Entrevista a Fernando Giménez, Vicesecretario para Asuntos Económicos de la CEE, publicada en el Boletín "xtantos" MARZO 2008, recibido para su difusión con los materiales para la campalña de concienciación sobre el sosteniemiento de la Iglesia en España.
El valor de un gesto
BENJAMÍN ROMERO
Fernando Giménez Barriocanal fue elegido por la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Vicesecretario para Asuntos Económicos, hace cerca de dos años. Es profesor y Decano de la Facultad de Ciencias económicas y Empresariales de la Universidad Autónoma de Madrid, está casado y tiene cinco hijos. Él conoce, como pocos, la economía de la Iglesia. Lleva en la Conferencia Episcopal cerca de 20 años en estos temas. Nos da su opinión sobre el sostenimiento económico actual de la Iglesia y el futuro del mismo.
-Pregunta: La financiación de la Iglesia en estos momentos: ¿de qué y de quién depende? -Respuesta: La financiación de la Iglesia depende de la voluntad de aquellos que quieren colaborar con la Iglesia, es decir de los fieles, de los católicos y también a través de la declaración de la renta de aquellas personas que aprecian la labor de la Iglesia.
-P: ¿Qué supone para la Institución eclesiástica poner la X cuando un sujeto se enfrenta a la declaración de la renta?
-R: Supone que de cada 1.000 euros que en teoría tendría que pagar, siete van a ir destinados a la labor de la Iglesia católica. Esto supone al cabo del año 150 millones de euros, de esta manera se cubre casi un 25 por ciento de las necesidades ordinarias de las diócesis españolas.
-P: A parte de la financiación a través del IRPF, ¿qué otros fondos tiene la Iglesia para su financiación?
-R: La mayoría de los fondos de los que dispone la Iglesia dependen de las aportaciones directas de los fieles. Más de un 70 por ciento de los recursos propios de la Iglesia provienen de las aportaciones, ya sean las colectas, también gracias al fomento de las suscripciones periódicas de las personas que deciden, a través de un recibo, que una parte de su dinero vaya destinado a favor de la Iglesia Católica. Sólo un pequeño porcentaje deriva de los fondos propios de la Iglesia.
-P: A lo largo de la historia la financiación de la Iglesia ha sufrido muchos cambios. ¿Este formato con el que se financia la Institución Católica va a cambiar en los próximos años?
–R: El futuro es difícil de prever. Es verdad que hubo una primera parte donde la Iglesia participó básicamente de las aportaciones de los fieles mediante herencias y demás. En el siglo XIX se produce la desamortización y por lo tanto la pérdida de todos los bienes que tenía la Iglesia Católica. Más adelante se sustituyó por un sistema de colaboración directa del estado; finalmente con la firma en el año 1979 ya con un estado aconfesional y con vigencia de la Constitución, se estableció un sistema de colaboración del estado. Ahora mismo se acaba de modificar; la Iglesia sólo recibe lo que los contribuyentes deciden, no existe un complemento por parte del estado y esto es lo que hemos venido desarrollando en los últimos años, crear, en la medida de lo posible, un camino donde la Iglesia pueda obtener los recursos necesarios para su financiación. El futuro está en el aire, lo que sí que es verdad es cada día más la financiación depende de los fieles, de los católicos y de todos aquellos que valoran la actividad de la Iglesia.
-P: ¿Cómo se podría hacer un llamamiento al resto de personas no católicas, pero que sí creen en la labor que realiza la Iglesia Católica y que con su aportación pueden ayudar considerablemente la labor de la Institución eclesiástica?
-R: La Iglesia hace una labor estrictamente pastoral de anuncio de la buena noticia y de vivencia de la Fe, es una labor interna de la Iglesia. Pero todo lleva a desplegar una inmensa labor en beneficio de la sociedad. Hay que pensar en todos los colegios, de los que son beneficiarios muchas personas, que en muchas ocasiones, no son católicas. Hay que pensar en toda la labor social que se desarrolla directamente por la diócesis o a través de instituciones tan importantes como Cáritas o Manos Unidas. Aquellas personas que no son católicas pero que aprecian la inmensa labor a favor de los más necesitados: en las cárceles, en los pobres, de reinserción de tantos colectivos que socialmente están poco protegidos. Esa labor es muy valorada en toda la sociedad por tanto, creo que es lógico que aquellas personas que aun no siendo católicas, sean conscientes de la inmensa labor que llevan a cabo las instituciones de la Iglesia y colaboren con nosotros, ya sea marcando la X en la Declaración de la Renta o con otras vías como suscribirse para otras actividades.
-P: ¿Puede cambiar el modelo de financiación dependiendo del partido que gobierne en España?
-R: Yo creo que no. Hay un acuerdo internacional suscrito entre dos estados con un apoyo masivo del Parlamento. La Iglesia siempre trabaja en régimen de colaboración que es lo que marca la Constitución española con los pode-res públicos, por tanto ya sea el gobierno que se encuentre en el poder en los próximos cuatro años, es obligación de ambas partes llegar a acuerdos. No creo que se produzcan grandes cambios en los años venideros, si bien, el futuro está por venir.
-P: ¿Se podría hacer mejor?
-R: Todo se puede hacer mejor, sin duda alguna. Yo creo que todo es mejorable y en ese sentido nosotros estamos en permanente comunicación tanto con el Ministerio de Economía y Hacienda como con otros para mejorar los sistemas de Declaración de la Renta. Queremos mejorar el sistema para que todo el mundo que quiera, pueda asignar una ayuda a favor de la Iglesia Católica y en ese sentido cada año se introducen algunas mejoras para beneficiar tanto a las Instituciones Católicas como al fiel que necesita de ellas.
-P: Como responsable de Economía de la Conferencia Episcopal: ¿Qué deseo tiene para conseguir una financiación exquisita para la Iglesia durante los próximos años?
-R: Nuestro máximo objetivo sería el de conseguir informar a toda la sociedad sobre la realidad de la Iglesia y concienciar a todas las personas que así lo deseen que entre todos tenemos que sostener a la Iglesia. Estoy absolutamente convencido que si somos capaces de dar esa información y concienciar que el tema de la economía no es un tema tabú, daremos entre todos un paso fundamental para que la Iglesia consiga por sí misma los recursos que necesita para su sostenimiento.

