Lunes, 30 de noviembre de 2009

Conferencia impartida por el Rvdo. Manuel Joaquín Herba Meizoso dentro de la formación permanente de los sacerdotes de la diócesis de Tenerife.

LA PALABRA QUE EXPLICA LA VIDA

MANUEL JOAQUÍN HERBA MEIZOSO

 

1. CRISTO ES LA PALABRA

«Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de vida, — pues la Vida se manifestó, y nosotros la hemos visto y damos testimonio y os anunciamos la vida eterna, que estaba con el Padre y que se nos manifestó — lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos, para que también vosotros estéis en comunión con nosotros. Y nosotros estamos en comunión con el Padre y con su Hijo, Jesucristo. (1 Jn 1, 1-4). 

Con esta cita de la primera carta de San Juan, se introducía los Lineamenta y el subsiguiente Instrumentum laboris de la XII Asamblea General del Sínodo Romano de Obispos, “La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia”. Lo que no deja de ser significativo pues se trata de una Palabra que se oye, pero que también se ve con los ojos, se contempla e incluso se toca con las manos. Se trata de la misma introducción que cuarenta y tres años antes hacía la Constitución Dei verbum, del Concilio Vaticano II.

Cuando se cita la Dei verbum, de inmediato nuestro pensamiento se va a los biblistas, como si la Dei Verbum hablara sólo de la Biblia. Esta reducción de la Palabra de Dios al texto escrito ha inundado inconscientemente nuestra forma de entender la Palabra de Dios. Un reduccionismo no sin consecuencias para la vida y la misión de la Iglesia. En su intervención en el Sínodo, el Rector de la Universidad Lateranense, Mons. FISICHELLA, afirmaba: «Muchos fieles, cuando se les pregunta qué entienden con “Palabra de Dios” responden: la Biblia. La respuesta no es errónea, pero es incompleta o, al menos, manifiesta una percepción incompleta de la riqueza presente en la expresión y lleva como consecuencia a identificar el cristianismo como la “Religión del libro”. Es necesario que nuestro lenguaje no caiga en la equívoca expresión “las tres religiones del libro”. El cristianismo es religión de la “palabra”. Es importante que nos comprometamos a construir una cultura que vea la Sagrada Escritura como una palabra viva, dinámicamente abierta a la verdad de la revelación que ésta contiene. Si no presentamos esta enseñanza en su totalidad, con los distintos instrumentos que poseemos para la formación de nuestro pueblo, corremos el riesgo de humillar la Palabra de Dios, porque la reducimos exclusivamente a un texto escrito sin la fuerza provocadora de dar sentido a la vida.»1 El texto escrito no tiene por sí sólo, por tanto, la suficiente fuerza provocadora para dar sentido a la vida.

La Revelación, de la que se ocupa la Dei verbum, no se reduce a la Biblia, al texto escrito. Dice el texto conciliar:«la verdad íntima acerca de Dios y acerca de la salvación humana se nos manifiesta por la revelación en Cristo, que es a un tiempo mediador y plenitud de toda la revelación»2. Cristo es la Revelación, es la Palabra de Dios “que tocaron nuestras manos”, tal como afirma el prólogo del Evangelio según San Juan. Y esta Revelación se nos alcanza no sólo a través de la Escritura, entendida de un modo aislado, sino en el contexto de la Iglesia, que «en su doctrina, en su vida y en su culto perpetúa y transmite a todas las generaciones todo lo que ella es, todo lo que cree». Esto es lo que conocemos con el nombre de Tradición3. Sigue diciendo el Concilio: «Ya que

la Sagrada Escritura es la palabra de Dios en cuanto se consigna por escrito bajo la inspiración del Espíritu Santo, y la Sagrada Tradición transmite íntegramente a los sucesores de los Apóstoles la palabra de Dios, a ellos confiada por Cristo Señor y por el Espíritu Santo para que, con la luz del Espíritu de la verdad la guarden fielmente, la expongan y la difundan con su predicación; de donde se sigue que la Iglesia no deriva solamente de la Sagrada Escritura su certeza acerca de todas las verdades reveladas»4.

Lo que se viene a decir es así de sencillo: Cristo, la Palabra definitiva de Dios, tiene su continuidad en el mundo como Hecho, a través de la totalidad de la vida de la Iglesia. 

2. TÚ TIENES PALABRAS QUE EXPLICAN LA VIDA. 

“¿Para qué sirve la Palabra de Dios? ¿Por qué la leemos y la escuchamos? ¿Con qué finalidad?” En la Semana de Teología del año pasado se me sugirió esta pregunta para introducir todos los trabajos. Y no por menos justa la pregunta deja de ser extraña.

¿Qué ha pasado para que nosotros, hombres del siglo XXI, tengamos que hacernos esta pregunta que a ningún hombre de otra época y de cualquier cultura jamás se le hubiese ocurrido? ¿Qué ha sucedido? Lo podríamos sintetizar con las palabras del filósofo CORNELIO FABRO: «Dios, aunque exista, no importa», es decir, aunque Dios en el más allá existiese, nada cambia ni puede cambiar en la vida del hombre, no importa ni traenada nuevo dentro de la realidad que al hombre pueda interesar.

Y mientras el mundo va en esta dirección, nosotros nos vemos afectados por una fe que se ha desconectado de la realidad, que se mantiene al margen de la realidad. Nosotros, hombres creyentes del siglo XXI, «como si fuésemos hijos de Descartes o de Kant, creemos que la certeza viene del pensamiento o de la fuerza del sentimiento, y no de la realidad en cuanto acontecimiento»5. 

En este punto, si Dios no importa, y si la fe nada tiene que ver con lo real, sino que es una ideología, una moral o un sentimiento particular, la Palabra de Dios nada puede decir de verdaderamente interesante al hombre de hoy, incluido el creyente. Aunque la exposición doctrinal sea íntegra y ortodoxa, no interesa.

En el capítulo sexto del evangelio según san Juan, se describe la ruptura que se produjo entre Jesús y gran parte de la gente que le seguía. Después de haberles saciado con la multiplicación de los panes, aquella muchedumbre le persiguió y consigue encontrarlo en la sinagoga de Cafarnaum. Es aquí donde el cuarto Evangelio nos sitúa las palabras de Jesús sobre el «pan de vida». Al escuchar a un hombre que les decía que tenían que comer su carne para tener vida, muchos se escandalizaron y dejaron de seguirle. También los doce estaban allí, escuchándole en silencio. «¿También vosotros queréis iros?» les pregunta Jesús. Pedro responde, como era frecuente, en nombre de todos: «Señor, ¿a quién iremos? Sólo Tú tienes palabras de vida eterna»6.

¿Cómo podían decir esto, cuando la mayoría se había marchado diciendo que aquellas palabras de Jesús eran demasiado fuertes? Es de notar que ellos tampoco habían entendido lo que decía Jesús sobre el pan de vida. La respuesta de Pedro «¿a quién iremos?» lo expresa claramente. No le responde: «nosotros estamos de acuerdo contigo, lo que dices está claro, somos de la misma opinión que Tú, y por eso nos quedamos».

Por el contrario, tampoco entienden a Jesús y seguramente también a ellos sus palabras les parecen duras; al fin y al cabo también ellos tenían la misma mentalidad que los demás. Está claro pues que no se trata de un asentimiento ideológico.

La razón que da Pedro en el fondo es esta: “si te dejamos, tenemos que desdecirnos de lo que nos ha sucedido al encontrarnos contigo, en el fondo tendríamos que desdecirnos de nosotros mismos, ya no tendríamos a dónde ir”. Todo cuanto había sucedido desde el primer día en que Él les dijo «Venid y veréis»7, todo cuanto habían visto y oído, todo, sería absurdo, como si no hubiese sucedido. Entonces, «palabras de vida eterna», ¿qué significa exactamente? « r¨h/mata zwhªj ai)wni/ou.». Se trata de un genitivo hebreo, es decir un genitivo que se usa para expresar un atributo, debido a la pobreza de adjetivos de la lengua hebrea. ¿Cómo podemos entender nosotros que unas palabras contengan, den “vida eterna”? Jesús muchas veces en el Evangelio de Juan habla de «vida eterna». Ellos lo habrían escuchado otras veces de labios de Jesús. Pero es evidente que ellos, que no entendían lo de comer su carne, se quedaron porque, por el contrario, sí sabían −con todo lo que tuviera de inicial y de imperfecto− que Jesús tenía «palabras de vida eterna». Alguna experiencia debían que tener de esto. ¿Cómo lo podían percibir hasta el extremo de pesar más esto que el no entender ahora las palabras de Jesús en la Sinagoga?

Juan utiliza tanto el término “vida” que se puede decir que es su favorito. Unido con ai)w/nioj, “vida eterna” aparece en este Evangelio diecisiete veces. Todos los exegetas buscan un trasfondo veterotestamentario y rabínico, aunque también platónico y hermético, como DODD8. BULTMANN9 advierte —como es típico en él— influjos gnósticos. Pero del estudio del mismo Evangelio ninguna de estas explicaciones resultan convincentes. Es obvio que Juan está tomando del mundo judío, tanto bíblico como

intertestamentario, unas palabras que ya tenían un contenido: hayyē ‘ōlām, (rWJ_ STO), “la vida de la edad eterna”, pero que Juan las vuelca ahora con un contenido nuevo. Se trata de la vida misma con que Dios vive, que el Hijo de Dios posee también porque la ha recibido del Padre10. Y la diferencia con la vida natural no es simplemente cuantitativa (“vida perdurable”, sin limitación), sino sobre todo cualitativa. No es que no tenga relación con el tiempo como en el platonismo puesto que Jesús, la Vida, ha entrado en el tiempo −«Quien coma de este pan vivirá para siempre»11−, pero no se trata simplemente de duración. «Esta es la vida eterna, que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo», leemos en san Juan.12 “Conocer” significa aquí una relación vital e íntima con el Padre y con Jesús, relación que se establece mediante la fe13. Pero atención, que nosotros somos hijos de nuestra época, e inmediatamente reducimos esta relación vital a un intimismo espiritualista. Como afirma BROWN, Juan nunca sugiere que esa relación se establezca mediante la contemplación extática de la divinidad, o en virtud de la visión mística de Dios, como en los Hermética o en los misterios paganos.14 Sabemos que «la concepción hebrea de la vida entraña siempre las ideas de acción, de movimiento y de gozo»15, que implican siempre un hombre concreto en la realidad concreta de cada día. La fe es un método de conocimiento: “conocer” al Padre, reconociendo a Jesús, implica en la mentalidad semita un conocimiento real, en la vida.

«Palabras de vida eterna» son, por tanto, palabras que permitían a los discípulos introducirse en una relación verdadera con el Misterio, con el Padre. Y ellos sabían que eran verdaderas porque correspondían totalmente con las exigencias más profundas del hombre, de ellos mismos. Fuera de Jesús nunca nadie había hablado así, nunca habían visto a nadie que mirara todas las cosas mirando su origen último y su destino, hasta las flores del campo (que el Padre viste), o los cabellos de un hombre (que están todos contados). Esto correspondía de un modo único con su propia exigencia humana.

Correspondía a esa experiencia elemental, a esa estructura original, con la que todo hombre viene a este mundo, que la Biblia llama corazón, y por lo que uno puede decir esto es verdadero, esto no, esto es bello, esto no, esto es justo, esto no. Palabras que les permitía hacer todo el recorrido de la razón ante la realidad. Es decir, eran palabras que daban significado a toda la realidad, que explicaban la vida. «Palabras de vida eterna» son “palabras que explican, que dan significado a la vida”, y que por ello son para siempre, son eternas.

Después de esta experiencia de correspondencia única, excepcional, total, cuando no entienden sus palabras sobre comer la carne del Hijo del Hombre y beber su sangre, sin embargo no pueden marcharse, sería irracional, no podían hacerlo sin contradecirse con ellos mismos, con la correspondencia sentida con sus palabras. Las de Jesús eran palabras razonables, porque se daba la correspondencia entre lo que Él decía de la vida y las exigencias que el corazón tiene ante la vida16. 

«Señor, ¿a quién iremos?, sólo Tú tienes palabras que dan sentido a la vida, que explican la vida». Esta sería una traducción más inteligible de este versículo de san Juan. Por lo que les había sucedido ya no podían dar marcha atrás, sin negarse a ellos mismos. 

3. ACONTECIMIENTO, MÉTODO SUPREMO DE CONOCIMIENTO 

«El cristianismo es religión de la “palabra”», decía Mons. FISICHELLA en el Sínodo. Lo recordaba también BENEDICTO XVI en el encuentro con el mundo de la cultura en el Colegio de los Bernardinos en París: «Por eso el «Catecismo de la Iglesia Católica» con toda razón puede decir que el cristianismo no es simplemente una religión del libro en el sentido clásico».17 El principio cristiano viene dado en Jn 1,14:

«la Palabra se hizo carne», (e)ge/neto, del verbo gi/nomai, llegar a ser, acontecer), es decir, la Palabra aconteció en el mundo, por eso el cristianismo es la religión del acontecimiento, del e)ge/neto. 

El crítico francés ALAIN FINKIELKRAUT afirma que «un acontecimiento es algo que irrumpe desde fuera de nosotros. Algo imprevisto. Éste es el método supremo de conocimiento. Necesitamos devolver al acontecimiento su dimensión ontológica de nuevo comienzo. Es un irrupción de lo nuevo lo que rompe los engranajes consabidos, lo que pone en marcha un proceso»18. La palabra “acontecimiento” en español procede del latín contingo, tocar, alcanzar. “Acontecimento” es algo que te alcanza, te toca. Es equivalente a las palabras “evento” (e-venio) y advenimiento (ad-venio). Hablamos de algo no previsto, no previsible, no deducible del análisis de los antecedentes. «Conocer es encontrarse frente a algo nuevo, algo extraño a uno mismo, no construido por nosotros, algo que rompe los engranajes de las cosas ya establecidas, de las definiciones previamente sentadas. El acontecimiento es fundamental para todo tipo de conocimiento»19. Sin que acontezca, la fe se muere, la Escritura ya no explica nada, sólo se repite, como la muerte se copia a sí misma.

Al decir que el cristianismo es un acontecimiento queremos decir, citando la intervención en el Sínodo de Mons. SANTORO, Obispo de Petrópolis (Brasil), «que la Palabra hecha carne indica no solamente un contenido salvífico, sino también un método mediante el cual los apóstoles comienzan a entenderse a sí mismos. En el encuentro con Jesús, se despierta algo que en ellos estaba adormecido y comienzan a vislumbrar algo positivo para sus destinos»20. Se trata del método de Dios para revelarse. Pero cuando la revelación se reduce a la Biblia, éste método se invierte. Ya no es el hombre que sigue algo que le ha sucedido, como a los discípulos, a Zaqueo o a la Samaritana, sino que es el hombre que se encuentra frente a un libro que tiene que interpretar según sus propias capacidades y prejuicios. El método de Dios, sin embargo, al hacer suceder algo no previsto por el hombre le obliga, por así decirlo, a salir de sus propias medidas y empezar a seguir, a obedecer la novedad que le ha alcanzado. El método de Dios es el acontecimiento, y no un libro, como podría ser El Corán para los musulmanes. Cuando este método no es tenido en cuenta, la fe carece de un origen real, de un origen en algo que ha sucedido, y se convierte en una proyección del individuo, como sostenía Feuerbach. Como si fuera el hombre quien inventa a Dios o hace como si

Cristo estuviera presente. La fe deviene en moral o en ideología particular, y la Escritura en interpretación subjetiva. La fe ya no explica la vida, sino que es el sujeto quien proyecta su idea sobre la realidad. La precedencia ya no la tiene lo que Dios hace suceder, sino que la precedencia es lo que el individuo, o los especialistas, o los “guardianes” quieren interpretar sobre Dios. Cualquier cosa menos algo que tenga la fuerza provocadora para explicar la vida, dar significado a cuanto se vive y sucede en la realidad.

El hecho cristiano es un hecho particular en la historia, y sin dejar de ser un punto particular dentro de ella tiene una pretensión de universalidad. Esto contradice a la mentalidad común, que para juzgar las cosas tiende a subsumir lo particular dentro del universal abstracto. Efectivamente, en La religión dentro de los límites de la mera razón, IMMANUEL KANT hace un parangón entre dos tipos de religión: una basada en el acontecimiento, y otra basada en la razón. Concluye diciendo: «Una fe histórica, basada simplemente en los hechos, no se les puede comunicar a todos, no puede extender su influencia más allá del límite de tiempo y de lugar a que pueden llegar las noticias que permitan emitir un juicio sobre su credibilidad». Un acontecimiento, pues, limitado en el tiempo y en el espacio sólo tendría importancia para quienes estuvieron presentes. Para Kant, que piensa que conocemos sólo los fenómenos, un hombre puede estar convencido de un acontecimiento sólo habiendo asistido al mismo. De modo que una religión basada en un acontecimiento, a dos mil años de distancia, no puede ser una religión universal21. LESSING formula el mismo principio de la manera siguiente: «Verdades históricas fortuitas nunca pueden ser una prueba para las verdades necesarias de razón; el puente con que se quiere construir una verdad eterna sobre un hecho histórico es un salto»22. Este es el principio fundamental de la Ilustración y ya hoy la mentalidad más extendida. Extendida incluso en el campo de los exegetas y teólogos.

Lo que está por probar, contestando a este principio de Kant y de Lessing, es si ese hecho particular de la historia puede seguir aconteciendo una y otra vez en el tiempo. Una conferencia del entonces cardenal RATZINGER en el año 1988 en la Iglesia Luterana de San Pedro de la ciudad de Nueva York conmovía los cimientos dogmáticos del establishment de la exégesis moderna. La influencia de DIBELIUS Y de BULTMANN en la exégesis moderna, venía a decir Ratzinger, es al mismo tiempo la influencia de los presupuestos de fondo con los que ellos trabajaron, presupuestos que ellos ponían previamente como indiscutibles, seguros. El primero y fundamental es este: «la prioridad de la predicación respecto al acontecimiento: “en principio era la palabra”. Todo en la Biblia, se mueve a partir de la predicación. Bultmann lleva esta tesis tan lejos que para él sólo la palabra puede ser original: la palabra produce la escena. Todo lo que es acontecimiento es por tanto secundario, elaboración mítica»23. Para Dibelius y Bultmann el acontecimiento es el elemento irracional, pertenece al dominio de la facticidad, compuesta del caso y  de la necesidad. Como tal, el hecho no puede ser portador de sentido. El sentido es sólo el de la palabra; y donde los acontecimientos mismos parezcan ser portadores de sentido, mejor se les debe considerar como meras ilustraciones de la palabra y a ella es necesario referirlos»24.

Estos principios inalterables, verdaderos dogmas de gran parte de la exégesis actual, frente a los cuales ningún trabajo exegético deberá objetar nada, a menos que corra el riesgo de ser estigmatizado como precientífico e ingenuo, todo este trasfondo filosófico, es contrario al mismo texto bíblico y tiene sus consecuencias. La consecuencia inmediata es la discontinuidad, constitutivo de una exégesis que pretende ser modernamente científica: discontinuidad entre la tradición pre-pascual y la post-pascual, entre el Jesús pre-pascual y la Iglesia que está naciendo, discontinuidad en todas las fases de la tradición, y finalmente, discontinuidad entre Antiguo y Nuevo Testamento25. Ya no es si Cristo acontece hoy, sino que ni siquiera importaría cómo fue en el origen el hecho de Jesús. Lo que importa es la fe postpascual, una comunidad que construye el hecho, que construye a Cristo.

Al final nos hemos encontrado, por un lado, con la descomposición de la interpretación y la hermenéutica, que desembocan en ideología (exégesis materialista, feminista, etc.); y la exégesis bíblica se separa del dogma hasta el punto que hoy es ya total. La Biblia así se convierte en un documento del pasado, pura historiografía. De ahí que cada uno se esfuerce por intentar traducirla al presente del algún modo, buscando −según su propia ideología o sentimiento− destilar de la Biblia una especie de filosofía de la vida o moral. En su intervención en al aula del Sínodo, BENEDICTO XVI apuntaba de nuevo que hoy existe «un profundo foso entre exégesis científica y lectio divina. Y ello a veces provoca también una cierta perplejidad en la preparación de las homilías. Cuando la exégesis no es teología, la Escritura no puede ser el alma de la teología y, al revés, cuando la teología no es esencialmente interpretación de la Escritura en la Iglesia, esta teología ya no tiene fundamento. Por eso para la vida y para la misión de la Iglesia, para el futuro de la fe, es absolutamente necesario superar este dualismo entre exégesis y teología».26

Finalmente, el dualismo entre palabra y acontecimiento, que priva a éste de significado, conduce a una cristología docetista; la existencia concreta y carnal de Cristo y del hombre mismo, queda excluida del ámbito del significado. Se pierde así la esencia del testimonio bíblico27. 

El método que, sin embargo utiliza el Nuevo Testamento es otro. Es el encuentro real con Jesús lo que está primero, y que conduce a comprender las

Escrituras. Primero, el hecho, después las palabras. Pongamos unos ejemplos. 

1. En el Evangelio según San Juan se relata el encuentro de Jesús con Natanael.

Natanael pone en duda lo que le dice Felipe, que habían encontrado a «aquel de quien escribió Moisés en la ley y los profetas»28, esto es a Jesús de Nazaret. Felipe no utiliza argumentos escriturísticos, de hecho ni siquiera Nazaret aparece en el Antiguo Testamento. Simplemente invita a Natanael a «venir y ver». Será este encuentro con Jesús lo que haga a Natanael exclamar: «Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el rey de Israel», confesándolo así precisamente como «aquel de quien escribió Moisés en la ley y los profetas».29 

2. En la aparición de Jesús resucitado a los suyos en el relato de San Lucas encontramos estas palabras de Jesús: «Éstas son mis palabras, las que os dije cuando aún estaba con vosotros: que es necesario que se cumpla todo lo escrito en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos acerca de mí» Entonces les abrió la mente para comprender las Escrituras. Y les dijo: «Así está escrito que el Mesías padecería y resucitaría de entre los muertos al tercer día, y sería proclamada en su nombre la conversión para la remisión de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto»30. Sólo el encuentro en el presente con Cristo resucitado les permite comprender las Escrituras31. Mientras no aconteció ante sus ojos no comprendieron. 

3. Lo mismo encontramos en la escena de la purificación del templo, del evangelio de San Juan, cuando Jesús expulsa a los comerciantes del templo32. Dice el Evangelista que «sus discípulos recordaron lo que está escrito: El celo de tu casa me devora»33. Se trata de una cita del Salmo 6934. La cuestión parece clara y simple, a los ojos de los discípulos es el amor de Jesús por el templo lo que le mueve a aquel tipo de acción; la cita del salmo, sacada de su contexto, pretende justificar la acción de Jesús. Por eso el texto continúa con la respuesta de Jesús ante la petición de los judíos de algún signo que demuestre cuál es su autoridad para obrar así: «destruid este templo y en tres días lo levantaré». Aquí el evangelista introduce la clave de interpretación: «pero él hablaba del templo de su cuerpo». Entonces tenemos en una unidad dos cosas diferentes, una sobre la actitud de Jesús ante aquellos que comercian en la relación con Dios, y otra, a continuación, donde Jesús predice su muerte y anuncia su resurrección. La cosa la podríamos dejar así, pero resulta que el evangelista al final añade: «Cuando resucitó de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de lo que había dicho esto y creyeron en la Escritura y en la palabra que había dicho Jesús». Es algo que sucede −atención, no una proyección de su lectura del AT para llegar a la conclusión de que Cristo resucitó aunque el cadáver siguiera en la tumba− algo que sucede, la resurrección de Jesús, lo que les permite comprender aquellas palabras que ellos, como los judíos que estaban en el templo, no habían entendido. Pero lo de la “Escritura”, ¿a qué se refiere? La única cita es la del salmo, «el celo de tu casa me devora». Esta cita pasa a tener un significado más real, menos simbólico: está hablando del final violento que sufrirá Jesús. Esta purificación del templo es justamente en San Juan lo que inicia la polémica con los judíos que le conducirán a la muerte. El acontecimiento de la resurrección de Cristo ha arrojado luz sobre la Escritura. Algo que estaba implícito en el salmo 69, la experiencia pascual lo habría desvelado definitivamente35. 

4. Los ejemplos se podrían multiplicar. Sólo quiero añadir uno de San Pablo. En el capítulo 3 de 2 Cor san Pablo hace referencia al velo que utilizaba Moisés, «para que los israelitas no se fijasen en su resplandor, que era pasajero»36. Pero, inmediatamente después, vuelve a utilizar el ejemplo del velo para aplicarlo a aquellos hebreos que han rechazado a Jesús: «Pero sus entendimientos estaban embotados, y hasta hoy existe el mismo velo en la lectura del Antiguo Testamento, sin removerse, porque sólo con Cristo desaparece. Hasta el día de hoy, siempre que leen a Moisés el velo persiste tendido sobre sus corazones. Pero cuando se conviertan al Señor, el velo será eliminado»37. Por muchas vueltas que le den a la Escritura, por toda la técnica exegética que ya comenzaba en tiempos de san Pablo y que él habría aprendido a utilizar tan bien, por todos los esfuerzos humanos, están  ncapacitados para comprender, el velo permanece. Sin embargo, añade San Pablo recurriendo a una cita del Éxodo38, cuando Moisés se quitaba el velo para dirigirse a Dios, el velo será removido cuando ellos se vuelvan al Señor. Todo este texto de san Pablo nos puede resultar extraño porque corresponde a una forma midráshica de argumentación lejana de nuestra forma de razonar. Quiere decir que San Pablo sigue utilizando las mismas técnicas interpretativas que los demás hebreos de su tiempo.

¿Cuál es la diferencia con sus hermanos de raza que no son capaces de comprender la Escritura? Según J. JEREMIAS, ni el ambiente helenístico, ni la educación judía, ni un presunto gnosticismo precristiano constituyen la clave para comprender a san Pablo39. STUHLMACHER ha llamado la atención acerca del vínculo entre la experiencia de san Pablo en el camino hacia Damasco y 2 Cor 3, 14: su experiencia de Cristo desde lo que sucedió en aquel camino se convirtió, según el profesor deTubinga, en su clave hermenéutica del A.T40. La única diferencia con los demás hebreos, lo que removió el velo en San Pablo, fue algo que le había sucedido a él.

Según KOCH41 el texto de 2 Cor es clave porque es el único paso donde san Pablo afronta explícitamente el problema de la hermenéutica y establece el principio fundamental: la interpretación de la Escritura no es en última instancia una cuestión técnica, sino teológica, esto es, la compresión de lo que le había sucedido camino de Damasco. Toda la habilidad y toda la perspicacia de los rabinos no eran capaces de atravesar el velo que les separaba de una real comprensión. Primero sucede algo y después empiezas a comprender el texto, primero Cristo acontece en la realidad, y después uno entiende la letra. «Pablo parte de la experiencia cristiana —escribe HOOKER— y explica la Escritura a la luz de esta experiencia»42

No son por tanto las Escrituras las que conducen a Cristo, sino que es el encuentro con Cristo lo que lleva a la evidencia de que en Él las Escrituras llegan a su cumplimiento, es decir, a la finalidad para las que fueron escritas. A diferencia del judaísmo del siglo I, en el Nuevo Testamento el punto de partida no es el recurso a la Biblia, sino una historia vivida, no un simple hecho cultural al que se añade algo, sino un acontecimiento que da un sentido nuevo a algo. El acontecimiento explica la Biblia. La palabra no crea el acontecimiento. 

4. LA NECESIDAD DE LA CONTEMPORANEIDAD CON CRISTO. 

El cardenal Ratzinger asegura que «los callejones sin salida del método crítico nos han mostrado claramente una vez más que la compresión no es posible sin uno que comprenda; esta es la clave sin la cual un texto no tiene nada que decir a nuestro tiempo»43.

Pero para que el hombre pueda comprender debe acontecerle algo, debe sucederle algo. Esto es, si al hombre no le sucede previamente nada, nada le dirá el texto sagrado: los discípulos partían continuamente de lo que les había sucedido, pero que seguía sucediendo (como se ve en los Hechos). Cristo debe seguir siendo contemporáneo al hombre. Escribía KIERKEGAARD en su Diario: «La única relación que se puede tener con la grandeza (también, por tanto, con Cristo) es la contemporaneidad. La relación con un difunto es una relación estética: su vida ha perdido el aguijón. No juzga ya mi vida, me permite admirarlo… y me deja seguir viviendo con otras categorías: no me constriñe a juzgar en sentido decisivo».44 Los discípulos tuvieron que juzgar en sentido decisivo cuando todos se fueron porque lo que decía Jesús contradecía la mentalidad dominante; tuvieron que juzgar en virtud, en fuerza de una Presencia que estaba delante de ellos realmente: «Señor ¿a quién iremos?».

El conocimiento nuevo, que es la fe, que explica la vida, que da significado a cada cosa de la realidad, no puede ser la repetición de un discurso aprendido, aunque sea verdadero y ortodoxo. El origen de la fe no es la interpretación subjetiva, un querer autoconvencerse de ciertas ideas escritas en la Biblia. «Ya que ese origen no es una idea, sino un lugar [«¿a dónde iremos?»], una realidad viviente, el criterio nuevo para juzgar solamente resulta posible manteniéndose en relación continua con esa realidad, es decir, con la compañía humana que prolonga en el tiempo el Acontecimiento inicial»45; esa compañía se llama Iglesia. No es suficiente que  sucediera una vez, al inicio de la fe. Es necesaria la permanente contemporaneidad del acontecer de Cristo.

En el aula del Sínodo la intervención del Secretario de Estado cardenal BERTONE, advertía de algo que todos ya sabemos: «Se ha comprobado una sustancial indiferencia hacia una fe comunicada a través de la Sagrada Escritura, con respecto, en cambio, al testimonio dado por una persona creyente, indiferencia que se acompaña de una notable proporción de  ignorancia y sobre todo de la dificultad para advertir su valor vital»46. Se apoyaba el cardenal Bertone en una respuesta que el Papa había dado a un joven que durante una audiencia pública en la Plaza de San Pedro le preguntó sobre la Biblia. El Papa le dijo: «Creo que debemos aprender estos tres elementos: leerla en conversación personal con el Señor; leerla acompañados por maestros que tienen la experiencia de la fe, que han penetrado en el sentido de la sagrada Escritura; leerla en la gran compañía de la Iglesia»47. Como se puede fácilmente deducir nuestro problema no es de pastoral juvenil, sino la ausencia de adultos en la fe, que los jóvenes puedan encontrar verdaderos testigos. Y esto es verdadero, a su vez, también para los adultos.

La necesidad de testigos es la necesidad de que acontezca de nuevo Cristo en hechos y personas concretos. En su intervención en el Sínodo Romano el Patriarca de Venecia, cardenal SCOLA afirmaba: «La raíz del testimonio de la Escritura es Jesucristo mismo, el testigo fiel de la alianza de Dios con los hombres. La Escritura, de este modo, puede ser adecuadamente comprendida solamente por el testigo. Entonces, para ser asidua la lectura de la Escritura debe pasar de Testigo a testigo. La categoría Testimonio pone en primer plano el sujeto eclesial (personal y comunitario) de la asidua lectura. Éste es el camino del realismo que evita cualquier tipo de deriva fundamentalista e intelectualista, riesgo de lecturas que prescinden del testimonio de la Iglesia, lugar de escucha del creyente de la Palabra. Esta comprensión de la Escritura garantiza la autenticidad de la experiencia cristiana pero requiere una comunión eclesial vivida cotidianamente»48.

Sólo si damos la primacía al modo en que Cristo acontece hoy realmente, mirando a su continuación en el tiempo que es la Iglesia, se puede salvar el dualismo en que estamos inmersos: un dualismo que expulsa a Cristo de la historia, minimizando el alcance histórico del hecho cristiano, reduciéndolo a moralismo, a algo incapaz de un rostro culturalmente significativo. Un dualismo que encontramos entre experiencia y razón, fe y razón, fe y realidad. Esto se palpa en nuestro cristianismo y en nuestras homilías y catequesis. La Palabra es sólo una, y se hizo carne. Cristo es uno sólo, y en la experiencia cotidiana de su acontecer todo está unido.

La separación de la exégesis bíblica de la fe de la Iglesia no se soluciona solamente sujetando doctrinalmente al estudioso, o al cristiano inquieto; porque sólo quedará la idea de que una imposición autoritaria y doctrinal no le permite afirmar lo que le parece que la ciencia descubre. Esto al final mortifica la fe, o la razón, o ambas. Escribe uno de mis más admirados maestros, el P. VANHOYE: «Para interpretar la Biblia, el punto de partida más válido es la experiencia de la fe, transmitida en la misma Tradición que ha originado los textos bíblicos. […] Quien no tiene esta justa precomprensión puede sin duda estudiar los textos desde otros puntos de vista y obtener así resultados muy interesantes y instructivos, de tipo filológico, literario, histórico, psicológico, etc. Lo esencial, sin embargo, se le escapa. Como dice la encíclica Providentissimus Deus […] “privados de la fe, estas personas no alcanzan el meollo de la Escritura, sino que roen sólo la corteza”49».

O damos precedencia a la realidad, al modo en que la fe me permite reconocer a Cristo en lo que sucede en mí o en otros, o la Biblia no dirá nada ni a nosotros ni a los demás, es decir no se advertirá su “valor vital”. Se necesita un sujeto que comprenda (Ratzinger), esto es, que tenga una “justa precomprensión” (Vanhoye). Necesitamos testigos. 

 

1 SÍNODO ROMANO, Intervención de S.E.R. Salvatore FISICHELLA, Ciudad del Vaticano, 7.10.08 (4ª Congregación General).
2 DV 2
3 DV 8
4 DV 9
5 J. CARRÓN, La fe, expresión última del afecto a uno mismo, Suplemento de Huellas-Litterae Communionis, n.8 septiembre de 2008.
6 Jn 6, 68.
7 Jn 1,39.
8 C:H: DODD, Interpretación del cuarto evangelio, Cristiandad, Madrid (2004) pp.173-180.
9 R: BULTMANN, za/w, Grande Lessico del Nuovo Testamento, Paideia, Brescia (1967) III, 1462-69.
10 Jn 5, 26; 6, 57.
11 Jn 6,58.
12 Jn 17,3.
13 R.E. BROWN, El Evangelio según San Juan, Cristiandad, Madrid (1989) II p.1480-81.
14 Ibidem, p.1481.
15 C.H. DODD, op. cit., p.180.
16 L. GIUSSANI, ¿Se puede vivir así?, Encuentro, Madrid (1996) p.107.
17 BENEDICTO XVI, Discurso en el encuentro con el mundo de la cultura en el College des  Bernardins, París 12 de septiembre de 2008
18 A. FINKIELKRAUT, Sacaré a Pèguy del ghetto, entrevista realizada por S.M. Pací en «30Giorni», nº
6, junio 1992, pp.58-61.
19 L. GIUSSANI, S. ALBERTO, J. PRADES, Crear huellas en la historia del mundo, Encuentro, Madrid (1999) p. 23.
20 SÍNODO ROMANO, Intervención de S.E. Filippo SANTORO, Obispo de Petrópolis (Brasil), Ciudad del Vaticano, 7.10.08 (4ª Congregación General).
21 I. DE LA POTTERIE, La verdad como acontecimiento, en «30Giorni», nº 65, 1993.
22 Ibidem.
23 J. RATZINGER, Biblical interpretation in crisis: on the question of the foundations and approaches of exegesis today, BIBLICAL INTERPRETATION IN CRISIS: THE RATZINGER CONFERENCE ON BIBLE AND CHURCH, Wm. B. Eerdmans Publishing Co. Gran Rapìds (Michigan), 1989, p. 9.
24 Ibidem, p.19.
25 Ibidem, p.9-10.
26 SÍNODO ROMANO, Intervención del Santo Padre BENEDICTO XVI, Ciudad del Vaticano, 14.10.08
(14ª Congregación General).
27 J RATZINGER, op. cit., p.20.
28 Jn 1, 45-46.
29 F. BELLI, I. CARBAJOSA, C. JÓDAR ESTRELLA, L. SÁNCHEZ NAVARRO, Vetus in Novo. El recurso a la Escritura en el Nuevo Testamento, Encuentro, Madrid (2006) p.50.
30 Lc 24, 44-48.
31 F. BELLI, I. CARBAJOSA, C. JÓDAR ESTRELLA, L. SÁNCHEZ NAVARRO, op. cit. P.50-51.
32 Jn 2, 13-22.
33 Jn 2, 17.
34 Sal 69, 10ª.
35 F. BELLI, I. CARBAJOSA, C. JÓDAR ESTRELLA, L. SÁNCHEZ NAVARRO, op. cit. p.130-142.
36 2 Cor 3, 13.
37 2 Cor 3, 14-16.
38 Ex 34, 34
39 J. JEREMIAS, Per comprendere la teologia dell’apostolo Paolo, Morcelliana 1973, 33.
40 Cfr. P. STUHLMACHER, Vom Verstehen des Neuen Testaments. Eine Hermeneutik. Grundrisse zum Neuen Testament (NTD Ergänzungsreihe 6), Göttingen 1986, 68
41 Cfr. D.-A. KOCH, Die Schrift als Zeuge des Evangelium, 331.
42 M.D. HOOKER, Beyond the things that are written? St. Paul’s use of the Scripture, NTS 27 (1980) 295-309.
43 J RATZINGER, L’interpretazione biblica in conflitto, en “L’esegesi cristiana oggi”, Edizioni PIEMME, Casale Monferrato, 2000, p.125
44 S: KIERKEGAARD, Diario, BUR, Milán (1988) p.348.
45 L. GIUSSANI, S. ALBERTO, J. PRADES, Crear huellas en la historia del mundo, Encuentro, Madrid (1999) p.75.
46 SÍNODO ROMANO, Intervención de S.Em.R. Card. Tarcisio BERTONE, S.D.B., Secretario de Estado, Ciudad del Vaticano, 14.10.08 (14ª Congregación General).
47 BENEDICTO XVI, Respuestas de Su Santidad a los jóvenes, Encuentro del Santo Padre con los jóvenes de Roma y del Lacio como preparación para la XXI Jornada Mundial de la Juventud, Roma 6.04.06.
48 SÍNODO ROMANO, Intervención de S.Em.R. Card. Angelo SCOLA, Patriarca de Venecia (Italia), Ciudad del Vaticano, 13.10.08 (12ª Congregación General).
49 A VANHOYE, Exégesis bíblica y teología: la cuestión de los métodos, en “Biblia y ciencia de fe”, Granados y Giménez (editores), Encuentro, Madrid (2007) p.126-27.


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Justicia y Paz contra la autorización del matrimonio gay.
Buenos Aires, 18 Nov. 09 (
AICA)

 Comisión Nacional de Justicia y Paz

Frente al fallo de público conocimiento de una jueza en lo contencioso administrativo de la Ciudad de Buenos Aires y la decisión política de no apelar del Jefe de Gobierno, Mauricio Macri, la Comisión Nacional de Justicia y Paz emitió hoy un comunicado en el que manifiesta que “esta decisión constituye un signo de grave ligereza política generando un serio antecedente legislativo, para nuestro país y para toda Latinoamérica, en temas de vital importancia, como es la institución familiar, para la construcción de nuestra sociedad”.

     Al mismo tiempo, sostiene que “la protección de situaciones particulares puede alcanzarse por otras vías sin necesidad de remover desde los cimientos el ordenamiento jurídico familiar de nuestra sociedad”.

     El texto completo del comunicado es el siguiente:

Comunicado de la Comisión Nacional de Justicia y Paz de la Conferencia Episcopal Argentina - Matrimonio y bien común -


     Buenos Aires, 17 de noviembre de 2009 – Frente al fallo de público conocimiento de una jueza en lo contencioso administrativo de la Ciudad de Buenos Aires y la decisión política de no apelar del Jefe de Gobierno, Mauricio Macri, la Comisión Nacional de Justicia y Paz manifiesta que:  

     1. En línea con la declaración del Arzobispado de Buenos Aires, esta decisión constituye un signo de grave ligereza política generando un serio antecedente legislativo, para nuestro país y para toda Latinoamérica, en temas de vital importancia, como es la institución familiar, para la construcción de nuestra sociedad.  

     2. La protección de situaciones particulares puede alcanzarse por otras vías sin necesidad de remover desde los cimientos el ordenamiento jurídico familiar de nuestra sociedad. El matrimonio es la unión entre un hombre y una mujer abierta a los hijos. No estamos ante un hecho privado o una opción religiosa sino frente a una institución que es reconocida y tutelada por nuestro Código Civil y la Constitución Argentina porque afecta directamente al bien común de nuestro país. 

     3. Los ciudadanos eligen libremente a sus representantes y tienen el derecho a no verse sorprendidos por cambios fundamentales en la arquitectura social y la cultura nacional.  

     4. Finalmente, en tiempos de incertidumbre por los serios problemas de violencia e inseguridad, de drogadicción, de soledad y angustia de tantos argentinos, apelamos al fortalecimiento de la institución familiar y los vínculos insustituibles que ella genera como factor de educación y contención afectiva. 

     De esta manera podremos caminar juntos hacia un Bicentenario en paz y fraternidad.+


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Comunicado final de los Obispos de Mozambique (enviado a la agencia Fides) publicado al final de la segunda Asamblea Plenaria que se ha concluido el 7 de noviembre de 2009. 

COMUNICADO DA CONFERÊNCIA EPISCOPAL DE MOÇAMBIQUE
ÀS COMUNIDADES CRISTÃS E A TODAS AS PESSOAS DE BOA VONTADE  

1.      Introdução: 

Os Bispos de Moçambique e os Administradores Apostólicos da Diocese de Tete e da Diocese do Guruè, reunidos no Seminário de Santo Agostinho da Matola, saúdam-vos e desejam-vos a paz e o amor de Nosso Senhor Jesus Cristo. 

O Senhor Cardeal D. Alexandre, apesar de ter saído do hospital há pouco tempo, esteve presente na nossa assembleia desde o princípio até ao fim. Desejamos-lhe uma rápida e inteira convalescença. 

O Senhor D. Adriano Langa, por motivo do seu trabalho pastoral com os emigrantes e deslocados, e o Senhor D. Bernardo Filipe Governo, por motivo de doença, não estiveram presentes, mas sentimo-los espiritualmente unidos a nós na nossa assembleia. 

O Senhor Administrador Apostólico da Diocese do Guruè chegou só no dia 4, por falta de transporte de Quelimane para Maputo. Muito bem vindo! 

A nossa assembleia começou no dia 3 de Novembro, de manhã, com a concelebração eucarística, presidida pelo Presidente da Conferência Episcopal, o Senhor D. Lúcio  

Andrice Muandula, Bispo de Xai-Xai. Na homilia, partindo da palavra de S. Paulo aos Romanos, chamou-nos a atenção para a grande variedade de dons com que o Espírito Santo nos enriquece a cada um de nós para fazermos crescer a Igreja, Corpo de Cristo. E tomando a palavra do Evangelho advertiu que estes dons do Espírito Santo podem ser recusados e desprezados – E por isso, a santidade de cada um, a evangelização, a paz e o amor entre os homens não crescem, na medida em que deveriam crescer – Esta mensagem é para nós Pastores, e para vós cristãos das nossas Dioceses. Jesus conta connosco, e conta também convosco para a realização da sua missão de salvação da humanidade. 

No discurso de abertura, o Presidente da Conferência, depois de saudar todos os Bispos presentes, saudou, em especial, o Senhor Administrador Apostólico de Tete, Rev. Pe. Tiago Palagi, e o Senhor Administrador Apostólico do Guruè, Rev. Pe. Renato Comastri. 

Depois lançou um desafio à assembleia para a levar a reflectir se estamos a desempenhar plenamente a nossa missão, segundo as exigências da Igreja e da sociedade dos nossos tempos, ou se não terá chegado a hora de nos renovarmos, e de renovarmos também os esquemas do nosso trabalho apostólico? 

As respostas ao desafio foram surgindo, apontando para a “Segunda Assembleia Especial, do Sínodo dos Bispos para a África” como processo de renovação. 

Por isso vamos comunicar-vos alguns pontos fundamentais da mensagem que os Padres Sinodais enviaram a todo o Mundo. 

2.      II Assembleia Especial do Sínodo dos Bispos para a África: 

“A Igreja em África, ao serviço da Reconciliação da Justiça e da Paz -Vós sois o sal da terra; Vós sois a luz do mundo”. 

Esta assembleia sinodal realizou-se em Roma, de 4 a 25 de Outubro, tendo participado nela sete Bispos e dois leigos de Moçambique: D. Jaime Gonçalves, Arcebispo da Beira; D. Lúcio Andrice, Bispo de Xai-Xai; D. Francisco Chimoio, Arcebispo do Maputo; D. Francisco Silota, Bispo de Chimoio; D. Germano Grachane, Bispo de Nacala; D. Adriano Langa, Bispo de Inhambane; D. Ernesto Maguengue, Bispo de Pemba; e os leigos, Senhor Ermelindo Monteiro e Dª Filomena José Elias. 

3.      Mensagem dos Padres Sinodais: 

Os Padres sinodais escreveram uma mensagem dirigida a toda a Igreja, à Família de Deus em todo o mundo; mas esta mensagem é dirigida, de modo especial à Igreja em África. Por isso, nós povo de Moçambique, devemos tomar para nós este apelo dos Bispos do Sínodo: “a todos e a cada um, fazemos o apelo de nos darmos as mãos e enfrentarmos os desafios da Reconciliação, da Justiça e da Paz, na África”. 

4.      Cristo nossa Paz: 

Que devemos fazer para responder a este apelo? – Correr para Cristo nossa Paz. 

Deus é quem reconcilia o mundo consigo, em Cristo. E Deus escolheu-nos a nós como embaixadores de Cristo para levarmos ao mundo a mensagem da reconciliação. 

No caminho da reconciliação está o perdão – Não há reconciliação sem perdão. O verdadeiro perdão transforma os inimigos em amigos, as vítimas em irmãos e irmãs. 

Este é o caminho para acabar com os ódios, as vinganças e as guerras. 

5.      O Sacramento da Reconciliação: 

Cristo deixou-nos o sacramento da reconciliação para renovarmos continuamente a nossa amizade com Deus. Este sacramento tem uma força e eficácia muito própria para nos reconciliar uns com os outros. “Antes de ofereceres a tua oferta, vai reconciliar-te com teu irmão, e depois vem apresentar-te diante de Deus”. 

6.      A Igreja Família: 

A história da Igreja primitiva conta que os gentios costumavam dizer dos cristãos “Vede como eles se amam”. Isto continua a ser verdade: os cristãos das Igrejas locais da África ajudam-se e prestam serviços uns aos outros. E também as Igrejas da Europa e da América prestam serviços às Igrejas de África. É preciso fortalecer e aprofundar as relações familiares já existentes. É assim que a Igreja vive em espírito de família. 

7.      A Igreja em África: 

A Igreja em África tem crescido muito. Demos graças ao Senhor da messe. Mas ainda há muita gente em África que não conhece Jesus Cristo. Os cristãos devem aceitar a responsabilidade de anunciar Jesus Cristo aos seus irmãos de África, de todas as maneiras; devem aceitar a responsabilidade de serem embaixadores de Cristo para a reconciliação, a justiça e a paz, na África e no mundo. 

8.      Prioridades: 

Jesus Cristo é a grande prioridade; é o maior bem que podemos oferecer aos povos da África – Na África há muitas carências, muitas doenças, muita ignorância, muita exploração da fraqueza das pessoas… É verdade. E há um povo que anseia por superar a miséria, as doenças, a ignorância, a falsidade, a opressão… “Cristo é a Verdade que te libertará” – África, Cristo vem ao teu encontro; Ele põe a sua Igreja ao teu serviço para te guiar pelos caminhos da Reconciliação, da Justiça e da Paz – Responde ao convite de Cristo; confia n’Ele; entrega-te a Ele. 

9.      Seminários e Ano Sacerdotal: 

A nossa assembleia passou um dia inteiro a reflectir sobre os Seminários de S. Pio X e de Santo Agostinho, para poder encontrar sacerdotes idóneos para Directores Espirituais e Formadores, para os dois seminários. Encontrou solução para o problema, mas só levantando outros problemas; tirando sacerdotes de paróquias e de outros serviços nas suas Dioceses sem os poder substituir devidamente.

Estamos no ano sacerdotal. Vamos pôr em prática a recomendação de Jesus “pedi ao Senhor da messe que mande operários” – Vamos insistir, pedindo com muita fé ao Pai que dê à sua Igreja muitos e santos sacerdotes, muitas e santas vocações para o sacerdócio e para a Vida Consagrada. 

10.    Visita do Senhor Núncio Apostólico: 

No fim da manhã do dia 3, o Senhor Núncio D. António Arcari visitou-nos, como um sinal vivo da nossa comunhão com o Santo Padre. Foi saudado pelo Presidente da Conferência Episcopal que agradeceu a sua presença e o seu serviço a esta Igreja em Moçambique. 

Na sua exortação, o Senhor Núncio recomendou sobretudo o cuidado a ter na formação dos candidatos ao sacerdócio, nos seminários. 

Em sinal da amizade aceitou ir almoçar connosco. 

11.    Eleições: 

Devemos louvar e dar graças a Deus porque todo o período eleitoral correu em ambiente de boa ordem, respeito mútuo e sem violências. Por isso louvamos o nosso povo e os organizadores da campanha e do acto eleitoral. Já se caminhou muito nas sendas da democracia.

Por outro lado, apesar dos resultados finais serem evidentes e indiscutíveis, lamentamos que as garantias para “eleições livres, justas e transparentes, tenham sido frustradas em muitos lugares, por irregularidades que não ajudam a boa formação política do nosso povo. Por isso temos de continuar a trabalhar pelo crescimento da consciência da cidadania e pela responsabilidade social e política de cada cidadão.

 

12.    Obras Missionárias Pontifícias: 

Foi nomeado novo Director das Obras Pontifícias Missionárias em Moçambique. É o Rev. Pe. Atanásio Canira, o qual sucede ao Rev. Pe. Inácio Mole. 

Agradecemos o trabalho do Pe. Inácio que se empenhou em dar nova vida às P.O.M., visitando as Dioceses e promovendo a nomeação de directores diocesanos. 

As Obras Pontifícias Missi


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ZENIT   nos ofrece la intervención de monseñor Celestino Migliore, Observador Permanente ante la Santa Sede, el 13 de noviembre de 2009 en la 64 sesión de la Asamblea General, sobre la reforma del Consejo de Seguridad.

 

Señor presidente

Entre los temas de la reforma del Consejo de Seguridad, mi Delegación quisiera concentrarse particularmente en la cuestión del derecho de veto.

Muchas posiciones y puntos de vista válidos y claros, se han expresado en relación con el derecho de veto. En esta etapa de negociaciones intergubernamentales, sin embargo, la abolición del veto parece ser la menos factible. Por lo tanto, su reforma es más adecuada y realista.

La experiencia enseña que hay buenas razones para avanzar posiciones en favor de la reforma del derecho de veto, con el fin de limitar su ejercicio. En muchas ocasiones de la historia, su uso ha ralentizado e incluso obstruido la resolución de problemas cruciales para la paz y la seguridad internacionales, lo que ha permitido la perpetración de violaciones de la libertad y la dignidad humanas. Demasiado a menudo, es la falta de intervención la que causa el daño real.

La reforma del veto es aún más necesaria en un momento en que experimentamos la paradoja obvia de un consenso multilateral que sigue estando en peligro, debido a que aún está subordinado a las decisiones de unos pocos, mientras que los problemas del mundo exigen intervenciones en forma de acción colectiva de la comunidad internacional.

En este contexto, la Santa Sede reconoce la importancia de la opinión expresada por otras delegaciones, de que los miembros permanentes del Consejo de Seguridad deben comprometerse a una práctica de no emitir un veto en casos en los que hay implicados genocidio, crímenes de lesa humanidad, crímenes de guerra graves, violaciones de el derecho internacional humanitario o actos similares.

Como mínimo, en un esfuerzo por llegar a una solución oportuna y más representativo para este tipo de situaciones graves, el número de votos afirmativos en apoyo de las decisiones del Consejo de Seguridad debe exigir el voto concurrente de no más de dos miembros permanentes. De otra manera, como ya han sugerido otras delegaciones, un miembro permanente podría emitir un voto negativo, indicando que el voto en contra de una propuesta determinada no debe entenderse como un derecho de veto y que su oposición no es de una naturaleza tal como para justificar el bloqueo de una decisión .

Muchos están de acuerdo en que los miembros permanentes deben mostrar gran responsabilidad y la transparencia en el uso del derecho de veto. Antes de emitir ese voto, la transparencia, la flexibilidad, la confianza y la voluntad política ya deberían haber formado parte del proceso de redacción de una resolución, a fin de garantizar de que los Estados no puedan efectivamente vetar los textos antes de que sean examinados por el Consejo. De hecho, sabiendo que un miembro permanente votará en contra, muchos proyectos propuestos no son formalmente presentado al Consejo para su votación. Es crucial que haya un diálogo más abierto y una mayor cooperación entre los miembros permanentes y los demás del Consejo de Seguridad para evitar cualquier obstrucción ulterior en la adopción de una resolución. Es necesaria una búsqueda más profunda de la manera de adelantarse y gestionar conflictos, para explorar todas las vías diplomáticas posibles y para atender y estimular la más mínima señal de diálogo o de deseo de reconciliación.

La decisión de ampliar, limitar o suprimir el derecho de veto queda en manos de los Estados miembros, y dependerá del mayor consenso posible en una de las opciones. Confiamos en que tal decisión sea adecuada y favorezca la transparencia, la igualdad y la justicia, reflejando los valores de la democracia y la confianza mutua en la labor del Consejo de Seguridad reformado.

Gracias, señor presidente

[Traducción del inglés por Inma Álvarez]


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Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas para el trigésimo tercer domingo durante el año. (AICA)
(15 de noviembre de 2009)
 

“LA CASA DE LORETO” 

Este domingo es muy importante porque estamos celebrando a San Roque González, junto a San Juan del Castillo y San Alfonso Rodríguez, con nuestra peregrinación a la Casa de nuestra Madre, el centro de espiritualidad de Loreto. Celebramos la fe de estos hombres, su testimonio evangelizador en nuestra tierra y su martirio. En realidad queremos celebrar la memoria de tantos hombres que vivieron su fe en Jesucristo, armaron pueblos, promocionaron las comunidades indígenas y generaron cultura. En Loreto celebramos la memoria y queremos actualizar y renovar nuestra fe, esperanza y caridad en el presente. Hoy como ayer estamos llamados a dar respuesta de Jesucristo, el Señor, a tantísimos desafíos evangelizadores en este inicio del siglo XXI. Nuestro Centro de espiritualidad no es solo un templo, implica la memoria y el presente de todo un espacio religioso. La Capilla de la Virgen de Loreto, con la espiritualidad de “la familia” , de Nazareth, al que la Virgen de Loreto nos convoca. También el camino procesional “al monte calvario” con la vida pública del Señor, y que profundizaremos como espiritualidad durante el 2010, en relación a la celebración del bicentenario en nuestra Patria. El vía crucis y la capilla del monte calvario. Así como el futuro templo Mayor, donde actualmente se significa con una ermita de los Mártires de las Misiones, el lugar donde estará dicho futuro templo. Desde Loreto y junto al parque temático y reducción de Santa Ana, así como San Ignacio, se va conformando el espacio y el don de un pasado y presente religioso, que nos ayudará que nuestra fe en Jesucristo, el Señor, se renueve desde “María”, desde “la cruz” y desde el testimonio de “nuestros Mártires”.

Aquí una breve reseña de San Roque González como recuerdo, e invocación para que especialmente Él, así como los otros Mártires y tanta gente que fueron testigos de la fe, nos convoquen a que nosotros también seamos Santos y constructores de una Patria de hermanos y una tierra en la que podamos vivir en esperanza.

Roque González de santa Cruz nació en Asunción del Paraguay en 1576, de padres españoles. Fue uno de los primeros sacerdotes criollos. Ordenado en 1598, fue enviado hacia las sierras del Mbaracayú donde los encomenderos explotaban a los indígenas en los yerbales, asumió después el Curato de la Catedral de Asunción. Comenzó la prédica entre los guaycurúes y grupos guaraníes desde la época de su noviciado, pero su prueba decisiva la constituyó el trabajo en la reducción de San Ignacio Guazú, fundada por el P. Lorenzana en 1610. Allí Roque González realizó tareas de constructor, según la Carta Anua de 1615, “el mismo en persona es carpintero, arquitecto y albañil; maneja el hacha, labra la madera y la acarrea al sitio de construcción enganchando él mismo, por falta de otro capaz, la yunta de bueyes”. A fines de 1614 se encamina hacia el río Paraná para fundar nuevas reducciones; el 25 de marzo de 1615 funda Nuestra Señora de la Anunciación de Itapúa, en la actual Posadas. Aquí Roque, sus compañeros y los indios sufrieron las peripecias del hambre primero y la peste después; fueron socorridos por los religiosos franciscanos desde Corrientes y más tarde la reducción se trasladó a la otra orilla con el nombre de Nuestra Señora de la Encarnación. En este tiempo Roque realizó una excursión por el Río Paraná, probablemente hasta la desembocadura del Iguazú. En 1619 llega a la región del Río Uruguay donde a pesar de las dificultades y resistencia de los indios pudo fundar Concepción. Consolidada esta reducción se convirtió en madre de otras en la región. Al otro lado del río funda Nuestra Señora de la Candelaria, destruida por indígenas enemigos cuando se ausenta Roque al ser designado Superior de los nuevos pueblos. Se interna luego en el Tapé donde funda en 1622 el pueblo de San Nicolás de Paratiní. Afianzada esta fundación, se dirige con el P. Pedro Romero hacia el norte para fundar Candelaria de Caazapaminí en 1627; aquí queda el P. Romero. Roque, en tanto, continúa junto a Juan del Castillo hacia las selvas del norte de Jyui Grande donde establece la reducción de Asunción del Jyui el 15 de agosto de 1628, que deja a su compañero. Finalmente Roque funda el pueblo de Todos los Santos del Caaró el 1 de noviembre de 1628, en ella hallarán la muerte pocos días después.

¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo! 

Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas

 

 


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Domingo, 29 de noviembre de 2009

Los obispos convocan a un Congreso Nacional de Doctrina Social
Buenos Aires, 17 Nov. 09 (
AICA)  

Comisión Nacional de Justicia y Paz

La 98 Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina, resolvió convocar en el marco de las celebraciones del bicentenario patrio, a un Congreso Nacional de Doctrina Social de la Iglesia por realizarse en la arquidiócesis de Rosario en 2011, con el lema “Bicentenario 2010-2016: aportes para un proyecto de País con justicia y solidaridad”.

     El Congreso será preparado desde 2010 y organizado por la Comisión Episcopal de Pastoral Social, la Comisión Nacional Justicia y Paz y la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA), y, en sintonía con la encíclica “Caritas in veritate”, de Benedicto XVI, se buscará entre otros objetivos, generar conciencia sobre la importancia del desarrollo humano integral.

    En los fundamentos de la convocatoria, los obispos señalan, citando a Pablo VI, que “toda acción social requiere una doctrina” y recuerdan el documento Navega Mar Adentro, expresando que “participar activamente en la construcción del bien común en nuestra patria es hoy una necesidad impostergable. Para caminar en esta dirección, se requiere el conocimiento y la difusión de la Doctrina Social de la Iglesia, como uno de los elementos constitutivos de la Nueva Evangelización”.

     Asimismo, hacen referencia a la Carta Pastoral con ocasión de la Misión Continental, señalando: “los obispos en  la Argentina hemos decidido también tener el Bicentenario (2010 – 2016) como meta y objetivo evangelizador. La Misión Continental en la Argentina no puede estar separada de este acontecimiento, teniendo en cuenta que su celebración se da en un espacio de tiempo de 6 años. Esto permite trabajar desde la Doctrina Social de la Iglesia en un camino formativo y de compromiso con la construcción de la sociedad.

     El Congreso se realizará en la arquidiócesis de Rosario, en la sede local de la Universidad Católica Argentina, y entre otras metodologías participativas, buscará vincular a diócesis y regiones a través de videoconferencias en sedes de la UCA y de otras Universidades Católicas del país. Asimismo, se buscará trabajar en conjunto con centros de formación y con otros espacios de difusión y aplicación concreta a la realidad de la Doctrina Social de la Iglesia.

     La convocatoria estará abierta a las distintas vocaciones de la Iglesia, agentes pastorales, laicos constructores del bien común, académicos y especialistas en DSI, ciudadanos de buena voluntad, entre otros.

Actividades previas
     Como preparación del Congreso, durante el año 2010 se realizarán misiones, semanas sociales, retiros, jornadas y congresos diocesanos y regionales de Doctrina Social de la Iglesia y encuentros formación con agentes pastorales, nuevos dirigentes, dirigentes políticos, sociales, sindicales, productivos, culturales, educativos, entre otros.

     Asimismo, durante el Congreso se propondrá una metodología de trabajo en red para que los participantes se transformen, con vistas al Bicentenario 2010-2016 en agentes multiplicadores de la Doctrina Social de la Iglesia como aporte para un proyecto de País con justicia y solidaridad.

Objetivos
     En el marco del Bicentenario 2010-2016 y con un espíritu participativo y federal, el objetivo del Congreso será “contribuir a un mejor conocimiento y a una mayor difusión de la doctrina social de la Iglesia, como uno de los elementos constitutivos de la nueva Evangelización, como aporte a ‘un proyecto de país’ con justicia y solidaridad”.

     Y como objetivos específicos se han definido, entre otros:

     - Contribuir a profundizar la relación entre dimensión social de la fe, nueva Evangelización y doctrina social de la Iglesia.
     - Promover el compromiso misionero hacia una sociedad justa y responsable, con vistas a revertir la carencia importante de participación de los cristianos, y la ciudadanía en general, como agentes de transformación de la vida social, económica y política del país.
     - Concientizar, desde los valores y principios de la DSI, a la ciudadanía y a la dirigencia sobre la urgente necesidad de contribuir a erradicar la pobreza y promover el desarrollo integral como prioridad Nacional del Bicentenario 2010-2016.
     - Contribuir a repensar la acción pastoral de la Iglesia con los constructores del bien común.
     - Contribuir a discernir, interpretar y abordar la nueva cuestión social del cambio de época.+


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Comunicado de prensa de Los Obispos de Uruguay tras la conclusión de la Segunda Asamblea Plenaria anual, celebrada del 4 al 11 de noviembre de 2009

Miércoles 11 de Noviembre de 2009 

Síntesis de los temas abordados 

Concluyó ayer en Florida la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal del Uruguay, en la que se destacó la visita de Mons. Octavio Ruiz, Vicepresidente de la Comisión Pontificia para América Latina, organismo de la Santa Sede que atiende más directamente a la Iglesia en nuestro continente. El distinguido visitante se reunió con los Obispos y participó en la Peregrinación Nacional a la Virgen de los Treinta y Tres, donde presidió la Misa y tuvo a su cargo la homilía. 

 Retiro

La Asamblea se inició el miércoles 4, con un retiro espiritual orientado por Mons. Raúl Scarrone, Obispo Emérito de Florida, en relación al año sacerdotal, sobre el tema “Fidelidad de Cristo, fidelidad del sacerdote”. 

Festival

Con motivo de la 15ª edición del Festival “Uruguay le canta a la Virgen de los Treinta y Tres” realizado esa noche en la Catedral de Florida, se envió un saludo en nombre de la Conferencia Episcopal a los organizadores de este evento. 

Reflexión Pastoral

Los Obispos, junto a los Vicarios Pastorales de las diez diócesis y al presidente de la Conferencia de Religiosos del Uruguay, recibieron al sociólogo César Aguiar, quien presentó algunas claves para interpretar el resultado electoral pasado y los posibles horizontes de futuro, y planteó algunos temas que ameritan un particular interés de la Iglesia y, especialmente, una presencia activa de los laicos: 

- Familia: el problema de la renuncia a la fecundidad,  la paternidad responsable y los diferentes tipos de hogar
- Educación: la necesidad de combinar libertad, inclusión, formación técnica, formación en valores y acceso a la modernidad
- Calidad de vida en sus diversas dimensiones: la pobreza, la miseria, el envejecimiento, la convivencia ciudadana, la participación en la vida colectiva
- Nuevas formas de cultura masiva: la sociedad del espectáculo, los estimulantes, el ateísmo hedonista, las cuestiones de la identidad cultural
- Trabajo: la productividad, el camino hacia una sociedad próspera y justa, la ética de la producción y del consumo. 

En relación al momento electoral los Obispos reiteraron los criterios ya manifestados en su documento emitido en abril, en especial el respeto mutuo que debe prevalecer en estos tiempos (párrafos 12 y 13): 

“12. Siendo muy importante el discernimiento comunitario, sin embargo, la Iglesia no realiza una propuesta política de tipo partidario, ni avala ninguna en especial. A partir de la reflexión y discernimiento que realizamos en Iglesia, corresponde a cada cristiano el deber ineludible de tomar en conciencia sus propias decisiones político-partidarias.

13. La comunidad eclesial es plural en lo político-partidario, por lo que el respeto y enriquecimiento mutuo deben ser el modo específico de encarar este tema. Por lo mismo, ningún cristiano puede reivindicar su postura como la única evangélica”. 

Visita del Nuncio

Con el Nuncio Apostólico, Mons. Anselmo Pecorari, los Obispos mantuvieron un rico intercambio en el cual destacaron tres temas de interés para la Iglesia en el Uruguay: fortalecer la formación de los seminaristas y el acompañamiento a los sacerdotes más jóvenes; renovar la atención a los jóvenes, particularmente en los centros educativos católicos; promover la participación de los fieles laicos no sólo hacia dentro de la Iglesia, sino sobre todo en la sociedad. 

 Reunión con el Vicepresidente de la CAL

La reunión con Mons. Octavio Ruiz, Arzobispo Vicepresidente de la Pontificia Comisión para América Latina, estuvo dedicada principalmente a aspectos de la formación de los futuros sacerdotes. Se subrayó especialmente la necesidad de atender la formación humana, espiritual, intelectual y pastoral de los candidatos al sacerdocio. 

En su homilía en la Misa de la Pereginación Nacional (8 de noviembre), el visitante invitó a la oración por el Uruguay en este particular momento político: 

“Como lo hicieron en su momento los Treinta y Tres Orientales, también hoy ponemos ante la pequeña imagen de la Virgen Inmaculada, los destinos de esta querida Nación Uruguaya. A ella le pedimos que guíe a sus gobernantes para que cumplan su deber de servir a su Patria, buscando en todo momento el bien para sus conciudadanos, y trabajen con ahínco por lograr, juntamente con ellos, el desarrollo integral de la sociedad con rectitud, justicia y equidad.

Asimismo le pedimos para que ella interceda ante su Hijo para que Uruguay viva siempre en paz.” 

En esa Misa se empleó la nueva traducción del Misal que se utilizará en Argentina, Chile, Paraguay y Uruguay, más adaptada al habla de la región. 

 Encuentros

Los Obispos recibieron además: 

- al Capellán Nacional de la Pastoral Scout, Pbro. Luis Fariello, quien concluye su tarea, y al coordinador nacional de esa Pastoral, Sr. Ruben Barboza. La Conferencia agradeció al P. Fariello el servicio prestado desde 1996 en esa área, y nombró al nuevo capellán, Fray Ricardo Citadini OFM conv.
- a los formadores del Seminario Interdiocesano, quienes plantearon algunas propuestas para la formación de los futuros sacerdotes.
- a dos miembros de la Comisión directiva del Hogar Sacerdotal, institución que vela por el bienestar de los sacerdotes retirados, enfermos o imposibilitados, quienes presentaron un proyecto de Salud Integral para los sacerdotes. 

Elección de autoridades

Finalmente, los Obispos eligieron sus autoridades para el trieno 2010-2012. 

Consejo Permanente:

Presidente: Mons. Carlos Collazzi

Vicepresidente: Mons. Rodolfo Wirz

Secretario General: Mons. Heriberto Bodeant 

Para implementar las acentuaciones de las Orientaciones Pastorales resultantes de la reunión de los Obispos con los vicarios, se eligió como Coordinador Nacional de Pastoral a Mons. Heriberto Bodeant, y a los presidentes e integrantes de los diferentes sectores:

 Sector “Palabra de Dios”:

Mons. Orlando Romero, Presidente

Mons. Raúl Scarrone

Mons. Rodolfo Wirz 

Sector “Promoción humana”:

Mons. Julio Bonino, Presidente

Mons. Luis del Castillo

Mons. Heriberto Bodeant 

Sector “Laicos”:

Mons. Arturo Fajardo, Presidente

Mons. Nicolás Cotugno

Mons. Carlos Collazzi 

Sector “Ordenados y Consagrados”:

Mons. Martín Pérez, Presidente

Mons. Hermes Garín

Mons. Roberto Cáceres  

Servicios de Reflexión y Relación:

Mons. Pablo Galimberti, Presidente

Mons. Nicolás Cotugno

Mons. Luis del Castillo 

Administrador y Responsable de la Comisión Nacional de Asuntos Económicos:

Mons. Rodolfo Wirz   

Comisión Mixta Obispos Religiosos: 

Mons. Carlos Collazzi y Mons. Martín Pérez 

Delegado al CELAM : Mons. Heriberto Bodeant

Suplente: Mons. Raúl Scarrone 

Comisión del Seminario Interdiocesano:

Mons. Nicolás Cotugno

Mons. Raúl Scarrone

Mons. Arturo Fajardo 

Universidad Católica del Uruguay

Gran Canciller, Mons. Nicolás Cotugno

Mons. Pablo Galimberti

Mons. Luis del Castillo 

Causas de Beatificación: Mons. Nicolás Cotugno 

Facultad de Teología: Mons. Nicolás Cotugno


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Exhortación que el Santo Padre Benedicto XVI dirigió a los Obispos de la Conferencia Episcopal de Brasil (Región Sur 1), al recibirlos en su Visita “Ad Limina Apostolorum” el sábado 14 de noviembre.

VISITA "AD LIMINA APOSTOLORUM" DEI PRESULI DELLA CONFERENZA EPISCOPALE DEL BRASILE (REGIONE SUL 1) 

DISCORSO DEL SANTO PADRE  

Senhor Cardeal,
Amados Arcebispos e Bispos do Brasil,

No meio da visita que estais cumprindo ad limina Apostolorum, vos reunistes hoje para subir à Casa do Sucessor de Pedro, que de braços abertos vos acolhe a todos vós, amados Pastores do Regional Sul 1, no Estado de São Paulo. Lá se encontra o importante centro de acolhimento e evangelização que é o Santuário de Nossa Senhora Aparecida, onde tive a alegria de estar em maio de 2007 para a inauguração da Quinta Conferência do Episcopado Latino-Americano e do Caribe. Faço votos por que a semente então lançada possa dar válidos frutos para o bem espiritual e também social das populações daquele promissor Continente, da querida Nação brasileira e do vosso Estado Federal. Elas «têm direito a uma vida plena, própria dos filhos de Deus, com condições mais humanas: livres da ameaças da fome e de toda forma de violência» [Discurso inaugural (13/V/2007), n. 4]. Uma vez mais, desejo agradecer tudo o que foi realizado com tão grande generosidade e renovar a minha cordial saudação a vós e às vossas dioceses, recordando de modo especial os sacerdotes, os consagrados e consagradas e os fiéis leigos que vos ajudam na obra de evangelização e animação cristã da sociedade.

O vosso povo abriga no coração um grande sentimento religioso e nobres tradições, enraizadas no cristianismo, que se exprimem em sentidas e genuínas manifestações religiosas e civis. Trata-se de um patrimônio rico de valores, que vós – como mostram os relatórios, e Dom Nelson referia na amável saudação que em vosso nome acaba de dirigir-me – procurais manter, defender, estender, aprofundar, vivificar. Ao regozijar-me vivamente com tudo isto, exorto-vos a prosseguir nesta obra de constante e metódica evangelização, cientes de que a formação autenticamente cristã da consciência é decisiva para uma profunda vida de fé e também para o amadurecimento social e o verdadeiro e equilibrado bem-estar da comunidade humana.

Com efeito, para merecer o título de comunidade, um grupo humano deve corresponder, na sua organização e nos seus objetivos, às aspirações fundamentais do ser humano. Por isso não é exagerado afirmar que uma vida social autêntica tem início na consciência de cada um. Dado que a consciência bem formada leva a realizar o verdadeiro bem do homem, a Igreja, especificando qual é este bem, ilumina o homem e, através de toda a vida cristã, procura educar a sua consciência. O ensinamento da Igreja, devido à sua origem – Deus –, ao seu conteúdo – a verdade – e ao seu ponto de apoio – a consciência –, encontra um eco profundo e persuasivo no coração de cada pessoa, crente e mesmo não crente. Concretamente, «a questão da vida e da sua defesa e promoção não é prerrogativa unicamente dos cristãos. Mesmo se recebe uma luz e força extraordinária da fé, aquela pertence a cada consciência humana que aspira pela verdade e vive atenta e apreensiva pela sorte da humanidade. (…) O "povo da vida" alegra-se de poder partilhar o seu empenho com muitos outros, de modo que seja cada vez mais numeroso o "povo pela vida", e a nova cultura do amor e da solidariedade possa crescer para o verdadeiro bem da cidade dos homens» [Enc. Evangelium vitæ (25/III/1995), 101].

Venerados Irmãos, falai ao coração do vosso povo, acordai as consciências, reuni as vontades num mutirão contra a crescente onda de violência e menosprezo do ser humano. Este, de dádiva de Deus acolhida na intimidade amorosa do matrimônio entre o homem e a mulher, passou a ser visto como mero produto humano. «Hoje, um campo primário e crucial da luta cultural entre o absolutismo da técnica e a responsabilidade moral do homem é o da bioética, onde se joga radicalmente a própria possibilidade de um desenvolvimento humano integral. Trata-se de um âmbito delicadíssimo e decisivo, onde irrompe, com dramática intensidade, a questão fundamental de saber se o homem se produziu por si mesmo ou depende de Deus. As descobertas científicas neste campo e as possibilidades de intervenção técnica parecem tão avançadas que impõem a escolha entre estas duas concepções: a da razão aberta à transcendência ou a da razão fechada na imanência» [Enc. Caritas in veritate (29/VI/2009), 74]. Jó, de modo provocatório, chama os seres irracionais a darem o próprio testemunho: «Pergunta, pois, aos animais e eles te ensinarão; às aves do céu e elas te instruirão, aos répteis da terra e eles te responderão, e aos peixes do mar e eles te darão lições. Quem não vê em tudo isto a mão de Deus que fez todas estas coisas? Deus tem nas suas mãos a alma de todo o ser vivente, e o sopro de vida de todos os homens» (Jó 12, 7-10). A convicção da reta razão e a certeza da fé de que a vida do ser humano, desde a concepção até à morte natural, pertence a Deus e não ao homem, confere-lhe aquele caráter sagrado e aquela dignidade pessoal que suscita a única atitude legal e moral correta, isto é, a de profundo respeito. Porque o Senhor da vida falou: «Da vida do homem pedirei contas a seu irmão. (...) porque Deus fez o ser humano à sua imagem» (Gen 9, 5.6).

Meus amados e venerados Irmãos, nunca podemos desanimar no nosso apelo à consciência. Não seríamos seguidores fiéis do nosso Divino Mestre, se não soubéssemos em todas as situações, mesmo nas mais árduas, levar a nossa «esperança para além do que se pode esperar» (Rom 4, 18). Continuai a trabalhar pelo triunfo da causa de Deus, não com o ânimo triste de quem adverte só carências e perigos, mas com a firme confiança de quem sabe poder contar com a vitória de Cristo. Unida ao Senhor de modo inefável está Maria, plenamente conforme ao seu Filho, vencedor do pecado e da morte. Pela intercessão de Nossa Senhora Aparecida, imploro de Deus luz, conforto, força, intensidade de propósitos e realizações para vós e vossos mais diretos colaboradores, ao mesmo tempo que de coração vos concedo, extensiva a todos os fiéis de cada comunidade diocesana, uma particular Bênção Apostólica.


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Carta del Superior del hospital de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios invitando a visitar el Belén que tradicionalmente confeccionan los Hermanos en su centro de Santa Crus de Tenerife.

Hospital
ORDEN HOSPITALARIA DE SAN JUAN DE DIOS

 

Estimado Sr. Cura Párroco:

Los Hermanos de San Juan de Dios cuentan con una larga tradición en el montaje y construcción de "Belenes", por lo cual, además de la obra artística, intentamos que la visita sea una catequesis para las personas que vienen a verlo. 

Al invitarle a visitar nuestro "Nacimiento", queremos que haga extensiva también nuestra felicitación navideña a los feligreses de su parroquia, al mismo tiempo que le facilite la posibilidad de informarle de los horarios de visita, colocando los carteles en lugar visible para ellos. 

Tenemos que darle a la Navidad el verdadero sentido que tiene y que conmemora: El nacimiento del Hijo de Dios, que se hace carne para estar en la tierra con y para el hombre. 

Estaremos encantados de poder atenderles cuando decidan visitar el artístico Belén montado este año, para que, además del sentido de catequesis, puedan admirar su belleza artística y disfrutar de sus hermosas vistas y paisajes, que nos remontan a los lugares en donde tuvieron lugar los acontecimientos que celebramos en la Navidad. 

De antemano le agradecemos su colaboración en la divulgación del cartel y le reiteramos nuestra más cordial felicitación, deseándole una Feliz Navidad y que el Señor bendiga a toda su Parroquia en el próximo año 2010. 

Un fraternal saludo. 

Superior Hospital San Juan de Dios

Santa Cruz de Tenerife, 23 de Noviembre de 2009  

Carretera General del Norte, 53  
38009 Santa Cruz de Tenerife     
Telf.: 922 645 511

www.sjd.es

Comentario al evangelio del domingo primero de Adviento  - C publicado en Diario de Avisos el domingo 29 de Noviembre de 2009 bajo el epígrafe DOMINGO CRISTIANO.

Siempre es Adviento

Daniel Padilla

 

Yo no sé si el hombre de hoy sabe qué es el "adviento". Incluso, no sé si, los que nos llamamos cristianos, nos sentimos de verdad inmersos en esa dinámica de "vivir en adviento". Y, sin embargo, para quienes concebimos el mundo y la historia traspasados de "trascenden­cia", resulta que todo es "adviento". Pasado, futuro y presente giran ininte­rrumpidamente pendiente de "Alguien que vino, que vendrá y que está viniendo siempre".

El pueblo de la antigua alianza, des­pués de pasar un largo calvario de esclavitudes, privaciones, destierros y caminos, fue dándose cuenta de que "Dios había venido a ellos". Aquel éxodo les fue educando. Y comprendie­ron que Dios les había guiado y prote­gido. Adviento pasado. Y así lo recita­ban sus salmos: "Recuerden las mara­villas que Yahvé ha obrado, sus porten­tos, las sentencias de su boca". Y la reflexión sobre ese "adviento pasado" le sirvió, además, como figura y anti­cipo, como ejercicio de esperanza, para anhelar un "adviento futuro". Dios les visitaría con nuevas mercedes. Con la gran merced. Y en esa esperanza se debatió, gimió, anheló y rezó. Oigan a Isaías: "Destilen, cielos, el rocío de lo alto y que las nubes lluevan al Justo". Y en otro lugar: "Compadécete, Señor, de nosotros, que te esperamos". Hasta que el "futuro" se hizo "presente". Cuando "llegó la plenitud de los tiem­pos, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley".

Ahí empezó la nueva economía. El tiempo nuevo. Y un adviento tridi­mensional gira y gira -¡es la bella danza de la esperanza!- ante los ojos y el corazón de cada creyente y delante del "pueblo de Dios" que camina en éxodo. Estas cuatro sema­nas pretenden eso: que el hombre del siglo XXI se dé cuenta que un día, hace dos mil años, "apareció la benignidad de Dios y trajo la salvación para todos los hombres". Que "la eternidad" se mezcló con el "tiempo" y que vivimos ya definitivamente en la "eternidad". Y así, teniendo en cuenta esa "Encar­nación, Muerte y Resurrección" del Hijo de Dios -¡adviento pasado!-aprendamos, como el pueblo de Israel, a vivir en la esperanza del "adviento futuro". Y así, como el "criado solícito", o como las "vírgenes prudentes", preparemos el futuro, en diligente anhelo: "viviendo sobria­mente, honradamente, religiosa­mente, aguardando la dicha que espe­ramos". Porque, "el Señor vendrá, a la hora que menos pensemos". Y estas palabras del Señor "no fallarán". "Antes fallarán el cielo y la tierra".

Y, teniendo nuestras vidas enmarca­das entre esos dos advientos, pasado y futuro, ejercitémonos cada día en el convencimiento de que Dios está pre­sente entre nosotros; celebrémoslo jubilosamente en todos los matices que nos ofrece la Liturgia; y busquemos sobre todo la dirección que Jesús mismo nos señaló para vivir siempre en su presencia, los pobres: "A los pobres los tendrán siempre entre ustedes".

Sí, es Dios, que nos sale al encuentro en las personas y en los acontecimien­tos. Ignorarlo, no reconocerlo supone despreciar la gracia inmensa del mismo Dios que nos busca y que nos llama. Ojalá ante tanta iniciativa de gracia de Dios suceda la correspondencia de nuestro corazón. Que lo reconozcamos. El está. El acontece en la vida.

Nuevo Año Litúrgico. Puesta en mar­cha de "un nuevo Tour". 365 etapas. De montaña y de llanura. De contrarreloj y de aparente calma. El corredor de fondo es un signo viviente para todo el año. Que sea nuestra mascota. Hoy mismo comenzamos a correr dando vueltas alrededor de "El que era, el que es y el que vendrá". Ya lo saben: "Siem­pre es Adviento".


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S?bado, 28 de noviembre de 2009

ZENIT  publica el discurso pronunciado por Benedicto XVI al visitar el lunes, 16 de Noviembre de 2009,  la sede de la FAO en Roma, con ocasión de la apertura de la Cumbre Mundial sobre Seguridad Alimentaria (Roma, 16-18 noviembre 2009).

Señor Presidente,
Señoras y Señores:

1. He acogido con mucho gusto la invitación del Señor Jacques Diouf, Director General de la FAO, a tomar la palabra en la sesión inaugural de esta Cumbre Mundial sobre Seguridad Alimentaria. Le saludo cordialmente y le agradezco sus amables palabras de bienvenida. Saludo, igualmente, a las Altas Autoridades aquí presentes y a todos los participantes. Como ya hicieron mis venerados Predecesores Pablo VI y Juan Pablo II, deseo renovar mi estima por la labor de la FAO, a la que la Iglesia Católica y la Santa Sede prestan atención e interés por el servicio cotidiano que desempeñan todos los que trabajan en ella. Gracias a vuestro generoso trabajo, sintetizado en el lema Fiat Panis, el desarrollo de la agricultura y la seguridad alimentaria siguen siendo objetivos prioritarios de la acción política internacional. Estoy seguro de que este espíritu orientará las decisiones de esta Cumbre, como también las que se tomen en el intento común por vencer cuanto antes la batalla contra el hambre y la malnutrición en el mundo.

2. La comunidad internacional esta afrontando en estos años una grave crisis económico-financiera. Las estadísticas muestran un incremento dramático del número de personas que sufren el hambre y a esto contribuye el aumento de los precios de los productos alimentarios, la disminución de las posibilidades económicas de las poblaciones más pobres, y el acceso restringido al mercado y a los alimentos. Y todo esto, mientras se confirma que la tierra puede nutrir suficientemente a todos sus habitantes. En efecto, si bien en algunas regiones se mantienen bajos niveles de producción agrícola a causa también de cambios climáticos, dicha producción es globalmente suficiente para satisfacer tanto la demanda actual, como la que se puede prever en el futuro. Estos datos indican que no hay una relación de causa-efecto entre el incremento de la población y el hambre, lo cual se confirma por la deplorable destrucción de excedentes alimentarios en función del lucro económico. En la Encíclica Caritas in veritate, he señalado que "el hambre no depende tanto de la escasez material, cuanto de la insuficiencia de recursos sociales, el más importante de los cuales es de tipo institucional. Es decir, falta un sistema de instituciones económicas capaces, tanto de asegurar que se tenga acceso al agua y a la comida de manera regular y adecuada desde el punto de vista nutricional, como de afrontar las exigencias relacionadas con las necesidades primarias y con las emergencias de crisis alimentarias reales...". Y, he añadido también que: "el problema de la inseguridad alimentaria debe ser planteado en una perspectiva de largo plazo, eliminando las causas estructurales que lo provocan y promoviendo el desarrollo agrícola de los países más pobres mediante inversiones en infraestructuras rurales, sistemas de riego, transportes, organización de los mercados, formación y difusión de técnicas agrícolas apropiadas, capaces de utilizar del mejor modo los recursos humanos, naturales y socio-económicos, que se puedan obtener principalmente en el propio lugar, para asegurar así también su sostenibilidad a largo plazo" (n. 27). En este contexto, hay que oponerse igualmente al recurso a ciertas formas de subvenciones que perturban gravemente el sector agrícola, la persistencia de modelos alimentarios orientados al mero consumo y que se ven privados de una perspectiva más amplia, así como el egoísmo, que permite a la especulación entrar incluso en los mercados de los cereales, tratando a los alimentos con el mismo criterio que cualquier otra mercancía.

3. En cierto sentido, la convocatoria de esta Cumbre es ya un testimonio de la debilidad de los actuales mecanismos de la seguridad alimentaria y la necesidad de una revisión de los mismos. De hecho, aunque los Países más pobres se han integrado en la economía mundial de manera más amplia que en el pasado, la tendencia de los mercados internacionales los hace en gran medida vulnerables y los obliga a tener que recurrir a las ayudas de las Instituciones intergobernativas, que sin duda prestan una ayuda preciosa e indispensable. Sin embargo, el concepto de cooperación debe ser coherente con el principio de subsidiaridad, se han de implicar "a las comunidades locales en las opciones y decisiones referentes a la tierra de cultivo" (ibíd.), porque el desarrollo humano integral requiere decisiones responsables por parte de todos y pide una actitud solidaria que no considere la ayuda o la emergencia en función de quien pone a disposición los recursos o de grupos de élite que hay entre los beneficiarios. De cara a Países que manifiestan la necesidad que tienen de aportaciones exteriores, la Comunidad internacional tiene el deber de participar con los instrumentos de cooperación, sintiéndose corresponsable de su desarrollo, "mediante la solidaridad de la presencia, el acompañamiento, la formación y el respeto" (ibíd., 47). Dentro de este contexto de responsabilidad está el derecho de cada País a definir su propio modelo económico, previendo los modos para garantizar la propia libertad de decisiones y de objetivos. En dicha perspectiva, la cooperación debe llegar a ser un instrumento eficaz, libre de vínculos e intereses que pueden restar una parte nada despreciable de los recursos destinados al desarrollo. Además, es importante subrayar cómo la vía solidaria para el desarrollo de los Países pobres puede llegar a ser también una vía de solución para la actual crisis global. En efecto, sosteniendo con planes de financiación inspirados en la solidaridad estas Naciones, para que ellas mismas sean capaces de satisfacer las propias demandas de consumo y de desarrollo, no sólo se favorece el incremento económico en su interior, sino que puede tener repercusiones positivas para el desarrollo humano integral en otros Países (cf. ibíd., 27).

4. En la actual situación persiste todavía un nivel de desarrollo desigual entre y en las Naciones, que determina, en muchas áreas del planeta, condiciones de precariedad, acentuando la contraposición entre pobreza y riqueza. Esta desigualdad no sólo tiene que ver con los modelos de desarrollo, sino también, y sobre todo, con la forma que parece afianzarse de percibir un fenómeno como el de la inseguridad alimentaria. Existe el riesgo de que el hambre se considere como algo estructural, parte integrante de la realidad socio-política de los Países más débiles, objeto de un sentido de resignada amargura, si no de indiferencia. No es así, ni debe ser así. Para combatir y vencer el hambre es esencial empezar por redefinir los conceptos y los principios aplicados hasta hoy en las relaciones internacionales, así como responder a la pregunta: ¿qué puede orientar la atención y la consecuente conducta de los Estados respecto a las necesidades de los últimos? La respuesta no se encuentra en la línea de acción de la cooperación, sino en los principios que tienen que inspirarla: sólo en nombre de la común pertenencia a la familia humana universal se puede pedir a cada Pueblo, y por lo tanto a cada País, ser solidario, es decir, dispuesto a hacerse cargo de responsabilidades concretas ante las necesidades de los otros, para favorecer un verdadero compartir fundado en el amor.

5. No obstante, si bien la solidaridad animada por el amor excede la justicia, porque amar es dar, ofrecer lo "mío" a otro, ésta no existe nunca sin la justicia, que induce a dar al otro lo que es "suyo" y que le pertenece en razón de su ser y de su hacer. De hecho no puedo "dar" a otro de lo "mío", sin haberle dado antes lo que le pertenece por justicia (cf. ibíd., 6). Si se busca la eliminación el hambre, la acción internacional esta llamada no sólo a favorecer el crecimiento económico equilibrado y sostenible y la estabilidad política, sino también a buscar nuevos parámetros -necesariamente éticos y después jurídicos y económicos- que sean capaces de inspirar la actividad de cooperación para construir una relación paritaria entre Países que se encuentran en diferentes grados de desarrollo. Esto, además de colmar el desequilibrio existente, podría favorecer la capacidad de cada Pueblo de sentirse protagonista, confirmando así que la igualdad fundamental de los diferentes Pueblos hunde sus raíces en el origen común de la familia humana, fuente de los principios de la "ley natural" llamados a inspirar las opciones y las directrices de orden político, jurídico y económico en la vida internacional (cf. ibíd., 59). A este respecto, San Pablo nos ilumina con sus palabras: "No se trata -escribe- de aliviar a otros pasando vosotros estrecheces; se trata de nivelar. En el momento actual, vuestra abundancia remedia la falta que ellos tienen; y un día, la abundancia de ellos remediará vuestra falta; así habrá nivelación. Es lo que dice la Escritura: "Al que recogía mucho, no le sobraba; y al que recogía poco, no le faltaba" (2 Co 8, 13-15).

6. Señor Presidente, Señoras y Señores, para combatir el hambre promoviendo un desarrollo humano integral es también necesario entender las necesidades del mundo rural, así como impedir que la tendencia a disminuir las aportaciones de los donantes cree incertezas en la financiación de las actividades de cooperación: se ha de evitar el riesgo de que el mundo rural pueda ser considerado, de modo miope, como una realidad secundaria. Al mismo tiempo, se ha de favorecer el acceso al mercado internacional de los productos provenientes de las áreas más pobres, hoy en día relegados a menudo a estrechos márgenes. Para alcanzar estos objetivos es necesario rescatar las reglas del comercio internacional de la lógica del provecho como un fin en sí mismo, orientándolas en favor de la iniciativa económica de los Países más necesitados de desarrollo, que, disponiendo de mayores entradas, podrán caminar hacia la autosuficiencia, que es el preludio de la seguridad alimentaria.

7. Tampoco se han de olvidar los derechos fundamentales de la persona entre los que destaca el derecho a una alimentación suficiente, sana y nutritiva, y el derecho al agua; éstos revisten un papel importante en la consecución de otros derechos, empezando por el derecho primario a la vida. Es necesario, por lo tanto, que madure "una conciencia solidaria que considere la alimentación y el acceso al agua como derechos universales de todos los seres humanos, sin distinciones ni discriminaciones" (Caritas in veritate, 27). Todo lo que la FAO ha realizado con paciencia, aunque por un lado ha favorecido la ampliación de los objetivos de este derecho sólo respecto a garantizar la satisfacción de las necesidades primarias, por otro lado, ha puesto de manifiesto la necesidad de una reglamentación adecuada.

8. Los métodos de producción alimentaria imponen igualmente un análisis atento de la relación entre el desarrollo y la tutela ambiental. El deseo de poseer y de usar en manera excesiva y desordenada los recursos del planeta es la primera causa de toda degradación ambiental. El cuidado ambiental, en efecto, se presenta como un desafío actual de garantizar un desarrollo armónico, respetuoso con el plan de la creación de Dios y, por lo tanto, capaz de salvaguardar el planeta (cf. ibíd., 48-51). Si toda la humanidad está llamada a tomar conciencia de sus propias obligaciones respecto a las generaciones venideras, es también cierto que el deber de tutelar el medio ambiente como un bien colectivo corresponde a los Estados y a las Organizaciones Internacionales. Desde este punto de vista, se debe profundizar en las conexiones existentes entre la seguridad ambiental y el fenómeno preocupante de los cambios climáticos, teniendo como focus la centralidad de la persona humana y, en particular, a las poblaciones más vulnerables ante ambos fenómenos. No bastan, sin embargo, normativas, legislaciones, planes de desarrollo e inversiones, hace falta un cambio en los estilos de vida personales y comunitarios, en el consumo y en las necesidades concretas, pero sobre todo es necesario tener presente ese deber moral de distinguir en las acciones humanas el bien del mal para redescubrir así el vínculo de comunión que une la persona y lo creado.

9. Es importante recordar -como he señalado en la Encíclica Caritas in veritate- que "la degradación de la naturaleza está estrechamente unida a la cultura que modela la convivencia humana: cuando se respeta la «ecología humana» en la sociedad, también la ecología ambiental se beneficia". Es verdad que "el sistema ecológico se apoya en un proyecto que abarca tanto la sana convivencia social como la buena relación con la naturaleza". Y que "el problema decisivo es la capacidad moral global de la sociedad". Por tanto, "los deberes que tenemos con el ambiente están relacionados con los que tenemos para con la persona considerada en sí misma y en su relación con los otros. No se pueden exigir unos y conculcar otros. Es una grave antinomia de la mentalidad y de la praxis actual, que envilece a la persona, trastorna el ambiente y daña a la sociedad" (ibíd., 51).

10. El hambre es el signo más cruel y concreto de la pobreza. No es posible continuar aceptando la opulencia y el derroche, cuando el drama del hambre adquiere cada vez mayores dimensiones. Señor Presidente, Señoras y Señores, la Iglesia Católica estará atenta siempre a los esfuerzos para vencer el hambre; trabajará por sostener, con la palabra y con las obras, la acción solidaria -programada, responsable y regulada- que los distintos componentes de la Comunidad internacional estén llamados a emprender. La Iglesia no pretende interferir en las acciones políticas; ella, respetuosa del saber y de los resultados de las ciencias, así como de las decisiones determinadas por la razón cuando son responsablemente iluminadas por valores auténticamente humanos, se une al esfuerzo por eliminar el hambre. Es este el signo más inmediato y concreto de la solidaridad animada por la caridad, signo que no deja margen a retrasos y compromisos. Dicha solidaridad se confía a la técnica, a las leyes y a las instituciones para salir al encuentro de las aspiraciones de las personas, comunidades y Pueblos enteros, pero no debe excluir la dimensión religiosa, con su poderosa fuerza espiritual y de promoción de la persona humana. Reconocer el valor transcendente de cada hombre y mujer es el primer paso para favorecer la conversión del corazón que pueda sostener el esfuerzo para erradicar la miseria, el hambre y la pobreza en todas sus formas.

Agradezco su atención y, para concluir, saludo con mis mejores deseos, en las lenguas oficiales de la FAO, a todos los Estados miembros de esta Organización:

God bless your efforts to ensure that everyone is given their daily bread.

Que Dieu bénisse vos efforts pour assurer le pain quotidien à chaque personne.

Dios bendiga sus esfuerzos para garantizar el pan de cada día para cada persona.

بَارَكَ اللهُ جُهُودَكُم لِضَمان الخُبْز اليَومِيِّ لِكُلِّ إنسان.

为确保每一个人都能够得到他的日常食粮,愿天主降福你们的努力。

Да благословит Господь ваши усилия, чтобы обеспечить каждого человека хлебом насущным.

Gracias.

[©Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 23:23  | Habla el Papa
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ZENIT  publica el Mensaje que el Papa ha dirigido al cardenal Ivan Dias, prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, cuya asamblea plenaria ha comenzado hoy en la Universidad Urbaniana de Roma, con el tema “San Pablo y los nuevos aerópagos”.

Al Venerado Hermano
señor cardenal Ivan Dias
Prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos

Con ocasión de la Asamblea Plenaria de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, deseo dirigirle, señor cardenal, mi cordial saludo, que de buen grado hago extensivo a los arzobispos, a los obispos y a cuantos toman parte en ella. Saludo también al secretario, al secretario adjunto, al subsecretario y a todos los colaboradores de este dicasterio. Uno la expresión de mis sentimientos de aprecio y de gratitud por el servicio que hacéis a la Iglesia en el ámbito de la misión ad gentes.

El tema que afrontáis en este encuentro, "San Pablo y los nuevos areópagos", también a la luz del Año Paulino concluido hace poco, ayuda a revivir la experiencia del Apóstol de los Gentiles cuando en Atenas, tras haber predicado en numerosos lugares, se dirigió al areópago y anunció allí el Evangelio usando un lenguaje que hoy podríamos definir ‘inculturado’ (cfr Hch 17,22-31).

Ese areópago, que entonces representaba el centro de la cultura del culto pueblo ateniense, hoy – como diría mi venerado predecesor Juan Pablo II - “puede ser asumido como símbolo de los nuevos ambientes en los que se debe proclamar el Evangelio” (Redemptoris missio, 37). En efecto, la referencia a ese acontecimiento constituye una invitación apremiante a saber valorar los "areópagos" de hoy, donde se afrontan los grandes desafíos de la evangelización. Queréis analizar este tema con realismo, teniendo en cuenta los muchos cambios sociales ocurridos. Un realismo apoyado por el espíritu de fe, que ve la historia a la luz del Evangelio, y con la certeza que tenía Pablo de la presencia de Cristo resucitado. Resuenan confortadoras también para nosotros las palabras que Jesús le dirigió en Corinto: "No tengas miedo, sigue hablando y no calles; porque yo estoy contigo y nadie te pondrá la mano encima para hacerte mal” (Hch 18,9-10). De manera eficaz, el Siervo de Dios Pablo VI dijo que no se trata solo de predicar el Evaneglio, sino de “alcanzar y casi sacudir con la fuerza del Evangelio los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de interés, las líneas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida de la humanidad, que están en contraste con la Palabra de Dios y con el designio de salvación” (Enseñanzas XIII, [1975], 1448).

Es necesario mirar a los “nuevos areópagos” con este espíritu; algunos de ellos, en la actual globalización, se han vuelto comunes, mientras que otros siguen siendo específicos de algunos continentes, como se ha visto también en la reciente Asamblea especial para África del Sínodo de los Obispos. La actividad misionera de la Iglesia debe por tanto orientarse hacia estos centros neurálgicos de la sociedad del tercer milenio. No debe infravalorarse la influencia de una difundida cultura relativista, las más de las veces carente de valores, que entra en el santuario de la familia, se infiltra en el ámbito de la educación y en otros ámbitos de la sociedad y los contamina, manipulando las conciencias, especialmente las juveniles. Al mismo tiempo, sin embargo, a pesar de estas insidias, la Iglesia sabre que el Espíritu Santo está siempre en acción. Se abren de hecho nuevas puertas al Evangelio y se va extendiendo en el mundo en anhelo de una auténtica renovación espiritual y apostólica. Como en otras épocas de cambios, la prioridad pastoral es mostrar el verdadero rostro de Cristo, Señor de la historia y único Redentor del hombre. Esto exige que cada comunidad cristiana y la Iglesia en su conjunto ofrezcan un testimonio de fidelidad a Cristo, construyendo pacientemente esa unidad querida por Él e invocada por todos sus discípulos. La unidad de los cristianos hará, de hecho, más fácil la evangelización y la confrontación con los desafíos culturales, sociales y religiosos de nuestro tiempo.

En esta empresa misionera podemos mirar al apóstol Pablo, imitar el “estilo” de vida y el mismo “espíritu” apostólico centrado totalmente en Cristo. Con esta completa adhesión al Señor, los cristianos podrán más fácilmente transmitir a las futuras generaciones la herencia de la fe, capaz de transformar también las dificultades en posibilidades de evangelización. En la reciente Encíclica Caritas in veritate quise subrayar que el desarrollo económico y social de la sociedad contemporánea necesita recuperar la atención a la vida espiritual y una “serie consideración de las experiencias de confianza en Dios, de fraternidad espiritual en Cristo, de confianza en la Providencia y en la Misericordia divinas, de amor y de perdón, de renuncia a sí mismos, de acogida del prójimo, de justicia y de paz... El anhelo del cristiano es que toda la familia humana pueda invocar a Dios como Padre Nuestro” (n. 79).

Señor cardenal, mientras agradezco el servicio que este dicasterio hace a la causa del Evangelio, invoco sobre usted y sobre cuantos toman parte en la presente Asamblea Plenaria la ayuda de Dios y la protección de la Virgen María, Estrella de la evangelización, mientras envío de corazón a todos mi Bendición Apostólica.

En el Vaticano, 13 de noviembre de 2009

BENEDICTUS XVI PP

[Traducción del italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


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ZENIT publica la Carta que el cardenal Tarcisio Bertone, Secretario de Estado vaticano, ha querido dirigir a todos los sacerdotes de la Iglesia católica en la República Popular China on ocasión del Año Sacerdotal.

El texto, en inglés, italiano y chino, ha sido difundido por la agencia Fides.

A todos los sacerdotes
de la Iglesia católica
en la República Popular China 

En el Vaticano, 10 de noviembre de 2009

Queridos hermanos en el Sacerdocio,

El Año Sacerdotal, un regalo del Santo Padre Benedicto XVI, que estamos celebrando con ocasión del 150° aniversario del “dies natalis” de Juan María Vianney, me invita a dirigirme a vosotros, presbíteros de la Iglesia en China, de un modo particular.

1. Invitación a la esperanza. En la Carta, que el Santo Padre dirigió el 27 de mayo de 2007 a los obispos, a los presbíteros, a las personas consagradas y a los fieles laicos de la República Popular China, se indican varias líneas-guía para el futuro camino de la Iglesia. Entre ellas, deseo subrayar la reconciliación dentro de la comunidad católica y un diálogo respetuoso y comprensivo con las Autoridades civiles, sin renunciar a los principios de la fe católica. Al respecto, a pesar de las persistentes dificultades, las informaciones que han llegado desde diferentes partes de China muestran también signos de esperanza.

Para afrontar la actual situación eclesial y socio-política en la que vivís, y para proseguir en el camino de la reconciliación y del diálogo, es urgente para cada uno de vosotros saque luz y fuerza de las fuentes de la espiritualidad sacerdotal, que son el amor de Dios y el seguimiento incondicional de Cristo.

Sólo dos años después de la publicación de la Carta pontificia, no parece que haya llegado el momento de hacer balances definitivos. Usando las palabras del gran misionero de China, padre Matteo Ricci, creo que se puede decir que aún es más tiempo de siembra que de cosecha.

Quizás alguno de vosotros se quedó sorprendido por la Carta del Papa a la Iglesia en China. Os aseguro que la Santa Sede está al corriente de la compleja y difícil situación en la que os encontráis. El Santo Padre, abriendo el Año Sacerdotal, ha invitado a todos los sacerdotes del mundo a “saber aprovechar la nueva primavera que el Espíritu está suscitando en nuestros días en la Iglesia”. Esto es verdad también para vosotros: los nuevos retos, que el pueblo chino debe afrontar al inicio del tercer milenio, os piden que os abráis con confianza al futuro y que continuéis intentando vivir íntegramente la fe cristiana.

2. Anunciar a Cristo. Queridos hermanos sacerdotes, sois pastores del Pueblo de Dios en un país geográfica y demográficamente vasto. Como pequeño rebaño en medio de una multitud de personas, vivís sea junto a seguidores de otras religiones, sea de personas que tienen una postura de indiferencia, incluso de aversión, hacia Dios y hacia la religión.

No penséis que sólo vosotros tenéis que afrontar un problema semejante. De hecho, compartís la misma situación que muchos hermanos en otras partes del mundo, los cuales, “aun entre dificultades y comprensiones, permanecen fieles a su vocación, la de 'amigos de Cristo'. Llamados, elegidos y enviados particularmente por Él” (Carta para la convocatoria del Año Sacerdotal). También vale para vosotros la observación del Papa Benedicto XVI: “Existen, por desgracia, también situaciones, nunca suficientemente deploradas, en las que la Iglesia misma sufre por la infidelidad de algunos de sus ministros. El mundo saca de ello un motivo de escándalo y de rechazo. Lo que en mayor medida puede beneficiar en estos casos a la Iglesia no es tanto la observación minuciosa de las debilidades de sus ministros, sino una renovada y gozosa conciencia de la grandeza del don de Dios, concretado en figuras espléndidas de pastores generosos, de religiosos ardientes de amor a Dios y por las almas, de directores espirituales iluminados y pacientes” (Carta para la convocatoria del Año Sacerdotal). Y para vosotros en China “¿cómo no recordar, al respecto, como ánimo para todos, las figuras luminosas de obispos y de sacerdotes que en los difíciles años del pasado reciente, han dado testimonio de un amor indefectible a la Iglesia, incluso con la entrega de su propia vida por ella y por Cristo?” (Carta a la Iglesia en China, n. 13).

A menudo, mirando al mundo que nos rodea, nos dejamos llevar por la consternación. ¡Cuánta gente a la que alimentar! ¿Dónde encontraremos pan para toda esta gente? ¿Cómo puedo, con mis límites, ayudar a Jesús en su misión? Una vez más el Santo Padre, comentando el texto del Evangelio de Juan (6, 1-15), nos recuerda la respuesta del Señor: “¡Precisamente poniendo en sus manos santas y venerables lo poco que somos, nosotros los sacerdotes nos convertimos en instrumento de salvación para muchos, para todos!” (Ángelus del 26 de julio de 2009). Son varios los modos prácticos como podéis dar vuestra preciosa contribución: por ejemplo, visitando frecuentemente tanto a las familias católicas como no católicas en los pueblos, mostrando vuestra solicitud por las necesidades de la gente; aumentando los esfuerzos para preparar y formar buenos catequistas; favoreciendo un mayor uso de los servicios caritativos, dirigidos especialmente a los niños y a las personas enfermas y ancianas, con el fin de mostrar la caridad desinteresada de la Iglesia; organizando reuniones especiales, en las que los católicos puedan invitar a sus parientes y amigos no católicos para que conozcan mejor la Iglesia católica y la fe cristiana; distribuyendo publicaciones católicas a los no católicos.

3. Las virtudes sacerdotales. En la escuela de san Juan María Vianney debemos aprender a identificarnos con el ministerio recibido. En Cristo, esta identificación fue total: “En Jesús, Persona y Misión tienden a coincidir: toda su acción salvífica era y es expresión de su Yo filial que, desde toda la eternidad, está ante el Padre en actitud de amorosa sumisión a su voluntad” (Carta para la convocatoria del Año Sacerdotal). Es de la identificación con el propio ministerio que nacen todas las virtudes, necesarias para cada sacerdote.

El Santo Cura de Ars supo dialogar con todos porque fue un hombre de oración: el arte del diálogo a cualquier nivel se aprende en el diálogo con Dios, una oración continua y sincera. Él vivió la pobreza con extremo vigor, porque consideraba que todo lo que recibía era entregado a su iglesia, a sus pobres, a sus familias más desgraciadas. También su castidad era la requerida a un sacerdote para su ministerio: era la castidad conveniente a quien debe tocar habitualmente la Eucaristía. Es conocido, además, cómo él se atormentaba por el pensamiento de su propia inadecuación al ministerio parroquial y por el deseo de huir: sólo la obediencia y la pasión por las almas consiguieron convencerlo de permanecer en su puesto. La regla de oro para una vida obediente le parecía esta: “Hacer sólo lo que puede ofrecerse al buen Dios”.

4. La Eucaristía. En este Año Sacerdotal deseo recordaros la fuente donde podéis encontrar la fuerza para ser fieles a vuestra importante misión. Y deseo hacerlo con las palabras del Papa Benedicto XVI: en la Iglesia “toda gran reforma está ligada, de alguna forma, al redescubrimiento de la fe en la presencia eucarística del Señor en medio de su pueblo” (Carta a la Iglesia en China, n. 5, nota 20).

La celebración del Misterio Pascual revela el agape, es decir, el amor de Dios,. Ese amor que vence el mal y que, por tanto, transforma el mal en bien, el odio en amor. A través de la participación en el Cuerpo y la Sangre de Cristo en la Eucaristía – nos ha recordado el Santo Padre – esa energía divina “viene a nosotros corporalmente para continuar su obra en nosotros y a través nuestro” (Carta Encíclica Deus caritas est, n. 14). Unidos a Cristo en la Eucaristía, nos convertimos en los sujetos de la verdadera transformación de los corazones (cfr Deus caritas est, nn. 13-14). Como decía el Santo Cura de Ars, “todas las buenas obras reunidas no equivalen al Sacrificio de la Misa, porque estas son obras de hombres, mientras que la Santa Misa es obra de Dios”.

La Eucaristía, sacramento de la comunión, fuente y culmen de la vida eclesial y de la evangelización, está en el centro de vuestro camino de reconciliación. La Eucaristía, aunque sea celebrada en una comunidad particular, nunca es celebración de esta sola comunidad. Una comunidad verdaderamente eucarística no puede replegarse en sí misma, como si fuese autosuficiente, sino que debe mantenerse en comunión con toda otra comunidad católica. De hecho, cada celebración de la Eucaristía postula la unión no solo con el propio obispos, sino también con el Papa, con el Orden Episcopal, con todo el clero y con el entero Pueblo de Dios.

San Pablo, escribiendo a los cristianos de Corinto, mostraba cómo sus divisiones, que se manifestaban en las asambleas eucarísticas, estaban en contraste con lo que celebraban, la Cena del Señor. ignore. En consecuencia, el Apóstol les invitaba a reflexionar sobre la verdadera realidad de la Eucaristía, para hacerles volver al Espíritu de comunión fraterna (cfr 1 Cor 11, 17-34).       

El Papa Juan Pablo II nos recordó que la Eucaristía crea comunión y educa a la comunión. Y Benedicto XVI, haciéndose eco de esta enseñanza, ha dado algunas directivas sobre la recepción de los sacramentos en la actual situación de la Iglesia en China (cfr Carta a la Iglesia católica en China, n. 10). Estas directivas tienen su raíz “en la promoción de la comunión” y en la caridad, que está siempre por encima de todo”: se recuerdan también en el “Compendio” de la misma Carta pontificia, que fue publicada por la Santa Sede el 24 de mayo de 2009.

5. La Palabra de Dios. Permitidme recordaros una vez más, queridos sacerdotes, las palabras del Santo Padre Benedicto XVI: “En la actualidad, como en los tiempos difíciles del Cura de Ars, es preciso que los sacerdotes, con su vida y obras, se distingan por un vigoroso testimonio evangélico. Pablo VI ha observado oportunamente: El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan, o si escucha a los que enseñan, es porque dan testimonio. Para que no nos quedemos existencialmente vacíos, comprometiendo con ello la eficacia de nuestro ministerio, debemos preguntarnos constantemente: "¿Estamos realmente impregnados por la palabra de Dios? ¿Es ella en verdad el alimento del que vivimos, más que lo que pueda ser el pan y las cosas de este mundo? ¿La conocemos verdaderamente? ¿La amamos? ¿Nos ocupamos interiormente de esta palabra hasta el punto de que realmente deja una impronta en nuestra vida y forma nuestro pensamiento? Así como Jesús llamó a los Doce para que estuvieran con Él (cf. Mc 3, 14), y sólo después los mandó a predicar, también en nuestros días los sacerdotes están llamados a asimilar el nuevo estilo de vida que el Señor Jesús inauguró y que los Apóstoles hicieron suyo” (Carta para la convocatoria del Año Sacerdotal).

6. La tarea de los obispos. Queridos sacerdotes, en este punto permitidme que dirija también alguna palabra a vuestros obispos, que han recibido la plenitud del sacerdocio. A vosotros, queridísimos hermanos, quisiera recordaros que el camino hacia la santidad de vuestros presbíteros está confiado a vuestro atento cuidado pastoral. Si se piensa en las condiciones sociales y culturales del mundo actual, es fácil entender cuánto acecha a vuestros presbíteros el peligro de la dispersión en un gran número de tareas distintas.

La experiencia cotidiana muestra que las semillas de la disgregación entre los hombres están muy arraigadas en la humanidad a causa del pecado, pero que la Iglesia puede contraponer la fuerza, generadora de unidad, del Cuerpo de Cristo. El Concilio Vaticano II identificó en la caridad pastoral el vínculo que da unidad a la vida y a las actividades de los sacerdotes.

7. Una pastoral a favor de las vocaciones sacerdotales. Como os ha recordado el Santo Padre, “durante los últimos cincuenta años no ha faltado en la Iglesia en China un abundante florecimiento de vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. De esto se debe dar gracias al Señor porque se trata de un signo de vitalidad y de un motivo de esperanza […] este florecimiento está acompañado hoy por no pocas dificultades. Surge por tanto la exigencia tanto de un atento discernimiento vocacional por parte de los responsables eclesiales como de una más profunda educación e instrucción de los aspirantes al sacerdocio y a la vida religiosa. A pesar de la precariedad de los medios a disposición, para el futuro de la Iglesia en China habrá que trabajar para asegurar, por un lado, una particular atención al cuidado de las vocaciones y, por otro lado, una formación más sólida en los aspectos humano, espiritual, filosófico-teológico y pastoral, que realizar en los seminarios y en los institutos religiosos” (Carta a la Iglesia en China, n. 14).

Que la celebración del Año Sacerdotal sea, por tanto, una ocasión para poner en marcha iniciativas de apoyo de la vida de vuestros seminaristas. Al respecto, queridos obispos, seréis capaces de dedicar particular atención a su formación visitándolos en los seminarios y mostrando profundo cuidado en la formación que éstos reciben, tanto en el plano espiritual como en el académico. Además, vuestra solicitud paterna os sugerirá, según las posibilidades y las condiciones de cada diócesis, las actividades dirigidas a promover las vocaciones al sacerdocio, como jornadas y encuentros de oración, o apertura de lugares donde los sacerdotes y los fieles, especialmente los jóvenes, puedan encontrarse para rezar untos bajo la guía de sacerdotes buenos y expertos, como directores espirituales.

8. La formación permanente. El Santo Padre Benedicto XVI es consciente de que “también en China, como en el resto de la Iglesia, surge la necesidad de una formación permanente adecuada del clero. De aquí nace la invitación, dirigida a los obispos como responsables de las comunidades eclesiales, a pensar especialmente en el clero joven, que está cada vez más sometido a nuevos retos pastorales, conectados con las exigencias del deber de evangelizar una sociedad tan compleja como lo es la sociedad china actual. Nos lo recordaba el Papa: la formación permanente de los sacerdotes “es una exigencia intrínseca al don y al ministerio sacramental recibido y se revela necesaria en todo tiempo. Hoy sin embargo resulta ser particularmente urgente no sólo por el rápido cambio de las condiciones sociales y culturales de los hombres y de los pueblos en los que se desarrolla el ministerio presbiteral, sino también por esa ‘nueva evangelización’ que constituye la tarea esencial e improrrogable de la Iglesia al final del segundo milenio” (Carta a la Iglesia en China, n. 13).

Que cada obispo, en comunión con sus hermanos obispos de las diócesis cercanas, cuide de organizar y de seguir personalmente programas serios de formación permanente. Debería prestarse una atención particular a los jóvenes sacerdotes, que con frecuencia tienen que trabajar solos inmediatamente después de la ordenación. A menudo se sienten aislados, con responsabilidades graves. Los obispos no sólo deberían cuidar su formación permanente sino que deberían asegurarles ser acogidos y ayudados por el clero más anciano. Además, sería también útil que obispos y sacerdotes pudieran encontrar ocasiones frecuentes para contactos personales entre ellos y aumentar las reuniones, tanto oficiales como informales, con el fin de planificar juntos las actividades diocesanas, compartir sus experiencias y ayudarse unos a otros para resolver las dificultades personales y pastorales.

9. El culto eucarístico. El Santo Cura de Ars nos enseña que el culto dado a la Eucaristía fuera de la Misa es de un inestimable valor en la vida de todo sacerdote. Este culto está estrechamente unido a la celebración de la Eucaristía. Toca a vosotros pastores animar e culto eucarístico, tanto con el testimonio personal como con la organización de una hora semanal de adoración, procesiones, etc. a niveles diocesano y parroquial. Los fieles podrían así reunirse en torno a la Eucaristía y experimentar la comunión eclesial.

A propósito de esto, quiero recordaros lo que el Papa Juan Pablo II nos dejó como testamento suyo: “Es hermoso entretenerse con Él e, inclinados sobre su pecho como el discípulo predilecto (cfr Jn 13, 25), ser tocados por el amor infinito de su corazón. Si el cristianismo debe distinguirse, en nuestro tiempo, sobre todo, por el arte de la oración, ¿cómo no sentir una necesidad renovada de entretenerse un buen rato, en conversación espiritual, en adoración silenciosa, en actitud de amor, junto a Cristo presente en el Santísimo Sacramento? ¡Cuantas veces, queridos hermanos y hermanas, he hecho esta experiencia y he encontrado fuerza, consuelo, apoyo!” (Encíclica Ecclesia de Eucharistia, n. 25).

10. La reconciliación espiritual de los corazones. ¿Qué podéis hacer ante la permanencia de los enfrentamientos y de las miserias incluso dentro d ella comunidad católica? Si estamos unidos en Cristo eucarístico, todas las miserias del mundo resuenan en nuestros corazones para implorar la misericordia de Dios. De la misma forma, de nosotros se alza un himno de alabanza y de acción de gracias por todas las bellezas de la Creación, por las obras buenas de los hombres y por los innumerables dones de gracia que el Señor infunde sobre la humanidad: el corazón se dilata a un amor más grande, que asume la medida del de Cristo muerto y resucitado.

No hay que olvidar que también “la comunidad de los discípulos conoce desde los inicios no sólo el gozo del Espíritu Santo, la gracia de la verdad y del amor, sino también la prueba, constituida sobre todo por los contrastes sobre las verdades de la fe, con los consiguientes daños a la comunión. Como la comunión del amor existe desde el principio y estará hasta el final (cfr 1 Jn 1, 1ss), así por desgracia desde el principio se cuela también la división. No debemos sorprendernos que esta exista también hoy” (Carta a la Iglesia en China, n. 6).

En la primera carta a los Corintios, a propósito de las divisiones existentes en sus comunidades, Pablo escribe: “Es necesario que haya divisiones entre vosotros para que se manifiesten quiénes son verdaderos creyentes entre vosotros” (1 Cor 11, 19). Todo entra en el plan de Dios, para que todo sirva a su omnipotencia que es sabiduría y amor infinitos. En este momento, que nadie dude en buscar la reconciliación con gestos concretos, a tender la mano al hermano que “tiene algo contra ti” (cfr Mt 5, 23-24). Para obtener esto, es necesario y urgente prestar atención también a la formación humana de todos los fieles, incluyendo sacerdotes y religiosas, pues la falta de madurez humana, de autocontrol y de armonía interior es la fuente más frecuente de incomprensiones, de falta de cooperación y de conflictos en el seno de las comunidades católicas.

11. Los organismos de comunión. En la perspectiva de la eclesiología de la comunión, idea central de los documentos del Concilio Vaticano II, parece oportuno llamar vuestra atención sobre cuanto prevé las legislación canónica para favorecer la tarea pastoral de los obispos y el crecimiento de la comunidad diocesana: “Cada obispo diocesano está invitado a servirse de instrumentos de comunión y de colaboración indispensables dentro de la comunidad católica diocesana: la curia diocesana, el consejo presbiteral, el colegio de los consultores, el consejo pastoral diocesano y el consejo diocesano para los asuntos económicos. Estos organismos expresan la comunión, favorecen la participación en las responsabilidades comunes y pueden ser de gran ayuda a los pastores, que pueden valerse así de la colaboración fraterna de los sacerdotes, de personas consagradas y de fieles laicos” (Carta a la Iglesia en China, n. 10).

Cuando no se puede poner en pie una entera curia diocesana a causa de la escasez de sacerdotes, los obispos deberían al menos comenzar por diversificar los papelees nombrando gradualmente un vicario general, un canciller, un procurador, etc, con el fin de tener alguien a mano con quien consultar y cooperar al tomar decisiones jurídicas y pastorales.

Deseo concluir mi carta formulando y confiando a la Santísima Virgen el augurio de que vuestra vida sacerdotal sea guiada cada vez más por esos ideales de donación total a Cristo y a la Iglesia que inspiraron el pensamiento y la acción del Santo Cura de Ars.

Permanezco unido con vosotros en la oración y en la esperanza de que vuestro trabajo pastoral producirá una cosecha abundante, y permanezco

Vuestro en el Señor

+ Tarcisio Card. Bertone

Secretario de Estado

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El texto original puede leerse en:http://www.fides.org/ita/documents/Lettera_sacerdoti_Cina_ita.doc
[Traducción del italiano por Inma Álvarez]


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Homilía de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, en la Misa para la veneración de la reliquia del Santo Cura de Ars. (AICA)
(Iglesia del Seminario, 10 de noviembre de 2009)


ANTE EL CORAZÓN DEL CURA DE ARS 

Desde muy temprano la Iglesia veneró las reliquias de los mártires. En el relato o acta de la pasión de San Policarpo, obispo de Esmirna, se lee que los fieles recogían sus restos como objetos preciosísimos, como gemas de gran valor. Ellos eran –los mártires– discípulos por excelencia, los verdaderos imitadores de Cristo. A esos restos sagrados se los designó como reliquias, pero también se los llamó “nombres” –nomina martyrum– “prendas”, “memoria”, “beneficios”, “santuarios”, “bendiciones”. En cuanto la Iglesia adquiere libertad, en el siglo IV, el culto de los mártires, en torno a sus reliquias, se hace público y solemne. Más tarde, el culto de los santos, hombres y mujeres de Dios, incluirá asimismo la veneración de sus reliquias, una manera –por así decirlo– de aferrar con los sentidos, visiblemente, la presencia espiritual de quienes ya reinan con Cristo y son para nosotros modelos e intercesores. Sobre las reliquias de los santos se edifican templos y por el contacto con ellas Dios suele obrar milagros. Esta veneración es un rasgo inconfundible de la piedad católica. Con esta antigua e ininterrumpida tradición nos vincula la recepción que hoy hacemos, fervorosa, esperanzada, del corazón del Santo Cura de Ars. ¡Nada menos que su corazón!

En la Biblia hebrea, el corazón no aparece sólo como el órgano indispensable para la vida corporal, sino también –y sobre todo– como el centro de la vida psicológica, moral y religiosa. Por él se experimenta la alegría y la tristeza, la humildad y el orgullo, el dolor, la indigencia, la miseria. El corazón es la sede del deseo, de la voluntad, de toda la vida afectiva. Pero cuando en el proceso de la revelación se van diferenciando mejor las facultades del alma, se asigna a la inteligencia un lugar en el corazón y los sentimientos y pasiones se desplazan simbólicamente a otros órganos del cuerpo. La inteligencia del corazón es a la vez intuitiva y discursiva: calcula y medita. Allí se conciben los pensamientos, se almacenan los recuerdos, se afina la atención. El corazón contiene los elementos de lo que nosotros llamamos la persona, y lo más secreto de la persona, que nadie conoce y sólo Dios escruta. Es allí donde el Espíritu escribe la ley nueva y de donde brota el amor del hombre a Dios. Aunque en el Nuevo Testamento no faltan influjos de la antropología griega, el lenguaje semítico permite atribuirle al corazón un cúmulo de funciones metafóricas; kardía significa sobre todo el hombre interior, que se llamará el hombre escondido del corazón, como se dice en la primera Carta de Pedro.

El corazón de San Juan María Vianney, que tenemos ante nuestros ojos, representa su alma, su persona; y si a él lo llamamos, sin más, el Cura de Ars –identificándolo por su condición de sacerdote– podemos decir que hoy veneramos su corazón sacerdotal. La santidad de Vianney es santidad sacerdotal, perfecta imitación de Cristo, mediador entre Dios y los hombres. En su estudio sobre El alma del Cura de Ars, Francis Trochu describe la llegada del joven sacerdote a la aldea a la que ha sido enviado, el 9 de febrero de 1818. Recorrió a pie, junto al carro que cargaba sus pocas pertenencias, los treinta kilómetros que separaban Écully de Ars; en cuanto divisó a lo lejos su parroquia cayó de rodillas para encomendar a Dios esos feligreses suyos, que aún no conocía pero que le habían sido confiados. Presentía lo que le esperaba; lo había advertido cuando recibió del vicario general de Lyon su nombramiento y una alusión al estado espiritual de aquella gente, a la que amaba desde entonces con un amor sacerdotal. Comprendió que la conversión de su parroquia era su vocación y su destino, que Dios lo había hecho sacerdote para eso. El biógrafo emplea una expresión discutible: tenía –dice– la obsesión de la salvación de las almas, y afirma que la personalidad del Santo Cura se encuentra entera en esas palabras. Digamos, más bien, que por la salvación de las almas ardía en el fuego del amor divino su corazón sacerdotal.

¡La salvación de las almas! Fórmula que ya no empleamos con frecuencia porque refleja acentos teológicos de otra época, pero que es sencilla y perfectamente católica: que los hombres encuentren a Cristo, único Salvador, que se dejen alcanzar por él, que lo acepten y se unan a él por la fe, que vivan en la gracia de su amor y adopten como guía el Evangelio, que se incorporan plena y activamente a la comunidad de la Iglesia. Ésta debe ser también nuestra obsesión, la de los sacerdotes de hoy, porque para eso hemos recibido el don y la carga del sacerdocio. El ser y el ministerio del sacerdote son la presencia y la acción de Cristo Salvador en la historia de los hombres; están referidos esencialmente al misterio de la salvación, a la dimensión trascendente, al ésjaton del destino humano. Por eso, la vida del sacerdote y el ejercicio de ésta su singular “profesión” se hunden en la atmósfera de lo sobrenatural, se comprenden sólo a la luz de la fe.

La cultura moderna ha intentado vaciar al cristianismo de sus misterios para reducirlo a ser una religión dentro de los límites de la pura razón, según el programa de Kant; la revelación divina y los dogmas de la fe rebajados al nivel de una ética de la civilización, de una moral establecida por consenso; la gracia se identificaría con la naturaleza y su expansión por medio de la libertad; la salvación se obtendría por el ejercicio de una filantropía en la que la inspiración religiosa y el vínculo sacramental con el Cristo viviente y con la Iglesia resultan algo superfluo, innecesario. Esta concepción naturalista, humanitaria de la fe cristiana, reapareció en la teoría del cristianismo anónimo, minando el dinamismo misionero de la Iglesia y limitando el horizonte del esfuerzo pastoral al ámbito de la promoción social. El magisterio postconciliar, siguiendo precisamente las orientaciones del Concilio, ha insistido siempre en que la conversión de los corazones es un requisito indispensable para el cambio de las estructuras de injusticia que son consecuencia del pecado; la vida digna y plena sólo se encuentra en Cristo Salvador y la promoción del hombre en sentido cristiano es inseparable de la evangelización. Los servicios de caridad organizados por Vianney en Ars, sus esfuerzos por humanizar y elevar la vida de sus feligreses, pobres y ricos, procedían de su fervor sacerdotal, de su celo, de su obsesión por la salvación de sus almas.

La cultura relativista, que impregna la mentalidad de las multitudes en el mundo contemporáneo, se manifiesta también en el ámbito de lo religioso. La opinión general, forjada por los medios de comunicación, acepta fácilmente que no existe una verdad religiosa y que todas las religiones constituyen igualmente medios válidos de salvación, a la par del humanismo laico y solidario. En este contexto cultural debemos empeñarnos actualmente en la misión. La figura del Cura de Ars resulta entonces emblemática: hacer presente a Dios por la incansable predicación de la Verdad y por el testimonio de un amor que refleje y comunique la misericordiosa ternura del Padre: sólo es posible perseverar en esa entrega abrazando la cruz del Redentor y dejándose arrebatar por el Espíritu Santo.

El secreto de la santidad y del fecundo apostolado de Vianney fue su identidad sacerdotal sin fisuras, apoyada en la continua unión con Dios. En los años en que se encontraba abrumado por el trabajo pastoral, por las horas interminables pasadas en el confesionario, practicaba lo que San Francisco de Sales llamó la oración vital; en su caso, tal estado de oración fue el fruto de largos y costosos esfuerzos por referir a Dios todas las circunstancias de la vida cotidiana. Solía decir: desde el comienzo de la jornada trato de unirme fuertemente a Nuestro Señor y luego obro con el pensamiento de esa unión. De esa unión con Dios se nutría su caridad pastoral, cuyo ejercicio lo consumía enteramente, sin reservarse nada para sí, porque lo veía como el cumplimiento de la elección de la que había sido objeto, de su vocación, de la voluntad de Dios.

En estas horas en que veneramos como una reliquia sagrada su corazón de carne, nuestra contemplación y nuestro deseo intentan alcanzar una participación en su espíritu. Reconocemos como una gracia esta oportunidad providencial. El Año Sacerdotal, promulgado por Benedicto XVI para recordar el sesquicentenario de la muerte del Santo Cura de Ars, nos es ofrecido para que sacerdotes y laicos reconozcamos con nuevo y gozoso aprecio la riqueza concedida por el Señor a su Iglesia en la institución del sacerdocio católico. Los fieles laicos pueden y deben ayudarnos con su oración, su colaboración y cercanía cordial, a que quienes hemos recibido por la ordenación la gracia de hacer presente mediante nuestro ministerio a Cristo Salvador de los hombres, para que aspiremos seriamente a la santidad, a la conversión personal y pastoral. Nos alienta el ejemplo y la intercesión de San Juan María Vianney.

Postrados en espíritu ante la reliquia de su corazón le pedimos intervenga en nuestro favor para que, con la participación de muchos laicos generosos y bien formados podamos hacer realidad el ideal de ser una Iglesia misionera, por el estilo infundido a la acción pastoral ordinaria y por el empeño permanente en llegar a todos con la verdad y la gracia del Salvador. Que podamos, especialmente, llenar nuestra responsabilidad sobre aquellos que hemos bautizado y a quienes debemos evangelizar y educar en la fe. ¡Que nos consuma el celo por la salvación de todos! Propongo que también nos unamos en una intención no menor: que surjan de nuestras familias, de nuestras comunidades parroquiales, de los movimientos eclesiales y de nuestros colegios, jóvenes enamorados de Cristo, animados por la fe que vence al mundo, valientes y puros, que se ofrezcan al servicio de la Iglesia para la salvación de las almas. ¡Que nosotros sepamos discernir y cultivar los gérmenes de vocación que el Señor siembra misteriosamente, contando con nuestro trabajo, nuestro testimonio y nuestra oración! 

Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata

 


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Viernes, 27 de noviembre de 2009

ZENIT  publica la conferencia inaugural del Congreso Mundial Provida del año 2009, que pronunció el 6 de noviembre en Zaragoza la profesora de Teología Dogmática y de Ecumenismo de la Universidad de Navarra Jutta Burggraf, con el título "Defender la vida con eficacia. La personalidad del defensor".

 

DEFENDER LA VIDA CON EFICACIA

La personalidad del “defensor

Una de las preguntas centrales, alrededor de las que giran mis pensamientos desde hace algún tiempo, son las siguientes: ¿Cómo ayudar a quienes parecen despreciar la vida? ¿Cómo orientar a las personas que, frente a situaciones límite, han elegido una salida que supone una tragedia: han optado por el aborto o la eutanasia?

REFLEXIONES INTRODUCTORIAS

Recuerdo a una escritora alemana, Karin Struck. Fuimos amigas en la última época de su vida. Si ella no hubiera sufrido una muerte prematura (2006), seguramente estaría hoy entre nosotros, en este gran Congreso por la vida.

Durante muchos años, Karin fue una novelista famosa. En sus tiempos de universitaria, militó en el partido comunista; después, propagó el amor libre y la homosexualidad. Decidió vivir sola con sus cuatro hijos, sin marido ni novios.

Un día abortó a su quinto hijo. Aunque no practicaba ninguna religión y vivía ajena a los tradicionales códigos éticos, quedó profundamente asustada del acto que había cometido. Con su sensibilidad de artista, expresó su angustia en un libro titulado “Ich seh mein Kind im Traum” (“Veo a mi hijo en los sueños”, 1992).

A raíz de la publicación de ese libro, su vida cambió radicalmente. Las grandes editoriales le cerraron las puertas, y también las revistas importantes, la radio y la televisión rechazaron sus colaboraciones habituales. Karin quedó completamente marginada, eliminada de la mirada del gran público. Y tomó conciencia, cada vez más profunda, del grado de enfermedad de nuestras sociedades.

Fue una mujer radical y valiente. Cuando se dio cuenta de que estaba financiando –indirectamente– miles de abortos, por el mero hecho de pagar la seguridad social, se dio de baja en ella, junto con sus cuatro hijos. Pero pocas semanas más tarde, tuvo un accidente gravísimo con su hijo pequeño en el coche: tanto ella como el niño quedaron en coma, precisaban de varias intervenciones quirúrgicas y de largos períodos en el hospital. Desde el punto de vista de su situación económica, esto significaba que Karin había caído en la indigencia.

Sin embargo, ella no estaba sola. Los grupos pro vida –de Alemania, Suiza y Austria– y muchas personas singulares que la habían conocido a través de su libro contra el aborto formaron una red de ayuda para Karin. Le socorrieron tanto material, como espiritualmente; le dieron fuerza para replantear su vida desde los cimientos, y ánimo para salir adelante. En una de sus últimas cartas, Karin me contó: “Ahora limpio las casas de otras familias y, en algún momento, espero terminar mis estudios. Ya no soy famosa, ni quiero serlo. Por fin, estoy en paz”.

Me gustaría que mirásemos juntos a estas personas que ayudaron a Karin. Le dieron la ayuda económica, tan necesaria en una situación precaria. Pero le regalaron mucho más: le transmitieron una nueva alegría, una nueva esperanza en su situación dolorosa. Se puede decir que despertaban y defendían su vida de un modo integral.

En lo que sigue, no me refiero, por tanto, a lo que digan los “defensores de la vida” –que somos todos nosotros– a los grupos de presión o a algunos políticos. Tampoco me refiero a los panfletos que escriben, ni a las manifestaciones que organizan. Sólo quiero reflexionar con ustedes sobre nuestro comportamiento diario frente a personas concretas “del otro bando”: personas que han abortado o quieren hacerlo, que han pedido la eutanasia o quieren hacerlo.

Algunos de los “defensores” están organizados en asociaciones, otros no. Ordinariamente, no hace falta pertenecer a un grupo para defender la vida, aunque muchas veces sea oportuno. Sin embargo, no debemos olvidar que la potencia de un grupo depende de la personalidad de cada uno de sus miembros. Por eso, es tan importante empezar por nosotros mismos, si queremos defender la vida con eficacia.

I. ALGUNAS ACTITUDES CONVENIENTES

Todos somos muy distintos los unos de los otros, y también las circunstancias en las que nos encontramos. Es bueno, además, que las diferentes personas tengamos diferentes maneras de actuar. Sin embargo, podemos destacar algunos rasgos comunes que, de un modo u otro, debería desarrollar cada “defensor”.

1. Fortaleza

Hace falta una buena dosis de valentía y de fortaleza para trabajar a favor de la vida en nuestra era de las dictaduras ocultas o manifiestas. Les voy a contar unos hechos que lo muestran con toda claridad.

Cuando cayó el Muro de Berlín, Alemania Oriental fue, de repente, un Estado libre, en el que regían nuevas leyes. Entonces, se abrieron los archivos de la policía secreta, y se descubrieron –entre miles de otros asuntos vergonzosos– algunos hechos especialmente considerables, que apenas fueron dados a conocer a los ciudadanos. La policía secreta de la Alemania comunista había estado muy pendiente de la destrucción de la moral pública y privada en Alemania Occidental. Empleó métodos muy precisos para frenar la defensa de la dignidad humana, del matrimonio y de la familia. Así, por ejemplo, cada vez que alguien se pronunciaba a favor de la vida –en la televisión, en la radio o en algún periódico–, recibía severas críticas en casi todos los medios. Era llamado “fascista”, intolerante y arrogante; fue despreciado, ridiculizado y –finalmente– callado. Muchas de las críticas llegaron con un nombre falso de Alemania comunista.

Si estamos dispuestos a trabajar a favor de la vida, necesitamos un corazón libre y fuerte. Tenemos que llegar a ser cada vez más independientes de los juicios de los otros. Un auténtico “defensor” acepta serenamente ser tomado por loco. En realidad, es más sano que una persona considerada “normal” en razón de su buena adaptación en nuestra sociedad, porque no renuncia a su capacidad de pensar por cuenta propia, ni a su espontaneidad; sigue, a pesar de los obstáculos, su propia luz interior, y se opone a todo lo que empequeñece al hombre, le masifica o cosifica, le manipula y engaña.

Antes de la despenalización de la eutanasia en los Países Bajos (1-IV-2002), ya era costumbre, en muchos hospitales, “hacer desaparecer” a los enfermos terminales clandestinamente, cuando a alguien le parecía oportuno. En esos tiempos, la madre de Piet, un conocido mío, estaba muriendo de una enfermedad dolorosa. En sus últimos días sufría enormemente y, estando toda la familia reunida en su habitación, el médico jefe entró, miró a la gente, llamó a Piet y le dijo en el pasillo: “Mira, yo daría ahora una inyección a tu madre, para provocarle una buena muerte. Pero sé que tú tienes otras convicciones. Por eso, necesito tu consentimiento; no quiero tener líos”. Piet no dio el permiso, y el médico no pudo aplicar la eutanasia. La madre sufrió una larga agonía. “Fue traumático –me comentó Piet después–. Ves morir a tu madre y no puedes ayudarla. Y, por encima de eso, toda la familia te echa la culpa por sus sufrimientos, y te reprocha la dureza de tu corazón”.

Realmente, hay situaciones sumamente duras. Existe el peligro de tambalearse, y es posible que caigamos, si no tenemos convicciones fuertes, muy personalizadas y arraigadas en una visión completa de la existencia.

2. Humildad

El “defensor de la vida” está dispuesto a oponerse –contra viento y marea– al mal en nuestro mundo. Por esta causa, vale la pena perder el prestigio social y gastar hasta las últimas energías.

Sin embargo, tenemos que reconocer que todos somos débiles y podemos cansarnos. Todos participamos en el mal. Durante la II Guerra Mundial, el escritor trapense Thomas Merton afirmó con contrición, desde América: “Que cada uno reconozca su propia gran culpa, ya que todos somos, de algún modo, culpables de esta guerra... Nosotros somos un árbol del cual Hitler es uno de sus frutos, y todos le alimentamos”.

Según uno de sus biógrafos, Merton sabía muy bien “que el pecado, el mal y la violencia que veía en el mundo, era el mismo pecado, el mismo mal y la misma violencia que había descubierto en su propio corazón… La impureza del mundo era un espejo de la impureza en su propio interior”. En la soledad y en el silencio, Merton tomó conciencia de que en él vivía la humanidad entera, con toda su miseria, pero también con su anhelo de amor: encontró el mundo en su propio territorio.

Estas experiencias nos invitan a mirar hondamente la condición humana, y a hacer menos radicales nuestros juicios sobre situaciones complejas. No hay sólo dos colores, el blanco y el negro: el mundo no está lleno de pecadores, por una parte, y de mártires que mueren cantando, por otra.

Este hecho lo ilustró Juan Pablo II en su visita al campo de concentración, en Auschwitz. Cuando el papa entró en ese lugar de espanto, donde habían muerto muchos de sus amigos y compañeros de la infancia, no dio ningún sermón, ninguna amonestación. Comenzó a rezar la oración del “Yo confieso” pidiendo perdón a Dios por sus propios pecados.

Todos estamos profunda y personalmente involucrados en los acontecimientos de nuestro mundo. Si aceptamos humildemente este hecho y miramos al centro más íntimo de nuestro ser, podemos mejorar, al menos, una pequeña porción de la sociedad, de la que formamos parte. Y entonces podemos ver, con ojos más limpios, que, aparte de todos los errores, hay mucho bueno y bello en los demás.

Se cuenta que el general Robert Lee habló, en alguna reunión, en los términos más elogiosos sobre algún oficial bajo su mando. Otro militar que estaba presente quedó atónito: “General –le dijo– ¿no sabe que el hombre del que habla con tanta admiración es uno de sus peores enemigos, que no pierde ocasión de denigrarle?” “Sí –respondió el general Lee–. Pero me pidieron mi opinión de él, no la opinión que él tiene de mí”.

Sólo cuando luchamos por ser sinceramente humildes, existe la posibilidad de que otra persona nos abra su corazón. A veces conviene hablar primero de nuestras propias faltas, de los propios errores. El sabio chino Laotse dijo hace 25 siglos: “La razón por la cual los ríos y los mares reciben el homenaje de cien torrentes de la montaña es que se mantienen por debajo de ellos. Así son capaces de reinar sobre todos los torrentes de la montaña”. De modo parecido tendría que actuar quien quiere transmitir una verdad: debe colocarse debajo de los hombres. Así, los otros no sienten su peso, y no toman sus palabras como insulto.

Aparte de ello, cada hombre es, realmente, superior a nosotros en varios aspectos. En este sentido, podemos aprender de todos.

3. Saber escuchar

Una de las consecuencias inmediatas de la humildad es la capacidad de acoger y escuchar al otro. A veces, se necesita mucho carácter y dominio de sí mismo para no exasperarse inmediatamente. Sin embargo, el enfado y los reproches son inútiles, porque ponen a la otra persona a la defensiva y, por lo común, hacen que trate de justificarse. Herir al otro con críticas punzantes, no sólo no corrige, sino que agrava la situación. Las heridas pueden crear resentimientos que, a veces, perduran décadas y siguen ardiendo hasta la muerte.

Cuando alguien se equivoca, quizá lo admita para sus adentros. Y si le sabemos llevar, con suavidad y con tacto, quizá lo admita también ante nosotros. Pero no ocurre así cuando tratamos de convencerle a toda costa de que no tiene razón.

El secreto para actuar con tranquilidad consiste en no identificar a la persona con su obra. Todo ser humano es más grande que su culpa. Un ejemplo elocuente nos da Albert Camus, que se dirige en una carta pública a los nazis, y habla de los crímenes cometidos en Francia: “Y a pesar de ustedes, les seguiré llamando hombres… Nos esforzamos en respetar en ustedes lo que ustedes no respetaban en los demás”. Cada persona está por encima de sus peores errores.

Casi todos hablamos demasiado, cuando tratamos de atraer a los demás a nuestro modo de pensar. Primero tiene que hablar la otra persona. Ella sabe más que nosotros acerca de sus problemas, de sus luchas y sus sufrimientos. Es preciso crear un clima en el que puede hablar sin medir sus palabras, puede mostrar sus debilidades sin temor alguno a que se le censure.

Estamos llamados a empeñarnos en el difícil arte de ir al fondo con los demás, de no quedarnos en lo que dicen, sino llegar a lo que quieren decir, de no oír solamente palabras, sino mensajes. Con frecuencia, conviene asumir la función de papelera o de cubo de basura. Tal vez la escasez de estos “oyentes papelera” sea la causa de una soledad angustiosa de tantas personas: están llenas de sentimientos destructivos y de experiencias horribles, que no pueden compartir con nadie.

Si nos vemos en desacuerdo con la persona que habla, podemos estar de interrumpirla. Pero es mejor no hacerlo; así no la ayudamos. Ella no nos prestará atención, mientras tenga todavía una cantidad de ideas y vivencias propias que reclaman expresión. Lo primero no es dar consejos, sino estar al lado del otro.

Tenemos que escuchar, tranquilamente, hasta el final. La palabra que se queda dentro de una persona puede ser la decisiva. Y justamente esta palabra tiene que salir. Por eso –advierte Guardini–, hemos de ejercitarnos para “ver, escuchar, sentir cómo, detrás de un sentimiento que se muestra, detrás de un pensamiento que se expresa, hay mucho más que permanece oculto; y cuando lo que ha estado oculto es finalmente conocido, puede ser que detrás de ello exista todavía más”.

Los mejores conversadores no son los que hablan bien, sino las personas que se interesan por lo que dicen los demás.

4. Comprensión

Recuerdo a una adolescente desesperada que se había quedado embarazada y sufría fuertes presiones para abortar. Durante varias semanas, había buscado ayuda, pero no sabía a quién dirigirse. Cuando hablé con ella, le pregunté por qué no había dicho nada a su amiga que colaboraba fervorosamente en una asociación pro vida. “Imposible –me respondió–. No puedo hablar con ella sobre estos temas. Sería un escándalo para ella. Nuestra amistad acabaría”. Pero, cuando alguien ha caído en las profundidades del dolor, ¿no es precisamente el amigo, la amiga, quien debe luchar por él y con él? “Sé solidario con los otros, sobre todo cuando sean culpables”, reza un proverbio francés.

En un momento de desaliento, de fracaso o de angustia, es tremendamente importante encontrar a una persona que comprenda, que no riña, que no clasifique fríamente, sino que sea capaz de compartir los sentimientos –tantas veces contradictorios–, que se encuentran en el corazón humano. Hay momentos en los que cada hombre –incluso el más cruel asesino– necesita consuelo y alivio. El criminal americano Crowley, condenado a la silla eléctrica por matar a mucha gente, escribió poco antes de su muerte: “Tengo bajo la ropa un corazón fatigado, un corazón bueno: un corazón que a nadie haría daño”.

¿Sabemos lo que ese hombre ha vivido? ¿Conocemos las manipulaciones y presiones a las que estaba expuesto desde su infancia, su vacío interior, su aburrimiento? ¿Qué ha provocado su desesperación y su odio? Hay una razón oculta por la que cada persona piensa y procede como lo hace. Si descubrimos esa razón, tendremos la llave de sus acciones, y quizá la de su personalidad.

En medio de un mundo lleno de situaciones terribles, estamos llamados a descubrir la posibilidad de una compasión. El gran escritor británico Graham Greene afirma: “Si conociéramos las cosas hasta el fondo, tendríamos compasión hasta con las estrellas”.

No me refiero, por supuesto, al ejercicio de la justicia pública; no se trata de saldar un castigo. Hablo sencillamente de la actitud de una persona concreta frente a otra, que se ha hecho culpable. En la vida diaria, no nos compete condenar a otros, ni juzgar sobre sus intenciones. Cuando estos actos se realizan “en la calle”, a menudo no están exentos de una gran dosis de morbo farisaico. Además, inician un nuevo ciclo de violencia y de opresión. La única liberación verdadera es aquella que toca el corazón y mueve a cambiarlo, con la gracia de Dios.

Un comentario mordaz o cínico no ayuda nada, sino que hunde al otro todavía más en la miseria. En cambio, si éste nota un verdadero interés, una auténtica preocupación por su persona y situación, puede ser que reaccione favorablemente. La comprensión tiene un efecto sanante.

Es preciso comprender que cada uno necesita más amor del que “merece”; cada uno es más vulnerable de lo que parece. Y hasta la persona más violenta puede arrepentirse de sus faltas, puede cambiar y crecer mientras viva. “No hay pecador sin futuro, ni santo sin pasado”, dice la sabiduría popular.

Comprender es tener la firme convicción de que cada persona, independientemente de todo el mal que haya hecho, es un ser humano capaz de hacer el bien. Nadie está totalmente corrompido; en cada uno brilla una luz. Al comprender, decimos a alguien: “No, tú no eres así. ¡Sé quien eres! En realidad eres mucho mejor”. Queremos todo el bien posible para el otro, su pleno desarrollo, su dicha profunda, y nos esforzamos por quererlo desde el fondo del corazón, con gran sinceridad.

Existen, realmente, estas personas que saben dar cariño y esperanza a los demás. Su presencia engendra una sensación de bienestar. Los otros saben que están en buenas manos, cuando están con ellas; saben que son estimados y queridos, a pesar de todos sus fallos. Pueden dejar sus cargas, descansar y descubrir valores que, quizá, nunca hayan conocido.

II. SER CAPAZ PARA LA AMISTAD

Si deseamos que otro se desprenda, realmente, del error, de la equivocación, de la fealdad o de la maldad, y que se abra a nuevos conocimientos, es preciso entrar en una relación amistosa con él. Se acepta un consejo cuando hay confianza. Se sigue a un amigo y a nadie más.

La amistad proporciona un nuevo brillo a nuestra existencia y hace más amable nuestra vida. Goethe lo expresa de un modo poético: “Nuestro mundo parece muy vacío –afirma–, si lo imaginamos sólo lleno de montañas, ríos y ciudades. Pero sabemos que aquí o allá hay alguien que está en sintonía con nosotros, alguien con quien seguimos viviendo, aunque sea en silencio. Esto, y solamente esto, hace que la tierra sea un jardín habitable”.

Precisamente ante la masificación y el anonimato, tan característicos de nuestra época, necesitamos lugares cálidos, espacios en los que podamos sentirnos como en casa. Donde hay amigos, surge la experiencia de la confianza, la experiencia del hogar. Para muchos contemporáneos, la amistad es su hogar y su patria en medio de una tierra sin patria y sin hogar.

Quien tiene amigos de otros partidos políticos, otras profesiones, religiones y nacionalidades, es una persona dichosa. Se le abre un mar sin orillas. Tratando y queriendo a la gente más variada, se amplía su mente y se ensancha su corazón. Recibe mucho y entrega mucho. Es quien mejor puede orientar a los que parecen estar en una situación sin salida.

Por supuesto, la amistad no se puede forzar. Es un don de lo alto. Pero podemos capacitarnos para recibir este don.

1. Una condición imprescindible

Para aventurarme en la vida del otro, debo estar en paz conmigo mismo. Debo llevarme bien conmigo mismo y llegar a ser, de alguna manera, “mi propio amigo”.

Conozco a una mujer que ha abortado varias veces y –después de un espectacular cambio mental– trabajaba agresivamente a favor de la vida. En una ocasión, ella me confesó: “Francamente, me odio. Y odio a todas las mujeres que abortan. Si una persona ha realizado este crimen, sólo le quedan dos caminos: luchar vehemente en pro o en contra de la vida, para callar la voz de su conciencia”.

Sin embargo, no defendemos la vida, en primer lugar, para solucionar problemas personales, sino para ayudar a los demás. No podremos hacerlo con eficacia, si no transmitimos nada más que nuestro caos interior, ahogando a los otros con nuestros sentimientos amargos y nocivos. Huirán de nosotros para protegerse.

Si no estoy a gusto conmigo mismo, no estoy a gusto en ningún lugar. Si no me he encontrado a mí, no puedo realizar un verdadero encuentro con ninguna otra persona. Si no estoy en armonía conmigo, no puedo sembrar paz a mi alrededor.

Cabe también una tercera posibilidad para los que han experimentado el aborto: pueden defender la vida serenamente, si han llegado a ser “su propio amigo”. Pero, ¿cómo es posible esto? La amistad reclama una actitud de profunda sinceridad. No se puede construir sobre una mentira. Así, para ser “mi amigo”, necesito comportarme con rectitud interior. No debo reprimir las grandes cuestiones que se plantean, con mayor o menor frecuencia, en mi interior. Tengo que ordenar mi propia alma, dirigirla hacia el bien y buscar el sentido completo de mi existencia.

Si una persona se ha reconciliado con Dios y con ella misma, tiene la oportunidad de dar al mundo su propio testimonio con especial convicción. Es una tarea hermosa, una ocasión para desagraviar y, por supuesto, también es un tratamiento para curar las propias heridas cada vez más hondamente.

2. El valor de la amabilidad

Hay dos formas de mostrar nuestra fuerza en una conversación: podemos empujar al otro hacia abajo, o tirarle hacia arriba; podemos actuar de un modo destructivo o de un modo constructivo.

Un lenguaje ofensivo, unas palabras sarcásticas, cierta arrogancia, brusquedad, prepotencia y reproches son ejemplos para una conversación destructiva; producen resistencias y, en ocasiones, rebeliones abiertas.

No hacen falta habilidades para pisar al otro. Cualquiera puede hacerlo. Se hiere, a veces, todavía más con la frialdad que con el enfado. Pero el precio es alto. Si discutimos, nos enfrentamos y contradecimos, creamos distancias. Si nos dejamos llevar por la agitación interior, terminamos ofendiendo. Alguna vez, podremos lograr algún triunfo. Pero será una victoria vacía. Una persona forzada contra su voluntad no cambia de opinión. No sale del círculo vicioso en el que se encuentra y, con frecuencia, tiende a sabotear los esfuerzos de quien la frustra.

Es verdad, la coacción puede evitar, en ocasiones, un mal. Puede evitar, por ejemplo, la muerte de inocentes. Pero no es un medio adecuado para conducir a una persona hacia el bien. Un cambio violento, normalmente, no es profundo ni duradero. No se puede forzar a nadie a ser bueno.

Los chinos dicen: “Quien pisa con suavidad, va lejos”. Lo mismo expresa la famosa fábula del sol y del viento. Ambos discutieron acerca de cuál era más fuerte, y el viento dijo: “¿Ves aquel chico envuelto en una capa? Te apuesto a que le haré quitar la capa más rápido que tú”. Comenzó a soplar, con una fuerza enorme, hasta ser casi un ciclón. Pero cuanto más soplaba, tanto más el chico se envolvía en su capa. Por fin, el viento se calmó y se declaró vencido. Entonces salió el sol y sonrió benignamente sobre el chico. No pasó mucho tiempo hasta que éste, acalorado, se quitó la capa.

Realmente, la suavidad es más poderosa que la furia. Sólo a través del corazón podemos llegar a la razón de otra persona. Si ella nos rechaza, no podemos hacer nada. Pero si nota que la queremos de verdad, que es especial e importante para nosotros, y que deseamos que sea plenamente feliz, entonces se abre la posibilidad de una relación amistosa, en la que –como ya hemos visto– cada uno escucha al otro y cada uno aprende del otro.

La amistad surge y se acrecienta cuando rompemos las imágenes que nos hemos hecho de otra persona. Es una experiencia muy íntima, que necesita tiempo, calma y mucha sensibilidad.

El que ama, da algo de sí mismo, de su propia vida, de lo que está vivo en él. Comparte sus alegrías y sus penas, sus ilusiones y desilusiones, sus experiencias y proyectos, sus reflexiones y, no en último lugar, la verdad que ha encontrado; en una palabra: se da a sí mismo. En este ambiente no es difícil hablar de todo, también de las propias faltas, aunque sean muy graves.

3. Transmitir la verdad

Para elevar al otro hacia una comunicación constructiva, conviene que profundicemos en la relación positiva que ya existe entre nosotros. Es importante ver lo bueno en el otro, porque todos tendemos a comportarnos según las expectativas de los demás. En este sentido, aconseja la sabiduría popular: “Si quieres que los otros sean buenos, trátales como si ya lo fuesen”.

Tendríamos que hablar siempre con un sello personal. Cuando los otros escuchan frases trilladas, hay quien deja de escuchar. No deberíamos olvidar que las palabras –y hasta los mejores ejemplos– se desgastan con el uso excesivo. Dado que los argumentos a favor de la vida se utilizan con frecuencia y en tantos contextos, puede ser que dejen de causar impresión. Necesitamos una fidelidad creativa a principios comunes.

Quien quiere al otro de verdad, no palia ni encubre el mal que éste haya hecho. Intentará transmitir las exigencias éticas con toda claridad, adaptadas a las circunstancias de cada caso. No buscará compromisos falsos, porque sabe que ellos no pueden llevar a nadie a una paz estable. “No es honesto eludir principios éticos elementales –afirman Natalia Horstmann y Enrique Sueiro–. Hay cosas buenas y cosas malas, y su bondad o maldad es independiente de consensos. El tabaco no mata porque lo diga la cajetilla…; ni la violencia machista es aberrante porque la condene el Gobierno. Son realidades dañinas en sí mismas, lo diga quien lo diga o aunque no lo diga nadie”.

El otro tiene derecho a conocer toda la verdad, aun allí donde a primera vista puede resultarle amarga. Por esto, tenemos la obligación grave de hacerle partícipe de la luz que tenemos, probablemente por la generosidad de otros.

Asimismo, para ganar en sinceridad en cualquier relación humana, es conveniente y necesario dar a conocer la propia identidad. El otro quiere saber quién soy yo, tal como yo quiero saber quién es él. Si reprimimos las diferencias y nos acostumbramos a callarlo todo, tal vez podamos gozar durante algún tiempo de una armonía aparente. Pero en el fondo, no nos aceptaríamos mutuamente tal como somos en realidad, y nuestra relación se tornaría cada vez más superficial, más decepcionante, hasta que, antes o después, se rompería.

Si creamos un ambiente de confusión, no ayudamos a nadie. Por esto es preciso exponer la verdad tan clara e íntegramente como sea posible. Cuando actuamos de esta manera, no obstaculizamos la amistad sino, muy al contrario, la fomentamos, si guardamos la delicadeza y el respeto. “No aceptéis como verdad nada que carezca de amor. Y no aceptéis como amor nada que carezca de verdad. El uno sin lo otro se convierte en una mentira destructora”. Estas palabras, inspiradas en la filósofa Edith Stein, me parecen especialmente aptas para la defensa de la vida. Toda verdad mezclada con veneno se vuelve, sin más, falsa.

4. Ayudar a salir de las dificultades

Según Sócrates, no conviene enseñar nada a nadie. El gran maestro conducía a sus contemporáneos sabiamente a verdades que ellos mismos encontraban. Su método refleja un conocimiento hondo del corazón humano. Muchas veces, realmente, estamos más convencidos de las verdades que hemos descubierto por cuenta propia, que de aquellas que otros nos sirven en bandeja de plata.

En la psicología se habla –análogamente– de la “intención robada”: si quiero hacer algo –incluso con mucho afán–, y otra persona me dice que debo hacer justamente esto, puede ser que disminuyan mis ganas. Me siento un mandado, no el protagonista de la obra. A nadie le agrada recibir órdenes sobre cosas que ha decidido hacer.

Así, conviene apelar a los motivos más nobles del otro y ayudarle a que él mismo quiera realizar el bien o arrepentirse del mal. Él mismo puede y debe decidirse a salir del pozo en el que ha caído. En la proximidad de un amigo, esto es posible. Junto al amigo, una persona puede entrar en relación con su auténtico yo; puede percibir lo sincero y lo verdadero en su propio corazón. Puede sentirse como envuelto en el aire de la montaña, gracias al cual puede respirar de forma diferente a como lo hace normalmente; y ese aire le lleva a entrar en contacto con lo más sublime y elevado que hay en él.

Nuestra tarea consiste, sobre todo, en poner al otro en relación con sus sentimientos más íntimos y auténticos, y en incitarle a expresar los silenciosos impulsos de su corazón. Podemos asegurarle nuestra cercanía, echarle una mano y transmitir la creencia firme de que el camino hacia la salvación es viable.

Un buen amigo da ánimo, luz y esperanza, aunque la noche sea oscura. Ayuda al otro a salir de una depresión, después de una gran caída. Le da valor para levantarse, y fuerza para asumir la propia culpa –con todas sus consecuencias–. Y, no en último lugar, le despierta la ilusión de decidirse, nuevamente, por la vida. Un proverbio japonés afirma: “Con un amigo a mi lado no hay ningún camino que sea demasiado largo”.

NOTA FINAL

El amor a la vida se expresa, muchas veces, en la valentía, en la fortaleza y en la justicia. Y se muestra, al mismo tiempo, en la humildad, en la escucha y en la compasión. Siempre defiende la verdad y, en el mejor de los casos, llega a construir una auténtica amistad.

Queremos dar la vida a todos, tanto a los que están en peligro material de perderla, como a los que están en peligro espiritual de robarla. Todos necesitan nuestra solicitud, y no debemos olvidar que aquel que hace el mal se daña aún más que aquel que lo sufre.

Por esto, hemos puesto nuestra mirada en las víctimas quizá todavía más destrozadas que los niños que no nacerán, o los ancianos que mueren antes de tiempo. Queremos dar vida también a los responsables del aborto y de la eutanasia. Queremos ofrecerles nuestra ayuda para salir de su error y revisar sus actitudes. Con ello, tenemos muy claro que “la verdad no se impone sino por la fuerza de la misma verdad”.

Si un “defensor” se acostumbra a descubrir el núcleo bueno de todos los hombres, y a realizar un encuentro con quien ha actuado mal, entonces aumentará incluso su propia vida. En el trato sincero con los demás crece su vitalidad. Se le ocurren más ideas, relucen más valores. El “defensor” se hace, sobre todo, cada vez más capaz de amar, más apto para orientar. Adquirirá, en medio de un mundo caótico, sabiduría para comprender, paciencia para luchar, y una alegría inexpresable, que es fruto del empeño de conducir a otros desde la oscuridad a la luz. Su estilo de vida se resume en el famoso lema de Antonio Machado: “Pensar alto, sentir hondo, hablar claro”.


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Subsidio litúrgico para la celbración del domingo primero de Adviento - C, ofrecido desde el Área de Pastoral Social de la Diócesis de Tenerife.
29 de noviembre de 2009

MONICIÓN DE ENTRADA:

Hermanos y hermanas: Un año más, hoy comenzamos el Adviento. Durante este tiempo ejercitamos la espera, la esperanza, las actitudes propias de quien espera en la promesa. En este caso la promesa de que Dios  estará con nosotros.

Nuestra esperanza no puede ser un motivo de evasión hacia el futuro, pensando que es la única salida porque el mundo en que vivimos no nos ofrece seguridades.

         La venida de Jesús, para la que nos preparamos durante estas cuatro semanas, es un signo de esperanza, una llamada a la resistencia en un mundo injusto e intolerante. Así leían los textos que escucharemos en esta Celebración del primer domingo de Adviento, las primeras comunidades cristianas, muchas veces perseguidas y oprimidas por los poderosos de su tiempo.

El mensaje de Jesús indica que estas situaciones no son definitivas, ni tampoco se ha de esperar a la otra vida para que cambien. Dios está junto a quienes sufren; hay que resistir, es posible la esperanza. Se nos invita a comprometernos para hacer un mundo más justo.

Los que estamos llamados a ser testigos de Jesús y creemos en lo que Él afirmó: “se acerca la liberación de todos ustedes”, hemos de  acoger personalmente esta gran noticia e implicarnos en colaborar  para que sea, también, acogida por las personas que no lo conocen  y por aquellas otras que se han alejado de Él y de la comunidad, por los motivos que sean.

Nos ponemos en pie, para recibir al sacerdote que va a presidir la Celebración, cantado.  

ACTO PENITENCIAL

Tú, Señor, has plantado tu tienda entre nosotros para construir el nuevo mundo donde haya justicia, la nueva sociedad de hermanos, hijos de un mismo Padre. Señor, ten piedad.

Tú, Señor, nos llamas a estar atentos y vigilantes, interpretando los signos de los tiempos para que todos alcancemos tu salvación. Cristo, ten piedad.

Tú, Señor, nos enseñas a no tener miedo, a superarlo confiando en ti, a mantenernos en pie ante ti mientras llegas con gloria y con poder. Señor, ten piedad.

 El Señor, que nos enseña sus caminos, tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna. AMÉN.

MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA (Jer. 33, 14-16)

        El profeta Jeremías es un apasionado de la justicia y anhela  los días del Señor. Sufrió en su propia carne los efectos de una violencia ciega y fanática. Pero confía y espera, porque vienen días  en que llegará el JUSTO y todo lo llenará de justicia. Escuchemos con atención la Palabra.

MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA  (1 Tes 3,12-4,2)

         San Pablo nos recuerda en este fragmento de su carta a la comunidad cristiana de Tesalónica que uno de los aspectos fundamentales de la vida del cristiano es la justicia, percibida como don de Dios, no como puro esfuerzo de voluntariedad. En Jesús la justicia va mucho más allá de los derechos. Escuchemos.

MONICIÓN AL EVANGELIO  (Luc 21, 25-28; 34-36)

Los días, anunciados en el texto evangélico que vamos a escuchar,  son los de Jesús, el Mesías, y son también los nuestros. Pero hemos de estar bien despiertos, nunca adormitados, para poder descubrirle y acogerle. Despertemos nuestro corazón para escuchar.

CUESTIONES PARA LA REFLEXIÓN EN LOS MOMENTOS DE SILENCIO ORACIONAL  DESPUÉS DE LA HOMILÍA

¿De qué necesito que me libere Jesús?

Contemplando a las personas que me rodean y mi propia vida, la liberación que Jesús nos trae ¿viene a dar respuesta a aquello de lo que creemos que tenemos que liberarnos? ¿A qué?

¿Qué llamadas me hace el Señor hoy a través de su Evangelio?

¿Cómo voy a responder a estas llamadas?

ORACIÓN DE LOS FIELES

Sacerdote: Solidarios con los deseos y esperanzas de todos los hombres y mujeres, presentamos  al Padre las súplicas de la iglesia. a cada invocación, respondemos:  ¡VEN, SEÑOR JESÚS!

Para que  todos colaboremos en la renovación del mundo entero, globalizando “el derecho y la justicia”, y  que todos los pueblos vivan en paz. Oremos

Para que la Iglesia y todas las comunidades cristianas, sean signo y anticipo del mundo que esperamos. Oremos.

Para que sepamos descubrir aquí y ahora, preocupados por tantas crisis y amenazas, “los signos de los tiempos” y la acción del Espíritu. Oremos.

Para que los más pobres y los que más sufren no desfallezcan en la esperanza y alcancen lo que tanto necesitan. Oremos

Por nuestra comunidad  parroquial. Para que en este proceso de camino al encuentro con Jesucristo en la celebración de la Navidad, todos y cada uno nos acerquemos a los demás, mostrando el rostro misericordioso de Dios que se acerca en su Hijo para liberarnos. Oremos.

Para que nosotros mismos celebremos el Adviento rebosando de Amor y trabajando a favor de la justicia, donde quera que estemos. Oremos.

OREMOS: Ven, Señor Jesús, y restaura con el poder de tu gracia nuestra débil condición humana. 

PRESENTACIÓN DE OFRENDAS – Lenguaje de los signos

Corona de Adviento  (Después de presentarla en el momento del ofertorio, se enciende la 1ª vela)

Te presentamos, Señor, esta corona de Adviento. Con  ella, queremos expresar  nuestra disposición  de ir encendiendo sus velas, cada semana, con nuestros gestos y compromisos de acercamiento a los demás,   a favor de la justicia,  la paz, la vida y el amor.

Cártel con las letras de Adviento

Queremos que no se pierda ninguna letra de ADVIENTO, que se escriba:

Con la A, de admiración.
Con la D, de deseo, que ya es don.
Con la V, de verdad.
Con la I de ilusión e ideal.
Con la E de esperanza.
Con la N de novedad.
Con la T de trabajo a favor de la justicia.
Con la O de oración, que vence la oscuridad. 

Colecta

Te presentamos este dinero, signo de los dones que nos has dado y que queremos poner al servicio de los hermanos más necesitados, de modo especial en este Adviento 

Pan y vino

Te presentamos este pan y vino para que Tú lo transformes en tu Cuerpo y Sangre que nos acompañará en el camino que hoy comenzamos hasta celebrar el Misterio de tu Nacimiento entre nosotros. 

ACCIÓN DE GRACIAS, DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Gracias, Padre, porque has puesto  en nosotros una fuerza secreta  que nos hace triunfar sobre la depresión y el desierto y nos ayuda a abrirnos a tu liberación.

Gracias Jesús, porque cuando todo se derrumbaba,  la fidelidad de una mujer, la fidelidad de la Virgen María,  tu Madre, a la voluntad de Dios Padre,  hizo posible que Tú te hicieras uno de nosotros y vinieras a ofrecer la Salvación.

Gracias, Espíritu Santo, que nos animas y empujas a vivir respondiendo con un Sí a lo que Tú esperas de nosotros.


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Lectio Divina para el primer domingo de Adviento - C facilitada por la Delegación Diocesana de la Diócesis de Tenerife.


LECTURA:            “Lucas 21, 25‑28. 34‑36”

 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedaran sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán. Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad.

Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación.

Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.

Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneros en pie ante el Hijo del hombre.»

MEDITACIÓN:           “Manténganse en pie”

 Comienza el tiempo de adviento que definimos como tiempo de espera y de esperanza y, sin embargo, parece que tu palabra trasmite temor ante un cúmulo de acontecimientos desastrosos que están por venir. Pero no es esa tu intención ni la finalidad de tu mensaje. Las imágenes que utilizas, al fin y al cabo, no son muy lejanas a acontecimientos que vivimos cuando se desatan las fuerzas de la naturaleza.

 Pero en medio de ese lenguaje nos dejas una llamada a no dejarnos arrastrar por el miedo, sino precisamente, ante la realidad de nuestra temporalidad, nos invitas a vivir desde nuestra dignidad de ser hombres. Vivir atentos para que no se nos embote la mente ni el corazón, es decir, a vivir con lucidez, con capacidad de valorar aquello que nos permite actuar como auténticos seres humanos, cosa que a veces tenemos la tentación de poner en duda ante tantas barbaridades que nos llegan de todas partes.

Descubrir nuestra dignidad se está convirtiendo como en un reto, en una urgencia. Da la sensación de que estamos perdiendo el norte de lo que somos. Parece que todo da igual y que da lo mismo la forma en que nos movamos, pensemos y hagamos las cosas. Y no es verdad. Somos humanos, forjados con una dignidad divina, creados con un corazón capaz de amar y llamados a desarrollarlo.

 De ahí tu insistencia en estar despiertos, a no embotarnos, a no ofuscar nuestra capaz de raciocinio, a mantenernos en pie ante ti porque no nos quieres subyugados, sino con toda la nobleza y grandeza de hijos de la que somos portadores.

 Por eso, estas palabras, Señor, me hablan de esperanza contra toda esperanza. Vivimos tiempos de confusión. Vivimos muy despistados. Pero el saber de dónde venimos, de qué estamos hechos, y a dónde vamos, nos permite esperar y mantener abierta la esperanza. Pero no de una forma pasiva, sino activa, poniendo de mi parte todo lo mejor de mi mismo, de mis realidades, de mis anhelos, de mis deseos. Para construir mi humanidad y colaborar en la de todos mis hermanos los hombres. Tú nos abres a un reto y a una ilusión, a una esperanza, pese al lastre que aportamos nosotros.

 ORACIÓN:           “Aportar vida ilusionada”

        Señor, en este tiempo que nos abres de adviento quiero pedirte que me ayudes a activar mi esperanza. Reconozco que, a veces, me desanima la realidad, tengo la tentación de creer que el hombre ya no es capaz de nada más, que nos vamos degradando a pasos agigantados, pero tú me vuelves a abrir la puerta de la esperanza.

        Ayúdame a mantenerme en pie. A no sentarme, a no dejarme llevar por ese clima de desorientación y desesperanza. Que tu palabra me mantenga vivo y me permita ofrecer y aportar vida ilusionada y esperanza.

        Y aunque depende más de nosotros que de ti, danos luz, Señor, a todos los hombres, para que levantemos la cabeza, para que no nos terminemos de embotar, y descubramos la forma de aportar lo más noble que llevamos en lo más íntimo de nuestro ser, porque viene de ti.

CONTEMPLACIÓN:         “Mi esperanza”

    

Las nubes grises
oscurecen el horizonte
y se ciernen las sombras
que parecen clavarse
en el interior de mi corazón.

Quiero vislumbrar
un espacio de luz
pero todo es incertidumbre
en un sin fin de locuras
que parecen apoderarse
de mí y del mundo.

Pero tú vienes,
tú estás,
y como el sol que atraviesa
con sus rayos
el mínimo resquicio,
mantienes viva
mi esperanza,
entusiasmas y haces anhelante
mi espera.

Así activas mi camino,
me mantienes vivo y despierto,
me recuerdas mi dignidad de hijo
y me permites,
tú sólo,
mantenerme en pie
ante ti y ante los otros.


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ZENIT publica el comentario al Evangelio de este domingo, primero de adviento, redactado por monseñor Jesús Sanz Montes, ofm, obispo de Huesca y de Jaca, arzobispo electo de Oviedo.

Evangelio del domingo: Año nuevo (vida nueva)

Por monseñor Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo electo de Oviedo

Es sabido que los cristianos siempre comenzamos el año un poco antes. Cabe recordar ese dicho popular de "año nuevo, vida nueva",que quiere expresar algo muy humano: que nuestro corazón no se resigna al fatalismo de lo que acontece; que nuestro corazón tiene derecho a decir ¡basta! a tantas cosas que no van; que nuestro corazón es justo cuando a pesar de todos los pesares tiene la osadía de soñar una vez más.

Quizás por eso nos ponemos de acuerdo todos en una fecha mágica: 1º de enero, el año nuevo civil, para indultarnos mutuamente y concedernos unos a otros una especie de "amnistía" bonachona: nos perdonamos la tristeza, el cansancio, el sopor y aburrimiento; nos perdonamos los desmanes, los rencores, las mentiras. Así, desde la trinchera de todas nuestras pesadillas nos atrevemos a levantar con timidez la blanca bandera de los sueños en un mundo feliz. Lamentablemente, tan deseada "amnistía" suele durar lo que dura la resaca de unas fiestas, para luego zambullirnos en la opacidad de un cotidiano desilusionado y cansino, que tan rutinariamente siempre termina igual: en desencanto.

Podemos decir "año nuevo, vida nueva" porque "la hemos visto con nuestros ojos y palpado con nuestras manos... lo que vimos y escuchamos esto os anunciamos" (1 Juan 1, 1-3). La Vida Nueva que año tras año, e instante tras instante podemos celebrar, se llama Jesucristo.

Esto quiere decir que ni la mentira, ni el caos, ni la muerte, tienen la última palabra desde que Alguien tuvo la locura o el atrevimiento de proclamar "Yo soy la Verdad, y el Camino, y la Vida". Y nosotros creemos en esa Vida Nueva que se ha hecho uno de nosotros, que puso su tienda de encuentro en las contiendas de nuestras insidias. O estaba loco para decir semejantes cosas, o sencillamente era Dios... y Hombre verdadero. El Evangelio de este domingo es una invitación a la vigilancia. Una serie de imperativos tratarán de acercarnos al asombro de esta espera: "levantaos, alzad la cabeza, tened cuidado, estad despiertos, manteneos en pie" (Lc 21,34-36). Vale la pena escuchar ese grito de nuestro corazón que continuamente nos reclama el milagro de una novedad que no caduque, y reconocer que Alguien, como ningún otro y para siempre jamás, tomó en serio ese grito, abrazó el grito del corazón humano, de mi corazón, pudiendo desde entonces volver a estrenar esperanzas y brindar felicidades.

El adviento cristiano siempre es recordar a Aquel que vino ya, es acoger su venida incesantemente presente, y por último es prepararnos al día de su vuelta prometida. Esta es la paradoja de nuestra fe: hacer memoria de quien vino, desde la acogida de quien nunca se ha marchado, para prepararnos a recibir a quien volverá. La paradoja consiste en que el sujeto es la misma persona: Jesucristo. Este es el tiempo que nos prepara a la celebración de la Navidad cristiana. Levantémonos, despertemos. Es posible una novedad, que no dependa de las uvas ni del champán, ni de unas fechas pactadas, sino de algo que ha sucedido, de alguien que está entre nosotros. Feliz año nuevo, feliz vida nueva.


Publicado por verdenaranja @ 22:55  | Espiritualidad
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Artículo de Olegario González de Cardedal invitando a la reflexión, enviado desde la oficina de prensa del obispado de Tenerife. 

Tres perversiones de humanidad             

Escrito por OLEGARIO GONZÁLEZ DE CARDEDAL   

jueves, 26 de noviembre de 2009

¿Cuáles son las potencias que fundan, regulan, otorgan sentido y dignidad a la vida humana? La cultura, la ciencia, la ética, la religión, la política... En cada una de las grandes épocas históricas los hombres han mirado hacia un foco de luz, al que han considerado como el sol iluminador y vivificador de todo; otras en cambio hemos quedado sorprendidos, fascinados o atolondrados por la complejidad de la realidad, por la variedad de necesidades y posibilidades humanas. 

Si en aquellas épocas los peligros mortales fueron la uniformidad, la violencia, la dictadura personal o ideológica, en otras en cambio, la fascinación viene del lado de los pluralismos. Hay que mantener vivas y activas esas cinco instancias, sin que ninguna de ellas ejerza un despotismo sobre las demás. Hoy somos sensibles a la imposición de la religión en el pasado y a todas las Inquisiciones. ¿Somos igualmente sensibles a la fascinación y absolutización de la política que sufrimos hoy, con olvido o represión de las otras fuentes esenciales de verdad y sentido como son la ética, la religión y la cultura?

El recrudecimiento de las sensibilidades identitarias y la recuperación de una historia anterior reprimida han llevado consigo en la historia europea a una nueva organización democrática en la que se integren las diferencias y encuentren cauce de realización las aspiraciones diversas. Desde el pluralismo de regiones al pluralismo de culturas, de etnias y religiones, estamos hoy a la búsqueda de una integración mejor que la que hemos vivido en siglos anteriores, determinada por los nacionalismos y las ideologías.

En una situación como ésta, dos me parecen las tareas más graves de la humanidad hoy, más allá de las diarias urgencias: la búsqueda teórica de una comprensión de lo humano que haga justicia a sus múltiples dimensiones como ser racional, libre, moral, comunitario, religioso y abierto a la trascendencia, que le hace heredero de todo el pasado, y responsable de todo el futuro, a la vez que afincado en una espera que debe sostener no en desesperación sino en esperanza. La Declaración universal de los derechos humanos (París 1948) se sostenía en la convicción de esa dignidad y responsabilidad comunes a todo hombre. A distancia de aquella fecha ciertas áreas culturales como el islam, ¿siguen manteniendo sus distancias por considerar que esa declaración es fruto de otra cultura (occidental) y de otra religión que no es la suya (cristianismo)? Y Europa, ¿mantiene todavía los asideros de la comprensión antropológica subyacente a aquel texto: la que deriva del humanismo grecolatino, de la religión bíblica afirmadora del hombre como imagen de Dios que se convierte así en su garante y defensor, del pensamiento humanista del renacimiento, de la Ilustración y de los grandes movimientos sociales?

Esta es la sima abierta en nuestra conciencia de occidentales: hemos desistido de una consideración concorde del hombre, en su relación con el cosmos, con el prójimo y con Dios, contentándonos con los fenómenos (filosofía); de buscar los fundamentos objetivos de nuestras acciones que deben ser trenzadas siempre con la libertad pero que están sustraídos a nuestra arbitrariedad (ética); hemos remitido la relación con Dios a la mera decisión subjetiva desde el ateísmo, el agnosticimo, la simple indiferencia u olvido de esa cuestión primordial (religión). Sólo nos quedan una utopía revolucionaria y loca o una política exclusivamente pragmática cuyo objetivo primordial parece ser la conquista o permanencia en el poder. Ambas son igualmente inmorales y mortales. Las más grandes utopías políticas han llevado consigo las grandes catástrofes y los 150 millones de muertos que Europa tiene sobre su conciencia desde el comienzo de la guerra del 14 hasta el final del genocidio de Yugoeslavia.

¿Qué pasará con aquellas políticas radicalmente pragmáticas, que renunciando a buscar fundamentos éticos de carácter mínimamente universal para sus decisiones, se remiten solo a la opinión popular, opinión que se ha construido previamente desde los inmensos resortes del poder informativo y económico que el gobernante tiene hoy en sus manos? La decisión democrática es siempre necesaria e insustituible pero por sí sola no es suficiente. Con ella se han cometido los grandes genocidios y exterminios. Hay algo en la vida humana que no es regulable desde la sola legislación exterior. Tampoco es aceptable aquella postura que deja al poder político hacer todo lo que quiere, ya que en su interior nadie es obligado a perpetrar lo que objetivamente son crímenes aunque estén permitidos por la ley. Todos somos responsables de nosotros mismos y del prójimo, del bien propio y del bien común. Una sociedad que se escuda en ese individualismo feroz y desiste de buscar, proteger y mantener el bien común, es una selva dejada a merced de los tigres y leones.

Esta es la situación real de España: desde el ejercicio de una democracia, remitida primordialmente a su legitimidad formal se han aprobado o se van a aprobar legislaciones que están contra el sentido moral propio de una sociedad fiel a su mejor legado histórico, consciente de los derechos humanos primarios y abierta a un futuro. «¡Sin niños no hay esperanza!», decía Péguy. Aquí la responsabilidad primaria es de los políticos, pero en última instancia todos los ciudadanos somos responsables: por acción u omisión, por palabra o por silencio. Todos desde la primera autoridad del país, cuya misión es «arbitrar y moderar el funcionamiento regular de las instituciones». ¿Quién debe velar por un Tribunal Constitucional del que desde hace tres años esperamos una respuesta, permitiendo con el lapso del tiempo que se creen situaciones irreversibles a la vez que el poder político en connivencia afirma que así llevan las cosas tres años y que no ha pasado nada? Así las cosas, ¿qué significa la justicia? ¿Dónde queda la atención preferencial, propia de un Estado social de derecho, a las regiones pobres y a las clases sociales golpeadas hoy por el paro y la pobreza?

¿No tendremos que avergonzarnos de haber asistido pasivamente a una ley que declara el aborto un derecho? ¿Y avergonzarnos de otra ley que iguala como matrimonio realidades objetivamente diferentes como son, por un lado la unión de hombre y mujer capaces de procrear siendo así creadores de futuro, y por otro la unión de dos hombres o de dos mujeres? ¿Y avergonzarnos de una tercera ley que hace posible el divorcio en un tiempo mínimo después de contraer matrimonio, dejando en el vacío las decisiones claves, que aparecen así como insignificantes y reversibles al primer sobresalto? ¿No remite todo esto a una actitud meramente política, que no cultiva los fundamentos morales ni alienta las convicciones educativas desde las que la vida adquiere solidez, garantía y responsabilidad? Una cosa es despenalizar el aborto en casos extremos; una cosa es regular jurídicamente relaciones reales entre personas del mismo sexo; una cosa es tener la flexibilidad necesaria en ciertos casos de separaciones. Y otra cosa es favorecer positivamente o presentar como derechos actuaciones que son claramente inmorales.

Los que vivimos en España no podremos mantener la frente alta y la cara limpia, cuando nuestros descendientes nos recuerden estos desmanes. Todos sabemos cuales son los intereses, presupuestos y cargos que están detrás de ciertas decisiones de partidos y de personas. ¿Dónde está la palabra de las Universidades, de los cuerpos profesionales, de las organizaciones de padres y de madres, de los sindicatos, de los profesores y educadores? ¿Dónde los reales socialistas de la mejor tradición? ¿Dónde los cristianos defensores de la persona desde el comienzo hasta el final? Un partido político no propondría tales leyes si no contara con la adhesión, inmediata o construíble de sus electores. En los tres casos citados (aborto como derecho, matrimonio de homosexuales, divorcio exprés), ¿no se está pervirtiendo algo esencial para la vida humana? Partidos, personas, grupos, autoridades, individuos: todos somos responsables hoy y no podremos exculparnos mañana. La verdad hay que decirla en el momento necesario, no después; la justicia hay que hacerla en su tiempo propio, no al siglo siguiente. Hoy hacemos crítica despiadada del siglo XX y ¿no estamos repitiendo sus fraudes y fratricidios? TERCERA DE ABC


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Jueves, 26 de noviembre de 2009

ZENIT nos ofrece el discurso que el Papa pronunció el sábado, 14 de Noviembre de 2009, al recibir a los obispos de la Región Sur 1 de la Conferencia Episcopal de Brasil, presentes en el Vaticano para la visita "ad limina Apostolorum".

Señor Cardenal,
Queridos arzobispos y obispos de Brasil,

En medio de la visita que estáis cumpliendo ad limina Apostolorum, os habéis reunido hoy para subir a la Casa del Sucesor de Pedro, que con los brazos abiertos os acoge a todos vosotros, estimados Pastores de la Región Sur 1, en el Estado de São Paulo. Allí se encuentra el importante centro de acogida y evangelización que es el Santuario de Nuestra Señora Aparecida, donde tuve la alegría de estar en mayo de 2007 para la inauguración de la Quinta Conferencia del Episcopado Latino-Americano y del Caribe. Hago votos para que la semilla entonces lanzada pueda dar válidos frutos para el bien espiritual y también social de las poblaciones de ese prometedor Continente, de la querida Nación brasileña y de vuestro Estado Federal. Ellos “tienen derecho a una vida plena, propia de los hijos de Dios, con condiciones más humanas: libres de la amenaza del hambre y de toda forma de violencia [Discurso inaugural (13/V/2007), n.4]. Una vez más, deseo agradecer todo lo que se realizó con tan gran generosidad y renovar mi cordial saludo a vosotros y a vuestras diócesis, recordando de modo especial a los sacerdotes, los consagrados y consagradas y los fieles laicos que os ayudan en la obra de la evangelización y la animación cristiana de la sociedad.

Vuestro pueblo abriga en el corazón un gran sentimiento religioso y nobles tradiciones, arraigadas en el cristianismo, que se expresan en sentidas y genuinas manifestaciones religiosas y civiles. Se trata de un patrimonio rico en valores que vosotros -como muestran los relatores, y don Nelson refería en el amable saludo que en vuestro nombre acaba de dirigirme- procuráis mantener, defender, extender, profundizar, vivificar. Al regocijarme vivamente con todo esto, os exhorto a proseguir esta obra de constante y metódica evangelización, conscientes de que la formación verdaderamente cristiana de la conciencia es decisiva para una profunda vida de fe y también para la madurez social y el verdadero y equilibrado bienestar de la comunidad humana.

En efecto, para merecer el título de comunidad, un grupo humano debe corresponder, en su organización y en sus objetivos, a las aspiraciones fundamentales del ser humano. Por eso no es exagerado afirmar que una vida social auténtica empieza en la conciencia de cada uno. Dado que la conciencia bien formada lleva a realizar el verdadero bien del hombre, la Iglesia, especificando cuál es este bien, ilumina al hombre y, a través de toda la vida cristiana, procura educar su conciencia. La enseñanza de la Iglesia, debido a su origen -Dios-, a su contenido -la verdad- y a su punto de apoyo -la conciencia- encuentra un eco profundo y persuasivo en el corazón de cada persona, creyente o no creyente. Concretamente, “la cuestión de la vida y de su defensa y promoción no es prerrogativa únicamente de los cristianos. Incuso si recibe una luz y fuerza extraordinaria de fe, ésa pertenece a cada conciencia humana que aspira a la verdad y vive atenta y aprehensiva a la suerte de la humanidad. (···) El “pueblo de la vida” se alegra de poder compartir su compromiso con muchos otros, de manera que sea cada vez más numeroso el “pueblo por la vida”, y la nueva cultura del amor y de la solidaridad pueda crecer para el verdadero bien de la ciudad de los hombres” [Enc. Evangelium vitæ (25/III/1995), 101].

Venerables Hermanos, hablad al corazón de vuestro pueblo, despertad las conciencias, reunid las voluntades en un esfuerzo conjunto contra la creciente ola de violencia y menosprecio por el ser humano. Éste, de don de Dios acogido en la intimidad amorosa del matrimonio entre un hombre y una mujer, ha pasado a ser visto como mero producto humano. “Hoy, un campo primario y crucial de lucha cultural entre el absolutismo de la técnica y la responsabilidad moral del hombre es el de la bioética, donde se juega radicalmente la propia posibilidad de un desarrollo humano integral. Se trata de un ámbito delicadísimo y decisivo, donde irrumpe, con dramática intensidad, la cuestión fundamental de saber si el hombre se produce por sí mismo o depende de Dios. Los descubrimientos científicos en este campo y las posibilidades de intervención técnica parecen tan avanzados que imponen una elección entre estas dos concepciones: la de la razón abierta a la trascendencia o la de la razón cerrada en la inmanencia” [Enc. Caritas in veritate (29/VI/2009), 74].

Job, de modo provocativo, llama a los seres irracionales a dar su propio testimonio: “Interroga a las bestias, que te instruyan, a las aves del cielo, que te informen. Te instruirán los reptiles de la tierra, te enseñarán los peces del mar. Pues entre todos ellos, ¿quién ignora que la mano de Dios ha hecho esto? Él, que tiene en su mano el alma de todo ser viviente y el soplo de toda carne de hombre” (Job 12, 7-10). La convicción de la recta razón y la certeza de fe de que la vida del ser humano, desde la concepción hasta la muerte natural, pertenece a Dios y no a los hombres, le confiere ese carácter sagrado y esa dignidad personal que suscita una única actitud legal y moral correcta, esto es, la del profundo respeto. Porque el Señor de la vida dijo: “A todos y a cada uno reclamaré el alma humana (···) porque a imagen de Dios hizo Él al hombre” (Gen. 9, 5.6).

Mis queridos y venerables Hermanos, nunca podemos desanimarnos en nuestra llamada a la conciencia. No seríamos seguidores fieles de nuestro Divino Maestro, si no supiéramos en todas las situaciones, también en las más arduas, llevar nuestra esperanza “contra toda esperanza” (Rom 4,18). Continuad trabajando por el triunfo de la causa de Dios, no con el ánimo triste de quien advierte sólo carencias y peligros, sino con la firme confianza de quien sabe poder contar con la victoria de Cristo. Unida al Señor de modo inefable está María, plenamente conforme con su Hijo, vencedor del pecado y de la muerte. Por la intercesión de Nuestra Señora Aparecida, imploro de Dios luz, consuelo, fuerza, intensidad de propósitos y logros para vosotros y vuestros más directos colaboradores, al mismo tiempo que de corazón os concedo, extensiva a todos los fieles de cada comunidad diocesana, una particular Bendición Apostólica. 

[Traducción del original portugués por Patricia Navas
©Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:45  | Habla el Papa
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ZENIT nos ofrece el discurso pronunciado por el Papa el domingo 15 de Noviembre de 2009 durante el rezo del Ángelus, con los peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro.


¡Queridos hermanos y hermanas!

Hemos llegado a las dos últimas semanas del año litúrgico. ¡Agradecemos al Señor que nos haya concedido cumplir, una vez más, este camino de fe -antiguo y siempre nuevo- en la gran familia espiritual de la Iglesia! Es un don inestimable, que nos permite vivir en la historia el misterio de Cristo, acogiendo en los surcos de nuestra existencia personal y comunitaria la semilla de la Palabra de Dios, semilla de eternidad que transforma desde dentro este mundo y lo abre al Reino de los Cielos. En el itinerario de las Lecturas bíblicas dominicales nos ha acompañado el Evangelio de san Marcos, que hoy presenta una parte del discurso de Jesús sobre el fin de los tiempos. En este discurso, hay una frase que llama la atención por su claridad sintética: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mc 13,31). Detengámonos un momento a reflexionar sobre esta profecía de Cristo.

La expresión “el cielo y la tierra” es frecuente en la Biblia para indicar todo el universo, el cosmos entero. Jesús declara que todo eso está destinado a “pasar”. No sólo la tierra, sino también el cielo, que aquí se entiende precisamente en sentido cósmico, no como sinónimo de Dios. La Sagrada Escritura no conoce ambigüedad: todo lo creado está marcado por la finitud, incluso los elementos divinizados de las antiguas mitologías: no hay ninguna confusión entre lo creado y el Creados, sino una diferencia clara. Con esa clara distinción, Jesús afirma que sus palabras “no pasarán”, es decir, están en la parte de Dios y por lo tanto son eternas. Aunque pronunciadas en lo concreto de su existencia terrena, son palabras proféticas por excelencia, como afirma en otro lugar Jesús dirigiéndose al Padre del cielo: “Las palabras que tú me diste se las he dado a ellos, y ellos las han aceptado y han reconocido verdaderamente que vengo de ti y han creído que tú me has enviado” (Jn 17, 8). En una célebre parábola, Cristo se compara con el sembrador y explica que la semilla es la Palabra (cf. Mc 4,14): aquellos que oyen la Palabra, la acogen y dan fruto (cf. Mc 4,20) forman parte del Reino de Dios, es decir viven bajo su señorío; permanecen en el mundo, pero ya no son del mundo; llevan en sí una semilla de eternidad, un principio de transformación que se manifiesta ya ahora en una vida buena, animada por la caridad, y al final producirá la resurrección de la carne. Ése es el poder de la Palabra de Cristo.

Queridos amigos, la Virgen María es el signo vivo de esta verdad. Su corazón ha sido “tierra buena” que ha acogido con plena disponibilidad la Palabra de Dios, de manera que toda su existencia, transformada según la imagen del Hijo, ha sido introducida en la eternidad, alma y cuerpo, anticipando la vocación eterna de todo ser humano. Ahora, en la oración, hagamos nuestra su respuesta al Ángel: “Hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38), para que, siguiendo a Cristo sobre el camino de la cruz, podamos llegar también nosotros a la gloria de la resurrección.

[Después del Ángelus, dijo:]

Dirijo en primer lugar un cordial saludo a los participantes de la Asamblea Plenaria de la Comisión Episcopal Europea para los Medios de Comunicación, cuyos trabajos se han desarrollado estos días en el Vaticano. Queridísimos, habéis debatido sobre la cultura de internet y la comunicación en la Iglesia. Os agradezco vuestra cualificada contribución sobre este tema de gran actualidad.

Deseo también recordar que hoy tiene lugar en Ivrea, en Piamonte, la celebración nacional de la Giornata del Ringraziamento [Día de Acción de gracias]. Con gusto me uno espiritualmente a los que están agradecidos al Señor por los frutos de la tierra y del trabajo del hombre, renovando la invitación apremiante al respeto del entorno natural, recurso precioso confiado a nuestra responsabilidad.

[En francés, dijo:]

Os acojo con alegría, para la oración del Ángelus, queridos peregrinos francófonos. En este fin de Año litúrgico que se aproxima, estamos invitados a recordar el tiempo que pasa no para lamentarnos sino para apreciar todas las novedades. En el Evangelio de hoy, Jesús nos dice que es inútil interrogarse sobre el fin de los tiempos. Vivimos cada instante de nuestra vida bajo la mirada de Cristo. Al hacernos el don de su vida, ha cumplido todo. ¡Él es nuestra esperanza, porque cada día él introduce nuestra historia en la eternidad! ¡Que Dios os bendiga con todos aquellos que amáis! ¡Feliz domingo!

[En inglés, dijo:]

Saludo cordialmente a los visitantes de habla inglesa que están hoy aquí. Durante este mes de noviembre, recordamos especialmente las Almas del Purgatorio. Recientemente rezamos por los que perdieron sus vidas en la guerra, y en esta Jornada Mundial de Recuerdo por las Víctimas de los Accidentes de Tráfico, rezamos por todos los que han muerto o han quedado heridos en accidentes en la carretera. Así como encomendamos sus almas a la gracia amorosa del Dios Todopoderoso, invocamos también el consuelo para sus familias y seres queridos. Por aquellos de vosotros que habéis viajado largas distancias para estar hoy aquí, rezo para que podáis tener un viaje de regreso seguro. Que Dios os bendiga a todos, y a vuestras familias y amigos.

[En alemán, dijo:]

Dirijo un alegre saludo a los hermanos y hermanas de lengua alemana. En Dios encontramos la verdadera libertad y la alegría duradera. Vivir según la voluntad de Dios libera, y permite servir fielmente en la perfecta alegría (véase Oración del día). Esto es lo que queremos renovar en el corazón mientras miramos a Cristo. Él nos enseña cómo debemos amar a Dios y al prójimo. Jesucristo es el camino a la verdadera, la venturosa vida. Os deseo a todos un bendecido domingo.

[En español, dijo:]

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española que participan en esta oración mariana, en particular a los fieles provenientes de Colombia, y a quienes se unen a ella a través de la radio y la televisión. Que la contemplación del misterio de Cristo y la meditación asidua de la Palabra de Dios acreciente en nosotros el deseo de servirle para que, a ejemplo de la Virgen María, fundemos nuestra vida sobre la roca firme de la fe y aceptemos con prontitud la voluntad amorosa de Dios. Muchas gracias y feliz domingo !

[En húngaro, dijo:]

Saludo con afecto al grupo de fieles de la Parroquia de San László, de Budapest. Queridísimos, renacidos en el bautismo sed capaces de vivir la buena nueva del Evangelio en una sociedad secularizada.

[En polaco, dijo:]

Saludo cordialmente a los polacos. Hoy se conmemora la Jornada Mundial de Recuerdo por las Víctimas de los Accidentes de Tráfico. Confío a la misericordia de Dios a los difuntos. Animo a todos los que recorren las carreteras del mundo a la prudencia, en el espíritu de responsabilidad por el don de la salud y de la vida propia y de los demás. El Señor proteja a los que viajan y bendiga a todos.

[En italiano, dijo:]

Hoy están presentes aquí en la Plaza también el cardenal Adrianus Simonis con algunos prelados, autoridades civiles y fieles de Holanda, que, celebrando en este día al Santo Patrón Willibrordo, recuerda su presencia aquí en Roma en la Iglesia nacional de los Santos Miguel y Magno de los Frisones. Exhorto a todos a ser siempre piedras vivas de la Iglesia de Cristo y a intensificar los vínculos de comunión con la Sede del Apóstol Pedro.

Por último saludo con afecto a los peregrinos de lengua italiana, en particular a los fieles procedentes de Trieste, Cingoli y Pizzo de Calabria. Pueda, queridos hermanos, la parada ante la tumba de san Pedro reforzar en cada uno la fe y el testimonio evangélico. A todos auguro un buen domingo. 

[Traducción del original plurilingüe por Patricia Navas
©Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:36  | Habla el Papa
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Los obispos mexicanos, reunidos en la Asamblea General número 88, han emitido un documento que hace frente al tema de la inseguridad y la violencia que vive México. Por el interés que reviste, publicamos el documento en su integridad.


Les anunciamos a Jesucristo "su venida nos ha traído la buena noticia de la paz" ( Ef. 2,17)

Mensaje del Episcopado Mexicano al Pueblo de México

"La paz esté con ustedes" (Jn 20,19). Con el saludo de Jesús Resucitado, víctima inocente, los Obispos de México saludamos a todos los fieles de la Iglesia católica y a todos los hombres y mujeres a quienes mucho ama el Señor. Ante la realidad de inseguridad y violencia que vivimos en nuestro país, queremos alentar la esperanza de quienes viven con miedo, angustia e indignación. Como pastores que tenemos la misión de promover la reconciliación y la paz, los invitamos a volver la mirada al Señor, porque El es nuestra Paz. El ha llamado bienaventurados a todos aquellos que hambrientos y sedientos de Justicia, se empeñan por construir la Paz (cf. Mt.5, 6.9).

Nos desgarra la sangre derramada: la de los niños abortados, la de las mujeres asesinadas, las víctimas de secuestros y asaltos y extorsiones, los que han caído en la confrontación entre las bandas, los que han muerto en la lucha contra el crimen organizado y los que han sido ejecutados con crueldad y con una frialdad inhumana. Nos interpela el dolor y la angustia, la incertidumbre y el miedo de tantas personas que lloran la pérdida de seres queridos. Nos cuestiona más que de la indignación y el coraje natural, lo que empieza a brotar en el corazón de muchos mexicanos: la rabia, el odio, el rencor, el deseo de venganza y de justicia por propia mano.

Podríamos enumerar múltiples factores: la corrupción que invade las instituciones y ámbitos, la pobreza, la desigualdad, la impunidad, la falta de oportunidades, el afán de lucro y de ganancia fácil, la insensibilidad de los actores políticos y sociales que velan solo por sus intereses personales o de grupo; pero en el fondo lo más preocupante es el desprecio por la vida, el ser humano convertido en mercancía, en objeto desechable. Estamos perdiendo la conciencia de la dignidad de la persona humana y la capacidad de vernos como hermanos.

En lugar de buscar culpables y de lanzarnos mutuamente acusaciones, llamamos a todos y cada uno de los mexicanos y mexicanas a asumir la propia responsabilidad, dejando atrás complicidades, y actitudes pasivas y complacientes. Nosotros mismos como obispos reconocemos habernos conformado muchas veces con una evangelización superficial y una religiosidad cultual y pedimos perdón por la incongruencia de vida y el anti testimonio de muchos bautizados.

¿Qué significa ser cristiano en estas circunstancias? ¿Qué palabra de esperanza podemos dar los pastores de la Iglesia? ¿Cómo vencer la sensación de impotencia que muchos compartimos y al mismo tiempo ofrecer a este grave problema una solución que se aparte de la sin razón de la violencia? Estamos ante un problema que no se solucionará sólo con la aplicación de la justicia y el derecho, sino fundamentalmente con la conversión. La represión controla e inhibe temporalmente la violencia, pero nunca la supera.

Los cristianos sabemos que la solución al problema del mal es más honda y compleja. Los actos de violencia que presenciamos y sufrimos no son sino síntomas de otra lucha más radical, donde nos jugamos de veras el futuro de nuestra Patria y de la humanidad. El ser humano es el campo de batalla de tendencias opuestas, una a la humanización y otra a la deshumanización, y la fe cristiana muestra que sólo el ser humano que se ha reencontrado con su vocación trascendente , es capaz de salir victorioso de este conflicto. Sólo en Cristo encontramos nuestra verdadera y plena identidad humana.

Nos acercamos a esta realidad a la luz de la fe, con una mirada crítica y realista, pero también esperanzadora porque estamos convencidos de que, por encima del mal que oprime al ser humano, está la acción redentora y salvífica de Dios realizada en Jesucristo. Nuestro quehacer eclesial nos compromete profundamente a trabajar por la humanización y restauración del tejido social de nuestra Patria, convencidos del valor de toda vida humana llamada a participar de la plenitud de la vida divina, porque Dios «no quiere que nadie se pierda, sino que todos se conviertan y tengan vida.» (2 Pe 3,9).

Ofrecemos en esta situación al servicio de nuestra Patria, lo que la Iglesia tiene como propio, una visión global y trascendente del hombre y de la humanidad. En Cristo, Dios nuestro Padre nos llama a formar una humanidad nueva, animada por su Espíritu. Sólo si hay mujeres y hombres nuevos habrá también un mundo nuevo, un mundo renovado y mejor. Por eso consideramos que lo primero que hay que hacer para superar la crisis de inseguridad y violencia es la renovación de los corazones. Vivir el Evangelio nos hace ser hermanos y constructores de Paz, pues "nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida, porque amamos a nuestros hermanos..." (1Jn. 3,14).

La primera e inaplazable tarea es una formación y educación integral que lleve a la persona a descubrir su vocación trascendente, a tomar conciencia de la dignidad propia y de todo ser humano, que capacite para el diálogo y la fraternidad y que inculque el amor y respeto a la naturaleza. A ello queremos dirigir nuestros esfuerzos, encauzar nuestras energías, dedicar nuestros desvelos. Al mismo tiempo, invitamos a todos los hombres y mujeres, a las familias, a la sociedad y al Estado a hacer lo mismo. Hoy como siempre es una exigencia destinar nuestros mejores recursos en la formación de las personas y en la promoción de condiciones de vida digna para todos.

Los jóvenes, adolescentes y niños de México, son semillas de esperanza para la transformación que deseamos. En la actualidad el modo común de pensar, se orienta hacia el tener, el bienestar, la influencia, el éxito, la fama, el placer, etc. Es el "ego" el que permanece en el centro del mundo. Solo la novedad de la vida en Cristo puede darles una nueva mentalidad, formas nuevas de relacionarse con las personas con las que conviven día con día, , les permitirá construir familias sanas y comunidades justas, los capacitará para solucionar de manera pacífica los conflictos y para ser solidarios y misericordiosos con los que sufren. Los invitamos a usar positivamente los medios de la era digital, para crear comunión y paz, evitando aislarse en unas relaciones meramente virtuales.

11. Vivimos tiempos difíciles pero tenemos la certeza de que Cristo venció a la muerte y en Él hemos puesto nuestra  confianza (2 Tim 1,12). El caminar histórico de nuestro pueblo mexicano no ha sido fácil, pero siempre ha contado la nobleza de sus hombres y de sus mujeres. Hoy no puede ser distinto, pero debemos reconciliarnos para reconstituir el tejido social y la unidad nacional en la riqueza de la pluralidad de nuestras culturas y de la sociedad. Debemos unirnos en la construcción de la paz y en el impulso del desarrollo humano integral y solidario de nuestro pueblo.

12. Hacemos un llamado a los gobernantes, a procurar verdaderamente la justicia, superando la corrupción y la impunidad, perseguir a lo que fortalece el negocio del narco, el dinero sucio y las complicidades ilícitas.

A los ciudadanos los exhortamos a hacerse responsables unos de otros, cuidándose y animándose mutuamente. La unidad nos hace fuertes y nos protege.

De manera especial a las víctimas de la violencia en todas sus formas, queremos decirles que no están solos, los obispos, sacerdotes y agentes de pastoral, nos comprometemos a acompañarlos en su dolor. La noche del sufrimiento es un reto para su fe, vuelvan su mirada y contemplen a Cristo crucificado, para que perdonando puedan transformar su dolor y su coraje en esperanza de vida nueva.

El negocio de la droga es un ídolo que seduce, promete bienestar y vida pero solo engendra violencia y muerte; por eso a todos los involucrados en este sucio negocio: a los productores, traficantes, comercializadores y consumidores, les hacemos un fuerte llamado ¡¡YA BASTA¡¡ ya no se dañen a sí mismos y ya no sigan causando tanto daño y dolor a nuestros jóvenes, nuestra familias y a nuestra patria.

13. Pronto pondremos a su alcance una reflexión más profunda sobre esta situación, explicitando las exigencias irrenunciables de la vida cristiana; pero desde ahora nos ponemos al servicio de la reconciliación, aunque esto nos reporte incomodidades. Les ofrecemos nuestra disposición a caminar con todos los católicos y con todos los hombres y mujeres de México en la búsqueda de la patria nueva que todos anhelamos. Pedimos sus oraciones y les ofrecemos las nuestras, confiamos este momento de la vida de nuestra nación al maternal amparo de Santa María de Guadalupe. Nos acogemos a su regazo e imploramos su bendición para que «en su casa, que es toda nuestra Patria, logremos reconocernos hermanos y vivir en fraternidad.» (Conferencia del Episcopado Mexicano, Mensaje No hay democracia verdadera y estable sin participación ciudadana y justicia social, No. 66).

Nos despedimos con las palabras de Jesús: "¡ANIMO, NO TENGAN MIEDO, YO HE VENCIDO EL MUNDO¡" (cf. Jn. 16, 33 b).

Por los Obispos de México

+ Carlos Aguiar Retes
Arzobispo de Tlalnepantla
Presidente de la CEM
+ Víctor René Rodríguez Gómez
Obispo Auxiliar de Texcoco;
Secretario General de la CEM


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ZENIT   nos ofrece el texto del discurso pronunciado el viernes 13 de Noviembre de 2009 por el Papa Benedicto XVI, al recibir en audiencia a los participantes en la Asamblea Plenaria del Consejo Pontificio Cor Unum.


Señores cardenales,
venerados Hermanos en el Episcopado y en el Sacerdocio,
queridos hermanos y hermanas,

Estoy contento de saludaros a cada uno de vosotros, Miembros, Consultores y Oficiales del Consejo Pontificio Cor Unum, reunidos aquí para la Asamblea Plenaria, durante la cual se afronta el tema "Recorridos formativos para los operadores de la caridad". Saludo al cardenal Paul Josef Cordes, presidente del Dicasterio, y le agradezco por las corteses palabras que me ha dirigido también en nombre vuestro. A todos expreso mi reconocimiento por el precioso servicio que ofrecéis a la actividad caritativa de la Iglesia. Mi pensamiento, de modo especial, se dirige a los numerosos fieles que, a títulos diversos y en cada parte del mundo, hacen entrega, con generosidad y dedicación, de su tiempo y de sus energías para dar testimonio del amor de Cristo, Buen Samaritano, que se inclina a los necesitados en el cuerpo y en el espíritu. Dado que, como subrayé en la encíclica Deus caritas est, "la íntima naturaleza de la Iglesia se expresa en una triple tarea: anuncio de la Palabra de Dios (kerygma-martyria), celebración de los Sacramentos (leiturgia), servicio de la caridad (diakonia)" (cfr n. 25), la caridad pertenece a la misma naturaleza de la Iglesia.

Trabajando en este ámbito de la vida eclesial, vosotros lleváis a cabo una misión que se coloca en una tensión constante entre dos polos: el anuncio del Evangelio y la atención al corazón del hombre y al ambiente en el que vive. Este año dos especiales acontecimientos eclesiales han resaltado este aspecto: la publicación de la encíclica Caritas in veritate y la celebración de la Asamblea Especial para África del Sínodo de los Obispos sobre la reconciliación, la justicia y la paz. En perspectivas diversas pero convergentes estos han puesto de manifiesto cómo la Iglesia, en su anuncio salvífico, no puede prescindir de las condiciones concretas de vida de los hombres, a los cuales es enviada. El actuar para mejorarlas concierne a su misma vida y a su misión, ya que la salvación de Cristo es integral e implica al hombre en todas sus dimensiones, física, espiritual, social y cultural, terrena y celestial. Precisamente de esta conciencia han nacido, en el transcurso de los siglos, muchas obras y estructuras eclesiales cuyo fin es la promoción de las personas y de los pueblos, que han dado y siguen dando una contribución insustituible para el crecimiento, el desarrollo armónico e integral del ser humano. Como he reafirmado en la encíclica Caritas in veritate, "el testimonio de la caridad de Cristo a través de las obras de justicia, paz y desarrollo, forma parte de la evangelización, porque para Jesucristo, que nos ama, es muy importante todo el hombre" (n. 15).

Desde esta óptica hay que considerar el compromiso de la Iglesia por el desarrollo de una sociedad más justa, en la que se reconozcan y respeten todos los derechos de los individuos y de los pueblos (cfr ibid., 6). Muchos fieles laicos, al respecto, llevan a cabo una provechosa acción en el campo económico, social, legislativo y cultural y promueven el bien común. Estos dan testimonio del Evangelio, contribuyendo a construir un justo orden en la sociedad y participando en primera persona en la vida pública (cfr Deus caritas est, 28). No compete ciertamente a la Iglesia intervenir directamente en la política de los Estados o en la construcción de estructuras políticas adecuadas (cfr n. 9). La Iglesia con el anuncio del Evangelio abre el corazón por Dios y por el prójimo y despierta las conciencias. Con la fuerza de su anuncio defiende los verdaderos derechos humanos y se compromete con la justicia. La fe es una fuerza espiritual que purifica la razón en la búsqueda de un orden justo, liberándola del riesgo siempre presente de ser "deslumbrada" por el egoísmo, el interés o el poder. En verdad, como la experiencia demuestra, también en las sociedades más evolucionadas desde el puto de vista social, la caritas sigue siendo necesaria: el servicio del amor nunca es superfluo, no sólo porque el alma humana tiene siempre necesidad, además de las cosas materiales, del amor, sino también porque sigue habiendo situaciones de sufrimiento, de soledad, de necesidad, que requieren dedicación personal y ayudas concretas. Cuando ofrece atención amorosa al hombre, la Iglesia siente latir en sí misma la plenitud del amor suscitada por el Espíritu Santo, el cual, mientras ayuda al hombre a liberarse de las opresiones materiales, asegura descanso y apoyo al alma, liberándola de los males que la afligen. La fuente de este amor es Dios mismo, infinita misericordia y amor eterno. Quien por tanto presta su servicio dentro de los organismos eclesiales que gestionan iniciativas y obras de caridad, no puede sino tener este principal objetivo: dar a conocer y experimentar el Rostro misericordioso del Padre celeste, porque en el corazón de Dios Amor está la verdadera respuesta a las esperanzas más íntimas de todo corazón humano.

¡Qué necesario es para los cristianos mantener fija la mirada en el Rostro de Cristo! Sólo en Él, plenamente Dios y plenamente hombre, podemos contemplar al Padre (cfr Jn 14,9) y experimentar su infinita misericordia! Los cristianos saben estar llamados a servir y a amar al mundo, pero sin ser "del mundo" (cfr Jn 15,19); a llevar una Palabra de salvación íntegra del hombre, que no se puede cerrar en el horizonte terreno; a permanecer - como Cristo - totalmente fieles a la voluntad del Padre hasta el don supremo de sí mismos, para percibir más fácilmente esa necesidad de amor verdadero que hay en cada corazón. Este es el camino que debe recorrer, si quiere seguir la lógica del Evangelio, quien quiera dar testimonio de la caridad de Cristo.

Queridos amigos, es importante que la Iglesia, inserta en las circunstancias de la historia y de la vda de los hombres, se haga canal de la bondad y del amor de Dios. Así sea para vosotros y para cuantos operan en el vasto ámbito del que se ocupa vuestro Consejo Pontificio! Con este augurio, invoco la materna intercesión de María sobre vuestros trabajos y, mientras renuevo mi acción de gracias por vuestra presencia y por la obra que lleváis a cabo, os imparto con agrado a cada uno de vosotros y a vuestras familias mi Bendición Apostólica.

[Traducción del italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


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REDACCIÓN DE "IGLESIA NIVARIENSE"
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Boletín 362 

“Para estar con él”, es el lema escogido para desarrollar las Jornadas de retiro y reflexión para evangelizadores que comenzarán el viernes, 4 de diciembre, a las 20:00 horas y finalizarán dos días más tarde, después del almuerzo. Dichas jornadas están organizadas  por la delegación de Pastoral Misionera y se desarrollarán en la Casa de la Iglesia, en La Laguna. Se trata de una iniciativa inédita que pretende, bajo un clima de retiro y reflexión, formar a agentes de pastoral que se dedican a llevar adelante el primer anuncio. Las jornadas estarán dirigidas por Enrique Vilar y Carmen Abate, directores en España de las Escuelas de Evangelización extendidas por el mundo entero. Para más información, la delegación de Pastoral Misionera cuenta con el teléfono de contacto: 619 035 290. 

Esta semana ya han sido trasladados todos los departamentos de la diócesis a la Sede Oficial del Obispado, en la calle lagunera de S. Agustín 28. En un espacio muy breve estarán funcionando con normalidad en el restaurado edificio, aunque la actividad de la Curia diocesana no se ha detenido.  

Por último, con motivo del décimo aniversario de la declaración de La Laguna como ciudad patrimonio de la humanidad, hasta el 4 de diciembre, de 10:00 a 13:00 horas y de 16:30 a 20:00 horas, algunas zonas de la Sede del Obispado podrán ser visitadas ya que, durante estos intervalos, se desarrollarán jornadas de puertas abiertas.  

Con motivo de la conmemoración del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, el 25 de Noviembre, Cáritas Diocesana recibió una distinción al proyecto Clara en la modalidad colectiva, por parte de la Subdelegación del Gobierno en Canarias. En dicho acto, estuvieron presentes el director de la organización, Leonardo Ruiz y las personas que conforman el equipo de trabajo del Proyecto Clara, tanto en Tenerife como en la Palma. María Socas Pérez, coordinadora del Clara, en nombre del equipo de trabajo, agradeció a las verdaderas protagonistas del Clara en sus diez años de existencia, a todas y cada una de las mujeres que han hecho posible este camino tan apasionante. 

En estos días se ha venido desarrollando la XXIV Semana de Teología organizada por el Instituto Superior de Teología de las Islas Canarias, en colaboración con la Universidad de La Laguna. “El Evolucionismo: aspectos científicos, filosóficos y teológicos en el bicentenario del nacimiento de Charles Robert Darwin”, es el título escogido este año para las jornadas. Las mismas están siendo dirigidas por Juan Araña Cañedo, catedrático de Filosofía de la Universidad de Sevilla, Rafael Jordana, catedrático de Filosofía Animal y Zoología Aplicada y profesor de la Universidad de Navarra, y José María Hevia, doctor en Astrofísica, licenciado en Teología y profesor de Antropología Teológica en la diócesis de Oviedo 

El próximo 28 de noviembre, se desarrollará el tradicional retiro de Adviento en la Catedral de La Laguna, dirigido por el Obispo. Dicho retiro comenzará a las 10:00 horas y finalizará a mediodía. Ese día, por cierto, es el aniversario de la ordenación episcopal de Felipe Fernández. 

Ese mismo sábado, la Casa Manresa, en Tacoronte, acogerá un retiro bajo el lema: “Deseo y Dios”. El horario del mismo será de 10:00 a 18:00 horas. Se trata de un tiempo de encuentro desde la experiencia cristiana, destinado a personas adultas. El retiro tendrá un coste de 5 euros. Para más información, los interesados pueden llamar al número de teléfono: 695 352 881. 

La Casa Diocesana de Espiritualidad de Santa Cruz de Tenerife, por su parte, cuenta con nuevas fechas para realizar ejercicios espirituales destinados a laicos. La 1ª tanda tendrá lugar del 4 al 8 de diciembre y estará guiada por el sacerdote, Diego Carmelo Rodríguez. 

Asimismo, los jóvenes de la diócesis también están invitados a varias vigilias de adviento,  que tendrán lugar el 27 de noviembre, en Las Claras, a las 20:00 horas, en la parroquia de San Lorenzo Mártir, en Valle San Lorenzo a las 21:00 horas y en la parroquia de La Asunción, en La Gomera a las 20:00 horas. Además, el 4 de diciembre, en La Centinela, en Icod habrá una nueva iniciativa de este tipo, a partir de las 21:00 horas.  

Por otro lado, ya se está trabajando en la organización del próximo Encuentro de Agentes de Pastoral Juvenil que tendrá lugar el 12 de diciembre, a las 9:00 horas, en el Seminario Diocesano. Se trata de una ocasión para tomar impulso ante los retos venideros y una oportunidad para conocer a las personas que trabajan en el mismo sentido. 

Volviendo al tiempo litúrgico que inauguramos el domingo, la delegación de liturgia tiene diverso material en su página web. Igualmente en la web: delegaciondecatequesis.com, se pueden encontrar diversas catequesis para todas las edades: pasapalabras, comics, teatro y demás material interesante para las próximas fechas. Asimismo, el área de Pastoral Social ha elaborado otro material para este tiempo. se podrá acceder él es entrando en la página web de Cáritas Diocesana. 

Dos cosas más sobre catequesis. Este viernes se realiza una coordinación de las dos diócesis canarias sobre esta acción evangelizadora, y nuestro departamento diocesano ya está ultimando el próximo Encuentro Diocesano de Catequistas, para el cual ha desarrollado un encuentro en el Sauzal con responsables pastorales y municipales.  

Por otro lado, el 27 de noviembre, en el Santuario de las Nieves, en La Palma, María Victoria Hernández realizará el pregón de Navidad, a las 20:00 horas. Igualmente será presentada la ruta de belenes de la isla.  

Ha sido inaugurada y bendecida la nueva “Casa de Acogida de Ntra. Sra. de Candelaria”, impulsada por la fundación del mismo nombre y los padres dominicos. Al comienzo del acto, el impulsor de este proyecto y prior de la Basílica, Jesús Mendoza, indicó que lo que en el año 2004 era un sueño, hoy es ya una realidad. “Ya casi huele a vida de los que han de ser sus beneficiarios y sabe más a entrega, mas a colaboración y más a calidad y calidez de vida”.  

El obispo, Bernardo Álvarez, señaló que estaba muy satisfecho que del Santuario de la Virgen de Candelaria, emanara esta obra social. Los cristianos dijo, “hemos de hacer como Jesús tres cosas: rezar, dar a conocer el mensaje de Cristo y sanar, ayudar, promocionar obras sociales”. 

Con el lema “Familia. Fuente de Vida, Fuente de Fe”, se reunían las familias cristianas en El Colegio de los Padres Salesianos de la Villa de La Orotava, para celebrar su día. A las diez de la mañana comenzaba el encuentro con el saludo del matrimonio responsable del departamento de Familia y Vida de la Diócesis, Juan Jesús Rodríguez y Ana Afonso. Posteriormente, Esperanza Puente, Presidenta de la Fundación Red Madre, disertó sobre el valor de la vida. A la una de la tarde daba tuvo lugar la eucaristía presidida por el Obispo, Bernardo Álvarez, quien señaló que lo mejor y más importante que tenemos que hacer los cristianos es “ser auténticas familias cristianas, vivir con coherencia, fe y amor lo que somos y proponerlo, de este modo, a los demás.” 

Precisamente, Esperanza Puente, ha presentado esta semana en el la Parlamento canario, su libro "Rompiendo el silencio". Puente manifestó que la reforma de la ley del aborto "vulnera las libertades" y precisó que los primeros once puntos de la citada ley "privan de la libertad de la objeción de conciencia a los profesionales de la sanidad y de la educación". El libro de la presidenta de red Madre, recoge el testimonio de mujeres que, como ella, sufrieron un aborto provocado y pone de manifiesto el trauma del síndrome post aborto.

Esta semana se ha inaugurado el Aula Teológica Virgen de Los Reyes, en El Hierro. Dicho acto comenzó con la celebración de la Eucaristía votiva al Espíritu Santo. Posteriormente, tras las palabras del Coordinador del Aula y del Secretario del Instituto Superior de Teología de las Islas Canarias, se desarrolló la lección inaugural bajo el título: “Mujer, familia y trabajo”. Dicha disertación corrió a cargo de Cristina Llanos Penedo, Profesora Titular de Derecho Mercantil de la Escuela Universitaria de Empresariales de la Universidad de La Laguna. 

Ya han comenzado los actos programados para conmemorar el 50 aniversario del colegio Sagrada Familia de Nazaret en Los Llanos de Aridane. Así, se ha celebrado  una misa en el templo de Nuestra Señora de los Remedios con participación de exalumnos, madres, padres y personal docente, entre los que hay que destacar religiosas de la congregación que habían estado ejerciendo en este centro y desplazadas a La Palma para tal ocasión. Los actos se irán desarrollando durante el año próximo, en diferentes fechas y  diversas temáticas educativas, religiosas y lúdicas. Asimismo, ya se puede contemplar la muestra fotográfica que recorre la historia de cinco décadas de Nazaret en La Palma. 

El Patio de Las Culturas y Justicia y Paz han organizado una charla-coloquio bajo el título: “Un itinerario alternativo a la crisis. Del Foro Mundial de Belem al Foro Temático de Sevilla 2009”. Esta iniciativa, que se llevará a cabo el miércoles, 2 de diciembre, a las 20:00 horas, en el Círculo de la Amistad XII de Enero, contará con el ponente Esteban Velázquez, S.J. 

En la tarde del pasado sábado era clausurada, en el seminario diocesano, la Escuela de Otoño de Cáritas que, en esta ocasión, se celebró bajo el lema: “conoce, ama y sirve”. La ponencia central de las jornadas se tituló: “crisis, desarrollo humano y compromiso social de la Iglesia”, y estuvo a cargo de Juan Almonacid, del área de acción en los territorios de Cáritas Española. Almonacid defendió potenciar el desarrollo de la persona, frente al desarrollismo sin más. El desarrollo – sostuvo-  no ha de ser un principio sólo de crecimiento económico, sin distribución de bienes. Es preciso –defendió-  “el crecimiento con reparto”. 

El V Concierto Extraordinario a Beneficio de la Asociación Española Contra el Cáncer, tendrá lugar el 27 de noviembre, a las 21:00 horas, en el teatro Leal de La Laguna. En dicho recital, organizado por la Junta de Hermandades y Cofradías de La Laguna en colaboración con el Ayuntamiento de Aguere, participarán los grupos: Atlantes y Tajaraste. Las entradas están a la venta al precio de 10 Euros. 

Este último fin de semana de noviembre, el monasterio del Císter, en La Palma, acogerá una convivencia para jóvenes de la zona de Tazacorte bajo el lema “Baja de la higuera”. Tres matrimonios jóvenes de Tenerife guiarán esta iniciativa destinada a chicos y chicas que se están preparando para la confirmación.  

La Comunidad Oblatas de Tenerife llevará a cabo unas jornadas de información de su trabajo del 11 al 13 de diciembre. Las mismas están dirigidas a personas de entre 20 y 30 años que quieran conocer que proyectos de ayuda están llevando a cabo los miembros de esta comunidad con mujeres que ejercen la prostitución y/o sufren exclusión social. Los interesados en participar en estas jornadas que llevan el lema de “Atrévete a entrar, ¿por qué no?” pueden ponerse en contacto con las Oblatas a través del correo electrónico: meralvpa@hotmail.com o llamando al teléfono 616852059. 

Siguiendo ya con la próxima Navidad, la Delegación Diocesana de Misiones ha enviado una misiva en la que, entre otras cosas, informa de la campaña Sembradores de Estrellas, cuyo objetivo es felicitar la Navidad en nombre de los misioneros. El material para dicha acción hay que solicitarlo al citado departamento.  

La comunidad escolapia ha celebrado a lo largo de esta semana un programa de actos lúdicos para recordar a su fundador.


Mi?rcoles, 25 de noviembre de 2009

Homilía de monseñor Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia para el trigésimo segundo domingo durante el año. (AICA)
(25 de octubre 2009)


La lógica “ilógica” del Evangelio 

1. El Evangelio de hoy, Mc 12,38-44, contiene dos escenas y enseñanzas profundamente relacionadas. La primera: los escribas ostentosos y ávidos de riquezas. La segunda: la viuda pobre, capaz de dar todo lo que tiene.  

I.“Una viuda humilde dio todo lo que poseía”

2. La liturgia nos invita a prestar atención a la segunda escena. Para ello propone como primera lectura un pasaje del primer libro de los Reyes, en el que otra viuda amasa un pan para el profeta Elías con el último puñado de harina que le queda. En este caso hubo un efecto maravilloso: “el tarro de harina no se agotó ni se vació el frasco de aceite” (1 Re 17,16). En el caso de la viuda del Evangelio lo hubo también: “ha puesto más que cualquiera de los otros, porque… ella, de su indigencia, dio todo lo que poseía” (Mc 12,44). 

II. Cuando “mucho” es poco, y “poco” es mucho

3. Jesús nos hace descubrir una lógica distinta de la que conocemos. Según él, “mucho” puede ser “poco”, como en el caso de “los ricos que daban en abundancia”. Y “poco” puede ser mucho, como en el caso de la viuda pobre que “colocó dos pequeñas monedas de cobre”. Ello es así porque Dios no mira a los números sino al corazón.

La lógica del Evangelio es ilógica. La enseña Jesús permanentemente, y aparece en múltiples pasajes de los Evangelios. Por ejemplo, cuando enuncia las dichas y las desdichas del hombre con criterios contrarios a los usados comúnmente: “¡Felices ustedes los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece… ¡Ay de ustedes los ricos, porque ya tienen su consuelo!” (Lc 6,20.24). San Pablo era muy consciente de ello cuando evangelizaba al mundo griego. Por ello habla de “la locura de la predicación” (1 Co 1,21). No menos conciente de ello era el apóstol San Pedro predicando en la Roma de Nerón: “Dichosos ustedes si tienen que sufrir por la justicia… Estén siempre dispuestos a defenderse… Pero háganlo con suavidad y respeto, y con tranquilidad de conciencia” (1 Pe 3,14-16).

4. Me pregunto si también los cristianos modernos somos conscientes de ello. Y si inspiramos nuestra conducta en la lógica del Evangelio. Si no fuese así, ¿qué sentido tendríamos para existir en el mundo? Jesús planteó esto bien claramente: “Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos? Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos?” (Mt 5,46-47).  

III. La lógica del Evangelio al servicio de la paz

5. En estos días pasados, mientras estudiaba la historia del Tratado de Paz y Amistad entre la Argentina y Chile, del que se cumple el 25º aniversario el próximo 29 de noviembre, me sorprendió gratamente cómo Juan Pablo II basó su propuesta de paz en criterios evangélicos. En vez de que dos naciones acudan a la guerra para solucionar sus conflictos, que opten por la cooperación e integración entre ellas. Para participar mi alegría a los lectores, transcribo algunos párrafos del primero de sus principales discursos a las delegaciones argentina y chilena:

6. “Me parece conveniente transmitiros algunas ideas que me ha sugerido el examen de los aspectos controvertidos del diferendo…  Parece que convendría planear las negociaciones buscando, en primer lugar, los puntos de convergencia entre las posiciones de ambas Partes; aunque la controversia aparezca bastante complicada, no debe ser imposible encontrar tales puntos... Insistir en este aspecto,… no será inútil, en cambio será provechoso.

Considero también oportuno que reflexionéis sobre las posibilidades que vuestras Naciones tienen de colaborar en toda una serie de actividades, dentro e incluso fuera de la zona austral. Del desarrollo de esas actividades pueden derivarse ventajas indudables para el bienestar de ambos Pueblos y también - ¿por qué no? - para otras Naciones. Creo que el descubrimiento y la preparación consiguiente de amplios sectores de cooperación crearían condiciones favorables para la búsqueda y el hallazgo de la solución completa para las cuestiones más complicadas del diferendo: solución completa y definitiva a la que es menester llegar. Es necesario restablecer, afianzar y corroborar un clima de confianza mutua, desterrando, por consiguiente, incluso la sospecha o el temor de miras de una Parte que podrían ser perjudiciales para la otra; este clima de confianza mutua debe ser la savia que vivifique a todos los interesados, es decir a todos los que de alguna manera se ocupan de la mediación o simplemente viven en vuestras Naciones. Teniendo, como vuestras dos Naciones tienen, una indiscutible identidad radical por la lengua, por la fe y por los sentimientos religiosos, no parece al Mediador fuera de lugar el contemplar la posibilidad de extender esa comunidad sustancial - tan antigua como ellas - a otros terrenos (económicos, industriales, comerciales, turísticos, culturales...): son muy numerosas las circunstancias que lo hacen deseable y recomendable (Discurso, 27 septiembre 1979).

Mons. Carmelo Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia 


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Para el AÑO SACERDOTAL 2009 - 2010
San Pío de Pietrelcina O.F.M. Cap.
  

Exposición de monseñor Domingo S. Castagna,
arzobispo emérito de Corrientes 

El hombre humilde

En el intento de presentar hombres en quienes se manifieste “la santidad sacerdotal”, he aceptado la oportuna sugerencia de dedicar esta reflexión al Padre Pío (San Pío de Pietrelcina).  Hace pocos días he tenido el privilegio de postrarme ante su venerable sepultura, en San Giovanni Rotondo. Es un santo contemporáneo, fallecido en el año 1968 y recientemente canonizado por el Siervo de Dios Juan Pablo II. Me podría detener, con éxito para algunos espíritus anhelantes de fenómenos extraordinarios, en lo que aparentemente atrajo la atención del mundo. Me refiero a los estigmas, los milagros, las bilocaciones y el conocimiento prodigioso de las conciencias. Mi intención es descubrir el grado de santidad sacerdotal que lo distingue y destaca entre sus hermanos sacerdotes. El secreto de la misma es, ciertamente, la humildad. Un pobre frailecillo que no pretende ser más que un “pobre frailecillo”. Lo que identifica su personalidad sacerdotal es obra exclusiva de Dios. Así se deja hacer por el Espíritu hasta adoptar los rasgos que lo conforman con su Señor y Maestro, sobre todo la pobreza, el martirio y la inintegibilidad humana de la Cruz.   

Insólito sendero

Es impresionante el sendero de santidad que Dios le anima a recorrer. Se enferma, corre el riesgo de quedar fuera de su amada Orden; debe permanecer mucho tiempo entre los suyos en Pietralcina hasta que la obediencia le impone instalarse definitivamente en San Giovanni Rotondo. Desde una conciencia clara de su pobreza y limitación emprende el camino de la obediencia y, sin preocuparse de las calificaciones de quienes se interponen a su paso, se mueve con absoluta libertad. Como en su hermano Francisco su vida es un desarrollo de la pobreza y humildad de Jesús. Se conforma de tal modo con el Señor que, sin pretenderlo, ni imaginarlo, es arrollado por la cruz hasta advertir casi espantado que las llagas aparecen misteriosamente en sus manos, sus pies y su costado. Es lógico que la ciencia busque causas psicológicas al fenómeno. En la “lógica” de Dios es común que no las encuentre. No es mi intención examinar este aspecto extraordinario de su vida. Es un sacerdote que elige ser un frailecillo desconocido y humillado. En parte lo logra con creces. Sus llagas son suyas, impresas en su propia carne y cruz, y constituyen la expresión paulina de su amor a Cristo. El sacerdocio ministerial, confiado a su debilidad, lo coloca ante el pueblo para obrar “in persona Christi”. Se identifica de tal modo con Quien lo envía que experimenta físicamente los sufrimientos de la Pasión. El pueblo cristiano, que capta la verdad sin fanatizarse, ve en él a Jesús crucificado. El Padre Pío no sólo obra “in persona Christi”, por el ministerio, sino que acaba lográndolo en su vida personal. 

Para ver y escuchar a Jesús

El Señor no encuentra obstáculo para manifestarse a quienes se acercan a su humilde “frailecillo”. La humildad de su sacerdote lo torna transparente a su presencia. Los peregrinos, quizás sin medirlo con exactitud, quieren ver a Cristo, dejarse interpelar y perdonar por Cristo. Intimida su conocimiento de las conciencias pero no causan temor humano. El frailecillo italiano, vehemente y, por momentos, dueño de un lenguaje severo, atrae los corazones heridos y sabe depositar en ellos el bálsamo de la misericordia del Padre. Por ello lo buscan y saben interpretar correctamente sus expresiones. Ama a Cristo y ama, desde la cruz, a sus hermanos pecadores. Dedica su vida -más de diez y seis horas diarias- a escucharlos, reconfortarlos y absolverlos. Como a Jesús, su Señor y Maestro, los pecadores lo crucifican y él los redime. Su capacidad de identificarse con la Víctima divina, que celebra fervorosamente en la Eucaristía, nace de su hacerse pequeño y pobrísimo con Ella. En el Padre Pío se hace visible, para quienes lo buscan, el mismo Jesús humillado hasta el “anonadamiento”. Basta comprender, desde el misterio del sufrimiento inocente, la persecución a que es sometido en el interior de la misma Iglesia. Finalmente Dios acude en auxilio de su siervo humilde y la verdad de su vida santa deshace el error y la maledicencia.  

Vive y muere crucificado

Su sometimiento a la voluntad de Dios es inquebrantable. Sabe identificar las instancias humanas: el Papa y quienes colaboran con él, sus superiores religiosos y los hermanos más humildes de su comunidad. “Instancias” que no siempre le facilitan las cosas. Está siempre dispuesto, hasta imponerse un heroico silencio ante las manifestaciones de la incomprensión y del desprecio. Está crucificado con Cristo, sobre la cruz del ministerio sacerdotal, antes y más allá de los dolorosos estigmas. Su sencillez de “menor” lo aleja de consentir con lo extraordinario que sorprende a quienes acuden a él. El santo no es consciente del grado de santidad adquirido. Se considera honestamente como el mayor de los pecadores. La humildad no le permite exagerar nada. Dice con exactitud lo que piensa de sí o guarda un discreto silencio. La gente promueve su fama de santidad, él se halla en las antípodas de las calificaciones que sus seguidores le dirigen. Por eso es un fiel instrumento de la gracia. Testimonia, con su propia vida que la “gracia” es gratuita, que no la merece ni la podría merecer con los gestos más notables de su entrega generosa. La humildad dista mucho de ser un sentimiento de “baja autoestima”. Aprende a convivir con su existencial necesidad de Dios. Se emociona hasta las lágrimas ante las expresiones del amor de Dios en el misterio de la Cruz de Jesucristo.  

Está para los pecadores

Siente como un flagelo, más doloroso que las llagas que lo crucifican, los pecados de quienes acuden a su ministerio del perdón. Su misma severidad, en ciertas ocasiones, está íntimamente animada por el amor y la compasión. Le duele que sus penitentes no abandonen definitivamente el pecado y den múltiples vueltas para no reconocer su gravedad. Es tierno con el sinceramente arrepentido aunque sus pecados sean muchos y graves. La prontitud con que acude al confesionario, las horas que le dedica -más de diez y seis diarias- constituyen su crucifixión junto al “Cordero de Dios que perdona el pecado”. Su vida sacerdotal deja al descubierto la secreta fisonomía de todo buen sacerdote. Desde muy joven acepta vivir crucificado con su amado Señor y Maestro. Al recibir la Ordenación sabe que su destino es dejarse devorar por sus hermanos pecadores, hambrientos de perdón. Así vive y muere. San Pío de Pietrelcina no es más que una auténtica personificación de la misericordia de Dios ante un mundo necesitado de perdón y santidad. Todos acuden a él no por carismas humanamente destacables sino por su conmovedora transparencia de Cristo. La transparencia es efecto inmediato de la humildad. El sacerdote humilde desaparece como Juan Bautista para que sus amigos y fieles se encuentren con Cristo. Sabe que el mundo necesita al Salvador pero, también, que lo necesita a él como mediación de Quien viene a resolver el problema principal del pecado. 

Su secreto: la Eucaristía y el Rosario

En el mensaje existencial de San Pío se destaca el ministerio de la reconciliación y el soporte personal del culto a la Eucaristía y de la humilde devoción mariana del Santo Rosario. A veces parece una ardilla asustada por causa de los embates del enemigo y de la magnitud de una misión que excede sus fuerzas y su salud. De la oración continua y constante extrae la vitalidad que lo agiganta. No es consciente de lo que la gracia realiza en su pequeño ser, simplemente se somete a ella y la deja hacer. ¡Qué fácil es pensarlo y decirlo! Pío de Pietralcina es un modelo inteligente para el sacerdote de hoy. Está crucificado en su confesionario, clamando al Padre perdón para los pecadores. Se ha despedido de la comodidad de “hombre tranquilo” para hacerse cargo -olvidado de sí- de los sufrimientos de la humanidad. En su profunda humildad se hace ver el Cristo que el mundo necesita. 

Mons. Domingo Salvador Castagna, arzobispo emérito de Corrientes


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LA IGLESIA LLAMÓ A SER NACIÓN SIN ENEMISTADES NI VIOLENCIAS

Pilar (Buenos Aires), 13 Nov. 09 (AICA): Los obispos que participan de la 98ª asamblea plenaria del Episcopado, en la casa de ejercicios El Cenáculo-La Montonera, de Pilar, renuevan el llamado a comprometerse “hacia un bicentenario en justicia y solidaridad (2010-2016), sin pobreza ni exclusión, sin enemistades ni violencias”.

Tras expresar su preocupación por “la crueldad y el desprecio por la vida en la violencia delictiva, frecuentemente vinculada al consumo de drogas, que no sólo causan dolor y muerte en muchas familias sino también pone a los jóvenes en el riesgo de perder el sentido de la existencia”, advierten sobre “la situación, pobreza es dramática para muchos hermanos nuestros”.

“Aunque ya se han definido algunos caminos de ayuda y asistencia para las necesidades más urgentes, se hace necesario alcanzar estructuras más justas que consoliden un orden social, político y económico, con equidad e inclusión”, insisten.

En otro párrafo, lamentan que “muchas veces no se encuentran fácilmente los medios para atender y canalizar las necesidades legítimas de los distintos sectores”, por lo que llaman a tener en cuenta “siempre” que la democracia “no se fortalece en la conflictividad de las calles y rutas, sino en la vigencia de las Instituciones republicanas”.

El texto de la declaración lleva por título “Somos hermanos, queremos ser Nación”, y dice lo siguiente: 

SOMOS HERMANOS, QUEREMOS SER NACIÓN

I

1. En el mes de noviembre del 2008, en el Documento “Hacia un Bicentenario en Justicia y Solidaridad” (HB), delineamos la necesidad de recorrer un camino basado en el diálogo y en la búsqueda de consensos y acuerdos que confluyeran en algunas políticas públicas, base de un verdadero proyecto de Nación.
 

2. Ese Documento es fruto de nuestra experiencia pastoral, que nos muestra que en el pueblo existen hondos deseos de vivir en paz y en una convivencia basada en el entendimiento, la justicia y la reconciliación.
 

3. En este tiempo, sin embargo, percibimos un clima social alejado de esas sanas aspiraciones de nuestro pueblo. La violencia verbal y física en el trato político y entre los diversos actores sociales, la falta de respeto a las personas e instituciones, el crecimiento de la conflictividad social, la descalificación de quienes piensan distinto, limitando así la libertad de expresión, son actitudes que debilitan fuertemente la paz y el tejido social.
 

4. También nos preocupa la crueldad y el desprecio por la vida en la violencia delictiva, frecuentemente vinculada al consumo de drogas, que no sólo causan dolor y muerte en muchas familias sino también pone a los jóvenes en el riesgo de perder el sentido de la existencia.
 

5. La situación de pobreza es dramática para muchos hermanos nuestros. Aunque ya se han definido algunos caminos de ayuda y asistencia para las necesidades más urgentes, se hace necesario alcanzar estructuras más justas que consoliden un orden social, político y económico, con equidad e inclusión.
 

6. Muchas veces no se encuentran fácilmente los medios para atender y canalizar las necesidades legítimas de los distintos sectores, pero siempre se debe tener en cuenta que la democracia no se fortalece en la conflictividad de las calles y rutas, sino en la vigencia de las Instituciones republicanas. 

II

7. Nuestra mirada sería incompleta si no señaláramos como raíz del problema la crisis cultural, moral y religiosa en que estamos inmersos.
 

8. La cultura relativista imperante, al tiempo que corroe el sentido de la verdad, acentúa también el individualismo que lleva al encierro y la indolencia frente al sufrimiento del hermano y a un progresivo acostumbramiento y resignación ante la pobreza y exclusión de muchos. Por otro lado, el consumismo exacerbado de unos pocos expresa la prevalencia de actitudes narcisistas y egoístas en la sociedad.
 

9. Es una crisis moral porque se han debilitado valores fundamentales de la convivencia familiar y social. La voluntad no se mueve tanto para el servicio y la solidaridad sino tras lo placentero del momento. La deuda social no es solamente “un problema económico o estadístico. Es, primariamente, un problema moral que nos afecta en nuestra dignidad más esencial”. (HB5)
 

10. Es una crisis religiosa porque no hemos tenido suficientemente en cuenta a Dios como Creador y Padre, fundamento de verdadera fraternidad y de toda razón y justicia. Sin Dios estamos como huérfanos y la sombra del desamparo se expande sobre los que están a la intemperie social.
 

III

11. Ante la situación descripta, nos preguntamos: ¿Por qué no hemos sabido concretar en la Argentina los sanos deseos de nuestro pueblo? La vida en democracia requiere ser animada por valores permanentes, y fundamentarse en:
 

El respeto a la Constitución Nacional y las Leyes.

La autonomía de los Poderes del Estado como principio fundamental de la República, y la vigencia de las Instituciones.

El bien personal y sectorial deben armonizarse con la búsqueda del bien común, y siempre teniendo particularmente en cuenta a los más pobres.
 

12. Tal como lo afirmamos en noviembre del año pasado, renovamos el llamado a comprometernos hacia un Bicentenario en Justicia y Solidaridad (2010-2016), sin pobreza ni exclusión, sin enemistades ni violencias. Reafirmamos que “nuestra patria es un don de Dios confiado a nuestra libertad, como un regalo que debemos cuidar y perfeccionar” (HB11). En ella todos somos corresponsables de la construcción del bien común y creceremos sanamente como Nación si afianzamos juntos nuestra identidad.
 

13. El próximo 10 de diciembre asumirán legisladores y otros representantes que han sido electos durante este año. Invitamos a nuestros fieles a que recemos en cada Parroquia y Capilla en las Misas del sábado 5 y domingo 6 de diciembre, por ellos y por todos los que tienen alguna responsabilidad pública.
 

14. Renovando nuestra esperanza en Jesucristo Señor de la Historia, pedimos a la Virgen de Luján nos ayude a seguir construyendo una Patria de hermanos.
 

Pilar, 13 de noviembre de 2009


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Artículo semanal del Padre Fernando Lorente, o.h., publicado en EL DÍA el miércoles 25 de Noviembre de 2009 en la sección CRITERIOS bajo el epígrafe “Luz en el Camino Fernando Lorente, o.h.”

LUZ EN EL CAMINO FERNANDO LORENTE, O.H. *

 La crítica 

UN GRAN periodista francés, fundador del famoso diario La Presse (l836), ya entonces afirmaba: "Si tienes razón, no temas la crítica; si estás equivocado, aprovéchala". ¡Qué frase más adecuada para aceptar positivamente la crítica!

Por supuesto, a todos nos duele la crítica negativa, porque casi siempre solemos pensar que llevamos razón en todo, y por eso somos tan sensibles ante la crítica y ante el halago. S. Francisco de Sales nos dejó esta advertencia apostólica: "Reprender a los demás es muy fácil, pero es muy difícil mirarse bien a sí mismo. Por inclinación natural, todos nos mostramos más prestos a censurar los errores que a reconocer y alabar las cosas bien hechas".

Debería interesarnos mucho más saber adoptar ante la crítica una postura equilibrada y serena. Si creemos que la razón nos asiste, no la temamos. Y si nos hemos equivocado, abrochémosla para enmendar el camino y trabajemos en superarnos en todo y por todo.

No olvidemos que las personas que saben encajar las críticas y tenerlas debidamente en cuenta adquieren una gran madurez y, sobre todo, manifiestan un espíritu sincero y noble.

Es difícil encajar la crítica, pero es útil. Es como una corrección que nos llega por detrás inesperadamente. Nos duele más que la corrección, que nos viene por delante y que suele tener su origen en la verdadera amistad. Quien nos corrige quiere nuestro bien. Quien nos critica, en cambio, puede no quererlo, pero no significa que no tenga razón y que no tengamos, por tanto, que corregirnos.

* Capellán de la clínica S. Juan de Dios


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Reflexión de José Antonio Pagola al evangelio del domingo primero de Adviento - C, ofrecido por la Delegación de Enseñanza de la Diócesis de Tenerife.   

ESTAD SIEMPRE DESPIERTOS        

         Los discursos apocalípticos recogidos en los evangelios reflejan los miedos y la incertidumbre de aquellas primeras comunidades cristianas, frágiles y vulnerables, que vivían en medio del vasto Imperio romano, entre conflictos y persecuciones, con un futuro incierto, sin saber cuándo llegaría Jesús, su amado Señor.

         También las exhortaciones de esos discursos representan, en buena parte, las exhortaciones que se hacían unos a otros aquellos cristianos recordando el mensaje de Jesús. Esa llamada a vivir despiertos  cuidando la oración y la confianza son un rasgo original y característico de su Evangelio y de su oración.

         Por eso, las palabras que escuchamos hoy, después de muchos siglos, no están dirigidas a otros destinatarios. Son llamadas que hemos de escuchar los que vivimos ahora en la Iglesia de Jesús en medio de las dificultades e incertidumbres de estos tiempos.

         La Iglesia actual marcha a veces como una anciana "encorvada" por el peso de los siglos, las luchas y trabajos del pasado. "Con la cabeza baja", consciente de sus errores y pecados, sin poder mostrar con orgullo la gloria y el poder de otros tiempos.

Es el momento de escuchar la llamada que Jesús nos hace a todos.

         «Levantaos»         , animaos unos a otros. «Alzad la cabeza» con confianza. No miréis al futuro solo desde vuestros cálculos y previsiones. « Se acerca vuestra liberación». Un día ya no viviréis encorvados, oprimidos ni tentados por el desaliento. Jesucristo es vuestro Liberador.

         Pero hay maneras de vivir que impiden a muchos caminar con la cabeza levantada  confiando en esa liberación definitiva. Por eso, «tened cuidado de que no se os embote la mente». No os acostumbréis a vivir con un corazón insensible y endurecido,buscando llenar vuestra vida de bienestar y placer, de espaldas al Padre del Cielo y a sus hijos  que sufren en la tierra. Ese estilo de vida os hará cada vez menos humanos.

         «Estad siempre despiertos». Despertad la fe en vuestras comunidades. Estad más atentos a mi Evangelio. Cuidad mejor mi presencia en medio de vosotros. No seáis comunidades dormidas. Vivid «pidiendo fuerza». ¿Cómo seguiremos los pasos de Jesús si el Padre no nos sostiene? ¿Cómo podremos « mantenernos en pie ante el Hijo del Hombre»?   

 José Antonio Pagola 

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
29 de noviembre de 2009
1 de Adviento (C)
Lucas 21, 25-28.34-36


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Martes, 24 de noviembre de 2009

Carta dirigida a los sacerdotes de su diócesis, por el obispo de Querétaro (México), monseñor Mario de Gasperín Gasperín donde pide a la comunidad sacerdotal y a los fieles en general, a hacer todo lo posible para que las puertas de los templos permanezcan abiertas la mayor parte del día.

Iglesia de puertas abiertas

Saludo con afecto en el Señor a todos ustedes, hermanos Sacerdotes seculares y religiosos, y les deseo todo bien en su servicio a la santa Iglesia. Quiero, mediante esta carta, felicitarlos en este “Año Sacerdotal” por el don del sacerdocio en bien del pueblo santo de Dios y como “próvidos cooperadores del orden episcopal”.

Les agradezco esta colaboración y servicio generoso y pido al santo Párroco de Ars, san Juan María Vianney, su intercesión a favor de todos ustedes y de su ministerio. 

Es mi deseo también compartir con ustedes una preocupación de hace tiempo y que ahora he visto expresada con particular vehemencia por el cardenal Christoph Schönborn, OP, arzobispo de Viena, según un reporte de prensa (02/10/2009) que tengo a la vista. El señor Cardenal, durante un retiro predicado a sacerdotes en Ars, abordó el tema: “La oración y el combate espiritual”, y allí expresó lo siguiente: “El combate por excelencia es el combate de la oración y, por tanto, es también la cuestión del lugar de la oración. Es una grave herida en el Cuerpo de Cristo que las iglesias tengan las puertas cerradas”. 

Recordó también el señor Cardenal el testimonio del santo Párroco de Ars, quien instruía a sus feligreses de rodillas ante el Sagrario diciéndoles sencillamente: “¡Él está ahí, está ahí!”; y reconoció que “en Austria —dijo—, mantenemos una lucha constante para conservar nuestras iglesias abiertas, accesibles a los fieles y a otros que buscan a Dios, pues es una grave herida en el Cuerpo de Cristo que las iglesias tengan las puertas cerradas”; y añade el señor Cardenal: “¡No es malo que el sacerdote sea sorprendido en flagrante delito de oración ante el tabernáculo! ¡Dejemos nuestras iglesias abiertas! Haced todo lo posible, y lo imposible, para permitir a los fieles y a las personas que buscan a Dios —y que Dios espera—, tener acceso a Jesús en la Eucaristía: ¡No cerréis las puertas de vuestras iglesia, por favor!”.

Me permito, hermanos Sacerdotes y hermanos Religiosos, recoger este testimonio para manifestarles, ahora por escrito y con carácter de súplica urgente, esta misma inquietud que ya he manifestado en alguna de las reuniones con los sacerdotes de esta Ciudad episcopal y también a los señores Decanos. 

Si nos detenemos un momento a reflexionar, caeremos en la cuenta de la triste y desagradable impresión que causa un templo cerrado durante varias horas del día, tanto en el centro de la ciudad como en cualquier otro lugar. ¿Qué nos está pasando? ¿Estamos claudicando? Con toda buena intención pensamos defender así el patrimonio cultural y los bienes del templo o de la parroquia, pero, ¿será esto lo más conveniente? No siempre lo más práctico es lo mejor. Pensemos en el mensaje que damos a los fieles y a la ciudadanía en una sociedad agresiva y desacralizada. 

Al hacer estas reflexiones, mi intención no es minimizar el clima de inseguridad y a veces hasta de violencia que nos rodea, y que ha llegado a afectar a los templos católicos. Algunos de ustedes ya han sido víctimas. Tampoco quiero desconocer la responsabilidad que pesa sobre cada párroco, rector o capellán de cuidar el patrimonio religioso y de velar por la seguridad del santísimo Sacramento; y mucho menos pretendo negar el derecho al descanso del personal de ayuda y servicio del templo; soy consciente asimismo que muchos templos no tienen recursos para pagar el personal de vigilancia. Pero, nos debemos preguntar, ¿la solución pastoral más acertada es cerrar la puerta de la iglesia? ¿Y los que se quedan fuera? ¿Y el espacio de silencio y de paz que está necesitando ese hermano o hermana que pasa por allí en el momento más inoportuno para nosotros, pero que para él puede ser un momento de gracia? ¿Y la espera silenciosa de Jesús?  

El escribir estos renglones, me vienen a la memoria las palabras del salmista, unas de las más bellas del antiguo Testamento: “¡Qué deseables son tus moradas, Señor de los Ejércitos! Mi alma se consume y anhela los atrios del Señor, mi corazón y mi carne retozan por el Dios vivo… Dichosos los que viven en tu casa alabándote siempre” (Ps 83, 2-3.5); y las de otro salmista, éste atribulado y “con el corazón agrio”, que renegaba de la providencia divina al ver la prosperidad de los malvados, hasta que entró en el misterio (templo) de Dios y comprendió que el Señor estaba con él, que lo tenía asido de su mano derecha y que lo guiaba con amor a un destino glorioso; y al final, confiesa : “Si te tengo a ti en el cielo, contigo ¿qué me importa la tierra?” (Ps 72, 25 passim). Si este hombre acongojado no hubiera entrado en el templo del Señor, no tendríamos una de las oraciones más bellas del salterio. Por eso, me parece algo grave negar la oportunidad o limitar el tiempo disponible para que los hermanos, -y mucho más los atribulados, aunque sea uno-, puedan disfrutar también ellos de la presencia de Jesús en el tabernáculo y de la mirada compasiva de María y de los Santos, que nos contemplan desde el cielo valiéndose de sus imágenes sagradas. El espacio sagrado del templo es ya una invitación silenciosa pero poderosa para escuchar a Dios y encontrarse con él.   

Recordemos que la Puerta de un templo cristiano no es sencillamente un mueble utilitario, sino que es el signo del mismo Jesucristo, quien afirmó: “Yo soy la Puerta: quien entra por mí se salvará. El que entre por mi tendrá pastos” (Jo 10, 9). Cerrar la puerta comporta el riesgo de impedir a los fieles la oportunidad de encontrarse con Cristo. Así quizá comprendamos mejor las palabras del señor cardenal de Viena, que repito: “Es una grave herida en el Cuerpo de Cristo que las iglesias tengan las puertas cerradas”.  

Pido, pues, encarecidamente a ustedes hermanos Sacerdotes y hermanos Religiosos, que se mantengan abiertas las puertas de todas las iglesias el mayor tiempo posible, y que se tomen acuerdos a nivel de Decanato para ver la manera mejor de proteger los espacios sagrados; y también -porque es su deber-, hacer ver a las autoridades correspondientes la obligación que tienen de conservar el orden y defender el patrimonio común. Les sugiero que traten este asunto en alguna de sus reuniones, que busquen soluciones de común acuerdo y que involucren a la feligresía en la posible solución. Es un derecho de los fieles tener espacios disponibles de oración. El señor cardenal de Viena habla de una “lucha” que hay que sostener a favor los espacios necesarios para la oración en este mundo tan secularizado pero necesitado de Dios. 

Quiero también invitarlos a impulsar entre los fieles de su parroquia o de su comunidad la Adoración eucarística, como fuente de gracia y renovación especial para los fieles y para nosotros los presbíteros, sabiendo que toda renovación pastoral y sacerdotal comienza en la santa Eucaristía. Me permito citar el Directorio para el ministerio y vida de los presbíteros: “La Eucaristía... es el medio y el fin del ministerio sacerdotal, ya que ‘todos los ministerios eclesiásticos y obras de apostolado están íntimamente trabados con la Eucaristía y a ella se ordenan’. El presbítero, consagrado para perpetuar el Santo Sacrificio, manifiesta así, del modo más evidente, su identidad”. Es, pues, del todo necesario que se incremente el culto eucarístico “no sólo por la digna y piadosa celebración del Sacrificio, sino aun más por la adoración habitual del Sacramento. El Presbítero debe mostrarse modelo de su grey también en el devoto cuidado del Señor en el sagrario y en la meditación asidua que hace ante Jesús Sacramentado” (n. 50). La aceptación que van teniendo los “templos expiatorios” nos habla del hambre eucarística que experimentan los fieles. 

Con la santa Eucaristía va aparejado el sacramento de la Reconciliación, que debemos ofrecer a los fieles con generosa frecuencia y facilidad. En algunos lugares los fieles experimentan cierta dificultad para acercarse al sacramento de la Penitencia y más para conseguir un sacerdote que auxilie espiritualmente a los enfermos y moribundos. El Papa Benedicto XVI nos pide a los Obispos “promover en la propia diócesis una firme recuperación de la pedagogía de la conversión que nace de la Eucaristía, y fomentar entre los fieles la confesión frecuente. Todos los sacerdotes deben dedicarse con generosidad, empeño y competencia a la administración del sacramento de la Reconciliación” (El Sacramento del Amor, No. 21). Reconocida ampliamente su generosidad y los esfuerzos hasta ahora realizados, les pido hermanos Sacerdotes y hermanos Religiosos, ofrecer con mayor abundancia este Sacramento de misericordia a los fieles, teniendo en cuenta los actuales horarios de trabajo. 

Durante este Año Sacerdotal el santo Padre el papa Benedicto XVI ha pedido a los fieles su oración,  aprecio y comprensión para nosotros, los sacerdotes; también lo ha hecho y hace su Pastor diocesano. Pienso que sería muy justo que nosotros los Presbíteros, seculares y religiosos, correspondiéramos al cariño de los fieles ofreciéndoles estos tres signos de gratitud: Los Templos abiertos, la Adoración ante el Santísimo Sacramento y el fácil acceso al Sacramento de la Reconciliación. 

La próxima promulgación del Plan Diocesano de Pastoral renovado, es una ocasión propicia para la “conversión pastoral” que reclaman de nosotros los documentos del Magisterio y nos exige nuestra identidad y misión sacerdotal. Estos puntos que aquí les señalo son como un complemento a algunos de nuestros muchos buenos deseos de servicio, y que quieren responder también a los anhelos de santidad de los fieles.  

Que la Virgen Santísima, a la que saludamos en las letanías lauretanas como “Puerta del cielo”, nos conceda ser en sentido pleno una Iglesia de puertas abiertas.  

Los saluda, felicita y bendice:

+ Mario de Gasperín Gasperín
Obispo de Querétaro


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ZENIT nos ofrece el discurso que el Papa pronunció el jueves 12 de Octubre de 2009, al recibir a los profesores y estudiantes de la Libera Università Maria Santissima Assunta (LUMSA), con ocasión del 70° aniversario de su fundación.

Señores cardenales,
señor presidente del Senado y distinguidas Autoridades,
Rector Magnífico y preclaros profesores,
queridas Misioneras de la Escuela,
queridos estudiantes y amigos todos,

Estoy contento de encontraros con ocasión del 70° aniversario de fundación de la Libre Universidad María Santísima Asunta. Saludo cordialmente el Rector de vuestra Universidad, profesor Giuseppe Dalla Torre, y le agradezco por las corteses palabras que me ha dirigido. Me es grato saludar al Presidente del Senado, honorable Renato Schifani, y a las demás Autoridades civiles y militares italianas, como también a las numerosas Personalidades, los Rectores y los Directores Administrativos presentes. A todos vosotros, que formáis la gran familia de la LUMSA, dirijo mi calurosa bienvenida.

Vuestro Ateneo, surgido en 1939 por iniciativa de la sierva de Dios Madre Luigia Tincani, fundadora de la Unión Santa Catalina de Siena de las Misioneras de la Escuela, y del cardenal Giuseppe Pizzardo, entonces Prefecto de la Congregación de los Seminarios y de las Universidades de Estudios, con el fin de promover de una adecuada formación universitaria para las religiosas destinadas a la enseñanza en las escuelas católicas, inició su actividad en el clima del compromiso educativo del mundo católico suscitado por la encíclica de Pío XI Divini illius Magistri. Vuestra Universidad nació por tanto con una identidad católica bien precisa, impulsada también por la Santa Sede, con la que conserva un estrecho vínculo. En los pasados setenta años, la LUMSA preparó a multitud de profesores y se desarrolló notablemente, especialmente tras la transformación, en 1989, en Universidad Libre, y la consiguiente creación de nuevas Facultades con la ampliación del caudal de usuarios. Sé que hoy cuenta con casi 9.000 estudiantes en las cuatro sedes del territorio nacional, y representa una referencia importante en el campo educativo. Mientras iba evolucionando profundamente la situación cultural y legislativa en Italia y en Europa, la LUMSA supo realizar un recorrido de crecimiento con una doble atención: permanecer fiel a la intuición original de Madre Tincani y, al mismo tiempo, responder a los nuevos desafíos de la sociedad.

En efecto, el contexto actual se caracteriza por una preocupante emergencia educativa, sobre la que he podido detenerme en varias ocasiones, en la que asume una relevancia del todo particular el deber de aquellos que están llamados a la enseñanza. Se trata ante todo del papel de los profesores universitarios, pero también del propio iter formativo de los estudiantes que se preparan la llevar a cabo la profesión de profesores en los distintos órdenes y grados de la escuela, o también de profesionales en los diversos ámbitos de la sociedad. De hecho, toda profesión se convierte en ocasión de dar testimonio y traducir a la práctica los valores interiorizados personalmente durante el periodo académico. La profunda crisis económica, difundida en todo el mundo, con las causas que están en su origen, han puesto de manifiesto la exigencia de una inversión más decidida y valiente en el campo del saber y de la educación, como vía para responder a las numerosos retos abiertos y para preparar a las jóvenes generaciones para que construyan un mundo mejor (cfr Enc. Caritas in veritate, 30-31; 61). Es por ello que se advierte la necesidad de crear en el ámbito educativo vínculos de pensamiento, enseñar a colaborar entre diferentes disciplinas y a aprender unos de otros. Ante los profundos cambios en curso, es cada vez más urgente la necesidad de recurrir a los valores fundamentales que hay que transmitir, como patrimonio indispensable , a las próximas generaciones y, por tanto, de preguntarse sobre cuáles son esos valores. A las instituciones académicas se les plantean por tanto, de forma apremiante, cuestiones de carácter ético.

En este contexto, a las Universidades católicas se les ha confiado un papel relevante, en la fidelidad a su identidad específica y en el esfuerzo de prestar un servicio cualificado en la Iglesia y en la sociedad. Resultan de lo más actuales, en este sentido, las indicaciones ofrecidas de mi venerado predecesor Juan Pablo II en la Constitución apostólica Ex corde Ecclesiae, cuando invitaba la Universidad católica a garantizar institucionalmente una presencia cristiana en el mundo académico. En la compleja realidad social y cultural, la Universidad católica está llamada a actuar con la inspiración cristiana de los individuos y de la comunidad universitaria como tal; con la incesante reflexión sapiencial, iluminada por la fe, y la investigación científica; con la fidelidad al mensaje cristiano tal como está presentado por la Iglesia; con el compromiso institucional al servicio del pueblo de Dios y de la familia humana, en su camino hacia la última meta (cfr n. 13).

Queridos amigos, la LUMSA es una Universidad católica, que tiene como elemento específico de su propia identidad esta inspiración cristiana. Como se lee en su Magna charta, se propone un trabajo científico orientado a la búsqueda de la verdad, en el diálogo entre fe y razón, en una tensión ideal hacia la integración de los conocimientos y de los valores. Se prefigura al mismo tiempo una actividad formativa que llevar a cabo con constante atención ética, elaborando síntesis positivas entre fe y cultura y entre ciencia y sabiduría, para el crecimiento pleno y armónico de la persona humana. Este escenario es para vosotros, queridos profesores, estimulantes y exigentes. De hecho, mientras os empeñáis a ser cada vez mejor cualificados en la enseñanza y en la investigación, os proponéis también cultivar la misión educativa. Hoy, como en el pasado, la Universidad necesita verdaderos maestros, que transmiten, junto a contenidos y saberes científicos, un riguroso método de investigación y valores y motivaciones profundas. Inmersos en una sociedad fragmentada y relativista, vosotros, queridos estudiantes, mantened siempre abiertos el corazón y la mente a la verdad. Dedicaos a adquirir, de modo profundo, los conocimientos que concurren en la formación integral de vuestra personalidad, a afinar la capacidad de búsqueda de la verdad y del bien durante toda la vida, a prepararos profesionalmente para ser constructores de una sociedad más justa y solidaria. Que el ejemplo de la Madre Tincani fomente en todos el compromiso de acompañar el riguroso trabajo académico con una intensa vida interior, sostenida por la oración. Que la Virgen María, Sedes Sapientiae, guíe este camino con la verdadera sabiduría que viene de Dios. Os doy las gracias por este agradable encuentro y os bendigo de todo corazón a cada uno de vosotros y a vuestro trabajo.

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


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Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas para el trigésimo segundo domingo durante el año. (AICA)
(9 de noviembre de 2009)
 

“Hacia Loreto” 

Falta una semana para la peregrinación al Centro de espiritualidad de Loreto. Como realizamos desde hacia varios años los terceros domingos de noviembre, o sea el próximo domingo 15, celebraremos el día de los Santos Mártires de las Misiones, con la peregrinación, la Misa central a las 9 horas y las distintas actividades que se han organizado en Loreto. Por esta razón hemos suspendido todas las Misas del domingo por la mañana significando el acontecimiento que celebramos. Muchos peregrinos irán a pie saliendo de distintos lugares prefijados de la Provincia. En Posadas saldrán desde la Parroquia de Fátima el sábado por la tarde, así como desde Alem, desde San Martín de la Parroquia Cristo Rey de Oberá, y desde Jardín América. También irán en peregrinación centenares de biciclistas y en otras movilidades. Desde Loreto profundizaremos nuestra memoria y lo vivido en la evangelización de la Iglesia en nuestra región de Misiones. La memoria nos permite ganar en identidad y en consistencia para encarar los desafíos pastorales de este nuevo siglo que estamos iniciando. También Loreto es una expresión de Comunión, como familia reunidos junto a los Santos, quienes fueron testigos de la fe, y junto a María de Loreto, la Madre que convoca en su Casa.

En esta celebración en Loreto nos prepararemos a celebrar el próximo año 2010, los 400 años de la fundación en el Guayrá de las reducciones de Loreto y San Ignacio Miní, fundadas por los padres José Cataldino y Simón Massetta. En Loreto se concentra la historia, la grandeza y los sufrimientos de un pueblo que vivió el crecimiento y también la muerte y esclavitud provocado por los portugueses, que llevó a tener que huir del Guayrá, y vivir la proeza de bajar por el Paraná de la mano del tan querido P. Antonio Ruiz de Montoya, con miles de indígenas con quienes realizaron la refundación de dichas reducciones en las actuales Loreto y San Ignacio. En nuestro centro de espiritualidad también tenemos especialmente presente al P. Antonio Ruiz de Montoya, tan querido por sus hijos y hermanos indígenas quienes dieron fiel cumplimiento a su pedido de que sus restos, “sus huesos” descansen en Loreto: “No permitan que mis huesos queden entre españoles, aunque muera entre ellos; procuren que vayan donde están los indios mis queridos hijos, que allí donde trabajaron y se molieron han de descansar”. Para cumplir este deseo, un grupo de guaraníes viajó de Loreto hasta Lima para buscar sus restos, los cuales descansan en nuestro Centro de espiritualidad.

En el camino de evangelización, que nos hemos propuesto desde Aparecida y nuestro primer Sínodo Diocesano, en orden a asumir los desafíos que exigen nuestro tiempo, está el acompañamiento de “la piedad popular como espacio de encuentro con Jesucristo”. La peregrinación, la visita a los centros de espiritualidad y santuarios, son una expresión clara de fe de nuestra gente. Sobre este tema Aparecida señala: “El Santo Padre destacó la “rica y profunda religiosidad popular, en la cual aparece el alma de los pueblos latinoamericanos”, y la presentó como “el precioso tesoro de la Iglesia Católica en América Latina”. Invitó a promoverla y protegerla. Esta manera de expresar la fe está presente de diversas formas en todos los sectores sociales, en una multitud que merece nuestro respeto y cariño, porque su piedad “refleja una sed de Dios que solamente los pobres y sencillos pueden conocer”. La religión del pueblo latinoamericano es expresión de la fe católica. Es un catolicismo popular, profundamente inculturado, que contiene la dimensión más valiosa de la cultura latinoamericana…” (258). “Entre las expresiones de esta espiritualidad… destacamos las peregrinaciones, donde se puede reconocer al Pueblo de Dios en camino. Allí el creyente celebra el gozo de sentirse inmerso en medio de tantos hermanos, caminando juntos hacia Dios que los espera. Cristo mismo se hace peregrino, y camina resucitado entre los pobres. La decisión de partir hacia el Santuario ya es una confesión de fe, el caminar es un encuentro de amor. La mirada del peregrino se deposita sobre una imagen que simboliza la ternura y la cercanía de Dios… Un breve instante condensa una viva experiencia espiritual” (259).

El próximo 15 de noviembre nos encontraremos en Loreto, celebrando la Memoria de los Mártires de las Misiones, junto a nuestra Madre de Loreto, en su Casa.

¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo!

Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas

 

 


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Piden a legisladores rechazar “matrimonio homosexual”
Buenos Aires, 12 Nov. 09 (AICA)
  

La Comisión Arquidiocesana de la Mujer, cuyas responsables son Lila Archideo y Mónica Torino, pidió a Dios, “fuente de toda razón y justicia”, que ilumine a las mujeres y varones argentinos, y solicitó a “los señores diputados el rechazo” de los proyectos tendientes a modificar el Código Civil, para permitir el mal llamado “matrimonio” entre personas del mismo sexo.

     Asimismo, afirmo que “el matrimonio entre varón y mujer no lesiona la igualdad ante la ley ni discrimina a personas que tengan diversas opciones sexuales porque distinguir entre personas o negarle a alguien un reconocimiento legal o un servicio social es, en principio, inaceptable.

     “No obstante atribuir el ‘status’ social y jurídico de matrimonio a formas de vida que no son ni pueden ser matrimoniales no sólo se opone a la justicia, sino que es requerido por ésta”, subraya en un comunicado.

Texto completo del comunicado

     En relación a los proyectos de ley que proponen la modificación del Código de Derecho Civil de la Nación permitiendo el matrimonio de personas del mismo sexo queremos afirmar que:

     El matrimonio entre varón y mujer constituye una totalidad de amor conyugal en la que entran todos los elementos de la persona y exige la donación recíproca definitiva y fiel y se abre a la fecundidad. (Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, 1643). La familia, fundada y vivificada por el amor del matrimonio, es una comunidad de personas: del hombre y de la mujer esposos, de los padres y de los hijos. Su primer cometido es el de vivir fielmente la realidad de la comunión con el empeño constante de desarrollar una auténtica comunidad de personas. (Cfr. FC 18)

     La relevancia del único verdadero matrimonio para la vida de los pueblos es tal, que difícilmente se pueden encontrar razones sociales más poderosas que las que obligan al Estado a su reconocimiento, tutela y promoción. Se trata, en efecto, de una institución más primordial que el Estado mismo, inscrita en la naturaleza de la persona como ser social. El matrimonio, en cuanto expresión institucional del amor de los cónyuges, que se realizan a sí mismos como personas y que engendran y educan a sus hijos, es la base insustituible del crecimiento y de la estabilidad de la sociedad. No puede haber verdadera justicia y solidaridad si las familias, basadas en el matrimonio, se debilitan como hogar de ciudadanos de humanidad bien formada. (Cfr. Nota del Comité Ejecutivo de la Conferencia Episcopal Española, Madrid, 15 de julio de 2004)

     Por otra parte queremos afirmar que el matrimonio entre varón y mujer no lesiona la igualdad ante la ley ni discrimina a personas que tengan diversas opciones sexuales porque:

     Distinguir entre personas o negarle a alguien un reconocimiento legal o un servicio social es, en principio, inaceptable. No obstante atribuir el “status” social y jurídico de matrimonio a formas de vida que no son ni pueden ser matrimoniales no sólo se opone a la justicia, sino que es requerido por ésta.

     No existe discriminación cuando se les impide casarse a los homosexuales entre sí, por que no es arbitrario negarle el derecho al matrimonio a quienes no cumplen las condiciones de la institución, ni tampoco pueden satisfacer las finalidades de la misma en cuanto tiene como presupuesto sustancial el carácter heterosexual.

     No estamos ante un hecho privado o una opción religiosa sino frente a una institución que es reconocida y tutelada por nuestro Código Civil porque afecta directamente al bien común de nuestro país. Estamos ante una realidad de orden natural que antecede al derecho positivo y, por lo tanto éste debe reconocerla, respetarla y promoverla. (Cfr. Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Argentina, 5-9-2009)

     Sin duda es lógico aceptar la posibilidad de actos privados mientras no ofendan al orden ni a la moral pública. También es admisible la consideración de algunos efectos derivados de situaciones de hecho que pueden justificar su atención jurídica. (Cfr Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires, 4 de noviembre de 2009)

     Desde otro punto de vista, es importante decir también que el 96,5 % de los países no tienen matrimonio para personas del mismo sexo. En el mundo existen 198 países, de los cuales sólo 7 lo tienen en su normativa: Holanda, Bélgica, España, Canadá, Sudáfrica, Noruega y Suecia.

     En EEUU, sólo 6 de los 50 estados han aprobado estos matrimonios; 31 han votado en los últimos años expresamente en contra de tal posibilidad, de los cuales 29 aprobaron reformas constitucionales que prohíben el matrimonio de personas del mismo sexo.

     Pedimos a Dios, “fuente de toda razón y justicia” que ilumine a las mujeres y varones argentinos y solicitamos a los señores diputados el rechazo de dichos proyectos.+


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Homilía de monseñor Luis H. Villalba, arzobispo de Tucumán y vice presidente primero del Episcopado en el Santuario Nacional de Nuestra Señora de Luján en el marco de la 98° Asamblea Plenaria de los obispos argentinos para rezar por el Año Sacerdotal y la Misión Continental (Luján, 11 de noviembre de 2009) (AICA)


Misa por el Año Sacerdotal Y LA MISIÓN CONTINENTAL

Queridos Hermanos:

1. La Providencia de Dios quiso que el camino pastoral que venimos recorriendo como Iglesia en la Argentina, orientado por Navega Mar Adentro, fuera confirmado por la Conferencia de Aparecida.

El Documento de Aparecida nos dice: “Hoy, toda la Iglesia en América Latina y El Caribe quiere ponerse en estado de misión” (nº 213). Y más adelante expresa: “Esta firme decisión misionera debe impregnar todas las estructuras eclesiales y todos los planes pastorales de diócesis, parroquias, comunidades religiosas, movimientos y de cualquier institución de la Iglesia” (nº 365).

Hoy el Episcopado Argentino llega hasta la Basílica de Luján para depositar a los pies de Nuestra Madre este compromiso de animar y llevar adelante la Misión Continental, que busca poner a la Iglesia en estado permanente de misión.

2. En el Evangelio que acabamos de escuchar Jesús dijo a sus discípulos: «Crucemos a la otra orilla» (4,35).

Es interesante meditar este texto evangélico.

Jesús, después de pasar cuarenta días en el desierto, comienza su ministerio público. Enterado de que Juan el Bautista había sido arrestado, se retiró a Galilea (cf. Mt. 4,12).

Allí va recorriendo la región proclamando el Evangelio, obrando milagros y llamando  a los discípulos. Galilea es el lugar donde Jesús enseñó, hizo caminar al paralítico, le dio la vista al ciego, multiplicó los panes, calmó la tempestad en el lago.

Jesús eligió a Cafarnaún como lugar de residencia, allí tenía su casa. “Y, dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún”, dice el Evangelio (Mt. 4,13). Y desde ese momento Cafarnaún sería su ciudad, como dice Mateo: “Y regresó a su ciudad” (Mt. 9,1), refiriéndose a Cafarnaún.

Cafarnaún era una ciudad bastante populosa y situada en el centro de la región.

Desde Cafarnaún recorría toda la Galilea.

Dice san Marcos que “mientras Jesús estaba comiendo en su casa, muchos publicanos y pecadores se sentaron a comer con él y sus discípulos; porque eran muchos los que lo seguían” (Mc. 2,15).

Así Jesús estaba en “su ciudad” (Cafarnaún) y en “su casa”, lugar familiar, tranquilo, seguro, conocido, y decide “cruzar a la otra orilla”.

“Cruzar a la otra orilla” es dejar su “hogar”, su ciudad, su “casa”.

“Cruzar a la otra orilla” es dejar la seguridad. La barca es insegura, se mueve.

“Cruzar a la otra orilla” es enfrentarse con el peligro y las amenazas del mar: “Entonces se desató un fuerte vendaval, y las olas entraban en la barca, que se iba llenando de agua” (Mc. 4,37).

“Cruzar a la otra orilla” es ir a otro territorio: a la región de Gerasa, que pertenece a la  Decápolis, a otra cultura, a gente pagana (Mc. 5,1).

Al llegar a la otra orilla del Mar, en Gerasa, Jesús cura al hombre poseído por un espíritu impuro. La curación del poseso es signo de la llegada del Reino. Jesús es el enviado de Dios que trae al mundo la salvación (Mc. 5,2-20). 

3. También a nosotros se nos está pidiendo “cruzar a la otra orilla”.

La razón de esta travesía es la salvación de todos los hombres: “Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos” (Mt. 28,19); “Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación” (Mc. 16,15).

A este compromiso de anunciar el Evangelio a todos los hombres estamos llamados todos los bautizados. El deber misionero nace de la misma fe.

Esto cuesta, provoca resistencias. Es poner en práctica el estilo pastoral que acabamos de ver en Jesús.

El Documento de Aparecida nos habla de “conversión pastoral y renovación misionera de las comunidades” (cf. nº 365).

Conversión pastoral es dejar nuestra casa, nuestro grupo, lo conocido, nuestra seguridad, y decidirnos a “cruzar a la otra orilla”. Es subirse a la barca, que es siempre insegura, es enfrentarse con las amenazas del mar y es adentrarnos en otro territorio en búsqueda de otra gente. Ciertamente se trata de cristianos alejados de la Iglesia, que no se sienten Iglesia, y a los que necesitamos salir a buscar y proponerles a Jesús.

“Cruzar a la otra orilla” es salir a las periferias territoriales y existenciales adonde habitualmente no llegamos.

No podemos contentarnos haciendo lo que siempre hicimos. Debemos preguntarnos si Dios no nos está pidiendo abrir nuevos caminos pastorales. En este sentido, una simple “pastoral de conservación” no alcanza (cf. DA 370).

La comunidad parroquial y todas las comunidades y grupos deben no sólo reunirse con los "propios", sino abrirse a todos y realizar encuentros con la gente alejada de la vida de la Iglesia. Deben mantener un diálogo con las diversas realidades sociales y culturales.

Se trata de que la parroquia y las otras comunidades, además de alimentar la vida cristiana de los fieles, como ciertamente lo hacen, evangelicen también a las personas y a los sectores alejados de la fe y de la práctica cristiana.

Pero esta acción no se puede considerar como una “parte” de la pastoral, una de las muchas cosas que hay que hacer; se trata, más bien, de un objetivo que afecta y condiciona la vida entera de la comunidad en todas sus tareas. Dicho de otro modo: la pastoral debe enfocarse en todos los sectores y en todas las acciones desde la perspectiva de la evangelización misionera.

Se necesita el coraje de Cristo para “cruzar a la otra orilla”. ¿Cómo no pensar en tantas personas que habiendo recibido el Bautismo, no comparten con nosotros el compromiso y la alegría de la vida eclesial y de la “practica” de la fe?

La Iglesia nos está llamando a que asumamos con “un dinamismo nuevo” nuestra responsabilidad con el Evangelio y con la humanidad. Se nos está pidiendo disponernos a la evangelización y no encerrarnos en nuestras comunidades. Se nos está pidiendo echar una mirada sobre el vasto mar del mundo a fin de que todo hombre encuentre a Jesucristo, como el sanado de Gerasa.

Hoy, la Iglesia necesita hacer un esfuerzo importante para presentar la fe cristiana de un modo atrayente. Para ello hay que revitalizar la propia comunidad cristiana renovando actitudes, y purificando las estructuras caducas. Y, además, hay que descubrir los caminos más aptos para comunicar la Buena Noticia.

Renovarse para evangelizar mejor: esto es lo que hoy dice el Espíritu a la Iglesia. 

4. Queridos Hermanos:

Con ocasión del 150º aniversario de la muerte del Santo Cura de Ars, San Juan María Vianney, estamos celebrando un Año Sacerdotal especial, convocado por el Papa Benedicto XVI.

La intención de este Año es “favorecer el ansia, la vocación,  de los sacerdotes hacia la perfección espiritual de la cual depende, sobre todo, la eficacia de su ministerio”.

Además, en este Año Sacerdotal se quiere prestar una particular atención a la prioritaria promoción de las vocaciones al ministerio ordenado.

Hoy tenemos la gracia de tener entre nosotros el corazón del Santo Cura de Ars.

Por distinta que sea la época del Cura de Ars y la nuestra, su ejemplar entrega al servicio del Reino de Dios es un estímulo y un ejemplo a imitar en la vida de cada sacerdote.

Sin dudas que debemos recoger el testimonio del Cura de Ars, poner la mirada en su peculiar manera de vivir santamente al frente de una parroquia y ver cómo supo afrontar con realismo el aquí y ahora de su tiempo y cumplir la misión sacerdotal de encarnar el Evangelio en el contexto cultural de su hora.

Pidamos a Nuestra Señora de Luján por todos los sacerdotes, por su perseverancia y santificación y pidamos por las vocaciones sacerdotales para nuestra Nación. 

Mons. Luis Héctor Villalba, arzobispo Tucumán


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ZENIT  no ofrece el texto de la catequesis pronunciada por el Papa Benedicto XVI el miércoles 11 de Noviembre de 2009, durante la Audiencia General celebrada en el Aula Pablo VI.

Queridos hermanos y hermanas,

esta mañana quisiera hablaros de un movimiento monástico que tuvo gran importancia en los siglos de la Edad Media, y que ya había nombrado en otras catequesis. Se trata de la orden de Cluny, que al principio del siglo XII, momento de su máxima expansión, contaba con casi 1.200 monasterios: ¡una cifra verdaderamente impresionante! En Cluny, precisamente hace 1.100 años, en el 910, se fundó un monasterio puesto bajo la guía del abad Bernón, después de la donación de Guillermo el Piadoso, Duque de Aquitania. En ese momento el monaquismo occidental, que floreció algunos años antes con san Benito, había decaído mucho por diversas causas: las inestables condiciones políticas y sociales debidas a las continuas invasiones y devastaciones de pueblos no integrados en el tejido europeo, la pobreza difundida y sobre todo la dependencia de las abadías de los señores locales, que controlaban todo lo que pertenecía a los territorios de su competencia. En este contexto, Cluny representó el alma de una profunda renovación de la vida monástica, para reconducirla a su inspiración original.

En Cluny se restauró la observancia de la Regla de san Benito con algunas adaptaciones ya introducido por otros reformadores. Sobre todo se quiso garantizar el lugar fundamental que debe ocupar la Liturgia en la vida cristiana. Los monjes cluniacenses se dedicaban con amor y gran cuidado la celebración de las Horas litúrgicas, al canto de los Salmos, a procesiones tan devotas como solemnes, y sobre todo, en la celebración de la Santa Misa. Promovieron la música sacra; quisieron que la arquitectura y el arte contribuyeran a la belleza y a la solemnidad de los ritos; enriquecieron el calendario litúrgico de celebraciones especiales, como, por ejemplo, al principio de noviembre, la Conmemoración de los fieles difuntos, que también nosotros hemos celebrado hace poco; incrementaron el culto de la Virgen María. Se reservó mucha importancia a la liturgia, porque los monjes de Cluny estaban convencidos de que esta era participación en la liturgia del Cielo. Y los monjes se sentían responsables de interceder ante el altar de Dios por los vivos y los difuntos, dado que muchísimos fieles les pedían con insistencia que se les recordara en la oración. Por lo demás, precisamente por este motivo había querido Guillermo el Piadoso el nacimiento de la Abadía de Cluny. En el antiguo documento, que atestigua su fundación, leemos: “Establezco con este don que en Cluny sea construido un monasterio de regulares en honor de los santos apóstoles Pedro y Pablo, y que en él se recojan monjes que viven según la Regla de san Benito (…) que allí se frecuente un venerable refugio de oración con votos y súplicas, y se busque y se implore con todo deseo e íntimo ardor la vida celeste, y se dirijan al Señor asiduamente oraciones, invocaciones y súplicas”. Para custodiar y alimentar este clima de oración, la regla cluniancense acentuó la importancia del silencio, a cuya disciplina los monjes se sometían de buen grado, convencidos de que la pureza de las virtudes, a las que aspiraban, requería un íntimo y constante recogimiento. No sorprende que bien pronto, una fama de santidad envolviera el monasterio de Cluny, y que muchas otras comunidades monásticas decidieran seguir sus costumbres. Muchos principios y Papas pidieron a los abades de Cluny que difundieran su reforma, de modo que en poco tiempo se extendió una tupida red de monasterios ligados a Cluny o con verdaderos y propios vínculos jurídicos, o con una especie de afiliación carismática. Se iba así dibujando una Europa del espíritu en las varias regiones de Francia, Italia, España, Alemania, Hungría.

El éxito de Cluny fue asegurado ante todo por la elevada espiritualidad que allí se cultivaba, pero también por algunas otras condiciones que favorecieron su desarrollo. A diferencia de cuanto había sucedido hasta entonces, el monasterio de Cluny y las comunidades dependientes de él fueron reconocidas exentas de la jurisdicción de los obispos locales y sometidas directamente a la del Romano Pontífice. Esto comportaba un vínculo especial con la sede de Pedro, y gracias precisamente a la protección y al ánimo de los Pontífices, los ideales de pureza y de fidelidad, que la reforma cluniacense pretendía perseguir, pudieron difundirse rápidamente. Además, los abades eran elegidos sin injerencia alguna por parte de las autoridades civiles, a diferencia de lo que sucedía en otros lugares. Personas verdaderamente dignas se sucedieron en la guía de Cluny y de las numerosas comunidades monásticas dependientes: el abad Otón de Cluny, de quien hablé en una catequesis hace dos meses, y otras grandes personalidades, como Aimar, Mayolo, Odilón y sobre todo Hugo el Grande, que llevaron a cabo su servicio durante largos periodos, asegurando estabilidad a la reforma emprendida y a su difusión. Además de Otón, son venerados como santos Mayolo, Odilón y Hugo.

La reforma cluniacense tuvo efectos positivos no sólo en la purificación y en el despertar de la vida monástica, y también en la vida de la Iglesia universal. De hecho, la aspiración a la perfección evangélica, representó un estímulo a combatir dos graves males que afligían a la Iglesia de aquella época: la simonía, es decir, la adquisición de cargos pastorales previo pago, y la inmoralidad del clero secular. Los abades de Cluny con su autoridad espiritual, los monjes cluniacenses que se convirtieron en obispos, alguno de ellos incluso Papas, fueron protagonistas de esta imponente acción de renovación espiritual. Y los frutos no faltaron: el celibato de los sacerdotes volvió a ser estimado y vivido, y en la asunción de los oficios eclesiásticos se introdujeron procedimientos más transparentes.

Fueron también significativos los beneficios aportados a la sociedad por los monasterios inspirados en la reforma cluniacense. En una época en la que sólo las instituciones eclesiásticas proveían a los indigentes se practicó con empeño la caridad. En todas las casas, el limosnero se dedicaba a hospedar a los viandantes y a los peregrinos necesitados, los sacerdotes y los religiosos de viaje, y sobre todo a los pobres que venían a pedir alimento y techo por algún día. No menso importantes fueron otras dos instituciones, típicas de la civilización medieval, promovidas por Cluny: las llamadas “treguas de Dios” y la “paz de Dios”. En una época fuertemente marcada por la violencia y por el espíritu de venganza, con las “treguas de Dios” se aseguraban largos periodos de no beligerancia, con ocasión de determinadas fiestas religiosas y de algunos periodos de la semana. Con la “paz de Dios” se pedía, bajo pena de una censura canónica, el respeto de las personas inermes y de los lugares sagrados.

En la conciencia de los pueblos de Europa se incrementaba así ese proceso de larga gestación, que habría llevado a reconocer, de modo cada vez más claro, dos elementos fundamentales para la construcción de la sociedad, es decir, el valor de la persona humana y el bien primario de la paz. Además, como sucedía para las demás fundaciones monásticas, los monasterios cluniacenses disponían de amplias propiedades que, puestas diligentemente a fructificar, contribuyeron al desarrollo de la economía. Junto al trabajo manual, no faltaron tampoco algunas típicas actividades culturales del monaquismo medieval, como las escuelas para niños, la puesta en marcha de bibliotecas, los scriptoria para la transcripción de los libros.

De este modo, hace mil años, cuando estaba en pleno desarrollo el proceso de formación de la identidad europea, la experiencia cluniacense, difundida en vastas regiones del continente europeo, ha aportado su contribución importante y preciosa. Reclamó la primacía de los bienes del espíritu; tuvo elevada la tensión hacia los bienes de Dios; inspiró y favoreció iniciativas e instituciones para la promoción de los valores humanos; educó a un espíritu de paz. Queridos hermanos, oremos para que todos aquellos que están preocupados por un auténtico humanismo y el futuro de Europa, sepan descubrir, apreciar y defender el rico patrimonio cultural y religioso de estos siglos.

[Al final de la audiencia, Benedicto XVI saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:]

Queridos hermanos y hermanas:

Esta mañana quisiera hablaros de la Orden de Cluny, un movimiento monástico de gran importancia en la Edad Media, que restauró la observancia de la Regla benedictina. Puso la celebración litúrgica en el centro de la vida cristiana, ensalzándola con la música sacra, la arquitectura y el arte, convencidos de que es participación en la liturgia celestial. Enriqueció también el calendario litúrgico, añadiendo, por ejemplo, la conmemoración de los fieles difuntos, que hemos celebrado hace unos días. Cluny, fundado precisamente hace mil cien años, adquirió muy pronto fama de santidad, y dio origen a casi mil doscientos monasterios en diversos países de Europa. Su portentosa difusión fue debida también a su dependencia directa del Romano Pontífice, que liberaba a los monasterios de las injerencias de las autoridades locales. Así pudieron oponerse eficazmente a la simonía en la concesión de los oficios eclesiásticos, y a fomentar mayor estima por el celibato y la moralidad de los sacerdotes. Además, los monjes de Cluny se ocupaban de los necesitados, de la educación y la cultura, cuando no había instituciones para ello, y a crear espacios de paz, en una época de mucha violencia. Todo esto abrió las puertas al reconocimiento del valor de la persona humana y a la necesidad de la paz.

Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a los venidos de España, El Salvador, Argentina y otros países latinoamericanos. Que sepamos apreciar y cultivar los bienes del espíritu y el verdadero humanismo de los monjes de Cluny.

Muchas gracias por vuestra atención.

[Traducción del italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


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Abogados católicos se oponen al aborto químico
Buenos Aires, 11 Nov. 09 (
AICA)  

Píldora del día después

Ante el avance de los proyectos de ley que prevén el suministro de la denominada “píldora del día después”, en forma gratuita y sin dilación, a las víctimas de violencia sexual que pudiesen quedar embarazadas, la Corporación de Abogados Católicos reclamó a los diputados “el inmediato archivo” de esa iniciativa sobre el aborto químico.

     En un comunicado con la firma de su vicepresidente en ejercicio de la presidencia Eduardo Sambrizzi, y la secretaria Guillermina M.C. de Fuschini Mejía, la organización letrada lamentó que los legisladores estén empeñados en "llevar adelante ese macabro propósito" y que hayan olvidado que "la vida inocente es intangible y que debe ser preservada desde el instante de la concepción".

Texto completo
     Las comisiones de Salud, Familia y Presupuesto de la Cámara de Diputados se expidieron favorablemente en los expediente 0390-D-08 y 1319-D-08 respecto de los proyectos unificados que prevén el suministro de las denominadas “píldoras del día después” para víctimas de violencia sexual que pudieren quedar embarazadas.

     La iniciativa dispone que las píldoras deberán ser entregadas gratuitamente y sin dilación alguna por “todos los establecimientos de salud públicos y las Obras Sociales enmarcadas en las leyes 23.660 y 23.661, la Obra Social del Poder Judicial de la Nación, la Dirección de Ayuda Social para el Personal del Congreso de la Nación, las entidades de medicina prepaga y las entidades que brinden atención al personal de las universidades, así como también todos aquellos agentes que brinden servicios médicos asistenciales a sus afiliados independientemente de la figura jurídica que tuvieren”.

     El 13 de marzo de 2007, ante una iniciativa análoga, el Consorcio de Médicos Católicos expidió una declaración aprobada en forma unánime en la que precisó que bajo la denominación de “anticoncepción de emergencia” las mencionadas píldoras son abortivas porque actúan “fundamentalmente impidiendo la implantación del embrión en la mucosa del útero. Por lo tanto, a ese embrión –ser vivo y persona humana- la madre lo expulsará de su organismo como material de descarte, como si se tratara de una menstruación. Eso, en lenguaje médico –concluye la declaración- es simplemente un aborto”.

     El proyecto aprobado por las referidas comisiones de la Cámara de Diputados se encuentra en pugna con preceptos de superior jerarquía normativa. Porque, como lo ha expresado la Corte Suprema de Justicia de la Nación,   el derecho a la vida es el primer derecho natural de la persona humana, preexistente a toda legislación positiva, y que resulta garantizado por la Constitución Nacional, derecho presente desde el momento de la concepción, reafirmado con la incorporación de tratados internacionales con jerarquía constitucional (Fallos: 302: 1284; 310: 112; 323: 1339).   Sobre el punto baste recordar la ley 23.849, cuyo art. 2°,   al aprobar la Convención sobre los Derechos del Niño, declaró que el art. 1° de ese instrumento internacional “debe interpretarse en el sentido que se entiende por niño todo ser humano desde el momento de su concepción y hasta los 18 años de edad”. Con esta reserva, “en las condiciones de su vigencia”, la Convención adquirió jerarquía constitucional (art. 75 inc. 22 C.N.), declarando su artículo 6°, sin admitir ninguna excepción, que “todo niño tiene derecho intrínseco a la vida”.

     La Corte Suprema ratificó su doctrina sobre la intangibilidad de la vida inocente en el precedente publicado en Fallos 325: 2292, oportunidad en que hizo lugar a una acción de amparo promovida por la asociación “Portal de Belén” para que se prohibiera la distribución de la “píldora del día después”. Sostuvo el Tribunal que tal medicamento constituía “una amenaza efectiva e inminente al bien jurídico primordial de la vida que no es susceptible de reparación ulterior”, agregando más adelante que “todo método que impida el anidamiento debería ser considerado como abortivo”.

     Ante una doctrina judicial tan categórica, resulta sorprendente que ahora se pretenda desconocerla promoviendo desde algunas comisiones de la Cámara de Diputados el aborto químico, a escala nacional, y obligando a distribuir la “píldora del día después” a todos los agentes sanitarios, públicos y privados Los legisladores que se encuentran empeñados en llevar adelante ese macabro propósito han olvidado que la vida inocente es intangible y que debe ser preservada desde el instante de la concepción.

     Por todo lo expuesto, la Corporación de Abogados Católicos solicita a la Cámara de Diputados de la Nación el inmediato archivo del proyecto.+


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Reflexión de monseñor Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús para el programa radial "Compartiendo el Evangelio". (AICA
(8 de noviembre de 2009)
 

“Es más grande dar que recibir”

Jornada Nacional del Enfermo


Evangelio según San Mateo 12, 38-44

* El Corazón del Santo Cura de Ars está visitando nuestra patria. Rezamos este año especialmente por todos los sacerdotes, por la santificación de nuestros pastores, por su perseverancia, por las vocaciones sacerdotales, religiosas y de especial consagración.

El próximo miércoles11, desde las 16 hs, el ‘Corazón Sacerdotal’ del Santo Cura estará con todos los obispos de nuestro país, para esa fecha reunidos en Asamblea Plenaria, en la Basílica de Nuestra Señora de Luján, en el “corazón de nuestra fe”.

A las 17, con la presidencia del Cardenal Bergoglio, todos los pastores concelebraremos la Santa Misa donde rezaremos por el Cardenal Eduardo Pironio, cuyos restos descansan allí, para que su causa siga avanzando y alcance pronto, en el reconocimiento público de la Iglesia, la santidad que tanto anhelamos. Un gran hombre, un gran sacerdote, un gran obispo, un gran Cardenal, que amó entrañablemente a Dios, a la Virgen, a la Iglesia y a los hombres.

* Hoy la Iglesia celebra la Jornada Nacional del Enfermo y el lema que han elegido para esta fecha “Escúchalo, ámalo, anúnciale a Cristo nuestra esperanza”, forma el mensaje para todos los enfermos y trabajadores de la salud: médicos, enfermeros, enfermeras, auxiliares, voluntarios, capellanes y todos los que trabajan ante el mundo de los enfermos. ¡Que Dios los bendiga! Ellos están un lugar muy próximo para manifestar el amor de Dios, la justicia y la ternura ante un hermano dolorido, agobiado y sufriente.

La religión y la sabiduría del mundo y de la vida nos dicen que es más grande dar que recibir. Pero dar no de lo que sobra, que también hay que hacerlo, sino dar de lo que uno tiene necesidad.

Ustedes saben, igual que yo, que la gente percibe cuando uno está dando lo que le sobra o cuando uno está dando desde su vida, desde su corazón. Este es el desafío que la sociedad tiene y que en la Iglesia también tenemos todos nosotros.

Porque uno puede vivir y actuar como un funcionario; uno puede “hacer” porque está “mandado”; pero uno tiene que hacer porque ama, porque quiere servir y porque quiere dar todo. ¡No sólo te doy esto, sino también te doy mi fe, te doy a Jesucristo y con Él te doy mi vida y mi corazón!

La vida se maneja en este binomio: lo superfluo y lo necesario. Acostumbrémonos a dar de lo necesario; de lo que nos duela; de lo que nos “toque”; de lo que nos comprometa.

Y en el mundo del dolor, ante el servicio ¿qué nos sucede?: no tenemos mucho tiempo, corremos siempre, la gente está muy ocupada y tiene necesidad de distraerse, evadirse superficialmente, enajenarse de este tiempo histórico, difícil, complejo y complicado. Pero es muy importante saber que uno tiene que tener espacio para los demás.

Los padres: ¿cuántas veces los hijos dan lugar para escuchar a los padres?, Los abuelos: ¿cuántas veces los hijos, o los nietos, dan lugar para escuchar a los abuelos? Fijémonos cuántos abuelos están en los geriátricos, muchas veces, abandonados. Ya sé que el tiempo es despótico y la sociedad nos corre, pero uno tiene que preguntarse ¿para qué corremos?, ¿por qué corremos?, si todo no es necesario ni importante; será urgente quizás, pero uno tiene que dar espacio a algo distinto. Como humano, algo distinto; como cristiano, algo distinto.

No podemos hacer todo, pero aquello que está bajo nuestra responsabilidad debemos hacerlo ¡y hacerlo bien! Y para que nosotros podamos cumplir, en este hoy, es necesario tener una vida de oración.

El que reza se moviliza.
Ell que reza obra mejor.
El que reza toca la verdad.
El que reza da frutos y frutos en abundancia.

Recordando a los enfermos en esta jornada, les dejo mi bendición: en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Mons. Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús

 

 


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En tiempos violentos, siempre es posible trabajar para la paz 
Buenos Aires, 11 Nov. 09 (AICA)
  

Mons. Eduardo García, obispo auxiliar de Buenos Aires

“Trabajar para la paz no constituye una entelequia en un universo de fantasía. La paz puede ser hoy. Estar hoy. Y cambiar historias líquidas en historias sólidas. Sólidas de compromiso conmigo mismo, con los otros, con los afectos más profundos que nos pueden seguir distinguiendo como argentinos. Compromisos que asumamos nosotros, los adultos en situación de decisión y acción, para poder encontrarnos con los ojos puros de los niños y los esperanzados de los jóvenes, y sostener las miradas no sólo desde lo discursivo sino desde lo tangiblemente real”, aseguró el obispo auxiliar de Buenos Aires, monseñor Eduardo García.

     En un artículo publicado en el diario Rumbo Sur, el prelado porteño se refirió a los “tiempos violentos”, que en la mayoría de los casos tienen como protagonistas a niños o adolescentes sin “un andamiaje social” que los sostengan y contengan, pero estimó que “estamos a las puertas de tiempos de recuperación de la confianza y de darnos la oportunidad de extender una mano”.

     “Nunca sobrarán las flores. Nunca habrá demasiadas estrellas. Nunca será excesivo el abrazo que le extendamos a un niño, a un adolescente, a otro ser humano”, subrayó, al tiempo que dio gracias a la beata Madre Teresa de Calcuta.

Texto del artículo

     Vivimos tiempos violentos en sociedades y geografías violentas. Feo, ¿no? Pero cierto. “Nunca es triste la verdad…” pero ésta sí —creo— tiene algún remedio. Entremos juntos en la realidad.

     Hace unos días nos ¿sorprendíamos? una vez más con un hecho de violencia protagonizada por jóvenes argentinos hacia un adulto argentino que viajaba en su auto por una calle del Gran Buenos Aires.

     Podría haber sido en nuestra Capital, o en una rotonda europea o en la pendiente selvática en un morro de una favela carioca. El mundo anida violencia. Un caso entre miles.

     Violencia, en una de sus acepciones, para la Real Academia Española significa “una acción contra el natural modo de proceder”. Acción protagonizada por el hombre en ejercicio de su voluntad. Y pregunto: ¿qué se espera de un joven frente a un adulto en una calle, de una ciudad, de un país, de un continente de este mundo? ¿Cuál sería una actitud natural al proceder? Cualquiera menos la violencia. Indiferencia o desprecio, en el peor de los casos; cordialidad y bienvenida en el mejor de ellos.

     Pero, como líquido que se amolda a las situaciones y sin reparos éticos ante los sanos modos de convivencia social, la violencia se adueña, genera sucesos, induce, y hasta pareciera panacea —como oasis que calma la sed de algunas angustias humanas— ante desgracias colectivas que no plantean un horizonte claro y posible de solución.

     Jesús también vivió en tiempos violentos en los que el poder se ejercía por la dominación de los más débiles. Altos tributos, pobreza y esclavitud, hambrunas y guerras. Ésas fueron algunas de las coordenadas de esa historia que caminó Jesús por las polvorientas calles de Jerusalén. Calles en las que conoció amigos, miró a los ojos a sus enemigos, se cruzó con la vida y con la muerte. Calles que fueron cielo en su amparo y también suelo en su calvario.

     Hoy nuestras calles no difieren mucho de aquellas en las que podemos ver rostros amables y de los otros. ¿Cómo transmitir, con posibilidades y no solamente con probabilidades, que la convivencia social en paz es un horizonte a alcanzar?

     Situaciones de violencia en las calles nos ponen frente a jóvenes que atacan a un “otro” desde su no-educación, su no-familia, su no-contención social, su no-salud, su no… sí, su no-amor. Todas las repuestas sociológicas y psicológicas no pueden pasar por alto esta verdad y necesidad tan fundamental para el desarrollo sano de la personalidad.

     Hay cosas que no se transforman por decretos y con leyes, sino con la capacidad de apuesta como sociedad a algunos síes. Y en lugar de esa violencia incorporada que se ha hecho callo y no nos sorprende, se puede presentar ante los niños y jóvenes una amistad social desde las instituciones, generando familia, trabajo digno, escuela para todos.

     Una mirada diferente frente a los otros que excluya la competencia instintiva y malsana: mi próximo no es mi enemigo porque tiene más cosas materiales que yo, es mi prójimo porque está cerca y quizás me necesita. Pero esta manera de mirar, que seguramente lleva a una manera de proceder, necesita de un andamiaje social que sostenga y contenga al niño y al joven en el seno de un grupo de adultos referentes que son su familia incluida: sí, incluida y no invisible, descartable y sobrante.

     “No hay camino para la paz, la paz es el camino”, dijo Mahatma Gandhi, un hombre de paz en tiempos violentos no demasiado lejanos. Y si miramos nuevamente hacia Jesús añadiría que es tiempo de dar testimonios de paz. Su mensaje y su gestualidad eran inclusivos, sin prejuicios ni distinciones, en tiempos también violentos.

     —¿Quién es mi prójimo? —le preguntó un maestro de la ley a Jesús.
     —Quien tiene compasión del caído —contestó Jesús en el relato evangélico de Lucas, el del buen samaritano.

     Estamos a las puertas de tiempos de recuperación de la confianza y de darnos la oportunidad de extender una mano.

     Trabajar para la paz no constituye una entelequia en un universo de fantasía. La paz puede ser hoy. Estar hoy. Y cambiar historias líquidas en historias sólidas. Sólidas de compromiso conmigo mismo, con los otros, con los afectos más profundos que nos pueden seguir distinguiendo como argentinos. Compromisos que asumamos nosotros, los adultos en situación de decisión y acción, para poder encontrarnos con los ojos puros de los niños y los esperanzados de los jóvenes, y sostener las miradas no sólo desde lo discursivo sino desde lo tangiblemente real.

     Nunca sobrarán las flores. Nunca habrá demasiadas estrellas. Nunca será excesivo el abrazo que le extendamos a un niño, a un adolescente, a otro ser humano. (¡Gracias, Madre Teresa!).+


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Domingo, 22 de noviembre de 2009

El Episcopado agradeció a Dios el tratado que selló la paz con Chile.
Buenos Aires, 11 Nov. 09
(AICA)  

25 años del Tratado de Paz y Amistadentre la Argentina y Chile

“Los argentinos y chilenos nunca agradeceremos suficientemente a Dios haber evitado la demencia de la guerra y mantenido el don de la paz. Puede ser que todavía no hayamos medido de manera cabal el abismo en el cual estuvimos a punto de caer. E incluso que no hayamos valorado en plenitud los amplios campos que se han abierto para la cooperación e integración de nuestros pueblos, y cuánto podemos aún beneficiarnos”, dicen los obispos que participan de la 98ª asamblea plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina, en una declaración con ocasión de los 25 años del Tratado de Paz y Amistadentre la Argentina y Chile.

     Asimismo, piden que, en vísperas del bicentenario patrio, los principios que dieron origen al Tratado de Paz y Amistad entre la Argentina y Chile, que dispone “la obligación de solucionar siempre todas sus controversias por medios pacíficos”, sean “inspiradores también en el presente para la conducta de los ciudadanos y de los diversos sectores sociales, y para las políticas que han de adoptar las autoridades a fin de cohesionar y pacificar al pueblo argentino, y celebrar con verdadera alegría el próximo jubileo de la Patria”.

Texto de la declaración

     1. El próximo 29 de noviembre se cumplen 25 años de la fecha en que los representantes de los Gobiernos de la Argentina y Chile firmaron en el Vaticano el Tratado de Paz y Amistad entre nuestras dos Naciones.
     Por ello queremos dar gracias a Dios Nuestro Señor. Y, a la vez, recordar agradecidos la figura del Papa Juan Pablo II, quien, recién elegido para el ministerio del Supremo Pontificado de la Iglesia, tuvo la audacia de asumir la difícil tarea de Mediador que se le pedía, nombrando para ello al Cardenal Antonio Samoré.
     Junto con ellos, queremos hacer memoria de los obispos chilenos y argentinos que nos precedieron, en especial del Cardenal Raúl Francisco Primatesta, los cuales, valorando el inestimable bien de la Paz, lograron con santa obstinación abrir el único camino que quedaba para preservarla: la mediación del Papa.

     2. Los argentinos y chilenos nunca agradeceremos suficientemente a Dios haber evitado la demencia de la guerra y mantenido el don de la paz. Puede ser que todavía no hayamos medido de manera cabal el abismo en el cual estuvimos a punto de caer. E incluso que no hayamos valorado en plenitud los amplios campos que se han abierto para la cooperación e integración de nuestros pueblos, y cuánto podemos aún beneficiarnos.

     3. Mirada a la distancia, la mediación de Juan Pablo II es mucho más que una acción pacificadora entre dos países litigantes iniciada hace más de treinta años, y concluida exitosamente hace veinticinco. Es una fuente perenne de inspiración de alta política internacional, que el Papa enunciaba en dos principios. El primero, buscar las coincidencias antes que las divergencias. Juan Pablo II lo expresaba así a las delegaciones argentina y chilena al comienzo de las conversaciones: “Convendría planear las negociaciones buscando en primer lugar, los puntos de convergencia entre las posiciones de ambas Partes; aunque la controversia aparezca bastante complicada, no debe ser imposible encontrar tales puntos”.
     El segundo principio, cooperar entre las naciones: “Considero también oportuno que reflexionéis sobre las posibilidades que vuestras Naciones, tienen de colaborar en toda una serie de actividades dentro e incluso fuera de la zona austral. Del desarrollo de esas actividades pueden derivarse ventajas indudables para el bienestar de ambos pueblos y también -¿por qué no?- para otras Naciones. Creo que el descubrimiento y la preparación consiguiente de amplios sectores de cooperación crearían condiciones favorables para la búsqueda y el hallazgo de la solución completa para las cuestiones más complicadas del diferendo: solución completa y definitiva a la que es menester llegar” (Discurso 27 septiembre 1979).

     4. En vísperas del Bicentenario 2010-2016, los principios que dieron origen al Tratado de Paz y Amistad entre la Argentina y Chile, que dispone “la obligación de solucionar siempre todas sus controversias por medios pacíficos”, son inspiradores también en el presente para la conducta de los ciudadanos y de los diversos sectores sociales, y para las políticas que han de adoptar las autoridades a fin de cohesionar y pacificar al pueblo argentino, y celebrar con verdadera alegría el próximo jubileo de la Patria.

     5. Hoy los Obispos argentinos peregrinamos al Santuario de Nuestra Señora de Luján, para agradecer el insigne beneficio del Tratado de Paz y Amistad entre la Argentina y Chile, y encomendar a Dios Nuestro Padre, por medio de la Santísima Virgen María, la Misión Continental que se realiza en nuestra Patria, y el Año Sacerdotal, en ocasión del 150 aniversario de la muerte del Santo Cura de Ars.

     Pedimos a nuestro pueblo que nos acompañe con su oración


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ZENIT publica el discurso pronunciado por Benedicto XVI al recibir el lunes, 10 de Noviembre de 2009, en el Vaticano a los participantes en el VI Congreso para la Pastoral de los Migrantes y Refugiados, con el tema : "Una respuesta pastoral al fenómeno migratorio en la era de la globalización. Cinco años después de la Intsrucción Erga migrantes caritas Christi".


Señores cardenales,
venerados Hermanos en el Episcopado y en el Sacerdocio,
queridos hermanos y hermanas

Estoy contento de acogeros al inicio del Congreso mundial de la pastoral para los migrantes e refugiados. Saludo en primer lugar al presidente de vuestro Consejo Pontificio, monseñor Antonio Maria Vegliò, y le agradezco por las cordiales expresiones con las que ha presentado este encuentro. Saludo al secretario, a los miembros, los consultores y los oficiales del Consejo Pontificio para la Pastoral de Migrantes e Itinerantes. Un deferente saludo dirijo al honorable Renato Schifani, Presidente del Senado de la República. Os saludo a todos vosotros aquí presentes. A cada uno va mi aprecio por el empeño y la solicitud con la que trabajáis en un ámbito social tan complejo y delicado, ofreciendo apoyo a quienes, por libre elección o por obligación, deja su país y emigra a otras naciones.

El tema del Congreso - "Una respuesta al fenómeno migratorio en la era de la globalización" - evidencia el particular contexto en el que se colocan las migraciones en nuestra época. De hecho, si el fenómeno migratorio es tan antiguo como la historia de la humanidad, éste no había tenido nunca un relieve tan grande por consistencia y por complejidad de problemáticas, como a día de hoy. Interesa ahora a casi todos los países del mundo y se inserta en el vasto proceso de la globalización. Mujeres, hombres, niños, jóvenes y ancianos, a millones afrontan los dramas de la emigración quizás por sobrevivir, más que para intentar mejorar condiciones de vida para sí mismos y para sus familiares. Se va haciendo cada vez más grande, de hecho, la distancia económica entre los países pobres y los industrializados. La crisis económica mundial, con el enorme crecimiento del paro, reduce la posibilidad de empleo y aumenta el número de aquellos que no consiguen encontrar siquiera un trabajo totalmente precario. Muchos se ven entonces obligados a abandonar sus propias tierras y sus comunidades de origen; están dispuestos a aceptar trabajos en condiciones nada conformes con la dignidad humana con una inserción difícil en las sociedades de acogida a causa de la diferencia de lengua, de cultura y de los ordenamientos sociales.

Las condiciones de los migrantes, y más aún la de los refugiados, trae a la mente, de cierta forma, las circunstancias del antiguo pueblo bíblico que, huyendo de la esclavitud de Egipto, con el sueño en el corazón de la tierra prometida, atravesó el Mar Rojo y, en lugar de llegar en seguida a la meta deseada tuvo que afrontar las asperezas del desierto. Hoy, muchos migrantes abandonan su país para huir a condiciones de vida humanamente inaceptables, pero sin encontrar, sin embargo, la acogida que esperaban. Frente a situaciones tan complejas, ¿cómo no pararse a reflexionar sobre las consecuencias de una sociedad basada fundamentalmente en el mero desarrollo material? En la Encíclica Caritas in veritate observaba que el verdadero desarrollo es solamente el integral, el que se interesa a todos los hombres y a todo el hombre.

El desarrollo auténtico reviste siempre un carácter solidario. En efecto, en una sociedad en vías de globalización, el bien común y el compromiso hacia él – observé también en la Caritas in veritate – no pueden no asumir las dimensiones de la entera familia humana, es decir, de la comunidad de los pueblos y de las naciones” (cfr n. 7). Al contrario, el mismo proceso de globalización, según subrayó oportunamente el Siervo de Dios Juan Pablo II, puede constituir una ocasión propicia para promover el desarrollo integral, pero sólo “si las diferencias culturales son acogidas como ocasiones de encuentro y de diálogo, y si el reparto desigual de los recursos mundiales provoca una conciencia de la necesaria solidaridad que debe unir a la familia humana” (Mensaje para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 1999, en: Insegnamenti XXII, 2, [1999], 988). De ahí se deduce que es necesario dar respuestas adecuadas a los grandes cambios sociales en curso, teniendo claro que no puede haber un desarrollo efectivo si no se favorece el encuentro entre los pueblos, el diálogo entre las culturas y el respeto de las legítimas diferencias.

En esta óptica, ¿por qué no considerar el actual fenómeno migratorio mundial como condición favorable para la comprensión entre los pueblos y la construcción de la paz y de un desarrollo que interese a cada nación? Precisamente esto quise recordar en el Mensaje para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado en el Año jubilar Paulino: las migraciones invitan a poner en claro la unidad de la familia humana, el valor de la acogida, de la hospitalidad y del amor por el prójimo. Esto debe traducirse en gestos cotidianos de coparticipación, de colaboración y de solicitud hacia los demás, especialmente hacia los necesitados. Para ser acogedores unos de otros – enseña san Pablo – los cristianos saben que tienen que estar disponibles a la escucha de la Palabra de Dios, que llama a imitar a Cristo y a permanecer unidos a Él. Sólo de esta forma podrán ser solícitos hacia el prójimo, y no ceder nunca a la tentación del desprecio y del rechazo de quien es distinto. Conformados a Cristo, cada hombre y cada mujer son vistos como hermanos y hermanas, hijos del mismo Padre. Semejante tesoro de fraternidad les hace más “premurosos en la hospitalidad”, hija primogénita del agapê (cfr Insegnamenti IV, 2 [2008], 176-180).

Queridos hermanos y hermanas, fieles a la enseñanza de Jesús cada comunidad cristiana no puede dejar de nutrir respeto y atención por todos los hombres, creados a imagen y semejanza de Dios y redimidos por la sangre de Cristo, aún más cuando se encuentran en dificultades. De ahí que la Iglesia invite a los fieles a abrir el corazón a los migrantes y a sus familias, sabiendo que éstos no son sólo un “problema”, sino que constituyen un “recurso” que hay que saber valorar oportunamente para el camino de la humanidad y para su desarrollo auténtico. A cada uno de vosotros renuevo mi agradecimiento por el servicio que hacéis a la Iglesia y a la sociedad, e invoco la materna protección de María sobre cada acción vuestra en favor de los migrantes y de los refugiados. Por mi parte os aseguro la oración, mientras os bendigo de buen grado a vosotros y a cuantos forman parte de la gran familia de los migrantes y los refugiados.

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


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ZENIT nos ofrece el mensaje del Papa a los obispos italianos, reunidos en su 60ª Asamblea General en Asís hasta el próximo 12 de noviembre, y que ha hecho pública hoy la Santa Sede.


Al Venerado Hermano
señor cardenal Angelo Bagnasco
presidente de la Conferencia Episcopal Italiana

Con ocasión de los trabajos de la 60a Asamblea General de la Conferencia Episcopal Italiana, me es particularmente grato enviarle mi afectuoso saludo a Usted, al secretario de la CEI y a todos los pastores de la Iglesia que está en Italia, reunidos en Asís, cuidad símbolo de esa vida cristiana llevada “según la forma” del Evangelio, encarnada en la existencia de san Francisco y santa Clara, que siguen ejerciendo en Italia y en el mundo una irresistible fascinación espiritual. Idealmente presente, expreso a todos mi cercanía espiritual, conociendo bien el celo con que vosotros, venerados y queridos Hermanos, actuáis cotidianamente al servicio de las comunidades confiadas a vuestros cuidados pastorales. En los viajes apostólicos que voy realizando a las diócesis italianas, como también en otras ocasiones que me ponen en contacto con la amada Iglesia que está en Italia, encuentro comunidades vivas, firmes en su unión con el Sucesor de Pedro y en la comunión recíproca. Por esto, "continuamente doy gracias por vosotros, recordándoos en mis oraciones" (Ef 1,16), junto a los presbíteros, vuestros primeros colaboradores en los trabajos apostólicos, junto con los diáconos, los religiosos y las religiosas y a los fieles laicos que comparten vuestra alegría y vuestra responsabilidad de testigos de Cristo en cada ámbito de la sociedad italiana. Estos encuentros periódicos – estoy seguro – alimentan vuestra recíproca cooperación indispensable para realizar el mandato, que distingue vuestra acción apostólica, de incrementar en el pueblo cristiano la fe, la esperanza y la caridad, de alimentar las relaciones con las demás comunidades religiosas y las autoridades civiles, de actuar por la presencia de la levadura del Evangelio en la cultura y en el tejido de la sociedad italiana, por la tutela de la vida humana, por la promoción de la paz y de la justicia y por la defensa de la creación. El intercambio y la fraternidad que caracterizan vuestros trabajos asamblearios dan fuerza y vivacidad al empeño común por la única Iglesia de Cristo y por el crecimiento del tejido humano de la sociedad.

Han transcurrido pocos meses desde nuestro encuentro con ocasión de la Asamblea General celebrada en mayo, durante cuyo transcurso se señaló en la educación la perspectiva de fondo de las orientaciones pastorales para la próxima década. La emergencia de la instancia educativa es un signo de los tiempos que exige a toda Italia poner la formación de las nuevas generaciones en el centro de la atención y del empeño de cada uno, según las respectivas responsabilidades y en el cuadro de una amplia convergencia de intenciones. Como recordaba en mi intervención del pasado 28 de mayo, la educación es “una exigencia constitutiva y permanente de la vida de la Iglesia” y se coloca en el corazón de su misión, dirigida a que cada persona pueda encontrar y seguir al Señor Jesús, Camino que conduce a la autenticidad del amor, Verdad que nos sale al encuentro y Vida del mundo. El desafío educativo atraviesa todos los sectores de la Iglesia y exige que se afronten con decisión las grandes cuestiones del tiempo contemporáneo: la relativa a la naturaleza del hombre y a su dignidad – elemento decisivo para una formación completa de la persona – y la “cuestión de Dios”, que parece de lo más urgente en nuestra época. Quisiera recordar, a propósito, lo que dije el pasado 24 de julio, durante la celebración de las Vísperas en la catedral de Aosta: “Si la relación fundamental – la relación con Dios – no es viva, no es vivida, tampoco las demás relaciones pueden encontrar su forma adecuada. Pero esto vale también para la sociedad, para la humanidad como tal. También aquí, si Dios falta, si se prescinde de Dios, si Dios está ausente, falta la brújula para mostrar el conjunto de todas las relaciones para encontrar el camino, la orientación adonde ir. ¡Dios! Debemos llevar otra vez a este mundo nuestro la realidad de Dios, darlo a conocer y hacerlo presente” (L’Osservatore Romano, 26 julio 2009)

Para que esto se realice es necesario que nosotros en primer lugar, queridos hermanos obispos, con todo nuestro ser, seamos adoración viviente, don que transforma el mundo y lo restituye a Dios. Este es el mensaje profundo del Año Sacerdotal, que constituye una ocasión extraordinaria para ir al corazón del ministerio ordenado, reconduciendo a la unidad, en cada sacerdote, la identidad y la misión. Estoy contento de ver cómo, en vuestras diócesis, este propuesta especial está generando no pocas iniciativas sobre todo de carácter espiritual y vocacional, y contribuya a iluminar el camino de santidad trazado en el tiempo por tantos obispos y presbíteros italianos. La historia de Italia, de hecho, es también la historia de una innumerable multitud de sacerdotes, que se inclinaron sobre las heridas de una humanidad extraviada y sufriente, haciendo de sí mismos una ofrenda de salvación. Espero que podáis recoger abundantes frutos de esta oración y meditación común sobre el don del sacerdocio, brotado del corazón de Cristo para la salvación del mundo.

Otro tema al que se dedicará amplio espacio en los trabajos de vuestra Asamblea es la “cuestión meridional”. Veinte años después de la publicación del documento "Desarrollo en la sociedad. Iglesia italiana y Mezzogiorno", advertís la necesidad de haceros voz y carga de las exigencias de un país que no crecerá si no es junto. En las tierras del sur la presencia de la Iglesia es germen de renovación personal y social, y de desarrollo integral. Que el Señor bendiga los esfuerzos de quienes trabajan, con la tenaz fuerza del bien, por la transformación de las conciencias y la defensa de la verdad del hombre y de la sociedad.

En el curso de vuestra Asamblea, además, se examinará la nueva edición italiana del Rito de exequias. Esta responde a la necesidad de conjugar la fidelidad al original latino con las adaptaciones oportunas a la situación nacional, haciendo tesoro de la experiencia madurada tras el Concilio Vaticano II, con atenta mirada al contexto distinto socio-cultural y a las exigencias de la nueva evangelización. El momento de las exequias constituye una importante ocasión para anunciar el Evangelio de la esperanza y manifestar la maternidad de la Iglesia. El Dios que “vendrá en la gloria para juzgar a vivos y muertos”, es Aquel que “enjugará las lágrimas de todos los ojos y ya no habrá luto, ni llanto, ni pesares” (Ap 21,4). En una cultura que tiende a eliminar el pensamiento de la muerte, cuando incuso no deja de exorcizarla reduciéndola a espectáculo o transformándola en un derecho, es deber de los creyentes proyectar sobre este misterio la luz de la revelación cristiana, seguros de que “el amor puede llegar hasta el más allá, que es posible un dar o recibir mutuo, en el que permanecemos unidos unos a los otros con vínculos de afecto” (Spe salvi, 48).

Señor cardenal y venerados Hermanos en el Episcopado, hace cincuenta años, al término del XVI Congreso Eucarístico Nacional y tras una extraordinaria Peregrinatio Mariae, los obispos italianos quisieron consagrar a Italia al Corazón Inmaculado de María. De este acto tan significativo y fecundo, renovaréis la memoria, confirmando el particularísimo lazo de afecto y devoción que une al pueblo italiano a la celestial Madre del Señor. De buen grado me uno a este recuerdo, confiando los trabajos de vuestra Asamblea, la Iglesia que está en Italia y la nación entera a la materna protección de la Virgen María, Reina de los Ángeles e imagen purísima de la Iglesia. Invoco su intercesión, con las de los santos Francisco y Clara de Asís, y de todos los santos y santas de la tierra italiana. Con estos sentimientos imparto de corazón a Usted, a los obispos, a sus colaboradores y a todos los presentes la Bendición Apostólica.

En el Vaticano, 4 noviembre 2009

BENEDICTUS PP. XVI

[Traducción del italiano por Inma Álvarez]


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Jesús, rey

Por el cardenal Lluís Martínez Sistach

BARCELONA, sábado, 21 de noviembre de 2009 (ZENIT.org).-Publicamos el mensaje que ha escrito el cardenal Lluís Martínez Sistach, arzobispo de Barcelona, sobre la solemnidad de Cristo Rey, que celebra la Iglesia este domingo.

* * *

 

         Pilato preguntó a Jesús: "¿Eres tú el rey de los judíos?" Él le respondió con esta afirmación: "Mi realeza no es de este mundo". Para todos los cristianos, Jesucristo se nos presenta como verdadero rey, pero de una manera original y diferente a como son los reyes de este mundo.

         Jesucristo llevó a cabo el misterio de la redención de los hombres y sometió a su poder a toda la creación. Dios quiso fundar todas las cosas en su Hijo amado. Pero, a la vez, nuestro creador confió a la humanidad la obra de la creación, como nos lo recuerda el libro del Génesis con estas palabras: "Creced, multiplicaos y dominad la tierra".

         Es verdad que los cristianos vivimos en una situación constante de tensión entre el más allá definitivo y el más acá fugaz, pero presente, actual, vivido ahora y aquí. La fe nos dice que hemos de orientar toda nuestra vida hacia las cosas de arriba, hacia aquel conjunto de realidades celestiales que Cristo ya posee plenamente. No obstante, a la vez, hemos de ser fieles al mundo que Dios nos ha confiado y es preciso que tengamos una prontitud diligente hacia la tierra, trabajándola con buen ánimo.

Sabemos que la salvación de Jesucristo no se identifica con la promoción humana. Pero no podemos olvidar estas palabras del Concilio Vaticano II: "Aunque el progreso terrenal ha de distinguirse cuidadosamente del crecimiento del reino de Cristo, con todo, porque puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa muchísimo al reino de Dios. El reino ya está presente en esta tierra, pero cuando el Señor vendrá entonces será consumado".

Es aquí en la tierra donde se deciden los destinos eternos y donde se prepara la tierra nueva y el cielo nuevo hacia el que caminamos. Así pues, hay que evitar el divorcio entre la fe que profesamos y la vida cotidiana y de presencia responsable y comprometida en el mundo.

La voluntad de Dios y la realeza de Cristo sobre la creación  sólo se van realizando progresivamente a medida que los hombres ponen las cosas creadas al servicio real de toda la humanidad. Estamos llamados a ser constructores del Reino con el anuncio de la buena nueva de la salvación y con la promoción de los valores de la verdad, de la libertad, de la justicia, de la solidaridad, de la dignidad humana y de la comunión fraterna.

Dios ha dado la tierra a todo el linaje humano para el mantenimiento de todos sus habitantes, sin excluir ni privilegiar a ninguno. Aquí se encuentra la raíz primera del destino universal de los bienes de la tierra. El mundo, por su gran fecundidad  y por su necesidad de satisfacer las necesidades del hombre, es el primer don de Dios, destinado al sostén de la vida humana.

El apóstol Pablo dice que "el reino de Dios es de justicia, paz y alegría en el Espíritu". Y San Cirilo de Alejandría nos dice que "sólo un corazón puro puede decir con seguridad. ‘Venga a nosotros tu Reino". Aquel que se mantiene puro en sus acciones, en sus pensamientos y en sus palabras, puede decir a Dios: "Venga a nosotros tu Reino".

Los cristianos hemos de distinguir entre el crecimiento del reino de Dios y el progreso de la cultura y de la sociedad en la que están comprometidos. Esta distinción no es una separación. La vocación del hombre a la vida eterna no suprime sino que refuerza su deber de poner en práctica las energías y los medios recibidos del Creador  para servir en este mundo a la justicia y a la paz.

Puede verse el mensaje del cardenal Lluís Martínez Sistach en http://www.h2onews.org


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Comentario a las lecturas del domingo de la Fiesta de Jesucristo Rey del Universo, publicado en Diario de A Visos el domingo 22 de Noviembre de 2009 bajo el epígrafe DOMINGO CRISTIANO. 

¿Un rey o un poeta?

Daniel Padilla

Tú lo dices, yo soy rey. Para eso he nacido y para eso he venido al mundo". La verdad, Señor, que oyéndote decir esas cosas, yen la situación en que las dijiste, uno se queda anonadado. Porque, reconstruyamos la escena.

Allá estaban los dos, frente a frente. Por un lado Pilatos, representante del poder constituido: el César de Roma. Procura­dor romano, argumento indiscutible de un pueblo guerrero y dominador. Por otro lado tú, autoproclamándote "rey de los judíos" -descendiente, sí, del reinado de David, una realeza venida a la nada-, pero añadiendo que "tu reino no es de este mundo", ya que, en realidad, no pasas de ser "el hijo del carpintero". Pila-tos, que simboliza el derecho y la fuerza, el poderío y la opresión. Y tú, "cordero que no bala al ser llevado al matadero", y que te propones reinar por la ley de "poner la otra mejilla".

Dime, Señor: ¿eres un rey, o un poeta? ¿Acaso un soñador de utopías, un alqui­mista de reinos fabricados con nubes y con imposibles? Porque la escena de hoy no es una escena suelta. Es el broche final de todo un mensaje proclamado. En efecto. Tú afirmaste que tu reino se tenía que parecer a "una red de pescar en la que caben toda clase de peces", a "un grano de mostaza que, siendo la semilla más pequeña, se convierte en el más grande de los arbustos", a "un banquete al que son llamados todos, hasta los más desheredados". Dijiste que, en tu reino, no debe existir otra ley que la del amor. Un amor que lo desmenuzaste bien clara­mente: "Dar de comer al hambriento, de beber al sediento, vestir al desnudo...". Un amor que llegue al perdón supremo -"setenta veces siete, Pedro"- y a la "no vio­lencia" -"mete tu espada en la vaina, Pedro, porque el que a espada mata, a espada muere"-. Un amor, en fin, cuya "mayor demostración consiste en dar la vida por los demás". Como tú estás a punto de hacerlo, Señor, ahora.

Esa es la descripción que hiciste de "tu reino". De verdad, no parece de este mundo. Pero tengo la impresión de que ninguno de los protagonistas de esta mañana te entendió. No lo hizo Pilatos, que es claro que no lo tomó en serio. Por eso, con mucha ironía, mandará poner sobre tu cruz aquella inscripción: "Jesús nazareno, rey de los judíos". No te enten­dieron los tuyos, los judíos que te entre­garon. Cayeron en la mayor contradic­ción: odiando como odiaban al pueblo invasor, antes que aceptar tu reino, pro­clamaron públicamente su adhesión al César: "Nosotros no tenemos más rey que el César". ¡Algo de verdad increíble!

Y acaso nosotros, los cristianos de todos los tiempos, tampoco te entendemos. Porque la verdad lisa y llana es que hemos solido andar basculando entre dos extre­mismos; unas veces "dando al César lo que es de Dios", y otras veces "dando a Dios lo que es del César". Sí. Ha habido épocas en que nos hemos hecho tan tem­poralistas y terrenos, tan mundanos y mundanizados, tan rendidos al poder, al dinero y a la fuerza, que convertimos el cristianismo en un "reino de este mundo". Otras veces, al revés, asustados por la civi­lización laica y secular que nos ha inva­dido, preferimos la huida y la evasión a lo "puramente espiritualista". Y no, amigos. "Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres son los gozos y las esperanzas de los discípulos de Cristo". Y si Dios, al encarnarse, entró en la historia de la Humanidad asumién­dola, el cristiano ha de seguir ese modo de "reinar".


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S?bado, 21 de noviembre de 2009

ZENIT Ofrecemos a continuación el texto de la declaración dada a conocer hoy por la Santa Sede, que ha hecho público el Consejo Pontificio para la Pastoral de Migrantes e Itinerantes, con motivo del Congreso sobre Migrantes y Refugiados que se está celebrando actualmente en el Vaticano.

Consejo Pontificio para la Pastoral de Migrantes e Itinerantes
Declaración del 10 de noviembre de 2009 
 

El Consejo Pontificio para la Pastoral de los Migrantes e Itinerantes, en la sesión inaugural de su VI Congreso Mundial sobre la Pastoral para los Migrantes y Refugiados, ayer 9 de noviembre, acogió ayer con particular interés la intervención en el aula del Presidente del Senado, honorable Giuseppe Schifani, que está en sintonía con la atención de la Iglesia al fenómeno migratorio y a sus implicaciones éticas y culturales.

En efecto, con su sola presencia, el migrante plantea a toda la sociedad un interrogante sobre su forma de ser, de auto-comprenderse y de relacionarse, con empeño del respeto mutuo, en la comunión de las diversidades.

En este contexto, el Santo Padre, en la Audiencia de ayer, reafirmó que “verdadero desarrollo es sólo el integral, el que implica a todo el hombre y a todos los hombres”. Por tanto, es urgente que la comunidad internacional, con todo esfuerzo, promueva el respeto de la dignidad de la persona humana, el deber de los Estados de buscar el bien común, con perspectiva del bien universal, y el principio de la solidaridad. Estos presupuestos requieren que se ayude a los migrantes y los miembros de sus familias, que se regularice a cuantos se encuentran en situación de precariedad y que se anime la participación de todos en los espacios de gestión social y civil. Esto se dice sobre todo en relación a las áreas donde los conflictos, las persecuciones, las catástrofes naturales y la búsqueda de mejores condiciones de vida desarraigan a las personas, empujándolas a la emigración, desde la cuenca del Mediterráneo hasta algunos países de África, desde el sur y el Centro Americanos en relación a los Norteamericanos, a Asia y al Oriente Medio.

Obviamente, debe reafirmarse la necesidad de la coherencia recíproca en la tutela de los derechos y en el correcto cumplimiento de los deberes, para una promoción auténtica de una sociedad donde se salvaguarden tanto las exigencias de la legalidad y la seguridad cuanto las de la acogida y la solidaridad. El camino a recorrer debe comprender la disponibilidad de los inmigrantes a observar la normativa de los Estados que los acogen, respetando sus tradiciones y su cultura, con un llamamiento a quienes les reciben a “reconocer en el otro no un transeúnte, sino un compañero de viaje, al que se debe una palabra sincera y de verdad” (On. G. Schifani).

+ Arzobispo Antonio Maria Vegliò

Presidente

[Traducción del italiano por Inma Álvarez]


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Washington (Estado Unidos), 10 Nov. 09 (AICA)  

Orden del Santo Sepulcro

El cardenal John Patrick Foley, Gran Maestre de la Orden Ecuestre del Santo Sepulcro de Jerusalén, pronunció una conferencia en Washington en la que explicó la importancia de Jerusalén y la función de la Orden. De ésta dijo que proporcionó apoyo a los cristianos que viven en Tierra Santa con más de 50 millones de dólares en menos de diez años, con lo cual contribuye a poner los cimientos para la paz en Tierra Santa.

     El cardenal destacó que la Orden del Santo Sepulcro aporta alrededor de los dos tercios de los fondos del Patriarcado de Rito Latino, que sostiene varias escuelas y hospitales, abiertos no sólo a los cristianos sino también a los musulmanes, a los judíos y a cualquier persona que los necesite.

     “Todo el mundo es bienvenido porque creemos que a través de la caridad, del verdadero amor a nuestros vecinos, se construirán el respeto y el entendimiento mutuo, y esos son los fundamentos para la paz”, señaló el cardenal Foley.

     La conferencia del cardenal fue patrocinada por la Fundación Cristiana Ecuménica Tierra Santa, una fundación que empezó como una colaboración entre un cristiano palestino estadounidense y un sacerdote de Jordania que ejercía su ministerio en Palestina. Ambos creían que los cristianos de los Estados Unidos llegarían a ayudar a los cristianos de Tierra Santa sólo si eran conscientes de su situación. De hecho, explicó el cardenal Foley, el mayor porcentaje de caballeros y damas de la Orden viene de los Estados Unidos. 

Lo más trágico y humillante que he visto

     El cardenal Foley destacó también algunos de los obstáculos que están enfrentando los fieles en Tierra Santa. “Me encontré con padres y madres que no pueden encontrar trabajo porque no pueden estar seguros de que serán capaces de viajar desde sus hogares hasta su potencial lugar de trabajo”, dijo.

     “Cada día tienen que atravesar controles y nunca tienen la seguridad de que los dejarán pasar -continuó-. Me encontré con estudiantes, deseosos de aprender, que no pueden asistir al colegio con regularidad”.

     “Visité casas en las que las familias acumulan el agua porque no pueden estar seguros de que cuando sus depósitos se vacíen vuelvan a rellenarse”, relató.

     “Visité el seminario católico durante las vacaciones de Navidad del año pasado y fue a la vez triste y alentador ver que muchos seminaristas no habían ido a sus casas porque tenían miedo de no poder cruzar la frontera entre Jordania e Israel o pasar los controles para volver al seminario”, añadió.

     El cardenal Foley llamó al muro que separa Jerusalén y Belén “lo más trágico que he visto” y destacó que mantiene a los agricultores alejados de la tierra en la que sus familias permanecieron durante generaciones.

     “Es humillante y penoso”, dijo. “Agradezco la preocupación del gobierno israelí por la seguridad, y la respeto; pero muchas de esas medidas plantean graves cuestiones de derechos humanos que ellos se niegan a reconocer y abordar”.

     El cardenal señaló que los miembros de la Orden Ecuestre están llamados a ver en primera persona el sufrimiento de los cristianos de Tierra Santa, y a visitar no sólo los Santos Lugares para su propia edificación espiritual, sino también a los católicos y a otros cristianos que viven allí, a los que llamamos las “piedras vivas” porque ellos ofrecen un testimonio vivo de nuestra fe en la tierra en la que Nuestro Señor vivió y predicó, murió y resucitó de entre los muertos”.

     Y añadió: “Cuando leemos o vemos en las noticias, casi a diario, informaciones de la trágica lucha que se está llevando a cabo en la tierra que Nuestro Señor santificó con su santa presencia, nos afirmamos más en el propósito de que debemos continuar siendo instrumentos de su paz”.+


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Texto del micro radial de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, emitido por LT 9
(7 de noviembre de 2009)



CLAUSURA ANUAL DE LA MISIÓN ARQUIDIOCESANA  

Como el año pasado, para esta fecha, celebraremos la clausura anual de la Misión Arquidiocesana que, Dios mediante, continuará el próximo año. La Misión continúa, debe continuar les decía, porque en ella la Iglesia expresa su identidad y fidelidad al mandato de Jesucristo. La Iglesia existe para evangelizar. Hay tres notas que no pueden faltar en una comunidad cristiana, ellas son: la oración, la misión y la caridad, porque en ellas se expresa la vida y el mensaje de Jesucristo. Se acostumbra a decir que la Iglesia, en todas las expresiones de su vida, debe ser una comunidad orante, misionera y servidora. En estas notas se manifiesta y es reconocible en ella a Jesucristo. Cristo es quién nos ha enseñado a rezar, a ser misioneros y servidores.

Con este espíritu hemos iniciado nuestra Misión, que se fue concretando y enriqueciendo con el aporte de todas las comunidades de la Arquidiócesis. Hay hambre de Dios en nuestro pueblo, este clamor nos compromete, pero como decía san Pablo: “cómo van a invocar a Dios o creer en él si nadie se los predica, y como van a predicar si no son enviados” (cfr. Rom. 10, 14). Esta necesidad de nuestro pueblo, por una parte, como la exigencia de la fe de ser predicada me llevó, siguiendo el pedido de Aparecida, a proponer a todos los fieles y comunidades de nuestra Iglesia un camino de Misión permanente. Debo dar gracias a Dios por lo mucho que se ha hecho, tanto en las comunidades visitadas como en el fortalecimiento de la fe de los mismos misioneros, pero soy consciente, de lo mucho que aún nos falta.

La Misión no es una tarea proselitista, en el sentido de ganar adeptos para una causa, sino el testimonio de un mensaje que está dirigido a todos los hombres en su condición de hijos de Dios. El misionero debe ser testigo de lo que predica. En la Misión lo importante es la obra de Dios. Es el mismo Espíritu de Dios el que mueve el corazón del misionero y del que va a ser misionado. Por ello es siempre actual aquella frase de san Agustín, cuando decía: “antes de hablar a los hombres de Dios, hablar a Dios de los hombres”. La primera condición de la Misión es el respeto a la libertad, porque debe suscitar una fe libre y personal, no se trata, les decía, de un proselitismo que avasalla, por el contrario: “El mandato misionero exige invitar a la fe, sin coacción alguna, dando cabida a que surja en el corazón del hombre la respuesta libre que sólo puede provocar el Espíritu” (cfr. EN 78). La Misión es, por ello, también un camino de perfección cristiana, en primer lugar para el misionero. Qué triste cuando un cristiano o una comunidad pierden el entusiasmo por la misión, ellos se empobrecen. Mantener el espíritu misionero es un camino de santidad personal y un acto de caridad con nuestros hermanos.

Pidiendo a Dios que esta Misión Arquidiocesana continúe dando frutos en nuestra Iglesia, me permito invitarlos a acercarse a sus comunidades para vivir este llamado que nos hace el Señor. Reciban de su Obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición de Padre y amigo. 

Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz


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Card. Bergoglio: Hay que promover el encuentro del pueblo con Dios
Pilar (Buenos Aires), 10 Nov. 09 (
AICA)  

"A nosotros, pastores, se nos pide fomentar y custodiar este encuentro. Se nos pide ser hombres de oración y penitencia para que nuestro pueblo fiel pueda encontrarse con Dios; hombres de convocatoria con actitudes de humildad y servicio. Y hoy, al comenzar esta Asamblea, lo pedimos juntos unos por otros. Nuestro pueblo nos quiere pastores y dedicados a esta tarea de provocar y cuidar el encuentro con Dios y bien sabemos que, en este trabajo por el Reino, estamos asediados por tantas tentaciones de mundanidad", dijo el arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, cardenal Jorge Mario Bergoglio, en la misa de apertura de la 98ª Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina, que hasta el sábado se desarrolla en la casa de ejercicios El Cenáculo-La Montonera, de Pilar.

Temario
     Mañana, miércoles 11 de noviembre, los obispos se trasladarán a la basílica de Nuestra Señora de Luján, donde a las 17, celebrarán una misa en conmemoración del Año Sacerdotal, junto al corazón incorrupto de San Juan María Vianney, el Santo Cura de Ars, cuya reliquia peregrina por el país.

     Según el temario difundido por la Oficina de Prensa, el casi centenar de obispos abordará cuestiones referidas a la tarea del Equipo Nacional de Pastoral Aborigen (ENDEPA), que cumple 25 años; la evaluación de la puesta en práctica de la Misión Continental en las diócesis de la Argentina, programar la Campaña de Sostenimiento de la Iglesia, y preparar el Encuentro Nacional de Archivística Eclesiástica.

     Además se escucharán informes de las comisiones episcopales de Liturgia, Ministerios, Pastoral Social, Comunicación Social y Cáritas Argentina.

     Informes: oficinadeprensa@gmail.com .

Texto completo de la homilía 

     “El hombre me hizo volver a la entrada de la Casa, y vi que salía agua por debajo del umbral de la Casa, en dirección al oriente, porque la fachada de la Casa miraba hacia el oriente. El agua descendía por debajo del costado derecho de la Casa al sur del altar. Luego me sacó por el camino de la puerta septentrional, y me hizo dar la vuelta por un camino exterior, hasta la puerta exterior que miraba hacia el oriente. Allí vi que el agua fluía por el costado derecho. Entonces me dijo: ‘Estas aguas fluyen hacia el sector oriental, bajan hasta la estepa y van a desembocar en el Mar. Se las hace salir hasta el Mar, para que sus aguas sean saneadas. Hasta donde llegue el torrente, tendrán vida todos los seres vivientes que se mueven por el suelo y habrá peces en abundancia. Porque cuando esta agua llegue hasta el Mar, sus aguas quedarán saneadas, y habrá vida en todas partes adonde llegue el torrente. Al borde del torrente, sobre sus dos orillas, crecerán árboles frutales de todas las especies. No se marchitarán sus hojas ni se agotarán sus frutos, y todos los meses producirán nuevos frutos, porque el agua sale del Santuario. Sus frutos servirán de alimento y sus hojas de remedio”. (Ez. 47:1-2, 8-9,12)

     “Se acercaba la pascua de los judíos. Jesús subió a Jerusalén y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas y a los cambistas sentados en sus mesas. Hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del Templo, junto con sus ovejas y sus bueyes; desparramó las monedas de los cambistas, derribó sus mesas y dijo a los vendedores de palomas: “Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio”. Y sus discípulos recordaron las palabras de la Escritura: El celo de tu Casa me consumirá. Entonces los judíos le preguntaron: ¿Qué signo nos das para obrar así?” Jesús les respondió: “Destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar”. Los judíos le dijeron: “Han sido necesarios cuarenta y seis años para construir este Templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?”. Pero él se refería al templo de su cuerpo. Por eso, cuando Jesús resucitó, sus discípulos recordaron que él había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en la palabra que había pronunciado”. (Jn. 2: 13-22)

     1. La Iglesia, en esta conmemoración de la Catedral Primada, nos introduce en la contemplación del Templo como lugar de la presencia de Dios, fuente de bendiciones y fecundidad en la fe. En la primera lectura, utilizando la figura del agua que surge del Templo, nos habla de vida y de abundancia como efecto de la fuerza del Señor aceptada por su pueblo: “al borde del torrente, sobre sus orillas, crecerán árboles frutales de todas las especies. No se marchitarán sus hojas ni se agotarán sus frutos, y todos los meses producirán nuevos frutos, porque el agua sale del Santuario. Sus frutos servirán de alimento y sus hojas de remedio” (Ez. 47:12). El profeta Jeremías llamará bendito al hombre que confía en el Señor y en él tiene puesta su confianza (17: 7) y dirá de él que “es como un árbol plantado al borde de las aguas, que extiende sus raíces hacia la corriente; no teme cuando llega el calor y su follaje se mantiene frondoso; no se inquieta en un año de sequía y nunca deja de dar fruto” (17: 8). La misma bendición la encontramos en el Salmo 1 (v. 3) y está dirigida al “hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los impíos, sino que se complace en la ley del Señor y la medita de día y de noche” (vv. 1-2).

     2. La bendición nos refiere al hombre que se abre a Dios, que sólo se planta decididamente en el agua vivificante que sale del Templo, la aceptación de la ley, y la custodia en su corazón; al hombre que confía en el Señor y por ello es liberado de temor e inquietud en la canícula y la sequía; al hombre que no necesita reaseguros de otro tipo, alejados de Dios, que lo llevan a confiar en el hombre y buscar su apoyo en la carne. La Palabra de Dios nos dice, sencillamente, que al contrario del primer tipo de personas, estas otras son “malditas”. Bendición y maldición en referencia a la relación que tengamos con el Templo, como lugar de la presencia de Dios, como sitio del encuentro con Dios. Jesús va a decir que es “casa de oración” (Mt. 21:13), es decir casa de diálogo con Dios, casa de encuentro con el Señor.

     3. El camino del pueblo de Dios, en su relación con el Templo a lo largo de la historia, se ha movido entre estos dos polos de bendición y maldición. Los profetas denunciarán muchas veces el culto superficial y hasta supersticioso, gestos vacíos de rectitud de intención: “¿Qué me importa la multitud de sus sacrificios? Dice el Señor.” (Is. 1: 11) y se quejan de los malos sacerdotes que han bastardeado el servicio divino y profanado el Templo: “muchos pastores han arrasado mi viña, han pisoteado mi parcela” (Jer. 12:10). Es dura la palabra de Dios cuando describe la corrupción de sus sacerdotes en el servicio del Templo; los hijos de Elí son un ejemplo de tal estado de vida: “Los hijos de Elí eran unos canallas que no reconocían al Señor ni respetaban los deberes de los sacerdotes para con el pueblo” (1 Sam. 2: 12). Por el mal ministerio de ellos, el Templo del Señor se va profanando en toda clase de corruptelas que, en el fondo, constituyen idolatría. De ahí el llamado de la conciencia del israelita fiel para purificar el Templo, porque el Santuario estaba desolado, abandonado de la gloria del Señor.

     4. Jesús, en el pasaje que nos anuncia el evangelio de hoy, se hace cargo de toda esta tradición de purificación del Templo y la asume en un gesto definitivo y profético. No se trata sólo de palabras sino de hechos concretos y hasta diría artesanales: “hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del Templo, junto con sus ovejas y bueyes; desparramó las monedas de los cambistas, derribó sus mesas y dijo a los vendedores de palomas: Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio” (Jn. 2: 15-16). Con su gesto y sus palabras proclama que la Casa de su Padre es lugar de encuentro de Dios con su pueblo y la limpia de todo tipo de comercio material y espiritual. En otros momentos condenará, con el adjetivo de hipócritas, a los ministros que adulteran sofisticadamente la pureza de la casa de Dios. A ellos les echará en cara que “cargan pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo. Todo lo hacen para que los vean: agrandan las filacterias y alargan los flecos de sus mantos; les gusta ocupar los primeros puestos en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, ser saludados en las plazas y oírse llamar ‘mi maestro’ por la gente” (Mt. 23: 4-7). Les dirá claramente que son instrumento de desencuentro del pueblo con Dios porque “cierran a los hombres el Reino de los cielos. Ni entran Ustedes, ni dejan entrar a los que quisieran” (Mt. 23: 13); “que pagan el diezmo de la menta y del comino y descuidan lo esencial de la Ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad” (Mt. 23: 23). A latigazos Jesús los echa porque profanan el Templo e impiden, con su clerical hipocresía, el encuentro del pueblo con su Señor. No son hombres de Dios, sencillamente son mundanos.

     5. A nosotros, pastores, se nos pide fomentar y custodiar este encuentro. Se nos pide ser hombres de oración y penitencia para que nuestro pueblo fiel pueda encontrarse con Dios; hombres de convocatoria con actitudes de humildad y servicio. Y hoy, al comenzar esta Asamblea, lo pedimos juntos unos por otros. Nuestro pueblo nos quiere pastores y dedicados a esta tarea de provocar y cuidar el encuentro con Dios y bien sabemos que, en este trabajo por el Reino, estamos asediados por tantas tentaciones de mundanidad. Me estremece, cada vez que la leo, la autocrítica de San Gregorio Magno hablando del ministerio pastoral: “Hay otra cosa, en la vida de los pastores, que me aflige mucho; pero a fin de que lo que voy a decir no parezca injurioso para algunos, empiezo por acusarme a mí mismo de que, aun sin desearlo, he caído en este defecto, arrastrado por el ambiente de este calamitoso tiempo en que vivimos. Me refiero a que nos vemos como arrastrados a vivir de una manera mundana, buscando el honor del ministerio episcopal y abandonando, en cambio, las obligaciones de este ministerio. Descuidamos fácilmente el ministerio de la predicación y, para vergüenza nuestra, nos continuamos llamando obispos; nos place el prestigio que da este nombre pero, en cambio, no poseemos la virtud que este nombre exige. Así, contemplamos plácidamente como los que están bajo nuestro cuidado abandonan a Dios, y nosotros no decimos nada; se hunden en el pecado, y nosotros nada hacemos para darle la mano y sacarlos del abismo” (Homilía 17, 14; PL 76, 1146). Cuando leemos esto, si el sayo nos cabe, tratamos de arrepentirnos y deseamos que no haya cerca ninguna soga con la que Jesús pueda hacer un látigo. Si bien todos nos sabemos pecadores, estamos sinceramente deseosos de servir al Señor y a su santo pueblo fiel. Somos débiles pero queremos, todos los días, abrir nuestro corazón a la misericordia del Señor para servir mejor y ayudar al encuentro de Dios con su pueblo, para esforzarnos por mantener abiertas las puertas del Templo del que fluye el agua vivificante y salvadora.

     6. Aparecida nos pide que nos encontremos con Jesucristo Vivo y sirvamos a nuestro pueblo fiel en ese encuentro. Ésta ha de ser fundamentalmente nuestra conversión pastoral que nos lleva a alejar de nosotros actitudes caducas que impiden la entrada al Templo. Jesús nos llama a ser pastores de pueblo y, si se lo pedimos, nos librará de la tentación de convertirnos en mundanos, en clérigos de estado. Él camina con nosotros, entra al Templo con nosotros; en su compañía tenemos la certeza de que no nos va a echar. Y, junto a Él, está su madre. A ella le pedimos “que nos enseñe a salir de nosotros mismos en camino de sacrificio, amor y servicio, como lo hizo en la visitación a su prima Isabel, para que, peregrinos en el camino, cantemos las maravillas que Dios ha hecho en nosotros conforme a la promesa” (Aparecida 553). Que así sea.+


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ZENIT nos ofrece el mensaje del Papa Benedicto XVI al cardenal Stanisław Ryłko, presidente del Consejo Pontificio para los Laicos, con motivo del Seminario “Deporte, educación y fe: por una nueva etapa del movimiento deportivo católico” (Roma, 6 - 7 noviembre de 2009).

Al Venerato Fratello
Stanisław Card. RYŁKO
Presidente del Consejo Pontificio para los laicos

Con verdadero placer, le envío un cordial saludo a usted, al secretario, a los colaboradores del Consejo Pontificio para los Laicos, a los representantes de los organismos católicos que operan en el mundo del deporte, a los responsables de las asociaciones deportivas internacionales y nacionales y a todos aquellos que forman parte en el Seminario de estudio sobre el tema: “Deporte, educación y fe: por una nueva etapa del movimiento deportivo católico”, organizado por la Sección “Iglesia y deporte” de este Dicasterio.

El deporte posee un notable potencial educativo sobre todo en el ámbito juvenil y, por esto, tiene gran relevancia no sólo en el empleo del tiempo libre, sino también en la formación de la persona. El Concilio Vaticano II lo quiso nombrar entre los medios que pertenecen al patrimonio común de los hombres y que son adecuados para el perfeccionamiento moral y la formación humana (cfr Gravissimum Educationis, n. 4).

Si esto es verdad para la actividad deportiva en general, tanto más lo es para la que se desarrolla en los oratorios, en las escuelas y en las asociaciones deportivas, con el objetivo de asegurar una formación humana y cristiana a las nuevas generaciones. Como tuve forma de recordar recientemente, no debe olvidarse que “el deporte, practicado con pasión y vigilante sentido ético, especialmente para la juventud, se convierte en entrenamiento de la competitividad sana y de perfeccionamiento físico, escuela de formación en los valores humanos y espirituales, medio privilegiado de crecimiento personal y de contacto con la sociedad” (Discurso a los participantes de los Mundiales de Natación, 1 de agosto de 2009).

A través de las actividades deportivas, la comunidad eclesial contribuye a la formación de la juventud, proporcionando un ámbito adecuado a su crecimiento humano y espiritual. De hecho, cuando están dirigidas al desarrollo integral de la persona y las gestionan personal cualificado y competente, las iniciativas deportivas se revelan como ocasión propicia en la que sacerdotes, religiosos y laicos pueden convertirse en verdaderos y propios educadores y maestros de vida de los jóvenes. Por tanto es necesario que, en nuestra época – en la que se advierte la urgente exigencia de educar a las nuevas generaciones –, la Iglesia siga apoyando el deporte para los jóvenes, valorando plenamente también la actividad competitiva en sus aspectos positivos, como por ejemplo, en la capacidad para estimular la competitividad, el valor y la tenacidad en la persecución de los objetivos, evitando, sin embargo, toda tendencia que desnaturalice su misma naturaleza con el recurso a prácticas incluso dañosas al organismo, como sucede en el caso del doping. En una acción formativa coordinada, los dirigentes, los técnicos y los operadores católicos deben considerarse guías experimentados para los adolescentes, ayudándoles a desarrollar sus propias potencialidades competitivas sin descuidar las cualidades humanas y las virtudes cristianas que hacen a la persona completamente madura.

En esta perspectiva, encuentro muy útil que este tercer Seminario de la Sección “Iglesia y deporte” del Consejo Pontificio para los Laicos centre su atención sobre la misión específica y sobre la identidad católica de las asociaciones deportivas, de las escuelas y de los oratorios gestionados por la Iglesia. Auguro de corazón que éste ayude a aprovechar las muchas y preciosas oportunidades que el deporte puede ofrecer a la pastoral juvenil y, mientras auguro un encuentro fructífero, aseguro mi oración invocando sobre los participantes y sobre aquellos que están comprometidos en promover una sana actividad deportiva, de modo particular en las Instituciones católicas, la guía del Espíritu Santo y la protección materna de María. Con estos sentimientos, envío de corazón a todos mi Bendición Apostólica.

En el Vaticano, a 3 de noviembre de 2009

BENEDICTUS PP. XVI

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


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Viernes, 20 de noviembre de 2009

ZENIT nos ofrece el texto del discurso pronunciado el domingo, 9 de Noviembre de 2009, por el Papa durante la inauguración de la nueva sede del Instituto Pablo VI, en el Auditorio “Vittorio Montini” de Concesio, durante su visita pastoral a Brescia.

Señor cardenal,
venerados hermanos obispos y sacerdotes,
queridos amigos,

os agradezco cordialmente por haberme invitado a inaugurar la nueva sede del Instituto dedicado a Pablo VI, construida junto a su casa natal. Saludo a cada uno de vosotros con afecto, comenzando por los señores cardenales, los obispos, las Autoridades y las Personalidades presentes. Dirijo un saludo particular al presidente Giuseppe Camadini, agradecido por las corteses palabras que me ha dirigido, ilustrando los orígenes, el objetivo y las actividades del Instituto. Tomo parte con agrado a la solemne ceremonia del “Premio internacional Pablo VI”, concedido este año a la colección francesa "Sources Chrétiennes". Una elección dedicada al ámbito educativo, que pretende poner de relieve – como ha sido bien subrayado – el gran empeño de esta colección histórica, fundada en 1942, entre otros, por Henri De Lubac y Jean Daniélou, por un renovado descubrimiento de las fuentes cristianas antiguas y medievales. Agradezco al director Bernard Meunier por el saludo que me ha dirigido. Aprovecho esta ocasión propicia para animaros, queridos amigos, a sacar cada vez más a la luz la personalidad y la doctrina de este gran Pontífice, no tanto desde el punto de vista hagiográfico y celebrativo, sino más bien – y esto ha sido justamente subrayado – en el signo de la investigación científica, para ofrecer una aportación al conocimiento de la verdad y a la comprensión de la historia de la Iglesia y de los Pontífices del siglo XX. En la medida en que sea mejor conocido, el Siervo de Dios Pablo VI será cada vez más apreciado y amado. Me unió a él un vínculo de afecto y devoción desde los años del Concilio Vaticano II. ¿Cómo no recordar que en 1977 fue precisamente PabloVI quien me confió el cuidado pastoral de la diócesis de Münich, creándome cardenal? Siento que debo dar a este gran Pontífice mucha gratitud por la estima que manifestó hacia mí en varias ocasiones.

Me gustaría, en esta sede, profundizar diversos aspectos de su personalidad; sin embargo, limitaré mis consideraciones a un pasaje de su enseñanza, que me parece de gran actualidad y en sintonía con la motivación del Premio de este año, y es sobre su capacidad educativa. Vivimos en tiempos en los que se advierte una verdadera “emergencia educativa”. Formar a las jóvenes generaciones, de las que depende el futuro, nunca ha sido fácil, pero en este tiempo nuestro parece haberse vuelto aún más complejo. Lo saben bien los padres, los profesores, los sacerdotes y aquellos que detentan responsabilidades educativas. Se están difundiendo una atmósfera, una mentalidad y una forma de cultura que llevan a dudar del valor de la persona, del significado de la verdad y del bien, en último término, de la bondad de la vida. Y sin embargo se advierte con fuerza una difusa sed de certezas y de valores. Es necesario entonces transmitir a las futuras generaciones algo válido, reglas sólidas de comportamiento, indicar objetivos altos hacia los que orientar con decisión la propia existencia. Aumenta la demanda de una educación capaz de hacerse cargo de las esperanzas de la juventud; una educación que sea ante todo testimonio y, para el educador cristiano, testimonio de fe.

Me viene a la mente, a propósito, esta incisiva frase programática de Giovanni Battista Montini escrita en 1931: "Quiero que mi vida sea un testimonio a la verdad... Entiendo por testimonio la custodia, la búsqueda, la profesión de la verdad" (Spiritus veritatis, en Colloqui religiosi, Brescia 1981, p. 81). Este testimonio - anotaba Montini en 1933 – se hizo urgente por la constatación de que “en el campo profano, los hombres de pensamiento, quizás especialmente en Italia, no piensan nada de Cristo. Él es un ignorado, un olvidado, un ausente, en gran parte de la cultura contemporánea" (Introduzione allo studio di Cristo, Roma 1933, p. 23). El educador Montini, estudiante y sacerdote, obispo y Papa, advirtió siempre la necesidad de una presencia cristiana cualificada en el mundo de la cultura, del arte y de lo social, una presencia enraizada en la verdad de Cristo y, al mismo tiempo, atenta al hombre y a sus exigencias vitales.

He ahí el porqué de la atención al problema educativo, la formación de los jóvenes, constituye una constante en el pensamiento y en la acción de Montini, atención que le deriva también del ambiente familiar. Él nació en una familia perteneciente al catolicismo bresciano de la época, comprometido y ferviente en obras, y creció en la escuela del padre Giorgio, protagonista de importantes batallas por la afirmación de la libertad de los católicos en la educación. En uno de sus primeros escritos dedicados a la escuela italiana, Giovanni Battista Montini observaba: "No pedimos otra cosa que un poco de libertad para educar como queremos a esa juventud que viene al cristianismo atraída por la belleza de su fe y de sus tradiciones” (Per la nostra scuola: un libro del prof. Gentile, en Scritti giovanili, Brescia 1979, p. 73). Montini fue un sacerdote de gran fe y de amplia cultura, un guía de almas, un agudo indagador del "drama de la existencia humana". Generaciones de jóvenes universitarios encontraron en él, como asistente de la FUCI, un punto de referencia, un formador de conciencias, capaz de entusiasmar, de recordar el deber de ser testigos en cada momento de la vida, haciendo trasparentar la belleza de la existencia cristiana. Oyéndole hablar – atestiguan los estudiantes de entonces – se percibía el fuego interior que animaba sus palabras, en contraste con un físico que parecía frágil.

Uno de los fundamentos de la propuesta formativa de los círculos universitarios de la FUCI guiados por él consistía en tender a la unidad espiritual de la personalidad de los jóvenes: “no compartimentos estancos separados del alma – decía – cultura por una parte y fe por la otra; escuela de un lado, Iglesia del otro. La doctrina, como la vida, es única” (Idee=Forze, en Studium 24 [1928], p. 343). En otras palabras, para Montini eran esenciales la plena armonía y la integración entre la dimensión cultural y religiosa de la formación, con particular acento sobre el conocimiento de la doctrina cristiana, sus consecuencias prácticas en la vida. Precismaente por esto, desde el principio de su actividad, en el círculo romano de la FUCI, junto con un serio empeño espiritual e intelectual, promovió para los universitarios iniciativas caritativas al servicio de los pobres, con la conferencia de San Vicente. No separaba nunca la que después definirá como “caridad intelectual”, de la presencia social, del hacerse cargo de las necesidades de los últimos. De esta forma, los estudiantes eran educados a descubrir la continuidad entre el riguroso deber del estudio y las misiones concretas entre los chabolistas. “creemos – escribía – que el católico no es el atormentado por cien mil problemas sea incluso de orden espiritual... ¡No! El católico es el que tiene la fecundidad de la seguridad. Y es así que, fiel a su fe, puede mirar al mundo no como un abismo de perdición, sino como un campo de mies" (La distanza dal mondo, en Azione Fucina, 10 febrero 1929, p. 1).

Giovanni Battista Montini insistía en la formación de los jóvenes, para hacerles capaces de entrar en relación con la modernidad, una relación, esta, difícil y a menudo crítica, pero siempre constructiva y dialógica. De la cultura moderna subrayaba algunas características negativas, tanto en el campo del conocimiento como en el de la acción, como el subjetivismo, el individualismo y la afirmación ilimitada del sujeto. Al mismo tiempo, sin embargo, consideraba necesario el diálogo a partir siempre de una sólida formación doctrinal, cuyo principio unificador era la fe en Cristo; una “conciencia” cristiana madura, capaz por tanto de una confrontación con todos, pero sin ceder a las modas del tiempo. Como Pontífice, a los Rectores y directores de las Universidades de la Compañía de Jesús les dijo que “el mimetismo doctrinal y moral no es ciertamente conforme al espíritu del Evangelio". "Por lo demás aquellos que no comparten las posiciones de la Iglesia – añadió – nos piden extrema claridad de posiciones, para poder establecer un diálogo constructivo y leal”. Y por tanto el pluralismo cultural y el respeto no deben “nunca hacer perder de vista al cristiano su deber de servir a la verdad en la caridad, de seguir esa verdad de Cristo que, por sí sola, da lla verdadera libertad” (cfr Insegnamenti XIII, [1975], 817).

Para el Papa Montini el joven debe ser educado a juzgar el ambiente en el que vive y actúa, a considerarse como persona y no un número en la masa: en una palabra, se le debe ayudar a tener un “pensamiento fuerte”, capaz de una “actuación fuerte”, evitando el peligro, que a veces se corre, de anteponer la acción al pensamiento y de hacer de la experiencia la fuente de la verdad. Afirmó a propósito: “la acción no puede ser luz de sí misma. Si no quiere inclinar al hombre a pensar como actúa, es necesario educarlo a actuar como piensa. También en el mundo cristiano, donde el amor, la caridad tiene importancia suprema, decisiva, no se puede prescindir de la luz de la verdad, que presenta al amor sus fines y sus motivos” (Insegnamenti II, [1964], 194).

Queridos amigos, los años de la FUCI, difíciles por el contexto político de Italia, pero entusiasmantes para aquellos jóvenes que reconocieron en el Siervo de Dios un guía y un educador, quedaron impresos en la personalidad de Pablo VI. En él, arzobispo de Milán y después Sucesor del apóstol Pedro, nunca disminuyeron el anhelo y la preocupación por el tema de la educación. Lo atestiguan sus numerosas intervenciones dedicadas a las nuevas generaciones, en aquellos momentos borrascosos y llenos de problemas, como el 68. Con valor, indicó el camino del encuentro con Cristo como experiencia educativa liberadora y única respuesta a los deseos y las aspiraciones de los jóvenes, convertidos en víctimas de la ideología. “Vosotros jóvenes de hoy – repetía – estáis embrujados por un conformismo, que puede llegar a ser habitual, un conformismo que pliega inconscientemente vuestra libertad al dominio automático de corrientes externas de pensamiento, de opinión, de sentimiento, de acción, de moda: y después, llevados por un gregarismo que os da la impresión de ser fuertes, os convertís de vez en cuando en rebeldes en grupo, en masa, a menudo sin saber por qué". "Pero después – notaba una vez más – si adquirís conciencia de Cristo, y os adherís a él... sucede que llegaréis a ser interiormente libres… sabréis para qué y para quién vivís... Y al mismo tiempo, cosa maravillosa, sentiréis nacer en vosotros la ciencia de la amistad, de la socialidad, del amor. Ya no estaréis aislados” (Insegnamenti VI, [1968], 117-118).

Pbolo VI se definió a sí mismo "viejo amigo de los jóvenes": sabía reconocer y compartir su tormento cuando se debaten entre la voluntad de vivir, la necesidad de certeza, el anhelo del amor y el sentimiento de extravío, la tentación del escepticismo, la experiencia de la desilusión. Había aprendido a comprender su alma y recordaba que la indiferencia agnóstica del pensamiento actual, el pesimismo crítico, la ideología materialista del progreso social no bastan al espíritu, abierto a bien distintos horizontes de verdad y de vida (cfr Insegnamenti XII, [1974], 642). Hoy, como entonces, surge en las nuevas generaciones una ineludible demanda de significado, una búsqueda de relaciones humanas auténticas. Decía: el hombre contemporáneo escucha más a gusto a los testigos que a los maestros, o si escucha a los maestros, lo hace porque son testigos" (Insegnamenti XIII, [1975], 1458-1459). Maestro de vida y testigo valiente de esperanza fue este venerado predecesor mío, no siempre comprendido, al contrario más de alguna vez opuesto y aislado por movimientos culturales entonces dominantes. Pero, sólido aunque físicamente frágil, condujo sin titubeos a la Iglesia; no perdió nunca la confianza en los jóvenes, renovándoles, y no sólo a ellos, la invitación a fiarse de Cristo y a seguirle en el camino del Evangelio.

Queridos amigos, una vez más gracias por haberme dado la oportunidad de respirar, aquí en su país natal y en estos lugares llenos de recuerdos de su familia y de su infancia, el clima en el que se formó el Siervo de Dios Pablo VI, el Papa del Concilio Vaticano II y del post Concilio. Aquí todo habla de la riqueza de su personalidad y de su vasta doctrina. Aquí hay también significativas memorias de otros pastores y protagonistas de la historia de la Iglesia del siglo pasado, como por ejemplo el cardenal Bevilacqua, el obispo Carlo Manziana, monseñor Pasquale Macchi, su fiel secretario particular, Padre Paolo Caresana. Auguro de corazón que el amor de este Papa por los jóvenes, el ánimo constante a confiarse a Jesucristo – invitación retomada por Juan Pablo II y que yo también quise renovar precisamente al principio de mi Pontificado – sea percibido por las nuevas generaciones. Por esto aseguro mi oración, mientras que os bendigo a todos vosotros aquí presentes, a vuestras familias, vuestro trabajo y las iniciativas del Instituto Pablo VI.

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:41  | Habla el Papa
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ZENIT publica las "Normas complementarias" a la constitución apostólica "Anglicanorum coetibus" que ha emanado la Congregación para la Doctrina de la Fe al hacer público el documento de Benedicto XVI.

Dependencia de la Santa Sede 

Artículo 1

Cada ordinariato depende de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Mantiene relaciones cercanas con los demás dicasterios romanos según sus competencias.

Relaciones con las conferencias episcopales y los obispos diocesanos

Artículo 2

§1. El ordinario da seguimiento a las directivas de las conferencias episcopales nacionales en la medida en que éstas son consistentes con las normas contenidas en la constitución apostólica "Anglicanorum coetibus".

§2. El ordinario es miembro de la respectiva conferencia episcopal.

Artículo 3

El ordinario, en el ejercicio de este oficio, debe mantener lazos cercanos de comunión con el obispo de la diócesis en la que el ordinariato está presente, para coordinar su actividad pastoral con el programa pastoral de la diócesis.

El ordinario

Artículo 4

§1. El ordinario debe ser un obispo o un presbítero designado por el Romano Pontífice ad nutum Sanctae Sedis, basado en una terna presentada por el Consejo de Gobierno. Se aplican a él los cánones 383-388, 392-394, y 396-398 del Código de Derecho Canónico.

§2. El ordinario tiene la facultad de incardinar en el ordinariato a ex ministros anglicanos que hayan entrado en la plena comunión con la Iglesia católica, así como a candidatos que pertenecen al ordinariato y son promovidos por él a las sagradas órdenes.

§3. Después de haber consultado con la conferencia episcopal, y habiendo obtenido el consentimiento del Consejo de Gobierno y la aprobación de la Santa Sede, el ordinario puede erigir, según las necesidades, decanatos territoriales supervisados por un delegado del ordinario que vela por los fieles de las distintas parroquias personales.

Los fieles del ordinariato

Artículo 5

§1. Los fieles laicos que originalmente eran de tradición anglicana y desean pertenecer al ordinariato, después de haber hecho su profesión de fe y recibido los sacramentos de iniciación, según contempla el canon 845, deben ser registrados en el pertinente registro del ordinariato. Aquellos que fueron previamente bautizados como católicos fuera del ordinariato, ordinariamente no son elegibles como miembros, a no ser que sean miembros de una familia que pertenezca al ordinariato.

§2. Los fieles laicos y los miembros de institutos de vida consagrada y sociedades de vida apostólica, cuando colaboran en actividades pastorales o caritativas, sean diocesanas o parroquiales, están sometidos al obispo diocesano o al párroco del lugar; por lo que en este caso, la potestad de estos últimos es ejercida en modo conjunto con la del ordinario y la del párroco del ordinariato.

El clero

Artículo 6

§1. Para admitir a los candidatos a las sagradas órdenes, el ordinario debe obtener el consentimiento del Consejo de Gobierno. En consideración de la tradición eclesial y práctica anglicanas, el ordinario puede presentar al Santo Padre un pedido para la admisión de hombres casados al presbiterado en el ordinariato, después de un proceso de discernimiento basado en criterios objetivos y en las necesidades del ordinariato. Estos criterios objetivos son determinados por el ordinario consultando a la conferencia episcopal local y deben ser aprobados por la Santa Sede.

§2. Aquellos que han sido previamente ordenados en la Iglesia católica y posteriormente se han hecho anglicanos, no pueden ejercer el ministerio sagrado en el ordinariato. Los clérigos anglicanos que están en situaciones matrimoniales irregulares no pueden ser aceptados a las sagradas órdenes en el ordinariato.

§3. Los presbíteros incardinados en el ordinariato reciben las facultades necesarias de parte del ordinario.

Artículo 7

§1. El ordinario debe asegurar que se retribuya al clero incardinado en el ordinariato la adecuada remuneración, y debe velar por sus necesidades en los casos de enfermedad, discapacidad y ancianidad.

§2. El ordinario podrá acordar con la conferencia episcopal los recursos y fondos disponibles para el cuidado del clero del ordinariato.

§3. Cuando sea necesario, los sacerdotes, con el permiso del ordinario, pueden ejercer una profesión secular compatible con el ejercicio del ministerio sacerdotal (cf. Código de Derecho Canónico -CIC, por sus siglas en latín--, canon 286). 

Artículo 8

§1. Los presbíteros que constituyen el presbiterio del ordinariato, son elegibles como miembros en el Consejo Presbiteral de la diócesis en la que ejercen la atención pastoral de los fieles del ordinariato (cf. CIC, canon 498, §2).

§2. Los sacerdotes y los diáconos incardinados en el ordinariato pueden ser miembros del Consejo Pastoral de la diócesis en la que ejercen su ministerio, de acuerdo con la forma determinada por el obispo diocesano (cf. CIC, canon 512, §1).

Artículo 9

§1. Los clérigos incardinados en el ordinariato deben estar disponibles para asistir a la diócesis en la que tienen domicilio o semi-domicilio cuando se considere apropiado para el cuidado pastoral de los fieles. En estos casos, están sometidos al obispo diocesano en lo que pertenece al cargo pastoral u oficio que reciben.

§2. Donde y cuando se considere apropiado, los clérigos incardinados en una diócesis o en un instituto de vida consagrada o sociedad de vida apostólica, con el consentimiento escrito de sus respectivos obispos diocesanos o sus superiores, pueden colaborar en el trabajo pastoral del ordinariato. En tal caso, están sometidos al ordinario en lo que pertenece al cargo pastoral u oficio que reciben.

§3. En los casos tratados en los parágrafos precedentes, debe darse un acuerdo escrito entre el ordinario y el obispo diocesano o el superior del instituto de vida consagrada o el moderador de la sociedad de vida apostólica, en el que queden claramente establecidos los términos de la colaboración y todo lo que se refiere a los medios de mantenimiento

Artículo 10

§1. La formación del clero del ordinariato debe cumplir dos objetivos: 1) una formación conjunta con los seminaristas diocesanos de acuerdo con las circunstancias locales; 2) una formación, en plena armonía con la tradición católica, en aquellos aspectos del patrimonio anglicano que son de un valor particular.

§2. Los candidatos para la ordenación sacerdotal recibirán su formación teológica con otros seminaristas en un seminario o facultad de teología en conformidad con un acuerdo entre el ordinario y, respectivamente, el obispo diocesano o los obispos en cuestión. Los candidatos pueden recibir otros aspectos de la formación sacerdotal según un programa específico del mismo seminario o en una casa de formación establecida, con el consentimiento del Consejo de Gobierno, expresamente con el propósito de transmitir el patrimonio anglicano.

§3. El ordinariato debe tener su proprio programa de formación sacerdotal, aprobado por la Santa Sede; cada casa de formación debe preparar su propia regla, aprobada por el ordinario (cf. CIC, canon 242, §1).

§4. El ordinario puede aceptar como seminaristas sólo a aquellos que pertenecen a una parroquia personal del ordinariato o a quienes fueron previamente anglicanos y han establecido plena comunión con la Iglesia católica.

§5. El ordinariato vela por la continuada formación de su clero, por medio de su participación en los programas locales provistos por la Conferencia Episcopal y el obispo diocesano.

Antiguos obispos anglicanos

Artículo 11

§1. Un antiguo obispo anglicano casado es elegible para ser designado ordinario. En tal caso, debe ser ordenado sacerdote en la Iglesia católica y luego ejercer el ministerio pastoral y sacramental dentro del ordinariato con plena autoridad jurisdiccional.

§2. Un antiguo obispo anglicano que pertenezca al ordinariato puede ser convocado para asistir al ordinario en la administración del ordinariato.

§3. Un antiguo obispo anglicano que pertenezca al ordinariato puede ser invitado a participar en las reuniones de la conferencia episcopal del respectivo territorio, con el status equivalente al de un obispo retirado.

§4. Un antiguo obispo anglicano que pertenezca al ordinariato y que no ha sido ordenado como obispo en la Iglesia católica, puede pedir permiso a la Santa Sede para usar la insignia del oficio episcopal.

El Consejo de Gobierno

Artículo 12

§ 1. El Consejo de Gobierno, de acuerdo con los estatutos aprobados por el ordinario, tiene los derechos y las competencias que, según el Código de Derecho Canónico, son propios del Consejo Presbiteral y del Colegio de Consultores.

§ 2. Además de tales competencias, el ordinario necesita del consentimiento del Consejo de Gobierno para:

a. admitir a un candidato a las sagradas órdenes;
b. erigir o suprimir una parroquia personal;
c. erigir o suprimir una casa de formación;
d. aprobar un programa formativo.

§ 3. El ordinario también consulta al Consejo de Gobierno en lo concerniente a las actividades pastorales del ordinariato y los principios inspiradores de la formación de los clérigos.

§ 4. El Consejo de Gobierno tiene voto deliberativo:

a. para formar la terna de nombres a enviar a la Santa Sede para el nombramiento del ordinario;
b. en la elaboración de las propuestas de cambio de las Normas Complementarias del ordinariato para presentar a la Santa Sede;
c. en la redacción de los estatutos del Consejo de Gobierno, de los estatutos del Consejo Pastoral y del reglamento de las casas de formación.

§ 5. El Consejo de Gobierno se regula según los estatutos del Consejo. La mitad de los miembros es elegida por los presbíteros del ordinariato.

El Consejo Pastoral

Artículo 13

§ 1. El Consejo Pastoral, instituido por el ordinario, ofrece consejo sobre la actividad pastoral del ordinariato.

§ 2. El Consejo Pastoral, presidido por el ordinario, está regido por los estatutos aprobados por el ordinario.

Las parroquias personales

Artículo 14

§ 1. El párroco puede ser asistido en la atención pastoral de la parroquia por un vicario parroquial, nombrado por el ordinario; en la parroquia, debe ser constituido un Consejo Pastoral y un Consejo para los Asuntos Económicos.

§ 2. Si no hay un vicario, en caso de ausencia, de impedimento o de muerte del párroco, el párroco del territorio en que se encuentra la iglesia de la parroquia personal puede ejercer, si es necesario, sus facultades de párroco de modo suplementario.

§ 3. Para la atención pastoral de los fieles que se encuentran en el territorio de la diócesis en la que no ha sido erigida una parroquia personal, tras escuchar el parecer del obispo diocesano, el ordinario puede proveer con una cuasi-parroquia (cf. CIC, canon 516, § 1).

El Sumo Pontífice Benedicto XVI, en la audiencia concedida al suscrito cardenal prefecto, ha aprobado las presentes "Normas complementarias" a la constitución apostólica "Anglicanorum coetibus", decidida por la sesión ordinaria de esta Congregación, y ha ordenado su publicación.

Roma, en la Sede la Congregación para la Doctrina de la Fe, el 4 de noviembre de 2009, memoria de San Carlos Borromeo.

Cardenal William Levada

Prefecto

+ Luis. F. Ladaria, S.I.

Arzobispo titular di Thibica

Secretario


ZENIT publica la constitución apostólica "Anglicanorum coetibus" de Benedicto XVI sobre la institución de ordinariatos personales para los anglicanos que ingresan en la plena comunión con la Iglesia católica.

 

CONSTITUCIÓN APOSTÓLICAANGLICANORUM COETIBUS
DEL SUMO PONTÍFICE BENEDICTO XVI

Sobre la institución de ordinariatos personales
para los anglicanos que ingresan en la plena comunión con la Iglesia católica 

En estos últimos tiempos el Espíritu Santo ha empujado a grupos de anglicanos a pedir en varias ocasiones e insistentemente ser recibidos, incluso corporativamente, en la plena comunión católica y esta Sede Apostólica ha acogido benévolamente su petición. El sucesor de Pedro de hecho, que tiene del Señor Jesús el mandato de garantizar la unidad del episcopado y de presidir y tutelar la comunión universal de todas las Iglesias [1], no puede dejar de predisponer los medios para que este santo deseo pueda ser realizado.

La Iglesia, pueblo reunido en la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo [2], fue de hecho instituida por nuestro Señor Jesucristo como "un sacramento o señal e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano" [3]. Toda división entre los bautizados en Jesucristo es una herida a lo que la Iglesia es y a aquello para lo que la Iglesia existe; de hecho, "abiertamente repugna a la voluntad de Cristo y es piedra de escándalo para el mundo y obstáculo para la causa de la difusión del Evangelio por todo el mundo" [4]. Precisamente por esto, antes de derramar su sangre por la salvación del mundo, el Señor Jesús rezó al Padre por la unidad de sus discípulos [5].

El Espíritu Santo, principio de unidad, constituye a la Iglesia como comunión [6]. Él es el principio de la unidad de los fieles en la enseñanza de los Apóstoles, en la fracción del pan y en la oración [7]. Con todo la Iglesia, por analogía con el misterio del Verbo encarnado, no es sólo una comunión invisible, espiritual, sino también visible [8]; de hecho, "la sociedad dotada de órganos jerárquicos, y el cuerpo místico de Cristo, reunión visible y comunidad espiritual, la Iglesia terrestre y la Iglesia dotada de bienes celestiales, no han de considerarse como dos cosas, porque forman una realidad compleja, constituida por un elemento humano y otro divino" [9] La comunión de los bautizados en la enseñanza de los Apóstoles y en la fracción del pan eucarístico se manifiesta visiblemente en los vínculos de la profesión de la integridad de la fe, de la celebración de todos los sacramentos instituidos por Cristo y del gobierno del Colegio de los obispos con su propia cabeza, el Romano Pontífice [10].

La única Iglesia de Cristo de hecho, que en el Símbolo profesamos una, santa, católica y apostólica, "permanece en la Iglesia católica, gobernada por el sucesor de Pedro y por los obispos en comunión con él, aunque pueden encontrarse fuera de ella muchos elementos de santificación y de verdad que, como dones propios de la Iglesia de Cristo, inducen hacia la unidad católica" [11].

A la luz de estos principios eclesiológicos, con esta constitución apostólica se ofrece una normativa general que regula la institución y la vida de los ordinariatos personales para aquellos fieles anglicanos que desean entrar corporativamente en plena comunión con la Iglesia católica. Esta normativa está complementada por las "Normas complementarias" emanadas por la Sede Apostólica.

I. § 1. Los ordinariatos personales para anglicanos que entran en la plena comunión con la Iglesia católica son erigidos por la Congregación para la Doctrina de la Fe dentro de los confines territoriales de una determinada conferencia episcopal, después de haber consultado a la misma conferencia.

§ 2. En el territorio de una conferencia de obispos, pueden ser erigidos uno o más ordinariatos, según las necesidades.

§ 3. Cada ordinariato ipso iure goza de personalidad jurídica pública; es jurídicamente equiparable a una diócesis [12].

§ 4. El ordinariato está formado por fieles laicos, clérigos y miembros de institutos de vida consagrada o de sociedades de vida apostólica, originariamente pertenecientes a la Comunión Anglicana y ahora en plena comunión con la Iglesia católica, o bien aquellos que reciben los sacramentos de la iniciación en la jurisdicción del ordinariato mismo.

§ 5. El Catecismo de la Iglesia Católica es la expresión auténtica de la fe católica profesada por los miembros del ordinariato.

II. El ordinariato personal se rige por las normas del derecho universal y de la presente constitución apostólica y está sujeto a la Congregación para la Doctrina de la Fe y a los demás dicasterios de la Curia Romana según sus competencias. Está también regido por las "Normas Complementarias" y otras eventuales normas específicas dadas para cada ordinariato.

III. Sin excluir las celebraciones litúrgicas según el Rito Romano, el ordinariato tiene la facultad de celebrar la Eucaristía y los otros sacramentos, la Liturgia de las Horas y las demás acciones litúrgicas, según los libros litúrgicos propios de la tradición anglicana aprobados por la Santa Sede, con el objetivo de mantener vivas en el interior de la Iglesia católica las tradiciones espirituales, litúrgicas y pastorales de la Comunión Anglicana, como don precioso para alimentar la fe de sus miembros y riqueza que debe ser compartida.

V. Un ordinariato personal se confía al cuidado pastoral de un ordinario nombrado por el Romano Pontífice.

V. La potestad (potestas) del ordinario es:

a. ordinaria: unida por el mismo derecho al oficio conferido por el Romano Pontífice, para el fuero interno y el fuero externo;
b. vicaria: ejercida en nombre del Romano Pontífice;
c. personal: ejercida sobre todos aquellos que pertenecen al ordinariato.

Ésta es ejercida de manera conjunta con la del obispo diocesano local en los casos previstos por las "Normas complementarias".

VI. § 1. Aquellos que han ejercido el ministerio de diáconos, presbíteros u obispos anglicanos, que responden a los requisitos establecidos por el derecho canónico [13] y no están impedidos por irregularidades u otros impedimentos [14], pueden ser aceptados por el ordinario como candidatos para las sagradas órdenes en la Iglesia católica. Para los ministros casados, se han de observar las normas de la encíclica de Pablo VI Sacerdotalis Coelibatus, n. 42, [15] y de la declaración In June [16]. Los ministros no casados deben atenerse a la norma del celibato clerical según el can. 277, § 1.

§2 El ordinario, en plena observancia de la disciplina del celibato clerical en la Iglesia latina, pro regula admitirá sólo a hombres célibes al orden del presbiterado. Podrá pedir al Romano Pontífice, como una derogación del canon 277, §1, admitir caso por caso al Orden Sagrado del presbiterado también a hombres casados, según los criterios objetivos aprobados por la Santa Sede.

§ 3. La incardinación de los clérigos estará regulada según las normas del derecho canónico.

§ 4. Los presbíteros incardinados en un ordinariato, que constituyen su presbiterio, deben cultivar también un vínculo de unidad con el presbiterio de la diócesis en cuyo territorio desarrollan su ministerio; deberán favorecer iniciativas y actividades pastorales y caritativas conjuntas, que podrán ser objeto de acuerdos estipulados entre el ordinario y el obispo diocesano local.

§ 5. Los candidatos a las sagradas órdenes en un ordinariato se formarán junto a los otros seminaristas, especialmente en los ámbitos doctrinal y pastoral. Para tener en cuenta las necesidades particulares de los seminaristas del ordinariato y de su formación en el patrimonio anglicano, el ordinario puede establecer programas para desarrollar en el seminario o también erigir casas de formación, unidas a facultades de teología ya existentes.

VII. El ordinario, con la aprobación de la Santa Sede, puede erigir nuevos institutos de vida consagrada y sociedades de vida apostólica y promover a los miembros a las sagradas órdenes, según las normas del derecho canónico. Institutos de vida consagrada provenientes del anglicanismo y ahora en plena comunión con la Iglesia católica, pueden ser sometidos a la jurisdicción del ordinario por mutuo acuerdo.

VIII. § 1. El ordinario, según la norma del derecho, después de haber oído el parecer del obispo diocesano del lugar, puede, con el consentimiento de la Santa Sede, erigir parroquias personales, para el cuidado pastoral de los fieles pertenecientes al ordinariato.

§ 2. Los párrocos del ordinariato gozan de todos los derechos y están sujetos a todas las obligaciones previstas en el Código de Derecho Canónico, que, en los casos establecidos en las "Normas complementarias", son ejercidos en mutua ayuda pastoral con los párrocos de la diócesis en cuyo territorio se encuentra la parroquia personal del ordinariato.

IX. Tanto los fieles laicos como los institutos de vida consagrada y las sociedades de vida apostólica, que provienen del anglicanismo y desean formar parte del ordinariato personal, deben manifestar esta voluntad por escrito.

X. § 1. El ordinario es asistido en su gobierno por un Consejo de Gobierno, regulado por estatutos aprobados por el ordinario y confirmados por la Santa Sede. [17]

§ 2. El Consejo de Gobierno, presidido por el ordinario, está compuesto por al menos seis sacerdotes y ejerce las funciones establecidas en el Código de Derecho Canónico para el Consejo Presbiteral y el Colegio de Consultores y aquellas especificadas en las "Normas complementarias".

§ 3. El ordinario debe constituir un Consejo para los Asuntos Económicos, según la norma del Código de Derecho Canónico y con las funciones establecidas por éste. [18]

§ 4. Para favorecer la consulta de los fieles, en el ordinariato debe ser constituido un Consejo Pastoral. [19]

XI. El ordinario debe ir a Roma cada cinco años para la visita ad limina Apostolorum y, a través de la Congregación para la Doctrina de la Fe, en comunicación también con la Congregación para los Obispos y la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, debe presentar al Romano Pontífice un informe sobre el estado del ordinariato.

XII. Para las causas judiciales, el tribunal competente es el de la diócesis en que tiene domicilio una de las partes, a no ser que el ordinariato haya constituido un tribunal propio, en cuyo caso el tribunal de segunda instancia será el designado por el ordinariato y aprobado por la Santa Sede.

XIII. El decreto que erigirá un ordinariato determinará el lugar de la sede del mismo ordinariato y, si lo considera oportuno, también su iglesia principal.

Queremos que estas disposiciones y normas nuestras sean válidas y eficaces ahora y en el futuro, no obstante, si fuese necesario, las constituciones y las ordenanzas apostólicas emanadas por nuestros predecesores, y toda otra prescripción, incluso las dignas de particular mención y derogación.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el 4 de noviembre de 2009, memoria de san Carlos Borromeo.

BENEDICTUS PP . XVI 


NOTAS

[1] Cf. Concilio Ecuménico Vaticano II, constitución dogmática Lumen gentium, 23; Congregación per la Doctrina de la Fe, Carta Communionis notio, 12; 13.
[2] Cf. Constitución dogmática. Lumen gentium, 4; Decr. Unitatis redintegratio, 2.
[3] Constitución dogmática Lumen gentium 1.
[4] Decreto Unitatis redintegratio, 1.
[5] Cf. Juan 17,20-21; decreto Unitatis redintegratio, 2.
[6] Cf. Constitución dogmática Lumen gentium, 13.
[7] Cf. Ibídem; At 2,42.
[8] Cf. Constitución dogmática Lumen gentium, 8; carta Communionis notio, 4.
[9] Constitución dogmática Lumen gentium, 8.
[10] Cf. Código de Derecho Canónico (CIC por sus siglas en latín), can. 205; constitución dogmática Lumen gentium, 13; 14; 21; 22; decreto Unitatis redintegratio, 2; 3; 4; 15; 20; decreto Christus Dominus, 4; decreto Ad gentes, 22.
[11] Constitución dogmática Lumen gentium, 8; decreto Unitatis redintegratio, 1; 3; 4; Congregación per la Doctrina de Fe, Declaración. Dominus Iesus, 16.
[12] Cf. Juan Pablo II, constitución apostólica Spirituali militum curae, 21 de abril de 1986, I § 1.
[13] Cf. CIC, cánones 1026-1032.
[14]  Cf. CIC, cánones 1040-1049.
[15]  Cf. Acta Apostolicae Sedis (AAS) 59 (1967) 674.
[16]  Cf. Congregación para la Doctrina de la Fe, declaración del 1 de abril de1981, en Enchiridion Vaticanum 7, 1213.
[17] Cf. CIC, cánones 495-502.
[18] Cf. CIC, cánones 492-494.
[19] Cf. CIC, canon 511. 

[Traducción de Inma Álvarez y Jesús Colina
© Librería Editrice Vaticana]


Santos de la Iglesia Maronita
Buenos Aires, 9 Nov. 09 (
AICA)  

Santos mártires maronitas

“La santidad de san Marón, reflejada en la vida de sus seguidores, forjó una espiritualidad profunda que marcó la comunidad maronita en toda su historia ensangrentada y dio origen a un número considerable de santos cuyas virtudes heroicas enriquecieron el tesoro espiritual de la Iglesia por nobles figuras y maestros de perfección”, dice monseñor Charbel Merhi, obispo de la Eparquía Maronita en la Argentina, en una comunicación dirigida a AICA en la que se refiere a los santos de la Iglesia maronita.

     Y junto con la nómina de santos maronitas, el prelado agrega: “Aparte de un número ilimitado de fieles, históricamente ignorados, que lucharon durante 16 siglos para conservar su fidelidad al Evangelio y a Roma, y sin contar los millares de mártires que derramaron su sangre para dar testimonio de su fe, la Iglesia maronita honra en los altares a muchos santos reconocidos, beatificados o canonizados por la Iglesia universal cuya memoria forma un tesoro espiritual invalorable”. 

Los santos maronitas

     San Marón, fundador y patrono de los maronitas, un cenobita de la Iglesia de Antioquía del siglo IV, cuya fiesta se celebra el 9 de febrero.

     Los 350 Mártires. En el año 517, los cristianos monofisitas que no aceptaron la fe católica definida en el Concilio Ecuménico de Calcedonia (451), mataron a 350 miembros del Convento de San Marón que son conocidos como “Mártires, discípulos de San Marón”. El papa Hermes IV reconoció su martirio y así quedó sellada la fe maronita con su sangre. Su fiesta se conmemora el 31 de julio.

     Santos Liminaus, Santiago, Marina, Domnina y Cora, todos discípulos de San Marón. Su fiesta se celebra el 17 de julio.

     San Juan Marón, monje del convento de san Marón, obispo de Batrun y del Monte Líbano, elegido y entronizado en el año 685 como primer patriarca de la Iglesia maronita y sexagésimo sucesor de San Pedro en la sede de Antioquía. Su fiesta el 2 de marzo.

     Los mártires Masabki: Francisco, Abdel Moti y Rafael Masabki, tres hermanos de sangre, llamados mártires de Damasco, que sufrieron el martirio junto a 10 franciscanos en la iglesia de los frailes de san Francisco en Damasco, el 10 de julio de 1864, a raíz de la masacre en 1860 de los cristianos del Líbano. Su fiesta, el domingo después del 10 de julio.

     San Charbel Majluf, monje ermitaño maronita libanés cuyos milagros suscitaron admiración. Canonizado el 9 de octubre de 1977 por Pablo VI. Murió el 24 de diciembre de 1898. Su fiesta es el tercer domingo de julio.

     Santa Rafka, monja de la Orden Libanesa Maronita, beatificada por Juan Pablo II el 17 de mayo de 1985 y canonizada el 10 de junio de 2001. Su fiesta se celebra el 23 de marzo.

     San Nemtala El-Hardini, monje libanés maronita, maestro espiritual y profesor de teología de San Charbel. Falleció en 1858 a los 50 años de edad. Fue beatificado por Juan Pablo II el 10 de mayo de 1998 y canonizado el 16 de mayo de 2004. Su fiesta se celebra el 14 de diciembre.+


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ZENIT publica el comentario al Evangelio de este domingo XXXIV del tiempo ordinario, (Juan 18, 33-37), redactado por monseñor Jesús Sanz Montes, ofm, obispo de Huesca y de Jaca.


El ciclo litúrgico se cierra con esta fiesta de Cristo Rey en la que se nos presenta el célebre diálogo entre Pilato y Jesús. Curiosa o irónicamente, el evangelista ha ido presentando el desenlace final de Jesús Rey casi describiendo el ceremonial de coronación de reyes en el Antiguo Testamento: entrada triunfal sobre una mula, aclamaciones populares, proclamación oficial por escrito, entronización, coronación, unción..., pero todo ello no en un modo apoteósico, sino de una manera humilde. Y un Rey así, hablará con uno de los poderosos sobre algo fundamental para Jesús, que era meramente banal y curioso para Pilato: la verdad.

Detrás de este diálogo encontramos la terrible soledad en la que muere el Señor: abandonado por cuantos le temían como peligroso rival de sus púlpitos o de sus tronos (los fariseos y Pilato); por quienes le depreciaban desencantados ante un Mesías demasiado poco pelelón y agresivo (zelotes); también por quienes le seguían y amaban sinceramente, pero que acabarán huyendo, escondiéndose o renegando (discípulos).

La Verdad de Jesús, la Verdad de Dios, también tenía una precio duro e incómodo: la soledad. Podía haber convocado una cumbre y recortar los presupuestos de su economía de salvación, negociando con todos o con algunos de sus “abandonantes”. Pero Jesús no quiso más que dar su vida por la obra del Padre Dios, de la cual vivió y por la cual se desvivió.

Así lo dice ante Pilato: “para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para ser testigo de la verdad”. No se trata de una verdad abstracta y especulativa, ajena del todo a los que en la vida diaria acontece, sino de una verdad que tiene rostro, que tiene voz, que genera verdadera esperanza y gusto por la vida. El Semblante y la Palabra del Padre Dios es lo que Jesús testimonia, lo que Él nos da como verdad, como camino, como vida. Su Verdad es nuestra verdad, y no la que a veces nos inventamos nosotros o la que nos empeñamos en decidir en nuestras urnas interesadas.

La verdad de la vida, la verdad del amor, la verdad de la justicia, la verdad de la paz, la verdad de Dios y la del hombre, tienen un único rostro, una única voz, un único nombre: Jesucristo. Quiera Él ayudarnos a sentar esta verdad en nuestro trono personal y colectivo, y a abrazarla con todas nuestras fuerzas aunque ello nos pudiera ocasionar una pequeña o una grande soledad por los dominadores que usan y abusan de sus mentiras para seguir a toda costa en su poltrona de codicia, de lujuria y de poder. Sólo la Verdad nos hace libres, sólo el reinado de Jesucristo nos permite desmontar toda esclavitud y vivir como hijos ante Dios y como hermanos ante los demás.


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Jueves, 19 de noviembre de 2009

Alocución televisiva de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata en el programa “Claves para un mundo mejor”. (AICA)
(7 de noviembre de 2009)
 


ANTE LA LEY DE NOCTURNIDAD RECREAR OTRA
CULTURA DE LA FIESTA
 

“En la Provincia de Buenos Aires se acaba de aprobar y promulgar una ley que ha dado en llamarse “Ley de Nocturnidad” que establece un límite a los horarios de apertura y cierre de los boliches nocturnos. En otras oportunidades hemos hablado ya sobre este tema”

“La medida es razonable y se quiere, de algún modo, controlar los desbordes que se producen continuamente, que ocurren no sólo porque se vende alcohol, porque pasan incluso cosas peores que el alcohol en exceso y porque el contexto que rodea a ese modo de diversión nocturna es un umbral de la violencia, del desorden”.

“En realidad esto intenta poner un cierto límite. Ha costado mucho sacar esta ley sobre todo por la pertinaz resistencia de los empresarios de la noche. No quiero volver a calificar a esa gente como ya lo he hecho también en otras oportunidades”.

“Pero esto no resuelve el problema. El problema es muy difícil porque tiene que ver con una situación cultural y espiritual que no es fácil de revertir”.

“¿A qué me refiero? Por empezar se trata de una especie de moda que se ha convertido prácticamente en manía de pasar toda la noche en vela en un boliche o en varios y comenzar esa jornada invertida –por llamarla así- ya muy tarde o muy temprano porque se trata de la madrugada”.

“Nosotros somos mamíferos superiores que seguimos un régimen solar de tal manera que la noche es para dormir y ahí está la cuestión clave”.

“Decía que es un problema cultural y espiritual porque hay que inducir otros modos de diversión. Me pregunto ¿qué queda del espíritu auténtico de la fiesta, del espíritu humano de la fiesta en ese tipo de diversión nocturna? Uno habla de diversión con esos bailes, con esos ruidos, con esas luces, donde no se puede verificar un verdadero contacto interpersonal, un verdadero diálogo”.

“Creo que hay que pensar el tema en sus raíces. ¿Qué es lo que lleva a esto?”.

“Nosotros hablamos de la responsabilidad de los dirigentes sociales, de la responsabilidad de los empresarios pero me parece que habría que apuntar a la responsabilidad de los padres de familia y de los educadores. ¿Cómo se ha creado esta mentalidad o esto que yo llamo una verdadera manía? ¿No es posible ofrecer alternativas de otro tipo diversión? ¿No puede comenzarse más temprano por ejemplo a las ocho y media para terminar en la medianoche? ¿Qué tiene de raro? ¿No se podrían divertir también a esa hora?”.

“Hay aquí algo que creo que tiene que ver con una especie de decadencia cultural y de vacío espiritual, porque me pregunto además ¿qué queda de la auténtica alegría en esos modos de diversión?”.

“A veces tengo que salir muy temprano un domingo a la mañana, por razones pastorales, y veo lo que son las calles de la Ciudad de La Plata y pienso que esto ocurre también en Buenos Aires y tantas otras ciudades argentinas. Uno ve gente que deambula como zombies, chicas tiradas en una esquina borrachas y en condiciones realmente infrahumanas. Eso es el despojo de una noche de diversión por no hablar, como dije antes, de los casos de violencia que surgen espontáneamente cuando la gente ya no está en sus cabales”.

“¿No es posible que padres, educadores, organizaciones sociales ofrezcan a los jóvenes de hoy modos alternativos de diversión? ¿No es posible recrear otra cultura de la fiesta? Yo creo que sí y hay que pensarlo bien. Hay que darse cuenta que por este camino no llegamos a una buena meta”.

“Pensemos en el futuro de estos muchachos y chicas que hoy se divierten de esta manera. Pensemos también como queda ajada prematuramente una juventud cuando la diversión no resulta impostada de un contexto verdaderamente humano y que tienda a elevar el corazón a las cosas más nobles”.

Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata


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A.C.A.: Es necesario tutelar el bien esencial del matrimonio
Buenos Aires, 9 Nov. 09 (
AICA)  

Acción Católica Argentina

Ante las iniciativas que se analizan en el Congreso de la Nación para la posible reforma del artículo 172 del Código Civil, que habilitaría a personas del mismo sexo a llamar "matrimonio" a su convivencia, la Acción Católica Argentina expresó su “desacuerdo” con ese posible cambio legal, al reiterar su convicción de que “no constituye un acto discriminatorio, si no la necesidad de tutelar un bien esencial de la sociedad como lo es el matrimonio”.

     Asimismo, exhorta a los diputados, que mañana analizarán los proyectos en comisión, a “ser consistentes en la defensa de la dignidad de la vida humana y de la institución familiar, a dejar de lado intereses coyunturales, a tener en cuenta las raíces culturales de nuestro pueblo, y los valores permanentes en que se fundamenta la construcción del Bien Común de la Nación”.


     La declaración del Consejo Nacional de la Acción Católica Argentina dice textualmente:

     El matrimonio como relación estable, se funda en el vínculo entre el hombre y la mujer, que en su diversidad se complementan para la ayuda mutua, así como para la transmisión y cuidado de la vida. Por lo tanto, no es un simple hecho privado o una opción religiosa, sino que el mismo se constituye en un bien para el desarrollo de las personas y la sociedad. Reconocer la heterosexualidad como requisito del matrimonio es partir de una realidad objetiva, que es su presupuesto”.

     Las modificaciones propuestas al Código Civil se basan en el argumento de la búsqueda de protección social a las personas del mismo sexo que conviven constituyendo una pareja. En la actualidad existe un encuadre jurídico - administrativo para atender esta situación, sin que ello signifique la equiparación con el estatus matrimonial.

     A su vez, algunas iniciativas incluyen la posibilidad de la adopción de niños. Esto supone anteponer el interés de los adultos al interés superior de los niños, que se encuentra legislado en el artículo 3º de la Convención sobre los Derechos del Niño.

     La ley se constituye en un marco ejemplar para la sociedad y por lo tanto orientador de la misma, por lo cual su modificación, en el sentido antes mencionado, pretende una redefinición del matrimonio, alterando su misma esencia. Equiparar ambas realidades significaría desconocer la naturaleza humana en la que el varón y la mujer buscan el uno en el otro, su reciprocidad y complementariedad.

     La Declaración Universal de los Derechos del Hombre, la cual exige “reconocer el derecho del hombre y de la mujer a contraer matrimonio y a formar una familia”; así como el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, Art. 23, inc. 2º; la Convención Americana de Derechos Humanos, Art. 17 inc. 2; la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, Art. 16, a; reafirman la naturaleza matrimonial entre el varón y mujer. Estos Tratados Internacionales de Derechos Humanos tienen jerarquía constitucional en los términos del Art. 75 inc. 22 de la Constitución Nacional Argentina.

     Frente a esta realidad, apelamos a las señoras y señores legisladores, a ser consistentes en la defensa de la dignidad de la vida humana y de la institución familiar, a dejar de lado intereses coyunturales, a tener en cuenta las raíces culturales de nuestro pueblo, y los valores permanentes en que se fundamenta la construcción del Bien Común de la Nación.+


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Homilía de monseñor Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús en la En la parroquia San Juan M Vianney en Monte Chingolo. (AICA)
(7 de noviembre de 2009)

El Corazón Sacerdotal del  Santo Cura de Ars  

Queridos hermanos y hermanas, sacerdotes, religiosas, religiosos, querido pueblo fiel. Estimado señor intendente de Lanús, Darío Díaz Pérez, agradezco su presencia y todo su gabinete. También agradezco a la persona que nos permite que estemos aquí, honrando y venerando la reliquia del Cura de Ars, al Padre Karlo Tyberghien. Un sacerdote que viene de Francia, de la diócesis de Belley Ars, enviado del obispo Guy Bagniard. Aquí, en nuestra parroquia de San Juan María Vianney, hace dos años que hemos pedido esta visita que se concreta el día de hoy. Y como ustedes bien saben, el Santo Padre ha declarado el Año Sacerdotal, extendiendo el patrocinio del Cura de Ars no sólo a los párrocos sino a todos los sacerdotes.

Esta celebración que hacemos, y el honor que sentimos, nos tiene que llevar no sólo a pasar este momento, sino a un compromiso mayor. Estamos hablando de algo que está muy gastado: el corazón de todos los hombres, la sensibilidad de toda la gente, la indiferencia que muchas veces existe entre las personas, el doble juego de las palabras –decir una cosa y hacer otra- y eso repercute en todos los ámbitos de nuestra vida eclesial y social.

Hoy más que nunca, cada uno de nosotros –según el lugar que ocupe en la Iglesia y en la sociedad- tendrá que pedirle al Señor que nos comprometamos y cambie nuestro corazón. Así como hoy recibimos el corazón del Cura de Ars, que también golpee y repercuta en nuestro corazón; ¡para que nuestro corazón cambie!, ¡para que nuestra vida cambie!, ¡para que lo más íntimo de cada uno de nosotros cambie!

Yo no voy a decir qué cosas que cada uno tiene que cambiar, ¡pero cada uno se tiene que dar cuenta de qué cosas tiene que cambiar!, ¡y cómo tenemos que transformarnos!, ¡y cómo tenemos que vivir en serio!, ¡una vida humana en serio y una vida cristiana comprometida en serio!, ¡en espíritu y en verdad; en amor y en servicio! ¡Cada uno tiene que dejarse embromar, porque Dios es lo más serio, y lo serio hay que tratarlo seriamente!

Todos estamos ante esta actitud de pedirle al Señor: “¡yo quiero cambiar mi vida!, ¡no soporto más una vida fría!, ¡no soporto más una vida doble!, ¡no soporto más una vida mediocre!, ¡no soporto más una vida que tenga miedo!”

Estamos en la vida, y en este mundo, como lo dice muy bien el Santo Cura de Ars: ¡Dios nos ha creado y nos ha redimido para salvarnos! Para que en la tierra ya vivamos las cosas definitivas. ¡El cielo, queridos hermanos, el cielo! Porque todo lo demás va a pasar, todas las cosas pasan, pero el cielo es Dios y va a permanecer siempre. Por eso tenemos que vivir, aquí y ahora, en este tiempo y en este presente, ante esta situación que vivimos y tenemos que cultivar, desarrollar y trabajar ¡aquí ya tenemos que vivir el cielo!

Se amasa acá lo que vamos a vivir allá. Pero seriamente, que no significa ser tristes o poner “cara de velorio”; seriamente significa vivir en serio, con gozo; el gozo de ser personas; el gozo de ser cristianos; el gozo de saberse amados; el gozo de poder vivir sirviendo; y el gozo de tener un corazón íntegro, puro, intachable. Porque ¿quiénes verán a Dios? Los que tienen puro el corazón y las manos limpias. Eso es lo que Dios nos pide a través de la visita y presencia del Santo Cura de Ars.

Vamos a pedir al Señor que bendiga nuestra Iglesia diocesana; bendiga nuestra ciudad; bendiga este barrio y las cosas que uno sabe que debemos cambiar, modificar, transformar.

Que amemos en serio.
La vida es lo más serio que hay.
La vida cristiana es lo más serio que hay.
Que no permitamos al pobre que siga siendo pobre. 
Que no permitamos a aquel que vive mal que siga viviendo mal.
Que no permitamos que la gente se dañe, se perjudique o se ignore.
Que no permitamos que nuestra vida sea fría o indiferente.
Que no les digamos “bueno, hasta mañana y que Dios te bendiga" y no les ayudemos como tenemos que hacerlo.
El corazón del Cura de Ars nos lleva a que nuestra vida se comprometa en serio, hasta las últimas consecuencias.

En especial pedimos hoy por los sacerdotes, que son los que nos traen el cielo a la tierra. Son aquellos que nos ayudan a vivir y caminar con dignidad, caminar como cristianos. Por ello, que Dios bendiga a nuestro sacerdotes. Que esa fidelidad a Cristo, y esa fidelidad al sacerdocio que han recibido como don, sea el regalo más grande que, como Iglesia, podamos enaltecer, reconocer y agradecer.

También rezamos por la vida consagrada. Por las religiosas, por los religiosos, porque nuestra vida humana y cristiana tiene esta realidad, este horizonte. Nuestra vida eclesial se forma a través del sacerdote, porque el sacerdocio ministerial es aquel que perdona nuestros pecados, que nos trae la gracia, que nos cambia la vida, que nos reconcilia con el Señor, que nos ayuda a vivir y que nos alimenta el alma con la Eucaristía.

De corazón: que los jóvenes sientan el llamado que el Señor les hace y que no tengan miedo a responderle. Si el Señor llama, el Señor da la gracia. Si el Señor da la gracia también da la fuerza para encontrar la respuesta.

A todos nosotros, cuando Dios nos llama, nos saca de una situación, de un lugar, y nos envía en una misión. Y si el Señor lo hace es lo mejor que nos puede pasar. No es ninguna desgracia saberse llamado por el Señor en la Iglesia.

¡Necesitamos pastores conforme al corazón de Jesús!

¡Pastores conforme al corazón del Cura de Ars!

El Cura de Ars fue un hombre sencillo, simple; no se perfeccionó en nada pero sí en el amor de Dios, en al amor a Cristo y en el amor a la Iglesia. Vivió lo que tenía que vivir en esa pequeña parroquia, en esa aldea de Ars, de ciento treinta habitantes y cuarenta familias que vivían allí, donde el obispo lo mandó porque no sabía dónde mandarlo. Allí él trabajó, fructificó, hizo lo que tenía que hacer: su trabajo de sacerdote. Nada más pero tampoco nada menos.

Vamos a pedir al Santo Cura de Ars que fortalezca nuestro corazón. Nuestro corazón sacerdotal; nuestro corazón humano y nuestro corazón cristiano. Que podamos vivir en serio ese compromiso.

Somos las personas más importantes; somos las personas más responsables; somos las personas que más hemos recibido y que también se nos va a pedir cuentas. Cuenta del hermano: de lo que hicimos, de lo que no hicimos, de lo que omitimos, de lo que olvidamos o de lo que hemos negado.

Cuando hablamos del corazón, no estamos hablando de la sensibilidad epidérmica de un órgano. Estamos hablando de la intimidad de una persona.

Que el corazón del Cura de Ars, semejante y muy cercano al corazón de Jesús, hoy nos de fuerza, hoy agrande nuestro corazón, hoy enternezca nuestro corazón, hoy nos purifique el corazón de todas las heridas, de todos los vestigios, de todas nuestras limitaciones.

Cuando salgamos de aquí y vayamos a nuestros lugares, algo haya pasado. Que ninguno de los que estamos aquí quedemos igual.

Que Dios nos bendiga, la Virgen interceda y el Santo Cura de Ars haga más humano y más cristiano nuestro corazón.

Que así sea.

Mons. Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús 


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Entrevista con el obispo Berzoso, tras su paso por Gran Canaria, donde se ocupó del tema del evolucionismo, publicada en  La Opinión el 19 de Noviembre de 2009 y remitida por la oficina de Prensa del Obispado de Tenerife. 

RAÚL BERZOSA, Obispo de Oviedo 

Si el hombre viene del mono, ¿sólo somos una aberración o un accidente? 

RAÚL BERZOSA LA OPINIÓN.- El obispo de Oviedo, Raúl Berzosa, intervino ayer en las jornadas Darwin, nuevas formas de entender la evolución, de la Ulpgc. Berzosa adelanta en esta entrevista una tesis equidistante del darwinismo y del creacionismo que sostienen hoy los integristas cristianos. Se trata de un evolucionismo "moderado y abierto" que, a su juicio, está en el Génesis y en San Agustín.
ANTONIO G. GONZÁLEZ | LAS PALMAS DE GRAN CANARIA

- Haciendo un poco de historia de la relación entre fe y Teoría de la Evolución, la aparición de Darwin, de la evolución natural, surgió como un elemento que entraba en conflicto con la religión. ¿Qué establecía entonces el dogma oficial religioso respecto al origen de las especies para que se viera a Darwin como alguien que tanto lo desmentía?

- El choque, por excelencia, entre la ciencia y la fe cristiana surgió con Charles Darwin. Dos tesis se enfrentan: el evolucionismo y el fixismo (creacionismo). El fixismo afirma la estabilidad de las especies. Cada especie es inamovible. No hay nuevas especies. El conjunto de las especies vive desde la creación del mundo. La naturaleza podría contemplarse como un orden maravilloso establecido por una sabiduría superior – Dios; de suerte que cada especie se inscribe en un marco predeterminado, al que Linneo llama "el policía de la naturaleza": "Dios nos ha prescrito a todos una subordinación precisa y por así decir, un policía". Darwin contempla la naturaleza como un sistema dinámico en el que la competitividad juega un papel decisivo: los más fuertes y adaptados se imponen, y así sobreviven. Si el medio cambia, algunas especies, a las que su estado anterior perjudicaba, pueden tener ventajas y adaptarse rápidamente, para llegar a imponerse a las demás. La tesis es atractiva, pero es difícil de demostrar, ya que Darwin ignoraba lo que se sabe hoy gracias a la genética.

-Bien, lo que hace Darwin básicamente es volver a Dios, digamos, no imprescindible, e incluso innecesario, para la creación. Pero para él no incompatible con ésta. Claro, en pleno XIX era un ataque a la religión, pues daba carta de naturaleza a unos presupuestos ateos aún cuando tampoco los avalara estrictamente. Digamos que Darwin abría el campo de juego…

-Darwin desarrolla, incansablemente, la tesis de la selección natural, que progresa sin ninguna finalidad, al azar, sin ningún objetivo determinado. La teoría de Darwin ocultaba la representación cristiana del universo. Aunque él era creyente, parece subrayar "un deísmo" (Dios pone en marcha el mundo, y éste sigue sus propias leyes). Si las especies descienden unas de otras, según mecanismos complejos, es legítimo pensar que el ser humano no es más que un animal evolucionado. De ahí la escandalosa idea de que el hombre podría venir del mono. Pero si esto es así, ¿dónde queda el lugar que el ser humano se atribuye a sí mismo en el seno de la naturaleza? ¿Qué sucede con el destino espiritual de los seres humanos? ¿No somos más que una aberración o un accidente de la naturaleza?

-¿Por qué tarda tanto la jerarquía católica en acatar hitos esenciales de los avances científicos, desde Galileo? ¿No hay un exceso de temor a que la fe se desmorone?

-La Iglesia nunca está cerrada a la ciencia, pero la mira con prudencia. La fe necesita de la ciencia. Y la ciencia de la fe. No pueden ser extrañas ni enemigas, sino compañeras de viaje. No hay ningún temor. Se complementan. Es cierto que ha habido intolerancias y errores históricos. La Iglesia los ha reconocido. Y, en el tema concreto que nos ocupa, nuestra postura no es la del Creacionismo fixista (creacionismo puro), ni la del transformismo darwiniano, ni la de un evolucionismo cerrado. Sí, en cambio, la del evolucionismo "moderado y abierto", o creación evolutiva, o creación continuada (tal como se puede leer ya en el Génesis o en el pensamiento de San Agustín y en algunos clásicos árabes). No basta con descubrir el guión de la película (15.000 millones de años), sino quién lo ha escrito, y por qué lo ha hecho de la forma como está escrito. Y, lo más decisivo: por qué Dios sigue responsabilizándose de su autoría.

- Hay un tempo distinto entre el efecto que los avances científicos ejercen en la mayoría de los católicos y en la jerarquía eclesiástica. Los primeros suelen aceptar sin más problemas los avances, son más proclives a la coexistencia de fe y ciencia; necesariamente han de hacerlas coexistir no tanto en términos estrictamente conceptuales sino en el ejercicio cotidiano del vivir.

-No estoy totalmente de acuerdo con esta afirmación. Lo que usted llama jerarquía somos también ciudadanos que viven la vida de cada día y participan de los avances científicos. Pero sí tenemos una encomienda: velar para que los avances de la ciencia no vayan en contra del hombre, como se ha venido demostrando. No todo lo técnicamente posible debe hacerse. Tiene que pasar por el filtro de la ética. De lo contrario, se vuelve contra el propio hombre. Es misión y servicio de lo que usted denomina jerarquía velar para que la verdad, la belleza y la bondad caminen unidas.

-¿En qué términos establece hoy en día la Iglesia Católica la cuestión de fe y evolución natural?

-La pregunta que de inicio es ésta: "¿Podemos seguir afirmando hoy, en pleno siglo XXI, que el mundo es "creación de Dios"? Aun cuando respondamos afirmativamente, no podemos ser ingenuos, sino suficientemente conscientes de que el concepto cristiano de creación está cuestionado desde varios frentes. Pero cuestionado no quiere decir superado ni arrinconado. Al contrario, como tendré ocasión de exponer, la ciencia en general abren puertas y ventanas al misterio, como antesala al descubrimiento de la doctrina cristiana. En esta tarea nos anima el Papa Benedicto XVI, cuando en el 2008, a la Pontificia Academia de las Ciencias, llegó a decir: "Evolucionar" significa literalmente "desenrollar un rollo de pergamino", o sea, leer un libro. La imagen de la naturaleza como un libro tiene sus raíces en el cristianismo y ha sido apreciada por muchos científicos. Esta imagen también nos ayuda a comprender que el mundo, lejos de tener su origen en el caos, se parece a un libro ordenado: es un cosmos… la materia como tal se puede "leer". Tiene una "matemática interior". Descubrir esa matemática es ya nuestra tarea.

- Lo curioso es que hay un auge entre los sectores cristianos del llamado "creacionismo", la negación de la evolución de las especies. Es el camino contrario a la compatibilidad. ¿Qué opinión le merece el creacionismo y lo que llaman "diseño inteligente" del mundo?

-Recientemente Juan-Ramón Lacadena, biólogo y profesor del departamento de genética de la Universidad Complutense, ha escrito ampliamente sobre este tema. Denuncia que existe una cierta continuidad entre el creacionismo y el llamado diseño inteligente. No me detengo en detalles. Es evidente que el creacionismo literal y radical no es admisible. Pero sí un creacionismo moderado y abierto a la evolución en el sentido de admitir un Dios Creador que hace su obra en "dinamicidad". El llamado diseño inteligente abre puertas e interrogantes al misterio, pero evidentemente no llega al Dios Creador. Dios no es el final de una cadena o de un razonamiento. ¿Cómo actúa Dios en el mundo? ¿Dónde tiene cabida la hipótesis de un Dios-Creador en un mundo en evolución?" Dios estaba allí, desde siempre, actuando a la manera de lo infinito en lo finito, y de lo absoluto en lo relativo. Dios Creador y Sustentador, sin perder su trascendencia, actuaba desde dentro de lo creado como origen, centro y meta del proceso evolutivo. Dios no intervenía sólo en momentos puntuales, sino como primordial soporte creador y consumador, y, por lo mismo, conductor trascendente-inmanente del Universo, respetando plenamente las leyes naturales que tienen en Él su origen.

- ¿No le parece que el empeño de los creacionistas en convertir a la Biblia en un texto de biología denota poca fe en la fe? Parece que los creacionistas no tienen fe, pues tener fe es creer en algo que no se puede demostrar, es producto de una epifanía, se supone, ¿no?, de una experiencia íntima de revelación. Y ahí reside también su fuerza y su poética, si se quiere.

-No le falta razón. Lo decisivo está en la imagen que tengamos de un Dios Creador. Con palabras de Hans Kung, teólogo nada sospechoso de conservadurismo, podemos afirmar que "creer en el Creador del mundo significa aceptar, con esclarecida confianza, que el hombre y el mundo no quedan sin explicar en su causa última, que el hombre y el mundo no han sido arrojados absurdamente de la nada a la nada, sino que en su totalidad están llenos de sentido y de valor, y que no son caos sino cosmos porque tienen en Dios su causa última y su autor, una primera y última seguridad".


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REDACCIÓN DE "IGLESIA NIVARIENSE"
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Boletín 361 

A partir de las diez de la mañana el domingo, en el colegio Padres Salesianos de La Orotava, se desarrollará el Encuentro Diocesano de Familia. El primer bloque del encuentro lo desarrollará Esperanza Puente, de Red Madre, y estará centrada en “la familia: fuente de vida, fuente de fe”. Posteriormente, en el segundo bloque se presentarán las propuestas de la Delegación de Familia para el presente curso. El Obispo presidirá la eucaristía a las 13 horas. Tras el almuerzo se realizarán diversas actuaciones.  

La Vicaría General ha enviado una celebración del Rito de Admisión al catecumenado para niños mayores de 7 años y que, tras un periodo de al menos un curso de catequesis, sigan realizando el proceso de iniciación cristiana.  

Igualmente, la Vicaría está recabando información de las parroquias y grupos sobre la atención pastoral a los catecúmenos de cualquier edad, así como del proceso de formación sobre la Iniciación Cristiana, a fin de conocer mejor esta realidad entre nosotros e implementar las acciones oportunas.  

Por cierto, en relación a la Iniciación Cristiana, se sigue presentando este objetivo por los distintos arciprestazgos de la Diócesis. Esta semana el Vicario General realizó esta iniciativa en el arciprestazgo de Tegueste y la próxima semana lo hará en el de los Llanos de Aridane.  

La Fundación Canaria Santuario de Candelaria, Padres Dominicos, llevará a cabo este sábado, a las 12 horas, el acto de inauguración de la Casa de Acogida Virgen de Candelaria, situada en la carretera general del sur, esquina con subida a Igueste de Candelaria por las Caletillas. 

Comenzando por la librería, ya se está realizando el traslado de los distintos servicios diocesanos a la Sede Oficial del Obispado de la calle Anchieta. En fechas próximas ya estarán todos los departamentos funcionando con normalidad en el restaurado edificio.  

Algunos de los nombramientos realizados en las últimas fechas por el Obispo son: Carmen Pérez, Presidenta del movimiento apostólico seglar de mayores “Vida Ascendente”. Gerardo Armas e Hilda Dávara, matrimonio presidente del movimiento de familias cristianas. Ramón Padilla, Consiliario del movimiento Vida Ascendente. Nieves Rodríguez, Presidenta del movimiento de Acción Católica General, y Jorge Concepción Feliciano, Consiliario de dicho movimiento.  

Desde el pasado domingo 15, se viene desarrollando la segunda tanda de ejercicios espirituales para sacerdotes dirigidos por Monseñor Jesús Sanz, obispote Huesca y Jaca. Dicho retiro finalizará el viernes, 20 de noviembre.  

Ese día, comenzará la Escuela de Formación de Cáritas, una iniciativa que se prolongará hasta el sábado, 21 de noviembre, en el Seminario Diocesano. Bajo el lema; “Conoce, ama y sirve” se desarrollará este espacio formativo destinado a todos los agentes de Cáritas pertenecientes a la Diócesis Nivariense. La ponencia central, que llevará por título: “Crisis, desarrollo humano y compromiso social de la Iglesia”, correrá a cargo de Juan Almonacid, del área de acción en los territorios de Cáritas Española. Diferentes talleres de trabajo como los de Espiritualidad, Lectio Divina, Meditación, Risoterapia, etc. servirán para llevar a cabo esta Escuela de Formación.  

El domingo, 15 de noviembre, se colocó la Primera Piedra de la Iglesia de La Jaca y los salones parroquiales en un acto presidido por el Obispo. Al mismo asistieron el párroco con su comunidad parroquial, así como el alcalde de la Villa de Arico y miembros de la corporación municipal. El Obispo Nivariense destacó la importancia de la unión de los vecinos para construir el templo y resaltó la gran cantidad de pueblos costeros que en los últimos tiempos han creado una iglesia. 

Los sacerdotes con ministerio en la isla de La Palma se han reunido con el Obispo y con el Vicario General, Domingo Navarro para orientar y programar la LXVII Bajada de la Virgen de Las Nieves, que tendrá lugar en julio de 2010. En esta ocasión, se ha elegido como lema “María, causa de nuestra alegría”. Próximamente, se elaborará un cartel eclesial en el que se recogerá dicho lema. Por otra parte, durante la reunión se llegó al acuerdo de que el 1 de enero de 2010, se realice en todas las parroquias de la isla, una convocatoria oficial de la Bajada mediante un acto simbólico, como puede ser el repique de campanas.  

Con el lema “Siempre el paso de un hombre de Dios deja huella” se vienen desarrollando, esta semana, unas Jornadas de Formación Cristiana en la parroquia de Santa Ana de Garachico. Las mismas están siendo dirigidas por el obispo emérito de la diócesis, Damián Iguacen Borau, quien las clausurará con la Eucaristía. 

La histórica ermita de San Diego del Monte ha sido reabierta al culto religioso, después de un largo proceso de restauración y tras haber permanecido más de dos décadas cerrada. De esta manera, la imagen de San Diego, que hasta la fecha ha estado custodiada en la Iglesia de Nuestra Señora de la Concepción, regresó a su templo. 

En el barrio santacrucero de San Andrés tuvo lugar el primer encuentro de mujeres del Litoral de Anaga, como línea significativa a destacar dentro del Proyecto “Sembrando Semillas para la Igualdad”, de Cáritas Diocesana y financiado por el Instituto Canario de La Mujer. Sembrando Semillas para la Igualdad es un proyecto de desarrollo comunitario en el que a través de la participación y protagonismo de las mujeres del litoral  pretende ser un lugar para el encuentro, para la participación y el compromiso, la solidaridad y la lucha por la igualdad de derechos y oportunidades de la mujer en la sociedad actual. 

Más de 2.000 personas disfrutaron en la plaza de la Patrona de Canarias, en la Villa de Candelaria, del concierto benéfico que ofreció el cantante tinerfeño Pepe Benavente, quien puso sobre el escenario lo mejor de su repertorio con el objetivo de recaudar fondos para Cáritas Diocesana y presentó su CD “Bailando la Navidad.” 

El Ayuntamiento de La Laguna sufragará con 3.000 euros un proyecto de Manos Unidas 'Comité Católico de la Campaña contra el hambre en el Mundo' para la lucha contra el Sida y el refuerzo de la estructura sanitaria en la localidad de Douala, en Camerún. 

El Hospital San Juan de Dios de Tenerife colabora en un proyecto asistencial en Camerún donde se han realizado una 20 de operaciones. El equipo médico del hospital desplazado a Camerún ha realizado diversas intervenciones y realizado consultas. La iniciativa promovida por la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios se ha llevado a cabo con la colaboración de su Fundación para la cooperación internacional Salud Para Todos. 

La parroquia Santa Ana de Tamaimo organizó los actos religiosos con motivo de la celebración del I Centenario de la erupción del Chinyero. El acto principal se desarrolló, este domingo 15 de noviembre, en el que se trasladó a hombros la imagen de Santa Ana, desde Tamaimo hasta la zona conocida como El Calvario en el pueblo de Las Manchas, como hicieron los vecinos del lugar hace 100 años para parar el avance de las coladas de lava que se acercaban hasta las poblaciones. La eucaristía estuvo presidida por el Vicario General, Antonio Pérez, y, a  continuación tuvo lugar la procesión y recreación del milagro del fin de la lengua de lava.  

Miramos al futuro próximo. Del 23 al 27 de noviembre, tendrá lugar la XXIV Semana de Teología organizada por el Instituto Superior de Teología de las Islas Canarias, en colaboración con la Universidad de La Laguna. “El Evolucionismo: aspectos científicos, filosóficos y teológicos en el bicentenario del nacimiento de Charles Robert Darwin”, es el título escogido este año para las jornadas. Las mismas estarán dirigidas por Juan Araña Cañedo, catedrático de Filosofía de la Universidad de Sevilla, Rafael Jordana, catedrático de Filosofía Animal y Zoología Aplicada y profesor de la Universidad de Navarra y José María Hevia, doctor en Astrofísica, licenciado en Teología y profesor de Antropología Teológica en la diócesis de Oviedo.   

Ya ha sido confirmada la fecha de la presencia en la diócesis de la Cruz de la próxima jornada mundial de la juventud a celebrar en Madrid. La misma, procedente de la diócesis canariense, llegará a Tenerife el día 2 de Mayo de 2010, o sea, en este curso. La delegación de pastoral juvenil ya trabaja para ofertar, en distintas islas, diversos actos pastorales con ocasión de esta presencia en nuestras islas de la citada Cruz. 

En este sentido, los jóvenes de la diócesis están invitados a una vigilia de adviento que tendrá lugar el 27 de noviembre, en Las Claras, a las 20:00 horas y en la parroquia de La Asunción, en La Gomera a las 21:00 horas. Además, el 4 de diciembre, en La Centinela, en Icod habrá una nueva iniciativa de este tipo, a partir de las 21:00 horas.  

Por otro lado, ya se está trabajando en la organización del próximo Encuentro de Agentes de Pastoral Juvenil que tendrá lugar el próximo 12 de diciembre, a las 9:00 horas, en el Seminario Diocesano. Se trata de una ocasión para tomar impulso ante los retos venideros y una oportunidad para conocer a las personas que trabajan en el mismo sentido. 

El Delegado Diocesano de Pastoral Universitaria de la Diócesis participará en el XXIV encuentro de Delegados Diocesanos de Pastoral Universitaria en la Sede de la Conferencia Episcopal Española y tendrá como tema a estudiar y reflexionar: "La propuesta del Evangelio a los jóvenes universitarios de hoy: los retos, las dificultades y las peculiaridades".  

Las V Jornadas Cofrades que se desarrollarán bajo el título: “Patrimonio Cofrade, Patrimonio de Fe”, se llevarán a cabo los días 20 y 21 de noviembre, en el antiguo convento de Santo Domingo, en La Laguna. Los interesados en asistir a estas jornadas pueden contactar con la sede de la Junta de Hermandades y Cofradías a través del correo electrónico jornadascofrades@hermandadesycofradías-lalaguna.com

Asimismo, el V Concierto Extraordinario a Beneficio de la Asociación Española Contra el Cáncer, tendrá lugar el 27 de noviembre, a las 21:00 horas, en el teatro Leal de La Laguna. En dicho recital, organizado por la Junta de Hermandades y Cofradías de La Laguna en colaboración con el Ayuntamiento de Aguere, participarán los grupos: Atlantes y Tajaraste. Las entradas están a la venta al precio de 10 Euros. 

El arciprestazgo de El Hierro y el ISTIC van  a poner en marcha el aula de teológica Virgen de los Reyes, como un espacio de reflexión y formación para aquellos herreños que quieran mejorar su capacitación teológico-pastoral. Igualmente, será un espacio para el diálogo fe-cultura. La apertura de la misma será el miércoles, 25 de noviembre, en la villa de Valverde. La lección inaugural se desarrollará en la escuela de aparejadores y correrá a cargo de la doctora Cristina LLanos Penedo, profesora titular de derecho mercantil de la escuela universitaria de empresariales de la universidad de La Laguna y letrada del colegio de abogados de S/C de Tenerife.  

El próximo 28 de noviembre, se desarrollará el tradicional retiro de Adviento en la Catedral de La Laguna, dirigido por el Obispo. Dicho retiro comenzará a las 10:00 horas y finalizará a mediodía. Ese día, por cierto, es el aniversario de la ordenación episcopal de Felipe Fernández. 

Ese mismo sábado, la Casa Manresa, en Tacoronte, acogerá un retiro bajo el lema: “Deseo y Dios”. El horario del mismo será de 10:00 a 18:00 horas. Se trata de un tiempo de encuentro desde la experiencia cristiana, destinado a personas adultas. El retiro tendrá un coste de 5 euros. Para más información, los interesados pueden llamar al número de teléfono: 695 352 881. 

La Casa Diocesana de Espiritualidad de Santa Cruz de Tenerife, por su parte,  cuenta con nuevas fechas para realizar ejercicios espirituales destinados a laicos. La 1ª tanda tendrá lugar del 4 al 8 de diciembre y estará guiada por el sacerdote, Diego Carmelo Rodríguez. 

La Comunidad Oblatas de Tenerife llevará a cabo unas jornadas de información de su trabajo del 11 al 13 de diciembre. Las mismas están dirigidas a personas de entre 20 y 30 años que quieran conocer que proyectos de ayuda están llevando a cabo los miembros de esta comunidad con mujeres que ejercen la prostitución y/o sufren exclusión social. Los interesados en participar en estas jornadas que llevan el lema de “Atrévete a entrar, ¿por qué no?” pueden ponerse en contacto con las Oblatas a través del correo electrónico: meralvpa@hotmail.com o llamando al teléfono 616852059. 

Siguiendo ya con la próxima Navidad, la Delegación Diocesana de Misiones ha enviado una misiva en la que, entre otras cosas, informa de la campaña Sembradores de Estrellas, cuyo objetivo es felicitar la Navidad en nombre de los misioneros. El material para dicha acción hay que solicitarlo al citado departamento.  

El grupo ORARTE (Oración, Arte y Evangelización) de Los Salesianos de La Orotava, ha elaborado una iniciativa que consiste en grabar un pequeño vídeo en el que los participantes digan de una forma sencilla “dónde ven a Dios”. Se trata de una propuesta que busca, sobre todo, que los jóvenes se impliquen y compartan sus experiencias de Dios. Los videos se pueden colgar y ver en la página web: http://veoadiosen.ning.com 

El Consejo Regulador de la Denominación de Origen Vinos de La Palma entregó a la plataforma “Más Nunca” de Fuencaliente y a Cáritas de Mazo los  3.000 euros recaudados en un acto benéfico llevado a cabo el pasado 24 de octubre a favor de los damnificados por el incendio que asoló el sur de la isla el pasado mes de agosto.  

La parroquia de San Pedro Apóstol, en Vilaflor, ha propuesto que en este curso pastoral dedicado a la iniciación cristiana, las parroquias, grupos, movimientos y colegios se animen a visitar la pila donde recibió el bautismo el Santo Hermano Pedro y puedan renovar allí la fe. Para poder llevar a cabo esta iniciativa se requiere que los interesados se pongan en contacto con el párroco por medio del teléfono 636 878 882 o mediante el correo electrónico alegratemucho@yahoo.es

Se ha firmado un convenio de colaboración por el que el Estado invertirá más de 1,7 millones de euros en la rehabilitación del convento de las Clarisas, en La Laguna.

Artículo seminal del Padre Fernando Lorente, o.h.  publicado en EL DÍA el miércoles 18 de Noviembre de 2009 en la sección CRITERIOS bajo el epígrafe “LUZ EN EL CAMINO FERNANDO LORENTE”

El trabajo 

LUZ EN EL CAMINO FERNANDO LORENTE, O.H. *

NUESTRO gran filósofo y sacerdote español Luciano Balmes consideraba el trabajo con este alcance natural y social: "El trabajo es un título natural para la propiedad del fruto del mismo, y la legislación que no respete este principio es intrínsecamente injusta". Asomándonos a las páginas bíblicas y a las de la doctrina social de la Iglesia, nos encontramos con estas indicaciones:

-Cuando Dios soñó con el hombre para la felicidad del Paraíso, soñó con el trabajo como un elemento de su felicidad terrena. Lo que antes del pecado fue cauce divino para dicha del hombre, después del pecado se trocó en vehículo para el esfuerzo humano.

-Pero así y todo, hay esfuerzos que reportan alegría y hay esfuerzos que son fuentes de disgustos. El trabajo de un forzado es penoso para el cuerpo y para el espíritu. El trabajo de un hombre que ha escogido su trabajo sigue siendo penoso para el cuerpo, pero llena de dicha el espíritu

-Es en ese contexto de un trabajo, profundamente humano, como se puede hablar de la maravillosa dignidad del trabajador. Porque Dios ha querido necesitar del trabajo humano para perfeccionar su trabajo divino. Con el pecado original, la ley del trabajo ha sufrido una doble alteración que le ha hecho ganar y le ha hecho perder: ha perdido el encanto original que le hacía fácil y ha ganado el nuevo aspecto de colaboración con Dios por el sufrimiento. De esta manera, por el trabajo, el hombre no sólo colabora con Dios creador. Por el trabajo, el hombre colabora, además, con Dios Salvador.

-Por ello, el trabajo no ha de ser visto como una mera necesidad, ha de ser visto como una verdadera vocación, un llamamiento de Dios a construir un mundo nuevo en el que habiten la justicia y fraternidad. El trabajo ha ser también el medio para que toda la creación esté sometida a la dignidad del ser humano e hijo de Dios. Este trabajo ofrece también la oportunidad de comprometerse con toda la comunidad política, empresarios, trabajadores, familias, profesores y alumnos (?) sin resentimientos, sin odios, sino el con amor universal de Cristo que a nadie excluye y que a todos abraza.

-No conviene olvidar que el trabajo es para el ser humano y no el ser humano para el trabajo. Si no fuese así, el ser humano volvería a ser esclavo. Ahora bien, si el ser humano es el valor primero, nosotros podemos disminuirlo y como decapitarlo, negándole su proyección esencial hacia la trascendencia, es decir, hacia Dios, que ha hecho del ser humano el colaborador suyo. En esta visión superior, el trabajo, el castigo y al mismo tiempo premio de la actividad humana, comportan otra relación, esto es, la esencialmente religiosa, expresada felizmente por san Benito en esta frase social y apostólica: "¡Ora et labora!".

* Capellán de la Clínica

S. Juan de Dios


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Mi?rcoles, 18 de noviembre de 2009

ZENIT publica la homilía que dirigió Benedicto XVI en la mañana del domingo, 8 de Noviembre de 2009,  al presidir la celebración eucarística en la plaza Pablo VI.

Queridos hermanos y hermanas:

Es grande mi alegría al poder partir con vosotros el pan de la Palabra de Dios y de la Eucaristía aquí, en el corazón de la diócesis de Brescia, donde nació y recibió su formación juvenil el siervo de Dios Giovanni Battista Montini, el Papa Pablo VI. Doy las gracias en particular al obispo, monseñor Luciano Monari, por las palabras que me ha dirigido al inicio de la celebración, y con él saludo a los cardenales, a los obispos, a los sacerdotes y diáconos, a los religiosos y religiosas, y a todos los agentes pastorales. Doy las gracias al alcalde por sus palabras y su regalo, y a las demás autoridades civiles y militares. Un saludo especial dirijo a los enfermos que se encuentran dentro de la catedral.

En el corazón de la liturgia de la Palabra de este domingo, XXXII del tiempo ordinario, encontramos el personaje de la pobre viuda, o más bien, nos encontramos ante el gesto que realiza al dejar en el tesoro del templo las últimas monedas que le quedan. Un gesto que, gracias a la mirada atenta de Jesús, se ha convertido en proverbial: "el óbolo de la viuda" es, de hecho, sinónimo de la generosidad de quien da sin reservas lo poco que posee. Ahora bien, antes quisiera subrayar la importancia del ambiente en el que se desarrolla este episodio evangélico, es decir, el templo de Jerusalén, centro religioso del pueblo de Israel y corazón de toda su vida. El templo es el lugar del culto público y solemne, pero también de la peregrinación, de los ritos tradicionales y de las disputas rabínicas, como las que refiere el Evangelio entre Jesús y los rabinos de aquel tiempo, en las que, sin embargo, Jesús enseña con una autoridad singular, la del Hijo de Dios. Pronuncia juicios severos, como hemos escuchado, sobre los escribas, a causa de su hipocresía: éstos, mientras ostentan gran religiosidad, se aprovechan de la gente pobre imponiéndoles obligaciones que ellos mismos no observan. Jesús, en definitiva, muestra su afección al templo como casa de oración, pero precisamente por este motivo quiere purificarlo de usos impropios, es más, quiere revelar su significado más profundo, ligado al cumplimiento de su mismo Misterio, el Misterio de su muerte y resurrección, en la que Él mismo se convierte en el nuevo y definitivo Templo, el lugar en el que se encuentran Dios y el hombre, el Creador y su criatura.

El episodio del óbolo de la viuda se enmarca en este contexto y nos lleva, a través de la mirada misma de Jesús, a fijar la atención en un detalle que puede escaparse pero que es decisivo: el gesto de una viuda, muy pobre, que echa en el tesoro del templo dos monedas. Jesús también nos dice hoy, como en aquel día a los discípulos: ¡prestad atención! Mirad lo que hace esa viuda, pues su acto contiene una gran enseñanza; expresa la característica fundamental de quienes son las "piedras vivas" de este nuevo Templo, es decir, la entrega completa de sí al Señor y al prójimo; la viuda del Evangelio, al igual que la del Antiguo Testamento, lo da todo, se da a sí misma, y se pone en las manos de Dios para los demás. Este es el significado perenne de la oferta de la viuda pobre, que Jesús exalta, pues ha dado más que los ricos, quienes ofrecen parte de lo que les sobra, mientras ella ha dado todo lo que tenía para vivir (Cf. Marcos 12,44), y de este modo se ha dado a sí misma.

¡Queridos amigos! A partir de esta imagen evangélica, deseo meditar brevemente sobre el misterio de la Iglesia y, de esta manera, rendir homenaje a la memoria del gran papa Pablo VI, que consagró a ella toda su vida. La Iglesia es un organismo espiritual concreto que prolonga en el espacio y en el tiempo la oblación del Hijo de Dios, un sacrificio aparentemente insignificante respecto a las dimensiones del mundo y de la historia, pero decisivo a los ojos de Dios. Como dice la Carta a los Hebreos, también en el texto que acabamos de escuchar, a Dios le bastó el sacrificio de Jesús, ofrecido "una sola vez", para salvar al mundo entero (Cf. Heb., 9, 26. 28), pues en esa única oblación se condensa todo el Amor del Hijo de Dios hecho hombre, como en el gesto de la viuda se concentra todo el amor de aquella mujer por Dios y por los hermanos: no le falta nada y no se le puede añadir nada. La Iglesia, que nace incesantemente de la Eucaristía, de la autoentrega de Jesús, es la continuación de este don, de esta sobreabundancia que se expresa en la pobreza, del todo que se ofrece en el fragmento. Es el Cuerpo de Cristo que se entrega enteramente, Cuerpo partido y compartido, en constante adhesión a la voluntad de su Cabeza. Me alegra saber que estáis profundizando en la naturaleza eucarística de la Iglesia, guiados por la carta pastoral de vuestro obispo.

Esta es la Iglesia que el siervo de Dios Pablo VI amó con amor apasionado y trató de dar a comprender y amar con todas sus fuerzas. Releamos su "Pensamiento en la muerte", allí donde, en la parte conclusiva, habla de la Iglesia. "Podría decir --escribe-- que siempre la he amado... y que por ella, no por otra cosa, me parece haber vivido. Pero quisiera que la Iglesia lo supiera". Es el tono de un corazón palpitante, que sigue diciendo: "Quisiera finalmente comprenderla totalmente, en su historia, en su designio divino, en su destino final, en su composición compleja, total y unitaria, en su humana e imperfecta consistencia, en sus desgracias y sufrimientos, en las debilidades y las miserias de tantos de sus hijos, en sus aspectos menos simpáticos, y en el esfuerzo perenne de fidelidad, de amor, de perfección y de caridad. Cuerpo Místico de Cristo. Quisiera abrazarla, saludarla, amarla, en cada ser que la compone, en cada obispo y sacerdote que la asiste y la guía, en cada alma que la vive y la ilustra; bendecirla". Y le dirige las últimas palabras como si se tratara de la esposa de toda una vida: "Y a la Iglesia, a la que le debo todo y que fue mía, ¿qué le diré? Que Dios te bendiga, sé consciente de tu naturaleza y de tu misión, ten conciencia de las verdaderas y profundas necesidades de la humanidad; y camina pobre, es decir, libre, siendo fuerte y amando a Cristo".

¿Qué se puede añadir a palabras tan altas e intensas? Sólo quisiera subrayar esta última visión de la Iglesia "pobre y libre", que recuerda la figura evangélica de la viuda. Así debe ser la comunidad eclesial para poder hablar a la humanidad contemporánea. Giovanni Battista Montini llevaba particularmente en su corazón, en todas las estaciones de su vida, desde los primeros años de sacerdocio hasta el pontificado, el encuentro y el diálogo de la Iglesia con la humanidad de nuestro tiempo. Dedicó todas sus energías al servicio de la Iglesia, siendo lo más conforme posible a su Señor Jesucristo, de modo que, al encontrarla, el hombre contemporáneo pudiera encontrar a Jesús, porque de Él tiene necesidad absoluta. Este es el anhelo profundo del Concilio Vaticano II, al que corresponde la reflexión del papa Pablo VI sobre la Iglesia. Él quería exponer de forma programática algunos puntos importantes en su primera encíclica, Ecclesiam suam, del 6 de agosto de 1964, cuando aún no habían visto la luz las constituciones conciliares Lumen gentium y Gaudium et spes.

Con aquella encíclica el pontífice se proponía explicar a todos la importancia de la Iglesia para la salvación de la humanidad, y al mismo tiempo, la exigencia de establecer entre la comunidad eclesial y la sociedad una relación de mutuo conocimiento y amor (cf. Enchiridion Vaticanum, 2, p. 199, n. 164). "Conciencia", "renovación", "diálogo": estas son las tres palabras elegidas por Pablo VI para expresar sus "pensamientos" dominantes --como él los define-- al comenzar su ministerio petrino, y la tres tienen que ver con la Iglesia. Ante todo, la exigencia de que ella profundice en el conocimiento de sí misma: origen, naturaleza, misión, destino final; en segundo lugar, su necesidad de renovarse y purificarse contemplando al modelo que es Cristo; por último, el problema de sus relaciones con el mundo moderno (Cf. ibídem, pp. 203-205, nn. 166-168). Queridos amigos, y me dirijo especialmente a los hermanos en el episcopado y en el sacerdocio, ¿cómo no ver que la cuestión de la Iglesia, de su necesidad en el designio de salvación y de su relación con el mundo, sigue siendo hoy, absolutamente central? Es más, ¿cómo no ver que el desarrollo de la secularización y la globalización han hecho esta cuestión aún más radical, ante el olvido de Dios, por una parte, y ante las religiones no cristianas, por otra? La reflexión del Papa Montini sobre la Iglesia es más actual que nunca; y más precioso es aún el ejemplo de su amor por ella, inseparable de su amor por Cristo. "El misterio de la Iglesia --leemos en la encíclica Ecclesiam suam-- no es un mero objeto de conocimiento teológico, ha de ser un hecho vivido, del cual el alma fiel aun antes que un claro concepto puede tener una casi connatural experiencia" (ibídem, n. 13). Esto presupone una robusta vida interior, que es "el gran manantial de la espiritualidad de la Iglesia, su modo peculiar de recibir las irradiaciones del Espíritu de Cristo, expresión radical insustituible de su actividad religiosa y social e inviolable defensa y renaciente energía de su difícil contacto con el mundo profano" (ibídem,13). Precisamente el cristiano abierto, la Iglesia abierta al mundo, tienen necesidad de una robusta vida interior.

Queridos, ¡que don inestimable para la Iglesia es la lección del siervo de Dios Pablo VI! Y como es entusiasmante cada vez aprender de su ejemplo. Es una lección que afecta a todos y que compromete a todos, según los diferentes dones y ministerios que enriquecen al Pueblo de Dios por la acción del Espíritu Santo. En este año sacerdotal me gusta subrayar cómo esta lección interesa y afecta de manera particular a los sacerdotes, a quienes el Papa Montini reservó siempre un afecto y una atención especiales. En la encíclcia sobre el celebato sacerdotal escribió: "'Apresado por Cristo Jesús' (Fil 3, 12) hasta el abandono total de sí mismo en él, el sacerdote se configura más perfectamente a Cristo también en el amor, con que el eterno sacerdote ha amado a su cuerpo, la Iglesia, ofreciéndose a sí mismo todo por ella... La virginidad consagrada de los sagrados ministros manifiesta el amor virginal de Cristo a su Iglesia y la virginal y sobrenatural fecundidad de esta unión" (Sacerdotalis caelibatus, 26). Dedico estas palabras del gran Papa a los numerosos sacerdotes de la diócesis de Brescia, aquí representados, así como a los jóvenes que se están formando en el seminario. Y quisiera recordar también las palabras que Pablo VI dirigió a los alumnos del Seminario Lombardo, el 7 de diciembre de 1968, mientras las dificultades del post-Concilio se añadían a los fermentos del mundo juvenil: "Muchos --dijo-- se esperan del Papa gestos clamorosos, intervenciones enérgicas y decisivas. El Papa considera que tiene que seguir únicamente la línea de la confianza en Jesucristo, a quien le preocupa más su Iglesia que a ningún otro. Él calmará la tempestad... No se trata de una espera estéril o inerte, sino más bien de una espera vigilante en la oración. Esta es la condición que Jesús escogió para nosotros de modo que Él pueda actuar en plenitud. También el Papa necesita ayuda con la oración" (Insegnamenti VI, [1968], 1189). Queridos hermanos, que los ejemplos sacerdotales del siervo de Dios Giovanni Battista Montini os guíen siempre y que interceda por vosotros san Arcangelo Tadini, a quien hace poco he venerado en mi breve visita a Botticino.

Mientras saludo y aliento a los sacerdotes, no puedo olvidar, especialmente aquí, en Brescia, a los fieles laicos, que en esta tierra han demostrado una extraordinaria vitalidad de fe y de obras, en los diferentes campos del apostolado asociado y del compromiso social. En las "Enseñanzas" de Pablo VI, queridos amigos de Brescia, podéis encontrar indicaciones siempre preciosas para afrontar los desafíos del presente, sobre todo, la crisis económica, la inmigración, la educación de los jóvenes. Al mismo tiempo, el Papa Montini no perdía ocasión para subrayar el primado de la dimensión contemplativa, es decir, el primado de Dios en la experiencia humana. Y, por ello, no se cansaba nunca de promover la vida consagrada, en la variedad de sus aspectos. Él amó intensamente la multiforme belleza de la Iglesia, reconociendo en ella el reflejo de la infinita belleza de Dios, que se trasparenta sobre el rostro de Cristo.

Recemos para que el fulgor de la belleza divina resplandezca en cada una de nuestras comunidades y la Iglesia sea signo luminoso de esperanza para la humanidad del tercer milenio. Que nos alcance esta gracia María, a quien Pablo VI quiso proclamar, al final del Concilio Vaticano II, madre de la Iglesia. ¡Amén!

[Traducción del original italiano por Jesús Colina
© Libreria Editrice Vaticana]


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Reflexión de José Antonio Pagola al evangelio de la Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo – B, ofrecido por la Delegación de Enseñanza de la Diócesis de Tenerife.  

EXAMEN ANTE EL TESTIGO DE LA VERDAD         

          Dentro del proceso en el que se va a decidir la ejecución de Jesús, el evangelio de Juan ofrece un sorprendente diálogo privado entre Pilato, representante del imperio más poderoso de la Tierra y Jesús, un reo maniatado que se presenta como testigo de la verdad.

          Precisamente, Pilato quiere, al parecer, saber la verdad que se encierra en aquel extraño personaje que tiene ante su trono:«¿Eres tú el rey de los judíos?» Jesús va a responder exponiendo su verdad en dos afirmaciones fundamentales, muy queridas al evangelista Juan.

          «Mi reino no es de este mundo».Jesús no es rey al estilo que Pilato puede imaginar. No pretende ocupar el trono de Israel ni disputar a Tiberio su poder imperial. Jesús no pertenece a ese sistema en el que se mueve el prefecto de Roma, sostenido por la injusticia y la mentira. No se apoya en la fuerza de las armas. Tiene un fundamento  completamente diferente. Su realeza proviene del amor de Dios al mundo.

          Pero añade a continuación algo muy importante: «Soy rey...y he venido al mundo para ser testigo de la verdad» Es en este mundo donde quiere ejercer su realeza,pero de una forma sorprendente. No viene a gobernar como Tiberio sino a ser «testigo de la verdad» introduciendo el amor y la justicia de Dios en la historia humana.

          Esta verdad que Jesús trae consigo no es una doctrina teórica. Es una llamada que puede transformar la vida de las personas. Lo había dicho Jesús:«Si os mantenéis fieles a mi Palabra...conoceréis la verdad y la verdad os hará libres». Ser fieles al Evangelio de Jesús es una experiencia única pues lleva a conocer una verdad liberadora, capaz de hacer nuestra vida más humana.

          Jesucristo es la única verdad de la que nos está permitido vivir a los cristianos. ¿No necesitamos en la Iglesia de Jesús  hacer un examen de conciencia colectivo ante el "Testigo de la Verdad"¿Atrevernos a discernir con humildad qué hay de verdad y qué hay de mentira en nuestro seguimiento a Jesús? ¿Dónde hay verdad liberadora y dónde mentira que nos esclaviza? ¿No necesitamos dar pasos hacia mayores niveles de verdad humana y evangélica en nuestras vidas, nuestras comunidades y nuestras instituciones?  

José Antonio Pagola 

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
22 de noviembre de 2009
Cristo Rey ( B )
Juan 18, 33-37


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Reflexión para sacerdotes en una mañana de retiro en el arcipretazgo de La Orotava - Tenerife, Noviembre 2009. 

Servidores...
en el mundo
 

“Ustedes me llaman Maestro y Señor; y tienen razón, porque lo soy. Si yo, que soy el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros. Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes. Les aseguro que el servidor no es más grande que su señor, ni el enviado más grande que el que lo envía. Ustedes serán felices si, sabiendo estas cosas, las practican”. (Jn 13, 13-17) 

“Pero ahora voy a ti, y digo esto estando en el mundo, para que mi gozo sea el de ellos y su gozo sea perfecto. Yo les comuniqué tu palabra, y el mundo los odió porque ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No te pido que los saques del mundo, sino que los preserves del Maligno. Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Conságralos en la verdad: tu palabra es verdad. Así como tú me enviaste al mundo, yo también los envío al mundo”. (Jn 17, 13-18) 

En este segundo momento, les invito a contemplar el mundo, entendido globalmente como conjunto de la creación y del que no podemos ausentarnos totalmente, desde un doble aspecto: lugar en el que "estamos" y lugar al que hemos sido "enviados". El segundo aspecto está claro desde la perspectiva sacramental, tal y como atestiguan los textos anteriores pues el Maestro pide que repitamos sus "gestos salvíficos" a todos aquellos con los que nos tropecemos en el ejercicio de nuestro ministerio. 

Pero no podemos ser ingenuos y creernos inmunes del ambiente en el que "vivimos", pues la ingenuidad conseguirá que no evitemos riesgos y que seamos testigos del derrumbe de nuestras seguridades personales y, porque constitutivamente somos sacerdotes, contemplaremos, simultáneamente, el derrumbe de "otro Cristo", no al estilo del grano de trigo que muere para dar fruto, sino más bien como aquel que se estropea y no sirve para sembrarlo. 

Por eso, describamos nuestra sociedad y descubramos lo que en ella nos afecta a partir de la reflexión de Monseñor Juan María Uriarte, Obispo de San Sebastián, que ofreció en el Encuentro de Delegados y Vicarios para el Clero, celebrado entre los días 27 y 29 de mayo de este año. 

Quizás no hayan elementos radicalmente novedosos, pero sí creo que son claros, concretos y descritos con cariño. Elementos indispensables para que sus palabras no hieran, sino más bien ayuden a diagnosticar las heridas y sirvan de bálsamo que nos sostengan hasta que logremos curarlas del todo. Adentrémonos, de la mano de Mons. Uriarte, en la complejidad del tejido social en el que nos movemos y, terminemos aportando alguna solución ante un gigante frente al cual seguimos siendo el David que, con la onda de la oración en la mano, venceremos...  

(REFLEXIÓN A PARTIR DEL TEXTO DE MONS. JUAN MARÍA URIARTE)
(
MATERIAL ANEXO) 

Ante esto, ¿qué hacer? Seguro que todos nos hemos visto reflejados en alguno de los puntos que plantea Mons. Uriarte. Seguro, además, que ya lo hemos contrastado con nuestros acompañantes espirituales y, seguro igualmente, que estamos esforzándonos por vivir el ministerio en medio de contradicciones. Pero me parecía sugerente terminar el retiro no con el texto de una "radiografía de la cultura actual", sino con elementos espirituales útiles para dar respuesta a los retos que esta cultura nos plantea porque en ella están los rostros y los nombres de aquellos y aquellas a quienes hemos sido enviados... iA SERVIR! Por eso, que sean también las palabras de Mons. Uriarte, recogidas en una obra que lleva por título: Ministerio presbiteral y espiritualidad, las que nos vuelva al "estilo" de un retiro sacerdotal en el que se pretendía que la oración, el contacto con el Maestro, sirviera de oasis en medio del erial en el que a veces lo anunciamos y lo hacemos presente. De ahí que sea preciso saber orar, a partir de lo que somos y hacemos, a partir de nuestra realidad de presbíteros en medio del mundo, Mons. Uriarte llama a esta oración, la "Oración apostólica" y cuando la describe afirma lo siguiente: 

"La oración apostólica tiene cuatro características fundamentales: 

1. Es una oración que tiene su origen, su cantera, en la Escritura. No en la liturgia, sino en la lectura creyente de la realidad. La vida real de la gente, de nuestra gente, de la sociedad y de la Iglesia.

2. La lectura creyente que da origen a la oración apostólica del cura es realizada con ojos de pastor. [...] La oración del pastor ha de ser sensible a todas las dimensiones de la vida de su gente. Pero ha de ser singularmente sensible a su situación de fe.

3. Es una oración intensa y frecuente, muchas veces desde la brevedad del instante. Dice Lyonnet: `Prepara, acompaña e incluso releva a la acción apostólica cuando ésta no es posible'. 

4. Es una oración cuyos dos sentimientos fundamentales son el gozo de ver los signos de la acción liberadora y salvadora de Cristo en la gente y el deseo de verlos crecer y desplegarse en toda su comunidad. [...] El deseo que anima nuestra oración se concreta en formas diferentes: 

a. Orar 'con el corazón lleno de nombres'. Confiar al Señor la vida, los problemas
y la suerte de cada una de las personas y grupos de nuestra comunidad.
b. Orar desde la impotencia pastoral que con tanta frecuencia experimentamos.
c. Orar desde las dificultades de nuestro ministerio.
d. Orar cargado con los problemas de la gente como el Siervo de Vahvé, cargado por el peso de sus hermanos.
e. Una oración que confía al Señor y a su Espíritu el futuro de la Iglesia.  

[...]También sería recomendable hacer, diariamente, una lectura creyente de la propia vida. Tiene mucho que ver con el examen de conciencia y en el fondo [...] se trataría de dedicar unos minutos a ver el paso de Dios por nuestra vida y por la vida de los nuestros. [...] Es sorprendente recoger, al final de la jornada, las llamadas de Dios a las que, al estar en tantas cosas, no hemos podido atender explícitamente." 

«La mayor desgracia para nosotros los párrocos es que el alma se endurezca" (S. Juan María Vianney)


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Reflexión para sacerdotes en una mañana de retiro en el arcipretazgo de La Orotava - Tenerife, Noviembre 2009.    

"Constituidos servidores..."

PREÁMBULO

Siempre supone un esfuerzo el hecho de hacer un hueco para reflexionar, buscar el oasis en medio de la aridez del desierto de la vida ministerial. Pero la experiencia demuestra que merece la pena "parar y refrescarse"... A eso les invito, a sentirnos cómodos... a colocar junto a nosotros la "mochila" de la vida con los acontecimientos agradables y desagradables que definen nuestro presente y condicionan nuestro ministerio... a recordar el día en el que el Maestro se arrodilló delante de nosotros y nos constituyó ministros suyos "cualificados y dignos"... a refrescar el contenido principal de lo que somos y para lo que vivimos...

Es una tarea apasionante, nunca lograda del todo, pues hasta los maestros en espiritualidad sacerdotal advierten sobre el riesgo de creerse "inmunes" frente a lo que acontece a nuestro alrededor creyendo que no influye en nuestra personalidad "sacerdotal". Es pues tiempo también de conocer el "agua de la pecera" en la que nos estamos moviendo y que respiramos hasta el punto de "tragarla" con frecuencia...

Merece la pena el esfuerzo en esta mañana, no sólo por nosotros mismos, sino también por el Pueblo de Dios para el que hemos sido "constituidos como servidores", hay quienes no somos totalmente conscientes de que nuestra vida es "regalo de Dios" para otros y, quizás, respuesta a sus plegarias, pero los santos sí que lo entendieron y temblaron ante la grandeza de su misión, uno de ellos, San Juan María Bautista Vianney, afirmaba:

"Un buen pastor, un pastor según el Corazón de Dios, es el tesoro más grande que el buen Dios puede conceder a una parroquia, y uno de los dones más preciosos de la misericordia divina".

Que sean sus palabras las que "justifiquen" el esfuerzo de sentarnos junto al Maestro para "vivir" la definición de oración que enseña Sta. Teresa de Jesús: "No es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama." 

"Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, él, que había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el fin. Durante la Cena, cuando el demonio ya había inspirado a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarlo, sabiendo Jesús que el Padre había puesto todo en sus manos y que él había venido de Dios y volvía a Dios, se levantó de la mesa, se sacó el manto y tomando una toalla se la ató a la cintura. Luego echó agua en un recipiente y empezó a lavar los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía en la cintura". (Jn 13, 1-5)

Disfrutemos del acontecimiento, una vez más pongamos al servicio del ministerio a la imaginación y, sabiendo del carácter misterioso de nuestra vocación, "sentémonos a la Mesa" porque el Maestro, también, ha pronunciado nuestro nombre, ha enamorado nuestro corazón y nos ha pedido que le sigamos "dejándolo todo" para poder hacernos partícipes de su Misión... ¿Y si quisiera hoy, de manera espiritual, limpiarnos los pies del "barro del camino" que nos impide seguirle al ritmo que Él quiere?

El Papa, en la homilía pronunciada en la Misa Crismal de 2006 decía: "El misterio del sacerdocio de la Iglesia radica en el hecho de que nosotros, seres humanos miserables, en virtud del Sacramento podemos hablar con su 'yo': in persona Christi. Jesucristo quiere ejercer su sacerdocio por medio de nosotros. Este conmovedor misterio, que en cada celebración del Sacramento nos vuelve a impresionar, lo recordamos de modo particular en el Jueves Santo. Para que la rutina diaria no estropee algo tan grande y misterioso, necesitamos ese recuerdo específico, necesitamos volver al momento en que Él nos impuso sus manos y nos hizo partícipes de este misterio."

Es una homilía cargada de sentimiento y que bien nos vendría hoy para "afectarnos" hasta el punto de refrescar la respuesta al por qué soy sacerdote... "Reflexionemos nuevamente en los signos mediante los cuales se nos donó el Sacramento. En el centro está el gesto antiquísimo de la imposición de las manos, con el que Jesucristo tomó posesión de mí, diciéndome. 'Tú me perteneces'. Pero con ese gesto también me dijo: 'Tú estás bajo la protección de mis manos. Tú estás bajo la protección de mi corazón. Tú quedas custodiado en el hueco de mis manos y precisamente así te encuentras dentro de la inmensidad de mi amor. Permanece en el hueco de mis manos y dame las tuyas. [...]

Recordemos, asimismo, que nuestras manos han sido ungidas con el óleo, que es el signo del Espíritu Santo y de su fuerza. ¿Por qué precisamente las manos? La mano del hombre es el instrumento de su acción, es el símbolo de su capacidad de afrontar el mundo, de 'dominarlo'. El Señor nos impuso las manos y ahora quiere nuestras manos para que, en el mundo, se transformen en las suyas. Quiere que ya no sean instrumentos para tomar las cosas, los hombres, el mundo para nosotros, para tomar posesión de Él, sino que transmitan su toque divino,

poniéndose al servicio de su amor. Quiere que sean instrumentos para servir y, por tanto, expresión de la misión de toda la persona que se hace garante de Él y lo lleva a los hombres [...]" Ya sabemos y hemos repetido hasta la saciedad que este don lo llevamos en vasijas de barro... ¿pero de verdad lo creemos? Nuestras inseguridades y temores no vendrán de una falta de humildad sincera entendida como arrodillarse en la presencia del Maestro a mostrarle nuestras "heridas" para que sea Él quien nos "cure y nos sane" y no nuestros recursos personales o los criterios de conveniencia de los demás.

Decía el Papa en la homilía antes mencionada: "Él, con gran bondad, nos tomó de la mano, nos atrajo hacia sí y nos dijo `No temas. Yo estoy contigo. No te abandono. Y tú no me abandones a mí'. Tal vez en más de una ocasión a cada uno de nosotros nos ha acontecido lo miso que a Pedro cuando, caminando sobre las aguas al encuentro del señor, repentinamente sintió que el agua no lo sostenía y que estaba a punto de hundirse. Y, coi Pedro, gritamos: 'Señor, isálvame! [...] Pero entonces miramos hacia Él... y Él nos aferró la mano y nos dio un nuevo 'peso específico': la ligereza que deriva de la fe y que nos impulsa hacia arriba. Y luego, nos da la mano que sostiene y lleva. Él nos sostiene. Volvamos a fijar nuestra mirada en Él y extendamos las manos hacia Él. Dejemos que su mano nos aferre; así no nos hundiremos, sino que nos pondremos al servicio de la vida que es más fuerte que la muerte, y al servicio del amor que es más fuerte que el odio. [...] Una de mis oraciones preferidas es la petición que la liturgia pone en nuestros labios antes de la Comunión: 'Jamás permitas que me separe de Ti'. Pedimos no caer nunca fuera de la comunión con su Cuerpo, con Cristo mismo; no caer nunca fuera del misterio eucarístico. Pedimos que Él no suelte nunca nuestra mano..."

La imagen es preciosa, aferrados a la mano del Maestro, nuestra única seguridad sacerdotal, y luego vivir lo demás y con los demás... pero "agarrados a Cristo" como los niños a las manos de quienes los han criado y cuidado con amor, sólo quien se ha sentido amado presta su confianza y no teme aunque tiemble...

Terminemos esta primera meditación con las palabras del Papa: "Éste es el significado profundo del ser sacerdote: llegar a ser amigo de Jesucristo. Por esta amistad debemos comprometernos cada día de nuevo. Amistad significa comunión de pensamiento y voluntad. [...] Y esta comunión de pensamiento no es algo meramente intelectual, sino también una comunión de sentimientos y de voluntad, y por tanto también del obrar. Eso significa que debemos conocer a Jesús de un modo cada vez más personal, escuchándolo, viviendo con Él, estando con Él [...] Jesús asumió nuestra carne. Démosle nosotros la nuestra, para que de este modo pueda venir al mundo y transformarlo. Amén"

(Meditación personal)


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JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO – B
22 DE Noviembre de 2009
 

La paz, la gracia y el amor de Jesucristo, nuestro Señor, estén con todos vosotros.

Hoy celebramos el último domingo del año litúrgico. El año litúrgico es esto: revivir, domingo tras domingo, día tras día, la historia de nuestra salva­ción, el camino de Jesús que pasa entre nosotros con su vida entera, y que nos la hace vivir paso a paso, momento a momento, por medio de la Palabra y de la Eucaristía.

Hoy acabamos este repaso fijando nuevamente nues­tra mirada en él, en Jesús, que va delante de nosotros hacia el Reino de Dios. Él es el camino y la verdad, él es quien da sentido a nuestra vida y a la vida de la humanidad entera.

A. penitencial: En silencio, preparémonos para celebrar esta Eucaristía. (Silencio).

Tú, que nos conduces hacia un Reino de verdad y de vida. SEÑOR, TEN PIEDAD.
Tú, que nos conduces hacia un Reino de santidad y de gracia. CRISTO, TEN PIEDAD.
Tú, que nos conduces hacia un Reino de justicia, de amor y de paz. SEÑOR, TEN PIEDAD. 

1. lectura (Daniel 7,13-14): Una visión misteriosa nos intro­duce en la fiesta que hoy celebramos. Escuchémosla y reconozcamos en ella un anuncio de la figura de Jesucristo.

2. lectura (Apocalipsis 1,5-6): La segunda lectura nos mani­fiesta quién era aquel hombre que venía entre las nubes del cielo. No se trata de ningún personaje de ensueño, ni es el protagonista de ningún relato fantástico. El camino de ese hombre ha sido muy próximo a nuestro camino.

Oración universal: Con la mirada puesta en Jesús, unidos a él, oremos a Dios nuestro Padre diciendo: PADRE, ESCÚCHANOS.

Para que los cristianos llevemos el amor, la misericordia, la paz, la esperanza a todo el mundo, como lo hacía Jesús. OREMOS:

Para que los que no conocen a Jesucristo puedan descu­brir el camino de vida que él nos ofrece. OREMOS:

Para que el Señor suscite en su Iglesia las vocaciones sacerdotales y religiosas que necesita. OREMOS:

Para que los que trabajan al servicio de la paz y la justicia sientan la fuerza de Dios que les acompaña. OREMOS:

Para que los moribundos se acerquen al momento definitivo con la esperanza en la vida nueva que Jesús les ofrece en su Reino. OREMOS:

Para que los que hoy nos hemos reunido para celebrar la Eucaristía sigamos a Jesús con todo el convencimiento y con mucha alegría. OREMOS:

Padre, escucha nuestras oraciones, y conduce a todo el mundo hacia el Reino de tu Hijo amado, Jesucristo. Él que es el camino, la verdad y la vida, y vive y reina contigo por los siglos de los siglos. 

Padrenuestro: Como Jesucristo nos enseñó, pidamos a nuestro Padre que venga su Reino, y que su voluntad de amor, de justicia, de fraternidad, se haga en la tierra como en el cielo. Con fe, nos atrevemos a decir:


CPL


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Martes, 17 de noviembre de 2009

ZENIT publica la intervención que pronunció Benedicto XVI antes de rezar el Ángelus el domingo, 8 de Noviembre de 2009,  tras presidir la eucaristía en la plaza Pablo VI de Brescia.

Al finalizar esta solemne celebración, doy cordialmente las gracias a quienes han garantizado la animación litúrgica y a quienes de diferentes maneras han colaborado en la preparación y realización de mi visita pastoral aquí, a Brescia. ¡Gracias a todos! Saludo también a quienes nos siguen a través de la radio y la televisión, así como a quienes están en la plaza de San Pedro, de manera especial a los numerosos voluntarios de la Unión Nacional Pro Loco de Italia. En el momento del Ángelus, deseo recordar la profunda devoción que el siervo de Dios Giovanni Battista Montini tenía por la Virgen María. Celebró su primera misa en el santuario de Santa María de las Gracias, corazón mariano de la ciudad, no muy lejos de esta plaza. De ese modo, puso su sacerdocio bajo la materna protección de la Madre de Jesús, y este lazo lo acompañó toda la vida.
 
A medida que sus responsabilidades eclesiales aumentaban, él iba madurando una visión siempre más amplia y orgánica de la relación entre la Bienaventurada Virgen María y el misterio de la Iglesia. Desde esta perspectiva, es memorable el discurso de cierre del tercer período del Concilio Vaticano II, el 21 de noviembre de 1964. En esa sesión, fue promulgada la constitución sobre la Iglesia, Lumen gentium, que, según palabras de Pablo VI, "tiene como cumbre y corona todo un capítulo dedicado a la Virgen". El Papa observó que se trataba de la más amplia síntesis de doctrina mariana, nunca antes elaborada por algún concilio ecuménico, con el fin de "manifestar el rostro de la santa Iglesia, a la que María está íntimamente unida" (EnchiridionVaticanum , Bolonia 1979, p. [185], nn. 300-302). En ese contexto, proclamó a María Santísima "Madre de la Iglesia" (Cf. ibídem, n. 306), subrayando, con profunda sensibilidad ecuménica, que "la devoción a María... es un medio esencialmente ordenado a orientar las almas a Cristo y así unirlas al Padre en el amor del Espíritu Santo" (ibídem, n. 315).
 
Recordando esas palabras del Pablo VI, también nosotros elevamos hoy nuestra oración: Virgen María, Madre de la Iglesia, te encomendamos a la Iglesia bresciana y a toda la población de esta región. Recuerda a todos tus hijos; lleva a Dios sus oraciones; conserva firme su fe; fortalece su esperanza; aumenta su caridad. Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María (Cf. ibídem, nn. 317.320.325).

[Traducción del original italiano realizada por Jesús Colina
© Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:40  | Habla el Papa
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Artículo que ha escrito monseñor José Ignacio Munilla Aguirre, obispo de Palencia, con el título "De Londres a Roma, sin dejar el Támesis (Enseñanzas para los de casa)".


           La Santa Sede hizo pública el 20 de octubre, la constitución de una fórmula eclesial especial para acoger a todos los anglicanos que han solicitado recientemente su ingreso en la Iglesia Católica. Se trata de unos cuatrocientos mil fieles anglicanos, acompañados de unos mil sacerdotes y de varias decenas de sus obispos.

            No es la primera vez que acontece un fenómeno masivo de conversiones al catolicismo procedentes de la Iglesia Anglicana. Sin embargo, en el caso presente, la novedad estriba en la forma con la que la Santa Sede ha decidido acoger a estos conversos, permitiendo que conserven buena parte de sus tradiciones eclesiales y litúrgicas, y creando para ello una estructura canónica que facilitará el camino a cuantos puedan solicitar en el futuro su "retorno a casa".  

El valor de la Tradición 

            Cuando el Sínodo General de la Iglesia Anglicana autorizó en el año 1992 el sacerdocio femenino, se suscitó un debate dentro algunos sectores de nuestra propia Iglesia, en el que algunos juzgaban como excesivamente rigorista el principio católico de la transmisión íntegra de la Tradición: ¿No se estaba exagerando al afirmar que no tenemos autoridad para cambiar nada de la Tradición recibida de Cristo? ¿No era excesiva la sospecha de que la modificación de algún aspecto puntual, habría de terminar por adulterar el depósito de la fe?

            Han pasado diecisiete años desde entonces, y en el Sínodo General de la Iglesia Anglicana celebrado este año, se ha terminado por asumir, en la práctica, la ideología de género, al aceptar la ordenación de clérigos abiertamente homosexuales, que viven en pareja. Es de suponer, que pronto se realizará la "acomodación" del matrimonio a la "ideología de moda".

            ¡Cuántas enseñanzas nos ofrece la historia! En estos tiempos de secularización, los católicos deberíamos aprender algo muy importante de estos conversos que hoy llaman a las puertas de nuestra Iglesia: el valor del depósito de la Tradición. Sin la Tradición -cuya estima compartimos con la Iglesia Ortodoxa- la fe termina por disolverse en las ideologías del momento.  

La estima y el valor del celibato 

            Cerca de mil clérigos anglicanos van a recibir el sacramento del Orden Sacerdotal, integrándose en nuestra Iglesia Católica a través de un "Ordinariato personal", gobernado por alguno de sus clérigos u obispos. Los clérigos que estaban casados, seguirán viviendo su compromiso matrimonial, adquirido con anterioridad a su conversión, al mismo tiempo que ahora ejercerán el sacerdocio católico.

Asimismo, los nuevos candidatos al sacerdocio que ingresen en sus seminarios a partir de ahora, asumirán el celibato, como el resto de los presbíteros católicos de rito occidental. En este primer momento, la elección de los obispos responsables de estos Ordinariatos, se realizará entre los clérigos u obispos célibes provenientes del anglicanismo.

Se trata de una solución muy razonable que, al mismo tiempo que se muestra respetuosa y responsable con la situación de partida de estos clérigos casados, también demuestra la gran estima de los conversos por el celibato. Una actitud tan positiva, debería cuestionar a quienes entre nosotros habían llegado a pensar que el celibato no tenía futuro. Sin embargo, es notorio que el celibato es un don de Dios que reafirma en gran medida el sentido vocacional del sacerdocio. ¡Cuánto nos ayuda el "desposorio con Cristo" para poder vivir el ministerio sacerdotal como un auténtico "desposorio con la Iglesia"!              

 El verdadero ecumenismo


            ¿Cómo puede afectar todo este proceso al diálogo ecuménico? ¿No podría ser interpretado, tal vez, como una estrategia proselitista de la Iglesia Católica, que se aprovecha de la grave crisis que padece la Iglesia Anglicana, para "robarle" sus fieles?

Lo cierto es que, el Arzobispo anglicano Primado de la Iglesia de Inglaterra, Rowan Williams, y el Arzobispo católico de Westminster, Gerard Nichols, ofrecieron el mismo día que se hizo pública la noticia, una rueda de prensa conjunta, en la que elogiaron este camino emprendido. Sus palabras fueron muy esclarecedoras: "Se trata de un reconocimiento de la sustancial convergencia en la fe, doctrina y espiritualidad entre la Iglesia católica y la tradición anglicana". "Sin los diálogos de los pasados 40 años este reconocimiento no habría sido posible".

En resumen, este "paso de gigante" al que estamos asistiendo, ha dejado patente que el concepto de "ecumenismo" no es antagónico al de "conversión". Muy al contrario, el verdadero ecumenismo es el que posibilita que las conversiones no sean puestas sistemáticamente bajo la sospecha de proselitismo, sino que sean reconocidas como la culminación del proceso del diálogo ecuménico.

Esperamos expectantes la beatificación del Cardenal John Henry Newman (1801-1890), que tendrá lugar en mayo de 2010. Su figura es un estímulo para todos aquellos que buscan con pasión la Verdad, y están dispuestos a abrazarla con todas las consecuencias, una vez encontrada. Suya es la siguiente expresión, que ojalá pudiéramos hacer nuestra: "En mi vida no he pecado nunca contra la luz".


Publicado por verdenaranja @ 22:37  | Hablan los obispos
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El Vicario General de la diócesis de Tenerife nos envía la siguiente carta:

OBISPADO DE TENERIFE
Vicaría General
C/ San Agustín, 28. 38201 – La Laguna, Tenerife
922314972 – 922258640  – Fax. 922256362
vicariogeneral@obispadodetenerife.es

___________________________
San Cristóbal de La Laguna, a 17 de noviembre de 2009 

Estimados compañeros. Saludos fraternos.

Se acerca el Adviento. Como les he venido exponiendo en nuestros distintos encuentros, este es un tiempo para mejorar nuestra capacitación y oración de cara a implementar, de un modo renovado, la Iniciación Cristiana y el Catecumenado en nuestras parroquias y grupos.

Los servicios diocesanos, en nuestra misión de impulsar los objetivos pastorales preferentes, ya les hemos enviado una celebración de ingreso en el catecumenado. Además, estamos tratando de conocer con más profundidad la realidad, plural y rica, de los distintos ámbitos pastorales en relación a la Iniciación Cristiana. Estos datos nos permitirán hacer un mejor diagnóstico pastoral de dónde estamos, así como programar, de modo más realista y evangélico, los objetivos y acciones futuras.

Por eso, ahora es preciso que sepamos, en la Vicaría General, el número de niños/as, adolescentes o jóvenes, que están en proceso catequético de Iniciación Cristiana y, teniendo más de siete años, no están bautizados. También si existe algún adulto que ha solicitado ser cristiano.

Estimo imprescindible que, en cada arciprestazgo o entre parroquias limítrofes, reflexionemos sobre lo que estamos haciendo, y lo que deberíamos hacer para mejorar el proceso que llevamos con estos catecúmenos.

Nuestra capacitación para una evangelización más incisiva y para implementar toda la pastoral en clave iniciática, es del todo necesaria. Igualmente, la formación de los agentes de pastoral es de vital importancia para que esta manifestación más elocuente de la misión de la Iglesia, que es la Iniciación Cristiana, vaya siendo, por la vía de hecho, objetivo preferente de todas nuestras comunidades, grupos, movimientos, etc.

Por otro lado, aprovecho esta misiva para recordarles a todos, tras las experiencias tenidas en El Hierro, La Laguna y La Palma, que seamos rigurosos en la comunicación, a las administraciones civiles, de todo acto que organicemos en el que se ocupe el espacio público. No importa lo tradicional o histórica que puedan ser la procesión, romería, etc, para que cumplamos los requisitos de presentar el documento, que todos conocemos (cf. documentos en la página web del Obispado), y la copia del seguro (pídase en la Administración Diocesana). Igualmente, no olvidemos que la parroquia organiza los actos religiosos, de modo que no solicitemos ni firmemos documentos en relación a fuegos artificiales u otras cuestiones que puedan causarnos posteriores problemas.

Sacudámonos de toda rutina pastoral y dejémonos renovar interiormente a fin de capacitarnos mejor para ir dando pasos en la línea de la tan necesaria conversión pastoral. 

Fraternalmente. 

Antonio Manuel Pérez Morales
Vicario General 

ENCUESTA: 

¿Se han programado acciones, en el nivel parroquial y/o arciprestal, sobre la Iniciación Cristiana?

¿Hay en la parroquia y/o arciprestazgo algún niño, adolescente o joven en proceso catequético de Iniciación Cristiana? ¿Cómo se le atiende pastoralmente?

¿Algún adulto ha solicitado el bautismo?

¿Los agentes de pastoral, fundamentalmente los catequistas, están recibiendo formación con el material diocesano sobre la Iniciación Cristiana? ¿Con otros materiales? ¿Cuáles?

¿Qué ayuda necesitarían para el nivel parroquial y/o arciprestal para mejorar la Iniciación Cristiana?

Enviar las respuestas a vicariogeneral@obispadodetenerife.es, o por correo ordinario a la vicaría.


El Delegado Diocesano de la Diócedsis de Tenerife informa sobre diversas actividades como Sembradores de Estrellas y la Marcha Misionera de los Niños a Candelaria. 

DELEGACIÓN DIOCESANA DE MISIONES
OBISPADO DE TENERIFE
2 de noviembre de 2009

Querido hermano/a:

Recibe un saludo fraterno desde esta Delegación que intenta animar, con el apoyo de ustedes, la dimensión misionera "ad gentes" en nuestra diócesis.

Hemos comenzado el curso con la campaña del Domund y para ello hemos contado con la presencia y animación de tres misioneros durante todo el mes de octubre. Doy las gracias por la acogida que les han dispensado y, sobre todo, porque la sensibilidad misionera vaya calando en lo más hondo de nuestro corazón especialmente en este año dedicado a potenciar la "Iniciación Cristiana".

Recordarles que en la página Web, con su nuevo diseño, de las OMP existe abundante material para ayudar a aquellos que deseen estar informados y a la par formar a otras personas en el espíritu misionero; también en la Delegación tenemos materiales para ofrecer a quienes nos lo pidan,

Continuamos potenciando la animación misionera teniendo en cuenta lo siguiente:

Sembradores de estrellas cuyo objetivo es felicitar La Navidad en nombre de los misioneros. La celebración de envío y las estrellitas hay que pedirlas directamente a la oficina de la Delegación en el Obispado. En Santa Cruz y La Laguna se ha elegido el 19 de diciembre, sábado, por la mañana para su celebración. En los demás sitios ver la fecha más oportuna.

Preparar, si vas a participar, la Marcha Misionera que celebraremos el sábado 23 de enero en Candelaria teniendo como lema "Con los niños de África encontramos a Jesús". Dada las sugerencias de algunos grupos no celebraremos el Festival de la Canción Misionera por lo que, después de almorzar, tendremos un pequeño happenig misionero preparado para ese día.

e) Recibir y divulgar los materiales de Infancia Misionera (haznos saber si la cantidad de material es la adecuada).

d) Revistas Gesto y Supergesto: es un buen material para la formación de

niños y adolescentes. A nivel informativo debes saber que se distribuyen en

nuestra diócesis unos 9.000 numeros de Gesto y 2.000 números de

Supergesto. Estas fechas son propicias para darlas a conocer y divulgarlas. Damos gracias a Dios por la oración que se realiza a favor de las misiones especialmente en los monasterios de clausura y los centros para mayores. 

Sin otro particular y deseándote un feliz Adviento, quedo a tu disposición.

Juan Manuel Yanes Marrero
Delegado de Misiones

 

Calla San Agustín,28. 38201 LA LAGUNA – TENERIFE  Tfnos 922314969 / 922258640   E-mail: prensa@obispadodetenerife.es


Artículo que ha escrito monseñor Rodrigo Aguilar Martínez, obispo de Tehuacán, con el título "Crecer en humanidad".

CRECER EN HUMANIDAD

Cuando el autor sagrado va narrando, en el Génesis, la obra de la creación, menciona repetidamente que Dios todo lo va haciendo bien; pero en la creación del ser humano se precisa más, Dios lo hizo "muy bien": "varón y hembra los creó, a su imagen y semejanza". Dios, a su vez, entrega al varón y la mujer, como su obra maestra que son, el resto de la creación con el mandato: crezcan, multiplíquense, llenen la tierra, sométanla.

No hay nada más hermoso que el ser humano viva y crezca en humanidad.

No hay nada más ruin que el ser humano se envilezca renunciando a su humanidad.

Como humanos, podemos comunicarnos, expresar nuestros pensamientos y sentimientos; nos complementamos, ayudándonos de manera respetuosa y solidaria, aprovechando nuestras facultades de la inteligencia, la afectividad, la voluntad, la libertad, la responsabilidad. La plenitud es cuando usamos estas facultades para ennoblecernos personalmente, o sea para madurar, y también para colaborar en el proceso de madurez de los demás.

Madurar es trascender; es ir más allá de mí mismo, encontrando en los demás a compañeros de camino para la superación; es ir más allá de mi verdad y mi bien, para alcanzar la verdad y el bien que de suyo existen aunque nosotros no existiéramos y que dan consistencia a nuestra vida. La plenitud de la trascendencia se tiene cuando avanzamos en la consecución de la Verdad y el Bien supremos, que le llamamos Dios. Si Dios nos hizo a su imagen y semejanza, lo máximo es cuando reconocemos que Dios Trino y Uno es nuestro Origen y nuestra Meta y cuando asumimos que la plenitud será la total pertenencia a Dios, que se llama santidad.

Desgraciadamente la vida familiar y social está llena de violencia: física, verbal, psicológica desde el propio hogar; robos, asaltos, secuestros, asesinatos. Se cumple aquella frase del filósofo: "el hombre es lobo para el hombre".

¿Dónde está la raíz de la violencia? ¿Qué hacer para afrontarla y resolverla o al menos atenuarla?

La raíz de todo está en nuestro corazón, donde se anida la maldad o la bondad, el engaño o la verdad, el abuso o la ayuda, la solidaridad o la imposición; de nuestra libre responsabilidad depende qué uso demos a las facultades que hemos recibido. Conviene que en la familia, en la comunicación y mutuo acompañamiento que cultivemos, nos ayudemos a ir avanzando noblemente y de manera consistente. Que nuestras familias sean escuela de formación en los valores humanos y cristianos.

Hemos de reconocer y asumir que junto a nuestra tendencia en el sentido de la verdad y el bien, también está nuestra tendencia a la mentira, a la corrupción, a la mediocridad; porque, aunque hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios, también estamos marcados por la concupiscencia.

San Pablo expresa esto con mucha claridad, diciendo: "hago el mal que no quiero, no hago el bien que quiero"; pero encuentra en Cristo Jesús la fuerza y el camino de conversión.

De nuestra libre responsabilidad, por supuesto con la gracia de Dios, depende que colaboremos en desterrar la cultura de muerte y construir  la cultura de vida en nuestro derredor.


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Desde Cueva de San Ingnacio en Manresa nos envian informaciòn sobre propuestas para Diciembre de 2009 y Enero de 2010

"Apreciado/a amigo/a: 
Nuevamente le recordamos algunas de las propuestas de la Cueva de S. Ignacio, programadas para diciembre y enero. Si le es posible, le agradeceremos lo informe a personas a quienes puedan interesar.
Muchas gracias. 
Francesc Riera y Figueras, sj.
Director
Cueva de S. Ignacio - 08241 Manresa
93 872 04 22 - www.covamanresa.cat - covaee@covamanresa.cat"


CINCO DÍAS DE EJERCICIOS
03-09 diciembre.- Carlos Marcet, sj.
26-31 diciembre.-
Xavier Rodríguez e Ignacio Vila, sj. (personalizados) 

STOP EN EL CAMINO,
ORANDO CON LAS GRANDES OBRAS DE LA MÚSICA

■ Francesc Roma, sj.
– A lo largo del año conviene hacer “stop” en algunos momentos, tomarse un tiempo de silencio. Lo haremos acompañados de Bach, Händel, Berlioz, etc. La música y la letra nos ayudarán a orar.
– ADVIENTO: 11-13 diciembre (CUARESMA: 12-14 marzo / PENTECOSTÉS: 21-23 mayo). 

ESCUCHAR Y ACTUAR PARA LLEGAR A SER
■ Asun Puche (psicóloga). Colaboración Victoria Hernández (Casal L. Espinal)
– A partir de la Reverse Therapy buscamos desarrollar la armonía y el equilibrio personal y relacional. Conectaremos con la inteligencia emocional y espiritual a través de la Conciencia del Cuerpo para llegar a la toma de decisiones coherentes.  Habrá teoría y prácticas corporales, de comunicación asertiva y de discernimiento.
– 11 - 13 diciembre 

ASUMIR EL FRACASO
■ Jordi Font i Rodon, sj. (Fundación Vidal i Barraquer)
La vida está llena de pequeños o grandes fracasos que nos afectan a menudo hondamente y dejan sufrimientos que parecen incurables. El taller quiere ofrecer un mayor conocimiento y comprensión, a la vez psicológico y espiritual, de estos hechos. Jesús fue socialmente un gran fracasado, pero de su vida y muerte Dios hizo brotar la Vida Nueva.
– 15 - 17 enero 

AYUDA PSICOLÓGICA PARA LA VIDA ESPIRITUAL
■ Eduard Fonts (psicólogo)
Nuestras creencias, experiencia de Dios, relaciones con los otros, manera de enfocar la vida no siempre son iguales ya que nuestro vivir es dinámico y provisional. Nuestra vida espiritual a veces se resiente. Con le ayuda de la psicología y a través de alguna dinámica, tiempo personal y diálogo, buscaremos la manera resituar nuestra vida, el sentido que tiene y como vivir con mayor plenitud.
– 26 - 28 de febrero (atención: no es la fecha que se puso en el programa) 

MÍSTICA Y LIBERACIÓN
■ Esteban Velásquez, sj. (“Iniciativa por cambio personal y la justicia global”)
¿Pueden confluir en un mismo cauce espiritual los que mantienen la importancia de la mística para el futuro de la humanidad y los que la mantienen en relación con la liberación sociopolítico pendiente? El taller incluirá ratos de silencio y de diálogo.
– 19 - 21 febrero 

SEMINARIO: “CONTEMPLACIÓN PARA ALCANZAR AMOR”
■ Pere Borràs, Xavier Melloni, Josep Rambla, Francesc Riera, sj. y Anna Pitarch /  profs. invitados:  Anna Saumoy, odn. y Marc Vilarassau, sj.
Seminario ofrecido por EIDES y la CUEVA para personas introducidas en los Ejercicios y con alguna práctica de acompañamiento. Estudio del texto, de su teología, maneras de proponerlo... Veremos como situa en el “Deus semper maior”, donde no le esperábamos, en mundos que considerábamos ajenos a Dios..., en otras tradiciones religiosas que al Ejercitante le pueden resultar lejanas, pero donde descubre la libertad del Espíritu Creador.
– 26-31 diciembre 

Información y matrículas: 93 872 04 22
recepcio@covamanresa.cat 


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Domingo, 15 de noviembre de 2009

Artículo que ha escrito monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas, con el título "El campo en agonía".

VER

Es doloroso ver abandonados tantos campos de cultivo. Hace años, cientos de hectáreas de bosques fueron taladas, para sembrar maíz y frijol, y para programas ganaderos. Hoy están abandonadas o erosionadas. Los campesinos nos dicen que no les es costeable producir lo que siempre habían sembrado, ni engordar ganado, pues les sale muy caro. Es más barato comprar alimentos en el extranjero, aunque sean transgénicos, que producirlos aquí. Algunos siguen trabajando sus tierras sólo para subsistir, para asegurar la comida, y por la fuerza de la tradición, que los hace apegados a la tierra, a la que consideran una madre que les da vida, de parte de Dios. Es poco lo que les queda para comercializar y la mayoría carece de recursos tecnológicos. No son flojos, aunque algunos dejan de trabajar por la dependencia que generan ciertos programas de gobierno, y por el alcoholismo que les engaña con un consuelo pasajero. 

Es innegable que los gobiernos han hecho esfuerzos por salvar al campo; han generado programas y apoyado iniciativas; han estimulado productos alternos; sin embargo, ante los enormes subsidios que otros países dan a sus agricultores, es imposible competir, y casi subsistir. Por ello, la migración no se detiene y algunos llegan al suicidio, al no poder cubrir sus necesidades básicas, ni pagar sus deudas.  

JUZGAR

Al respecto, el Papa Benedicto XVI dice en su Encíclica Caritas in veritate: "En muchos países pobres persiste, y amenaza con acentuarse, la extrema inseguridad de vida a causa de la falta de alimentación: el hambre causa todavía muchas víctimas. El hambre no depende tanto de la escasez material, cuanto de la insuficiencia de recursos sociales, el más importante de los cuales es de tipo institucional. El problema de la inseguridad alimentaria debe ser planteado en una perspectiva de largo plazo, eliminando las causas estructurales que lo provocan y promoviendo el desarrollo agrícola de los países más pobres mediante inversiones en infraestructuras rurales, sistemas de riego, transportes, organización de los mercados, formación y difusión de técnicas agrícolas apropiadas, capaces de utilizar del mejor modo los recursos humanos, naturales y socio-económicos, que se puedan obtener preferiblemente en el propio lugar, para asegurar así también su sostenibilidad a largo plazo. Todo eso ha de llevarse a cabo implicando a las comunidades locales en las opciones y decisiones referentes a la tierra de cultivo. En esta perspectiva, podría ser útil tener en cuenta las nuevas fronteras que se han abierto en el empleo correcto de las técnicas de producción agrícola tradicional, así como las más innovadoras, en el caso de que éstas hayan sido, tras una adecuada verificación, reconocidas convenientes, respetuosas del ambiente y atentas a las poblaciones más desfavorecidas. Al mismo tiempo, no se debería descuidar la cuestión de una reforma agraria ecuánime en los países en desarrollo" (27).  

ACTUAR

Legisladores, gobernantes, economistas e inversionistas deben atacar el problema estructural, a nivel nacional e internacional; mientras tanto, sugerimos a los campesinos: 

Amar la tierra y cuidarla. No quemar bosques, ni tirar árboles irracionalmente. Hacer terrazas en las parcelas en declive, para que no se vaya al río la tierra buena y se queden sólo las piedras, que con el tiempo generan desiertos. Evitar los insumos químicos y probar la eficacia y rentabilidad de los abonos orgánicos. Discernir qué programas de gobierno les pueden en verdad beneficiar, sin hacerse dependientes y esclavos. Estar abiertos para probar otras siembras y nuevos métodos, combinando la sabiduría de los mayores con los avances de la ciencia. Organizarse en cooperativas de productores y comerciantes, para unir fuerzas y enfrentarse al mercado globalizado, en el que los pequeños no caben. No dejarse atrapar por el consumismo al que induce la publicidad, y no querer presumir con las últimas modas en celulares, videos, ropa y diversiones. Amar y gozar la digna y noble austeridad, por decisión propia y convencida, sostenida por la Palabra de Dios.


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Resumen oficial del Mensaje de la Conferencia Episcopal Española con motivo del 50 aniversario de la fundación de la institución caritativa española Manos Unidas.

MENSAJE CON MOTIVO DEL 50 ANIVERSARIO DE MANOS UNIDAS
Conferencia Episcopal Española
CCXIV Comisión Permanente
Madrid, 1 de octubre 2009

“Tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber...” (Mt 25, 35) 

I. Memoria del pasado. “Declarar la guerra al hambre”

En el L aniversario de Manos Unidas, la Conferencia Episcopal Española quiere enviar un mensaje de felicitación, agradecimiento y estímulo a los numerosos asociados y colaboradores que, inspirados por su conciencia cristiana, están comprometidos generosamente en la lucha contra el hambre en el mundo.

Ha transcurrido medio siglo desde que las Mujeres de Acción Católica Española promovieran en 1959 la I Campaña contra el hambre. En 1956, responden al llamamiento de la Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas para remediar las tres hambres que afligen el mundo: “hambre de pan, hambre de cultura y hambre de Dios” y propondrán un día de ayuno voluntario en el primer viernes de cada Cuaresma. Lo consideraron no sólo como un gesto de solidaridad con los necesitados, sino también como una eficaz identificación que les ayuda a experimentar en su propia persona las penalidades que padece el que tiene hambre. A esto le seguirá espontáneamente una limosna a favor de los más necesitados, naciendo así la colecta anual pensada para ayudar a financiar proyectos concretos de desarrollo en el Tercer Mundo que se ha incrementado progresivamente año tras año.

En posteriores campañas se fueron ampliando los objetivos y se creó un Servicio Educativo y de Documentación; se fue profundizando en la acción educativa y se diseñó material didáctico escolar llevando la inquietud por el problema del hambre incluso hasta la universidad. Además, se concretaron las prioridades: el desarrollo agropecuario y pesquero, la promoción cultural, la atención sanitaria, la promoción de la mujer, la promoción social, etc.

Durante estos cincuenta años, Manos Unidas ha trabajado para erradicar la miseria, la nutrición deficiente, la enfermedad y el atraso cultural en los países del Tercer Mundo, y para identificar y eliminar sus causas estructurales; ha denunciado en la sociedad española el problema del hambre y las penurias del subdesarrollo y ha reunido fondos para financiar proyectos.

Sus campañas contra el hambre se insertan con naturalidad en la práctica de la Iglesia por lo que la activa participación de Manos Unidas en el apostolado social de la Iglesia es digna de todo aplauso y gratitud. 

II. Tarea en el presente. “Salvaguardar las señas de identidad”

El aniversario es también una ocasión propicia para reflexionar sobre el camino recorrido, para profundizar en las vivencias fundacionales y reavivar la conciencia de la propia singularidad. Manos Unidas, “la Asociación de la Iglesia en España para la ayuda, promoción y desarrollo del Tercer Mundo”, ha nacido en la Iglesia y, de su asociación de apostolado, la Acción Católica que, manteniendo una unión muy estrecha con la Jerarquía, persigue fines propiamente apostólicos. En este sentido, debemos esforzarnos por preservar como un preciado tesoro esta identidad cristiana y misionera, superando toda tentación secularista y el reduccionismo que comporta, y manteniéndonos firmes en la enseñanza de Jesucristo que nos ha dicho: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4,4)

Manos Unidas no puede descuidar su acción misionera: ha de evangelizar promocionando y promocionar evangelizando, buscando el desarrollo integral del hombre y no sólo satisfacer sus necesidades materiales.

También los asociados a Manos Unidas deben seguir cuidando sus inspiraciones originales: la apertura al otro, el interés por las personas, la fina sensibilidad ante el sufrimiento, la acogida y el don gratuito. Estos principios han brotado del Evangelio y de la Doctrina Social de la Iglesia.

Por otro lado, Manos Unidas es una organización de voluntarios en el ámbito diocesano; sus socios y colaboradores entregan desinteresadamente su tiempo, su saber y sus bienes en favor del proyecto con generosa gratuidad.

Esta característica es un timbre de gloria que desde el principio ha mantenido Manos Unidas, y algo que hay que defender como propio de una organización de la Iglesia; salvando siempre, en su justa medida, la colaboración de personas técnicas contratadas, que ayuden a desarrollar las iniciativas con la mayor eficacia posible. 

III. Compromiso ante el futuro. “Afrontar los nuevos retos del hambre en el mundo”

Aunque es mucho lo que en estos cincuenta años se ha conseguido, todos y especialmente los asociados a Manos Unidas consideran que no se ha llegado todavía a la meta y que hay que seguir trabajando sin descanso: todavía más de ochocientos cincuenta millones de personas sufren malnutrición y padecen hambre.

En nuestros días, constatamos la aparición de nuevos riesgos para la vida de los pobres, ocasionados por la agresión al equilibrio medioambiental, por los desequilibrios económicos y por la crisis de la energía y de los alimentos.

La crisis económica que nos oprime con el desolador problema del paro que genera está poniendo a prueba nuestra capacidad de respuesta. La crisis de humanidad que está en su base es un argumento más a favor de la eficacia de un planteamiento de búsqueda de soluciones integrales: la batalla contra el hambre de pan no puede desligarse de la formación de una conciencia moral responsable, fundamentada en la fe en Dios.

La obligada solidaridad entre los que compartimos una misma condición y un mismo destino nos exige compartir, siendo preciso modificar nuestros hábitos de vida y adecuarlos a una sobria austeridad. La Iglesia a través de múltiples iniciativas de sus miembros trata de hacer realidad esos principios de modo original y conforme a su naturaleza.

El problema del hambre continúa angustiando a la humanidad. La pobreza es una de las más graves preocupaciones de la comunidad internacional. Su solución nos apremia a todos, reconociendo que «la visión del desarrollo como vocación comporta que su centro sea la caridad». En este sentido, es necesaria una conversión del corazón a la caridad de Cristo, sabiendo que hay recursos técnicos suficientes para acabar con la lacra de la pobreza. Esta conversión nos lleva a transformar las estructuras de pecado que contribuyen a las situaciones de injusticia. Es la urgente tarea que se ofrece a los miembros de Manos Unidas, en la que todos estamos llamados a colaborar.

En la celebración gozosa de su L aniversario, damos gracias a Dios por estos años de esforzada labor, en los que esta organización eclesial ha sido un signo vivo y profético de su amor a las personas con cualquier clase de necesidad.

Pedimos también al Espíritu Santo que continúe suscitando en nuestras parroquias y comunidades la generosidad del corazón y el compromiso del voluntariado, que todos los hombres y mujeres de buena voluntad, juntamente con las instituciones y gobiernos, hagan una apuesta decidida por el desarrollo integral de los países y que, como aquellas mujeres pioneras de Acción Católica del año 1959, “declaren la guerra al hambre de pan, de cultura y de Dios en el mundo”.


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La Academia del Plata advierte sobre proyectos de aborto.
Buenos Aires, 6 Nov. 09 (
AICA)  

Aborto

La Academia del Plata, nacida en 1875 con los valores éticos fundacionales de la Patria, expresó la preocupación de sus miembros por los avances intentados por distintas organizaciones que promueven la despenalización del aborto y en particular por la difusión, en la misma dirección, de proyectos legislativos, en el ámbito del Congreso de la Nación y, llamativamente, en el orden local de algunas provincias y de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

     En una declaración con las firmas de su presidente Jorge Aceiro, y Jorge Rodríguez Mancini, secretario, la entidad manifestó su adhesión a la declaración del Consorcio de Médicos Católicos, que advierte que “en todos los casos -y sin excepción alguna- el aborto directamente procurado es un homicidio, pues se trata de eliminar la vida del niño no nacido en el vientre de su madre”, e invoca la jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia que defiende el derecho a la vida como primer derecho natural.

Texto de la declaración

     La Academia del Plata, nacida en 1875 con los valores éticos fundacionales de nuestra Patria, expresa la preocupación de sus miembros por los avances intentados por distintas organizaciones que promueven la despenalización del aborto y en particular por la difusión, en la misma dirección, de proyectos legislativos, en el ámbito del Congreso de la Nación y, llamativamente, en el orden local de algunas provincias y de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

     Sobre el punto y aún prescindiendo de posiciones religiosas particulares que sostienen, como nuestra Academia, el valor supremo de la vida, es preciso tener presente que, coincidiendo plenamente con lo ha expresado recientemente por el Consorcio de Médicos Católicos, “en todos los casos -y sin excepción alguna- el aborto directamente procurado es un homicidio, pues se trata de eliminar la vida del niño no nacido en el vientre de su madre…”

     Es una realidad biológica que en la concepción, es decir en la unión del óvulo con el espermatozoide, comienza una nueva vida humana; un nuevo ser humano que ha de ser tratado con el mismo respeto que merece cualquier persona humana. Todo aborto es un atentado contra la ley natural, la cual está por encima y es anterior a cualquier creencia religiosa. “No matar” es un mandato para todas las mujeres y todos los hombres, y no sólo para quienes profesan un determinado credo religioso... Si la vida humana del no nacido -el ser humano más débil e indefenso- se somete a debates, a consensos o a negociaciones políticas, se priva de sustento a todos los demás derechos humanos…”

     Frente a esos avances e intentos, es oportuno recordar como respaldo final al repudio de medidas que despenalicen el aborto, que nuestra Corte Suprema de Justicia, que es el Tribunal que al fin deberá, si es preciso, pronunciarse sobre la validez constitucional de cualquier norma en aquel sentido, ha expresado doctrina suficientemente definitoria sobre la defensa de la vida.

     Así lo ha mantenido a través de distintas integraciones del Alto Tribunal incluyendo la actual, (con excepción de la Ministra Argibay) ratificando que "la vida es el primer derecho natural de la persona humana preexistente a toda legislación positiva que resulta garantizado por la Constitución Nacional. El ser humano, desde luego, es eje y centro de todo el sistema jurídico y en tanto fin en sí mismo – más allá de su naturaleza trascendente – su persona es inviolable y constituye valor fundamental con respecto al cual los restantes valores tiene siempre carácter instrumental, mayormente cuando el derecho a la vida comprende no sólo el derecho a no ser privado de ésta arbitrariamente, sino también el derecho a que no se le impida a la persona el acceso a las condiciones que le garanticen una existencia digna”. (fallo “Torrillo” del 31/3/09 con remisión a anteriores sentencias del Tribunal).

    Es ésta la doctrina que se sostiene por cuanto tanto la Constitución Nacional (art. 75, inc. 23) como la Convención sobre los Derechos del Niño (art. 1 según la ley que lo ratificó) y el Pacto de San José de Costa Rica (art. 4), o sea la ley suprema argentina, protegen la vida desde la concepción por lo que ninguna ley puede hacer legal lo que la Carta Fundamental prohíbe.+


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Mensaje de monseñor José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario con motivo del Día del Enfermo. (AICA)
(8 de noviembre de 2009)


día del enfermo 

La celebración del "Día del enfermo", conforme al Mensaje de este año del Papa Benedicto XVI, y al lema de la Comisión de Pastoral de la salud del Episcopado "Escúchalo, ámalo, anunciale a Cristo nuestra esperanza" , nos ivitan a mirar y a reflexionar en los que están enfermos, particularmente, en todos aquellos a quienes se les hace aún más difícil sobrellevar la falta de la salud; ya sea por el sufrimiento propio de la enfermedad, como por muchas otras necesidades que aún se pueden padecer; como son la falta del afecto fraterno de quienes los puedan escuchar y amar, la atención que requieren para estar más aliaviados, y la falta de recursos materiales.

En el enfermo se refleja con más fuerza el inmenso valor de la vida humana; que aún en los momentos más difíciles de la enfermedad y del sufrimiento, debe alentarlo a no perder la esperanza, y a confiar; ya que tenemos la convicción de que toda vida tiene un vínculo profundo con el Padre que nos creó, y en su Hijo, es un reflejo de la misma vida de Dios. Por ello, es tan importante que anunciemos a Cristo, nuestra esperanza.

A la luz de la enseñanza del Santo Padre en su Mensaje" Cuidar a los débiles es amar a Jesús", quisiera que tengamos una mirada especial hacia los niños enfermos de nuestra Arquidiócesis de Rosario, que aun siendo pequeños llevan en su cuerpo las consecuencias de enfermedades que son muchas veces incurables, ó les hacen sufrir la invalidez, no obstante el progreso de la medicina. También tengamos presente a los niños heridos en el cuerpo y en el alma como consecuencia de la violencia, de la droga, o son víctimas inocentes del maltrato de los adultos (cfr. Mensaje, 2009).

Deseo recordar también a los chicos “de la calle”, privados del calor de una familia y abandonados frecuentemente a si mismos, y a los menores que han sufrido abusos por parte de los mayores, provocando en ellos un mal psicológico que los marcará profundamente con huellas lamentables, por esta falta grave hacia ellos; o que padecen desde una edad temprana el flagelo de la droga, y de otras sustancias, que de algún modo ya son también nuestros enfermos. "De todos estos niños se eleva un grito silencioso de dolor que interpela nuestra conciencia de hombres y de creyentes” (ibidem).

Pido a las comunidades parroquiales y diocesanas, y a cada uno de ustedes que vivan profundamente este día; que se unan al trabajo fecundo de la Pastoral de la salud, y escuchen el llamado que el Señor nos hace a todos, de velar por nuestros enfermos, y de escuchar y amar a cada uno de los que más nos necesitan a causa de su enfermedad. Quiero agradecer a todos los que forman parte de esa legión de buenos samaritanos, que contribuyen con sus obras y con su presencia solidaria con estos hermanos nuestros.

En este día nos encomendamos a Nuestra Señora de la Salud, para que aliente y reconforte a los médicos , enfermeros y enfermeras en su misión; que con su manto maternal alivie los sufrimientos de todos los enfermos, muchas veces veces escondidos y vividos en la soledad; o en medio de muchas necesidades; los proteja y les conceda la salud.

Mons. José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario


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Comentario a  las lecturas del domingo treinta y tres del Tiempo Ordinario publicado en Diario de Avisos el domingo 15 de Noviembre de 2009 bajo el epígrafe “DOMINGO CRISTIANO”

Aguar la fiesta

Daniel Padilla

No sé qué decirte, Señor. El texto evangélico de hoy y todo su con­texto, me impresionan. Me parece un terrible jarro de agua fría. Recordemos la escena. "Salías Tú del templo con tus discípulos, y uno de ellos -admirado, sin duda-, te dijo: Maestro, mira qué sillares y qué edificios. Y tú, admirando, también, le repusiste: Esos magníficos edificios los derrumbarán, hasta que no quede piedra sobre piedra". Te pusiste, a continuación, a disertar sobre el final de los seres y las cosas: la destrucción de Jerusalén, la fugacidad de la vida humana y el juicio final como implantación definitiva del Reino. Y Mar­cos nos lo contó, poniendo en tus labios un tono catastrofista y tremendo, eso que los entendidos llaman lenguaje apocalip­tico". Sí, fue un terrible jarro de agua fría. Pero no creo, Señor, que tu intención fuera la de asustar. La ternura con que cobijas a los tuyos -"como una gallina a sus polluelos"- no me permite pensar en un Jesús "amenazador" sino, más bien, en un hermano mayor tratando de ayu­dar a sus hermanos pequeños a encon­trar el verdadero sentido de la vida humana; y, como consecuencia, avalorar las cosas en su justa medida, a mirar lo pasajero como pasajero y lo eterno como fundamental, a no "construir", en una palabra, "una morada fija en la tierra, ya que andamos buscando la del futuro".

Porque ése es el tema fundamental que subyace en nuestra conciencia. "¿Qué sentido tiene la vida, y los pasos que doy, y mis anhelos y preocupaciones, y ese tio­vivo de mis ajetreos?".

Tú, Señor, en la primera parte del texto de hoy, pareces pintar, en efecto, un hori­zonte muy negro: "De todo esto no que­dará piedra sobre piedra". Ante esa pers­pectiva, nuestro pobre corazón se encoge y se pone a rumiar los viejos versos de J. Manrique:

`Recuerde el alma dormida avive el seso y despierte..."

Pero, escuchándote hasta el final, veo que ése no era tu objetivo. Al contrario. Tú te pusiste a hablar de la "primavera" y de las "yemas de los árboles". "Aprendan de lo que les enseña la higuera. Cuando las ramas se ponen tiernas, saben que la primavera se acerca. Cuando vean ustedes que estas cosas suceden, sepan que El está cerca: a la puerta".

No se trata, pues, de un "fin", defini­tivo, sino de un definitivo "principio". Ya, en otra ocasión, dijiste: "Si el grano de trigo muere, entonces da mucho fruto". De eso se trata. La vida del hombre tiene sentido, profundo sentido, trascendental sentido. Porque, si el hombre ha ido cons­truyendo la ciudad de la tierra sabiendo que estaba poniendo los pilares de la eter­nidad, lo que hacía era preparar la defini­tiva implantación del reinado de Dios.

Por eso, las parábolas que contaste a continuación no invitaban a la desespera­ción y al fatalismo, sino a la activa espe­ranza: a "llenar nuevas lámparas de aceite", a "esperar, como criados diligen­tes, la llegada del amo", a "hacer fructifi­car nuestros talentos".

Tu discurso escatológico, por tanto, no pretendía "aguarnos la fiesta" sino, más bien, "prepararnos para la gran Fiesta". Aquella, en la que "no habrá ya ni llanto, ni luto, ni dolor". Anunciabas, en defini­tiva, la llegada de la primavera. Y lo hacías, no con ese margen de posible error que se reservan los meteorólogos, sino con toda rotundidad y contunden­cia: "El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán".

Por tanto, ¡cristianos del mundo, únanse!


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S?bado, 14 de noviembre de 2009

La Asociación de Escritoras y Publicistas Catolicas (ASESCA), cuya presidenta es la doctora Rita Zungry de Velasco Suárez, emitió una declaración con motivo del tratamiento de proyectos de ley que pueden elevar al estatus matrimonial a las uniones homosexuales, en la que se recuerda, entre otras cosas, que la legislación resguarda la heterosexualidad de los contrayentes como un requisito “no sólo para gestación de un nuevo miembro de la raza humana, sino para la conformación integral y armoniosa de su personalidad y su adaptación social”.


     El texto completo de la declaración es el siguiente:

Declaración de ASESCA ante el tratamiento de proyectos de ley que pudieran elevar al estatus matrimonial a las uniones homosexuales

1ª.- El Matrimonio es un bien social, que tiene su origen y fundamento en la naturaleza humana. En el marco legal, el matrimonio es una figura jurídica protegida por un sistema de leyes específico en virtud de su vital importancia para la sociedad, una de las cuales es la perpetuación de la especie humana y la humanización de la misma.

2ª.- En función de esto es el requisito que resguarda la legislación: la heterosexualidad de los contrayentes. Heterosexualidad que se requiere no sólo para gestación de un nuevo miembro de la raza humana, sino para la conformación integral y armoniosa de su personalidad y su adaptación social.

3ª.- La identidad del matrimonio no proviene de una concepción filosófica, ideológica o religiosa determinada, sino que dimana de las especiales leyes ecológicas –ecología humana- que lo rigen y que abarcan todas las dimensiones de la persona humana: psicológica, afectiva, cultural, social, y espiritual. En la naturaleza humana, cada sexo cumple una función específica, vital e irremplazable. Ambos sexos se complementan y se realizan plenamente el uno en el otro.

4ª.- Mantener la característica antes señalada para la Institución “Matrimonio” no constituye acto discriminatorio o injusto para con personas o colectivos de personas, sino respetar la identidad que es propia del Matrimonio y de la que depende la subsistencia de la sociedad.

5ª.- Por estas objetivas razones es que la normativa internacional y la nacional reconocen específicamente a las uniones heterosexuales el derecho a casarse, tal como se desprende de la Declaración de los Derechos Universal de los Derechos Humanos -Art. 16 inc. 1-, entre otros, al expresar: “Los hombres y las mujeres, a partir de la edad núbil, tienen derecho, sin restricción alguna por motivo de raza, nacionalidad o religión, a casarse y fundar una familia;”. Dicho texto forma parte de la Constitución Nacional Argentina -Art. 75, inc. 22-.

6ª.- La actual legislación nacional ofrece soluciones a situaciones económicas como las que se invocan para justificar la distorsión del concepto de Matrimonio en el Código Civil.

7ª.- En cuanto a la adopción de niños por parte de parejas de personas con conductas homosexuales, ASESCA quiere puntualizar que en la Adopción el bien a preservar es el del niño. La Adopción intenta restituir al niño abandonado el derecho perdido: el de nacer, crecer y desarrollarse en el seno de una familia, bajo la atenta protección del padre y de la madre.

8ª.- En Justicia, lo requerido es generar soluciones específicas para problemas específicos. Esto es dar a cada cual lo que en justicia le corresponde.+


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Conferencia de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata en el III Encuentro Continental de miembros y consultores del Consejo Pontificio de la Cultura y presidentes de Comisiones de Cultura de las Conferencias Episcopales de América. (AICA)
(29 de octubre de 2009)



Recomenzar desde Cristo
Los valores del Evangelio en la cultura de nuestros pueblos
 

Quinque iam saecula Christi Crux Americam illuminat: Hace ya cinco siglos que la Cruz de Cristo ilumina a América. Así puede leerse en la medalla oficial del pontificado acuñada en 1992. Juan Pablo II quiso otorgar relieve universal a aquella celebración del quinto centenario de la evangelización de nuestro continente, advirtiendo que se trató de un acontecimiento providencial, por la incorporación del nuevo mundo a la ecúmene de los pueblos y por la extensión de las fronteras de la Iglesia.

Aquella primera evangelización de América se vio favorecida muy pronto por el movimiento espiritual, apostólico y cultural de la Reforma Católica impulsada por el Concilio de Trento. Como en otras gestas evangelizadoras que señalaron con rasgos insignes momentos cruciales de la vida eclesial, la siembra de la Palabra y la gracia sacramental produjeron frutos de santidad y la creación de una cultura en la que se encarnaron los valores del Evangelio. La evangelización aportó valores cristianos a aquel dramático encuentro de culturas que fue el descubrimiento y la conquista. El filósofo argentino Alberto Caturelli, en su libro El Nuevo Mundo, explica que América alcanzó entonces un sentido y una unidad de la que antes carecía. Para la conciencia primitiva, América como tal no existía, pues era una atomización que se ignoraba en virtud de su inmersión en el todo mítico-mágico previo a la conciencia crítica de continentalidad y nacionalidad. Lo indígena y lo hispano se fusionaron en un descubrimiento progresivo que fue al mismo tiempo emersión de lo originario. Mediante el mestizaje, la erección de ciudades, el establecimiento de las instituciones de gobierno y cultura, España funda sobre lo originario la originalidad del Nuevo Mundo; pero no funda ni puede hacerlo sola sino con el mundo precolombino. Esta fusión es, pues, fundación y esta fundación equivale a la fundación de América.

El resultado fue una cristiandad mestiza, en la que junto a magníficas realizaciones hubo también grandes deficiencias, sobre todo en lo que respecta a la encarnación de los valores cristianos en la dimensión social y política de la vida de nuestros pueblos. Se puede afirmar también que en el plano mismo de la evangelización algo quedó inconcluso, pendiente y abierto hacia el futuro. La idea de una nueva evangelización se entronca, aquí, en el proceso iniciado en Jerusalén la mañana de Pentecostés, según el destino señalado a los discípulos por el Señor antes de volver al Padre: recibirán la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra (Hech. 1, 8). Los confines de la tierra son también los confines del tiempo, hasta que Él retorne para clausurar la historia.

Las repúblicas de la América Latina se conformaron bajo el influjo de  la Ilustración. La cultura, sobre todo en las clases dirigentes, se fue impregnando de racionalismo, liberalismo y laicismo; se impuso el divorcio de la razón y la fe, propio de la modernidad. Desde el poder político se promovió activamente la secularización de las costumbres, en un intento de alejar a los pueblos de la tradición cultural fundante. En muchos casos, la ruptura de los gobiernos con la Santa Sede y el sucesivo aislamiento de las iglesias locales unido a la falta de sacerdotes produjeron un vacío pastoral que menoscabó la formación de los fieles y la presencia efectiva de la Iglesia en los centros donde se gestaban las nuevas vigencias culturales.

En las últimas décadas del siglo XIX se manifestó una recuperación pastoral de la Iglesia, como fruto del Concilio Vaticano I, con el aporte de nuevas congregaciones religiosas empeñadas en la misión popular, en la educación y en los múltiples servicios de caridad. Aparecieron también grupos de laicos ilustrados que brindaron un buen testimonio e hicieron presente la cosmovisión cristiana en el contexto de las discusiones ideológicas y políticas de la época. Así se configuró una nueva corriente intelectual y cultural católica, a la que hay que sumar la reacción de intelectuales no católicos que, desencantados de los efectos de la ideología surgida de la Revolución Francesa, y refractarios al influjo de la tradición puritana de América del Norte, procuraron expresar un vínculo con la memoria histórica de los pueblos latinoamericanos.

León XIII, el Papa de la Aeterni Patris y de la Rerum novarum, convocó en 1899 el Concilio Plenario de América Latina. Esta asamblea reivindicó el carácter y las raíces católicas de nuestros pueblos y favoreció la creación de una conciencia de comunión entre las iglesias particulares del continente. Quedaba así de manifiesto la realidad eclesial forjada por la precedente obra evangelizadora, que había sido menospreciada y combatida por los gobiernos liberales y las logias masónicas. El Concilio latinoamericano, además de su obra de afirmación doctrinal y de organización disciplinar, puso en tensión las fuerzas vivas de la Iglesia para renovar el impulso pastoral y misionero.

Las grandes tragedias del siglo XX han mostrado el fracaso de la fe en el progreso, tanto en su versión liberal-burguesa como en la etapa revolucionaria de inspiración marxista. La ideología inmanentista ha encerrado la razón en sí misma, privándola de su apertura propiamente humana a las fuerzas salvadoras de la fe y al consiguiente discernimiento entre el bien y el mal. Sin referencia a la verdad, la libertad –otra de las banderas características de la modernidad– ha perdido su fundamento y su meta (cf. Spe salvi, 23). En la confusa encrucijada de la posmodernidad se empantana el pensamiento filosófico; el divorcio de la razón y la fe desemboca final y fatalmente en la pérdida de sentido del hombre tecnológico. Los Estados democráticos se rehúsan a reconocer un fundamento trascendente de la moral social. Proclaman su neutralidad ética, y la de las instituciones, y la justifican ideológicamente como pluralismo, soslayando la referencia a un orden moral objetivo, imprescindible para afirmar la dignidad de la persona humana y su trascendencia. La modernización, que se procura con ahínco, suele presentarse prevalentemente como eficiencia económica, medida con criterios cuantitativos; el mecanismo del mercado tiende a extenderse a todas las áreas de la vida social y a penetrar en el ámbito de la familia y en la intimidad de la vida personal. En este contexto ideológico, social y político, probado ya en los primeros años de este nuevo siglo por la grave crisis financiera internacional y sus consecuencias, la Iglesia ha de empeñarse en una nueva evangelización, contando con el valor del sustrato cultural cristiano de los pueblos de América latina.

El Concilio Vaticano II recogió la obra de los movimientos de renovación que estaban en curso en la Iglesia desde la segunda mitad del siglo XIX. La visión conciliar de la presencia cristiana en la cultura de los pueblos se expresó como discernimiento de las corrientes históricas y en una ponderada valoración de su vigencia y de sus consecuencias. Sobre todo, se transmite en los documentos conciliares una aguda percepción de los cambios producidos en la cultura y de la aceleración de los mismos. La intención del Concilio se expresaba claramente en estas frases de la Constitución Gaudium et spes: La fe todo lo ilumina con nueva luz y manifiesta el plan divino sobre la entera vocación del hombre. Por ello orienta la mente hacia soluciones plenamente humanas. El Concilio se propone, ante todo, juzgar bajo esta luz los valores que hoy disfrutan de máxima consideración y enlazarlos de nuevo con su fuente divina (11).

Las conferencias generales del episcopado latinoamericano se sitúan en la continuidad del Concilio y como propósito de concretar su aplicación en el continente. En las asambleas de Medellín, Puebla, Santo Domingo y Aparecida se asume y expresa la conciencia del sustrato cultural que procede de los orígenes y el aprecio de sus valores, que han subsistido, aunque debilitados, a pesar del embate de la ideología de la Ilustración y de los procesos políticos y sociales de los siglos XIX y XX.

En el Documento de Puebla se ofrece una buena descripción del real sustrato católico de la cultura latinoamericana: Esta cultura, impregnada de fe y con frecuencia sin una conveniente catequesis, se manifiesta en las actitudes propias de la religión de nuestro pueblo, penetradas de un hondo sentido de la trascendencia y, a la vez, de la cercanía de Dios. Se traduce en una sabiduría popular con rasgos contemplativos, que orienta el modo peculiar como nuestros hombres viven su relación con la naturaleza y con los demás hombres; en un sentido del trabajo y de las fiestas, de la solidaridad, de la amistad y el parentesco. También en el sentimiento de su propia dignidad, que no ven disminuida por su vida pobre y sencilla (413). Subrayo otra observación muy justa: esa cultura, que en los sectores pobres de la población latinoamericana se conserva de un modo más vivo y abarcador, está sellada particularmente por la intuición del corazón, y por lo tanto se expresa sobre todo en la creación artística, en la piedad hecha vida y en la convivencia solidaria, más que en las categorías y organización mental características de las ciencias.

El Documento conclusivo de la Vª Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe registra la novedad de los cambios recientes, que tiene una alcance global, fenómeno que afecta la vida de nuestros pueblos y su sentido ético y religioso. Se describe allí la crisis de sentido que se produce en la percepción de la realidad por la falta de unificación de la experiencia ante la masa de información parcializada y el conflicto de las interpretaciones. Nuestras tradiciones culturales se erosionan y ya no se pueden transmitir de una generación a otra con la misma fluidez que en el pasado. En su lugar se quiere imponer una nueva visión de la realidad, una cultura artificial y homogeneizada en todos los sectores, que se caracteriza por la autorreferencia del individuo, la indiferencia por el otro, la información de último momento, el debilitamiento de los vínculos familiares y comunitarios, las expectativas de prestigio y estima social, la afirmación exasperada de derechos individuales y subjetivos, sin referencia a los respectivos deberes y a los derechos sociales y solidarios.

¿Cómo se puede afrontar esta situación comprometida? La respuesta de los obispos reunidos en Aparecida es profundamente teológica y religiosa: los cristianos necesitamos recomenzar desde Cristo, desde la contemplación de quien nos ha revelado en su misterio la plenitud del cumplimiento de la vocación humana y de su sentido. Necesitamos hacernos discípulos dóciles, para aprender de Él, en su seguimiento, la dignidad y la plenitud de la vida. Y necesitamos, al mismo tiempo, que nos consuma el celo misionero para llevar al corazón de la cultura de nuestro tiempo, aquel sentido unitario y completo de la vida humana que ni la ciencia, ni la política, ni la economía ni los medios de comunicación podrán proporcionarle. En Cristo Palabra, Sabiduría de Dios, la cultura puede volver a encontrar su centro y su profundidad , desde donde se puede mirar la realidad en el conjunto de todos sus factores, discerniéndolos a la luz del Evangelio y dando a cada uno su sitio y su dimensión adecuada (A. 41).

Recomenzar desde Cristo… Esta propuesta enlaza la nueva evangelización, entendida principalmente como evangelización de la cultura, con la primera y fundante, que supo encarnar hondamente valores cristianos en la vida de nuestros pueblos. Me permito señalar algunos objetivos y campos de acción para esta nueva etapa de la misión evangelizadora, que quiere desarrollarse en la forma de una Misión Continental.

1. Los valores cristianos que aún se pueden reconocer en la tradición cultural de los pueblos latinoamericanos se fundan en el acontecimiento salvífico del bautismo, en el hecho de ser estos pueblos mayoritariamente bautizados. Por el bautismo el hombre se incorpora a la Iglesia de Cristo y se constituye persona en ella: así descubre en plenitud su dignidad de imagen viva de Dios, de hijo suyo en la familia universal de los hijos, en la que todos son hermanos. En América Latina subsiste un fuerte aprecio del bautismo, principio de la iniciación cristiana, pero falta una plena comprensión del valor de la Eucaristía como fin y plenitud de la iniciación y como actualización incesante de la condición cristiana y de su proyección cultural y social.

En la última década se ha verificado en la Iglesia un nuevo acento en la centralidad de la Eucaristía, en la importancia del día del Señor y su adecuada celebración. Esta renovada conciencia eucarística ha sido puesta de manifiesto en varios documentos del magisterio: la exhortación apostólica Dies Domini, la encíclica Ecclesia de Eucharistía, la exhortación apostólica post-sinodal Sacramentum caritatis. Además, la Pontificia Comisión para América Latina ha dedicado a este tema una de sus reuniones plenarias.

Es ésta una urgencia pastoral de primer orden. Los valores evangélicos encarnados en la cultura de América Latina han sido y son transmitidos sobre todo por la piedad popular en la que se refleja la impronta bautismal;  de un paciente y esclarecido esfuerzo para vincular y enraizar la piedad popular en la liturgia, de su referencia explícita a la Eucaristía dominical, puede surgir un nuevo vigor de la vivencia cristiana en el seno de las comunidades eclesiales y en el orden secular. No podemos descansar en la confianza depositada en la piedad popular como exclusiva portadora de valores culturares cristianos. Es imprescindible una nueva comprensión y una recuperación de la vivencia eucarística para una realización más plena del vínculo entre culto y cultura. La Eucaristía es el sacramento de la caridad, que crea comunión y educa para la comunión; la vida eucarística de un pueblo tenderá a expresarse espontáneamente en un estilo de vida, sobre todo como solidaridad y amistad social (cf. Ecclesia in América, 35). En su discurso inaugural de la Va Conferencia exclamó el Papa: ¡Sólo de la Eucaristía brotará la civilización del amor, que transformará Latinoamérica y El Caribe para que, además de ser el continente de la esperanza, sea también el continente del amor!

2. El segundo objetivo se basa en la confianza que la Iglesia ha depositado siempre en la capacidad racional del hombre para buscar y alcanzar la verdad, para comprender el sentido de la realidad y descubrir la presencia de Dios en el cosmos y en la historia personal y colectiva. En la nueva cultura global rige, exacerbada, la autolimitación moderna de la razón que considera científica unicamente el tipo de certeza que deriva de la sinergia entre matemática y método empírico. En su discurso en la Universidad de Ratisbona, Benedicto XVI advirtió que si la ciencia en su conjunto es sólo esto, entonces el hombre mismo sufriría una reducción, pues los interrogantes propiamente humanos, es decir, de dónde viene y adónde va, los interrogantes de la religión y de la ética, no pueden encontrar lugar en el espacio de la razón común descrita por la “ciencia” entendida de este modo y tienen que desplazarse al ámbito de lo subjetivo. El futuro de una cultura auténticamente humana depende de que pueda superarse la limitación que la razón se impone a sí misma cuando se reduce al ámbito de lo que se puede verificar mediante la experimentación. La tradición católica puede y debe inspirar una pastoral de la inteligencia que muestre la amplitud natural del concepto de razón y el dinamismo inherente a su uso. Así se podrá devolver a la investigación científica el contexto en el cual le corresponde desarrollarse, para que se integre en la universalidad del saber y sirva no sólo para procurar útiles tecnológicos de los cuales el hombre frecuentemente se convierte en apéndice, sino para su plena formación y para el desarrollo humano integral. Esta tarea es propia de la universidad, si ha de ser fiel a su esencia y a su genealogía, que se remonta, más allá de los modelos medievales –referencia que no puede olvidar la universidad moderna-, a la Academia imperial fundada por Teodosio II el año 425 y a la Escuela de Platón, edificada junto al bosquecito de Academos. Es en la universidad donde debe verificarse el diálogo de las ciencias con la filosofía y la teología, ya que no puede excluirse a la metafísica y al pensar propio de la fe del campo de ejercicio de la razón. Si esta apertura dialógica corresponde a la vocación de toda universidad en cuanto tal, en el caso de la universidad católica es además una exigencia ineludible de su catolicidad y el aporte principal que puede y debe brindar a la evangelización de la cultura. En el ya citado discurso de Ratisbona decía el Papa: una razón que sea sorda a lo divino y relegue la religión al ámbito de las subculturas, es incapaz de entrar en el diálogo de las culturas.  Este proceso, que parece puramente teórico, es clave para enfocar correctamente los problemas más urgentes de la vida personal y comunitaria, del orden político, económico y social.

3. El tercer campo de pensamiento y de acción es el de la ética. El ethos tradicional de los pueblos latinoamericanos aparece hoy jaqueado por la difusión global del relativismo, que desconoce la referencia del obrar humano a la naturaleza de la persona y a los principios objetivos y universales que proceden de ella. Los valores del Evangelio presentes en nuestra cultura no podrán ser recreados si no se recupera el sentido de la creación, del orden natural y de la ley de la conciencia que permite distinguir el bien del mal. La ley natural es la expresión, bajo la forma de preceptos, de las inclinaciones naturales del hombre: a la verdad, al bien, a la conservación del propio ser, a la formación de la familia y a la comunicación de la vida, a la vida en sociedad, a la justicia y a la amistad. Estas inclinaciones constituyen la fuente de la libertad, que no es mera indiferencia en la elección, sino orientación perfectiva hacia la plena realización de lo que el hombre es según el plan de Dios, hacia la felicidad.

Existe una profunda armonía entre la ley natural y la ley evangélica expresada en el Sermón de la Montaña. Más concretamente, las bienaventuranzas presentan los valores evangélicos que integran, en su tenor original, el estilo cristiano de vida, en el cual lo auténticamente humano se realiza en plenitud, paradojalmente, por referencia al Verbo encarnado y a su cruz. Muchos rasgos característicos  de la cultura de nuestros pueblos reflejan aún estos valores que brotan de la fe; ellos pueden ser recreados como alternativa a los modelos antropológicos incompatibles con la naturaleza y la dignidad del hombre. En el Documento de Aparecida se encuentra formulado este propósito, que es también una exhortación: Es necesario presentar la persona humana como el centro de toda la vida social y cultural, resultando en ella: la dignidad de ser imagen y semejanza de Dios y la vocación de ser hijos en el Hijo, llamados a compartir su vida por toda la eternidad. La fe cristiana nos muestra a Jesucristo como la verdad última del ser humano, el modelo en el que el ser hombre se despliega en todo su esplendor ontológico y existencial. Anunciarlo integralmente en nuestros días exige coraje y espíritu profético (480). Más aún, podemos agregar, se exige la fortaleza y la profecía si el anuncio articulado como discurso ético ha de ir respaldado por el testimonio efectivo de una vida según el Evangelio, de la vida de discípulos que asumen seriamente su vocación de santidad.

4. En un continente como el nuestro, en el que perduran tantas y tan graves injusticias, la razón cristiana, el lógos de la fe, no puede sustraerse a una misión específica en el orden económico, político y social. En la encíclica Deus caritas est, Benedicto XVI expresa cuál ha de ser la contribución de la Iglesia a la construcción de un orden social justo: La Iglesia –dice el Papa– tiene el deber de ofrecer, mediante la purificación de la razón y la formación ética, su contribución específica, para que las exigencias de la justicia sean comprensibles y políticamente realizables (28). La purificación del “lógos social”, de la razón que organiza la sociedad, se realiza mediante la iluminación que proporciona la fe. Librada al juego de sus propias dinámicas, esta razón quedará afectada de ceguera ética por la preponderancia de intereses mezquinos y del abuso de poder, que se enseñorean en una democracia sin valores. En este punto, afirma el Santo Padre, se sitúa la doctrina social católica, cuyo conocimiento, difusión y aplicación corresponde sobre todo a los fieles laicos, a quienes cabe la misión de configurar rectamente la vida de la polis. Su acción en este orden ha de ser vivida como caridad social, como caridad política. Superación eximia, en el orden de la gracia cristiana, de la definición aristotélica del hombre como zoon politikón. Las situaciones crónicas de subdesarrollo y los nuevos problemas planteados por el proceso de globalización, interpelan a los católicos americanos (y ahora pienso en las tres Américas) a encarnar, mediante las  mediaciones científicas y técnicas necesarias, los valores de justicia y amor propios del Evangelio en la cultura actual de nuestros pueblos.

En la encíclica Caritas in veritate se expone y explica otro valor evangélico: el principio de gratuidad, la lógica del don, expresión de la gracia de Cristo que rescata al hombre de su reclusión en la autosuficiencia para vivir la fraternidad. La lógica del don aporta una nueva orientación a la vida  económica, política y social, para que se ordene efectivamente al bien común, superando la estrechez de la pura lógica del mercado y sus consecuencias de deshumanización e injusticia. La verdad de la economía reclama esa superación hacia expresiones concretas de gratuidad, que pueden  abrirse paso, entre el Estado y el mercado, en el ámbito de la sociedad civil: se refiere el Papa a organizaciones productivas con fines mutualistas y sociales  que articuladas debidamente con las formas clásicas de organización empresarial, sea pública o privada,  contribuyan a establecer un orden económico más humano, una verdadera civilización de la economía.

Ahora, una brevísima conclusión que incluye un anhelo.

Durante el siglo XX, pensadores iberoamericanos, muchos de ellos no precisamente católicos, intentaron, a su manera,  volver a las fuentes  de la identidad y vocación de América. Cito sólo algunos nombres: José Enrique Rodó, Manuel Ugarte, José Vasconcelos, Pedro Henríquez Ureña, Joaquín Edwards Bello, que como tantos otros buscaron el sentido originario  de una posible unión americana. Hicieron su aporte en un contexto ideológico de tensión dialéctica con el Norte y desconfiando de un sospechoso panamericanismo. Si conforme a la convocatoria de Aparecida hemos de recomenzar desde Cristo, el discipulado y la misión tendrán que expresarse también en creaciones intelectuales del genio católico que señalen las metas y tracen la ruta hacia la plena realización de nuestro continente en la verdad, la justicia y el amor, como una Patria grande de estos pueblos  bautizados que, a pesar de todas las vicisitudes,  permanecen en el regazo de la Iglesia y aman tiernamente a María.

Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata


Publicado por verdenaranja @ 23:22  | Hablan los obispos
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Exposición de monseñor Alfonso Delgado, arzobispo de San Juan de Cuyo en la apertura del Panel sobre el Consejo de la Magistratura y la elección de Jueces en la Provincia de San Juan organizado por Justicia y Paz de la arquidiócesis. (AICA)
(30 de octubre de 2009) 


Para que ganemos todos

La justicia argentina y su correcta administración en todos los ámbitos es una cuestión de creciente preocupación en el país y en las provincias.

Las leyes pueden estar bien o mal hechas, pueden sumar o restar al bien común, e incluso degradarlo. A su vez, el gobernante puede gobernar bien o mal, puede sumar al bien de todos, ser inoperante o lesionar ese bien común. Por eso, en una democracia la justicia es el último bastión y la última esperanza donde defender los derechos civiles, los derechos inalienables de la persona, y los derechos de las instituciones de la sociedad y del mismo Estado.

Los juristas suelen decir que puede llegar a haber leyes malas y jueces buenos, y esto no es bueno. Pero es mucho peor que haya leyes buenas y una administración de justicia que por lentitud, falta independencia o de medios, o por ineficiencia, vuelva inoperante la aplicación de las leyes.

Una mirada al país

¿Cuál es el panorama institucional del país? Pensemos en el poder legislativo: hasta los niños de nivel inicial saben cómo se hacen las leyes, cómo se debaten y cómo se aprueban. El ciudadano percibe que las leyes se sancionan a la medida de intereses particulares, por no decir de intereses torpes; leyes con nombre y apellido que benefician a algunos o están dirigidas contra otros, especialmente del que piensa diferente. En las legislaturas, a veces se levanta la mano en contra de los intereses de la población o de las provincias que se dice representar.

Miremos al poder ejecutivo. Navegamos en el autoritarismo, en una dirección que parece ser hacia la suma del poder público, que acapara los recursos del Estado nacional y los fondos que legítimamente pertenecen a los estados provinciales, disponiendo así del total manejo de la caja, de los medios de comunicación y de los resortes políticos de acceso al poder (reforma política a la medida). Respecto de esos recursos, ellos proceden del pueblo y a él le pertenecen. El gobernante no es el dueño sino sólo su administrador por cuatro años, debiendo rendir cuentas escrupulosamente. Sin embargo, no se vislumbra una correcta proporción entre los inmensos recursos fiscales y la baja cobertura de las necesidades básicas de la población, especialmente de los más pobres y excluidos. No olvidemos, también, que nuestro país ha crecido notablemente en los índices internacionales de corrupción y de narcotráfico.

El poder judicial aparece cada día más cuestionado, especialmente por los ciudadanos que tienen un mayor conocimiento de las “res publica”. Respecto de la designación de jueces, hay Consejos de la Magistratura ornamentales, más funcionales al poder político que a la búsqueda de jueces idóneos e independientes. Hay concursos para jueces viciados de sospechas y encubrimientos, a fin de que gane fácilmente “el caballo del comisario”. En algunas evaluaciones para nombramientos de jueces se han detectado candidatos que han copiado como chicos del colegio, con “machetes” aparentemente facilitados por quienes deberían evaluarlos. También hay nombramientos de funcionarios judiciales a través de procedimientos muy cuestionados, que generan un manto de sospecha sobre su idoneidad para ocupar esos cargos.

Se percibe una gran cerrazón para el diálogo y el debate de ideas, tan propios de toda democracia. Crece la actitud de atacar y destrozar al que piensa distinto, sin considerar sus razones, sus aportes o los fundamentos de sus propuestas. Cuando se intenta cuestionar alguna situación pública o el debate de una ley, es habitual la respuesta que descalifica y ataca a quien piensa diferente. Así se anula o se degrada cualquier debate constructivo. Quienes actúan así no logran disimular su verdadera intencionalidad, sus intereses espurios y su gran ausencia de razón. El diálogo se convierte en agravios, difamaciones u “operaciones” dignas de películas de espionaje, todo ello en defensa del “mandamás” de turno.

Cuando estudiaba en España, me tocó la época de Franco. El humor popular aprovechaba todos los resquicios posibles para expresar las percepciones del pueblo. Había un humorista que lo hacía a modo de pronóstico meteorológico. Decía así, refiriéndose a Franco: “Sopla un fresco general, procedente de Galicia, con tendencia a permanecer”. Lo entendían todos. ¿Qué vientos soplan en nuestra Patria, en las vísperas de sus grandes bicentenarios?

Tampoco dejan de percibirse miedos y temores para hablar en voz alta y con pensamiento propio acerca de la justicia y de los temas importantes del país. Conocí épocas tristes de Argentina donde era peligroso pensar y hablar de forma distinta al pensamiento único y al discurso oficial de turno. No lo deseo nuevamente para mi país ni para ningún otro país del mundo.

Algunas consideraciones sobre la justicia

El pleno estado de derecho y la correcta administración de justicia son el último resorte de la república y de la democracia, tanto para el simple ciudadano como para el Estado y las demás instituciones públicas y privadas. Se expresa en la “seguridad jurídica”, tan necesaria para trabajar, comerciar, educar, crecer, gobernar. En definitiva, esa seguridad es necesaria para vivir con el mínimo de dignidad que posee toda persona.

Hacia fines de los años ochenta, la Iglesia en Argentina planteaba a la sociedad la urgente necesidad de avanzar hacia una “justicia demasiado largamente esperada”. No se trata de una cuestión meramente política o de conveniencia partidista, sino que la justicia toca profundamente al bien de cada persona, de cada habitante, de cada ciudadano. En 1997, fue necesario volver a recordar que la dignidad del hombre y la calidad de vida de una Nación están reflejadas en gran medida por el nivel de justicia en que vive cada ciudadano y en la rectitud de su administración por los Poderes del Estado, comenzando por el dictado de leyes justas y su correcta aplicación.

La falta de justicia o una justicia deteriorada afecta especialmente al sector más pobre de la población y a los excluidos del sistema social, a aquellos que tienen y pueden menos, a los ancianos y a los niños, a los más enfermos y sufrientes. Pero igualmente daña a todo el tejido social. Por algo nuestra Constitución nacional establece imperativamente el compromiso de “afianzar la justicia” para todo el pueblo argentino y para todos los hombres del mundo que quieran habitar el país.

También la Constitución de San Juan compromete a fortalecer la democracia participativa, protege el disenso y el pluralismo de los ciudadanos, establece la modernización y capacitación de la justicia para rechazar toda forma de autoritarismo en un marco de libertad, igualdad, bienestar general y pleno respeto por la familia y los derechos humanos. No creo que estas palabras sean meramente declamatorias, sino que expresan un profundo anhelo de todos.

Además, en una visión trascendente de la vida, de la persona y de su inalienable dignidad, la justicia humana intenta1 expresar, lo más adecuadamente posible, esa dimensión de la justicia divina que es como un supremo punto de referencia para toda ley humana, para todo acto de gobierno y para toda administración de justicia.

La Provincia de San Juan

San Juan no es ajena a las preocupaciones y a las inquietudes sobre la administración de justicia. No son cosas de ahora, aunque en cada momento afloren de modo diverso.

Por ejemplo, llama la atención la reacción que ha suscitado una reciente designación de empleados del poder judicial. No corresponde aquí entrar en la cuestión. Pero sirven para hacer varias lecturas. Una de ellas podría ser como el deseo de decir “basta” a lo que –sencillamente– “no puede ser”, aunque siempre se haya hecho así. Otra lectura permitiría pensar como en un “tiro por elevación” que expresa una grave preocupación ante una posible y cercana elección y designación de jueces provinciales.

Una de las cuestiones claves para la justicia (entendida como última instancia o baluarte de los derechos de la sociedad) es la calidad de los jueces y la transparencia de los procedimientos para su designación.

Respecto de los Consejos de la Magistratura, creo que el país y las provincias necesitan mejorar bastante. Mejorar la selección y la designación de jueces no es una utopía. Es posible avanzar en la dirección correcta, aunque estemos en la Argentina del 2009. Es posible una mirada más clara y más amplia que permita avanzar en la dirección correcta y sumar al bien de todos. Que nos permita la profunda satisfacción de dar un paso de auténtica calidad institucional. San Juan y su gente se lo merecen, para que así ganemos todos, no solamente algunos.

Creo que todo ciudadano honesto desea y espera vivamente que los candidatos seleccionados para la magistratura sean juristas comprometido con el bien, la verdad y la justicia y, por tanto, capaces de administrarla correctamente. Se les pide que sean muy buenos conocedores del derecho, con una trayectoria impecable de estudio, de servicio y de rectitud profesional. También necesitan tener una gran probidad moral, que incluye ejemplaridad, ecuanimidad y la ponderación como persona y como ciudadano, en plena sintonía con la majestad de la justicia.

Los jueces deben ser verdaderamente independientes en sus juicios, independencia garantizada por la ecuanimidad del procedimiento de su designación, y también en su proceder como magistrados: más amigos de la verdad y de la justicia que de sus amigos, de los parientes y de cualquier poder político, económico o de parte. Por algo a la justicia se la representa con una venda en los ojos, aunque a veces se la aflojemos para que no sea tan independiente.

También debe garantizarse al juez la inamovilidad en el cargo, de manera tal que no pueda ser removido por el contenido de sus sentencias, sino sólo por su mal proceder como juez. Debe tener estabilidad económica tal como lo garantiza la constitución y disponer de los colaboradores idóneos y de medios necesarios para realizar su misión.

Si de verdad queremos que los jueces sean siempre los juristas más idóneos y más capacitados para cada fuero específico, esas cualidades deben poder ser cuidadosamente evaluadas y ponderadas del modo más objetivo y transparentemente posible.

En San Juan, la constitución establece la existencia de un Consejo de la Magistratura para evaluar esa calidad profesional y ciudadana de los candidatos a jueces. La ley 5594, del año 1986, concretó algunas normas y parámetros mínimos de funcionamiento.

En el año 2003, diecisiete años después, la ley 7371 avanzó varios pasos hacia una mayor calidad y transparencia en la selección de los candidatos a presentar a la Cámara de Diputados. Creó una expectativa de esperanza en mejorar la calidad institucional de la justicia. Sin embargo, al poco tiempo de ese avance positivo, la mejora en la selección de jueces sufrió un fuerte retroceso debido a sanción de la Ley de Emergencia Pública, número 7459, que trata de la emergencia financiera, económica, administrativa, alimentaria y sanitaria de la provincia. Sorpresivamente esta ley de emergencia, sin mayor preámbulo, explicación o fundamento, “suspendió” por 180 días (mencionándola sólo por el número) la ley 7371 de pocos meses atrás que mejoraba la actuación del Consejo de la Magistratura.

En el año 2005, dos años después, la ley 7590 volvió a suspender nuevamente ley sobre el Consejo de la Magistratura hasta tanto se sancione un nuevo instrumento normativo, a propuesta del Consejo Permanente de los Servicios de Justicia y Seguridad (COPERJUS), creado por Decreto en 2004. El motivo parecería ser que la ley necesitaba de una leve corrección o ajuste técnico en alguno de sus artículos. Todavía no se ha cumplido con lo sancionado hace 4 años respecto del Consejo de la Magistratura, pero parecería que es posible subsanar ese problema técnico y volver a su correcta vigencia.

Otro tema sería la situación de emergencia permanente en que nos encontramos desde 2003, aunque podríamos remontarnos de emergencia en emergencia por varias décadas. Cabe preguntarnos si alguna vez volveremos a la "normal normalidad" de llegar a ser ciudadanos de un país normal y de una provincia normal.

Aunque no soy experto en reglamentos de los Consejos de la Magistratura, percibo que el actual reglamento que rigen su organización y funcionamiento es tan escueto y sintético que parecería que se puede espera una mejor reglamentación que asegure mejor los fundamentos más importantes para la selección y designación de jueces. El Foro de Abogados dice haber elevado alguna propuesta.

Una propuesta

Daría la impresión que a los argentinos nos gusta enredarnos y vivir de emergencia en emergencia. También parecería que lo nuestro es ser “perdedores” natos. Hasta cuando ganamos y conseguimos clasificarnos para el Mundial de fútbol, terminamos perdiendo al quedar en ridículo ante el mundo, como ha ocurrido recientemente.

A lo más, nos encanta el resultado de “suma cero”, que es otra forma tonta y grosera de perder. Quiero ganar yo y que pierda el otro. Y si no gano yo, hago lo posible para que no gane ninguno, que perdamos y nos arruinemos todos. Y si llego a perder, inmediatamente voy detrás de la revancha y la venganza, hasta destruir al contrario. Así seguimos perdiendo todos. Y se pierde la posibilidad de construir un país normal donde todos puedan crecer y desarrollarse y donde dé gusto vivir. Otros países lo supieron hacer bien. ¿Podríamos aprender de ellos?

San Juan tiene una posibilidad real de que ganen todos, fortaleciendo el mejoramiento de la administración de justicia. Tiene la posibilidad de que gane el gobierno y los que ahora no gobiernan, de que gane la empresa y el trabajador, el rico y el pobre, que gane toda la provincia y, de paso, ayudar a que gane el país.

¿Qué pasos podríamos y deberíamos dar para mejorar la selección de los jueces con una mejor equidad, transparencia e independencia? De este modo, quienes deban decidir podrán optar por los mejores, fortaleciendo la majestad, la independencia y la administración de la justicia. Si en vez de sacarnos los ojos castigándonos y echándonos culpas y más culpas, optáramos por sumar nuestras experiencias y nuestras propuestas sinceras para dar auténticos pasos de mejoramiento institucional de la justicia, estaríamos ganando todos y estaría ganado San Juan, que puede y debe seguir creciendo mucho, también en este ámbito tan importante. Es tarea para quienes tengan convicciones democráticas y mentalidad de estadistas, que entienden y valoran la “calidad institucional” como parte de una acción política cuyo objetivo será el bien de todos.

Dios quiera que los participantes en estos paneles puedan hacer aportes positivos y sumar al bien de la Provincia. Creo que vale la pena intentarlo, en un clima de respeto, de diálogo constructivo, de responsabilidad cívica y de compromiso con la justicia. Podría ser un excelente homenaje a los grandes bicentenarios de la Patria. Que Dios bendiga y acompañe siempre a quienes trabajan por la paz y por la justicia.

Mons. Alfonso Delgado, arzobispo de San Juan de Cuyo


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Desde la Vicaría General se nos envía el Rito de Admisión al Catecumenado de niños mayores de siete años sin bautizar.
“Como hemos asumido en los servicios diocesanos nuestra tarea de servir  y ayudar a que esto vaya siendo realidad en cada una de nuestras  parroquias, les enviamos, ahora, algunas sugerencias, siguiendo el RICA, para si algún niño o niña, tras un tiempo, al menos un curso,  lleva preparándose para recibir los sacramentos de Iniciación  Cristiana, durante este adviento pueda realizar este rito, que puede y  hasta debe ser adaptado a cada situación, de "admisión al catecumenado".
 

RITO DE ADMISIÓN AL CATECUMENADO

DE LOS NIÑOS (RICA Nº 314 o página 158) 

RITO DE ADMISIÓN 

Este rito debe celebrase ante una asamblea activa (si puede hacerle sentir vergüenza o miedo que no sea una asamblea muy numerosa: familiares, compañeros de grupo de catequesis, algunos miembros de la comunidad) a ser posible que estén los padres o tutores del niño, en caso de que no puedan que haya algunos fieles idóneos –catequistas- que presenten a los niños. 

El rito de la admisión celébrese en el templo o un lugar apto que permita la vivencia íntima de la admisión. Puede comenzarse en la puerta del templo y continuar luego la liturgia de la palabra en el interior. 

Monición previa (puede utilizarse esta o realizar alguna especial conforme a las circunstancias y a la realidad de los niños):

         Con inmensa alegría e ilusión os recibe esta familia llamada la iglesia en esta su casa. Hace ya mucho tiempo, Jesús mandó a los suyos que fueran por todos los rincones del mundo y que anunciaran su mensaje de amor y de esperanza a todos los hombres y mujeres. Pero no los dejó solos, les prometió que Él estaría siempre a su lado hasta el fin de la historia. Hoy 2 mil años después, Jesús sigue estando a nuestro lado, y les ha invitado a ustedes a venir a formar parte de su familia, a conocerlo cada vez más y mejor, a sentir el cariño que les tiene y a estar cada vez más cerca de Él, viviendo conforme a su mandamiento del amor.     

Diálogo con los niños (puede utilizarse este o algún otro que se crea conveniente) (Además se invita a los niños para que se acerquen al celebrante): 

CELEBRANTE:          (N), ¿qué quieres hacer?

NIÑO:                          Quiero hacerme cristiano

CELEBRANTE:          ¿Por qué quieres hacerte cristiano?

                                      (se puede dejar la respuesta espontánea a los niños)

NIÑO:                           Porque creo en Cristo/quiero bautizarme/quiero la fe/ etc.

CELEBRANTE:          Y la fe en Cristo, ¿qué te otorga?

NIÑO:                           La vida eterna 

Como ya creen en Cristo y quieren que les preparen para el Bautismo, con gran alegría les recibimos en la familia de los cristianos, en la que conocerán a Cristo cada día mejor. Y juntamente con nosotros se esfuercen en vivir como hijos de Dios, según nos enseñó Cristo: Amarás a Dios con todo tu corazón. Amaos unos a otros como yo os he amado.  

Diálogo con los padres y/o la asamblea: 

         CELEBRANTE:  (Nombre de los niños), vayan ahora a sus padres (padrinos, catequistas, tutores) para que les den su consentimiento (en caso de que los padres no estén presentes habría que tener con anterioridad su consentimiento), y pídanles que se acerquen con ustedes aquí. (se espera a que lleguen)

         Queridos padres, sus hijos piden que les preparemos para el Bautismo. ¿Les dan el consentimiento que ellos desean)

         PADRES: Sí, les damos nuestro consentimiento.

         CELEBRANTE: ¿Están dispuesto a ayudarles, en lo que depende de ustedes, a la preparación para el Bautismo?

         PADRES: Sí, estamos dispuestos. 

         CELEBRANTE: (Se dirige ahora a la asamblea) Como para proseguir el camino que hoy empiezan estos niños necesitan la ayuda y el auxilio de nuestra fe y de nuestra caridad, os pregunto también a vosotros, amigos y compañeros de los niños: ¿están dispuestos a colaborara par que lleguen gradualmente al Bautismo? 

         TODOS: Sí, estamos dispuestos.      

Signación (se pueden signar otras partes del cuerpo RICA nº 323): 

         ¡Ojalá se acuerden siempre de Cristo y le seáis fieles, pues les ha llamado a vosotros/ustedes (nombra a los niños) para que sean amigos suyos!

         Por esto yo os signo a vosotros con la cruz de Cristo, que es la señal de los cristianos. Este signo les moverá en adelante a acordaros de Cristo y de su amor. 

(se hará la señal de la cruz en la frente de cada niño sin decir nada) 

Si se cree oportuno se invita también a los padres y catequistas a que hagan la señal de la cruz sobre la frente de los niños: 

También ustedes, padres de estos niños y catequistas, puesto que sois de Cristo, signadlo con la señal de Cristo. 

Entrada en el Templo (se invita a que los niños estén con sus madres, padres o compañeros dentro del templo):        

         Ahora, pues, pueden ocupar un lugar entre los cristianos reunidos. Vengan, pues, para oír al Señor, que nos habla a nosotros, y para orar con nosotros. 

CANTO: Vienen con alegría; Que alegría cuando me dijeron; Juntos como hermanos o cualquier canto de alegría que se ensaye con los niños y que conozcan los que participan. 

LITURGIA DE LA PALABRA 

Lecturas y homilía (el celebrante puede elegir los más indicados, o utilizar las lecturas del día) Ofrecemos algunas posibilidades:

Mt 7, 24-29: la casa cimentada sobre roca

Mc 12, 28-31: el mandamiento principal

Lc 8, 4-9. 11-15: parábola del sembrador

Lc 19, 1-10: Zaqueo

Jn 13, 34-35: El mandamiento nuevo 

Entrega de los evangelios (Se puede aprovechar este momento para entregar los evangelios de manera que los niños vayan profundizando en el misterio de la Palabra de Dios)

         Monición: Padre Bueno, en distintas ocasiones y de muchas maneras hablaste antiguamente a los hombres, ahora tu palabra se ha hecho carne en tu hijo Jesucristo y nos has mostrado en Él, el inmenso amor que nos tienes. De ahí, que las personas que vivieron con Jesús, experimentaron su presencia y su mensaje como una alegre noticia. Haz que también nosotros acojamos esta buena noticia de Jesús, leyendo sus enseñanzas, profundizando en sus palabras y siguiendo su ejemplo. 

CELEBRANTE:       Que la Palabra de Dios guíe siempre tu vida

NIÑO/A:                Amén 

Súplicas 

CELEBRANTE:      Oremos por estos queridos niños, que son vuestro hijos o vuestros compañeros y amigos, y que ahora se acercan a Dios:

Lector:

Que aumentes más cada día su deseo de vivir con Jesús.

R./  Te lo pedimos, Señor. 

Lector:

Que viviendo en la Iglesia, encuentren en ella la felicidad:

R./  Te lo pedimos, Señor. 

Lector:

Que en la preparación del Bautismo, les concedas fortaleza y perseverancia:

R./  Te lo pedimos, Señor. 

Lector:

Que les libres con bondad de la tentación del temor y del desaliento:

R./  Te lo pedimos, Señor. 

Lector:

Que les des con largueza la alegría de recibir el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía:

R/  Te lo pedimos, Señor. 

El celebrante concluye con esta oración: 

Oh Señor, que has suscitado en estos niños

el deseo de hacerse perfectos cristianos,

haz que, caminando con perseverancia hacia ti,

vean cómo escuchas sus deseos y nuestras súplicas.

Por Jesucristo nuestro Señor. 

Todos:

Amén. 

         Al final se entona algún canto.

         Pero si se celebra la Eucaristía a continuación, se despide a los catecúmenos. 

 


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Reflexión de José Antonio Pagola al evangelio del domingo 33 del Tiempo Ordinario – B, ofrecido por la Delegación de Enseñanza de la Diócesis de Tenerife. 

CONVICCIONES CRISTIANAS        

         Poco a poco iban muriendo los discípulos que habían conocido a Jesús. Los que quedaban, creían en él sin haberlo visto. Celebraban su presencia invisible en las eucaristías, pero ¿cuándo verían su rostro lleno de vida? ¿cuándo se cumpliría su deseo de encontrarse con él para siempre?

         Seguían recordando con amor y con fe las palabras de Jesús. Eran su alimento en aquellos tiempos difíciles de persecución. Pero, ¿cuándo podrían comprobar la verdad que encerraban? ¿No se irían olvidando poco a poco? Pasaban los años y no llegaba el Día Final tan esperado, ¿qué podían pensar?

         El discurso apocalíptico que encontramos en Marcos quiere ofrecer algunas convicciones que han de alimentar su esperanza. No lo hemos de entender en sentido literal, sino tratando de descubrir la fe contenida en esas imágenes y símbolos que hoy nos resultan tan extraños.

         Primera convicción. La historia apasionante de la Humanidad llegará un día a su fin. El «sol» que señala la sucesión de los años se apagará. La «luna» que marca el ritmo de los meses ya no brillará. No habrá días y noches, no habrá tiempo. Además, «las estrellas caerán del cielo», la distancia entre el cielo y la tierra se borrará, ya no habrá espacio. Esta vida no es para siempre. Un día llegará la Vida definitiva, sin espacio ni tiempo. Viviremos en el Misterio de Dios.

         Segunda convicción. Jesús volverá y sus seguidores podrán ver por fin su rostro deseado: «verán venir al Hijo del Hombre». El sol, la luna y los astros se apagarán, pero el mundo no se quedará sin luz. Será Jesús quien lo iluminará para siempre poniendo verdad, justicia y paz en la historia humana tan esclava hoy de abusos, injusticias y mentiras.

         Tercera convicción. Jesús traerá consigo la salvación de Dios. Llega con                 el poder grande y salvador del Padre. No se presenta con aspecto amenazador. El evangelista evita hablar aquí de juicios y condenas. Jesús viene a «reunir a sus elegidos», los que esperan con fe su salvación.

         Cuarta convicción. Las palabras de Jesús «no pasarán». No perderán su fuerza salvadora. Han de de seguir alimentando la esperanza de sus seguidores y el aliento de los pobres. No caminamos hacia la nada y el vacío. Nos espera el abrazo con  Dios. 

José Antonio Pagola

 

 

15 de noviembre de 2009

33Tiempo ordinario ( B )

Marcos 13, 24-32


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Viernes, 13 de noviembre de 2009

ZENIT  publica el comentario al Evangelio de este domingo XXXIII del tiempo ordinario, (Marcos 13, 24-32), redactado por monseñor Jesús Sanz Montes, ofm, obispo de Huesca y de Jaca.

Leyendo el Evangelio de este domingo, podría parecer que Jesús mismo adoptó alguna vez un estilo provocativo para suscitar en sus oyentes algo más que una atención pasiva y curiosa de sus palabras: ¿de qué os sirve que me escuchéis si luego no hay un cambio real en vuestras vidas?; ¿a qué vale que memoricéis mis hechos y mis dichos, si luego vuestra existencia de cada día es tan poco reflejo de lo que escucháis y contempláis? Y entonces parecería útil intentarlo por vía del susto tremendista o por el camino de la amenaza implacable. No obstante, nada de esto hay en las palabras del Señor, ni tampoco esto es lo que pretende la liturgia de este domingo. No es la amenaza, ni el miedo, ni el acorralamiento, lo que se puede leer en este Evangelio. ¿Qué es, pues?

"En aquellos días... en aquel tiempo". Así comienzan la primera y la tercera lectura de la Misa de este domingo, refiriéndose a algo que está por suceder. "Después de la gran tribulación, el sol se hará tinieblas, la luna no dará resplandor, las estrellas caerán del cielo, los ejércitos celestes temblarán...". Esta descripción apocalíptica del Evangelio de Marcos, tremenda en sí misma, sería más terrible aún si todo concluyese aquí. Entonces sí que podrían asustarnos y amedrentarnos los agoreros de calamidades. Pero la palabra última no la tiene el cataclismo, la barbarie, toda suerte (mala en este caso) de injusticias y desmanes que nos presenta la crónica diaria de cada tramo de la historia, porque después de que todo esto suceda todavía quedará una palabra que escuchar.

El Evangelio de este domingo es un mensaje de esperanza, de invitación a preparar ya ese final esperanzado. Porque tras todas las tinieblas y tribulaciones, después de todos los horrores y los errores de nuestra andadura humana, vendrá el Hijo del hombre para decirnos su palabra eterna, la que hizo todo y la única que no pasará, para devolvernos con fuerza y con ternura la verdad de nuestra vida. No se trata de temer ese día último como quien teme un final sin piedad, sino de vivir ese final atreviéndonos a ir escuchando ya cada día esa palabra postrera que escucharemos de los labios de Jesucristo. ¿No tiene nuestro mundo necesidad de testigos que escuchen esa palabra, que la testimonien en cada situación y circunstancia? Somos llamados los cristianos a anticipar esa hora última, cuando en nosotros se puede escuchar otra palabra capaz de recrear todas las cosas, de hacerlas nuevas otra vez, y no fugazmente sino para siempre ya, cada día. Este es el tiempo cristiano, es el tiempo de Dios.


Publicado por verdenaranja @ 22:57  | Espiritualidad
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ZENIT  nos ofrece el texto de la homilía pronunciada el jueves 5 de Nov iembre de 2009 por el Papa con motivo de la Misa en sufragio de los cardenales, arzobispos y obispos de todo el mundo, fallecidos en los últimos doce meses, que se celebró hoy en el Altar de la Cátedra de la Basílica de San Pedro.

¡Venerados hermanos en el Episcopado y en el Sacerdocio,
queridos hermanos y hermanas!

“¡Qué alegría cuando me dijeron: Vamos a la casa del Señor!”. Las palabras del Salmo 122, que hemos cantado hace poco, nos indican a elevar la mirada del corazón hacia la “casa del Señor”, hacia el Cielo donde está misteriosamente reunida, en la visión beatífica de Dios, la multitud de todos los santos, que la liturgia nos ha hecho contemplar hace algunos días. A la solemnidad de los Santos ha seguido la conmemoración de todos los Fieles difuntos. Estas dos celebraciones vividas en un profundo clima de fe y de oración, nos ayudan a percibir mejor el misterio de la Iglesia en su totalidad y a comprender cada vez más que la vida debe ser una espera siempre vigilante, una peregrinación hacia la vida eterna, cumplimiento último que da sentido y plenitud a nuestro camino terreno. A las puertas de la Jerusalén celeste “ya están puestos nuestros pies” (v. 2).

A esta meta definitiva han llegado ya los llorados cardenales Avery Dulles, Pio Laghi, Stéphanos II Ghattas, Stephen Kim Sou-Hwan, Paul Joseph Pham Đình Tung, Umberto Betti, Jean Margéot, y los numerosos arzobispos y obispos que nos han dejado durante este último año. Les recordamos con afecto y damos gracias a Dios por el bien que han hecho. En su sufragio eterno ofrecemos el Sacrificio eucarístico, reunidos, como cada año, en esta Basílica Vaticana. Pensemos en ellos en la comunión, real y misteriosa, que nos une a nosotros, peregrinos en la tierra, a cuantos nos ha precedido en el más allá, seguros de que la muerte no rompe los vínculos de fraternidad espiritual sellados por los Sacramentos del Bautismo y del Orden.

En estos venerados hermanos nuestros queremos reconocer a los siervos de los que habla la parábola evangélica proclamada hace un momento: siervos fieles, a los que el amo, de vuelta de las bodas, ha encontrado despiertos y preparados (cfr Lc 12,36-38); pastores que han servido a la Iglesia asegurando al rebaño de Cristo el cuidado necesario; testigos del Evangelio que, en la variedad de los dones y de las tareas, han dado prueba de vigilancia activa, de dedicación generosa a la causa del Reino de Dios. Cada celebración eucarística, en la que tantas veces participaron, primero como fieles y luego como sacerdotes, anticipa del modo más elocuente cuanto el Señor ha prometido: Él mismo, sumo y eterno Sacerdote, hará sentar a sus siervos a la mesa y les servirá (cfr Lc 12,37). Sobre la Mesa eucarística, banquete nupcial de la Nueva Alianza, Cristo, Cordero pascual, se hace nuestro alimento, destruye la muerte y nos da su vida, la vida sin fin. Hermanos y hermanas, permanezcamos también nosotros despiertos y vigilantes: que los encuentre así “el amo cuando vuelve de las bodas, llegando en medio de la noche o antes del alba” (cfr Lc 12,38). ¡También nosotros, entonces, como los siervos del Evangelio, seremos bienaventurados!

"Las almas de los justos están en las manos de Dios” (Sb 3,1). La primera lectura, tomada del libro de la Sabiduría, habla de justos perseguidos, condenados injustamente a muerte. Pero aunque si su puerte – subraya el Autor sagrado – sucede en circunstancias humillantes y dolorosas tales que parecen una desgracia, en verdad para quienes tienen fe no es así: “ellos están en la paz” y, aun si sufrieron castigos a los ojos de los hombres, “su esperanza está llena de inmortalidad" (vv. 3-4). Es doloroso el alejamiento de los seres queridos, el acontecimiento de la muerte es un enigma lleno de inquietud, pero, para los creyentes, venga como venga, está siempre iluminado por la “esperanza de la inmortalidad”. La fe nos sostiene en estos momentos humanamente llenos de tristeza y de malestar: “A tus hijos la vida no ha sido quitada, sino transformada – recuerda la liturgia –; y mientras se destruye la morada de este exilio terreno, se prepara una morada en el Cielo” (Prefacio de difuntos). Queridos hermanos y hermanas, sabemos bien y lo experimentamos en nuestro camino, que no faltan dificultades y problemas en esta vida, hay situaciones de sufrimiento y dolor, momentos difíciles que comprender y aceptar. Todo esto sin embargo adquiere valor y significado si se considera en la perspectiva de la eternidad. Cada prueba, de hecho, acogida con paciencia perseverante y ofrecida por el Reino de Dios, viene en nuestra ayuda espiritual ya aquí abajo, y sobre todo en la vida futura, en el Cielo. En este mundo estamos de paso, purificados en el crisol como el oro, afirma la Sagrada Escritura (cfr Sb 3,6). Misteriosamente asociados a la pasión de Cristo, podemos hacer de nuestra existencia una ofrenda agradable al Señor, un sacrificio voluntario de amor.

En el Salmo responsorial y después en la segunda lectura, tomada de la primera carta de san Pedro, encontramos como un eco a las palabras del libro de la Sabiduría. Mientras el Salmo 122, retomando el canto de los peregrinos que suben a la Ciudad santa y tras un largo camino llegan, llenos de alegría, a sus puertas, nos proyecta en el clima de fiesta del Paraíso, san Pedro nos exhorta, durante la peregrinación terrena, a tener viva en el corazón la perspectiva de la esperanza, de una “esperanza viva” (1,3). Frente al inevitable disolverse de la escena de este mundo – anota – se nos ha dado la promesa de una “heredad que no se corrompe, no se mancha y no se marchita” (v. 4), porque Dios nos ha regenerado, en su gran misericordia, “mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos” (1,3). Este es el motivo por el que debemos estar “colmados de alegría”, aunque estemos afligidos por varias penas. Si, de hecho, perseveramos en el bien, nuestra fe, purificada por muchas pruebas, resplandecerá un día en todo su fulgor y volverá en alabanza, gloria y honor nuestro cuando Jesús se manifieste en su gloria. Aquí está la razón de nuestra esperanza, que ya aquí nos hace exultar “de gloria indecible y gloriosa”, mientras estamos en camino hacia la meta de nuestra fe: la salvación de las almas (cfr vv. 6-8).

Queridos hermanos y hermanas, con estos sentimientos queremos confiar a la Divina Misericordia a estos cardenales, arzobispos y obispos, junto con los que hemos trabajado en la viña del Señor. Definitivamente liberados de lo que queda en ellos de fragilidad humana, los acoja en Padre celeste en su Reino eterno y les conceda el premio prometido a los servidores buenos y fieles del Evangelio. Que les acompañe, son su solicitud maternal, la Virgen Santa, y les abra las puertas del Paraíso. Que la Virgen María nos ayude también a nosotros, aún caminantes por la tierra, a mantener fija la mirada hacia la patria que nos espera; nos anime a estar preparados “ceñidos vuestros lomos y con las lámparas encendidas” para acoger al Señor cuando “llegue y llame” (Lc 12,35-36). A cualquier hora y en cualquier momento. ¡Amen!

[Traducción del italiano por Inma Álvarez]


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Homilía de monseñor José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario, en la misa por los sacerdotes y obispos diocesanos en el Cementerio Sacerdotal. (AICA)
(2 de noviembre de 2009)



MISA POR LOS SACERDOTES Y OBISPOS
FALLECIDOS DE ROSARIO
 

Queridos hermanos,

Estamos celebrando la conmemoración de todos los fieles difuntos. Esta mañana celebramos en el Cementerio municipal “El Salvador”; ahora ofrecemos la misa en este cementerio dedicado a los sacerdotes diocesanos, que sirvieron y ofrecieron su vida en nuestra Arquidiócesis. Los recordamos a ellos y a los obispos fallecidos, que particularmente en este año sacerdotal; lo cual quiere manifestar el recuerdo, la fraternidad, y la amistad entre los sacerdotes, que trasciende esta vida en la tierra. En efecto, nuestro agradecimiento y nuestra oración por los sacerdotes transciende el tiempo, y pone de relieve en sus vidas, la fidelidad de Cristo, y la fidelidad del sacerdote.

Ya antiguamente, encontramos en el judaísmo la piadosa costumbre de pedir por los difuntos en su condición intermedia por medio de la oración. Esta práctica siguió realizándose entre los cristianos primitivos, pero con los ojos puestos en la espera de la resurrección.

Como decíamos el día de todos los santos, recordando la enseñanza del Papa Benedicto XVI, sabemos que en la comunidad humana, y también en nuestra vida sacerdotal mi intercesión por el otro de ninguna manera es algo ajeno para el otro, algo exterior, ni siquiera después de la muerte. En el entramado del ser, mi gratitud para con ellos, mi oración por ellos, puede significar una pequeña etapa de su purificación (cfr. Spes Salvi, nº 46).

Por otra parte, la esperanza en la resurrección y nuestra fe en la vida eterna, como leímos en la segunda lectura y en el Evangelio, están centradas en la Resurrección de Jesús. Si Jesús no hubiera resucitado nuestra fe no tendría valor 1Co 15,14).

La convicción de la fe en la vida eterna se hacía visible en las catacumbas, y en los cementerios. Allí encontramos escritos referidos a los cristianos, que esperan con fe la resurrección y ansian la venida del Señor : Ven Señor Jesús!

San Agustín nos enseña sobre la importancvia de rezar por los difuntos, y nos dice que aunque es humano honrar el cuerpo de los difuntos, por el afecto, y como un deber de humanidad; nosotros podemos ser verdadera ayuda para ellos si ofrecemos el sacrificio de la Eucaristía, acompañado con plegarias y limosnas por los pobres.

Por esto, no son las grandes ceremonias externas, sino la Eucaristía y la oración por los difuntos las que, por la misericordia de Dios, transforman a nuestros seres queridos. Él mismo santo nos decía, comparando la muerte del rico epulón y del pobre Lázaro, que si bien para el rico, vestido ahora de púrpura, se ofrece un funeral espléndido a los ojos de los hombres, con muchos de sus familiares y servidores; sin embargo mucho más rico será a los ojos de Dios el que se ofrezca por el pobre Lázaro, que era pobre y estaba cubierto de llagas; él será consolado no por los hombres sino por los mismos ángeles; los cuales no lo llevaran a un mausoleo frío de mármol, sino que lo llevaran gozosamente a la Casa de Dios.

Por su parte San Gregorio insistía tanto en la centralidad de la Eucaristía y en la oración por los difuntos, que se vincula su enseñanza a un episodio que el mismo narra (Diálogos IV, 55 (PL 77, 420-421), en el cual el santo quiso enseñar la doctrina de los sufragios aplicados a los difuntos, unida a la práctica de celebrar un número de treinta misas seguidas, lo cual se conoció posteriormente con el nombre de misas gregorianas.

Quisiera invitarlos a vivir este día según el auténtico espíritu de la piedad cristiana, orando por neustros difuntos a la luz del misterio pascual. Como nos dice el libro de la Sabiduría, mientras los recordamos aquí en el cementerio, confiamos que sus almas ya estén en las manos de Dios. Cristo murió y resucitó. Vencedor de la muerte nos abrió el paso a la Casa del Padre, al Reino de la vida y de la paz. Quien sigue a Jesús en esta vida, será recibido por Él.

El modo mejor para honrarlos en este día es rezar por ellos, ofreciendo oraciones y actos de fe esperanza y caridad. Ellos han recorrido una parte del camino; y ahora al pedir por ellos, también nos llenamos de consuelo y de paz; porque pertenecemos con ellos a la familia de Cristo, quienes lo siguieron en esta vida, y quienes esperan la Resurrección. En unión al Sacrificio de la Eucaristía, podemos pedir humildemente por su salvación, y experimentar la profunda comunión, en la espera de encontrarnos juntos en el Cielo.

Que la Virgen María , nos ayude a comprender y vivir este misterio de esperanza. Dales Señor el descanso eterno.

Mons. José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario


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Homilía de monseñor Oscar Domingo Sarlinga, obispo de Zárate-Campana, en la misa de la ordenación sacerdotal del diacono Alfredo Meoniz. (AICA)
(31 de octubre de 2009)



ORDENACIÓN SACERDOTAL DE ALFREDO MEONIZ 

En este día tan gozoso, en esta circunstancia solemne y en pleno Año Sacerdotal, convocado por nuestro Papa Benedicto XVI, me dirijo ante todo a nuestro hermano Alfredo, quien va a recibir la gracia del sacerdocio ministerial:

Hoy es un día de Gracias, en el que Jesús nos vuelve a llamar, golpeando a nuestro corazón: "No los llamo siervos... les digo amigos" (Jn 15, 15). Así les dijo Cristo a sus discípulos y nos lo dice hoy. Estas palabras de Jesús tienen que ver profundamente con el lema sacerdotal que has elegido, Alfredo, y que has tomado de la carta a los colosenses, de San Pablo: "Revístanse de misericordia" (Col. 3,12). Se trata de esa misericordia que derriba todo muro de enemistad y de odio, y que nos abre el camino a la amistad en Cristo, a ser «un solo corazón».

Querido Alfredo: el Señor te ha revestido de Misericordia desde que te eligió, como lo ha hecho con todos nosotros, desde la eternidad, antes que fuéramos formados en el vientre de nuestra madre. La historia de nuestra vida está en manos de Dios, pero lo que podemos decir es que desde hace tiempo (sacramentalmente desde el Bautismo y en lo vivencial desde la asunción personal de tu conciencia de vocación cristiana) estás asociado íntimamente a la vida de Cristo. Has seguido a Jesucristo, quien te invitaba a consagrarte enteramente a su misión. El Seminario, la experiencia en parroquia, la formación en parroquia al amparo de la Virgen Inmaculada, te han plasmado en esa «historia de tu seguimiento al Señor».

La Iglesia, que es el Cuerpo de Cristo, te ha elegido para el orden presbiteral, porque el Señor te eligió. Has sido elegido para "apacentar el rebaño del que el Espíritu Santo los ha hecho guardianes", como dijo San Pablo a los presbíteros de Efeso, esto es, para ser sacerdote, que sirva a su grey, camine al frente de ella y con ella. Ni sólo «al frente de ella» (podrías aislarte y podrían no seguirte) ni sólo «con ella» en un sentido en que se diluyera el sentido de tu guía. Con ella y al frente de ella, como el que sirve. Auguro hoy que el Lavatorio de los pies, del Jueves Santo, sea una imagen viviente que te guíe en tu ministerio sacerdotal.

A través del sacerdocio ministerial, es Cristo resucitado el que actúa, glorificado por la mano de Dios y puesto por su Padre en posesión del Espíritu Santo prometido (cf. Hch 2, 23); ese Cristo es quien actúa en nuestro ministerio. Porque El es el Principio, El es la Cabeza del Cuerpo que es la Iglesia (cf. Col 1, 18). Por el pecado de los miembros, a veces puede obscurecerse la mirada respecto de la Luz de la fe, pero es claro que en el Espíritu Santo, Cristo prosigue su obra por medio de aquellos a quienes ha constituido Pastores y que no cesan de transmitir ese don espiritual. En el caso de los Obispos, mediante la imposición de las manos, como "los sarmientos por los que se transmite la semilla apostólica"(cf. Conc. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, 20)

De manos del Obispo y por su oración recibes la misión de santificar al Pueblo de Dios. En este sentido, sos padre, por ello has de transmitir la vida de Cristo por medio de los sacramentos que celebras. Sigue interesándote siempre en preparar a los fieles laicos para estos sacramentos y en animarlos a vivir en ellos con perseverancia, con luz y sal que transformen la sociedad de hoy.

Querido hermano, que tu oración no deje de acompañar a vuestro pueblo por los caminos de la santidad. Contribuye a preparar, con la gracia del Señor, una Iglesia sin tacha y sin arruga, de la que es símbolo la nueva Jerusalén de que nos habla el Apocalipsis. "la esposa ataviada para su Esposo" (Ap 21, 21).

Traé siempre al redil con misericordia a quienes se han alejado, velá por todo el rebaño y defendélo, como clamaba San Pablo (Hch 20, 29-31), al mismo tiempo que procurá suscitar un espíritu cada vez más misionero. Buscá en todo la comunión y la edificación del Cuerpo de Cristo. Recordá siempre que la verdadera autoridad, la auténtica, la autoridad según Jesús, es la de Buen Pastor que conoce a sus ovejas y está atento a cada una de ellas; la de Padre que lo es a tal título por su espíritu de amor y dedicación; la de «administrador», y no «dueño», mucho menos «dominador», la del administrador, decía, que  siempre está dispuesto a dar cuentas a su Señor y a la Iglesia; es la actitud del "ministro", que está en medio de los suyos "como quien sirve" y dispuesto a dar su vida.

La misión puntual que se te confía, requiere de vos, además de la autoridad verdadera y del servicio hasta dar la vida, la prudencia y sabiduría de los "ancianos", «presbyteroi», y el espíritu de equidad y paz; la fidelidad a la Iglesia, una pureza ejemplar de doctrina y de vida. Se trata en definitiva de conducir a los fieles (y de caminar junto con ellos, como hemos dicho) hacia la santidad de nuestro Señor. Siendo «ministros» no dejamos formar parte del «Pueblo», ese Pueblo sacerdotal que es la Iglesia. Tu misión tratará de ayudar a todos a vivir el mandamiento nuevo del Amor fraternal, que Jesús nos dejó corno testamento (Jn 13, 24).

San Pedro escribía a los "ancianos'": "Apacentad el rebaño de Dios... según Dios... sirviendo de ejemplo al rebaño" (1 Pe 5. 2-5). Así proveerás al bien de la edificación de la Iglesia, tan vapuleada, algunas veces, no menos, socavada desde dentro, no siempre con malicia, no pocas veces a causa del «creerse dueños», eso socava desde dentro.

Alfredo, poné al servicio de la Iglesia las cualidades con las que el Señor te dotó: tu espíritu de oración, dedicación, laboriosidad, sentido de la responsabilidad. Poné todas esas cualidades hoy, como ofrenda, en el Corazón de Jesucristo, Pontífice de nuestra fe.

Tu ministerio ayudará a formar conciencias según la ley de Dios, la Ley Nueva del Espíritu Santo. Además, educando a las conciencias en orden a las responsabilidades y a la comunión en la Iglesia, contribuirás a formar ciudadanos honrados y valientes como el país los necesita; artífices de la concordia y del amor fraternal sin frontera, preocupados de un desarrollo armonioso principalmente entre aquellos más pobres y necesitados.

Querido hermano, este ideal no debe asustarte. Al contrario, debe animarte y servirte de motivo de esperanza. Ciertamente, llevamos el tesoro del orden sagrado en vasos de barro, o de arcilla (cf. 2 Cor 4, 7). El Apóstol Pablo tenía una conciencia muy acabada de dicha realidad. Pero sometiendo «con humildad» toda nuestra persona a Cristo que nos llama a representarlo, estemos seguros de su gracia, de su fuerza, de su paz. Siguiendo las palabras de San Pablo, como tu Obispo, te digo también hoy: "yo los encomiendo al Señor y a la palabra de su gracia" (Hch 20, 32), y en un sentido espiritual, como esas bendiciones bíblicas que están en el ritual de los matrimonios, «que veas a los hijos de tus hijos, y que sean en ti benditos hasta la tercera y la cuarta generación». ¡Que Dios sea glorificado en tu persona sacerdotal y en tu ministerio!.

Con la ayuda de la Inmaculada Madre de Dios, María Santísima.

Mons. Oscar Domingo Sarlinga, obispo de Zárate-Campana


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Las uniones homosexuales, “un verdadero antimatrimonio”.
San Justo (Buenos Aires), 5 Nov. 09 (
AICA)  

Texto completo

     Reciba nuestros más cordiales saludos y deseos de Paz y Bien en Jesucristo, Señor de la Historia; que le rogamos extienda a todos los integrantes de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación, remitiéndoles una copia de la presente.

      Las circunstancias nos obligan a escribirle en nuestro doble carácter, de ciudadanos y Obispos, Titular y Auxiliar de la Diócesis de San Justo -La Matanza-. El bien común temporal es el fin de toda actividad política -y la legislativa lo es en grado sumo-, no es ajeno a nuestro ministerio episcopal, cuya finalidad es también el bien común, aunque en un sentido más amplio. Precisamente esta convergencia en el bien común de nuestras tareas, es la que requiere dirigirnos a Ud. y, por su intermedio, a todos los Señores Diputados de la Nación, para que tengan en cuenta estas consideraciones, referidas a diversos proyectos de ley, en estudio en vuestra honorable Cámara. Me refiero en concreto a los expedientes cuyos números de ingreso son: 1854-D-2008 y 1737-D-2009, referidos a la pretensión de legalizar las uniones del mismo sexo con el status jurídico del matrimonio.

     Al respecto, resulta obvio decir que cada cosa diferente debe tener su propia denominación. Por ejemplo, no se puede llamar perro indistintamente al gato y al perro; puesto que son dos animales diferentes. Ambos son mamíferos, vertebrados y cuadrúpedos, pero ¿qué duda cabe que un perro es un perro y un gato es un gato?, son dos realidades diferentes.

     Con relación a estos proyectos de ley, nos vemos en la obligación de explicar a los diputados firmantes de los mismos que, así como un perro no es un gato ni viceversa, la unión estable de un varón y una mujer abierta a la vida –desde siempre conocida como matrimonio, que deriva del latín matri munus, o sea “el oficio de la madre”, es algo completamente diferente a cualquier otro tipo de unión con connotaciones sexuales. En las convivencias homosexuales va de suyo que no hay madre posible, ni nadie que realice su misión, tampoco hay marido ni mujer, no hay esposos, no hay hijos... En síntesis, no hay nada que tenga que ver con el matrimonio.

     En un análisis sintético pero más profundo de la cuestión, es también evidente que los matrimonios de verdad –no las caricaturas de los mencionados proyectos de ley-, son necesarios para la subsistencia y el progreso de la República Argentina. Necesitamos más habitantes que aseguren el recambio poblacional, y que nos permitan con su trabajo, hacer producir las inmensas riquezas naturales de nuestra Patria común. Ya lo descubrió Aristóteles cuatro siglos antes del nacimiento de Cristo. El bien común depende de las familias fundadas en verdaderos matrimonios. Y es esa función insustituible de bien común, la que justifica la regulación especial y privilegiada del matrimonio y la familia.

     En cambio, las uniones del mismo sexo, no sólo no edifican el bien común, sino que lo dificultan seriamente. Significan por definición: menos matrimonios, menos hijos, menos familias. Si ese efecto negativo fuera promovido por las leyes, ya no se podría hablar de “bien” común, sino que habría que calificarlo como una legislación que promueve el “mal común”. Lamentablemente debemos constatar que estamos en presencia de una decadencia moral, que cuando es profunda y estable, termina afectando la capacidad de percibir la realidad tal cual es. Por lo tanto, el bien común exige no legalizar ni promover estas uniones antimatrimoniales.

     Para favorecer a las mismas se esgrimen razones afectivas y se aduce que no podrían coartarse los afectos de dichas personas. En realidad, ni el derecho ni las leyes se meten con los afectos de nadie. Si los afectos tuvieran alguna relevancia jurídica, habría por ejemplo: un registro de amigos, el afecto más natural y abarcativo en la vida de toda persona humana; además, en materia de matrimonio, sería un requisito para la validez del mismo, que haya amor entre los contrayentes. Sin embargo, jamás existieron ni una cosa ni la otra. Sencillamente porque los afectos quedan al margen de todo ordenamiento jurídico. Si los cónyuges se casan por amor, por dinero o cualquier otro interés, es asunto suyo. No interesa a las leyes ni a los jueces. Únicamente les incumbe a ellos y al Justo Juez que los juzgará –como a todos, y allí no habrá inmunidad parlamentaria que valga-, en el Juicio Universal.

     No podemos dejar de subrayar que se aduce a favor de dicha regulación, la necesidad de contar con una protección jurídica por diversas razones de tipo económico. Esto es igualmente falso. En efecto: en materia de previsión social, cada homosexual puede –y debe- aportar a la Caja de Jubilaciones y Obra Social que le corresponda, y tendrá la cobertura que corresponda en justicia a cualquier ciudadano. Va de suyo, que sería injusta la pretensión de alguna pensión como conviviente. Ello por muchos motivos, ya que también conviven hermanos, tíos con sobrinos u otros parientes, sin que ello de lugar a pensión de ninguna naturaleza. Simplemente porque la pensión es justa cuando premia a quien, para atender a la familia –en especial a los hijos-, no pudo trabajar fuera de su casa, o lo hizo en forma limitada. Pero aquí no hay familia, ni sacrificio de ninguna especie. Es más, si se dieran pensiones a los convivientes del mismo sexo, necesariamente disminuiría la compensación a los verdaderos esposos, que como fruto de su amor hacen posible la subsistencia de la Nación. Tales prestaciones serían gravemente injustas y contrarias al bien común. Un nuevo “mal común”.

     Y en cuanto a la adquisición y disposición de los bienes, las reglas jurídicas del condominio y la sociedad de hecho son suficientes para proteger económicamente a los convivientes del mismo sexo. Se que este es un punto sensible, por la sencilla razón que las convivencias homosexuales son de una notable fragilidad; en general duran muy poco como muestran todas las estadísticas de todos los países del mundo. No se trata de una observación académica, pero apunta al corazón antropológico de la cuestión: el que es igual no puede complementarme, puesto que sólo puede aportarme lo que ya poseo y, por eso mismo, no lo necesito. Todos los seres humanos tenemos la certeza de nuestra imperfección, no sólo porque hay quienes tienen nuestras mismas dotes de modo más elevado, sino que nuestra falta de perfección es aún más profunda: la especie humana se integra con los dones y el genio de la mujer, más los dones y el genio del varón. Solos, siempre estaremos incompletos.

     Finalmente, debemos recordar a los Señores Diputados, que los tratados de derechos humanos con jerarquía constitucional, sólo reconocen la familia basada en el matrimonio heterosexual (Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, art. 23, inc. 2 y Convención Americana sobre Derechos Humanos, art. 17, inc. 1, entre otros textos). Los proyectos de marras son, pues, inconstitucionales.

     Ahora bien, y para concluir: si las uniones homosexuales no son ni podrán ser nunca un matrimonio –sino más bien todo lo contrario: un verdadero antimatrimonio-, además, su promoción va directamente contra el bien común –para transformarse en un verdadero mal común-. Y a ello, le añadimos que los afectos quedan al margen del derecho y las leyes; y que existen otras alternativas ya legisladas, que son aptas para regular las relaciones económicas entre los integrantes de dichas uniones. Sumados todos estos elementos explicados muy sintéticamente, va de suyo que dichos proyectos de ley deben ser archivados lo antes posible.

     Señor Presidente y distinguidos Señores Diputados, reciban Uds. un afectuoso saludo, nuestra bendición y oración por vuestra importante tarea legislativa, todo ello en Cristo Jesús, que es la Vida y la fuente de todos los auténticos valores.+

Mon. Baldomero Carlos Martini, obispo de San Justo


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Jueves, 12 de noviembre de 2009

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Lunes 5 de noviembre de 2009

DECLARACIÓN DE LA COMISIÓN PERMANENTE DEL EPISCOPADO


La heterosexualidad como requisito para el matrimonio no es discriminar
Ante el conocimiento de un próximo debate legislativo sobre proyectos de ley de matrimonio homosexual, la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Argentina, dijo que “afirmar la heterosexualidad como requisito para el matrimonio no es discriminar, sino partir de una nota objetiva que es su presupuesto. Lo contrario sería desconocer su esencia, es decir, aquello que es”. “En el matrimonio se encuentran y realizan tanto las personas en su libertad, como el origen y el cuidado de la vida. Esto no debe ser considerado como un límite que descalifica, sino como la exigencia de una realidad que por su misma índole natural y significado social, debe ser tutelada jurídicamente. Estamos ante una realidad que antecede al derecho positivo y, por lo mismo, es para él fuente normativa en lo sustancial”, subrayó en un comunicado.


LA HETEROSEXUALIDAD COMO REQUISITO PARA EL MATRIMONIO NO ES DISCRIMINACIÓN
Ante el conocimiento de un próximo debate legislativo sobre proyectos de ley de matrimonio homosexual, la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Argentina, dijo que “afirmar la heterosexualidad como requisito para el matrimonio no es discriminar, sino partir de una nota objetiva que es su presupuesto. Lo contrario sería desconocer su esencia, es decir, aquello que es”.

     “El matrimonio como relación estable entre el hombre y la mujer, que en su diversidad se complementan para la transmisión y cuidado de la vida, es un bien que hace tanto al desarrollo de las personas como de la sociedad. No estamos ante un hecho privado o una opción religiosa, sino ante una realidad que tiene su raíz en la misma naturaleza del hombre, que es varón y mujer”, subrayó en un comunicado.

     Tras indicar que “este hecho, en su diversidad y reciprocidad, se convierte, incluso, en el fundamento de una sana y necesaria educación sexual”, advirtió que “no sería posible educar la sexualidad de un niño o de una niña, sin una idea clara del significado o lenguaje sexual de su cuerpo”.

     El Episcopado señaló que “estos aspectos que se refieren a la diversidad sexual como al nacimiento de la vida, siempre fueron tenidos en cuenta como fuente legislativa a la hora de definir la esencia y finalidad del matrimonio. En el matrimonio se encuentran y realizan tanto las personas en su libertad, como el origen y el cuidado de la vida”.

     “Esto no debe ser considerado como un límite que descalifica, sino como la exigencia de una realidad que por su misma índole natural y significado social, debe ser tutelada jurídicamente. Estamos ante una realidad que antecede al derecho positivo y, por lo mismo, es para él fuente normativa en lo sustancial”, aseveró.

Texto completo de la declaración

     Ante el conocimiento de un próximo debate legislativo sobre proyectos de ley de matrimonio homosexual, la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Argentina manifiesta al respecto:

     El matrimonio como relación estable entre el hombre y la mujer, que en su diversidad se complementan para la transmisión y cuidado de la vida, es un bien que hace tanto al desarrollo de las personas como de la sociedad. No estamos ante un hecho privado o una opción religiosa, sino ante una realidad que tiene su raíz en la misma naturaleza del hombre, que es varón y mujer. Este hecho, en su diversidad y reciprocidad, se convierte, incluso, en el fundamento de una sana y necesaria educación sexual. No sería posible educar la sexualidad de un niño o de una niña, sin una idea clara del significado o lenguaje sexual de su cuerpo. Estos aspectos que se refieren a la diversidad sexual como al nacimiento de la vida, siempre fueron tenidos en cuenta como fuente legislativa a la hora de definir la esencia y finalidad del matrimonio. En el matrimonio se encuentran y realizan tanto las personas en su libertad, como el origen y el cuidado de la vida.

     Esto no debe ser considerado como un límite que descalifica, sino como la exigencia de una realidad que por su misma índole natural y significado social, debe ser tutelada jurídicamente. Estamos ante una realidad que antecede al derecho positivo y, por lo mismo, es para él fuente normativa en lo sustancial.

     Afirmar la heterosexualidad como requisito para el matrimonio no es discriminar, sino partir de una nota objetiva que es su presupuesto. Lo contrario sería desconocer su esencia, es decir, aquello que es. “El matrimonio no es una institución puramente humana a pesar de las numerosas variaciones que ha podido sufrir a lo largo de los siglos en las diferentes culturas, estructuras sociales y actitudes espirituales. Estas diversidades no deben hacer olvidar sus rasgos comunes y permanentes”.

     El matrimonio se funda en la unión complementaria del varón y la mujer, cuyas naturalezas se enriquecen con el aporte de esa diversidad radical. La realidad nos muestra que toda consideración física, psicológica y afectiva de los sexos, es expresión de esa diversidad, la cual además no se explica en un sentido antagónico, sino de complemento mutuo. El varón y la mujer, conforman desde esa diversidad complementaria, una nueva realidad que es la familia y que, desde los inicios mismos de la humanidad, ha sido protegida por las sociedades civilizadas, con la institución del matrimonio. Confirma esa realidad, la Declaración Universal de los Derechos del Hombre la cual exige “reconocer el derecho del hombre y de la mujer a contraer matrimonio y a formar una familia”.

     Es responsabilidad de todos proteger este “bien de la humanidad”, (como llamaba Juan Pablo II a la familia), de allí el deseo que nos mueve a sumar las presentes reflexiones en un diálogo sincero con la sociedad y como aporte a quienes tienen la difícil tarea de legislar sobre estos temas.

     La Sagrada Familia de Nazareth, modelo permanente, ayude a descubrir a nuestros jóvenes, el valor de la vocación matrimonial.+


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ZENIT publica las Proposiciones 37 a 42 (versión no oficial), de la reciente II Asamblea Extraordinaria para África del Sínodo de los Obispos --cuyo texto oficial está en latín--, objeto de voto personal por parte de los padres sinodales, presentadas al Papa Benedicto XVI.

Proposición 37

Los laicos

Los fieles laicos de Cristo comparten su triple misión de sacerdote, profeta y rey, porque son miembros del Pueblo de Dios. Están por tanto llamados a vivir su vocación y misión a todos los niveles de la sociedad, especialmente en la esfera socio-política, en la socio-económica y en la socio-cultural. De esta forma estos se convierten en “sal de la tierra” y “luz del mundo”, sirviendo a la justicia y la paz en estos ámbitos de la sociedad.

En consecuencia, la Iglesia debe equiparles con una catequesis inicial y permanente para la conversión del corazón, apoyada por una adecuada formación espiritual, bíblica, doctrinal y moral, para crear una conciencia civil de cristiano.

Con este propósito quizás uno de los instrumentos providenciales para el desarrollo de esta conversión y experiencia de fe son los nuevos movimientos eclesiales. Los movimientos y las comunidades de fe y de comunión son en la Iglesia “verdaderos laboratorios de fe”, espacios de formación y de enriquecimiento a través del Espíritu para una vida de testimonio y de misión. Así formados como discípulos del Señor, estos actuarán como levadura en el mundo.

La Iglesia debe cuidar especialmente a aquellos que están implicados en la guía de los asuntos políticos, económicos y culturales, planificando un programa de formación basado en la Palabra de Dios y en la doctrina social de la Iglesia (cfr. “Compendio”). Este programa debe comprender la formación para guiar a los demás de modo que se transforme la vida con la acción (prácticas formativas de guía a través de la acción).

Al mismo tiempo la Iglesia debe animar la formación de asociaciones y compañías laicales en los diferentes campos profesionales (médico, jurídico, parlamentario, académico, etc.) para asistirles en las respectivas actividades en el ámbito de la sociedad y de la Iglesia. Debe también reforzar y sostener los Consejos para los Laicos ya existentes, asistiéndoles a todo nivel, proveyéndoles de capellanes.

Las Pequeñas Comunidades Cristianas / Comunidades Eclesiales Vivientes (SCC / CEV) deben colaborar en la formación del Pueblo de Dios y servir como lugar donde se viva concretamente la reconciliación, la justicia y la paz. 

Proposición 38

La familia

Como institución, la familia tiene origen divino. Es el “santuario de la vida” y el núcleo de la sociedad y de la Iglesia. Es el lugar apropiado para aprender y practicar la cultura del perdón, de la paz, de la reconciliación y de la concordia.

A causa de su capital importancia y de las amenazas que afronta, especialmente la trivialización del aborto, el desprecio de la maternidad (embarazo), la distorsión de la noción del matrimonio y de la misma familia, la ideología del divorcio y una nueva ética relativista, la familia y la vida humana deben ser protegidas y defendidas.

Los Padres sinodales invitan a las iglesias locales a adoptar las siguientes medidas:

- dar a conocer la Carta de la Familia de la Santa Sede;
- una adecuada catequesis sobre la concepción cristiana de la familia;
- programas pastorales integrales que promuevan una vida de oración y escucha de la Palabra de Dios (lectio divina) en las familias;
- educación de las parejas a crecer en el amor conyugal y en la paternidad responsable, según la doctrina de la Iglesia;
- ofrecer apoyo pastoral a los padres en su responsabilidad como primeros educadores;
- acompañamiento espiritual de las parejas (p. e. a través de los Équipes Notre Dame; la Fraternidad de Caná, etc.);
- considerar el servicio de los esposos cristianos como ministerio y poner esta dignidad como fundamento de la familia;
- celebraciones de jubileos de matrimonio (bodas de plata, de otro) con diplomas de honor;
- apoyo a las parejas jóvenes a través de parejas ejemplares bien conocidas;
- oferta de consulta matrimonial e institutos para la familia;
- educación y formación en los valores matrimoniales y familiares a través de los medios de comunicación (radio, televisión, etc.) y
- creación de asociaciones diocesanas y nacionales, apoyadas a nivel continental. 

Proposición 39

Los sacerdotes

Cada sacerdote, configurado por la Ordenación a Cristo, Cabeza y Buen Pastor, está llamado a ser una imagen viva de Jesucristo, que vino a servir y no a ser servido (Mc 10,45).

En consecuencia los sacerdotes deben cultivar una profunda vida espiritual que comprenda la escucha de la Palabra de Dios, la celebración de la Eucaristía y la fidelidad a la oración, especialmente de las Horas.

Deben dedicarse de modo resuelto a una vida de comunidad evangélica y fraterna, protegidos de las presiones familiares, dedicados a una vida sobria de disciplina y de abnegación (Apostolica vivendi forma), y a un amor especial por los pobres. Deben ser ejemplos de una administración responsable y transparente. Deberían imitar a los profetas valientes frente a los males sociales. Se convierten así en “sal de la tierra” y “luz del mundo”.

La vocación sacerdotal comprende también un compromiso en las virtudes evangélicas de pobreza, castidad y obediencia. Estas son su más grande profesión de amor por Cristo, por su Iglesia y por sus allegados. En consecuencia,los Padres sinodales recomiendan a todos los sacerdotes de rito latino a que vivan su celibato generosamente y con amor.

Según la Exhortación Apostólica Pastores dabo vobis (n. 29): “El celibato debe ser acogido por tanto como un don inestimable de Dios, como “estímulo de la caridad pastoral”, como singular participación en la paternidad de Dios y en la fecundidad de la Iglesia, como testimonio ante el mundo del Reino escatológico”.

Además el periodo de gracia del Año Sacerdotal invita a todos los sacerdotes a imitar el celo de san Juan María Vianney en el ministerio del sacramento de la penitencia.

En vista de todo esto y a causa de los ministerios que los sacerdotes ejercen en Cristo y en favor de los fieles cristianos, a veces en circunstancias muy difíciles, los Padre sinodales no cesan de dar gracias a Dios por ellos y de llevarles en la oración a Dios, para que les ayude. Pero los Padres sinodales desean también asegurar a sus sacerdotes una sólida formación permanente en las respectivas zonas de vida y de ministerio.

Les recomiendan para su propio mantenimiento y crecimiento espiritual:

- jornadas mensuales y anuales de retiro;
- vida regular de oración y de lectura bíblica;
- formación permanente especialmente para los sacerdotes jóvenes, que necesitan un acompañamiento afectuoso, que incluya la doctrina social de la Iglesias; y
- un aseguramiento general y medios para una vida digna de los sacerdotes enfermos y ancianos.

Además el Sínodo pide, para los sacerdotes que trabajan fuera de sus diócesis, que se llegue a un convenio entre la diócesis de origen y la de destino, que defina claramente las condiciones de vvida y trabajo y la duración de la misión. Además estos sacerdotes deben ser considerados plenamente pastores en toda justicia y caridad cristiana, e insertos plenamente en el presbiterio.

Proposición 40

Seminaristas

En la formación de los seminaristas es necesario un tratamiento integral de preparación al sacerdocio católico. Mientras es necesario sostener la importancia de una sólida formación intelectual, moral, espiritual y pastoral, el crecimiento humano y psicológico de cada candidato debería incluirse como elemento fundamental para el desarrollo de una vida auténticamente sacerdotal. Los formadores deben asegurar una renovación espiritual de los seminaristas, los cuales deben estar libres de condicionantes étnicos y culturales (cf. Rom 12), sino al contrario, deben ser “nuevos seres en Cristo” (2Cor 5, 17).

De esta forma nuestros futuros sacerdotes podrán estar arraigados más establemente en la comprensión de sus culturas y de sus virtudes evangélicas, y reforzados en su confianza y dedicación a la persona de Cristo y a la misión de la Iglesia por la reconciliación, la justicia y la paz.

El grupo académico del seminario y el grupo formativo especial trabajarán juntos con el fin de facilitar esta formación integral. Los seminaristas deben formarse en la vida de comunidad, de modo tal que la vida fraterna entre ellos será garantía para el futuro de una verdadera experiencia de sacerdocio como una “fraternidad estrictamente sacerdotal”.

En la selección y formación de los candidatos, el obispo y el grupo de formadores deben discernir atentamente la motivación y la actitud de los seminaristas para asegurarse de que quienes serán después ordenados sacerdotes serán verdaderos discípulos de Cristo y servidores de la Iglesia. 

Proposición 41

Los diáconos permanentes

Este Sínodo ha identificado el servicio de reconciliación, justicia y paz como el aspecto urgente y la forma de la misión apostólica de la Iglesia-Familia de Dios en África y en sus islas. Haciendo esto, el Sínodo ha descrito también a diversos agentes de esta misión apostólica de la Iglesia, incluidos varios componentes del laicado, pero incluyendo también a los ministros ordenados, entre los cuales están los diáconos permanentes que “sirven a la reconciliación, la justicia y la paz” como ministros dedicados a Dios, a su amor misericordioso y a su Palabra. “Fortificados por la gracia sacramental... éstos sirven al pueblo de Dios en el diaconado litúrgico, de la palabra y de la caridad” (Lumen gentium, 29).

Por tanto, este Sínodo recomienda que estos siervos del Señor reciban una formación adecuada sobre todo en las ciencias sagradas y en la doctrina social de la Iglesia. Dado que el intento de todos los ejercicios espirituales es el descubrimiento de una forma mejor de servir, los Padres sinodales invitan a los diáconos a buscar y contemplar el rostro del Señor cotidianamente, para que éstos puedan descubrir un modo más creíble de servir a la reconciliación, la justicia y la paz. 

Proposición 42

La vida consagrada

La Iglesia reconoce el inestimable valor de la vida consagrada, forma particular del discipulado de Cristo, que desempeña un papel fundamental en su vida y misión al servicio del Reino de Dios.

La Iglesia de forma particular aprecia el testimonio de la vida consagrada en la vida de oración y en la vida de comunidad, en la instrucción, en la sanidad, en la promoción humana y en el servicio pastoral.

El papel profético de las personas consagradas debe ser acentuado en el proceso de reconciliación, justicia y paz, y en el hecho de que a menudo estos están muy cercanos a las víctimas de la opresión, la represión, la discriminación, la violencia y los sufrimientos de todo tipo. En estrecha colaboración con el clero en el ministerio pastoral, la dignidad de las mujeres en la vida consagrada y su identidad y carisma religioso deben ser protegidos y promovidos. Los obispos deben asistir a los institutos religiosos jóvenes hacia la autosustentación.

La Iglesia espera mucho del testimonio de las comunidades religiosas, caracterizadas por diversidades raciales, regionales y étnicas. Con su vida en común proclaman que Dios no hace distinción entre las personas, y que todos somos sus hijos, miembros de la misma familia, viviendo en armonía aún en la diversidad, y en paz.

Para apoyar y animar la vida consagrada, los Padres sinodales recomiendan que:
- se haga un atento discernimiento de los candidatos (hermanos, hermanas y sacerdotes) en el curso de su formación;
- se les de una sólida formación humana, espiritual, intelectual (bíblica, teológica, moral) y profesional;
- permanezcan fieles a su vocación y carisma; y
- su formación inicial (postulantado y noviciado) se haga normalmente en África.

El Sínodo se alegra con la constitución de la Confederación de las Conferencias de los Superiores Mayores.

[Traducido del italiano por Inma Álvarez]


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ZENIT nos ofrece la versión española de la intervención de monseñor Agostino Marchetto, secretario del Consejo Pontificio para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes, el miércoles 4 de Noviembre de 2009 en el III Foro Mundial “Migraciones y Desarrollo” que se celebra estos días en Atenas (Grecia).

Señor Presidente,

Es para mí un honor guiar una vez más la Delegación de la Santa Sede a este Forum, que en la presente edición nos propone reflexionar sobre el modo de integrar las políticas de migración en las estrategias de desarrollo.

Desafortunadamente asistimos hoy en día a un difuso sentimiento de derrota frente a muchos de los compromisos asumidos hace sólo unos pocos años. Los conflictos nuevos y prolongados, la crisis económica, la proliferación de emergencias ambientales, las amenazas a la seguridad interna y externa de los Estados, algunas alarmas sanitarias, la tentación de subordinar las opciones políticas a los intereses de poder o a los beneficios a corto plazo, junto a otros factores, ponen fuertes hipotecas al desarrollo y condicionan de manera significativa las decisiones y la gestión de la migración a nivel mundial.

La Santa Sede considera que éstas sean un elemento importante de interdependencia entre los Estados. Una correcta aproximación a la gestión de este fenómeno debería pues considerar sobre todo que el migrante es una persona humana y, en cuanto tal, posee derechos inalienables, que deben ser respetados por todos y en cualquier situación[1].

Esto comporta numerosas consecuencias y exige medidas específicas, tales como la necesidad de proteger la dignidad de los inmigrantes y de políticas que afronten las causas de la migración, para que nadie se vea obligado a abandonar su propio país. Además, a cuantos de ellos ofrecen una aportación valida y regular a nuestra sociedad, es necesario hacerles encontrar un contexto capaz de luchar contra las actitudes de discriminación, de intolerancia y de xenofobia, que incluso llegan a tomar como pretexto el trasfondo religioso o étnico.

En la reciente Encíclica social "Caritas in veritate" (La caridad en la verdad), el Papa Benedicto XVI ha dedicado a los temas que aquí examinamos, importantes reflexiones y un parágrafo específico, que pueden ofrecer perspectivas interesantes en la búsqueda de nuevas soluciones, tanto a nivel internacional como local, a la luz de una visión integral del hombre[2].

Su Santidad señala como vía maestra de la doctrina social de la Iglesia Católica la caridad que sostiene una "civilización del amor", que comprende la "civilización de la economía", con dos criterios orientativos fundamentales: la justicia y el bien común[3]. Estos criterios sirven también para esa manifestación de la globalización que es el macrofenómeno de las migraciones.

En la nueva Encíclica el Papa, constatando la magnitud del actual fenómeno migratorio, que "impresiona por sus grandes dimensiones, por los problemas sociales, económicos, políticos, culturales y religiosos que suscita, y por los dramáticos desafíos que plantea a las comunidades nacionales y a la comunidad internacional"[4], hace una constante llamada a la solidaridad[5].

Esta es particularmente urgente en el ámbito de la movilidad laboral, la cual puede implicar un "grave peligro para los derechos de los trabajadores, para los derechos fundamentales del hombre y para la solidaridad en las tradicionales formas del Estado social"[6]. La degradación humana, el derroche social, influyen no sólo de forma grave en la vida de los trabajadores, sino también en sus relaciones familiares, en el grupo social que les acoge y del que provienen, y sobre el crecimiento económico de ambos, ya que los costes humanos repercuten también en los económicos.

Un nuevo acercamiento a estos problemas puede ser ofrecido por el principio de subsidiariedad que, en nuestro ámbito, exige interesar en la gestión de las migraciones a todos los actores implicados en todos los niveles, reconociendo, donde sea posible, la justa autonomía de los ámbitos intermedios (comunidades en la diáspora, asociaciones de migrantes, de sus familias, etc.). El principio de subsidiariedad, a su vez, está íntimamente unido al principio de solidaridad, de forma que la primera no caiga en el particularismo social ni la segunda se malogre en el asistencialismo que humilla al necesitado[7].

Al abordar la relación entre las migraciones y el desarrollo humano integral, debo añadir que la integración se realiza plenamente allí donde, entre los inmigrantes y la población autóctona, no se limita sólo al ámbito económico-social, sino que incluye, en la recíproca disponibilidad y acogida, también el cultural. La relación entre las culturas, como sabemos, siempre tiene una incidencia en el ámbito económico. En la misma Encíclica se recuerda que "rebajar las culturas a la dimensión tecnológica, aunque puede favorecer la obtención de beneficios a corto plazo, a la larga obstaculiza el enriquecimiento mutuo y las dinámicas de colaboración" en cuanto que "el trabajador tiende a adaptarse pasivamente a los mecanismos automáticos, en vez de dar espacio a la creatividad"[8], advirtiendo que el desarrollo tecnológico ha nacido precisamente "de la creatividad humana como instrumento de la libertad de la persona"[9].

Ya que "ningún país por sí solo puede ser capaz de hacer frente a los problemas migratorios actuales"[10], recojamos entonces el desafío dramático, a nivel universal, cuya respuesta positiva "depende sobre todo de que se reconozcan como parte de una sola familia, que colabora con verdadera comunión y está integrada por seres que no viven simplemente uno junto al otro".[11]

Es una confirmación - creo - de la importancia de estos encuentros nuestros de “Forum”.

Gracias, Señor Presidente.

******

[1] Cfr. Benedicto XVI, Carta Encíclica Caritas in veritate, n. 62, Libreria Editrice Vaticana, Ciudad del Vaticano 2009, pp. 91-92.

[2] Cfr. Ibid., nn. 25, 32 y 62.

[3] Cfr. Ibid., nn. 2, 7, 33, 36, 38 y 78.

[4] Ibid., n. 62.

[5] Cfr. Ibid., nn. 19, 25, 27s., 35, 36, 38, 39, 41, 43, 44, 47, 49, 53, 60, 73, 76, donde el Santo Padre habla de "Solidaridad universal", "solidaridad de la presencia, del acompañamiento, de la formación y del respeto", "solidaridad social", "desarrollo solidario de los pueblos" y "nuevas solidaridades".

[6] Ibid., n. 25.

[7] Cfr. Ibid., n. 58.

[8] Ibid., n. 32.

[9] Ibid., n. 70.

[10] Ibid., n. 62.

[11] Ibid., n. 53.


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ZENIT nos ofrece la catequesis del Papa Benedicto XVI, que ha dirigido  durante la Audiencia General a los peregrinos congregados en la Plaza de San Pedro el miércoles 4 de Noviembre e 2009.

Queridos hermanos y hermanas,

en la última catequesis presenté las características principales de la teología monástica y de la teología escolástica del siglo XII, que podríamos llamar, en un cierto sentido, respectivamente, “teología del corazón” y “teología de la razón”. Entre los representantes de una y otra corriente teológica tuvo lugar un amplio debate, a veces encendido, simbólicamente representado por la controversia entre san Bernardo de Claraval y Abelardo.

Para comprender esta confrontación entre los dos grandes maestros, es bueno recordar que la teología es la búsqueda de una comprensión racional, en cuanto sea posible, del misterio de la Revelación cristiana, creídos por la fe: fides quaerens intellectum – la fe busca la inteligibilidad – por usar una definición tradicional, concisa y eficaz. Ahora, mientras que san Bernardo, típico representante de la teología monástica, pone el acento sobre la primera parte de la definición, es decir, en la fides - la fe, Abelardo, que es un escolástico, incide sobre la segunda parte, es decir, sobre el intellectus, sobre la comprensión por medio de la razón. Para Bernardo la fe misma está dotada de una íntima certeza fundada en el testimonio de la Escritura y en la enseñanza de los Padres de la Iglesia. La fe además se refuerza por el testimonio de los santos y por la inspiración del Espíritu Santo en el alma de cada creyente. En los casos de duda y de ambigüedad, la fe debe ser protegida e iluminada por el ejercicio del Magisterio eclesial. Así a Bernardo le cuesta ponerse de acuerdo con Abelardo, y más en general con aquellos que sometían las verdades de la fe al examen crítico de la razón; un examen que comportaba, en su opinión, un grave peligro, el intelectualismo, la relativización de la verdad, la puesta en discusión de las mismas verdades de la fe. En esta forma de proceder Bernardo veía una audacia llevada hasta la falta de escrúpulos, fruto del orgullo de la inteligencia humana, que pretende “capturar” el misterio de Dios. En una de sus cartas, dolorido, escribe así: “El ingenio humano se apodera de todo, no dejando ya nada a la fe. Se enfrenta a lo que está por encima de él, escruta lo que le es superior, irrumpe en el mundo de Dios, altera los misterios de la fe, más que iluminarlos; lo que está cerrado y sellado no lo abre, sino que lo erradica, y lo que no encuentra viable lo considera como nada, y rechaza creer en ello” (Epístola CLXXXVIII,1: PL 182, I, 353).

Para Bernardo la teología tiene un único fin: el de promover la experiencia viva e íntima de Dios. La teología es por tanto una ayuda para amar cada vez más y mejor al Señor, como recita el título del tratado sobre el Deber de amar a Dios (De diligendo Deo). En este camino, hay diversos grados, que Bernardo describe detalladamente, hasta el culmen, cuando el alma del creyente se embriaga en las cumbres del amor. El alma humana puede alcanzar ya en la tierra esa unión mística con el Verbo divino, unión que el Doctor Mellifluus describe como "bodas espirituales". El Verbo divino la visita, elimina las últimas resistencias, la ilumina, la inflama y la transforma. En esta unión mística, ésta goza de una gran serenidad y dulzura, y canta a su Esposo un himno de alegría. Como recordé en la catequesis dedicada a la vida y a la doctrina de san Bernardo, la teología para él no puede sino nutrirse de la oración contemplativa, en otras palabras, de la unión afectiva del corazón y de la mente con Dios.

Abelardo, que por otra parte es precisamente quien introdujo el termino “teología” en el sentido en que lo entendemos hoy, se pone en cambio en una perspectiva diversa. Nacido en Bretaña, en Francia, este famoso maestro del siglo XII estaba dotado de una inteligencia vivísima y su vocación era el estudio. Se ocupó primero de la filosofía, y después aplicó los resultados alcanzados en esta disciplina a la teología, de la que fue maestro en la ciudad más culta de la época, París, y sucesivamente en los monasterios en los que vivió. Era un orador brillante: sus lecciones eran seguidas por verdaderas y propias masas de estudiantes. De espíritu religioso pero de personalidad inquieta, su existencia fue rica en golpes de escena: rebatió a sus maestros, tuvo un hijo con una mujer culta e inteligente, Eloísa. Estuvo a menudo en polémica con sus colegas teológicos, sufrió también condenas eclesiásticas, aunque murió en plena comunión con la Iglesia, a cuya autoridad se sometió con espíritu de fe. Precisamente san Bernardo contribuyó a la condena de algunas doctrinas de Abelardo en el sínodo provincial de Sens de 1140, y solicitó también la intervención del Papa Inocencio II. El abad de Claraval rechazaba, como hemos recordado, el método demasiado intelectualista de Abelardo, que a sus ojos reducía la fe a una simple opinión desenganchada de la verdad revelada. Los temores de Bernardo no eran infundados, sino que eran compartidos, por lo demás, por otros grandes pensadores de su tiempo. Efectivamente, un uso excesivo de la filosofía hizo peligrosamente frágil la doctrina trinitaria de Abelardo, y así su idea de Dios. En el campo moral su enseñanza no estaba privada de ambigüedad: insistía en considerar la intención del sujeto como única fuente para describir la bondad o la malicia de los actos morales, descuidando así el significado objetivo y el valor moral de las acciones: un subjetivismo peligroso. Este es – como sabemos – un aspecto muy actual para nuestra época, en la que la cultura aparece a menudo marcada por una tendencia creciente al relativismo ético: sólo el yo decide qué es bueno para mí, en este momento. No hay que olvidar, con todo, los grandes méritos de Abelardo, que tuvo muchos discípulos y que contribuyó al desarrollo de la teología escolástica, destinada a expresarse de modo más maduro y fecundo en el siglo sucesivo. No deben minusvalorarse algunas de sus intuiciones, como por ejemplo cuando afirma que en las tradiciones religiosas no cristianas hay ya una preparación a la acogida de Cristo, Verbo divino.

¿Qué podemos aprender nosotros hoy, de la confrontación, de tonos a menudo encendidos, entre Bernardo y Abelardo, y, en general, entre la teología monástica y la escolástica? Ante todo creo que muestra la utilidad y la necesidad de una sana discusión teológica en la Iglesia, sobre todo cuando las cuestiones debatidas no han sido definidas por el Magisterio, el cual sigue siendo, con todo, un punto de referencia ineludible. San Bernardo, pero también el mismo Abelardo, reconocieron siempre sin dudarlo su autoridad. Además, las condenas que este último sufrió nos recuerdan que en el campo teológico debe haber un equilibrio entre los que podríamos llamar los principios arquitectónicos que nos han sido dados por la Revelación y que conservan por ello siempre una importancia prioritaria, y los interpretativos sugeridos por la filosofía, es decir, por la razón, y que tienen una función importante, pero sólo instrumental. Cuando este equilibrio entre la arquitectura y los instrumentos de interpretación disminuye, la reflexión teológica corre el riesgo de contaminarse con errores, y corresponde entonces al Magisterio el ejercicio de ese necesario servicio a la verdad que le es propio. Además, hay que subrayar que, entre las motivaciones que indujeron a Bernardo a ponerse contra Abelardo y a solicitar la intervención del Magisterio, estaba también la preocupación de salvaguardar a los creyentes sencillos y humildes, a los que hay que defender cuando corren el riesgo de ser confundidos o desviados por opiniones demasiado personales y por argumentaciones teológicas sin escrúpulos, que podrían poner en peligro su fe.

Quisiera recordar, finalmente, que la confrontación teológica entre Bernardo y Abelardo concluyó con una plena reconciliación entre ambos, gracias a la mediación de un amigo común, el abad de Cluny Pedro el Venerable, del que hablé en una de las catequesis anteriores. Abelardo mostró humildad en reconocer sus errores, Bernardo usó gran benevolencia. En ambos prevaleció lo que debe estar verdaderamente en el corazón cuando nace una controversia teológica, es decir, salvaguardar la fe de la Iglesia y hacer triunfar la verdad en la caridad. Que esta sea también hoy la actitud con la que hay confrontaciones en la Iglesia, teniendo siempre como meta la búsqueda de la verdad.

 [Al final de la audiencia, el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:]

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy me detengo en el debate que mantuvieron en el siglo doce San Bernardo, representante de la teología monástica, y Abelardo, exponente de la teología escolástica. Para entender esta cuestión, hay que recordar que la teología es la fe que busca comprender. Mientras que para San Bernardo el acento recae sobre la primera parte de la definición, es decir, sobre la fe, Abelardo insiste en la segunda parte, esto es, en la comprensión por medio de la razón. Para el primero, la teología tiene como fin promover la experiencia personal de Dios. En este sentido, es una ayuda para amar cada vez más y mejor al Señor. En cambio, Abelardo, a quien por otra parte se debe la introducción del vocablo "teología" en el sentido que hoy lo entendemos, se coloca en una perspectiva diversa, de corte más intelectualista y con un uso a veces excesivo de la filosofía. ¿Qué nos enseña a nosotros esta disputa? Especialmente, la utilidad de una sana discusión teológica dentro de la Iglesia, sobre todo cuando las cuestiones debatidas no están definidas por el Magisterio, que es punto de referencia ineludible. Al final, la confrontación entre Bernardo y Abelardo acabó en una reconciliación entre ambos, gracias también a Pedro el Venerable, amigo de los dos.

Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular, a los miembros de la Hermandad de Labradores "Paso Azul", de Lorca, a los fieles de distintas diócesis de Guatemala, a la delegación de la Escuela de Investigaciones Policiales de Chile, así como a los demás grupos procedentes de España, México y otros países latinoamericanos. Que en vuestra vida salvaguardéis siempre la fe de la Iglesia y hagáis triunfar la verdad en la caridad. Muchas gracias. 

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
© Libreria Editrice Vaticana]


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REDACCIÓN DE "IGLESIA NIVARIENSE"
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Boletín 360 

El domingo, 15 de noviembre, celebramos el Día de la Iglesia Diocesana. En dicha jornada el Obispo preside la Eucaristía en la Catedral y la tradicional comida servirá para homenajear a cuatro cooperadores insignes diocesanos, por sus años de servicio a esta iglesia particular nivariense. Los mismos son: María Nieves Cuevas, de Santa Cruz de La Palma, Narciso Hernández Cruz, nacido en Fuencaliente, Carmen María Rodríguez Triana, natural de Mazo y Teresa Álvarez González, natural de Arafo. 

“Somos parte de una Iglesia que acompaña y ayuda”, es el lema de este año para celebrar esta importante jornada. Se trata de una frase que quiere mostrar el lado cercano y solidario de la Iglesia. “En medio de estos momentos de profunda crisis económica, el acompañamiento y la ayuda de la Iglesia son de gran esperanza para una sociedad dolorida” –ha indicado el obispo, Bernardo Álvarez.  

Este sábado se reunirá el Consejo Diocesano de Pastoral para abordar la cuestión de la “Misión Hoy”. El obispo dirigirá la reflexión del mismo que llevará por título: ¡Ay de mí si no evangelizare! 

Igualmente, ese día, Elías Yanes, arzobispo emérito de Zaragoza, impartirá una conferencia en la ermita de San Vicente, en Los Realejos, a las 20:00 horas. El objeto de dicha disertación será la espiritualidad de San Vicente.  

La delegación diocesana de Familia y Vida nos convoca el 22 de noviembre, en el colegio Padres Salesianos de La Orotava, el Encuentro Diocesano de Familia, que desde hace meses se viene gestando con mucha ilusión. La acogida de los participantes se realizará a las 10:00 horas. 

Desde el pasado domingo 8, se viene desarrollando una tanda de ejercicios espirituales para sacerdotes dirigidos por Monseñor Elías Yanes, Arzobispo Emérito de Zaragoza. Dicho retiro finalizará el viernes, 13 de noviembre.  

Ese día, tendrá lugar el acto de reapertura de la ermita lagunera de San Diego de Alcalá, tras haber sido totalmente restaurada. El jueves, 12 de noviembre, a las 19:00 horas, será la procesión de traslado del santo desde la iglesia de Nuestra Señora de la Concepción, donde ha estado custodiado durante los últimos años, hasta su remozada ermita. Ya con San Diego en su templo, el viernes, 13 de noviembre, a las 17:00 horas tendrá lugar la reapertura del templo. Un acto en el que estarán presentes el obispo, Bernardo Álvarez, el alcalde de la ciudad, Fernando Clavijo y el presidente del Cabildo de Tenerife, Ricardo Melchior. 

Por otro lado, también este viernes, a las 18.00 horas, tendrá lugar, en la Biblioteca Municipal de Santa Cruz de Tenerife, la presentación del libro de Luis Cobiella: “Aclarando el día: Jesús, sentires, amores tal vez”. El acto estará guiado por el jesuita Lucas López. 

Ya ha sido confirmada la fecha de la presencia en la diócesis de la Cruz de la próxima jornada mundial de la juventud a celebrar en Madrid. La misma, procedente de la diócesis canariense, llegará a Tenerife el día 2 de Mayo de 2010, o sea, en este curso. La delegación de pastoral juvenil ya trabaja para ofertar, en distintas islas, diversos actos pastorales con ocasión de esta presencia en nuestras islas de la citada Cruz. 

En este sentido, varios jóvenes de la diócesis participarán, este fin de semana, en Salamanca, en el curso " sobre liderazgo juvenil" para la Jornada Mundial de los Jóvenes. El mismo se desarrollará bajo el lema "Edificados en Cristo, firmes en la fe". 

La delegación de pastoral misionera, por su parte, ha editado un tríptico informativo con el fin de informar a los diocesanos sobre los servicios que presta en la diócesis, lo que significa el primer anuncio, etc. Además,  se informa de la puesta en marcha, este curso, de la Escuela Diocesana de la Evangelización y de la celebración de las jornadas de Evangelización.  

El Obispo y el Vicario General, se reunieron con los sacerdotes de servicio pastoral en la isla de La Palma, a fin de continuar la programación pastoral de la próxima Bajada de la Virgen de Las Nieves que se celebrará el próximo mes de julio. 

Siguiendo en la isla bonita, la parroquia de S. Pedro, en Breña Alta, acogió  la presentación del disco de villancicos, que la rondalla de este pueblo ha grabado como homenaje al que fuera su director hasta el año pasado Luis Manuel González León y que lleva por título "Contigo en Navidad".  

Por otro lado, el 13 de noviembre, a las 20:30 horas, en la iglesia del Pilar se desarrollará un concierto de música religiosa en recuerdo de Luis Manuel González de León, persona que estuvo ligada durante mucho tiempo a la animación de coros religiosos. En dicho concierto intervendrán los coros “Carpe Diem”, dirigido por Luis Correa y “Amigos de Luis”, dirigido por Carmen Cruz.  

Un día más tarde, el sábado 14 de noviembre, el movimiento de personas mayores “Vida Ascendente”, celebrará un cursillo para animadores en la Casa de La Iglesia, en La Laguna. En dicha jornada, que dará comienzo a las 9:30 horas, intervendrán María del Carmen Gutiérrez, vicepresidenta de la Comisión Permanente Nacional y Ángel García, coordinador diocesano de la mencionada comisión.  

"Bailando en Navidad con Pepe" es el título del nuevo disco de villancicos del popular cantante canario Pepe Benavente, que ya se encuentra a la venta. La característica principal de este nuevo lanzamiento discográfico es el objetivo solidario que lleva aparejado, pues por cada CD que se venda a un precio de cinco euros, uno irá destinado a Cáritas. Además, Pepe Benavente ofrecerá su primer concierto de presentación de este nuevo trabajo el próximo 14 de noviembre en la Plaza de la Basílica de Candelaria, cuya recaudación se destinará íntegramente a Cáritas. 

Por su parte, esa misma jornada, los jóvenes que lo deseen podrán asistir al encuentro vocacional que tendrá lugar, de 11 a 13 horas, en la Casa de la Juventud de La Laguna, bajo el lema “¡Anímate, te esperamos!”. 

Este mes se cumplen 100 años de la erupción del volcán Chinyero, en el municipio de Santiago del Teide. Según cuenta la tradición, los vecinos, ante el temor de que el volcán arrasara con el pueblo, se llenaron de fe y valor y sacaron en procesión imágenes del Crucificado y la Virgen. Un acto que se repetirá el 15 de noviembre, tras una eucaristía presidida por el Vicario General, Antonio Pérez. 

Fray Fernando Lorente López y la Comunidad de Hermanos de San Juan de Dios han realizado una invitación a todos los diocesanos para que asistan a la Eucaristía de acción de gracias, que con motivo del 25º Aniversario de su ordenación sacerdotal, tendrá lugar en la iglesia del Hospital San Juan de Dios, el día 15 de noviembre, a las 21:00 horas. 

Un día más tarde, Comunión y Liberación desarrollará el acto de presentación del manifiesto “El verdadero peligro de nuestra época es la pérdida del gusto de vivir”, publicado con motivo del proyecto de la nueva ley del aborto. En dicho acto intervendrán: Antonio Sierra, catedrático de la facultad de medicina de la Universidad de La Laguna, Virginia Pérez, de la Asociación de Familias para la Acogida y Zaira Cáceres, profesora de Secundaria y madre de familia. Esta iniciativa estará moderada por el director de COPE Tenerife, José Carlos Marrero y comenzará a las 19:30 horas, en el salón de actos de Caja Siete, en la Avenida Manuel Hermoso Rojas. 

Cáritas Diocesana de Tenerife llevará a cabo, un año más, su Escuela de Otoño, los días 20 y 21 de noviembre, en el Seminario Diocesano bajo el lema; “Conoce, ama y sirve”. Se trata de un servicio formativo destinado a todos los agentes de Cáritas pertenecientes a la Diócesis Nivariense. Para ello se han creado diferentes talleres de trabajo como los de Espiritualidad, Lectio Divina, Meditación, Risoterapia, etc. 

Del 23 al 27 de noviembre, tendrá lugar la XXIV Semana de Teología organizada por el Instituto Superior de Teología de las Islas Canarias, en colaboración con la Universidad de La Laguna. “El Evolucionismo: aspectos científicos, filosóficos y teológicos en el bicentenario del nacimiento de Charles Robert Darwin”, es el título escogido este año para las jornadas. Las mismas estarán dirigidas por Juan Araña Cañedo, catedrático de Filosofía de la Universidad de Sevilla, Rafael Jordana, catedrático de Filosofía Animal y Zoología Aplicada y profesor de la Universidad de Navarra y José María Hevia, doctor en Astrofísica, licenciado en Teología y profesor de Antropología Teológica en la diócesis de Oviedo.   

Las V Jornadas Cofrades que se desarrollarán bajo el título: “Patrimonio Cofrade, Patrimonio de Fe”, se llevarán a cabo los días 20 y 21 de noviembre, en el antiguo convento de Santo Domingo, en La Laguna. Los interesados en asistir a estas jornadas pueden contactar con la sede de la Junta de Hermandades y Cofradías a través del correo electrónico jornadascofrades@hermandadesycofradías-lalaguna.com 

Asimismo, el V Concierto Extraordinario a Beneficio de la Asociación Española Contra el Cáncer, tendrá lugar el 27 de noviembre, a las 21:00 horas, en el teatro Leal de La Laguna. En dicho recital, organizado por la Junta de Hermandades y Cofradías de La Laguna en colaboración con el Ayuntamiento de Aguere, participarán los grupos: Atlantes y Tajaraste. Las entradas están a la venta al precio de 10 Euros. 

El sábado 28 de noviembre, la Casa Manresa, en Tacoronte, acogerá un retiro bajo el lema: “Deseo y Dios”. El horario del mismo será de 10:00 a 18:00 horas. Se trata de un tiempo de encuentro desde la experiencia cristiana, destinado a personas adultas. El retiro tendrá un coste de 5 euros. Para más información, los interesados pueden llamar al número de teléfono: 695 352 881. 

La Casa Diocesana de Espiritualidad de Santa Cruz de Tenerife, cuenta con nuevas fechas para realizar ejercicios espirituales destinados a laicos. La 1ª tanda tendrá lugar del 4 al 8 de diciembre y estará guiada por el sacerdote, Diego Carmelo Rodríguez. 

La parroquia de San Pedro Apóstol, en Vilaflor, ha propuesto que en este curso pastoral dedicado a la iniciación cristiana, las parroquias, grupos, movimientos y colegios se animen a visitar la pila donde recibió el bautismo el Santo Hermano Pedro y puedan renovar allí la fe. Para poder llevar a cabo esta iniciativa se requiere que los interesados se pongan en contacto con el párroco por medio del teléfono 636 878 882 o mediante el correo electrónico alegratemucho@yahoo.es.

El Cabildo de La Palma y el Obispado de Tenerife, con la colaboración del Ayuntamiento de Villa de Mazo y las aportaciones de fieles, han iniciado las obras de restauración de las cubiertas y la torre de la iglesia de San Blas, en el municipio de Mazo, trabajos en los que se invertirán 780.000 euros. El obispo, Bernardo Álvarez visitó las obras y destacó el gran valor histórico y artístico del templo, a la vez que señaló que los trabajos se centrarán en la ­restauración de  techumbres y paredes muy deterioradas y afectadas por el paso del tiempo y la humedad. 

Organizadas por la Delegación Diocesana de Liturgia y el Instituto Superior de Teología de las Islas Canarias (ISTIC), se desarrollaron las jornadas de liturgia, que este año profundizaron en el tema:"Liturgia y Piedad Popular". Ángel Gabriel Gómez Guillén, delegado diocesano de liturgia en la Diócesis de Sevilla, fue el encargado de guiar estos días. 

En Valverde, en la isla de El Hierro, se ha desarrollado una jornada sobre la realidad de la muerte desde una perspectiva cristiana. Dicha iniciativa tuvo lugar en la Escuela Oficial de Aparejadores y estuvo guiada por el sacerdote José Manuel Matos. El objetivo principal fue el de ofrecer recursos para integrar el dolor causado por la muerte de un ser querido, y dar respuestas, desde la fe, a cómo afrontar la propia muerte.


Mi?rcoles, 11 de noviembre de 2009

Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas para el “Día de todos los Santos”. (AICA)
 (1 de noviembre de 2009)

“Santidad: ayer y hoy” 

En este domingo celebramos un acontecimiento importante para la Iglesia, la Solemnidad de todos los Santos, y al día siguiente en la liturgia tendremos presente “la conmemoración de todos los fieles difuntos”. En estas dos celebraciones la Iglesia tiene presente a aquellos que han partido a la Casa del Padre. En el caso de los santos son aquellos varones y mujeres que como nosotros experimentaron el llamado a la santidad y han buscado responder cumpliendo la voluntad de Dios en sus vidas. Varones y mujeres con nuestras mismas fragilidades y búsquedas, que la Iglesia con la potestad de las “llaves” los ha declarado Santos. Ellos son miles, algunos los conocemos, y a ellos le imploramos que en la Casa del Padre donde están intercedan a Dios por nosotros, y por nuestras peticiones. Al día siguiente rezamos por todos los difuntos. Miles de personas rezarán en los cementerios, en las Iglesias… por sus seres queridos.

En realidad queremos subrayar en esta reflexión dominical, sobre la necesidad de recordar que todos estamos llamados a la santidad. Por ahí equivocadamente podemos creer que la santidad es un llamado privilegiado para otros. O bien erróneamente pensamos que los santos fueron varones o mujeres que se caracterizaron solo por realizar grandes milagros, y ser personajes cuyas vidas fueron “siempre” extraordinarias… En realidad la santidad es un llamado para todos, para ser asumido en la vida diaria, en cada opción, en la cotidianidad.

Es cierto que aunque sabemos de “la universal vocación a la santidad en la Iglesia”, los contextos de nuestro tiempo hacen que las palabras “santidad”, “virtud” y otras, tengan muy poca presencia en los avances tecnológicos y globalizados de nuestra época. Sin embargo la virtud, y la búsqueda aún con dificultades de la vida virtuosa de tantas personas, hace que en nuestro tiempo encontremos signos de esperanza.

Nosotros en este inicio del siglo XXI, hemos percibido especialmente en “Aparecida” que la evangelización hoy, como ayer, requiere que renovemos nuestro compromiso de ser “discípulos y misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos en Él tengan vida”.

El próximo domingo 15, como todos los terceros domingos de noviembre, celebraremos una nueva peregrinación a “Loreto”, en donde tendremos especialmente presente la memoria de la evangelización realizada por muchos hace varios siglos atrás, especialmente por nuestros Santos Mártires de las Misiones, que con sus vidas y su sangre entregada en su misión por anunciarlo a Jesucristo, nos permiten asumir los desafíos presentes. La Iglesia en Misiones, con la fuerza y el gozo de vivir inserta en el corazón de las antiguas Misiones Jesuíticas, es heredera del espíritu que animó a los misioneros a evangelizar a los pueblos indígenas, y que se testimonia en las reducciones dispersas en su territorio. En estas tierras han plantado la evangelización hombres y mujeres que vivieron la santidad, entre ellos San Roque González, San Juan del Castillo y San Alfonso Rodríguez, los Mártires de las Misiones.

El retomar el camino de la memoria, la presencia de la Virgen de Loreto y su reducción, como un lugar de peregrinación en los tiempos de las mismas misiones en el siglo XVII, con sus tres espacios sagrados que convocaban a los devotos: la Capilla de Nuestra Señora de Loreto, el templo mayor y la Capilla del Monte Calvario, y los restos del tan querido P. Antonio Ruiz de Montoya que descansan allí, han llevado a que Loreto sea nuestro Centro de espiritualidad y peregrinación. Tenemos conciencia sobre esta herencia viva de las misiones jesuíticas, de Loreto, con la proximidad de Santa Ana y San Ignacio, sumando la cultura y religiosidad de los inmigrantes y la fuerte religiosidad vigente en nuestro pueblo, contribuirá dicididamente a la conformación de una “identidad misionera” en que se integrará lo antiguo y lo nuevo con sus valores propios.

El próximo 15 como todos los años suspenderemos todas las Misas el domingo por la mañana, para ir caminando, en bicicletas, autos y colectivos, y reunirnos y celebrar juntos a las 9 horas la Misa central.

Pidamos este domingo que la memoria de los santos, nos ayude a vivir hoy la santidad.

¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo!

Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas 


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Artículo semanal del Padre Fernando Lorente, o.h. publicado en EL DÍA  el miércoles 9 de Noviembre de 2009 en la sección CRITERIOS bajo el epígrafe “Luz en el Camino”. 

LUZ EN EL CAMINO FERNANDO LORENTE, O.H. *

 El dinero 

CUANDO SE EMPLEA el dinero con normalidad se hace de él un medio de vida que le beneficia a uno mismo y a los demás. Pero desde siempre, y sobre todo actualmente en el interior de una sociedad de consumo, el dinero ha sido y está siendo un medio de disfrute, de materialización de la vida, y también de dominio. Está en el fondo de todas las prostituciones; no sólo cede la prostitución vulgar, sino más profundamente en la raíz de esa alienación que empuja al ser humano a la satisfacción de las necesidades de una vida sin alma. En este sentido, es injusto, sumamente peligroso, emplear así el dinero. 

El dinero justo es el que, ganado honradamente, procura lo necesario para una vida holgada, El dinero se vuelve perjudicial para aquellas personas que lo convierten en el medio de satisfacer la vanidad, el orgullo, la lujuria, el egoísmo, el poder. O también -el engaño más corriente- el de la presunción de gozar de puestos sociales que no les corresponde con los recursos normales que reciben por el trabajo de su profesión. Ese es el terreno de la injusticia denunciada por el Evangelio. Ese terreno es posible transformarlo en terreno de caridad canalizando el dinero hacia los que están en la necesidad o simplemente administrándolo con justicia. Cuando se tiene mucho dinero, ¿no es porque, en muchos casos, otros no tienen lo que les corresponde? Por eso, qué bueno es plantearse esta pregunta: ¿por qué el dinero se vuelve tan pronto un mal amo? Porque el amor sólo al dinero es en realidad el amor a sí mismo; el culto del dinero es el culto del egoísmo. No se pueden llevar adelante la adoración a Dios y el culto de sí, del propio disfrute, del propio dominio orgulloso. El dinero, sin dejar de reconocer el valor social que tiene, cuando se emplea rectamente, debe quedar en algo exterior a nosotros, no es nuestro bien total. Pero si lo administramos de forma útil, según las exigencias de la justicia y de la caridad, entonces se nos dará nuestro verdadero bien, el bien del que Dios dispone. 

Se ha escrito de Cristina Onassis, la gran millonaria de su tiempo, esta afirmación suya: "Soy tan pobre que sólo tengo dinero". Al que sólo tiene dinero o aspira a más le faltan muchas cosas para ser una persona en plenitud: feliz, serena, formada, sociable, sensible y solidaria social y cristianamente. La calidad humana de una persona no la proporciona el dinero. La calidad del ser humano surge del corazón del mismo y éste es grande en la medida que es abierto y generoso en hacer el bien con el dinero, nunca en malgastarlo o en conseguirlo injustamente. 

* Capellán de la clínica S. Juan de Dios


Publicado por verdenaranja @ 22:39  | Espiritualidad
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Cáritas Arciprestal de
Icod      de los Vinos


Estimado/a Responsable Parroquial.

Noviembre-2009

La crisis a marcado la vida a muchas personas de nuestro Arciprestazgo, durante los dos últimos años, un tiempo en el qué de tener lo suficiente han pasado a no tener ni lo más básico; el comer. La necesidad de llevarse algo a la boca a provocado que se remuevan conciencias en nuestra sociedad, provocando que desde hace poco tiempo en nuestra Sede Arciprestal se disponga recursos de ayuda a los más necesitados,"la despensa Arciprestal " gestionada y dirigida por voluntarios de Caritas Parroquial San Marcos Icod.

Es precisamente esta alternativas solidarias las que más han sufrido los desastres de la crisis que, a recaído sobre nuestro Arciprestazgo, con un incremento de prestaciones de ayuda tanto que de asistir una media de 7 personas Lunes y Miércoles, a pasado a cubrir las necesidades alimentarías de 108 como termino medio. Pero también crecido de la misma forma el número de voluntarios.

Hay veces que nos sentimos impotentes porque queremos dar y no podemos más, trabajamos bajo la premisa que nos ha marcado el Evangelio: que dice que tenemos que ver a Dios en los pobres, y esa es la fuerza que nos da el seguir es esta labor.

Espero su máxima colaboración. Atentamente.  

Lorenzo Díaz
Coordinador


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Instituto Superior de Teología de las Islas Canarias
"Virgen de Candelaria"
Agregado a la Facultad de Teología del Norte de España Sede de Burgos
                        SEDE DE TENERIFE - 38000586
Edificio del Seminario Diocesano, La Verdellada, s/n - Apdo. 19, 38207 - La Laguna ‑ Tenerife.
Tfno. 922252540 - Fax. 922252067; www.cettenerife.org - secretariacet@cettenerife.org
                        SEDE DE GRAN CANARIA
Campus Universitario de Tafira, Apdo. 75 - Tafira Alta, 35017 - Las Palmas de Gran Canaria

La Laguna, 6 de noviembre de 2009

Estimados amigos:

Reciba un cordial saludo en nombre propio y en el de cuantos colaboran con el Departamento Fe-Cultura del Instituto Superior de Teología.

El motivo de la presente es ponerle en conocimiento de la celebración de la XXIV Semana de Teología, que se desarrollará desde el día 23 hasta el 27 noviembre, de 7 de la tarde a 9'30 de la noche. Este año el tema de reflexión será "El Evolucionismo: aspectos científicos, filosóficos y teológicos en el Bicentenario del nacimiento de Charles Robert Darwin".

Sabemos lo que supuso para la vida de la Iglesia y la comprensión de la doctrina cristiana la publicación de la obra de Darwin "El origen de las especies". Somos testigos de la conflictividad que ha nacido de la aparente contradicción entre el creacionismo y el evolucionismo. Hemos querido aprovechar estas efemérides para tratar el tema con rigor científico, con claridad filosófica y, sobre todo, con profundidad teológica. Para ello hemos intentado contar con los mejores en estos tres ámbitos del saber. El interés de la Semana de Teología es muy grande. Queremos que lo aprovechen cuantas más personas mejor.

Le adjunto el cartel anunciador y algunas hojas de información. Siempre puede ser interesante animar a los agentes de pastoral de su comunidad a esta semana de formación, así como a todas las personas que lo deseen.

Al tratarse de un curso que tiene 2 créditos de libre elección, reconocidos por la Universidad de La Laguna, tal vez interese, también, a algún universitario de su ámbito laboral, pastoral, parroquial, etc. Agradecemos que aproveche y comunique esta información a todos los que pueda interesarles el tema.

En esta ocasión dirigen la XXIV Semana de Teología tres specialistas, Los d ctores Hevia, Jordana y Arana, como comprobará en la documentación qu se le adjunta.

          Confiamos poder saludarle durante esta próxima Semana d Teología.

Muchas gracias por su acogida y colaboración.

Cordialmente

Juan Pedro Rivero
Director del ISTIC, sede en Tenerife


INSTITUTO SUPERIOR DE TEOLOGÍA DE LAS ISLAS CANARIAS “VIRGEN DE CANDELARIA”
Sede de Tenerife

XXIV Semana de Teología

en colaboración con

LA UNIVERSIDAD DE LA LAGUNA

“El Evolucionismo: aspectos científicos, filosóficos y teológicos en el bicentenario del nacimiento de Charles Robert Darwin”

Dirigen:

DR. D. JUAN ARANA CAÑEDO-ARGÜELLES - Catedrático de Filosofía de la Universidad de Sevilla

DR. D. RAFAEL JORDANA BUTTICAZ -  Catedrático de Fisiología Animal y Zoología Aplicada. Profesor Ordinario de Zoología y Fisiología Comparada en la Universidad de Navarra.

DR. D. JOSÉ MARÍA HEVIA ÁLVAREZ - Doctor en Astrofísica, Licencido en Teología, Profesor de Antropología Teológica. Diócesis de Oviedo.

Del 23 al 27 de noviembre de 2009

2 créditos (20 horas lectivas) 40’00 €

para los alumnos matriculados que cubran las exigencias académicas establecidas.

INFORMACIÓN Y MATRÍCULA:

Edificio del Seminario. Apdo.: 19. 38207 – La Laguna.

Tfnos.: 922 252540 Fax: 922 252067
E-mail: secretariacet@cettenerife.org
www.cettenerife.org

ENTRADA LIBRE

 

Lunes 23

19'00 h. Apertura

DR. D. JUAN PEDRO RIVERO GONZÁLEZ, Director del ISTIC-Tenerife. 

19'15 h. 1ª Ponencia Inaugural

Charles Robert Darwin: vida, obra y postulados filosófico-teológicos.

DR. D. MIROSLAW KAROL. Profesor de Filosofía de la Naturaleza y de la Ciencia del ISTIC-Tenerife. 

20'00 h. Descanso 

20'30 h. 2' Ponencia

La Evolución Biológica 150 años después del "Origen de las Especies". DR. RAFAEL JORDANA BUTTICAZ. Catedrático de Fisiología Animal y Zoología Aplicada. Universidad de Navarra. 

21'15 h.

Diálogo con los ponentes 

Martes 24

19'00 h. 3' Ponencia

Lo que la ciencia nos puede decir hoy sobre la evolución biológica del ser humano. Los hallazgos fósiles y su situación en el tiempo.

DR. RAFAEL JORDANA BUTTICAZ. Catedrático de Fisiología Animal y Zoología Aplicada.   Universidad de Navarra. 

19'45 h. Descanso 

20'15 h. 4' Ponencia

Lo que la ciencia nos puede decir hoy sobre la evolución biológica del ser humano. La Filogenia de los homínidos y del hombre. Interpretación del registro fósil.

DR. RAFAEL JORDANA BUTTICAZ. Catedrático de Fisiología Animal y Zoología Aplicada.         Universidad de Navarra.

21'00 h. Mesa redonda 

Miércoles  25

19'00 h. 5, Ponencia

Diálogo entre Ciencia y Filosofía en tomo al Evolucionismo.

DR. D. JUAN ARANA CAÑEDO-ARGÜELLES. Catedrático de Filosofía de la Universidad de Sevilla. 

19'45 h. Descanso 

20'15 h. 6ª Ponencia

La materia y el espíritu: la antropología filosófica.

DR. D. JUAN ARANA CAÑEDO-ARGÜELLES. Catedrático de Filosofía de la Universidad de Sevilla. 

21'00 h. Mesa redonda

Jueves 26 

19'00 h. 7ª Ponencia 

El reto de la libertad y los determinismos evolutivos. 

DR. D. JUAN ARANA CAÑEDO-ARGÜELLES.    Profesor de Antropología Teológica. Catedrático de Filosofía de la Universidad de Sevilla. 

19'45 h. Descanso 

20'15 h. 8ª Ponencia

El evolucionismo y la teología sobre la Creación: ¿Reconciliaciones?

DR. D. JosÉ MARTA HEVIA ÁLVAREZ. Profesor de Antropología Teológica. Diócesis de Oviedo.

21'00 h. Mesa redonda 

Viernes 27

19,00h. 9ª Ponencia

La Teología de la creación
DR. D. José MARÍA HEVIA ÁLVAREZ. Profesor de Antropología Teológica. Diócesis de Oviedo.

19,45h 10ª Ponencia

La Antropología teológica.

DR. D. José MARÍA HEVIA ÁLVAREZ.

Profesor de Antropología Teológica. Diócesis de Oviedo.

21,00 h. Mesa Redonda 

21'30 h. Clausura 

 


Martes, 10 de noviembre de 2009

ZENIT   publica las Proposiciones 31 a 36 (versión no oficial), de la reciente II Asamblea Extraordinaria para África del Sínodo de los Obispos --cuyo texto oficial está en latín--, objeto de voto personal por parte de los padres sinodales, presentadas al Papa Benedicto XVI.

Proposición 31

La globalización y la ayuda internacional

La Iglesia en África debería ser consciente de la ambigüedad de la globalización y de sus consecuencias. Debe estar preparada para responder a los desafíos que la globalización implica y afrontar las responsabilidades que derivan de ella. La mejor globalización debe ser una globalización de la solidaridad.

La globalización de la solidaridad a veces asume la forma de ayuda internacional a través de las agencias que actúan a nivel mundial. Desafortunadamente esta ayuda no siempre llega a las personas a las que está destinado, o a veces llega en condiciones que no reflejan las necesidades de la gente.

Los Padres sinodales reclaman a los gobiernos africanos y a las agencias intermediarias una mayor responsabilidad y una administración transparente de la solidaridad internacional, en el interés del bien común. Los Padres sinodales insisten en que estos valores sean apreciados y que las Iglesias locales sean reconocidas como agentes del desarrollo.  

Proposición 32

Respeto por la diversidad étnica

La Iglesia, en servicio de la reconciliación, tiene la misión de reconciliar todas las cosas en Cristo (cf. 2Cor 5, 19). En el cumplimiento de su misión la Iglesia reconoce y respeta las ricas diversidades étnicas, culturales, políticas y religiosas de los pueblos africanos, buscando la unidad en la diversidad, más que en la uniformidad, prefiriendo lo que les unifica a lo que les divide y tomando de las diversidades los valores positivos como fuente de fuerza para alcanzar la concordia social, la paz y el progreso. 

Proposición 33

Inculturación

Es necesario realizar un estudio completo sobre las tradiciones y las culturas africanas a la luz del Evangelio, para enriquecer la vida cristiana, para apartar esos aspectos que sean contrarios a las enseñanzas cristianas y para animar y sostener el trabajo de evangelización de los pueblos de África y de sus culturas.

La Iglesia en África experimenta un crecimiento constante en el número de sus miembros y de aquellos que sirven como clero. Con todo existe una incoherencia entre algunas prácticas culturales tradicionales africanas y lo que requiere el Evangelio.

Para poder ser pertinente y creíble, la Iglesia necesita realizar un discernimiento profundo, para identificar esos aspectos de la cultura que promueven y aquellos que impiden la inculturación de los valores evangélicos.

Por tanto el Sínodo propone:

- que se promuevan los valores culturales positivos y se inculquen en todas sus instituciones de enseñanza y educación;
- que se anime y promueva el trabajo de los teólogos auténticamente africanos;
- que los elementos positivos de las culturas tradicionales africanas se incorporen a los ritos de la Iglesia;
- que los agentes pastorales aprendan las lenguas y culturas locales, de modo que los valores del Evangelio puedan tocar el corazón de la gente, y la ayuden a una genuina reconciliación que lleve a una paz duradera;
- que los documentos del Magisterio se traduzcan en las lenguas locales;
- que se facilite el intercambio de documentos entre Conferencias Episcopales;
- que las reglas canónicas y litúrgicas respecto al ministerio del exorcismo se usen en un ministerio de compasión, justicia y caridad; y
- que se denuncie la simonía entre un cierto número de sacerdotes, que abusan de los sacramentos para salir al encuentro de los requerimientos de los fieles, a quienes les gustan los símbolos religiosos como el incienso, el agua bendita, el aceite de oliva, la sal, las velas, etc.

La enseñanza de la cultura condiciona el desarrollo integral de los individuos y grupos. Por tanto los africanos deberían promover la herencia cultural de su región. Deberían tener aprecio por ciertos valores y al mismo tiempo abrirlos a un encuentro con otras culturas, valores como el respeto por los ancianos y por las mujeres como madres; respeto por la solidaridad, la ayuda mutua y la hospitalidad, la unidad, el respeto por la vida, la honradez, la verdad y la palabra de honor. 

III – PROMOTORES 

A) Ecclesia 

Proposición 34

Evangelización

Los Padres sinodales resaltan la urgencia y la necesidad de la evangelización, que es la misión y la verdadera identidad de la Iglesia (“Evangelii nuntiandi”, 14).

Los padres sinodales ponen en evidencia que esta evangelización consiste esencialmente en dar testimonio ante todo a través de la vida y después con la palabra (“Evangelii nuntiandi”, 21), en un espíritu de apertura a los demás, de respeto y de diálogo con ellos, ateniéndose a los valores del Evangelio.

Este Sínodo se dirige a la Iglesia-Familia de Dios en África para que sea testigo del servicio de la reconciliación, de la justicia y de la paz, como la “sal de la tierra” y la “luz del mundo”. 

Proposición 35

Pequeñas comunidades cristianas / Comunidades eclesiales vivientes

El Sínodo renueva su apoyo a la promoción de las SCC / CEV, que edifican firmemente a la Iglesia-Familia de Dios en África. Las SCC / CEV, basadas en el compartir del evangelio, donde los cristianos se reúnen para celebrar la presencia del Señor en su vida y en medio de ellos, a través de la celebración de la Eucaristía, la lectura de la Palabra de Dios y el testimonio de su fe en el servicio amoroso entre ellos y en sus comunidades. Bajo la guía de sus pastores y catequistas intentan profundizar su fe y madurar en el testimonio cristiano viviendo experiencias concretas de fraternidad, maternidad, relación, amistad abierta, donde cada uno se cuida del otro. Esta familia de Dios se extiende más allá de los vínculos de la sangre, etnia, tribu, cultura y raza . De esta forma las SCC / CEV abren senderos de reconciliación con las familias extendidas, que tienen la tendencia a imponer a los núcleos de las familias cristianas sus maneras y costumbres sincretistas. 

Proposición 36

Desafíos de los nuevos movimientos religiosos

A la luz de los retos lanzados por los nuevos movimientos religiosos (cultos, movimientos esotéricos, etc.), a las Iglesias locales se les pide que preparen nuevas formas de evangelización que afronten lo mejor posible los problemas actuales de los fieles.

También las parroquias deben promover en sus Pequeñas Comunidades Cristianas / Comunidades Eclesiales Vivientes (SCC / CEV) una vida fraterna de solidaridad. Los agentes de la actividad apostólica deben desarrollar un ministerio de escucha espiritual y de apoyo para asistir a los fieles en la vida de cada día conservando la fe.

Además el Sínodo recomienda que la catequesis conduzca a una genuina experiencia de conversión e incluya la formación a la perseverancia en la fe en tiempo de prueba (cf. Rm 5, 3-5) de la misma forma que la iniciación tradicional prepara a los jóvenes a afrontar todo tipo de situaciones. Debe ofrecerse a los fieles una profunda enseñanza bíblica y doctrinal. Los grupos de oración, los movimientos eclesiales y las nuevas comunidades deberían introducir también esta instancia en sus programas.
[Traducido del italiano por Inma Álvarez]


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Texto del micro radial de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, emitido por LT 9. (AICA)
(31 de octubre de 2009)

SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS 

Una antigua tradición cristiana celebra, el 1 de noviembre, el día de Todos los Santos. Son diversas las interpretaciones sobre la fecha del inicio de esta tradición. Desde los primeros siglos los cristianos veneraban a los mártires en celebraciones que eran más bien locales. Particular relieve presenta esta celebración en Roma, que luego se fue extendiendo a toda la Iglesia. Con el tiempo, además de los mártires, se fue incluyendo en este día a otros cristianos que habían dado testimonio de una vida santa, y así eran reconocidos por la Iglesia. El tema histórico, referido a la fecha como a los lugares donde nace esta tradición sigue abierto, en cambio el significado de lo que se celebra permanece igual, es decir, se celebra la santidad como una realidad vivida.

Partiendo de que “sólo Dios es santo”, como dicen las Sagradas Escrituras, parecería que es indebido hablar de la santidad en la vida de los hombres. Sin embargo, esta realidad es, precisamente, la vocación a la que está llamado todo cristiano, como nos dice el mismo Jesucristo: “sean santos como mi Padre es santo”. Esto significa que entre Dios y el hombre no hay un abismo, una diferencia que nos impida participar de su misma vida. Es más, el mismo Jesucristo nos dice: “Para esto he venido, para que tengan la vida de Dios y la tengan en abundancia” (Jn. 10, 10). No estamos hablando, por ello, de una utopía inalcanzable sino de la posibilidad real de vivir y participar en este mundo de la misma vida de Dios, que un día la viviremos en plenitud. Como vemos, la vida del hombre, en cuanto ser espiritual, no termina en los límites de este mundo, sino que es un peregrino que camina con la esperanza de una vida plena que ya ha comenzado a gustar y a vivir en este mundo.

Para el cristiano la santidad no es la espera de una recompensa después de la muerte, sino un hoy que está llamado a vivir. Este presente es posible porque Jesucristo no nos dejó sólo una doctrina sino su misma vida, la vida de Dios, que la recibimos como gracia que nos transforma interiormente. A partir de esto podemos comprender el significado del Evangelio de este domingo que es el de las Bienaventuranzas, donde se nos habla de la santidad como presente y, al mismo tiempo, como plenitud. “Bienaventurados, nos dice, los que tienen alma de pobres, porque a ellos pertenece el Reino de los Cielos. Bienaventurados los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia. Bienaventurados los afligidos porque serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Bienaventurados los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios…” (Mt. 5, 3-9).

Cuando la Iglesia celebra el tránsito de los hombres santos de este mundo al cielo, nos dice el Concilio Vaticano II, ella proclama que en ellos se ha cumplido el camino pascual de Jesucristo, es decir, el triunfo de la gracia sobre el pecado, de la vida sobre la muerte, del amor sobre el egoísmo. Ellos se convierten en el mejor testimonio de un evangelio hecho vida. Esta es la razón por la que la Iglesia nos propone sus vidas como ejemplo. La santidad, por otra parte, no es camino para algunos sino una vocación para todos.

Reciban de su Obispo mi bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz


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Alocución televisiva de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata en el programa “Claves para un mundo mejor” . (AICA)
(31 de octubre de 2009)

ARGENTINA NECESITA UN SECUNDARIO DE EXCELENCIA 

“En una decisión acertada las autoridades educativas han resuelto reestablecer y fortalecer el ciclo secundario después de la experiencia fallida del Polimodal que, en la Provincia de Buenos Aires, se aplicó con todo rigor”.

“La cuestión es cómo se va a hacer para lograr que todos los chicos terminen su secundario”.

“Se habla mucho de la inclusión, pero hay un problema muy serio respecto de lo que se llama la inclusión porque no es fácil armonizar la inclusión con la calidad educativa. ¿Cómo haremos para facilitar que los chicos terminen el secundario y no se bajen las metas de excelencia, que no sufra desmedro la calidad educativa que tanto necesita la Argentina?”.

“Los problemas no son fáciles porque habrá que resolver unas cuestiones que han resultado crónicas. Son cuestiones y problemas familiares, sociales; es necesario revertir incluso una situación de decadencia cultural que se advierte sobre todo en las últimas décadas”.

“Además será necesario también cumplir con el número de días de clases previsto por ley. Habrá que contar con el financiamiento suficiente y los profesores, en el caso del ciclo secundario, tendrán que actualizarse y perfeccionarse incesantemente si es que de veras nos queremos proponer una meta de calidad educativa”.

“Tenemos también que hablar del rol de los padres de familia. ¿Qué hacer con los padres de familia de los alumnos? ¿Sería demasiado pensar en un nuevo secundario en relación con algo así como una “escuela de padres”? En definitiva este es otro segmento fundamental que tiene que ver con el éxito de un proceso educativo”.

“Decía que no es fácil armonizar la inclusión con la calidad. Tampoco es fácil armonizar una aspiración a la integración del saber de todas las disciplinas y, al respecto, el respeto de los objetos formales y de los métodos propios de cada disciplina”.

“¿A qué me refiero? Me refiero, por ejemplo, a esta creación de áreas que muchas veces ha hecho sufrir a las distintas disciplinas en el ámbito de las ciencias sociales que trasmitían finalmente una especie de sociologismo barato”.

“Así han quedado menoscabadas asignaturas como Geografía y Historia, de manera que muchos chicos, en la actualidad, no conocen la geografía física del país donde viven y no tienen mucha idea de su Historia. Esto por no hablar de la Geografía o la Historia del mundo”.

“Además creo que es bueno pensar que si vamos a empezar una etapa nueva no hay que limitar lo del secundario al ámbito de la mera instrucción. Hay algo más, algo en cierto modo imponderable. Es preciso encarar el proceso educativo como un verdadero proceso de educación, es decir, de la formación de la personalidad y no sólo transmisión de conocimientos. Habrá que ofrecer a los chicos una auténtica motivación, que tengan ganas de estudiar. Habrá que ayudarlos a que se empeñen con esfuerzo. Es decir otra vez reivindicar el valor de la voluntad y del esfuerzo en el arte de aprender”.

“Por tanto habrá que procurar no nivelar para abajo sino mantener metas de excelencia y ayudar a que todos puedan cumplir con esas metas”.

“La enseñanza y la educación tienen que ser prácticamente personalizadas, sobre todo para ayudar a aquellos a los cuales les cuesta más, porque es muy fácil bajar la aspiración y que el rebaño pase inconcientemente por esos años escolares, pero después ¿qué es lo que queda?”.

“Aquí se juega algo muy importante, de mucho valor, por eso he ponderado al comienzo de esta columna la decisión de volver al secundario”.

“Podemos aplaudirlo aquellos que ya llevamos unos cuantos años encima y que hemos vivido un buen secundario que no sólo habría las puertas para la universidad sino que daba una visión amplia de las cosas y permitía que esa persona luego pudiera forjar, por el esfuerzo personal, su propia cultura”.

Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata


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AICA nos informa de la publicación de una NUEVA GUÍA ECLESIÁSTICA ARGENTINA.

AICA - BAIRES – Servicio  especial  
Lunes 2 de noviembre de 2009 

NUEVA GUÍA ECLESIÁSTICA ARGENTINA

Buenos Aires, 2 Nov. 2009 (AICA): Para una población de 41 millones de habitantes, con un altísimo porcentaje de católicos (70-90%), la Argentina cuenta con 72 circunscripciones eclesiásticas, 5.480 sacerdotes (3.657 diocesanos y 1.823 religiosos), 750 diáconos permanentes, 8.014 religiosas, 2.782 parroquias, 9.861 iglesias y capillas no parroquiales, y 2.680 centros educativos de todos los niveles, pertenecientes a la Iglesia Católica.    

 Éstos y muchos otros datos se encuentran en la “Guía Eclesiástica Argentina 2009” que acaba de lanzar la Agencia Informativa Católica Argentina (AICA) en un volumen de 1.130 páginas desbordantes de informaciones, que hubo que componer en letras pequeñas para evitar un desmedido aumento del volumen del tomo.    

 La obra está revestida con una tapa de color rojo vivo, donde, apoyada en el mapa de la República Argentina, la cruz de la evangelización de América tiene a sus pies las irredentas Islas Malvinas.

 Antecedentes    

No es la primera vez que AICA se embarca en esta tarea de allegar datos para componer un directorio eclesial, gracias a la experiencia adquirida por su director, Miguel Woites, al secundar al entonces presbítero Arnaldo Clemente Canale en la preparación y edición del “Anuario Eclesiástico 1961”, una obra todavía hoy insuperada en cuanto a información de la Iglesia en la Argentina, una verdadera joya para los estudiosos e historiadores. De ese Anuario, cuyo quebranto económico asumió el arzobispado de Buenos Aires, quedan unos poquísimos ejemplares en AICA.    

 Veinte años después, en 1981, consciente de la importancia que posee una guia de esta índole, tanto en el campo de la información como en el de la pastoral, y ante la ausencia de iniciativas debido a las razones crematísticas aludidas, el arzobispo de Buenos Aires, cardenal Juan Carlos Aramburu, por consejo de su ahora obispo auxiliar, monseñor Canale, propuso a AICA que tomara en sus manos el proyecto, ya que la tarea cabía dentro de la misión que en su momento recibió del Episcopado. El pedido aludía, además, a la eficiencia del grupo de AICA y a su probado espíritu eclesial.  

   Mediante su boletín semanal, que desde el 11 de junio de 1956 hasta hoy nunca dejó de aparecer, fue publicando con intervalos de dos años una breve guía, cada vez más voluminosa (comenzó con 32 páginas en 1981 y concluyó la serie con 160 en 1988), hasta que en 1995 editó la primera “Guía Eclesiástica Argentina”, con más de 500 páginas, y a finales de 2000, a las puertas del tercer milenio, apareció la edición en uso hasta hoy.