Jueves, 24 de septiembre de 2009

ZENIT publica la transcripción del videomensaje que Benedicto XVI ha enviado a los participantes en la Cumbre de la ONU sobre cambio climático, que se celebró el 22 de septiembre en Nueva York, distribuido e jueves, 24 de Septiembre de 2009, por la Santa Sede.


Deseo reflexionar hoy sobre la relación entre el Creador y nosotros mismos como custodios de la creación. De este modo deseo ofrecer mi apoyo a los representantes de los gobiernos y agencias internacionales que se reúnen en la sede de las Naciones Unidas para debatir sobre el tema urgente del cambio climático.

La tierra es realmente un don precioso del Creador, que al diseñar su orden intrínseco nos ha proporcionado las directrices que nos ayudan a salvaguardar la creación. Precisamente en este contexto, la Iglesia considera que los temas concernientes al medio ambiente y su protección están íntimamente relacionados con el desarrollo humano integral. En mi reciente encíclica "Caritas in veritate", me referí a estas cuestiones, recordando la "urgente necesidad moral de una renovada solidaridad" (n. 49) no sólo entre los países, sino también entre los individuos, dado que el ambiente natural es dado por Dios a cada uno, y su uso supone una responsabilidad personal con toda la humanidad, especialmente con los pobres y con las generaciones futuras (cf. n. 48).

Qué importante es por tanto el que la comunidad internacional y cada gobierno den las señales adecuadas a sus ciudadanos y logren contrarrestar formas peligrosas de utilización del ambiente. Los que agotan los recursos compartidos deben reconocerlo claramente y cargar con los costes económicos y sociales de ese hecho, que no deben recaer sobre otros pueblos o sobre las generaciones futuras. La protección del ambiente y la salvaguardia de los recursos y del clima obliga a todos los responsables a aunar sus esfuerzos, respetando la ley y promoviendo la solidaridad con las regiones mas frágiles del mundo (cf. n. 50). Juntos podemos alcanzar un desarrollo humano integral beneficioso para todos los pueblos, en el presente y en el futuro, un desarrollo inspirado por los valores de caridad y verdad. Para ello es esencial que el modelo actual de desarrollo global se transforme mediante la toma de conciencia de una responsabilidad más amplia y compartida con la creación: lo exigen no solo factores ambientales, sino también el escándalo del hambre y la pobreza.

Con estos sentimientos, deseo alentar a todos los participantes en la cumbre de las Naciones Unidas a afrontar las discusiones de forma constructiva y con valor generoso. Todos estamos llamados a administrar responsablemente la creación y a utilizar sus recursos de forma que cada ser humano y cada comunidad viva con dignidad y atestigüe "la alianza entre los seres humanos y el ambiente, que debería reflejar el amor creador de Dios" (Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2008, n. 7).  

[© Libreria Editrice Vaticana]


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Texto de la Nota del Comité Ejecutivo de la Conferencia Episcopal Española "Ante la fallida reprobación del Papa por una Comisión parlamentaria", publicado el jueves, 24 de Septiembre de 2009. 
 

"Las instituciones del Estado democrático, a través de las cuales se expresa la soberanía popular, son las únicas legitimadas para establecer las normas jurídicas de la convivencia social" (Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal, Instrucción Pastoral Moral y sociedad democrática). El Parlamento, como institución fundamental que ejercita tal función en el Estado de derecho, merece el máximo respeto de todos. 

Precisamente por eso, lamentamos profundamente que en su día se haya admitido a trámite y que hoy se haya votado en Comisión parlamentaria una reprobación de las palabras y de la actuación de Su Santidad el Papa Benedicto XVI. Con tales acciones el Parlamento pone en peligro el principio de la libertad religiosa. En efecto, la justa distinción entre Estado y sociedad y, más en concreto, entre Estado e Iglesia y entre el orden político y el orden moral, exige que las instituciones del Estado se abstengan de intervenir en el libre desarrollo de las instituciones religiosas, y en nuestro caso, de la Iglesia Católica, mientras no esté probado que atenten contra el orden público. Tratar de interferir por medio de reprobaciones políticas parlamentarias en la guía moral que el Papa ejerce en la Iglesia mediante su Magisterio ordinario, contradice seriamente el principio de no intervención y lesiona el derecho de libertad religiosa. 

La Iglesia Católica, al exponer la doctrina moral que se deriva del Evangelio, contribuye a la formación de las personas como verdaderos sujetos responsables y como ciudadanos capaces de colaborar en la consecución del bien común. El Magisterio de la Iglesia propone a los católicos y a todos los hombres unos principios de vida que no quiere ni puede imponer a nadie, pero que no dejará de anunciar con toda libertad de acuerdo con la misión recibida. 

Expresamos de nuevo al Papa el afecto y la adhesión más cordial de los obispos y de todos los católicos españoles.


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ZENIT Publicamos el comentario al Evangelio del domingo (Marcos 9,37-47) XXVI del tiempo ordinario, 27 de Septiembre de 2009, redactado por monseñor Jesús Sanz Montes, ofm, obispo de Huesca y de Jaca.


El punto de partida de este Evangelio es la "extrañeza" que sintieron los discípulos de Jesús cuando vieron a un "extraño" que sin ser del grupo que seguía al Maestro, se permitía nada menos que echar demonios en su nombre. Parece que este lance irritó tanto a los discípulos, que presos de la indignación, fueron a contárselo al Señor.

Era una actitud sospechosamente celosa por parte de quienes parece que vivían su condición de discípulos un tanto interesada. Jesús responderá haciéndoles ver que el Espíritu de Dios desborda los cauces por los que normalmente transcurre, y por lo tanto, también habla y actúa allá en donde hay un destello de verdad, de bondad, de belleza... aunque estos destellos sean incompletos y parciales.

No hay aquí una llamada a la falsa tolerancia, como si diese igual todo, o como si la verdad fuese indiferente en cualquier camino o en cualquier posición humana. Pero, ciertamente, Jesús no es favorable a los capillismos insulsos, ni a las ramplonerías partidistas. ¿A qué viene, pues, vuestro escándalo -decía Jesús a los discípulos-?

En el lenguaje bíblico, la palabra "escándalo" tiene dos sentidos: ocasión de caída y ocasión de obstáculo. En ambos casos el resultado es parecido: no llegar a la meta deseada, no alcanzar el destino hacia el que se caminaba. Es decir, tanto en el caso de una torpeza que nos hace caer, como también en el caso de un bloqueo que nos obstaculiza el andar, llegamos a ese mismo y terrible final: nuestra vida ha fracasado inútilmente; Dios la soñó y la diseñó para un proyecto de felicidad, y nuestras torpezas y caídas nos detienen o nos hacen caminar en otra dirección... ¡Esto es lo verdaderamente trágico y preocupante, y esto es lo que Jesús quiere hacer ver!

Podemos estar ocupados en la caza de falsos discípulos (lo cual hay que hacer, no en el sentido de "cazar", pero sí en el de no confundir lo verdadero con los sucedáneos), sin reparar que también nosotros hemos de revisar nuestra identidad cristiana, nuestro seguimiento del Maestro Jesucristo, nuestra comunión de vida con Él y con su Iglesia. Porque puede darse que estemos quejándonos de las falsedades y nosotros no estar viviendo en la verdad.

El Evangelio de este domingo es tremendamente drástico y radical: no escandalices a los pequeños, a los débiles, no te escandalices tampoco a ti mismo, es decir, no te caigas y no derribes a nadie; no te bloquees a ti ni tampoco coartes al prójimo. Más te vale entrar cojo, o ciego, o manco... (con todo lo que sugieren estas expresiones) que haber conservado estos miembros pero haber perdido la vida, la verdadera vida.


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Homilía de monseñor Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia para el vigésimo quinto domingo durante el año. (AICA)
(20 de septiembre 2009)


“El Hijo del hombre va a ser entregado” 

I. “Los discípulos no comprendían esto”

1. Como vimos el domingo pasado, a partir de la profesión de fe de Pedro en el Mesías, Jesús comenzó a enseñar sobre su pasión, muerte y resurrección. Esto escapaba tanto a las expectativas de los discípulos, que Jesús hubo de insistir en ello por segunda vez: “Les decía: ‘El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; lo matarán y tres días después de su muerte, resucitará’” (Mc 9,31). El evangelista Marcos comenta: “Los discípulos no comprendían esto y temían hacerle preguntas” (Mc 9,32).

2. En la lectura del Evangelio de hoy, hay algo más. Los discípulos, además de no comprender, se comportan de manera totalmente contraria a la enseñada por Jesús, como si fuesen chiquilines: “Una vez que estuvieron en la casa, Jesús les preguntó: ‘¿De qué hablaban en el camino?’ Ellos callaban, porque habían estado discutiendo sobre quién era el más grande” (vv. 33-34).

Dentro de cuatro domingos, Marcos volverá insistir con un tercer anuncio por parte de Jesús, y con no mejor éxito, pues los discípulos continuarán con sus enfoques mezquinos “Mientras iban de camino para subir a Jerusalén, Jesús se adelantaba a sus discípulos; ellos estaban asombrados y los que lo seguían tenían miedo” (Mc 10,32).

3. El saldo de la insistente enseñanza de Jesús es patético. En el primer anuncio que Jesús hizo de su pasión, fue especialmente Pedro el que se resistió a aceptarlo. En el tercero, serán los apóstoles Santiago y Juan. En la lectura de hoy, los que no comprenden son todos los apóstoles. Mientras Jesús les hablaba de pasar por la humillación de la cruz, ellos buscaban su pequeña gloria: individual “Habían estado discutiendo sobre quién era el más grande” (Mc 9,34).

II. Los cristianos de hoy ¿comprendemos?

4. Una manera muy nuestra de leer estos pasajes sería contentarnos con hacer una caracterización psicológica de los apóstoles. Con lo cual, tampoco nosotros entenderíamos nada del mensaje evangélico. Todas estas escenas han sido escritas por Marcos como “Evangelio” para su comunidad. Es decir, como anuncio de salvación que dice: “lo que sucedió ayer con los apóstoles de Jesús, puede estar sucediendo hoy en la comunidad eclesial que estoy catequizando”. Y fue legado como “Evangelio” para todas las Iglesias del futuro, incluidas las de hoy, para que todas ellas se hagan el mismo planteo. ¿Nos lo hacemos?

III. “Discípulos y Misioneros” de la Cruz de Cristo

5. Los obispos latinoamericanos, reunidos en Aparecida, han subrayado dos aspectos inseparables de la vida del cristiano: “discípulos” y “misioneros”. Los dos están profundamente enraizados en la Cruz de Cristo. Así nos lo hizo ver Jesús desde su primer anuncio, cuando, después de anunciar su muerte por la cruz, exhortó a sus discípulos a seguirlo por el mismo camino: “El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga” (Mc 8,34). Así lo vivió Pablo, el más esforzado de los apóstoles, como les confidenció a los corintios: “Cuando los visité para anunciarles el testimonio de Dios…, no quise saber nada, fuera de Jesucristo, y Jesucristo crucificado” (1 Co 2,1-2). Así, también, nos lo recuerdan los Obispos argentinos en la reciente carta pastoral: “El anuncio de la verdad de Jesucristo es y será siempre `signo de contradicción’”.

6. Dispuestos a ser “discípulos” y “misioneros”, conviene que volvamos permanentemente nuestra mirada a Jesús, que nos anima a seguir su camino. Aunque a muchos pueda parecerles ya lejana, conviene volver a escuchar la reflexión que la Iglesia, conducida el Espíritu de Dios, hizo sobre esto durante el Concilio Vaticano II: “Mas como Cristo cumplió la redención en la pobreza y en la persecución, así la Iglesia es llamada a seguir ese mismo camino para comunicar a los hombres los frutos de la salvación. Cristo Jesús, ‘existiendo en la forma de Dios, se anonadó a sí mismo, tomando la forma de siervo’ (Filp 2,6) y por nosotros ‘se hizo pobre, siendo rico’ (2 Cor 8, 9); así la Iglesia aunque en el cumplimiento de su misión exige recursos humanos, no está constituida para buscar la gloria de este mundo, sino para predicar la humildad y la abnegación incluso con su ejemplo. Cristo fue enviado por el Padre a ‘evangelizar a los pobres, y levantar a los oprimidos’ (Lc 4,18), ‘para buscar y salvar lo que estaba perdido’ (Lc 19,10); de manera semejante la Iglesia abraza a todos los afligidos por la debilidad humana, más aún, reconoce en los pobres y en los que sufren la imagen de su Fundador pobre y paciente, se esfuerza en aliviar sus necesidades, y pretende servir en ellos a Cristo. Pues mientras Cristo, santo, inocente, inmaculado (Heb 7,26) no conoció el pecado (2 Cor 5, 21), sino que vino a expiar sólo los pecados del pueblo (cf. Heb 2,17), la Iglesia, recibiendo en su propio seno a los pecadores, santa al mismo tiempo que necesitada de purificación constante, busca sin cesar la penitencia y la renovación...” (LG 8).

Mons. Carmelo Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia 

 


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REDACCIÓN DE "IGLESIA NIVARIENSE"
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Boletín 353 

El jueves se celebró el día de la patrona de los reclusos, Nuestra Señora de la Merced. El departamento de pastoral penitenciaria ha organizado, con tal motivo, distintos actos. La presencia de la Iglesia en los centros penitenciarios pretende que el amor de Cristo se haga presente también en las cárceles, como decía Benedicto XVI, de ahí que "descubrir el rostro de Cristo en cada uno de los detenidos refleja adecuadamente vuestro ministerio como un encuentro vivo con el Señor. En efecto, en Cristo el amor a Dios y amor al prójimo se funden entre sí, de modo que en el más humilde encontramos a Jesús mismo y en Jesús encontramos a Dios" 

Además, ese día, los herreños celebraron la fiesta insular de Nuestra Señora de los Reyes. En la noche, los devotos se desplazaron al Santuario de la Dehesa, en la llamada peregrinación de los faroles a la ermita. En la misma, se celebró a mediodía la principal eucaristía seguida de procesión con la imagen de la Madre Amada.  

Desde el 19 de junio de 2009 hasta el 19 de junio de 2010 celebramos en toda la Iglesia un Año Sacerdotal especial, proclamado en honor de San Juan María Vianney, cura de Ars. Por tal motivo, los cristianos que lo deseen pueden conseguir indulgencia  en las siguientes fechas: Misa Crismal, 30 de marzo, Jueves Santo, 1 de abril, San Juan de Ávila, 10 de mayo y Jesucristo Sumo y Eterno sacerdote, 27 de mayo. 

Ha fallecido Sor Antonia, Hija de la Caridad que prestaba sus servicios en la comunidad de S. Sebastián de La Gomera. Las exequias se celebraron en Gran Canaria. 

La Palma y Santa Cruz de Tenerife son las vicarias en las que esta semana se están desarrollando las reuniones del obispo por las distintas zonas pastorales de la diócesis.  

La recta final del verano sigue trayendo fiestas patronales como la octava del Cristo de Tacoronte o  las que se desarrollan en Agulo, en Guía de Isora,  las Mercedes, o  en Cho-Parque La Reina que acoge las fiestas en honor a Santa Teresita del Niño Jesús, o al Cristo de la Salud en Arona. También en La Palma se preparan para celebrar la fiesta del patrón de la isla, S. Miguel.  

Durante estos días se han hecho públicos los últimos nombramientos de nuevos sacerdotes en diferentes destinos de nuestra diócesis. De esta forma, Óscar Luis Guerra Pérez, ha sido nombrado párroco de Santa Úrsula Mártir, en Santa Úrsula, y San Bartolomé Apóstol, en La Corujera, en el arciprestazgo de Tacoronte. Por su parte, Manuel Navarro Mederos es párroco de Santa Úrsula Mártir, Ntra. Sra. del Campo, de la Resurrección del Señor, de San José y de la Virgen Milagrosa. Todas estas parroquias en el municipio de Adeje, Arciprestazgo de Isora. Por otro lado, Etelvino López Abúles tendrá su nueva encomienda al servicio de la parroquia de San Martín de Porres, en Santa Cruz de Tenerife. Asimismo, López ha sido nombrado capellán titular del Hospital de La Candelaria. Por otro lado, Agustín Sanabria Hernández ha sido destinado a Santa Cruz, concretamente a la parroquia del Santo Hermano Pedro de San José de Betancur.

Durante los días 25 y 26 de septiembre se llevará a cabo un nuevo curso destinado a catequistas. En esta ocasión, tendrá lugar en el monasterio del Císter, en La Palma, y estará dirigido por Víctor González, diácono permanente. El horario de dicho curso queda de la siguiente forma: Viernes, 25 de septiembre de 19:00 a 21:00 horas y sábado, 26 de septiembre de 10:00 a 13:00 horas, y una segunda parte, de 16:00 a 19:00 horas. 

Por otro lado, del 28 de septiembre al 2 de octubre se desarrollarán en Tacoronte varios cursos de formación de catequistas y agentes de pastoral divididos en cuatro talleres: Iniciación, Oración, Técnicas y Dinámicas y Presentación del Catecumenado. 

A partir del próximo 28 de septiembre, la parroquia de Los Remedios en Los Llanos de Aridane organiza un curso de formación para laicos titulado: “Católicos sin complejos”. El mismo se prolongará hasta el 22 de marzo de 2010. Cuestiones como la Inquisición, la cultura de la muerte, la familia, las riquezas de la Iglesia, etc. forman parte del temario a desarrollar durante el curso. 

El padre jesuita, Manuel Carreira, ha estado esta semana guiando ejercicios espirituales para los seminaristas del Seminario Mayor. Carreira tiene 78 años y es teólogo, filósofo y astrofísico. El próximo número de la revista Iglesia Nivariense recogerá una entrevista a este jesuita en la que se aborda la relación entre ciencia y fe. En medio de tantas estrellas, gases, nebulosas y polvo estelar, Carreira tiene la certeza de que se puede llegar a encontrar a Dios. La ciencia, según este jesuita, sólo puede hablar de aquello que puede medir. “La ciencia no puede llegar a decir porqué hay un universo. Supone que existe y que es accesible a nuestros instrumentos, a nuestras observaciones”, indica en la entrevista Carreira.

Por otro lado, el ISTIC ha puesto en marcha nuevamente la Escuela Diocesana de Pastoral. Se trata de una herramienta de formación básica en la fe que no requiere titulación académica previa para poder matricularse. Dicha escuela oferta varias especialidades como por ejemplo: Catequesis, Liturgia, Pastoral Juvenil, Matrimonio y Familia, Pastoral Sanitaria, Medios de Comunicación, etc. 

El director regional de Fremap, Juan Carlos Perdomo, ha hecho entrega a Cáritas Diocesana de un cheque por valor de 3.000 euros recaudados entre todos los empleados de la mutua para un proyecto que Cáritas está desarrollando en Mauritania. El proyecto se desarrolla en la región de Gorgol, al sur de Mauritania, una zona que está sufriendo un aumento excesivo del coste de los productos de primera necesidad.  Este proyecto de índole social está basado en la dotación de material de utillaje y herramientas (carretillas, rastrillos, palas, regaderas, alambrados, estacas etcétera) para que las mujeres Tinzah puedan hacerse cargo de la alimentación de sus familias mediante pequeñas granjas y huertos.  

El 4 de octubre, a las 17:00 horas en la parroquia de Nuestra Señora de La Concepción, en La Laguna, habrá ordenaciones de presbíteros y diáconos. Así,  Federico Armas será ordenado Diácono. Además, ese mismo día, Rubén Herrera y Víctor Manuel Fernández, serán ordenados presbíteros. 

La Fundación Proyecto Don Bosco ha celebrado 10 años de existencia con una exposición en la Casa de la Cultura de San Agustín, en La Orotava (Tenerife).  En dicha exposición se han podido conocer los proyectos y experiencias que la Fundación Proyecto Don Bosco desarrolla a nivel nacional, y particularmente los que desarrolla en Tenerife. Además, a través de un video explicativo, se pudo conocer la realidad de los jóvenes con los que trabaja, así como la visión que de ella tienen diversas personalidades y entidades, entre ellas el presidente del Gobierno de Canarias y el presidente de la Junta de Andalucía.  

 Un año más tuvo lugar en el municipio de Güímar (Tenerife) la tradicional ofrenda de flores y alimentos a la Virgen de El Socorro, un acto que se desarrolla  con motivo de la celebración de la Octava de las Fiestas de El Socorro y que se saldó con la recogida de 10.000 kilos de alimentos para los más desfavorecidos. 

El próximo 26 de septiembre, desde las 8 de la mañana, cuantos lo deseen podrán participar, en Vilaflor, en la recogida de almendras, cuyos frutos se ofrecerán el 8 de noviembre en la Gran majada de Aripe, Guía de Isora, con intención de reunir recursos económicos destinados al Hospital que los Betlemitas mantienen en Antigua (Guatemala). 

Durante estos días, un muro de ladrillo y cemento se ha levantado en torno a la Catedral de La Laguna. La construcción forma parte de los trabajos previos a la demolición y reparación de las bóvedas del templo, una estructura de carácter provisional cuyo fin, según explicó el arquitecto responsable del proyecto, Márquez Zárate, es “delimitar el área de seguridad”, pensando tanto en los viandantes como en los propios trabajadores. La Comisión de Seguimiento de la obra ya ha sido constituida y celebrará su primera reunión el viernes 2 de octubre. 

La Parroquia de Nuestra Señora de la Peña de Francia, en colaboración con el Ayuntamiento de Puerto de la Cruz y el gimnasio Bahía Beach Center, ultima los preparativos de la nueva campaña de recogida de alimentos no perecederos en apoyo a la labor que desarrolla la congregación religiosa de los Hermanos de la Cruz Blanca, dedicada al cuidado de personas con alguna discapacidad. 

El 5 de septiembre tuvo lugar una cena en la plaza del Cristo de Tacoronte con el fin de recaudar fondos para la Casa de Acogida Quesada Sánchez. A la misma acudieron en torno a setecientas personas. 

 El Cabildo de Tenerife ha dado vía libre a las obras de restauración del convento de Las Claras, en La Laguna, las cuales podrían empezar el próximo mes. En concreto, se trata de la segunda y la tercera fase de rehabilitación de este inmueble del siglo XVIII, cuyo presupuesto supondrá una inversión de 4,4 millones de euros. 

Los días 10,11 y 12 de octubre tendrá lugar la XVII Asamblea Regional de la Renovación Carismática Católica Canaria bajo el lema “Pondrán las manos sobre los enfermos y se sanarán”. Dicha asamblea se desarrollará en el Parque San Francisco, en el Puerto de la Cruz.


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ZENIT nos ofrece la catequesis pronunciada por el Papa el miércoles 23 de Septiembre de 2009, durante la Audiencia General celebrada en el Aula Pablo VI.

Queridos hermanos y hermanas:

En Roma, en la colina del Aventino, se encuentra la abadía benedictina de San Anselmo. Como sede de un Instituto de estudios superiores y del abad primado de los Benedictinos Confederados, es un lugar que une la oración, el estudio y el gobierno, precisamente las tres actividades que caracterizaron la vida del santo al que está dedicada: Anselmo de Aosta, de cuya muerte se celebra este año el IX centenario. Las múltiples iniciativas, promovidas especialmente por la diócesis de Aosta por este feliz aniversario, han manifestado el interés que sigue suscitando este pensador medieval. Es conocido también como Anselmo de Bec y Anselmo de Canterbury con motivo de las ciudades con las que ha tenido relación. ¿Quién es este personaje al que tres localidades, lejanas entre sí y colocadas en tres naciones distintas - Italia, Francia e Inglaterra - se sienten particularmente vinculadas? Monje de intensa vida espiritual, excelente educador de jóvenes, teólogo con una extraordinaria capacidad especulativa, sabio hombre de gobierno e intransigente defensor de la libertas Ecclesiae, de la libertad de de la Iglesia, Anselmo en una de las personalidades eminentes de la Edad Media, que supo armonizar todas estas cualidades gracias a una profunda experiencia mística que guió siempre su pensamiento y su acción.

San Anselmo nació en el 1033 (o a principios del 1034) en Aosta, primogénito de una familia noble. El padre era un hombre rudo, dedicado a los placeres de la vida y disipador de sus bienes; la madre, en cambio, era mujer de elevadas costumbres y de profunda religiosidad (Cf. Eadmero, Vita s. Anselmi, PL 159, col 49). Fue ella, la madre, quien cuidó de la primera formación humana y religiosa de su hijo, que confió después a los Benedictinos de un priorato de Aosta. Anselmo, que desde niño - como narra su biógrafo - imaginaba la morada del buen Dios entre las altas y nevadas cumbres de los Alpes, soñó una noche que era invitado en este palacio espléndido por el mismo Dios, que se entretuvo mucho rato y afablemente con él y al final le ofreció de comer "un pan blanquísimo" (ibid., col 51). Este sueño le dejó la convicción de ser llamado a cumplir una alta misión. A la edad de quince años, pidió ser admitido en la Orden benedictina, pero el padre se opuso con toda su autoridad y no cedió siquiera cuando el hijo, gravemente enfermo, sintiéndose cerca de la muerte, imploró el hábito religioso como último consuelo. Después de la curación y la desaparición prematura de su madre, Anselmo atravesó un periodo de disipación moral: descuidó los estudios y, abrumado por las pasiones terrenales, se hizo sordo a la llamada de Dios. Volvió a casa y empezó a viajar por Francia, buscando nuevas experiencias. Después de tres años, llegado a Normandía, se dirigió a la abadía benedictina de Bec, atraído por la fama de Lanfranco de Pavía, prior del monasterio. Para él fue un encuentro providencial y decisivo para el resto de su vida. Bajo la guía de Lanfranco, Anselmo retomó con vigor sus estudios y en poco tiempo se convirtió no sólo en el alumno predilecto, sino también en el confidente de su maestro. Su vocación monástica se volvió a encender y, tras una atenta valoración, a la edad de 27 años entró en la Orden monástica y fue ordenado sacerdote. La ascética y el estudio le abrieron nuevos horizontes, haciéndole volver a encontrar, a un nivel mucho más alto, esa familiaridad con Dios que había tenido de niño.

Cuando en el 1063 Lanfranco se convirtió en abad de Caen, Anselmo, con apenas tres años de vida monástica, fue nombrado prior del monasterio de Bec y maestro de la escuela claustral, revelando dotes de refinado educador. No le gustaban los métodos autoritarios; comparaba a los jóvenes con las pequeñas plantas que se desarrollan mejor si no se las encierra en un invernadero, y les concedía una "sana" libertad. Era muy exigente consigo mismo y con los demás en la observancia monástica, pero en lugar de imponer la disciplina se empeñaba en hacerla seguir con la persuasión. A la muerte del abad Erluino, fundador de la abadía de Bec, Anselmo fue elegido por unanimidad a sucederle: era en febrero de 1079. Entretanto numerosos monjes habían sido llamados a Canterbury para llevar a los hermanos del otro lado del Canal de la Mancha la renovación que se estaba produciendo en el continente. Su obra fue bien aceptada, hasta el punto de que Lanfranco de Pavía, abad de Caen, se convirtió en el nuevo arzobispo de Canterbury y pidió a Anselmo que transcurriera un cierto tiempo con él para instruir a los monjes y ayudarle en la difícil situación en que se encontraba su comunidad eclesial tras la invasión de los normandos. La permanencia de Anselmo se reveló muy fecunda; ganó simpatía y estima, hasta tal punto que a la muerte de Lanfranco, fue elegido para sustituirle en la sede arzobispal de Canterbury. Recibió la solemne consagración episcopal en diciembre de 1093.

Anselmo se empeñó inmediatamente en una enérgica lucha por la libertad de la Iglesia, manteniendo con valor la independencia del poder espiritual respecto del temporal. Defendió a la Iglesia de las indebidas injerencias de las autoridades políticas, sobre todo de los reyes Guillermo el Rojo y Enrique I, encontrando ánimo y apoyo en el Romano Pontífice, al que Anselmo demostró siempre una valiente y cordial adhesión. Esta fidelidad le costó, en el 1103, también la amargura del exilio de su sede de Canterbury. Y sólo cuando, en 1106, el rey Enrique I renunció a la pretensión de conferir las investiduras eclesiásticas, como también a la acumulación de los impuestos y a la confiscación de los bienes de la Iglesia, Anselmo pudo volver a Inglaterra, donde fue acogido festivamente por el clero y por el pueblo. Se había concluido así felizmente la larga lucha combatida por él con las armas de la perseverancia, del orgullo y de la bondad. Este santo arzobispo que tanta admiración suscitaba en torno a sí, allí donde se dirigiera, dedicó los últimos años de su vida sobre todo a la formación moral del clero y a la búsqueda espiritual sobre argumentos teológicos. Murió el 21 de abril de 1109, acompañado por las palabras del Evangelio proclamado en la Santa Misa de aquel día: "Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas; yo, por mi parte, dispongo un Reino para vosotros, como mi Padre lo dispuso para mí, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi Reino..." (Lucas 22,28-30). El sueño de aquel misterioso banquete, que había tenido desde pequeño, precisamente al principio de su camino espiritual, encontraba así su realización. Jesús, que le había invitado a sentarse a su mesa, acogió a san Anselmo, a su muerte, en el reino eterno del Padre.

"Dios, te lo ruego, quiero conocerte, quiero amarte y poder gozar de ti. Y si en esta vida no soy capaz de ello plenamente, que al menos cada día pueda progresar hasta cuando llegue a la plenitud" (Proslogion, cap.14). Esta oración nos permite comprender el alma mística de este gran santo de la época medieval, fundador de la teología escolástica, al que la tradición cristiana ha dado el título de "doctor magnífico", porque cultivó un intenso deseo de profundizar en los misterios divinos, en la plena conciencia sin embargo de que el camino de búsqueda de Dios nunca se concluye, al menos en esta tierra. La claridad y el rigor lógico de su pensamiento han tenido siempre como objetivo "alzar la mente a la contemplación de Dios" (Ivi, Proemium). Afirma claramente que quien pretende hacer teología no puede contar sólo con su inteligencia, sino que debe cultivar al mismo tiempo una profunda experiencia de fe. La actividad del teólogo, según san Anselmo, se desarrolla así en tres estadios: la fe, don gratuito de Dios que hay que acoger con humildad; la experiencia, que consiste en la encarnación de la palabra de Dios en la propia existencia cotidiana; y por último el verdadero conocimiento, que nunca es fruto de razonamientos asépticos, sino de una intuición contemplativa. Siguen siendo, por tanto, muy útiles también hoy, para una investigación teológica sana y para quien quiera profundizar en las verdades de la fe, sus célebres palabras: "No pretendo, Señor, penetrar en tu profundidad, porque no puedo siquiera desde lejos confrontar con ella mi intelecto; pero deseo entender, al menos hasta cierto punto, tu verdad, que mi corazón cree y ama. No busco entender para creer, sino que creo para entender" (Ivi, 1).

Queridos hermanos y hermanas, que el amor por la verdad y la sed constante de Dios, que han marcado toda la existencia de san Ambrosio, sean un estímulo para todo cristiano para buscar sin cansarse nunca una unión cada vez más íntima con Cristo, Camino, Verdad y Vida. Además, que el celo lleno de valentía que distinguió su acción pastoral, y que le procuró entonces incomprensiones, amargura y finalmente el exilio, sea un ánimo para los pastores, para las personas consagradas y para todos los fieles a amar a la Iglesia de Cristo, a rezar, a trabajar y a sufrir por ella, sin abandonarla nunca o traicionarla. Que nos obtenga esta gracia la Virgen Madre de Dios, hacia la cual Anselmo nutrió una tierna devoción filial. "María, a ti quiere amar mi corazón - escribe san Anselmo - a ti mi lengua desea alabar ardientemente". 

[Al final de la audiencia, el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:]

Queridos hermanos y hermanas:
San Anselmo nació en Aosta en el seno de una familia noble. De su madre recibió una profunda formación humana y cristiana. Guiado por Lanfranco de Pavía, prior de la abadía benedictina de Bec, estudió con diligencia las disciplinas eclesiásticas. Allí abrazó la vida monástica y fue ordenado sacerdote, siendo posteriormente elegido abad de esa comunidad. Cuando Lanfranco de Pavía fue designado Arzobispo de Canterbury, pidió a Anselmo que lo ayudara en su tarea pastoral, ya que esa comunidad pasaba una difícil situación tras la invasión de los normandos. San Anselmo trabajó en esa diócesis fructuosamente y se ganó la estima de todos. Fue nombrado sucesor de Lanfranco al frente de esa Sede episcopal, a la que se dedicó con todas sus fuerzas, defendiendo valientemente la independencia de la Iglesia del poder temporal, lo cual le costó el exilio. Cuando pudo regresar a Canterbury, se consagró a formar a su clero y al cultivo de la teología. Murió en el año mil ciento nueve.

Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular, al grupo de sacerdotes de Valencia que celebran el cuarenta aniversario de su ordenación presbiteral, acompañados por el Señor Cardenal Antonio Cañizares Llovera y Monseñor Jesús Murgui Soriano, Obispo de Mallorca; a los miembros de la Asociación de Archiveros de la Iglesia en España, a los alumnos del Colegio Sacerdotal Argentino y del Pontificio Colegio Mexicano de Roma. Que el amor a la verdad y la constante sed de Dios, que distinguieron la vida de san Anselmo de Aosta, nos impulsen a buscar infatigablemente una unión cada vez más profunda con Cristo, que es el Camino, la Verdad y la Vida. Muchas gracias. 

[Traducción del italiano por Inma Álvarez
© Libreria Editrice Vaticana]


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Asamblea general de los representantes de los sacerdotes de los Países del Southern African Catholic Bishops Conference (Sudáfrica, Botsuana y Swazilandia) celebrada en el Monasterio de Mariannhill, en el Kwa Zulú Natal (Sudáfrica) del 17 al 21 de agosto de 2009.

 Consejo Sudafricano de Sacerdotes
Comunicado al final de la Asamblea General Anual del Consejo Sudafricano de sacerdotes.
21 de agosto 2009.
 
Los representantes de los Sacerdotes del territorio de la Conferencia Episcopal Sudafricana celebraron su Reunión General Anual en el Monasterio de Mariannhill, Kwa Zulu Natal, del 17 a 21 agosto de 2009.
 
Durante la reunión, los sacerdotes expresaron su agradecimiento al Papa Benedicto XVI para su iniciativa del "Año del sacerdote". Muchas diócesis informaron sobre el entusiasmo con que este concepto ha sido retomado tanto por clérigos como por laicos. Los sacerdotes también agradecieron a los obispos del territorio de la Conferencia por sus oraciones por los sacerdotes durante la reciente asamblea plenaria de la Conferencia.

         Los sacerdotes se lamentaron la violencia experimentada por muchos hermanos. En el último año, tres sacerdotes han sido asesinados. Muchos otros han sido atacados y secuestrados. Esta es una causa de grave preocupación, ya que es síntoma de los niveles de violencia que impregnan nuestra sociedad. 

Seguimos preocupados por el bienestar y la seguridad del P. Onías Maropola, sacerdote de la diócesis de Pietersburg, que ha estado desaparecido desde 2007. 

El cardenal Wilfrid Napier, OFM, habló en la misa de apertura de cómo un sacerdote no es un sacerdote para sí mismo, sino un sacerdote de la Iglesia y para el "corazón" de Dios. 

El Obispo Stephen Brislin, Obispo Enlace de SACBC para SACOP, reflexionó sobre la necesidad para los sacerdotes centrarse en el bien que pueden hacer y lo bueno que ya estaban haciendo. Con demasiada frecuencia, el sacerdocio es debilitado por una pérdida de una identidad fundamental católica. Como el sacerdocio no es un trabajo, sino una vocación y un estado del ser, el sacerdote debe asumir la responsabilidad de su propio sacerdocio. Esto se logra mediante el desarrollo humano, relaciones sólidas, viviendo el celibato que no cause antitestimonio, desarrollando la vida espiritual y un profundo compromiso personal de "hacer lo que la Iglesia pretende".

El Obispo Brislin señaló que la obediencia no es mero cumplimiento, sino el "abandono de Cristo y el «sí» de María."

La Encuesta de actitud de los sacerdotes, inspirada por una resolución de SACOP, impulsada por el Comité de Formación Permanente de la SACBC y aprobada por la sesión plenaria de la SACBC de Agosto de 2009, se debatió ampliamente. Los sacerdotes fueron invitados a participar en todo lo posible para garantizar la exactitud de la encuesta. Se destacó la confidencialidad y la naturaleza no crítica de la encuesta. 

Muchos de los oradores pidieron que los sacerdotes también asumieran la responsabilidad de su desarrollo intelectual permanente, ya sea por los programas de formación permanente, la lectura, la auto-evaluación, apoyo mutuo y desafío o estudios adicionales. 

El sacerdocio se celebra en un contexto particular. 

Fr Peter-John Pearson, de la Oficina Católica de Enlace Parlamentario de la SACBC proporcionó una visión clara y amplia de la situación socio-política en el subcontinente. Él habló del hecho de que Sudáfrica estaba en un espacio de diálogo más abierto y que el diálogo significa 'mantener la tensión". Señaló cuatro desafíos que enfrentan África del Sur - la falta de capacidad en la administración pública, la cultura empresarial de "beneficio a toda costa', el poder de negociación de las grandes empresas y cómo la rápida transición de África del sur y la integración en el orden financiero mundial han sido a la vez positivas y nocivas. 

A escala mundial, Sudáfrica se prepara para acoger la Copa Mundial de la FIFA 2010. Esto presentó a la iglesia con la oportunidad de mostrar el dinamismo del catolicismo africano. Se alentó a los sacerdotes a ofrecerse durante el torneo. La iniciativa de la  SACBC www.churchontheball.com se presentó como el punto central de contacto para obtener información, ideas y celebración, tanto para la iglesia local como para visitantes internacionales. 

A la luz de la Copa del Mundo, el Sr Melanie O'Connor HF de la  oficina de la SACBC LCCL SA contra en tráfico de personas destacó el desafío del tráfico de seres humanos y cómo la comunidad católica y los sacerdotes pueden desempeñar un papel vital en la exposición de las redes de traficantes y proporcionando asistencia a las víctimas. Las historias de horror de los niños vendidos, las drogas y el abuso sexual y físico condujeron hacia el importante lugar que tiene la Iglesia en la lucha contra la trata de personas, la esclavitud moderna. 

El Consejo de Sacerdotes sigue interesado y preocupado por la formación y capacitación de los futuros sacerdotes. Los Presidentes del Seminario de San Juan Vianney y del Instituto Teológico de San José, el Rector del Seminario de Orientación de St. Kizito y el vicerrector del Seminario Diocesano de la Ciudad del Cabo informaron sobre el progreso de los estudiantes. Los sacerdotes expresaron su reconocimiento y solidaridad con los que estuvieron involucrados en el trabajo de formación. Todos los informes señalaron las dificultades complejas en la formación en el contexto del África Meridional. 

Los sacerdotes manifestaron su preocupación por la disminución en el interés por las vocaciones y acogieron con satisfacción el nombramiento del P. Mosebetsi Mokoena como director de vocaciones para el área de la Conferencia. 

El Arzobispo Buti Tlhagale OMI, Presidente de la SACBC, cuestionó a los delegados con la presentación honesta y directa en la búsqueda de nuevas formas de relación entre los sacerdotes y sus obispos. Señaló que a menudo un obispo se vea atrapado entre las demandas legítimas de los clérigos y laicos. Se refirió a las diversas causas de tensión entre los obispos, sacerdotes y ofreció una serie de sugerencias, incluyendo que los obispos y sacerdotes abracen la auto-evaluación y la crítica como un pilar central de mejorar las relaciones. Señaló que le resultaba más fácil ser un hermano que un amigo. La amistad podría ser imparcial y ciega a la corrección. 

El Obispo Edward Risi pronunció un discurso franco sobre los desafíos presentados por los Obispos y la comunidad católica en la liturgia. La liturgia ha sido un trabajo común, pero que necesita instrucciones claras. Dijo que la Iglesia en África del Sur había "metido la pata" mediante la aplicación de la nueva traducción en Inglés de las partes del pueblo del Misal Romano, pero sin embargo, estas partes han recibido recognitio de Roma. El proceso de implementación fue una valiosa lección sobre la necesidad de una preparación adecuada. 

Los informes de las diócesis destacaron:

• Una preocupación permanente sobre la prestación de la atención médica y las necesidades de jubilación de los sacerdotes.
• disparidad económica entre los sacerdotes.
• Los sacerdotes de otros países requieren de la orientación adecuada en la Iglesia de África del Sur. 

Resoluciones formales:

1. SACOP alienta a todos los delegados y a todas las diócesis a iniciar programas con el fin de promover la celebración del “Año para el sacerdote".

2. SACOP resuelve alentar a todos los sacerdotes a promover activamente la oración y la reflexión sobre el sacerdocio ministerial en las comunidades que sirven. La oración debe ser "por TODOS los sacerdotes, por SUS sacerdotes y por MÁS sacerdotes. 

3. A los delegados se les pide que regresen a sus diócesis, y estudien los mecanismos para una representación efectiva y hablen de la comunicación de las preocupaciones de los sacerdotes para SACOP y entre los sacerdotes.

4. SACOP resuelve que la Asamblea de los sacerdotes tenga lugar en agosto / septiembre de 2011. El P. Rohan Smuts es designado para coordinar el equipo de preparación de la Asamblea.

5. SACOP expresa su agradecimiento a los obispos que, teniendo en cuenta el futuro de la iglesia, han enviado a los sacerdotes para estudios superiores. Pide SACOP que los sacerdotes no sólo se envíen para disciplinas teológicas y filosóficas, sino también a estudios de formación.

6. SACOP expresa su gratitud a los Caballeros de Da Gama y todos los otros benefactores que han colaborado con la Junta General Anual. 

(Traducción particular no oficial desde el inglés)

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Declaración final del encuentro anual de las Comisiones “Justicia y Paz” de las diócesis kenianas, realizado del 6 al 10 de septiembre de 2009. 

COMUNICADO DE LA COMISIÓN JUSTICIA Y PAZ 

Preámbulo 

Nosotros los delegados católicos de Justicia y Paz procedentes de todas las diócesis católicas en Kenya, reunidos en Maria polis Centre para nuestra Reunión General Anual del 6 al 10 de septiembre estamos sumamente preocupados por los siguientes problemas que afectan actualmente al país.

 El aumento de los conflictos de fronteras

Es con gran preocupación que la Comisión Católica de Justicia y Paz ha observado un aumento importante en los conflictos fronterizos en Kenia, especialmente de nuestras fronteras con Somalia, Sudán, Etiopía y Uganda. Esto es preocupante, porque un Estado que no puede proteger a sus ciudadanos y su soberanía es un estado que falla. Tal estado no inspira confianza de sus ciudadanos. Instamos al gobierno a actuar con rapidez para hacer frente a los conflictos fronterizos antes de que se extiendan.

Inseguridad

En la actualidad, la inseguridad es galopante en el país y los kenianos se han convertido en rehenes de su propio país. Estamos preocupados por el asesinato de personas inocentes por las milicias, los grupos de vigilantes, policía y otras fuerzas de seguridad, aumento en los casos de secuestro y robo de auto. Recientemente, los taxistas han sido blanco de ataques y nada se ha hecho. La violencia organizada ha destruido la identidad africana. Esto está ocurriendo a través de la incitación, la explotación de la élite política y la incapacidad por una mayoría de ganarse la vida día a día, con aproximadamente la mitad de la población viviendo por debajo del umbral de pobreza. Como resultado de esto hay un aumento en el número de viudas, viudos y huérfanos. El Gobierno tiene un mandato en materia de seguridad y por lo tanto es su responsabilidad de garantizar que todas las personas que viven en Kenya estén a salvo y seguras. El Gobierno debe hacer una inversión suficiente en las sugeridas reformas de la policía.

La seguridad alimentaria
 
Reflexión seria y esfuerzo se deben poner por parte del Gobierno y de los kenianos a la seguridad alimentaria. Actualmente en este país tenemos la capacidad para alimentar a nuestro país e incluso a otros países, pero año tras año los kenianos siguen muriendo de hambre. El Presidente ha declarado la sequía como un desastre nacional. Por mucho que la Iglesia esté a favor de una economía de libre mercado el gobierno debería proporcionar un marco que garantice que los precios de las necesidades básicas, tales como harina de maíz, aceite, hortalizas estén al alcance de todos los kenianos. Ha llegado el momento para el Gobierno de potenciar a los agricultores mediante la introducción de subvenciones en el sector agrícola. Los kenianos tienen también la responsabilidad de realizar buenas prácticas agrícolas, tales como la agricultura ecológica y contribuir a la alimentación de la nación. Si el Gobierno es capaz y está dispuesto a instalar tuberías desde Mombasa a los países vecinos también debe ser capaz de bombear el agua desde las superficies de agua a zonas áridas y semi-áridas en el país para fines de riego.

Entorno
 
En Génesis 1: 27 - 28, Dios creó al hombre y la mujer y les confió los bienes de la tierra para el bien común. El abuso no regulado de las cuencas como Mau, Monte. Kenia y de los bosques Aberdares ha afectado negativamente a nuestro país. Ríos, lagos, presas y otras fuentes de agua se están secando, el alimento es escaso, existe racionamiento de alta energía, la desertificación está en aumento y sistemas de riego están en peligro.

Este problema es urgente y debe ser abordado ahora y observamos que los dos años es demasiado tiempo para el Grupo de Mau. El gobierno tiene que llegar a una política humana para reasentar a los kenianos que viven en el bosque de Mau y en otras áreas de Cuencas y embarcarse en la reforestación. Estamos llamados a utilizar correctamente nuestros recursos no sólo para nosotros sino para las generaciones futuras en consonancia con el principio de administración.

"Nuestros deberes para con el medio ambiente están relacionados con nuestros deberes hacia la persona humana. Sería un error mantener unos mientras se pisotea a los otros" (Papa Benedicto XVI Caritas in veritate)

Personas Desplazadas Internamente

Desde hace un año y medio en adelante tenemos todavía personas desplazadas interiormente dispersas en todo nuestro país en campamentos de IDP y de transición. ¿Son ellos realmente kenianos, cuando se olvida su situación? La Operación Rudi Nyumbani aparece haberse convertido en la Operación Sahau de los desplazados internos. Nuestros hermanos y hermanas siguen durmiendo en el frío, hambrientos, vulnerables y en espera de la justicia. No nos olvidemos de ellos y tratemos de mejorar su situación para que puedan sentir que son kenianos. Instamos al Gobierno a estudiar las preocupaciones diferentes de los desplazados internos y resolver los problemas de manera amistosa una vez por todas.

La Justicia de Transición
 
La TJRC (Comisión de Verdad, Justicia y Reconciliación) fue concebida para hacer frente a las injusticias principalmente históricas en nuestro país. La justicia de transición sólo puede tener éxito si todos los pilares están ahí; Rendición de cuentas, Recuperación de la Verdad, Reformas y Reparaciones Institucionales. Se debe ver que la justicia se hace en todos los niveles. Justicia demorada es justicia denegada.

Pedimos a nuestros líderes dar a los kenianos la información y la orientación correcta. No hay un "uno u otro" debate, Kenya debe tener un tribunal especial para tratar a aquellos que tienen la mayor responsabilidad por las atrocidades cometidas durante la violencia post   elección de 2007/2008; y los autores intelectuales y financieros deben ir a la Corte Penal Internacional. Para una reconciliación y la curación significativa debe haber justicia reparadora para las víctimas. Este es un proceso importante para los kenianos y la Comisión de la Verdad, la Justicia y la Reconciliación se debe permitir que haga su trabajo sin restricciones.

 "El amor y la verdad se reunirán, la justicia y la paz se besan. La verdad brotará de la tierra; la justicia mirará desde el cielo. (Salmos 85: 11-12)

Aplicación e imposición de los informes, las políticas y reformas de la Comisión
 
Ha llegado el momento para que el gobierno aplique plenamente las diversas recomendaciones de la Comisión y de las fuerzas operantes. El Waki (Violencia Post Elección), Kriegler (Elecciones de 2007), Ndung'u (Tierra), Ransley (reformas de Policía) y Akiwumi (enfrentamientos étnicos de la Tierra), los informes entre otros, deben ponerse en funcionamiento. Nos fijamos que nuestro país es famoso por la institución de comisiones y grupos de trabajo sobre cada caso o problema que se presenta sin la aplicación de las recomendaciones generadas a partir de entonces. ¿Es sin duda esta una manera muy pobre de gasto de fondos públicos?

Felicitamos al Gabinete para la ratificación de la Política Nacional de Tierras; es nuestra esperanza de que esto no sea un truco para tener esta política crucial largamente retrasada en el Parlamento. La tierra es un componente importante del sistema económico. El acceso y la propiedad de la tierra no deben limitarse a obtener beneficios particulares; más bien, deben estar vinculados al uso y garantizar la seguridad alimentaria de la nación.

La impunidad y la corrupción

Estamos preocupados por las continuas decisiones equivocadas hechas por los líderes sin reflexiones ulteriores sobre las consecuencias para los ciudadanos de Kenia tales como la cultura de asesinatos extra-judiciales, la creación ad hoc de distritos, el saqueo las arcas públicas, la apropiación de tierras y la corrupción desenfrenada. Las decisiones se toman sin consultar y los puntos de vista y los intereses de los kenianos no son tomados en consideración. Es nuestra súplica que los diferentes nombramientos se hagan en el espíritu de consulta, transparencia y rendición de cuentas. La acumulación de riqueza sin obstáculos en medio de un mar de pobreza es inmoral y contraria al principio de la justicia económica.

Estamos preocupados por la elevación de la edad de jubilación desde 55 años a 60 años, ¿cuándo  tendrán la oportunidad de servir jóvenes kenianos cualificados?

Constitución
 
La Comisión Católica de Justicia y Paz está llevando a cabo la Educación Constitucional para el público. La Comisión está siguiendo de cerca el Mapa de Ruta hacia una nueva Constitución y apreciamos el compromiso mostrado por la Comité de Expertos. Hacemos un llamamiento a todos los kenianos a participar de manera significativa con el proceso hacia una constitución justa y democrática. Tenemos la esperanza de que el comité entregue la tan esperada Constitución para los kenianos.

Conclusión
 
Como la Iglesia estamos llamados a ser la voz de los sin voz, y estar en solidaridad con los oprimidos. La Doctrina Social de la Iglesia se convierte en jueza  y defensora de los derechos no reconocidos y violados, especialmente los de los pobres, los más pequeños, y los débiles.

"Yo soy el camino, la verdad y la luz" Juan 16:10

Firmado:
Arzobispo Zacchaeus Okoth
Presidente de la Comisión Católica de Justicia y paz

8 de Septiembre de 2009
.
(Traducción particular no oficial desde el inglés)

TEXTO ORIGINAL


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Comunicado de  los obispos de Nigeria emitido al finalizar la segunda reunión plenaria de la Conferencia Episcopal de Nigeria (CBCN), tenida en Kafanchan, Kaduna del 7 al 12 de septiembre de 2009, sobre el tema “Conversión para la justicia y la reconciliación”. 

 

CONVERSIÓN PARA LA JUSTICIA Y LA RECONCILIACIÓN
Comunicado  final de la Segunda Asamblea Plenaria de la
Conferencia de Obispos Católicos de Nigeria (CBCN)
en el Centro de la Transfiguración
Kafanchan, Estado de Kaduna
7 a 12 septiembre, 2009
 

 

PREÁMBULO 

1. Nosotros, los miembros de la Conferencia de Obispos Católicos de Nigeria, celebramos nuestra Segunda Asamblea Plenaria para el año 2009 en el Centro de la Transfiguración, Kafanchan, Estado de Kaduna, desde 7 al 12 septiembre de 2009. Después de  reflexión orante sobre el estado de la Iglesia y sobre el estado de nuestro país, presentamos nuestro comunicado a la Iglesia y a la nación. 

EVENTOS EN LA IGLESIA

2
. Desde nuestra Primera Asamblea Plenaria, que tuvo lugar en marzo, la Iglesia comenzó el Año de los Sacerdotes (junio 2009-junio 2010). Este año se conmemora el 150 aniversario de la muerte de San Juan María Vianney, el Cura de Ars (Párroco) y santo patrono de los sacerdotes. San Juan Vianney fue reconocido por una ejemplar vida sacerdotal y por el ministerio de santificación personal, que utilizó para llevar a tantas personas a la conversión. Según el Santo Padre, este año se destina a estimular a los sacerdotes en su lucha por la perfección espiritual de la que, sobre todo, depende la eficacia de su ministerio. Que las oraciones de San Juan María Vianney, y su ejemplo de santidad y el celo pastoral guíen a nuestra Iglesia y a nuestra nación a una renovación profunda de la vida.


3. Hemos sido testigos de la jubilación de Mons. Joseph Egerega, Obispo del Vicariato de Bomadi. Su sucesor es Mons. Jacinto Egbebo, hasta ahora auxiliar del mismo Vicariato. Pedimos al Señor que bendiga al obispo Egerega por su servicio a la Iglesia, y que ayude al obispo Egbebo a conducir a su pueblo.

4. Damos gracias a Dios y a nuestro Santo Padre el Papa Benedicto XVI por el nombramiento y la ordenación episcopal de Mons. Oliver Dashe Doeme como obispo de la Diócesis Maiduguri. Con el mismo sentimiento de gratitud, valoramos la designación de un obispo para dirigir la Iglesia en la diócesis de Port Harcourt. Él es Mons. Camilius Etokudoh, que fue trasladado desde la Diócesis de Ikot Ekpene. Sucede a Mons. Alejo Makozi que se ha retirado. Mons. Emmanuel Badejo, Obispo Coadjutor de Oyo, se instalará como obispo de la misma Diócesis el 20 de noviembre de 2009, en sucesión de Mons. Julio Adelakun. 

Que el buen Dios bendiga y recompense a los Obispos Makozi y Adelakun por su liderazgo pastoral durante muchas décadas, y que los obispos recién nombrados sean fortalecidos por las oraciones del pueblo que ha confiado a su cuidado pastoral.


5. Después de cinco años y medio de trabajar en Nigeria, como representante pontificio, Mons. Renzo Fratini está siendo transferido a España. Le damos las gracias por su simpatía y servicio a la Iglesia en Nigeria. Que el Señor le guíe en su nueva misión.

6. La Arquidiócesis de Kaduna, está celebrando el cincuentenario de su erección. La Gran Final de la celebración tendrá lugar el 10 de diciembre de 2009. Nos regocijamos con el arzobispo, los sacerdotes, religiosos y fieles laicos de la Arquidiócesis. Oramos para que la Iglesia en la Arquidiócesis de Kaduna pueda seguir creciendo. 

7. Después de haber vivido una vida de dedicación sin reservas a la Iglesia, agradó al Señor bueno llamar a Mons. Efraín Obot, Obispo de Idah, a su recompensa eterna. Que pueda saborear la alegría de la felicidad sin fin en la casa del Padre. Que el Señor esté con la Iglesia en la Diócesis de Idah y con Mons. Anthony Adaji que será instalado como su sucesor el 19 de septiembre de 2009. 

EL DELTA DEL NIGER

8. Felicitamos al gobierno federal por la amnistía general que ha concedido a los militantes en el delta del Níger. Pedimos que este programa de amnistía se aplique con sinceridad, y con sensibilidad para la justicia y la reconciliación. Recomendamos que el gobierno continúe por la senda de mejorar enormemente la calidad de vida de la gente del Delta del Níger. No es suficiente agitar una rama de olivo. La situación en el delta del Níger está profundamente arraigada en injusticia. Es simplemente injusto empobrecer a las personas que viven en la tierra que produce la mayor parte de la riqueza de Nigeria. Instamos al Gobierno que cumpla su promesa sobre el desarrollo de los pueblos del Delta del Níger. Suplicamos igualmente  a los militantes a aceptar la amnistía.

LA VIOLENCIA EN ALGUNOS ESTADOS DEL NORTE

9. Una cultura de la violencia prevalece en nuestro país. Vemos esto en el robo a mano armada, asesinato ritual, la conducción peligrosa en nuestras carreteras, matar en nombre de la religión, por citar sólo estos. Es en este sentido que expresamos grave preocupación por los acontecimientos recientes en algunas partes del norte. Lamentamos profundamente y condenamos enérgicamente la pérdida de vidas y bienes causada por la secta religiosa, Boko Haram. Ofrecemos nuestro más sentido pésame a todos los afligidos, y nuestra solidaridad a todos aquellos que han sufrido pérdidas materiales graves, independientemente de su afiliación étnica o religiosa. Pedimos la misericordia de Dios sobre todos los muertos. 

10. La Constitución de la República Federal de Nigeria garantiza la libertad de religión de todos los ciudadanos de Nigeria. Sin embargo, algunos nigerianos entienden mal su derecho a la religión como el derecho a perseguir a otros nigerianos de creencias religiosas diferentes. El derecho a propagar una religión no debe ejercerse de manera que viole el derecho de las personas de otras religiones. Deploramos el uso y abuso de la religión para pisotear los derechos de los demás. Condenamos la violencia por cualquier excusa o encubrimiento, y desde cualquier dirección. La condenamos, por encima de todo, cuando sus autores demandan blasfema y fraudulentamente justificaciones religiosas. Queremos señalar que aquellos que afirman que aman a Dios, mientras que odian a los demás seres humanos, incluso hasta el punto de matarlos, son mentirosos. Dios no ha dado a nadie el derecho a matar en su nombre. Tampoco ha autorizado a nadie a violar la dignidad de otros seres humanos.

11. Observamos con tristeza y decepción que a pesar de tanto conocimiento de la existencia y los planes de la secta Haram Boko, y pese a los informes realizados a las autoridades correspondientes, la inacción del gobierno permitió que la secta destruyera más de 2000 vidas antes de que la insurrección fuese derribada. Recordamos al gobierno federal, y a cada gobierno estatal y local en Nigeria que es responsabilidad del gobierno proteger los derechos de las minorías religiosas, dondequiera que se puedan encontrar en este país. No tenemos ninguna democracia digna de ese nombre si el gobierno no puede proteger la vida y los bienes de los ciudadanos. El incumplimiento por parte del gobierno para asegurar la vida y la propiedad de todos los nigerianos es inferior al recomendable. 

PARÁLISIS DE LA EDUCACIÓN SUPERIOR

12. Durante los últimos tres meses, la huelga de los sindicatos del personal académico y no académico ha llevado la educación superior en Nigeria, casi a su fin. Pero no es sólo las huelgas que han paralizado la educación superior, es también el fracaso del gobierno para invertir suficientemente en la educación de los ciudadanos de Nigeria. Estamos preocupados por los altos salarios de los titulares de cargos políticos y nos preguntamos: un gobierno que puede permitirse pagar a los titulares de cargos políticos los sueldos, ¿no tiene la obligación de ofrecer mejores condiciones de servicio a las personas que trabajan en nuestras instituciones de educación superior? Un gobierno que puede darse el lujo de gastar millones de dólares en los miembros individuales del equipo nacional de fútbol, no puede financiar la educación? Mientras alentamos a los gobiernos y a los profesores universitarios en huelga y a los trabajadores a volver a la mesa de negociación, debemos advertir que la solución a este problema no está sólo en convocatoria de huelgas y negociándolo a distancia. Cuestionamos al Sindicato del Personal Académico de Universidades (ASUU), como un cuerpo de académicos, a utilizar esta oportunidad para proponer un plan para la educación superior en Nigeria, y ser sensible a la difícil situación de los estudiantes.

LAS ELECCIONES DE 2011


13. Observamos que el Presidente de la Comisión Electoral Nacional Independiente (INEC) está ya expresando algunas preocupaciones acerca de las elecciones de 2011. Hacemos un llamamiento a todos los partidos y a los candidatos que lo intentan garantizar que tengamos elecciones creíbles, libres y justas.

EL SECTOR BANCARIO


14. Hemos recibido con sentimientos encontrados la reciente revelación en el sector bancario de nuestro país. Mientras que la necesidad de garantizar que la cordura prevalezca en el sector no debe ser discutida, el modo de saneamiento y su posible efecto dañino en nuestra imagen nacional y la economía dan un enorme espacio para la preocupación. Le pedimos a agentes gubernamentales pertinentes garantizar que los que podrían haber actuado injustamente sean tratados con justicia.

LA RAÍZ DE DOLOR EN NUESTRA NACIÓN

15. Deseamos reafirmar la observación que hicimos sobre el dolor de la nación en nuestro comunicado en la conclusión de nuestra 2 ª  Plenaria en 1997. Dijimos  entonces: "Los males sociales de robo a mano armada, los delitos violentos, el desempleo, la corrupción oficial, el deterioro de la infraestructura... caída de los niveles de la educación y la salud, han continuado imbatidos hasta tal punto que la calidad de vida de la mayoría de los nigerianos ha degenerado a un nivel que está por debajo de la dignidad humana. "

Doce años más tarde, los índices de peligro abundan en nuestro país. Nuestro país sigue sufriendo bajo el peso de la corrupción, y nuestro pueblo vive con miedo por la inseguridad de la vida y de la propiedad. El mal de la corrupción ha hecho de nosotros un pueblo empobrecido que habita en una tierra de inmensas riquezas. El nivel de pobreza en nuestro país y el problema de la inseguridad van de la mano. Acciones de huelga, emprendidas por numerosas asociaciones y sindicatos en el país, son más bien señales de un país en peligro y con necesidad urgente de dirección.

16. Cuando grandes sumas de dinero asignadas para la provisión de infraestructura terminan en los bolsillos de unos pocos, el colapso de la infraestructura tiene un impacto negativo en las actividades económicas. Cuando la economía está en crisis, millones de jóvenes nigerianos no pueden tener trabajo remunerado. Al percibir a su país, Nigeria, como un país que defrauda sus esperanzas, muchos de esos jóvenes acaban en la nómina de personas que los arma para que sean matones políticos, secuestradores, o ladrones armados. Muchos otros son utilizados incluso por gobiernos estatales y locales en este país para extorsionar a los nigerianos de tal manera que ir desde un área del gobierno local a otra se ha convertido en una pesadilla. La Corrupción alimenta pobreza, la pobreza alimenta la inseguridad y mayor pobreza.

17. Somos conscientes de que hay millones de hombres y mujeres honestos y trabajadores en este país. También sabemos que la corrupción no es sólo en los niveles superiores de la vida pública. No sólo se encuentra entre los grandes hombres y mujeres en el gobierno, también se encuentra en los niveles inferiores de nuestra vida: desde el empleado de la estación de llenado que manipula con el de distribuye máquinas, el mensajero o secretario que esconde archivos, el corredor de bolsa que manipula los mercados, la policía hombre o mujer que extorsiona dinero de los ciudadanos, el banquero que defrauda a los accionistas y a los clientes de su banco, el juez que juega con la justicia, el abogado que vende a su cliente, el político que apaña las elecciones, el profesor que solicita favores de los estudiantes, el estudiante que hace trampa al escribir un examen, el líder religioso o predicador que manipula a las personas en el lugar de culto para sus propios fines, el agricultor o el vendedor de los productos agrícolas que esconde alimentos podridos bajo los frescos, el vendedor ambulante que huye con su cambio (cf. Homilía en la Misa de Apertura de la 2 ª Reunión Plenaria, 2009). 

18. En la raíz de nuestra miseria está la ausencia de una relación correcta entre nosotros y Dios, y la ausencia de una relación correcta entre nosotros. La ausencia de relación correcta es la ausencia de justicia, y la ausencia de justicia es el inicio de los conflictos. La ausencia de relación correcta es el pecado. Nuestros males sociales aparentemente incurables, son síntomas de una enfermedad más profunda y crónica, es decir, el pecado. El pecado nos ha introducido en una nación de enfermos y heridos 

NECESIDAD URGENTE DE UN CAMBIO DE CORAZÓN

19. Puesto que el pecado, la ausencia de una relación correcta entre Dios y los seres humanos y entre seres humanos, es la causa de nuestros problemas, la solución es la conversión, y esta conversión debe ser personal y colectiva.

20. Considerando que se necesitan buenas leyes, y las instituciones como el Comité Económico y la Comisión de Delitos Financieros (EFCC) y la Comisión Independiente de Prácticas Corruptas (CIPC) pueden ser necesarias, estas medidas por sí solas son muy insuficientes en la lucha contra el mal de la corrupción. Las leyes son hechas por seres humanos. Las instituciones son establecidas y administradas por los seres humanos. Si los seres humanos que hacen las leyes y los que dirigen las instituciones no se convierten del pecado a la justicia, sus esfuerzos serán en vano y los que son nombrados para combatir la corrupción fácilmente se convierten en agentes de la misma corrupción. Los legisladores incorruptibles no pueden surgir a través de un proceso electoral que está impulsado por la corrupción. Esa es la razón por la que putrefacción y decadencia en nuestro país requieren nada menos que un cambio de actitud por parte de todos los ciudadanos. Hay una necesidad urgente de conversión múltiple: la conversión a lo que es verdad, a lo que es bueno, a la justicia, a la reconciliación y al amor. Esto sólo puede sostenerse cuando estamos verdaderamente convertidos a Dios.

CONCLUSIÓN


21. En Nigeria adoramos a Dios por millones. Sin embargo, nuestro culto será siempre hipócrita, una trágica contradicción, si no se somete a Dios desde lo más profundo de nuestros corazones. El corazón humano debe convertirse en el templo del Espíritu de Dios, para que la persona humana pueda ser recreada en la imagen del Hijo de Dios. Cuando abrimos nuestros corazones al Espíritu Santo, nuestra adoración agradará a Dios, y nuestras acciones serán aceptables a su mirada. Entonces seremos justos a Dios y al prójimo, entonces la paz y la justicia reinarán entre nosotros en nuestra tierra.

22. En nuestro anhelo por la justicia y la reconciliación, esperamos la 2 ª Asamblea Especial para África del Sínodo de los Obispos, que tendrá lugar en Roma del 4 a 25 octubre de 2009. El tema de la Asamblea será: "La Iglesia en África al servicio de la reconciliación, de justicia y paz". También esperamos con interés  nuestra 1ª Pplenaria del año 2010 con el tema: "El sacerdocio ministerial".  

23. En este año de los 150 años de la muerte de San Juan María Vianney, un año especialmente dedicado a la renovación de la vida espiritual de cada sacerdote, también nosotros reconocemos que, como líderes de líderes religiosos de culto estamos llamados a ser ejemplos de conversión. Nuestra conversión debe expresarse en el ministerio pastoral auténtico. Nuestra posición como pastores nunca debe ser usada para manipular al pueblo confiado a nuestro cuidado.

24. Sin fuerza de lo alto no puede existir auténtica conversión. Por ello, encomendamos nuestro país a las manos de Dios. Y rezamos, por la intercesión de la Bienaventurada Virgen María, Reina de Nigeria, y de San Juan María Vianney, el agente y el ejemplo de la conversión, que a los nigerianos se les conceda la gracia de colaborar con Dios en la solidaridad de uno para otro a transformar nuestra nación.

Reverendísimo Señor Felix Job
Presidente

Reverendímo Señor Alfred Martins
Secretario

(Traducción particular no oficial desde el inglés)

 TEXTO ORIGINAL 


 

DOMINGO 27 DEL TIEMPO ORDINARIO – B
4 de Octubre de 2009

 

El Dios de la esperanza, que por la acción del Espíritu Santo nos colma con su alegría y con su paz, perma­nezca siempre con todos vosotros.

Sed bienvenidos, hermanas y hermanos, a celebrar la Eucaristía. Un domingo más, Jesús nos convoca alrededor de su mesa a todos los que formamos la gran familia de los hijos e hijas de Dios. Hoy las lecturas nos hablarán del amor entre los esposos; los matrimonios aquí presentes fácilmente podréis sentiros identificados. Pero todos somos invitados a vivir la dinámica del amor: Dios nos ama y quiere que también nosotros le amemos, hasta el punto de sentirnos unidos a él como los esposos; y quiere también que nos amemos entre nosotros, como los miembros de una misma familia.Vivamos con inten­sidad estos lazos de amor y que esta Eucaristía que nos disponemos a celebrar nos ayude).

A. penitencial: Comencemos poniéndonos ante el Señor y pidiendo perdón porque a menudo nos desviamos del estilo de vida del Evangelio.

Tú, que eres el camino que conduce al Padre. SEÑOR, TEN PIEDAD.
Tú, que eres la verdad que ilumina los pueblos. CRISTO, TEN PIEDAD.
Tú, que eres la vida que renueva el mundo. SEÑOR, TEN PIEDAD.

 1. lectura (Génesis 2,18-24): En el evangelio escucharemos cómo Jesús habla del matrimonio, de la unión entre los esposos. Sus palabras vienen preparadas por este texto del Génesis que vamos a escuchar ahora en la primera lectura, un texto en el que se nos muestra cómo Dios quiso desde el principio la unión del hombre y la mujer, formando una sola carne, una sola familia.

Salmo (127): La vida en familia, los hijos, el trabajo... son una bendición de Dios. Pidamos ahora con el canto del salmo que el Señor nos bendiga toda la vida.

2. lectura (Hebreos 2,9-11): Desde hoy y hasta el final del año litúrgico, iremos escuchando en la segunda lec­tura fragmentos de la carta a los cristianos hebreos. Es un texto dirigido a los cristianos de origen judío que expone, con argumentos muy teológicos y elaborados, el sentido de la figura deJesucristo yde la salvación que por él hemos obtenido.

Oración universal: Con la misma confianza con la que los niños se dirigen a sus padres, presentemos ahora a Dios nuestras intenciones diciendo: ESCÚCHANOS, PADRE.

Por la Iglesia, por todos los que formamos la gran familia de los hijos y las hijas de Dios. OREMOS:

Por nuestras familias y por todas las familias, especial­mente por las que se encuentran en dificultades por causa del trabajo, las enfermedades, o las desavenen­cias. OREMOS:

Por los esposos, llamados a dar siempre un buen testi­monio de cariño y de confianza mutua. OREMOS: 

Por las parejas que se preparan para el matrimonio, y por los encargados de la pastoral prematrimonial en nuestras parroquias. OREMOS:

Por todos nosotros, por nuestra parroquia, y por las actividades que llevaremos a cabo a lo largo de este año. OREMOS:

Escucha, Padre, nuestras oraciones, y concédenos lo que te hemos pedido con fe. Por ... * * *

Ofrendas: Recibe, Señor, la oblación que tú has instituido, y por estos santos misterios, que celebramos para darte gracias, santifica a los que tú mismo has redi­mido. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Padrenuestro: Sintiéndonos miembros de la gran familia de los hijos e hijas de Dios, dirijámonos ahora al Dios del cielo tal como Jesús nos enseñó:

CPL


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Mi?rcoles, 23 de septiembre de 2009

El nuevo santo
(AICA)

     Rafael Arnáiz Barón, que será canonizado junto con otros cuatro beatos en Roma el domingo 11 de octubre próximo, nació en Burgos (España), en abril de 1910 y murió con fama de santidad en abril de 1938, en el monasterio cisterciense de San Isidro de Dueñas (cercano a Palencia, en la actual Comunidad Autónoma de Castilla y León, España).

     Perteneciente a una familia de la alta burguesía española -su tío era el Duque de Maqueda- desde su niñez vivió un ambiente familiar de profunda actitud cristiana, siendo educado en los Jesuitas de Oviedo (Asturias).

     Finalizados sus estudios secundarios, a instancias de su tío el Duque de Maqueda, realizó un viaje por Castilla. Al visitar la Trapa de Palencia, quedó prendado del ambiente monacal cisterciense (“Ora et labora”), por lo que pronto abandonó la carrera de Arquitectura que había comenzado y decidió cumplir con su vocación contemplativa.

     En este tiempo (años 30 del siglo XX), enfermó de diabetes sacarina, por lo que tuvo que abandonar el monasterio, al menos en tres ocasiones, para someterse a cuidados médicos y alimentarios.

     En sus cartas y escritos, después recopilados y editados por su madre Doña Mercedes Barón, demuestra un gran misticismo y amor a Dios y a la Virgen, con alejamiento total de todo lo mundano. Muere en 1938, a la edad de 28 años, en plena guerra civil española, de un coma diabético en la Trapa palentina.

     En los años 60 se inició el proceso de beatificación que culminó en Roma en septiembre de 1992 por el milagro verificado en una joven palentina. El papa Juan Pablo II, en Santiago de Compostela, lo propuso como ejemplo para la juventud.

     Será canonizado el próximo 11 de octubre en Roma, por el milagro reconocido en una joven madrileña, Begoña Alonso, quien escribió un libro sobre su experiencia.

     El beato Hermano Rafael de la Trapa, fue biografiado y estudiado por eminentes personalidades como el padre Gonzalo María Fernández, abad de la Trapa en el momento de la beatificación, el jesuita Juan Antonio Martínez Camino, obispo auxiliar de Madrid, o monseñor Rafael Palmero, entonces obispo de Palencia.

     Conocido en la Argentina, tiene un monumento pictórico en la parroquia Santa Elisa, de Buenos Aires, y su comunidad cisterciense está representada en la Trapà de Santa María de los Ángeles, de Azul, provincia de Buenos Aires.


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El próximo 29 de octubre comenzará el año jubilar para celebrar el sesquicentenario de la muerte de San Cayetano Errico, ocurrida el 29 de octubre de 1860. (AICA)

     El padre Errico es fundador de la Congregación Misioneros de los Sagrados Corazones de Jesús y de María, que en nuestro país está presente desde el año 1912 y que cuenta con comunidades y obras misioneras en las arquidiócesis de Buenos Aires y Rosario.

San Cayetano Errico

     Nacido el 19 de octubre de 1791 en Secondigliano, antigua aldea al norte de Nápoles (Italia), Cayetano Errico vivió allí toda su vida, y allí ejerció su ministerio sacerdotal y misionero.

     Proveniente de una familia cristiana y laboriosa, a los dieciséis años fue admitido como alumno externo en el seminario arzobispal de Nápoles. Continuó viviendo en su casa, desde donde recorría diariamente varios kilómetros para ir a pie hasta el seminario. Asistía a las clases, participaba de la misa todas las mañanas, hacía su apostolado visitando a los enfermos del hospital de los “Incurables” de Nápoles y dando catecismo a los niños, y le quedaba tiempo para ayudar en la pequeña industria familiar de fabricación de pastas.

     Al ser ordenado sacerdote en 1815, fue designado colaborador del párroco en la iglesia de los Santos Cosme y Damián y maestro comunal en su pueblo. Desde ese tiempo comenzó a frecuentar la casa de los padres redentoristas en la ciudad de Pagani (Salerno), para los ejercicios espirituales anuales; y en ese lugar, en 1818, mientras rezaba en el coro delante del Santísimo Sacramento, ocurrió un hecho que le cambiaría el curso de su vida: en una visión, San Alfonso María de Ligorio le comunica de parte de Dios que lo quiere fundador de una congregación religiosa misionera y dedicada a los Corazones de Jesús y de María, dándole como “señal” la construcción de una iglesia en honor de la Virgen Dolorosa en su pueblo de Secondigliano. Desde entonces esos Corazones se transformaron en el centro de su acción apostólica y misionera, y Cayetano Errico en el apóstol de su amor misericordioso en todo el sur de Italia.

     En 1833 se terminó de construir la iglesia y desde entonces don Cayetano se abocó de lleno a la fundación de la Congregación de los Misioneros de los Sagrados Corazones. El 7 de agosto de 1846 el Papa Pío IX le otorga la aprobación definitiva. Desde entonces y hasta su muerte, Cayetano Errico trabajó para el desarrollo y la consolidación de la congregación, cuidando de modo particular la formación de los miembros, y dedicándose al mismo tiempo a la actividad misionera, a la predicación al pueblo de Dios, a los ejercicios espirituales en numerosos conventos de religiosas, a la dirección espiritual y, especialmente, a la administración del sacramento de la reconciliación.

     Al morir en la misma Secondigliano el 29 de octubre de 1860, dejó este testamento espiritual para sus seguidores: “Ámense mutuamente y sean observantísimos de las Reglas”. Sus reliquias están custodiadas en la iglesia de la Virgen Dolorosa de aquella población.

     Juan Pablo II lo declaró beato el 14 de abril de 2002 y el 12 de octubre de 2008 fue canonizado por Benedicto XVI.

     La Congregación: Pasada la primera generación después de la fundación, los Misioneros de los Sagrados Corazones buscaron una apertura al exterior con el fin de realizar en toda su extensión el proyecto del Fundador de ir como misioneros más allá de las fronteras de su propia patria, y encontraron una primera salida en la Argentina, en el año 1912. Posteriormente, a partir de 1950, se extendieron por Estados Unidos, India, República Eslovaca, Nigeria e Indonesia.+


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Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas para el vigésimo quinto domingo durante el año. (AICA)
 (20 de septiembre de 2009)


“los estradas” 

En esta reflexión dominical quiero recordar y agradecer a nuestros maestros y profesores. A todos, pero particularmente a los maestros de zonas rurales y a los que con tanto sacrificio viven la vocación maravillosa de la docencia. En mis recorridas pastorales por la Diócesis, cuando me encuentro con nuestros maestros y profesores, no dejo de asombrarme y valorar el trabajo, la entrega y la significación que tiene la presencia de la misión que realizan. El 17 de septiembre es la fecha en la que recordamos a un gran hombre de nuestra historia, José Manuel Estrada. Es el día de su fallecimiento ocurrido en 1894. “Estrada fue profesor, historiador puntilloso y católico practicante. Escritor, periodista y político, todo lo cual lo transformó en uno de los más fieles exponentes del pensamiento argentino en los inicios de la modernidad de nuestra Nación”. Muchas veces reflexionamos sobre el rol del laico y la necesidad del compromiso entre fe y vida, fe y criterios y fe y cultura. En Estrada y otros tantos hombres y mujeres de ayer y de hoy podemos encontrar testimonios que nos indican que fundamentalmente desde el compromiso de la gente podemos tener esperanza.

En este tiempo y especialmente desde el aporte del acontecimiento y documento de Aparecida tenemos una certeza más profunda sobre la necesidad de asumir nuestra condición de discípulos y misioneros de Jesucristo, cada uno desde nuestra vocación, llamado y misión. En definitiva es señalar que nuestra evangelización será consistente asumiendo el llamado a la santidad, de todos, pero especialmente de los laicos que son la gran mayoría del pueblo de Dios. No dudamos que hay muchos laicos, que son católicos practicantes de su fe. Testimonios que aún en el silencio de la cotidianidad y sin ser noticia, no dejan de ser fecundos y seguramente verdaderos constructores del Reino. Pero lamentablemente en la necesaria evangelización de la cultura de nuestra Patria y Provincia, sobre todo en la dirigencia social, política, económica, comunicacional… notamos que falta mayor presencia de laicos, católicos practicantes de su fe, desde sus opciones, criterios, acciones que humanicen y pongan valores cristianos en nuestra sociedad. Lamentablemente las luchas de poder, las excesivas estrategias y pragmatismos, oscurecen el que podamos tener horizontes de esperanza en nuestra Provincia y Patria. Necesitamos en estos días que se multipliquen “Los Estradas”, para mejorar la credibilidad de nuestras instituciones, la palabra empeñada, la calidad de vida democrática, y una sociedad con mayor equidad social.

Es probable que todos, incluidos los sacerdotes debamos poner más atención en acompañar con una espiritualidad apropiada a nuestros laicos, para que logren vivir la santidad desde su vocación y misión. Es cierto que algunos laicos cuando se inician en el proceso de conversión tienden a encerrarse en la dimensión religiosa, especialmente a profundizar actos de piedad y a ligarse con aquellos con quienes se sienten contenidos, y con quienes comparten la misma fe. Pero ocurre que a veces no ligan suficientemente esa fe y el llamado a la santidad en las cosas de la vida diaria, tanto familiares como sociales, en criterios y opciones ligados a la justicia, a la verdad, a compromisos de ciudadanía. Desde ya que la fe que no es practicada, o se va perdiendo, o bien se va tornando en algo ideológico, o en una religiosidad ritualista y pagana.

Entre las dificultades que nos presenta el medio ambiente y antivalores que forman parte de nuestra cultura está el exceso de luchas por espacios de poder, puestos, envidias o celos del que ha obtenido algunos logros que muchas veces son válidos, que dificultan vivir el trabajo, o bien la vocación como servicio al bien común.

El Señor en el texto del Evangelio de este domingo (Mc. 9,30-37), hace una catequesis a los Apóstoles que tenían problemas parecidos a los actuales: “Llegaron a Cafarnaún, y una vez en casa, les preguntaba: “¿De qué discutíais por el camino? Ellos callaron, pues por el camino habían discutido entre sí sobre quien era el mayor. Entonces se sentó, llamó a los Doce, y les dijo: “Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos”. Y tomando un niño, le puso en medio de ellos, le estrechó entre sus brazos y les dijo: “El que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, no me recibe a mí, sino a Aquel que me ha enviado” (Mc.9,33-37).

Aún sabiendo que muchas veces el medio ambiente es adverso a las propuestas del cristianismo, también sabemos que es posible ser mejores cristianos. El ejemplo de José Manuel Estrada nos puede ayudar.

¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo!

Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas


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     El texto completo del comunicado es el siguiente (AICA):

El clamor de nuestros hermanos

     Como Comisión Arquidiocesana de Pastoral Social, nos sentimos parte del clamor desgarrador de tantos hombres y mujeres cordobeses que gimen desde la marginalidad y la exclusión rotulados como pobres.

     La situación de pobreza generalizada en nuestra provincia y país, adquiere en la vida real rostros muy concretos en los que deberíamos reconocer los rasgos sufrientes de Cristo, el Señor, que nos cuestiona e interpela. Pero el dolor mayor, que desgarra nuestras vidas, son los niños que han quedado presa de discusiones sectoriales poniendo en riesgo la vida en el ámbito de la salud y la educación. No negamos que todos tenemos derechos a vivir dignamente y a conquistar un salario debidamente remunerativo, pero no podemos ser indiferentes -en la acción o en la omisión- cuando los que más necesitan mendigan el alimento de la salud, de la educación, la nutrición y el trabajo digno.

     Por esto mismo, necesitamos Instituciones democráticas que garanticen políticas públicas estables; son los más débiles los que necesitan políticas sanitarias, educativas, alimentarias. No habrá derechos humanos en una sociedad moderna, sobre todo de los pobres, sino con buenas Instituciones democráticas que los garanticen.

     Los cristianos somos portadores de buenas noticias para la humanidad y no profetas de desventuras. Por esto, creemos y animamos a recrear y generar otros caminos en los reclamos sectoriales que no afecten la vida de terceros, sobre todo cuando estos son niños. Debemos generar formas nuevas de diálogo. Solo el diálogo que busca y construye consensos puede llegar a generar políticas públicas que incluyan a todos. "En este sentido, la promoción de políticas públicas es una nueva forma de opción por nuestros hermanos más pobres y excluidos. Ratificar y potenciar la opción del amor preferencial por los pobres que brota de nuestra fe en Jesucristo, «requiere que socorramos las necesidades urgentes y al mismo tiempo que colaboremos con otros organismos e instituciones para organizar estructuras más justas. Igualmente se requieren nuevas estructuras que promuevan una auténtica convivencia humana, que impidan la prepotencia de algunos y faciliten el diálogo constructivo para los necesarios consensos sociales».

     Creemos que estamos ante un momento oportuno para promover entre todos un auténtico acuerdo sobre políticas públicas de desarrollo integral"[1]. De lo contrario, el autismo, la hegemonía y el individualismo debilitan la paz social, que terminan poniendo a los más pobres como "rehenes", que nos hunde aún más en la ignorancia.

     La falta de diálogo no conduce a nada, solo a empobrecernos cada día más y a generar nuevas víctimas. Este empobrecimiento no es sólo económico sino también llega a ser de orden ético y moral. Además, constatamos cada día que en lugar de incluirlos se van "cayendo del sistema" quedando totalmente ignorados.

     A las puertas de celebrar nuestro Bicentenario, es responsabilidad de todos ser parte de un proyecto de Nación que ponga al más pobre en el centro de nuestra vida nacional y provincial, que incluya a los que desde mucho tiempo esperan ser parte y ya quedaron fuera del sistema. Sistema que entre todos hemos generado.

     Esta responsabilidad nos interpela a todos -más allá de los intereses sectoriales- a incluir en nuestras agendas el tema de la pobreza. Sólo cuando mantengamos una mirada desde el bien común podremos comenzar a dar respuestas y superar este flagelo de la pobreza. 

     "Los cristianos como discípulos y misioneros estamos llamados a contemplar en los rostros sufrientes de nuestros hermanos, el rostro de Cristo que nos llama a servirlo en ellos: "Los rostros sufrientes de los pobres son rostros sufrientes de Cristo"[2]. Ellos interpelan el núcleo del obrar de la Iglesia, de la pastoral y de nuestras actitudes cristianas. Todo lo que tenga que ver con Cristo, tiene que ver con los pobres y todo lo relacionado con los pobres reclama a Jesucristo: "Cuanto lo hicieron con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicieron"[3] (Mt 25, 40).

Comisión Arquidiocesana de Pastoral Social

Iglesia Católica en Córdoba

www.pastoralsocialcba.org.ar

Córdoba, 22 de septiembre de 2009.+


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Martes, 22 de septiembre de 2009

Texto del micro radial de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, emitido por LT 9. (AICA)
(19 de septiembre de 2009)


mES DE LA JUVENTUD 

El mes de Septiembre, además de ser el mes de la Biblia, es el mes de la Juventud. Esta doble circunstancia, la Palabra de Dios y los Jóvenes, creo que presenta una riqueza de relaciones que es útil detenernos. Es más, diría que el corazón de los jóvenes es el lugar preferido de la Palabra de Dios, porque en ellos hay apertura y mirada hacia el futuro. San Juan, en su primera carta les dice: “Jóvenes, les he escrito porque son fuertes, y la Palabra de Dios permanece en ustedes, y ustedes han vencido al Maligno” (1 Jn. 2, 14). Este texto nos puede ayudar a reflexionar sobre los jóvenes desde la Palabra de Dios. El contexto es el de una victoria, que tiene como fuente a la Palabra y como protagonista al joven.

¿Qué nos dice san Juan en esta frase? En primer lugar valora la virtud de la fortaleza en los jóvenes como algo les es propio. El fuerte no es el violento, sino el que tiene dominio sobre sí y es capaz, por lo mismo, de grandes acciones tanto en su vida como al servicio de sus hermanos. La fortaleza no se agota en el presente, no hace alarde de fuerza sino que es testimonio de integridad y madurez. La fortaleza posibilita que los grandes valores se mantengan como ideales a lo largo de nuestra vida. Cuántos valores se van diluyendo por falta de capacidad para recibirlos, pero también por falta de fortaleza para sostenerlos en el tiempo. San Juan afirma que la Palabra de Dios que han recibido y han conservado en sus corazones los hizo fuertes.

Parecería que hay una sintonía especial entre la Palabra y los jóvenes; San Juan dice que la Palabra permanece en ellos. Cuál es el motivo de esta sintonía con los jóvenes? Visto desde la Palabra de Dios, les diría porque ella busca dar sentido y elevar la vida del hombre; ella se presenta como un ideal que nos orienta hacia la búsqueda de la verdad, del bien y de la belleza. Visto desde los jóvenes porque en ellos, existe una apertura hacia lo noble y lo grande, son tierra fértil donde la semilla de la Palabra puede echar raíces. Así, cuando se encuentran, se produce el milagro de lo nuevo, de aquello que en un sentido estaba presente como deseo en el corazón del joven. Se da algo semejante a la experiencia de san Agustín cuando decía: “yo te buscaba, Señor, fuera de mí y Tú estabas cerca de mí, dentro mío”, para concluir con la alegría de ese encuentro tan deseado al exclamar: “tarde te amé, Señor” (cfr. Confesiones). Que imagen tan rica para pensar que hoy es posible el encuentro de los jóvenes con Jesucristo a través de su Palabra.

En este contexto es que debemos hablar de una victoria sobre el mal, “ustedes han vencido al Maligno” les dirá san Juan, porque la fortaleza es fruto de la presencia de Dios. No se trata de una victoria con las armas de este mundo en el que se privilegia la violencia e incluso la muerte, sino del triunfo que nace de la verdad sobre la mentira, del amor sobre el odio, de la vida sobre la muerte. Estas son, por otra parte, las notas del Reino de Dios, del cual Jesucristo nos habla y se nos presenta como el camino y la puerta para ingresar en él. El encuentro con él es, por ello, principio de lo nuevo. La juventud está llamada a ser profecía de un mundo nuevo. En esto creo que se encuentra aquella sintonía de la Palabra de Dios con los jóvenes.

Queridos jóvenes, reciban de su Obispo que los valora y ama, y que quiere acompañarlos en este camino al que nos invita Jesucristo, mis mejores deseos de felicidad junto a mis oraciones y bendición de Padre y amigo.

Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz


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ZENIT nos ofrece el texto del discurso de Benedicto XVI a los patriarcas y arzobispos mayores de las Iglesias orientales católicas, durante la reunión que mantuvieron el sábado 19 de septiembre de 2009 en la Sala de la Roca del Palacio Apostólico de Castel Gandolfo.




Señores cardenales,
beatitudes,
venerados patriarcas y arzobispos mayores:

Os saludo a todos cordialmente y os agradezco por haber acogido la invitación a participar en este encuentro: a cada uno de vosotros os doy mi abrazo fraterno de paz. Saludo al cardenal Tarcisio Bertone, mi Secretario de Estado, y al cardenal Leonardo Sandri, prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales, junto al Secretario y a los demás colaboradores del dicasterio.

Damos gracias a Dios por esta reunión de carácter informal, que nos permite escuchar la voz de las Iglesias a las que vosotros servís con admirable abnegación, y de reforzar los vínculos de comunión que les unen a la Sede Apostólica. El encuentro de hoy me trae a la mente el del 24 de abril de 2005 ante la tumba de san Pedro. Entonces, al inicio de mi pontificado, quise emprender una peregrinación ideal al corazón del Oriente cristiano: peregrinación que hoy conoce otra etapa significativa y que es mi intención proseguir. En diversas circunstancias habéis solicitado un contacto más frecuente con el Obispo de Roma para hacer cada vez más firme la comunión de vuestras Iglesias con el Sucesor de Pedro y para examinar juntos, en cada ocasión, eventuales temáticas de particular importancia. Propuesta esta renovada también en la última Plenaria del Dicasterio para las Iglesias Orientales y en las Asambleas Generales del Sínodo de los Obispos.

En cuanto a mí, advierto como deber primordial promover esa sinodalidad tan querida a la eclesiología oriental, y saludada con aprecio por el Concilio Ecuménico Vaticano II. La estima que la Audiencia conciliar reservó a vuestras Iglesias en el Decreto "Orientalium Ecclesiarum", y que mi venerado predecesor Juan Pablo II reafirmó sobre todo en la Exhortación apostólica "Orientale Lumen", la comparto plenamente, junto al augurio de que las Iglesias Orientales católicas "florezcan" para cumplir "con renovado vigor apostólico la misión a ellas confiada... de promover la unidad de todos los cristianos, especialmente orientales, según el decreto sobre el ecumenismo..." ("Orientalium Ecclesiarum", 1). El horizonte ecuménico está a menudo conectado con el interreligioso. En estos dos ámbitos toda la Iglesia tiene necesidad de la experiencia de convivencia que vuestras Iglesias han madurado desde el primer milenio cristiano.

Venerados hermanos, en este encuentro fraterno, desde vuestras intervenciones surgirán ciertamente esas problemáticas que os acosan, y que podrán encontrar orientaciones adecuadas en las sedes competentes. Quisiera aseguraros que estáis constantemente en mi pensamiento y en mi oración. No olvido, en particular, el llamamiento a la paz que pusisteis en mis manos al final de la Asamblea del Sínodo de los Obispos del pasado octubre. Y, hablando de paz, el pensamiento va, en primer lugar, a las regiones de Oriente Medio. Aprovechó por tanto la ocasión para anunciar la celebración de la Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para Oriente Medio, convocada por mí, y que se celebrará del 10 al 24 de octubre de 2010, sobre el tema: /La Iglesia católica en Oriente Medio: comunión y testimonio. "La multitud de los creyentes no tenía sino un solo corazón y una sola alma" (Hechos 4, 32).

Mientras auguro que la reunión de hoy aporte los frutos esperados, invocando la maternal intercesión de María Santísima, os bendigo de corazón a vosotros y a todas las Iglesias Orientales católicas.

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


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ZENIT publica el discurso pronunciado el lunes, 21 de Septiembre de 2009, por Benedicto XVI al recibir en audiencia en Castel Gandolfo a los prelados ordenados en los últimos doce meses, que han participado en el encuentro promovido por las Congregaciones para los Obispos y para las Iglesias Orientales.

¡Queridos hermanos en el Episcopado!

Gracias de corazón por vuestra visita, con ocasión del congreso promovido para los obispos que han emprendido hace poco su ministerio pastoral. Estas jornadas de reflexión, de oración y de puesta al día, son verdaderamente propicias para ayudaros, queridos Hermanos, a familiarizaros mejor con las tareas que estáis llamados a asumir como Pastores de comunidades diocesanas; son también jornadas de convivencia amistosa que constituyen una experiencia singular de esa collegialitas affectiva que une a todos los obispos en un único cuerpo apostólico, junto con el Sucesor de Pedro, "perpetuo y visible fundamento de la unidad" (Lumen gentium, 23). Agradezco al cardenal Giovanni Battista Re, prefecto de la Congregación para los Obispos, por las corteses palabras que me ha dirigido en vuestro nombre; saludo al cardenal Leonardo Sandri, prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales, y expreso mi reconocimiento a cuantos de varias formas colaboran en la organización de este encuentro anual.

Este año, vuestro congreso se inserta en el contexto del Año Sacerdotal, proclamado por el 150° aniversario de la muerte de san Juan María Vianney. Como he escrito en la Carta enviada para la ocasión a todos los sacerdotes, este año especial "quiere contribuir a promover el compromiso de renovación interior de todos los sacerdotes para un testimonio evangélico más fuerte e incisivo en el mundo de hoy". La imitación de Jesús Buen Pastor es, para todo sacerdote, el camino obligatorio de la propia santificación y la condición esencial para ejercer responsablemente el ministerio pastoral. Si esto vale para los presbíteros, vale aún más para nosotros, queridos Hermanos Obispos. Es más, es importante no olvidar que una de las tareas esenciales del obispo es precisamente el de ayudar, con el ejemplo y con el apoyo fraterno, a los sacerdotes a seguir fielmente su vocación, y a trabajar con entusiasmo y amor en la viña del Señor.

A propósito de esto, en la Exhortación postsinodal Pastores gregis, mi venerado predecesor Juan Pablo II observó que el gesto del sacerdote, cuando pone sus propias manos en las manos del obispo en el día de su ordenación presbiteral, compromete a ambos: el sacerdote y el obispo. El nuevo presbítero elige confiarse al obispo y, por su parte, el obispo se compromete a custodiar estas manos n.47). Bien mirado, esta es una tarea solemne que se configura para el obispo como responsabilidad paterna en la custodia y promoción de la identidad sacerdotal de los presbíteros confiados a sus cuidados pastorales, una identidad que vemos hoy por desgracia sometida a dura prueba por la creciente secularización. El obispo por tanto - prosigue la Pastores gregis - "buscará siempre actuar con sus sacerdotes como padre y hermano que les ama, les acoge, les corrige, les conforta, busca su colaboración y, en la medida de lo posible, se preocupa por su bienestar humano, espiritual, ministerial y económico" (Ibidem, 47).

De modo especial, el obispo está llamado a alimentar en los sacerdotes la vida espiritual, para favorecer en ellos la armonía entre la oración y el apostolado, mirando al ejemplo de Jesús y de los apóstoles, a quienes Él llamó ante todo para que "estuvieran con él" (Mc 3,14). Una condición indispensable para que produzca frutos de bien es, de hecho, que el sacerdote permanezca unido al Señor; aquí está el secreto de la fecundidad de su ministerio: sólo si se incorpora a Cristo, verdadera Vid, produce fruto. La misión de un presbítero y, con mayor razón, la de un obispo, comporta hoy una cantidad de trabajo que tiende a absorberlo continua y totalmente. Las dificultades aumentan y las incumbencias se multiplican, también porque estamos ante realidades nuevas y crecientes exigencias pastorales. Con todo, la atención a los problemas de cada día y las iniciativas dirigidas a conducir a los hombres por el camino de Dios, no deben nunca distraernos de la unión íntima y personal con Cristo. Estar a disposición de la gente no debe disminuir u ofuscar nuestra disponibilidad hacia el Señor. El tiempo que el sacerdote y el obispo consagran a Dios en la oración es siempre el mejor empleado, porque la oración es el alma de la actividad pastoral, la "linfa" que le infunde fuerza, es el apoyo en los momentos de incertidumbre y la fuente inextinguible de fervor misionero y de amor fraterno hacia todos.

En el centro de la vida sacerdotal está la Eucaristía. En la Exhortación Apostólica Sacramentum caritatis he subrayado cómo "la Santa Misa es formativa en el sentido más profundo del término, en cuanto que promueve la conformación a Cristo y refuerza al sacerdote en su vocación" (n. 80). Que la celebración eucarística ilumine por tanto vuestra jornada y la de vuestros sacerdotes, imprimiendo su gracia y su influjo espiritual en los momentos tristes o alegres, agitados o en reposo, de acción y de contemplación. Un modo privilegiado de prolongar en la jornada la misteriosa acción santificadora de la Eucaristía es recitar devotamente la Liturgia de las Horas, como también la adoración eucarística, la lectio divina y la oración contemplativa del Rosario. El santo Cura de Ars nos enseña cuán preciosos son la empatía del sacerdote con el Sacrificio eucarístico y la educación de los fieles en la presencia eucarística y en la comunión. Con la Palabra y los Sacramentos - recordé en la Carta a los sacerdotes - san Juan María Vianney edificó a su pueblo. El Vicario General de la diócesis de Belley, en el momento del nombramiento como párroco de Ars, le había dicho: "¡No hay mucho amor de Dios en esa parroquia, pero vos se lo pondréis!". Y aquella parroquia se transformó.

Queridos nuevos obispos, gracias por el servicio que hacéis a la Iglesia con dedicación y amor. Os saludo con afecto y os aseguro mi constante apoyo unido a la oración para que "vayáis y déis fruto, y que vuestro fruto permanezca" (Jn 15,16). Por ello invoco la intercesión de María Regina Apostolorum, e imparto de corazón sobre vosotros, sobre vuestros sacerdotes y sobre vuestras comunidades diocesanas una especial Bendición Apostólica.

[Traducción del italiano por Inma Álvarez
© Copyright 2009 - Libreria Editrice Vaticana]


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Lunes, 21 de septiembre de 2009

Artículo publicado en Boletín Bimestral  “Misioneros Javerianos”, número 453 / JULIO-AGOSTO 2009. 

COMUNIDAD MANANTIAL DE ESPERANZA

 

P. Carlos Collantes

 A finales de febrero, la Iglesia católica de Italia decidió, en estos tiempos de crisis, entrar en el mercado del crédito a pequeña escala colocando en él pequeños préstamos. Si los bancos son reacios a soltar un euro, ahí está y se hace presente la Iglesia para ayudar y soste­ner a tanta gente sencilla. Pequeños prestamos, esperanza para miles de ciudadanos. Signos evangélicos actualizados del Reino de Dios, si­guiendo a Jesús. 

Entre nosotros, ya a finales del año pasado, la Conferencia Episcopal Es­pañola había distribuido entre las Ca­ritas Diocesanas el 1% del Fondo Co­mún Interdiocesano. Muchas cáritas parroquiales se están viendo desbor­dadas, en su labor cercana y eficaz. La respuesta por parte de las comu­nidades cristianas está siendo generosa. Frutos abundantes de solidaridad personal y comunitaria. La comunión de bienes, en sus diversas formas, ha sido siempre una señal de identidad de la comunidad cristiana. En tiem­pos de crisis existe un compromiso admirable de numerosos cristianos hacia los más desfavorecidos. Gestos de indudable valor evangélico con una preciosa fuerza evangelizadora. 

Pasión compartida 

En Jesús descubrimos una doble so­lidaridad de Dios con nosotros. En un primer momento descubrimos una so­lidaridad dolorosa y crucificada. Hemos hecho a Dios solidario de nuestro mal, porque él –por su cercanía y ternura– se ha dejado «enredar» en nuestra situación huma­na. El enredo –el amor, porque de eso se trata– le ha llevado a la cruz, y al extender las manos, al abrazarnos en su amor herido nos ha desenreda-do de tanta trampa y des-varío, de tanta ofuscación o dureza de corazón. Una solidaridad arriesgada y conflictiva que le llevó a la cruz, y que huele a pasión compartida. Muchos cristianos han «saboreado» en sus vidas lo que esta solidaridad implica. 

Pero la solidaridad de Dios no termina ahí. Su solidaridad se convierte, con posterioridad y para siempre, en solidaridad vivificadora y espe­ranzada. Nosotros le hemos hecho solidario en nuestra muerte y deses­peranza y él nos ha hecho solidarios en su vida y esperanza. Dios reaccio­na resucitando a Jesús, reacción justa y solidaria, al estilo de Dios. La so­lidaridad se convierte en fidelidad. Tal vez esa necesidad, universalmen­te sentida, de justicia para las vícti­mas haga «necesaria» la Resurrec­ción de Jesús. Pascua discreta, sose­gada y luminosa. 

La esperanza, siendo comunitaria, está relacionada con la fraternidad, el compartir, la sobriedad. Podemos vi­vir mejor teniendo menos y compar­tiendo más. La alegría aumentará porque será de muchos más, por eso nuestra esperanza no es sólo de Je­sús sino también de los pobres, de la gente sencilla. Podemos vivir mejor sin dejarnos atrapar en la espiral del querer tener cada vez más. Son nu­merosas las voces dentro y fuera de la Iglesia que nos hablan de la nece­sidad de buscar otro modelo de cre­cimiento y de sociedad, de vivir otros valores, porque en su raíz la crisis es de valores. Por ello la crisis se presenta como una oportunidad «his­tórica» dentro del inmenso dolor de tantos hermanos, dolor que dura. El exceso de dolor no significa ausencia de Dios –Dios nunca estuvo ausente en la cruz de Jesús– sino más bien y con harta frecuencia exceso de injus­ticia creada por la «dolorosa» libertad del hombre. 

Religados 

Pertenecemos a una misma huma­nidad, y muchos compartimos una misma fe y una misma esperanza. Somos responsables los unos de los otros. Todo esto genera vínculos, «ataduras» de amor que pueden hacernos más li­bres. La libertad auténtica es ex-presión de un amor adulto y maduro; de lo contra­rio se convierte en un pretexto para el egoísmo, para un individualismo miope, para la in-diferencia. La li­bertad solidaria nos religa y vincu­la los unos a los otros; es amor gratuito, desinteresa-do, generoso, exigente y a veces do­loroso, al estilo de Jesús, y que nos hace compartir el destino de nues­tros hermanos. Vivimos misteriosamente vinculados unos a otros, podemos, por ello, dejarnos «afectar», im­plicar y complicar la vida por la situa­ción del hermano necesitado. La re­ligión es sentirnos religados al Ser Supremo que llamamos Dios. Jesús al unir el amor a Dios y al hermano nos hace descubrir que la fe cristia­na es religación también con el hermano. 

Frente a tanto individualismo como nos rodea, frente a la tentación de la indiferencia o del repliegue en el «sálvese el que pueda» favorecido por la dureza de tantas situaciones, las comunidades cristianas podemos cultivar y favorecer la «cultura del vínculo», podemos dar nuestra pací­fica «batalla» social y cultural a nivel de valores. Voces lúcidas nos invitan a un rearme ético frente a valores suicidas, como la idolatría del dinero, de un dinero fácil e injusto, espe­culativo, empobrecedor. Recuperar la ética para alimentar la esperanza. Y rearme ético significa conversión colectiva. Es necesaria otra economía, inspirada por otros valores dis-tintos de los actuales que nos han lle­vado a la crisis global que padecemos. Una economía solidaria, social, de comunión. 

Una verdad bíblica: la tierra es de todos, y una práctica eclesial-evangélica: la comunión de bienes, se han conver­tido en un principio clave de la doctri­na social de la Iglesia: el destino univer­sal de los bienes de la tierra, principio que puede y deber inspirar prácticas políticas de redistribución de bienes a los más desfavorecidos. Economistas serios nos dicen que detrás de la crisis hay, entre otros factores, una injusta distribución de la renta, tanto en térmi­nos nacionales como internacionales. El abismo entre ricos y pobres no ha hecho más que crecer desmesurada e injustamente. No basta con exigir el control público de los «mercados», sino exigir justicia, equidad e igualdad, rebelarse contra «la sociedad de la desi­gualdad». Verdades y valores evangélicos que pueden inspirar -lo es­tán haciendo- compor­tamientos y prácticas personales de solidari­dad. Numerosos cristia­nos -obispos y sacerdo­tes entre ellos- han de­cidido dar el diezmo de su salario, una forma preciosa de compartir hoy. La crisis es una oportunidad para una mayor sobriedad perso­nal y comunitaria. 

Comunidad atractiva 

«Tenemos que pagar por los pe­cados del pasado», decía Klaus Sch­wab el organizador del Foro Económi­co Mundial de Davos (Suiza), donde se reúnen los muy ricos y poderosos del mundo. Lo que no dijo el «caradu­ra» -ciego interesado- es que los pe­cados los han cometido los ricos y los están pagando los pobres. iCómo pue­de falsear la realidad una determina-da ideología y una posición social! 

«El grupo de los creyentes pen­saban y sentían lo mismo... Nadie consideraba sacs bienes como pro­pios...» (Hechos 4, 32-37). Un texto que refleja bien todo el atractivo y la nostalgia que la fraternidad despier­ta. Siempre ha sido la fraternidad una fuente inagotable de inspiración en la larga historia eclesial, y la fuerza de su testimonio es tal que siguiendo ese camino podemos rejuvenecer y hacer más atractiva nuestra Iglesia y caminar hacia un renacimiento evan­gélico y eclesial. Una comunidad so­lidaria, acogedora, generosa no puede languidecer porque siembra esperanza. La fraternidad evangélica es una propuesta siempre actual que po­demos ofrecer a nuestro mundo, so­bre todo allí donde sopla con más fuerza el viento árido y estéril del in­dividualismo y del hedonismo más in-solidario, allí donde el mundo se vuel­ve más duro y competitivo. La frater­nidad expresada en el compartir y en la comunión de bienes convierte a la comunidad en un lugar de esperanza. 

«Aquí estamos», -afirmación sere­na y sencilla, hecha realidad y que brota de la vida de muchas comunida­des cristianas- aquí estamos sembran­do esperanza, al estilo de Jesús, sin hacer demasiado ruido, cercanos y presentes al lado de los más golpea-dos, una presencia amable, acogedo­ra, humana. ¡Una hermosa presencia de Iglesia en medio de nuestra socie­dad! Presencia apreciada, aunque a veces interesadamente silenciada. Gentes sencillas que dan sin cálculo y se convierten en transparencia de Je­sús que «derrocha» con total genero­sidad y radicalidad su vida, en un ges­to de suprema y fecunda libertad. 


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Día 20 de Septiembre
XXV Domingo del Tiempo Ordinario
  

El valor de ser últimos  

Hoy podemos contemplar, con ocasión del pasaje de san Marcos que nos presenta la Iglesia en este domingo, a los Apóstoles del Señor, que son hombres corrientes del mundo, con defectos como los demás, como nosotros. Nos fijamos en aquellos que acabaron siendo las columnas de la Iglesia y, con su fe y la entrega de su vida por el Evangelio, hicieron posible el cristianismo. Y los vemos, sin embargo, bastante ajenos a los afanes de su Señor, tan pendientes de lo suyo que parece preocuparles poco la salvación del mundo.

        Aquel día Jesús les habló de su Pasión, tal como sucedería algún tiempo después. Por cómo lo cuenta el evangelista parece que Jesús se expresó con toda claridad: que sería entregado, que lo matarían y que resucitaría a los tres días. Así les describe lo que padecerá por todos los hombres y, sin embargo, ellos no son capaces de comprender el sentido de lo que escuchan al Maestro. A pesar de las explicaciones de Jesús, se quedaron con la necesidad de saber más, pero temían preguntarle, dice en el Evangelista.

        ¿Por qué tienen miedo los Apóstoles a Jesús? No deberían temer nada, pues, sin duda, sus discípulos serían los primeros favorecidos por la infinita caridad del Señor. Sin embargo, están temerosos porque reconocen que, acompañando al Maestro, habían mantenido una actitud no precisamente ejemplar, ni tan siquiera razonable. Mientras Él se encendía en afanes de entrega por todos los hombres, ellos, pensando en cómo destacar, discutían sobre cuál sería el mayor. Más que con miedo, se sienten avergonzados y callan, les cuesta reconocer lo miserables que eran sus ilusiones frente a los nobles anhelos del corazón de Cristo.

        También nosotros, como discípulos de Jesús y reconociendo nuestros defectos, aunque queramos también como los Doce serle fieles hasta la muerte, escuchamos con atención su enseñanza. Pero no nos extrañe si debemos admitir, una vez más y con vergüenza, nuestra miseria. No debería asombrarnos reconocer que este corazón nuestro es todavía pequeño y tantas veces egoísta. No querríamos que fuera así, para tener en nosotros los mismos sentimientos de Cristo Jesús, como diría el Apóstol. Por eso, en una íntima y sincera confidencia, le pedimos perdón y que apriete ese corazón nuestro y purifique con sus santas manos, hasta que nada quede en él de personal interés.

        No pocas veces, en efecto, los intereses humanos, también los que la gente admira, van buscando sobresalir, ser conocido como el primero, aunque sea objetivamente por una ventaja insignificante que muy poco o nada aporta al bien de la colectividad. Despertar la admiración parece ya meritorio, con independencia del motivo admirable, no pocas veces muy inconsistente. Es un hecho, sin embargo, que el que pretenda lograr todo el posible bien para muchos debe olvidarse de sus propias ganancias. El que aporta más es el que sirve mejor, un servidor al cien por cien, que no busca recibir ni siquiera el reconocimiento por su servicio, aunque sea de justicia. Le basta lo necesario para poder seguir sirviendo. para tener guardados

        Al contemplar a Cristo al final de su vida en favor de la humanidad, advertimos que nos enriqueció como no podíamos soñar: con la vida eterna, mientras que Él no logró para sí nada de la humanidad. Incluso rechazó los honores cuando quisieron proclamarlo rey a lo humano, para que no se malinterpretara la razón de su venida. Sin embargo, tenemos bien claro que la vida de Cristo fue un rotundo éxito y pudo proclamar, como la verdad más clamorosa en el instante mismo de su muerte: todo está cumplido. Expresando el perfecto acabamiento de su misión entre los hombres, en favor de los hombres.

        En esos momentos finales de Jesús de Nazaret, que Él mismo prevé ante sus discípulos, como hoy consideramos, no recibe, sin embargo, el aplauso de los hombres aunque nadie había hecho ni haría jamás tanto por ellos. Jesús es despreciado por quienes ama, justo cuando manifiesta su máximo amor. Nada es más irrazonable e inhumano, y por ello exclamará: Padre, perdónales porque no saben lo que hacen. De este modo nos enseña que el verdadero amor no espera ni busca nada para sí. Así lo había declarado con tiempo a los suyos: Si alguno quiere ser el primero, que se haga el último de todos y servidor de todos. Pues quien es grande de verdad, el primero aunque no sea popularmente reconocido como tal, es aquel que se desvive sirviendo cuanto puede a todos, nada espera de modo que es considerado el último y, no pocas veces, es incluso despreciado..

        Aprendamos asimismo de nuestra Madre, la esclava del Señor.

NOVEDADES FLUVIUM


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Más de trescientos mil jóvenes provenientes de las diez diócesis que integran la región pastoral del Nordeste argentino (NEA), participaron este fin de semana de la XXX Peregrinación Juvenil del NEA a Itatí que este año estuvo animada por el lema: “Con la esperanza de María celebramos nuestra historia”. (AICA)


Manifiesto de los jóvenes a los pies de María  

     Tierna Madre de Itatí; aquí estamos nosotros tus jóvenes del NEA, reunidos una vez más como hace ya 30 años, para seguir haciendo historia.

     En este tiempo transcurrido queremos mirar hacia atrás para agradecerte lo que tenemos y corregir errores. Pero también mirar hacia adelante para seguir creciendo en valores morales y cristianos.

     Al orientar nuestra mirada en el pasado experimentamos con gozo que nos sigues convocando, a pesar de los obstáculos, realidades y culturas diferentes de cada Diócesis; nos unes como hermanos e hijos de una misma Madre, año tras año, y por eso te queremos dar las gracias. Y nos comprometemos a seguir recuperando el verdadero sentido y la profundidad de peregrinar hacia tu casa, donde aguardas nuestra llegada con un corazón de Madre y comprender que llegar hasta aquí no es merito propio, sino que es fruto de la fe que mueve nuestras piernas temblorosas.

     Desde el punto de vista social somos conscientes de la realidad que estamos atravesando:

     - Un progresivo distanciamiento de las clases sociales

     - El dolor que nos produce la falta de oportunidades, que nos deja fuera del sistema, como excluidos sociales.

     - Actitudes inmersas en egoísmos e intereses personales

     - Falta de preparación para discernir e incidir en cuestiones políticas, cayendo muchas veces en vender nuestros derechos.

     - Falta de compromiso de jóvenes frente a las distintas realidades sociales.

     No nos da miedo reconocer nuestros errores, nuestras flaquezas, nuestras debilidades y todas las cosas en la que estamos expuestos hoy.

     Queremos comprometernos más con nuestra sociedad comenzando por las cosas más simples y cotidianas como el cuidado del medio ambiente al peregrinar, y encaminarnos hacia las más complejas para que los jóvenes del NEA podamos aportar nuestras riquezas a los que nos rodean.

     Por último, caminando hacia el Bicentenario de nuestra Patria y mirando nuestra historia te agradecemos que hayas enseñado a tantos predecesores nuestros a ser misioneros, a trasmitirnos esa devoción y entusiasmo de caminar hacia tu casa ya que sin ellos nuestra realidad sería otra… quizás muy distinta. Nos comprometemos a seguir manifestando nuestra fe a aquellas personas que aún no la han descubierto. Para ello no es necesario realizar grandes distancias, solo basta con ver y reconocer al que está al lado: el primo, el vecino, el amigo, el compañero de estudio, el que comparte el colectivo… el que está cerca nuestro. Queremos unirnos también a la celebración del centenario de la Iglesia particular de Corrientes y rescatar la historia para renovar nuestra evangelización.

     Te pedimos Madre querida que nos des la Gracia, para que esto que anunciamos hoy y que sale de nuestros corazones lo podamos realizar y no quede en simples palabras vacías, dichas en una ocasión especial, sino que sea una actitud coherente, procurando vivir día a día, lo que proclamamos.

     Y que podamos celebrar con esperanza nuestra historia.+


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ZENIT publica la intervención que pronunció Benedicto XVI el domingo, 20 de Septiembre de 2009, al rezar el Ángelus junto a los peregrinos congregados en el patio del palacio apostólico de Castel Gandolfo.


Queridos hermanos y hermanas:

Hoy, con motivo de la acostumbrada reflexión dominical, me baso en el pasaje de la Carta de Santiago, que presenta la liturgia del día (3,16-4,3), para detenerme, en particular, en una expresión que impresiona por su belleza y su actualidad. Se trata de la descripción de la verdadera sabiduría, que el apóstol contrapone a la falsa sabiduría. Mientras ésta última es "terrena, natural, demoníaca", y se reconoce por el hecho de que provoca celos, rencillas, desorden, y toda clase de maldad (Cf. 3,16). En cambio, "la sabiduría que viene de lo alto es, en primer lugar, pura, además pacífica, complaciente, dócil, llena de compasión y buenos frutos, imparcial, sin hipocresía" (3,17). Una lista de las siete cualidades, según el uso de la Biblia, en la que destacan la perfección de la auténtica sabiduría y los efectos positivos que produce. Como primera y principal cualidad, presentada casi como una premisa de las demás, Santiago cita la "pureza", es decir, la santidad, el reflejo trasparente, por así decir, de Dios en el espíritu humano. Y, como Dios de quien procede, la sabiduría no tiene necesidad de imponerse por la fuerza, pues tiene el vigor invencible de la verdad y del amor, que se afirma por sí mismo. Por este motivo, es pacífica, dócil, complaciente; no es parcial y no recurre a la mentira; es indulgente y generosa, se reconoce por los buenos frutos que suscita en abundancia.

¿Por qué no detenerse de vez en cuando a contemplar la belleza de esta sabiduría? ¿Por qué no sacar del manantial incontaminado del amor de Dios la sabiduría del corazón, que nos desintoxica de las escorias de la mentira y el egoísmo? Esto se aplica a todos, pero, en primer lugar, a quien está llamado a ser promotor y "tejedor" de paz en las comunidades religiosas y civiles, en las relaciones sociales y políticas y en las relaciones internacionales.

En nuestros días, quizá en parte a causa de ciertas dinámicas propias de las sociedades de masa, se constata con frecuencia una falta de respeto por la verdad y la palabra dada, junto a una difundida tendencia a la agresividad, al odio y a la venganza. Escribe Santiago: "Frutos de justicia se siembran en la paz para los que procuran la paz" (Santiago 3,18). Pero para hacer obras de paz hay que ser hombres de paz, poniéndose a la escucha de la "sabiduría que desciende de lo alto" para asimilar sus cualidades y producir sus efectos. Si cada quien, en su propio ambiente, lograse rechazar la mentira y la violencia en las intenciones, en las palabras y en las acciones, cultivando con cuidado sentimientos de respeto, de comprensión y de estima por los demás, quizá no resolvería todos los problemas de la vida cotidiana, pero podría afrontarlos con más serenidad y eficacia.

Queridos amigos: una vez más la Sagrada Escritura nos ha llevado a reflexionar sobre aspectos morales de la existencia humana, pero a partir de una realidad que precede a la moral misma, es decir, la verdadera sabiduría. Pidamos a Dios, con confianza, la sabiduría del corazón por intercesión de quien acogió en su seno y engendró a la Sabiduría encarnada, Jesucristo, nuestro Señor. ¡María, trono de Sabiduría, ruega por nosotros!

[Al final del Ángelus, el Papa volvió a tomar la palabra y a ofrecer su saludo en varios idiomas. En italiano, comenzó diciendo:]

A causa de las numerosas situaciones de conflicto que se dan en el mundo, nos llegan, casi diariamente, noticias trágicas de víctimas, tanto militares como civiles. Son hechos a los que no podemos acostumbrarnos nunca y que suscitan rechazo y desconcierto en las sociedades preocupadas por el bien de la paz y de la convivencia civil. En estos días, la noticia del gravísimo atentado en Afganistán contra militares italianos me ha provocado un dolor profundo. Me uno con la oración al sufrimiento de los familiares y de las comunidades civiles y militares, y al mismo tiempo, pienso con sentimientos similares en los demás contingentes internacionales que también han sufrido recientemente víctimas y que trabajan por promover la paz y el desarrollo de las instituciones, tan necesario para la convivencia humana. A todos, aseguro mi recuerdo ante el Señor, pensando en particular en las poblaciones civiles, e invito a elevar a Dios nuestra oración por todos. Deseo renovar también mi aliento a la promoción de la solidaridad entre las naciones para oponerse a la lógica de la violencia y de la muerte, favorecer la justicia, la reconciliación, la paz y apoyar el desarrollo de los pueblos, a partir del amor y de la compresión mutua, como he escrito recientemente en mi encíclica Caritas in veritate (n. 72).

Desde el próximo sábado, 26 de septiembre y hasta el lunes, 28, si Dios quiere, realizaré un viaje apostólico a la República Checa. Visitaré, Praga, así como Brno, en Moravia, y Stará Boleslav, lugar del martirio de san Wenceslao, patrono principal de la nación. La República Checa se encuentra geográfica e históricamente en el corazón de Europa, y tras los dramas del siglo pasado, tiene necesidad, al igual que todo el continente, de volver a encontrar las razones de la fe y de la esperanza. Siguiendo las huellas de mi querido predecesor, Juan Pablo II, que visitó ese país en tres ocasiones, también yo rendiré homenaje a los heroicos testigos del Evangelio, antiguos y recientes, y alentaré a todos a avanzar en la caridad y la verdad. Doy las gracias ya desde ahora a cuantos me acompañarán con la oración en este viaje para que el Señor lo bendiga y lo haga fecundo.

[En español, dijo:]

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española que se han unido a esta entrañable oración mariana del Ángelus y, en particular, al grupo de oficiales de la Academia Superior de la Policía Nacional de Colombia. Invito a todos a vivir siempre como servidores de la verdad y de los demás, como hizo y nos enseñó Jesús. Feliz domingo!

[Traducción del original italiano realizada por Jesús Colina
© Libreria Editrice Vaticana]


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DOMINGO 26  DEL TIEMPO ORDINARIO – B
27 de Septiembre de 2009

 La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y de Jesucristo, el Señor, estén con todos vosotros.

Sed bienvenidos, hermanas y hermanos. Jesús nos convoca una semana más, y esta nuestra celebración debe servir para alimentar nuestra fe, para iluminar y fortalecer nuestra vida para que se corresponda real­mente con el Evangelio, para que vivamos de verdad y con coherencia la fe que profesamos.
Que la Palabra que escucharemos, el pan y el vino que recibiremos, todo lo que en este rato rezaremos y compartiremos, nos ayude. Dispongámonos a cele­brar con intensidad la Eucaristía de este domingo.

A. penitencial: Comencemos nuestra celebración ponién­donos en silencio ante Dios y pidiendo perdón por tantas veces en que no actuamos con la coherencia que nos pediría nuestra fe.

Tú, que conoces nuestra debilidad. SEÑOR,TEN PIEDAD.
Tú, que te compadeces de los que se arrepienten. CRISTO, TEN PIEDAD.
Tú, que no quieres la muerte del pecador. SEÑOR, TEN PIEDAD.

Dios misericordioso tenga piedad de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

1. lectura (Números 11,25-29): Escucharemos hoy en esta primera lectura un episodio que le pasó al pueblo de Israel durante su éxodo por el desierto. Una escena que nos ayuda a comprender que el Espíritu y la fuerza de Dios pueden presentarse en todos y en todas partes, y no sólo en aquellas personas y lugares que nosotros podríamos prever.

2.lectura (Santiago 5, 1-6):Acaba mos hoy la lectura de la carta de Santiago que hemos escuchado durante los últimos domingos en esta segunda lectura; un texto que habla claro y directo, ya menudo con palabras duras. Por ejem­plo, las que escucharemos ahora dirigidas a los ricos; ciertamente, un mensaje interpelador y exigente.

Oración universal: Presentemos ahora con confianza nuestras plegarias al Padre, diciendo: ESCÚCHANOS, PADRE.

Por la Iglesia, por todos los cristianos. Que vivamos con coherencia nuestra fe, y así demos un testimonio creíble la gente que nos rodea. OREMOS:

Por los ricos. Que no se dejen deslumbrar por el valor material de las cosas, que las sepan poner al servicio del bien común y de los más necesitados. OREMOS:

Por todos aquellos que hacen el bien y que, desde cual­quier instancia o ideología, ayudan a hacer un mundo más justo y solidario para todos. OREMOS:

Por el nuevo curso que estamos comenzando. Que el Señor oriente e ilumine todas las actividades, grupos y servicios que llevaremos a cabo en nuestra parroquia. OREMOS:

Por todos nosotros. Que la Eucaristía que celebramos nos ayude a vivir más y mejor nuestro seguimiento de Jesús. OREMOS:

Escucha, Padre, nuestras oraciones, y derrama tu Espíritu sobre el mundo entero. Por Jesucristo...

Padrenuestro: Como Jesús nos ha enseñado, ahora, antes de participar de la mesa de la Eucaristía, oremos a Dios, nuestro Padre, con toda confianza:

CPL


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Domingo, 20 de septiembre de 2009

Artículo publicado en Boletín Bimestral  “Misioneros Javerianos”, número 452 / MAYO-JUNIO 2009.

 

ESPERANZA: FUTURO ABIERTO 

P. Carlos Collantes 

Crisis. ¡Qué la paguen los ricos! Pintadas y pasquines adornan algunas de nuestras calles. Y tienen toda la razón del mundo... del mundo de los pobres. Clamorosa y sufriente mayoría. Sí, como siempre les saldrá más cara y doloro­sa a los más vulnerables. Nuestra esperanza no puede ser real y concreta si cerramos los ojos y el corazón a los más vulnerables. Crisis tiempo oportuno para recuperar valores, sueños y gritos. Una oportunidad para la esperanza. 

La crisis que estamos viviendo es ­global: financiera, económica, energética, alimentaria. Es el resultado de un modelo de crecimiento destructor del medio ambiente y que ha provocado dolorosas e injustas desigualdades. Crecimiento sin futuro digno y humano ya que ha sido incapaz de combatir las desigualdades, la pobreza y el hambre y ha deteriorado el equilibrio ecológico. Al ser un sistema económico desigual y depredador, la prosperidad de algunas minorías se asienta sobre el sufrimiento de grandes mayorías. La crisis afecta en último término al mo­delo de sociedad que queremos y a los valores en los que creemos. ¿No ha lle­gado la hora de un cambio de rumbo de manera que nuestro mundo se constru­ya sobre fundamentos más justos? No bastan los parches o correcciones que nos venden "los grandes" en algunas reuniones, sino que es necesario plantear con honradez y asumir otros modos de crecer, de consumir, de vivir. Es cierto que la actual fase de esta crisis ha sido provocada por la codicia de los ri­cos, por un capitalismo financiero-es­peculativo e inmoral, y sus costes reca­en como siempre sobre los bolsillos, las preocupaciones, las vidas de los po­bres. Parados entre nosotros, en nuestras sociedades llamadas del bienestar. Aunque en otras latitudes, en los países del Sur, la crisis es más bien una situación desgraciadamente crónica y es una inmensa mayoría quien la paga y es golpeada de manera inhumana. En tiempos de crisis, los ideales, los sueños son más necesarios que nunca.
        
La última palabra 

         Nuestros mejores sueños nos revelan un horizonte hacia el que caminamos con el corazón, con el deseo, con los hechos, aunque éstos tantas veces se queden cortos y nos dejen insatisfe­chos. Hay sueños que son una denuncia social de un mundo que no funcio­na correctamente y no podemos poner fronteras a nuestros sueños colectivos de justicia. La esperanza tiene que ver con nuestras aspiraciones de un orden social verdaderamente justo, más soli­dario y fraterno, como algo soñado también por Dios mismo; con una or­ganización social que responda a las as­piraciones y necesidades fundamenta-les de las personas. La esperanza cris­tiana da contenido, motivaciones y fuerza especial a nuestros esfuerzos y luchas humanas, porque para nosotros no hay nada que sea "sólo" humano, ya que lo humano ha sido "invadido" por Dios en Jesús, aunque Dios respeta nuestra autonomía, por eso actúa des-de dentro acompañando nuestros esfuerzos y anhelos. La esperanza cristia­na apunta al futuro de plenitud total - don de Dios- y que nunca existirá como tal en esta tierra e historia pero cuya existencia ausente puede movilizar nuestras energías. Lo definitivo será el Reino consumado, lo provisional es nuestro peregrinar, nuestras realizacio­nes humanas, materiales humanos con los que vamos acogiendo y constru­yendo el Reino de Dios. 

Nuestra fe implica una actitud de re­beldía positiva y creadora que nace del seguimiento de Jesús que se rebeló contra tantas situaciones injustas y vi­vió libre frente a todo poder, haciéndo­se siempre cercano y compasivo con los marginados. Su esperanza fue su pasión. La resurrección de Jesús nos permite vislumbrar un sentido a toda la historia humana: la última palabra co­rresponde a la justicia divina. Jesús víc­tima inocente se ha solidarizado con to-das las víctimas y Dios, al resucitarlo, se pone del lado de las víctimas. Con frecuencia la esperanza es un milagro. Dichosos los que "esperan contra toda esperanza", los que en medio de la os­curidad velan. Y la esperanza de los po­bres es firme porque Dios camina en sus luchas y cansancios; en el fondo de los corazones oprimidos siempre habrá un grito irreductible, un anhelo imbo­rrable de libertad. 

Oportunidad histórica 

La esperanza no puede ser ingenua, ni podemos ni debemos cerrar los ojos a la presencia del mal. No sería espe­ranza sino evasión. Necesitamos toda nuestra lucidez para desenmascarar y criticar el mal. Pero la crítica no puede ser hecha desde la distancia insolidaria o desde la arrogancia de quien se cree propietario exclusivo de la verdad o superior en rectitud moral. Jesús muer­to y resucitado ya ha fecundado la tie­rra y la historia pero, ¡aun falta tanto! "Completo en mi los padecimientos que faltan a la pasión de Cristo", dirá Pablo en frase atrevida y arriesgada. El evangelio es una ventana siempre abierta a la esperanza. 

La crisis global actual es también una oportunidad histórica que puede hacernos sentir con más fuerza la urgencia de cier­tos cambios necesarios en las concien­cias, en los comportamientos, en las es­tructuras, en las relaciones entre países, en las reglas comerciales... Algunos líde­res políticos afirman que hay que refor­mar el sistema financiero en consonancia con los objetivos del milenio, que hay que introducir valores éticos en el mundo económico-financiero. ¡Qué lo hagan!, ¿a qué esperan? "Otro mundo es posible". Un grito de esperanza que desde hace años recorre continentes, movimientos populares, organizaciones y asociacio­nes ciudadanas, políticas, religiosas; un anhelo de justicia que anima a millones de personas a luchar. Podemos cambiar el rumbo de nuestro mundo. ¿La hora de la utopía? Al menos de la ética. 

"Piensa globalmente, actúa local-mente", máxima de acción-reflexión que busca la eficacia histórica y la con­creción de nuestros ideales, aspiracio­nes, exigencias de justicia. Algunos economistas nos aseguran que tendremos que aplicar cambios drásticos y profundos, que afectarán notablemen­te a la organización de la vida en socie­dad, a nuestro modo de vida. Queremos otro mundo y los destinatarios de nues­tros gritos pueden si quieren cambiar ciertas leyes, determinadas políticas. A nosotros nos queda el grito, la presión, los sueños, la coherencia, la perseve­rancia. Un pueblo que vive de fe es más fuerte, porque la fe le ofrece motivacio­nes más poderosas. Dios trabaja en nuestras esperanzas humanas. 

Rumor de vida 

En la ya larga historia de la humani­dad, nadie como Jesús ha generado tanto amor y solidaridad, tanto servicio de­sinteresado, por eso siempre será un ma­nantial de esperanza. Hay algo nuevo en la esperanza que el Crucificado-Resuitado nos ofrece. La certeza de la asombrosa solida­ridad de Dios con nuestro destino humano y con las es­peranzas y el cami­nar de los pobres. Nos toca hacer vi­sible esta certeza, encarnando y ac­tualizando esa soli­daridad en nuestras vidas y comunida­des. Y muchos cristianos –personas y comunidades- lo están haciendo, acompañando a los más vulnerables y ol­vidados. 

Dios resucitó a un crucificado, y desde entonces hay esperanza para los cru­cificados de la historia. No somos inge­nuos. Sufrimos la fuerza del mal, pero nuestra fe en Dios nos asegura que nues­tro mundo no está abandonado a su propia suerte. Nuestra vida está llena de cla­roscuros y como en la parábola evangélica el trigo y la cizaña coexis­ten en el campo de la historia. La fe no es

un recetario mágico para resolver los problemas, pero nos permi­te mirar toda la realidad con una "hondura" diferente. No estarnos solos, estamos en manos de Dios. 

El susurro de Dios, de su presencia, de su ternura, es más fuerte y armonio-so que los ruidos y griteríos de los po­derosos. Los pobres de oído sensible y sencillo captan ese susurro que actúa en la silenciosa oscuridad de la noche –rumor de vida- y pone en pie a Jesús re­sucitándolo y con él, la esperanza. Caminamos en la serena oscuridad de la esperanza porque en sus entrañas ha sido sembrada la luz del Resucitado. No perseguimos nuestros sueños, es el sueño de Dios el que nos lleva, empu­ja y arrastra. ¡Resucita, Señor, tu fuer­za en nuestra fragilidad! ¡Haz brillar tu libertad en nuestras cadenas! ¡Y que nuestras manos siempre abiertas y nuestros pies siempre en camino tengan sed de tu verdad!


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Artículo que ha escrito monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas, con el título "Iglesia y Patria".

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¡Fiestas patrias! Un aniversario más de la independencia nacional, en vísperas de su bicentenario. Nadie niega que varios sacerdotes encabezaron este proceso libertador, pues el Evangelio no tolera la esclavitud y la explotación; tampoco se niega que importantes jerarquías de la misma Iglesia los descalificaron y excomulgaron, no sólo porque éstas estaban ligadas al gobierno español dominante, sino sobre todo por los crímenes y sacrilegios que los libertadores cometieron y por sus deficiencias morales. Al pedir perdón por estos excesos, no por lograr la independencia, murieron en comunión con la Iglesia.

Son dos caras de la misma Iglesia, que manifiestan lo humano y lo divino que lleva en sí, el pecado y la gracia, la generosidad de dar la vida para que otros vivan dignamente, y la defensa de privilegios. Así ha sido, y así es; no podemos ocultarlo. Sin embargo, no por las deficiencias históricas innegables, se ha de excluir a la Iglesia de la vida nacional. Somos parte de este país, de su pasado y de su presente. Pretender negar nuestro derecho a participar en el desarrollo integral de nuestro pueblo, es querer desconocer que nuestra Iglesia ha sido y es parte de la identidad nacional, con una vocación, a partir de Cristo, de lucha por la verdad y la vida, la santidad y la gracia, la justicia, el amor y la paz.  

JUZGAR

Sobre nuestra contribución al bien común nacional, dijo el Papa Benedicto XVI al nuevo Embajador de México ante la Santa Sede: "Muchos son los pasos que desde diversas instancias de vuestra Nación se están dando para fomentar un orden social más justo y solidario y superar las contrariedades que continúan atenazando al País. En este sentido, merece la pena destacar la atención y el empeño con que las Autoridades de vuestra Patria están encarando cuestiones tan graves como la violencia, el narcotráfico, las desigualdades y la pobreza, que son campo abonado para la delincuencia. Es bien sabido que para una solución eficaz y duradera de esos problemas no son suficientes medidas técnicas o de seguridad. Se requiere una anchura de miras y la eficiente conjunción de esfuerzos, además de propiciar una necesaria renovación moral, la educación de las conciencias y la construcción de una verdadera cultura de la vida. En esta tarea, las Autoridades y las distintas fuerzas de la sociedad mexicana encontrarán siempre la leal cooperación y solidaridad de la Iglesia católica".

Sin embargo, advirtió: "La Iglesia católica, a la vez que sostiene e impulsa esta visión positiva del papel de la religión en la sociedad, no desea interferir en la debida autonomía de las instituciones civiles. Ella, fiel al mandato recibido de su divino Fundador, busca alentar las iniciativas que beneficien a la persona humana, promuevan integralmente su dignidad y reconozcan su dimensión espiritual, sabiendo que el mejor servicio que los cristianos pueden prestar a la sociedad es la proclamación del Evangelio, que ilumina una genuina cultura democrática y orienta en la búsqueda del bien común. Se pone así de manifiesto que la Iglesia y la comunidad política están y deben sentirse, aunque por diverso título, al servicio de la vocación personal y social de los mismos hombres". 

En sentido semejante, dijo a los obispos de Vietnam: "Aportando su especificidad  -el anuncio de la buena nueva de Cristo-  , la Iglesia contribuye al desarrollo humano y espiritual de las personas, pero también al desarrollo de vuestro país... Es posible una sana colaboración entre la Iglesia y la comunidad política. ... Un buen católico es también un buen ciudadano" (27 junio 2009). 

ACTUAR

Todas las religiones, todas las Iglesias, todos los mexicanos, aún los no creyentes, unámonos para construir un país que avance por caminos de libertad, solidaridad y progreso social; que resplandezcan incesantemente la concordia, la fraternidad y la justicia. No nos dividamos más, defendiendo cada quien sus intereses. Unámonos y cada quien aportemos lo mejor de nosotros mismos, a favor del bien común, desde nuestra vocación. Entonces sí, habrá fiesta, habrá libertad, habrá justicia y paz.


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Mensaje que ha enviado monseñor Jesús Sanz Montes OFM, obispo de Huesca y de Jaca, con el título "El embargo del niño".

 

Queridos Hermanos y amigos: Paz y Bien.

Me ha conmovido la noticia insólita que han divulgado diversos informativos. Un niño, con sus once años casi infantiles aún, se apresura a llevar a una casa de embargos un pequeño montón de cosas suyas, que se dispone a empeñar. Unos libros, unos discos, cuatro escasas cosas. ¿Estaría preparando algún viaje con los compañeros de curso?, ¿necesitaba dinero para cambiar de móvil?, ¿un capricho, tal vez, que se quería subvencionar? Nada de eso.

El chaval llegaba para sacar del apuro a su padre, que habiendo quedado en el paro, no encontrando trabajo por ningún sitio, tenía a toda la familia en una situación límite, desesperada, sin saber ya qué hacer ni por donde tirar. Y a este crío, no se le ocurrió más solución que la de implicarse a sí mismo, poniendo en juego lo único de lo que él disponía: su breve e infantil ajuar.

Por más que sea tierna esta historia real, y verdaderamente conmovedora, tiene un transfondo muy duro, que es el que sucede a las personas reales. El transfondo es ese cuando en un hogar, en una familia, no entran desde hace tiempo los recursos necesarios para vivir, para sobrevivir, con serena dignidad y alegre esperanza. No se trata de las personas cuyos nombres anónimos para nosotros leemos en los periódicos, sino que se trata también -y cada vez más- de las personas cercanas que conozco en mi barrio, en la escalera de mi casa, en la propia familia, en tu mismo hogar. Y es entonces cuando la noticia que nos relata el gesto de este pequeño, pierde su inocente ternura para empezar a percibirla como directa acusación que nos hace pensar.

¿Acaso lo que en este mundo necesitamos los que en él vivimos se ha evadido a otra galaxia? Parece ser que no, porque el mundo está bien hecho por Dios Creador. Pero Él nos ha dejado la libertad de administrar lo que se nos ha concedido con el don de la vida. Y es aquí donde comienza la descripción de la tragedia de una crisis que siendo económica tiene su origen en la tremenda crisis moral que estamos padeciendo: el egoísmo insolidario, la codicia insaciable, la usura aprovechona, el despilfarro materialista, la injusticia de guante blanco, la injusticia manchada de sangre, los intereses del poder dominante, el hedonismo frívolo y embustero que promete lo que no dará jamás, el relativismo atroz, la mentira como argumento, la utilización del hombre y la expulsión de Dios de nuestro paraíso terrenal.

Hay una llamada a lo mejor (porque lo tienen) de nuestros políticos y de nuestros distintos agentes sociales, para que dejen de calcular la crisis sólo en clave de poder: sopesar las medidas necesarias a tomar contemplado no el bien de las personas sino únicamente el desgaste o el oportunismo electoral que tales medidas pueden contraer. Hay demasiadas personas sufriendo de veras, angustiadas por un horizonte negruzco, a las que debemos responder con las actitudes contrarias a las que nutren la crisis moral y provocan la crisis económica.

En nuestras comunidades cristianas, en particular desde cuanto se está haciendo en Cáritas y otras organizaciones eclesiales afines, miramos con asombro agradecido el ejemplo de un pequeño que dando lo que tenía se parece a aquel otro chaval que llevó a Jesús tan sólo dos peces y cinco panes, con los que el Señor dio de comer hasta saciarse a una inmensa multitud. Este es el milagro que hace siempre Dios cuando ponemos en sus manos la aportación sincera de nuestros bienes todos: los de la fe, los de la esperanza y los de la caridad.

Recibid mi afecto y mi bendición.


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(De Arciprestazgo de Icod de  los Vinos)
 

MATERIALES PARA EL DÍA DE LA CATEQUESIS EN EL 11 DE OCTUBRE

18 de Septiembre

Bajo el lema “Nacer a la Fe” se han recibido los materiales (cartel, carta del delegado y subsidio litúrgico) para la celebración del “Día de la Catequesis” el 11 de octubre con el que da comienzo oficial en nuestra Diócesis la catequesis para el presente curso. En palabras el Delegado Diocesano “Este año no debiera ser uno más para todos los que hemos sido llamados por Dios a realizar este servicio educativo y evangelizador que es la catequesis. Lo digo porque el objetivo preferente del curso 2009-2010 es la Iniciación Cristiana. 

VIGILIA DE JÓVENES 

Este próximo viernes a las 9 de la noche, en la ermita de Ntra. Sra. de las Angustias, tendrá lugar una vigilia de oración para jóvenes. Está especialmente indicado para los chicos que están en el proceso de confirmación. Te esperamos. 

CURSO DE MANIPULADOR DE ALIMENTOS 

Cáritas arciprestal de Icod de los Vinos, dado el éxito logrado en el curso de manipulador de alimentos celebrado en el pasado julio, organiza otro curso para todas aquellas personas que tengan necesidad de hacerlo para acceder a un puesto de trabajo. 

Se realizará los días 13 y 14 de Octubre de 5 a 8 de la tarde en la sede arciprestal (Plaza de la Candelaria-El Paredón). 

Para inscribirte o ponerte en contacto con Cáritas, puedes llamar por teléfono, mandar un @mail, o pasar por la sede Lunes o Miércoles de 10 a 13 horas. 

Tlf: 922 12 24 01 

@mail: [email protected] 

TOMA DE POSESIÓN DE NUEVOS PÁRROCOS

Toma de posesión de los nuevos párrocos en nuestro Arciprestazgo:

Viernes 28 de Agosto a las 7,30 de la tarde en Buenavista del Norte: Rvdo. D. Miguel Dévora Hernández.
Sábado 29 de Agosto a las 8 de la tarde en La Caleta: Rvdo. D. Argelio Domínguez Rodríguez. de Interián
Lunes 31 de Agosto a las 6 de la tarde en El Amparo: Rvdo. D. Vicente Espouy Ramos.
Martes 1 de Septiembre a las 6 de la tarde en La Vega: Rvdo. D. Vicente Espouy Ramos.
Miércoles 2 de Septiembre a las 6 de la tarde en San Juan del Reparo: Rvdo. D. Vicente Espouy Ramos.
Jueves 3 de Septiembre a las 6 de la tarde en Genovés: Rvdo. D. Vicente Espouy Ramos.
Viernes 11 de Septiembre a las 6,30 de la tarde en San Juan de la Rambla: Rvdo. D. Arsenio de la Cruz Reymond.
Sábado 12 de Septiembre a las 5 de la tarde en Santo Domingo de Guzmán: Rvdo. D. Arsenio de la Cruz Reymond.

CAMINO DE SANTIAGO 

Desde el Lunes 10 de Agosto y hasta el 20 de Agosto un grupo de jóvenes (52) de las islas de Tenerife, la Palma y el Hierro, estaremos haciendo la peregrinación a Santiago. Saldremos desde Ribadeo (en el extremo oriental de Galicia). Es la última etapa costera del Camino del Norte. Serán 188 Km aproximadamente distribuidos en 8 días en unas etapas que nos llevarán por el monte, por en medio de las casas y pueblitos que nos acogerán. Desde nuestro arciprestazgo de Icod de los Vinos, partiremos 2 personas. Contamos con tu oración y apoyo. 

CURSILLO PARA CATEQUISTAS JÓVENES 

Los días 13, 14 y 15 de Julio, según estaba previsto, en la sede del ISTIC se celebró el cursillo para catequistas jóvenes titulado RENOVAR EL CORAZÓN, REANIMAR LA PASTORAL impartido por Amada Falcón Santana, catequistas de la Diócesis de Canarias. En él participaron varios catequistas de nuestro arciprestazgo. 

CELEBRACIÓN DE DESPEDIDA DE LAS MISIONERAS DE LAS DOCTRINAS RURALES EN EL PALMAR DE BUENAVISTA  

Así es siempre su estancia en los campos de trabajo: una vez realizada su “misión” marchan a otro lugar. Y su “misión” es la de enseñar la Doctrina católica a aquellas almas que, por vivir en lugares aislados o por la falta de sacerdotes, carecen de la suficiente instrucción religiosa. Durante dos años una comunidad de Misioneras de las Doctrinas Rurales ha permanecido en el barrio del Palmar de Buenavista dando catequesis, impartiendo clases de cultura general a pequeños y a grandes, visitando a los enfermos, fomentando el teatro religioso, ensayando cantos e implicando en la participación de la liturgia. En la tarde del 22 de Junio y en la iglesia de El Palmar tuvo lugar la despedida oficial de esta comunidad de seglares de plena consagración evangélica y de intensa vida de oración. El señor obispo Don Bernardo Álvarez, que presidió la celebración, agradeció vivamente su testimonio de fe y su apostolado a través de las actividades y servicios realizados e invitó a los asistentes, que llenaban el templo, a dar gracias a Dios por el don de su presencia entre ellos y a pedirle que se concrete en vocaciones.
Momentos de emoción fueron las palabras de las religiosas y las del párroco Don Julio Ribot.

Para saber de las Misioneras de las Doctrinas Rurales:

¿Quiénes son las Misioneras de las Doctrinas Rurales?
Medios de apostolados de las Misioneras de las Doctrinas Rurales
Cómo colaborar con las Misioneras de las Doctrinas Rurales
Fundadores de las Misioneras de las Doctrinas Rurales


(De Fuente de la Guancha

BAUTISMOS EN SAN JOSÉ

23 de Agosto

Dos niños, Érika y Ángel, recibieron el sacramento del bautismo dentro de la Misa Dominical en el Salón Parroquial, que está sirviendo como templo hasta que se terminen las obras de restauración.

BODA EN LA GUANCHA

5 de Septiembre

Los jóvenes Manuel Ferrera Torres, natural y vecino de La Orotava, y Belky Rosado González, natural de Caracas y vecina de Santa Cruz contrajeron matrimonio en el templo parroquial de La Guancha. Fueron sus padrinos Tomás Rosado González, padre de la contrayente, y Enriqueta Candelaria Torres del Pino, madre del contrayente. 

BODA EN SAN JOSÉ

5 de Septiembre

Contrajeron matrimonio en el templo parroquial de La Guancha por estar el templo de San José en restauración, los jóvenes Primitivo Afonso Chávez, natural y vecino de Los Realejos, y Rosario María González Hernández, natural y vecina de la parroquia de San José. Fueron sus padrinos Jonathan González Hernández y Vanesa González González. 

DÍA PRINCIPAL DE LAS FIESTAS DE SANTA ROSALÍA

6 de Septiembre

La imagen de Santa Rosalía, su ermita y su plaza fueron el punto de encuentro de muchos vecinos el primer domingo de Septiembre, día principal de las Fiestas Patronales del barrio de Las Rosas en el municipio de San Juan de la Rambla. La Eucaristía presidida por el párroco, se celebró en la plaza con la asistencia de las autoridades locales y el coro parroquial de La Guancha. Terminada ésta tuvo lugar la procesión acompañada de la Banda de Música “XIX de Marzo”. En el recorrido se quemaron fuegos artificiales. 

FIESTAS PATRONALES DE SAN JOSÉ

13 y 14 de Septiembre

Un año más la imagen de San José congregó cientos de fieles que venidos de todos los rincones del municipio de San Juan de la Rambla y de los pueblos vecinos participaron tanto en la procesión nocturna del día 13 como en la Eucaristía y procesión del día 14. El día central y principal de las fiestas por tradición centenaria es el lunes después del segundo domingo de Septiembre, teniendo que celebrar la Misa en la plaza por la gran afluencia de personas. El coro de Tejina de La Laguna llevó las partes cantadas y el Rvdo. Sr. Daniel Padilla se encargó de la predicación. Las autoridades locales participaron en todas las celebraciones.

CELEBRACIÓN DE LA EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ

14 de Septiembre

La Ermita del Calvario centró la atención de los vecinos de La Guancha el 14 de Septiembre, día de la Exaltación de la Santa Cruz. Los cohetes y los repiques de campana se encargaron de recordar la fiesta. En la tarde tuvo lugar la Eucaristía presidida por el párroco. 

REUNIONES DE CATEQUISTAS

12 y 15 de Septiembre

En las tardes de los días 12 y 15 de Septiembre han tenido lugar reuniones conjuntas de los catequistas de San José y de La Guancha para programar el curso catequético 2009-2010, distribuyendo grupos, ajustando horarios y preparándose con ilusión el año que comienza. 

CELEBRACIÓN DE NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES

15 de Septiembre

No pasó desapercibida la fiesta litúrgica de Ntra. Sra. de los  Dolores para la parroquia de La Guancha. Miembros de la Cofradía de la Santa Pasión  se preocuparon del arreglo de la imagen y de su colocación en las andas así como de adornarla con flores. En la tarde tuvo lugar la Eucaristía. 

MATERIALES PARA EL DÍA DE LA CATEQUESIS EN EL 11 DE OCTUBRE

18 de Septiembre

Bajo el lema “Nacer a la Fe” se han recibido los materiales (cartel, carta del delegado y subsidio litúrgico) para la celebración del “Día de la Catequesis” el 11 de octubre con el que da comienzo oficial en nuestra Diócesis la catequesis para el presente curso. En palabras el Delegado Diocesano “Este año no debiera ser uno más para todos los que hemos sido llamados por Dios a realizar este servicio educativo y evangelizador que es la catequesis. Lo digo porque el objetivo preferente del curso 2009-2010 es la Iniciación Cristiana. 

BODA EN SAN JOSÉ

19 de Septiembre

Contrajeron matrimonio canónico los jóvenes Ricardo Díaz Díaz, natural de la Orotava y vecino del Puerto de la Cruz, y Yoana María López González, natural y vecina de la parroquia de San José. Fueron sus padrinos  Candelario Díaz Díaz, padre del contrayente, y María Teresa González Mesa, madre de la contrayente. También este matrimonio se celebró en el templo parroquial de la Guancha por estar el de San José en obras de restauración.


Comentario a las lecturas del domingo veinticinco del Tiempo  Ordinario – B publicado en el Diario de Avisos el domingo 20 de Septiembre de 2009 bajo el epígrafe “DOMINGO CRISTIANO”.

¡No damos
una!

Daniel Padilla

 

Eso creo. Que, a veces, no damos una. Hace Jesús el primer anun­cio de su Pasión y Pedro se pone ante él, increpándole, y quitándole la idea de la cabeza. Vuelve Jesús a hacer un segundo anuncio -ése que nos cuenta el Evangelio de hoy- y son sus discípulos los que dejan al descubierto su alarmante fri­volidad: "Por el camino venían discu­tiendo sobre quién sería el más impor­tante". Tuvo que ser muy decepcionante para Jesús. Cuanto más necesitaba él recoger energías y sentirse arropado, ellos no pensaban en otra cosa que en mandos y liderazgos. Como Pedro había recibido ya la promesa del primado, quizá ellos no querían quedarse fuera de la lista: "¿Qué puesto ocuparé yo?" Sí, la verdad es que, a veces, no damos una. Pero no desaprovechó Jesús la lección, y, con un ejemplo gráfico, desgranó varias ideas:

"El que quiera ser primero, que sea el último y el servidor de todos". Más claro, agua, Jesús quería ser el primero. Debía ser el primero. Era el primero. Pues, vean. No va a Jerusalén a que lo proclamen rey, cosa de la que siempre huyó, sino a colo­carse el último, entre los indeseables y malhechores: "El hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres y lo matarán". En coherencia, con su lema: "El que se humilla será ensalzado".

"Acercándose a un niño, lo puso en medio". Óiganlo bien: "Lo puso en medio". Al revés que nuestra moderna sociedad que lo quita de en medio y lo echa a un lado. Busquen todos los eufe­mismos que quieran y todas las termino­logías y razones legales que traten de jus­tificarlo. Pero el aborto, y la interrupción del embarazo y la eliminación del nasci­turus son modos clarísimos de quitar de en medio al niño. Porque la vida del niño, como la del anciano, como la del atleta, como la de Miss Universo son igualmente preciosas a los ojos de Dios.

"Lo abrazó". Que es tanto como ofrecerle soportes válidos durante su niñez, hasta que él mismo sepa andar su camino. Creo que también nosotros abra­zamos a los niños. Pero cayendo frecuen­temente en dos "ismos": el proteccio­nismo, que es "auparlos tanto" a nuestros brazos que tratamos de identificarlos con nuestro propio yo, queriendo que crez­can a nuestra imagen y semejanza, sin ningún respeto a la propia personalidad. Y, segundo, el ilusionismo: que es tapar con premios, regalos y concesiones fáci­les al permisivismo lo que debía ser entrega seria, constante y pensada al desarrollo gradual de su personalidad.

"El que acoge a un niño como éste, me acoge a mí". Dense cuenta y quítense la posible nube romántica de los ojos. El niño que Jesús puso en medio no tenía por qué ser un niño prodigio. Segura­mente era uno de tantos. Es decir, ególa­tra y absorbente, con marcada tendencia a la terquedad, con caprichos, con gran­des dosis de inconstancia y volubilidad, con propensión a la pereza, con envidias repentinas. Esto es, un animalito herido ya por todas las concupiscencias, como todos los niños. Pues, bien, acoger a un niño así, es acoger a Jesús.


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S?bado, 19 de septiembre de 2009

Cristo: tu vocación, tu destino, tu camino

Por monseñor Santiago Agrelo O.F.M, arzobispo de Tánger

TANGER, sábado, 19 de septiembre de 2009 (ZENIT.org).- Publicamos la meditación que ha escrito para este domingo monseñor Santiago Agrelo O.F.M, arzobispo de Tánger (Marruecos).

 

Cada domingo, en la celebración eucarística, la Iglesia se encuentra con Cristo el Señor, escucha su palabra y se hace una sola cosa con él en la comunión. La Iglesia sabe que su vocación es Cristo, y que su destino es el de aquel a quien ella escucha y con quien comulga. Pues el Hijo de Dios se hizo hombre, la Palabra eterna habitó entre nosotros, para vivir, encarnada, lo que nosotros vivimos, sentir la debilidad que sentimos, llorar nuestras lágrimas, suplicar desde nuestras pobrezas, gritar de esperanza desde nuestros caminos sin salida.

Ésta es la oración de tu domingo: "Oh Dios, sálvame por tu nombre, sal por mí con tu poder". Son palabras que suben desde el corazón del justo perseguido, desde la soledad de Cristo, desde tu propia vida de comunidad creyente.

Considera y admira el misterio de tu comunión con Cristo en la oración. Tú y él pronunciáis las palabras del mismo salmo, compartís la misma fe, lleváis en el alma la misma esperanza. Tú y él experimentáis la misma salvación, hacéis la misma ofrenda voluntaria y expresáis el mismo agradecimiento. Tú y él hacéis la misma confesión y vais repitiendo con la sabiduría de la fe: "El Señor sostiene mi vida".

Considera y admira el misterio de tu comunión con Cristo en la muerte. Tú y él entregados en manos de los hombres, sometidos a la prueba de la afrenta y la tortura, condenados a muerte ignominiosa. No es tu vocación la arrogancia de los poderosos ni el poder de los arrogantes. Tú, como tu Señor, conocerás la prueba a la que será sometida tu moderación y tu paciencia. Pues de muchas maneras, Cristo en nosotros, y nosotros en Cristo, hemos de morir: "El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán". Nuestra comunión con Cristo en la muerte se ilumina desde la comunión con Cristo en la oración. Por eso nosotros y él guardamos en el corazón y vamos repitiendo las mismas palabras de fe: "Dios es mi auxilio, el Señor sostiene mi vida".

Considera finalmente y admira, Iglesia santa, el misterio de tu comunión con Cristo en el servicio a los demás, pues del camino que ha seguido Cristo, cabeza de la Iglesia, no ha de apartarse la Iglesia, cuerpo de Cristo. Él, el primero en todo, se hizo el último de todos; él, el Señor de todos, se hizo siervo de todos. Él es nuestra vocación, nuestro destino, nuestro camino.

Hoy, Iglesia santa, cuerpo de Cristo, nos encontramos con él, le escuchamos a él, comulgamos con él.

Feliz domingo.


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VATICANO - “AVE MARIA” por Mons. Luciano Alimandi - Saber hacer silencio

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - El Evangelio nos muestra a Jesús que recorre los caminos de Galilea y de Judea para anunciar la Buena Nueva, para curar a la gente de toda enfermedad, para liberarlos de la acción nefasta de Satanás, para dar a cada uno “El Pan cotidiano” de su Palabra y de su Presencia salvadora.

Los Apóstolos lo siguen, lo escuchan, lo observan y se maravillan – junto con la gente – de las grandes obras que el Padre realiza a través de Él. Muchas veces se quedan sin palabras y otras, más bien, hablan demasiado. Más que hacer silencio hablan sin escuchar desde las profundidades de su corazón la voz del Espíritu Santo que busca explicarles el significado de cada frase, de cada gesto y de cada “signo” realizado por Jesús.

A los apóstoles, así como a cada uno de nosotros hoy, nos sucede de equivocarnos en el “trato” con el Señor: cuantas veces lo menospreciamos o lo ignoramos, incluso no faltan las situaciones donde nos ponemos por encima de Él, como si nosotros, pobres pecadores – como lo somos todos – tuviéramos algo que “enseñarle” a Jesús.

“¡Oh abismo de la riqueza, de la sabiduría y de la ciencia de Dios! – exclama el Apóstol Pablo –¡Cuán insondables son sus designios e inescrutables sus caminos! En efecto, ¿quién conoció el pensamiento de Señor? O ¿quién fue su consejero? O ¿quién le dio primero que tenga derecho a la recompensa?” (Rom 11, 33-35).

La tentación de ensoberbecernos delante de Dios es siempre una amenaza. Por eso, es necesario rezar al Espíritu Santo para que haga siempre dóciles nuestros corazones a aquel “trazado” de vida que el Seño ha determinado para nosotros. ¡Seguramente es el camino más fácil y más directo a la santidad y, por lo tanto, al Paraíso!

El camina delante de nosotros, nosotros simplemente tenemos que estar detrás de él, armándonos de una “santa paciencia”, sobre todo cuando nos parece que la respuesta y la solución que esperamos del Señor se demora o parece ser distinta de la que quisiéramos. “La paciencia obtiene todo” afirmó Santa Teresa de Ávila, que sabía muy bien cuan misteriosas pueden ser las “vías” del Dios.

“Ven y sígueme” (MC 10,21) continúa a repetirnos Jesús a quién lo quiere encontrar en la fe para convertirse en su discípulo, permaneciendo en comunión de vida con Él mediante el amor a Dios y al prójimo. El camino no es siempre fácil, pero si permanecemos detrás de Cristo no estamos solos, es decir, si permanecemos fieles a sus enseñanzas.

El hecho de que también los Apóstoles, muchas veces hayan cedido a la tentación de “resistir” a Jesús o, incluso, de “regañarlo”, nos debe ayudar a estar en guardia para no subestimar aquellas situaciones – y hay muchas en la vida – en las que en nuestro interior se forma como un sentimiento de descontento hacia el Señor que, si no es corregido, puede provocar, antes de lo que pensamos, un “endurecimiento” del corazón hacia Él.

Cuantas veces Dios, a través de sus profetas, se ha lamentado de un comportamiento tan soberbio que ha desviado el corazón de su pueblo llevándolo a la rebelión. Él, sin embargo, ha estado siempre dispuesto al perdón como afirma el salmo 77: “... Mas le halagaban con su boca, y con su lengua le mentían; su corazón no era fiel para con él, no tenían fe en su alianza. El, con todo, enternecido, borraba las culpas y no exterminaba” (Sal 77, 36-38).

Ahí donde se murmura contra Dios, se le hace espacio al maligno y se pierde la orientación hacia el Reino. Precisamente el domingo pasado hemos escuchado el pasaje del Evangelio de Marcos sobre la diabólica “desorientación” de la que fue víctima Simón Pedro, apenas después de su espléndida confesión de fe en Cristo. Ante la clara profecía que Jesús mismo había realizado de su próxima pasión y muerte, Pedro, asaltado por el miedo al sufrimiento, reprende al Señor.

“Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar a los tres días. Hablaba de esto abiertamente. Tomándole aparte, Pedro, se puso a reprenderle. Pero él, volviéndose y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro, diciéndole: ‘¡Quítate de mi vista, Satanás! porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres!’” (Mc 8, 31-33).

Simón Pedro y los otros Apóstoles no olvidaron nunca esas palabras, repetidas fielmente por los Evangelistas, con el fin de que los discípulos de Jesús, en cada época, recibieran la histórica lección del Señor. La Sagrada Escritura nos invita a acoger esta reprimenda, como por ejemplo la de un sabio (ver Ecle 7,5), pero nunca nos alienta a reprender al Señor.

Ante las situaciones de sufrimiento, de miedo o de inquietud, que hacen temblar nuestro frágil corazón humano, no debemos ceder nunca a la tentación de reprender a Dios, sino más bien, siguiendo el ejemplo de los Santos y en primer lugar de la Virgen María, debemos dejar que el silencio de la adoración ocupe el lugar del rumor de la murmuración. “Esto es importante también hoy para nosotros, aunque no seamos monjes: saber hacer silencio en nosotros para escuchar la voz de Dios, buscar, por así decir, un ‘salón’ donde Dios hable con nosotros” (Benedicto XVI, Audiencia General del 9 de setiembre 2009).

El “Stabat Mater” sea para todos nosotros, sobre todo en la hora de la prueba, un modelo para imitar: la Virgen estaba bajo la Cruz del Hijo (cf. Jn 19,25) sin rebelarse, porque creía, como siempre creyó, en la Palabra de Jesús: ¡Después de la noche del dolor nace el alba luminosa de la resurrección! (Agencia Fides 18/9/2009; líneas 65, palabras 961)


Publicado por verdenaranja @ 23:21  | Espiritualidad
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Discurso del Santo Padre Benedicto XVI al segundo grupo de Obispos de Brasil, de la región Noreste II, recibidos en audiencia el 17 de setiembre de 2009 en el Palacio Apostólico de Castel Gandolfo, con ocasión de su visita Ad Limina apostolorum.

VISITA "AD LIMINA APOSTOLORUM" DEGLI ECC.MI PRESULI DELLA CONFERENZA EPISCOPALE DEL BRASILE (NORDESTE 2)

Alle ore 11.45 di questa mattina, nella Sala del Concistoro del Palazzo Apostolico di Castel Gandolfo, il Santo Padre Benedetto XVI incontra i Presuli della Conferenza Episcopale del Brasile (Nordeste 2), ricevuti in questi giorni, in separate udienze, in occasione della Visita "ad limina Apostolorum", e rivolge loro il discorso che riportiamo di seguito:

DISCORSO DEL SANTO PADRE

Venerados Irmãos no Episcopado,

Como o apóstolo Paulo nos primórdios da Igreja, viestes, amados Pastores das províncias eclesiásticas de Olinda e Recife, Paraíba, Maceió e Natal, visitar Pedro (cf. Gal 1, 18). Acolho e saúdo com afeto cada um de vós, a começar por Dom Antônio, Arcebispo de Maceió, a quem agradeço os sentimentos que manifestou em nome de todos fazendo-se intérprete também das alegrias, dificuldades e esperanças do povo de Deus peregrino no Regional Nordeste 2 [dois]. Na pessoa de cada um de vós, abraço os presbíteros e os fiéis das vossas comunidades diocesanas.

Nos seus fiéis e nos seus ministros, a Igreja é sobre a Terra a comunidade sacerdotal organicamente estruturada como Corpo de Cristo, para desempenhar eficazmente, unida à sua Cabeça, a sua missão histórica de salvação. Assim no-lo ensina São Paulo: «Vós sois Corpo de Cristo e seus membros, cada um na parte que lhe toca» (1 Cor 12, 27). Com efeito, os membros não têm todos a mesma função: é isto que constitui a beleza e a vida do corpo (cf. 1 Cor 12, 14-17). É na diversidade essencial entre sacerdócio ministerial e sacerdócio comum que se entende a identidade específica dos fiéis ordenados e leigos. Por essa razão é necessário evitar a secularização dos sacerdotes e a clericalização dos leigos. Nessa perspectiva, portanto, os fiéis leigos devem empenhar-se em exprimir na realidade, inclusive através do empenho político, a visão antropológica cristã e a doutrina social da Igreja. Diversamente, os sacerdotes devem permanecer afastados de um engajamento pessoal na política, a fim de favorecerem a unidade e a comunhão de todos os fiéis e assim poderem ser uma referência para todos. É importante fazer crescer esta consciência nos sacerdotes, religiosos e fiéis leigos, encorajando e vigiando para que cada um possa sentir-se motivado a agir segundo o seu próprio estado.

O aprofundamento harmônico, correto e claro da relação entre sacerdócio comum e ministerial constitui atualmente um dos pontos mais delicados do ser e da vida da Igreja. É que o número exíguo de presbíteros poderia levar as comunidades a resignarem-se a esta carência, talvez consolando-se com o fato de a mesma evidenciar melhor o papel dos fiéis leigos. Mas, não é a falta de presbíteros que justifica uma participação mais ativa e numerosa dos leigos. Na realidade, quanto mais os fiéis se tornam conscientes das suas responsabilidades na Igreja, tanto mais sobressaem a identidade específica e o papel insubstituível do sacerdote como pastor do conjunto da comunidade, como testemunha da autenticidade da fé e dispensador, em nome de Cristo-Cabeça, dos mistérios da salvação.

Sabemos que «a missão de salvação, confiada pelo Pai a seu Filho encarnado, é confiada aos Apóstolos e, por eles, aos seus sucessores; eles recebem o Espírito de Jesus para agirem em seu nome e na sua pessoa. Assim, o ministro ordenado é o laço sacramental que une a ação litúrgica àquilo que disseram e fizeram os Apóstolos e, por eles, ao que disse e fez o próprio Cristo, fonte e fundamento dos sacramentos» (Catecismo da Igreja Católica, n. 1120). Por isso, a função do presbítero é essencial e insubstituível para o anúncio da Palavra e a celebração dos Sacramentos, sobretudo da Eucaristia, memorial do Sacrifício supremo de Cristo, que dá o seu Corpo e o seu Sangue. Por isso urge pedir ao Senhor que envie operários à sua Messe; além disso, é preciso que os sacerdotes manifestem a alegria da fidelidade à própria identidade com o entusiasmo da missão.

Amados Irmãos, tenho a certeza de que, na vossa solicitude pastoral e na vossa prudência, procurais com particular atenção assegurar às comunidades das vossas dioceses a presença de um ministro ordenado. Na situação atual em que muitos de vós sois obrigados a organizar a vida eclesial com poucos presbíteros, é importante evitar que uma tal situação seja considerada normal ou típica do futuro. Como lembrei ao primeiro grupo de Bispos brasileiros na semana passada, deveis concentrar esforços para despertar novas vocações sacerdotais e encontrar os pastores indispensáveis às vossas dioceses, ajudando-vos mutuamente para que todos disponham de presbíteros melhor formados e mais numerosos para sustentar a vida de fé e a missão apostólica dos fiéis.

Por outro lado, também aqueles que receberam as Ordens sacras são chamados a viver com coerência e em plenitude a graça e os compromissos do batismo, isto é, a oferecerem-se a si mesmos e toda sua vida em união com a oblação de Cristo. A celebração quotidiana do Sacrifício do Altar e a oração diária da Liturgia das Horas devem ser sempre acompanhadas pelo testemunho de toda existência que se faz dom a Deus e aos outros e torna-se assim orientação para os fiéis.

Ao longo dos meses que estão decorrendo, a Igreja tem diante dos olhos o exemplo do Santo Cura d’Ars, que convidava os fiéis a unirem suas vidas ao Sacrifício de Cristo e oferecia-se a si mesmo, exclamando: «Como faz bem um padre oferecer-se em sacrifício a Deus todas as manhãs!» (Le Curé d’Ars. Sa pensée – son cœur, coord. Bernard Nodet, 1966, pág. 104). Ele continua sendo um modelo atual para os vossos presbíteros, expressamente na vivência do celibato como exigência do dom total de si mesmos, expressão daquela caridade pastoral que o Concílio Vaticano II [segundo] apresenta como centro unificador do ser e do agir sacerdotal. Quase contemporaneamente vivia no vosso amado Brasil, em São Paulo, Frei Antônio de Sant’Anna Galvão, que tive a alegria de canonizar a 11 [onze] de maio de 2007 [dois mil e sete]: também ele deixou um «testemunho de fervoroso adorador da Eucaristia (…), [vivendo] em laus perene, em atitude constante de oração» (Homilia na sua canonização, n. 2). Deste modo ambos procuraram imitar Jesus Cristo, fazendo-se cada um deles não só sacerdote, mas também vítima e oblação como Jesus.

Amados Irmãos no Episcopado, já se manifestam numerosos sinais de esperança para o futuro das vossas Igrejas particulares, um futuro que Deus está preparando através do zelo e da fidelidade com que exerceis o vosso ministério episcopal. Quero certificar-vos do meu apoio fraterno ao mesmo tempo que peço as vossas orações para que me seja concedido confirmar a todos na fé apostólica (cf. Lc 22, 32). A bem-aventurada Virgem Maria interceda por todo o povo de Deus no Brasil, para que pastores e fiéis possam, com coragem e alegria, «anunciar abertamente o mistério do Evangelho» (cf. Ef 6, 19). Com esta oração, concedo a minha Bênção Apostólica a vós, aos presbíteros e a todos os fiéis das vossas dioceses: «A paz esteja com todos vós que estais em Cristo» (1 Ped 5, 14).

[01321-06.01] [Texto original: Português]


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Reflexión de monseñor Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús para el programa radial "Compartiendo el Evangelio" . (AICA)
(13 de septiembre de 2009)


el misterio que da sentido a nuestra vida


Evangelio según San Marcos 8, 27-35
 

Este domingo se realiza en todo el país la colecta “Más por menos”, cuyo lema de este año es: “más solidaridad por menos exclusión”. Tenemos que ser solidarios con caridad y con obras; generosos con aquellos hermanos que menos tienen

Hermanos, estamos ante el misterio central de nuestra fe, donde se concentra todo. La pregunta de Jesús y la respuesta de los Apóstoles, por boca de Pedro: “Tú eres el Mesías”, a lo que Jesús les pide que guarden el secreto; pero el Hijo del Hombre tenía que sufrir, ser rechazado por los ancianos, condenado a muerte y que resucitaría después de tres días. Les hablaba “con toda claridad”, como dice el texto evangélico.

Este es el centro: Cristo abrió sus brazos indicando el insondable misterio de Dios, ¡Estamos en el centro del misterio!; ¡sobre la cruz, Dios nos abre su Corazón!; ¡ha revelado su más profundo secreto: es un Dios solidario con todos los hombres!

No nos dice que no vamos a sufrir, da sentido a nuestro sufrimiento.

No nos quita la cruz, le da sentido.

Nos dice que, si queremos seguirlo, tenemos que renunciar, cargar con la cruz e ir detrás de Él: “el que quiera salvar su vida la perderá y el que pierda su vida por Mi y la Buena Noticias, la salvará”

¡El misterio del amor de Cristo y el misterio de la cruz! Ahora sí, ¡se desdibujan tantas cosas, desaparecen tantas confusiones! Por ejemplo cuando decimos: ¿por qué hay tanto sufrimiento?, ¿por qué los chicos se mueren de hambre?, ¿por qué las pestes, las epidemias?, ¿por qué las guerras, los terremotos, los desastres ecológicos?, ¿por qué tanto dolor en el mundo? Cristo nunca los vino a quitar, vino a dar sentido.

También decimos: ¿por qué la Iglesia, que tiene que cambiar todo? Respuesta: la Iglesia cambia los corazones de los hombres en el misterio de Cristo. La Iglesia no tiene poder para cambiar políticamente las cosas de los hombres. Siempre hay una sana autonomía y siempre había un escándalo ¿no?

¿Cuál era el escándalo? Era que el Mesías tenía que ser el libertador de Israel, liberándolo del poder político de aquel entonces, que utilizaban los romanos, oprimiendo al pueblo.

Pero Cristo no vino por ese poder político.

Cristo vino por algo más universal y mucho más profundo.

Se hizo solidario por todos y para todos los hombres.

¡La impotencia de Cristo en la cruz es la potencia del amor y misericordia que tiene Dios con todos los hombres! Este es el secreto de Dios que nos ha revelado. Dios que se ha hecho uno con nosotros, que es solidario y que dio la vida por todos y cada uno de nosotros.

Que también le podamos responder y que seamos hijos agradecidos a tan grande amor de de Dios

Les dejo mi bendición en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Mons. Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús


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Carta pastoral de monseñor Aurelio José Kühn Ofm, obispo prelado de Deán Funes. (AICA)
(8 de septiembre de 2009)


carta del obispo 

"Señor, sálvanos, que estamos perdidos" (Mt.8,26)
 

Hermanos sacerdotes y fieles. Paz y Bien.

Los discípulos, buenos conocedores del mar, tuvieron miedo ante el mar enfurecido, y despertaron a Jesús, que dormía sobre la barca (Mt.8. 26).

En este momento, sobre nuestra sociedad, sobre las familias, sobre las instituciones y las personas, arrecian fuertes tempestades. Y estamos aquejados también por el miedo, la desesperanza y la incertidumbre frente al futuro, especialmente el futuro de las jóvenes generaciones.

¿Será que Jesús duerme? ¿Qué Dios está en silencio y distante de las vidas de los hombres? Más bien es lo contrario. Dios está gritando a voces al hombre para que despierte y cambie el rumbo. Como el sordomudo del Evangelio, necesitamos que Jesús nos abra los oídos para escuchar, nos abra los ojos para ver lo que nos pasa, y la boca para anunciar la verdad.

El hombre parece que quiere resolver sus problemas al margen del camino señalado por el Señor, los mandamientos. Aún más, por lo que leemos en los diarios, son muchos los que niegan a Dios, y se erigen en señores, en maestros, como si fueran dueños de la verdad, de los bienes de la tierra y de la misma naturaleza. Les interesa más el poder, el lucro y satisfacer todos sus gustos efímeros, que salvarse a sí mismos junto con los demás. Con muchos argumentos, verdaderos sofismas, confunden, desorientan, amenazan, y al final, llevan a la sociedad a un callejón sin salida.

Es urgente, pues, una toma de conciencia de nuestra realidad y una actitud positiva, abierta y esperanzadora. La Palabra de Dios anunciada en estos días nos invita a confiar: "Digan a los desalentados: sean fuertes, no teman, ¡Ahí esta su Dios!... El mismo viene a salvarlos" (Is.35, 4-7). Y el pueblo proclamaba a Jesús, en el colmo de la admiración: "Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos" (Me. 7, 31-37).

Como los discípulos, que frente a la furia del viento y del mar despiertan a Jesús y le gritan: "Señor, sálvanos, que nos hundimos", también nosotros hoy necesitamos gritarle al Señor en una súplica sincera, ferviente y perseverante, acompañada por una actitud sincera y firme voluntad de realizar un cambio, una conversión del corazón y de la vida.

Para eso convoco a los sacerdotes y fieles de las parroquias y capillas, a orar y hacer, juntos, un camino de conversión, y de compromiso de abrir una puerta a la esperanza. Les propongo:

* Orar por nosotros los sacerdotes, en este año sacerdotal. Por nuestra santificación y fiel servicio al pueblo de Dios. Y para que la Palabra de Dios sea más conocida, aceptada y vivida como fuente de libertad y alegría. Aprovechar la novena del Año Sacerdotal, que se ha enviado a las parroquias.

* Orar por una pronta y abundante lluvia. Es muy grande el sufrimiento y el empobrecimiento de nuestra gente del campo. Entre la larga sequía,  los  fríos  intensos, los fuertes vientos, el calentamiento global y tantas actitudes cerradas, se ha generado una verdadera situación tormentosa, que nos lleva a clamar: "Señor, sálvanos que estamos perdidos". Confiamos en la misericordia y providencia de Dios. Y esperamos en la disponibilidad e iniciativa de cada comunidad sobre la forma comunitaria de dirigir nuestra oración al Señor.

 * Orar por la fidelidad de los esposos y la estabilidad de las familias. También es muy fuerte la crisis en las familias. ¡Por qué tanta frialdad, dureza y cerrazón en las relaciones interpersonales? ¿Por qué tantas violencias y rupturas? ¿De dónde proviene la ansiedad y el desánimo? ¿Por qué tienen que haber tantos hijos sufriendo el abandono y la carencia del amor paterno y/o materno? ¿Quién convence hoy a los jóvenes y adultos que formar una familia estable y feliz exige una preparación larga y responsable? Ejercer tres profesiones al mismo tiempo, y tres profesiones no fáciles, como ser esposos, padres y educadores, exige para quien se considera una persona responsable, una larga y seria preparación. Tratemos ahora de remediar los males y llenar los vacíos. Es una tarea pendiente. Organicemos en las parroquias encuentros formativos o correctivos. Comencemos por reconocer nuestros límites y busquemos ayuda. Seguramente no serán suficientes los paliativos. El programa de la misión diocesana puede darnos canales interesantes para esta tarea formativa, siempre que superemos la pereza y la indiferencia.

* Orar y trabajar por erradicar de nuestra sociedad las causas que amargan a tantas personas, familias y comunidades, y crean la sensación de que somos una sociedad que se desintegra, un país en decadencia. Hablamos de erradicar la pobreza. ¡Pero si no somos un país pobre! Sí. Se muere de hambre en el Dais donde abunda el trigo y el pan! ¿Cuáles son las verdaderas causas de esta situación?

En la oración por la Patria rezamos: "Queremos ser Nación, una Nación cuya identidad sea la pasión por la verdad y el compromiso por el bien común". ¿Cuál será nuestra actitud y cómo responderemos para erradicar las causas del mal que sufrimos? Vemos muchos males: la pobreza real, y la ambición desmedida, la infidelidad y la violencia familiar y social, el tráfico corruptor e impone de la droga, de las personas, de influencias. Vemos incluso, con dolor, que en lugar de querer erradicar el mal, se buscan más bien canales para justificarlo legalmente o liberarlo.

El Mensaje de los Obispos de noviembre del año pasado decía: "Creemos estar ante una oportunidad única. Podemos aprovecharla, privilegiando la construcción del bien común, o malgastarla con nuestros intereses egoístas y posturas intransigentes que nos fragmentan y dividen" (Hacia un tricentenario en justicia y solidaridad, n.12). Queremos "ser portadores de buenas noticias, y no profetas de desventuras" (D Aparecida, n 30). Necesitamos mayor sabiduría y verdadera prudencia para ver y encarar los problemas y males que enlutan y afligen a nuestro pueblo. También aquí, en las parroquias, hay que crear instancias de reflexión y oración, y que el Señor venga en nuestra ayuda.

* Finalmente, orar para que  seamos  más  solidarios entre nosotros. El domingo 13 de septiembre es la jornada de la colecta Más por menos (+ x -), con este lema: Más solidaridad x menos exclusión. Como decía San Juan el Bautista: "Que Cristo crezca y yo disminuya" (Jn 3,30). Que el hermano crezca, aunque yo quede en un segundo puesto. ..Surgen también muchas preguntas. ¿Qué nos traba el crecimiento, cuando son tantas las oportunidades que se nos ofrecen? ¿Cómo podemos superar el individualismo, la avaricia, el desgano y alentar el    trabajo digno? ¿Cómo cultivar la cultura de la responsabilidad y de la solidaridad? El próximo domingo 13 de septiembre será una hermosa oportunidad para conversar sobre este tema y tender una mano solidaria.

Hermanos, he compartido esta reflexiones con ustedes, porque veo la urgente necesidad de intensificar la oración pero también la acción concreta. Tenemos la esperanza que con motivo de la misión diocesana, que no tiene tiempo fijado para la finalización, podamos abrir nuestra mente y corazón, dejamos iluminar por el Señor y aportar una luz de esperanza a nuestro pueblo, y reafirmar su voluntad de renovarse y crecer.

Ruego al Señor y a María, nuestra Madre del Cielo, por lodos ustedes. Dios los bendiga y guarde. 

 Mons. Aurelio José Kühn OFM, obispo prelado de Deán Funes
Deán Funes, en la fiesta de la Natividad de María


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Mensaje de monseñor Jorge Lozano, obispo de Gualeguaychú por el Día del Estudiante. (AICA)
 (septiembre de 2009)


"los libros no muerden"
 

Queridos jóvenes:

¡¡Feliz día del estudiante!!

“Los libros no muerden.” ¡Cuántas veces nos dicen esto en casa, en la escuela!

En este día te quiero contar de otros libros que tampoco muerden.

Dios nos regaló algunos. La creación entera es como un libro en el que Él escribió cosas buenas y bellas. Un libro para todos. El capítulo más importante y hermoso es el que cuenta la vida de la humanidad.

“El libro de la naturaleza es uno e indivisible.” Ella es “obra admirable del Creador y que lleva en sí una ‘gramática’ que indica finalidad. Es expresión de un proyecto de amor y de verdad”. (1)

Este hermoso libro de la creación tiene enemigos. Hay algunos que quieren acumular ganancias arrancando hojas de vida y escribiendo páginas de muerte.

Hace pocos días se habló mucho del consumo de drogas. Que no te confundan ni engañen. Drogarte te limita la vida y te acerca a la muerte. También el consumo de alcohol y esas mezclas raras que a veces te ofrecen te van debilitando. Te van borrando la tinta en algunas páginas de tu vida. Y corrés el riesgo de no acordarte dónde está tu nombre, y el de tus amigos y familia.

Dios nos creó para la vida y la felicidad. El camino no siempre es fácil, lo sé. Más de una vez nos encontramos con piedras y obstáculos que nos frenan; y hasta surge en el corazón el miedo o la vergüenza.

No te desalientes ni te evadas.

Cada año recibimos el regalo de la Primavera para alegrarnos con el color de las flores, el canto de los pájaros, la luminosidad de los días. Todos los días del año Dios nos regala a Jesús para que tu vida sea una permanente primavera.

La Biblia —que significa Libro— se nos revela esto: “Tanto amó Dios al mundo que envió a su Hijo Jesús, para que tengamos vida por medio de ÉL”. (2)

Tu nombre figura en el “Libro de la vida” escrito por Dios.

Que nadie te lo borre.

Y acordate: estos libros no muerden.

Con mi cariño y bendición.

 

Notas


(1) Frases dichas por el Papa Benedicto XVI
(2) Del Evangelio de San Juan.

Mons. Jorge Lozano, obispo de Gualeguaychú

 

 


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Viernes, 18 de septiembre de 2009

ZENIT   publica el comentario al Evangelio del domingo (Marcos 9, 29-36) XXV del tiempo ordinario, redactado por monseñor Jesús Sanz Montes, ofm, obispo de Huesca y de Jaca.


El texto evangélico que este domingo vamos a escuchar siempre me ha parecido impresionante por esa especie de doble escenario en el que Marcos presenta la subida de Jesús a Jerusalén. La narración del evangelista nos ha ido dando suficientes datos de palabras y de hechos de Jesús, como para imaginarnos el bienestar que suponía para aquellos primeros discípulos el hecho de pertenecer a esa compañía incipiente del Maestro.

Sus ojos, acostumbrados a la rutina cotidiana de una vida vulgar transcurrida entre los afanes de un pueblo pequeño y las fatigas del bregar de redes, se había visto sorprendida por este Jesús que habla bien, que hace el bien, que está en la boca de todos y en la necesidad de tantos... Y nada menos que ellos, han sido llamados personalmente por su nombre para acompañar a tan insigne Personaje. Estaban de enhorabuena.

Pero no acaban de entender el viaje de fondo de su Maestro. Digamos que disfrutan en cada estación, se envalentonan en cada parada del camino, justamente cuando el Maestro habla, cuando cura, cuando hace milagros. Pero la parada termina, y el camino continúa, y ¿a dónde vamos ahora cuando aquí hay "tajo"? Entonces va Jesús y les vuelve a decir delicadamente: "el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará" (Mc 9,31). La reacción que provocaba en ellos estas graves palabras, queda magistralmente dibujada en el breve apunte de Marcos: "ellos no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle" (Mc 9,32).

Al llegar a Cafarnaún, Jesús les hará una curiosa pregunta: por el camino veníais un poco alterados, ¿de qué discutíais? Pero ellos, extrañamente, no quisieron contestar, como quien lleno de sonrojo ha sido sorprendido en una torpeza demasiado mezquina. Y quedaron efectivamente mudos... de vergüenza, pues no venían comentado las palabras de su Maestro, sino que por el contrario se habían estado repartiendo su pretensión: cuál de ellos era el más importante.

Humanamente hablando, era una situación desalentadora para Jesús: Él anunciando su muerte, su entrega suprema por un supremo amor, y ellos repartiéndose la cartera, el gobierno, la canonjía, la prebenda, la túnica sagrada. Jesús adoptará una actitud comprensiva llena de misericordia, y les explicará en qué consiste la "importancia" a la que ellos deben deben aspirar: ¿veis un niño? pues así vosotros. No vayáis de "trepa" por la vida, sed sencillos, acogedores, sed pequeños. Sólo a ellos se les revela el verdadero sentido de la vida, los secretos del Reino de Dios, sólo ellos son los verdaderamente grandes. 


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VATICANO - LAS PALABRAS DE LA DOCTRINA a cargo de don Nicola Bux y don Salvatore Vitiello - Pastores según el corazón de Dios

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - Ha suscitado gran eco la homilía pronunciada por el Santo Padre Benedicto XVI, el sábado 12 de septiembre, en la Basílica papal de San Pedro, con ocasión de la Consagración episcopal de algunos prelados. Un eco por algunas razones injustificado, por otras plausible. Siempre es necesario tener presente que, cuando Pedro habla, se dirige a toda la Iglesia y su magisterio tiene constantemente un carácter universal, unido a la responsabilidad personal del Papa, y es por lo tanto impropio atribuir, a esta o aquella intervención, referencias específicas a situaciones o a personas, o peor, a realidades políticas mundanas. Desaforadamente la información pública tiende, por razones de crónica, a efectuar tales pasajes, atribuyendo, no raramente, intencionalidad directa a discursos generales.

Otro dato de cierto interés es la reacción mediática a algunas afirmaciones que el Santo Padre, en una homilía amplia y de grande espesor teológico, ha hecho, como si fueran “revelaciones extraordinarias”, nunca antes conocidas por alguno. Benedicto XVI ha afirmado: “La fidelidad es altruismo, y justo por eso es libertadora para el ministro mismo y para cuántos le son confiados. Sabemos cómo las cosas en la sociedad civil y, no raramente, también en la Iglesia sufren por el hecho que a muchos de los que ha sido otorgada una responsabilidad, trabajan para ellos mismos y no por la comunidad, por el bien común. El Señor traza con pocas líneas una imagen del siervo malvado, que golpea a los dependientes, traicionando así la esencia de su encargo. En griego, la palabra que indica 'fidelidad' coincide con la que indica fe”. La mayor parte de los periódicos se ha detenido sobre tal período, descuidando el hecho que se ha puesto la "sociedad civil" en primer lugar, entonces si ha habido un reclamo, este está dirigido a todos los que están investidos de responsabilidad en cada ámbito. Sucesivamente, dos indicaciones referidas a la Iglesia son de un coraje extraordinario y profético: “no raramente” y “muchos”; partiendo de que el adjetivo “muchos” se refiere sea a la sociedad civil sea a la Iglesia, el “no raramente” es, sin sombra de duda, un juicio claro e inequívoco, una llamada firme del Pastor de la Iglesia universal a la conversión, de todos los que han sido investidos de responsabilidad en la Iglesia, en particular los sucesores de los Apóstoles.

Es lo más natural y fisiológico que pueda ocurrir que un Padre réyame a los propios hijos, es señal del amor y la caridad misericordiosa hacia ellos. Podría asombrar una cierta admisión de “imperfección” dentro de la jerarquía católica, y en efecto ha creado noticia, pero para un Pontífice que, en momentos no sospechados, ha denunciado públicamente la “suciedad interior a la Iglesia” (“Vía Crucis” del Coliseo del 2005) no debería asombrar absolutamente.

El punto es que ejercer el ministerio, pero también cualquiera responsabilidad pública civil, sirviéndose de los demás en lugar de servir a los hermanos, hace infeliz ante todo a quién, de tal actitud, es responsable. Sea en términos psico-antropológicos sea en términos evangélicos, bien sabemos todos como el egoísmo y el mal ahogan progresivamente a los que viven así y además, quién todavía tiene necesidad de utilizar el poder para afirmarse a si mismo es porque no tiene clara la experiencia de “estar afirmado por Dios”, afirmado y aferrado por aquel Misterio Bueno que hace todas las cosas y que, sólo, constituye a los Pastores. La verdadera preocupación, al límite, podría ser la de tener personas constituidas en responsabilidad pero, todavía, inciertas del amor gratuito de Dios, tanto de tener que buscar gratificaciones y apoyos humanos, quizás demasiado humanos, creyendo ilusoriamente encontrar una respuesta a la propia necesidad existencial.

¡La verdadera libertad, en cambio, no tiene precio! La que nace de la alegre certeza de tener sólo en Dios la propia referencia y la verdadera garantía de la propia plena realización: en el cumplimiento humilde y fiel de Su voluntad, el hombre se encuentra a si mismo y descubre un inesperado equilibrio interior, que se vuelve capacidad de don realmente gratuito, superando, con la ayuda de la gracia, cada egoísmo humano.

Roguemos, siempre, al dueño de la mies, que nos done “pastores según Su corazón”, contemplativos de la Divina misericordia y, por tanto, de grande equilibrio interior y público. (Agencia Fides 17/9/2009)


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Reflexión de José Antonio Pagola al evangelio del domingo 25 del Tiempo Ordinario – B, ofrecido por la Delegación de Enseñanza de la Diócesis de Tenerife. 

DOS ACTITUDES MUY DE JESÚS 

         El grupo de Jesús atraviesa Galilea camino de Jerusalén. Lo hacen de manera reservada, sin que nadie se entere. Jesús quiere dedicarse enteramente a instruir  a sus discípulos. Es muy importante lo que quiere grabar en sus corazones: su camino no es un camino de gloria, éxito y poder. Es lo contrario: conduce a la crucifixión y al rechazo, aunque terminará en resurrección.        

         A los discípulos no les entra en la cabeza lo que les dice Jesús. Les da miedo hasta preguntarle. No quieren pensar en la crucifixión. No entra en sus planes ni expectativas. Mientras Jesús les habla de entrega y de cruz, ellos hablan de sus ambiciones: ¿quién será el más importante en el grupo? ¿quién ocupará el puesto más elevado? ¿quién recibirá más honores?

         Jesús «se sienta». Quiere enseñarles algo que nunca han de olvidar. Llama a los Doce, los que están más estrechamente asociados a su misión y los invita a que se acerquen, pues los ve muy distanciados de él. Para seguir sus pasos y parecerse a él han de aprender dos actitudes fundamentales.

         Primera actitud: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y servidor de todos». El discípulo de Jesús ha de renunciar a ambiciones, rangos, honores y vanidades. En su grupo nadie ha de pretender estar sobre los demás. Al contrario, ha de ocupar el  último lugar, ponerse al nivel de quienes no tienen poder ni ostentan rango alguno. Y, desde ahí, ser como Jesús: «servidor de todos»

         La segunda actitud es tan importante que Jesús la ilustra con un gesto simbólico entrañable. Pone a un niño en medio de los Doce, en el centro del grupo, para que aquellos hombres ambiciosos se olviden de honores y grandezas, y pongan sus ojos en los pequeños, los débiles, los más necesitados de defensa y cuidado.

         Luego, lo abraza y les dice: «El que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a mí». Quien acoge a un "pequeño" está acogiendo al más "grande", a Jesús. Y quien acoge a Jesús está acogiendo al Padre que lo ha enviado. Un Iglesia que acoge a los pequeños e indefensos está enseñando a acoger a Dios. Una Iglesia que mira hacia los grandes y se asocia con los poderosos de la tierra está pervirtiendo la Buena Noticia de Dios anunciada por Jesús. 

José Antonio Pagola

 

20 de septiembre de 2009

25 Tiempo ordinario ( B )

Marcos 9, 30-37

 


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ZENIT no ofrece el discurso que el Papa ha pronunciado el jueves 17 de Septeimbre de 2009 al recibir a los obispos de la Región Nordeste de la Conferencia Episcopal de Brasil, presentes en Roma para la visita "ad limina Apostolorum".

Venerados Hermanos en el Episcopado,

Como el apóstol Pablo en la Iglesia primitiva , habéis venido, amados Pastores de las provincias eclesiásticas de Olinda y Recife, Paraíba, Maceió y Natal, a visitar a Pedro (cf. Gal 1, 18). Acojo y saludo con afecto a cada uno de vosotros, empezando por Dom Antônio, arzobispo de Maceió, a quien agradezco los sentimientos que ha manifestado en nombre de todos haciéndose intérprete también de las alegrías, dificultades y esperanzas del pueblo de Dios peregrino en la Región Nordeste 2. En la persona de cada uno de vosotros, abrazo a los presbíteros y a los fieles de vuestras comunidades diocesanas.

En sus fieles y en sus ministros, la Iglesia es sobre la Tierra una comunidad sacerdotal estructurada orgánicamente como Cuerpo de Cristo, para desempeñar eficazmente, unida a su Cabeza, su misión histórica de salvación. Así nos lo enseña san Pablo: "vosotros sois el cuerpo de Cristo, y sus miembros cada uno por su parte" (1 Cor 12, 27). En efecto, los miembros no tienen todos la misma función: esto es lo que constituye la belleza y la vida del cuerpo (cf. 1 Cor 12, 14-17). Es en la diversidad esencial entre sacerdocio ministerial y sacerdocio común donde se entiende la identidad específica de los fieles ordenados y laicos. Por esa razón es necesario evitar la secularización de los sacerdotes y la clericalización de los laicos. En esa perspectiva, por tanto, los fieles laicos deben comprometerse en expresar en la realidad, incluso a través del compromiso político, la visión antropológica cristiana y la doctrina social de la Iglesia. Diversamente, los sacerdotes deben permanecer apartados de un compromiso personal con la política, a fin de favorecer la unidad y la comunión de todos los fieles, y así podrán ser una referencia para todos. Es importante hacer crecer esta conciencia en los sacerdotes, religiosos y fieles laicos, animando y vigilando para que cada cual se sienta motivado a actuar según su propio estado.

La profundización armónica, correcta y clara de la relación entre sacerdocio común y ministerial constituye actualmente uno de los puntos más delicados del ser y de la vida de la Iglesia. Por un lado el número exiguo de presbíteros podría llevar a las comunidades a resignarse a esta carencia, consolándose con el hecho de que ésta pone de manifiesto mejor el papel de los fieles laicos. Pero la falta de presbíteros no justifica una participación más activa y numerosa de los laicos. En realidad, cuanto más los fieles se vuelven conscientes de sus responsabilidades en la Iglesia, tanto más sobresalen la identidad específica y el papel insustituible del sacerdote como pastor del conjunto de la comunidad, como testigo de la autenticidad de la fe y dispensador, en nombre de Cristo-Cabeza, de los misterios de la salvación.

Sabemos que la "misión de salvación", confiada por el Padre a su Hijo encarnado, "se confió a los Apóstoles y, por ellos, a sus sucesores; estos reciben el Espíritu de Je´sus para actuar en su nombre y en su persona. Así, el ministro ordenado es el lazo sacramental que une la acción litúrgica a aquello que dijeron e hicieron los Apóstoles y, por ellos, a lo que dijo e hizo el mismo Cristo, fuente y fundamento de los sacramentos" (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1120). Por eso, la función del presbítero es esencial e insustituible para el anuncio de la Palabra y la celebración de los Sacramentos, sobre todo de la Eucaristía, memorial del Sacrificio supremo de Cristo, que entrega su Cuerpo y su Sangre. Por eso urge pedir al Señor que envíe obreros a su Mies; además de eso, es preciso que los sacerdotes manifiesten la alegría de la fidelidad a la propia identidad con el entusiasmo de la misión.

Amados Hermanos, tengo la certeza de que, en vuestra solicitud pastoral y en vuestra prudencia, procuráis con particular atención asegurar a las comunidades de vuestras diócesis la presencia de un ministro ordenado. En la situación actual en que muchos de vosotros os veis obligados a organizar la vida eclesial con pocos presbíteros, es importante evitar que semejante situación sea considerada normal o típica del futuro. Como recordé al primer grupo de obispos brasileños la semana pasada, debéis concentrar los esfuerzos en despertar nuevas vocaciones sacerdotales y encontrar los pastores indispensables a vuestras diócesis, ayudándoos mutuamente para que todos dispongan de presbíteros mejor formados y más numerosos para sustentar la vida de fe y la misión apostólica d ellos fieles.

Por otro lado, también aquellos que recibirán las Ordenes sagradas están llamados a vivir con coherencia y plenitud la gracia y los compromisos del bautismo, esto es, a ofrecerse a sí mismos y toda su vida en unión con la oblación de Cristo. La celebración cotidiana del Sacrificio del Altar y la oración diaria de la Liturgia de las Horas deben ir siempre acompañadas del testimonio de toda la existencia que se hace don a Dios y a los demás y que se convierte así en guía para los fieles.

A lo largo de los meses que siguen, la Iglesia tiene ante los ojos el ejemplo del Santo Cura de Ars, que invitaba a los fieles a unir sus vidas al Sacrificio de Cristo y se ofrecía a sí mismo exclamando: "¡Qué bien hace a un padre ofrecerse en sacrificio a Dios todas las mañanas!" (Le Curé d'Ars. Sa pensée - son cœur, coord. Bernard Nodet, 1966, pág. 104). Él sigue siendo un modelo actual para vuestros presbíteros, especialmente en la vivencia del celibato como exigencia del don total de sí mismos, expresión de aquella caridad pastoral que el Concilio Vaticano II presenta como centro unificador del ser y del actuar sacerdotal. Casi contemporáneamente vivía en vuestro amado Brasil, en São Paulo, fray Antônio de Sant'Anna Galvão, a quien tuve la alegría de canonizar el 11 de mayo de 2007: también él dejó un "testimonio de adorador fervoroso de la Eucaristía (...), [viviendo] en laus perene, en constante actitud de oración" (Homilía en su canonización, n. 2). De este modo ambos procuraron imitar a Jesucristo, haciéndose cada uno de ellos no sólo sacerdote, sino también víctima y oblación como Jesús.

Amados Hermanos en el Episcopado, ya se manifiestan numerosas señales de esperanza para el futuro de vuestras Iglesias particulares, un futuro que Dios está preparando a través del celo y de la fidelidad con que ejercéis vuestro ministerio episcopal. Quiero aseguraros mi apoyo fraterno al mismo tiempo que pido vuestras oraciones para que me sea concedido confirmar a todos en la fe apostólica (cf. Lc 22, 32). Que la bienaventurada Virgen María interceda por todo el pueblo de Dios en Brasil, para que los pastores y fieles puedan, con valor y alegría, "anunciar abiertamente el misterio del Evangelio" (cf. Ef 6, 19). Con esta oración, concedo mi Bendición Apostólica a vosotros, a los presbíteros y a todos los fieles de vuestras diócesis: "La paz esté con todos vosotros que estáis en Cristo" (1 Pe 5, 14).

[Traducción del original portugués por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


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Nota editorial del Periódico de CONSUDEC por Pbro. Lic. Alberto A. Bustamante, presidente de Consejo Superior de Educación Católica. (AICA)
(Septiembre de 2009)

SER DOCENTE HOY, SUEÑO O PESADILLA

“Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como una campana que resuena o un platillo que retiñe. Aunque tuviera el don de la profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas, si no tengo amor, no soy nada. Aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, no me sirve para nada.” (1Cor, 13,1-3)  

Quisiera tener presente en esta editorial de un modo especial a todos aquellos maestros, docentes, profesores que hacen de su vida una ofrenda, un servicio, una oblación. A todos aquellos que fueron descubriendo que no nacimos para nosotros si no para los otros. Para el Otro con mayúscula, Dios, y para los hermanos. A todos aquellos que descubrieron que nos realizamos y somos felices cuando nos soñamos para alguien, cuando soñamos con alguien. El que se sueña para sí, el que sueña solo consigo mismo, lo único que puede tener son pesadillas. Cuando en la vida social cada ciudadano se sueña para si, cada sector social se sueña para sí, esa sociedad tiene pesadillas colectivas. Ni hablemos si ese ciudadano es docente. Su aula se convierte en pesadilla Soy para los demás. No estudio para mí, estudio para mis alumnos. Soy para mis alumnos. Ni las vacaciones son para mí. No tengo derecho a irme de vacaciones sino tengo para quien volver, o mejor, si no tengo para quien ser.

La idea, entonces, es alentarlos, es decirles que “no hay mayor belleza que la del amor que comparte el dolor” (Fedor Dostoievski) ¡Cuánto bien hace la bellaza del rostro docente que se entrega y “se desvive para que otros tengan vida”! (Educación y proyecto de vida).

Recuerdo una anécdota de mi vida de estudiante en el Seminario Mayor de Córdoba: el entonces Padre Estanislao Karlic, hoy Cardenal, al darnos clase por primera vez nos dijo: “No tengo derecho a dirigirles la palabra si primero no estoy dispuesto a amarlos, porque toda palabra que sale de la boca sin amor es mala palabra que daña, que lacera, que destruye” ¡Cuanta sed tienen hoy nuestros muchachos y chicas de “esas palabras dichas con amor”! ¡Cuán poco se habla hoy de esta dimensión fundamental de la docencia! ¡Cuánto se ha erosionado el compromiso ético con el alumno! ¡Cuanto rescata, cuanto redime, cuantas heridas sanan las buenas palabras! Hoy hay que rescatar a la docencia de la telaraña de teorías sobre la práctica docente que omiten hablar de este “ágape pedagógico”.

El Apóstol San Pablo nos lo ha dicho con claridad. Puedo tener toda la ciencia, puedo acumular puntaje para mi carrera, puedo tener muchos cursos realizados, puedo conquistar sueldos dignos, pero si no tengo amor no me sirve de nada y lo peor, no le sirve de nada a nadie y mucho menos a los muchachos y chicas.

Esta necesidad de “ser visibles” en su integridad a los ojos de los maestros, de los adultos, se eleva como un grito, como un clamor que va creciendo casi hasta ser amenazante por parte de tantos y tantos niños, adolescentes y jóvenes que observan perplejos el autismo adulto.

Desde lo más profundo de su experiencia de “tierra nuestra”, de “raíz nuestra”, Don Atahualpa Yupanqui nos planteará desde la estética de la poesía esta gran verdad: solo hace bien el que se excede en la entrega y va más allá del estatuto. Escuchemos:

“Nada resulta superior al destino del canto.
Ninguna fuerza abatirá tus sueños,
porque ellos se nutren con su propia luz.
Se alimentan de su propia pasión.
Renacen cada día, para ser.
Sí, la tierra señala a sus elegidos.
El alma de la tierra, como una sombra, sigue a los seres
indicados para traducirla en la esperanza, en la pena,
en la soledad.
Si tú eres el elegido, si has sentido el reclamo de la tierra,
si comprendes su sombra, te espera
una tremenda responsabilidad.
Puede perseguirte la adversidad,
aquejarte el mal físico,
empobrecerte el medio, desconocerte el mundo,
pueden burlarse y negarte los otros,
pero es inútil, nada apagará la lumbre de tu antorcha,
porque no es sólo tuya.
Es de la tierra, que te ha señalado.
Y te ha señalado para tu sacrificio, no para tu vanidad.
La luz que alumbra el corazón del artista
es una lámpara milagrosa que el pueblo usa
para encontrar la belleza en el camino,
la soledad, el miedo, el amor y la muerte.
Si tú no crees en tu pueblo, si no amas, ni esperas,
ni sufres, ni gozas con tu pueblo,
no alcanzarás a traducirlo nunca.
Escribirás, acaso, tu drama de hombre huraño,
solo sin soledad ...
Cantarás tu extravío lejos de la grey, pero tu grito
será un grito solamente tuyo, que nadie podrá ya entender.
Sí, la tierra señala a sus elegidos.
Y al llegar el final, tendrán su premio, nadie los nombrará,
serán lo "anónimo",
pero ninguna tumba guardará su canto ...”

Bendecimos, alentamos y damos gracias a Dios por tantos maestros, profesores que se han animado a “cantar con su vida el himno de la caridad” y por eso ninguna tumba, como a Jesucristo, el Divino maestro , guardará su canto. 


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Reflexión de monseñor Fernando María Bargalló,  obispo de Merlo-Moreno y presidente de la Comisión episcopal de Cáritas, en el boletín mensual “Huellas de Esperanza”,  organismo de difusión de Cáritas. (AICA)
(septiembre de 2009)

La pobreza y exclusión amenazan la vida
de miles de niños y adolescentes
 

Uno de los muchos abordajes posibles del drama de la pobreza y exclusión consiste en reconocer la dolorosa situación que atraviesan tantos niños y adolescentes en su más tierna infancia. Justamente cuando deberían estar viviendo serenamente la etapa de la “nutrición” –de alimento, de juego, de cariño-, absolutamente necesaria en el proceso de crecimiento hacia la configuración de la propia identidad, de la pertenencia a una familia y a la sociedad, del desarrollo de los propios talentos y potencialidades, miles y miles de niños se ven forzados a padecer situaciones que no condicen con su edad y que, en definitiva, impiden su acceso al derecho inalienable de una vida digna. Flagelos como el trabajo infantil, la alimentación insuficiente, la escasez de recursos materiales y didácticos, sumados a la falta de contención y atención pedagógica, no sólo asfixian su presente sino que, además, estigmatizan su futuro.

Es claro que el problema a resolver no es sólo y meramente económico. El debilitamiento del núcleo familiar y de los vínculos afectivos, la fragilidad y desconcierto de los adultos en el modo de acompañar el crecimiento de sus hijos, la pérdida de valores fundamentales en la convivencia social, no ayudan, precisamente, a proteger el brote inocente y maravilloso de la vida de los pequeños. La ausencia de pautas claras y horizontes sanos y válidos hacia dónde orientar los pasos de quienes van creciendo son realidades que atraviesan a todos los sectores sociales. La droga, el alcohol y la violencia han pasado a ser “compañeros” de camino de muchos y muchas que, en tanta confusión ética y cultural, no encuentran un sentido concreto a sus vidas ni sueños por los cuales esforzarse y luchar.

Sin embargo, es claro también que la situación se agrava sobremanera cuando, en este contexto general, se padece la escasez de ingresos y abunda el carecer de todo. Cabe preguntarnos, como sociedad, ¿qué podemos hacer? Es más. Deberíamos todos interrogarnos, honesta y sinceramente, si hemos tomado conciencia del hecho que, a nuestro alrededor, la vida de tantos niños y adolescentes transcurre en la lucha cotidiana por la supervivencia y lejos de toda posibilidad de despegue y crecimiento personal.

Desde nuestra mirada creyente y cristiana, nos vemos interpelados a reafirmar el camino de Jesús, Maestro y Amigo, y su amor preferencial por los hermanos más vulnerables y desprotegidos. Sabemos muy bien, y eso nos alegra y anima a todos, que cada uno, en su servicio perseverante en Cáritas, está brindando lo mejor de sí para revertir esta situación y procurar que nadie quede excluido de la mesa de la vida, del amor y de la fraternidad.

En orden a aportar un granito de arena en la inclusión de todos, los obispos de la Comisión Permanente del Episcopado, en su última reunión de agosto, nos encomendaron, a Cáritas y a la Comisión Nacional Justicia y Paz, la tarea de estudiar conjuntamente una propuesta que, presentada a la sociedad, ayude en la búsqueda de un camino posible a recorrer y que garantice, a todos los niños y adolescentes en Argentina, su derecho a la vida digna.

Que a ejemplo de Jesucristo, y siguiendo sus huellas como discípulos-misioneros, avancemos juntos en la construcción de una sociedad con igualdad de oportunidades para todos y todas, donde nadie llegue al mundo condenado a nacer, vivir y morir en la exclusión.

Mons. Fernando María Bargalló, obispo de Merlo-Moreno y presidente de la Comisión Episcopal de Cáritas


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Jueves, 17 de septiembre de 2009

ZENIT   publica el comunicado que los obispos miembros de la Comisión de Justicia y Paz Nacional de la Conferencia Episcopal Venezolana han emitido ante las diferentes denuncias recibidas con ocasión de las detenciones ocurridas en estos últimos días.

1. Rechazamos cualquier intento por parte de las autoridades de criminalizar a quienes ejercen el derecho ciudadano a la manifestación, establecida en el artículo 68 de la Constitución de la Republica Bolivariana de Venezuela.

2. Nos preocupa que en los más recientes procedimientos judiciales contra personas a quienes se les ha detenido en el contexto de protestas o manifestaciones públicas, El Estado ha vuelto a la práctica de la detención preventiva, al "detener para investigar" antes que "investigar para detener". Acciones que nos retrotraen a etapas que creíamos felizmente superadas con la adopción del Código Orgánico Procesal Penal.

3. Recordamos que con la promulgación del Código Orgánico Procesal Penal en 1998, y de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela a finales de 1999 se derogó el antiguo sistema inquisitivo del Código de Enjuiciamiento Criminal; a la tristemente célebre "detención por averiguaciones" y del auto de detención se pasó al principio de que la persona tiene derecho a ser juzgada en libertad y a que se respete su presunción de inocencia hasta la plena demostración judicial de la culpabilidad, principios recogidos en los artículos 1º y 9º del Código Orgánico Procesal Penal:

4. Denunciamos que a personas que ejercen el derecho a la reunión y a la expresión del pensamiento, garantías reconocidas en la Constitución (artículos 53 y 57) sean sometidos a procesos penales e imputados por delitos de suma gravedad como la rebelión civil, el agavillamiento, la instigación a la guerra a delinquir, y sean sometidas a juicio; parece existir una escalada en la administración de las medidas de coerción personal, si en los años 2004 al 2009 se sometía a proceso penal bajo régimen de presentación ante tribunales, recientemente se ha optado por someter a las personas detenidas a la más grave de las medidas de coerción personal. Además es sumamente preocupante que los jueces de control estén decretando medidas de privación de libertad a ser cumplidas en establecimientos penitenciarios ordinarios como El Rodeo, Yare, La Planta, Tocuyito, etc.; en los cuales no existe clasificación entre procesados y sentenciados, ni existen garantías de respeto a la integridad física y a la vida de las personas detenidas. Al escoger como lugares de detención a penales pública y notoriamente inseguros pereciera practicarse un evidente afán por crear precedentes que atemoricen al resto de los ciudadanos.

5. Denunciamos y Repudiamos todo tipo de atentado contra la dignidad de la persona humana, y contra el trabajo honorable de organizaciones que por años han trabajado en la defensa de los derechos humanos. La difamación, el allanamiento, los ataques orales y escritos son acciones que descalifican y denigran la fama y la moral de organizaciones serias y comprometidas. Reconocemos el trabajo de toda la red de DDHH y respaldamos a organizaciones que han sido atacadas como COFAVIC, PROVEA, Observatorio de Prisiones, entre otras.

6. Instamos al Estado venezolano a actuar apegado a los estándares de protección de los derechos humanos establecidos en la Constitución de la República. Animamos a los Poderes Públicos a cumplir su misión resguardando el principio fundamental de la Independencia de los poderes públicos.

7. Pedimos a todos los venezolanos: primero, denunciar ante las instituciones pertinentes cualquier anomalía surgida, recordando que el camino para fortalecer la democracia es institucional; segundo, trabajar por la paz, la reconciliación, el respeto de la dignidad humana, el entendimiento entre todos, el destierro de la violencia y el odio, y abrir espacios para la convivencia sin distinción ni reservas.

8. Recordamos a todos los ciudadanos y ciudadanas que la oficina de Justicia y Paz, cumpliendo con su misión humanitaria y de defensa de los derechos humanos de todos los ciudadanos y ciudadanas, sin importar su pensamiento político, seguirá apoyando cualquier denuncia de quienes se vean afectados en sus derechos.

En Caracas a los 14 días del mes de Septiembre de 2009

+ Monseñor Roberto Luckert León
Presidente de la Oficina de Justicia y Paz
Vicepresidente de la CEV


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ZENIT nos ofrece el texto completo de la catequesis pronunciada por Benedicto XVI durante la audiencia general del miércoles, 16 de Septeimbre de 2009, celebrada en el Aula Pablo VI, en la que presentó al figura de Simeón el Nuevo Teólogo (949-1022).

Queridos hermanos y hermanas:

hoy nos detenemos a reflexionar sobre la figura del monje oriental Simeón el Nuevo Teólogo, cuyos escritos han ejercido un notable influjo sobre la teología y la espiritualidad de Oriente, en particular en lo que respecta a la experiencia de la unión mística con Dios. Simeón el Nuevo Teólogo nació en el 949 en Galacia, en Paflagonia (Asia Menor), de una familia noble de la provincia. Aún joven, se transfirió a Constantinopla para emprender los estudios y entrar al servicio del emperador. Pero se sintió poco atraído por la carrera civil que se le sugería y, bajo la influencia de iluminaciones interiores que iba experimentando, se puso a la búsqueda de una persona que le orientara en el momento lleno de dudas y perplejidades que estaba viviendo, y que le ayudase a progresar en el camino de la unión con Dios. Encontró esta guía espiritual en Simeón el Pío (Eulabes), un simple monje del monasterio de Studion, en Constantinopla, que le dio a leer el tratado La ley espiritual de Marcos el Monje. En este texto, Simeón el Nuevo Teólogo encontró una enseñanza que le impresionó mucho: "Si buscas la curación espiritual - leyó en él - estate atento a tu conciencia. Todo lo que ella te diga hazlo y encontrarás lo que te es útil". Desde aquel momento - refiere él mismo - nunca se acostó sin preguntarse si la conciencia no tuviese algo que reprocharle.

Simeón entró en el monasterio de los Estuditas, donde, sin embargo, sus experiencias místicas y su extraordinaria devoción hacia el Padre espiritual le causaron dificultades. Se transfirió al pequeño convento de San Mamés, también en Constantinopla, del cual, tres años después, llegó a ser cabeza, el higumeno. Allí condujo una intensa búsqueda de unión espiritual con Cristo, que le confirió gran autoridad. Es interesante notar que se le dio el apelativo de "Nuevo Teólogo", a pesar de que la tradición reservara el título de "Teólogo" a dos personalidades: al evangelista Juan y a Gregorio Nacianceno. Sufrió incomprensiones y el exilio, pero fue rehabilitado por el patriarca de Constantinopla, Sergio II.

Simeón el Nuevo Teólogo pasó la última fase de su existencia en el monasterio de Santa Macrina, donde escribió gran parte de sus obras, convirtiéndose en cada vez más célebre por sus enseñanzas y por sus milagros. Murió el 12 de marzo de 1022.

El más conocido de sus discípulos, Niceta Stetatos, que recopiló y volvió a copiar los escritos de Simeón, preparó una edición póstuma, redactando seguidamente la biografía. La obra de Simeón comprende nueve volúmenes, que se dividen en Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, tres volúmenes de Catequesis dirigidas a los monjes, dos volúmenes de Tratados teológicos y éticos y un volumen de Himnos. No hay que olvidar tampoco sus numerosas Cartas. Todas estas obras han encontrado un lugar relevante en la tradición monástica oriental hasta nuestros días.

Simeón concentra su reflexión sobre la presencia del Espíritu Santo en los bautizados y sobre la conciencia que deben tener de esta realidad espiritual. La vida cristiana - subraya - es comunión íntima y personal con Dios, la gracia divina ilumina el corazón del creyente y le conduce a la visión mística del Señor. En esta línea, Simeón el Nuevo Teólogo insiste en el hecho de que el verdadero conocimiento de Dios no viene de los libros, sino de la experiencia espiritual, de la vida espiritual. El conocimiento de Dios nace de un camino de purificación interior, que comienza con la conversión del corazón, gracias a la fuerza de la fe y del amor; pasa a través de un profundo arrepentimiento y dolor sincero por los propios pecados, para llegar a la unión con Cristo, fuente de alegría y de paz, invadidos por la luz de su presencia en nosotros. Para Simeón semejante experiencia de la gracia divina no constituye un don excepcional para algunos místicos, sino que es fruto del Bautismo en la existencia de todo fiel seriamente comprometido.

¡Un punto sobre el que reflexionar, queridos hermanos y hermanas! Este santo monje oriental nos reclama a todos una atención a la vida espiritual, a la presencia escondida de Dios en nosotros, a la sinceridad de la conciencia y a la purificación, a la conversión del corazón, para que el Espíritu Santo se haga presente en nosotros y nos guíe. Si de hecho nos preocupamos justamente por cuidar nuestro crecimiento físico, es aún más importante no descuidar el crecimiento interior, que consiste en el conocimiento de Dios, en el verdadero conocimiento, no sólo tomado de los libros, sino interior, y en la comunión con Dios, para experimentar su ayuda en todo momento y en cada circunstancia. En el fondo, esto es lo que Simeón describe cuando narra su propia experiencia mística. Ya de joven, antes de entrar en el monasterio, mientras una noche en casa prolongaba sus oraciones, invocando la ayuda de Dios para luchar contra las tentaciones, había visto la habitación llena de luz. Cuando después entró en el monasterio, se le ofrecieron libros espirituales para instruirse, pero su lectura no le procuraba la paz que buscaba. Se sentía - cuenta él - como un pobre pajarito sin alas. Aceptó con humildad esta situación, sin rebelarse, y de entonces empezaron a multiplicarse de nuevo las visiones de luz. Queriendo asegurarse de su autenticidad, Simeón le preguntó directamente a Cristo: "Señor, ¿estas verdaderamente tu mismo aquí?". Sintió resonar en el corazón la respuesta afirmativa y fue sumamente consolado. Fue aquella, Señor - escribirá seguidamente - la primera vez que me juzgaste a mí, hijo pródigo, digno de escuchar tu voz". Sin embargo, tampoco esta revelación le dejó totalmente tranquilo.- Se preguntaba más bien si incluso aquella experiencia no debería considerarse una ilusión. Un día, finalmente, sucedió un hecho fundamental para su experiencia mística. Comenzó a sentirse como "un pobre que ama a sus hermanos" (ptochós philádelphos). Veía en torno a sí muchos enemigos que querían tenderle insidias y hacerle el mal, pero a pesar de ello advirtió en sí mismo un intenso trasnporte de amor hacia ellos. ¿Cómo explicarlo? Evidentemente no podía venir de él mismo semejante amor, sino que debía brotar de otra fuente. Simeón entendió que procedía de Cristo presente en él y todo se le aclaró: tuvo la prueba segura de que la fuente del amor en él era la presencia de Cristo y que tener en sí un amor que va más allá de mis intenciones personales indica que la fuente del amor está en mí. Así, por una parte, podemos decir que sin una cierta apertura al amor Cristo no entra en nosotros, pero por otra, Cristo se convierte en fuente de amor y nos transforma. Queridos amigos, esta experiencia es muy importante para nosotros, hoy, para encontrar los criterios que nos indiques si estamos realmente cerca de Dios, si Dios existe y vive en nosotros. El amor de Dios crece en nosotros si permanecemos unidos a Él con la oración y con la escucha de su palabra, con la apertura del corazón. Solamente el amor divino nos hace abrir el corazón a los demás y nos hace sensibles a sus necesidades, haciéndonos considerar a todos como hermanos y hermanas e invitándonos a responder con amor al odio y con el perdón a la ofensa.

Reflexionando sobre esta figura de Simeón el Nuevo Teólogo, podemos encontrar aún un elemento ulterior de su espiritualidad. En el camino de vida ascética propuesto y recorrido por él, la fuerte atención y concentración del monje sobre la experiencia interior confiere al Padre espiritual del monasterio una importancia esencial. El mismo joven Simeón, como se ha dicho, había encontrado un director espiritual, que le ayudó mucho y del que conservó una grandísima estima, tanto que le reservó, tras su muerte, una veneración también pública. Y quisiera decir que sigue siendo válido para todos - sacerdotes, personas consagradas y laicos, y especialmente para los jóvenes - la invitación a recurrir a los consejos de un buen padre espiritual, capaz de acompañar a cada uno en el profundo conocimiento de sí mismo, y conducirlo a la unión con el Señor, para que su existencia se conforme cada vez más al Evangelio. Para ir hacia el Señor necesitamos siempre una guía, un diálogo. No podemos hacerlo solamente con nuestras reflexiones. Y éste es también el sentido de la eclesialidad de nuestra fe, de encontrar esta guía.

Concluyendo, podemos sintetizar así la enseñanza y la experiencia mística de Simeón el Nuevo Teólogo: en su incesante búsqueda de Dios, aún en las dificultades que encontró y en las críticas de que fue objeto, él, a fin de cuentas, se dejó guiar por el amor. Supo vivir él mismo y enseñar a sus monjes que lo esencial para todo discípulo de Jesús es crecer en el amor y así crecemos en el conocimiento de Cristo mismo, para poder afirmar con san Pablo: "Ya no soy yo quien vive, sino que es Cristo quien vive en mí" (Gal 2,20).

[Al final de la audiencia, el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:]

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy hablamos de Simeón el Nuevo Teólogo, un monje oriental de Asia Menor nacido en el año novecientos cuarenta y nueve, que abandonó su carrera civil al servicio del Emperador para emprender el camino de la unión con Dios, bajo la guía espiritual de Simeón el Piadoso, en un monasterio de Constantinopla. Murió en mil veintidós, y sus escritos han tenido un notable influjo en la teología y la espiritualidad de Oriente. Su reflexión se centra en la presencia del Espíritu Santo en los bautizados, que han de ser conscientes de esta realidad espiritual, que todos ellos han recibido y que los lleva a la unión íntima y personal con el Señor. Éste es el cometido de la vida cristiana, en la que la comunión con Dios lleva a sentir su ayuda en todo momento. A su vez, el amor al prójimo, incluso a los enemigos, hizo ver aún mejor a Simeón que este amor no podía salir de él mismo, sino de Cristo que habitaba en él, mostrando así que la verdadera fuente del amor es la presencia divina en el alma.

Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a las Carmelitas Misioneras, en su Asamblea Intercapitular, al grupo del Bachillerato Humanista Moderno de la Arquidiócesis de Salta, así como a los demás grupos procedentes de España, El Salvador, Chile, Argentina y otros países latinoamericanos. Que la vida y enseñanza de Simeón nos ayude a descubrir cada día más la inefable belleza del Amor de Dios en nosotros.

Muchas gracias por vuestra atención. 

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
© Libreria Editrice Vaticana]


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La agitada historia del Niño Rey (AICA)

     La imagen del Niño Jesús de Praga de la iglesia de Santa María de la Victoria del barrio de Malá Strana en Praga recibe anualmente un millón de peregrinos procedentes de todo el mundo. Muchos vienen de América o Filipinas, donde la veneración de la infancia de Jesús está especialmente viva. El Jesusito de Praga tuvo, en el transcurso de los siglos, un destino accidentado: se dice que Santa Teresa de Ávila se lo regaló a una noble española quien, a su vez, se lo dio a su hija como regalo de bodas cuando ésta se casó en Praga.

     La imagen es venerada desde 1628 en la iglesia de los Padres Carmelitas. En la Guerra de los Treinta Años fue profanada por soldados protestantes de Sajonia, que le quebraron las manos y la dejaron tirada sobre un montón de escombros detrás del altar. Los Carmelitas fueron expulsados del monasterio. Algunos años más tarde, el Padre Cirilo a Matre Dei, un Carmelita de Luxemburgo que veneraba profundamente al Niño Jesús de Praga, volvió a encontrar la imagen. Dice la leyenda que el Niño Jesús le pidió encarecidamente que le devolviera las manos, prometiéndole: “¡Cuanto más me honren, tanto más los bendeciré!”.

     La veneración del Niño Jesús de Praga volvió a florecer y se extendió por todo el mundo. Así, por ejemplo, existen varios santuarios del Niño Jesús de Praga en la India, uno italiano en Arenzano, cerca de Génova, y muchos más en casi todos los continentes. En el transcurso de los siglos, millones de creyentes de todo el mundo buscaron y encontraron consuelo y ayuda a través del Niño Rey.

     A principios del siglo XIX, los Carmelitas tuvieron que abandonar, una vez más, su monasterio, a raíz del proceso de secularización impulsado por el emperador José II, y no pudieron regresar al barrio praguense de Malá Strana hasta 1993, tras el derrumbamiento del comunismo en Europa Central y del Este. En la actualidad, cinco Padres Carmelitas se encargan del santuario: dos checos, dos indios y un italiano.

     También fueron grandes adoradoras del Niño Jesús de Praga Santa Teresa de Lisieux y Santa Teresa Benedicta de la Cruz. El famoso poeta francés Paul Claudel le dedicó un famoso poema al milagroso Niño Jesús. Recientemente, el Arzobispo de Praga, cardenal Miroslav Vlk, declaró a la iglesia que alberga al Niño Jesús de Praga segundo santuario de la República Checa después de la catedral de San Vito.+


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Homilía de monseñor Luís Stöckler, obispo de Quilmes en la 31º Peregrinación Diocesana a Luján. (AICA)
(13 de septiembre de 2009)


Con la Virgen haciendo el bien 

Hemos llegado nuevamente a los pies de la Virgen en su Santuario de Luján, donde ella siempre nos espera, a todos sus hijos que peregrinan en la Argentina, pero de una manera especial a los que vivimos en este mundo tan complejo del Gran Buenos Aires. Cuando entramos en la Basílica, inmediatamente nos sentimos en casa, y nos sabemos hermanos, porque estamos juntos cerca de nuestra Madre. Juan Pablo II, el inolvidable Papa, decía una vez: “En el estilo de piedad que es el del pueblo al que yo pertenezco, hallé lo que había descubierto al leer el Tratado sobre la excelentísima devoción a la Virgen María de San Luis María Grignon de Montfort. “Si antes me contenía por temor a que la devoción mariana tomara la delantera a la de Cristo, en lugar de cederle el paso, al leer el tratado comprendí que, en realidad, ocurría algo muy distinto. Nuestra relación interior con la Madre de Dios dimana orgánicamente de nuestra vinculación al misterio de Cristo. Por tanto, es imposible que se estorben entre sí”. “Al contrario: «la verdadera devoción» a la Virgen Santísima se reafirma con mayor fuerza en aquel que avanza en el misterio de Cristo, Verbo encarnado, y en el misterio trinitario de la salvación que se centra en él. Incluso se puede decir que, a quien se esfuerza en conocerle y amarle, el propio Cristo le señala a su Madre, como hizo en el Calvario con su discípulo Juan”. Con la piedad del pueblo al que pertenecemos, también nosotros vinimos hoy para presentarle a nuestra Madre nuestro afecto y nuestra gratitud, y también nuestras penas. Y queremos pedirle que nos abra el oído para entender lo que su Hijo nos quiere decir a cada uno y a nuestra Iglesia.

En el evangelio que escuchamos recién, Jesús pregunta a sus discípulos: “Ustedes, ¿quién dicen que soy Yo?”. Esta pregunta, hoy, está dirigida a nosotros. Antes de dar una respuesta apurada, conviene mirar, cómo nuestra Madre fue descubriendo el misterio de Cristo. Porque ha sido un camino largo que la llevó como peregrina de la fe a entender a quien ella había concebido del Espíritu Santo y dado a luz. Lo primero que escuchó del ángel era, que su hijo era el Hijo de Dios. Además le dijo que iba a heredar el trono de su antepasado, el rey David, como el Mesías prometido y esperado del pueblo judío. Y más: cuando lo presentó a su primogénito en el templo, según lo establecido por la ley, el anciano Simeón afirma que Jesús iba a ser luz para todas las naciones; y le profetiza a la Virgen que una espada le va a traspasar el corazón. Esta profecía preparó a María para que no se extrañara con las pruebas que le iban a traer su fe y fidelidad a Cristo. Los evangelios dicen en adelante que María, a veces, no entendía lo que acontecía con su hijo, pero que ella guardaba estas cosas en su corazón. Lo acompañaba en su misión pública, cuando “pasó haciendo el bien” (Hch 10, 38), y “Dios lo acreditó por milagros, prodigios y signos” (Hch 2, 22). Pero ella estuvo con Él, sobre todo, cuando llegó la hora de las tinieblas. Aunque no entendía, no dudaba de Él. Aunque la persecución y su condena a muerte, al parecer, desmentía lo que el ángel le había prometido, la Virgen se quedó al pie de la cruz y se unía a su Hijo en la entrega al Padre. Ella creía verdaderamente lo que el nombre “Jesús” significa: Dios salva. Su hijo era, es el Salvador.

Si vinimos hoy acá, a la casa de la Madre, queremos afirmar nuestra fe en su hijo. Creemos que Jesucristo, como en aquel entonces, sigue haciendo el bien; y que podemos acudir a Él, como los enfermos y los atormentados en aquel tiempo, para pedir su ayuda. Por eso traemos hoy las preocupaciones para acercárselos por la intercesión de la Virgen. Pedimos por nuestra Patria, en vísperas de su Bicentenario. Pedimos por nuestros presbíteros y por buenas vocaciones en este Año Sacerdotal. Pedimos por nuestros enfermos para que sientan que el Señor no los abandona. Pedimos por los pobres y por los que están en condiciones de ayudarlos. Y queremos pedir también por nuestra Iglesia hermana de Orán y su nuevo obispo Marcelo, para que su misión siga el ejemplo de Cristo, el buen samaritano.

Pero queremos pedir al Señor también que nos quite los miedos, cuando el seguirle a Él significa renunciar a nosotros mismos y cargar con la cruz. Que nos haga sentir que el perder la vida por Él y la Buena Noticia, nos llena el corazón. Y que esta visita a la casa de su Madre afirme nuestra pertenencia a la Iglesia, donde ya ahora podemos anticipar el gozo de la vida eterna.

Mons. Luis T. Stöckler, obispo de Quilmes


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Homilía de monseñor Miguel Esteban Hesayne, obispo emérito de Viedma para el 24º Domingo durante el año. (AICA)
 (13 de septiembre de 2009)

El Diálogo en la Argentina actual…
 

En la Homilía del 6 de abril del 2008 traté el tema del Diálogo para esclarecerlo,  recomendarlo, preservarlo en su propia identidad y no usarlo  corrompiendo su valioso significado indispensable en sanas relaciones humanas, tanto más en una sociedad con mayoría cristiana. Actualmente sobre la palabra “Diálogo” cae una gran sombra de sospecha. Se la ha vaciado de significado real. Es preciso devolver a la sociedad argentina una dinámica dialogal para vivir un país normal y ser Nación libre y soberana. Y es compromiso cristiano primordial favorecer las relaciones humanas hasta cumbres insospechadas de fraternidad y solidaridad ciudadana.

La primera condición requerida para que se logre el “diálogo” es que se realice entre personas que se respetan la una y la otra como tal. Es obvio pero, en la práctica, no siempre suficientemente se cumple este  primer e indispensable requerimiento. En consecuencia no hablemos de Diálogo si los que lo intentan no aspiran a personalizarse mutuamente. Uno y otro de los interlocutores deben aspirar a ser más y ayudarse, por medio del diálogo, para la realización de este objetivo. Quiere decir que ninguna de las  partes debe ser considerada como un objeto. Y la responsabilidad de la frustración de Diálogo cae sobre quien no aspira a la mutua  personalización.

Una segunda condición que se desprende de la primera enunciada, es  la búsqueda de la verdad de la existencia humana propia y ajena  con sinceridad de corazón. Esta actitud de búsqueda de la verdad… es una actitud de apertura-escucha  para ir descubriéndola en el pensamiento expuesto por la otra parte. La misma palabra diálogo, encierra esta actitud de búsqueda de la verdad escuchando al interlocutor. Palabra de origen griego compuesta de la expresión “dia” que en griego significa “a través” y la expresión “logo” que significa “palabra”. Cuando alguien quiere dialogar -de verdad- tiene que estar convencido que no está en posesión de la verdad  total. A lo sumo lleva una parte que debe completar con su interlocutor.

Por eso, se requiere una  tercera condición: la “transparencia” de persona a persona. Exige - escribe Paulo VI- “un intercambio  de pensamiento, es una invitación al ejercicio de las facultades superiores del hombre”. No hay rodeos y lo que se piensa se expresa sin repliegues o subterfugios. La persona transparente muestra el fondo de su corazón como aguas  límpidas dejan ver el fondo, por profundo que fuere… Una persona así, es rectilínea, no busca por medios subterráneos la conquista de un objetivo también subterráneo. Con la persona recta es posible el diálogo. Con la persona doble el diálogo queda roto. Por eso, Jesús en su Evangelio nos pide en el  trato de unos con otros el: Sí-Sí, el No-No y es tan severo con los hipócritas hasta el punto de llamarlos sepulcros blanqueados que muestran limpidez por fuera y  podredumbre por dentro.

Y una  cuarta condición se impone: la humildad.  La persona orgullosa es la más cerrada al diálogo.  El autosuficiente es radicalmente incapaz de dialogar. Encerrado en el sobre valor de sí mismo pretende tener la verdad absoluta.

El corazón orgulloso está cerrado al mismo Dios ¿cómo podrá abrirse a otra persona? Por eso, se piensa -a la luz de la Fe Cristiana- que el pecado de la primera pareja (pecado originante) fue pecado de orgullo que originó al “hombre roto” en su triple relación con Dios, con los demás y con la naturaleza.

En clave cristiana sabemos que Dios se metió en el mundo de los hombres  (Navidad) para que la humanidad logre la Reconciliación (Pascua). Porque si se pretende una sociedad sin Dios se podrán  lograr grandes progresos materiales que a su vez serán causa de divisiones, desencuentros y desigualdades. Los hombres sin Dios jamás se entienden (Torre de Babel). Pero, tampoco se entiende a Dios cuando se reza para imponer la “propia verdad”, en vez de buscar  la intervención de Dios para lograr la capacidad de  auténtico Diálogo, único camino de la Paz social de la  Nación…[1]


Notas

[1] Salmo 44 ( 43),4

Mons. Miguel Esteban Hesayne, obispo emérito de Viedma
([email protected]


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Invocación religiosa de monseñor Alfonso Delgado, arzobispo de San Juan de Cuyo con motivo del Día del Maestro. (AICA)
(11 de septiembre de 2009)
 

Día del Maestro 

Junto a la casa de Sarmiento hacemos memoria del ilustre sanjuanino que tuvo la osadía avizorar un futuro de grandeza y de dignidad para el país. Lo hizo con una expresión provocativa: “educar al soberano”, a todo el pueblo argentino.

Dentro de dos años San Juan celebrará el nacimiento de este prócer de la educación. Los años han pasado, pero la educación sigue siendo todavía una prioridad para Argentina, a forjar a través de una necesaria y eficaz política de Estado.

Sarmiento no proclamó esta verdad sólo con palabras, sino que empeñó su vida en hacerla realidad.

Querer “educar al soberano” requiere una fuerte convicción para lograr que cada “habitante” pueda llegar a ser un verdadero “ciudadano”: de la Nación, de su Provincia, de cada Municipio.

“Educar al soberano” significa plasmar en cada hombre y en cada mujer la cultura, el conocimiento y las condiciones necesarias para crecer en libertad y en dignidad. Y por este camino, llegar a ejercer plenamente sus derechos y asumir con responsabilidad sus obligaciones ciudadanas.

“Educar al ciudadano” nunca será tarea fácil ni traerá consigo réditos políticos inmediatos (de la “política” barata, la que se escribe con minúscula). Pero es el camino para alcanzar alguna vez la verdadera Política (la “política” en serio) de abrir horizontes de esperanza para nuestros jóvenes e integrar el país al concierto de las naciones.

Las dificultades para “educar al ciudadano” siempre serán notables. Se trata de una empresa humanamente grandiosa y con escollos no pequeños. Habrá fracasos y desánimos, conflictos de intereses y sinsabores, limitaciones económicas y humanas. Tampoco faltará el acoso de las ideologías -verdadera degradación de las ideas- que, aunque trasnochadas, siguen llevando en su núcleo íntimo gérmenes de fundamentalismo, de intolerancia y de muy poco respeto a todo lo que tenga sabor a libertad.

Dios quiera que el espíritu del gran educador ilumine a los educadores, a los responsables de las instituciones republicanas y a todos los ciudadanos; que crezca en nosotros la convicción de que “la noble tarea de educar” y la “noble tarea de aprender” son el camino hacia la plena ciudadanía de los argentinos, para construir el capital social que necesitamos y para incorporar a la mesa ciudadana a tantos hermanos excluidos del bien común.

En el día de Sarmiento, pedimos a Dios la firmeza de espíritu y el optimismo realista y contagioso en el quehacer educativo, y su misericordiosa bendición para los educadores, los estudiantes, los gobernantes y quienes deben conducir la educación en la Provincia y en la Patria Argentina.

Que Jesús, el Maestro Bueno, el Maestro para todos, ilumine y oriente nuestro empeño entusiasmado de “educar al soberano”.

Mons. Alfonso Delgado, arzobispo de San Juan de Cuyo 


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OBISPADO DE TENERIFE
Vicaría General

C/ Plaza del Adelantado 10. 38201 — La Laguna Santa Cruz de Tenerife — Islas Canarias — ESPAÑA 922 252540 — [email protected]

San Cristóbal de La Laguna, a 9 de Septiembre de 2009.

Un saludo a todas y todos.

Hemos iniciado un nuevo curso pastoral, el tercero de implementación del PDP que tiene por lema: "Haz memoria de Jesucristo Resucitado". Este Año no debiera ser uno más para todos los que hemos sido llamados por Dios a realizar este servicio educativo y evangelizador que es la catequesis. Lo digo porque, como sabemos, el objetivo preferente del curso 2009/10 es la Iniciación Cristiana.

La pastoral de la iniciación, considerada a la vez como un proceso catequético, vital y litúrgico, despierta hoy en la- Iglesia gran preocupación e interés. Pocas tareas pueden compararse a la de ayudar a que, en el seno de la Iglesia, nazcan y crezcan nuevos hijos e hijas de Dios.

Por ello, les invito, desde ya, a que dejemos encender la llama del ardor apostólico en nosotros, ante la estimulante tarea que tenemos por delante y que nos reclama un esfuerzo de reflexión y estudio para ir ensayando procesos nuevos, itinerarios diversos de los que hemos ido aplicando. Nada hay más hermoso, nos dice Benedicto XVI, que haber sido alcanzados, sorprendidos, por el Evangelio, por Cristo. Nada más bello que conocerle y comunicar a los otros la amistad con Él. Lo que el mundo necesita es el amor de Dios, encontrar a Cristo y creer en Él.

Desde esa motivación y fuerza espiritual podremos emprender, con garantías, la travesía de este curso pastoral en el que ya está instaurado entre nosotros el catecumenado. Desde ahora, todas las personas, a partir de los siete años, que no hayan recibido el bautismo y quieran ser cristianas, han de iniciar este proceso catecumenal. Esto, sin duda, pedirá de todos los párrocos y catequistas laicos, una mejor y diversa atención de los catecúmenos y catequizandos que se acercan a nuestras parroquias.

Hermosos, bellos, ilusionantes desafíos tenemos por delante. Ayudar a "Nacer a la fe", desde la primacía de la iniciativa de Dios. Acompañar a otras y otros a pasar de la no fe a la fe; de no ser cristianos a serlo. ¡Qué estupendo!

Ahuyentemos la rutina al inicio de este curso catequético; conjurémonos para orar y formarnos con el material que ya ofrece la delegación para capacitamos mejor, por amor a Dios y a los catequizandos, de cara a estos retos decisivos para el presente y futuro de la Iglesia. Apoyémonos unos a otros. Con Él y con todos, esta nave que ahora zarpa llegará a buen puerto.

 

Antonio M. Pérez Morales
Vicario General


REDACCIÓN DE "IGLESIA NIVARIENSE"
C. San Agustín, nº 28
38201. La Laguna. Tenerife.
Tfno. 922-314961 / Fax. 922-256362
e-mail: [email protected]

Boletín 352 

Los salones parroquiales de La Orotava han acogido durante esta semana un nuevo curso para catequistas sobre la iniciación cristiana. El encargado de guiar dicho curso ha sido Juan Carlos González. Otro cursillo se desarrollará en la isla de La Palma. 

Ha fallecido el sacerdote José María Calvo Calderón, misionero claretiano: El sepelio se celebró en la parroquia de Nuestra Señora del Pilar de la capital tinerfeña.  

Los obispos de las diócesis del archipiélago han participado en el consejo y comienzo de curso de Radio Ecca celebrado en Las Palmas de Gran Canaria.  

Ya han comenzado las primeras reuniones del obispo por las vicarias. La primera de ellas se desarrolló en La Gomera, concretamente en playa de Santiago.  

Este sábado en la casa de ejercicios tendrá lugar la asamblea de  constitución de la nueva etapa del movimiento de Acción Católica General en  nuestra diócesis. 

Por otro lado, la Casa de Espiritualidad “Santa María” de la Institución Javeriana ha sido el marco en el que el 14 y 15 de septiembre se ha celebrado el I Encuentro General de Consiliarios de Acción Católica General. Este Encuentro -en el que han participado 45 Consiliarios de ACG, llegados de 20 diócesis- ha sido también el primer evento interdiocesano tras la Asamblea de Constitución de ACG que, con el lema “Abriendo caminos de Esperanza” se celebró en Cheste (Valencia) del 30 de julio al 2 de agosto pasados. 

Ya se puede adquirir la carta encíclica del Papa Benedicto XVI “Caritas In Veritate” en las librerías diocesanas. Asimismo, en dichas librerías, así como en el Espacio Religioso Cueva del Hermano Pedro, en El Médano, se encuentra a disposición de quien lo solicite, el libro: “Santo Hermano Pedro de San José Betancur y su Cueva” presentado por los presbíteros: José Ventura González y Norberto-Vicente García Díaz. Ambas publicaciones han sido editadas por Edobite. 

Igualmente, en la red de librerías diocesanas se encuentra disponible el folleto de formación de los catequistas para el presente curso. El mismo se titula: Nacer a la fe. La Iniciación Cristiana II. 

El día 11 de septiembre se inauguró el nuevo curso universitario en la Universidad de La Laguna (ULL). La Eucaristía estuvo presidida por el Obispo. Tuvo una significación especial ya que, después de varios años, se celebró la misma en la capilla de la Universidad, en el Edificio Central de la ULL. La inauguración académica se realizó en el paraninfo del mismo edificio central de la ULL. Con estos actos da comienzo el curso universitario y para la Diócesis la activación del convenio firmado por ambas partes por la cual el delegado de Pastoral Universitaria de la Diócesis es a partir de ahora Delegado de Pastoral de la ULL ofreciendo un servicio desde la misma Universidad (Servicio de Asistencia y Formación Religiosa Católica de la Universidad de La Laguna). 

El sábado 19 de septiembre tendrá lugar la reunión de coordinadores arciprestales de jóvenes. 

El Instituto Superior de Teología (ISTIC) sigue ofertando cursos de su Escuela de Verano. El próximo se desarrollará durante los días 17,18 y 19 bajo el título: “Los recursos sociales de la comunidad a nuestro alcance: lo que debe saber un ciudadano”, dirigido por José Alonso Mesa, trabajador social y licenciado en Ciencias Religiosas. Esta iniciativa tendrá lugar de 17:00 a 21:00 horas y el sábado de 10:00 a 13:00 horas. 

Por otro lado, el ISTIC ha puesto en marcha nuevamente la Escuela Diocesana de Pastoral. Se trata de una herramienta de formación básica en la fe que no requiere titulación académica previa para poder matricularse. Dicha escuela oferta varias especialidades como por ejemplo: Catequesis, Liturgia, Pastoral Juvenil, Matrimonio y Familia, Pastoral Sanitaria, Medios de Comunicación, etc. 

La revista diocesana ‘Iglesia Nivariense’, en su último número, se ocupa principalmente del nuevo curso pastoral, del final de la Bajada de la Virgen en El Hierro, la consagración del templo del Carmen en Arafo y de varios casos de cooperación internacional de voluntarios cristianos de las islas en verano.  

El próximo jueves día 24 se celebra el día de la patrona de los reclusos, Nuestra Señora de la Merced. Con tal motivo, el obispo presidirá la eucaristía en el centro penitenciario Tenerife II. 

Además, ese día, los herreños celebran la fiesta insular de Nuestra Señora de los Reyes. En la noche, los devotos se desplazan al Santuario de la Dehesa, en la llamada peregrinación de los faroles a la ermita. En la misma, en la jornada del día de la patrona insular se celebran varias misas.  

La fiesta de El Socorro en Güímar ha terminado esta semana con la Octava de la Virgen. Tras la celebración de la Eucaristía, cantada por la Agrupación Músico Vocal Amigos del Arte, tuvo lugar la procesión de la venerada imagen de Nuestra Señora de El Socorro, acompañada de su Cofradía de Guanches.  

La Esclavitud del Santísimo Cristo de La Laguna ha celebrado su 350 aniversario. La fiesta principal de exaltación de la Santa Cruz tuvo lugar el lunes, 14 de septiembre. A las 10:00 horas se desarrolló la procesión desde las Casas Consistoriales hasta la Parroquia de La Concepción donde se celebró la Eucaristía presidida por el Obispo, Bernardo Álvarez. El arzobispo emérito de Pamplona-Tudela, Fernando Sebastián Aguilar fue el encargado de realizar la homilía en la que destacó la fuerza del Espíritu. “Somos pocos, no tenemos ningún poder, muchos nos consideran necios pero por la fe y lo que nos ha dado Jesús tenemos la sabiduría de Dios. La fuerza de la cruz es interior, ilumina nuestra mente y purifica nuestro corazón. Abogo por una ciudad de hermanos en paz y de ayuda mutua”, señaló Aguilar. 

El pasado lunes, 14 de septiembre, se celebró la tradicional Bajada de la Virgen de El Paso de Alajeró, cumpliendo así con una de las tradiciones más ancestrales y características de La Gomera. Centenares de personas se concentraron en torno a la pequeña ermita ubicada a unos kilómetros del casco municipal de Alajeró, para con posterioridad acompañar, tras la misa, a la imagen de la Virgen que fue trasladada hasta la iglesia de El Salvador. 

El Ayuntamiento de La Laguna aportará una subvención de 24.000 euros para financiar el proyecto “Promoción para personas en situación de exclusión” que Cáritas Diocesana de Tenerife desarrollará en los arciprestazgos de La Laguna, La Cuesta y Taco.


HOMILÍA del Emmo. y Rvdmo. Sr. Cardenal-Arzobispo de Madrid en la Festividad de la Exaltación de la Santa Cruz Vigilia de Oración. Comienzo de la Peregrinación con  la Cruz de los Jóvenes de las Jornadas Mundiales de la Juventud.
Catedral de La Almudena, 14 de septiembre de 2009; 20’00 h.

(1Co 1,23-24) 

Mis queridos hermanos y hermanas en el Señor;

Queridos jóvenes: 

1.      Comenzamos hoy el itinerario de la preparación de la Jornada Mundial de la Juventud del 2011 que por benévola y paternal decisión del Santo Padre se celebrará, Dios mediante, en Madrid en la tercera semana de agosto del 2011. Lo viviremos como una peregrinación presidida por la Cruz Gloriosa de Jesucristo, acompañada por el Icono de su bendita Madre, la Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, a lo largo y a lo ancho de nuestra Archidiócesis de Madrid, de las Diócesis hermanas de Alcalá y de Getafe y, luego, de todas las Diócesis de España. Nuestro propósito es muy claro, sencillo y audaz a la vez: queremos llegar al final de nuestro camino como peregrinos que han buscado y encontrado a Cristo Crucificado: “escándalo para los judíos, necedad para los gentiles, pero, para los llamados… un Mesías que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios”.  

2.      Sí, nosotros queremos ser llamados para el conocimiento de ese Misterio inefable de sublime e infinito amor que se encierra en la Cruz de Cristo. Más aún, nos sentimos como interiormente impulsados a descubrirlo con una fe purificada y renovada y a experimentarlo como la fuente del perdón misericordioso que nos salva y nos da la vida que no perece. Sí, queremos llegar a la meta de nuestro caminar espiritual, la JMJ 2011, “arraigados y edificados” en Él ¡firmes en la fe! para celebrar con todos los jóvenes del mundo en torno al Santo Padre y a los Pastores de la Iglesia, extendida por toda la tierra, el triunfo del Amor de Dios, manifestado y derramado sobre el hombre y sobre el mundo en la Cruz Gloriosa del Hijo, de Jesucristo, nuestro Señor y Salvador: ¡su triunfo en nuestras vidas! ¡su triunfo en la vida y en la historia de los jóvenes de nuestro tiempo! ¡su triunfo, queridos jóvenes de Madrid y de España, aquí, entre nuestros compañeros y amigos y entre todos los jóvenes del mundo que conscientemente, o atisbándolo solamente, buscan el rostro de Jesucristo para que ilumine y transforme sus vidas! No será fácil conseguirlo; pero sí inmensamente gratificador y gozoso.  

3.      El escándalo de muchos de los hijos de su pueblo, que oían a San Pablo en Corinto y en otros lugares de sus viajes apostólicos, por su predicación de Jesucristo y, Éste Crucificado, como el verdadero y único Salvador del hombre, sigue produciéndose, incluso más clamorosamente ahora, en nuestro tiempo, dentro y fuera de los ambientes sociales y culturales más o menos influidos o tocados por la herencia de la fe cristiana. Es un escándalo que se presenta de modo distinto que el de los judíos contemporáneos de Jesús, pero que desemboca en el mismo resultado práctico. ¿Pero cómo es posible pensar en serio –dicen– que la solución de los grandes y gravísimos problemas de las injusticias del mundo, del dolor y los sufrimientos de los más débiles, de la enfermedad y de la muerte, que acecha a todo hombre nacido de mujer, pueda venir de un judío, de origen galileo por más señas, con pretensiones de profeta, crucificado hace casi dos mil años por los dominadores romanos de Jerusalén, instigados por los dirigentes religiosos y políticos de su pueblo, apoyados a su vez por no pocos de sus conciudadanos? Los problemas del hombre necesitan respuestas realistas y eficaces para su solución en este mundo. Lo que se impone y hay que hacer es un uso constante, diligente y esforzado del “poder” que el hombre tiene. Hay que dejarse de ensoñaciones ilusas y poner manos a la obra –afirman–.  

4.      No son menos los que consideran hoy el anuncio de Jesucristo Crucificado, Salvador del hombre, una necedad. Su razonamiento coincide en su punto de partida intelectual, pero sobre todo en la perspectiva última, vital y existencial, con el de los anteriores, es decir, con la autovaloración del ser humano, como “super-hombre”, que ni necesita ni depende de Dios. El hombre se explica y se basta a sí mismo frente al mundo y a su historia. Los que se escandalizan de Cristo Crucificado y los que lo declaran una necedad, lo hacen hoy, además, muy frecuentemente de forma militante. Les cuesta soportar el hecho de que para otros ¡para nosotros! sea la fuerza y la sabiduría de Dios que salva al mundo y que guía irreversible y gloriosamente la historia. Pero ha sido la misma historia la que nos enseña a qué abismos de destrucción de lo humano conducen esos proyectos de autodivinización personal y colectiva del hombre. Las tragedias del siglo XX –las dos guerras mundiales, los terribles totalitarismos que lo dominaron en amplias zonas de mundo…–, frescas en nuestra memoria, nos lo recuerdan inequívocamente. El contraste, también real, actual e inequívoco, al rechazo de Cristo Crucificado lo representan esos jóvenes, que con sus vidas, vacías tantas veces y rotas no pocas, esperan a Cristo en lo más íntimo de su corazón. Más aún, los que se escandalizan y burlan de la Cruz de Cristo, esconden muchas veces detrás de la fachada de su incredulidad un interior inquieto y perturbado: ¡un alma desasosegada y herida que ansía secretamente la presencia y la cercanía de Dios! 

5.      Nuestro caminar con la Cruz Gloriosa del Salvador y con el Icono de su Madre Santísima por las calles, plazas y caminos de Madrid y de España ha de estar pues iluminado y transido por la luz y la vida de Cristo: ¡por el amor misericordioso que brota, desbordante, de su Sagrado Corazón! Sólo con Jesucristo, abrazados a su Cruz Gloriosa, abiertos al don de su Espíritu ¡del Espíritu Santo! ese ser nuestro de creaturas e hijos de Dios, herido por la rebelión del pecado contra Él y su amorosa Voluntad, sanará, se reconstruirá y se capacitará para vivir de ese Amor ¡del Amor de verdad! Sólo en Él encontrará la sabiduría y la fuerza de la Verdadera Vida. 

6.      Entender la sabiduría divina de la Cruz de Cristo, vivirla con fidelidad creciente y generosa, es sólo cosa de los sencillos de corazón. Es a “los pequeños”, a quienes se les revela (cfr. Lc 10,21). La Madre del Señor, la Virgen María, la Doncella de Nazareth elegida por Dios para que concibiese a su Hijo Unigénito en su seno purísimo, dándole nuestra carne de hombre ¡nuestra humanidad!, fue, es y será siempre la primera de entre los sencillos y humildes de corazón a quien se le ha revelado el Misterio de su Hijo Crucificado y Resucitado. Más aún, Ella es la Madre imprescindible para aprender la lección de la humildad y de la sencillez que se necesita para que se nos revele el Misterio del Amor de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, manifestado en Jesucristo para nuestra salvación: para poder adentrarnos con todo nuestro ser –alma, vida y corazón– en el Misterio de la Cruz gloriosa de Cristo. 

7.      A Ella queremos pedirle en esta Vigilia de Oración: ¡que nos enseñe cómo hacer este Camino de peregrinos de la Cruz Gloriosa de su Hijo Jesucristo en Madrid humilde, sencilla y valientemente, mostrándola en toda su verdad a los jóvenes madrileños, a sus familias, a toda la sociedad! No va a ser camino fácil. Necesitamos su cercanía de Madre paciente con nuestras debilidades y flaquezas y animosa para ayudarnos a no desfallecer: ¡a superarlas con valiente y esperanzada decisión!; sin descanso, una y otra vez. ¿Por qué no hacer, guiados por Ella, en este momento de nuestra Vigilia de oración, con la que iniciamos la peregrinación hacia la JMJ 2011, “el coloquio” al que invita San Ignacio de Loyola a los ejercitantes ya en la primera semana de “los Ejercicios Espirituales”?: “Imaginando a Cristo nuestro Señor delante y puesto en Cruz [contemplemos]: “cómo de Criador es venido a hacerse hombre y de vida eterna a muerte temporal, y así a morir por mis pecados. Otro tanto, mirando a mí mismo, lo que he hecho por Cristo, lo que hago por Cristo, lo que debo hacer por Cristo; y así, viéndole tal, y así colgado en la Cruz, discurrir por lo que se ofreciese”. ¿Y qué se nos ofrece?: la posibilidad nueva de ser testigos humildes y valientes de su Amor entre los jóvenes de Madrid, ¡Testigos de su Cruz!; y así el poder decirles con Santa Teresa de Jesús:  

“Cruz, descanso de mi vida:
vos seáis la bienvenida. 

Quien no os ama, está cautivo
y ajeno de libertad;

quien a vos quiere allegar
no tendrá en nada desvío.

¡Oh dichoso poderío,
donde el mal no halla cabida!
vos seáis la bien venida” 

Que todos puedan decir a nuestro paso: ¡Bienvenida sea la Cruz de Cristo! 

Amén.


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Mi?rcoles, 16 de septiembre de 2009

Homilía de monseñor Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia para el vigésimo cuarto domingo durante el año. (AICA)
(13 de septiembre 2009)

 “¿Quién dicen que soy Yo?”

I. “Tú eres el Mesías”

1. El evangelista Marcos, desde el comienzo, presenta a Jesús como el Mesías: “Comienzo del Evangelio de Jesús, Mesías, Hijo de Dios” (1,1). Pero lo que nos parece tan obvio a los cristianos modernos, fue un lento descubrimiento por parte de los discípulos, y no sin tropiezos. Marcos insiste, con frecuencia, en que los discípulos no comprenden. Pocos versículos antes de la lectura de hoy, cuenta cómo los discípulos no entienden que con Jesús nunca les faltará el pan, y que, más bien, deben preocuparse de no corromperse con la levadura de los fariseos, dejando de ser harina pura (Cf. Mc 8,14-21).

2. Finalmente, pareciera llegado el momento de la madurez de los discípulos. Jesús les pregunta: “¿Quién dice la gente que soy yo?” (v.27). A lo cual responden con los rumores escuchados: “Algunos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas” (v. 28). Jesús les pregunta, entonces, qué piensan ellos: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”. Pedro responde seguro: “Tú eres el Mesías” (v. 29). 

II. Jesús no es el Mesías de nuestras fantasías

3. La reacción de Jesús nos parece inexplicable: “Les ordenó terminantemente que no dijeran nada acerca de él” (v. 30). Esta prohibición aparece a lo largo de todo el Evangelio de Marcos. Y ello, porque si bien Jesús es el Mesías, no es el Mesías que la gente y los discípulos fantaseaban. Lo cual se ve en la escena siguiente: “Y comenzó a enseñarles que el Hijo de hombre debía sufrir mucho,… ser condenado a muerte y resucitar después de tres días” (v. 31). Pedro, molesto por lo dicho por Jesús, “llevándolo aparte, comenzó a reprenderlo” (v. 32). Pero Jesús no se dejó intimidar. Primero exhortó a Pedro a dejar de ser un tentador (“Satanás”) y a seguirlo como discípulo: “¡Retírate, ve detrás de mi, Satanás!” (v. 33). Y luego, “llamando a la multitud, junto con sus discípulos, les dijo: ‘El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga'” (v. 34).

4. A lo largo de la historia del cristianismo ha habido fantasías en torno a Jesús el Mesías, presentadas con diversos ropajes, prestados de ideologías en boga, que han estorbado la evangelización. Y para no hablar en forma vaga: uno mismo se ha visto afectado por dichas ideologías. Hoy me sonrío cuando me veo a los quince años gritando en una marcha por la calle Florida: “Cristo rey triunfará en la Universidad”. Y recuerdo con dolor cuando, a fines de los años 60 y comienzos de los 70, se lo proponía a Cristo como prototipo de revolucionario. 

 III. “El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí…”

5. No pensemos que las ideologías hayan caducado, o dejado de afectar a los cristianos. O que no puedan surgir otras, externas o internas a la Iglesia.

Una ideología interna, es pensar que ser discípulo de Jesús es conocer mucho de él. Y que uno se salva por el conocimiento. Una especie de gnosis. Y no. No es lo mismo ser un alumno aventajado de teología que ser discípulo de Cristo. Ni basta para ello ser un agente pastoral muy activo. Si bien algunos discípulos tenemos la obligación de conocer mucho de Cristo y de ser agentes activos, no somos discípulos por ello. Lo somos sólo si seguimos a Jesús detrás de sus pasos, renunciando a nuestra visión de las cosas, asumiendo su modo de pensar, sentimientos y actitudes. Lo cual dura toda la vida.

 6. Aquí convendría preguntarse: ¿en qué se basan nuestras comunidades cristianas? ¿Sobre alguna ideología de dominio temporal de Cristo? ¿Sobre el conocimiento teológico? ¿Sobre la adopción de un método o iniciativa pastoral que se promete eficaz? 

 IV. La misión continental

7. La reunión de los obispos latinoamericanos en Aparecida, reunida bajo el lema “Discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos, en él, tengan vida”, ha sido una gracia de Dios para nuestra Iglesia. Discípulos y misioneros son dos aspectos inseparables de una misma vocación. Somos misioneros de Jesucristo si somos sus discípulos. Y somos sus discípulos si somos sus misioneros.

Sin embargo, séame lícito expresar dos temores: a) que se piense que primero tenemos que ser discípulos, y sólo, en un segundo momento, podremos ser misioneros; b) que caigamos en la tentación de pensar que ya somos discípulos, y que lo que nos falta es ser más misioneros.

 8. Dada la cultura del “hacer” en que vivimos, estimo que la segunda tentación es hoy más aguda. No nos damos cuenta que no siempre somos buenos misioneros porque no somos buenos discípulos. Falla en nosotros el estar junto a Jesús, por la oración y la escucha amorosa de su palabra. Dos actitudes que en Aparecida son fundamentales. Como dice la reciente carta pastoral de los Obispos: “La relación que une al discípulo-misionero con Jesús no es, en primer lugar, de orden intelectual, sino la adhesión a su Persona por la fe”. ¿Es esta la relación que fieles y pastores proponemos en toda acción pastoral?

Mons. Carmelo Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia


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Mensaje de monseñor Jorge Lugones S.J, obispo de Lomas de Zamora con motivo de la Asamblea Federal de la Acción Católica Argentina. (AICA)
(septiembre de 2009)

Asamblea Federal de la Acción Católica Argentina

A los sacerdotes, diáconos, consagrados y a todo el Pueblo de Dios que peregrina en Lomas de Zamora:     

Dentro de poco mas de un mes nuestra Iglesia lomense vivirá un verdadero tiempo de gracia con la celebración de la 26ª Asamblea Federal de la Acción Católica Argentina.

Desde los distintos rincones de la Patria vendrán a Lomas miembros de esta querida institución eclesial a compartir una experiencia de fe, a renovar su compromiso apostólico y a decir a todos los hombres y mujeres que caminan con nosotros que en Jesús hay Vida digna y plena para todos [1].

Nuestra diócesis da gracias al Señor por haber sido elegida como sede de la Asamblea Federal, y sabe bien que este tiempo de  gracia es para nosotros un desafío, un compromiso y una tarea. Las puertas de nuestras comunidades parroquiales, capillas, colegios, casas de familias, y especialmente de nuestros corazones, están abiertas para todos los militantes, dirigentes y asesores de la AC que vendrán a visitarnos, para poder compartir la alegría del encuentro de hermanos.

 “La Iglesia necesita la Acción Católica, porque necesita laicos dispuestos a dedicar su existencia al apostolado y a entablar, sobre todo con la comunidad diocesana, un vínculo que deje una huella profunda en su vida y en su camino espiritual. Necesita laicos cuya experiencia manifieste, de manera concreta y diaria, la grandeza y la alegría de la vida cristiana; laicos que sepan ver en el bautismo la raíz de su dignidad, en la comunidad cristiana a su familia, con la cual han de compartir la fe, y en el pastor al padre que guía y sostiene el camino de los hermanos; laicos que no reduzcan la fe a un hecho privado, y no duden en llevar la levadura del Evangelio al entramado de las relaciones humanas y a las instituciones, al territorio y a los nuevos lugares de la globalización, para construir la civilización del amor” [2].

Deseamos que en la Iglesia sigamos valorando lo propuesto por el Santo Padre y nuestros obispos: “hacernos discípulos para la misión”, saliendo al encuentro de tantos adolescentes y jóvenes que aún, no conocen a Jesús.

Queremos que esta Asamblea Nacional que convocará  a muchos jóvenes de la Iglesia, nos anime a salir a “las periferias” para que nuestra “prioridad diocesana” se vaya haciendo como expresa el lema, no solo: “desafío, sino también compromiso y tarea”, para que este “Jesús, vida digna y plena para todos”, se vea plasmado en nuestra conversión pastoral; ella, debe fundarse en lo relacional, que implica lo vincular, reconocer y salir al encuentro del otro, porque la misión es relación,  es vínculo: La misión necesita la cercanía cordial y el desafío de esta cercanía es llegar a todos sin excluir a nadie [3].

Invito a toda la Iglesia lomense a vivir con generosa disponibilidad y entusiasmo este acontecimiento eclesial, con “profundo sentido de iglesia”.

Invito a los miembros de nuestra Acción Católica, cariñosamente llamada “La Motora”, a vivir esta hora providencial. “En una Iglesia misionera, a la que aman y sirven, sean anunciadores incansables y educadores formados y generosos. En una Iglesia llamada a pruebas incluso muy exigentes de fidelidad y tentada de acomodarse, sean testigos intrépidos y profetas de radicalismo evangélico. En una Iglesia que se confronta diariamente con la mentalidad relativista, hedonista y consumista, ensanchen los horizontes de la racionalidad con una fe amiga de la inteligencia, tanto en el ámbito de una cultura popular y generalizada, como en el de una investigación más elaborada y profunda. En una Iglesia que llama al heroísmo de la santidad, respondan sin temor, confiando siempre en la misericordia de Dios” [4].

Que Ntra, Señora de la Paz, dulce Madre de la Iglesia en Lomas de Zamora, Estrella de la Evangelización, guíe siempre nuestros pasos hacia la novedad jamás descontada y jamás superada del Evangelio.

Mons. Jorge Lugones S.J., obispo de Lomas de Zamora

 

Notas


[1]  Lema de la 26ª Asamblea Federal de la ACA
[2] Juan Pablo II a la Asamblea de la ACI el 26 de abril de 2002
[3] Carta pastoral de los Obispos Argentinos con ocasión de la misión continental, agosto 2009.
[4] Benedicto XVI, a la ACI, 4 de mayo de 2008


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Homilía de monseñor Oscar Domingo Sarlinga, obispo de Zárate-Campana, en las fiestas patronales de Exaltación de la Cruz. (AICA)
(14 de septiembre de 2009)

FIESTAS PATRONALES DE EXALTACIÓN DE LA CRUZ

 I - LA CRUZ PASCUAL EN EXALTACIÓN DE LA CRUZ

Este año las Fiestas Patronales de esta comunidad parroquial y de ese partido se realizan bajo el lema: "La caridad es amor recibido y ofrecido"1, frase que, en cierto sentido, resume el Misterio de la Cruz en nuestras vidas, puesto que el sufrimiento reproducido en el Cuerpo místico de la Iglesia por la muerte de Cristo, es contribución a la redención de la humanidad, en la caridad, y aseguran la participación en la gloria del Resucitado, el mismo Jesucristo. De ese modo, desde el interior de nuestra vida, el mundo es consagrado a Dios en el Amor2.

Esto nos deja un gran mensaje. ¡Y un gran mensaje de esperanza!. La caridad verdadera, efectiva, transformadora, la caridad como virtud teologal realizada y vivida hace que nuestra relación con el mundo de hoy no sea mundanidad o puro naturalismo, sino expresión del Amor y d ela misión de Cristo. Esta caridad realizada y vivida es raíz de esperanza, tan necesaria, esperanza que siempre resurge, incluso cuando los frutos exteriores de nuestro esfuerzo y de nuestro trabajo se vean escasos, o falten del todo. Nuestra vida cristiana, más que por las obras externas, aunque éstas son importantes, y muy importantes, se hace fecunda sobre todo por el Amor de Cristo, que nos impulsa a la donación total de nosotros mismos, en las condiciones de la vida común de cada día.

¿Podríamos dejar de ver que esta donación por Amor se hace tanto más necesaria en nuestro tiempo?. Porque son tiempos en los que la humanidad se encuentra en un momento crucial de su propia historia. Más que un «mundo nuevo» (porque ya hace siglos que se habla de un «mundo nuevo» que está surgiendo) surgen nuevos aspectos de un «mundo viejo» tanto más necesitado de la perenne «novedad» del cristianismo, que hace nuevas todas las cosas. Es verdad que las personas buscan nuevas formas de pensamientoy de acción, muchos están convencidos de una autosuficiencia sin la fe y sin la gracia divina, a nadie escapa que existe cierto trágico divorcio entre la fe y la vida vivida, e incluso entre pensamiento científico y crecimiento en la fe, en la fe en el Dios viviente. Esto no tiene porqué ser así, forma parte de la relación entre el orden natural y el orden sobrenatural. La Iglesia católica, pensándose a sí misma respecto de su misión ante el mundo y la sociedad, se vio como "sacramento universal de salvación", con plena conciencia de que no se puede dar plenitud humana sin la gracia, sinel Verbo de Dios, que “(…) es el fin de la historia humana, el punto focal de los deseos de la historia y de la civilización, el centro del género humano, la alegría de todo corazón, la plenitud de sus aspiraciones”3

Por eso la Cruz está llena ya, ella misma, de la Luz Pascual, que quedó como oculta en la Crucifixión y Muerte del Salvador, pero estalló de esplendor en la Resurrección. Por eso, para nosotros, siempre la Cruz es Cruz Pascual, aunque a veces no alcancemos a discernir su Luz, o ésta no se haga tan manifiesta en nuestras vidas. Con ocasión de la reapertura de la Capilla Paulina, en el Vaticano, el Papa Benedicto XVI se refirió a los rostros de San Pedro y San Pablo, pintados al fresco, los cuales están uno frente al otro. Dejó ver su Santidad cómo el rostro de Pedro se dirige al rostro de Pablo, el cual no ve, pero lleva en sí la luz de Cristo resucitado, y de allí colige que “(… ) es como si Pedro, en la hora de la prueba suprema, buscase la luz que le ha dado la verdadera fe a Pablo. He aquí que, en este sentido, los dos íconos llegan a ser como los dos actos de un único drama: el drama del Misterio pasucal: Cruz y Resurrección, muerte y vida, pecado y gracia”4.

Cual recuerdo perenne de sus orígenes religiosos, el espléndido escudo del partido, dividido en cuatro cuarteles, resalta, de entre los símbolos que le dieron nacimiento y razón de ser, a la Cruz hallada por Barragán, originante de la fundación del pueblo, según el relato de tradición oral. En el segundo cuartel del escudo, la refeencia al acontecimiento de la detención dela carreta con la imagen de la «Virgen de Luján» en el año 1630, junto a la Cañada de la Cruz, nos recuerda la presencia de la Virgen Madre en estas tierras, como signo de bendición. No faltan las espigas de trigo entrelazadas, signo de la riqueza de la tierra y también las manifestaciones de la educación, la cultura y el progreso científico.   

Exaltación de la Cruz nació, precisamente, con el signo de la Cruz de Cristo, pues ya en épocas de la segunda fundación de la ciudad de Buenos Aires, en 1580, estas tierras eran conocidas como el "Pago de la Cañada de la Cruz", en razón del arroyo que conservó su denominación a través de los siglos. Como es por todos conocido, en en año 1750, Francisco Casco dona una capilla, dada en llamar "del Señor de la Exaltación de la Cruz", y fue el entonces Obispo de Buenos Aires, Fray Juan de Arregui, quien, habiendo realizado su visita pastoral a la Capilla y su zona de influencia, la erigió en Viceparroquia, determinando que el Teniente Cura de San Antonio de Areco, el Pbro. Miguel González de Leyva, actuara en calidad de vicepárroco. Esos son los orígenes y, como tantas otras ciudades, el pueblo se formó alrededor de la iglesia, con sentido de fe y civilización.

Exaltación de la Cruz, cuya ciudad cabecera se llama, por sus orígenes, Capilla del Señor.
 

II - LA FIESTA DE LA «EXALTACIÓN DE LA CRUZ»

Esta fiesta recuerda dos acontecimientos principales con relación a la Santa Cruz de Cristo, siendo el primero su descubrimiento, realizado por Santa Elena, la madre del emperador Constantino el Grande, ocurrido el 14 de septiembre del año 320, y de aquí la fecha que se ha conservado para la Fiesta religiosa. De hecho, la Basílica del Santo Sepulcro fue mandada construir por la madre del emperador, tras el descubrimiento, y la Fiesta en honor de la Cruz fue celebrada por primera vez en el año 335. El segundo acontecimiento dice referencia a la recuperación de la Cruz de manos de los persas, los cuales habían invadido y arrasado la Tierra Santa, llevándose, por orden del Rey Cosroes Parviz, también la Cruz como botín de guerra después de haberse apoderado de Jerusalén y haber hecho muchos miles de mártires cristianos. Con las vicisitudes de la historia, catorce años después, el Rey Heraclio de Constantinopla, que había trabado guerra con los persas, venció a Cosroes, tomó de nuevo la Verdadera Cruz, y entró en Jerusalén portándola, habiéndola repuesta sobre el monte Calvario. Este hecho ocurrió el 3 de mayo del año 629, año a partir del cual el pueblo cristiano celebra con toda solemnidad la fiesta de la «Exaltación de la Cruz», aunque con la fecha de su descubrimiento.

Todos estos acontecimientos en torno de la Fiesta de la Exaltación de la Cruz nos muestran una vez más el sentido profundo de este Misterio: cómo la glorificación de Jesucristo pasa a través de su sufrimiento y entrega, sometiéndose voluntariamente a la condición de esclavo (y de hecho la crucifixión era el suplicio destinado a los esclavos). La Cruz se transformó en el símbolo y compendio de la religión cristiana porque la evangelización primera, la de los Apóstoles, es la presentación de Cristo crucificado, muerto y resucitado.
 

III - LA CRUZ PASCUAL, PRESENCIA Y
ACCIÓN TRANSFORMADORA DESDE DENTRO

Creo que esta Festividad, la de la Cruz Pascual, ha de animarnos nuevamente a creer en la Iglesia como una realidad viviente, visible y espiritual al mismo tiempo5, realidad que vive y se desarrolla en la historia6, compuesta por muchos, muchísimos miembros y órganos diversos, pero que están íntimamente unidos entre sí7 por la Gracia, y son partícipes de la misma fe, de la misma misión, y por consiguiente de la misma responsabilidad, cada uno con sus dones y carismas dados, para la edificación y crecimiento de la comunidad, por el único Espíritu vivificador8. Esta creencia nos une, y nos da fuerzas e impulso, porque sólo en la concordia y en la unidad se puede crecer.

El olvidar que, sin ser del mundo, estamos en el mundo, sería olvidar el sentido de la responsabilidad cristiana respecto de nuestra sociedad de hoy, y del llamado a “(…)iluminar y ordenar todas las realidades temporales (…) a fin de que siempre se realicen y prosperen según Cristo, y sean para alabanza del Creador y Redentor"9. Es ese llamado el que nos hace profundizar en la conciencia del hecho que la Iglesia “(…)camina junto con toda la humanidad, y experimenta junto con el mundo la misma suerte terrena, y es como el fermento, y casi el alma, de la sociedad humana”10. ¿Reasumiremos esa misión, en esta privilegiada oportunidad de esta Fiesta de la Exaltación de la Cruz?. Porque el Señor nos habla, se dirige al interior de nuestros corazones, nos impulsa a asumir su Amor y llevarlo a los demás. A todo don, le corresponde una responsabilidad. Y ésta se realiza en la vía de un camino, personal y comunitario, de fe, entroncado en el Gran Camino que es Jesucristo mismo, el cual “(…) no ha venido a enseñarnos una filosofía, sino a mostrarnos el camino que conduce a la vida”11, como nos lo ha dicho en el día de ayer el Papa Benedicto XVI.

Tenemos una ayuda poderosísima, es la invocación a la Virgen María, para que, como le rogó en el día de ayer el Papa Benedicto, Ella «pida para nosotros el don del coraje, para que en cada situación testimoniemos que la cruz de Cristo no es para nosotros motivo de escándalo» (…) por ser «signo del infinito amor de Dios, en el cual se cumplió nuestra salvación»12.  Que Ella nos guíe como «Estrella de la evangelización», Ella, que estuvo, sufriente como ningún otro ser humano, junto a la Cruz de su Hijo, lo vio triunfante en su Resurrección gloriosa, y goza del esplendor de su Hijo, que está junto al Padre y al Espíritu, y vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos, nos dé coraje para vivir cada día más su Reino, el que no tendrá fin.
 

Notas


1 BENEDICTO XVI, Enc. Enc. Caritas in veritate, n. 5.
2 Cf CONC. ECUM. VAT. II, Const. dogm.Lumen gentium, 34.
3 CONC. ECUM. VAT. II, Const. past. Gaudium et spes, 45.
4 BENEDICTO XVI, Alocución en la celebración de las Vísperas, con ocasión de la reapertura de la Capilla Paulina, Ciudad del Vaticano, 6 de julio de 2009, en: L’Osservatore Romano – Ed. en lengua italiana, 6-7 luglio 2009.
5 Cf CONC. ECUM. VAT. II, Const. dogm.Lumen gentium, 8.
6 Cf . Ib., 3, 5, 6, 8.
7 Cf. Ib.ib., 7.
8 Cf. Ib., 7, 12.
9 Ib. 31.
10 CONC. ECUM. VAT. II, Const. past. Gaudium et spes, 40.
11 Benedicto XVI, Alocución del Ángelus, en la vigilia de la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, Castelgandolfo, 13 de septiembre de 2009.
12 Ibid. En este sentido, el Papa ha explicado que Jesús tuvo que hacerles entender a sus discípulos que “(…) no basta creer que Él es Dios, sino que movidos por la caridad, es necesario seguirle en su camino, el de la cruz”. “Jesús no ha venido a enseñarnos una filosofía –ha enfatizado Benedicto XVI- sino a mostrarnos un camino, el camino que nos conduce a la vida. Este camino es el amor, que es la expresión de la verdadera fe. Si uno ama al prójimo con corazón puro y generoso, quiere decir que conoce verdaderamente a Dios. Si en cambio uno dice que tiene fe, pero no ama a sus hermanos, no es un verdadero creyente” (Ibid).
 

Mons. Oscar Domingo Sarlinga, obispo de Zárate-Campana


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Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas para el vigésimo cuarto domingo durante el año. (AICA)
 (13 de septiembre de 2009)

“El discipulado y la caridad” 

Este domingo el texto del Evangelio (Mc. 8,27-35), nos presenta la profesión de fe de Pedro, el primer anuncio de la pasión y las condiciones para seguir a Jesús. Desde la fe podemos acceder a tener una comprensión del significado de estos textos que tocan temas centrales que revela el Señor. Solo desde la fe Pedro pudo confesar “Tú eres el Cristo”. Solo desde la fe podemos acceder al sentido pascual sobre Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre sometido al dolor y al sufrimiento, al camino de la pasión. Y solo desde la fe podemos comprender las condiciones que anuncia el Señor para su seguimiento: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida , la perderá; pero quien pierda su vida por mi y por el Evangelio, la salvará” (Mc. 8,34-35).

Estos textos están en el centro de las metas sobre el discipulado y la misión que en este tiempo nos hemos fijado desde Aparecida como respuesta en nuestro continente a los desafíos de la evangelización en este inicio del siglo, así como nuestras “Orientaciones pastorales” fruto del primer Sínodo Diocesano. Como cristianos deberemos preguntarnos si estamos dispuestos a asumir este camino y estas condiciones de seguimiento de Jesús. Lamentablemente hasta las propuestas de seguimiento cristiano tienden a veces a mimetizarse con un tiempo un tanto materialista, Light, sin exigencias, “donde todo es bienestar y negar sufrimientos”. El Señor en este discipulado nos promete la “Vida nueva”, un gozo profundo que se expresa no tanto en el alboroto, sino en la paz, y la certeza que siempre este camino implica el tomar su cruz y seguirlo”.

El texto de Aparecida tiene algunos contenidos fundamentales que expresan este discipulado: “El Espíritu Santo, que el Padre nos regala, nos identifica con Jesús-Camino, abriéndonos a su misterio de Salvación para que seamos hijos suyos y hermanos unos de otros; nos identifica con Jesús-Verdad, enseñándonos a renunciar a nuestras mentiras y propias ambiciones, y nos identifica con Jesús-Vida, permitiéndonos afrontar su plan de amor y entregarnos para que otros “tengan Vida en Él” (137). “Identificarse con Jesucristo es también compartir su destino. “Donde yo esté estará también el que me sirve” (Jn. 12,26). El cristiano corre la misma suerte del Señor, incluso hasta la cruz: “Si alguno quiere venir detrás de mi, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga” (Mc. 8,34). Nos alienta el testimonio de tantos misioneros y mártires de ayer y de hoy en nuestros pueblos que han llegado a compartir la cruz de Cristo hasta la entrega de su vida” (140).

En este tiempo nos hemos propuesto como fruto de nuestro Sínodo Diocesano acentuar el tema de la formación integral de todos pero especialmente de nuestro laicado. Reordenar desde una pastoral más orgánica las respuestas de formación y discipulado que se ofrecen en la Diócesis. Desde nuestro Instituto de formación teológica y pastoral avanzan muy positivamente los cursos que se dan en tres años con formación sistemática para los laicos. El 12 de septiembre más de cien catequistas desde la sede de Posadas y muchos inscriptos desde la sede de Oberá iniciaron un camino de formación semipresencial de varios años. Todo esto revela el gran deseo de formación y de asumir este camino de discipulado en nuestro tiempo y son signos claros de esperanza.

La formación y el discipulado no pueden comprenderse si no van estrechamente unidos a la evangelización que es la razón de ser de la Iglesia. Aparecida señala aquello que el Papa expresó en la primera sesión: “Cuando el discípulo está enamorado de Cristo, no puede dejar de anunciar al mundo que solo Él nos salva (Hech.4,12)… Esta es la tarea esencial de la evangelización, que incluye la opción preferencial por los pobres, la promoción humana integral y la auténtica liberación cristiana” (146).

Este fin de semana se está realizando la colecta “más por menos”, ligada a profundizar la caridad como un aspecto esencial del discipulado cristiano. Especialmente queremos tener presente en esta reflexión dominical el pedido de oración y solidaridad con estos hermanos que en la semana que pasó padecieron las consecuencias del tornado en San Pedro y alrededores. Tenemos presente en nuestra oración a los que han fallecido, a los que están heridos, las familias afectadas… hemos experimentado la solidaridad de nuestra gente y la comunión expresada, en situaciones de desgracia, como las vividas en estos días.

El discipulado y la misión que implican un camino de maduración en la fe nos debe comprometer en la caridad, a ser generosos en esta colecta “más por menos”, para que por la solidaridad haya menos excluidos.

¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo!

Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas

 

 


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Homilía de monseñor Andrés Stanovnik, arzobispo de Corrientes, en la misa celebrada en la catedral de Corrientes con motivo de la Jornada de la Vida Consagrada. (AICA)
(8 de septiembre de 2009)

 Jornada de la Vida Consagrada

Dios tiene un estilo propio e inconfundible para hacer las cosas. Todo lo que él hace lleva su marca, como un sello de fábrica, que permite identificar su acción a lo largo de la historia. Así lo vemos hoy en la primera lectura del profeta Miqueas: “Y tú, Belén de Efratá, tan pequeña entre los clanes de Judá, de ti me nacerá el que debe gobernar a Israel”. Dios se fija en la más pequeña de las tribus de Judá y lo hace con una mirada llena de ternura: “Tú, ¡tan pequeña!”. Ése es el estilo de Dios. Un estilo que delata su modo de actuar, dando preferencia a lo pequeño, lo débil, lo que no cuenta, para mostrar que Él es el Señor; para invitarnos a descubrir que el verdadero poder está en la humildad, la confianza, la ternura…, como hace el niño que se abandona a los brazos de su Padre.

El nacimiento de Jesús también refleja esa marca. Dios saca vida de la nada, de un seno virgen, donde las condiciones humanas no son suficientes para generarla. Esta imposibilidad humana de darse vida por sí misma, se refleja en la actitud de María: ella se siente la pequeña servidora del Señor, toda humilde y confiada en el poder de Dios. Su disponibilidad y abandono total a la acción de Dios, la convierte en elegida y a ella se le podrían aplicar las palabras del profeta, junto con las del Ángel: “Alégrate, tú, tan pequeña…” En ese sentido, la Iglesia reconoce a María como la discípula más perfecta del Señor (Lumen Gentium, 53). Ella, por su constante meditación de la Palabra y de las acciones de Jesús, se identificó con su estilo, lo reconoció en la intimidad de la Anunciación, en la sencillez de pesebre, en la soledad del destierro…, porque sabía que Dios se fija en el pobre y en el afligido, y no los abandona a su suerte (cf. Eclo 35, 13-14; Sal 69,34). María, mientras guardaba esas cosas y las meditaba en su corazón (cf. Lc 2, 19), iba comprendiendo la misericordia de Dios en el publicano que reconocía su pecado (cf. Lc 18,13), en la pecadora que derramaba perfume sobre sus pies (cf. Lc 7,38), en el ejercicio de la autoridad que se justifica y es fecunda sólo cuando se vive en espíritu de servicio (cf. Jn 13,12-15).

Mientras caminamos hacia el Centenario, nos alegramos de poder pensarnos “discípulos y misioneros de Jesús, con María de Itatí, junto a la Cruz”, como dice el lema que inspira nuestro itinerario. Ella nos ayuda a mantener vivas las actitudes de atención, de servicio, de entrega y de gratuidad que deben distinguir a los discípulos de su Hijo. Crea comunión y educa a un estilo de vida compartida y solidaria, en fraternidad, en atención y acogida del otro, especialmente si es pobre o necesitado. En nuestras comunidades, su fuerte presencia ha enriquecido y seguirá enriqueciendo la dimensión materna de la Iglesia y su actitud acogedora, que la convierte en “casa y escuela de la comunión” y en espacio espiritual que prepara para la misión (cf. Aparecida, 272).

Hoy, en el contexto litúrgico de la Natividad de Santa María Virgen, celebramos la Jornada de la Vida Consagrada en todas la Iglesias del país. Los consagrados y consagradas están llamados a transparentar en su vida y en su actividad el modo de pensar, de sentir y de actuar de Jesús y de María, a tal punto que podamos ver en ellos esa marca inconfundible del actuar de Dios: renuncia a todo poder y dominación, incluso al poder humano de engendrar vida, o la legítima posesión de las cosas, o la libertad de decidir por cuenta propia. La más bella y condensada expresión de pequeñez y de no apropiación son los votos de obediencia, de castidad y de pobreza, signos de entrega total. En Aparecida se dijo que la vida consagrada está llamada a ser una vida discipular, apasionada por Jesús-camino al Padre misericordioso, por lo mismo, de carácter profundamente místico y comunitario. Está llamada a ser una vida misionera, apasionada por el anuncio de Jesús-verdad del Padre, por lo mismo radicalmente profética. Y al servicio del mundo, apasionada por Jesús-vida del Padre, que se hace presente en los más pequeños y en los últimos a quienes sirve desde el propio carisma y espiritualidad (n. 220).

Gracias queridas hermanas y hermanos consagrados por hacer visible, a través de sus personas, que Dios nos ama. La consagración de ustedes nos habla de que Dios existe y que su existencia sólo se explica por el amor. Por eso, gracias ante todo por lo que son y por lo que significan. La vida de cada uno de ustedes es una poderosa señal en la Iglesia y en el mundo, de que Dios puede ser la pasión central del corazón humano y que esa pasión hace al varón y a la mujer seres realmente plenos y felices. Gracias, además, por estar en nuestros barrios humildes, en los colegios, en los hospitales y en las más variadas tareas pastorales; gracias por el testimonio fiel de la vida consagrada en medio de los compromisos cotidianos de la vida; y, sobre todo, gracias por el regalo de las hermanas clarisas, que mediante su vocación a la vida contemplativa nos están diciendo sólo Dios basta para llenar la vida de sentido y de gozo.

Sigamos caminando con nuestra gente sencilla y compartamos con ellos la sabiduría de la Cruz, donde la vida tiene sentido sólo si se la sacrifica por amor. Aprendamos con ellos a abrazarnos a la Cruz de Jesús, con humildad y confianza, para recibir la fuerza del Crucificado y tener la valentía de no bajar los brazos en la lucha por una vida más digna y plena para todos. Que María junto a la Cruz los haga cada vez más transparentes a Dios, más humildes y más confiados en su poder; que Él los sostenga en medio de las dificultades y les dé esa alegría y esa paz que sienten los que viven para Él y para los demás.

Jesús, entregado por amor hasta el fin, resucitado y ahora vivo en medio de nosotros, nos ha convocado alrededor de la mesa eucarística, para hacernos cada vez suyos, más pan y palabra, más vida y profecía, más comunión y misión. Que así sea.

Mons. Andrés Stanovnik OFMCap, arzobispo de Corrientes


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Mensaje de monseñor Mario Antonio Cargnello, arzobispo de Salta y pacto de fidelidad en la Fiesta del Señor y la Virgen del Milagro. (AICA)(15 de septiembre de 2009)

fiesta del milagro 2009
 

1 Pe 2,2-5.9-12
Sal 22
Jn 10,1-10

I

¡Gracias, Señor del Milagro, porque también este año nos concedes renovar nuestra esperanza! ¡Tú eres el Buen Pastor que nos conduce a los pastos de la Vida y de la fraternidad!.

Llegamos hasta aquí para reiniciar nuestra vida y nuestra historia. Lo hacemos desde tu Corazón y desde el pacto que nos une y nos da identidad.

Celebrar el pacto de fidelidad es recrearnos como cristianos, como familia, como pueblo y por eso nos tienes aquí, junto a Ti porque estás junto a nosotros, nos preparas la mesa y nos unges con el óleo de la alegría.

Continúas buscando el amor de tu pueblo. ¡Aquí estamos, Señor!

Tú eres el Dios fiel. Tú eres el Emmanuel, el Dios con nosotros.
 

II

Como a los discípulos de todos los tiempos de la historia, como a tus contemporáneos también a nosotros nos llamaste desde el bautismo. Tú nos elegiste y nos eliges para ser tus amigos. Conforme crecemos en la vida cristiana vamos experimentando que vincularnos contigo en el grupo de los tuyos, en tu Iglesia, es participar de la vida del Padre, es formarnos para asumir tu estilo de vida y tus motivaciones, es correr tu suerte y hacernos cargo de tu misión que es hacer nuevas todas las cosas.

Somos tus discípulos, por eso estamos aquí. Esperas de nosotros una vinculación que no es la de los siervos “porque el servidor ignora lo que hace su señor” (Jn 15,15) sino la de los amigos y hermanos. Nos llamas a ser tus amigos, a ser tus hermanos. Nos haces ingresar en tu Vida y hacerla nuestra. Nos haces escucharte y conocer al Padre para vivir la vida en plenitud y compartirla con todos tus amigos.

Al compartir tu vida con nosotros nos haces tus hermanos. Es la misma vida del Padre que se hace nuestra por el Espíritu, es la vida en plenitud que nos une a todos en una sola familia, tu Iglesia y nos vincula en una fraternidad profunda. Somos hermanos los unos de los otros porque somos tus hermanos. Somos tu Iglesia y por ello somos provocados a ser, en cada una de nuestras comunidades, semilla de una humanidad nueva, más justa y más fraterna.

Porque somos tu Iglesia estamos llamados a compartir la suerte de la humanidad y a cargar con los todos los hombres del mundo en la lógica del Buen Samaritano que nos empuja a hacernos prójimos, especialmente del que sufre, para generar una sociedad sin excluidos, como lo hiciste Tú, Señor, comiendo con publicanos y pecadores, acogiendo a los niños, sanando a los leprosos, perdonando a los pecadores, hablando con la samaritana.
 

III

Hoy, al celebrar el 75º aniversario de nuestra vida como arquidiócesis, te agradecemos el don de la vida en familia eclesial, la vitalidad de nuestras parroquias, la presencia de la vida religiosa, el crecimiento y la renovación de nuestras instituciones y movimientos, el poder servir a todos más allá de nuestros límites y pecados. Te agradecemos la profundidad de la vida eucarística que se despliega en su geografía y en el corazón de los cristianos. Gracias por el privilegio de ser depositarios de tu llamada de amor a tantos devotos y peregrinos que son estas imágenes benditas, la tuya, Señor, y la de tu Madre, María del Milagro. Reconocemos que esta presencia marca la identidad misma del pueblo de Salta y constituye su carta de identidad. “Somos tuyos, Tú eres nuestro”. La vida ha tejido en la trama de la historia un humus cultural que nos muestra tu rostro y el de tu Madre en cada hogar, en cada proyecto, en nuestras costumbres, en la raíz de las mejores de nuestras opciones.

Como Iglesia que camina en Salta, queremos comprometernos con toda la Iglesia en América Latina y el Caribe, y ponernos al servicio de la vida plena de nuestros pueblos. Tú, Señor, fuiste, eres y serás siempre la novedad inagotable que se acerca a las preguntas más profundas del hombre y de la mujer de buena voluntad que buscan el bien, la verdad, la belleza, la justicia y la paz. Tu mensaje consolador, Señor Jesucristo, nos da la certeza de que el mal y la muerte no tienen la última palabra, sino que al final vences ya que eres el Viviente, el Resucitado. ¡ Y esto siempre!.

Por ello, como iglesia arquidiocesana queremos empeñarnos en un camino que nos lleve paulatina y progresivamente a una intimidad mayor con la Palabra de Dios porque sólo ella puede cambiar en profundidad nuestro corazón. Es la Palabra de Dios la escalera que nos permite ascender a ti y entrar en la profundidad del amor del Padre. Tú nos dices: Soy tuyo en el bautismo, en la confirmación, en la reconciliación, en cada Misa, en cada sacramento. Desde allí, en la madurez de una vida sacramental que haga de la Eucaristía y del domingo los ejes del proyecto pastoral, nos hemos de comprometer en la Misión que quiere acercarse a cada hombre con la humildad y el afecto del hermano para decirle: Dios te ama; Jesucristo ha dado la vida por Tí.

También entre nosotros hay situaciones que contradicen el proyecto del Padre y nos interpelan como creyentes para comprometernos seriamente a favor de la cultura de la vida. “Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a los hermanos. El que no ama permanece en la muerte” (1Jn 3,14.)

Aparecida, haciéndose eco de tu enseñanza nos recuerda que la vida se acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento y la comodidad. De hecho, los que más disfrutan de la vida son los que dejan la seguridad de la orilla y se apasionan en la misión de comunicar la vida a los demás. Se vive mucho mejor cuando tenemos libertad interior para darlo todo. Existe una ley profunda de la realidad: la vida se alcanza y madura a medida que se la entrega para dar vida a los otros. Nos lo dijiste: “Quien aprecie su vida terrena la perderá” (Jn 12,25)[2].
 

IV

Con profunda esperanza queremos renovar nuestro compromiso misionero a favor de la vida y de la familia, de la educación y de la juventud, de la justicia y de la paz.

Tesoro de los más importantes de nuestros pueblos, la familia es cuna y escuela de humanidad. Necesitamos escuchar la buena noticia de tu proyecto de amor sobre ella. Tu Rostro nos habla, Señor del Milagro, de la familia. Estás en la Cruz para recordarnos que es la entrega de amor del Padre por nosotros lo que te llevó hasta la entrega de tu vida y los resplandores de la resurrección nos hablan de la fuerza del Espíritu que brotando de tus labios se hacen familia en cada hogar que aprende a comenzar cada día, a jugarse por la vida y por la educación, por la fidelidad y por un mañana construido por la generosidad, por el trabajo, por la paciencia, por el perdón.

Queremos, como Iglesia particular, reafirmar nuestro compromiso por una pastoral familiar intensa y vigorosa para proclamar el evangelio de la familia, promover la cultura de la vida y trabajar para que los derechos de las familias sean reconocidos y respetados. Invitamos a todos los cristianos a descubrir el manantial de gracia y de humanismo que brotan del sacramento del matrimonio. Lo hacemos pensando en los queridos jóvenes que buscan caminar hacia un futuro con alguna certeza: ¡No teman empeñar la vida por la familia! Pero, prepárense desde un noviazgo que sea escuela de don generoso y no de egoísmo compartido.

Desde el dolor que hiere el corazón de tantas familias, te pido Señor, por la niñez. Los niños son tu regalo a cada generación, una provocación a renovar la esperanza y a construir un mundo mejor. Tú los elegiste con ternura: (Mt 9,14). Y sin embargo, tenemos tanto que crecer para construir una ciudad que no agreda a los niños. Niños a los que se les niega el derecho a ver la luz de este mundo, niños en la calle trabajando sin contención alguna, muchas veces usados por sus mismos padres; niños y niñas engañados y entregados a la prostitución; niños huérfanos de padres vivos, niños excluidos de la educación a la que tienen derecho! ¡Niños que se drogan! ¡Niños sin derecho a ser niños! Constituye para nuestra sociedad y para nuestra comunidad eclesial todo un desafío el trabajar por ellos para que el presente sea menos agresivo y un futuro mejor sea posible.

Al proclamar nuestra fe en la cultura de la vida y nuestro empeño por construirla cada día promoviendo su respeto desde la concepción hasta la muerte queremos pedirte fuerza para no desfallecer, mirada para descubrirte en la necesidad que acompaña al niño, al joven, al anciano, al enfermo, al pobre, y valentía para trabajar por cada ser humano que nos necesite.
 

V

Miramos a nuestros jóvenes y renovamos nuestra esperanza en ellos. Al contemplarte, Señor, en la cruz, pienso en la mirada que dirigiste al joven del que nos habla tu evangelio. Jóvenes. Hoy el Señor los está mirando. Hoy el Señor te está mirando! Tus esperanzas y tus miedos son sus esperanzas y sus miedos, como lo son de su Iglesia. No temas arrimarte al Señor. Construye tu futuro respetándote en este presente como un ser humano llamado a la generosidad y a la entrega. Hoy, como lo fue ayer y como lo será siempre, sólo hay un camino de realización plena, el del trabajo, del estudio, de la amistad verdadera, de las aspiraciones nobles ¡No temas al Señor! Asciende hacia lo alto. Busca a Dios.

También nosotros fuimos jóvenes y aspiramos cambiar el mundo. La vida nos fue enseñando que sólo siendo plenamente hombres, personas, podemos aportar una real mejora a nuestro tiempo. Joven, eres persona, no cliente. Eres hijo de Dios, no mercadería.

Al contemplar el rostro de tantos jóvenes heridos por el flagelo inicuo de la droga que se extiende como un cáncer en nuestros barrios aumentando el miedo, la inseguridad y la muerte, permítanme exhortar a los muchachos y a las chicas a no ceder a los mercaderes de la destrucción e implorar con fuerza y, si es necesario, imperar a quienes trafican con el futuro y la vida de los mismos: No les es lícito continuar matando. Este ataque ignominioso que se libra contra la sociedad para llenar bolsillos de comerciantes de la muerte, exige la respuesta urgente de todas las fuerzas sociales que asuman el presente haciéndonos cargo ante la historia y ante Ti, Señor, de la gravedad de la hora. Cada joven que sucumbe es una cachetada a una sociedad que tiene el riesgo de anestesiarse contemplando impávida su propia destrucción.

Frente a las amenazas que se ciernen sobre todo contra el mundo de los niños y de los jóvenes, hemos de reafirmar como Iglesia y como sociedad un compromiso real con la educación. Trabajando para mejorar el sistema educativo, cultivando la calidad y procurando incluir a todos, hemos de recuperar el sentido de la vocación y de la tarea del educador y restituirles el aprecio social que merece la persona del docente. Una generación capaz de asumir como prioridad la tarea educativa será digna del bicentenario.
 

VI

Desde el corazón mismo de la Iglesia miramos con esperanza el mundo. Renovamos nuestra convicción que el mundo creado por Dios es hermoso ya que procede de su designio de sabiduría y de amor. El pecado mancilló su belleza. Nos lo recuerda la historia de cada día desde los gritos de las víctimas de la injusticia, del odio, de la maldad, del desencuentro. Pero nosotros sabemos que Dios es el viviente. Contemplándote en la riqueza de tu Pascua proclamamos en esta tarde el triunfo de la vida y nos reafirmamos en la fuerza del perdón. Por eso queremos trabajar por la justicia y por la equidad. Queremos seguir apostando por el diálogo que crea fraternidad, por el respeto que permite la dignidad, por la verdad que custodia a la humanidad. “La sociedad cada vez mas globalizada nos hace mas cercanos pero no mas hermanos”[3], nos advierte el Papa Benito XVI. Nos urge como Iglesia ser testigos de la vocación del Padre que nos enseña, mediante el Hijo, lo que es la caridad fraterna. El Bicentenario es una llamada a ser una nación cuya identidad sea la pasión por la verdad y el compromiso por el bien común.
 

VII

Nos vamos despidiendo, Señor del Milagro. En esta hora se hace sentir la cercanía de tu Madre, María del Milagro. Ella crea fraternidad, ella nos hace percibirnos Iglesia. En tu Iglesia están los que tú llamaste para que fueran especialmente tuyos: los sacerdotes, nuestros sacerdotes.

Celebrando el año sacerdotal quiero pedirte perdón por mis faltas sobre todo en el ejercicio del ministerio pastoral al servicio del pueblo de Dios como presbítero y como obispo, de un modo particular por aquello que pueda haber sido ocasión de escándalo para mis hermanos, sacerdotes, religiosos o laicos. Y pedirte perdón por las debilidades e infidelidades de mis hermanos e hijos sacerdotes. Pero, sobre todo quiero darte gracias por todos los sacerdotes, por los que tanto me han dado de Ti con su ejemplo y con su servicio ministerial, a mí y a todo el Pueblo de Dios. Ayuda tus sacerdotes. Que el llamado a la santidad, especialmente vivo desde nuestra proximidad profunda a Ti (nos confías tu Iglesia, tus sacramentos, tus hijos), suene como una llamada que renueva nuestra vida y nos alegra entrañablemente.

Mira a tus seminaristas, cuídalos, permítelos formarse en un clima honesto y transparente que madure en ellos una rectitud profunda a lo largo de su camino formativo que se consuma en la muerte. Llama a jóvenes de nuestra Salta, de tu Salta, y de todo el mundo, para continuar tu tarea de seguir buscando con amor, el amor de este pueblo tuyo que ya superó la geografía y abraza al que viene, al que te invoca, al que escucha el susurro amoroso de tu amor: Soy tuyo.

Madre del Milagro: contigo a Jesús; y con Jesús, el Señor, a la Iglesia para servir en ella, como misioneros a todos los hombres.

Monseñor Mario Antonio Cargnello, arzobispo de Salta 

Notas


[1] Documento de Aparecida (a partir de ahora DA 131).
[1] DA 360.
[1] BENITO XVI, Caritas in Veritate, 19


Publicado por verdenaranja @ 23:29  | Hablan los obispos
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Subsidio litúrgico para el DÍA DE LA CATEQUESIS a celebrar el 11 de Octubre de 2009 enviado por la Delegación de Liturgia de la Diócesis de Tenerife.

(Al comenzar la celebración debe colocarse una cuna
en un lugar visible: delante o un lado del altar)

MONICIÓN DE ENTRADA

Hoy es el día de la catequesis.

Pondremos en manos de Dios todas nuestras ilusiones, todos nuestros trabajos, todas nuestras dificultades, para que Él nos ayude con su fuerza a desempeñar con alegría y acierto nuestra labor. Por lo tanto hoy vamos asistir al Envío de los Catequistas. Ellos son los llamados por el Señor para transmitir la fe en nuestra Comunidad. Ellos hacen posible que nuestra Parroquia siga creciendo en profundidad y en vida cristiana. Por eso, pediremos el don del Espíritu Santo para que les acompañe a lo largo de todo este curso que ahora estamos comenzando.

Nuestra Comunidad Diocesana celebra el Día de la Catequesis bajo el lema "NACER A LA FE". Es nuestro objetivo preferente para este año, el tercero de nuestro Plan Diocesano de Pastoral, centrando en la Iniciación Cristiana. Comencemos cantando

ORACIÓN COLECTA

Dios Padre, que has confiado a tu Iglesia la misión de anunciar el evangelio de Jesucristo a todos los hombres de todos los tiempos, envía tu Espíritu sobre estos catequistas, a fin de que todos ellos sean fieles dispensadores de la Palabra de la verdad, desempeñando a la perfección su ministerio.

Infunde en sus corazones el amor y el celo de tu reino, pon en sus labios tu Palabra de salvación y concédeles la alegría de poder colaborar al crecimiento de tu Iglesia. Por Jesucristo nuestro Señor. AMÉN.

MONICIÓN LECTURAS

Dios a lo largo de toda la historia siempre ha salido al encuentro del hombre. Hoy sale a tu encuentro, quiere comunicarte su Palabra de amor como Padre que ama a sus hijos. Por eso, preparemos el corazón para escucharle

PRESENTACIÓN DE CATEQUISTAS

Sacerdote:

Queridos hermanos: En primer lugar, me dirijo a ustedes, catequizandos. Son muchas las dificultades que lleva consigo esta labor. Y mucho más cuando nos olvidamos de nuestras responsabilidades. Por eso, les pido que acompañen a los catequistas en su formación cristiana.

En segundo lugar, ustedes, catequistas, alégrense de la tarea que les ha encomendado la Iglesia. Los catequizandos les necesitan, pero nosotros también. Por eso, les agradecemos vuestra generosidad y vuestro trabajo.

Somos conscientes de las dificultades que van a tener, pero saben que Dios no les abandona y que la parroquia pone a su disposición todo lo que necesitan para realizar lo mejor posible vuestra labor.

Un día, a cada uno de ustedes lo sacaron de una cuna para venir a la Iglesia a recibir la gracia del Bautismo. Hoy, ante esta cuna situada delante del altar, queremos recordar ese día en que nacimos todos a la fe. Por lo tanto, todos juntos vamos a proclamar el Credo. Es la fe de la Iglesia en la que todos hemos nacido. Pero hoy, vamos a proclamar nuestra fe con la fórmula que usamos en el bautismo:

 

*Les pregunto a todos

¿Creen en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra?

--Si, creo

¿Creen en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que nació de Santa María Virgen, murió, fue sepultado, resucitó de entre los muertos y está sentado a la derecha del Padre?

--Sí, creo

¿Creen en el Espíritu Santo, en la Santa Iglesia Católica, en la comunión de los Santos, en el perdón de los pecados, en la resurrección de los muertos y en la vida eterna?

--Sí. creo

Esta es nuestra fe, esta es la fe de la Iglesia que nos gloriamos de profesar en Cristo Jesús, Señor nuestro.

--Amén

*Les pregunto a los catequistas

¿Quieren, por tanto, ser testigos de esta fe de la Iglesia que todos han recibido?

--Sí, quiero

¿Se comprometen a transmitir la fe de la Iglesia, que hemos proclamado juntos, y a educarla en los miembros de nuestra comunidad?

--Si, me comprometo

Que el Espíritu de Dios Padre y de Jesucristo, el Señor, les fortalezca y les guíe en el ejercicio de esta tarea y de esta responsabilidad que han contraído ante la Iglesia.

--Amén

(Se acerca de uno en uno y le entrega el material, mientras (le dice)

Sacerdote:

Recibe el material de la formación,
profundiza lo que en él se enseña, para
que puedas vivir aquello que luego
compartas con los catequizandos.

 

ORACIÓN DE LOS FIELES

Por la Iglesia, presente en todo el mundo, para que no cese en su empeño por anunciar el Evangelio a todos los hombres, roguemos al Señor.

Por el Papa, los Obispos, los Presbíteros, los Diáconos y demás ministros de la Palabra, para que sean fieles transmisores de la misma y testigos de su fuerza salvadora, roguemos al Señor.

Por todos los que trabajan en la obra de la evangelización y la catequesis, para que ni el fracaso los desanime, ni el éxito les envanezca, roguemos al Señor.

Por todos los que han de ser catequizados, para que el Espíritu Santo los ilumine y los asista, roguemos al Señor.

Por todos los que nos hemos reunido, para que el Señor despierte y sostenga en nosotros el sentirnos Iglesia, roguemos al Señor.

Escucha, Padre de todos los hombres, nuestra oración esperanzada. Te pedimos que todos seamos, cada vez más, servidores de la vida que tú has sembrado en nosotros. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor.

PRESENTACIÓN DEL PAN Y VINO

(Dos catequistas acercan el pan y el vino al altar)

Este pan y vino, Señor, serán tu Cuerpo y tu Sangre. Siempre nos prometiste estar junto a nosotros en cada momento de nuestra vida. Nosotros, catequistas, sólo ponemos hoy en tu altar la ilusión y el esfuerzo de nuestro trabajo para que Tú, Jesús, lo transformes en buen alimento: en encuentro contigo, en camino de fe y alegría, en vida nueva para toda la Parroquia.

ORACIÓN FINAL DE LOS CATEQUISTAS

Señor Jesús, hemos sentido la llamada que nos has dirigido para ser catequistas
en esta comunidad cristiana de...

Ayúdanos a regalar nuestro tiempo a los demás. Danos el
gusto de intimar contigo. Haznos comprender la necesidad
de la oración. Llénanos de la paz que prometiste a los
apóstoles el día de la resurrección.

Exhala también sobre nosotros la fuerza del Espíritu que
enseña la Verdad. Señor Jesús, que sepamos amar este hoy
que nos toca vivir, que sepamos comprender a las personas
y aceptarlas tal como son y donde están, que sepamos
esperar serenamente la germinación de la semilla que
sembramos en el corazón de los que te buscan.

Señor Jesús, llena nuestras vidas de la alegría y del gozo que brota del anuncio del Reino; inspíranos las palabras, los gestos, las iniciativas que mejor abran los ojos de los que no te ven, de los que te buscan sin muchas ganas, de los que ni saben que existes, de los que se

asoman con ganas, como Zaqueo,
para rastrear tus pasos y abrirte la
puerta de sus corazones.

Señor Jesús, Gracias por llamarme
a ser hoy apóstol y catequista en tu
Iglesia.

SUGERENCIAS DE CANTOS

ENTRADA:

"Iglesia Peregrina" (C. Gabaráin); "Vamos cantando al Señor" (Espinosa); "Juntos como hermanos" (C. Gabaráin); "Somos un pueblo que camina" (Vicente Mateu); "En el nombre del Señor, nos hemos reunidos" (Salmo de la Comunidad).

CANTO INTERLECCIONAL:

"Anunciaremos tu Reino, Señor" (Halffter); "Tu palabra me da vida" (Espinosa); "Siempre confío en mi Dios" (Espinosa).

CANCIÓN DEL ENVÍO:

"Id y enseñad" ("Sois la semilla...": Gabaráin); "Canción del Testigo" (Espinosa).

OFERTORIO:

"Este pan y vino" (Erdorzain). "Te presentamos el vino y el pan" (Espiosa); "Te ofrecemos, Señor" (Espinosa);

COMUNIÓN:

"Te conocimos, Señor, al partir el pan" (Madurga); "Quédate con nosotros" (Teulé); "Arriésgate" (Erdozaín); "¿Le conocéis?" (Olivar-Manzano); "Cerca está el Señor" (Erdozaín).

DESPEDIDA:

"Demos gracias" (Pentecostales"; Gracias, Señor" (Gabaráin);"Himno de la alegría" (M. Ríos- Beethoven).

CANTO A MARÍA:

"Madre de nuestra alegría", "Madre de los
jóvenes" (Gabaráin).


DOMINGO 25 DEL TIEMPO ORDINARIO / B   
20 de septiembre de 2009

La paz y la bondad de Dios, nuestro Padre, estén con todos vosotros.

Hoy, en este día de más tranquilidad y descanso, los cristianos nos reunimos para celebrar lo que es el fun­damento de nuestra fe: que Jesús está en medio de nosotros, que él acompaña nuestras vidas, que vale la pena seguirle, porque su camino nos conduce a la vida más plena.

Con alegría, unidos con todos los hermanos y her­manas del mundo entero, comencemos esta Eucaris­tía.

A. penitencial: En silencio, pidamos perdón por nuestras infidelidades al camino de Jesús (Silencio).

Tú, que escuchas nuestra súplica. SEÑOR, TEN PIEDAD.
Tú, que eres nuestro auxilio, CRISTO, TEN PIEDAD.
Tú, que nos diste ejemplo de amor a los débiles, SEÑOR, TEN PIEDAD.

1. lectura (Sabiduría 2,12.17-20): La presencia del justo es una acusación continua contra los malvados, que estos no pueden soportar. Para que sus malas obras no queden en evidencia, deciden liquidar al inocente. Esta lectura que vamos a escuchar es como un resumen de la historia de Jesús.

2. lectura (Santiago 3,16-4,3): La ambición y la codicia, el afán desenfrenado de tenery de ser más que los demás, es fuente de discordia y veneno que corroe a las perso­nas y a los grupos. Precisamente en el evangelio de hoy veremos cómo los apóstoles también estaban enfrenta­dos por ver quién era más importante entre ellos.

Oración universal: Presentemos nuestras peticiones a Dios nuestro Padre diciendo: ESCÚCHANOS, PADRE

Por todos los que ejercen alguna responsabilidad en nuestra parroquia. OREMOS AL SEÑOR:

Por los misioneros que están en países lejanos anun­ciando el Evangelio. OREMOS AL SEÑOR:

Por los que nos han ayudado a nosotros a crecer en la fe. OREMOS AL SEÑOR:

Por los padres y madres de familia. OREMOS AL SEÑOR:

Por los chicos y chicas que han empezado el curso esco­lar, y por sus maestros y profesores. OREMOS AL SEÑOR:

Por... OREMOS AL SEÑOR:

Por nosotros, por nuestros familiares y amigos, por nuestros compañeros de trabajo, por nuestros vecinos. OREMOS AL SEÑOR:

Escucha, Padre, las oraciones de tu pueblo, tú que eres la fuente de toda bondad. PorJesucristo nuestro Señor.

Padrenuestro: Para Dios no hay distinción de razas, ni de pasaportes. Porque él es el Padre de todos, los que nos reconocemos hijos suyos nos atrevemos a decir:

CPL


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Martes, 15 de septiembre de 2009

Homilía de monseñor Francisco Polti, obispo de Santiago del Estero, en la Fiesta Chica de Nuestro Señor de los Milagros de Mailín. (AICA)
(13 de agosto de 2009)

 Fiesta Chica de Nuestro Señor de los Milagros de Mailín

 “Ahí tienes a tu Madre” Jn.

Queridos hermanos y hermanas peregrinos de Nuestro Señor de Mailín,

De muchas partes de nuestra provincia y de la Argentina nos hemos reunido en estas tierras benditas por la presencia del Señor, para celebrar el Domingo, el día en que Jesús ha vencido a la muerte y nos hizo partícipes de su vida inmortal.

En la asamblea dominical, como en cada celebración eucarística, el encuentro con el Resucitado se realiza mediante la participación en la doble mesa de la Palabra y del Pan de vida. Jesús está presente en su Palabra, porque es él mismo el que habla cuando se lee en la Iglesia la Sagrada Escritura; después, se hace real, sustancial y duradera la presencia del Señor Resucitado a través del memorial de su pasión y resurrección, y se ofrece el Pan de vida, que es prenda de la gloria futura .

Al contemplar al Señor forastero, Nuestro Señor de Mailín, el Hijo Único de Dios, Jesucristo, podemos comprobar la prueba máxima del amor de Dios Padre por cada hombre y cada mujer, por cada uno de nosotros. “Tanto amó Dios al mundo que le entrego a su Hijo Único…” . Sí, nuestro Padre Dios nos amó antes y mucho más, y en esas condiciones, entregó lo más querido, a Jesús, su unigénito, para que muriendo nos librara de la muerte eterna.

Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, también nos da pruebas evidentes de su amor para cada uno de nosotros, no sólo en la Cruz, sino también en la noche santa que nos regaló su presencia en el Pan y el Vino consagrado, y por supuesto entregando a su Madre, la Virgen María, a la Iglesia. En preparación a la Coronación Pontificia de Nuestra Señora de la Consolación de Sumampa, esta fiesta chica tiene como lema las palabras pronunciadas por Jesús en la Cruz, cuando entrega a Santa María al discípulo amado: “Ahí tienes a tu madre”.

Debemos entrar en la pedagogía divina, en el “dar” y en el “darse”. Es allí donde hay mayor felicidad. Estamos llamados a reproducir los rasgos de Dios, ya que somos su imagen. Y los rasgos de Dios son el amor, la vida, la luz…

Para ello y ante todo, debemos superar el egoísmo propio que se apodera de nuestras vidas. Por tanto, cada uno en nuestro interior, y todos juntos como Iglesia diocesana, y como verdaderos ciudadanos comprometidos con la patria debemos decir: "¡No al egoísmo!" Esto es, a todo lo que induce al hombre a pensar sólo en su provecho y en su porvenir, olvidándose de los demás, a refugiarse en el círculo de una clase social privilegiada o en una comodidad cultural que excluye a los demás.

En el año 2003 los obispos argentinos describíamos una realidad que hoy sigue siendo actual: “se alza un silencioso y justo reclamo de millones de personas en situación de miseria: hombres y mujeres sin trabajo, niños y familias enteras en la calle, mujeres abandonadas y explotadas, ancianos olvidados y sin protección social” .

Ante esta realidad que nos interpela, y siguiendo el ejemplo de Jesucristo, debemos, como discípulos-misioneros, llevar el Consuelo a todos, sin excluir a nadie, para que cada hombre y cada mujer, tenga la verdadera Vida y la tenga en abundancia.

Hoy es tiempo de la creatividad del amor, de una nueva imaginación de la caridad. Es hora de que los valores evangélicos se traduzcan en compromisos cotidianos; de que la caridad se abra al servicio y se proyecte hacia un amor activo que incluya a todos los excluidos. Nos recuerda Benedicto XVI que , “el que está animado de una verdadera caridad es ingenioso para descubrir las causas de la miseria, para encontrar los medios de combatirla, para vencerla con intrepidez”

En este día, toda la Iglesia que peregrina en Argentina canaliza su solidaridad efectiva a través de la colecta Más por Menos, bajo el título “Más solidaridad por menos exclusión”. A través de ella la Iglesia en Argentina expresa su caridad de modo concreto en el amor preferencial por los pobres y a la vez es agente de transformación en la sociedad.

Finalizo estas palabras acudiendo, una vez más, al Señor de Mailín, rogando por todas las necesidades espirituales y materiales que guardamos en nuestros corazones y que hemos dejado a sus pies para que El nos conceda aquello que verdaderamente sea necesario y conveniente para nuestra salud espiritual. Así sea.

Mons. Francisco Polti, obispo de Santiago del Estero


Publicado por verdenaranja @ 23:16
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 Homilía de monseñor Martín de Elizalde OSB, obispo de Nueve de Julio, en la misa de la peregrinación diocesana al Santuario de Nuestra Señora de Luján en donde se dio comienzo a la misión continental en la diócesis. (AICA)
(6 de septiembre de 2009)

regrinación a Luján - Misión continental 

Queridos hermanos sacerdotes, diáconos, seminaristas, religiosos y religiosas, consagrados, ministros y demás colaboradores pastorales, queridos hermanos y hermanas:

Con gran alegría y gratitud nos encontramos en la casa de María Santísima, nuestra Madre, como lo hacemos cada año, recogiendo en esta visita nuestras aspiraciones y deseos, las necesidades propias y de la comunidad, para presentarlas a Dios por medio de la Virgen de Luján, implorar su gracia y su perdón, que confirman su misericordia siempre dispuesta y generosa para con nosotros, y darle gracias por tantos beneficios. El gesto comunitario de esta peregrinación da fuerza a nuestro ruego, nos invita a mostrarnos desprendidos de toda visión parcial, a sentirnos unidos a los demás, manifestando con fe y esperanza la caridad que nos une. Esta vez, a los motivos permanentes que tenemos para llegarnos hasta aquí, se agrega uno particularmente importante: comenzar la Misión Continental en nuestra diócesis de Nueve de Julio bajo el amparo de la Virgen de Luján, para que podamos cumplir de verdad sus objetivos. Pedimos avanzar con espíritu generoso por el camino del Evangelio en la santidad, para renovar la vida eclesial, fortalecer la fe y la práctica de los cristianos, alentar su celo y su participación, de modo que podamos llevar a todos los hombres y mujeres el anuncio gozoso de la salvación. Lo haremos ciertamente, todos juntos, en la celebración eucarística, ahora; luego, también lo pediremos en la adoración de la tarde y en la plegaria personal, fervorosa, en este hermoso templo, que sentimos tan nuestro porque es la casa de la Madre de Dios y Madre nuestra, que se hizo presente en la Argentina.

El propósito misionero se encuentra inserto en la vida y la acción de la Iglesia. Gozosos por la adopción de hijos de Dios, vivimos la felicidad de la fe que compartimos, la comunión de los sacramentos, la familiaridad con la Virgen Santísima y los santos. Hemos recibido tanto de Dios, y quiero señalar ante todo la vida del Espíritu, que nos santifica y renueva, y que nos concede pasar por el mundo, haciendo que las circunstancias de la existencia humana

sean como escalones para crecer en la semejanza con Dios, por el seguimiento y la imitación de Jesucristo. Y porque nos reconocemos y proclamamos discípulos, es que nos sentimos llamados a ser misioneros, no ya como una empresa añadida, una acción que debamos agregar a lo que ya estamos haciendo, sino dándole a todas las cosas el alcance y la impronta de la irradiación generosa y sincera de nuestra vocación. Así haremos conocido el mensaje del Evangelio, y lo difundiremos no solo en palabras, sino con los hechos de la conducta y el testimonio.

Nuestra misión comienza con una conciencia cada vez más profunda de que somos discípulos, y para ello debemos volver a mirar hacia el Maestro. No con una mirada curiosa pero superficial, como sucedió también en los tiempos de Jesús - ¿Quién es éste? ¿De dónde viene? ¿Con qué autoridad habla? -, sino en el espíritu de San Pedro Apóstol: ¿Señor, a quién iremos? Tú solo tienes palabras de vida eterna. Para llegar a ser discípulos se comienza con la conversión sincera, que valora los pasos que hemos debido dar, y se apresta a seguir, siempre, tras las huellas de Jesús. Por eso comenzamos hoy la Misión con una humilde súplica, con nuestra presencia aquí, en el santuario de Luján. Queremos escuchar, queremos aprender, queremos aplicar lo recibido, queremos ser capaces de trasmitir y de enseñar, como testigos, como hermanos, como compañeros. Empezamos recogidos en oración, y esperamos conservar esta misma actitud a lo largo de toda nuestra vida cristiana, de toda nuestra acción misionera.

Los primeros convocados, que están aquí en un lugar especial, como referentes de sus comunidades parroquiales, son los que en diversos ministerios sirven a Dios y a sus hermanos: catequistas, ministros, voluntarios, agentes pastorales, docentes, y los que actúan en todas aquellas instituciones y asociaciones que como Caritas, los distintos apostolados, los movimientos, contribuyen a la evangelización desde las parroquias, desde la Iglesia. Ellos ya han recibido una llamada para incorporarse a la tarea pastoral, y se han formado para ese fin. En la comunidad son conocidos, sus servicios son apreciados, recogen la confianza y la estima de sus hermanos; por eso los hemos invitado a ellos en primer lugar, pues tienen el ardor y el deseo de la promoción evangélica. Pero no se les confía un título para que se consideren honrados por encima de los demás, sino para que vuelquen, con ánimo de servicio y, si es necesario, con generosidad hasta el sacrificio, sus capacidades, su experiencia, sus contactos con la comunidad, y puedan trasmitir la caridad del apóstol, el coraje y las iniciativas del misionero, e incorporar a muchos más a las filas de los que anuncian a Jesús nuestro Salvador.

La primera etapa que hoy comenzamos consistirá en los cuatro encuentros programados en cada parroquia, para formar a estos agentes en el sentido y los métodos de la Misión, de aquí hasta fin de año. Estos agentes, que están integrados a la vida pastoral de la parroquia, en primer lugar procurarán ahondar en la dimensión misionera del servicio que ya prestan, para trasmitir luego a aquellos a quienes encuentran en sus ministerios (caridad, catequesis, liturgia, familias, enfermos) ese mismo celo, para que con su oración y su propio empeño y compromiso, se unan a su llamado. De manera especial pensamos en los catequistas, que a través de los niños y jóvenes llegan a innumerables familias, que son los primeros evangelizadores de sus propios hijos y tienen la llamada para hacer de sus hogares verdaderas iglesias domésticas. Pensamos en los enfermos y ancianos, que son visitados por los ministros de la pastoral de la salud, y tienen que ser acompañados para que ofrezcan sus oraciones y sufrimientos por sus hermanos de toda condición. Pensamos a quienes se encuentran en los ambientes que los voluntarios de Caritas atienden y visitan, para difundir con la ayuda material la orientación espiritual y el alimento para el alma.

La segunda etapa comenzará en marzo, con las actividades propias de la Misión, por parte de quienes ya actúan apostólicamente y en la pastoral ordinaria, pero ampliándose a las diferentes iniciativas posibles en una comunidad: cursos, jornadas, encuentros, celebraciones, visitas domiciliarias, actos masivos, campañas, publicidad, desde las mismas instituciones parroquiales y en el ámbito más genérico de la sociedad.

¿Y con qué contenido? Es el que simbólicamente nos diseñan las partes que componen el hermoso tríptico, regalo del Papa Benito XVI a las comunidades de América para su Conferencia General de Aparecida. Son los misterios de la vida de Cristo, que se relacionan con los signos a través de los cuales llega a nosotros la vida divina, los sacramentos, para renovarnos y hacernos santos. La gran señal de la presencia de Cristo entre nosotros se da en la asamblea eucarística; allí el Señor nos congrega, nos fortalece con su Cuerpo y Sangre, nos enseña con su Palabra, nos reconoce en la oración común. El camino misionero nos conduce a la confesión de la fe en Jesús Resucitado, a la participación en la celebración del domingo, el Día del Señor, cuyo centro es la celebración del Misterio pascual, la Eucaristía. La recuperación de este signo de todo el Pueblo de Dios comulgando en la Fiesta del Cordero sacrificado por nosotros, tiene que ser la meta de la Misión, para que de ese momento privilegiado de comunión, sea la comunidad entera la que salga del templo donde se ha reunido para abordar con su mensaje a todos los hombres y mujeres.

Es la perspectiva de la Plegaria para esta Gran Misión Continental, conocer a Cristo:

Tú eres la Luz en nuestros corazones
y nos das tu ardor con la certeza de la Pascua.
Tú nos confortas en la fracción del pan,
para anunciar a nuestros hermanos que en verdad Tú has resucitado
y nos has dado la misión de ser testigos de tu victoria.

Quédate con nosotros, Señor, Tú eres la Verdad misma,
eres el revelador del Padre,
ilumina Tú nuestras mentes con tu palabra;
ayúdanos a sentir la belleza de creer en ti.
 

Y pedimos su gracia y su presencia en la familia y en la sociedad, que toca a nosotros, elegidos testigos y misioneros, difundir para que la conozcan y reciban. Todos los bautizados estamos llamados a ser discípulos y misioneros. Nos dirigimos especialmente a los sacerdotes, en este año que el Santo Padre ha querido dedicar especialmente a ellos, para afianzar en ellos el espíritu de su vocación, y en los seminaristas, futuros presbíteros, que se preparan para ser como un Cristo que se ofrece por sus hermanos; los unimos en la oración y la esperanza a los diáconos, cuyo camino litúrgico y de servicio estamos tan interesados eclesialmente en afirmar y dar a conocer, como un ofrecimiento que Dios nos hace, para la vida de sus comunidades. Y juntamente esperamos mucho de los religiosos y religiosas, consagrados, y todos los ministros y colaboradores, que sería largo enumerar, pero que reconocemos presentes y solícitos en la vida de la Iglesia diocesana, en cada visita que hacemos a las comunidades parroquiales y a los pueblos, y también de las instituciones católicas, educativas y sociales, y que también hoy encontramos aquí, agradeciendo su participación siempre generosa y entusiasta.

Con la Plegaria decimos:

Fortalece nuestra fe de discípulos
siempre atentos a tu voz de Buen Pastor.
Envíanos como alegres misioneros,
para que nuestros pueblos
en ti adoren al Padre, por el Espíritu Santo.
 

Congregados en el nombre de Cristo Nuestro Señor, animados por la presencia del Espíritu Santo, nos dirigimos a Dios nuestro Padre. Nuestra familia es la Iglesia, nuestra aspiración la difusión del Evangelio, nuestra meta la gloria junto a la Santísima Trinidad. Y por eso invocamos a María la Virgen Inmaculada, aquí en su casa de Luján, Patrona de nuestra Patria. Que ella nos asista y acompañe, concediéndonos con abundancia lo que en esta peregrinación hemos venido a pedir, elevando a Dios Padre nuestro agradecimiento sincero y aceptando acompañarnos en nuestro compromiso y entrega. Lo hacemos con las palabras finales de la Plegaria por la Misión Continental:

A María, tu Madre y nuestra Madre,
Virgen inmaculada, mujer vestida de sol,
Señora de Guadalupe y de Luján,
confiamos el Pueblo de Dios peregrino
en este inicio del tercer milenio cristiano.
Amén.
 

II La Buena Noticia Diocesana, Nª 99, junio-julio 2009  

PLEGARIA DE LA MISIÓN CONTINENTAL

Oración compuesta con las palabras finales del discurso que el Papa Benito XVI pronunció el 13 de mayo de 2007 en la sesión inaugural de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, celebrada en Aparecida, Brasil. Se propone su recitación a todos los fieles y, en especial, a los agentes pastorales, y su empleo en las celebraciones comunitarias, encuentros y reuniones pastorales, y en las familias. La hemos dividido de acuerdo a las estrofas, que se pueden aplicar en diversas circunstancias, conservando en cada ocasión el encabezamiento (I) y la conclusión (V) .

I

Quédate con nosotros, Señor, acompáñanos, aunque no siempre hayamos sabido reconocerte.

Tú eres la Luz en nuestros corazones y nos das tu ardor con la certeza de la Pascua. Tú nos confortas en la fracción del pan, para anunciar a nuestros hermanos que en verdad Tú has resucitado y nos has dado la misión de ser testigos de tu victoria.

Quédate con nosotros, Señor, Tú eres la Verdad misma, eres el revelador del Padre, ilumina Tú nuestras mentes con tu palabra; ayúdanos a sentir la belleza de creer en ti.

II

(La familia)

Tú que eres la Vida, quédate en nuestros hogares para que caminen unidos, y en ellos nazca la vida humana generosamente; quédate, Jesús, con nuestros niños y convoca a nuestros jóvenes para construir contigo el mundo nuevo.

III

(La vida de la sociedad)

Quédate, Señor, con aquellos a quienes en nuestras sociedades se les niega la justicia y la libertad; quédate con los pobres y humildes, con los ancianos y enfermos.

IV

(Vocación y misión)

Fortalece nuestra fe de discípulos siempre atentos a tu voz de Buen Pastor. Envíanos como alegres misioneros, para que nuestros pueblos en ti adoren al Padre, por el Espíritu Santo.

V

(Conclusión)

A María, tu Madre y nuestra Madre, Virgen inmaculada, mujer vestida de sol, Señora de Guadalupe y de Luján, confiamos el Pueblo de Dios peregrino en este inicio del tercer milenio cristiano. Amén.


Mons. Martín de Elizalde OSB, obispo de Nueve de Julio


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Texto del micro radial de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, emitido por LT 9. (AICA)
(12 de septiembre de 2009)

mÁS POR MENOS 

Como todos los años la Iglesia nos invita, en el segundo domingo de Septiembre, a participar de la Colecta Más por Menos, que tiene por finalidad despertar nuestra solidaridad hacia quienes menos tienen. Esto nos habla de comunión, es decir, el otro, aunque no lo conozca no es un extraño, es alguien, es una persona, y desde la fe es mi hermano. Creo que esta Colecta tiene un profundo sentido de ayuda, pero sobre todo de docencia, que nos eleva moral y espiritualmente. No damos sólo cosas, en este caso dinero, sino que asumimos en la medida de nuestras posibilidades las carencias y el dolor de mi hermano. Este gesto quiebra y transforma en el corazón del hombre, los límites de una actitud individualista que nos encierra en nosotros mismos. La caridad, en cuanto nos abre al otro, nos sana y libera.

A la Colecta de este año la haremos bajo el lema: “Más solidaridad por Menos exclusión”. No es el momento a ponernos a discutir sobre los índices de pobreza en nuestro país, sabemos que la pobreza existe y está muy cerca de nosotros, casi diría que no necesitamos de estadísticas, sólo tenemos que caminar y abrir los ojos. En un sentido diría que no existe la pobreza, existen pobres que tienen un rostro y nos dirigen su mirada. La pobreza puede ser un tema ético y político, que podemos abordar desde diversos enfoques, pero el pobre siempre será un tema evangélico. Por ello, para la Iglesia la cercanía con el pobre no es una estrategia o un sentimiento ocasional, sino un acto de fidelidad a Jesucristo, El tuvo preferencias por los pobres. Una Iglesia que no asuma y comprometa su voz y su acción al servicio del pobre, no sería un signo claro de la presencia de Jesucristo.

Frente a esta realidad de la pobreza no podemos quedarnos en una actitud de conocimiento y de explicación del hecho, sino que debemos asumir un protagonismo que nos permita mitigar sus efectos y devolver la esperanza a tantos hermanos nuestros que hoy son víctimas de este flagelo. Esta expresión la usó el Santo Padre en la carta que nos enviara motivando la participación en esta colecta. Él nos decía que debemos superar “el flagelo de la pobreza”. Sabemos que la pobreza, desgraciadamente, engendra más pobreza y esto lleva a la marginalidad. Se dice con fundamento estadístico, que la mayoría de los argentinos no logró superar las condiciones de vida de sus padres. Este país es nuestra querida Patria, a la que le debemos lo mejor de nosotros para elevar el nivel de vida de todos sus hijos.

La fuerza del lema está en acrecentar la solidaridad, que tiene que ver tanto con la justicia como con la caridad. La caridad no suple a la justicia, por ello hay un deber insoslayable de la sociedad política frente a la pobreza, la caridad, les decía, perfecciona a la justicia porque para ella no es sólo distribuir equitativamente los bienes, sino elevar a esa persona en su dignidad plena de hijo de Dios. Con cuánta alegría y gratitud la gente recibe la ayuda de la Colecta Más por Menos, porque ven en ella un gesto de solidaridad y de amor, que les permite superar no sólo las condiciones de exclusión sino recuperar la esperanza. Cada año esta Colecta se convierte en un gesto creciente de presencia de los argentinos junto al dolor de la pobreza, y en la promoción de diversos proyectos que elevan la condición de vida de nuestros hermanos.

Invitándolos a ser generosos en esta nueva edición de la Colecta de Más por Menos, les hago llegar junto a mi afecto y oración, mi bendición de Padre y amigo.


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Homilía de monseñor Luis H. Villalba, arzobispo de Tucumán,  en la misa al inaugurarse la Expo Tucumán 2009 en los predios de la Sociedad Rural de Tucumán. (AICA)
(11 de septiembre de 2009)

Expo Tucumán 2009 

Queridos hermanos:

1. Saludo a todos los miembros de la Sociedad Rural, a sus familias y a todos los trabajadores del campo. La tierra es un don de Dios confiado al hombre desde el principio. Es un don de Dios confiado al hombre para sustentar la vida que el Señor ha creado. Pero la tierra no es sólo un don de Dios, es también una responsabilidad del hombre. El hombre fue constituido como su dueño y señor (ver Gén. 1,26), en orden a producir fruto. Así fue deseo de Dios que el alimento, que iba a mantener la vida en la tierra, fuese a la vez “fruto de la tierra y del trabajo del hombre”. La Iglesia honra el trabajo, lo alienta y lo bendice porque en él ve el instrumento de la colaboración humana y la expresión visible de los vínculos de fraternidad. El trabajo, en efecto, constituye una elevada misión para el hombre que colabora con Dios, del que recibió los bienes de la tierra para cultivarlos y hacerlos prosperar. El trabajo es un derecho humano fundamental. El hombre y la mujer, mediante el trabajo, transforman la naturaleza, colaboran con Dios Creador, y, a la vez, se transforman a sí mismos, creciendo en humanidad. Pero, muchas veces, el trabajador queda excluido del bienestar, de la seguridad social, hay alarmantes desigualdades económicas no resueltas. La Iglesia está preocupada por los que no tienen una ocupación estable y están expuestos a angustiosos interrogantes sobre el porvenir de su familia.

2. Recientemente el Papa Benedicto XVI ha publicado la Encíclica Social Cáritas in Veritate sobre el desarrollo humano integral. Esta Encíclica es heredera de una tradición de documentos papales, iniciada en 1891 con la Rerum Novarum de León XIII. Como las otras Encíclicas sociales, este documento continúa y profundiza el análisis y la reflexión de la Iglesia sobre temas sociales de vital interés para la humanidad. Esta nueva Encíclica Social retoma el pensamiento de la Populorum Progressio, del Papa Pablo VI y publicada en 1967, en donde se sostiene que la Iglesia tiende a promover el desarrollo integral del hombre (CV, 8 y 11). Benedicto XVI afirma que “la Iglesia no tiene soluciones técnicas que ofrecer y no pretende «de ninguna manera mezclarse en la política de los Estados». No obstante, tiene una misión de verdad que cumplir en todo tiempo y circunstancia en favor de una sociedad a medida del hombre, de su dignidad y de su vocación” (nº 9). En este sentido recuerda los grandes principios que resultan indispensables para construir el desarrollo humano integral (nº 10-20).

3. El Papa nos recuerda que las esferas de la economía y de la técnica deben estar vinculadas al bien común y reguladas por la ética (ver nº 70). La crisis que ha golpeado a la economía mundial confirma la necesidad de una relación entre ética y economía. Un modelo en el que los operadores consideren lícito cualquier movimiento éticamente intolerable no puede ser modelo para el crecimiento del mundo. Toda decisión económica tiene consecuencias de carácter moral. Un desarrollo de larga duración no es posible sin la ética. Limitándose a un solo ejemplo, el Papa nos dice que el mero fenómeno de la globalización, de por sí, no hace a los hombres hermanos (ver nº 19), por eso es evidente que son necesarias reglas y normas que la regulen (ver nº 41-42). El Papa propone una auténtica conversión social: se trata de asumir solidariamente la responsabilidad por el bien común, porque tanto en la economía como en la política hacen falta hombres rectos, que estén sinceramente atentos al bien común.

4. La Encíclica sostiene que “la ganancia es útil si, como medio, se orienta a un fin que le dé un sentido, tanto en el modo de adquirirla como de utilizarla. El objetivo exclusivo del beneficio, cuando es obtenido mal y sin el bien común como fin último, corre el riesgo de destruir riqueza y crear pobreza” (nº 21).

El Papa nos llama a tomar conciencia de que se sigue produciendo el escándalo de las disparidades hirientes. Por ejemplo, allí donde algunos grupos gozan de un tipo de superdesarrollo derrochador y consumista, que contrasta de modo inaceptable con situaciones persistentes de miseria deshumanizadora. Muchas veces las empresas, con el objetivo de obtener mayores ganancias, han llevado a la reducción de la red de seguridad social en detrimento de los trabajadores (ver nº 25). Benedicto XVI también llama la atención sobre el hecho de que “estar sin trabajo durante mucho tiempo, o la dependencia prolongada de la asistencia pública o privada, mina la libertad y la creatividad de la persona y sus relaciones familiares y sociales, con graves daños en el plano psicológico y espiritual” (nº 25). Y recuerda a todos que el primer capital que se ha de salvaguardar y valorar es el hombre, la persona en su integridad, pues como dice el Concilio Vaticano II: “El hombre es el autor, el centro y el fin de toda la vida económico-social” (GS, 63).

5. Un mensaje importante que nos trasmite la Encíclica es la invitación a superar la dicotomía entre la esfera de lo económico y la esfera de lo social. La modernidad nos ha dejado en herencia la idea según la cual para poder operar en el campo de la economía es indispensable buscar el beneficio y moverse sobre todo por el propio interés. Esto equivale a decir que no se es plenamente empresario si no se persigue la maximización del beneficio. En caso contrario, habría que contentarse con formar parte de la esfera social. Esta conceptualización ha llevado a identificar la economía como el lugar de la producción de la riqueza y lo social como el lugar de la solidaridad. La Encíclica del Papa Benedicto XVI nos dice, en cambio, que se puede hacer empresa también cuando se persiguen fines de utilidad social y se actúa por motivaciones de tipo pro-social (nº 34-70). Una gestión económica que no incorporase en su interior la dimensión social no sería éticamente aceptable. Es preciso superar la concepción práctica según la cual los valores de la Doctrina Social de la Iglesia únicamente deberían encontrar espacio en las obras de índole social, mientras que a los expertos en eficiencia les correspondería la tarea de guiar la economía.

6. El sector agropecuario viene padeciendo, desde hace mucho tiempo, una difícil situación. La persistencia del conflicto y la incapacidad de resolverlo constituyen un signo de debilidad institucional. Circunstancias como éstas, en definitiva, perjudican a los más pobres. Quiero, una vez más, exhortar al diálogo, que es el gran instrumento de construcción y consolidación de la democracia. Como nos recuerda la Doctrina Social de la Iglesia: “Quienes tienen responsabilidades políticas no deben olvidar o subestimar la dimensión moral de la representación que consiste en el compromiso de compartir el destino del pueblo y en buscar soluciones a los problemas sociales” (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 410).

Queridos hermanos: El Evangelio nos recuerda que no sólo de pan vive el hombre: no sólo con bienes materiales puede satisfacer la profunda sed de su corazón. El horizonte del hombre es más alto, por eso todo programa de desarrollo debe tener presente, junto al crecimiento material, el crecimiento espiritual. Éste es el desarrollo integral del que habla la Iglesia.

Encomendemos estas intenciones a la intercesión materna de la Virgen María, Madre de Jesús y nuestra Madre.

Mons. Luis Héctor Villalba, arzobispo Tucumán

 

 


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ZENIT nos ofrece el texto de la homilía que pronunció el Papa Benedicto XVI, durante la Eucaristía celebrada el  30 de agosto de 2009 (cfr Zenit, servicio del 31 de agosto) con sus ex alumnos. El texto ha sido distribuido el lunes, 14 de Septioembre de 2009, por la Oficina de Información de la Santa Sede.

Queridos hermanos y hermanas:

En el Evangelio nos sale al encuentro uno de los temas fundamentales de la historia religiosa de la humanidad: la cuestión de la pureza del hombre ante Dios. Volviendo su mirada hacia Dios, el hombre reconoce estar "contaminado" y encontrarse en una condición en la cual no puede acceder al Santo. Surge así la pregunta sobre cómo puede llegar a ser puro, liberarse de la "suciedad" que le separa de Dios. De esta forma han nacido, en las diversas religiones, ritos purificatorios, caminos de purificación interior y exterior. En el Evangelio de hoy encontramos ritos de purificación, que se arraigan en la tradición del Antiguo Testamento, pero que son, con todo, gestionados de una forma muy unilateral. En consecuencia, ya no sirven para una apertura del hombre a Dios, ya no son caminos de purificación y de salvación, sino que se convierten en elementos de un sistema autónomo de cumplimientos que, para ser cumplido verdaderamente en plenitud, exige incluso especialistas. El corazón del hombre ya no es alcanzado. El hombre, que se mueve dentro de este sistema, o se siente esclavizado o cae en la soberbia de poderse justificar a sí mismo.

La exégesis liberal dice que en este Evangelio se revelaría el hecho de que Jesús habría sustituido el culto con la moral. Habría dejado aparte el culto con todas sus prácticas inútiles. La relación entre el hombre y Dios se basaría ahora únicamente en la moral. Si eso fuese verdad, significaría que el cristianismo, en su esencia, es moralidad, es decir, que nosotros mismos nos hacemos puros y buenos mediante nuestra actuación moral. Si reflexionamos profundamente sobre esta opinión, resulta obvio que ésta no puede ser la respuesta completa de Jesús a la cuestión sobre la pureza. Si queremos oír y comprender plenamente el mensaje del Señor, entonces debemos escuchar también plenamente, no podemos contentarnos con un detalle, sino que debemos prestar atención a su mensaje entero. En otras palabras, debemos leer enteramente los Evangelios, todo el Nuevo Testamento y el Antiguo junto con él.

La primera lectura de hoy, sacada del Libro del Deuteronomio, nos ofrece un aspecto importante de una respuesta y nos hace dar un paso adelante. Aquí escuchamos una cosa quizás sorprendente para nosotros, es decir que Israel mismo es invitado por Dios a serle agradecido y a sentir un humilde orgullo por el hecho de conocer la voluntad de Dios y así de ser sabio. Precisamente en aquel periodo la humanidad, tanto en el ambiente griego como en el semítico, buscaba la sabiduría: buscaba comprender lo que cuenta. La ciencia nos dice muchas cosas y nos es útil en muchos aspectos, pero la sabiduría es el conocimiento de lo esencial - conocimiento del fin de nuestra existencia y de cómo tenemos que vivir para que la vida sea del modo justo. La lectura tomada del Deuteronomio señala el hecho de que la sabiduría, en último término, es idéntica a la Torá - a la Palabra de Dios que nos revela lo que es esencial, para cuyo fin y en cuya forma tenemos que vivir. Así la Ley no se muestra como una esclavitud, sino que es - a semejanza de lo que dice el gran Salmo 119 - causa de una gran alegría: no andamos a tientas en la oscuridad, no vamos vagando en vano en busca de lo que pudiera ser recto, no somos como ovejas sin pastor, que no saben donde está el camino correcto. Dios se ha manifestado. Él mismo nos indica el camino. Conocemos su voluntad y con ello la verdad que cuenta en nuestra vida. Son dos las cosas que se nos dicen de parte de Dios: por un lado, que Él se ha manifestado y nos indica el camino justo; por otro, que Dios es un Dios que escucha, que está cerca de nosotros, nos responde y nos guía. Con ello se toca también el tema de la pureza: su voluntad nos purifica, su cercanía nos guía.

Creo que vale la pena detenerse un momento sobre el gozo de Israel por el hecho de conocer la voluntad de Dios y de haber recibido así en regalo la sabiduría que nos cura y que no podemos encontrar solos. ¿Existe entre nosotros, en la Iglesia de hoy, un sentimiento parecido de alegría por la cercanía de Dios y por el don de su Palabra? El que quisiera mostrar un sentimiento semejante, sería en seguida acusado de triunfalismo. Pero, precisamente, no es nuestra habilidad la que nos indica la verdadera voluntad de Dios. Es un don inmerecido que nos hace al mismo tiempo humildes y contentos. Si reflexionamos sobre la perplejidad del mundo ante las grandes cuestiones del presente y del futuro, entonces también dentro de nosotros debería surgir nuevamente la alegría por el hecho de que Dios nos haya mostrado gratuitamente su rostro, su voluntad, a sí mismo. Si esta alegría resurge entre nosotros, tocará también el corazón de los no creyentes. Sin esta alegría no somos convincentes. Sin embargo, donde esta alegría está presente, ésta - aun sin querer - posee una fuerza misionera. Suscita, de hecho, en los hombres la pregunta de si no está verdaderamente aquí el camino - si esta alegría no lleve efectivamente a las huellas del mismo Dios.

Todo esto se profundiza después en el pasaje, tomado de la Carta de Santiago, que la Iglesia nos propone hoy. Yo amo la Carta de Santiago sobre todo porque, gracias a ella, podemos hacernos una idea de la devoción de la familia de Je´sus. Esta era una familia religiosa. Religiosa en el sentido de que vivía la alegría deuteronómica por la cercanía de Dios, que se nos da en su Palabra y en su Mandamiento. Es un tipo de observancia completamente distinta de la que encontramos en los fariseos del Evangelio, que habían hecho de ella un sistema exteriorizado y esclavizador. Es también un tipo de observancia distinto de la que Pablo, como rabino, había aprendido: aquella era - como observamos en sus cartas - la observancia de un especialista que conocía todo y sabía todo; que estaba orgulloso de su conocimiento y de su justicia, y que, sin embargo, sufría bajo el peso de las prescripciones, de modo que la Ley ya no aparecía como guia gozosa hacia Dios, sino más bien como una exigencia que, en definitiva, no podía ser cumplida.

En la Carta de Santiago encontramos esa observancia que no se mira a sí misma, sino que se vuelve gozosamente hacia el Dios cercano, que nos da su cercanía y nos indica el camino justo. Así la Carta de Santiago habla de la Ley perfecta de la libertad y entiende con ello la comprensión nueva y profundizada de la Ley que nos ha dado el Señor. Para Santiago la Ley no es una exigencia que pretende demasiado de nosotros, que está frente a nosotros desde fuera y que nunca puede ser satisfecha. Él piensa en la perspectiva que encontramos en una frase de los discursos del adiós de Jesús: "Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; os he llamado amigos, porque todo lo que he oído de mi Padre os lo he dado a conocer" (Jn 15, 15). Aquel a quien se le ha revelado todo, pertenece a la familia; ya no es siervo, sino libre porque, precisamente, forma parte él mismo de la casa. Una introducción inicial parecida en el pensamiento de Dios mismo se sucedió a Israel en el monte Sinaí. Ha sucedido de modo grande y definitivo en el Cenáculo y, en general, mediante la obra, la vida, la pasión y la resurrección de Je´sus; en Él Dios nos lo ha dicho todo, se ha manifestado completamente. Ya no somos siervos, sino amigos. Y la Ley ya no es una prescripción para personas no libres, sino que es contacto con el amor de Dios - el ser introducido a formar parte de la familia, acto que nos hace libres y "perfectos". Es en este sentido que Santiago nos dice, en la lectura de hoy, que el Señor nos ha engendrado por medio de su Palabra, que Él ha plantado su Palabra en nuestro interior como fuerza de vida. Aquí se habla también de la "religión pura" que consiste en el amor hacia el prójimo - particularmente hacia los huérfanos y las viudas, hacia aquellos que tienen más necesidad de nosotros - y en la libertad frente a las modas de este mundo, que nos contaminan. La Ley, como palabra de amor, no es una contradicción a la libertad, sino una renovación desde dentro mediante la amistad con Dios. Algo parecido se manifiesta cuando Je´sus, en el discurso sobre la vid, dice a los discípulos: "Vosotros sois puros, por la palabra que os he anunciado" (Jn 15, 3). Y otra vez aparece lo mismo en la Oración sacerdotal: vosotros estáis consagrados en la verdad (cfr Jn 17, 17-19). Así encontramos ahora la estructura justa del proceso de purificación y de pureza: no somos nosotros quienes creamos lo que es bueno - esto sería un simple moralismo - sino que es la Verdad la que nos sale al encuentro. Él mismo es la Verdad, la Verdad en persona. La pureza es un acontecimiento dialógico. Comienza con el hecho de que Él nos sale al encuentro - Él, que es la Verdad y el Amor - nos toma de la mano, se compenetra con nuestro ser. En la medida en que nos dejamos tocar por Él, en el que el encuentro se convierte en amistad y amor, somos nosotros mismos, a partir de su pureza, personas puras y después personas que aman con su amor, personas que introducen a los demás en su pureza y en su amor.

Agustín resumió todo este proceso en esta bella expresión: Da quod iubes et iube quod vis - concede lo que mandas y después manda lo que quieres. Esta petición queremos ahora llevar ante el Señor y rezarle: sí, purifícanos en la verdad. Sé tú la Verdad que nos hace puros. Haz que mediante la amistad contigo lleguemos a ser libres y así verdaderamente hijos de Dios, haz que seamos capaces de sentarnos a tu mesa y de difundir en este mundo la luz de tu pureza y bondad. Amén.

[Traducción de la versión oficial italiana por Inma Álvarez
© Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:56  | Habla el Papa
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ZENIT nos ofrece el texto de la homilía del Papa del  sábado 12 de septiembre de 2009, con motivo de la ordenación episcopal de cinco sacerdotes italianos, monseñores Gabriele Caccia, Franco Coppola, Pietro Parolin, Raffaelo Martinelli y Giorgio Corbellini, en la Basílica de San Pedro.

¡Queridos hermanos y hermanas!

Saludamos con afecto y nos unimos cordialmente a la alegría de estos cinco hermanos nuestros presbíteros, que el Señor ha llamado a ser sucesores de los apóstoles: monseñor Gabriele Giordano Caccia, monseñor Franco Coppola, monseñor Pietro Parolin, monseñor Raffaello Martinelli y monseñor Giorgio Corbellini. Agradezco a cada uno de ellos el fiel servicio que han hecho a la Iglesia trabajando en la Secretaría de Estado o en la Congregación para la Doctrina de la Fe o en la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano, y estoy seguro de que, con el mismo amor por Cristo y con el mismo celo por las almas, llevarán a cabo en los nuevos campos de acción pastoral el ministerio que hoy se les confía con la ordenación episcopal. Según la tradición apostólica, este sacramento se confiere mediante la imposición de las manos y la oración. La imposición de las manos se lleva a cabo en silencio. La palabra humana enmudece. El alma se abre en silencio a Dios, cuya mano se alarga hacia el hombre, lo toma para sí y, al mismo tiempo, lo cubre para protegerlo, para que seguidamente sea totalmente propiedad de Dios. Pero, como segundo elemento fundamental del acto de consagración, sigue después la oración. La ordenación episcopal es un acontecimiento de oración. Ningún hombre puede hacer a otro sacerdote u obispo. Es el Señor mismo quien, a través de la palabra de la oración y del gesto de la imposición de las manos, asume a ese hombre totalmente a su servicio, lo atrae en su mismo Sacerdocio. Él mismo consagra a los elegidos. Él mismo, el único Sumo Sacerdote, que ha ofrecido el único sacrificio por todos nosotros, le concede la participación en su Sacerdocio, para que su Palabra y su obra estén presentes en todos los tiempos.

Por este lazo entre la oración y el actuar de Cristo sobre el hombre, la Iglesia en su Liturgia ha desarrollado un signo elocuente. Durante la oración de Ordenación se abren sobre el candidato los Evangelios, el Libro de la Palabra de Dios. El Evangelio debe penetrar en él, la Palabra viviente de Dios debe, por así decir, impregnarle. El Evangelio, en el fondo, no es sólo palabra, Cristo mismo es el Evangelio. Con la Palabra, la misma vida de Cristo debe impregnar a ese hombre, para que llegue a ser enteramente una sola cosa con Él, que Cristo viva en él y de forma y contenido a su vida. De esta forma debe realizarse en él lo que en las lecturas de la Liturgia de hoy aparece como la esencia del ministerio sacerdotal de Cristo. El consagrado debe ser colmado del Espíritu de Dios y vivir a partir de Él. Debe llevar a los pobres el alegre anuncio, la libertad verdadera y la esperanza que hace vivir al hombre y le cura. Debe establecer el Sacerdocio de Cristo en medio de los hombres, el Sacerdocio al modo de Melquisedec, es decir, el reino de la justicia y de la paz. Como los 72 apóstoles enviados por el Señor, debe ser uno que trae la curación, que ayuda a curar la herida interior del hombre, su lejanía de Dios. El primer y esencial bien que el hombre necesita es la cercanía de Dios mismo. El reino de Dios, del que se habla en el pasaje evangélico de hoy, no es algo "junto" a Dios, una especie de condición del mundo: es sencillamente la presencia de Dios mismo, que es la fuerza que verdaderamente sana.

Jesús ha asumido estos múltiples aspectos de su Sacerdocio en la única frase: "El Hijo del Hombre no ha venido para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos" (Mc 10, 45). Servir es por tanto entregarse a sí mismos; ser no sólo para sí mismos, sino para los demás, de parte de Dios y de cara a Dios: éste es el núcleo más profundo de la misión de Jesucristo y, a la vez,. La verdadera esencia de su Sacerdocio. Así, Él ha convertido el término "siervo" en su más alto título de honor. Con esto ha dado la vuelta a los valores, nos ha dado una nueva imagen de Dios y del hombre. Jesús no viene como uno de los amos de este mundo, sino que Él, que es el verdadero Amo, viene como siervo. Su Sacerdocio no es dominio, sino servicio: este es el nuevo Sacerdocio de Jesucristo a semejanza de Melquisedec.

San Pablo formuló la esencia del ministerio apostólico y sacerdotal de forma muy clara. Frente a las disputas, que había en la Iglesia de Corinto entre corrientes distintas que se referían a Apóstoles distintos, pregunta: ¿Pero qué es un Apóstol? ¿Qué es Apolo? ¿Qué es Pablo? Son servidores; cada uno como el Señor se lo ha concedido (cfr 1 Cor 3, 5). "Por tanto, que nos tengan los hombres por servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios. Ahora bien, todo lo que en fin de cuentas se exige de los administradores es que sean fieles" (1 Cor 4, 1s). En Jerusalén, e la última semana de su vida, Jesús mismo habló en dos parábolas de aquellos siervos a los cuales el Señor confía sus bienes en el tiempo del mundo, y reveló tres características del servicio de modo justo, en las que se concreta también la imagen del ministerio sacerdotal. Echemos finalmente una breve mirada sobre estas características, para contemplar, con los ojos de Je´sus mismo, la tarea que vosotros, queridos amigos, estáis llamados a asumir a partir de ahora.

La primera característica, que el Señor requiere del siervo, es la fidelidad. Se le ha confiado un gran bien, que no le pertenece. La Iglesia no es nuestra Iglesia, sino su Iglesia, la Iglesia de Dios. El siervo debe ar cuenta de cómo ha gestionado el bien que se le ha confiado. No vinculamos a los hombres a nosotros; no buscamos poder, prestigio, estima para nosotros mismos. Conducimos a los hombres hacia Jesucristo y así hacia el Dios vivo. Con ello le introducimos en la verdad y en la libertad, que deriva de la verdad. La fidelidad es altruismo, y precisamente así es liberadora para el propio ministro y para cuantos se le han confiado. Sabemos que las cosas en la sociedad civil, y no pocas veces en la Iglesia sufren por el hecho de que muchos de aquellos a quienes se les ha conferido una responsabilidad, trabajan para sí mismos y no para la comunidad, para el bien común. El Señor traza con pocas líneas una imagen del siervo malvado, que se pone a festejar y a pegar a sus dependientes, traicionando así la esencia de su encargo. En griego, la palabra que indica "fidelidad" coincide con la que indica "fe". La fidelidad del siervo de Jesucristo consiste precisamente también en el hecho de que no intenta adecuar la fe a las modas del tiempo. Solo Cristo tiene palabras de vida eterna, y estas palabras debemos llevar a la gente. Son el bien más precioso que se nos ha confiado. Una fidelidad semejante no tiene nada de estéril ni de estático; es creativa. El amo reprende a su siervo, que había escondido bajo tierra el bien que se le había entregado para evitar riesgos. Con esta aparente fidelidad el siervo en realidad había dejado de lado el bien del amo para poderse dedicar exclusivamente a sus propios asuntos. Fidelidad no es miedo, sino que está inspirada por el amor y por su dinamismo. El amo alaba al siervo que hizo fructificar sus bienes. La fe requiere ser transmitida: no se nos ha entregado para nosotros mismos, para la salvación personal de nuestra alma, sino para los demás, para este mundo y para nuestro tiempo. Debemos colocarla en este mundo, para que se convierta en ella en fuerza viva; para hacer aumentar en él la presencia de Dios.

La segunda característica, que Jesús pide al siervo, es la prudencia. Aquí es necesario eliminar inmediatamente un malentendido. La prudencia es una cosa muy distinta de la astucia. Prudencia, según la tradición filosófica griega, es la primera de las virtudes cardinales; indica el primado de la verdad, que mediante la "prudencia" se convierte en criterio de nuestra actuación. La prudencia exige la razón humilde, disciplinada y vigilante, que no se deja llevar por prejuicios; no juzga según deseos y pasiones, sino que busca la verdad - incluso la verdad incómoda. Prudencia significa ponerse en búsqueda de la verdad y actuar conforme a ella. El siervo prudente es ante todo un hombre de verdad y un hombre de razón sincera. Dios, por medio de Jesucristo, nos ha abierto de par en par la ventana de la verdad la cual, frente a nuestras solas fuerzas, resulta a menudo estrecha y sólo en parte transparente. Él nos muestra en la Sagrada Escritura y en la fe de la Iglesia la verdad esencial sobre el hombre, que imprime la dirección justa a nuestro actuar. Así, la primera virtud cardinal del sacerdote ministro de Jesucristo consiste en dejarse plasmar por la verdad que Cristo nos muestra. De esta forma seremos hombres perfectamente razonables, que juzgan en base al conjunto y no a partir de detalles casuales. No nos dejamos guiar por la pequeña ventana de nuestra astucia personal, sino de la gran ventana que Cristo nos ha abierto sobre toda la verdad, vemos al mundo y a los hombres y reconocemos así lo que cuenta verdaderamente en la vida.

La tercera característica de la que Jesús habla en las parábolas del siervo es la bondad: "Siervo bueno y fiel... toma parte en el gozo de tu Señor" (Mt 25, 21.23). Lo que se entiende con la característica de la "bondad" se nos puede aclarar si pensamos en el encuentro de Jesús con el joven rico. Este hombre se había dirigido a Jesús llamándole "Maestro bueno" y recibió una respuesta sorprendente: "¿Por qué me llamas bueno? Solo Dios es bueno" (Mc 10, 17s). Bueno en sentido pleno solo lo es Dios. Él es el Bien, el Bueno por excelencia, la Bondad en persona. En una criatura - en el hombre - ser bueno se basa por tanto necesariamente en una orientación profunda hacia Dios. La bondad crece al unirse interiormente al Dios vivo. La bondad presupone sobre todo una viva comunión con Dios. Y de hecho: ¿de quién se podría aprender la verdadera bondad sino de Aquel que nos ha amado hasta el final, hasta el extremo (cf. Jn 13, 1)? Llegamos a ser siervos buenos mediante nuestra relación viva con Jesucristo. Solo si nuestra vida se desarrolla en el diálogo con Él, solo si su ser, sus características penetran en no0sotros y nos plasman, podremos llegar a ser siervos verdaderamente buenos.

En el calendario de la Iglesia se recuerda hoy el Nombre de María. En ella que estaba totalmente unida al Hijo, a Cristo, los hombres en las tinieblas y en los sufrimientos de este mundo han encontrado el rostro de la Madre, que nos da valor para seguir adelante. En la tradición occidental el nombre "María" se ha traducido como "Estrella del Mar". En él se expresa precisamente esta experiencia: cuántas veces la historia en que vivimos parece como un mar oscuro que golpea amenazadoramente con sus olas la navecita de nuestra vida. Quizás la noche parece impenetrable. A menudo puede crearse la impresión de que sólo el mal tenga poder y de que Dios esté infinitamente alejado. A menudo entrevemos sólo de lejos la gran Luz, Jesucristo, que ha vencido la muerte y el mal. Pero entonces vemos muy cerca la luz que se encendió, cuando María dice: "He aquí la esclava del Señor". Vemos la clara luz de la bondad que emana de Ella. En la bondad con que Ella acogió y sale siempre de nuevo al encuentro de las grandes y pequeñas aspiraciones de muchos hombres, reconocemos de forma muy humana la bondad de Dios mismo. Con su bondad lleva siempre nuevamente a Jesucristo, y así la gran Luz de Dios, en el mundo. Él nos ha dado a su Madre como Madre nuestra, para que aprendamos de Ella el sí que nos hace ser buenos.

Queridos amigos, en esta hora rezamos por vosotros a la Madre del Señor, para que os conduzca siempre hacia su Hijo, fuente de toda bondad. Y rezamos para que seáis siervos fieles, prudentes y buenos y así podáis un día escuchar del Señor de la historia la palabra: Siervo bueno y fiel, toma parte en el gozo de tu señor. Amén.

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
© Libreria Editrice Vaticana]


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Lunes, 14 de septiembre de 2009

Texto del micro radial de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, emitido por LT 9. (AICA)
(12 de septiembre de 2009)


mÁS POR MENOS 

Como todos los años la Iglesia nos invita, en el segundo domingo de Septiembre, a participar de la Colecta Más por Menos, que tiene por finalidad despertar nuestra solidaridad hacia quienes menos tienen. Esto nos habla de comunión, es decir, el otro, aunque no lo conozca no es un extraño, es alguien, es una persona, y desde la fe es mi hermano. Creo que esta Colecta tiene un profundo sentido de ayuda, pero sobre todo de docencia, que nos eleva moral y espiritualmente. No damos sólo cosas, en este caso dinero, sino que asumimos en la medida de nuestras posibilidades las carencias y el dolor de mi hermano. Este gesto quiebra y transforma en el corazón del hombre, los límites de una actitud individualista que nos encierra en nosotros mismos. La caridad, en cuanto nos abre al otro, nos sana y libera.

A la Colecta de este año la haremos bajo el lema: “Más solidaridad por Menos exclusión”. No es el momento a ponernos a discutir sobre los índices de pobreza en nuestro país, sabemos que la pobreza existe y está muy cerca de nosotros, casi diría que no necesitamos de estadísticas, sólo tenemos que caminar y abrir los ojos. En un sentido diría que no existe la pobreza, existen pobres que tienen un rostro y nos dirigen su mirada. La pobreza puede ser un tema ético y político, que podemos abordar desde diversos enfoques, pero el pobre siempre será un tema evangélico. Por ello, para la Iglesia la cercanía con el pobre no es una estrategia o un sentimiento ocasional, sino un acto de fidelidad a Jesucristo, El tuvo preferencias por los pobres. Una Iglesia que no asuma y comprometa su voz y su acción al servicio del pobre, no sería un signo claro de la presencia de Jesucristo.

Frente a esta realidad de la pobreza no podemos quedarnos en una actitud de conocimiento y de explicación del hecho, sino que debemos asumir un protagonismo que nos permita mitigar sus efectos y devolver la esperanza a tantos hermanos nuestros que hoy son víctimas de este flagelo. Esta expresión la usó el Santo Padre en la carta que nos enviara motivando la participación en esta colecta. Él nos decía que debemos superar “el flagelo de la pobreza”. Sabemos que la pobreza, desgraciadamente, engendra más pobreza y esto lleva a la marginalidad. Se dice con fundamento estadístico, que la mayoría de los argentinos no logró superar las condiciones de vida de sus padres. Este país es nuestra querida Patria, a la que le debemos lo mejor de nosotros para elevar el nivel de vida de todos sus hijos.

La fuerza del lema está en acrecentar la solidaridad, que tiene que ver tanto con la justicia como con la caridad. La caridad no suple a la justicia, por ello hay un deber insoslayable de la sociedad política frente a la pobreza, la caridad, les decía, perfecciona a la justicia porque para ella no es sólo distribuir equitativamente los bienes, sino elevar a esa persona en su dignidad plena de hijo de Dios. Con cuánta alegría y gratitud la gente recibe la ayuda de la Colecta Más por Menos, porque ven en ella un gesto de solidaridad y de amor, que les permite superar no sólo las condiciones de exclusión sino recuperar la esperanza. Cada año esta Colecta se convierte en un gesto creciente de presencia de los argentinos junto al dolor de la pobreza, y en la promoción de diversos proyectos que elevan la condición de vida de nuestros hermanos.

Invitándolos a ser generosos en esta nueva edición de la Colecta de Más por Menos, les hago llegar junto a mi afecto y oración, mi bendición de Padre y amigo.

Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz


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Homilía de monseñor José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario, en la misa por el Día de la Vida Consagrada. (AICA)
(8 de septiembre de 2009)


peregrinación arquidiocesana
al santuario de san Nicolás
 

Queridos hermanos:

Gracias por estar hoy aquí. Ustedes han venido a este querido Santuario de San Nicolás, por su fe y su amor a la Virgen del Rosario, para pedir y agradecer. Gracias por peregrinar, por su esfuerzo, y por su constancia a lo largo del camino. Dios seguramente lo va a retribuir, ya lo esta retribuyendo, el ciento por uno.

"¡Qué hermoso es estar aquí reunidos en nombre de Cristo, en la fe; en la farternidad, en la alegría, en la paz, en la oración con María, la Madre de Jesús (Hech.1,14)" (Benedicto XVI, Al final del Rezo del Rosario, 12.V.2007).

1. Este Evangelio que leímos nos muestra a Jesús y a sus discípulos caminando alrededor de los poblados de Cesarea de Filipo. Jesús anuncia su Evangelio; y quiere conocer qué piensan de Él…, y cómo reciben al que viene a traer la salvación. Nosotros como Pedro, que lleno de fe le dice: Señor eres el Mesías; también queremos decirle con nuestra fe, Jesús eres nuestra esperanza y nuestro único salvador.

El Señor les señala el camino de la pasión y de la cruz; que va a seguir para resucitar tres días después. Seguir a Jesús en este camino, es la condición que nos ofrece para seguirlo como discípulos.

La enseñanza de saber que alguien da la vida por nosotros, de que no se resiste ni se vuelve atrás, como dice la primera lectura, era una exigencia difícil de aceptar e imitar para quienes querían seguir a Jesús; como también hoy lo es para nosotros.

Sin embargo, quien quiera seguirlo, y resucitar a la vida nueva, debe primero aprender a llevar la cruz. El camino de la cruz es un paso obligado para poder ser su discípulo. Un ejemplo para todos fue la peregrinación. Todos sentíamos en el corazón un fuerte deseo de caminar, de peregrinar; pero la experiencia se hizo dura a medida que llegaba la noche. Cada uno pudo ofrecer una parte del camino o todo el camino, medir sus propias fuerzas; pero aún así, el camino se hizo difícil, y lo ofrecimos por alguna intención.

“Yo no me resistí, ni me volví atrás”. Entonces la prueba se transforma en vida. El camino de la cruz, culmina en la Resurrección. Su ejemplo nos enseña que, quien da, puede recibir; quien perdona, puede ser perdonado; quien ama, puede ser amado.

Pedro no comprende ni acepta este camino; como muchas veces nosotros no lo entendemos ni lo aceptamos. Pero la sabiduría de Dios nos enseña a cambiar nuestra vida, a superarnos con su gracia en el camino, a confiar en Dios, como lo hicieron muchos de ustedes a lo largo de esta noche. Y encontrarnos con Jesús resucitado que le da el verdadero sentido a nuestra vida.

La familia de Jesús, la Iglesia que somos nosotros, también está llamada a seguir este camino; y por eso aunque no sea comprendida, está debe anunciar y continuar los pasos del Señor. Muchos santos han dado la vida y la dan en tantas partes del mundo por seguir a Jesús. Por la cruz, que es una escuela de amor, a la vida.

Queremos que nuestra Iglesia diocesana de Rosario siga los pasos de Jesús, como se hizo en la peregrinación. Anunciando y viviendo su verdad, con su Palabra; perdonando como lo hizo el Señor, con su amor; recibiendo el pan partido de su cuerpo inmolado, con una misma fe; estando cerca del que sufre y del necesitado, con su solidaridad.

2. Hoy es la campaña Más por Menos. También seguir a Jesús, como nos dice la Doctrina Social de la Iglesia, es ser solidario con nuestros hermanos.

Es un llamado a pensar y hacer algo por ellos: más solidaridad por menos exclusión. Este llamado que hacemos a todos los hombres de buena voluntad, tiene por finalidad estar al lado del que sufre y acompañarlo para que nadie quede excluido; excluido de la posibilidad de comer, de cuidar su salud, excluido de tener una vida digna, o de la posibilidad de conocer a Dios. Cualquier pobre excluido de comer en un país bendecido como el nuestro es un gran mal; pero también cualquier excluido de algo necesario, bueno y verdadero, puede llegar a ser una injusticia.

Por eso, como una reflexión ulterior, no pensemos, que excluidos pueden ser solo necesariamente los que están más lejos o enfrente mío: cualquiera de nosotros, o de nuestra familia puede ser el excluido, si se lo menosprecia, si hay falta de respeto por el otro, si se desmerecen las instituciones, si no podemos vivir fraternalmente en la cultura recibida, si nuestras leyes no son justas, es decir promulgadas para lo bueno y verdadero

También cualquiera puede ser excluido si pierde la vida, a causa de la droga o de la inseguridad; cualquiera puede ser excluido si se le impide vivir como persona, o se le impide rezar. Pidamos que todos los hombres y mujeres dispuestos a vivir estas enseñanzas a la luz del Evangelio, ayudemos a alcanzar menos exclusión y más solidaridad, y podamos todos construir la Patria, enriquecidos por medio de un diálogo claro, y sincero, afable, y verdadero.

Al cumplir la diócesis de Rosario LXXV años de vida, queremos renovar el compromiso y la fidelidad a este camino, viniendo al Santuario mariano de San Nicolás, que lleva el mismo nombre del Rosario, como nuestra Madre y Patrona; y preparar así nuestro corazón para celebrar el próximo 7 de octubre, con ustedes y sus familias, jubilosamente su día.

Mons. José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario


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  Alocución televisiva de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata en el programa “Claves para un mundo mejor”. (AICA)
(Sábado 12 de septiembre de 2009)


LA CULTURA DEL BOLICHE,
RUINA DE LA JUVENTUD
 

“Periódicamente somos conmovidos por noticias atroces acerca de lo que ocurre a la salida de los boliches, y aún adentro, casi todas las semanas”.

“Sin dudas que los casos de peleas que acaban, a veces, en muertes se enmarcan en una situación mayor y más grave: la de la violencia juvenil en general, pero hoy quiero referirme a lo que ocurre en las “disco”.

“Se está intentando, en las últimas semanas, de poner un cierto límite al horario. Se discute acerca de cómo es posible que se pueda conseguir alcohol tan fácilmente, no sólo dentro de un boliche sino en la famosa “previa”. Se advierte también que muchas veces esta “previa” se realiza en las casas de familia. Es decir que, en las propias casas, los chicos se emborrachan antes de pasar una noche muy alegre en el lugar donde bailan”.

“Todo esto implica un fenómeno cultural muy serio que debe preocupar a los educadores y a las familias. Y aquí hay muchas responsabilidades en juego”.

“Cuando se trata, por ejemplo, de limitar el horario de las discotecas se habla de las cinco y media de la mañana como si eso fuera tan tarde o tan temprano (porque ya no sabemos a esa hora qué hay que decir). No se piensa qué significa que un chico o una chica pasen toda la noche en vela y aún, prolonguen el horario del boliche hasta el mediodía el día siguiente. Si el día siguiente es el domingo, no existe prácticamente porque lo pasan durmiendo”.

“Los padres de familia tendrían que ser los primeros interesados en ver qué pasa en el fin de semana de sus hijos. La mesa familiar del domingo ha desaparecido, por no hablar de la misa. Aún cuando el chico se levanta a las seis de la tarde después de haber dormido la mona, y va a misa a las siete o a las ocho, ¿qué domingo ha vivido? ¿Es eso el día del Señor?”

“Las autoridades intentan de algún modo negociar con los dueños de las discotecas. Intento vano de convencer a mercaderes sin alma, a los cuales les interesa muy poco que esto se resuelva. Ellos sólo miran su negocio, en el que son capaces de vender cualquier cosa. Venden alcohol, sin duda alguna y a qué precio, y también alguna cosita más, como todos sabemos”.

“Se ha producido una especie de desubicación de la autoridad educativa, sobre todo la de los padres de familia, que toman el problema con la ligereza de un adolescente, hasta que a su hijo lo muelen a palos, o lo matan”.

“Para no hablar solamente de otros “gremios”, quisiera referirme al propio. Me parece que nosotros también, los pastores de la Iglesia, tenemos algo que decir. Y debemos reconocer que en este tema nos hemos conducido con una lenidad que no puede prolongarse más”.

“No es posible emplear con los muchachos y las chicas una tolerancia indebida. Hay que hablarles con claridad. Hay que explicarles cuál es el auténtico sentido, plenamente humano, de la fiesta. De qué manera sana podrían divertirse. Es preciso ofrecerles alternativas”.

“Hay que alertarles también acerca de lo que significa la desinhibición que produce el alcohol, el ruido infernal que taladra los tímpanos, el juego de luces y la aglomeración promiscua que no permiten una vinculación auténticamente personal, un encuentro verdaderamente humano”.

“Hay que decirles a los chicos y a las chicas que no vale cualquier cosa y situaciones que al reiterarse como un rito semana tras semana van deformando su alma, la vacían del sentido trascendente que los dignifican y los esclavizan en la superficialidad”.

“En la cultura de boliche se juega algo muy profundo que tiene que ver con la vida espiritual de nuestros chicos y chicas, con la posibilidad de mantenerse en la gracia de Dios, con la pureza de la intención que se dirige hacia un futuro mejor, hacia un crecimiento auténticamente humano, hacia un crecimiento en el conocimiento y el amor de Dios”.

“Es verdad que muchos jóvenes, afortunadamente, no han sido atrapados por la siniestra cultura del boliche. Por lo tanto, no debemos generalizar. Sin embargo, son muchos de los hijos de nuestras familias, son los chicos de nuestras parroquias, son los alumnos de nuestros colegios católicos, muchos de ellos, los que pasan el fin de semana en esos antros de perdición. Uso deliberadamente este término melodramático para llamar la atención sobre este caso de decadencia cultural en el cual se hunden las virtudes, el sentido del bien y la belleza y a veces la misma vida, tan preciosa, de muchos jóvenes”.


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Texto completo de la declaración conjunta de jóvenes chilenos y argentinos por la paz recordando gestos similares de hace 30 años. (AICA)

Declaración conjunta de jóvenes chilenos y argentinos

     Hoy nos reunimos en este ya histórico lugar para recordar el logro de un acuerdo que trajo la paz a estas dos repúblicas hermanas, como fue hace 25 años la firma del Tratado de Paz y Amistad entre Argentina y Chile, a instancias de la mediación del Papa Juan Pablo II y su Cardenal Antonio Samoré.

Chile y Argentina son dos pueblos hermanos que oraron y rezaron durante mucho tiempo para el logro de un acuerdo que evitara el uso de la fuerza para la resolución de un conflicto. La mediación de la Iglesia Católica jugó un papel definitivo en la resolución de la controversia, que corría el riesgo inminente de convertirse en un conflicto bélico.

     •    Ambos pueblos, llenos de esperanzas, entienden que las diferencias que pudieron separarlos en el pasado no rompen los lazos más profundos que los unieron desde la cuna de su historia.

     •    Ambos pueblos, llenos de esperanzas, dimensionan el dolor que hubiera ocasionado la guerra, y valoran hoy la resolución pacífica de ese conflicto.

     •    Ambos pueblos, llenos de esperanzas, agradecen también a todos aquellos hombres y mujeres que con sus acciones y oraciones, trabajaron incansablemente para evitar un conflicto.

     •    Ambos pueblos, llenos de esperanzas, comprenden que madurar la democracia otorgándole calidad a las instituciones es un camino necesario.

     •    Ambos pueblos, llenos de esperanzas, luchan por erradicar la pobreza, la injusticia, y las circunstancias que atentan contra la dignidad de toda persona.

     “El recuerdo de estos acontecimientos está indisolublemente unido a la amada figura del Papa Juan Pablo II y a la destacada obra de su delegado especial, el Cardenal Antonio Samoré, ambos muy comprometidos en la búsqueda de la paz y de la concordia entre los pueblos argentino y chileno, unidos desde siglos por sólidos vínculos de fe y solidaridad.” (Mensaje del Card. Tarcisio Bertone, del 6 de octubre de 2008).

     Es obligado mencionar también a nuestros queridos obispos Mons. Miguel Ángel Alemán y a Mons. Tomás González Morales que trabajaron incansablemente en coordinación con el Cardenal Samoré hasta conseguir la firma de una declaración conjunta de paz y de amistad, que finalmente tuvo lugar en el Vaticano el 29 de noviembre de 1984. “Fue un ejemplo admirable de construcción de la paz a través de la vía maestra y siempre actual del diálogo, que tiene como finalidad no la supremacía de la fuerza y del interés, sino la afirmación de una justicia ecuánime y solidaria, fundamento seguro y estable de la convivencia entre los pueblos.”

     Por eso nosotros que representamos a las nuevas generaciones en la tierra patagónica queremos:

     •    Agradecer a Dios por la mediación del Santo Padre ante la inminente guerra.

     •    Hacer con nuestro pueblo memoria agradecida de la intervención de la Iglesia en un momento clave de nuestras historias nacionales.

     •    Renovar el valor de la paz a nivel internacional y nacional.
     Pedimos a la Santísima Virgen, Nuestra Señora de la Paz, nos enseñe a seguir caminado comprometidos con la construcción de un presente más justo, posibilitador de Paz y amistad, para lograr el sueño de unidad y de fraternidad que Dios quiere para nuestros pueblos de la Patagonia.

Cátedra de la Paz de la Unidad Académica Río Gallegos de la UNPA
Instituto de Paz Armando de Ramón de Santiago de Chile
Colegio Miguel de Cervantes de Punta Arenas (Chile)
Consejo Provincial de Educación de Santa Cruz (Argentina)
Obispado de Río Gallegos

Monte Aymond, 11 de septiembre de 2009.+


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 Missione Redemptor hominis nos remite un ar´ticulo publicado en su sitio www.missionerh.it:


YPACARAÍ, LA CIUDAD DEL LAGO

Homilía con ocasión del 122 aniversario de fundación de la ciudad


Esta ciudad, cuyo aniversario de fundación celebramos hoy, existía ya a finales del siglo XVII. Era una de las compañías de Itauguá, llamada inicialmente "Guazú Virá" y, posteriormente, "Tacuaral".

El 27 de marzo de 1864, se inauguró la extensión de la línea férrea hasta la estación de Guazú Virá, llamada "Estación Tacuaral". Alrededor de dicha estación fue creciendo la comunidad, dado el movimiento generado, y, por este crecimiento, surgió la idea de independizarse de Itauguá. Se formó una comisión para llevar la solicitud al Presidente de la República, General Patricio Escobar, e iniciaron las gestiones correspondientes.

El 13 de setiembre del año 1887 se estableció la creación de "Ypacaraí".

Dios vive en la ciudad

"La fe - como afirman los Obispos latinoamericanos reunidos en Aparecida - nos enseña que Dios vive en la ciudad, en medio de sus alegrías, anhelos y esperanzas, como también en sus dolores y sufrimientos. Las sombras que marcan lo cotidiano de las ciudades, como por ejemplo, violencia, pobreza, individualismo y exclusión, no pueden impedirnos que busquemos y contemplemos al Dios de la vida también en los ambientes urbanos. Las ciudades son lugares de libertad y oportunidad. En ellas las personas tienen la posibilidad de conocer a más personas, interactuar y convivir con ellas. En las ciudades es posible experimentar vínculos de fraternidad, solidaridad y universalidad. En ellas el ser humano es llamado constantemente a caminar siempre más al encuentro del otro, convivir con el diferente, aceptarlo y ser aceptado por él" (Documento de Aparecida, 514).

"El proyecto de Dios es la Ciudad Santa, la nueva Jerusalén, que baja del cielo, junto a Dios, engalanada como una novia que se adorna para su esposo. ... Este proyecto en su plenitud es futuro, pero ya está realizándose en Jesucristo, el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin, que nos dice: Yo hago nuevas todas las cosas" (Documento de Aparecida, 515).

Nuestra Iglesia, que vive en Ypacaraí, quiere estar "al servicio de la realización de esta Ciudad Santa, a través de la proclamación y vivencia de la Palabra, de la celebración de la Liturgia, de la comunión fraterna y del servicio, especialmente, a los más pobres y a los que más sufren, y así va transformando en Cristo, como fermento del Reino, la ciudad actual" (Documento de Aparecida, 516).

Es por eso por lo que "la Iglesia, anunciando el Evangelio, enseña al hombre, en nombre de Cristo, su dignidad propia y su vocación a la comunión de las personas; y le descubre las exigencias de la justicia y de la paz, conformes a la sabiduría divina. ... Evangelizar el ámbito social significa infundir en el corazón de los hombres la carga de significado y de liberación del Evangelio, para promover así una sociedad a medida del hombre en cuanto que es a medida de Cristo: es construir una ciudad del hombre más humana porque es más conforme al Reino de Dios" (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 63).

En esta construcción de la ciudad del hombre, "los fieles han de aprender a distinguir cuidadosamente entre los derechos y deberes que tienen como miembros de la Iglesia y los que les corresponden como miembros de la sociedad humana" (Lumen gentium, 36).

La ciudad terrena se rige por sus propios principios

"En nuestro tiempo es muy importante que esta distinción, y al mismo tiempo esta armonía, aparezca muy clara en la manera de actuar de los fieles para que la misión de la Iglesia pueda responder mejor a las circunstancias especiales del mundo actual. Hay que reconocer, en efecto, que la ciudad terrena, dedicada con todo derecho a las preocupaciones temporales, se rige por sus propios principios" (Lumen gentium, 36).

Fundamentada en esta clara doctrina del Magisterio de la Iglesia, "la Iglesia no quiere de ningún modo mezclarse en el gobierno de la ciudad terrena. No reivindica para sí ninguna otra autoridad que la de servir con la ayuda de Dios a los hombres con amor y fidelidad" (Ad gentes, 12).

Con tristeza, debemos constatar, usando las mismas palabras de los Padres del Concilio Vaticano II, que "hay quienes, profesando opiniones amplias y generosas, sin embargo viven siempre como si no se preocuparan en absoluto de las necesidades de la sociedad. ... No pocos, con diversos fraudes y engaños, no dudan en evitar los impuestos justos u otras obligaciones debidas a la sociedad. Otros estiman poco algunas normas de vida social, por ejemplo las establecidas para proteger la salud, o el código de la circulación, sin darse cuenta de que con semejante negligencia ponen en peligro su vida y la de otros. Sea para todos algo inviolable considerar y observar las relaciones sociales como uno de los deberes principales del hombre de hoy" (Gaudium et spes, 30).

Nos recuerda el Documento de Aparecida que "nuestra hermana la madre tierra es nuestra casa común y el lugar de la alianza de Dios con los seres humanos y con toda la creación. Desatender las mutuas relaciones y el equilibrio que Dios mismo estableció entre las realidades creadas, es una ofensa al Creador y, en definitiva, contra la vida" (Documento de Aparecida, 125).

"El Señor ha entregado el mundo para todos, para los de las generaciones presentes y futuras. El destino universal de los bienes exige la solidaridad con la generación presente y las futuras" (Documento de Aparecida, 126).

En el contexto de nuestra ciudad

En el contexto específico de nuestra ciudad de Ypacaraí - reafirmando con profunda convicción cuanto ya se ha dicho, o sea, que "la Iglesia no quiere de ningún modo mezclarse en el gobierno de la ciudad" o del país (nunca he tenido simpatía por el clericalismo tanto de derecha como de izquierda, dos caras de la misma medalla); solo en nombre y en fuerza del Evangelio del Señor, que nos llama a "construir una ciudad del hombre más humana porque es más conforme al Reino de Dios"; en nombre del Dios de la vida, cuya gloria, como decía San Ireneo, "es el hombre viviente" -, en esta solemne ocasión que recuerda la fundación de nuestra querida ciudad de Ypacaraí, con todo respeto, me permito, humildemente, llamar la atención del muy estimado Señor Intendente Raúl Fernando Negrete y de los Señores Concejales de la Junta Municipal, sobre algunos de los tantos problemas prioritarios que conciernen a nuestra ciudad, y exigen una respuesta firme y organizada, que interesa a todas las fuerzas de la ciudad, para que el hombre viva y no muera.

Me refiero a los artículos n.os 42, 44, 63 y 65 de la Ley N.º 1294/87 Orgánica Municipal.

En particular quiero mencionar:

Art. 42.º Sobre higiene, salubridad y servicio social, corresponde a la Junta Municipal, atendiendo las disposiciones pertinentes del Código Sanitario:

d) dictar normas relativas a las condiciones de higiene de vehículos particulares y de transporte público;

f) determinar las condiciones en que se han de mantener los animales domésticos en los predios particulares en zonas urbanas;

j) dictar las medidas necesarias para la recolección y tratamiento de residuos.

Art. 44.º En lo relativo a recursos naturales y medio ambiente, corresponderá a la Junta Municipal:

a) dictar normas tendientes a la mejor utilización de los recursos naturales y al mantenimiento del equilibrio ecológico y la preservación del ambiente;

e) dictar normas para la desinfección en lugares habitados, desecación u obras de drenaje de los pantanos que considere insalubres, cercados de terrenos baldíos y su terraplenamiento;

f) dictar normas para la vigilancia y demás medidas necesarias para evitar la contaminación de las aguas de los arroyos, lagos, ríos y fuentes del Municipio.

Art. 63.º Sobre servicios municipales y sociales, es deber y atribución de la Intendencia:

a) disponer la prestación de servicios de limpiezas, recolección y tratamiento de residuos en las vías públicas y otros lugares de uso público en el Municipio.

Art. 65.º En cuestiones de higiene y salubridad, es competencia de la Intendencia dar cumplimiento a las regulaciones, normas, reglamentos y a las disposiciones relacionadas con los asuntos que se mencionan en el artículo 42.º.

Dar cumplimiento quiere decir que las leyes se hacen y se cumplen, y no que se hacen y no se cumplen.

Por falta de higiene y salubridad y por contaminación acústica y ambiental se muere, como se muere por falta de respeto de las normas que reglamentan el tráfico carretero.

Este es un campo, donde Iglesia y Municipalidad, con la colaboración de todas las instituciones ciudadanas, públicas y privadas, deben trabajar unidas, para que Ypacaraí, nuestra querida ciudad, viva y tenga el orgullo de ser la más bella del mundo.

Espero, rezo y celebro esta Santa Eucaristía para que no termine todo en el opareí, sino que, desde hoy, nazca una página nueva en la historia de nuestra ciudad; una página nueva en la cual la Iglesia quiere estar presente, pero, de la cual no quiere apoderarse, porque debe ser la gloria y el honor de todos los ciudadanos, bajo el gobierno de las instituciones democráticas, que usted, Señor Intendente, representa con toda Autoridad, esta noche, en esta celebración.

Dice la leyenda que, cuando los conquistadores descubrieron el lago, preguntaron a los aborígenes del lugar: "¿Cuál es el nombre de aquello?"; a lo que un indio les respondió: "¿Y-Pa-Carai?", que, traducido del guaraní, significa: "¿El lago señor?". Lo cual dio el nombre no solo al lago, sino a toda la comarca.

Ypacaraí, nunca debemos olvidarlo, es la ciudad del lago.

A los pobres, los humildes, los desalentados, el Señor ha hecho una promesa. Es nuestro deber hacer realidad esta promesa.

Dice el Señor por boca del profeta Isaías: "Convertiré el desierto en lago y la tierra seca en manantiales" (cf. Is 41, 18).

¡Convirtamos esta ciudad en un nuevo jardín del Edén, cultivado y cuidado por nosotros! (cf. Gén 2, 15).

Buen trabajo, estimado y querido Señor Intendente.

Buen trabajo, estimados y queridos Señores Concejales.

Buen trabajo, estimados y queridos ciudadanos de Ypacaraí.

Una noche tibia nos conocimos
junto al lago azul de Ypacaraí.

Todo te recuerda, mi dulce amor,
junto al lago azul de Ypacaraí.



P. Emilio Grasso
Cura Párroco de la
Parroquia Sagrado Corazón de Jesús de Ypacaraí


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ZENIT publica las palabras que dirigió Benedicto XVI el domingo, 13 de Septiembre de 2009, con motivo del Ángelus a los peregrinos congregados en la residencia pontificia de Castel Gandolfo.

Queridos hermanos y hermanas:

En este domingo, el vigésimo cuarto del Tiempo Ordinario, la Palabra de Dios nos interpela con dos preguntas cruciales que resumiremos así: "¿Quién es para ti Jesús de Nazaret?" y "Tu fe, ¿se traduce en obras o no?". La primera pregunta la encontramos en el Evangelio del día, cuando Jesús pregunta a sus discípulos: "Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?" (Marcos 8, 29). La respuesta de Pedro es clara e inmediata: "Tú eres el Cristo", es decir, el Mesías, el consagrado de Dios enviado para salvar a su pueblo. Pedro y los demás apóstoles, por tanto, a diferencia de la mayor parte de la gente, creen que Jesús no sólo es un gran maestro, o un profeta, sino mucho más. Tienen fe: creen que en él Dios está presente y actúa. Inmediatamente después de esta profesión de fe, sin embargo, cuando Jesús por primera vez anuncia abiertamente que tendrá que sufrir y morir, el mismo Pedro se opone a la perspectiva de sufrimiento y muerte. Entonces Jesús tiene que reprenderle con fuerza para darle a entender que no basta creer que Él es Dios, sino que movidos por la caridad es necesario seguirle por su mismo camino, el de la cruz (cf. Marcos 8, 31-33). Jesús no ha venido para enseñarnos una filosofía, sino para mostrarnos un camino, es más, el camino que lleva a la vida.

Este camino es el amor, que es la expresión de la verdadera fe. Si uno ama al prójimo con corazón puro y generoso, quiere decir que conoce verdaderamente a Dios. Si, por el contrario, uno dice que tiene fe, pero no ama a los hermanos, no es un verdadero creyente. Dios no vive en Él. Lo afirma claramente Santiago en la segunda lectura de la misa de este domingo: "si no va acompañada de las obras [la fe], está completamente muerta" (Santiago 2, 17). En este sentido, quiero citar un pasaje de san Juan Crisóstomo, uno de los grandes padres de la Iglesia, que el calendario litúrgico nos invita a recordar hoy. Al comentar el pasaje citado de la Carta de Santiago, escribe: "uno puede tener una recta fe en el Padre y en el hijo, así como en el Espíritu Santo, pero si no sigue la recta vía, su fe no le servirá para la salvación. Por tanto, cuando lees en el Evangelio: 'Esta es la vida eterna, que te conozcan a ti, el único Dios verdadero' (Juan 17, 3), no pienses que este versículo basta para salvarnos: se requiere una vida y un comportamiento purísimos (citado in J. A. Cramer, Catenae graecorum Patrum in N.T., vol. VIII: In Epist. Cath. et Apoc., Oxford 1844).

Queridos amigos, mañana celebraremos la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, y el día siguiente a la Virgen de los Dolores. La Virgen María, que creyó en la palabra del Señor, no perdió su fe en Dios cuando vio a su Hijo, rechazado, ultrajado y crucificado, sino que permaneció a su lado, sufriendo y orando, hasta el final. Y vio la aurora radiante de su Resurrección. Aprendamos de Ella a testimoniar nuestra fe con una vida de humilde servicio, dispuestos a pagar el precio necesario para permanecer fieles al Evangelio de la caridad y de la verdad, seguros de que no se pierde nada de lo que hacemos.

[Tras rezar el Ángelus, el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:]

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, especialmente a los fieles de la Parroquia de la Santa Cruz de Villanueva de la Serena. En el evangelio proclamado este domingo hemos escuchado a San Pedro hacer una especial profesión de fe en Jesús: "Tu eres el sías". A lo que el Señor añade que su mesianismo y su misión redentora tienen que ir unidas al sacrificio de la cruz. Os invito hermanos a acoger con un corazón bien dispuesto el misterio pascual de Cristo, que nos une íntimamente a su Persona, en el amor desinteresado a los hermanos y en el servicio humilde a nuestro prójimo. Muchas gracias y feliz domingo.

[Traducción del original italiano realizada por Jesús Colina
© Librería Editrice Vaticana]


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Mensaje que ha escrito monseñor Demetrio Fernández, obispo de Tarazona, con el título "El crucifijo".


Cuando se quiere quitar de la plaza pública a Dios, cuando se quiere prescindir de Dios, como si Dios fuera un estorbo, cuando se quiere arrancar del corazón de nuestro niños y jóvenes a Jesucristo, se quita el crucifijo de la escuela, de los hospitales, de todo ámbito de la vida pública.

El 14 de septiembre celebra la Iglesia la fiesta de la santa Cruz. "La señal del cristiano es la santa Cruz, porque en ella murió nuestro Señor Jesucristo para redimir a todos los hombres", dice el catecismo de la Iglesia. La cruz inicia y corona todas las obras cristianas, la cruz corona nuestros templos, preside nuestra mesa de estudio, la llevamos colgada en el pecho. Al entrar en un templo, cuando vemos pasar una imagen sagrada, cuando oramos por un difunto, nos hacemos la señal de la cruz. La cruz es el símbolo del cristianismo, es la señal de cristiano.

Por eso, cuando se quiere quitar de la plaza pública a Dios, cuando se quiere prescindir de Dios, como si Dios fuera un estorbo, cuando se quiere arrancar del corazón de nuestro niños y jóvenes a Jesucristo, se quita el crucifijo de la escuela, de los hospitales, de todo ámbito de la vida pública.

Quienes pretenden quitar el crucifijo argumentan con razones de laicidad. Dicen que si el espacio público es de todos, Dios no debe aparecer por ningún lado, porque en la vida pública en la que hoy nos encontramos hay creyentes y no creyentes, hay cristianos y musulmanes, hay creencias e increencias de todo tipo. Sin embargo, esa laicidad, que tiene que suprimir a Dios para afirmarse a sí misma, es una laicidad sin futuro, es una laicidad que no hace bien al hombre. Es una laicidad que tiene que arrasar toda una historia, unas costumbres, una cultura, que es cristiana en sus raíces y en sus expresiones.

Que el Estado es laico quiere decir que oficialmente no confiesa ninguna religión, pero al mismo tiempo favorece la religión de sus ciudadanos, porque considera la religión como un bien para el hombre, para los ciudadanos a los que sirve. Pero cuando suprime todo signo religioso, adopta una postura directa de ataque a lo religioso, que contradice la sana laicidad. Un Estado verdaderamente laico respeta las creencias y convicciones de sus ciudadanos, las favorece y las apoya siempre, porque la religión es una dimensión fundamental de la persona. Cuando, por el contrario, ataca las convicciones religiosas de sus ciudadanos (sean los que sean), deja de ser un Estado laico para convertirse en un Estado confesionalmente ateo. Porque sólo a los ateos les molesta Dios y los signos religiosos

En España, nos encontramos con una situación de verdadera persecución religiosa solapada, con este y con otros muchos hechos concretos. Es una persecución que recorta la libertad religiosa, particularmente la libertad de los católicos, porque a otras religiones quizá no se atrevan a perseguirlas por lo que pueda pasar. Se está gestando la nueva ley de libertad religiosa. A ver por dónde sale, pero, con estos preámbulos, nos tememos lo peor, sobre todo en el ámbito de la objeción de conciencia.

Curiosamente, en estas circunstancias, aparecen testimonios muy elocuentes de católicos coherentes, que respetando todas las leyes, plantan cara a esta persecución solapada, y tienen una eficacia insospechada. Ha sido la postura del alcalde de Baena, que se ha negado a retirar el crucifijo del ayuntamiento que preside, y es la postura de tantas personas que no esconden ni disimulan su condición de católicos convencidos. Es momento de dar la cara. Quizá necesitamos que nos pinchen para reaccionar positivamente. Toma un crucifijo en tus manos, cuélgalo en tu pecho, llévalo siempre contigo. La señal del cristiano es la santa Cruz. Teniendo a Jesucristo, lo tienes todo. No te avergüences nunca de ser discípulo suyo. Con su ayuda y su evangelio, y sólo así, podrás mejorarte a ti mismo y podrás construir un mundo mejor.


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Mensaje que ha escrito monseñor Josep Àngel Saiz Meneses, obispo de Terrassa, con el título "Un tiempo oportuno para ser cristianos".


Cuando llega la mitad del mes de septiembre, el calendario marca un retorno a la vida normal, pasado ya el periodo estival. El inicio del curso escolar condiciona para muchas familias este retorno a la normalidad de la vida de cada día. Un nuevo curso escolar nos invita a pensar también en el que podemos llamar un nuevo curso pastoral; es decir, las actividades normales de las parroquias y otras instituciones cristianas. Quisiera ofrecer unas reflexiones sobre este nuevo curso en las actividades de la Iglesia.

      La primera de estas reflexiones es una invitación a comenzar el curso con la moral alta. En las competiciones deportivas tener la moral alta dicen que tiene mucha importancia. Negativamente, se dice que iniciar una prueba deportiva con una moral de derrota equivale a darla casi por perdida.

      ¿Con qué moral -utilizando este término en el sentido explicado- hemos de comenzar el curso pastoral los cristianos de la diócesis de Terrassa? Mi respuesta está inspirada en un pensamiento del profesor Andrea Riccardi, fundador de la Comunidad de SanEgidio, en uno de sus últimos libros. Me llamó la atención el título que da a uno de los apartados de su obra. Dice así: "Un tiempo oportuno para ser cristianos".

      No se puede negar que es una afirmación provocadora. Es bueno que nos invite a reflexionar como cristianos. Pido a quienes puedan leer o escuchar estas reflexiones que se lo quieran preguntar y que reflexionen sobre la respuesta que hayan dado a esta pregunta. Personalmente, me ha gustado la respuesta  que da este seglar, todavía relativamente joven y profesor de historia en una universidad de Roma.

     "La Iglesia -escribe este profesor- se presenta hoy al mismo tiempo débil y fuerte, y sobre todo nada incómoda en un tiempo no cristiano, que es, sin embargo, un tiempo oportuno para ser cristianos". Dice que es un tiempo no cristiano porque, sociológicamente, no es un tiempo de predominio cristiano y de aceptación de la fe en el ámbito social. Sin duda vivimos un tiempo de pluralismo religioso y cultural, de laicidad -cuando no de puro y duro laicismo- y de secularidad, un tiempo en el cual muchos viven como si Dios no existiese.

     Pero a la vez este tiempo nuestro es un momento oportuno y bueno para ser cristianos. "El siglo XX -dice Riccardi-,  sobre todo con la proclamación de la Dei Verbum del Concilio Vaticano II, ha sido el siglo del reencuentro de la Palabra de Dios. La fuerza de la comunidad cristiana se descubre en la escuela cotidiana de la Palabra de Dios. Hemos de dejar crecer la Palabra de Dios en el corazón de nuestras comunidades y en nuestros corazones".

     La Iglesia ha de entrar en el tercer milenio no con actitud arrogante, pero tampoco con una actitud acomplejada y desorientada, como si reconociese su derrota, el hecho de haber sido como expulsada de la historia. No, los cristianos no nos hemos marchado de la historia. No estamos fuera del mundo. Nuestro lugar -el lugar de la Iglesia- es estar a los pies del Señor, escuchando su Palabra, como María, y a la vez trabajando como Marta al servicio de nuestros hermanos y hermanas. Es decir, que nuestras comunidades ofrezcan un espacio de silencio, de reencuentro de las personas consigo y con Dios. Y al mismo tiempo un espacio de reencuentro con los demás, un espacio de fraternidad y de solidaridad con todos, y de una manera preferente con los más pobres y más débiles de nuestra sociedad.

     San Pablo veía la presencia de Dios en la fuerza débil del Evangelio y de la Iglesia. También nuestros tiempos de fragilidad de la Iglesia son buenos tiempos para ser cristianos. Porque, como dice el mismo Pablo (1 Co 1,25), "lo que parece débil en la obra de Dios es más fuerte que los hombres". 


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Un  “Río de Luz”  en  Nueva  York 

Por Mario J. Paredes 

ZENIT publica el artículo que comparte con ZENIT Mario J. Paredes, del comité presidencial de enlace de las Sociedades Bíblicas de los Estados Unidos con la Iglesia católica, en el que desengrana la historia de la imagen de la Virgen de Guadalupe en la catedral de San Patricio, en Nueva York.

 

A la derecha del Altar Mayor de la Catedral de San Patricio, en un lugar privilegiado, desde hace varios años se expone, para la veneración de los devotos, un cuadro de la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe. 

      Cómo llegó allí el cuadro, quiénes fueron los protagonistas de esta gesta, qué acontecimientos se sucedieron hasta que la imagen de la Señora del Tepeyac alcanzó el lugar especial de veneración que tiene hoy en Nueva York es una historia que merece ser contada y consignada por escrito. Me propongo, en estas líneas, relatar esta historia. 

      La pintura tiene por autor a un artista anónimo del siglo XVIII. Se cree que se trata de un discípulo del gran artista y maestro mexicano Miguel Cabrera. Es un regalo de la Arquidiócesis de México a la sede catedralicia de los católicos en la ciudad de Nueva York, adquirida en la Galería de Arte de Enrique Romero en la Ciudad de México, y traída hasta aquí personalmente por el entonces Arzobispo y Primado de México, el Eminentísimo Señor Cardenal Ernesto Corripio. 

      El 8 de diciembre de 1991, en la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, es la fecha mariana en la que el Cardenal Corripio presentó a su hermano, el entonces Cardenal de Nueva York John O'Connor, en solemne celebración litúrgica, el cuadro en mención de Nuestra Señora de Guadalupe. 

      En aquel acto litúrgico estuvieron presentes el cónsul general de México, señor Manuel Alonso y la Señora Rosa María Quijano, quien  fue protagonista, motor y donante principal para que este celebrado evento fuese posible. 

      El cuadro original de nuestra señora de Guadalupe impreso en la tilma del indio San Juan Diego en una parición acaecida el 12 de diciembre de 1531, y que se encuentra permanentemente expuesto en la nueva Basílica construida en su honor y para su veneración en la Ciudad de México.  

      La palabra "Guadalupe" significa "río de luz". Hoy podemos decir que son ríos de fieles devotos los que a diario acuden a honrar a la Madre de Dios y Madre nuestra bajo la advocación de la Virgen Morena, Mexicana, Latinoamericana, Americana y Amerindia, en el hermoso cuadro colonial en la Catedral de San Patricio. Para la visita del Papa Juan Pablo II a Nueva York, el cuadro de la Guadalupana en mención fue trasladado y colgado sobre el altar mayor para presidir la visita del Santo Padre a la Catedral y para el rezo del santo rosario, que guió el Pastor universal, ante la venerada imagen. 

      Pero la ubicación prominente que tiene hoy el cuadro -en el contexto catedralicio- es el lugar que fue del tabernáculo de la Catedral, a la derecha del altar mayor. Tiene también su historia entretejida de señales, de prodigios, en los que pareciera que -después de una serie de dificultades en torno a la exposición del cuadro en la Catedral, por la no consonancia de la pintura con el mármol y la piedra que prevalecen en la construcción de San Patricio- la Virgen misma encontró un lugar preeminente donde ser venerada y desde donde acompañar la vida de sus hijos. 

      La señora Margarita Perusquia es protagonista de primera plana en esta historia. Como fundadora de la Organización "Mensajeros de María de Guadalupe" se ha dedicado con su institución a difundir en Nueva York y en todas las Américas la devoción a Nuestra Señora de Guadalupe, devoción mariana que encarna lo latinoamericano y que reúne lo más valioso de nuestros orígenes, nuestra historia, nuestra fe y nuestra cultura. 

      Fue una solicitud de Margarita Perusquia al entonces Arzobispo de Nueva York, Terence Cardenal Cook, para que le permitiese erigir un altar en la Catedral donde venerar a la Guadalupana, lo que originó esta historia que hoy inspira y atrae a tantos devotos, no sólo en Nueva York, sino en todo el continente y allende los mares.  

      La misma solicitud, con las mejores muestras de paciencia y perseverancia cristiana, fue hecha por Margarita en reiteradas ocasiones a los Cardenales Cook y O'Connor. Ellos, en su momento, la remitieron a hablar con los sucesivos rectores de la Catedral, quienes -a su turno- le negaban la solicitud por, como señalé anteriormente, la no consonancia de la pintura con los materiales, la arquitectura y el arte de la iglesia Catedral. 

      Fue, como quedó dicho, el 8 de diciembre de 1991, cuando el Cardenal Mexicano Ernesto Corripio, celebrando en solemne Eucaristía en la Catedral, presenta y dona el cuadro de la Virgen al Cardenal John  O'Connor, quien emocionado preguntó a la multitud: "¿Dónde querían que se expusiera el cuadro: en su casa, en su oficina o en la catedral?" El pueblo creyente respondió a viva voz: "Aquí, en la Catedral." 

      Año y medio se paseó al cuadro de la Guadalupe por rincones inadecuados de la Catedral, pero -pronto- la cotidiana muchedumbre de peregrinos, las ofrendas, las velas y las flores presionaron a las autoridades catedralicias para encontrar un mejor y más adecuado lugar para la veneración de la imagen de la Virgen Morena. 

      Sirvan estas líneas para dejar constancia escrita de esta historia, para enaltecer y agradecer a quienes hicieron posible esta gesta religiosa y para congratularme con todos mis hermanos católicos mexicanos y latinoamericanos, quienes el día 12 de diciembre celebran alegres la solemnidad de nuestra Señora de Guadalupe, patrona de México y primada de América. 


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Domingo, 13 de septiembre de 2009

Comentario a las lecturas del domingo veinticuatro del Tiempo Ordinario – B publicado en el Diario de Avisos, el domingo 13 de Septiembre de 2009, bajo el epígrafe “DOMINGO CRISTIANO”.

Sol y sombra

Daniel Padilla

Pedro luminoso, Pedro oscuro. Pedro, descubridor de la salva­ción que nos viene del Mesías; Pedro, obstáculo para que dicha salva­ción se realice. Pero, "piedra sobre la que se edificará la Iglesia"; Pedro, piedra de tropiezo para el "arquitecto" de la Iglesia. Pedro, Pontífice; Pedro impidiendo que Jesús tienda ese "puente" entre la tierra y el cielo. Cara y cruz de una misma moneda. El mismo Pedro que, iluminado por Dios, a la pregunta de Jesús "¿Quién dice la gente que soy?", responde: "Tú eres el Hijo de Dios", ese mismo Pedro, inspirado por Satán, increpa a Jesús que quiere "subir a Jerusalén", diciéndole: "No lo permita Dios". ¡Pedro grande, Pedro pequeño! ¡Hombre rico, hombre pobre! ¡Blanco y negro! ¡O, por lo menos, gris, bastante gris! ¿Qué es el hombre, Señor? Por un lado, su grandeza. Me doy cuenta de que he sido colocado en una alta esfera. Ciudadanos del cielo, mora­dores de la casa de Dios, sobre esta mara­villa de nuestra naturaleza humana, ha sido construida una sobrenaturaleza, por la que "miren qué amor nos ha tenido Dios, que no sólo nos llamamos hijos de Dios, sino que de verdad lo somos", dirá Juan. A lo que añadirá Pablo: "Y si somos hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo". No son frases hechas. En la intersección de lo humano y lo divino, llevamos "semillas de eternidad", "llevamos tesoros infinitos en vasijas de barro", según Pablo. Y según los salmos, "Dios nos hizo un poco infe­rior a los ángeles, nos coronó de gloria y todo lo sometió bajo nuestros pies". Sí, ése es nuestro luminoso costado. Pero vean su reverso. El mismo Pablo hace el retrato: "Llevo yo en mí un ángel de Sata­nás que me esclaviza". Y en otro lugar: "Por eso, no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero". Consecuencia, por lo visto, de lo que confesó David: "En la iniquidad fui concebido y en el pecado me dio a luz mi madre". Ese es mi retrato. Ángel y demonio. Capacitado, por la gra‑cia, para llegar a la santidad. En peligro de aterrizar, por la tentación, en la igno­minia. Y como Tú, Señor, así aceptaste a Pedro -luz y sombra-, para que empuñara el timón de la Iglesia y a nosotros, oscilan­tes entre el bien y el mal, nos elegiste como ladrillos de tu edificio, he ahí el resultado: tu Iglesia es "santa" y así lo pro­clamamos; pero también "pecadora" y así lo constatamos. "Creo en la santa Igle­sia pecadora", resume Cabodevilla. Es santa, sí. Porque es capaz de santificar a los pescadores. Porque tiene la medicina para nuestras enfermedades. Porque en ella vive y actúa el Espíritu. Porque tiene y distribuye el pan de la Palabra y el Pan de la vida. Porque en su seno ha crecido "una multitud inmensa, que nadie podría con­tar" de seguidores del Cordero. Porque, en fin, ya aquí en la tierra, es el borrador del "Reino de los cielos" que un día lle­gará "a la medida de la edad adulta, a la plenitud". Pero también es pecadora. Igual que el hombre, ha caído en todos los pecados: en la avaricia y el ansia de poder, en la cobardía y en la intolerancia, en la pereza y en la dureza de trato para con sus hijos, en el ritualismo paralizante yen no reconocer que es pecadora.


Publicado por verdenaranja @ 9:34  | Espiritualidad
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S?bado, 12 de septiembre de 2009

Artículo que ha escrito monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas, con el título "Profetismo y cuestión social". 


VER

Con frecuencia nos insisten que nuestra Iglesia, en particular los obispos, debemos dar una palabra más profética, más clara, fuerte e incisiva, sobre cuestiones sociales, como pobreza, desempleo, migración, explotación minera, Acteal, programas de gobierno, alcoholismo, etc. Es verdad y hay que pedir al Espíritu Santo que nos conceda este carisma, para discernir la realidad, denunciar lo que es contrario al Reino de Dios, no acomodarnos a este mundo corrompido, ni casarnos con un sistema o con un gobierno. Sin embargo, varios desconocen lo que hacemos y no leen lo que decimos. 

Por lo contrario, cuando decimos una palabra sobre estas cuestiones, muchos se nos echan encima y dicen que la Iglesia no debe meterse en estas cosas. Como cuando di las razones por las que no permití que en el interior de los templos se gravaran escenas de telenovelas pecaminosas, hubo quienes me insultaron y calumniaron gravemente. Si hubiera acudido a presentar una denuncia, no tendrían ninguna prueba de lo que afirmaron. ¡Que Dios les perdone, y yo también de corazón! O como cuando insistí en que se eviten excesos y desfiguros en fiestas religiosas populares, me han ofendido afirmando cosas absurdas; quienes las escucharon y me conocen, de inmediato me defendieron; pero los insultos y descalificaciones ya se difundieron y no faltan quienes los crean, o al menos duden. Este es el precio de ser profetas, aunque sea en pequeña escala. 

JUZGAR

¿El amor cristiano nos impulsa a obispos, sacerdotes, religiosas, diáconos, catequistas y fieles laicos en general, a pronunciarnos sobre cuestiones sociales, políticas, económicas, climáticas, educativas, familiares? Dice el Papa Benedicto XVI en su Encíclica Caritas in veritate: "La caridad en la verdad, de la que Jesucristo se ha hecho testigo con su vida terrenal y, sobre todo, con su muerte y resurrección, es la principal fuerza impulsora del auténtico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad. El amor es una fuerza extraordinaria, que mueve a las personas a comprometerse con valentía y generosidad en el campo de la justicia y de la paz. Es una fuerza que tiene su origen en Dios, Amor eterno y Verdad absoluta... Jesucristo purifica y libera de nuestras limitaciones humanas la búsqueda del amor y la verdad, y nos desvela plenamente la iniciativa de amor y el proyecto de vida verdadera que Dios ha preparado para nosotros" (1). 

La denuncia profética, que es expresión de amor cristiano, debe cimentarse en la verdad, porque muchas veces se denuncian cosas que no tienen sustento, sino sólo suposiciones y desconfianzas: "Sin verdad, la caridad cae en mero sentimentalismo. El amor se convierte en un envoltorio vacío que se rellena arbitrariamente. Éste es el riesgo fatal del amor en una cultura sin verdad. Es presa fácil de las emociones y las opiniones contingentes de los sujetos, una palabra de la que se abusa y que se distorsiona, terminando por significar lo contrario. La verdad libera a la caridad de la estrechez de una emotividad que la priva de contenidos relacionales y sociales" (3). 

Es cierto que "la Iglesia no tiene soluciones técnicas que ofrecer y no pretende de ninguna manera mezclarse en la política de los Estados. No obstante, tiene una misión de verdad que cumplir en todo tiempo y circunstancia en favor de una sociedad a medida del hombre, de su dignidad y de su vocación. Sin verdad se cae en una visión empirista y escéptica de la vida, incapaz de elevarse sobre la praxis, porque no está interesada en tomar en consideración los valores -a veces ni siquiera el significado- con los cuales juzgarla y orientarla. La fidelidad al hombre exige la fidelidad a la verdad, que es la única garantía de libertad (cf. Jn 8,32) y de la posibilidad de un desarrollo humano integral. Por eso la Iglesia la busca, la anuncia incansablemente y la reconoce allí donde se manifieste. Para la Iglesia, esta misión de verdad es irrenunciable" (9). 

ACTUAR

"El anuncio de Cristo es el primero y principal factor de desarrollo" (8). Que nuestra fe en El nos lleve a asumir sus actitudes, sus criterios, sus denuncias, su perdón, su amor.


Publicado por verdenaranja @ 23:14  | Hablan los obispos
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Día 13 de Septiembre
XXIV Domingo del Tiempo Ordinario

 

El pecado y la tibieza

 Podemos detenernos, aprovechando los versículos finales del pasaje de san Marcos que nos ofrece hoy la Iglesia, para meditar brevemente en el tipo de exigencia que supone la vida cristiana. Lógicamente nos fijaremos en Cristo, que antes incluso que Maestro es Modelo. Os he dado ejemplo para que, como yo he hecho con vosotros, también lo hagáis vosotros, dijo a sus apóstoles, concretamente después de lavarles los pies antes de la Última Cena. Y anteriormente había precisado: aprended de mí que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas.

        Jesús presenta su vida intachable ante el mundo. ¿Quién de vosotros podrá acusarme de que he pecado?, replica incontestable a los judíos que le ctitican. En su conducta exigente, totalmente entregado a cumplir la voluntad del Padre, es imposible apreciar fisuras de menos generosidad, de menos entrega. No hay un momento de menos rectitud en esa conducta suya que debemos imitar. Y, sin embargo, cuando expone a sus apóstoles lo que será su vida próximamente, en un futuro no lejano, cuando les anuncia su pasión y su muerte, Pedro le recrimina.

        Pero Jesús no transige. Ni por miedo a contristar al que sería cabeza de todos, ni por la amistad probada de su leal discípulo deja de corregirle. Más aún, si Pedro tomó aparte a Jesús, el Señor critica su conducta delante de los demás, ante los doce. Debía quedar muy claro que el dolor y la dura exigencia que Pedro quería ahorrarle, no sólo no eran indignas de Él, sino que eran el único camino para nuestra salvación, para el cumplimiento de la voluntad del Padre, para consumar su misión en el mundo, y debía quedarnos como ejemplo.

        No sientes las cosas de Dios sino las de los hombres, le dice. Y le llama Satanás. Lo decisivo, en efecto, es que queramos cumplir con la voluntad de Dios. De otro modo nos oponemos a Él, como intenta tozudamente el diablo o los hombres que siguen sólo sus propias inclinaciones movidos por el pecado. El esfuerzo, la renuncia, el sacrificio, son las manifestaciones de verdadero amor entre los hombres y del amor que Dios espera: no hay otro modo de mostrar un amor indudable, un amor adecuado a nuestra condición. Esa entrega imprescindible en el amor no está, como es sabido, en el deleite amoroso o en el sentimiento grato al amar y sentirse amado. Amamos de verdad cuando ponemos lo mejor de nosotros al servicio de quienes amamos aunque cueste, y es tal nuestra humana condición que costará. Así estaba actuando el Señor. Con su predicación, con su ejemplo, con sus milagros, hacía ver a los hombres el plan que Dios, desde la eternidad y por puro amor, nos tenía reservado. Y todo lo hizo a costa de su cansancio y finalmente entregando su vida en la Pasión en reparación del pecado.

        Era necesario convencernos de nuestra condición de pecadores. Reconocer nuestras ofensas a Dios es, de hecho, el primer paso hacia el arrepentimiento y hacia los propósitos por amor. Luego ese amor a Dios manifstado en propósitos, aún incipiente, debe cuajar en obras que son amor maduro. La enseñanza de Jesucristo a lo largo de sus tres años de vida pública induce a ese amor operativo a Dios. Es preciso, por tanto, ser muy conscientes de lo que nuestro Dios espera de cada uno, cotejando su enseñanza con nuestra vida. No olvidemos que fuimos elevados a la condición de hijos suyos por la Gracia. ¿Nos sentimos responsables de esa Cruz a la que Cristo, nuestro modelo, nos invita? Los hay, lo sabemos, que no tienen oídos y por tanto tampoco tienen corazón para esos requerimientos divinos. El pecado no existe para ellos. No entienden de amor de Dios, ni de amor a Dios, ni de temor de Dios. Pero los cristianos que hacemos oración y entendemos de ese amor tenemos otro peligro: rebajar la exigencia de la Cruz de Cristo, la tibieza.

        Eres tibio si haces perezosamente y de mala gana las cosas que se refieren al Señor; si buscas con cálculo o "cuquería" el modo de disminuir tus deberes; si no piensas más que en ti y en tu comodidad; si tus conversaciones son ociosas y vanas; si no aborreces el pecado venial; si obras por motivos humanos.

        Así describía san Josemaría Escrivá la lamentable situación en la que pueden caer las almas que no son malas. Esa tibieza es el peligro de los que se dicen cristianos practicantes y, tal vez, viven descansando demasiado en la tranquilidad de su fe. Es como si quisieran seguir al Señor pero sin la Cruz, sin sentir la responsabilidad ni el peso de la Iglesia. ¿Nos sentimos personalmente interpelados por las palabras del Papa? ¿Qué hacemos, aparte de lamentarnos, al notar descreimiento, paganismo, en nuestra sociedad?

        Una madre no calcula cuánto se dedica a su hijo. A María tampoco le parece demasiado lo que nos ayuda. Que queramos por nuestra parte responder, también sin medida, a su amor.

NOVEDADES FLUVIUM


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ZENIT  nos ofrece el mensaje hecho público hoy por el Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso, dirigido a los musulmanes con motivo del final del Ramadán.

Cristianos y Musulmanes:
juntos para vencer la pobreza 

Queridos amigos musulmanes:

1. Con ocasión de la conclusión del mes de Ramadán, deseo enviaros augurios de paz y de alegría y, a través de este mensaje, proponer una reflexión común sobre el tema: Cristianos y Musulmanes: juntos para vencer la pobreza.

2. Debemos sin duda alegrarnos de que, a lo largo de los años, este Mensaje del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso se haya convertido no sólo en una costumbre, sino en una cita esperada. En muchos países, supone una ocasión de encuentro amistoso entre numerosos cristianos y musulmanes. No es raro que corresponda a una preocupación compartida, propicia para intercambios confiados y abiertos. Todos estos elementos ¿no constituyen ya signos de amistad entre nosotros por los que dar gracias a Dios?

3. Entrando en el tema de este año, la persona humana que atraviesa situaciones de indigencia está indiscutiblemente en el centro de los preceptos que, con títulos diversos, nos son queridos. La atención, la compasión y la ayuda que todos, hermanos y hermanas en humanidad, podemos ofrecer al que es pobre para devolverle su lugar en la sociedad de los hombres, es una prueba viviente del Amor del Altísimo, ya que es el hombre en cuanto tal al que Él nos manda amar y ayudar, sin distinción de pertenencia.

Todos sabemos que la pobreza humilla y genera sufrimientos intolerables; estos están a menudo en el origen del aislamiento, de la ira, incluso del odio y del deseo de venganza. . Esto podría empujar a acciones hostiles con todos los medios disponibles, buscando justificarlos también con consideraciones de orden religiosas: apoderarse, en nombre de una pretendida "justicia divina", de la riqueza del otro, incluyendo su paz y su seguridad. Por esto, rechazar los fenómenos del extremismo y la violencia exige necesariamente la lucha contra la pobreza a través de la promoción de un desarrollo humano integral, que el Papa Pablo VI definió como "el nuevo nombre de la paz" (Carta Encíclica Populorum Progressio, 1975, n. 76).

En la reciente carta encíclica Caritas in Veritate sobre el desarrollo humano integral en la caridad y en la verdad, Su Santidad el Papa Benedicto XVI, teniendo en cuenta el contexto actual del compromiso en favor del desarrollo, apunta, entre otras cosas, la necesidad de una "nueva síntesis humanística" (n. 21) que, salvaguardando la apertura del hombre a Dios, lo recoloque "en el centro y la cumbre de todo cuanto existe en la tierra" (n. 57). Un auténtico desarrollo, por tanto, no podrá dejar de estar ordenado "a todo el hombre y a todos los hombres" (Populorum Progressio, n. 42).

4. En su homilía del pasado 1 de enero, con ocasión de la Jornada Mundial de la Paz 2009, el Papa Benedicto XVI distinguía entre dos tipos de pobreza: una pobreza que combatir y una pobreza que abrazar.

La pobreza que combatir está a los ojos: el hambre, la falta de agua potable, la escasez de cuidados médicos y de viviendas adecuadas, la carencia de sistemas educativos y culturales, el analfabetismo, sin callar por otro lado la existencia de nuevas formas de pobreza "como por ejemplo en las sociedades ricas y progresadas, ... fenómenos de marginación, de pobreza relacional, moral y espiritual" (Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2009, n. 2).

La pobreza que elegir es la que invita a llevar un estilo de vida sencillo y esencial, que evita el despilfarro, respeta el medio ambiente y todos los bienes de la Creación.

Esta pobreza es también, al menos durante ciertos periodos del año, la de la frugalidad y el ayuno. La pobreza elegida nos predispone a salir de nosotros mismos y dilata el corazón.

5. Como creyentes, desear la concertación para buscar juntos soluciones justas y duraderas al flagelo de la pobreza significa también reflexionar sobre los graves problemas de nuestro tiempo y, cuando es posible, comprometerse juntos para encontrar una respuesta. Es necesario, en esto, que la referencia a los aspectos de la pobreza ligados a la globalización de nuestras sociedades revista un sentido espiritual y moral, porque compartimos la vocación a construir una sola familia humana en la que todos -individuos, pueblos y naciones- regulen sus comportamientos según los principios de fraternidad y responsabilidad.

6. Una mirada atenta sobre el complejo fenómeno de la pobreza nos conduce a ver en ella fundamentalmente el origen en la falta de respeto de la dignidad innata de la persona humana, y nos llama a una solidaridad global, por ejemplo a través de la adopción de un "código ético común" (Juan Pablo II, Discurso a la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales, 27 de abril de 2001, n. 4) - cuyas normas no tendrían solamente un carácter convencional, sino que estarían enraizadas en la ley natural inscrita por el Creador en la conciencia de cada ser humano (cf. Rm 2, 14-15).

7. Parece que en diversos lugares del mundo hemos pasado de la tolerancia al encuentro, a partir de una visión común y de preocupaciones compartidas. Esto es ya un importante objetivo alcanzado.

Poniendo a disposición de todos la riqueza que brota de la oración, del ayuno y de la caridad de unos y otros, ¿no sería posible quizás que el diálogo movilizara las fuerzas vivas de cuantos están en camino hacia Dios? El pobre nos interpela, nos desafía, pero sobre todo nos invita a colaborar por una noble causa: ¡la de vencer su pobreza!

¡Feliz ‘Id al-Fitr' !

Jean-Louis Cardinale Tauran
Presidente

Arzobispo Pier Luigi Celata
Secretario

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez]


Homilía de monseñor Marcelo Daniel Colombo, obispo de Orán en la misa que dio comienzo a la novena del Señor y la Señora del Milagro de Salta. (AICA)
(6 de septiembre de 2009)

 NOVENA AL SEÑOR Y LA SEÑORA DEL MILAGRO

Textos bíblicos
Isaías 35, 4-7ª
Carta del apóstol Santiago 2, 1-5
Marcos 7, 31-37

 Mis queridos hermanos y hermanas,

Me siento muy feliz de estar entre Uds. una comunidad tan viva y cercana al corazón del obispo, atenta a las distintas iniciativas y actividades diocesanas. Muchas gracias por esta invitación a comenzar juntos la novena de la fiesta grande del pueblo salteño.

Las lecturas bíblicas hoy, nos llaman a considerar la acción de Dios que quiere la vida plena de sus hijos. Así, los signos mesiánicos en Isaías se hacen patentes en la vista devuelta al ciego, el andar feliz del que renguea y la posibilidad de la palabra viva y cantora del mudo.  Dios es capaz de eso y de muchas otras cosas porque quiere al hombre, y lo quiere bien. Toda plenitud viene de Él y a Él hay que pedírsela.

En el extremo contrario pone Santiago a quien hace acepción de personas. Se trata de aquellos hombres y mujeres que juzgan por las apariencias y dejan afuera al que es pobre o necesitado, solamente por lo poco o nada que tienen, en vez de preocuparse, escucharlos, y atender a sus necesidades.

El Evangelio nos habla del sordomudo recuperado por la acción de Jesús. Con una descripción bien detallada, el evangelista nos muestra a Jesús abriendo con sus propios dedos los oídos sordos y mojando con su  saliva, la lengua muda. Ese hombre oirá por fin cuanto Dios quiere decirle a través de su hijo Jesús, y su boca proclamará feliz la Palabra viva que le ha sido comunicada. Este momento de salvación para el sordomudo, lo recordamos al final del rito del bautismo para indicar la misión del nuevo cristiano: anunciar la buena noticia del Reino de Dios.

Podemos decir que en este mes bíblico, Dios quiere que nuestra pequeña palabra humana sea capaz de recibir y proclamar aquella Palabra de Vida que nos deja Jesús como testamento y compromiso de vida. Como aquel sordomudo, llenos de ganas, digamos cuánto ha hecho Dios por nosotros y cuánto espera de nuestra sociedad, para que sea libre de exclusiones injustas y acepciones donde se margina a personas y familias pobres. La saliva de Jesús nos sigue urgiendo desde el santo bautismo que nos fue regalado como don de su gracia.

En esta novena al Señor y la Virgen del Milagro, quiero invitarlos a vivirla como un tiempo de Dios en sus vidas. Venimos de la feliz y vibrante celebración de San Ramón, nuestra fiesta patronal y resuenan en nuestras vidas la invitación a llevar adelante nuestra tarea de bautizados, de unirnos a una evangelización más audaz y creativa, a tono con el Plan Pastoral de nuestra Diócesis. Identificados con el Señor y la Virgen del Milagro, queremos celebrar el don de la Vida como un maravilloso intercambio que nos impulsa a vivir según su proyecto de amor fraterno y solidario.

En estos días hemos estado reunidos los sacerdotes diocesanos y religiosos de la diócesis de la Nueva Orán. Para mí como obispo, ha sido la posibilidad de conocer a nuestros sacerdotes un poco más y a través de estos queridísimos colaboradores, a Uds., las parroquias y las áreas pastorales de nuestra diócesis. Quedé muy impresionado y feliz de ver, en un clima de diálogo abierto y fructuoso, cuánto se hace en nuestras parroquias y en nuestra diócesis y cómo podemos multiplicar estas presencias, trabajando juntos, decididamente convencidos de nuestra misión al servicio del Pueblo de Dios.

Ayer visité a los seminaristas que estudian en Tucumán. Compartí con ellos y sus compañeros la celebración de la Eucaristía y conversé con nuestros jóvenes que se preparan para ser sacerdotes. Los vi alegres y bien comprometidos con sus estudios y convivencia. Agradezco el servicio que la Arquidiócesis de Tucumán y sus formadores prestan a nuestra Iglesia. Que Dios los bendiga y acompañe en su difícil pero promisoria tarea.

Más tarde, compartí una larga jornada con los consagrados y consagradas del NOA, en San Miguel de Tucumán, “convocados y convocadas a la mesa del Reino, donde hay lugar para todos”. La reflexión partió fundamentalmente de la meditación de la Palabra de Dios y teniendo en cuenta a la mesa como símbolo, se fueron considerando distintos aspectos de la vida consagrada en nuestra región. Les agradezco a nuestros religiosos y religiosas, la cálida acogida que me supieron dispensar, dándome la oportunidad de sentirme hermano y compañero de camino en su búsqueda de dar una respuesta fiel a su llamada vocacional.

La próxima semana partiré hacia Roma, la ciudad Eterna, para participar del Curso para nuevos Obispos, que la Santa Sede pone a disposición de los que hemos sido ordenados obispos en este último año, para estudiar algunos temas significativos de nuestro ministerio. Es un servicio que el Santo Padre Benedicto XVI presta a los obispos para fortalecer nuestros primeros pasos como pastores de nuestras Iglesias particulares. Será la oportunidad para mí, de participar con los demás obispos argentinos y de todo el mundo, recientemente ordenados, de esta experiencia de comunión eclesial. Me encomiendo a Uds. para que recen por nosotros, los obispos argentinos, para que éste curso sea la oportunidad de crecer en nuestro servicio pastoral. Ayudado por Pedro, quiero responder con docilidad a la invitación de Jesús de navegar mar adentro en mi misión.

Al Señor del Milagro, los confío para que los cuide en mi ausencia. Su amor crucificado florezca en sus corazones fieles. ¡Que su Santísima Madre sea consuelo y auxilio en sus pesares y luz para el camino de cada día!

Mons. Marcelo Daniel Colombo, obispo de Orán


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Homilía de monseñor Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia para el vigésimo tercer domingo durante el año. (AICA)
(6 de septiembre 2009)

“Hace oír a los sordos y
hablar a los mudos”

I. “¡Efatá!, es decir, ¡Ábrete!”

1. Curaciones de sordomudos, encontramos en los tres Evangelios Sinópticos. La escena de hoy (Mc 7,31-37) es propia de Marcos, y muestra una especial intervención de Jesús: “Le presentaron a un sordomudo… Jesús lo separó de la multitud y, llevándolo aparte, le puso los dedos en las orejas y con su saliva le tocó la lengua. Después, levantando los ojos al cielo, suspiró y le dijo: ‘Efatá”, que significa: Ábrete’. Y en seguida se abrieron sus ojos, se le soltó la lengua y comenzó a hablar normalmente… En el colmo de la admiración, decían: ‘Todo lo ha hecho bien, hace oír a los sordos y hablar a los mudos” (vv. 32-35.37).

2. La intervención de Jesús es especialmente pedagógica. Está orientada a que el sordomudo comprenda lo que Jesús realiza en él, y que es él quien de veras le abre los oídos y lo capacita para hablar. Pero es también catequística, pues la escena es transmitida a la Iglesia de todos los tiempos. Así lo entiende ella cuando, en el Bautismo, pone el rito del ‘Efeta’, y le dice al catecúmeno: “‘Efeta’, que significa ‘Ábrete’, a fin de que profeses la fe que escuchaste, para gloria y alabanza de Dios” (Ritual 202).

3. La situación del sordomudo y la acción de Jesús están cargadas de simbolismo. El sordomudo refleja la situación de la humanidad. Todos somos sordos para escuchar la voz de Dios. Y mudos. Por nosotros mismos, sólo podemos balbucear sonidos sin sentido, como en Babel, con los que no podemos comunicarnos de veras entre los hombres, ni bendecir a Dios. Para escuchar el Evangelio con el corazón y enseñarlo, y para alabar a Dios, necesitamos que Jesús nos abra los oídos espirituales y nos suelte la lengua.

II. Una Catequesis que abra los oídos del espíritu

4. La catequesis es el arte de proponer el Evangelio con tal convencimiento y amor que suscite un eco (katejeo), o respuesta, de parte del catecúmeno. En cierto modo, el catequista ha de obrar como Jesús con el sordomudo. Para ello, el catequista precisa estar muy unido a Jesús: escucharlo por medio de la fe viva y orar con amor. Él es un pedagogo de la fe, no un simple instructor de religión. Debe estar también muy unido al catecúmeno: amarlo, tenerle paciencia, tomarlo en serio. Esto también cuando el catecúmeno es un niño. Nos equivocaríamos mucho si pensásemos que el niño es incapaz de comprender. O que hay que entretenerlo permanentemente porque sería incapaz de sentimientos profundos. Así como tiempo atrás nos animamos a rever una catequesis basada casi exclusivamente en las preguntas y respuestas, deberíamos animarnos hoy a revisar las experiencias de catequesis de niños que a veces se basan excesivamente en el juego catequístico. El juego para los chicos es algo muy serio. También en la catequesis. Los grandes corremos el peligro de pensar que para los niños el juego es sólo “diversión”. Y entonces evitamos educar sus sentimientos más hondos: el silencio, la escucha de la Palabra de Dios, la oración. Cuando ello sucede, se corre el peligro de que el niño permanezca sordo para escuchar el Evangelio, y mudo para la oración y la alabanza.

Conviene que pastores, padres, catequistas y maestros nos preguntemos: ¿cómo enseñamos a nuestros niños a recitar la oración compuesta por Jesús: el Padre Nuestro?

III. La lectura y escucha litúrgica de la Palabra de Dios

5. Si bien el cristiano ha de tener los oídos espirituales abiertos y la lengua expedita para dar testimonio de Cristo en todo momento, la reunión litúrgica es un momento donde estas facultades se ejercitan mejor.

Un elemento muy sencillo es la lectura de la Palabra de Dios, que hacen los lectores y los ministros ordenados. Tiene, sin embargo, una gran fuerza que le viene del Espíritu santo. Y tanto más si la lectura es hecha y escuchada según ese divino Espíritu. A tal fin, es preciso que el que lee lo haga con los oídos espirituales abiertos y la lengua expedita. O, si preferimos, como leía Jesús en la sinagoga de Nazaret: a) con inteligencia, entendiendo lo que lee; b) creyendo la palabra de Dios que lee; c) amando a quienes lee; d) con la voz adecuada a la palabra que lee. Leer la Sagrada Escritura en la asamblea litúrgica no es lo mismo que leer un diario, un libro escolar, una pieza de teatro. La palabra de Dios es siempre anuncio de salvación, y debe ser leída con este convencimiento; e) con el tono adaptado al ambiento físico en el cual se lee. También los que escuchan han de hacerlo con los oídos espirituales abiertos y la lengua expedita. El breve diálogo inicial entre el sacerdote y el pueblo, con el que se inicia y termina la lectura del Santo Evangelio, es un acto de fe, no es un simple formulismo. Equivale a decir: “Habla, Señor, porque tu servidor escucha” (1 Sam 3,10).

IV. “Canten a Dios con gratitud y de todo corazón”

6. Un elemento no menor, para el que necesitamos oídos espirituales abiertos y lengua expedita, es el canto sagrado. El evangelista Mateo recuerda que Jesús cantaba los salmos de la Pascua (Mt 26,30). Podemos imaginar lo bien que cantaría. No sólo con la voz, sino con el corazón. Como escribirá luego San Pablo: “Canten a Dios con gratitud y de todo corazón, salmos, himnos y cantos inspirados” (Col 3,16).

Mons. Carmelo Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia 


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Viernes, 11 de septiembre de 2009

Comentario al Evangelio de este domingo (Marcos 8,27-35) XXIV del tiempo ordinario, redactado por monseñor Jesús Sanz Montes, ofm, obispo de Huesca y de Jaca.

Evangelio del domingo: Tiempo de exámenes

Todo iba bien en aquella comunidad que se iba forjando en torno a ese maestro especial nazareno. Pero de pronto, Jesús quiere hacer una especie de sondeo, un examen de septiembre: "¿quién dice la gente que soy Yo?". Y entonces los discípulos fueron componiendo el mapa estadístico: Juan Bautista, Elías, uno de los profetas. Eran los comentarios adivinadores de lo que la gente pensaba de Jesús.

Pero la estadística que más importaba a Jesús era lo que sus discípulos pensaban sobre Él. Entonces Pedro hará una memorable confesión: "Tú eres el Mesías". Pero Jesús, acaso un tanto perplejo por una respuesta tan clara y tan justa, prohíbe divulgar esa verdad que Pedro acaba de pronunciar: no convenía que se supiese, por el momento, que Jesús era el Mesías, tal vez por las connotaciones políticas que tenía el mesianismo, y había que purificarlo de falsas expectativas, pues de lo contrario podían esperar del Mesías Jesús lo que Él no había venido a dar ni a ofrecer.

Por si acaso no hubieran comprendido, Jesús comenzó a instruir a sus discípulos para explicarles el alcance verdadero de su identidad mesiánica: "El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los senadores, sumos sacerdotes y letrados, ser ejecutado, y resucitar al tercer día". Fue como un jarro de agua helada ¿A qué viene esa salida de tono con condena, ejecuciones y una incompresible resurrección que ninguno entendía?

Pedro tal vez animado por su reciente éxito, tuvo un "gesto" con su Maestro: increpando a Jesús quería salvar a su Salvador. Pero Jesús le responderá: "apártate de mí, Satanás. Tú piensas como los hombres, no como Dios". Es un cambio de escena de un dramatismo tremendo. Pedro, que pasa a ser casi al mismo tiempo alguien en quien habla el Padre y alguien en quien grita Satanás, capaz de lo mejor y más bello... y de lo peor y más horrendo. En esa agridulce y claroscura posición nos encontramos todos, siendo tantas veces testigos de la luz y la verdad y, si cambian las tornas, negociantes de la tiniebla y de la mentira... al mejor postor.

Jesús termina con una invitación sin ambages: su Verdad y misión, no nacen de sondeos de opinión, ni depende de un momento mejor o peor de sus discípulos. La cuestión decisiva es poder responder quién es Jesús, en comunión con la Iglesia y todos los testigos santos. Para esta respuesta no valen lo que otros digan, ni una retórica teórica, sino la que se hace seguimiento, compañía del Señor en lo concreto de la vida a la que cada cual ha sido llamado.


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VATICANO - LAS PALABRAS DE LA DOCTRINA a cargo de don Nicola Bux y don Salvatore Vitiello - El Estado no es el dueño de la Vida

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - Con la reanudación de la actividad parlamentaria italiana, ha sido reabierto el debate sobre el llamado “testamento biológico”, que nosotros preferimos llamar “testamento de vida”. Con ello se ha puesto de nuevo en marcha la balanza de los equilibrios (o desequilibrios) entre quien sustenta que el actual proyecto de ley sería “demasiado clerical” y quién, al contrario, lo cree equilibrado y suficientemente respetuoso de la dignidad humana.
Un presupuesto, antes de cualquier otra reflexión, es aclarar que: legislar sobre la vida siempre es algo extremadamente complejo y delicado, nunca subordinado ni a eslóganes políticos ni a emociones sociales. Además se ha obligado a tal obra normativa únicamente por las nuevas circunstancias técnico-científicas permitidas por la medicina y, sobre todo, de las “tempestades de muerte” que parecen abatirse sobre nuestro país. Tempestades que es absolutamente urgente y preciso encauzar.
Cualquier Estado que no quiera convertirse en totalitario, tiene que aceptar el estar al servicio de la persona y ser expresión de la sociedad, por lo tanto nunca sobre ella, en ningún caso, y siempre y sólo como tutela de la integridad y la dignidad de cada ser humano. El Estado no es dueño de la vida, la cual, para los creyentes es un regalo del Creador y para los no creyente es, y permanece en todo caso, un misterio. La vida es un don y nadie está al origen ni es autor de la propia vida. En tal sentido, se postula la absoluta indisponibilidad a cualquier arbitrio, sobre todo el del Estado.
La única obra legislativa legítima, en tal sentido, es aquella tendente a defender la vida, a preservar su valor absoluto e indisponible, a tutelar su dignidad, a sustentar su desarrollo, sobre todo donde se encuentre de frente a experiencias de "vida herida" que, aunque no sea capaz de expresarse plenamente, es y permanece vida.
Nosotros, y muchos con nosotros, creemos que antes de dejar de preocuparse de quien tiene más necesidad, hay muchas otras cosas que el hombre tiene que dejar de hacer! Una sociedad que quiera decirse civil tiene el deber y el derecho de pedir al Estado, que es su expresión, de legislar teniendo siempre claro el principio del "favor vitae", por el que la vida goza, y tiene que gozar, del "favor" de la ley siempre y en todo caso.
En lugar de preocuparse de como permitirse matar impunemente a las personas que sufren, la ley debería prever estructuras adecuadas para acoger a tales personas, financiaciones generosas a quien se ocupan de ellos, renunciando a una profesión y a la propia existencia: hay padres y madres, maridos y mujeres, hermanos y hermanas que transcurren la vida junto a los propios seres queridos en el llamado "estado vegetativo persistente" y que son, a menudo, abandonados por el mismo Estado más preocupado en como "librarse" de los problemas, complaciendo cierta cultura nihilista, que de como llegar al menos a acompañarles, acogiéndoles y también sustentándoles económicamente en las implicaciones necesarias.
Quien sabe de veras cuidar del otro, y del otro más necesitado y sufriente, merece la más grande atención y ayuda, no sólo social y legal, sino también cultural, ya que vibran en estas personas la mejor energía de la humanidad, es esta la mejor parte del hombre: aquella que, "se olvida de si", diría san Pablo, es capaz de amar y donarlo todo, en el silencio y en la fidelidad.
El Estado, cada Estado, esté solo y únicamente al servicio de la vida, no se conciba nunca dueño de ella, también por su propia supervivencia, porque cada hombre sano, entre el Estado y la vida, siempre elegirá la vida. (Agencia Fides 10/9/2009)


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Missione Redemptor hominis nos participa de artículo publicado en el sitio www.missionerh.it:


LA CUESTIÓN DEL FINANCIAMIENTO
DE LA IGLESIA (2):

LA SABIDURÍA DEL CÓDIGO DE DERECHO CANÓNICO


La importancia fundamental de la gestión transparente de los bienes de la Iglesia, de sus ingresos y egresos, está presente en la sabiduría del Código de Derecho Canónico que, por eso, llega a establecer una diferencia entre el Consejo Pastoral y el Consejo de Asuntos Económicos de una parroquia.

En efecto, según el canon 536 § 1, la constitución del Consejo Pastoral en cada parroquia está sometida al juicio del Obispo diocesano, a quien le pertenece también establecer las normas que lo rigen.

Al contrario, acerca del Consejo de Asuntos Económicos, el Código de Derecho Canónico habla de necesidad. Leemos en el canon 537: "En toda parroquia ha de haber un Consejo de Asuntos Económicos que se rige, además de por el derecho universal, por las normas que haya establecido el Obispo diocesano".

Ahora bien, la diferencia expuesta por el Código entre la oportunidad para el Consejo Pastoral ("si es oportuno a juicio del Obispo diocesano") y la obligatoriedad para el Consejo de Asuntos Económicos ("en toda parroquia ha de haber") plantea un problema teológico, acerca del hecho de si la actividad pastoral está subordinada a la económica, o al revés.

Según mi opinión, el Código da una indicación que me parece que va en el sentido de una subordinación de la actividad pastoral a la económica.

Esto, para mí, es de relevante importancia para la vida de la Iglesia, y corresponde a la sabiduría sencilla de una buena ama de casa.

Escuchar a una buena ama de casa

Me permito recordar los primeros años de mi vida. Se sabe que, desde un punto de vista psicológico, los primeros años son los más importantes en la vida de un hombre.

¡Bien!... Yo he nacido pocos meses antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Mi padre, alto e integérrimo funcionario de la Administración del Estado italiano, fue enviado a África como Jefe de la Contabilidad en las colonias italianas. Mi madre quedó sola con tres hijos, y no pudo reunir a la familia con mi padre, como estaba programado, porque estalló la Segunda Guerra Mundial y mi padre fue hecho prisionero por los ingleses.

También el sueldo pagado por el Estado fue reducido al mínimo, y la guerra fue para todos nosotros una prueba terrible, que ha formado profundamente mi carácter.

Cuando llegaba el sueldo mensual, ella tomaba diferentes sobres y en cada uno ponía una cuota del dinero. Los primeros sobres que llenaba eran los destinados a los pagos obligatorios. Por ejemplo, empezaba siempre con el sobre del alquiler de la casa. "Si no pagamos el alquiler - nos decía - ¿dónde vamos a dormir?".

Cuando nosotros pedíamos algo, nuestra madre nos preguntaba de cuál sobre teníamos que sacar la plata y nos ponía siempre frente a una decisión: se compra esto u otro. Y, cada vez, añadía: "No se roba, no se toman deudas, porque las deudas hay que pagarlas y el dinero no cae del cielo".

Así he aprendido cosas muy sencillas, que se pueden sintetizar fácilmente:

1. La plata no cae del cielo.

2. No se roba.

3. No se toman deudas.

4. Si aumentan los gastos deben aumentar los ingresos, pero, antes debemos tener en nuestras manos la plata y después podemos gastarla.

5. No se puede comprar todo lo que se desea, sino siempre se necesita hacer una elección.

No se puede gastar lo que no se tiene

Después, en mis estudios de contabilidad, he aprendido que la sabiduría sencilla de mi madre se llamaba presupuesto, partida doble, cerrar el balance a la par, saldar una cuenta etc.

He comprendido también que, si no queremos robar o vivir como mendigos, debemos saber administrar lo que tenemos. No se puede gastar lo que no se tiene; si aumentan los gastos, deben aumentar también los ingresos; debemos ser siempre transparentes, sobre todo cuando administramos dinero que no es nuestro.

En mis estudios, he podido constatar que la sabiduría sencilla de mi madre se encuentra bien fundada en el Código de Derecho Canónico, que subordina la pastoral a la economía.

Yo sé que los espiritualistas desencarnados afirman lo contrario. Pero sé, también, que ellos no conocen la dignidad del hombre: hablo de aquel hombre que sabe que no hay Eucaristía e Iglesia, sin un pedazo de pan y pocas gotas de vino. Y detrás de este pedazo de pan y estas gotas de vino está siempre el "trabajo del hombre". El pan cuesta, y sería demoníaco pensar que pueda llegar a nosotros por el milagro que transforma las piedras en pan.

Si, sin pan no hay Eucaristía, fuente y culmen de toda actividad de la Iglesia, debemos sacar la conclusión de que la actividad pastoral está subordinada a la económica.

Me parece que una lectura atenta del Evangelio puede indicar el mismo camino. Me refiero al Evangelio según san Lucas, allá donde encontramos estas palabras:

"Cuando uno de ustedes quiere construir una casa en el campo, ¿no comienza por sentarse y hacer las cuentas, para ver si tiene para terminarla? Porque si pone los cimientos y después no puede acabar la obra, todos los que lo vean se burlarán de él, diciendo: ¡Ese hombre comenzó a edificar y no fue capaz de terminar! Y cuando un rey parte a pelear contra otro rey, ¿no se sienta antes para pensarlo bien? ¿Podrá con sus diez mil hombres hacer frente al otro que viene contra él con veinte mil?  Y si no puede, envía mensajeros mientras el otro está aún lejos para llegar a un arreglo" (Lc 14, 28-32).

Recuerdo que en la introducción sobre el primer tratado de contabilidad general, nuestro profesor ponía siempre este texto evangélico. Él nos invitaba a ser personas serias y a no empezar a edificar, si no tenemos la capacidad de terminar el trabajo iniciado.

Todas estas son reflexiones sencillas, que una buena ama de casa sabe hacer.

No estaría mal enseñarlas en nuestras comunidades y seminarios: enseñar que no se puede gastar lo que no se posee; no se puede estar siempre pidiendo plata al pueblo, y que debemos adaptar nuestros estilos de vida y de pastoral a los recursos económicos que efectivamente poseemos.

Si vamos más allá de nuestras propias posibilidades, al final, cargamos a los demás con una deuda insoportable, haciendo, en nuestras capillas y parroquias, una continua competencia a los pancheros y copetines del barrio, por estar siempre organizando rifas y bingos, y reduciendo toda la vida de la Iglesia a un show, una pollada, un asado y un tereré.

"El hombre - decía Pascal - no es ángel ni bestia y, desgraciadamente, quien quiere hacer de ángel hace de bestia".

La sabiduría de nuestro Código de Derecho Canónico dice lo mismo: partamos de la realidad económica, de lo que verdaderamente tenemos, y de allí empecemos a construir, paso a paso, una realidad que llega hasta el cielo.

 E. G.


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ZENIT  publica el discurso que Benedicto XVI dirigió el jueves, 10 de Septeimbre de 2009, al recibir en audiencia al grupo de promotores del pabellón de la Santa Sede en la Exposición Internacional que tuvo lugar en 2008 en Zaragoza.

 

Querido señor arzobispo,
excelentísimo señor embajador,
queridos hermanos:

Me es grato recibiros y dar la bienvenida a todos y a cada uno de vosotros, acompañados de vuestras familias, en este encuentro. Espero vivamente que vuestra visita a Roma, junto a las tumbas de los Apóstoles os fortalezca en la propia fe y llene vuestros corazones de alegría y paz.

Ante todo, deseo expresaros mi sincero agradecimiento por vuestra significativa colaboración con el Arzobispado de Zaragoza y la Nunciatura Apostólica en Madrid, en la realización del Pabellón de la Santa Sede para la Exposición Internacional de Zaragoza del año pasado.

Esta instalación, que fue una de las más visitadas y apreciadas, albergó una importante muestra del valioso patrimonio artístico, cultural y religioso, que custodia la Iglesia. Con esta iniciativa, se trató de ofrecer a sus numerosos visitantes una oportuna reflexión sobre la importancia y el valor primordial que tiene el agua para la vida del hombre.

Mediante su participación en la Exposición, la Santa Sede quiso además poner de manifiesto no sólo la imperiosa necesidad de proteger siempre el ambiente y la naturaleza, sino también descubrir su dimensión espiritual y religiosa más profunda. Hoy como nunca se ha de ayudar a las personas a que sepan ver en la creación algo más que una simple fuente de riqueza o de explotación en manos del hombre. En efecto, cuando Dios, con la creación, ha dado al hombre las llaves de la tierra, espera de él que sepa usar de este gran don haciéndolo fructificar de modo responsable y respetuoso. El ser humano descubre el valor intrínseco de la naturaleza si aprende a verla como lo que es en realidad, expresión de un proyecto de amor y de verdad que nos habla del Creador y de su amor a la humanidad, y que encontrará su plenitud en Cristo, al final de los tiempos (cf. Caritas in veritate, 48). En este sentido, es oportuno recordar una vez más la estrecha relación que existe entre el cuidado del medio ambiente y el respeto a las exigencias éticas de la naturaleza humana, ya que "cuando se respeta la ecología humana en la sociedad, también la ecología ambiental se beneficia" (Ibíd. 51).

Al final de este encuentro, deseo expresaros nuevamente mi reconocimiento por vuestra generosa colaboración, así como también a todas las personas, instituciones y empresas que participaron en ese importante y laudable proyecto. En esta circunstancia, os encomiendo de modo especial a la intercesión de la Virgen del Pilar, que ve bañadas sus plantas por las caudalosas aguas del río Ebro. Con estos vivos sentimientos, os imparto de corazón a vosotros y a vuestras familias mi Bendición Apostólica.

[© Librería Editrice Vaticana]


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Homilía de monseñor José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario, en la misa por el Día de la Vida Consagrada. (AICA)
(8 de septiembre de 2009)

DÍA DE LA VIDA CONSAGRADA 

Queridos hermanos y hermanas: deseo ante todo saludar a todos los consagrados y consagradas de la Arquidiócesis de Rosario en su día, celebrando el feliz nacimiento de la Virgen María.

Este año la celebración asume un significado especial, porque se cumplen los 75 aniversario de la creación de nuestra iglesia diocesana; por ello nos alegramos, ya que muchas congregaciones ya estaban en estas tierras cuando comenzó la diócesis; otras fueron llegando con sus hermanos y hermanas mayores y habitaron con diversas obras en estos pueblos y ciudades de la Arquidiócesis.

Al contemplar la vida y la historia de nuestra Iglesia diocesana, encontramos la presencia de hombres y mujeres que se entregan totalmente a Cristo y a su Reino, mediante la castidad, la pobreza y la obediencia, siguiendo un estilo de vida, y un carisma propio que enriquece la consagración a Dios y al Evangelio.

Todas las lecturas de hoy nos permiten gustar que las promesas de Dios llegaron a su cumplimiento.

La primera lectura, del Antiguo Testamento, anuncia el nacimiento del Mesías haciendo mención de la Madre.: "de ti me nacerá el que debe gobernar a Israel, por eso el Señor los abandonará hasta el momento en que dé a luz la que debe ser madre…entonces ellos habitarán tranquilos porque Él será grande".

El Evangelio de San Mateo nos muestra que ante la duda de José, el ángel le enseña que todo sucede para que llegue a cumplimiento lo que Dios había prometido.

Todo es esperanza. La esperanza de la venida de Cristo y de que en Él se cumplen las promesas. No obstante, el reino está solo iniciado, en esta vida todavía esperamos, ansiando la llegada d ela plenitud de la redención.

La vida religiosa , ella misma, también es un signo de esperanza. Como nos dice Benedicto XVI en el Mensaje de Aparecida:"... en un mundo que busca ante todo el bienestar, la riqueza, y el placer como objetivo de la vida y que exalta la libertad prescindiendo de la verdad sobre el hombre creado por Dios, ustedes son testigos de que hay una manera diferente de vivir con sentido; recuerden a sus hermanos y hermanas que el reino de Dios ya ha llegado; que la justicia y la verdad son posibles si nos abrimos a la presencia amorosa de Dios ... "(Discurso de Su Santidad Benedicto XVI, 13.V.2007, n º 5).

Por ello quisiera pedir a todos los religiosos y religiosas a renovar la esperanza en Cristo escxuichando la Palabra de Dios, y mediante una comunión profunda en el sacramento que lo hace presente, sabiendo que “Cristo en medio de nosotros es la esperanza de gloria”. Por eso la Eucaristía, manifestación viva de nuestra esperanza, ocupa un lugar primordial y es el centro de la vida consagrada, personal y comunitaria. Jesús se entrega como Pan "partido" y Sangre "derramada" para que todos tengan puesta en Él, la verdadera esperanza.

Nos dice el Papa “Nosotros necesitamos tener esperanzas –más grandes o más pequeñas–, que día a día nos mantengan en camino. Pero sin la gran esperanza, que ha de superar todo lo demás, aquellas no bastan. Esta gran esperanza sólo puede ser Dios, que abraza el universo y que nos puede proponer y dar lo que nosotros por sí solos no podemos alcanzar” (Benedicto XVI, Spes Salvi, nº 31).

De este modo, ya en el Bautismo recibimos y empezamos a comprender qué significa el camino de la esperanza, que acrecentamos con la fe, hasta hacerla más plena en la vida consagrada.: esperamos la « vida eterna », la vida verdadera.

En este sentido Jesús nos enseña también qué es la « vida »: « Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo » (Jn 17,3).

Esta vida no la esperamos solo para cada uno, ni tampoco sólo por sí mismo: es una relación. La vida entera es relación con quien es la fuente de la vida. Si estamos en relación con Aquel que no muere, que es la Vida misma y el Amor mismo, entonces estamos en la vida. Entonces « vivimos » (cfr. ibídem).

La esperanza la vivimos junto con los demás que peregrinamos en esta vida; y en la familia religiosa, vivimos esta virtud conjuntamente con los hermanos y hermanas, llamados a ser un testimonio de esta esperanza; también en la edificación de este mundo en el que estamos, anunciando a Cristo.

Pidamos que los consagrados y consagradas continúen siendo en el presente y también en el futuro, un signo vivo de la presencia del reino de Dios, llevando a cabo su misión evangelizadora. Hoy más que nunca, la fidelidad y el cumplimiento de los consejos evangélicos es una gran esperanza para el porvenir de la Iglesia y también de nuestra Arquidiócesis.

Agradecemos a Dios con profunda alegría su consagración y su presencia en los LXXV años de la vida de nuestra Arquidiócesis, y repito con ustedes como un deseo y una súplica el lema de este año : "Con la Virgen del Rosario, la familia diocesana escucha la Palabra de Dios y misiona".

Mons. José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario


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Jueves, 10 de septiembre de 2009

VATICANO - “AVE MARÍA” por mons. Luciano Alimandi - ¡El corazón del testigo!

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – Como los discípulos en tiempos de Jesús, también a nosotros hoy nos cuesta creer y abandonarnos a Su omnipotencia; no siempre nos dirigimos a Él con aquella confianza directa y simple que debería caracterizar la existencia del verdadero creyente en Cristo. Incluso profesando nuestra fe en la Divinidad de Jesucristo, sabiendo que para Dios nada es imposible, dudamos no pocas veces en nuestras oraciones, y en nuestra relación con Jesús no “osamos” suficientemente, como si entre Él y nosotros hubiese un abismo.

Jesús, que posee un incomprensible amor por nosotros, quisiera colmarnos de Sí, haciendo sobreabundar en nosotros Su vida divina. Nosotros, ante este océano sin límites de amor, en vez de zambullirnos y sumergirnos en él, tenemos la tentación de quedarnos en la orilla, cavando huecos, contentándonos con el poco de agua que encontramos en ellos.

Exactamente como en los tiempos de Jesús: la gente lo escuchaba, pasaba cerca a Él, veía sus milagros, pero cuando se trataba de dar el paso decisivo de la fe en Él, entonces se daba la vuelta y eran pocos los que se quedaban y lo seguían.
Jesús ha venido para donarnos a todos el verdadero Amor, la salvación, la liberación del mal y del pecado, pero cuántas veces el hombre se resiste ante este ofrecimiento absolutamente gratuito.

El Evangelio da testimonio de que no hay ningún milagro que Jesús haya rechazado a quien se lo pedía con confianza, no hay ninguna mano que se haya abierto ante Él y que haya permanecido vacía, no hay ningún corazón que haya buscado consuelo en Él y haya quedado desconsolado... Jesús no rechaza a nadie, acoge a todos e, incansablemente, le repite a cada uno la invitación de siempre: “venid a mí, vosotros que estáis cansados y agobiados, y yo os daré el descanso” (Mt 11, 28), “si alguno tiene sed, venga a mí, y beba quien cree en mí” (Jn 7, 37-38).

El Domingo pasado, la Liturgia de la Palabra nos ha mostrado el evento del sordomudo sanado por Jesús: “Le presentan un sordo que, además, hablaba con dificultad, y le ruegan imponga la mano sobre él. El, apartándole de la gente, a solas, le metió sus dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua. Y, levantando los ojos al cielo, dio un gemido, y le dijo: ‘Effatá’, que quiere decir: ‘¡Ábrete!’. Se abrieron sus oídos y, al instante, se soltó la atadura de su lengua y hablaba correctamente” (Mc 7, 32-35).

Es interesante también constatar que ese sordomudo no fue sólo donde Jesús sino que se ha dejado acompañar: “le presentan un sordo que, además, hablaba con dificultad, y le ruegan imponga la mano sobre él”.

Cuántas veces tenemos necesidad de la ayuda de discípulos del Señor que nos ayuden a nadar en el “mar” de Jesús, a creer más en su omnipotencia de gracia. Es un gran don de la divina Providencia el encontrar corazones verdaderamente abiertos a la gracia de Dios, que, con su fe y testimonio de vida, nos alientan a ir hacia Jesús, nos “llevan” hacia Él, atrayéndonos con la fascinación de una vida entregada a Él, de una alegría que no tiene igual. Corazones generosos que intercedan por nosotros ante el Padre para pedirle aquello que nosotros, todavía no osamos esperar.

Qué hermoso será un día, en el Cielo, ver de nuevo los rostros, transfigurados allá arriba, de quienes sobre esta tierra nos han indicado, incluso sin darse cuenta, el Rostro de Jesús. Este Rostro se esconde detrás de tantos rostros que lo testimonian, muchas veces con pequeños signos de amor: una sonrisa o una mirada llena de comprensión, una palabra o un gesto de caridad, un silencio discreto o un consejo desinteresado... Incluso el don más pequeño está cargado de eternidad, cuando los realizamos unidos a Jesús.

Es famosa la frase de Pablo VI sobre la importancia de los testigos: “el hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan, o si escuchan a los que enseñan, es porque dan testimonio” (Evangelii Nuntiandi, 41). El testigo, con su testimonio de vida, nos “transporta” hacia Jesús. Por ejemplo, cuántos “santos” predicadores, con su palabra y su vida, han guiado las almas, abiertas al soplo de la gracia, a encontrar a Jesús y a experimentar así la misericordia divina.

Deberíamos agradecer a Dios por cada “testigo” de Cristo que hemos encontrado en nuestro camino, desde que, mediante el bautismo, fuimos hechos hijos de Dios. Él, en su bondad, no deja que nos falte el apoyo de dichas almas que, sin embargo, debemos tener la humildad de saber reconocer como instrumentos de gracia que nos “llevan” hacia Él.

El sordomudo, como el paralítico (cf. Lc 5, 18-25), se dejó conducir a Jesús por quien confiaba en Él, por quien él sabía, por intuición de fe o por experiencia directa, que si uno se dirige a ese Hombre no se regresa con las manos vacías.

El Señor Jesús antes de morir sobre la Cruz nos ha dejado como Madre nuestra su misma Madre (cf. Jn 19, 25-27). El 15 de setiembre celebraremos la memoria de la Virgen Dolorosa y, así, recordaremos y acogeremos de nuevo el inmenso don que nos hice Jesús confiándonos a su Madre Santísima. La Virgen María nos lleva infaliblemente a Jesús y si verdaderamente confiamos en su guía, alrededor nuestro florecerá el desierto, comenzando por nuestros corazones.

“Santa María, Madre de Dios, consérvame un corazón de niño, puro y cristalino como una fuente. Dame un corazón sencillo que no saboree las tristezas; un corazón grande para entregarse, tierno en la compasión; un corazón fiel y generoso que no olvide ningún bien ni guarde rencor por ningún mal. Fórmame un corazón manso y humilde, amante sin pedir retorno, gozoso al desaparecer en otro corazón ante tu divino Hijo; un corazón grande e indomable que con ninguna ingratitud se cierre, que con ninguna indiferencia se canse; un corazón atormentado por la gloria de Jesucristo, herido de su amor, con herida que sólo se cure en el cielo. Amén”. (L. de Grandmaison) (Agencia Fides 9/9/2009; líneas 67, palabras 1018)


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REDACCIÓN DE "IGLESIA NIVARIENSE"
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Boletín 351

Las fechas de la reunión del Obispo por cada una de las vicarías de la diócesis queda de esta forma: 16 de Septiembre: La Gomera, en Playa Santiago; 18 de Septiembre: Vicaría Sur, en Parque de la Reina; 19 de Septiembre: Vicaría de La Laguna, n el Seminario; 22 de Septiembre: El Hierro, en Valverde; 23 de Septiembre: La Palma, en el Císter; 26 de septiembre: Vicaría de Santa Cruz, en la Casa de Ejercicios; 30 de Septiembre: Vicaría Norte, en la parroquia de la Paz, en el Puerto de la Cruz. 

La delegación de catequesis ha editado el folleto de formación continua para los catequistas de las distintas parroquias de la diócesis. El mismo ya está disponible en las librerías diocesanas.  

Durante esta semana se ha venido desarrollando un nuevo curso para catequistas sobre la figura de San Pablo. El mismo lo dirigió Joaquín Meizoso en El Médano.  

Asimismo, los salones parroquiales de La Orotava acogerán un nuevo curso para catequistas sobre la iniciación cristiana, del 15 al 18 de septiembre, de 16:30 a 20:00 horas. El encargado de guiar dicho curso será Juan Carlos González. 

Otra oferta catequética la encontramos en la parroquia del Pilar, en Santa Cruz. El viernes 11 de septiembre, de 18:00 a 21:00 horas y el sábado 12, de 10:00 a 14:00 horas se desarrollará un curso guiado por Víctor González, de la delegación de catequesis. 

El viernes 11 de septiembre tendrá lugar la reunión de coordinadores arciprestales de jóvenes. Un día más tarde será el turno para los coordinadores arciprestales de catequesis. También el sábado 12, se desarrollará la reunión de la Delegación de Familia para programar el curso. 

El Instituto Superior de Teología (ISTIC) sigue ofertando cursos de su Escuela de Verano. Durante el mes de septiembre se llevarán a cabo los siguientes: “La Orientación Familiar: El arte de escuchar, discernir, aconsejar y ayudar a solucionar el conflicto”, tendrá lugar los días 14, 15 y 16 y estará dirigido por Alejandro González, máster en Matrimonio y Familia y orientador del COF2000 y José Antonio Moreno, Doctor en Psicología y psicólogo del COF2000. El horario del mismo será de 17:00 a 21:00 horas. Por otro lado, los días 17,18 y 19 se desarrollará el curso: “Los recursos sociales de la comunidad a nuestro alcance: lo que debe saber un ciudadano”, dirigido por José Alonso Mesa, trabajador social y licenciado en Ciencias Religiosas. Esta iniciativa tendrá lugar de 17:00 a 21:00 horas y el sábado de 10:00 a 13:00 horas. 

Por otro lado, el ISTIC ha puesto en marcha nuevamente la Escuela Diocesana de Pastoral. Se trata de una herramienta de formación básica en la fe que no requiere titulación académica previa para poder matricularse. Dicha escuela oferta varias especialidades como por ejemplo: Catequesis, Liturgia, Pastoral Juvenil, Matrimonio y Familia, Pastoral Sanitaria, Medios de Comunicación, etc. 

La revista diocesana Iglesia Nivariense, en su último número, se ocupa principalmente del nuevo curso pastoral, del final de la Bajada de la Virgen en El Hierro, la consagración del templo del Carmen en Arafo y de varios casos de cooperación internacional de voluntarios cristianos de las islas en verano.  

En la madrugada del 6 al 7 de Septiembre y tras la “santa Misa de Los Peregrinos”, presidida por el Obispo, Bernardo Álvarez, se celebró la romería en honor a Nuestra Señora de El Socorro en Güímar, que transcurrió desde la iglesia de San Pedro de Güímar hasta la iglesia de El Socorro, ubicada en el caserío del mismo nombre. Alrededor de 30.000 fieles acompañaron este año a la imagen de la Virgen. Cuando apenas pasaban las 10:30 horas, la Virgen de El Socorro entró en el caserío al que da nombre tras recorrer el camino que parte desde el casco urbano de Güimar. De esta forma, transcurrió una nueva edición de esta romería que se constituye como una de las más antiguas de Canarias. 

Como es tradición, en el exterior de la iglesia se aglomeraron los romeros, las carrozas, la banda de música, que toca los sones del pasodoble “Al Socorro”, y los miembros de la danza que acompañan a la Virgen. Hacia las cinco de la tarde del día 7 se celebró en El Socorro la ceremonia en la que se representa la aparición de la Imagen a los guanches en las playas de Chimisay.  

Un día más tarde, tuvo lugar la “Subida de La Virgen” a la iglesia de San Pedro. Uno de los momentos más emotivos del día fue la entrada de la Virgen a la ermita al tiempo que sonaron los acordes del tajaraste de la Danza de Cintas y el ya centenario pasodoble "Al Socorro". Después comenzó su regreso a la parroquia de San Pedro. 

Por su parte, la Virgen del Pino ya descansa en su ermita en el monte después de cuatro horas de ascenso por las empinadas calles que separan la ciudad de El Paso, en total cinco kilómetros de recorrido, de la pequeña morada de la venerada imagen. Aún de noche, a las seis de la mañana, salió la Virgen del Pino de la iglesia de Nuestra Señora de Bonanza, donde ha permanecido desde su Bajada el 16 de agosto pasado, rumbo a su ermita y acompañada de numerosos peregrinos. 

La Esclavitud del Santísimo Cristo de La Laguna ha celebrado el 350 aniversario de su fundación, para lo cual, en el santuario de la venerada imagen, se celebró una Eucaristía, presidida por el obispo de la Diócesis de Tenerife, Bernardo Álvarez. La parte musical estuvo a cargo del Coro de Cámara de Voces Graves de Madrid. 

Por otro lado, del 9 al 13 de septiembre se desarrollará el Solemne Quinario de las fiestas del Cristo, en La Laguna. Las celebraciones eucarísticas tendrán lugar a las 20:00 horas, en la parroquia matriz de Nuestra Señora de la Concepción, presididas por Fernando Sebastián Aguilar, arzobispo emérito de Pamplona-Tudela. 

La fiesta principal de exaltación de la Santa Cruz tendrá lugar el lunes, 14 de septiembre. A las 10:00 horas se desarrollará la procesión desde las Casas Consistoriales hasta la Parroquia de La Concepción donde se celebrará la Eucaristía presidida por el Obispo, Bernardo Álvarez. 

Este año, siguiendo las indicaciones de Salud Pública, la Esclavitud ha suspendido el besapié del Cristo para evitar contagios de gripe A. Por tal motivo, este acto fue sustituido por otro gesto devocional como pudo ser la inclinación ante la imagen. Además, el obispo, Bernardo Álvarez bendijo unas estampas que fueron repartidas a los fieles. 

Esta semana han finalizado los actos para conmemorar el XX Aniversario de la iglesia de Los Baldíos, en La Laguna.  

La Fundación Proyecto Don Bosco celebra 10 años de existencia. Por tal motivo se ha inaugurado una exposición en el Espacio Multifuncional El Tranvía, en La Cuesta con un recorrido por las diferentes acciones y proyectos que viene desarrollando esta fundación, la cual trabaja a favor de menores y jóvenes en situación de riesgo y exclusión social en Canarias, Andalucía y Extremadura.

 El Ayuntamiento de La Laguna otorgará una subvención de 7.000 euros a la asociación de caridad San Vicente de Paúl para financiar el servicio de comedor y el desarrollo de otras actividades para el año 2009. Así, la Junta de Gobierno local ha aprobado prorrogar para el ejercicio 2009 el acuerdo de colaboración que mantiene el Consistorio con este colectivo, por medio de un convenio. 

Popular TV, junto con el grupo de comunicación “El día”, han realizado un DVD sobre la Visita de la imagen de la Virgen de Candelaria a La Laguna, que se podrá adquirir con el ejemplar del periódico El Día del próximo domingo al precio de 3,5 euros  más el precio del periódico. 

Popular TV Canarias, la televisión de nuestras diócesis, emitió para toda España en directo el pasado martes 8 de septiembre, la solemne Eucaristía en honor a la Virgen del Pino, desde la Villa de Teror (Gran Canaria), que estuvo presidida por Monseñor Francisco Cases, Obispo de la Diócesis de Canarias.  

La diputada por Tenerife y ex alcaldesa de La Laguna, Ana Oramas, a sido la encargada este año de realizar el pregón de las fiestas en honor del Santísimo Cristo de Los Dolores, en Tacoronte. Oramas señaló que el Cristo de los Dolores es padre protector y también hijo amadísimo de este pueblo generoso. Además, indicó que un Cristo vivo aún, sobrecogedor a las horas del martirio, hace que creyentes o no, reflexionemos sobre el verdadero sentido de nuestra existencia.Un grupo de quince mujeres han estado un año trabajando para recuperar su autoestima, para entender que valen, saben y pueden, y formándose para incorporarse al mundo laboral. Todo ello mediante el proyecto “Clara”, de Cáritas, el cual este año ha cumplido su segunda edición. De las quince alumnas que realizaron esta iniciativa, ya 13 tienen un puesto de trabajo. El acto de entrega de diplomas por el curso realizado tuvo lugar en el salón de actos de CajaCanarias, en la avenida del Puente de Santa Cruz de La Palma, con la presencia del director de Cáritas en la provincia de Santa Cruz de Tenerife, Leonardo Ruiz del Castillo; la directora del Instituto Canario de la Mujer, Isabel de Luis; la consejera de Asuntos Sociales y Sanidad del Cabildo Insular, Maeve Sanjuán, y el director de la Administración General del Estado en la Isla, Alejandro Brito, además de diferentes autoridades locales y responsables médicos. 

El pasado día 23 de agosto, Cáritas Arciprestal de La Laguna organizó una peregrinación con las personas usuarias del Comedor de San Juan a Los Realejos con el fin de obtener el Jubileo de San Vicente que se está desarrollando a lo largo de todo este año. En dicha iniciativa también participó el delegado arciprestal, Prudencio Redondo Camarero y el delegado diocesano, Aurelio Feliciano Sosa.


ZENIT   nos ofrece  la catequesis de Benedicto XVI durante la audiencia general del miércoles, 9 de septiembre de 2009, celebrada en el Aula Pablo VI, con peregrinos procedentes de todo el mundo.

Queridos hermanos y hermanas:

durante las catequesis de estos miércoles estoy tratando sobre algunas grandes figuras de la vida de la Iglesia desde sus orígenes. Hoy quisiera detenerme en una de las personalidades más significativas del siglo XI, san Pedro Damián, monje, amante de la soledad y al mismo tiempo, intrépido hombre de Iglesia, comprometido en primera persona con la obra de reforma puesta en marcha por los papas de aquel tiempo. Nació en Rávena en el año 1007 de familia noble, pero caída en desgracia. Al quedarse huérfano de ambos padres, vivió una infancia de dificultades y sufrimientos, a pesar de que la hermana Rosalinda se empeñó en hacerle de madre y el hermano mayor Damián lo adoptó como hijo. Precisamente por esto se llamará después Piero di Damiano, Pedro Damián [en español, ndt.]. La formación se le impartió primero en Faenza y después en Parma, donde ya a la edad de 25 años lo encontramos trabajando en la enseñanza. Junto a una buena competencia en el campo del derecho, adquirió una pericia refinada en el arte de la redacción -el ars escribendi- y, gracias a su conocimiento de los grandes clásicos latinos, se convirtió en "uno de los mejores latinistas de su tiempo, uno de los más grandes escritores del medioevo latino" (J. Leclercq, Pierre Damien, ermite et homme d'Église, Roma 1960, p. 172).

Se distinguió en los géneros literarios más diversos: de las cartas a los sermones, de las hagiografías a las oraciones, de los poemas a los epigramas. Su sensibilidad por la belleza le llevaba a la contemplación poética del mundo. Pedro Damián concebía el universo como una inagotable "parábola" y una extensión de símbolos, a partir de los cuales es posible interpretar la vida interior y la realidad divina y sobrenatural. Desde esta perspectiva, en torno al año 1034, la contemplación de lo absoluto de Dios le empujó a alejarse progresivamente del mundo y de sus realidades efímeras, para retirarse al monasterio de Fuente Avellana, fundado sólo algunas décadas antes, pero ya famoso por su austeridad. Para edificación de los monjes, escribió la Vida del fundador, san Romualdo de Rávena, y se empeñó al mismo tiempo en profundizar en su espiritualidad, exponiendo su ideal del monaquismo eremítico.

Debe subrayarse ya una particularidad: el eremitorio de Fuente Avellana estaba dedicado a la Santa Cruz, y la Cruz será el misterio cristiano que más fascinó a Pedro Damián. "No ama a Cristo quien no ama la cruz de Cristo", afirma (Sermo XVIII, 11, p. 117) y se llama a sí mismo: "Petrus crucis Christi servorum famulus - Pedro servidor de los servidores de la cruz de Cristo" (Ep, 9, 1). A la Cruz Pedro Damián dirige oraciones bellísimas, en las que revela una visión de este misterio que tiene dimensiones cósmicas, porque abraza toda la historia de la salvación: "O bendita Cruz --exclama-- te veneran, te predican y te honran la fe de los patriarcas, los vaticinios de los profetas, el senado juzgador de los apóstoles, el ejército victorioso de los mártires y las multitudes de todos los santos" (Sermo XLVIII, 14, p. 304).

Queridos hermanos y hermanas, que el ejemplo de Pedro Damián nos lleve también a mirar siempre a la Cruz como al supremo acto de amor de Dios hacia el hombre, que nos ha dado a salvación. Para el desarrollo de la vida eremítica, este gran monje escribió una Regla en la que subraya fuertemente el "rigor del eremitorio": en el silencio del claustro, el monje está llamado a transcurrir una vida de oración, diurna y nocturna, con ayunos prolongados y austeros; debe ejercitarse en una generosa caridad fraterna y en una obediencia al prior siempre dispuesta y disponible. En el estudio y en la meditación cotidiana de la Sagrada Escritura, Pedro Damián descubre los significados místicos de la palabra de Dios, encontrando en ella alimento para su vida espiritual. En este sentido, llamada a la celda del eremitorio "salón donde Dios conversa con los hombres". La vida eremítica es para él la cumbre de la vida cristiana, está "en el vértice de los estados de vida", porque el monje, ya libre de las ataduras del mundo y del propio yo, recibe "las arras del Espíritu Santo y su alma se une feliz al Esposo celestial" (Ep 18, 17; cfr Ep 28, 43 ss.). Esto es importante también hoy para nosotros, aunque no seamos monjes: saber hacer silencio en nosotros para escuchar la voz de Dios, buscar, por así decir, un "salón" donde Dios hable con nosotros: Aprender la Palabra de Dios en la oración y en la meditación es el camino de la vida.

San Pedro Damián, que básicamente fue un hombre de oración, de meditación, de contemplación, fue también un fino teólogo: su reflexión sobre diversos temas doctrinales le llevó a conclusiones importantes para la vida. Así, por ejemplo, expone con claridad y vivacidad la doctrina trinitaria utilizando ya, siguiendo textos bíblicos y patrísticos, los tres términos fundamentales que después se han convertido en determinantes también para la filosofía de Occidente, processio, relatio e persona (cfr Opusc. XXXVIII: PL CXLV, 633-642; y Opusc. II y III: ibid., 41ss e 58ss). Con todo, como el análisis teológico le conduce a contemplar la vida íntima de Dios y el diálogo de amor inefable entre las tres divinas Personas, él saca de ello conclusiones ascéticas para la vida en comunidad y para las propias relaciones entre cristianos latinos y griegos, divididos en este tema. También la meditación sobre la figura de Cristo tiene reflejos prácticos significativos, al estar toda la Escritura centrada en Él. El propio "pueblo de los judíos --anota san Pedro Damián-- a través de las páginas de la Sagrada Escritura, puede decirse que ha llevado a Cristo en sus hombros" (Sermo XLVI, 15). Cristo por tanto, añade, debe estar al centro de la vida del monje: "Cristo debe ser oído en nuestra lengua, Cristo debe ser visto en nuestra vida, debe ser percibido en nuestro corazón" (Sermo VIII, 5). La íntima unión con Cristo debe implicar no sólo a los monjes, sino a todos los bautizados. Supone también para nosotros un intenso llamamiento a no dejarnos absorber totalmente por las actividades, por los problemas y por las preocupaciones de cada día, olvidándonos de que Jesús debe estar verdaderamente en el centro de nuestra vida.

La comunión con Cristo crea unidad de amor entre los cristianos. En la carta 28, que es un genial tratado de eclesiología, Pedro Damián desarrolla una teología de la Iglesia como comunión. "La Iglesia de Cristo - escribe - está unida por el vínculo de la caridad hasta el punto de que, como es una en muchos miembros, también está totalmente reunida místicamente en uno solo de sus miembros; de forma que toda la Iglesia universal se llama justamente única Esposa de Cristo en singular, y cada alma elegida, por el misterio sacramental, se considera plenamente Iglesia". Esto es importante: no sólo que toda la Iglesia universal está unida, sino que en cada uno de nosotros debería estar presente la Iglesia en su totalidad. Así el servicio del individuo se convierte en "expresión de la universalidad" (Ep 28, 9-23). Con todo la imagen ideal de la "santa Iglesia" ilustrada por Pedro Damián no corresponde - lo sabía bien - a la realidad de su tiempo. Por eso, no temió denunciar la corrupción existente en los monasterios y entre el clero, sobre todo debido a la praxis de que las autoridades laicas confiriesen la investidura de los oficios eclesiásticos: diversos obispos y abades se comportaban como gobernadores de sus propios súbditos más que como pastores de almas. No es casual el que su vida moral dejara mucho que desear. Por esto, con gran dolor y tristeza, en 1057 Pedro Damián deja el monasterio y acepta, aun con dificultad, el nombramiento de cardenal obispo de Ostia, entrando así plenamente en colaboración con los papas en la difícil empresa de la reforma d la Iglesia. Vio que no era suficiente contemplar y tuvo que renunciar a la belleza de la contemplación para ayudar en la obra de renovación de la Iglesia. Renunció así a la belleza del eremitorio y con valor emprendió numerosos viajes y misiones.

Por su amor a la vida monástica, diez años después, en 1067, obtuvo permiso para volver a Fuente Avellana, renunciando a la diócesis de Ostia. Pero la tranquilidad suspirada dura poco: ya dos años después fue enviado a Frankfurt en el intento de evitar el divorcio de Enrique IV de su mujer Berta; y de nuevo dos años después, en 1071, fue a Montecassino para la consagración de la iglesia de la abadía, y a principios de 1072 se dirige a Rávena para restablecer la paz con el arzobispo local, que había apoyado al antipapa provocando el interdicto sobre la ciudad. Durante el viaje de vuelta al eremitorio, una repentina enfermedad le obligó a detenerse en Faenza en el monasterio benedictino de "Santa Maria Vecchia fuori porta", y allí murió en la noche entre el 22 y el 23 de febrero de 1072.

Queridos hermanos y hermanas, es una gracia grande que en la vida de la Iglesia el Señor haya suscitado una personalidad tan exuberante, rica y compleja, como la de san Pedro Damián y no es habitual encontrar obras de teología tan agudas y vivas como las del ermitaño de Fuente Avellana. Fue monje hasta el final, con formas de austeridad que hoy podrían parecernos incluso excesivas. De esta forma, sin embargo, hizo de la vida monástica un testimonio elocuente de la primacía de Dios y una llamada para todos a caminar hacia la santidad, libres de todo compromiso con el mal. Él se consumió, con lúcida coherencia y gran severidad, por la reforma de la Iglesia de su tiempo. Entregó todas sus energías espirituales y físicas a Cristo y a la Iglesia, permaneciendo siempre, como le gustaba llamarse, Petrus ultimus monachorum servus, Pedro, último siervo de los monjes.

[Al final de la audiencia, el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:]

Queridos hermanos y hermanas:

En la audiencia de hoy contemplamos la figura de uno de los grandes santos del siglo once, Pedro Damián. Nacido en Ravena, muy pronto perdió a sus padres quedando huérfano al cuidado de sus hermanos, los cuales le dieron una magnífica formación, tanto jurídica como en la cultura clásica latina. En su primera juventud se dedicó a la enseñanza y compuso grandes obras literarias, pero muy pronto sintió la llamada a la vida eremítica e ingresó en el Monasterio de Fuente Avellana. Durante décadas se dedicó de manera ejemplar a la vida monacal. Largas horas de contemplación y meditación, nos han legado algunas piezas de alto valor teológico, así como magníficos sermones y cartas sobre el amor que brota de la Cruz y el valor de la Palabra de Dios en la vida espiritual del monje y del cristiano. Esta labor de pensamiento, por la cual exhortaba a todos a poner en el centro de su vida a Cristo, estaba encaminada a la búsqueda de una profunda reforma de la Iglesia. De ahí que en varias ocasiones fuera llamado por los Papas para desarrollar una actividad pastoral más directa o para solucionar problemas que acuciaban a la Iglesia en ese momento. Es un gran don poder contar con una figura como San Pedro Damián, que gastó sus energías espirituales y físicas por amor a Cristo y a su Iglesia, y que testimonia una vez más el primado de Dios sobre todas las cosas.

Saludo a los fieles de lengua española, en particular a los peregrinos agustinos del Perú, así como a los grupos provenientes de Puerto Rico, Costa Rica, México y España. Os invito a todos, siguiendo el ejemplo y la enseñanza de este santo monje, a acoger nuevamente la llamada a caminar decididamente hacia la santidad. Muchas gracias. 

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
© Librería Editrice Vaticana]


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Homilía de monseñor José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario, en la misa por el Día del Inmigrante. (AICA)
(6 de septiembre de 2009)

 DÍA DEL INMIGRANTE

"Queridos hermanos; celebramos el día del inmigrante. Lo hacemos junto con todos ustedes que se han unido especialmente a esta celebración, autoridades y representantes de diversas colectividades que residen en Rosario, miembros del Cuerpo consular, religiosas, religiosos y fieles. En la Palabra de Dios que leímos, San Pablo nos enseña que: “Fortalecidos plenamente con el poder de su gloria, adquirirán una verdadera firmeza y constancia de ánimo, y darán gracias con alegría al Padre, que nos ha hecho dignos de participar de la herencia luminosa de los santos” (Col 1, 11 - 13), y tenía la convicción de que "todos los pueblos están llamados a formar la gran familia de los hijos de Dios". Justamente es el Papa Benedicto XVI es quien nos enseña que "Esta es también la misión de la Iglesia, hoy más que nunca en nuestro tiempo de globalización. Como cristianos, no podemos dejar de sentir la necesidad de transmitir el mensaje de amor de Jesús, especialmente a cuantos no lo conocen, o se encuentran en situaciones difíciles y dolorosas" (Benedicto XVI, 18. I. 2009). Y agregó: "Qué importante celebrar este día dando gracias a Dios por todos los aspectos positivos de esta realidad llamada la migración. Este es un fenómeno presente desde los comienzos de la historia, originado tanto en épocas pacíficas, como otras veces surgido por guerras y conflictos entre los pueblos, o por necesidades materiales.

"Ciertamente en el mundo entero, se ha incrementado esta necesidad, la que conocemos de cerca en este mundo globalizado y de los medios, motivada frecuentemente por situaciones muy dramáticas, y también con experiencias dolorosas; que reclaman la atención de todos, principalmente de quienes son responsables de los destinos de los pueblos, para alcanzar una mayor fraternidad y solidaridad de parte de todos.

Una forma de solidaridad, por ejemplo, es la oración llena de esperanza por los inmigrantes y por esta difícil situación que atraviesa la humanidad, como lo hacemos esta tarde en nuestra Catedral, que es ya un importante paso en la confianza en Dios y en la raíz misma de la solidaridad".

También agregó :

"Hoy sabemos cuantas dificultades existen en el mundo entero. Nuestra fe cristiana nos mueve a contemplar esta realidad y a "navegar mar adentro y echar las redes" - como nos dice el Evangelio que leímos - , de la misión, de la catequesis y de la solidaridad cristiana, entre quienes han dejado sus propios lugares de origen, confiando que cada vez más las autoridades, en las instancias regionales, nacionales e internacionales continuén ocupándose de la cuestión de la migración, con verdadera diligencia a fin de que lleven adelante su tarea con sentido de responsabilidad y espíritu humanitario".

"Al mismo tiempo se debe hacer algo por las necesidades de los migrantes irregulares. Estos deberían ser acompañados para mantener vivo el amor por el valor de la propia vida, que representa un bien único, que se debe tutelar frente a los gravísimos riesgos a los cuales se exponen en la búsqueda de un mejoramiento de sus condiciones y en el deber de legalidad que se impone a todos. Debemos llamar la atención de todos sobre este problema tan actual y de pedir la generosa colaboración de personas y de instituciones para afrontarlo y encontrar soluciones fraternas"

Finalmente el Arzobispo encomendó las intenciones de los inmigrantes a las Santísima Virgen, Madre y Reina del Rosario, que vió llegar a estas tierras tantos inmigrantes con sus familias y también solos, que le dirigieron a Ella su primera mirada suplicante, y que con su ternura maternal les hizo sentir seguramente que estaban en su propia casa, y más cerca de su fe, de su propia tierra y de sus afectos más queridos. Ella los recibió, como a sus hijos; y lo sigue haciendo acompañándonos a lo largo del camino.

Las Comisión arquidiocesana también organizó un encuentro con los inmigrantes para presentar el CD "Crisol de fe", con ocasión de los LXXV años de la Arquidiócesis de Rosario, que contiene una selección de las canciones marianas de las diversas colectividades presentes en Rosario, cuya presdnetación fue realizada por Monseñor Emilio Cardarelli y el P. Marcio Togniazzo.

El domingo al mediodía, las diversas colectividades se reunieron también para compartir un ágape fraterno y familiar para celebrar el día del Inmigrante acompañados por el Arzobispo y varios sacerdotes.

Mons. José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario


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Texto del micro radial de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, emitido por LT 9. (AICA)
(5 de septiembre de 2009)

 mes de la biblia

Para el cristiano la persona de Jesucristo es el centro que da sentido a su vida. Ya es un lugar común al hablar del cristiano recordar la frase del Santo Padre en Aparecida: “No se comienza a ser cristiano, nos decía, por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” (Ap. 243). Ahora bien, la pregunta importante es saber dónde me encuentro hoy con Jesucristo? Esta pregunta me permite hablarles de uno de los modos que él ha elegido para permanecer con nosotros, me refiero a su Palabra, que es la Palabra de Dios. Esto lo hago en este mes de septiembre, en el que celebramos el Mes de la Biblia.

Esta presencia de Jesucristo a través de su Palabra no tiene sólo un contenido doctrinal, sino que es para nosotros un acontecimiento que nos permite hoy entrar en comunión viva con él. La Biblia no es un libro del pasado, algo histórico, sino un acontecimiento que se hace presencia para quién la lee con un corazón abierto, este es el principio de la fe. La Palabra de Dios que se hizo realidad humana y divina en la persona de Jesucristo, es nuestro primer lugar de encuentro con él. Para esto he venido, nos dirá, para ser el Camino, la Verdad y la Vida de cada uno de ustedes. Como vemos, el lugar que ocupa la Palabra de Dios en un cristiano es único y central. Por ello se dice que el cristianismo no es tanto el camino del hombre hacia Dios, sino el camino de Dios hacia el hombre. A este camino de Dios lo encontramos en la Biblia.

Este venir de Dios hacia nosotros requiere una actitud que ponga el acento en la escucha de su Palabra. No estamos, les decía, frente a un libro de historia sino ante un libro de Vida, que para quién la recibe con un corazón abierto se convierte en fuente de luz, de sentido, de alegría y de paz. La Palabra de Dios tiene que ver con la verdad del hombre, porque hemos sido creados a su “imagen y semejanza”. Dios no es ajeno al hombre, es su creador, por ello en él encontramos el sentido de nuestras vidas. San Agustín, decía: “Mi corazón estuvo inquieto, Señor, hasta que no te encontró a Ti”. Con cuánta sabiduría canta el salmista: “Tu Palabra Señor es la verdad y la luz de mi vida”. O el profeta Jeremías: “Cuando se presentaban tus palabras, decía, yo las devoraba, porque tus palabras eran mi gozo y la alegría de mi corazón” (15, 16).

Esta Palabra alcanzó su plenitud y cercanía a nosotros en la persona de Jesucristo, que es el Hijo de Dios hecho hombre. La vida cristiana, recordemos, no nace de una doctrina sino del encuentro con la persona de Jesucristo. Aquí adquiere todo su valor la lectura de los Evangelios, que es la Palabra de Dios manifestada por su propio Hijo. Es una Palabra que tiene por destinatario el corazón de cada uno de nosotros. Esta Palabra, por otra parte, alcanza toda su plenitud cuando se convierte en un diálogo personal con el mismo Señor, se hace oración y en ella vamos descubriendo el sentido de nuestra vida desde Dios. Así nos descubrimos como parte de un proyecto, es decir, mi vida tiene un sentido, no soy una casualidad, soy un hijo amado por Dios. Sólo desde Dios nuestra vida adquiere toda su dignidad y la grandeza de una vocación.

Que en este mes de Septiembre, mes de la Biblia, nos acerquemos a la Palabra de Dios como primer lugar de nuestro encuentro con Jesucristo: Él nos espera. Reciban de su Obispo junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz 


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Homilía monseñor Héctor Sabatino Cardelli, obispo de San Nicolás de los Arroyos en la misa por el Día del Agricultor en la localidad de Theobald. (AICA)
(9 de septiembre de 2009)

DIA DEL AGRICULTOR
 

Tomó, Dios, tierra con sus manos, le insufló aliento e hizo al hombre, quien debía regar con su sudor esa misma tierra para que le diera vida y a la vez le encomienda que tenga dominio sobre ella, pues el hombre es rey de la creación y todo debe estarle sometido.

Querido agricultor, con estas figuras de la Biblia quiero hoy honrar tu origen; me animo a decirte que el oficio que te ennoblece y el título que te habilita, no te fue otorgado por ninguna universidad de este mundo, sino por el mismo Dios, cuando creó esta tierra y la puso a tu servicio para que la trabajes, comas el pan con el sudor de tu frente y la hagas fuente de vida para la humanidad.

Tu oficio, el más antiguo de la humanidad y, por lo tanto, debe ser el más reconocido y respetado, por haber sido propuesto desde el origen como el fundamento de la supervivencia en este hábitat de la historia humana.

¡Qué misión tan grande y solidaria te encomienda el Creador para hacerte instrumento de su cultivo y cuidado, a la vez que el administrador fiel y previsor para saciar el hambre del mundo!

El destino de todos los bienes de la tierra es universal, porque Dios los hizo para todos y nos compromete a todos a buscar el Bien Común, respetando los intereses legítimos de los que trabajan y producen realmente y evitando a los que buscan salvarse solos.

La razón de ser de cuantos gobiernan radica por completo en el Bien Común. Todo gobernante debe buscarlo, respetarlo y ajustarlo a la situación real de las circunstancias, redundando en provecho de todos, porque abarca a todos los hombres. El que gobierna, debe : 1. Defender los derechos y deberes del hombre, 2. Armonizarlos y regularlos, 3. Favorecer su ejercicio, 4. Cumplir con las exigencias del Bien Común. 5. Tutelar los derechos con equilibrio

Debemos trabajar responsablemente para evitar que se impongan los intereses ilegítimos de los financistas, de los monopolios, que en un marco de injusticia, atesoran más dinero sometiendo a los que trabajan. Una larga historia que no tiene nada que ver con el proyecto de Dios, porque lo que buscan estos intereses ilegítimos es acumular cuantiosas fortunas que se derivan a fines egoístas y no permiten se inviertan en iniciativas productivas, para resolver las necesidades de nuestro pueblo.

Este suelo que estamos pisando y yo , como ustedes, hemos gozado de sus frutos abundantes, generosos, porque nuestra tierra es madre, nos la regaló el Señor para que, agradecidos por sus bondades, también nos abramos a los hermanos que necesitan de ella para vivir en la acción de gracias como nosotros. No es posible morirse de hambre en la tierra bendita del pan. Porque, a pesar de que la tierra se halle repartida entre los particulares, no por ello deja de servir a la común utilidad de todos. La justicia social prohíbe que una clase excluya a la otra en la participación de los beneficios.

El esfuerzo por defender nuestro digno trabajo, nos impulsa a buscar el bien común de la humanidad que nos mira expectante y nos tiende la mano para recibir el fruto de nuestra conciencia solidaria y humana, mientras demoramos el proceso por falta de acuerdos generados por enfrentamientos y posturas irreductibles que claman al cielo, porque ponen en juego la vida de los que tienen menos. Y nuestros campos, ávidos de semilla, esperan nuestras decisiones. Ante tanta profusión de bienes que Dios nos otorgó en beneficio, esta tierra bendita de nuestra patria es patrimonio de los argentinos y para los argentinos, que debemos administrar con justicia y fraternidad.

No podemos compartir esta alegría sin unidad, sin diálogo, sin serena y abierta reflexión, sin poner lo mejor de parte de cada uno, para que el todo sea lo mejor para cada uno.

Elevemos a Dios nuestra súplica confiada para que las personas inteligentes, competentes y con sentido patriótico, investiguen, dialoguen y depongan toda actitud contraria a la construcción de una Patria de hermanos.

María Auxiliadora, patrona del Agro, ¡Ruega por nosotros!

Mons. Héctor Cardelli, obispo de San Nicolás de los Arroyos


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Mi?rcoles, 09 de septiembre de 2009

La peregrinación comienza el lunes 14 de septiembre, Fiesta de la Santa Cruz.
martes, 08 de septiembre de 2009
  

Mis queridos jóvenes:

El día 14 de Septiembre, festividad de la exaltación de la Santa Cruz, dará comienzo la peregrinación de la Cruz de los Jóvenes por la diócesis de Madrid. Esta Cruz, que el Siervo de Dios Juan Pablo II entregó a los jóvenes en el año 1984 para que la llevaran por el mundo entero, junto al icono de la Virgen María, es un hermoso signo de lo que significan las Jornadas Mundiales de la Juventud: el encuentro con Cristo muerto y resucitado por nosotros, Redentor del hombre. Llevando la cruz sobre sus hombros, los jóvenes se convierten en portadores de la alegre noticia de la salvación y proclaman a los cuatro vientos que Cristo nos ha salvado del pecado y de la muerte. 

Hemos querido que la fiesta de la exaltación de la Santa Cruz sea el punto de partida de la peregrinación y, en cierto sentido, el inicio en nuestra diócesis de la intensa preparación de la Jornada Mundial de la Juventud que tendrá lugar en Madrid en el año 2011. Exaltar la cruz, levantarla sobre lo alto, de modo que todo el mundo la mire con fe y se salve, es una indicación que viene del mismo Cristo. Al referirse a su muerte, dijo: «Y yo cuando sea elevado de la tierra, atraeré a todos hacia mí» (Jn 12,32). Y añade el evangelista: «Esto lo decía indicando de qué muerte había de morir» (Jn 12,33). La muerte de Cristo sobre la cruz, ciertamente, lo eleva sobre la tierra en el sentido físico, al suspender su cuerpo entre el cielo y la tierra. Pero lo eleva también en su sentido profundamente espiritual, puesto que lo muestra como el gran signo del amor de Dios que muestra su perdón y reconciliación para con todos los hombres. En realidad, el crucificado es el exaltado, el que ha sido elevado gloriosamente -la cruz es gloriosa- como vencedor del pecado y de la muerte. Por eso la Iglesia ha cantado y canta a la cruz como signo de victoria y del triunfo. El amor de Cristo vence sobre todos los odios, rencores, venganzas y crímenes de los hombres. Es un amor que sana, libera, purifica, rescata y pacifica. Es un amor eterno e infalible. Es un amor humano y divino, capaz de elevarnos con Él a lo más alto de la gloria.

Queridos jóvenes: al peregrinar con la cruz por todas las parroquias de Madrid, pensad en el mensaje que portáis en vuestros hombros. Gozad con el privilegio que supone llevar la cruz de Cristo para mostrarla a todos sin excepción: mostradla especialmente a quienes no creen, a los que vienen sin esperanza de ser amados, a los que sufren las terribles cruces que otros cargan sobre sus frágiles hombros. Proclamad con palabras y gestos sencillos que Cristo ha llevado todas las cruces del mundo y las ha iluminado con su propia entrega a la muerte. Que ningún hombre se sienta solo en el dolor si sabe mirar al Crucificado.

Y vosotros mismos, como jóvenes cristianos, aprovechad esta ocasión de peregrinar con la cruz de Cristo para vivir con fidelidad vuestra vocación cristiana. En el bautismo y en la confirmación fuísteis sellados con la cruz de Cristo. Es una cruz imborrable. Sois siempre de Él y para Él. Los cristianos somos propiedad de Cristo. Eso significa hacer el signo de la cruz en nuestra frente, labios y corazón: afirmar que somos suyos. Pues bien, vivid siempre con el gozo de pertenecer a Cristo, Señor de la Vida. No hagáis de la cruz un signo banal, superficial o sin sentido. En la vida de cada día, tendréis ocasión de mostrar, haciendo la señal de la cruz, que elegís el amor, la sencillez, el servicio a los hermanos; que vuestra vida avanza por los caminos de la verdad, la humildad y la obediencia a los mandamientos de Dios; que no os movéis por los atractivos de este mundo que pasa, como es el dinero, la fama, el poder y la mentira; que queréis ser los bienaventurados del evangelio, los profetas de la esperanza, los misioneros de la paz y la verdad de Cristo.

Viviendo así, caminaréis hacia la Jornada Mundial de la Juventud como un acontecimiento de gracia extraordinaria en el que sin duda alguna experimentaréis el encuentro con Cristo. La Jornada no es un fin en sí mismo, sino un medio eficaz para avivar la fe y descubrir que sólo Cristo es la meta del hombre. La oración, las catequesis, la frecuencia de los sacramentos, las obras de caridad, todo lo que forma parte de la preparación de la Jornada de la Juventud, y la misma Jornada, os ayudará a ir decididamente al encuentro con Cristo, el Señor. Por ello, al iniciar esta peregrinación no penséis sólo en la meta temporal de la Jornada, sino mirad más lejos, contemplad la meta de vuestra vida, en la que Cristo resucitado brilla con una luz inextinguible, que ilumina nuestra existencia y nos llena del gozo de la vida eterna.

Encomendaos a la Virgen María de La Almudena, nuestra Madre, para que ella, que brilla junto a Cristo en la gloria celeste, sea vuestra estrella en el caminar de cada día y os eduque en la fortaleza cristiana tan necesaria para estar junto a Cristo al pie de la cruz.

Con todo afecto y mi bendición, 

Madrid, 30 de julio de 2009


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ZENIT   no ofrece las palabras dirigidas el martes, 8 de Septiembre de 2009, por el Papa a los obispos de las regiones occidentales de Brasil, a quienes recibió en visita "ad limina" en el Palacio Apostólico de Castel Gandolfo.

Queridos hermanos en el episcopado:

Con sentimientos de íntima alegría y amistad, os acojo y saludo a todos y cada uno de vosotros, amados pastores de las Regiones Oeste 1 y 2 en el ámbito de la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil. Con vuestro grupo se abre una larga peregrinación de los miembros de esta Conferencia Episcopal en visita ad limina Apostolorum, que me dará ocasión de conocer mejor la realidad de las respectivas comunidades diocesanas. Serán jornadas de un compartir fraterno para reflexionar juntos sobre las cuestiones que os preocupan. Un momento profundamente esperado desde aquellos inolvidables días de mayo de 2007, en los que durante mi visita a vuestro país pude experimentar todo el cariño del pueblo brasileño por el Sucesor de Pedro y, de modo especial, cuando tuve la posibilidad de abrazar con la mirada a todo el episcopado de esta gran nación en el encuentro en la catedral de la Sé, en São Paulo.

En efecto, sólo el gran corazón de Dios puede conocer, guardar y gobernar la multitud de hijos e hijas que Él mismo engendró en la inmensa vastedad de Brasil. A lo largo de nuestros coloquios de estos días, han salido a la luz algunos de los desafíos y problemas a los que os enfrentáis, como el arzobispo de Campo Grande refería al principio de este encuentro nuestro. Impresionan las distancias que vosotros mismos, juntamente con vuestros sacerdotes y demás agentes misioneros, tenéis que recorrer para servir y animar pastoralmente a vuestros respectivos fieles, muchos de ellos afectados por los problemas propios de una urbanización relativamente reciente, en la que el Estado no siempre consigue ser un instrumento de promoción de la justicia y del bien común. ¡No os desaniméis! Recordad que el anuncio del Evangelio y la adhesión a los valores cristianos, como afirmé recientemente en la encíclica Caritas in Veritate "es un elemento útil y al mismo tiempo indispensable para la construcción de una buena sociedad y de un verdadero desarrollo humano integral". Le agradezco, monseñor Vitório Pavanello (arzobispo de Campo Grande, n.d.t.) por las amables palabras y y delicados sentimientos que me dirige en nombre de todos a las que deseo responder con votos de paz y prosperidad para el pueblo brasileño en este significativo día de su Fiesta Nacional.

Como Sucesor de Pedro y Pastor universal, puedo aseguraros que mi corazón vive día a día vuestras inquietudes y fatigas apostólicas, sin cesar de recordar ante Dios los desafíos a los que os enfrentáis en el crecimiento de vuestras comunidades diocesanas. En nuestros días, y concretamente en Brasil, los trabajadores de la mies del Señor siguen siendo pocos para una cosecha que es grande (cf. Mateo 9, 36-37). A pesar de la escasez que se percibe, es verdaderamente esencial una formación adecuada de aquellos que están llamados a servir al pueblo de Dios. Por esta razón, en el ámbito del Año Sacerdotal en curso, permitidme que me detenga hoy a reflexionar con vosotros, amados obispos del Oeste brasileño, sobre la tarea más importante de vuestro ministerio episcopal, que es la generación de nuevos pastores.

Aunque Dios sea el único capaz de sembrar en el corazón humano la llamada al servicio pastoral de su pueblo, todos los miembros de la iglesia deberían preguntarse sobre la íntima urgencia y el compromiso real con que sienten y viven esta causa. Un día, cuando algunos de los discípulos contemporizaban observando que faltaban "aún cuatro meses" para la cosecha, Jesús rebatió: "Pues bien, yo os digo: alzad vuestros ojos y ved los campos, que ya blanquean para la siega" (Jn 4, 35). ¡Dios no ve como el hombre! La prisa del buen Dios está dictada por su deseo de que "todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad" (1 Timoteo 2, 4). Hay muchos que parecen querer consumir la vida entera en un minuto, otros que vagan en el tedio y la inercia, o se abandonan a violencias de todo género. En el fondo, no son más que vidas desesperadas que buscan esperanza, como lo demuestra una extendida, aunque a veces confusa, exigencia de espiritualidad, una renovada búsqueda de puntos de referencia para retomar el camino de la vida.

Apreciados hermanos, en las décadas posteriores al Concilio Vaticano II, algunos interpretaron la apertura, no como una exigencia del ardor misionero del Corazón de Cristo, sino como un paso a la secularización, vislumbrando en ella algunos valores de gran densidad cristiana como la igualdad, la libertad, la solidaridad, mostrándose disponibles a hacer concesiones y a descubrir campos de cooperación. Se asistió a intervenciones de algunos responsables eclesiales en debates éticos, que respondían a las expectativas de la opinión pública, pero que dejaban de hablar de ciertas verdades fundamentales de la fe, como del pecado, de la gracia, de la vida teologal y de los novísimos. Sin darse cuenta se cayó en la auto secularización de muchas comunidades eclesiales; éstas, esperando agradar a los que no venían, vieron partir, defraudados y desilusionados, a muchos de los que formaban parte de ellas: nuestros contemporáneos, cuando vienen a nosotros, quieren ver lo que no ven en otro sitio, es decir, la alegría y la esperanza que brotan del hecho de que estamos con el Señor resucitado.

Actualmente hay una nueva generación ya nacida en este ambiente eclesial secularizado que, en lugar de buscar apertura y consensos, ve cómo, en la sociedad, el foso de las diferencias y contraposiciones al Magisterio de la Iglesia, sobre todo en el campo ético, se hace cada vez más grande. En este desierto de Dios, la nueva generación siente una gran sed de trascendencia.

Son los jóvenes de esta nueva generación los que llaman a la puerta del Seminario, y que necesitan encontrar formadores que sean verdaderos hombres de Dios, sacerdotes totalmente dedicados a la formación, que den testimonio del don de sí mismos a la Iglesia, a través del celibato y de la vida austera, según el modelo de Cristo el Buen Pastor. Así, estos jóvenes aprenderán a ser sensibles al encuentro con el Señor, en la participación diaria en la Eucaristía, amando el silencio y la oración, procurando en primer lugar la gloria de Dios y la salvación de las almas. Amados hermanos, como sabéis, es tarea del obispo establecer los criterios esenciales para la formación de los seminaristas y de los presbíteros en la fidelidad a las normas universales de la Iglesia: en este espíritu deben desarrollarse las reflexiones sobre este tema, objeto de la asamblea plenaria de vuestra Conferencia Episcopal el pasado mes de abril.

Seguro de poder contar con vuestro celo en lo relativo a la formación sacerdotal, invito a todos los obispos, a sus sacerdotes y seminaristas, a reproducir en la vida la caridad de Cristo Sacerdote y Buen Pastor, como hizo el Santo Cura de Ars. Y, con él, tomen por modelo y protección de su propia vocación a la Virgen Madre, que respondió de un modo único a la llamada de Dios, concibiendo en su corazón y en su carne al Verbo hecho hombre para entregarlo a la humanidad. A vuestras diócesis, incluyendo la diócesis de Rondonópolis, cuyo pastor se ha visto imposibilitado para realizar esta visita, les envío un cordial y solidario saludo, y la certeza de mi oración, junto con una paternal Bendición Apostólica.

[Traducción del original portugués por Inma Álvarez
© Copyright 2009 - Libreria Editrice Vaticana]


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ZENIT nos ofrece el texto de la Declaración Final del Congreso "Hombres y Religiones", que concluyó este martes en Cracovia (Polonia), convocado por el cardenal Stanislaw Dziwisz y la Comunidad de San Egidio.

Llamamiento por la paz

Nosotros, hombres y mujeres de religiones diferentes, nos hemos citado en la antigua ciudad de Cracovia, en Polonia, setenta años después del comienzo de la Segunda Guerra Mundial: para rezar, para dialogar, para hacer crecer un humanismo de paz. Rendimos homenaje a la memoria de Juan Pablo II, hijo de esta tierra. Ha sido maestro de diálogo y testigo tenaz de la santidad de la paz, capaz de dar una visión en tiempos difíciles: el espíritu de Asís.

Este espíritu ha soplado en muchos cambios pacíficos del mundo. Así, en 1989, hace veinte años, Polonia y el Este europeo volvieron a encontrar su libertad. Precisamente en septiembre de 1989, en Varsovia, hombres y mujeres de religión distinta, reunidos por la Comunidad de San Egidio, dijeron fuertemente su amor por la paz: "¡Nunca más la guerra!". A ese espíritu nos hemos mantenido fieles, a pesar de que, en los años transcurridos, demasiados han creído que la violencia y la guerra pudiesen resolver los problemas y los conflictos de este mundo.

A menudo se olvida la amarga lección de la Segunda Guerra Mundial. Y sin embargo ha sido una enorme tragedia en la historia humana. Nos hemos dirigido peregrinos a Auschwitz, conscientes del abismo al que la humanidad descendió. ¡Era necesario volver a este abismo del mal para entender mejor el corazón de la historia! ¡No se puede olvidar tanto dolor! 

Es necesario mirar a los dolores de nuestro mundo: los pueblos en guerra, los pobres, el horror del terrorismo, las víctimas del odio. Hemos escuchado el grito de tantos que sufren. Pueblos enteros son rehenes de la guerra y de la pobreza, muchos dejan sus casas, muchos han desaparecido y han sido secuestrados, o viven en la inseguridad.

Nuestro mundo está desorientado por la crisis de un mercado que se creía omnipotente, y por una globalización a menudo sin alma y sin rostro. La globalización es una ocasión histórica, aunque a menudo se haya preferido vivirla en una lógica de enfrentamiento de civilizaciones y religiones. No hay paz para el mundo cuando muere el diálogo entre los pueblos. ¡Ningún hombre, ningún pueblo es una isla!

Nuestras tradiciones religiosas, en sus diferencias, dicen juntas con fuerza que un mundo sin espíritu nunca será humano. Éstas incidan el camino de vuelta a Dios, que es el origen de la paz.

¡El espíritu y el diálogo darán alma a este mundo globalizado! Un mundo sin diálogo será esclavo del odio y del miedo al otro. Las religiones no quieren la guerra y no quieren ser usadas para la guerra. Hablar de guerra en nombre de Dios es una blasfemia. Ninguna guerra será nunca santa. La humanidad siempre es derrotada por la violencia y por el terror.

El espíritu y el diálogo indican el camino para vivir juntos en paz. Hemos descubierto con más claridad que el diálogo libera del miedo y de la desconfianza hacia el otro. Es la gran alternativa a la guerra. No debilita la identidad de nadie y hace descubrir lo mejor de sí y del otro. Nada se pierde nunca con el diálogo. El diálogo escribe mejor la historia, mientras el enfrentamiento abre abismos. El diálogo es el arte de vivir juntos. El diálogo es el don que queremos hacer al siglo XXI.

Partimos por tanto de la memoria de la Segunda Guerra Mundial, de la profecía de Juan Pablo II, como peregrinos de paz, construyendo con paciencia y audacia una nueva etapa de diálogo, que una en la paz a quienes se odian y quienes se ignoran, a todos los pueblos y a todos los hombres. ¡Que Dios conceda al mundo entero, a cada hombre y a cada mujer, el maravilloso don de la paz!

Cracovia, 8 de septiembre de 2009
[Traducción del original italiano por Inma Álvarez]


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Homilía de monseñor Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús en la Basílica de Nuestra Señora de Luján en la peregrinación diocesana al Santuario de Luján. (AICA)
(5 de septiembre de 2009)

 peregrinación a luján

Queridos hermanos y hermanas:

Agradezco la presencia de todos los sacerdotes, los diáconos, las religiosas, los religiosos y todo este Pueblo fiel que formamos parte de la Iglesia diocesana. En esta misa venimos a agradecer a Dios, por medio de la Virgen, siguiendo el pedido especial que nos hizo el Papa Benedicto XVI en este Año Sacerdotal, donde rezamos especialmente por la santificación de nuestros sacerdotes, de los obispos y de los que van a ser llamados a las vocaciones sacerdotales y religiosas.

También traemos a la Casa de Dios, para poner en manos de la Virgen, las intenciones que nos encomendaron a lo largo de estos días. Pedidos tan profundos, tan íntimos, de tantos hermanos nuestros. Pedimos por los scouts que nos acompañan, hoy en su día. Quieren reconocer a la Virgen como Patrona de los Scouts. Y así, cada uno de los que estamos acá, nos tenemos que sentir reconocidos y representados.

¿Quién nos convoca? La Virgen. Venimos a verla, a reconocerla, a amarla y a pedirle que nos ayude a seguir siendo hijos de Dios e hijos de la Iglesia. Le pedimos a la Virgen que nos ayude porque lo peor que nos puede pasar, lo peor que le puede pasara a un pueblo, ¡es que se mate el espíritu! ¡Si se le mata el espíritu, el pueblo pierde todo! Hoy le pedimos a la Virgen ¡no permitir que se nos mate el espíritu de Dios en nuestra vida, en nuestras familias y en la Iglesia!

Es el espíritu de Dios que sopla; que viene a darnos su vida; que ha vencido al pecado y a la muerte; que nos dice: ¡nosotros, su pueblo, podemos ser santos!; ¡debemos ser santos!, porque es posible con la ayuda de Dios y con la ayuda maternal de la Virgen. Venimos a pedirle, como peregrinos, como hijos: Madre que no se nos mate el espíritu; ni en el pueblo, ni en nuestra familias, ni en nuestra vida personal.

¡Esto quiere decir no vivir derrotados ni resignados!
¡Resignados a no querer volar!
¡Resignados a no querer vivir una vida de transparencia!
¡Resignados a no vivir una vida de amor!
¡Resignados a vivir en el fracaso!

La Virgen, Ella que conoce al Señor, que ha tenido la experiencia del Espíritu Santo -la obra cumbre del Espíritu Santo es la Virgen- nos puede ayudar y le decimos: María, Madre de Dios y Madre nuestra, ayúdanos a vivir como hijos, a vivir como hermanos entre nosotros.

Pongámonos en actitud de oración; esa actitud de saber que nuestra vida, si no rezamos, no alcanzamos a vivir con sabiduría. Si sabemos muy bien que el mundo está mal, que nuestra patria está mal, que las leyes que se nos dictan algunas de ellas me parece que están muy mal –como últimamente de despenalización de la droga, que me parece una insensatez porque no responde, como debería hacerlo, a todo lo que significa nuestra vida y la vida de los hijos. Con estas leyes se debilita la patria potestad, porque si los padres dicen “no hagas esto”, el hijo le puede responder “yo lo puedo hacer porque la ley me lo permite”. Así se debilita la patria potestad imprudentemente.

Como Iglesia tenemos que pedirle a la Virgen tener capacidad de oración.
Si no rezamos, no vamos a crecer,
Si no rezamos, no vamos a madurar,
Si no rezamos, los gestos que provoquemos serán mediáticos y quedarán en la desilusión de lo mediático.

Tenemos que pedir a Dios la verdad de lo que significa la fuerza de la oración, ¡pero de adentro!, ¡que nos toque!, ¡que nos conmueva!, ¡y que nadie nos saque del lugar donde Dios nos ha puesto, donde la Virgen nos ayuda y nos acompaña!

También venimos a pedirle a la Virgen que, como Iglesia, nos demos cuenta que tenemos que vivir con mucha fuerza, con mucha convicción. Si no estamos convencidos no vamos a convencer a nadie. Si reducimos el mensaje de Cristo a nuestra experiencia, a nuestro estado de ánimo o a nuestras situaciones o pensamientos, no vamos a transmitir lo que tenemos que transmitir.

¡Iglesia, levántate!
¡Iglesia, se fuerte, no tengas miedo!
¡Has recibido el espíritu: comunícalo, vívelo!
¡No eres frío ni caliente!
¡No debes ser tibio!
¡Tienes que estar convencido del don que has recibido!

¡Como Iglesia hemos recibido un don y no podemos apagarlo! ¡No apagar la fuerza de llama que debe iluminar en nuestras familias, en nuestras comunidades, porque es la llama del Espíritu Santo!

Tenemos que incidir en la cosa pública, en la sociedad. La fe y la vida no son la fe por un lado y la vida por otro. La fe tiene que incidir en la vida. Como católicos, como hijos de Dios, como hijos de la Iglesia, tenemos que incidir en la cosa pública, hacerla bien, modificarla, perseverar ¡y resistir!

¡Tenemos que resistir para que las cosas malas no nos hagan mal!
¡Tenemos que perseverar en las cosas buenas, provocarlas y producirlas para nosotros y para los demás!

Próximos al bi-centenario, en un paso cualitativo de habitantes a ciudadanos, que nuestra fe incida en las actitudes, en los compromisos y también en las costumbres.

Hermanos; pongamos todo en manos de Dios a través de las manos maternales y virginales de María. Que nuestra ofrenda, nuestra oración -y la oración de Pueblo de Dios- llegue directamente al Señor por manos de su Madre, nuestra Madre, la Virgen hoy Nuestra Señora de Luján; que bendiga y proteja a la Iglesia; que bendiga y proteja a nuestra querida nación, la República Argentina.

Que así sea

Mons. Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús


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Homilía de monseñor Baldomero Carlos Martini, obispo de San Justo, en la misa de acción de gracias por el 40° aniversario de su ordenación sacerdotal. (AICA)
(7 de septiembre de 2009)

  “Mi alma canta la Grandeza del Señor”       

Señor: quisiera tener los mismos sentimientos de María Inmaculada y del Apóstol Pablo para hacer mías la Palabras del Magnificat de ambos.

Me llamaste para hacer mía, la alabanza con que María , te dejó actuar en su vida , en su historia y reconoció en su Magnificat tu grandeza , tu belleza y la profundidad de tu Amor. Con ella hice una alianza para vivir tu Alianza, poniendo mi vida en tu Vida. Mi cruz en tu Cruz como te lo digo al elevar tu Cuerpo Eucarístico que actualiza su Misterio pascual.

A tu Pasión no le falta nada, es suficiente para salvar el mundo entero, pero tu Pasión debe ser aplicada a nuestra vida , para experimentar la comunión con tus padecimientos y el poder de tu Resurrección y así descubrir la belleza de tu Misterio. Gusté tu pasión, lo oscuro de las pruebas y lo que no comprendía, tu amor me hizo descubrir la luminosidad de tu Cruz y la belleza de tus heridas .

Me hiciste descubrir que toda vocación comprende una parte de sufrimiento que debemos experimentar en nuestra debilidad .

Por eso quiero tener también los mismos sentimientos de Pablo , que conciente de su debilidad, vive y actúa lo que le hiciste descubrir en lo profundo de su historia, este ha sido su magnificat: “ Por eso, para que no tenga soberbia, para que no me envanezca, tengo una espina clavada en mi carne, un ángel de Satanás que me hiere y no tenga soberbia. Tres veces pedí al Señor que me librara, pero Él me respondió “te basta con mi gracia, porque mi poder triunfa en la debilidad”. Mas bien , me gloriaré de todo corazón en mi debilidad, para que resida en mí el poder de Cristo. Por eso me complazco en mis debilidades, en los oprobios, en la privaciones, en las persecuciones y en las angustias soportadas por amor de Cristo, porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” 2 Cor 12,7-10.

Te doy gracias porque a pesar de mis debilidades y miserias siempre me tendiste tu mano y me manifestaste las delicadezas de tu amor y de tu misericordia, como no decirte con tu santo sacerdote Alberto Hurtado:¡ “ Contento , Señor , contento”!

Quiero , Señor, renovar mi entrega a Ti, como en aquella mañana luminosa y al mismo tiempo fría, en la que me hiciste sentir la fuerza de tu Pascua y de la acción de Pentecostés ungiéndome con el Don del Espíritu de Santidad para servir con alegría a mis hermanos.

Hoy comprendo un poco mejor todo aquello, el sacerdocio es una cuestión de fe y de amor.¡ Aumenta mi fe y mi amor!

Gracias por la Iglesia Local que fue como el seno de María , donde fui engendrado sacerdote , como el Pesebre donde nací para hacerte presente como Buena Noticia y como el Calvario para vivir y tener tus mismos sentimientos de entrega al Padre y a los hermanos

Cuan agradecido estoy por todos los que pusiste en mi camino. Mis Padres que ya están contigo. Mi Familia que siempre respetó mi ministerio. El Obispo Agustín que me ordenó, los sacerdotes que me formaron y los fieles que me hicieron sentir la Iglesia como familia de Dios. ¡Gracias Señor por es eterno tu Amor!¡Todo lo puedo en ti que me confortas!

Amado Jesús , Buen Pastor, que has querido guiar a tu pueblo mediante el ministerio de los sacerdotes: ¡Gracias por este regalo para tu Iglesia y para el mundo! Te doy gracias por el don de la Plenitud del Sacerdocio, por los veinte años de obispo y los años de estar aquí, sirviendo a la Iglesia que peregrina en San Justo : “ No me avergüenzo del Evangelio porque es el Poder de Dios para salvación de todos los que creen” Rm1,16 y ¡“Ay de mi si no evangelizare!

En este Año sacerdotal te pedimos por quienes has llamado a ser tus ministros: Cuídanos y concédenos el ser fieles y que sepamos estar en medio y delante de tu pueblo siguiendo tus huellas e irradiando tus mismos sentimientos con amor , entrega generosa y profunda alegría ,que tu Eucaristía nos eduque y nos lleve siempre a centrarnos en Ti.

Te pido un regalo Señor, en este día jubilar: Jóvenes a quienes hoy llamas para que sepan escucharte y tengan el coraje de responderte, que no sean indiferentes a tu mirada tierna y comprometedora, que te descubran como el verdadero Tesoro y estén dispuestos a dar la vida hasta el extremo. Porque“ No hay amor más grande que dar la vida por los amigos” Jn 15

Gracias Padre por tu Amor y saber que esperas cada día las palabras de la Consagración para hacerme vivir el Misterio de la Redención y el compromiso de ser como tu Hijo el pan que se parte y se reparte a todos por amor.

Que pueda con toda mi vida y durante toda mi vida, gritar que Dios es Amor y se lo pueda grabar en mi tumba, porque todos es gracia y porque “Cantaré eternamente tus Misericordias , Señor” AMEN

¡ “MAGNIFICAT ANIMA MEA , DOMINO”!

Mons. Baldomero Carlos Martini, obispo de San Justo


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Homilía de monseñor Luis H. Villalba, arzobispo de Tucumán, en la misa al finalizar la peregrinación de la Juventud. (AICA)
(6 de septiembre de 2009)


la drogadependencia 

En la homilía que pronuncié en la fiesta de Nuestra Señora de la Merced del año pasado dije:

“Hoy, desgraciadamente, nos encontramos con el flagelo de la droga que está destruyendo, especialmente a los jóvenes.

La droga es sinónimo de muerte.

En mis recorridos por la diócesis recojo el eco doloroso de muchas familias, cuyos hijos están atrapados por los efectos de la droga y sus secuelas de muerte y destrucción. Asimismo muchos docentes me manifiestan su preocupación y su impotencia para resolver este flagelo que está llegando hasta los niños.

El desafío es grande. Tenemos que reconocer que la droga está instalada entre nosotros. No podemos permanecer indiferentes. Entre todos debemos generar una red social que propicie la cultura de la vida que comprenda a padres, docentes, funcionarios, medios de comunicación, instituciones religiosas y a todos los ámbitos sociales. La situación es grave y requiere una acción mancomunada de toda la sociedad que pueda transformarse en política de Estado.

Éste es un problema de toda la sociedad, pero las autoridades son las primeras responsables en responder a este desafío. Para ello se debe concienciar a la sociedad y luchar contra el tráfico de drogas. Son deberes ineludibles”.

Ahora, ante el reciente fallo de la Suprema Corte de Justicia, quiero decir que la drogadependencia no se resuelve con una decisión que sólo aborda aspectos parciales del problema.

La drogadependencia es una cuestión compleja que debe resolverse integralmente. En este sentido se deben contemplar los aspectos jurídicos, económicos, sanitarios, sociales y educativos.

Ciertamente, no se debe criminalizar al adicto. El adicto es un enfermo que debe ser atendido en un centro de salud. Pero despenalizar es dejar abandonado al adicto, no hacerse cargo de su derecho a la salud.

La droga es un mal y facilitar el consumo no es bueno: es malo, y va contra el principio fundamental de que el hombre ha sido creado para la vida y no para la muerte.

La droga es sinónimo de muerte y no hay que acercar la droga a los jóvenes, sino alejarla.

Mientras no exista una política de educación y prevención sobre las adicciones, se aumenta la posibilidad de inducir al consumo de sustancias que dañan el organismo.

Con la despenalización se corre el riesgo de creer que la droga no hace daño.

El mensaje que se da con esta decisión es: ¡hay permiso para consumir la droga, la droga es legal!

Los sacerdotes del Equipo para las Villas expresaron: “Podríamos decir, entonces, que la discusión sobre la despenalización corresponde a los últimos capítulos del libro y no a los primeros”.

En este momento, cuando la pobreza y la exclusión angustian a nuestra gente y, en especial, a los más humildes, medidas que puedan facilitar el consumo generan confusión y aparecen desenfocadas de la realidad social.

La sociedad en su conjunto debe formar una verdadera RED SOCIAL que dé respuestas concretas a esta enfermedad que afecta a nuestros jóvenes y adolescentes.

Mons. Luis Héctor Villalba, arzobispo Tucumán


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Comunicado de monseñor Virginio D. Bressanelli, obispo de Comodoro Rivadavia con motivo de los hechos de violencia durante el desalojo de terrenos ocupados ilegalmente en Trelew. (AICA)
(5 de septiembre de 2009)

LA VIOLENCIA ES INCONDUCENTE 

Los hechos de violencia acaecidos el 28 de agosto en Trelew, durante el desalojo de terrenos ocupados ilegalmente, y luego el hostigamiento y difamación de personas que intentaban mediar en esa situación (Dr. E. Hualpa, Miembros de la Defensoría Pública y otros), que son personas reconocidas por una destacada trayectoria de defensa de los derechos de los pobres, preocupan, duelen y hacen más lejano el modelo de convivencia y de Nación que soñamos para nuestro país. Son hechos que no deberían ocurrir.

Las Instituciones y personas del Estado, constituidas en autoridad competente, deberían ser los servidores de la comunidad, los promotores de la solidaridad, los garantes de la legalidad y los gestores de la solución pacífica y justa de los problemas sociales. El erróneo manejo de estas situaciones no sólo las desprestigia y debilita sino que perjudica a todos.

La violencia es inconducente y abre nuevas heridas que tardan en cicatrizar. Por eso, mientras adhiero a lo ya expresado por el MEDH y por la Comisión Diocesana de Pastoral Social, invito a los fieles católicos, y a los hombres y mujeres de buena voluntad, a reafirmar los valores, principios y conductas que nos permitan construir una Nación solidaria, fraterna, progresista, reconciliada y feliz.

Los caminos de la paz sólo pueden transitarse en unidad. Los hechos acaecidos no deben generar más divisiones entre nosotros sino que deben estimularnos a colaborar en el bien común. Para ello nos servirán como herramientas el diálogo sincero; el respeto debido a todas las personas, sobre todo a los más pobres, atendidos en sus necesidades básicas; el discernimiento de las situaciones; la información veraz de los hechos; el acatamiento de la legítima autoridad y el ejercicio democrático de la legalidad constitucional.

Es una tarea que nos implica a todos y que ha de fundarse en nuestro amor al hermano y nuestra fe en Dios, Padre de todos; en Jesucristo que entregó su vida por todos; en el Espíritu Santo que conduce a todos por los caminos de la unidad, el amor recíproco y la paz

Mons. Virginio D. Bressanelli scj, obispo de Comodoro Rivadavia


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ENTRADA DEL NUEVO PÁRROCO E INAUGURACIÓN DE SU MINISTERIO

ORIENTACIONES LITÚRGICO PASTORALES

  1. La entrada de un nuevo párroco en la parroquia es un acontecimiento de singular importancia para la comunidad local, que recibe al que ha de ser pastor propio bajo la autoridad del Obispo. En efecto, el párroco ha de ejercer la cura pastoral en la porción de la diócesis que es la parroquia como colaborador del Obispo, de cuyo ministerio participa, para cumplir las funciones de enseñar, santificar y regir, con la cooperación de otros presbíteros y diácono: con la ayuda de fieles laicos.
  2. Esta entrada, que se hace coincidir normalmente con la inauguración del ministerio parroquial, debe hacerse el día y hora más convenientes para la participación de los fieles. La introducción del nuevo párroco la hace el Obispo o su delegado. Antes de que un párroco entre en su parroquia, o en el mismo acto de la toma de posesión, deberá hacer la profesión de fe, según la norma del derecho, ante el Ordinario del lugar o su delegado.
  3. La entrada tiene lugar juntamente con la Misa, o bien del día, o bien título de la iglesia o del Espíritu Santo, según las normas litúrgicas. El Obispo debe presidir esta Misa, concelebrando el nuevo párroco y otros presbíteros la misma parroquia o de la zona.
  4. Si el Obispo está presente y, por alguna causa, no celebra la misa al menos la Liturgia de la Palabra y al final impartirá la bendición al pueblo.
  5. Obsérvense las costumbres locales, allí donde existan, en relación con el recibimiento del nuevo párroco o el traslado a la iglesia. De lo contrario, puede seguirse en todo o en parte los ritos que, a continuación, se van a describir.


RECIBIMIENTO Y PROCESIÓN A LA IGLESIA


6. Donde las circunstancias lo permitan, el Obispo o Delegado Episcopal y el nuevo párroco pueden ser recibidos en el límite de la parroquia y conducidos procesionalmente hasta la puerta de la iglesia, donde el Obispo presenta brevemente al nuevo párroco y le entrega la llave de la iglesia.

   Otra forma de recibimiento consiste en que el clero, los ministros y una representación de la comunidad se dirijan a la casa parroquial para acompañar al Obispo y al nuevo párroco hasta la iglesia, efectuándose a la puerta de ésta la presentación y la entrega de la llave.

Al entrar en la iglesia, se ofrecerá agua bendita al Obispo, el cual la ofrecerá al nuevo párroco y rociará con ella al pueblo, como signo memorial del bautismo.


  No obstante, el recibimiento y la presentación del nuevo párroco pueden hacerse también al comienzo de la Misa, después del saludo del Obispo. Esta forma de recibimiento es aconsejable, sobre todo, cuando después del saludo del Obispo se lee el documento de nombramiento y el párroco presta juramento según la norma del derecho. 

CELEBRACION

MONICION AMBIENTAL:


    Bienvenidos a la celebración de la Eucaristía. Todos nos sentimos familia en la fe. El Señor Jesús, centro y protagonista de esta celebración nos ha convocado. El es el Buen Pastor que nos reúne, alimenta, cuida y guía. El es el Buen Pastor que se prolonga en el tiempo por medio de sus sacerdotes que lo visibilizan. Hoy damos gracias al Señor porque nos sigue enviando pastores. En esta tarde queremos acoger y orar por nuestro hermano y nuevo párroco Arsenio. Queremos que el Señor bendiga su ministerio para el bien de las parroquias que el Sr. Obispo le encomienda. La tarea es ardua, pero sabemos que le acompañarán la gracia del Señor y la fortaleza del Espíritu Santo junto con el aliento maternal de la Virgen María. Con alegría, puestos en pie comencemos la celebración  mirando hacia la puerta principal del templo parroquial.

ENTREGA DE LAS LLAVES: Llegada la procesión presidida por la Cruz Parroquial a la puerta principal de la Iglesia.

      Delegado Episcopal:

   N, recibe las llaves de la casa parroquial, dependencias, iglesia y ermitas de la parroquia que se te confía juntamente con las del  Templo de San Juan Bautista ,construidos y cuidados por nuestros antepasados, en el que el pueblo de San Juan de la Rambla ha oído y celebrado la Salvación que Dios nos ofrece.

    Responde el nuevo Párroco:

   Yo las recibo y me comprometo a cuidarlas. Y pido a Dios que me conceda ser llave que abra los corazones, para que el Reino de Dios nazca y crezca en sus hijos en estas comunidades parroquiales.    

CANTO DE ENTRADA  

RITOS INICIALES Y LECTURA DEL NOMBRAMIENTO. Al llegar al Altar se inciensa y ya colocados los ministros en sus sitios y después del saludo del presidente se procede a la lectura del nombramiento del nuevo Párroco.

JURAMENTO DE FIDELIDAD: Lo hace el nuevo Párroco ante toda la asamblea y tocando los Santos Evangelios. Al final lo firma el nuevo Párroco y el Delegado Episcopal.

    “Yo, N, al asumir el “Oficio de Párroco”, prometo guardar siempre, tanto en las palabras con que me exprese, como en mi manera de actuar, mi comunión con la Iglesia Católica.

     Cumpliré con gran diligencia y fidelidad las obligaciones con la que me vinculo  a la Iglesia, tanto Universal como Particular, en la que he sido llamado a ejercer mi servicio, según lo establecido en el Derecho.

     En el ejercicio de mi ministerio, que me ha sido confiado en nombre de la Iglesia, guardaré integro el depósito de la fe y lo trasmitiré e ilustraré fielmente; por lo que evitaré cualesquiera doctrinas contrarias. 

    Seguiré y fomentaré la disciplina común de toda la Iglesia, y cumpliré todas las leyes eclesiásticas, en especial las contenidas en el Código de Derecho Canónico. 

   Prestaré cristiana obediencia a cuanto declaran los Pastores sagrados, como doctores y maestros auténticos de la fe, ya cuanto disponen como rectores de la Iglesia, y ayudaré  fielmente a los Obispos  Diocesanos para que la acción apostólica, que debe ejercerse en nombre y por mandato de la Iglesia, se realice siempre en comunión con la misma Iglesia. 

   Que Dios me ayude y estos santos Evangelios que toco con mis manos.”

CANTO DEL GLORIA

ORACION COLECTA

LITURGIA DE LA PALABRA

ENTREGA DE LOS EVANGELIOS:

El Delegado Episcopal dice:  

Recibe el Evangelio de Cristo,
del cual fuiste constituido mensajero;
anuncia su mensaje de salvación
con deseo de enseñar y con toda paciencia,
por medio de la catequesis y de la homilía,
ayudando a tus hermanos
a conformar su vida con la Palabra de Dios.
+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

El nuevo párroco responde:

                                          Amén.

Aclamación del Aleluya  mientras el nuevo Párroco lleva en procesión el Evangelio hasta el ambón y lo proclama por primera vez a su comunidad parroquial.

HOMILIA DEL PRESIDENTE –Delegado Episcopal

RENOVACION DE LAS PROMESAS SACERDOTALES.

    Terminada la homilía, tiene lugar la renovación de las promesas sacerdotales que el nuevo párroco hizo en su ordenación. La asamblea permanece sentada y éste se sitúa de pie, delante del Delegado Episcopal, que le interroga con estas palabras:

 
Querido hermano: Delante del pueblo de quien se te ha confiado la cura pastoral, renueva las promesas que hiciste en tu ordenación.
 
¿Estás dispuesto a desempeñar siempre el ministerio sacerdotal como buen colaborador del orden episcopal, apacentando el rebaño del Señor y dejándote guiar por el espíritu Santo?
 
El párroco responde: Si, estoy dispuesto.

El Delegado Episcopal:  

¿Estás dispuesto a presidir fielmente la celebración, de los misterios de Cristo, para alabanza de Dios y santificación del pueblo cristiano, según la tradición de la Iglesia?

El párroco: Si, estoy dispuesto.

El Delegado Episcopal:  

¿Realizarás el ministerio de la palabra preparando, la predicación del Evangelio y la exposición de la fe católica con dedicación y sabiduría?


El párroco: Sí, lo haré.

 
El Delegado Episcopal:

 
¿Quieres unirte cada día más a Cristo, sumo Sacerdote, que por nosotros se ofreció al Padre como víctima santa, y con él consagrarte para la salvación de los hombres?

El párroco: Sí, quiero, con la gracia de Dios.

 
El Delegado Episcopal:

 
¿Prometes obediencia y respeto a tu Obispo y a sus sucesores?


El párroco: Prometo.

El Delegado Episcopal:
 
N, Dios, que comenzó en ti la obra buena, él mismo la lleve a término.

Y termina el nuevo párroco haciendo públicamente la Profesión de la Fe Católica.

 

PROFESION DE FE CATOLICA

Yo, N, creo con fe firme y profeso todas y cada una de aquellas cosas que  se contienen en el Símbolo de la fe, a saber: 

Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.

Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación  bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se Encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado; y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió  al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin.

Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de Vida, que procede del Padre y del Hijo; que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria; y que habló por los Profetas.

Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados. Espero en la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén.

Creo también con fe firme todo aquello que se contiene en la palabra de Dios escrita o conservada en la tradición, y que es propuesto por la Iglesia para ser creído  como divinamente revelado, sea que lo proponga con juicio solemne, sea que lo enseñe con su Magisterio ordinario y universal.

Acepto también firmemente y mantengo todas aquellas cosas y cada una de ellas que son propuestas por la Iglesia en forma definitiva, a cerca de la doctrina de la fe o de las costumbres.

Adhiero, además con sumisión religiosa de la voluntad y de la inteligencia, aquellas doctrinas que enuncian tanto el Romano pontífice como el Colegio de los Obispos, cuando ejercitan el Magisterio Auténtico, aunque no tengan la intención de proclamarlas como acto definitivo.

Así Dios me ayude, y Santos evangelios que toco con mis manos.

El Párroco la firma y la rubrica el Delegado Episcopal.

ENTREGA DE LOS LUGARES  DE LA CELEBRACION:

 

EL BAUTISTERIO 

El nuevo Párroco acompañado de Delegado Episcopal se dirige al Bautisterio donde recibe el agua bendita.  Dice el Delegado Episcopal: 

   Esta es la fuente de la vida que mana del costado de Cristo y limpia los pecados del mundo. Este es el seno materno de la santa Madre Iglesia que engendra hijos para la eternidad. En esta fuente bautismal harás renacer, por el agua y el Espíritu Santo, tanto los niños que te presenten los padres cristianos como los adultos que se conviertan a la fe.  

 Y el Párroco asperja a la comunidad mientas se entona un canto bautismal.  

CANTO BAUTISMAL: 

CONFESIONARIO

 

Al llegar al Confesionario se sienta el Párroco y dice el Delegado Episcopal: 

   Dios ha amado tanto al mundo que le ha entregado su Hijo para que nadie perezca sino que todos tengan vida eterna. En este lugar el Señor, a través de tu ministerio, realizará maravillas en los corazones arrepentidos. Cuida, pues de reconciliar con Dios a los fieles que después del bautismo hayan recaído en el pecado y a aquellos que acudan a ti deseando convertirse más plenamente a Dios. Este es el trono de la gracia para alcanzar misericordia. 

MESA DEL ALTAR 

Al llegar al Altar dice el Delegado Episcopal: 

   Esta es la mesa del Señor. Alrededor de la misma congregarás a los hijos de la Iglesia y, en nombre de Jesucristo, presidirás la Eucaristía para que tus fieles puedan unirse al sacrificio de Cristo y participen así de la Cena del Señor.

 El Párroco besa el Altar

ORACION DE LOS FIELES:

El Delegado Episcopal:

Elevemos a Dios nuestras plegarias, para darle gracias por el bien que hace a su Iglesia por el ministerio de los presbíteros, y para pedirle que este servicio no falte nunca a su pueblo santo

 
— Por la Iglesia santa de Dios: para que sea testimonio vivo de verdad y de justicia, y en un mundo dividido y lacerado por las discordias aparezca como signo de unidad y de paz, roguemos a! Señor.

 
— Por nuestro Obispo Bernardo: para que en su ministerio pastoral se encuentre asistido por la fuerza del Espíritu Santo y confortado por la constante adhesión de todos los fieles, roguemos al Señor.

 
— Por Don Arsenio, que inaugura el ministerio pastoral en esta parroquia de San Juan Bautista, para que sea incansable en el anuncio de la Palabra y en el servicio de esta porción del pueblo santo de Dios, roguemos al Señor.

 
— Por todos los sacerdotes que han regido estas parroquias: para que el Señor les dé el premio merecido por su servicio generoso y fiel, roguemos al Señor. 

— Por las vocaciones consagradas y al ministerio sacerdotal, especialmente por nuestro Seminario Diocesano: para que nunca falten en la Iglesia ministros de Cristo, y dispensadores de los misterios de Dios, roguemos al Señor.  

— Por todos los colaboradores y miembros de los diferentes grupos de las parroquias encomendadas al nuevo párroco; por las familias, niños, jóvenes, enfermos, alejados y cercanos,  por todos los presentes: para que el Señor nos dé la gracia de formar una comunidad viva y misionera, que haga presente el Reino de Dios en este lugar, bajo la guía de nuestros pastores, roguemos al Señor.

 
El  Delegado Episcopal concluye:

Padre santo, que has querido servirte del ministerio de los presbíteros
para hacer a tu pueblo partícipe de la salvación,
acoge nuestras súplicas y oraciones y haz que aumente el número
de los que responden a tu llamada con disponibilidad generosa y fiel.
Por Jesucristo, nuestro Señor.


Todos: Amén. 

LITURGIA EUCARISTICA

CANTO DE OFERTORIO 

OFRENDAS

14. El nuevo párroco recibe las ofrendas de los fieles.


CANTO DEL SANTO:


15. Al llegar el rito de la paz, el nuevo párroco da la paz a algunos fieles, en representación de las comunidades parroquiales a él encargadas.

   Continúa la celebración como de costumbre.

CORDERO DE DIOS: 

CANTOS PARA LA COMUNIÓN : 

ENTREGA DE  LA LLAVE DEL SAGRARIO 

EL SAGRARIO

16. Traslado del Santísimo al Sagrario. Terminada la distribución de la comunión  se deja el Copón en el Altar. Se inciensa y con un canto eucarístico apropiado el Párroco lo traslada solemnemente. 

CANTO EUCARÍSTICO:  

17. Después de hacer la reserva eucarística el Delegado Episcopal entrega al párroco la Llave del Sagrario diciendo:

   Recibe la llave de este sagrario preparado para reservar el Sacramento del Cuerpo y Sangre santísimos de Jesucristo: cuida de llevar la Eucaristía a los moribundos y a los demás enfermos; sé asiduo en adorar el Santísimo Sacramento del Altar y enseña a tus fieles a visitar a nuestro Señor Jesucristo, presente en la santa Eucaristía. Cuida que nunca deje de arder aquí una lámpara para señalar a los fieles la presencia del Señor. 

LA SEDE PRESIDENCIAL

Al volver al presbiterio el  Párroco se sienta en la Sede Presidencial y el Delegado Episcopal dice:

N, recibe y ocupa la sede desde la que presidirás en nombre del Señor y como colaborador necesario del Obispo, esta porción del pueblo santo de Dios. Se para ellos Buen Pastor a imagen de Jesucristo que no vino a ser servido sino a servir.

CANTO DE ACCION DE GRACIAS 

RITO DE DESPEDIDA

18. Terminada la oración después de la comunión, todos se sientan y un miembro de las comunidades parroquiales  dice unas breves palabras de acogida al nuevo Párroco y  éste también  al pueblo. Sigue la despedida con las fórmulas acostumbradas. El Párroco saluda a la comunidad parroquial en la puerta. 

CANTO  

 

Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo

Padre amoroso del pobre,
don en tus dones esplendido;

luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado
cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas,
infunde calor en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones
según la fe de tus siervos.
Por tu bondad y tu gracia
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno.

“Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles
 y enciende en ellos la llama de tu amor.
Amén”


Carta circular que ha enviado la Congregación vaticana para la Educación Católica a los presidentes de las conferencias episcopales sobre la enseñanza de la religión en la escuela.

Roma, el 5 de mayo de 2009

Eminencia/Excelencia Reverendísima,

la naturaleza y el papel de la enseñanza de la religión en la escuela se ha convertido en objeto de debate y en algunos casos de nuevas normativas civiles, que tienden a reemplazarla por una enseñanza del hecho religioso de naturaleza multiconfesional o por una enseñanza de ética y cultura religiosa, también en contraste con las elecciones y la orientación educativa que los padres y la Iglesia quieren dar a la formación de las nuevas generaciones.

Es por ello que, con la presente Carta Circular, dirigida a los Presidentes de las Conferencias Episcopales, esta Congregación para la Educación Católica, cree necesario llamar la atención sobre algunos principios, que han sido profundizados por la enseñanza de la Iglesia, como aclaración y norma sobre el papel de la escuela en la formación católica de las nuevas generaciones; la naturaleza y la identidad de la escuela católica; la enseñanza de la religión en la escuela; la libertad de elección de la escuela y de la enseñanza religiosa confesional.

I. El papel de la escuela en la formación católica de las nuevas generaciones

1. La educación se presenta hoy como una tarea compleja, desafiada por rápidos cambios sociales, económicos y culturales. Su misión específica sigue siendo la formación integral de la persona humana. A los niños y a los jóvenes debe ser garantizada la posibilidad de desarrollar armónicamente las propias dotes físicas, morales, intelectuales y espirituales.

Ellos, también, deben ser ayudados a perfeccionar el sentido de responsabilidad, a aprender el recto uso de la libertad, y a participar activamente en la vida social (Cf. c. 795 Código de Derecho Canónigo [CIC]; c. 629 Código de los Cánones de las Iglesias Orientales [CCEO]). Una enseñanza que desconozca o que ponga al margen la dimensión moral y religiosa de la persona sería un obstáculo para una educación completa, porque "los niños y los adolescentes tienen derecho a que se les estimule a apreciar con recta conciencia los valores morales y a aceptarlos con adhesión personal y también a que se les estimule a conocer y amar más a Dios". Por esto el Concilio Vaticano II solicitó y recomendó "a todos los que gobiernan los pueblos o están al frente de la educación, que procuren que la juventud nunca se vea privada de este sagrado derecho" (Declaración Gravissimum educationis [GE] ,1).

2. Una tal educación solicita la contribución de muchos sujetos educativos. Los padres, ya que han transmitido la vida a los hijos, son los primeros y principales educadores (Cf. GE 3; Juan Pablo II, Exhortación apostólica Familiaris consortio [FC], 22 de noviembre de 1981, 36; c. 793 CIC; c. 627 CCEO). Por esta razón, compete a los padres católicos, cuidar la educación cristiana de sus hijos (c. 226 CIC; c. 627 CCEO). Para este deber primario, los padres necesitan la ayuda subsidiaria de la sociedad civil y de otras instituciones. En efecto: "La familia es la primera, pero no la única y exclusiva, comunidad educadora" (FC 40; Cf. GE 3).

3. "Entre todos los medios de educación, el de mayor importancia es la escuela" (GE 5) que es "ayuda primordial para los padres en el cumplimiento de su deber de educar" (c. 796 §1 CIC), particularmente para favorecer la transmisión de la cultura y la educación a vivir juntos. En estos ámbitos, en conformidad también con la legislación internacional y los derechos del hombre, "debe asegurarse absolutamente el derecho de los padres a la elección de una educación conforme con su fe religiosa" (FC 40). Los padres católicos "han de confiar sus hijos a aquellas escuelas en las que se imparta una educación católica" (c. 798 CIC) y, cuando eso no es posible, tienen que suplir la falta de ésta (Cf. ibidem).

4. El Concilio Vaticano II "recuerda a los padres la grave obligación que les atañe de disponer, y aún de exigir", que sus hijos puedan recibir una educación moral y religiosa, y de esta forma, "progresen en la formación cristiana a la par que en la profana. Además, la Iglesia aplaude cordialmente a las autoridades y sociedades civiles que, teniendo en cuenta el pluralismo de la sociedad moderna y favoreciendo la debida libertad religiosa, ayudan a las familias para que pueda darse a sus hijos en todas las escuelas una educación conforme a los principios morales y religiosos de las familias" (GE 7).

En síntesis:

- La educación se presenta hoy como una tarea compleja, vasta y urgente. La complejidad actual corre el riesgo de hacer perder lo esencial, es decir, la formación de la persona humana en su integridad, en particular por cuanto concierne la dimensión religiosa y espiritual.

- La obra educativa, incluso cuando es realizada por más sujetos, tiene en los padres los primeros responsables de la educación.

- Tal responsabilidad también se ejercita en el derecho a elegir la escuela que garantice una educación conforme a los propios principios religiosos y morales.

II. Naturaleza e identidad de la escuela católica: derecho a una educación católica para las familias y para los alumnos. Subsidiariedad y colaboración educativa

5. Tanto en la educación como en la formación la escuela católica desempeña una función particular. En el servicio educativo escolar se han distinguido y, aún hoy siguen dedicándose de manera admirable, muchas comunidades y congregaciones religiosas pero es toda la comunidad cristiana y, en particular, el Ordinario diocesano quienes tienen la responsabilidad de "disponer lo necesario para que todos los fieles reciban educación católica" (c. 794 §2 CIC) y, más precisamente, para tener "escuelas en las que se imparta una educación imbuida del espíritu cristiano" (c. 802 CIC; Cf. c. 635 CCEO).

6. Una escuela católica se caracteriza por el vínculo institucional que mantiene con la jerarquía de la Iglesia, la cual garantiza que la enseñanza y la educación estén fundadas en los principios de la fe católica y sean impartidas por maestros de doctrina recta y vida honesta (Cf. c. 803 CIC; cc. 632 y 639 CCEO). En estos centros educativos, abiertos a todos los que compartan y respeten el proyecto educativo, se tiene que alcanzar un ambiente escolar impregnado del espíritu evangélico de libertad y de caridad, que favorezca un desarrollo armónico de la personalidad de cada individuo. En este ambiente, se coordina el conjunto de la cultura humana con el mensaje de la salvación, de modo que el conocimiento del mundo, de la vida y del hombre, que los alumnos poco a poco adquieren, sea iluminado por el Evangelio (Cf. GE 8; c. 634 §1 CCEO).

7. De este modo, se asegura el derecho de las familias y de los alumnos a una educación auténticamente católica y, al mismo tiempo, se alcanzan los demás fines culturales, de formación humana y académica de los jóvenes, que son propios de cualquiera escuela (Cf. c. 634 §3 CCEO; c. 806 §2 CIC).

8. Aún sabiendo cuánto hoy eso sea problemático, es deseable que, para la formación de la persona, exista una gran sintonía educativa entre escuela y familia, con el fin de evitar tensiones o fracturas en el proyecto educativo. Por lo tanto es necesario que exista una estrecha y activa colaboración entre padres, docentes y ejecutivos de las escuelas; además, es oportuno fomentar los instrumentos de participación de los padres en la vida escolar: asociaciones, reuniones, etc. (Cf. c. 796 §2 CIC; c. 639 CCEO).

9. La libertad de los padres, de las asociaciones e instituciones intermedias y de la misma jerarquía de la Iglesia de promover escuelas de identidad católica constituyen un ejercicio del principio de subsidiariedad. Este principio excluye "cualquier monopolio de las escuelas, que contradice los derechos naturales de la persona humana, el progreso y la divulgación de la cultura, la convivencia pacífica de los ciudadanos y el pluralismo que hoy predomina en muchas sociedades" (GE 6).

En síntesis:

- La escuela católica es un verdadero y real sujeto eclesial en razón de su acción escolar, donde se fundan en armonía la fe, la cultura y la vida.

- Ella está abierta a todos aquellos que quieran compartir el proyecto educativo inspirado en los principios cristianos.

- La escuela católica es expresión de la comunidad eclesial y su catolicidad está garantizada por las autoridades competentes (Ordinario del lugar).

- Asegura la libertad de elección de los padres católicos y es expresión del pluralismo escolar.

- El principio de subsidiariedad regula la colaboración entre la familia y las distintas instituciones delegadas a la educación.

III. La enseñanza de la religión en la escuela

a) Naturaleza y finalidad

10. La enseñanza de la religión en la escuela constituye una exigencia de la concepción antropológica abierta a la dimensión trascendente del ser humano: es un aspecto del derecho a la educación (Cf. c. 799 CIC). Sin esta materia, los alumnos estarían privados de un elemento esencial para su formación y para su desarrollo personal, que les ayuda a alcanzar una armonía vital entre fe y cultura. La formación moral y la educación religiosa también favorecen el desarrollo de la responsabilidad personal y social, así como de las demás virtudes cívicas, y constituyen pues una relevante contribución al bien común de la sociedad.

11. En este sector, en una sociedad pluralista, el derecho a la libertad religiosa exige que se asegure la presencia de la enseñanza de la religión en la escuela y, a la vez, la garantía que tal enseñanza sea conforme a las convicciones de los padres. El Concilio Vaticano II recuerda que: "[A los padres] corresponde el derecho de determinar la forma de educación religiosa que se ha de dar a sus hijos, según sus propias convicciones religiosas (...) Se violan, además, los derechos de los padres, si se obliga a los hijos a asistir a lecciones escolares que no corresponden a la persuasión religiosa de los padres, o si se impone un único sistema de educación del que se excluye totalmente la formación religiosa." (Declaración Dignitatis humanae [DH] 5; Cf. c. 799 CIC; Santa Sede, Carta de los derechos de la familia, 24 de noviembre de 1983, art. 5, c-d). Esta afirmación encuentra correspondencia en la Declaración universal de los derechos humanos (art. 26), y en muchas otras declaraciones y convenciones de la comunidad internacional.

12. La marginalización de la enseñanza de la religión en la escuela equivale, al menos en práctica, a asumir una posición ideológica que puede inducir al error o producir un daño en los alumnos. Además, se podría crear también confusión o engendrar relativismo o indiferentismo religioso si la enseñanza de la religión fuera limitada a una exposición de las distintas religiones, en un modo comparativo y "neutral". A este respecto, Juan Pablo II decía: "La cuestión de la educación católica conlleva (...) la enseñanza religiosa en el ámbito más general de la escuela, bien sea católica o bien estatal. A esa enseñanza tienen derecho las familias de los creyentes, las cuales deben tener la garantía de que la escuela pública -precisamente por estar abierta a todos- no sólo no ponga en peligro la fe de sus hijos, sino que incluso complete, con una enseñanza religiosa adecuada, su formación integral. Este principio se encuadra en el concepto de la libertad religiosa y del Estado verdaderamente democrático que, en cuanto tal, es decir, respetando su naturaleza más profunda y verdadera, se pone al servicio de los ciudadanos, de todos los ciudadanos, respetando sus derechos, sus convicciones religiosas" (Discurso a los Cardenales y a los colaboradores de la Curia Romana, 28 junio de 1984).

13. Con estos presupuestos, se comprende que la enseñanza de la religión católica tiene una especificidad con respecto a las otras asignaturas escolares. Efectivamente, como explica el Concilio Vaticano II: "el poder civil, cuyo fin propio es actuar el bien común temporal, debe reconocer y favorecer la vida religiosa de los ciudadanos; pero excede su competencia si pretende dirigir o impedir los actos religiosos" (DH 3). Por estos motivos corresponde a la Iglesia establecer los contenidos auténticos de la enseñanza de la religión católica en la escuela, que garantiza, ante a los padres y los mismos alumnos la autenticidad de la enseñanza que se transmite como católica.

14. La Iglesia reconoce esta tarea como su ratione materiae y la reivindica como de competencia propia, independientemente de la naturaleza de la escuela (estatal o no estatal, católica o no católica) en donde viene impartida. Por lo tanto: "depende de la autoridad de la Iglesia la enseñanza y educación religiosa católica que se imparte en cualesquiera escuelas (...) corresponde a la Conferencia Episcopal dar normas generales sobre esta actividad, y compete al Obispo diocesano organizarla y ejercer vigilancia sobre la misma" (c. 804 §1 CIC; Cf., además, c. 636 CCEO).

b) La enseñanza de la religión en la escuela católica

15. La enseñanza de la religión en las escuelas católicas identifica su proyecto educativo. En efecto, "el carácter propio y la razón profunda de la escuela católica, el motivo por el cual deberían preferirla los padres católicos, es precisamente la calidad de la enseñanza religiosa integrada en la educación de los alumnos" (Juan Pablo II Exhortación apostólica Catechesi tradendae, 16 de octubre de 1979, 69).

16. También en las escuelas católicas, debe ser respetada, como en cualquier otro lugar, la libertad religiosa de los alumnos no católicos y de sus padres. Esto no impide, como es claro, el derecho-deber de la Iglesia de enseñar y testimoniar públicamente la propia fe, de palabra y por escrito, teniendo en cuenta que "en la divulgación de la fe religiosa y en la introducción de costumbres hay que abstenerse siempre de cualquier clase de actos que puedan tener sabor a coacción o a persuasión deshonesta o menos recta" (DH 4).

c) Enseñanza de la religión católica bajo el perfil cultural y relación con la catequesis

17. La enseñanza escolar de la religión se encuadra en la misión evangelizadora de la Iglesia. Es diferente y complementaria a la catequesis en la parroquia y a otras actividades, como la educación cristiana familiar o las iniciativas de formación permanente de los fieles. Además del diferente ámbito donde cada una es impartida, son diferentes las finalidades que se proponen: la catequesis se propone promover la adhesión personal a Cristo y la maduración de la vida cristiana en sus diferentes aspectos (Cf. Congregación para el Clero, Directorio general para la catequesis [DGC], 15 de agosto de 1997, nn. 80-87); la enseñanza escolar de la religión transmite a los alumnos los conocimientos sobre la identidad del cristianismo y de la vida cristiana. Además, el Papa Benedicto XVI, hablando a los docentes de religión, ha indicado la exigencia de "ensanchar los espacios de nuestra racionalidad, volver a abrirla a las grandes cuestiones de la verdad y del bien, conjugar entre sí la teología, la filosofía y las ciencias, respetando plenamente sus métodos propios y su recíproca autonomía, pero siendo también conscientes de su unidad intrínseca. En efecto, la dimensión religiosa, es intrínseca al hecho cultural, contribuye a la formación global de la persona y permite transformar el conocimiento en sabiduría de vida." A la consecución de tal fin contribuye la enseñanza de la religión católica, con la cual "la escuela y la sociedad se enriquecen con verdaderos laboratorios de cultura y de humanidad, en los cuales, descifrando la aportación significativa del cristianismo, se capacita a la persona para descubrir el bien y para crecer en la responsabilidad; para buscar el intercambio, afinar el sentido crítico y aprovechar los dones del pasado a fin de comprender mejor el presente y proyectarse conscientemente hacia el futuro" (Discurso a los docentes de religión católica, 25 de abril de 2009).

18. La especificidad de esta enseñanza no disminuye su naturaleza de disciplina escolástica; al contrario, el mantenimiento de ese status es una condición de eficacia: "es necesario que la enseñanza religiosa escolar aparezca como disciplina escolar, con la misma exigencia de sistematicidad y rigor que las demás materias. Ha de presentar el mensaje y acontecimiento cristiano con la misma seriedad y profundidad con que las demás disciplinas presentan sus saberes. No se sitúa, sin embargo, junto a ellas como algo accesorio, sino en un necesario diálogo interdisciplinario" (DGC 73).

En síntesis:

- La libertad religiosa es el fundamento y la garantía de la presencia de la enseñanza de la religión en el espacio público escolar.

- Una concepción antropológica abierta a la dimensión trascendental es su condición cultural.

- En la escuela católica la enseñanza de la religión es característica irrenunciable del proyecto educativo.

- La enseñanza de la religión es diferente y complementaria a la catequesis, en cuanto es una enseñanza escolar que no solicita la adhesión de fe, pero transmite los conocimientos sobre la identidad del cristianismo y de la vida cristiana. Además, enriquece la Iglesia y la humanidad de laboratorios de cultura y humanidad.

IV. Libertad educativa, libertad religiosa y educación católica

19. En conclusión, el derecho a la educación y a la libertad religiosa de los padres y de los alumnos se ejercitan concretamente a través de:

a) la libertad de elección de la escuela. "Los padres, cuya primera e intransferible obligación y derecho es el de educar a los hijos, tengan absoluta libertad en la elección de las escuelas. El poder público, a quien pertenece proteger y defender la libertad de los ciudadanos, atendiendo a la justicia distributiva, debe procurar distribuir las ayudas públicas de forma que los padres puedan escoger con libertad absoluta, según su propia conciencia, las escuelas para sus hijos." (GE 6; Cf. DH 5; c. 797 CIC; c. 627 §3 CCEO).

b) La libertad de recibir, en los centros escolares, una enseñanza religiosa confesional que integre la propia tradición religiosa en la formación cultural y académica propia de la escuela. "Deben esforzarse los fieles para que, en la sociedad civil, las leyes que regulan la formación de los jóvenes provean también a su educación religiosa y moral en las mismas escuelas, según la conciencia de sus padres" (c. 799 CIC; Cf. GE 7, DH 5). En efecto, la educación religiosa católica, impartida en cualquiera escuela, está sometida a la autoridad de la Iglesia (Cf. c. 804 §1 CIC; c. 636 CCEO).

20. La Iglesia es consciente que en muchos lugares en la actualidad, como también en épocas pasadas, la libertad religiosa no es plenamente efectiva, en las leyes y en la práctica (cfr DH 13). En estas condiciones, la Iglesia hace cuanto es posible para ofrecer a los fieles la formación que necesitan (Cf. GE 7; c. 798 CIC; c. 637 CCEO). Al mismo tiempo, de acuerdo con la propia misión (Cf. Concilio Vaticano II, Constitución pastoral Gaudium et spes, 76), no deja de denunciar la injusticia que se cumple cuando los alumnos católicos y sus familias son privados de sus derechos educativos y es herida su libertad religiosa, y exhorta a todos los fieles a empeñarse para que estos derechos sean efectivos (Cf. c. 799 CIC).

Esta Congregación para la Educación Católica está convencida de que los principios mencionados anteriormente pueden contribuir a encontrar una siempre mayor consonancia entre la tarea educativa, que es parte integrante de la misión de la Iglesia y la aspiración de las Naciones a desarrollar una sociedad justa y respetuosa de la dignidad de cada hombre.

Por su parte la Iglesia, ejerciendo la diakonia de la verdad en medio de la humanidad, ofrece a cada generación la revelación de Dios de la que se puede aprender la verdad última sobre la vida y sobre el fin de la historia. Esta tarea no es fácil en un mundo secularizado, habitado por la fragmentación del conocimiento y por la confusión moral, involucra a toda la comunidad cristiana y constituye un desafío para los educadores. Nos sostiene, en todo caso, la certeza -como afirma Benedicto XVI- que "los nobles fines [...] de la educación, fundados en la unidad de la verdad y en el servicio a la persona y a la comunidad, son un poderoso instrumento especial de esperanza" (Discurso a los educadores católicos, 17 de abril de 2008).

Mientras rogamos a Su Eminencia/Excelencia de hacer conocer a quienes están empeñados en el servicio y en la misión educativa de la Iglesia los contenidos de la presente Carta Circular, le agradecemos por su amable atención y en comunión de oración a María, Madre y Maestra de los educadores, aprovechamos gustosos la circunstancia para transmitirle el testimonio de nuestra consideración, confirmándonos

De Su Eminencia/Excelencia/Reverendísima

Devotísimo en el Señor

Zenon Card. GROCHOLEWSKI,
Prefecto

Jean-Louis BRUGUÈS, O.P,
Secretario


Martes, 08 de septiembre de 2009

ZENIT  publica la intervención que pronunció este domingo en Cracovia el profesor Andrea Riccardi, fundador de la Comunidad de Sant'Egidio, en el acto de inauguración de las jornadas de oración por la paz, que se clausuran este martes en Auschwitz.


A setenta años del inicio de la guerra mundial, hemos venido,  hombres  y mujeres de diferentes religiones, como peregrinos en la tierra que primero sintió el paso pesado del ejército alemán. El 1 de septiembre de 1939 empezó la invasión de Polonia, país mártir destinado a la aniquilación. La guerra, en pocos años, iba a condensar los males que la humanidad del siglo XX era capaz de producir. Durante la guerra, algunos judíos polacos escribían: "Sentimos como si en cada momento estuviéramos acercándonos al borde del abismo, un abismo con las fauces abiertas y listas para engullirnos". El abismo del Holocausto engulló -sin motivo alguno- a seis millones de judíos, a manos de los alemanes y de sus colaboradores.

El horror de la guerra es la mayor lección a nuestro tiempo. Una lección para meditar. La guerra es la muerte de todo lo que une a los pueblos, que se convierten en enemigos.

Pero del abismo de la guerra y del repudio a la guerra nació o renació el humanismo de nuestro tiempo, capaz -tal como nos ha dicho Benedicto XVI en su mensaje de hoy- de hacer realidad "una cultura y un estilo de vida marcados por el amor, la solidaridad y el afecto por el otro". De la guerra nació la voluntad de los europeos de tener un destino común: nunca más la guerra entre ellos. Me alegra ver la presencia entre nosotros del Presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso. Del crisol de la guerra renacieron las ideas de libertad, que llevaron al final del colonialismo; que liberaron al Este europeo tras el invierno de casi medio siglo de comunismo. Ninguna cultura política, ninguna visión del futuro, ningún humanismo, pueden olvidar el crisol del fuego que fue la Segunda Guerra Mundial. Una humanidad sin memoria produce políticas inconsistentes efímeras, sin futuro, presas de los fuegos artificiales del mundo mediático.

Los hombres y las mujeres que han sufrido en la guerra a menudo son maestros y testigos de la paz como búsqueda de lo que une a los pueblos. Un hijo de la guerra fue Juan Pablo II, que había nacido en 1920. Él, que se salvó de aquel mal, sentía la responsabilidad de explicar el horror de la guerra: narrar el destino común  de la humanidad que es la paz, no el abuso de unos sobre otros. Estamos en Cracovia, su patria, para homenajearle. Algunos tienen veneración por él como un gran papa. Otros, como gran maestro cristiano. Todos piensan que fue grande, como raramente se encuentra en la historia. Testigo de fe cristiana, fue también un maestro de humanismo.

En plena guerra fría, en 1986, en efecto, Juan Pablo II convocó en Asís, patria de san Francisco, a los líderes de las grandes religiones para rezar por la paz, no unos contra otros, sino unos con los otros. Desde entonces empezó a soplar el espíritu de Asís. Lo recuerda bien el cardenal Etchegaray, uno de los grandes artífices de aquel evento. Lo recuerda bien el cardenal Dziwisz, fiel como un hijo a Juan Pablo II, que sabe la importancia que el Papa daba a aquel acontecimiento histórico. Y aprovecho la ocasión para agradecer al cardenal por la hospitalidad y la colaboración generosa, sin la que este evento habría sido imposible; y por la hermosa liturgia con la que nos ha acogido.

La Comunidad de San Egidio comprendió que Asís debía continuar después del 86. Todavía oigo la voz fuerte de Juan Pablo II, en Asís, en 1986, que invitaba a continuar: la consideré como un llamamiento. El espíritu de Asís es diálogo entre las religiones, conscientes de la aportación decisiva que las religiones y el espíritu pueden hacer a la paz. Año tras año, nos hemos movido por países diferentes. Juan Pablo II apoyó este peregrinaje. Al finalizar aquella inolvidable jornada de 1986, dijo: "Juntos hemos llenado nuestros ojos con visiones de paz que liberan energías para un nuevo lenguaje de paz, para nuevos gestos de paz, gestos que romperán las cadenas fatales de las divisiones heredadas por la historia o creadas por las ideologías modernas. La paz espera a sus trabajadores...".

Tres años después, en 1989, en Polonia se rompieron las cadenas creadas por las ideologías. El fin del comunismo fue una transición pacífica, hecha con la fuerza de los desarmados. En los años setenta y ochenta, se decía que la historia sólo se podía cambiar con la violencia o la revolución armada.

En 1979, hace treinta años, Karol Wojtyla volvió, ya como papa, a Cracovia, y pidió a los polacos que no cedieran a la resignación. Parecía imposible hacer algo nuevo frente al muro contundente de la guerra fría. Sólo una nueva guerra mundial -se decía- podría derribar aquel muro. Juan Pablo II no quería una guerra, pero su amor por la paz no era resignación: creía en la fuerza del espíritu. Con el viaje a su patria en 1979 dio nuevo vigor al espíritu de los polacos y abrió una brecha de esperanza en un horizonte oscuro.

En 1989, a diez años del primer viaje, tuvo lugar un gran cambio histórico: de manera pacífica. Me dijo el papa en una ocasión. "Viendo el 89 se entiende que no rezamos en vano en Asís en 1986". La oración es una fuerza histórica. La Comunidad de Sant'Egidio, el 1 de septiembre de 1989, con muchos líderes religiosos fue a Varsovia en el nombre del espíritu de Asís. No rezamos en vano por la paz en África. Pienso en la paz de Mozambique. En la de Burundi.

Existe una corriente profunda, que las noticias no perciben. El espíritu cambia la historia. Los hombres, que a veces son hombres subterráneos como dice Dovstoyevski, cambian la historia. En 1958, cuando el cardenal Wyszynski, valiente primate de Polonia en los años oscuros, fue a Roma, un gran creyente italiano, el alcalde de Florencia, Giorgio La Pira, intuyó el futuro: "Wyszynski es la Iglesia que, perseguida, avanza y vence... El imperio comunista -a pesar de todas las apariencias- ya está tocado de muerte: las murallas de Jericó -a pesar de las apariencias - ya han sido abatidas...". Muchos se reían de las visiones de aquel soñador.

La fuerza de los mediocres y de los miopes es ridiculizar y desmenuzar las visiones de los grandes. Se reían de Juan Pablo II, cuando durante la guerra fría hablaba de una Europa que va desde el Atlántico hasta los Urales; pero luego quedaron atónitos en el 89. Juan Pablo II fue un gran creyente. Para muchos de nosotros fue un santo. No un relativista irénico, sino un firme creyente que creyó que el diálogo era indispensable para la paz: para crear una civilización de la convivencia.

El mundo tras el 89 tenía posibilidades de crear esa civilización. El mundo globalizado es una gran ocasión de paz. Muchos prefirieron confiar en una globalización económica, considerada como una providencia que lo lleva todo al bien (aunque de eso hablará mi amigo Michel Camdessus). Otros empezaron a ver un mundo guiado por la lógica del choque: choque de religiones o de civilizaciones. Y, sobre todo tras las sangrientos actos terroristas del 11 de septiembre de 2001, hemos asistido a la crisis del diálogo. Se ha afirmado -¡otra vez!- el uso de la fuerza y de la guerra, como instrumento para resolver los problemas. Los resultados tristes de esta política están ante nuestros ojos.

Se ha tildado al diálogo de ser un camino débil y perdedor. Pero la agresividad produce agresividad. El desprecio hace que resuciten muros de odio, enterrados desde hace apenas unas décadas.

Nosotros nos hemos mantenido firmes en estos últimos años, con la confianza de que el diálogo escribe la historia mejor. Nos hemos mantenido firmes, cuando nos decían para qué sirve el diálogo o cuáles son sus resultados. El diálogo es, como la oración, algo que no se puede medir con criterios miopes. ¿Qué sería el mundo sin oración?

Europa en su esencia es diálogo, como ha declarado el Presidente Barroso: "Europa representa una especie de laboratorio, hecho de unión de soberanías distintas, de respeto de las diferencias". El diálogo une los cabos de la unidad.

Nuestro mundo ha perdido demasiado la pasión por la unidad. Lo podemos ver en el escepticismo hacia Europa. Lo podemos ver en el culto de las patrias locales o en el retorno de los nacionalismos. Lo podemos ver en la desconfianza hacia el extranjero, como si fuera una amenaza. La caída de la pasión por la unidad se manifiesta en la poca preocupación por la unidad de los cristianos, preocupación que sí sintieron algunos grandes como Pablo VI, el patriarca ecuménico Atenágoras o el metropolita ruso Nikodim. El mundo globalizado, sin búsqueda de la unidad, enloquece y se rompe peligrosamente.

Cuando se produce la realización de nuestro mundo (incluso religioso), cuando vivimos en una profundidad espiritual limitada, se apagan las pasiones de unidad. El fundamentalismo legitima el desprecio por los demás en la autosuficiencia agresiva. Se contamina la pasión por el diálogo. Se renuncia a un arte necesario en el mundo de hoy, donde gente distinta convive junta, donde ningún país es autosuficiente. Sin el diálogo es difícil vivir en el mundo de hoy, es difícil vivir en los escenarios del gran mundo.

Para las religiones el diálogo es algo espiritual. El diálogo es conversión profunda y meditada, que nos llama al camino de Dios, empezando un diálogo con Aquel que está más allá de nosotros.
Es significativo que, para los musulmanes, este sea el tiempo sagrado del Ramadán, ayuno, purificación y retorno a Dios. Gran ocasión (hasta el punto que el Profeta dice: "Cuando llega el Ramadán se abren las puertas del Paraíso, y se cierran las del Fuego, y los demonios quedan atados"). Un creyente de rara inteligencia, el obispo Pietro Rossano recordaba que "toda religión, cuando manifiesta lo mejor de sí misma, tiende a la paz". Volver a Dios lleva misteriosamente a redescubrir el gran valor de la paz. Para algunas religiones la paz es el nombre de Dios. Vivir profundamente la propia fe no lleva a divergir sino a converger hacia los demás. Jesús enseña: "bienaventurados los humildes, porque heredarán la tierra". Poseer la tierra no significa dominarla, derrotar o despreciar al otro, sino ejercer la humildad y la comprensión.

Karol Wojtyla se maravillaba de la trama que une a las religiones,  aun en su radical diversidad: "en lugar de maravillarnos -escribía- porque la Providencia permite una variedad tan grande de religiones, nos deberíamos maravillar más bien por los numerosos elementos comunes que tiene".

Un mundo globalizado,  en sus infinitas facetas, necesita unidad. El diálogo entre las religiones es el alma de esta unidad. No es un rito, sino una pasión. El espíritu de Asís nos impulsa a atestiguar públicamente -como haremos en el momento final en la plaza del mercado de Cracovia, tal como venimos haciendo desde 1986- la voluntad de estar juntos: distintos y en paz. El diálogo es el trabajo de costura paciente de una humanidad dividida, capaz de volver a coser los destinos de los pueblos. Revela aquel misterio de unidad que se esconde detrás de las historias complejas del mundo globalizado. El diálogo es la medicina que libera de los demonios del odio, del desprecio, de la guerra.

Siempre el recuerdo del sufrimiento -como ha dicho esta mañana en su hermoso discurso el metropolita Serafim- es evocado en nuestros encuentros en el espíritu de Asís. Dentro de dos días, nuestro congreso se convertirá en peregrinaje hasta el borde del abismo del dolor, Auschwitz. Allí, en un día de ayuno, nos haremos peregrinos. No se puede tener una idea abstracta del mal, de la división y de la guerra. No basta con eso. Hay que pisar un lugar, ver, sentir, tocar. Ese es el sentido del peregrinaje en todas las religiones. Y es el sentido del peregrinaje de las religiones a Auschwitz, abismo del mal. Allí, en el borde del abismo del que no se ve el fondo, se siente la necesidad de indicar otro camino para la humanidad el destino común de los pueblos en la paz.

A setenta años del inicio de la guerra, por las calles de la hermosa y noble Cracovia, como también por los senderos tristes de Auschwitz, no resuena el paso de las tropas de ocupación, ni el paso cansado de los deportados o de un pueblo humillado; resuena el paso amigo de los peregrinos de distintas religiones. Esto no habría sido posible hace setenta años, cuando la división de la guerra se unió a las divisiones culturales y religiosas, heredadas de la historia. Fue posible hace veinte años, en 1989, en Varsovia, cuando el mundo estaba cambiando. Hoy es posible estar juntos. No podemos desperdiciar una ocasión así frente a una globalización enloquecida en la crisis económica. Gente de religiones distintas se reúne, sin confundirse, buscando lo que une. Escruta el futuro en el diálogo, como soñaban en tiempos lejanos Raimon Llull y Nicola Cusano. E indica la voluntad de continuar caminando juntos por el camino del diálogo y de la paz. Porque estar juntos, sin confusión pero sin divisiones, manifiesta el destino común de la humanidad. A ese destino hay que darle una alma.


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ZENIT publica la intervención que pronunció el lunes, 7 de Septiembre de 2009,  en Cracovia monseñor Alfredo H. Zecca, rector de la Pontificia Universidad Católica Argentina, en las jornadas de oración por la paz, que se clausuran este martes en Auschwitz.

El legado de América Latina a la humanidad 

A primera vista, contemplando la inmensa y variada realidad latinoamericana, resulta difícil decidir por dónde comenzar. Pero, uniendo esta temática al objeto y características de la reunión a la cual la Comunidad de San Egidio ha tenido la amabilidad de invitarme, se me ocurre buscar en la historia de nuestros países elementos que estén operando en el presente y puedan proyectarse hacia el porvenir.

Pienso, así, en los orígenes históricos de los países latinoamericanos: el afán a la vez conquistador y colonizador de España, el encuentro asombroso y la integración con el indígena de esas tierras, la transferencia de la cultura europea de nuestras ciudades, los debates y avances de todo tipo que este proceso provocó, la formación de una generación nativa que absorbe las nuevas ideas, el incipiente progreso material, el fértil terreno que la Iglesia católica encontró en esta nueva empresa apostólica, los vaivenes de la historia europea que alimentaron el deseo juvenil de independencia por parte de los primeros líderes de nuestros países, el desarrollo político, económico, social y cultural autónomo que llega hasta nuestros días y, finalmente, la apertura dinámica a un mundo globalizado que caracteriza el momento actual.

Con sus luces y sombras, son éstas las etapas por las que pasó nuestro continente.

Europa nos trajo cultura, Europa nos trajo progreso, Europa nos trajo la Fe. Así, con inmenso optimismo y ante un mundo expectante, a principios del siglo XIX América Latina se sumó al bloque de los países occidentales libres.

Hoy nos cuesta reconocer este continente al que muchos han llamado "la esperanza de la Iglesia", y "la esperanza de la humanidad". Países prósperos y florecientes, parecen no encontrar el rumbo para alcanzar el bien común de sus pueblos y la cultura, una vez pujante y prometedora, parece hundirse en la mediocridad y la banalización.

Actualmente el mundo se debate entre el terrorismo fratricida y la represalia genocida; entre el consumismo indiferente a la indigencia de muchos, y la pobreza que es un desafío para la dignidad humana. El proceso de globalización que vivimos no siempre se compadece con un adecuado respeto por las riquezas propias de cada cultura.  Las naciones más pobres se debaten entre las exigencias derivadas de endeudamientos contraídos y en algunos casos no aciertan a encontrar el camino para su legítimo desarrollo. Procesos de corrupción de todos conocidos no colaboran en el hallazgo de soluciones creíbles. Realidades como la familia, la niñez, la juventud, la mujer no siempre son correctamente valoradas.

Todo esto parecería mostrarnos un panorama más bien desalentador sobre la realidad latinoamericana.

Sin embargo, aún en medio de grandes desafíos, considero que América Latina tiene un legado que ofrecer a la humanidad, y es sobre este legado que quiero llamar la atención a través de estas palabras.

Todos nuestros países, nuestras sociedades, nuestras economías, nuestros gobiernos, nuestra historia: todos tenemos matices, acentos, diferencias. Pero nos unen las mismas raíces culturales y religiosas. Nos une también una misma esperanza ante el futuro. Nos une una pureza de costumbres e ideales que, a pesar de todo, siempre se abren paso.

Hoy como siempre, el mensaje de la doctrina social de la Iglesia es capaz de prestar nueva luz a este panorama, e iluminar a los latinoamericanos con la verdad manifiesta de que todos los hombres hemos sido creados para vivir la comunión, unos con otros.

Y a partir de aquí, somos capaces de levantar toda una cosmovisión que va poniendo claridad en el andamiaje social y que va enunciando algunos principios fundamentales a partir de los cuales es posible ordenar la convivencia social según el Evangelio. Estos principios son especialmente aplicables a la realidad latinoamericana, ya que acuden para prestar sentido a las demandas actuales de todo tipo que nos acechan:

-    En primer lugar, el principio de la dignidad común y fundamental de la persona humana nos hace mirar al prójimo con otros ojos, en los que se refleja la alegría de reconocernos hermanos.

-    Los principios de la existencia de un bien común internacional y de la solidaridad entre los pueblos nos ayudan a analizar problemas tan graves hoy como el terrorismo, la ecología, la deuda externa y muchos más.

-    La idea de la globalización de la solidaridad nos amplía enormemente las posibilidades para resolver los problemas de muchos hermanos, aún distantes.

-    La importancia asignada por la doctrina social de la Iglesia a la "justicia social" nos hace ver que es posible combatir la pobreza y la marginación.

-    La opción preferencial por los pobres nos enseña a amar a los hermanos más necesitados y a procurar su bienestar.

-    El auténtico progreso del género humano ligado al destino trascendente de la personas nos empuja a salir del materialismo y la superficialidad.

-    La prioridad de una ética no utilitarista nos enseña a poner en el centro del ordenamiento social a la persona humana

-    La violencia y el terrorismo como opuestas al auténtico espíritu religioso nos hacen valorar una vez más la trascendencia del hombre. .

-    La justicia y el perdón como los fundamentos de la paz nos permiten trabajar el ordenamiento internacional sobre bases más sólidas y firmes.

-    La confianza recíproca, que debe renovarse siempre, nos alienta a hacer de nuestro mundo un ámbito más seguro y humano.

-    La promoción de un estilo de vida sencillo y austero nos ayuda a acercarnos al prójimo y a descartar la vorágine consumista e irresponsable de nuestras sociedades.

-    La valoración de la familia nos proporciona un ámbito más plenificante donde nacer, criarnos y educarnos.

-    La problemática de los inmigrados nos llama a vivir el valor evangélico de la fraternidad y a realizar el plan de Dios de una comunión universal

-    El reconocimiento de la función de la juventud como elemento dinamizador del cuerpo social, proporciona a los jóvenes un lugar insustituible en el cuerpo social.


Hoy estoy convencido de que América Latina tiene un gran futuro. Si privilegiamos aquellos muchos elementos que nos unen frente a aquellos pocos que nos dividen, entonces encontraremos en nosotros el potencial para un ejemplo para el resto del mundo. La unidad del género humano es una realidad más fuerte que las divisiones contingentes que separan a los hombres y los pueblos. Estas divisiones son sólo coyunturales. La verdad más profunda es la otra: el llamado a la comunión.

Estimados miembros y amigos de la Comunidad de Sant'Egidio: nuevamente expreso mi gratitud por estar compartiendo con ustedes este encuentro. Que el Señor nos ilumine a todos: a los pastores, para que podamos cumplir la misión que Dios nos pide y a los laicos, para que su gestión en el mundo sea eficaz y evangelizadora. Esta es la hora de los compromisos, tanto en América Latina como en todos los continentes, para levantar un mundo nuevo más fraterno, la tan ansiada civilización del amor entre todos los pueblos.


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Homilía de monseñor Marcelo Daniel Colombo, obispo de Orán en la fiesta de San Ramón Nonato, patrono de la diócesis. (AICA)
(31 de agosto de 2009)


SAN RAMÓN NONATO 

Textos bíblicos
Sabiduría: 10, 10. 12-14
Salmo Responsorial: 70, 1-2. 3-4. 5-6. 15b-16 1
Corintios: 9, 19.22-25
Evangelio de Mateo: 10, 16-20

Queridos hermanos y hermanas, Estamos celebrando la fiesta de San Ramón, y las calles de nuestra ciudad, plena del bullicio de los peregrinos, nos hacen pensar en la devoción que nos une a este Santo maravilloso, entregado a la predicación generosa y heroica del Evangelio de la Libertad. Celebramos la memoria de un testigo fiel de Cristo y como él somos invitados a dar nuestro sí de cada día.

Los días precedentes fueron preparando nuestro corazón para esta gran fiesta, la nutrida concurrencia a nuestra Catedral, así como en otros lugares donde se celebraba la novena, a partir de la reconciliación sacramental y la oración confiada al Padre, buscaban hacernos sintonizar con el tiempo de gracia que significa una fiesta patronal. Los lapachos florecidos a lo largo de nuestras calles y caminos, expresan esa disposición de nuestro interior. Con ellos queremos hacer patente la belleza de la condición humana elevada por su Creador.

Pero además celebramos un nuevo cumpleaños de nuestra ciudad. Anoche nomás, a los pocos minutos de comenzado el nuevo día, le cantamos el cumpleaños feliz 215 a San Ramón de la Nueva Orán. Los cristianos lejos de sentir la ciudad como un obstáculo, nos sentimos capaces de buscarlo a Dios en ella, y hacerlo presente en el horizonte de nuestras vidas, de nuestras celebraciones y nuestras esperanzas.

En la primera lectura (Sabiduría 10,10.12-14), la Palabra de Dios nos hace ver cómo el hombre que guiado por la Sabiduría, puede dejar atrás el sinsentido del rencor, y ver preservado su corazón de sentimientos y actitudes negativas que lejos de llevarlo a su plenitud, lo colocan en un lugar de dependencia peligrosa de sus propias fuerzas.

En la segunda lectura (1 Corintios 9,19.22-25), nos presenta a un Pablo decidido a todo para ganar a sus hermanos para la causa del Evangelio. Como testigo de Cristo, no ahorra ninguna iniciativa que lo ponga al servicio de los más pobres, de los débiles, de los que sufren. Ganar a sus hermanos para Cristo, es la consigna que Pablo reitera enfáticamente. Y nos la propone como un estilo de vida.

En el Evangelio (Mateo 10,16-20), Jesús les enseña a sus discípulos el precio que deberán afrontar por causa del anuncio evangélico: persecuciones, juicios, entregas traicioneras, odio y oposición… Ser de Cristo supone adoptar un estilo de vida que molesta, que causa fastidio y rechazo entre los que no han conocido al Señor. La advertencia de Jesús, lejos de querer hacerlos desistir, parece ser un anticipo para ponerlos en alerta frente a las amenazas que vendrán.

Todas las lecturas nos permiten relacionar nuestra reflexión con la vida de San Ramón, un hombre que amaba su servicio pastoral y estaba convencido de la importancia que éste revestía. Por eso no lo amilanó la posibilidad de ir en rescate de los cautivos y ofrecer su propia vida, reiterando con su gesto generoso y sacrificial, la entrega de Cristo en la Cruz. Pero ni así, encarcelado y vendido como rescate, dejaba de predicar a Cristo. La perplejidad de los carceleros, los hacía adoptar medidas más crueles contra el pobre Ramón, torturas físicas, golpes, incluyendo el acallarlo cosiéndole los labios. Cristo había ganado en Ramón. Ninguna tortura podría contra su disponibilidad absoluta a la causa del evangelio.

San Ramón nos invita a procurar con insistencia que todos y todas podamos tener nuestra participación consciente y decidida en la evangelización, en el anuncio del Reino, presente entre nosotros. Como comunidad diocesana no podemos contentarnos con llegar a unos pocos con el Evangelio de Cristo, sino en procurar que muchos tengan vida, y la tengan en abundancia. Como San Ramón debemos ir hasta el fondo de nuestras posibilidades pastorales, para encontrar allí a Cristo y al hermano.

En el marco de nuestras respuestas como Iglesia particular, tenemos un instrumento pastoral precioso, fruto de la reflexión de todos y todas en la diócesis: nuestro Plan Pastoral Diocesano, que orienta precisamente nuestra actuación, a partir de sus objetivos específicos, cuidadosamente enunciados:

OBJETIVO ESPECÍFICO 1 Promover un auténtico espíritu de conversión, en orden a la comunión, a través del encuentro, la reflexión y fiesta de la comunidad.

OBJETIVO ESPECÍFICO 2 Promover el crecimiento del sentido de pertenencia a la Iglesia diocesana, de corresponsabilidad evangelizadora y de servicio al pueblo a través de una formación integral y permanente de todos.

OBJETIVO ESPECÍFICO 3 Promover el diálogo y el respeto mutuo asumiendo la diversidad de los pueblos y culturas de nuestra comunidad diocesana.

Estos objetivos exigen una pedagogía y un modo de realización de cada uno de ellos, y se traducen en programas pastorales, sencillos y verificables, ya propuestos en el mismo plan pastoral. Ciertamente, estamos en las mejores posibilidades para empezar con decisión y coherencia. Luego vendrá la evaluación, a los efectos de mejorar y profundizar los pasos dados, para lo cual contamos con los canales ordinarios de discernimiento pastoral que la diócesis tiene o volverá a tener a partir de esta nueva etapa: el consejo presbiteral, el consejo pastoral, los organismos técnicos y pastorales de la diócesis, la reflexión de las propias parroquias.

Queridos hermanos y hermanas: Celebrar la fiesta de San Ramón, nos invita a anunciar a Cristo en nuestra diócesis, proclamar con toda la fuerza de nuestras vidas, su voluntad de que todos y todas tengamos vida plena en Cristo. Con él, nos ponemos en marcha, con voluntad de perseverar en el camino trazado al servicio de la evangelización.

Que María, estrella de la Nueva Evangelización, nos ayude a partir sin demora (Lc. 1,39) en la misión.

 Mons. Marcelo Daniel Colombo, obispo de Orán


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Alocución televisiva de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata en el programa “Claves para un mundo mejor”. (AICA)
(Sábado 5 de septiembre de 2009)


NECESITAMOS EVANGELIZAR LA CULTURA

 

“Días pasados estuve en la Ciudad de Asunción, en Paraguay, participando del “IV° Encuentro de Responsables de Centros Culturales Católicos del Cono Sur” y allí tomé conciencia de cuanta gente ve este programa, “Claves para un Mundo Mejor”, en ese país”.

“Aprovecho entonces para saludar a los hermanos paraguayos que nos están viendo. Debo decirles que me llamó la atención que resulté ser bastante conocido, por lo menos entre las personas con las cuales estuve en aquellos días y me mencionaban esta presencia semanal televisiva”.

“Ese encuentro ha sido importante porque, como ocurre periódicamente, ha servido para revisar un propósito fundamental de la Iglesia hoy día. Esto es la evangelización del cultura”.

“Este nombre, este concepto de “Evangelización de la Cultura” u otro que es recíproco y prácticamente sinónimo que es “Inculturación del Evangelio” se ha convertido en un lenguaje común en el discurso pastoral de nuestros días pero apunta a algo que ha ocurrido siempre. Cuando Jesús envió a sus apóstoles, antes de volver al Padre, les brindó un mandato misionero: “vayan y hagan que todos los pueblos sean discípulos míos”.

“Ese mandato podría traducirse o interpretarse así: vayan e inculturen el Evangelio en todas las naciones. O bien: vayan y evangelicen, cristianicen todas las culturas. Por eso el Papa Juan Pablo II sostenía que la fe no arraiga plenamente en un pueblo si no se hace cultura. Es decir sino impregna los criterios de juicio, los valores determinantes, las líneas de pensamiento, los modelos de vida de un pueblo. La cultura es, en el fondo, el estilo de vida de un pueblo determinado”.

“Ahora bien: la presencia del cristianismo en el mundo, la presencia de los cristianos que son portadores de la luz y la gracia del Evangelio, tiende a impregnar la vida concreta de una población, a hacerse cultura”.

“En nuestros días, nosotros encontramos problemas muy serios en este capítulo de la misión pastoral de la Iglesia”.

“Tanto en América Latina como en la Argentina existe un sustrato cultural que, desde sus orígenes, está marcado por la fe cristiana. Ha quedado mucho de aquella primera evangelización y de los aportes posteriores de tal manera que podemos decir que en los pueblos de América Latina hay una concepción bíblica del hombre, hay una referencia esencial a los principales misterios de la fe cristiana como Cristo Salvador, a su Pasión y Resurrección, a la Virgen Santísima como Madre del Pueblo y de la Iglesia”.

“Sin embargo ese sustrato cultural fue alterado por la presencia de ideas, de modelos de conducta, de ideologías contrarias a esta tradición cultural originaria, y contrarios a la Palabra de Dios, al Evangelio, a la predicación cristiana”

“Entonces la evangelización de la cultura, en este momento, supone no solo un acercamiento, una empatía para conocer cual es el terreno en el cual nos estamos moviendo sino también un discernimiento crítico. Esto es que sepamos detectar donde están los desvalores que afectan a ese sustrato cultural para irlos purificando y para ir transformando desde dentro esa cultura vívida de tal manera que ella sea plenamente humana y que responda a los valores fundamentales que recibimos de la revelación de Cristo”.

“La V° Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, celebrada en Aparecida, en Brasil, proponía que cada bautizado, cada miembro de la Iglesia se reconozca a sí mismo como discípulo misionero de Jesucristo. Allí está la clave: como se transforma, como se cristianiza esta cultura a la cual vemos tantas veces con indiferencia, con hostilidad, respecto de los valores cristianos y que, por tanto, está también en trance de una progresiva deshumanización”.

“¿Cómo se la transforma? Sólo por la presencia testimonial y coherente de cristianos que vivan de un modo auténtico su fe. Es decir que sean verdaderos discípulos y misioneros de Jesucristo. ¿Para qué? Para que Cristo sea reconocido como el salvador del mundo y el Señor de la historia y para que nuestros pueblos, los pueblos de América Latina, tengan vida plena en Él. Hasta la semana próxima si Dios quiere”

Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata


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DOMINGO 24 DEL TIEMPO ORDINARIO / B      
13 de septiembre de 2009

El Señor esté con vosotros.

Estamos ya en días de principio de curso en las escue­las.Todo va volviendo a la normalidad, y el ambiente propio del verano ya va quedando atrás. Por eso, hoy, nuestra Eucaristía puede ser un buen momento para fortalecer nuestras ganas de afrontar el nuevo curso com más alegría cristiana, con más fidelidad al Evangelio y con más espíritu de comunidad. Sin duda Jesús nos va a acompañar en este deseo y nos llenará con su gracia.

A. penitencial: Preparémonos ahora, en unos momentos de silencio, para vivir intensamente esta celebra­ción. Pidámosle a Dios, nuestro Padre, que nos dé su perdón y transforme nuestro corazón para que se abra a su amor. (Silencio).

- Tú, que has sido enviado a sanar los corazones afligidos. SEÑOR, TEN PIEDAD.
- Tú, que has venido a llamar a los pecadores. CRISTO, TEN PIEDAD.
- Tú, que estás sentado a la derecha del Padre para inter-ceder por nosotros. SEÑOR, TEN PIEDAD.

1. lectura (Isaías 50,5-9a): La primera lectura de la Palabra de Dios que ahora vamos a escuchares un antiguo anuncio profético que nos habla de un siervo de Dios maltratado y perseguido. Un anuncio que luego volveremos a escucharen el evangelio, en boca de Jesús.

Salmo (114): En las palabras de Isaías que acabamos de escuchar nosotros vemos un anuncio de la pasión de Jesús. Ahora, como respuesta, nos uniremos a la ora­ción del salmo como si fuera una oración del propio Jesús, que da gracias al Padre porque lo ha salvado de la muerte.

2. lectura (Santiago 2,14-18): La carta de Santiago que leemos en estos domingos en la segunda lectura nos invita a tomarnos en serio nuestra fe. Escuchemos atentamente lo que esto significa.

Oración universal: Cuando nos reunimos cada domingo para celebrar la Eucaristía, no lo hacemos pensando sólo en nosotros mismos, sino que, al venir aquí, trae-mos con nosotros las esperanzas y las angustias de todos nuestros hermanos, los hombres y mujeres del mundo entero. Por eso, ahora, presentemos nuestras plegarias con el espíritu abierto a toda la humanidad. Oremos diciendo: ESCÚCHANOS, PADRE.

Por la Iglesia. Para quedé un buen testimonio de des-prendimiento de todo poder, como Jesús. OREMOS:

Por los pastores de la Iglesia. Para que lleven el gozo y la esperanza a todo el pueblo cristiano. OREMOS:

Por los que se preparan para el sacerdocio o para la vida religiosa. Para que vivan muy profundamente su unión con Jesús. OREMOS:

Por los gobernantes de las naciones. Para que trabajen de todo corazón al servicio de todos los ciudadanos, y especialmente de los más necesitados. OREMOS:

Por los chicos y chicas que en estos días comienzan el curso escolar. Para que crezcan sanos de cuerpo y de espíritu. OREMOS:

Por los que estamos aquí reunidos celebrando la Euca­ristía. Para que nuestra fe se manifieste siempre en nuestra manera de actuar. OREMOS:

Escucha, Padre, la oración de tu pueblo,ycondúcenos por el camino de tu Reino. Por Jesucristo...

Padrenuestro: Confiadamente, como Jesús nos enseñó, nos atrevemos a decir:


CPL


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Plegaria a Nuestra Señora del Socorro (Güimar, Tenerife) de Monseñor Damián Iguacen Borau, obispo emérito de la Diócesis de Tenerife sacada del programa de “Coronación Canónica de Nuestra Señora del Socorro” (16, 17, 18 y 19 de Octubre de 2008). 

Plegaria a Nuestra Señora De El Socorro. 

Despertar del sueño cada mañana es como volver a vivir. Un grito de alegría y de agradecimiento ha de brotar de lo más profundo de nuestro corazón: `"Por la mañana. Señor, proclamamos tu misericordia y de noche tu fidelidad". Cada día comenzamos de nuevo. "Bendita la mañana que anuncia tu esplendor al universo". Gracias, Señor, porque me has creado, porque me has redimido, porque me has hecho cristiano, porque me has conservado la vida hasta este instante. Nuestro más grande tesoro es la vida en gracia de Dios, que es la que da sentido a nuestra vida humana, y garantiza nuestra eterna felicidad. Cuidemos delicadamente esta vida. 

Mientras vivimos aquí, nuestra vida está llena de problemas, riesgos y dificultades, tenemos tentaciones y pruebas, nos vemos en situaciones comprometidas, tenemos momentos de miedo, tenernos que pedir socorro muchas veces, porque nos sentimos impotentes. Qué horrible es pedir auxilio y que nadie responda, gritar: ¡Socorro!, y no hallar respuesta. Qué trágico y desesperante pedir socorro y confiar únicamente a la ciencia, a la técnica, al saber humano, ídolos, dioses falsos, que no nos pueden salvar. La solución total de los profundos problemas humanos no nos la pueden dar los medios humanos. "Nuestro auxilio es el nombre del Señor". 

Y aquí te encontramos, Virgen María, "Nuestra Señora del Socorro". Qué dicha, qué consuelo tenerte tan cerca. Desde siglos aquí te invocamos como Virgen de el Socorro. Nuestros antepasados te llamaron "Madre del Sustentador del Cielo y de la Tierra". Tú eres la Madre de Dios, Madre del Salvador, Madre del Redentor, del que se encarnó en tus purísimas entrañas para ser Socorro nuestro, "Cordero de Dios que quita el pecado del mundo". El pecado está, precisamente, en la raíz profunda de todos nuestros males; el Señor, que de ti ha nacido, es el único que puede "librarnos del mal". 

Tú eres "Nuestra Señora de el Socorro"_ tú eres la "Transmisora" fiel de nuestras llamadas de socorro; tú eres la más potente "Emisora", cuyas "ondas" son capaces de atravesar los espacios y llegar sin interferencia alguna hasta el Corazón de Dios, Padre todopoderoso, clemente y misericordioso, de donde nos viene el Auxilio, el Amparo, el Socorro. Tú eres la "Estrella luminosa" que orienta nuestro caminar por la vida y el "Socorro" en las emergencias del camino. Qué bien suenan aquí estas tres advocaciones tan queridas: Virgen Madre del que sustenta el cielo y la tierra, Virgen del Amparo, Virgen del Socorro. Bajo tu amparo nos acogemos, con inmensa confianza. "Si, para nos valer, tanto vales, da remedio a nuestros males". 

Nuestra confianza en Nuestra Señora de el Socorro ha de ser total, pero no temeraria. "Invocar a la Virgen María e intentar imitarla son dos cosas que han de ir siempre juntas". Honrar a Nuestra Señora de el Socorro, llevarla en procesión, tenerle devoción, nos obliga a tres cosas: acudir a Ella en nuestras necesidades y peligros, poner de nuestra parte los medios para evitar los peligros de alma y cuerpo, y estar dispuestos a socorrer a los demás. No basta con decir: "Yo quiero mucho a mi Virgencita", hay que hacer esfuerzos para no descuidarnos en la vida religiosa y moral, nos hemos de parecer a Ella y tenernos que ser, también nosotros, "socorro" para nuestros prójimos. 

Honrar a Nuestra Señora de el Socorro nos obliga a ser muy sensibles al "clamor elemental" de millones de seres humanos a los que nadie atiende, a las innumerables llamadas de socorro que se pierden sin respuesta de nadie. Hemos de estar muy atentos al "sordo clamor" de cuantos sufren en el cuerpo y en el alma. A toda llamada de socorro hay que responder adecuadamente; una respuesta inadecuada empeora la situación. Cuántas llamadas sin respuesta, o con respuestas que no son las debidas. Seremos juzgados por lo que hacemos y por el modo cómo lo hacernos. Santa María del Socorro, enséñanos a conocer la realidad, para obrar con eficacia. 

Nuestra Señora de el Socorro, échanos una mano en estos tiempos difíciles, para que nos mantengamos serenos y equilibrados. Perder el equilibrio es caer, y las caídas siempre hacen algún daño. Es mucho el daño que podemos hacer, si actuamos de forma desequilibrada y loca, cuando no mantenemos un equilibrio mental y emocional. Ante tantas cosas desconcertantes que vemos es fácil sufrir un mareo, una especie de vértigo en el espíritu, nos da vueltas la cabeza y el corazón se nos desequilibra. Santa María del Socorro, ven en ayuda de todos los que están desconcertados, desorientados. 

Nuestra Señora de el Socorro. "mantén el ritmo de nuestra espera". No sabernos esperar. Unos tienen el problema de "¡ya!", otros el de "¿ya?" Echarnos a perder muchas cosas por no saber esperar con una esperanza activa. y no escapamos a la tentación de la cobardía, de la dilación, de hacer esperar. La lentitud en aplicar el remedio puede ser una tremenda injusticia. Con tus ruegos hiciste que Jesús convirtiera el agua en vino; haz que el Señor convierta nuestro corazón sucio en un corazón limpio, nuestro corazón duro en un corazón sensible, nuestro corazón frío en un corazón ardiente. 

Nuestra Señora de el Socorro, no permitas que nos seduzca el mundo que nos rodea; que sepamos descubrirlo corno disfrute honesto y corno tarea; que sepamos estar en él con una presencia activa, transformadora, evangelizadora; que trabajemos de tal manera que dejemos detrás de nosotros un mundo más justo, más fraterno, más habitable, mejor dispuesto a recibir la salvación de Dios. 

Nuestra Señora de el Socorro, hay mucha gente buena que está muy defraudada, que se está cansando de ser buena: socórrelos. Hay valientes defensores de la justicia y de la verdad a los que impulsa un celo sincero y el mejor deseo de servir a Dios, pero que quizás tengan que cuidar el modo. El auténtico celo es amor que cuida, que protege, que busca soluciones, que no se resigna sin más con la condena y el castigo, que se desvive y quiere que todo se solucione, que todos se salven, que todos lleguen al conocimiento de la verdad. Ven en nuestro socorro, para que hagamos siempre y digamos siempre la verdad con amor, siempre con mansedumbre y humildad. 

La vida no es bella sin paz interior. Nuestra Señora de el Socorro, mar siempre en calma, socórrenos, ayúdanos a luchar- contra los elementos perturbadores y sepamos mantenernos siempre serenos. Sácanos de la mediocridad, de la vulgaridad; que no seamos como cañas agitadas por el viento. Necesitarnos personas que inspiren confianza, buenos guías, que ahuyenten nuestras preocupaciones inútiles, nuestros miedos y angustias, que inspiren serenidad, seguridad, confianza en el pueblo cristiano desorientado. 

Santa María de el Socorro, que ningún problema planteado entre nosotros lo convirtamos en conflicto; que las inevitables divergencias y discrepancias en el enfoque y tratamiento de los problemas, no rompan la unidad y el amor fraterno; que veamos claro que ninguna situación puede justificar una enemistad; que la paz de Cristo actúe siempre de árbitro en nuestros corazones.

Al que pide socorro no se le puede hacer esperar. 1lemos de tomar conciencia que es urgente remediar el mal. Cada día que pasa, el pobre es más pobre, el marginado se queda más atrás, el débil queda más lejos, el pecador está más cerca de la perdición. No podemos perder el tiempo. Santa María de el Socorro, ayúdanos a valorar el tiempo, a amar nuestro tiempo, a no traicionar nuestro tiempo, ni nuestra tierra, ni nuestras gentes. Pon en nuestras almas una inquietud que nos haga aprovechar el tiempo. Trabajemos sin mirar al tendido, hagamos las cosas para la gloria de Dios y el bien de nuestro prójimo, no para la galería. Intentemos vivir en profundidad y en serio. No queramos aparentar, sino ser.

 Gracias, Señor, por Santa María. Me encanta contemplarla como Amparo y Socorro para remedio de nuestras debilidades, limitaciones y discapacitasiones. Ya sé a quién acudir en los momentos de peligro. Ya sé a quién llamar pidiendo auxilio. Estamos en un mundo lleno de problemas y miserias, entre gentes que sufren, entre muchas pobrezas. Tú, Nuestra Señora de el Socorro, nos enseñas que lo mejor que podemos ofrecer hoy a nuestro mundo es el amor misericordioso, el mejor regalo es derramar sobre él abundantemente la misericordia, multiplicar por doquier los signos de la misericordia divina. La misericordia es compasión y remedio. Aquí te llamamos, te invocamos como Amparo, Remedio, Socorro. Enséñanos a ser misericordiosos. Jesús ha hecho de la misericordia un mandato: "Sed misericordiosos". 

En nosotros la misericordia es muy limitada, los medios de que disponemos personalmente son insuficientes para quitar la miseria de la faz de la tierra. Pero, esto no nos puede servir de disculpa para inhibimos. Podemos hacer mucho más de lo que nos parece. No podemos pasar de largo ante los problemas de la gente. No podemos andar con rodeos cuando encontramos tantas personas malheridas por los caminos de la vida, tiradas por el suelo. Tú, oh María, nos enseñas a ser Socorro. Que sepamos pasar por la vida haciendo el bien. Conviértenos, como Tú, en socorro, en un rico presente de caridad, en tu Iglesia, para el mundo, a la gloria de Dios, que quiere que todos se salven y entren en el conocimiento de la verdad. 

Mons. Damián Iguacen Borau


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Lunes, 07 de septiembre de 2009

ZENIT nos ofrece el texto de la homilía pronunciada el domingo, 6 de Septiembre de 2009,  por el Papa durante la Eucaristía celebrada en la explanada del Valle Faul, durante su visita pastoral a las ciudades italianas de Viterbo y Bagnoregio.

¡Queridos hermanos y hermanas!

Verdaderamente inédito y sugestivo es el escenario en el que celebramos la Santa Misa: nos encontramos en el “Valle” frente a la antigua Puerta llamada Faul, que con sus cuatro letras recuerda las cuatro colinas de la antigua Viterbium, o sea, Fanum-Arbanum-Vetulonia-Longula. De un lado, se erige imponente el Palacio, un tiempo residencia de los Papas, que – come ha recordado vuestro obispo – en el siglo XIII vio hasta cinco cónclaves; alrededor nos rodean edificios y espacios, testigos de múltiples acontecimientos del pasado, y hoy tejido vital de vuestra Ciudad y Provincia. En este contexto, que evoca siglos de historia civil y religiosa, se encuentra ahora recogida idealmente, con el Sucesor de Pedro, vuestra entera Comunidad diocesana, para ser por él confirmada en la fidelidad a Cristo y a su Evangelio.

A todos vosotros, queridos hermanos y hermanas, dirijo con afecto mi agradecido pensamiento por la calurosa acogida que me habéis reservado. Saludo en primer lugar a vuestro amado Pastor, monseñor Lorenzo Chiarinelli, al que agradezco sus palabras de bienvenida. Saludo a los demás obispos, en particular a los del Lacio con el cardenal vicario de Roma, a los queridos sacerdotes diocesanos, los diáconos, los seminaristas, los religiosos y religiosas, los jóvenes y los niños, y extiendo mi recuerdo a todos los miembros de la diócesis, que en el pasado reciente, ha visto unirse a Viterbo, con la abadía de San Martino al Monte Cimino, las diócesis de Acquapendente, Bagnoregio, Montefiascone y Tuscania. Esta nueva configuración está ahora artísticamente esculpida en las “Puertas de Bronce” de la Iglesia catedral que, comenzando mi visita desde la Plaza San Lorenzo, he podido bendecir y admirar. Me dirijo con deferencia a las Autoridades civiles y militares, a los representantes del Parlamento, del Gobierno, de la Región y de la Provincia, y de modo especial al Alcalde de la Ciudad, que se ha hecho intérprete de los cordiales sentimientos de la población de Viterbo. Agradezco a las Fuerzas del Orden y saludo a los numerosos militares presentes en esta ciudad, como también a aquellos comprometidos en las misiones de paz en el mundo. Saludo y agradezco a los voluntarios y a cuantos han contribuido a la realización de mi visita. Reservo un saludo del todo particular a los ancianos y a las personas solas, a los enfermos, a los encarcelados y a cuantos no han podido tomar parte en este encuentro nuestro de oración y de amistad.

Queridos hermanos y hermanas, cada asamblea litúrgica es espacio de la presencia de Dios. Reunidos para la Santa Eucaristía, los discípulos del Señor proclaman que Él está resucitado, está vivo y es dador de vida, y dan testimonio de que su presencia es gracia, es compromiso, es alegría. Abramos el corazón a su palabra y acojamos el don de su presencia. En la primera lectura de este domingo, el profeta Isaías (35,4-7) anima a los “extraviados de corazón” y anuncia esta estupenda novedad, que la experiencia confirma: cuando el Señor está presente, se reabren los ojos del ciego, se abren los oídos del sordo, el cojo “salta” como un ciervo. Todo renace y todo revive porque aguas benéficas riegan el desierto. El “desierto”, en su lenguaje simbólico, puede evocar los acontecimientos dramáticos, las situaciones difíciles y la soledad que marcan a menudo la vida; el desierto más profundo es el corazón humano, cuando pierde la capacidad de escuchar, de hablar, de comunicar con Dios y con los demás. Nos convertimos entonces en ciegos porque somos incapaces de ver la realidad, se nos cierran los oídos para no escuchar el grito del que implora ayuda; se endurece el corazón en la indiferencia y en el egoísmo. Pero ahora – anuncia el Profeta – todo está destinado a cambiar; la “tierra árida” de un corazón cerrado será regada por una nueva linfa divina. Y cuando el Señor viene, a los extraviados de corazón de toda época, dice con autoridad: “¡Ánimo, no temáis!” ( v. 4)

Aquí se engancha perfectamente el episodio evangélico, narrado por san Marcos (7,31-37): Jesús cura en tierra pagana a un sordomudo. Antes lo acoge y lo cuida con el lenguaje de los gestos, más inmediatos que las palabras; y después, con una expresión en lengua aramea le dice: “Effatà”, es decir “ábrete”, devolviendo a ese hombre el oído y la lengua. Llena de estupor, la muchedumbre exclama: “¡Todo lo ha hecho bien!” (v. 37). Podemos ver en este “signo” el ardiente deseo de Jesús de vencer en el hombre la soledad y la incomunicabilidad creadas por el egoísmo, para dar rostro a una “nueva humanidad”, la humanidad de la escucha y de la palabra, del diálogo, de la comunicación, de la comunión con Dios. Una humanidad “buena”, como buena es toda la creación de Dios; una humanidad sin discriminaciones, sin exclusiones – como advierte el apóstol Santiago en su Carta (2,1-5) – para que el mundo sea verdaderamente para todos “campo de genuina fraternidad” (Gaudium et spes, 37) en la apertura del amor por el Padre común que nos ha creado y nos ha hecho sus hijos e hijas.

¡Querida Iglesia de Viterbo, que Cristo, al que en el Evangelio vemos abrir los oídos y deshacer el nudo de la lengua al sordomudo, abra tu corazón, y te de siempre la alegría de la escucha de su Palabra, el valor del anuncio del Evangelio y el descubrimiento de su Rostro y de su Belleza! ....... Pero, para que esto pueda suceder – recuerda San Buenaventura de Bagnoregio, a donde me dirigiré esta tarde – la mente debe “ir más allá de todo con la contemplación e ir más allá, no sólo del mundo sensible, sino también más allá de sí misma” (Itinerarium mentis in Deum VII,1). Es este itinerario de salvación, iluminado por la luz de la Palabra de Dios y nutrido por los sacramentos, que une a todos los cristianos.

De este camino que también tu, amada Iglesia que vive en esta tierra estás llamada a recorrer, quisiera ahora retomar algunas líneas espirituales y pastorales. Una prioridad que tiene muy el corazón vuestro obispo, es la educación en la fe, como búsqueda, como iniciación cristiana, como vida en Cristo. Es el de “convertirse en cristianos” que consiste en ese “aprender a Cristo” que san Pablo expresa con la fórmula: “Ya no soy yo el que vive sino que es Cristo que vive en mí” (Gal 2,20). En esta experiencia están implicadas las parroquias, las familias y las diversas realidades asociativas. Están llamados a comprometerse los catequistas y todos los educadores; está llamada a ofrecer su propia aportación la escuela, desde las primarias hasta la Universidad de Tuscia, cada vea más importante y prestigiosa, y en particular, la escuela católica, con el Instituto filosófico-teológico “San Pedro”. Hay modelos siempre actuales, auténticos pioneros de la educación en la fe en los que inspirarse. Quiero mencionar, entre otros, a santa Rosa Venerini (1656-1728) – a la que tuve la alegría de canonizar hace tres años – verdadera precursora de las escuelas femeninas en Italia, precisamente en el “Siglo de las Luces”; a santa Lucía Filippini (1672-1732) que, con la ayuda del Venerable cardenal Marco Antonio Barbarigo (1640-1706), fundó las beneméritas “Maestras Pías”. A estas fuentes espirituales se podrá felizmente acudir aún para afrontar, con lucidez y coherencia, la actual, ineludible y prioritaria, “emergencia educativa”, gran desafío para toda comunidad cristiana y para toda la sociedad, que es precisamente un proceso de “Effatà”, de abrir los oídos, el nudo de la lengua y también los ojos.

Junto a la educación, el testimonio de la fe. “La fe – escribe san Pablo – que actúa por la caridad” (Gal 5,6). Es en esta perspectiva que toma rostro la acción caritativa de la Iglesia: sus iniciativas, sus obras son signos de la fe y del amor de Dios, que es Amor – como recordé ampliamente en las Encíclicas Deus caritas est y Caritas in veritate. Aquí aflora y se incrementa cada vez más la presencia del voluntariado, tanto en el plano personal como en el plano asociativo, que encuentra en Cáritas su organismo propulsor y educativo. La joven santa Rosa, del siglo XIII (1233-1251), co-patrona de la diócesis y cuya fiesta cae precisamente en estos días, es fúlgido ejemplo de fe y de generosidad hacia los pobres. ¿Cómo no recordar también que santa Jacinta Marescotti (1585-1640) promovió en la ciudad la adoración eucarística desde su Monasterio, y dio vida a instituciones e iniciativas para los encarcelados y los marginados? Ni podemos olvidar el testimonio franciscano de san Crispín, capuchino (1668-1759), que aún hoy inspira beneméritas presencias asistenciales. Es significativo que en este clima de fervor evangélico hayan nacido tantas casas de vida consagradas, masculinas y femeninas, y en particular monasterios de clausura, que constituyen una llamada visible a la primacía de Dios en nuestra existencia y nos recuerdan que la primera forma de caridad es precisamente la oración. Emblemático, al respecto, es el ejemplo de la beata Gabriela Sagheddu muerta en el 39 (1914-1939), trapense: en el monasterio de Vitorchiano, donde está enterrada, continua a proponerse ese ecumenismo espiritual, alimentado por la oración incesante, vivamente solicitado por el Concilio Vaticano II (cfr Unitatis redintegratio, 8). Recuerdo también al viterbés beato Domenico Bàrberi (1792-1849), pasionista, que en 1845 acogió en la Iglesia católica a John Henry Newman, que llegó después a cardenal, figura de gran talla intelectual y de luminosa espiritualidad.

Quisiera finalmente señalar una tercera línea de vuestro plan pastoral: la atención a los signos de Dios. Como hizo Jesús con el sordomudo, de la misma forma Dios continúa revelándonos su proyecto mediante “acontecimientos y palabras”. Escuchar su palabra y discernir sus signos debe ser por tanto el compromiso de cada cristiano y de cada comunidad. El más inmediato de los signos de Dios es ciertamente la atención al prójimo, según cuanto dijo Jesús: “Cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos, más pequeños, a mí me lo hicisteis” (Mt 25,40). Además, como afirma el Concilio Vaticano II, el cristiano está llamado a ser “ante el mundo un testigo de la resurrección y de la vida del Señor y un signo del Dios vivo” (Lumen gentium, 38). Debe serlo en primer lugar el sacerdote que Cristo ha elegido totalmente para sí. ¡Durante este Año Sacerdotal, orad con mayor intensidad por los sacerdotes, por los seminaristas y por las vocaciones, para que sean fieles a su vocación! Signo del Dios vivo debe serlo, también, cada persona consagrada y cada bautizado.

¡Fieles laicos, jóvenes y familias, no tengáis miedo a vivir y dar testimonio de la ve en los diversos ámbitos de la sociedad, en las múltiples situaciones de la existencia humana! Viterbo ha ofrecido al respecto figuras prestigiosas. En esta ocasión, es un deber y una alegría hacer memoria del joven Mario Fani de Viterbo, iniciador el “Círculo Santa Rosa”, que encendió, junto a Giovanni Acquaderni, de Bolonia, esa primera luz que se convertiría después en la experiencia histórica del laicado en Italia: la Acción Católica. Se suceden las etapas de la historia, cambian los contextos sociales, pero no cambia y no pasa de moda la vocación de los cristianos a vivir el Evangelio en solidaridad con la familia humana, al paso con los tiempos. Eso es el compromiso social, eso es el servicio propio de la acción política, eso es el desarrollo humano integral.

¡Queridos hermanos y hermanas! Cuando el corazón se extravía en el desierto de la vida, no tengáis miedo, confiaos a Cristo, el primogénito de la nueva humanidad: una familia de hermanos construida en la libertad y en la justicia, en la verdad y en la caridad de los hijos de Dios. De esta gran familia forman parte santos queridos por vosotros: Lorenzo, Valentino, Hilario, Rosa, Lucía, Buenaventura y muchos otros. Que nuestra común Madre es María a la que veneráis, con el título de Madonna della Quercia, como patrona de toda la diócesis en su nueva configuración. Que ellos os custodien siempre unidos y alimenten en cada uno el deseo de proclamar, con palabras y obras, la presencia y el amor de Cristo. Amén.

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


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ZENIT publica el discurso que pronunció Benedicto XVI en la tarde del domingo, 6 de Septiembre de 2009,  tras venerar la reliquia de san Buenaventura en la catedral de san Nicolás en Bagnoregio.  

Queridos hermanos y hermanas:

La solemne celebración eucarística de esta mañana en Viterbo ha abierto mi visita pastoral a vuestra comunidad diocesana, y este encuentro aquí en Bagnoregio, prácticamente la cierra. Os saludo a todos con afecto: autoridades religiosas, civiles y militares, sacerdotes, religiosos y religiosas, operadores pastorales, jóvenes y familias, y os agradezco por la cordialidad con que me habéis acogido. Renuevo mi agradecimiento en primer lugar a vuestro obispo por sus afectuosas palabras, que han recordado mi vínculo con san Buenaventura. Y saludo con deferencia al alcalde de Bagnoregio, agradecido por la cortés bienvenida que me ha dirigido en nombre de toda la ciudad.

Giovanni Fidanza, que se convirtió en después en fray Buenaventura, une su nombre al de Bagnoregio en la conocida presentación que hace de sí mismo en la Divina Comedia. Al decir: "Yo soy el alma de Buenaventura de Bagnoregio, que en las altas tareas los errados afanes puse aparte" (Dante, Paraíso XII,127-129), subraya cómo en las importantes tareas que tuvo que llevar a cabo en la Iglesia, pospuso siempre la atención a las realidades temporales ("los errados afanes" --"la sinistra cura", en italiano, ndt.--) al bien espiritual de las almas. Aquí en Bagnoregio, transcurrió su infancia y su adolescencia; después siguió a san Francisco, por el que manifestaba especial gratitud porque, como escribió, cuando era niño lo había "arrancado de las fauces de la muerte" (Legenda Maior, Prologus, 3,3) y le había predicho "Buena ventura", como ha recordado hace poco vuestro alcalde. Con el Pobrecito de Asís supo establecer un vínculo profundo y duradero, sacando de él inspiración ascética y genio eclesial. De este ilustre conciudadano vuestro custodiáis celosamente la insigne reliquia del "Santo Brazo", mantened viva su memoria y profundizad en la doctrina, especialmente mediante el Centro de Estudios Bonaventurianos, fundado por Buenaventura Tecchi, que cada año promueve cualificados congresos de estudio dedicados a él.

No es fácil sintetizar la amplia doctrina filosófica, teológica y mística que nos dejó san Buenaventura. En este Año Sacerdotal quisiera invitar especialmente a los sacerdotes a ponerse a la escucha de este gran doctor de la Iglesia para profundizar en su enseñanza de sabiduría enraizada en Cristo. A la sabiduría que florece en santidad, él orienta cada paso de su especulación y tensión mística, pasando por los grados que van desde la que llama "sabiduría uniforme" que concierne a los principios fundamentales del conocimiento, a la "sabiduría multiforme", que consiste en el misterioso lenguaje de la Biblia, y después a la "sabiduría omniforme", que reconoce en toda realidad creada el reflejo del Creador, hasta la "sabiduría informe", es decir, la experiencia del íntimo contacto místico con Dios, mientras que el intelecto del hombre conoce en silencio el Misterio infinito (cf. J. Ratzinger, San Buenaventura y la teología de la historia, Ed. Porziuncola, 2006, pp. 92ss). Al recordar a este profundo investigador y amante de la sabiduría, quisiera también expresar aliento y estima por el servicio que, en la comunidad eclesial, están llamados a dar los teólogos a esa fe que busca el intelecto, esa fe que es "amiga de la inteligencia" y que se convierte en vida nueva según el proyecto de Dios.

Del rico patrimonio cultural y místico de san Buenaventura, me limito, esta tarde, a sacar alguna "pista" de reflexión que podría ser útil para el camino pastoral de vuestra comunidad diocesana. Él fue, en primer lugar, un incansable buscador de Dios, desde que estudiaba en París, y siguió siéndolo hasta la muerte. En sus escritos, indica el itinerario que hay que recorrer. "Dado que Dios está en lo alto --escribe-- es necesario que la mente se eleve a Él con todas sus fuerzas" (De reductione artium ad theologiam, n. 25). De este modo, traza un camino de fe comprometedor, en el que no es suficiente "la lectura sin la unción, la especulación sin la devoción, la investigación sin la admiración, la circunspección sin el regocijo, la pericia sin la piedad, la ciencia sin la caridad, la inteligencia sin la humildad, el estudio sin la gracia divina, la elucubración sin la sabiduría inspirada por Dios" (Itinerarium mentis in Deum, prólogo 4). Este camino de purificación involucra a toda la persona para llegar, a través de Cristo, al amor transformador de la Trinidad. Y, dado que Cristo, desde siempre Dios y hombre para siempre, actúa en los fieles una nueva creación con su gracia, la exploración de la presencia divina se convierte en contemplación del Él en el alma "donde Él mora con los dones de su amor incontenible" (ibídem IV, 4), para ser finalmente transportados en Él. La fe es por tanto perfección de nuestras capacidades cognoscitivas y participación en el conocimiento que Dios tiene de sí mismo y del mundo; la esperanza la experimentamos como preparación al encuentro con el Señor, que constituirá el pleno cumplimiento de esa amistad que ya desde ahora nos une a Él. Y la caridad nos introduce en la vida divina, haciendo que veamos hermanos en todos los hombres, según la voluntad del común Padre celestial.

Además de ser un buscador de Dios, san Buenaventura fue un seráfico cantor de la creación, que, siguiendo a san Francisco, aprendió a "alabar a Dios en todas y por medio de todas las criaturas", en las que "resplandece la omnipotencia, la sabiduría y la bondad del Creador" (ibídem I, 10). San Buenaventura presenta una visión positiva del mundo, don del amor de Dios a los hombres: reconoce in él el reflejo de la suma Bondad y Belleza que, siguiendo a san Agustín y san Francisco, asegura que es el mismo Dios. Dios nos lo ha dado todo. De él, como manantial originario, mana la verdad, el bien y la belleza. Hacia Dios, como los peldaños de una escalera, se sube hasta llegar y casi alcanzar el sumo Bien y en Él se encuentra nuestra felicidad y nuestra paz. ¡Qué útil sería el que también hoy se redescubriera la belleza y el valor de la creación a la luz de la bondad y de la belleza divinas! En Cristo, el mismo universo, observa san Buenaventura, puede volver a ser voz que habla de Dios y nos lleva a explorar su presencia; nos exhorta a honrarle y a glorificarle en todo (Cf. ibídem I, 15). Aquí se percibe el espíritu de san Francisco, con quien nuestro santo compartió el amor por todas las criaturas.

San Buenaventura fue mensajero de esperanza. Encontramos una bella imagen de la esperanza en una de sus predicaciones de Adviento, donde compara el movimiento de la esperanza al vuelo de de un ave, que extiende las alas lo más posible, y para moverlas emplea todas sus energías. Hace, en cierto sentido, de todo su ser un movimiento para elevarse y volar. Esperar es volar, dice san Buenaventura. Pero la esperanza exige que todos nuestros miembros se pongan en movimiento y se proyecten hacia la auténtica altura de nuestro ser, hacia las promesas de Dios. Quien espera, afirma, "tiene que elevar la cabeza, dirigiendo hacia lo alto sus pensamientos, hacia la altura de nuestra existencia, es decir, hacia Dios" (Sermo XVI, Dominica I Adv., Opera omnia, IX, 40a).

El señor alcalde, en su discurso, ha planteado una pregunta: "¿Qué será Bagnoregio mañana?". En verdad, todos nos preguntamos por el porvenir nuestro y del mundo y este interrogante tiene mucho que ver con la esperanza, de la que tiene sed todo corazón humano. En la encíclica Spe salvi he escrito que no es suficiente una esperanza cualquiera para afrontar y superar las dificultades del presente; es indispensable una "esperanza fiable", que, dándonos la certeza de alcanzar una meta "grande", justifique "el esfuerzo del camino" (Cf. n.1). Sólo esta "gran esperanza-certeza" nos asegura que, a pesar de los fracasos de la vida personal y las contradicciones de la historia en su conjunto, nos custodia siempre el "poder indestructible del Amor".

Cuando nos sostiene una esperanza así no corremos nunca el riesgo de perder la valentía para contribuir, como lo han hecho los santos, a la salvación de la humanidad, y "podemos abrirnos nosotros mismos y abrir el mundo para que entre Dios: la verdad, el amor y el bien" (Cf. n. 35). Que san Buenaventura nos ayude a "desplegar las alas" de las esperanza que nos empuja a ser, como él, incesantes buscadores de Dios, cantores de las bellezas de la creación y testigos de ese Amor y de esa Belleza que "todo lo mueve".

Gracias, queridos amigos, una vez más, por vuestra acogida. Mientras os aseguro un recuerdo en la oración, imparto, por intercesión de san Buenaventura y especialmente de María, Virgen fiel y Estrella de la esperanza, una especial bendición apostólica, que con gusto extiendo a todos los habitantes de esta hermosa tierra, rica de santos.

 [Traducción realizada por Inma Álvarez y Jesús Colina
© Copyright 2009 - Libreria Editrice Vaticana]


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ZENIT nos ofrece el discurso del Papa con motivo del Ángelus, que rezó hoy en el Valle Faul de Viterbo, durante su visita pastoral a la diócesis de Viterbo-Bagnoregio, que tuvo lugar el domingo 6 de Septiembre de 2009.

Queridos hermanos y hermanas!

Al término de esta solemne Celebración eucarística, doy gracias una vez más al Señor por haberme dado la alegría de realizar esta visita pastoral a vuestra comunidad diocesana. He venido entre vosotros para animaros y confirmaros en la fidelidad a Cristo, como bien indica también el tema que habéis elegido: “Confirma a tus hermanos” (Lc 22,31). Estas palabras las dirigió Jesús al apóstol Pedro durante la Última Cena, confiándole el deber de ser aquí en la tierra el Pastor de toda su Iglesia.

Desde hace muchos siglos vuestra diócesisse distingue por su singular vínculo de afecto y comunión con el Sucesor de Pedro. He podido darme cuenta de ello visitando el Palacio de los Papas, y en particular, la Sala del Cónclave. En el vasto territorio de la antigua Tuscia nació san León Magno, que hizo un gran servicio a la verdad en la caridad, a través de un asiduo ejercicio de la palabra, del que dan testimonio sus Sermones y sus Cartas. En Blera nació el papa Sabiniano, sucesor de san Gregorio Magno; en Canino nació Pablo III. Viterbo fue elegida durante toda la segunda parte del siglo XIII como residencia de los Pontífices Romanos; aquí fueron elegidos cinco de mis predecesores, y cuatro de ello están enterrados en ella; más de cincuenta la han visitado -el último el Siervo de Dios Juan Pablo II hace 25 años. Estas cifras revisten un significado histórico, pero de ellas quisiera acentuar sobre todo su valor espiritual. Viterbo fue con justicia llamada “Ciudad de los Papas”, y esto constituye para vosotros un ulterior estímulo para vivir y dar testimonio de la fe cristiana, la misma fe por la que dieron la vida los santos mártires Valentino e Hilario, custodiados en la Iglesia catedral, los primeros de una larga estela de santos, mártires y beatos de vuestra tierra.

“Confirma a tus hermanos”: esta invitación del Señor la advierto hoy dirigida a mí con una intensidad singular. Rezad, queridos hermanos y hermanas, para que pueda llevar a cabo siempre con fidelidad y amor la misión de Pastor de todo el rebaño de Cristo (cfr Jn 21,15 ss). Por mi parte, aseguro un constante recuerdo al Señor por vuestra comunidda diocesana, para que sus diversas articulaciones – de las que he podido admirar una representación simbólica en las nuevas puertas de la catedral – tiendan a una vez myor unidad y comunión fraterna, condiciones indispensables para ofrecer al mundo un testimonio eficaz del Evangelio. Confiaré estas intenciones esta tarde a la Virgen María, visitando el Santuario de la Madonna della Quercia. Ahora, con la oración que recuerda su “sí” al anuncio del Ángel, le pedimos que sostenga nuestra fe cada vez más fuerte y gozosa.

[Después del Ángelus, dijo]

Deseo ahora enviar un cordial saludo a los participantes en el Congreso Internacional “Hombres y Religiones”, que se celebra en Cracovia sobre el tema: “Fes y culturas en diálogo”. Numerosas personalidades y representantes de varias Religiones -invitados por la archidiócesis de Cracovia y por la Comunidad de San Egidio – se han reunido para reflexionar y rezar en favor de la paz, 70 años después del estallido de la Segunda Guerra Mundial. No podemos no recordar los dramáticos hechos que dieron origen a uno de los más terribles conflictos de la historia, que causó decenas de millones de muertos y que provocó tantos sufrimientos al amado pueblo polaco; un conflicto que vio la tragedia del Holocausto y el exterminio de tantos grupos inocentes. Que la memoria de estos acontecimientos nos empuje a rezar por las víctimas y por aquellos que aún llevan las heridas en el cuerpo y en el corazón; que sea siempre advertencia para todos a no repetir tales barbaries y a intensificar los esfuerzos para construir en nuestro tiempo, marcado aún por conflictos y contraposiciones, una paz duradera, transmitiendo, sobre todo a las nuevas generaciones, una cultura y un estilo de vida con la impronta del amor, de la solidariedad y la estima del otro. En esta perspectiva, es particularmente importante la aportación que las Religiones pueden y deben dar promoviendo el perdón y la reconciliación contra la violencia, el racismo, el totalitarismo y el extremismo que desfiguran la imagen del Creador en el hombre, borrando el horizonte de Dios y, en consecuencia, conducen al desprecio del propio hombre. El Señor nos ayude a contruir la paz, partiendo del amor y de la comprensión recíprocos (cfr Caritas in veritate, 72).

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


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Comunicado conjunto que han emitido el 4 de septiembre los presidentes de las conferencias episcopales de Ecuador, Venezuela y Colombia en el que reiteran su llamado a la unidad y el respeto entre sus países.


La proximidad de la celebración del bicentenario de vida republicana de nuestras tres naciones hermanas nos hace tomar conciencia de los dones de Dios que hermanan irreversiblemente a nuestros pueblos.

Estos doscientos años fueron iniciados bajo el sueño del mismo Libertador y han sido inspirados en los principios y valores de la misma fe católica, cobijados por el mismo tricolor herencia de nuestra unidad grancolombiana y el mismo ideal de dejar atrás los lastres del subdesarrollo y la inequidad.

Tan valioso patrimonio merece nuestra gran consideración. Es nuestro bien común. Ese "bien de todos nosotros", como lo llama el Santo Padre Benedicto XVI en su reciente encíclica sobre el desarrollo humano integral "en la verdad y el amor". Un bien que debemos desear y esforzarnos por conseguir entre todos como "exigencia de justicia y de caridad" (CIV 7). Un bien particularmente necesario en estos momentos en los cuales sentimos que la convivencia pacífica se avizora frágil y con serio peligro de deteriorarse aún más por las tensas relaciones, agravadas por la carrera armamentista, en un mundo sacudido por profundas crisis morales y económicas.

Ésta es la razón que nos convoca como pastores de la Iglesia, centinelas del bien común y profetas de la esperanza, a enviar un mensaje de ánimo y solidaridad a los hermanos en la fe y a todos los que aman la paz.

La altísima responsabilidad que las tres naciones en forma democrática les han confiado a sus mandatarios, los obliga a superar cualquier tipo de sentimientos negativos o de dificultades ideológicas, que puedan obstaculizar el diálogo sincero y constructivo en busca de la concordia. Los altos intereses de los ciudadanos de los tres países exigen a sus conductores trabajar con imaginación en pos de los tantos motivos de unidad que afortunadamente poseemos.

El fragor de los debates políticos e ideológicos no nos debe hacer perder nunca de vista lo primordial: que sólo uniéndonos y poniendo en común nuestros recursos, nuestros talentos y nuestro patrimonio religioso y moral, podremos superar la miseria y la pobreza que afecta aún a grandes porcentajes de nuestras poblaciones urbanas, rurales e indígenas. La solución de estos males exige de parte de todos sus dirigentes, instituciones y ciudadanos, una amplitud de miras que trascienda los nacionalismos estrechos y se abra a la fraternidad sin fronteras que soñaron los próceres comunes que dieron su vida por la libertad.

Como pastores, convocamos a todos los miembros del Pueblo de Dios para que contribuyan activamente a crear una cultura de paz y de fraternidad. Es preciso que todos avancemos en la consolidación de la verdadera participación democrática en el marco de un Estado de Derecho capaz de garantizar las clásicas libertades civiles, encabezadas por la libertad religiosa y la libertad de expresión y de disenso. Para ello es necesario fortalecer la vigencia de los derechos sociales y culturales con el equilibrio entre las funciones públicas que evite la concentración y la arbitrariedad del poder.

Acogiendo las palabras del Señor "Pidan y se les dará" solicitamos a todos los creyentes su oración y su activa y responsable presencia cívica. Avancemos juntos en la construcción de sociedades en las que prevalezca el respeto mutuo, la firme disposición de superar los enfrentamientos y la búsqueda permanente de los ideales que nos unen. Contamos para ello con la gran capacidad de ayuda recíproca, de fraternidad y de solidaridad que enaltece a nuestro pueblo latinoamericano y caribeño.

En la perspectiva de la Misión Continental, nos comprometemos así mismo a seguir trabajando en el desarrollo conjunto, especialmente en las fronteras, de programas pastorales que promuevan la cultura de la vida, de la solidaridad y de la convivencia.

Confiados en la nobleza de nuestros gobernantes y de nuestros pueblos, pedimos a Dios, nuestro Padre, en cuya fe estamos enraizados, que la inminente celebración de los doscientos años de la independencia de nuestras naciones nos encuentre caminando juntos por los senderos de la justicia y de la paz, bajo la maternal protección de la Santísima Virgen María.

Bogotá, D.C., 4 de septiembre de 2009

+ Rubén Salazar Gómez
Arzobispo de Barranquilla
Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia

+ Antonio Arregui Yarza
Arzobispo de Guayaquil
Presidente de la Conferencia Episcopal de Ecuador

+ Ubaldo Ramón Santana Sequeda
Arzobispo de Maracaibo
Presidente de la Conferencia Episcopal de Venezuela


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Información sacada del programa de “Coronación Canónica de Nuestra Señora del Socorro” (16, 17, 18 y 19 de Octubre de 2008) en escrito del párroco de San Pedro de Güimar exponiendo las “RAZONES HISTÓRICAS-SOCIALES Y PASTORALES PARA LA CORONACIÓN” 

RAZONES HISTÓRICAS-SOCIALES Y PASTORALES PARA LA CORONACIÓN:
ROGATIVAS CON LA IMAGEN DE LA VIRGEN DEL SOCORRO POR LA
FALTA DE LLUVIAS, DESCRIPCIONES Y VISITAS A SU ERMITA

Asimismo, en varias ocasiones, coincidiendo con fuertes sequías o plagas de langosta, se trasladó a la Imagen de Ntra. Sra. del Socorro, como abogada de los agricultores, en rogativa pública desde su solitaria ermita costera hasta la parroquia de San Pedro; para ello era imprescindible la autorización del obispo, que debía ser solicitada por el beneficiado. Así ocurrió en diciembre de 1842, pues en ese mes el Dr. Díaz Núñez dirigió instancia al obispo Folgueras para que diese su aprobación; asimismo, aprovechaba dicho escrito para solicitar la recuperación de la función del 26 de diciembre, sin perjuicio de la festividad del 8 de septiembre, argumentando: "Que vista la suma escases de lluvias qe. se esperimenta en este Valle, desea este vecindario se hagan rogativas publicas y ponga en novenario la Imagen de nrá Srá. del Socorro en esta Parroquia seg". como con permiso de V.S.I. se hizo la ultima ocasion, por cuya necesidad tienen costumbre de traerla al Pueblo desde su Hermita inmediata al mar; y mediante á qe. el dia segundo de Pascua de Nacimiento se le hacia funcion en la misma Hermita desde su establecimiento, se continue del modo que sea posible, sin perjuicio de la festividad que está señalada pr. V.S.I. el dia ocho de Septe."29. El prelado nivariense concedió la licencia que se solicitaba, tanto para realizar la rogativa como para celebrar de nuevo la función del 26 de diciembre. El propio Díaz Núñez destacaba en su libro sobre la Parroquia de San Pedro el papel de esta venerada Imagen en las rogativas: "En tiempo de seca hay costumbre de trasladar esta Imagen a la primera ermita en la entrada del Pueblo, y de ella a la Parroquia en procesión solemne para un novenario de rogativas"30.

El 7 de septiembre de 1847, el obispo Luis Folgueras, atraído por la fama de la festividad, visitó la ermita del Socorro con motivo de celebrarse al día siguiente la Natividad de Nuestra Señora y, hallándose reunidos muchos fieles, se cantaron vísperas y dio su bendición; en la misma visita concedió 40 días de indulgencia a todos los que rezaran delante de la Virgen una Salve. Es el primer comentario que poseemos sobre esta importante romería?'

Dada su devoción por la Virgen del Socorro, desde su toma de posesión como beneficiado de Güímar Agustín Díaz Núñez acudía anualmente a celebrar su festividad en la ermita costera, sin percibir por ello ningún tipo de emolumento. Aunque a finales de los años treinta comenzó a contribuírsele con alguna cantidad, ésta era tan escasa que en 1844 elevó al obispo una súplica para que determinase lo que le correspondía en el futuro, "entre tanto que las limosnas alcancen á cubrir los derechos parroquiales que sea practica en iguales circunstancias", para lo que argumentaba:

Que como una legua distante de este Pueblo se halla junto á la playa del Socorro una hermita de nrá. Srá. bajo la misma advocacion recomendable pr. su origen y antiguedad; á ella pasa spré. el Beneficio de esta Parroquia, pr. estar en su demarcacion, á celebrar anualmte. su festividad, sin que hasta estos ultimos años percibiese el Beneficiado sus emolumentos por los escasos recursos de la Cofradia, y nunca en los sinco ó seis qe. ha enpesado á contribuirsele han sido los que al parecer corresponden á la distancia, a tener que bajar Víspera y Dia por no proporcionar aquella soledad donde alojarse, regresando pr. la noche al Pueblo desps. de cantar Visperas y el Nombre, pa. volver al siguiente dia, é igualmte. á que hasta los ministros inferiores tienen que costearse por si mismos. En esta virtud y entre tanto que las limosnas alcancen á cubrir los drós. parroquiales que sea practica en iguales circunstancias.

A V.S.I. Suplica se sirva tomar en consideración lo espuesto, y en su consecuencia determinar lo que estime corresponde al Benef'. por el objeto indicado en lo sucesivo."

El prelado, comprendiendo la justicia de la petición, le respondió en sentido favorable. Y el mismo Doctor Díaz Núñez nos hacía en 1850 la primera descripción de esta fiesta:

Esta Ermita del Socorro de Güímar es frecuentada de fieles piadosos y en crecido número el ocho de Septiembre, día de la fiesta de la Imagen, que pasa a celebrar anualmente el Beneficio Parroquial, y al conducir la Imagen en procesión por la cercanía del mar, se hace pausa y canta desde muy antiguo la Antífona y Oración de la Virgen, de rodillas, así para perpetuar esta religiosa invocación católica, como para reconocer con ella que la Madre de Dios recibió bajo de su amparo a Tenerife, desde que en aquella playa dejó ver una Imagen suya, cuando ninguna noticia de la verdadera Religión había en parte alguna de la Isla."

EL EPISODIO DE LA APARICIÓN

LA PRIMITIVA ERMITA DEL SOCORRO

LA CONSTRUCCIÓN DE UNA SEGUNDA ERMITA

COFRADES, MAYORDOMOS Y CAMARERAS DE LA VIRGEN DEL SOCORRO

LA FESTIVIDAD DE LA VIRGEN DEL SOCORRO Y SU CAMBIO DE FECHA EN 1837, DEL 26 DE DICIEMBRE AL 8 DE SEPTIEMBRE

 


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Información sacada del programa de “Coronación Canónica de Nuestra Señora del Socorro” (16, 17, 18 y 19 de Octubre de 2008) en escrito del párroco de San Pedro de Güimar exponiendo las “RAZONES HISTÓRICAS-SOCIALES Y PASTORALES PARA LA CORONACIÓN” 

RAZONES HISTÓRICAS-SOCIALES Y PASTORALES PARA LA CORONACIÓN:
LA FESTIVIDAD DE LA VIRGEN DEL SOCORRO Y SU CAMBIOS DE
FECHA EN 1837, DEL 26 DE DICIEMBRE AL 8 DE SEPTIEMBRE

Volviendo a la festividad del Socorro, ésta se vio favorecida por la desaparición de la que se celebraba en honor de la Virgen de los Remedios, compatrona de la parroquia de San Pedro Apóstol, pues la devoción a esta imagen había decaído notablemente desde la segunda mitad del siglo XVII, y su festividad, que se celebraba anualmente el 8 de septiembre, dejó de realizarse a comienzos del siglo XIX por no contar con arbitrios que la mantuviesen.

También esta fiesta se vio beneficiada en 1835 por dos graves sucesos. El primero la desamortización del convento dominico de Candelaria, con el consiguiente despojo del santuario, que culminaba así la decadencia de dicho centro mariano iniciada con la desaparición de la primitiva imagen.

El segundo fue el incendio de la ermita de las Mercedes de Abona, que también rivalizaba por atraerse a los romeros del resto de la Isla, y del que se barajó la posibilidad de haber sido provocado. Lo cierto fue que la festividad del Socorro salió potenciada y acaparó la atención de Tenerife, especialmente del Norte, durante gran parte del siglo XIX, hasta que Candelaria recuperó su antiguo esplendor.

 

De forma anecdótica, como consecuencia de la desaparición de la imagen original de Nuestra Señora de Candelaria, acaecida en el aluvión de 1826, desde Candelaria se intentó por todos los medios suplirla por la copia que se guardaba en la iglesia parroquial de Adeje y, al no lograrlo, por la que se veneraba en El Socorro; e incluso pervive la idea de que se intentó robar la pequeña imagen güimarera, lo que no se logró por la intervención vecinal, que estaba advertida de tal posibilidad.

A comienzos del siglo XIX la fiesta del Socorro había cambiado de día, pues la funcion anual se celebraba "con numerosa concurrencia el dia 2° de Pascua de Navidad", es decir, el 26 de diciembre, y la romería el día anterior. Pero las lluvias invernales dificultaron la celebración de la fiesta en muchas ocasiones, lo que movió al beneficiado de Güímar, Agustín Díaz Núñez, a solicitar el cambio de fecha de la festividad para el mes de septiembre, con el fin de conseguir una mayor participación popular y garantizar el que la celebración tuviese lugar el día fijado. La instancia, suscrita por el Dr. Díaz Núñez y dirigida al obispo Luis Folgueras y Sión el 30 de agosto de 1837, argumentaba:

Que en esta feligresía hay fuera de poblado una hermita dedicada a Ntra. Sra. bajo el título del Socorro, y se ha celebrado anualmente su festividad el veinte y seis de Diciembre a excepción de los muchos años que por lluvias ha sido preciso transferirla a los meses siguientes. En el último año hubo que hacerlo primera y segunda vez por el expresado motivo, teniendo que sufrir no pocas incomodidades los fieles a quienes un tiempo malo permitió concurrir; y desde entonces manifestaron deseos de que se fijase en lo adelante para esta festividad el ocho de Septiembre. Debía verificarse en este día la de Ntra. Sra. de Remedios, Patrona de esta Parroquia, mas hay años que no se hace su función por carecer de arbitrios para ella; y en esta Virtud

A V.S.I. Suplica, que atendida la mayor comodidad de los fieles, se sirva señalar por ahora el ocho de Septiembre para celebrar la mencionada festividad de Ntra. Sra. bajo el título del Socorro; reservándose para el Domingo infraoctavo, cuando llegue el caso de poder celebrarse la de la Patrona en el día ocho; siempre que sea de la aprobación de V.S.I.26

Don Agustín argumentaba en otros escritos que, habiéndose quemado el Santuario de Abona y decaída la fiesta de la Natividad que se celebraba ese mismo día en el de Candelaria, con la traslación solicitada ningún perjuicio se irrogaba. La respetabilidad que en justicia merecía el Sr. Díaz Núñez, fácilmente consiguió de sus superiores lo que pedía. La respuesta del Sr. Obispo no se hizo esperar y al día siguiente el Dr. Deza Goyri, Secretario de Cámara y Gobierno, añadía en el mismo impreso, a continuación del escrito de solicitud, la aprobación en todos sus puntos por el Iltmo. Folgueras, quien la ratificó con su firma:

Laguna y Agosto, treinta y uno de 1837.27

Por presentado; y por las razones expuestas, se señala para la Festividad de N. S. del Socorro en su Ermita de este nombre situada en término de Güímar el día ocho de Septiembre de cada año; y para la misma el Domingo infraoctavo, en los casos en que en el ocho citado hubiese de celebrarse la de los Remedios, Patrona de la Parroquia del expresado Pueblo; Lo decretó y firmó S.S.I. el Obispo mi Sr. y lo certifico."

No obstante, esta medida dio margen a las reclamaciones del cura de Candelaria, Juan Núñez del Castillo, que la creyó perjudicial a los derechos del Santuario, pero que no fueron estimadas. Pero lo cierto fue que Agustín Díaz Núñez consiguió una mejor fecha para la celebración del Socorro, cuya romería, de la que fue el auténtico impulsor, pasó así del 25 de diciembre al 7 de septiembre; de esa manera se lograba el afianzamiento de la fiesta y una mayor participación popular, que fue potenciada por el ilustre sacerdote hasta el final de su vida, alcanzando el esplendor que se mantiene en el presente.

EL EPISODIO DE LA APARICIÓN

LA PRIMITIVA ERMITA DEL SOCORRO

LA CONSTRUCCIÓN DE UNA SEGUNDA ERMITA

COFRADES, MAYORDOMOS Y CAMARERAS DE LA VIRGEN DEL SOCORRO

LA FESTIVIDAD DE LA VIRGEN DEL SOCORRO Y SU CAMBIO DE FECHA EN 1837, DEL 26 DE DICIEMBRE AL 8 DE SEPTIEMBRE

ROGATIVAS CON LA VIRGEN DEL SOCORRO POR FALTA LLUVIAS


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Información sacada del programa de “Coronación Canónica de Nuestra Señora del Socorro” (16, 17, 18 y 19 de Octubre de 2008) en escrito del párroco de San Pedro de Güimar exponiendo las “RAZONES HISTÓRICAS-SOCIALES Y PASTORALES PARA LA CORONACIÓN” 

RAZONES HISTÓRICAS-SOCIALES Y PASTORALES PARA LA CORONACIÓN:
COFRADES, MAYORDOMOS Y CAMARERAS DE LA VIRGEN DEL
SOCORRO

Los vecinos de Güímar se han preocupado siempre del mantenimiento y mejora de la casa de la Virgen. Como ya hemos visto, primero fueron ermitaños y luego mayordomos los encargados de velar por el buen estado del templo del Socorro y luego por la celebración de su festividad, que se comenzó a hacer por la necesidad de agua para los cultivos de los vecinos. Primero se celebró el 18 de diciembre, día de la Expectación al Parto, de cuya fecha pasó al 26 de ese mismo mes, segundo día de la Pascua de Navidad, y finalmente al 8 de septiembre, día de la Natividad de la Virgen; no obstante, durante un corto período se llevó a cabo el primer domingo de ese último mes.

Aunque, como ya hemos dicho, la ermita del Socorro fue muy frecuentada durante el siglo XVI, fue en las primeras décadas del siglo XVII, tras su reconstrucción, cuando comenzaron a celebrarse con cierta periodicidad las fiestas del Socorro. Pero el auge de la festividad no se logró hasta el 18 de diciembre de 164323, al fundarse la Cofradía de Nuestra Señora e institucionalizarse su fiesta anual:

[...] En la Ermita de Nuestra Señora de el Socorro que es en este Beneficio de Candelaria, en diez y ocho días del mes de diciembre de mil y seiscientos y cuarenta y tres años, habiéndose hallado presentes en dicha Ermita muchos vecinos de Güímar a celebrar una fiesta que se costumbra hacer el día de la Expectación de la Virgen Santísima N. Sra., la cual hicieron y ofrecieron por las necesidades de agua que había en las sementeras, y yo el Bachiller Juan Díaz de Lugo, Beneficiado de estas Parroquiales de San Pedro de Güímar y Santa Ana de Candelaria, estando todos juntos en la puerta de dicha ermita les convoqué y junté y les hice una plática diciéndoles y aconsejándoles nombrasen a N. Sra. de el Socorro por su abogada para que fuese intercesora con su hijo precioso y les socorra en sus necesidades y en particular en sus sementeras, como se acostumbra en todas partes nombrar los labradores un santo por su abogado, y que a quién podían nombrar más bien que a la Virgen Santísima del Socorro; los cuales todos en voz alta hicieron promesa y voto de celebrar su fiesta en cada un año por dicho día y la nombraron por su abogada para que fuese intercesora y asimismo me pidieron se les hiciera y concediera fuese Cofradía para no solamente hacerle su fiesta sino para que gocen de las gracias de tales cofrades y para que se les conceda licencia de poder pedir en dicho beneficio para dicha cofradía y reparar la ermita y las cosas necesarias al servicio de ella para que esté con la decencia debida; y atendiendo el ser cosa tan justa que no se pierda la memoria tan digna de recordación por ser la parte donde apareció primero la Virgen Santísima de Candelaria y yo el dicho Beneficiado viendo los buenos deseos y voluntarios que mostraron, en conformidad de la misión que tengo de su Ilustrísima el Arzobispo mi señor para poder hacer Cofradías, Hermandades, y hacer Constituciones y otras cosas tocantes a mi iglesia se la concedí; y luego manifestando sus buenos deseos de servir a esta Virgen Santísima de el Socorro, Amaro González dijo quería ser mayordomo de dicha cofradía."

Se fijaba así la fiesta anual de la Virgen del Socorro el día 18 de diciembre, en cuya fecha se celebró en adelante hasta bien entrado el siglo XVIII. Y tres años más tarde, en 1646, "estando otra vez juntos todos los vecinos volvieron a hacer promesa y voto de celebrar dicha fiesta", y se nombraron los nuevos mayordomos de la cofradía, cargos que recayeron en Francisco Tejera y Amaro González, quienes debían cobrar y administrar las limosnas que se recaudasen en todo el beneficio, así como rendir cuentas de los ingresos y gastos realizados. En el mismo acto se aprobaron los estatutos de la cofradía, en los que destacaba la obligación de reparar: "dicha ermita y demás menesteres de ella, hasta que esté con la decencia debida, además de hacerle su fiesta en cada un año por su día".25

Esta cofradía de la ermita del Socorro continuaba en funcionamiento a comienzos del siglo XIX. Desde entonces los mayordomos de la antigua imagen y ermita del Socorro han salido de las familias Rodríguez Adrián y Núñez, quienes tuvieron "la constante devocion de cuidar de la conservación, y aseo de la Ermita, del culto de la Imagen de Nuestra Señora y de fomentarlo para edificación de los fieles". El presbítero güimarero Nicolás Rodríguez Torres ocupó dicho cargo durante 22 años, entre 1823 y 1847, acompañado por su sobrino, el sargento José Núñez Rodríguez, de 1829 a 1835; por entonces, en honor de la Virgen sólo se hacía "una funcion anual con numerosa concurrencia el dia 2° de Pascua de Navidad". La hija de éste, Josefa Núñez Hernández, fue nombrada en 1896 camarera de la Sagrada Imagen, conjuntamente con sus bisnietas Delfina y Lucrecia Pérez Rodríguez.

Por imposibilidad del sacerdote Rodríguez Torres, desde 1846 quedó encargado de la Mayordomía el teniente coronel graduado Modesto Díaz Núñez, quien dos años después, tras la muerte de su pariente, fue nombrado mayordomo en propiedad, permaneciendo en el cargo hasta su fallecimiento, ocurrido en 1851. Con motivo de la muerte de Modesto, quedó encargado del cuidado de la ermita y de su festividad, como mayordomo, su hermano el Dr. Agustín Díaz Núñez, quien con el deseo de fomentar la devoción popular, solicitó al obispo que se concediese la indulgencia a los que rezasen una Salve a la Virgen del Socorro, lo que obtuvo en 1839. Por muerte del anterior, en 1866 se hizo cargo de la Mayordomía del Socorro Narciso Díaz, hasta que en 1871 se expidió el título a favor de Nicasio García Díaz, sobrino de los Díaz Núñez, quien falleció en 1895. Y luego fue mayordomo Gregorio Ramos Cruz, notable impulsor de la romería.

Después de la muerte de don Gregorio, en 1905 se le concedió el título a los hermanos Modesto y Pedro Campos Díaz, "personas devotas y competentes, para el desempeño de dha Mayordomía", quienes recibieron por medio de inventario "las alhajas, ropas y enseres que pertenezcan á la referida Ymagen y su Ermita", y fueron facultados, se decía, "para que percibais las limosnas que los fieles consagran al Culto de la Santísima Virgen". Como mayordomos, ambos hermanos desarrollaron una memorable labor en pro de la fiesta y ermita de El Socorro durante muchos años, hasta sus respectivas muertes, promoviendo diversas obras en el incipiente caserío, como la construcción de la capilla auxiliar y su posterior restauración, así como la colocación de una lápida sobre su puerta; además, durante su mayordomía se reformó el pozo de la plaza y se construyó un aljibe para repartir agua a los romeros, con casilla para el encargado, así como un salón-depósito para elementos del enramado.

Al morir Modesto Campos en 1943, su hermano Pedro continuó en  el cargo en solitario hasta su fallecimiento en 1963. En reconocimiento a sus desvelos por la Virgen y su santuario, el Ayuntamiento de Güímar acordó en 1954, con motivo de la celebración de sus Bodas de Oro en la Mayordomía de Nuestra Señora del Socorro, "obsequiarle como muestra de gratitud y aprecio, conjuntamente con el Arciprestazgo de esta Villa, con un pergamino para constancia fehaciente de nuestro agradecimiento y felicitación". Además, ese mayordomo fue un destacado benefactor de la parroquia matriz de San Pedro Apóstol, ya que en 1930 donó a esta iglesia el bello retablo de San Pedro y la Virgen del Socorro, construido en el taller de carpintería de Teodomiro Campos.

Al quedar vacante la Mayordomía por muerte de Pedro Campos Díaz, en 1963 fueron nombrados para ocuparla otros dos hermanos, Pedro Modesto y José Agustín Campos Rodríguez, hijos y sobrinos, respectivamente, de los anteriores, quienes mantuvieron vivos desde entonces los tradicionales festejos en honor de la Virgen, con la colaboración de desinteresados colectivos güimareros, y cuidando de su ermita y capilla, que gracias a su iniciativa ha sido reedificada en dos ocasiones y hoy goza de un excelente aspecto. Tras la muerte de José Agustín en 1995, continuó desempeñando este cargo en solitario Pedro Modesto, hasta su fallecimiento en 1998, y ahora son los hijos de ambos, los encargados de continuar la tradición familiar.

En reconocimiento a los desvelos que los mayordomos han tenido siempre por mantener en perfecto estado la imagen, el santuario y la festividad de la Virgen del Socorro, el 4 de septiembre de 1999 la asociación de vecinos de dicho caserío colocó una placa de cerámica en una calle paralela a la ermita, en recuerdo de los "Mayordomos de la Virgen" Pedro Modesto y José Agustín Campos, Y por acuerdo plenario de Ayuntamiento de Güímar, aprobado el 30 de marzo de 2002, se acordó dar el nombre de "Plazoleta Mayordomos de la Virgen" a la situada en la calle La Albahaca del caserío de El Socorro.

Con respecto a las camareras honorarias de la Sagrada Imagen de la Virgen del Socorro, en el último siglo han ocupado dicho cargo las hijas, hermanas o esposas de los mayordomos. De ellas conocemos a Josefa Núñez Hernández, hija de mayordomo, que fue nombrada en 1896, conjuntamente con sus bisnietas Delfina y Lucrecia Pérez Rodríguez; Petra Díaz y Díaz, hasta su muerte en 1922; María de la Luz Fumero Pérez, esposa de mayordomo, hasta su fallecimiento en 1952; María Belén Campos Díaz, cuñada de la anterior y hermana de mayordomos, hasta su muerte en 1975; y Antonia Domínguez Sierra y María Luisa Castro Pérez, esposas de los hermanos mayordomos, hasta la actualidad.

EL EPISODIO DE LA APARICIÓN

LA PRIMITIVA ERMITA DEL SOCORRO

LA CONSTRUCCIÓN DE UNA SEGUNDA ERMITA

COFRADES, MAYORDOMOS Y CAMARERAS DE LA VIRGEN DEL SOCORRO

LA FESTIVIDAD DE LA VIRGEN DEL SOCORRO Y SU CAMBIO DE FECHA EN 1837, DEL 26 DE DICIEMBRE AL 8 DE SEPTIEMBRE

ROGATIVAS CON LA VIRGEN DEL SOCORRO POR FALTA LLUVIAS


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Información sacada del programa de “Coronación Canónica de Nuestra Señora del Socorro” (16, 17, 18 y 19 de Octubre de 2008) en escrito del párroco de San Pedro de Güimar exponiendo las “RAZONES HISTÓRICAS-SOCIALES Y PASTORALES PARA LA CORONACIÓN” 

RAZONES HISTÓRICAS-SOCIALES Y PASTORALES PARA LA CORONACIÓN:
CONSTRUCCIÓN DE UNA SEGUNDA ERMITA

Otra de las muchas dudas que se plantean en la historia de El Socorro

es la remota existencia de una o dos ermitas en el paraje costero. Hemos visto como en todas las citas bibliográficas del siglo XIX, incluyendo las del  sacerdote güimarero e impulsor de la fiesta Agustín Díaz Núñez, sólo se hablaba de un único edificio en la costa de Güímar dedicado al culto de la Virgen. No         obstante, la tradición oral recoge la existencia de una antigua ermita al final de la cuesta de El Socorro, teoría que apoyaba el profesor Alvarez Delgado 19, pero cuya existencia con anterioridad al siglo XX no ha podido ser constatada documentalmente.

Lo cierto y documentado es que hacia 1915 se levantó una pequeña capilla en el sitio donde anualmente se celebran las Fiestas de Ntra. Sra. del Socorro, con el fin de que sirviese de descanso a la Virgen en las procesiones que allí se hacían, por iniciativa de los hermanos mayordomos Pedro y Modesto Campos Díaz; el lugar elegido fue el punto donde, según la tradición, el Mencey Acaymo pidió ayuda a los suyos, agobiado por el peso de la Santa Imagen. El entonces párroco de Güímar, Vicente Ferrer de la Cruz, pidió al obispo Rey Redondo que le facultase para hacer la bendición de dicha capilla, pero no se llevó a efecto por haber sido trasladado aquél en febrero de 1917 y haber fallecido pocos meses después el mencionado obispo. Por dichas       circunstancias, el 1 de septiembre de 1919 Domingo Pérez Cáceres, como coadjutor encargado de San Pedro, remitió un escrito al gobernador eclesiástico del Obispado, haciendo el historial de esta nueva capilla y solicitando se le facultase para bendecirla. La petición fue aceptada y el 7 de septiembre de dicho año, coincidiendo con la romería de bajada de la Virgen, se procedió a la solemne bendición20. De ese modo, a partir de entonces, Ntra. Sra. del Socorro contaría con dos templos en el caserío costero, su tradicional y centenaria ermita y la pequeña capilla moderna.    

En el interior de dicha capilla se colocó un óleo sobre lienzo, firmado por Felipe Poggi González en agosto de 1916, que representa la imagen de la Virgen acompañada por el mencey y los guanches protagonistas del milagro, con un fondo que recuerda las laderas del Valle de Güímar. A lo largo del siglo XX esa pequeña capilla ha sufrido varias reformas, una de ellas hacia 1930 por el entonces mayordomo Pedro Campos Díaz, dotándosela de cubierta de azotea y piso de mosaicos. Y hacia 1940 se colocó sobre la puerta una inscripción en que se indica que fue levantada para recordar el lugar donde el Mencey Acaymo pidió Socorro.      

En el año 1977, y a iniciativa de sus mayordomos, se llevó a cabo

la penúltima reforma de la antigua ermita del Socorro, que se hallaba casi en ruinas, realizándose obras de refuerzo con paredes de hormigón, dirigidas el aparejador güimarero Ángel Estévez Dí