martes, 15 de abril de 2008

Extracto de DOSSIER FIDES que trata sobre "EL MAPA DE LA IGLESIA CATOLICA  EN LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA" publicado con motivo de la visita del papa. Abril 2008.

LA IGLESIA CATÓLICA
EN LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA 

        
La historia de los Estados Unidos de América es complicada, y a menudo, contradictoria, ya que encierra en pocos siglos descubrimientos, exterminios, colonización, emigración, exclusión, libertad, segregación. El análisis no se presenta fácil, en un país en el cual las complejas vicisitudes reflejan una realidad política y social única y merece una evaluación atenta, sobre todo, por el rol que este país tiene hoy en el panorama mundial. La historia de las emigraciones y de las colonizaciones en el nuevo continente, y particularmente en América del Norte, está relacionada también con el arraigarse y el difundirse de las religiones, proceso que en cierta manera, la ha inspirado y del cual ha sido necesariamente influenciada. En este sentido, es interesante comprender con cuales modalidades y según cuales transformaciones, en un territorio tan difícil, se ha insertado y se ha reafirmado la religión católica, que actualmente es la confesión con un porcentaje del más del 25% de practicantes entre su población. Alcanzar estos resultados ha sido posible gracias a una cuidadosa obra de evangelización que se ha distinguido, en estos territorios, en el respeto por el otro, el ser humano con sus indiscutibles diferencias culturales, sociales y geográficas de pertenencia. Con tales características, y a pesar del   tejido todavía arduo y siempre en movimiento, la Iglesia católica puede hoy confirmarse entre las comunidades religiosas más consistentes del continente norteamericano.

 

         Fue en la época colonial que el catolicismo comenzó a difundirse en aquel territorio que hoy llamamos Estados Unidos de América, antes de que se constituyera como nación: inicialmente llegó en el siglo XVIII con exploradores y colonizadores españoles, sobre todo a la actual Florida y al sudeste del país; pero fueron las sucesivas ondas migratorias las que dieron el impulso más imponente a la religión católica en aquellas tierras. En un período que va desde finales del siglo XVIII hasta los inicios del siglo XX, el más relevante desplazamiento de poblaciones católicas fue el dirigido por Europa hacia las Américas, empujando cada vez más hacia el oeste la frontera de la colonización.

 

         La maciza inmigración de católicos escoceses, irlandeses y alemanes estaba documentada ya desde finales del siglo XVIII, pero en la segunda mitad del siglo XIX otras poblaciones católicas cruzaron el océano, provenientes de Europa occidental y meridional (polacos, italianos, portugueses). En aquellos años, también llegaron núcleos de católicos, particularmente del rito oriental, del Cercano Oriente y del imperio ruso y austro-húngaro. Y en un contexto tan variado, estas religiones se distinguieron enseguida por su impronta de tolerancia, ante todo, si se compara con las primeras colonias inglesas y su extremismo protestante. En estas circunstancias, la obra de evangelización tuvo que proceder sobre caminos a menudo difíciles, durante los cuales las minorías católicas tuvieron que soportar – junto a otros – racismo y segregación, ya que la identidad protestante del país se sintió amenazada por los católicos, hebreos y negros liberados.

        

         Hoy el mundo ha cambiado profundamente, y el proceso de globalización en acto, aún mostrando su veste cultural rica y multiforme, facilmente puede generar incertidumbre en el plano social, político y económico. Pero partiendo de los orígenes, lo que llama la atención es justamente que la historia de Estados Unidos -aquí sólo brevemente presentada-, ha favorecido el nacimiento, en ese mismo país, de tantas luchas por los derechos humanos y por la libertad, por la justicia social y la igualdad de los pueblos, dejando que la continuación de la historia se encuentre escrita entre las líneas de aquellas mismas luchas, a veces impregnadas de dolor y de sangre. De todos modos, no hay que olvidar que paralelamente al proceso de los derechos humanos por la libertad nace y en algunos casos crece, la semilla de la intolerancia, de entrada religiosa, pero que puede encubrir intereses relacionados a la hegemonía económica. Nada de nuevo, dado que a lo largo de los siglos fueron muchos los procesos económicos y de poder que las ideologías han astutamente enmascarado.

Sin embargo, si es verdad que cada cambio político e histórico se da en el ámbito de la cultura, el crecimiento del fundamentalismo religioso se confirma hoy como una clara señal de la importancia y del rol en la actualidad de estos cambios. Buscar una respuesta o un camino factible para afrontar el problema, no significa sin embargo refugiarse en los mínimos particulares, o proclamar univocamente la fuerza de la identidad singular, de las propias virtudes. La necesidad que se manifiesta es más bien aquella de dar inicio a un verdadero proyecto caracterizado por una “búsqueda ética”, un propósito que se inspire en comprender – en la doble acepción del comprender, como entender y como acoger a sí- cuánto de las propias raíces se puede poner a disposición del otro, en comunión con el otro, convencidos de que para desarrollar la propia “humanidad” sólo nos podemos basar en un proceso de apertura hacia el prójimo, único camino para construir bases universales y trabajar juntos para el bien común.

 

         Estados Unidos de América es una nación que ha apoyado sus propios fundamentos políticos y constitucionales sobre el principio de la libertad así entendida, volviéndose por esto también más vulnerable, como lo han demostrado los eventos del 11 de septiembre. ¿Pero se puede imaginar que en esta fragilidad el país pueda encontrar su fuerza, sin prescindir de aquel componente esencial de la propia identidad cultural que se podría creativamente definir como “cultura de diferencias”? Quizás como un evento que es también simbólico, más allá del dramático inolvidable tributo de muerte y desesperación: un evento de gran poder simbólico para los Estados Unidos y para el mundo entero. Pareciera de hecho que los ataques han revelado cuanto de negativo es endémicamente producido por nuestra sociedad, que vive su profunda “crisis de significado”, pero en la cual el terrorismo se presenta como un veredicto, una condena que el mundo pronuncia sobre si mismo.

 

La revelación es repentina, absurda, como repentino y absurdo es el impacto visivo del evento, y sin embargo, el evento mismo esclarece las circunstancias que lo han producido, y al mismo tiempo ilumina los pasos futuros: si el objetivo era lograr un cambio, podríamos considerarnos en la encrucijada decisiva, por que la crisis es siempre apertura, brecha, herida. Y si es verdad que Estados Unidos tiene un rol fundamental en este recorrido, con la verdadera crisis de significados que caracterizan los tiempos presentes, la posición de este país se revela decisiva también en el ámbito de la fe profesada por la población que lo habita, con una apertura al diálogo en el respeto de la laicidad del Estado, y de los Estados. Es por esta razón que en el actual panorama, la misión de la Iglesia católica en los Estados Unidos de América es un elemento muy importante desde el punto de vista religioso, social y político.


Publicado por Desconocido @ 22:57  | Noticias de religión
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