Mi?rcoles, 09 de abril de 2008


Oración enviada con materiales para celebración de la Pascua del Enfermo 2008.

Ante el duelo, 
abiertos a la esperanza

 

Gracias, Dios mío, gracias Dios bueno.

 

El amor incondicional de las madres me ayuda a conocerte,
a confiar en ti, a vivir agradecido por tanto bueno.

 

Gracias por ser la fuente buena y abundante de tanta vida, de toda vida.
Gracias por tanta belleza como has sembrado en todo.
La vida no me alcanzará para admirarla y agradecerla.

 

Gracias porque, a pesar de tanta limitación que nos envuelve,
nuestra vida no es un caminar hacia la nada y el sinsentido.
Tú, el sembrador, has sembrado semillas de plenitud
y de triunfo en cada uno de tus hijos, en mí y en los demás.
Cuando te miro y me miro con esta fe

mi corazón se ensancha y se regocija sin límites.

 

Gracias, Jesús,


Por ser el humano en quien hemos visto, y seguimos viendo,
al Padre que nos ama y nos cuida.

Gracias porque de ti, como de El,

sale una fuerza poderosa de paz y de concordia,

de salud, de esperanza y de vida,

que revitaliza y rejuvenece hasta lo más herido y viejo.

 

Gracias por contar con nosotros para hacer de este mundo viejo
en el que hay tanto dolor y muerte,

el mundo nuevo que el Padre quiere para sus hijos,

y en el que sólo habrá amor, vida y alegría.

¡ ¡Y para siempre!! ¡ ¡Y para todos! !

Me siento muy contento de ser una hormiguita

que aporta su granito de arena para construir esa bella montaña.


Gracias Espíritu Santo, Espíritu de Jesús.


Tu presencia y tu fuerza me ayuda a seguir en este camino.


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