Viernes, 19 de septiembre de 2008

Los Obispos de la Provincia Eclesiástica de Durango (Durango, Mazatlán, Torreón y El Salto) emiten después de la Primera Reunión Provincial un Mensaje en el que denuncian especialmente el clima de violencia e inseguridad que se va extendiendo por la provincia y por todo el país.

 


MENSAJE DE LOS OBISPOS DE LA PROVINCIA DE DURANGO

  

Los Obispos y presbíteros, pastores de las Iglesias particulares que forman la Provincia Eclesiástica de Durango, reunidos en Mazatlán, Sin., con motivo de la Primera Reunión Provincial de nuestros presbiterios, saludamos cordialmente a las comunidades diocesanas de Mazatlán, Torreón, El Salto y Durango, y a las personas que, sin tener nuestra misma fe cristiana, comparten con nosotros profundos sentimientos de preocupación ante la lamentable situación de violencia e inseguridad que golpea nuestra nación, y particularmente a los estados que integran nuestra Provincia.

 

Nuestro saludo se hace oración por quienes han sufrido en su persona o en su familia, las consecuencias de las adicciones, incluyendo la muerte de alguien cercano. Y junto con ellos, saludamos a sus familiares y amigos, a quienes sufren la soledad, la viudez o la enfermedad a consecuencia de la inseguridad, de los secuestros y de la violencia que se extiende por los pueblos y por las ciudades de nuestra Provincia Eclesiástica.

 

Con ojos y corazón de pastores, queremos ver la realidad de violencia e inseguridad que golpea a la sociedad. Esta realidad es como un libro abierto que debemos aprender a leer.

 

La violencia, la inseguridad, los secuestros, los “levantones” y el narcotráfico, son hechos que parece van adquiriendo carta de ciudadanía en la sociedad, con el riesgo de llegar a ser considerados como algo ordinario y normal, perdiendo la capacidad de asombro e indignación.

 

Las luchas que antes eran entre bandas del crimen organizado han empezado a orientarse hacia la sociedad civil. Lamentamos el reciente atentado realizado la noche del 15 de septiembre en la ciudad de Morelia, Mich., en donde se perdieron vidas inocentes. De la misma manera, mientras nos encontramos reunidos, con dolor recibimos la noticia de que en Durango habían sido ejecutadas tres personas ampliamente conocidas en el estado.

 

Hemos visto correr sangre a lo largo y ancho del país. Este dolor lo sufrimos en carne propia porque ha dañado a nuestro pueblo y a nuestras familias; ha atentado contra lo más sagrado que es la misma vida.

 

La problemática de la droga es como una mancha de aceite que invade todo, no reconoce fronteras ni geográficas ni humanas (cfr. Documento de Aparecida 422). Su comercialización se ha hecho algo cotidiano en la sociedad. (cfr. Idem. 424)

 

Los pastores de la Provincia de Durango, con gran preocupación, vemos que se van afectando las familias y el tejido social por causa de la violencia. La situación geográfica de nuestra Provincia Eclesiástica, ubicada en una zona especialmente codiciada por las bandas del crimen organizado, nos impulsa a proclamar con firmeza y confianza la Buena Nueva de la dignidad humana ofrecida por Jesucristo el Señor.

 

La pobreza y marginación, la existencia de escandalosas desigualdades sociales y económicas, la corrupción y la impunidad, así como el abandono de los más pobres por parte de las distintas instituciones, incluida la Iglesia, se encuentran en el fondo de la realidad de violencia e inseguridad que estamos viviendo.

 

La realidad de violencia e inseguridad son los síntomas de la descomposición social que se empezó a gestar hace ya mucho tiempo y ante la cual, en su momento no tomamos las medidas pertinentes y oportunas.

 

Lamentamos que se vaya generalizado una cultura de desconfianza hacia las personas que manejan las instituciones y las políticas gubernamentales y que la población no tenga la formación adecuada para vivir de frente a esta nueva y dolorosa realidad.

 

Reconocemos los esfuerzos realizados por la sociedad civil que se ha expresado de distintas formas, así como el empeño que han puesto las autoridades de los distintos niveles de gobierno para responder a esta realidad de violencia e inseguridad. Con esperanza recibimos los 75 compromisos que forman parte del Acuerdo Nacional por la Seguridad, Justicia y Legalidad, resultado de la Reunión del Consejo Nacional de Seguridad Pública, convocada por el Presidente de la República y realizada en la Ciudad de México con la participación de los Gobernadores de todos los estados de la república, así como de representantes de los Poderes Legislativo y Judicial y de Organizaciones Sociales.

 

La Iglesia asume también su responsabilidad en la parte que nos corresponde en estos acuerdos. Nos comprometemos a seguir invitando a la conversión y a la perseverancia en la vida cristiana. Asumimos nuestra tarea de recuperar los valores formando a la persona en una conciencia recta, ofreciendo el Evangelio como proyecto de humanidad

 

Pero también, conscientes de que enfrentar esta dolorosa realidad es responsabilidad de todos, cada persona debe asumir su propia tarea. Así, cada individuo debe “promover una mentalidad nueva de paz, cada hombre y mujer, no importa su puesto en la sociedad, puede y debe asumir realmente su parte de responsabilidad en la construcción de una paz verdadera, en el ambiente donde vive: familia, escuela, empresa, ciudad”. (Juan Pablo II. Mensaje de la Jornada Mundial de la Paz en 1981)

 

A todas las personas involucradas en la violencia les exhortamos a pensar bien las cosas y abandonar el mal. En la Iglesia católica hay un lugar para que vuelvan al camino de los hijos de Dios. A quienes participan en actividades vinculadas con el narcotráfico y la violencia, les exhortamos a que se arrepientan y cambien de vida. Dios que es compasivo y misericordioso no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva. Dios perdona siempre, aunque el perdón no elimina la justicia.

 

El compromiso por la transformación de nuestra sociedad no puede quedarse sólo en el ámbito individual. Las distintas autoridades tienen también una responsabilidad que asumir. Por eso exhortamos a todas las autoridades, a realizar con prontitud y eficacia la urgente tarea de depuración de los cuerpos de seguridad y del sistema de impartición de justicia en cada uno de los niveles de gobierno.

 

Confiamos en que las autoridades, con firmeza y decisión, asumirán su responsabilidad y trabajarán, como lo espera la sociedad para recuperar la tranquilidad y luchar contra la impunidad, la corrupción y contra todos los demás vicios que tocan de muerte a nuestra sociedad. Que nuestras autoridades se comprometan en hacer lo que a ellas corresponde para alcanzar “la paz que genere fecundidad, bienestar, prosperidad, ausencia de temor y alegría profunda” (Compendio de la Doctrina Social Cristiana Nº 489). Sin duda alguna la sociedad civil estará al pendiente del cumplimento de los compromisos a favor de la Seguridad, Justicia y Legalidad.

 

Volvemos nuestra mirada a la imagen compasiva de Nuestra Señora de Guadalupe, Dulce Madre que ha estado presente en los momentos más difíciles de la historia de nuestro México. Ella, forjadora de esta nación, nos ha enseñado a construir y a no destruir. Ella ha sido portadora de esperanza para el pueblo mexicano, que enfrentando muchas crisis, siempre ha salido adelante.

 

Si todos asumimos nuestra responsabilidad, nos espera un hombre nuevo, una sociedad nueva y un cielo nuevo; nos espera un nuevo resplandor del Reino de Dios en la vida y la verdad, en la justicia y la paz, en la gracia, la santidad y el amor.

 

¡Que nadie se dé por vencido! ¡Que el mal no nos desaliente! ¡Creemos que es más fuerte el amor que la muerte y que todo lo que ella provoca! Seamos hombres y mujeres buscadores y constructores de la Paz. Que el Dios de la Paz nos permita contarnos entre los bienaventurados que construyen la paz… “porque a ellos Dios los llamará sus hijos” (Mt. 5,9)

 

Con nuestra bendición:

 

 

+ Mons. Héctor González Martínez

Arzobispo de Durango

 

+ Mons. Mario Espinosa Contreras

Obispo de Mazatlán

 

 

+ Mons. José G. Galván Galindo

Obispo de Torreón

 

+ Mons. Ruy Rendón Leal

Obispo Prelado de El Salto

 

 

+ Mons. Juan de Dios Caballero Reyes

Obispo Emérito de Durango


Publicado por verdenaranja @ 23:02  | Hablan los obispos
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios