S?bado, 27 de marzo de 2010

Texto del micro radial de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, emitido por LT 9. (AICA)
(20 de febrero de 2010)



CUARESMA Y CONVERSIÓN

La Cuaresma es tiempo de preparación, tiempo de conversión. Podemos comenzar preguntándonos si sentimos necesidad de convertirnos. Convertirnos para qué? Siempre pensé que el espíritu de conversión se da en quién tiene metas o ideales hacia los cuales se siente en camino y busca identificarse con ellos. Esto significa que no es posible la conversión para aquel que no considera su vida en la dinámica de un proyecto del cual participa como protagonista. El que sólo vive el hoy como un absoluto, no abierto a un mañana, creo que no puede comprender el sentido y el alcance de la conversión.

La conversión nos define como peregrinos, como quienes estamos en camino hacia una meta y guiados por un ideal. Por ello es tan importante en la educación presentar, junto a valores e ideales, testimonios que descubran el sentido y la belleza de una vida realizada en ellos. La ejemplaridad juega aquí un papel decisivo. La vida de un joven, sin el horizonte de un proyecto o un ideal, lo convierte en frágil cliente de una sociedad de consumo. Nuestra capacidad crítica y madurez crecen cuando nos descubrimos, como personas libres, desde la grandeza de un ideal.

El espíritu de conversión implica un mirar al pasado ciertamente, pero desde el futuro, es decir, desde ese ideal o meta que nos proponemos. Por ello, la presencia de este espíritu es el que mantiene el nivel de vida y crecimiento que impide que nos instalemos y seamos conformistas. Este espíritu nos permite reconocer errores y tibiezas desde un ideal de vida y, al mismo tiempo, es fortaleza y esperanza para cambiar. En una palabra, él nos lleva a vivir con gozo esa tensión de crecimiento que es propio de la dimensión espiritual del ser humano. El nivel de los ideales que asumimos es, por otra parte, el que marca el nivel de nuestra conversión.

Para el cristiano la conversión dice referencia a una Persona y a un proyecto de vida que tiene, en esa misma Persona, su fundamento y posibilidad. La conversión cristiana es un camino de encuentro con Jesucristo, pero que sólo es posible recorrerlo con El. Aquí llegamos a lo propio del cristianismo que es reconocer la presencia de Jesucristo no sólo como doctrina, sino como una gracia que nos eleva y transforma. Esto no niega el esfuerzo humano ni el valor de la voluntad en el camino de la conversión, pero nos habla de la necesidad de esa presencia. San Agustín decía: “Señor, dame como gracia lo que me pides, y después pídeme lo quieras”. No negaba lo humano, pero había descubierto en Jesucristo como Vida el secreto y la posibilidad del hombre nuevo.

Deseándoles que vivamos este tiempo de Cuaresma como tiempo fuerte de conversión en preparación a la Pascua, fuente de gracia y sentido del hombre nuevo, les hago llegar junto a mis oraciones y afecto, mi bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz


Publicado por verdenaranja @ 23:07  | Hablan los obispos
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