Viernes, 27 de marzo de 2009

Información enviada por Carlos Peinó Agrelo, Cursillista, Peregrino, Colaborador en la redacción de la Positito super virtutibus del Siervo de Dios Manuel Aparici y Vicepostulador de su Causa de Canonización. 

 

MANUEL APARICI Y LA FAMILIA RIVERA

 

Con fecha 13 de abril de 1948 D. JOSÉ RIVERA LEMA, hablando de sus hijos, le dice a Manuel Aparici:

 

«Mi querido amigo y capellán:

»Recibí tu carta que verdaderamente me llenó de gozo, pues he visto, por lo que me refieres, que aquella tiara de requisitos indispensables para alcanzar algo del Señor: sacrificio, mortificación y oración estaban y están en Antonio, Carmelina y Pepe. El primero por estar ya allí donde él, con toda convicción, dijo que iba, por lo que nos dejó nota clara del poder de esa tiara, y los otros dos por estar preparándose hace ya tiempo, y sin dejar de andarlo, en el camino angostísimo que les lleva a donde es voluntad del Señor que vayan, nos indican que si de Dios queremos ser oídos ha de ser formados en esos requisitos de que Él nos dejó perenne ejemplo en la Pasión que sufrió. Así que yo, que los veo tan en ti copiados, estoy contentísimo con que sean nuestros muchachos y más si atiendo a que en todas las habitaciones de esta casa resuenan constantemente los ecos de aquellas palabras que dejaban traslucir inequívocamente la admiración que por ti sentía el primero y sienten los que en la muerte mística ... y en el martirio lento ... van apartando día a día ... las impurezas que les puedan quedar de su deambular por el mundo.

»Y sentido esto, nada tiene de particular que tú que, a ellos acudes por medio de libros y petición de oraciones, te veas rodeado de esos obsequios que el Señor te hace en las almas de los ejercitantes de ambos sexos, pues ellos, los muchachos nuestros, a Él se lo han pedido para la santidad de su sacerdote y la máxima alegría de haberte entregado todo en todo lo que Él te pide …

»Con todo el afecto de Carmen y Ana María recibe con el agradecimiento de tu bendición un fuerte abrazo de tu siempre buen amigo.

»P/S. Ana María está algo molestada con el Sr. Aparici pues dice que ella no es una insignificante en la Acción Católica. Vale».

 

Por su parte, MANUEL APARICI, ya muy enfermo, a poco más de un año de su muerte, concretamente el 20 de marzo de 1963, le escribe a su buen amigo D. José, del que se consideraba "cuasi" hijo, y le dice:

 

«Mi querido D. José:

»Hace tiempo que estoy queriendo escribirle y ahora aunque llegue con retraso la felicitación no quiero dejar de ponerle siquiera unas líneas.

»Parece que Ana María es un poco gafe o profeta, pues en su carta felicitándome el año y el Santo me decía que deseaba que no tuviera la gripe de todos los inviernos y ... a los pocos días caí con una bronconeumonía que me tuvo una temporada fastidiado, pues me privó de celebrar la Santa Misa y de pasarme largos ratos junto al Sagrario durante quince días.

»He leído el original escrito por Córdoba [José Manuel de] sobre Antonio y me ha complacido mucho al par que me ha hecho bien el volver a recordar su ejemplo.

»A Vds. también, como a la familia de S. Bernardo, se les puede designar como "la familia que alcanzó a Cristo", pues si Vd. y doña Carmen colaboraron con el Señor en la santificación de sus hijos, ahora éstos, con las exigencias de sus vocaciones, les santifican a Vds. crucificándoles con la cruz de la soledad; soledad que Él nos elige para poderse dar más totalmente a nosotros sin compañías que dificulten la íntima unión preparatoria de la nueva, íntima, gozosa y eterna del cielo.

»Con todo cariño les bendice a todos su "cuasi" hijo».


         CARMELINA (SOR CARMEN, EN RELIGIÓN) conoció a Manuel Aparici en una Asamblea de Acción Católica que se celebró en Toledo antes del año 1936 sin poder precisar más la fecha. Fue su director espiritual, incluso estando gravemente enfermo y lo fue desde su obligado retiro. Ella su capellana, abogada, madrina de oraciones, ángel de consuelo y confortación e hija espiritual.

         En sus cartas le dice a Manuel Aparici: «[...] Él por tu medio me hizo descubrir [...]»  «Te aseguro que cada día le agradezco más al Señor que te pusiera cerca de mí para traducirme siempre Su Palabra exacta. La que Él decía para mí [...]» . «[...] Ya te he dicho muchas veces la envidia que te tengo [...]» . «[...] Cada día le doy más gracias a Dios por haberme encontrado contigo [...]» . «[...] Y cuando llegues al cielo que alcances del Señor un nuevo Pentecostés para todas las almas que unió a ti y entre las que en primerísimo lugar me encuentro» .

 

«Participé –dice en su declaración– de la admiración de mi hermano Antonio Rivera sobre el enfoque de todos los aspectos de la vida y especialmente del apostolado, en las tres virtudes teologales, apoyándolo todo en la Sagrada Escritura y más particularmente en el Evangelio de San Juan. Verdaderamente impresionaba este continuo apoyo y enfoque en las tres virtudes teologales.

»La cita «¿eres tú el justo que falta?» que mi hermano Antonio se aplica para la salvación de España durante los años de persecución, esta cita es de la Sagrada Escritura  la apostilla Antonio “medita lo que te dijo Aparici, la salvación de España puede depender de tu santificación” […].

»El influjo de su vida, trato, su ejemplo y predicación fue definitivo no sólo para mí, sino que soy testigo de su influencia grandísima en mis hermanos Antonio y José y otros […].

         »Yo siempre lo consideré que llegaría a los altares. Mi hermano José decía que había tratado con tres santos y uno de ellos era Manuel Aparici (los otros dos, nuestro hermano Antonio y el P. Nieto). Después de morir se habla más aún de su fama de santidad» .

 

Por carta del 21 de julio de 1989, le dice al Rvdo. José Manuel de Lapuerta y Quintero, Consiliario de la Asociación de Peregrinos de la Iglesia : «Vi con la mayor alegría que los Peregrinos están ya tras el asunto de Aparici. Yo quisiera de verdad que el Capitán  llegara antes que nadie» . «La llamada a una espiritualidad peregrinante procuro vivirla y me hace mucho bien» .

 

Manuel Aparici formaba parte del núcleo familiar, afirma, por su parte, ANA MARÍA en su declaración .

 

         «Conocí a Manuel Aparici –dice– en Aranda de Duero el curso 38-39 cuando llegó para la fundación de la Acción Católica. Tenía quince años. A partir de esa fecha, el trato fue más asiduo según pasaba el tiempo con la sola interrupción de sus años de Seminario.

         »Siendo seglar, después del primer contacto en Aranda, venía a visitar a la familia, se hospedaba o comía en casa [...]. Veía a mis padres y a los tres hijos. Quería comunicarse con mis padres, lo que comenzó por carta tras la muerte de Antonio [20 de noviembre de 1936].

         »Al ordenarse sacerdote, vino pasados unos días. Así continuó el trato con él dentro de la familia.

         »Más tarde hice Ejercicios Espirituales, dirigidos por él a jóvenes de Acción Católica en su Rama Femenina. Tres tandas en años casi consecutivos.

         »Entones y después, consulté con él temas de espíritu, conciencia y apostolado, durante toda su vida, incluso en su enfermedad.

         »En tiempo de guerra hablaba con entusiasmo de los Centros de Vanguardia, su actividad intensa en ellos. Esta intensidad la veíamos al contarlo. En primera línea repartía SIGNO, trataba personal y apostólicamente en las trincheras con los combatientes como preparación en las vísperas de las batallas.

         »En retaguardia, alternando, visitaba los hospitales de sangre, viendo uno a uno a los heridos, hablándoles de Jesucristo, del valor del sufrimiento, preparación para la muerte y lazos de unión con los que podían curarse con los Centros de Acción Católica.

         »Contaba que los heridos agradecían sus visitas: “con tanto trabajo como tienes”. Su respuesta era: visito al Santísimo diariamente y comparto el tiempo de estar con Él sacramentado para verle en ti y pasar a la intimidad con Cristo doliente. Sus palabras eran otras, más extensas y más hondas.

         »En estas conversaciones nos dejaba advertir y recibir su vida amorosa, unión íntima, vibración … su propia intimidad con Cristo.

         »Esta confianza que veíamos con respecto a la familia la considerábamos una gracia de Dios, correspondiendo a su llegada con verdadera acogida. Él venía con la convicción de esto.

         »En una de las tandas de Ejercicios, en que llevaba yo la responsabilidad, me llamó para una pequeña reforma de horario, porque “mañana voy a comer con sus padres; estando en Toledo no dejó de ir para darles esa alegría y acompañarles”, me dijo.

         »Acostumbraba a elogiar expresiva y delicadamente a la que había preparado la comida [...] se quedaba escuchándole y recibía un bien espiritual.

         »Su conversación era siempre sobre temas religiosos, espirituales, apostólicos.

         »Antes de irse Carmelina al convento y ya mi hermano en el Seminario, nos proponía a consideración fragmentos evangélicos, de epístolas, del Papa … diciendo: aquí hay cuatro miembros de Acción Católica, ¿cómo interpretan y aplican esta Palabra de Dios? ¿Cómo obran, en consecuencia, en su vida apostólica?

         »Decía a mi padre que se sentía algo hijo suyo, y así obraba, escuchándole con toda atención sus actividades apostólicas, su tiempo del frente, dos años como médico en una bandera, catequesis con los soldados, atención religiosa a los graves, etc. Aparici, visiblemente cansado después de la jornada de Toledo y con sueño, escuchaba con atención los largos y repetidos relatos sin interrumpirle más que con algún comentario breve de elogio y aprobación.

         »Mis recuerdos son todos favorables, edificantes, agradables y de tono heroico en todo.

         »En los Ejercicios, en los que seguía a San Ignacio, se apreciaba el cansancio, el problema circulatorio que parecía tener. Era difícil acertar con el asiento, cojines, probando lo posible sin lograr verle cómodo. En estas condiciones daba meditaciones como si no le pasara nada, largas, estilo contemplaciones, que se nos pasaban volando. Se mantenía en ellas e igual en las comidas y tiempos libres, un silencio no impuesto, apenas recomendado, espontáneo, fruto de ver las verdades vivamente expuestas en Ejercicios que duraban ocho días y recibir esas verdades como vividas, como experimentadas.

         »Especialmente las meditaciones sobre la Virgen no se olvidan nunca.

         »Siempre, en todas las exposiciones, el amor de Dios se hacía tan visible, tan verdadero, expresado de tal forma que brotaba amor nuestro a Dios.

         »Con los ejemplos de las distintas formas de amor humano, se pasaba suave y fácilmente al Único Amor. Inhabitación, Jesús Sacramentado, la Pasión, “en Él vivimos, nos movemos y somos”, con abundantes citas del Nuevo Testamento y Santos Padres. También el testimonio de los santos, de los mártires y de los jóvenes que vivían entregados.

         »Insistía mucho en el amor del Padre y de Jesucristo por entregarle y entregarse en la Pasión y Muerte.

         »Para entender el dolor sufrido por Jesucristo bajaba a detalles en que lo experimentásemos (brazos en cruz, etc.) puesto que éramos jóvenes y sanas. Pequeñas mortificaciones dolorosas, dolores que vinieran por sí solos … En todo ello eran sus palabras: si yo siento este dolor ¡Qué dolor tendría Cristo que se hizo todo llagas, bocas abiertas en su Cuerpo para poder decirnos por ellas “te amo”!

         »En los pequeños dolores míos, mi reacción primera de ¡cuánto me duele! que pasara a ser ¡cuánto me amas!

         »Las consecuencias al oírle eran siempre alegría y paz; sentido de la propia nada y luz sobre el hondo pecado propio de desamor, no correspondencia … más nunca desánimo sino confianza en ese amor de Dios y la intercesión amorosa de la Virgen, corredentora, omnipotencia suplicante, forzó la hora en Caná …

         »Era claro ver en Aparici a Dios Padre, a Cristo perdonando, amando, acogiendo, medio de recibir su Amor Divino [...].

         »En el primer destino como sacerdote, desde el Escorial, en el verano después de su ordenación (31 de mayo, fiesta que era de la Mediación de María) escribió a mis padres contándoles sus consuelos y gozos de las primicias sacerdotales. Recuerdo especialmente  cómo  hablaba del tiempo de confesionario –sobre todo con los jóvenes–, de perdonar a los pecadores y ser objeto de la misericordia de Dios.

         »Más tarde, siendo Consiliario Nacional fui al acto de la imposición de placa en Riaguas de San Bartolomé (Segovia) en la casa donde nació mi hermano Antonio. Habló por un micrófono inmediatamente de llegar, ayudando a seguir la Misa.

         »Decía: podemos estar aquí porque siete mil mártires, unidos al Sacrificio de Cristo, dieron su vida joven, se están pudriendo sus cuerpos, pero triunfaron y viven en el Cielo. Influyó en los muchos jóvenes que se desplazaron desde Toledo, Madrid y Segovia [...].

         »Sé por mi hermano José que la Teología la estudió Aparici de rodillas.

         »Deseábamos desde su muerte, por la gloria de Dios y el bien de la Iglesia, que introdujeran esta Causa de Canonización [...] porque considerábamos sin lugar a dudas que sus virtudes fueron heroicas y su vida ejemplar.

         »Conocí a su madre, a una hermana de su madre, a su propia hermana y a su hermano Rafael a quienes traté.

         »Durante su enfermedad le visité muchas veces. Chocaba la facilidad de poderle ver (debido a la soledad) en contraposición a las dificultades anteriores por su gran actividad.

         »Las entrevistas eran para gran beneficio espiritual mío. A la vez tenía mucha confianza para pedir algunas ayudas materiales para él y para su madre; incluso me llamó varias veces durante la gravedad de su madre.

         »Hablaba de la soledad, el consuelo de las visitas, los antiguos jóvenes que le llevaban sus hijos, etc.

         »Describía las largas horas en la cama sin poder hacer más que mirar al Crucifijo [...].

         »A D. José Manuel de Córdoba, que se ofreció a llevarle donde quisiera unos días para sacarle de casa, y allí cuidarle, le contestó: vete tú, descansa, benefíciate espiritualmente; yo veo que la voluntad de Dios es quedarme en casa.

         »En los finales, expresó por escrito y de palabra cómo le iba inundando una paz y una confianza gozosa, sintiéndose en los brazos de Dios Padre, abandonado a Él. Esto le llegó después de aceptar una mala temporada de mayores sufrimientos añadidos a su propia enfermedad [...].

         »Hablaba de cómo en el ejercicio del apostolado con los demás jóvenes, en propagandas, retiros, reuniones, actos de capilla o iglesia, ahondó o aumentó su conversión. Por dar ejemplo al ir en cabeza, Jesucristo le fue conquistando interiormente.

         »La oración por los demás, por verles desgraciados (sin Gracia) le fue llevando a una atracción irresistible por Jesucristo y porque fuera conocido y amado.

         »De los efectos de la peregrinación a Roma y de la preparación a la de Santiago (que no se realizó entonces), sé por mi hermano Antonio que los jóvenes –y mi hermano entre ellos– deseaban la santidad.

         »Palabras de Antonio son: “medita lo que te dijo Aparici: necesidad de ser santo por la Juventud Católica, por España y por ti”.

         »Aparici nos explicó después que se refería a que le planteó: ¿No serás tú el justo que falte? aludiendo al pasaje de la Sagrada Escritura sobre Sodoma y Gomorra.

         »Aparici fue instrumento de Dios en muchas conversiones a lo largo de su vida [...].

         »En sus charlas, consejos y predicaciones, el fundamento era siempre la fe. Con ejemplos prácticos insistía en la fe informando la vida. Vivirla, no sólo estudiarla. Explicaba las verdades de la fe de un modo claro y acomodado al alcance de los que le oíamos. Como preparación, leía y estudiaba orando.

         »Todo el tiempo en que le conocí, y en especial en los años duros de su enfermedad, su esperanza aparecía heroica [...]. Esta serenidad y esperanza se evidenció muy especialmente para mí en la última enfermedad y muerte de su madre.

         »La Caridad para con Dios no cesaba en Aparici […]. Hablaba de Dios constantemente como un enamorado. Todo, todo era siempre trinitario. Cuidaba con detalle y amor el culto y los sacramentos. Al concederle el reservado en su casa se demostró mucho. En la celebración de la Misa su unción era elocuente desde el momento en que salía revestido. La misma admiración me causaba en su deseo de entregarse a Dios y su espíritu de oración.

         »Sus quejas eran sobre lo que él llamaba su poca correspondencia, sus infidelidades. El deseo de reparación, de dolor por los pecados, eran continuos. Repetía mucho la frase de Pío XI sobre la Acción Católica: “ejemplo y guía para el mundo profundamente enfermo”, tanto que ya nos parecían palabras suyas propias.

         »El ejemplo en la caridad para con Dios y para con el prójimo es la influencia más definitiva.

         »En el ejercicio de la Caridad con el prójimo le hizo hacerse mendigo por ellos y esto siempre por ver en los mismos a Cristo. Así en los trabajos, cuidados, peticiones, etc. Del motivo del amor al prójimo por ser hijo de Dios le oí hablar expresamente de forma muy repetida … Le vi perdonar con tanta facilidad, que ni siquiera consideraba la ofensa [...].

         »En la fortaleza, heroico toda su vida más señaladamente en su enfermedad. Vivió pobre hasta pasar necesidad, en paz y sólo por Dios [...].

         »En los Ejercicios que dirigía, en las horas de descanso, o por la noche, se le encontraba en la capilla, en el sitio que no pensaba ser visto o en las horas tardías, estaba postrado rezando.

         »Su fama entre los que yo conozco, ha sido siempre de santo. Mi hermano José decía que había tratado tres santos y uno de los tres, era D. Manuel Aparici».

 

José Manuel de Córdoba cuenta un pasaje que refleja la amistad que hubo entre Manuel Aparici y ANTONIO RIVERA, y lo que aquel influyó en el estilo apostólico y heroico de Antonio, estilo que pondría triunfalmente a prueba con su muerte.

 

«Hay una frase –escribe– que parece vulgar y que pasaría desapercibida, pero que oculta la consumación sobrenatural del patriotismo de Antonio Rivera, el sentido sobrenatural de su entrega de la vida por Dios y por España. Son cinco palabras perdidas entre propósitos: “Medita las palabras de Manuel Aparici”. ¿Qué significa esto? Manuel Aparici, su Presidente Nacional, es tal vez el hombre que más directamente ha influido en el espíritu apostólico de Antonio. A éste le parecía el Presidente juvenil ideal y procuraba seguir su ejemplo en la Presidencia de la Juventud toledana; de Manuel Aparici, a quien le unió una amistad espiritual profunda, recibió mucho, tanto en su actividad martirial, de oblación por la Juventud española, como en su Ideal Peregrinante de santidad, camino de Compostela, como  en la teoría de la Acción Católica y su organización, ya que era a través de Manuel Aparici como recibía las vibraciones de la Junta Central de Ángel Herrera y de todo el equipo nacional de la Acción Católica de aquellos días […]» [15].

 

         «[...] Las instituciones fundamentales que actuaron sobre Antonio –le dice Manuel Aparici a Sor Carmen– fueron la Asociación Católica Nacional de Propagandistas y el Grupo de Propagandistas del Consejo de la Unión Diocesana de Toledo. En el uno, recibió la influencia del equipo de Herrera (Ángel, luego Cardenal], en el otro, en cierto sentido, la mía [...]» .

 

Por su parte, María de Pablos Ramírez de Arrellano nos habla en su libro «El Ángel del Alcázar. Antonio Rivera y su ambiente. Segunda Edición. Madrid, 1989» de la amistad entrañable entre Manuel Aparici y Antonio Rivera.

 

         En la Presentación  escribe: «De un modo especial hago referencia a la magnífica biografía de D. José Manuel de Córdoba, que por ser ya de otra generación no conoció a Antonio personalmente, pero ha hecho un minucioso y detallado estudio de la Juventud Católica de entonces. Tengo que agradecer lo que ha facilitado mi labor y confieso que no me he resistido a la tentación de trascribir párrafos de su biografía por su bello estilo y acertado enfoque».


Y en la redacción de esa magnífica biografía participó Manuel Aparici.

 

         «No olvido el libro sobre tu hermano –le decía Manuel Aparici a José Rivera con fecha 2 de diciembre de 1943–; ahora, recién terminado los Ejercicios, comenzaré a contemplar el Evangelio de San Juan, que él contempló, e iré tomando nota de lo que me enseñe el Señor, a fin de ver qué semejanza hay con las notas de Antonio».

         «Probablemente –le dice a Sor Carmen con fecha 8 de junio de 1946– iré a Toledo el día 20. Según mis noticias, aún confusas, ese día se inaugura el Congreso de Pax Romana en Toledo. Comprenderás que, en orden a la Empresa a la que he adscrito mi vida, me interesa trabar vínculos con lo jóvenes hispanoamericanos. Si voy, aprovecharé la estancia en esa para tratar del asunto del libro [sobre la vida de Antonio]. Creo que ni Córdoba [José Manuel de] ni Romero de Lema [Maximino] podrán hacerlo; el primero es monje Jerónimo y canta Misa en septiembre, el segundo está con Ángel Herrera en Santander y tiene trabajo importante y urgente para dos años. Creo que podrá hacerlo, si al fin es esa la voluntad de Dios, otro ex-propagandista que cantará Misa el 7».

         «Del libro [sobre la vida de Antonio] –le dice a Sor Carmen en la Festividad de la Cátedra de San Pedro en Roma, 1947– se ha encargado tu primo Pepe; queremos que salga en junio a los pocos días de que yo cante mi primera Misa, de la que no quiero que se diga nada hasta después de celebrada. Así la publicidad que luego dé SIGNO de la primera Misa de Aparici servirá también de reclamo indirecto del libro entre los que son y los que fueron miembros de la Juventud de Acción Católica […]»

         El 10 de julio de 1947 le dice a Sor Carmen: «Asunto del libro [sobre Antonio]. Pepe Artigas lo ha tenido una temporada y lo ha leído y después se lo envió a un amigo suyo, que él me presentó para que lo dirigiera espiritualmente, y en sus manos está. Creo que en estos días se reunían en Soria Pepe, Carlos Castro, mi dirigido, y D. Antonio, que es un dibujante amigo de los dos, para hacer las copias y las ilustraciones del libro. Por mi parte ya tengo la venia de mi Prelado y quien lo edite, para cederle la edición por su coste al Consejo, pues comprendí que si se entregaba al Consejo, volvería a dormir otro año» .

         El 13 de abril de 1948 Manuel Aparici le dice al padre de Antonio:

«He leído el original escrito por Córdoba [José Manuel de] sobre Antonio y me ha complacido mucho al par que me ha hecho bien el volver a recordar su ejemplo».

         «Leí la primera parte de la biografía [de Antonio] –le dice Manuel Aparici a Sor Carmen el 30 de enero de 1963–; no estoy muy conforme, pues su enfoque es terriblemente subjetivo; los hechos se utilizan para justificar unos cuadros mentales preconcebidos echando sobre las personas rectoras de la Acción Católica de aquella época no las reacciones que ellas tuvieron sino las que ellos les achacan para justificar la insolidaridad con las generaciones que les precedieron» .

         Dos meses después, el 2 de marzo, le vuelve a decir:

         «Biografía de Antonio. No he podido leer más que las dos primeras partes. De la primera me parece que Córdoba [José Manuel de] violenta la historia; él tenía un esquema preconcebido y, en lugar de filosofar sobre los hechos, los utiliza para justificar su esquema. Lo discutiré con él y veremos si me hace caso. En la segunda parte participo de tu opinión: nuestra confesionalidad era la unidad de nuestro yo cristiano, apostólico, el mismo en lo directamente apostólico que en lo indirectamente glorificadores de Dios en la Acción Católica, en la profesión, en lo político, en lo recreativo, irradiando la caridad de Cristo en cada ambiente e iluminándolo con la luz de la fe. Se le escapa en su afán de encajar las cosas en su esquema que las instituciones fundamentales que actuaron sobre Antonio fueron la Asociación Católica Nacional de Propagandistas y el Grupo de Propagandistas del Consejo de la Unión Diocesana de Toledo. En el uno, recibió la influencia del equipo de Herrera [Ángel], en el otro, en cierto sentido, la mía, pues como yo vi lo que me obligaba el ser jefe de un grupo que aspiraba a ser santo rodeé a todos los Presidentes de las Uniones Diocesanas de este grupo para imposibilitarles la retirada. El resto de la segunda parte, aunque tiene inexactitudes, está bien» .

         El 14 de Julio de 1964 le dice a Sor Carmen: «Sé que salió el libro de Antonio, Piñar [Blas] me dijo por teléfono hace quince días: “Mañana o pasado mañana te llevaré un ejemplar” y todavía estoy esperando. De Córdoba nada sé. No le llamé por no interrumpir más los Ejercicios» .

         «En conjunto –le dice Manuel Aparici a Sor Carmen en carta sin fecha, de 1964 por su contenido– me parece que el libro ha quedado muy bien. Justifica el levantamiento y por él lo que a los de fuera les parece incomprensible en la Iglesia de España. Demuestra por qué hubo cruzados y estudia insuperablemente la postura de Antonio impulsada únicamente por la fe y el Amor. Córdoba [José Manuel de] te lo llevará seguramente; parece que aún no han salido todos y ya le digo que si no tiene yo le daré a él aquí el mío».


         «Aquel día [IV Asamblea Nacional de la Juventud Católica celebrada en Toledo los días 12 al 15 de octubre de 1933] comenzó una amistad entrañable entre Manolo Aparici y Antonio, una amistad sobrenatural, en la que la espiritualidad de Aparici, unos cuantos años mayor que Antonio [31 años Manolo, 17 Antonio], influiría felizmente en la espiritualidad de Antonio» [27].

 

         «El lanzamiento a la Juventud Católica Española de la “misión de España” con una hondura sobrenatural fue realizado con entusiasmo por el Presidente Nacional, Manuel Aparici, que comprendió la importancia de dar una “mística, católica, verdadera y heroica”, al ardor patrio de las nuevas juventudes.

         »La acertadísima siembra de estas ideas por los Centros de Vanguardia de la Acción Católica orientó poderosamente a los combatientes de la Cruzada, acentuando su sentido religioso.

         »Y esta ilusión que todos vivimos fue para Antonio el motivo clave de su santidad y de su vida» .

 

         «Manuel Aparici, Presidente Nacional de la Juventud de Acción Católica, presentaba a Antonio como “el Presidente modelo”, porque, en gran parte, realizó en sí el ideal de Acción Católica».

 

         «Aparici y Antonio establecieron una profunda y sobrenatural amistad, que se fue acentuando con el trabajo apostólico en común. La espiritualidad de Manolo Aparici influyó notablemente en Antonio y el enfoque vocacional y misionero de España fue compartido por los dos y sembrado en las almas de los jóvenes» .

 

         «Entre los propósitos de Antonio [en los últimos Ejercicios Espirituales, marzo de 1936], uno dice:

»“Meditar las palabras de Aparici”.

         »Aparici le ha dicho unos meses antes que si las ciudades de la Pentápolis, según dice la Biblia, hubiesen contado con 10 justos, el Señor los hubiese perdonado. La única cosa que detiene el castigo de Dios por los pecados de los pueblos es la existencia de los santos.

         »Y por eso Antonio escribe a continuación:

»“La salvación de España puede depender de mi santificación. Necesidad de ser santo, por la Juventud Católica, por España y por ti» .

 

         «A los seis meses del fallecimiento de Antonio Rivera, en abril de 1937, el Consejo Superior de los Jóvenes de Acción Católica con sede en Burgos publica el primer folleto titulado “Antonio Rivera, héroe y “Ángel del Alcázar”, escrito por el Rvdo. D. Santos Beguiristain. En el prólogo escrito por el Presidente Nacional, Manuel Aparici, se aboga por verle pronto en los altares, para gloria de Dios y ejemplo de los jóvenes de Acción Católica» .

 

         «Aspiración a la santidad –escribe Blas Piñar en Testimonios de esta biografía de Antonio Rivera escrita por María de Pablos –, porque la salvación de España, como le había dicho Manuel Aparici, puede depender de la tuya. Y se dijo [Antonio], pensando en la gran peregrinación a Santiago de Compostela proyectada para el 25 de julio de 1937, por la Juventud de Acción Católica: “Para Santiago, santo”».

 

         «Movido por las ideas de Manuel Aparici, Antonio Rivera en unos Ejercicios Espirituales escribió su propósito: «Para Santiago he de ser santo». Muerto Antonio Rivera, este grito –«¡Para Santiago, santos!»– fue el lema de los jóvenes peregrinos en los largos años de caminar en espíritu hacia Compostela».

 

Por su parte, Sor María Isabel Rodríguez, Monasterio de Religiosas Franciscanas Clarisas, Descalzas Reales, Madrid, escribe: «[...] Habíamos oído hablar de él en la vida de “El Ángel del Alcázar”. No sabíamos a ciencia cierta quien era Aparici, pero a través de la vida de Antonio Rivera se traslucía que era una figura excepcional en la Acción Católica de entonces. Él tenía una estima tal de las consignas u orientaciones de Aparici, que se vislumbraba un alma no vulgar y de gran ascendencia [...]».

 

         Siendo estudiante en Salamanca, Manuel Aparici le dice a Sor Carmen: «Acabo de terminar la primera tanda de Ejercicios dada a los Jóvenes de Acción Católica aquí en Salamanca. Los puse bajo el amparo de su hermano Antonio; su vida ha sido el libro de lectura; ya he visto en los propósitos de algunos la influencia de su ejemplo y su intercesión. Encomienden a mis muchachos para que Jesús los haga fieles».

 

En el décimo cuarto aniversario de la muerte de Antonio Rivera [año 1950], el Consejo Superior de los Jóvenes de Acción Católica Española, del que Manuel Aparici era Consiliario, se dirigió al Emmo. y Rvdmo. Sr. Cardenal Primado de España y Arzobispo de Toledo, Dr. Pla y Deniel, con el fin de que se constituyera el Secretariado Pro-Beatificación de Antonio [...]. Después de varias reuniones quedó constituido un Patronato de Honor bajo la Presidencia del Sr. Cardenal y del que formaba parte, entre otros, Manuel Aparici [...]».

 


Publicado por verdenaranja @ 23:34  | Espiritualidad
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Comentarios
Publicado por leopldocruzr
S?bado, 28 de marzo de 2009 | 13:15
Hermanas y hermanos los santos y santas son los que han cumplido con el mandato del padre y debemos de tenerlos como ejemplo y amarlos como unidad porque ese es el objetivo de la iglesia pero no debemos de caer en el error de adoraci?n.
Publicado por leopldocruzr
S?bado, 28 de marzo de 2009 | 13:15
A quien se debe adorar es al padre madre hijo y esp?ritu santo que es la unidad de la creaci?n la iglesia es una unidad de santos y santas que nos debemos amar mutuamente y agradecerlo que uno y otro hace por la unidad.