Comentario de las lecturas del domingo décimo tercero del Tiempo Ordinario – B publicado en Diario de Avisos el domingo 28 de Junio de 2009 bajo el epígrafe “DOMINGO CRISTIANO”.
Estar en las últimas
DANIEL PADILLA
Aquel jefe de la sinagoga que se llamaba Jairo, se acercó a Jesús, se echó a sus pies y le rogaba con insistencia: "Mi niña está en las últimas, por las manos sobre ella para que se cure y viva". Cualquier corazón se conmueve ante un padre que dice esas palabras: "Mi niña está en las últimas". Aunque el moderno vivir nos va endureciendo, todavía hay un registro en nosotros que vibra cuando se trata de los males físicos de los niños. Se suelen movilizar muchedumbres cuando la sangre del terrorismo o de las pasiones vergonzosas cubren a los pequeños. Pero una pregunta me curiosea dentro: ¿nos preocupamos del mismo modo cuando nos jugamos el riesgo de la salud moral y espiritual de nuestros niños? Porque bien pudiera ocurrir que, de tanto ir a la rueda del consumismo, el confort y el placer, no caigamos en la cuenta de que podemos estar poniendo las premisas que lleven a nuestros niños a las últimas. Veamos algunas de estas premisas.
La desnutrición.- Nuestros niños de Occidente consumen, sin duda, el número suficiente de calorías. La dietética de la niñez se ha perfeccionado en nuestro entorno. Pero uno tiene la impresión de que, en un país muy mayoritariamente católico, nuestros niños no van recibiendo ya, en el hogar familiar, el número suficiente de calorías espirituales y morales que les lleven a un desarrollo cristiano consistente. A nuestras catequesis de infancia llegan niños con un índice alarmante de desnutrición espiritual. Los conocimientos religiosos elementales, las vivencias de fe y oración, frecuentemente brillan por su ausencia.
El solitarismo y la masificación.- ¿Existen niños solitarios? Mucho me temo que sí. Las constantes desavenencias conyugales, los horarios de trabajo de los padres a contrapelo, amén de otros desarraigos, pueden hacer que el niño crezca en solitario. Con poco margen para el afecto y la sociabilidad. Otros niños, por el contrario, pueden crecer en la turba. Visitantes tempranos de la calle, integrantes de pandillas improvisadas, pueden ir creciendo mitad y mitad, en compás binario, en ese difícil equilibrio entre el solitarismo y la masificación.
El contagio.- ¿Dónde han tenido su raíz y su escuela muchas delincuencias? Quizá en esos dos modos de vivir, tan contrarios, y, sin embargo, tan complementarios. El chico que no se ha visto amado y atendido en su primera infancia, el niño al que no se le ha ayudado a ir consumiendo progresivas etapas de sociabilidad, fácil es que un día busque bruscamente, por el camino de la improvisación más disparatada, el protagonismo más extraño.
Marcos nos dice que, cuando el Señor llegó a la casa, se dirigió a la niña, y cogiéndola de la mano, le dijo: "Contigo hablo, niña, levántate". Yo no sé por qué, pero pienso que, en nuestro caso, es a nosotros, los mayores -padres, educadores, etcétera- a quienes tiene el Señor que darnos la mano para guiarnos en esa colosal tarea.