S?bado, 28 de febrero de 2009

 

Alfonso Aguiló

www.interrogantes.net

 

 

 — ¿Y en qué medida tienen remedio los aprendizajes equivocados de la infancia o la juventud?


        Parece claro que los problemas más comunes de esas edades (por ejemplo, sentirse habitualmente ignorado y falto de atención o de afecto, verse rechazado en el entorno escolar, etc.), dejan su huella.


        Sin embargo, esas heridas emocionales que muchas personas llevan profundamente grabadas, pueden cicatrizarse y curar. Es cuestión de aprender a relacionarse de manera inteligente con ese lastre emocional que toda persona lleva en su vida.


        — ¿Y cómo se aprende?


         Esas heridas emocionales pueden habernos hecho, por ejemplo, susceptibles e inestables. En ese caso, tendremos la impresión de no poder evitar una respuesta hostil casi automática ante determinados estímulos. Sin embargo, aunque no siempre podamos controlar bien cuándo seremos víctimas de una reacción interior de enfado o de encrespamiento, sí podemos ejercer mucho más control sobre la medida en que esa reacción interior se hará con el control de nuestro estado emocional; cómo lo manifestaremos externamente; cuánto tiempo durará.


 Ese nivel de autocontrol bien podría ser un índice del avance en ese proceso de maduración emocional (de liberación de ese lastre emocional), puesto que la capacidad de contener la exteriorización del enfado y el tiempo de recuperación del equilibrio interior muestran la madurez de las respuestas que la inteligencia da a nuestras reacciones primarias espontáneas.


        Cuando nuestras reacciones son demasiado exigentes con uno mismo o con los demás, o son de tipo victimista, o hiperdefensivas, o con aire de suficiencia, se desarrollarán estilos emocionales frustrantes (con sentimientos de desesperación, tristeza, resentimiento, hiperculpabilidad, etc.) que, además, suelen fácilmente desbordarse y afectar también a otros ámbitos de nuestra vida.


        — ¿Y en qué medida afecta esto, por ejemplo, al rendimiento académico o profesional?


        El deseo de aprender, el autodominio, la capacidad de relación y de comunicación, la capacidad de comprender a los demás y hacerse comprender por ellos, o de armonizar las propias necesidades con las de otros, etc., son habilidades que si se logran desarrollar en el entorno familiar, permiten partir con una indudable ventaja en la vida académica y profesional. La capacidad de abstracción, o de pensar de forma sistemática, o de asociarse o concertar voluntades en torno a un proyecto común, o la creatividad, son ejemplos de capacidades emocionales importantes para la vida que no son fáciles de incluir en los currículos académicos.


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Desde la redacción de la revista Iglesia Nivariense nos envían este artículo de Olegario González de Cardeal para nuestra reflexión.

Ciudadanía y cristianía


... Digo cristanía para designar el ser cristiano en conciencia y libertad, la personalización de la fe por cada creyente además del hecho histórico o dogmático del cristianismo; y del hecho comunitario de la cristiandad o iglesia. No hay un modelo de ciudadanía que el Estado o el gobierno tengan el derecho de imponer y a partir del cual juzgar y valorar a los miembros de la sociedad. Esa fue siempre la pretensión del absolutismo...

OLEGARIO GONZÁLEZ DE CARDEDAL

Viernes, 27-02-09


Entre los cambios recientes de España está la relación entre cristianismo y sociedad. La aconfesionalidad del Estado, la ley de libertad religiosa y la aparición de otros grupos culturales o religiosos no cristianos invitan a repensar esa relación en los aspectos teóricos y en las realizaciones prácticas. Ante torbellinos de ambigüedades y complicidades es esencial definir y diferenciar sociedad, Estado, gobierno. Lo primero son los ciudadanos que expresan de formas diversas su voluntad y la primera responsabilidad de un gobierno es el reconocimiento de esa voluntad de los ciudadanos.


Una tarea primordial es la de clarificar la relación entre ser ciudadano y ser religioso; entre ciudadanía y cristianía. Digo cristianía para designar el ser cristiano en conciencia y libertad, la personalización de la fe por cada creyente además del hecho histórico o dogmático del cristianismo; y del hecho comunitario de la cristiandad o iglesia. No hay un modelo de ciudadanía que el Estado o el gobierno tengan el derecho de imponer y a partir del cual juzgar y valorar a los miembros de la sociedad. Esa fue siempre la pretensión del absolutismo. Esto significa que la primera categoría de la que hay que partir es la de libertad de los ciudadanos, que configuran su vida personal, su ciudadanía y su participación política desde las propias convicciones. No se les puede imponer ni privilegiar un modelo de ciudadanía sino que cada uno debe decidir la suya. Ese es el sentido del «atrévete a saber» de la Ilustración.


En el punto de partida de la comprensión de la ciudadanía no puede estar ninguna categoría política, ideológica o religiosa sino sencillamente la libertad del ciudadano. La categoría primera es la libertad positiva no la laicidad negativa. En algunos medios hispánicos se parte hoy del hecho de que la dimensión religiosa de la existencia es algo adveniente y secundario respecto de la vida humana verdadera, que habría que justificar, ya que lo único natural sería la increencia. Esta tendría la primacía, y ante ella tendría que defenderse y legitimarse el creyente. Tal actitud es una negación de la libertad democrática. Un Estado realmente aconfesional no puede otorgar primacía a la comprensión atea o agnóstica, obligando a la comprensión religiosa a medirse y traducirse en los términos de aquella. Tal falta de simetría entre el creyente y el no creyente es una violencia, que ningún Gobierno democrático puede ejercer.


Creer o no creer son dos implantaciones radicales y primarias en la existencia. Ninguna de las dos tiene primacía o plusvalía civil. Cuando una de ellas se erige en juez que dicta a la otra sus deberes, está ejerciendo violencia social o institucional. Las propuestas cristianas son a veces rechazadas hoy con la afirmación de que son religiosas y de que en una sociedad aconfesional lo religioso no cuenta. Tal afirmación implica tres presupuestos falsos, con los cuales se está intimidando a los cristianos. El primero consiste en considerar a la religión como resto arcaico, fase superada de la historia humana o, lo que es peor, una neurosis infantil, un platonismo para el pueblo ignorante, una alienación de la vida humana. Aquí tenemos alquitarada la crítica moderna de la religión desde Feuerbach, Marx y Nietzsche hasta Freud, servida en platos ligeros por los Onfray hispánicos de turno. Ahora bien, la religión no es una fase de la historia sino una estructura de la conciencia, generada por una razón ejercida en libertad y, a su vez, generadora de libertad y de conciencia crítica. Vivida en autenticidad crea ciudadanos responsables y solidarios, creadores de realidades históricas y no solo de esperanza escatológica.


El segundo presupuesto es que en una sociedad democrática la religión es un asunto exclusivamente privado, sin relevancia pública. Esto no es verdad. La religión, como todo lo personal, es vivida por ciudadanos en el ejercicio de su libertad, en privado y en público, en el orden social y en el político, que ni imponen ni se dejan imponer. Reclamar que rayen de su conciencia y expresión pública su condición de cristianos a la hora de pensar, votar y decidir políticamente, es la expresión más incisiva de una negación de derechos humanos fundamentales.


El tercer presupuesto es que la religión es fundamentalismo, y que en la historia ha sido la fuente de males, negación de libertad y causa de muerte. Frente a la fe, la razón ilustrada aparece como la gran inocente y liberadora. La primera sería signo de Inquisición, la segunda de Liberación. ¿Por qué no nos preguntamos por los 150 millones de muertos en las guerras de Europa desde 1914 hasta la de los Balcanes? ¿Las ha inspirado la religión o una razón moderna, que se absolutiza a sí misma, negando todo límite al poder del hombre? G. Steiner ha preguntado cómo responde la Ilustración a esos millones, caídos dice él, «A la sombra de las luces». La razón moderna tiene también que hacer memoria de sus víctimas, confesar sus culpas, dejando de exculparse a sí misma y de inculpar a los demás. No es buen camino hacia la paz buscar siempre un culpable, convirtiendo al otro en verdugo para hacernos nosotros las víctimas. Benedicto XVI ha hecho lema de su ministerio instaurar públicamente alianza entre Ilustración y Evangelio y sería bello que también quienes se saben hijos sólo de la Ilustración dejaran de esperar el fin de la religión. Kant afirmaba: «Una religión que sin escrúpulos declara la guerra a la razón a la larga no se sostendrá contra ella». La inversa vale igualmente: «Una razón que sin escrúpulos declara la guerra a la religión a la larga no se sostendrá contra ella».


También ante los problemas prácticos en España hay que diferenciar tres niveles. El primero es Iglesia-sociedad, a pie de tierra, en ciudades, pueblos e instituciones de España. En este sentido la relación es buena, cordial, cooperadora, más allá de los partidos porque en ese nivel lo importante son las personas y no las ideologías. El segundo nivel es la relación Estado español-Vaticano. Aquí tampoco hay problema real. Rigen unos Acuerdos entre ambos, que pueden ser denunciados por el Gobierno. La Iglesia conoce múltiples formas de relación con los Estados y nada más lejos de ella que empeñarse en mantener una en España. Diga por tanto el Gobierno si quiere denunciarlos, y no vaya a buscar en Roma soluciones a problemas que son de aquí, porque sería pedir cotufas en el golfo. El tercer nivel es Gobierno del PSOE y la Jerarquía católica en España. Aquí hay reales problemas, ya que propuestas concretas de aquel chocan con convicciones constituyentes de los ciudadanos católicos, tal como se definen en los textos normativos por los órganos de autoridad, y no en las particulares expresiones de algunos cristianos. Se trata de ciudadanos con todos sus derechos, que como los demás se expresan libremente. No es verdad que haya un choque permanente entre iglesia y sociedad. Esto es falso y repetirlo es una ofensa para ambas.


La clarificación y eliminación de ambigüedades en las palabras es la primera obligación al tratar temas como ciudadanía, laicidad, autonomía, eutanasia, aborto (que es algo mucho más grave que la interrupción del embarazo). Superar la perversión del lenguaje, redimiendo las palabras, es nuestro primer deber, si queremos existir en la verdad, realizar la libertad y conjugar en concordia ciudadanía y cristianía.


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Día 1 de Marzo
I Domingo de Cuaresma


Medios para vencer las tentaciones


Nos ofrece el Santo Evangelio de la Misa en este primer domingo de Cuaresma un momento de la vida del Señor, anterior al comienzo de su vida pública. Aparece Jesús, semejante en esto a todos los hombres menos en el pecado, sufriendo tentaciones. No explica san Marcos de qué modo fue tentado, ya lo hacen san Mateo y san Lucas, nos basta por ello en este día con reflexionar, en la presencia de Dios, sobre la realidad de la tentación: como Jesús fue tentado y, superando esa prueba, rechazó a Satanás que quería apartarle de Dios, así nosotros, rechazando con decisión lo que nos pueda desviar del camino de la santidad, imitamos a Cristo y nos asemejamos más y más al ideal humano y divino que nos vino a traer al mundo.


        La tentación es permanente en nuestra vida. Casi de continuo notamos la posibilidad, la inclinación incluso, de buscar la complacencia personal aun a costa de dejar de lado lo que Dios espera. También reconocemos, y es precisamente esto lo que da la grandeza a la vida del hombre, una continua ocasión de agradar a Dios, de amarle, hasta en las circunstancias más corrientes de la vida, por intrascendentes que a primera vista pudieran parecer. Es como la otra cara de la misma moneda, pues, como afirma una antigua antífona litúrgica: "Quien sufre tentación es dichoso, pues, al ser probado y vencer, recibirá la corona de la vida".


        La tentación, la posibilidad de preferir nuestro gusto a lo que Dios desea, es, en todo caso, una realidad siempre presente en nuestra vida. Es claro, sin embargo, que la ilusión del hombre que se sabe cristiano será moverse por impulsos positivos: filialmente atraído por el Amor de Dios Padre que nos invita a su intimidad. Pero, de hecho, ¡con cuánta frecuencia nos hemos alejado de ese Padre que tanto nos quiere! Es posible que casi siempre se trate de pequeños distanciamientos que no nos impiden la visión de Nuestro Señor, y nos pasa casi sin darnos cuenta. Otras veces, en cambio, el apartamiento es total: el pecado grave destruye la relación con Dios que, de ordinario, sólo se puede recuperar en el sacramento de la Penitencia.


        San Marcos menciona a Satanás como autor de las tentaciones. No es que el diablo sea siempre el origen directo de esa inclinación al mal que nos aparta de Dios. En este caso, sin embargo, se le menciona expresamente como provocador del pecado. Aparece como un ser personal que busca el mal del hombre al intentar desposeerle de su mayor gloria: la amistad con el Creador, el gozo de sentirnos amados por nuestro Padre Dios y de amarle. El diablo existe, no podemos olvidarlo, aunque no deba obsesionarnos su existencia ni preocuparnos especialmente. Es un ser espiritual y desgraciado que no puede amar, que odia a Dios, y a los hombres, porque somos hijos de Dios, destinados a su intimidad.


        Es uno de los tres enemigos del hombre, junto al mundo y la carne. De estos tres enemigos procede todo lo que nos aparta de Dios y, por lo tanto, lo que nos hace desgraciados. El mundo el demonio y la carne son las tres tentaciones. El mundo es el poder, la riqueza y la fama, en sus diversas modalidades, cuando los preferimos a Dios. La carne es la sensualidad en su sentido más amplio: además de la lujuria, lo que es recreo de los sentidos y la comodidad, cuando por ello incumplimos el orden natural de la ley divina. El demonio es Satanás, que directamente o sirviéndose de otras personas o circunstancias de la vida, puede inducirnos a pecar. La tentación diabólica se reconoce por su obstinación, por su clarísima maldad, y por lo irracional del pecado a que, sin embargo, induce.


        Está cerca el Reino de Dios; haced penitencia y creed en el Evangelio. Que no queramos nunca olvidar esto. Las primeras palabras de la predicación de Jesús son decisivas para valorar su mensaje. Por encima de nuestra flaqueza, por encima de nuestros enemigos, que quieren apartarnos de Dios, muy por encima de Satanás, está Jesucristo, Dios y hombre, que vino, poderoso, para hacernos partícipes de su Reino, del Reino de Dios. Si ponemos nuestra ilusión, nuestro corazón, en Él, no tendremos de ordinario que preocuparnos apenas de las tentaciones. El trabajo nuestro por la santidad será siempre positivo: un empeño alegre aunque esforzado de amor. También con penitencia, como nos aconseja el Señor: haced penitencia y creed en el Evangelio, porque tendremos que rectificar humildemente los errores y desagraviar con el sacrificio nuestras faltas de correspondencia.


        No olvidemos, por otra parte, que si hay ángeles caídos: los demonios, que quieren apartarnos de Dios, también hay ángeles de la guarda, angeles custodios que nos ayudan a caminar hasta el Cielo. Bueno es que fomentemos su devoción para lograr su auxilio en nuestra lucha por la santidad. También debemos invocar a los custodios de los nuestros, para que les asistan en sus necesidades materiales y espirituales. Podemos pedir a los angeles, para nuestros familiares y amigos, que les ayuden, quizá como querríamos nosotros hacerlo, pero no podemos por la distancia o por cualquier otra razón.


        A Santa María, Reina de los Angeles, nos encomendamos, para que ellos nos hagan ver con claridad cada ocasión de apartarnos de Dios, y que también es, siempre y sobre todo, una oportunidad de amarle.


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Viernes, 27 de febrero de 2009

(de Fuente de la Guancha

LOS OBISPOS ESPAÑOLES DECLARAN AL 2009 "AÑO DE ORACIÓN POR LA VIDA ” QUE COMIENZA EL 2 DE FEBRERO

27 de Enero

La iniciativa fue presentada a nivel nacional en la pasada Asamblea Plenaria de los Obispos de noviembre y aprobada por el Comité Ejecutivo de la CEE. La Subcomisión con el objetivo de facilitar la oración personal y comunitaria, ha hecho llegar una serie de materiales a las Delegaciones de Pastoral Familiar de toda España, con el lema elegido, "Bendito el fruto de tu vientre". Entre ellas, un cartel, rosario, oraciones por la vida, preces para la adoración ante el Santísimo y para la celebración de la Eucaristía y la liturgia de las horas.
Esta iniciativa se celebrará en todas las diócesis del país a partir del próximo 2 de febrero, fiesta de la Presentación del Señor, pretendiendo, según palabras de Juan Pablo II en la Evangelium Vitae que "en cada comunidad cristiana, con iniciativas extraordinarias y con la oración habitual, se eleve una súplica apasionada a Dios, Creador y amante de la vida".

LA CADENA “COPE” CUMPLE 40 AÑOS DE ESTANCIA EN TENERIFE

30 de Enero

¡¡Gracias por dejarnos estar 40 años contigo!!  

El 2 de febrero de este año 2009, COPE Tenerife cumple 40 años y, por este motivo, desde ese día, comienza un año de actos, celebraciones y programas especiales, en honor a nuestros oyentes, anunciantes y amigos.Este próximo fin de semana, coincidiendo con la celebración del 50 aniversario de la consagración al culto de la basílica de Nuestra Señora de La Candelaria, Patrona General de Canarias, toda la programación socio-religiosa de la Cadena COPE a nivel nacional se realizará y emitirá desde Tenerife para toda España. 

VIAJE RUTA SAN PABLO

5 al 12 de Febrero

Un grupo de sacerdotes ha viajado por tierras de San Pablo, entre los que se encontraban los párrocos de San Juan Bautista y de La Guancha. En total han sido 13 personas procedentes de Andalucía, Canarias y Cataluña. Se han unido a este especial viaje 2 personas de Brasil.Este tipo de experiencias ayuda a conocer el destino y preparar, con más detalle, una posible peregrinación por tierras de Saulo, Juan Evangelista y los Padres Capadocios.La foto ha sido tomada en la iglesia de San Juan (Iconio) donde las hermanas Isabelle y Serena nos atendieron exquisitamente. 

José Mª (Barcelona), Juan (Jaén), Josep Mª (Barcelona), Antero (Sevilla), Manuel (Tenerife), Aurea (Brasil), Hna Isabelle (Iconio), Hna Serena (Iconio), Ángel (Sevilla), Juan (Granada. Viajes Magister), Manuel (Sevilla), Julio (Jaén), Sebastián (Tenerife), Aurea (Brasil), Manuel Yeste (viajes Magister)

LOS SACERDOTES DE LA VICARÍA DEL NORTE PEREGRINAN EN GARACHICO


18 de Febrero


Garachico con sus edificios religiosos emblemáticos y con la oportunidad de visitarlos en peregrinación vocacional ofreció un marco adecuado para el retiro de los sacerdotes de la Vicaría Norte en el mes de Febrero. Las meditaciones, dirigidas por el sacerdote Don Argelio Domínguez, delegado de Piedad Popular,  tuvieron lugar en la Ermita de los Reyes y en la iglesia del Convento de las Monjas Concepcionistas.

Al mediodía compartieron la comida en sana armonía.


MATERIALES PARA EL DÍA DE HISPANOAMÉRICA


19 de Febrero


La Iglesia
de España hará memoria de sus vínculos evangelizadores con la Iglesia de América Latina el 1 de Marzo (en nuestra diócesis de Tenerife el 8 de Marzo), primer domingo de Cuaresma, celebrando el Día de Hispanoamérica. Será una buena ocasión para sentir cercanos a nuestros hermanos que viven en esas tierras y a las que nos unen múltiples lazos, especialmente el de la fe.

El lema con el que se presenta la jornada es “América con Cristo, vive la misión”. Para ello se nos ofrece cartel y folleto que, a través del mensaje de la Pontificia Comisión para América Latina, una reflexión pastoral, el subsidio litúrgico y  apuntes para una catequesis misionera en el Año Jubilar Paulino, se nos invita a orar por quienes viven y testifican el Evangelio de Jesucristo en América, a agradecer a tantos misioneros y misioneras enviados desde España así como a unirnos a los a los compromisos misioneros de aquellas iglesias.

 

PEREGRINACIÓN DE JÓVENES DE LA PARROQUIA A GARACHICO


21 de Febrero

 

En la mañana del sábado 21 de febrero veinte jóvenes de la parroquia del Dulce Nombre de Jesús de la Guancha se trasladaron a Garachico para hacer la peregrinación Vocacional programada por la Delegación Diocesana de Vocaciones. Vivieron, experimentaron y descubrieron una nueva experiencia en su vida de cristianos que difícilmente olvidarán.  

      Comenzando  en la puerta tierra y llegando hasta la Ermita de San Roque, descubrieron y conocieron en las distintas etapas una vida distinta de vivir y de entregar la vida totalmente desconocida para ellos.

 

BODA EN SAN JOSÉ

14 de Febrero

Dentro de la misa del domingo sexto del tiempo ordinario contrajeron matrimonio los jóvenes Víctor Manuel Méndez Lorenzo, natural y vecino de Garachico y Carmen María González Luis, vecina de la parroquia de San José. Fueron sus padrinos Francisco Gutiérrez Dorta y Lidia Isabel Abad Cabrera. Estuvieron acompañados por numerosos familiares y amigos.

Al estar aún el templo parroquial de San José cerrado por obras la ceremonia se celebró en el templo parroquial de El Dulce Nombre de Jesús de La Guancha. 

III ENCUENTRO DE JÓVENES DE CARITAS

Cruz del Tronco (Icod de los Vinos), sábado 14 de febrero de 2009

 

    El sábado 14 de febrero tuvo lugar el III Encuentro de Jóvenes de CARITAS, en la Ermita de La Cruz del Tronco (zona alta de Icod). La jornada compatibilizó la diversión con los espacios dedicados a informar y sensibilizar sobre los diversos proyectos que CARITAS viene realizando en nuestra diócesis.

   Una proyección invitó a los jóvenes a embarcarse en este mar de la solidariedad, a ser valientes y luchar contra las injusticias sociales. Asímismo, los participantes intervinieron en diversas dinámicas, que representaban las situaciones de marginación a las que nuestra sociedad no termina de dar la respuesta adecuada. En este sentido, se les propuso apadrinar alguno de los proyectos de CARITAS diocesana: programas de familia (Atacayte, Chaxiraxi y trabajo con mujer en el medio rural); programa de inmigrantes (Contamíname, Ben y San Antonio de Padua); programa de jóvenes (Ser joven te enreda); programa de mayores (Hassidim, Las nieves y Nuevos Hogares); programa de personas sin hogar (Café y Calor, proyecto Guajara y proyecto María Blanca); y, por último, los programas específicos (Drago y Lázaro).

   Se abre ahora un espacio de reflexión y compromiso para estos jóvenes asistentes al Encuentro. Las expectativas son halagüeñas en orden a una implicación en las iniciativas ofrecidas.

 


ZENIT nos ofrece el discurso pronunciado, el 27 de Febrero de 2009, por el Papa al recibir en audiencia, en la Sala del Consistorio del Palacio Apostólico, a los miembros de las asociaciones benéficas "Pro Petri Sede" y "Etrennes Pontificales".


Queridos amigos,

Me es particularmente grato acogeros con motivo de la peregrinación que vosotros, cada dos años, realizáis a la tumba de los Apóstoles para pedir al Señor que fortifique vuestra fe y bendiga los esfuerzos que hacéis para testimoniar generosamente su amor.


El año paulino nos ofrece la ocasión, a través de la meditación de la palabra del Apóstol de las Naciones, de volver a tomas una conciencia más viva del hecho que la Iglesia es un Cuerpo, a través del cual circula la misma vida que la de Jesús. De ahí que cada miembro del cuerpo eclesial esté unido de un modo muy profundo a todos los demás, y no podría ignorar sus necesidades. Alimentados del mismo pan eucarístico, los bautizados no pueden permanecer indiferentes cuando falta el pan sobre la mesa de los hombres. Este año una vez más habéis aceptado el llamamiento a ensanchar vuestro corazón hacia las necesidades de los desheredados, con el fin de que los miembros del Cuerpo del Cristo afectados por la miseria afecta sean aliviados puedan volverse así más vivos y más libres para dar testimonio de la Buena Noticia.


Confiando el fruto de vuestra colecta al sucesor de Pedro, le permitís ejercer una caridad concreta y activa que es signo de su solicitud hacia todas las Iglesias, hacia todo bautizado y hacia todo hombre. Os lo agradezco vivamente en nombre de todas aquellas personas que serán sostenidas por vuestra generosidad en la lucha contra los males que atentan contra su dignidad. Combatiendo la pobreza, damos más posibilidad a la paz para que entre y eche raíces en los corazones.


Confiándoos, a vosotros y a vuestros seres queridos, a la intercesión de la Bienaventurada Virgen María, Madre de Misericordia, os imparto de corazón la Bendición apostólica, así como a los miembros de vuestras asociaciones y a sus familias.


[Traducción del francés por Inma Álvarez

© Copyright 2009 - Libreria Editrice Vaticana]


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ZENIT nos ofrece el texto de la Declaración Final del Comité Conjunto para el Diálogo entre el Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso y al-Azhar, que ha sido hecho público hoy por la Santa Sede.


El Comité Conjunto para el Diálogo, establecido en 1998, ha celebrado su encuentro anual en Roma el martes 24 y el miércoles 25 de febrero de 2009; fue presidido conjuntamente por su eminencia el cardenal Jean-Louis Tauran, Presidente del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso, y por el profesor jeque Ali Abd al-Baqi Shahata, secretario general de la Academia de Investigación Islámica de al-Azhar, Cairo, Egipto.


La delegación católica estaba compuesta por: el arzobispo Pier Luigi Celata, secretario del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso; monseñor Khaled Akasheh, jefe de la Oficina para el Islam de este Consejo Pontificio; el doctor Bernard Sabella, profesor emérito de Sociología de la Bethlehem University.

La delegación de al-Azhar estaba compuesta por: el profesor jeque Ala' al-Din Muhammad Isma'il al-Ghabashi, imán de la Gran Mezquita de Roma; el profesor jeque Hamdi Muhammad Dasouqi al-Atrash, imán de la Mezquita de Ostia (Italia).


Los participantes escucharon la presentación del tema La promoción de una Cultura y una pedagogía de la paz con particular referencia al papel de las religiones, desde el punto de vista de los católicos, por el doctor Sabella, y desde el punto de vista de los musulmanes, por el jeque Ali Shahata.


Los debates tuvieron lugar en un espíritu de respeto mutuo, apertura y amistad. Estuvieron inspirados por la convicción de la importancia de las buenas relaciones entre cristianos y musulmanes y en su contribución específica a la paz en el mundo.


Los participantes estuvieron de acuerdo en lo siguiente:


1. La paz y la seguridad son muy necesarias en nuestro mundo actual, marcado por muchos conflictos y por un sentimiento de inseguridad.


2. Tanto cristianos como musulmanes consideran la paz un don de Dios y, al mismo tiempo, el fruto de una actividad humana. Una paz verdadera y duradera no se podrá alcanzar sin justicia e igualdad entre las personas y las comunidades.


3. Los líderes religiosos, especialmente los musulmanes y los cristianos, tienen el deber de promover una cultura de la paz, cada uno en sus comunidades respectivas, especialmente a través de la enseñanza y la predicación.


4. Una cultura de la paz debe empapar todos los aspectos de la vida: formación religiosa, educación, relaciones interpersonales y los artes en sus diversas formas. Con este fin, los libros escolares deberían revisarse de cara a no contener material que pueda ofender los sentimientos religiosos de otros creyentes, a veces a través de presentaciones erróneas de los dogmas, la moral o la historia de otras religiones.


5. Los medios de comunicación tienen un importante papel y responsabilidad en la promoción de relaciones positivas y respetuosas entre los fieles de varias religiones.


6. Reconociendo el fuerte lazo entre la paz y los derechos humanos, se puso especial atención en la defensa de la dignidad de la persona humana y sus derechos, sea hombre o mujer, especialmente en lo que respecta a la libertad de conciencia y religión.


7. Los jóvenes, futuro de todas las religiones y de la propia humanidad, necesitan especial atención de cara a ser protegidos del fanatismo y la violencia, y para convertirse en constructores de paz para un mundo mejor.


8. Conscientes del sufrimiento que atraviesan los pueblos de Oriente Medio por los conflictos no resueltos, los participantes, respetando las competencias de los líderes políticos, piden que se haga uso, a través del diálogo, de los recursos de la ley internacional para resolver los problemas actuales en verdad y justicia.

Agradecidos al Dios Todopoderoso por los abundantes frutos de este encuentro, los participantes acordaron mantener la próxima reunión del Comité en ElCairo, el 23 y 24 de febrero del año 2010.


Jeque Ali Abd al-Baqi Shahata, jefe de la delegación al-Azhar

Cardenal Jean-Louis Tauran, jefe de la delegación católica


[Traducción del original inglés por Inma Álvarez]


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Primer Domingo de Cuaresma - B 

1 Marzo 2009

 

¡Oh Alto y Glorioso Dios!

Mi vida es como una vidriera

iluminada por tu GRACIA multicolor.

 

 

Tú siempre eres fiel.

Enséñame tus caminos,

guía mis intenciones,

haz que camine en verdad y lealtad.

Que las tentaciones no ahoguen

mi deseo de seguirte,

y el Espíritu de tu Hijo

me empuje a buscar siempre

lo que a Ti te agrada.

 

Padre, renueva en mí tu Alianza

con el fruto de tu FIDELIDAD.

 


Texto: Hermanas clarisas de Huesca
Editado por FNP a.s.b.I..
17. rue de I'Hópital - B-6060 Gilly


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Jueves, 26 de febrero de 2009

ZENIT nos ofrece el mensaje que el Papa ha enviado a los fieles de Brasil, con motivo del comienzo de la Campaña de Fraternidad 2009 el miércoles de Ceniza (25 de Febrero de 2009), con el lema "La paz es fruto de la justicia".

 

 

Al venerable hermano en el episcopado

monseñor Geraldo Lyrio Rocha,

presidente de la CNBB

Arzobispo de Mariana (MG)


Al iniciar el itinerario espiritual de la Cuaresma, camino hacia la Pascua de resurrección del Señor, deseo una vez más adherirme a la Campaña de Fraternidad que, en este año 2009, está destinada a considerar el lema "La paz es fruto de la justicia". Es un tiempo de conversión y de reconciliación de todos los cristianos, para que las más nobles aspiraciones del corazón humano puedan ser satisfechas, y prevalezca la verdadera paz entre los pueblos y las comunidades.


Mi venerable predecesor, el Papa Juan Pablo II, en el Día Mundial de la Paz de 2002, al resaltar precisamente que la verdadera paz es fruto de la justicia, hacía notar que "la justicia humana es siempre frágil e imperfecta", debiendo ser "ejercida y de cierta forma completada con el perdón que cura las heridas y restablece en profundidad las relaciones humanas trastornadas" (n. 3).


El Documento final de Aparecida, al tratar del Reino de Dios y la promoción de la dignidad humana, recordaba los signos evidentes de la presencia del Reino en la vivencia personal y comunitaria de las Bienaventuranzas, en la evangelización de los pobres, en el conocimiento y cumplimiento de la voluntad de Dios, en el martirio por causa de la fe, en el acceso de todos a los bienes de la creación, y en el perdón mutuo, sincero y fraterno, aceptando y respetando la riqueza de la pluralidad, y la lucha para no sucumbir a la tentación de ser esclavos del mal (n. 8.1).


La Cuaresma
nos invita a luchar sin descanso para hacer el bien, precisamente sabiendo qué difícil es que nosotros, los hombres, nos decidamos seriamente a practicar la justicia - hace falta mucho para que la convivencia se inspire en la paz y en el amor, y no en el odio o en la indiferencia. No ignoramos también que, aunque se consiguiera llegar a una razonable distribución de los bienes y a una organización armoniosa de la sociedad, jamás desaparecerá el dolor de la enfermedad, de la incomprensión o la soledad, de la muerte de las personas que amamos, de la experiencia de nuestras propias limitaciones.


Nuestro Señor abomina las injusticias y condena a quien las comete. Pero respeta la libertad de cada individuo y por ello permite que éstas existan, pues forman parte de la condición humana después del pecado original. Con todo, su corazón lleno de amor por los hombres le llevó a cargar, juntamente con la cruz, todos esos tormentos: nuestro sufrimiento, nuestra tristeza, nuestra hambre y sed de justicia. Vamos a pedirle que sepamos testimoniar los sentimientos de paz y de reconciliación que Le inspiraron el Sermón de la Montaña, para alcanzar la eterna Bienaventuranza.


Con estos augurios, invoco la protección del Altísimo para que su mano bienhechora se extienda por todo Brasil, y que la vida nueva en Cristo alcance a todos en su dimensión personal familiar, social y cultural, derramando los dones de la paz y de la prosperidad, despertando en cada corazón sentimientos de fraternidad y de viva cooperación. Con una especial Bendición Apostólica.


BENEDICTUS PP. XVI


[Traducción del original portugués por Inma Álvarez

© Copyright 2009 - Libreria Editrice Vaticana]


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La Conferencia Episcopal de Nicaragua ha emitido un Mensaje con motivo del inicio de la Cuaresma 2009 en el que realizan un fuerte llamamiento a la conversión social. 

 

MENSAJE DE LA CONFERENCIA EPISCIPAL DE NICARAGUA

PARA LA CUARESMA 2009

 

“… Conviértete y cree en el Evangelio”

(Mc 1, 15)

 

Con esta expresión sólida del Señor, los Obispos de Nicaragua, queremos hacer un llamado a nuestro pueblo para que veamos en el tiempo de cuaresma iniciado hoy, una oportunidad grande para alcanzar la verdadera conversión en el interior de cada persona y en la amplitud de nuestras estructuras sociales.

 

La Cuaresma podemos considerarla como un camino de preparación espiritual más intenso, en el cual la liturgia nos vuelve a proponer tres prácticas penitenciales: la oración, el ayuno y la limosna.

 

Estas prácticas tienen como finalidad prepararnos a celebrar mejor la Pascua y, de este modo, como dice el Papa Benedicto XVI citando el pregón pascual, hacer una experiencia del poder de Dios que "ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos".

 

UN LLAMADO A LA CONVERSIÓN SOCIAL

 

La iniciativa de conversión viene de Dios que nos dice: “Derramaré sobre ustedes un agua pura que los purificará: de todas sus inmundicias e idolatrías los purificaré; y les daré un corazón nuevo, les infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de su carne el corazón de piedra, y les daré un corazón de carne. Les infundiré mi espíritu, y haré que caminen según mis preceptos, y que guarden y cumplan mis mandatos. (Ez 36,25-27). Iniciativa que se cumple cuando el Señor, en su amor misericordioso, se hace presente para interpelar nuestra vida hasta llevarnos a recobrar la conciencia de cómo andamos y qué debemos cambiar. Sólo cuando se tiene conciencia del pecado se puede reemprender el camino correcto: “me levantaré volveré a la casa de mi Padre y le diré Padre he pecado contra el cielo y contra ti…” (Lc 15, 18-19)
 

La toma de conciencia de nuestros pecados, sin embargo, debe alcanzar un nivel más allá del de cada persona; tenemos pecados colectivos de los que debemos arrepentirnos. Los pecados personales como el egoísmo, la ambición personal y la violencia son la raíz de los pecados sociales, éstos “son el fruto, la acumulación y la concentración de muchos pecados personales" (Juan Pablo II, "Sollicitudo Rei Sociales"). En Nicaragua hemos sido protagonistas y víctimas de muchos pecados sociales como el de la corrupción institucional, la manipulación y compra de las voluntades, el egoísmo colectivo, faltas en la aplicación de la justicia, el narcotráfico y la drogadicción, los abortos clandestinos, la destrucción del medio ambiente, el incremento de la miseria, la deshonestidad, el desorden moral, la negligencia y la irresponsabilidad entre otros, todos estos se han originado por la falta de educación en valores morales y religiosos.

 

Los expertos en materia social, política, historia y economía buscan y dan razones sobre la causa de la crisis que embarga el mundo de hoy, sin embargo, con mucho y que sus razones sean válidas, no descartemos una mayor y más profunda: “El pecado social” del que hemos hablado.

 

Por esta razón, hacemos un llamado urgente a la conversión personal y por consiguiente a la conversión social, este cambio exige abrirse a Dios, sobreponerse al egoísmo, a los intereses personales y partidarios, al desorden moral, a la injusticia, y cualquier tipo de estructura social corrupta. Llamado a la conversión social que debe alcanzar a todos, desde el servidor público y privado en su más alto grado hasta el más anónimo de los nicaragüenses, cada uno en su conciencia sabe lo que tiene que cambiar.

 

SEMANA DE ESPECIAL PENITENCIA POR LA CONVERSIÓN DE LOS NICARAGÜENSES

 

Aunque nuestra invitación es que, en cada persona, familia, comunidad e institución social cristiana nicaragüense se valore la Cuaresma para alejar todo lo que distrae el espíritu y para intensificar lo que alimenta el alma y la abre al amor de Dios y del prójimo, queremos enfatizar en que hagamos de

la semana de dolores, última de la cuaresma, UNA SEMANA DE ESPECIAL PENITENCIA POR LA CONVERSIÓN DE LOS NICARAGÜENSES.

 

Para esa semana del 30 de Marzo al 04 de Abril, exhortamos a nuestros sacerdotes, religiosos y responsables de comunidades a que organicen y animen jornadas de oración, penitencia, caridad y otro tipo de prácticas como peregrinaciones, retiros, viacrucis y adoración del Santísimo que nos ayuden a conseguir una sincera conversión de todos. De igual manera, hoy miércoles de ceniza, les exhortamos a ser generosos en la colecta que anualmente realizamos por nuestros sacerdotes que han donado su vida a Cristo y su Iglesia.

 

Extendemos nuestro llamado a los medios de comunicación, para que las programaciones de la Semana de Dolores nos ayuden a crear un clima de reflexión sobre nuestra realidad personal y social; las mutuas acusaciones pueden llevar a que el otro se sujete caprichosamente a su error, la exhortación puede ayudar al prójimo a salir de su error.

 

Que esta cuaresma, y de manera especial “la Semana de Dolores”, permita al Señor nuestro Jesucristo crear en nosotros un corazón nuevo al aceptar su invitación que nos dice: “Conviértete y cree en el Evangelio” (Mc 1, 15).

 

María, Madre Dolorosa… intercede por nosotros pecadores.

 

Managua, 25 de febrero, Miércoles de Ceniza del 2009.

 

Doy Fe:

Mons. Sócrates René Sándigo Jirón

Obispo de Juigalpa

Secretario General CEN


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VATICANO - LAS PALABRAS DE LA DOCTRINA por D. Nicola Bux y D. Salvatore Vitiello - La libertad religiosa y la cuestión de la “reciprocidad”


Ciudad del Vaticano (Agencia Fides)- La Iglesia católica en sus dos mil años ha realizado la más colosal integración de pueblos y culturas, desde oriente hasta occidente, sin dejarse llevar por nacionalismos siempre presentes. El secreto: su conversión hacia Dios. Sin esta, todo proceso integrativo de culturas y valores diferentes nunca será un enriquecimiento sino un formidable obstáculo para la convivencia, como ya se está verificando en Europa. La integración, como en justicia pide Harry Hagopian, abogado de la diáspora armenia, uno de los más grandes expertos internacionales en leyes y derechos, postula una reciprocidad religiosa y política, desde la construcción de iglesias, sinagogas, mezquitas hasta los “derechos” políticos e interpersonales. Esto exige un profundizar para poder entender que es lo que pertenece a Dios y que a César: a Dios pertenece la libertad del hombre de actuar según su conciencia incluso en darle culto. Sabemos que tal libertad está enraizada en los países de tradición cristiana y católica; lo mismo se diga de la dignidad del hombre y de la mujer. Nadie hoy en día en el mundo occidental piensa razonablemente impedir a un no cristiano edificar un lugar de culto según la religión que profesa. Nuestra cultura jurídica defiende tal situación. El occidente ha madurado muchos derechos, así como otros que pretenden serlo; sin embargo no piensan así los musulmanes. No todos saben que ellos no reconocen la Carta de los derechos del hombre y que han realizado una propia.

Así, la cuestión permanece sin resolver en la relación de cristianos con hebreos y musulmanes, en Israel y en países islámicos respectivamente, sin mencionar los islamistas; países laicos, salvo Siria, no hay más. Relación desigual para los hebreos que viven según la aconfesionalidad no declarada pero si practicada por el estado de Israel; para los musulmanes la consecuente dhimmitude, es decir la sumisión que dicta el Corán para hebreos y cristianos. Es evidente que se invoca la reciprocidad. Los musulmanes dicen que no están permitidas las iglesias o solo bajo ciertas condiciones; en la laica Turquía, por ejemplo, no deben mostrar la fachada a la calle y no deben tener el campanil.

¿Qué pensar? Jesús se preocupó por una reciprocidad: poner la otra mejilla e invitar a soportar la persecución. En nuestros tiempo vivimos con la ilusión que esta se pudiese evitar con el dialogo; que fuese políticamente no correcto hablar de persecución y de martirio, y sin embargo, en todo el mundo esta es la reciprocidad a la que están destinados los cristianos. Jesús siempre pidió la conversión a Dios, a dar 10 pasos con quien te pide 5, a perdonar para ser perdonados, en definitiva, a usar una medida sin medida: la medida del amor.

Dicho esto, los cristianos que tienen responsabilidades civiles y con ellos los no creyentes de buena voluntad, con racionalidad y realismo, no dejarán de interesarse por los derechos de las minorías cristianas en estos países y reivindicarán de manera legal y pacífica todo lo que es justo reivindicar. Además, la reciprocidad es un derecho que no puede ser contradicho desde el punto de vista legislativo tanto en relación a las reglas de las relaciones entre pueblos como al respeto de cada “Persona”. Se nos consienta recordar, con un cierto desencanto, que no podemos olvidarnos que Cristo afirmó: “Si ha mi me han perseguido, también os perseguirán a vosotros” y también: “si vuestra justicia no es superior a la de los escribas y fariseos...”.

No nos olvidemos de la “superioridad” de la justicia, es decir de la fe cristiana. El Papa afirma en la encíclica Spe salvi: “En la historia de la humanidad, la fe cristiana tiene precisamente el mérito de haber suscitado en el hombre, de manera nueva y más profunda, la capacidad de estos modos de sufrir que son decisivos para su humanidad. La fe cristiana nos ha enseñado que verdad, justicia y amor no son simplemente ideales, sino realidades de enorme densidad. En efecto, nos ha enseñado que Dios –la Verdad y el Amor en persona– ha querido sufrir por nosotros y con nosotros... en las pruebas verdaderamente graves, en las cuales tengo que tomar mi decisión definitiva de anteponer la verdad al bienestar, a la carrera, a la posesión, es necesaria la verdadera certeza, la gran esperanza de la que hemos hablado. Por eso necesitamos también testigos, mártires, que se han entregado totalmente, para que nos lo demuestren día tras día. Los necesitamos en las pequeñas alternativas de la vida cotidiana, para preferir el bien a la comodidad, sabiendo que precisamente así vivimos realmente la vida. Digámoslo una vez más: la capacidad de sufrir por amor de la verdad es un criterio de humanidad. No obstante, esta capacidad de sufrir depende del tipo y de la grandeza de la esperanza que llevamos dentro y sobre la que nos basamos” (39).

Entonces, serán los cristianos los primeros en reivindicar la libertad religiosa que proviene de Dios que nos ha creado libres y, sobre todo, rezaremos para obtenerla, como se hace el Viernes Santo, pero aprendiendo a “ofrecer” los sufrimientos grandes y pequeños de cada día, y a inserirlos “en el gran com-padecer de Cristo” para que así entren “a formar parte de algún modo del tesoro de compasión que necesita el género humano” (40). Y más bien la reciprocidad la dejarán para César, para el poder civil y político, y si no se las concede, “les inflingirá – como afirma paradojalmente J.H. Newman – la tarea de perseguirlos”. (Agencia Fides 26/2/2009 líneas 59, palabras 907)


Links:
Entrevista de Harry Hagopian
http://www.youtube.com/watch?v=_98pDFnQlMA


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VATICANO - “AVE MARÍA” por mons. Luciano Alimandi - La Cuaresma: espacio de libertad


Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - La Cuaresma no debería ser vista únicamente como un tiempo de preparación a la Pascua de nuestro Señor Jesús, sino como un tiempo y un recorrido de gracia que, aun en medio de la prueba de la tentación y la lucha contra el pecado, sale al encuentro de la gloria del Resucitado como un río que corre hacia su mar. El río no es todavía el mar, pero lo será.

En efecto, el Señor pide seguirlo en todo momento, especialmente cuando la cruz se hace pesada. No se puede acoger Todo sin vaciarse del propio yo: “Si alguno quiere venir en pos de mi niéguese a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque quien quiera salvar la propia vida, la perderá; pero quien pierda la propia vida por causa mía y del evangelio, la salvará” (Mc 8, 34-35).

Derrota y victoria, sufrimiento y alegría, cruz y resurrección, penitencia y fiesta son dos caras de la misma moneda, es decir de la misma Realidad, son paradojas de la única Verdad de Fe: Cristo crucificado y resucitado tienen el poder de transformar nuestra historia, toda la vida, hecha de tantos no y sí, en un único, grande, inmenso Sí a Dios.

Toda la humanidad ha sido redimida por Jesús, pero para que la redención sea eficaz en cada uno de nosotros es necesario un acto de fe, de la persona individual, en Él. Cuando, en la confianza total, uno se confía a Jesús, Él “entra” en nuestra vida y con su gracia la unifica.

Sin el acto renovado de fe en Él, el milagro de una vida transformada Jesús no lo puede realizar. Las fuerzas humanas, la buena voluntad de mejora no basta: es como una línea que busco trazar, pero que continuamente se quiebra; es como un camino, que trato de construir, pero que continuamente se interrumpe y ya no sé como seguir. Sin la conversión a Cristo, en la fe, esta vida, mi vida, está formada, es más deformada, por “pedacitos” de existencia tirados por aquí y por allá, por pasos correctos hacia delante y equivocados hacia atrás. Qué me queda: fragmentos de un proyecto no realizado, ¡porque es tan frágil sin la gracia de Jesús, la Roca!

Sin la fe y el amor hacia Él, la vida se nos escapa inexorablemente, el tiempo se la lleva consigo, como un ovillo que se enreda con sus mil eventos, tantas veces banales, donde es imposible encontrar un hilo conductor, porque no sabemos por donde comenzar.

Si me encuentro con Jesús todo cambia: comienzo de nuevo a partir de Él, comienzo de nuevo a partir de su palabra, el “hilo de oro” que une todo es su Verdad, que no está fragmentada, no está alterada, sino que es simplemente Verdad.

Entonces me hago capaz de escuchar su voz, de ampliar mi horizonte, entonces hay Alguien que es absolutamente diverso y que dice palabras extraordinariamente verdaderas, palabras que a tantos parecen una utopía, pero que a quien cree abren realidades maravillosas: “Yo soy la resurrección y la vida; quien cree en mi, aunque muera, vivirá” (Jn 11, 25).

Cuantas vidas quebradas, desechadas, perdidas, a contacto con la presencia salvadora de Jesús han “resucitado”, se han recompuesto, como los innumerables huesos en la visión de Ezequiel: “Así dice el Señor Dios a estos huesos: He aquí que yo voy a hacer entrar el espíritu en vosotros, y viviréis. Os cubriré de nervios, haré crecer sobre vosotros la carne, os cubriré de piel, os infundiré espíritu y viviréis; y sabréis que yo soy el Señor” (Ez 37, 5-6).

Con el soplo vivificador del Espíritu estas vidas se han reunido, se han unificado en el Primer Principio de su existencia y han recomenzado a vivir. No solamente el Evangelio nos narra acerca de tantos “esqueletos” que han vuelto a vivir y reverdecer, de tantos enfermos en el alma y en el cuerpo que han encontrado de nuevo la salud gracias a Jesús, una salud mental, moral, psíquica, física, de tantos pecadores, ciegos por dentro que, como los ciegos por fuera, han vuelto a ver gracias a la intervención milagrosa de Cristo, por fe.

No, no sólo el Evangelio nos da un testimonio continuo de que el anuncio cristiano no es una utopía, que el milagro está a portada de mano para quien cree, sino que son los dos mil años de cristianismo que, a lo largo y ancho, de toda latitud y longitud, en toda época histórica, testimonian que quien cree firmemente en el Señor Jesús escribe de nuevo Su Evangelio con la propia vida línea por línea. Los santos son el testimonio más sublime de esto y sus tumbas gritan alto una de las verdades más grandes y bellas: ¡en Dios la vida es eterna!

Si no es Jesús quien entra en nuestra existencia y obra con su gracia, nada se realiza verdaderamente en la vida, porque todo pasa, ya que todo es vanidad sin Él.

Jesús nos acoge y nos toma así como somos, allí donde estamos, con nuestras virtudes y defectos, nuestros errores y nuestras virtudes. Si estamos en el lugar de los impuestos como Leví (Mc 2, 14), si estamos en medio de la calle como el ciego de Jericó Bartimeo (Mc 10, 46), si estamos escondidos entre la muchedumbre como la hemorroísa (Mc 5, 32), a quien cree Él le dona el poder de llegar a ser una nueva creatura, es decir de tener una vida nueva, la del Espíritu.

Esta vida espiritual, como el sol que surge en el horizonte, se destaca por encima de la vida carnal, toda dirigida hacia las cosas de acá abajo, “horizontales”, y por ello circunscrita a un pequeño fragmento de realidad finita. Pero el sol, la vida de gracia de Jesús en nosotros, mientras más crece en el alma más nos eleva de todo el resto, y aprendemos, cada vez más, siguiendo a Jesús que después del dolor viene siempre la alegría, después de las tinieblas viene siempre la luz, después de la tempestad viene siempre la calma. Qué gran error cometemos cuando buscamos la felicidad sólo por un lado de la medalla: en medio a la luz, a la calma, a la alegría… Una felicidad así se “quiebra” apenas llega la otra cara de la realidad, la que el mundo rechaza creyendo que puede anestesiarla para gozar sólo la parte positiva de la vida. ¡No, el Evangelio no nos enseña esto! El Señor ha venido a tomar todo y a rescatar todo para elevarlo a Dios, transformarlo en gracia, en luz sobrenatural, en alegría divina: tanto la luz como las oscuridades, tanto la alegría como el dolor, tanto la calma como la tempestad. Jesús no duerme sólo cuando el mar está calmo, Él duerme también en medio a la tempestad, porque ni la calma ni la tempestad son capaces en sí mismas de elevarnos a Dios: sólo aquello que es unido a Cristo en el amor nos lleva al más allá.

Con la ayuda de la guía más experta, la Virgen Dolorosa, que conoce el camino del dolor que lleva a la gloria, que esta Cuaresma llegue a ser para todos un espacio de liberación abierto y proyectado hacia el Cielo, donde nos espera definitivamente Jesús. (Agencia Fides 25/2/2009; líneas 74, palabras 1211)


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REDACCIÓN DE "IGLESIA NIVARIENSE"

C. San Agustín, nº 28

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Boletín 326

 

Ha fallecido el sacerdote Pedro Ramírez. La Misa Exequial se celebró en la parroquia de S. José de la capital tinerfeña y estuvo presidida por  el Vicario General, Domingo Navarro.

 

Igualmente partió a la Casa del Padre, Jhon Acevedo. Trabajador del Obispado. La Misa exequial se celebró en la parroquia de Santa Ana en Garachico, y estuvo presidida por el Vicario General, Antonio Pérez.

 

Este domingo se clausura, en Garachico, las llamadas peregrinaciones vocacionales. El Vicario General, Domingo Navarro, preside el acto en la parroquia de Santa Ana.  

 

 La diócesis hará memoria de sus vínculos evangelizadores con la Iglesia de América Latina el 8 de Marzo, primer domingo de Cuaresma, celebrando el Día de Hispanoamérica. Será una buena ocasión para sentir cercanos a nuestros hermanos que viven en esas tierras y a las que nos unen múltiples lazos, especialmente el de la fe. El lema con el que se presenta la jornada es “América con Cristo, vive la misión”.
 

El arciprestazgo de S/C de La Palma ha organizado las primeras Jornadas de Formación en la fe y en la acción pastoral, entre el 2 y el 6 de marzo. Las mismas se desarrollarán en el Colegio de La Palmita. En el mismo se ofrecen tres cursos, uno sobre introducción a la Biblia, otro de pastoral juvenil y un tercero sobre el ejercicio de la caridad evangélica.

 

El sábado 28 de febrero el obispo dirige en la iglesia de la Concepción, entre las diez y las doce y media, un retiro de Cuaresma. Asimismo, el prelado guiará un nuevo retiro el 6 de marzo en Arona.

 

Igualmente, distintas acciones pastorales se han celebrado en estos días previos a la Cuaresma: encuentro de sacerdotes jóvenes, distintos retiros, ejercicios espirituales para laicos, etc.

 

En coincidencia con el principio de la cuaresma, el miércoles de ceniza,  fue presentado el cartel y el programa de actos de la Semana Santa de la ciudad de San Cristóbal de La Laguna correspondiente al presente 2009. La reproducción del Ecce Homo, popularmente conocida como el Señor de la Cañita, en carteles y programas de actos, servirá este año para difundir la Semana Santa lagunera.

 

Continuando con la presentación del Catecismo Jesús es el Señor, ahora le toca el turno al arciprestazgo de La Orotava y, posteriormente, al de Tacoronte.

 

Con ocasión del Día del S. José, los seminaristas de la diócesis van a comenzar a hacerse presentes en distintas comunidades y ámbitos pastorales para realizar la Campaña Vocacional del presente curso. El Papa Benedicto XVI declaró para toda la Iglesia un año paulino con motivo del bimilenario del nacimiento del apóstol de los gentiles. El día del Seminario ha querido hacerse eco de la invitación del Pontífice proponiendo la figura de San Pablo como modelo. El lema, inspirado en sus propias palabras, es realmente sugerente: «Apóstol por gracia de Dios». 

 

Un año más celebramos el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, el ocho de marzo, en recuerdo de 129 trabajadoras que murieron    quemadas en un incendio, al parecer,   provocado en la fábrica “Cotton Textile      Factory” en 1908, en el transcurso de una  huelga donde se protestaba, entre otras cosas, por las condiciones laborales, se pedía  aumento de los salarios, una reducción de la jornada laboral y el fin del trabajo infantil. 

 

Los Hermanos de la Comunidad del Hospital San Juan de Dios han invitado a todos los que lo deseen a acudir a la Eucaristía que tendrá lugar el 8 de marzo, a las 10:30 horas con motivo de la festividad de San Juan de Dios. Dicha Eucaristía estará presidida por el Obispo, Bernardo Álvarez. La parte coral estará a cargo del coro “Unum Cor”.


“Ante la crisis, comunidades fraternas” es el lema de las V Jornadas de Migraciones destinadas a la formación y a la sensibilización. Los días y los lugares de celebración de las mismas son los siguientes: Miércoles 11 de marzo, para toda la zona centro, en la parroquia de Santa María de Añaza, en Taco. El jueves 12, para toda la zona norte, en el templo de San Agustín, en Icod de los Vinos y el viernes, 13, para toda la zona sur, en la parroquia de Santa Teresita de Jesús, en Cho-Parque La Reina, en el arciprestazgo de Granadilla. El horario de cada uno de los días de las Jornadas será de 19:00 a 21:00 horas. 
 

 

La parroquia de Las Zocas, en el municipio de San Miguel de Abona ha celebrado una Eucaristía como acción de gracias por su reapertura al culto religioso, tras los trabajos de restauración, reposición y mejora llevados a cabo a causa del incendio que sufrió el pasado mes de enero. 

 

El periódico “La Opinión”, en su edición del 22 de febrero ha publicado un extenso reportaje sobre la labor que lleva a cabo el Archivo Diocesano en relación a la recuperación de partidas de bautismo solicitadas, sobre todo, de Cuba para acreditar la descendencia canaria y así acogerse a la “ley de nietos” 

 

Cáritas ha indicado que sólo en la comarca de Santa Cruz de La Palma, la organización atiende a unas 1000 personas. En este sentido, subrayan que la mayoría de las personas que acuden en busca de ayuda a Cáritas son inmigrantes, población que está siendo de las primeras en experimentar las consecuencias de la crisis económica, que tienen aún más difícil superar esta situación de contrariedad económica dado que carece de la protección familiar, que en el caso de quienes son nativos funciona como colchón para amortiguar los elevados índices de desempleo que existen en la isla.

 

El Cabildo de El Hierro ha presentado el proyecto Reutilizart, una iniciativa en la que se une al arte del reciclaje, con una gran participación social y que servirá de homenaje a la Bajada de la Virgen que se celebrará el 4 de julio.

 

Ante la noticia del naufragio de un cayuco, el pasado 15 de febrero, a unos 20 m. de la costa de Lanzarote, en el que han perdido la vida 25 inmigrantes, la mayor parte menores de edad, la Comisión Permanente de la CEE ha querido expresar su más profundo dolor y solidaridad con las familias.  Los obispos reiteran su deseo de que se preste un apoyo más eficaz al desarrollo en los países de origen para que se eviten estas salidas desesperadas, y de que, en los países de destino, se respeten siempre los derechos, que todo inmigrante posee, basados en la dignidad de la persona humana. 

 

 “Te basta mi gracia” es el lema escogido por la Delegación de Liturgia para realizar su propuesta de materiales para el venidero tiempo de Cuaresma y Pascua. Sus iniciativas ya se pueden descargar  en la Web: http://delegaciones.obispadodetenerife.es/Liturgia/ 

 

Este año, las XII Jornadas Regionales de Pastoral Penitenciaria, se desarrollarán en Las Palmas entre el 6 y el 8 de marzo bajo el lema: “Afinando nuestra mirada”. Según el delegado de esta pastoral, Domingo Marrero estas jornadas pretenden poner en nuestros ojos el colirio necesario para mirar a los pobres y excluidos de nuestro mundo con los ojos del Padre de la misericordia.

 

“Combatir la pobreza, construir la paz”, es el lema elegido para celebrar este año la peregrinación en oración por la paz a Candelaria, actividad que se lleva realizando desde hace varios años, motivada, en su origen, por los momentos más difíciles de la Guerra del Golfo. Esta iniciativa tendrá lugar el 7 de marzo y el punto de partida será como siempre la iglesia de Santo Domingo de Guzmán en La Laguna, a las 6:00 horas.
 

El 13 de marzo tendrá lugar una Vigilia Cuaresmal de Jóvenes que ha organizado la Delegación de Juventud en el Monasterio de las Clarisas de La Laguna, a las 20:00 horas. 

 

Del 2 al 6 de marzo, tendrá lugar la Cátedra de Ética y Política organizada por el Instituto Superior de Teología de las Islas Canarias. En esta ocasión, el 60 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, servirá de marco para abordar el tema de la “globalización” en la actual coyuntura internacional, poniendo especial acento en la realidad de Canarias. Este año, el director de las jornadas será Ángel Galindo García, catedrático de Teología Moral en la Universidad Pontificia de Salamanca (UPSA), profesor del Instituto Superior de Estudios Europeos y Derechos Humanos de la UPSA.

 

La Casa de Acogida Madre del Redentor, en El Sauzal se encuentra celebrando su XVIII Aniversario. Por tal motivo, se ha previsto una fiesta para el día 29 de marzo, en la Sala Castillo de Tegueste con el fin de recabar fondos a beneficio de esta obra. A las 12:00 horas, se celebrará una Eucaristía de acción de gracias en la parroquia de Nuestra Señora de La Concepción de La Laguna, presidida por el Obispo, Bernardo Álvarez.

 

El Gobierno de Canarias ha aprobado una partida de 1,5 millones de euros para la habilitación del inmueble anexo a Santa Rita II, que servirá para alojar a los 200 ancianos que aún permanecen sin plaza definitiva tras el incendio que asoló Santa Rita I.


Mi?rcoles, 25 de febrero de 2009

Lectio divina para el Primer domingo de cuaresma ciblo B publicada por la Delegación de Liturgia e la Diócesis de Tenerife.

 

Lectura del Evangelio según San Marcos: (1,12-15)


En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre alimañas, y los ángeles le servían.

Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: “Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio”.


Palabra del Señor


Lectio: ¿Qué dice el texto bíblico en su contexto?

 

El pasaje del Evangelio que se proclama este año en el primer domingo de Cuaresma corresponde con el comienzo de la vida pública de Jesús narrada por Marcos, y está compuesto claramente por dos partes.  Justamente, tras el bautismo en el Jordán se nos narra el episodio de las tentaciones en el desierto, que en la versión de S. Marcos es mucho más breve y, a continuación, asistimos al primer anuncio de la Buena Nueva en Galilea, con el cual se inicia el ministerio público en Jesús.


“...el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días” (Mc 1, 12-13) Jesús es conducido al desierto para ser allí tentado durante cuarenta días, como antaño Israel durante cuarenta años: “Acuérdate de todo el camino que Yahweh tu Dios te ha hecho andar durante estos cuarenta años en el desierto para humillarte, probarte y conocer lo que había en tu corazón; si ibas o no a guardar sus mandamientos”. (Cfr. Dt 8, 2) “Según el número de los días que empleasteis en explorar el país, cuarenta días, cargaréis cuarenta años con vuestros pecados, un año por cada día”. (Cfr. Nm 14, 34)


“dejándose tentar por Satanás” (Mc 1, 13) Marcos omite o desconoce el detalle de las tres tentaciones, posiblemente Mateo y Lucas lo tomaron de otra fuente. “Satanás” significa según la etimología hebraica “el adversario” o “el acusador”. En la literatura bíblica aparece primeramente como un personaje no hostil a Dios, sino como un ser pesimista que quiere el mal del hombre por envidia. Sin embargo, poco a poco se irá fundiendo con la serpiente de Gn 3 hasta terminar encarnando el poder diabólico. Su función aquí se asemeja a la que encontramos en el libro de Job, quien sufre sus tentaciones, pero jamás reniega de Dios.


“vivía entre alimañas, y los ángeles le servían” (Mc 1, 13) La mención de las alimañas, o animales del campo evocan la paz paradisíaca con la que la tradición profética anunciaba la llegada del Mesías: “Serán vecinos el lobo y el cordero, y el leopardo se echará con el cabrito, el novillo y el cachorro pacerán juntos, y un niño pequeño los conducirá. La vaca y la osa pacerán, juntas acostarán sus crías, el león, como los bueyes, comerá paja. Hurgará el niño de pecho en el agujero del áspid, y en la hura de la víbora el recién destetado meterá la mano”. (Cfr. Is 11, 6-8).  El servicio que le rinden los ángeles recuerda el Salmo 90: “Te cubrirá con sus plumas, bajo sus alas te refugiarás: Su brazo es escudo y armadura. (...) porque hiciste del Señor tu refugio, tomaste al Altísimo por defensa. No se acercará la desgracia, ni la plaga llegará hasta tu tienda, porque a sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos”. (Cfr. Sal 90,  4. 9-11); de este modo se indica que la misión de Jesús va acompañada de la ayuda y protección de Dios.


“Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea” (Mc 1, 14). Esta indicación extiende como presagio, al comienzo de la predicación de Jesús, la sombra de la persecución que padeció el Bautista. Galilea será un lugar significativo del ministerio evangelizador que reaparecerá al final del evangelio como lugar de cita con el Resucitado (Cfr. Mc 16, 7).


“Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios” (Mc 1, 15) Esta afirmación da a entender que existe una continuidad que enlaza las etapas del designio de Dios. (Cfr. Heb 1, 1-2). De esta manera, Jesús se presenta en Galilea, no como  un profeta más, sino como aquel en quien el esperado Reino de Dios comienza a hacerse realidad. La expresión “reino de Dios” compendia todo lo que que Israel esperaba de los tiempos mesiánicos, que para Jesús viene a ser: la soberanía universal de Dios como padre compasivo y salvador.


“Convertíos y creed en el Evangelio” (Mc 1, 15) El Reino es una realidad que viene que Dios ofrece a todos como don gratuito, pero a cambio espera una respuesta de acogida, y que se expresa en dos actitudes: conversión y fe; retorno sincero a Dios y confianza absoluta en su poder salvador, encarnado en la persona de Jesús.


Meditatio: ¿Qué me dice Dios a mí, a través de la lectura?

 

El hijo de Dios. en el bautismo del Jordán, aceptó mezclarse con los pecadores para cargar con el pecado del mundo: a esta misión se preparó en la soledad del desierto, lugar del encuentro con Dios y del enfrentamiento con el Adversario.  Su condición mesiánica y su filiación divina no le apartan de la historia humana, de sus pruebas y sufrimientos. Al contrario, se mete de lleno en esa lucha pues, también él, como verdadero hombre, tiene que vivir el desierto de la prueba.


Narrando el episodio de las tentaciones al comenzar su evangelio, Marcos evita la falsas esperanzas y los peligrosos triunfalismos; La alegre noticia de Jesús, Mesías e Hijo de Dios, no seguirá el gastado esquema de los honores y la gloria, sino que a sumirá los rasgos insólitos de la debilidad, la lucha y el sufrimiento.

Una vez que ha sido presentado por el evangelista, Jesús se presenta a sí mismo personalmente a través del ministerio público que inaugura. El proclama la Buena Nueva: el tiempo de la Promesa “se ha cumplido” y “está cerca” el Reino al que tendía toda la Antigua Alianza. Ahora es necesario “cambiar de mentalidad” (metanoéin, en griego), convertirse, y aceptar la fe como adhesión amorosa y activa al designio de Dios.


La vida puede volver a empezar, hoy. Es una posibilidad real que nos brinda Dios, no es que yo decida romper con el pasado, eso duraría poco; puede durar porque es cosa de Dios, el nuevo comienzo no depende de mi frágil voluntad, sino de su omnipotente voluntad de amor. Con Él puedo salir victorioso de las tentaciones que me acosan en la vida, sobre todo cuando me amenazan con hacerme perder la Esperanza.

Oratio: ¿Qué me hace decirle a Dios esta lectura?

 

Muchas veces, Señor, he intentado volver a empezar, comenzar de nuevo, pero el pecado me derrota una y otra vez. Tú eres fortaleza de quien está tentado, tú sabes cuántas veces he fallado y, sin embargo, te acercas a mi. Tu eres el único que puedes ayudarme, por eso hoy te invoco.


En este tiempo de Gracia tu también pasas por mi “Galilea” anunciándome: “se ha cumplido el plazo, el Reino está cerca”; por eso te pido que no deje pasar este tiempo, este Kairós, inútilmente: Conviérteme. Que también yo me deje impulsar por el Espíritu adonde Él me lleve: Desierto o Galilea, y hacer allí siempre tu Voluntad.


Contemplatio: Pistas para el encuentro con Dios y el compromiso

 

Se quedó en el desierto cuarenta días.


Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios.


Está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio


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ZENIT publica la intervención del observador permanente de la Santa Sede ante la Oficina de las Naciones Unidas de Ginebra, el arzobispo Silvano M. Tomasi, ante la décima sesión especial del Consejo de los Derechos del Hombre sobre el impacto de la crisis económica y financiera mundial en los derechos humanos. 

 

 

1. Como nos recuerdan diariamente los medios de comunicación, la crisis financiera mundial ha creado una recesión global provocando consecuencias sociales dramáticas, incluyendo la pérdida de millones de puestos de trabajo y el serio riesgo de que no se alcancen los Objetivos de Desarrollo del Milenio para muchos de los países en vías de desarrollo. Los derechos humanos de innumerables personas quedan comprometidos, incluido el derecho a la alimentación, al agua, a la salud y a un trabajo decente. Por encima de todo, cuando amplios segmentos de una población nacional ven sus derechos sociales y económicos desvanecidos, la pérdida de esperanza pone en peligro la paz. La comunidad internacional tiene la legítima responsabilidad de exigir por qué ha tenido lugar esta situación; de quién es la responsabilidad; y cómo una solución concertada nos puede sacar de la crisis y facilitar el restablecimiento de los derechos. La crisis fue causada, en parte, por el problemático comportamiento de algunos de los agentes del sistema financiero y económico, incluyendo a administradores de bancos y a aquellos que deberían haber sido más diligentes en aplicar los sistemas de control y rendimiento de cuentas; por este motivo, tienen una gran responsabilidad en los actuales problemas. Las causas de la crisis, sin embargo, son más profundas.


2. Reflexionando en aquella época sobre la crisis de 1929, Pío XI observaba que "salta a los ojos de todos, en primer lugar, que en nuestros tiempos no sólo se acumulan riquezas, sino que también se acumula una descomunal y tiránica potencia económica en manos de unos pocos, que la mayor parte de las veces no son dueños, sino sólo custodios y administradores de una riqueza en depósito, que ellos manejan a su voluntad y arbitrio" (Quadragesimo Anno, n.105). También observó cómo la libre competencia se destruyó a sí misma basándose en la ganancia como único criterio. La crisis actual tiene dimensiones económicas, jurídicas y culturales. La actividad financiera no puede reducirse a sacar ganancias fáciles, debe incluir la promoción del bien común entre quienes ofrecen préstamos, entre quienes reciben los préstamos, y entre quienes trabajan. La ausencia de un fundamento ético ha llevado la crisis a todos los países de baja, media y alta renta. Señor presidente, la delegación de la Santa Sede hace un llamamiento a prestar una nueva "atención a la necesidad de una actitud ética para la creación de colaboraciones positivas entre los mercados, la sociedad civil y los Estados" (Papa Benedicto XVI).


3. Las consecuencias negativas ejercen un impacto más dramático en el mundo en vías de desarrollo y en los grupos más vulnerables de todas las sociedades. En un reciente documento, el Banco Mundial considera que, en 2009, la actual crisis global podría llevar a otros 53 millones de personas a vivir por debajo del umbral de los dos dólares estadounidenses al día. Esta cifra se añade a la de los 130 millones de personas que han caído en la pobreza a causa del aumento de los precios de alimentos y energía. Estas tendencias amenazan seriamente al resultado de la lucha contra la pobreza planteada por los Objetivos de Desarrollo del Milenio para el año 2015. Es evidente que los niños, en particular, serán los que más sufrirán a causa de las dificultades económicas y que para el año 2009 se prevé un fuerte aumento del índice de mortaldad infantil en los países pobres.


4. Es sabido que los países de baja renta son sumamente dependientes de dos flujos financieros: la ayuda exterior y las remesas de los emigrantes. Se espera que ambos flujos disminuirán de manera significativa en los próximos meses, a causa del empeoramiento de la crisis económica. A pesar de la renovada afirmación oficial del compromiso de los donantes para aumentar la Asistencia Oficial al Desarrollo (AOD), según el acuerdo de Gleneagles, actualmente la mayor parte de los donantes no está en condiciones de cumplir el objetivo de un aumento significativo paulatino de la AOD para el año 2010. Además, las cifras más recientes revelan una disminución de los flujos de ayuda. Esto hace pensar con preocupación que un posible efecto directo de la crisis económica mundial puede ser el de una mayor reducción de las ayudas a los países pobres. Por otra parte, las remesas de los trabajadores emigrantes ya se han reducido de manera significativa. Esto amenaza a la supervivencia económica de familias enteras que reciben una parte consistente de su renta de la trasferencia de fondos efectuados por familiares que trabajan en el exterior.


5. La delegación de la Santa Sede, señor presidente, quisiera concentrarse en un aspecto específico de la crisis: su impacto en los derechos humanos de los niños, algo sintomático, al mismo tiempo, del destructivo impacto sobre los demás derechos sociales y económicos. En estos momentos, algunos importantes derechos de los pobres dependen mucho de los flujos oficiales de ayuda y de las remesas de los trabajadores. Entre éstos, se encuentran los derechos a la salud, a la educación, y a la alimentación. En varios países pobres, de hecho, los programas educativos, de salud y alimentación se realizan gracias a las ayudas de donantes oficiales. Si la crisis económica reduce esta asistencia, la realización de estos programas quedaría en peligro. Del mismo modo, en muchas regiones pobres, familias enteras pueden tener hijos escolarizados y decentemente alimentados gracias a las remesas recibidas de los emigrantes. Si la reducción de ambas, la ayuda y las remesas, sigue teniendo lugar, privará a los niños del derecho a ser educados, creando una doble consecuencia negativa. No sólo impediremos a los niños el pleno ejercicio de su talento, que a su vez podría ponerse al servicio del bien común, sino que además se pondrán las condiciones de dificultad económicas a largo plazo. Una menor inversión educativa hoy, de hecho, se traducirá en un menor crecimiento futuro. Al mismo tiempo, una alimentación pobre entre los niños empeora significativamente la esperanza de vida, aumentando los índices de mortalidad tanto infantil como adulta. Las consecuencias negativas económicas de todo esto superan la dimensión personal y afectan a sociedades enteras.


6. Señor presidente, permítame mencionar otra consecuencia de la crisis económica global que podría ser particularmente relevante para el mandato de las Naciones Unidas. Con demasiada frecuencia, períodos de severa dificultad económica se han caracterizado por el aumento del poder de los gobiernos caracterizados por un dudoso compromiso democrático. La Santa Sede reza para que pueda evitarse este tipo de consecuencias en la crisis actual, pues provocaría una seria amenaza para la difusión de los derechos humanos básicos por los que ha luchado tan tenazmente esta institución.


7. Los últimos cincuenta años han sido testigos de algunos de los grandes logros en la reducción de la pobreza. Señor presidente, estos logros se ven hoy amenazados y se necesita una actitud coherente para preservarlos a través de un renovado sentido de solidaridad, especialmente con los segmentos de población y con los países más afectados por la crisis. Sin embargo, se repetirán antiguos y recientes errores si no se emprende una acción internacional concertada orientada a promover y tutelar todos los derechos humanos y, si las actividades financieras y económicas directas, no se enmarcan en un camino ético que pueda anteponer las personas, su productividad y sus derechos a la avidez que puede resultar de la obsesión por la ganancia.


[Traducción del original inglés realizada por Jesús Colina]


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Carta pastoral de Monseñor  Juan José Asenjo Peregrina, Administrador Apostólico de Córdoba, para la cuaresma 2009 titulada “La Cuaresma, tiempo de ayuno y solidaridad”.



El próximo miércoles, con la bendición de la ceniza, comenzaremos el tiempo santo de Cuaresma, tiempo de gracia y salvación, en el que todos estamos invitados a convertirnos por el camino de las practicas penitenciales de siempre, la oración más intensa, el ayuno y la limosna. El Papa Benedicto XVI acaba de hacer público su Mensaje para la Cuaresma de este año. Lleva por título: “Jesús, después de hacer un ayuno de cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre” (Mat 4,2). En él el Papa reflexiona sobre el valor cristiano del ayuno y se pregunta qué sentido tiene para nosotros los cristianos privarnos de algo que en sí mismo es bueno para nuestro sustento. La Sagrada Escritura y la tradición cristiana enseñan que el ayuno es una gran ayuda para evitar el pecado y un medio para recuperar la amistad con el Señor. Por ello, la Palabra de Dios nos invita muchas veces a ayunar. Jesús nos da ejemplo ayunando durante cuarenta días en el desierto y rechazando el alimento ofrecido por el diablo. La práctica del ayuno está también muy presente en la primera comunidad cristiana y los Padres de la Iglesia hablan de la fuerza del ayuno, capaz de frenar el pecado, reprimir los deseos del “viejo Adán” y abrir en nuestro corazón el camino hacia Dios.


En nuestros días, como nos dice el Papa, la práctica del ayuno ha perdido relevancia desde la perspectiva ascética y espiritual. En muchos ambientes cristianos ha llegado incluso a desaparecer. Al mismo tiempo, ha ido acreditándose como una medida terapéutica conveniente para el cuidado del propio cuerpo y como fuente de salud. Siendo esto cierto, a juicio de los expertos, para nosotros los cristianos el ayuno es una “terapia” para curar todo lo que nos impide conformarnos con la voluntad de Dios. El ayuno nos ayuda a no vivir para nosotros mismos, sino para Aquél que nos amó y se entregó por nosotros y a vivir también para nuestros hermanos.


La Cuaresma
que estamos a punto de iniciar nos depara la oportunidad de recuperar el auténtico significado de esta antigua práctica penitencial, que nos ayuda a mortificar nuestro egoísmo, a romper con los apegos que nos separan de Dios, a controlar nuestros apetitos desordenados y a ser más receptivos a la gracia de Dios. El ayuno contribuye a afianzar nuestra conversión al Señor y a nuestros hermanos, a entregarnos totalmente a Dios y, como dice el Papa en su Mensaje, “a abrir el corazón al amor de Dios y del prójimo, primer y sumo mandamiento de la nueva ley y compendio de todo el Evangelio”. El ayuno nos ayuda además a crecer en intimidad con el Señor. Así lo reconoce San Agustín en su pequeño tratado sobre “La utilidad del ayuno” cuando afirma: “Yo sufro, es verdad, para que Él me perdone; yo me castigo para que Él me socorra, para que yo sea agradable a sus ojos, para gustar su dulzura”. La privación voluntaria del alimento material nos dispone interiormente para escuchar a Cristo y alimentarnos de su palabra de salvación. Con el ayuno y la oración más constante y dilatada en estos días de Cuaresma, el Señor sacia cumplidamente los anhelos más profundos del corazón humano, el hambre y la sed de Dios.


La practica voluntaria del ayuno nos permite también caer en la cuenta de la tristísima situación en que viven muchos hermanos nuestros, casi un tercio de la humanidad, que se ven forzados a ayunar como consecuencia de la injusta distribución de los bienes de la tierra y de la insolidaridad de los países desarrollados. Desde la experiencia ascética del ayuno, y por amor a Dios, hemos de inclinarnos como el Buen Samaritano sobre los hermanos que padecen hambre, para compartir con ellos nuestros bienes. Y no sólo aquellos que nos sobran, sino también aquellos que estimamos necesarios, porque si el amor no nos duele es un amor engañoso. Con ello demostraremos que nuestros hermanos necesitados no nos son extraños, sino alguien que nos pertenece.


En la antigüedad cristiana se daba a los pobres el producto del ayuno. En la coyuntura social que estamos viviendo como consecuencia de la crisis económica, hemos de redescubrir y promover esta práctica penitencial de la primitiva Iglesia. Por ello, pido a las comunidades cristianas de la Diócesis, a los sacerdotes, consagrados, seminaristas y laicos que, junto a las prácticas cuaresmales tradicionales, la oración, la escucha de la palabra de Dios, la mortificación y la limosna, intensifiquen el ayuno personal y comunitario, destinando a los pobres, a través de nuestras Caritas, aquellas cantidades que gracias al ayuno se puedan recoger.


Que la Santísima Virgen sostenga a toda la comunidad diocesana en el empeño de liberar nuestro corazón de la esclavitud del pecado, nos aliente en nuestra conversión al Señor y nos conceda una Cuaresma fructuosa y santa.

Para todos, mi saludo fraterno y mi bendición.


+ Juan José Asenjo Peregrina
Administrador Apostólico de Córdoba


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Martes, 24 de febrero de 2009

ZENIT publica la reflexión de Cuaresma que ha escrito por Mario J. Paredes, presidente de la Asociación Católica de Líderes Latinos (CALL) de los Estados Unidos, miembro del comité presidencial de enlace de la Sociedad Bíblica de los Estados Unidos con la Iglesia católica, quien representó a esta institución en el Sínodo de los Obispos sobre la Palabra celebrado en octubre en el Vaticano.

 

 

Cada año, con el llamado "Miércoles de Ceniza", los católicos iniciamos el tiempo de la Cuaresma, tiempo en el que la liturgia de la Iglesia católica nos invita a una reflexión y actuación sobre nuestras vidas, sobre su sentido, su origen, su misión, su destino último.


Se trata, por tanto, de un tiempo "fuerte" para la "metanoia"o "conversión" que - en teología y vida cristiana - significa una adecuación de nuestro ser, existir y actuar a la misma vida de Jesucristo, a su evangelio, a sus valores, a sus convicciones, a su propuesta de vida: gastar la vida en servicio al evangelio, es decir, a favor de los otros, especialmente de los más necesitados, para obtener la vida eterna, la vida feliz, la vida plena.


Por ello, la Cuaresma es un camino bíblico, pastoral, litúrgico y existencial para cada creyente personalmente y para la comunidad cristiana en general que comienza con la ceniza y concluye con la noche del lucernario, la noche del fuego y de la luz: la noche santa de la Pascua de Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.


La Cuaresma
simboliza, nos señala y recuerda un "paso", una pascua, un itinerario a seguir de manera permanente: el paso de la nada a la existencia, de las tinieblas a la luz, de la muerte a la vida, de lo insignificante a la vida abundante en Dios, por medio de su Hijo Jesucristo. Y es que convertirnos significa destruir, dejar atrás, quemar, volver cenizas el "hombre viejo", el hombre-sin-Cristo para revestirnos del hombre "nuevo", el hombre-en-el-espíritu, que es fuego nuevo en el mundo.


El Miércoles de Ceniza, mientras el ministro impone la ceniza al penitente dice estas dos expresiones alternativamente: "Arrepiéntete y cree en el Evangelio" y/o "Acuérdate de que eres polvo y al polvo has de volver." Signo y palabras que expresan muy adecuadamente nuestra creaturalidad, nuestra absoluta dependencia de Dios, nuestro peregrinaje hacia una patria definitiva, nuestra caducidad.


Miércoles de Ceniza en particular y Cuaresma en general son un tiempo litúrgico y una invitación a volver nuestra mirada y vida a Dios y a los principios del Evangelio. Así, si Cuaresma es tiempo para la conversión, para mejorar en el proceso de humanización personal y comunitario, entonces la Cuaresma coincide con la vida misma de todo creyente, con el ser y misión de toda la Iglesia y con la vocación de la entera comunidad humana.


Cuaresma es una invitación a cambiar aquello que tenemos que cambiar en la búsqueda de ser mejores y mas felices, una invitación a construir en vez de destruir y a mirar y volver hacia formas de vida más justas, más solidarias, más humanas. Cuaresma es una llamada para buscar diligentemente nuevas formas de ser y hacer Iglesia siendo mejores y más auténticos discípulos de el Crucificado Resucitado.


El tiempo litúrgico de la Cuaresma - como nuestra propia existencia - lo recorremos con la mirada puesta en la Pascua de Resurrección y en la Pascua definitiva en Dios. Pascua de vida abundante que se opone a toda forma de discriminación y de envilecimiento del ser humano, de su dignidad, a toda forma de atropello y violencia, a toda forma de mentira, maldad y muerte, a toda forma de corrupción y división, a toda forma de marginación y opresión. Porque la Pascua, como punto de llegada, culmen y superación de la Cuaresma, es absoluta novedad de vida, de la vida abundante que Dios nos ofrece y a la que Dios nos invita en este tiempo y en todo tiempo.


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Lectio divina ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la Diócesis de Tenerife para el miércoles de ceniza que se celebra el 25 de Febrero de 2009.

Lectura del Evangelio según San Mateo: (6,  1-6. 16-18)

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: ”Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará.

Cuando recéis no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga. Cuando tú vayas a rezar entra en tu cuarto, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará.

Cuando ayunéis no andéis cabizbajos, como los farsantes que desfiguran su rostro para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará.

Palabra del Señor

 

Lectio: ¿Qué dice el texto bíblico en su contexto?

 

El presente texto se enmarca dentro del “Sermón del Monte”, primero de los cinco largos discursos en los que S. Mateo sintetiza la enseñanza de Jesús, y que abarca desde el capítulo 5 al 7. El texto que proclama este día corresponde al inicio del capítulo 6º en que Jesús hace unas indicaciones acerca de la limosna, la oración y el ayuno. En la perícopa seleccionada se ha prescindido de los versículos 7 al 15 donde Mateo incluye la oración del Padrenuestro. 


“Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres...” (Mt 6, 1) Ésta expresión significa practicar las obras buenas que hacen justo al hombre ante Dios, y que para los judíos eran principalmente las ya indicadas: limosna, oración y ayuno.


“Cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante...” (Mt 6, 2) La llamada de atención de Jesús corresponde con la tradición profética que acerca de la falsedad de los sacrificios realizados para hacer los propios deseos y no la voluntad de Yahweh (Cfr. Am 4, 5).


“...como hacen los hipócritas” (Mt 6, 2) “hypokritoí” significa literalmente “comediantes”, usado para traducir el término judaico “impíos”, y es el adjetivo con el que Jesús define a los falsos devotos que practican una piedad afectada y ostentosa, fundamentalmente en el evangelio de S. Mateo se identifica con ella a los fariseos. (Cfr. Mt 15,  7; 22, 18; 23, 13-15). “... y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará”. (Mt 6, 4) Concluyendo cada una de las enseñanzas de éste pasaje Jesús insiste en esa convicción: Dios ve en lo secreto y recompensa, haciéndose eco de lo que oramos en el salmo 139 “Señor, tú me sondeas y me conoces; me conoces cuando me siento o me levanto, de lejos penetras mis pensamientos; distingues mi camino y mi descanso, todas mis sendas te son familiares”. (Sal 139, 1-3)


“Cuando recéis...” (Mt 6, 5-6) Jesús instruye acerca de la oración también con su ejemplo (Cfr. Mt 14, 23), indicando a sus discípulos el deber y el modo de orar. Una oración humilde y sin pretensiones ante Dios (Cfr. Lc 18, 10-14) , ni vanagloria ante los hombres (Cfr. Mc 12, 40). “...entra en tu cuarto, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido...” (Mt 6, 6) Contrastando con la oración de los fariseos, que oran en pie y en público, también la Escritura conserva pasajes en los que se habla de la oración en secreto, como recomienda Jesús. “Entró y cerrá la puerta tras de ambos, y oró a Yahweh” (Cfr. 2Re 4, 33); “Vete, pueblo mío, entra en tus cámaras y cierra tu puerta tras de ti...” (Cfr. Is 26, 20) “...Daniel entró en su casa (...) y tres veces al día se ponía él de rodillas, para orar y dar gracias a su Dios”.


“Cuando ayunéis no andéis cabizbajos, como los farsantes que desfiguran su rostro para hacer ver a la gente que ayunan”. (Mt 6, 16) La Ley sólo prescribía el ayuno para el día de la Expiación (Cfr. Lv 23, 26-32), pero en algunas épocas se multiplicaron los días de ayuno, o para conmemorar aniversarios de duelo, o para implorar la misericordia divina. Al igual que con las otras dos prácticas, también denuncia Jesús la práctica del ayuno “para que los vea la gente”, e, igualmente, encontramos ecos de esta denuncia en la tradición profética: “-¿Por qué ayunamos, si tú no lo ves? ¿para qué nos humillamos, si tú no lo sabes? -Es que el día en que ayunabais, buscabais vuestro negocio y explotabais a vuestros trabajadores. Es que ayunáis para el litigio y pleito y para dar puñetazos a malvados. No ayunéis como hoy, para hacer oír en las alturas vuestra voz. ¿Acaso es éste el ayuno que yo quiero el día en que se humilla el hombre? ¿Había que doblegar como junco la cabeza, en sayal y ceniza estarse echado? ¿A eso llamáis día grato a Yahweh?” (Cfr. Is 58, 3-5) Y continúa: “No será más bien este otro el ayuno que yo quiero: desatar los lazos de maldad, deshacer las coyundas del yugo, dar la libertad a los quebrantados y arrancar todo yugo? ¿No será partir al hambriento tu pan, y a los pobres in hogar recibir en tu casa? ¿Que cuando veas a un desnudo le cubras, y de tu semejante no te apartes? (Cfr. Is 58, 6-7)


“Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre...” (Mt 6, 17-18) Con esta indicación concluye  Mateo esta parte del discurso acerca de las prácticas de piedad y, como en los casos anteriores, la invitación de Jesús es la de no hacerlas por aparentar ante los hombres. La invitación a lavarse y perfumarse recuerda la oración de Judith y de la reina Esther: “Cayó Judith, rostro en tierra, echó ceniza sobre su cabeza, dejó ver el sayal que tenía puesto (...) clamó al Señor (...) Acabada su plegaria (...) se levantó  (...) se quitó el sayal que vestía, se desnudó de sus vestidos de viudez, se bañó toda, se ungió con perfumes exquisitos...” (Cfr. Jdt 9, 1. 10, 1-3). “...la reina Esther se refugió en el Señor, presa de mortal angustia. Despojándose de sus magníficos vestidos, se vistió de angustia y duelo. En vez de exquisitos perfumes, echó sobre su cabeza ceniza (...) y suplicó al Señor, Dios de Israel. (...) una vez acabada su oración, se despojó de sus vestidos de orante y se revistió de reina”. (Cfr. Est 4, 17j.5, 1)

 

Meditatio: ¿Qué me dice Dios a mí, a través de la lectura?

 

El texto que se proclama al comenzar la Cuaresma recoge el tema de la limosna, oración y ayuno eran las principales obligaciones religiosas de los fariseos, como Jesús también pone de manifiesto, pero él da un paso adelante indicando que quienes viven según el Reino de Dios deben hacerlo sin alardes ni ostentación.

 

Dos elementos se repiten como un estribillo a lo largo del texto:  “tu Padre, que ve en lo secreto” o “en lo escondido” y “ te recompensará” o “te lo pagará” (literalmente “salario”). Son expresiones que reflejan cómo la piedad es una ganancia si no se fija en el aplauso de los hombres ni busca satisfacer la vanidad, sino que busca la complacencia del Padre en una relación íntima y personal.  El “salario” esperado no debe ser de este mundo ni del tiempo presente, sino la comunión eterna con Dios, que será nuestra recompensa.

 

Al comenzar la Cuaresma con este texto, se nos invita a tomar en consideración las claves que el mismo Jesús dio a los discípulos. Las prácticas de piedad siguen siendo válidas, pero Él deja claro cual debe ser el espíritu que las sustenta; Dios no está cuantificando las obras que hacemos, sino que dichas obras son un medio para alcanzarle a Él mismo, que es nuestra recompensa.

 

Oratio: ¿Qué me hace decirle a Dios esta lectura?

 

Señor Jesús, he comenzado con toda la Iglesia, con todos mis hermanos,  este tiempo penitencial de Cuaresma. A ti te busco, quiero convertirme para que mi vida sea cada vez más un reflejo tuyo. Recibiendo la ceniza quiero ponerme en actitud de conversión, abierto a tu Palabra en este tiempo de Gracia.

Te pido para que mi piedad, la oración, limosna o ayuno que realice no sea una práctica externa, sino que sepa “entrar en mi habitación” y encontrarte allí. Que no caiga en la ostentación delante de mis hermanos, Señor, sino que sepa buscarte con humildad, y que esta Cuaresma me ayude a tener cada vez mayor certeza de que la verdadera recompensa será encontrarte a Ti.

 

Contemplatio: Pistas para el encuentro con Dios y el compromiso

 

Cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha.

Cuando tú vayas a rezar entra en tu cuarto, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido.

Que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará.


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ZENIT publica el discurso que dirigió Benedicto XVI el lunes 23 de Febrero de 2009 a los participantes en el congreso científico internacional "Las nuevas fronteras de la genética y el riesgo de la eugenesia" organizado por la Academia Pontificia para la Vida con motivo de su XV asamblea general.

 

 

Señores cardenales,

venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio,

ilustres académicos,

señoras y señores:

Es para mí un placer recibiros con motivo de la XV asamblea ordinaria de la Academia Pontificia para la Vida. En 1994, mi venerado predecesor, el Papa Juan Pablo II la instituía bajo la presidencia de un científico, el profesor Jerôme Lejeune, interpretando con amplias miras la delicada tarea que debería desempeñar con el pasar de los años. Doy las gracias al presidente, monseñor Rino Fisichella, por las palabras con las que ha introducido este encuentro, confirmando el gran compromiso de la Academia a favor de la promoción y defensa de la vida humana.


Desde que a mediados del siglo XIX, el abad agustino Gregor Mendel, descubrió las leyes de la herencia de los caracteres, llegando a ser considerado como el fundador de la genética, esta ciencia ha dado pasos gigantescos en la comprensión de ese lenguaje que constituye la base de la información biológica que determina el desarrollo de un ser viviente. Por este motivo, la genética moderna desempeña un papel de particular importancia dentro de las disciplinas biológicas que han contribuido al prodigioso desarrollo de los conocimientos sobre la arquitectura invisible del cuerpo humano y de los procesos celulares y moleculares que establecen sus múltiples actividades. La ciencia ha llegado hoy a desvelar tanto los diferentes mecanismos recónditos de la fisiología humana, como los procesos que están ligados a la aparición de algunos defectos heredables de los padres, así como procesos que hacen que algunas personas queden más expuestas al riesgo de contraer una enfermedad. Estos conocimientos, fruto del ingenio y del esfuerzo de innumerables estudiosos, permiten llegar más fácilmente no sólo a un diagnóstico más eficaz y precoz de las enfermedades genéticas, sino también a ofrecer terapias destinadas a aliviar los sufrimientos de los enfermos y, en algunos casos, incluso a restituirles la esperanza de recobrar la salud. Además, desde que se encuentra a disposición la secuencia de todo el genoma humano, las diferencias entre un sujeto y otro y entre las diversas poblaciones humanas se han convertido en objeto de estudios genéticos que dejan entrever la posibilidad de nuevas conquistas.


El ámbito de la investigación sigue siendo hoy muy abierto y cada día se discuten nuevos horizontes que en gran parte siguen sin ser explorados. El esfuerzo del investigador en estos ámbitos tan enigmáticos y preciosos exige un apoyo particular; por este motivo, la colaboración entre las diferentes ciencias es un apoyo que no puede faltar nunca para llegar a resultados que sean eficaces y al mismo tiempo que produzcan un auténtico progreso para toda la humanidad. Esta complementariedad permite evitar el riesgo de un difundido reduccionismo genético, que tiende a identificar a la persona exclusivamente con la referencia a la información genética y a su interacción con el ambiente. Es necesario confirmar que el hombre siempre será más grande que todo lo que conforma su cuerpo; de hecho, lleva la fuerza del pensamiento, que siempre está orientada a la verdad sobre sí mismo y sobre el mundo. Se demuestran llenas de significado las palabras de un gran pensador que fue también un valiente científico, Blaise Pascal: "El hombre no es más que un junco, el más endeble de la naturaleza, pero es un junco pensante. No hace falta que todo el universo se ocupe de aplastarlo. Un vapor, una gota de agua bastan para matarlo. Pero, aunque el universo lo estuviese destruyendo, el hombre sería más noble que aquello que le mata; porque él sabe que está muriendo, mientras que el universo no tiene ni idea de la superioridad que tiene sobre él" (Pensamientos, 347).


Cada ser humano, por tanto, es mucho más que una singular coincidencia de informaciones genéticas que le son transmitidas por sus padres. La procreación de un hombre no podrá reducirse nunca a una mera reproducción de un nuevo individuo de la especie humana, como sucede con un animal. Cada vez que aparece una persona se trata siempre de una nueva creación. Lo recuerda con profunda sabiduría el Salmo: "Tú has creado mis entrañas, me has tejido en el seno materno... No desconocías mis huesos, cuando, en lo oculto, me iba formando" (139, 13.15). Si se quiere entrar en el misterio de la vida humana, por tanto, es necesario que ninguna ciencia se aísle, pretendiendo que posee la última palabra. Hay que compartir, por el contrario, la vocación común para llegar a la verdad, según la diferencia de las metodologías y de los contenidos propios de cada ciencia.


Vuestro congreso, de todos modos, no analiza sólo los grandes desafíos que la genética tiene que afrontar; abarca también los riesgos de la eugenesia, práctica que ciertamente no es nueva y que en el pasado ha llevado a aplicar formas inauditas de auténtica discriminación y violencia. La desaprobación por la eugenesia utilizada con la violencia de un régimen estatal, o como fruto del odio hacia una estirpe o población, está tan profundamente arraigada en las conciencias que fue expresada formalmente por la Declaración Universal de los Derechos del Hombre. A pesar de ello, en nuestros días siguen apareciendo manifestaciones preocupantes de esta práctica odiosa, que se presenta con rasgos diferentes. Es verdad que no se vuelven a presentar ideologías eugenésicas y raciales que en el pasado humillaron al hombre y provocaron tremendos sufrimientos, pero se insinúa una nueva mentalidad que tiende a justificar una consideración diferente de la vida y de la dignidad de la persona fundada sobre el propio deseo y sobre el derecho individual. De este modo, se tiende a privilegiar las capacidades operativas, la eficacia, la perfección y la belleza física en detrimento de otras dimensiones de la existencia que no son consideradas como dignas. De este modo, se debilita el respeto que se debe a todo ser humano, en presencia de un defecto en su desarrollo o de una enfermedad genética, que podrá manifestarse en el transcurso de su vida, y se penalizan desde la concepción a aquellos hijos cuya vida es juzgada como no digna de ser vivida.


Es necesario confirmar que toda discriminación ejercida por cualquier poder sobre personas, pueblos o etnias en virtud de diferencias debidas a reales o presuntos factores genéticos es un atentado contra la misma humanidad. Hay que confirmar con fuerza la misma dignidad de todo ser humano por el hecho mismo de haber llegado a la vida. El desarrollo biológico, psíquico, cultural o el estado de salud no pueden convertirse nunca en un elemento de discriminación. Es necesario, por el contrario, consolidar la cultura de la acogida y del amor que testimonian concretamente la solidaridad hacia quien sufre, derribando las barreras que la sociedad levanta con frecuencia discriminando a quien tiene una discapacidad o sufre patologías, o peor aún, llegando a la selección y el rechazo de la vida en nombre de un ideal abstracto de salud y de perfección física. Si el hombre es reducido a objeto de manipulación experimental desde los primeros pasos de su desarrollo, significa que las biotecnologías médicas se rinden ante el arbitrio del más fuerte. La confianza en la ciencia no puede hacer olvidar el primado de la ética cuando está en juego la vida humana.


Confío en que vuestra investigación en este sector, queridos amigos, pueda continuar con el debido empeño científico y con la atención que la ética exige ante problemas tan importantes y determinantes para el desarrollo coherente de la existencia personal. Este es el auspicio con el que deseo concluir este encuentro. Invocando sobre vuestro trabajo copiosas luces celestes, os imparto a todos vosotros con afecto una bendición apostólica especial.


[Traducción del original italiano realizada por Jesús Colina

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ZENIT nos ofrece el contenido de la "lectio divina" para los seminaristas pronunciada por Benedicto XVI el  viernes, 20 de Febrero 2009, por la tarde, durante su visita al Seminario Romano Mayor, en la vigilia de la fiesta de Nuestra Señora de la Confianza.


Señor cardenal, queridos amigos:

Para mí siempre es una gran alegría estar en mi Seminario, ver a los futuros sacerdotes de mi diócesis, estar con vosotros en el signo de Nuestra Señora de la Confianza. Con Ella, que nos ayuda y acompaña, y que nos da realmente la certeza de ser siempre ayudados por la gracia divina, seguimos adelante.


Vamos a ver ahora qué nos dice san Pablo con este texto: "Habéis sido llamados a la libertad". La libertad en todas las épocas ha sido el gran sueño de la humanidad, desde los comienzos, pero particularmente en la época moderna. Sabemos que Lutero se inspiró en este texto de la Carta a los Gálatas, y la conclusión fue que la Regla monástica, la jerarquía, el magisterio le parecieron como un yugo de esclavitud del que era necesario librarse. Sucesivamente, el periodo de la Ilustración fue totalmente guiado, penetrado por este deseo de la libertad, que se pensaba haber ya alcanzado . Pero también el marxismo se presentó como camino hacia la libertad.


Nos preguntamos esta noche: ¿qué es la libertad? ¿cómo podemos ser libres? San Pablo nos ayuda a entender esta realidad complicada que es la libertad insertando este concepto en un contexto de divisiones antropológicas y teológicas fundamentales. Dice: "Que esta libertad no se convierta en un pretexto para vivir según la carne, sino poneos al servicio unos de otros en la caridad" El rector nos ha dicho ya que "carne" no es el cuerpo, sino que "carne" --en el lenguaje de san Pablo-- es expresión de la absolutización del yo, del yo que quiere serlo todo y tomarlo todo para sí. El yo absoluto, que no depende de nada ni de nadie, parece poseer realmente, en definitiva, la libertad. Soy libre si no dependo de nadie, si puedo hacer todo lo que quiero. Pero precisamente esta absolutización del yo es "carne", es decir, es degradación del hombre, no es conquista de la libertad: el libertinismo no es libertad, es más bien el fracaso de la libertad.


Y Pablo se atreve a proponer una fuerte paradoja: "Mediante la caridad, poneos al servicio" (en griego douléuete); es decir, la libertad se realiza paradójicamente en el servicio; llegamos a ser libres si nos convertimos en siervos unos de otros. Y así Pablo pone todo le problema de la libertad a la luz de la verdad del hombre. Reducirse a la carne, aparentemente elevándose al rango de divinidad - "Sólo yo soy el hombre" - introduce en la mentira. Porque en realidad no es así: el hombre no es un absoluto, de forma que pueda aislarse y comportarse sólo según su propia voluntad. Esto va contra la verdad de nuestro ser. Nuestra verdad es que, ante todo, somos criaturas, criaturas de Dios y vivimos en relación con el Creador. Somos seres relacionales, y sólo aceptando esta relacionalidad entramos en la verdad, de otra manera caemos en la mentira y en ella, al final, nos destruimos.


Somos criaturas, por tanto dependientes del Creador. En el periodo de la Ilustración, sobre todo al ateísmo, esto le parecía como una dependencia de la que era necesario liberarse. En realidad, sin embargo, sería una dependencia fatal sólo si este Dios Creador fuese un tirano, no un Ser bueno, sólo si fuese como son los tiranos humanos. Si en cambio este Creador nos ama y nuestra dependencia supone estar en el espacio de su amor, en este caso precisamente la dependencia es libertad. De esta forma de hecho estamos en la caridad del Creador, estamos unidos a Él, a toda su realidad, a todo su poder. Por tanto éste es el primer punto: ser criatura quiere decir ser amados por el Creador, estar en esta relación de amor que Él nos da, con la que nos previene. De ahí deriva ante todo la verdad sobre nosotros mismos, que es al mismo tiempo, una llamada a la caridad.


Y por ello ver a Dios, orientarse a Dios, conocer a Dios, conocer la voluntad de Dios, insertarse en la voluntad, es decir, en el amor de Dios es entrar cada vez más en el espacio de la verdad. Y este camino del conocimiento de Dios, de la relación de amor con Dios, es la aventura extraordinaria de nuestra vida cristiana: porque conocemos en Cristo el rostro de Dios, el rostro de Dios que nos ama hasta la cruz, hasta el don de sí mismo.


Pero la relacionalidad criatural implica también un segundo tipo de relación: estamos en relación con Dios, pero al mismo tiempo, como familia humana, estamos también en relación el uno con el otro. En otras palabras, libertad humana es, por una parte, estar en la alegría y en el espacio grande del amor de Dios, pero implica también ser una sola cosa con el otro y para el otro. No hay libertad contra el otro. Si yo me absolutizo me convierto en enemigo del otro, ya no podemos convivir más sobre la tierra y toda la vida se convierte en crueldad, en fracaso. Solo una libertad compartida es una libertad humana; en el estar juntos podremos entrar en la sinfonía de la libertad.


Y por tanto este es otro punto de gran importancia: sólo aceptando al otro, aceptando también la aparente limitación que supone para mi libertad el respeto por la libertad del otro, sólo insertándome en la red de dependencias que nos hace, finalmente, una sola familia humana, yo estaré en camino hacia la liberación común.


Aquí aparece un elemento muy importante: ¿cuál es la medida de este compartir la libertad? Vemos que el hombre necesita orden, derecho, para poder realizar su libertad, que es una libertad vivida en común. ¿Y cómo podemos encontrar este orden justo, en el que nadie sea oprimido, sino que cada uno pueda ofrecer su propia contribución para formar esta especie de concierto de la libertad? Si no hay una verdad común del hombre como aparece en la visión de Dios, queda sólo el positivismo y se tiene la impresión de algo impuesto de manera incluso violenta. De ahí esta rebelión contra el orden y el derecho como si se tratase de una esclavitud.


Pero si podemos encontrar el orden del Creador en nuestra naturaleza, el orden de la verdad que da a cada uno su sitio, orden y derecho pueden ser precisamente instrumentos de libertad contra la esclavitud de egoísmo. Servirnos unos a otros se convierte en instrumento de la libertad, y aquí podemos incluir toda una filosofía de la política según la Doctrina social de la Iglesia, la cual nos ayuda a encontrar este orden común que da a cada uno su lugar en la vida común de la humanidad. La primera realidad que hay que respetar es, por tanto, la verdad: la libertad contra la verdad no es libertad. Servirnos unos a otros crea el espacio común de la libertad.


Y luego Pablo sigue diciendo: "La ley encuentra su plenitud en un solo precepto: Amarás a tu prójimo como a tí mismo". Tras esta afirmación aparece el misterio del Dios encarnado, aparece el misterio de Cristo que en su vida, en su muerte, en su resurrección se convierte en la ley viviente. Inmediatamente, las primeras palabras de nuestra lectura -"Habéis sido llamados a la libertad" - señalan este misterio. Hemos sido llamados por el Evangelio, hemos sido llamados realmente en el Bautismo, en la participación en la muerte y la resurrección de Cristo, y de esta forma hemos pasado de la "carne", del egoísmo, a la comunión con Cristo. Y así estamos en la plenitud de la ley.


Conocéis todos probablemente las hermosas palabras de san Agustín: "Dilige et fac quod vis - Ama y haz lo que quieras". Lo que Agustín dice es la verdad, si hemos entendido bien la palabra "amor". "Ama y haz lo que quieras", pero debemos ser penetrados realmente de la comunión con Cristo, habernos identificado con su muerte y su resurrección, estar unidos a Él en la comunión de su Cuerpo. En la participación de los sacramentos, en la escucha de la Palabra de Dios, realmente la voluntad divina, la ley divina entra en nuestra voluntad, nuestra voluntad se identifica con la suya, se convierten en una sola voluntad y así somos realmente libres, podemos realmente hacer lo que queremos, porque queremos con Cristo, queremos en la verdad y con la verdad.


Oremos por tanto al Señor para que nos ayude en este camino que comenzó con el Bautismo, un camino de identificación con Cristo que se realiza siempre de nuevo en la Eucaristía. En la tercera Plegaria eucarística decimos: "Para ser en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu". Es un momento en el cual, a través de la Eucaristía y a través de nuestra verdadera participación en el misterio de la muerte y de la resurrección de Cristo, nos convertimos en un solo espíritu con Él, estamos en esta identificación de la voluntad, y así llegamos realmente a la libertad.


Tras esta palabra --la ley se ha cumplido-- tras esta única palabra que se convierte en realidad en la comunión con Cristo, aparecen detrás del Señor todas las figuras de los santos que han entrado en esta comunión con Cristo, en esta unidad del ser, en esta unidad con su voluntad. Aparece sobre todo la Virgen, en su humildad, en su bondad, en su amor. La Virgen nos da esta confianza, nos toma de la mano, nos guía, nos ayuda en el camino de unirnos a la voluntad de Dios, como ella lo estuvo desde el primer momento, expresando esta unión en su "Fiat".


Y finalmente, tras estas cosas hermosas, una vez más en la carta se señala la situación un poco triste de la comunidad de los Gálatas, cuando Pablo dice: Si os mordéis y os devoráis mutuamente, mirad al menos de no destruiros del todo unos a otros... Caminad según el Espíritu". Me parece que en esta comunidad -que ya no estaba en el camino de la comunión con Cristo, sino en la ley exterior de la "carne" - emergen naturalmente también las polémicas y Pablo dice: "Os convertís en fieras, uno muerde al otro". Se refiere así a las polémicas que nacen donde la fe degenera en intelectualismo y la humildad es sustituida por la arrogancia de ser mejor que el otro.

Vemos bien que hoy también hay cosas parecidas donde, en lugar de insertarse en la comunión con Cristo, en el Cuerpo de Cristo que es la Iglesia, cada uno quiere ser superior al otro y con arrogancia intelectual quiere hacer creer que él es mejor. Y así nacen las polémicas que son destructivas, nace una caricatura de la Iglesia, que debería ser una sola alma y un solo corazón.


En esta advertencia de San Pablo debemos encontrar hoy un motivo de examen de conciencia: no pensar en ser superior al otro, sino encontrarnos en la humildad de Cristo, encontrarnos en la humildad de la Virgen, entrar en la obediencia de la fe. Precisamente así se abre realmente también para nosotros el gran espacio de la verdad y de la libertad en el amor.


Finalmente, queremos agradecer a Dios porque nos ha mostrado su rostro en Cristo, porque nos ha dado a la Virgen, nos ha dado a los santos, nos ha llamado a ser un solo cuerpo, un solo espíritu con Él. Y oremos para que nos ayude a insertarnos cada vez más en esta comunión con su voluntad, para encontrar así, con la libertad, el amor y la alegría.


[Al final de la cena con la comunidad del Seminario Romano, el Santo Padre dirigió estas palabras]

Me dicen que se espera aún una palabra mía. Ya he hablado quizás demasiado, pero quisiera expresar mi gratitud, mi alegría por estar con vosotros. En mi coloquio ahora en la mesa he aprendido algo más de la historia de Letrán, comenzando por Constantino, Sixto V, Benedicto XIV, Papa Lambertini.


Así he visto todos los problemas de la historia y el renacimiento siempre nuevo de la Iglesia en Roma. Y he comprendido que en la discontinuidad de los acontecimientos históricos exteriores está la gran continuidad de la unidad de la Iglesia en todos los tiempos. Y también sobre la composición del Seminario he comprendido que es expresión de la catolicidad de nuestra Iglesia. De todos los continentes somos una Iglesia y tenemos en común el futuro. Esperemos sólo que crezcan aún las vocaciones porque, como ha dicho el rector, de trabajadores en la viña del Señor. ¡Gracias a todos vosotros!


[Traducción del original italiano por Inma Álvarez]

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Lunes, 23 de febrero de 2009

Conferencia del Cardenal Renato Raffaele Martino, pronunciada en Guadalajara, España, el 20 de Febrero de 2009 con motivo de la 50ª Campaña contra el hambre de Manos Unidas.

«LA ERRADICACIÓN DE LA POBREZA Y LA
DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA»

Guadalajara, España, 20 de febrero de 2009


Saludo con aprecio al Excelentísimo Señor D. José Sánchez González, Obispo de Sigüenza-Guadalajara, a la Señora Doña Pilar Simón Romero, Presidenta diocesana de Manos Unidas, y a todos los aquí presentes. Expreso mi agradecimiento por su cordial invitación para participar en los actos de la 50ª Campaña contra el hambre en el mundo, organizada por esta benemérita Institución católica.


Queridos hermanos y hermanas:


Respondiendo a la invitación antes mencionada, con gusto deseo compartirles algunas reflexiones sobre el argumento que se me propuso: «La erradicación de la pobreza extrema y la doctrina social de la Iglesia».


En primer lugar, deseo referirme brevemente a la identidad de la doctrina social de la Iglesia, una doctrina con frecuencia ignorada, desconocida, incluso en ocasiones menospreciada. Existen muchos documentos –en primer lugar las encíclicas sociales– que nos pueden ayudar a conocer, comprender y practicar los principios de este corpus doctrinal. No pierdo la ocasión para seguir recomendando la lectura y reflexión del Compendio de la doctrina social de la Iglesia, ya que este importante documento eclesial brinda un cuadro completo de las líneas fundamentales de la enseñanza social católica, presentando, «de manera completa y sistemática, aunque de forma sintética, la doctrina social, que es fruto de la sabia reflexión del Magisterio y expresión del compromiso constante de la Iglesia, en fidelidad a la gracia de la salvación de Cristo y en amorosa solicitud por el destino de la humanidad» .


Para todos los hombres y mujeres de la Iglesia que, en el corazón del mundo, se empeñan en construir estructuras más dignas de la persona humana, es necesario que cuenten entre sus instrumentos con la doctrina social, porque el objeto de esta doctrina «es y será siempre la dignidad sagrada del hombre, imagen de Dios, y la tutela de sus derechos inalienables; su finalidad, la realización de la justicia entendida como promoción y liberación integral de la persona humana en su dimensión terrena y trascendente; su fundamento, la verdad sobre la misma naturaleza humana, verdad comprendida por la razón e iluminada por la Revelación, su fuerza propulsora, el amor como precepto evangélico y norma de acción. [Porque] la Iglesia, forjadora de fina concepción siempre actual y fecunda de la vida social, al desarrollar […] su enseñanza social, de naturaleza religiosa y moral, no se limita a ofrecer principios de reflexión, orientaciones, directrices, constataciones o llamadas, sino que presenta también normas de juicio y directrices para la acción que cada uno de los católicos está llamado a poner en la base de su prudente experiencia, para traducirla luego concretamente en categorías operativas de colaboración y de compromiso» .


Así pues, la razón de fondo por la cual la doctrina social de la Iglesia debe ser un punto de referencia irrenunciable para el trabajo de Manos Unidas, es que toda la verdad sobre el hombre que conocemos por la revelación, se encuentra presente en esta doctrina. La luz de la verdad del hombre, creado por Dios y redimido por Cristo, es una respuesta a una de las mayores debilidades de la sociedad contemporánea: la «inadecuada visión del hombre» . La Iglesia, a la luz de «la verdad sobre el hombre, revelada por Aquel mismo que conocía lo que en el hombre había (Jn 2, 25) mira las cuestiones sociales: la cuestión del super desarrollo y del subdesarrollo; el drama y la vergüenza del hambre en el mundo ; la cuestión de las estructuras económicas y financieras mundiales … Es ésta también la perspectiva desde la cual Manos Unidas, como Institución católica, debe siempre contemplar al hombre y encauzar su trabajo. Perspectiva que la diferencia de aquellas organizaciones no gubernamentales que también se dedican a luchar contra la pobreza extrema y el hambre


Entre los documentos que conforman el extenso corpus de la doctrina social, y que en ocasiones pasan desapercibidos, se encuentran los Mensajes para la Jornada Mundial de la Paz. En ellos podemos encontrar reflexiones enriquecedoras e iluminadoras de las cuestiones sociales de actualidad que amenazan la paz de la familia humana. Es por ello que deseo llamar su atención sobre el último de estos Mensajes, ya que es de particular interés para esta ocasión.


En efecto, el Papa Benedicto XVI, dedica su Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de este año 2009, precisamente al tema del combate a la pobreza. Retoma y desarrolla lo que Juan Pablo II afirmó en su también Mensaje para esta Jornada, importante en la vida de la Iglesia y de la humanidad: «Se constata y se hace cada más grave en el mundo otra seria amenaza para la paz: muchas personas, es más, poblaciones enteras viven hoy en condiciones de extrema pobreza. La desigualdad entre ricos y pobres se ha hecho más evidente, incluso en las naciones más desarrolladas económicamente. Se trata de un problema que se plantea a la conciencia de la humanidad, puesto que las condiciones en que se encuentra un gran número de personas son tales que ofenden su dignidad innata y comprometen, por consiguiente, el auténtico y armónico progreso de la comunidad mundial» . También el Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI nos hace ver como la lucha contra la pobreza y la paz se reclaman mutua y constantemente en una fecunda circularidad que constituye uno de los presupuestos más estimulantes para dar cuerpo a un apropiado acercamiento cultural, social y político a las complejas cuestiones relacionadas con la realización de la paz en nuestro tiempo, marcado por el fenómeno de la globalización. Este fenómeno es profundizado por el Santo Padre que pone en evidencia su significado metodológico y de contenido, consintiendo así un acercamiento amplio y articulado al tema de la lucha contra la pobreza. El n. 2 del Mensaje, en efecto, se detiene para tratar ampliamente estos aspectos con la intención de dar un perfil a los rostros, múltiples y complementarios, de la pobreza actual. El Papa considera sobre todo el rol de las ciencias sociales en la medición de los fenómenos de la pobreza. Las ciencias sociales permiten adquirir datos particularmente de tipo cuantitativo, y si la pobreza fuera sólo de tipo material y cuantitativo, las ciencias sociales serían suficientes para iluminar sus características principales. Sin embargo, sabemos que no es así, y que existen pobrezas inmateriales que no son una consecuencia directa y automática de las pobrezas materiales. Dos ejemplos pueden ayudarnos a probarlo: En las así llamadas sociedades ricas y desarrolladas existen amplios fenómenos de pobreza relacional, moral y espiritual; muchas personas están alienadas y viven formas de malestar no obstante el bienestar económico general. Se trata del «subdesarrollo moral» y de las consecuencias negativas del «superdesarrollo» ; y en las llamadas sociedades «pobres», el crecimiento económico con frecuencia se ve frenado por impedimentos culturales, que no permiten un adecuado uso de los recursos. La pobreza material no explica nunca, por sí sola, las pobrezas inmateriales, más bien es verdad lo contrario.


El Mensaje del Papa se presenta estructurado en dos partes, en cada una de las cuales el tema de la lucha contra la pobreza, en el contexto de la globalización, viene progresivamente tratado en relación con los varios aspectos de la promoción de la paz. En la primera parte se ponen en evidencia las implicaciones morales vinculadas con la pobreza; en la segunda, la lucha contra la pobreza se pone en relación con la exigencia de una mayor solidaridad global. La reflexión de la primera parte del Mensaje se desarrolla en los números del 3 al 7, y afronta, de manera ejemplificada y emblemática, algunos de los nudos dramáticos de las pobrezas modernas.


El primer nudo que se afronta es el que individúa en el crecimiento demográfico la causa de la pobreza. Un peligroso enfoque ya señalado por Pablo VI, quien había advertido a los gobiernos contra la tentación «de usar la autoridad para disminuir el número de los comensales más que multiplicar el pan a repartir» . Benedicto XVI, en su Mensaje denuncia tal perspectiva que justifica «el exterminio de millones de niños no nacidos en nombre de la lucha contra la pobreza», determinando la eliminación de los más pobres entre los seres humanos. Pienso que ésta es la más injusta de las múltiples expresiones de esa disimulada y malévola estrategia de querer vencer la pobreza eliminando a los pobres.


El segundo nudo de relevancia moral que el Santo Padre afronta es el de la relación entre enfermedades pandémicas, sobre todo el SIDA, y la pobreza. También en este caso Benedicto XVI reclama la exigencia de una consideración mayor y más exacta de las intrínsecas implicaciones morales que dicha relación comporta, si se quiere luchar verdaderamente contra la pobreza y construir la paz. El Santo Padre evoca, por un lado, la necesidad de poner a disposición de los pueblos pobres las medicinas y los cuidados necesarios, reconsiderando el sistema de las patentes mediante una asunción de responsabilidad de la Comunidad internacional que garantice a todos los hombres y mujeres los necesarios cuidados sanitarios básicos y, por otro lado, la urgencia de aprontar campañas de educación para una sexualidad que responda plenamente a la dignidad de la persona. Iniciativas promovidas en esta dirección han dado ya frutos significativos. Hago notar que en el contexto de la globalización la Organización Mundial de la Salud también está llamada a jugar un rol fundamental para los fines de la seguridad internacional, hoy basada en el paradigma de la «seguridad humana». Por ejemplo en el World Health Report 2007, el objetivo de la salud pública global es perseguido como elemento de la seguridad internacional .


El tercer nudo afrontado por el Papa es el de la pobreza de los niños, individuados como las víctimas más vulnerables, porque son aquellos que en mayor número se encuentran entre las personas que conforman el estrato de la llamada pobreza absoluta. Preocuparse de los niños y niñas, es preocuparse por el futuro; mirar la pobreza desde la perspectiva de los niños lleva a considerar prioritarios objetivos como la salvaguardia del medioambiente, la educación, el acceso a las vacunas y a los cuidados médicos, el acceso al agua potable, la educación y cuidado de las madres, y sobre todo las relaciones al interior de las familias y de las comunidades. Todo lo que debilita la familia produce daños que se descargan sobre los niños; donde no se promueve la dignidad de la mujer y de la madre, también se lesiona la dignidad de los niños y niñas.


Un cuarto aspecto o nudo afrontado se refiere a la relación existente entre desarme y desarrollo: también éste pletórico de implicaciones morales. el Santo Padre había ya subrayado en precedencia que «los ingentes recursos materiales y humanos empleados en gastos militares y en armamentos se sustraen a los proyectos de desarrollo de los pueblos, especialmente de los más pobres y necesitados de ayuda. Y esto va contra lo que afirma la misma Carta de las Naciones Unidas, que empeña a la Comunidad internacional, y a los Estados en particular, a “promover el establecimiento y mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales con la menor desviación posible de los recursos humanos y económicos del mundo hacia los armamentos” (art. 26)» . El Santo Padre invita a los Estados a hacer una sincera autocrítica. Reclamo más que razonable y fundamentado, porque el gasto militar mundial del 2007 ha sido de 1,339 billones de dólares, el 6% superior al gasto del 2006 (1,204 billones de dólares) y del 45% con respecto a la década 1998 – 2007. el gasto corresponde al 2.5% del PIB mundial y a 202 dólares per cápita de la población mundial. «Este estado de cosas –señala el Pontífice – en vez de facilitar, entorpece seriamente la consecución de los grandes objetivos de desarrollo de la comunidad internacional. Además, un incremento excesivo del gasto militar corre el riesgo de acelerar la carrera de armamentos, que provoca bolsas de subdesarrollo y de desesperación, transformándose así, paradójicamente, en factor de inestabilidad, tensión y conflictos».


El último aspecto señalado por el Santo Padre es el que se refiere a la actual crisis alimentaria, crisis sobre la que se había ya pronunciado en diversas circunstancias . Esta crisis se caracteriza no por la insuficiencia de alimentos, sino por la falta de un entramado de instituciones políticas y económicas capaces de afrontar las necesidades y las emergencias, Todo esto consiente al Papa de llamar la atención sobre el tema de las desigualdades crecientes, como dato que desgraciadamente caracteriza la situación actual de pobreza. Todos los datos sobre la evolución de la pobreza relativa en las últimas décadas, en efecto, indican un aumento de la desigualdad entre ricos y pobres. Entre las causas principales de este fenómeno se encuentran, sin duda, el cambio tecnológico, cuyos beneficios se concentran en el nivel más alto de la distribución del rédito y la dinámica de los precios de los productos industriales, que crecen más rápidamente que los precios de los bienes y servicios producidos por los países más pobres, tales como materias primas y productos agrícolas, «resulta así –afirma el Mensaje– que la mayor parte de la población de los países más pobres sufre una doble marginación, beneficios más bajos y precios más altos».


La segunda parte del documento pontificio se detiene sobre el tema de la lucha contra la pobreza y la solidaridad global y ocupa los números del 8 al 13. se trata de una parte muy significativa, porque contiene estimulantes reflexiones y propuestas sobre los temas de la globalización, el comercio internacional, las finanzas y la actual crisis financiera, y sobre la exigencia de una governance mundial bajo el signo de la solidaridad.


Son muy inspiradoras las puntualizaciones acerca de la globalización, con el reclamo a redescubrir la ley natural, es decir, el código ético compartido que permite dar sentido al compromiso común de construir la paz. La globalización, afirma el Papa, «abate ciertas barreras, pero esto no significa que no se puedan construir otras nuevas; acerca los pueblos, pero la proximidad en el espacio y en el tiempo no crea de suyo las condiciones para una comunión verdadera y una auténtica paz. La marginación de los pobres del planeta sólo puede encontrar instrumentos válidos de emancipación en la globalización si todo hombre se siente personalmente herido por las injusticias que hay en el mundo y por las violaciones de los derechos humanos vinculadas a ellas».


El n. 9 del Mensaje afronta los temas que se refieren al comercio internacional, con una atención privilegiada a los países pobres y a su rol marginal en los intercambios comerciales. La exclusión y la marginalización en el frente del comercio son obstáculos para el desarrollo económico de los países pobres y fuente de conflictos. Mientras los países industrializados tienden a conservar medidas protectivas, injustas y anacrónicas, a su favor, impidiendo con frecuencia el acceso de los productos de los países pobres a sus mercados, en los países en vías de desarrollo mismos, a causa de herencias culturales, se registran notables dificultades para vincularse en red, para desarrollar una cultura de la cooperación, para operar no sólo para el consumo o para el mercado local. Sobre estos temas la Comunidad internacional todavía no ha tomado acto plenamente de la distinción entre asistencia y desarrollo.


El n. 10 ofrece una reflexión sobre la función de las finanzas y sobre la crisis actual, fuente de difundida y creciente preocupación. Sobre estos temas recientemente ha intervenido también el Pontificio Consejo «Justicia y Paz» con una Nota sobre Finanzas y desarrollo, predispuesta con vistas a la Conferencia Internacional de Doha sobre la financiación para el desarrollo, y publicada por el Osservatore Romano, el 23 de noviembre de 2008. El Mensaje, además de denunciar la mentalidad que preside las actividades financieras, toda jugada sobre la autoreferencialidad y los plazos brevísimos, reclama la exigencia de un fuerte enraizamiento ético de la actividad financiera en la perspectiva del bien común. El Santo Padre nos dice que la reducción al corto plazo de los objetivos de los operadores financieros globales reduce la capacidad de las finanzas para desarrollar su importantísima función de puente entre el presente y el futuro, en apoyo de la creación de nuevas ocasiones de producción y de trabajo a largo plazo.


El n. 11 es particularmente significativo porque hace propuestas para reforzar la cooperación internacional. En primer lugar se indica la necesidad de un marco jurídico eficaz para la economía. Mercado sí, pero reglamentado por instituciones eficientes y participativas. En segundo lugar, la necesidad de invertir en la educación de las personas y desarrollar de manera integrada una específica cultura de la iniciativa. En tercer lugar, es necesario también prestar la atención debida a los problemas del rédito: en una economía moderna – se afirma – el valor de la riqueza depende en medida determinante de la capacidad presente y futura de crear rédito. La creación de valor es un vínculo ineludible del que se debe tener cuenta, si se quiere luchar contra la pobreza material de manera eficaz y duradera.


La perspectiva económico-cultural delineada por el Mensaje la encontramos expresada en el primer parágrafo del n. 12, donde se delinean el rol y la responsabilidad de tres actores: el mercado, el Estado y la sociedad civil. Se afirma «situar a los pobres en el primer puesto comporta que se les dé un espacio adecuado para una correcta lógica económica por parte de los agentes del mercado internacional, una correcta lógica política por parte de los responsables institucionales y una correcta lógica participativa capaz de valorizar la sociedad civil local e internacional». Se trata de un pasaje relevante, porque valora al máximo el rol de la sociedad civil. Esta parte se cierra en el n. 12, con una invitación a la governance del fenómeno de la globalización, sobre todo a través de una verdadera inclusión de las personas: los problemas del desarrollo, de las ayudas y de la cooperación internacional, con mucha frecuencia se resuelven sin implicar verdaderamente a las personas, sino sólo como cuestiones de predisposición de mecanismos, de puntualización de acuerdos tarifarios, de la acreditación de financia-mientos anónimos, mientras que, por el contrario, la lucha contra la pobreza tiene necesidad de hombres y mujeres que vivan con profundidad la fraternidad, que sepan acompañar a las personas, familias y comunidades en itinerarios de auténtico desarrollo humano. Es imposible ayudar a los pobres si se les ve sólo como parte de un balance de costos y beneficios, como números, y al final de cuentas como problemas. Para ayudar realmente a los pobres es necesario conocerlos, y amarlos, porque de esta manera ellos se sienten personas dignas de respeto, sujetos y no objetos. Si por el contrario el pobre no se siente estimado, no sólo no sale de la pobreza, sino que tiende a aprovecharse de quien quiere “ayudarlo”.


Los nn. 14 y 15 constituyen la parte conclusiva del Mensaje de Benedicto XVI. En el mundo global es cada vez más evidente que la paz se construye si crecen todos: las distorsiones de sistemas injustos, antes o después, pasan la cuenta a todos. Con una afirmación muy eficaz, el Santo Padre afirma que «únicamente la necedad puede inducir a construir una casa dorada, pero rodeada del desierto o la degradación». La globalización por sí sola es incapaz de construir la paz; más aún, en muchos casos produce divisiones y conflictos. La globalización revela más bien una necesidad: la de ser orientada hacia un objetivo plenamente humano de profunda solidaridad para el bien de todos y de cada uno.


En este contexto se coloca la aportación de prudencia y sabiduría que nos llega de la doctrina social de la Iglesia. El Mensaje subraya que los principios de la doctrina social clarifican los vínculos entre pobreza y globalización y orientan la acción hacia la construcción de la paz. Entre ellos es el caso de recordar de manera particular el «amor preferencial por los pobres» , entendido como primacía de la caridad a imitación de Cristo, testimoniado por toda la tradición cristiana, comenzando por el testimonio de la Iglesia primitiva (cf. Act 4,32-36; 1Cor 16,1; 2Cor 8-9; Gal 2,10). Lo que resulta particularmente interesante es la originalidad del acercamiento a la globalización establecido por la doctrina social: ella capta el alargamiento de la cuestión social a la globalidad, no sólo como una extensión cuantitativa, sino más bien como una urgencia de profundización cualitativa sobre el hombre y sobre las necesidades de la familia humana. Por esto, la Iglesia está interesada en los actuales fenómenos de globalización y en su incidencia sobre las pobrezas humanas e indica los aspectos nuevos, no sólo en extensión, sino también en profundidad, de la actual cuestión social, que es la cuestión del hombre y la cuestión de su relación con Dios. En esta perspectiva, el Santo Padre invita a la comunidad católica a no dejar de ofrecer su apoyo. Y, haciéndome eco de esta invitación, deseo animar a todos los integrantes de Manos Unidas a seguir esforzándose, cada vez con mayor pasión, por testimoniar la caridad de Cristo con acciones inspiradas en el Evangelio e iluminadas por los principios de la doctrina social de la Iglesia. Sé que en ocasiones lo que hacen les puede parecer tan poco, o como decía Madre Teresa, «menos que una gota en el océano. Pero si la gota le faltase, el océano carecería de algo». Por eso hoy, como hace 50 años, Manos Unidas no debe dejar de aportar su “gota”, que unida a tantas otras “gotas” hará crecer ese océano inmenso de caridad, capaz de hacer que los desiertos de la pobreza, del hambre y de la sed, del abandono, de la soledad, del amor quebrantado, y sobre todo de la oscuridad de Dios , se conviertan en vergeles donde vuelva a florecer la vida.

Muchas gracias.

CARDENAL RENATO MARTINO
Presidente del Pontificio Consejo «Justicia y Paz» y del
Pontifico Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e ItinerantesMARTINO


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Mensaje de los Obispos de Honduras al termino de la Asamblea Ordinaria realizada del 9 al 12 de febrero de 2009, durante la cual han aprobado algunas de las conclusiones de la XXIV Asamblea Nacional de Pastoral que tuvo lugar a fines del pasado mes de enero.

 

PREOCUPACIONES Y ESPERANZAS

 

COMUNICADO CONFERENCIA EPISCOPAL DE HONDURAS

AL TERMINO DE LA ASAMBLEA ORDINARIA 

 

Reunidos los obispos en nuestra Asamblea ordinaria del 9 al 12 de febrero, recordamos con alegría un aniversario más de nuestra Patrona, la Virgen de Suyapa.   Un punto a destacar de la agenda de trabajo fue el de aprobar las conclusiones de la XXIV Asamblea Nacional de Pastoral que tuvo lugar a fines del pasado mes de enero.

 

Vemos con satisfacción que va creciendo el espíritu misionero y de comunión, al igual que se van unificando los criterios de los procesos de formación de los discípulos y misioneros y  la integración de la Pastoral Social-Cáritas en los planes diocesanos y parroquiales.

 

Manifestamos  que  nuestras metas para el 2009,  de acuerdo con las conclusiones de la Asamblea Nacional,  son las siguientes: 1. Implementar con más intensidad  en todas las Parroquias y Diócesis procesos de iniciación cristiana y de formación permanente que nos lleven al encuentro con Cristo y nos conviertan en testigos del Reino.  En ese orden de cosas queremos construir parroquias que, como comunidad de comunidades, sean dinámicas, evangelizadoras, solidarias, proféticas y litúrgicas y respondan a los desafíos de nuestro tiempo. 2. Fomentar una Pastoral familiar y juvenil que englobe tan valiosa realidad de la manera más efectiva, para así tener mejores cristianos y ciudadanos.  3. Debemos seguir conociendo y asimilando el Documento de Aparecida y  vivir intensamente la Misión Continental, cuyo lanzamiento a nivel nacional tendrá lugar el 31 de mayo, solemnidad de Pentecostés.  Todo esto nos llena de esperanza.

 

Al estudiar la realidad del pueblo al que servimos, es preocupante ver que se acrecienta la situación precaria que afecta la salud, educación, economía,  política  y la diversa gama de relaciones humanas en nuestro país. Es doloroso ver cómo la violencia sigue cobrando tantas víctimas y el temor se hace patente en todos los estratos sociales.  Todos nos sentimos responsables y urgidos de realizar cambios sustanciales en nuestra sociedad.

 

Queremos remarcar nuestra inquietud por el deterioro de la educación, tanto por la falta de recursos, tensiones continuas y deserción escolar. Invitamos a todas las personas e instituciones involucradas, a  no anteponer sus intereses particulares o gremiales al derecho fundamental de los niños y jóvenes a una educación de calidad que les garantice un futuro digno.

 

Junto a esto, como  Pastores, vemos  con preocupación la crisis económica mundial que está afectando nuestra débil economía. Los últimos despidos en  fábricas en el área de la industria de la maquila y  otros negocios, anuncian momentos más difíciles para nuestro país. Pedimos al gobierno, empresa privada y demás fuerzas vivas de nuestra patria tomar las medidas urgentes que alivien esta situación que todavía no ha tocado fondo.

 

Exhortamos al gobierno, las fuerzas productivas y otros entes competentes que en el marco de un sincero diálogo lleguen a un consenso en lo que respecta al salario de los trabajadores, pensando en la justicia, necesidades familiares y capacidad real de asumirlo.  También hay que pensar en la situación de miles de compatriotas que no gozan de la protección y amparo de la ley laboral y constituyen el colectivo más vulnerable de nuestra sociedad.   Son familias que apenas subsisten en una economía no formal.

 

Una palabra dirigida a los que con su capital y trabajo mantienen la economía del país.   A los primeros, que inviertan, para generar más empleos, asumiendo los riesgos que la actual situación comporta. A los obreros, cuya labor es tan valiosa, que trabajen con responsabilidad y dedicación  para contribuir así eficazmente al desarrollo del país. Todos deben asumir los sacrificios necesarios para levantar nuestra débil economía.

 

Ha sido elegida la nueva Corte Suprema,  el Fiscal General y el Fiscal Adjunto. Pedimos que la justicia se imparta sin los condicionamientos de las tendencias políticas, y que ejerzan para el bien del país el derecho que proteja la vida, honra y bienes de todos, sobre todo de los más vulnerables, los pobres.

 

Frente a estas justificadas preocupaciones, nos apoyamos en la esperanza de que Dios pueda iluminar los corazones para encontrar caminos de diálogo y comprensión que permitan superar los conflictos en aras del Bien Común.

 

Exhortamos a nuestros sacerdotes,  parroquias y comunidades a prepararnos con la mayor diligencia y creatividad ante esta crisis económica anunciada, para aumentar nuestras redes de solidaridad, tanto en el aspecto asistencial como en el productivo.

 

Que la comunicación cristiana de bienes se traduzca en iniciativas que impacten en nuestra realidad de pobreza. Que las parroquias animen el ejercicio de la caridad organizada inspirada en el espíritu del Buen Samaritano, ayudando sin otro interés que aliviar el sufrimiento de los pobres. Que cultivemos la austeridad y el sentido del ahorro y consumamos más productos nacionales.

 

Estos momentos críticos nos enseñan a valorar lo que es permanente, lo que tiene valor eterno. Debemos orar con fe y no perder  la esperanza, sabiendo que el Señor nunca abandona a su pueblo. Recordemos que el Señor está con nosotros y Él nos dijo: “Yo estaré con ustedes hasta el final del mundo” (Mt. 28,20).  Unidos a Él, venceremos cualquier realidad negativa.  María, la Madre del Señor, Virgen de Suyapa, siga protegiendo a nuestra patria, Honduras.

 

Tegucigalpa, 12 de febrero de 2009. 

 

CONFERENCIA EPISCOPAL DE HONDURAS


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ZENIT publica las palabras que pronunció Benedicto XVI el domingo, 22 de Febrero de 2009,  a mediodía al rezar la oración mariana del Ángelus junto a varios miles de peregrinos congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano.

 

Queridos hermanos y hermanas:

La página evangélica, que la liturgia nos presenta a la meditación en este séptimo domingo del tiempo ordinario, refiere el episodio del paralítico perdonado y curado (Marcos 2,1-12). Mientras Jesús predicaba, entre los numerosos enfermos que le traían se encontraba un paralítico en una camilla. Al verle, el Señor dijo: "Hijo, tus pecados te son perdonados" (2, 5). Y, dado que algunos de los presentes, al escuchar estas palabras, se habían escandalizado, añadió: "Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados --dice al paralítico--:


'A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa'" (2, 10-11). Y el paralítico se fue curado. Esta narración evangélica muestra que Jesús no sólo tiene el poder de curar el cuerpo enfermo, sino que también perdona los pecados; y, es más, la curación física es signo de la curación espiritual que produce su perdón. De hecho, el pecado es una especie de parálisis del espíritu de la que sólo nos puede liberar la potencia del amor misericordioso de Dios, permitiéndonos volver a levantarnos y reemprender el camino por el camino del bien.


En este domingo cae también la fiesta de la Cátedra de San Pedro, importante celebración litúrgica que subraya el ministerio del sucesor del príncipe de los apóstoles. La Cátedra de Pedro simboliza la autoridad del obispo de Roma, llamado a desempañar un peculiar servicio en relación con todo el Pueblo de Dios. Inmediatamente después del martirio de los Santos Pedro y Pablo, a la Iglesia de Roma se le reconoció el papel de primacía en toda la comunidad católica, papel atestiguado ya en el siglo II por san Ignacio de Antioquía (A los Romanos, prefacio: Funk, I, 252) y por san Ireneo de Lyón (Contra las herejías III, 3, 2-3). Este singular y específico ministerio del obispo de Roma fue confirmado por el Concilio Vaticano II. "En la comunión eclesiástica --leemos en la constitución dogmática sobre la Iglesia--, existen Iglesias particulares, que gozan de tradiciones propias, permaneciendo íntegro el primado de la Cátedra de Pedro, que preside todo el conjunto de la caridad (cf. san Ignacio de Antioquía, Ad Romanos, prefacio), defiende las legítimas variedades y al mismo tiempo procura que estas particularidades no sólo no perjudiquen a la unidad, sino incluso cooperen en ella" (Lumen gentium, 13).


Queridos hermanos y hermanas: esta fiesta me ofrece la oportunidad para pediros que me acompañéis con vuestras oraciones de manera que pueda cumplir fielmente con la elevada tarea que la Providencia divina me ha encomendado como sucesor del apóstol Pedro. Invoquemos por este motivo a la Virgen María, a quien ayer, aquí, en Roma, hemos celebrado con el hermoso título de Virgen de la Confianza. Le pedimos también que nos ayude a entrar con las debidas disposiciones de espíritu en la Cuaresma, que comenzará el próximo miércoles con el sugerente rito de las cenizas. Que María nos abra el corazón a la conversión y a la escucha dócil de la Palabra de Dios.


[Al final del Ángelus, el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:]

Saludo con afecto a los grupos de lengua española presentes en esta oración mariana, en particular a los fieles de la Diócesis de Cartagena, venidos en peregrinación a Roma acompañados de su Obispo, Monseñor Juan Antonio Reig Pla; a los monaguillos de la Parroquia de Santa Eulalia, en Badajoz; y a las universitarias de las Residencias de las Religiosas Hijas de Cristo Rey, de Cáceres y Santiago de Compostela. Al aproximarse el santo tiempo de Cuaresma, que la meditación asidua del Evangelio de Jesucristo os enseñe a cumplir, de palabra y de obra, lo que es grato a Dios. Feliz domingo.


[Traducción del original italiano realizada por Jesús Colina

© Copyright 2009 - Libreria Editrice Vaticana]


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Información cogida de DOSSIER FIDES “MISIONEROS TRAS LAS HUELLAS DE SAN PABLO. Institutos religiosos que se inspiran en el Apóstol Pablo, publicado por Agencia Fides el 25 de Octubre de 2008. 

 

LA COMPAÑÍA DE SAN PABLO


         
La Compañía de San Pablo nace en 1920 en Milán, bajo el impulso del Beato Cardenal Andrea Carlo Ferrari y de su secretario, don Giovanni Rossi.


         
Andrea Ferrari nació en 1850 en Lalatta di Palanzano, diócesis de Parma, en un ambiente familiar modesto pero rico en la fe. Recibida la ordenación sacerdotal a los 23 años, después de una experiencia de ministerio parroquial y de enseñanza, llego a ser rector del seminario diocesano de Parma (1877). Durante el pontificado de León XIII fue nombrado Obispo de Guastalla (1890), Como (1891) y finalmente Milán (1894), asumiendo así el título cardenalicio. Junto a su nombre de bautismo, en nuevo Obispo añadió el de Carlos, en honor de San Carlos Borromeo. Murió el 2 de febrero de 1921 después de haber trabajado mucho por las actividades sociales y por la animación de la Iglesia Ambrosiana.


         
El primer núcleo de la Compañía fue formado por laicos provenientes de la Acción Católica y de sacerdotes (entre ellos don Giovanni Rossi) enteramente dedicados al apostolado, con la tarea de realizar obras sociales y de acercar a las personas a la fe (otro grupo que tiene como cabeza al padre Gemelli trabaja en cambio en el campo cultural y de ahí nacerá la Universidad Católica). En los primeros años, la Compañía de movió en el interior de la Acción Católica, pero ya en 1924, habiendo asumido una identidad propia, adquirió el estatus de Congregación religiosa, dependiente directamente de la Santa Sede.


         
En el arco de un decenio, la Compañía de San Pablo tuvo muchas adhesiones y conoció un gran desarrollo. Don Giovanni Rossi, que era el Superior General de la Compañía, realizaba programas orientados a los sectores más populares de la sociedad. Fueron creadas escuelas profesionales, un círculo juvenil de cultura, una biblioteca, un cine, una mesa de ayuda a los pobres, un secretariado del pueblo y una casa para las jóvenes madres. Todas estas actividades, que en su época non dejaron de recibir críticas, se realizaron por mandato del Cardenal Ferrari: “salid de las sacristías, id a las plazas”. La Compañía de San Pablo comenzó también su experiencia de organizar peregrinaciones y su compromiso en el mundo editorial y periodístico.


         
Junto a la difusión en otras diócesis italianas (Roma, Venecia y Génova) se afirmó pronto la dimensión internacional del Instituto, con una expansión a Jerusalén (en contacto con los palestinos), París, después en Sudamérica (Argentina, Uruguay, Chile, con casas en Buenos  Aires, Córdoba, Rosario, Montevideo, Santiago) y finalmente en los EEUU (Washington y Nueva York). Para suscitar adhesiones a los ideales paulinos entre los laicos, se fundó la Asociación Cardenal Ferrari, que coopera en el desarrollo de las iniciativas sociales de la Obra Cardenal Ferrari.


         
En 1934 Don Giovanni Rossi, que había ya dejado el cargo de Superior General en 1929, abandona el proyecto inicial del Cardenal Ferrari de apostolado social y se dedica unicamente a la evangelización y a las misiones. En 1939 la “escisión” es definitiva con la fundación, en Asís, de la Pro  Civitate Cristiana.    

          Mientras tanto en Francia, en París, el importante apostolado de la “Casa de la Juventud” es condenado a la clausura después del desarrollo del fascismo en Italia y la crisis económica de los años 1929-30. De hecho, el programa de la Compañía, orientado a las clases populares, fue apartado por la política social del régimen. Durante la II Guerra Mundial, el compromiso se concentró en los perseguidos, primero las víctimas de las leyes raciales, escondiendo en la sede de Milán a partisanos y hebreos, y más tarde, después del 25 de abril, a los republicanos de Salò.


         
En 1945 don Antonio Rivolta funda en Civitavecchia (Roma) la “República de los niños”, un pueblo que acoge niños desalojados y sin familia, para librarlos de la mala vida. El fin de la guerra y la reunificación de las familias llevó consigo una serie de problemas psicológicos, afectivos y sociales y don Pablo Liggeri, que había estado en el campo de concentración de Dachau, abrió en Milán el Instituto “La Casa”, el primer consultorio familiar en Italia, una estructura social absolutamente novedosa para la época.


         
El 30 de junio de 1950 la Compañía    de San Pablo obtuvo del papa Pio XII el reconocimiento como Instituto Secular, viviendo con este estatus hasta los años del Concilio Vaticano II. La  consiguiente puesta al día del Instituto abrió las puertas a las personas casadas. “La Compañía de San Pablo –dice el artículo 2 de las Constituciones- se propone elevar humanamente y animar con espíritu evangélico la vida y las actividades sociales e individuales. Sus miembros, atentos a las necesidades y a las exigencias de sus contemporáneos, actúan individual o comunitariamente, con espíritu de novedad y de servicio, según el ejemplo de San Pablo que si hizo “todo a todos”. En Italia, los Paulinos son alrededor de cien (mayoritariamente mujeres) más otras 30 familias de miembros asociados. Muchas vocaciones están surgiendo en Sudamérica, en Chile y Argentina.


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Miércoles de Ceniza

25 Febrero 2009

 

¡Oh Alto y Glorioso Dios!

Mi vida es como una vidriera

iluminada por tu GRACIA multicolor.

 

En este tiempo favorable,

conviérteme a Ti,

a tu Voz.

Que tu Palabra no caiga en mí

como en saco roto.

Concédeme orar

con un corazón nuevo;

infunde en él

los mismos sentimientos

de tu Hijo Jesús.

 

Padre, renueva en mí tu Alianza

con el fruto de tu PACIENCIA.

 


Texto: Hermanas clarisas de Huesca

Editado por FNP a.s.b.l., 17, rue de I'Hópital - B-6060 Gilly


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DOMINGO 1 DE CUARESMA / B

1 de marzo de 2009

 

 

La gracia, el amor y la paz de nuestro Señor Jesu­cristo, estén con todos vosotros.

 

"Me invocará y lo escucharé", dice el Señor a su pueblo, y nos dice a cada uno de nosotros. Hoy, al empezar este tiempo de Cuaresma, esta llamada amorosa que nos dirige el Señor resuena en medio de nosotros de un modo especial. Y nosotros, con fe y esperanza, iniciamos este camino de conver­sión que nos conducirá a la Pascua, porque queremos que la vida nueva de Jesús nos encuentre profundamente renovados.

 

A. penitencial: Respondiendo a su llamada, invoquemos al Señor dentro de nuestro corazón, en silen­cio, un silencio que durante este tiempo cuaresmal será más largo que de costumbre. Pidámosle gracia y perdón, con la seguridad de que él nos escucha. (Silencio más largo)

 

Confesemos juntos nuestros pecados: Yo confieso ante Dios todopoderoso...

Dios todopoderoso tenga siempre misericordia...  

Y ahora, desde nuestra debilidad, invoquemos a Aquel que nos ama y tiene piedad de nosotros: SEÑOR, TEN PIEDAD / CRISTO, TEN PIEDAD / SEÑOR, TEN PIEDAD
 

 

 1. lectura (Génesis 9,8-15): Durante estas semanas de Cuaresma, en la primera lectura escucharemos diversos pasajes del Antiguo Testamento que nos muestran algu­nos momentos principales de la historia de la salvación de Dios, esa historia que culmina en Jesucristo. Hoy escuchamos aquella escena conocida del diluvio, de Noé, y de la alianza que Dios establece con su pueblo.

 

2. lectura (1 Pedro 3,18-22): San Pedro nos explica cómo la alianza de Dios con su pueblo culmina en Jesús muerto y resucitado. De hecho, el agua del diluvio era una imagen del bautismo que ahora nos salva.
 

Antes de la aclamación (Ev.: Marcos 1,12-15): Escucharemos ahora el evangelio, que nos cuenta los cuarenta días que Jesús estuvo en el desierto y el inicio de su predicación. Sintámonos unidos a él en el momento de iniciar nuestro tiempo personal de desierto, y acla­mémosle con alegría.

 

Oración universal: Presentemos ahora con fe y con-fianza nuestras intenciones. Elevemos a Dios nuestras súplicas cantando: KYRIE, ELEISON

 

1. Por la Iglesia, por todos los que nos disponemos en este tiempo de Cuaresma a intensificar y mejorar nuestra vida cristiana. KYRIE, ELEISON. R./ KYRIE, ELEISON.

 

2.  Por todos aquellos que se preparan para recibir en la próxima Pascua los sacramentos del Bautismo, la Confirmación o la Primera Eucaristía. KYRIE, ELEISON

 

3. Por los pobres, por los enfermos, y por todos los que sufren. KYRIE, ELEISON.


4.       Por todos nosotros, llamados a dar testimonio del amor de Dios hacia nuestros hermanos. KYRIE, ELEISON.

 

Escucha, Padre, nuestras plegarias, y llénanos de tu gracia transformadora. Por Jesucristo...

 

Padrenuestro: Ante nuestro Padre del cielo, necesitados de su perdón y su fuerza ante el mal y ante el pecado, nos atrevemos a decir:


CPL


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Domingo, 22 de febrero de 2009

Artículo publicado en el Boletín "Misioneros Javerianos", número 447 - DICIEMBRE 2008

MISIÓN, VICTIMAS Y CRUZ (III)

 

P. Carlos Collantes

 

"Tenemos que sacar la lucha contra la pobreza de los discursos y ponerla a caminar entre la gente pobre y excluida. Vivimos con demasiada tolerancia a la injusticia social y muchas veces las altas torres de la burocracia terminan apar­tándonos del día a día de quienes no alcanzan a consumir un alimento. Una América socialmente más justa debe ser la gran misión de los tiempos nuevos (...). Los pobres y excluidos merecen que de una vez por todas preparemos para ellos la siembra de ese mundo mejor que venimos prometiendo... Respetuosamente, no demoremos más". 

 

Así se expresaba recientemente Fer­nando Lugo, presidente del Paraguay y hasta hace poco obispo católico en ac­tivo, ante los representantes de los pa­íses miembros de la Organización de los Estados Americanos.
                       

Con sus escritos y reflexiones, biblistas y teólogos han intentado "explicarnos" el hecho histórico de la cruz, nos han ayudado a ver las causas humanas, de carácter político o religioso, que llevaron a Je­sús a la cruz. Quiénes fueron los actores del drama, qué intereses defendían, porqué rechazaron a Jesús. Y sin embargo, nunca las atinadas explicaciones desvela­rán el misterio.

 
Fuerzas ocultas                                                                               

 

Intentos explicativos le­gítimos y necesarios para contrarrestar una vi­sión "dolorista", intimista, incluso enfermiza de la cruz, o un sentimenta­lismo inefi­caz y, en algu­nos casos, para purificar formas de piedad equivocadas y malsanas apoyadas en deformadas imágenes de Dios. Se tra­ta de "desculpabilizar" a Dios, no hacer-le cómplice de la injusticia, del sufrimiento. La cruz no fue algo fatalmente que­rido por Dios en una ciega e inhumana sed de reparación por el pecado huma­no. Pero lo inexplicable, con su dimen­sión de escándalo, permanece y acom­paña nuestra desazón humana y nuestro irrefrenable deseo de un mundo más justo, más humano y más divino, porque la bondad habita cl corazón humano. a  pesar de tanto comportamiento incom- Cambio de sentido prensible e inaceptable.

 

La cruz. El escándalo continúa encarnado en millones de crucificados que                      malviven, sobreviven y mueren en las periferias del mundo y de las decisiones. En la cruz se vislumbra "el misterio de iniquidad" (II Tes. 2, 7) que sigue actuando en nuestra atormentada his­toria; escándalo que interpela hace sufrir. ¿Qué lucha y qué compromiso contra ese "misterio de iniqui­dad". contra esas fuerzas no tan ocultas que actúan ennumerosas "grandes" decisions humanas: paraísos fiscales, dineros especulativos, mercados financieros, influyentes ejecutivos, políticos al servicio de poderosos intereses económicos, guerras que no terminan en el corazón de Africa, saqueos de recursos y de países, COLTAN ensangrentado, CONGO martirizado, multinacionales ase­sinas, impunes criminales de gue­rra, desprecio hiriente por las gen-tes sencillas? La cruz desvela también la miseria de nuestras "pequeñas" —menos influyentes-decisiones persona-es, cobardías, silen­cios.

¿Qué lucha y qué conversión?

 

Cambio de sentido

 

En la cruz se afrontan dos misterios: el mal extremo y la bondad suprema. Para vencer tamaño mal hacía falta una bondad máxima, invencible en su apa­rente derrota y vulnerabilidad. No se entiende la cruz porque no se entiende el mal, sobre todo cuando alcanza cier­tos niveles, y porque tampoco entendemos a Dios, esa bondad suprema a ve-ces "silenciosa". La maldad humana se revela en toda su crudeza cuando es transfigurada por la bondad divina. Por la cruz, por la entrega libre y lúcida de Jesús, Dios ha querido hacernos llegar el perdón, la reconciliación, una vida nueva... todo. Pero este todo o este "cambio de dirección" de una acción humana objetivamente criminal: ajusti­ciar al gran inocente, es fruto de la bondad de Dios. La cruz siempre estará envuelta en y por el misterio, nunca podremos comprenderla racionalmente del todo. Tampoco comprendemos —nos negamos a comprender- tanta maldad humana, tanta injusticia, tanto sufrimiento. ¿Por qué el hombre hace tanto daño a su hermano?

 

¿Con qué tipo de "razón" o con qué razones hemos organizado la sociedad? ¿Razones estrictamente económicas, de beneficio, lucro, rentabilidad? ¿Razo­nes "destructivas", nos estamos cargando a fuego lento el planeta en el nom­bre de un progreso desdichado, miope y para unos pocos? ¿Razones de falsa caridad: dispuestos a ofrecer migajas para los empobrecidos, mientras les negamos la justicia'? Sinrazones que actúan en las relaciones entre países, entre un Norte enriquecido que man-tiene injustas leyes comerciales y luego ofrece las migajas de la "ayu­da al desarrollo" para lavar la inco­modidad de la conciencia colectiva. ¿Quién salva a quien? A veces pen­samos que salvamos a los países em­pobrecidos con las migajas de la co-operación internacional, la ayuda oficial y créditos disfrazados de ayu­da internacional que con frecuencia ocultan la injusta realidad. En tantos lugares de Africa, lo que anhelan y necesitan es justicia y no ayudas "in­teresadas". En las relaciones interna­cionales de los países ricos con los empobrecidos no son los recursos lo que falta sino la ética –la razón hu­manizada. justa y solidaria- y sobran intereses. por eso los pueblos empo­brecidos -no sus dirigentes- son los que cargan mayoritaria y colectivamente con los males de este mundo.

 

Víctimas y liberalismo

 

Es más fácil producir objetos de lujo para quien puede pagarlos que bienes necesarios para quienes no pueden. Para la lógica del mercado basada en la ley de la oferta y la demanda y en el máximo beneficio, las demandas –ne­cesidades auténticas- de los pobres no existen, porque no van acompañadas de poder adquisitivo. De ahí la urgente necesidad ética de tener el mercado bajo control por los poderes públicos democráticos sensibles a la justicia so­cial, frente a ese liberalismo –ultra o salvaje en nuestro tiempo- que defien­de el funcionamiento "invisible", ciego del mercado, aunque no debe de ser tan ciego porque la riqueza termina siem­pre en los mismos bolsillos u opacos paraísos fiscales que los políticos de­centes deberían desmontar ya. No ven­dría mal alguna carta pastoral valiente de alguna conferencia nacional episcopal. en la línea de la doctrina social de la Iglesia, denun­ciando tanto desvarío. tanta codicia impu­ne, tanto desprecio. Aunque la denuncia no nos basta.

 

"Salvar" el sistema finan­ciero –el capi­talismo en su vertiente más voraz- ha costado unos 700.000 millones de dólares, en realidad bastante más. ¿Cuánto cuesta salvar a los con­denados por el capitalismo? Bastante menos. aunque hace falta más, mucha más voluntad política. "La avaricia de pocos. está dejando a la mayoría al margen de la historia", decía el cardenal Maradiaga en la sede de la ONU.

Cristo muere en la periferia. Hoy las periferiasdel mundo siguen sufriendo, en ellas se sigue muriendo, y en estos meses lo hemos podido comprobar con dolor y estupefacción.

Duele ver con que rapidez y que cantidades millonarias ha encontrado el sistema para rescatar algunos bancos y que lentitud y egoísmo ciego para encontrar mucho menos dinero para escolarizar a niños,
potabilizar el agua, desterrar algunas enfermedades, perdonar de una vez por todas la asfixiante deuda que condenan a millones de personas a malvivir. Salvados los bancos, ¿saldrán los poderosos de esa indiferencia crónica ante quienes mueren cada día debido a esa catástrofe humanitaria permitida por todos que es el hambre?
¿Se acordarán de los millones de personas que no tienen acciones que vender, que sobreviven con un euro al día, que pasan hambre'? ¿No se podrían o deberían expropiar los bienes de quienes –sus nombres han aparecido en la prensa- cegados por su codicia desbocada, por su arro­gancia y desprecio, y blindados por sus sueldos astronómicos e inmorales han provocado tanto desastre y drama en la economía real de millones de fa­milias? Esto sí que sería un rescate.

 

Jesús se hizo solidario con toda la humanidad, por eso fue crucifi­cado. Cargó con todo nuestro mal y su muerte vivida en amor y libertad se transforma en don. en fuen­te de perdón y de vida. Por eso la cruz será siempre una fuerza de crítica social y no únicamente un objeto de piedad individual e ínti­mo, es y será expresión de un espí­ritu de rebeldía social, cultural, po­lítica para mantener el sentido de la vida, para nadar contra corrien­te. para ser libres, para no claudi­car o al menos no callar, para des-velar tantos falsos valores. n


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Reflexión semanal de Monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de las Casas en el sureño estado de Chiapas, titulada "un sacerdote no es la Iglesia".

 

 

VER


Llama la atención cómo unos medios informativos resaltan noticias sobre conductas inapropiadas de algún sacerdote, sea muy conocido, sea localizado en alguna región olvidada de la patria. ¿Qué les mueve, al darle tanto espacio al hecho y reiterar tantos días la noticia? ¿Es afán de verdad y de que se haga justicia?

¿O es la ocasión esperada para desprestigiar a la Iglesia Católica, y así intentar quitar fuerza moral a sus denuncias y a su predicación, porque no se ajusta a sus vicios? Se solazan en emitir descalificaciones, pues de esa manera quieren impedir que alguien les remueva la conciencia. Quizá en su historia personal hay cosas muy negativas, que quisieran legitimar u ocultar.

Hay creyentes que, al conocer estos hechos  -unos reales e inocultables, otros no bien comprobados-  se desalientan en su fe y quisieran abandonar la Iglesia y sus prácticas religiosas. Habían confiado demasiado en un sacerdote, y ahora se sienten decepcionados, engañados y frustrados. Abrumados, dicen que ya no creen en nadie. Quizá habían idolatrado un poco a un personaje, y ahora se dan cuenta de que es un ser humano más, con fragilidades como las de cualquiera. Esta crisis de fe afecta a la propia familia.


JUZGAR


La predicación y las actitudes de Jesús incomodan sobre todo a los poderosos y a los engreídos fariseos, que lo acosan por todas partes, espiándolo para ver en qué le pueden atrapar y condenar, para, así, quedarse tranquilos y no cambiar sus costumbres. Hoy también hay fariseos que aparecen muy rectos y honestos, pero que son sepulcros blanqueados, raza de víboras, expertos en envenenar y condenar a otros, para de esa manera encubrirse a sí mismos.

Cuando presentan ante Jesús a una mujer que había caído en adulterio, y que por tanto era culpable según la ley, Jesús no se suma a las voces condenatorias, ni le arroja piedras, al abrigo del anonimato de las masas, sino que advierte: "Aquel que no tenga pecados, que le arroje la primera piedra" (Jn 8,7). No es tolerante con el pecado; pero defiende y redime a la mujer. La perdona; pero le pide no volver a pecar. Este es el camino a seguir, cuando se conocen casos de sacerdotes con doble vida, o con fallas graves a su compromiso celibatario. No los podemos tolerar, ni solapar; mucho menos justificar. Debemos exigir una conversión de corazón y, si ésta no se da, los debemos excluir del ejercicio del ministerio pastoral. Sin embargo, no hemos de sumarnos a las voces farisaicas que condenan a toda la Iglesia por casos particulares, pues un sacerdote es parte importante de la Iglesia, pero no es toda la Iglesia.

En otro contexto, dice Benedicto XVI: "El Papa no es la estrella en torno a la cual gira todo. Es totalmente y sólo vicario. Remite a Otro que está en medio de nosotros... La misión de la Iglesia consiste en contribuir a que la gracia de Dios, del Redentor, se haga cada vez más visible a todos, y que a todos llegue la salvación" (A la Curia romana, 22 diciembre 2008). " La Iglesia reconoce que Cristo es más grande que ella, dado que su señorío se extiende también más allá de sus fronteras" (Catequesis 14 enero 2009). Por tanto, sacerdotes y obispos debemos llevar a los fieles hacia Cristo, no centrarlos en nuestra propia persona. Nosotros podemos fallar, pues somos pecadores; pero Cristo no falla y El es el único Salvador.


ACTUAR


Cuando compruebes las deficiencias de un sacerdote, en quien habías puesto tu confianza, no te solaces en difundir por todos los medios sus fallas. Ora por su conversión. No por ello te alejes de Cristo y de su Iglesia. Es tiempo de fortalecer tu fe y demostrar que has madurado. No es razón para huir y alejarse. Mucho menos para justificar tus propios errores. Del mal, hay que sacar bien y estar sobre alerta, como dice San Pablo: "El que crea estar en pie, mire no caiga" (1 Cor 10,12), pues "llevamos este tesoro en vasos de barro" (2 Cor 4,7)."Aun cuando alguno incurra en alguna falta, ustedes, los espirituales, corríjanle con mansedumbre, y cuídate de ti mismo, pues también tú puedes ser tentado" (Gál 6,1). Tengamos "los ojos fijos en Jesús, el que inicia y consuma la fe" (Hebr 12,2).


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Intervención  del cardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, durante la Plenaria de la Comisión Pontificia para América Latina el 18 de febrero de 2009.


Fin pastoral de toda la formación: a imagen del Buen Pastor

 

El número cuatro de la Optatam Totius nos da el fin desde el cual, conjunta y armónicamente, debe ordenarse toda la formación sacerdotal:


     "Todos los aspectos de la formación, el espiritual, el intelectual y el disciplinar, han de ordenarse conjuntamente a este fin pastoral ("consociata actione ad hunc finem pastoralem ordinentur"): a que se formen verdaderos pastores de almas, a imagen de Cristo, Maestro, Sacerdote y Pastor (Optatam Totius 4).


     En el mismo sentido nos dice Aparecida:


     "Es necesario un proyecto formativo del Seminario que ofrezca a los seminaristas un verdadero proceso integral: humano, espiritual, intelectual y pastoral, centrado en Jesucristo Buen Pastor" (Ap 319).


     La imagen del Buen Pastor es, pues, el analogatum princeps de toda la formación. Al hablar del fin pastoral como fin último, tanto el Concilio como Aparecida están entendiendo "pastoral" en sentido eminente, no en cuanto se distingue de otros aspectos de la formación sino en cuanto los incluye a todos. Los incluye en la Caridad del Buen Pastor, dado que la Caridad "es la forma de todas las virtudes", como dice Santo Tomás siguiendo a San Ambrosio.


     En sentido fuerte, pues, "formación" implica "que Cristo sea formado en nosotros", que recibamos la forma de la Caridad de Cristo. Esto supone una formación permanente, en la que siempre somos discípulos misioneros ya, que al mismo tiempo que nos configuramos con Cristo Buen Pastor como discípulos, nos volvemos capaces de ir comunicando esa forma como misioneros. Este sentido fuerte de formación es el que expresa Pablo cuando dice: "Hijos míos!, por quienes sufro de nuevo dolores de parto, hasta ver a Cristo formado en ustedes" (Gal 4, 19).


Formación para la vida plena


     Toda la formación se ordena, pues, a formar buenos pastores que comuniquen la Vida Plena de Jesucristo a nuestros pueblos, como quiere Aparecida:


     "El Pueblo de Dios siente la necesidad de presbíteros-discípulos: que tengan una profunda experiencia de Dios, configurados con el corazón del Buen Pastor, dóciles a las mociones del Espíritu, que se nutran de la Palabra de Dios, de la Eucaristía y de la oración; de presbíteros-misioneros; movidos por la caridad pastoral: que los lleve a cuidar del rebaño a ellos confiados y a buscar a los más alejados predicando la Palabra de Dios, siempre en profunda comunión con su Obispo, los presbíteros, diáconos, religiosos, religiosas y laicos; de presbíteros-servidores de la vida: que estén atentos a las necesidades de los más pobres, comprometidos en la defensa de los derechos de los más débiles y promotores de la cultura de la solidaridad. También de presbíteros llenos de misericordia, disponibles para administrar el sacramento de la reconciliación" (Ap 199).


     Aparecida formula estas características de la identidad sacerdotal con un estilo literario que apela a los "reclamos del pueblo de Dios a sus presbíteros". Nuestro pueblo fiel desea "pastores de pueblo" y no "clérigos de estado", "maestros de vida" que dan doctrina sólida que salva y no "diletantes" ocupados por defender su propia fama discutiendo cuestiones secundarias. Para poder ser buenos pastores y maestros, que comuniquen vida, se requiere desde el comienzo de la formación una "sólida espiritualidad de comunión con Cristo Pastor y docilidad a la acción del Espíritu".


La formación de pastores maestros


     Apacentar en comunión con Cristo Pastor no sólo es cuidar y conducir sino también nutrir y alimentar, corregir y curar. Por eso es que el título de Pastor incluye al de Maestro, que nutre a su rebaño enseñándole el camino verdadero de la vida y corrigiéndolo de sus errores. El Maestro Bueno (Mt 19, 16) no enseña desde la lejanía de la cátedra sino que enseña como quien pastorea: estando cerca, haciéndose prójimo, nutriendo de manera tal que selecciona lo que alimenta y descarta lo nocivo mientras va de camino compartiendo la vida con su rebaño.


Lo pastoral pone su sello también a lo académico


     En el lenguaje del Concilio y de Aparecida, "pastoral" no se opone a "doctrinal" sino que lo incluye. Tampoco es lo pastoral una mera "aplicación práctica contingente de la teología". Por el contrario, la Revelación misma -y por ende toda la teología- es pastoral, en el sentido de que es Palabra de salvación, Palabra de Dios para la Vida del mundo. Como dice Crispino Valenziano: "No se trata de ajustar una pastoral a la doctrina sino que se trata de no arruinar de la doctrina el constitutivo sello pastoral de origen . El ‘giro antropológico' que hay que seguir en teología sin dudas o perplejidad es aquel que va paralelo a la doctrina ‘pastoral': los hombres recibimos la revelación y la salvación percibiendo el conocimiento que Dios tiene de nuestra naturaleza y su condescendencia de Pastor con cada una de sus ovejitas".


     Esta concepción integradora de doctrina y pastoral (que llevó a llamar ‘Constitución' -documento en el que se da una doctrina permanente- no sólo a la dogmática Lumen Gentium sino también a la pastoral Gaudium et Spes), se refleja muy claramente en el Decreto sobre la formación sacerdotal. El Decreto insiste en la importancia de formar pastores de almas. Pastores que, unidos al único Pastor Bueno y Hermoso (hermoso en cuanto que conduce atrayendo, no imponiendo), "apacienten sus ovejas" (cfr. Jn 21, 15-17).


Formación académica sólida


     En cuanto a lo específico de la formación académica, quisiera detenerme a reflexionar un momento en torno a una característica que siempre sale al hablar de formación: la solidez.


     La Optatam Totius hace hincapié en la solidez de la formación en general y en cada una de sus dimensiones. Pero de manera especial habla de la doctrina sólida que deben tener y comunicar los formadores que:


     "Han de elegirse de entre los mejores y han de prepararse diligentemente con doctrina sólida, conveniente experiencia pastoral y una singular formación espiritual y pedagógica (OT 5).


     Aparecida cita a "Pastores dabo vobis" donde Juan Pablo II hace alusión a la "seriedad y solidez de la formación". Solidez que lleva a los presbíteros a "comprender y vivir la singular riqueza del "don" de Dios -el sacerdocio- y a "desarrollar sus potencialidades" insertándose en la comunión presbiteral".


     La solidez de la que se habla es la de la doctrina sólida del Buen Pastor, que alimenta a sus ovejas con manjar sólido, con Palabras de Vida eterna.


La solidez como propiedad de la Verdad


     Lo que no siempre se advierte en su debida profundidad es que la solidez es una propiedad trascendental de la verdad. Dentro de la mentalidad hebrea, la verdad es "emeth", que significa ser sólido, seguro, fiel, digno de fe. La verdad de Cristo no gira en primer lugar en torno a la "revelación" o "desocultamiento" intelectual, más propio de la mentalidad griega. Este desocultamiento será pleno cuando "lo veamos tal cual es" (1Jn 3, 2), ya que ahora "vemos como en un espejo, en enigma" (1 Cor 13, 12). La verdad de Cristo gira más bien en torno a la adhesión de la fe; una adhesión que implica todo nuestro ser -corazón, mente y alma-. Esta adhesión es adhesión a la Persona de Jesucristo, "el Amén, el Testigo fiel y veraz" (Apoc 3, 14), en quien nos podemos confiar y apoyar porque nos da su Espíritu, que nos guía a la "Verdad completa" y nos permite discernir entre el bien y el mal. Como dice la Carta a los Hebreos:


     "Aunque ya es tiempo de que sean maestros, ustedes necesitan que se les enseñen nuevamente los rudimentos de la Palabra de Dios: han vuelto a tener necesidad de leche, en lugar de comida sólida. Ahora bien, el que se alimenta de leche no puede entender la doctrina de la justicia porque no es más que un niño. El alimento sólido es propio de los adultos, de aquellos que, por la práctica tienen la sensibilidad adiestrada para discernir entre el bien y el mal" (Hb 5, 12-14).


     La solidez de la que hablamos es, pues, participación en el Sacerdocio de Jesucristo "Quien debió hacerse semejante en todo a sus hermanos, para llegar a ser un Sumo Sacerdote misericordioso y fiel en el servicio de Dios, a fin de expiar los pecados del pueblo" (Hb 2, 17).


     Por ello, si al escuchar hablar de doctrina sólida alguno piensa en formulaciones abstractas o en silogismos irrebatibles, está pensando dentro de un paradigma racionalista distinto de la solidez de la Verdad de Cristo, que es la de la Misericordia y la de la Fidelidad que salvan.

Solidez como apertura al misterio de Cristo


     Si leemos bien la Optatam Totius vemos que al hablar de doctrina sólida se dice que hay que "coordinar" las disciplinas filosóficas y teológicas en orden a que las mentes "se abran al misterio de Cristo":


     "En la revisión de los estudios eclesiásticos se ha de atender, sobre todo, a coordinar más adecuadamente las disciplinas filosóficas y teológicas, para que concurran armoniosamente a abrir más y más las mentes de los alumnos al Misterio de Cristo , que se refiere a toda la historia del género humano, influye constantemente en la Iglesia y opera, sobre todo, mediante el ministerio sacerdotal (OT 14).


     Solidez dice, pues, a apertura: una sólida apertura, una apertura fiel y firme, estable y permanente, al misterio íntegro de Cristo. Apertura de la mente para que fluya la Vida plena: "Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo" (Jn 17, 3).


    No se trata, pues, para nada de cierta rigidez doctrinal que parece cerrar filas sólo para defenderse a sí misma y puede terminar excluyendo a los hombres de la vida. Es lo que el Señor les reprocha a los fariseos cuando les dice: "Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas (...) guías ciegos, que filtran el mosquito y se tragan el camello" (Mt 23, 23-24). Muy por el contrario, la solidez que buscamos para nuestros sacerdotes es una solidez humana y cristiana que abra las mentes a Dios y a los hombres.

     Una característica de la verdad sólida es que siempre abre a más verdad, siempre abre a la Verdad trascendente de manera más amplia y profunda y sabe luego traducirla pastoralmente de manera que se establezca el diálogo con cada hombre y cada cultura.


Solidez que se arriesga para poner en juego la Palabra


     El corazón de esta solidez gira en torno a la Palabra de Dios, ya que "la Sagrada Escritura debe ser como el alma de toda la teología" (OT 16):


     "Prepárense, por consiguiente, para el ministerio de la palabra: que entiendan cada vez mejor la palabra revelada de Dios, que la posean con la meditación y la expresen en su lenguaje y sus costumbres (OT 4).


     Rápidamente vemos cómo la formación en torno a la Palabra no se limita a su comprensión intelectual. El Concilio hace hincapié al mismo tiempo en la meditación -ya que es Palabra viva que debe ser contemplada con espíritu de alabanza y adoración- y en la expresión de la Palabra, tanto por medio del lenguaje como por medio del testimonio de vida.


     La solidez de la Palabra proviene del juego constante que se da en el corazón del discípulo misionero entre la interiorización y la puesta en práctica de lo revelado. Si no se pone en práctica la palabra no se consolida -es como casa edificada sobre arena-. Lo paradójico es que la solidez se juega en el riesgo, en negociar el talento, en el salir de sí hacia las periferias existenciales... No es la solidez del museo ni de la auto-preservación. Por ello es que resulta imprescindible que la formación académica tenga la dimensión de bajada, de siembra y de fermento de la realidad y que suba desde ella con la cosecha de todo lo humano que puede ser elevado y perfeccionado por la gracia.


Solidez de la formación humanística y filosófica


     Es quizás en este punto donde se encuentra el nudo del problema de la formación actual: el contacto con la realidad, como evangelización de la cultura e inculturación del evangelio, requiere un trabajo de discernimiento sólido.


     Es necesario que los futuros pastores entren en contacto con el corazón de las culturas de los pueblos a los que van a servir, y no con la mera superficie o con fragmentos de una realidad mediada y modificada por las ciencias positivas. Estas ciencias se fundan en paradigmas operativos que no buscan llegar al ser profundo de las cosas sino que trabajan sobre su modo de operar. La imagen que ofrecen de la realidad es proyección de un deseo de dominio fragmentario y multiplicado.


     En cambio, para entrar en contacto con la realidad viva del corazón de los hombres y de los pueblos es necesaria una sólida formación en las ciencias humanas, haciendo especial hincapié en todo lo que permite una visión histórica, simbólica y ética, que enmarque las dimensiones más analíticas del saber científico.


     En lo humanístico me animaría a decir que la piedra de toque está en que el formando se vaya convirtiendo en un pastor que aprecia cada vez más la sabiduría de los pueblos, allí donde ésta se conecta, simbólica y místicamente, con la unidad de la naturaleza y con el misterio trascendente de Dios, expresado en el respeto por la sagrado y en la devoción por lo Santo y por los santos. Este camino de inculturación del Evangelio y de evangelización de la cultura implica un caminar junto con el pueblo fiel, aprendiendo de él a rezar y a amar al Dios Vivo y Verdadero. Es camino de discipulado en comunión siempre más incluyente; todo lo contrario de esas búsquedas intelectuales de círculos elitistas y auto-referenciales, que se complacen en discutir "cuestiones disputadas" en vez de alimentar al rebaño con comida sólida.


     Al mismo tiempo, para que las ciencias enriquezcan la formación y puedan aportar sus saberes específicos -que hoy en día han crecido y se han especializado tanto- es necesaria una sólida formación filosófica, que abra las mentes al misterio del Ser y de sus propiedades trascendentales.

Solidez filosófica como apertura al misterio del ser


     Así como la solidez de la apertura a la Revelación tiene como objeto el Misterio de Cristo, que nos abre al Misterio del Dios Trino y Uno, así, la solidez de la apertura filosófica tiene como objeto el misterio del ser y de cada una de sus propiedades trascendentales. Por eso, en lo filosófico es necesaria una formación que abra a los formandos a las propiedades trascendentales del ser, allí donde la verdad, el bien y la belleza, en su unidad, están siempre abiertas al Bien, a la Verdad y a la Belleza divinas. Es necesario buscar el fundamento trascendente de la realidad, allí donde las preguntas últimas del hombre no chocan en la oposición de los distintos sistemas categoriales, siempre en pugna unos con otros, sino que permiten el diálogo fecundo con todos los pensamientos que buscan auténticamente la verdad. A esto se refiere la Optatam Totius cuando habla de un "conocimiento sólido del hombre, del mundo y de Dios".


     Como dice Von Balthasar:


     "Se puede decir en general, que la relación habitual entre filosofía y teología, considerada durante mucho tiempo en la Iglesia católica como preparación para la teología, se ha modificado últimamente luego de un vasto declinar de la filosofía escolástica. En la actualidad, la teología busca más bien enraizarse, de modos variados, en alguna de las teologías así llamadas "fundamentales". O si no, presupone las "ciencias humanas", muchas de las cuales, sin embargo, carecen por completo de medios para introducir a la teología. (...) De aquí resulta un positivismo (teológico) difuso, que alcanza también, un poco por todos lados, a la pastoral. Se ofrece, entonces, al pueblo fiel consideraciones de origen sociológico que son en realidad de un nivel inferior a su piedad "no iluminada", mientras que los predicadores "iluminados" piensan que han superado desde hace mucho tiempo esas "viejas ideologías" y naturalmente no pueden reprimirse y no meter su nueva sabiduría en la catequesis de los jóvenes y también de los adultos".


     Para abrirse a la totalidad del misterio de Cristo es necesario superar ese positivismo difuso que campea muchas veces en la teología (y que en ALyC a veces está incluso desfasado en el tiempo, ya que se reeditan ideologías ya superados en otras partes como si fueran una gran novedad). Para ello es necesario "volver a ganar una filosofía cristiana a partir de la teología".

Solidez como discreción


     La solidez no sólo es la de un cuerpo doctrinal íntegro, que incluye la revelación entera en diálogo con la sabiduría de todos los hombres de todas las culturas, sino que es también la solidez de la espada bien templada: esa espada de doble filo que discierne la verdad. Por eso, contra la tentación del mundo actual de "sincretismos" de todo tipo, que se van por las ramas en cuestiones disputadas estériles o mezclan saberes inmezclables, la solidez de la formación de los pastores debe apuntar a la "discreción" espiritual, que sabe probar todo y quedarse con lo bueno.


    "Discretio" vs "sincretismo", como dice E. Przywara: allí donde el "syn" del sincretismo es confusión de elementos incompatibles e irreconciliables, el "dis" de la discreción pone separación y claridad".


     Como dice San Antonio: "la discreción es la madre, guardiana y maestra de todas las virtudes".


     Formación sólida dice pues a "caridad discreta", a la discreción del Buen Pastor que sabe llevar a sus ovejas a los pastos abundantes y a las fuentes de agua viva al mismo tiempo que las defiende del lobo y de los falsos pastores, de los mercenarios.


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Comentario a las lecturas del domingo séptimo del Tiempo Ordinario publicado en el DIARIO DE AVISOS el domingo 22 de Febrero de 2009 bajo el epígrafe “el domingo, fiesta de los cristianos”.

Lo ingresaron por urgencias

DANIEL PADILLA

Así podríamos resumir la llegada de es­te paralítico a Jesús. Efectivamente: "Llegaron cuatro llevando un paralíti­co y, como no podían meterlo por el gentío, levantaron unas tejas encima de donde esta­ba Jesús, abrieron un boquete y descolgaron la camilla con el paralítico". Lo dicho. Lo ingresaron por urgencias. Es lo que parece que se hace hoy. Están nuestras clínicas y hospitales tan llenos de enfermos, que hay que buscar un boquete por donde sea. Lo que pasa es que el Señor, "viendo la fe que tenían", puso, sin embargo, la atención en otra urgencia que a él le debía parecer ma­yor: la parálisis del espíritu, que, causada por el pecado, va invadiendo poco a poco la vida de todo hombre. Por eso, ante la admi­ración de los unos y el escándalo de otros, dijo: "Tus pecados quedan perdonados". No se despreocupó, no, de la parálisis fisica de aquel hombre. Al contrario, hizo que aque­llos miembros volvieran a la agilidad y al movimiento. Pero quiso dejar bien claro que la salvación que él venía a traer no se que­daba únicamente en la parte corporal del hombre, en sus necesidades fisicas y biológicas, sino que llegaba al hombre completo, cuerpo y espíritu. Por eso, terminaría dicien­do: "Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa". Pero, antes, le dijo: "Tus pecados que­dan perdonados", señalando así que su sal­vación empezaba desde el interior, desde su espíritu imperecedero. Pero se me antoja que, siendo tan clara la enseñanza, descuida­mos constantemente el cultivo de nuestros valores espirituales. Nuestro mundo ha avanzado vertiginosamente en el terreno de la ciencia y de la técnica. Los adelantos han invadido prodigiosamente nuestra moderna existencia. Vivimos rodeados de una prolife­ración tal de comodidades como no podía­mos siquiera soñarlas en épocas anteriores. La realidad ha superado a la ficción. Y este hombre que soy yo, que eres tú, que es él, se ha subido al tren del progreso y no quiere re­nunciar a ninguna de sus posibilidades. He­mos entrado por la puerta de urgencias con todas nuestras camillas, para sanear nuestra salud (ivalga la redundancia!), para sanear nuestra cultura, y nuestra economía, y el confort de nuestro vivir. Y acaso en nuestro subconsciente pensamos que todo se puede conseguir, que todo está al alcance de la ma­no. Pero observen una cosa. En la medida en la que hemos saneado (?) nuestra vertiente material, subiéndonos por urgencias en el progreso, en la misma medida nos hemos ido deteniendo en el lento camino de los afa­nes espirituales. En la proporción en que nos hemos atrincherado tras el televisor, la cade­na musical, el coche, la estufa y las diversio­nes; al mismo tiempo que hemos ido abrien­do boquetes de urgencia en el tejado de nuestro vivir para que entraran por ellos to­das las sugerentes ofertas de la propaganda y del mercado, en esa misma proporción se nos están escapando por la ventana todas nuestras inquietudes espirituales y religio­sas. "Yo no vengo a misa, porque ahora me paso la noche viendo la televisión", me dijo un día un joven, resumiendo muy en esque­ma, claro, su trayectoria espiritual. Se impo­ne una urgente pregunta: ¿no estará necesitando el hombre de hoy que alguien le diga: tus pecados deben ser perdonados?


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S?bado, 21 de febrero de 2009

ZENIT nos ofrece la intervención íntegra del Papa al recibir hoy en audiencia a los participantes en la Sesión del Consejo de Gobernación del Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola (IFAD), con ocasión del 30 aniversario de su fundación.


Señor presidente del Consejo de Gobierno,

Gobernadores, Representantes Permanentes de los Estados Miembros,

Funcionarios del IFAD,

Señoras y señores,

Me es grato tener esta oportunidad de recibirles en la conclusión de las celebraciones con motivo del trigésimo aniversario del establecimiento de la Fundación Internacional para el Desarrollo Agrícola (IFAD). Agradezco al presidente saliente, señor Lennart Båge, por sus amables palabras y ofrezco mis congratulaciones y buenos deseos al señor Kanayo Nwanze por su elección para este alto puesto. Les agradezco a todos que hayan venido aquí hoy y les aseguro mis oraciones por el importante trabajo que ustedes realizan para promover el desarrollo rural. Su trabajo es particularmente crucial en el tiempo presente, ante los dañinos efectos sobre la seguridad alimentaria ante la actual inestabilidad de los precios de los productos agrícolas. Esto requiere nuevas estrategias a largo plazo para luchar contra la pobreza rural y para promover el desarrollo rural. Como ustedes saben, la Santa Sede comparte totalmente su compromiso de superar la pobreza y el hambre, y de salir en ayuda de los pueblos más pobres del mundo. Rezo para que la celebración del aniversario de la IFAD suponga para ustedes un incentivo para perseguir estos importantes objetivos con renovada energía y determinación en los próximos años.

Desde sus primeros días, la Fundación Internacional ha alcanzado una forma ejemplar de cooperación y corresponsabilidad entre naciones con diferentes grados de desarrollo. Cuando los países ricos y los que están en vías de desarrollo consiguen unirse para tomar decisiones conjuntas y para determinar criterios específicos para la contribución de cada país al presupuesto de la Fundación, se puede verdaderamente afirmar que los diferentes estados miembros actúan como iguales, expresando su solidaridad unos con otros y su compromiso compartido de erradicar la pobreza y el hambre. En un mundo cada vez más interdependiente, un proceso de toma conjunta de decisiones de este tipo es esencial si se quieren conducir los asuntos internacionales con equidad y visión de futuro.


Igualmente recomendable es el énfasis puesto por la IFAD en promover las oportunidades de empleo en las comunidades rurales, en vista de capacitarlas, a largo plazo, para ser independientes de la ayuda del exterior. La asistencia dada a los productores locales sirve para construir la economía y contribuye al desarrollo global de la nación implicada. En este sentido los proyectos de “créditos rurales”, destinados a ayudar a pequeños granjeros y trabajadores agrícolas sin tierra en propiedad, pueden relanzar la economía global y proporcionar mayor seguridad alimentaria para todos. Estos proyectos ayudan también a las comunidades indígenas a florecer en su propio suelo, y a vivir en armonía con sus culturas tradicionales, en lugar de verse forzadas a desarraigarse para buscar empleo en las ciudades masificadas, llenas de problemas sociales, donde a menudo tienen que soportar miserables condiciones de vida.

Este enfoque tiene el mérito de restablecer al sector agrícola en el lugar que le corresponde dentro de la economía y del tejido social de las naciones en vías de desarrollo. Aquí las organizaciones no gubernamentales pueden hacer una valiosa contribución, algunas de las cuales tienen lazos estrechos con la Iglesia católica y están comprometidas en la aplicación de su doctrina social. El principio de subsidiariedad requiere que cada grupo en la sociedad sea libre de hacer su propia contribución al bien común general. Demasiado frecuentemente, los trabajadores agrícolas de las naciones en vías de desarrollo ven negada esta oportunidad, cuando su trabajo es explotado con codicia y su producción se desvía hacia mercados distantes, con poco o ningún beneficio para la propia comunidad local.


Hace cincuenta años aproximadamente, mi predecesor el Beato Juan XXIII decía esto sobre la tarea de labrar la tierra: "Los que viven en la tierra no puede dejar de apreciar la nobleza de la labor que están llamados a hacer. Viven en total armonía con la Naturaleza -el majestuoso templo de la Creación... El suyo es un trabajo que lleva dentro su propia dignidad” (Mater et Magistra, 130-131). Todo el trabajo humano es una participación en la providencia creadora del Dios Todopoderoso, pero el trabajo agrícola tiene en este sentido un lugar preeminente. Una sociedad verdaderamente humana siempre sabrá cómo apreciar y remunerar apropiadamente la contribución hecha por el sector agrícola. Si es apoyado y equipado adecuadamente, tiene potencial de sacar a una nación de la pobreza y de poner los fundamentos de una creciente prosperidad.


Señoras y señores, mientras damos las gracias por los logros de los pasados treinta años, es necesaria una renovada determinación de actuar en armonía y solidaridad con todos los diferentes elementos de la familia humana de cara a asegurar un equitativo acceso a los recursos de la tierra ahora y en el futuro. La motivación para actuar de esta forma procede del amor: amor por los pobres , amor que no puede tolerar la injusticia o la deprivación, amor que rechaza el descanso hasta que la pobreza y el hambre desaparezcan de en medio de nosotros. Los objetivos de erradicar la pobreza extrema y el hambre, así como promover la seguridad alimentaria y el desarrollo rural, lejos de ser demasiado ambiciosos o irreales, se convierten, en este contexto, en imperativos vinculantes para toda la comunidad internacional. Rezo fervientemente para que las actividades de organizaciones como la suya continúen contribuyendo significativamente para la consecución de estos objetivos. Al agradecerles y animarles a perseverar en el buen trabajo que realizan, les encomiendo al constante cuidado de nuestro Padre amoroso, Creador del Cielo y la Tierra y todo cuanto contienen. ¡Que Dios les bendiga!


[Traducción del original en inglés por Inma Álvarez]


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Palabras que el Papa dirigió el viernes 20 de Febrero de 2009 a los miembros de la Pontificia Comisión para América Latina, con motivo de la celebración de su asamblea plenaria, en la Sala del Consistorio del Palacio Apostólico Vaticano.


Señores Cardenales,

Queridos hermanos en el Episcopado

Saludo cordialmente a los Consejeros y Miembros de la Pontificia Comisión para América Latina, que en su Asamblea Plenaria han reflexionado sobre «la situación actual de la formación sacerdotal en los Seminarios» de aquella tierra. Agradezco las palabras que, en nombre de todos, me ha dirigido el Presidente de la Comisión, el Señor Cardenal Giovanni Battista Re, presentándome las líneas centrales de los trabajos y recomendaciones pastorales que han surgido en este encuentro.


Doy gracias a Dios por los frutos eclesiales de esta Comisión Pontificia desde su creación, en mil novecientos cincuenta y ocho, cuando el Papa Pío XII vio la necesidad de crear un organismo de la Santa Sede para intensificar y coordinar más estrechamente la obra desarrollada en favor de la Iglesia en Latinoamérica, ante la escasez de sus sacerdotes y misioneros. Mi venerado predecesor Juan Pablo II corroboró y potenció esta iniciativa, con el fin de resaltar la especial solicitud pastoral del Sucesor de Pedro por las Iglesias que peregrinan en aquellas queridas tierras. En esta nueva etapa de la Comisión, no puedo dejar de mencionar con viva gratitud el trabajo realizado por su Vicepresidente durante largos años, el Obispo Cipriano Calderón Polo, recientemente fallecido, y al que el Señor habrá premiado su abnegado y fiel servicio a la Iglesia.


El año pasado recibí a muchos Obispos de América Latina y del Caribe en su visita ad limina. Con ellos he dialogado sobre la realidad de las Iglesias particulares que les han sido encomendadas, pudiendo así conocer más de cerca las esperanzas, y dificultades de su ministerio apostólico. A todos los acompaño con mi oración, para que continúen ejerciendo con fidelidad y alegría su servicio al Pueblo de Dios, impulsando en la hora presente la «Misión continental», que se está poniendo en marcha como fruto de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe (cf. Documento conclusivo, n. 362).


Conservo un grato recuerdo de mi estancia en Aparecida, cuando vivimos una experiencia de intensa comunión eclesial, con el único deseo de acoger el Evangelio con humildad y sembrarlo generosamente. El tema escogido –Discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en Él tengan vida– continúa orientando los esfuerzos de los miembros de la Iglesia en aquellas amadas Naciones.

Cuando presenté un balance de mi viaje apostólico a Brasil ante los miembros de la Curia Romana, me preguntaba: «¿Hizo bien Aparecida, buscando la vida para el mundo, en dar prioridad al discipulado de Jesucristo y a la evangelización? ¿Era una retirada equivocada hacia la interioridad?» A ello respondía con toda certeza: «No. Aparecida decidió lo correcto, precisamente porque mediante el nuevo encuentro con Jesucristo y su Evangelio, y sólo así, se suscitan las fuerzas que nos capacitan para dar la respuesta adecuada a los desafíos de nuestro tiempo» (Discurso a la Curia romana, 21 diciembre 2007). Sigue siendo fundamental ese encuentro personal con el Señor, alimentado por la escucha de su Palabra y la participación en la Eucaristía, así como la necesidad de transmitir con gran entusiasmo nuestra propia experiencia de Cristo.


Los Obispos, sucesores de los Apóstoles, somos los primeros que hemos de mantener siempre viva la llamada gratuita y amorosa del Señor, como la que Él hizo a los primeros discípulos (cf. Mc 1,16-20). Como ellos, también nosotros hemos sido elegidos para «estar con Él» (cf. Mc 3,14), acoger su Palabra y recibir su fuerza, y vivir así como Él, anunciando a todas las gentes la Buena Nueva del Reino de Dios.

Para todos nosotros, el seminario fue un tiempo decisivo de discernimiento y preparación. Allí, en diálogo profundo con Cristo, se fue fortaleciendo nuestro deseo de enraizarnos hondamente en Él. En aquellos años, aprendimos a sentirnos en la Iglesia como en nuestra propia casa, acompañados de María, la Madre de Jesús y amantísima Madre nuestra, obediente siempre a la voluntad de Dios. Por eso me complace que esta Asamblea Plenaria haya dedicado su atención a la situación actual de los Seminarios en Latinoamérica.


Para lograr presbíteros según el corazón de Cristo, se ha de poner la confianza en la acción del Espíritu Santo, más que en estrategias y cálculos humanos, y pedir con gran fe al Señor, «Dueño de la mies», que envíe numerosas y santas vocaciones al sacerdocio (cf. Lc 10,2), uniendo siempre a esta súplica el afecto y la cercanía a quienes están en el seminario con vistas a las sagradas órdenes. Por otro lado, la necesidad de sacerdotes para afrontar los retos del mundo de hoy, no debe inducir al abandono de un esmerado discernimiento de los candidatos, ni a descuidar las exigencias necesarias, incluso rigurosas, para que su proceso formativo ayude a hacer de ellos sacerdotes ejemplares.


Por consiguiente, las recomendaciones pastorales de esta Asamblea han de ser un punto de referencia imprescindible para iluminar el quehacer de los Obispos de Latinoamérica y del Caribe en este delicado campo de la formación sacerdotal. Hoy más que nunca, es preciso que los seminaristas, con recta intención y al margen de cualquier otro interés, aspiren al sacerdocio movidos únicamente por la voluntad de ser auténticos discípulos y misioneros de Jesucristo que, en comunión con sus Obispos, lo hagan presente con su ministerio y su testimonio de vida. Para ello es de suma importancia que se cuide atentamente su formación humana, espiritual, intelectual y pastoral, así como la adecuada elección de sus formadores y profesores, que han de distinguirse por su capacitación académica, su espíritu sacerdotal y su fidelidad a la Iglesia, de modo que sepan inculcar en los jóvenes lo que el Pueblo de Dios necesita y espera de sus pastores.


Encomiendo al amparo maternal de la Santísima Virgen María las iniciativas de esta Asamblea Plenaria, suplicándole que acompañe a quienes se preparan para el ministerio sacerdotal en su caminar tras las huellas de su divino Hijo, Jesucristo, nuestro Redentor. Con estos sentimientos, les imparto con afecto la Bendición Apostólica.


[© Librería Editrice Vaticana]


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Información cogida de DOSSIER FIDES “MISIONEROS TRAS LAS HUELLAS DE SAN PABLO. Institutos religiosos que se inspiran en el Apóstol Pablo, publicado por Agencia Fides el 25 de Octyubre de 2998.

 

 

LA FAMILIA PAULINA: LAS DIEZ FUNDACIONES DE DON ALBERIONE

 

Beatificado por Juan Pablo II en el 2003, don Santiago Alberione (1884-1971), sacerdote piamontés, es una figura destacada en la renovación eclesial que culminó con el Concilio Vaticano II.

         En la noche del 31 de diciembre de 1900, el seminarista de 16 años, durante la adoración Eucarística en la Catedral de Alba, se sintió profundamente llamado por Dios “ a hacer algo por  el Señor y por los hombres del nuevo siglo”, a convertirse en apóstol con los nuevos medios que ofrecía el progreso técnico.

Trece años después, don Alberione fue nombrado director del periódico diocesano Gaceta de Alba, un hecho que él sintió como la ocasión propicia para comenzar las fundaciones paulinas. Alba era en aquel tiempo, una ciudad de 14.000 habitantes, una de las diócesis más vivas del Piamonte, gracias a la guía carismática de Mn. Giuseppe Francesco Re. Asistido de competentes colaboradores, el Obispo había promovido en la diócesis y en el seminario la vida litúrgica y eucarística, la preparación del clero, la difusión del Evangelio, la renovación de la pastoral, la pureza de la doctrina contra las infiltraciones modernistas, la catequesis y la buena prensa. Además del periódico de la diócesis, eran muchas las publicaciones, desde libros populares a los boletines de las 115 parroquias, sin contar además las tres imprentas católicas que trabajaban en la ciudad.

         En el momento del nombramiento, don Alberione gozaba ya de una cierta experiencia como encargado de la Biblioteca diocesana y miembro de la Asociación de la Buena Prensa y había madurado una idea precisa sobre la potencialidad de la prensa católica. “El arte de la prensa, la palabra viva y la escrita son igualmente apostolado”, había escrito ya en 1908. Con el encargo recibido de dirigir la Gaceta de Alba y de coordinar la prensa diocesana, se concretó la posibilidad de fundar dos familias religiosas, una masculina y otra femenina (más un grupo de laicos, los Cooperadores, aprobado en 1917), animados por el mismo carisma y con la misión de la buena prensa.       

         La referencia a San Pablo pudo derivarse de la experiencia de la Cruzada orante por la prensa, fundada por el Obispo de Verona, Card. Luigi di Canossa en el ámbito de la obra de los Congresos y puesta en marcha bajo la protección del Apóstol. Pero sobre todo, don Alberione mantenía desde hacía tiempo una devoción personal iniciada “especialmente del estudio y de la meditación de la carta a los Romanos. Desde entonces –contará más tarde- la personalidad, la santidad, el corazón, la intimidad con Jesús, su obra en la dogmática y en la moral, la impronta dejada en la organización de la Iglesia, su celo por todos los pueblos, fueron sujeto de meditación”.

         Sin embargo, cuando don Alberione sometió su proyecto a Mons. Re, el 14 de julio de 1914, habló sólo de  una escuela tipográfica denominada “Pequeño obrero”. Obtenida la aprobación verbal y adquirida la primera maquinaria, comenzó la actividad el 20 de agosto de 1914, y salieron las primeras publicaciones, “todo cuanto es necesario –decía un anuncio publicitario en la Gaceta- para pedir un buen catecismo”.       

        

 La Sociedad de San Pablo, las Hijas de San Pablo y los otros Institutos Paulinos.  

 

         El 8 de diciembre de 1917, cinco chicas emitieron su profesión religiosa con votos privados. De este primer núcleo de consagradas, a través de sucesivos acontecimientos, tuvo origen la Pía Sociedad de San Pablo, que recibirá la aprobación diocesana el 12 de marzo de 1927 y la pontificia el 27 de junio de 1949 por parte de Pio XII. Hoy los Paulinos (como se conoce a los sacerdotes y hermanos religiosos de la Sociedad de San Pablo) están presentes en 33 países de cinco continentes y cuentan con algo más de 1000 miembros entre sacerdotes, hermanos laicos y juniores (alrededor de cien). Un dato muestra bien la actividad editorial de los Paulinos: 86 revistas son publicadas en todo el mundo, desde Familia Cristiana hasta los subsidios pastorales, una oferta variada y para todo tipo de público.

         Paralelamente ha crecido también la rama femenina, las Hijas de San Pablo (Paulinas), que comenzaron con poquísimos medios el 15 de junio de 1915. Recordará la primera Superiora General, Maestra Tecla Merlo (considerada como cofundadora del Instituto): “Las Hijas de San Pablo surgieron para dedicar la propia vida a la buena prensa, pero no tenían imprenta”. Al comienzo, sor Tecla y sus compañeras confeccionaban camisas para los militares y solo en 1918, en Susa (Turín) comenzaron el apostolado de la prensa. El 22 de julio de 1922, en Alba, nueve jóvenes se consagraron a Dios y a la misión específica con los votos privados de pobreza, castidad y obediencia, constituyendo la Congregación de la Pía Sociedad Hijas de San Pablo. En 1926 la llegada a Roma señaló la apertura de las primeras librerías y la difusión de libros a domicilio. En los años sucesivos fueron abiertas otras casas filiales. Ya en 1932 contaban con 30 casas en Italia y 3 en el extranjero (Brasil, Argentina, EEUU) y de decenio en decenio la Congregación alcanzará todos los continentes. Hoy las Hijas de San Pablo son 2.450 (de ellas 60 novicias) esparcidas por 52 naciones, con un total de 248 casas. En el 2008 han nacido dos nuevas comunidades en Juba (Sudán) y en Ho Chi Min (Vietnam). Además de la prensa trabajan en la producción audiovisual y radiofónica, internet, homevideo, apoyando y diversificando la oferta en los medios de comunicación que producen los Paulinos.

         Al lado de los Paulinos y las Paulinas, don Alberione ha fundado otras tres congregaciones religiosas femeninas: en 1924 las Pías Discípulas del Divino Maestro, para el apostolado de la Adoración Eucarística perpetua, el servicio sacerdotal y el litúrgico: el 1938 las Hermanas de Jesús Buen Pastor (Pastorelle), para ayudar a los párrocos en la evangelización, la catequesis y el crecimiento de las comunidades cristianas (hoy difundidas en 18 países de los cinco continentes); en 1959 el Instituto Reina de los Apóstoles para las vocaciones (Apostolinas), activas en el apostolado vocacional de los jóvenes.

         En 1960 nacieron cuatro Institutos seculares agregados a la Sociedad San Pablo, tres dirigidos a los laicos en distintos estilos de vida (Instituto San Gabriel Arcángel  para los hombres, Instituto María Santísima Annunziata para las mujeres, Instituto Santa Familia para las familias) y uno para los sacerdotes diocesanos (Instituto Jesús Sacerdote). Completa el cuadro de las fundaciones de don Alberione la Unión de Cooperadores Paulinos, al que pueden adherirse todos los laicos con comparten la espiritualidad y las actividades paulinas.

         Todas las fundaciones forman la Familia Paulina: “Hay una estrecha parentela entre ellas –ha escrito don Alberione-, porque todas han nacido del sagrario. Un único espíritu: vivir a Jesucristo y servir a la Iglesia. Quién representa a todos intercediendo ante el sagrario; quién difunde como venida de lo alto la doctrina de Jesucristo, y  quién se acerca a las almas individuales”.

 

Las iniciativas para el Año Paulino

 

La familia Paulina ha abierto el Año Jubilar dedicado a San Pablo el 30 de junio de 2008, día en que celebran su fiesta litúrgica, con un encuentro presidido por Mn. Rino Fisichella en el santuario dedicado a María, Reina de los Apóstoles, que se eleva en el centro del gran complejo querido por el Beato Alberione, cerca de la basílica de San Pablo. Este complejo comprende varios edificios, entre ellos la Casa Generalicia y varias comunidades de la Sociedad de San Pablo y de las Hijas de San Pablo. En la cripta subterránea del Santuario están sepultados don Alberione y la Madre Tecla Merlo. Al día siguiente, 1 de julio, la Familia Paulina realizó una peregrinación a la Basílica de San Pablo extra muros. El programa conjunto del Año prevé cientos de iniciativas: ejercicios espirituales, conferencias, cursos, peregrinaciones, pero también muestras de arte, conciertos y actividades culturales en general. En algunos países, como Corea y Japón, la Familia Paulina colabora directamente con la Iglesia local para la preparación y la animación de los eventos. Las dos páginas oficiales de las Congregaciones, www.paulus.net y www.paoline.org ofrecen un listado actualizado continuamente. A nivel editorial, un logo especial acompaña todas las publicaciones, y una revista mensual, Paulus, ha sido creada especialmente para el Año Paulino. En el sector del homevideo, además, Editorial Paulina ha producido un documental sobre San Pablo.


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Día 22 de Febrero
VII Domingo del Tiempo Ordinario


Fe y obras de fe

 

Entre las muchas enseñanzas que nos ofrece hoy el pasaje evangélico, en este caso de san Marcos, que se considera en la Liturgia de la Palabra, podemos fijarnos en la actitud de aquellos cuatro que llevan la camilla con el enfermo. Podría parecer accesorio este hecho en el conjunto de la situación que meditamos, que culmina en la absolución de los pecados de aquel hombre y en su curación corporal. Sin embargo, vale la pena, sin duda, que nos detengamos en lo que, según el Evangelista, provocó la reacción primera de Jesús. Al ver Jesús la fe de ellos, le dijo al paralítico:
        —Hijo, tus pecados te son perdonados.


        Dios es Amor, según lo define san Juan, y así se manifiesta en Jesucristo, perfecto Dios y perfecto hombre, con un permanente e inagotable interés por procurar el bien de los hombres. Nos ama porque siempre quiere lo mejor para nosotros. En todo caso, somos capaces de entender ese amor divino –hasta donde nos es posible con nuestra limitada capacidad–, si tenemos fe. Únicamente reconociendo a Jesús como Dios infinitamente Bueno y Todopoderoso, mediante la fe, entendemos su Amor ilimitado por el hombre.


        Jesús pide en bastantes ocasiones la fe explícita de aquellos a quienes auxilia. En otras ocasiones, como ésta que hoy consideramos, la fe se manifiesta ya en el modo de hacer de quienes actúan. Recordemos, por ejemplo, a Bartimeo, el ciego de Jericó, a la mujer sirofenicia, al leproso que recordábamos la semana anterior, a la hemorroisa y tantos otros. Era necesario que Jesús fuera reconocido como Dios, capaz por tanto –a pesar de su apariencia simplemente humana– de lo que sólo Dios puede hacer. Se manifestaba así el sentido de su vida entre los hombres: hacernos saber que Dios, por la Encarnación, Muerte y Resurrección gloriosa del Verbo, desea que participemos de su misma divinidad como hijos suyos, siendo, como somos, simples hombres.


        En la curación de este paralítico podemos observar en detalle la fuerza de la verdadera fe. Constatamos, asimismo, la respuesta coherente del Señor, protagonista siempre de una misión plenamente salvadora para los hombres. Podemos aprovechar la circunstancia favorable de estos versículos que se ofrecen a nuestra meditación, para reflexionar, en el silencio secreto de la propia intimidad, sobre la potencia efectiva de nuestra fe y en el bien que, ante todo, esperamos alcanzar de Dios.


        ¿Se nota en mi conducta ordinaria de cada día que, con medios quizá desproporcionados para la mayoría de la gente, intento agradar a Dios y lograr una eficacia insólita? Sacar al paralítico de su casa, únicamente porque ha llegado Jesús, perseverar en el empeño de ponerlo ante Él –a como dé lugar–, hasta el extremo de no regatear medio alguno, hasta romper incluso el techo de la casa (dispuestos, sin duda, a correr con las consecuencias económicas del siniestro provocado) con tal de lograr su propósito: esto es verdadera fe. Es una fe eficaz, pues las obras visibles responden de ella. De otro modo, la fe, si no va acompañada de obras, está realmente muerta, como afirma el apóstol Santiago.


        El cristiano coherente con su fe ha de sorprender con su conducta, sobre todo cuando el ambiente en que se desenvuelve no está impregnado de los ideales del Evangelio, como hoy por hoy suele suceder. El modo de organizar la familia, la forma de divertirse, el empleo del dinero, la ocupación del tiempo, son aspectos, entre otros muchos que se podrían mencionar de una vida corriente, que uno organiza según determinados criterios. Todos esos aspectos quedan poderosamente afectados, en algún sentido, cuando se viven con fe. Y, hasta tal punto, que si no se notara, en lo concreto de la conducta y en lo que es valioso para una persona, su condición de cristiano, habría que entender que cristiano es de nombre, pero no de hecho.


        Entre otras profundas convicciones, el hijo de Dios que intenta vivir cada día como tal, tiene la de que su máximo bien es la santidad y su mayor mal el pecado. En absoluto sorprende, pues, que Jesús limpie de sus pecados primeramente al paralítico. En realidad, el pecado es, para cualquiera, un mal inmensamente mayor que la peor de las desgracias en el orden físico, como sería la parálisis para aquel hombre. El pecado, apartamiento de Dios por ser oposición a su voluntad, supone un fracaso del hombre en cuanto tal, no ya en el orden físico como la enfermedad. El hombre en pecado es un contrasentido por naturaleza. Pues estamos hechos para amar a Dios y sólo en eso está el pleno desarrollo del hombre.


        Santa María es maestra de fe. De fe manifestada en obras, desde el anuncio del Ángel hasta la Cruz de su Hijo. También por esto la llamamos bienaventurada todas las generaciones.


NOVEDADES FLUVIUM



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Reflexión Pastoral para la Jornada del Dia de Hispanoamérica hecha por el obispo de Vitoria Don Miguel Asurmendi Aramendia y publicada en el folleto recibido en la parroquia entre los materiales para su celebración.

"AMÉRICA CON CRISTO,
VIVE LA MISIÓN"

 

Reflexión pastoral

Las diócesis de España celebran el DÍA DE HISPANOAMÉ­RICA, este año el 1 de marzo de 2009. Lo hacen tomando como pauta inspiradora el lema "América con CRisto, vive la Misión".

La Presidencia de la Pontificia Comisión para América Lati­na ha hecho llegar un Mensaje para esta Jornada, en el que encuadra la celebración en el marco de los principales eventos eclesiales del momento: la V Conferencia General del Episco­pado Latinoamericano y del Caribe en Aparecida (mayo 2007), el Año dedicado a la figura del Apóstol San Pablo y la XII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos centrado en "La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia".

El papa Benedicto XVI, en el discurso inaugural de la Confe­rencia de Aparecida, ha dado una explicación de las primeras palabras del lema "América con Cristo": "¿Qué ha significado la aceptación de la fe cristiana para los pueblos de América Latina y del Caribe? Para ellos ha significado conocer y acoger a Cristo, el Dios desconocido que sus antepasados, sin saberlo, buscaban en sus ricas tradiciones religiosas. Cristo era el Salvador que anhelaban silenciosamente".

 

El Santo Padre, más adelante en su discurso, sale al paso de lo que llama "la utopía de volver a dar vida a las religiones preco­lombinas, separándolas de Cristo y de la Iglesia universal", y dice que "no sería un progreso, sino un retroceso".

Y subrayando el valor positivo de la síntesis entre las culturas de los pueblos originarios y la fe cristiana, presenta la religiosidad popular como el alma de los pueblos latinoamericanos:

 

  • el amor a Cristo sufriente, el Dios de la compasión, del per­dón y de la reconciliación; el Dios que nos ha amado hasta entregarse por nosotros;
  • el amor al Señor presente en la Eucaristía, el Dios encarna-do, muerto y resucitado para ser Pan de vida;
  • el Dios cercano a los pobres y a los que sufren;
  • la profunda devoción a la santísima Virgen.

El documento de los obispos de la Conferencia de Aparecida hizo buen acopio de las palabras que el papa Benedicto XVI les había dirigido en su discurso y formula una rica propuesta para los discípulos de Jesús y misioneros para anunciar la Buena Nueva de Jesucristo. Describe esta con los contenidos siguientes:

 

  • la buena nueva de la dignidad humana;
  • la buena nueva de la vida;
  • la buena nueva de la familia;
  • la buena nueva de la actividad humana: el trabajo y la cien­cia y tecnología;
  • la buena nueva del destino universal de los bienes y ecología.

La conferencia de Aparecida ha sabido presentar el rostro de Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre para nuestra salvación, y lo ha traducido en evangelio para la persona humana; esta necesita encontrarse con la bondad de Dios en las diversas facetas de la vida humana.

 

Los obispos presentes en el Sínodo sobre "La Palabra de Dios en la vida y misión de la Iglesia" han presentado un Mensaje que ofrece una bella síntesis de los contenidos sinodales. Consta de cuatro puntos:

 

  • La voz de la Palabra: la Revelación.
  • El rostro de la Palabra: Cristo.
  • La casa de la Palabra: la Iglesia.
  • Los caminos de la Palabra: la misión.

El punto segundo del Mensaje parte del prólogo del Evangélio según san Juan, donde se lee: "la Palabra se hizo carne" (Jn 1, 14). Cristo es "la Palabra que está junto a Dios y es Dios", es "imagen de Dios invisible, primogénito de toda la creación" (Col 1, 15); pero también es Jesús de Nazaret que camina por las calles... (M, 4).

 

El Mensaje invita al Pueblo de Dios a formarse para conocer la Escritura y entenderla y de este modo vernos libres del funda­mentalismo de la literalidad y, a la vez, abrirnos a ella desde el convencimiento de ser Palabra encarnada, presencia del Señor resucitado. "El conocimiento exegético (de la Escritura) tiene, por tanto, que entrelazarse indisolublemente con la tradición espiri­tual y teológica, para que no se quiebre la unidad divina y huma­na de Jesucristo y de las Escrituras" (Mensaje, 6).

 

El Sínodo sobre la Palabra de Dios ha subrayado lo dicho por la Constitución Dei Verbum del Concilio Vaticano II, que insiste en que sacerdotes, consagrados y fieles cristianos han de leer asi­duamente la sagrada Escritura. Los sacerdotes "para no volverse predicadores vacíos de la Palabra"; los religiosos y los fieles "para que adquieran la ciencia suprema de Jesucristo" (Fi 1 p 3, 8), "pues desconocer la Escritura es desconocer a Cristo", como decía san Agustín.

 

El lema para este Día de Hispanoamérica insta a América a entregarse a la evangelización: América con Cristo, vive la Misión. Y el fin último de la Misión consiste en hacer participar a los hombres en la comunión que existe entre el Padre y el Hijo en su Espíritu de amor, como enseña el Catecismo de la Iglesia Católica (nn. 849 ss.).

 

El Año Jubilar Paulino ofrece a nuestras Iglesias y a las de Hispanoamérica un ejemplo admirable de misionero, de Após­tol entregado a la Misión. Escribió san Pablo: "Predicar el Evangelio no es para mí motivo de gloria; es más bien un deber que me incumbe. ¡Ay de mí si no evangelizara!"  (1 Cor 9, 16).

 

La Misión queda dicho que es una, pero tiene planteamientos diversos según continentes, naciones, regiones e Iglesias particu­lares. El documento conclusivo de la Conferencia de Aparecida ha hecho un análisis de la realidad en su parte primera, para pro-poner seguidamente compromisos concretos.

 

El análisis de la realidad en Aparecida ha incidido en los aspec­tos siguientes:

 

  • La situación sociocultural. Aborda la globalización, la varie-dad y riqueza de las culturas latinoamericanas, el cambio de época, la nueva colonización cultural, la avidez del mercado, el consumismo, etc.
  • La situación económica. Se habla de los efectos de la globa­lización, tendencia a privilegiar el lucro, concentración de poder y de riquezas en manos de pocos, búsqueda de una globalización marcada por la solidaridad.
  • La dimensión socio-política. Afirma un cierto progreso democrático, pero preocupa el auge de la regresión autori­taria, políticas públicas en la salud, la educación, previsión social, acceso a vivienda y a la tierra.

 

La Conferencia de Aparecida, en su parte tercera, ofrece caminos para afrontar la situación que viven los diversos pueblos latinoamericanos:

 

  • Vivir y comunicar la vida nueva en Cristo a nuestros pueblos.
  • Reino de Dios y promoción de la dignidad humana.

     "Jesucristo es el Reino de Dios que procura desplegar toda su fuerza     transformadora en nuestra Iglesia y en nuestras sociedades" (n. 382).

  • Familia, personas y vida.
  • Nuestros pueblos y la cultura.

 

La conclusión de Aparecida dice: "Recordando el mandato de ir y de hacer discípulos (cf. Mt 28, 20), desea despertar la Iglesia en América Latina y el Caribe para un gran impulso misionero. No podemos desaprovechar esta hora de gracia" (n. 548). Y la propuesta concreta queda expresada así: "Convocamos a todos nuestros hermanos y hermanas, para que, unidos, con entusias­mo realicemos la Gran Misión Continental". Son palabras del Mensaje de Aparecida.

 

La celebración del Día de Hispanoamérica nos invita a sin­tonizar con el momento eclesial que viven aquellas Iglesias hermanas. El centro del documento de Aparecida es Jesucristo. En El Dios Padre nos ha ofrecido su Reino de verdad, de justi­cia y de paz. Cristo es el camino, la verdad y la vida.  Llevar a Cristo a las personas y a las sociedades latinoamericanas es ponerse en camino para la verdadera transformación de aque­llos pueblos.

 

Que santa María, Nuestra Señora de Guadalupe, de Apareci­da, de Luján, nos muestre a Jesús, el fruto bendito de su vientre, y nos obtenga la gracia de convertir nuestras vidas a El, Misionero de Dios Padre y nuestro Salvador.

 

 Miguel Asurmendi Aramendía Obispo de Vitoria

 

 



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Viernes, 20 de febrero de 2009
Sugerencias para la homlía del Día de Hispanoamérica, que se celebrará el 1 de marzo de 2009, publicadas en el subsidio litúrgico para la celebración de la Jornada, que este año tiene por lema "América con Cristo, vive la misión".

Sugerencias para la homilía


- Dios ha tejido a lo largo del tiempo una historia de amistad y de amor hacia el hombre a través de la cual le ha ofrecido siempre su salvación. Noé es el primer paso de esta historia que culmina en Jesús.


- Jesús manifiesta cómo Dios salva al hombre: ofreciéndole siempre el don de la conversión. Cuando el hombre se arrepiente y vuelve a Dios, este no lo rechaza, sino que le abre paternalmente sus brazos. Jesús pasa por la tentación para mostrarnos que Dios rechaza el pecado, pero nunca al pecador.


- Al principio de la cuaresma, la liturgia nos recuerda que Jesús pasa por la muerte para conducirnos a la vida. En el bautismo ya participamos de este misterio de vida y salva­ción; toca ahora hacer de ello nuestro programa de vida: abandonar las seducciones del pecado para vivir la novedad de la vida eterna.


- La misión de la Iglesia consiste precisamente en hacer partí­cipes a los hombres de esta experiencia de gracia. Jesús, con su palabra, con los signos que realizó, pero sobre todo con su muerte y resurrección, hace presente el reino de Dios. La Iglesia recibe de Cristo la misión de anunciarlo y establecerlo en medio de todos los pueblos (cf. Mensaje, 4).


- Fieles a esta misión muchos misioneros y misioneras españo­les han dejado `"padre y madre" para llevar la buena noticia del reino de Dios a América. Ellos han anunciado y manifes­tado el reino de Dios con sus obras, pero sobre todo con sus vidas entregadas a Cristo y a la Iglesia, porque la acción misionera "no consiste en una fría transmisión de una doctri­na, sino fundamentalmente en testimoniar la propia experiencia de encuentro con una persona, con Jesucristo mis-mo, que constituye la única realidad que tiene la fuerza de abrir el corazón de los hombres al contacto con la Verdad" (Mensaje, 5).


- En la Iglesia en América, mucho más a partir de la quinta Conferencia General del CELAM en Aparecida (Brasil), surge con fuerza el deseo de fidelidad a Cristo y a su misión (cf. Mensaje, 3). Aún hay muchas situaciones de injusticia y de falta de paz y amor en América, pero si toda la Iglesia en Arnérica se une a Cristo, podrá vivir la misión y no sucumbir ante la desesperanza o la irrupción de las sectas. "¡Sólo unidos a Cristo, sólo con Cristo, América vive la misión!" (Mensaje, 5).


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Subsidio litúrgico para la celebración de la Eucaristía en la Jornada del Día de Hispanoamérica, publicado en folleto de la OCSHA para la celebración el 1 de Marzo de 2009, primer domingo de cuaresma

"AMÉRICA CON CRISTO,
VIVE LA MISIÓN"


Guión para la

celebración litúrgica

(1 Domingo de Cuaresma, ciclo B)


Monición de entrada


La liturgia del primer domingo de Cuaresma nos invita a abrirnos confiadamente a la Palabra de Dios para que vivamos de ella y nos dejemos transformar por su fuerza renova­dora.


Además, en este Domingo, la Iglesia en España hace memoria de sus vínculos evangelizadores con la Iglesia en América Latina, celebrando esta jornada del Día de Hispanoa­mérica. Es una nueva ocasión para sentir cercanos a nuestros hermanos, a los que nos unen múltiples lazos, especialmente el de la fe.

Miles de misioneros y misioneras españoles, en las Igle­sias en formación de América Latina, hacen realidad esta cooperación entre las Iglesias de aquí y las de allá. En esta jornada les recordamos y nos unimos a ellos en la celebra­ción eucarística. Pero también pedimos para que la Iglesia en toda América lleve a cabo la obra eclesial de evangeliza­ción y de promoción humana que le corresponde, como dice

el lema de esta jornada: "América con Cristo, vive la misión".


Que el Señor nos conceda la gracia de una sincera conversión al Evangelio de Jesús y a su misión.


Acto penitencial


Invoquemos con fe a Cristo, que por nosotros se dejó tentar en el desierto, para que Dios nuestro Padre nos conceda su mise­ricordia:


- Hijo de Dios, que nos purificas por el agua del bautismo. Señor, ten piedad.

- Hijo del hombre, que conoces y comprendes nuestra debili­dad. Cristo, ten piedad.

- Primogénito de todos los redimidos, que nos das parte en la herencia eterna. Señor, ten piedad.


Monición a las lecturas


Las lecturas de la liturgia de hoy nos hablan de la salvación que Dios ofrece gratuitamente al hombre como prueba de su amor. Noé, obedeciendo a Dios, se salvó de la destrucción del diluvio, siendo así el mediador de una alianza de Dios con los hombres que es causa de salvación para todos. Jesús, pasada la prueba de su fidelidad a Dios en el desierto, es el Evangelio de Dios, la buena noticia de la salvación y además Mediador de la nueva alianza que Dios ofrece a todos por medio del bautis­mo.


Escuchemos con fe la Palabra de Dios y acojamos con alegría la salvación que nos otorga en su Hijo Jesucristo.


Sugerencias para la homilía


- Dios ha tejido a lo largo del tiempo una historia de amistad y de amor hacia el hombre a través de la cual le ha ofrecido siempre su salvación. Noé es el primer paso de esta historia que culmina en Jesús.


- Jesús manifiesta cómo Dios salva al hombre: ofreciéndole siempre el don de la conversión. Cuando el hombre se arrepiente y vuelve a Dios, este no lo rechaza, sino que le abre paternalmente sus brazos. Jesús pasa por la tentación para mostrarnos que Dios rechaza el pecado, pero nunca al pecador.


- Al principio de la cuaresma, la liturgia nos recuerda que Jesús pasa por la muerte para conducirnos a la vida. En el bautismo ya participamos de este misterio de vida y salva­ción; toca ahora hacer de ello nuestro programa de vida: abandonar las seducciones del pecado para vivir la novedad de la vida eterna.


- La misión de la Iglesia consiste precisamente en hacer partí­cipes a los hombres de esta experiencia de gracia. Jesús, con su palabra, con los signos que realizó, pero sobre todo con su muerte y resurrección, hace presente el reino de Dios. La Iglesia recibe de Cristo la misión de anunciarlo y establecerlo en medio de todos los pueblos (cf. Mensaje, 4).


- Fieles a esta misión muchos misioneros y misioneras españo­les han dejado `"padre y madre" para llevar la buena noticia del reino de Dios a América. Ellos han anunciado y manifes­tado el reino de Dios con sus obras, pero sobre todo con sus vidas entregadas a Cristo y a la Iglesia, porque la acción misionera "no consiste en una fría transmisión de una doctri­na, sino fundamentalmente en testimoniar la propia experiencia de encuentro con una persona, con Jesucristo mis-mo, que constituye la única realidad que tiene la fuerza de abrir el corazón de los hombres al contacto con la Verdad" (Mensaje, 5).


- En la Iglesia en América, mucho más a partir de la quinta Conferencia General del CELAM en Aparecida (Brasil), surge con fuerza el deseo de fidelidad a Cristo y a su misión (cf. Mensaje, 3). Aún hay muchas situaciones de injusticia y de falta de paz y amor en América, pero si toda la Iglesia en Arnérica se une a Cristo, podrá vivir la misión y no sucumbir ante la desesperanza o la irrupción de las sectas. "¡Sólo unidos a Cristo, sólo con Cristo, América vive la misión!" (Mensaje, 5).


Oración de los fieles


Después de escuchar la Palabra de Dios y profesar nuestra fe, dirijámonos con confianza al Padre, que en Jesucristo nos mani­fiesta su fidelidad eterna a su Alianza de amor con los hombres. Oremos diciendo:

R/. Venga a nosotros tu reino.


1 Por toda la Iglesia, para que viviendo el sacramento del bautismo siga a Jesús en el camino de su mi­sión para conducir a los hombres a la vida eterna. Oremos.


2 Por los pastores de la Iglesia, para que sean fieles a su ministerio apostólico y sean fuertes para no ser venci­dos por las tentaciones. Oremos.


3 Por todos los que tienen responsabilidades de gobierno en el mundo, para que sean solícitos de la vida del hom
bre en sentido integral y trabajen por el desarrollo humano y social en todas sus facetas. Oremos.


4 Por todos los misioneros, para que sean testigos creíbles de la pasión, muerte y resurrección salvadoras de Jesús. Oremos.


5 Por la Iglesia en América Latina, para que viva cada vez más unida a Cristo y a su misión universal y todos sean discípulos y misioneros de Jesús. Oremos.


6 Por los misioneros españoles en América, para que sigan haciendo presente el reino con su labor llena dé generosidad y alegría. Oremos.


7 Por los sacerdotes diocesanos de España que están tra­bajando como misioneros en América Latina, acogidos al servicio de la OCSHA de la Conferencia Episcopal Española, para que sigan colaborando con aquellas dió­cesis tan necesitadas. Oremos.


8. Por todos los que sienten la vocación rnisionera en cual­quier estado de vida de la Iglesia, para que no se desa­lienten ante las dificultades para realizar la llamada, sino que encuentren en Cristo el ánimo necesario para ser fieles. Oremos.


Escucha, Padre de bondad, la oración de tu Iglesia, que se esfuerza por anunciar y construir tu reino con la fuerza de tu Espíritu. Por Jesucristo, nuestro Señor.


Monición de las ofrendas


En las ofrendas del pan y del vino, representamos también la ofrenda de nuestras vidas para que, unidas a Cristo en el sacra-mento de la Eucaristía, participemos más plenamente de su misión y su salvación llegue a todos. Con nuestra ofrenda econó­mica haremos además posible que los misioneros en América cuenten con más medios para su labor.


Oración sobre el pueblo y bendición final


Ayuda, Señor, a tu pueblo,

que se dispone a comenzar el itinerario cuaresmal,

para que, rechazando siempre las tentaciones,

se disponga a obrar tu voluntad

y a anunciar tu reino y construirlo en medio de todos los pueblos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R/. Amén.


Juan F. Martínez Sáez. FMVD
Colaborador del Secretariado de la Comisión Episcopal
de Misiones y Cooperación entre las Iglesias

 


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Presentación de la Jornada del Día de Hispanoamérica por Monseñor Ramón del Hoyo López, obispo de Jaén, publicada en folleto recibido en la parroquia entre los materiales para su celebración.

AMÉRICA CON CRISTO,
VIVE LA MISIÓN


Presentación


El Domingo día 1 de marzo de 2009 celebramos la Jornada Misionera del DÍA DE HISPANOAMÉRICA, con la mirada abierta a la esperanza y animados por la fuerza del Espíritu. Es un día para prestar especial atención al gran puente que


1.- La Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, encargada de la organización de esta Jornada, en nombre de la Conferencia Episcopal Española, ha escogido como lema para este año: "América con Cristo, vive la misión".


Hace referencia a dos realidades de máxima actualidad: El Congreso Americano Misionero (CAM 3) celebrado el verano pasado en la Ciudad de Quito, desde el martes 12 al domingo 17 de agosto, y al Año jubilar Paulino, en el contexto del Sínodo de los Obispos celebrado en Roma el pasado mes de octubre de 2008, sobre la Palabra de Dios en la vida y misión de la Iglesia.


a) El Congreso Misionero celebrado en Quito tenía como objeti­vo, bajo el lema: "América con Cristo: escucha, aprende y anun­cia", suscitar en las Iglesias particulares de América un nuevo puente para poner al continente americano "en estado de misión" e impulsar en sus comunidades la nueva evangelización y la misión ad gentes a través de la Misión continental.


Se comprometieron las familias, parroquias, movimientos e Iglesias particulares a lograr que la Iglesia en América llegue a ser "casa y escuela de comunión", al servicio del evangelio de Jesu­cristo: escuchar sus palabras, aprender del Maestro y anunciar por el mundo la Buena Noticia de Jesús, en permanente "estado de misión".


Queremos, desde España, continuar apoyando y vivir, junto a las Iglesias hermanas de Hispanoamérica, estos compromisos misioneros.


b) Los obispos españoles, en la Asamblea celebrada el pasado mes de noviembre de 2008, reafirmaron también su compromiso con la misión universal de la Iglesia y, en base a una nueva refle­xión sobre la necesidad y urgencia de anunciar el Evangelio de Jesucristo como el Apóstol de las gentes, aprobaron, con ocasión de este Año Jubilar Paulino, una Instrucción pastoral de máxima relevancia misionera para nuestras Iglesias particulares, con el título: "Actualidad de la misión ad gentes en España".


Las palabras del Apóstol: ¡Ay de mí si no predico el Evange­lio! (1 Cor 9, 16) son un "grito" para todo cristiano, afirmó recientemente S. S. Benedicto XVI. Este clamor traspasa el tiem­po y las distancias y nos recuerda las palabras de Cristo agonizan-te en la cruz: "tengo sed".

Junto con el Papa, los obispos de América y de España, como san Pablo en su tiempo, nos invitan y urgen a vivir la misión ad gentes fieles al mandato del Señor: "Id, pues, y haced discípu­los a todas las gentes" (Mt 28, 19).


2.- La Pontificia Comisión para América Latina ha enviado un Mensaje, para el estímulo y apoyo de esta Jornada, que agrade
cemos vivamente, en la persona del Emmo. cardenal Giovanni Battista Re, presidente de la expresada Comisión.


Sus contenidos, junto con la reflexión pastoral de Mons. D. Miguel José Asurmendi Aramendia, obispo de Vitoria y miembro de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, además de los guiones que se acompañan para la cele­bración de la Santa Misa y catequesis para la Jornada, deseamos supongan una ayuda práctica y eficaz para la presentación del Día de Hispanoamérica ante los fieles.


3.- La Conferencia Episcopal Española siempre ha querido destacar, con ocasión de esta Jornada, la Obra de Cooperación Sacerdotal en Hispanoamérica (OCSHSA), así como la presen­cia generosa de tantos consagrados de Institutos religiosos, movi­mientos eclesiales y laicos, a favor de la evangelización de aque­llas Iglesias en el continente americano. En la persona de los sacerdotes de la OCHSA, que este año celebran sus Bodas de Oro sacerdotales, rendiremos un homenaje de gratitud por el don de la misión que Dios ha entregado a su Iglesia.


Que esta Jornada sea de oración por quienes, en nombre del Señor, viven y testifican el Evangelio de Jesucristo en Hispanoa­mérica, y de agradecimiento también a tantos misioneros y misio­neras enviados desde las Iglesias de España, así como de comu­nión con los compromisos misioneros de aquellas Iglesias hermanas.


Ramón del Hoyo López

Obispo de Jaén

une a aquellas Iglesias con las de España, desde hace siglos, y las de esta geografía generosa con las de aquel continente. En la gran casa de la familia humana, que es la Iglesia, España mira a Hispanoamérica con especial atención.

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Mensaje enviado por la presidencia de la Pontificia Comisión para América Latina con motivo del Día de Hispanoamérica en las diócesis de España, que se celebrará el domingo 1 de marzo de 2009 (en Diócesis de Tenerife el 8 de Marzo), publicado en folleto para la Jornada por el Secretariado de la Comisión Episcopal De Misiones OCSHA.

 

 

1. La Pontificia Comisión para América Latina, con motivo de la celebración del día de Hispanoamérica en este 2009, saluda cordialmente a todos los fieles de la Iglesia en España, invitándolos a proclamar nuestra fe en Cristo Resucitado anunciando a todos, con un renovado espíritu misionero, que Él es la Palabra hecha carne, que "ha puesto su morada entre nosotros" (Juan 1, 14).


El lema escogido, "América con Cristo, vive la misión", en sintonía con el reciente Congreso Americano Misionero (CAM3), hace referencia a dos realidades íntimamente unidas. Por una parte, nos recuerda el llamado a ir al mundo entero para "hacer discípulos" de Jesús; pero por otra, nos reafirma en una seguridad que tiene su fundamento en la promesa misma del Maestro: "Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (Mateo 28, 19-20). Esto nos debe llevar a ser conscientes de que América vive la misión "con Cristo" y de que en la tarea de hacer que el Evangelio cale hasta lo más hondo del corazón humano y llegue a cada confín de la Tierra, nuestra fuerza no se limita a las condiciones y capacidades humanas, sino que tiene su origen y su fuerza en la vida misma de quien es Palabra encarnada.


2. La presente Jornada se celebra, además, en un contexto en el que han confluido dos eventos eclesiales de trascendental importancia. En primer lugar, estamos viviendo un año dedicado a la figura del apóstol san Pablo, cuyo ejemplo resulta particularmente iluminador frente a lo que implica el anuncio cristiano. Hoy más que nunca resuenan con fuerza las palabras del apóstol de las gentes: "¡Ay de mí si no predico el Evangelio" (1 Corintios 9, 16). Estas palabras, como afirmó recientemente el Papa Benedicto XVI, constituyen un "grito que para todo cristiano se convierte en invitación insistente para ponerse al servicio de Cristo" (S. S. Benedicto XVI, Homilía en la inauguración de la XII asamblea general ordinaria del Sínodo de los obispos, 5 de octubre de 2008).


La Iglesia
, en los distintos continentes, se está esforzando por acoger y aplicar, de manera concreta en el trabajo pastoral y en la vida de los fieles, las reflexiones de la reciente XII asamblea general ordinaria del Sínodo de los obispos que se celebró en Roma y que tuvo como centro "La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia". Dicha asamblea episcopal ha sido una ocasión privilegiada para recordar una vez más la necesidad fundamental que todo cristiano tiene de colocar en el centro de su vida la Palabra de Dios y de acogerla en la más profundo de su ser, ya que acoger la Palabra es acoger al mismo Cristo como nuestro único Redentor, puesto que Él es el Reino de Dios en persona que ha venido a iluminar todos los ámbitos de la humanidad.


Para ser anunciadores de la Palabra, por lo tanto, es necesario conocerla personalmente. "En efecto --afirma el Santo Padre--, si el anuncio del Evangelio constituye su razón de ser y su misión, es indispensable que la Iglesia conozca y viva lo que anuncia para que su predicación sea creíble, a pesar de las dificultades y las pobrezas de los hombres que la componen" (Idem).


3. Estos dos acontecimientos eclesiales que estamos viviendo nos lleva a reafirmar nuestra conciencia acerca del carácter universal del llamado misionero. La celebración del día de Hispanoamérica nos invita en particular, una vez más, a poner nuestra mirada en la realidad de América Latina. Se trata de una realidad compleja, que en la actualidad experimenta cambios vertiginosos en los diferentes ámbitos de la vida política, económica, social, e incluso religiosa, que ejercen una notoria influencia, no siempre positiva, en la vida privada de las personas y exigen, por lo tanto, la mirada atenta de la Iglesia.


Se trata de un fenómeno que tiene alcance mundial y al cual hacían referencia los obispos de América Latina, cuando se reunieron en Aparecida, en mayo de 2007, con ocasión de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe. En el Documento Conclusivo, en un capítulo dedicado al análisis general de la realidad, afirmaban que "un factor determinante de los cambios es la ciencia y la tecnología […] con su capacidad de crear una red de comunicaciones de alcance mundial, tanto pública como privada, para interactuar en tiempo real, es decir, con simultaneidad, no obstante las distancias geográficas", y notaban que "esta escala mundial del fenómeno humano trae consecuencias en todos los ámbitos de la vida social, impactando la cultura, la economía, la política, las ciencias, la educación, el deporte, las artes y también, naturalmente, la religión" (Aparecida, 34-35).


La abundancia de ofertas que ofrece la tecnología y el acceso casi ilimitado a la información, son realidades de nuestro contexto actual que, aún siendo buenas en sí mismas en cuanto expresión del progreso humano, han traído aparejadas una aguda crisis de sentido y de valores, como también una grave dificultad, cada vez más común entre las personas, para ver el mundo exterior con objetividad y entrar en contacto con la Verdad.


A ello habría que sumar el contexto social, económico y político de América Latina, marcado por la miseria y por las diferencias cada vez más profundas entre ricos y pobres, y en el que quisieran surgir nuevamente modelos ideológicos que ya anteriormente se han demostrado ineficaces como respuesta a los problemas sociales. En la sesión inaugural de la mencionada V Conferencia General de Aparecida, el Santo Padre hacía referencia a "las estructuras que crean injusticia", de las que tanto se ha hablado en el pasado, y explicaba a su vez que "las estructuras justas son […] una condición indispensable para una sociedad justa, pero no nacen ni funcionan sin un consenso moral de la sociedad sobre los valores fundamentales y sobre la necesidad de vivir estos valores con las necesarias renuncias, incluso contra el interés personal" (discurso de Su Santidad Benedicto XVI, domingo, 13 de mayo de 2007).


4. No son, pues, las mismas realidades políticas o sociales las que contienen la respuesta a la crisis de valores. Ésta se ha de encontrar sólo poniendo a Dios en el centro. En ello se ha de concentrar la misión actual de la Iglesia. "Donde Dios está ausente --el Dios del rostro humano de Jesucristo-- estos valores no se muestran con toda su fuerza, ni se produce un consenso sobre ellos" (Idem).


América Latina en la actualidad necesita rescatar y reafirmar los valores cristianos que están en la raíz de su cultura y de sus tradiciones. Es urgente y necesario hacer llegar la luz del Evangelio a la vida pública, cultural, económica y política.


¿Cómo responder ante estos desafíos? ¿Cómo dar una solución auténtica y verdaderamente satisfactoria a esta realidad tan cambiante, en la que los valores que la cultura hodierna difunde están cada vez más en contraste con la realidad del Evangelio? El Santo Padre, en aquella misma ocasión, con palabras cargadas de acento existencial y con un agudo realismo, nos recordaba una gran verdad: "Sólo quien reconoce a Dios, conoce la realidad y puede responder a ella de modo adecuado y realmente humano" (Idem.).


Cómo no recordar, ante la crisis de fe que se está viviendo, aquella afirmación del apóstol Pedro, cargada de sencillez y al mismo tiempo tan profunda: "Señor, ¿donde quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna" (Juan 6, 68). Hemos de volver entonces sobre la única respuesta que es capaz de dar al ser humano una esperanza firme frete a sus interrogantes y una seguridad verdadera y sólida. Ante la crisis de fe en el presente de América Latina urge dar a conocer a Cristo y anunciar su Palabra con ardor a los hombres y mujeres del continente, para lo cual debemos fundamentar nuestro compromiso misionero y toda nuestra vida en la roca de la Palabra de Dios.


Cada vez con mayor fuerza hemos de ser conscientes de que "el anuncio de la Palabra", siguiendo a Cristo, tiene como contenido el Reino de Dios (cf. Marcos 1, 14-15), pero el Reino de Dios es la persona misma de Jesús, que con sus palabras y sus obras ofrece la salvación a los hombre de todas las épocas (S. S. Benedicto XVI, Homilía en la inauguración de la XII asamblea general ordinaria del Sínodo de los obispos, 5 de octubre de 2008).


5. Resulta por consiguiente muy iluminadora la figura de san Pablo, quien al enfrentar los desafíos de un ambiente hostil al anuncio del Evangelio tomó su fuerza del encuentro real con quien es la Palabra en persona. Quién mejor que él puede enseñarnos que el Evangelio anunciado no es "de orden humano", sino al revelación misma de Jesucristo (Cf. 1 Gálatas 1, 11), que es el mismo Dios hecho hombre que sale a nuestro encuentro de manera personal. En la audiencia general del 10 de septiembre de 2008, el Papa explicaba que la nueva condición de San Pablo, después de su encuentro con Cristo Resucitado y de su conversión, es la de "apóstol" y que aquello que lo constituye en propiamente tal es la experiencia de "haber visto al Señor" (Cf. 1 Corintios 9, 1), es decir, "haber tenido con él un encuentro decisivo para la propia vida" (S. S. Benedicto XVI, audiencia general del 10 de septiembre de 2008).


Anunciar el Evangelio, como lo podemos ver en la acción misionera del apóstol Pablo, no consiste en una fría transmisión de una doctrina, sino fundamentalmente en testimoniar la propia experiencia de encuentro con una persona, con Jesucristo mismo, que constituye la única realidad que tiene la fuerza de abrir el corazón de los hombres al contacto con la Verdad.


Es por ello que ¡sólo unidos a Cristo, sólo con Cristo, América vive la misión!


6. La Pontificia Comisión para América Latina renueva en este Día de Hispanoamérica su invitación al compromiso misionero en el Continente de la Esperanza y anima a los sacerdotes y religiosos, que sientan en su corazón el ardor y el deseo de ser portadores de la Palabra "hasta los confines de la Tierra", a no tener miedo a responder con generosidad ante el horizonte que nos ofrece la misión apostólica.

Que María Santísima, quien llevó en su seno al Verbo hecho carne y se hizo primera portadora de la Palabra, nos obtenga el don de un encuentro personal con el Evangelio que nos lleve a querer transmitirlo con alegría y entusiasmo a todos los hermanos, especialmente a quienes aún no lo conocen. Invocamos también la intercesión de los santos, especialmente del apóstol san Pablo, en cuyo ejemplo se nos invita a poner la mirada en este año, teniéndolo como modelo de "intrépido testigo y heraldo de la Palabra de Dios" (S. S. Benedicto XVI, Homilía en la inauguración de la XII asamblea general ordinaria del Sínodo de los obispos, 5 de octubre de 2008).


+ Cardenal Giovanni Battista Re

Presidente

+Octavio Ruiz Arenas

Vicepresidente


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Discurso que dirigió el jueves, 19 de Febrero de 2009, Benedicto XVI a la comunidad del Pontificio Colegio Pío Latinoamericano de Roma.  

Venerados hermanos en el Episcopado,

Queridos Padre Rector, superiores, religiosas y alumnos del Pontificio Colegio Pío Latinoamericano de Roma

1. Agradezco las amables palabras que en nombre de todos ustedes me ha dirigido Monseñor Carlos José Ñáñez, Arzobispo de Córdoba y Presidente de la Comisión Episcopal del Pontificio Colegio Pío Latino Americano. Me alegra recibirlos cuando están celebrando los ciento cincuenta años de la fundación de esta benemérita institución.

El 27 de noviembre de 1858 dio comienzo la fructuosa andadura de este Colegio como valioso centro de formación, primero de seminaristas y, desde hace algo más de tres décadas, de diáconos y sacerdotes. Hoy, más de cuatro mil alumnos se sienten miembros de esa gran familia. Todos ellos han mirado esta alma mater con entrañable afecto, pues ésta se ha distinguido desde sus inicios por un clima de sencillez, de acogida, de oración y de fidelidad al Magisterio del Sumo Pontífice, lo cual contribuye poderosamente a que en los colegiales crezca el amor a Cristo y el deseo de servir humildemente a la Iglesia, buscando siempre la mayor gloria de Dios y el bien de las almas.

2. Ustedes, queridos alumnos del Colegio Pío Latinoamericano, son herederos de este rico patrimonio humano y espiritual, que hay que perpetuar y enriquecer con un serio cultivo de las distintas disciplinas eclesiásticas y con la vivencia gozosa de la universalidad de la Iglesia. Aquí, en esta ciudad, los Apóstoles Pedro y Pablo proclamaron con audacia el Evangelio y pusieron fundamentos sólidos para propagarlo por todo el mundo, en cumplimiento del mandato del Maestro: «Vayan, pues, y hagan discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he encomendado a ustedes. Y sepan que yo estoy con ustedes todos los días hasta el final de los tiempos» (Mt 28, 19-20).

Ustedes mismos son fruto de esa maravillosa siembra del mensaje redentor de Cristo a lo largo de la historia. En efecto, provienen de diversos países, en los que, hace más de quinientos años, unos valerosos misioneros dieron a conocer a Jesús, nuestro Salvador. De este modo, por medio del bautismo, aquellas gentes se abrieron a la vida de la gracia que los hizo hijos de Dios por adopción y recibieron, además, el Espíritu Santo, que fecundó sus culturas, purificándolas y desarrollando las semillas que el Verbo encarnado había puesto en ellas, orientándolas así por los caminos del Evangelio (cf. Discurso en la Sesión inaugural de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, n. 1).

En Roma, junto a la Cátedra del Príncipe de los Apóstoles, ustedes tienen una oportunidad privilegiada de forjar su corazón de verdaderos apóstoles, en los que todo su ser y quehacer esté anclado firmemente en el Señor, que ha de ser siempre para ustedes cimiento, brújula y meta de sus esfuerzos. Además, el Colegio les permite compartir fraternalmente su experiencia humana y sacerdotal y les ofrece una ocasión favorable para abrirse permanentemente al conocimiento de otras culturas y expresiones eclesiales. Esto les ayudará a ser auténticos discípulos de Jesucristo e intrépidos misioneros de su Palabra, con amplitud de miras y grandeza de alma. De este modo, estarán más capacitados para ser hombres de Dios que lo conocen en profundidad, abnegados trabajadores en su viña y solícitos dispensadores de la caridad de Jesucristo para con los más necesitados.

3. Sus Obispos los han enviado al Pontificio Colegio Pío Latinoamericano para que se llenen de la sabiduría de Cristo crucificado, de forma que, al regresar a sus diócesis, puedan poner este tesoro a disposición de los demás en los diversos encargos que les sean confiados. Esto requiere aprovechar bien el tiempo de su estancia en Roma. La constancia en el estudio y la investigación rigurosa, además de hacerlos indagar en los misterios de la fe y en la verdad sobre el hombre a la luz del Evangelio y de la tradición de la Iglesia, fomentará en ustedes una vida espiritual arraigada en la Palabra de Dios y siempre alimentada por la riqueza incomparable de los sacramentos.

4. El amor y la adhesión a la Sede Apostólica es una de las características más relevantes de los pueblos latinoamericanos y del Caribe. Por eso, mi encuentro con ustedes me hace recordar los días que pasé en Aparecida, cuando comprobé emocionado las manifestaciones de colegialidad y comunión fraterna en el ministerio episcopal de los representantes de las Conferencias Episcopales de aquellos nobles países. Con mi presencia allí, quise alentar a los obispos en su reflexión sobre algo fundamental para avivar la fe de la Iglesia que peregrina en aquellas amadas tierras: llevar a todos nuestros fieles a ser "discípulos y misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos en Él tengan vida".

Les invito a asociarse con entusiasmo a ese espíritu, mostrado en el dinamismo con el que todas aquellas diócesis han iniciado, o lo están haciendo, la «Misión continental» impulsada en Aparecida, iniciativa que facilitará la puesta en marcha de programas catequéticos y pastorales destinados a la formación y desarrollo de comunidades cristianas evangelizadas y misioneras. Acompañen estos propósitos con su ferviente oración, para que los fieles conozcan, se entreguen e imiten cada vez más a Jesucristo, participando frecuentemente en las celebraciones dominicales de cada comunidad y dando testimonio de Él, de modo que se conviertan en instrumentos eficaces de esa «Nueva Evangelización», a la cual convocó repetidamente el Siervo de Dios Juan Pablo II, mi venerado predecesor.

5. Al concluir este encuentro, quisiera renovar mi cordial agradecimiento a todos los presentes, en particular a la Comisión Episcopal para el Colegio, que tiene la misión de animar a sus alumnos a fortalecer su sentido de comunión y fidelidad al Romano Pontífice y a sus propios Pastores. Asimismo, quiero manifestar en las personas de los Superiores del Colegio mi reconocimiento a la Compañía de Jesús, a la que mi predecesor San Pío X encomendó a perpetuidad la dirección de esta insigne institución, así como a las religiosas y al personal que acompañan con esmero e ilusión a estos jóvenes. Pienso igualmente con gratitud en los que financian con su ayuda económica y sostienen con su generosidad y plegaria esta obra eclesial.

6. Pongo en las manos de María Santísima, Nuestra Señora de Guadalupe, a todos y cada uno de ustedes, así como a sus familias y comunidades de origen, para que su maternal protección les asista amorosamente en sus tareas y les ayude a enraizarse muy hondamente en su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, fruto bendito de su seno.

Muchas gracias.

[Original en español

© Copyright 2009 - Libreria Editrice Vaticana]


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Jueves, 19 de febrero de 2009

Información cogida de DOSSIER FIDES “MISIONEROS TRAS LAS HUELLAS DE SAN PABLO. Institutos religiosos que se inspiran en el Apóstol Pablo, publicado por Agencia Fides el 25 de Octubre de 2009.

 

 

LOS HERMANOS DE SAN PABLO Y LAS HERMANAS DE SAN PABLO

 

         El 2 de febrero de 1863 nación en Hambach (Palatinato, Alemania) Jacob Friedrich Bussereau, en una familia formada, además de los padres, de otras 13 hijos e hijas. Después de su ordenación sacerdotal, el 22 de agosto de 1886, Jacob tuvo su primer encargo como capellán en Herxheim, donde encontró una comunidad caracterizada por una floreciente vida religiosa. Aquí conoció a Anna Marie Dudenhöfer que más tarde fundará con él el convento de San Pablo y la Congregación de Hermanas de San Pablo. El 14 de enero de 1896 obtuvo del Obispo de Speyer la aprobación para su proyecto de fundar una casa para personas enfermas e impedidas, con el fin de mejorar su calidad de vida. Compró para este fin la casa de Herxheim, que todavía es la casa madre de las Hermanas de San Pablo. En 1897 y en 1899 siguieron las aperturas de casas filiales en Neuötting y Bad Bergzabern. En 1913 fue aprobada la fundación de una Congregación de religiosos, los Hermanos de San Pablo, y una de religiosas, las Hermanas de San Pablo. Bussereau murió en 1919 y fue sepultado en Herxheim. En 1920, la rama masculina se unió espiritualmente a la Orden de los Hermanos Menores Conventuales, y la rama femenina siguió el mismo camino al año siguiente.


        
“Después de varias vicisitudes y cambios de destino, debido también a las convulsiones sociales de la primera y segunda Guerra Mundial, en 1945 las Hermanas tomaron posesión de nuevo de su casa, iniciando una obra de reconstrucción y ampliación que fue retomada en una segunda fase en 1978 y ha sido finalizada en 1998, con la apertura de una Casa para cuidar de personas impedidas en distintos grados, donde se acoge a 38 personas para toda la jornada y a 76 para media jornada. Actividades similares se desarrollan también en las comunidades filiales de Nueötting y Altötting (casa para ancianos) en la diócesis de Passau.


        
Los Hermanos de San Pablo tuvieron un rápido desarrollo en los primeros años del S. XX. Al comienzo, la Casa Madre se encontraba en Herxheim, pero fue transferida a Queichheim, La primera toma de hábito tuvo lugar en 1919. El Instituto tuvo una vida difícil durante las dos Guerras Mundiales (los religiosos fueron enviados al frente) y bajo el régimen nazi, cuando casi todas las casas fueron cerradas. Actualmente quedan sólo 4 religiosos ancianos acogidos por las Hermanas.

Después de la deliberación del Capítulo General de las Hermanas de San Pablo tenido en noviembre de 2002, se ha constituido la “Fundación Jacob Friedrich Bussereau” que desde el 1 de julio de 2002, realiza la gestión de las instituciones de la Congregación en Herxheim, Altötting, Neuötting y Bad Bergzabern. “No obstante los cambios y las renovaciones debidos a los tiempos modernos, las intenciones y el carisma de nuestro fundador viven todavía hoy en las instituciones de nuestra Fundación”, se lee en los principios guías de la nueva Fundación, “todavía hoy su lema `omnibus omnia´ (1 Cor 9, 12) es válido para nosotros. La Fundación Jocob Friedrich Bussereau se compromete activamente para sostener personas impedidas y personas ancianas, y como instituciones de la Iglesia unimos competencia y calidad al factor humano y a la fuerza de la fe cristiana”.


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Homilía Cardenal Antonio Mª Rouco Varela, arzobispo de Madrid, en la misa exequial por el Ilmo. Sr. D. Pablo Domínguez Prieto, Decano de la Facultad de Teología «San Dámaso»


Catedral de La Almudena, 18.II.2009; 19’30 h.

(Sab 4, 7-15; Sal 41,2.3.5bcd; 42, 3.4.5; Rom 14, 7-9.10c-12; Jn 17, 24-26)

 «Que los que me confiaste estén conmigo» (Jn 17,24)


Mis queridos hermanos y hermanas en el Señor:

«Padre, éste es mi deseo, que los que me confiaste estén conmigo donde yo estoy, y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas antes de la creación del mundo»

Estas consoladoras palabras de Cristo, poco antes de experimentar su propia muerte, revelan la profundidad del misterio de la muerte y vienen a consolarnos en este doloroso trance por el que pasamos, la muerte de nuestro querido Pablo. Estamos ciertamente consternados ante lo inesperado de su partida y el dolor de su pérdida en este mundo. Por ello, unidos a sus padres y hermanos, hemos venido para elevar los ojos al cielo, como hizo Jesucristo, en la última cena y escuchar estas palabras, las únicas que pueden confortarnos, porque iluminan la profundidad del morir en Cristo. Elevando los ojos al cielo, Jesús expresa su deseo, su voluntad más íntima: que los suyos, estén con él, contemplando su gloria. ¿Quiénes son los suyos? ¿Dónde está él? ¿Cuál es su gloria?


¿Quiénes son los suyos?


En el contexto de la cena, cuando Cristo pretende consolar a quienes acaban de saber que avanza hacia la muerte, los suyos son los más íntimos, los apóstoles, el grupo de su predilección amorosa, elegidos en una noche de oración, y cuyo nombre fue pronunciado, uno a uno, por labios de Cristo, evocando la elección eterna del Padre. Son los que él llamó para que estuvieran con él, para enviarlos a predicar y sanar a los afligidos por todo tipo de males. Son los que permanecieron con él, en sus gozos y pruebas, y que ahora, en la última cena han sido constituidos sacerdotes de la nueva alianza. Los que, expropiados de sí mismos, han dejado que su corazón se transformara cada vez más según la medida de Cristo. Digámoslo de una vez: son sus sacerdotes. Unido a ellos tan misteriosamente que puede decir «estoy en ellos», Cristo no quiere desprenderse de los que ama, sino que desea que estén con Él, vivan para siempre en Él. En cierta medida es lo que dice san Pablo en la segunda lectura: La redención de Cristo nos convierte en su posesión. Somos suyos: en la vida y en la muerte somos del Señor. Ya no vivimos para nosotros mismos, para nuestros intereses y beneficios, sino para Cristo; y en la muerte, morimos para Él, es decir, para estar eternamente con Él, que es el destino de los que ama. Morimos para Él y también para su “Cuerpo” que es la Iglesia, cuando en ese preciso momento en que el Señor nos llama, morimos con Él. Para un sacerdote es el momento privilegiado de culminar su vida “pro eis”, por los hermanos.


En el número de estos escogidos, llamados desde la eternidad con un amor inmensurable, figura nuestro hermano Pablo, a quien queremos aplicar las palabras de Cristo: éste es mi deseo, que donde estoy yo, esté conmigo. También él fue llamado por el Señor, el amor de su vida, y le dedicó sus afectos, sus energías, su inteligencia, sus trabajos y fatigas al servicio de la Iglesia. También él, a imitación del Maestro fue dejando el buen olor de Cristo, en el estudio y la enseñanza, en la dedicación a los jóvenes, en la atención espiritual, en la entrega generosa de sí. Y en el breve tiempo de su vida, como dice el libro de la Sabiduría, «llenó largos años» y «como su alma era agradable a Dios, lo sacó aprisa de en medio de la maldad». Nos cuesta entender estas palabras que suponen un giro brusco en la concepción judía del tiempo en la vida de los hombres. No es maduro el que vive muchos años, ni perfecto el hombre longevo, sino el que vive agradando a Dios. En la muerte prematura de quien vive en Dios, con la prudencia y la justicia del alma, se revela también el amor de quien nos crea y nos saca de este mundo para estar con Él en la contemplación del rostro de Cristo. Por eso decía san Jerónimo: «Lloremos, sí, por los muertos, pero sólo por quienes se precipitan a la gehenna… Pero nosotros, que cuando dejemos esta vida estaremos acompañados por un ejército de ángeles y Cristo mismo vendrá a nuestro encuentro, nosotros debemos más bien entristecernos cuando nuestra existencia se prolonga en esta residencia sepulcral».


Pablo entendía así la muerte. La contemplaba con mirada sapiencial, como aparece en este párrafo dirigido a unas monjas contemplativas: «No quiero acabar esta carta fraterna –y filial– de gratitud, sin hacer mención a la última de las llamadas de Consagración que para todos está cerca: me refiero a la muerte, que es ese encuentro amorosísimo, en abrazo eterno, con el Esposo. Todos tenemos un “día y hora” que el Padre –en su eternidad– conoce. Me interrogo: ¿no deberíamos esperar ese día con el mismo entusiasmo, ardor, deseo y sobrecogimiento ante el Don que nos espera, con que esperamos los acontecimientos de Consagración de esta vida? Suplico al Espíritu Santo que nos conceda mirar ahora nuestra vida con los ojos y el corazón que tendremos en ese momento último y definitivo: ¡Lo que en el momento de la muerte tiene importancia, la tiene ahora! ¡Lo que en ese momento sea accidental, también lo es ahora! En definitiva: ¡sólo Cristo y sólo el Amor es lo importante! Cuando tengáis momentos de turbación, ¡recordadlo! Que no nos seduzca nunca el maligno con máscaras de falsos amores. ¡Sólo Cristo, y sólo su Amor es la Vida!».


¿Dónde está Cristo?


Vivir con esta tensión hacia el amor de Cristo, como la cierva que busca corrientes de agua viva, nos hace plantearnos la segunda pregunta: ¿Dónde está Cristo? Lo sabemos bien: Cristo está junto al Padre, en el seno del Padre, feliz e inmortal. De allí vino y allí retornó. Y allí, en el Padre, origen y fuente de toda Vida, Verdad, Bien y Belleza, Cristo quiere tenernos con Él. El hombre ha sido creado para Dios y anda inquieto hasta reposar en Él. Todo el evangelio de san Juan describe el itinerario hacia Dios. Desde el prólogo, donde Cristo es presentado junto a Dios, trayéndonos la vida, hasta el sígueme final, dirigido a Pedro. Este sígueme marca el horizonte del homo viator, que, tras las huellas del Resucitado, camina hacia la luz de la gloria. Y, con el horizonte, marca también su camino. Sí, hermanos, Cristo está en Dios preparándonos en su infinito amor una morada, como quien no deja de trabajar para que aquellos que le fueron confiados, pasado el umbral de la muerte, tomen posesión de su casa eterna edificada con las manos del Resucitado. Nuestra esperanza en esta tarde es ver cómo Cristo toma de la mano a su sacerdote Pablo y le sitúa con Él, en el Padre que le amó desde antes de la creación del mundo. Ése es su deseo, que se cumple en la muerte: que donde estoy yo, estén conmigo, y contemplen mi gloria, la que me diste porque me amabas, antes de la fundación del mundo.


¿Cuál es su gloria?


Nos hemos preguntado cuál es esa gloria, y hemos de reconocer que no podemos imaginarla ni menos aún describirla. Nadie puede ver a Dios, dice la Escritura, y seguir con vida. ¡Tanta es su gloria! Santa Catalina de Siena creía morir cuando, en éxtasis, contempló la belleza de un alma en gracia. ¡Qué será entonces la gloria del mismo Dios! Sólo sabemos cuáles son sus reflejos, porque Cristo nos ha permitido, en su existencia terrena, contemplar algo de la gloria de Dios siendo como es Él «el resplandor de su gloria» (Heb 1,3). Si los hombres de su tiempo quedaban seducidos por Él, atraídos por la belleza del más hermoso entre los hijos de los hombres, cautivados por la autoridad de sus palabras y llenos de asombro y estremecimiento sagrado ante sus milagros; si con una palabra curó al leproso y con el tacto de su manto a la hemorroísa; si convirtió a la samaritana ofreciéndole un agua que saltaría a la eternidad, y con su paciente sufrir arrancó la confesión de fe del buen ladrón que le ganó el paraíso; si conmovió al pecador Zaqueo y a la pecadora de Magdala e hizo llorar a Pedro con sólo su mirada; si llamando a María por su nombre, le despertó el deseo de abrazarle y tenerle para siempre; y si dejó que Tomas pudiera penetrar su carne gloriosa con sus dedos y mano de incrédulo derrumbándose a sus pies y confesándole como su Señor y su Dios, ¿cuál no será la gloria que ha invadido su carne con el poder de la resurrección? La gloria que tenía junto al Padre, como Hijo muy amado, y de la que nos hará partícipes en nuestra propia carne. A esta gloria nos da acceso la muerte, hermanos, y nos permite saciarnos para siempre de la luz inmortal, de la belleza inmarchitable del rostro del Dios vivo, revelado en Jesucristo. Entendemos, pues, que san Pablo quisiera morir para estar con Cristo, que es sin duda lo mejor. Adivinamos algo de la pasión mística de santa Teresa de Jesús que exclamaba: sufrir o morir, porque el sufrir le asemejaba a Cristo y el morir le abría las puertas de esa última consagración que supone el abrazo definitivo con el esposo. Y comprendemos que en esta muerte de Pablo, que tanto nos sobrecoge, se realiza un eterno designio de amor que Jesús expresó como deseo y voluntad última, como plegaria nacida del amor por los suyos, cuando dijo: que los que me confiaste estén conmigo, donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la creación del mundo. Es la gloria del Amor, sí, del Amor eterno que explica la vida de cada hombre redimido por Cristo; del amor con que fuimos creados y redimidos, del Amor con el que queremos hacer la singladura de la vida, del Amor que nos llama cuando cruzamos el umbral de la muerte, y que permanece para siempre porque Dios es Amor.


A este Amor único y eterno encomendamos la vida, el ministerio y la muerte de nuestro querido Pablo y lo ponemos en los brazos de María, Madre del amor hermoso, para que quien un día abrazó el cuerpo de su Hijo bajado de la cruz, conforte ahora a sus padres, hermanos, familiares y amigos, con la esperanza que la mantuvo a ella de ver a su Hijo glorificado y haga de poderosa intercesora ante quien es el Señor de vivos y muertos.


Amén.


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VATICANO - LAS PALABRAS DE LA DOCTRINA de don Nicola Bux y don Salvatore Vitiello - En el sufrimiento se mide la grandeza de la humanidad


Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - El tristemente conocido caso de Eluana Englaro no "está todavía cerrado", aunque la existencia terrenal de la joven haya concluido. La cuestión no está cerrada porque no están cicatrizadas las heridas que ha provocado en las conciencias y, sobre todo, están todavía por verificar las consecuencias jurídicas que, un precedente tal, traerá a la legislación italiana y no sólo italiana.
La impresión de fondo es que no ha sucedido nada por casualidad y que todo haya obedecido a una inquietante "dirección de muerte" que tenía como objetivo introducir, en la praxis si no todavía en la legislación, la despenalización para quien mata a otro hombre, incapaz de defenderse, dejándolo morir de hambre y sed.

Más allá del debate político, se debe recordar, con el Santo Padre Benedicto XVI, que mide "La grandeza de la humanidad está determinada esencialmente por su relación con el sufrimiento y con el que sufre. Esto es válido tanto para el individuo como para la sociedad. Una sociedad que no logra aceptar a los que sufren y no es capaz de contribuir mediante la compasión a que el sufrimiento sea compartido y sobrellevado también interiormente, es una sociedad cruel e inhumana. A su vez, la sociedad no puede aceptar a los que sufren y sostenerlos en su dolencia si los individuos mismos no son capaces de hacerlo y, en fin, el individuo no puede aceptar el sufrimiento del otro si no logra encontrar personalmente en el sufrimiento un sentido, un camino de purificación y maduración, un camino de esperanza. En efecto, aceptar al otro que sufre significa asumir de alguna manera su sufrimiento, de modo que éste llegue a ser también mío. Pero precisamente porque ahora se ha convertido en sufrimiento compartido, en el cual se da la presencia de un otro, este sufrimiento queda traspasado por la luz del amor. La palabra latina consolatio, consolación, lo expresa de manera muy bella, sugiriendo un « ser-con » en la soledad, que entonces ya no es soledad. Pero también la capacidad de aceptar el sufrimiento por amor del bien, de la verdad y de la justicia, es constitutiva de la grandeza de la humanidad porque, en definitiva, cuando mi bienestar, mi incolumidad, es más importante que la verdad y la justicia, entonces prevalece el dominio del más fuerte; entonces reinan la violencia y la mentira. La verdad y la justicia han de estar por encima de mi comodidad e incolumidad física, de otro modo mi propia vida se convierte en mentira. Y también el « sí » al amor es fuente de sufrimiento, porque el amor exige siempre nuevas renuncias de mi yo, en las cuales me dejo modelar y herir. En efecto, no puede existir el amor sin esta renuncia también dolorosa para mí, de otro modo se convierte en puro egoísmo y, con ello, se anula a sí mismo como amor" (Spe Salvi n. 38).

¡Nada más 'laico' que la com-pasión, que no es exclusivo de nadie y que todos pueden vivir, midiendo el propio grado de racionalidad, amor y civilización y nada de más cristiano en el origen sea histórico que teológico!

El caso Englaro habría dejado al descubierto también, según algunos, la orientación ética de la católica Italia. Si ha habido diferencias en la realidad de los hechos y los números, no ha sido por el pueblo ni la nación que, por el contrario, ha manifestado el propio juicio claro a favor de la vida y la com-pasión. ¡Las diferencias no son del pueblo, sino de unas pocas elites minoritarias mortíferas que quieren imponer a la opinión pública y al país la propia visión desesperada de la vida, y de la muerte! El pueblo es capaz de abrazar el sufrimiento, de llevarlo con dignidad, mostrando así la grandeza de la propia civilización. (Agencia Fides 19/2/2009)


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VATICANO - “AVE MARÍA” por mons. Luciano Alimandi - Los Santos: ¡obra maestra del Espíritu Santo!


Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – Los Santos y las Santas que nos acompañan a lo largo del Año litúrgico y cuya memoria celebramos, nos dicen claramente que el Evangelio que proclaman, no sólo con los labios sino también con el testimonio de su vida, que llega en los mártires hasta la efusión de sangre, ha tenido el poder de transformar esa vida en una existencia llena de Dios.

Toda promesa evangélica se realiza porque Quien la ha hecho es Dios y quienes corresponden a sus deseos, manifestados plenamente por el Señor Jesús, llegan a ser realmente sus hijos, ciudadanos de su Reino y participan en la vida de gracia que vivifica su Iglesia que es en la tierra el signo visible de este Reino. Como las promesas contenidas en las Bienaventuranzas, que en los Santos se ven realizadas espléndidamente, así también toda palabra del Señor, que encuentra eco en la vida del discípulo, da frutos abundantes, a veces el treinta, a veces sesenta, a veces cien (cf. Mt 13, 8). Todo depende de cuan adherente es el comportamiento del creyente, tanto interior como exterior, a la palabra del Evangelio. La semejanza con Jesús es, en efecto, santidad: cuanto mayor imitación de Cristo tanto mayor santidad. Es por esto que la Iglesia, antes de proclamar la heroicidad de las virtudes de un siervo o de una sierva de Dios, estudia a fondo su comportamiento, escrutando su testimonio integral. La santidad evangélica, en efecto, está totalmente encarnada en la vida, no es teórica sino práctica, genera obras de santidad, más o menos escondidas, pero reales, como son reales las virtudes. Estas obras justas de los santos forman la vestimenta brillante de lino puro que adorna a la Iglesia, Esposa del Cordero (cf. Ap 19, 8-9).

Sólo quienes ponen en práctica el Evangelio son reconocidos como verdaderos discípulos del Cordero y se sientan en su banquete de bodas, es decir, comparten con Él, en el Cielo, la gloria, el honor y el poder que el Padre le ha dado. Son estos los “Siervos de Dios” que iluminan el mundo como las estrellas iluminan la noche, son ellos los más grandes benefactores de la humanidad, porque “no hay amor más grande que dar la vida por los amigos” (Jn 15, 13). Ellos, los Santos, eran amigos de todos los hombres, sin distinción de ningún tipo. Que hermoso saber que en Jesús, un San Francisco, un Santo Domingo, una Santa Teresa del Niño Jesús… han dado la vida también por nosotros, para que podamos tener el coraje de hacer como ellos, de llegar a ser auténticos amigos de Jesús: sin ninguna reserva por Él, con un amor incondicionado que se dona sin reservarse nada para sí no para el mundo. ¿Quién más, sino Dios mismo, en Jesucristo, es digno de este amor?

El camino de la santidad cristiana es posible, sin embargo, sólo cuando se instaura con el Espíritu Santo una relación tan esencial que Él se convierte verdaderamente, en modo permanente, el Huésped dulce del alma.

San Pablo nos recuerda que sólo por medio del Espíritu de Jesús es posible invocar a Dios como nuestro Padre (cf. Rm 8, 15; Gal 4, 6). La invocación al Espíritu Santo debería impregnar la vida de todo auténtico discípulo del Señor que anhele la santidad. El Espíritu Santo, en efecto, ilumina nuestra mente e infunde fuerza a nuestra voluntad para discernir el bien del mal y escoger siempre aquello que es agradable a Dios. Para cada uno de nosotros es imposible vencer esta batalla espiritual que atraviesa completamente nuestra existencia humana, sin el apoyo buscado y acogido por la Fuerza que viene de lo Alto.

Cuando, en la Secuencia de Pentecostés, invocamos “lava lo que es sórdido, riega lo que es árido, sana lo que está enfermo, dobla lo que está rígido, calienta lo que está helado, endereza lo que está desviado”, le pedimos al Espíritu Santo que nos sane, nos libere, nos convierta, nos transforme. ¿Dónde, en efecto, hay que lavar, sanar, doblar, calentar, enderezar, si no en lo íntimo de nuestros corazones, allí donde se basa la verdadera vida del hombre, justamente en su alma? El Santo Padre, en modo magistral, ha indicado a los jóvenes reunidos en Sydney esta acción maravillosa del Espíritu Santo, al Que ha dedicado todo el encuentro mundial de la juventud 2008:

“La fuerza del Espíritu Santo jamás cesa de llenar de vida a la Iglesia. A través de la gracia de los Sacramentos de la Iglesia, esta fuerza fluye también en nuestro interior, como un río subterráneo que nutre el espíritu y nos atrae cada vez más cerca de la fuente de nuestra verdadera vida, que es Cristo. San Ignacio de Antioquía (...) ha hablado del Espíritu como de una fuente de agua viva que surge en su corazón y susurra: ‘Ven, ven al Padre’ (cf. A los Romanos, 6,1-9). Sin embargo, esta fuerza, la gracia del Espíritu Santo, no es algo que podamos merecer o conquistar; podemos sólo recibirla como puro don. El amor de Dios puede derramar su fuerza sólo cuando le permitimos cambiarnos por dentro. Debemos permitirle penetrar en la dura costra de nuestra indiferencia, de nuestro cansancio espiritual, de nuestro ciego conformismo con el espíritu de nuestro tiempo. Sólo entonces podemos permitirle encender nuestra imaginación y modelar nuestros deseos más profundos. Por esto es tan importante la oración: la plegaria cotidiana, la privada en la quietud de nuestros corazones y ante el Santísimo Sacramento, y la oración litúrgica en el corazón de la Iglesia.

Ésta es pura receptividad de la gracia de Dios, amor en acción, comunión con el Espíritu que habita en nosotros y nos lleva, por Jesús y en la Iglesia, a nuestro Padre celestial. En la potencia de su Espíritu, Jesús está siempre presente en nuestros corazones, esperando serenamente que nos dispongamos en el silencio junto a Él para sentir su voz, permanecer en su amor y recibir ‘la fuerza que proviene de lo alto’, una fuerza que nos permite ser sal y luz para nuestro mundo” (Benedicto XVI, Homilía en Sydney del 20 de julio del 2008). (Agencia Fides 18/2/2009; líneas 64, palabras 1016)


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ZENIT nos ofrece el texto de la catequesis que el Papa ha pronunciado el miércoles, 18 de Febrero de 2009,  ante los miles de peregrinos congregados en la Plaza de San Pedro para la audiencia general.

 

Queridos hermanos y hermanas:

El santo al que hoy nos acercamos se llama Beda y nació en el Nordeste de Inglaterra, exactamente en Northumbria, entre el año 672 y 673. Él mismo cuenta que sus parientes, a la edad de siete años, lo confiaron al abad del monasterio benedictino cercano para que fuese educado: "En este monasterio -recuerda- desde entonces he vivido siempre, dedicándome intensamente al estudio de la Sagrada Escritura y, mientras observaba la disciplina de la Regla y la tarea diaria de cantar en la Iglesia, me fue siempre dulce aprender, enseñar o escribir" (Historia ecclesiastica gentis Anglorum, V, 24). De hecho, Beda llegó a ser una de las más insignes figuras de erudito de la Alta Edad Media, pudiendo acceder a los muchos manuscritos preciosos que sus abades, volviendo de sus frecuentes viajes al continente y a Roma, le traían. La enseñanza y la fama de los escritos le procuraron muchas amistades con las principales personalidades de su tiempo, que le animaban a proseguir en su trabajo, del que tantos sacaban beneficio. Enfermo, no dejó de trabajar, conservando siempre una alegría interior que se expresaba en la oración y en el canto. Concluía su obra más importante, la Historia ecclesiastica gentis Anglorum con esta invocación: "Te ruego, oh buen Jesús, que benévolamente me has permitido extraer las dulces palabras de tu sabiduría, concédeme, benigno, llegar un día hasta ti, fuente de toda sabiduría, y estar siempre ante tu rostro". La muerte le alcanzó el 26 de mayo del 735: era el día de la Ascensión.


Las Sagradas Escrituras son la fuente constante de la reflexión teológica de Beda. A partir de un cuidadoso estudio crítico del texto (nos ha llegado la copia del monumental Codex Amiatinus de la Vulgata, sobre el que Beda trabajó), comenta la Biblia, leyéndola en clave cristológica, es decir, reúne dos cosas: por una parte escucha lo que dice el texto, quiere realmente escuchar, comprender el texto mismo; por otra parte, está convencido de que la clave para entender la Sagrada Escritura como única Palabra de Dios es Cristo, y con Cristo, a su luz, se entiende el Antiguo y el Nuevo Testamento como "una" Sagrada Escritura. Las circunstancias del Antiguo y del Nuevo Testamento van juntas, son camino hacia Cristo, aunque expresadas en signos e instituciones diversas (lo que él llama concordia sacramentorum). Por ejemplo, la tienda de la Alianza que Moisés levantó en el desierto y el primer y segundo templo de Jerusalén son imágenes de la Iglesia, nuevo templo edificado sobre Cristo y sobre los Apóstoles con piedras vivas, cimentadas por la caridad del Espíritu. Y como a la construcción del antiguo templo contribuyeron también los pueblos paganos, poniendo a disposición materiales preciosos y la experiencia técnica de sus maestros de obras, así a la edificación de la Iglesia contribuyen apóstoles y maestros procedentes no sólo de las antiguas estirpes hebrea, griega y latina, sino también de los nuevos pueblos, entre los cuales Beda se complace en nombrar a los celtas irlandeses y los anglosajones. San Beda ve crecer la universalidad de la Iglesia que no está restringida a una cultura determinada, sino que se compone de todas las culturas del mundo, que deben abrirse a Cristo y encontrar en Él su punto de llegada.


Otro tema querido por Beda es la historia de la Iglesia. Tras haberse interesado por la época descrita en los Hechos de los Apóstoles, recorre la historia de los padres y de los concilios, convencido de que la Obra del Espíritu Santo continúa en la historia. En las Chronica Maiora, Beda traza una cronología que se convertirá en la base del Calendario universal "ab incarnatione Domini" [desde la encarnación del Señor, nde.]. Por entonces se calculaba el tiempo desde la fundación de la ciudad de Roma. Beda, viendo que el verdadero punto de referencia, el centro de la historia es el nacimiento de Cristo, nos ha dado este calendario que interpreta la historia partiendo de la Encarnación del Señor. Registra los primeros seis concilios ecuménicos y sus desarrollos, presentando fielmente la doctrina cristológica, mariológica y soteriológica, y denunciando las herejías monofisita y monotelita, iconoclasta y neo-pelagiana. Finalmente escribió con rigor documental y pericia literaria la ya mencionada Historia eclesiástica de los pueblos ingleses, por la que se le ha reconocido como "el padre de la historiografía inglesa". Las características de la Iglesia que Beda quiso poner de manifiesto son: a) la catolicidad como fidelidad a la tradición y al mismo tiempo apertura a los cambios históricos, y como búsqueda de la unidad en la multiplicidad, en la diversidad de la historia y de las culturas, según las directivas que el Papa Gregorio Magno había dado al apóstol de Inglaterra, Agustín de Canterbury; b) la apostolicidad y la romanidad: en este sentido considera de primordial importancia convencer a todas las iglesias irlandesas celtas y de los pictos (una de las cuatro etnias que poblaban Escocia, de origen celta, n.d.t.) a celebrar unitariamente la Pascua según el calendario romano. El Computo que él elaboró científicamente para establecer la fecha exacta de la celebración pascual, y por tanto de todo el ciclo del año litúrgico, se ha convertido en el texto de referencia para toda la Iglesia católica.


Beda fue también un insigne maestro de teología litúrgica. En las homilías de los evangelios dominicales y festivos, desarrolló una verdadera mistagogía, educando a los fieles a celebrar gozosamente los misterios de la fe y a reproducirlos coherentemente en la vida, en la espera de su plena manifestación a la vuelta de Cristo, cuando, con nuestros cuerpos glorificados, seremos admitidos a la procesión oferente en la eterna liturgia de Dios en el cielo. Siguiendo el "realismo" de las catequesis de Cirilo, Ambrosio y Agustín, Beda enseña que los sacramentos de la iniciación cristiana hacen a cada fiel, "no sólo cristiano sino Cristo". Cada vez que un alma fiel acoge y custodia con amor la Palabra de Dios, imitando a María, concibe y engendra nuevamente a Cristo. Y cada vez que un grupo de neófitos recibe los sacramentos pascuales, la Iglesia se "auto-genera", o con una expresión aún más audaz, la Iglesia se convierte en "madre de Dios", participando en la generación de sus hijos, por obra del Espíritu Santo.


Gracias a esta forma suya de hacer teología, entremezclando Biblia,liturgia e historia, Beda tiene un mensaje actual para los distintos "estados de vida": a) a los estudiosos (doctores ac doctrices) recuerda dos tareas esenciales: escrutar las maravillas de la Palabra de Dios para presentarlas de forma atrayente a los fieles; exponer las verdades dogmáticas evitando las complejidades heréticas y ciñéndose a la "sencillez católica", con la actitud de los pequeños y humildes a quienes Dios se complace en revelar los misterios del Reino; b) los pastores, por su parte, deben dar prioridad a la predicación, no sólo mediante el lenguaje verbal o hagiográfico, sino valorando también los iconos, procesiones y peregrinaciones. A éstos, Beda les recomienda el uso de la lengua vulgar, como él mismo hace, explicando en northumbro el "Padre Nuestro", el "Credo" y llevando adelante hasta el último día de su vida el comentario en lengua vulgar al Evangelio de Juan; c) a las personas consagradas que se dedican al Oficio divino, viviendo la alegría de la comunión fraterna y progresando en la vida espiritual mediante la ascesis y la contemplación, Beda recomienda cuidar el apostolado --nadie tiene el Evangelio sólo para sí mismo, sino que debe sentirlo como un don también para los demás-- ya sea colaborando con los obispos en las actividades pastorales de diverso tipo a favor de las jóvenes comunidades cristianas, ya sea estando disponibles a la misión evangelizadora entre los paganos, fuera del propio país, como "peregrini pro amore Dei".


Desde esta perspectiva, en el comentario al Cantar de los Cantares, Beda presenta a la Sinagoga y la Iglesia como colaboradoras en la difusión de la Palabra de Dios. Cristo Esposo quiere una Iglesia industriosa, "bronceada por las fatigas de la evangelización"- señalando claramente a la palabra del Cantar de los Cantares (1,5), donde la esposa dice: "Nigra sum sed formosa" ("Negra soy, pero graciosa")-, dedicada a labrar otros campos o viñas y establecer entre las nuevas poblaciones "no una tienda sino una morada estable", es decir, a insertar el Evangelio en el tejido social y en las instituciones culturales. Desde esta perspectiva el santo doctor exhorta a los fieles laicos a ser asiduos a la educación religiosa, imitando aquellas "insaciables multitudes evangélicas, que no dejaban a los apóstoles tiempo siquiera de tomar un bocado". Les enseña a rezar continuamente, "reproduciendo en la vida lo que celebran en la liturgia", ofreciendo todos sus actos como sacrificio espiritual en unión con Cristo. A los padres les explica que también en su pequeño ámbito doméstico pueden ejercer "el oficio sacerdotal de pastores y guías", formando cristianamente a los hijos, y afirma conocer a muchos fieles (hombres y mujeres, casados o célibes) "capaces de una conducta irreprensible que, oportunamente acompañados, podrían acercarse diariamente a la comunión eucarística" (Epist. ad Ecgberctum, ed. Plummer, p. 419)


La fama de santidad y sabiduría de que Beda gozó ya en vida le validó el título de "venerable". Lo llama así también el Papa Sergio I, cuando en el 701 escribió a su abad pidiendo que le hiciera venir temporalmente a Roma para consultarle cuestiones de interés universal. Tras la muerte sus escritos se difundieron extensamente en su patria y en el continente europeo. El gran misionero de Alemania, el obispo san Bonifacio (+ 754), pidió en muchas ocasiones al arzobispo de York y al abad de Wearmouth que hicieran transcribir algunas de sus obras y que se las mandaran de modo que también él y sus compañeros pudieran gozar de la luz espiritual que emanaban. Un siglo más tarde, Notkero Galbulo, abad de San Gallo (+ 912), atestiguando la extraordinaria influencia de Beda, lo comparó con un nuevo sol que Dios había hecho surgir no desde Oriente, sino desde Occidente, para iluminar al mundo. Además del énfasis retórico, es un hecho el que con sus obras, Beda contribuyó eficazmente a la construcción de una Europa cristiana, en la que los diversos pueblos y las culturas se amalgamaron entre sí, confiriéndole una fisonomía unitaria, inspirada en la fe cristiana. Oremos para que también hoy haya personalidades a la altura de Beda, para mantener unido a todo el continente; oremos para que todos nosotros estemos dispuestos a redescubrir nuestras raíces comunes, para ser constructores de una Europa profundamente humana y auténticamente cristiana.


[Al final de la audiencia, Benedicto XVI saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:]

Queridos hermanos y hermanas:

San Beda el Venerable, uno de los eruditos más insignes de la alta Edad Media, nació hacia el año seiscientos setenta en la región inglesa de Northumbria. A los siete años, sus parientes lo confiaron al Abad de un monasterio benedictino cercano, para su educación. Tras una vida de estudio, escritura y docencia, murió en mayo del año setecientos treinta y cinco. A su reflexión teológica, basada en la Sagrada Escritura comentada a la luz de Cristo y de la Iglesia, unió el interés por la historia, componiendo varias obras en este campo que le merecieron el reconocimiento de padre de la historiografía inglesa. Cultivó también la teología litúrgica y son bien conocidos sus comentarios a los evangelios dominicales y festivos, con los que invita a los fieles a celebrar gozosamente los misterios de la fe y a ser coherentes con ellos en la propia vida. Con este modo de hacer teología, entrelazando biblia, liturgia e historia, san Beda dejó un mensaje actual para los distintos miembros de la Iglesia y con su producción literaria contribuyó eficazmente a la construcción de una Europa cristiana.


Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, en particular los miembros de la Comisión Promotora del monumento en Sevilla al Papa Juan Pablo II y a los componentes de la Fundación "Padre Leonardo Castillo", de esa misma ciudad, acompañados por el Señor Cardenal Carlos Amigo Vallejo; a los Seminaristas y fieles de la Diócesis de Cartagena, con su Obispo, Monseñor Juan Antonio Reig Plá, así como a los demás grupos venidos de España, Chile, México y otros países de Latinoamérica. Que la palabra y el ejemplo de san Beda el Venerable os ayuden en vuestra vida cristiana. Muchas gracias.


[Traducción del original italiano por Inma Álvarez

© Copyright 2009 - Libreria Editrice Vaticana]


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REDACCIÓN DE "IGLESIA NIVARIENSE"

C. San Agustín, nº 28

38201. La Laguna. Tenerife.

Tfno. 922-314961 / Fax. 922-256362

e-mail: [email protected]


Boletín 325

 

Coincidiendo con los días de carnaval, los sacerdotes más jóvenes desarrollan su tradicional “convivencia”. En esta ocasión la misma tendrá lugar en el monasterio de Güímar. El encargado de guiar las reflexiones sobre la cuestión del “acompañamiento” será José Manuel García Matos.


Por su parte, del 20 (20:00 horas) al 24 de febrero (18:00 horas), se desarrollarán los ejercicios espirituales para laicos en la Casa de Ejercicios Nuestra Señora de Candelaria. Los mismos estarán dirigidos por el sacerdote, Daniel José Padilla.


El sábado 28 de febrero el obispo dirige en la iglesia de la Concepción, entre las diez y las doce y media, un retiro de Cuaresma.

 

“Te basta mi gracia” es el lema escogido por la Delegación de Liturgia para realizar su propuesta de materiales para el venidero tiempo de Cuaresma y Pascua. Sus iniciativas ya se pueden descargar en la web:http://delegaciones.obispadodetenerife.es/Liturgia/

 

Este año, las XII Jornadas Regionales de Pastoral Penitenciaria, se desarrollarán en Las palmas entre el 6 y el 8 de marzo bajo el lema: “Afinando nuestra mirada”. Según el delegado de esta pastoral, Domingo Marrero estas jornadas pretenden poner en nuestros ojos el colirio necesario para mirar a los pobres y excluidos de nuestro mundo con los ojos del Padre de la misericordia.

 

En la isla de El Hierro se ha realizado un cursillo de formación sobre los signos y símbolos de los sacramentos de la eucaristía y la penitencia. Igualmente, se presentará en esta isla el catecismo Jesús es el Señor.

 

Igualmente, el arciprestazgo de Santa Cruz de La Palma prepara unas jornadas de formación con diversos cursos dirigidos a los agentes de pastoral de esta zona.


El catecismo “Jesús es el Señor” será presentado en Icod el  viernes por parte de algunos miembros de la delegación de catequesis. Presentaciones similares están planificadas próximamente en La Orotava y Tacoronte.


Los sacerdotes de la Vicaría del Norte, han realizado su mensual retiro aprovechando la oferta de peregrinación vocacional por Garachico.


“Combatir la pobreza, construir la paz”, es el lema elegido para celebrar este año la peregrinación en oración por la paz a Candelaria, actividad que se lleva realizando desde hace varios años, motivada, en su origen, por los momentos más difíciles de la Guerra del Golfo. Esta iniciativa tendrá lugar el 7 de marzo y el punto de partida será como siempre la iglesia de Santo Domingo de Guzmán en La Laguna, a las 6:00 horas.

 

El pasado domingo, día 15 de febrero, se conmemoró el 278º aniversario del fallecimiento de Sor María de Jesús León, popularmente conocida como la Siervita y cuyos restos mortales, considerados incorruptos, reposan en el Convento de Santa Catalina de Siena. Como es tradición cada año, miles de personas acudieron durante toda la jornada dominical a rendir homenaje a la Siervita y solicitarle o agradecerle sus gracias. A las siete de la mañana hubo una Eucaristía y cada hora se rezó una parte del rosario. A las cinco de la tarde, los alcaldes de El Sauzal y La Laguna realizaron la tradicional ofrenda floral

Por cierto, las parroquias gomeras organizan el 22 de febrero una visita a La Laguna para poder realizar una visita a la conocida “Siervita”.

 

Se ha presentado el cartel de la visita de la imagen de la Virgen de Candelaria a La Laguna, que tendrá lugar del 9 al 22 de mayo. El obispo de la Diócesis Nivariense, Bernardo Álvarez ha indicado que con este acontecimiento la Patrona estimulará la fe no sólo de los laguneros, sino de todas las personas de la isla que acudan a verla.  

 

El antiguo convento de Santo Domingo, en el Puerto de la Cruz, ha acogido el acto de inauguración de la exposición fotográfica sobre el centenario del Hospital de la Inmaculada Concepción y de la llegada a esta ciudad de la congregación religiosa Hijas de María madre de la Iglesia. Esta muestra se enmarca en el programa conmemorativo del aniversario que desde el pasado mes de junio se viene celebrando en la ciudad. La exposición permanecerá abierta hasta el próximo 15 de marzo.


El sábado 14 de febrero tuvo lugar el III Encuentro de Jóvenes de Cáritas, en Icod de los Vinos. Una proyección invitó a los jóvenes a embarcarse en este mar de la solidariedad, a ser valientes y luchar contra las injusticias sociales. Asimismo, los participantes intervinieron en diversas dinámicas que representaban las situaciones de marginación a las que nuestra sociedad no termina de dar la respuesta adecuada.

 

Los Caballeros de Santiago de las Islas Canarias se han reunido en La Laguna recientemente, para asistir en la Sede Catedralicia a la Eucaristía de las 13:00 horas y así unirse a toda la orden que ese día que, en todas partes del mundo, tenían la encomienda de rezar por la paz en Israel y Palestina. Terminada la Eucaristía, mantuvieron un encuentro con el Deán de la Catedral, Julián de Armas, propuesto como prior de la Orden de las Islas Canarias, para mantener un intercambio de impresiones sobre los fines de la Orden, así como para organizar una visita a Su Santidad el Papa y un viaje a los santos lugares de Israel y Palestina.

 

Alrededor de veinte jóvenes han llevado a cabo los ejercicios espirituales organizados por el movimiento apostólico Hombres Nuevos en la Casa de Ejercicios de Santa Cruz de Tenerife. Los mismos estuvieron guiados por el obispo, Bernardo Álvarez.


Por otro lado, el 13 de marzo, tendrá lugar una Vigilia Cuaresmal de Jóvenes que ha organizado la Delegación de Juventud en el Monasterio de las Clarisas de La Laguna, a las 20:00 horas.


Los Jesuitas de Canarias y CVX Tenerife, han previsto para el 20 de febrero, un retiro espiritual en la Casa Manresa de Tacoronte bajo el lema: “Cristianos en tiempos de crisis”. Esta iniciativa comenzará a las 10 de la mañana y la Eucaristía, abierta a todo el que quiera acudir, tendrá lugar a las 18:00 horas.


Del 2 al 6 de marzo, tendrá lugar la Cátedra de Ética y Política organizada por el Instituto Superior de Teología de las Islas Canarias. En esta ocasión, el 60 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, servirá de marco para abordar el tema de la “globalización” en la actual coyuntura internacional, poniendo especial acento en la realidad de Canarias. Este año, el director de las jornadas será Ángel Galindo García, catedrático de Teología Moral en la Universidad Pontificia de Salamanca (UPSA), profesor del Instituto Superior de Estudios Europeos y Derechos Humanos de la UPSA.


El próximo 25 de febrero, a las 11 horas, en las Salas Capitulares de La Laguna, la Junta de Hermandades y Cofradías de la ciudad de Aguere presentará el cartel de la Semana Santa de La Laguna 2009.


En la última declaración de la Renta - la de la primavera de 2008 - correspondiente al IRPF de 2007, el número de asignaciones a favor de la Iglesia Católica se ha incrementado, en términos absolutos, en 474.832. La proporción de las asignaciones a favor de la Iglesia ha subido del 33,45 %, de 2006, al 34,38 %, de 2007, lo que significa un incremento de 0,93 puntos.


La Casa de Acogida Madre del Redentor, en El Sauzal se encuentra celebrando su XVIII Aniversario. Por tal motivo, se ha previsto una fiesta para el día 29 de marzo, en la Sala Castillo de Tegueste con el fin de recabar fondos a beneficio de esta obra. A las 12:00 horas, se celebrará una Eucaristía de acción de gracias en la parroquia de Nuestra Señora de La Concepción de La Laguna, presidida por el Obispo, Bernardo Álvarez.


El Gobierno de Canarias ha aprobado el proyecto de decreto por el que se delimitará el área de protección de la ermita de San Telmo, en Santa Cruz de Tenerife. Con dicha decisión se garantizará la prevención de posibles impactos sobre el edificio histórico y su entorno.


Cada año en abril, (del 20 al 24) fiel a la cita con el distrito universitario de La Laguna, se celebra en la sede del ISTIC el Congreso “Diálogo Fe-Cultura”. Este año se desarrollará bajo el título: “EXISTENCIA HUMANA, SALUD Y ENFERMEDAD”. Entre los núcleos temáticos destacan: El alcoholismo, la atención a la infancia hospitalizada, cómo aprender del dolor ajeno, etc. La fecha límite para la recepción de Comunicaciones finalizará el 3 de abril de 2009.

 

 

 


Mi?rcoles, 18 de febrero de 2009

Comunicado final emitido por los Obispos de la Conferencia Episcopal de Colombia al término de la Asamblea Plenaria celebrada del 9 al 13 de febrero de 2009.


 

 

Hemos concluido la LXXXVI Asamblea Plenaria del Episcopado dedicada al análisis de la Realidad Colombiana. Hemos reflexionado sobre hechos y situaciones que preocupan hoy al país y a la Iglesia.


Como pastores conscientes de nuestra responsabilidad, tratamos de aproximamos a la realidad política, económica, cultural y por supuesto, a la realidad religiosa y pastoral del país. Al terminar este ejercicio queremos compartir esta buena noticia con todos nuestros fieles y con quienes se preocupan por impulsar el progreso y crear mejores condiciones de vida para todos los ciudadanos.


El fruto de esta reflexión y análisis lo entregaremos más tarde en un documento extenso, a los agentes de pastoral, a los dirigentes del mundo político, cultural y económico y a todos los colombianos preocupados de saber qué pensamos y qué proponemos para responder a los desafíos de la hora presente.


Vemos el País con preocupación y también con esperanza.


Con preocupación porque son muchas las sombras que oscurecen el horizonte de nuestra patria.

Somos conscientes de que vivimos un cambio de época: el mundo entero está experimentando transformaciones profundas de orden político, económico, cultural y religioso, que nos afectan directa o indirectamente. Muchos de estos cambios inciden en nuestro tradicional estilo de vida, en nuestras costumbres y tradiciones y hasta en el modo de relacionarnos con Dios, con los demás y con la naturaleza.


Nos angustia el permisivismo moral, la inequidad y la injusticia social, el desempleo y la pobreza, los conflictos sociales, las violaciones de los derechos humanos, el conflicto armado, el horror del secuestro y el sufrimiento que ocasiona a las víctimas y a sus fárhilias, el narcotráfico, la corrupción y el enriquecimiento ilícito, la crisis mundial de la economía, la falta de formación y de participación de los católicos en los procesos de construcción de un país más democrático y más próspero.


Vemos también signos de esperanza en las movilizaciones ciudadanas para rechazar el secuestro y la violencia, en la incursión de las generaciones jóvenes en puestos de comando, en el papel pro activo de la mujer en la Iglesia y en la sociedad, en el aprovechamiento de los mecanismos de participación consagrados por la Constitución Nacional, en la superación del odio político que inició el largo y doloroso vía crucis de la Violencia en Colombia.


En el diálogo sobre la realidad, pudimos ver con claridad el compromiso y la misión que tenemos de consagrarnos y empeñarnos a fondo en la búsqueda de la paz, en la lucha contra la pobreza, contra la injusticia en todas sus formas, contra la violencia que nos roba la vida de los seres queridos.

Al concluir nuestra Asamblea, expresarnos la decisión de estar en adelante mucho más cerca de los desplazados, de las familias de los secuestrados, de las víctimas de la violencia, de todos los marginados, a quienes nos proponemos llevar un mensaje de solidaridad y el ofrecimiento de nuestra vocación de servicio.


El país que soñamos tenemos que construirlo entre todos. Los Obispos, después de esta Asamblea, nos sentimos en disposición de introducir en los planes de trabajo, programas y acciones que nos permitan, de verdad, ser para nuestros hermanos luz que ilumine y aliados creíbles en la tarea de consolidar un estado social de derecho en el que todos nos sintamos igualmente amparados y protegidos.

Conscientes del momento difícil que atraviesa Colombia, y sintiendo en carne propia el efecto de los conflictos y contradicciones, hacemos una opción decidida por la esperanza, con la certeza de c Üe el Señor Jesús que camina a nuestro lado, nos ayudará a construir entre todos un país mas amable, más justo, fraterno y solidario.


Bogotá, D.C., 13 de febrero de 2009


+ Rubén Salazar Gómez

Arzobispo de Barranquilla

Presidente de la Conferencia Episcopal

 

 

+ Iván Antonio Marín López
Arzobispo de Popayán

Vicepresidente de la Conferencia Episcopal

 

 

+ Fabián Marulanda López

Obispo – Secretario General

de la Conferencia Episcopal

COMUNICADO
DE LA LXXXVI ASAMBLEA PLENARIA

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Salmos desde el amor a la Iglesia

 

Amo tu Iglesia, Señor Jesús, presente hoy en la historia;

esta Iglesia, Sacramento universal de salvación entre los hombres; esta Iglesia tuya y nuestra, pobre y pecadora, limpia y santa. Amo tu Iglesia, Señor, misterio profundo de Dios y del hombre; esta Iglesia que ha puesto su tienda en medio de nuestro barro.

 

Amo esta Iglesia, Señor, proyecto maravilloso del Padre,

que tú, el Enviado, has realizado con el poder de tu Espíritu.

Amo esta Iglesia, Señor, lugar donde el Padre ama y llama;

lugar donde tú curas y salvas; donde tu Espíritu libera y vivifica. Amo tu Iglesia, Señor, Pueblo nuevo, Pueblo de Dios en camino;

esta Iglesia, llamada a todos los pueblos; casa abierta a todas las naciones.

 

Amo esta Iglesia, Señor, Cuerpo tuyo, donde tú eres Cabeza y Guía; Cuerpo tuyo con los hermanos que viven una misma fe en ti. Amo tu Iglesia, Señor, Familia de los hijos de Dios;

esta Iglesia, techo común donde todos tienen acogida;

esta Iglesia, hogar encendido donde el hombre se siente hermano.

 

Amo tu Iglesia, Señor, comunidad de creyentes en la tierra; esta Iglesia, donde todos están unidos en un mismo Bautismo; esta Iglesia, en la que todos se centran en la,única Palabra; esta Iglesia, anuncio salvador para todos los hombres.

Amo tu Iglesia, servidora del hombre pobre y necesitado; Amo tu Iglesia, Señor, Testigo fiel entre los pueblos;

esta Iglesia pobre, testigo de tu muerte y resurrección liberadora.

 

Amo tu Iglesia, Señor, camino de liberación para el hombre; esta Iglesia, que salva y redime; que cura y sana.

Amo tu Iglesia, Señor, comunidad de tus seguidores, lugar donde tú quieres que el discípulo viva la fe.

Amo tu Iglesia, Señor, institución abierta al mundo;

amo vivir en comunión con el Papa, tu Vicario en la tierra; amo vivir en comunión con los Pastores, los Obispos.

Amo tu Iglesia, Señor, presencia de tu resurrección gloriosa. Amo tu Iglesia, Señor, que hace unidad en la fracción del pan. Amo tu Iglesia, Señor, corno respuesta de tu amor al hombre; amo tu Iglesia, Señor, fermento en la historia de tu Reino; amo tu Iglesia, Señor, sal y luz del mundo, de las naciones; amo tu Iglesia, Señor, único rebaño bajo un único Pastor.

 

Que tu Espíritu, Señor Jesús, cree la unidad entre nosotros. Que tu Palabra, Señor, nos una en un mismo estilo de vida. Que tu Pan de Vida, Señor, nos haga sentar a la misma mesa. Que tus sacramentos, Señor, nos salven én tu amor redentor. Que tu Madre, Señor, nos acoja en una misma Casa. Que tu Padre, Señor, nos una a todos como hijos. Que tu Reino, Señor, sea la esperanza que nos una a todos.

 

Ven, Señor Jesús: como un solo Pueblo caminamos hacia ti.

Ven, Señor Jesús: como unidad de amor somos tus Testigos en la Historia. AMÉN


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La Piedad Popular y el "Vía Matris"

 

136. Así como en el plan salvífico de Dios (cfr. Lc 2,34-35) están asociados Cristo crucificado y la Virgen dolorosa, también los están en la Liturgia y en la piedad popular.

 

Como Cristo es el "hombre de dolores" (Is 53,3), por medio del cual se ha complacido Dios en "reconciliar consigo todos los seres: los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz" (Col 1,20), así María es la "mujer del dolor", que Dios ha querido asociar a su Hijo, como madre y partícipe de su Pasión (socia Passionis).

 

Desde los días de la infancia de Cristo, toda la vida de la Virgen, participando del rechazo de que era objeto su Hijo, transcurrió bajo el signo de la espada (cfr. Lc 2,35). Sin embargo, la piedad del pueblo cristiano ha señalado siete episodios principales en la vida dolorosa de la Madre y los ha considerado como los "siete dolores" de Santa María Virgen.

 

Así, según el modelo del Vía Crucis, ha nacido el ejercicio de piedad del Vía Matris dolorosae, o simplemente Vía Matris, aprobado también por la Sede Apostólica. Desde el siglo XVI hay ya formas incipientes del Vía Matris, pero en su forma actual no es anterior al siglo XIX. La intuición fundamental es considerar toda la vida de la Virgen, desde el anuncio profético de Simeón (cfr. Lc 2,34-35) hasta la muerte y sepultura del Hijo, como un camino de fe y de dolor: camino articulado en siete "estaciones", que corresponden a los "siete dolores" de la Madre del Señor.

 

137. El ejercicio de piedad del Vía Matris se armoniza bien con algunos temas propios del itinerario cuaresmal. Como el dolor de la Virgen tiene su causa en el rechazo que Cristo ha sufrido por parte de los hombres, el Vía Matris remite constante y necesariamente al misterio de Cristo, siervo sufriente del Señor (cfr. Is 52,13-53,12), rechazado por su propio pueblo (cfr. Jn 1,11; Lc 2,1-7; 2,34-35; 4,28-29; Mt 26,47-56; Hech 12,1-5). Y remite también al misterio de la Iglesia: las estaciones del Vía Matris son etapas del camino de fe y dolor en el que la Virgen ha precedido a la Iglesia y que esta deberá recorrer hasta el final de los tiempos.

 

El Vía Matris tiene como máxima expresión la "Piedad", tema inagotable del arte cristiano desde la Edad Media.


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La Piedad Popular y el "Vía Crucis"

 

131. Entre los ejercicios de piedad con los que los fieles veneran la Pasión del Señor, hay pocos que sean tan estimados como el Vía Crucis. A través de este ejercicio de piedad los fieles recorren, participando con su afecto, el último tramo del camino recorrido por Jesús durante su vida terrena: del Monte de los Olivos, donde en el "huerto llamado Getsemani" (Mc 14,32) el Señor fue "presa de la angustia" (Lc 22,44), hasta el Monte Calvario, donde fue crucificado entre dos malhechores (cfr. Lc 23,33), al jardín donde fue sepultado en un sepulcro nuevo, excavado en la roca (cfr. Jn 19,40-42).

 

Un testimonio del amor del pueblo cristiano por este ejercicio de piedad son los innumerables Vía Crucis erigidos en las iglesias, en los santuarios, en los claustros e incluso al aire libre, en el campo, o en la subida a una colina, a la cual las diversas estaciones le confieren una fisonomía sugestiva.

 

132. El Vía Crucis es la síntesis de varias devociones surgidas desde la alta Edad Media: la peregrinación a Tierra Santa, durante la cual los fieles visitan devotamente los lugares de la Pasión del Señor; la devoción a las "caídas de Cristo" bajo el peso de la Cruz; la devoción a los "caminos dolorosos de Cristo", que consiste en ir en procesión de una iglesia a otra en memoria de los recorridos de Cristo durante su Pasión; la devoción a las "estaciones de Cristo", esto es, a los momentos en los que Jesús se detiene durante su camino al Calvario, o porque le obligan sus verdugos o porque está agotado por la fatiga, o porque, movido por el amor, trata de entablar un diálogo con los hombres y mujeres que asisten a su Pasión.

 

En su forma actual, que está ya atestiguada en la primera mitad del siglo XVII, el Vía Crucis, difundido sobre todo por San Leonardo de Porto Mauricio (+1751), ha sido aprobado por la Sede Apostólica, dotado de indulgencias y consta de catorce estaciones.

133. El Vía Crucis es un camino trazado por el Espíritu Santo, fuego divino que ardía en el pecho de Cristo (cfr. Lc 12,49-50) y lo impulsó hasta el Calvario; es un camino amado por la Iglesia, que ha conservado la memoria viva de las palabras y de los acontecimientos de los último días de su Esposo y Señor.

 

En el ejercicio de piedad del Vía Crucis confluyen también diversas expresiones características de la espiritualidad cristiana: la comprensión de la vida como camino o peregrinación; como paso, a través del misterio de la Cruz, del exilio terreno a la patria celeste; el deseo de conformarse profundamente con la Pasión de Cristo; las exigencias de la sequela Christi, según la cual el discípulo debe caminar detrás del Maestro, llevando cada día su propia cruz (cfr. Lc 9,23)

 

Por todo esto el Vía Crucis es un ejercicio de piedad especialmente adecuado al tiempo de Cuaresma.

 

134. Para realizar con fruto el Vía Crucis pueden ser útiles las siguientes indicaciones:

 

- la forma tradicional, con sus catorce estaciones, se debe considerar como la forma típica de este ejercicio de piedad; sin embargo, en algunas ocasiones, no se debe excluir la sustitución de una u otra "estación" por otras que reflejen episodios evangélicos del camino doloroso de Cristo, y que no se consideran en la forma tradicional;

 

- en todo caso, existen formas alternativas del Vía Crucis aprobadas por la Sede Apostólica o usadas públicamente por el Romano Pontífice: estas se deben considerar formas auténticas del mismo, que se pueden emplear según sea oportuno;

 

- el Vía Crucis es un ejercicio de piedad que se refiere a la Pasión de Cristo; sin embargo es oportuno que concluya de manera que los fieles se abran a la expectativa, llena de fe y de esperanza, de la Resurrección; tomando como modelo la estación de la Anastasis al final del Vía Crucis de Jerusalén, se puede concluir el ejercicio de piedad con la memoria de la Resurrección del Señor.

 

135. Los textos para el Vía Crucis son innumerables. Han sido compuestos por pastores movidos por una sincera estima a este ejercicio de piedad y convencidos de su eficacia espiritual; otras veces tienen por autores a fieles laicos, eminentes por la santidad de vida, doctrina o talento literario.

 

La selección del texto, teniendo presente las eventuales indicaciones del Obispo, se deberá hacer considerando sobre todo las características de los que participan en el ejercicio de piedad y el principio pastoral de combinar sabiamente la continuidad y la innovación. En todo caso, serán preferibles los textos en los que resuenen, correctamente aplicadas, las palabras de la Biblia, y que estén escritos con un estilo digno y sencillo.

 

Un desarrollo inteligente del Vía Crucis, en el que se alternan de manera equilibrada: palabra, silencio, canto, movimiento procesional y parada meditativa, contribuye a que se obtengan los frutos espirituales de este ejercicio de piedad.


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La Piedad Popular y el tiempo de Cuaresma

 

124. La Cuaresma es el tiempo que precede y dispone a la celebración de la Pascua. Tiempo de escucha de la Palabra de Dios y de conversión, de preparación y de memoria del Bautismo, de reconciliación con Dios y con los hermanos, de recurso más frecuente a las "armas de la penitencia cristiana": la oración, el ayuno y la limosna (cfr. Mt 6,1-6.16-18).

 

En el ámbito de la piedad popular no se percibe fácilmente el sentido mistérico de la Cuaresma y no se han asimilado algunos de los grandes valores y temas, como la relación entre el "sacramento de los cuarenta días" y los sacramentos de la iniciación cristiana, o el misterio del "éxodo", presente a lo largo de todo el itinerario cuaresmal. Según una constante de la piedad popular, que tiende a centrarse en los misterios de la humanidad de Cristo, en la Cuaresma los fieles concentran su atención en la Pasión y Muerte del Señor.

 

125. El comienzo de los cuarenta días de penitencia, en el Rito romano, se caracteriza por el austero símbolo de las Cenizas, que distingue la Liturgia del Miércoles de Ceniza. Propio de los antiguos ritos con los que los pecadores convertidos se sometían a la penitencia canónica, el gesto de cubrirse con ceniza tiene el sentido de reconocer la propia fragilidad y mortalidad, que necesita ser redimida por la misericordia de Dios. Lejos de ser un gesto puramente exterior, la Iglesia lo ha conservado como signo de la actitud del corazón penitente que cada bautizado está llamado a asumir en el itinerario cuaresmal. Se debe ayudar a los fieles, que acuden en gran número a recibir la Ceniza, a que capten el significado interior que tiene este gesto, que abre a la conversión y al esfuerzo de la renovación pascual.

 

A pesar de la secularización de la sociedad contemporánea, el pueblo cristiano advierte claramente que durante la Cuaresma hay que dirigir el espíritu hacia las realidades que son verdaderamente importantes; que hace falta un esfuerzo evangélico y una coherencia de vida, traducida en buenas obras, en forma de renuncia a lo superfluo y suntuoso, en expresiones de solidaridad con los que sufren y con los necesitados.

 

También los fieles que frecuentan poco los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía saben, por una larga tradición eclesial, que el tiempo de Cuaresma-Pascua está en relación con el precepto de la Iglesia de confesar lo propios pecados graves, al menos una vez al año, preferentemente en el tiempo pascual.

 

126. La divergencia existente entre la concepción litúrgica y la visión popular de la Cuaresma, no impide que el tiempo de los "Cuarenta días" sea un espacio propicio para una interacción fecunda entre Liturgia y piedad popular.

 

Un ejemplo de esta interacción lo tenemos en el hecho de que la piedad popular favorece algunos días, algunos ejercicios de piedad y algunas actividades apostólicas y caritativas, que la misma Liturgia cuaresmal prevé y recomienda. La práctica del ayuno, tan característica desde la antigüedad en este tiempo litúrgico, es un "ejercicio" que libera voluntariamente de las necesidades de la vida terrena para redescubrir la necesidad de la vida que viene del cielo: "No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Mt 4,4; cfr. Dt 8,3; Lc 4,4; antífona de comunión del I Domingo de Cuaresma)


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Como todos los años, los Obispos de la Republica Dominicana entregan a todos los dominicanos un mensaje de fe, de esperanza y amor, con ocasión de la conmemoración del día de la Independencia Nacional el próximo 27 de febrero con el tema de “La responsabilidad del laico en la vida pública”.



CARTA PASTORAL DE LA CONFERENCIA

DEL EPISCOPADO DOMINICANO

 

No te pido que los saques del mundo, sino que

los guardes del mal (Jn 17, 15).

 

Introducción

 

Como todos los años, los Obispos queremos hacerles llegar a todos los dominicanos nuestro mensaje de fe, de esperanza y amor, con ocasión de la conmemoración del día de la Independencia Nacional. Hace parte de nuestros deberes el “instruir e iluminar la conciencia de los fieles, sobre todo de los que están comprometidos en la vida política, para que su acción esté siempre al servicio de la promoción integral de la persona y del bien común” (Compendio de Doctrina Social de la Iglesia No 571).

 

En nuestros anteriores mensajes al pueblo dominicano hemos recordado algunos principios en el campo etico y moral, que hemos de asumir todos los que amamos el país y queremos desarrollarlo juntos.

 

1. La palabra de Dios nos ilumina

En la Carta Pastoral de este año con ocasión de la celebración de la Virgen de la Altagracia, tomamos como punto de referencia la escena bíblica de la boda de Caná. Para este Mensaje actual, en ocasión de la fiesta de nuestra Independencia Nacional, nos dejamos iluminar por el mismo evangelista en su capítulo 17, versículo 15: “No te pido que los saques del mundo, sino que los guardes del mal”.

 

Los discípulos y misioneros del Señor, están llamados a transformar la política tradicional, haciendo una buena política. El Papa Juan Pablo II señala que “La secularidad es la nota característica y propia del laico y de su espiritualidad que lo lleva a actuar en la vida familiar, social, laboral y política, a cuya evangelización es llamado. América necesita laicos cristianos que puedan asumir responsabilidades directivas en la sociedad. Es urgente formar hombres y mujeres capaces de actuar, según su propia vocación en la vida pública, orientándola al bien común” (Ecclesia in América No. 44).

 

Todo ser humano y con ellos los discípulos de Jesús son llamados también a permanecer firmes en medio del mundo, creando alternativas de esperanza y de amor, sin ceder a las amenazas y halagos que este les ofrece, haciendo posible una relación de hermanos y hermanas en todo el género humano. El “mal” es aquí la nueva denominación para la tentación de querer hacernos dios, como Satanás y Adán, lo que puede ser traducido al mismo tiempo en el dios-dinero, el dios-placer o el dios-poder, que son generadores de injusticia entre los seres humanos. “Cuán fuerte es la seducción de las riquezas materiales y cuán tajante tiene que ser nuestra decisión de no idolatrarlas, lo afirma Jesús de manera categórica: “No pueden servir a Dios y al dinero” (Lc. 16,13) (Mensaje Benedicto XVI, Cuaresma 2008).

 

Ceder, por consiguiente, a la ambición, al deseo del provecho personal, que se puede encontrar en cualquier ambiente, es hacerse cómplice de la opresión y de la maldad. El discípulo de Cristo y toda persona de buena voluntad no puede asociarse con el mal que está en el mundo, pero tampoco puede escaparse del mundo que le toca vivir.

 

2. El ser humano y la política.

Todo ser humano goza de una dimensión social que lo conduce irremisiblemente a conformar familia, comunidad y sociedad, siendo él en sí mismo, eje y centro de la dinámica social. Más aún, la persona que es el fundamento de la vida social, desarrolla su actividad humana procurando el bien común, motivo y fin del accionar político. La política es una experiencia que aglutina todos los esfuerzos humanos, siempre orientada al bien común.

 

“La humanidad comprende cada vez con mayor claridad que se halla ligada por un destino único que exige asumir la responsabilidad en común, inspirada por un humanismo integral y solidario: ve que esta unidad de destino con frecuencia está condicionada e incluso impuesta por la técnica o por la economía y percibe la necesidad de una mayor conciencia moral que oriente el camino común® (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, Introducción No. 6).

 

Todo servicio social y muy particularmente el servicio como político en la administración pública, supone la integridad no de una persona común, sino de un funcionario con una visión de la ética y la moral y un modo de ser y de vivir que respeta, eleva, promueve y defiende la dignidad de la persona humana. Un auténtico político no puede eludir lo ético y lo moral del humanismo integral y solidario. Sin ética ni moral, es propicio el ambiente para la corrupción, la creciente inequidad, el elevado índice de pobreza y la triste exclusión de los desposeídos y marginados. El rostro humano y humanizante de la política, se construye sobre las bases de una auténtica vida ética y moral.

 

3. Los cristianos laicos y la política.

Todo cristiano, por su condición de ser hermano, está llamado a participar en la vida política o cualquier otra actividad pública. Y puede agregar que por su condición de discípulo de Jesús aporta luces y actitudes del Evangelio, que favorecerán el mundo político. Juan Pablo Duarte es modelo de hombre y cristiano comprometido con la vida pública y política.

 

El Papa Benedicto XVI nos recuerda en su primera Encíclica Deus Caritas est (Dios es Amor) que el origen y la meta de la política se encuentra en la justicia. Es en este punto donde la fe y la política se encuentran (Cfr No. 28). El Documento de Aparecida (La V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe) señala el hecho de que crece en la población el desencanto por la política y particularmente por la democracia, en razón de que las promesas de una vida mejor y más justa no se cumplieron o se cumplieron sólo a medias.

 

No se puede olvidar que la democracia y la participación política son fruto de la formación que se hace realidad solamente cuando los ciudadanos son conscientes de sus derechos fundamentales y de sus deberes correspondientes (DA 77).

 

Constituye, un llamado del Señor, que muchos laicos y laicas participen con conciencia cristiana responsable en lugares claves de la sociedad, los cuales el Documento de Aparecida los describe como “centros de decisiones”, a saber, los ambientes políticos, empresariales, sindicales y en todo tipo de asociaciones que promuevan el bien común. (Cfr DA 492:507:519).

 

4. El bien común compromiso de todos.

El servicio generoso a la comunidad en la búsqueda y conquista del Bien Común es la esencia de la política y exige a los que detentan el poder o lo buscan, sean cristianos o no, virtudes especificas, como son: inteligencia, capacidad de sacrificio, preparación, renuncia de intereses propios, altura de miras, nobleza, ecuanimidad, flexibilidad, entrega, honestidad, humildad, sencillez, madurez, creatividad (Cfr Mensaje de la Conferencia del Episcopado Dominicano, Febrero 1999). Nada tan reñido con esto como el irrespeto, desconfianza, prejuicio, malas jugadas, venganzas, acusaciones y vituperios mutuos a los que desde hace tiempo estamos asistiendo. El daño a sí mismos, a los partidos y a la nación entera que esto produce, es gravísimo y nada querido ni deseado por nuestro pueblo dominicano.

 

5. En política actúa en conciencia y promueve el bien común.

Para el mes de febrero del 2008, el Plan Nacional de Pastoral de la Iglesia presenta como valores a reflexionar la conciencia política y la democracia.

 

“La verdad sobre el bien y el mal se reconoce en modo práctico y concreto en el juicio de la conciencia, que lleva a asumir la responsabilidad del bien cumplido o del mal cometido. Así, en el juicio práctico de la conciencia, que impone a la persona la obligación de realizar un determinado acto, se manifiesta el vínculo de la libertad con la verdad. Precisamente por esto la conciencia se expresa con actos de ñjuicio-, que reflejan la verdad sobre el bien, y no como ñdecisiones- arbitrarias. La madurez y responsabilidad de estos juicios, y -en definitiva, del hombre, que es su sujeto-, se demuestran no con la liberación de la conciencia de la verdad objetiva, a favor de una presunta autonomía de las propias decisiones, sino, al contrario, con una apremiante búsqueda de la verdad y con dejarse guiar por ella en el obrar.”(Compendio de Doctrina Social de la Iglesia No. 139).

 

Así en política la conciencia nos lleva a actuar con claros criterios de compromiso con la comunidad y el país, tratando de participar en las soluciones de los problemas que afectan a la mayoría; como también a elegir y a decidir de acuerdo al bien y a la verdad y no en contra de lo que pienso y quiero en el fondo de mí mismo.

 

Recordemos la enseñanza de la Iglesia en torno a la democracia: “Una auténtica democracia es posible solamente en un Estado de derecho y sobre la base de una recta concepción de la persona humana. Requiere que se den las condiciones necesarias para la promoción de las personas concretas, mediante la educación y la formación en los verdaderos ideales, así como de la “subjetividad” de la sociedad mediante la creación de estructuras de participación y de corresponsabilidad” (Centesimus Annus 46). Mientras no haya una justa distribución de las riquezas, una erradicación de la miseria y una disminución de la pobreza, no se puede hablar de democracia plena y total.

 

Un sistema político auténtico supone sobre todo la búsqueda del bien común, el cual se traduce en el respeto y la promoción de los derechos fundamentales de la persona, el desarrollo de los bienes espirituales y temporales de la persona y de la sociedad, la paz y la seguridad de todos (Cfr Catecismo de la Iglesia Católica 408). “Conciencia política”, no significa “búsqueda del bien de un partido político, sino búsqueda del bien común”.

 

6. Sobre la campaña electoral

Reiteramos para estas elecciones lo que proponíamos en el Mensaje de Febrero del año 2000:

 

“El pueblo dominicano desea un debate de altura, mutuamente respetuoso, centrado no en la descalificación y ataques mutuo, sino en la visión de la problemática nacional y en las soluciones concretas que cada uno le daría. Lo que interesa es saber el programa de cada candidato: qué va a hacer, cómo, con qué recursos y en qué plazos. No tiene sentido en estos momentos que sea una campaña cara y derrochadora. Todo el mundo desea que sea austera y serena y sin graves alteraciones del orden. Es hora ya de dar muestras de que somos un pueblo maduro: ciudadanos, partidos y candidatos”.

 

Quien auténticamente determina la permanencia o sustitución en el poder es el soberano pueblo dominicano en elecciones libres y limpias. Por ello, creemos que el duro enfrentamiento en el que están metidos nuestros partidos mayoritarios a nada bueno puede conducir. El daño que está produciendo no se limita al quehacer político, sino que afecta a la educación en valores, a la economía y a la vida social.

 

Deseamos ardientemente que se imponga la cordura sobre la insensatez, la concordia sobre la discordia, la temperancia sobre la intolerancia, el dialogo sobre el altercado, la patria sobre el partido. (cfr. Mensaje Febrero 1999).

 

Clama al cielo la cuantiosa suma de dinero que se derrocha en propagandas y caravanas, cuando existen tantas urgencias prioritarias por resolver en el país, tantos proyectos por realizar en la educación, en la seguridad social, en los hospitales y escuelas, en recintos carcelarios dignos y dignificantes, en viviendas decorosas y en fin, en la definitiva solución del problema energético.

 

Algo bochornoso en todo esto es la clara y mutua acusación de corrupción, imperante entre los políticos, que afecta directamente a los mismos pobres, cuando se desvían los recursos que han de destinarse para el desarrollo humano y social de todos los dominicanos.

 

Llamamos la atención sobre el fenómeno de la corrupción generalizada y su impunidad, fruto de la inversión de valores en la sociedad de hoy, la cual socava la democracia y el estado de derecho, da pie a violaciones de los derechos humanos, distorsiona los mercados, menoscaba la calidad de vida y permite el florecimiento de la delincuencia organizada, el terrorismo y otras amenazas a la seguridad humana. (Cfr Convención de las Naciones Unidas contra la Corrupción, Prefacio. 31 Octubre 2003).

 

7. Sobre el voto

Recordamos que votar es un derecho y un deber. Abstenerse sin una razón suficientemente grave es faltar a una obligación moral. No se trata de elegir lo ideal, sino escoger lo mejor de lo que hay. Lograr que los seres humanos y la democracia maduren es fruto de un proceso largo y lento. Por lo que el voto debe ser consciente, serio y responsable. (Cfr Mensaje Febrero 2000). Esto quiere decir que el voto debe estar fundado en razones sólidas y honestas. No solo en sentimientos o intereses personales, grupales o partidistas.

 

En consecuencia se debe votar por aquel que en conciencia se crea que es más apto, idóneo, capaz, competente, hábil y calificado para administrar y conducir, ética, digna, y eficazmente el desarrollo humano integral de nuestro país. De ahí se deriva como algo inconcebible la compra y venta de votos que equivaldría a la compra y venta de conciencias. Todo esto ha de llevar a los dominicanos a un recto discernimiento en el momento de hacer política o de elegir a un candidato para que los represente y conduzca con responsabilidad los destinos de la Nación.

 

8. Criterios del buen gobernar que deben inspirar el voto en conciencia

Por considerarlo de sumo interés para la nación dominicana en este momento histórico en que nos preparamos para llevar a cabo una decisión cívica, en el ejercicio democrático del voto, retomamos los quince criterios del buen gobernar que deben inspirar el voto en conciencia y que compartimos con nuestro pueblo dominicano en el Mensaje del 19 de abril del 2004, a saber;

 

1. Promover, defender y exigir el Bien Común y servir honesta, competente y eficazmente.

2. Asegurar y vigilar los servicios básicos.

3. Respetar y defender la vida humana en cualquier fase de su desarrollo en que se encuentre.

4. Preocuparse especialmente de los más débiles y necesitados.

5. Promover y defender las asociaciones intermedias entre los individuos y el Estado.

6. Distribuir bienes, beneficios, servicios y cargas con justicia y equidad.

7. Proteger los recursos naturales de los ataques del egoísmo irracional.

8. Estimular la iniciativa privada, coordinarla, regularla.

9. Respetar al Poder Legislativo y al Poder Judicial.

10. Mantener en un mundo crecientemente intercomunicado buenas relaciones internacionales.

11. Respetar, promover y defender la legitima libertad y castigar toda clase de libertinaje.

12. Perseguir la corrupción en todas sus modalidades.

13. Vigilar la economía nacional, prevenir y castigar el mal manejo bancario y trazar las políticas económicas necesarias y adecuadas.

14. Distribuir con sabiduría y justicia los recursos disponibles.

15. Contar en todo momento realísticamente con las posibilidades y limitaciones, virtudes y defectos de nuestro pueblo.

 

9. Fomentemos nuestros valores culturales

Estamos en un cambio de época. Pero ese hecho no significa que haya que arrasar con todo, ni tenga que arrastrarnos a una necesaria inversión de valores. Al contrario, los valores culturales que no son una moda que pasa, son los que identifican a los pueblos y permanecen siempre, prescindiendo de la época en que se estén viviendo. Los valores culturales son esas herencias que nos han legado nuestros antepasados que no deben ser cambiados, porque forman parte de la misma identidad de la persona y de la sociedad. Somos un pueblo rico en valores éticos, morales, sociales y religiosos. Entre estos tenemos: el amor a la patria, el espíritu de servicio, sentido de solidaridad, el amor a la familia (a los hijos, a los padres, a los familiares), la fe en Dios, el amor a la Virgen, el amor a los símbolos patrios (la bandera, el escudo, los Padres de la Patria), profunda sensibilidad ante el dolor ajeno, sentido de pertenencia y de identidad con personas, historia, ambiente y entorno físico que forman parte de sí, el apego a las costumbres y tradiciones, como son las oraciones rezadas y aprendidas en la familia, la bendición de los padres a sus hijos, entre otros.

 

La cultura repercute positiva o negativamente en la vida social, económica y política de nuestra nación y ha de ser motivo de preocupación cómo integrar con nuestros profundos valores ancestrales los nuevos valores que traen los cambios actuales como: una mayor conciencia de la libertad, de la dignidad de la mujer, de los derechos humanos, de la ciencia, de la técnica, de la economía y la política.

 

10. Recomendaciones prácticas

El Señor nos ha puesto en la tierra para que seamos hombres y mujeres de bien en medio de todo lo bueno existente y los males que nos amenazan. Por eso queremos hacer ahora, para terminar, otras reflexiones prácticas siempre apegados a los principios éticos y morales inmutables, a las leyes y a las normas que crean relaciones armónicas entre nosotros.

 

1. Invitamos a asumir los valores específicos de una buena convivencia ciudadana, como son: la verdad, la justicia, la fraternidad, la paz, el respeto, la solidaridad y la tolerancia. Estos valores se concretizan en actitudes como: clara conciencia política, responsabilidad social, amor al trabajo, honradez administrativa y generosidad.

 

2. Llamamos a poner en alto, hoy más que nunca, nuestros valores culturales, que nos identifican como pueblo y como nación. El amor y el servicio a la patria ha de estar por encima de los intereses particulares, grupales y partidistas.

 

3. Invitamos a todos a crear espacios de discusión y de reflexión para aportar ideas, proyectos comunes y criterios claros de acción, ya que se trata de construir entre todos el país que anhelamos y deseamos, sin descalificar o menospreciar a los que piensan de una manera distinta. Para esto es necesario fomentar el diálogo sincero, diáfano y respetuoso en base a los programas de gobierno que debe presentar cada candidato.

 

4. Urgimos, según nos enseña la Doctrina Social de la Iglesia, a incentivar el principio de una economía solidaria, contraria a una economía neoliberal, que priorice de manera planificada las inversiones del Estado en los sectores marginados y empobrecidos, de modo que todos los dominicanos tengan su acta de nacimiento, sean participes de una vivienda digna con servicio sanitario, una educación de calidad, una salud y seguridad social eficiente, acceso a una energía eléctrica asegurada, unas calles dignas e higiénicas para vivir como seres humanos en un ambiente ecológico saludable, comunicación vial de todas las comunidades, el acceso a los medios de comunicación, al transporte, centros comunitarios de entretenimiento sano, centros deportivos y de desarrollo del arte, la cultura, la música, centros de formación y capacitación de la mujer, de la niñez, discapacitados y ancianos. Es decir, que la tarea política por excelencia sea el Bien Común, planificado con metas definidas a corto, mediano y largo plazo.

 

5. Exhortamos a hacer una opción fundamental y preferencial por el establecimiento y el desarrollo de políticas públicas y privadas que se encaminen a la solución puntual y efectiva de las causas de la extrema pobreza, de la inequidad y la exclusión, de tal manera que la abundancia, el crecimiento y el desarrollo, no contraste con la alarmante brecha entre ricos y pobres.

 

6. Dirigimos nuestro mensaje a los responsables del quehacer político, económico y social del país. No hay necesidad de ocasionar una tormenta destructiva y derrochadora de recursos, los cuales no son propiedad exclusiva de ningún partido.

 

7. Esperamos que se manifieste la madurez democrática de partidos y pueblo, en una campaña electoral centrada en la racionalidad y el respeto mutuo, en la confrontación de ideas y la búsqueda de convergencias en las diferencias.

 

Conclusión

Sintámonos todos responsables de construir una patria basada en valores inmutables. Que cada dominicano sepa asumir el desafío de la ética que va de la mano con el desarrollo y el compromiso de ser coherente ante su conciencia, ante la patria, ante el ejercicio democrático de un voto libre y en la creación de un clima de reflexión y oración que nos conduzca y nos motive a procurar siempre el Bien Común.

 

Que el Señor nos guarde siempre en su paz y sea el mismo Señor quien nos ilumine a todos en el ejercicio democrático de elegir nuestras próximas autoridades.

 

Les bendicen,


Su Eminencia Reverendísima Nicolás de Jesús Cardenal López Rodríguez, Arzobispo Metropolitano de Santo Domingo;

 

Su Excelencia Reverendísima Monseñor. Ramón Benito De La Rosa y Carpio, Arzobispo Metropolitano de Santiago de los Caballeros y Presidente de la Conferencia del Episcopado Dominicano;

 

Su Excelencia Reverendísima Monseñor Jesús Maria de Jesús Moya, Obispo de San Francisco de Macorís;

 

Su Excelencia Reverendísima Monseñor José Dolores Grullón Estrella, Obispo de San Juan de la Maguana;

 

Su Excelencia Reverendísima Monseñor Antonio Camilo González, Obispo de La Vega;

 

Su Excelencia Reverendísima Monseñor Gregorio Nicanor Peña Rodríguez, Obispo de la Altagracia, Higüey;

 

Su Excelencia Reverendísima Monseñor Francisco Ozoria Acosta, Obispo de San Pedro de Macorís;

 

Su Excelencia Reverendísima Monseñor Freddy Antonio Bretón Martínez, Obispo de Baní;

 

Su Excelencia Reverendísima Monseñor Rafael Leonidas Felipe Núñez, Obispo de Barahona;

 

Su Excelencia Reverendísima Monseñor Diómedes Espinal de León, Obispo de Mao-Montecristi;

 

Su Excelencia Reverendísima Monseñor Julio César Corniel Amaro, Obispo de Puerto Plata;

 

Su Excelencia Reverendísima Monseñor Roque Adames Rodríguez, Obispo Emérito;

 

Su Excelencia Reverendísima Monseñor Juan Antonio Flores Santana, Arzobispo Emérito;

 

Su Excelencia Reverendísima Monseñor Fabio Mamerto Rivas, SDB, Obispo Emérito;

 

Su Excelencia Reverendísima Monseñor Jerónimo Tomás Abreu Herrera, Obispo Emérito;

 

Su Excelencia Reverendísima Monseñor Francisco José Arnaiz, S.J., Obispo Emérito;

 

Su Excelencia Reverendísima Monseñor Amancio Escapa, OCD, Obispo Auxiliar del Arzobispo de Santo Domingo;

 

Su Excelencia Reverendísima Monseñor Pablo Cedano Cedano, Obispo Auxiliar del Arzobispo de Santo Domingo;

 

Su Excelencia Reverendísima Monseñor Valentín Reynoso Hidalgo, Obispo Auxiliar del Arzobispo de Santiago de los Caballeros.


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Artículo semanal del padre Fernando Lorente, o.h., publicado en EL DÍA el miércoles 18 de Febrero de 2009 en la sección CRITERIOS bajo el epígrafe “Luz en el Camino Fernando Lorente, o. h.

La religión cristiana en la  sociedad

LA RELIGIÓN CRISTIANA es para conocerla y vivirla en libertad. Y por eso afecta a todas las dimensiones de la persona, interior y exterior, individual y comunitaria. Justamente porque se refiere a Dios, absoluto y trascendente, es principio de sentido para todo; y aunque no puede sustituir a nada, es necesario el ejercicio de todas las demás potencias, mediante las cuales se articula la vida social, intelectual, moral y política. Dios es para el ser humano, en un sentido total y en cuanto principio de nuestro ser, el sentido de nuestra existencia y dinamismo de nuestro futuro. Dios funda, inspira y sostiene todos los dinamismos de nuestra vida, pero no sustituye a ninguno de ellos en el orden material e histórico. Dios nos entrega el mundo como materia de nuestra libertad; y en el ejercicio de ésta consiste nuestra dignidad de seres creados a imagen y semejanza de Dios.

El catolicismo se encuentra ante una historia nueva, que no puede ser ni la repetición de la historia anterior, ni el tránsito a la privacidad o al sectarismo. Una sociedad sin referencia última, que se queda en un mero individualismo y en despreocupación por los grandes valores comunes, está condenada a la anomia, a la desesperación. "La liberación de la conciencia humana de las construcciones que la estructura social sacralizada ejercía representa una ocasión sin precedentes históricos porque puede afirmarse para todos la autonomía de la vida individual. Pero contiene un serio peligro: el de causar un retirarse en masa hacia la esfera privada con la falsa imagen del valor social y democrática. Una sociedad sin el cultivo de proyectos éticos, de la recta memoria histórica, de las raíces éticas y de los signos religiosos que han nutrido la trayectoria anterior, sucumbirá a la desmoralización y a la violencia.

El Cristianismo es religión de trascendencia a la vez que de encarnación. Dios es real y se ha manifestado en la historia, y con su reconocimiento abren la fe y un trascenderse del hombre más allá de la inmediatez de las cosas. Por ello Dios, Cristo y la Iglesia nunca podrán ser visible, como son la mezquita de Córdoba, la torre Eiffel, la Cibeles, la sierra de Gredos, el Teide o el mar Mediterráneo. Son tan reales para el creyente como lo son la justicia para el hombre bueno, la belleza para quien tiene sentido de lo estético, la pintura para quien tiene ojos iluminados. El cristianismo es a la vez religión de encarnación, y en ese sentido es visible, perceptible y verificable. Surge de la acción, de la palabra y de las huellas y signos de Dios en Cristo; no es sólo religión de la conciencia o de la palabra sino también de la historia y de la carne. Dios es real para el ser humano que es carne y tiempo, porque él se hizo carne y tiempo. Eso es lo que los cristianos confiesan y de eso es signo la Navidad.

El cristianismo es la confesión de un mundo abierto a la esperanza porque previamente el Creador se nos ha abierto a nosotros, creándonos ojos nuevos para reconocerle Encarnado. Hacer silencio sobre esa historia de gracia y recluirnos en nuestros límites mortales es cercenar la mejor posibilidad humana: ver al Invisible, extendernos hasta el Infinito, vivir de una esperanza última que se revela fecunda de esperanzas, creaciones y credenciales temporales. Los cristianos no pueden sucumbir ni a la provocación ni al silencio. Al Dios que se nos ha hecho visible en la encarnación, los creyentes le trasparentan visible mediante actos explícitamente confesantes en sus celebraciones e instituciones propias, mediante el testimonio personal.

A través de esas tres formas le hacen perceptible, inteligible y creíble. No le podemos callar, ocultar ni trasmutar, porque Dios es mucho más que ética o cultura: y no es reductible a ellas. Cada una de esas visibilizaciones de Dios tiene su lugar, lenguaje y signos apropiados, que no son intercambiables. Discernir y ejercitar los signos de esa visibilidad, haciendo justicia a la confesión cristiana a la vez que al ordenamiento jurídico y a la realidad social es un doble imperativo: tanto del cristiano y de la Iglesia para ejercitarlo como del Estado para reconocerlo.

Con asombro y ternura estuvo Dios entre los seres humanos; con asombro y ternura podemos estar los seres humanos ante Dios. Ese es el primero y último fundamento de la gloria y alegría de todos los mortales. Y es que Dios nos ayuda a pensar en Él como el amigo que nunca falla, como el padre siempre dispuesto a perdonarnos, como el juez justo pero también totalmente misericordioso Esto es vivir la religión cristiana en la sociedad de todos los tiempos.

* Capellán de la clínica S. Juan de Dios


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Martes, 17 de febrero de 2009

Información enviada por Carlos  Peinó Agrelo, peregrino, Cursillista, colaborador en la redacción de la Positio super virtutibus del Siervo de Dios y Vicepostulador de su Causa de Canonización

 

  

CENTROS DE VANGUARDIA

(1936-1939)

Centros de Jóvenes de Acción Católica organizados en las trincheras, es decir, en los mismos frentes de guerra. Llevan un nombre en su raíz: el de Manuel Aparici




Con fecha 9 de noviembre de 1937 le decía a Lisardo Álvarez Luzaga:

 

         «Querido hermano de apostolado:

         »Tengo ante la vista la carta que has dirigido al Secretariado General de Frentes por la que veo el entusiasmo enorme que tenéis por la Acción Católica y cómo os sentís de apóstoles a lo San Pablo, teniendo como ideal el fundar, a donde quiera que vayáis, un nuevo Centro de Vanguardia como el apóstol fundaba una Iglesia en cualquier parte en donde pasase. Al veros con este entusiasmo he querido contestaros yo mismo y robando un poco de tiempo a mis ocupaciones lo he encontrado para dedicároslo a vosotros, que sois mi gozo y mi corona y con los que me siento íntimamente unido en espíritu. Hace unos momentos, antes de ponerme a contestaros, ha venido un joven a mi despacho y habiéndome preguntado que cuales eran las actividades de la Juventud en los frentes y que espíritu reinaba entre nuestros muchachos, he leído vuestra carta. Se ha quedado admirado al ver las ansias de apostolado que mostráis. Como ves vuestra carta ha hecho fruto en donde menos lo podíais pensar.

         »Me dices que en Alaminos ha quedado constituido un Centro, indícame quien ha quedado de Presidente y si funciona con normalidad, etc., pues no nos han escrito desde hace algún tiempo.

         »Cuando tú constituyas tu Centro envíanos una lista de los socios que pertenecéis a él indicando los años y que cargo han desempeñado antes en la Juventud o si son nuevos en la Obra, pues todos estos datos nos interesan para nuestro Secretariado de Frentes.

         »Hoy mismo he pasado nota a Administración para que os envíen los Ángeles del Alcázar que pedís. Adjunto os envío también una hoja que contiene las publicaciones que ha hecho el Consejo en los últimos meses.

         »De buena gana os escribiría más largo, pero me es materialmente imposible pues el tiempo corre y son muchas las cartas a contestar. Así que resumiré brevemente lo que necesitáis para formar un Centro de Vanguardia.

         »En primer lugar, poneros en comunicación con el Capellán a quien le expondréis todos vuestros deseos. Manteneos muy unidos con él. Al principio no mostréis mucho entusiasmo proselitista sino más bien haced que alrededor vuestro se viva una vida verdaderamente cristiana, que la blasfemia, si es que existe, se destierre, que los sacramentos se frecuenten. Si conseguís estos, después, poco a poco, ellos mismos serán los que pidan ingresar en el Centro al enterarse que allí es donde se vive un cristianismo integral y en donde se encuentran a los muchachos más conscientes de su misión de Cruzados de la Nueva España. Yo desde aquí os ayudaré con mis pobres oraciones y con mis sacrificios. Como os he dicho al principio, a pesar de los kilómetros que nos separan, me encuentro muy junto con vosotros y todos vuestros éxitos y todos vuestros desalientos los tomo como si fuesen cosa muy mía. Nosotros los Jóvenes de Acción Católica hemos de hacer que sea una realidad la palabra del Maestro a sus discípulos: “Amaos los unos a los otros como Yo os he amado”. Y Él nos amó en todo momento y quiere que nosotros vivamos esa caridad que nos vino a enseñar.

         »Para la cuestión de la organización del Centro os envío un modelo de acta de constitución de Centro en el que se encuentran los fines de todo Centro de Vanguardia. También os envío un extracto del proyecto de Centros. Pronto editaremos un folleto en el que encontraréis más normas o mejor dicho las mismas normas más extensas.

         »Pidiendo al Señor que os envíe sus santos ángeles, se despide de vosotros con un fuerte abrazo vuestro hermano en Cristo.

         »P/D. Dinos si está con vosotros el Dr. Rivera [1] y cuales son sus señas y su nombre para enviarle lo que nos pedís».


Le envía también una hoja que contiene las publicaciones que ha hecho el Consejo en los últimos meses y le pide le diga si está con ellos el Dr. Rivera y cuales son sus señas para enviarle lo que le piden.

 

         De su escrito de contestación a … (no figura nombre alguno), de La Coruña, fechado en Burgos el día 1 de julio de 1938, Año Santo en Compostela, destacamos:


«Mi querido hermano de apostolado:

         »Con gran satisfacción veo tu carta del 14 y el informe del Centro de Transeúntes que con ella me remites. Creí que ya os habíais olvidado de todas vuestras promesas de trabajar que me disteis cuando yo estuve en esa por Semana Santa, pero, gracias a Dios, tu carta me ha hecho ver que eran ciertos vuestros entusiasmos y firmes vuestros propósitos.

         »Respecto a las fichas que debían enviarme los Centros de Vanguardia y de Transeúntes, opino como tú, tan es así que en la primer circular que yo dirigí a todas las Uniones Diocesanas encargándoles el perfeccionamiento del Secretariado de Ausentes les hacía ya esta indicación, pues es la única manera de completar la Obra de apostolado que estamos realizando durante la guerra. Si cada Centro envía al Consejo Superior la ficha de sus asociados con indicación de su punto habitual de residencia y la Diócesis a que pertenecen, nosotros podemos reexpedir esta ficha a la Unión Diocesana correspondiente y le serviría el día de mañana para la fundación de nuevos Centros. Mas lo que pasa, es que no se pueden conseguir todas las cosas aún tiempo: primero se ha logrado que el espíritu se avivara precisamente en esas circunstancias de guerra y ahora, que ya se ha creado este espíritu, será el momento oportuno para recordar estas obligaciones.

         »Adjunto te remito normas para la fundación de Centros de Vanguardia y el Reglamento del Centro de San Francisco Javier de Medina del Campo.

         »Nada más, que el Señor te ayude y recibe un fuerte abrazo de tu affmo. en Cristo» [1].

 

         Con fecha 10 de octubre de 1938 contesta a la carta de Antonio Santamaría, 27 Batería del Grupo de Montaña, Estafeta 27, del día 1 de ese mes y le dice:

 

«Querido Santamaría:

         «Contesto a tu carta del 1. No recibí, o si llegó no me la pasaron, la que me escribiste en junio. Pereiro y Miranda tampoco me han dado cuenta de lo que les decías en tus cartas.

         »No temas nunca distraer la atención del Presidente, ni ocuparme un tiempo precioso, como dices, y menos aún aunque no tengas cosas de interés que te sitúen en tu plano de propagandista. Para mí lo más interesante sois vosotros. Recuerda que cuando el Señor envió a los setenta y dos discípulos a predicar, no tanto se gozó del fruto que habían hecho, cuanto del que la predicación de su palabra había producido a las almas de sus apóstoles y sus discípulos.

         »He meditado mucho las palabras del Papa de procurar en primer lugar la formación sobrenatural de directivos y propagandistas, sin preocuparse ni afligirse porque sean a los principios un “Pusillus grey”. Cita otra frase que emplea con otras palabras más preciosas aún: “Este trabajo vuestro ha de ser sólido y profundo, ajeno a la notoriedad y al aparato, enemigo de métodos ruidosos, trabajo que sepa desarrollar su actividad en silencio aunque el fruto se haga esperar y no sea de mucho brillo, a la manera de la semilla que soterrada prepara con un aparente reposo la nueva planta vigorosa”. Por aquí comprenderás cuanto me interesan los propagandistas del Consejo no tanto por lo que hagan sino por lo que vivan, pues ya sabes tú que lo interesante es estar unidos siempre a Él. Marta y María lo confirman. María supo escoger la mejor parte, y sin embargo no iba y venía como Marta. Parecía que se ocupaba menos del Señor y se ocupaba toda, porque estaba empleando su alma en contemplarle.

         »Todavía no he podido visitar los frentes. He tenido que ocuparme de la retaguardia. Necesitamos de ella, aunque sea reducida a su mínima expresión, obra que os ayude a vosotros, los que dilatáis las fronteras de la Patria española y del Reino de Dios.

         »Y con relación al frente ¿qué te diré sino que veo por tu carta que el Señor te ha inspirado un magnífico procedimiento? … Retrotraerles a su vida infantil, llena de ilusión y alegría, y llena también de fe ingenua; establecer el contacto con aquel pasado suyo que no murió, que estaba dormido, para que abrazando ellos su propio yo, que está olvidado, lo hagan crecer hasta que adquiera las mismas dimensiones que su yo intelectual. Su sencillez te hará ser sencillo también, y con la sencillez suma, con la sencillez de la paloma que nos recomienda el Señor, hablarles de Él, con esa sencillez de los corazones que se han llenado hasta rebosar y que tienen que hablar de esa abundancia de sus efectos.

         »Me invitas a una visita. En cuanto pueda, la haré. Será la mejor señal de que mis deseos se conforman a la voluntad Suya. Por ahora lo impiden múltiples atenciones de la Obra.

         »Mi enhorabuena por tus conquistas, no por lo que son en sí, sino porque ahora tienen que sentir que esos muchachos que han empezado a acercarse al Corazón de Nuestro Señor dependen de ti. Eran las ovejas descarriadas y, como el Señor, con toda la distancia que pueda existir entre el Redentor y los redimidos, fuiste en su busca, pero ahora que has hecho que se paren, queda la parte más pesada del trabajo: cargarlas sobre tus hombros y llevarlas al redil. Fíjate que este párrafo del Evangelio viene a ser el principio y el origen  de aquella frase de San Pablo: “Completo en mi cuerpo lo que le falta a la Pasión de Él, por el Cuerpo suyo, que son sus miembros”. Si la libertad de estos muchachos, un poco pródigos, resiste, es preciso que otra libertad se entregue por la suya, y ya sabes que el Señor condiciona su gracia a la redención de la libertad humana. Sobre estos muchachos que conocen algo de lo negro de la vida, aprovecha esa parte negra también. Dicen que las grandes santidades son rebote de las grandes caídas y ponen como ejemplos a San Pablo y a San Agustín.

         »En cuanto tengamos noticias de Claudio Rodríguez, te las transmitiremos.

         »Por aquí se está desarrollando un cursillo para los aspirantes a propagandistas de Aspirantes: catorce o quince muchachetes que parece que empiezan a entusiasmarse. Pidámosle al Señor que perseveren. De esta forma, cuando vosotros volváis del frente, encontrareis brazos dispuestos para que os ayuden en el trabajo.

         »Ya tenía noticias de ese descenso de espíritu a que te refieres en tu carta. Lo esperaba, pero la dificultad debe acrecer tus bríos, ya que, en realidad, no eres tú sino Él, quien tiene que vencerla.

         »Llevo hechas ya las gestiones para tu venida, pero hasta ahora infructuosas. No acabo de comprender por qué me dicen que es necesario que actuemos más y luego no nos dan los medios. Solo puede ser esto porque aún no sea llegada la hora marcada por el Señor.

         »Finalmente, ya que me pides que te aconseje y te exija lo que en beneficio de la juventud sea más necesario, te diré una sola cosa. Que le seas fiel.

         »¿Alegrías y tristezas de la Obra? Muchas. Alegrías, vuestras cartas. Son la mejor prueba de que el Espíritu Santo sigue soplando sobre vuestras almas. Y también los viajes. Por ellos he visto lo que presumía: Que las almas están sedientas de Él, pero esto, como es natural, trae también la tristeza consiguiente: Que la mies es inmensa y los operarios muy pocos. Y por añadidura, aún hay algunos operarios que, siendo buenísimos, quieren ensayar nuevos métodos que pueden perjudicar a la labranza. Pero todo esto, al fin y al cabo, no tiene importancia porque alegrías y tristezas son de Dios y tal vez esas pequeñas espinas son la parte mejor, ya que son la prueba de que caminamos sobre sus huellas.

         »Que la Santísima Virgen del Pilar dé fortaleza de pilar a tu alma de apóstol. Un fuerte abrazo de» [2].

 

         Y todo ello, y mucho más, sin desatender la retaguardia ni sus obligaciones de funcionario, que compagina con sus responsabilidades como Presidente Nacional de la Juventud de Acción Católica de España.

 

         En retaguardia visitaba, además, los hospitales viendo uno a uno a los heridos, hablándoles de Jesucristo, del valor del sufrimiento, preparación para la muerte, etc. [3]. Contaba que los heridos agradecían sus visitas: “con tanto trabajo como tienes”. Su respuesta era: visito al Santísimo diariamente y comparto el tiempo de estar con Él sacramentado para verle en ti y pasar a la intimidad con Cristo doliente. Sus palabras eran otras, más extensas y hondas» [4] y organizó la residencia de Burgos para atender a los soldados y heridos [5].

 

         «He visitado los hospitales –anota en su Diario Espiritual–, pero he tratado con poca reverencia y amor a sus miembros heridos.

         »He visto que te aman, que conociéndote te amarían más. ¡Ayúdame, Señor, a darte a conocer a las almas!

         »Ellos en el lecho del dolor y yo lleno de comodidades. No puede ser esto, yo también quiero sufrir algo por ti, amado Jesús, haz que mi pensamiento continuo sea este sufrir, sufrir por ti» [6].

         «Cuando yo visitaba los hospitales de sangre –vuelve a anotar muchos años después– aprehendí bien a Cristo crucificado, pero han pasado doce años y casi se me ha borrado esa imagen. Necesidad, pues, absoluta de reservar tiempo en mi vida sacerdotal para obras de misericordia corporal. Y necesidad de hacérselas practicar a los jóvenes de Acción Católica» [7].


 

«Cuando concluyó el Año Jubilar de 1937, en plena batalla de Teruel, los Centros de Vanguardia mantuvieron constantes en su ánimo el sentido de una Peregrinación aplazada por la guerra, o más bien prolongada en ella por caminos divergentes, que alargaban indefinidamente el tiempo y el andar del peregrino-soldado, pero que se cumpliría en el Año Jubilar de 1948 más pleno, triunfal y agradecido, por el bien que la ascética combatiente traía a las almas, y por el supremo bien de la victoria bajo el patrocinio del Apóstol» [1].

 

         «Al año siguiente (1938) se crean las Delegaciones de Frente del Consejo Superior para Centros de Vanguardia, se hace (en febrero) el primer extraordinario de SIGNO del Día del Papa que alcanza una tirada de 85.000 ejemplares, el triple de la tirada entonces normal, y se intensifica el Aspirantado y el apostolado de los jóvenes de Acción Católica en todas las instituciones sociales que alberguen jóvenes» [2].

 

         «[…] En dicho año el Consejo Superior en la fiesta de Pentecostés –era el primer pleno del Consejo que se celebra durante la guerra, para que acudan de diversos frentes los Vocales del mismo que se encuentran en zona nacional todos movilizados–, estudió las modalidades de los diversos frentes y acordó dar las siguientes “Normas” generales. Constan de diecisiete artículos. Para mejor atender tan extensa labor, acordó crear en algunas Uniones Diocesanas (que cita: siete en total), especialmente experimentadas en este trabajo apostólico y más en concreto en los frentes, Delegaciones del Secretariado de Apostolado en Campaña del Consejo Superior, que tendrán la autoridad delegada del Consejo sobre todos los Centros de Apostolado de Vanguardia que hasta la fecha tuvieran adheridos y los que se constituyan en su demarcación militar [...] bien entendido que la Presidencia del Consejo Superior puede ampliar ese número y resolverá cualquier duda o competencia […].

»Dos miembros del Consejo, García Hoz y Pérez Balsera [...],  junto con el Presidente de la Unión Diocesana de Santiago, José María Riaza, redactan las bases de organización de los Centros de Vanguardia, que son aprobadas por la Jerarquía […]. Acuerda […] organizar Delegaciones suyas para los distintos frentes en las Uniones Diocesanas de Huesca, Zaragoza, Toledo, Córdoba y Granada [...]» [3].

 

Y al mismo tiempo Aparici prepara el Congreso de Lima.

 

«En diciembre de 1938, había llegado a Burgos un enviado extraordinario de la Juventud Católica de Perú, Carlos Pareja, para invitar a nuestros jóvenes de Acción Católica al II Congreso Internacional de Estudiantes Católicos  (C.I.D.E.C.) que se celebraría en Lima en marzo de 1939.

»Primeramente cumplimentó al Excmo. y Rvdmo. Sr. Arzobispo de Burgos, Dr. Castro, y después fue recibido por Manuel Aparici. Le dijo que aunque comprendía las dificultades que supone el envío de una Comisión de jóvenes, estando en guerra, él le rogaba, en nombre de la juventud hispanoamericana que se hiciesen todos los esfuerzos posibles para que no faltase en ese Congreso una delegación española. Sin ella el Congreso perdería el cincuenta por ciento  de  su  valor. América ansía conocer de cerca a los Jóvenes de Acción Católica de España [...]. Su presencia será una magnífica inyección de fe y espiritualidad, de hispanismo [...].

»Manuel Aparici le prometió hacer lo posible y lo imposible por vencer las dificultades para enviar esta embajada a Perú; embajada que será a la vez heraldo en América de nuestro Congreso de Santiago, por el cual queremos encaminar decidida y fervorosamente a la Juventud de España por las sendas del Señor, para atraer a ellas, con el mismo fervor y decisión, a las juventudes hispanoamericanas, para, juntas ambas juventudes, la de España y la de América, luchar y ganar las batallas de Cristo en todo el frente mundial». [1].

«Con tal motivo, Manuel Aparici, Presidente Nacional, se dirige a la Juventud de Acción Católica de Hispanoamérica:

»A todos vosotros, jóvenes católicos de Hispanoamérica, va mi saludo. Hasta aquí ha llegado, con la vuelta de nuestros representantes en el Congreso de Estudiantes Católicos de Lima, el eco de vuestra demostración de amor a la vieja España.

»Tenía que ser así: España, en cuaresma de dolor y de sangre, ha vuelto a su antiguo destino, que un grupo de hombres equivocados le quiso hacer abandonar, y ese destino  es común a vosotros.

»Por eso, en vuestro trato y recibimiento a nuestros representantes, hemos visto la vuelta a la unidad de todos nosotros, los hombres de la Hispanidad.

»Muy pronto podremos devolveros el cariño que nos habéis mostrado. En Santiago, junto a la tumba del Apóstol guerrero, el que a todos nos cristianizó, os esperamos en 1940. Gritaremos todos juntos, en unidad de misión, nuestra Fe y enseñaremos al mundo el espectáculo de una juventud que se ofrece hasta el heroísmo y el martirio por el triunfo del Señor en la tierra, por la instauración, en este tránsito amargo, que es el vivir terrenal, del reinado de Cristo.

»¡Jóvenes de Hispanoamérica! La Juventud de Acción Católica española os envía su agradecimiento y, con él, la promesa de no defraudar la fe que en nosotros habéis puesto. España, nueva y eterna como la verdad cristiana, es otra vez la de siempre, y os espera a vosotros, para la reconquista espiritual del mundo.

»Y la conseguiremos porque DIOS ayuda ... y SANT YAGO» [1].

 

         En la vigilia y festividad de Santiago de este año, no fueron sólo los jóvenes españoles los que celebraron la Vigilia, sino que a ellos se unieron también representantes de otras juventudes hispanoamericanas. Con tal motivo, Manuel Aparici dirige a los Centros de Vanguardia una Circular pidiéndoles en esa noche unión más viva y ardiente.

 

         «Mis queridos hermanos de apostolado:

         »Hace más de dos años, postrado a los pies del Santo Padre, recibí de sus labios la bendición para nuestra empresa. En vuestro nombre fui a exponerle la común ambición: convocar a toda la Hispanidad junto a la tumba del Apóstol para acometer, bajo las órdenes de Pedro y con el patrocinio y caudillaje del Capitán Santiago la reconquista del mundo para Cristo.

         »Y la peregrinación comenzó. Dos años largos llevamos en caminar de cruzados. El triunfo de la cruz requería beber Cáliz de Pasión. Austera ascesis y penitencia de la guerra y de la persecución. Al compás de los triunfos de España, los del espíritu. Los de la Patria tienen los nombres gloriosos de Toledo, Oviedo, Teruel, Huesca, Bilbao, Santander, Lérida, Castellón; los del alma, renunciación, desprendimiento, ansia de Dios, celo de su gloria, amor de Cristo y sed de almas. Cuatrocientos de Apostolado de Vanguardia proclaman los avances del peregrino de nuestro espíritu.

         »Dos años largos, mas ya alborea. Mirad hacia lo alto. Por el cielo de España cruza una ráfaga de estrellas. Es la luz de los que llegaron hasta ellas por su desposorio eterno con la cruz. Son los hermanos que ya llegaron a Compostela. Los que triunfaron ante los rojos o frente a ellos proclamando con su muerte la Verdad.

         »En la noche del 24 al 25, donde quiera que estéis, yo os pido que elevéis vuestros ojos a la altura y que por ese camino de heroísmos, de sacrificios, de martirio, de santidad, enviéis vuestra plegaria, unidos en un mismo amor a todos los hermanos, hasta la tumba del Apóstol. Allí estará vuestro Consejo y vuestras Uniones Diocesanas, y todos juntos pediremos al Señor que abrevie el plazo, aunque aumente el dolor, que somos los hijos de la Iglesia impaciente y nos tarda el momento de llegar peregrinos para rendirle gracias por su triunfo en España y acometer la empresa de reconquistarle el mundo.

         »Unidos siempre en el Corazón de Cristo, yo os pido en esa noche unión más viva y más ardiente para que nuestra plegaria la presente el Apóstol ante el trono de Dios» [2].

 

         Y a finales de año, el 30 de diciembre, se celebra una Vigilia en Compostela a la que acude el Consejo Superior. Su Presidente, Manuel Aparici, en nombre de la Juventud de Acción Católica de España, ofrenda al Apóstol una bandera del Centro de Apostolado de Vanguardia de Ingenieros Pontoneros de San José como prenda y promesa de acudir en Peregrinación cuando la paz se haga en España.

 

         «En la otra zona el apostolado se hacía, como puede comprenderse, en labor de catacumbas, pero se hacía. Lentamente se fueron reconstruyendo las Uniones Diocesanas y Centros. En Madrid, por ejemplo, se ayudaba a los sacerdotes en su labor penosa. Una organización clandestina de más de un centenar de jóvenes, en grupos de seis o diez, se reunían periódicamente en Círculos de Estudio. Y en los campos de concentración se formaron varios Centros de Juventud» [3].

         «Mientras, en todas las cárceles los jóvenes católicos confiesan su condición cristiana; 7.000 jóvenes, casi la quinta parte de la Juventud de Acción Católica Española, ofrecen su vida en holocausto por Dios y por España» [4].

 

         No cabe duda de que los Centros de Vanguardia constituyeron una peculiaridad apostólica apropiada a aquellos tiempos y circunstancias. Fueron de una gran eficacia y mantuvieron un alto nivel espiritual. «Manuel Aparici y los suyos, fuertemente respaldados por la Jerarquía de la Iglesia, mantuvieron el apostolado juvenil en tan difíciles condiciones libre de confusionismos de cualquier orden» [5] y «contribuyeron no sólo a que los militantes conservaran su entusiasmo, sino a que muchos soldados conociesen a Cristo, a la Iglesia y recuperasen la fe» [6].

 

         «En estos tres años (1936/1939) –escribe SIGNO [7]– nada ha cambiado en él; si acaso, sólo se le nota una mayor alegría de espíritu y un sentido aún más profundamente juvenil de las cosas. Todo en él respira optimismo y seguridad en la Obra; optimismo y seguridad que no logran turbar la honda responsabilidad que en aquellos momentos, agosto de 1939 [8], tan propicios para la Obra, se hacen sentir [...]».

 

         «La formidable obra de apostolado de Manuel Aparici durante la guerra fue puesta de relieve con ocasión de la VII Asamblea Nacional de la Juventud de Acción Católica, celebrada en Toledo del 15 al 17 de diciembre de 1939 [Era la primera vez que volvían a entrar en contacto las Uniones Diocesanas después de la guerra, y lo hacían en torno a su Presidente Nacional]. Manuel Aparici, sin casi auxilio ni ayudas, pudo, desde su despacho de Burgos, no sólo sostener la Obra puesta en peligro en la guerra, sino darla un nuevo y definitivo impulso, en el que los Centros de Vanguardia son importantísimo elemento. Su fe y su tenacidad ha preparado este renacer de la Juventud de Acción Católica, que se ha mostrado palpable en la Asamblea de Toledo» [9].

 

         Los tres años de guerra (1936-1939) marcaron un estilo y unas metas que imprimirían el carácter peregrinante de la Juventud de Acción Católica Española hasta la Peregrinación a Santiago.

 


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Información enviada por Carlos  Peinó Agrelo, peregrino, Cursillista, colaborador en la redacción de la Positio super virtutibus del Siervo de Dios y Vicepostulador de su Causa de Canonización

 

 

 

CENTROS DE VANGUARDIA

(1936-1939)

Centros de Jóvenes de Acción Católica organizados en las trincheras, es decir, en los mismos frentes de guerra. Llevan un nombre en su raíz: el de Manuel Aparici



Apostolado del sufrimiento

 

         «¡Jóvenes de Acción Católica que lucháis por España! ¡Los que sufrís en la trinchera, los que derramáis vuestra sangre en el combate, los que padecéis las incomodidades de la guerra, los que yacéis en el lecho del dolor de los hospitales, todos los que os sacrificáis en estos momentos por la Patria!

 

         »Soldados de la Cruz

 

         »La Juventud de Acción Católica os felicita porque habéis entregado para la causa de Dios y de España vuestra sangre y vuestra vida. Pero aún tenéis tesoros inagotables que podéis ofrecer, y la Juventud de Acción Católica os los va a pedir. Esos tesoros son vuestros sufrimientos. Las incomodidades, los sufrimientos todos: he ahí un gran tesoro que desconocíais y que viene a pedir la Juventud para Cristo. Para la Patria deis la sangre y la vida. Para Jesucristo debéis dar vuestros sufrimientos.

 

         »Tesoro escondido

 

         »¡Qué tesoro más inmenso si todos los jóvenes católicos que luchan en los frentes o están heridos en los hospitales ofrecen a Jesucristo sus sufrimientos tan duros, tan continuos, tan ocultos a veces!

 

         »Por España y por las almas

 

         »Y os pedimos que ofrezcáis ese tesoro a Jesucristo para conseguir del eterno Padre la redención religiosa de España, la salvación de las almas de todos los que luchan, hasta las almas de los que luchan contra nosotros, hermanos nuestros, descarriados, sí, pero por eso mismo más dignos de compasión, para los que debemos pedir a Dios la conversión, siquiera el arrepentimiento de la contrición en los últimos instantes.

 

         »Dolor que redime

 

         »El dolor es redentor. Cristo no nos redimió sino con el dolor. Él ha querido que sus apóstoles rediman al mundo de la misma manera que Él le redimió: con el dolor. No desperdiciéis, pues, jóvenes de Acción Católica, apóstoles modernos de Jesucristo, el poder redentor de vuestros sufrimientos. Por la transfusión de méritos de unos cristianos a otros, según el dogma de la Comunión de los Santos, vuestros dolores y sufrimientos irán a vivificar almas muertas que sólo por vosotros podrán salvarse. ¡Qué satisfacción la vuestra si después de la campaña podéis presentar en vuestra lista de méritos el haber salvado a España y el haber salvado muchas almas! El joven de Acción Católica debe ser siempre apóstol, sedlo ahora por la crucifixión de vuestro cuerpo.

 

         »El dolor es un valor

 

         »Tenéis que sufrir. No sufráis en balde: aprovechad vuestros sufrimientos. No desperdiciéis esos medios de salvar a España ante Dios, de una manera tal vez más eficaz que con vuestro fusil. No desaprovechéis esos magníficos medios de conseguir salvar las almas de vuestros hermanos.

 

         »Sufrir por las almas

 

         »El dolor por las almas es un consuelo. Es dulce sufrir cuando se sufre sabiendo que se está haciendo bien a un hermano. Es dulce la Cruz cuando se lleva por Dios. Así el sufrimiento no es la desgracia que desespera, sino la gracia que nos hace apóstoles desde el lecho  desde la trinchera.

 

         »El holocausto de nuestra juventud

 

         »¡Jóvenes de Acción Católica que lucháis en los frentes o sufrís en los hospitales! Comencemos desde hoy una gran Cruzada de sufrimientos por las almas. Todas las mañanas ofreced al Eterno Padre, en unión de los sufrimientos de Jesucristo crucificado, todos vuestros dolores, privaciones, heridas, sufrimientos, hasta vuestra muerte, si os llegara ese trance, para pedirle la salvación de las almas, las de nuestros amigos y las de nuestros enemigos. Repetid esa oblación en los momentos de mayor dolor durante el día, para que sin cesar suba al Señor el holocausto de la Juventud Española de Acción Católica.

         »En las jornadas angustiosas de la trinchera, de los insomnios penosos de la noche, en las horas grises y pesadas del hospital, en el quirófano de operaciones, en los momentos dolorosos en que la metralla rompa vuestra carne, siempre que sufráis, acordaos de Cristo crucificado y ofrecedle vuestros dolores.

         »¡Joven de Acción Católica! Muchas almas esperan quien las salve. Tus dolores ofrecidos a Dios podrían conseguirle el perdón. Esas almas son el valor de tus sufrimientos» [1].

 

         El Consejo Superior de los Jóvenes de Acción Católica publicó además este año entre otras publicaciones, las siguientes: «Hacia Santiago» («Espíritu que ha de animar a los jóvenes, que hoy en las trincheras, mañana en la paz, quieren una España grande para Dios»); «Hacia el Centro Parroquial » («Normas prácticas para la constitución de un Centro Parroquial de J. de A.C.») y «Caridad Cristiana» («Sobre las visitas a los heridos en los hospitales, en quienes hemos de ver a Cristo nuevamente padeciendo»).

         En preparación estaban estas otras: «Cristo en las trincheras» («Pensamientos para levantar el espíritu religioso y patriótico de los soldados») «Centros de Vanguardia y Visita de Frentes» («Normas para la organización de Centros de Juventud en los Frentes, como auxiliares del clero castrense») y «Alerta, Retaguardia» («Unión de sacrificio y de trabajo con el frente»).

         En el apartado de HOJAS destacan: «Apostolado del sufrimiento» («Enseña a aprovechar el valor del sufrimiento y pide a los jóvenes que lo ofrezcan por la salvación de las almas y la redención religiosa de España») y «Perdón» («Exhorta a pedir el perdón de los enemigos y lleva una oración indulgenciada por el Emmo. Cardenal primado y el Excmo. Sr. Arzobispo de Burgos, que facilita la petición»).

 

         Su «mística» se puede apreciar en el folleto «Epistolario del Frente. Espíritu de los soldados de Cristo y de España», publicado también en Burgos por el Consejo Superior de la Juventud de Acción Católica en dicho año con la aprobación del Arzobispado de Burgos, y Prólogo de Manuel Aparici, Presidente Nacional, Festividad de la Degollación de San Juan Bautista.

 

         «A la España que sufre y que lucha, que trabaja y que ora –escribe Manuel Aparici– […].

         »De sus páginas surge la voz de la juventud española […]. Escritas desde el frente o desde el hospital reflejan los deseos, las aspiraciones más íntimas de sus almas […].

         »El afán es el mismo: Realizar el deseo del Vicario de Cristo: “Una Cristiandad en que todos los miembros vigilen sobre sí mismos; que desechen toda tendencia  a lo puramente exterior y mundano; que se atenga seriamente a los preceptos de Dios y de la Iglesia, y se mantenga, por consiguiente, en el amor de Dios y en la solícita caridad para con el prójimo, y sea el ejemplo y guía para el mundo profundamente enfermo” […].

         »La Hispanidad, más que realidad de razas, es realidad de fe. Una misma vocación nos une. Cuando la Madre decida ser la primera en el Servicio de Dios, sus veinte Hijas se le irán tras ella y la Hispanidad será un hecho […].

         »Estas cartas que publicamos, breve exponente del pensar, el querer y el sentir de los soldados […], lo proclaman [2].

         »Las publicamos sin firma, porque todos tienen, como miembros de una misma familia, idéntico apellido: Jóvenes Españoles de Acción Católica […].

         »Y en el Año Santo de Compostela […] todos hacen con su Presidente su solemne promesa […].

         »¡Oh, tú, que eres nuestra Madre desde los días de nuestra infancia primera, nuestra fortaleza en la vida, nuestra alegría en la muerte; que la lengua se nos pegue al paladar si, cediendo a terrenas lisonjas o amenazas, llegamos a traicionar nuestro voto bautismal! … ».

 

«La persecución –medita en voz alta Aparici– ha sido siempre fecunda para la causa de la Iglesia. Nosotros hemos tenido también un triunfo en medio de tantos mártires: el de que no haya habido ni una sola apostasía» [3].

«Desde entonces [desde la fundación de la Obra], ¡cuánta gloria y cuánta sangre para nuestra Obra! El mundo giró mil veces, pero aquellos hermanos nuestros permanecieron en el mismo sitio, como si nada cambiase, porque llevaban dentro el principio de la Inmutabilidad.

         »Luego, tras una historia densa –historia de España, historia de la Acción Católica Española– llegó el Año Jubilar, que hemos podido celebrar con paz gracias precisamente a aquellos hermanos que fueron incapaces de sentir el temor [...]. Y por eso mismo nuestro Año Jubilar ha tenido certeza de tedéum y gozo de aleluya. Porque millares de sacerdotes y religiosos,  de  hermanos  nuestros  de  la Juventud,  ignoraron lo que era la palabra “apostasía” [...]» [4].

 

«[…] Repetía mucho la frase del Señor, cuando manifestaba su pena por la muchedumbre que le seguía sin comer y que andaba como ovejas sin pastor, en un momento en que, con motivo de la guerra, una parte considerable de la juventud se encontraba en los cuarteles y en las cárceles. Para atenderlos tuvo especialísimo interés en organizar y desarrollar el Apostolado Castrense y el trabajo en las prisiones [...] como fueron bautizos de adultos, apadrinados por los Coroneles de los Regimientos; y caso similares sucedieron en las cárceles» [5].

 

         Una ocasión muy propicia para su labor fue la de los Cursillos para la Formación de Oficiales Provisionales, valiéndose sobre todo de la colaboración de los cursillistas que pertenecían a la Juventud de Acción Católica. De allí nacieron los famosos Centros de Vanguardia, con los que Manuel Aparici mantenía una intensa relación, personal y epistolar, sirviéndose también de SIGNO y de otras publicaciones varias, algunas ya citadas, para mantener e intensificar el espíritu  apostólico  y  sobrenatural de los jóvenes de Acción Católica en los frentes de combate.

         «El ir y venir de los soldados por Burgos, a donde acudían en cuanto les era posible, era beneficioso para la consolidación y crecimiento de los Centros de Vanguardia, sustitutos en aquellas circunstancias de los Centros Parroquiales, dada la movilización de los jóvenes. Los Centros  de  Vanguardia  eran  de  vanguardia  de apostolado juvenil de adelantados de peregrinos [...]. Como tales no dependían del mando militar ni tampoco de unidades de clara finalidad política. Aparici y los suyos, fuertemente respaldados por la Jerarquía de la Iglesia, mantuvieron el apostolado juvenil en tan difíciles condiciones libre de confusionismos de cualquier orden [...].

         »Aparici promovía una intensa relación con los Centros de Vanguardia para lo que se valió también de SIGNO convertido en periódico de los Centros de Vanguardia, al cual se unían publicaciones varias con textos para el apostolado en el frente, para el funcionamiento de sus Centros» [6].

 

         Dependían directamente del Consejo Superior el cual estaba en contacto permanente con el Cardenal Primado.

 

         «En relación con la atención espiritual a quienes se encontraban en el frente o en los hospitales para fortalecer su vida de gracia [...] no faltaban publicaciones no periódicas como los folletos “Epistolario del Frente. Espíritu de los soldados de Cristo y de España”, selección de cartas con una breve presentación de Manuel Aparici; “Milicia de Cristo” (Centros de Vanguardia) que, tras una frase de Pío XI en su discurso a los españoles el 14 de septiembre de 1936, aplica el espíritu y organización de la Juventud de Acción Católica a los Centros que se crean en frentes y hospitales; y “Cristo en las Trincheras” del jesuita Karl Stähli, colección de meditaciones sobre textos evangélicos, que inician cada uno de los breves capítulos que contemplan los momentos vividos tanto en las líneas de fuego como en los hospitales y aun cuando se alcance la paz, después de la victoria» [7]. Son pensamientos para levantar el espíritu religioso y patriótico de los soldados.

 

         Del espíritu que animaba a esos jóvenes lo tenemos en el siguiente testimonio:

 

         Antonio Santamaría llega a Vitoria el 26 de octubre de 1937 con su Unidad procedente del frente de Asturias donde descansaban mientras se reorganizaban las fuerzas. Aprovecha esos días para invitar a sus compañeros del Centro de Vanguardia a participar en una tanda de Ejercicios Espirituales internos, de una semana de duración.

Escribe a Aparici dándole cuenta de sus intenciones, y éste le pone en contacto con Don Andrés de Soloaga, Director de la Caja de Ahorros de Vitoria [...]. Por medio de este señor consigue que les reciban en el Hospital «Fundación Molinuevo»; con el rebaje del rancho paga la pensión de todos y le sobran 21 pts. que encarga a Riera, uno de los ejercitantes, entregue en el Consejo como donativo.

Asistieron cerca de 30 soldados (los militantes de Acción Católica son: Burgos 5; Navarra 7; Valencia 2; Santander 5; Galicia 2; Palencia 2; Guipúzoa 3; Cataluña 2) dirigidos por el P. Andrés Aristegui, S.J., que finalizan con una solemne Misa. El Rvdmo. Administrador Apostólico de Vitoria, Mons. Lauzurica, al enterarse de ello, se brindó espontáneamente a celebrar la Santa Misa y distribuir la comunión a estos jóvenes ejemplares. Es ayudado por los Rvdos. Señores Onraita y Landáburu, Capellanes del Hospital de Sangre y de la Casa.

También asiste el Capellán Mayor del Ejército, Don Pedro Buesa, y la Comunidad de Hijas de Santa Ana, personal facultativo, el Director Dr. Don Felipe Elizagarte, la Delegada Provincial de Asistencia a Frentes y Hospitales, señorita María Cruz Guinea; representantes de la Acción Católica masculina de Álava, Don Ándres de Soloaga y Don Luis María Uriarte y Lebario. Y como no, Manuel Aparici.

Mons. Lauzurica dice en su plática, entre otras cosas, que ellos han de ser la levadura de la nueva España, que conquista los espíritus y las almas para Cristo.

El Gobernador Civil, señor Esparza, por medio de una de sus hijas, envía un obsequio de tabaco a los soldados ejercitantes y a los heridos hospitalizados.

 

         «Algún día habrá que escribir despacio esas memorias colectivas [8], de las cuales un capítulo muy especial serán los Centros de Vanguardia [...]. Llevan un nombre en su raíz: el de Manuel Aparici [...]», asegura Joaquín Ruiz-Giménez [9].

         «Él –afirma el Rvdo. D. Mariano Barriocanal– fue el creador de los Centros de Acción Católica de Vanguardia con los que mantuvo en los jóvenes que luchaban en el frente el auténtico espíritu de Cruzada, espíritu que llevó a no pocos jóvenes al heroísmo y a los demás les conservó en la vida de piedad y la fidelidad a las costumbres cristianas, proveyendo de rosarios, escapularios y medallas a los soldados y a los jefes, con lo que los unos y los otros manifestaban cual era el sentido de sus luchas y sacrificios» [10].

         «Eran su creación más personal y fecunda y únicos en el mundo, que habrían de realizar una gran labor apostólica, sustitutos en aquellas circunstancias de los Centros Parroquiales, dada la movilización de los jóvenes. Eran de vanguardia de apostolado juvenil, de adelantado de peregrinos [...]» [11].

         «Del período de la Guerra Civil y la actividad de D. Manuel durante la misma, tengo noticias por mi primo Alfonso Lodo Donoso-Cortés –declara José María Castán Vázquez–, que fue colaborador suyo en el Consejo Superior y en esta clase de actividades. A través de él he conocido la gran actuación del Siervo de Dios en orden a la constitución de Centros de Juventud de Acción Católica, tanto en los frentes como en toda la zona llamada nacional […]» [12].

         «Que él fundó durante la guerra para los jóvenes que estaban en las trincheras», dice Juan Candela Martínez [13]. «A los que bastantes veces, en Ejercicios y Cursillos de diverso tipo, he aludido como creación de Manolo» declara el M.I. Rvdo. D. Felipe Tejederas Porras [14]. «[...] La escuela –le decía Mateo a Manuel Aparici– está regida por una maestra, oficialmente catequista [...] la cual está dirigida, a su vez, por un joven sacerdote, unos 43 años, de la Diócesis de Vitoria, que se llama Aurelio Ortiz de Zárate, y que [...] en su grupo de artillería aconsejaba a uno de los Centros de Vanguardia por ti fundados» [15].

 

         No cabe duda de que constituyeron una peculiaridad apostólica apropiada a aquellos tiempos y circunstancias. Se trataba de que los jóvenes de Acción Católica movilizados, además de cumplir con sus deberes militares, colaborasen con los Capellanes Castrenses en su función religiosa […]» [16].

         «Con ellos mantuvo en los jóvenes que luchaban en el frente el auténtico espíritu de Cruzada –afirma el Rvdo. D. Mariano Barriocanal [17]–, espíritu que llevó a no pocos jóvenes al heroísmo y a los demás les conservó en la vida de piedad y la fidelidad a las costumbres cristianas, con lo que los unos y los otros manifestaban cual era el sentido de sus luchas y sacrificios».

         Manuel Vigil y Vázquez recuerda «aquellos inolvidables  años vividos al lado de Manuel Aparici, nuestro Manolo Aparici», y afirma en su testimonio: «Nosotros teníamos un sentido de Cruzada […] era el de Manuel Aparici, de sed de almas para Cristo. Sostener esto en aquellas circunstancias tanto a un lado como a otro del frente era arduo [...]. Los Centros de Vanguardia intentaban dar en el frente el verdadero sentido de la Cruzada. Pero eran inevitables los condicionamientos patrióticos, muy sentidos por muchos de nuestros jóvenes, de lo que se originaba el peligro de confusión […]. Para mí Manuel Aparici era un ejemplo de entrega al Señor ante el que nadie con deseo de apostolado podía ser insensible dentro de la capacidad de cada cual» [18].

         Aconsejaba se formase parte de los mismos y que todos los jóvenes de Acción Católica tenían que fundar un Centro de Vanguardia en la unidad en que estuviesen [19]; les decía lo que necesitaban para formar un Centro. En primer lugar, ponerse en contacto con el Capellán a quien le debían exponer todos sus deseos y mantenerse muy unidos con él, etc.); les mandaba las normas y modelo de acta para su fundación en el que se figuraban los fines de todo Centro de Vanguardia, extracto del proyecto de Centros y en algunos casos el Reglamento de algún Centro.

         Les pedía que, al principio, no mostrasen mucho entusiasmo proselitista sino más bien que procurasen que alrededor suyo se viviera una vida verdaderamente cristiana, que la blasfemia, si es que existía, se desterrase, que los sacramentos se frecuentasen. Si conseguís esto, después poco a poco, ellos mismos serán los que pidan ingresar en el Centro al enterarse que allí es donde se vive un cristianismo integral y en donde se encuentran a los muchachos más conscientes de su misión de Cruzados de la Nueva España. Les decía que él les ayudaría con sus pobres oraciones y con sus sacrificios.

         Les pedía también que, al constituirse el Centro, le indicasen quien había quedado de Presidente y si funcionaba con normalidad; que le enviasen una lista de todos los socios que pertenecían a él indicando los años y cargo que han desempeñado antes en la Juventud o si eran nuevos en la Obra, pues todos estos datos eran de sumo interés para el Secretariado de Frentes.

         Estos Centros surgieron en todos los frentes, en todas las armas y cuerpos de ejército donde se extendió el apostolado juvenil con estilo heroico de cruzada, gracias al espíritu que supo alentarles Manuel Aparici.

         «De más de 200 Centros a finales de 1937, se pasó a 400 a últimos de 1938. A la terminación de la guerra (1 de abril de 1939) su número se elevaba 456 [20] […]. Sirvieron para la reconstrucción de los Centros Parroquiales de la Juventud; y otros muchos jóvenes de Acción Católica, es necesario tenerlo en cuenta, hicieron apostolado en primera línea, sin conseguir formar el Centro de Vanguardia»[21].

«[...] La Juventud de Acción Católica tenía en el frente 400 Centros. Ello supone –le dice Manuel Aparici al entrevistador– el tener organizados dentro de los cuadros de la Juventud a más de 25.000 combatientes. El total de jóvenes y de aspirantes es solamente en el territorio de la España nacional de 65.000. De hecho todos los demás están en el frente, sin una sola excepción. Pero lo que ocurre es que no todos nuestros muchachos han conseguido organizarse allí y fundar nuevos Centros de Vanguardia. En retaguardia no hay un sólo joven de Acción Católica, salvo los que no son útiles para el servicio de las armas [...]» [22].

«Nuestros Centros de Vanguardia han trabajado para conseguir que ningún combatiente de la zona nacional muriera en pecado mortal, han reavivado el espíritu de nuestros afiliados y, además, han conseguido la incorporación a nuestra Obra de 9.000 jóvenes que pueden ser utilizados para la reconstrucción de nuestros Centros de Juventud» [23].

         Sin embargo, hay algo más que el número. Hay espíritu. Si éste se pudiera calcular nos daría cantidades enormes. Tendríamos que acogernos a la incógnita matemática “tiende a infinito”. Sacrificios ocultos, ansias de lo mejor, de escalar cumbres excepcionales.

         «Tanta era la admiración de los católicos de Argentina por la vitalidad de la Juventud de Acción Católica Española y por sus Centros de Vanguardia, que la revista de Buenos Aires HEROICA, en su editorial titulado: “Hablemos de España”, dice entre otras cosas: “La Acción Católica ... ¡Cuánto se ha adelantado en pocos meses! ...

         »Si vierais de conjunto la obra de la Juventud de Acción Católica sentiríais como yo estremecer vuestro corazón con la impresión de vértigo que producen las obras de Dios [...].

         »Resume a continuación la actividad de nuestros Centros de Vanguardia y añade: ¡Y qué Centros! ¿Cuándo se ha visto en el mundo ejemplos semejantes? Hacia la Madre Patria, que nuevamente nos ilumina y alienta, los jóvenes de América volvemos hoy los ojos conmovidos: ¡No olvidemos sus héroes y sus ejemplos!» [24].

         Por otro lado, «la gran escritora norteamericana, Jane Anderson, que estuvo a punto de ser fusilada en Madrid, y que, de vuelta a su Patria, fue un ardiente propagandista, visitó a Manuel Aparici en Burgos en diciembre de 1938 acompañada de su esposo, Sr. Cienfuegos, quien le expuso la labor que realizan los Centros de Vanguardia y los hechos más sobresalientes realizados por los  jóvenes de Acción Católica. Se mostró admirada del espíritu de nuestros jóvenes. Especialmente la labor de los Centros de Vanguardia mereció elogios suyos [...]. Es necesario –dijo– que los Estados Unidos conozcan vuestra obra y entregó a Manuel Aparici 200 medallas de la Virgen del Milagro, de Filadelfia, que es la imagen más venerada en Norteamérica, para que las hiciera llegar a los jóvenes de Acción Católica» [25].

 

         «Recorría los Centros de Vanguardia y de retaguardia para evitar que la cruel ocupación de las armas apagara el espíritu apostólico de “sus militantes”» [26], «inculcando la caridad en esos momentos de dolor, tragedia y lucha» [27] y pidiéndoles que «lo que sufrieran lo ofrecieran por el bien de las almas, incluso por los hermanos que luchaban enfrente» [28]. Repartía SIGNO en primera línea, trataba personal y apostólicamente en las trincheras con los combatientes como preparación en las vísperas de las batallas» [29]. Además fundaba Centros tanto en los frentes como en la llamada zona nacional.

         «Con este motivo hubo de desplegar actividades que en no pocas ocasiones le supusieron peligros y sacrificios [...]» [30]. Y ello «en el afán de hacerlos cada vez mejores y ganarlos para Cristo. Y de un modo muy especial en la dedicación a los jóvenes en los frentes de batalla y heridos en los hospitales» [31].

         «Visitaba  también  todas las Diócesis que se encontraban en la llamada zona nacional» [32] así como los Consejos Diocesanos liberados. José Luis López Mosteiro, a este respecto, va más allá. Declara que: «visitaba los Centros de los Jóvenes por toda España, durante la Guer


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Información enviada por Carlos  Peinó Agrelo, peregrino, Cursillista, colaborador en la redacción de la Positio super virtutibus del Siervo de Dios y Vicepostulador de su Causa de Canonización

 

 

 

CENTROS DE VANGUARDIA

(1936-1939)

Centros de Jóvenes de Acción Católica organizados en las trincheras, es decir, en los mismos frentes de guerra. Llevan un nombre en su raíz: el de Manuel Aparici

 

 

         «[…] Todo esto –afirma Mons. Maximino Romero de Lema, Arzobispo– lo he vivido yo que estuve como soldado en todos los frentes excepto en el frente de Andalucía».



«Sin una reflexión seria y cuidadosa, no se pueden comprender las dificultades en que se desarrolló la Juventud de Acción Católica ni tampoco la figura, la vida y la obra del Siervo de Dios Manuel Aparici, [un hombre de una profunda espiritualidad e inmensamente apostólico] antes de la guerra poniendo en marcha e impulsando la Juventud de Acción Católica, durante la guerra promoviendo los Centros de Vanguardia [«Centros de Jóvenes de Acción Católica organizados en las trincheras; es decir, en los mismos frentes de guerra» y, a medida que se liberaban las ciudades, restaurando o refundando la misma. A tal fin, recorrió prácticamente España entera muchas veces para extenderla como un medio de renovación cristiana en la juventud, tanto de seglar, como de sacerdote, y preparando dirigentes  nacionales,  diocesanos  y parroquiales, lo que exigía un gran sacrificio por su parte».


En todo momento, supo imprimir a los jóvenes de Acción Católica un vigoroso sentido apostólico. Una vez finalizada la guerra, promovió también una campaña de vocaciones sacerdotales y religiosas. «[…] Surgieron un montón de vocaciones en su entorno y yo las atribuyo a su ejemplo […]».

 

         Cuando se disponían los primeros preparativos para la Peregrinación a Santiago, comienza la Guerra Civil (18 de julio de 1936). Supuso una convulsión radical en toda la vida española e impondría otro peregrinar a uno y a otro lado del frente en que España quedó dividida: el de la persecución y el de los Centros de Vanguardia, y la Peregrinación no pudo realizarse hasta 1948; pero, entretanto, se peregrina en espíritu en una y otra zona.

         Consecuentemente, la Juventud de Acción Católica, militantes y dirigentes,  quedó también escindida en dos zonas, incomunicadas entre sí, los de la zona nacional, (Veintitrés Uniones Diocesanas y 18.000 jóvenes), y los de la zona republicana que sufrieron persecución y martirio (Veintiuna Uniones Diocesanas. con 19.000 jóvenes, entre ellas las de mayor empuje de la Obra, el Consejo Superior y casi todos los Consejeros), quedando anulada como Organización, pero Manuel Aparici obra con rapidez y eficiencia y monta todo un nuevo sistema organizado en Burgos.


En la tarde del 31 de agosto de 1936 fue –como él mismo dice en su carta de agradecimiento a su Obispo, D. Leopoldo Eijo Garay, con motivo de su ordenación sacerdotal– «a pedir al Padre y Pastor de su alma que se dignara darle luz y consejo sobre lo que pudiera pedirle el Señor en aquellos momentos primeros [...]».

         «[…] De conformidad con la Jerarquía, que tenía depositada toda su confianza en él, se instala en Burgos para reorganizar allí el Consejo Superior de la Juventud de Acción Católica. La Iglesia se había propuesto mantener la Acción Católica libre de implicaciones políticas […]» y Manuel Aparici fue, como siempre «[…] fiel ejecutor de lo que la Iglesia quería hacer del apostolado laical en la Acción Católica [...]».

         «Desde el entonces Cardenal Primado de España, Cardenal Gomá, hasta los sacerdotes de Parroquias rurales, puede afirmarse que todos tenían profunda y merecida confianza en Aparici. No sólo por su ardiente espíritu religioso, sino por su ecuanimidad y serenidad ante las situaciones por las que entonces se pasaba, en las que había que estar alerta […]» .

         Pero entretanto, y unos días antes de su llegada a Burgos, «se reunían en esta capital el 4 de septiembre bajo la Presidencia de Javier Aznar, Vocal de la Permanente del Consejo Superior, los Vocales Archidiocesanos de Zaragoza, Burgos y Valladolid, con el Presidente Diocesano de Barcelona y la adhesión del de Santiago para constituir la Comisión Gestora [«Los elementos integrantes de la Comisión Gestora y de la Unión Diocesana de Burgos son los mismos», órgano supremo provisional que cumpliera el cometido del Consejo Superior; es decir, dirigir la vida de la Juventud de Acción Católica en zona nacional, en virtud del acuerdo tomado por el pleno del Consejo Superior en abril del mismo año.


»Pocos días después de esta reunión, el 15 de septiembre, Manuel Aparici se ponía al frente de la Comisión Gestora [...]».

         «Firme en su propósito de dedicarse totalmente, salvo el tiempo que le exigía su profesión, al cuidado de la Juventud, no resultaba nada fácil cumplirlo por las circunstancias del momento, y ello a pesar de la voluntad de todos para prestarle las ayudas necesarias». «El Sr. Arzobispo le cedió unos locales de su Palacio en los que recibía con su amabilidad característica a los abundantes grupos de jóvenes de la mayor parte de las provincias liberadas que pasan por allí y entre los cuales no faltaban dirigentes de Centros y Uniones Diocesanas; pero el paso y los contactos solían ser breves y muchas veces inesperadamente interrumpidas por las precipitadas salidas para los frentes. A todos animaba y reconfortaba aconsejándoles la más estrecha relación con los Capellanes Castrenses y que no abandonaran la oración colectiva».


«[…] Sus primeros colaboradores en la zona nacional fueron los jóvenes de la Junta Diocesana de Burgos y también los miembros y colaboradores del Consejo Nacional de la Juventud que iban llegando a Burgos o pasando por Burgos.

         »Aparici alquiló en Burgos un pequeño local y por allí pasábamos los movilizados cuando teníamos la suerte de pasar por Burgos […]».

         «[…] Entre sus colaboradores más directos de entonces, entre idas y venidas del frente pues estaban movilizados, figuraban Maximino Romero de Lema, Joaquín Ruiz-Giménez, Esteban Fernández Ruiz, Manuel Cossio de las Barcenas, Armando Durán, Manuel Martínez Pereiro […]». «La Secretaría funciona en “transeúntes”, con los convalecientes que descansaban unos días de sus heridas, o con los que disfrutan de sus permisos en retaguardia» «ante la absoluta carencia de colaboradores con que se encontraba por estar todos los jóvenes de Acción Católica en el frente». No obstante, «trata de lograr cerca de ciertos mandos militares que alguno de los convalecientes quedara destinado en Burgos, a fin de que le pudiera ayudar en esta tarea de hacer surgir el espíritu apostólico de la Acción Católica en los mismos frentes» .


         «No faltaban, como es lógico, en aquellas circunstancias los contactos del Presidente con el Cardenal Gomá […]».

         En fecha que se desconoce, se traslada «desde el Palacio Arzobispal donde estaba domiciliada la Junta Diocesana a la Plaza de Santa María, núm. 2, muy cerca de la Catedral. Era un piso amplio, donde además de la sede del Consejo Nacional, había varias habitaciones con camas e instalación eléctrica con potencia suficiente para cocinar. Este “hotel”, que funcionaba como alojamiento para algunos refugiados con pocos medios económicos al menos los primeros días de su llegada a Burgos, era una ayuda material de gran consuelo. Manolo se llevó el secreto de donde sacaba el dinero. De los que pasaron por aquel piso, que fueron muchos, recuerdo, entre otros, a Manuel Vigil, Alberto Ullastres, Alfredo Sánchez Bella, Enrique Friend, Víctor García Hoz, Maximino Romero de Lema, Vicente Puchol […]».


«[...] Dejó en todos una huella indeleble que iba a ser para todos decisiva. Nosotros podemos decir -concluye Joaquín Ruiz Jiménez-

que somos la generación de Manolo. El tuvo una gracia especial para recogernos y reunirnos a medida en que unos y otros íbamos pasando de la zona republicana a la nacional».

 

         Por su edad no fue movilizado

 

         «En esta época, como en los primeros tiempos de la posguerra, no todo fueron rosas para Aparici. (Cuando iba camino de Burgos –anota en su Diario–: «El me inspiró vida dura, áspera, mortificada. Ninguno que ha tenido mimos con su carne ha sido santo»). Y pide al Señor que le haga sabio para poder acertar en el gobierno de los que le han confiado. Sufrió mucho porque algunos interpretaban que debía haber dado ejemplo incorporándose al ejército  para combatir a los enemigos de Dios y de la Iglesia (por edad no fue movilizado, según el Arzobispo Maximino Romero de Lema). El Consiliario de la Juventud, D. Emilio Bellón, se vio obligado en alguna ocasión a tener que defender enérgicamente la persona y la actividad de Aparici, que había sido tan sacrificada y más eficaz de lo que pudiera haber realizado en el frente de combate».

 

         Obediente y callado, «soporta la suprema humillación de la retaguardia que le impone el Cardenal Gomá, con la orden estricta del Papa y de la Jerarquía de hacer subsistir la Juventud de Acción Católica» .

 

         Sin embargo, sentía ansias de correr al frente.

 

         «Hacía falta –dirá un día en la Escuela de Propaganda. Toledo. Año Santo– santidad y a esto viene la Acción Católica, aunque en ella tal vez haya que sacrificarse ganas de pasarse a la primera fila para organizar bien la retaguardia».

         «[…] Entonces cuando os contemplaba partir para el frente –le dice a Joaquín Ruiz-Giménez en carta sin fecha ¿1947?–, con secreta envidia, le pedía al Señor que se dignara tomar mi vida para que se consumiera toda al servicio de esa juventud que le confesaba con su sangre; y entonces también ante el Sagrario y sintiendo en mi alma el estímulo del dolor de nuestros mártires y del gozo de vuestro heroísmo es cuando Él me hizo concebir el Ideal de España y lo Hispánico Vanguardia de Cristiandad […]».

         «Hoy –21 de febrero de 1936 escribe en su Diario– me ha vuelto a morder el alma la vanidad. Sentía ansia de correr al frente, pero era para que no pudieran decir de mí; pero ahora comprendo que mi deber es vivir muriendo en retaguardia, crucificándome ocultamente para proteger a mis hermanos. Cuando la guerra termine ya surgirá un joven que me pueda suceder y del que no puedan decir que no estuvo en el frente. Pero ahora es menester que alguien ore y trabaje por ellos y para ellos. Luego, qué importa lo que digan si tú me ayudas, Señor. Algún día seré ministro tuyo y entonces no habrá obstáculo».

         «Me ha hecho ver todo lo que tendría que aceptar si la Patria (rey temporal) me llamara a filas –anota de nuevo el día 10 de septiembre de 1938–: Vida disciplinada de cuartel. Dos horas de instrucción. Comida militar, rancho. Separarme de los míos. Ir al frente. Centinela dura. Rechazar los ataques, con cansancio o sin él, con hambre y sed o sin ella. Atacar hasta desalojar al enemigo, con toda la impedimenta. Caer herido y sufrir el desgarrón de mi carne y el dolor intenso y el dolor moral de verme lejos de los míos.

         »O tal vez como los héroes de Belchite, de Teruel, del Ebro, de Santa María de la Cabeza verme cercado y morir, con toda la angustia de la muerte, antes que entregar un miembro del cuerpo sagrado de España.

         »Todo esto lo haría por España y ¿no lo voy a hacer por Cristo Rey?

         »Y Él me pide:

         »Vida disciplinada, un horario y que me atenga a él. Instrucción: meditación, lectura, Santa Misa, comunión, lectura espiritual, visita al Santísimo; instrucción que endurezca los músculos de mi espíritu para marchar en sus filas.

         »Comida sencilla y cama dura. Vida de frente de lucha, de conquista, siempre vigilante y alerta, con centinela cuidadosa sobre mis sentidos y potencias para que no me las arrebate el enemigo. Y si el enemigo ataca, rechazarle con valor, tenga consolación o no la tenga, estando cansado o descansado.

         »Entrar al cuerpo a cuerpo en las almas para desalojar al enemigo de ellas, con la impedimenta que sea, y si rechazar el ataque me supone “arrancarme un ojo o una mano” sufrir con alegría el desgarrón.

         »Y resistir hasta la muerte antes que pecar para no entregar un miembro del sagrado Cuerpo de Cristo al enemigo.

         »¡Gracias Señor! porque tú, aunque me pides esto, me aseguras siempre el triunfo.

         »¡Cómo amontonas tus gracias sobre mí a pesar de haber visto desde toda la eternidad mis iniquidades!

         »Tú me has hecho ver también que al recibirte en la Eucaristía te recibo a ti y a tus mártires, y que los has querido unir a ti para venir a mi alma para que sus llagas sean como el altavoz de tu amor, porque toda esa cantidad inmensa de tus llagas, las tuyas y las de tu Cuerpo Místico, me dicen con los labios de sus heridas: Te amo, te amo y tengo sed».

        

         Tres años después aproximadamente, concretamente el 11 de Marzo de 1941, vuelve a anotar:

 

         «Brevemente consideré lo que hubiera hecho si me hubiera llamado España. Aunque, cobarde, hubiera ido. Fue menester que el Cardenal Gomá (q.s.g.h.) me dijera que, no habiendo llamado mi quinta, debía estar en retaguardia para trabajar en la Juventud de Acción Católica, para que pudiera contenerme de ir al frente. Tanto pesaba en mí un puntillo de honra; pues tú sabes bien que lo que me consumía era más bien el no quedarme atrás que el defender con mi vida tus intereses.

         »Aún así, tu gracia hizo que viviera austeramente para no ofender la sangre joven que se derramaba en España y aún que orara con más asiduidad para proteger a mis hermanos, mientras les dedicaba todas mis energías y tiempo libre, manteniéndome en Burgos aun con pesar de mi madre distante y perjuicio económico».

 

         Entonces su figura se agiganta

 

         «Y emprende su magnífica y fecunda labor, que ya no abandona en toda la guerra». «Lleva una intensa vida de piedad, oyendo Misa y comulgando siempre que se lo permite el servicio y supliendo con oración y la presencia de Dios los actos de culto a los que no puede asistir. Debe ser apóstol con su ejemplo y su trato para atraer a sus compañeros hacia el ideal apostólico».

         «Trata de reorganizar las fuerzas dispersas. Comunica con las Uniones Diocesanas, pero éstas no dan señales de vida: todos sus miembros están desde el primer día en el frente [...]. Todo el Consejo va al frente».

         Con su llegada reaparece SIGNO, del que sólo habían salido cuatro números en Madrid antes de comenzar la guerra. Convertido en semanario acentúa el sentido peregrinante y lleva el espíritu cristiano propio de aquella Juventud de Acción Católica. Y logra con su esfuerzo que sea un órgano vital para el espíritu cristiano de los combatientes católicos, de los Centros de Vanguardia y de los Centros y Órganos de la Juventud de Acción Católica que perviven en la zona nacional, aunque esté preferentemente dedicado a los primeros.

         Da normas y alientos para proseguir la labor. No cesa en la Obra de Asistencia Católica al Herido y proyecta el Cuerpo de Visitadores, a base de mutilados.

         En retaguardia no hay un solo joven de Acción Católica, salvo los que no son útiles para el servicio de las armas. Casi toda la Obra quedó reducida a los aspirantes, que trabajaron de un modo admirable, convirtiéndose en verdaderos jóvenes de Acción Católica.  En varias Diócesis se constituyeron grupos de aspirantes propagandistas. La mayoría de los cargos y puestos dirigentes fueron ocupados por estos muchachos de 15 años, a los que se estampilló para ello; es decir, se les concedió la insignia de numerarios por méritos contraídos al servicio de la Juventud y en tiempo de guerra. El heroísmo de estos muchachos fue posible merced al ideal que animaba a la Juventud. Y detrás como siempre, él.

         Si en 1936 no hubiera habido Aspirantados en casi todas las Parroquias donde había Centro de Jóvenes, la Obra habría quedado materialmente desecha. Gracias a ellos mantuvo su continuidad. Repetía con frecuencia: «Un centro no muere si hay algún joven dispuesto a morir por el Centro» .

         Tendrían que pasar, sin embargo, bastantes meses hasta que la Juventud volviera a tomar cuerpo como tal Asociación.

         Sin el menor asomo de desánimo «con casi todos los muchachos en el frente, emprendió la difícil labor de localizarlos y agruparlos, siempre que fue posible, en “Centros de Campaña”, donde pudieran reunirse y practicar, lo mejor que se pudiera, muchas veces en la trinchera, la vida de la Juventud de Acción Católica, a lo que respondieron muchos, que no solamente dieron cuenta de su situación y actuaciones, sino que con su ejemplo y propaganda consiguieron nuevos asociados».

         Pese a todo «La Juventud de Acción Católica, marcha; marchaba siempre; aunque la sede del Consejo Superior y casi todos los Consejeros se hallen en zona republicana; aunque la Comisión Gestora que se ha constituido haya tenido que dispersarse por estar sus miembros movilizados; aunque las Uniones Diocesanas, lo mismo que los Centros, tienen el ciento por ciento de sus directivos en el mismo caso; aunque todo paso que se da ocasiona un déficit, y cada minuto de actividad supone otro tanto de mengua de descanso que necesitan los que en los locales  sociales trabajan perseverantes después de haber cumplido sus deberes para con la Patria [...]».

 

         «[...] El sol entra a raudales por uno de los balcones. Manuel Aparici [...] a cuyo esfuerzo se debe la obra de la Juventud, inclinado sobre una de las mesas trabaja afanosamente. Cuando le hablo del propósito de mi entrevista se muestra reacio. Su natural modestia le obliga a quitar valor a lo que hace. No quiere que su tarea salga a la superficie y se esfuerza sobresaliendo en medio de esta obra admirable de esfuerzo y generosidad que es la Juventud de Acción Católica. Y se esfuerza en hacer recaer el éxito –que a él sólo corresponde– sobre sus colaboradores. Pero es inútil. Está casi solo. Sus más fieles ayudantes son Esteban Fernández, el infatigable director de SIGNO [...] y Manuel Martínez Pereiro, admirable ministro de las modestas finanzas de la Obra, quien desde hace unos meses sostiene a la Juventud contra la fatalidad inexorable de los números que le crean las pesadillas de los déficit.

         »Al ver hoy de nuevo a Manuel Aparici ante mí, recuerdo dos momentos anteriores de él mismo hace ya muchos meses. Uno de ellos fue cuando sus palabras llegaron a través de las ondas de la radio hasta los oídos del que esto escribe [...]. Y el otro cuando [...] descubrió la silueta de Aparici recortándose en la penumbra de la capilla del Cristo en la Catedral burgalesa en actitud de profunda meditación, como si aceptase sobre sí el peso y la responsabilidad de los destinos de la Juventud Católica Española.

         »Manuel Aparici tiene dentro de sí –vibrándole gozosamente en las fibras de su propio espíritu– el afán de conquistar el alma de la Juventud española para Cristo. Esta es su obsesión y ésta es la razón de su vida y de su esfuerzo. Jamás como él entre los hombres el verdadero sentido de la fraternidad había llegado a más alto grado.

         »Y la entrevista empieza. A mis preguntas –durante todo el transcurso de la charla– él va a contestar con una precisión que es la prueba más evidente de cómo llena su ánimo esta obra ingente de la juventud. Maneja de memoria cifras. Recuerda nombre de jóvenes que murieron como mártires o como héroes. Habla de estas cosas con el cariño con que un padre pudiese recordar hechos o palabras del hijo entrañable [...].

         »Quedan las palabras flotando en el ambiente, que yo recojo con el fervor del que oye los últimos ecos de una apartada oración.

         »Es ya mediodía y el sol –que entra a raudales por los balcones– ilumina ahora la austera silueta del crucifijo que pende de la pared. Manuel Aparici y yo lo contemplamos en silencio, mirándonos después con un gesto en el que yo descubro la razón última de todos los sacrificios que el Presidente de la Juventud de Acción Católica realiza desde hace muchos meses en el silencio de aquella humilde habitación, que hoy parece como olvidada en un rincón de España».

 

         «Durante todo el primer semestre del año 37 la actividad del Consejo Superior o Comisión Gestora residente en Burgos se encaminó a crear los Centros de Apostolado de Vanguardia y a editar hojas [en las que se estimula al rezo del Santo Rosario, al apostolado del perdón y del sufrimiento y a la visita de los hospitales por jóvenes no movilizados y por los aspirantes mayores]

y folletos que mantuvieran e intensificaran el espíritu apostólico y sobrenatural de los jóvenes de Acción Católica en los frentes.

         »Pocos días después, en julio de ese año, por el Presidente Nacional, se dirige a todos los Consejos Diocesanos liberados el anteproyecto de Reglamento de Centros de Apostolado de Vanguardia y de grupos de visitadores de frentes, a base de mutilados de guerra [...], se celebra la Vigilia del Apóstol Santiago en todos los frentes y el Consejo Superior se traslada a la ciudad del Apóstol».

«Aparecieron en fechas sucesivas, 5.000 libros, 148.000 folletos y 195.000 hojas de propaganda, exponente de la actividad de un Consejo casi unipersonal [...]. Manuel Aparici publica la primera circular de IDEALES, órgano de la Unión Diocesana de Burgos [...]».

 

                   En febrero de 1937, Año Santo en Compostela, SIGNO publica un llamamiento de Aparici que titula «Instrucciones a los Movilizados», que prologa él mismo. Normas concretas para los jóvenes de Acción Católica que luchan en los frentes. Ya «en la VI Asamblea celebrada en Valencia, en octubre de 1935, se trató, entre otras cosas, la creación de Secretariados de Ausentes para atender a los jóvenes de Acción Católica militarizados» .

         Recordaba a los soldados combatientes que los de enfrente eran hermanos suyos, y que era necesario orar también por ellos. Está en su espiritualidad el amor a los enemigos y el espíritu de reconciliación.

 

         «El Movimiento actual –escribe en el Prólogo– es una Obra de Dios y es menester que no pase sin frutos. Todo joven de Acción Católica, cualquiera que sea el lugar o unidad (militar) en que esté encuadrado, no debe olvidar que es un joven consagrado al servicio de la Iglesia, como apóstol de almas. A los heridos: que vuestro dolor sea redentor, ofrece a Cristo tus sufrimientos, tan duros, continuos y ocultos. Y ofrece al Padre por Jesucristo ese tesoro por la salvación de las almas, también por los que luchan contra vosotros, hermanos vuestros».

 

         Este fue el lema que tuvo durante toda la guerra: «Pensad que las personas contra las que tiráis son hermanos vuestros […]».

 

 


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ZENIT no ofrece a continuación el discurso de Benedicto XVI a los obispos de Nigeria, presentes en Roma con motivo de la visita ad limina apostolorum, a quienes recibió el  sábado, 14 de Febrero 2009, por la mañana en la Sala del Consistorio del Palacio Apostólico Vaticano.

 

Queridos hermanos obispos:

Os doy la bienvenida con gran alegría a vosotros, los obispos de Nigeria, en vuestra visita ad limina a las tumbas de los Apóstoles Pedro y Pablo. Como Sucesor de Pedro espero que este encuentro estreche nuestro lazo de comunión y amor fraterno y os permita renovar juntos la sagrada responsabilidad que ejercéis en la Iglesia. Agradezco al arzobispo Job por las amables palabras que me ha dirigido en vuestro nombre. Por mi parte, estoy contento de expresar mis sentimientos de respeto y gratitud a vosotros y a todos los fieles de Nigeria.


Hermanos, desde vuestra última visita ad limina el Todopoderoso ha bendecido a la Iglesia de vuestro país con un generoso crecimiento. Esto es visible especialmente en el número de nuevos cristianos que han recibido a Cristo en sus corazones y han aceptado gozosos a la Iglesia como !el pilar y baluarte de la verdad" (1 Tim 3,15). Las abundantes vocaciones al presbiterado y a la vida religiosa son también un claro signo de la obra del Espíritu en vosotros. Por estas gracias doy gracias a Dios y os expreso mi aprecio a vosotros y vuestros sacerdote, religiosos y catequistas que han trabajado en la viña del Señor.

La expansión de la Iglesia requiere un cuidado especial en la planificación diocesana y en la formación del personal a través de las actividades de formación que estáis llevando a cabo, para facilitar la necesaria profundización en la fe de vuestro pueblo (cf. Ecclesia in Africa, 76). Por vuestros informes veo que conocéis bien los pasos básicos que se requieren: enseñar el arte de la oración, animar a la participación en la liturgia y los sacramentos, predicación sabia y adecuada, instrucción catequética y guía moral y espiritual. Sobre este fundamento la fe florece en virtudes cristianas, y hace surgir parroquias vibrantes y generosas al servicio de la comunidad en general. Vosotros mismos, con vuestros sacerdotes debéis guiar con humildad, desprendimiento de las ambiciones del mundo, oración, obediencia a la voluntad de Dios y transparencia en la gestión pública. De esta forma seréis signo de Cristo el Buen Pastor.


La celebración de la liturgia es una fuente privilegiada de renovación de la vida cristiana. Os felicito por vuestros esfuerzos para mantener el equilibrio adecuado entre los momentos de contemplación y los gestos externos de la participación y la alegría en el Señor. Con este fin es necesario atender a la formación litúrgica de los sacerdotes y evitar excesos extraños. Continuad por este camino teniendo en cuenta que el diálogo de amor y veneración con el Señor es aumenta por la práctica de la adoración eucarística en las parroquias, comunidades religiosas y otros lugares adecuados (cf. Sacramentum Caritatis, 67).


El próximo Sínodo de los Obispos para África abordará entre otros temas la cuestión de los conflictos étnicos. La maravillosa imagen de la Jerusalén del Cielo, la congregación de innumerables hombres y mujeres de toda tribu, lengua, pueblo y nación que han sido redimidos por la sangre de Cristo (cf. Ap 5,9), os anima a afrontar el desafío de los conflictos étnicos allí donde se presenten, incluso en la Iglesia. Expreso mi aprecio aquellos que han aceptado la misión pastoral fuera de los límites de su propio grupo regional o lingüístico, y agradezco a los fieles y al pueblo que os dan la bienvenida y os apoyan. Vuestra disposición de adaptaros a los demás es un signo elocuente, de la nueva familia de todos los que creen en Cristo (cf. Mc 3,31-35), en la Iglesia no hay lugar para ningún tipo de división. Los catecúmenos y los neófitos deben ser llevados a aceptar esta verdad cuando realizan su compromiso con Cristo y con una vida en el amor cristiano. Todos los creyentes, especialmente los seminaristas y los sacerdotes, deben crecer en generosidad y madurez permitiendo que el mensaje del Evangelio purifique y haga superar cualquier estrechez de las perspectivas locales.


La selección con sabiduría y discernimiento de los seminaristas es vital para el bienestar espiritual de vuestro país. Su formación personal debe asegurarse mediante la dirección espiritual regular, el sacramento de la reconciliación, la oración y la meditación de la Sagrada Escritura. En la Palabra de Dios los seminaristas y sacerdotes encontrarán los valores que distinguen al buen sacerdote que está consagrado al Señor en cuerpo y alma (cf. 1 Cor 7,34). Aprenderán a servir con dedicación personal y caridad pastoral a quienes están confiados a su cuidado, fortalecidos por la gracia que está en Cristo Jesús (cf. 2 Tim 2,1).


Quisiera subrayar la tarea del obispo de apoyar la importante realidad social y eclesial del matrimonio y la vida familiar. Con la cooperación de sacerdotes y laicos bien preparados, expertos y pareas casadas, debéis ejercer con celo y responsabilidad vuestra solicitud en este área de prioridad pastoral (cf. Familiaris Consortio, 73). Los cursos de novios, y la enseñanza catequética general y específica sobre el valor de la vida humana, el matrimonio y la familia reforzarán a los fieles ante los desafíos que les presentan los cambios en la sociedad. De la misma forma no dejéis de animar a las asociaciones o movimientos que ayuden válidamente a las pareas casadas a vivir su fe y sus compromisos matrimoniales.


Como un importante servicio a la nación, habéis mostrado vuestro compromiso en el diálogo interreligioso, especialmente con el Islam, en el que se están forjando, con paciencia y perseverancia, fuertes relaciones de respeto, amistad y cooperación práctica con los miembros de otras religiones. A través de vuestros esfuerzos como promotores diligentes e incansables de buena voluntad, la Iglesia llegará a ser un más claro signo e instrumento de comunión con Dios y de unidad entre toda la raza humana (cf. Lumen Gentium, 1).


Vuestra dedicación a aplicar los principios católicos para aportar luz a los actuales problemas nacionales es muy apreciada. La ley natural, inscrita por el Creador en el corazón de todo ser humano (cf. World Day of Peace Message 2009, 8), y el Evangelio, correctamente comprendido y aplicado a las realidades civiles y políticas, no reducen en ningún caso la gama de opciones políticas válidas. Al contrario, constituyen una garantía que se ofrece a todos los ciudadanos de una vida en libertad, con respeto a su dignidad como personas, y protección ante la manipulación ideológica y el abuso basado en la ley del más fuerte (cf. Discurso a la Plenaria de la Comisión Teológica Internacional, 5 diciembre 2008). Con confianza en el Señor, seguid ejerciendo vuestra autoridad episcopal en la lucha contra las prácticas injustas y la corrupción, y contra todas las causas y las formas de discriminación y criminalidad, especialmente ante el trato degradante contra la mujer y la deplorable práctica del secuestro de niños. Promoviendo la Doctrina Social católica ofrecéis vuestra leal contribución al país y ayudáis a la consolidación de un orden nacional basado en la solidaridad y en la cultura de los derechos humanos,


Queridos hermanos obispos, os exhorto con las palabras del Apóstol Pablo: "velad, manteneos firmes en la fe, sed hombres, sed fuertes. Haced todo con amor" (1 Cor 16,13-14). Por favor transmitid mis saludos a vuestro querido pueblo, especialmente a tantos creyentes que dan testimonio de la esperanza en Cristo a través de la oración y los sufrimientos (cf. Spe Salvi, 35 y 36). Mi caluroso afecto se dirige a aquellos que están al servicio de la familia, de las parroquias y de las misiones, en las áreas de educación, sanitaria y otras esferas de la caridad cristiana. Os encomiendo a vosotros y a quienes están confiados a vuestro cuidado pastoral a las oraciones del Beato Cyprian Michael Iwene Tansi y a la protección maternal de María, Madre de la Iglesia, y os imparto de corazón mi Bendición Apostólica.


[Traducción del original en inglés por Inma Álvarez

© Copyright 2009 - Libreria Editrice Vaticana]


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ZENIT publica el discurso que pronunció Benedicto XVI el 14 de febrero de 2009 al recibir en audiencia a los participantes en el un encuentro promovido con motivo del octogésimo aniversario de la fundación del Estado de la Ciudad del Vaticano.

 

 

Señores cardenales,

venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio,

gentiles señores y señoras:

Con mucho gusto os dirijo mi cordial saludo a todos vosotros, organizadores, relatores y participantes en el Congreso promovido para recordar la celebración el octogésimo aniversario de la fundación del Estado de la Ciudad del Vaticano. "Un pequeño territorio para una gran misión" es el tema sobre el que se ha concentrado vuestra atención, reflexionando juntos sobre el valor espiritual y civil que reviste este pequeño Estado soberano, puesto totalmente al servicio de la gran misión confiada por Jesucristo al apóstol Pedro y a sus sucesores. Doy las gracias al cardenal Giovanni Lajolo no sólo por las palabras de saludo que me ha dirigido en vuestro nombre, sino también por el compromiso que él y sus colaboradores de la Gobernación [de la Ciudad del Estado del Vaticano. ndt.] han demostrado para solemnizar esta significativa fecha de los ochenta años de existencia y de actividad del Estado Vaticano.

Expreso verdadera complacencia por las celebraciones y por las diferentes iniciativas conmemorativas de estos días, orientadas a profundizar y dar a conocer mejor la historia y la fisonomía de la Civitas Vaticana. Ochenta años después de su fundación, constituye una realidad pacíficamente lograda, aunque no siempre sea bien comprendida en sus razones de ser y en las múltiples tareas que está llamada a desempeñar. Para quien trabaja diariamente al servicio de la Santa Sede o para quien vive en la urbe se da por descontado que en el corazón de Roma existe un pequeño Estado soberano, pero no todos saben que ha sido el fruto de un proceso histórico bastante atormentado, que hizo posible su constitución, motivada por elevados ideales de fe y por una conciencia de amplias miras sobre las finalidades que debía satisfacer. De este modo podríamos decir que la celebración, que justifica nuestro encuentro de hoy invita a tener una conciencia más profunda de lo que significa y es el Estado de la Ciudad del Vaticano.


Cuando la memoria regresa al 11 de febrero de 1929, no es posible dejar de experimentar un profundo reconocimiento por quien fue el primer y principal artífice y protagonista de los Pactos Lateranenses, mi venerado predecesor, Pío XI: era el Papa de mi infancia, a quien habíamos mirado con tanta veneración y amor. Justamente en estos días ha resonado en varias ocasiones su nombre, pues con lucidez de altas miras e indómita voluntad fue el verdadero fundador y el primer constructor del Estado de la Ciudad del Vaticano. Además, los estudios históricos que siguen teniendo lugar sobre su pontificado nos hacen percibir cada vez más la grandeza del Papa Ratti, quien guió la Iglesia en los difíciles años entre las dos guerras mundiales. Con mano firme dio un fuerte impulso a la acción eclesial en sus múltiples dimensiones: pensemos en la expansión misionera, en la atención por la formación de los ministros de Dios, en la promoción de la actividad de los fieles laicos en la Iglesia y en la sociedad, en la intensa relación con la comunidad civil. Durante su pontificado, el "Papa bibliotecario" tuvo que afrontar las dificultades y las persecuciones que la Iglesia sufría en países como México y España, y la confrontación a la que llevaron los totalitarismos --nacionalsocialismo y fascismo-- surgidos y consolidados en aquellos años. En Alemania no se ha olvidado su gran encíclica Mit brennender Sorge, como señal fuerte contra el nazismo. Suscita verdaderamente admiración la obra sabia y fuerte de este pontífice, que sólo quiso para la Iglesia esa libertad que le permitiera desempeñar integralmente su misión. El Estado de la Ciudad del Vaticano, surgido como consecuencia de los Pactos Lateranenses y en particular del Tratado, también fue considerado por Pío XI como un instrumento para garantizar la necesaria independencia de toda potestad humana, para dar a la Iglesia y a su pastor supremo la posibilidad de cumplir plenamente con el mandato recibido por Cristo Señor. La utilidad y el beneficio de esta pequeña, pero completa realidad, para la Santa Sede, para la Iglesia, así como para Roma y para el mundo entero, se pudo ver ya diez años después, cuando estalló la segunda guerra mundial, una guerra que llegó con su violencia y sufrimientos hasta las puertas del Vaticano.


Por tanto, se puede afirmar que en sus ocho décadas de su existencia, el Estado Vaticano ha demostrado ser un instrumento dúctil y que siempre ha estado a la altura de las exigencias que planteaban y siguen planteando tanto la misión del Papa y las necesidades de la Iglesia, como las condiciones siempre cambiantes de la sociedad. Precisamente por este motivo, bajo la guía de mis venerados predecesores, desde el siervo de Dios Pío XII hasta el Papa Juan Pablo II, se ha realizado y se sigue realizando ante los ojos de todos una constante adaptación de las normas, de las estructuras y de los medios de este singular Estado edificado alrededor de la tumba del apóstol Pedro. El significativo aniversario, que en estos días estamos celebrando, es por tanto motivo de agradecimiento profundo al Señor, que guía la suerte de su Iglesia en las vicisitudes con frecuencia turbulentas del mar de la historia, y asiste a su vicario en la tierra en el desempeño de su oficio de Christianae religionis summus Antistes. Mi gratitud se extiende a cuantos en el pasado han sido y son hoy protagonistas de la vida del Estado de la Ciudad del Vaticano, algunos conocidos, pero muchos otros desconocidos en su humilde y precioso servicio. Mi pensamiento se dirige a los miembros de la actual comunidad de vida y de trabajo de la Gobernación y a las demás estructuras del Estado, interpretando así los sentimientos de todo el pueblo de Dios. Al mismo tiempo, quisiera alentar a quienes trabajan en las diferentes oficinas y servicios vaticanos a desempeñar sus tareas con honestidad y competencia profesional, pero también con una conciencia cada vez más viva de que su trabajo constituye un precioso servicio a la causa del Reino de Dios.


La Civitas Vaticana
es en verdad un punto casi invisible en el mapamundi, un Estado diminuto e inerme, privado de temibles ejércitos, aparentemente irrelevante en las grandes estrategias geopolíticas internacionales. Y, sin embargo, este amparo visible de la absoluta independencia de la Santa Sede ha sido y es centro de irradiación de una constante acción a favor de la solidaridad y del bien común. ¿Acaso no es verdad que precisamente por este motivo desde todas las partes se ve a este pequeño puñado de tierra con gran atención? El Estado Vaticano, que encierra tesoros de fe, de historia, de arte, custodia un patrimonio precioso para la humanidad. Desde su corazón, donde junto a la tumba de san Pedro vive el Papa, se eleva un mensaje incesante de auténtico progreso social, de esperanza, de reconciliación y de paz. Ahora, nuestro Estado, después de haber recordado solemnemente el octogésimo aniversario de su fundación, retoma el camino con un empuje apostólico más fuerte. Que la Ciudad del Vaticano pueda ser cada vez más una auténtica "ciudad sobre el monte", luminosa, gracias a la convicción y a la generosa entrega de quienes trabajan en ella al servicio de la misión eclesial del sucesor de Pedro. Con este deseo, invocando la protección maternal de María, la intercesión de los santos Pedro y Pablo y de los demás mártires que han hecho sagrado este suelo, os imparto de corazón mi bendición a todos los que estáis aquí reunidos, extendiéndola con afecto a la gran familia del Estado de la Ciudad del Vaticano.


[Traducción del original en italiano de Jesús Colina

© Copyright 2009 - Libreria Editrice Vaticana]


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Lunes, 16 de febrero de 2009

DOMINGO 7 DEL TIEMPO ORDINARIO / B

22 de febrero de 2009


La paz


Sed bienvenidos, hermanas y hermanos, a celebrar la Eucaristía del domingo. Cada vez que venimos a la iglesia, nos acercamos al Señor con confianza. El evangelio nos explica cómo tantas personas se dirigieron con fe a Jesús para que las curase. También nosotros esperamos que él nos cure de nuestras heridas y nuestras debilidades. Y Jesús no sólo curaba las enfermedades físicas, sino sobre todo las del alma.


A. penitencial:
Comencemos también nosotros la celebración pidiendo al Señor que no nos tenga en cuenta las culpas y que perdone nuestros pecados (Silencio).


Tú, que no has venido a condenar sino a perdonar.
SEÑOR, TEN PIEDAD.

Tú, que has dicho que hay gran fiesta en el cielo por un pecador que se arrepiente. CRISTO, TEN PIEDAD.

Tú, que perdonas mucho a quien mucho ama. SEÑOR, TEN PIEDAD.


Dios misericordioso tenga piedad de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

le enseñe a cumplir, de palabra y de obra, lo que a ti te complace. Por NSJC...

1. lectura (Isaías 43,18-19.21-22.24c-25): En pleno exilio, el pueblo de Israel recibe un anuncio esperanzado. Dios promete a su pueblo un futuro mejor que el pasado, una promesa que incluye también el perdón de los pecados. Un anuncio que hace que Israel se llene de alegría y de alabanza a su Señor.

Salmo (40): Recemos ahora con el salmo, reconociendo que somos pecadores, y con la certeza de que Dios tiene misericordia de nosotros y nos perdona.


2. lectura (2 Corintios 1,18-22): Escuchemos en esta segunda lectura la recomendación de san Pablo: que nuestra fe en Jesús no sea dudosa y vacilante, sino fuerte y bien fundamentada, como lo fue el propio testimonio del apóstol. Una llamada a la entereza y a la coherencia en nuestra vida cristiana.


Oración universal: Presentemos ahora nuestras inten­ciones, con la certeza de que seremos escucha-dos. Oremos diciendo: ESCÚCHANOS, SEÑOR.


Por la Iglesia. Que sea portadora de esperanza, de salud y de salvación para todos. OREMOS:


Por todos los cristianos. Que nos mantengamos firmes en la fe y en el amor, a pesar de las dificultades y contratiempos. OREMOS:

Por nuestra sociedad. Que todos seamos capaces de reconocer los propios errores, y se pueda avanzar por el camino del diálogo y del perdón. OREMOS:


Por todos los que lo pasan mal. Que encuentren en Jesús yen los cristianos la palabra y el gesto sanador y salvador que necesitan. OREMOS:


Por nosotros. Que la Eucaristía que celebramos nos ayude a llevar nuestras cruces con fuerza y esperanza, y a avanzar por el camino de la vida con optimismo e ilusión. OREMOS:


Escucha, Padre, nuestras oraciones, y concéde­nos lo que te hemos pedido con fe. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Padrenuestro: En el evangelio de hoy, hemos visto la confianza del paralítico y de los que le acompaña-ban. Con esta misma confianza dirijámonos como hijos al Dios del cielo diciendo:


CPL

, la caridad y la fe, de parte de Dios, nuestro Padre, y de Jesucristo, el Señor, estén con todos vosotros.


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Información cogida de DOSSIER FIDES “MISIONEROS TRAS LAS HUELLAS DE SAN PABLO. Institutos religiosos que se inspiran en el Apóstol Pablo, publicado por Agencia Fides el 25 de Octubre de 2009.

 

 

LA SOCIEDAD MISIONERA DE SAN PABLO

 

         El pensamiento de “dar a los otros lo que San Pablo nos ha dado” obsesionaba al joven sacerdote José De Piro, nacido en 1877 en Malta, un país evangelizado personalmente por San Pablo después del naufragio. Hijo de una familia noble y acaudalada, De Piro entró en el seminario en 1898, poco después de inscribirse en la Universidad, y fue ordenado cuatro años más tarde en la Basílica de San Juan de Letrán en Roma.

Animado de un ideal misionero profundamente paulino, después de las primeras experiencias como párroco de Qrendi y director del orfanato de Hamrun, el joven sacerdote maltés decidió fundar una “pequeña sociedad” para la misión ad gentes (30 de junio de 1910). La Sociedad Misionera de San Pablo, en un siglo de historia, ha alcanzado seis países (Australia, EEUU, Canadá, Perú, Pakistán y Filipinas) y cuenta hoy con 100 miembros.

         “Dios –afirmaba De Piro- ha demostrado amar mucho a los malteses cuando ha permitido que San Pablo fuese el primer misionero que vino a nuestra isla, liberándola del oscurantismo y del paganismo y dándonos la luz de la fe cristiana”. “El corazón de San Pablo - escribió- es el Corazón de Cristo. Pablo estuvo siempre preparado para  cumplir la voluntad de Dios. (….) Se ha visto siempre a sí mismo como auténtico mensajero, portador del auténtico mensaje de Dios a los hombres”.

         La Carta Apostólica Maximum Illud, fundamento de los nuevos temas misioneros madurados en el 1900, tuvo sin duda una gran influencia en él. Un tema particularmente querido fue el desarrollo de la sensibilidad misionera de la Iglesia de Malta. Muchos esfuerzos fueron dedicados a la promoción de las misiones y para dar vida a una pastoral específicamente misionera. Un instrumento privilegiado fue la prensa: “El papel impreso –afirmaba- es uno de los modos mejores para proclamar el pensamiento misionero, para formar la mente y el corazón de los jóvenes, para suscitar y recoger vocaciones y también para pedir ayudas materiales”.

         Por esto, se publicó el St. Paul: Almanac for Missionary Institute, un boletín cuyos artículos eran casi todos de su puño. El fin era crear un interés por las misiones con una información cuidada, dedicada a la Sociedad recientemente fundada y a los otros Institutos misioneros. “Si no podemos colaborar directamente porque no hemos sido llamados –escribía en el Almanac-, si no podemos dar nuestras riquezas porque no las tenemos, podemos sin duda dar una cosa, rezar por las misiones”.

         Muchas energías fueron dedicadas a la pastoral vocacional. La misma fundación de la Sociedad era una respuesta a las vocaciones misioneras para la Iglesia de Malta y De Piro seguía          personalmente a los candidatos al Instituto. Se daba gran importancia a los temas de la inculturación y de las vocaciones indígenas. En 1933 estaba preparado para ir a visitar en Etiopía al primer misionero de la Sociedad que había partido seis años antes, pero el 17 de septiembre murió al sufrir un colapso durante una celebración litúrgica, a la edad de 56 años.

        

Las experiencias en el Sur del mundo.


        
La joven Congregación religiosa vivió años de incertidumbre y de dificultad hasta 1948, cuando por primera vez los miembros eligieron su Superior General, hasta ahora nombrado desde fuera. Sólo algunos meses después comenzaba la aventura en Australia al lado de los emigrantes malteses, más tarde en los EEUU y Canadá, y un posterior crecimiento de las misiones abrió casas en Perú, Pakistán y Filipinas.

En Perú, la elección de abrir una primera casa en los Andes, manifestaba el deseo de estar cerca de los más pobres. Los “pueblos jóvenes”, las nuevas aldeas fundadas por los campesinos de las alturas con la esperanza de una vida mejor, son en realidad una aglomeración de familias sin vínculos sociales, sin trabajo y sin acceso a la asistencia pública. Aquí los misioneros malteses animan pequeñas comunidades cristianas y ofrecen algunos servicios a los habitantes. La iglesia se transforma también en escuela, en clínica médica, en centro de formación para los adultos, donde la gente aprende la economía doméstica y algunos oficios.

         La misión en Pakistán es un testimonio de diálogo y colaboración con el mundo musulmán. A pesar de los impedimentos burocráticos, las parroquias, las escuelas y los servicios sanitarios son abiertos a todos y los misioneros gozan de la estima de la autoridad civil y de la población. Se ha construido una capilla gracias a la financiación de un donante musulmán. En Filipinas        , junto a los servicios para los más necesitados, la Sociedad trabaja en un proyecto de formación para los seminaristas que implica a las grandes universidades de Manila. El país podrá ser una base para abordar en el futuro otros proyectos de evangelización en el continente asiático.

         El reciente Capítulo General ha indicado con claridad el camino a recorrer: “Como Misioneros de San Pablo –se afirma-, somos enviados por Dios, con amor, a participar en su sueño para realizar una renovación de la humanidad en Cristo. En una escucha contemplativa, esto lo descubrimos continuamente por medio de la Palabra de Dios, con el Pueblo de Dios, por medio de los hermanos en el mundo. Con todo lo bueno que hay en nosotros, y con nuestras debilidades, respondemos con agradecimiento, participando con el Espíritu de Dios en la liberación y en la reconciliación de la humanidad”.

          


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Mensaje  escrito por monseñor Juan José Asenjo Pelegrina, obispo administrador apostólico de Córdoba y coadjutor de Sevilla sobre el año de oración por la vida convocado por la Conferencia Episcopal Española para 2009.


Queridos hermanos y hermanas:

Son muchas las amenazas que se ciernen sobre la vida humana: la plaga del hambre, que padece un tercio de la humanidad; la violencia contra las mujeres, que en muchas ocasiones termina en tragedia; los accidentes de tráfico, consecuencia casi siempre de la irresponsabilidad; la muerte de trabajadores, en muchos casos fruto de un liberalismo económico desbocado; las drogas, que merman la libertad y arrancan la vida de tantos jóvenes; y sobre todo, el drama del aborto, que a su gravedad intrínseca, por ser la eliminación voluntaria y querida de un ser humano por decisión de sus padres, se une la tragedia de su aceptación acrítica por una parte de nuestros conciudadanos en nombre del progreso y de la libertad de la mujer. En el último año, la sociedad española se ha sentido conmovida por las noticias de crueles prácticas abortivas y por la magnitud de las cifras, en torno a 110.000 abortos en el año 2007.


Por otra parte, estadísticas fiables nos dicen que va extendiéndose en nuestra sociedad la aceptación social de la eutanasia, al tiempo que se prepara su regulación legal, olvidando que la vida humana, desde su concepción hasta su ocaso natural, no es propiedad del hombre, sino don gratuito de Dios. A todo ello se añaden determinadas disposiciones legales, que no respetan la dignidad de la vida naciente, partiendo del falso principio de que todo lo que es científicamente factible es también éticamente lícito. En este caso no se tiene en cuenta que la técnica, cuando reduce el embrión humano a objeto de experimentación, acaba abandonando al débil al arbitrio del más fuerte.


En las últimas décadas ha crecido, gracias a Dios, la conciencia de la dignidad sagrada de la persona humana, pero de modo excesivamente parcial y selectivo. Todos rechazamos la tortura, la pena de muerte y la violencia doméstica. Deploramos las muertes en accidentes laborales y el hambre en el mundo, que en los últimos meses padecen también muchos conciudadanos nuestros, que reclaman nuestra solidaridad. Dios quiera que vaya creciendo también nuestra conciencia de que la vida debe ser promovida, tutelada y defendida en todas sus fases. En este sentido, aliento a las instituciones, confesionales o no, que promueven iniciativas a favor de la vida y que ayudan a las madres en circunstancias difíciles para que acojan generosamente el fruto de sus entrañas.


En su primera visita apostólica a España, en noviembre de 1982, Juan Pablo II nos dejó este mensaje, que no ha perdido actualidad: "Quien negara la defensa de la persona humana más inocente y débil, de la persona humana ya concebida aunque todavía no nacida, cometería una gravísima violación del orden moral. Nunca se puede legitimar la muerte de un inocente. Se minaría el mismo fundamento de la sociedad". Urge, por ello, que los católicos nos sensibilicemos ante este tema verdaderamente trascendental, que tratemos de sensibilizar a nuestros conciudadanos y que anunciemos a todos el Evangelio de la Vida, de modo que poco a poco se vaya afianzando en nuestra sociedad la cultura de la vida, que debe proteger inexcusablemente a los más débiles e indefensos, la vida humana concebida y no nacida, y también la vida en su ocaso, la de los enfermos y ancianos.


Un modo magnífico de defender el valor sagrado de toda vida es la oración. Por ello, juzgo muy oportuna la iniciativa que la Subcomisión Episcopal para la Familia y Defensa de la Vida, contando con la aprobación del Comité Ejecutivo de la Conferencia Episcopal Española, y previa información a la Asamblea Plenaria, ha puesto en marcha, declarando el año 2009 como Año de Oración por la Vida bajo el lema "Bendito sea el fruto de tu vientre". Responde a la invitación que Juan Pablo II hiciera a toda la Iglesia al encarecer en Evangelium Vitae que "es urgente una gran oración por la vida, que abarque al mundo entero. Que desde cada comunidad cristiana, desde cada grupo o asociación, desde cada familia y desde el corazón de cada creyente, con iniciativas extraordinarias y con la oración habitual, se eleve una súplica apasionada a Dios, Creador y amante de la vida".


Ruego, pues, a los sacerdotes, consagrados, seminaristas, laicos cristianos y miembros de las Hermandades y Cofradías y de los grupos y movimientos apostólicos que secunden esta iniciativa en la celebración de la Eucaristía, en el rezo de la Liturgia de las Horas, en la adoración del Santísimo y en la recitación del Santo Rosario. Para ello, la Subcomisión ha preparado unos materiales que la Delegación Diocesana de Familia y Vida enviará a todas las parroquias e instituciones. Encomiendo de modo especial esta intención a los contemplativos de la Diócesis, pues estoy convencido de que la oración es la fuente de los frutos que permanecen y el manantial que refresca y fecunda todas nuestras iniciativas apostólicas.


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Artículo  escrito por monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas, con el título "No desconfíen de la Iglesia".

 

VER


De cuando en cuando, algunos comentaristas y críticos sociales expresan su desconfianza hacia la Iglesia Católica, y quisieran que sólo tuviera libertad de acción en los templos y en la vida privada. Rechazan definitivamente que pueda haber más espacio constitucional para una más plena libertad religiosa. Se siguen imaginando que ambicionamos poder político, económico o social. Criticaron al presidente de la República por haber asistido al Encuentro Mundial de la Familia y por haberse declarado públicamente católico. Siguen esgrimiendo que violó la laicidad y que debería guardarse su fe para su vida privada.

En contraste, al dar la máxima condecoración del Gobierno peruano al Cardenal Juan Luis Cipriani, el Canciller de la República expresó: "Hemos querido como Gobierno hacer público nuestro reconocimiento a esta Iglesia peruana y hacer profesión de que somos un Estado que respeta una institución definitiva y concluyente en la construcción de la nacionalidad peruana". Y el presidente Alan García dijo: "Hoy queremos mostrar la identidad, respeto, reconocimiento al mensaje de Cristo en el papel de la Iglesia a lo largo de los siglos en la formación del Perú. Y el reconocimiento que hacemos es que sin cristianismo no hay democracia auténtica, y sin la palabra de Cristo, no hay trascendencia".  ¿Cuándo se escuchará algo semejante en México? No desconocemos nuestras deficiencias, pasadas y presentes, pero es justo reconocer lo que la Iglesia ha aportado al país.


JUZGAR


En su discurso al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, el 8 de enero pasado, dijo el Papa Benedicto XVI a los representantes de 177 Estados de todo el mundo, con quienes se tienen relaciones diplomáticas: "La Iglesia, como se ha dicho muchas veces, no pide privilegios, sino el principio de libertad religiosa en toda su extensión... Las comunidades cristianas desean ofrecer una contribución convencida y eficaz al bien común, a la estabilidad y al progreso de sus países, dando un testimonio de la primacía de Dios, que establece una sana jerarquía de valores y otorga una libertad más fuerte que las injusticias... El cristianismo es una religión de libertad y de paz, y está al servicio del auténtico bien de la humanidad".

Y sobre la sana laicidad, que no implica un sometimiento del Estado a la Iglesia, sino un respeto de aquél a las diferentes confesiones religiosas, expresó: "Una sociedad sanamente laica no ignora la dimensión espiritual y sus valores, porque la religión no es un obstáculo, sino más bien, al contrario, un fundamento sólido para la construcción de una sociedad más justa y más libre". ¡Ojalá comprendieran esto los que tanta desconfianza nos tienen! Se ve que, aunque se consideren católicos, ignoran lo que es su fe cristiana.

Los obispos no pretendemos ocupar puestos de gobierno, pues, como dijo el Papa en la misma ocasión: "La Iglesia acompaña desde hace cinco siglos a los pueblos de América Latina, compartiendo sus esperanzas y sus preocupaciones. Sus pastores saben que, para promover el progreso auténtico de la sociedad, su quehacer propio es iluminar las conciencias y formar laicos capaces de intervenir con ardor en las realidades temporales, poniéndose al servicio del bien común".


ACTUAR


No hay que derrotarse, ni acomplejarse. Seguimos luchando y, con el Papa, pedimos a los líderes de la sociedad "que alienten por todos los medios el justo respeto hacia todas las religiones, proscribiendo todas las formas de odio y de desprecio. Que no se cultiven prejuicios u hostilidades contra los cristianos simplemente porque en ciertas cuestiones, su voz perturba. Por su parte, los discípulos de Cristo, ante tales pruebas, no deben desalentarse: el testimonio del Evangelio es siempre un signo de contradicción con respecto al espíritu del mundo. Si las tribulaciones son duras, la presencia constante de Cristo es un consuelo eficaz. Su Evangelio es un mensaje de salvación para todos y por esto no puede ser confinado en la esfera privada, sino que debe ser proclamado desde las azoteas, hasta los confines de la tierra".


Publicado por verdenaranja @ 22:08  | Hablan los obispos
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VATICANO - “AVE MARÍA” por mons. Luciano Alimandi - El milagro de la fe en Él


Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – El Evangelio de Marcos, que es proclamado en nuestras iglesias en este tiempo del año, nos invita a contemplar la belleza extraordinaria de la obra de Jesús Redentor que sana a los enfermos de todo tipo de enfermedades, libera a los endemoniados, pacifica con su palabra las mentes y los corazones, infundiendo en las almas ríos de amor con su presencia salvífica.

La existencia humana está llena de pruebas, entre las cuales están las enfermedades físicas, psíquicas, morales y espirituales. Así, el Señor, recorre también hoy los caminos del mundo para “imponer” sus manos y sanarnos, para “proclamar” la Buena Nueva e instruirnos, para “expulsar” al Maligno y liberarnos, para “interceder” en favor nuestro y escucharnos... Jesús es siempre el mismo: ayer, hoy y siempre. No hace acepción de personas, no necesita favores de la gente, sólo pide un acto de fe en su omnipotencia para luego intervenir.

No debemos olvidar que junto con las curaciones físicas hay otros tipos de milagros que el Señor realiza en aquellos que recurren a Él; hay otros modos de intervención divina que, aunque no cambian la situación de dolor, la hacen más soportable y, además, la transforman en un bien superior para las personas involucradas que, en su profunda fe, han aprendido a unir su dolor al de Jesús en la Cruz. Él tomó sobre sí todos nuestros sufrimientos para arrancarlos del dominio del mal y sumergirlos en el océano del Amor de Dios. Es el Amor divino que los transforma y nos transforma. Quien sufre y se ofrece a Jesucristo en el amor, se verá a sí mismo en el centro de la Redención universal y gozará del consuelo de vivir una especial comunión con el Redentor del mundo en beneficio de propia salvación y de la de los demás, pudiendo afirmar con San Pablo: “hora me alegro por los padecimientos que soporto por vosotros, y completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia” (Col 1,24).

Jesús, en su Iglesia, está vivo y actúa, en primer lugar mediante los sacramentos administrados por los sacerdotes que, en virtud de la ordenación sacerdotal “actúan In Persona Christi”. Esta acción sacramental de Cristo, mediante la Iglesia, culmina en la Sagrada Eucaristía. ¡Cuántos milagros visibles e invisibles se realizan durante la Santa Misa o durante una bendición Eucarística o durante una oración ferviente frente al Tabernáculo!

Qué gran misterio es la Iglesia, en la que todos los bautizados forman un solo cuerpo, el Cuerpo Místico de Cristo, como nos lo describe el Apóstol Pablo en sus cartas: “Un solo Cuerpo y un solo Espíritu, como una es la esperanza a que habéis sido llamados. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, por todos y en todos” (Ef 4,4-6).

Jesús, como testimonia el Evangelio, realiza el milagro allí donde está presente el acto de fe en Él, donde el hombre le abre su corazón con humildad y fe. Cuántas veces el mismo Evangelio de Marcos narra los milagros de Jesús describiendo simplemente cuanto acontecía en aquel entonces:

“Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret y atracaron. Apenas desembarcaron, le reconocieron en seguida, recorrieron toda aquella región y comenzaron a traer a los enfermos en camillas adonde oían que él estaba. Y dondequiera que entraba, en pueblos, ciudades o aldeas, colocaban a los enfermos en las plazas y le pedían que tocaran siquiera la orla de su manto; y cuantos la tocaron quedaban salvados” (Mc 6,53-56).

Todos buscan a Jesús (Mc 1,37) y Él se deja encontrar, ayer como hoy, por aquellos que creen en Él. Quienes no se interesan por Él, no son “obligados” por el Señor, pues no es insistente y menos aún invasivo, ni arisco o huraño como nosotros, cuando nos sentimos rechazados o rodeados de indiferencia. El Señor es “lemente y compasivo, tardo a la cólera y grande en amor; bueno es Yahveh para con todos, y sus ternuras sobre todas sus obras” (Sal 144,8-9).

Quien lo busca lo encuentra, y con frecuencia el hombre lo busca inconscientemente. El Señor se deja encontrar con facilidad. A veces este “encuentro” con Él se realiza de manera “casual”, aunque “lo casual” en realidad no existe, porque hay una Providencia; otras veces se da después de un largo camino de búsqueda, como sucedió con los Reyes Magos.

Con la luz de una fe madurada con el tiempo, el creyente que mira en retrospectiva su vida y determinados eventos, incluso dolorosos, que la han la caracterizado, encuentra, mucho más reconocible que en el pasado, la inconfundible presencia de Jesús que ha guiado los acontecimientos. Un canto espontáneo sale del corazón, un himno de alabanza se eleva a Dios por los beneficios recibidos que se descubren cada vez más numerosos, mientras se avanza poco a poco en el peregrinar de la fe. Mientras más se cree, más se ama, y más se conoce y se reconoce la obra de Dios en la propia vida:

“Bendice a Yahveh, alma mía, del fondo de mi ser, su santo nombre, bendice a Yahveh, alma mía, no olvides sus muchos beneficios. El, que todas tus culpas perdona, que cura todas tus dolencias, rescata tu vida de la fosa, te corona de amor y de ternura, satura de bienes tu existencia, mientras tu juventud se renueva como el águila” (Sal 102,1-5). (Agencia Fides 13/2/2009; líneas 61, palabras 921)


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VATICANO - LAS PALABRAS DE LA DOCTRINA por don Nicola Bux y don Salvatore Vitiello - ¿Prestigio de los judaizantes o “necedad” de los Apóstoles?


Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – San Agustín, en su Comentario a la Carta a los Gálatas recuerda el estupor de San Pablo frente a los miembros de dicha comunidad, que se encontraban turbados o fascinados por el prestigio de los judaizantes, aquellos cristianos de origen hebreo que daban mucha importancia al judaísmo, hasta convertirlo en condición indispensable para ser cristiano. De esa manera, en lugar de adherirse a Jesús y a su Evangelio, volvían a Moisés y a la Ley. El Apóstol nota: “a quienes ni por un instante cedimos, sometiéndonos, a fin de salvaguardar para vosotros la verdad del Evangelio” (Gal 2,5).

Dicho fenómeno parece repetirse en nuestros días; síntoma de ello, por ejemplo, es la preferencia por expresiones como “Primero” o “Segundo” Testamento, como si fueran equivalentes: se descuida que éste último es el que ha llevado al anterior a su cumplimiento, y que la liturgia lo define “alianza nueva y eterna”. ¿Acaso no escribió San Juan: “Porque la Ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo” (Jn 1,17)?
Moisés, aún siendo un gran profeta, no es más que un hombre; Jesús, en cambio, es Hijo de Dios, que resucitando nos ha obtenido la remisión de los pecados y ha restituido la amistad con Dios: es así que el Antiguo Testamento recibe luz y esperanza plena, sólo por la resurrección de Jesús de Nazareth, Señor y Cristo.

Como lo demostró el estudioso Jacob Neusner, hebreo observante y rabino, Jesús, pidiendo la adhesión a sí y no a la Torá, marcó una distancia con la religión hebrea. Pablo, maestro hebreo celoso, era conciente de que la adhesión a Jesucristo no era una repetición de la fe hebrea, de otro modo no habría considerado concluida irreversiblemente su vida pasada en el judaísmo. Se hizo bautizar, recibió la iluminación –como era llamado el Bautismo en la Iglesia antigua– pues es el sacramento que hace ver la verdad con los ojos nuevos de la fe. Y esto sólo puede suceder, claro está, a través de un encuentro con la Gracia divina.

Los Apóstoles, que eran israelitas, experimentaron la resurrección de Jesús de entre los muertos como el verdadero juicio divino por parte de Dios Padre, que de esa manera desmentía categóricamente la sentencia del sanedrín, considerada válida hasta ese momento por los hebreos.

De esta manera, toda sabiduría humana se somete al juicio de la Cruz, que revela la sabiduría y la potencia de Dios. ¡Ésta es la “necedad” que los Apóstoles anunciaron, sobre la cual está fundada la Iglesia! Si se hubieran preocupado más en no dar escándalo a los judíos o en estar de acuerdo con los paganos, la Iglesia hubiera sido como un reino o una familia dividida en sí misma, condenada a la ruina, como advierte el mismo Jesús (cf. Mt 12,25).

La preocupación por ser aceptados por el mundo es una tentación recurrente para los hombres de Iglesia. Para que ello no suceda y para no ser causa de escándalo, es necesario, ante todo, ser unánimes en el hablar: los fieles han de hablar con la voz única del párroco, los religiosos con la voz única de su superior, los sacerdotes con la voz única de su Obispo, los cardenales con la voz única del Papa, que los “creó”.

Se debe oír siempre a la única Iglesia católica y no a una comunidad particular. Por lo demás, una Iglesia fundada sobre las opiniones de los eclesiásticos, difícilmente hubiera sobrevivido; en parte porque el paso de la opinión a la herejía es breve.

Sólo unidos a Pedro puede haber comunión plena de la Iglesia, pues él “es el perpetuo y visible principio y fundamento de la unidad de la Iglesia” en relación con el fundamento invisible que es el Espíritu Santo (Lumen Gentium, 23). Con justa razón se ha de defender al Concilio Vaticano II, pues la Iglesia no puede eximirse de esta verdad ni en su vida interna ni en lo externo, en el diálogo con los no católicos y los no cristianos.

No debemos ser ingenuos: el diálogo no necesariamente evita la oposición violenta; el cristianismo ha tenido que afrontar siempre esa oposición, desde sus orígenes, viniera de las comunidades judías o de las autoridades locales, que actuaron como consecuencia de las denuncias presentadas por los judíos. El diálogo no evita la persecución. Lo vemos en nuestros días en varias partes del mundo; puede ser cruenta o verbal, descubierta o silenciosa, mediante intimidación o presión. Los perseguidores nunca estarán satisfechos, pues “la luz brilla en las tinieblas, pero las tinieblas no la acogieron [...] Vino a su casa y los suyos no la recibieron” (Jn 1,5.11).

Si existe esta conciencia, se ayuda al Santo Padre en el ejercicio de su responsabilidad personal hacia la Iglesia Universal. (Agencia Fides 12/2/2009; líneas 53, palabras 799)


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Domingo, 15 de febrero de 2009

Comunicado de prensa de los obispos de México, emitido el martes 10 de Febrero de 2009, para enfrentarse a la crisis económica. 
 

Los Obispos de América Latina hemos señalado que la sociedad actual experimenta un Cambio de Época, producto de un proceso de globalización que afecta prácticamente todos los ámbitos de desarrollo del ser humano: cultural, político, social, educativo, económico, religioso y tecnológico. Nuestra Patria no queda ajena a este proceso que se agudiza cada vez más en la realidad socioeconómica.


La crisis económica mundial que afecta a México debe conducir a todas las instancias de gobierno a encontrar las prontas soluciones y no permitir que se agrave la ya de por sí situación de pobreza, desempleo, encarecimiento de los productos y servicios, deserción escolar y desaliento social que viven la mayoría de las familias de México.


Gobiernos, empresarios, políticos y la misma sociedad en general, tenemos que mostrar mayor sensibilidad ante este hecho, y mostrar además la madurez necesaria para afrontar todos juntos el problema financiero del país. Se extiende entre la población la percepción de que son cada vez mayores las dificultades, que cada día es más complicado salir adelante, pese a los signos de buena voluntad que manifiestan nuestras autoridades. Es necesario redoblar esfuerzos, de parte de todos los sectores para detener la violencia, el avance del narcotráfico, la corrupción, la desigualdad, el derroche económico y la transgresión de los valores éticos, sociales y familiares.


Todos somos responsables de aportar soluciones y comprometernos para mostrar con hechos que queremos hacer verdaderamente un México mejor a favor de todos, donde las nuevas generaciones y las familias gocen de la protección eficaz y responsable del Estado, donde el concepto que se persiga no solo sea el de ganar unos pocos, sino de ganar todos para enriquecer al país.


Ahora que se inicia un nuevo proceso electoral, contrasta con la crisis económica, el presupuesto excesivo en las campañas y el despilfarro que se pueda hacer de él, sólo generará desconfianza entre los ciudadanos. Los candidatos deberán evitar promesas al electorado que no se pueden cumplir; así mismo, evitar ofensas y agresiones entre ellos y partidos.  Deben privilegiar el bien del país por encima de la lucha por el poder.


Hacemos un llamado a todas las comunidades a participar activa y responsablemente en este proceso democrático, a interesarse en conocer y profundizar las propuestas políticas de cada partido, a sumarse con esperanza en este ejercicio democrático.


En estos momentos manifestamos nuestra fe y confianza en Jesucristo, Él es el centro de lo que proclamamos y hacemos, por eso Él mismo nos llama a llevar una vida según Su Vida y Obra. La fidelidad de los bautizados es una condición primordial para el anuncio del Evangelio y para la misión de la Iglesia en el mundo. Para manifestar ante los hombres su fuerza de verdad y de irradiación, el mensaje de la salvación debe ser autentificado por el testimonio de vida de los cristianos. El mismo testimonio de la vida cristiana y las obras buenas realizadas con espíritu sobrenatural son eficaces para atraer a los hombres a la fe y a Dios.


Invitamos a todos los fieles a prepararse para la renovación que haremos los Obispos de México, de la consagración del País al Espíritu Santo, el lunes 20 de abril. Que Santa María de Guadalupe que nos acompaña con fidelidad maternal nos dé su intercesión en este grave momento que vivimos.

Por los Obispos de México.


+Carlos Aguiar Retes

Arzobispo electo de Tlalnepantla

Presidente de la CEM

 

+José Leopoldo González González

Obispo Auxiliar de GuadalajaraSecretario General de la CEM


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ZENIT nos ofrece la catequesis que Benedicto XVI ofreció durante la audiencia general del miércoles 11 de Febrero de 2009 a los peregrinos congregados en el Aula Pablo VI. 

 

Queridos hermanos y hermanas:

Después de veinte catequesis dedicadas al Apóstol Pablo, quisiera retomar hoy la presentación de los grandes escritores de la Iglesia de Oriente y Occidente en la Edad Media. Y propongo la figura de Juan llamado Clímaco, transliteración latina del término griego klímakos, que significa de la escala (klímax). Se trata del título de su obra principal en la que describe la escalada de la vida humana hacia Dios. Nació hacia el 575. Su vida tuvo lugar en los años en que Bizancio, capital del Imperio romano de Oriente, conoció la mayor crisis de su historia. De repente el cuadro geográfico del imperio cambió y el torrente de las invasiones bárbaras hizo desplomarse todas sus estructuras. Quedó sólo la estructura de la Iglesia, que en esos tiempos difíciles continuó con su acción misionera, humana y sociocultural, especialmente a través de la red de los monasterios, en los que operaban grandes personalidades religiosas, como era precisamente la de Juan Clímaco.


Entre las montañas del Sinaí, donde Moisés encontró a Dios y Elías oyó su voz, Juan vivió y narró sus experiencias espirituales. Se han conservado noticias de él en una breve Vida (PG 88, 596-608), escrita por el monje Daniel de Raito: a los dieciséis años Juan, monje en el monte Sinaí, se hizo discípulo del abad Martirio, un "anciano", es decir, un "sabio". Hacia los veinte años eligió vivir como eremita en una gruta a los pies de un monte, en la localidad de Tola, a ocho kilómetros a los pies del actual monasterio de Santa Catalina. Pero la soledad no le impidió encontrar a personas deseosas de tener una guía espiritual, ni visitar algunos monasterios cerca de Alejandría. Su retiro eremítico, de hecho, lejos de ser una huida del mundo y de la realidad humana, le condujo a un amor ardiente por los demás (Vida 5) y por Dios (Vida 7). Tras cuarenta años de vida eremítica vivida en el amor de Dios y por el prójimo, años durante los cuales lloró, rezó, luchó contra los demonios, fue nombrado higúmeno (superior, n.d.t.) del gran monasterio del monte Sinaí y volvió así a la vida cenobítica, en el monasterio. Pero algunos años antes de su muerte, nostálgico de la vida eremítica, pasó al hermano, monje del mismo monasterio, la guía de la comunidad. Murió después del año 650. La vida de Juan se desarrolla entre dos montañas, el Sinaí y el Tabor, y verdaderamente se pude decir de él que irradia la luz que vio Moisés en el Sinaí y que contemplaron los apóstoles en el Tabor.


Se hizo famoso, como ya he dicho, por su obra "La Escala" (klímax), llamada en Occidente Escala del Paraíso (PG 88,632-1164). Compuesta por las insistentes peticiones del higúmeno del cercano monasterio de Raito, cerca del Sinaí, la Escala es un tratado completo de la vida espiritual, en el que Juan describe el camino del monje desde la renuncia al mundo hasta la perfección del amor. Es un camino que --según este libro-- tiene lugar a través de treinta escalones, cada uno de los cuales está unido con el siguiente. El camino puede resumirse en tres fases sucesivas: la primera muestra la ruptura con el mundo con el fin de volver al estado de infancia evangélica. Lo esencial, por tanto, no es la ruptura, sino la unión con lo que Jesús ha dicho, la vuelta a la verdadera infancia en sentido espiritual, el llegar a ser como niños. Juan comenta: un buen fundamento es el formado por tres bases y tres columnas: inocencia, ayuno y castidad. Todos los recién nacidos en Cristo (cfr 1 Cor 3,1) deben comenzar por estas cosas, tomando ejemplo de los recién nacidos físicamente" (1,20; 636). El alejamiento voluntario de las personas y lugares queridos permite al alma entrar en comunión más profunda con Dios. Esta renuncia desemboca en la obediencia, que es el camino a la humildad a través de las humillaciones -que no faltarán nunca- por parte de los hermanos. Juan comenta: "Beato aquel que ha mortificado su propia voluntad hasta el final y que ha confiado el cuidado de su persona a su maestro en el Señor: será colocado a la derecha del Crucificado" (4,37; 704).


La segunda fase del camino está constituida por el combate espiritual contra las pasiones. Cada escalón de la escala está unido con una pasión principal, que es definida y diagnosticada, indicando además la terapia y proponiendo la virtud correspondiente. El conjunto de estos escalones constituye sin duda el más importante tratado de estrategia espiritual que poseemos. La lucha contra las pasiones se reviste de positividad -no se ve como una cosa negativa- gracias a la imagen del "fuego" del Espíritu Santo: "Todos aquellos que emprenden esta hermosa lucha (cfr 1 Tm 6,12), dura y ardua, [...], deben saber que han venido a arrojarse a un fuego, si verdaderamente desean que el fuego inmaterial habite en ellos" (1,18; 636). El fuego del Espíritu Santo, que es el fuego del amor y de la verdad. Sólo la fuerza del Espíritu Santo asegura la victoria. Pero, según Juan Clímaco, es importante tomar conciencia de que las pasiones no son malas en sí mismas; lo son por el uso malo que de ellas hace la libertad del hombre. Si son purificadas, las pasiones abren al hombre el camino hacia Dios con energías unificadas por la ascética y la gracia y, "si han recibido del Creador un orden y un principio..., el límite de la virtud no tiene fin" (26/2,37; 1068).

La última fase del camino es la perfección cristiana que se desarrolla en los últimos siete peldaños de la Escala. Estos son los estadios más altos de la vida espiritual, experimentables por los "esicasti", los solitarios, que han llegado a la quietud y a la paz interior; pero son estadios accesibles también a los cenobitas más fervientes. De los tres primeros -sencillez, humildad y discernimiento- Juan, en línea con los Padres del desierto, considera más importante este último, es decir, la capacidad de discernir. Todo comportamiento debe someterse al discernimiento, todo depende de hecho de motivaciones profundas, que es necesario explorar. Aquí se entra en lo profundo de la persona y se trata de despertar en el eremita, en el cristiano, la sensibilidad espiritual y el "sentido del corazón", dones de Dios: "Como guía y regla de todas las cosas, después de Dios, debemos seguir a nuestra conciencia" (26/1,5;1013). De esta forma se llega a la tranquilidad del alma, la esichía, gracias a la cual el alma puede asomarse al abismo de los misterios divinos.


El estado de quietud, de paz interior, prepara al esicasta a la oración, que en Juan es doble: la "oración corpórea" y la "oración del corazón". La primera es propia de quien debe hacerse ayudar por posturas del cuerpo: extender las manos, emitir gemidos, golpearse el pecho, etc. (15,26; 900); la segunda es espontánea, porque es efecto del despertar de la sensibilidad espiritual, don de Dios a quien se dedica a la oración corpórea. En Juan ésta toma el nombre de "oración de Jesús" (Iesoû euché), y está constituida por la invocación del nombre de Jesús, una invocación continua como la respiración: "La memoria de Jesús se hace una con tu respiración, y entonces descubrirás la verdad de la esichía", de la paz interior (27/2,26; 1112). Al final, la oración se hace algo muy sencillo, simplemente la palabra "Jesús" se convierte en una sola cosa con nuestra respiración.


El último peldaño de la escala (30), lleno de la "sobria ebriedad del Espíritu" se dedica a la suprema "trinidad de las virtudes": la fe, la esperanza y sobre todo la caridad. De la caridad, Juan habla también como éros (amor humano), figura de la unión matrimonial del alma con Dios. Y elige una vez más la imagen del fuego para expresar el ardor, la luz, la purificación del amor por Dios. La fuerza del amor humano puede ser reorientada hacia Dios, como sobre el olivastro puede injertarse el olivo bueno (cfr Rm 11,24) (15,66; 893). Juan está convencido de que una experiencia intensa de este éros hace avanzar al alma más que la dura lucha contra las pasiones, porque es grande su poder. Prevalece por tanto la positividad de nuestro camino. Pero la caridad se ve también en relación estrecha con la esperanza: "La fuerza de la caridad es la esperanza: gracias a ella esperamos la recompensa de la caridad... la esperanza es la puerta de la caridad... la ausencia de la esperanza anonada la caridad: a ella están vinculadas nuestras fatigas, por ella nos sostenemos en nuestros problemas y gracias a ella estamos rodeados por la misericordia de Dios" (30,16; 1157). La conclusión de la Escala contiene la síntesis de la obra con palabras que el autor hace proferir al mismo Dios: "Que esta escala te enseñe la disposición espiritual de las virtudes. Yo estoy en la cima de esta escala, como dijo aquel gran iniciado mío (San Pablo): Ahora permanecen por tanto estas tres cosas: fe, esperanza y caridad, la más grande de todas es la caridad (1 Cor 13,13)!" (30,18; 1160).


En este punto, se impone una última pregunta: la Escala, obra escrita por un monje eremita vivido hace mil cuatrocientos años, ¿puede decirnos algo a nosotros hoy? El itinerario existencial de un hombre que vivió siempre en la montaña del Sinaí en un tiempo tan lejano, ¿puede ser de actualidad para nosotros? En un primer momento, parecería que la respuesta debiera ser "no", porque Juan Clímaco está muy lejos de nosotros. Pero, si observamos un poco más de cerca, vemos que aquella vida monástica es sólo un gran símbolo de la vida bautismal, de la vida del cristiano. Muestra, por así decirlo, en letras grandes lo que nosotros escribimos cada día con letra pequeña. Se trata de un símbolo profético que revela lo que es la vida del bautizado, en comunión con Cristo, con su muerte y su resurrección. Para mí es particularmente importante el hecho de que el culmen de la escala, los últimos peldaños sean al mismo tiempo las virtudes fundamentales, iniciales, más sencillas: la fe, la esperanza y la caridad. No son virtudes accesibles sólo a los héroes morales, sino que son don de Dios para todos los bautizados: en ellas también crece nuestra vida. El inicio es también el final, el punto de partida es también el punto de llegada: todo el camino va hacia una realización cada vez más radical de la fe, la esperanza y la caridad. En estas virtudes está presente la escalada. Fundamentalmente es la fe, porque esta virtud implica que yo renuncie a la arrogancia, a mi pensamiento, a la pretensión de juzgar por mí mismo, sin confiarme a otros. Este camino hacia la humildad, hacia la infancia espiritual es necesario: es necesario superar la actitud de arrogancia que hace decir: yo soy mejor, en este tiempo mío del siglo XXI, de lo que sabían los que vivían entonces. Es necesario, en cambio, confiarse solamente a la Sagrada Escritura, a la Palabra del Señor, asomarse con humildad al horizonte de la fe, para entrar así en la enorme vastedad del mundo universal, del mundo de Dios. De esta forma nuestra alma crece, crece la sensibilidad del corazón hacia Dios. Justamente dice Juan Clímaco que sólo la esperanza nos hace capaces de vivir la caridad. La esperanza en la que trascendemos las cosas de cada día, no esperamos el éxito en nuestros días terrenos, sino que esperamos finalmente la revelación de Dios mismo. Sólo en esta extensión de nuestra alma, en esta autotrascendencia, nuestra vida se engrandece y podemos soportar los cansancios y desilusiones de cada día, podemos ser buenos con los demás sin esperar recompensa. Solo si Dios existe, esta gran esperanza a la que tiendo, puedo cada día dar los pequeños pasos de mi vida y así aprender la caridad. En la caridad se esconde el misterio de la oración, del conocimiento personal de Jesús: una oración sencilla que sólo tiende a tocar el corazón del divino Maestro. Y así se abre el propio corazón, se aprende de Él su misma bondad, su amor. Usemos por tanto esta "escala" de la fe, de la esperanza y de la caridad, y llegaremos así a la vida verdadera.


[Al final de la audiencia, el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. Hablando en español, dijo:]

Queridos hermanos y hermanas:

Después del ciclo dedicado a San Pablo, continuamos con los grandes Escritores Eclesiásticos del medioevo. San Juan Clímaco vivió entre las montañas del Sinaí como eremita y monje, en una época de profunda crisis a causa de las invasiones de los bárbaros. Su vida se caracterizó por un intenso amor a Dios y a los demás. Escribió un tratado de vida espiritual, la Escala del Paraíso, en la que describe el camino que debe recorrer el monje desde la renuncia al mundo hasta la perfección del amor. En la primera fase se trata de la ruptura con el mundo para volver al estado de infancia espiritual. Después, la lucha espiritual contra las pasiones para adquirir las virtudes. En la última etapa de la perfección cristiana, el alma, una vez alcanzado el estado de quietud, se preparara para la plegaria del cuerpo y del corazón. El autor concluye tratando de las tres virtudes teologales, y subrayando con San Pablo la primacía de la caridad sobre las demás. Es un escrito actual para los cristianos de hoy, pues señala la dirección hacia la que todos en la Iglesia deben de tender, la participación en la muerte y resurrección de Cristo comenzada con el bautismo.


Saludo cordialmente a los fieles de lengua española aquí presentes. En particular, a los peregrinos de las diócesis de Plasencia y Alcalá de Henares, acompañados por Monseñor Amadeo Rodríguez, Obispo de Plasencia, a la Hermandad de Nuestra Señora del Rocío, de Almonte, así como a los demás grupos venidos de España, México y otros países latinoamericanos. Aliento a todos a aprovechar peregrinación a Roma para profundizar en la fe y sentir el gozo de pertenecer a la Iglesia. Que Dios os bendiga.


[Traducción del original italiano por Inma Álvarez

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Homilía que pronunció Benedicto XVI el 2 de febrero de 2009, fiesta de la Presentación del Señor, XIII Jornada de la Vida Consagrada, tras la misa celebrada poco antes en la Basílica Vaticana.

 

Señor cardenal; venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio; queridos hermanos y hermanas:


Con gran alegría me encuentro con vosotros al final del santo sacrificio de la misa, en esta fiesta litúrgica que, ya desde hace trece años, reúne a religiosos y religiosas para la Jornada de la vida consagrada. Saludo cordialmente al cardenal Franc Rodé, expresando de modo especial mi agradecimiento a él y a sus colaboradores de la Congregación para los institutos de vida consagrada y las sociedades de vida apostólica por el servicio que prestan a la Santa Sede y a lo que llamaría el "cosmos" de la vida consagrada.


Saludo con afecto a los superiores y las superioras generales aquí presentes y a todos vosotros, hermanos y hermanas, que, siguiendo el modelo de la Virgen María, lleváis en la Iglesia y en el mundo la luz de Cristo con vuestro testimonio de personas consagradas. En este Año paulino hago mías las palabras del Apóstol: "Doy gracias a mi Dios cada vez que me acuerdo de vosotros, rogando siempre y en todas mis oraciones con alegría por todos vosotros a causa de la colaboración que habéis prestado al Evangelio, desde el primer día hasta hoy" (Flp 1, 3-5). Con este saludo, dirigido a la comunidad cristiana de Filipos, san Pablo expresa el recuerdo afectuoso que conserva de quienes viven personalmente el Evangelio y se comprometen a transmitirlo, uniendo el cuidado de la vida interior con el empeño de la misión apostólica.


En la tradición de la Iglesia, san Pablo siempre ha sido reconocido como padre y maestro de quienes, llamados por el Señor, han hecho la opción de una entrega incondicional a él y a su Evangelio. Diversos institutos religiosos toman de san Pablo el nombre y también una inspiración carismática específica. Se puede decir que a todos los consagrados y las consagradas él repite una invitación clara y afectuosa: "Sed imitadores míos, como yo lo soy de Cristo" (1 Co 11, 1). En efecto, ¿qué es la vida consagrada sino una imitación radical de Jesús, un "seguimiento" total de él? (cf. Mt 19, 27-28). Pues bien, en todo ello san Pablo representa una mediación pedagógica segura: imitarlo siguiendo a Jesús, amadísimos hermanos, es el camino privilegiado para corresponder a fondo a vuestra vocación de especial consagración en la Iglesia.


Más aún, de su misma voz podemos conocer un estilo de vida que expresa lo esencial de la vida consagrada inspirada en los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia. En la vida de pobreza él ve la garantía de un anuncio del Evangelio realizado con total gratuidad (cf. 1 Co 9, 1-23), mientras expresa, al mismo tiempo, la solidaridad concreta con los hermanos necesitados.


Al respecto, todos conocemos la decisión de san Pablo de mantenerse con el trabajo de sus manos y su compromiso por la colecta en favor de los pobres de Jerusalén (cf. 1 Ts 2, 9; 2 Co 8-9). San Pablo es también un apóstol que, acogiendo la llamada de Dios a la castidad, entregó su corazón al Señor de manera indivisa, para poder servir con una libertad y una dedicación aún mayores a sus hermanos (cf. 1 Co 7, 7; 2 Co 11, 1-2). Además, en un mundo en el que se apreciaban poco los valores de la castidad cristiana (cf. 1 Co 6, 12-20), ofrece una referencia de conducta segura.


Y, por lo que se refiere a la obediencia, baste notar que el cumplimiento de la voluntad de Dios y la "responsabilidad diaria: la preocupación por todas las Iglesias" (2 Co 11, 28) animaron, plasmaron y consumaron su existencia, convertida en sacrificio agradable a Dios. Todo esto lo lleva a proclamar, como escribe a los Filipenses: "Para mí la vida es Cristo, y la muerte, una ganancia" (Flp 1, 21).


Otro aspecto fundamental de la vida consagrada de san Pablo es la misión. Él es todo de Jesús a fin de ser, como Jesús, de todos; más aún, a fin de ser Jesús para todos: "Me he hecho todo a todos para salvar a toda costa a algunos" (1 Co 9, 22). A él, tan estrechamente unido a la persona de Cristo, le reconocemos una profunda capacidad de conjugar vida espiritual y actividad misionera; en él esas dos dimensiones van juntas. Así, podemos decir que pertenece a la legión de "místicos constructores", cuya existencia es a la vez contemplativa y activa, abierta a Dios y a los hermanos, para prestar un servicio eficaz al Evangelio.


En esta tensión místico-apostólica me complace destacarla valentía del Apóstol ante el sacrificio al afrontar pruebas terribles, hasta el martirio (cf. 2 Co 11, 16-33), la confianza inquebrantable basada en las palabras de su Señor: "Te basta mi gracia, pues mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza" (2 Co 12, 9). Así, su experiencia espiritual se nos muestra como una traducción viva del misterio pascual, que investigó intensamente y anunció como forma de vida del cristiano. San Pablo vive para, con y en Cristo. "Estoy crucificado con Cristo, y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí" (Ga 2, 19-20); y también: "Para mí la vida es Cristo, y la muerte, una ganancia" (Flp 1, 21).


Esto explica por qué no se cansa de exhortar a hacer que la palabra de Cristo habite en nosotros con toda su riqueza (cf. Col 3, 16). Esto hace pensar en la invitación que os dirigió recientemente la instrucción sobre "El servicio de la autoridad y la obediencia" a buscar "cada mañana el contacto vivo y constante con la Palabra que se proclama ese día, meditándola y guardándola en el corazón como un tesoro, convirtiéndola en la raíz de todos sus actos y el primer criterio de sus elecciones" (n. 7: L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 13 de junio de 2008, p. 10).


Por tanto, espero que el Año paulino alimente aún más en vosotros el propósito de acoger el testimonio de san Pablo, meditando cada día la Palabra de Dios con la práctica fiel de la lectio divina, orando "con salmos, himnos y cánticos inspirados, con gratitud" (Col 3, 16). Que él os ayude, además, a realizar vuestro servicio apostólico en la Iglesia y con la Iglesia con un espíritu de comunión sin reservas, comunicando a los demás vuestros carismas (cf. 1 Co 14, 12) y testimoniando en primer lugar el carisma mayor, que es la caridad (cf. 1 Co 13).


Queridos hermanos y hermanas, la liturgia de hoy nos exhorta a mirar a la Virgen María, la "consagrada" por excelencia. San Pablo habla de ella con una fórmula concisa pero eficaz, que pondera su grandeza y su misión: es la "mujer", de la que, en la plenitud de los tiempos, nació el Hijo de Dios (cf. Ga 4, 4). María es la madre que hoy en el templo presenta el Hijo al Padre, dando continuación, también con este acto, al "sí" pronunciado en el momento de la Anunciación. Que ella sea también la madre que nos acompañe y sostenga a nosotros, hijos de Dios e hijos suyos, en el cumplimiento de un servicio generoso a Dios y a los hermanos. Con este fin, invoco su celestial intercesión, mientras de corazón os imparto la bendición apostólica a todos vosotros y a vuestras respectivas familias religiosas.


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ZENIT nos ofrece el texto del discurso pronunciado el lunes, 9 de Febrero de 2009,  por el Papa Benedicto XVI al recibir las cartas credenciales del nuevo embajador de la República Federal de Brasil, Luiz Felipe de Seixas Corrêa.

 

Excelencia:

Con grata satisfacción le doy la bienvenida al recibirle aquí en el Vaticano, en el acto de presentación de sus Cartas Credenciales como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de la República Federal de Brasil ante la Santa Sede.


Esta feliz circunstancia me ofrece la oportunidad de comprobar una vez más los sentimientos de proximidad espiritual que el pueblo brasileño nutre hacia el Sucesor de Pedro; al mismo tiempo me da ocasión de reiterar la expresión de mi sincero afecto y gran estima por su noble nación.

Agradezco vivamente las amables palabras que me ha dirigido. En especial, agradezco los pensamientos deferentes y el saludo que el Presidente de la República, señor Luiz Inácio Lula da Silva, a querido enviarme. Ruego a su Excelencia que tenga la bondad de devolver de mi parte este saludo, con mis mejores votos de felicidad, y que le transmita la seguridad de mis oraciones por su país y por su pueblo.

Me es grato aprovechar la ocasión para recordar con aprecio la Visita Pastoral que la Providencia me permitió realizar a Brasil en 2007, para presidir la V Conferencia General del Episcopado Latino Americano y el Caribe, así como los encuentros celebrados el más alto mandatario de la nación, tanto en São Paulo, como más recientemente aquí en Roma. Estas circunstancias pueden atestiguar, una vez más, los estrechos lazos de amistad y fructífera colaboración entre su país y la Santa Sede.


Los objetivos, el de la Iglesia, en su misión de naturaleza religiosa y espiritual, y el del Estado, aunque son distintos, confluyen en un punto de convergencia: el bien de la persona humana y el bien común de a nación. Pero, como mi venerable Predecesor el Papa Juan Pablo II afirmó en cierta ocasión, "el entendimiento respetuoso, la preocupación por la independencia mutua y el principio de servir mejor al hombre, dentro de una concepción cristiana, serán factores de concordia cuyo beneficiario será el propio pueblo" (Discurso al Presidente de Brasil, 14 de octubre de 1991, 2). Brasil es un país que conserva en su gran mayoría la fe cristiana unida, desde los orígenes de su pueblo, por la evangelización que tuvo lugar hace más de cinco siglos.


De esta manera, me complace considerar la convergencia de principios, tanto de la Sede Apostólica como de su gobierno, con respecto a las amenazas a la paz en el mundo, cuando se ve afectada por la falta de visión del respeto al prójimo en su dignidad humana. El reciente conflicto en Oriente Medio demuestra la necesidad de apoyar todas las iniciativas destinadas a resolver pacíficamente las divergencias, y hago votos por que su Gobierno prosiga en esta dirección. Por otro lado, deseo reiterar aquí la esperanza de que, en conformidad con los principios que velan por la dignidad humana, de los cuales Brasil ha sido siempre paladín, continúen fomentándose y extendiéndose los valores humanos fundamentales, sobre todo cuando se trata de reconocer de forma explícita la santidad de la vida familiar y la salvaguarda del no nacido, desde el momento de su concepción hasta el de su término natural. De la misma forma, en lo que respecta a los experimentos biológicos, la Santa Sede sigue promoviendo incansable la defensa de una ética que no distorsione y proteja la existencia del embrión y su derecho a nacer.


Veo con satisfacción que la nación brasileña se está convirtiendo, en un clima de acentuada prosperidad, en un factor de estímulo al desarrollo en áreas limítrofes y en varios países del continente africano. En clima de solidaridad y mutuo entendimiento, el Gobierno procura apoyar iniciativas destinadas a favorecer la lucha contra la pobreza y el retraso tecnológico, tanto a nivel nacional como internacional.


Por otro lado, la política de redistribución de la renta interna ha facilitado un mayor bienestar entre la población; en este sentido, hago votos por que siga estimulándose una mejor distribución de la renta, y se refuerce una mayor justicia social para el bien de la población. Cabe destacar, sin embargo, que, además de la pobreza material, incide de manera relevante la pobreza moral que impregna el mundo, incluso donde no hay falta de bienes materiales. De hecho, el peligro del consumismo y del hedonismo, aliado a la falta de sólidos principios morales que guían la vida de los ciudadanos sencillos, vuelve vulnerable la estructura de la sociedad y de la familia brasileña. Por eso, nunca está de más insistir en la urgencia de una formación moral sólida a todos los niveles, incluyendo el ámbito político, ante las constantes amenazas generadas por las ideologías materialistas hoy reinantes y, particularmente, la tentación de la corrupción en la gestión del dinero público y privado. Con este fin, el cristianismo puede proporcionar una contribución válida -como dije recientemente- por ser "una religión de libertad y de paz y está al servicio del verdadero bien de la humanidad" (Audiencia al Cuerpo Diplomático, 8 de enero de 2009). Es a raíz de estos valores que la Iglesia sigue ofreciendo el servicio de gran valor evangélico que favorece el logro de la paz y la justicia entre todos los pueblos.


El reciente Acuerdo en el que se define el estatuto jurídico civil de la Iglesia Católica en Brasil y se regulan las materias de interés mutuo entre ambas partes son señales significativas de esta colaboración sincera que la Iglesia desea mantener, dentro de su propia misión, con su Gobierno. Expreso en este sentido la esperanza porque ese Acuerdo, como ya tuve ocasión de señalar, "facilite el libre ejercicio de la misión evangelizadora de la Iglesia y fortalezca aún más su colaboración como las instituciones civiles para el desarrollo integral de la persona (Audiencia cit.). La fe y la adhesión a Jesucristo obliga a los fieles católicos, también en Brasil, a ser instrumentos de reconciliación y de fraternidad, en la verdad, la justicia y el amor. Siendo así, hago votos porque este Documento solemne sea ratificado, a fin de que la organización eclesiástica de la vida entre los católicos se agilice y alcance un alto grado de eficiencia.


Señor Embajador:

antes de concluir este encuentro, reitero mi ruego de que transmita al Señor Presidente de la República mis mejores votos de felicidad y de paz. Y quiero decir a Vuestra Excelencia que pude contar con la estima, la buena acogida y el apoyo de esta Sede Apostólica en el desempeño de su misión, que se deseo feliz y fecunda en frutos y alegrías. Mi pensamiento se dirige, en este momento, a todos los brasileños y a cuantos guían sus destinos. A todos deseo felicidad, en progreso y armonía crecientes. Estoy seguro de que el Señor se hará intérprete de estos sentimientos y esperanzas míos junto al más alto mandatario de la Nación. Por intercesión de Nuestra Señora Aparecida, imploro para su persona,. Para su gobierno y para sus familiares, así como para todos los amados brasileños, las copiosas bendiciones de Dios Todopoderoso.


[Traducción del original portugués por Inma Álvarez

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Mensaje a los medios de comunicación de los Obispos de la Iglesia Hondureña y diferentes agentes de pastoral de las ocho diócesis, reunidos desde  25 al 29 de enero del 2009 en la Asamblea Nacional de Pastoral Católica, en el centro de espiritualidad “Las Tres Rosas” en Valle de Ángeles, con el fin de reflexionar sobre la realidad eclesial y trazar líneas de trabajo para el futuro quehacer pastoral.


MENSAJE DE LA XXIV ASAMBLEA NACIONAL DE PASTORAL

A LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

 

Estimados hermanos y hermanas:

 

1. La Asamblea Nacional de Pastoral Católica se reunió del 26 al 29 de enero de 2009 para reflexionar sobre nuestra realidad eclesial y trazar líneas de trabajo para el futuro quehacer pastoral. Nuestras reflexiones queremos compartirlas ahora con ustedes:

 

Una mirada a la realidad nacional

 

2. Muchas de las preocupaciones ya mencionadas en nuestra Carta Pastoral: “Por los caminos de la Esperanza” publicada en 2005,  siguen presentes y se han exacerbado:

 

3. La violencia sigue su ritmo incontrolable. El número de los deportados  está agravando más nuestra débil economía. El sistema educativo está a punto de colapsar y el analfabetismo sigue siendo un obstáculo para el desarrollo del país. La estrategia de reducción de la pobreza no ha dado los frutos esperados y muchos de los recursos fueron desviados a otras actividades.

 

4. Se acentuó la cultura materialista, preocupada por el placer, el lucro y el acaparamiento individual de los recursos del país.

 

5. El país no logra recuperar del todo la confianza en sus instituciones. Se ha incrementado  la práctica de la corrupción en todos los ámbitos de la administración pública. Se sigue pisoteando el derecho a la vida de distintas formas y se evidencia la exclusión de las personas más vulnerables. Se observa por parte del Estado una actitud de control y manipulación y hasta de represión de ciertos sectores de la población.

 

6. Sin embargo, reconocemos y valoramos los anhelos  y esfuerzos de la población para que la justicia impere en el país. Alabamos la vigilancia  de la ciudadanía en la administración pública a través de las comisiones de transparencia.

 

7. Valoramos los esfuerzos de la población para defender  y afirmar la soberanía de los Estados y felicitamos a todas aquellas personas que tomaron diversas iniciativas para construir la paz en el país.

 

Nuestras reflexiones y propuestas

 

8. Frente a este panorama descubrimos  una profunda crisis espiritual, que se traduce en una crisis moral. Los seres humanos hemos equivocado el orden de los valores; en vez de Dios hemos colocado al poder que nos da  el  dinero.

 

9. Como Iglesia reafirmamos la prevalencia de los valores en nuestras relaciones sociales, y apelamos  a la conciencia de todos para defender la  vida, la dignidad de toda  persona, el respeto a sus derechos inalienables, la  justicia, la solidaridad, la verdad y  la honestidad.

 

10. Ante las intolerables desigualdades sociales y económicas, como Iglesia abogamos por la justicia y la defensa de los pobres en  nuestro país.

 

11. Nos sentimos culpables porque no hemos cumplido con nuestra tarea misionera al no ser audaz en nuestro compromiso social ni tener presencia profética para denunciar con firmeza la injusticia que impera en nuestra sociedad.

 

12. Ante el futuro, tenemos la necesidad de formarnos en una verdadera cultura solidaria basada en la justicia entre trabajadores  y empresarios. Proponemos un pacto social entre todos los sectores del Estado y solicitamos a la clase política no seguir abusando de la confianza del pueblo.

 

13. Consideramos urgente restablecer la credibilidad de las instituciones gubernamentales y de los poderes del Estado y exigimos verdaderos procesos de democratización, tanto a nivel de partidos como abriendo espacios para la  participación ciudadana.

 

14. Pedimos crear verdaderas supervisiones financieras y técnicas que garanticen un uso adecuado de los recursos y evite el despilfarro y el robo.

 

15. Esperamos que este y el futuro gobierno diseñen políticas sociales y económicas adecuadas, coherentes y razonables que atiendan las variadas necesidades de la población y la conduzcan hacia un desarrollo sostenible.

 

16. Solicitamos a la sociedad civil  prosiga,  en el ejercicio de su ciudadanía,  con su tarea de vigilar y controlar  a la gestión gubernamental.

 

Conclusiones de la Asamblea.

 

17. Como Iglesia hemos reafirmado en esta Asamblea el compromiso de dar  cuerpo y realismo a nuestra opción preferencial por los pobres por medio de una Pastoral Social integral y coordinada, la Pastoral de la Caridad es una tarea irrenunciable.

 

18. Nos sentimos como Iglesia enviada para vivir y comunicar el Evangelio de la Vida íntegramente y por eso en la Asamblea, después  de dos días de arduos de trabajo, todas las diócesis del país acordamos:

 

Construir  un modelo de parroquia como comunidad de comunidades, dinámica, evangelizadora, solidaria, profética y litúrgica que responda a los desafíos de nuestro tiempo.

 

Continuar conociendo y asimilando el documento de Aparecida para que prosiga iluminado nuestra acción pastoral.

 

Poner en marcha la Misión Continental acogiendo los lineamientos de la Conferencia Episcopal Hondureña.

 

Concientizar en este año político a los ciudadanos sobre su deber y derecho para elegir responsablemente a sus autoridades.

 

Hemos tomado conciencia de nuestras debilidades en cuanto a:


- Tener estrategias pastorales adecuadas en los procesos de formación de los agentes de pastoral.

- Falta  más dedicación a la pastoral  de la Familia y la juventud.

- Sentimos ciertos vacios en la organización parroquial de la Pastoral Social.

- No estamos llegando a los alejados  y nos faltan más iniciativas pastorales para acercarnos a ellos.

 

19. Aún con todo esto, la Asamblea manifiesta que hemos crecido en el espíritu misionero y de comunión, fortalecidos  con la lectura orante de la Palabra  y se han hecho esfuerzos  para unificar  criterios en los procesos de formación de los agentes de pastoral. Nuestra Iglesia  también  ha hecho una tarea  muy laudable  en atender  las necesidades  sociales más urgentes de nuestro país, y ha tenido una incidencia my positiva a favor de los pobres.

 

20. Hermanos y hermanas: los desafíos son enormes y solo con el poder de Dios y el compromiso de todos  encontraremos  las respuestas valederas, que la Virgen de Suyapa, la mujer comprometida hasta el final con su pueblo, nos anime a tomar con responsabilidad nuestra vida de cristianos y cristianas conscientes  y comprometidas con el desarrollo de nuestro pueblo.

 

 

Dado en el Centro de Espiritualidad “Las Tres Rosas”, Valle de Ángeles a los veinocho  días  del mes de enero de 2009, fiesta  de Santo Tomás de Aquino.

 

Obispos y delegados de las diócesis a la XXIV Asamblea de Pastoral.

 

 

 


Publicado por verdenaranja @ 19:28  | Hablan los obispos
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Mensaje a todo el pueblo hondureño de los Obispos de la Iglesia Hondureña y diferentes agentes de pastoral de las ocho diócesis, reunidos desde  25 al 29 de enero del 2009 en la Asamblea Nacional de Pastoral Católica, en el centro de espiritualidad “Las Tres Rosas” en Valle de Ángeles, con el fin de reflexionar sobre la realidad eclesial y trazar líneas de trabajo para el futuro quehacer pastoral.



MENSAJE DE LA ASAMBLEA NACIONAL DE PASTORAL

AL PUEBLO HONDUREÑO

 

¡Estimados hermanos y hermanas!

1. Nosotros los miembros de la Asamblea Nacional de Pastoral de Conjunto: Obispos de la Iglesia Hondureña y diferentes agentes de pastoral de las ocho diócesis,  reunidos durante el 25 al 27 de enero del 2009, en el centro de espiritualidad “Las Tres Rosas” en Valle de Ángeles, para reflexionar sobre nuestra realidad eclesial y trazar líneas de trabajo para el futuro quehacer pastoral. Nuestras reflexiones queremos compartirlas ahora con ustedes:

Una mirada a  nuestra situación actual.

 

2. Queremos compartir muchas preocupaciones, realidades que nos interpelan como  cristianos hondureños, mencionadas en nuestra Carta Pastoral “Por los caminos de la Esperanza” publicada en el 2006, y que resurgen durante estos días en calidad  de angustia.

 

3. La violencia que sigue su ritmo incontrolable, ahora con la modalidad del sicariato, el secuestro de personas, y  los feminicidios, situación que hace más vulnerable  nuestra precaria seguridad, no hay duda que  la inseguridad es ahora el pan nuestro de cada día.

 

4. El aumento cada día de los deportados por la crisis económica y xenofobia hacia los migrantes de los países ricos, que están llevando  a nuestras economías débilmente desarrolladas al desempleo, escasez de ingresos y disminución de la calidad de vida, especialmente en los sectores pobres, lo que muestra  la necesidad  de gobiernos  y Estados para que actúen responsablemente para asegurar la vida de la población en su mismo territorio.

 

5. Un sistema educativo a punto de colapsar en todos sus niveles, sin que los agentes educativos asuman su responsabilidad en este descalabro que nos llevará muchos años en recuperarnos; el analfabetismo sigue siendo  un problema serio para diseñar  procesos de desarrollo en el país.

 

6. Una estrategia de reducción de la pobreza que no dio los frutos esperados al no aumentar la producción, y no aumentar los ingresos de los sectores empobrecidos,  además, muchos de los recursos fueron desviados hacia actividades al margen de la estrategia con un afán de proselitismo político.

 

7. Una cultura materialista, individualista preocupada por el placer, el lucro y el acaparamiento individual de los recursos del país, especialmente de los recursos naturales.

 

8. Por si fuera poco, el país no logra recuperar del todo la confianza en sus instituciones, La Corte Suprema de Justicia, el Congreso Nacional y la Presidencia de la República siguen siendo juzgadas como patrimonio de unos pocos  para hacer y deshacer de los bienes del Estado, aún instancias nuevas como la junta nominadora son vistas con desconfianza y no faltan voces que pretendan desacreditar cualquier  esfuerzo para salir de esta debilidad institucional.

 

9. Se ha incrementado la práctica de la corrupción en todos los ámbitos de la administración pública y aún dentro de la policía nacional que se ha visto involucrada  de manera descarada y cínica  en el crimen organizado, narcotráfico, bandas de roba carros, secuestros, extorsiones, chantajes y sobornos.

 

10. Seguimos pisoteando el derecho a la vida de distintas formas, es seguro que la dignidad humana no es por cierto el valor fundamental de los hondureños y hondureña y sigue manteniéndose la exclusión de personas como las etnias y relegándolas a  una permanente vulnerabilidad social. 

 

11. En los últimos años se ha observado de parte del estado dos actitudes