Domingo, 22 de marzo de 2009

Información recibida de Carlos Peinó Agrelo, Cursillista, Peregrino, Colaborador en la redacción de la Positito super virtutibus del Siervo de Dios Manuel Aparici y   Vicepostulador de su Causa de Canonización.

 

 

 

RIVERA Y APARICI

HISTORIAS DE LOS ORÍGENES DE CURSILLOS

 

Por el Rvdo. D. Jordi Girau, profesor del ISET San Ildefonso, Toledo,

Consiliario Diocesano de Cursillos de Cristiandad en Madrid

 

 

Antes de facilitar el texto de D. Jordi deseo hacer constar que me he tomado la libertad de poner notas a algunos puntos del mismo (van dentro del texto con este mismo tipo de letra). Espero y confío que también en esta ocasión me agradecerá la ayuda, como me la agradeció en otro momento según hace constar en la nota 6ª a pie de página del su trabajo.

 

«El contacto de Rivera con los flamantes "Cursillos" –escribe– se debió sin duda a su amistad con el Siervo de Dios Manuel Aparici, antiguo Presidente y más tarde Consiliario Nacional de los Jóvenes de Acción Católica y por entonces también seminarista, y al ámbito de pertenencia eclesial común a ambos, esa misma Acción Católica. La amistad de Aparici con los Rivera tuvo su origen en el trato de Antonio, Presidente Diocesano de los Jóvenes de Toledo, con su Presidente Nacional, desde antes de la guerra hasta la muerte heroica de “El Ángel del Alcázar". A él debió Antonio aquel impulso providencial y determinante para el descubrimiento de su propia vocación a la santidad: ¿Y si yo fuera el justo que falta a los diez que son necesarios para que el castigo divino no caiga sobre España?. Dicha amistad cristiana se extendió a todos los Rivera. A Ana María y al "cura" (o "Pepe", como a veces le llamábamos también los dirigidos) se les oía normalmente referirse a él como "Manolo". Y todavía recuerdo que, en su habitación, Rivera tuvo muchos años una fotografía dedicada de Aparici, de seglar. Estaba convencido de la santidad de Aparici. En cierta ocasión escuché al toledano ponderar la incalculable fecundidad del sacerdocio de su amigo madrileño, inmolado en los últimos años, cuando la enfermedad fue menguando hasta limitar radicalmente sus tareas ministeriales .

 

«Yo siempre –declaró Sor Carmen– lo consideré que llegaría a los altares. Mi hermano José decía que había tratado con tres santos y uno de ellos era


Manuel Aparici (los otros dos, nuestro hermano Antonio y el P. Nieto). Después de morir se habla más aún de su fama de santidad».

         «En escrito de fecha 21 de julio de 1989 dirigido al Rvdo. D. José Manuel de Lapuerta y Quintero, Consiliario de la Asociación de Peregrinos de la Iglesia, Sor Carmen le decía: «Vi con la mayor alegría que los Peregrinos están ya tras del asunto de Aparici. Yo quisiera de verdad que el Capitán llegara antes que nadie». Y añadía: «La llamada a una espiritualidad peregrinante procuro vivirla y me hace mucho bien».

 

»La conexión de Manuel Aparici con los Cursillos ha pasado desapercibida o, cuando se ha hecho objeto de atención, no ha sido calibrada con exactitud. Fue él quien, en calidad de Presidente Nacional de los Jóvenes de Acción Católica, acompañado por el Sustituto de la Secretaría de Estado, cardenal Pacelli (más tarde Pío XII), a principios de 1936 propuso al papa Pío XI, como remedio de los males de aquella época trágica, una masiva peregrinación de jóvenes españoles al sepulcro del Apóstol en Compostela: Cien mil santos a Santiago. El Pontífice bendijo la iniciativa, pero ésta no pudo llevarse a cabo a causa de las dos guerras, española y mundial, que se sucedieron; salvo en los Centros de Vanguardia durante la Cruzada, que practicaban una "peregrinación espiritual" a Santiago, y en el lema personal de Antonio Rivera que condensaba admirablemente el ideal: ¡Para Santiago, santos!


Para Santiago, santos!

Muchos años antes, Manuel Aparici, “Adelantado y Capitán” de nuestros anhelos, que hizo viva la inquietud de nuestra Juventud, fue quien dio expresión a la frase de Antonio Rivera, «El Ángel del Alcázar», “Para Santiago, santo”.


         Movido por las ideas del Siervo de Dios, Antonio Rivera, «El Ángel del Alcázar», en unos Ejercicios Espirituales, escribió su propósito: «Para Santiago he de ser santo». Muerto Antonio Rivera, este grito -«¡Para Santiago, santo!»- fue el lema de los jóvenes peregrinos en los largos años de caminar en espíritu hacia Compostela. ¡Ser santos! Esta fue la aspiración y el compromiso de aquella juventud capitaneada por Manuel Aparici.

         No todos, sin embargo, estaban de acuerdo con el Siervo de Dios. Entre sus inmediatos colaboradores algunos pensaban –como era opinión común aquellos años– que la santidad es cosa de pocos, los demás han de contentarse con ser buenos.


Si entonces aquellos jóvenes aspiraban a ser santos, hoy el Concilio Vaticano II nos proclama con claridad meridiana la universal vocación a la santidad: «En la Iglesia, todos, lo mismo quienes pertenecen a la Jerarquía que los apacentados por ella, están llamados a la santidad, según aquello del Apóstol: “Porque esta es la voluntad de Dios, vuestra santificación”».


«Pasarían,  sin embargo, escriben los Peritos Archivistas en su Informe  varios años antes de que pudiera fijarse la fecha, que finalmente fue la del Año Santo de 1948. Dieciséis años después de ser propuesta.  Pero, el viejo anhelo de los “100.000 santos para Santiago” adquiere profunda resonancia durante los años 40 hasta que se concreta en la peregrinación a Santiago de Compostela en dicho año».

«La Juventud católica española, capitaneada por Manuel Aparici y peregrina en espíritu hacia Santiago, encuentra en esta llamada [de Pío XI] una aceptación de su ofrecimiento. Y responde, a su vez: La Hispanidad debe ser la Vanguardia de Cristiandad, de esa Cristiandad ejemplar que el Papa pide. Porque sólo España, junto a sus hijas, puede poner tantas almas al servicio de la Iglesia, para salvar al mundo.

»Años de guerra: años de heroísmo y de martirio. “El Ángel del Alcázar”, Antonio Rivera, se había dado a sí mismo –repetimos– la consigna: “¡Para Santiago, santo!”. Bajo este lema, y tras su ejemplo, miles de “Peregrinos de Santiago en los campos de batalla” (como se denominan los jóvenes encuadrados en los “Centros de Vanguardia”) y los que viven años de catacumba en los “Centros clandestinos”, caminan en espíritu a Compostela. En ellos hay un solo deseo: forjar la Vanguardia de la Cristiandad ejemplar, y una sola ilusión: la de que a España le espera un Continente “para marchar tras ella por el Camino Real de la Santa Cruz”».

         «[...] A partir de entonces, al conjuro del nombre jacobeo, el ritmo de la marcha se hizo más vivo por momentos, mientras se iba perfilando el proyecto con pasión y minuciosidad. Santiago es la impaciencia y la osadía apostólica [...]. Y el Señor Santiago había quedado para siempre en tierra española hasta la resurrección de la carne [...]» .

 

»La mística de Aparici se expresaba en aquella sugestiva definición: Peregrinar es caminar con [en realidad: por] Cristo al Padre, a impulsos del Espíritu Santo, con la ayuda de María y llevando consigo a los hermanos, que desde antes del primer Cursillo y hasta la fecha, con pequeñas pero significativas modificaciones, campea todavía, como una especie de reconocimiento de deuda y homenaje de gratitud, en la Guía del Peregrino que se entrega a los participantes en todos los Cursillos de Cristiandad.

¿Significativas modificaciones?

         «Peregrinar es –se lee, por ejemplo, en la Guía del Peregrino editada por el Secretariado Nacional de Cursillos de Cristiandad de España en 1968– caminar por Cristo hacia el Padre, a impulsos del Espíritu Santo, con la ayuda de María y de todos los Santos, llevando consigo a los hermanos».

Es la definición de Manuel Aparici a la que se ha añadido «y de todos los Santos».

Sin embargo, años después, en 1990 y en 2003, por ejemplo, el Secretariado Nacional no mantiene en la Guía del Peregrino la definición que ofreció en 1968, y así escribe: «Peregrinar es ir por Cristo hacia el Padre, a impulsos del Espíritu Santo, por los caminos del corazón del mundo a manera de fermento, con la ayuda de María y de todos los santos, llevando consigo a los hermanos».

José Rivera, por su parte, cuando escribe a su amigo Blas Piñar el 10 de diciembre de 1967 sobre un posible trabajo sobre Manuel Aparici en uno de los puntos que le propone (la vida cristiana) escribe: «es un peregrinar por Cristo hacia el Padre a impulsos del Espíritu Santo, con la ayuda de María y de los Santos, llevando consigo a los hermanos.

»Ya desde principios de los años 40, y más intensamente a partir de 1945, el Consejo Superior de Jóvenes de Acción Católica empezó a impartir, en muchas diócesis de España, unos cursos llamados Cursillos de Adelantados de Peregrinos, destinados a preparar la espiritualidad de los responsables de la peregrinación a Compostela, que se celebró finalmente en verano de 1948. En Mallorca dichos cursos fueron bien acogidos y, enseguida, copiados y adaptados por los responsables diocesanos de Acción Católica, con el nombre de Cursillos de Jefes de Peregrinos. Estos responsables se reunían en una "Escuela de Propagandistas" que preparaba, revisaba, corregía y perfeccionaba incesantemente los cursillos celebrados. De la fervorosa espiritualidad peregrinante de tal Escuela, y de su estudio teológico, psicológico y pastoral de la realidad juvenil, surgió algo nuevo, unos "Cursillos" que durante los tres primeros años de su existencia se llamaron "de Conquista" y más tarde (a partir de 1951) fueron rebautizados por el Prelado Diocesano como "de Cristiandad". El primero de ellos, dotado ya de todos los elementos del método, proclamado como primero por el posterior Secretariado Nacional de Cursillos de Cristiandad de España y reconocido cómo tal por el Organismo Mundial de Cursillos de Cristiandad, se celebró en el monasterio mallorquín de San Honorato, del 7 al 10 de enero de 1949.

 

Escribe: «En Mallorca dichos cursos [los de Adelantados de Peregrinos] fueron bien acogidos y, enseguida, copiados y adaptados por los responsables diocesanos de Acción Católica, con el nombre de Cursillos de Jefes de Peregrinos».

¿Copiados y adaptados? Rotundamente, no.

         Ambos Cursillos (los de Adelantados y los de Jefes de Peregrinos) fueron creados por Manuel Aparici en 1940 y tenían la misma finalidad y contenido, es decir el mismo plan: preparar a los jóvenes para Santiago, pero distintos destinatarios, profesores y fechas de impartición. Los dos se celebraban en régimen de internado, los de Adelantados en las vacaciones de Navidad impartidos por miembros del Consejo Superior y los de Jefes de Peregrinos en las de Semana Santa a organizar por los muchachos que habían hecho los Cursillos de Adelantados en sus respectivas Diócesis, en las que ellos repetían las explicaciones propias de seglares a muchachos con categoría de dirigentes de Centros o del Consejo Arciprestal.

Los de Adelantados de Peregrinos  eran para dirigentes diocesanos o asimilados. Los de Jefes para dirigentes de Centros o del Consejo Arciprestal y los de Guías para jefes de decuria e instructores Parroquiales de Aspirantes.

         Por su parte, D. Jaime Capó Bosch escribe en «Motivos de esta Publicación»:

«Referencia amplia en esta introducción a otra publicación titulada “CURSILLOS DE FORMACIÓN DE JEFES DE PEREGRINOS”, editada en Madrid el año 1941. Bastantes elementos de “rollos-seglares” los encontramos en aquellos guiones. He recalcado expresamente la palabra “seglares”, para llamar la atención sobre las lecciones de espiritualidad que en este cursillos e A.C. se desarrollaban».

Sin embargo, no tiene nada de extraño que lo afirme porque también lo afirman, entre otros, Mons. Hervás, Mons. Saiz Meneses, D. Sebastián Gayá, Guillermo Bibiloni. Se nota que han bebido de la misma fuente.

«[…] Se cita a Bibiloni –me dice D. Jaime Capó–. Era condiscípulo de mi hermano y coincidimos en el seminario. Sólo había dos cursos de diferencia. Fue sacerdote, trabajó en Perú y se secularizó, viviendo ejemplarmente su vida cristiana de casado. Nunca estuvo en un cursillo. Se le encargó -no gratis- que escribiera el libro. Personalmente hablé con él y le recriminé que dijera cosas que no eran exactas. Me confesó que lo escrito era lo que le habían relatado; y quien se lo había relatado o dictado era Eduardo». Ver también nota 17 a pie de página.

El cómo y el porqué (E. Bonnín, M. Fernández. Madrid 1973, 2ª edición) es una de las publicaciones más significativas y antiguas del Movimiento, según Mons. Saiz Meneses. En el Apartado Antecedentes Históricos se lee:

«Retrocediendo algunos años, si analizamos la actuación de la Juventud de Acción Católica de Mallorca  –los Cursillos nacieron en el seno del Consejo Diocesano de los Jóvenes – nos encontramos con un largo periodo (1941-1948) en el que todas las actividades apostólicas se centraron casi exclusivamente en la preparación –espiritual sobre todo– de la Peregrinación a Santiago. Es entonces cuando se dibuja y perfila el ideal y el estilo peregrinante, plasmación de la concepción apostólica de la juventud, y del que se impregnan primeramente los dirigentes mediante los “Cursillos de Adelantados de Peregrinos” que, en número de seis, y dirigidos por propagandistas del Consejo Superior, se celebran durante estos años en nuestra Diócesis. Los resultados de estos Cursillos, por lo que a nuestro interés se refiere, fueron entre otros, la movilización apostólica de los dirigentes de entonces, la captación e incorporación de nuevos dirigentes (cuya influencia iba a ser decisiva en la realización de los Cursillos de Cristiandad), y la siembra en todos ellos de inquietudes apostólicas que iban más allá del objetivo concreto de la Peregrinación a Santiago.

AFIRMA: Que «es entonces cuando se dibuja y perfila el ideal y el estilo peregrinante». Rotundamente, no como ha quedado por el documento enviado tiempo atrás («Ideal Peregrinante y Vanguardia de Cristiandad: Unidad en la fe de los Pueblos Hispanos») que trata del desarrollo histórico del Ideal Peregrinante, el ideal de Manuel Aparici, un ideal que permanece vivo.

 

         »Estas inquietudes y energías nuevas –sigue diciendo– desembocan pronto en los llamados “Cursillos de Jefes de Peregrinos”, llevados a cabo por dirigentes del Consejo Diocesano según las líneas fundamentales de los anteriores […].

 

         Rotundamente, no. Así no nacieron los Cursillos de Jefes de Peregrinos como acabamos de ver.


D. Jordi escribe: «De la fervorosa espiritualidad peregrinante de tal Escuela». Se nutre de la espiritualidad peregrinante de Manuel Aparici; a veces se denominaba mística peregrinante.

 

»La Escuela que gestó y creó los Cursillos era un grupo de 22 jóvenes, entre los que descollaba Eduardo Bonnín, entonces Presidente del Consejo Diocesano de Jóvenes de Acción Católica, ideólogo fecundo en la progresiva transformación de los Cursillos de Jefes de Peregrinos, y Rector seglar del primer Cursillo y de muchísimos más, también del de Rivera. Eran sacerdotalmente acompañados por don Sebastián Gaya, Consiliario Diocesano de los Jóvenes de Acción Católica y fundador de la Escuela en 1944, director espiritual del equipo que dio el primer Cursillo y representante del Obispo en la clausura correspondiente, donde pronunció aquel profético "mayores cosas veréis". A dicha Escuela se incorporaron, en el periodo que precede a ese primer Cursillo, personas de valía como el teólogo Juan Capó, que dirigió el retiro espiritual introductorio de tan decisivo Cursillo, y fue nombrado, más tarde, Consiliario de los Jóvenes, al pasar Gaya a Consiliario general de Acción Católica. El también joven obispo diocesano (el obispo más joven de España en su momento), Mons. Juan Hervás, animó eficazmente a la Escuela en todos sus esfuerzos, y asumió la tutela de Cursillos en los tiempos más difíciles, hasta la mayoría de edad del Movimiento por la creación del Secretariado Nacional de Cursillos de Cristiandad (1962), que sancionó la diferencia y la independencia de Cursillos en relación con Acción Católica, tal como lo habían concebido desde el principio los mencionados iniciadores .

 

Nótese: La Escuela creó y gestó los Cursillos de Cristiandad … en la progresiva transformación de los Cursillos de Jefes de Peregrinos de Manuel Aparici.

 

»Los iniciadores tuvieron clara conciencia de la novedad de sus Cursillos. Su espiritualidad peregrinante era la misma de Aparici, que daba prioridad a lo sobrenatural y rechazaba una estructura organizativa de la Acción Católica que no estuviera impregnada de vida de gracia consciente, creciente y compartida. O, dicho en otros términos, vida de santidad, de comunidad y de apostolado. Este fue su legado para los Cursillos de Cristiandad, valiosísimo a mi juicio.

Nótese: La espiritualidad peregrinante de los Cursillos de Cristiandad era la misma de Manuel Aparici.

 

»Pero los jóvenes mallorquines marcaban la diferencia con la Acción Católica, alardeando, con la audacia propia de su edad, no tener banderas, insignias, ni censos, y exhibiendo, además, un talante de entusiasmo y de piedad viril, marcadamente contrapuesto a toda beatería. Algunos de Acción Católica lo percibieron con claridad, y denunciaban entre indignados y desconcertados que muchos cursillistas de valía se mostraran dispuestos a seguir trabajando en Cursillos pero rehusaran hacerlo en Acción Católica .

»En realidad tanto el método del recién descubierto Cursillo como su estrategia eclesial eran claramente distintos de los de Acción Católica. El método, porque los contenidos de los "rollos" (charlas) de los Cursillos de Mallorca no eran ya los de los Cursillos de Adelantados de Peregrinos, sino que se orientaron totalmente hacia la gracia de Cristo y la vida cristiana como su directa consecuencia. Además, el estilo se hizo más entusiasta y audaz, menos doctrinal o catequético, y explícitamente "vivencial": experiencias concretas de la fe y la caridad encarnadas en la vida personal del día a día.

»Resumiendo ambos conceptos, Juan Capó forjó la certera noción de "lo fundamental cristiano": lo que da vida y sostén a lo cristiano; aquello de lo que, luego, se derivan la doctrina, la moral, los ritos, las estructuras eclesiásticas y apostólicas, y hasta unas nuevas estructuras temporales empapadas de evangelio; aquello sin lo cual todas estas cosas están muertas y pueden convertirse incluso en un estorbo, en un escándalo. "Lo fundamental cristiano" es lo que se vive y comparte en cada uno de esos "Cursillos" inventados por los jóvenes de Acción Católica de Mallorca.

»La universalidad de "lo fundamental cristiano" capacitaba a Cursillos (al Movimiento que surgía de la aplicación del nuevo método), además, para fecundar con el Evangelio todos los ambientes: no sólo la peregrinación a Santiago, no sólo los centros parroquiales de Acción Católica; ni siquiera los ambientes eclesiales de España o de Hispanoamérica. La gracia está destinada a fermentar también todas las realidades humanas, individuales y sociales. Descubrirlo, sentirse llamado con el contundente "¡Cristo cuenta Contigo!", entusiasma y moviliza los corazones no sólo de los cristianos encuadrados ya antes del Cursillo en organizaciones cualificadas, como la Acción Católica, sino de los "alejados" de la Iglesia; y muchas veces en mayor medida, conforme al evangélico "amará más aquel a quien más se le perdonó", o porque ha encontrado en el Movimiento (¡no asociación!) de Cursillos un ámbito donde se siente cómoda una personalidad viva y creativa que antes no encajaba en organizaciones rígidas o en el general anquilosamiento.

 

Si los Cursillos de Cristiandad nacieron después de la Peregrinación a Santiago, ¿cómo la universalidad de “lo fundamental cristiano” podía capacitar a Cursillos para … –además– … la Peregrinación a Santiago.

Forteza [es decir, Bonnín; «Forteza me dice D. Jaime Capó era un niño, aspirante de AC, cuando empezaron tos Cursillos, y así, como niño, lo recuerdo. Cuanto dice fue dictado por Eduardo». Ver también nota 17 a pie de página] afirma que Bonnín «[...] relaciona lo vivido en el Cursillo de Peregrinos con sus inquietudes personales más profundas y con su experiencia catalizadora de los ambientes descristianizados. Llegó a la conclusión de que algo a la vez similar y diferente de aquel Cursillo de Jefes de Peregrinos, podría conseguir dinamizar en cristiano no sólo un acontecimiento determinado –como la Peregrinación a Santiago- sino la vida normal y diaria de los ambientes reales y concretos» .
¿Dinamizaron de verdad los Cursillos de Cristiandad la Peregrinación a Santiago?  Al menos en la Península, no  dado que  el primer Cursillo de Cristiandad que se dio en ella, fuera de Mallorca,  fue –según él– en la Archidiócesis de Valencia del 15 al 19 de agosto de 1953 ; es decir, cinco años después de haber tenido lugar la Peregrinación a Santiago. ¿En Mallorca? «¿Qué hace en la década de los cuarenta ese puñado de jóvenes laicos a quienes Dios ha concedido el carisma fundacional [...]? –se pregunta Bibiloni [o sea Bonnín como ha quedado dicho]–. Se reúnen –dice– , preparan la peregrinación a Santiago, hacen una vez al año ejercicios espirituales, y retiros cada mes, fundan escuelas de formación, participan en Cursillos de Adelantados y de Jefes de Peregrinos, van forjando paulatinamente la estructura de lo que pronto será y hoy sigue siendo un Cursillo de Cristiandad. Y sobre todo oran, meditan y leen [...]», pero no dice que esa juventud asista a Cursillos de Cristiandad. ¿Por qué? ¿Y por qué ese interés en querer relacionar los Cursillos de Cristiandad con la Peregrinación a Santiago?

«El clima generado por los cursillos permitió, entre otras muchas cosas –añade Forteza [o sea Bonnín como ha quedado dicho]–, que la participación mallorquina en la Peregrinación a Santiago

fuera una de las más destacadas por su número y espíritu [...]».


         ¿A qué tipo de cursillos se refiere Forteza (o sea Bonnín como ha quedado dicho)? ¿No crees, amigo lector, que de haberse querido referir a los Cursillos e Cristiandad no hubiese desaprovechado la oportunidad de citarlos expresamente.


«Es evidente –escribe Bibiloni [o sea Bonnín como ha quedado dicho]– que los Cursillos de Cristiandad tienen mucho que ver con los de Adelantados y de Jefes de Peregrinos y no menos con la Peregrinación  Santiago [...]» [1].


         Es evidente –repetimos– que los Cursillos de Cristiandad tienen mucho que ver con los Cursillos de Adelantados y de Jefes  de Peregrinos creados por Manuel Aparici en 1940, pero no  con la Peregrinación a Santiago a menos en la Península como acabamos de ver. ¿En Mallorca?  «¿Qué hace en la década de los cuarenta ese puñado de jóvenes laicos a quienes Dios ha concedido el carisma fundacional [...]? –se pregunta Bibiloni [o sea Bonnín como ha quedado dicho]–. Se reúnen –dice– , preparan la peregrinación a Santiago, hacen una vez al año ejercicios espirituales, y retiros cada mes, fundan escuelas de formación, participan en Cursillos de Adelantados y de Jefes de Peregrinos, van forjando paulatinamente la estructura de lo que pronto será y hoy sigue siendo un cursillo de cristiandad. Y sobre todo oran, meditan y leen [...]» , pero no dice que esa juventud asista a Cursillos de Cristiandad. ¿Por qué? ¿Y por qué ese interés en querer relacionar los Cursillos de Cristiandad con la Peregrinación a Santiago?  ¿A qué fin responde tal empeño nos preguntamos de nuevo?

»La estrategia eclesial que de ello se derivaba no podía ser únicamente la revitalización de los Centros de Acción Católica sino la "vertebración de la cristiandad", la creación de grupos o núcleos de cristianos que vivan la gracia con todas sus consecuencias comunitarias y evangelizadoras en cualquier ambiente, intra o extraeclesial. En definitiva, los Cursillos, con raíces en la espiritualidad peregrinante de Aparici pero con un método nuevo y diferente (que más tarde se llamará kerygmático), y con unas metas muchísimo más amplias, generaban un nuevo y distinto Movimiento que no era la Acción Católica.


Nótese: «En definitiva, los Cursillos, con raíces en la espiritualidad peregrinante de Aparici … ».

 

»Volvamos a Aparici. Desde su ordenación sacerdotal (1947) y pronto nombramiento como Consiliario Nacional de la Juventud de Acción Católica (1950), don Manuel lideró la corriente "cursillista" de la Acción Católica, que se hace oficial de 1954 hasta 1958. Desde el Consejo Superior, él y los suyos (entre los que debo destacar al laico José Díaz Rincón, amigo mío y más todavía de don José, amigo también y colaborador fidelísimo y eficacísimo de don Manuel), embebidos de mística peregrinante, hondamente espiritual pues daba prioridad a lo sobrenatural, optaron por unos "Cursillos" que a todas luces promovían la vida de gracia, y que de buena fe creyeron propios: un fruto de la Acción Católica que ella podía legítimamente administrar, aplicándoles las necesarias modificaciones orientadas a ponerlos más claramente a su servicio.


José Díaz Rincón conoció a Manuel Aparici cuando tenía 19 años y era Presidente de Centro. Le trató hasta su muerte, o sea, 15 años y 6 meses. El trato puede calificarse de muy asiduo, intenso, espiritual y apostólico, sobre todo a partir de las vísperas de Navidad de 1953. Fue su director espiritual desde mayo de 1954 hasta prácticamente el día de su muerte. Al final, el Siervo de Dios le pidió  que se dirigiese con D. José Rivera Ramírez diciéndole: «Pepe está criado a mis pechos, aunque tú casi no le conoces ten confianza absoluta en él, es un sacerdote muy joven y muy santo» . Testigo en su Causa de Canonización recorrió con él toda España dando Cursillos de Cristiandad, unos 75.

 

»Esas modificaciones fueron de calado diverso: leves, como el cambio de nombre, de "Cursillos de Cristiandad" a "Cursillos de Militantes de Cristiandad"; o importantes, como la inclusión de un "rollo" en donde se orienta al "militante" después del cursillo hacia su Centro Parroquial de Acción Católica. Esta opción se abrió paso a pesar de que otra corriente de la misma Acción Católica se opuso vigorosamente a la apuesta "cursillista", la corriente que más tarde, al enfermar Aparici y desfallecer su capacidad de influjo, impondría la especialización. La caridad manda suponer que también estos últimos lo hicieron con recta intención: para responder mejor a las exigencias de un mundo cambiante, de creciente complejidad y en progresivo alejamiento de lo cristiano, optaron por una organización cada vez más sofisticada. Pero la recta intención no es lo mismo que el buen criterio: de hecho descuidaron más y más la espiritualidad y la confesión explícita de la fe. Las tristes consecuencias de tal "compromiso temporal", el secularismo, la pérdida de identidad cristiana y el hundimiento de la Acción Católica, son de todos conocidas.

»Los iniciadores y promotores de Cursillos, por su parte, tuvieron que afrontar, a partir de 1955, en Mallorca una durísima etapa de purificación, padeciendo públicas correcciones, restricciones y amenazas del sucesor de Hervás, Mons. Enciso, especialmente cristalizadas en su carta pastoral de 1956. Una situación instigada por la Acción Católica, según su propia declaración . Esta prueba provocó, sin embargo, una providencial y fecunda diáspora y, gracias a la tenaz resistencia de don Juan Hervás en su nueva diócesis de Ciudad Real a raíz de su traslado, gracias también a la rápida expansión del Movimiento por América y por todo el mundo en la década sucesiva (expansión en. la que nada tuvo que ver la Acción Católica y que fue favorecida, entre otros factores, por el trabajo de Gaya al frente de la Comisión Española de Migraciones, encargada de suministrar capellanes a nuestros emigrantes en el extranjero), y gracias finalmente a los renovadores aires conciliares (en el Vaticano II Hervás brilló con luz propia, llegando a ser internacionalmente conocido como "el Obispo de los Cursillos"), la Santa Sede fue madurando la necesidad de un deslinde institucional entre los florecientes Cursillos de Cristiandad y una decadente Acción Católica»  



Publicado por verdenaranja @ 23:06  | Espiritualidad
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