Mensaje de los Obispos de la Provicia Eclsiástica de Chihuahua con ocasión de la Cuaresma 2009.
Chihuahua, Chih.
26 de Febrero 2009
A los fieles de nuestra Iglesia y demás personas de buena voluntad.
“En nombre de Cristo les suplicamos: reconcíliense con Dios” (2 Cor 5,20).
1. TIEMPOS DIFÍCILES VIVIMOS
Los Obispos de la Provincia Eclesiástica de Chihuahua, conscientes de las tristezas y las angustias que sufre nuestro pueblo a causa de los hechos violentos que han venido sucediendo en estos últimos tiempos, exhortamos a los hombres y mujeres de todas clases sociales y credos, a reconciliarse con su corazón, con los hermanos y con Dios.
Como pastores, nos duele mirar el llanto de tantas personas y de familias enteras. Como bien sabemos, un cúmulo de sufrimiento y de muerte nos invade. Las cifras hablan por sí mismas. A todo esto, en lenguaje cristiano, se llama “pecado” porque se opone al Proyecto de Dios, destruye lo más sagrado: la vida humana, descompone a la sociedad y se manifiesta en la violencia con sus mil rostros.
Admiramos, también, la fe y fortaleza de nuestro noble pueblo de Chihuahua que quiere vivir en paz, que exige justicia como garantía para que esa paz sea posible, y que anhela y trabaja por un mundo más fraterno.
2. DÉJENSE RECONCILIAR CON DIOS
Dios mismo, ante todo esto, se siente profundamente conmovido y afectado en su corazón de Padre. Ante el estado de temor y angustia, decide salvarnos e invitarnos a construir una tierra nueva de libertad y de paz. Nos envía a su ser más querido: a su propio Hijo: “Tanto amó Dios al mundo que le envió a su propio Hijo” (Jn 3, 16). Ese “tanto” nunca lo podremos agotar.
Hoy suena la palabra amorosa del Señor Jesús: “Conviértanse”. Es la invitación a un cambio total y radical de actitudes. Ya no podemos negociar con el Mal que hemos dejado entrar, y necesitamos cambiar desde adentro hacia afuera. No es sólo el gobierno, ni los militares, ni las cárceles lo que puede dar solución a lo que pasa. Somos todos, cambiando desde dentro, quienes podemos construir un mundo nuevo. Sólo corazones nuevos harán una sociedad nueva. Y sólo Dios puede, si lo dejamos, cambiar nuestro corazón.
3. EXHORTACIÓN
Sabiendo que, detrás de toda crisis, existe una falta de espiritualidad, invitamos a volver los ojos al Dios de la vida. Ante este Dios presente, no podemos permitir que se siga manchando de sangre nuestra Patria y nuestro Estado. Sólo volviendo los ojos a Dios habrá solución. Dejémoslo entrar a la sociedad, al campo político, a las escuelas y a las familias.
Volvamos a los principios perennes: el respeto a la vida, la dignidad de la persona humana por encima de la búsqueda de dinero, el trabajo legítimo, la legalidad que protege y regula las relaciones de los individuos y la sociedad, la honestidad…
Pidamos para que se abran ventanas a la esperanza, para que exista luz, valor y congruencia en nuestras autoridades, fortaleza en los que han perdido a seres queridos, y audacia en todos para construir un Chihuahua que recupere el respeto y la paz.
A los que están implicados en la violencia, les invitamos a que consideren que la vida no se le puede quitar a nadie. Les gritamos, con corazón de pastores: “Arrepiéntanse y cambien de vida”. Dios está dispuesto a perdonarles, pero este perdón conlleva tener la disponibilidad a dar marcha atrás, a reparar los daños y a retirarse de esta actividad de muerte.
Elevemos nuestra oración confiada y llena de esperanza a Jesucristo Camino, Verdad y Vida de todos, y a María de Guadalupe, Madre del verdadero Dios por quien se vive, para que sigan cuidando a México y a nuestro Estado de Chihuahua.
+ José Fernández Arteaga
Arzobispo de Chihuahua
+ Renato Ascencio León
Obispo de Ciudad Juárez
+ José Andrés Corral Arredondo
Obispo de Parral
+ Gerardo de Jesús Rojas López
Obispo de Nuevo Casas Grandes
+ Juan Guillermo López Soto
Obispo de Cuauhtémoc- Madera
+ Rafael Sandoval Sandoval M.N.M.
Obispo de Tarahumara

