miércoles, 29 de julio de 2009

Información enviada por Carlos Peinó Agrelo, peregrino, cursillista, colaborador en la redacción de la Positio super virtutibus del Siervo de Dios y Vicespostulador de su Causa de Canonización. 

MANUEL APARICI Y LOS MÁRTIRES DE ACCIÓN CATÓLICA
SEMBLANZA EMOCIONADA DE
VIDAS HEROICAS CULMINADAS EN MARTIRIO
 

«Todos pueden ser ejemplo para nuestra actual juventud porque
todos fueron “vanguardia de cristiandad y cristiandad ejemplo”»
(SIGNO de fecha 29 de abril de 1950).

         «En un acto solemne y como dignísimo epílogo al Año Jubilar de la Juventud Masculina de Acción Católica, será descubierta en el Consejo Superior una lápida con los nombres de los mártires del mismo [1]–. Del desarrollo de la ceremonia –que se celebrará el próximo 2 de mayo– informará SIGNO a su tiempo.

        »Pero hay en este sencillo acto del descubrimiento de una lápida todo un mundo de recuerdos y nostalgias para todos los que seguimos trabajando en una Obra que fue posible precisamente por el sacrificio de los que nos precedieron en acudir al Señor. No son simples nombres en una enumeración fría y escueta. Cada uno de estos mártires está vinculado a nosotros con el signo del heroísmo que siempre presidió la vida de nuestra juventud.

        »Por eso queremos, brevemente, pero con la máxima unción, hablar de cada uno de aquellos muchachos generosos, hacer que nuestros lectores los conozcan a través de estas páginas, que siguen representando los más altos ideales por los que ellos murieron. Todos pueden ser ejemplo para nuestra actual juventud porque todos fueron “vanguardia de cristiandad y cristiandad ejemplo”. Y al recordar sus figuras y sus hechos, queremos pedir a nuestros lectores que mediten sobre el sacrificio de aquella juventud gallarda, triunfante sobre la sangre de su martirio.       

        A.     VOCALES 

        1.     Eligio Gómez Ríos 

        »Casi un obrero, un muchacho sencillo, con una excelente preparación técnica, con una estupenda capacidad de trabajo y al mismo tiempo con una ardorosa inquietud apostólica, fue Eligio Gómez Río. Se había educado en el Colegio de Huérfanos del Sagrado Corazón de Jesús y trabajaba en Madrid como linotipista de “El Debate” –aquel monumento del periodismo español–. En la empresa se distinguía por su excelente rendimiento. Pero Eligio no quería conformarse con una vida fácil y silenciosa. Él conocía como nadie los problemas de la clase trabajadora, y a su solución quiso consagrarse. Para ello comenzó asistiendo a los cursos del Instituto Social Obrero, de la Asociación Católica Nacional de Propagandistas. Y cuando se hubo formado en los conocimientos teóricos indispensables, comprendió la urgente necesidad de acudir en socorro de aquella juventud obrera que aprendía a blasfemar en las calles y en los talleres. Eligio fue quien inició el movimiento obrerista en nuestra Obra. Vocal Obrero del Consejo Superior, la actual J.O.A.C. es posible, en gran parte, gracias a sus desvelos. 

        2.     Manuel Mac Crohon Jaraba 

        »El nombre de Manuel Mac Crohon Jaraba es bien conocido por nuestros lectores. Repetidas veces se ha aludido a aquel gran compañero en diversos trabajos en las páginas de SIGNO o ha aparecido su fotografía en artículos retrospectivos. Madrileño, pese a su apellido de origen irlandés, Vicepresidente del Consejo Diocesano de Madrid –en el que desarrolló gran parte de su actividad–, Vocal de Ausentes luego en el Consejo Superior aunque por escaso tiempo, fue una de las figuras más significativas de los tiempos heroicos de la Juventud. Conocía el trabajo incansable, la ardua tarea, la tenacidad del que siente en su alma una vocación generosa y no puede descansar en tanto su objetivo no haya quedado cumplido. Pero Mac Crohon no fue solamente el hombre de las empresas decisivas, de los grandes proyectos y las ideas magnas, sino una inteligencia activa que no desdeñaba lo minúsculo, que comprendía que en los pequeños detalles está la fuerza de una organización. Por eso había que acudir con tanta frecuencia a Mac Crohon para que él pusiese en todos los trabajos su sello personal, como siempre lo hacía, desprendidamente, poniendo al servicio del ideal su caudal o su persona. 

        3.     Antonio Algara García 

        »Congregante y joven de Acción Católica. Un doble honrosísimo título que pudo ostentar Antonio Algara García, representante en el Consejo Superior de las Congregaciones Marianas. Presidente de Institución de Madrid. Algora se distinguía por su extraordinaria piedad, por su adhesión fiel e inquebrantable a la Obra, por su trabajo decidido al frente de las Congregaciones, a las que dio tan gran impulso. La vida de Antonio Algara, de aquel estudiantillo de Derecho en la Universidad madrileña, estuvo dedicada íntegramente al apostolado hasta que Dios quiso darle la alta corona del martirio, como premio a una juventud que se le entregaba sin reservas. ¡Cuánto podría contar de Algara aquel otro inolvidable hermano, Pedro Antonio de Alarcón! Los dos hicieron posible el nacimiento de la Unión Diocesana de Madrid-Alcalá. Algora, enamorado de su Congregación, fue al mismo tiempo uno de los más valiosos dirigentes de nuestra Juventud. 

        4.     Antonio Rivera Ramírez 

        »Nada podríamos decir de Antonio Rivera que no fuese archirrepetido y más que conocido por nuestros jóvenes. Millares de fotografías suyas, en las bibliotecas de los Centros, entre los libros de nuestros muchachos, dicen mucho más que lo que nosotros pudiéramos ahora repetir. Vocal del Pleno por Toledo, de cuyo Consejo Diocesano era Presidente, Antonio Rivera tiene una doble aureola en su martirio: la del héroe y la del santo.

        »En los trágicos días de julio de 1936, cuando España entera ardía por sus cuatro costados y balas asesinas disparaban contra el monumento al Sagrado Corazón del Cerro de los Ángeles, un puñado de toledanos se refugiaban en el Alcázar para resistir contra la furia homicida. Allí estaba Antonio Rivera y allí estuvo. Él era la alegría en medio de la angustia del asedio, en la incertidumbre de un futuro amenazador. Y allí no fue sólo un combatiente, el fusil que dispara, sino también el amor que perdona a los enemigos y la sonrisa que disipa las frentes doloridas y surcadas por la inquietud. ¿Qué otra cosa puede decirse de Antonio Rivera sino que ha pasado a la Historia con un sobrenombre definidor: “El Ángel del Alcázar”. 

        B.     DECANOS 

        1.     Agustín Moreno Ortega 

        »Malagueño y por lo tanto alegre y todo corazón. Así era Agustín Moreno Ortega, Vicepresidente del Consejo Superior, congregante mariano, empleado de banca. Pero era la suya una alegría serena, reposada, pensativa de hombre que tiene el corazón en la paz de Cristo. Agustín no fue sólo uno de nuestros primeros dirigentes. Fue, además, uno de los fundadores de la Obra. Eran aquellos días azorosos y difíciles de 1927, cuando se celebraba el I Congreso Nacional. Ya entonces sonaba el nombre de Agustín. Y cuando dos años después se celebraba la I Asamblea, se nombra la Comisión Permanente de la que es miembro con José Palma, Alfredo López, Felipe Manzano, Javier Dotres, José María Gil Robles [...].

        »En 1933 llega Alfredo López –el actual Presidente de la Junta Técnica Nacional de Acción Católica Española– a la Presidencia del Consejo para sustituir a José María Valiente y reorganiza el Consejo, creando varios Secretariados y dos Vicepresidencias: una de ellas será ocupada por Moreno Ortega; la otra, por Manuel Aparici. 

        2.     Félix María Llanos y Pastor 

        »El apellido Llanos nos suena a cosa entrañable y nuestra. Félix María y Manuel –del que hablaremos más adelante– sufrieron martirio por Dios y por España. Otro Llanos, el padre José María S.J., es el incansable escritos, el inteligente conductor de juventudes. Nuestros lectores lo saben bien.

        »Félix María era madrileño. De  una  inteligencia  poco  común –sus expedientes académicos están cuajados de sobresalientes y matrículas–, cursó Derecho en la capital de España con varios compañeros fundadores de la Juventud de Acción Católica, e ingresó como abogado asesor en el Banco Hipotecario. Y en el ambiente bancario, como antes en el universitario, Félix María llevó la llama de su apostolado fervoroso y tenaz. Así fundó con Palma el famoso Centro de San Jerónimo –cédula primaria de nuestra Obra–, del que fue dirigente; trabajó en la organización del I Congreso Nacional y en la Acción Católica Nacional de Propagandistas, en las Conferencias de San Vicente de la Concepción y en la Adoración Nocturna; en el Consejo Superior –del que fue Tesorero y Decano– y en la organización de la peregrinación a Roma, por cuya tarea recibió una fotografía del Padre Santo especialmente dedicada. Y por último –¡cuántas cosas quedan por decir antes de ese “por último”– llevó a Manuel Aparici al Consejo Superior. Todo eso tenemos que agradecer sus continuadores a Félix María Llanos y Pastor, trabajador inteligente, hombre piadoso, amigo leal y recto. 

        3.     Felipe Manzano Sánchez 

        »Creo –dice Fuentes Pila, hablando de Felipe Manzano Sánchez– que será algún día santo. Después de este elogio de aquel fundador de la Obra, poco nos queda por decir a nosotros. Manzano era oriundo de Castilla y fue congregante. Catedrático de Ciencias en el Instituto de Guadalajara, nada más injusto que su muerte, porque había pasado por el mundo con su alma sencilla y bondadosa, con su lealtad y su espíritu de abnegación, pensando siempre en los demás y siempre olvidado de sí mismo. Manzano luchó y sufrió porque era un hombre recto y comprendía que debía fidelidad a sus ideales. En el Consejo Superior, del que fue Decano, fue el compañero ideal para todo trabajo. Y los que con él convivieron aquellos primeros afanes, no le olvidarán nunca. 

        4.     Luis Campos Gorriz 

        »Luis Campos Gorriz era valenciano. Él fue otro de los que sin gloria humana, pero con gran provecho, trabajó en la fundación de la Juventud. Él fue el alma del I Congreso de 1927, del que había de salir una organización nueva y decidida a reconquistar para Cristo a la juventud española. Y de aquel Consejo, surgido a raíz del Congreso y que presidía José María Valiente, Luis Campos fue el Secretario. En sus ocupaciones como tal y en su vida particular, Campos fue el hombre emprendedor, de altos ideales y concretas realizaciones. Sus dotes de organizador, justamente reconocidas, las vertió íntegramente sobre la Asociación.

         5.     José María de la Torre de Rodas 

        »Otro nombre sobradamente conocido para todos nuestros lectores. El de José María de la Torre de Rodas, abogado madrileño, joven padre de una santa familia, antiguo congregante mariano y fundador del Centro de Santa Bárbara, de Madrid.

        »Por su dotes personales y excepcionales fue designado para asistir, con Fuentes Pila, al Congreso Internacional de Innsbruck (Austria), del que nació la organización de nuestra Juventud. Torres de Roda intervino en todas las primeras luchas, dominando nuestros individualismos y esa española anarquía, rebelde a la organización y al trabajo de conjunto, más eficaz sin embargo que el esfuerzo aislado y de resultado anónimo. Celebrada la I Asamblea en 1929, el trabajo estuvo dividido en cuatro secciones. Una de ellas, la titulada “Estatuto General de la Juventud Católica”, estuvo presidida por Torres de Rodas. Mucho debemos a la incansable actividad de aquel gran compañero, de aquel hombre ejemplar que unía a la alegría de su trato la más severa austeridad de su persona y de su vida particular. 

        6.     José Palma Campos 

        »Líneas adelante, ya hemos hablado varias veces de José Palma Campos, otro congregante malagueño que fundó, con otros compañeros, el Centro de San Jerónimo de Madrid. Palma rebosaba juventud y alegría por los cuatro costados. Era un temperamento inquieto y activo que no podía conformarse con el estatismo o la monotonía. Su paso por la Juventud fue decisivo para la Obra. Palma se distinguió, efectivamente, en la preparación de la reunión internacional del secretariado en Madrid, que tan excelentes resultados dio en orden a nuestro apostolado. En 1929, con ocasión de la I Asamblea, ya citada, es nombrada la Comisión Permanente. A ella pertenece, con Alfredo López, Javier Dotrés, Moreno Ortega, etc., José  Palma. 

        7.     Marcelino Oreja Elósegui 

        »Marcelino Oreja Elósegui, vasco de origen, ingeniero de Caminos y abogado, fue fundador, con Martín–Sánchez y Cristina de Arteaga, de los Estudiantes Católicos, del Secretariado, de la Juventud Católica Española, de los Centros Parroquiales de Madrid [...]. Y no fundó más cosas porque, cumplida en su juventud una tarea de muchos años, el Señor quiso llamarle en la revolución de 1934, en la que fue asesinado.

        »Oreja Elósegui, con Fuentes Pila y otros ya mencionados o conocidos, fue, como se ha dicho, uno de los fundadores de la Juventud Católica. Todavía se recuerda aquella actividad asombrosa que se disparaba en conferencias, discursos, cursillos, viajes, sobre toda la geografía de España [...]. Oreja Elósegui, que pertenecía a la Asociación Católica Nacional de Propagandistas y fue Diputado a Cortes por Vizcaya, estudió técnica periodística en los Estados Unidos, fue nombrado miembro en dicho país de los Caballeros de Colón, y el entonces Director de “El Debate”, y hoy Rvdmo. Obispo de Málaga, don Ángel Herrera Oria, podría hablar mucho y bien de aquel hombre generoso, su íntimo colaborador, que estuvo a su lado en tantas angustias y tantos peligros como tuvo que pasar, con la Iglesia, la seglaridad española a su servicio. 

        C.     PROPAGANDISTAS 

        1.     Manuel de Llanos y Pastor 

        »Hay una conocida biografía de Manuel de Llanos y Pastor. Se titula “Manuel, mártir”, que es el sobrenombre que sigue conservando para nosotros aquel muchacho alegre y cordial que estudiaba Arquitectura y pertenecía a Los Luises. En el Consejo Superior llevó la Vocalía de Aspirantes. Y aquella biografía está hecha con sus mismos apuntes, notas y pensamientos. Notas que revelan la altísima calidad de su alma, que supo entregar rendidamente a Cristo cuando Él quiso llamarle a Sí. Y por si hubiéramos dicho poco, aún quedaría por añadir que Manuel mártir fue el dibujante de “La Flecha”, el que creó aquellos graciosos dibujos, halados y míticos, de un hondo sentimiento litúrgico. 

        2.     Alejandro del Amo 

        »El primer redactor jefe de SIGNO. A todos nosotros nos es ya muy familiar la figura de Alejandro del Amo, apellido vinculado tan estrechamente a la historia de la Juventud. Alejandro viene a ser algo así como el santo y seña de nuestro quehacer cotidiano. El dio ímpetu incontenible a sus tareas, realizadas con vivacidad, coraje y espíritu de abnegación. Del Amo era periodista por dentro y por fuera. Esa misma inquietud le llevó a la lucha hasta fundar el Centro Parroquial de Santa Cruz con los hermanos Cruz.

        »La vocación se imponía, y Alejandro se matriculó en la Escuela de Periodismo de “El Debate”, de la que llegó a ser aventajado alumno. De entonces parten sus tareas profesionales, si es que se pueden calificar así las divinas aventuras de aquellos tiempos heroicos en que escribir en “Albores” –órgano del Centro de Santa Cruz– o en “El más Joven” –publicación del Consejo Diocesano– suponía correr un riesgo grave de triunfo y de muerte. Y el riesgo llegó. Pero sobre la frente del mártir resplandece una corona inmortal de gloria. 

        3.     Ramón Valdés y Martínez de Pinillos 

        »La vida de Ramón Valdés y Martínez de Pinillos –aquella vida breve de veintiocho años largos– se haya ligada a la historia de la Asociación de Estudiantes Católicos. Nacido en Cádiz, tuvo por escenario de su lucha –y de sus triunfos, porque la gloria parecía aliada de su ardor, al mismo tiempo que de su modestia y de su sencillez– a Madrid. Durante sus años de estudiante de Medicina fue Presidente de la Asociación de Estudiantes Católicos de la Facultad. A la terminación de la carrera pasó a la Federación y más tarde a la Confederación como Secretario. Sus grandes méritos en la Juventud de Acción Católica le hicieron acreedor a la designación de socio de mérito.

        »Este galardón sería la prueba para su muerte, hallada en el colegio en el que prestaba sus servicios como médico. Ramón Valdés murió asesinado en Vicálvaro. Y estamos seguros de que moría con una ancha sonrisa de perdón y de gozo, porque así había vivido. ¡Él que era tan alegre, humilde y generoso! 

        4.     Agustín Minguijón 

        »Uno de los más firmes paladines de la Federación de Estudiantes Católicos de Zaragoza. Agustín Minguijón dejó una larga estela de méritos en aquella Obra, de la que fue Secretario, y posteriormente, al concluir su carrera de abogado, Vocal de la Confederación, destacándose por su labor constructiva y técnica. Zaragoza sabe bien todo lo que era aquel joven de extraordinaria capacidad, de irrefrenable simpatía y de enorme personalidad, que hacia que tuviera influencia en las más altas esferas de la Organización y en el claustro de profesores.

        »Minguijón había puesto toda su inteligencia al servicio de la Juventud y de los Estudiantes Católicos. La palma del martirio sería un colofón natural a toda su vida de éxitos y de esfuerzos.

        5.     Alfredo Miranda

        »Alfredo Miranda, Capitán de Infantería, se fue un día, cuando concluyó su epopeya en la guerra de España, a recorrer los caminos de Europa, por las tierras de Rusia, en un alto afán de peregrinación y de evangelización. Murió en el país de las nieves perpetuas y de los ríos suspirantes, anchos como mares.

        »Porque Alfredo Miranda tenía talla de héroe. Estaba condecorado con la medalla del Mérito Militar individual, tres medallas militares colectivas, cruz del Águila alemana, medalla de Sufrimientos por la Patria, etc. Era alumno de la Facultad de Filosofía y Letras. Ya con anterioridad a la guerra se destacó por sus campañas de Acción Católica en la Diócesis de Burgos, de cuya Unión Diocesana era Vicepresidente al estallar el glorioso Movimiento nacional. Cayó en Rusia, como voluntario de la División Azul, en lucha contra el comunismo. Fue Vocal Castrense del Consejo Superior.

         6.     José Rodríguez 

        »El Consejo Superior guarda un recuerdo imborrable de José Rodríguez. El taquígrafo del Consejo dejó una estela ejemplar en su quehacer y hoy su postura es un índice de trabajo, de bondad y de espiritualidad. La característica fundamental en la trayectoria de su vida sería su irrefrenable cariño a la juventud, en medio de un constante afán de trabajo, de alegría desbordante y de su jovialidad irreprimible.

        »Perteneció al Centro de los Dolores. Y aquel muchacho, desmedrado de cuerpo, estaba dotado sin embargo de un vigoroso temperamento espiritual que hizo que abrazara el martirio con la más radiante de las sonrisas, en la pradera de San Isidro, a la vista de las torres redondas de Madrid que suspiraban, llenas de júbilo, ante el espectáculo glorioso de tantos mártires de Cristo.


[1]  SIGNO de fecha 29 de abril de 1950. Lo anuncia en primera página, a toda plana. «Ansiamos verlos en los altares» (Todo este capítulo está tomado de este número de SIGNO).


Publicado por Desconocido @ 22:24  | Espiritualidad
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