Mi?rcoles, 31 de marzo de 2010

Mensaje de Mons. Martín de Elizalde OSB, obispo de Nueve de Julio, en la apertura del año escolar 2010 - Bicentenario de la Patria. (AICA)
(1 de marzo de 2010)
 

APERTURA DEL AÑO ESCOLAR 2010

Queridos amigos:

Con mucho afecto me dirijo en estas fechas del inicio del año lectivo a todos los que conforman este vastísimo mundo de la educación: a los docentes y a los alumnos, a los que trabajan en las escuelas y son colaboradores apreciadísimos de la tarea educativa, a los niños y jóvenes y a sus familiares, para trasmitirles mi saludo cordial y desearles un año escolar provechoso y sereno, en el camino de la formación de los corazones y de las inteligencias jóvenes. Se trata de una circunstancia particular, pues entramos en la celebración del Bicentenario de la Patria, que el 25 de mayo de 1810 comenzó un camino de libertad e independencia. A la luz de estos acontecimientos históricos quiero hacerles llegar algunas reflexiones, para vincular la importante misión educativa de las familias y de la escuela con la responsabilidad de la Nación que nos alberga y que hemos recibido en herencia de nuestros padres.

Tradicionalmente, la educación argentina tenía entre sus funciones, la de alentar los sentimientos patrióticos y el amor por el propio país, de nacimiento o de elección, objetivo evidentemente necesario para afianzar un espíritu común y fortalecer los lazos culturales y de afinidad social. Lo hacía proponiendo a los próceres como modelos de vida y de entrega por el bien común, y señalando con afecto y orgullo los elementos de nuestra geografía, las tradiciones y el folklore, la identidad de los pobladores originarios y el aporte variado y tan enriquecedor de los inmigrantes. La gesta de la Independencia, extendida con generosidad histórica hasta los países hermanos, que alcanzaron así también ellos la libertad; los esfuerzos para consolidar la Organización nacional; el desarrollo de la producción, de la industria y del comercio, que hicieron de nuestro país uno de los más ricos del mundo, se ensamblaba y conjugaba, con cierta ingenuidad tal vez, pero de manera pedagógicamente eficaz, para orientar a las generaciones de ciudadanos. Los programas escolares tenían su expresión actualizada en los actos patrióticos, en los cuales la sociedad entera se conmovía con los símbolos nacionales y el recuerdo del pasado glorioso.

Este año 2010 recurre el segundo centenario de la Revolución de Mayo, y comenzamos a rememorar el tramo de la historia que nos conduce al 9 de julio de 2016, segundo centenario de la Independencia. Como argentinos debemos preguntarnos qué vamos a celebrar, y cómo y con qué contenidos, cómo acompañaremos con la adhesión personal a los actos oficiales que recordarán las fechas. No podemos conformarnos con lecturas sesgadas, que solo proyectan en el tiempo modos de comprensión actuales, que no sirven para juzgar y evaluar las situaciones del pasado, de un pasado que sigue definiéndonos dos siglos después. La responsabilidad de los argentinos debe ir aún más allá: estudiar el pasado, sacar de él las lecciones que precisamos, para confirmar los aciertos y no repetir los errores, pero sobre todo para conocer y valorar la esencia de la vida argentina, lo que nos hizo crecer y subsistir, lo que nos une y nos convoca a seguir esforzándonos para alcanzar el destino de grandeza que creemos es el nuestro. Este destino solamente llegará si nos proponemos siempre la felicidad integral y el bien común de los que habitan en la Argentina y extender sus beneficios a todos los pueblos de la tierra.

La educación, que fue un instrumento importantísimo de cohesión entre edades y procedencias diversas, que consolidó política y culturalmente a nuestro pueblo, tiene aquí una misión irremplazable. La Iglesia Católica, difundiendo el mensaje del Evangelio, ha acompañado durante estos siglos el camino de los hombres y mujeres que construyeron la Patria. Ellos la hicieron, aunque joven y nueva todavía, gloriosa y consciente de su responsabilidad universal, abierta a los hombres que desearan habitar su suelo, aplicando generosamente la hospitalidad que inculca el Evangelio, promoviendo el bien y la justicia, intentando alcanzar la paz, la igualdad y la libertad, y ofreciendo a todos las mismas oportunidades. En el campo de la educación es donde se trasmitieron esos valores, tan vinculados en su origen y difusión a la prédica de pastores y de misioneros.

Los establecimientos educativos católicos quieren seguir siendo fieles a este legado, y por eso deseamos que en ellos se trabaje con especial dedicación para seguir arraigándolo y difundiéndolo, sobre los fundamentos que siguen tan vigentes hoy como lo fueron entonces, para asegurar el bien de todos sobre el cimiento inconmovible que es Dios, fuente de toda razón y justicia.

Al saludar a quienes, en estos días de marzo, retoman la actividad en las escuelas, directivos y docentes, alumnos y padres y madres de familia, todos los colaboradores en las instituciones, en los organismos y en los hogares, renovamos nuestro compromiso cristiano de servir en la verdad a las nuevas generaciones y les aseguramos nuestro apoyo y simpatía a quienes ejercen esa noble tarea. Les enviamos una afectuosa bendición, encomendando a todos a la protección de María Santísima, que porque era discípula fiel pudo ser maestra de su Hijo, la misma Sabiduría eterna.

Nueve de Julio, 1 de marzo de 2010 

Mons. Martín de Elizalde OSB, obispo de Nueve de Julio  


Publicado por verdenaranja @ 23:13  | Hablan los obispos
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios