Martes, 30 de junio de 2009

Por gentileza de Carlos Peinó Agrelo, peregrino, cursillista, colaborador en la Positio super virtutibus del Siervo de Dios Manuel Aparici.

 

MANUEL APARICI

EN UNA HORA DIFÍCIL DE ESPAÑA

 

POR JOSÉ ARTIGAS

 

III.     Pero se interpuso la guerra

 

Pero se interpuso la guerra: No fue posible la paz, como do- cumentaría en su libro don José María Gil Robles, el gran jefe de la Derecha; el mismo que en abril del 36, en el Parlamento, había ya advertido: «La mitad de la nación no se resigna implacablemente a morir», según recogía El Debate del día 16. Una guerra, en todo caso, a la que el Arzobispo de Zaragoza, monseñor Doménech, calificó de «Cruzada en defensa de la Patria y de la Religión», en agosto del 36, y «Cruzada por la Religión, la Patria y la civilización», el de Salamanca, Pía y Deniel, en septiembre, y en noviembre el Primado de Toledo, Cardenal Goma: «Cruzada y no guerra civil».

Una guerra que dio lugar, en la Encíclica de Pío XI, Divini Redemptoris, en marzo del 37, a palabras extremadamente duras «contra el laicismo agresivo de la República»: «No ha derribado alguna que otra iglesia, algún que otro convento, sino que siempre que le fue posible destruyó todas las iglesias, todos los conventos y hasta toda huella cristiana, aunque se tratase de los más insignes monumentos del arte y de la ciencia. El furor comunista no se ha limitado a matar obispos y millares de sacerdotes, de religiosos y de religiosas ...».

Y suscitó también la Carta Colectiva del Episcopado Español, en julio: «La guerra es como un plebiscito armado. La división en dos bandos es tajante; el espiritual, con la defensa de la patria y la Religión; el materialista, con el comunismo, el marxismo y el anarquismo». «La guerra de España es producto de una pugna entre ideologías irreconciliables». El documento fue firmado por 43 obispos y 5 vicarios capitulares. En realidad, todos los obispos, excepto el Cardenal Vidal y Barraquer y monseñor Mújica, por diferentes motivos. Tampoco lo firmó ninguno de los 12 obispos entonces ya asesinados. Sí, todavía lo hizo el hoy —con 217 re- ligiosos más— beatificado monseñor Anselmo Polanco, Obispo de Teruel, que pagaría con su vida en 1938.

«Nadie que tenga a la vez buena fe y buena información —afirma don Salvador de Madariaga— puede negar los horrores de esta persecución. El número de eclesiásticos de ambos sexos se ha calculado en 6.800 muertos, equivalente al 13 por 100 de todos los sacerdotes seculares, y el 23 por 100 de los regulares. Pero que durante meses y años bastase el mero hecho de ser sacerdote para merecer pena de muerte, ya de los numerosos "tribunales" más o menos irregulares..., ya de..., ya de..., es un hecho plenamente confirmado». «Nunca en la Historia se vio una matanza de sacerdotes como la que hemos visto en España», escribiría Gomá. Con gran rigor documental, el sacerdote don Antonio Montero, actual Arzobispo de Mérida, publicaba en 1961 La persecución religiosa en España, donde, aun faltando nombres, con- signaba la muerte por la Fe de 13 obispos, 4.184 sacerdotes seculares, 2.365 religiosos y 283 religiosas. Y hay que añadir aún 249 seminaristas. «... et pas une apostasie!», certificaría Paul Claudel en su magistral acta poética, Aux martyrs espagnols, traducida con impecable lírica exactitud por el poeta-profesor Jorge Guillen, nuestro primer Premio Cervantes: «Es lo mismo, es igual, es lo que hicieron con nuestros antepasados. / Es lo que sucedió en tiempo de Enrique VIII, en tiempo de Nerón y Diocleciano. ... En esta hora de tu crucifixión, santa España, en este día, hermana España, que es tu día, / Yo te envío mi admiración y mi amor con los ojos llenos de entusiasmo y de lágrimas».

A los religiosos censados había que sumar muchos seglares, entre ellos más de 7.000 jóvenes de Acción Católica que, llegada la hora, habían dicho generosa y categóricamente possumus, como Santiago, tal y como se les había propuesto en la convocatoria del III Congreso Nacional. Entre ellos mi vecino Enrique Fernández Muñoz, de diecisiete años, por negarse a prostituir su lápiz haciendo unos dibujos que repugnaban a su conciencia de cristiano. No había bastado el asesinato de su padre, médico militar. Las sentencias las dictaba en cualquier cheka, cualquier Tribunal Po pular, por el delito de confesarse cristiano, y nunca faltaban unos milicianos, lejos del frente, que las ejecutaban con puntualidad. «En esta ensombrecida ciudad —escribe Joseph Kennedy desde el Madrid cercado—, la religión debe esconderse, disfrazarse, reprimirse, por toda la clase de miedos».

Ahora cabe el falseamiento, el olvido O' la ignorancia; pero no hay quien pueda desmentirlo: «Dios mismo, puede destruir Roma, pero no hacer que no haya existido». Y es una irresponsabilidad y falta de respeto a los muertos, a los testigos y a los testigos muertos, la redacción de una segunda edición de la Historia, corregida y abreviada, à la carte, según determinadas modas o intereses y preferencias personales. Un ingeniero naval no puede montar la quilla sobre el puente, ni un arquitecto fundar los cimientos sobre el tejado: la piedra, el hormigón, la plomada o el hierro imponen, sin lugar a la excepción, sus leyes' pero cualquier pretendido historiador, político o periodista está en disposición de escribir: «Napoleón venció en Waterloo», o «Napoleón fue derrotado en Austerlitz», y la imprenta lo reproduce con la mayor exactitud. El papel nunca se sonroja.

Así fue y así hay que recordarlo: el Alzamiento Nacional del 18 de julio libró a España de ser, ya en 1936, el primer satélite de la Unión Soviética. Ningún político de ningún partido del «arco parlamentario» —como hoy se diría— tenía ya a nadie tras de sí. Y los intelectuales que pudieron huyeron despavoridos de la zona roja. En total, el número de muertos rozó los 270.000'; 140.000 en acciones de guerra. Una tragedia de ese porte, no se puede trivializar atribuyéndola al capricho de un par de precipitados. Era comunismo sí o comunismo no. En muchos casos, vida o muerte. Y esto es tan cierto, que persona tan digna y sincera como el eminente profesor socialista don Julián Besteiro, sin el menor reparo, no dudó en unirse al Coronel Casado en el tardío golpe militar contra el Gobierno del Presidente Negrín, que se había «dejado arrastrar a la línea bolchevique, que es la aberración política más grande que han conocido quizás los siglos». «Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado...», escribía a su esposa, en inolvidable verso, el poeta Comisario Político comunista Miguel Hernández. Se trataba de evitarlo y que los niños españoles naciesen con las manos abiertas. Y hasta Besteiro estuvo de acuerdo.

«Cruzada y no guerra civil». Por eso, al conocer la noticia de su terminación el 1 de abril de 1939, el Papa Pío XII hace llegar su felicitación al Generalísimo Franco: «Levantado nuestro corazón al Señor, agradecemos sinceramente, con V. E., deseada victoria católica España». Para siempre, y para todos los españoles, desaparecía la amenaza mortal del Comunismo, entonces entero y regido por un inmisericorde Stalin crecido y rampante cuya efigie, con la de Lenin al dorso, y las de Litvinov, Vorochilov, Kalinin y Molotov, había presidido Madrid cerrando la Puerta de Alcalá, y con autoridad bastante para imponer ya en septiembre del 36, el traslado a Moscú de los 510.079 kilos de oro que constituían las reservas del Banco de España.

Por fortuna o providencia, a Manolo la hora del Alzamiento le da en Galicia. Según la tan citada, impagable, Semblanza, el 17 de julio había salido de Madrid en el último tren. Tenía entonces treinta y cuatro años; no era edad de combatiente en la Zona Nacional, aunque no faltaron voluntarios incluso mayores. En la Roja sí, porque el altísimo número de prófugos y desertores exigió la movilización de casi el doble número de quintas: veintisiete, por catorce y media. «Todo el Consejo de Jóvenes de Acción Católica va al frente. La Secretaría funciona en "transeúntes", con los convalecientes que descansan unos días de sus heridas, o con los que disfrutan de sus permisos de retaguardia».

«En 1937, en fecha indeterminada, llega Aparici a Burgos e instala el Consejo Nacional en la Plaza de Santa María». Antes ya, con fecha 20 de noviembre de 1936, había hecho reaparecer la revista Signo, de la que sólo tres números debían de haber salido antes del 18 de julio, puesto que éste es el cuarto del año I. «Ya está Signo otra vez en nuestras manos... Que todos sepan de nuestra ambición... A todos dadles cita en Compostela; que allí, junto al Apóstol, todos los hijos de su estirpe vamos a levantar la gran Cruzada: la reconquista del mundo para Cristo por el empuje y la fe del Alma Hispana». Convertido en semanario, en febrero de 1937 publica ya sus instrucciones a los movilizados,

en cuyo prólogo puede leerse: «El movimiento actual es una hora de Dios y es menester que no pase sin frutos. Todo joven de Acción Católica, cualquiera que sea el lugar o unidad (militar) en que esté encuadrado, debe no olvidar que es un joven consagrado al servicio de la Iglesia, como apóstol de almas. A los heridos: que vuestro dolor sea "redentor", ofrece a Cristo tus sufrimientos, tan duros, continuos y ocultos. Y ofrece al Padre por Jesucristo ese tesoro por la salvación de las almas, también por los que luchan contra vosotros, hermanos vuestros».

Aquí está en realidad la esencia de los «Centros de Vanguardia»: «Un Centro de Vanguardia es un grupo¡ de jóvenes comba- tientes unidos por el ideal, sufriendo y elevando los sufrimientos por los propios combatientes, por los enemigos, por salvar almas y redimir a los que luchan contra Dios». Este es el certero testimonio recogido por Antonio Santamaría en una unidad de Requetés. Hasta 456 centros llegaron a funcionar, repartidos por todos los frentes, armas y cuerpos, «gracias al espíritu que supo alentarles Aparici», ya entonces siempre de viaje y en permanente correspondencia con todos.

Conseguida la paz por la victoria, la Juventud de Acción Ca- tólica, con más de 7.000 bajas en sus filas, caídos en los frentes o asesinados en las chekas, volvía a la costumbre con la responsa- bilidad añadida de hacer fecunda la sangre de sus mártires. Inal- terable y vigente se mantenía el ideal de la peregrinación y se renovaba la convocatoria, sin corrección ni enmienda. Es evidente la identidad de estilo entre el Cursillo de La Coruña en 1941 y la «Voz de marcha y aviso de romería» que se daba «a las generaciones nuevas de las Españas», en 1936. Nada ha cambiado en las ideas ni los ideales. Sólo el trabajo y la responsabilidad han crecido, porque hay que cubrir el puesto de los mártires y responder ante ellos.

Manolo me escribe en noviembre de 1944: «... vencidas esas dificultades que suponían tus deberes de opositor, las almas de los jóvenes tienen derecho a que las sirvas. Formas parte de la pro- moción de Adelantados que quiso honrarme llevando mi nombre; pero mi nombre tiene una significación: la de ser albacea de los mártires; yo sé bien para qué dieron su sangre nuestros hermanos, pues quiso el Señor proponerles, por mediación de la miseria mía, la gran Empresa de hacer de nuestra España y de sus hijos, los Pueblos Hispánicos, un solo Pueblo en Misión: la Vanguardia de la Cristiandad, ejemplo y guía del mundo; y por eso os exijo que no hagáis traición a la sangre de los mártires. Os lo exijo a todos los que durante siete años confió el Señor a la caridad que para vosotros puso Él en mi alma; pero de un modo especial os lo exijo a los Adelantados de Peregrinos a los que dediqué mis últimos días de Presidente. Somos, en cierta manera, hijos de los mártires; sin ellos, sin su muerte, no sería posible nuestra vida, y ya que por su muerte vivimos, justo es que esa vida la gastemos en servicio de la Empresa Común por la que ellos lo dieron todo». Sin novedad. Sigue el propósito de la gran Peregrinación a Santiago: la gran metáfora de Manolo, y su bandera.

No hay que asombrarse de la retórica de la época. No es cas- cara vacía, sino expresión de un estilo, un modo de ser. Ningún trayecto de la historia resulta de verdad inteligible sin el conocimiento de su idioma. No es sólo el griego para entender a Platón o Tucídides; ni el latín para saber de Roma y los romanos y sus obras, sino que, incluso sin salir de una lengua, hay que extremar la finura para captar la posible evolución del significado de algunos términos cuya fisonomía, sin embargo, permanece inalterable. A la vista está la degradación que han sufrido muchas palabras y expresiones. Lo que se entendía sólo ayer como galantear, o cortejar, hacer el amor, por ejemplo, hoy se usa como eufemismo para eludir apareamiento que, incluso para oídos hechos al desparpajo habitual, sigue resultando excesivo.

Hay que atender muy bien al contexto y la fecha y tener muy presente que, como enseña el Eclesiastés, «Todo tiene su hora y hay un tiempo para cada cosa bajo el cielo». En nuestra época de confusión y ambigüedad, ignorancia y escepticismo —«El principiante debe ser escéptico, pero el escéptico nunca pasa de ser principiante», como dejó escrito Herbart—, hastío, desesperanza y desaliento, tiempo de la droga y el sida, advertir que hubo otra de juventudes de fe resuelta y decidida, con ideales y voluntad de sacrificio. En los dos bandos. La historia juzgará a los jefes, los que encendieron la hoguera, o no supieron apagarla, y huyeron o se vieron arrumbados: los chicos de veinte años serán todos absueltos y enaltecidos. Incluso los que se dejaron prender en la gran mentira del marxismo, el socialismo totalitario sin rendijas, la negación del espíritu y la libertad y la historia, para empeñarse en la llamada «lucha de clases» y poner su ilusión en el ideal de la igualdad y la dictadura del proletariado. Antes de saber nada, claro, de la nomenclatura, sus dachas y las berioscas, sus tiendas exclusivas.

Prevalecieron las ideas de Menéndez Pelayo, el padre González Arintero, Ramiro de Maeztu, José Antonio, García Morente: «España evangelizadora de la mitad del orbe; España, martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma, cuna de San Ignacio...; esa es nuestra grandeza y nuestra unidad; no tenemos otra. El día que acabe de perderse, España volverá al cantonalismo de los Arévacos y de los Vectones, o de los reyes de Taifas». «No hay proposición teológica más segura que ésta: a todos sin excepción se les da —proxime o remote— una gracia suficiente para la salud ...». «El hombre es un ser portador de valores eternos, capaz de salvarse y de condenarse». «Y no somos nacionalistas, porque el ser nacionalista es una pura sandez... nosotros no somos nacionalistas, porque el nacionalismo es el individualismo de los pueblos ...». Así el aire intelectual, se comprende los términos en que Aparici se expresaba.

Dos o tres años antes —1941—, el padre Llanos había publi- cado su Mes de Mayo dedicado a la Santísima Virgen María. Re- zándolo, todos los días nos ofrecíamos a Ella «unidos con nuestros Mártires hermanos y con España tuya», y en el texto de clausura del último, consagrado a la Virgen del Pilar, subrayaba: «No es rara casualidad, sino una Providencia más el hecho de que haya coincidido el Centenario de su venida con el renacer de una España que ha costado la mejor sangre».

Y antes de terminar con la oración final, brevísima, se rezaba un peculiar Padrenuestro y una peculiar Avemaría, cargados de intención y no exentos de belleza: «¡Padre nuestro que estás en los Cielos! Santificado sea tu nombre por María y por España; venga a nos tu Reino con María y sobre España, hágase tu voluntad así en España como en María. El pan nuestro de cada día dáselo a España necesitada y herida; dáselo por manos de María. Perdona nuestras deudas, los pecados de España, pecados de los ricos y de los pobres; los pecados pasados y los presentes, así como a nosotros (sic), a imitación de María, perdonamos a todos, los que destruyeron nuestra Patria y nuestras familias, a todos. Y no nos dejes caer en la tentación de una vida regalada y frívola, en la tentación de modernismos paganizantes, en la tentación de liberalismos engañosos, en la tentación de la injusticia social, en la tentación del odio y división y pugna entre los españoles. Mas líbranos por ruegos de Santa María, Reina de España, líbranos de todo mal: del hambre, la peste y la guerra, el demonio, el mundo y la carne. Amen». «Santa María, Madre de Dios y de España, ruega por nosotros, indignos pecadores que deseamos implantar el reinado de Jesucristo en el mundo, en la hora de nuestra muerte. Amen».

El padre Llanos era, quizá, un poco apasionado y algo proclive a la exageración. En el recordatorio de su primera Misa, le escribe: «A Manolo Aparici, administrador de la sangre de España».

Con mucho acierto juzga, a mi juicio, Abel Hernández, en su interesante libro El quinto poder: «La A. C. era, según la fórmula de Pío XI, "la participación de los seglares en el apostolado jerárquico de la Iglesia". Manuel Aparici, que luego entraría en el seminario como tantos otros militantes, fue el primer presidente nacional en la posguerra de la Juventud de Acción Católica, a la que dio ese aire ascético y heroico». Un aire que va con las circunstancias y, sin la mínima duda, deliberado y querido. En las cuartillas que deja a García de Pablos, le recomienda: «Fomenta en el Grupo —de Propagandistas— el ejercicio de las virtudes heroicas. Es la única manera de que los jóvenes que tengan hambre de santidad no busquen otras obras». «El lema de S. S. Pío XI con los jóvenes, era "siempre más, siempre mejor". Que éste sea tu lema en lo que en nombre de Dios les pidas».

Y no lejos de ahí andaba entonces —1940—, un poco más a ras de tierra y con pluma menos esplendorosa, en su Curso Breve de Acción Católica, el después famoso Cardenal Tarancón: «Los partidos políticos, que fomentaron la división entre los españoles y que tan funestas consecuencias produjeron, han sido suprimidos de nuestra Patria. Hay una organización única, dirigida por el Jefe del Estado, que reúne en sus filas a todos los españoles, la Falange Española Tradicionalista y de las JONS. ¿Cuál ha de ser la posición de la Acción Católica y sus relaciones para con ella? ... La Acción Católica debe mirar con simpatía esta milicia y aun debe orientar hacia ella a sus miembros para que cumplan en sus filas con los deberes que en la hora presente impone el patriotismo. No sólo no existe entre las dos organizaciones ninguna in- compatibilidad, sino que se complementan mutuamente».


Publicado por verdenaranja @ 22:03  | Espiritualidad
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Por gentileza de Carlos Peinó Agrelo, peregrino, cursillista, colaborador en la Positio super virtutibus del Siervo de Dios Manuel Aparici.

 

MANUEL APARICI

EN UNA HORA DIFÍCIL DE ESPAÑA

 

POR JOSÉ ARTIGAS

 

I.                   La gran convocatoria

 

Su infancia y su más temprana juventud tienen como fondo guerra en Europa y Marruecos, convulsiones sociales, Versalles, la caída de cuatro Imperios —el Ruso, el Alemán, el Austro-Húngaró, el Otomano— y la Revolución Bolchevique en Rusia. Tiene diecinueve años cuando el asesinato de Dato y el Desastre de Animal; veintitrés, cuando comienza la Dictadura; veinticinco, cuando termina la Guerra de África; veintisiete, cuando el viernes negro de Wall Street; veintiocho, cuando el Pacto de San Sebastián, y la sublevación de Jaca y el fusilamiento de Galán y García Hernández; veintinueve cuando las elecciones municipales de 1931, el exilio de Alfonso XIII y la proclamación de la II República.

Y cuando la primera quema de Iglesias y Conventos, y cuando Azaña afirma en el Parlamento: «¡España ha dejado de ser católica!». Y cuando los sucesos de Castilblanco, y cuando el manifiesto de los intelectuales «Al servicio de la República»; treinta, cuando la disolución de las Ordenes Religiosas, la expulsión de los Jesuitas y el Pronunciamiento del 10 de agosto; y cuando los «tiros a la barriga», de Casas Viejas, cuando la Encíclica «contra el laicismo agresivo de la II República», y cuando el Discurso de la Comedia, de José Antonio Primo de Rivera; y treinta y uno cuando la Revolución de octubre en Asturias, que dejó 1.200 muertos: Ahí, «con la rebelión de 1934, la izquierda española perdió hasta la sombra de autoridad moral para condenar la rebelión de 1936», sentenció don Salvador de Madariaga, el indiscutido prócer liberal, en su libro España.

Manolo tiene treinta y cuatro años cuando el 25 de enero del 36, ante las inmediatas elecciones, Francisco Largo Caballero, llamado «el Lenin español», anuncia: «Si triunfan las derechas no habrá más remisión, tendremos que ir a la guerra civil declarada».

Y cuando asume el poder el Frente Popular en febrero y empieza la subsiguiente sanguinaria anarquía denunciada en el Congreso: 269 muertos, 1.287 heridos, 160 iglesias totalmente destruidas, 43 periódicos asaltados, 113 huelgas generales, hasta el 15 de junio. Y cuando las amenazas de muerte a Calvo Sotelo: «¡Su Señoría morirá con las botas puestas!», «¡Este hombre ha hablado por última vez!». «"Señor, la vida podéis quitarme, pero más, no podéis", y es preferible morir con gloria a vivir con vilipendio».

Y cuando su increíble asesinato por miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado. Y cuando el Alzamiento Nacional el 18 de Julio; y en octubre, cuando se elegía al General Franco Generalísimo de los Ejércitos, al tiempo que se le confiaba la más alta magistratura del Estado..

En Europa también se anunciaban años negros, que no faltaron a la cita, con el pacto germano-soviético y la invasión de Polonia por las tropas de Hitler y Stalin, y ni fueron breves, ni pasaron sin huella: 30.000.000 de muertos. Desde el excepcional observatorio del Vaticano, el Papa Pío XI tenía que reconocer: «El mundo está profundamente enfermo».

La coincidencia y sucesión de todos estos acontecimientos quizá ayuden a entender que en aquel entonces, en aquella España, en un partido derechista nacido en círculos religiosos, se uniformasen sus jóvenes con atuendo militar y adoptasen el saludo reglamentario en el Ejército del soldado con armas y, bajo el signo de la Cruz de la Victoria —Covadonga, la Reconquista—, convocasen en su himno «Por Dios y la Patria, a vencer o morir».

También el himno de la Juventud de Acción Católica reflejaba el clima y definía una actitud: «Ser apóstol o mártir acaso, mis mi banderas me enseñan a ser», para terminar afirmando «la misión sacrosanta y divina de vivir y morir por la Cruz». Incluso las chican andaban a vueltas con lo mismo: «Juventud somos ansia de gloria, resplandor que quedó del Tabor, con nosotras está la victoria, a vencer o morir por amor!».

Por entonces, otras juventudes, las de enfrente, llevaban ya mucho camino adelantado marcando el paso, también de uniforme, con el puño crispado en alto y llamando con bellísimas melodías, no españolas por cierto, «a las barricadas, a las barricadas », ¡por la lucha final». Eran los que se proclamaban orgullosos, también con música, menos bella, «hijos de Lenin».

La amenaza era real, inmediata y grave, como no tardaría en mostrarse. No se trataba de unas inofensivas diferencias ideológicas superables mediante espíritu de comprensión y ejercicio del diálogo. Lo que estaba ante portas era el torvo marxismo totalitario y ateo de irás y no volverás, el terror y la ruina a punto de caer sobre España en 1936 como, ni siquiera hacía veinte años aún, había descargado ya sobre la inmensa extensión de Rusia.

 

Así las cosas, de los círculos religiosos que frecuentaba o había frecuentado Manolo —Luises, A. C, A. C. N. de P.-— van saliendo unos u otros para actuar en política. Se trata de luchar por los valores cristianos en la vida pública. Antes de la guerra se constituyó un partido sobre todo, de grandes dimensiones, presuntamente adecuado a las circunstancias del momento. Algo se hizo desde él, pero después de mucho retorcimiento de corazón, negadas nostalgias y peligrosas proclividades, acabó compartiendo el fracaso de todos los partidos establecidos: «No fue posible la paz». Con la hoz y el martillo y la bandera roja, o contra ellos, arma al brazo, quedaba a la intemperie la juventud de España. A eso la habían conducido, no sin irresponsabilidad, entre la ligereza de unos y la incompetencia de otros, algunos intelectuales y muchos políticos.

Después, el Estado surgido del Alzamiento Nacional no sólo tenía por nula toda ley o disposición que, fuera como fuere, entrase en colisión con la doctrina católica, sino que, en palabras del embajador Garrigues ante S. S. el Pupa Pablo VI, en tan solemne ocasión como la presentación de Credenciales, «se gloriaba de sentir con la Iglesia». Era otra oportunidad especialmente propicia para que muchos, más o menos jóvenes, con intención fundamentalmente religiosa, intentaran carrera en la política. Muchos la hicieron, y no pocos alcanzaron el objetivo propuesto. Otros, sin embargo, se desvirtuaron vencidos por su propia actividad. En la brega política se les habían ido desvaneciendo sus altas intenciones iniciales —Si salis evanuerit...— y al final se encontraban desarbolados y sin raíces, muy lejos de la meta prevista...

Se habían disipado quizá un poco y, tal vez incluso sin ad- vertirlo, empezaron a interpretar el advenimiento del Reino de Dios, que el Padre Nuestro nos enseña a pedir, un poco demasiado profanamente y a posponer el ejercicio de la caridad a la consecución de muy determinados objetivos «humanos, demasiado humanos». Al final resultó que estaban peleando por una serie de móviles muy oscuros, relativos y equívocos: Democracia, Libertad, Dialogo, Igualdad, Tolerancia... como si fueran valores absolutos y esenciales, y sin reparar en que la enorme extensión de estos conceptos reduce a casi nada su comprensión y habilita para todo género de manipulación, contradicciones y «otros frutos amargos». Ya se sabe: la condena de Sócrates, el voto por Barrabás; los resultados de Munich, Moscú, Yalta o Potsdam; la licencia para matar los 30.000.000 de la II Guerra Mundial; la luz verde al experimento de las bombas atómicas: 92.000 muertos la de uranio, 40.000 la de plutonio; o el Telón de Acero que, tras consolidar el régimen soviético sobre el inmenso territorio del antiguo Imperio Ruso, aisló además durante cuarenta años, bajo el terror y la miseria, a dos tercios de la superficie de Europa y casi la mitad de su población.

Todo queda sacrificado a una relación de números. Y se produce el curioso fenómeno de que, mientras se reconoce y pregona, con toda la razón del mundo, que el fin no justifica los medios, se acepta, en cambio, que los medios justifiquen el fin. No hay propósito inmoral ni descabellado, con tal de que no se pierdan determinadas maneras para alcanzarlo. Está claro que se da un formalismo en la Política como se da en la Ética —Der Formalismus in der Ethik—, aunque de menor grandeza, porque siempre hay ventajistas de la imprecisión con afán de poder, o simple apetito desordenado de figurar y presidir, y no todos los días nace en Kónigsberg un pensador llamado Manuel Kant.

«Se llama ascético-claustral al cristianismo de la Edad Media, a nuestro cristianismo de hoy se le podría llamar científico- pastoral», se quejaba Kierkegaard en su tiempo, refiriéndose a Hegel sobre todo. A una parte del que ya empezaba en los años de Manolo se le podría quizá haber titulado «ensayístico-social». Y a alguno mediatamente posterior «social de mercado». Después, aún se acentuaría esta tendencia a la secularización de los cristianos en retirada, más atentos a la sacristía y la curia que al sagrario, a las librerías que a las bibliotecas y, en definitiva, a la añadidura que al Reino de Dios, sin reparar para nada en los lirios del campo ni los pájaros del cielo. En alguna medida, no pocos eran víctimas, quizá, de una admiración algo desmandada por la crema de la intelectualidad... francesa. En realidad, quizá tam poco fueran mucho más lejos sus inquietudes, ni posibilidades intelectuales. Al final J. Maritain acabaría escribiendo Le Paysan de la Garonne, pero, como es frecuente en estos casos, el arrepentimiento y rectificación llegaban demasiado tarde, cuando ya se había producido el escape de «humo del infierno».

La incitación a la política, como tantas iniciativas de intención y raíz religiosa de la época, provenía de don Ángel Herrera, por el que Aparici siempre tuvo una sincera devoción, aunque no sé, y subrayo el no sé, si total identificación con todas sus actitudes. A mí Manolo siempre me pareció más claro y firme en las suyas. Quiero anotar, en todo caso, que hablando de él, en polémica periodística entonces con alguna alta autoridad civil, y tal vez por eso víctima de algunos ataques acaso exagerados, con enorme respeto y afecto comentó que la hostilidad procedente de hombres de buena voluntad, si es la más hiriente, también es la que más puede contribuir a la santificación, porque con la de los otros ya se cuenta y puede, incluso, inducir a vanagloria. Siempre la perspectiva sobrenatural.

«Cristo no esperó a que se resolviera el problema social en su tierra para predicar el Evangelio», decía Manolo. Por eso, pudo entrar en política, pero no lo hizo. Y no le faltó la ocasión. De hecho tuvo el ofrecimiento de la Dirección General de Aduanas, en el Ministerio de Hacienda, en tiempos de Larraz, que declinó Su camino, está muy claro, era otro; y sus maneras. Más vasto y lejano su horizonte. Estaba allí, y siempre tenía años cuando y durante; y justo en la edad de la energía, el entusiasmo, la ilusión, la entrega y la eficacia. Pero siempre más atento a otra cosa que a la noticia de la anécdota o el desgarrón de cada día, o la publicación del último ensayo con lo último en ideas del tiempo: «Gris, caro amigo, es toda teoría», parece pensar con Goethe. Él estaba haciendo por el Reino de Dios, seguía estudiando su latín y le importaban no mucho lo que pudieran decir los —por entonces o después, ya no sé— irónicamente conocidos entre los estudiosos como «los nuevos evangelistas de Francia».

Manolo leía, releía y repasaba de continuo, una y otra vez, los Evangelistas de siempre, y los Hechos de los Apóstoles, y San Pablo, y las palabras de la Liturgia, en esa rigurosa y perfecta síntesis de oración y lectura que es la meditación. Ello explica la pasmosa frecuencia y espontaneidad con que le afluían al hablar las palabras exactas de cualquier autor del Nuevo Testamento. Unos más que otros, por supuesto. O del Antiguo. Desde luego, no creía, como Descartes, que se tratase de algo de tan escaso interés, de si peu d'importance. Claro, Descartes, el peligroso genial simplificado, era el príncipe del racionalismo, y no se sabe que aspirante a santo, ni espejo del caballero cristiano. Aunque persista hoy su gravitación incluso en ámbitos donde parece que debería haberse desvanecido hace algún tiempo.

De estas meditaciones procede su actitud. En las circunstancias que por aquellos años vive España, a Manolo le produce especial impresión el pasaje del Génesis donde se narra la destrucción de Sodoma y Gomorra y revela, a mi juicio, el fundamento esencial de su propia ascética y la razón de su apostolado: El problema no es tanto la abundancia de pecadores, como la escasez de hombres íntegros. Sodoma y Gomorra se hubieran salvado, a pesar de su agobiante mayoría de impíos, si allí hubiera habido una exigua minoría de justos. Es necesario un haz de jóvenes decididos a ser santos. Reclutarlo, formarlos, es la empresa que Manolo se propone.

«¿Qué reforma considera más necesaria?», se pregunta cada semana en unas entrevistas de periódico. Las respuestas, en general, cautivan por su generosidad y hermosura y contribuyen a con- solidar la fe en la bondad del género humano. «La que borre el hambre de la faz de la tierra», «La del sistema económico», «La social, que acabe con las desigualdades», «La que traiga la paz a todos los pueblos», se lee. Alguna vez, en la reproducción del original manuscrito publicado, es posible advertir incluso algunos trazos borrosos, corridos, aureolados por huellas de humedad... una lágrima, sin duda; o acaso una gota de whisky.

La respuesta de Manolo está en unas palabras que su interlocutor nunca olvidó: «Tú por Presidente de Toledo/ y yo por Presidente Nacional —le decía a Antonio Rivera—, sabemos que el Señor nos llama a ser santos; no sabemos el número que en sus eternos designios la Santísima Trinidad tiene acordado que sea suficiente para la salvación de España; pero mientras yo no sea santo, puedo ser el único que le falte al Señor». España necesita santos. Razón de más para el apostolado... Y ahí nace también su gran idea de la peregrinación, la gran metáfora de Manolo: «Ir al Padre por Cristo a impulsos del Espíritu Santo, con la ayuda de María ...».

En 1932, en el II Congreso Nacional de la Juventud de Acción Católica, en Santander, con asistencia de tres mil jóvenes, se acordó celebrar el próximo en Santiago en 1937, Año Santo Jacobeo. Dos años después, 1934, Año Santo Extraordinario de la Redención, mil jóvenes romeros de Acción Católica presididos por el Cardenal Goma, Manolo aún Vicepresidente, llegan a la capital de la Cristiandad: después de la recepción general en la Sala de las Bendiciones, el Santo Padre, Pío XI, saluda a cada uno de los miembros del Consejo. «Todos le besaron la mano —dice la tan citada Semblanza—, y a Aparici le puso sus manos en la cabeza. Para Aparici, aquello fue un signo para su sacerdocio. Y para los que lo presenciaron también».

En la IV Asamblea Nacional, Cofrentes 1935, se confirma el propósito de celebrar en Santiago en 1937 el III Consejo Nacional: allí y entonces concibe Manolo la idea de la gran peregrinación. Se trata de proponer a los jóvenes de Acción Católica de todos los pueblos de la América Híspana un magno ideal de recristianización, una tarea asequible al esfuerzo conjunto.

Primero fue aprobada y bendecida por el Cardenal Primado, Goma, y el Nuncio Tedeschini. Después, a fines de enero en Roma, por el Cardenal Pacelli, Secretario de Estado, y el 1 de febrero por el mismo Padre Santo, Pío XI. Más tarde, en el primer número de la revista Signo, el 6 de junio de 1936, con prosa del hoy Obispo Maximino Romero de Lema, Manolo hace una llamada a todos los jóvenes a peregrinar a Santiago en 1937, con motivo del Año Santo Jacobeo... Casi al mismo tiempo se convoca a la Juventud de Acción Católica al III Congreso Nacional: «No os intimide la persecución, el Señor va delante de nosotros para preparar el gran día de Compostela».

 

Y luego, sin pérdida de tiempo, comenzó la organización. En la Presidencia de Honor figuraban el Cardenal Pronuncio, Arzobispo de Lepanto, Federico Tedeschini, el Cardenal Primado de Toledo, Isidro Goma, el de Tarragona, Cardenal Ilundáin, el de Santiago, por supuesto, y muchos otros y se había solicitado ya la cooperación de los Cardenales Primados de Portugal, Patriarca de Lisboa, de la Argentina, del Brasil y de todos los Primados de la América Española.

Ultreia se titulaba el bellísimo folleto, a tres tintas, generosa- mente ilustrado con imágenes y signos jacobeos, en que se hacía la gran convocatoria: «Año Santo MCMXXXVII. Tercer Congreso Nacional de la Juventud de Acción Católica en Compostela —se lee en capitales latinas de especial belleza y finura—. Voz de marcha y aviso de romería que se da a las generaciones nuevas de las Españas». Después sigue ya en caracteres de imprenta, bodoni del 12, creo: «Compostela tendrá su Año Santo, en el de gracia de 1937. Allí, con la ayuda de Dios y la protección de Santiago, la Juventud de Acción Católica celebrará su gran Congreso. Ningún sitio mejor que al amparo del Apóstol tutelar para plantar nuestras afirmaciones católicas y españolas. En estas dos ideas, entrelazadas, y en debida jerarquía, aspiramos integrar todos los jóvenes de España. Porque el catolicismo es la esencia de nuestra nacionalidad... España puede realizar su gran misión histórica... Gran misión, de enseñar al hombre de los Continentes nuevos, que somos hermanos, hijos de Dios, y que pueden salvarse, porque a todos ha dispensado la Providencia una gracia suficiente de salvación... Dura es la época que nos ha tocado vivir, y conscientes de nuestra misión, aceptamos las condiciones de vida militante. Dejemos que nos azote una ráfaga de optimismo y ensueño... Llegaremos gozosos a la apoteosis del Pórtico de la Gloria, después de hacer la vía larga del sacrificio duro y el trabajo constante. Como el Hijo del Trueno, cuando el cáliz amargo asome a nuestros labios, digamos possumus, porque el viejo lema jacobeo reza: "Dios ayuda y Sant Yago"».

«Este libro salía de las prensas de "Blass, S. A. Tipográfica", el día 11 de junio, festividad del Corpus Christi, año 1936. José Luis Fernández del Amo dirigió la edición y la ornó colaborando con Turas y Sota, y en un solo espíritu trazaron con sus manos una plegaria de alabanza a Dios.  Lavs Deo».


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Por gentileza de Carlos Peinó Agrelo, peregrino, cursillista, colaborador en la Positio super virtutibus del Siervo de Dios Manuel Aparici.

 

MANUEL APARICI

EN UNA HORA DIFÍCIL DE ESPAÑA

 

POR JOSÉ ARTIGAS

        

I.                   Un hombre estrictamente de Dios

 

El nombre de Manolo Aparici me era familiar ya antes del Alzamiento Nacional, por la admiración que le tenía mi primo Antonio Rivera, a quien se la tenía yo, por mi parte, ya entonces, grande; pero en persona no tuve ocasión de conocerlo hasta el invierno de 1939, creo, o quizá del cuarenta.

Lo que recuerdo muy bien es que era una noche fría de aquel Madrid ya abierto y libre del acoso revolucionario marxista, la utopía de cemento sin luz ni libertad, pero aún áspero, de la inmediata posguerra, el Madrid pobretón que ya nos sabíamos, con todos sus rasgos negativos acentuados, tras los tres años rojos de hambre y terror en que terminaba la II República.

En sus iglesias reabiertas, con sus dependencias mal acondicionadas todavía, sin superar del todo algunos aún una cierta sensación de clandestinidad, nos reuníamos otra vez los Jóvenes de Acción Católica para celebrar nuestros círculos de estudios, entonces no en boga, sino de riguroso precepto, y hablar y discutir sobre actividades y proyectos, antes o después de algún tiempo de oración. A veces, por ejemplo, durante una noche entera ante el Santísimo.

En una de estas sesiones de adoración nocturna —con minúscula—, tal vez ya entonces en la vigilia de la Inmaculada, con el cuello del abrigo subido y una boina hasta los ojos, la noche ya bien avanzada, se presentó en la desamueblada estancia inhóspita, cargada de humazo, pero gélida, donde descansábamos entre turno y turno de vela Manolo Aparici, Presidente Nacional, acompañado de alguien más que no recuerdo. Venían, con toda seguridad, de alguna otra parroquia cercana, quizá San Martín. La ronda, después de San Ildefonso, continuaría por Maravillas y otras y otras —a pie, desde luego, y, por supuesto, en ayunas, porque entonces regía lo de «la noche antecedente»— hasta el amanecer, en que se celebraba la misa en todas y nos íbamos cada uno a nuestra casa a desayunarnos, dormir un momento para poner un poco a tono el cuerpo y empezar a vivir el nuevo día.

Aquella noche no me fascinó Manolo. No tenía un pronto espectacular. Uno, al fin y al cabo, estaba en la Facultad de Filosofía más atento, quizá en exceso, a otras músicas diferentes, sin duda elevadas también, pero menos celestiales, desde luego. Sin embargo, no dejé de fijarme en la atención que despertaba y la evidente autoridad que se le concedía, aunque tampoco era cosa de sor- prenderse demasiado habida cuenta de que era, sin la mínima duda, superior a todos en edad, dignidad y gobierno. Ahora pienso que aquella noche tendría un interés concreto en hablar con quienes fuera de algunas cuestiones determinadas, y yo, nuevo en la plaza, no figuraba en su agenda con nombre propio, porque, como después aprendí, Manolo solía ser muy concreto en sus objetivos y no daba paso inútil ni decía palabra de más, aunque no fuese lacónico, ni cosa parecida. Mucho después supe, por él mismo, de lo que llamaba «predicar desde la barca de Pedro».

Al principio del capítulo V del Evangelio de San Lucas puede leerse que, una vez, estando Jesús junto al Lago de Genezaret, el gentío se aglomeraba en su torno para escuchar la palabra de Dios. El Señor se fijó en dos barcas a la orilla del lago»; los pescadores se habían bajado de ellas y estaban lavando sus redes. Subiendo en- tonces a una de las barcas, la que era de Simón, le rogó que la apartase de tierra un poco y, sentándose, desde la barca, enseñaba a la gente. Manolo comentaba que muy poco de la voz de Cristo podría llegar al relativamente lejano auditorio de la ribera. En realidad, en aquella ocasión, hablaba para Pedro.

Con alguna frecuencia a partir de entonces creí observar que, acertada o no la interpretación de ese pasaje evangélico, él sí hablaba muchas veces en especial para uno o para muy pocos, poniendo acentos y matices muy sopesados en sus palabras, aunque tuviese delante un público plural o numeroso. A eso lo llamaba «predicar desde la barca de Pedro», ajustar la dirección del mensaje pura asegurarse de su eficacia allí donde la pretendía.

Después tuve ocasión de verle y escucharle en la Diocesana, y no sé si ya en el Consejo Superior; pero la gran oportunidad de .conocerlo y tratarlo de cerca me la dio un Cursillo de Adelantados de Peregrino en La Coruña, en septiembre de 1941. Allí convivimos con él, no sé, quizá veintitantos o treinta jóvenes de diversos puntos de España, durante ocho o diez días, supongo; tampoco me atrevo a concretar esta cifra.

Recuerdo de allí y entonces al capellán, un muy joven sacerdote de una gran espiritualidad y muy fácil y bella palabra, don Ricardo Blanco, que falleció hace no muchos años siendo Obispo Auxiliar de Madrid. Y al Vicerrector —magnífico— del cursillo, Ángel Vegas. De propósito renuncio a dar ningún otro nombre, porque podría olvidar demasiados; pero a todos los cuento entre mis amigos y alguna vez pido por ellos.

Al final, a cada uno de nosotros se nos acreditó en un documento personal, que «por la gracia de Dios había vivido intensas ¡ornadas de oración y estudio para impetrar del Señor ser Adelantado de Peregrinos». Nosotros adquiríamos uno por uno, con una cierta solemnidad, el correspondiente compromiso: «Prometo hacer de mi vida un continuo caminar hacia Dios, para que por mí haga el Señor a los jóvenes de España, especialmente a los de la Diócesis a que pertenezco, peregrinos de un eterno camino de santidad. Por la gloria de Santa María, Dios ayude y Sant-Yago». «Si así lo haces, que Dios te lo premie, y si no, te lo perdone», nos había ido contestando antes de entregarnos firmado a cada uno el oportuno carné, en cuya portada lucía una finísima viñeta con el crismón en tinta roja y una concha jacobea en negro, sobre él palo de la rho. No sé ya por iniciativa de quién, pero por entusiasta unanimidad, acordamos adoptar el nombre de «Manuel Aparici» para nuestra promoción.

Todos los primeros planos que en La Coruña iba obteniendo de Manolo confirmaban de modo categórico, una y otra vez, que ante todo era un hombre religioso. Recuerdo su estampa en la capilla. Allí estábamos un haz de jóvenes dedicados con todo rigor a nuestra ocasional tarea. La devoción y el silencio eran la norma durante la misa, las meditaciones o cualquier otro acto de piedad o estudio, por supuesto. A mí me impresionaba, sin embargo, la excepcional concentración que se advertía en Manolo. Me hacía recordar la anécdota de aquel indito que, junto al misionero en oración, pedía silencio a sus compañeros, porque «¡Está hablando con Dios!». Eso me parecía a mí de Manolo, de rodillas, inmóvil y abstraído, fuera del tiempo y el contorno. Pero regresaba, claro. En el cursillo todo tenía que ir puntual y con orden, como iba. Lo que no parecía es que después fuera «otro». No, siempre era él, idénticamente el mismo; no había transfiguración.

Con nosotros después, á renglón seguido, cambiaba el interlocutor, la actitud física, pero me atrevo a decir que, de alguna manera, podría adivinarse que no interrumpía su peculiar íntima gravitación hacia Dios. Al revés, más bien habría de afirmarse que provocaba en su torno una especial «presencia de Dios» que se nos imponía a todos y hacía entender la expresión paulina, que dejo en latín para no renunciar a la, en este caso, impagable equivocidad del verbo sum: «In ipso enim vivimus et movemur et sumus».

Su figura física no estaba hecha de trazos notables ni llamativos. Más bien alto que bajo, enjuto, con rasgos aristados, ahora pienso si ascéticos, en su fisonomía y un gesto atractivo, simpático, benévolo, afectuoso, siempre acogedor, no sin un algo entre burlón y escéptico allá en el fondo. Era un hombre que estaba de vuelta de muchas cosas, casi todas, y categóricamente de ida de la única que importa. Y hoy se ve todavía más claro, a los treinta años de su muerte. «Ya ves, todo lo de este mundo es sombra que pasa, sólo la Palabra permanece para siempre», me escribirá muchos años después, en muy triste ocasión para mí.

No hacía falta demasiado trato con él para advertir que era un hombre estrictamente de Dios, y yo diría que en tres sentidos: un hombre para, hacia; que trae un mensaje, viene de y, hasta Donde se puede juzgar, un hombre habitado por la gracia: «Es Cristo quien vive en mí». A partir de aquí se entiende su paz, su afabilidad, su temple, su peculiar cálida indiferencia.

II.      Esta nada común religiosidad

Esta nada común religiosidad y devoción de Manolo tiene su historia concreta y un origen y desarrollo más o menos bien conocidos. Nunca llegó a ser un descreído total, por supuesto; ni un empecatado, creo yo, por lo que entiendo de lo que algunas veces le escuché; pero sí pasó algunos años tan alejado de la práctica religiosa como para poder utilizar de algún modo el término «conversión », ni referirse a su regreso a ella.

Resulta que muy temprano ya, con veinte años, «tenía ya despejado su porvenir y una categoría en la vida», en expresión que él mismo vendría a utilizar después. Pero eso lo había alcanzado a costa de una etapa de trabajo muy duro, y eso explica en notable medida el ablandamiento posterior, y que, en expresión de la época, se aplicara después, tan pronto como pudo, de manera fundamental o exclusiva, a la tarea de «divertirse». Y nunca empleado el término con mayor propiedad.

SI yo tuviera memoria, podría enumerar la dedicación de cada día de la semana, porque él sí la recordaba, claro, y más de una vez salió a colación. Me es imposible reconstruir con exactitud su agenda de entonces, pero sí creo poder dar una relación aproximad»: Por de pronto, era un asiduo de «las tardes del Ritz», los sábados .me parece; domingos y jueves la cosa consistía en algo parecido, té con baile —thé danqant— otra vez, pero en el Palace; «el lunes, o más bien el miércoles, no sé bien, el estreno en el Cine Royalty, en, la Calle de Genova; el martes o el viernes el Palacio del Hielo, en la Plaza de las Cortes... El séptimo día no sé, casi seguro otro cine, o baile de nuevo, o iría alguna vez al teatro, o quedaría libre para emergencias... Pero no, creo que no, que no había capítulo de imprevistos. Y lo que desde luego tampoco me suena es que el séptimo día descansara. Ahora, eso sí, manteniendo

siempre un nivel. En el riguroso programa no entraba jamás un bailongo de «señoritas gratis», o taxi girls, ni cosa parecida. Era la vida de un joven de «buena familia» de la época, ni un «pollo pera» quizá, de aquel Madrid en que el trabajo dejaba energías y tiempo libres para actividades posteriores suplementarias.

Así iba girando la rueda de su existencia cuando empezó la conversión, porque tuvo su tiempo y sus plazos, a partir de la indiferencia y la frialdad, la distancia: Manolo, dicho simple y llanamente, no ejercía de cristiano, «no practicaba», como se suele decir. No iba a misa y no le importaba la campanada de no asistir con las autoridades y fuerzas vivas del lugar a la Procesión del Corpus, como era uso a la sazón en Muros, donde estaba destinado, por ejemplo. Ni que se lo reprochasen.

Entre los «consejos e indicaciones» que deja a su sucesor en la Presidencia de la J. de A. C, Antonio García de Pablos —cuartillas de valor excepcional, publicadas como apéndice en la Semblanza Biográfica anónima editada por la Postulación de la Causa de Canonización del Siervo de Dios Manuel Aparici, Madrid, 1994, a la que haré continuas referencias—, puede leerse: «No olvides que M. A. antes de ser joven de A. C. fue lujurioso, frívolo y pecador; pero que Dios puede sacar con su gracia, de las piedras, hijos de Abraham». Pudiera ser no mucho más que una muestra del habitual exagerado rigor con que las almas escogidas suelen juzgarse.

Le escuché más de una vez que el principio estuvo en unos Ejercicios Espirituales, a los que fue de mala gana, haciéndosele muy cuesta arriba, sólo vencido por la insistencia de su madre, preocupada. Y aún no sé bien si por complacerla o por dejar de oírla. Nada esperaba, claro1, de unos curas a los que tenía por aguafiestas profesionales y pájaros de mal agüero. O sin «profesionales», y tal vez «pajarracos», pero la idea era esa, desde luego.

No está segura la fecha, pero debió de ser en 1925. Los Ejercicios, sin embargo, contra toda previsión, hicieron alguna mella. En la Semblanza, se puede leer que, tras ellos, «empezó a amar a Jesús y se inscribió en su Guardia de Honor», así con mayúsculas, No dé qué significa. Ignoro qué entidad pueda ser esa; y si lo es.

A partir de ahí y durante dos años, por lo que se dice, parece que fue «cayendo y levantándose», hasta unos nuevos Ejercicios, también externos, quizá en 1927 —según leo en la misma Semblanza- en los que hizo el propósito de comulgar diariamente durante la Cuaresma. Al terminarlos, además, entró en la Congregación Mariana, Los Luises, y ya da la impresión de que su vida empezó n ser, ya para siempre, otra: Durante los años 27, 28 y 26, «subía hacia Jesús».

Cabe quizás subrayar tres momentos marcados y conocidos en su -digamos- «camino de perfección». El primero es el día de la Inmaculada de 1927, en que recibe la Medalla de Congregante: En su diario de 8 de diciembre de 1939 —siempre según la Semblanza, escribe: «Hoy hace doce años que María me echó los brazos «a1 cuello, me escogió como hijo». Está claro.

El tercero es la decisión de hacerse sacerdote, también puesta por escrito, tomada durante unos Ejercicios Espirituales en Vitoria. E1 16 de septiembre del 32: «Si Jesús no dispone otra cosa, yo por mi parte estoy dispuesto a ser ministro suyo, sacerdote secular, para emplearme todo en la salvación de las almas y satisfacer esa sed que se dignó manifestarme... en aquella vela de Los Luises en los días de Carnaval». Sitio, efectivamente, sería después el lema que adoptase en su ordenación en 1947.

Por cierto, sólo un mes después, el 17 de octubre, anota: «Hoy he empezado a dar clase de latín». En aquel entonces era inconcebible su destitución, después de ser garantía de exactitud, belleza y solemnidad de la Doctrina y la Liturgia durante cerca de diecisiete siglos. Desde 1934, Manolo conservó siempre encendido y muy vivo el recuerdo de miles y miles de voces heterogéneas.

         Unánimes en el canto del Credo in unum Deum. Patrem omnipotentem, en San Pedro de Roma. Era la percepción inmediata y directa de la universalidad de la Iglesia, la catolicidad, una experiencia que me deseaba y animaba a procurarme.

La tuve no pocas veces muchos años después durante mi estancia en Roma y nunca dejé de pensar en Manolo. Recuerdo con

especial viveza las dilatadas y solemnísimas ceremonias de Canonización de Santos, de entrega de birretas a nuevos Cardenales o alguna sesión pública del Concilio, el grandioso templo iluminado y lleno por los vistosos trajes, ritmos y músicas de pueblos exóticos. Yo mismo asistía desde la tribuna asignada al Cuerpo Diplomático, rodeado por consiguiente también de extranjeros de: las más diversas procedencias. De pronto se hacía la unanimidad: Credo in unum Deum, o Pater Noster qui est in coelis.

Recuerdo también mi primera llegada a Alemania —Góttin- gen— tangente a su ecuador el siglo. Todas las palabras me eran extrañas, salvo el pequeño haz que constituye el léxico técnico de la filosofía... Hasta que entraba en un templo y escuchaba: Introibo ad altare Dei, como si el sacerdote contase ya de antemano conmigo. Como en la verídica anécdota de la aldeana en el extranjero: «El Sr. Cura era el único que hablaba en español». La Iglesia, donde nadie era forastero.

Sin concretar la fecha, queda en medio el segundo momento, la «vela de Los Luises», a la que hay que reconocer, sin duda, alguna trascendencia. La relata, aunque sin referirse al lugar, ni al Carnaval, Carlos Castro, fervoroso germanista, después fervoroso sacerdote, «vocación tardía» guiado por Manolo en sus primeros pasos hacia el Seminario. Cuando los presenté uno a otro, en los primeros años cuarenta, ninguno de los tres podíamos imaginarnos que, llegada la hora, iba a ser Carlos quien estuviese junto a él para revestirle por última vez con los paramentos sacerdotales.

«A él —Manolo, claro— le tocaba el turno de adoración una tarde y por espacio de una hora. Ya tenía la velada organizada para después de su adoración, irse no sé si a un baile o algo parecido. Hizo su turno de vela, y el siguiente, el que había de sustituirle no se presentó. Como él luego contaba, "no tuve cara para dejar al Señor solo". Pero lo curioso es que el siguiente al siguiente tampoco se presentó. Y Aparici siguió tres horas en adoración silenciosa. Ya no era tiempo de cumplir sus deberes sociales. Salió ya de noche, pero transformado. "Dios y sólo Dios; lo demás es frivolidad, aunque sea inocente". Desde entonces su vida cambió radicalmente, Fue el místico de la Acción Católica y el con-templativo «apasionado»..

Como los vértices de un triángulo una circunferencia, estos tres momentos determinan el encuentro de un hombre con Dios. Con intención evito decir un alma. Está claro y lo explica muy bien la vigente Escolástica, philosophia perennis por otro nombre, el de Leibnitz,: no es el ojo el que ve, ni el entendimiento el que entiende, ni la voluntad la que quiere; sino el hombre a través de,  mediante la vista, el entendimiento o la voluntad: actiones sunt suppositorum. La acción es de la persona. Con todo, hay acciones que se realizan con la conciencia en carne viva y otras que se llevan a cabo con absoluto despego, como con ella ausente, tal que «viendo no ven y oyendo no oyen».

Es como una ilustración de la parábola del sembrador, que acude a la memoria: una parte de la simiente fue a dar a la orilla del camino y se la comieron los pájaros del cielo; otra sobre el pedregal, y se secó: otra entre los espinos, que la sofocaron; pero otra cayó en buena tierra y dio el ciento por uno.

El encuentro de Manolo es total. Ha escuchado la palabra de Dios y Ia ha acogido en su intimidad «no sólo con el entendimiento, sino con el hombre interior entero», como quiere Kierkegaard, como «aparte de su oratoria, gesticulaba el Crisóstomo, «con su total existencia», y da fruto abundante. No se si sobra o importa decir que ello significa ya una dimensión fundamental y estrictamente religiosa y cristiana, y que el Dios que descubre no es la conclusión de un razonamiento, ni una necesidad metafísica, el Acto Puro, ni lo Absoluto.

El proceso no empieza con una preocupación intelectual, espiritual, sentimental; tampoco una necesidad de trascendencia, desde el desencanto o el naufragio. Hoy, casi tres cuartos de siglo después, entre nosotros incluso, es más frecuente la búsqueda de un asidero a partir de una vida que resulta seca, vacía, en precariedad, necesitada en suma. Y nos sorprendemos de la repentina devoción por Sydahrta, el viaje a Katmandú, o la entrega al Islam, de almas a las que lo que les ocurre, ni más ni menos, es que no se aguantan dentro de su propia piel y sólo les llega un borroso cristianismo social de mercado.

Da la impresión de que a Manolo le sorprende la luz antes de advertir las tinieblas. La radical insuficiencia de su vida la ve des- pués, cuando ya la ha dejado atrás. Vale la metáfora de la luz y la sombra: La sombra es producto de la luz. Cabe pensar que, cuando comienza su vela al Santísimo, no acaba de ser consciente de que, al terminarla, todo lo que en realidad tiene por delante es ir a «comprar alegría» a la tienda de la esquina, «zambullirse en la miseria», según sus gráficas expresiones de tiempos posteriores.

Al abrírsele el oído, al darle la luz en los ojos y empezar a ver y oír viendo y oyendo, lo que en realidad ocurre es que sin vacío que medie, ni cuestión filosófica interpuesta, se produce el des- cubrimiento del Dios trascendente y personal del cristianismo. Se trata, me atrevería a decir, de un golpe de gracia, una ráfaga de Fe, que le lleva a Jesucristo. De hecho, los momentos decisivos de su «conversión» se producen en el marco de una especial meditación sobre su propia vida y la de Jesús, como son los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, o durante una vigilia ante la presencia real de Cristo en el Santísimo Sacramento. Quizá entonces ni conoce los versos de Santo Tomás: In Cruce latebat sola Deltas, at hic latet simul et humanitas. Jesucristo es la clave, el primer gran des- cubrimiento de su Fe.

Dios se le revela rigurosamente como amor, «que por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó de los cielos y fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo y nació de Santa María Virgen: et homo factus est». Cuando se penetra de veras esta verdad, sólo hay una respuesta posible: «Nadie puede osar desentenderse de la vida de Cristo como de una mera curiosidad —dice Kierkegaard—. Cuando Dios se deja parir y se hace hombre, no se trata de una pintoresca ocurrencia suya. Dios no sale de aventuras. No, cuando Dios hace eso, ese hecho es lo serio de la existencia. Y lo serio es, otra vez, que cada uno adopte una actitud ante ello». «No podía yo impunemente recibir el Evangelio de Jesucristo», escribe Paul Claudel. «Quid retribuam Domino pro ómnibus quae retribuit mihi?», como tantas veces repetiría ante el altar No hay más que la propia entrega total, absoluta y sin condiciones. Así parece vivirlo y entenderlo Manolo.

         Ovidio escribe en alguna ocasión: «Video meliora proboque, deteriora sequor». Pero no es fácil acallar la vieja sentencia socrática, «Nadie hace el mal a sabiendas». Tal vez ocurre que se ve, pero no se ve del todo; se sabe, pero no acaba de saberse. El conocimiento siempre resulta insuficiente y precario. Cuando de verdad se ve o se cree, nunca se hace lo peor: «¡Si tuvieras fe como un grano de mostaza ...!». Pero, ¿qué fe tenemos? Padre perdónalos, porque no saben lo que hacen». «Y entonces el dilema es éste —me escribirá en 1964—, o Cristo es Dios o tu y yo y todos esos padres conciliares somos unos solemnes idiotas. Gastar toda una vida en vivir contra corriente de la propia naturaleza y de los criterios de los mundanos, por seguir los criterios de un rústico Nazaretano (sic) que acaudilló a un grupo de rústicos galileos y que terminó ajusticiado, sería una inmensa insensatez si ese Nazareno no fuera el Hijo de Dios que ha venido a salvar a todo hombre venido a este mundo».

Manolo adopta una actitud tal y como Kierkegaard, el precursor del existencialismo, demanda. Manolo Aparici empieza a mirar la realidad entera, la vida, todo lo visible y lo invisible, su propia existencia y el marco en el que se desarrolla, desde la Fe. Cualquiera que sea la presión de la circunstancia, que no era leve, la figura se destaca ante un paisaje que es imprescindible tener muy en cuenta, porque Manolo vive, siente, sufre y acusa la sociedad, el tiempo y el lugar que le tocan y gravitan sobre él, no caracterizados por la monotonía, ni la estabilidad. Nada más lógico: «No te pido que los apartes del mundo, sino que los preserves del mal», se puede leer en San Juan. Años decisivos, cabe decir con Spengler.


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ZENIT publica la homilía que pronunció Benedicto XVI en la tarde del domingo, 28 de Junio de 2009, en la Basílica de San Pablo Extramuros al presidir la celebración de las primeras vísperas de la solemnidad de los santos Pedro y Pablo con motivo de la clausura del Año Paulino.

Señores cardenales,

venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio,

ilustres miembros de la delegación del patriarcado ecuménico,

queridos hermanos y hermanas:


Dirijo a cada uno mi saludo cordial. En particular, saludo al cardenal arcipreste de esta basílica y a sus colaboradores, saludo al abad de la comunidad monástica benedictina; saludo también a la delegación del patriarcado ecuménico de Constantinopla. Esta tarde se concluye el año conmemorativo del nacimiento de san Pablo. Nos encontramos recogidos ante la tumba del apóstol, cuyo sarcófago, conservado bajo el altar papal, recientemente ha sido objeto de un atento análisis científico: en el sarcófago, que no había sido abierto nunca en tantos siglos, se hizo una pequeñísima perforación para introducir una sonda especial, mediante la cual se han encontrado restos de un precioso tejido de lino de color púrpura, bañado en oro, y de un tejido de color azul con filamentos de lino. Se encontraron también granos de incienso rojo y de sustancias proteicas calcáreas. Además, se han descubierto pequeñísimos fragmentos óseos, sometidos al examen del carbono 14 por parte de expertos que, sin saber la procedencia, pertenecían a una persona que vivió entre los siglos I y II. Esto parece confirmar la unánime e incontrovertida tradición de que se tratan de los restos mortales del apóstol Pablo. Todo esto llena nuestro ánimo de profunda emoción. Durante estos meses muchas personas han seguido los caminos del apóstol, los exteriores y más aún los interiores que él recorrió durante su vida: el camino de Damasco hacia el encuentro con el Resucitado; los caminos en el mundo mediterráneo que él atravesó con la llama del Evangelio, encontrando contradicciones y adhesiones, hasta el martirio, por el cual pertenece para siempre a la Iglesia de Roma. A ella dirigió también su Carta más grande e importante. El Año Paulino se concluye, pero estar en camino junto a Pablo --con él y gracias a él venir a conocer a Jesús y, como él, ser iluminados y transformados por el Evangelio-- formará siempre parte de la existencia cristiana. Y siempre, yendo más allá del ámbito de los creyentes, sigue siendo el "maestro de las gentes", que quiere llevar el mensaje del Resucitado a todos los hombres, porque Cristo los ha conocido y amado a todos; y murió y resucitó por todos ellos. Queremos, por tanto, escucharlo también en esta hora en la que iniciamos solemnemente la fiesta de los dos apóstoles unidos entre sí por un estrecho lazo.


Como parte constitutiva de su estructura, las cartas de Pablo -haciendo referencia al lugar y a la situación particular- explican ante todo el misterio de Cristo, nos enseñan la fe. En una segunda parte, sigue la aplicaci&o acute;n a nuestra vida: ¿qué se deriva de fe? ¿Cómo se plasma nuestra existencia día a día? En la Carta a los Romanos, esta segunda parte comienza con el capítulo XII, en cuyos dos primeros versículos el apóstol resume rápidamente el núcleo esencial de la existencia cristiana. ¿Qué nos dice san Pablo en ese pasaje? Ante todo afirma, como algo fundamental, que con Cristo se inició una nueva manera de venerar a Dios, un nuevo culto, que consiste en el hecho de que el hombre viviente se transforma él mismo en adoración, "sacrificio" hasta en el propio cuerpo. Ya no se ofrecen cosas a Dios. Nuestra propia existencia debe convertirse en alabanza de Dios. ¿Pero cómo sucede esto? En el segundo versículo se nos da la respuesta: "No os acomodéis al mundo presente, antes bien transformaos mediante la renovación de vuestra mente, de forma que podáis distinguir cuál es la voluntad de Dios..." (12, 2). Las dos palabras decisivas de este versículo son: "transformar" y "renovar". Debemos convertirnos en hombres nuevos, transformados en un nuevo modo de existencia. El mundo siempre está a la búsqueda de la novedad, porque con razón está siempre descontento de la realidad concreta. Pablo nos dice: el mundo no puede ser renovado sin hombres nuevos. Sólo si hay hombres nuevos, habrá también un mundo nuevo, un mundo renovado y mejor. En el inicio está la renovación del hombre. Esto vale después para cada uno. Sólo si nos convertimos en hombres nuevos, el mundo se convertirá en nuevo. Esto significa también que no basta adaptarse a la situación actual. El apóstol nos exhorta a no ser conformistas. En nuestra Carta se dice: no hay que someterse al esquema de la époc a actual. Tendremos que volver a hablar de este punto al reflexionar sobre el segundo texto en el que en esta tarde quiero meditar. El "no" del apóstol es claro y también convincente para quien observa el "esquema" de nuestro mundo. Pero llegar a ser nuevos, ¿cómo se puede conseguir? ¿Somos de verdad capaces? Al explicar cómo convertirse en hombres nuevos, Pablo alude a la propia conversión: a su encuentro con Cristo resucitado, encuentro del que la Segunda Carta a los Corintios dice: "El que está en Cristo, es una nueva creación; pasó lo viejo, todo es nuevo" (5,17). Era tan convulsionante para él este encuentro con Cristo que dice: "Estoy muerto" (Gálatas 2, 19; Cf. Romanos 6). Él se convirtió en nuevo, en otro, porque ya no vive para sí en virtud de sí mismo, sino por Cristo que está en él. En el curso de los años, sin embargo, pudo ver que este proceso de renovación y de transformación continúa durante toda la vida. Nos convertimos en nuevos, si nos dejamos conquistar y plasmar por el Hombre nuevo, Jesucristo. Él es el Hombre nuevo por excelencia. En Él la nueva existencia humana se convierte en realidad, y nosotros podemos verdaderamente convertirnos en nuevos si nos ponemos en sus manos y nos dejamos plasmar por Él.


Pablo hace aún más claro este proceso de "refundición" diciendo que nos convertimos en nuevos si transformamos nuestro modo de pensar. Esto que aquí ha sido traducido como "modo de pensar", es el término griego "nous". Es una palabra compleja. Puede ser traducida como "espíritu", "sentimiento", "razón" y, también, como "modo de pensar". Nuestra razón debe convertirse en nueva. Esto nos sorprende. Tal vez habríamos esperado que tuviera que ver con alguna actitud: aquello que en nuestra acción debemos cambiar. Pero no: la renovación debe ser completa. Nuestro modo de ver el mundo, de comprender la realidad, todo nuestro pensar, debe cambiar a partir de su fundamento. El pensamiento del hombre viejo, el modo de pensar común está dirigido en general hacia la posesión, el bienestar, la influencia, el éxito, y la fama. Pero de esta manera tiene un alcance muy limitado. Así, en último análisis, queda el propio "yo" en el centro del mundo. Debemos aprender a pensar de manera profunda. Qué significa eso. Lo dice san Pablo en la segunda parte de la frase: es necesario aprender a comprender la voluntad de Dios, de modo que plasme nuestra voluntad, para que nosotros queramos lo que Dios quiere, porque reconocemos que aquello que Dios quiere es lo bello y lo bueno. Se trata, por tanto, de un viraje de fondo en nuestra orientación espiritual. Dios debe entrar en el horizonte de nuestro pensamiento: aquello que Dios quiere y el modo según el cual Él ha ideado al mundo y me ha ideado. Debemos aprender a participar en la manera de pensar y querer de Jesucristo. Entonces seremos hombres nuevos en los que emerge un mundo nuevo.


Este mismo pensamiento sobre la necesaria renovación de nuestro ser como persona humana, Pablo lo ilustró ulteriormente en dos párrafos de la Carta a los Efesios, sobre los cuales queremos reflexionar ahora brevemente. En el cuarto capítulo de la Carta, el apóstol nos dice que con Cristo tenemos que alcanzar la edad adulta, una humanidad madura. No podemos seguir siendo "niños, llevados a la deriva y zarandeados por cualquier viento de doctrina" (4, 14). Pablo desea que los cristianos tengamos una fe "responsable", una fe "adulta". La palabra "fe adulta" en los últimos decenios se ha transformado en un eslogan difundido. Con frecuencia se entiende como la actitud de quien no escucha a la Iglesia y a sus pastores, sino que elige de forma autónoma lo que quiere creer y no creer, es decir, una fe "hecha por uno mismo". Esto se interpreta como "valentía" para expresarse en contra de Magisterio de la Iglesia. En realidad para esto no es necesaria la valentía, porque se puede siempre estar seguro del aplauso público. En cambio la valentía es necesaria para unirse a la fe de la Iglesia, incluso si ésta contradice al "esquema" del mundo contemporáneo. A esta falta de conformismo de la fe Pablo llama una "fe adulta". Califica en cambio como infantil el hecho de correr detrás de los vientos y de las corrientes del tiempo. De este modo forma parte de la fe adulta, por ejemplo, comprometerse con la inviolabilidad d e la vida humana desde el primer momento de su concepción, oponiéndose con ello de forma radical al principio de la violencia, precisamente en defensa de las criaturas humanas más vulnerables. Forma parte de la fe adulta reconocer el matrimonio entre un hombre y una mujer para toda la vida como ordenado por el Creador, reestablecido nuevamente por Cristo. La fe adulta no se deja transportar de un lado a otro por cualquier corriente. Se opone a los vientos de la moda. Sabe que estos vientos no son el soplo del Espíritu Santo; sabe que el Espíritu de Dios se expresa y se manifiesta en la comunión con Jesucristo. Pero Pablo no se detiene en la negación, sino que nos lleva hacia el gran "sí". Describe la fe madura, realmente adulta de forma positiva con la expresión: "actuar según la verdad en la caridad" (cfr Efesios 4, 15). El nuevo modo de pensar, que nos ofrece la fe, se desarrolla primero hacia la verdad. El poder del mal es la mentira. El poder de la fe, el poder de Dios, es la verdad. La verdad sobre el mundo y sobre nosotros mismos se hace visible cuando miramos a Dios. Y Dios se nos hace visible en el rostro de Jesucristo. Al contemplar a Cristo reconocemos algo más: verdad y caridad son inseparables. En Dios, ambas son una sola cosa: es precisamente ésta la esencia de Dios. Por este motivo, para los cristianos verdad y caridad van unidas. La caridad es la prueba de la verdad. Siempre seremos constantemente medidos según este criterio: que la verdad se transforme en caridad para ser verdaderos.


Otro pensamiento importante aparece en el versículo de san Pablo. El apóstol nos dice que, actuando según la verdad en la caridad, contribuimos a hacer que el todo -el universo- crezca hacia Cristo. Pablo, en virtud de su fe, no se interesa sólo por nuestra personal rectitud o por el crecimiento de la Iglesia. &Eac ute;l se interesa por el universo: "ta pánta". La finalidad última de la obra de Cristo es el universo -la transformación del universo, de todo el mundo humano, de la entera creación. Quien junto con Cristo sirve a la verdad en la caridad, contribuye al verdadero progreso del mundo. Sí, es completamente claro que Pablo conoce la idea del progreso. Cristo, su vivir, sufrir y resucitar, ha sido el verdadero gran salto del progreso para la humanidad, para el mundo. Ahora, en cambio, el universo tiene que crecer hacia Él. Donde aumenta la presencia de Cristo, allí está el verdadero progreso del mundo. Allí el hombre se hace nuevo y así se transforma en nuevo mundo.


Esto mismo Pablo hace que sea evidente desde otro punto de vista. En el tercer capítulo de la Carta a los Efesios, habla de la necesidad de ser "fortalecidos en el hombre interior" (3, 16). Con esto retoma un argumento que anteriormente, en una situación de tribulación, había tratado en la Segunda Carta a los Corintios: "Aún cuando nuestro hombre exterior se va desmoronando, el hombre interior se va renovando de día en día" (4,16). El hombre interior tiene que reforzarse -es un imperativo muy apropiado para nuestro tiempo en el que los hombres a menudo permanecen interiormente vacíos y por lo tanto tienen que aferrarse a promesas y narcóticos, que después tienen como consecuencia un ulterior crecimiento del sentido de vacío en su interior. El vacío interior -la debilidad del hombre interior- es uno de los más grandes problemas de nuestro tiempo. Tiene que reforzarse la interioridad -la perspectiva del corazón; la capacidad de ver y comprender el mundo y el hombre desde dentro, con el corazón. Tenemos necesidad de una razón iluminada desde el corazón, para aprender a actuar según la verdad en la caridad. Pero esto no se realiza sin una íntima relación con Dios, sin la vida de oración. Tenemos necesidad del encuentro con Dios, que se nos ofrece en los sacramentos. Y no podemos hablar a Dios en la oración, sino le dejamos que hable antes Él mismo, si no le escuchamos en la palabra que Él nos ha donado. Sobre esto, Pablo nos dice: "que Cristo habite por la fe en sus corazones, para que arraigados y cimentados en el amor, puedan comprender con todos los Santos cuál es la anchura y la longitud, la altura y la profundidad, y conocer el amor de Cristo que excede a todo conocimiento" (Ef 3,17). El amor ve más allá de la simple razón, esto es lo que Pablo nos dice con sus palabras. Y nos dice además que sólo en la comunión con todos los santos, es decir en la gran comunidad de todos los creyentes -y no en contra o en ausencia de ella- podemos conocer la enormidad del misterio de Cristo. Esta enormidad la describe con palabras que quieren expresar la dimensión del cosmos: anchura, longitud, altura y profundidad. El misterio de Cristo es una enormidad cósmica: Él no pertenece sólo a un determinado grupo. El Cristo crucificado abraza el entero universo en todas sus dimensiones. Toma el mundo en sus manos y lo eleva hacia Dios. Empezando por san Ireneo de Lyon -es decir, desde el siglo II- los Padres han visto en esta anchura, longitud, altura y profundidad del amor de Cristo una alusión a la Cruz. El amor de Cristo ha abrazado en la Cruz la profundidad más honda, la noche de la muerte, y la altura suprema, la elevación del mismo Dios. Y ha tomado entre sus brazos la amplitud y la enormidad de la humanidad y del mundo en todas sus distancias. Él abraza siempre al universo, a todos nosotros.


Oremos al Señor para que nos ayude a reconocer algo de la enormidad de su amor. Oremos para que su amor y su verdad toquen nuestro corazón. Pidamos que Cristo viva en nuestros corazones y nos haga ser hombres nuevos, que actúan según la verdad en la caridad. Amen.

 

[Traducción del original italiano por Jesús Colina

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DOMINGO 15 DEL TIEMPO ORDINARIO/ B

12 de julio de 2009

 

Hermanos y hermanas, que el Señor esté con voso­tros.

 

Como Jesús envió a sus apóstoles a anunciar el Evangelio, también nos envía a nosotros. En nuestra vida de cada día, en todo lo que hacemos, estamos llamados a dar testimonio de su amor, de su vida, de su esperanza. Y todos los domingos, cuando nos reunimos aquí, volvemos a oír su lla­mada, y recibimos su fuerza y su gracia.

Por eso hoy, una vez más, nos reunimos en torno a él, y celebramos la Eucaristía con espíritu de acción de gracias.

 

A. penitencial: En silencio, pongámonos ante Dios, reconozcamos nuestra debilidad y nuestro pecado, y dispongámonos a escuchar la Palabra y a recibir el Cuerpo y la Sangre de Cristo. (Silencio). 

Tú, que nos llenas de tu amor. SEÑOR, TEN PIEDAD.

Tú, que nos das la luz y la vida. CRISTO, TEN PIEDAD.

Tú, que nos llamas a tu Reino. SEÑOR, TEN PIEDAD.

 

1. lectura (Amós 7,12-15): En el pueblo de Israel había grupos de profetas oficiales, que estaban al servicio de los que mandaban en cada momento. Pero Dios no está atado a los gobernantes ni a los dirigentes religio­sos, sino que escoge a quien quiere y lo envía a anun­ciar su palabra. Escuchemos ahora, en esta lectura, cómo el profeta Amós es rechazado cuando quiere ser fiel a la misión que Dios le ha encomendado.

 

Salmo (84): Cantemos ahora al Señor, que quiere anun­ciar su mensaje de salvación a su pueblo, a toda la humanidad.

 

2. lectura (Efesios 1,3-14): Empezamos a leer hoy, en la segunda lectura, la carta de san Pablo a los cristianos de Éfeso, que escucharemos durante unos cuantos domingos. El comienzo de la carta, que ahora vamos a leer, es un himno de alabanza a Dios que por medio de Jesucristo nos ha llenado con su gracia.

 

Oración universal: Como pueblo llamado por Jesu­cristo y enviado a llevar su Buena Noticia al mundo entero, oremos por todos nuestros hermanos, los hombres y mujeres de todas las naciones. Oremos diciendo: ESCÚCHANOS, PADRE.

 

Por nuestra diócesis de   por nuestro obispo por los sacerdotes y diáconos, y por todos los cristianos. OREMOS:

 

Por todas las actividades para niños y jóvenes que se realizan durante el tiempo de verano desde las entidades de Iglesia. OREMOS:

 

Por nuestros familiares y amigos que no creen en Jesucristo. OREMOS:

 

Por los marineros, por los pescadores, por todos los que trabajan en el mar, y por sus familias. OREMOS:

 

Por los enfermos de nuestra parroquia. OREMOS:

 

Por los que nos hemos reunido hoy en esta iglesia para celebrar la Eucaristía. OREMOS:

Escucha, Padre, nuestra oración, y llena el mundo entero con tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor. 

 

Padrenuestro: Jesucristo nos ha anunciado la Buena Noticia del amor de Dios y nos ha enviado a llevar esta Buena Noticia a todas partes. Confiando en este amor, y como el mismo Jesucristo nos ha enseñado, nos atrevemos a decir:


CPL 


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ZENIT  ofrece el discurso del Papa a la delegación del patriarcado ecuménico de Constantinopla, que se encuentra en Roma con ocasión de la festividad de los santos Pedro y Pablo y la conclusión del Año Paulino, al recibirla el sábado 27 de Junio de 2009 en audiencia en el Vaticano.


“Gracia a vosotros y paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo” (Ef. 1,2)

Venerables hermanos:

Con estas palabras, San Pablo, “apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios”, se dirige “a los santos” que viven en Éfeso y a los “fieles en Cristo Jesús” (Ef 1,1).
Hoy, con este anuncio de paz y de salvación, deseo darles la bienvenida en la fiesta patronal de los santos Pedro y Pablo con la que vamos a concluir el Año Paulino.
El año pasado, el Patriarca ecuménico, Su Santidad Bartolomé I, quiso honrarnos con su presencia para celebrar juntos la inauguración de este año de oración, reflexión e intercambio de gestos de comunión entre Roma y Constantinopla.
A su vez, nosotros tuvimos la alegría de enviar una delegación a las celebraciones análogas organizadas por el Patriarcado ecuménico.
No podía ser de otra manera en este año consagrado a San Pablo, que recomienda encarecidamente "conservar la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz” y nos enseña que hay “un solo Cuerpo y un solo Espíritu” (Ef 4, 3-4).
Sed así bienvenidos, queridos hermanos que habéis sido enviados por Su Santidad el Patriarca ecuménico al cual, a su vez, llevaréis mi saludo caluroso y fraterno en el Señor.
Juntos, nosotros daremos gracias al Señor por todos los frutos y los beneficios que nos ha aportado la celebración de los dos mil años del nacimiento de San Pablo.
Nosotros celebraremos en la concordia la fiesta de los santos Pedro y Pablo, los protòthroni de los apóstoles, tal y como los invoca la tradición litúrgica ortodoxa, es decir, los que ocupan el primer puesto entre los apóstoles y son llamados “maestros de ecumene”.
Por vuestra presencia, que es signo de fraternidad eclesial, nos recordáis nuestro compromiso común en la búsqueda de la plena comunión.
Ya lo sabe, sí, pero me complace hoy volver a confirmar que la Iglesia católica está decidida a contribuir de todas las maneras que le sea posible al restablecimiento de la plena unidad, en respuesta a la voluntad de Cristo para sus discípulos y conservando en la memoria la enseñanza de Pablo que nos recuerda que hemos sido llamados “a una misma esperanza”.
En esta perspectiva, podemos entonces considerar con confianza el buen desarrollo de los trabajos de la Comisión mixta internacional para el diálogo teológico entre los ortodoxos y los católicos.
Ésta se reunirá el próximo mes de octubre para afrontar un tema crucial para las relaciones entre Oriente y Occidente, el de la “función del obispo de Roma en la comunión de la Iglesia  durante el primer milenio”.
El estudio de este aspecto es indispensable para poder profundizar globalmente en e sta cuestión en el marco actual de la búsqueda de la plena comunión.
Esta comisión, que ya ha realizado un importante trabajo, será generosamente recibida por la Iglesia ortodoxa de Chipre a la que expresamos desde ahora toda nuestra gratitud por su acogida fraterna y el clima de oración que envuelve nuestras conversaciones y facilitarán nuestra labor y la comprensión mutua.
Deseo que los participantes en el diálogo católico-ortodoxo sepan que mis oraciones les acompañan y que este diálogo tiene el pleno apoyo de la Iglesia católica.
De todo corazón, espero que los malentendidos y las tensiones producidas entre los delegados ortodoxos en las últimas sesiones plenarias de esta comisión sean superadas en el amor fraterno de manera que este diálogo cuente con mayor representación ortodoxa.
Muy queridos hermanos, qu iero volver a daros las gracias por estar entre nosotros este día y quiero pediros que transmitáis mi saludo fraterno al Patriarca ecuménico Su Santidad Bartolomé I, al Santo Sínodo y a todo el clero, así como al pueblo de los fieles ortodoxos.
Que el gozo de la fiesta de los santos Apóstoles Pedro y Pablo que nosotros celebramos tradicionalmente el mismo día, llene vuestros corazones de confianza y de esperanza.


[Traducción del original francés realizada por Patricia Navas
© Copyright 2009 - Libreria Editrice Vaticana]


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Lunes, 29 de junio de 2009

Palabras que pronunció Benedicto XVI el domingo,28 de junio de 2009, antes y después de rezar la oración mariana del Ángelus junto a los peregrinos congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano.


Queridos hermanos y hermanas:

Con la celebración de las Primeras Vísperas de los santos Pedro y Pablo, que presidiré esta tarde en la basílica de San Pablo Extramuros, se cierra el Año Paulino, abierto en el segundo milenario del nacimiento del Apóstol de las gentes.

Ha sido un verdadero tiempo de gracia en el que, mediante las peregrinaciones, las catequesis , numerosas publicaciones y diversas iniciativas, la figura de San Pablo ha sido propuesta de nuevo en toda la Iglesia y su vibrante mensaje ha reavivado en todas partes, en las comunidades cristianas, la pasión por Cristo y por el Evangelio.

Demos, por tanto, gracias a Dios por el Año Paulino y por todos los dones espirituales que nos ha traído.

La divina providencia ha dispuesto que hace unos días, el 19 de junio, solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, haya sido inaugurado otro año especial, el Año Sacerdotal, con motivo del 150º aniversario de la muerte –dies natalis- de Juan María Vianney, el Santo Cura de Ars.

Un ulterior impulso espiritual y pastoral que –estoy seguro- traerá muchos beneficios al pueblo cristiano y especialmente al clero.

¿Cuál es la finalidad del Año Sacerdotal? Como he escrito en la carta especial que he enviado a los sacerdotes, busca contribuir a promover el esfuerzo de renovación interior de todos los sacerdotes para que su testimonio evangélico en el mundo de hoy sea más fuerte y eficaz.

El apóstol Pablo constituye al respecto un modelo espléndido a imitar, no tanto en la concreción de la vida –la suya, de hecho, fue realmente extraordinaria-, sino en el amor por Cristo, en el celo por el anuncio del Evangelio, en la dedicación a la comunidad y en la elaboración de eficaces síntesis de teología pastoral.

San Pablo es un ejemplo de sacerdote totalmente identificado con su ministerio –como lo será también el Santo Cura de Ars-, consciente de llevar un inestimable tesoro, que es el mensaje de la salvación, pero de llevarlo en un “recipiente de barro” (Cf. 2 Cor 4,7); por lo que él es fuerte y humilde al mismo tiempo y está íntimamente convencido de que todo es mérito de Dios, todo es gracia suya.

“El amor de Cristo nos posee –escribe el apóstol-, y esto bien puede ser el lema de cada sacerdote, que el Espíritu “encadena” (Cf. Hch 20,22) para hacer de él un fiel administrador de los misterios de Dios (Cf. 1 Cor 4, 1-2): el presbítero debe ser todo de Cristo y todo de la Iglesia, a la que está llamado a dedicarse con amor indiviso, como un esposo fiel a su esposa.

Queridos amigos, junto con la de los santos apóstoles Pedro y Pablo, invocamos ahora la intercesión de la Virgen María, para que obtenga del Señor abundantes bendiciones para los sacerdotes durante este Año Sacerdotal recién iniciado.

La Virgen, a quien San Juan María Vianney tanto amó e hizo amar a sus feligreses, ayude a cada sacerdote a reavivar el don de Dios que est&aacut e; en él en virtud de las Sagradas Órdenes, para que crezca en santidad y esté dispuesto a dar testimonio, si es necesario hasta el martirio, de la belleza de su total y definitiva consagración a Cristo y a la Iglesia.

[Al final de la audiencia, el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:]
Saludo con afecto a los fieles de lengua española, y de modo particular a los miembros del Instituto Misioneras y Misioneros Identes, venidos a Roma para dar gracias a Dios por la celebración del cincuenta aniversario de su fundación.
Invito a todos a fortalecer vuestra fe y esperanza, mediante el trato asiduo con Cristo en la oración, para llevar a todo el mundo el testimonio de vuestro amor a Dios. Feliz domingo.


[Traducción del original italiano por Patricia Navas
© Copyright 2009 - Libreria Editrice Vaticana]


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El obispo de San Cristóbal de las Casas, monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, ha emitido un documento que ayuda a clarificar la postura de los fieles ante el próximo proceso electoral que se vivirá en México el domingo 5 de julio de 2009.


VER


Los obispos y ministros de culto de otras religiones, hemos recibido un exhorto de la Secretaría de Gobernación, en que nos recuerda los "ordenamientos que establecen la prohibición de realizar proselitismo político o inducir el voto a favor o en contra de candidatos o partidos políticos".

En fechas cercanas a las elecciones, no faltan voces airadas y repetitivas que nos reclaman por qué hablamos de estos temas. Quisieran que la Iglesia no predicara su doctrina y que para nada interviniéramos, como si este acontecimiento nada tuviera que ver con la religión, con la fe cristiana; como si la ética no tuviera lugar en la política; como si el laicismo significara marginar la religión de la vida social; como si la separación Iglesia-Estado significara desconocer que somos ciudadanos con plenos derechos. Nos deberían agradecer que estamos promoviendo la participación ciudadana en la construcción de la democracia. Deberían reconocer que estamos ayudando al país en la dignificación de la política, que muchos han desvirtuado. Deberían valorar que estam os promoviendo el voto, consciente, crítico, maduro y libre, en contra de quienes se empeñan en desaconsejarlo, o nulificarlo.


JUZGAR


Los obispos y los pastores protestantes que integramos el Consejo Interreligioso de Chiapas, emitimos en días pasados una exhortación, cuyos puntos centrales son:

Estamos convencidos de la sabiduría de la palabra de Jesús: "Den al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios" (Mt  20,25). Por ello, es legítima la separación entre las Iglesias y el Estado. Defendemos el sano laicismo, entendido como el respeto a la pluralidad religiosa y la no imposición de una sola religión para todo un pueblo; como la no intervención del Gobierno en asuntos internos de las Iglesias, y el respeto de éstas a las justas disposiciones de las leyes.

Nuestra fe cristiana nos compromete en la construcción de una sociedad más justa, libre y fraterna. Como pastores, nuestra misión implica defender los derechos de Dios y de su obra más perfecta, el ser humano, la familia y la sociedad. Por esto, es muy importante elegir legisladores que, como personas y como miembros de un partido político, respeten esos derechos. Traicionaríamos nuestra responsabilidad si calláramos cuando estos derechos fueran violentados. Somos respetuosos de las leyes, pero éstas deben respetar el derecho a la plena libertad religiosa.

           

Nuestro sistema democrático requiere avances significativos, para lograr una mayor participación de la sociedad, mediante procesos ya comprobados en otros países y en comunidades indígenas. Para ello, se requieren legisladores maduros y creativos, que propongan nuevos mecanismos de participación ciudadana.

La elección es libre y secreta, consciente y razonada. Por tanto, ninguna Iglesia, ningún líder religioso, pueden hacer campaña a favor o en contra de un candidato o de un partido. No debemos presionar, ni directa ni indirectamente, a nuestros fieles a votar en un sentido u otro; mucho menos favorecer a alguien por intereses personales o de grupo, pues haríamos depender del César a esa Iglesia.


ACTUAR


Exhortamos a los fieles de nuestras Iglesias y a todo el pueblo de Chiapas, a participar con su voto en el día de las elecciones. Aunque cada persona es libre de votar o no, de incluso anular su voto, si lo hace responsablemente, nosotros consideramos que abstenerse es dejar que otros, unos pocos, decidan por la mayoría. La construcción de la democracia exige la participación de todos en la toma de decisiones, y un momento trascendente, aunque no el único, es la elección de quienes hacen las leyes que a todos nos han de regir.

Exhortamos respetuosamente a que cada quien elija al candidato que es de su confianza y es conforme a sus criterios personales, iluminados por su fe. Hay que analizar críticamente las promesas de los candidatos en sus campañas electorales y la publicidad que hacen en los medios de comunicación, para escoger a quienes hayan demostrado en su vida un auténtico amor y servicio al pueblo, en particular a los pobres.


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Artículo publicado en el Boletín  de información misionera “Misioneros Javerianos”, número 452 – MAYO-JUNIO 2009.

 

Entre nosotros

Compartiendo una ilusión

MARÍA, NUESTRA MADRE

 

Mons. Conforti escribió abundantemente sobre María, lo hizo con ocasión de va­rios congresos marianos y en repetidas celebraciones litúrgicas, retiros y conferen­cias; su última carta pastoral a la diócesis de Parma estuvo dedicada a María.

 

 

En sus múltiples textos encontramos afir­maciones como estas: María obra de la om­nipotencia divina, elegida desde siempre para ser la obra maestra del reflejo de Dios, el más limpio reflejo y la copia e imagen más perfec­ta de Cristo. En relación con la Trinidad, María está orientada al Hijo y al Hijo orienta a toda la humanidad, María madre de Dios y madre nuestra. La verdadera devoción a María se encuentra en su imitación.

 

María, obra de dios

 

"Después del Mediador divino entre Dios y los hombres no hay otra criatura que sea tan digna de nuestra admiración y de nuestro culto como María. Nuestra mente no puede concebir un tipo, un ideal de santidad y de grandeza que pueda suscitar, en nues­tro corazón, afectos y sentimientos profun­damente delicados y nobles.

 

Con el culto que rendimos a María, a la ele­gida por Dios, no estamos restando nada a Dios, al contrario, estamos dando honor tam­bién al Altísimo ya que venerando la maravi­lla de las maravillas, obra del brazo de Dios a El también honoramos". Ni tampoco el culto a María menoscaba el que rendimos a Cristo ya que su luz divina se refleja, con amor filial, en su Madre santísima haciéndola, de tal modo, objeto de nuestra veneración".

 

Elegida del Padre

 

"El profeta Isaías había predicho que una virgen habría hado a luz un hijo, que sería llamado "Dios con nosotros". En la plenitud de los tiempos, el Ángel de Señor, hacién­dose eco del maravilloso vaticinio, saluda a esta virgen llena de gracia y le anuncia que había sido elegida para concebir, por virtud del Espíritu Santo, un hijo que se llamaría el Hijo del Altísimo.

 

Fiat, responde María a las palabras del Ángel y en ese momento toma carne el Verbo de Dios y comienza a habitar en medio de nosotros".

 

Madre Nuestra

 

"Honoramos a María como madre de Dios y madre nuestra. Por ser la madre de Dios es nuestra madre, Señora y Reina. La debemos amar como madre nuestra muy querida pues como tal nos ha sido dejada por Cristo antes de morir.

 

Contemplemos por un instante el Calva­rio, bajo la cruz, an­gustiada por el dolor, en pie, como la mujer fuerte del Evangelio, puestos sus ojos en el Hijo agonizante, está María. Es pensamiento común en los Padres de la Iglesia que el Eterno, así como pidió el consenso de María para la encarnación se lo pide también para la inmolación de sí mismo.

 

Dos amores estuvieron en lucha en el co-razón de María: el amor por su Hijo divino y el amor por la humanidad. María, cons­ciente del querer de Dios de ofrecer a su hijo para la salvación de la humanidad, no duda un instante en ofrecer al Padre a su querido Hijo. De esta forma, María pronuncia un se­gundo Fiat que, unido al primero, debía sal­var a la humanidad.

 

Fue entonces cuando Jesús, desde lo alto de la cruz, bajando los ojos le dijo a María: "ahí tienes a tu hijo" y dirigiéndose a Juan: "ahí tienes a tu Madre". Si María, por la e-carnación del Verbo, se convierte en la Ma­dre del encarnado, en este momento de la cruz es proclama madre nuestra ya que todos estamos representados en Juan. Desde este momento María comenzó a amarnos con profundo amor e intenso afecto ya que se sintió constituida en Madre de la gracia y de la misericordia delante de los sufri­mientos de la cruz.

 

Imitación

 

La devoción a María no se debe conformar con chuzo de oraciones, con el pedir gracias, con el pen­sar en Ella, con celebrar sus fiestas y misterios. Debe manifestarse en la medida de nuestras obras.

 

Para ser verdaderos devotos de Maria debemos esforzamos en imitar sus virtudes, de las que ella ha dado un luminoso ejemplo: humildad, pureza, paciencia y caridad. La humildad por la cual el Altísimo la escogió y la elevó a la más alta dignidad posible de la persona humana; la pureza, que hizo posible que reconociera y contemplara de cerca al Hombre-Dios; la paciencia que templó su ánimo y la preparó para el heroísmo, la caridad, que fue siempre la llama vivificadora de toda su vida, más celeste que terrena, más divina que humana, el más profundo anhelo de su delicado espíritu.

 

Contemplación-acción

 

"María, que fue la más perfecta de las cria­turas, ha sido excelsa en la contemplación y en la acción y apoyada en estas dos acciones ha alcanzado el más alto grado de perfección po­sible para una criatura humana. Nos lo revela el Evangelio que de Ella dice que consideraba cada dicho y hecho de Jesús, lo guardaba y asi­milaba en su corazón y lo traducía en obras.

 

Tal debería ser la vida del apóstol: una vida intensa de trabajo y de profunda unión con Dios. El trabajo debe, continuamente, alimen­tarse de la oración, que es nuestra fuerza. Con esta condición podremos tener un trabajo constante y provechoso ya que será fecundado con las bendiciones de Dios. Quien olvidara este bi­nomio: contemplación-acción, bien pronto per­cibiría en sí mismo una disminución de ener­gías para hacer el bien y, como tierra a la que le faltara el agua, no tardaría en convertirse en una persona estéril en frutos". n

 

P. Luis Pérez Hernández s.x.


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DOMINGO 14 DEL TIEMPO ORDINARIO / B

5 de julio de 2009

 

La gracia y la paz de Dios, nuestro Padre, y de Jesu­cristo, el Señor, estén con todos vosotros.


Bienvenidos todos a celebrar la Eucaristía de este domingo. Los cristianos sabemos que a Jesús lo encontramos en la vida de cada día, en todo lo que hacemos, en las personas que tene­mos cerca, en los pobres y en los débiles y en todo aquel que nos necesite. Y lo encontramos también en el silencio, en la oración, siempre que somos capaces de abrirle nuestro corazón.

Pero hay un momento en el que este encuentro es más pleno, más visible, más intenso. Es cuando cada domingo respondemos a su llamada y nos reunimos para celebrar la Eucaristía, escuchando su Palabra y alimentándonos de su Cuerpo y su Sangre, formando comunidad, unidos como Iglesia. Por eso estamos aquí, agradecidos por encontrarnos con él y con los hermanos.

 

A. penitencial: En silencio, preparémonos para cele­brar esta Eucaristía. (Silencio).

 

Tú, que nos llenas de tu amor. SEÑOR, TEN PIEDAD.

Tú, que nos das la luz y la vida. CRISTO, TEN PIEDAD.

Tú, que nos llamas a tu Reino. SEÑOR, TEN PIEDAD. Gloria

 

1. lectura (Ezequiel 2,2-5): El profeta Ezequiel fue enviado por Dios al pueblo de Israel para llamarlo a la conver­sión, pero el pueblo no le quiso escuchar. Es lo que oiremos en esta primera lectura. Luego, en el evan­gelio, veremos también cómo Jesús no es escuchado por su pueblo.

 

2. lectura (2 Corintios 12,7-10): Escuchemos ahora, en la segunda lectura, la experiencia del apóstol Pablo. El apóstol, llamado por Dios a anunciar el Evangelio, experimentó duramente el dolor y la debilidad.

 

Oración universal: Con fe, presentemos al Padre nues­tra oración diciendo: ESCÚCHANOS, PADRE.

 

Por el papa Benedicto XVI. Que dé siempre un buen testimonio del amor y la misericordia de Dios.OREMOS:


Por todas las familias, y especialmente por las que sufren a causa de la pobreza o a causa de tensiones y rupturas. Que encuentren la fortaleza y la ayuda que necesitan para salir adelante. OREMOS:

Por los conductores. Que actúen siempre con res­ponsabilidad y respeto hacia los demás, por el bien de todos. OREMOS:


Por los extranjeros que este verano visitarán nuestro país. Que puedan disfrutar de una estancia agradable, y las vacaciones les ayuden a crecer en deseos de buena convivencia. OREMOS:

Por... OREMOS:


Por nosotros. Que la Eucaristía que estamos cele­brando aumente nuestra fe y nuestra esperanza.

OREMOS:


Escucha, Padre, nuestra oración, y llena el mundo entero con tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Padrenuestro: Como Jesucristo nos enseñó, ahora, antes de comulgar, nos atrevemos a decir:

CPL


Publicado por verdenaranja @ 23:08  | Liturgia
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Palabras, al cumplir los cuarenta años de sacerdocio, pronunciadas por uno de los siete compañeros el día 29 de Junio de 2009 en el templo parroquial de San Bartolomé de Tejina, Tenerife,  donde celebraron la eucaristía de acción de gracias y lugar donde fueran ordenados sacerdotes por el Obispo Don Luis Franco Cascón el 29 de Junio de 1969.

 

 

Cuadragessimo anno      

 

1969-29 de Junio-2009

 

En la Eucaristía, que es una experiencia de fe, nos encontramos ahora, los que un día, hace hoy cuarenta años, recibimos en este mismo templo y a esta misma hora la ordenación sacerdotal. Éramos siete y aquí estamos los siete para dar gracias al Señor por habernos elegido.

 

Con esta celebración no buscamos reconocimiento por el trabajo realizado, ni que nos valoren lo vivido... se trata sencillamente de celebrar una etapa de nuestras vidas en la que hemos experimentado y vivido a Dios en el servicio a los hombres.

 

Al mirar hoy hacia atrás experimentamos el recuerdo. Porque recuerdo viene del latín re-cordare, pasar otra vez por el corazón, caldear de nuevo, avivar las brazas y rescoldos de lo experimentado para seguir alerta en el futuro. No queremos volver atrás con nostalgia sino continuar el camino con la ilusión y la fuerza que aporta la historia vivida, revivida y celebrada.

 

Lo que normalmente se celebra son los veinticinco o cincuenta años. Se les llaman bodas de plata o de oro. Nosotros queremos celebrar los cuarenta, porque nos ha parecido que tienen un sentido muy especial.

 

Todo este tipo de fiestas y celebraciones se sitúan en lo que llamaríamos "ritos de renovación". Por medio de estas celebraciones se quiere volver al "primer amor", comenzar de nuevo, porque se supone que el paso del tiempo enfría los compromisos. Ahí se sitúan los cumpleaños, los aniversarios, los centenarios etc. En esta línea muchas culturas le dan a los números un sentido simbólico más allá del propio valor físico de los números.

 

El número cuatro, en las culturas semitas es un número especial que simboliza lo completo, lo acabado o un período que se cierra. Así... son cuatro los puntos cardinales y con ellos se hace referencia a la totalidad de la tierra. Cuatro son las estaciones y con ellas se expresa el paso del tiempo con sus diversos ciclos de fecundidad y renovación de la naturaleza. Cuatro son los elementos que constituyen el cosmos (tierra, agua, fuego y aire) y ellos con sus múltiples combinaciones son la base de todo lo real.

 

En los escritos bíblicos el número cuatro adquiere un simbolismo trascendental. Los cuatro vivientes que rodean el trono del Señor en el Apocalipsis significan todos los elementos de la tierra y del cielo, es decir, la creación entera en tomo al Altísimo. En este mismo libro los cuatro jinetes del apocalipsis simbolizan las fuerzas de la historia donde, tres de ellas, se sitúan en la acción destructora que son superadas por la cuarta fuerza y el dinamismo de la Resurrección (el jinete blanco).

 

Y ¿ no hemos descubierto en el cuarenta la cantidad maravillosa de simbolismos vitales que encierra? En el Antiguo Testamento, libro del Génesis, vemos que el Diluvio purificador duró cuarenta días y cuarenta noches.

 

Y el Paso- Éxodo del Pueblo de Dios por el Desierto duró cuarenta años desde la salida de Egipto a la entrada definitiva en la Tierra prometida, símbolo de nuestra existencia: salimos de Dios y llegaremos a Dios con toda la aridez que significa el desierto.

 

Y al desierto se fue Jesús cuarenta días, después del Bautismo en el Jordán y antes de comenzar su vida pública con la elección de los Doce.

 

Y, por fin, cuarenta días estuvo con los suyos el Resucitado, desde la Tumba vacía hasta el día en que los envió al mundo a predicar el Reino y ascendió al Cielo.


Cuarenta años de sacerdocio
celebramos nosotros hoy. Significan cuarenta años de oración, cuarenta años de entrega, cuarenta años dedicados a los demás.

 

Y durante este tiempo con nuestras virtudes y defectos, con nuestros logros y fracasos, con nuestro bien o nuestro mal avanzando hacia la Tierra Prometida, sabedores de que Dios nos ama, de que Jesucristo nos enamora, queriendo a la Iglesia como se quiere a una madre y confiando en María su madre y la nuestra.

 

Y rogamos al Padre que cuando nos llegue la hora de pasar de este mundo al Padre, podamos decir con todo el corazón, como el anciano Simeón: "ahora, Señor, según tu palabra, puedes llevar a tu siervo en paz..." o como dice en otro lugar el Apóstol Pablo, recordándolo en este final del año Paulino: "el momento de mi partida es inminente: he recorrido bien mi camino, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe y ahora me aguarda la corona merecida con la que el Señor, Juez justo, me premiará y, no solo a mí, sino a todos los que tienen amor a su venida"

 

Comienza el año Sacerdotal: oremos por nuestra fidelidad al Señor, por la abundancia de pastores que cuiden al rebaño y por el buen testimonio de vida para confirmar a los hermanos en la fe.

 

Señor Jesús. Siete éramos los llamados, los ungidos. Aquí estamos, cuarenta años después, los siete... y aunque dos elegimos otro camino en la viña del Señor, optando por vivir el matrimonio cristiano, seguimos en la brega porque asumimos desde la fe que somos sacerdotes para siempre. De este modo los siete avanzamos hacia Ti. Gracias Señor por estar cada día con nosotros, por llevarnos amorosamente en brazos cuando, equivocados, pensábamos que nos habías abandonado. Gracias, Señor por confiar en estos humildes vasos de barro para contener misterios tan santos.

 

Y gracias, Señor, por amarnos tanto durante esta etapa de cuarenta años. Cuando tú dispongas que entremos en la Tierra prometida... allí estaremos, con tu ayuda, a dar el gran paso para fundimos eternamente en tu amor recibiendo en premio la corona que no se marchita, que no es otra cosa que tú mismo Señor. Amen..

 

Con todo mi afecto y cariño a mis compañeros

 

Pablo González González


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Domingo, 28 de junio de 2009

Mensaje que ha escrito el cardenal Lluís Martínez Sistach, arzobispo de Barcelona, con motivo del Día del Papa.

 

 

Este domingo y mañana lunes, solemnidad de San Pedro y San Pablo, concluye el año paulino que Benedicto XVI quiso proponer a toda la Iglesia con motivo del bimilenario del nacimiento del apóstol de los gentiles, conmemoración que se inició hace ahora un año, el 28 de junio de 2008.


Estas celebraciones coinciden con el Día del Papa. Esta jornada es una invitación a tener una mayor conciencia de la comunión afectiva y efectiva con el sucesor de Pedro, que tiene en la Iglesia el valioso servicio de confirmar a sus hermanos en la fe y fortalecer la comunión entre todas las Iglesias locales que constituyen la Iglesia, una, santa, católica y apostólica.


La celebración del año jubilar paulino ha sido también una invitación a estrechar los vínculos con los hermanos cristianos de otras confesiones y denominaciones y a vivir la dimensión misionera de la fe, a dar testimonio de nuestra adhesión a Cristo como Dios y salvador de todos los hombres.


La jornada dedicada al Santo Padre nos invita, este año, a renovar y fortalecer nuestra solidaridad con Benedicto XVI. Debemos acompañarlo con nuestro afecto, nuestra comprensión y nuestra oración en sus constantes esfuerzos de reconciliación en el interior de la misma Iglesia y con los hermanos cristianos. Y también con los seguidores de las otras religiones, como se ha puesto en evidencia con motivo de su reciente viaje a Tierra Santa. Allí pidió que se construyan puentes y no muros, y se hizo abogado de una convivencia en la paz y la justicia, una justicia que reconozca los derechos de los pueblos enfrentados de aquella región a vivir en el marco de unos estados independientes con unas fronteras reconocidas internacionalmente.


Ante las polémicas que últimamente han surgido, los obispos de nuestra tierra hemos remarcado que la actitud del Santo Padre ha sido en todo momento, y desde el inicio de su pontificado, de plena franqueza, humildad y transparencia. Su ejemplo revive en nuestro mundo la figura del Buen Pastor, siempre manso, Jesús. A la vez, imitando a Jesús, huyendo de toda intolerancia, Benedicto XVI nunca deja de tener un pensamiento libre, fiel a él mismo y a su misión.


La voz de Benedicto XVI ha sido y es en todo momento la voz de un gran defensor de la paz. Los últimos Papas han hecho suyo el servicio a la paz en el mundo. Por eso, como dijo recientemente en Barcelona el Dr. Giovanni Maria Vian, director de L'Osservatore Romano, en la conferencia que sobre san Pablo pronunció en la catedral, "la Santa Sede es una voz cada vez más escuchada en el ámbito de las relaciones internacionales". Y esto es así sobre todo por una razón: porque es una voz al servicio de la justicia y la paz entre las personas y los pueblos.


En esta Jornada del Papa, es un deber de todos vivir un acompañamiento próximo y confiado hacia aquel que ahora es el pastor de la Iglesia universal. En primer lugar, con la oración, pero también con un esfuerzo de interpretar correctamente sus gestos y sus enseñanzas, en especial cuando estamos a la espera de la publicación de su primera encíclica social. Y sobre todo con nuestro respeto, nuestra comuni&oac ute;n y nuestro afecto hacia quien ha sido llamado a hacer presente hoy el testimonio de los apóstoles Pedro y Pablo.


Publicado por verdenaranja @ 22:53  | Hablan los obispos
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Artículo que ha escrito monseñor José Ignacio Munilla Aguirre, obispo de Palencia, al concluirse el Año de San Pablo.

 

Coincidiendo con la Solemnidad de San Pedro y San Pablo, hace un año se inauguraba el Jubileo del Año Paulino, convocado por Benedicto XVI con motivo del dos mil aniversario del nacimiento del "Apóstol de los gentiles". Llegado el momento de su clausura, damos gracias a Dios porque, pasados estos doce meses, nos hemos familiarizado más con la vida y el legado espiritual de San Pablo, cuyas Cartas escuchamos con tanta asiduidad en las Eucaristías dominicales.


A lo largo de este año, se ha realizado un notable esfuerzo a distintos niveles, para dar a conocer su figura y su doctrina: homilías dominicales, publicación de biografías, conferencias divulgativas, congresos académicos, cursillos formativos sobre sus diversas Cartas, peregrinaciones tras las huellas de San Pablo por la llamada Ruta Paulina, películas, etc. De una forma especial, cabe destacar las veinte catequesis impartidas por el Papa, en los habituales encuentros que mantiene los miércoles con los peregrinos que acuden a Roma. La editorial de la Conferencia Episcopal Española (Edice), ha publicado estas bellísimas y profundas catequesis en un libro titulado Aprender de San Pablo, que bien pudiera servirnos para dejar grabado en nosotros el legado de este Año Paulino que ahora finaliza. Mención aparte merece la incorporación de las iglesias or todoxas a este Jubileo convocado por el Papa, tal y como anunció el Patriarca Ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I.


            Sólo los enamorados enamoran


            La fuerza de San Pablo nace de su profunda experiencia interior: "Vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó a sí mismo por mí" (Ga 2, 20). Fundado en la conciencia de saberse amado incondicionalmente por Cristo, Pablo vive con radicalidad los consejos evangélicos: "Por mi parte, muy gustosamente  me daré y me desgastaré totalmente por vosotros" (2 Co 12, 15). La consecuencia lógica de todo esto es que la figura de Pablo "arrastró" en su tiempo -y lo sigue haciendo en el presente- a muchísimas personas, al seguimiento de Cristo: "Sed imitadores míos como yo lo soy de Cristo" (1 Co 11, 1).


He aquí una de las intuiciones que más ha sido subrayada en este Año Paulino que llega a su fin: La Nueva Evangelización sólo podrá ser acometida con éxito por quienes estén "enamorados de Cristo". Las características del momento en que vivimos acentúan más, si cabe, esta convicción. La secularización interna de la Iglesia se caracteriza por un estilo de vida relajada, "alérgico" a cualquier sacrificio y renuncia, que se expresa con un discurso plano, en el que sólo se desarrollan los puntos de consenso con la cultura dominante. La experiencia nos demuestra que por este camino, todos los proyectos pastorales están condenados a la esterilidad.


San Pablo no buscó gratuitamente conflictos, pero tampoco los rehuyó cuando se presentaron. Nunca cedió a la tentación de procurar una falsa armonía con su entorno, sino que "combatió" decididamente con la espada de la palabra. En su ministerio apostólico no faltaron incomprensiones y disputas, tal y como él mismo reconoce: "Tuvimos la valentía de predicaros el Evangelio de Dios entre frecuentes luchas... Como sabéis, nunca nos presentamos con palabras aduladoras" (1 Ts 2, 2. 5).


Sin embargo, no podemos olvidar que la clave del ministerio de San Pablo no está en su espíritu combativo; sino que, más bien hemos de decir que, la clave del espíritu combativo de Pablo se explica por su "encuentro" con el Resucitado: "Todo lo juzgo como pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús. Por Él lo perdí todo, y todo lo estimo basura con tal de ganar a Cristo" (Flp 3, 8).  Lo que motiva a San Pablo es el hecho de ser amado por Cristo, de donde se deriva un celo apostólico inagotable. El espíritu de lucha que muestra el Apóstol de los gentiles en sus Cartas, así como su capacidad de sufrimiento, es proporcional a su amor por Cristo.


            La sabiduría de la cruz, cumbre del amor


La vida de San Pablo es un ejemplo práctico del mensaje evangélico que nos introduce en la sabiduría de la cruz: "Nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; mas para nosotros (...), fuerza de Dios y sabiduría de Dios" (1 Co 11, 23). Aunque pueda parecer paradójico, la cruz es "sabiduría" para los judíos, porque revela el auténtico rostro de Dios, que el Antiguo Testamento sólo había podido mostrar parcialmente. Al m ismo tiempo, la cruz es "sabiduría" frente a la filosofía griega, demasiado segura de sí misma y de su lógica.


Gracias a Jesucristo, la cruz se ha convertido en la llave humilde que nos abre al misterio de la gracia divina. Así lo ha experimentado San Pablo a lo largo de toda su vida: "«Te basta mi gracia, porque mi fuerza se manifiesta en la flaqueza». Por tanto, con sumo gusto seguiré gloriándome en mis flaquezas, para que habite en mí la fuerza de Cristo (...) porque cuando soy débil, entonces soy fuerte" (2 Co 12, 10).


Este es el regalo que nos da San Pablo como conclusión de su Año Jubilar: la sabiduría de la cruz, reveladora del amor. La cruz es el camino que certifica y autentifica el amor... ¡No te tengamos miedo a la cruz, porque sería tanto como tenerle miedo al amor! Es imposible acercarse a la figura de San Pablo sin re cibir una invitación a la conversión. ¡Glorifiquemos a Dios por la vida de Saulo de Tarso, testigo del amor apasionado de Dios por cada uno de nosotros y de la respuesta ardiente de quienes se dejan alcanzar por la llamada divina!


Publicado por verdenaranja @ 22:49
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Día 28 de Junio
XIII Domingo del Tiempo Ordinario

 

Nada es extraordinario para Dios

 

Aquella jornada –una de tantas que pasó Jesús en Palestina– fue, sin duda, memorable sobremanera para los protagonistas de los dos milagros que describe en esta ocasión san Marcos. Lo en gran medida extraordinario sorprende como es lógico. Tenemos muy claro el límite de lo natural, de lo razonable humanamente. Además, aquella mujer y la niña con su familia recibieron un regalo inmenso que, por así decir, revaloró de modo extraordinario sus vidas.


        Para Jesús –en cambio– nada sale de lo natural. En el ámbito divino no se da lo extraordinario. De hecho, más de una vez y con toda naturalidad, diríamos, se extraña de que no terminen de entender que lo suyo es la omnipotencia. "¿Quién puede perdonar los pecados sino sólo Dios?", murmuran, por ejemplo, algunos escribas, cuando perdonó los pecados a un paralítico, puesto que el pecado, como es ofensa a Dios, que sólo puede perdonar el ofendido. Y, a continuación, cura de inmediato paralítico a la vista de todos, manifestando con un prodigio visible su poder como Dios y, por tanto, para perdonar los pecados. Otro tanto sucedió cuando los Discípulos, llenos de miedo por la tempestad en el lago, lo despiertan y con apenas su gesto calmó el viento: "¡Señor, sálvanos, que perecemos! Jesús les respondió: ¿Por qué os asustáis, hombres de poca fe?", les reprocha.


        Deberíamos suplicar humildemente el auxilio divino necesario para contemplar el mundo y nuestra vida cotidiana con todo realismo; sin olvidar, por tanto, que, junto a nuestras fuerzas y ante todo, tenemos en favor nuestro la fuerza amorosa de Dios. Más aún, debemos persuadirnos de que no es tan importante la propia capacidad, los logros personales o los méritos adquiridos. Todo lo nuestroa –unque imprescindible–, por grande que sea, por valioso que parezca, por mucho de sea el esfuerzo puesto en lograrlo, es en proporción insignificante frente a la Gracia de Dios. Es necesario el deseo de cada uno por agradar a Dios con lo cotidiano, y ese deseo también es válido, si tenemos muy claro el pobre límite de nuestro talento y que arrastramos no pocos defectos.


        Es Dios mismo quien quiere –quien ha querido desde el principio– nuestras santidad y nuestra felicidad ya en este mundo. Esa santidad y esa felicidad que es completamente imposible –vale la pena insistir en ello– por más que la queramos, con nuestra solas fuerzas y por muchas cualidades y medios que podamos tener. La humildad, que es el sencillo reconocimiento de la verdad sobre el hombre y, en particular, sobre el concreto individuo que somos cada uno, nos lleva, si lo pensamos con calma, a que nos hace falta Dios. "Sin mí no podéis hacer nada", aseguró Jesús con franqueza durante su Última Cena.


        Pero podemos ahora considerar también, que ese favor divino tan decisivo para la felicidad y plenitud de sentido de la humana existencia, no es en absoluto un escondido y arduo tesoro accesible a duras penas. Por el contrario, Dios quiere enriquecer a su criatura querida. De hecho, Jesús nunca negó su favor sobrenatural, bien consiente de hasta qué punto nos es necesario y siendo incapaz de negar el bien a quienes tanto ama.


        Los dos milagros del pasaje que hoy consideramos nos enseñan, por una parte que Dios es de suyo favor hacia los hombres: se diría que casi "sin querer" cura a la hemorroisa; por otra que está en la realidad concreta y práctica de lo cotidiano, incluso de las necesidades más meramente humanas y materiales: "y dijo que le dieran de comer", fueron sus palabras después de resucitar a la niña. ¿Dudamos a veces de que a Dios le importa mucho nuestra vida o de que hace siempre lo mejor?


        Santa María, Madre de Dios, Madre nuestra, ejemplo, estímulo y consuelo nos asiste –pidámsselo confiadamente– para ganar en fe y esperanza; para que nuestro amor a Dios sea de paz confiada y feliz.


NOVEDADES FLUVIUM


Publicado por verdenaranja @ 22:45  | Espiritualidad
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Comentario de las lecturas del domingo décimo tercero del Tiempo Ordinario – B publicado en Diario de Avisos el domingo 28 de Junio de 2009 bajo el epígrafe “DOMINGO CRISTIANO”.

Estar en las últimas

DANIEL PADILLA

 

Aquel jefe de la sinagoga que se llamaba Jairo, se acercó a Jesús, se echó a sus pies y le rogaba con insistencia: "Mi niña está en las últimas, por las manos sobre ella para que se cure y viva". Cualquier corazón se conmueve ante un padre que dice esas palabras: "Mi niña está en las últimas". Aunque el moderno vivir nos va endureciendo, todavía hay un registro en nosotros que vibra cuando se trata de los males físicos de los niños. Se suelen movilizar muche­dumbres cuando la sangre del terro­rismo o de las pasiones vergonzosas cubren a los pequeños. Pero una pre­gunta me curiosea dentro: ¿nos preocu­pamos del mismo modo cuando nos jugamos el riesgo de la salud moral y espiritual de nuestros niños? Porque bien pudiera ocurrir que, de tanto ir a la rueda del consumismo, el confort y el placer, no caigamos en la cuenta de que podemos estar poniendo las premisas que lleven a nuestros niños a las últimas. Veamos algunas de estas premisas.

La desnutrición.- Nuestros niños de Occidente consumen, sin duda, el número suficiente de calorías. La dieté­tica de la niñez se ha perfeccionado en nuestro entorno. Pero uno tiene la impre­sión de que, en un país muy mayoritaria­mente católico, nuestros niños no van recibiendo ya, en el hogar familiar, el número suficiente de calorías espirituales y morales que les lleven a un desarrollo cristiano consistente. A nuestras cate­quesis de infancia llegan niños con un índice alarmante de desnutrición espiri­tual. Los conocimientos religiosos ele­mentales, las vivencias de fe y oración, frecuentemente brillan por su ausencia.

El solitarismo y la masificación.- ¿Exis­ten niños solitarios? Mucho me temo que sí. Las constantes desavenencias conyu­gales, los horarios de trabajo de los padres a contrapelo, amén de otros de­sarraigos, pueden hacer que el niño crezca en solitario. Con poco margen para el afecto y la sociabilidad. Otros niños, por el contrario, pueden crecer en la turba. Visitantes tempranos de la calle, integrantes de pandillas improvisadas, pueden ir creciendo mitad y mitad, en compás binario, en ese difícil equilibrio entre el solitarismo y la masificación.

El contagio.- ¿Dónde han tenido su raíz y su escuela muchas delincuencias? Quizá en esos dos modos de vivir, tan contrarios, y, sin embargo, tan comple­mentarios. El chico que no se ha visto amado y atendido en su primera infan­cia, el niño al que no se le ha ayudado a ir consumiendo progresivas etapas de sociabilidad, fácil es que un día busque bruscamente, por el camino de la impro­visación más disparatada, el protago­nismo más extraño.

Marcos nos dice que, cuando el Señor llegó a la casa, se dirigió a la niña, y cogiéndola de la mano, le dijo: "Contigo hablo, niña, levántate". Yo no sé por qué, pero pienso que, en nuestro caso, es a nosotros, los mayores -padres, educado­res, etcétera- a quienes tiene el Señor que darnos la mano para guiarnos en esa colosal tarea.


Publicado por verdenaranja @ 9:30  | Espiritualidad
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S?bado, 27 de junio de 2009

Exhortación- conclusión de la Asamblea Plenaria del Consejo Misionero Nacional, que se realizó en Abuja desde el 10 al 13 de junio de 2009.

 

VIVIR LA PALABRA DE DIOS EN NIGERIA - SIGUIENDO LOS PASOS DE SAN PABLO

 Comunicado  al final de la asamblea plenaria/ sesión de estudio del Consejo Nacional  misionero de Nigeria (NMCN) celebrado  en el Retiro del divino amor y Centro de Conferencias, Sabon Lugbe, Abuja. Del 10 al 13 de junio de 2009

1. PREÁMBULO


Nosotros, los miembros del Consejo Misionero Nacional de Nigeria, celebramos nuestra asamblea plenaria para el año 2009, en el Retiro del Divino Amor y Centro de Conferencias (DRACC), Sabón Lugbe, Abuja, del 10 al 13 junio, 2009. El tema de nuestra sesión "Vivir la Palabra de Dios en Nigeria siguiendo los pasos de San Pablo" nos dio una oportunidad para la reflexión pastoral sobre la importancia de la Palabra de Dios en la Iglesia y las implicaciones que tiene para la vida de las personas. Ahora, presentamos nuestro comunicado en consecuencia:

2. GRATITUD

Permanecemos siempre agradecidos a Dios por darnos la oportunidad de reflexionar sobre la " Palabra Divina". Nos alegramos por el éxito de la Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre la Palabra de Dios en la vida de la Iglesia, celebrada en Roma del 5 al 26 de octubre de 2008.

Agradecemos la colaboración del clero, religiosos y laicos al acoger las celebraciones para conmemorar el año de San Pablo en los niveles parroquiales, diocesanos y nacionales. Igualmente, agradecemos a la Santa Infancia, al Movimiento Misionero de Juventud, y a los estudiantes de Juventud Católica de Nigeria por el concurso de competencia en curso sobre la vida y obra de San Pablo, el gran misionero.

Encomiamos de manera especial a los facilitadores de esta sesión de estudio a saber: El Rev. Fr. Víctor Nwokeme, MSP y el Rev. Sr. Mary Jerome Obiorah, IHM.

3. LA IMPORTANCIA DE LA PALABRA DE DIOS

Prendido por el celo de San Pablo hacia la proclamación de la Palabra de Dios, cada bautizado está obligado a predicar la Palabra de Dios a tiempo y a destiempo. En verdad, San Pablo presenta la proclamación de la Palabra de Dios como un deber primordial. Él dijo "¡Ay de mí si no predicara el Evangelio" (1 Cor. 9:16). La Biblia ha dado al mundo los principios básicos por los que vivir. Los principios de Amor, Paz, Justicia, Perdón son dilucidados en la Biblia. La Biblia es una Palabra de Dios inspirada, el efecto de la autoridad y el poder de la escritura se remonta a Dios.

Inspirándonos en la vida y predicación de San Pablo, a primera vista uno llega a ser consciente de que la Palabra de Dios es un don que se manifiesta desde el comienzo de la creación del mundo. A través de toda la historia, el Creador coloca a los seres humanos en el centro de esta comunicación divina.

La Palabra de Dios es única, viva y activa en la persona de su Hijo Jesucristo, el Verbo hecho carne (Juan 1,14) que el Padre envió para la salvación del mundo. La vida, ministerio, pasión, muerte y resurrección de Jesús, y el envío del Espíritu Santo, todo es una proclamación de la Palabra de Dios a fin de que la humanidad se salve.

Se debe dar una atención seria a la importancia de la Palabra de Dios en la misión de la Iglesia. Se debe dar un  lugar de honor a la proclamación de la Palabra de Dios. Debemos entronizar la Palabra de Dios en nuestros corazones y en la comunidad. 

4. DIFUSIÓN DE LA PALABRA DE DIOS

La Iglesia quiere sus fieles estén familiarizados con la Palabra de Dios, de hecho, con las razones de su esperanza (1 Pedro 3:15). En consecuencia, la iglesia dirige la atención de la gente a todos los tesoros y valores de la Escritura a fin de lograr que la Palabra de Dios esté presente en la vida de las personas.

La comunicación es una verdadera herramienta para educar e informar a la población acerca de eventos pasados, presentes y futuros. La Sagrada Escritura nos comunica los acontecimientos del trabajo salvífico de Dios en la creación. Protegida por el mismo Espíritu de Dios que inspiró a los Escritores Sagrados, la Iglesia aceptó y estableció el canon de la Biblia, el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, y lo transmite como, el depósito de la fe.

El depósito de la fe, de acuerdo con la doctrina católica, no se limita a la Sagrada Escritura. Nuestra fe nos enseña que la Biblia contiene las palabras y los hechos de Jesús, "Pero también hay muchas otras cosas que hizo Jesús, si cada una de ellas fuesen escritas, supongo que el mundo mismo no podría contener los libros que se escribirían" (Juan 21, 25). Por lo tanto, la Palabra de Dios transmitida a través de las edades incluye la Sagrada tradición "que transmite en su totalidad la Palabra de Dios que se ha confiado a los apóstoles por Cristo el Señor y el Espíritu Santo. La transmite a los sucesores de los apóstoles para que, iluminados por el Espíritu de la verdad, puedan conservarla fielmente, exponer, y difundirla por su predicación". La Palabra de Dios se transmite en la historia de la salvación humana a través de la Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura, ambas "están vinculadas estrechamente entre sí y se comunican una a otra. (DV, no. 9)

En efecto, la Palabra de Dios se transmite a través de la tradición sagrada. Hoy más que nunca es un imperativo la necesidad de hacer la palabra de Dios accesible; en consecuencia, la palabra de Dios impresa debe ser legible y libre de errores doctrinales.

         En nuestra época, se deben utilizar las ayudas audio visuales para proclamar la Palabra de Dios. Los predicadores deben garantizar una preparación adecuada de su homilía en su intento de explicar y exponer la Palabra de Dios. Los cristianos deben estar familiarizados con los textos bíblicos.


Al transmitir la Palabra de Dios, la Iglesia debe tener en cuenta el contexto cultural y la diversidad lingüística de los beneficiarios. En efecto, se debe mejorar la adaptación a la situación local y la inculturación de la Palabra de Dios. Existe la necesidad de fomentar la difusión de las Biblias católicas y garantizar que se proporcionen Biblias para Estudiantes Católicos teniendo exámenes públicos en nuestras instituciones de aprendizaje. Hacemos un llamamiento a los instructores religiosos a intensificar los esfuerzos para proteger y promover la Biblia católica.

5. AJUSTÁNDOSE A LA PALABRA DE DIOS 

La Palabra de Dios lleva consigo la conversión interior a la verdad, bondad y  amor. Trae profundos cambios de actitud y enseña los valores fundamentales. Hoy día en Nigeria, necesitamos sustentarnos de los valores espirituales y morales consagrados en la Palabra de Dios.

Teniendo en cuenta el hecho de que existe duplicidad en el estilo de vida de algunos cristianos, muchos hoy día buscan la autenticidad de nuestro testimonio cristiano. Debemos ser conscientes del hecho de que tenemos que permitir que la Palabra de Dios define quiénes somos y cómo nos conducimos a nosotros mismos en este mundo con el fin de ser fieles a nuestro Dios dada la identidad. La Sagrada Escritura se encuentra a nuestro servicio, nos recuerda la necesidad constante de ser un ejemplo vivo. “Toda la Escritura es inspirada por Dios y es útil para enseñarnos lo que es cierto y para hacernos comprender lo que está mal en nuestras vidas. Nos aclara y nos enseña a hacer lo que es justo” (cf. 2 Tim 3,16).

Con el fin de corregir las muchas tendencias pecaminosas en la sociedad nigeriana hoy día, existe la necesidad de emprender la tarea de proclamación de la Palabra de Dios. También es necesario alentar a las personas a dar testimonio de Cristo al aceptar el sufrimiento y vivir en conformidad con los valores fundamentales de la Palabra de Dios. Debería existir la simplicidad de estilo de vida y la audaz proclamación de la Palabra de Dios. Como cristianos, tenemos que asegurarnos de que mantenemos nuestra lámpara encendida en medio de la oscuridad y no ajustarnos a la oscuridad que nos rodea.

Bajo el pretexto de la predicación de la Palabra, muchos han convertido este apostolado en una empresa comercial. Tenemos que ser conscientes de la carga que se nos ha sido dada "recibís gratis, dad gratis". La predicación de la Palabra de Dios emprendida no debe ser a título oneroso, sino por motivos puros para aumentar la salvación de las almas.

Hoy día, en todos los rincones de nuestro país, escuchamos y somos testigos  de la valiente proclamación del Evangelio. Al mismo tiempo, los nigerianos parecen escuchar y hacer lo contrario por el abandono de muchos valores fundamentales de la Palabra de Dios. Hoy, Nigeria tiene una muy mala fama en todo el mundo. Las prácticas fraudulentas de algunos nigerianos son las responsables de la forma en que nuestra gente es tratada en todo el mundo. Aunque la situación pueda parecer trágica, no todos los nigerianos son malos o involucrados en el fraude. Al igual que Bernabé, necesitamos, y debemos, poner de manifiesto los buenos valores de las personas. Necesitamos utilizar la Palabra de Dios para educar a nuestro pueblo en los valores evangélicos fundamentales.

Sobre esta cuestión, la Conferencia de Obispos Católicos de Nigeria (CBCN), señala, "nuestro camino hacia la nación pasa por el camino de la educación. La educación para la nación es la educación integral de la persona. La mente, el carácter, y las manos de los ciudadanos han de ser formados. El error y la injusticia al tomar el control de las escuelas de las entidades religiosas han contribuido en gran medida a la situación actual de nuestra nación. Nigeria necesita urgentemente volver a valores espirituales y morales a su plan de estudios de educación. Es por esta razón que felicitamos a los gobiernos del estado que han devuelto las escuelas a sus propietarios. Renovamos nuestro llamamiento a aquellos Estados que no lo hayan hecho, de devolver las escuelas a las entidades religiosas. Pedimos cooperación en el sector de la educación entre el gobierno y las instituciones religiosas a fin de que los pobres en particular pueden tener acceso a una buena educación. "(Comunicado CBCN, 2009)

6. CONCLUSIÓN

Inspirado por el destello de San Pablo para difundir la palabra de Dios, nos vemos obligados a dar un lugar importante a la continua proclamación de la Palabra. Deberíamos comprometer, al igual que los apóstoles, nuestro tiempo, energía y recursos a esta proclamación continua. Lo que hemos recibido debemos a su vez transmitirlo a los demás, sin calcular los gastos.

Felicitamos a nuestros misioneros en el extranjero, y prometemos nuestro apoyo en la oración a todos ellos. Hacemos un llamamiento al Clero, religiosos y laicos a estar disponibles para la transmisión de la Palabra a través de la lectura diaria, celebración de la Liturgia de la Palabra, la Biblia compartida, y fundamentalmente a través del testimonio de sus vidas cotidianas.

Al inaugurar el Año de los Sacerdotes declarado por Pope Benedicto XVI, y al concluir el Año de San Pablo, el gran misionero, acompañamos s todos nuestros misioneros, sacerdotes y religiosos en misión, con nuestras oraciones y apoyo.

Que María, la Estrella de la evangelización, que meditó la Palabra de Dios en su corazón en la encarnación y concibió la Palabra hecha carne nos inspire a contemplar la eficacia de la Palabra de Dios en el mundo que nos rodea a medida que seguimos llevando a cabo nuestra misión pastoral de la proclamación de la Palabra de Dios

+ Reverendísimo Matthew Man-Oso Ndagoso

Arzobispo de Kaduna

Hypolite A. Adigwe (Msgr.)

PMS National Director

 

+ Most Rev. Matthew Man-Oso Ndagoso     Hypolite A. Adigwe (Msgr.)

Archbishop of Kaduna                        PMS National Director

Abuja, 13 de Junio de 2009

(Traducción particular no oficial desde el inglés)

Texto original aquí


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Extracto de DOSSIER FIDES “El Año Sacerdotal: Fidelidad de Cristo, fidelidad del sacerdote publicado por Fides el 18 de Junio de 2009.

 

El Papa Benedicto XVI a los sacerdotes

El Santo Padre Benedicto XVI ha hablado varias veces a los sacerdotes. Siempre, en ocasión de cada viaje apostólico, encuentra a la comunidad de sacerdotes del lugar. Uno de los discursos más exhaustivos sobre el clero, Benedicto XVI lo pronunció el pasado 16 de marzo, recibiendo en audiencia a los participantes en la Plenaria de la Congregación para el Clero. Fue como un preludio de las temáticas principales del Año Sacerdotal. Benedicto XVI recordó el tema escogido para la Plenaria: “La identidad misionera del presbítero en la Iglesia, como dimensión intrínseca del ejercicio de los tria munera”. Un tema que, según el Papa, permite algunas reflexiones: “Si toda la Iglesia es misionera y si todo cristiano, en virtud del Bautismo y de la Confirmación, quasi ex officio (cf. Catecismo de la Iglesia católica, n. 1305) recibe el mandato de profesar públicamente la fe, el sacerdocio ministerial, también desde este punto de vista, se distingue ontológicamente, y no sólo en grado, del sacerdocio bautismal, llamado también sacerdocio común”. “En efecto, del primero es constitutivo el mandato apostólico: ‘Id a todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura’ (Mc 16, 15). Como sabemos, este mandato no es un simple encargo encomendado a colaboradores; sus raíces son más profundas y deben buscarse mucho más lejos.

La dimensión misionera del presbítero nace de su configuración sacramental con Cristo Cabeza, la cual conlleva, como consecuencia, una adhesión cordial y total a lo que la tradición eclesial ha reconocido como la apostolica vivendi forma. Esta consiste en la participación en una ‘vida nueva’ entendida espiritualmente, en el ‘nuevo estilo de vida’ que inauguró el Señor Jesús y que hicieron suyo los Apóstoles. Por la imposición de las manos del obispo y la oración consagratoria de la Iglesia, los candidatos se convierten en hombres nuevos, llegan a ser ‘presbíteros’. A esta luz, es evidente que los tria munera son en primer lugar un don y sólo como consecuencia un oficio; son ante todo participación en una vida, y por ello una potestas. Ciertamente, la gran tradición eclesial con razón ha desvinculado la eficacia sacramental de la situación existencial concreta del sacerdote; así se salvaguardan adecuadamente las legítimas expectativas de los fieles. Pero esta correcta precisión doctrinal no quita nada a la necesaria, más aún, indispensable tensión hacia la perfección moral, que debe existir en todo corazón auténticamente sacerdotal.

Precisamente para favorecer esta tensión de los sacerdotes hacia la perfección espiritual, de la cual depende sobre todo la eficacia de su ministerio, he decidido convocar un ‘Año sacerdotal’ especial, que tendrá lugar desde el próximo 19 de junio hasta el 19 de junio de 2010. En efecto, se conmemora el 150° aniversario de la muerte del santo cura de Ars, Juan María Vianney, verdadero ejemplo de pastor al servicio del rebaño de Cristo. Corresponderá a vuestra Congregación, de acuerdo con los Ordinarios diocesanos y con los superiores de los institutos religiosos, promover y coordinar las diversas iniciativas espirituales y pastorales que parezcan útiles para hacer que se perciba cada vez más la importancia del papel y de la misión del sacerdote en la Iglesia y en la sociedad contemporánea.

La misión del presbítero, como muestra el tema de la plenaria, se lleva a cabo ‘en la Iglesia’. Esta dimensión eclesial, de comunión, jerárquica y doctrinal es absolutamente indispensable para toda auténtica misión y sólo ella garantiza su eficacia espiritual. Se debe reconocer siempre que los cuatro aspectos mencionados están íntimamente relacionados: la misión es ‘eclesial’ porque nadie anuncia o se lleva a sí mismo, sino que, dentro y a través de su propia humanidad, todo sacerdote debe ser muy consciente de que lleva a Otro, a Dios mismo, al mundo. Dios es la única riqueza que, en definitiva, los hombres desean encontrar en un sacerdote. La misión es ‘de comunión’ porque se lleva a cabo en una unidad y comunión que sólo de forma secundaria tiene también aspectos relevantes de visibilidad social. Estos, por otra parte, derivan esencialmente de la intimidad divina, de la cual el sacerdote está llamado a ser experto, para poder llevar, con humildad y confianza, las almas a él confiadas al mismo encuentro con el Señor. Por último, las dimensiones ‘jerárquica’ y ‘doctrinal’ sugieren reafirmar la importancia de la disciplina (el término guarda relación con ‘discípulo’) eclesiástica y de la formación doctrinal, y no sólo teológica, inicial y permanente.

La conciencia de los cambios sociales radicales de las últimas décadas debe mover las mejores energías eclesiales a cuidar la formación de los candidatos al ministerio. En particular, debe estimular la constante solicitud de los pastores hacia sus primeros colaboradores, tanto cultivando relaciones humanas verdaderamente paternas, como preocupándose por su formación permanente, sobre todo en el ámbito doctrinal y espiritual. La misión tiene sus raíces de modo especial en una buena formación, llevada a cabo en comunión con la Tradición eclesial ininterrumpida, sin rupturas ni tentaciones de discontinuidad. En este sentido, es importante fomentar en los sacerdotes, sobre todo en las generaciones jóvenes, una correcta recepción de los textos del concilio ecuménico Vaticano II, interpretados a la luz de todo el patrimonio doctrinal de la Iglesia. También parece urgente la recuperación de la convicción que impulsa a los sacerdotes a estar presentes, identificables y reconocibles tanto por el juicio de fe como por las virtudes personales, e incluso por el vestido, en los ámbitos de la cultura y de la caridad, desde siempre en el corazón de la misión de la Iglesia.

Como Iglesia y como sacerdotes anunciamos a Jesús de Nazaret, Señor y Cristo, crucificado y resucitado, Soberano del tiempo y de la historia, con la alegre certeza de que esta verdad coincide con las expectativas más profundas del corazón humano. En el misterio de la encarnación del Verbo, es decir, en el hecho de que Dios se hizo hombre como nosotros, está tanto el contenido como el método del anuncio cristiano. La misión tiene su verdadero centro propulsor precisamente en Jesucristo. La centralidad de Cristo trae consigo la valoración correcta del sacerdocio ministerial, sin el cual no existiría la Eucaristía ni, por tanto, la misión y la Iglesia misma. En este sentido, es necesario vigilar para que las ‘nuevas estructuras’ u organizaciones pastorales no estén pensadas para un tiempo en el que se debería ‘prescindir’ del ministerio ordenado, partiendo de una interpretación errónea de la debida promoción de los laicos, porque en tal caso se pondrían los presupuestos para la ulterior disolución del sacerdocio ministerial y las presuntas ‘soluciones’ coincidirían dramáticamente con las causas reales de los problemas actuales relacionados con el ministerio”.


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IINTENCIÓN MISIONERA - “Para que la Iglesia sea germen y núcleo de una humanidad reconciliada y reunida en la única familia de Dios, mediante el testimonio de todos los fieles en las diversas Naciones del mundo” - Comentario a la Intención Misionera indicada por el Santo Padre para el mes de julio de 2009

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – Una de las consecuencias del pecado del hombre ha sido la división. Ya en el libro del Génesis podemos observar cómo Babel es la separación, fruto del orgullo del hombre (Gn 11, 1-9). Los hombres, que querían construir con sus manos un camino hacia el cielo, habían acabado por destruir su misma capacidad de comprenderse recíprocamente.

De ahí que una parte importante de la misión redentora de Cristo sea la de reunir, unificar. En primer lugar, Cristo reúne a los “hijos de Dios dispersos”. Jesús es el “buen Pastor” que reúne a las ovejas descarriadas de Israel. Pero esa misión unificadora no queda reducida al Israel de la carne. Se dirige a todos los pueblos de la tierra. S. Pablo afirma que “ya no hay judío ni gentil, esclavo ni libre, hombre ni mujer, porque todos somos uno en Cristo Jesús”. Esta unidad se significa y se realiza en la Eucaristía, ya que “todos formamos un solo Cuerpo porque comemos un solo pan”.

Ya que el pecado ha producido una doble separación (ha separado al hombre de Dios y de sus hermanos), la restauración en Cristo presenta también un doble aspecto: primero nos reconcilia con Dios en su Sangre, y hace de nosotros un solo cuerpo.

La historia de la Iglesia ha sido testigo de muchas divisiones y cismas, ya desde los orígenes. Pero resultan especialmente dolorosas las separaciones de los hermanos ortodoxos y del protestantismo. Igualmente, la sociedad civil se ha visto marcada con luchas fratricidas, y enfrentamientos entre los pueblos. Recientemente, en algunos países africanos, han tenido lugar guerras entre etnias que han acarreado muchas muertes.

También hoy, como siempre, el corazón del hombre sigue necesitando un Redentor que arranque de él ese germen de odio y de separación fruto del pecado.

La Iglesia de Cristo, al mismo tiempo santa y necesitada de salvación, tiene la misión de continuar su misión redentora, de ser en el mundo signo de unidad y fuente de comunión.
Dice Benedicto XVI: “Permanecer juntos fue la condición que puso Jesús para acoger el don del Espíritu Santo; presupuesto de su concordia fue una oración prolongada. Así nos da una magnífica lección para toda comunidad cristiana. A veces se piensa que la eficacia misionera depende principalmente de una esmerada programación y de su sucesiva aplicación inteligente mediante un compromiso concreto. Ciertamente, el Señor pide nuestra colaboración, pero antes de cualquier respuesta nuestra se necesita su iniciativa: su Espíritu es el verdadero protagonista de la Iglesia” (Homilía 4-06-2006).

En el día de Pentecostés, S. Lucas señala que los apóstoles estaban reunidos con María. Junto a Ella en oración, con la potencia del Espíritu, se manifiesta la fuerza unificadora de
la Iglesia.
Para que crezca la conciencia de que los hombres de todas las naciones son una familia, es necesario que tomen conciencia de ser hijos de Dios. Por encima de toda distinción de cultura, condición social, raza o nación, está la verdad que hace a todos los hombres iguales: somos hijos de Dios, creados a su imagen y semejanza, redimidos con la Sangre de Cristo.

Todos los fieles cristianos, dispersos por toda la tierra, viviendo su filiación divina se convierten en testigos de unidad y creadores de unidad. La Iglesia, cuyo modelo y tipo es María, debe aprender de ella a tener un corazón siempre abierto para todos. Su maternidad debe reflejarse en la maternidad de
la Iglesia.

Cuando el Señor resucitado se presenta a los discípulos después de la Resurrección, sopló sobre ellos para otorgarles el don del Espíritu y les dijo: “A quienes perdonéis los pecados les quedan perdonados, y a quienes se los retengáis les quedan retenidos”. Para que un hombre pueda ser instrumento de reconciliación, debe haber experimentado en su corazón la alegría de haber sido reconciliado con Dios en Cristo, de haber recibido el perdón de los pecados. Sólo quien vive en comunión vital con Dios puede ser fuente de comunión. Sólo quien ha sido reconciliado puede ser fuente de reconciliación en medio de una humanidad dividida en lo profundo del corazón. Como dice el Señor: del corazón del hombre salen los homicidios, los robos, etc. Es el corazón del hombre el que necesita ser reconciliado, unificado, sanado. De ahí que la misión de la Iglesia sea ofrecer la reconciliación de Dios con los hombres en Cristo. Proclamar como S. Pablo: “En nombre de Cristo os suplicamos: dejaos reconciliar con Dios”.


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Viernes, 26 de junio de 2009

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - Con ocasión de la visita Ad Limina Apostolorum de los Obispos de Vietnam iniciada el 22 de junio, la Agencia Fides publica algunas notas relativas a la vida de la Iglesia, la religión, la economía y la sociedad vietnamita.

Cuatro grandes filosofías y religiones están en la base de la vida religiosa y espiritual del pueblo vietnamita: Confucianismo, Taoísmo, Budismo y Cristianismo. A lo largo de los siglos Confucianismo, Taoísmo y Budismo se fusionaron con las creencias populares chinas y el antiguo animismo vietnamita dando vida a la así llamada “Tam Giao” (triple religión).

El Confucianismo, que en origen era un sistema de ética social y política en vez de una religión, asumió muchos aspectos religiosos. El Taoísmo, al inicio una filosofía esotérica para eruditos, se unió en el mundo campesino al budismo y muchos de sus elementos se convirtieron en parte integrante de la religión popular. El Budismo mahayana (que significa “del norte”), proveniente de China, conocido también como “Escuela de la Grande Rueda”, “Escuela del Gran Vehículo” y “Budismo del Norte”, es la religión predominante en Vietnam. El Budismo theravada (que significa “del sur”), conocido también como hinayana, “Escuela de la Pequeña Rueda”, “Escuela del Pequeño Vehículo” y “Budismo del Sur”, llegó a Vietnam directamente desde la India. Es practicado sobre todo en la región del Mekong, en particular por los Khmer.

El culto a los antepasados, expresión ritual de la piedad filial (hieu), se desarrolló mucho antes que el Confucionismo o el Budismo fuesen importados en el país, y algunos lo consideraban una “religión en la religión”. El culto de los antepasados se funda en la creencia de que el alma vive tras la muerte, haciéndose protectora de sus descendientes. Por tradición, los vietnamitas veneran y honoran regularmente a los espíritus de los antepasados mediante sacrificios al protector de la familia y a su espíritu.

El Caodaísmo es una secta religiosa indígena vietnamita que tiene por objetivo la búsqueda de la religión ideal, fusionando las filosofías seculares y religiosas orientales y occidentales. En Vietnam cuenta con dos millones de secuaces. El Islam, practicado sobre todo por los Cham y Khmer, representa el 0,5% de la población. El protestantismo, introducido en Vietnam en 1911, tiene unos 200000 fieles. Es practicado sobre todo por los Montagnards (tribus de los montes), que viven en la región de los Altiplanos centrales y recientemente en la de los Septentrionales. Los vietnamitas, al ser interrogados sobre la religión practicada, generalmente responden que son budistas, pero en el ámbito de la familia y de los deberes cívicos siguen el Confucionismo, y en lo que se refiere a la interpretación de la naturaleza y del cosmos son mayormente influenciados por el Taoísmo. (PA) (3 – continúa) (Agencia Fides 25/6/2009; líneas 33, palabras 460)


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VATICANO - “LAS PALABRAS DE LA DOCTRINA” por don Nicola Bux y don Salvatore Vitiello - Año Sacerdotal: entre identidad y misión


Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – El pasado 19 de junio, solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, el Santo Padre Benedicto XVI inauguró, con las Vísperas en la Basílica de San Pedro, el Año Sacerdotal. Un entero Año dedicado a los Sacerdotes, a su santificación, a través de la oración de todo el Pueblo de Dios, llamado a descubrir la grandeza del don recibido por el Señor e indispensable para la construcción de la Iglesia. La unión entre Eucaristía e Iglesia y aquella entre Eucaristía y Sacerdocio, fundamentan la unión entre sacerdocio e Iglesia: donde no hay sacerdotes válidamente ordenados, no hay Iglesia, sino simples comunidades eclesiales, de cuya existencia podemos alegrarnos, en la medida en que guardan la memoria del Señor y esperan su venida, pero que, de hecho, no tienen ni podrían tener la presencia sacramental, es decir, aquella real.

El Santo Padre, en su caridad de Pastor Universal, ha dirigido a todo el clero del mundo una bellísima Carta (ver Fides 19/6/2009), que debe ser objeto de atenta meditación por parte de todos los sacerdotes. Una carta que transparenta un auténtico amor a Cristo y a su Iglesia, que revela una intimidad con el Misterio que debería ser propia de todo corazón auténticamente sacerdotal.

La ocasión para el lanzamiento del Año Sacerdotal es el 150 Aniversario de la muerte de San Juan María Vianney, el santo cura de Ars, patrón de los párrocos y que, en este Año, será declarado patrón de todos los sacerdotes. Una figura, si bien conocida, de una modernidad inusitada: vivió en Francia en la época post-revolucionaria anticlerical, párroco de un poblado rural “pobre de fe”, también él pobre en instrumentos culturales o de “estructuras” o “planes pastorales”, el santo cura de Ars supo literalmente transformar la realidad en torno a él con su oración, con su ministerio fiel y con su radical entrega a Cristo.

La Carta del Santo Padre identifica la clave de la santidad de San Juan María Vianney y de todo sacerdote en el binomio “identidad-misión”. En efecto, cada sacerdote está llamado a esa progresiva identificación con Cristo que garantice la fidelidad y la fecundidad de su testimonio. La adhesión a Cristo, que tiene su raíz en el dato objetivo de la configuración ontológico-sacramental, recibida en el sacramento del Orden, es también un recorrido progresivo del alama y de la psique del sacerdote. Cumpliendo con los gestos de su Señor, repitiendo sus Palabras, creciendo en el amor a los hermanos, aprendiendo cada día a ofrecer al Padre su propia vida, reconociendo todo lo que el Señor realiza y los poderosos signos que ofrece, el Sacerdote transparenta realmente el Misterio que lo “aferra” y del que ha sido hecho partícipe.

La identidad sacerdotal no es, pues, sólo un dato objetivo, de reconocerse sacramentalmente, sino que se convierte progresivamente, en una evidencia, tanto para el Pueblo Santo de Dios, que reconoce con intuición sobrenatural a tales sacerdotes, como para el ministro mismo que afirma, en la sencillez y fidelidad de su propia existencia: “No vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí” (Gal 2,20).

El cansancio de la misión depende frecuentemente de la debilidad de la identidad sacerdotal: el justo rechazo del clericalismo no se puede convertir en abono para el secularismo; la justa promoción de los laicos no debe diluir la necesidad indispensable y la especificidad del ministerio sacerdotal, sin el cual no habría Eucaristía, ni Iglesia, ni misión. (Agencia Fides 25/6/2009; líneas 41, palabras 590)


Publicado por verdenaranja @ 23:45  | A?o Sacerdotal
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ZENIT nos ofrece el discurso del Papa a los participantes en la segunda Asamblea anual de la Reunión de las Obras de Ayuda a las Iglesias Orientales (ROACO), al recibirles el jueves 25 de Junio de 2009 en audiencia en la Sala Clementina del Palacio Apostólico.

 

 

Señor cardenal,

venerados hermanos en el Episcopado y en el Sacerdocio,

queridos miembros y amigos de la ROACO,


1. Es para mí una feliz costumbre acogeros al concluir la segunda sesión anual de la Reunión de las Obras de Ayuda a las Iglesias Orientales. Agradezco al señor cardenal Leonardo Sandri, prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales, por las amables expresiones que me ha dirigido en nombre de todos. Las devuelvo con un cordial saludo, que extiendo gustoso al arzobispo secretario, monseñor Cyril Vasil', y al subsecretario recientemente nombrados, y a los demás colaboradores del Dicasterio. Saludo a los excelentísimos prelados y al Custodio de Tierra Santa aquí reunidos con los Representantes de las Agencia Católicas Internacionales y de la Bethlehem University y el cardenal John Patrick Foley. Os agradezco de corazón, queridos amigos, por cuanto estáis haciendo a favor de las comunidades orientales y latinas presentes en los territorios confiados a esta Congregación y en las demás regiones del mundo, donde los hijos del Oriente católico, con sus pastores, es esfuerzan en construir una convivencia pacífica junto con los fieles de otras confesiones cristianas y de diversas religiones.


2. Con la ya cercana fiesta de San Pedro y San Pablo, el Año dedicado al Apóstol de los Gentiles por el bimilenario de su nacimiento llega a su conclusión. Conquistado por Cristo y arrebatado por el Espíritu Santo, fue un testigo privilegiado del misterio del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús. Su palabra inspirada y su testimonio confirmado por el don supremo del martirio, constituyen un elogio incomparable de la caridad cristiana y son de gran actualidad. Me refiero en particular al Himno de la Caridad de la Primera Carta a los Corintios (1 Corintios 13). De la boca de Pablo de Tarso, la Palabra de Dios nos indica sin equivocación qué "es lo más grande" para los discípulos de Cristo: la caridad. Ella es la fuente fecunda de todo servicio eclesial, su medida, su método y su comprobación. Por vuestra adhesión a la ROACO, deseáis vivir esta caridad, ofreciendo particularmente vuestra disponibilidad al Obispo de Roma a través de la Congregación para las Iglesias Orientales. De esta forma continuará e incluso se ampliará "el movimiento de la caridad que, en nombre del Papa, la Congregación supervisa a fin de que, de forma ordenada y equitativa, Tierra Santa y otras regiones orientales revivan el apoyo espiritual y material necesario para afrontar la vida eclesial ordinaria y las necesidades particulares" (Discurso a la Congregación para las Iglesias Orientales, 9 de junio de 2007).


3. El encuentro de hoy renueva el gozo de mi reciente peregrinación a Tierra Santa. Al respecto renuevo mi gratitud al patriarca latino de Jerusalén, al representante papal para Israel y los Territorios Palestinos, al padre custodio y a todos aquellos que han ayudado a hacer fructífera mi peregrinación. Además hubo muchos momentos de gracia, en los que pude animar y confortar a las comunidades católicas de Tierra Santa, urgiendo a sus miembros a perseverar en su testimonio -un testimonio lleno de fidelidad, celebración y a veces gran sufrimiento. Pude también recordar a los cristianos de la región su responsabilidad ecuménica e interreligiosa, desde el espíritu del Concilio Vaticano II. Renuevo mi oración y mi llamamiento para que no haya más guerra ni más violencia ni más injusticia. Deseo aseguraros que la Iglesia universal permanece al lado de todos nuestros hermanos y hermanas que viven en Tierra Santa. Esta preocupación se refleja de forma especial en la Colecta Anual por Tierra Santa. Además exhorto a vuestras agencias de la ROACO a que continúen sus actividades caritativas con celo y con fidelidad al Sucesor de Pedro.


4. Queridos amigos de la ROACO, con especial reconocimiento por vuestro trabajo, me uno a todos ante esta difícil situación económica, que corre el riesgo de afectar e incluso detener el servicio caritativo eclesial ya iniciado y los proyectos para el futuro de las organizaciones benéficas. Quisiera aprovechar esta oportunidad para agradeceros, así como el alivio que supone, el esfuerzo adicional para conocer las prioridades evidentes. Con un espíritu de fe, así como con el análisis de los expertos y con la necesaria sobriedad se pueden tomar las decisiones adecuadas y abordar la situación actual de manera efectiva, por ejemplo, la situación de los refugiados y los migrantes, que afectan particularmente a las iglesias orientales, y la reconstrucción de la Franja de Gaza, que sigue siendo abandonada a sí misma, al mismo tiempo, teniendo en cuenta la legítima preocupación de Israel sobre su seguridad. Ante los desafíos sin precedentes de la Iglesia, el servicio de la caridad proporcionará recursos eficaces y seguros de inversión para el presente y el futuro.


5. Queridos amigos, en muchas ocasiones he subrayado la importancia de la educación del Pueblo de Dios, y más aún ahora, que acabamos de empezar el Año Sacerdotal, me urge recomendaros que consideréis con el máximo favor el cuidado de los sacerdotes y el apoyo a los seminarios. Cuando, el pasado viernes, solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, inauguré este singular año jubilar, confié la Corazón de Cristo y de la Madre Inmaculada a todos los sacerdotes del mundo, con un pensamiento especial por aquellos que tanto en Oriente como en Occidente están viviendo momentos de dificultad y de prueba. Aprovecho esta ocasión para pediros también a vosotros que recéis por los presbíteros. Os pido que sigáis apoyándome también a mí, Sucesor del apóstol Pedro, para que pueda llevar plenamente a cabo mi misión al servicio de la Iglesia universal. Gracias una vez más por el trabajo que estáis realizando: que Dios os lo recompense abundantemente. Co estos sentimientos, os imparto a cada uno de vosotros, a vuestros seres queridos, a las comunidades y a las agencias que representáis, la confortadora Bendición Apostólica.


[Traducción de varios idiomas por Inma Álvarez

[© Copyright 2009 - Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 23:42  | Habla el Papa
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Oración distribuida y rezada entre los asistentes al Encuentro Arciprestal de final de curso de Agentes de Pastoral celebrado en Icod de los Vinos el 27 de Junio de 2009.

 

 

ORACIÓN DE FIN DE CURSO

 

 

Señor Dios, llegamos a este fin de curso arciprestal.

Gracias por el regalo de la vida.

Por lo que hemos aprendido y por lo que hemos compartido.

Gracias, porque a pesar de nuestra ingratitud siempre estás con nosotros.

 

Perdón, Señor, por el tiempo perdido, por el dinero mal gastado,

por lo que pudimos hacer y no hicimos,         '

y por lo que dejamos de hacer por ignorancia o pereza.

Por la palabra estéril o por el amor no reconocido.

 

Perdón por el trabajo mal hecho, y por nuestras faltas de caridad.

Perdón por vivir algunos días del curso sin entusiasmo.

 

Hoy, que estamos terminando el curso pastoral,

venimos a pedir tu bendición y tu protección

para nosotros y nuestras familias,

y para todos los feligreses de nuestras parroquias:

niños y adultos, hombres y mujeres.

 

iDanos Tu luz!, para planificar bien las cosas el próximo curso.

Ayúdanos a crecer con prudencia, con claridad y con sabiduría.

 

Queremos vivir cada día, de aquí en adelante, con optimismo y bondad,
llevando el corazón lleno de amor y esperanza.

Enséñanos a perdonar, y a tener las manos listas para compartir.

Cierra nuestros labios y nuestro corazón a la mentira y a toda maldad.
Aléjanos de la envidia, del egoísmo y de la mala conciencia.

Danos un corazón puro y sencillo, presto al auxilio y al perdón.

 

Ábrenos el camino a nuevas oportunidades:

Para que podamos colaborar con nuestro esfuerzo

al desarrollo de nuestra parroquia

y de nuestro arciprestazgo.

 

Haz que nuestro espíritu esté orientado a la caridad,

que nuestros labios tengan palabras de bondad y gratitud,

que derramen paz y amor a nuestros hermanos,

para que todos reconozcan Tu presencia en nuestras vidas.

 

Danos, Señor, para el nuevo curso, ilusiones renovadas,

un curso lleno de amor y bondad,

que estemos unidos en permanente entrega de nuestros talentos,

puestos siempre al servicio de Dios y de los hombres.

Líbranos, Señor, de la tibieza, de la pereza y de la superficialidad. Amén


Publicado por verdenaranja @ 23:36
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Oración rezada dentro del encuentro arciprestal de agentes de pastoral en Icod de los Vinos, celebrado el 27 de Junio de 2009.


Oración por mi Comunidad

 

Padre, hoy quiero pedirte

por mis hermanos de parroquia.

 

Tú los conoces personalmente:

conoces su nombre y su apellido,

sus virtudes y sus defectos,

sus alegrías y sus penas,

su fortaleza y su debilidad,

sabes toda su historia;

los aceptas como son

y los vivificas con tu Espíritu.

 

Tú, Señor, los amas,

no porque sean buenos,

sino porque son hijos tuyos.

 

Enséñame a quererlos de verdad

a imitación de Jesucristo,

no por sus palabras o por sus obras,

sino por ellos mismos,

descubriendo en cada uno,

especialmente en los más débiles,

el misterio de tu amor infinito.

 

Te doy gracias, Padre,

porque me has dado hermanos.

Todos son un regalo para mí,

un verdadero "sacramento",

signo sensible y eficaz

de la presencia de tu Hijo.

 

Dame la mirada de Jesús

para contemplarlos,

y dame 'su corazón

para amarlos hasta el extremo,

porque también yo quiero ser,

para cada uno de ellos,
"sacramento" vivo

de la presencia de Jesús. Amén


Publicado por verdenaranja @ 23:31  | Oraciones
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Jueves, 25 de junio de 2009

 Desde El Surco, proyecto de Comercio Justo de Cáritas Tenerife tenemos 
una buena noticia:

Hemos cumplido 2 años Sensibilizando y Comunicando Comercio Justo en  Internet y lo queremos celebrar con un video de UN MINUTO que resume  nuestros 2 AÑOS en la red

http://www.youtube.com/watch?v=akQh-OuCB4I

2 años COMUNICANDO Y SENSIBILIZANDO COMERCIO JUSTO EN INTERNET

Agradeceríamos toda la colaboración y difusión  que pueda hacer con 
sus contactos

más información en http://comerciojustoelsurco.blogspot.com/

Muchas Gracias

HAZTE FANS EN FACEBBOK DEL COMERCIO JUSTO: 
http://www.facebook.com/home.php?#/pages/COMERCIO-JUSTO-EL-SURCO/68641247605

NO HACE FALTA SER UN SUPERHÉROE PARA HACER JUSTICIA. TODO ES PONERSE

Atentamente les saluda

Miguel Angel Gonzalez Martin - Equipo de El Surco - Cáritas Tenerife

[email protected]   http://comerciojustoelsurco.blogspot.com/

El Surco
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Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - En ocasión de la visita Ad Limina Apostolorum de los Obispos vietnamitas iniciada el 22 de junio, Agencia Fides publica algunas notas relativas a la vida de la Iglesia, religión, economía y sociedad vietnamita.

El Catolicismo llegó a Vietnam en el siglo XVI por obra de misioneros portugueses, españoles y franceses:

1533: Un europeo de nombre Inekhu (¿Ignatius?) llegó a Ninh Cuong, diócesis de Bui Chu hoy en día, para la evangelización.
 
1550: Padre Gaspar de Santa Cruz, O.P. llegó de Malacca a Ha Tien, diócesis de Long Xuyen, para la evangelización.

1580-1586: los padres Luis da Fonseca y Grégoire de la Motte, O.P. llegaron a Quang Nam.

1583: los padres Bartolomé Ruiz, Pedro Ortiz, Francisco de Montilla y 4 hermanos franciscano llegaron de Filipinas y comenzaron a predicar en el norte.

1591: Padre Padro Ordenez de Cevallos bautizó a la princesa Mai Hoa (María Flora), hermana del rey Le The Tong.

1615: inicio oficial de la misión en Cocincina con la llegada de los jesuitas Francesco Buzzoni y Diego Carvalho;

1624: Llega a Tonchino (Vietnam del norte) P. Alexandre de Rhodes, S.J. y otros. Él estuvo presente para asistir el bautismo administrado por Padre F. de Pina a la Sra. Minh Duc Vuong Thai Phi (1568-1648), mujer del pequeño rey Nguyen Hoang, con el nombre de María Magdalena.

1625: Edicto de Nguyen Phuc Nguyen, prohibición de llevar la cruz y exponerla en familia.

1628: Edicto de Trinh Trang, prohibición a los católicos de tener contacto con misioneros.

1630: Interdicción del cristianismo y expulsión de P. de Rhodes; un católico de nombre Francisco, empleado en la corte real, fue decapitado; es el primer mártir en el norte.

1640: Edicto contra el cristianismo.

1650: P. Alexandre de Rhodes es recibido en audiencia por Papa Inocencio X (1644-1655) para informar sobre la situación misionera en Vietnam y pedir la erección de la Jerarquía para Vietnam.

1651: En Roma, P. Alexandre de Rhodes publicó sus 3 primeras obras, editadas por Propaganda Fide: Tu Dien Viet Bo La (Dictionarium Annamiticum Lusitanum et Latinum, 5-2-1651); Sach Van Pham Vietnam (Linguae Annamiticae seu Tonchinensis Brevis Declaratio, 5-2-1651); Sach giao ly song ngu Phep Giang Tam Ngay (Catechismus pro ius qui volunt suscipere Baptismum in octo dies divisus, 2-10-1651).

1659: Alejandro VII establece dos Vicariatos Apostólicos: Giao Phan Dang Trong (Vicariato Apostólico en el sur, comprende Siam y Camboya) confiado al Vicario Apostólico Mons. Lambert de la Motte; y Giao Phan Dang Ngoai (Vicariato Apostólico en el norte, abarca una parte meridional de China), confiado a Mons. Francois Pallu.

1663: inicio de la persecución; expulsión de los últimos jesuitas.

1668: Ordenación en el Seminario Ayuthia de los 2 primeros sacerdotes, uno del Tonchino y el otro de la Cocincina.

1954: División de Vietnam: el norte bajo el régimen comunista, el sur bajo el régimen democrático; un millón de prófugos abandona el norte para buscar la libertar en el sur.

1960: 24 de noviembre, institución de la Jerarquía.

1975: 30 de abril, con la invasión de los comunistas del norte el país es unificado por la fuerza bajo el régimen comunista. Consecuencias: clausura de los seminarios y noviciados; confiscación de escuelas católicas; encarcelamiento del Coadjutor de Saigón, expulsión del Delegado Apostólico, injerencias y rígido control de las autoridades en los nombramientos de Obispos y ordenaciones sacerdotales. Los contactos entre la Santa Sede y los Obispos son difíciles.

1980: 1era Asamblea plenaria de la Conferencia Episcopal tras la unificación. La Carta pastoral de 1980 afirma la orientación pastoral: “Vivir el Evangelio en el seno del pueblo para servir al pueblo”. El 17 de junio, el primer grupo de Obispos realiza su visita Ad Limina Apostolrum, guiado por el Card. Giuseppe Maria Trinh Van Can. Desde el 9 de septiembre un segundo grupo será guiado por el Arzobispo Mons. Paolo Nguyen Van Binh.

1988: Canonización de 117 mártires, entre estos 11 misioneros españoles y 10 franceses.

1989: Visita del Cardinal Roger Etchegaray, Enviado Especial del Papa Juan Pablo II, a 10 diócesis de las 25 de todo el país;

1990: Primera Delegación de la Santa Sede en Vietnam, guiada por el Cardenal Roger Etchegaray para tratar con el Gobierno. Se realizan sucesivamente otras 15 visitas; la última Delegación, la XVI realizó la visita del 16 al 21 de febrero 2009. (2 – continúa) (PA) (Agencia Fides 24/06/2009; líneas 49 palabras 724)


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VATICANO - “Ave María” por mons. Luciano Alimandi - El Año Sacerdotal


Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – El Año Sacerdotal inaugurado por el Papa Benedicto XVI es una gran ocasión de gracia, sobre todo para nosotros sacerdotes, para hacernos redescubrir y profundizar la vocación de servidores del Señor. “No me habéis escogido vosotros a mí, sino que yo os he escogido a vosotros” (Jn 15, 16), Jesús dice claramente a sus primeros apóstoles – y así también e los apóstoles de todos los tiempos – que la llamada sacerdotal surge de su Corazón. No es una iniciativa de los hombres sino de Dios.

La raíz de toda auténtica vocación debe ser, por lo tanto, buscada sólo en Él: “el Señor desde el seno materno me ha llamado, desde el seno de mi madre ha pronunciado mi nombre” (Is 49, 1). Lo sabemos, el principal objetivo por el que hemos sido llamados, lo podemos encontrar siempre y solamente en la Palabra de Jesús. Él nos ha llamado y Él nos ha hecho conocer claramente su Voluntad acerca de nosotros. San Pablo sintetiza así la Voluntad de Dios, válida para todo cristiano y, por lo tanto, con mayor razón para todo sacerdote, que debe ser un pastor para las almas que le son confiadas: “esta es la voluntad de Dios, vuestra santificación” (1Ts 4, 3).

El sacerdote no debería olvidar que el fin de su llamada es justamente la santidad. ¿Cómo se podría, en efecto, llegar a ser amigos de Jesús sin imitar sus virtudes, a partir de las centrales de su Corazón? “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón” (Mt 11, 29). Cuántos pasajes del Evangelio subrayan el ardiente deseo de Jesús de que sus discípulos anhelen la santidad. “Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial” (Mt 5, 48). Si la razón más profunda de la llamada al sacerdocio no puede ser sino la santidad, entonces se hace imperativa para todo ministro sagrado, la tensión cotidiana hacia la conversión de vida. La santidad sacerdotal, en efecto, como toda otra santidad de vida, es necesario “conquistarla”, día tras día, incluso en medio a tantos límites y fragilidades humanas.

El camino de conversión no debe ser nunca interrumpido porque, si esto ocurriese, la energía espiritual del sacerdote disminuiría peligrosamente hasta el peligro del colapso: cuando faltan las fuerzas para seguir adelante. “Seguir adelante” significa, ante todo, no dejar de combatir contra el propio egoísmo, en el sacrificio del propio “yo” y de sus múltiples intereses que llevan lejos de los intereses de Dios. El Evangelio, en efecto, pone como condición esencial para “seguir” a Jesús justamente esta negación: “si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y me siga” (Mc 8, 34). El más grande combate espiritual del sacerdote, consiste en olvidarse a sí mismo, para no anteponer nada a Jesús. “Tu te preocupas y te agitas por muchas cosas, pero una sola cosa es necesaria. María ha escogido la parte mejor, que no le será arrebatada” (Lc 10, 41-42). La única cosa necesaria para un sacerdote es Jesús. Si se desea imitarlo verdaderamente, el Señor no permitirá nunca que se permanezca sin Él, que se pierda el bien tan precioso de la gracia.

Nadie puede quitarle a un alma la intimidad con Jesús. Sólo el alma misma puede hacerlo, si comienza a descuidar la vida de comunión con Dios, nutrida por los sacramentos y por su Palabra meditada y vivida, acompañada por una auténtica vida de oración y de caridad. La amistad con Jesús es la meta primaria de la llamada al sacerdocio, de la que depende todo lo demás: “vosotros sois mis amigos si hacéis lo que os he mandado... Os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer” (Jn 15, 14ss). Si en lugar de las palabras de Jesús ponemos las nuestras, anteponiendo nuestros intereses humanos a sus intereses divinos, si nos trazamos objetivos que no son inspirados por Él sino por el mundo, entonces dejamos de ser “amigos” y se comienza a ser traidores. No es el sacerdocio ministerial que se desnaturaliza, sino el ministro que pierde el “sabor” (cf. Mt. 5, 13) y la irradiación de esa extraordinaria “amistad” que Jesús le había ofrecido llamándolo a sí, “para que estuviera con Él” (Mc 3, 14). Se puede entonces decir que se aprende a ser aquello que se debe ser, es decir sacerdotes, sólo “estando con Jesús”. “Permaneced en mi amor” (Jn 15, 9), esto lo ha pedido Jesús a los primeros apóstoles y esto le pide a todos los demás. “Permanecer” es un verbo que nos remite al misterio eucarístico: Él permanece con nosotros en la Eucaristía, para que también nosotros permanezcamos con Él.

El Santo Padre Benedetto XVI ha hecho de la exhortación a la amistad con Jesús el punto central de su Magisterio. Muchas veces ha recordado a los sacerdotes que es de la intimidad con Dios que depende todo lo demás. Sin una auténtica vida de oración, que termina en la cotidiana, digna celebración de la Santa Misa y en la adoración de la Santísima Eucaristía, no puede haber santidad sacerdotal y verdadera fecundidad apostólica. Sólo unido a la vid el sarmiento da fruto, de otro modo se seca (cf. Jn 15, 4ss).

El Papa Benedicto XVI señala a los ministros sagrados la lógica eucarística como modelo de pensamiento y de vida: “Sólo de la unión con Jesús podéis obtener la fecundidad espiritual que genera esperanza en vuestro ministerio pastoral. San León Magno recuerda que ‘nuestra participación en el cuerpo y la sangre de Cristo sólo tiende a convertirnos en aquello que recibimos’ (Sermón 12, De Passione 3, 7: PL 54). Si esto es verdad para cada cristiano, con mayor razón lo es para nosotros, los sacerdotes. Ser Eucaristía. Que este sea, precisamente, nuestro constante anhelo y compromiso, para que el ofrecimiento del cuerpo y la sangre del Señor que hacemos en el altar vaya acompañado del sacrificio de nuestra existencia. Cada día el Cuerpo y la Sangre del Señor nos comunica el amor libre y puro que nos hace ministros dignos de Cristo y testigos de su alegría. Es lo que los fieles esperan del sacerdote: el ejemplo de una auténtica devoción a la Eucaristía; quieren verlo pasando largos ratos de silencio y adoración ante Jesús, como hacía el santo cura de Ars, al que vamos a recordar de forma particular durante el ya inminente Año sacerdotal” (Benedicto XVI, homilía en la solemnidad del Corpus Domini, 11 de junio de 2009).


Quién más que la Virgen María, “Mujer Eucarístca” y Madre de los sacerdotes, puede enseñarnos esta lógica eucarística: perderse a sí mismo para recibirlo a Él; quien más que Ella puede ayudarnos a seguir el camino de la “expropiación” de nosotros mismos, para que “Cristo viva en nosotros” (cf. Gál 2, 20) (Agencia Fides 24/6/2009; líneas 71, palabras 1136)


Publicado por verdenaranja @ 22:47  | A?o Sacerdotal
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REDACCIÓN DE "IGLESIA NIVARIENSE"

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Boletín 343

 

El 27 de junio, en la parroquia de San Pedro, en Breña Alta, tendrá lugar el encuentro Nacional de la Adoración Nocturna Española. La jornada comenzará a las 17:00 horas con la concentración de los adoradores en la plaza de La Lealtad para posteriormente acudir a una charla-coloquio en el salón de actos de la Sociedad Atlántida. La Eucaristía será presidida por el Obispo, Bernardo Álvarez a las 20:30 horas.

 

El jueves, 25 de junio, está previsto que se plante un ejemplar del árbol de Esquisúchil, también conocido como árbol del santo Hermano Pedro, en el jardín conocido como del obispo Rey Redondo de la Sede del Obispado. En dicho espacio también se van a instalar algunos recuerdos del edificio siniestrado.  

 

Esta semana se ha reunido en el Santuario de Las Nieves, en La Palma, la Comisión preparatoria de la Bajada de la Virgen de las Nieves, presidida por el vicario general, Domingo Navarro, con objeto de seguir programando dicha Bajada. Esta esperada festividad se iniciará con la bajada del trono de la Virgen el 4 de julio de 2010. La imagen descenderá a la ciudad de Santa Cruz de La Palma el 17 del mismo mes, donde permanecerá hasta el 5 de agosto.

 

No abandonamos La Palma porque el Obispo, Bernardo Álvarez ha nombrado párroco de Nuestra Señora de Montserrat, en Los Sauces a Antonio Manuel Pérez Pérez, el cual venía desarrollando sus tareas pastorales hasta el momento en Argual. Pérez sustituirá en el mes de julio a don Amado que ya se jubila tras una dilatada vida ministerial.

 

Por otro lado, los catequistas de La Palma están convocados a un cursillo  titulado Pablo: creyente, apóstol y catequista. El mismo lo dirigirá José Francisco Checa en el monasterio del Císter entre el 6 y el 8 de Julio.

 

Este viernes comienzan los actos previos a la 67 edición de la Bajada de la Virgen de Los Reyes, en El Hierro.  Ese día serán trasladadas las imágenes de S. Telmo, S. Juan y S. Lorenzo hasta la parroquia de La Concepción, las cuales acompañarán a la patrona en su entrada en la Villa el próximo sábado cuatro de julio.

 

Precisamente, en El Hierro estuvo el Obispo, participando en el encuentro insular tenido en la Dehesa y asistiendo también a un ensayo con los bailarines de la isla desarrollado en la Cruz de Los Reyes.

 

La Consejería de Sanidad y Cáritas Diocesana han firmado un convenio para asistir a personas en exclusión social debido al consumo de drogas. El acuerdo, formalizado por la Dirección General de Atención a las Drogodependencias, acogerá a personas con un perfil determinado y que pertenezcan al área del Valle de La Orotava. Este nuevo convenio se suscribe tras el cambio que ha experimentado la realidad de los sin techo en la provincia de Santa Cruz de Tenerife y el aumento de casos que se encuentran en Proceso de Exclusión Social.

 

El pasado 22 de junio, tuvo lugar en la iglesia de El Palmar, en Buenavista el acto de despedida oficial de la comunidad de las Misioneras de las Doctrinas Rurales. El obispo, Bernardo Álvarez presidió la celebración en la que agradeció el trabajo pastoral que durante dos años han realizado estas religiosas llevando su testimonio de fe y su apostolado a Buenavista. 

 

El fervor y la devoción que sienten los habitantes de la localidad palmera de El Paso se materializa a través del ingenio plasmado en los tapices, arcos y alfombras creados con motivo de las fiestas del Sagrado Corazón de Jesús, que protagoniza cada mes de junio una de las fiestas más entrañables de la Isla.

 

El calendario festivo no deja de crecer. A S. Juan le sucederá S. Pedro y S. Pablo y pronto la fiesta de la Virgen del Carmen. Estos días, igualmente, en los Llanos de Aridane, por ejemplo, se están celebrando las llamadas fiestas de la Patrona.

 

Comienza el verano. Es tiempo de formación. Por ello el ISTIC ha programado su tradicional Escuela de Verano, con una interesante oferta para todos los agentes de pastoral.  

 

El pasado 20 de Junio se celebró la Jornada Diocesana de Catequesis de Adultos, bajo el lema: “Pablo, adulto en la fe”. La misma tuvo lugar en el Seminario Diocesano. 

 

Entre el 30 de junio y el 2 de julio tendrán lugar las jornadas de formación permanente del clero. En esta ocasión el núcleo temático será “El duelo”. El profesor en el Instituto Internacional de Pastoral Sanitaria “Camillianum” de Roma, P. Arnaldo Pangrazzi será el encargado de guiar estas jornadas que se dividirán en sesiones de mañana para el clero (de 10:00 a 13:00 horas) y de tarde, para todos los agentes de pastoral (de 19:30 a 21:30 horas). Pangrazzi abordará cuestiones como: aprender a decir adiós, tipos de duelo, comportamientos a evitar y a cultivar con quien está en duelo, etc.

“Tomamos la palabra te damos la palabra” es el lema de las Jornadas de Animación Parroquial que se inaugurarán el 25 de junio, a las 18:00 horas en el centro “Los Canarios”, en Fuencalinete, La Palma. Se trata de una iniciativa organizada por la Acción Católica General de Canarias que incluye conferencias, oración, testimonios y diversos conciertos, entre ellos, el de la Hermana Glenda.

 

El sábado, 27 de junio, a las 19:00 horas, en la sala de actos del Seminario Diocesano de Tenerife, tendrá lugar la proyección de la película “Bella”. Tras la misma, se desarrollará un diálogo abierto sobre el aborto y se presentará la página web: www.derechoavivir.org. La entrada será gratuita. 

 

Del 18 al 23 de julio se llevará a cabo en el Seminario Diocesano un cursillo de discernimiento vocacional sacerdotal. El mismo está destinado para aquellos chicos que, teniendo aprobado 6º de Primaria o cursando algún curso de la ESO, han manifestado, explícitamente, su deseo de ser sacerdote y formar parte del Seminario.

 

El pasado viernes tuvo lugar la reapertura y bendición, tras las obras de rehabilitación, de la Sede del Obispado, en La Laguna. El prelado agradeció a tantas empresas y particulares que han hecho posible la restauración del emblemático edificio e indicó que, posiblemente, en agosto comience el traslado a la sede oficial del Obispado.

 

Todas las autoridades coincidieron en que el lamentable incendio ocurrido en enero de 2006 sirvió de revulsivo para que la sociedad trabajara en la misma línea y con el objetivo de recuperar un espacio que contempla ya cuatro siglos de historia. 

 

“El Santo hermano Pedro y el árbol Esquisúchil”, es el título de la conferencia que tuvo lugar el día 22 de junio, en las Casas Capitulares de La Laguna. En el acto intervinieron Macario López, rector de la Cueva del Santo Hermano Pedro, en El Médano, Miguel F. Torres, biólogo y químico guatemalteco recuperador del Árbol del Hermano Pedro, y José González, canónigo de la Catedral y co-autor del libro “El Santo Hermano Pedro de San José Betancur”.

 

Por otro lado, el rector del Espacio Religioso “Cueva del Santo Hermano Pedro”, Macario López impartirá la conferencia titulada “El Santo hermano Pedro y el árbol Esquisúchil”, el 27 de junio a las 20:30 horas en el salón principal de la parroquia de Nuestra Señora de la Merced, de El Médano. Asimismo, el 29 de junio a las 12:30 horas, tendrá lugar la siembra de un ejemplar de este árbol, donado por Miguel Torres, en el Espacio Religioso “Cueva del Santo Hermano Pedro”. 

 

El próximo 17 de julio, a las 18 horas, en el monasterio de Santa Clara, de La Laguna, realizará la Profesión Solemne Sor María Jesús de la Eucaristía Jorge Barquero.

 

El pintor y dibujante tinerfeño Manolo Sánchez expone una de sus series de dibujos dedicadas a Sor María de Jesús, en la Casa de Canarias en Madrid, donde permanecerá hasta el 4 de julio. La colección titulada “Huellas de la Sierva”, está integrada por cuarenta obras realizadas a plumilla que describen los principales escenarios arquitectónicos en los que vivió la Siervita. 

 

El Ayuntamiento de Candelaria ha firmado un convenio con la Fundación Canaria Caja Siete, la Asociación de Ganaderos de Tenerife, la Asociación Provincial de Agricultores y Ganaderos y la Basílica de Candelaria, con el objetivo de impulsar la Romería y la ofrenda folclórica, floral y frutal a la Patrona de Canarias, la Virgen de Candelaria, que se celebra cada 14 de agosto.


Mi?rcoles, 24 de junio de 2009

ZENIT ofrece el discurso pronunciado el jueves, 24 de Junio de 2009, por el Papa Benedicto XVI ante los peregrinos congregados en la Plaza de San Pedro para la audiencia general de los miércoles.

 

 

Queridos hermanos y hermanas:

El pasado viernes 19 de junio, Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús y Jornada tradicionalmente dedicada a la oración por la santificación de los sacerdotes, he tenido la alegría de inaugurar el Año Sacerdotal, proclamado con ocasión del1 aniversario del 150º "nacimiento para el Cielo" del cura de Ars, san Juan Bautista María Vianney. Y entrando en la Basílica Vaticana para la celebración de las Vísperas, casi como primer gesto simbólico, me he detenido en la Capilla del Coro para venerar la reliquia de este santo Pastor de almas: su corazón. ¿Por qué un Año Sacerdotal? ¿Por qué precisamente en recuerdo del santo cura de Ars, que aparentemente no hizo nada de extraordinario?


La Providencia
divina ha hecho que su figura se acercase a la de san Pablo. Mientras de hecho se está concluyendo el Año Paulino, dedicado al apóstol de los gentiles, modelo de extraordinario evangelizador que ha realizado diversos viajes misioneros para difundir el Evangelio, este nuevo año jubilar nos invita a mirar a un pobre agricultor convertido en humilde párroco, que llevó a cabo su servicio pastoral en un pequeño pueblo. Si los dos santos se diferencian mucho por los trayectos vitales que les han caracterizado -uno viajó de región en región para anunciar el Evangelio, el otro acogió a miles y miles de fieles permaneciendo siempre en su pequeña parroquia-, hay sin embargo algo fundamental que les une: y es su total identificación con su propio ministerio, su comunión con Cristo que hacía decir a san Pablo: "No vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí" (Gálatas 2,20). Y a san Juan María Vianney le gustaba repetir: "Si tuviésemos fe, veríamos a Dios escondido en el sacerdote como una luz tras el cristal, como el vino mezclado con el agua". El objetivo de este Año Sacerdotal, como he escrito en la carta enviada a los sacerdotes para esta ocasión, consiste en favorecer la tensión de todo presbítero "hacia la perfección espiritual de la cual depende sobre todo la eficacia de su ministerio", y ayudar ante todo a los sacerdotes, y con ellos a todo el Pueblo de Dios, a redescubrir y revigorizar la conciencia del extraordinario e indispensable don de la Gracia que el ministerio ordinario representa para quien lo ha recibido, para la Iglesia entera y para el mundo, que sin la presencia real de Cristo estaría perdido.


Indudablemente han cambiado las condiciones históricas y sociales en las cuales se encontró el cura de Ars y es justo preguntarse cómo pueden los sacerdotes imitarlo en la identificación con su propio ministerio en las actuales sociedades globalizadas. En un mundo en el que la visión común de la vida comprende cada vez menos lo sagrado, en cuyo lugar lo "funcional" se convierte en la única categoría decisiva, la concepción católica del sacerdocio podría correr el riesgo de perder su consideración natural , incluso dentro de la conciencia eclesial. No es casual que tanto en los ambientes teológicos, como también en la práctica pastoral concreta y de formación del clero, se contrastan, e incluso se oponen, dos concepciones distintas del sacerdocio. Subrayé a propósito de esto hace algunos años que existen "por una parte una concepción social-funcional que define la esencia del sacerdocio con el concepto de 'servicio': el servicio a la comunidad, en la realización de una función... Por otra parte, está la concepción sacramental-ontológica, que naturalmente no niega el carácter de servicio del sacerdocio, sino que lo ve anclado en el ser del ministro y considera que este ser está determinado por un don concedido por el Señor a través de la mediación de la Iglesia, cuyo nombre es sacramento" (J. Ratzinger, Ministerio y vida del Sacerdote, en Elementi di Teologia fondamentale. Saggio su fede e ministero, Brescia 2005, p.165). También la mutación terminológica de la palabra "sacerdocio" hacia el sentido de "servicio, ministerio, encargo", es signo de esta concepción distinta. A la concepción ontológica-sacramental está ligado el primado de la Eucaristía, en el binomio "sacerdocio-sacrificio", mientras que a la otra correspondería el primado de la palabra y del servicio del anuncio.


Bien mirado, no se trata de don concepciones contrapuestas, y la tensión que con todo existe entre ellas debe resolverse desde dentro. Así el decreto Presbyterorum ordinis del Concilio Vaticano II afirma: "Es precisamente por medio del anuncio apostólico del Evangelio que el pueblo de Dios es convocado y reunido, de modo que todos... puedan ofrecerse a sí mismos como 'hostia viva, santa, agradable a Dios' (Romanos 12,1), y es precisamente a través del ministerio de los presbíteros que el sacrificio espiritual de los fieles se hace perfecto en la unión con el sacrificio de Cristo, único mediador. Este sacrificio, de hecho, por mano de los presbíteros y en nombre de toda la Iglesia, se ofrece en la Eucaristía de modo incruento y sacramental, hasta el día de la venida del Señor" (n. 2).


Nos preguntamos entonces: "¿Qué significa propiamente, para los sacerdotes, evangelizar? ¿En qué consiste el llamado primado del anuncio?". Jesús habla del anuncio del Reino de Dios como del verdadero objetivo de su venida al mundo y su anuncio no es sólo un "discurso". Incluye, al mismo tiempo, su mismo actuar: los signos y los milagros que realiza indican que el Reino viene al mundo como realidad presente, que coincide en último término con su misma persona. En este sentido, es obligatorio recordar que, también en el primado del anuncio, palabra y signo son inseparables. La predicación cristiana no proclama "palabras", sino la Palabra, y el anuncio coincide con la misma persona de Cristo, ontológicamente abierta a la relación con el Padre y obediente a su voluntad. Por tanto, un auténtico servicio a la Palabra requiere por parte del sacerdote que tienda a una abnegación profunda de sí mismo, hasta decir con el Apóstol: "No vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí". El presbítero no puede considerarse "amo" de la palabra, sino siervo. Él no es la palabra, sino que, como proclamaba Juan el Bautista, del que celebramos precisamente hoy su nacimiento, es "voz" de la Palabra: "Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezar sus sendas" (Marcos 1,3).


Ahora bien, ser "voz" de la Palabra no constituye para el sacerdote un mero aspecto funcional. Al contrario presupone un sustancial "perderse" en Cristo, participando en su misterio de muerte y de resurrección con todo el propio yo: inteligencia, libertad, voluntad y ofrecimiento de los propios cuerpos, como sacrificio vivo (Cf. Romanos 12,1-2). ¡Sólo la participación en el sacrificio de Cristo, en su kenosis, hace auténtico el anuncio! Y este es el camino que debe recorrer con Cristo para llegar a decir al Padre junto con Él: se haga "no lo que yo quiero sino lo que tú quieres" (Marcos 14,36). El anuncio, por tanto, comporta siempre también el sacrificio de sí, condición para que el anuncio sea auténtico y eficaz.


Alter Christus, el sacerdote está profundamente unido al Verbo del Padre, que encarnándose ha tomado la forma de siervo, se ha hecho siervo (Cf. Filipenses 2,5-11). El sacerdote es siervo de Cristo, en el sentido de que su existencia, configurada ontológicamente con Cristo, asume un carácter esencialmente relacional: el está en Cristo, para Cristo y con Cristo al servicio de los hombres. Precisamente porque pertenece a Cristo, el sacerdote está radicalmente al servicio de los hombres: es ministro de su salvación, de su felicidad, de su auténtica liberación, madurando, en esta asunción progresiva de la voluntad de Cristo, en la oración, en el está "unido de corazón" con Él. Esta es por tanto la condición imprescindible de todo anuncio, que conlleva la participación en el ofrecimiento sacramental de la Eucaristía y la obediencia dócil a la Iglesia.


El santo cura de Ars repetía a menudo con lágrimas en los ojos: "¡Qué miedo da ser sacerdote!". Y añadía: "¡Qué lamentable es un sacerdote cuando celebra la Misa como un hecho ordinario! ¡Qué desgraciado es un sacerdote sin vida interior!". Que el Año Sacerdotal conduzca a todos los sacerdotes a identificarse totalmente con Jesús crucificado y resucitado, para que, a imitación de san Juan Bautista, estemos dispuestos a "disminuir" para que Él crezca; para que, siguiendo el ejemplo del Cura de Ars, adviertan de forma constante y profunda la responsabilidad de su misión, que es signo y presencia se la infinita misericordia de Dios. Confiemos a la Virgen, Madre de la Iglesia, el Año Sacerdotal apenas comenzado y a todos los sacerdotes del mundo.

 

[Al final de la audiencia, el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:]

Queridos hermanos y hermanas:

El pasado viernes, solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, tuve la alegría de inaugurar el Año Sacerdotal, con ocasión del ciento cincuenta aniversario de la muerte de san Juan María Vianney. El objetivo de este Año, como he escrito en la carta que he enviado a los sacerdotes, es renovar en cada uno de ellos la aspiración a la perfección espiritual, de la que depende en gran medida la eficacia de su ministerio. Asimismo, esta iniciativa servirá para reforzar en todo el Pueblo de Dios la conciencia del don inmenso que supone el ministerio ordenado para quien lo ha recibido, para toda la Iglesia y para el mundo. Espero que este Año Sacerdotal sea un tiempo de abundantes gracias para todos los sacerdotes, en el que profundicen en su íntima unión con Cristo crucificado y resucitado. Que a imitación de San Juan Bautista, cuya fiesta celebramos hoy, estén dispuestos a "disminuir" para que Él crezca, y así, siguiendo también el ejemplo del Cura de Ars, consideren la enorme responsabilidad de la misión que les ha sido encomendada, que es signo y presencia de la infinita misericordia de Dios.


Saludo cordialmente a los fieles de lengua española aquí presentes. En particular, a los peregrinos de la Arquidiócesis de Tulancingo, con su Arzobispo, Mons. Domingo Díaz Martínez, y de la Diócesis de Alcalá de Henares, con su Obispo, Mons. Juan Antonio Reig Pla, así como a los demás grupos venidos de España, Honduras, México y de otros países latinoamericanos. Os aliento para que en este Año Sacerdotal encomendéis de un modo especial a todos vuestros sacerdotes.

 

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez

© Copyright 2009 - Libreria Editrice Vaticana]


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Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – En ocasión de la visita Ad Limina Apostolorum de los Obispos de Vietnam, iniciada el 22 de junio, Agencia Fides publicará algunos datos relativos a la vida de la Iglesia, la religión, economía y sociedad vietnamita. La primera nota está dedicada a la situación de la Iglesia católica.

A nivel estadístico la Iglesia ofrece un cuadro alentador: los católicos en el 2002 eran 5.314.628, hoy son 6.150 726, con un incremento de 15,73%. Los católicos representan el 6,79% de la población total. Los sacerdotes diocesanos son hoy 2.877 (2.133 en el 2002), con un aumento del 34,88%. Las religiosas 13.675 (9.654 en el 2002), con un aumento del 41,65%, 2.186 seminaristas mayores (1.580 en el 2002), con un aumento del 38,36%.

Como es sabida, la Iglesia en Vietnam ha vivido momentos trágicos. Tras la instauración del régimen comunista, unos 500 sacerdotes dejaron el país, cientos de sacerdotes fueron hechos prisioneros. Las escuelas católicas, los hospitales, los institutos de beneficencia y las obras sociales fueron confiscadas. Todos los Seminarios Mayores y Menores fueron clausurados y reabiertos solo varios años después, con un número limitado de alumnos. Las actividades religiosas eran limitadas y controladas por el gobierno.

Hoy en día se nota una mejora general de tal situación.

El gobierno fundó la “Asociación de católicos patrióticos”, con la intención de crear una Iglesia patriótica como en China. Si bien no ha logrado alcanzar completamente tal objetivo, esta Asociación ha causado no pocos problemas a la Iglesia. A la Conferencia Episcopal no le estaba permitido reunirse hasta 1980, y de ahí en adelantes cada vez que se reunía tenía que pedir autorización al gobierno que controlaba la agenda y las cartas pastorales de los Obispos. Hoy este permiso no es más necesario. En las últimas décadas, el gobierno ha cambiado su actitud hacia la Iglesia católica, reconociendo su utilizada por el bien de la nación. Incluso en estos últimos años es posible una cierta libertad de movimiento para los sacerdotes y religiosas en las propias diócesis, sin embargo el gobierno continua controlando las actividades del personal eclesiástico y manifestado su aprobación sobre los nombramientos de los Obispos.

El Episcopado
El Episcopado vietnamita está compuesto por un Cardenal Arzobispo Metropolitano, 2 Arzobispos Metropolitanos, 22 Obispos titulares, 2 Coadjutores, 5 Auxiliares, para un total de 32 Obispos activos y 13 eméritos.

Del 2003 al 2009 fueron nombrados 13 Obispos tras las tratativas con el Gobierno y su bienestar. Los Obispos son fieles al Papa y a la Santa Sede. Sus relaciones con la Santa Sede no son frecuentes, tanto a nivel de Conferencia Episcopal como a nivel personal. Antes de la Asamblea de la Conferencia Episcopal, los representantes de las autoridades civiles (Oficina para los Asuntos Religiosos) saludan a los Obispos. Tras la reunión algunos Obispos representantes devuelven la visita de cortesía.

Las Comisiones Episcopales son 15: Doctrina de la Fe, Biblia, Liturgia. Arte Sacra, Música, Evangelización, Clero y Seminario, Religiosos y Religiosas. Laicos, Pastoral de la Familia, Juventud, Migrantes, Caridad Social, Cultura y Comunicaciones Sociales.

Las elecciones para los encargos actuales de la Conferencia Episcopal se realizaron en la X Asamblea anual (8-12 octubre del 2007), para un mandato de 3 años (2007-2020). Los cargos actuales son: Presiente de la Conferencia Episcopal: Su Exc. Mons. Pierre Nguyen Van Nhon, Obispo de Dalat; Vicepresidente: Su Exc. Mons. Joseph Nguyen Chi Linh, Obispo de Thanh Hoa; Secretario General: Su Exc. Mons. Joseph Ngo Quang Kiet, Arzobispo de Hanoi.

Sacerdotes
Los sacerdotes son 3.503 (2.877 diocesanos, 626 religiosos), comprometidos en la pastoral con los fieles bautizados. Hay un buen número de sacerdotes estudiantes en Roma. En el año académico 2008-2009, unos 60 sacerdotes diocesanos y religiosos frecuentaron las Pontificias Universidades de Roma. Un número análogo de sacerdotes estudiantes se encuentra en Francia, acogidos por los Padres de la Sociedad para las Misiones Extranjeras de París (MEP).

Religiosos y religiosas
Los sacerdotes religiosos son 626. Los hermanos religiosos son 1688, 1175 de estos están en Ho chi Minh City y 247 en la diócesis de Xuan Loc. Las religiosas son 13.675, muy apreciadas por todos por sus actividades desarrolladas discreta y eficazmente. Cuidan de minusválidos, trabajan en hospitales, leprosorios, orfanatorios, asilos, dando un maravilloso testimonio cristiano y evangélico. Con frecuencia los sacerdotes ayudan en la labor pastoral parroquial enseñando el catequismo. Entre las religiosas hay fuertes ganas de renovación y de conocer la Palabra de Dios: Organizan cursos de estudio teológicos y de actualización. Desde hace unos años se organiza un seminario anual para ellas en Ho chi minh city. Actualmente existen unas sesenta religiosas, pertenecientes a diversas congregaciones, que estudian en Roma.

Los seminaristas
Se cuentan actualmente 6 Seminarios Mayores Interdiocesanos, con un total de 2.186 seminaristas (1.580 en el 2002). En todas las diócesis se organizan seminarios propedéuticos para preparar a los estudiantes universitarios que desean entrar al Seminario Mayor. Son llamados “pre seminaristas”.
Los Seminarios mayores están en: Ho chi minh city, Can Tho, Nha Trang, Vinh Thanh, Hanoi. El Seminario de Nha Trang está afiliado a la Pontificia Universidad Urbaniana de Roma. Una segunda sección del seminario de Ho Chi Minh city ha sido abierta hace dos años en Xuan Loc, y recibe a seminaristas de 4 diócesis: Xuan Loc, Bà Ria, Phan Thiet, Dalat. La diócesis de Bui Chu tiene en mente abrir dentro de un año un nuevo Seminario Interdiocesano para seminaristas de las diócesis de Bac Ninh, Thai Binh, Hai Phong, Bui Chu. Algunos jóvenes sacerdotes formados en Roma y en Francia ya están de vuelta en las propias diócesis para enseñar en este nuevo Seminario.
Las vocaciones son numerosas. El gobierno no impone más un número cerrado de seminaristas para cada Seminario. Se necesitan formadores en los seminarios de Vinh Thanh y de Hanoi.

Los laicos
Los laicos católicos son más de 6.150.726. La práctica religiosa es alta (80-90%). Los visitantes extranjeros se maravillan de la numerosa y ferviente participación de los fieles tanto en la misa del domingo como en la de los días de la semana. Los fieles muestran un interés particular por la Palabra de Dios y el estudio del catequismo. Están deseosos de contribuir con los propios esfuerzos y capacidades a la edificación y al desarrollo de la Iglesia y del país. En todas las diócesis y las parroquias, los fieles son reagrupados en organizaciones de apostolado laical.

Visitas ad Limina
Tras la unificación del país, realizada en 1975, la primera visita ad Limina Apostolorum de los Obispos fue en el diciembre de 1980. En 1990 se realizó una segunda visita ad Limina, gracias en parte al viaje del Cardenal Roger Etchegaray (1989) que inició una estación de dialogo con el gobierno. Las últimas visitas se han realizado en 1996 y en el 2002. (1 – continua)
(PA) (Agencia Fides 23/06/2009; líneas 93 palabras 1145)


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Carta del papa a los siete Cardenales Enviados Especiales a las celebraciones de clausura en los “lugares paulinos”.



Venerabili Fratri Nostro
VALTHERO S.R.E. Cardinali KASPER
Praesidi Pontificii Consilii ad Unitatem Christianorum fovendam


Postquam nonnulla eadem loca quae Gentium Apostolus calcavit, magno cum animi delectamento invisimus, Nos, universa cum Ecclesia Annum Paulinum celebrantes, theologicam eius spiritalemque doctrinam diligentissime perscrutamur dum plurima Pastorum incepta in terrarum orbe animi Nostri laetitia et propensione perspicimus. Mirabili enim modo sancti Pauli scripta de Christo eiusque salvifica opera, de unitate populi Dei, de rebus novissimis deque iustificatione et transitu a peccato ad libertatem Ecclesiae doctrinam saeculorum decursu illuminaverunt nec non praecipuum hodiernae etiam christianae considerationis et asceticae meditationis fontem constituunt.


Ille qui in iuventute Ecclesiam persequebatur Dei (cfr Gal 1,13), peculiarem accepit a Domino gratiam dum Damascum se conferret Eiusque vocem audiret: "Surge et ingredere civitatem, et dicetur tibi quid te oporteat facere" (Act 9,6). Post hunc cum Domino Resuscitato occursum conversus, Evangelium nuntiare coepit, novas instituere christianas communitates atque epistulas exarare quibus fideles, nostra etiam aetate, ad veram agendam conversionem adhortatur novumque spiritale iter prosequendum. Beatus ille Apostolus, qui dixit "Mihi vivere Christus est" (Philp 1,21), quoniam exemplar nobis est divinae voluntatis quaerendae et adimplendae, omnimodae Domino eiusque Ecclesiae deditionis nec non spiritus maxime ad humanum cultum aperti.


Quandoquidem Annus Apostolo Paulo dicatus ad finem iam vergit, placet Nobis eminentissimos quosdam Viros in illa loca mittere, in quibus praeclarus ille Christi Evangelii nuntiator vitam suam navitatemque gessit quaeque iure meritoque Loca Paulina appellari possunt. Inter ea peculiaris esse ponderis videtur Terra Sancta ubi ille Apostolos convenit et primi Concilii particeps exstitit.


Ad Te, Venerabilis Frater Noster, mentem vertimus, qui Pontificio praees Consilio ad Unitatem Christianorum fovendam, Teque hisce Litteris MISSUM EXTRAORDINARIUM NOSTRUM nominamus ad celebrationes exeuntis Anni Paulini, quae die XXIX proximi mensis Iunii, in sollemnitate videlicet sanctorum Petri et Pauli, Apostolorum, in Terra Sancta sollemniter agentur. De Domino Iesu loquens, quem Deus excitavit a mortuis (cfr Rom 10,9), omnes illic fideles adstantes adhortaberis ut precibus, meditatione nec non spiritalium necessitatum consideratione novatis viribus novoque studio divinam voluntatem quaerere atque fidei zelo in vita cotidiana fervere velint. Coram religiosis civilibusque auctoritatibus tum momentum personae et doctrinae Apostoli Gentium tum eius sollicitudo de totius generis humani salute ut innotescant operam dabis.


Cunctos Terrae Sanctae Pastores ceterosque sacros Praesules ibidem congregatos, sacerdotes, religiosos viros mulieresque et christifideles laicos ad maiorem usque spiritalem unitatem concitans, Nostro salutabis nomine Nostramque iis ostendes benevolentiam.


Nosmet Ipsi Te, Venerabilis Frater Noster, in tua missione implenda intercessioni ipsius Apostoli Gentium committimus dum precibus iam nunc Te comitamur. Benedictionem denique Apostolicam libentes Tibi impertimur, signum Nostrae erga Te benevolentiae et caelestium donorum pignus, quam omnibus celebrationum participibus rite largiri volumus.


Ex Aedibus Vaticanis, die XVI mensis Maii, anno MMIX, Pontificatus Nostri quinto.

BENEDICTUS PP. XVI


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ZENIT publica el discurso que pronunció Benedicto XVI el 28 de mayo de 2009 en el Aula del Sínodo del Vaticano a la Conferencia Episcopal Italiana.

 


Queridos hermanos obispos italianos:

Me alegra encontrarme una vez más con todos vosotros juntos, con ocasión de esta significativa cita anual, en la que os reunís en asamblea para compartir las preocupaciones y las alegrías de vuestro ministerio en las diócesis de la amada nación italiana. De hecho, vuestra asamblea expresa visiblemente y promueve la comunión de la que vive la Iglesia, y que se realiza también en la concordia de las iniciativas y de la acción pastoral.


Con mi presencia vengo a confirmar la comunión eclesial que he visto crecer y fortalecerse constantemente. Doy las gracias, en particular, al cardenal presidente, que en nombre de todos ha confirmado la adhesión fraterna y la comunión cordial con el magisterio y el servicio pastoral del Sucesor de Pedro, reafirmando así la singular unidad que vincula a la Iglesia de Italia con la Sede apostólica. Durante estos meses he recibido muchos testimonios conmovedores de esta adhesión. Os digo de todo corazón: ¡gracias! En este clima de comunión el pueblo cristiano, que experimenta la profunda inserción en el territorio, el vivo sentido de la fe y la sincera pertenencia a la comunidad eclesial -todo ello gracias a vuestra guía pastoral, al servicio generoso de tantos presbíteros y diáconos, y de religiosos y fieles laicos que, con su entrega constante, sostienen el entramado eclesial y la vida diaria de las numerosas parroquias esparcidas por todos los rincones del país-, se puede alimentar provechosamente de la Palabra de Dios y de la gracia de los sacramentos.


No ignoramos las dificultades que las parroquias encuentran al llevar a sus miembros a una plena adhesión a la fe cristiana en nuestro tiempo. No es casualidad que muchos pidan una renovación marcada por una colaboración cada vez mayor de los laicos y de su corresponsabilidad misionera.

Por estas razones, en la acción pastoral oportunamente habéis querido profundizar el compromiso misionero que ha caracterizado el camino de la Iglesia en Italia después del Concilio, poniendo en el centro de la reflexión de vuestra asamblea la tarea fundamental de la educación. Como he reafirmado en varias ocasiones, se trata de una exigencia constitutiva y permanente de la vida de la Iglesia, que hoy tiende a asumir carácter de urgencia e incluso de emergencia.


Durante estos días habéis tenido ocasión de escuchar, reflexionar y debatir sobre la necesidad de preparar una especie de proyecto educativo, que brote de una visión coherente y completa del hombre, como puede surgir únicamente de la imagen y realización perfecta que tenemos en Jesucristo. Él es el Maestro en cuya escuela se ha de redescubrir la tarea educativa como una altísima vocación a la que, con diversas modalidades, están llamados todos los fieles. En este tiempo, en el que es fuerte la fascinación de concepciones relativistas y nihilistas de la vida y en el que se pone en tela de juicio la legitimidad misma de la educación, la primera contribución que podemos dar es la de testimoniar nuestra confianza en la vida y en el hombre, en su razón y en su capacidad de amar.


Esta confianza no es fruto de un optimismo ingenuo, sino que nos viene de la "esperanza fiable" (Spe salvi, 1) que se nos da mediante la fe en la redención realizada por Jesucristo. Con referencia a este fundado acto de amor al hombre, puede surgir una alianza educativa entre todos los que tienen responsabilidades en este delicado ámbito de la vida social y eclesial.


La conclusión, el domingo próximo, del trienio del Ágora de los jóvenes italianos, en el que vuestra Conferencia ha llevado a cabo un itinerario articulado de animación de la pastoral juvenil, constituye una invitación a verificar el camino educativo que se está realizando y a emprender nuevos proyectos destinados a una franja de destinatarios, la de las nuevas generaciones, sumamente amplia y significativa para las responsabilidades educativas de nuestras comunidades eclesiales y de toda la sociedad.

Por último, la obra formativa se extiende también a la edad adulta, que no queda excluida de una verdadera responsabilidad de educación permanente. Nadie queda excluido de la tarea de ocuparse del crecimiento propio y del ajeno hasta "la medida de la plenitud de Cristo" (Ef 4, 13).


La dificultad de formar cristianos auténticos se mezcla, hasta confundirse, con la dificultad de hacer que crezcan hombres y mujeres responsables y maduros, en los que la conciencia de la verdad y del bien, y la adhesión libre a ellos, estén en el centro del proyecto educativo, capaz de dar forma a un itinerario de crecimiento global debidamente preparado y acompañado. Por esto, junto con un adecuado proyecto que indique la finalidad de la educación a la luz del modelo acabado que se quiere seguir, hacen falta educadores autorizados a los que las nuevas generaciones puedan mirar con confianza.


En este Año paulino, que hemos vivido con la profundización de la palabra y del ejemplo del gran Apóstol de los gentiles, y que de diversos modos habéis celebrado en vuestras diócesis y precisamente ayer todos juntos en la basílica de San Pablo extramuros, resuena con singular eficacia su invitación: "Sed imitadores míos" (1 Co 11, 1). Son palabras valientes, pero un verdadero educador pone en juego en primer lugar su persona y sabe unir autoridad y ejemplaridad en la tarea de educar a los que le han sido encomendados. De ello somos conscientes nosotros mismos, que hemos sido constituidos guías en medio del pueblo de Dios, a los que el apóstol san Pedro dirige, a su vez, la invitación a apacentar la grey de Dios "siendo modelos de la grey" (1 P 5, 3). También sobre estas palabras nos conviene meditar.


Así pues, resulta singularmente feliz esta circunstancia: después del año dedicado al Apóstol de los gentiles, nos disponemos a celebrar un Año sacerdotal. Juntamente con nuestros sacerdotes, estamos llamados a redescubrir la gracia y la tarea del ministerio presbiteral. Este ministerio es un servicio a la Iglesia y al pueblo cristiano, que exige una espiritualidad profunda. En respuesta a la vocación divina, esa espiritualidad debe alimentarse de la oración y de una intensa unión personal con el Señor, para poder servirle en los hermanos mediante la predicación, los sacramentos, una vida de comunidad ordenada y la ayuda a los pobres. En todo el ministerio sacerdotal resalta, de este modo, la importancia de la tarea educativa, para que crezcan personas libres, verdaderamente libres, es decir, responsables, cristianos maduros y conscientes.


No cabe duda de que del espíritu cristiano recibe vitalidad siempre renovada el sentido de solidaridad, que está profundamente arraigado en el corazón de los italianos y encuentra la manera de expresarse con particular intensidad en algunas circunstancias dramáticas de la vida del país, la última de las cuales ha sido el devastador terremoto que asoló algunas áreas de Los Abruzos. Como dijo ya vuestro presidente, durante mi visita a esa tierra trágicamente herida pude darme cuenta personalmente de los lutos, el dolor y los desastres producidos por ese terrible seísmo, pero también he constatado -y esto me ha impresionado enormemente- la fortaleza de espíritu de esas poblaciones, así como el movimiento de solidaridad que se activó inmediatamente en todas las partes de Italia. Nuestras comunidades han respondido con gran generosidad a la petición de ayuda que procedía de aquella región sosteniendo las iniciativas promovidas por la Conferencia episcopal a través de las Cáritas. Deseo renovar a los obispos de Los Abruzos, y a través de ellos a las comunidades locales, la seguridad de mi oración constante y de mi continua cercanía afectuosa.


Desde hace meses estamos constatando los efectos de una crisis financiera y económica que ha sacudido duramente al mundo entero y ha afectado en diversa medida a todos los países. A pesar de las medidas tomadas en varios niveles, se siguen sintiendo los efectos sociales de la crisis, e incluso duramente, de modo especial sobre las franjas más débiles de la sociedad y sobre las familias. Por eso, deseo expresaros mi aprecio y mi aliento por la iniciativa del fondo de solidaridad denominado "Préstamo de la esperanza", que precisamente el domingo próximo tendrá un momento de participación coral en la colecta nacional, que constituye la base del fondo mismo. Esta renovada petición de generosidad, que se añade a las numerosas iniciativas puestas en marcha por muchas diócesis, evocando el gesto de la colecta impulsada por el apóstol san Pablo en favor de la Iglesia de Jerusalén, es un testimonio elocuente de que unos comparten el peso de los otros. En este momento de dificultad, que afecta de modo especial a los que han perdido el empleo, eso es un verdadero acto de culto que brota de la caridad suscitada por el Espíritu del Resucitado en el corazón de los creyentes. Es un anuncio elocuente de la conversión interior generada por el Evangelio y una manifestación conmovedora de comunión eclesial.


Las Iglesias en Italia también están fuertemente comprometidas en una forma esencial de caridad: la caridad intelectual. Un ejemplo significativo es el compromiso en favor de la promoción de una mentalidad generalizada en favor de la vida, en todos sus aspectos y momentos, con una atención particular a la que se encuentra en condiciones de gran fragilidad y precariedad. Testimonia muy bien ese compromiso el manifiesto "Libres para vivir. Amar la vida hasta el final", por el que el laicado católico se empeña de forma unánime en trabajar para que no falte en el país la conciencia de la verdad plena sobre el hombre y la promoción del auténtico bien de las personas y de la sociedad. El "sí" y el "no" que se expresan en ese manifiesto definen los contornos de una auténtica acción educativa y son expresión de un amor fuerte y concreto por cada persona. Por eso, el pensamiento vuelve al tema central de vuestra asamblea -la tarea urgente de la educación- que exige el arraigo en la Palabra de Dios y el discernimiento espiritual, los proyectos culturales y sociales, el testimonio de la unidad y de la gratuidad.


Queridos hermanos en el episcopado, faltan ya pocos días para la solemnidad de Pentecostés, en la que celebraremos el don del Espíritu, que derriba las fronteras y abre a la comprensión de la verdad completa. Invoquemos al Consolador, que no abandona a quienes se dirigen a él, encomendándole el camino de la Iglesia en Italia y a toda persona que vive en este amadísimo país. Que venga sobre todos nosotros el Espíritu de vida y encienda nuestro corazón con el fuego de su amor infinito.


De corazón os bendigo a vosotros y a vuestras comunidades.

 

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Martes, 23 de junio de 2009

Homilía del obispo de Querétaro (México), monseñor Mario De Gasperín y Gasperín, al inicio del Año Sacerdotal, el viernes 19 de Junio de 2009, pronunciada en el templo de Santa Clara, dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, en la ciudad episcopal de Querétaro.


 Hermanas y hermanos:

1. Hoy celebramos, con toda la Iglesia, la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, fecha escogida por el santo Padre Benedicto XVI para inaugurar el Año Sacerdotal con el tema "Fidelidad de Cristo, fidelidad del sacerdote", recordando también el 150 aniversario de la muerte del santo Párroco de Ars san Juan María Vianney. Tres aspectos de un mismo misterio: a) El misterio del Amor de Dios manifestado en Cristo mediante el signo de su Corazón traspasado en el momento cumbre de su sacrificio en la Cruz; b) su Sacerdocio comunicado a los apóstoles en la institución de la santa Eucaristía, sacramento de su Amor; y c) la transmisión a la Iglesia de ese sacerdocio mediante el sacramento del Orden, cuyo modelo ejemplar de vida sacerdotal es el santo Párroco de Ars, san Juan María Vianney.

2. Aquí, en este templo parroquial, dedicado a honrar al Sagrado Corazón de Jesús, se encuentra también una significativa imagen de san Juan María Vianney, herencia de nuestros mayores; ésta es una circunstancia preciosa para sintonizar con el deseo del santo Padre el Papa Benedicto XVI de encomendar al Amor de Cristo a los ministros de su amor que son los sacerdotes. Hoy, solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús honramos y agradecemos a ese Corazón divino el regalo de su Amor a la Iglesia mediante su sacerdocio; y voy a comenzar citando algunas frases del santo Párroco de Ars sobre el Amor de Dios y el sacerdocio; decía, por ejemplo,: "El Sacerdocio: es el Amor del Sagrado Corazón de Jesús"; y comenta el Papa Benedicto en su Carta del 16 de junio: "Esta conmovedora expresión nos da pie para reconocer con devoción y admiración el inmenso don que suponen los sacerdotes, no sólo para la Iglesia, sino también para la humanidad misma". El sacerdocio católico es una bendición para toda la humanidad. Otros textos del santo párroco de Ars: "Si yo encontrara a un sacerdote y a un ángel, yo saludaría primero al sacerdote y después al ángel. Éste es amigo de Dios, pero el sacerdote ocupa su lugar". "Todo nos llega por medio de un sacerdote". "Ustedes no podrán señalar un solo beneficio de Dios, sin encontrar al lado de este recuerdo, la imagen de un sacerdote". "El sacerdote no se llega a comprender si no es en el cielo". "El sacerdote debe siempre permanecer sacerdote para responder a las necesidades de las almas". "Cuando se quiere destruir la religión, se comienza por atacar a los sacerdotes". Todos estos textos están tomados de sus escritos, (Cfr. "Jean-Marie Vianney, Curé D'Ars. Sa pensée - Son Coeur", de Bernard Nodet, Pgs. 110 y 101) que a más de uno ahora podrán parecer exagerados, pero que reflejan la altísima estima que tenía el santo Párroco de Ars por el sacerdocio y por su ministerio sacerdotal y, quizá o sin quizá, muestran nuestra debilitada fe y decadente estima por un "Don y Misterio" tan excelso, como llamaba el papa Juan Pablo II al sacerdocio católico.

3. El sacerdocio es la expresión clara del amor de Jesús manifestada en su corazón abierto y también coronado de espinas. Su corazón tuvo que ser traspasado por la lanza y coronado de espinas para que de allí brotara el sacerdocio cristiano. Esto quiere decir que el sacerdocio cristiano y la vida sacerdotal están y estarán siempre marcadas por el dolor, el sufrimiento y la incomprensión. Comenta el Papa: "¿Cómo no recordar tantos sacerdotes ofendidos en su dignidad, obstaculizados en su misión, a veces incluso perseguidos hasta ofrecer el supremo testimonio de su sangre?". Numerosos sacerdotes mexicanos sellaron su amor a Cristo y coronaron su ministerio con el martirio. En medio de situaciones tan difíciles, no deja también de haber, añade el Papa, "situaciones bastante deplorables, en las que la Iglesia misma sufre por la infidelidad de algunos de sus ministros. En estos casos es el mundo el que sufre el escándalo y el abandono". Estas heridas deben ser curadas y el sacerdocio de Cristo tiene que seguir brillando esplendoroso y alegre en un mundo opaco y en una humanidad ensombrecida, que lo necesita no sólo para tener vida en Cristo sino para poder sobrevivir, pues, como decía el santo Párroco de Ars: "Dejen una parroquia sin sacerdote veinte años y adorarán a las bestias". La humanidad, la sociedad, sin la presencia de los sacerdotes, se torna inhumana y vuelve a la barbarie.

4. Jesús, puesto de pie, exclamaba en los atrios del templo de Jerusalén: "El que tenga sed, que venga a mi y beba. De  aquel que cree en mi, brotarán torrentes de agua viva". Esto lo decía Jesús del Espíritu Santo que habrían de recibir todos los que creyeran en él. Esto lo dice aquí Jesús, para ustedes, hermanos confirmandos, por medio de su Obispo. Vengo a cumplir para ustedes esta promesa del Corazón de Jesús; vengo a darles el Don del Espíritu Santo, que es esa Fuente de agua viva que brota y salta hasta la vida eterna, que es capaz de elevarlos y llevarlos hasta Dios. Voy a citarles también algunas frases del santo párroco de Ars sobre el Espíritu Santo. Dice: "El Espíritu Santo es quien conduce las almas; sin Él, el alma nada puede. El alma poseída por Él es como una vid, de donde brota una vino sabroso cuando se la presiona. Sin el Espíritu Santo, el alma es como una piedra de donde nada se puede obtener". "El Espíritu Santo es como el jardinero que cultiva nuestra alma". "El Espíritu Santo es quien nos hace distinguir la verdad de la mentira, el bien del mal". "Quienes se dejan conducir por el Espíritu Santo experimentan toda clase de felicidad, más allá de ellos mismos; en cambio, los malos cristianos se revuelcan entre espinas y piedras". "Los que piensan que la práctica de la religión es aburrida, es que no tienen al Espíritu Santo". "En el cielo, nos alimentaremos del aliento (Espíritu) de Dios". (Obra citada, Pgs. 54ss).

5. Termino haciendo mía la oración de San Pablo, pues estamos a punto de concluir el año paulino. Así oraba san Pablo por sus fieles: "Me arrodillo ante el Padre, de quien procede toda paternidad en el cielo y en la tierra, para que, conforme a los tesoros de su bondad, les conceda que su Espíritu los fortalezca interiormente y Cristo habite por la fe en sus corazones. Así, arraigados y cimentados en el Amor, podrán comprender con todo el pueblo de Dios, la anchura y la longitud, la altura y la profundidad del amor de Cristo, y experimentar ese Amor que sobrepasa todo conocimiento humano, para que así queden ustedes colmados con la plenitud misma de Dios" (Ef 3, 18s). Sólo Dios puede colmar el deseo de felicidad del hombre. Sin Dios, jóvenes, ni ustedes ni nadie puede ser feliz. Abran su corazón al amor del Corazón de Cristo y déjense llenar el alma con el Espíritu Santo,  que ahora les ofrece la Iglesia y su Obispo en el sacramento de la Confirmación. Su vida -y México- cambiará. Es promesa de Dios.


+ Mario De Gasperín Gasperín
Obispo de Querétaro


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ZENIT nos ofrece el discurso que el Papa pronunció el  sábado, 20 de Junio de 2009,  a los miembros de la Fundación Alcide De Gasperi, a quienes recibió en la Sala de los Papas del Palacio Apostólico.


 

Queridos amigos del Consejo de la Fundación Alcide de Gasperi:

Me es muy grata vuestra visita, y os saludo a todos vosotros con afecto. En particular, saludo a la señora Maria Romana, hija de Alcide De Gasperi, y al honorable Giulio Andreotti, que durante mucho tiempo fue su estrecho colaborador. Aprovecho con gusto la oportunidad que me ofrece vuestra presencia para volver a evocar la figura de esta gran personalidad que, en momentos históricos de profundos cambios sociales en Italia y en Europa, plagados de no pocas dificultades, supo prodigarse eficazmente por el bien común. Formado en la escuela del Evangelio, De Gasperi fue capaz de traducir en actos concretos y coherentes la fe que profesaba. Espiritualidad y política fueron en efecto dos dimensiones que convivieron en su persona y que caracterizaron su labor social y espiritual. Con prudente visión de futuro, guió la reconstrucción de la Italia surgida del fascismo y de la segunda guerra mundial, y le trazó con valor el camino hacia el futuro; defendió su libertad y su democracia; relanzó su imagen en ámbito internacional; promovió su recuperación económica abriéndose a la colaboración de todas las personas de buena voluntad.


Espiritualidad y política se integraron tan bien en él que, si se quiere comprender hasta el fondo a este estimado hombre de gobierno, es necesario no limitarse a registrar los resultados políticos conseguidos por él, sino que es necesario tener en cuenta también su fina sensibilidad religiosa y de la fe firme que constantemente animó su pensamiento y acción. En 1981, a cien años de su nacimiento, mi venerado predecesor Juan Pablo II le rindió homenaje, afirmando que "en él la fe fue centro inspirador, fuerza cohesionadora, criterio de valores, razón de elecciones" (Enseñanzas, IV, 1981, p. 861). Las razones de tan sólido testimonio evangélico deben buscarse en la formación humana y epsiritual recibida en su región, el Trentino, en una familia en la que el amor por Cristo constituía el pan cotidiano y referencia de toda elección. Él tenía poco más de veinte años cuando en 1902, tomando parte en el primer Congreso Católico Trentino, trazó las líneas de acción apostólica que constituirán el programa de su entera existencia: "No basta conservar el cristianismo en sí mismos - afirmó -, conviene combatir con todo el grueso del ejército católico para reconquistar a la fe los campos perdidos" (cfr A. De Gasperi, I cattolici trentini sotto l'Austria, Ed. di storia e letteratura, Roma 1964, p. 24). A esta orientación permaneció fiel hasta la muerte, incluso a costa de sacrificios personales, fascinado por la figura de Cristo. "No soy un beato --escribía a su futura esposa Francesca-- ni siquiera religioso como debería ser; pero la personalidad del Cristo vivo me arrastra, me subyuga, me fascina como a un chiquillo. Ven, te quiero conmigo y que me sigas en esta misma atracción, como hacia un abismo de luz" (A. De Gasperi, Cara Francesca, Lettere, edición de M.R. De Gasperi, Morcelliana, Brescia 1999, pp. 40 -41).


Por tanto uno no se sorprende cuando se entera de que en su jornada, colmada de tareas institucionales, consideran siempre un amplio espacio a la oración y a la relación con Dios, comenzando cada día, cuando les era posible, con la participación en la Santa Misa. Es más, los momentos más caóticos y movidos marcaron el culmen de su espiritualidad. Cuando por ejemplo, conoció la experiencia de la cárcel, llevó consigo como primer libro la Biblia y desde ese momento conservó la costumbre de anotar las referencias bíblicas en pequeñas hojas para alimentar constantemente su espíritu. Hacia el final de su actividad gubernamental, tras un duro debate parlamentario, respondió a un colega que le preguntaba cuál era el secreto de su acción política: "¡Qué quieres, es el Señor!".


Queridos amigos, me gustaría detenerme un poco más en este personaje que ha honrado a la Iglesia y a Italia, pero me limito a poner de relieve su reconocida rectitud moral, basada en una indiscutible fidelidad a los valores humanos y cristianos, como también la serena conciencia moral que le guió en las decisiones políticas. "En el sistema democrático -afirma en una de sus intervenciones- se le confiere un mandato político administrativo con una responsabilidad específica..., pero al mismo tiempo hay una responsabilidad moral ante la propia conciencia, y la conciencia para decidir debe estar siempre iluminada por la doctrina y la enseñanza de la Iglesia" (cfr A. De Gasperi, Discorsi politici 1923-1954, Cinque Lune, Roma 1990, p. 243). Ciertamente, en algunos momentos no faltaron dificultades y, quizás, también incomprensiones por parte del mundo eclesiástico, pero De Gasperi no conoció vacilaciones en su adhesión a la Iglesia, que fue -como lo atestigua en un discurso en Nápoles en junio de 1954- "plena y sincera... también en las directrices morales y sociales contenidas en los documentos pontificios que casi diariamente han alimentado y forman nuestra vocación a la vida pública".


En esta misma ocasión observaba que "para actuar en el campo social y político no bastan la fe ni la virtud, conviene crear y alimentar un instrumento adecuado a los tiempos... que tenga un programa, un método propio, una responsabilidad autónoma, una hechura y una gestión democráticas". Dócil y obediente a la Iglesia, fue por tanto autónomo y responsable en sus decisiones políticas, sin servirse de la Iglesia para fines políticos y sin descender nunca a compromisos con su recta conciencia. En el ocaso de sus días podrá decir: "He hecho todo lo que estaba en mi poder, mi conciencia está en paz", mientras se apagaba confortado por el apoyo de sus familiares, el 19 de agosto de 1954, tras haber musitado por tres veces el nombre de Jesús. Queridos amigos, mientras rezamos por el alma de este estadista de fama internacional, que con su acción política sirvió a la Iglesia, a Italia y a Europa, pidamos al Señor que el recuerdo de su experiencia de gobierno y de su testimonio cristiano sean ánimo y estímulo para aquellos que hoy rigen los destinos de Italia y de los demás pueblos, especialmente para cuantos se inspiran en el Evangelio. Con este augurio, os agradezco una vez más vuestra visita y os bendigo a todos con afecto.


[Traducción del original italiano por Inma Álvarez

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DOMINGO 13 DEL TIEMPO ORDINARIO / B

28 de junio de 2009

 

La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos vosotros.


Mañana, fiesta de los apóstoles san Pedro y san Pablo, termina el año paulino, la conmemoración de los dos mil años del nacimiento de aquel que pasó de perseguidor de los cristianos a heraldo infatigable del Evangelio. San Pablo es un gran estímulo para nosotros, y su ejemplo es una invitación a ser como él: enamorados de Jesús, deseosos de que todo el mundo le conozca y le ame.


Hoy, como casi todos los domingos, escucharemos un pasaje de sus cartas en la segunda lectura. Sus palabras, esta vez, se dirigen a los cristianos de Corinto y les animan a compartir sus bienes, buscando la igualdad entre todos. Así -les dirá- actuaremos como Jesucristo actúa para con nosotros.

Que esta enseñanza nos llegue muy adentro. Y que no nos falten nunca las ganas de caminar por su mismo camino de fidelidad y entrega.

 

A. penitencial: En silencio, pongámonos ante Dios y preparémonos para celebrar esta Eucaristía pidiendo perdón por nuestros pecados. (Silen­cio).


Tú, que siendo rico te hiciste pobre para enriquecer-nos con tu pobreza. SEÑOR, TEN PIEDAD.

Tú, que sanas nuestras enfermedades. CRISTO, TEN PIEDAD.

Tú, que nos libras de la muerte. SEÑOR, TEN PIEDAD.

 

1. lectura (Sabiduría 1,13-15; 2,23-24): Jesús, en el evan­gelio de hoy, libera a una niña de la muerte. Así realiza la obra de Dios, la voluntad de Dios. Escuchemos este anuncio de salvación en la primera lectura.

 

2. lectura (2 Corintios 8,7.9.13-15): La comunidad cris­tiana de Jerusalén vivió momentos de graves dificulta-des económicas. Escuchemos ahora cómo san Pablo escribe a los cristianos de Corinto y les anima a ayudar a aquellos hermanos que pasan necesidad.


Oración universal: Oremos a Dios nuestro Padre. Él es la fuente de la vida. Nosotros, sus hijos, llenos de confianza, le presentamos ahora nuestras plegarias diciendo: ESCÚCHANOS, PADRE.


Por la Iglesia, por todos los cristianos. Al terminar el año de san Pablo, oremos para que, como él, vivamos profundamente enamorados de Jesucristo y trabaje-mos para que sea más conocido y amado. OREMOS:


Por el papa Benedicto, sucesor del apóstol Pedro. Para que con su ministerio dé alegría y esperanza a todo el pueblo cristiano. OREMOS:


Por los misioneros y misioneras. Para que el Señor los llene de fortaleza para llevar a cabo su labor de anuncio del Evangelio. OREMOS:


Por los enfermos. Para que puedan vivir su dolor con paz y esperanza. OREMOS.


Por todos los hombres y mujeres de buena voluntad. Para que, como decía san Pablo, sepamos ser gene­rosos con nuestros bienes y busquemos la igualdad entre todos. OREMOS:


Por nosotros. Para que la celebración de la Eucaristía de cada domingo nos haga crecer en la fe, la espe­ranza y el amor. OREMOS:


Escucha, Padre, nuestra oración, tú que eres la fuente de toda bondad. Por... ***

 

Padrenuestro: Como Jesús nos enseñó, ahora, antes de comulgar, nos atrevemos a decir:

CPL


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 Homilía de monseñor Luis Héctor Villalba, arzobispo de Tucumán en la misa de apertura del año sacerdotal en la catedral de Nuestra Señora de la Encarnación. (18 de junio de 2009). (AICA)

 

APERTURA DEL AÑO SACERDOTAL

 

 

San Juan María Vianney

El santo Cura de Ars

 

1.   Nació el 8 de mayo de 1786 al norte de Lion, en Francia.

Fue el cuarto hijo en una familia que tenía seis. Sus padres cultivaban una parcela de tierra de trece hectáreas. Era una familia religiosa que practica el Evangelio, que rezaban juntos y acogían a los pobres.

Su madre lo educa en el amor a Dios y a la Virgen y lo inicia en la oración. Años más tarde el cura de Ars dirá “le debo a mi madre el aprender a rezar y también  el amor a la Virgen que es el amor más grande que tengo”.

Una costumbre de la familia era la hospitalidad para con los pobres. La puerta de la casa estaba siempre abierta para recibir a los mendicantes a la mesa. De grande recordará a un mendicante que fue hospedado en su casa: San José Benito Labre.

Desde niño ayudará a su padre y a su hermano mayor en los trabajos del campo.

Cuando se produce la Revolución Francesa tenía tres años y seis cuando viene la persecución. Así, desde jovencito, se encuentra con una Iglesia atacada y una sociedad dividida.

En 1797 se confiesa por primera vez en la clandestinidad. El Cura de Ar, que será un gran confesor, valorará al sacerdote que lo confesó, ya que tuvo que arriesgar su vida. Tiene que esperar dos años más para hacer su primera comunión. La familia cubre de forraje la entrada de la casa donde se celebra la misa para no llamar la atención. Tendrá que esperar otros dos años para poder comulgar nuevamente.

San Juan María Vianney comienza la escuela bastante tarde, por la falta de maestros en su pueblo. Aprende a escribir a los 17 años. Si bien ya desde joven sintió su vocación, recién a los 20 años comienza sus estudios eclesiásticos, en los que tendrá muchos obstáculos.

Lo preparará el sacerdote Balley, párroco de Ecully que será su maestro y su padre espiritual.

Entretanto llega al poder Napoleón que, al entrar en guerra, tiene necesidad de soldados. Así el joven Juan María es llamado a las armas en 1809 pero se enferma y se va a otra parte. Considerado un desertor, su lugar es ocupado por su hermano, que no regresará. Eso marcará a Juan María durante toda su vida.

San Juan María retoma con dificultades los estudios eclesiásticos. En el año 1813, a los 27 años, es despedido del Seminario por sus limitaciones para el estudio. El padre Balley continua ayudándolo en su formación y así puede aprobar el examen final.

2.   El 13 de agosto de 1815 es ordenado sacerdote en Grenoble, porque en Lion no hay obispo.

En seguida es nombrado vicario del sacerdote Balley, el párroco que lo formó.

El 11 de febrero de 1818 es nombrado Capellán de Ars una pequeña aldea que contaba con aproximadamente unas 40 casas, separadas por huertas, y alrededor de 300 habitantes. Allí permanecerá durante cuarenta y un años, hasta su muerte en 1859. En 1821 Ars es erigida parroquia y San Juan María Vianney es nombrado párroco. Inicialmente Ars pertenecía a la diócesis de Lion y desde 1823 a la nueva diócesis de Belley.

Su ministerio se desarrolla en un contexto difícil. Francia está convulsionada. Hay revoluciones. En el plano religioso hay anticlericalismo y persecuciones.

Desde el comienzo de su ministerio san Juan María se manifiesta como un hombre de acción. Restaura el campanario de la Iglesia, construye algunas Capillas y compra una casa a la que pondrá por nombre “Providencia” para hacer una escuela gratuita para niños pobres. También renueva los ornamentos litúrgicos, pues dice manifiestan la “belleza de Dios”.

En su ministerio pondrá siempre, en primer lugar, el primado de Dios en la vida humana. Inicialmente estaba marcado por un cierto rigorismo moral (era la influencia del jansenismo), pero con el tiempo este rigorismo se fue atenuando. Su espiritualidad  lo lleva a anunciar la grandeza del Amor de Dios y su Misericordia infinita hacia el hombre pecador.  El amor de Dios pasa a ser el tema dominante de su enseñanza.  Un sacerdote afirma: “Cuando Juan María Vianney hablaba del amor de Dios lo hacía con una alegría y un gozo que se trasparentaba en su rostro. Las enseñanzas durante las cuales afloraban más intensamente los sentimientos de su corazón eran las que se referían a la oración, a la Eucaristía, al amor de Dios y a la unión con Dios”.

La Virgen María tiene un lugar especial en su vida. En el año 1836 consagra su parroquia a “Maria concebida sin pecado”. Tengamos presente que esto sucede 18 años antes que se declare el dogma de la Inmaculada Concepción.

El Cura de Ars trató de instruirse a lo largo de todo su ministerio. Su biblioteca contaba con más de 400 libros.

La vida religiosa del pueblo cambió notablemente con su presencia. El año 1827 marcó una etapa en el espíritu religioso del pueblo con la ocasión de la predicación de un Jubileo que conduce a los fieles a frecuentar los sacramentos. Esto se debió a la paciente labor del párroco, a su oración y a su penitencia.

El Cura de Ars tenía una total confianza en la Providencia de Dios. Así dijo: “Cada vez que me preocupo por la Providencia, el buen Dios me reprende por mis preocupaciones mandándome ayudas inesperadas”. “Yo siempre fui un niño mimado por la Providencia: no me he ocupado de nada y nunca me faltó nada. ¡Cómo hace bien abandonarse, sin reservas, a la Providencia”.

Pero no se quedaba inactivo, esperando que la ayuda caiga del cielo. Un testigo que lo conoció dice: “Si bien confiaba en la Providencia, no tentaba a la Providencia”.

El Cura de Ars daba gran importancia a la formación de los jóvenes. El colegio creado por él para los niños pobres se llamaba “La Providencia”, porque verdaderamente se mantenía gracias la Providencia divina.

El amor a los pobres será una característica del cura de Ars: repartirá su ropa entre los pobres y dirá “estoy contento que vengan los pobres, si no viniesen habría que ir a buscarlos”.

El cura de Ars se preocupó mucho del catecismo. No sólo para los niños de la parroquia, sino también para los peregrinos que acudían a Ars. San Juan María Vianney tenía en gran consideración a la Palabra de Dios. Decía: “Nuestro Señor no da menos importancia a su Palabra  que a su Cuerpo”.

Predicaba con fuerza y convicción. Preparaba con mucho esmero sus homilías.

Una singularidad de Ars es el hecho que las peregrinaciones comienzan estando aún vivo san Juan María Vianney. La fama de santidad de este párroco de campaña  se difundió rápidamente, más allá de su parroquia y de la misma diócesis. Desde antes de 1830 muchas personas vienen a confesarse y a escuchar las predicaciones del cura de Ars. Se calcula que en los últimos años de su vida pasaron por Ars decenas de miles de fieles. El P. Lacordaire, en el culmen de su fama oratoria, visitó al cura de Ars más de una vez, y le dice: “Usted me ha enseñado a conocer el Espíritu Santo”. Y respondiendo a un sacerdote que criticaba la poca formación del Cura de Ars, afirma: “EL cura de Ars ha predicado como un párroco debe hacerlo, sería bueno que todos los párrocos predicasen como él”.

Indudablemente el carisma propio del cura de Ars era el de confesar. Un testigo afirma: “El amaba a todos los penitentes, pero tenía un afecto especial para los grandes pecadores. Sabía tocar su corazón”. Sus juicios eran equilibrados, sus consejos prudentes y humildes. Notemos que cuando no sabía resolver un problema, un caso de conciencia, confesaba simplemente su incapacidad y lo enviaba a una persona más competente.

La mayor parte de la jornada el cura de Ars la pasa en la Iglesia atendiendo confesiones, rezando y en la celebración de la Misa y la catequesis.

En los últimos años de su vida acepta que vengan a ayudarlo otros sacerdotes.

El Cura de Ars muere el 4 de agosto de 1859 a los 73 años.

En 1905 es beatificado por el Papa san Pío X. En 1925 Pío XI lo canoniza. En 1929 es declarado “patrono de los párrocos”.


Parte de un sermón sobre la oración

Para mostrarles el poder de la oración y la gracia que ella obtiene del cielo, les diré que solamente con la oración los justos han tenido la fortuna de perseverar. La oración es para nuestra alma, lo que es la lluvia para la tierra. Abonen la tierra todo lo que quieran, pero si falta la lluvia, todo lo que hagan no servirá para nada. De la misma manera, hagan obras buenas, pero si  no rezan frecuentemente, no les servirá para la salvación, porque la oración abre los ojos de nuestra alma, le hace sentir su miseria, y le hace comprender la necesidad de recurrir a Dios.

El cristiano debe apoyarse solamente en Dios y no en sí mismo. Cuando dejamos de rezar perdemos el gusto por las cosas del cielo, sólo pensamos en la cosas de la tierra.

Los pecadores deben regularmente su conversión a la oración. Contemplemos lo que hace  Santa Mónica para obtener la conversión de su hijo Agustín: ora a los pies del crucifijo. Miremos a san Agustín cuando quiere seriamente convertirse: ora.

No son las largas ni bellas oraciones las que mira el buen Dios, sino las que salen de lo más profundo del corazón y con un verdadero deseo de agradarle. Les doy un ejemplo: se refiere en la vida de san Buenaventura, un gran doctor de la Iglesia, que un religioso muy simple le dice: “Padre, yo que soy poco instruido, ¿piensa que puedo rezar a Dios y amarlo?”. San Buenaventura le responde: “Mi amigo, son a estos a los que Dios más ama”. Este religioso sale a decir a todos los que encuentra: “Vengan, amigos, tengo una buena noticia, el doctor Buenaventura me ha dicho que todos nosotros, aunque seamos poco instruidos, podemos amar al buen Dios. Qué felicidad poder amar a Dios y agradarle aunque no sepamos mucho”.

Por eso les digo que no hay nada más fácil que el rezar al buen Dios, y que no hay nada más consolador. Digamos que la oración es una elevación de nuestro corazón a Dios. Digamos mejor que es el dulce coloquio de un niño con su padre, de un súbdito con su rey, de un amigo con su amigo en cuyo corazón pone sus sufrimientos y sus penas. 


Algunos pensamientos de San Juan María Vianney

 “No tengo otra cosa que procurar sino la obligación de llegar a ser santo”.

“Estamos en este mundo, pero no somos de este mundo, porque todos los días decimos: «Padrenuestro que estás en el cielo».  ¡Qué hermoso es tener un Padre en el cielo!

«Venga a nosotros tu reino». Si hago que Dios reine en mi corazón, Él me hará reinar con él en su gloria.

«Hágase tu voluntad». No hay nada más dulce que hacer la voluntad de Dios, nada más perfecto. Para hacer bien todas las cosas, es necesario hacerlas como Dios quiere, en conformidad plena con sus designios”. 


Sobre la voluntad divina

 “Dios nos ama más que el mejor de los padres, más que la madre más afectuosa. Basta que nos sometamos y abandonemos a su voluntad, con un corazón de niño”

“Para hacer bien las cosas, es necesario hacerlas como lo quiere Dios, en total conformidad con sus designios”.

“El único medio seguro para agradar a Dios, es permanecer sometido a su voluntad en todas las circunstancias de la vida. Para uno es la enfermedad que lo prueba y lo purifica; para otro es la pobreza; para este la ignorancia y el desprecio que lo acompaña; para aquellos los dolores interiores y morales; y para todos el sufrimiento representado de mil maneras”. 


Caminar bajo el influjo del Espíritu

“Los que son conducidos por el Espíritu Santo tienen ideas justas. He aquí porque hay tantos ignorantes que saben más que los eruditos”.

“Cuando nos vienen buenos pensamientos, es el Espíritu Santo que nos visita”

“El Espíritu Santo es como un jardinero que cultiva nuestra alma”.

 Que el Santo Cura de Ars interceda por todos nuestros sacerdotes para que imitación suya sean fieles a Jesús, a la Iglesia y a cada uno de aquellos que han sido confiados a su ministerio pastoral.

 

Mons. Luis Héctor Villalba, arzobispo Tucumán


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Homilía que pronunció el domingo, 21 de Junio de 2009, el cardenal Antonio María Rouco Varela, arzobispo de Madrid, presidente de la Conferencia Episcopal Española, en la celebración eucarística que renovó el acto de consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús, acaecido hace 90 años.

 

Mis queridos hermanos y hermanas en el Señor:

Aquí, en el Cerro de los Ángeles, centro geográfico de la Península Ibérica, se consagraba España hace noventa años al Sagrado Corazón de Jesús ante la estatua que había sido levantada por la piedad cristiana del pueblo español en este lugar elegido sabiamente para expresar, esculpida en piedra, una plegaria ardiente e incesante: que el Sagrado Corazón de Jesús reinase en España por la gracia de su amor infinitamente misericordioso, la elección del lugar, fruto de una luminosa toma de conciencia histórica y llena de un profundo significado espiritual para el presente y el futuro de España.

Eran "tiempos recios" aquellos, como solía decir Santa Teresa de Jesús de los suyos. Había transcurrido poco tiempo después del final de la I Guerra Mundial. Europa y una buena parte del mundo yacían en ruinas. Ruinas materiales que ponían al desnudo el fracaso de una visión del hombre y del mundo que había pretendido construirse a través de una concepción puramente terrena -empírica y positivista- de la realidad. En los proyectos económicos, socio-políticos y culturales del primer siglo de la Ilustración moderna se había querido prescindir de Dios por parte de amplios e influyentes sectores de la sociedad. El resultado estaba a la vista. ¡Detrás de la desolación física se escondía el vacío moral y espiritual! Ni la llamada "cuestión social" con la hiriente y dramática explotación de los trabajadores y sus familias, ni la problemática de la deseada unidad y concordia de las naciones europeas habían encontrado nuevos horizontes que indicasen la recta dirección para una solución justa y duradera. En plena guerra había estallado la Revolución Bolchevique. La Postguerra aparecía ensombrecida por profundas convulsiones revolucionarias... España no estaba ajena, a pesar de su neutralidad durante la contienda, a toda la tragedia que asolaba a los pueblos hermanos de Europa.

La Iglesia venía ofreciendo, especialmente desde el siglo XVII, a ese mundo que quería progresar y modernizarse económica, social y políticamente el eterno anuncio del Evangelio a través de una propuesta formulada en términos profundamente renovadores: la propuesta del Misterio del Amor de Dios revelado y donado en Jesucristo para la salvación del hombre y, con la salvación del hombre, para la salvación del mundo. A través de intervenciones singularísimas del propio Señor Jesucristo en almas privilegiadas -hoy recordamos especialmente a Santa Margarita María de Alacoque-, ese Amor infinitamente misericordioso, benigno, sanador, transformador de lo más hondo del ser humano, se nos presentaba bajo el bellísimo simbolismo de su Sagrado Corazón herido físicamente por la lanza del soldado romano y traspasado espiritualmente por nuestros pecados. De esa herida, humano-divina, sale el torrente de gracia y de vida nueva, fruto y don del Espíritu Santo, la Persona-Amor en el Misterio de la Santísima Trinidad. Es esa gracia la que perdona y sana al hombre, elevándolo a la dignidad de los hijos de Dios y haciéndole partícipe de la vida divina. La invitación de entrar por esa espiritualidad del Sagrado Corazón de Jesús podía parecer ilusa a los ojos pragmáticos de muchos; pero era en verdad la única propuesta que podía superar los egoísmos y los odios encendidos de aquella historia, orgullosa de su modernidad, que cifraba en el progreso no de todo el hombre y de todos los hombres, sino del hombre material -"carnal"- y del hombre fuerte, el capaz de triunfar en la lucha por la existencia en este mundo. El "super-hombre" era su ideal.

Los tiempos han cambiado noventa años después de aquél acto en el Cerro de los Ángeles 30 de mayo de 1919 que emocionó entonces a toda España, la más oficial y la netamente popular. También hoy necesita nuestra patria los bienes de la reconciliación, de la solidaridad, de la justicia, de la concordia y de la paz. El terrible atentado de ETA que le costó anteayer la vida a un servidor de la seguridad y de la paz de todos los españoles lo pone dramáticamente una vez más de manifiesto. Esos bienes los necesitan especialmente nuestros jóvenes generaciones y sus familias; y la pregunta vuelve a plantearse no con menor urgencia que en 1919: ¿será posible conseguirlos a espaldas de la fe en Jesucristo, ignorando el don de su Amor? El interrogante adquiere incluso -en comparación con otros pueblos de Europa-, un acento de gravedad singular al dirigirlo a una nación marcada en lo más profundo de su alma y de su ser históricos por la profesión de la fe católica de su Pueblo, vivida con admirable fidelidad en el seno de la Iglesia, Una, Santa, Católica y Apostólica, presidida por el Papa, el Sucesor de Pedro en la sede de Roma, como Pastor universal y Vicario de Cristo en la tierra. ¿Puede España encontrar hoy los caminos de un futuro pleno de los bienes que constituyen y aseguran la dignidad de la persona y el bien común de todos sus hijos e hijas abandonando la fe de sus mayores? Porque tenemos la certeza de que el camino de la descristianización no conduce a ningún futuro de salvación y de verdadera felicidad para el hombre, renovamos hoy, en el Cerro de los Ángeles, aquella solemnísima consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús que hicieran nuestros antepasados en la Iglesia y en la sociedad en el año 1919 para que alumbrara la luz de la verdadera esperanza en aquellos momentos tan cargados de graves incertidumbres no sólo para ella, sino también para Europa y para el mundo. Lo hacemos pidiéndole para todas las familias de nuestra patria y para todos los españoles lo que San Pablo, "de rodillas", pedía "al Padre de quien toma nombre toda familia en el cielo y en la tierra": que nos conceda por medio de su Espíritu robustecernos en lo profundo de nuestro ser, que Cristo habite por la fe en nuestros corazones, que el amor sea nuestra raíz y nuestro cimiento; y, así, con todos los santos, logremos "abarcar lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo, comprendiendo lo que trasciende toda filosofía: el amor cristiano" (Ef 3, 14-19). Sí ¡que comprendamos y bebamos el amor en su fuente purísima, en el Sagrado Corazón de Jesús! Sólo así podemos ser testigos de la esperanza gozosa y eterna.

¡Quiera Nuestro Señor Jesucristo reinar hoy y siempre en España, en el corazón de sus hijos y de sus hijas, como lo había prometido al Siervo de Dios, Bernardo de Hoyos! Y que el Corazón Inmaculado de su Madre santísima, Madre suya y Madre nuestra, Reina de los Ángeles, nos ayude para acoger de nuevo la gracia del Reinado espiritual de su Divino Hijo en nuestras almas y en nuestras vidas con total disponibilidad y entrega.

El Santo Cura de Ars solía repetir que "el sacerdocio es el amor del Corazón de Jesús". Efectivamente, los sacerdotes son los instrumentos imprescindibles de la gracia y del amor salvador de Cristo. El año sacerdotal que acabamos de inaugurar, unidos al Santo Padre, nos lo quiere recordar con nueva viveza. La renovada consagración de España al santísimo Corazón no cuajará en frutos abundantes de vida y testimonio del amor cristiano sin sacerdotes santos ¡España, la España de hoy, necesita muchos y santos sacerdotes según el corazón de Cristo!

Amén


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ZENIT publica la homilía que pronunció Benedicto XVI en la mañana del domingo, 21 de Junio de 2009, al presidir en el atrio de la iglesia de san Pío de Pietrelcina, en San Giovanni Rotondo, la concelebración eucarística.

 

Queridos hermanos y hermanas:

En el corazón de mi peregrinación a este lugar, en el que todo habla de la vida y de la santidad del padre Pío de Pietrelcina, tengo la alegría de celebrar para vosotros y con vosotros la Eucaristía, misterio que constituyó el centro de toda su existencia: el origen de su vocación, la fuerza de su testimonio, la consagración de su sacrificio. Con gran afecto os saludo a todos vosotros, congregados aquí en gran número, y a cuantos nos acompañan a través de la radio y la televisión. Saludo en primer lugar al arzobispo Domenico Umberto D'Ambrosio, que, después de años de fiel servicio a esta comunidad diocesana, se prepara para asumir el cuidado de la arquidiócesis de Lecce. Le doy también de corazón las gracias porque se ha hecho intérprete de vuestros sentimientos. Saludo a los otros obispos concelebrantes. Dirijo un saludo especial a los frailes capuchinos, en particular al ministro general, fray Mauro Jöhri, al definidor general, al ministro provincial, al padre guardián del convento, al rector del santuario y a la Fraternidad Capuchina de San Giovanni Rotondo. Saludo además, con reconocimiento, a cuantos ofrecen su contribución al servicio del santuario y de las obras anejas; saludo a las autoridades civiles y militares; saludo a los sacerdotes, a los diáconos, a los demás religiosos y religiosas, y a todos los fieles. Dirijo un pensamiento afectuoso a quienes están en la Casa Alivio del Sufrimiento, a las personas solas y a todos los habitantes de esta ciudad.

Acabamos de escuchar el evangelio de la tempestad calmada, al que se le ha acompañado un breve pero incisivo texto del Libro de Job, en el que Dios se revela como el Señor del mar. Jesús amenaza al viento y ordena al mar que se calme, lo interpela como si se identificase con el poder diabólico. En efecto, según lo que nos dicen la primera lectura y el Salmo 106/107, el mar en la Biblia es considerado un elemento amenazador, caótico, potencialmente destructivo, que solo Dios, el Creador, puede dominar, gobernar y acallar.

Pero hay otra fuerza --una fuerza positiva-- que mueve al mundo, capaz de transformar y renovar a las criaturas: la fuerza del "amor de Cristo",
γάπη το Χριστο (2 Corintios 5,15), como la llama san Pablo en la segunda carta a los Corintios: no es, por tanto, una fuerza cósmica, sino divina, trascendente. Actúa también sobre el cosmos, pero por naturaleza el amor de Cristo es "otro" tipo de poder, y el Señor manifestó esta alteridad trascendente en su Pascua, en la "santidad" del "camino" que Él eligió para liberarnos del dominio del mal, como había sucedido en el éxodo de Egipto, cuando hizo atravesar a los judíos las aguas del Mar Rojo. "Oh Dios --exclama el salmista--, qué santo es tu proceder... Tu camino discurría por el mar, por aguas caudalosas tu sendero" (Salmo 77/76, 14.20). En el misterio pascual, Jesús atravesó el abismo de la muerte, porque Dios quiso así renovar el universo: mediante la muerte y resurrección de su Hijo, "muerto por todos" para que todos puedan vivir "para aquel que murió y resucitó por ellos" (2 Corintios 5,16) y no vivan sólo para sí mismos.
 
El gesto solemne de apaciguar el mar en tempestad es claramente un signo del señorío de Cristo sobre las potencias negativas, e induce a pensar en su divinidad: "¿quién es éste --se preguntaban estupefactos y atemorizados los discípulos--, que hasta el viento y el mar le obedecen? (Marcos 4,41). No tenían todavía una fe sólida, se está formando; es una mezcla de miedo y de confianza; el abandono confiado de Jesús ante el Padre es, por el contrario, total y puro. Por este poder del Amor, puede dormir durante la tempestad, completamente confiado en los brazos de Dios. Pero llegará el momento en el que también Jesús experimentará el miedo y la angustia: cuando llegue su hora, sentirá sobre sí todo el peso de los pecados de la humanidad, como una gran ola que está a punto de caer sobre Él. Esa sí que será una tempestad terrible, no cósmica, sino espiritual. Será el último, el extremo asalto del mal contra el Hijo de Dios.

Pero en esa hora Jesús no dudó del poder de Dios Padre y de su cercanía, aunque tuvo que experimentar plenamente la distancia entre el odio y el amor, entre la mentira y la verdad, entre el pecado y la gracia. Experimentó este drama en sí mismo de manera lacerante, especialmente en Getsemaní, antes de ser apresado, y después, durante toda la pasión hasta la muerte en la Cruz. En esa hora, Jesús por una parte estaba totalmente unido al Padre, plenamente confiado en Él; por otra parte, solidario con los pecadores, quedó como separado y se sintió como abandonado por Él.

Algunos santos han vivido intensa y personalmente esta experiencia de Jesús. El padre Pío de Pietrelcina es uno de ellos. Un hombre sencillo, de orígenes humildes, "conquistado por Cristo" (Filipenses 3,12), como escribe de sí el apóstol Pablo, para hacerse un instrumento elegido por el poder perenne de su Cruz: poder de amor por las almas, de perdón y reconciliación, de paternidad espiritual, de solidaridad concreta con los que sufren. Los estigmas, que le marcaron en el cuerpo, le unieron íntimamente con el Crucificado-Resucitado. Auténtico seguidor de san Francisco de Asís, hizo propia, como el Pobrecillo, la experiencia del apóstol Pablo, tal y como la describe en sus Cartas: "con Cristo estoy crucificado; y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí" (Gálatas 2, 19-20); o también: "en nosotros actúa la muerte, en vosotros la vida" (2 Corintios 5,12). Esto no significa alienación, pérdida de la personalidad: Dios no anula nunca lo humano, sino que lo transforma con su Espíritu y lo orienta al servicio de su designio de salvación. El padre Pío conservó sus propios dones naturales, y también su propio temperamento, pero ofreció todo a Dios, quien de este modo pudo servirse de ellos libremente para prolongar la obra de Cristo: anunciar el Evangelio, perdonar los pecados y curar a los enfermos en el cuerpo y en el espíritu.


Como les sucedió a Jesús, la verdadera lucha, el padre Pío no tuvo que librar el combate radical contra enemigos terrenales, sino contra el espíritu del mal (Cf. Efesios 6,12). Las "tempestades" más grandes que le amenazaban eran los asaltos del diablo, de los cuales se defendió con la "armadura de Dios", con "el escudo de la fe" y "la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios" (Efesios 6,11.16.17). Permaneciendo unido a Jesús, siempre tuvo en cuenta la profundidad del drama humano, y por eso se ofreció y ofreció sus tantos sufrimientos, y supo gastarse en el cuidado y alivio de los enfermos, signo privilegiado de la misericordia de Dios, de su reino que viene, es más, que ya está en el mundo, de la victoria del amor y de la vida sobre el pecado y la muerte. Guiar a las almas y aliviar el sufrimiento: así se puede resumir la misión de san Pío de Pietralcina, como dijo el siervo de Dios, el Papa Pablo VI: "Era un hombre de oración y de sufrimiento" (A los padres Capitulares Capuchinos, 20 de febrero de 1971).

Queridos amigos, frailes menores capuchinos, miembros de los grupos de oración y fieles todos de san Giovanni Rotondo, sois los herederos del padre Pío y la herencia que os ha dejado es la santidad. En una de sus cartas escribe: "Parece que el único tratamiento de Jesús para las manos es el de santificar vuestra alma" (Epístolas II, p. 155). Era siempre su primera preocupación, su ansia sacerdotal y paterna: que las personas regresaran a Dios, que pudieran experimentar su misericordia y, una vez renovados interiormente, redescubrir la belleza y la alegría de ser cristianos, de vivir en comunión con Jesús, de pertenecer a su Iglesia y practicar el Evangelio. El padre Pío atraía al camino de la santidad con su mismo testimonio, indicando con el ejemplo el "binomio" que nos conduce a ella: la oración y la caridad.


Ante todo la oración. Como todos los grandes hombres de Dios, el padre Pío se convirtió él mismo en oración, con el alma y con el cuerpo. Sus jornadas eran un rosario vivido, es decir, una continua meditación y asimilación de los misterios de Cristo en unión espiritual con la Virgen María. Se explica así la singular presencia en él de dones sobrenaturales y de sentido práctico humano. Y todo tenía su culmen en la celebración de la santa misa: en ella, él se unía plenamente al Señor muerto y resucitado. De la oración, como de una fuente siempre viva, brotaba la caridad. El amor que él llevaba en el corazón y transmitía a los demás estaba lleno de ternura, siempre atento a las situaciones reales de las personas y de las familias. Especialmente hacia los enfermos y dolientes, sustentaba la predilección del Corazón de Cristo, y precisamente de ella tuvo origen y forma el proyecto de una gran obra dedicada al "alivio del sufrimiento". No se puede entender ni interpretar adecuadamente esta institución si se la separa de su fuente inspiradora, que es la caridad evangélica, animada a su vez por la oración.

Todo esto, queridos hermanos, el padre Pío lo presenta hoy a nuestra atención. Los riesgos del activismo y la secularización están siempre presentes; por ello mi visita tiene también el objetivo de confirmaros en la fidelidad a la misión heredada de vuestro queridísimo padre. Muchos de vosotros, religiosos, religiosas y laicos, estáis tan absorbidos por miles de tareas que conlleva el servicio a los peregrinos o a los enfermos del hospital que corréis el riesgo de descuidar lo que es verdaderamente necesario: escuchar a Cristo para cumplir la voluntad de Dios. Cuando os deis cuenta de que corréis este riesgo, contemplad al padre Pío, su ejemplo, sus sufrimientos; e invocad su intercesión, para que os alcance del Señor la luz y la fuerza que necesitáis para continuar con vuestra misión empapada de amor por Dios y de caridad fraterna. Y que desde el cielo él siga ejerciendo esa delicada paternidad espiritual que le distinguió durante su existencia terrena; que continúe acompañando a sus hermanos, a sus hijos espirituales y a toda la obra que él inició. Que, junto a san Francisco y a la Virgen, que tanto amó e hizo amar en este mundo, vele sobre vosotros y os proteja y siempre. Y entonces, también en las tempestades que puedan levantarse de manera imprevista, podréis experimentar el soplo del Espíritu Santo que es más fuerte que cualquier viento contrario, y mueve la barca de la Iglesia y a cada uno de nosotros. Por este motivo debemos vivir siempre con serenidad y cultivar en el corazón la alegría, dando gracias a Señor. Dice el Salmo: "Su amor es para siempre" (Salmo responsorial). ¡Amén!

 

[Texto con los añadidos espontáneos recogido por ZENIT. Traducción del original italiano por Jesús Colina

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ZENIT publica las palabras que pronunció Benedicto XVI el domingo, 21 de Junio de 2009, después de haber presidido la santa misa en el atrio de la iglesia de san Pío de Pietrelcina en San Giovanni Rotondo.

 

Queridos hermanos y hermanas:

Al concluir esta solemne celebración, os invito a rezar conmigo --como cada domingo-- la oración mariana del Ángelus. Pero aquí, en el santuario de san Pío de Pietrelcina, nos parece escuchar su misma voz, que nos exhorta a dirigirnos con corazón de hijos a la Virgen Santa: "Amad a la Virgen y haced que la amen". Lo repetía a todos, pero más que las palabras valía el testimonio ejemplar de su profunda devoción a la Madre celestial. Bautizado en la iglesia de Santa María de los Ángeles de Pietrelcina, con el nombre de Francisco, como el Pobrecillo de Asís, siempre experimentó por la Virgen un amor muy tierno. La providencia le trajo después aquí, a San Giovanni Rotondo, al santuario de Santa María de las Gracias, donde permaneció hasta la muerte y donde descansan sus restos mortales. Toda su vida y su apostolado se desarrollaron bajo la mirada maternal de la santísima Virgen y con la potencia de su intercesión. Consideraba la Casa Alivio del Sufrimiento como obra de María, "Salud de los enfermos". Por lo tanto, queridos amigos, siguiendo el ejemplo de padre Pío, también yo quiero encomendar hoy a todos vosotros a la maternal protección de la Madre de Dios. De modo particular la invoco para la comunidad de los Frailes Capuchinos, para los enfermos del Hospital y para los que con amor los cuidan, así como también para los Grupos de Oración que continúan, en Italia y en el mundo, la consigna espiritual del santo fundador.

Quisiera encomendar a la intercesión de la santísima Virgen y de san Pío de Pietrelcina de manera especial el Año Sacerdotal, que inauguré el viernes pasado, solemnidad del sagrado Corazón de Jesús. ¡Que sea una ocasión privilegiada para destacar el valor de la misión y de la santidad de los sacerdotes al servicio de la Iglesia y de la humanidad del tercer milenio!


Oremos en este día también por la situación difícil y a veces dramática de los refugiados. Ayer se celebró precisamente la Jornada Mundial del Refugiado, promovida por las Naciones Unidas. Muchas son las personas que buscan refugio en otros países escapando de situaciones de guerra, persecución y calamidad, y su acogida presenta no pocas dificultades, y sin embargo es un deber. Quiera Dios que, con el compromiso de todos, se logre eliminar lo más posible las causas de un fenómeno tan triste.


Con gran afecto saludo a todos los peregrinos aquí reunidos. Expreso mi agradecimiento a las autoridades civiles y a cuantos han colaborado en la preparación de mi visita. ¡Gracias de corazón! A todos os repito: caminad por el camino que el padre Pío os ha indicado, el camino de la santidad según el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo. En este camino os precederá siempre la Virgen María, y con mano materna os guiará a la patria celeste.

[Luego, hablando en polaco, añadió:]

Desde San Giovanni Rotondo, ante el santuario de San Pío de Pietrelcina, saludo cordialmente a los polacos, particularmente a los participantes en el milenario del martirio de san Bruno de Querfurt que hoy, en Gizycko, dan gracias a Dios por el don de la fe llevada por ese gran misionero. Que su esfuerzo a favor de las buenas relaciones entre las naciones fructifique en la concordia y en el celo por el anuncio del Evangelio. A todos os bendigo de corazón.

 

[Traducción del original italiano por Jesús Colina

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(De Fuente de la Guancha)


FIESTA DE SAN ANTONIO EN EL PINALETE

13 de Junio

Conforme a programa en la tarde del 13 de Junio, fiesta de litúrgica de San Antonio de Padua, se tuvo el acto central  y principal de las Fiestas de San Antonio en el barrio del Pinalete con la celebración solemne de la Eucaristía. Tuvo lugar frente a la capilla, situada en medio de pinares,  sobre la boca de  la galería de agua contando con la presencia de la señora Alcaldesa y autoridades locales. Al terminar se bendijo el pan y se repartió entre los asistentes. La procesión estuvo acompañada por la Banda La Esperanza de La Guancha y durante el recorrido se quemaron los fuegos artificiales.

 

 

POSTULACIÓN ANUAL DE CÁRITAS ARCIPRESTAL DE ICOD

13 de Junio

La mañana del sábado 13 de junio, víspera del Día Nacional de Caridad, Caritas Arciprestal de Icod de los Vinos realizó su postulación anual frente al Ayuntamiento y Plaza de San Agustín. Este año contó con la colaboración de las concejalías de Comercio y Turismo y las PIMES del municipio de Icod y la implicación de los profesores y maestros de religión de la zona. Esta participación hizo que se realizaran diversos talleres, rastrillos, y que contara con la presencia de la  tienda SURCO de Comercio Justo de Cáritas. En un ambiente festivo los responsables de la Caritas Arciprestal con su Director invitaban a todos los viandantes al compromiso y a la aportación por los más necesitados mientras “Radio en la Calle” informaba y hacía entrevistas. Terminó el evento a las dos de la tarde con un manifiesto leído por Iltmo. Sr. Vicario de Zona. Como resultado final se recogieron 3.724,50€ y cerca de 300kg de comida.

Cáritas agradece a todos los que aportaron su granito de arena tanto a voluntarios y colaboradores, como a aquellos que dejaron su donativo

 

BODA EN LA GUANCHA

13 de Junio

Dentro de la Eucaristía vespertina del sábado 13 de Junio contrajeron matrimonio los jóvenes Moisés Méndez González y Yanet Díaz Rodríguez, ambos naturales y vecinos de San José de San Juan de la Rambla que eligieron el templo parroquial de La Guancha por encontrarse el de su parroquia en obras. Fueron su padrinos Juan Pablo León Abreu y María Nieves Martín Rodríguez.

 

CELEBRACIÓN DEL CORPUS EN LA GUANCHA

14 de Junio

Desde las primeras horas de  la mañana del domingo 14 de Junio jóvenes, niños y personas mayores comenzaban a plasmar sobre las calles del recorrido procesional valiéndose de diversos materiales lo que desde días anteriores era sólo proyecto. El resultado fue una auténtica obra de arte de pasillos, alfombras y descansos. Cientos de personas se acercaron durante el día a contemplarlos. En la tarde tuvo lugar la celebración de la Eucaristía presidida por el Delegado Diocesano del Clero y a continuación la Procesión con el Santísimo Sacramento. Los cantos en los descansos y las marchas de la Banda de Música ayudaron a la adoración y contemplación.

 

 

INVITACIÓN DE LA IGLESIA DE SANTA ANA

15 de Junio

Las parroquias de Santa Ana  y del Sagrado Corazón de Jesús de la Villa y Puerto de Garachico nos envían programa y nos participan de  los actos que, con motivo de la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús y del Año Sacerdotal, organizan los días 19, 20 y 21 y de Junio en colaboración con el Apostolado de la Oración, Fraternidad de Servidores del CSJ y la Delegación Diocesana de Pastoral Vocacional. “… les invitamos a todos a las celebraciones del inicio de este “Año Sacerdotal” y fiesta del Sagrado Corazón de  Jesús, tan amado y celebrado en nuestra Villa y Puerto de Garachico y en la parroquia que lleva su nombre en El Guincho”. El día 19 estará especialmente dedicado a orar por la santificación de los sacerdotes. 

 

DIRECTORA GENERAL VISITA LAS OBRAS DE RESTAURACIÓN DE LA IGLESIA DE SAN JOSÉ

16 de Junio

La Directora General de Patrimonio Histórico de Canarias, doña María Aránzazu Gutiérrez Ávila y el Delegado Diocesano de Patrimonio Cultural, don Miguel Ángel Navarro Mederos, acompañados del Concejal de Patrimonio, don Marco Antonio Abreu Oramas, visitaron en la mañana del martes 16 de Junio las obras de restauración de nuestra iglesia de San José de San Juan de la Rambla, que ejecuta la Empresa SIDCI 200. S.L. El párroco y el aparejador encargado de la supervisión de las obras les indican los puntos que han sido objeto de intervención y otros que la necesitarían. Esperamos que pronto podamos tener la iglesia dispuesta para nuestras celebraciones.

 

CELEBRACIÓN DEL CORAZÓN DE JESÚS

19 de Junio

Los cofrades del Corazón de Jesús de la parroquia habían preparado desde unos días antes la liturgia y el templo para la celebración de la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús teniendo en cuenta este año el inicio del “Año Sacerdotal” con motivo del 150º aniversario de la muerte del Santo Cura de Ars y la Jornada Mundial de Oración por la Santificación de los Sacerdotes. A la hora señalada dio comienzo la Eucaristía presidida por el párroco y cantada por el coro parroquial. Al concluir ésta se tuvo un acto eucarístico con exposición del Santísimo Sacramento siguiendo el esquema de la Hora Santa facilitada por la Fraternidad de Servidores del CSJ, procesión claustral y bendición.

 

 

 


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Domingo, 21 de junio de 2009

Declaración de la CCXIII Reunión de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española sobre el Anteproyecto de "Ley del aborto": Atentar contra la vida de los que van a nacer, convertido en "derecho" (17 de junio de 2009) (CEE)


RESUMEN

 

Madrid, 18 de junio de 2009

 
La Comisión Permanente de la CEE ha aprobado una Declaración sobre el Anteproyecto de “Ley del aborto”. Los obispos, que en numerosas ocasiones han anunciado el Evangelio de la Vida y denunciado la cultura de la muerte, desean poner de relieve algunos aspectos del Anteproyecto en cuestión que, de llegar a convertirse en Ley, supondría un serio retroceso en la protección de la vida de los que van a nacer, un mayor abandono de las madres gestantes y, en definitiva, un daño muy serio para el bien común.


La Declaración
, titulada Sobre el Anteproyecto de “Ley del aborto”: atentar contra la vida de los que van a nacer, convertido en “derecho”, puede consultarse íntegramente en www.conferenciaepiscopal.es

A continuación se ofrece un resumen periodístico, basado en los aspectos principales del texto aprobado por la Permanente:


I. La mera voluntad de la gestante anula el derecho a la vida del que va a nacer


El aspecto tal vez más sombrío del Anteproyecto es su pretensión de calificar el aborto como un derecho que habría de ser protegido por el Estado. El Anteproyecto establece un plazo de catorce semanas dentro del cual la voluntad de la madre se convierte en árbitro absoluto sobre la vida o la muerte del hijo que lleva en sus entrañas. Sin embargo, el derecho a la vida no es una concesión del Estado, es un derecho anterior al Estado mismo y éste tiene siempre la obligación de tutelarlo. En cambio carece de autoridad para establecer un plazo, dentro de cuyos límites la práctica del aborto dejaría de ser un atentado contra el derecho a la vida.


II. La salud como excusa para eliminar a los que van a nacer


La inclusión del aborto entre los medios supuestamente necesarios para cuidar la salud es de por sí una grave falsedad. Abortar nunca es curar, es siempre matar. Una auténtica política sanitaria debe tener en cuenta siempre la salud de la madre gestante, pero también la vida y la salud del niño que va a nacer.
La imposición del aborto procurado en el sistema sanitario como prestación asistencial para la salud bio-psico-social de la gestante, a la que ésta tendría un supuesto derecho, lleva consigo la transferencia de la obligatoriedad a los profesionales de la sanidad. De este modo queda abierta la posibilidad de que no se respete a quienes por muy justificados motivos de conciencia se nieguen a realizar abortos, cargándolos arbitrariamente con un supuesto deber e incluso con eventuales sanciones.
Es necesario reconocer y agradecer el valor mostrado por tantos ginecólogos y profesionales de la sanidad que, fieles a su vocación y al verdadero sentido de su trabajo, resisten presiones de todo tipo e incluso afrontan ciertas marginaciones con tal de servir siempre a la vida de cada ser humano.


III. Se niega o devalúa al ser humano para intentar justificar su eliminación


Sorprendentemente, el Anteproyecto no explica en ningún momento por qué fragmenta el tiempo de la gestación en tres períodos o plazos pretendidamente determinantes de diferentes tipos de trato del ser humano en gestación. Es necesario sostener la afirmación irracional de que durante algún tiempo determinado el ser vivo producto de la fecundación humana no sería un ser humano, porque sería muy duro reconocer que sí lo es y al mismo tiempo afirmar que se le puede quitar la vida simplemente porque así lo decide quien lo gesta. Sería tanto como reconocer que hay un derecho a matar a un inocente.


IV. No se apoya a la mujer para ahorrarle el trauma del aborto y sus graves secuelas


Este proyecto legal no manifiesta interés real por el bien de las mujeres tentadas de abortar y, en particular, de las más jóvenes. Se limita a despejarles el camino hacia el abismo moral y hacia el síndrome post-aborto.
Agradecemos la dedicación de tantas personas que, en un número cada vez mayor de instituciones eclesiales o civiles, se dedican a prestar su apoyo personal a las mujeres gestantes y reconocemos el valiente testimonio público de las mujeres víctimas del aborto, que ayudan a la sociedad a recapacitar sobre un camino de sufrimiento ya demasiado largo. Las mujeres que se encuentran en esta dolorosa situación encontrarán siempre en la Iglesia el hogar de la misericordia y el consuelo.


V. Privar de la vida a los que van a nacer no es algo privado


El Anteproyecto de Ley presenta el aborto como si fuera un asunto privado ligado prácticamente sólo a la decisión individual de la gestante. Pero eliminar una vida no es nunca un asunto meramente privado. Por el contrario, se trata de un acto de gran trascendencia pública. La vida de los que van a nacer es un fundamental elemento constitutivo del bien común que merece especial protección y promoción.  Se debería avanzar en las políticas de protección de la maternidad/paternidad, muy retrasadas respecto a los países de nuestro entorno.


VI. El Estado impone a todos una determinada educación sexual


Se comete la injusticia de imponer una determinada educación moral sexual, que, además, por ser abortista y “de género”, tampoco será eficaz ni como verdadera educación ni como camino de prevención del aborto.
Es necesario permitir y promover que la sociedad desarrolle sus capacidades educativas y morales.


Conclusión: por el Pueblo de la Vida


El Evangelio de la vida proclama que cada ser humano que viene a este mundo no es ningún producto del azar ni de las leyes ciegas de la materia, sino un ser único, capaz de conocer y de amar a su Creador, precisamente porque Dios lo ha amado desde siempre por sí mismo. Cada ser humano es, por eso, un don sagrado para sus padres y para toda la sociedad. No ha de ser considerado jamás como un objeto subordinado al deseo de otras personas. Su vida no puede quedar al arbitrio de nadie, y menos del Estado, cuyo cometido más básico es precisamente garantizar el derecho de todos a la vida, como elemento fundamental del bien común.


Hablamos precisamente a favor de quienes tienen derecho a nacer y a ser acogidos por sus padres con amor; hablamos a favor de las madres, que tienen derecho a recibir el apoyo social y estatal necesario para evitar convertirse en víctimas del aborto; hablamos a favor de la libertad de los padres y de las escuelas que colaboran con ellos para dar a sus hijos una formación afectiva y sexual de acuerdo con unas convicciones morales que los preparen de verdad para ser padres y acoger el don de la vida; hablamos a favor de una sociedad que tiene derecho a contar con leyes justas que no confundan la injusticia con el derecho.


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Comunicado emitido el viernes, 19 de Junio de 2009, por la Conferencia Episcopal de Honduras al concluir su segunda asamblea anual.

   

"Da, pues, a tu siervo un corazón sabio para gobernar a tu pueblo

y poder discernir entre lo bueno y lo malo" (1 Reyes 3,9). 


Los Obispos de la Iglesia Católica de Honduras, reunidos en nuestra Segunda Asamblea anual, al Pueblo de Dios y a la sociedad hondureña en general, manifestamos lo siguiente: 


El decidido empeño para que haya verdadera JUSTICIA SOCIAL como compromiso de toda la ciudadanía, sobre todo de aquellas personas que aspiran a cargos de elección.  Creemos que en la medida en que se vaya desarrollando la capacidad, la conciencia y la responsabilidad ética de dirigentes políticos, de los funcionarios públicos y de los responsables del sistema bancario, la injusticia social que existe irá disminuyendo.  Porque sin Justicia Social no puede haber verdadera democracia.


El DIÁLOGO, como instrumento que convierte las diferencias naturales y el pluralismo social y cultural en oportunidad de mejorar las propuestas de futuro y consensuar las decisiones políticas y económicas.  Por ello necesitamos un diálogo que abarque todos los sectores de la sociedad y que nos encamine no solo a superar la crisis actual sino a encontrar un proyecto de nación por el que trabajar unidos.  

Las CONSULTAS a la ciudadanía, lejos de provocar temor, debemos considerarlas como un recurso importante de participación política, siempre y cuando se realicen dentro del marco de la ley, ya que "la representación política no excluye, en efecto, que los ciudadanos puedan ser interpelados directamente en las decisiones de mayor importancia para la vida social" (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia,  413).


1. Queremos ser fieles a la misión de anunciar el Evangelio por medio de la formación de las conciencias, la defensa de los valores, sobre todo la verdad y la justicia, y nuestra contribución al bien común.  Esta responsabilidad nos la recuerda el Documento de Aparecida cuando afirma: "Compete también a la Iglesia colaborar en la consolidación de las frágiles democracias, en el positivo proceso de democratización en América Latina y el Caribe, aunque existan actualmente graves retos y amenazas de desvíos autoritarios" (Documento de Aparecida, 541).


2. La coyuntura política que se ha producido por las elecciones internas en los partidos políticos, la elección de la Corte Suprema de Justicia, el nombramiento del Fiscal General de la República, los rumores de golpe de Estado y los preparativos para la encuesta sobre una cuarta urna, han producido en nosotros honda preocupación por las divisiones y la polarización de fuerzas que cada día se agudizan en nuestra sociedad.


3. Desde diferentes medios de comunicación, agrupaciones cívicas y el mismo pueblo, se insiste en la necesidad de plantearse, e intentar resolver, los ingentes problemas sociales que se han venido postergando; tales como la creciente violencia social, la disminución de los recursos financieros del Estado, el desempleo, el auge del crimen organizado y el narcotráfico, la disminución de la fuerza que los valores morales y religiosos le dan a la sociedad, la vulnerabilidad frente a los fenómenos naturales, la tenencia de la tierra, etc.


4. De este conjunto de problemas que amenazan nuestra democracia, todos, en alguna medida, somos responsables.  Son responsables los Poderes del Estado, sus instituciones y organismos, cuando politizan sus gestiones y las manchan con la corrupción, el abuso de poder y la intención de imponer en nuestra patria un pensamiento único.  Responsables, también, los partidos políticos que se consideran herederos del patrimonio estatal para administrarlo, en muchos casos, según sus intereses particulares.  Así mismo, son responsables los llamados "grupos de poder", nacionales y transnacionales, difíciles de identificar porque actúan en las sombras, insaciables en su afán de enriquecimiento, que bloquean o condicionan el desarrollo integral del país profundizando la brecha de la injusta desigualdad en la que vivimos.   Y, en fin, todos los que formamos la sociedad hondureña, somos responsables en la medida en que nos hacemos indiferentes y pasivos ante los peligros que amenazan nuestra débil democracia, más electoral y representativa que participativa.


5. La democracia participativa que queremos sólo será posible si se dan ciertas condiciones:

Por tanto, urgimos a las autoridades que han sido elegidas para custodiar el Estado de Derecho, que sepan encontrar, por medio del DIALOGO, las soluciones al conflicto actual, y que sepan garantizarle al pueblo hondureño la reglamentación de recursos constitucionales, como son el Plebiscito y el Referéndum que, junto con otros instrumentos, como es la Ley de Participación Ciudadana, permitan que el pueblo sea consultado en los asuntos de mayor importancia.


6. Una sociedad libre y soberana sólo se puede construir con la participación de todos los ciudadanos, sintiéndonos corresponsables del bienestar de Honduras. Pero un verdadero cauce de participación ciudadana no se puede hacer en contra de las mismas leyes.  No se puede desobedecer a la Ley en nombre de las personas a las que se quiere beneficiar, como no se puede ser democrático sin respetar la Democracia, "imponiendo el poder de un determinado grupo a todos los demás miembros de la sociedad" (Redemptor Hominis, 17).


7. En el camino de preparación de las próximas elecciones consideramos necesario un proceso que permita divulgar el conocimiento de la Constitución a todos los niveles.  Este esfuerzo tendrá más beneficios para la ciudadanía que todos los gastos, algunos de dudosa procedencia, de las excesivamente largas campañas políticas.


8. La ciudadanía debe exigir, a quienes se presenten como candidatos en las próximas elecciones, que demuestren su conocimiento de las necesidades de la nación, su capacidad para ejercer cargos públicos, su honestidad y su sensibilidad auténtica hacia los más necesitados. Asimismo, los candidatos han de confirmar públicamente su compromiso de respetar los procesos de participación ciudadana y de trabajar para que las Leyes estén al servicio del bien de todos, en especial de los más pobres, y no para adaptarlas a los intereses particulares de personas, grupos o partidos políticos.


9. Pedimos a los tres poderes del Estado, a las Instituciones dependientes y, en especial, a las Fuerzas Armadas, que garanticen la transparencia, organización y buena marcha de las próximas elecciones para que se conviertan en una demostración de convivencia pacífica y de respeto a la Constitución tal como lo desea el pueblo hondureño.


Rogamos a Dios que su Santo Espíritu ilumine los corazones de los que vivimos en esta patria que es Honduras.  Y a la Virgen de Suyapa que, con su maternal presencia, nos recuerde en todo momento que somos hijos de Dios, hermanos y hermanas, y que ella nos guíe hacia la unidad en la justicia y la paz. 
 

Tegucigalpa, M.D.C., 19 de junio de 2009.


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Discurso que dirigió Benedicto XVI en la inaugración de la asamblea eclesial de la diócesis de Roma, en la Basílica papal de San Juan de Letrán, el martes 26 de mayo de 2009.

 

Señor cardenal;
venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio;
queridos religiosos y religiosas;
queridos hermanos y hermanas:


Siguiendo una costumbre ya arraigada, me alegra inaugurar también este año la Asamblea diocesana pastoral. A cada uno de vosotros, que aquí representáis a toda la comunidad diocesana, dirijo con afecto mi saludo y expreso mi viva gratitud por el trabajo pastoral que realizáis. A través de vosotros, extiendo a todas las parroquias mi saludo cordial con las palabras del apóstol san Pablo: "A todos los amados de Dios que estáis en Roma, santos por vocación, a vosotros gracia y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo" (Rm 1, 7). Agradezco de corazón al cardenal vicario las estimulantes palabras que me ha dirigido, haciéndose intérprete de vuestros sentimientos, y la ayuda que, juntamente con los obispos auxiliares, me presta en el servicio apostólico diario al que el Señor me ha llamado como Obispo de Roma.


Nos acaban de recordar que, a lo largo del decenio pasado, la atención de la diócesis se concentró inicialmente, durante tres años, en la familia; después, durante el trienio sucesivo, en la educación de las nuevas generaciones en la fe, tratando de responder a la "emergencia educativa", que para todos es un desafío difícil; y, por último, también con referencia a la educación, estimulados por la carta encíclica Spe salvi, habéis tomado en consideración el tema de educar en la esperanza. A la vez que doy gracias con vosotros al Señor por el gran bien que nos ha concedido realizar -pienso, en particular, en los párrocos y en los sacerdotes que no escatiman esfuerzos en la guía de las comunidades que les han sido encomendadas-, deseo expresar mi aprecio por la opción pastoral de dedicar tiempo a una verificación del camino recorrido, con la finalidad de examinar, a la luz de la experiencia vivida, algunos ámbitos fundamentales de la pastoral ordinaria, para precisarlos mejor y permitir una mayor participación.


El fundamento de este compromiso, al que ya os estáis dedicando desde hace algunos meses en todas las parroquias y en las demás realidades eclesiales, debe ser una renovada toma de conciencia de nuestro ser Iglesia y de la corresponsabilidad pastoral que, en nombre de Cristo, todos estamos llamados a asumir. Y precisamente de este aspecto quisiera tratar ahora.


El concilio Vaticano II, queriendo transmitir pura e íntegra la doctrina sobre la Iglesia desarrollada a lo largo de dos mil años, dio de ella una "definición más meditada", ilustrando, ante todo, su naturaleza mistérica, es decir, su "realidad penetrada por la presencia divina y, por esto, siempre capaz de nuevas y más profundas investigaciones" (Pablo VI, Discurso de inauguración de la segunda sesión, 29 de septiembre de 1963). Ahora bien, la Iglesia, que tiene su origen en el Dios trinitario, es un misterio de comunión. En cuanto comunión, la Iglesia no es una realidad solamente espiritual, sino que vive en la historia, por decirlo así, en carne y hueso. El concilio Vaticano II la describe "como un sacramento o signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano" (Lumen gentium, 1). Y la esencia del sacramento es precisamente que en lo visible se palpa lo invisible, que lo visible palpable abre la puerta a Dios mismo.


Hemos dicho que la Iglesia es una comunión, una comunión de personas que, por la acción del Espíritu Santo, forman el pueblo de Dios, que es al mismo tiempo el Cuerpo de Cristo. Reflexionemos un poco sobre estas dos palabras clave. El concepto de "pueblo de Dios" nació y se desarrolló en el Antiguo Testamento: para entrar en la realidad de la historia humana, Dios eligió a un pueblo determinado, el pueblo de Israel, para que fuera su pueblo. La intención de esta elección particular es llegar a muchos a través de pocos, y desde muchos a todos. Con otras palabras, la intención de la elección particular es la universalidad. A través de este pueblo Dios entra realmente, de modo concreto, en la historia. Y esta apertura a la universalidad se realizó en la cruz y en la resurrección de Cristo. En la cruz -así dice san Pablo-, Cristo derribó el muro de separación. Dándonos su Cuerpo, nos reúne en su Cuerpo para hacer de nosotros uno. En la comunión del "Cuerpo de Cristo" todos llegamos a ser un solo pueblo, el pueblo de Dios, donde -por citar de nuevo a san Pablo- todos somos uno y ya no hay distinción, diferencia, entre griego y judío, circunciso e incircunciso, bárbaro, escita, esclavo y hebreo, sino que Cristo es todo en todos. Él derribó el muro de separación entre los pueblos, las razas y las culturas: todos estamos unidos en Cristo.


Así, vemos que los dos conceptos -"pueblo de Dios" y "Cuerpo de Cristo"- se completan y forman juntos el concepto neotestamentario de Iglesia. Y mientras "pueblo de Dios" expresa la continuidad de la historia de la Iglesia, "Cuerpo de Cristo" manifiesta la universalidad inaugurada en la cruz y en la resurrección del Señor. Por tanto, para nosotros, los cristianos, "Cuerpo de Cristo" no sólo es una imagen, sino también un verdadero concepto, porque Cristo nos entrega su Cuerpo real, no sólo una imagen. Resucitado, Cristo nos une a todos en el Sacramento para convertirnos en un único cuerpo. Por eso los conceptos de "pueblo de Dios" y "Cuerpo de Cristo" se completan: en Cristo llegamos a ser realmente el pueblo de Dios. Y en consecuencia "pueblo de Dios" significa "todos": desde el Papa hasta el último niño bautizado. La primera plegaria eucarística, el llamado Canon romano, escrito en el siglo iv, distingue entre "tus siervos" y "plebs tua sancta"; por tanto, si se quiere distinguir, se habla de "siervos" y plebs sancta, mientras que el término "pueblo de Dios" expresa a todos juntos en su ser común la Iglesia.


Después del concilio Vaticano II esta doctrina eclesiológica ha tenido amplia acogida y, gracias a Dios, en la comunidad cristiana han madurado muchos frutos buenos. Sin embargo, debemos recordar también que la recepción de esta doctrina en la práctica y su consiguiente asimilación en el entramado de la conciencia eclesial, no se han realizado siempre y en todas partes sin dificultad y según una correcta interpretación. Como aclaré en el discurso a la Curia romana del 22 de diciembre de 2005, una corriente de interpretación, apelando a un presunto "espíritu del Concilio", ha intentado establecer una discontinuidad, e incluso una contraposición, entre la Iglesia anterior y la Iglesia posterior al Concilio, superando a veces los mismos confines que existen objetivamente entre el ministerio jerárquico y las responsabilidades de los laicos en la Iglesia.


La noción de "pueblo de Dios", en particular, fue interpretada por algunos según una visión puramente sociológica, desde una perspectiva casi exclusivamente horizontal, que excluía la referencia vertical a Dios. Esta posición contrasta totalmente con la letra y el espíritu del Concilio, que no quiso una ruptura, otra Iglesia, sino una verdadera y profunda renovación, en la continuidad del único sujeto Iglesia, que crece en el tiempo y se desarrolla, pero permaneciendo siempre idéntico, único sujeto del pueblo de Dios en peregrinación.


En segundo lugar, es preciso reconocer que el despertar de energías espirituales y pastorales durante estos años no ha producido siempre el incremento y el desarrollo deseados. Debemos constatar que en algunas comunidades eclesiales, después de un período de fervor e iniciativas, se ha sucedido un tiempo de debilitamiento del compromiso, una situación de cansancio, a veces casi de estancamiento, incluso de resistencia y contradicción entre la doctrina conciliar y diversos conceptos formulados en nombre del Concilio, pero en realidad opuestos a su espíritu y a su letra. También por esta razón, al tema de la vocación y misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo se dedicó la Asamblea ordinaria del Sínodo de los obispos de 1987.


Este hecho nos dice que las luminosas páginas que el Concilio dedicó al laicado aún no habían sido traducidas y realizadas suficientemente en la conciencia de los católicos y en la práctica pastoral. Por una parte, existe todavía la tendencia a identificar unilateralmente la Iglesia con la jerarquía, olvidando la responsabilidad común, la misión común del pueblo de Dios, que somos todos nosotros en Cristo. Por otra, persiste también la tendencia a concebir el pueblo de Dios, como ya he dicho, según una idea puramente sociológica o política, olvidando la novedad y la especificidad de ese pueblo, que sólo se convierte en pueblo en la comunión con Cristo.


Queridos hermanos y hermanas, ahora tenemos que preguntarnos: ¿En qué situación se encuentra nuestra diócesis de Roma? ¿En qué medida se reconoce y favorece la responsabilidad pastoral de todos, en particular la de los laicos? Durante los siglos pasados, gracias al generoso testimonio de muchos bautizados que han dedicado su vida a educar en la fe a las nuevas generaciones, a cuidar a los enfermos y socorrer a los pobres, la comunidad cristiana ha anunciado el Evangelio a los habitantes de Roma.

Esta misma misión se nos confía a nosotros hoy, en situaciones diversas, en una ciudad donde muchos bautizados han perdido el camino de la Iglesia, y los que no son cristianos no conocen la belleza de nuestra fe. El Sínodo diocesano, promovido por mi amado predecesor Juan Pablo II, fue una receptio efectiva de la doctrina conciliar, y el Libro del Sínodo comprometió a la diócesis a ser cada vez más Iglesia viva y activa en el corazón de la ciudad, a través de la acción coordinada y responsable de todos sus componentes.


La Misión
ciudadana, que siguió en preparación al gran jubileo del año 2000, permitió a nuestra comunidad eclesial tomar conciencia de que el mandato de evangelizar no implica sólo a algunos bautizados, sino a todos. Fue una experiencia positiva que contribuyó a hacer madurar en las parroquias, en las comunidades religiosas, en las asociaciones y en los movimientos, la conciencia de pertenecer al único pueblo de Dios que, según las palabras del apóstol san Pedro, "Dios se ha adquirido para anunciar sus maravillas" (cf. 1 P 2, 9). Por eso queremos dar gracias esta tarde.


Aún queda mucho camino por recorrer. Demasiados bautizados no se sienten parte de la comunidad eclesial y viven al margen de ella, dirigiéndose a las parroquias sólo en algunas circunstancias para recibir servicios religiosos. En proporción al número de habitantes de cada parroquia, todavía son pocos los laicos que, aun declarándose católicos, están dispuestos a trabajar en los diversos campos apostólicos. Ciertamente, no faltan dificultades de orden cultural y social, pero, fieles al mandato del Señor, no podemos resignarnos a conservar lo que tenemos. Confiando en la gracia del Espíritu, que Cristo resucitado nos ha garantizado, debemos reanudar el camino con renovado impulso.


¿Qué caminos podemos recorrer? En primer lugar, es preciso renovar el esfuerzo en favor de una formación más atenta y conforme a la visión de Iglesia de la que he hablado, tanto por parte de los sacerdotes como de los religiosos y laicos. Comprender cada vez mejor qué es esta Iglesia, este pueblo de Dios en el Cuerpo de Cristo. Al mismo tiempo, es necesario mejorar los planes pastorales para que, respetando las vocaciones y las funciones de los consagrados y de los laicos, se promueva gradualmente la corresponsabilidad de todos los miembros del pueblo de Dios. Esto exige un cambio de mentalidad, en particular por lo que respecta a los laicos, pasando de considerarlos "colaboradores" del clero a reconocerlos realmente como "corresponsables" del ser y actuar de la Iglesia, favoreciendo la consolidación de un laicado maduro y comprometido.


Esta conciencia de ser Iglesia, común a todos los bautizados, no disminuye la responsabilidad de los párrocos. Precisamente a vosotros, queridos párrocos, os corresponde promover el crecimiento espiritual y apostólico de quienes ya son asiduos y están comprometidos en las parroquias: ellos son el núcleo de la comunidad que se convertirá en fermento para los demás. Para que dichas comunidades, aunque a veces sean pequeñas numéricamente, no pierdan su identidad y su vigor, es necesario educarlas en la escucha orante de la Palabra de Dios, a través de la práctica de la lectio divina, recomendada fervientemente por el reciente Sínodo de los obispos.


Alimentémonos realmente de la escucha, de la meditación de la Palabra de Dios. Nuestras comunidades deben tener siempre clara conciencia de que son "Iglesia", porque Cristo, Palabra eterna del Padre, las convoca y las convierte en su pueblo. La fe, por una parte, es una relación profundamente personal con Dios, pero, por otra, posee un componente comunitario esencial, y ambas dimensiones son inseparables. Así, también los jóvenes, que están más expuestos al creciente individualismo de la cultura contemporánea, la cual conlleva como consecuencias inevitables el debilitamiento de los vínculos interpersonales y la disminución del sentido de pertenencia, podrán experimentar la belleza y la alegría de ser y sentirse Iglesia. Por la fe en Dios estamos unidos en el Cuerpo de Cristo; todos somos uno en el mismo Cuerpo; así, precisamente creyendo de modo profundo, podemos vivir también la comunión entre nosotros y superar la soledad del individualismo.


Si la Palabra convoca a la comunidad, la Eucaristía la transforma en un cuerpo: "Porque aun siendo muchos -escribe san Pablo-, somos un solo pan y un solo cuerpo, pues todos participamos de un solo pan" (1 Co 10, 17). Por tanto, la Iglesia no es el resultado de una suma de individuos, sino una unidad entre quienes se alimentan de la única Palabra de Dios y del único Pan de vida. La comunión y la unidad de la Iglesia, que nacen de la Eucaristía, son una realidad de la que debemos tener cada vez mayor conciencia, también cuando recibimos la sagrada Comunión; debemos ser cada vez más conscientes de que entramos en unidad con Cristo, y así llegamos a ser uno entre nosotros. Debemos aprender siempre de nuevo a conservar esta unidad y defenderla de rivalidades, controversias y celos, que pueden nacer dentro de las comunidades eclesiales y entre ellas.


En particular, quiero pedir a los movimientos y a las comunidades surgidos después del Vaticano II, que también en nuestra diócesis son un don valioso que debemos agradecer siempre al Señor, quiero pedir a estos movimientos que, repito, son un don, que se preocupen siempre de que sus itinerarios formativos lleven a sus miembros a madurar un verdadero sentido de pertenencia a la comunidad parroquial. El centro de la vida de la parroquia, como he dicho, es la Eucaristía, y en particular la celebración dominical. Si la unidad de la Iglesia nace del encuentro con el Señor, no es secundario que se cuide mucho la adoración y la celebración de la Eucaristía, permitiendo que los que participan en ellas experimenten la belleza del misterio de Cristo. Dado que la belleza de la liturgia "no es mero esteticismo sino el modo en que nos llega, nos fascina y nos cautiva la verdad del amor de Dios en Cristo" (Sacramentum caritatis, 35), es importante que la celebración eucarística manifieste, comunique, a través de los signos sacramentales, la vida divina y revele a los hombres y a las mujeres de esta ciudad el verdadero rostro de la Iglesia.


El crecimiento espiritual y apostólico de la comunidad lleva, además, a promover su ampliación mediante una convencida acción misionera. Por tanto, esforzaos por revitalizar en todas las parroquias, como en el tiempo de la Misión ciudadana, los pequeños grupos o centros de escucha de fieles que anuncian a Cristo y su Palabra, lugares donde sea posible experimentar la fe, practicar la caridad y organizar la esperanza. Esta articulación de las grandes parroquias urbanas a través de la multiplicación de pequeñas comunidades permite una actividad misionera más vasta, que tiene en cuenta la densidad de la población, su fisonomía social y cultural, a menudo notablemente diversa. Sería importante que este método pastoral tuviera una aplicación eficaz también en los lugares de trabajo, que hoy se deben evangelizar con una pastoral de ambiente bien pensada, pues por la notable movilidad social la población pasa en ellos gran parte de su jornada.


Por último, no hay que olvidar el testimonio de la caridad, que une los corazones y abre a la pertenencia eclesial. A la pregunta de cómo se explica el éxito del cristianismo de los primeros siglos, la elevación de una presunta secta judía al rango de religión del Imperio, los historiadores responden que fue sobre todo la experiencia de la caridad de los cristianos lo que convenció al mundo. Vivir la caridad es la forma primaria de la actividad misionera. La Palabra anunciada y vivida resulta creíble si se encarna en comportamientos de solidaridad, de compartir, en gestos que muestran a Cristo como verdadero Amigo del hombre.


Ojalá que el testimonio silencioso y diario de caridad que dan las parroquias gracias al compromiso de numerosos fieles laicos siga extendiéndose cada vez más, para que quienes viven en el sufrimiento sientan cercana a la Iglesia y experimenten el amor del Padre, rico en misericordia. Por tanto, sed "buenos samaritanos", dispuestos a curar las heridas materiales y espirituales de vuestros hermanos. Los diáconos, conformados mediante la ordenación a Cristo siervo, podrán prestar un servicio útil en la promoción de una renovada atención a las antiguas y nuevas formas de pobreza. Pienso, además, en los jóvenes. Queridos jóvenes, os invito a poner al servicio de Cristo y del Evangelio vuestro entusiasmo y vuestra creatividad, convirtiéndoos en apóstoles de vuestros coetáneos, dispuestos a responder generosamente al Señor si os llama a seguirlo más de cerca en el sacerdocio o en la vida consagrada.


Queridos hermanos y hermanas, el futuro del cristianismo y de la Iglesia en Roma también depende del compromiso y del testimonio de cada uno de nosotros. Por esto invoco la intercesión materna de la Virgen María, venerada desde hace siglos en la basílica de Santa María la Mayor como Salus populi romani. Que, como hizo con los Apóstoles en el Cenáculo en espera de Pentecostés, nos acompañe también a nosotros y nos impulse a mirar con confianza al futuro. Con estos sentimientos, a la vez que os agradezco vuestro continuo trabajo, os imparto de corazón a todos una bendición apostólica especial.


[Traducción distribuida por la Santa Sede

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Comentario a las lecturas de la solemnidad del Corpus Christi  publicado en Diario de Avisos el domingo 21 de Junio de 2009 bajo el epígrafe “DOMINGO RISTIANO”

 

La elaboración el vino

 

Daniel

Padilla

 

Tornad y comed: esto es mi cuerpo... Esta es mi sangre, de la nueva y eterna alianza, que será derramada...". El cristiano que participa en la eucaristía, cuando llega el momento en el que el sacerdote pronun­cia estas palabras, suele guardar un impresionante silencio, un silencio sonoro, consciente de la transformación que allá se opera. El pan deja de ser pan, para convertirse en el Corpus Christi. Y el vino ya no es vino, sino que allá empieza a estar la Sangre del Señor. Y es tan grande la fe de los cristianos en esta "transubstanciación", garantía de nues­tra propia transformación, que, aunque todos los días celebramos la eucaristía, siquiera un día al año -hoy- salirnos a la calle a proclamar nuestra fe en el Corpus Christi. Pero quiero contarles una expe­riencia personal. Se trata del señor R. El señor R. es un feligrés amable y bona­chón de una parroquia a la que serví. Cada ano -y fueron varios- solía venir a mi casa en la víspera de una fiesta seña-lada. Su visita va envuelta en un halo de pequeña travesura, de ingenua alegría y de acercamiento al "misterio".

 

Verá usted -empieza diciendo-. Aquí vengo con mis dos botellas.

 

Yo le dejo decir, porque sé que me va a dar una bella y apretada explicación, el porqué de su aventura.

 

¡Es que, para mí, es un gran honor, una cosa muy grande! -dice-. Fíjese. Yo mismo planté la parra, en mi pequeña huerta. Yo mismo selecciono los racimos. Los someto, también yo, al prensado, en mi diminuta maquinaria casera. Sigo después la elaboración hasta conseguir un buen vino. Todo en mi casa, en mi barrio, con mis manos. Y, luego, le traigo estas dos botellas, para que usted, en misa, haga la otra transformación.

 

Lo ha dicho todo seguido, con una mal disimulada emoción que hace temblar su voz. Yo no le contesto nada. Simplemente, me quedo admirando su fe rectilínea y desnuda, más valiosa que un tra­tado teológico sobre la eucaristía. Pero no termina ahí la historia. Al día siguiente, con toda puntualidad, se colo­cará en uno de los primeros bancos de la iglesia. Y, durante toda la misa, obser­vará sin pestañear todos mis gestos y palabras. Cuando, al final, ya en la comu­nión, levante yo el cáliz para sumir la Sangre de Cristo, su mirada será todo un poema interrogativo, todo un gesto de complicidad satisfecha. Como si dijera: "Ya está toda la elaboración terminada. Mis racimos ya se han transformado en la Sangre del Señor". Aún no está todo. Falta algo muy importante y sustancial. Y ésa es precisamente la estremecedora grandeza del Cuerpo y la Sangre de Cristo. El mismo lo había anunciado: "Mi carne es verdaderamente comida; mi sangre es verdaderamente bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, mora en mí y yo en él". Es decir, quien come dignamente la eucaristía, entra también en este proceso de elaboración a lo divino. Ya que, él mismo, podrá repetir lo que Pablo decía: "Vivo yo, pero no soy yo; es Cristo el que vive en mí".


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S?bado, 20 de junio de 2009

Carta que ha escrito monseñor Demetrio Fernández, obispo de Tarazona, con motivo de la renovación de la consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús que tendrá lugar el domingo, 21 de Junio de 2009, en el Cerro de los Ángeles, centro geográfico de la Península.


Hay algunos que dicen que esto ya está pasado de moda. La respuesta es fácil: el amor no pasa de moda nunca. El amor en su doble dirección, de ida y vuelta, de dar y recibir. El culto al sagrado Corazón de Jesús ha servido para esto, y sigue siendo actual hoy como ayer. En el culto al Corazón de Jesús, contemplamos el amor que Dios nos tiene, que le ha llevado a enviarnos a su Hijo único, hecho hombre por amor y entregado a la muerte por amor, y vive glorioso y resucitado con un corazón humano palpitante de amor al Padre y a nosotros. En el culto al Corazón de Jesús, rendimos a Dios un culto de reparación por nuestros pecados, que han sido saldados por un amor más grande. El Corazón de Cristo es como un laboratorio de gran reciclaje, donde depositamos el peso de nuestros pecados y donde la fuerza de su amor nos acarrea el perdón para todos.

Nuestro corazón humano está hecho para ser amado y para amar. Todos y cada uno de nosotros necesita ser amado sin medida. Esto sólo lo encontramos en el Corazón de Jesús, que nos ha amado primero, que nos ama sin medida y que nos ama hasta el extremo. El  Corazón de Jesús sana nuestro corazón, nuestras carencias de amor, los desamores que padecemos, nuestra necesidad de ser amados. Y, gracias a este amor sanador que nos capacita más y más, podemos entrenarnos en el amor a Dios y al prójimo continuamente. Toda nuestra vida es un ensayo continuo en el amor verdadero, en el que se nos mezclan tantos egoísmos, y en el que hemos de empezar de nuevo cada día. Aprender a amar es la tarea de nuestra vida. En el Corazón de Cristo tenemos una escuela insuperable.

Se cumplen en estos días 90 años de la solemne consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús en el Cerro de los Ángeles, centro geográfico de España (30 mayo 1919). Con la asistencia de cardenales, obispos, religiosos/as y una multitud de fieles laicos, el rey Alfonso XIII, en nombre de toda la Nación española, consagró España al Corazón de Cristo. ¡Cuántos bienes nos han venido de este feliz acontecimiento! Hacia el Corazón de Cristo, simbolizado en ese monumento del Cerro de los Ángeles, han confluido las miradas y los corazones de millones de españoles, que fascinados por su amor quieren amar como Él nos ha amado. Santa Maravillas de Jesús ha vivido su ofrenda de amor desde este lugar santo. La biografía de esta santa de nuestros días tiene como epicentro el Corazón de Jesús del Cerro de los Ángeles.

No estamos a estas alturas en un Estado confesional ni se pretende con este acto recuperar aquel status que hoy no se considera conveniente, en línea con el Vaticano II. Pero ningún católico debe avergonzarse de esta manifestación pública de fe, que pretende atraer la atención de católicos y no católicos, incluso de los no creyentes, hacia Cristo "clave, centro y fin de toda la historia humana" (GS 10). En este acto del 21 de junio se espera la participación de miles y miles de jóvenes (con toda la noche previa de vigilia), de familias enteras -padres, hijos y abuelos-, de personas consagradas, presididos por sus pastores, en el marco de una comunidad cristiana, que no mira hacia el pasado con añoranza ni lamentos, sino que recuerda su propia historia para encontrar en ella nuevos impulsos y energías para el tiempo presente y para el futuro. Han cambiado los tiempos, pero no ha cambiado el amor de Cristo que sigue siendo un amor loco de Dios a los hombres. Un amor en el que poder apoyarnos, en la seguridad de que nunca falla.

Os invito a todos a participar en este acto. Acudid con los medios que se han puesto a vuestro alcance. Seguidlo por televisión o radio, si no podéis acudir personalmente. Y en todas las parroquias y comunidades renovemos nuestra consagración al Corazón de Cristo, al Amor de los amores. Muchos bienes vendrán para todos de este acontecimiento.


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Comentario al Evangelio del  Domingo XII del Tiempo Ordinario, 21 de junio, "La tempestad" (Marcos 4, 35-40), escrito por monseñor Jesús Sanz Montes, ofm, obispo de Huesca y de Jaca.



Los discípulos que sienten miedo ante la tempestad mientras van en la barca con un Jesús que duerme. Habían estado disfrutando del inusitado éxito que la predicación de su Maestro tenía en el gentío, y habían gozado con la explicación detallada de las parábolas que a ellos les hacía después en privado. Todo era tan hermoso, pero Jesús les arranca de allí al atardecer para conducirlos la ribera opuesta. Por eso les dolía la aparente pasividad durmiente de Jesús. Era una tormenta bien real: fuerte huracán, olas que rompen contra la barca, agua que la llena hasta anegarla...; como real era el sueño de Jesús: en la popa, sobre un almohadón, dormido de veras. El testigo quedó impresionado y anotó un sin fin de detalles de aquella escena.


El discípulo de Jesús, entonces y siempre, no es el que tiene la vida más fácil, como si en el bautismo nos "perdonasen" la fatigas y el penar que toda andadura humana conlleva. La aventura de la fe no rebaja el realismo de la vida, ni camufla todo lo que ésta trae en positivo y en negativo. La novedad consiste en que la fe nos permite ver y vivir lo que vive y ve cualquier persona, pero con otro significado: el que se deriva del acontecimiento cristiano, el que aprendemos en la Persona y la Palabra de Jesús. Esto es lo que aporta la fe ante el dolor, la enfermedad, ante la misma muerte. Si no se tiene fe, o es insuficiente, entonces el cristiano vive su existencia como la puede vivir cualquiera: desde la euforia o la depresión, desde el miedo o la osadía, con pánico o con calma... todo depende del fugaz estado de ánimo o de la circunstancia.


Hay que leer este Evangelio descubriendo las tormentas que acechan nuestro camino, los nubarrones que amenazan el presente de la humanidad: ¿la violencia, la guerra, el paro, las mil infidelidades, la corrupción, la inseguridad, la debilidad de pensamiento...? Y ¿cómo reaccionamos? Porque hay gente que se tapa los ojos para no ver, o declina la responsabilidad e inculpa al gobierno de turno, a la Iglesia, o incluso a Dios. Pero también hay gente que afronta con serenidad responsable la construcción de un mundo nuevo, más allá de las nubes que lo asustan y atemorizan, y ponen lo mejor de sí para hacer una sociedad menos tempestuosa, que glorifica a Dios y dignifica al hombre. Gente que sabe que Jesús está en la misma barca, y que nos encamina a la otra orilla, al puerto seguro. Esta es la sabiduría de los muchos santos que en el mundo han sido: haber descubierto que ante las tremendas tempestades de la vida, el Señor no está ausente ni dormido, sino que actúa en nuestra libertad, en nuestras manos desatadas de cualquier esclavitud y en nuestro corazón despierto de cualquier dormidera.


Publicado por verdenaranja @ 23:32  | Hablan los obispos
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Mensaje con motivo de las próximas elecciones del obispo de la Villa de la Concepción de Río Cuarto (Córdoba), 19 de Junio de 2009. (AICA)

  

    

 El 28 de Junio el Pueblo argentino elige Senadores y Diputados de la Nación. No sólo el acto democrático es importante. Es trascendente la oportunidad: elegimos a quienes nos representarán en el Congreso de la Nación para pensar y decidir rumbos de acción y marcos de gestión, muy importantes para nuestro presente y nuestro futuro. Ellos dictarán las leyes que van a regir nuestra convivencia ciudadana.

     Como Obispo y sacerdotes que acompañan cotidianamente el caminar del pueblo, queremos invitarlos a participar de este acto democrático y asumir así la responsabilidad de elegir en conciencia a quienes creamos que mejor representan los valores en los cuales creemos y en los cuales queremos ver crecer a nuestros hijos y a nuestra Patria.

     Es fundamental que recordemos que, como Pueblo, somos depositarios del poder soberano. Los legisladores reciben de nosotros el mandato de representarnos y, en nuestro nombre, confeccionar las leyes que nosotros necesitamos en orden al bien de la comunidad.

     Si somos un pueblo que valora y respeta la vida y la familia, queremos leyes que la defiendan y fortalezcan. La vida, frágil siempre y en todas sus formas, es valor fundamental de una sociedad. Si las personas por nacer, los niños, los jóvenes marginados, los ancianos, siempre los más débiles en toda sociedad, no son protegidos, tutelados por las leyes de la Nación, ¿quién lo hará? Si nuestras leyes no custodian  la familia, asegurándole los medios que necesita para fundarse y crecer, según el orden natural, queda desprotegida y privada de sostén social.

     Lo mismo podemos decir de los demás valores sociales: la educación, la salud, el trabajo, la economía. Todo ello “por medio de leyes, que, de acuerdo con el principio de subsidiaridad, reconozcan y apoyen las iniciativas que surgen de las diversas fuerzas sociales y que unen la espontaneidad con la cercanía a los hombres necesitados de auxilio”, tal como nos dice el Papa Benedicto XVI en su Encíclica “Deus Caritas Est” (cf. N.28)

     Necesitamos recrear el espíritu de unidad, venciendo la tentación de la ruptura y el enfrentamiento, para que sea posible la amistad social, sin la cual el solo crecimiento económico y tecnológico queda incompleto.

     Seamos entusiastas defensores del sistema democrático, participemos comprometidamente con nuestro voto, decidamos tratando de elegir a quienes creamos serán los que mejor representen nuestra identidad y nuestras metas como Nación.

     Dios, fuente de toda razón y justicia, siga siendo siempre nuestro Padre y nuestro guía.+


Publicado por verdenaranja @ 23:24  | Hablan los obispos
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ZENIT publica la homilía que pronunció Benedicto XVI el viernes, 19 de Junio de 2009, por la tarde al inaugurar el Año Sacerdotal durante las vísperas de la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, que presidió en la Basílica Vaticana.

 

Queridos hermanos y hermanas:

En la antífona del Magníficat dentro de poco cantaremos: "El Señor nos ha acogido en su corazón"- "Suscepit nos Dominus in sinum et cor suum". En el Antiguo Testamento se habla 26 veces del corazón de Dios, considerado como el órgano de su voluntad: en referencia al corazón de Dios, el hombre es juzgado. A causa del dolor que su corazón siente por los pecados del hombre, Dios decide el diluvio, pero después se conmueve ante la debilidad humana y perdona. Luego hay un pasaje del Antiguo Testamento en el que el tema del corazón de Dios se expresa de manera totalmente clara: se encuentra en el capítulo 11 del libro del profeta Oseas, donde los primeros versículos describen la dimensión del amor con el que el Señor se dirige a Israel en la aurora de su historia: "Cuando Israel era niño, yo le amé, y de Egipto llamé a mi hijo" (v. 1). En realidad, a la incansable predilección divina, Israel responde con indiferencia e incluso con ingratitud. "Cuanto más los llamaba --constata el Señor--, más se alejaban de mí" (v. 2). Sin embargo, Él no abandona Israel en las manos de los enemigos, pues "mi corazón -dice el Creador del universo-- está en mí trastornado, y a la vez se estremecen mis entrañas" (v. 8).


¡El corazón de Dios se estremece de compasión! En la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, la Iglesia presenta a nuestra contemplación este misterio, el misterio del corazón de un Dios que se conmueve y ofrece todo su amor a la humanidad. Un amor misterioso, que en los textos del Nuevo Testamento se nos revela como inconmensurable pasión de Dios por el hombre. No se rinde ante la ingratitud, ni siquiera ante el rechazo del pueblo que ha escogido; es más, con infinita misericordia envía al mundo a su unigénito Hijo para que cargue sobre sí el destino del amor destruido; para que, derrotando el poder del mal y de la muerte, pueda restituir la dignidad de hijos a los seres humanos esclavizados por el pecado. Todo esto a caro precio: el Hijo unigénito del Padre se inmola en la cruz: "habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo" (Cf. Juan 13, 1). Símbolo de este amor que va más allá de la muerte es su costado atravesado por una lanza. En este sentido, un testigo ocular, el apóstol Juan, afirma: "uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua" (Cf. Juan 19,34).


Queridos hermanos y hermanas: gracias, pues respondiendo a mi invitación, habéis venido en gran número a esta celebración en la que entramos en el Año Sacerdotal. Saludo a los señores cardenales y a los obispos, en particular al cardenal prefecto y al secretario de la Congregación para el Clero, junto a sus colaboradores, y al obispo de Ars. Saludo a los sacerdotes y a los seminaristas de los colegios de Roma; a los religiosos y religiosas y a todos los fieles. Dijo un saludo especial a Su Beatitud Ignace Youssef Younan, patriarca de Antioquía de los Sirios, venido a Roma para visitarme y manifestar públicamente la "ecclesiastica communio" [comunión eclesial, ndt.] que le he concedido.


Queridos hermanos y hermanas: detengámonos a contemplar juntos el Corazón traspasado del Crucificado. Una vez más acabamos de escuchar, en la breve lectura tomada de la Carta de san Pablo a los Efesios, que "Dios, rico en misericordia, por el grande amor con que nos amó, estando muertos a causa de nuestros delitos, nos vivificó juntamente con Cristo - por gracia habéis sido salvados y con él nos resucitó y nos hizo sentar en los cielos en Cristo Jesús" (Efesios 2,4-6). Estar en Cristo Jesús significa ya sentarse en los cielos. En el Corazón de Jesús se expresa el núcleo esencial del cristianismo; en Cristo se nos revela y entrega toda la novedad revolucionaria del Evangelio: el Amor que nos salva y nos hace vivir ya en la eternidad de Dios. Escribe el evangelista Juan: "Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna" (3,16). Su Corazón divino llama entonces a nuestro corazón; nos invita a salir de nosotros mismos, y a abandonar nuestras seguridades humanas para fiarnos de Él y, siguiendo su ejemplo, a hacer de nosotros mismos un don de amor sin reservas.


Si es verdad que la invitación de Jesús a "permanecer en su amor" (Cf. Juan 15, 9) se dirige a todo bautizado, en la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, Jornada de Santificación Sacerdotal, esta invitación resuena con mayor fuerza para nosotros sacerdotes, en particular esta tarde, solemne inicio del Año Sacerdotal, que he convocado con motivo del 150° aniversario de la muerte del santo Cura de Ars. Me viene inmediatamente a la mente una hermosa y conmovedora afirmación, referida en el Catecismo de la Iglesia Católica: "El sacerdocio es el amor del Corazón de Jesús" (n. 1589). ¿Cómo no recordar con conmoción que directamente de este Corazón ha manado el don de nuestro ministerio sacerdotal? ¿Cómo olvidar que nosotros, presbíteros, hemos sido consagrados para servir, humilde y autorizadamente, al sacerdocio común de los fieles? Nuestra misión es indispensable para la Iglesia y para el mundo, que exige fidelidad plena a Cristo y una incesante unión con Él; es decir, exige que busquemos constantemente la santidad como hizo san Juan María Vianney. En la carta que os he dirigido con motivo de este año jubilar especial, queridos sacerdotes, he querido subrayar algunos aspectos que califican nuestro ministerio, haciendo referencia al ejemplo y a la enseñanza del santo Cura de Ars, modelo y protector de todos los sacerdotes, y en particular de los párrocos. Espero que este texto mío os sea de ayuda y aliento para hacer de este año una ocasión propicia para crecer en la intimidad con Jesús, que cuenta con nosotros, sus ministros, para difundir y consolidar su Reino, para difundir su amor, su verdad. Y, por tanto, "a ejemplo del santo cura de Ars, dejaos conquistar por Él y seréis también vosotros, en el mundo de hoy, mensajeros de esperanza, reconciliación y paz".

¡Dejarse conquistar totalmente por Cristo! Este fue el objetivo de toda la vida de san Pablo, al que hemos dirigido nuestra atención durante el Año Paulino, que se encamina ya hacia su conclusión; esta ha sido la meta de todo el ministerio del santo cura de Ars, a quien invocaremos particularmente durante el Año Sacerdotal; que éste sea también el objetivo principal de cada uno de nosotros. Para ser ministros al servicio del Evangelio es ciertamente útil y necesario el estudio con una atenta y permanente formación pastoral, pero todavía es más necesaria esa "ciencia del amor", que sólo se aprende de "corazón a corazón" con Cristo. Él nos llama a partir el pan de su amor, a perdonar los pecados y a guiar al rebaño en su nombre. Precisamente por este motivo no tenemos que alejarnos nunca del manantial del Amor que es su Corazón atravesado en la cruz.


Sólo así seremos capaces de cooperar eficazmente con el misterioso "designio del Padre", que consiste en "hacer de Cristo el corazón del mundo". Designio que se realiza en la historia en la medida en que Jesús se convierte en el Corazón de los corazones humanos, comenzando por aquellos que están llamados a estar más cerca de él, los sacerdotes. Nos vuelven a recordar este constante compromiso las "promesas sacerdotales", que pronunciamos el día de nuestra ordenación y que renovamos cada año, el Jueves Santo, en la Misa Crismal. Incluso nuestras carencias, nuestros límites y debilidades deben volvenos a conducir al Corazón de Jesús. Si es verdad que los pecadores, al contemplarle, deben aprender el necesario "dolor de los pecados" que los vuelve a conducir al Padre, esto se aplica aún más a los ministros sagrados. ¿Cómo olvidar que nada hace sufrir más a la Iglesia, Cuerpo de Cristo, que los pecados de sus pastores, sobre todo de aquellos que se convierten en "ladrones de ovejas" (Juan 10, 1 y siguientes), ya sea porque las desvían con sus doctrinas privadas, ya sea porque las atan con los lazos del pecado y de muerte? También para nosotros queridos sacerdotes se aplica el llamamiento a la conversión y a recurrir a la Misericordia Divina, e igualmente debemos dirigir con humildad incesante la súplica al Corazón de Jesús para que nos preserve del terrible riesgo de dañar a aquellos a quienes debemos salvar.


Hace poco he podido venerar, en la Capilla del Coro, la reliquia del santo cura de Ars: su corazón. Un corazón inflamado de amor divino. Que se conmovía ante el pensamiento de la dignidad del sacerdote y hablaba a los fieles con tonos tocantes y sublimes, afirmando que ¡"después de Dios, el sacerdote lo es todo!... Él mismo no se entenderá bien sino en el cielo" (Cf. Carta para el Año Sacerdotal, p. 2). Cultivemos queridos hermanos, esta misma conmoción, ya sea para cumplir nuestro ministerio con generosidad y dedicación, ya sea para custodiar en el alma un verdadero "temor de Dios": el temor de poder privar de tanto bien, por nuestra negligencia o culpa a las almas que nos han sido confiadas o de poderlas dañar. ¡Que Dios no lo permita! La Iglesia tiene necesidad de sacerdotes santos; de ministros que ayuden a los fieles a experimentar el amor misericordioso del Señor y sean sus testigos convencidos. En la adoración eucarística, que seguirá a la celebración de las Vísperas, pediremos al Señor que inflame el corazón de cada presbítero con esa caridad pastoral capaz de asimilar su personal "yo" al de Jesús sacerdote, para así poderlo imitar en la más completa entrega de uno mismo. Que nos obtenga esta gracia la Virgen Madre, de quien mañana contemplaremos con viva fe el Corazón inmaculado. El santo cura de Ars vivía una filial devoción por ella, hasta el punto de que en 1836, anticipándose a la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción, ya había consagrado su parroquia a María "concebida sin pecado". Y mantuvo la costumbre de renovar a menudo esta ofrenda de la parroquia a la santa Virgen, enseñando a los fieles que "basta con dirigirse a ella para ser escuchados", por el simple motivo que ella "desea sobretodo vernos felices". Que nos acompañe la Virgen santa, nuestra Madre, en el Año Sacerdotal que hoy iniciamos, para que podamos ser guías firmes e iluminados para los fieles que el Señor confía a nuestros cuidados pastorales ¡Amen!


[Traducción del original italiano realizada por Jesús Colina

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Viernes, 19 de junio de 2009

Los miembros del Consejo Permanente de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB), reunidos en Brasilia del 16 al 18 de junio de 2009, han condenado una vez más la corrupción en la política y pide más ética.



CONFERÊNCIA NACIONAL DOS BISPOS DO BRASIL

69ª Reunião Ordinária do Conselho Permanente

Brasília – DF, 16 a 18 de junho de 2009        CP/09

  

A SUPERAÇÃO DA CORRUPÇAO NA POLÍTICA:

SALVAGUARDA DA ÉTICA E DA DEMOCRACIA 

 

“Na verdade, a raiz de todos os males é o amor ao dinheiro” (1Tm 6,10).

 

Nós, membros do Conselho Permanente da Conferência Nacional dos Bispos do Brasil - CNBB, reunidos em Brasília, DF, nos dias 16 a 18 de junho de 2009, manifestamos indignação diante das repetidas acusações de corrupção nas instâncias dos Poderes constituídos. A corrupção e a decorrente impunidade constituem grandes ameaças ao sistema democrático.

 

A corrupção aumenta o fosso das desigualdades sociais, como também a miséria, a fome e a pobreza. Além de ferir gravemente o princípio do destino universal dos bens, raramente se tem notícias sobre a restituição dos recursos e bens públicos usurpados. A corrupção trai a justiça e a ética social, compromete o funcionamento do Estado, decepciona e afasta o povo da participação política, levando-o ao desprezo, perplexidade, cansaço, revolta, e ao descrédito generalizado, não somente pelos políticos, mas também pelas Instituições Públicas.

 

A imprensa nacional e os órgãos públicos competentes têm divulgado a prática de comprovada corrupção nos meios políticos como um círculo vicioso, um hábito enraizado na inversão dos meios e do fim da “coisa pública”. Ao mesmo tempo em que a mídia funciona como caixa de ressonância, denunciando os males presentes na vida política, muitas vezes pode semear na opinião pública a idéia da inutilidade do Congresso, desvalorizando a democracia.

 

Diversas instâncias da sociedade civil já se manifestaram em favor da reforma política para, entre outros objetivos, sanar os males da corrupção sedimentados na vida pública. A Igreja quer contribuir para o bem comum, lembrando as exigências éticas do Evangelho. A política é um serviço ao bem comum, na construção da sociedade justa, fraterna e solidária. Os políticos sejam pessoas dotadas de virtudes sociais, como competência, retidão, transparência e espírito de serviço, sendo os primeiros responsáveis pela ordem justa na sociedade. A superação da corrupção exige pessoas e partidos com perfil íntegro para o exercício do mandado público.

 

Convocamos a todos para que, através do Projeto de Lei de Iniciativa Popular sobre a Vida Pregressa dos Candidatos (Projeto Ficha Limpa), da Reforma Política e outras mobilizações, possamos garantir eleições regidas pela ética em 2010, fortalecendo a participação e garantindo a credibilidade dos processos democráticos. Nesse sentido, a Igreja oferece, por meio das escolas de Fé e Política, uma concreta e valiosa contribuição.   

 

Que Nossa Senhora Aparecida, serva de Deus e da humanidade, ajude o povo brasileiro a combater a corrupção, criando condições para uma sociedade justa e plenamente democrática.

 

 

 

Dom Geraldo Lyrio Rocha

Arcebispo de Mariana

Presidente da CNBB        

 

Dom Luiz Soares Vieira

Arcebispo de Manaus

Vice-Presidente da CNBB

 

 

Dom Dimas Lara Barbosa

Bispo Auxiliar do Rio de Janeiro

Secretário-Geral da CNBB


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Oración de los obispos argentinos para el año sacerdotal (CEA).


 

Jesús, Buen Pastor,
que has querido guiar a tu pueblo
mediante el ministerio de los sacerdotes:
¡gracias por este regalo para tu Iglesia y para el mundo!
Te pedimos por quienes has llamado a ser tus ministros:
cuídalos y concédeles el ser fieles.

Que sepan estar en medio y delante de tu pueblo,
siguiendo tus huellas e irradiando tus mismos sentimientos.

Te rogamos por quienes se están preparando
para servir como pastores:
que sean disponibles y generosos
para dejarse moldear según tu corazón.

Te pedimos por los jóvenes a quienes también hoy llamas:
que sepan escucharte y tengan el coraje de responderte,
que no sean indiferentes a tu mirada tierna y comprometedora,
que te descubran como el verdadero Tesoro
y estén dispuestos a dar la vida "hasta el extremo".

Te lo pedimos junto con María, nuestra Madre de Luján,
y San Juan María Vianney, el Santo Cura de Ars,
en este Año Sacerdotal. Amén.


Publicado por verdenaranja @ 23:18  | A?o Sacerdotal
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VATICANO - “Ave María” por mons. Luciano Alimandi - La Eucaristía no es sólo acción litúrgica


Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – Sería una cosa espléndida si nuestro “yo” se encontrase inmerso en Dios y procediese hacia Él, como a su único Principio, a la Fuente de la Vida, espontáneamente, sin resistencias, en un impulso de comunión eterna. Al inicio, antes de la caída, era así, luego ya no lo fue. A causa del pecado, en efecto, que entró en el mundo gracias a la rebelión del “yo” a Dios, nos encontramos todos ya no inmersos en Él, en el Eterno, sino prisioneros de nosotros mismos, de un egoísmo que, a partir de Adán y Eva, de su pecado de los orígenes, se ha vuelto tirano de todo hombre sobre la faz de la tierra.

Terrible es la tiranía del “egocentrismo”, que no conoce tregua y siempre de nuevo encuentra de qué alimentarse: sueños de grandeza, ilusiones, presunciones, proyectos, deseos, iniciativas... Un “ego” así, estando completamente en tensión no hacia lo Trascendente sino hacia lo inmanente, no a lo Definitivo sino a lo transitorio, quiere prevalecer sobre todo y sobre todos, incluso sobre Dios.

Darse cuenta de cuánto es tremenda la dictadura del egoísmo humano es una de las empresas más difíciles, y aún más difícil es querer ser liberados verdaderamente. Sólo Dios puede venir en nuestra ayuda, porque el hombre, todo hombre, es impotente para salvarse de las propias pasiones.

Se podrían aplicar a esta ardua liberación las palabras inspiradas del salmista: “si el Señor no hubiera estado por nosotros, cuando contra nosotros se alzaron los hombres,
vivos entonces nos habrían tragado en el fuego de su cólera.Entonces las aguas nos habrían anegado, habría pasado sobre nosotros un torrente, habrían pasado entonces sobre nuestra alma aguas voraginosas. ¡Bendito sea el Señor que no nos hizo presa de sus dientes! Nuestra alma como un pájaro escapó del lazo de los cazadores. El lazo se rompió y nosotros escapamos; nuestro auxilio está en el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra” (Sal 123, 1-8).

Sin la gracia salvadora de Jesús, acogida con fe, no hay modo de “romper” los lazos que nos tienen prisioneros, sería vano tratar de huir al control de las pasiones, por el simple hecho de que cada uno de nosotros es el carcelero de sí mismo.

“He aquí que estoy a la puerta y llamo. Si alguno escucha mi voz y me abre la puerta, vendré a él” (Ap 3, 20). Esta palabra de Jesús, en el Apocalipsis, es la única que nos puede salvar: Jesús está fuera de la prisión, es el único que tiene el poder divino para liberarnos a todos nosotros. ¡Basta quererlo! Él toca, pide nuestra colaboración para liberarnos, para hacernos salir de los laberintos que hemos construido alzando barreras entre nosotros y Dios, entre nosotros y los demás, entre nosotros y nosotros mismos. Sólo este “Éxodo” nos puede regresar a la inocencia original, es decir a la verdadera libertad de los hijos de Dios. El “Camino” que hace posible el éxodo de nosotros mismos tiene un sólo nombre. Jesús. Desde el inicio de la Iglesia lo ha anunciado: “Jesús es la piedra que vosotros, los constructores, habéis despreciado y que se ha convertido en piedra angular. Porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos” (Hch 4, 11-12). La Iglesia cree que sólo Jesús es la vía que conduce al hombre al Paraíso perdido. Hasta que no entra por ella, uno vaga entre mil desiertos de la vida sin poder evitar perderse.

Por esto Jesús ha venido y ha querido permanecer sobre esta tierra, sobre todo mediante el Sacramento de su Amor: la Santísima Eucaristía que alimenta la vida de la Iglesia y de toda alma que cree en Él. “Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20). El Señor ha permanecido en medio a nosotros, como pan partido y vino donado que, en toda santa Misa, se hacen su Cuerpo y su Sangre. Si queremos ser sus discípulos debemos, entonces, imitarlo. También nosotros debemos llegar a ser, en lo poco, pan partido. Hay un dicho, en italiano, que expresa bien la generosidad de una persona: se ha “dividido en cuatro” para ayudar. El “dividirse en cuatro” sólo es posible si se acepta la lógica evangélica del “partirse”. Si se quiere permanecer “todo entero”, si no se acepta la renuncia de sí, con la muerte consecuente del propio “yo”, entonces se rechaza la lógica eucarística, donde el “transformarse” presupone el “partirse”. Si quiero dejarme transformar en Cristo no debo cerrarme sino donarme completamente para que mi vida se haga oferta, como escribe San Pablo: “os exhorto, hermanos, por la misericordia de Dios, a ofrecer vuestros cuerpos como sacrificio viviente, santo y agradable a Dios; este es vuestro culto espiritual” (Rm 12, 1).

Si no nos ofrecemos a nosotros mismos, si dejamos que sea sólo Jesús quien “se parte y se derrama”, si esperamos a que sean siempre y solamente los demás quienes se sacrifican por nosotros y por el prójimo, nuestra participación a la Santa Misa será siempre incompleta y también para nosotros se realizará la Palabra del Señor: “este pueblo me honra con los labios pero su corazón está lejos de mí” (Mt 15, 8).

El Santo Padre Benedicto XVI, nos enseñaba así en la homilía para la Santa Misa en la Cena del Señor: “la Eucaristía nunca puede ser sólo una acción litúrgica. Sólo es completa, si el "agape" litúrgico se convierte en amor cotidiano. En el culto cristiano, las dos cosas se transforman en una, el ser agraciados por el Señor en el acto cultual y el cultivo del amor respecto al prójimo” (Benedicto XVI, homilía del 9 de abril de 2009).

El corazón se aleja de Dios en la medida en que el hombre cede a su egoísmo. Cuanto más se cierra, cuanto más se niega a donarse, a “partir el propio pan”, tanto más se ensancha la grieta entre el infinito Amor de Dios y el hombre mismo. Dios nunca se aleja del hombre – como podría si su Fidelidad es eterna – sino que es el hombre que, subyugado por su “yo” y sus deseos dementes, escapa de Dios, como una partícula enloquecida que se aleja del Todo porque prefiere la nada de sí y del mundo.

Para terminar con esta fuga insana, del hombre prisionero de sus sentidos y de sus pasiones, Jesús se presenta, también hoy, a la puerta de nuestro corazón como un Mendigo, como un “pobre Cristo”, cargado con la Cruz, que parte su Pan para nosotros. Ante este “Hombre” - “Ecce Homo” (Jn 19, 5) – basta confiar en su Palabra, y la loca carrera hacia la “nada” se detendrá porque en Él se encuentra “el Todo”. La gota habrá finalmente encontrado el Océano y bastará un sólo gesto, para cambiar vida por siempre, para derramarse en Él. (Agencia Fides 17/6/2009; líneas 73, palabras 1146)


Publicado por verdenaranja @ 23:08  | Espiritualidad
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DOMINGO 12 DEL TIEMPO ORDINARIO / B

21 de junio de 2009

 

 

La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espírtitu Santo estén con todos vosotros.

 

Hoy, 21 de junio, comienza el verano. Año tras año, el paso de las estaciones va marcando el ritmo de nuestra vida. Ahora terminan las clases en las escuelas, se acercan las vacaciones, los campos muestran su rostro más exuberante... Y en medio de esta vida que va cambiando, Jesús se nos hace presente. Él está siempre con nosotros, él nos acompaña en toda circunstancia.

Por eso, con toda la alegría, nos reunimos en torno a él, convocados por él. El pan y el vino, que son fruto de la tierra y del trabajo humano, serán, de nuevo, por la presencia de Jesús, alimento para nuestro camino, alimento de vida eterna. Y nosotros los recibiremos con espíritu de alabanza y de acción de gracias.

 

A. penitencial: Preparémonos para celebrar la Eucaristía reconociendo nuestros pecados.

 

Tú, que nos reúnes en comunidad. SEÑOR, TEN

PIEDAD.

Tú, que nos das tu Palabra. CRISTO, TEN PIEDAD.

Tú, que nos alimentas con tu Cuerpo y tu Sangre.

SEÑOR, TEN PIEDAD. 

 

1. lectura (Job 38,1.8-11): Hoy, terminadas ya las fiestas después del tiempo de Pascua, reemprendemos la lectura continua del evangelio de Marcos. Domingo tras domingo, iremos siguiendo los pasos de Jesús, sus palabras y sus actuaciones. Hoy lo veremos enfrentándose a la furia de las aguas. Y ahora, en esta primera lectura, las palabras del Antiguo Testamento nos prepararán para contemplar la actuación de Jesús.

 

2. lectura: Escuchemos ahora las palabras de san Pablo, que nos hablan de la vida nueva que ha comenzado con Jesús.

 

Oración universal: Presentémosle al Padre nuestras plegarias, por nosotros, por toda la Iglesia, por el mundo entero. Oremos diciendo: ESCÚCHANOS, PADRE
 

1. Por la Iglesia, por todos los que creemos en Jesús y queremos seguirle. OREMOS:

 

2. Por nuestros gobernantes, y por los trabajadores de la administración pública. OREMOS:

 

3. Por los obreros y los campesinos, por todos los que se ganan el pan con el trabajo de sus manos. OREMOS:

 

4. Por los chicos y chicas que ahora terminan el curso escolar, y por sus maestros y profesores. OREMOS:

 

5.       Por... OREMOS:

 

6. Por nosotros, y por nuestros familiares y amigos. OREMOS: 

 

Escucha, Padre, nuestra oración, y derrama sobre nosotros los dones de tu bondad. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Padrenuestro: Como Jesús nos ha enseñado, ahora, antes de comulgar, nos atrevemos a decir:


CPL


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Carta de Benedicto XVI a los sacerdotes al comenzar el Año Sacerdotal, que ha proclamado con motivo del 150° aniversario de la muerte (el dies natalis) de san Juan María Vianney, conocido como el cura de Ars.


Queridos hermanos en el Sacerdocio:


      He resuelto convocar oficialmente un "Año Sacerdotal" con ocasión del 150 aniversario del "dies natalis" de Juan María Vianney, el Santo Patrón de todos los párrocos del mundo, que comenzará el viernes 19 de junio de 2009, solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús -jornada tradicionalmente dedicada a la oración por la santificación del clero-.1 Este año desea contribuir a promover el compromiso de renovación interior de todos los sacerdotes, para que su testimonio evangélico en el mundo de hoy sea más intenso e incisivo, y se concluirá en la misma solemnidad de 2010.


      "El Sacerdocio es el amor del corazón de Jesús", repetía con frecuencia el Santo Cura de Ars.2 Esta conmovedora expresión nos da pie para reconocer con devoción y admiración el inmenso don que suponen los sacerdotes, no sólo para la Iglesia, sino también para la humanidad misma. Tengo presente a todos los presbíteros que con humildad repiten cada día las palabras y los gestos de Cristo a los fieles cristianos y al mundo entero, identificándose con sus pensamientos, deseos y sentimientos, así como con su estilo de vida. ¿Cómo no destacar sus esfuerzos apostólicos, su servicio infatigable y oculto, su caridad que no excluye a nadie? Y ¿qué decir de la fidelidad entusiasta de tantos sacerdotes que, a pesar de las dificultades e incomprensiones, perseveran en su vocación de "amigos de Cristo", llamados personalmente, elegidos y enviados por Él?


      Todavía conservo en el corazón el recuerdo del primer párroco con el que comencé mi ministerio como joven sacerdote: fue para mí un ejemplo de entrega sin reservas al propio ministerio pastoral, llegando a morir cuando llevaba el viático a un enfermo grave. También repaso los innumerables hermanos que he conocido a lo largo de mi vida y últimamente en mis viajes pastorales a diversas naciones, comprometidos generosamente en el ejercicio cotidiano de su ministerio sacerdotal.


      Pero la expresión utilizada por el Santo Cura de Ars evoca también la herida abierta en el Corazón de Cristo y la corona de espinas que lo circunda. Y así, pienso en las numerosas situaciones de sufrimiento que aquejan a muchos sacerdotes, porque participan de la experiencia humana del dolor en sus múltiples manifestaciones o por las incomprensiones de los destinatarios mismos de su ministerio: ¿Cómo no recordar tantos sacerdotes ofendidos en su dignidad, obstaculizados en su misión, a veces incluso perseguidos hasta ofrecer el supremo testimonio de la sangre?


      Sin embargo, también hay situaciones, nunca bastante deploradas, en las que la Iglesia misma sufre por la infidelidad de algunos de sus ministros. En estos casos, es el mundo el que sufre el escándalo y el abandono. Ante estas situaciones, lo más conveniente para la Iglesia no es tanto resaltar escrupulosamente las debilidades de sus ministros, cuanto renovar el reconocimiento gozoso de la grandeza del don de Dios, plasmado en espléndidas figuras de Pastores generosos, religiosos llenos de amor a Dios y a las almas, directores espirituales clarividentes y pacientes. En este sentido, la enseñanza y el ejemplo de san Juan María Vianney pueden ofrecer un punto de referencia significativo. El Cura de Ars era muy humilde, pero consciente de ser, como sacerdote, un inmenso don para su gente: "Un buen pastor, un pastor según el Corazón de Dios, es el tesoro más grande que el buen Dios puede conceder a una parroquia, y uno de los dones más preciosos de la misericordia divina".3 Hablaba del sacerdocio como si no fuera posible llegar a percibir toda la grandeza del don y de la tarea confiados a una criatura humana: "¡Oh, qué grande es el sacerdote! Si se diese cuenta, moriría... Dios le obedece: pronuncia dos palabras y Nuestro Señor baja del cielo al oír su voz y se encierra en una pequeña hostia...".4 Explicando a sus fieles la importancia de los sacramentos decía: "Si desapareciese el sacramento del Orden, no tendríamos al Señor. ¿Quién lo ha puesto en el sagrario? El sacerdote. ¿Quién ha recibido vuestra alma apenas nacidos? El sacerdote. ¿Quién la nutre para que pueda terminar su peregrinación? El sacerdote. ¿Quién la preparará para comparecer ante Dios, lavándola por última vez en la sangre de Jesucristo? El sacerdote, siempre el sacerdote. Y si esta alma llegase a morir [a causa del pecado], ¿quién la resucitará y le dará el descanso y la paz? También el sacerdote... ¡Después de Dios, el sacerdote lo es todo!... Él mismo sólo lo entenderá en el cielo".5 Estas afirmaciones, nacidas del corazón sacerdotal del santo párroco, pueden parecer exageradas. Sin embargo, revelan la altísima consideración en que tenía el sacramento del sacerdocio. Parecía sobrecogido por un inmenso sentido de la responsabilidad: "Si comprendiéramos bien lo que representa un sacerdote sobre la tierra, moriríamos: no de pavor, sino de amor... Sin el sacerdote, la muerte y la pasión de Nuestro Señor no servirían de nada. El sacerdote continúa la obra de la redención sobre la tierra... ¿De qué nos serviría una casa llena de oro si no hubiera nadie que nos abriera la puerta? El sacerdote tiene la llave de los tesoros del cielo: él es quien abre la puerta; es el administrador del buen Dios; el administrador de sus bienes... Dejad una parroquia veinte años sin sacerdote y adorarán a las bestias... El sacerdote no es sacerdote para sí mismo, sino para vosotros".6


      Llegó a Ars, una pequeña aldea de 230 habitantes, advertido por el Obispo sobre la precaria situación religiosa: "No hay mucho amor de Dios en esa parroquia; usted lo pondrá". Bien sabía él que tendría que encarnar la presencia de Cristo dando testimonio de la ternura de la salvación: "Dios mío, concédeme la conversión de mi parroquia; acepto sufrir todo lo que quieras durante toda mi vida". Con esta oración comenzó su misión.7 El Santo Cura de Ars se dedicó a la conversión de su parroquia con todas sus fuerzas, insistiendo por encima de todo en la formación cristiana del pueblo que le había sido confiado.


      Queridos hermanos en el Sacerdocio, pidamos al Señor Jesús la gracia de aprender también nosotros el método pastoral de san Juan María Vianney. En primer lugar, su total identificación con el propio ministerio. En Jesús, Persona y Misión tienden a coincidir: toda su obra salvífica era y es expresión de su "Yo filial", que está ante el Padre, desde toda la eternidad, en actitud de amorosa sumisión a su voluntad. De modo análogo y con toda humildad, también el sacerdote debe aspirar a esta identificación. Aunque no se puede olvidar que la eficacia sustancial del ministerio no depende de la santidad del ministro, tampoco se puede dejar de lado la extraordinaria fecundidad que se deriva de la confluencia de la santidad objetiva del ministerio con la subjetiva del ministro. El Cura de Ars emprendió en seguida esta humilde y paciente tarea de armonizar su vida como ministro con la santidad del ministerio confiado, "viviendo" incluso materialmente en su Iglesia parroquial: "En cuanto llegó, consideró la Iglesia como su casa... Entraba en la Iglesia antes de la aurora y no salía hasta después del Angelus de la tarde. Si alguno tenía necesidad de él, allí lo podía encontrar", se lee en su primera biografía.8


      La devota exageración del piadoso hagiógrafo no nos debe hacer perder de vista que el Santo Cura de Ars también supo "hacerse presente" en todo el territorio de su parroquia: visitaba sistemáticamente a los enfermos y a las familias; organizaba misiones populares y fiestas patronales; recogía y administraba dinero para sus obras de caridad y para las misiones; adornaba la iglesia y la dotaba de paramentos sacerdotales; se ocupaba de las niñas huérfanas de la "Providence" (un Instituto que fundó) y de sus formadoras; se interesaba por la educación de los niños; fundaba hermandades y llamaba a los laicos a colaborar con él.


      Su ejemplo me lleva a poner de relieve los ámbitos de colaboración en los que se debe dar cada vez más cabida a los laicos, con los que los presbíteros forman un único pueblo sacerdotal9 y entre los cuales, en virtud del sacerdocio ministerial, están puestos "para llevar a todos a la unidad del amor: ‘amándose mutuamente con amor fraterno, rivalizando en la estima mutua' (Rm 12, 10)".10 En este contexto, hay que tener en cuenta la encarecida recomendación del Concilio Vaticano II a los presbíteros de "reconocer sinceramente y promover la dignidad de los laicos y la función que tienen como propia en la misión de la Iglesia... Deben escuchar de buena gana a los laicos, teniendo fraternalmente en cuenta sus deseos y reconociendo su experiencia y competencia en los diversos campos de la actividad humana, para poder junto con ellos reconocer los signos de los tiempos".11


      El Santo Cura de Ars enseñaba a sus parroquianos sobre todo con el testimonio de su vida. De su ejemplo aprendían los fieles a orar, acudiendo con gusto al sagrario para hacer una visita a Jesús Eucaristía.12 "No hay necesidad de hablar mucho para orar bien", les enseñaba el Cura de Ars. "Sabemos que Jesús está allí, en el sagrario: abrámosle nuestro corazón, alegrémonos de su presencia. Ésta es la mejor oración".13 Y les persuadía: "Venid a comulgar, hijos míos, venid donde Jesús. Venid a vivir de Él para poder vivir con Él...".14 "Es verdad que no sois dignos, pero lo necesitáis".15 Dicha educación de los fieles en la presencia eucarística y en la comunión era particularmente eficaz cuando lo veían celebrar el Santo Sacrificio de la Misa. Los que asistían decían que "no se podía encontrar una figura que expresase mejor la adoración... Contemplaba la hostia con amor".16 Les decía: "Todas las buenas obras juntas no son comparables al Sacrificio de la Misa, porque son obras de hombres, mientras la Santa Misa es obra de Dios".17 Estaba convencido de que todo el fervor en la vida de un sacerdote dependía de la Misa: "La causa de la relajación del sacerdote es que descuida la Misa. Dios mío, ¡qué pena el sacerdote que celebra como si estuviese haciendo algo ordinario!".18 Siempre que celebraba, tenía la costumbre de ofrecer también la propia vida como sacrificio: "¡Cómo aprovecha a un sacerdote ofrecerse a Dios en sacrificio todas las mañanas!".19


      Esta identificación personal con el Sacrificio de la Cruz lo llevaba -con una sola moción interior- del altar al confesonario. Los sacerdotes no deberían resignarse nunca a ver vacíos sus confesonarios ni limitarse a constatar la indiferencia de los fieles hacia este sacramento. En Francia, en tiempos del Santo Cura de Ars, la confesión no era ni más fácil ni más frecuente que en nuestros días, pues el vendaval revolucionario había arrasado desde hacía tiempo la práctica religiosa. Pero él intentó por todos los medios, en la predicación y con consejos persuasivos, que sus parroquianos redescubriesen el significado y la belleza de la Penitencia sacramental, mostrándola como una íntima exigencia de la presencia eucarística. Supo iniciar así un "círculo virtuoso". Con su prolongado estar ante el sagrario en la Iglesia, consiguió que los fieles comenzasen a imitarlo, yendo a visitar a Jesús, seguros de que allí encontrarían también a su párroco, disponible para escucharlos y perdonarlos. Al final, una muchedumbre cada vez mayor de penitentes, provenientes de toda Francia, lo retenía en el confesonario hasta 16 horas al día. Se comentaba que Ars se había convertido en "el gran hospital de las almas".20 Su primer biógrafo afirma: "La gracia que conseguía [para que los pecadores se convirtiesen] era tan abundante que salía en su búsqueda sin dejarles un momento de tregua".21 En este mismo sentido, el Santo Cura de Ars decía: "No es el pecador el que vuelve a Dios para pedirle perdón, sino Dios mismo quien va tras el pecador y lo hace volver a Él".22 "Este buen Salvador está tan lleno de amor que nos busca por todas partes".23


      Todos los sacerdotes hemos de considerar como dirigidas personalmente a nosotros aquellas palabras que él ponía en boca de Jesús: "Encargaré a mis ministros que anuncien a los pecadores que estoy siempre dispuesto a recibirlos, que mi misericordia es infinita".24 Los sacerdotes podemos aprender del Santo Cura de Ars no sólo una confianza infinita en el sacramento de la Penitencia, que nos impulse a ponerlo en el centro de nuestras preocupaciones pastorales, sino también el método del "diálogo de salvación" que en él se debe entablar. El Cura de Ars se comportaba de manera diferente con cada penitente. Quien se acercaba a su confesonario con una necesidad profunda y humilde del perdón de Dios, encontraba en él palabras de ánimo para sumergirse en el "torrente de la divina misericordia" que arrastra todo con su fuerza. Y si alguno estaba afligido por su debilidad e inconstancia, con miedo a futuras recaídas, el Cura de Ars le revelaba el secreto de Dios con una expresión de una belleza conmovedora: "El buen Dios lo sabe todo. Antes incluso de que se lo confeséis, sabe ya que pecaréis nuevamente y sin embargo os perdona. ¡Qué grande es el amor de nuestro Dios que le lleva incluso a olvidar voluntariamente el futuro, con tal de perdonarnos!".25 A quien, en cambio, se acusaba de manera fría y casi indolente, le mostraba, con sus propias lágrimas, la evidencia seria y dolorosa de lo "abominable" de su actitud: "Lloro porque vosotros no lloráis",26 decía. "Si el Señor no fuese tan bueno... pero lo es. Hay que ser un bárbaro para comportarse de esta manera ante un Padre tan bueno".27 Provocaba el arrepentimiento en el corazón de los tibios, obligándoles a ver con sus propios ojos el sufrimiento de Dios por los pecados como "encarnado" en el rostro del sacerdote que los confesaba. Si alguno manifestaba deseos y actitudes de una vida espiritual más profunda, le mostraba abiertamente las profundidades del amor, explicándole la inefable belleza de vivir unidos a Dios y estar en su presencia: "Todo bajo los ojos de Dios, todo con Dios, todo para agradar a Dios... ¡Qué maravilla!".28 Y les enseñaba a orar: "Dios mío, concédeme la gracia de amarte tanto cuanto yo sea capaz".29


      El Cura de Ars consiguió en su tiempo cambiar el corazón y la vida de muchas personas, porque fue capaz de hacerles sentir el amor misericordioso del Señor. Urge también en nuestro tiempo un anuncio y un testimonio similar de la verdad del Amor: Deus caritas est (1 Jn 4, 8). Con la Palabra y con los Sacramentos de su Jesús, Juan María Vianney edificaba a su pueblo, aunque a veces se agitaba interiormente porque no se sentía a la altura, hasta el punto de pensar muchas veces en abandonar las responsabilidades del ministerio parroquial para el que se sentía indigno. Sin embargo, con un sentido de la obediencia ejemplar, permaneció siempre en su puesto, porque lo consumía el celo apostólico por la salvación de las almas. Se entregaba totalmente a su propia vocación y misión con una ascesis severa: "La mayor desgracia para nosotros los párrocos -deploraba el Santo- es que el alma se endurezca"; con esto se refería al peligro de que el pastor se acostumbre al estado de pecado o indiferencia en que viven muchas de sus ovejas.30 Dominaba su cuerpo con vigilias y ayunos para evitar que opusiera resistencia a su alma sacerdotal. Y se mortificaba voluntariamente en favor de las almas que le habían sido confiadas y para unirse a la expiación de tantos pecados oídos en confesión. A un hermano sacerdote, le explicaba: "Le diré cuál es mi receta: doy a los pecadores una penitencia pequeña y el resto lo hago yo por ellos".31 Más allá de las penitencias concretas que el Cura de Ars hacía, el núcleo de su enseñanza sigue siendo en cualquier caso válido para todos: las almas cuestan la sangre de Cristo y el sacerdote no puede dedicarse a su salvación sin participar personalmente en el "alto precio" de la redención.


      En la actualidad, como en los tiempos difíciles del Cura de Ars, es preciso que los sacerdotes, con su vida y obras, se distingan por un vigoroso testimonio evangélico. Pablo VI ha observado oportunamente: "El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan, o si escucha a los que enseñan, es porque dan testimonio".32 Para que no nos quedemos existencialmente vacíos, comprometiendo con ello la eficacia de nuestro ministerio, debemos preguntarnos constantemente: "¿Estamos realmente impregnados por la palabra de Dios? ¿Es ella en verdad el alimento del que vivimos, más que lo que pueda ser el pan y las cosas de este mundo? ¿La conocemos verdaderamente? ¿La amamos? ¿Nos ocupamos interiormente de esta palabra hasta el punto de que realmente deja una impronta en nuestra vida y forma nuestro pensamiento?".33 Así como Jesús llamó a los Doce para que estuvieran con Él (cf. Mc 3, 14), y sólo después los mandó a predicar, también en nuestros días los sacerdotes están llamados a asimilar el "nuevo estilo de vida" que el Señor Jesús inauguró y que los Apóstoles hicieron suyo.34


      La identificación sin reservas con este "nuevo estilo de vida" caracterizó la dedicación al ministerio del Cura de Ars. El Papa Juan XXIII en la Carta encíclica Sacerdotii nostri primordia, publicada en 1959, en el primer centenario de la muerte de san Juan María Vianney, presentaba su fisonomía ascética refiriéndose particularmente a los tres consejos evangélicos, considerados como necesarios también para los presbíteros: "Y, si para alcanzar esta santidad de vida, no se impone al sacerdote, en virtud del estado clerical, la práctica de los consejos evangélicos, ciertamente que a él, y a todos los discípulos del Señor, se le presenta como el camino real de la santificación cristiana".35 El Cura de Ars supo vivir los "consejos evangélicos" de acuerdo a su condición de presbítero. En efecto, su pobreza no fue la de un religioso o un monje, sino la que se pide a un sacerdote: a pesar de manejar mucho dinero (ya que los peregrinos más pudientes se interesaban por sus obras de caridad), era consciente de que todo era para su iglesia, sus pobres, sus huérfanos, sus niñas de la "Providence",36 sus familias más necesitadas. Por eso "era rico para dar a los otros y era muy pobre para sí mismo".37 Y explicaba: "Mi secreto es simple: dar todo y no conservar nada".38 Cuando se encontraba con las manos vacías, decía contento a los pobres que le pedían: "Hoy soy pobre como vosotros, soy uno de vosotros".39 Así, al final de su vida, pudo decir con absoluta serenidad: "No tengo nada... Ahora el buen Dios me puede llamar cuando quiera".40 También su castidad era la que se pide a un sacerdote para su ministerio. Se puede decir que era la castidad que conviene a quien debe tocar habitualmente con sus manos la Eucaristía y contemplarla con todo su corazón arrebatado y con el mismo entusiasmo la distribuye a sus fieles. Decían de él que "la castidad brillaba en su mirada", y los fieles se daban cuenta cuando clavaba la mirada en el sagrario con los ojos de un enamorado.41 También la obediencia de san Juan María Vianney quedó plasmada totalmente en la entrega abnegada a las exigencias cotidianas de su ministerio. Se sabe cuánto le atormentaba no sentirse idóneo para el ministerio parroquial y su deseo de retirarse "a llorar su pobre vida, en soledad".42 Sólo la obediencia y la pasión por las almas conseguían convencerlo para seguir en su puesto. A los fieles y a sí mismo explicaba: "No hay dos maneras buenas de servir a Dios. Hay una sola: servirlo como Él quiere ser servido".43 Consideraba que la regla de oro para una vida obediente era: "Hacer sólo aquello que puede ser ofrecido al buen Dios".44


        En el contexto de la espiritualidad apoyada en la práctica de los consejos evangélicos, me complace invitar particularmente a los sacerdotes, en este Año dedicado a ellos, a percibir la nueva primavera que el Espíritu está suscitando en nuestros días en la Iglesia, a la que los Movimientos eclesiales y las nuevas Comunidades han contribuido positivamente. "El Espíritu es multiforme en sus dones... Él sopla donde quiere. Lo hace de modo inesperado, en lugares inesperados y en formas nunca antes imaginadas... Él quiere vuestra multiformidad y os quiere para el único Cuerpo".45 A este propósito vale la indicación del Decreto Presbyterorum ordinis: "Examinando los espíritus para ver si son de Dios, [los presbíteros] han de descubrir mediante el sentido de la fe los múltiples carismas de los laicos, tanto los humildes como los más altos, reconocerlos con alegría y fomentarlos con empeño".46 Dichos dones, que llevan a muchos a una vida espiritual más elevada, pueden hacer bien no sólo a los fieles laicos sino también a los ministros mismos. La comunión entre ministros ordenados y carismas "puede impulsar un renovado compromiso de la Iglesia en el anuncio y en el testimonio del Evangelio de la esperanza y de la caridad en todos los rincones del mundo".47 Quisiera añadir además, en línea con la Exhortación apostólica Pastores dabo vobis del Papa Juan Pablo II, que el ministerio ordenado tiene una radical "forma comunitaria" y sólo puede ser desempeñado en la comunión de los presbíteros con su Obispo.48 Es necesario que esta comunión entre los sacerdotes y con el propio Obispo, basada en el sacramento del Orden y manifestada en la concelebración eucarística, se traduzca en diversas formas concretas de fraternidad sacerdotal efectiva y afectiva.49 Sólo así los sacerdotes sabrán vivir en plenitud el don del celibato y serán capaces de hacer florecer comunidades cristianas en las cuales se repitan los prodigios de la primera predicación del Evangelio.


      El Año Paulino que está por concluir orienta nuestro pensamiento también hacia el Apóstol de los gentiles, en quien podemos ver un espléndido modelo sacerdotal, totalmente "entregado" a su ministerio. "Nos apremia el amor de Cristo -escribía-, al considerar que, si uno murió por todos, todos murieron" (2 Co 5, 14). Y añadía: "Cristo murió por todos, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos" (2 Co 5, 15). ¿Qué mejor programa se podría proponer a un sacerdote que quiera avanzar en el camino de la perfección cristiana?


      Queridos sacerdotes, la celebración del 150 aniversario de la muerte de San Juan María Vianney (1859) viene inmediatamente después de las celebraciones apenas concluidas del 150 aniversario de las apariciones de Lourdes (1858). Ya en 1959, el Beato Papa Juan XXIII había hecho notar: "Poco antes de que el Cura de Ars terminase su carrera tan llena de méritos, la Virgen Inmaculada se había aparecido en otra región de Francia a una joven humilde y pura, para comunicarle un mensaje de oración y de penitencia, cuya inmensa resonancia espiritual es bien conocida desde hace un siglo. En realidad, la vida de este sacerdote cuya memoria celebramos, era anticipadamente una viva ilustración de las grandes verdades sobrenaturales enseñadas a la vidente de Massabielle. Él mismo sentía una devoción vivísima hacia la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen; él, que ya en 1836 había consagrado su parroquia a María concebida sin pecado, y que con tanta fe y alegría había de acoger la definición dogmática de 1854".50 El Santo Cura de Ars recordaba siempre a sus fieles que "Jesucristo, cuando nos dio todo lo que nos podía dar, quiso hacernos herederos de lo más precioso que tenía, es decir de su Santa Madre".51


      Confío este Año Sacerdotal a la Santísima Virgen María, pidiéndole que suscite en cada presbítero un generoso y renovado impulso de los ideales de total donación a Cristo y a la Iglesia que inspiraron el pensamiento y la tarea del Santo Cura de Ars. Con su ferviente vida de oración y su apasionado amor a Jesús crucificado, Juan María Vianney alimentó su entrega cotidiana sin reservas a Dios y a la Iglesia. Que su ejemplo fomente en los sacerdotes el testimonio de unidad con el Obispo, entre ellos y con los laicos, tan necesario hoy como siempre. A pesar del mal que hay en el mundo, conservan siempre su actualidad las palabras de Cristo a sus discípulos en el Cenáculo: "En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo" (Jn 16, 33). La fe en el Maestro divino nos da la fuerza para mirar con confianza el futuro. Queridos sacerdotes, Cristo cuenta con vosotros. A ejemplo del Santo Cura de Ars, dejaos conquistar por Él y seréis también vosotros, en el mundo de hoy, mensajeros de esperanza, reconciliación y paz.

      Con mi bendición.


      Vaticano, 16 de junio de 2009.

BENEDICTUS PP.XVI


1. Así lo proclamó el Sumo Pontífice Pío XI en 1929.

2."Le Sacerdoce, c'est l'amour du coeur de Jésus" (in Le curé d'Ars. Sa pensée - Son Coeur. Présentés par l'Abbé Bernard Nodet, éd. Xavier Mappus, Foi Vivante 1966, p. 98). En adelante: NODET. La expresión aparece citada también en el Catecismo de la Iglesia católica, n. 1589.

3.Nodet, p. 101.

4.Ibíd.,p. 97.

5.Ibíd.,pp. 98-99.

6.Ibíd.,pp. 98-100.

7.Ibíd.,p. 183.

8.A. Monnin,Il Curato d'Ars. Vita di Gian-Battista-Maria Vianney, vol. I, Ed. Marietti, Torino 1870, p. 122.

9. Cf. Lumen gentium, 10.

10.Presbyterorum ordinis, 9.

11.Ibid.

12."La contemplación es mirada de fe, fijada en Jesús. ‘Yo le miro y él me mira', decía a su santo cura un campesino de Ars que oraba ante el Sagrario": Catecismo de la Iglesia católica, n. 2715.

13.Nodet,p.85.

14.Ibíd.,p. 114.

15.Ibíd.,p. 119.

16.A. Monnin,o.c., II, pp. 430 ss.

17.Nodet, p. 105.

18.Ibíd.,p. 105.

19.Ibíd.,p. 104.

20.A. Monnin,o.c., II, p. 293.

21.Ibíd.,II, p. 10.

22.Nodet, p. 128.

23.Ibíd.,p. 50.

24.Ibíd.,p. 131.

25.Ibíd.,p. 130.

26.Ibíd.,p. 27.

27.Ibíd.,p. 139.

28.Ibíd.,p. 28.

29.Ibíd.,p. 77.

30.Ibíd.,p. 102.

31.Ibíd.,p. 189.

32.Evangelii nuntiandi, 41.

33.Benedicto XVI,Homilía en la solemne Misa Crismal, 9 de abril de 2009.

34. Cf. Benedicto XVI,Discurso a los participantes en la Asamblea plenaria de la Congregación para el Clero. 16 de marzo de 2009.

35. P. I.

36. Nombre que dio a la casa para la acogida y educación de 60 niñas abandonadas. Fue capaz de todo con tal de mantenerla: "J'ai fait tous les commerces imaginables", decía sonriendo (Nodet, p. 214).

37.Nodet, p. 216.

38.Ibíd.,p. 215.

39.Ibíd.,p. 216.

40.Ibíd.,p. 214.

41.Cf. Ibíd., p. 212.

42. Cf. Ibíd., pp. 82-84; 102-103.

43.Ibíd.,p. 75.

44.Ibíd.,p. 76.

45.Benedicto XVI,Homilía en la celebración de las primeras vísperas en la vigilia de Pentecostés, 3 de junio de 2006.

46. N. 9.

47.Benedicto XVI,Discurso a un grupo de Obispos amigos del Movimiento de los Focolares y a otro de amigos de la Comunidad de San Egidio,8 de febrero de 2007.

48. Cf. n. 17.

49. Cf. Juan Pablo II, Exhort. ap. Pastores dabo vobis, 74.

50. Carta enc. Sacerdotii nostri primordia, P. III.

51.Nodet, p. 244.


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Jueves, 18 de junio de 2009

Cardenal Julio Terrazas durante su homilía del domingo de la Santísima Trinidad 2009 ha llamado a los creyentes a reflexionar de cómo vivimos nuestra Fe.

Queridos hermanos y hermanas:
Esta fiesta no es sólo la Fiesta de la Santísima Trinidad, es la fiesta de cada uno de nosotros, como acaba de decirnos el Papa esta mañana. Bonita afirmación. Cada vez que pronunciamos el nombre de nuestro Dios: En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, estamos confesando con toda nuestra vida que le pertenecemos a este Dios, que no hay otro Dios en la tierra fuera de El. Desde pequeños ya hemos sido introducidos en esa familia por el bautismo, estamos dentro. Es Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo que habita también en nosotros. Motivo suficiente y grande para poder nosotros alegrarnos y también pensar. Alegrarnos porque ese es el fruto de la presencia de Dios en nuestra vida, pero pensar también con seriedad cuál es el espacio que le damos en nuestra vida, en nuestra familia, en nuestras comunidades; en nuestra misma sociedad.


Un Dios que nos ha creado, un Dios que se había revelado así ya en tiempos antiguos, un Dios extraordinariamente presente. Pregunten, pregunten, les decía Moisés a los que les estaban escuchando. Pregunten qué ha hecho Dios en los tiempos antiguos. Todo viene de El, acuérdense de lo que ha hecho en Egipto por ustedes, ha estado presente, los ha animado, les ha ayudado a sobrellevar todos esos años de sufrimiento y de dolor. Ese Dios nos ha hablado, lo hemos escuchado, no es un Dios que está perdido por allá, por el universo, no es un Dios que anda buscando cómo destruir. Es el Dios que se acerca, que se hace presente, ese es nuestro Padre.

Moisés se esfuerza para que la gente lo entienda: Han escuchado alguna vez que algún pueblo diga que su Dios es tan cercano? ¿Han escuchado que en los otros pueblos Dios camine con ellos? Qué manera más hermosa de tratar de recordar al pueblo quién es nuestro Dios. Ese Dios que comenzó acompañando la historia humana y que no la dejó en ningún momento, ese Dios es nuestro Padre, es ese Dios que cuando vio que sus hijos le fallaron no tuvo mejor idea que mandar a su Hijo para salvarlo. Su Hijo, lo que El más quería, lo que El más amaba, ese Hijo que participaba con El de esa eterna alegría y amistad, es El que va venir a salvarlos. Dios Padre no los dejó en el pecado, no se conformó con que nosotros destruyéramos su obra; Dios Padre nos manda a su Hijo para salvarnos, viene en nombre de El, viene a hablarnos de su Padre, a decirnos que El nos sigue amando y que su voluntad es que todos seamos salvados; por eso se encarna, por eso sufre, por eso muere y para ello lo resucita, para que nosotros sigamos nuestro caminar con este Dios de la vida y luego nos va regalar a aquél que se va encargar de ir perfilando en nuestro corazón la imagen de este Dios de la libertad y de la vida, de este Dios de amor y de la entrega, de este Dios que es perdón y reconciliación, de este Dios que siempre nos ama, que es el espíritu santo.


Les conviene que me vaya; lo habíamos meditado ya el domingo pasado, y les voy a mandar el Espíritu y El les va a ir  recordando todo lo que yo les he enseñado. Todo esto que estamos meditando acabamos de escucharlo en el evangelio. Jesús que se reúne con los discípulos y les va decir que El ha recibido toda la autoridad en el cielo y en la tierra y les va decir: Vayan, lleven esta noticia; hasta ahora esta noticia estaba un poco oculta para el pueblo de Dios en ese entonces, el pueblo de Israel; ahora ya no es vayan a hacer de ellos discípulos; vayan a todo el mundo. Hagan discípulos, Yo soy el Maestro, que ellos cumplan lo que Yo les mando. Y van a encontrar siempre el camino de esa liberación que todos anhelamos. Ese es el encargo que da el Señor a los discípulos: “Vayan” Ya alguna vez lo dijimos, no era un consejo, no les dijo: “si les parece bien, si tienen unos días libres vayan, ¡no! “Vayan! Déjenlo todo! Bauticen a los pueblos, qué significa eso, nosotros que somos el pueblo de Dios, el nuevo Israel, todos estamos bautizados, qué ha significado eso? El cumplimiento de la misión de los apóstoles, ellos también en el nombre de Jesús, que tiene poder en el cielo y en la tierra, ellos han ido, ellos han dicho que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo quiere habitar en nosotros, que nosotros podemos participar de su vida, que nosotros también podemos gozar de esa presencia paterna, de esa salvación que el Señor nos ha traído y de ese amor que el Espíritu Santo va haciendo crecer en nuestra propia existencia.

Bautizar no es separar a unos contra otros, es llevar a todos los que lo aceptan a participara de la vida de Dios, por eso el bautizado está feliz, está contento de pronunciar este nombre, por eso ese nombre lo decimos en la celebración de la Misa, al menos unas cuatro o cinco veces pronunciamos el nombre de nuestro Dios. Es en nombre de este Dios que bendecimos, que alabamos, que glorificamos; es en nombre de este Dios que nos movemos y existimos; pero claro, siempre queda la pregunta: ¿qué hacemos cada día, de nuestro bautismo, cómo lo vivimos, realmente sentimos que somos privilegiados, que no necesitamos buscar dioses, que no podemos dejarnos asustar por otros que se creen dioses, porque ese Dios en el que creemos es el Dios que desde dentro de nuestro corazón ha puesto su morada, nos habla, nos corrige, nos anima y nos hace ver siempre que la libertad no está en aferrarnos a las cosas pequeñas, pasajeras, sino que la verdadera libertad de la persona humana se realiza teniendo presente en nuestras vidas a este Dios, esperando el momento en que podamos abrazarlo definitivamente en la morada del cielo.


Pero hay más todavía: “Vayan, bauticen, enséñenles lo que Yo les he enseñado a ustedes, lleven esas palabras que Yo he pronunciado, díganle a cada uno que Yo soy el camino, la verdad y la vida, que no hay como escaparnos haciendo el mal si es que nos ponemos atrás del Señor, que es nuestro camino, que es nuestra verdad, en medio de tantas verdades inventadas; que es la vida, en medio de tantos atentados a la vida. Allá está la fuente de nuestra paz. Esta mañana el Papa cantaba: Este Dios trinitario es realmente un volcán de paz, ese lugar donde todos tendríamos que encontrarlo, porque es un Dios Padre para todos, El ha redimido para todos, El ha mandado el Espíritu para todos. Aquí a nosotros no nos toca decir: Esto sí o esto no, es la voluntad de Dios que todos entremos en esa corriente de salvación y de auténtica paz.


Y más en el evangelio nos va decir: “Yo estaré con ustedes hasta el final de la historia”. Qué palabras tan consoladoras. No somos un pueblo olvidado de Dios, no somos un pueblo en el que muchos pueden venir a decirnos: “Dónde está esa salvación” o dónde se encuentra la otra. Somos un pueblo en el que Dios está caminando con nosotros. “Yo estaré con ustedes hasta el final de la historia”, no sólo durante la misa del domingo, hasta el final de la historia.


Pablo va entusiasmar a sus comunidades diciéndoles: “Somos hijos de Dios porque estamos con Cristo, con El hemos sufrido, con El hemos resucitado y si somos hijos ya estamos en la casa de nuestro Padre, somos hijos y somos coherederos con Cristo”. Palabras que deben animarnos también a nosotros. Somos hijos por el bautismo, por nuestra confirmación, por nuestra Eucaristía que la celebramos cada domingo. Ahí vamos sintiendo la presencia de nuestro Dios y nos vamos sintiendo propiedad de Dios, una propiedad que nadie nos la va quitar, una propiedad en la que debemos cultivar todo lo que el Señor quiere que hagamos y no permitamos que crezcan las malas hierbas de la discordia, del odio, del rencor. Todo en Dios es amor, es entrega, es redención.


Hemos estado hablando estos días de la defensa de la creación, creo que ha habido cantos muy bonitos, discursos muy encendidos. Nosotros tenemos que sacar la fuerza para respetar la creación de nuestra fe. Nuestra fe no nos dice DESTRUYAN! Dios nos ha encargado que construyamos la creación para todos, sin distinción, para la humanidad, que es su obra extraordinaria. Si se va destruyendo, si van desapareciendo las riquezas naturales; si la angurria de tener tierra hace que muchos no tengan nada, por ahí vamos destruyendo; pero también la vamos destruyendo con palabras inadecuadas; vamos llenando nuestro ambiente de palabras de insultos y de odios, eso también es destruir la naturaleza, porque el hombre y la mujer no han sido creados para el odio, ni el Señor les ha dado palabras para insultar, le ha dado la palabra de vida y le ha pedido que cumpla lo que El desea y lo que El desea es que nos amemos.


Nuestros Maestros han celebrado su fiesta el día de ayer y me imagino que continuarán aún celebrando hoy. Esta palabra queremos dedicarla a nuestros maestros el día de hoy: Cómo hay que hacer discípulos, para todos los maestros va esta palabra, no para un sector u otro, para todos es un llamado, hacer de nuestra fe la práctica de elevar la dignidad de los otros, de darle todos los medios para que cada uno, de acuerdo a sus capacidades pueda confesar la dignidad de su vida y agradecer a aquél que ha dado una vida que no es una cosa pasajera o desechable, sino una vida amada y querida por nuestro Dios.


Seguimos los acontecimientos: El próximo jueves vamos a ponernos delante del Señor en la Eucaristía, le vamos a decir que nos alimente porque nos hemos metido a cumplir algo que nos ha pedido El mismo a través de su Iglesia en América Latina y El Caribe: La Misión Permanente, por eso es que el jueves, Corpus Christi, con la solemnidad que esto se hace, pero con el entusiasmo y convicción que siempre hemos manifestado y que tiene que ser cada vez más creciente, tenemos que ir a recibir a ese Señor, alimento, pan, vida, para hacernos verdaderos misioneros, para llevar nada más que esto a nuestros pueblos, porque si llevamos nada más que a Cristo lo estamos llevando todo, lo demás desaparece, Cristo es el Señor que está sentado a la derecha del Padre para siempre. El nos va acompañar este jueves de Corpus Christi. Y en esa celebración grande en nuestras parroquias, en nuestras vicarías, en nuestro estadio, que lo vamos a convertir en la Catedral de Santa Cruz, allí vamos a rezar, allí no vamos a ir a divertirnos, allí vamos a ir a hablar con nuestro Dios, vamos a recibir su cuerpo, para que realmente después, en nuestra misión, en nuestro trabajo, hagamos que la palabra del Señor logre despertar el amor al Padre, logre ponernos en mayor disposición para que Cristo nos salve y logre también que el Espíritu Santo realice en nosotros la obra que nuestro pueblo está esperando.

Hermanos y hermanas, Fiesta de la Santísima Trinidad, manantial de paz, de justicia, de verdad; manantial de hermandad, manantial de amor. Esta fiesta es nuestra, es nuestra fiesta y todos tenemos que comprometernos para seguir construyendo una paz duradera, una hermandad auténtica y sóliday una dignidad humana que no sea pisoteada ni con hechos ni con palabras. Amén.


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Reflexión de José Antonio Pagola para el domingo duodécimo del Tiempo Ordinario B remitido por la Delegación de Enseñanza de la Diócesis de Tenerife.

¿POR QUÉ SOMOS TAN COBARDES?

                  

         « ¿Por qué sois tan cobardes ? ¿Aún no tenéis fe?  » . Estas  dos preguntas  que Jesús dirige a sus discípulos no son, para el evangelista Marcos, una anécdota del pasado. Son las preguntas que han de escuchar los seguidores de Jesús en medio de sus crisis. Las preguntas que nos hemos de hacer también hoy: ¿Dónde está la raíz de nuestra cobardía? ¿Por qué tenemos miedo ante el futuro? ¿ Es porque nos falta fe en Jesucristo?

 

         El relato es breve. Todo comienza con una orden de Jesús:« Vamos a la otra orilla  ». Los discípulos saben que en la otra orilla del lago Tiberíades está el territorio pagano de la Decápolis. Un país diferente y extraño. Una cultura hostil a su religión y creencias.


        
De pronto se levanta una fuerte tempestad, metáfora  gráfica de lo que sucede en el grupo de discípulos. El viento huracanado, las olas que rompen contra  la barca,  el agua que comienza a invadirlo todo, expresan bien la situación: ¿Qué podrán los seguidores de  Jesús ante la hostilidad del mundo pagano? No sólo está en peligro su misión, sino incluso la supervivencia misma del grupo.


        
Despertado por sus discípulos, Jesús interviene, el viento cesa y sobre el lago viene una gran calma. Lo sorprendente es que los discípulos « se quedan espantados » .


Antes tenían miedo a la tempestad. Ahora parecen temer a Jesús. Sin embargo, algo  decisivo se ha producido en ellos: han recurrido a Jesús; han podido experimentar en él una fuerza salvadora que no conocían; comienzan a preguntarse por su identidad. Comienzan a intuir que con él todo es posible.


        
El cristianismo se encuentra hoy en medio de una « fuerte tempestad  »  y el miedo comienza a apoderarse de nosotros. No nos atrevemos a pasar a «a otra orilla».


La cultura moderna nos resulta un país extraño y hostil. El futuro os da miedo. La creatividad parece prohibida. Algunos creen más seguro mirar hacia atrás para mejor ir adelante.


        
Jesús nos puede sorprender a todos. El Resucitado tiene fuerza para inaugurar una fase nueva en la historia del cristianismo. Solo se nos pide fe. Una fe que nos libere de tanto miedo y cobardía, y nos  comprometa a caminar tras las huellas de Jesús.
 

 

José Antonio Pagola

 

 21 de junio de 2009

12 Tiempo ordinario (B)

Marcos 4, 35-40

 

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REDACCIÓN DE "IGLESIA NIVARIENSE"

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Boletín 342

 

El próximo viernes, 19 de junio, a las 12:00 horas, tendrá lugar la reapertura y bendición, tras las obras de rehabilitación, de la Sede del Obispado de Tenerife, en La Laguna. En dicho acto estarán presentes el Obispo de la Diócesis Nivariense, Bernardo Álvarez, el Presidente del Gobierno de Canarias, Paulino Rivero, el Presidente del Cabildo Insular de Tenerife, Ricardo Melchior y el Alcalde del Ayuntamiento de La Laguna, Fernando Clavijo. Esta semana, el Prelado presentó el restaurado inmueble a los directores de los distintos medios de comunicación.

 

En este sentido, esta semana el Obispo, Bernardo Álvarez y el Presidente de la Fundación Canaria Mapfre Guanarteme, Julio Caubín han firmado un convenio de colaboración para subvencionar la rehabilitada fachada de la Sede del Obispado. En concreto, el Patronato de la Fundación ha acordado aportar, para los trabajos referidos en el emblemático inmueble, la cantidad de 177.105,89 Euros.

 

El sábado 20 de Junio celebraremos la Jornada Diocesana de Catequesis de Adultos, bajo el lema: “Pablo, adulto en la fe”. Tendrá lugar en el Seminario Diocesano desde las 10 de la mañana y concluirá después del almuerzo.

 

Este domingo, todos los católicos de El Hierro vivirán, en la Dehesa, su encuentro insular con el que conmemorarán en la isla el décimo aniversario de la clausura del primer sínodo diocesano nivariense. En dicha cita pastoral participará el Obispo.

 

Este sábado se realiza el Consejo de profesores de la Sede de Tenerife del ISTIC. En el mismo se evaluará el Año Académico, se aprobará el próximo calendario académico y se informará de distintos proyectos.

 

La Vicaría General ha comenzado a enviar a todos los ámbitos pastorales el primer avance del calendario pastoral del venidero curso. El mismo tiene como objetivo preferente en la diócesis, la iniciación cristiana. Será el tercer año de implementación del vigente Plan Pastoral: Haz memoria de Jesucristo Resucitado.

 

El Consejo Presbiteral se reunió esta semana para abordar, entre otros asuntos, la reflexión-revisión de las ofertas de la diócesis para la vida de los presbíteros, también se puso en común el trabajo sobre la promoción de las vocaciones al ministerio sacerdotal y se reflexionó sobre la pastoral juvenil.

 

La delegación diocesana de Pastoral Vocacional ha realizado una invitación para celebrar el inicio del “Año Sacerdotal” que tendrá lugar el 19 de junio, en la parroquia de Santa Ana, en la Villa y Puerto de Garachico. A las 10:00 horas tendrá lugar el rezo de Laudes y la exposición del Santísimo hasta las 18:00 horas. Posteriormente, se desarrollará una Hora Santa y a las 19:00 horas se celebrará la Eucaristía. 

 

La Comisión Diocesana del Centro de Orientación Familiar junto a los voluntarios colaboradores y profesionales del mismo se ha reunido para presentar la memoria de las actividades y  económica del último semestre. Del mismo se desprende que hay 196 casos que han supuesto 216 horas de servicio de acogida y 340 horas del servicio de los profesionales

 

El Consejo Diocesano de Asuntos Económicos ha celebrado una nueva reunión para abordar distintos asuntos en el marco de sus competencias.  

 

Los soldados del regimiento de infantería y de zapadores que parten a Afganistán acudieron a orar ante la patrona de Canarias, en cuya Basílica realizaron una ofrenda floran a la Virgen de Candelaria. Otro tanto hicieron los jugadores, y miembros del Club Deportivo Tenerife, esta vez como gratitud a la Virgen por el recientemente obtenido ascenso.

 

El 27 de junio, en la parroquia de San Pedro, en Breña Alta, tendrá lugar el encuentro Nacional de la Adoración Nocturna Española. La jornada comenzará a las 17:00 horas con la concentración de los adoradores en la plaza de La Lealtad para posteriormente acudir a una charla-coloquio en el salón de actos de la Sociedad Atlántida. La Eucaristía será presidida por el Obispo, Bernardo Álvarez a las 20:30 horas.

 

“Tomamos la palabra te damos la palabra” es el lema de las Jornadas de Animación Parroquial que se inaugurarán el 25 de junio, a las 18:00 horas en el centro “Los Canarios”, en Fuencalinete, La Palma. Se trata de una iniciativa organizada por la Acción Católica General de Canarias que incluye conferencias, oración, testimonios y diversos conciertos, entre ellos, el de la Hermana Glenda. 

 

Siguiendo en La Palma, los catequistas de dicha isla están convocados a un cursillo titulado Pablo: creyente, apóstol y catequista. El mismo lo dirigirá José Francisco Checa en el monasterio del Císter entre el 6 y el 8 de Julio.  

 

La Infraoctava del Corpus Christi de La Orotava, vuelve a celebrarse con gran esplendor. El Obispo, Bernardo Álvarez presidió la Eucaristía. El tapiz central de la plaza del Ayuntamiento está dedicado, en esta ocasión, a la figura de S. Pablo en el bimilenario de su nacimiento.

 

El director de Cáritas Diocesana, Leonardo Ruiz del Castillo, ha señalado que “el número de socios de Cáritas en la isla se ha incrementado en los últimos meses, al igual que muchas de las aportaciones económicas de quienes ya estaban asociados y que a través de cuentas bancarias nos hacían llegar dinero mensual”.

 

Por otro lado, la Consejería de Bienestar Social, Juventud y Vivienda del Gobierno de Canarias ha concedido diversas subvenciones para proyectos de inclusión social en Canarias, en el marco del Plan de Integración contra la pobreza y la exclusión en Canarias, por un importe de 2.898.576 euros. El Gobierno colabora, en este sentido, principalmente con Cáritas Diocesana.

 

Seguimos con Cáritas Diocesana porque el día 19 de junio a las 19:45 horas, en la plaza de La Concepción de Santa Cruz de Tenerife, esta organización llevará a cabo un importante acto lúdico-festivo. Habrá batucada, proyección de vídeos, lectura de un manifiesto sobre el lema de la campaña: "Una sociedad con valores es una sociedad con futuro", una obra de teatro a cargo del grupo de teatro La Casita, con la interpretación de "Se fue la luz" y la actuación musical a cargo de Rogelio Botanz.

 

La Fundación Virgen de Los Reyes ha firmado un convenio con la Radio Televisión Canaria para emitir y dar la señal institucional de los principales actos con ocasión de la cuatrienal Bajada que está a punto de iniciarse en la isla de El Hierro. La programación socio-religiosa de COPE La Palma y COPE Tenerife emitirá algunos programas especiales previos al día de la Bajada y en esa misma jornada. También Popular TV-Canarias emitirá distintos momentos del Día de la Bajada.  

 

Entre el 30 de junio y el 2 de julio tendrán lugar las jornadas de formación permanente del clero. En esta ocasión el núcleo temático será “El duelo”. El profesor en el Instituto Internacional de Pastoral Sanitaria “Camillianum” de Roma, P. Arnaldo Pangrazzi será el encargado de guiar estas jornadas que se dividirán en sesiones de mañana para el clero (de 10:00 a 13:00 horas) y de tarde, para todos los agentes de pastoral (de 19:30 a 21:30 horas). Pangrazzi abordará cuestiones como: aprender a decir adiós, tipos de duelo, comportamientos a evitar y a cultivar con quien está en duelo, etc. 

 

Del 18 al 23 de julio se llevará a cabo en el Seminario Diocesano un cursillo de discernimiento vocacional sacerdotal. El mismo está destinado para aquellos chicos que, teniendo aprobado 6º de Primaria o cursando algún curso de la ESO, han manifestado, explícitamente, su deseo de ser sacerdote y formar parte del Seminario.

 

El prior de la Basílica de Candelaria titular de la Fundación Santuario de Candelaria, Jesús Mendoza, ha anunciado que el centro de Igueste abrirá en agosto. El edificio supera la concepción tradicional del geriátrico, con espacios diáfanos, seguros y modernos, a los que se añade la ilusión de años de trabajo por los necesitados.

 

La ciudad de Los Llanos de Aridane ha dado comienzo de forma oficial a la celebración de las fiestas patronales en honor de Nuestra Señora de Los Remedios con el traslado y posterior izado de la bandera de la Virgen desde la parroquia hasta las casas consistoriales.

 

La Laguna cuenta desde esta semana con un nuevo atractivo para ciudadanos y visitantes, pues podrán realizarse visitas turísticas al interior de algunos de los inmuebles religiosos más relevantes de su centro histórico. Para dichas visitas se han establecido tres tipos de itinerarios diferentes: dos de ellos consisten en visitas guiadas temáticas para grupos de personas a cargo de guías turísticos municipales, uno sobre iglesias conventuales y otro sobre iglesias y templos eclesiásticos; y el otro itinerario implicará la visita libre al interior de los inmuebles, siempre en unos días y horarios determinados. El obispo ha indicado que con esta propuesta se pone el patrimonio de la Iglesia "al servicio de la sociedad".

 

El pasado 16 de junio la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) celebró en la parroquia de San Matías, en Taco, el día de la Pastoral Obrera y de su propia hermandad. Ante la realidad del empleo que estamos viviendo y teniendo en cuenta la misión de la HOAC de proclamar la Buena Nueva de la Liberación al Mundo Obrero y del trabajo, esta hermandad ha invitado a todos los diocesanos a que se unan y vivan cercanos a las situaciones de injusticia que padecen los trabajadores y trabajadoras.

 

Este lunes se ha desarrollado en Tenerife el consejo de administración de Popular Televisión en Canarias.

 

El ISTIC, en coordinación con distintas delegaciones de la diócesis, ha editado la información sobre la V Escuela de Verano, con el deseo de completar la formación de los agentes de pastoral y de sus alumnos, y de ofrecer una actividad docente extraescolar. Toda la información la pueden encontrar en la web: www.cettenerife.org

 

“El Santo hermano Pedro y el árbol Esquisúchil”, es el título de la conferencia que tendrá lugar el día 22 de junio, a las 20:30 horas, en las Casas Capitulares de La Laguna. En el acto intervendrán Macario López, rector de la Cueva del Santo Hermano Pedro, en El Médano, Miguel F. Torres, biólogo y químico guatemalteco recuperador del Árbol del Hermano Pedro, y José González, canónigo de la Catedral y co-autor del libro “El Santo Hermano Pedro de San José Betancur”.

 

Por otro lado, el rector del Espacio Religioso “Cueva del Santo Hermano Pedro”, Macario López impartirá la conferencia titulada “El Santo hermano Pedro y el árbol Esquisúchil”, el 27 de junio a las 20:30 horas en el salón principal de la parroquia de Nuestra Señora de la Merced, de El Médano. Asimismo, el 29 de junio a las 12:30 horas, tendrá lugar la siembra de un ejemplar de este árbol, donado por Miguel Torres, en el Espacio Religioso “Cueva del Santo Hermano Pedro”. 

 

La villa de Granadilla de Abona ha acogido su XXXIII Romería en honor de San Antonio de Padua. Tras la misa cantada por la Parranda Chasnera, el patrón, San Antonio de Padua, fue homenajeado por los bailarines herreños, y junto a ellos fue trasladado al exterior de la iglesia para recibir las ofrendas de los distintos grupos folclóricos venidos de todo el archipiélago.

 

El próximo 17 de julio, a las 18 horas, en el monasterio de Santa Clara, de La Laguna, realizará la Profesión Solemne Sor María Jesús de la Eucaristía Jorge Barquero.

 

El pintor y dibujante tinerfeño Manolo Sánchez expone una de sus series de dibujos dedicadas a Sor María de Jesús, en la Casa de Canarias en Madrid, donde permanecerá hasta el 4 de julio. La colección titulada “Huellas de la Sierva”, está integrada por cuarenta obras realizadas a plumilla que describen los principales escenarios arquitectónicos en los que vivió la Siervita.


ZENIT publica la intervención de Benedicto XVI durante la audiencia general del miércoles, 17 de Junio de 2009, dedicada a presentar la figura de los santos hermanos Cirilo y Metodio.

 

 

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy quisiera hablar de los santos Cirilo y Metodio, hermanos en la sangre y en la fe, llamados apóstoles de los eslavos. Cirilo nació Tesalónica hijo del magistrado imperial León en 826-827: era el más joven de siete hijos. De niño aprendió la lengua eslava. A la edad de catorce años fue enviado a Constantinopla para educarse y estuvo acompañado por el joven emperador Miguel III. En aquellos años fue introducido en las diferentes disciplinas universitarias, entre otras la dialéctica, teniendo como maestro a Focio. Después de haber rechazado un brillante matrimonio, decidió recibir las órdenes sagradas y se convirtió en bibliotecario en el Patriarcado. Poco después, deseando retirarse en la soledad, se escondió en un monasterio, pero pronto fue descubierto y se le encomendó la enseñanza de las ciencias sagradas y profanas, tarea que desempeñó tan bien que se ganó el apelativo de "filósofo".

Mientras tanto, el hermano Miguel (nacido en torno al año 815), tras una carrera en la administración pública en Macedonia, hacia el año 850 abandonó el mundo para retirarse a la vida monástica en el monte Olimpo, en Bitinia, donde recibió el nombre de Metodio (el nombre monástico debía comenzar por la misma letra del de bautismo) y se convirtió en egúmeno del monasterio de de Polychron.


Atraído por el ejemplo de su hermano, Cirilo también decidió dejar la enseñanza para dedicarse a meditar y rezar en el monte Olimpo. Ahora bien, años después (en torno al 861), el gobierno imperial le encargó una misión entre los cázaros del mar de Azov, quienes pidieron que se les enviara un literato que supiera discutir con los judíos y los sarracenos. Cirilo, acompañado por su hermano Metodio, vivió durante largo tiempo en Crimea, donde aprendió hebreo. Allí buscó también el cuerpo del Papa Clemente I, que en ese lugar había sido desterrado. Encontró su tumba y, cuando regresó con su hermano, trajo las preciosas reliquias. Al llegar a Constatinopla, los dos hermanos fueron enviados a Moravia por el emperador Miguel III, a quien el príncipe de Moravia, Ratislao, había hecho una petición precisa: "Nuestro pueblo --le había dicho--, desde que ha rechazado el paganismo, observa la ley cristiana; pero no tenemos un maestro que sea capaz de explicarnos la verdadera fe en nuestro idioma". La misión tuvo muy pronto un insólito éxito. Al traducir la liturgia en la lengua eslava, los dos hermanos se ganaron una gran simpatía entre el pueblo.


Esto, sin embargo, suscitó la hostilidad contra ellos del clero franco, que había llegado precedentemente a Moravia y consideraba el territorio como perteneciente a la propia jurisdicción eclesial. Para justificarse, en el año 867, los dos hermanos viajaron a Roma. Durante el viaje, se detuvieron en Venecia, donde tuvo lugar una acalorada discusión con los que defendían la así llamada "herejía trilingüe": consideraban que había sólo tres idiomas en los que se podía alabar lícitamente a Dios: hebreo, griego y latín. Obviamente los dos hermanos se opusieron a esto con fuerza. En Roma, Cirilo y Metodio fueron recibidos por el Papa Adriano II, que les salió al encuentro en procesión para acoger dignamente las reliquias de san Clemente. El Papa también había comprendido la gran importancia de su excepcional misión. Desde la mitad del primer milenio, de hecho, los eslavos se habían asentado en gran número en aquellos territorios situados entre las dos partes del Imperio Romano, el oriental y el occidental, que experimentaban tensiones entre sí. El Papa intuyó que los pueblos eslavos podrían desempeñar el papel de puente, contribuyendo de este modo a conservar la unión entre los cristianos de una y otra parte del Imperio. Por tanto, no dudó en aprobar la misión de los dos hermanos en la Gran Moravia, acogiendo y aprobando el uso del eslavo en la liturgia. Los libros eslavos fueron colocados en el altar de Santa María de Phatmé (Santa María la Mayor) y se celebró la liturgia eslava en las basílicas de San Pedro, San Andrés, San Pablo.


Por desgracia, en Roma, Cirilo enfermó gravemente. Al sentir que se acercaba la muerte, quiso consagrarse totalmente a Dios como monje en uno de los monasterios griegos de la ciudad (probablemente en Santa Práxedes) y tomó el nombre monástico de Cirilo (su nombre de bautismo era Constantino). Luego pidió con insistencia a su hermano Metodio, quien mientras tanto había sido consagrado obispo, que no abandonara la misión en Moravia y que regresara entre aquellas poblaciones. Dirigió esta invocación a Dios: "Señor, Dios mío..., escucha mi oración y custodia en la fidelidad a ti al rebaño que habías dispuesto para mí... Libéralos de la herejía de los tres idiomas, reúne a todos en la unidad, y haz que el pueblo que has elegido viva la concordia en la auténtica fe y en la recta confesión". Falleció el 14 de febrero del año 869.


Fiel al compromiso asumido con su hermano, al año siguiente, 870, Metodio regresó a Moravia y a Panonia (hoy Hungría), donde afrontó nuevamente la violenta animadversión de los misioneros francos que le encarcelaron. No se desalentó y cuando en el año 873 fue liberado se entregó activamente a la organización de la Iglesia, atendiendo a la formación de un grupo de discípulos. El mérito de estos discípulos estuvo en superar la crisis que se desencadenó tras la muerte de Metodio, que tuvo lugar el 6 de abril de 885: perseguidos y encarcelados, algunos de estos discípulos fueron vendidos como esclavos y llevados a Venecia, donde fueron rescatados por un funcionario de Constantinopla, quien les permitió regresar a los países de los eslavos balcánicos. Acogidos en Bulgaria, pudieron continuar la misión comenzada por Metodio, difundiendo el Evangelio en la "tierra de Rus". Dios, en su misteriosa providencia se servía de este modo de la persecución para salvar la obra de los santos hermanos. De ella, queda también la documentación literaria. Basta pensar en obras como el Evangeliario (perícopas litúrgicas del Nuevo Testamento), el Salterio, varios textos litúrgicos en eslavo, en los que trabajaron los dos hermanos. Tras la muerte de Cirilo, se debe a Metodio y sus discípulos, entre otras cosas, la traducción de toda la Sagrada Escritura, el Nomocanon y el Libro de los Padres.


Resumiendo brevemente el perfil espiritual de los dos hermanos, hay que constatar ante todo la pasión con la que Cirilo se acercó a los escritos de san Gregorio Nazianceno, aprendiendo de él el valor del idioma en la transmisión de la Revelación. San Gregorio había expresado el deseo de que Cristo hablara a través de él: "Soy siervo del Verbo, por eso me pongo al servicio de la Palabra". Queriendo imitar a Gregorio en este servicio, Cirilo pidió a Cristo hablar en eslavo por él. Introduce su obra de traducción con la invocación solemne: "Escuchad, eslavos, escuchad la Palabra que procede de Dios, la Palabra que alimenta las almas, la Palabra que lleva al conocimiento de Dios". En realidad, ya años antes de que el príncipe de Moravia pidiera al emperador Miguel III el envío de misioneros a su tierra, parece que Cirilo y el hermano Metodio, rodeados por un grupo de discípulos, estaban trabajando en el proyecto de recoger los dogmas cristianos en libros escritos en eslavo. Entonces se constató con claridad la necesidad de contar con nuevos signos gráficos, que fueran más adecuados a la lengua hablada: nació así el alfabeto glagolítico que, posteriormente modificado, fue designado con el nombre de "cirílico" en honor de su inspirador. Fue un hecho decisivo para el desarrollo de la civilización eslava en general. Cirilo y Metodio estaban convencidos de que los diferentes pueblos no podían considerar que habían recibido plenamente la Revelación hasta que no la hubieran escuchado en su propio idioma y leído en los caracteres propios de su alfabeto.


A Metodio le corresponde el mérito de permitir que la obra emprendida por su hermano no quedara bruscamente interrumpida. Mientras Cirilo, el "filósofo", tendía a la contemplación, él se orientaba más bien a la vida activa. De este modo, pudo sentar los cimientos de la sucesiva afirmación de lo que podríamos llamar la "idea cirilo-metodiana", que acompañó en los diferentes períodos históricos a los pueblos eslavos, favoreciendo el desarrollo cultural, nacional y religioso. Lo reconoció ya el Papa Pío XI con la carta apostólica Quod Sanctum Cyrillum, en la que calificaba a los dos hermanos "hijos de Oriente, bizantinos de patria, griegos de origen, romanos por su misión, eslavos por los frutos apostólicos" (AAS 19 [1927] 93-96). El papel histórico que ellos desempeñaron fue después oficialmente proclamado por el Papa Juan Pablo II quien, con la carta apostólica Egregiae virtutis viri, les declaró copatronos de Europa junto a san Benito (AAS 73 [1981] 258-262).


En efecto, Cirilo y Metodio constituyen un ejemplo clásico de lo que hoy se indica con el término "enculturación": cada pueblo debe hacer que penetre en la propia cultura el mensaje revelado y expresar la verdad salvífica con su propio lenguaje. Esto supone un trabajo de "traducción" muy empeñativo, pues exige encontrar términos adecuados para volver a proponer, sin traicionarla, la riqueza de la Palabra revelada. Los dos santos hermanos han dejado en este sentido un testimonio particularmente significativo que la Iglesia sigue mirando hoy para inspirarse y orientarse.


[Al final de la audiencia, el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:]

Queridos hermanos y hermanas:

En la audiencia de hoy me voy a detener en la figura de los copatronos de Europa: Cirilo y Metodio. Cirilo nace en torno al año 826 en Tesalónica. Recibió una cuidada formación humanística y muy joven fue ordenado sacerdote. Poco después, su hermano Metodio, que ejercía una carrera administrativa, abandonó el mundo para comenzar una vida monástica. Este hecho hizo que Cirilo lo siguiera en su retiro monacal en el monte Olimpo, en Bitinia. Una década después, ambos comenzarán una amplia tarea misionera, primero en Crimea y después en Moravia. En Moravia encontraron la oposición de los misioneros francos, que defendían la "herejía trilingüe", es decir, que la alabanza divina sólo se podía realizar en hebreo, griego o latín. Sin embargo, Cirilo y Metodio difundían la Buena Noticia y celebraban la liturgia en la lengua eslava. Es por ello que se pusieron en camino hacia Roma para solicitar el apoyo del Papa Adriano II. El Pontífice acoge con prontitud la propuesta y ratifica mediante una bula el uso del eslavo para la evangelización. Estando en Roma, Cirilo enfermó gravemente y murió. Metodio regresó a Moravia y se dedicó a formar un grupo de discípulos, que continuaron, tras su muerte, con la labor misionera en Bulgaria.


Saludo a los fieles de lengua española, en particular a los peregrinos de la Diócesis de Albacete, con su obispo monseñor Ciriaco Benavente, y a los peregrinos de la Archidiócesis de Tarragona, con su obispo monseñor Jaume Pujol. Os invito a considerar el modelo evangelizador de San Cirilo y San Metodio, que no escatimaron esfuerzos para dar a conocer a Cristo a sus contemporáneos, haciendo que el mensaje revelado impregnara la cultura de cada pueblo. Muchas gracias.


[Traducción del original italiano realizada por Jesús Colina

© Copyright 2009 - Libreria Editrice Vaticana]


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Mi?rcoles, 17 de junio de 2009

Oración para el Día de la Caridad 2009 que se encuentra en el “Mensaje de la Comisión Episcopal de Pastoral Social” de la Conferencia Episcopal Española para la solemnidad del Corpus Christi de este año.

 

 

 

Oración


Señor, Jesús,
cuerpo entregado y sangre derramada para la vida de los hombres.
Te pedimos por cuantos sufren los efectos materiales,
morales y espirituales de la crisis que estamos viviendo.
Que cuantos celebramos hoy la memoria
de tu vida entregada en el sacramento de la Eucaristía
tengamos ojos abiertos para ver la aflicción de los que sufren,
oídos atentos para escuchar su clamor
y un corazón sensible para compartir en el amor sus sufrimientos y esperanzas.
Ayúdanos a ser valientes y creativos
para regenerar nuestras vidas
y los espacios sociales y económicos en los que vivimos.
Que pongamos lo mejor de nuestras capacidades y nuestros bienes
a disposición de los hermanos
con verdadero espíritu de comunión y participación,
de responsabilidad y servicio.
Amén.

 

Madrid, 20 de mayo de 2009


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Mensaje de la Comisión Episcopal de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Española con motivo de la Festividad del Corpus Christi - Día de la Caridad de 2009.

 

He visto la aflicción de mi pueblo,
he escuchado su clamor

 

Mensaje de la Comisión Episcopal de Pastoral Social

 

14 de junio de 2009

 

Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón” [01].

 

En la solemnidad del Corpus Christi, celebramos el misterio del Cuerpo de Cristo entregado y de su Sangre derramada para la vida del mundo. En esta festividad la Iglesia en España celebra el Día de la Caridad. Hay una relación esencial entre Eucaristía y caridad. La celebración de la Eucaristía tiene implicaciones sociales. “Cada celebración eucarística actualiza sacramentalmente el don de la propia vida que Jesús ha hecho en la Cruz por nosotros y por el mundo entero. Al mismo tiempo, en la Eucaristía Jesús nos hace testigos de la compasión de Dios por cada hermano y hermana. Nace así, en torno al Misterio eucarístico, el servicio de la caridad para con el prójimo…” [02] y damos testimonio de la caridad con los más necesitados, como misión esencial de la Iglesia.:”El amor al prójimo enraizado en el amor a Dios es ante todo una tarea para cada fiel, pero lo es también para toda la comunidad eclesial, y esto en todas sus dimensiones: desde la comunidad local a la Iglesia particular, hasta abarcar a la Iglesia universal en su totalidad”[03].

 

Los síntomas que percibimos y sufrimos

 

Desde que estalló la crisis financiera, un número creciente de hombres y mujeres afectados por la situación social y económica está llamando a las puertas de nuestras Cáritas, de las parroquias, congregaciones religiosas y otras instituciones eclesiales.  En ellos hemos escuchado el clamor de las víctimas y hemos podido descubrir los nuevos rostros de la pobreza. Ellos nos hacen experimentar como propios los sentimientos de nuestro Dios cuando dice ante su pueblo oprimido por el Faraón y sufriente bajo los despiadados capataces que controlan su suerte: “He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído sus quejas contra los opresores, me he fijado en sus sufrimientos” (Ex 3, 7).

 

Hemos percibido, también, otra pobreza, en este caso espiritual, que subyace entre las crisis materiales, de la economía y el trabajo. Es la pobreza de valores y actitudes que se manifiesta y extiende en diversos ámbitos y a través de algunos medios de comunicación. Junto a ello no podemos olvidar la crisis educativa que se hace presente también en el seno de la familia.

Conocemos los sufrimientos que está ocasionando la  crisis en nuestro pueblo. Una crisis que afecta a sectores cada día más  amplios y cercanos, que no remite en intensidad y está aumentando los índices de pobreza.  Así lo ponen de relieve los datos socioeconómicos y los sucesivos informes presentados por Cáritas Española.

 

Los alarmantes índices de desempleo, el creciente número de pequeñas empresas en quiebra y de trabajadores a los que se les acaba el subsidio de desempleo, las dificultades de las familias para pagar sus hipotecas y otras deudas, y los desequilibrios emocionales y relacionales que eso genera, nos hacen sentir el dolor humano en toda su crudeza y descubrir que estamos  ante una grave crisis que no parece coyuntural, que está siendo de largo recorrido, y que no sólo afecta a personas sino que cuestiona, también, las estructuras mismas del vigente modelo social y económico.

 

El observatorio que mantiene Cáritas nos hace constatar que  en estos primeros meses del año 2009 se ha producido un notable aumento de demandas de ayuda en relación al año anterior. Pero no sólo constatamos un aumento en el número y en la diversidad de las demandas, sino que se están produciendo cambios significativos en los rostros de la pobreza. 

Entre ellos, junto a los más vulnerables, como padres o madres que se han quedado solos con hijos a su cargo, personas mayores, familias inmigrantes reagrupadas y en paro, y desempleados sin protección social, aparecen familias y personas saturadas por las deudas que, seducidas por quienes les ofrecieron dinero fácil, pasaron del consumo por encima de las posibilidades a carecer de lo necesario y a solicitar a Cáritas ayuda para necesidades básicas de vivienda, acceso al empleo, alimentación, ayuda psicológica  y para la educación de sus hijos.

 

La crisis habita en lo profundo

 

Recientemente Benedicto XVI sostuvo, ante una cumbre de representantes internacionales, que “las crisis financieras se desencadenan cuando -en parte debido a la falta de una conducta ética correcta- los que trabajan en el sector económico pierden la confianza en su modo de funcionamiento y en sus sistemas financieros”. “Sin embargo, las finanzas, el comercio y los sistemas de producción son creaciones humanas contingentes que, en caso de que se conviertan en objetos de fe ciega, llevan dentro de sí las raíces de su propio fracaso”. [04]

Reducir la crisis a su dimensión financiera y económica puede ser una falsedad y conducirnos a un peligroso engaño puesto que detrás de la crisis financiera hay otras más hondas que la generan.

 

Esta crisis pone en evidencia una profunda quiebra antropológica y una crisis de valores morales. La dignidad del ser humano es el valor que ha entrado en crisis cuando no es la persona el centro de la vida social, económica, empresarial; cuando el dinero se convierte en fin en sí mismo y no en un medio al servicio de la persona y del desarrollo social.

 

En el origen de la crisis actual todos parecen reconocer que otra de sus causas es la falta de “transparencia”, de “responsabilidad” y de “confianza”. Se ha perdido la confianza en las grandes instituciones económicas y financieras y en los sistemas que las regulan, debido a la irresponsabilidad y avaricia de algunos, a la vanidosa competitividad. Transparencia, responsabilidad y confianza no son elementos económicos o financieros, sino actitudes éticas, lo cual quiere decir que cerraremos en falso la crisis si no estamos dispuestos a afrontar la crisis ética que la sustenta.

 

No podemos subestimar la crisis  ni reducirla a una cuestión de ingeniería financiera.  Detrás asoma el fracaso de esta sociedad del bienestar y de un modelo de desarrollo que, como ha puesto de manifiesto el VI Informe FOESSA, no ha logrado reducir las desigualdades ni disminuir la pobreza en los últimos quince años a pesar de  ser años de gran desarrollo económico [05].

 

Respondamos con espíritu de comunión y participación

 

Si la hondura de la crisis ha puesto de manifiesto muchas  miserias personales, sociales y éticas, también es necesario reconocer que está siendo oportunidad para promover otro modelo social y económico más humano y justo, y para despertar ejemplares respuestas de solidaridad.  Es admirable la generosidad que se está generando entre amigos y en el seno de las familias para afrontar los efectos de la crisis. Son miles los voluntarios que están dando lo mejor de sí mismos intentando responder a los sectores más afectados y vulnerables; como, también, es digno de ser reconocido el esfuerzo sincero de muchos hombres y mujeres  del ámbito de la cultura, de la economía y la política por aportar respuestas concretas a la crisis.

Esta situación y la ramificación espiritual de las causas nos llama a todos a tomar conciencia no sólo de la responsabilidad de la comunicación cristiana de bienes, sino también de la necesidad de la conversión personal y comunitaria, de la revisión de las motivaciones  y estilos que rigen en nuestras instituciones.

 

Estamos en un momento privilegiado para promover la comunión y la participación de todos, como nos propone Cáritas en este Día de la Caridad en su campaña «una sociedad con valores es una sociedad con futuro»[06].

 

La comunión nos permite adquirir plena conciencia de nuestra identidad y  de nuestra interdependencia, y nos enseña a “dar espacio” al hermano, llevando mutuamente la carga de los otros (cf. Ga 6,2) y rechazando las tentaciones egoístas que engendran competitividad, desconfianza y envidias[07]. Dejarse interpelar por la comunión « conlleva despertar de la indiferencia, salir del propio círculo de intereses e involucrarse personalmente en lograr una mayor justicia en la distribución de bienes; y un mayor respeto a la dignidad y derechos de las personas más pobres y excluidas»[08].

La participación, además de involucrarnos personal y comunitariamente de forma activa en todos los ámbitos sociales donde se pueden aportar ideas y acciones para mejorar y transformar la sociedad, supone también integrar a quienes habitualmente ignoramos por su realidad de marginación o exclusión.

 

La Eucaristía, sacramento de comunión y fuente de participación

 

Esta invitación a fundamentar nuestra convivencia en los valores de la comunión y participación adquiere particular relevancia y consistencia en la fiesta del Corpus Christi que estamos celebrando. La Eucaristía es sacramento de comunión, pues como dice san Pablo, cuantos comemos del mismo pan formamos un solo cuerpo[09]. Y porque formamos un solo cuerpo en el Señor, todos estamos llamados a contribuir al bien común desde nuestras capacidades y responsabilidades, compartiendo también los bienes para que ningún hermano pase necesidad[10].

 

Lo expresa con toda claridad Benedicto XVI: «La mística del sacramento tiene un carácter social, porque en la comunión sacramental yo quedo unido al Señor como todos los demás que comulgan (...). La unión con Cristo es al mismo tiempo unión con todos los demás a los que él se entrega»[11].

 

Desde la esperanza que despiertan en nosotros la presencia viva del Señor y el compromiso serio de tantos hombres y mujeres en favor de los que sufren, nos animamos a decir que si hay algo positivo en esta crisis es la oportunidad de rectificar y sentar las bases de la convivencia en valores sólidos capaces de construir un orden económico y social más transparente y justo. Aprovechemos el momento y pidamos al Señor en este “Día de la Caridad” que nos ayude a conseguirlo.

 

 

Oración.
Señor, Jesús,
cuerpo entregado y sangre derramada para la vida de los hombres.
Te pedimos por cuantos sufren los efectos materiales,
morales y espirituales de la crisis que estamos viviendo.
Que cuantos celebramos hoy la memoria
de tu vida entregada en el sacramento de la Eucaristía
tengamos ojos abiertos para ver la aflicción de los que sufren,
oídos atentos para escuchar su clamor
y un corazón sensible para compartir en el amor sus sufrimientos y esperanzas.
Ayúdanos a ser valientes y creativos
para regenerar nuestras vidas
y los espacios sociales y económicos en los que vivimos.
Que pongamos lo mejor de nuestras capacidades y nuestros bienes
a disposición de los hermanos
con verdadero espíritu de comunión y participación,
de responsabilidad y servicio.
Amén.

 

Madrid, 20 de mayo de 2009
Los Obispos de la Comisión Episcopal de Pastoral Social

 


NOTAS

[01] CONCILIO VATICANO II. Constitución Pastoral Gaudium et spes, 1.

[02] BENEDICTO XVI, Exhortación Apostólica Sacramentum caritatis, n. 88.

[03] BENEDICTO XVI, Encíclica Deus caritas est,20

[04] Intercambio de cartas entre Benedicto XVI y el Primer Ministro británico Gordon Brown sobre el G20 (1 de abril de 2009).

[05] Cf FUNDACIÓN FOESSA, VI Informe sobre exclusión y desarrollo social en España 2008. Capítulo 2,  Cáritas Española Editores, Madrid, 2008, pags. 127-155. En el Resumen del mismo informe, pag. 5.

[06] CARITAS, Campaña institucional 2008-2010. Guía de Campaña “Una sociedad con valores es una sociedad con futuro”, Madrid, 2008, pags 3-6.

[07] Cf JUAN PABLO II, Tertio millennio adveniente, n 43; PONTIFICIO CONSEJO JUSTICIA Y PAZ, Compendio de la doctrina social de la Iglesia, nn 164,391, 392.

[08] CARITAS, o.c., 5.

[09] Cf 1Cor 10, 14-22.

[11] Cf 1Cor 11,18-22.

[12] BENEDICTO XVI, Encíclica Deus caritas est, n 14.


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Puntos para la reflexión mensual sobre el sacerdote y el ministerio de la oración.

17 de junio de 2009

El ministerio de la Oración 

"Este es el que ama mucho a sus hermanos,
el que ora mucho por su pueblo"

INTRODUCCIÓN:

"¿Estás dispuesto a invocar la misericordia divina con nosotros, a favor del pueblo que os sea encomendado, perseverando en el mandato de orar sin desfallecer?"

"Sean honrados colaboradores del orden de los obispos, para que por su predicación, y con la gracia del Espíritu Santo, la Palabra del Evangelio dé fruto en el corazón de los hombres y llegue hasta los confines del orbe. Sean con nosotros fieles dispensadores de tus misterios, para que tu pueblo se renueve con el baño del nuevo nacimiento, y se alimente en tu altar; para que los pecadores sean reconciliados y sean confortados los enfermos. Que en comunión con nosotros, Señor, imploren tu misericordia por el pueblo que se les coñfia y a favor del mundo entero". (Plegaria de Ordenación).

PALABRA DE DIOS: Jn 14-17

1. La oración sacerdotal de Jesús:

·         Explica lo que será. la vida de la Iglesia después de Pascua y recomienda apoyarse en la fe (c. 14); permanecer en Cristo (c. 15); confiar en el Espíritu (c. 16) y orar al Padre.

·         Intercesión de Jesús por los suyos ante el Padre.

·         Nos enseña a orar con sus mismos sentimientos y con sus mismas intenciones.

2. Glorificación del Padre y del Hijo: consumación del amor

·         Cumplimiento de la obediencia a la voluntad del Padre:•anuncio de la salvación y realización de los gestos que inauguran la presencia del Reino.

·         El Padre manifiesta su amor al mundo entregando a su Hijo en la cruz y resucitándolo del sepulcro.

3. Jesús ora por sus amigos para que sean fieles en el mundo que lo rechazó a El.

·         Intercede para que el Padre cuide de ellos como prolongación suya, para que los guarde del mal; para que resistan con alegría el odio del mundo y para que sean santificados en la verdad de la fe.

·         Ruega por los creyentes de todos los tiempos.

4. Se santifica a si mismo (se sacrifica): entrega su vida por amor a los hombres.

·         Para que sean perfectamente uno con Él y entre sí.

·         El testimonio de unidad en la fe y el amor garantiza la predicación futura.

LA ORACIÓN DEL PRESBÍTERO:

1. La oración sacerdotal de Jesús es modelo de la oración apostólica del presbítero:

·         Ante el Padre como hijo en el Hijo

·         Con sus mismos sentimientos: amor de pastor por todos (creyentes y no creyentes, por el pueblo encomendado y por todo el mundo)

·         Con sus mismas intenciones: ofrecerse existencialmente "para que sean uno"

2. El ministerio de la oración (la misión del presbítero no es sólo la evangelización, la celebración y el gobierno de la comunidad):

·         Función intercesora y pastoral: a ejemplo de Cristo y los apóstoles que se dedican asiduamente a la oración (Hch 6,4), haciendo de su oración una ofrenda de alabanza y acción de gracias a Dios Padre.

·         Misión encomendada por la Iglesia: en nombre de la Iglesia, por la Iglesia, con la Iglesia y en la Iglesia.

·         La oración apostólica es una misión sacramental (Bautismo y Orden):

a)   Busca la alabanza de Dios y la intercesión por el mundo.

b)   Es un medio de santificación personal y de servicio a los demás.

c)   Encarnada, con corazón de pastor que arde en caridad (que quiere al pueblo encomendado), en la realidad pastoral y social en la que vive y a la que sirve: rostros, casos, casas y cosas. La oración pertenece y. es parte de su ministerio pastoral.

 

·         Se manifiesta en la Eucaristía y en la Liturgia de las Horas:

a)   En la Eucaristía, junto con la asamblea que celebra, el presbítero se inserta en el misterio pascual de Cristo.

b)   En la Liturgia de las Horas, el misterio pascual se prolonga en forma de plegaria en el ritmo temporal de la jornada. Laudes (se conmemora la resurrección del Señor), Vísperas (evoca la entrega de Jesús en la cruz y la nuestra).

c)   En la Liturgia de las Horas incumbe a toda la Iglesia pero de manera especial a quien la representa (no es una oración privada, opcional y no debe ser realizada como simple obligación).

d)   Cristo sigue orando por la voz de la Iglesia y se expresa en la Liturgia como signo sacramental.

e)   El presbítero ora no sólo como miembro de la Iglesia sino in persona Christi Capitis y también in nomine Ecclesiae (se asegura que la comunidad ore por ellos y que la oración de Cristo continúe sin interrupción).

f)    Tiene una dimensión personal y una dimensión pública (no es algo privado).

 

·         El presbítero, como pastor del pueblo de Dios debe:

a)   Presidir (pre-ese) la oración litúrgica unido a su comunidad.

b)   Ser maestro de oración para sus fieles que tienen derecho a decirle "enséñanos a orar".

PISTAS PARA LA REFLEXIÓN:

1° ¿He descubierto que la oración es parte del ministerio asumido en la ordenación y, por lo tanto, un servicio a favor de la iglesia y el mundo?

2° ¿Dedico tiempo a la oración personal de forma regular a lo largo del día?, ¿Soy fiel al compromiso de celebrar la Liturgia de las Horas?

3° ¿La oración que realizo esta impregnada de la realidad vivencial cotidiana: acontecimientos, personas, problemas, rostros, cosas, casos, casas,..?

4° ¿Doy importancia a los retiros, ejercicios, dirección espiritual, lectura espiritual? 5° ¿Animo la oración comunitaria y educo en la oración a nivel personal y comunitario?


Publicado por verdenaranja @ 17:56  | Espiritualidad
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Martes, 16 de junio de 2009

Mons. Jesús Pérez Rodríguez, OFM. Arzobispo de Sucre, ha dirigido una carta a todos los sacerdotes de la diócesis con motivo del inicio del Año Sacerdotal el próximo 19 de junio Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús y que durará hasta la misma Solemnidad en el 2010.

 

CARTA A LOS HERMANOS SACERDOTES


MONS. JESÚS PÉREZ

 

Queridos hermanos presbíteros, diáconos y seminaristas:

 

Me dirijo a todos y a cada uno de ustedes, hermanos en el mismo sacerdocio de Cristo, con motivo del “AÑO SACERDOTAL” que se iniciará el 19 de junio próximo, Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús y durará hasta la misma Solemnidad en el 2010. El Papa Benedicto XVI, ha querido así valorar la figura extraordinaria de San Juan María Vianney, verdadero ejemplo de pastor al servicio del rebaño de Cristo (Cfr, la alocución del Papa del 16 de marzo). Celebraremos los 150 años de la muerte del santo cura de Ars.

 

El tema señalado para este año sacerdotal especial es: “FIDELIDAD DE CRISTO, FIDELIDAD DEL SACERDOTE”. Será inaugurado por el Santo Padre presidiendo las vísperas de esta fiesta del Sagrado Corazón y de la Jornada Mundial de Oración por la santificación del clero.

El año sacerdotal será una ocasión muy propicia para “redescubrir la belleza y la importancia del sacerdocio y de cada sacerdote. Es necesario sensibilizar a todo el pueblo santo de Dios: los consagrados y las consagradas, las familias cristianas, los que sufren y, sobre todo, los jóvenes tan sensibles a los grandes ideales vividos con auténtico empuje y constante fidelidad” (Cfr. Carta del Cardenal Claudio Hummes).

 

El tema escogido por el Santo Padre es sumamente evocador y cuestionante y nos invita a volver al Cenáculo, Jueves Santo, cuando instituyó la Eucaristía. En la persona de los apóstoles nos mandó: “HAGAN ESTO EN MEMORIA MÍA” (Lc 22,19). Al instituir el sacerdocio, lo unió inseparablemente a la Eucaristía. Por ello, celebrar la Eucaristía es celebrar lo que somos, es vivir siempre nuestra identidad sacerdotal, nuestro ministerio o servicio de actualizar la Cena del Señor. ¡Que grandeza la nuestra! ¡Que responsabilidad la nuestra! ¿Nos causa estupor este darse y esta responsabilidad ante Cristo y ante la Iglesia? Ojalá que así fuera.

 

Como nos dice el Cardenal Claudio Hummes, Prefecto de la Congregación del Clero, “Se trata de una importante ocasión para la profundización teológica-espiritual y la misión pastoral, que es fecunda ante todo para los mismos sacerdotes, llamados a renovar la conciencia de la propia identidad y, consecuentemente, para fortalecer la tensión misionera, que trata de la intimidad divina del “estar” con el Señor. Fecundidad pastoral, que se dilata a cada ámbito y persona de la Iglesia, con una particular atención a la indispensable y prioritaria promoción de las vocaciones al ministerio ordenado”.

 

Se trata ante todo de una renovada actitud interior en el redescubrimiento alegre de la propia identidad, de fraternidad en el propio presbiterio de esta nuestra Iglesia particular y de la relación sacramental con el obispo. Por ello, “urge la recuperación de aquella conciencia que empuja a los sacerdotes a estar presentes, identificables y reconocidos ya sea por el juicio de la fe, por las virtudes personales como también por el vertido, en los ámbitos de la cultura, y de la caridad, desde siempre en el corazón de la misión de la Iglesia” (Discurso del Papa del 16 de marzo 2009).

La Jornada de Oración por las Vocaciones, celebrada el 3 de mayo, domingo del Buen Pastor, estaba centrada en el tema: “Confianza en la Iniciativa de Dios y la Respuesta Humana”. Es necesario seguir confiando en Cristo que nos llamó inmerecidamente; esta confianza se alimenta recurriendo al Señor, alimentando nuestra vida con la Oración, en permanecer con el Señor, en el darse tiempo para estar con él, pues “el que permanece en mí produce mucho fruto” (Jn 15,5) y ser conscientes de la necesidad de su ayuda, “sin mí no pueden hacer nada” (Jn 15,5).

 

En esta oportunidad quisiera, queridos hermanos sacerdotes, insistir en algo que ya les he expresado con motivo de la Solemnidad de Corpus Crhisti, se trata de la adoración de la presencia real de Cristo en el “Pan Consagrado”. La vocación sacerdotal crece, se desarrolla, se mantiene fiel y fecunda, sólo en la intensa relación con Cristo. ¡Cuánto podríamos mejorar o madurar ante el Santísimo Sacramento del altar! Ahí, de corazón a corazón sentiremos la exclusividad del amor. La raíz de la fidelidad al ministerio encomendado y del sagrado celibato está en el amor a Cristo. Poner a Cristo al centro de nuestra vida, primero y único lugar, también en nuestras amistades o afectos.

 

Este año pudiéramos proponernos una mayor dedicación a estar con el Señor y principalmente dedicar cada día un tiempo a la adoración de la Presencia real del Señor en nuestros Sagrarios. Ahí podemos encontrar la seguridad para vivir nuestro ministerio con nuevo ardor, pues la Eucaristía es “escuela de alegría”, pues el ministerio pastoral parte de nuestra amistad con el Señor, mas que de un nombramiento para tal o cual servicio en la Iglesia. ¿Qué bien nos vendría volver a releer la Encíclica “Deus Caritas Est”, donde el Papa nos urge a superar la reducción funcionalista y activista del obrar eclesial, y, en especial, el ministerio sacerdotal.

 

El ejemplo de San Juan María Vianney es modelo extraordinario de cultivar la amistad con el Señor con la oración ante Jesucristo, “Pan de Vida”. Así mismo, en este año volvamos a la lectura de Presbiterorum Ordinis, Pastores Dabo Vobis.

 

Aparecida nos invita a ser, además de pastores, Discípulos misioneros. El lema de la Misión Permanente, “Discípulo Misionero: escucha, aprende y anuncia”. Un sacerdote que tiene conciencia de la Presencia real de Cristo, será un hombre de Dios, obediente, desapegado de sí mismo y de todos aquellos afectos que le separen del Señor y de la misión. Tendrá el ardor para realizar una pastoral misionera, creativa y atrevida y no solo una pastoral de mantenimiento.

 

En esta hora, en que nos acercamos al fin del VI Sínodo, es necesario volver a retomar el entusiasmo por la renovación de nuestra Iglesia. El trabajar con los grupos sinodales nos da la base sólida para trabajar en la Misión Permanente. He podido constatar en varios grupos sinodales como los participantes sienten su pertenencia a la Iglesia y viven el gozo de ser Iglesia.

 

Con afecto de hermano saludo a todos en Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote.

 

Sucre, junio de 2009.

 

Jesús Pérez Rodríguez, OFM.

ARZOBISPO DE SUCRE


Publicado por verdenaranja @ 22:53  | Hablan los obispos
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Con motivo de la Jornada Mundial de Oración por la santificación de los sacerdotes y el inicio del “Año sacerdotal” la FSCSJ se ha dirigido a los sacerdotes diocesanos.

 

¿Qué es la Fraternidad de Servidores del Corazón Sacerdotal de Jesús?

 

Somos una Asociación Pública de Fieles en la cual sentimos una especial llamada de Dios a ofrecer nuestra oración y vida (desde situaciones de trabajo, familia, enfermedad, sufrimiento... y una gran confianza en Dios) por el ministerio de los sacerdotes, consagrados/as, las vocaciones sacerdotales y de especial consagración.


Hemos descubierto, conocido y experimentado la gran riqueza que es para la Iglesia y el mundo la vida consagrada en todos sus carismas.

 

Hace un año, el 30 de mayo de 2008, que nuestro Obispo Don Bernardo, firmó el Decreto de Erección y los Estatutos de la Fraternidad de Servidores CSJ. Les enviamos la homilía que pronunció ese día y que recoge muy bien nuestro "ideario de vida".


Publicado por verdenaranja @ 22:37  | Movimientos
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Homilía de Monseñor Bernardo Álvarez Afonso, obispo de Tenerife en la erección, aprobación de los Estatutos y Consagración de los primeros miembros de la Asociación Pública de Fieles “Fraternidad de los Servidores el Corazón Sacerdotal de Jesús”, pronunciada el 30 de Mayo de 2008 y publicada por FSCSJ (www.corazonabierto.org) (En folleto recibido en la parroquia para su difusión)

 

 

 

La Iglesia nos invita en este día, en todo el mundo, a contemplar el Corazón de Jesús. El Corazón de Jesús, como dice el Evangelio, manso y humilde, Corazón compasivo y misericordioso. La palabra misericordia formada de dos palabras miser, -miseria-y cordia, -corazón-. El Corazón de Jesús es la misericordia de Dios. El Corazón de Dios inclinado a la debilidad, a la pobreza de la miseria del hombre.

 

Cuando hablamos del corazón, hablamos de un órgano físico. En el ser humano es fundamental, si falla el corazón, falla ciertamente todo. Pero también se habla de algo espiritual para expresar el centro de la persona: allí donde se concentran los sentimientos, la fe, el amor. En el lenguaje hablado decimos "tiene buen corazón o mal corazón" para expresar una buena o mala persona. El Corazón humano por tanto, viene a manifestar lo más íntimo del ser, lo más profundo de la persona. Pero el corazón, los sentimientos no se ven. Dios es amor, pero el amor de Dios no se ve, sino sus obras. Dios, para manifestar el gran amor que nos tiene, nos dice en la segunda lectura el apóstol Juan, en la primera carta; Dios ha mostrado un amor que se ha hecho visible, de carne y hueso como nosotros, hombre, naciendo de la Virgen María por obra del Espíritu Santo. Hemos creído y conocido el amor que Dios nos tiene. Porque precisamente el amor es un sentimiento, las actitudes para con los demás; el perdón, el odio, el afecto hacia las personas, la alegría..., los sentimientos buenos o malos para con los demás no se ven, sino los actos que producen los sentimientos. A Dios nadie le ha visto nunca. Pero Dios se ha dejado ver en las obras de la Creación y sobre todo se ha dejado ver en el hombre. Por eso, Dios en Jesucristo, nos ha mostrado su Corazón entrañable, misericordioso, compasivo, preocupado por la humanidad, por el sufrimiento de la humanidad, por el cansancio, por el abatimiento: "Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados...", dice Jesús. Es el mismo Dios el que está llamando a la humanidad para acercarse a El, para encontrar descanso, consuelo, paz... Por tanto, al hablar del Corazón de Jesús estamos hablando de la persona misma de Jesucristo. Estamos hablando del amor y la misericordia de Dios que se ha hecho visible para poder percibir, como dice Juan, "Conocer y creer en el amor que Dios nos tiene".

 

Estamos aquí, porque creemos en el amor de Jesús. Somos personas que hemos conocido el amor que Dios nos tiene. Celebrando una y otra vez el don que Dios ha dado al mundo entero: su Hijo entregado por nosotros. Aquella entrega permanente en esta Eucaristía, en el Sacramento. Sacrificio de la cruz que se realiza permanentemente en la Eucaristía.


Queridos Vicario General, Cura Párroco, Rector del Seminario, don Francisco, hermanos sacerdotes, hermanas/os que hoy os consagráis ante Dios y ante la comunidad cristiana como miembros en esta Fraternidad del Corazón Sacerdotal de Cristo, religiosas, hermanos y hermanas todos:

 

NOSOTROS SOMOS EL CORAZÓN DE CRISTO

 

Jesucristo, efectivamente, nacido de la Virgen María manifestó visiblemente el amor que Dios nos tiene hasta el punto de entregar la vida. No hay amor más grande que dar la vida. No solamente por los amigos, sino por los enemigos. Como dice San Pablo "por un hombre de bien estaríamos dispuestos a dar la vida, más la prueba de que Dios nos ama es que siendo nosotros pecadores entregó a su Hijo para que el mundo se salve por Él" y Cristo, como sabemos, realizó su obra y después de una etapa en la historia, acabamos de celebrar estos días su muerte, resurrección, ascensión al cielo, envío del Espíritu Santo... Decíamos que los sentimientos de Cristo se tienen que palpar para creer en Él y la gente que contempló a Jesucristo contempló la gloria de Dios en sus obras. La gente conoció el Corazón de Cristo en sus actitudes y comportamiento; curó a los enfermos, perdonó a los pecadores, no devolvió mal por mal, perdonó incluso a los que le crucificaron, oró por el mundo entero, por sus discípulos, por los sacerdotes, en la oración llamada sacerdotal en la Ultima Cena.

 

Jesucristo con su humanidad visibilizó el amor de Dios en sus obras. El Corazón de Jesús es toda la vida de Cristo entregada a los demás, no como un sentimiento vago, el sentimiento se va.

 

¿Cómo se puede hoy visibilizar el amor de Cristo?

 

¿Dónde está Jesucristo hoy mostrando su preocupación y su misericordia, mostrando amor por los pobres, enfermos, ciegos, esclavos, hambrientos...? ¿Dónde está Jesucristo visiblemente hoy?

 

En su pueblo, nosotros somos la humanidad de Cristo en la historia. Nosotros, que por el bautismo fuimos incorporados a Cristo, constituidos hijos de Dios, miembros de la Iglesia, somos el cuerpo de Cristo. Un cuerpo de Cristo que se constituye para visibilizar ante el mundo la misericordia de Dios. Porque el amor de Dios, el mismo amor que Cristo manifestó en sus obras ha sido derramado por el Espíritu Santo en nuestros corazones.

Cualquier cristiano tiene vocación y misión de ser "Corazón de Jesucristo para el mundo", para visibilizar con nuestras obras y palabras la misericordia de Dios para el mundo.

Todos por el bautismo somos sacerdotes que como Cristo nos ofrecemos por la salvación del mundo a Dios Padre.

Contemplar el Corazón de Jesús, contemplar a Cristo, es contemplar a Cristo histórico que está en el cielo pero contemplado en su cuerpo que es su Iglesia.

Igual que Cristo en la tierra manifestó visiblemente las obras de Dios, ahora nos toca a nosotros visibilizar el amor de Cristo a los que hemos creído en el amor de Dios ante el mundo.

 

¿Cómo se visibiliza? Vivir como vivió Jesucristo

 

Todo cristiano está consagrado a Dios. En el ámbito que le toca vivir tiene que ser Corazón de Jesús: delante de su familia, de su trabajo..., Luego hay personas que Dios llama de un modo muy especial a ser "Corazón de Jesús" como la vida consagrada: religiosos, religiosas, sacerdotes, misioneros, laicos comprometidos en muchas tareas de la Iglesia están siendo "Corazón de Jesús".

 

¿Cómo es posible que uno sea Corazón de Jesús?

 

Porque Jesucristo, con el mismo amor con que ama al mundo, lo pasa a mí para que yo ame como Él ama. Lo derrama en mi corazón para que yo ame como Él ama. San Pablo nos dice: "vivo yo, mas no soy yo, es Cristo que vive en mí". Cuando El ayudaba decía: "No yo, es Cristo que vive en mí". Hay que ver como haces milagros Pablo, como predicas Pablo, como curas Pablo; "No soy yo, es Cristo que vive en mí".

 

Pues bien, es ahí, donde tenemos que entender la consagración hoy de un grupo de hermanos y hermanas en esta nueva Asociación de Fieles, que me complace ser testigo y al mismo tiempo, protagonista en nombre del Señor, para visibilizar la acogida a esta Asociación en la Iglesia.

 

Está naciendo en nuestra Diócesis una Asociación de Fieles, de personas, que elegidas, llamadas por el Señor, quieren ser "Corazón de Jesús" al servicio de los sacerdotes, de las vocaciones sacerdotales y de especial consagración.

 

Igual que en la vida de cada día valoramos mucho por ejemplo, la ayuda que nos prestamos unos a otros. Cuando nos hacemos un favor, un servicio en actos de caridad que nos prestamos unos a otros, quizás valoramos sin tener en cuenta suficiente el gran don por ejemplo, de la amistad, el don de la Fe, el don de que alguien te escuche, alguien te dedique un rato, que alguien te quiera... Son regalos espirituales que los tenemos todos los días, los valoramos, son válidos y no materiales.

 

Pues bien, cuando una persona se consagra a favor de los sacerdotes, el Señor es el que la ha llamado para eso y la ha llamado por su nombre y ha dicho `Aquí estoy Señor, porque me has llamado". Esto es muy importante. No es una opción que ellos hacen, es el Señor. A hombres y mujeres que ya son cristianos, incluso padres de familia, con su profesión, pero llamados para que de un modo singular su vida esté preocupada, dedicada, ofrecida, por los sacerdotes y las vocaciones.

 

Eso tiene espiritualmente un valor incalculable en la Iglesia, porque en el Cuerpo de Cristo, en las relaciones entre los fieles misteriosamente se crea una corriente espiritual enorme por el mundo entero: por los que no creen, por los que están alejados de Dios, por todos los fieles de la Iglesia..., y efectivamente, a través de esta celebración, nuestra oración está beneficiando al mundo; es el misterio de la Comunión del cuerpo de Cristo.

 

Por eso, no hay que extrañarse que en la Iglesia haya un grupo de personas que se consagran especialmente al Señor con una intención, con una finalidad.

 

Eso va ha repercutir enormemente en bien de nuestra Diócesis, de la Iglesia y del mundo entero.

 

Por eso, damos gracias a Dios, porque se sigue suscitando en su Iglesia inquietud en el corazón de la personas, llamando a personas para que pongan especial empeño en poner su vida y sus obras al servicio del Reino de Dios y en este caso de los sacerdotes y de las vocaciones.

 

El Señor lo dijo: "Rogad al Dueño de la mies para que envíe los obreros de su mies". En la última Cena Jesucristo oró: "te ruego por ellos que sea uno como tú en mí y yo en ti..., por ellos yo me consagro". El Señor se consagró por los Apóstoles, por los sacerdotes, por el mundo entero.

 

Cuando un grupo se une al Corazón Sacerdotal de Cristo ¿qué están haciendo?: ser Corazón de Cristo en el mundo de hoy. Igual que Cristo oró, ellos oran, pero oran no a título personal, sino unidos al Corazón de Cristo. Es Cristo que sigue orando en ellos. Ya decíamos que Pablo afirmaba "vivo yo, mas no soy yo, es Cristo que vive en mí". También hay que decir lo mismo "Me consagro yo, mas no yo, es Cristo quien se consagra en mí". Es Cristo el que actualiza lo que El hizo por sus discípulos, por el mundo entero en mí.

 

¿Y yo qué hago?

 

Le ofrezco al Señor mi vida, mi fe, mi tiempo, mis bienes... ¿Cómo me consagro yo al Señor? Ante todo, guardando los mandamientos, siendo fiel a los mandamientos, eso no es fácil. No hacer lo que a uno le gusta, le apetece; significa ser como Jesucristo obediente a la voluntad del Padre. Y esto por amor a Dios y a los hombres, a los sacerdotes, a las vocaciones consagradas.

 

La consagración por tanto, fijaos, más que un acto voluntarista nuestro, es un acto de Dios, que cuenta con nosotros. Te ha llamado y te dice "quiero manifestar mi amor por los sacerdotes, mi preocupación a través de ti, cuento contigo".

 

Lo hacemos pública y solemnemente para que vuestro compromiso quede ratificando ante la comunidad, ante los ministros de la Iglesia y por decirlo de alguna manera, esto nos hace ver que la vida de la Iglesia, la vida cristiana no es algo individualista sino al servicio de todos.

Los Estatutos, que he firmado esta mañana, recogen lo que implica esta consagración vuestra que se renovará cada año en la fiesta del Corazón de Jesús.

 

No se trata, no es algo como si dijéramos, como una meta de llegada. La cosa es ahora cuando empieza. Hasta ahora han estado entrenando y es ahora cuando empieza.

 

Yo les quiero manifestar mi satisfacción y alegría, animándoles por todo lo recorrido durante varios años alentados, animados, acompañados por don Francisco, al cual quiero agradecer y al mismo tiempo felicitar por su servicio en este campo concreto promoviendo personas que oren y consagren su vida al servicio de los sacerdotes y de la Iglesia.

 

A los sacerdotes servirles no sólo apoyando, incluso, ayudándoles en actividades concretas. Al sacerdote se le ayuda sobre todo orando por ellos, ofreciendo vuestra vida, vuestros sacrificios, trabajos, luchas... La palabra sacrificio significa hacer sagrado: sacris -sagrado- fichio del verbo fachio -hacer-. Cuando decimos: ofrecer un sacrifico por los sacerdotes, significa convertir en sagrado, renunciamos a dedicar el tiempo a otra cosa y lo ofrezco por los sacerdotes... Resulta que dispongo de unos recursos económicos y quiero hacer sagrados estos recursos económicos que Dios me ha dado. ¿Cómo los hago sagrados? compartiendo con los pobres, los sacerdotes, por el bien de la Iglesia.

 

Llamados a vivir, está en los Estatutos, la pobreza, una vida austera, sin derroche, evitando el afán de ganar más.

 

Llamados ala castidad: limpieza de corazón. Cada uno la castidad en su condición; el soltero como soltero, el casado como casado.

 

Llamados a vivir la obediencia: ante todo a Dios. La obediencia, al compromiso que hacéis aceptando los Estatutos, la obediencia a la gente. No se entiende la obediencia sólo como obediencia al Obispo, sacerdotes, no, no, la obediencia a las personas que Dios nos ha destinado. ¿Cómo obedece el Párroco a sus fieles de Granadilla? Sirviéndoles, cumpliendo con sus deberes para con ellos. Atendiéndoles como sacerdote. Vosotros igual, la llamada que Dios os hace sirviendo a los sacerdotes, cumpliendo en definitiva el servicio a aquellos que Dios os ha llamado a servir, Hermanos, el Señor os ha llamado a servir.

 

Decimos: no soy yo quien elijo a Cristo es Cristo quien me elige a mí. No son ustedes quienes han elegido consagrarse a Cristo, el Señor es quien los ha elegido a ustedes y les ha llamado para una misión específica: formar una Fraternidad en el Corazón Sacerdotal de Jesús. Cristo quiere poner en tu corazón sus mismos sentimientos para con los sacerdotes, para con las vocaciones, para con la vida consagrada. Vas a visibilizar en el mundo la inquietud, la ilusión, el amor de Cristo por los sacerdotes, por la vida consagrada, por el aumento de las vocaciones.

 

Sintámonos todos agradecidos al Señor porque no abandona a su Iglesia, porque va suscitando mil modos y formas para que el pueblo tenga los pastores que necesita para crecer y desarrollarse. Que el Corazón de Jesús nos ayude a todos a predicar su ternura, su misericordia y al mismo tiempo nos llene de su amor para que nos sintamos impulsados a amar a Cristo en los demás y como Cristo los ama: ser en definitiva Corazón de Jesús en el mundo que nos toca vivir.

 

Mons. Bernardo Álvarez Afonso

Obispo Nivariense

 

(Transcripción literal de la grabación de la Homilía realizada el 30 de mayo de 2008
en la Parroquia de San Antonio de Padua-Granadilla)


Programa de actos organizados por la parroquia de Santa Ana y del Sagrado Corazón en la Villa y Puerto de Garachico en colaboración con el Apostolado de la Oración, Fraternidad de Servidores del CSJ y Delegación Diocesana de Pastoral Vocacional con motivo de la solemnidad el Sagrado Corazón de Jesús y el inicio del Año Sacerdotal durante los días 19, 20 y 21 de Junio de 2009.

 

 

Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús y

Año Sacerdotal - 19 junio 2009 - 2010

 

El papa Benedicto XVI ha tenido la amabilidad de convocar un especial "Año Sacerdotal", que comenzará el 19 de junio, solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, hasta la misma Solemnidad en el 2010. Celebramos el 150° aniversario de la muerte del Santo Cura de Ars, Juan María Vianney, verdadero ejemplo de Pastor al servicio del rebaño de Cristo.

El Año Sacerdotal representa una importante ocasión para mirar, todavía más, con grato estupor la obra del Señor que, "en la noche que fue entregado" (1 Co 11,23), quiso instituir el Sacerdocio ministerial, uniéndolo inseparablemente a la Eucaristía, cumbre y fuente de vida para toda la Iglesia. Será un Año para redescubrir la belleza y la importancia del Sacerdocio y de cada Sacerdote, sensibilizando a todo el pueblo santo de Dios: Los consagrados y las consagradas, las familias cristianas, los que sufren y, sobre todo, los jóvenes tan sensibles a los grandes ideales vividos con auténtico empuje y constante fidelidad. Y dentro de este "Año Sacerdotal", el próximo mes de julio y agosto, celebraremos los 50 años de ministerio parroquial del hasta ahora nuestro Párroco Rvdo. don Julio Rosquet García y la acogida del nuevo Párroco Rvdo. don Francisco Ignacio Hernández Rivero. Con mucha gratitud al Señor a la vez que le pedimos que nos siga dando "Pastores según su Corazón", les invitamos a todos a las celebraciones del inicio de este "Año Sacerdotal" y fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, tan amado y celebrado en nuestra Villa y Puerto de Garachico y en la parroquia que lleva su nombre en El Guincho.

 

VIERNES, 19 DE JUNIO:

 

Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús
Inicio del "Año sacerdotal"

Jornada Mundial de Oración por la Santificación de los Sacerdotes

 

Parroquia de Santa Ana

 

10 de la mañana: Celebración de Laudes y comienzo de la Adoración del Santísimo hasta las 6 de la tarde.

 

6 de la tarde: Hora Santa, guiada por la Fraternidad de Servidores del CSJ. Al término: Bendición con el Santísimo.

 

7 de la tarde: Celebración Solemne de la Eucaristía, presidida por el párroco Rvdo. don Julio Rosquet García. Nos ayudará a reflexionar sobre la Palabra de Dios y la fiesta el Vicario parroquial, Delegado Diocesano de Pastoral Vocacional y de la FSCSJ Rvdo. don Francisco lg. Hernández Rivero. Anima los cantos el Coro Parroquial.

 

Al término: Procesión de la Venerada Imagen del Sagrado Corazón, por el trayecto de costumbre, acompañada por la Banda de la Asociación Cultural "Asociación Musical de Garachico".

 

 

SÁBADO, 20 DE JUNIO:

 

Memoria del Inmaculado Corazón de María

 

Parroquia de Santa Ana

 

5.30 de la tarde: Rezo del Rosario Vocacional.

 

Proyección audiovisual "Pescador de hombres".

 

6 de la tarde: Celebración de la Eucaristía. Al término: Proyección Audiovisual "Pescador de hombres" y Presentación de documento "Adoración, Reparación y Maternidad Espiritual por los Sacerdotes".

 

DOMINGO, 21 DE JUNIO:

 

Parroquia de Santa Ana

 

11 de la mañana: Celebración de la Eucaristía y Procesión Claustral del Santísimo, acompañada por su Hermandad.

 

Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús - El Guincho

 

6 de la tarde: Acto de Bendición e inauguración del nuevo reloj del campanario parroquial dedicado al Sagrado Corazón de Jesús.

 

Al término del mismo: Adoración del Santísimo por la santificación de los sacerdotes y vocaciones.

 

7 de la tarde: Celebración Solemne de la Eucaristía en la fiesta Patronal de la parroquia en honor del Sagrado Corazón de Jesús; preside y predica el Rvdo. Párroco Don Julio Rosquet García. Anima los cantos el Coro Parroquial.

 

Al término: Procesión de la Venerada Imagen Patronal por el nuevo trayecto: C/ Flandes, Carretera General y Camino Viejo.

 

 

 

ORGANIZA:
Parroquias de Santa Ana y del Sagrado Corazón de )esus

COLADORA:

 

Apostolado de la Oración

Fraternidad de Servidores de/ CSJ

 

Delegación Diocesana de Pastoral Vocacional

 


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Guión de oración, enviado a la parroquia, para la Adoración del Santísimo como propuesta de la “Fraternidad de Servidores del CSJ" para la inauguración del Año Sacerdotal el 19 de Junio de 2009 en la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús.

 

 

SOLEMNIDAD DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

HORA SANTA

JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LA

SANTIFICACIÓN DE LOS SACERDOTES

 

 

MONICIÓN AMBIENTAL:

 

El papa Benedicto XVI ha tenido la amabilidad de convocar un especial "Año Sacerdotal", desde el 19 de junio, solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, hasta la misma Solemnidad en el 2010. Celebramos el 150° aniversario de la muerte del Santo Cura de Ars, Juan María Vianney, verdadero ejemplo de Pastor al servicio del rebaño de Cristo.

 

Nos dice el Papa que "El Año Sacerdotal representa una importante ocasión para mirar, todavía más, con grato estupor la obra del Señor que, "en la noche que fue entregado" (1Co 11,23), quiso instituir el Sacerdocio ministerial, uniéndolo inseparablemente a la Eucaristía, cumbre y fuente de vida para toda la Iglesia. Será un Año para redescubrir la belleza y la importancia del Sacerdocio y de cada Sacerdote, sensibilizando a todo el pueblo santo de Dios: Los consagrados y las consagradas, las familias cristianas, los que sufren y, sobre todo, los jóvenes, tan sensibles a los grandes ideales vividos con auténtico empuje y constante fidelidad, estén abiertos a la llamada del Señor". También nuestra comunidad de.... Se une a toda la Iglesia en oración por los frutos de este especial "Año Sacerdotal" que iniciamos junto al Señor Jesús Vivo y Resucitado en la Eucaristía.

 

CANTO eucarístico y Exposición del Santísimo.

 

ORACIÓN:

 

Señor Jesús, queremos estar contigo, queremos estar junto a Ti. Quizá no se nos ocurran muchas cosas, pero queremos estar, queremos sentir tu amor, como cuando nos acercamos a una hoguera, queremos amarte, queremos aprender a amar Lo importante es estar abiertos a tu presencia. Y agradecer alabar suplicar Y callar, escuchar, no decir nada, simplemente estar.

Acógenos como discípulos que quieren escuchar tus palabras, aprender de ti, seguirte siempre. Acógenos como amigos. Y haz de nosotros también tus testigos, testigos del amor.

Señor Jesús, toca esta tarde nuestro corazón, danos tu gracia, sálvanos, llénanos de la vida que sólo tú puedes dar.

 

PALABRA DE DIOS:

 

'Moisés y Aarón dejaron la Asamblea y se fueron a la entrada de la Tienda del Encuentro, y cayeron rostro en tierra. Yse les apareció la gloria de Yavé. Yavé habló a Moisés y le dijo: "Toma la vara y reúne a la comunidad, tú con tu hermano Aarón...harás brotar para ellos agua de la peña...y Moisés alzó la mano, golpeó la peña con la vara dos veces y el agua brotó en abundancia, y bebió la comunidad y su ganado".

(Núm. 6-11)

 

CANTO

 

PALABRA DE DIOS:

 

"Los judíos, como era el día de la Preparación, para que no quedasen los cuerpos en la cruz el sábado -porque aquel sábado era muy solemne- rogaron a Pilato que les quebraran las piernas y los retiraran.

Fueron, pues, los soldados y quebraron las piernas del primero y del otro crucificado con él.

Pero al llegar a Jesús, como lo vieron ya muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua.

El que lo vio lo atestigua y su testimonio es válido, y él sabe que dice la verdad, para que también vosotros creáis. Y todo esto sucedió para que se cumpliera la Escritura: No se le quebrará hueso alguno. Y también otra Escritura dice: Mirarán al que traspasaron. "

 

(Juan 19, 31-37)

 

¿QUE HAY DENTRO DEL CORAZÓN DE JESÚS?

 

Se abre la puerta de una casa para dejar entrar; se abre la vida cuando se quiere compartir; se abre el corazón cuando se quiere regalar. Jesús nos abrió su Corazón para darnos lo mejor que tenía en la noche de su Pasión. ¿Qué mejor manera para conocer a Cristo que mirar su Corazón?

 

Todos: "Y NOS ABRIÓ SU CORAZÓN".

Lector: Para que arraigados y cimentados en el amor, podamos comprender con todos los creyentes la anchura y la longitud, la altura y la profundidad del amor de Cristo; un amor que supera todo conocimiento y nos lleva a la plenitud misma de Dios".

 

Todos: "Y NOS ABRIÓ SU CORAZÓN".

Lector: Para entrar en su intimidad y gustar sus amores.

 

Todos: "Y NOS ABRIÓ SU CORAZÓN".

Lector: Para desvelarnos sus sentimientos y enviarnos a encarnarlos en el mundo.

 

Todos: "Y NOS ABRIÓ SU CORAZÓN".

Lector: Y nos dijo: "He deseado ardientemente comer esta Pascua con vosotros".


Todos: "Y NOS ABRIÓ SU CORAZÓN".

Lector: Y nos dijo: "Tomad y comed, esto es mi Cuerpo...Tomad y bebed, esta es mi Sangre" (Mt.26, 26.28) regalándonos la Eucaristía.

 

Todos: "Y NOS ABRIÓ SU CORAZÓN".

Lector: Y nos regaló el mandamiento del amor fraterno: "Amaos unos a otros como yo os he amado...Permaneced en mi amor...Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos..."

 

Todos: "Y NOS ABRIÓ SU CORAZÓN".

Lector: Y nos dijo: "Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve" regalándonos el ministerio sacerdotal para: "Haced esto en conmemoración mía".

 

Todos: "Y NOS ABRIÓ SU CORAZÓN".

Lector: Y nos dijo: "Orad para que no caigáis en tentación...Yo estaré con vosotros hasta el fin del mundo" .

 

Todos: "Y NOS ABRIÓ SU CORAZÓN".

Lector: Y nos entregó a la Virgen María, como Madre de La Iglesia.

 

Todos: "Y NOS ABRIÓ SU CORAZÓN".

Lector: Y nos dijo: "Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados que yo os aliviaré...Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón y encontraréis vuestro descanso".

 

Todos: "Y NOS ABRIÓ SU CORAZÓN".

Lector: Hasta derramar la última gota de su sangre por cada uno de nosotros, por eso decimos: "Me amó y se entregó por mí".

 

Todos: "Y NOS ABRIÓ SU CORAZÓN".

Lector: Y gritó, en pie, diciendo: "Quien tenga sed que venga a mí ybeba...y ya nunca más tendrá sed".

 

CANTO Y SILENCIO MEDITATIVO-ADORACION PERSONAL (10 minutos).

 

CANTO: cantar o recitar con una música de fondo (Se puede bajar de www.corazonabierto.org Galerías - Corazón Vivo "Hay un Corazón que

mana").

 

Hay un Corazón que mana, Que palpita en el Sagrario;

el Corazón solitario que se alimenta de amor.

Es un Corazón paciente, un Corazón amigo,

el que habita en el olvido, el Corazón de tu Dios.

Es un Corazón que ama, un Corazón que perdona,

que te conoce y que toma de tu vida lo peor.

Que comenzó esta tarea una tarde en el Calvario

y que hora en el Sagrario tan sólo quiere tu amor.

Decidles a todos que vengan a la Fuente de la Vida

hay una historia escondida dentro de este Corazón.

Decidles que hay esperanza que todo tiene un sentido,

que Jesucristo está vivo, decidles que existe Dios.

Es el Corazón que llora en la casa de Betania,

el Corazón que acompaña a los dos de Emaus.

Es el Corazón que al Joven Rico amó con la mirada,

el que a Pedro perdonaba después de su negación.

Es el Corazón en lucha del Huerto de los Olivos

que, amando a sus enemigos, hizo creer al ladrón.

Es el Corazón que salva por su fe a quien se le acerca,

que mostró su herida abierta al Apóstol que dudó.

Decidles a todos que vengan a la Fuente de la Vida,

que hay una historia escondida dentro de este Corazón.

Decidles que hay esperanza que todo tiene un sentido,

Que Jesucristo está vivo,

decidles que existe Dios.

Que Jesucristo está vivo,

decidles que existe Dios.

 

TESTIMONIO:

 

Sería bueno que bien un laico, un matrimonio, o un consagrado/a diera su

testimonio de la importancia del sacerdote en su vida.

 

PLEGARIA PARA PEDIR POR LOS SACERDOTES

 

Señor Jesús, Buen Pastor,

presente en el Santísimo Sacramento,

que quisiste perpetuarte entre nosotros

por medio de tus Sacerdotes,

haz que sus palabras sean sólo las tuyas,

que sus gestos sean los tuyos,

que su vida sea fiel reflejo de la tuya.

Que ellos sean los hombres que

hablen a Dios de los hombres

y hablen a los hombres de Dios.

Que no tengan miedo al servicio,

sirviendo a la Iglesia como Ella quiere ser servida.

Que sean hombres de Dios,

testigos del Eterno en nuestro tiempo,

caminando por las sendas

de la historia con tu mismo paso

y haciendo el bien a todos.

Que sean fieles a sus compromisos,

celosos de su vocación y de su entrega,

claros espejos de la propia identidad

y que vivan con la alegría del don recibido.

Te lo pido por tu Madre Santa María:

Ella que estuvo presente en tu vida

estará siempre presente

en la vida de tus sacerdotes. Amén.

 

 

ACCIÓN DE GRACIAS:

 

Gracias Señor, por este tiempo que nos has concedido para adorarte y venerarte.

Gracias Señor, por la Iglesia madre de nuestra fe, donde te conocemos, celebramos y seguimos.

 

Gracias Señor, por tu muerte y resurrección que nos salva.

Gracias Señor, por todos los beneficios que nos concedes.

Gracias Señor, por esta hora de comunión contigo.

Gracias Señor, por tus palabras que reconfortan y sanan.

Gracias Señor, por tu cruz que tanto enseña.

Gracias Señor, por tu sangre que a tantos salva.

Gracias Señor, por tu amor sin tregua y sin fronteras.

Gracias Señor, por la Madre que al pie del madero nos dejas.

Gracias Señor, por olvidar nuestras traiciones e incoherencias.

Gracias Señor, por perdonar el sueño que nos aleja del estar en vela.

Gracias Señor, por tu pan partido en la mesa de la eucaristía.

Gracias Señor, porque, aún siendo Dios, te arrodillas y a servir nos enseñas.

Gracias Señor, por tu sacerdocio que es generosidad, ofrenda y entrega.

Gracias Señor, por tu amor sin límites y en la cruz hecho locura.

Gracias Señor.

 

 

Oramos con la Virgen María

 

Señor Jesús, queremos terminar nuestra hora Santa dirigiendo nuestra mirada a María, a aquella que con su "sí" en la hora de la Anunciación hasta el pie de la Cruz hizo latir tu corazón y, con él, el del mundo. María, enséñanos a colaborar con Cristo, así como tú lo hiciste. Nuestra vida quiere ser prolongación de tu "Sí"; que en Alianza de Amor contigo, siempre podamos estar disponibles para servir, para forjar el Reino de tu Hijo Jesús.

 

Que como cristianos nos movamos ante todo por el amor de Cristo, que nuestro corazón haya sido conquistado por el amor de Cristo y que contagiemos a todos los hombres con el amor de Cristo.

 

María, Virgen Fiel y Fuerte al Pie de la Cruz, guárdanos en el regazo junto a tu Corazón de Madre, para que nunca nos apartemos de Jesucristo, tu Hijo y Señor. AMÉN.

 

Bendición con el Santísimo y reserva como de costumbre en el lugar.


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Lunes, 15 de junio de 2009

Carta a los sacerdotes diocesanos de Tenerife de la Fraternidad de Servidores del Corazón Sacerdotal de Jesús  con motivo del inicio del Año Sacerotal.

Fraternidad de Servidores del Corazón Sacerdotal de Jesús

Asociación Pública de Fieles-Diócesis Nívaríense

Ti! 922 13 30 30 — serví[email protected] - www. corazonabierfo. org


4 de Junio de 2009
Fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote

 

 

Estimados sacerdotes y consagrados/as de nuestra Diócesis:


Con un inmenso gozo de dirigirnos a ustedes, les saludamos en este mes dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, próximos a la Jornada Mundial de Oración por la santificación de los sacerdotes y al inicio del "Año Sacerdotal" convocado por el Santo Padre el papa Benedicto XVI el 19 de junio, Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús.

 

Somos una Asociación Pública de Fieles en la cual sentimos una especial llamada de Dios a ofrecer nuestra oración y vida (desde situaciones de trabajo, familia, enfermedad, sufrimiento... y una gran confianza en Dios) por el ministerio de los sacerdotes, consagrados/as, las vocaciones sacerdotales y de especial consagración. Hemos descubierto, conocido y experimentado la gran riqueza que es para la Iglesia y el mundo la vida consagrada en todos sus carismas. Hace un año, el 30 de mayo de 2008, que nuestro Obispo Don Bernardo, firmó el Decreto de Erección y los Estatutos de la Fraternidad de Servidores CSJ. Les enviamos la homilía que pronunció ese día y que recoge muy bien nuestro "ideario de vida".

 

Con motivo del "Año Sacerdotal" y de nuestro Primer Aniversario, hemos editado y puesto en manos de Don Francisco Ignacio Hdez. Rivero, Delegado Diocesano de Pastoral Vocacional y que es también el Sacerdote Delegado para nuestra Fraternidad nombrado por el Obispo, el documento de la Congregación para el Clero:"Adoración, reparación y maternidad espiritual por los sacerdotes Un documento que hace un gran bien a quien lo acoge. Ya se pondrá en contacto con ustedes para hacerlo llegar y se pueda trabajar con aquellas personas sensibles con la oración por las vocaciones y vida consagrada.


Así mismo, le adjuntamos un guión de oración para la Adoración del Santísimo como sencilla y humilde propuesta para que al inaugurar el "Año sacerdotal" o en este mes de junio, no falte en ninguna comunidad cristiana un momento orante por tan importante intención: el ministerio y santificación de los sacerdotes y para redescubrir la belleza y la importancia del Sacerdocio en este Año como nos ha invitado el Papa. Si desea algunas de las estampas para motivar la oración por los sacerdotes entre los fieles se las podemos facilitar gratuitamente. Queremos servir con lo mejor de nuestras vidas a la insustituible, hermosa y difícil tarea que Dios ha encomendado a nuestros pastores y a todos los consagrados. Que el Señor, fuente de todo bien nos guarde a todos dentro de su Corazón manso y humilde.

 

Un cordial saludo de toda la Fraternidad de Servidores del CSJ.

 

Francisco !g. Hez Rivero
Sacerdote Delegado

Montserrat Rodríguez Toledo
Directora FSCSJ

 

NOTA: Adjuntamos también, Invitación e información para la celebración del Inicio del Año Sacerdotal en la parroquia de Santa Ana- Villa y Puerto de Garachico organizado por esta FSCSJ y la Delegación Diocesana de Pastoral Vocacional.


Texto de Juan Pablo II publicado en folleto de Hora Santa para la inauguración del Año Sacerdotal de la Fraternidad de Servidores del Corazón Sacerdotal de Jesús.

El Corazón de Cristo encierra un mensaje para todo hombre

 

Celebramos la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, el Corazón que hace dos mil años comenzó a latir en el seno de María Santísima y que trajo al mundo el fuego del amor de Dios.


El Corazón de Cristo encierra un mensaje para todo hombre; habla también al mundo de hoy. En una sociedad, en la que la técnica y la informática se desarrollan a un ritmo creciente y la gente se siente atraída por una infinidad de intereses, a menudo contrastantes; el hombre corre el riesgo de perder su centro, el centro de sí mismo. Al mostrarnos su Corazón, Jesús nos recuerda ante todo que allí, en la intimidad de la persona, es donde se decide el destino de cada uno, la muerte o la vida en sentido definitivo. El mismo nos da en abundancia la vida, que permite a nuestro corazón, endurecido a veces por la indiferencia y el egoísmo, abrirse a una forma de vida más elevada.


El Corazón de Cristo crucificado y resucitado es la fuente inagotable de gracia donde todo hombre puede encontrar siempre y, particularmente, durante este año especial del gran jubileo, amor, verdad y misericordia.


Juan Pablo II. Ángelus 2 de junio 2000


Publicado por verdenaranja @ 23:27  | Espiritualidad
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Guión de oración, enviado a la parroquia, para la Adoración del Santísimo como propuesta de la “Fraternidad de Servidores del CSJ" para la inauguración del Año Sacerdotal

 

 

SOLEMNIDAD DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

HORA SANTA

JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LA

SANTIFICACIÓN DE LOS SACERDOTES

 

 

MONICIÓN AMBIENTAL:

 

El papa Benedicto XVI ha tenido la amabilidad de convocar un especial "Año Sacerdotal", desde el 19 de junio, solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, hasta la misma Solemnidad en el 2010. Celebramos el 150° aniversario de la muerte del Santo Cura de Ars, Juan María Vianney, verdadero ejemplo de Pastor al servicio del rebaño de Cristo.

 

Nos dice el Papa que "El Año Sacerdotal representa una importante ocasión para mirar, todavía más, con grato estupor la obra del Señor que, "en la noche que fue entregado" (1Co 11,23), quiso instituir el Sacerdocio ministerial, uniéndolo inseparablemente a la Eucaristía, cumbre y fuente de vida para toda la Iglesia. Será un Año para redescubrir la belleza y la importancia del Sacerdocio y de cada Sacerdote, sensibilizando a todo el pueblo santo de Dios: Los consagrados y las consagradas, las familias cristianas, los que sufren y, sobre todo, los jóvenes, tan sensibles a los grandes ideales vividos con auténtico empuje y constante fidelidad, estén abiertos a la llamada del Señor". También nuestra comunidad de.... Se une a toda la Iglesia en oración por los frutos de este especial "Año Sacerdotal" que iniciamos junto al Señor Jesús Vivo y Resucitado en la Eucaristía.

 

CANTO eucarístico y Exposición del Santísimo.

 

ORACIÓN:

 

Señor Jesús, queremos estar contigo, queremos estar junto a Ti. Quizá no se nos ocurran muchas cosas, pero queremos estar, queremos sentir tu amor, como cuando nos acercamos a una hoguera, queremos amarte, queremos aprender a amar Lo importante es estar abiertos a tu presencia. Y agradecer alabar suplicar Y callar, escuchar, no decir nada, simplemente estar.

Acógenos como discípulos que quieren escuchar tus palabras, aprender de ti, seguirte siempre. Acógenos como amigos. Y haz de nosotros también tus testigos, testigos del amor.

Señor Jesús, toca esta tarde nuestro corazón, danos tu gracia, sálvanos, llénanos de la vida que sólo tú puedes dar.

 

PALABRA DE DIOS:

 

'Moisés y Aarón dejaron la Asamblea y se fueron a la entrada de la Tienda del Encuentro, y cayeron rostro en tierra. Yse les apareció la gloria de Yavé. Yavé habló a Moisés y le dijo: "Toma la vara y reúne a la comunidad, tú con tu hermano Aarón...harás brotar para ellos agua de la peña...y Moisés alzó la mano, golpeó la peña con la vara dos veces y el agua brotó en abundancia, y bebió la comunidad y su ganado".

(Núm. 6-11)

 

CANTO

 

PALABRA DE DIOS:

 

"Los judíos, como era el día de la Preparación, para que no quedasen los cuerpos en la cruz el sábado -porque aquel sábado era muy solemne- rogaron a Pilato que les quebraran las piernas y los retiraran.

Fueron, pues, los soldados y quebraron las piernas del primero y del otro crucificado con él.

Pero al llegar a Jesús, como lo vieron ya muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua.

El que lo vio lo atestigua y su testimonio es válido, y él sabe que dice la verdad, para que también vosotros creáis. Y todo esto sucedió para que se cumpliera la Escritura: No se le quebrará hueso alguno. Y también otra Escritura dice: Mirarán al que traspasaron. "

 

(Juan 19, 31-37)

 

¿QUE HAY DENTRO DEL CORAZÓN DE JESÚS?

 

Se abre la puerta de una casa para dejar entrar; se abre la vida cuando se quiere compartir; se abre el corazón cuando se quiere regalar. Jesús nos abrió su Corazón para darnos lo mejor que tenía en la noche de su Pasión. ¿Qué mejor manera para conocer a Cristo que mirar su Corazón?

 

Todos: "Y NOS ABRIÓ SU CORAZÓN".

Lector: Para que arraigados y cimentados en el amor, podamos comprender con todos los creyentes la anchura y la longitud, la altura y la profundidad del amor de Cristo; un amor que supera todo conocimiento y nos lleva a la plenitud misma de Dios".

 

Todos: "Y NOS ABRIÓ SU CORAZÓN".

Lector: Para entrar en su intimidad y gustar sus amores.

 

Todos: "Y NOS ABRIÓ SU CORAZÓN".

Lector: Para desvelarnos sus sentimientos y enviarnos a encarnarlos en el mundo.

 

Todos: "Y NOS ABRIÓ SU CORAZÓN".

Lector: Y nos dijo: "He deseado ardientemente comer esta Pascua con vosotros".


Todos: "Y NOS ABRIÓ SU CORAZÓN".

Lector: Y nos dijo: "Tomad y comed, esto es mi Cuerpo...Tomad y bebed, esta es mi Sangre" (Mt.26, 26.28) regalándonos la Eucaristía.

 

Todos: "Y NOS ABRIÓ SU CORAZÓN".

Lector: Y nos regaló el mandamiento del amor fraterno: "Amaos unos a otros como yo os he amado...Permaneced en mi amor...Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos..."

 

Todos: "Y NOS ABRIÓ SU CORAZÓN".

Lector: Y nos dijo: "Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve" regalándonos el ministerio sacerdotal para: "Haced esto en conmemoración mía".

 

Todos: "Y NOS ABRIÓ SU CORAZÓN".

Lector: Y nos dijo: "Orad para que no caigáis en tentación...Yo estaré con vosotros hasta el fin del mundo" .

 

Todos: "Y NOS ABRIÓ SU CORAZÓN".

Lector: Y nos entregó a la Virgen María, como Madre de La Iglesia.

 

Todos: "Y NOS ABRIÓ SU CORAZÓN".

Lector: Y nos dijo: "Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados que yo os aliviaré...Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón y encontraréis vuestro descanso".

 

Todos: "Y NOS ABRIÓ SU CORAZÓN".

Lector: Hasta derramar la última gota de su sangre por cada uno de nosotros, por eso decimos: "Me amó y se entregó por mí".

 

Todos: "Y NOS ABRIÓ SU CORAZÓN".

Lector: Y gritó, en pie, diciendo: "Quien tenga sed que venga a mí ybeba...y ya nunca más tendrá sed".

 

CANTO Y SILENCIO MEDITATIVO-ADORACION PERSONAL (10 minutos).

 

CANTO: cantar o recitar con una música de fondo (Se puede bajar de www.corazonabierto.org Galerías - Corazón Vivo "Hay un Corazón que

mana").

 

Hay un Corazón que mana, Que palpita en el Sagrario;

el Corazón solitario que se alimenta de amor.

Es un Corazón paciente, un Corazón amigo,

el que habita en el olvido, el Corazón de tu Dios.

Es un Corazón que ama, un Corazón que perdona,

que te conoce y que toma de tu vida lo peor.

Que comenzó esta tarea una tarde en el Calvario

y que hora en el Sagrario tan sólo quiere tu amor.

Decidles a todos que vengan a la Fuente de la Vida

hay una historia escondida dentro de este Corazón.

Decidles que hay esperanza que todo tiene un sentido,

que Jesucristo está vivo, decidles que existe Dios.

Es el Corazón que llora en la casa de Betania,

el Corazón que acompaña a los dos de Emaus.

Es el Corazón que al Joven Rico amó con la mirada,

el que a Pedro perdonaba después de su negación.

Es el Corazón en lucha del Huerto de los Olivos

que, amando a sus enemigos, hizo creer al ladrón.

Es el Corazón que salva por su fe a quien se le acerca,

que mostró su herida abierta al Apóstol que dudó.

Decidles a todos que vengan a la Fuente de la Vida,

que hay una historia escondida dentro de este Corazón.

Decidles que hay esperanza que todo tiene un sentido,

Que Jesucristo está vivo,

decidles que existe Dios.

Que Jesucristo está vivo,

decidles que existe Dios.

 

TESTIMONIO:

 

Sería bueno que bien un laico, un matrimonio, o un consagrado/a diera su

testimonio de la importancia del sacerdote en su vida.

 

PLEGARIA PARA PEDIR POR LOS SACERDOTES

 

Señor Jesús, Buen Pastor,

presente en el Santísimo Sacramento,

que quisiste perpetuarte entre nosotros

por medio de tus Sacerdotes,

haz que sus palabras sean sólo las tuyas,

que sus gestos sean los tuyos,

que su vida sea fiel reflejo de la tuya.

Que ellos sean los hombres que

hablen a Dios de los hombres

y hablen a los hombres de Dios.

Que no tengan miedo al servicio,

sirviendo a la Iglesia como Ella quiere ser servida.

Que sean hombres de Dios,

testigos del Eterno en nuestro tiempo,

caminando por las sendas

de la historia con tu mismo paso

y haciendo el bien a todos.

Que sean fieles a sus compromisos,

celosos de su vocación y de su entrega,

claros espejos de la propia identidad

y que vivan con la alegría del don recibido.

Te lo pido por tu Madre Santa María:

Ella que estuvo presente en tu vida

estará siempre presente

en la vida de tus sacerdotes. Amén.

 

 

ACCIÓN DE GRACIAS:

 

Gracias Señor, por este tiempo que nos has concedido para adorarte y venerarte.

Gracias Señor, por la Iglesia madre de nuestra fe, donde te conocemos, celebramos y seguimos.

 

Gracias Señor, por tu muerte y resurrección que nos salva.

Gracias Señor, por todos los beneficios que nos concedes.

Gracias Señor, por esta hora de comunión contigo.

Gracias Señor, por tus palabras que reconfortan y sanan.

Gracias Señor, por tu cruz que tanto enseña.

Gracias Señor, por tu sangre que a tantos salva.

Gracias Señor, por tu amor sin tregua y sin fronteras.

Gracias Señor, por la Madre que al pie del madero nos dejas.

Gracias Señor, por olvidar nuestras traiciones e incoherencias.

Gracias Señor, por perdonar el sueño que nos aleja del estar en vela.

Gracias Señor, por tu pan partido en la mesa de la eucaristía.

Gracias Señor, porque, aún siendo Dios, te arrodillas y a servir nos enseñas.

Gracias Señor, por tu sacerdocio que es generosidad, ofrenda y entrega.

Gracias Señor, por tu amor sin límites y en la cruz hecho locura.

Gracias Señor.

 

 

Oramos con la Virgen María

 

Señor Jesús, queremos terminar nuestra hora Santa dirigiendo nuestra mirada a María, a aquella que con su "sí" en la hora de la Anunciación hasta el pie de la Cruz hizo latir tu corazón y, con él, el del mundo. María, enséñanos a colaborar con Cristo, así como tú lo hiciste. Nuestra vida quiere ser prolongación de tu "Sí"; que en Alianza de Amor contigo, siempre podamos estar disponibles para servir, para forjar el Reino de tu Hijo Jesús.

 

Que como cristianos nos movamos ante todo por el amor de Cristo, que nuestro corazón haya sido conquistado por el amor de Cristo y que contagiemos a todos los hombres con el amor de Cristo.

 

María, Virgen Fiel y Fuerte al Pie de la Cruz, guárdanos en el regazo junto a tu Corazón de Madre, para que nunca nos apartemos de Jesucristo, tu Hijo y Señor. AMÉN.

 

Bendición con el Santísimo y reserva como de costumbre en el lugar.


Publicado por verdenaranja @ 23:22  | A?o Sacerdotal
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ZENIT publica el discurso que dirigió el sábado, 13 de junio de 2009,  Benedicto XVI al recibir en audiencia a los miembros de la Fundación Centesimus Annus Pro Pontifice. 

 

 

Venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio,

queridos amigos:

 

Gracias por vuestra visita que se enmarca en el contexto de vuestra reunión anual. Os saludo a todos con afecto y os doy las gracias por lo que hacéis, con probada generosidad, al servicio de la Iglesia. Saludo y doy las gracias al conde Lorenzo Rossi di Montelera, vuestro presidente, que ha interpretado con fina sensibilidad vuestros sentimientos, exponiendo en grandes líneas la actividad de la Fundación. Doy también las gracias a quienes, en idiomas diferentes, han querido testimoniar su común devoción. El encuentro de hoy asume un significado y un valor particular a la luz de la situación que vive en este momento toda la humanidad.


En efecto, la crisis financiera y económica que ha golpeado a los países industrializados, los emergentes y los que están en vías de desarrollo, demuestra que hay que replantearse algunos paradigmas económico-financieros dominantes en los últimos años. Por tanto, vuestra fundación ha estado acertada al afrontar, en el congreso internacional que se celebró ayer, el tema de la búsqueda de los valores y reglas a los que debería atenerse el mundo económico para implementar un modelo de desarrollo más atento a las exigencias de la solidaridad y más respetuoso de la dignidad humana.


Me alegra saber que habéis examinado, en particular, las interdependencias entre instituciones, empresas y mercado, partiendo, en acuerdo con la encíclica Centesimus annus de mi venerado predecesor Juan Pablo II, de la reflexión según la cual, la economía de mercado, entendida como "un sistema económico que reconoce el papel fundamental y positivo de la empresa, del mercado, de la propiedad privada y de la consiguiente responsabilidad para con los medios de producción, de la libre creatividad humana en el sector de la economía" (n. 42), puede ser reconocida como un camino de progreso económico y civil sólo si se orienta hacia el bien común (Cf. n. 43). Esta visión, sin embargo, debe estar acompañada también por otra reflexión, según la cual, la libertad en el sector de la economía debe enmarcarse en "un sólido contexto jurídico que la ponga al servicio de la libertad humana integral", una libertad responsable, "cuyo centro es ético y religioso" (n. 42). Oportunamente la encíclica mencionada afirma: "Así como la persona se realiza plenamente en la libre donación de sí misma, así también la propiedad se justifica moralmente cuando crea, en los debidos modos y circunstancias, oportunidades de trabajo y crecimiento humano para todos" (n. 43).


Deseo que las investigaciones desarrolladas en vuestro trabajo, inspirándose en los eternos principios del Evangelio, elaboren una visión de la economía moderna respetuosa de las necesidades y de los derechos de los débiles. Como sabéis, próximamente se publicará mi encíclica dedicada precisamente al gran tema de la economía y del trabajo: en ella se destacarán cuáles son, para nosotros, los cristianos, los objetivos que hay que perseguir y los valores que hay que promover y defender incansablemente para lograr una convivencia humana realmente libre y solidaria.


Constato también, con complacencia, todo lo que estáis haciendo a favor del Pontificio Instituto para Estudios Árabes e Islámicos (PISAI), a cuyas finalidades, compartidas por vosotros, atribuyo un gran valor para un diálogo interreligioso cada vez más fecundo.


Queridos amigos: gracias una vez más por vuestra visita; aseguro a cada uno de vosotros un recuerdo en la oración, mientras os bendigo a todos de corazón.

 

[Traducción del original italiano realizada por Jesús Colina

© Copyright 2009 - Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:57  | Habla el Papa
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Día 14 de junio
Solemnidad: Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo

 

 

La Vida que nos corresponde

 

 

Celebramos hoy a Jesucristo ofrecido en alimento de nuestra vida sobrenatural. Los judíos no podían creer lo que oían: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?, protestaban a Jesús. Hacía falta tener una fe como la de Pedro para aceptar de Cristo esa capacidad de donación. Sin embargo, su amor completo y hasta el fin, como explicará san Juan, le lleva siendo Dios, no sólo a dar su vida en redención por el mundo, sino también a anticipar sacramentalmente el sacrificio de su cuerpo y su sangre, dejándolo para el cristiano como tesoro de vida eterna hasta el final de los tiempos.


        De diversos modos, había ya revelado Jesús que la vida del hombre debe ser más que una vida humana, que no nos basta con continuar como antes de su venida al mundo, por perfecta que pudiera llegar a ser esa existencia muestra. Según expone san Juan al comienzo de su Evangelio, la vida del hombre logra un profundo incremento con la Encarnación del Hijo. Vino a los suyos –explica–, y los suyos no le recibieron. Pero a cuantos le recibieron les dio la potestad de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre, que no han nacido de la sangre, ni de la voluntad de la carne, ni del querer del hombre, sino de Dios.


        Es, pues, otra vida –la de hijos de Dios–, distinta de la meramente humana que es fruto de la generación de la carne. Ésta, la natural y más notoria, tiene un origen y unos fines terrenos. Es la que contemplamos en nosotros mismos y en muchos a los que vemos nacer y morir en la historia; que influidos por el ambiente e influyendo en él, sus días se suceden mientras se procura bienestar, paz, alegría, el goce de los apetitos, etc.; lo que para muchos sería el ideal de una vida feliz: en paz y armonía con los demás y disfrutando de cuanto puede ofrecer este mundo. Se trata, evidentemente, de algo muy distinto –de otro orden– a la vida, que no es según la carne, a la que se refiere san Juan. La vida que no nace de la voluntad de la carne, ni del querer del hombre, sino de Dios, es para los hombres la gran novedad desde Jesucristo. Con su venida, y a partir, concretamente, de su muerte y resurrección gloriosa, se nos muestra en misterio pero con neta firmeza, el sentido de la vida de los hombres según el Creador.


        Ha querido Dios, por Jesucristo, que seamos hijos suyos, que vivamos vida divina y que, a partir de la meramente humana, logremos el desarrollo pleno –espiritual y sobrenatural– que es nuestro destino según su plan creador. Por eso Jesús se refiere frecuentemente a otra vida distinta y más excelente: Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia. Esa vida abundante que, por querer de Dios nos corresponde, no la lograríamos, por consiguiente, mediante el despliegue exuberante de nuestros talentos, por grandiosos que fueran, sin contar con Jesucristo. De hecho, la más gozosa de las vidas de este mundo es nada ante la vida para la que hemos sido creados.

        
Nos corresponde una existencia sobrenatural, trascendente, que requiere de modo necesario una decisiva intervención divina, que debe ser correspondida por parte del hombre. Jesús, en su diálogo con Nicodemo –que recoge asimismo san Juan–, le explica: en verdad te digo que si uno no nace de lo alto no puede ver el Reino de Dios. Pero Nicodemo no entiende; no puede dejar de pensar en la vida meramente humana, y pregunta a Jesús si acaso hay que volver a nacer de nuevo de la propia madre. A lo que Jesús responde: en verdad te digo que si uno no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo nacido de la carne, carne es; y lo nacido del Espíritu, espíritu es. No te sorprendas de que te haya dicho que debéis nacer de nuevo.


        El bautismo, ya lo hemos considerado en otras ocasiones, es el nacimiento a la vida de la Gracia: nuestro nacimiento como hijos de Dios, destinados desde ese momento a una Vida Eterna de intimidad con el Padre, con el Hijo, y con el Espíritu Santo. Una vida que alcanza su desarrollo propio únicamente alimentada con el mismo Dios: si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo le resucitaré en el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Igual que el Padre que me envió vive y yo vivo por el Padre, así, aquel que me come vivirá por mí.


        Siempre deberíamos teneser ante nosotros estas palabras. Le pedimos a Nuestra Madre del Cielo que iluminen e impulsen nuestro caminar, para que sea, ante todo, viaje hasta el Reino de Nuestro Padre.


NOVEDADES FLUVIUM


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Domingo, 14 de junio de 2009

Artículo publicado en el Boletín “Misioneros Javerianos” ABRIL 2009, año XLVI - nº 451, en la sección  “LA MISIÓN: GOZO Y ESPERANZA”.

 

POR LOS CAMINOS DE LA ESPERANZA

 

P. Carlos Collantes

 

"... Y en este monte destruirá la mortaja que cubre todos los pueblos, el sudario que tapa a todas las naciones. Des­truirá la muerte para siempre, secará las lágrimas de todos los rostros..." Isaías 25, 6-9. Dios parece un "soñador" es-forzado y paciente. Los profetas son quienes mejor han vislumbrado sus sueños. Pero sólo Jesús los ha realizado. Je­sús, el mejor sueño de Dios hecho realidad, sin embargo esperamos todavía el cumplimiento definitivo. Y ahí camina nuestra esperanza acunada por los sueños sosegados de Dios.

 

La misión tiene mucho que ver con la esperanza, y no es posible vivirla, entu­siasmarse y seguir luchando sin una bue­na dosis de esperanza en el corazón. La resurrección de Jesús es el fundamento de nuestra fe-esperanza y de la misión de la Iglesia, y sobre ello queremos re-flexionar en éste y en los siguientes ar­tículos intentando vislumbrar y acoger signos de vida y esperanza.

 

Caminar solidario

 

Dos convicciones fundamentan nuestra esperanza, la solidaridad de Je­sús con todo lo humano, sobre todo con lo humano herido, maltratado, oprimi­do, y la fidelidad total del Padre con él, con su caminar coherente y apasiona-do. Hay además dos realidades funda-mentales desde el comienzo de la aven­tura cristiana: la Palabra y la Comuni­dad. Desde el inicio la Comunidad na­ciente, fruto de la Resurrección de Jesús y del Espíritu, nos trasmite la palabra vivida, proclamada, puesta por escrito y siempre viva. Palabra anunciada, semilla fecunda habi­tada por el Espíritu, que irá haciendo na­cer         comunidades. Ambas nos han tras­mitido la esperanza y lo siguen haciendo, y ambas nos invitan a la fidelidad y a la solida­ridad siendo la Palabra creada por el Es­píritu la que urge a las comunidades cristia­nas de todos los tiem­pos a mantenerse lú­cidas, despiertas, vi­gilantes, activas.

 

La vulnerabilidad de Dios manifestada en el crucificado pue­de engendrar y mante­ner la esperanza, por-que expresa el caminar solidario de Dios con

nosotros, solidaridad hecha carne e historia en Jesús. El Hijo nos revela a un Dios entrañable y cercano, so­bre todo con los que sufren, los hu­millados, los pobres. Jesús, presencia de un Dios "humanado", comparte nuestro destino y baja a los infiernos de lo más desconcertante y escanda-loso de nuestra condición humana. Es el Dios con nosotros, débil y vul­nerable, que nace en la periferia como tantos pobres y en la cruz lle­ga al máximo de su extraña solidari­dad. La esperanza se comprende me­jor desde la dignidad de los pobres que luchan y desde la solidaridad de quienes comparten su destino. Espe­ranza cristiana, caminar solidario y comunitario.

 

Fuego y luz

 

La óptica adecuada para captar la fuerza de la resurrección de Jesús
es la situación de tantos crucificados –personas y pueblos‑ que exigen y reclaman justicia y vida. Queriendo salvar a todos, Jesús se puso al lado de los más necesitados, oprimidos,  despreciados. Sólo desde la resurrección se ilumina la cruz. Sólo desde la cruz se espera, se entiende y acoge la resurrección, respuesta de la justicia divina. Y si Dios, por fidelidad y justicia, resucita a Jesús hay esperanza para todos los crucificados que pueden ver en él al  hermano mayor. Esperanza cristiana significa ponerse de alguna manera al lado de los crucificados, en comunión solidaria con ellos. Y la bondad-justicia del Padre manifestada en la resurrección de Jesús -el crucificado solidario- se con-vierte en buena noticia para todos los crucificados. Esta es nuestra esperanza y nuestro evangelio, aunque por mo­mentos la resignación, la pasividad, la desilusión pueden apoderarse de nues­tros sentimientos.

 

Jesucristo es fuente y fundamento de una vida nueva, totalmente espiri­tual, es decir, totalmente guiada por el Espíritu, que eso significa espiri­tual, aunque a muchos esta palabra - espiritual- les suena a evasión, a hui-da, cuando significa más bien lo con­trario, una inmersión más profunda en lo cotidiano, en la historia pero al estilo de Jesús y con la lógica de Dios, de ahí la solidaridad y la fide­lidad. Gracias a la resurrección de Je­sús la historia del mundo ha tomado una orientación nueva. "Aquel día entró el sol a buscarte con una rosa de fuego en la mano para desposarte con la luz" (León Felipe) A pesar de tanta oscuridad, nuestra humanidad ha sido desposada con la luz, en amor indisoluble, gracias a Jesús, sol que nos visita cada mañana y nos trae esa rosa apasionada de fuego: "He veni­do a traer fuego a la tierra..." (Lc 12, 49). La esperanza cristiana se apoya en una promesa y en una doble fide­lidad: el caminar solidario de Jesús y la justicia resucitadora del Padre.

 

Signos preciosos

 

De la resurrección brota el compro­miso a favor de la justicia, de la libera­ción, del Reino, y una invitación per­manente a realizar como Jesús signos de ese Reino. La fe en la resurrección de Jesús nos empuja a sumergirnos en la corriente colectiva de la esperanza que mueve y agita la historia con el estilo de Dios. Jesús realizaba signos y el Padre hizo el más grande: resucitar a Jesús. Fue algo "necesario". Los signos que Jesús realizaba eran un anticipo, los nuestros una consecuencia de nues­tra fe para expresarla y verificarla, para hacer histórica y concreta nuestra espe­ranza. Los signos hacen más visible la discreta y respetuosa presencia de Dios, y más real su voluntad: "Que venga tu Reino".

 

Por experiencia personal sé que el misionero siembra esperanza con su presencia. Pero, en los momentos difí­ciles he experimentado como son los pobres los verdaderos maestros de espe­ranza. Para mí lo han sido. Árboles erguidos desafiando las inclemencias de una historia injusta. Esperanza signifi­ca la certeza de la bondad de Dios y de que Dios nos quiere a pesar de... tanta oscuridad creada a golpes de injusticia. "Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces, ¿pero que es eso para tantos?" (Juan 6, 5-15) Andrés refleja la impotencia humana, la desproporción entre las necesidades y nuestros recursos, la pequeñez de nuestros gestos y aportaciones. Esperanza es hacer fructificar esa pequeñez e impo­tencia, esos dones pequeños pero pre­ciosos. Esperanza es seguir confiando en Dios y en el hermano que solidario se acerca y comparte, seguir creyendo en la solidaridad de los pobres.

 

Hay signos-compro­misos de alcance perso­nal, otros de carácter co-lectivo. Hay abundantes signos del Reino: aso­ciaciones de derechos humanos, ONGs, fo­ros sociales que com­baten y exorcizan los males de nuestro mundo. Lucha de David contra Go­liat. Miles de per­sonas comprome­tidas en diferentes frentes: soberanía alimentaría, comer­cio justo, abolición de la deuda exter­na, denuncia del comercio de armas y de las políticas armamentistas...

 

Esperanza "desarmada"

 

He aquí un signo de esperanza. Hace varios meses en el programa "Tengo una pregunta para usted" pudimos ver como un joven bien informado fue ca-paz de poner en apuros al presidente del gobierno con una pregunta oportuna e incomoda sobre el negocio de la venta de armas, desveló sobre todo las con­tradicciones e hipocresías del gobier­no de turno, e indirectamente de las políticas armamentistas de tantos go­biernos democráticos: los negocios son los negocios. ¿Y la coherencia?, ¿y la ética? ¿Acaso el compromiso en favor de la paz se realiza vendiendo armas? ¡Qué denuncia en una sola pregunta! La interpelación contenía además una dimensión de anuncio, porque una pregunta así provoca una mayor conciencia social sobre este asunto y al desnudar la opacidad de éste y otros gobiernos democráticos, invita a otros ciudadanos a sumarse a la crítica positiva, a trabajar por socie­dades más desarmadas. Que los abu­sivos gastos militares mundiales se transformen en inversiones sociales.

 

Dios es un paciente soñador, lo desconcertante es que ponga sus sueños en nuestras manos, y lo consolador que Jesús ya los ha realizado con su entrega y fidelidad. Los mejores sueños han alimentado la esperanza de la humanidad. Espe­ranza, una invitación permanente a ponerse al lado de Dios que da y ama la vida. Una esperanza ligada al futuro y a quienes quieren cambiar las condiciones de vida de los empo­brecidos. n


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ZENIT publica las palabras que pronunció Benedicto XVI el domingo, 14 de Junio de 2009,  antes y después de rezar la oración mariana del Ángelus junto a miles de peregrinos congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano.

 

Queridos hermanos y hermanas:

Se celebra hoy en varios países, entre los cuales Italia, el Corpus Christi, la fiesta de la Eucaristía, en la que el Sacramento del Cuerpo del Señor es llevado solemnemente en procesión. ¿Qué significa para nosotros esta fiesta? No sólo hace referencia al aspecto litúrgico; en realidad, el Corpus Christi es un día que involucra la dimensión cósmica, el cielo y la tierra. Evoca, ante todo, al menos en nuestro hemisferio, esta estación tan bella y perfumada en la que la primavera se convierte en verano, el sol brilla con intensidad en el cielo y en los campos madura el trigo. Las fiestas de la Iglesia, al igual que las judías, están relacionadas con el ritmo del año solar, de la siembra y la cosecha. En particular, esto se destaca en la solemnidad de este día, en cuyo centro está el pan, fruto de la tierra y del cielo. Por este motivo, el pan eucarístico es signo visible de Aquél en el que el cielo y la tierra, Dios y el hombre, se han convertido en una sola cosa. Y esto muestra que la relación con las estaciones no es para el año litúrgico algo simplemente exterior.


La solemnidad del Corpus Christi está íntimamente ligada a la Pascua y a Pentecostés: la muerte y la resurrección de Jesús y la efusión del Espíritu Santo constituyen sus presupuestos. Además, está inmediatamente ligada a la fiesta de la Trinidad, celebrada el domingo pasado: sólo porque Dios mismo es relación se puede dar una relación con Él; y sólo porque es amor puede amar y ser amado. De este modo, el Corpus Christi es una manifestación de Dios, un testimonio de que Dios es amor. De manera única y peculiar, esta fiesta nos habla del amor divino, de lo que es y de lo que hace. Nos dice, por ejemplo, que regenera al entregarse a uno mismo, que se recibe al dar, que no se desvirtúa ni se consume, como canta un himno de santo Tomás de Aquino: "nec sumptus consumitur". El amor todo lo transforma y, por tanto, se comprende que en el centro de esta fiesta del Corpus Christi se encuentra el misterio de la transubstanciación, signo de Jesús-Caridad, que transforma el mundo. Al contemplarle y adorarle, decimos: sí, el amor existe, y dado que existe, las cosas pueden cambiar para mejor y nosotros podemos esperar. La esperanza que procede del amor de Cristo nos da la fuerza para vivir y afrontar las dificultades. Por ello, cantamos, mientras llevamos en procesión al Santísimo Sacramento; cantamos y alabamos a Dios que se ha revelado escondiéndose en el signo del pan partido. De este Pan todos tenemos necesidad, pues es largo y cansado el camino hacia la libertad, la justicia y la paz.


¡Podemos imaginar con cuánta fe y amor la Virgen habrá recibido y adorado en su corazón la santa Eucaristía! Cada vez era para ella como revivir todo el misterio de su Hijo Jesús: desde la concepción hasta la resurrección. "Mujer eucarística" la ha llamado mi venerado y amado predecesor, Juan Pablo II. Aprendamos de ella a renovar continuamente nuestra comunión con el Cuerpo de Cristo para amarnos los unos a los otros como Él nos ha amado.


[Después de rezar el Ángelus, añadió:]

Del 24 al 26 de este mes se celebrará en Nueva York la Conferencia de las Naciones Unidas sobre la crisis económica y financiera y sobre su impacto sobre el desarrollo. Invoco sobre los participantes en la Conferencia, así como sobre los responsables de la cosa pública y de los destinos del planeta el espíritu de sabiduría y de solidaridad humana para que la actual crisis se transforme en una oportunidad capaz de favorecer una mayor atención por la dignidad de toda persona humana y de promover una justa distribución del poder de decisión y de l

os recursos, prestando particular atención al número por desgracia siempre en aumento de los pobres.

En este día, en el que en Italia y en otras muchas naciones se celebra la fiesta del Corpus Christi, "Pan de la vida", como ya he dicho antes, deseo recordar en especial a los centenares de millones de personas que sufren a causa del hambre. Es una realidad absolutamente inaceptable, que no logra redimensionarse a pesar de los esfuerzos de las últimas décadas. Deseo, por tanto, que con motivo de la próxima Conferencia de la ONU y en las instituciones internacionales se asuman medidas compartidas por toda la comunidad internacional y se realicen esas opciones estratégicas, que en ocasiones no son fáciles de aceptar pero que son necesarias para asegurar a todos, en el presente y en el futuro, los alimentos fundamentales y una vida digna.

El próximo viernes, solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, Jornada de Santificación Sacerdotal, comenzará el Año Sacerdotal, que he querido convocar en coincidencia con el 150 aniversario de la muerte del santo cura de Ars. Encomiendo a vuestras oraciones esta nueva iniciativa espiritual, que seguirá al Año Paulino, que se encamina hacia su conclusión. Que este nuevo año jubilar constituya una ocasión propicia para profundizar en el valor y la importancia de la misión sacerdotal y para pedir al Señor que le dé a su Iglesia el don de numerosos y santos sacerdotes.


[A continuación el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo: ]

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española presentes en esta oración mariana. En este día, en el que en muchas partes se celebra la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, os invito a rendir público testimonio de fe y piedad hacia este excelso sacramento, memorial de la pasión del Señor. Que la veneración de este sagrado misterio nos haga experimentar constantemente el fruto de la redención. Feliz domingo.


[Traducción del original italiano realizada por Jesús Colina

© Copyright 2009 - Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 23:13  | Habla el Papa
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Los formadores del Seminario Diocesano de La Laguna anuncian cursillo de discernimiento para el verano de 2009.

La Laguna
, 12 de junio de 2009

 

Estimado compañero.

 

Antes de nada, quisiéramos saludarte con el deseo de que hayas pasado un buen curso  pastoral y que no te quede demasiado trabajo para el verano, aunque inevitablemente nuestro ministerio nos mantiene alerta los 365 días del año.

 

Pero, además, quisiéramos informarte sobre la celebración del nuevo Cursillo de Discernimiento para aquellos niños, jóvenes o adultos que acompañes y que hayan mostrado signos evidentes, o al menos claros indicios, de vocación sacerdotal. Es verdad que, en el caso de los más pequeños, cuesta diferenciar entre sentimiento o vocación, pero también es cierto que no debemos cerrarle la puerta a que “pruebe” la vida del Seminario ya que muchos somos el resultado de un Cura que nos facilitó la información que hoy ponemos en tus manos, nos atrevimos y, ¡mira por dónde! hasta le estamos agradecidos.

 

De ahí que, ante la creciente crisis vocacional, sea todavía más urgente ejercitar nuestra responsabilidad en la promoción y acompañamiento de las vocaciones sacerdotales. Ya sabemos que es difícil pero, en este momento, ¿qué tarea pastoral es fácil? Como decía nuestro Obispo en la carta que nos dirigió con motivo del día del Seminario y que se recoge en la reflexión del Presbiterio, “…es necesario provocar y facilitar la llamada al sacerdocio en nuestras comunidades. Hay que proponer abiertamente la vocación a los jóvenes, orar por las vocaciones sacerdotales, animar, ofrecer y presentar candidatos. Todo cristiano, y especialmente los sacerdotes, catequistas y profesores de religión, deben prestar su voz a Jesús que, por boca de ellos, dice a los jóvenes de hoy: ‘Ven y sígueme’.

 

Sin más, nos despedimos confiando en tu preocupación por esta “necesidad” y te reiteramos nuestra voluntad de estar a tu servicio y, junto con nosotros, esta Institución que nos ha tocado servir, “nuestra casa”, en la que muchos discernimos la vocación y nacimos como “curas” a la Iglesia en nuestra Diócesis.

 

El Equipo de Formadores

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Artículo que ha escrito monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de las Casas, sobre "Nombres indígenas de Dios".

 

VER

Hemos realizado el XVI Encuentro nacional de sacerdotes indígenas, en la Prelatura de El Nayar, que atiende a coras, huicholes, tepehuanes y mexicaneros. Participaron presbíteros mayas, zoques, tsotsiles, zapotecos, náhautl, otomíes, mazahuas y huicholes. Se expusieron diferentes nombres con que estos pueblos se dirigen a Dios, para discernirlos a la luz de nuestra fe y crecer en el aprecio a las propias raíces que dan identidad. 


No fue una reunión de intelectuales, expertos en historia, antropólogos y culturalistas, sino de pastores, que conviven con su pueblo. Por ello, no se insistió tanto en los nombres que los antepasados daban a Dios antes de la evangelización, sino en las formas como hoy los pueblos se dirigen a Él. Se refleja el pasado, pero también el influjo evangelizador de la Iglesia. La Virgen de Guadalupe usó algunos de estos nombres, tomándolos de la cultura del tiempo y dándoles un sentido pleno. Doy algunos ejemplos.


JUZGAR

Los huicholes le llaman a Dios Taokiyári, que incluye dos palabras: sol y corazón. Se lo aplican a Dios porque dicen que Él es el que brilla y ama, porque nos da vida, nos cuida y nos entrega su corazón. Los coras le nombran Tabástara: nuestro Padre Dios. Los zoques: Kómi Dios: Señor Dios; también Tata Dios: Padre Dios. Los tsotsiles: Kajwál: Señor, Dueño; Ch'ul  jTotík: Padre sagrado; jKajwaltík: Nuestro Señor. Los otomíes: Tsi Dáda: Nuestro Salvador. Los mazahuas: Tzitá Jensé: Santo de arriba, o del cielo; Tríi Tzitá: el Hijo del que es Santo; Dios Hijo. 


La cultura náhuatl posee infinidad de nombres; algunos de los que más se usan hoy son: Teótsin (literalmente: Tú-Camino): el que va delante, nos guía, nos acompaña. También se le nombra Tlayecána con el mismo sentido. Tioyolcuali (Divino-Corazón-Bueno): el que perdona, bendice, escucha y se compadece. Ehécatáta (Padre del viento): misterioso, sublime, bondadoso, poderoso y grande. Chicóme Zochitáta (Padre-Flor-Siete): está presente en el trabajo, en la siembra del maíz. Totlayecanátzin (Nuestro-Digno-Guía): nos orienta para que salgamos adelante. Totecótzin: nuestro Señor, nuestro Dueño. Totemaquixticátzin: nuestro Digno Rescatador. Totátzin: nuestro digno Padre, nuestro Padrecito.  

La Virgen de Guadalupe usó estos términos de la cultura náhuatl: Tlóque Nahuáque: el dueño de la cercanía, quien está en nuestros cuatro lados; es decir, que camina delante de nosotros guiándonos; va detrás de nosotros cuidándonos la espalda; va a nuestra derecha e izquierda sosteniéndonos para no irnos de lado; es el que tiene capacidad de omnipresencia. Huel Néli Teótzin: Dios verdadero, bueno. Ipalnemohuáni: El por quien se vive; El que da sustento a cuanto existe. Teyocoyáni: El hacedor de las personas. Ilhuicáhua Tlaltipáque: El que tiene el cielo; el que es dueño de lo que está sobre la tierra.


ACTUAR

Debemos seguir investigando los nombres y las concepciones de Dios en los pueblos originarios, para descubrir su significado más hondo. La mayoría reflejan un sentido monoteísta; sin embargo, hay dudas sobre algunos nombres y debemos discernirlos, siempre a la luz de nuestra fe católica, teniendo la Palabra de Dios como criterio de verdad, y al Magisterio de la Iglesia como ayuda asistida por el Espíritu. Hay que plenificar esa fe con el misterio trinitario, pues nuestro Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo. 

Aparecida nos pide "profundizar el encuentro de la Iglesia con estos sectores humanos que reclaman ... ser tomados en cuenta en la catolicidad con su cosmovisión, sus valores y sus identidades particulares, para vivir un nuevo Pentecostés eclesial" (91). Y en Santo Domingo nos comprometimos a "acompañar su reflexión teológica, respetando sus formulaciones culturales que les ayudan a dar razón de su fe y esperanza. Crecer en el conocimiento de su cosmovisión" (248).


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Carta que ha escrito monseñor Demetrio Fernández, obispo de Tarazona, con el título "Corpus Christi: Contra la crisis, caridad". (Corpus 2009)

 

La solemne fiesta del Corpus hará recorrer por las calles de nuestros pueblos y ciudades el tesoro más grande que la Iglesia lleva en su seno: el Cuerpo de Cristo, es decir, Cristo vivo y glorioso, que sale al encuentro de cada hombre para ofrecerle los dones de su redención. Se trata de un Amor que nos sale al encentro, ofreciéndonos su amistad gratuitamente. Viene en son de paz, no nos violenta, pulsa suave a la puerta de nuestro corazón. Al que libremente quiera abrirle, le ofrece todos los tesoros de su amor.

"Nosotros somos los que hemos conocido el amor que Dios nos tiene, y hemos creído en él" (1Jn 4,16). Si hemos abierto nuestro corazón para acoger su amor, también hemos de amarnos unos a otros. En esto conocerán que somos discípulos de este Maestro que nos ha amado hasta el extremo.


Corpus Christi, día de la caridad fraterna. Desde Cristo y con Cristo, salimos al encuentro de nuestros hermanos necesitados, descubriendo en ellos el rostro de Cristo, que nos dice: "tuve hambre y me diste de comer... Lo que hiciste a uno de estos mis humildes hermanos, a mi me lo hiciste" (Mt 25, 40). Hoy son muchos los que a nuestro alrededor tienen necesidades básicas no cubiertas. Hay gente en nuestro entorno que no tiene para comer, para vestir, para pagar la casa, con todos los problemas que esto lleva consigo y con la angustia que genera. Y se nos anuncia que vienen días aún peores.


La crisis económica está produciendo mucho sufrimiento, que sólo puede enjugarse con más amor. Es el momento de salir al encuentro del hermano, como hace Jesús en la fiesta del Corpus, para preguntar a nuestro hermano, a nuestro vecino, al que vive en nuestro pueblo: ¿en qué puedo yo ayudarte? La crisis económica es una ocasión preciosa para plantearnos en qué gastamos nuestro dinero, cuáles son nuestros valores, cómo estiramos nuestra cartera y nuestro bolsillo para ayudar a quien lo necesite. La crisis económica se nos ofrece como una oportunidad para demostrar hasta dónde llega nuestra solidaridad cristiana.


Constato que en toda la diócesis hay inquietud y movimiento en este sentido. Nuestra diócesis, pobre y pequeña, está haciendo mucho en favor de muchas personas que conviven con nosotros. Una vez más, constato que Dios hace cosas grandes en nosotros, cuando nos ponemos todos en camino, colaborando unos con otros. Aún podemos hacer más. Sed generosos en la colecta de este Día de Caridad, día del Corpus.


Cáritas es el cauce oficial de la comunidad cristiana, para poner en común el fruto de nuestra caridad y, bajo la autoridad del sucesor de los apóstoles, repartir entre los pobres según nuestras posibilidades. Animo a todos los que trabajáis en Cáritas a todos los niveles: parroquial, interparroquial y diocesana, y a todos os agradezco en nombre del Señor la dedicación que tenéis a favor de los pobres. Especialmente en la hora presente.


Tomad algún pellizco de vuestra cuenta corriente, de vuestro sueldo seguro, privaros de algún gasto innecesario, para darlo a Cáritas. El 10% de tus ingresos, o lo que puedas, entrégalo a Cáritas. Esta gran institución de Iglesia con poco hace mucho, porque cuenta con muchos voluntarios, y lo que recibe con una mano, con otra lo reparte entre los necesitados. Dios os lo pagará con creces.

Con mi afecto y bendición:

 

+ Demetrio Fernández,
obispo de Tarazona


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Viernes, 12 de junio de 2009

ZENIT publica la homilía que pronunció Benedicto XVI el jueves 11 de Junio de 2009, día del Corpus Christi en el Vaticano, durante la celebración eucarística que presidió en la tarde, en el atrio de la Basílica de San Juan de Letrán. 

 

"Esto es mi cuerpo, esta es mi sangre".  

 

Queridos hermanos y hermanas:

Estas palabras, que pronunció Jesús en la Última Cena, se repiten cada vez que se renueva el sacrificio eucarístico. Las acabamos de escuchar, en el Evangelio de Marcos, y resuenan con una singular potencia evocadora hoy, solemnidad del Corpus Christi. Nos llevan espiritualmente al Cenáculo, nos hacen revivir el clima espiritual de aquella noche cuando, al celebrar la Pascua con los suyos, el Señor, en el misterio, anticipó el sacrificio que se consumaría el día después sobre la cruz. La institución de la Eucaristía se nos presenta de este modo como anticipación y aceptación por parte de Jesús de su muerte. Escribe san Efrén de Siria: "Durante la cena, Jesús se inmoló así mismo; en la cruz Él fue inmolado por los otros" (Cf. Himno sobre la crucifixión 3,1).

"Esta es mi sangre". Es clara aquí la referencia al lenguaje empleado para los sacrificios de Israel. Jesús se presenta a sí mismo como verdadero y definitivo sacrificio, en el cual se realiza la expiación de los pecados que, en los ritos del Antiguo Testamento, no se habían cumplido nunca totalmente. A esta expresión le siguen otras dos muy significativas. Ante todo, Jesucristo dice que su sangre "es derramada por muchos" con una comprensible referencia a los cantos del Siervo, que se encuentran en el libro de Isaías (Cf. capítulo 53). Al añadir "sangre de la alianza", Jesús manifiesta además que, gracias a su muerte, se realiza la profecía de la nueva alianza fundada en la fidelidad y el amor infinito del Hijo hecho hombre, una alianza, por tanto, más fuerte que todos los pecados de la humanidad. La antigua alianza había sido sancionada en el Sinaí con un rito de sacrificio de animales, como hemos escuchado en la primera lectura y el pueblo elegido, liberado de la esclavitud de Egipto, había prometido seguir todos los mandamientos dados por el Señor (Cf. Éxodo 24, 3).

En verdad, Israel desde el comienzo, con la construcción del becerro de oro, se mostró incapaz de mantenerse fiel al pacto divino, que de hecho, transgredió muy a menudo, adaptando a su corazón de piedra la Ley que debería haberle enseñado el camino de la vida. Sin embargo, el Señor no faltó a su promesa y, por medio de los profetas, se preocupó en recordar la dimensión interior de la alianza y anunció que iba a escribir una nueva en los corazones de sus fieles (Cf. Jeremías 31,33), transformándolos con el don del Espíritu (Cf. Ezequiel 36, 25-27). Y fue durante la Última Cena cuando estableció con los discípulos esta nueva alianza, confirmándola no con sacrificios de animales, como ocurría en el pasado, sino con su sangre, que se convirtió "sangre de la nueva alianza".

Ello se evidencia en la segunda lectura, tomada de la Carta a los Hebreos, donde el autor sagrado declara que Jesús es "mediador de una Nueva Alianza" (9,15). Lo es gracias a su sangre o, con mayor exactitud, gracias a su inmolación, que da pleno valor al derramamiento de su sangre. En la cruz, Jesús es al mismo tiempo víctima y sacerdote: víctima digna de Dios, porque está sin mancha, y sumo sacerdote que se ofrece a sí mismo, bajo el impulso del Espíritu Santo, e intercede por toda la humanidad. La Cruz es, por lo tanto, misterio de amor y de salvación, que nos purifica la conciencia de las "obras muertas", es decir de los pecados, y nos santifica esculpiendo la alianza nueva en nuestro corazón; la Eucaristía, renovando el sacrificio de la Cruz, nos hace capaces de vivir fielmente la comunión con Dios.

Queridos hermanos y hermanas. Os saludo a todos con afecto, empezando por el cardenal vicario y los demás cardenales y obispos presentes, como el pueblo elegido reunido en la asamblea del Sinaí, también nosotros esta tarde queremos reiterar nuestra fidelidad al Señor. Hace algunos días, abriendo el encuentro diocesano anual, he recordado la importancia de permanecer, como Iglesia, a la escucha de la Palabra de Dios en la oración y escrutando las Escrituras, especialmente con la práctica de la lectio divina, es decir, de la lectura meditada y adorante de la Biblia. Sé que se han promovido tantas iniciativas al respecto en las parroquias, en los seminarios, en las comunidades religiosas, en las cofradías, asociaciones y movimientos apostólicos, que enriquecen a nuestra comunidad diocesana. A los miembros de estos múltiples organismos eclesiales les dirijo mi saludo fraterno. Vuestra presencia tan numerosa en esta celebración, queridos amigos, muestra que nuestra comunidad, caracterizada por una pluralidad de culturas y de experiencias diversas, Dios la plasma como a "su" Pueblo, como el único Cuerpo de Cristo, gracias a nuestra sincera participación en la doble mesa de la Palabra y de la Eucaristía. Alimentados con Cristo, nosotros, sus discípulos, recibimos la misión de ser "el alma" de esta, nuestra ciudad (Cf. Carta a Diogneto, 6: ed. Funk, I, p. 400; ver también Lumen Gentium, 38), fermento de renovación, pan "partido" para todos, sobre todo para quienes viven situaciones de malestar, de pobreza, de sufrimiento físico y espiritual. Nos volvemos testigos de su amor.

Me dirijo particularmente a vosotros, queridos sacerdotes, que Cristo ha elegido para que junto con Él podías vivir vuestra vida como sacrificio de alabanza por la salvación del mundo. Sólo de la unión con Jesús podéis obtener esa fecundidad espiritual que es generadora de esperanza en vuestro ministerio pastoral. Recuerda san León Magno que "nuestra participación en el cuerpo y la sangre de Cristo sólo tiende a volvernos en aquello que recibimos" (Sermón 12, De Passione 3, 7, PL 54). Si ello es verdad para cada cristiano, lo es con mayor razón para nosotros los sacerdotes. ¡Ser Eucaristía! Que éste sea,