Martes, 30 de marzo de 2010

Recursos litúrgicos para la  celebración de la Cena del Señor, jueves santo 2010, ofrecidos por el Área de Pastoral Social de la dióceis de Tenerife.


CELEBRACIÓN DE LA CENA DEL SEÑOR   JUEVES SANTO 2010 
1 de abril

MONICIÓN DE ENTRADA:

El Jueves Santo no fue el día de la muerte de Jesús, sino el día de su amor hasta la muerte. No fue el día en el que el Cuerpo de Cristo fue destrozado, pero Él entregó su Cuerpo roto para alimento de los suyos. No fue el día en que derramó su sangre, pero Él la dio a beber para alegrar el corazón de sus discípulos.
         En este día del Amor Fraterno, queremos celebrar con intensidad  la Cena del Señor. Nos sentimos de verdad discípulos suyos que se sientan a su mesa, escuchan su Palabra. Él renovará, entre nosotros, sus gestos y sus enseñanzas, todas las grandes pruebas de su amor incondicional para con  los hombres y mujeres de todos los tiempos.
         La Eucaristía es signo y fuente de ese amor, Signo del amor entregado de Cristo, signo del amor entre los hermanos y alimento para poder vivir ese amor. Nos abrimos al amor de Cristo para poder amar como Él.

ACTO PENITENCIAL

         En el tema del amor siempre estamos en deuda, siempre llegamos con retraso, siempre podíamos amar más y mejor. Reconozcamos nuestros pecados contra el amor a Dios y a los hermanos. Es el único  pecado verdadero.

Porque no amamos a Dios con todo nuestro corazón. Señor, ten piedad...
Porque no amamos a nuestros hermanos como Cristo nos ha amado. Cristo, ten piedad...
Porque nos creemos superiores a los demás y no vivimos en actitud de servicio y de misericordia. Señor, ten piedad... 

MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA: Ex 12,1-8; 11-14

          Jesús, en la última Cena con sus discípulos, celebra la Pascua judía, anticipando otra Pascua. La Pascua era la gran fiesta del pueblo hebreo, porque celebraba “el paso del Señor”, cuando Dios se hizo presente  en el pueblo, cuando lo liberó de la esclavitud, cuando lo hizo ser como pueblo, consiguiendo su libertad y su identidad, el pueblo de Dios.
           Cristo fue el verdadero paso del Señor, nuestra Pascua. En la  Eucaristía sigue pasando entre nosotros para salvarnos, para llenarnos de libertad, de la vida y de auténtica felicidad. Escuchemos con atención.

SALM O 115: El cáliz que bendecimos es la comunión de la Sangre de Cristo.
¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? 
 Alzaré la copa de la salvación, invocando su nombre.
Mucho le cuesta la Señor la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo, hijo de la esclava; rompiste mis cadenas.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza, invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos, en presencia de todo el pueblo. 

MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA: 1 Corintios 11,23-26 

 Cada vez que celebramos la Eucaristía  podemos decir con San Pablo “Yo he recibido una tradición”.
 La Eucaristía es  la más hermosa tradición que tiene la Iglesia, la más importante, la más viva, la mejor conservada.
En esta Cena se celebró anticipadamente la Pascua o el paso del Señor. Cuando Jesús vino a nosotros, “pasó haciendo el bien”, se entregó por nosotros y nos dejó la Eucaristía como signo y memorial de su entrega.
En la Cena nos sentimos pueblo de Dios, liberados por Cristo y unidos en su gran amor. 

EVANGELIO de Juan, 13,1-15 

         El lavatorio de los pies es una preparación y un complemento de la Eucaristía. Si queremos compartir el Cuerpo y la Sangre de Cristo, tenemos que empezar por lavar los pies a los hermanos Esto quiere decir,  por vivir en actitud de humilde servicio los unos para con los otros. El amor de comunión y el amor de servicio se complementan.  El que lava los pies se capacita para comulgar del Cuerpo de Cristo y el que comulga se capacita para  lavar los pies en actitud de servicio. En ambos casos celebramos el inmenso amor de Cristo, capaz de hacerse pan y capaz de ponerse a nuestros pies. Escuchemos la proclamación del Santo Evangelio.

LAVATORIO DE LOS PIES:

“Si yo, que soy su Maestro y Señor les he lavado los pies, cuanto más ustedes deben lavarse los pies unos a otros”, dice el Señor. (Jn 13,14). 

Queremos que el signo de lavar los pies  a los demás sea un signo de servicio, de reconciliación, del  perdón que pedimos y del perdón que nos otorgan 

¿A quiénes y cómo debemos lavar los pies?

Lavemos los pies a nuestros mayores, solos y abandonados. Nos lo han dado todo y ahora los arrinconamos porque son una carga y ya no nos valen. Les pedimos perdón por nuestra ingratitud.

Nos acercamos a los jóvenes sin ilusión y futuro y les lavamos los pies con mucho cariño. Ellos muchas veces son los incomprendidos y descalificados. Les pedimos perdón por nuestra injusticia.

Lavamos los pies a los niños de la calle, sin familia, aprendices delincuencia. Les pedimos perdón por nuestra indiferencia y dureza de corazón.

Lavemos los pies de los alcohólicos y drogadictos. Busquemos conocer y comprender las presiones y fracasos que les han llevado a esta situación. Les pedimos perdón por haberlos juzgado y condenado.

Lavemos los pies a los enfermos crónicos, a los  “sin techo”. Queremos dar un paso adelante para no rechazarlos por sus limitaciones y su forma de vida. Les pedimos perdón por nuestra falta de acompañamiento y de acogida.

Lavemos los pies a los delincuentes que tanto miedo y tensión nos producen, pero a quienes somos incapaces de ofrecer soluciones de reinserción y perdón... Les pedimos perdón por todos los males que les hemos deseado.

Lavemos los pies a los inmigrantes  que han llegado a nuestra Islas buscando un futuro mejor y se encuentran con nuestro rechazo, porque son pobres y diferentes. Les pedimos perdón por no haberlos aceptado y querido como hermanos.

Lavemos los pies a nuestros familiares. Tan cercanos a nosotros y, a veces, con nuestro egoísmo e indiferencia, les hacemos sufrir.

Lavemos los pies a las mujeres maltratadas que sufren en silencio la angustia del desprecio y la violencia machista.

Lavemos los pies a nuestros enemigos y a los que nos caen mal

Lavemos los pies a los que no piensan como nosotros

Lavemos los pies a familiares y amigos enfermos que a veces los olvidamos 

IGLESIA EN ORACIÓN

         En este día del Amor Fraterno, traduzcamos nuestro amor en oración y hagamos de la oración un ejercicio de amor, respondamos a cada petición: Bendícelos, Padre

Pidamos por nuestro mundo, al que Dios  tanto ama. Pidamos especialmente por los pueblos que más sufren y están más necesitados de ayuda, que reciban la solidaridad necesaria para superar su situación. Oremos…

Bendícelos, Padre

Pedimos por toda la Iglesia, nacida del amor de Cristo,   por nuestra Iglesia  Diocesana y por nuestra Comunidad Parroquial, por los que trabajan en Cáritas y otras instituciones al servicio de los empobrecidos. Para que se mantenga unida en el amor para que el mundo crea. Oremos…

Pedimos por todas las personas que no se sienten amadas; por aquellas que se encuentran solas;  por las que viven en desamor, por las que no saben amar. Hazles sentir la gracia de tu amor. Oremos...

Pedimos por las familias y las personas que conocemos  y que están pasando dificultades, tanto materiales como espirituales… Que sientan la fuerza y el apoyo necesario para superar sus problemas. Oremos…

Pedimos por las familias que están divididas o en crisis, por los que mantienen sentimientos de rencor o de venganza, por cuantos no se quieren como hermanos. Oremos…

Pedimos por los niños y niñas y por los jóvenes de nuestras Islas que, por no haber tenido unas condiciones familiares, ambientales y educativas adecuadas,  han cometido delitos; que la sociedad les propicie las condiciones necesarias para su reeducación. Oremos...

Pedimos por todos los sacerdotes, de modo especial por los sacerdotes de nuestra Diócesis y de nuestra Parroquia; que vivan su ministerio con esperanza y en actitud constante de servicio...

Pedimos por todos nosotros, para  que nos sintamos más unidos, nos alimentemos de tu amor y nos comprometamos en el servicio. Oremos...  

    Jesús enseñó varias veces a sus discípulos las actitudes de servicio: “El que quiera llegar a ser grande entre nosotros, será vuestro servidor...que tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido sino a servir” (Mat 10, 43-44).Pero ellos no acababan de entender. En la misma Cena discutían quien sería el mayor. Y Jesús insiste: ¿Quién es el mayor, el que está a la mesa o el que sirve? ¿No es el que está a la mesa?  Pues yo estoy en medio de ustedes como el que sirve” (Lc 22,27)

  La  Cena compartida de Jesús, que fue condenado  a muerte


Publicado por verdenaranja @ 23:12  | Liturgia
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