martes, 16 de junio de 2009

Mons. Jesús Pérez Rodríguez, OFM. Arzobispo de Sucre, ha dirigido una carta a todos los sacerdotes de la diócesis con motivo del inicio del Año Sacerdotal el próximo 19 de junio Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús y que durará hasta la misma Solemnidad en el 2010.

 

CARTA A LOS HERMANOS SACERDOTES


MONS. JESÚS PÉREZ

 

Queridos hermanos presbíteros, diáconos y seminaristas:

 

Me dirijo a todos y a cada uno de ustedes, hermanos en el mismo sacerdocio de Cristo, con motivo del “AÑO SACERDOTAL” que se iniciará el 19 de junio próximo, Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús y durará hasta la misma Solemnidad en el 2010. El Papa Benedicto XVI, ha querido así valorar la figura extraordinaria de San Juan María Vianney, verdadero ejemplo de pastor al servicio del rebaño de Cristo (Cfr, la alocución del Papa del 16 de marzo). Celebraremos los 150 años de la muerte del santo cura de Ars.

 

El tema señalado para este año sacerdotal especial es: “FIDELIDAD DE CRISTO, FIDELIDAD DEL SACERDOTE”. Será inaugurado por el Santo Padre presidiendo las vísperas de esta fiesta del Sagrado Corazón y de la Jornada Mundial de Oración por la santificación del clero.

El año sacerdotal será una ocasión muy propicia para “redescubrir la belleza y la importancia del sacerdocio y de cada sacerdote. Es necesario sensibilizar a todo el pueblo santo de Dios: los consagrados y las consagradas, las familias cristianas, los que sufren y, sobre todo, los jóvenes tan sensibles a los grandes ideales vividos con auténtico empuje y constante fidelidad” (Cfr. Carta del Cardenal Claudio Hummes).

 

El tema escogido por el Santo Padre es sumamente evocador y cuestionante y nos invita a volver al Cenáculo, Jueves Santo, cuando instituyó la Eucaristía. En la persona de los apóstoles nos mandó: “HAGAN ESTO EN MEMORIA MÍA” (Lc 22,19). Al instituir el sacerdocio, lo unió inseparablemente a la Eucaristía. Por ello, celebrar la Eucaristía es celebrar lo que somos, es vivir siempre nuestra identidad sacerdotal, nuestro ministerio o servicio de actualizar la Cena del Señor. ¡Que grandeza la nuestra! ¡Que responsabilidad la nuestra! ¿Nos causa estupor este darse y esta responsabilidad ante Cristo y ante la Iglesia? Ojalá que así fuera.

 

Como nos dice el Cardenal Claudio Hummes, Prefecto de la Congregación del Clero, “Se trata de una importante ocasión para la profundización teológica-espiritual y la misión pastoral, que es fecunda ante todo para los mismos sacerdotes, llamados a renovar la conciencia de la propia identidad y, consecuentemente, para fortalecer la tensión misionera, que trata de la intimidad divina del “estar” con el Señor. Fecundidad pastoral, que se dilata a cada ámbito y persona de la Iglesia, con una particular atención a la indispensable y prioritaria promoción de las vocaciones al ministerio ordenado”.

 

Se trata ante todo de una renovada actitud interior en el redescubrimiento alegre de la propia identidad, de fraternidad en el propio presbiterio de esta nuestra Iglesia particular y de la relación sacramental con el obispo. Por ello, “urge la recuperación de aquella conciencia que empuja a los sacerdotes a estar presentes, identificables y reconocidos ya sea por el juicio de la fe, por las virtudes personales como también por el vertido, en los ámbitos de la cultura, y de la caridad, desde siempre en el corazón de la misión de la Iglesia” (Discurso del Papa del 16 de marzo 2009).

La Jornada de Oración por las Vocaciones, celebrada el 3 de mayo, domingo del Buen Pastor, estaba centrada en el tema: “Confianza en la Iniciativa de Dios y la Respuesta Humana”. Es necesario seguir confiando en Cristo que nos llamó inmerecidamente; esta confianza se alimenta recurriendo al Señor, alimentando nuestra vida con la Oración, en permanecer con el Señor, en el darse tiempo para estar con él, pues “el que permanece en mí produce mucho fruto” (Jn 15,5) y ser conscientes de la necesidad de su ayuda, “sin mí no pueden hacer nada” (Jn 15,5).

 

En esta oportunidad quisiera, queridos hermanos sacerdotes, insistir en algo que ya les he expresado con motivo de la Solemnidad de Corpus Crhisti, se trata de la adoración de la presencia real de Cristo en el “Pan Consagrado”. La vocación sacerdotal crece, se desarrolla, se mantiene fiel y fecunda, sólo en la intensa relación con Cristo. ¡Cuánto podríamos mejorar o madurar ante el Santísimo Sacramento del altar! Ahí, de corazón a corazón sentiremos la exclusividad del amor. La raíz de la fidelidad al ministerio encomendado y del sagrado celibato está en el amor a Cristo. Poner a Cristo al centro de nuestra vida, primero y único lugar, también en nuestras amistades o afectos.

 

Este año pudiéramos proponernos una mayor dedicación a estar con el Señor y principalmente dedicar cada día un tiempo a la adoración de la Presencia real del Señor en nuestros Sagrarios. Ahí podemos encontrar la seguridad para vivir nuestro ministerio con nuevo ardor, pues la Eucaristía es “escuela de alegría”, pues el ministerio pastoral parte de nuestra amistad con el Señor, mas que de un nombramiento para tal o cual servicio en la Iglesia. ¿Qué bien nos vendría volver a releer la Encíclica “Deus Caritas Est”, donde el Papa nos urge a superar la reducción funcionalista y activista del obrar eclesial, y, en especial, el ministerio sacerdotal.

 

El ejemplo de San Juan María Vianney es modelo extraordinario de cultivar la amistad con el Señor con la oración ante Jesucristo, “Pan de Vida”. Así mismo, en este año volvamos a la lectura de Presbiterorum Ordinis, Pastores Dabo Vobis.

 

Aparecida nos invita a ser, además de pastores, Discípulos misioneros. El lema de la Misión Permanente, “Discípulo Misionero: escucha, aprende y anuncia”. Un sacerdote que tiene conciencia de la Presencia real de Cristo, será un hombre de Dios, obediente, desapegado de sí mismo y de todos aquellos afectos que le separen del Señor y de la misión. Tendrá el ardor para realizar una pastoral misionera, creativa y atrevida y no solo una pastoral de mantenimiento.

 

En esta hora, en que nos acercamos al fin del VI Sínodo, es necesario volver a retomar el entusiasmo por la renovación de nuestra Iglesia. El trabajar con los grupos sinodales nos da la base sólida para trabajar en la Misión Permanente. He podido constatar en varios grupos sinodales como los participantes sienten su pertenencia a la Iglesia y viven el gozo de ser Iglesia.

 

Con afecto de hermano saludo a todos en Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote.

 

Sucre, junio de 2009.

 

Jesús Pérez Rodríguez, OFM.

ARZOBISPO DE SUCRE


Publicado por Desconocido @ 22:53  | Hablan los obispos
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