es la que sale en los medios, como la de La Laguna, la de las grandes ciudades. Pero no olvidemos que se vive en todas los núcleos urbanos, en sitios más pequeños, en salones parroquiales, con celebraciones litúrgicas. La dimensión espiritual interior, la reunión para celebrar el Jueves y el Viernes Santo, la Vigilia de la Pascua, todas cosas que se viven con mucha profundidad. Luego está esa parte visible, de la que participan los católicos, pero también otras personas que disfrutan de la belleza estética de las celebraciones, de los pasos procesionales. Todos, aunque no sean cristianos activos, lo ven como una manera de expresar su fe hacia la Iglesia Católica. Es una doble perspectiva, y no son opuestas, sino complementarias.

 

-Lo exterior jugará, además, un papel casi didáctico.

 

-Yo valoro mucho todo lo vinculado a las procesiones y la visibilidad de la Semana Santa, porque eso atrae mucho a los niños, y a las personas en general, a mantener vivos la conciencia de los misterios de la pasión y muerte de Jesucristo. Es una escenificación pública que uno ve, aquí en La Laguna, por ejemplo, con los niños preguntando a sus padres mientras pasa la procesión. Eso es una manera de transmitir la fe y tiene un gran valor, un sentido misionero, de llamada a la fe y a la conversión.

 

-¿Los que se van de vacaciones se olvidan de la Pascua?

 

-No creo que los que se vayan al sur de la isla dejen de participar. Quien es creyente participa de la Semana Santa donde sea que le toque estar, no va a dejarlo de lado por estar unos días de vacaciones. En Los Cristianos, El Médano y Las Américas están las iglesias repletas de gente celebrando la Semana Santa. Y en Tenerife hay semanas santas muy importantes en La Orotava, Icod de los Vinos, Garachico -con sus veinte pasos procesionales-, Güímar, Guía de Isora, en muchos sitios. No sólo hay Semana Santa en La Laguna.

 

Inmigración

-Usted ha sido siempre muy sensible a los asunto de inmigración. ¿De qué manera aborda esta cuestión la Iglesia?

 

-Los obispos hemos publicado en noviembre un documento que se llama «La atención pastoral a los inmigrantes», donde instamos a que las parroquias colaboren para que los inmigrantes se sientan como en casa.

 

-La parroquia es la primera casa de muchos de ellos.

 

-Las parroquias son un elemento de primer orden a la hora de integrarles, porque no sólo acuden a ellas buscando ayuda concreta y material, cuando llevan poco tiempo aquí y no tienen documentación ni trabajo, sino una vez ya establecidos para participar en la vida litúrgica, muchos de ellos como catequistas, por ejemplo. Se crea un intercambio en la fe entre las personas locales y las de fuera que hace que se salten muchas barreras que podrían llegar a surgir. En la comunidad cristiana todos se sienten familia y los emigrantes la hacen suya.

 

-Traerán consigo su propia manera de vivir la fe.

 

-Para nosotros es un enriquecimiento, porque los que vienen, por ejemplo, de Hispanoamérica, tienen una fe muy viva y nos estimula a quienes estamos aquí. Y les vemos en familia acudiendo a misa, algo que nos recuerda que la vida cristiana es para todas las edades y sexos.

 

-Llegan a la vieja Europa con ideas que se estaban dejando de lado.

 

-El Cristianismo en Europa participa de esa especie de degradación que vive toda la sociedad: la secularización, el superficializar todas las cosas. Por eso, ese espíritu religioso profundo que todavía conservan muchas personas de la América hermana nos hace muy bien, porque son valores que aquí quizás los habíamos descuidado

 

Los obispados y el viejo pleito insular en Canarias

-Cada tanto se habla del pleito insular, ¿no le parece que los dos obispados canarios podrían dar una lección en contra de esta idea?

 

-La Iglesia no tiene fronteras y estamos un poco por encima de estas cuestiones. Tenemos muchísima vinculación, y es una relación además de coincidencias, porque los dos obispos hemos casi empezado al mismo tiempo, con sólo unos meses de diferencia. Inauguré mi episcopado en septiembre y Francisco (Cases) en enero. Nos conocíamos de antes, tenemos una buena amistad personal y hay contacto constante. De hecho, hay muchos proyectos en lo pastoral, en Cáritas y en la catequesis.


Publicado por verdenaranja @ 17:22  | Entrevistas
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Comentario a las lecturas del Domingo de Ramos, publicado en el Diario de Avisos el 18 de Marzo de 2008 bajo el epígrafe "el domingo, fiesta de los cristianos".

Palmas y pitos


DANIEL PADILLA


Lo probaste todo, Señor: los `hosannas' y los 'crucifí­cales', las palmas y los pitos. Te aclamaron como a `Mesías': -"Bendito el que viene en nombre del Señor...".Y te mataron, torturándote como a un "infame": - "Fue contado entre los malhechores". Como los ídolos de las multitudes -los grandes toreros o los `Maradonas' de turno- tuviste tardes triunfales y mañanas catastróficas. Con una diferencia, claro. Nuestros ídolos, cuando salen al terreno de actuación, no saben lo que allá les espera: si el triunfo o el abucheo. Tú sí lo sabías. Cuando ibas a Jeru­salén, eras consciente de todo. De que, hoy domingo, es el día de las palmas, de los mantos tendidos, de los "ho­sannas". Y de que, cinco días después, "las cañas se volverían lanzas" y las palmas, pitos.

 

Ya, niño recién nacido, en los brazos de tu madre, es­cuchaste una profecía: "Este niño será blanco de contradicción para muchos". Y así lo entendiste: unos, te acla­marían; otros, pedirían tu muerte. Pero no al azar, a cara y cruz, como dependiendo simplemente de una tarde de aciertos o desaciertos. Tu suerte estaba echada. Por eso ahora, mientras te aclaman, -¡oh paradoja!- Tu "lloras so­bre Jerusalén". Porque, siendo la ciudad elegida y amada de Dios, "en ella se van a cumplir todas las cosas predichas por los profetas".

 

Lo tuyo no es, pues, una carambola, un casual acierto de los dados. Lo tuyo estaba escrito. El domingo, las palmas. Y el viernes, los pitos. Lo sabías de siempre. Y así ahora, mientras subes entre aclamaciones, desde Betania a Jeru­salén, te das perfecta cuenta de que, a pesar del triunfo, eres "el ídolo caído". Del mismo modo, cinco días más tarde, aunque derrotado hasta el infinito, absolutamente iner­me y exhalando tu último suspiro, tendrás conciencia de "haber triunfado". En tu interior pensarás: "¿Dónde está, muerte, tu victoria?".

 

Ante este telón de fondo, que enmarca toda la Semana Santa, me invaden dos sentimientos.

 

El primero, de confusión. A mí, tan tambaleante en mis ideas, tan poco clarificado en mis criterios, me turba verte con una mente tan clara. Muchas veces quisieron aclamarte, publicar tus portentos. Así, después de la transfigura­ción. Así, al resucitar a la hija de Jairo. Incluso quisieron nombrarte "Rey". Pero tú lo evitaste siempre. "No ha lle­gado mi hora", decías. Pero ahora, sí. Ahora, que vas a la muerte, aceptas esa aclamación: "Esta es la hora o el po­der de las tinieblas".

 

Me turba esa constatación: Verte a Ti tan clarividente, y verme a mí, tan poco sabedor de mí mismo, tan descono­cedor de "mi hora", con mi pobre personalidad tan poco definida. Sin saber nunca mi papel.

 

El segundo sentimiento es la vergüenza. Porque me veo retratado en esas eternas turbas que hoy aclaman y mañana condenan, hoy juran fidelidades y mañana se pierden en traiciones. Soy así: hoy digo, y mañana desdigo. Pasado, bendigo. Y al siguiente, maldigo. No es sólo mi mente la que está confusa, sino que es mi voluntad la que oscila en­tre el "quiero y no puedo" y el "puedo y no quiero". ¡Así anda de herida y depauperada! Palmas y pitos son el compás binario en el que enmarco todos mis pasos, todos mis propósitos, todos mis amores. Y así, en mi propia vida, no sé encajar ni las alabanzas, porque me marean, ni las críticas, porque me derrumban.

 

Tengo miedo, mucho miedo, de ser la concreción exac­ta del célebre fragmento evangélico: "Una caña cascada por el viento".


Publicado por verdenaranja @ 17:06  | Espiritualidad
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ASIA/INDIA - Signos de esperanza para la valorización de la mujer en la Iglesia y en la sociedad afirman los Obispos indios en la conclusión de la 28 Asamblea plenaria celebrada del 13 al 20 de febrero en Jamshedpur, en el estado de Jharkhand (al norte de la India).
 


VALORIZACIÓN DE LAS MUJERES EN LA IGLESIA Y EN LA SOCIEDAD

 

Preámbulo

 

Dado que la Iglesia Universal celebra el 20  aniversario de la Carta  Apostólica de Juan Pablo II, “Mulieris dignitatem”, sobre la dignidad de las mujeres, nosotros, 160 Obispos, pertenecientes a las Iglesias Particulares sui juris de la Comunión Católica en India,  nos hemos reunido en XTRL en Jamshedpur, desde el 13 al 20 de Febrero de 2008, para la 28 Asamblea Plenaria de la Conferencia de Obispos Católicos de India. El tema fue la Valorización de las Mujeres en la Iglesia y en la Sociedad. Estuvieron presentes 40 mujeres laicas y religiosas y 7 hombres laicos representando las 12 regiones eclesiásticas del país como invitados al la reunión.


Ya en 1984, fue iniciada una Consulta de la CBCI sobre las Mujeres que tuvo lugar en Mumbai, sobre el “Papel de las Mujeres en la Iglesia y en la Sociedad”. En 1992, la preocupación de las mujeres fue asumida de nuevo en la Asamblea Plenaria de la CBCI en Pune y consecuentemente un Departamento de Mujeres fue erigido al estatus de una Comisión. Mientras la Iglesia y la sociedad  experimentan grandes cambios, las mujeres están siendo marginadas y continúan sufriendo y ya que sus preocupaciones no han sido adecuadamente tratadas en la Iglesia y en la sociedad los obispos consideraron oportuno discutir este tema.


1. Situación de las mujeres en la Iglesia y la Sociedad en la India

 

La situación socio-cultural de las mujeres no debería ser entendida en el mismo sentido entre todas las clases sociales y grupos étnicos especialmente entre los marginados y oprimidos. Tiene sus luces y sombras. Aunque tenemos ejemplos de la concesión de valoración a las mujeres en posiciones de liderazgo y modelos de conducta como la Santa Madre Teresa de Calcuta y Santa Alfonsa, sin embargo la realidad de las mujeres de todos los sectores revela casos  de violencia doméstica y social sobre las jóvenes y mujeres. Dependiendo de las regiones, la muerte de mujeres, infanticidio, rapto, acoso, secuestro, rapto, paliza, muertes de dote, homicidio, tráfico sexual y esclavitud existen hoy día.

Mujeres de grupos marginados tales como dalits,  tribales, castas subdesarrollas y minorías sufren mucho debido a la pobreza, mala salud, carencia de acceso a la alfabetización y conocimiento apropiado y carencia de higiene y de agua potable. Además, están siendo desplazadas de sus tierras y  de sus sustentos. Sufren violencia sistemática y estructural que les esclaviza y deshumaniza económica, socio-política y religioso-culturalmente.


La discriminación de género tiene efectos negativos en los muchachos y hombres también. Daña su psiques e incrementa la incidencia de  morbosidad y crimen entre ellos. Relaciones de desconfianza, conflicto, competición y muchas formas de abuso sutil emergen en lugar  de aquellas enraizadas en valores de cariño, participación, compasión respeto mutuo, colaboración y sociedad. Tal discriminación así tiene consecuencias negativas en las relaciones humanas.

Ha sido apuntado que las estructuras que facilitan  asociación colaborativa entre mujeres y hombres así como entre clérigos y laicos necesitan perfeccionamiento. En 1992 la  Asamblea General de CBCI afirmó, “con un sentido de tristeza debemos admitir que las mujeres se sienten discriminadas, incluso en la Iglesia”. En la toma de decisiones y en estructuras de consulta como el Consejo Pastoral Parroquial, Consejo Diocesano de  Pastoral, Comité Diocesano de Finanzas que son estructuras canónicamente recomendadas por la Iglesia, la presencia de mujeres es inadecuada.

 

A pesar de la gran contribución de  mujeres laicas en esferas de educación, salud, etc. sus posibilidades deben aún ser  explotadas suficientemente en papeles administrativos y ejecutivos, así como en apostolados teológicos, litúrgicos, pastoral y misioneros de la Iglesia.

 

2. Un análisis de las causas

 

La cultura de dominación, marginación y exclusión que personaliza ideas, creencias, valores, tradiciones, normas, pautas, ideologías que prefieren hijos varones ha establecido una cultura de patriarcado. A través de estructuras sociales dominantes  los hombres se apropian, controlan y administran los recursos financieros, intelectuales e ideológicos así como el trabajo, la fertilidad y la sexualidad de mujeres, y así perpetúan la discriminación de  género.


Tal cultura produce nociones estereotipos de cómo una mujer u hombre debería  comportarse (en palabras y acciones), a través de las cuales llegan ellos mismos a ser trasmisores  del anterior sistema de valores. Concretamente también las mujeres llegan a ser ambas cosas víctimas y perseguidoras.

El proceso de globalización que se centra en el mercado y conducido por el beneficio, lleva a más explotación de  mujeres como trabajo barato que resulta en la pobreza creciente de mujeres.

El fundamentalismo y el comunalismo refuerzan la subyugación de las mujeres al hombre, suprimen los movimientos de mujeres dividiendo mujeres a causa de su carácter religioso e  intensificando la violencia contra las mujeres.


La ausencia de desarrollo y de articulación de una espiritualidad enraizada en experiencias de mujeres y en su conocimiento profundo de Dios, de la Misión, de los Sacramentos y de las Escrituras ha empobrecido a la Iglesia. La interioridad de las mujeres y la capacidad de aguante ante el sufrimiento son las áreas que no están adecuadamente capitalizadas en la construcción del Reino (Carta a las Mujeres por Juan Pablo II, 29 de Junio de 1995).

 

3.  Signos de Esperanza

 

En medio de esta situación preocupante hay signos de esperanza. La Iglesia ha estado encabezando diversas iniciativas para ocasionar cambios positivos en la situación de vida de mujeres y muchachas. Desde tiempo de las primeras misiones cristianas que alcanzaron énfasis en la educación de muchachas y muchachos, a través de sus múltiples intervenciones en los terrenos del bienestar, educación, salud y el proceso de capacitación en organizar mujeres,  la Iglesia Católica ha jugado un papel prominente en mejorar el estatus de las mujeres.


A pesar de esto, la Iglesia y cuerpos ecuménicos, organizaciones gubernamentales y no gubernamentales, sindicatos y movimientos sociales han jugado un papel significativo para facilitar el cambio. A través de sus políticas, por ejemplo, la Política Nacional sobre la Capacitación de las Mujeres, y medidas legislativas, el Gobierno ha contribuido a la causa de las mujeres. Proclamando declaraciones y convenciones internacionales como Derechos Humanos, Convención sobre Eliminación de Discriminación contra Mujeres (CEDAN), y Violencia contra Mujeres, el Gobierno de  India ha tomado posición a favor de la justicia de género.


Como resultado, muchas mujeres líderes cristianas laicas y religiosas están surgiendo en la esfera pública tales como en gobierno local y liderazgo político. El proceso de generación de literatura contra-cultural y medios materiales, y el renacimiento de recuerdos subyugantes de resistencia por mujeres contra la opresión y explotación están influenciando el cambio en la perspectiva de las personas hacia un mayor o menor grado a través de espacio y cultura. La promoción de ministerios eclesiásticos apropiados entre mujeres en la Iglesia es otro signo de su participación  en la misión de la Iglesia.

 

4. La Visión de Cristo

 

Situando las enseñanzas y acciones de Cristo en el contexto del Judaísmo Palestino, vemos cómo los evangelistas no sólo destacan la preocupación de Jesús por las mujeres, sino también su radical redefinición  de su lugar y papel en su sociedad. En una cultura donde las mujeres estaban vistas en relación al hombre, Cristo no sólo las liberó de sus tradiciones opresivas sino mantuvo su dignidad e.g. de la mujer samaritana (Jn 4, 7-42) y de Marta y María (Jn 11, 20-40).

El utilizó las experiencias de vida de mujeres como un paradigma del amor de Dios y del discipulado cristiano para todos: la mujer y la moneda perdida, la mujer y la masa y la mujer y los dolores de parto. Incluso en su muerte y sepultura, la mujer estaba entre aquellos que daban testimonio. Jesús confió a las mujeres que ellas anunciaran la Buena Noticia de la Resurrección a sus discípulos.


San Pablo reitera la igualdad de hombres y mujeres (Gal 3, 28) y continúa refiriendo a muchas mujeres ejemplares. La  Comunidad de la Iglesia primitiva estaba sostenida por la fe profunda de mujeres que participaron en el ministerio apostólico e.g. Priscila, Lidia, Phoebe, etc.


En su enseñanza, la Iglesia continúa manteniendo la dignidad de las mujeres, la unicidad de la maternidad (Carta a las Mujeres, 2), y la complementariedad y reciprocidad entre hombres y mujeres. Hasta hoy, la Iglesia continúa siendo testigo del carácter heroico de las mujeres en su testimonio hacia su fe incluso en el momento de persecución como en los casos de Sr. Rani Maria en Madhya Pradesh, Mrs. Graham Steins en Orissa, así como nlas mujeres y los hombres de Rajasthan, Gujarat, Chattisgarh y ahora de nuevo en Orissa.

 

5. Compromiso para la acción

 

Tomando en consideración todas las recomendaciones llegadas durante el proceso de discusión en la Asamblea Plenaria, es necesario movilizar nuestros esfuerzos colectivos hacia la eliminación de las causas raíces de discriminación contra las mujeres.  Por consiguiente nos comprometemos como un todo dentro de un período de un año desde ahora, a una política de género desarrollada por cada Conferencia Episcopal Regional de Obispos con  tiempo unido a planes de acción para su región con mecanismos de vigilancia. Basándonos en ellos, surgirá la Política de Género de la CBCI. La Comisión de Mujeres de la CBCI dará orientaciones y normas generales para desarrollar tal política, si es requerida.

 

Las áreas siguientes nos convocan a nuestra acción inmediata:

 

i. Transmitir habilidades para un afectivo ser padres a través de  programas de Educación Familiar y Cursos de Preparación Matrimonial, teniendo en cuenta la necesidad  de superar la predisposición cultural contra la muchacha y estereotipos sexuales.

 

ii. Animar movimientos de orientación familiar como 'Teams of Our Lady', and 'Couples for Christ' que promuevan la igualdad fundamenteal del martido y la mujer como un don y un derecho derivado de Dios, el Creador.

 

iii. Incorporar una perspectiva de género en todas las Comisiones de la Iglesia y favorecer  los contactos para conseguir la finalidad de una Iglesia y sociedad de género justo.

 

iv. Proveer estudios teológicos, bíblicos y canónicos que promuevan justicia de género y una eclesiología de sociedad;

 

v. Proveer becas y cursos a tiempo parcial para mujeres para estudios teológicos, bíblicos y canónicos.

 

vi. Proveer oportunidades para preparar teológicamente mujeres para contribuir como trabajadoras pastorales, investigadoras, formadoras de fe, profesora en teología y consejeros espirituales.


vii. Preparar material audio-visual como herramienta eficiente para sensibilidad de género.

 

viii. Ofrecer al menos un 35 % (moviéndose hacia un ideal del 50%) de representación de mujeres como portadoras y miembros en consejos parroquiales y diocesanos, y financiar comités y en los cuerpos eclesiales en los niveles locales y nacionales.

 

ix. Afirmar el trabajo pastoral de mujeres –laicas y religiosas- como catequistas, lectores, y animadoras de Pequeñas Comunidades Cristianas de Base, consejeras, liturgistas y trabajadoras de la comunidad  a través  del reconocimiento de éstas como ministros.

 

x. Trabajar hacia un compromiso para levantar el ánimo de mujeres tribales, dalit y desfavorecidas, incluyendo su educación y oportunidades par empleo en instituciones de la Iglesia.

 

xi. Hacer esfuerzos coordinados para dirigir las necesidades de los migrantes y trabajadoras domésticas, y mantener la lucha contra el tráfico de mujeres y muchachas.

 

xii. Ayudar a mujeres emocional y legalmente a través de procesos canónicos de separación de techo y lecho y nulidad.

 

xiii. Apoyar a mujeres en sus procesos de liderazgo político para Panchayat, Asamblea y Parlamento legislativos hacia esta finalidad, buscamos unirnos a gobiernos centrales y de Estado, organizaciones de la sociedad civil, y otros grupos religiosos para salvaguardar los derechos y libertad de todos, especialmente mujeres, sin tener en cuenta la casta, credo, y vocación. Deseamos fortalecer mecanismos institucionales con personal adecuado y finanzas  en todos los niveles de la Iglesia para inspirar, motivar, coordinar y controlar el proceso y resultados de ejecución de la política de género.

 

6. Conclusión

 

La  Iglesia, como el sacramento de Cristo,  le ha sido confiada la misión de proclamar la buena nueva del Reino de Dios. Esto  ha hecho constantemente frente a los retos concretos con los que se ha enfrentado. Un tal reto ha sido el tema de la dignidad y papel de las mujeres en la Iglesia y sociedad. Concluimos esta declaración con nuestros pensamientos centrados en la Bienaventurada Virgen María, Madre de Dios y madre nuestra, “porque la plenitud de gracia que le fue dada, con el fin de que llegara a ser Theotokos, también significa la plenitud de la perfección de “lo que es característico de la mujer”, de “lo que es femenino”. Aquí nos encontramos, en un sentido, en el punto culminante, el arquetipo, de la dignidad personal de la mujer” (MD 5). Que María, nuestra Madre, modelo y guía, nos lleve a ser auténticos discípulos de su Hijo, en la realización de su Reino en el contexto de la India nuestra querida madre tierra.

 
(Traducción prticular no oficial desde el Inglés)

Texto original:
http://www.fides.org/eng/documents/india_-_28th_general_body_meeting_of_cbci.doc
 

 


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S?bado, 15 de marzo de 2008


 Día 15 de Marzo

Solemnidad: San José, esposo de la Virgen María


Queremos celebrar con la mayor solemnidad que podamos a san José, esposo de la Santísima Virgen. Nos alegramos en su fiesta al contemplar que, a un hombre sencillo, se quiso confiar Dios cuando tomó nuestra carne: el Señor confía, valora las capacidades humanas, los deseos sinceros de amar de José, de serle fiel. Por eso, en este día deseamos aprender, primero de Dios que quiso contar con sus criaturas –fiado de ellas– para llevar a cabo su plan de Redención: la empresa más grande jamás pensada. También aprendemos de José que no defraudó a Quien había depositado en él su confianza.


        Jesús recibió, de modo especial hasta su madurez, los cuidados de José. El que era su padre ante la ley le transmitió su lengua, su cultura, su oficio... Pensemos en tantos rasgos del carácter de Jesús que serían de José, como sucede de ordinario en las familias. La relación que Dios quiso entre el Santo Patriarca y el Verbo encarnado pone de manifiesto hasta qué punto Dios valora al hombre. Somos ciertamente muy poca cosa, apenas nos cuesta reconocerlo, al contemplar la fragilidad e imperfección humanas, sin embargo, Dios, no sólo ha tomado nuestra carne naciendo de una mujer, sino que se dejó cuidar en todo en su primera infancia por unos padres humanos; y luego, algo mayor, aprendió –como decíamos–, quizá sobre todo de su padre, José, las costumbres y tradiciones propias de su región, de su país, de su cultura... Jesús aprendió de José de modo especial el oficio y así era conocido como el artesano o el hijo del artesano.


        Pero para entonces, cuando Jesús comenzó a ser conocido en Israel, muy posiblemente José habría fallecido. Las narraciones evangélicas no lo mencionan durante la vida pública del Señor. En su infancia, sin embargo, y antes incluso de su nacimiento, sí que nos hablan de José y de su fidelidad.


        Estando desposado con la Santísima Virgen y comprendiendo que Ella esperaba un hijo sin que hubieran convivido, como era justo y no quería exponerla a infamia, pensó repudiarla en secreto. Así manifiesta su virtud: decidió retirarse del misterio de la Encarnación sin infamar a Nuestra Madre y fue necesario que un ángel le dijera: José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, pues lo que en ella ha sido concebido es obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.


        José es justo, como dice el evangelista, y Dios puede contar con él. No se escandaliza el Santo Patriarca de la concepción milagrosa de María, sino que se dispone, por el contrario, a hacer como el ángel le indica: al despertarse José hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su esposa. Y, sin que la hubiera conocido, dio ella a luz un hijo; y le puso por nombre Jesús. Y así comienza su misión de padre del Redentor según el plan divino. Una tarea sobrenatural –como deben ser todas las tareas humanas– que vivió confiando en Dios mientras veía que Dios había confiado en él.


        Tras la visita de los Magos, cuando humanamente podría parecer que las circunstancias mejoraban después de los accidentados sucesos en torno al nacimiento del Niño, un ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y estate allí hasta que yo te diga, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo. El se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y huyó a Egipto. Allí permaneció hasta la muerte de Herodes. No sabemos cuánto tiempo permaneció en Egipto con Jesús y María; el suficiente, en todo caso, para que debiera instalarse establemente en un país extraño, emplearse en una ocupación para mantener a la familia, aprender posiblemente un nuevo idioma, otras costumbres..., y sin saber hasta cuándo..., pues el ángel sólo le había dicho: estate allí hasta que yo te diga... Nuevamente resplandecen la fe y la fidelidad de José.


        En su fiesta, nos encomendamos al que fue siempre fiel a Dios, al que contó en todo con la confianza de su Creador. Le pedimos nos consiga de la Trinidad la gracia de una fe a la medida de la suya cuando cuidaba de Jesús y de María; una fe que nos lleve a sentirnos más responsables con Dios, que también se hace presente en nuestra vida y confía en el amor de cada uno.


        Pasa el tiempo en Egipto..., Herodes muere y se le indica que vuelva a Israel. Sólo lo veremos ya, junto a María, en aquel viaje, también con el Niño de doce años, a Jerusalén; padeciendo lo indecible porque Jesús está perdido, a pesar de que José habría previsto con su Esposa todos los detalles para evitar contratiempos. En todo caso, siendo José el cabeza de familia, sentiría un particular dolor mientras Jesús estuvo perdido. Pero al cabo de tres días, lo encontraron en el Templo, sentado en medio de los doctores, escuchándoles y preguntándoles.

        Que queramos sentir también un dolor vivo por la ausencia de Dios en nuestra vida cuando no lo vemos en nuestros quehaceres y que queramos también, con la ayuda de la Santísima Virgen, como José, no parar hasta encontrarlo.


NOVEDADES FLUVIUM

 

 


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       La necesidad de alabar a Dios

 

 Hoy da comienzo la Semana Santa de la Pasión del Señor y nos encomendamos con especial confianza al Espíritu Santo, porque deseamos tratarle con más intensidad y recibir profundamente su fortaleza, para saber identificarnos un poco más con Cristo que padece, muere y resucita glorioso por nuestras salvación. La meditación pausada de esos misterios de la vida del Señor puede enriquecernos mucho en los próximos días, con la gracia de Dios. Deseemos, pues, contemplar por nuestra cuenta en las próximas jornadas, las escenas evangélicas que narran la oración de Jesús en Getsemaní, el prendimiento y los interrogatorios inicuos que le condujeron a la flagelación y al doloso Via Crucis hasta la muerte en la Cruz. Y finalmente la Pascua, la resurrección gloriosa y definitiva de Cristo.


         Contemplamos en este día a Jesús que se dirige decidido a Jerusalén, lugar de su Pasión y Muerte. Lugar también de proclamación del Evangelio, la Buena Nueva de que Dios se ha hecho hombre en Él para dar la vida por los hombres. Es algo que somos incapaces de comprender, que no podemos agradecer como se debe, ni tampoco manifestar adecuadamente el entusiasmo que sería razonable ante tal don. Si éstos callan gritarán las piedras, responde a los que ven con malos ojos que la gente lo aclame. Y aún se quedaban cortos los que dicen: ¡Bendito el Rey que viene en nombre del Señor! ¡Paz en el Cielo y gloria en las alturas! Era imprescindible, sin embargo, que al menos lo alabaran así, si no eran capaces de afirmar su divinidad.


         ¿Cómo exultamos nosotros por Dios, que se nos hace presente, mejor que a aquellos de Jerusalén con los sacramentos y está de continuo presente en nuestros sagrarios? Los que extendían sus mantos y agitaban cantando ramas de los árboles, apenas le vieron pasar durante unos instantes. Y no se imaginaban su grandeza ni su poder salvador. Nosotros, en cambio, le hemos conocido a través de una revelación más completa y hemos recibido el ejemplo y el estímulo de tantos santos que nos precedieron. Tenemos además la continua enseñanza del Magisterio garantizando lo que creemos.

 

No es preciso que nadie más asegure nuestra fe, habiendo investido el propio Cristo de infalibilidad a su Iglesia.


         Nos conviene fijarnos y aprender de los que, confiados en Jesús, fueron en busca del animal que luego montaría; de los dueños, que lo entregaron enseguida, nada más saber que era para Jesús; de los que ponían los mantos y lo aclamaban en medio de la admiración y el desconcierto de los poderosos. Cada uno, a su modo, contribuyó a que el Hijo de Dios se manifestase ante la gente y fuera aclamado, aunque aquellos vítores no llegaran a hacerle justicia. Tampoco nosotros –que hemos recibido todo de Dios– le hacemos justicia cuando libremente intentamos amarle con obras, pero como ellos debemos al menos intentarlo.


         Por otra parte, tenemos bien presente lo sucedido muy pocos días después en la misma Jerusalén. Pronto iban a olvidar su adhesión los que exultaban en alabanzas por todos los prodigios que habían visto; y, hábilmente manejados por los poderosos cambiarían el, ¡Bendito el Rey que viene en nombre del Señor! ¡Paz en el Cielo y gloria en las alturas!, por, ¡crucifícale, crucifícale! Para que nosotros no olvidemos que somos capaces de lo mejor y de lo peor. Pensemos asimismo en este día en lo que podemos hacer por que se manifieste el Reino de Dios en el mundo, a pesar de las propias limitaciones, que bien las conocemos, como las conocerían los que colaboraron con el Señor la mañana del Domingo de Ramos. Que aprendamos a ser coherentes, a no dejarnos influir por circunstancias del ambiente, del momento, del estado de ánimo, del qué dirán...


         Pero hoy, Domingo de Ramos, deseamos fijarnos en Jesucristo que es aclamado por la gente. De continuo debería haber en el mundo un incesante clamor de alabanza y acción de gracias a Dios por Jesucristo –casi siempre sin palabras, basta la oración del corazón–, que sea expresión y como continuación actual del desahogo de san Pablo a los de Efeso: Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda bendición espiritual en los cielos, pues en Él nos eligió antes de la creación del mundo para que fuéramos santos y sin mancha en su presencia, por el amor; nos predestinó a ser sus hijos adoptivos por Jesucristo conforme al beneplácito de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo gratos en el Amado, por quien, mediante su sangre, nos es dada la redención, el perdón de los pecados, según las riquezas de su gracia, que derramó sobre nosotros de modo sobreabundante con toda sabiduría y prudencia.

         Envíanos de continuo tu luz, Señor, para que intentemos, aunque sea entre nuestros defectos, corresponder al amor que nos tienes. Le pedimos a tu Madre –Madre nuestra– la gracia de contemplarte siempre esperándonos, y a nuestro lado.

 

NOVEDADES FLUVIUM


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Discurso que dirigió el viernes, 14 de Marzo de 2008, Benedicto XVI al nuevo embajador de Bolivia ante la Santa Sede, Carlos Federico de la Riva Guerra, al recibir sus cartas credenciales.

 

Señor Embajador:


1. Es para mí motivo de particular alegría recibirlo en esta audiencia en la que me presenta las cartas credenciales que lo acreditan como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario ante la Santa Sede. Al darle la más cordial bienvenida, quiero agradecer las atentas palabras que me ha dirigido y desearle una fecunda labor en la alta misión que le ha sido encomendada. Asimismo, le ruego que haga llegar mi cercanía y afecto a todos los hijos e hijas de ese querido País, así como mi deferente saludo al Señor Presidente de la República.


2. Las hondas raíces cristianas de Bolivia han sostenido a sus pueblos, acompañado los avatares de su historia y promovido el sentido de respeto y reconciliación, tan necesario en los momentos difíciles que esa Nación ha debido afrontar. A este respecto, es particularmente significativa la masiva y calurosa acogida de todos los bolivianos, de la ciudad y del campo, del altiplano y del oriente, a mi venerado predecesor Juan Pablo II durante la visita que realizó hace veinte años a vuestro País, y que puso de manifiesto la fuerte impronta religiosa y el espíritu de comunión y de fraternidad, como muestra de la fe de todo un pueblo.


Recordar este acontecimiento es importante en un momento en el que vuestra Nación está viviendo un profundo proceso de cambio, que produce situaciones difíciles y a veces preocupantes. En efecto, no es posible permanecer indiferentes cuando la tensión social va en aumento y se difunde un clima que no favorece el entendimiento. Creo que todos compartimos la convicción de que las posiciones encontradas, en ocasiones incentivadas y aplaudidas, obstaculizan el diálogo constructivo para encontrar soluciones de equidad económica y justicia con miras al bien común, especialmente en favor de los que tienen dificultades para vivir de manera digna.


Las autoridades que rigen los destinos del pueblo, así como los responsables de las organizaciones políticas, sociales y civiles, necesitan de la prudencia y sabiduría que nace del amor por el hombre, con el fin de promover en la entera población las condiciones necesarias para el diálogo y el acuerdo. Este loable objetivo se verá favorecido si todos los bolivianos aportan lo mejor de sí mismos con franqueza y próvida solicitud no exenta, a menudo, de abnegación y sacrificio. De este modo, la colaboración sincera y altruista de personas e instituciones contribuye a erradicar los males que afligen al noble pueblo boliviano, tantas veces afectado también por catástrofes naturales, que reclaman de todos medidas eficaces y sentimientos de fraternidad que ayuden a solventar sus graves consecuencias.


El renacimiento civil y social, político y económico, exige siempre una desinteresada laboriosidad y generosa entrega en favor de un pueblo que reclama ayuda material, moral y espiritual. La consecución de la paz ha de estar basada en la justicia, la verdad y la libertad, así como en la cooperación recíproca, el amor y la reconciliación entre todos.


3. La Iglesia, conociendo bien las necesidades y esperanzas del pueblo boliviano, ofrece el anuncio de la fe y su experiencia en humanidad para ayudarlo a crecer espiritualmente y a alcanzar su plena realización humana. Fiel a su misión, está siempre dispuesta a colaborar en la pacificación y desarrollo humano y espiritual del País, proclamando su doctrina y expresando también públicamente su parecer sobre cuestiones referentes al orden social. Por ello, reconociendo las competencias propias del Estado, asume como deber propio orientar a sus fieles, proponiéndoles a ellos, y a toda la sociedad, que destierren el odio racial, el revanchismo y la venganza y, en definitiva, que en vez de adoptar actitudes de división emprendan el camino de la solidaridad y de la confianza mutua en el respeto de la diversidad.


En el Documento conclusivo de la V Conferencia del Episcopado de América Latina y del Caribe, en Aparecida, los Obispos consideraron urgente colaborar con las instancias políticas y sociales para crear nuevas estructuras que consoliden un orden social, económico y político, promuevan una auténtica convivencia humana, impidan la prepotencia de algunos y faciliten el diálogo fraterno, sincero y constructivo para los necesarios consensos sociales (cf. n. 384).


Para ello, es preciso que la defensa y salvaguardia de los derechos humanos esté firmemente respaldada por valores éticos, como la justicia y el anhelo de paz, la honestidad y la transparencia, así como la solidaridad efectiva para que se corrijan las injustas desigualdades sociales.

Por eso, la enseñanza del bien moral, de lo justo o lo injusto, sin lo cual ninguna sociedad podría sostenerse, incumbe a la educación ya desde la más tierna edad. En esta tarea, la familia tiene un papel decisivo, por lo que debe contar con las ayudas necesarias para cumplir su cometido y ser esa "principal ‘agencia' de paz" en beneficio de todos (Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, 2008, 5).


4. Señor Embajador, antes de concluir este encuentro quisiera reiterar los mejores deseos por un feliz desempeño de su misión, para que se robustezcan los vínculos de diálogo entre su País y esta Sede Apostólica.


Deseamos para su Nación un auténtico renacimiento espiritual, material y civil. Anhelamos de corazón que en cada persona humana resplandezca la imagen de su Creador y Señor, y que el amor de Cristo Jesús sea fuente de esperanza para cada hijo e hija de esa amada tierra boliviana. Pido al Señor que en Bolivia triunfe la verdad que busca el respeto del otro, también del que no comparte las mismas ideas, la paz que se hermana con la justicia y abre las puertas al desarrollo armónico y estable, la sensatez que se esfuerza en encontrar soluciones ecuánimes y razonables a los problemas y la concordia que une las voluntades en la superación de las adversidades y en la consecución del bien común.


Que la materna protección de Nuestra Señora de Copacabana acompañe a Vuestra Excelencia, a su familia, a sus colaboradores y a todos los amados hijos e hijas de la noble Nación boliviana.


[Original en español

 © Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana]

 


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ZENIT «Viva y eficaz es la Palabra de Dios» (Hebreos, 4, 12) es el tema de las meditaciones que siguen esta Cuaresma Benedicto XVI y sus colaboradores de la Curia por el predicador de la Casa Pontifica. La preparación al Sínodo de los obispos (del 5 al 26 de octubre) orienta también estas reflexiones.

Ante el Papa, el padre Raniero Cantalamessa O.F.M. Cap. ha pronunciado el viernes, 14 de Marzo de 2008,  la cuarta y última de ellas, cuyo contenido ofrecemos íntegramente.


Cuarta predicación

 

«LA LETRA MATA;

EL ESPÍRITU DA VIDA»

  

La lectura espiritual de la Biblia

 

P. Raniero Cantalamessa O.F.M. Cap.

 

1. La Escritura divinamente inspirada


En la segunda carta a Timoteo se contiene la célebre afirmación: «Toda la Escritura es inspirada por Dios» (2 Tm 3, 16). La expresión que se traduce: «inspirada por Dios», o «divinamente inspirada», en la lengua original es una palabra única: theopneustos, que contiene los dos vocablos de Dios (Theos) y de Espíritu (Pneuma). Tal palabra tiene dos significados fundamentales: uno muy conocido, el otro en cambio habitualmente descuidado, si bien no menos importante que el primero.

El significado más conocido es el pasivo, evidenciado en todas las tradiciones modernas: la Escritura es «inspirada por Dios». Otro pasaje del Nuevo Testamento explica así este significado: «Hombres [los profetas] movidos por el Espíritu Santo, han hablado de parte de Dios» (2 P 1,21). Es, en resumen, la doctrina clásica de la inspiración divina de la Escritura, aquella que proclamamos como artículo de fe en el Credo, cuando decimos que el Espíritu Santo «habló por los profetas».

Podemos representarnos con imágenes humanas este evento en sí misterioso de la inspiración: Dios «toca» con su dedo divino -esto es, con su energía viva que es el Espíritu Santo-- ese punto recóndito donde el espíritu humano se abre al infinito y desde ahí ese toque -en sí sencillísimo e instantáneo como es Dios que lo produce-- se difunde como una vibración sonora en todas las facultades del hombre -voluntad, inteligencia, fantasía, corazón--, traduciéndose en conceptos, imágenes, palabras.

El resultado que en tal modo se obtiene es una realidad teándrica, esto es, plenamente divina y plenamente humana: las dos cosas íntimamente unidas, auque no «confundidas». El Magisterio de la Iglesia -encíclicas Providentissimus Deus de León XIII y Divino afflante Spiritu de Pío XII-- nos dice que los dos datos, divino y humano, se han mantenido intactos. Dios es el autor principal porque asume al responsabilidad de lo que está escrito, determinándose el contenido con la acción de su Espíritu; sin embargo el escritor sagrado es también él autor, en el sentido pleno de la palabra, porque ha colaborado intrínsecamente en esta acción mediante una normal actividad humana, de la que Dios se ha servido como de un instrumento. Dios -decían los Padres-- es como el músico que, tocándola, hace vibrar las cuerdas de la lira; el sonido es todo obra del músico, pero no existiría sin las cuerdas de la lira.

De esta obra maravillosa de Dios se saca a la luz, habitualmente, casi sólo un efecto: la inerrancia bíblica, o sea, el hecho de que la Biblia no contiene error alguno, si entendemos correctamente el «error» como ausencia de una verdad posible humanamente, en un determinado contexto cultural, teniendo en cuenta el género literario utilizado y, por lo tanto, exigible de quien escribe. Pero la inspiración bíblica funda mucho más que la simple inerrancia de la palabra de Dios (que es algo negativo); funda, positivamente, su inagotabilidad, su fuerza y vitalidad divina y aquello que san Agustín llamaba la mira profunditas, la maravillosa profundidad [1].

Así ya estamos preparados a descubrir el otro significado de la inspiración bíblica. Por sí, gramaticalmente, el participio theopneustos es activo, no pasivo. La tradición misma ha sabido captar en ciertos momentos este significado activo. La Escritura, decía san Agustín, es theopneustos no sólo porque es «inspirada por Dios», sino también por que «respira a Dios», ¡emana a Dios! [2].

Hablado de la creación, san Agustín dice que Dios no hizo las cosas y después se fue, sino que aquellas, «venidas de Él, permanecen en Él» [3]. Igual ocurre con las palabras de Dios: venidas de Dios, permanecen en Él y Él en ellas. Después de haber dictado la Escritura, el Espíritu Santo es como si se hubiera encerrado en ella, la habita y la anima sin descanso con su soplo divino. Heidegger dijo que «la palabra es la casa del Ser»; nosotros podemos decir que la Palabra (con mayúsculas) es la casa del Espíritu.

La constitución conciliar Dei Verbum recoge también este movimiento de la tradición cuando dice que las Sagradas Escrituras «inspiradas por Dios (¡inspiración pasiva!) y escritas de una vez para siempre, comunican inmutablemente la palabra del mismo Dios, y hacen resonar la voz del Espíritu Santo en las palabras de los Profetas y de los Apóstoles» (¡inspiración activa!) [4].


2. Docetismo y ebionismo bíblico


Pero ahora debemos tocar el problema más delicado: ¿cómo acercarnos a las Escrituras de manera que «liberen» de verdad para nosotros el Espíritu que contienen? He mencionado que la Escritura es una realidad teándrica, esto es, divino-humana. Ahora bien: la ley de toda realidad teándrica (como son, por ejemplo, Cristo y la Iglesia) es que no se puede descubrir en ella lo divino más que pasando a través de lo humano. No se puede descubrir en Cristo la divinidad más que a través de su concreta humanidad.

Quienes en la antigüedad pretendieron actuar de manera distinta cayeron en el docetismo. Despreciando, de Cristo, el cuerpo y las características humanas como simples «apariencias» (dokein),  perdieron también su realidad profunda y, en lugar de un Dios vivo hecho hombre, se encontraron en sus manos con una idea distorsionada de Dios. De igual forma, no se puede, en la Escritura, descubrir el Espíritu más que pasando a través de la letra, esto es, a través del revestimiento concreto humano que la palabra de Dios asumió en los diferentes libros y autores inspirados. No se puede descubrir en ellos el significado divino más que partiendo del significado humano, aquél intentado por el autor humano, Isaías, Jeremías, Lucas, Pablo, etc. En ello encuentra su plena justificación el inmenso esfuerzo de estudio e investigación que rodea el libro de la Escritura.

Pero éste no es el único peligro que corre la exégesis bíblica. Ante la persona de Jesús no existía sólo el riesgo del docetismo, o sea, de descuidar lo humano; existía también el peligro de quedarse ahí, de no ver en Él más que lo humano y no descubrir la dimensión divina de Hijo de Dios. En resumen, existía el peligro del ebionismo. Para los ebionitas (que eran judeo-cristianos) Jesús era, sí, un gran profeta, el mayor profeta, si se quiere, pero no más. Los Padres les llamaron «ebionitas» (de ebionim, los pobres) para decir que eran pobres de fe.

Así sucede también para la Escritura. Existe un ebionismo bíblico, esto es, la tendencia a quedarse en la letra, considerando la Biblia un libro excelente, el más excelso de los libros humanos, si se quiere, pero un libro sólo humano. Lamentablemente corremos el riesgo de reducir la Escritura a una sola dimensión. La ruptura del equilibrio, hoy, no es hacia el docetismo, sino hacia el ebionismo.

La Biblia se explica por muchos estudiosos intencionadamente sólo con el método histórico-crítico. No hablo de los estudiosos no creyentes, para los que ello es normal, sino de estudiosos que se profesan creyentes. La secularización de los sagrado en ningún caso se ha revelado tan aguda como en la secularización del Libro Sagrado. Ahora bien: pretender comprender exhaustivamente la Escritura estudiándola con el único instrumento del análisis histórico-filológico ¡es como pretender descubrir el misterio de la presencia real de Cristo en la Eucaristía basándose en un análisis químico de la ostia consagrada! El análisis histórico-crítico, aunque se llevara al máximo de la perfección, no representa, en realidad, más que el primer escalón del conocimiento de la Biblia, el relativo a la letra.

Jesús afirma solemnemente en el Evangelio que Abrahán «vio su día» (Cf. Jn 8,56), que Moisés había «escrito de Él» (Cf. Jn 5,46), que Isaías «vio su gloria y habló de Él» (Cf. Jn 12,41), que los profetas y los salmos y todas las Escrituras hablan de Él (Cf. Lc 24,27.44; Jn 5,39), pero hoy día cierta exégesis científica duda en hablar de Cristo, ya prácticamente no lo entrevé en ningún pasaje del Antiguo Testamento o, al menos, teme decir que lo percibe ahí, por la cuestión de desacreditarse «científicamente».

El inconveniente más grave de cierta exégesis exclusivamente científica es que cambia completamente la relación entre el exegeta y la palabra de Dios. La Biblia se convierte en un objeto de estudio que el profesor debe «dominar» y ante el cual, como se dice a cualquier hombre de ciencia, debe permanecer «neutral». Pero en este caso único no está permitido permanecer «neutral» y no es dable «dominar» la materia; más bien hay que dejarse dominar por ella. Decir de un estudioso de la Escritura que él «domina» la palabra de Dios, pensándolo bien, es decir casi una blasfemia.

La consecuencia de todo ello es el cierre y «replegamiento» de la Escritura sobre sí misma; vuelve a ser el libro «sellado», el libro «velado», porque -dice san Pablo-- ese velo «sólo en Cristo desaparece», cuando existe la «conversión al Señor», o sea, cuando se reconoce, en las páginas de la Escritura, a Cristo (Cf. 2 Co 3,15-16). Sucede, en la Biblia, como en ciertas plantas sensibilísimas que cierran sus hojas en cuanto las tocan cuerpos extraños, o como ciertos moluscos que se pliegan para proteger la perla que contienen. La perla de la Escritura es Cristo.

No se explican de otro modo las muchas crisis de fe de estudiosos de la Biblia. Cuando surge la cuestión de por qué la pobreza y aridez espiritual que reinan en algunos seminarios y lugares de formación, no se tarda en descubrir que una de las causas principales es el modo en que se enseña en ellos la Escritura. La Iglesia ha vivido y vive de lectura espiritual de la Biblia; truncado este canal que alimenta la vida de piedad, el celo, la fe, entonces todo se agosta y languidece. Ya no se comprende la liturgia, que está toda construida en un uso espiral de la Escritura, o bien se vive como un momento desprendido de la verdadera formación personal y desmentido por lo que se ha aprendido antes en clase.


3. El Espíritu da la vida


Un signo de gran esperanza es que la exigencia de una lectura espiritual y de fe de la Escritura empieza ya a advertirse precisamente por algunos eminentes exégetas. Uno de ellos escribió: «Es urgente que cuantos estudian e interpretan la Escritura se interesen de nuevo en la exégesis de los Padres para redescubrir, más allá de sus métodos, el espíritu que les animaba, el alma profunda que inspiraba su exégesis; en la escuela de ellos debemos aprender a interpretar la Escritura, no sólo desde el punto de vista histórico y crítico, sino igualmente en la Iglesia y para la Iglesia» (I. de la Potterie). El P. H. de Lubac, en su monumental historia de la exégesis medieval, evidenció la coherencia, la solidez y la extraordinaria fecundidad de la exégesis espiritual practicada por los Padres antiguos y medievales.

Pero hay que decir que los Padres no hacen, en este campo, más que aplicar (con los instrumentos imperfectos que tenían a disposición) la pura y sencilla enseñanza del Nuevo Testamento; no son, en otras palabras, los iniciadores, sino los continuadores de una tradición que tuvo entre sus fundadores a Juan, Pablo y al propio Jesús. Estos no sólo practicaron todo el tiempo una lectura espiritual de las Escrituras, o sea, una lectura con referencia a Cristo, sino que también dieron la justificación de tal lectura, declarando que todas las Escrituras hablan de Cristo (Cf. Jn 5,39), que en ellas era ya «el Espíritu de Cristo» que estaba a la obra y se expresaba a través de los profetas (Cf. 1 P 1,11), que todo, en el Antiguo Testamento, está dicho «por alegoría», esto es, en referencia a la Iglesia (Cf. Ga 4,24), o «para nuestro aviso» (1 Co 10,11).

Por ello decir lectura «espiritual» de la Biblia no significa decir lectura edificante, mística, subjetiva, o peor aún, fantasiosa, en oposición a la lectura científica que sería, en cambio, objetiva. Aquella, al contrario, es la lectura más objetiva que existe porque se basa en el Espíritu de Dios, no en el espíritu del hombre. La lectura subjetiva de la Escritura (la que se basa en el libre examen) se ha difundido precisamente cuando se ha abandonado la lectura espiritual y allí donde tal lectura se ha dejado de lado más claramente.

La lectura espiritual es por lo tanto algo bien preciso y objetivo; es la lectura realizada bajo la guía, o a la luz, del Espíritu Santo que ha inspirado la Escritura. Se basa en un evento histórico, esto es, en el acto redentor de Cristo que, con su muerte y resurrección, cumple el proyecto de salvación, lleva a cabo todas las imágenes y las profecías, desvela todos los misterios ocultos y ofrece la verdadera clave de lectura de toda la Biblia. El Apocalipsis expresa todo esto con la imagen del Cordero inmolado que toma en la mano el libro y rompe sus siete sellos (Cf. Ap. 5,1ss.)

Quien quisiera, después de Él, continuar leyendo la Escritura prescindiendo de este acto, se asemejaría a uno que sigue leyendo una partitura musical en clave de fa después de que el compositor ha introducido en el pasaje la clave de sol: cada nota expresaría, desde ahí, un sonido falso y desentonado. Así, el Nuevo Testamento llama a la clave nueva «el Espíritu», mientras que define a la clave vieja «la letra», diciendo que la letra mata, pero que el Espíritu da la vida (2 Co 3, 6).

Contraponer entre sí «letra» y «Espíritu» no significa contraponer entre sí Antiguo y Nuevo Testamento, casi como si el primero representara sólo la letra y el segundo sólo el Espíritu. Significa más bien contraponer entre sí dos modos distintos de leer tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento: el modo que prescinde de Cristo y el modo que juzga, en cambio, todo a la luz de Cristo. Por esto la Iglesia puede valorar uno y otro Testamento, dado que ambos le hablan de Cristo.


4. Lo que el Espíritu dice a la Iglesia


La lectura espiritual no se refiere sólo al Antiguo Testamento; en un sentido distinto también tiene que ver con el Nuevo Testamento; también éste debe leerse espiritualmente. Leer espiritualmente el Nuevo Testamento significa leerlo a la luz del Espíritu Santo derramado en Pentecostés en la Iglesia para conducirla a toda la verdad, o sea, a la plena compresión y actuación del Evangelio.

Jesús explicó Él mismo, anticipadamente, la relación entre su palabra y el Espíritu que enviaría (aunque no debemos pensar que lo haya hecho necesariamente en los términos precisos que utiliza, al respecto, el evangelio de Juan). El Espíritu -se lee en Juan-- «os enseñará y os recordará» todo lo que Jesús ha dicho (Cf. Jn 14,25 s.), o sea, lo dará a entender a fondo, con todas su implicaciones. Él «no hablará de sí mismo», esto es, no dirá cosas nuevas respecto a las que dijo Jesús, sino -como dice Jesús mismo-- recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros (Jn 16,13-15).

En ello es posible ver cómo la lectura espiritual integra y sobrepasa la lectura científica. La lectura científica conoce una sola dirección, que es la de la historia; explica en efecto lo que viene después, a la luz de lo que viene antes; explica el Nuevo Testamento a la luz del Antiguo que le precede, y explica la Iglesia a la luz del Nuevo Testamento. Buena parte del esfuerzo crítico en torno a la Escritura consiste en ilustrar las doctrinas del Evangelio a la luz de las tradiciones veterotestamentarias, de la exégesis rabínica, etc.; consiste, en resumen, en la investigación de las fuentes (sobre este principio se basa el Kittel y tantos otros apoyos bíblicos).

La lectura espiritual reconoce plenamente la validez de esta dirección de investigación, pero a ella añade otra inversa. Consiste en explicar lo que viene antes a la luz de lo que llega después, la profecía a la luz de la realización, el Antiguo Testamento a la luz del Nuevo y el Nuevo Testamento a la luz de la Tradición de la Iglesia. En ello la lectura espiritual de la Biblia encuentra una singular confirmación en el principio hermenéutico de Gadamer de la «historia de los efectos» (Wirkungsgeschichte), según el cual para comprender un texto hay que tener en cuenta los efectos que ha producido en la historia, introduciéndose en esta historia y dialogando con ella [5].

Sólo después de que Dios ha realizado su plan, se entiende plenamente el sentido de aquello que lo ha preparado y prefigurado. Si todo árbol, como dice Jesús, se reconoce por sus frutos, la palabra de Dios no se pude conocer plenamente antes de haber visto los frutos que ha producido. Estudiar la Escritura a la luz de la Tradición es un poco como conocer el árbol por sus frutos. Por ello Orígenes decía que «el sentido espiritual es lo que el Espíritu da a la Iglesia» [6]. Esto se identifica con la lectura eclesial o incluso con la Tradición misma, si entendemos por Tradición no sólo las declaraciones solemnes del Magisterio (que se refieren, por lo demás, a poquísimos textos bíblicos), sino también la experiencia de doctrina y de santidad en donde la palabra de Dios se ha como encarnado nuevamente y «se ha explicado» en el curso de los siglos por obra del Espíritu Santo.

Lo que se necesita no es por lo tanto una lectura espiritual que ocupe el lugar de la actual exégesis científica, con un retorno mecánico a la exégesis de los Padres; es más bien una nueva lectura espiritual que se corresponda al enorme progreso registrado desde el estudio de la «letra». Una lectura, en síntesis, que tenga el aliento y la fe de los Padres y, al mismo tiempo, la consistencia y la seriedad de la actual ciencia bíblica.


5. El Espíritu que sopla a los cuatro vientos


Ante la extensión de huesos secos, el profeta Ezequiel oyó la pregunta: «¿Podrán estos huesos revivir?» (Ez 37,3). La misma cuestión nos planteamos hoy nosotros: ¿podrá la exégesis, agostada por el prolongado exceso de filologismo, reencontrar el impulso y la vida que tuvo en otros momentos de la historia de la Iglesia? El padre de Lubac, después de haber estudiado la larga historia de la exégesis cristiana, concluye más bien tristemente, diciendo que nos faltan, a los modernos, las condiciones para poder volver a suscitar una lectura espiritual como la de los Padres; nos falta esa fe llena de impulso, ese sentido de plenitud y de unidad que tenían ellos, por lo que pretender hoy imitar su audacia sería exponerse casi a la profanación, al faltarnos el espíritu del que procedían aquellas cosas [7].

 

Sin embargo no cierra del todo la puerta a la esperanza y dice que «si se quiere reencontrar algo de aquello que fue en los primeros siglos de la Iglesia la interpretación espiritual de las Escrituras, hay que reproducir sobre todo un movimiento espiritual» [8]. A distancia de algunas décadas, con el Concilio Vaticano II de por medio, me parece hallar, en estas últimas palabras, una profecía. Ese «movimiento espiritual» y ese «impulso» comenzaron a reproducirse, pero no porque los hombres los hubieran programado o previsto, sino porque el Espíritu se puso a soplar de nuevo, inesperadamente, a los cuatro vientos sobre los huesos secos. Contemporáneamente a la reaparición de los carismas, se asiste a una reaparición de la lectura espiritual de la Biblia y es, también esto, un fruto, de los más exquisitos, del Espíritu Santo.

Participando en encuentros bíblicos y de oración, me quedo sorprendido al oír, a veces, reflexiones sobre la palabra de Dios del todo análogas a las que hacían en su tiempo Orígenes, Agustín o Gregorio Magno, si bien en un lenguaje más sencillo. Las palabras sobre el templo, sobre la «tienda de David», sobre Jerusalén destruida y reedificada tras el exilio, se aplican, con toda sencillez y pertinencia, a la Iglesia, a María, a la propia comunidad o a la propia vida personal. Lo que se narra de los personajes del Antiguo Testamento induce a pensar, por analogía o por antítesis, en Jesús, y lo que se narra de Jesús se aplica y actualiza en referencia a la Iglesia y al creyente.

Muchas perplejidades respecto a la lectura espiritual de la Biblia nacen de no tener en cuenta la distinción entre explicación y aplicación. En la lectura espiritual, más que pretender explicar el texto, atribuyéndole un sentido ajeno a la intención del autor sagrado, se trata, en general, de aplicar o actualizar el texto. Es lo que vemos en acto ya en el Nuevo Testamento ante las palabras de Jesús. A veces se constata que, de una misma parábola de Cristo, se realizan aplicaciones distintas en los sinópticos, según las necesidades y los problemas de la comunidad para la que cada uno escribe.

Las aplicaciones de los Padres y las de hoy no tienen evidentemente el carácter canónico de estas aplicaciones originarias, pero el proceso que conduce a ellas es el mismo y se basa en el hecho de que las palabras de Dios no son palabras muertas, «para conservar en aceite», diría Péguy; son palabras «vivas» y «activas», capaces de desplegar sentidos y virtualidades escondidas en respuesta a cuestiones y situaciones nuevas. Es una consecuencia de la que he llamado la «inspiración activa» de la Escritura, esto es, del hecho de que ella no es sólo «inspirada por el Espíritu», sino que «emana» también el Espíritu y lo hace continuamente, si se lee con fe. «La Escritura -dijo san Gregorio Magno-- cum legentibus crescit, crece con aquellos que la leen» [9]. Crece, permaneciendo intacta.

Concluyo con una oración que oí una vez a una señora, después de que se había dado lectura al episodio de Elías quien, subiendo al cielo, deja a Eliseo dos tercios de su espíritu. Es un ejemplo de lectura espiritual en el sentido que acabo de explicar: «Gracias, Jesús, porque ascendiendo al cielo no nos dejaste sólo dos tercios de tu Espíritu, ¡sino todo tu Espíritu! Gracias por que no lo dejaste a un solo discípulo, ¡sino a todos los hombres!».


[Traducción del original italiano por Marta Lago]

 

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[1] Textos en H. de Lubac, Histoire de l'exégése médiévale, I,1, Paris, Aubier 1959, pp. 119 ss.

[2] S. Ambrosio, De Spiritu Sancto, III, 112.

[3] S. Agustín, Conf . IV, 12, 18.

[4]  Dei Verbum, 21.

[5]  Cf. H.G. Gadamer, Wahrheit und Methode, Tubingen 1960.

[6] Orígenes, In Lev. hom. V, 5.

[7] H. de Lubac, Exégèse médiévale, II, 2, p. 79.

[8] H. de Lubac, Storia e spirito, Roma 1971, p. 587.

[9] S. Gregorio Magno,  Commento morale a Giobbe, 20,1 (CC 143A, p. 1003).

 


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ZENIT Publicamos el comentario del padre Raniero Cantalamessa, OFM Cap. --predicador de la Casa Pontificia-- a la Liturgia de la Palabra del  domingo de Ramos, 16 de Marzo de 2008.

 

Domingo de Ramos

Isaías 50, 4-7; Filipenses 2, 6-11; Mateo 26, 14-27,66


En agonía hasta el fin del mundo

 

El Domingo de Ramos es la única ocasión, aparte del Viernes Santo, en que se lee el Evangelio de la Pasión de Cristo en el curso de todo el año litúrgico. Como no es posible comentar el largo relato por completo, detengámonos en dos de sus momentos: Getsemaní y el Calvario.


De Jesús en el huerto de los olivos está escrito: «Comenzó a sentir tristeza y angustia. Les dijo: "Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad conmigo"». ¡Un Jesús irreconocible! Él, que daba órdenes a los vientos y a los mares y le obedecían, que decía a todos que no tuvieran miedo, ahora es presa de la tristeza y la angustia. ¿Cuál es la causa? Se contiene toda en una palabra, el cáliz. «¡Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz!». El cáliz indica toda la mole de sufrimiento que está apunto de caer sobre Él. Pero no sólo. Indica sobre todo la medida de la justicia divina que los hombres han colmado con sus pecados y transgresiones. Es «el pecado del mundo» que Él tomó sobre sí y que pesa sobre su corazón como una piedra.


El filósofo Pascal dijo: «Cristo está en agonía, en el huerto de los olivos, hasta el fin del mundo. No hay que dejarle solo en todo este tiempo». Agoniza allí donde haya un ser humano que lucha con la tristeza, el pavor, la angustia, en una situación sin salida como Él aquel día. No podemos hacer nada por el Jesús agonizante de entonces, pero podemos hacer algo por el Jesús que agoniza hoy. Oímos a diario tragedias que se consuman, a veces en nuestro propio vecindario, en la puerta de enfrente, sin que nadie se percate de nada. ¡Cuántos huertos de los olivos, cuántos Getsemaní en el corazón de nuestras ciudades! No dejemos solos a los que están dentro.


Trasladémonos ahora al Calvario. «Clamó Jesús con fuerte voz: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?". Dando un fuerte grito, expiró». Estoy a punto de decir ahora casi una blasfemia, pero me explicaré enseguida. Jesús en la cruz pasó a ser ateo, el «sin Dios». Hay dos formas de ateísmo. El ateísmo activo, o voluntario, de quien rechaza a Dios, y el ateismo pasivo, o padecido, de quien es rechazado (o se siente rechazado) por Dios. En uno y en otro existen los «sin Dios». El primero es un ateísmo de culpa, el segundo un ateísmo de pena y de expiación. A esta última categoría pertenece el «ateísmo» de la Madre Teresa de Calcuta, de quien tanto se ha hablado con ocasión de la publicación de sus escritos personales.


En la cruz Jesús expió anticipadamente todo el ateísmo que existe en el mundo. No sólo el de los ateos declarados, sino también el de los ateos prácticos, aquellos que viven «como si Dios no existiera», relegándole al último lugar en la propia vida. «Nuestro» ateísmo, porque, en este sentido, todos somos -quien más, quien menos-- ateos, «indiferentes» de Dios. Dios es también hoy un «marginado», marginado de la vida de la mayoría de los hombres.


Igualmente aquí hay que decir: «Jesús está en la cruz hasta el fin del mundo». Lo está en todos los inocentes que sufren. Está clavado a la cruz en los enfermos graves. Los clavos que le tienen aún cosido a la cruz son las injusticias que se cometen con los pobres. En un campo de concentración nazi se colgó a un hombre. Alguien, señalando a la víctima, preguntó iracundo a un creyente que tenía al lado: «¿Dónde está ahora tu Dios?». «¿No lo ves? -le respondió--. Está ahí, en la horca».


En todas las «deposiciones de la cruz» sobresale la figura de José de Ariamatea. Representan a cuantos también hoy desafían el régimen o la opinión pública para acercarse a los condenados, a los excluidos, a los enfermos de Sida, y se empeñan en ayudar a alguno de ellos a descender de la cruz. Para alguno de estos «crucificados» de hoy, el «José de Arimatea» designado y esperado bien podría ser yo, o podrías ser tú.


[Traducción del original italiano por Marta Lago]


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Domingo de Ramos

 

16 Marzo 2008

Jn 13,1

Nos amó...

 

 

Te alabo Padre

por tu Hijo Jesucristo.

 

De su Corazón traspasado

ha brotado

la máxima prueba de tu amor:

¡SU VIDA POR LA MÍA!.

 

Ayúdame a seguirte

hasta el final

en este camino hacia la Pascua;

abrazando mi cruz y

dando la vida por mis hermanos.

 

No permitas que nunca

traicione tu Amor.

Tu Espíritu

derrame en mí

el DON DE LA FIDELIDAD.

Amén

 

Texto: Hermanas Clarisas de Huesca


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12 al 23 de Marzo

La Ermita de San Miguel, situada en el marco emblemático de la Plaza del Adelantado de La Laguna, da cabida a la EXPOSICIÓN SEMANA SANTA 2008 que, bajo el lema “Vulneraste cor meum” nos coloca frente a la desolación de la Madre María ante la contemplación de su Hijo muerto colocado en sus brazos.

La exposición surgió por iniciativa de la  Cofradía del Lignum Crucis  en el cincuenta aniversario de su creación. Ha sido organizada por la Junta de Hermandades y Cofradías y el Excmo. Ayuntamiento de San Cristóbal de La Laguna. Presenta un interesante conjunto de obras que manifiestan el arraigo del tema de La Piedad en las islas. Entre las obras destacadas se encuentra, entre otras, Nuestra Señora de la Piedad de la Parroquia de San Marcos de Icod de los Vinos.


Colocamos a continuación  escrito que acompaña hoja divulgativa de la Exposición, realizado por Carmen González Cossío Profesora de la Facultad de Bellas Artes.


Todo ha concluido. La agonía del Hijo ha llegado a su fin y la muerte nos sitúa ahora frente a la desolación inmensa de la Madre. Ella lo sostiene, lo contempla y el torbellino de los recuerdos la sitúa junto al pesebre cuando por primera vez tomó al recién nacido entre sus brazos...

Y no fueron las páginas del evangelio las que registraron la intensidad dramática de ese instante pasajero, porque sólo la gubia, el cincel y los pinceles de los artistas se atrevieron a imaginar, más allá del texto, la situación y los personajes. Sólo con el vuelo de la mente acertaron a mostrarnos la hondura de ese pesar, el desgarro de la angustia y la fuerza, en fin, de esos sentimientos que, por brotar de lo más íntimo, se tornan universales y se perpetúan hasta la eternidad.

Ahí radica la eficacia del icono.

 

• Origen del tema

Al tiempo que las ciudades y el comercio recuperaban su pulso tras el largo paréntesis medieval, una brecha se iba abriendo en cl arte religioso europeo. La nueva sensibilidad burguesa trajo consigo el torrente incontenible de las emociones humanas que acabarían adueñándose de los personajes divinos. Fue así como la fragilidad del Cruc/cado se alzó frente al terrible Pantocrátor románico y como La Piedad, reflejo de la ternura de María, acabó desplazando aquella imagen de una reina celestial ajena a las penalidades terrenales de sus hijos.

Aunque el tema venía ya siendo frecuente al norte de los Alpes, lo cierto es que nadie influiría tanto como Miguel Ángel en la fijación de su iconografía. A lo largo de su vida el artista retomó el motivo en varias ocasiones y nos llevó desde el drama místico-filosófico que desprende su Piedad del Vaticano hasta el drama humano de su Piedad Rondanini que quería destinar a su propia tumba.

En la cumbre del Renacimiento, el hombre se convierte en medida de todas las cosas y es esa seguridad ganada en sí mismo la que le permite mostrar la fragilidad de sus emociones.

 

• Vigencia y actualidad

La particular iniciativa de la Cofradía del Lignum Crucis en el cincuenta aniversario de su creación nos permite admirar hov en esta sala un interesante conjunto de obras que vienen a documentar el arraigo del tema de La Piedad en las islas.

Podemos constatar su temprana presencia a través de la fuerza plástica de los talleres nórdicos, cuando el tráfico comercial con Flandes nos

hizo llegar valiosas imágenes.

Resulta sorprendente esa Virgen de las Angustias [Los Llanos de Aridane] cuyo patetismo expresionista se acentúa por la disposición dramáticamente quebrada del cuerpo de Cristo, describiendo casi un ángulo recto.

Luego, la talla de los pliegues y el oro de los estofados cedieron paso a los tejidos auténticos, vistiendo literalmente a los personajes para atender a las directrices contra reformistas. Se trataba de acercar los grupos escultóricos al pueblo sin escatimar recursos técnicos efectistas: sangre, llagas, postizos... Los pasos procesionales conmocionaban por su realismo y acrecentaban la conexión entre los fieles y las imágenes de su devoción. Gestos teatrales y pasiones desbordadas profundizaron, aun más si cabe, el abismo con el mundo protestante.

Era inevitable que la revisión propuesta por la Ilustración, provocase la contención de las expresiones haciéndolas más acordes al clasicismo. La obra de Fernando Estévez acredita la influencia de estos principios pero lo cierto es que La Piedad, quizás por haber contado siempre con la referencia miguelangelesca, no ha perdido ni un ápice de su fuerza. Sin duda se mantiene hoy corno una de las figuras emblemáticas e insustituibles del viernes santo. Los puntuales pedidos que se han hecho a la Península en la pasada centuria, la rápida reposición de la obra perdida en el incendio de la iglesia de La Concepción de Los Realejos y los encargos realizados a Ezequiel de León nos dan buena prueba de ello.

El recorrido pausado ante las obras expuestas nos reafirma en lo suscrito al comienzo: la validez del icono está intacta. Y lo está porque su contenido sobrepasa credos y culturas. Lo que leemos a través de ella se renueva a diario en las imágenes o fotografías tomadas tras cualquier bombardeo, tras cualquier atentado... Es la heroica presencia de esos supervivientes lo que nos conmueve cuando, consternados, recogen amorosamente entre sus brazos el cuerpo de sus seres queridos llorando su pérdida.

Y vienen entonces a nuestra memoria las palabras que Saramago pone en boca de Jesús en un pasaje de El Evangelio según Jesucristo. [Inevitablemente, todos los seres tienen que morir... morirán muchos en el futuro... Serán recibidos en la vida eterna, sí, pero no debería ser tan dolorosa la condición para entrar allí] 

 

Carmen González Cossío

Profesora de la Facultad de Bellas Artes


Viernes, 14 de marzo de 2008

Alfonso Aguiló

 

        Un grupo de científicos colocó cinco monos en una jaula, en cuyo centro dispusieron una escalera y, sobre ella, un racimo de plátanos, de los que a los simios resultaban más apetitosos.


        Cuando un mono subía por la escalera hacia los plátanos, los experimentadores lanzaban de inmediato un chorro de agua fría sobre los monos que esperaban abajo.


        Después de algún tiempo de repetir el experimento, lograron que cada vez que un mono intentaba subir la escalera, los otros monos lo agarraban y no le dejaban hacerlo, por mucho que se resistiera. Pasado algún tiempo más, ya ningún mono hacía el menor ademán de subir por aquella escalera, a pesar del hambre que tenían y de la tentación de la apetecida fruta que tenían tan cerca. Entonces, los científicos sustituyeron uno de los monos por otro nuevo.


        Lo primero que hizo este nuevo mono fue intentar subir la escalera, pero fue rápidamente retenido por los otros y recibió una buena paliza. Después de repetirlo algunas veces más, el nuevo integrante del grupo comprendió que no debía hacerlo y ya no intentó subir más.

 

Un segundo mono fue sustituido, y ocurrió lo mismo, con la novedad de que el primer sustituto participó con entusiasmo en la paliza que propinaron al novato.


        Al poco tiempo sustituyeron a un tercer mono, y se repitieron los mismos hechos con una exactitud milimétrica. Cambiaron después al cuarto mono, y, finalmente, al último de ellos. Quedó por tanto un grupo de cinco monos nuevos que, aunque nunca habían recibido el baño de agua fría, continuaban golpeando sin piedad a quien intentase subir la escalera para alcanzar los plátanos.


        Si hubiese sido posible interrogar a alguno de los cinco nuevos monos, y preguntarles por qué pegaban a quien intentaba subir por aquella escalera, probablemente su respuesta habría sido del estilo: "No sé, aquí las cosas siempre se han hecho así...".


        Este sencillo y verídico relato puede servirnos para considerar en qué aspectos vivimos quizá al son de tópicos que se han hecho generales y se nos han impuesto, pero que, si nos preguntan por su sentido, no los sabríamos fundamentar debidamente.


        Algo de eso hay, por ejemplo, en el laicismo militante y en la consiguiente hostilidad antireligiosa tan extendida en algunos ambientes. Sus aficiones preferidas son hablar mal de los obispos, los curas y las monjas, presuponer por principio que las estructuras eclesiásticas son rancias y corruptas, negar su libre derecho de expresión, o pitorrearse de la fe y de la oración como si fueran refugio de ingenuos y desengañados. Ese es el discurso imperante en bastantes sitios, y quien se atreva a decir otra cosa es rápidamente maltratado, como sucedía a los monos que esperaban bajo la escalera. Es cuestión de repetir la operación un número suficiente de veces, y al final se acaba consiguiendo que todo el mundo se una a la siempre sugestiva tarea de maldecir y despotricar según los estándares imperantes, aunque no se tengan muy claros los motivos.


        Imponer así las ideas, con la fuerza de la agresividad dominante, se ha demostrado una estrategia bastante eficaz, pues deja flotando en el ambiente una actitud que la gran mayoría asume sin demasiada reflexión. Esto hace, por ejemplo, que muchas personas escondan su fe o prescindan de ella al actuar en la vida social, porque han visto ya demasiadas veces cómo se hostiga a quien intenta subir por esa escalera.


        "Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio", decía Albert Einstein, y no le faltaba razón, pues cuando se logra instalar un prejuicio en las mentes de un colectivo de personas, no es nada fácil superar esa ofuscación, porque los prejuicios tienen eso, que son previos al juicio de la razón. Por eso debemos esforzarnos en pensar y actuar con independencia, procurando fundamentar bien las razones del propio obrar, sin asumir una actitud hostil por el mero hecho de que los demás la tomen. Así lograremos profundizar en las razones de las cosas, en vez de seguir la corriente a los demás.

 

NOVEDADES FLUVIUM


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Editorial San Pablo nos remite las novedades pertenecientes a Marzo de 2008.




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VATICANO - “La Dominus Iesus y las religiones" de Su Exc. Mons. Angelo Amato, Arzobispo Secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe (sexta parte)

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - Por gentil concesión de "L’Osservatore Romano", la Agencia Fides publica el texto integral de la Conferencia del año Académico 2007-2008 del instituto Teológico de Asís, pronunciada por Su Exc. Mons. Angelo Amato, Arzobispo Secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, sobre el tema “la Dominus Iesus y las religiones". Las traducciones en las diversas lenguas han sido realizadas por la Agencia Fides, no revisadas por el autor.

Reflexiones epistemológicas sobre el diálogo interreligioso

La categoría del «diálogo» tuvo durante el Concilio Ecuménico Vaticano II (1962-65) un impulso extraordinario, sobre todo con la Encíclica de Pablo VI, Ecclesiam suam, del 6 de agosto de 1964 (cf. Acta Apostolicae Sedis, 56 [1964] pp. 609-659), con la declaración conciliar Nostra aetate, sobre la relación de la Iglesia con las religiones no-cristianas, del 28 de noviembre de 1965 (cf. Acta Apostolicae Sedis, 58 [1966] pp. 740-744; Acta Synodalia Sacrosanti Concilii Oecumenici Vaticani II, IV, V pp. 616-620) y con la declaración conciliar Dignitatis humanae, del 7 de diciembre de 1965, sobre la libertad religiosa (Acta Apostolicae Sedis, 58 [1966] pp. 929-941; Acta Synodalia Sacrosanti Concilii Oecumenici Vaticani II, IV, V pp. 663-673).

Para no convertir el diálogo en una suerte de absoluto que sustituya a la verdad, puede resultar conveniente proponer algunas consideraciones epistemológicas, tanto sobre el diálogo ecuménico como sobre el diálogo interreligioso. Esto nos ayudará a asumir actitudes que estén en sintonía con la propia identidad y con la realidad de las cosas.

Epistemología del diálogo ecuménico

Se puede constatar en el campo ecuménico un doble diálogo: el de la caridad y el de la verdad. El «diálogo de la caridad» tuvo su inicio con el Vaticano II, con la invitación hecha a los no católicos a participar como observadores en las asambleas conciliares. En lo que respecta, por ejemplo, a las relaciones entre la Iglesia católica y las iglesias ortodoxas, podemos recordar la importante publicación del Tomos Agapis de 1971, que recoge la documentación intercambiada entre 1958 y 1970 entre la Santa Sede y el Fanar (Tomos Agapis, Vatican-Phanar (1958-1970), Roma-Estabul, 1971). Son 284 documentos que testimonian la voluntad de unidad y de comunión en el misterio de Cristo por parte de católicos y ortodoxos.

Este diálogo de la caridad consiste en el conocimiento, la comunicación, el respeto, la amistad, la apertura recíproca, la superación de los prejuicios comunes de orden cultural, psicológico, histórico. Es un diálogo que reconforta y anima, por las edificantes manifestaciones de reconciliación y de estima recíproca.

Diversamente a este diálogo de la caridad, el «diálogo de la verdad» procede más lentamente y con no pocas dificultades. Tal diálogo, en efecto, no puede ser genérico, sino bilateral: uno es el diálogo con las antiguas iglesias orientales, otro aquel con las iglesias ortodoxas y otro a su vez el diálogo con las comunidades de la reforma. El diálogo de la verdad requiere de un conocimiento profundo del otro, de su historia, de su teología y de su liturgia. Y no faltan con frecuencia las contingencias que obstaculizan en gran medida el camino de la unidad.

Afortunadamente, en septiembre del 2006, casi diez años después, se retomó el diálogo de la comisión mixta católico-ortodoxa, que estudió el tema «Las consecuencias eclesiológicas y canónicas de la naturaleza sacramental de la Iglesia: comunión eclesial, conciliaridad y autoridad en la Iglesia», llegando incluso a la publicación de un documento (Rávena 8-14 octubre del 2006).

No faltan, sin embargo, noticias poco reconfortantes (se habla hoy en día de un «invierno» ecuménico; véanse las reflexiones contenidas en el número monográfico «Los lazos del ecumenismo» de la revista «Creer hoy», 27, 2007, n. 160). Las últimas decisiones de algunas comunidades anglicanas de tomar posiciones éticas inaceptables («ordenación» de mujeres, ordenación de «obispos» homosexuales, bendiciones de convivencias homosexuales), criticadas al interior mismo de dichas comunidades, hacen más arduo para los católicos el diálogo ecuménico, que tiene como finalidad la unidad de todos los cristianos en una única Iglesia de Cristo y concretamente «la comunión en la doctrina de los Apóstoles, en los Sacramentos y en el orden jerárquico» (Juan Pablo II, Ecclesia de Eucharistia, n. 35).

El diálogo ecuménico de la verdad no puede ser conducido con superficialidad, sino con cuidado y atención. Véase en relación al diálogo luterano-católico la Declaración conjunta sobre la doctrina de la Justificación de 1999, que ofrece un extraordinario ejemplo de precisión lingüística y de contenidos.
Sin embargo, para superar las tensiones doctrinales, convendría tal vez que el diálogo ecuménico se ejercitase más bien en el diálogo de la acción, por ejemplo, en el esfuerzo compartido por una cristianización de Europa, mediante una obra de defensa y promoción de los principios cristianos, para así superar el secularismo laicista y toda forma de fundamentalismo religioso. (6- continua) (SL) (Agencia Fides 14/372008 Líneas: 65 Palabras: 820)


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VATICANO - LAS PALABRAS DE LA DOCTRINA por don Nicola Bux y don Salvatore Vitiello - El progreso no es Dios

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - Una de las evidencias de nuestro tiempo es la continua sed de progreso de los hombres. Dicha sed está amplia y continuamente alimentada por los medios de comunicación, los cuales, con extraordinaria constancia, indican en el progreso, tanto científico como económico y social, el “bien supremo”, que resuelve todos los males.

Nosotros sabemos que esta es una mentira de la modernidad. Como enseña el Santo Padre Benedicto XVI, en la Encíclica “Spe Salvi” en el n. 17, en la modernidad “la esperanza recibe también una nueva forma. Ahora se llama: fe en el progreso […] Gracias a la sinergia entre ciencia y praxis se seguirán descubrimientos totalmente nuevos, surgirá un mundo totalmente nuevo, el reino del hombre”. Dicho reino tiende, progresivamente, a sustituir el Reino de Dios.

En esta “sed de progreso” está presente una sustancial ambigüedad: se encuentra en ella algo de muy positivo y, al mismo tiempo, se esconde un peligro radical.

En positivo, en el continuo anhelo de progreso, está presente un bien objetivo: el hombre es un ser dinámico, no estático; es incapaz de ver la propia existencia más allá de la historia, entendida como desarrollo continuo tanto de sí mismo y de la sociedad, como de las ciencias positivas y de la tecnología. En el fondo, podría decirse, que la idea de “progreso”, llevada a la exasperación, no otra cosa sino la necesidad humana del infinito, el deseo de derrotar al límite, el mal y, finalmente, la muerte. En este sentido, el progreso, y sobre todo la ideología del progreso que lo acompaña, son reveladores de una dimensión humana esencial: dicen, aunque indirectamente, que el hombre es un ser abierto hacia el infinito, hacia el Misterio, y desea continuamente superar los límites que el cosmos y su mismo ser le imponen.

En negativo, el progreso tiende a sustituirse indebidamente a Dios, asumiendo aquella posición central, en la vida y en las sociedades, que compete sólo a Dios. Del progreso se espera, en realidad, la salvación, aquella que solo un Dios infinito y una Esperanza infinita nos pueden ofrecer.

Si bien esta posición, en los últimos decenios, está objetivamente menos enraizada a nivel filosófico y social, porque las crisis internacionales, el terrorismo y la dificultad de alcanzar y mantener la paz, la hacen objetivamente menos sostenible, ella está sin embargo todavía muy presente a nivel económico. La economía es el lugar del triunfo del progreso y las sociedades corren el riesgo de sacrificar al progreso económico cualquier otro valor humano.

El progreso económico es un bien relativo, no absoluto y, en ese sentido, es un medio y no un fin. Asimismo, como toda “invención humana”, también la economía es limitada y debe ponerse límites, incluso en el progreso o, como se suele decir, en el desarrollo o crecimiento económico. No es pensable un sistema productivo que apunte siempre y exclusivamente al “crecimiento económico” como fin último que se debe alcanzar a cualquier precio y con cualquier medio. La economía es ciertamente un instrumento esencial, capaz muchas veces de mejorar las condiciones de vida y las potencialidades de los individuos y de la sociedad, pero su progreso no puede confundirse con la salvación, el progreso no es Dios.

Se aprenda entonces a leer en el corazón del hombre cuales son las tensiones que realmente dirijan la acción, cuáles son las necesidades auténticas que la animan y, por lo tanto, se comience es una sociedad en la que, incluso revisando profundamente los estilos de vida adoptados, a través de una profunda obra educativa, el progreso vuelva a ser un bien medio, pero nunca un fin al cual “sacrificar”, con un acto casi laicamente religioso, todo lo demás. (Agencia Fides 14/3/2008; líneas 40, palabras 622)


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Jueves, 13 de marzo de 2008

 ZENIT  publica la intervención que pronunció Benedicto XVI durante la audiencia general del miércoles, 12 de Mrzo de 2008, dedicada a presentar la figura de los escritores eclesiásticos Boecio y Casiodoro.

 

Queridos hermanos y hermanas:


Quisiera hablar hoy de dos escritores eclesiásticos Boecio y Casiodoro, que vivieron en unos de los años más atribulados del Occidente cristiano, en particular, de la península italiana. Odoacro, rey de los hérulos, una etnia germánica, se había rebelado, acabando con el imperio romano de Occidente (año 476), pero muy pronto sucumbió a los ostrogodos de Teodorico, que durante algunos decenios controlaron la península italiana.


Boecio


Boecio, nacido en Roma en torno al año 480, de la noble estirpe de los Anicios,  entró siendo todavía joven en la vida pública, alcanzando a los 25 años el cargo de senador. Fiel a la tradición de su familia, se comprometió en política, convencido de que era posible armonizar las líneas fundamentales de la sociedad romana con los valores de los nuevos pueblos. Y en este nuevo tiempo de encuentro de culturas consideró como misión propia reconciliar y unir estas dos culturas, la clásica y romana, con la naciente del pueblo ostrogodo. De este modo, fue muy activo en política, incluso bajo Teodorico, que en los primeros tiempos le estimaba mucho.


A pesar de esta actividad pública, Boecio no descuidó los estudios, dedicándose en particular a profundizar en los temas de orden filosófico-religioso. Pero escribió también manuales de aritmética, de geometría, de música, de astronomía: todo con la intención de transmitir a las nuevas generaciones, a los nuevos tiempos, la gran cultura grecorromana. En este ámbito, es decir, en el compromiso por promover el encuentro de las culturas, utilizó las categorías de la filosofía griega para proponer la fe cristiana, buscando una síntesis entre el patrimonio helénico-romano y el mensaje evangélico. Precisamente por este motivo, Boecio ha sido calificado como el último representante de la cultura romana antigua y el primero de los intelectuales medievales.


Ciertamente su obra más conocida es el «De consolatione philosophiae», que compuso en la cárcel para dar sentido a su injusta detención. Había sido acusado de complot contra el rey Teodorico por haber defendido en un juicio a un amigo, el senador Albino. Pero no se trataba de un pretexto: en realidad, Teodorico, arriano y bárbaro, creía que Boecio simpatizaba por el emperador bizantino Justiniano. Procesado y condenado a muerte, fue ejecutado el 23 de octubre del año 524, cuando sólo tenía 44 años.


A causa de su dramática muerte, puede hablar también a partir de su experiencia al hombre contemporáneo y sobre todo a las numerosísimas personas que sufren su misma suerte a causa de la injusticia presente en buena parte de la «justicia humana». En esta obra, en la cárcel, busca consuelo, busca luz, busca sabiduría. Y dice que ha sabido distinguir, precisamente en esta situación, entre los bienes aparentes --en la cárcel éstos desaparecen-- y entre los bienes verdaderos, como la auténtica amistad, que en la cárcel no desaparecen.


El bien más elevado es Dios: Boecio aprendió --y nos lo enseña a nosotros-- a no caer en el fatalismo, que apaga la esperanza. Nos enseña que no gobierna el hado, sino la Providencia y ésta tiene un rostro. Con la Providencia se puede hablar, porque la Providencia es Dios. De este modo, incluso en la cárcel, le queda la posibilidad de la oración, del diálogo con Aquel que nos salva. Al mismo tiempo, incluso en esta situación, conserva el sentido de la belleza de la cultura y recuerda la enseñanza de los grandes filósofos antiguos, griegos y romanos, como Platón, Aristóteles --había comenzado a traducir a estos griegos al latín--, Cicerón, Séneca, y también poetas como Tibulo y Virgilio.


La filosofía, en el sentido de la búsqueda de la verdadera sabiduría, es, según Boecio, la verdadera medicina del alma (Libro I). Por otra parte, el hombre sólo puede experimentar la auténtica felicidad en la propia interioridad (libro II). Por este motivo, Boecio logra encontrar un sentido al pensar en la propia tragedia personal a la luz de un texto sapiencial del Antiguo Testamento (Sabiduría 7, 30-8, 1) que él cita: «contra la Sabiduría no prevalece la maldad. Se despliega vigorosamente de un confín al otro del mundo y gobierna de excelente manera el universo» (Libro III, 12: PL 63, col. 780).


La así llamada prosperidad de los malvados, por tanto, se convierte en mentirosa (libro IV), y manifiesta la naturaleza providencial de la fortuna adversa. Las dificultades de la vida no sólo revelan hasta qué punto ésta es efímera y breve, sino que se demuestran incluso útiles para encontrar y mantener las auténticas relaciones entre los hombres. La fortuna adversa permite, de hecho, distinguir los amigos falsos de los verdaderos y da a entender que no hay nada más precioso para el hombre que una amistad verdadera. Aceptar fatalistamente la condición de sufrimiento es algo totalmente peligroso, añade el creyente Boecio, pues «elimina en su misma raíz la posibilidad misma de la oración y de la esperanza teologal, que constituyen la base de la relación del hombre con Dios» (Libro V, 3: PL 63, col. 842).


La peroración final del «De consolatione philosophiae» puede considerarse como una síntesis de toda la enseñanza que Boecio se dirige a sí mismo y a todos los que puedan encontrarse en sus mismas condiciones. En la cárcel escribe: «Luchad, por tanto, contra los vicios, dedicaos a una vida de virtud orientada por la esperanza que eleva el corazón hasta alcanzar el cielo con las oraciones alimentadas de humildad. La imposición que habéis sufrido puede mudarse, si os negáis a mentir, en la ventaja enorme  de tener siempre ante los ojos al juez supremo que ve y que sabe cómo son realmente las cosas» (Libro V, 6: PL 63, col. 862).


Cada detenido, independientemente del motivo por el que haya acabado en la cárcel, intuye cómo es dura esta particular condición humana, sobre todo cuando es embrutecida, como le sucedió a Boecio, por la tortura. Pero es particularmente absurda la condición de aquél, como Boecio, a quien la ciudad de Pavía le reconoce y celebra en la liturgia como mártir en la fe, que es torturado hasta la muerte por el único motivo de sus propias convicciones, políticas y religiosas. Boecio, símbolo de un número inmenso de detenidos injustamente de todos los tiempos y de todas las latitudes, es de hecho una puerta objetiva para entrar en la contemplación del misterioso Crucifijo del Gólgota.


Casiodoro


Marco Aurelio Casiodoro fue contemporáneo de Boecio. Calabrés, nacido en Squillace, hacia el año 485, murió muy anciano en Vivarium, alrededor del año 580. Procedente también de un elevado nivel social, se dedicó a la vida política y al compromiso cultural como pocos otros en el Occidente romano de su tiempo. Quizá los únicos que se le podían igualar en este doble interés fueron el ya recordado Boecio, y el futuro Papa de Roma, Gregorio Magno (590-604).


Consciente de la necesidad de no dejar desvanecer en el olvido todo el patrimonio humano y humanista, acumulado en los siglos de oro del Imperio Romano, Casiodoro colaboró generosamente, en los más elevados niveles de responsabilidad política, con los pueblos nuevos que habían atravesado las fronteras del Imperio y se habían establecido en Italia. También él fue modelo de encuentro cultural, de diálogo, de reconciliación. Las vicisitudes históricas no le permitieron realizar sus sueños políticos y culturales, que buscaban crear una síntesis entre la tradición romano-cristiana de Italia y la nueva cultura gótica. Aquellas mismas vicisitudes le convencieron sobre carácter providencial del movimiento monástico, que se iba afirmando en las tierras cristianas. Decidió apoyarlo, dedicándole todas sus riquezas materiales y sus fuerzas espirituales.


Tuvo la idea de encomendar precisamente a los monjes la tarea de recuperar, conservar y transmitir a las generaciones futuras el inmenso patrimonio cultural de los antiguos para que no se perdiera. Por esto fundó Vivarium, un cenobio en el que todo estaba organizado de manera que se estimara como sumamente precioso e irrenunciable el trabajo intelectual de los monjes. Estableció también que los monjes que no tenían una formación intelectual no se dedicarán sólo al trabajo material, de la agricultura, sino también a la transcripción de los manuscritos para que de este modo ayudaran en la transmisión de la gran cultura a las futuras generaciones.


Y esto sin que fuera en detrimento alguno del compromiso espiritual monástico y cristiano y de la actividad caritativa por los pobres. En su enseñanza, distribuida en varias obras, pero sobre todo en el tratado «De anima e nelle Institutiones divinarum litterarum», la oración (C. PL 69, col. 1108), alimentada por la Sagrada Escritura y particularmente por la meditación asidua de los Salmos (Cf. PL 69, col. 1149), tiene siempre un lugar central como comida necesaria para todos.


Este doctísimo calabrés introduce así su «Expositio in Psalterium»: «Rechazadas y abandonadas en Rávena las solicitudes de la carrera política, caracterizada por el sabor disgustoso de las preocupaciones mundanas, habiendo gozado del Salterio, libro caído del cielo como auténtica miel para el alma, me arrojé ávidamente como un sediento para escrutarlo y dejarme penetrar totalmente por esa dulzura saludable, después de haberme saciado de las innumerables amarguras de la vida activa» (PL 70, col. 10).


La búsqueda de Dios, orientada a su contemplación --escribe Casiodoro--, sigue siendo el objetivo permanente de la vida monástica (Cf. PL 69, col. 1107). Sin embargo, añade que con la ayuda de la gracia divina (Cf. PL 69, col. 1131.1142), se puede disfrutar mejor de la Palabra revelada utilizando las conquistas científicas y culturales «profanas» que poseían los griegos y los romanos (Cf. PL 69, col. 1140). Casiodoro se dedicó personalmente a los estudios filosóficos, teológicos y exegéticos sin particular creatividad, pero prestando atención a las intuiciones que consideraba válidas en los demás. Leía con respeto y devoción sobre todo a Jerónimo y Agustín. De este último decía: «En Agustín hay tanta riqueza que me parece imposible encontrar algo que ya no haya sido tratado abundantemente por él» (Cf. PL 70, col. 10).


Citando a Jerónimo exhortaba a los monjes de Vivarium: «No sólo alcanzan la palma de la victoria aquellos que luchan hasta derramar la sangre o que viven en la virginidad, sino también todos aquellos que, con la ayuda de Dios, vencen los vicios del cuerpo y conservan la recta fe. Pero para que podáis vencer con la ayuda de Dios más fácilmente los alicientes del mundo, permaneciendo en él como peregrinos en continuo camino, tratad de buscar ante todo la saludable ayuda sugerida por el primer salmo, que recomienda meditar noche y día en la ley del Señor. El enemigo no encontrará, de hecho, ninguna entrada para  asaltaros si toda vuestra atención está ocupada en Cristo» («De Institutione Divinarum Scripturarum», 32: PL 69, col. 1147).


Es una advertencia que también podemos considerar como válida para nosotros. Vivimos, de hecho, también nosotros, en un tiempo de encuentro de culturas, de peligro de violencia que destruye las culturas, y en el que es necesario el compromiso para transmitir los grandes valores y enseñar a las nuevas generaciones el camino de la reconciliación y de la paz. Encontramos este camino orientándonos hacia el Dios con rostro humano, el Dios que se nos ha revelado en Cristo.


[Al final de la audiencia, el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:]


Queridos hermanos y hermanas:


Boecio nació en Roma en una familia noble y fue senador a los veinticinco años. No obstante la actividad pública, no descuidó los estudios, dedicándose particularmente a la profundización de temas filosófico-religiosos. Su obra principal es el De consolatione philosophiae, que compuso mientras estuvo encarcelado injustamente. En ella se esfuerza por convencer a los hombres para que orienten su vida hacia Dios, fin y principio de toda criatura. Contemporáneo a Boecio fue Marco Aurelio Casiodoro, quien con el fin de conservar y transmitir el inmenso patrimonio cultural del Imperio romano fundó Vivarium, un monasterio organizado de tal modo que se estimase como precioso e irrenunciable el trabajo intelectual de los monjes, sin olvidar la espiritualidad monástica y la caridad para con los pobres. En sus enseñanzas, particularmente en las obras De anima e Institutiones divinarum litterarum, ocupa un lugar central la oración, nutrida de la Sagrada Escritura. De igual modo, pone la búsqueda y la contemplación de Dios como fin principal de la vida monástica.


Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, en particular, a los fieles venidos de Málaga, a los alumnos de distintos Institutos y Colegios de diversas ciudades de España, así como a los grupos procedentes de México y de otros países latinoamericanos. En el camino cuaresmal, a la luz de los escritos de Boecio y Casiodoro, amemos intensamente la Palabra de Dios, especialmente los Salmos, que nos ayudan a rezar y a estar muy unidos al Señor. Os deseo a todos una Semana Santa colmada de frutos de santidad. Muchas gracias.


[Traducción del original italiano realizada por Jesús Colina

 © Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 23:32  | Habla el Papa
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VATICANO - AVE MARÍA a cargo de Mons. Luciano Alimandi - El “sueño” de los discípulos

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - Entre los episodios que meditaremos en los días de la Pasión del Señor está el del sueño de los tres apóstoles, Pedro, Santiago y Juan, en el huerto de los olivos mientras Jesús sufre terriblemente su agonía. El Seños les había pedido que “velarán” y de acompañándolo, pero en vano. Fueron vencidos por el sueño como sucede cuando los instintos de la “carne” se imponen sobre los deseos del “espíritu”. Jesús les llama la atención y los regresa a la realidad. Cuando despierta a Pedro simplemente hace una observación sobre el sueño: “¿Simón, duermes? ¿No has podido velar una hora? Velad y orad para que no entréis en tentación; el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil” (Mc 14, 37b-38).

“¡Velad! No basta rezar, es necesario vigilarse uno mismo: los propios pensamiento, emociones, sentimientos, instintos, deseos, etc., porque los hombre están siempre listos para “descender” del plano espiritual al puramente material haciendo que el discípulo de Cristo “resbale” en comportamientos meramente mundanos que no tienen nada que hacer con el “espíritu”. Uno no puede confiar demasiado en el propio corazón de carne porque, como dicen las Escrituras, “es difícil de sanar” (Jer 17, 9). Es necesario mantener constantemente el difícil equilibrio entre el espíritu y la materia, entre el cuerpo y el alma, entre las exigencias de uno y otro, dando siempre precedencia al espíritu, ya que, como dice Jesús, “la carne es débil” y si no está sujeta al espíritu lo arrastra hacía la tierra.

El discípulo debe caminar mirando siempre al Señor, para no verse prisionero de los propios instintos, como quién no quiere levantar la cabeza para dejarse impresionar por el azul del cielo, para respirar la fragancia de la Pascua. El cristiano debe vivir siempre un continuo éxodo de si mismo para conformarse a Su Redentor, imitándolo.

En uno de sus admirables comentarios a la Pasión de Cristo, el Papa San León Magno afirma: “El pueblo cristiano está invitado a participar de las riquezas del paraíso. Para todos los bautizados la puerta para regresar a la patria perdida está abierta, al menos que uno no quiera excluirse a sí mismo de ese camino, que incluso se abrió también a la fe del ladrón. Procuremos que las actividades de la presente vida no produzcan en nosotros demasiada ansiedad o demasiada presunción al punto de anular el compromiso de conformarnos con nuestro Redentor, a través de la imitación de sus ejemplos. De hecho, Él no hizo o sufrió nada sino fue por nuestra salvación, para que la virtud, que era de la Cabeza, fuera también poseída por el Cuerpo...”.

Los apóstoles, como nosotros, se hunden en lo “bajo” porque no estaban vigilando, se dejaron dominar por los instintos de “supervivencia” frente a lo que humanamente hablando era una desgracia: ¡la Pasión! Sin embargo una desgracia relativa pues era preludio de un triunfo absoluto, también anunciado por Jesús: el triunfo de Su Resurrección: “El Hijo del Hombre será entregado en manos de los hombres y le matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará” (Mc 9, 31).

La razón de la crisis de fe que atraviesa el mundo cristiano es la misma de siempre: la falta de vida interior, es decir, de una vida espiritual en la que la materialidad de la existencia humana este sometida a la neta superioridad del Espíritu. Cuántas veces el Señor les había recomendado a sus discípulos: “Mi Reino no es de este mundo” (Jn 18, 36), “no sois del mundo” (Jn 15, 19). El reino de Dios no puede apoyarse en lo que es terreno pues es inminentemente espiritual. Cuántas veces el Señor ha declarado la superioridad del alma sobre el cuerpo, del espíritu sobre el mundo: “¿de qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero y perder su alma?” (Mc 8, 36).

Permanecer vigilantes significa mantener la absoluta prioridad de la relación del alma con Dios, porque ¡“Dios es Espíritu” (Jn 4, 24), no es materia! “Dios se ha hecho uno de nosotros para hacernos como Él”, si nosotros así lo queremos, si acogemos sus mandamientos. “Estas cosas les he hablado, para que Mi gozo esté en ustedes, y su gozo sea perfecto” (Jn 15, 11). Jesús habla de una alegría espiritual, que penetra el alma y la llena de sentido, una alegría que los sentidos de la carne, apesadumbrados por el pecado, no son capaces ni de entender ni de percibir, es por eso que es necesario renegarlos, someterlos al Espíritu.

El Santo Padre Benedicto XVI ha recientemente amonestado sobre la amenaza de la “secularización”, que se da también al interior de la Iglesia: “La secularización no solo es una amenaza externa para los creyentes, sino que se manifiesta desde hace tiempo en la misma Iglesia. Desnaturaliza desde el interior y en profundidad la fe cristiana, y por lo tanto, el estilo de vida y comportamiento cotidiano de los creyentes. Estos viven en el mundo y están marcados, si no condicionados, por la cultura de la imagen que impone modelos e impulsos contradictorios, en la negación práctica de Dios: no hay más necesidad de Dios, de pensar en Él y regresar a Él. Además la mentalidad hedonística y consumista predominante favorece, en los fieles como en los pastores, una desviación hacia la superficialidad y un egocentrismo que daña la vida eclesial” (Benedicto XVI, Audiencia para la Plenaria del Pontificio Consejo para la Cultura, 8 de marzo 2008).

Uno se adormece, en vez de hacerle compañía a Jesús, cuando uno se deja condicionar por el mundo, circunscribiendo a este la felicidad, dañando el espíritu, como dice san Pablo: “Pues las tendencias de la carne son muerte; mas las del espíritu, vida y paz, ya que las tendencias de la carne llevan al odio a Dios. Mas vosotros no estáis en la carne, sino en el espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros” (Rm 8, 5ss). La Pasión de Nuestro Señor sería vana si no nos decidiésemos a vivir “según el Espíritu”. ¡Qué la Madre de Dios pueda tener el gozo, en esta Pascua, de acompañar hacia el Señor a tantos discípulos convertidos a Él! (Agencia Fides 12/3/2008; líneas 64, palabras 1033)


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REDACCIÓN DE “IGLESIA NIVARIENSE

C. San Agustín, nº 28

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BOLETÍN 276 

 

 

La Delegación de Familia y Vida celebrará el próximo sábado, 15 de marzo, a las 16:00 horas, en la Casa de la Iglesia, una jornada de reflexión dirigida a cuantos participan en la celebración de Cursillos/Encuentros Prematrimoniales. En la misma, se abordarán cuestiones relacionadas con la metodología, situación actual de los miembros, objetivos y dificultades y se compartirá en mesas de trabajo.

 

La delegada general de la Unión Eucarística Reparadora (UNER), María Esther Herrero ha estado recientemente en Tenerife para visitar a los grupos de este movimiento presentes en nuestra isla. Asimismo, participó junto con varios militantes en un encuentro de dinámica eucarística.

 

 

Durante esta semana se han inaugurado y bendecido diversas infraestructuras pastorales, como el complejo parroquial de S. Miguel y la Chacona; el complejo y templo del Tablado en Güímar y el de las Chumberas.

 

 

Igualmente, se reabre este sábado el templo de Playa Santiago, en La Gomera, tras las obras de mejora en su cubierta, pisos, etc.

 

En la Casa de la Juventud se desarrolló una reunión de todos los coordinadores arciprestales de este sector pastoral a fin de avanzar en la preparación del próximo encuentro diocesano a celebrar el 4 y 5 de abril. En la página web:juventudnivariense.es pueden encontrar el material preparatorio del mismo.

 

 

El obispo emérito, Damián Iguacen, ha pregonado la Semana Santa de la capital tinerfeña en la parroquia de S. Francisco. Iguacen se preguntó si nosotros también hemos puesto nuestra mano para condenar a Jesús haciendo un repaso por los tribunales que lo juzgaron.  Igualmente señaló que su Pregón querría ser "un toque de atención" porque "con Dios se suele ser olvidadizo".

 

 

 

Popular TV-Canarias emite en directo, comenzando por este domingo de Ramos, las principales celebraciones desde la Sede Catedralicia de La Laguna. Igualmente, cada noche pondrá en antena su tradicional espacio “Semana Grande”.

 

Por otro lado, COPE Tenerife y La Palma, emiten entre el lunes y el miércoles santo, a las 18:00 horas, su programa especial: Palabras de Vida. El mismo incluye las tradicionales reflexiones para enfermos que promueve el departamento de pastoral de la Salud. También la COPE emite en directo, el Martes Santo la llamada Misa Crismal.

 

 

Por otra parte, el Jueves Santo, día 20 de Marzo, a las 22´00h  se transmitirá a través de Radio María y para toda España, la Hora Santa de Adoración ante el Monumento desde la Parroquia de San Bartolomé Apóstol, en Tejina.

 

 

Han continuado celebrándose estos días diferentes conciertos de música sacra en distintas islas con ocasión de un ciclo promovido por Cajacanarias. El sur de Tenerife, concretamente el municipio de Güímar, disfrutó  del último concierto que se realizará en la Isla, dentro del III Encuentro de Música Religiosa organizado por la Obra Social y Cultural de CajaCanarias, en colaboración con las Diócesis Canariense y Nivariense, y la Junta de Hermandades y Cofradías.

 

Miembros de la Cofradía de la Santa Pasión presentaron a la comunidad el programa de Cultos, de la Semana Santa 2008 en la Guancha. El mismo viene ilustrado con bellas instantáneas de procesiones anteriores y fotografías de nuestras imágenes de la Pasión. Destaca el escrito del obispo Diocesano “¡Es Semana Santa! Acuérdate de Jesucristo Resucitado”. También se encuentran en él las palabras del párroco y de la señora Alcaldesa llamando a una participación activa.

 

Unas doscientas personas participan este sábado, a partir de las 21. horas, en la representación de la Pasión que organiza la parroquia de S. Pedro de Güímar. Otro tanto sucederá en el barranco de S. Juan en Tacoronte. El miércoles Santo un acto similar tend