jueves, 03 de julio de 2008

Colocamos las palabras de despedida y agradecimiento de un profesor de Religión en el IES "Lucas Martín" de Icod al llegar la edad de la jubilación por la edad.

PALABRAS DE GRATITUD Y DE DESPEDIDA
DEL PROFESOR DE RELIGIÓN
AL JUBILARSE POR LA EDAD

 

Sr. Inspector de Zona,  Director, compañeros, compañeras y antiguos compañeros,

 

En este año de 2008 he alcanzado la edad de 65 años, la edad tradicional del retiro. He permanecido desde hace treinta años cumpliendo mi misión de profesor de religión y moral católica de forma continuada en el Instituto Lucas Martín  por encargo directo del entonces obispo Don Luis Franco Cascón, reiterado año por año por los tres obispos siguientes a través de sus delegados hasta la situación actual de “Personal Docente Fijo” (Cuando me toca dejarlo).  Con San Pablo, puedo decir que “el tiempo de mi partida ha llegado… He terminado la carrera, he mantenido la fe” (2Tim 4, 6-7),  aunque mi trabajo no esté todavía totalmente terminado y el fin queda a la hora de Dios. Pero por la jubilación seré libre de las responsabilidades de profesor. No obstante continuaré mi viaje en el ministerio sacerdotal en las parroquias de El Dulce Nombre de Jesús y de San José.

 

Al llegar a este momento doy gracias a Dios por el bien que he recibido durante todo este tiempo tanto de alumnos como de compañeros profesores.

 

Gracias al  Sr. Director del centro por sus cordiales palabras hacia mi persona. Gracias a todos y cada uno de los compañeros profesores o profesoras con los que he compartido la tarea de la enseñanza,  especialmente a los compañeros de mi departamento. Juntos, hemos intentado trabajar en esta parcela de la viña del Señor; de todos he aprendido mucho. Un recuerdo agradecido para Sotero Álvarez, Francisco Garrido y para Rosi Álvarez, fallecidos, con los que mantuve largos ratos de charla. Doy las gracias también a los diversos equipos directivos,  al personal de administración, a las personas responsables del bar, al personal de servicio técnico, fotocopiadora, conserje y limpieza. A todos he ocupado en alguna ocasión y todos han respondido prontamente. Agradecimiento especial en nombre de la Iglesia Diocesana a los padres que aún siguen pidiendo la clase de religión para sus hijos.

 

Durante estos treinta años he procurado ser profesor y sacerdote o sacerdote-profesor. Es verdad que una de las tareas del profesor es trasmitir conocimientos o procurar que los alumnos lleguen a un determinado nivel de conocimientos pero en mi persona ha sido imposible desvincularla de mi vivencia y experiencia personal y sacerdotal. Estoy convencido que en el caso del profesor de religión, y me atrevo a afirmar también de las demás áreas, lo que se enseña  debe ir unido a la vida. Se hizo famosa en tiempos pasados la frase conocida por todos: “El mundo más que maestros necesita testigos y si acude al maestro es por lo que tiene de testigo”.  Es decir,  el profesor debe suscitar admiración no por lo que dice sino cómo  lo vive.

 

Recientemente el actual Papa Benedicto XVI ha recordado: “Una auténtica educación [...] necesita sobretodo de esa cercanía y esa confianza que nacen del amor: pienso en la primera y fundamental experiencia del amor que tienen los niños, o al menos deberían tener, con sus padres. Pero cada verdadero educador sabe que para educar tiene que dar algo de sí mismo y que sólo de esta manera puede ayudar a sus alumnos a superar los egoísmos y a hacerse a su vez capaces de un auténtico amor”.


Creo que no está fuera de lugar el traer aquí lo que decía ese gran educador de los jóvenes necesitados y en riesgo Don Bosco que la educación es “cuestión de corazón”, recuperando la centralidad de las relaciones interpersonales. Porque el centro de la educación está en la persona. La educación es más excelente cuanto más se realiza de persona a persona.

La educación es mucho más que un almacenamiento de conocimientos ordenados y estructurados, y ustedes lo saben mucho mejor que yo,  les he oído muchos años en los equipos educativos;  es también el descubrimiento de las aptitudes de cada estudiante y la potenciación de aquellas actitudes que le servirán para desenvolverse en la sociedad.

 

Por otro lado no he olvidado que mi misión era de profesor de religión y moral católica y que, como ha dicho recientemente el arzobispo de Valencia, “el educador católico crece en el sentido de su misión cuanto más crece su amor por Jesucristo, cuanto más cuenta con la Iglesia para descubrir la profundidad de ese amor, para incorporar las virtudes de Cristo. Este crecimiento impide que el auténtico educador viva dividido, con una conducta en el trabajo, otra en el hogar y otra en la vida pública y social”

 

A lo largo de estos treinta años me he sentido muy feliz en medio de los adolescentes y jóvenes porque a través de la enseñanza se me ha dado la oportunidad de contribuir a su formación integral. Como también se me ha dado  la oportunidad de educar en los alumnos otras dimensiones de la persona, de contribuir a que sean  hombres y mujeres de bien, leales, generosos, magnánimos, cumplidores de los compromisos.

 

Cuánto han cambiado las cosas en estos años y cómo entran e influyen las modas en estas edades: son hijos de su época. Cuánto esfuerzo para estar a la altura del momento presente, para salir al paso, para iluminar… Desde la época de la proliferación de los movimientos juveniles donde se encontraban en las clases chicos y chicas que se tomaban muy en serio su vivencia cristiana hemos pasado a un relativismo donde todo se cuestiona, donde no hay verdades objetivas, donde las leyes me las pongo yo, donde lo bueno es lo que me hace feliz y lo malo es lo que me desagrada… Cómo les gusta “pelear” en determinados temas con el profesor de Religión aún sabiendo de antemano la respuesta que les va a dar.  Pero qué nobles son los alumnos: Todo queda en esa clase. Les digo a ustedes que “este es el mejor de los tiempos, porque este es su tiempo y nuestro tiempo”.  Dentro de todo esto hay algo muy positivo y esperanzador: los temas de Dios, de Jesús de Nazaret, de la Iglesia, el testimonio de tantos hombres y mujeres que dedican su vida a la causa del Evangelio les siguen interesando.

 

El hecho de tener una hora o dos por grupo, agudiza el esfuerzo.  Cada día es imprevisible. Desde temprano habrá que pulsar  F1 y abrir ventanas. Cada nivel distinto y, dentro del mismo nivel, cada grupo: Un bachillerato, un primero de Eso, un cuarto, un segundo… el viernes a última…  ¡Habrá que mantenerse joven por obligación! ¡Cuánto tiene que agradecer un docente la salud!

 

Expreso mi satisfacción al oír que en los últimos diez años muchos alumnos digan “Ud. le dio clase a mi padre o a mi madre, o a mi tío…” o al recibir el saludo afectuoso de esos mismos padres.  No sé si esto será recoger el fruto pero para mí constituye lo de menos valor,  lo importante ha sido haber podido “sembrar” porque  “en realidad, dice la Escritura, el salario lo llevaba mi Dios”.

 

Por eso al llegar hasta aquí y mirar hacia atrás ojalá pudiera exclamar con el evangelio “he sido un pobre siervo, he hecho lo que tenia que hacer”, sería la mejor recompensa.

 

Por último, un ruego: En un pueblo como el de Icod, tan amante y lleno de tradiciones, que no se pierda la tradición de la confección de los Belenes. Bien encausada y tratada con dignidad es una actividad propia de coordinación de áreas: Literatura, Historia, Dibujo, religión… He sido testigo del interés de los alumnos por ser originales y por tratar de iluminar los acontecimientos del mundo actual, formas de vivir, problemas sociales, etc.  con el acontecimiento fundamental de la fe cristiana.

 

Gracias

 

Sebastián García Martín

 

Icod de los Vinos, 27 de Junio de 2008 


Publicado por Desconocido @ 7:53
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