Lunes, 14 de septiembre de 2009

 Missione Redemptor hominis nos remite un ar´ticulo publicado en su sitio www.missionerh.it:


YPACARAÍ, LA CIUDAD DEL LAGO

Homilía con ocasión del 122 aniversario de fundación de la ciudad


Esta ciudad, cuyo aniversario de fundación celebramos hoy, existía ya a finales del siglo XVII. Era una de las compañías de Itauguá, llamada inicialmente "Guazú Virá" y, posteriormente, "Tacuaral".

El 27 de marzo de 1864, se inauguró la extensión de la línea férrea hasta la estación de Guazú Virá, llamada "Estación Tacuaral". Alrededor de dicha estación fue creciendo la comunidad, dado el movimiento generado, y, por este crecimiento, surgió la idea de independizarse de Itauguá. Se formó una comisión para llevar la solicitud al Presidente de la República, General Patricio Escobar, e iniciaron las gestiones correspondientes.

El 13 de setiembre del año 1887 se estableció la creación de "Ypacaraí".

Dios vive en la ciudad

"La fe - como afirman los Obispos latinoamericanos reunidos en Aparecida - nos enseña que Dios vive en la ciudad, en medio de sus alegrías, anhelos y esperanzas, como también en sus dolores y sufrimientos. Las sombras que marcan lo cotidiano de las ciudades, como por ejemplo, violencia, pobreza, individualismo y exclusión, no pueden impedirnos que busquemos y contemplemos al Dios de la vida también en los ambientes urbanos. Las ciudades son lugares de libertad y oportunidad. En ellas las personas tienen la posibilidad de conocer a más personas, interactuar y convivir con ellas. En las ciudades es posible experimentar vínculos de fraternidad, solidaridad y universalidad. En ellas el ser humano es llamado constantemente a caminar siempre más al encuentro del otro, convivir con el diferente, aceptarlo y ser aceptado por él" (Documento de Aparecida, 514).

"El proyecto de Dios es la Ciudad Santa, la nueva Jerusalén, que baja del cielo, junto a Dios, engalanada como una novia que se adorna para su esposo. ... Este proyecto en su plenitud es futuro, pero ya está realizándose en Jesucristo, el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin, que nos dice: Yo hago nuevas todas las cosas" (Documento de Aparecida, 515).

Nuestra Iglesia, que vive en Ypacaraí, quiere estar "al servicio de la realización de esta Ciudad Santa, a través de la proclamación y vivencia de la Palabra, de la celebración de la Liturgia, de la comunión fraterna y del servicio, especialmente, a los más pobres y a los que más sufren, y así va transformando en Cristo, como fermento del Reino, la ciudad actual" (Documento de Aparecida, 516).

Es por eso por lo que "la Iglesia, anunciando el Evangelio, enseña al hombre, en nombre de Cristo, su dignidad propia y su vocación a la comunión de las personas; y le descubre las exigencias de la justicia y de la paz, conformes a la sabiduría divina. ... Evangelizar el ámbito social significa infundir en el corazón de los hombres la carga de significado y de liberación del Evangelio, para promover así una sociedad a medida del hombre en cuanto que es a medida de Cristo: es construir una ciudad del hombre más humana porque es más conforme al Reino de Dios" (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 63).

En esta construcción de la ciudad del hombre, "los fieles han de aprender a distinguir cuidadosamente entre los derechos y deberes que tienen como miembros de la Iglesia y los que les corresponden como miembros de la sociedad humana" (Lumen gentium, 36).

La ciudad terrena se rige por sus propios principios

"En nuestro tiempo es muy importante que esta distinción, y al mismo tiempo esta armonía, aparezca muy clara en la manera de actuar de los fieles para que la misión de la Iglesia pueda responder mejor a las circunstancias especiales del mundo actual. Hay que reconocer, en efecto, que la ciudad terrena, dedicada con todo derecho a las preocupaciones temporales, se rige por sus propios principios" (Lumen gentium, 36).

Fundamentada en esta clara doctrina del Magisterio de la Iglesia, "la Iglesia no quiere de ningún modo mezclarse en el gobierno de la ciudad terrena. No reivindica para sí ninguna otra autoridad que la de servir con la ayuda de Dios a los hombres con amor y fidelidad" (Ad gentes, 12).

Con tristeza, debemos constatar, usando las mismas palabras de los Padres del Concilio Vaticano II, que "hay quienes, profesando opiniones amplias y generosas, sin embargo viven siempre como si no se preocuparan en absoluto de las necesidades de la sociedad. ... No pocos, con diversos fraudes y engaños, no dudan en evitar los impuestos justos u otras obligaciones debidas a la sociedad. Otros estiman poco algunas normas de vida social, por ejemplo las establecidas para proteger la salud, o el código de la circulación, sin darse cuenta de que con semejante negligencia ponen en peligro su vida y la de otros. Sea para todos algo inviolable considerar y observar las relaciones sociales como uno de los deberes principales del hombre de hoy" (Gaudium et spes, 30).

Nos recuerda el Documento de Aparecida que "nuestra hermana la madre tierra es nuestra casa común y el lugar de la alianza de Dios con los seres humanos y con toda la creación. Desatender las mutuas relaciones y el equilibrio que Dios mismo estableció entre las realidades creadas, es una ofensa al Creador y, en definitiva, contra la vida" (Documento de Aparecida, 125).

"El Señor ha entregado el mundo para todos, para los de las generaciones presentes y futuras. El destino universal de los bienes exige la solidaridad con la generación presente y las futuras" (Documento de Aparecida, 126).

En el contexto de nuestra ciudad

En el contexto específico de nuestra ciudad de Ypacaraí - reafirmando con profunda convicción cuanto ya se ha dicho, o sea, que "la Iglesia no quiere de ningún modo mezclarse en el gobierno de la ciudad" o del país (nunca he tenido simpatía por el clericalismo tanto de derecha como de izquierda, dos caras de la misma medalla); solo en nombre y en fuerza del Evangelio del Señor, que nos llama a "construir una ciudad del hombre más humana porque es más conforme al Reino de Dios"; en nombre del Dios de la vida, cuya gloria, como decía San Ireneo, "es el hombre viviente" -, en esta solemne ocasión que recuerda la fundación de nuestra querida ciudad de Ypacaraí, con todo respeto, me permito, humildemente, llamar la atención del muy estimado Señor Intendente Raúl Fernando Negrete y de los Señores Concejales de la Junta Municipal, sobre algunos de los tantos problemas prioritarios que conciernen a nuestra ciudad, y exigen una respuesta firme y organizada, que interesa a todas las fuerzas de la ciudad, para que el hombre viva y no muera.

Me refiero a los artículos n.os 42, 44, 63 y 65 de la Ley N.º 1294/87 Orgánica Municipal.

En particular quiero mencionar:

Art. 42.º Sobre higiene, salubridad y servicio social, corresponde a la Junta Municipal, atendiendo las disposiciones pertinentes del Código Sanitario:

d) dictar normas relativas a las condiciones de higiene de vehículos particulares y de transporte público;

f) determinar las condiciones en que se han de mantener los animales domésticos en los predios particulares en zonas urbanas;

j) dictar las medidas necesarias para la recolección y tratamiento de residuos.

Art. 44.º En lo relativo a recursos naturales y medio ambiente, corresponderá a la Junta Municipal:

a) dictar normas tendientes a la mejor utilización de los recursos naturales y al mantenimiento del equilibrio ecológico y la preservación del ambiente;

e) dictar normas para la desinfección en lugares habitados, desecación u obras de drenaje de los pantanos que considere insalubres, cercados de terrenos baldíos y su terraplenamiento;

f) dictar normas para la vigilancia y demás medidas necesarias para evitar la contaminación de las aguas de los arroyos, lagos, ríos y fuentes del Municipio.

Art. 63.º Sobre servicios municipales y sociales, es deber y atribución de la Intendencia:

a) disponer la prestación de servicios de limpiezas, recolección y tratamiento de residuos en las vías públicas y otros lugares de uso público en el Municipio.

Art. 65.º En cuestiones de higiene y salubridad, es competencia de la Intendencia dar cumplimiento a las regulaciones, normas, reglamentos y a las disposiciones relacionadas con los asuntos que se mencionan en el artículo 42.º.

Dar cumplimiento quiere decir que las leyes se hacen y se cumplen, y no que se hacen y no se cumplen.

Por falta de higiene y salubridad y por contaminación acústica y ambiental se muere, como se muere por falta de respeto de las normas que reglamentan el tráfico carretero.

Este es un campo, donde Iglesia y Municipalidad, con la colaboración de todas las instituciones ciudadanas, públicas y privadas, deben trabajar unidas, para que Ypacaraí, nuestra querida ciudad, viva y tenga el orgullo de ser la más bella del mundo.

Espero, rezo y celebro esta Santa Eucaristía para que no termine todo en el opareí, sino que, desde hoy, nazca una página nueva en la historia de nuestra ciudad; una página nueva en la cual la Iglesia quiere estar presente, pero, de la cual no quiere apoderarse, porque debe ser la gloria y el honor de todos los ciudadanos, bajo el gobierno de las instituciones democráticas, que usted, Señor Intendente, representa con toda Autoridad, esta noche, en esta celebración.

Dice la leyenda que, cuando los conquistadores descubrieron el lago, preguntaron a los aborígenes del lugar: "¿Cuál es el nombre de aquello?"; a lo que un indio les respondió: "¿Y-Pa-Carai?", que, traducido del guaraní, significa: "¿El lago señor?". Lo cual dio el nombre no solo al lago, sino a toda la comarca.

Ypacaraí, nunca debemos olvidarlo, es la ciudad del lago.

A los pobres, los humildes, los desalentados, el Señor ha hecho una promesa. Es nuestro deber hacer realidad esta promesa.

Dice el Señor por boca del profeta Isaías: "Convertiré el desierto en lago y la tierra seca en manantiales" (cf. Is 41, 18).

¡Convirtamos esta ciudad en un nuevo jardín del Edén, cultivado y cuidado por nosotros! (cf. Gén 2, 15).

Buen trabajo, estimado y querido Señor Intendente.

Buen trabajo, estimados y queridos Señores Concejales.

Buen trabajo, estimados y queridos ciudadanos de Ypacaraí.

Una noche tibia nos conocimos
junto al lago azul de Ypacaraí.

Todo te recuerda, mi dulce amor,
junto al lago azul de Ypacaraí.



P. Emilio Grasso
Cura Párroco de la
Parroquia Sagrado Corazón de Jesús de Ypacaraí


Publicado por verdenaranja @ 22:57  | Espiritualidad
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