Domingo, 20 de abril de 2008


No tengas miedo,
yo estoy contigo
para librarte.
(Jeremías, 1, 8)


Ay, Señor, me duele el cuerpo,

v me duele también el alma.

Los años y la enfermedad

me están hiriendo en lo más hondo de mi ser.

El dolor, los miedos, el no saber qué va a pasar

se está convirtiendo en una loza pesada

que amenazan mi alegría y mis ganas de vivir.

Es como un terremoto, como un temporal,

que no deja nada en su sitio.

 

Pero yo necesito sentirme seguro,

saber que luchar merece la pena.

Necesito encontrar la paz y la confianza.

 

Por eso me conforta tanto cuando, en el temporal,

mientras los apóstoles temen hundirse,

tú duermes en paz, en la popa del mismo barco.

 

Hoy grito, y creo, que tú estás en mi barca,

que en el temporal de mi vida no estoy solo,

y que compartes conmigo mi carga.

 

Hoy quiero oírte decir: "no tengas miedo. soy yo".

Hoy te pido que me des tu paz y tu confianza,

ésa que te hacía dormir tranquilo en el temporal.

Hoy te ruego que no te bajes nunca de mi barca,

Porque, sin ti, el miedo y la duda me hundirían.

 

Ven conmigo, Jesús resucitado,

ayúdame a ponerme en las manos del Padre

con la confianza de un niño, como hiciste tú.

 

 Señor, Tú eres mi pastor.

Tú me cuidas como a la niña de tus ojos.

 

Por eso sé que nada me falta

que nada ni nadie podrá conmigo.

 

Tú me conduces a las fuentes tranquilas

de la confianza y de la paz.

 

Y yo, como un niño pequeño,

me siento seguro en tus manos.

 

Tú me guías por el mejor camino:

Por el camino que lleva a la Vida

y a la plenitud de la alegría.

 

Porque me amas,

como una madre ama a su hijo.

Aunque camine por esta cañada oscura

que es la enfermedad y el sufrimiento,

no tengo miedo porque sé que Tú vas conmigo.

 

Y confío que tu amor me salvará.

 

Siento que tu bondad y tu misericordia

me acompañan ahora, y en todo momento.

 

Por eso, te doy las gracias

Y confiadamente me pongo en tus manos.


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