Viernes, 30 de abril de 2010

ZENIT publica el mensaje que ha escrito monseñor Francisco Gil Hellín, arzobispo de Burgos, con el título "Esta sociedad no es el relevo".

Lo dije en la Catedral el pasado Viernes Santo, porque estoy firmemente convencido. "La victoria será de Jesucristo. No será de esta sociedad, cuarteada en toda su estructura de valores y herida en sus cimientos morales. Una sociedad que considera progreso matar a sus hijos más débiles, corromper a los niños desde la escuela, incitar a los adolescentes y a los jóvenes al placer sexual más desenfrenado, ejercer la justicia según el color político de los jueces y de los reos, malgastar en cosas suntuarias y superfluas los bienes que son necesarios para la subsistencia de los más necesitados, en una palabra: una sociedad que se tambalea en sus cimientos éticos no puede dar el relevo a Jesucristo".

Dios ha creado al hombre a su imagen y semejanza. De ahí que tenga inteligencia para buscar y encontrar la verdad, voluntad para amar y libertad para ser responsable de sus actos. Ahí radica su grandeza y su dignidad. Ahí está también el fundamento de la igualdad radical entre todos los hombres y mujeres. Bien se ciña con diadema real o se vista con harapos de pordiosero, posea un capital multimillonario o no tenga dónde caerse muerto, sea elevado al más alto pedestal u ocupe el más bajo de todos los niveles, ante Dios todo hombre será siempre una imagen suya, un icono suyo, el ser más grande de cuantos viven en la tierra. Por eso, levantará siempre su dedo acusador frente a quienes, sirviéndose de su poder político, económico o mediático traten de despojar al hombre -a cualquier hombre- de su dignidad y grandeza.

Jesucristo todavía ha ido más lejos. Haciéndose él mismo hombre, engendrándole a una vida nueva por su muerte redentora y el bautismo, ha divinizado al hombre hasta un grado tal, que, sin dejar de ser hombre, le ha divinizado. Gracias a ello, ha aparecido una nueva raza de hombre sobre la tierra: la raza de los hijos de Dios, a la que todos los hombres están llamados a pertenecer. San Pablo, con el vigor de su poderosa inteligencia y la convicción de su encuentro personal con el Cristo vivo del camino de Damasco, lo formuló con enorme fuerza: "Ya no hay judío ni gentil, esclavo o libre, hombre o mujer", porque todos los bautizados han sido injertados en Cristo Jesús.

Jesús no se hizo hombre y murió por los pobres o por los ricos, por las clases altas o por las proletarias, por los que llamamos buenos y por los que llamamos malos, sino por los unos y los otros, por todos. Y mientras vivía defendió a las viudas, curó a los enfermos, resucitó a los muertos, fustigó a los poderosos que estaban corrompidos, multiplicó los panes para saciar a los hambrientos, amó y mandó amar a los enemigos, no condenó a la mujer sorprendida en adulterio, fustigó con inusitada fuerza las apariencias farisaicas que escondían montones de podredumbre en sus corazones, alabó la minúscula limosna de una viuda más que los grandes donativos de los ricos, abrazó y bendijo a los niños y tuvo en tan alta estima a la mujer, que los primeros testigos de su resurrección fueron unas mujeres

Jesús levanta hoy su voz acusadora contra todos los explotadores de la mujer, de los asalariados, de los que asesinan a los inocentes no nacidos y a los ancianos sin familia. ¿Jubilar a este Jesús de la historia, de la cultura, de la economía, de la organización social, en una palabra, del mundo de los hombres? Alguien tan poco sospechoso de creencias católicas, como el filósofo alemán Habermas, ha dicho que la cultura actual ha "descarrilado". Algo así como cuando chocan dos trenes de alta velocidad y sus aparatos sofisticados quedan inservibles, pero reclamando reparación para volver a circular y ser útiles.

Jesucristo propone un modelo de hombre capaz de volver a pensar en serio, capaz de amar sin límites a todos y capaz de compadecerse de los más necesitados. ¿Cómo puede tener la pretensión de eliminarlo el pensamiento débil de nuestra época, la actual sociedad egoísta, injusta y moralmente decadente?


Publicado por verdenaranja @ 22:58  | Hablan los obispos
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Artículo que ha escrito monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas, con el título "Creo en la Iglesia católica".

VER

Como consecuencia de la difusión machacona de crímenes clericales de pederastia en varias partes del mundo, se podría esperar que mucha gente se alejaría de nuestra Iglesia. Y sí, hay quines esgrimen ese dato para acusar a toda la institución, y así legitimar su increencia, o para quedarse más "tranquilos" en su pecado. ¿Con qué autoridad, dicen, la Iglesia les va a dar clases de moral? Y no se tientan la conciencia para intentar enlodar al mismo Papa. Su mayor gozo y satisfacción sería encontrarlo culpable. No recuerdan que en la historia eclesiástica ha habido épocas mucho peores, y la Iglesia, que no es obra humana sino divina, no se ha derrumbado, sino que constantemente se renueva. 

En los días de Semana Santa, las multitudes se han volcado a nuestras iglesias, más que en otros años. Nuestra catedral estuvo abarrotada por gente de toda clase, resaltando la presencia de jóvenes. Ha habido muchos bautismos y conversiones, aquí y en otras partes. El Miércoles Santo, en catedral, estuvimos trece sacerdotes y los dos obispos confesando a cientos de fieles durante tres horas y media, y algo semejante sucedió en otras parroquias. Si desconfiaran de la Iglesia, no se acercarían a los sacerdotes para abrir lo profundo de su conciencia y encontrar el perdón y la paz que da este sacramento. Al término de la Misa pascual, mucha gente se acercó para pedir personalmente la bendición para sí, para sus niños y niñas. ¿Y esto no es noticia? 

JUZGAR

Lo más difícil de la fe no es creer en Jesucristo, sino en la institución a la que confió continuar su obra, su Iglesia. La instituyó para predicar su Evangelio y para demostrar con hechos que es posible otro mundo, otro tipo de vida, donde haya justicia, fraternidad, servicio, honestidad, paz, amor. Esta es su misión y vocación: ser sacramento del amor de Dios Padre, ser signo visible de la vida nueva en Cristo, en el Espíritu. Sería gravísimo que, por nuestros pecados, se rechazara el Evangelio. Sin embargo, El, que es santo, hace santa a su Iglesia y la sostiene; por ello, creemos en la Iglesia que es una, santa, católica y apostólica.

Algunos, para prescindir de la institución eclesial, insisten en que lo importante es el Reino de Dios, no la Iglesia. Al respecto, dijo el Papa Juan Pablo II: "El Reino no puede ser separado de la Iglesia. Ciertamente ésta no es fin en sí misma, ya que está ordenada al Reino de Dios, del cual es germen, signo e instrumento. Sin embargo, a la vez que se distingue de Cristo y del Reino, está indisolublemente unida a ambos. Cristo ha dotado a la Iglesia, su Cuerpo, de la plenitud de los bienes y medios de salvación; el Espíritu Santo mora en ella, la vivifica con sus dones y carismas, la santifica, la guía y la renueva sin cesar. De ahí deriva una relación singular y única, que aunque no excluye la obra de Cristo y del Espíritu Santo fuera de los confines visibles de la Iglesia, le confiere un papel específico y necesario... La Iglesia no es fin en sí misma, sino fervientemente solícita de ser toda de Cristo, en Cristo y para Cristo, y toda igualmente de los hombres y para los hombres" (Redemptoris Missio, 18 y 19). 

ACTUAR

Sin negar los pecados que tenemos y que no podemos justificar, es tiempo de asumir con madurez nuestra fe y salir adelante, iluminados por el Evangelio y sostenidos por la oración y la solidaridad eclesial, sin dejarnos apabullar. Por ello, desde este sencillo espacio, vaya nuestro apoyo sincero al Papa Benedicto XVI, a quien admiro por su lucidez evangélica, por su valentía en afrontar los problemas, por su claridad en indicar soluciones y por su invitación a un nuevo éxodo, que nos haga dejar el pasado y caminar hacia tiempos nuevos, aunque tengamos que pasar por desiertos. Vaya también mi solidaridad hacia los Legionarios de Cristo, pues aunque es verdad que son intolerables y aberrantes los actos que se han comprobado de su fundador, la entrega generosa y leal de muchos de ustedes que conozco, es un testimonio de fidelidad a su consagración. ¡Animo! Ustedes son Legión de Cristo, no de otra persona, y Él los sostiene e impulsa para renovarse y servir sólo a su Reino, en su Iglesia.


Publicado por verdenaranja @ 22:55  | Hablan los obispos
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ZENIT publica el comentario al Evangelio del domingo 2 de mayo, quinto de Pascua (Juan 13,31-35), redactado por monseñor Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo, administrador apostólico de Huesca y de Jaca.

Evangelio del domingo: el amor nuevo y único

El texto que nos presenta el Evangelio de este domingo es casi una prolonga­ción del que escuchábamos el domingo pasado. Porque la consecuencia de sabernos pastoreados por Jesús, Buen Pastor de nuestras vidas, es justamente no ser noso­tros lobos para nadie. Y la consecuencia de estar en ese redil que son las manos del Padre, donde somos co­nocidos por nuestro nombre, es precisamente no ser extraños para nadie.

Este texto está tomado del Testamento de Jesús, de su Oración Sacerdotal. Todo a punto de cumplirse, como quien escrupulosamente se esmera en vivir lo que de él esperaba Otro, pero no como si fuera un guión artificial y sin entrañas, sino como quien realiza hasta el fondo y hasta el final un proyecto, un diseño de amor. Y toda esa vida nacida para curar, para iluminar y para salvar, está a punto de ser sacrificada, en cuya entrega se dará gloria a Dios. Puede parecer hasta incluso morbosa esta visión de la muerte, o como siempre sucede, para unos será escándalo y para otros locura (cf. 1Cor 1,18), risa y frivolidad para quien jamás ha intuido que el amor no consiste en dar muchas co­sas, sino que basta una sola: darse uno mismo, de una vez y para siempre.

En este contexto de dra­matismo dulce, de tensión serena, Jesús deja un mandato nuevo a los suyos: amarse recíprocamente como Él amó. Porque Jesús amó de otra manera, como nunca antes y nunca después. Esa era la novedad radical y escandalosa: amar hasta el final, a cada persona, en los momentos sublimes y estelares, como en los banales y cotidianos.

Porque lo apasionante de ser cristiano, de seguir a Jesús, es que aquello que sucedió hace 2000 años, vuelve a suceder... cuando por nosotros y por nuestra forma de amar y de amarnos, recono­cen que somos de Cristo. Más aún: que somos Cristo, Él en nosotros. Es el aconte­cimiento que continúa. Quien ama así, deja entonces que Otro ame en él, y el mundo se va llenando ya de aquello que ese Otro -Jesús- fue y es: luz, bondad, paz, gracia, perdón, alegría... . Este es nuestro santo y seña, nuestro uniforme, nuestra revolución: Amar como Él, y ser por ello reconocidos como pertenecientes a Jesús y a los de Jesús: su Iglesia.


Publicado por verdenaranja @ 17:30
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INTENCIÓN MISIONERA - “Para que los ministros ordenados, las religiosas, religiosos y los laicos comprometidos en el apostolado, sepan infundir entusiasmo misionero a las comunidades confiadas a su cuidado.” - Comentario a la Intención Misionera de mayo 2010

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – La palabra “entusiasmo” proviene del griego ἐνθουσιασμός , y tiene varias acepciones o significados. Una de estas acepciones hace referencia a que los profetas estaban “llenos de Dios”, inspirados por Él cuando hablaban en su nombre. De alguna manera, cuando decimos que una persona está entusiasmada, estamos diciendo que está “llena de Dios”, y por eso se siente movida por un gran fervor y ánimo en sus palabras y acciones. Este entusiasmo es contagioso como el fuego, hace arder lo que tiene alrededor.
Para que los ministros ordenados, las religiosas y religiosos, y los laicos puedan transmitir entusiasmo, deben estar ellos mismos entusiasmados con su propia vocación, con su vida y, sobre todo, entusiasmados con Cristo, enamorados de Cristo. Quien se acerca con fe a Jesús en la escucha silenciosa de su Palabra, en la adoración eucarística, en la recepción sacramental de su Cuerpo, también siente arder en su corazón el fuego de su presencia. Los discípulos de Emaus experimentaron que su corazón se encendía al escuchar al Señor, le reconocieron en la fracción del pan y, ardiendo como estaban, se levantaron al instante y regresaron a Jerusalén para anunciar a los Once que habían visto a Jesús resucitado (cfr. Lc 24, 33). Quien se encuentra verdaderamente con Cristo, se hace misionero porque no puede guardar para sí mismo el amor que le quema dentro.
Similar fue la experiencia de S. Pablo. Siendo perseguidor y blasfemo, Cristo resucitado se le presentó en el camino de Damasco. Desde ese momento, su vida dio un giro radical, desde ese momento para él, “la vida es Cristo” (Flp 1, 21), y esa pasión le hace exclamar: “Ay de mí si no evangelizara” (1 Cor 9, 16). El Papa Benedicto XVI nos lo presenta como modelo de evangelizador lleno de entusiasmo: “Fijémonos en este gran evangelizador, que con el entusiasmo audaz de su acción apostólica, llevó el Evangelio a muchos pueblos del mundo de entonces. Su enseñanza y su ejemplo nos impulsan a buscar al Señor Jesús. Nos animan a confiar en Él, porque ahora el sentido de la nada, que tiende a intoxicar la humanidad, ha sido vencido por la luz y la esperanza que surgen de la resurrección” (Mensaje Urbi et orbe, Pascua 2009).
La juventud es la edad del entusiasmo, pero no debemos pensar solamente en una juventud física. Cuando nos falta el entusiasmo de la fe significa que estamos “envejecidos” prematuramente, que caminamos hacia la muerte. Aunque en el ámbito biológico los años pasan inexorablemente, espiritualmente debemos vivir un rejuvenecimiento constante, creciendo en el amor a Cristo y en el entusiasmo por llevarle a todos. S. Pablo decía: “Aunque nuestro hombre exterior se vaya desmoronando, nuestro hombre interior se renueva de día en día” (2 Cor 4, 16).
Contemplemos finalmente el caso de otra joven llena de Dios: María. Recibió el anuncio del ángel Gabriel y asintió con obediencia y docilidad a lo que Dios la pedía. A través de su Fiat, el Verbo de Dios se hizo carne en sus entrañas virginales. Aquella joven,” entusiasmada”, literalmente “llena de Dios”, “se levantó y se fue deprisa a la montaña, a una ciudad de Judá” (Lc 1, 39). El bien, y también el amor, son difusivos por sí mismos, llevan en su propia esencia la necesidad de ser comunicados. María lleva a Jesús en su seno. No puede guardar para sí misma el Amor que ha tomado carne de su carne. Siente la urgencia de llevarle a Isabel la gran noticia de la presencia de Cristo en el mundo.
En este mes de mayo, pidamos a María, que renueve en nuestros corazones el entusiasmo y la alegría de la fe, la certeza de la victoria de Cristo resucitado y de su amor por los hombres. Que Ella sea consuelo para nuestros hermanos misioneros que sufren con frecuencia la soledad y el descorazonamiento por la falta de resultados. Que María nos haga comprender que el sarmiento no puede dar fruto sino está unido a la vid (cfr. Jn 15, 4), que no podemos transmitir entusiasmo sino vivimos con entusiasmo. (Agencia Fides 29/04/2010)


Publicado por verdenaranja @ 17:21  | Misiones
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 Ideas para la homilía del Día de Cáritas, publicadas en el Guión litúrgico para la celebración de la misa de ese día, uqe se ha recibido con los diversos materiales par la Jornada.

Para la homilía

1. Dadles vosotros de comer

La estampa evangélica nos pinta a un Cristo que no vive para sí ni busca nada para sí. ¡Gracias, Jesús, porque no fuis­te egoísta! Cristo literalmente se des­vive por los demás. En lugar del retiro y descanso que deseaba, se encuentra con una muchedumbre que lo busca. Y Jesús «sintió compasión de ellos» (Mc 6,34), se puso a enseñarles despacio y a curar enfermos, olvidándose hasta de la comida.

Pero el tema de la comida también inte­resaba al Señor. Cuando ve que la gente está agotada, no les despide para que cada uno se las arregle como pueda, sino que se implica en el problema y ofrece una respuesta liberadora. ¡Gracias, Jesús, porque has querido compartir nuestra realidad y nos has abierto caminos de liberación!

Dadles vosotros de comer. Hay mil millo­nes de personas que se acuestan todas las noches con hambre, después de re­buscar en vertederos y basureros. Es el mayor castigo que sufre la humanidad. Hoy no haría falta multiplicar nada, bas­taría con recoger lo que sobra a los epu­lones y pedir perdón a los lázaros.

Dadles vosotros de comer. Hemos de con­cienciar a los señores del poder y las fi­nanzas. Bastaría el 0,7% o derivar hacia el desarrollo un pequeño porcentaje de lo que se gasta para la guerra. Y, avergonza­dos, pedirles perdón.

Dadles vosotros de comer. Mejor sería darles trabajo, o un microcrédito, o una oportunidad, para que desarrollen sus ta­lentos y capacidades. Y animarles.

Y darles más. Darles respeto, cercanía, comprensión, misericordia. Siempre esta­mos en deuda de amor con los pobres.

Y darles más. Darles fe, ilusión, alegría, es­peranza. Y darles oportunidad que ellos mismos puedan dar. El verdadero amor hace del amado un amante; el verdadero don hará del que recibe un dador.

2. Esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros

Como respuesta a las crisis del mundo, Jesús hace algo más que quejarse y de­nunciar —lo que hacemos nosotros—. Para vencer las fuerzas diabólicas del odio, Jesús ofrece el acto de amor más grande, el sacrificio de sí mismo por amor. Pero el sacrificio no será de ho­locausto, sino de comunión, para que sirva de alimento y medicina a la huma­nidad deprimida.

Este gesto está en la línea de la Encar­nación. Si por amor el Hijo se hizo carne, ahora por amor se hace pan; carne para curar la carne, pan para alimentarla y di­vinizarla. Si por amor se hizo pobre, ahora por amor se hace víctima. Si por amor se quedó con nosotros, ahora por amor en­tra dentro de nosotros.

Este amor eucaristizado es el principio de la victoria sobre el mal: pone gracia en la miseria, perdón en el odio, gratuidad en el mercantilismo, amor en todo desamor. La Eucaristía es el principio de la transfor­mación del universo. Ya todo puede ser renovado.

3. Haced esto en memoria mía. Comunión y misión

Se nos pide no sólo repetir unas palabras y unos gestos, sino vivirlos. El memorial nos exige algo más que un recuerdo, exi­ge actualización del misterio. Hemos de asumir ese espíritu de Jesús que le llevó a hacerse pan y vino, llenarnos de ese amor que llevó a Jesús a partirse y entre­garse por nosotros.

Celebrar y vivir la Eucaristía. También sembrarla, es la misión. Hemos de es­parcir por nuestro mundo semillas de Eucaristía, poner en nuestros ambientes fermentos eucarísticos. Adelantaremos así el Reino de Dios. Pero la dinámica del fermento es, ya sabemos, la pequeñez, el ocultamiento, la paciencia y la energía contagiosa.


Publicado por verdenaranja @ 16:52  | Homil?as
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Guión litúrgico para el Día de Caridad, que se celebrará el 6 de Junio de 2010, solemnidad del Corpus Christi.

Introducción

En el Día de Caridad miramos a este mundo nuestro y gritamos: «¡Qué poca caridad, y qué poca solidaridad, y qué poca justicia, y qué poca libertad»; y aun podríamos decir: «¡Qué poca humanidad!». La imagen que da nuestro mundo no es la del buen samaritano, sino la del rico Epulón: unos pocos «epulones» y un sinfín de «lázaros» agonizantes.

Pero en el Día del Corpus levantamos también nuestra mirada al Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, y no podemos menos de exclamar: «¡Qué generosidad, y qué amor, y qué cercanía, y qué libertad, y qué humildad!».

Porque vio a los hombres hambrientos, Cristo multiplicó los panes, gratis, sin buscar siquiera el aplauso o el afecto. Porque vio a los hombres con hambres más hondas, Cristo se hizo pan y se partió para que lo comieran, gratis, sin exigir recompensa alguna. Y porque vio a los hombres tristes, Cristo se hizo vino y se ofreció para ser bebido, gratis, sin pedir contrapartidas.

La Eucaristía, memorial de la mayor entrega y estímulo para vivir nosotros entregados. Quien come este pan tiene que aprender a hacerse pan, de la misma forma, desde la gratuidad.

Acto Penitencial

Cristo, Tú multiplicaste los panes para saciar a los hambrientos, perdona nuestra mezquindad a la hora de dividir nuestros bienes con los pobres y de darles tiempo y talentos.

Cristo, Tú, siendo rico, te hiciste pobre para enriquecernos, perdona nuestra falta de solidaridad y empatía con los pobres.

Cristo, Tú te hiciste pan para alimentarnos con tu propia vida, perdona nuestro egoísmo y falta de entrega a los pobres.

Lecturas

Gn 14, 18-20; 1Co 11, 23-26; Lc  9, 11 b-17

Melquisedec, rey de Salem, es decir, rey de paz, estaba especializado en bendecir. Se parecía a Cristo. ¿Por qué lo reyes de la Tierra no se parecerán a Melquisedec? ¿Por qué no aprenderán a bendecir, a compartir, a pacificar?

La lectura apostólica y la evangélica se relacionan, con diversos niveles de lectura. Cuando Cristo multiplica los panes y los peces nos enseña el signo del compartir, para solucionar así los problemas del hambre, que sigue siendo el principal problema de la humanidad.

Pero Cristo piensa también en otras hambres y en otros panes, por eso se ofrece como pan de vida. Pablo es el primer testigo de esta tradición eucarística. Todo el que participa de la Eucaristía proclama y vive un misterio de amor extremo, hasta la muerte, hasta la resurrección. 

Para la homilía

1. Dadles vosotros de comer

La estampa evangélica nos pinta a un Cristo que no vive para sí ni busca nada para sí. ¡Gracias, Jesús, porque no fuis­te egoísta! Cristo literalmente se des­vive por los demás. En lugar del retiro y descanso que deseaba, se encuentra con una muchedumbre que lo busca. Y Jesús «sintió compasión de ellos» (Mc 6,34), se puso a enseñarles despacio y a curar enfermos, olvidándose hasta de la comida.

Pero el tema de la comida también inte­resaba al Señor. Cuando ve que la gente está agotada, no les despide para que cada uno se las arregle como pueda, sino que se implica en el problema y ofrece una respuesta liberadora. ¡Gracias, Jesús, porque has querido compartir nuestra realidad y nos has abierto caminos de liberación!

Dadles vosotros de comer. Hay mil millo­nes de personas que se acuestan todas las noches con hambre, después de re­buscar en vertederos y basureros. Es el mayor castigo que sufre la humanidad. Hoy no haría falta multiplicar nada, bas­taría con recoger lo que sobra a los epu­lones y pedir perdón a los lázaros.

Dadles vosotros de comer. Hemos de con­cienciar a los señores del poder y las fi­nanzas. Bastaría el 0,7% o derivar hacia el desarrollo un pequeño porcentaje de lo que se gasta para la guerra. Y, avergonza­dos, pedirles perdón.

Dadles vosotros de comer. Mejor sería darles trabajo, o un microcrédito, o una oportunidad, para que desarrollen sus ta­lentos y capacidades. Y animarles.

Y darles más. Darles respeto, cercanía, comprensión, misericordia. Siempre esta­mos en deuda de amor con los pobres.

Y darles más. Darles fe, ilusión, alegría, es­peranza. Y darles oportunidad que ellos mismos puedan dar. El verdadero amor hace del amado un amante; el verdadero don hará del que recibe un dador.

2. Esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros

Como respuesta a las crisis del mundo, Jesús hace algo más que quejarse y de­nunciar —lo que hacemos nosotros—. Para vencer las fuerzas diabólicas del odio, Jesús ofrece el acto de amor más grande, el sacrificio de sí mismo por amor. Pero el sacrificio no será de ho­locausto, sino de comunión, para que sirva de alimento y medicina a la huma­nidad deprimida.

Este gesto está en la línea de la Encar­nación. Si por amor el Hijo se hizo carne, ahora por amor se hace pan; carne para curar la carne, pan para alimentarla y di­vinizarla. Si por amor se hizo pobre, ahora por amor se hace víctima. Si por amor se quedó con nosotros, ahora por amor en­tra dentro de nosotros.

Este amor eucaristizado es el principio de la victoria sobre el mal: pone gracia en la miseria, perdón en el odio, gratuidad en el mercantilismo, amor en todo desamor. La Eucaristía es el principio de la transfor­mación del universo. Ya todo puede ser renovado.

3. Haced esto en memoria mía. Comunión y misión

Se nos pide no sólo repetir unas palabras y unos gestos, sino vivirlos. El memorial nos exige algo más que un recuerdo, exi­ge actualización del misterio. Hemos de asumir ese espíritu de Jesús que le llevó a hacerse pan y vino, llenarnos de ese amor que llevó a Jesús a partirse y entre­garse por nosotros.

Celebrar y vivir la Eucaristía. También sembrarla, es la misión. Hemos de es­parcir por nuestro mundo semillas de Eucaristía, poner en nuestros ambientes fermentos eucarísticos. Adelantaremos así el Reino de Dios. Pero la dinámica del fermento es, ya sabemos, la pequeñez, el ocultamiento, la paciencia y la energía contagiosa.

Oración de los fieles

A Dios, que nos da el pan de cada día y el pan de Jesucristo, oremos.

  • Para que llegue a todos los pobres la invitación al banquete de la vida y todos puedan sentarse a la mesa de la creación.
  • Para que la Iglesia, mesa en la que Cristo sigue partiendo el pan, aprenda a compartir sus bienes hasta hacerse pobre.
  • Para que las instituciones de caridad en la Iglesia brillen por su amor eficaz, desinteresado y gratuito.
  • Para que los responsables de la política y de la economía actúen solidariamente a favor de los pueblos en vías de desarrollo.
  • Para que, comulgando a Cristo, comulguemos también con los hermanos.

Oremos: Que esta Eucaristía, Padre, nos haga vivir el misterio pascual de Cristo y nos convierta en testigos de su muerte y su resurrección.

Participa y colabora 902 33 99 99 o en tu Cáritas Diocesana

www.caritas.es


Publicado por verdenaranja @ 16:47  | Liturgia
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ZENIT publica las palabras que pronunció Benedicto XVI el lunes, 5 de abril de 2010, al rezar el "Regina Caeli" en Castel Gandolfo.


Queridos hermanos y hermanas:  En la luz de la Pascua, que celebramos durante toda esta semana, renuevo mi más cordial deseo de paz y alegría. Como sabéis, el lunes que sigue al domingo de Resurrección se llama tradicionalmente "lunes del Ángel". Es muy interesante profundizar en esta referencia al "ángel". Naturalmente, el pensamiento se dirige inmediatamente a los relatos evangélicos de la resurrección de Jesús, en los que aparece la figura de un mensajero del Señor. San Mateo escribe:  "De pronto se produjo un gran terremoto, pues el ángel del Señor bajó del cielo y, acercándose, hizo rodar la piedra y se sentó encima de ella. Su aspecto era como el relámpago y su vestido blanco como la nieve" (Mt 28, 2-3).

Todos los evangelistas precisan luego que, cuando las mujeres se dirigieron al sepulcro y lo encontraron abierto y vacío, fue un ángel quien les anunció que Jesús había resucitado. En san Mateo este mensajero del Señor les dice:  "No temáis, pues sé que buscáis a Jesús, el crucificado; no está aquí; ha resucitado, como lo había dicho" (Mt 28, 5-6); seguidamente les muestra la tumba vacía y les encarga que lleven el anuncio a los discípulos. San Marcos  describe  al  ángel como "un joven, vestido con una túnica blanca", que da a las mujeres ese mismo mensaje (cf.  Mc 16, 5-6). San Lucas habla de "dos hombres con vestidos resplandecientes", que recuerdan a las mujeres  que  Jesús les había anunciado mucho antes su muerte y resurrección (cf. Lc 24, 4-7). También san Juan habla de "dos ángeles vestidos de blanco"; es  María  Magdalena quien los ve  mientras  llora  cerca del sepulcro, y le dicen:  "Mujer, ¿por qué lloras?" (Jn 20, 11-13).

Pero el ángel de la resurrección tiene también otro significado. Conviene recordar que el término "ángel", además de definir a los ángeles, criaturas espirituales dotadas de inteligencia y voluntad, servidores y mensajeros de Dios, es asimismo uno de los títulos más antiguos atribuidos a Jesús mismo. Por  ejemplo,  en Tertuliano, en el siglo iii, leemos:  "Él -Cristo- también ha sido llamado "ángel de consejo", es decir, anunciador, término que denota un oficio, no la naturaleza. En efecto, debía anunciar al mundo el gran designio del Padre para la restauración del hombre" (De carne Christi, 14). Así escribe Tertuliano. Por consiguiente, Jesucristo, el Hijo de Dios, también es llamado el ángel de Dios Padre:  él es el Mensajero por excelencia de su amor.

Queridos amigos, pensemos ahora en lo que Jesús resucitado dijo a los Apóstoles:  "Como el Padre me envió, también yo os envío" (Jn 20, 21); y les comunicó su Espíritu Santo. Eso significa que, como Jesús fue el anunciador del amor de Dios Padre, también nosotros lo debemos ser de la caridad de Cristo:  somos mensajeros de su resurrección, de su victoria sobre el mal y sobre la muerte, portadores de su amor divino. Ciertamente, seguimos siendo por naturaleza hombres y mujeres, pero recibimos la misión de "ángeles", mensajeros de Cristo:  a todos se nos da en el Bautismo y en la Confirmación. De modo especial la reciben los sacerdotes, ministros de Cristo, a través del sacramento del Orden; me complace subrayarlo en este Año sacerdotal.


Queridos hermanos y hermanas, nos dirigimos ahora a la Virgen María, invocándola como Regina caeli, Reina del cielo. Que ella nos ayude a acoger plenamente la gracia del misterio pascual y a ser mensajeros valientes y gozosos de la resurrección de Cristo. 


[Después del rezo del "Regina caeli", Benedicto XVI saludó a los fieles y peregrinos en francés, inglés, alemán, español, polaco e italiano. En lengua española dijo: ]



"Dirijo mi cordial saludo a los peregrinos de lengua española que participan en esta oración mariana. Que el triunfo de Cristo sobre el pecado y la muerte llene vuestra vida de alegría y paz, y os ayude siempre a ser consecuentes con vuestra condición de cristianos. No tengáis miedo. Cristo ha resucitado y vive entre nosotros. Su presencia amorosa acompaña el camino de la Iglesia y la sostiene en medio de las dificultades. Con esta certeza en vuestro corazón, ofreced al mundo un testimonio sereno y valiente de la vida nueva que brota del Evangelio. ¡Feliz Pascua de Resurrección a todos!".

[Traducción de "L'Osservatore Romano
© Libreria Editrice Vaticana]


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REDACCIÓN DE "IGLESIA NIVARIENSE"
C. San Agustín, nº 28
38201. La Laguna. Tenerife.
Tfno. 922-25 86 40 / Extensión 8
e-mail: [email protected]

Boletín 383

LAS NOTICIAS AMPLIADAS PUEDEN VERLAS ENTRANDO EN LA WEB DEL OBISPADO EN LA VENTANA, SITUADA A LA DERECHA, LLAMADA: Odisur: Actualidad Diocesana 

El domingo, a las 17 horas, llegará al muelle de ribera de la capital tinerfeña la llamada Cruz de los jóvenes y el Icono de la Virgen, para realizar un periplo por las islas de la diócesis como preparación de la jornada mundial de la juventud de Madrid 2011. Previamente, el viernes en distintas zonas se realiza una vigilia de oración preparatoria de esta peregrinación.  

En el muelle de la capital tinerfeña se realizará el acto de entrega por parte de una representación de la delegación de jóvenes procedente de la diócesis de canarias. Posteriormente, la Cruz y el Icono visitarán el norte de Tenerife, concretamente La Orotava. Al día siguiente, estos símbolos religiosos se dirigirán a El Hierro. El día 4 será el turno para La Gomera. Posteriormente, la Cruz y el Icono volverán a Tenerife, el día 5, para visitar, en la zona sur, los enclaves de la Cueva del Hermano Pedro y la iglesia de El Médano. Por la noche, se desplazarán hasta La Palma. Ya el día 6, la Cruz y el Icono regresarán a Tenerife, concretamente, a La Laguna para finalizar su itinerario en la iglesia de La Concepción.   

El Congreso Diálogo Fe-Cultura organizado por el Instituto Superior de Teología ha abordado estos días con distintas ponencias, talleres, exposiciones, etc, la persona como el reto de la educación. Juan Pedro Rivero, director del ISTIC, ha señalado que uno de los objetivos de esta iniciativa es remarcar la importancia de la humanización y del desarrollo pleno del ser humano. “La educación debe esforzarse en encauzar la sensibilidad de la persona y hacer un buen uso de la libertad. El ser humano humaniza su mundo, transforma la sociedad y construye la historia”. El resumen de cada jornada lo pueden encontrar en la web: obispadodetenerife.es 

Tras los diáconos permanentes, esta semana un grupo de sacerdotes ha realizado ejercicios espirituales. Por otra parte, el próximo miércoles, en el Seminario, se realizará una nueva sesión de la formación permanente del clero.  

La Iglesia de San Agustín de la Villa de La Orotava acoge este año la V Exposición Vocacional. Permanece abierta hasta el 2 de mayo. Su objetivo es acercar a todos los que la visiten la cantidad de formas de vida religiosa que viven, trabajan, se entregan en nuestra diócesis.  

Con ocasión del primero de mayo, los movimientos especializados de Acción Católica para la evangelización del Mundo Obrero: JOC (Juventud Obrera Cristiana), MTC (Mujeres Trabajadoras Cristianas) y HOAC (Hermandad Obrera de Acción Católica), en esta celebración del Día Internacional del Trabajo, han expresado su cercanía a las alegrías y a las angustias de los trabajadores y trabajadoras, especialmente de quienes sufren el paro o soportan unas condiciones de trabajo que imposibilitan una vida digna. 

Unas 600 personas de las distintas parroquias de Taco celebraron la Pascua en S. Isidro y en la Caleta de Interián, en un día para la convivencia de numerosos fieles de la zona.  

La nueva Ermita de San Marcos situada en la playa del mismo nombre en el municipio gomero de Agulo, será inaugurada a las 18:30 horas del viernes 30 de abril. La Eucaristía en esta ocasión será presidida por el Obispo, Bernardo Álvarez Alonso.  

Siguiendo en La Gomera, concretamente, en Hermigua se ha realizado una nueva sesión de su escuela de pensamiento socio-político.  

La Fiesta de los Pastores en El Hierro se celebró el domingo 25 de abril. Esta festividad tiene su origen en la celebración de la primera misa en el templo que los pastores le construyeron a La Virgen de Los Reyes el 25 de abril de 1577.  

La Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) celebró su día bajo el lema: “Inmigrantes: romper fronteras, construir humanidad". El día de la HOAC es una celebración anual en la que se quiere compartir con el mundo obrero, con la ciudadanía y con la comunidad eclesial la realidad actual de los trabajadores, este año centrado en los trabajadores inmigrantes.  

 Con el lema “Ven y Sígueme- A clase de Religión  – Apunta a tus hijos a clase de Religión y Moral Católica” se presentó la campaña a favor de la  ERE. En el curso 2009-2010, la enseñanza religiosa y moral católica es una vez más la opción mayoritaria, escogida voluntariamente por tres de cada cuatro alumnos.

 La Gomera acogió las Jornadas de Pastoral de la Salud el próximo fin de semana, las cuales girarán en torno al “Acompañamiento en el duelo. Aprender a despedirse”. 

Distintos enclaves de la diócesis, se están preparando ya para uno de sus principales celebraciones tradicionales con motivo de la festividad del Día de la Cruz, el próximo 3 de mayo: el enrame de las cruces.   

El 9 de mayo se celebra la Pascua del enfermo bajo el lema “Dando vida, sembrando esperanza. Se trata de una fecha para hacer visible que los enfermos tienen un lugar de preferencia en la comunidad cristiana.  

El monasterio cisterciense de la Santísima Trinidad, en la isla de La Palma, celebrará el próximo mes de mayo el décimo aniversario de la inauguración del nuevo edificio que permitió a la comunidad de monjas, desde su llegada a la isla en 1946, disfrutar de un espacio único en el que vivir, ya que hasta entonces tuvieron que alternar su existencia en varios edificios. 

El próximo 15 de mayo, en el seminario se va a realizar un gran encuentro vocacional.  


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Jueves, 29 de abril de 2010

Artículo publicado en Boletín “Misioneros JAVERIANOS, nº 458/ MARZO 2010.

Entre nosotros, compartiendo una ilusión

El sueño se realiza:china

 

Mons. Conforti quiso que los Misioneros Javerianos trabajaran preferentemente en las misiones de Asia, tierra que, aún hoy, cuenta con el mayor número de no-cristianos. De Asia, su prioridad fue China, donde San Francisco Javier quería haber llegado, Conforti deseaba, modestamente, seguir la huellas de Francisco. El sueño de Conforti se hace realidad: Los primeros javerianos, casi cincuenta, por cincuenta años tuvieron como único campo de misión China.

La primera expedición de javerianos a China tuvo lugar el 3 de marzo de 1899. Se trataba del P. Caio Rastelli y del diácono Odoardo Nanini; después de sólo dos años el P. Rastelli murió de tifus y al diácono Manini, que se había quedado solo, fue llamado a Italia. Los comienzos no podían ser peores, pero Conforti sigue adelante con tesón y continuidad.

Consolidación

Poco a poco, la presencia javeriana en China va aumentando y se consolida. Durante la vida de Conforti se   realizaron     otras  veintiuna expediciones de javerianos. Los siguientes cuatro javerianos enviados a China ejercitaron su apostolado con los misioneros del Pontificio Instituto para las Misiones Extranjeras de Milán, en el Vicariato de Honan meridional, hasta que una parte de este Vicariato fue encomendada a los javerianos.

En 1906 nació la Prefectura Apostólica de Honan Occidental que tenía como centro Cheng-chow: ocho millones de habitantes para siete javerianos. Poco después el territorio del Vicariato se fue ampliando hasta que, en 1929 fue creada, desmembrándola de anterior, la Prefectura Apostólica de Loyang, que también fue encomendada a los javerianos.

Actividad

En las dos nuevas Prefecturas estaba casi todo por hacer y los javerianos se ponen manos a la obra para desarrollar y ampliar lo que ya existía, se emplean a fondo en la labor pastoral, las visitas a las comunidades, la catequesis, la construcción de lugares de culto, de reunión y formación, dispensarios, hospitales y escuelas.

La actividad de todos los misioneros encontró muchos obstáculos a causa de la guerra civil entre republicanos e imperiales (1911), del bandidaje, de la guerra chino-japonesa (1937) y de la segunda guerra mundial. Cuando Italia se alió con Japón los italianos fueron declarados enemigos de los chinos. Iglesias residencias, escuelas y demás obras cristianas fueron destruidas, los misioneros fueron internados en campos de concentración.

Crecimiento

Terminada la segunda guerra mundial los dos Vicariatos Apostólicos se convirtieron en Diócesis, siguieron llegando nuevos javerianos. Se abrió una nueva misión en Ichun en Kianc si y se abrieron dos casas en Pekín: una para el estudio de la lengua china y otra para el noviciado. En marzo de 1949 los jóvenes chinos Luis Wanc Agustín Yang y Simón Liu ingresaron en la familia javeriana, posteriormente trabajarían en China, Japón y en Los Estados Unidos de América.

Fin y comienzo

Como consecuencia de la "gran marcha" emprendida y guiada por Mao-tse-tung (1947), los misioneros padecieron persecuciones, procesos populares, cárceles, torturas y finalmente fueron todos expulsados de China. El último javeriano expulsado, en 1954, fue el obispo Mons. Assuero Bassi s.x. Terminaba así una presencia de cincuenta años de evangelización, la primera presencia misionera de los javerianos en el mundo. Comenzaba, para nosotros,la dispersión apostólica por otras partes del mundo. n

P. Luis Pérez Hernández s.x.


Publicado por verdenaranja @ 16:25  | Misiones
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 Información publicada en Boletín Bimestral N. 31 ABRIL - JUNIO 2010 de los "misioneros de la tercera edad". 

SAN DANIEL COMBONI, ANIMADOR MISIONERO DE EUROPA

- En 1864, siendo un joven sacerdote de 33 años escribe su famoso Plan para la Regeneración de África, y busca movilizar a toda la Iglesia europea para alcanzar ese fin. Comboni sueña con que los africanos sean pro­tagonistas de su propia salvación, por eso habla de "Salvar África por medio de África". Para él, "salvar" significa evangelización y promoción humana en sentido pleno.

- Para llevar a cabo este formidable Plan busca por todas partes sacerdotes, religiosos, religio­sas y laicos que quieran trabajar en la salvación de África. Se hace ayudar de los religiosos Camilos, de las religiosas de la Anunciata de San José y de los sacerdotes diocesanos y laicos que encuentra.

- Los viajes que hace por Europa, y los cientos de cartas que escribe, nos dan una idea de la amplia animación misionera que estaba reali­zando a favor de su amada África.

- En 1867, para dar continuidad a su vasto Plan, funda el Instituto de los Misioneros Combonianos y, unos años después, en 1872, el de las Misioneras Combonianas. También ese mismo año, y para apoyar la causa misionera, funda en Italia la revista Anales de la Asociación del Buen Pastor. Diez años después se transformaría en la actual Nigrizia.

- Personalmente estoy convencido de que si Comboni hubiera conta­do con los modernos medios de comunicación social de nuestro tiem­po: radio, cine, televisión, internet, etc. no hubiera dudado en usarlos para dar a conocer en el mundo el continente africano y promover su plena evangelización.


Publicado por verdenaranja @ 16:08  | Misiones
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Mi?rcoles, 28 de abril de 2010

Homilía de monseñor Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia, para el Domingo de Pascua (4 de abril de 2010). (AICA)

¡Ha resucitado!”
Lc 24,1-12 

I. UNA MUERTE PARA LLORAR 

1. Los acontecimientos de la Pasión, según los describe San Lucas, se sucedieron con velocidad pasmosa. Sorprendieron mal dispuestos a los Apóstoles y produjeron su desbande. En el monte de los Olivos “estaban adormecidos por la tristeza” (Lc 22,45). Pedro, que le había asegurado a Jesús “estoy dispuesto a ir contigo a la cárcel y a la muerte” (Lc v. 33), cuando lo apresaron, “lo siguió de lejos” (v. 54), y, sentado alrededor del fuego con los captores, terminó negándolo por tres veces: “Hombre, no sé lo que dices” (v. 60). Jesús quedó abandonado de los suyos. Camino al monte de Calvario, recibió el homenaje de los curiosos: “muchos del pueblo y un buen número de mujeres, que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él” (23,27). Cuando muere en la cruz: “todos sus amigos y las mujeres que lo habían acompañado desde Galilea permanecían a distancia, contemplando lo sucedido” (v.49). Sólo José de Arimatea, un miembro honesto del senado judío, salió a dar la cara, y pidió a Pilato el cuerpo de Jesús para sepultarlo: “Las mujeres siguieron a José, observaron el sepulcro y vieron cómo había sido sepultado. Después regresaron y prepararon los bálsamos y perfumes, pero el sábado observaron el descanso que prescribía la Ley” (vv. 55-56).  

2. Pasado el sábado, “el primer día de la semana, al amanecer, las mujeres fueron al sepulcro con los perfumes que habían preparado” (24,1). Debían realizar el trabajo que no habían podido hacer el viernes: embalsamar el cadáver de Jesús. Después llorarían mucho. Y volverían nuevamente a la rutina, procurando darse ánimo para empezar otra etapa. 

II. “¿POR QUÉ BUSCAN ENTRE LOS MUERTOS AL QUE ESTÁ VIVO?” 

3. Pero ¡qué sorpresa! “Encontraron removida la piedra del sepulcro y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. Mientras estaban desconcertadas a causa de esto, se les acercaron dos hombres con vestiduras deslumbrantes”. Y les anunciaron lo que tantas veces habían escuchado, pero que nunca habían entendido: “¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado. Recuerden lo que él les decía cuando aun estaba en Galilea: ‘Es necesario que el Hijo del hombre sea entregado en manos de los pecadores, que sea crucificado y que resucite al tercer día’”. El evangelista comenta: “Y las mujeres recordaron sus palabras” (24,2-8). 

III. UN ANUNCIO INESPERADO 

4. Jesús había anunciado a sus discípulos su muerte y resurrección en forma insistente. San Lucas trae el anuncio por tres veces. Del primero no hace ningún comentario. Del segundo dice: “Ellos no entendían estas palabras: su sentido les estaba velado de manera que no podían comprenderlas, y temían interrogar a Jesús acerca de esto” (Lc 9,45). Del tercer anuncio comenta: “Ellos no comprendieron nada de todo esto; les resultaba oscuro y no captaban el sentido de estas palabras” (18,34).

Ninguno, ni los Apóstoles, ni las mujeres estaban a la expectativa de la resurrección de Jesús. No entendían lo que eso podría significar. Esta situación se verifica también en dos escenas, después de la resurrección: con los discípulos de Emaús y con todos los Apóstoles en Jerusalén (cf. Lc 24,13-49).  

IV. NECESIDAD DE LA LUZ DE LA FE 

5. ¿Por qué no entendían lo que Jesús les decía, ni los acontecimientos de los cuales eran protagonistas? Por falta de fe. Las mujeres se comportaban como tales, según sus sentimientos y costumbres judías. Pero ello no les alcanzaba para entender y ver a Jesús. Lo mismo vale de los apóstoles. Fue preciso que él les saliese al encuentro a través de los dos personajes celestiales, que les dieron testimonio de la resurrección. Sólo entonces “recordaron sus palabras” (v. 8). 

V. LLAMADOS A SER PAN DE TRIGO PURO, SIN LEVADURA 

6. También nosotros hemos creído en la resurrección de Jesús por el testimonio de otras personas. Quizá muy sencillas. En quienes hemos percibido que la fe les cambiaba la vida.

El apóstol Pablo, en la segunda lectura, se refiere a este cambio de vida, que bien podemos llamar “resurrección espiritual”. Lo hace con la parábola del pan ázimo, pan sin levadura, o pan de trigo puro. Así como los judíos celebraban la Pascua con pan sin levadura, los cristianos también, pero entendiendo la parábola de la levadura en toda su profundidad. Todo en nosotros ha ser como el trigo puro, auténtico, sin levadura, sin mezcla de maldad, ya que –como dice al apóstol- “ustedes mismos son como el pan sin levadura. Porque Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado. Celebremos, entonces, nuestra Pascua no con la vieja levadura de la maldad y la perversidad, sino con los panes sin levadura de la pureza y la verdad” (1 Co 5,7-8). 

7. Nuestra alegría es grande porque Jesús resucitó. Pero de poco valdría que la resurrección hubiese acontecido en él, si no aconteciese también en nosotros. Y ello mediante una Vida nueva, a la que renacimos por el agua y el Espíritu.

 


Publicado por verdenaranja @ 22:59  | Homil?as
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Palabras de Mons. Mario Antonio Cargnello, arzobispo de Salta (19 de Marzo de 2010). (AICA)


INICIO DEL CICLO ACADÉMICO DE LA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE SALTA 

I 

La Divina Providencia ha querido que el Año Académico 2010 sea inaugurado el 19 de marzo. Hoy hace exactamente 47 años que Mons. Roberto José Tavella  firmó el Decreto de creación de esta universidad católica. Me parece que podemos considerar éste como el día del aniversario de nuestra institución aunque hubo que esperar cuatro años más para iniciar la labor académica, mediando el trabajo de Mons. Carlos Mariano Pérez y de aquellos que creyeron y amaron a esta universidad aún antes de verla.

Dos meses después de dar vida a este sueño Mons. Tavella entregó su vida al Padre de Nuestro Señor Jesucristo. La había ofrecido por la Universidad, por nosotros. Su corazón de pastor y de educador palpitó fuerte en el final de su existencia pensando en este proyecto que hoy trasciende los límites de Salta y que nos tiene a nosotros por responsables y beneficiarios. En el origen de esta realidad está el amor, el amor de un sacerdote y obispo y la dedicación generosa de su sucesor de cuya muerte celebramos 25 años el próximo jueves 25.

Quise  recordar a Mons. Tavella y a Mons. Pérez   para reflexionar una vez más sobre nuestra Universidad como tarea de amor de la Iglesia particular de Salta. Sí, nuestra familia nació “ex corde ecclesiae”, del corazón de la Iglesia, del corazón de sus pastores que la pensaron como servicio a la juventud de nuestra provincia y que  con el tiempo, se extendió mas allá de las fronteras de esta provincia convirtiéndose en un centro importante en la vida universitaria de nuestro país. El impulso de su lema “nihil intentatum” (”nada sin intentar”) pintó un horizonte y marcó un estilo.

 II 

El deber educativo es parte integrante de la misión que la Iglesia tiene de proclamar el Evangelio. La repuesta educativa de la Iglesia es una respuesta de fidelidad a Dios ya al hombre de cada generación. La Iglesia, en medio de la humanidad, ejerce el servicio de la verdad y lo hace ofreciendo sus instituciones educativas como un lugar para encontrar a Dios vivo que revela en Jesucristo la fuerza transformadora  de su amor y su verdad.

Educar es apostar a la esperanza, puesto que significa asumir la carga de las dificultades del presente con la confianza en que el hombre es el camino de la Iglesia. Se trata de este hombre, de nuestros muchísimos alumnos, de nuestros jóvenes. Ellos pueden esperar un futuro mejor y forjarlo con el estudio académico y con un estilo responsable y solidario que queremos cultivar en nuestra universidad. Cristo que es camino, verdad y vida es la clave y el sostén  de nuestra apuesta. 

III 

¿Cómo puede la Universidad Católica contribuir al bien de la sociedad a través de la misión primaria de la Iglesia que es evangelizar?

Todas las actividades de la Iglesia nacen de su conciencia de ser portadora de un mensaje que tiene su origen en Dios mismo. Como enseña la Constitución Dei Verbum (n.2): “Quiso Dios, con bondad y sabiduría, revelarse a Sí mismo y manifestar el misterio de su voluntad (cfr. Ef 1,9)”. El Dios en quien creemos no está alejado de la vida de los hombres, su deseo de darse a conocer está en el origen del innato deseo de cada ser humano de conocer la verdad. En el contexto de estos deseos se desarrolla la búsqueda  humana sobre el significado de la vida y el encuentro se produce en el seno de una comunidad, en este caso, de una comunidad cristiana. Quien busca la verdad se trasforma en uno que vive de fe, como nos recordaba Juan Pablo II en Fides et Ratio (n.31). Se trata de un movimiento del yo al nosotros, que lleva al individuo a formar parte del Pueblo de Dios.

Esta dinámica de identidad comunitaria -¿a quién pertenezco? – vivifica el ethos  de nuestra Universidad Católica. La identidad de nuestra universidad no es una cuestión de número. Es una cuestión de convicción. ¿Creemos realmente que sólo en el misterio del verbo encarnado se esclarece verdaderamente el misterio del hombre, como nos lo recodó el Concilio Vaticano II en Gaudium et Spes, n. 22? ¿Estamos realmente dispuestos a confiar todo nuestro yo, inteligencia y voluntad, mente y corazón a Dios? ¿Aceptamos la verdad que Cristo revela? ¿Es tangible la fe en nuestra universidad? ¿Constituye una atmósfera que se respira en la liturgia, en los sacramentos, en la oración, en la caridad, en la solicitud por la justicia, en el respeto por la creación de Dios, en la disposición para incluir? 

IV 

Miles de jóvenes pasan por aulas de nuestra Universidad Católica. ¿Cómo salen de ellas? ¿Qué cultura han encontrado, asimilado , elaborado? He aquí el gran desafío que concierne, en primer lugar a los directivos, al cuerpo docente y a los mismos alumnos: dar vida a una auténtica Universidad Católica que se destaque por la calidad de la investigación y la enseñanza y, al mismo tiempo, por la fidelidad al Evangelio y al magisterio de la Iglesia.

Como enseña la Constitución “Ex Corde Ecclesiae”, si toda universidad tiene  como misión fundamental la constante búsqueda de la verdad mediante la investigación , la conservación y la comunicación para el bien de la sociedad (n.30), una comunidad académica católica se distingue por inspiración cristiana de las personas y de la comunidad misma, por la luz de la fe que ilumina la reflexión, por la fidelidad al mensaje cristiano tal como lo presenta la Iglesia y por el compromiso institucional al servicio del pueblo de Dios (cfr. n. 13). Por eso, la Universidad católica es una gran laboratorio en el que, según las diversas disciplinas, se elaboran itinerarios siempre nuevos de investigación en una confrontación estimulante entre fe y razón.

Como ya lo habrán advertido, nos estamos planteando el tema de la identidad católica de nuestra universidad. Es necesario reconocer el gran valor de la libertad académica en virtud de la cual los docentes están llamados a buscar la verdad allí donde el análisis  riguroso de la evidencia los lleve. Es preciso decir también que el principio de la libertad académica  no justificaría posiciones que contradigan la fe y la enseñanza de la Iglesia. En ellas se apoya nuestra mirada sobre la vida y su sentido, sobre el valor de la persona humana y su dimensión social, sobre la solidaridad y la justicia, sobre la trascendencia y el destino último del hombre.”El hombre deseoso de conocer lo verdadero, si aún es capaz de mirar más allá de sí mismo y de levantar la mirada por encima de los propios proyectos, recibe la posibilidad de recuperar la relación auténtica  con su vida, siguiendo el camino de la verdad” enseña la Fides et Ratio n.15.

 V 

Toda universidad tiene por naturaleza una vocación comunitaria, es una comunidad de profesores y alumnos comprometidos en la búsqueda de la verdad y en la adquisición de competencias culturales y profesionales superiores. La centralidad de la persona  y la dimensión comunitaria son dos polos igualmente esenciales para un enfoque correcto de la universidad. No ahorremos esfuerzos por crear espacios que permitan a nuestros alumnos salir del anonimato y cultivar un diálogo fecundo con los profesores. En ese diálogo fecundo con los profesores. En ese diálogo se va superando la fragmentación de las disciplina. También es importante crecer desde la comunicación hacia la participación. La estructura privilegia la comunicación mientras que las personas aspiran a la participación.

En repetidas ocasiones he pedido el cuidado por la calidad académica. Hoy quisiera insistir en la necesidad de la formación integral madurada en la atmósfera cristiana. Al cuidado de la formación de la inteligencia de nuestros jóvenes debe acompañar el cuidado de la formación  de su voluntad. Hemos de educar, con la palabra y con el ejemplo, el cultivo de la verdadera libertad. La libertad no es la facultad para desentenderse de sino que es la  facultad de comprometerse con <!--[if !supportFootnotes]-->[1]<!--[endif]-->. Alejarnos de Dios significa alejarnos de la verdadera libertad. Nos corresponde a todos crear un clima eclesial que entusiasme a nuestros jóvenes para emprender la aventura de la libertad como un cultivo del “ser para los demás” al estilo de Jesús.

“Cristo nos ha liberado de la servidumbre que nos esclaviza, pero no del servicio que se presta por amor. Si somos libres es para poder amar auténticamente y sólo en el amor se realiza la verdadera libertad” <!--[if !supportFootnotes]-->[2]<!--[endif]-->. Es en esta perspectiva que se ha de comunicar a los universitarios la convicción  de que la formación as también la responsabilidad  de cada estudiante. El estudio requiere ascesis y abnegación constante. Pero precisamente de este modo la persona se forma en el sacrificio y en el sentido del deber.

En nuestro mundo, altamente caracterizado por la competitividad, hemos de cultivar un estilo solidario que incluya y favorezca la equidad y la justicia. Muchas veces me  ha emocionado conocer el esfuerzo que hacen varios de nuestros alumnos o sus padres para juntar el dinero y pagar la inscripción y la cuota mensual. Muchos lo hacen pensando que están dando a su hijo lo mejor que le puedan dar al ponerlo bajo el cobijo de la Iglesia en la Universidad Católica. El adjetivo “católica” es un programa que nos compromete y desafía a todos. No podemos minimizar las expectativas de tantos que nos eligen dándonos lo mejor de sí, su confianza. Nuestra universidad ha de ser un laboratorio de solidaridad en el saber compartido, en la investigación animada y en las actitudes justas, solidarias, dignas, nobles, veraces. 

VI 

Hoy es el día de San José. Su figura está en el origen del camino de la fe de la Iglesia junto a la de la Santísima Virgen. El es el hombre creyente. Con su protección vive y trabaja nuestra Universidad, a El nuevamente nos confiamos todos. A su protección  quiero confiar a cada uno de ustedes a quienes le agradezco de corazón todo lo que hacen para que nuestra Universidad responda al proyecto de Dios sobre ella.

En este año del Bicentenario pido al Señor y a la Virgen del Milagro que nos concedan la grandeza de alma que la Patria como don pide y la Nación como tarea reclama. Nuestra Universidad debe ser un espacio de esa magnanimidad. Nada más. 

Mons. Mario Antonio Cargnello, arzobispo de Salta

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<!--[endif]-->

<!--[if !supportFootnotes]-->[1]<!--[endif]--> BENEDICTO XVI, Encuentro con los educadores católicos, Washington, DC 17 de Abril de 2008

<!--[if !supportFootnotes]-->[2]<!--[endif]--> CEA, Equipo Episcopal de Educación Católica, Educación y Proyecto de Vida 41. Bs. As. 1985


Publicado por verdenaranja @ 22:51  | Hablan los obispos
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Reflexión de José Antonio Pagola al evangelio del domingo quinto de Pascua - C, ofrecida por la Delegación de Enseñanza de la diócesis de Tenerife.


NO PERDER LA IDENTIDAD        

         Jesús se está despidiendo de sus discípulos. Dentro de muy poco, ya no lo tendrán con ellos. Jesús les habla con ternura especial: «Hijitos míos, me queda poco de estar con vosotros». La comunidad es pequeña y frágil. Acaba de nacer. Los discípulos son como niños pequeños. ¿Qué será de ellos si se quedan sin el Maestro?

         Jesús les hace un regalo: «Os doy un mandato nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado». Si se quieren mutuamente con el amor con que Jesús los ha querido, no dejarán de sentirlo vivo en medio de ellos. El amor que han recibido de Jesús seguirá difundiéndose entre los suyos.

         Por eso, Jesús añade: «La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros». Lo que permitirá descubrir que una comunidad que se dice cristiana es realmente de Jesús, no será la confesión de una doctrina, ni la observancia de unos ritos, ni el cumplimiento de una disciplina, sino el amor vivido con el espíritu de Jesús. En ese amor está su identidad.

         Vivimos en una sociedad donde se ha ido imponiendo la "cultura del intercambio". Las personas se intercambian objetos, servicios y prestaciones. Con frecuencia, se intercambian además sentimientos, cuerpos y hasta amistad. Eric Fromm llegó a decir que "el amor es un fenómeno marginal en la sociedad contemporánea". La gente capaz de amar es una excepción.

         Probablemente sea un análisis excesivamente pesimista, pero lo cierto es que, para vivir hoy el amor cristiano, es necesario resistirse a la atmósfera que envuelve a la sociedad actual. No es posible vivir un amor inspirado por Jesús sin distanciarse del estilo de relaciones e intercambios interesados que predomina con frecuencia entre nosotros.

         Si la Iglesia "se está diluyendo" en medio de la sociedad contemporánea no es sólo por la crisis profunda de las instituciones religiosas. En el caso del cristianismo es, también, porque muchas veces no es fácil ver en nuestras comunidades discípulos y discípulas de Jesús que se distingan por su capacidad de amar como amaba él. Nos falta el distintivo cristiano.

         Los cristianos hemos hablado mucho del amor. Sin embargo, no siempre hemos acertado o nos hemos atrevido a darle su verdadero contenido a partir del espíritu y de las actitudes concretas de Jesús. Nos falta aprender que él vivió el amor como un comportamiento activo y creador que lo llevaba a una actitud de servicio y de lucha contra todo lo que deshumaniza y hace sufrir el ser humano. 

José Antonio Pagola 

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
2 de mayo 2010
5 Pascua
Juan 13, 31-33a.34-35


Publicado por verdenaranja @ 22:47  | Espiritualidad
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Puntos de reflexión para leer la biblia con provecho publicados en el Boletín Trimestral n. 30 ENERO-MARZO - 2010 de "Misioneros de la Tercera Edad".


PARA LEER LA BIBLIA CON PROVECHO

Nunca somos los primeros en leer la Sagrada Escritura. Muchos otros lo hicieron antes con gran provecho, y los mejores intérpretes son los san­tos.

La Escritura es el libro de la comunidad eclesial guiada por el Espíritu Santo. Nuestra lectura, aunque sea a solas, jamás podrá ser en solitario y por libre.

La Biblia es "Alguien". Por eso se lee y se celebra a la vez. La mejor lectura es la litúrgica.

El centro de la Sagrada Escritura es Cristo: todo debe leerse como cumplido en Cristo.

En la Biblia encontramos hechos y dichos íntimamente unidos entre sí y la interpretación de unos necesita de los otros y viceversa.

La Biblia se conquista como la ciudad de Jericó: dándole vueltas. Por eso, es bueno leer los lugares paralelos. Un texto esclarece al otro.

La Biblia debe leerse y meditarse con el autor e intérprete de la mis­ma: el Espíritu Santo. A Él debemos invocar siempre que la leamos.

Nunca debe utilizarse la Biblia para criticar y condenar a los demás.

Todo texto bíblico tiene un contexto histórico donde se originó y un con­texto literario en el que se escribió. Un texto bíblico, fuera de su contexto histórico y literario, es un pretexto para manipular la Palabra de Dios. Y es­to es tomar el nombre y la Palabra de Dios en vano.

 


Publicado por verdenaranja @ 16:37  | Catequesis
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Respuestas que siempre quisiste saber sobre la Iglesia, publicadas en hojas para repartir en la parroquia. Sobre el Bautismo II.


1.- ¿LOS PADRES PUEDEN SER PADRINOS DE SUS HIJOS?

No. En el canon 874 n° 5 se indica claramente que no lo pueden ser.

2.- ¿QUÉ CONDICIONES DEBE REUNIR UN PADRINO O MADRINA?

1.- Haber cumplido, al menos, dieciséis años de edad.

2.- Haber recibido el sacramento de la confirmación.

3.- Llevar una vida acorde con la fe y la misión que se quiere asumir:

a) No haber renunciado a la fe católica.
b) Si es casado, haber recibido el sacramento del matrimonio, casado por la Iglesia, no sólo por lo civil, o simplemente unidos de mutuo acuerdo.
c) Ser cristiano practicante.
d) Dar ejemplo de una vida honrada en su trabajo, negocio, familia, etc.
e) Asistir a la catequesis de preparación del Bautismo que ofrece la parroquia.

4.- Manifestar por escrito estar dispuesto a cumplir las obligaciones que se contraen.

3.- EL NOMBRE DE MI HIJA NO ES CRISTIANO...

Mi hija se llama "Yaiza" ¿cuándo puedo celebrar el santo de mi hija?

Este es un problema con el que se encuentran muchas personas que no ponen nombres cristianos a sus hijos. Normalmente, los nombres no cristianos no se celebran, ni tienen fecha ni religiosa ni civil para dicha celebración.

¿Qué se hace en estos casos?

- En muchas ocasiones se escoge la fecha de la fiesta del lugar, por ejemplo: la fiesta de Ntra. Sra. de los Remedios, patrona de la localidad lanzaroteña de Yaiza es el 8 de septiembre, las chicas que tienen ese nombre celebran su santo en esa fecha.

4.- HIJOS DE PADRES DIVORCIADOS, NO CASADOS.

Hay tres situaciones que pueden ser un obstáculo a la hora de pedir el bautismo para sus hijos. Las situaciones son:

- Padres católicos divorciados de un matrimonio por la Iglesia y luego vueltos a casar con otra persona distinta pero sólo por lo civil. -
- Padres casados sólo por lo civil.
- Padres que conviven juntos sin estar casados.

Cuando unos padres que están en esa situación piden el bautismo para uno de sus hijos es el párroco quien debe de comprobar y decidir si se dan las condiciones para que ese niño sea educado posteriormente en la fe católica. Si el sacerdote comprueba que no existe esa garantía, lo mejor es aplazar el bautismo el tiempo que haga falta para que los padres tomen conciencia y reciban la formación adecuada.

¿Qué condiciones pone la Iglesia para estas situaciones irregulares?

1. Si ambos padres, o al menos uno de ellos, solicitan el bautismo para sus niños y garantizan una verdadera educación cristiana para los mismos, no hay problema en bautizar siempre y cuando el párroco haya comprobado que existen esas garantías.

2. Si los padres no están en condiciones de garantizar dicha educación cristiana, pero consienten que tal empeño pueda ser asumido por los padrinos o por un pariente próximo y éstos se comprometen a cumplir esa misión, habiendo esperanza fundada de su realización y previa aceptación por el párroco, se puede bautizar.

3. Si la petición del bautismo la hacen los padres casados por lo civil, a quienes nada impide regularizar su situación casándose por la Iglesia, deberá el párroco hacerles ver la contradicción entre la petición del bautismo para sus hijos y su propio estado, que rechaza el amor conyugal de los bautizados.

4. Siempre es el párroco el que debe de profundizar y valorar la situación en la que se encuentran las personas y decidir si reúnen o no las condiciones necesarias para proceder o aplazar el bautismo.

5.- REQUISITOS DE LOS PADRES PARA SOLICITAR EL BAUTISMO DE SUS HIJOS

Entre las normas orientativas, relativas al Bautismo de niños, han de tenerse en cuenta los siguientes criterios:

1.- Los padres que deseen bautizar a sus hijos deben tomarse en serio su propia vida cristiana, puesto que los hijos son bautizados en la fe de la Iglesia, que ellos profesan.

2.- Han de dar esperanza de que el niño va a ser educado en la fe y la vida cristiana. 

Este compromiso tiene mayor seriedad que cualquier otra promesa hecha en el resto de la vida, puesto que ha sido solemnemente manifestado ante Dios y en presencia de la comunidad cristiana.

3.- La fe que se pide para el hijo en el Bautismo, exige de los padres:

a) que no se haya renunciado a la fe católica.
b) que no viva actuando con signos contrarios a esa fe.
c) solicitar de la parroquia la celebración del Bautismo con suficiente antelación en orden a la preparación.
e) elegir personas cristianas ejemplares como padrinos del hijo, que reúnan las cualidades exigidas por la Iglesia para poder desempeñar dignamente la función de educadores cristianos de sus ahijados.
d) asistir a la catequesis de preparación para la celebración que ofrece la parroquia.

4.- Cuando los padres no den fundadas esperanzas de cumplir la prometida educación católica, deberán garantizarla los padrinos que tendrán las mismas características señaladas en el número anterior para los padres. Estos deben prometer por escrito que no se opondrán a la educación católica del bautizando.

6.- ¿SE PUEDE SER PADRINO DE BAUTISMO SIN ESTAR PRESENTE?

RESPUESTA: Lo fundamental del padrino o madrina, es que prestan su fe al ahijado en la celebración (no ceremonia) del Bautismo. Y allí, ante el sacerdote y la comunidad cristiana, asumen el compromiso de ayudar a los padres en la tarea de educar en la fe. Recordando que los padres, son los primeros testigos de la fe delante de sus hijos.

El Código de derecho canónico solamente pide un padrino, y no dos como acostumbramos nosotros, además agrega, si es posible. Porque si no hubiese padrinos, no dejaría de celebrarse el bautismo.

Lo más acertado será ponerse en contacto con el párroco de tu parroquia, y junto con él resolver el tema.

7.- ¿SE PUEDE BAUTIZAR EN UNA ERMITA?

Según las normas de la Iglesia, no se puede bautizar en una ermita que no sea parroquia, o lo que es lo mismo, que no tenga pila bautismal.


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Martes, 27 de abril de 2010

Homilía de monseñor Hugo Nicolás Barbaro, obispo de San Roque en la Misa Crismal (miércoles 31 de marzo de 2010). (AICA)


MISA CRISMAL
 

En esta Santa Misa que procuramos celebrar con la mayor solemnidad posible, conmemoramos -el Obispo rodeado de los sacerdotes- el momento sublime de la Institución del Sacerdocio, inmenso regalo para la Iglesia, don inmerecido con el que nosotros, hombres limitados, hemos sido adornados.

El Evangelio nos narra una escena habitual en el pueblo judío: en el día de descanso y oración se reunían a rezar e instruirse en la Sagrada Escritura. Con qué solemnidad habrá leído el Señor esos pasajes de Isaías en la sinagoga de Nazaret: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción, Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor. El comentario de Cristo fue rotundo: Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír.

Junto a Cristo estaban sus Apóstoles que con el tiempo serían consagrados sacerdotes y Obispos, recibirían la unción que transformó sus almas en la de Cristo Sacerdote; con los poderes conferidos (perdonar pecados, consagrar su Cuerpo y su Sangre), los envía a la misión con una asistencia especial del Espíritu Santa para enseñar, para predicar su Palabra.

Cristo era y es Dios, su mirada es infinita, se dirige a todos los hombres de todos los tiempos. Delante de sus ojos estábamos entonces nosotros, queridos sacerdotes: el Espíritu del Señor está sobre cada uno, hemos sido consagrados por la unción. Ya no nos pertenecemos, somos de Cristo que nos envía a llevar esa Buena Noticia a los pobres. El mundo está lleno de pobres, de indigentes, y no miremos solo a los que carecen materialmente de lo necesario, predilectos del Señor; miremos a quienes necesitan el alimento de la Palabra de Cristo para poder alcanzar la salvación: corren peligro de no salvarse, son necesitados, auténticamente pobres.

Hemos sido enviados a anunciar la liberación de los cautivos, y está lleno de cautivos, de gente presa por el pecado, por las miserias de este mundo. Necesitan ser liberados por nosotros los sacerdotes, porque solo nosotros podemos administrar los Sacramentos, liberar con la fuerza y la gracia de Cristo a tantos cautivos que habitan esta tierra.  Que no nos acostumbremos a este poder que nos dio el Señor, y que no nos acostumbremos a ver cautivos, que no perdamos la sensibilidad del Pastor.

También esperan de nosotros los ciegos porque no ven, no ven a Dios, no ven el camino de la Verdad, del Bien, de la felicidad porque nadie puede ser feliz lejos de Dios; no ven que se puede superar tanta miseria con la gracia que Cristo nos ganó en la Cruz, no ven el camino que conduce al Cielo  para  toda la eternidad.

Tenemos que anunciar que esa liberación ya es posible, que para eso estamos nosotros, sus ministros.

Como no faltan escenas dramáticas en este mundo, seguramente todos hemos filmaciones de escenas desgarradoras: gente oprimida que conquista su libertad; experimentan haber vuelto a nacer, una esperanza y una alegría difíciles de explicar. ¡Cuántas almas, incluso en momentos de gran dolor, han vivido esta experiencia espiritual –salir de la opresión- gracias a la entrega de un sacerdote; han tenido la experiencia de lo que es volver a nacer, la alegría de la liberación del mal, del pecado, de la opresión, recuperar la esperanza.

Queridos fieles, rueguen al Señor por nosotros, presbíteros y diáconos; que tengamos siempre presente la grandeza de nuestro ministerio; que no nos cansemos de amar como Cristo ama, de entregarnos como Cristo se entrega.

La caridad pastoral que quiere Jesucristo de nosotros no es técnica, no es acomodarse a unas propuestas lógicas, tal vez logradas por consenso. La caridad brota de un corazón unido al de Cristo, empapado por la meditación de su Vida y de sus ejemplos, identificado con sus actitudes a fuerza de mucha abnegación y de mucha entrega. La Caridad pastoral es la solicitud de Cristo por los demás, la urgencia de Cristo por meter a todas las almas por caminos de Salvación. Si estamos con Él y en Él experimentamos esa urgencia.

Nada más lejos entonces de un sacerdote enamorado de Cristo y de su ministerio que una actitud pasiva, como la del que está detrás de un mostrador esperando que venga algún cliente. Experimentamos la urgencia de ese Rey de la parábola: salgan a los caminos, que se llene mi casa. Escuchamos la voz de Cristo que nos dice: echen las redes a la derecha, y tras el esfuerzo, reconocer que ahí está Cristo porque nuestros esfuerzos no eran capaces de semejante pesca, peces de todas las variedades.

La caridad pastoral nos mueve a rezar por los fieles: si rezo, llegaremos a más fieles,  con mayor eficacia; si rezo más, me dispongo para servirlos mejor. La caridad pastoral nos hace creativos: cómo puedo conquistar para Cristo este ambiente o este otro, aviva la fe, nos lleva a sacar adelante por amor de Dios lo que humanamente parece imposible.

La caridad pastoral nos mueve a querer ser cada vez con más transparencia presencia de Cristo entre nuestros fieles, presencia de Cristo en todos los aspectos de nuestra vida; esa caridad por tanto exige mucha humildad porque sin esa virtud no hay transformación posible.

La caridad pastoral, si es real y profunda, no admite paréntesis, vacaciones: soy siempre  Cristo y quiero que me reconozcan como tal, no m escondo, me gusta que me descubran y poder hacer sus veces, o al menos edificar con su presencia, con su sonrisa, con sus palabras de vida y con su gracia.

Él  nos  amó y nos purificó de nuestros  pecados, por medio de su sangre, e hizo de nosotros un Reino sacerdotal para Dios, su Padre. Estas palabras de Apocalípsis que escuchamos hace un momento nos llenan de entusiasmo. Experimentamos la fuerza de la gracias de Dios, de la oración de todos los fieles, y de modo particular en este año sacerdotal. ¡Cuántas ilusiones del Santo Padre Benedicto XVI y de toda la Iglesia puestas en nosotros en este año de tanta oración por nosotros!

Experimentamos la intercesión de la Santísima Virgen María. Es nuestra Madre de un modo muy especial porque es Madre del Sumo y Eterno Sacerdote, Jesucristo, Nuestro Dios y Señor a quien hemos entregado nuestra vida, y quien nos ha tomado de entre los hombres para ser sus ministros en esta tierra. Amén. 

Mons. Hugo Nicolás Barbaro, obispo de San Roque


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Texto del micro radial de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, emitido por LT 9. (AICA)
(3 de abril de 2010)
 

LA PASCUA, ¿CAMBIA ALGO? 

Cada año al celebrar la Pascua nos saludamos con alegría y deseos de algo nuevo. Qué celebramos? Podemos responder que celebramos un hecho histórico que tuvo a Jesucristo como protagonista. Es una respuesta correcta, pero se puede quedar en una lectura exterior. Muchas son las imágenes que hemos contemplado durante estos días, pero todas tienen como final, y esto es lo importante, la constatación de un hecho por parte de los primeros cristianos y que lo expresaron con aquel grito de júbilo: “Jesucristo ha resucitado”. Este es el centro del mensaje que nos han trasmitido.

Si dejamos de considerar este final, Jesucristo sería un hombre que ha muerto y del que conservamos su recuerdo y doctrina. La Pascua perdería, así, todo su valor y significado, nos quedaríamos con aquella lectura exterior que tendría un valor ejemplar, como sucede con la vida y la obra de otras personalidades de la historia. San Pablo llega a decir que si “Cristo no resucitó, es vana nuestra predicación y vana también la fe de ustedes” (1 Cor. 15, 14). Seríamos personas atadas a un pasado ya cerrado. La fe es la que nos permite conocer la verdad del acontecimiento de la Pascua; ella no crea los hechos sino que eleva nuestra inteligencia para comprenderlos y celebrarlos.

Este es el tema central de la Pascua: no recordamos una muerte por noble que sea, sino la resurrección del Hijo de Dios, que se había hecho hombre en Jesucristo por nosotros y nuestra salvación. La consecuencia de este hecho es que el hombre encuentra en la Pascua el principio de una Vida Nueva que da sentido y plenitud a su propia vida. Jesucristo al hacerse hombre asumió nuestra condición humana, y con su muerte y resurrección, la liberó de toda atadura definitiva al pecado. Celebramos con alegría el triunfo de Jesucristo, porque es también nuestro triunfo.

El nos ha abierto el camino y la posibilidad de una vida que ilumina nuestro caminar y es, además, esperanza de una plenitud más allá de nuestra vida en este mundo. Dios no nos ha creado para la muerte, ella es un momento de nuestra condición humana. Hemos sido creados con destino de eternidad. Nuestra condición de seres espirituales reclama un destino trascendente. Qué triste la vida del hombre cuando sólo se la vive dentro de los límites de este mundo. Nos empobrecemos, diría, porque vivimos sin conocer nuestra verdad y la herencia que Jesucristo nos ha dejado.

La Pascua, por otra parte, no es un decreto que se nos impone sino una gracia que se ofrece a nuestra libertad. Esta herencia que Cristo nos ha obtenido en su Pascua nos corresponde y está a nuestro alcance. Deseando que sepamos comprender y recibir este don que se nos ofrece como camino y plenitud, les hago llegar, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor que ha Resucitado y permanece a nuestro lado como “Camino, Verdad y Vida”. 

Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz


Publicado por verdenaranja @ 22:55  | Hablan los obispos
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Información recogida del Boletín "NOTICIERO JUANDEDIANO" del Hospital San Juan de Dios de Tenerife en el número extraordinario del mes de Aril de 2010.

¿QUÉ SON LOS CAPÍTULOS PROVINCIALES?

El Capitulo Provincial, salva siempre la autoridad del Capítulo General y la del General, es el órgano extraordinario del gobierno de la Provincia; en él se manifiesta, de forma especial, la unión de las diversas comunidades locales entre sí y con toda la Orden.

Artículo 91.- En el Capitulo Provincial:

  • Se examina el estado de la Provincia bajo todos los aspectos de nuestra vida religiosa:
  • Se aplican las decisiones y orientaciones del Capítulo General, teniendo en cuenta las circuns­tancias y las exigencias locales:
  • Se eligen o se nombran, a norma de los Estatutos Generales, el Provincial, al menos dos Consejeros Provinciales, los Delegados Provinciales, los Superiores Locales y los Maestros de novicios y escolásticos;
  • Se dan los decretos convenientes para el bien de la Provincia.

Artículo 92.- El Capítulo Provincial se celebra cada tres años y es convocado por el General.

Artículo 93.- Tienen obligación de participar en él, como miembros de derecho:

  • El General o su Delegado, como Presidente.
  • El Provincial o el Vicario Provincial.
  • Los Consejeros Provinciales.
  • Los Delegados Provinciales, que gobiernan alguna Delegación Provincial.

    Participan, además,

Los Vocales designados en los Estatutos Generales, los cuales deben ser Hermanos de votos solemnes y en número no inferior a los sobredichos participantes por derecho.

Los vocales deben ser elegidos por mayoría absoluta; si ésta no se obtuviera al primer escruti­nio, en el segundo es suficiente la mayoría relativa (EEGG art. 101).

En el Capitulo Provincial se eligen por esquelas secretas el Provincial y no más de cuatro Con­sejeros Provinciales.

La elección de los Superiores locales se hará del siguiente modo:

  • El nuevo Provincial, con el parecer de su Consejo, prepara una lista de Hermanos considera­dos aptos para tal oficio;
  • La designación de las Comunidades la hará el nuevo Provincial, dentro del mes siguiente a la clausura del Capítulo, obtenida previamente la aprobación del General (EEGG art. 98).

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Carta a Mi querido Teófilo del Padre Antonio María Hernández del Hogar Santa Rita del Puerto de la Cruz, publicado en la revista "Como las Abejas", número 50, Marzo - Abril de 2010.

CARTA A MI QUERIDO TEÓFILO

Mi querido y viejo amigo Teófilo: Paz y bien.

Después de leer tu carta un tanto amarga y que casi cae en la desesperación, he de decirte que siento muy hondo el problema que se te ha añadido con esa enfermedad, que tantas vidas se esta llevando aún en estos tiempos de tantos adelantos y que el puro mencionar su nombre, ya te produce escalofríos. Para comprender tu dura situación, tendría yo que meterme en tu pellejo.

Dice el viejo refrán, que no hay enfermedad, sino enfermos que padecen las enfermedades, y la situación de cada enfermo, aún con la misma enfermedad, es diferente. Cada persona es un mundo y su interior es infranqueable y hay muchas cosas que no se pueden explicar con palabras, sino que hay que sufrirlas en carne propia. iQué puedo yo decirte, mi buen Teófilo! A ti, que has sido un hombre apaleado y curtido por las pruebas, a lo largo de tu vida. Has hablado con el corazón en la mano y tus palabras son, ciertamente, un reboso de tu corazón y creo en cuanto has escrito, llevado por tus sentimientos de amargura y de impotencia, ante una enfermedad tan dura que muchas veces suena a "muerte segura". Y, por mucha fe que se tenga no puede evitarse, en un primer momento, este derrumbe y abatimiento, que está ocurriendo en tu vida en estos momentos tan delicados y decisivos para ti.

Sin embargo, pienso que no debes complicar las cosas, añadiendo amarguras a las amarguras. Tú llevas unos cuantos años viviendo en este mundo y no puedes cargar las tintas solamente en tus fallos, en tus fracasos, en el daño que hayas podido hacer a terceros, en tu paso por la Tierra y muchos de ellos, como bien dices, que se murieron y, a lo mejor, ni les pediste perdón, ni caíste en la cuenta el hacerlo y se han llevado a la Tierra, quizá mucho sufrimiento, por culpa tuya. La vida no es fácil para nadie y es muy difícil vivir "en directo" la vida, y no cometer errores. Somos pecadores y el Señor lo sabe. También es verdad, que uno no puede abusar de la bondad de Dios, ni aprovecharse de que uno no vea un castigo inminente a dada equivocación o pecado que cometamos.

Se aprende a vivir viviendo, como se aprende a amar amando, sabiendo que somos seres humanos de carne y hueso, sujetos a los instintos animales y a las pasiones un tanto desordenadas: pero Dios existe, mi amigo Teófilo, y aunque nos parezca, algunas veces, que Dios no está al tanto de nuestros problemas y que permite, impasible, todos los sufrimientos de los seres humanos, como si nada le importaran. Podemos decir que no entendemos a Dios, que no comprendemos las desagradables cosas que nos ocurren. Ese no es nuestro Dios. Nuestro Dios es infinitamente bueno y misericordioso. Lejos de estar ajeno a lo que nos pasa, como si no le importáramos. es al contrario. cuando más lejos le creemos, más cerca está de nosotros y justamente en el dolor, en el sufrimiento, en las pruebas dolorosas y en las pruebas sangrantes del hombre. Tú mismo, amigo Teófilo, estarás comprobando que hay mucha gente preocupada por tu enfermedad y son muchos los que te quieren y que, de seguro, están rezando por ti. Y si eso es así y tienes que aceptarlo, como prueba clara de que Dios está preocupado de ti, y no creas que se ha desentendido de tu enfermedad y ni que te ha abandonado a tus solas fuerzas.

A Dios le importas tú, y le llevan de cabeza tus angustias y tus problemas y, en modo alguno, te abandonará a tu suerte. Tú eres por encima de todo, hijo de Dios y no me digas que habrá en este planeta Tierra, ni madre, ni padre. ni esposa, ni hermano, ni amigos que te quieran más que Él y que le importen más tus problemas concretos., ya desde ahora, la novedad de la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Mi buen Teófilo, esta es la hora de la fe para ti. Agárrate, a ciegas, de Dios, aunque no lo entiendas, aunque estés un tanto alejado de Él. Jamás te dejará a la deriva, sin duda, aunque tú no lo creas. Lo más importante para Dios eres tú. Sí, tú, como si no existieran en este mundo más personas que tú. No te olvides que Dios quiere positivamente el bien; pero permite los males, y entre ellos las enfermedades, para sacar un bien para purificarnos, para darnos una lección de humildad y que nos enteremos, de una vez por todas, que es Dios quien nos da la vida y la salud, que es Dios el que dirige la historia de cada persona, que es Dios el que está detrás de todo esto, aunque no lo entendamos.

No tienes que dar la sensación "de acabado". El que pone punto y final a la vida de cada persona es Dios y no tienes que desmotivarte y darte por finiquitado. Esto es sólo un aviso y una prueba de humildad. Para que te des cuenta que dependes de Él y que para Dios todas las enfermedades son curables. Tienes que levantar de nuevo el ánimo. Tú siempre has sido una persona optimista y muy golpeado por la misma vida. Quizá Dios te ha dado una buena salud durante muchos años y no se lo habías agradecido. Ahora te ha visitado la enfermedad como a tantos millones de personas en este valle de lágrimas y te has derrumbado como un gigante de pies de barro. Hay muchas cosas que ya no tienen solución y no le des más vueltas. Cosas que no tienen remedio por muchas vueltas que le des y es una pérdida de tiempo mirar hacia atrás. Lo que importa es tu vida actual, que no sigas cayendo en los mismos errores, porque tú no sabes si te quedará tiempo para rectificar. Que tu perdón sea una verdadera conversión. Realmente esta es una nueva etapa en tu vida, no vivida anteriormente. Ahora que te toca estar entre enfermos en un hospital, fíjate en cuánta gente está peor que tú, y más abandonada que tú: personas que no tienen, siquiera, ni familia, ni amigos, ni nadie que se interese por ellos. ¡Cuánto se aprende en la enfermedad del dolor! Ahora tienes que rezar y orar más fuertemente, aunque te falte la fe, y tienes que ser humilde y pedirle fuerzas a Dios y no rechazar la mano del que te quiere ayudar. Tu vida no es tuya. Todos nos debemos a todos y somos, aunque seres libres, eslabones, de una cadena que empieza en la Tierra, pasa por el Purgatorio y termina en el Cielo; para volver de nuevo a la Tierra. Es un dogma de fe, la "Comunión de los Santos", la comunicación misteriosa y mística; pero real que existe entre la Tierra, el Purgatorio y el Cielo, en un eterno ir y venir mientras dure la vida en la Tierra.

Tampoco, mi amigo Teófilo, es correcto que cargues tanto las tintas en el mal, en el daño que has hecho a tu paso por esta vida. Esto no sería verdad. También tú has hecho muchas cosas buenas, has ayudado a muchas personas, has colaborado en muchas obras sociales, has hecho también mucho bien a muchas personas. En estos tiempos has animado a muchos, has dado buen ejemplo. La vida no es tan sencilla y hay muchos grandes Santos en la historia que su vida, en otro tiempo, dejaba mucho que desear, y quizá, puede hasta escandalizar, como "La Magdalena", o "San Agustín", o "Santa Margarita de Cortona", y otros muchos, cuya vida espiritual iba a la deriva y a la perdición, y que su vida cambió radicalmente en sentido positivo, a raíz de una enfermedad, de una muerte, de un acontecimiento adverso, como el caso de San Pablo, y que luego cambió su vida en otra dirección.

Cuánto me gustaría, mi buen Teófilo, que esta enfermedad, tan dura que te tiene desconcertado y casi hundido, sirva para que pongas un antes y un después, para que veas la vida, de otra manera. Que tu vida personal se fleche hacia Dios. Mira el dolor, la enfermedad, como una suave caricia de Dios, que los dolores son "perlas preciosas caídas del cielo", aunque nadie las quiera.

Venga, espabila esa cara. acepta la enfermedad, no con resignación, sino con amor, mirando como una oportunidad que Dios te está dando, sencillamente, porque te quiere. Acuérdate que vino desde el Cielo por ti, que está en el Sagrario por ti, que no hay nada más cierto y seguro de que Dios te quiere y le preocupan tus angustias y sufrimientos y va a estar las veinticuatro horas de cada día,

pendiente de ti. como la mejor de las madres. Que no se pierda la sonrisa de tu rostro, "aunque la procesión vaya por dentro". Quizá Dios ha permitido que te visite esta enfermedad, para darte una lección, para que hagas una parada en tu camino, para que mires más hacia Dios y te percates que la vida y la salud está en manos de Dios y que el milagro existe.

No tienes que pensar tanto en la muerte y en que se acabó tu historia en este planeta. Tú no sabes todavía todos los planes que el Padre tiene sobre ti. El que te devolverá la salud es Él. Mira icuánto le debes a Dios! Y no seas tan olvidadizo. Esta enfermedad te puede servir de reflexión y vas a tener tiempo para orar, en medio del dolor, de los sueros, de las inyecciones, de la quimioterapia, de la radioterapia, de la operación, de la post-operación, de las idas y venidas a realizar tantas pruebas. Otros han pasado por más y lo tuyo en comparación con tantos otros enfermos es una minucia.

No se trata tampoco de estar dándole vueltas y más vueltas a que si tú mereces o no el Cielo y jamás te consideres un condenado. Esto jamás. Ni pensarlo es bueno. Piensa que Dios "desde antes de la Creación" de este mundo material, pensó en ti, para que ocupes un lugar en el Cielo, en calidad de ser humano, pero como verdadero hijo de Dios, un derecho a heredar el Cielo. No lo perdamos por un ratito de gozo, por una imprudencia. Mejor que no peques ya más; pero si, por desgracia, cayeses alguna vez de nuevo, reacciona, enseguida, y vuelve "al Padre" y pídele mil veces perdón. Dios es el gran perdonador porque es el que más nos ama, sin duda. Esta enfermedad es una gran oportunidad que Dios pone en tus manos para que le demuestres que le quieres.

Decía Santa Teresa: "Por eso tienes muy pocos amigos" iPor qué a los que amas les haces mucho sufrir! Es por el sufrimiento y por la cruz que nos salvó el Señor. iSi supiéramos cuánto hacemos sufrir a Dios y a la Virgen Santísima cuando pecamos! ¡Cuántos pecados a lo largo de la vida hemos cometido personalmente, aunque nos lo hayan perdonado a través de la confesión! ¡Cuánto se ofende hoy en día, en todas las partes del mundo! ¡Cuánta gente camina hacia abajo, a precipitarse un día en el horrible abismo del Infierno! Pensando todo esto qué son nuestros dolores comparados con el gozo del Cielo que nos espera. Si encima, con nuestros dolores, podemos ayudar al Señor a redimir al mundo, tanto mejor. "Son muchos los que se van al Infierno porque no hay quien rece por ellos", le dijo la Virgen de Fátima a los pastorcillos. Si puedes, léete la autobiografía y escritos de Santa Gema Galgani y entenderás mejor todo esto y verás qué poco has sufrido comparado con esta Gran Santa.

Por último, ten paciencia con tu enfermedad. No te quejes ni te vuelvas un "quejica". Vete paso a paso, sin pensar en todas las pruebas que te quedan. Ponte en las manos de Dios, que es estar en las mejores de las manos. Vete cumplimentando, sin desesperarte, las sesiones a que te someterán a través de la quimioterapia. Vete una por una, cumpliendo puntualmente las prescripciones de los médicos, que están ciertamente preocupados responsablemente de que todo termine bien. Sé que tienes prisa y que quieres que todo termine cuanto antes. No quieras quemar etapas. Sigue lo que te manden. Sé humilde y sé un buen enfermo, dócil, obediente, comprensivo. Ten paciencia con tu estómago, con tu apetito, con los mareos de tu cabeza. Esto es parte del proceso. Tranquilo. Pide fuerzas a Dios y a la Virgen y a los Santos de tu devoción. También Dios, está preocupado de tu enfermedad. No lo dudes.

Haz lo que puedas en tus cosas. Delega lo que puedas delegar. No te angusties, déjate ayudar. Ponte en manos de Dios, de los médicos y de cuantos tengan que ver con tu enfermedad. Todos están haciendo lo que mejor saben y pueden: que esta enfermedad, que afecta indiscriminadamente a tantas y tantas personas, sirva para reforzar más aún tu fe y tu confianza en Dios,   y no  te olvides de la Virgen de Candelaria.        

Antonio María Hernández Hernández


Publicado por verdenaranja @ 16:40  | Cartas a Te?filo
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DOMINGO 5 DE PASCUA / C     
2 de mayo de 2010

Estamos en Pascua. Y se debe seguir notando: en las flores, en los cantos, en toda la ambientación, en el tono de las homilías, en las convocatorias comunitarias...
El Dios de la vida, que ha resucitado a Jesucristo, rom­piendo las ataduras de la muerte, esté con todos vosotros.
En este tiempo de Pascua, la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles nos va mostrando el camino de la primera comunidad cristiana. Es como una explosión de alegría, porque constantemente aumenta el número de los que se sienten llamados por el Evangelio. Pablo y Bernabé, incansablemente, llenos de la fuerza de Dios, dan a conocer en todas partes la Buena Noticia de Jesús.
Esta fuerza de Dios también ha llegado hasta nosotros. Por eso estamos aquí. Y también nosotros, como Pablo y Bernabé, debemos dar a conocer la Buena Noticia).

Aspersión: Recordemos y renovemos ahora, con la asper­sión del agua, aquel momento en el que fuimos incor­porados a la comunidad de los seguidores de Jesús.

(Aspersión por toda la iglesia con un canto bautismal o pascual).

Que Dios todopoderoso nos purifique del pecado y, por la celebración de esta Eucaristía, nos haga dignos de participar del banquete de su reino. Amén.

1. lectura (Hechos 14,21b-27): Como el pasado domingo, hoy la primera lectura nos habla de la acción evange­lizadora de Pablo y Bernabé. Y nos muestra cómo la fe cristiana rompe las fronteras de la religión judía y llega también a los paganos.

2. lectura (Apocalipsis 21,1-5a): Este año, durante el tiempo de Pascua, leemos como segunda lectura el libro del Apocalipsis. Escuchemos hoy el anuncio de la vida nueva que Dios ofrece a la humanidad entera, una vida en la que no habrá ya dolor ni tristeza ni muerte.

Oración universal: A Jesús resucitado, vida y esperanza para la humanidad entera, orémosle diciendo: JESÚS RESUCITADO, ESCÚCHANOS.

Por todos los cristianos. Que sepamos amarnos unos a otros como Jesús nos ha amado. OREMOS:

Por los niños y niñas que se preparan para recibir por primera vez la Eucaristía. Que conozcan y amen a Jesús cada día más. OREMOS:

Con motivo de la fiesta del Primero de Mayo, oremos especialmente por el mundo del trabajo. Que en la actual situación de crisis los responsables económicos y políticos hagan todo lo necesario para que toda per­sona pueda vivir dignamente. OREMOS:

El próximo día 4 se celebra la memoria del mártir gitano Ceferino Jiménez, "el Pelé". Oremos, con este motivo, por los gitanos y gitanas, para que se puedan incorpo­rar, sin discriminaciones y responsablemente, a todos los ámbitos de la sociedad. OREMOS:

Por todos nosotros. Que la Pascua de Jesucristo nos llene de profunda alegría. OREMOS:

Escucha, Jesús resucitado, nuestra oración, y danos tu Espíritu Santo.Tú que vives y reinas...

Padrenuestro: Llenos de la alegría de la Pascua, nos atrevemos a decir:

Gesto de paz: En el Espíritu deJesucristo resucitado, daos fraternalmente la paz.

CPL


Publicado por verdenaranja @ 16:17  | Liturgia
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Lunes, 26 de abril de 2010

 ZENIT   nos ofrece las palabras pronunciadas por el Papa Benedicto XVI el domingo 25 de Abril de 2010, durante el Rezo del Regina Caeli, con los peregrinos congregados en la Plaza de san Pedro.


Qureridos hermanos y hermanas,

En este cuarto Domingo de Pascua, llamado “del Buen Pastor”, se celebra la Jornada mundial de oración por las vocaciones, que este año tiene como tema “El testimonio suscita vocaciones”, tema “estrechamente unido a la vida y a la misión de los sacerdotes y de los consagrados” (Mensaje para la XLVII J. M. De oración por las vocaciones, 13 de noviembre de 2009). La primera forma de testimonio que suscita vocaciones es la oración (cf ibid.), como nos muestra el ejemplo de santa Mónica que, suplicando a Dios con humildad e insistencia, obtiene la gracia de ver volverse cristiano a su hijo Agustín, el cual escribe: “Sin duda creo y afirmo que por sus oraciones Dios me ha concedido la intención de no anteponer, no querer, no pensar, no amar otra cosa que la realización de la verdad (De Ordine II, 20, 52, CCL 29, 136). Invito, por tanto, a los padres a rezar, para que el corazón de sus hijos se abra a la escucha del Buen Pastor, y “hasta el más pequeño germen de vocación... se convierta en árbol frondoso, colmado de frutos para bien de la Iglesia y de toda la humanidad” (Mensaje cit.). ¿Cómo podemos escuchar la voz del Señor y reconocerlo? En la predicación de los Apóstoles y de sus sucesores: en ella resuena la voz de Cristo, que llama a la comunión con Dios y a la plenitud de vida, como leemos hoy en el Evangelio de san Juan: “Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano” (Jn 10,27-28). Sólo el Buen Pastor custodia con inmensa ternura a su grey y la defiende del mal, y sólo en Él los fieles pueden depositar absoluta confianza.

En esta Jornada de especial oración por las vocaciones, exhorto en particular a los ministros ordenados, para que, estimulados por el Año Sacerdotal, se sientan comprometidos “con un más intenso e incisivo testimonio evangélico en el mundo de hoy” (Carta de convocación). Recuerden que el sacerdote “continúa la obra de la Redención en la tierra”; sepan “acudir con gusto al sagrario”; se entreguen “totalmente a su propia vocación y misión con una ascesis severa”, se hagan disponibles a la escucha y al perdón; formen cristianamente al pueblo confiado a a ellos; cultiven con cuidado la “fraternidad sacerdotal” (cf ibid). Tomen ejemplo de sabios y diligentes Pastores, como hizo san Gregorio de Nazianzo, quien escribía de esta manera al amigo fraterno y Obispo san Basilio: “Enseña tu amor por las ovejas, tu solicitud y tu capacidad de comprensión, tu vigilancia... la severidad en la dulzura, la serenidad y la mansedumbre en la actividad... las luchas en defensa de la grey, las victorias... conseguidas en Cristo” (Oratio IX, 5, PG 35, 825ab).

Agradezco a todos los presentes y a todos los que con la oración y el afecto sostienen mi ministerio de Sucesor de Pedro, y sobre cada uno invoco la celeste protección de la Virgen María, a la que nos dirigimos ahora en oración.

[Después del Regina Caeli, dijo:]

Esta mañana, en Roma y en Barcelona respectivamente, han sido proclamados Beatos dos Sacerdotes: Angelo Paoli, Carmelita, y Josep Tous i Soler, Capuchino. A este último me referiré en breve. Del beato Angelo Paoli, originario de Lunigiana y que vivió entre los siglos XVII y XVIII, quiero recordar que fue apóstol de la caridad en Roma, llamado “padre de los pobres”. Se dedicó especialmente a los enfermos del Hospital San Juan, cuidando también a los convalecientes. Su apostolado sacaba fuerzas de la Eucaristía y de la devoción a la Virgen del Carmen, así como de una intensa vida de penitencia. En el Año Sacerdotal, propongo con gusto su ejemplo a todos los sacerdotes, en especial a los que pertenecen a Institutos religiosos de vida activa.

[El Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo: ]

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, en particular a los fieles de las parroquias Nuestra Señora del Pilar, de Catarroja, y de la Sangre de Cristo, de Cullera. En este domingo llamado del Buen Pastor, en el que la Iglesia celebra la Jornada de oración por las vocaciones, ha tenido lugar en Barcelona la beatificación del sacerdote capuchino José Tous y Soler, fundador de las Hermanas Capuchinas de la Madre del Divino Pastor. No obstante numerosas pruebas y dificultades, nunca se dejó vencer por la amargura o el resentimiento. Destacó por su caridad exquisita y su capacidad para soportar y comprender las deficiencias de los demás. Que su ejemplo e intercesión ayude a todos y especialmente a los sacerdotes a vivir la fidelidad a Cristo.

[En catalán, dijo:]

Que el nuevo Beato Josep Tous i Soler os bendiga y os proteja. Feliz domingo.

[En italiano, dijo:]

Dirijo un especial saludo a la Asociación “Meter”, que desde hace 14 años promueve la Jornada nacional para los niños víctimas de la violencia, la explotación y la indiferencia. En esta ocasión quiero sobre todo dar las gracias y alentar a cuantos se dedican a la prevención y a la educación, en particular los padres, los profesores y tantos sacerdotes, hermanas, catequistas y animadores que trabajan con los niños en las parroquias, en las escuelas y en las asociaciones. Saludo a los fieles venidos de Brescia, de Cassana en Ferrara, de algunas parroquias de Umbria y de Toronto, en Canadá; los niños de las parroquias de Valposchiavo, en Suiza, y los de Francavilla al Mare; y al grupo de novios de Altamura. A todos auguro un buen domingo.

 [Traducción del original italiano realizada por Patricia Navas
© Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 23:01  | Habla el Papa
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San Cristóbal de las Casas (Agencia Fides) – Mons. Felipe Arizmendi Esquivel, Obispo de San Cristóbal de las Casas participó en el Forum sobre “Los acuerdos de San Andrés, asignatura pendiente”, promovido por COCOPA (Comisión de Concordia y Pacificación), en el Senado de la República, el 21 de abril de 2010.


Los Derechos Indígenas en el contexto de los Derecho Humanos  

Foro

LOS ACUERDOS DE SAN ANDRÉS, ASIGNATURA PENDIENTE,
Promovido por la COCOPA, 21 de abril de 2010
 

 

Les saludo respetuosamente y agradezco la oportunidad de compartir con ustedes algunas inquietudes y propuestas sobre los derechos de los indígenas, no sólo de Chiapas, sino de México y de otras latitudes. No soy experto en leyes, ni en otras ciencias, sino sólo un caminante entre ellos. Llevo en Chiapas 19 años: nueve con indígenas mames, mochós y kanjobales; diez entre tseltales, tsotsiles, ch’oles, tojolabales y zoques. Antes de ser obispo en Chiapas, compartí parte de mi vida con los otomíes y los mazahuas del Estado de México.

Como responsable de la Pastoral Indígena en el país, he debido acercarme a las realidades indígenas nacionales, y como encargado de la Sección de Pueblos Originarios en el CELAM, he tenido oportunidad de conocer algo de los pueblos indígenas de los países latinoamericanos.

 SITUACION  

1.  Según algunos censos, en toda América hay más de 42 millones de indígenas; en México, hay cerca de 12 millones, de 56 etnias reconocidas. Sufren graves ataques a su identidad y supervivencia, pues la globalización económica y cultural pone en peligro su propia existencia como pueblos diversos. Su progresiva transformación cultural provoca la rápida desaparición de algunas lenguas y culturas. La migración, forzada por la pobreza, está influyendo profundamente en el cambio de costumbres y de relaciones entre ellos mismos. Sin embargo, se constata una clara emergencia de diversas etnias, que se hacen cada vez más presentes en la sociedad, exigiendo sus derechos.  

2.  No sólo el grito que se levantó el 1 de enero de 1994, sino los datos estadísticos nacionales nos confirman que la mayoría de los indígenas no gozan de todos los derechos que, como mexicanos, debemos disfrutar, sino que viven empobrecidos y excluidos. Es limitado el derecho a la vida, pues muchas madres indígenas no tienen atención médica y alimentación suficiente durante el embarazo, por lo cual muchas abortan sin pretenderlo, algunas mueren en el parto, o nacen los hijos en condiciones infrahumanas. No gozan el derecho a la salud, pues en sus pueblos se dan los más altos índices de desnutrición y mortandad infantil. Es muy doloroso que enfermedades curables, sean mortales para ellos sólo porque no hay médicos ni medicinas a su alcance. No gozan el derecho a la educación escolar básica, pues en sus pueblos subsiste el analfabetismo. Las cárceles del país retienen injustamente a muchos de ellos, sólo porque son pobres y no tienen recursos para pagar un abogado, o una pequeña fianza.  

3.  Persiste un racismo inhumano y anticristiano contra ellos. Muchos mexicanos siguen pensando que ser indígena es equivalente a ser ignorante, sucio, tonto y, por tanto, objeto de desprecio y explotación. No faltan quienes consideran que tener tantos indígenas en el país es un signo de atraso, una vergüenza, un vestigio del pasado, y que lo mejor sería que ya no existieran. No se escucha su voz, no se les toma en cuenta, no se valora su palabra, no se aprecia su cultura, porque no se les conoce con el corazón. Se les ha regateado su derecho a ser reconocidos como pueblos originarios, como sujetos de derecho público para organizarse y administrarse, con formas políticas y sociales distintas a las del común del país. No se ha reconocido su derecho a ejercer justicia según algunas de sus costumbres muy sabias y efectivas. No se les ha tomado en cuenta en todos los casos para decidir obras públicas, como carreteras y construcciones, en sus territorios. Excepto en Oaxaca, no se reconoce su forma de elegir autoridades, sin tener que sujetarse a partidos y sistemas electorales ajenos a su cultura. Ellos proceden por asambleas en las que se trata de llegar a consensos, sin tener que recurrir a la mayoría de votos. Se avanzó en la reforma indígena constitucional de abril de 2001, pero es necesario seguir caminando.  

4.  Es de justicia reconocer que los gobiernos federal, estatal y municipal, en los sexenios y trienios pasados, han canalizado muchos recursos a Chiapas y a algunos otros Estados con población indígena, para superar el rezago histórico que han padecido estos pueblos. En los 19 años que llevo en Chiapas, soy testigo de que se han abierto más carreteras por todas partes y algunas se han pavimentado; se han electrificado casi todas las comunidades, menos las que siguen “en resistencia”, que han rechazado todo cuanto haga el gobierno, y no han aceptado carreteras ni electrificación. Hay más escuelas y universidades, clínicas y hospitales. Se han implementado programas de ayuda a los pobres y se han hecho esfuerzos por modificar algunas leyes en su favor. También grupos solidarios de empresarios mexicanos han aportado sus recursos para combatir la pobreza. Organizaciones no gubernamentales e iglesias hemos hecho cuanto hemos podido para comprometernos en la liberación integral de los pobres y marginados. Sin embargo, es tanto el desnivel y el desequilibrio en comparación con otras zonas y otros grupos sociales, que aún resta mucho para que llegue la justicia a estos mexicanos, hermanos nuestros y parte radical de nuestra historia y de nuestra identidad nacional. Desconocerlos es negarnos a nosotros mismos.  

5. No idealizamos las culturas indígenas, pues estamos conscientes de que hay también injusticias entre ellos mismos, marginación de la mujer, esclavitud a ciertas costumbres, tradiciones que no siempre respetan los derechos de todos y se imponen decisiones comunitarias que no toman en cuenta los derechos individuales. Hay intolerancias hacia las diferencias, hacia la diversidad, tanto en la política como en la religión. Todavía quedan unos lugares, cada día menos, donde no se tolera que alguien o algunos cambien hacia otra preferencia religiosa; a veces se les amenaza, se les expulsa y se viola su derecho a la libertad religiosa, consagrada en la Constitución y defendida por nuestra Iglesia. Nosotros no alentamos la intolerancia; no promovemos que se les cobren cuotas para festividades religiosas, ni que se les impongan cargos de un credo diferente al propio. Hemos insistido en que las asambleas comunitarias deben respetar los derechos de todos a profesar la religión de su preferencia; sin embargo, no siempre nos hacen caso, pues para muchos la costumbre y la decisión de la asamblea es lo único que vale; no las leyes civiles, ni la Biblia. En contrapartida, también los católicos sufrimos intolerancias y ofensas de otras religiones.  

PROPUESTAS  

6. Caminar al unísono de nuestros hermanos indígenas, en el momento actual en que ellos irrumpen en la sociedad, reclamando el reconocimiento de su identidad cultural. Escuchar con respeto sus propuestas, sus inquietudes, sus necesidades, antes de proponer y aprobar nuevas leyes. Aunque se desee hacerles un bien, esto no se logrará sin tomarlos en cuenta a ellos. No basta escuchar a los no indígenas que decimos hablar por ellos; es de justicia darles la palabra y escucharlos con humildad.

7. Los “Acuerdos de San Andrés” son una base para avanzar hacia nuevas propuestas legislativas, pues cuentan con el trabajo de diputados, senadores, expertos e integrantes del EZLN. Si no llegaron a feliz término, hay que hacer nuevos esfuerzos, como lo trata de hacer la nueva COCOPA, y no perder la esperanza. Hay que afinar lo necesario, evitar los riesgos que en 1995 impidieron su aprobación legal y dar pasos aún más avanzados, tomando en cuenta la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas, del 13 de septiembre de 2007. 

8. Entre otras cosas, hay que avanzar en el reconocimiento de su personalidad jurídica como pueblos distintos, con historia e identidad propia. Reconocer, con los límites convenientes, su derecho a una legítima autonomía, autodeterminación y autogestión, dentro de la necesaria unidad nacional. Reconocer su derecho a disponer de sus territorios históricos y a ser consultados cuando se planean y se ejecutan obras o proyectos en sus tierras. Reconocer sus sistemas de elección de autoridades por medios distintos a los partidos políticos. Reconocer sus sistemas jurídicos y educativos, sus idiomas, su forma de hacer justicia y de resolver diferencias. Encontrar formas jurídicas para evitar más intolerancia religiosa, combinando los derechos comunitarios y los individuales.  

9. Sin embargo, a pesar de la buena voluntad de los miembros de la COCOPA para resucitar los “Acuerdos de San Andrés”, no se logrará un avance que sea satisfactorio para el EZLN y para muchos otros indígenas, si éstos no participan, si no son tomados en cuenta, si el EZLN no acepta un nuevo diálogo, al menos con esta instancia, la COCOPA. Por ello, con todo respeto insto a la COCOPA a no desanimarse y seguir buscando mecanismos de acercarse a la Comandancia General del EZLN, para invitarles a un nuevo diálogo, aunque ellos digan que ya no confían en ninguna instancia oficial. Y finalmente, con cariño y respeto, hago también un llamado cordial a la Comandancia General del EZLN a darle una nueva oportunidad a la esperanza y aceptar un diálogo sobre los “Acuerdos de San Andrés”, no sólo para continuar luchando por una paz más profunda y estable de Chiapas, sino para que los indígenas de México puedan disfrutar los derechos que en justicia les corresponden, como pueblos integrantes de nuestro país. Muchas gracias.

 

+ Felipe Arizmendi Esquivel

Obispo de San Cristóbal de Las Casas

 


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Serie de "Respuestas que siempre quisiste saber", publicadas en hojas para difusión en la parroquia.

SOBRE EL BAUTISMO
Folleto Primero



1.- UNOS HERMANOS QUE SE VAN A BAUTIZAR ¿PUEDEN TENER LOS MISMOS PADRINOS?

Sí. Si los padrinos reúnen las condiciones adecuadas que se piden para serlo, no hay ningún problema que sean padrinos de varios niños a la vez o en distintos momentos u ocasiones.

2.- ¿PUEDEN SER PADRINOS O MADRINAS DE UN NIÑO DOS HOMBRES O DOS MUJERES?

No. El Código de derecho canónico en el canon n° 873 especifica: - Téngase un solo padrino o una sola madrina, o uno y una.
Por tanto la Iglesia no autoriza a que dos personas del mismo sexo actúen como padrinos o madrinas a la vez. Para el bautismo es suficiente tener un sólo padrino o una sola madrina, con una persona que actúe como padrino o madrina es suficiente.
Estas indicaciones son también válidas para el sacramento de la confirmación y del matrimonio católico, aunque éste último tiene unas características diferentes.

3.- EL PÁRROCO NO DEJA QUE UNO DE MIS HIJOS SEA PADRINO DE UN SOBRINO. ME DICE QUE SI MI HIJO NO ESTÁ CONFIRMADO NO PUEDE SER PADRINO. ¿ES ASÍ?

Efectivamente. Su párroco tiene razón ya que una de las condiciones que la Iglesia pone para ser padrino es que esté confirmado.
El párroco si ve conveniente y con razones de peso, una vez comprobada la madurez humana y cristiana de la persona propuesta, sí puede dispensar de la edad para ser padrino, pero en ningún caso puede dispensar de la confirmación.
El canon 874 del código de derecho canónico indica las condiciones con el adjetivo "necesarias", para que una persona sea admitida como padrino o madrina:

a) que haya sido elegido por quien va a bautizarse (en el caso de una persona que ha entrado al uso de razón), o por sus padres (los cuales tienen la obligación de hacer que sus hijos sean bautizados en las primera semanas: cfr. canon 867 § 1), o por quienes ocupan su lugar (es decir tutores), o por el párroco o ministro; se requiere además que tenga capacidad para esta misión así como intención de desempeñarla. Estos dos últimos requisitos deben ser contemporáneos al momento de asumir el compromiso.

b) Se requiere edad suficiente y el Código dispone que sea de dieciséis años, pero permite que el Obispo Diocesano establezca otra edad, y asimismo faculta al párroco o ministro para que por justa causa pueda admitir una excepción.

c) El tercer requisito es consecuente, y es que el padrino tiene que ser católico, estar confirmado y haber recibido el Sacramento de la Eucaristía; en otras palabras, si va a asistir en la iniciación cristina del niño lleve una vida congruente con el bautismo, además de vigilar que cumpla sus obligaciones inherentes al mismo, es indispensable que él mismo sea ejemplo; por ello, la segunda parte del inciso indica que debe llevar una vida congruente con la fe y la misión que va a asumir. Sería un tema de reflexión propia la "misión de los padrinos", que no es posible realizar en este momento.

d) La misión de padrino no puede ejercerla el padre, por lo que se indica que tiene que ser diferente.

e) Si se es casado, haber recibido el Sacramento del Matrimonio (casado por la Iglesia, no sólo por lo civil, o simplemente unidos de mutuo acuerdo).

El canon siguiente en su primer párrafo exige los mismos requisitos del canon 874; por eso sugiere la conveniencia de que el mismo padrino de bautismo sea el de confirmación, reforzando el canon 872, pero no es determinante que tenga que ser el mismo.

4.- ¿PUEDE SER PADRINO O MADRINA UNA PERSONA QUE NO SEA CATÓLICO?

No. Para ser padrino o madrina de bautismo o de confirmación hace falta ser católico, estar confirmado, haya recibido el Santísimo Sacramento (que haya hecho la Primera Comunión) y lleve una vida congruente con la fe y la misión que va a asumir, y que haya recibido el Sacramento del Matrimonio (casado por la Iglesia, no sólo por lo civil, o simplemente unidos de mutuo acuerdo).

5.-¿PUEDO BAUTIZAR EN OTRA IGLESIA?

Sí, siempre y cuando su párroco le dé autorización para ello.
Si desea bautizar en una parroquia distinta a la suya acuda a la parroquia donde quiere bautizar y solicite al párroco la posibilidad de bautizar en ese templo. Si le admite le pedirá que le lleve por escrito la autorización de su párroco. Acuda a su actual parroquia llevando su Libro de Familia y solicite al párroco la autorización por escrito para entregar al párroco donde va a bautizar. Y que los padrinos reúnan las condiciones expuestas mas arriba. Evitar todo lo que sea ir a otras parroquias para omitir datos, falsear verdades, o aprovechar el desconocimiento del párroco.

6.-  ¿QUÉ NOMBRE PONGO A MI HIJO?

El canon 855 del Derecho Canónico dice: "Procuren los padres, los padrinos y el párroco que no se imponga un nombre ajeno al sentir cristiano".

7.- ¿SE PUEDE CAMBIAR DE PADRINO/OS?

Una vez celebrado el sacramento del bautismo NO se puede cambiar de padrinos, ya que lo que refleja el certificado de bautismo es una realidad histórica que se celebró con las personas concretas que aparecen en el documento. Hacer cualquier cambio sería simplemente falsificar la realidad. 
Los padres tienen que tener muy en cuenta la importancia de elegir bien y conscientemente al padrino o padrinos de sus hijos ya que esto supone una vinculación que al menos documentalmente será para siempre.

8.- ¿SE PUEDE TENER UN SÓLO PADRINO/MADRINA?

puede elegir un único padrino o madrina para su hijo.
El canon 874 indica las condiciones con el adjetivo "necesarias", para que una persona sea admitida como padrino o madrina. Léase mas arriba.

9.- ¿UN DIVORCIADO PUEDE SER PADRINO?

Una persona divorciada puede ser padrino o madrina de bautizo y de confirmación si:

- estando divorciado no convive como pareja con nadie.

- estando divorciado no se casó nuevamente por lo civil.


Publicado por verdenaranja @ 16:10  | Catequesis
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Homilía de monseñor Hugo Manuel Salaberry, obispo de Azul en la Misa Crismal (24 de marzo de 2010). (AICA)

MISA CRISMAL DEL 2010 

“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor”.  

En todo este parágrafo resuena y subyace la gratuidad del llamado del Señor. La acción completa es del Señor. Es el Señor el que comienza, por Él se inicia todo, desde Él todo tiene un sentido y en Él todo se consuma. El sentido de lo que hacemos, sólo adquiere entidad en Él. Fuera de Él, el hombre mismo, lo que lo rodea, el mundo material, incluso el mundo espiritual, pierde consistencia, se vuelve espúreo, volátil. 

Cristo sacerdote nos quiere otros con Él, de la misma manera que el sacerdote obra in Persona Christi, a pesar de las faltas, de los límites, de las dudas. 

Cada uno de nosotros, nuestra vida y actividad, la comunidad política, la humanidad, sin el Señor, se asemeja “...a la hierba del tejado que no llena la mano del segador ni la brazada del que agavilla ni le dicen los que pasan, que el Señor te bendiga...”. Pierde consistencia.

Habitual y muy común en este mundo auto-referencial, es la falta de consistencia, (“...hierba del tejado...”) cuyo movimiento, siempre tendiente a la disconformidad, se dirige en cauces opuestos a las acciones previstas por el Señor en el envío que hace. En efecto: todas sus recomendaciones, tienen como destinatario al prójimo. La elección gratuita que hace lleva impresa la donación de sí.

- Llevar la Buena Noticia a los pobres
- Anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos
- Dar la libertad a los oprimidos
- Proclamar un año de gracia del Señor

El Señor nos elige, nos hace consistentes junto a la cruz. La renuncia a sí mismo es una condición y un pedido que ya Señor nos formuló en vida. Es cierto que hoy, esta lucha, adquiere dimensiones heroicas. La tradicional lucha contra el mundo, se ha convertido en lucha contra el yo que nos domina.

El Señor nos consagra para los demás, para el prójimo. Todas las acciones: dar, llevar, anunciar, proclamar, en definitiva tienen como destino final al prójimo. Portadores de otros Cristos, en el prójimo encontramos sentido a lo nuestro y consistencia en lo que decimos y en lo que obramos.

No hallaremos paz ni fecundidad en nuestro servicio, si la constante en nosotros es ser centro, tal como el mundo lo pretende. El centro se convierte en juez y el juez “está afuera”. No está arriba. Está afuera. Tratando de hacer equilibrio entre una y otra parte. Y ese equilibrismo termina por representar, actuar, el peor de los extremismos que es el extremismo de centro.

Un equilibrismo que por una prudencia mal concebida, puede llevar a no tener un compromiso claro con los pobres, con los presos hasta el extremo de ser juez de una pelea entre hermanos.

El sacerdote no es un equilibrista. No ha sido llamado y enviado para un equilibrismo inconsistente. Está llamado a ser testigo. Testigo de la vida, que el Señor nos trae, sobretodo en el anonadamiento de la cruz y testigo de la gracia necesaria para que el mundo conozca al Salvador y se salve por medio de Él.

¡Qué alejada está la figura del equilibrista de la figura de padre! Tan alejada como liviana. Es verdad que una vida inconsistente “...no llena la mano del segador ni la brazada del que agavilla...”. El juez, el que está al medio, poco le importa la resolución de un conflicto porque en el fondo no está involucrado. Está afuera. O si en realidad le importa, es porque tiene un interés económico o político en ese conflicto.

El sacerdote no está afuera.  Como buen padre, está arriba, sabiendo que en la disputa entre hermanos, no sólo no gana con el que gana, sino que pierde con el que pierde. Es necesario ser muy consistente para no tomar partido cuando hay pelea entre hermanos, y aún conociendo la verdad, privilegiar la unidad al conflicto y el todo a las partes.

Ahora bien: es cierto que las intrincadas madejas del propio yo nos perturban. Tal vez sea necesario volver a retomar la simpleza y el valor sacrificial de un poco de pan y un vaso de vino sobre una mesa.

Y para que no confundamos consistencia con brillantez, el Papa Benedicto XVI, en su mensaje para la Jornada mundial de oración por las vocaciones, nos señala tres aspectos de la vida del presbítero que considera esenciales para un testimonio sacerdotal eficaz:

1. La amistad con Cristo es un elemento fundamental y reconocible de toda vocación al sacerdocio, y el cultivo de una profunda intimidad con Él que se a través de la oración.

2. El segundo aspecto es el don total de sí mismo a Dios. Nos escribe San Juan: “En esto hemos conocido lo que es el amor: en que él ha dado su vida por nosotros. También nosotros debemos dar la vida por los hermanos”.

3. El tercer aspecto que no puede dejar de caracterizar al sacerdote y a la persona consagrada, es el vivir la comunión. Jesús indicó, como signo distintivo de quien quiere ser su discípulo, la profunda comunión en al amor: “Por el amor que se tengan los unos a los otros reconocerán todos que son mis discípulos”.

Agradecidos al Señor por habernos elegidos y amado gratuitamente, le pedimos a la Madre del Rosario que nos ponga con su Hijo: que nos haga buenos amigos, que nos haga generosos hasta el martirio en la propia donación que reconozcan que somos sus discípulos por el amor mutuo. 

Mons. Hugo Manuel Salaberry, obispo de Azul 


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Homilía de monseñor Jorge Lozano, obispo de Gualeguaychú (31 de marzo de 2010). (AICA)

MISA CRISMAL 2010 

Volvemos a proclamar este Evangelio de San Lucas que nos narra el comienzo de la Misión Pública de Jesús.

Hay una vinculación entre la unción del Espíritu Santo y la alegría de la misión. Ella es comunicar la Buena Noticia a los pobres, la liberación,  un año de gracia.

Esta inauguración de la vida pública de Jesús sigue siendo hoy la misión de toda la Iglesia, ya que somos ungidos como Pueblo sacerdotal por el Bautismo.

La misión para la cual el Señor nos unge  queremos asumirla con alegría en este camino de Asamblea Diocesana que estamos transitando. Buscamos convocar a todas las vocaciones. “La Diócesis, presidida por el Obispo, es el primer ámbito de la comunión y la misión. Ella debe impulsar y conducir una acción pastoral orgánica renovada y vigorosa, de manera que la variedad de carismas, ministerios, servicios y organizaciones se orienten en un mismo proyecto misionero para comunicar vida en el propio territorio”. (DA 165)

La responsabilidad de la misión no es solo del obispo  y/o  cada párroco. La fe nos libera del aislamiento del yo y nos da una familia: la Iglesia. Lugar de encuentro de los hombres con Dios y los hombres  entre sí.

Hoy recibimos estos primeros aportes surgidos de participaciones variadas en las comunidades, encuentros, reuniones, buzones en los templos, trabajos en los Consejos pastorales…Estamos recogiendo voces de los distintos lugares de la Diócesis que nos acercan pareceres y experiencias de las cosas que nos fortalecen y de aquellas que nos debilitan en nuestra misión. También queremos mirarnos en la sociedad en que vivimos con esperanzas y anhelos, con angustias y serias preocupaciones acerca de nuestro futuro.

Estamos reunidos porque somos Asamblea Santa: con-vocados desde lugares diversos, todas las vocaciones, todas las edades; una  misma mesa de la Palabra; una misma mesa de la Eucaristía.

(“La Iglesia crece no por proselitismo sino por atracción” nos decía el Papa Benedicto). Nos dice San Lucas que “Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en El”. Nos podemos imaginar una especie de tensión expectante. Esperaban una palabra significativa, algo que explicara ese pasaje del profeta. No solo esperan una “verdad repetida” y gris, sino una palabra que venga a romper la monotonía.

Una breve predicación de Jesús logra lo esperado: “esto se está cumpliendo hoy”.

También hoy se espera de nosotros algo nuevo. No por el mero afán de “innovar”, sino para escuchar una palabra que sea luz y vida en medio de las tinieblas de la muerte. Esa palabra es Jesús mismo. El volvió a entrar en Jerusalén y quiere renovar la Pascua entre nosotros. Estamos llamados a superar actitudes poco eclesiales y dejar de lado el individualismo y el encierro a que nos vemos tentados en nuestra cultura. No somos cristianos sin Iglesia.

La Misa Crismal tiene como elemento distintivo la renovación de las promesas sacerdotales. Quiero compartir con ustedes, hermanos sacerdotes algunas palabras inspiradas en el Mensaje del Papa Benedicto para la próxima Jornada Mundial de oración por las vocaciones. Él nos señala 3 (tres) aspectos esenciales de nuestra vida.

El primero es el de la amistad con Cristo. Sabemos que esa amistad se consolida en la oración personal y comunitaria. Nuestra vocación surge y se alimenta de la escucha de Jesús amigo que cuida de mí y quiere mostrarme el horizonte hacia el cual encaminar la vida. A Jesús le confiamos nuestras inquietudes surgidas del trato con aquellos a quienes Él nos confía. En el Responsorio de la Liturgia de las Horas del “común de Pastores” rezamos: “Este es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo”.

El segundo aspecto que nos pide considerar es el de la entrega total de la vida a Dios en el servicio a los hermanos. Y nos propone la imagen de Jesús en la Última Cena. Mañana realizaremos en este gesto conmovedor. Nos quitaremos la casulla (el manto), ataremos una toalla a la cintura y nos inclinaremos a lavar los pies. Tengamos en el corazón en esos momentos los rostros de los pobres, los presos, los enfermos. Los que sufren cubiertos de consuelo y ternura, y aquellos que padecen en desamparo, desprecio y olvido. Y pidan a Jesús nos de su corazón y su mirada de Buen Pastor.

El “tercer aspecto que no puede dejar de caracterizar al sacerdote y a la persona consagrada es el vivir la comunión”. Jesús en la noche que fue entregado rezó por sus discípulos pidiendo al Padre “que sean uno… para que el mundo crea”. (Jn. 17, 21) Nos unen como Presbiterio lazos fraternos fundados en la Palabra de Dios y en el Sacramento del Orden Sagrado.

La Ordenación Presbiteral no sólo nos configura con Cristo, sino que también nos hace parte de un Presbiterio con los demás hermanos y el Obispo. También un signo de la comunión es compartir la solicitud por todas las Iglesias y una disponibilidad por la misión ad gentes (cfr. P.O 8 y 10). Les invito en esta Semana Santa volver a meditar en esos números del Concilio.

Queridos jóvenes: Algunos de ustedes se disponen a vivir esta Semana Santa de una manera muy especial. El Domingo pasado el Papa les propuso rezar a partir del encuentro de Jesús con el joven rico. El Maestro “lo miró y lo amó”. Varios pasajes del Evangelio nos muestran que la mirada de Jesús provoca cambios: a los apóstoles, a Zaqueo, a la mujer pecadora, a Pedro que lo negó…

También hoy Jesús pasa por nuestra diócesis y los mira con ternura; pasa por la vida de cada uno de ustedes. No le esquiven la mirada.

Sacerdotes, Religiosas/os, consagradas, fieles laicos,  hermanos y hermanas todos en la fe. Seamos uno para que el mundo crea. Fortalezcamos la comunión para ser generosos en la misión. Este año celebramos el Bicentenario de la Patria. Renovemos nuestro compromiso por la Justicia y la Solidaridad.

Tenemos  una Buena Noticia; no la guardemos, no la encerremos. Estamos llamados a mostrar la belleza del Amor de Dios. La Virgen María, siempre fiel, nos siga acompañando en nuestro peregrinar.  

Mons. Jorge Lozano, obispo de Gualeguaychú 


Publicado por verdenaranja @ 12:56  | Homil?as
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Domingo, 25 de abril de 2010

Comentario al evangelio del domingo cuarto de Pascua, publicado en Diario de Avisos el domingo 25 de Abril de 2010 bajo el epígrafe DOMINGO CRISTIANO.

¿Dónde vais, que hace frío?

Daniel Padilla

Zagalejo de perlas, hijo del alba, Pastor y Cordero sin choza y lana­, ¿dónde vais, que hace frío, tan de mañana?". Así de bellamente se expre­saba Lope de Vega, presintiendo, en aquel desvalido Niño de Belén, su doble figura de Pastor y Cordero. Y todos los años la liturgia de Cuaresma y Pascua nos pre­senta también sucesivamente la doble figura. Primero, la Cuaresma, pincelada a pincelada, nos bosqueja a Jesús Cor­dero: "He ahí el cordero de Dios que quita el pecado del mundo", proclamaba ya Juan. E Isaías, tratando de explicar de qué modo "quitaría el pecado del mundo", aclaraba: "Maltratado, volunta­riamente se humillaba y no abría la boca, como cordero llevado al matadero; como oveja ante el esquilador, enmudecía". Sí, la Cuaresma deja bien clara esa reflexión. Pero Jesús no es un cordero desdibujado, perdido en la manada, sin personalidad ninguna. "Se ofreció en oblación porque quiso". Y su oblación nos liberó. Lean la carta a los hebreos: "Cristo, como cor­dero inmaculado, ofreció, por los peca­dos, un único sacrificio y para siempre". Del mismo modo, la Pascua nos presenta cada ario a Jesús Pastor. Ese es su papel: "Ha venido a rescatar las ovejas dispersas de Israel". Y lo proclamó bien claramente: "Yo soy el buen pastor, y conozco a mis ovejas y mis ovejas me conocen a mí". Añadiendo además: "Y como hay otras ovejas que no están en mi aprisco, es necesario traerlas, para que se forme un solo rebaño y un solo pastor". Sí, hacía muy bien Lope de Vega en extasiarse ante la doble figura del Niño de Belén:

"Pastor y Cordero,
sin choza y lana,
¿dónde váis, que hace frío,
tan de mañana?"

Pues, atención, amigos, porque este Jesús vino igualmente a conseguir que yo sea también cordero y pastor. Cordero de Jesús. Oveja de su rebaño. Y no me entiendan la palabra rebaño en su sen­tido más pobre y peyorativo, por favor. Cristianos masificados, pertenecientes sociológicamente, y sin más, a la estadís­tica de la Iglesia. Aquello que aprendía­mos de la Iglesia discente no quiere decir, ni mucho menos, que se trate de un "ver, oír y callar", un cristianismo descafei­nado. No. Hemos de ser ovejas conscien­tes, responsables y comprometidas. Ove­jas "que oyen la voz del pastor y la distin­guen de otras voces". Ovejas que saben que pertenecen a un cuerpo que ha de desarrollarse hasta llegar a la medida de la edad adulta. Y pastores también. Por­que todos -y perdónenme el lenguaje de escuela-, unos, de una manera directa, por su sacerdocio ministerial, y otros, en otro grado, por su sacerdocio real, pero todos, hemos adquirido la tarea de ir pas­toreando esa inmensa grey que es la Igle­sia de Cristo. A todos se nos han enco­mendado, bajo el único cayado de Jesús, porciones de ese gran rebaño, al que tene­mos que alimentar con los mejores pas­tos, que tenemos que librar de los posi­bles lobos que por ahí acechan.


Publicado por verdenaranja @ 9:41  | Espiritualidad
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S?bado, 24 de abril de 2010

ZENIT nos ofrece la predicación que el 2 de Abril, Viernes Santo, dirigió el padre Raniero Cantalamessa OFMCap, durante la Celebración de la Pasión del Señor, presidida por Benedicto XVI, en la Basílica Vaticana,  

“Tenemos un gran Sumo Sacerdote”

Predicación del Viernes Santo 2010 en la Basílica de San Pedro

 

“Teniendo, pues, tal Sumo Sacerdote que penetró los cielos, Jesús, el Hijo de Dios”: así empieza el pasaje de la Carta a los Hebreos que hemos escuchado en la segunda lectura. En el Año Sacerdotal, la liturgia del Viernes Santo nos permite remontarnos a la fuente histórica del sacerdocio cristiano.

Esta es la fuente de las dos realizaciones del sacerdocio: la ministerial, de los obispos y de los presbíteros, y la universal de todos los fieles. También esta de hecho se funda en el sacrificio de Cristo que, dice el Apocalipsis, “Al que nos ama y nos ha lavado con su sangre de nuestros pecados, y ha hecho de nosotros un Reino de Sacerdotes para su Dios y Padre” (Ap 1, 5-6). Es de vital importancia por ello entender la naturaleza del sacrificio y del sacerdocio de Cristo porque es de ellos de donde sacerdotes y laicos, de forma distinta, debemos buscar la impronta e intentar vivir sus exigencias.

La Carta a los Hebreos explica en qué consiste la novedad y la unicidad del sacerdocio de Cristo, no sólo respecto al sacerdocio de la antigua alianza, sino, como nos enseña hoy la historia de las religiones, respecto a toda institución sacerdotal incluso fuera de la Biblia. “Cristo como Sumo Sacerdote de los bienes futuros [...] penetró en el santuario una vez para siempre, no con sangre de machos cabríos ni de novillos, sino con su propia sangre, consiguiendo una redención eterna. Pues si la sangre de machos cabríos y de toros y la ceniza de vaca santifica con su aspersión a los contaminados, en orden a la purificación de la carne, ¡cuánto más la sangre de Cristo, que por el Espíritu Eterno se ofreció a sí mismo sin tacha a Dios, purificará de las obras muertas nuestra conciencia para rendir culto a Dios vivo!” (Hb 9, 11-14).

Cualquier otro sacerdote ofrece algo fuera de sí, Cristo se ofreció a sí mismo; cualquier otro sacerdote ofrece víctimas, ¡Cristo se ofreció como víctima! San Agustín recogió en una fórmula célebre este nuevo tipo de sacerdocio en el que sacerdote y víctima son la misma cosa: Ideo sacerdos, quia sacrificium: sacerdote porque víctima [1].

* * *

En 1972 un conocido pensador francés lanzaba la tesis según la cual “la violencia es el corazón y el alma secreta de lo sagrado” [2]. De hecho, en el origen y en el centro de toda religión está el sacrificio, y el sacrificio comporta destrucción y muerte. El periódico Le Monde aplaudía la afirmación, diciendo que ésta hacía de aquel año “un año que marcar con asterisco en los anales de la humanidad”. Pero ya antes de esta fecha, este experto se había vuelto a acercar al cristianismo, y en la Pascua de 1959 había hecho pública su “conversión”, declarándose creyente y volviendo a la Iglesia.

Esto le permitió no detenerse, en los estudios sucesivos, en el análisis del mecanismo de la violencia, sino señalar también cómo salir de él. Muchos, por desgracia, siguen citando a René Girard como aquel que denunció la alianza entre lo sagrado y la violencia, pero no dicen una palabra sobre el Girard que señaló en el misterio pascual de Cristo la ruptura total y definitiva de esta alianza. Según él, Jesús desenmascara y rompe el mecanismo del chivo expiatorio que sacraliza la violencia, haciéndose él, inocente, la víctima de toda la violencia[3].

El proceso que lleva al nacimiento de la religión se invierte respecto a la explicación que Freud había dado de él. En Cristo, es Dios quien se hace víctima, no la víctima (en Freud, el padre primordial), que una vez sacrificada, es elevada a continuación a la dignidad divina (el Padre de los cielos). Ya no es el hombre el que ofrece sacrificios a Dios, sino Dios quien se “sacrifica” por el hombre, entregando a la muerte por él a su Hijo unigénito (cf. Jn 3,16). El sacrificio ya no sirve para “aplacar” a la divinidad, sino más bien para aplacar al hombre y hacerle desistir de su hostilidad hacia Dios y el prójimo.

Cristo no vino con la sangre de otro, sino con la suya propia. No puso sus propios pecados en los hombros de los demás – hombres o animales – sino que puso los pecados de los demás sobre sus propios hombros: “sobre el madero, llevó nuestros pecados en su cuerpo” (1 Pe 2, 24).

¿Se puede, por tanto, seguir hablando de sacrificio, a propósito de la muerte de Cristo y por tanto de la Misa? Durante mucho tiempo el experto rechazó este concepto, considerándolo demasiado marcado por la idea de violencia, pero después acabó por admitir su posibilidad, con la condición de ver, en el de Cristo, un nuevo tipo de sacrificio, y de ver en este cambio de significado “el hecho central en la historia religiosa de la humanidad”.

* * *

Visto a esta luz, el sacrificio de Cristo contiene un mensaje formidable para el mundo de hoy. Grita al mundo que la violencia es un residuo arcaico, una regresión a estadios primitivos y superados de la historia humana y – si se trata de creyentes – de un retraso culpable y escandaloso en la toma de conciencia del salto de calidad realizado por Cristo.

Recuerda también que la violencia es perdedora. En casi todos los mitos antiguos la víctima es el vencido y el verdugo el vencedor. Jesús cambió el signo de la victoria. Ha inaugurado un nuevo tipo de victoria que no consiste en hacer víctimas, sino en hacerse víctima. Victor quia victima, vencedor porque víctima, así define Agustín al Jesús de la cruz [4].

El valor moderno de la defensa de las víctimas, de los débiles y de la vida amenazada nació sobre el terreno del cristianismo, es un fruto tardío de la revolución llevada a cabo por Cristo. Tenemos la prueba contraria. Apenas se abandona (como hizo Nietzsche) la visión cristiana para devolver a la vida la pagana, se pierde esta conquista y se vuelve a exaltar “al fuerte, al poderoso, hasta su punto más excelso, el superhombre”, y se define a la cristiana “una moral de esclavos”, fruto del resentimiento impotente de los débiles contra los fuertes.

Por desgracia, sin embargo, la misma cultura actual que condena la violencia, por otro lado, la favorece y exalta. Se rasgan las vestiduras frente a ciertos actos de sangre, pero no se dan cuenta de que se les prepara el terreno con lo que se anuncia en la página de al lado del periódico o en el programa siguiente de la televisión. El gusto con el que se insiste en la descripción de la violencia y la competición en quién es el primero y el más crudo al describirla, no hacen sino favorecerla. El resultado no es una catarsis del mal, sino una incitación a él. Es inquietante que la violencia y la sangre se hayan convertido en uno de los ingredientes de mayor reclamo en las películas y en los videojuegos, que sean atraídos por ella y que se diviertan mirándola.

El mismo experto recordado antes puso de manifiesto la matriz de la que se inicia el mecanismo de la violencia: el mimetismo, esa connatural inclinación humana a considerar deseable las cosas que desean los demás, y por tanto, a repetir las cosas que ven hacer a los demás. La psicología del “rebaño” es la que lleva a la elección del “chivo expiatorio” para encontrar, en la lucha contra un enemigo común – en general, el elemento más débil, el distinto – una cohesión totalmente artificial y momentánea.

Tenemos un ejemplo en la actual violencia de los jóvenes en el estadio, en el acoso escolar y en ciertas manifestaciones callejeras que dejan tras de sí ruina y destrucción. Una generación de jóvenes que ha tenido el rarísimo privilegio de no conocer una verdadera guerra y de no haber sido nunca llamados a las armas, se divierte (porque se trata de un juego, aunque estúpido y a veces trágico) a inventar pequeñas guerras, empujados por el mismo instinto que movía a la horda primitiva.

* * *

Pero hay una violencia aún más grave y difundida que la de los jóvenes en los estadios y en las plazas. No hablo aquí de la violencia sobre los niños, de la que se han manchado desgraciadamente también elementos del clero; de esa se habla ya bastante fuera de aquí. Hablo de la violencia sobre las mujeres. Esta es una ocasión para hacer comprender a las personas y a las instituciones que luchan contra ella que Cristo es su mejor aliado.

Se trata de una violencia tanto más grave en cuanto que tiene lugar al abrigo de los muros del hogar, sin que nadie lo sepa, cuando no incluso se justifica con prejuicios pseudo-religiosos y culturales. Las víctimas se encuentran desesperadamente solas e indefensas. Solo hoy, gracias al apoyo y al aliento de muchas asociaciones e instituciones, algunas encuentran la fuerza de salir al descubierto y de denunciar a los culpables.

Mucha de esta violencia tiene trasfondo sexual. Es el macho que cree demostrar su virilidad cebándose contra la mujer, sin darse cuenta de que está demostrando solo su inseguridad y cobardía. También hacia la mujer que se ha equivocado, ¡qué contraste entre la actuación de Cristo y la que aún tiene lugar en ciertos ambientes! El fanatismo invoca la lapidación; Cristo, a los hombres que le presentaron a una adúltera, responde: “quien de vosotros esté sin pecado, que le lance la primera piedra” (Jn 8, 7). El adulterio es un pecado que se comete siempre en dos, pero por el cual uno solo ha sido (y en algunas partes del mundo lo es todavía) castigado.

La violencia contra la mujer no es nunca tan odiosa como cuando se produce allí donde debería reinar el respeto y el amor recíprocos, en la relación entre marido y mujer. Es verdad que la violencia no es sólo de una parte, que se puede ser violentos también con la lengua y no solo con las manos, pero nadie puede negar que en la gran mayoría de los casos la víctima es la mujer.

Hay familias donde aún el hombre se considera autorizado a levantar la voz y las manos sobre las mujeres de la casa. Mujeres e hijos viven a veces bajo la constante amenaza de la “ira de papá”. A estos tales habría que decirles amablemente: “Queridos compañeros hombres, creándonos varones, Dios no ha pretendido darnos el derecho de enfadarnos y dar puñetazos en la mesa por cualquier pequeñez. La palabra dirigida a Eva después de la culpa, 'Él (el hombre) te dominará' (Gn 3,16), era una amarga previsión, no una autorización”.

Juan Pablo II inauguró la práctica de las peticiones de perdón por los errores colectivos. Una de ellas, entre las más justas y necesarias, es el perdón que una mitad de la humanidad debe pedir a la otra mitad, los hombres a las mujeres. Ésta no debe quedarse en genérica y abstracta. Debe llevar, especialmente a quien se profesa cristiano, a gestos concretos de conversión, a palabras de perdón y de reconciliación dentro de las familias y de la sociedad.

* * *

El pasaje de la Carta a los Hebreos que hemos escuchado prosigue diciendo:”El cual ofreció en los días de su vida mortal ruegos y súplicas con poderoso clamor y lágrimas al que podía salvarle de la muerte”. Jesús conoció en toda su crudeza la situación de las víctimas, los gritos sofocados y las lágrimas silenciosas. Verdaderamente, “no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas”. En cada víctima de la violencia, Cristo revive misteriosamente su experiencia terrenal. También a propósito de cada una de ellas dice: “A mi me lo hicisteis” (Mt 25, 40).

Por una rara coincidencia, este año nuestra Pascua cae en la misma semana que la Pascua judía, que es la antepasada y la matriz en la cual se formó. Esto nos empuja a dirigir un pensamiento a los hermanos judíos. Ellos saben por experiencia qué significa ser víctimas de la violencia colectiva, y también por esto están dispuestos a reconocer sus síntomas habituales. He recibido en estos días la carta de un amigo judío y, con su permiso, comparto aquí una parte. Decía:

“Estoy siguiendo con disgusto el ataque violento y concéntrico contra la Iglesia, el Papa y todos los fieles por parte del mundo entero. El uso del estereotipo, el paso de la responsabilidad y la culpa personal a la colectiva me recuerdan los aspectos más vergonzosos del antisemitismo. Deseo por tanto expresarle a usted personalmente, al Papa y a toda la Iglesia mi solidaridad de judío de diálogo, y de todos aquellos que en el mundo judío (y son muchos) comparten estos sentimientos de fraternidad. Nuestra Pascua y la vuestra tienen indudables elementos de alteridad, pero viven ambas en la esperanza mesiánica que seguramente nos reunirá en el amor del Padre común. Le auguro por ello a usted y a todos los católicos Buena Pascua”.

Y también nosotros católicos auguramos a los hermanos judíos Buena Pascua. Lo hacemos con las palabras de su antiguo maestro Gamaliel, incorporadas al Seder pascual judío y de ahí pasadas a la más antigua liturgia cristiana:

“Él nos hizo pasar
de la esclavitud a la libertad,
de la tristeza a la alegría,
del luto a la fiesta,
de las tinieblas a la luz,
de la servidumbre a la redención.

Por ello decimos ante Él: ¡Aleluya!" [5]. 

[Traducción del italiano por Inma Álvarez]

1 S. Agustín, Confesiones, 10,43.
2 Cfr. R. Girard, La violence et le sacré, Grasset, París 1972.
3 M. Kirwan, Discovering Girard, Londres 2004.
4 S. Agustín, Confesiones, 10,43.
5 Pesachim, X,5 y Melitón de Sardes, Homilía pascual,68 (SCh 123, p.98).


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Homilía de Mons. Francisco Polti, obispo de Santiago del Estero (Catedral-Basílica Nuestra Señora del Carmen, 30 de marzo de 2010). (AICA)

MISA CRISMAL 

Querido Mons. Ariel,
Estimados sacerdotes y fieles todos en Cristo Jesús,

Somos convocados nuevamente, como familia de Dios, ante la Mesa del Altar para celebrar, anunciar y proclamar la muerte y resurrección de Jesucristo. Misterio de nuestra salvación que en estos días cuaresmales hemos podido contemplar con más detenimiento.

También en esta Eucaristía realizaremos la antigua tradición de la Iglesia de bendecir los óleos para los enfermos y para los catecúmenos, y consagrar el Santo Crisma.

Terminada esta homilía, los sacerdotes y yo mantendremos una conversación, en la cual ellos renovarán públicamente, como todo los años, las promesas sacerdotales a su vocación y ministerio; la misma que realizaron el día de su ordenación presbiteral. Vendrá por tanto manifestada la comunión de los presbíteros -dice el Misal- con el Obispo.

Asimismo esta Celebración Eucarística, especialmente sacerdotal, cobra un nuevo resplandor en este año dedicado a los sacerdotes, convocado por el Santo Padre Benedicto XVI, al celebrarse los 150 años  del fallecimiento de San Juan María Vianney, el santo Cura de Ars, patrono de todos los párrocos del mundo.

Su finalidad, lo sabemos bien, la ha expresado el Papa, en la carta de convocación: “Este año desea contribuir a promover el compromiso de renovación interior de todos los sacerdotes, para que su testimonio evangélico en el mundo de hoy sea más intenso e incisivo” (1).

Este año especial sacerdotal cuenta con un lema: “Fidelidad de Cristo, fidelidad del sacerdote”.

La fidelidad es una cualidad de la voluntad mediante la cual uno puede permanecer constante en las propias y buenas disposiciones con respecto a los otros y respetando los propios principios, llevando a cumplimiento los empeños asumidos.

Nuestra fidelidad es un reflejo de la fidelidad divina, así como se nos ha manifestado en la Revelación. Por eso es lógico que -a ustedes y a mí- el Santo Padre nos recuerde que Cristo es el único modelo. Su fidelidad nos interpela y nos exige a configurar, cada día más, nuestras acciones con las de El.

Querido hermanos, nuestra fidelidad se manifiesta, en primer lugar, en el cumplimiento de nuestros deberes cotidianos, incluso en los más pequeños. Más, pienso que allí está el gran secreto. Recuerdan las palabras del Evangelio: “porque has sido fiel en los poco -no dice el evangelista: en lo mucho, sino en lo poco-, pasa al banquete de tu Señor”.

Esa fidelidad a Cristo se manifestará en nuestras vidas buscando, en cada momento, hacer la voluntad del Padre, no la nuestra. Para ello, el encuentro con la Palabra Divina en las Escrituras, a través de la Lectio Divina, nos llevará a poner nuestros pensamientos, sentimientos, palabras y acciones ante Jesucristo, el único, sumo y eterno Sacerdote.

Asimismo esa fidelidad a Cristo se renovará cada día al redescubrirnos necesitados del amor y de la misericordia de Dios. Estoy seguro que, en cada jornada, hacen un esfuerzo enorme para llevar la gracia de Dios, especialmente por medio de los Sacramentos, a muchos hermanos nuestros necesitados, que tienen la vida y la fe amenazadas. Pero asimismo me invito y los invito a ustedes, queridos hermanos en la vocación sacerdotal, a redescubrir que como miembros de la Iglesia -y esto lo ha repetido en muchas ocasiones el Papa Juan Pablo II- también necesitamos de los sacramentos especialmente de la Reconciliación y de la Eucaristía, medios que el Señor puso a nuestra disposición para ser fieles en nuestro peregrinar aquí en la tierra, mientras nos dirigimos a la Patria definitiva.

La tercera pregunta de la Renovación de las promesas sacerdotales se detienen justamente en la fidelidad: “¿Quieren ser fieles administradores de los misterios de Dios en la celebración de la Eucaristía y en las demás acciones litúrgicas, y cumplir fielmente el sagrado deber de enseñar, siguiendo a Cristo, Cabeza y Pastor, movidos, no por la codicia de los bienes terrenos, sino sólo por el amor a las almas?” (2).

Me quería detener en el último párrafo de la pregunta que hace referencia especialmente a ser fieles con nuestros hermanos buscando no sólo nuestros intereses personales, sino la salud de las almas. Los discípulos de Cristo, transformados por la gracia, se deben distinguir por su fidelidad a los demás. Es el elemento esencial de nuestra caridad: el amor de Cristo no puede ser separado del amor hacia el prójimo y este amor no se acabará más (3). Como nos recuerdan los obispos en el Documento “Hacia un Bicentenario en justicia y solidaridad”: La persona humana nunca puede ser instrumento de proyectos de carácter económico, social o político. Por ello, ante todo queremos reafirmar que nuestro criterio de priorización será la persona humana que ha recibido de Dios mismo una incomparable e inalienable dignidad” (4).

En el objetivo diocesano, nos preocupamos todos -laicos y sacerdotes- por aquellos que tienen la vida y la fe amenazada. Pienso que no es sólo un “deber” de la caridad, sino un estilo de vida. Es algo propio del cristiano, que a ejemplo del Señor Jesús, busca en todo momento la manifestación del amor en gestos concretos. Lo pedimos a Dios en la liturgia de la Eucaristía: “abre nuestros ojos para que conozcamos las necesidades de los hermanos; inspíranos las palabras y las obras para confortar a los que están cansados y agobiados; haz que podamos servirlos con sinceridad, siguiendo el ejemplo y el mandato de Cristo” (5).

Hoy, nosotros sacerdotes ¿cómo podemos ser más fieles en buscar la “salud” para nuestros hermanos, para que nuestro objetivo diocesano no se convierta en un simple discurso vacío, en pura palabrería? Parafraseando al Apóstol: muéstrame tu amor sin obras, que yo, a través de mis obras, te mostraré mi amor. “Para nosotros, este es el verdadero fundamento de todo poder y de toda autoridad: servir a Cristo, sirviendo a nuestro hermanos (6).

¿No fue acaso el amor y la fidelidad a Cristo lo que cambió al imperio romano? Fue Tertuliano quien nos da el testimonio de la reacción de los paganos ante el amor que se manifestaban los cristianos entre ellos, hasta el punto de exclamar: ¡Miren cómo se aman!

En una sociedad donde en muchas ocasiones la fidelidad parece no estar a la moda, anticuada y en decadencia, por los diversos comportamientos y expresiones de muchos hermanos nuestros y no sólo de aquellos que detentan el poder político; tenemos, como misioneros y discípulos de Jesucristo, queridos hermanos, la ardua y difícil -pero no por eso imposible-, tarea de defender la fidelidad y de nutrirla a través de actos positivos de benevolencia y de amor.

La fidelidad es un empeño que debe crecer en un clima de humildad, ya que se debe reconocer ante todo la propia fragilidad; pero también es una gracia que se debe pedir a Dios constantemente.

Me dirijo una vez más a Nuestra Madre y a San Juan Apóstol, modelos de fidelidad hasta la Cruz, para que nos ayuden a mantenernos fieles en el seguimiento de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, y nos alcancen el coraje de testimoniar el valor de la fidelidad en Santiago del Estero y en Nuestra Patria que celebra el Bicentenario. Así sea.

 

Notas

(1) BENEDICTO XVI, Carta de Convocación al Año Especial Sacerdotal, 16-VI-2009.
(2) MISAL ROMANO, Jueves Santo. Misa Crismal, 234.
(3) Cfr. 1 Cor 13, 4-7.
(4) Documento “Hacia un Bicentenario en justicia y solidaridad”, n. 24.
(5) MISAL ROMANO, Plegaria Eucarística para diversas circunstancias IV, 594.
(6) Documento “Hacia un Bicentenario en justicia y solidaridad”, n. 20.

 


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Mensaje de monseñor Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús, para la Pascua (29 de marzo de 2010). (AICA)

"CRISTO NUESTRA PASCUA, HA RESUCITADO" 

En esta Pascua, queremos reflexionar acerca del Paso del Señor: Cristo con su resurrección, ha vencido el pecado y la muerte. Dos realidades, que nos son muy cercanas, que aunque las queramos negar, nos están rodeando permanentemente.

El pecado provoca esclavitud. La esclavitud, nos lleva a la negación de una vida libre, entera, y digna. El pecado nos encierra y nos asfixia en nuestros pensamientos, o en nuestras costumbres. De ambos modos, pretenden hacernos vivir alejados de la verdad y de la vida. Pero tenemos una certeza: Todos los argumentos y razonamientos falaces con que el egoísmo y las ideologías pretenden envolvernos no constituyen nunca una verdad.

Hoy se pretende vivir una vida enajenada. Se rompen los vínculos y las relaciones interpersonales. Se deteriora el trato respetuoso entre los hombres. Se llega, incluso, a  querer, vanamente,  justificar, por argumentos falsos o parciales, el derecho a nacer, fundamental del ser humano, promoviendo la legalización del aborto.

Hoy, la búsqueda de una buena situación económica que lleve al bienestar, conduce al individualismo, a la aceptación de atajos en lo relativo a la moral, a la promoción de derechos sin las correlativas obligaciones, descuidando la solidaridad y exaltando el relativismo y el subjetivismo en todas las dimensiones de la vida personal y social.

Hoy la confusión entre lo verdadero y lo falso conduce al escepticismo. La multiplicación hasta la saturación de las palabras pretende usurpar la fuerza de la evidencia de la  verdad.

Hoy la corrupción en los diferentes estamentos, particularmente en los niveles directivos de la sociedad, es una moneda corriente, con la consecuente desmoralización en los sectores más vulnerables, particularmente en los jóvenes.

Cristo es el "camino, la verdad y la vida" El nos da la posibilidad de peregrinar con ánimo renovado por sus caminos, pero no de cualquier manera, sino en verdad y en vida. Su compromiso, nos ayuda a nosotros a vivir comprometidos. La vida define, y las palabras expresan. Elijamos siempre la vida.

Protejamos nuestras familias nutriéndolas de valores, de  virtudes humanas y cristianas. Es preciso insistir en una educación integral, en lo humano y en lo trascendente, en la paz, en la verdad, en la libertad, la justicia y en la caridad, que son los pilares de nuestras familias y de nuestra sociedad.

La celebración pascual coincide este año con el inicio del camino hacia el bicentenario de Nuestra Patria, como Nación, que necesita de nuestro compromiso no solo para festejar sino también para proyectar el futuro concretándolo en este presente, procurando juntos el bien común de todos los argentinos.

La presencia de Jesús Resucitado, que vence el pecado y la muerte diciéndonos que no tengamos miedo, nos colme de alegría, de fuerza, de luz, de ternura y de amor.

Y que la Virgen María, con su ejemplo de confianza y de fidelidad nos ayude a ser más sus hijos y a considerarnos entre nosotros como hermanos.

Les doy mi bendición de Padre y Pastor. 

¡Felices Pascuas de Resurrección! 

Mons. Rubén O. Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús
Avellaneda, 29 de marzo de 2010

 


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Homilía de monseñor Mario Aurelio Poli, obispo de Santa Rosa en la Misa Crismal (Iglesia catedral, 31 de marzo de 2010). (AICA)

MISA CRISMAL 

San Lucas 4, 16-21: «Vino a Nazaret, donde se había criado y, según su costumbre, entró en la sinagoga el día de sábado, y se levantó para hacer la lectura. Le entregaron el volumen del profeta Isaías y desenrollando el volumen, halló el pasaje donde estaba escrito: El Espíritu del Señor sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor. Enrollando el volumen lo devolvió al ministro, y se sentó. En la sinagoga, todos los ojos estaban fijos en él. Comenzó, pues, a decirles: “Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy”».

La Semana Mayor de los cristianos despliega en su liturgia una delicada pedagogía. En esta Misa Crismal, pórtico del triduo pascual, la Iglesia “expresa con este rito la comunión que existe entre los presbíteros y su obispo..., para significar la unidad del presbiterio diocesano” (Nuevo Misal Romano, 233, 4). No es que la hallamos alcanzado plenamente, pero sí, con la mirada puesta en el Señor, al celebrar la Eucaristía alimentamos la esperanza de renovar el don precioso, con el que Cristo nos ha configurado a sí, asociándonos a su misión salvífica; queremos decirle a Aquél que todo lo puede, que no tenga en cuenta nuestros pecados de infidelidad y división, sino que mire la fe de su pueblo, y con humildad le pedimos que cumpla su promesa de paz y unidad para toda nuestra diócesis, también para nuestra fraternidad sacerdotal.

Esta es una Misa de Unción y de Gracia, donde el pueblo cristiano, que ejerce por el bautismo el auténtico sacerdocio real de los fieles, mirando al Ungido del Señor, implora para remozar el “óleo de alegría”. Es el momento de acción de gracias al Santo Espíritu de Dios, por aquella vez que infundió los siete dones, cuando el Santo Crisma se derramó en cruz sobre nuestra frente en el Bautismo y en la Confirmación, el mismo que nosotros, los ministros ordenados, recibimos como don sacerdotal, en nuestras manos y nuestra cabeza.

Atentos a la proclamación de la Palabra, advertimos que la profecía de Isaías es un cántico a la esperanza. La misión del profeta alcanza su pleno cumplimiento cuando el Espíritu del Señor derrama la unción y lo envía a cuidar a sus hermanos: los pobres en primer lugar, los que tienen herido el corazón, los cautivos y prisioneros son los destinatarios de una buena noticia. Asimismo, toda tristeza que causa la muerte se cambiará por el óleo de alegría y su aflicción y desaliento por un canto de alabanza. Hará de su pueblo desolado un pueblo de Sacerdotes y a estos los hará misioneros de buenas noticias para las naciones. Este pueblo vivirá de su bendición. El salmo nos recordó que la unción nos deja a merced de su mano firme y su brazo poderoso que nos sostiene en toda obra buena. Él es fiel y su amor se hará sentir en el camino.

Pero nuestros sentidos se dirigen a recrear la escena que nos presentó el Evangelio de San Lucas, donde la Palabra y la persona de Jesús se hacen una sola cosa. El evangelista nos relata sobriamente la presencia de Jesús en la sinagoga de su patria chica. Nos dice también que fue invitado a hacer la lectura y buscando un texto del Profeta Isaías, abrió el rollo y «“encontró” el pasaje donde estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. Él me envió...». Hasta el momento nadie había logrado una plena identificación con las palabras inspiradas. Pero ahora el Libro de la Palabra en sus manos es el “Libro de la generación de Jesucristo, hijo de David, Hijo de Abraham...” (Mt 1, 1). Lo que se anunciaba de Él en imágenes y veladamente, ahora en sus labios adquiere un realismo pleno, pues ahora ha llegado el tiempo del alumbramiento, pues se “presentó Cristo como Sumo Sacerdote de los bienes futuros” (Hb 9,11), y bajo la mirada de una asamblea de paisanos –que no le quitaban los ojos de encima–, después de una pausa agregó: «Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír». Tampoco nadie se había apropiado estas palabras, hasta que ellas encontraron el eco de la voz del Verbo que las encarnó, dándoles pleno cumplimiento. El “hoy” tuvo sabor a la “hora” anunciada en las bodas de Caná y serenamente esperada por el Hijo del Hombre, (cfr. Jn 13, 1; 17, 1). A partir de esta “hora”, la misión de Cristo y del Espíritu se convierte en la misión de la Iglesia: «Como el Padre me envió, también yo los envío» (Jn 20, 21; cf. Lc 24, 47-48; Hch 1, 8). Nuestro sacerdocio escucha el “Hoy”, y como un desafío misionero, siente el llamado y busca espejarse nuevamente con el rostro de quien nos confió el ministerio de la reconciliación, el rostro de Jesús de Nazaret. Sí, volvemos a la Eucaristía de los Santos Óleos, para que respirando el suave aroma de Cristo, Él que nos ha ungido, sellado y enviado, renueve en nosotros la alegría del servicio ministerial, el fervor misionero y la entrega generosa de Palabra buena, para que nuestro pueblo en Él tenga vida.

Recordemos que antes de hacerse óleo, el Crisma es una persona, el Ungido de Dios, Jesús el Cristo, el Mesías que salva, y es desde la Cruz que recibe su virtud santificadora porque se mezcló con la sangre del sacrificio agradable al Padre. Crisma y Cruz se hicieron sacramento y don de la gracia santificante, que la Iglesia derrama copiosamente sobre la vida de sus hijos peregrinos en La Pampa. El Crisma es signo de la unción especial del Espíritu Santo que hace fecundo nuestro ministerio. Es el mismo que pasó por la Cruz y el Sepulcro, y posee el suave aroma del Evangelio de la Resurrección y la Vida. Contiene y actúa sacramentalmente en nosotros con la fuerza misionera de la Pascua. Si la gracia resucitadora del Día Glorioso toca nuestro sacerdocio, renovaremos el oficio intercesor de hablar a los hombres de Dios y a Dios de los hombres.

Hay sobrados motivos para encontrarnos año tras año en esta eucaristía de Óleos y de renovación de promesas sacerdotales. Nos hace bien escuchar nuevamente cómo se abren para nosotros las puertas de la misericordia, porque «Él nos amó y nos purificó de nuestros pecados, por medio de su sangre», y sin reparar en nuestras fragilidades y mediocridades, «hizo de nosotros un Reino sacerdotal para Dios, su Padre.» Ap 1, 7.

También “hoy” retomamos la invitación del Papa cuando al comienzo del año sacerdotal que estamos promediando, nos expresó su intención de “promover el compromiso de renovación interior de todos los sacerdotes, para que su testimonio evangélico en el mundo de hoy sea más intenso e incisivo” (Carta convocatoria...). Precisamente, la unción que hemos recibido nos debe contagiar el ánimo para entregarnos con pasión por la misión. Cuando ella está ausente sobreviene “la falta de fervor y se manifiesta en la fatiga y la desilusión, en la acomodación al ambiente y en el desinterés y sobre todo en la falta de alegría y de esperanza” EN 80. Pero si confiamos en que la unción recibida, y hoy nuevamente renovada y prometida, es la comunicación especial del Espíritu Santo que mueve a la virtud y a la perfección, cómo no dejarnos invadir por la acción apostólica que hace de nuestro sacerdocio un instrumento bello y verdadero en las manos del Buen Pastor.

No pocas veces María lo acompañó al Señor al templo, y otras tantas quedó admirada de lo que decía la gente de él. Desbordada por el misterio que había salido de sus entrañas, decidió guardar las palabras en su corazón. Actitud cordial que hoy queremos imitar y le pedimos a Ella, misionera, visitadora y peregrina con los pies descalzos, nos ayude a renovar el fervor apostólico en nuestro corazón sacerdotal.

Dios los bendiga y la Virgen los ampare. 

Mons. Mario Aurelio Poli, obispo de Santa Rosa 


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Viernes, 23 de abril de 2010

Homilía de monseñor Martín de Elizalde OSB, obispo de Nueve de Julio, pronunciada en la Misa Crismal (Iglesia Catedral, 23 de marzo de 2010). (AICA)

MISA CRISMAL 

Queridos hermanos sacerdotes, diáconos,
religiosos y religiosas, seminaristas,
queridos fieles venidos de las comunidades parroquiales de la diócesis: 

Con mucha alegría nos encontramos esta tarde reunidos en nuestro templo catedralicio, y lo hacemos en familia, como un solo cuerpo, como Iglesia diocesana, porción del Pueblo de Dios que cree en Jesucristo y vive en la comunión de la fe, y que peregrina en nuestro vasto territorio. Pertenecemos a la Iglesia por la misericordia del Padre que nos creó y nos llamó a la salvación en su Hijo Jesucristo, y permanecemos en su unidad por el vínculo del Espíritu Santo. En ella se realiza una multiforme presencia del Espíritu de Dios, que nos congrega y santifica, y nos concede vivir con la mayor claridad y transparencia el misterio de la comunión de la Iglesia, que es fruto del Espíritu para continuar la obra de Cristo, hasta que el Señor vuelva y nos conduzca a la visión del Padre.

Nos encontramos en el templo, casa de Dios, especialmente consagrado como signo de la presencia divina, donde nos hemos reunido como miembros de un mismo Cuerpo para celebrar y para orar, donde fuimos recibidos en la Iglesia y donde nos alimentamos espiritualmente con la gracia de los sacramentos. Esta ocasión, prácticamente única en el año en la vida de los cristianos de nuestra diócesis, nos permite proclamar bien alto el vínculo que nos une, la condición que nos define, la fe que nos guía. Como Pastor, llamado a ejercer entre ustedes el oficio apostólico, ministerio de santificación, de enseñanza y de gobierno pastoral, siento una profunda alegría por este encuentro eucarístico en torno a la cátedra. Ustedes, participando hoy en la celebración, representan a los fieles de esta Iglesia particular. Serán testigos de la consagración del Santo Crisma y de la bendición de los óleos de los catecúmenos y de los enfermos, que en los sacramentos, instituidos para nuestra salvación, son signo de la gracia que nos obtuvo el sacrificio de Cristo.

El Santo Crisma es el aceite, al cual se le agregan esencias perfumadas, y con su aroma nos recuerda el buen olor, la fragancia que debemos irradiar nosotros, que somos el testimonio que procede del sacrificio de Cristo y lo difunde (cfr. 2 Cor 1, 15). Somos ungidos con el óleo consagrado, cuyo nombre toma el mismo Jesús, el Ungido (Cristo),  y nos confiere la marca indeleble del bautismo y de la confirmación, el sello que transforma visible y permanentemente para ser “una raza elegida, un reino de sacerdotes, un pueblo que Dios hizo suyo para proclamar sus maravillas; pues Él los ha llamado de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pe 2, 9). Son ungidas las manos del sacerdote, las manos con que ofrece el sacrificio de Cristo, y es ungida la cabeza del obispo, que representa al Señor Jesús al frente de la Iglesia. Es ungido el altar donde se celebra la Eucaristía, altar que es símbolo de Cristo, en quien se establece la comunión y por quien se eleva el sacrificio espiritual. El significado del Crisma es pues la destinación total y completa del fiel cristiano para llevar la vida divina que le ha sido otorgada, y como dice la oración consecratoria, este, para los fieles, “sea un signo de salvación y de vida para todos aquellos que serán espiritualmente renovados en las aguas del bautismo... (ellos) se conviertan en templos de tu divina presencia y te agraden con la fragancia de sus vidas inocentes”. Por esta unción, continúa diciendo la plegaria, los fieles “de acuerdo con el orden sacramental que tú estableciste sean revestidos de un don incorruptible al infundirles la dignidad real, sacerdotal y profética”.

El óleo de los enfermos se usa en la oración sacramental que se hace junto al enfermo, con la imposición de manos, reproduciendo el gesto bíblico, y el ministro, implorando para él la protección divina, ruega que se vea liberado de “la aflicción y de todas las enfermedades y sufrimientos”. El óleo de los catecúmenos, que es también bendecido en esta misma celebración, se emplea en los ritos que preceden el bautismo con el agua, para otorgarles la fuerza espiritual para ser dóciles y consecuentes con el Evangelio. De esta manera se prepara el espíritu del catecúmeno, alejando de él la influencia del demonio (exorcismo, se lo llama), para que se abra a la recepción de la gracia bautismal.

Los sacerdotes de nuestro presbiterio, aquí presentes, ungidos ministros de la Palabra y de los sacramentos, expresan la comunión de la Iglesia, a la cual dan vida y presencia en las distintas comunidades, con su generosidad y dedicación. En el Año sacerdotal que estamos recorriendo, convocado por el Papa Benito XVI, la celebración de hoy tiene un significado especial, invitándonos a todos, como miembros de la Iglesia, a comprometernos en la santidad: a nosotros, los sacerdotes, de acuerdo a su llamada y al don recibido, recordando y actualizando la Fidelidad de Cristo con su propia fidelidad sacerdotal; a los bautizados, acompañando a sus pastores con su apoyo espiritual y colaborando eficazmente en el testimonio eclesial y misionero y rezando y ofreciendo por ellos y su santificación, en la común vocación bautismal. La celebración de la Eucaristía, en fin, nos define como miembros de este Cuerpo que es animado por la acción del Espíritu Santo y la presencia del Señor Resucitado.

En esta presencia somos la Iglesia. Con nuestra dignidad de hijos de Dios, nacidos del sacrificio de amor de Jesucristo y sostenidos por la gracia del Espíritu Santo, vivimos con alegría la vocación de hijos de Dios y queremos llevar a nuestros hermanos el mensaje de salvación que nosotros recibimos. Para ello es preciso que lo vivamos primero con generosidad y profundidad, en comunión con lo invisible pero manifestándolo visiblemente en la palabra y las acciones, adhiriéndonos con todo nuestro corazón y dispuestos a dar con generosidad y a compartir con los hermanos. Esta vocación a vivir el Misterio de la Iglesia necesita para realizarse la intensidad espiritual de una comunión profunda en el Espíritu Santo y una apertura a los demás, para darles a ellos con el testimonio y la acción misionera el conocimiento y la práctica de la fe revelada en Jesucristo. En esta oportunidad especial permítanme que les trasmita, con toda sencillez, una llamada insistente, apremiante, para que asumamos todos como Iglesia la responsabilidad evangelizadora que es la nuestra.

En primer lugar, invito a los sacerdotes, colaboradores queridos en el ministerio sacramental y pastoral, - y a los diáconos, ministros y seminaristas, cada cual en su orden, pero que están asociados con ellos en el servicio de los hermanos -, en este día dedicado en forma particular a reafirmar los compromisos que pronunciaron en su ordenación, a reavivar en su espíritu la entrega a Dios, que es primero interior, silenciosa, personal, renovadora de todo el ser y por donde comienza cualquier acción y se gesta toda iniciativa buena. A las preguntas rituales del Obispo responderán reafirmando su propósito de adherirse profundamente a Jesucristo, cumpliendo con fidelidad los sagrados deberes asumidos, y que tienen como objeto, en primer lugar, la gloria debida a Dios, movidos por el testimonio de amor y entrega de su Hijo, y que se expresa en el servicio de los hermanos por la disponibilidad en la distribución de la Palabra de vida y de los dones espirituales, por amor a las almas. Amor de Cristo, amor a las almas: inspirados por el ejemplo del Hijo de Dios, queremos imitarlo, y retribuir tanta generosidad suya ofreciendo la nuestra para bien de los hermanos. El Papa Benito XVI ha querido poner el Año sacerdotal, a los 150 años de la muerte del Santo Cura de Ars, en relación estrecha con el misterio de la misericordia divina que la liturgia de la Iglesia expresa y celebra en la solemnidad del Sagrado Corazón. También nosotros hoy queremos poner el sentido profundo del ministerio sacerdotal en el ámbito espiritual de la misericordia, que difunde siempre la verdad que salva, que acoge a todos, sabe comprender y perdonar,  y nos sostiene, perdonando nuestros propios pecados para que aprendamos a pedir también nosotros perdón a los que hemos ofendido, especialmente por las faltas cometidas en nuestro ministerio. Es este ocasión de gran felicidad y de profunda alegría, y en el cual las pruebas, que no faltan, vengan de donde vinieren, son ocasión de mayor generosidad aún, testimonio que nos asocia al martirio de Cristo y de los santos pastores y sacerdotes que nos han precedido.

Pero las palabras de la liturgia de hoy, después de ofrecer a los sacerdotes la oportunidad para renovar con alegría su fidelidad, se dirigen también a los fieles, a ustedes, aquí presentes, queridos hermanos y hermanas, y a quienes ustedes representan, de todas las comunidades de la diócesis, invitándolos a rezar por ellos y por el Obispo, para que sean fieles ministros de Cristo, Sumo Sacerdote, en su tarea de evangelizar, para conducirlos hacia Él, que es la fuente de la salvación. Ahora bien, esto supone de parte de los miembros de la Iglesia, en cualquier vocación y estado, el deseo y la búsqueda sincera para recibir el mensaje de salvación que nos llega por la Iglesia, y que nos dispone a aceptar las enseñanzas de Cristo, colaborar con los pastores en la obra del Evangelio, secundando su testimonio y servicio, en cumplimiento del sacerdocio bautismal que la celebración del Santo Crisma hoy nos recuerda y actualiza. Es también importante y urgente que toda la comunidad eclesial se haga responsable de la promoción de las vocaciones sacerdotales y a la vida consagrada.


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Homilía del cardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires en la Misa Crismal (1 de abril de 2010). (AICA)  

 MISA CRISMAL 

“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción” 

1. Queridos hermanos sacerdotes: el año pasado en esta misma Eucaristía, reflexionamos acerca del Fin del ministerio sacerdotal: “ungidos para ungir”. El sacerdocio es para el Pueblo fiel, para todos los hombres que necesitan ser ungidos con la misericordia y la caridad de nuestro Padre Dios. Necesitamos de esa unción del Espíritu que nos hace acompañar al pueblo de Dios en la confesión de Jesucristo como nuestro único Salvador y Señor, y lo necesitamos  de manera muy especial en estos tiempos de tanta pobreza material y de tanto asedio a la fe.

Hoy quiero invitarlos a contemplar la Fuente de la que brota la Unción, a poner los ojos en el Espíritu que reposa sobre Cristo Sacerdote, Espíritu de Santidad en el cual fuimos consagrados por la unción sacerdotal.  Contemplamos al Padre, Fuente de toda santidad, que envía al Espíritu sobre su Hijo amado. El Espíritu impregna con el sello de la Unción la Cabeza, el Corazón y las Manos de Jesucristo y lo consagra Sacerdote para siempre. En esa misma Fuente tiene su origen nuestro ministerio sacerdotal. El mismo Espíritu que ungió al Señor nos ha consagrado a nosotros sacerdotes por la unción.

Ponemos los ojos de la fe en Cristo Ungido por el Espíritu, en Cristo Pastor pastoreado por el Espíritu, en Cristo Conductor conducido por el Espíritu que el Padre hace descender sobre Él y que lo acompaña a lo largo de toda su vida, ungiendo todas sus acciones y a los que Él elige para enviar.   

2.  Este Espíritu que está sobre el Señor y al cual Él obedece dejándose conducir, está también sobre nosotros, guiándonos y conduciéndonos internamente.  No es la carne ni la sangre lo que guía nuestro caminar de pastores. No es la prudencia humana ni el interés propio lo que nos mueve a ir de aquí para allá. El Espíritu es quien  inspira nuestras acciones y lo hace para alabanza y gloria del Padre y para el bien del pueblo fiel de Dios.

Este Espíritu imprimió carácter en nuestro espíritu cuando el Obispo nos impuso las manos y rezó pidiendo: “renueva en sus corazones el Espíritu de Santidad”. Con Él nos unimos en cada Eucaristía cuando extendemos nuestras manos sobre la ofrenda de pan y de vino y decimos al Padre Santo, fuente de toda santidad: “te pedimos que santifiques estos dones con la efusión de tu Espíritu”.  A este Espíritu invocamos para que a través nuestro comunique la gracia del Bautismo a los niños, perdone los pecados de los que se confiesan y unja el sufrimiento de los enfermos. 

3. Con Cristo, por El y en El podemos repetir: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción”.

Consuela salmodiar estas palabras, como salmo de la fe, poniendo la atención en la fuente de la gracia y no sólo en el fin. Cuando miramos a aquellos a quienes somos enviados, si bien consuela todo el bien que reciben por nuestro ministerio, lo que prima es la fatiga pastoral: la mies es mucha y los obreros somos pocos. El bien siempre está por hacer, siempre falta más, siempre se nos presenta la Cruz en el horizonte del trabajo cotidiano. Al mirar, en cambio, a la fuente de donde proviene la gracia del ministerio, al mirar al Donante más que a los destinatarios del don, brota gratuito y sobreabundante el Consuelo. No se agota el Agua viva de la fuente a la que acudimos por agua, no se apaga el Fuego de su Amor ni se extingue el Soplo de sus inspiraciones que iluminan la mente y ponen en movimiento evangélico nuestros pies y nuestras manos. 

4.  ¿De dónde proviene la energía infatigable de los Apóstoles, de los santos y de los mártires? ¿Dónde se alimenta su celo apostólico y su paciencia inagotable para sufrirlo todo y esperarlo todo? Brotan de la Paciencia y de la Mansedumbre de Cristo, forma distintiva de su sacerdocio santo, ajeno a todo cansancio malo, a toda agresión y a toda crispación. ¿Y dónde se alimenta esta dulzura pastoral de Cristo, esta prautes, esta hypomoné, que se contagia a sus sacerdotes apenas le tendemos la mano, apenas nos recostamos en su Costado al inclinarnos un poco para consagrar? La paciencia, la dulzura, la mansedumbre y el aguante sacerdotal se alimentan del Espíritu y de su Unción. Ungimos cuando nos dejamos Ungir por el Espíritu de Cristo manso y humilde de Corazón, cuando nos sumergimos en Él y dejamos impregnar nuestras heridas pastorales, las que cansaron nuestras mentes y estresaron nuestros nervios.

Estamos llamados a ser piedras, es verdad. Pero piedras ungidas. Duros como la piedra por fuera, para edificar y sostener, para proteger al rebaño y cobijarlo, pero no duros ni crispados por dentro. Por dentro el sacerdote tiene que ser  como el aceite en el frasco, como el fuego en la antorcha, como el viento en las velas, como la miga del pan.

Para ungir debemos buscar diligentemente y recibir con prolijidad la Unción del Espíritu en todos los rincones de nuestra alma, para que la gracia llegue a lo hondo,  sobreabunde y pueda derramarse en los demás.

Somos pobres sacerdotes en el Gran Sacerdote, pequeños pastorcitos en el Gran Pastor, la gracia que pasa a través de nuestros labios y de nuestras manos es infinitamente mayor de lo que podemos imaginar y el aceite de la Unción es lo que nos hace buenos conductores. Conductores conducidos. 

5. La señal de ser conductores conducidos es el crecimiento en la mansedumbre sacerdotal. La unción comporta la apropiación mansa que el Espíritu va haciendo de todo nuestro ser para ungir a los demás. Tenemos la imagen linda de esta gracia en los “Cristos de la Paciencia” que tanto quiere nuestro Pueblo. Nuestro Pueblo fiel está cansado de un mundo que agrede, que enfrenta a hermanos contra hermanos, que destruye y calumnia. Nuestro pueblo no quiere sacerdotes crispados. Y la crispación viene de pretender controlar el propio poder. Precisamente lo contrario del saberse-conducido propio del buen pastor. Nuestro pueblo fiel nos pide paciencia y mansedumbre.

La mansedumbre sacerdotal es propia del corazón que se sabe guiado y conducido: “tu vara y tu cayado me sosiegan”. La mansedumbre y la paciencia sacerdotal son propias del corazón que se sabe bendecido, defendido, consolado, enviado en medio de su pueblo para hacer Alianza, ungido por el mismo Espíritu que ungió al Hijo predilecto, al único Sacerdote y Buen Pastor de las ovejas.

Cercanos ya a concluir este Año Sacerdotal, que el mejor homenaje a nuestro sacerdocio para los demás sea dejar que el Espíritu renueve en lo más íntimo de nuestra alma la unción, plena y sobreabundantemente, de manera tal que sin apartar los ojos de aquellos para servicio de los cuales hemos sido ungidos, nos regocijemos de corazón, gratuitamente, en Aquel que se nos dona a sí mismo en su Don.  

Card. Jorge Mario Bergoglio s.j., arzobispo de Buenos Aires

Buenos Aires, 1º de abril de 2010 


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Oración publicada por OMP en estampa para repartir entre los fieles, recibida en la parroquia con los materiales para la Jornada de las Vocaciones Nativas 2010.

 

O R A C I O N

Te rogamos

por nuestros hermanos y hermanas

que han respondido sí

a la vida consagrada
y a la misión.

Haz que sus existencias
se renueven de día en día,
y se hagan evangelios vivientes.

¡Señor misericordioso y santo,
sigue enviando nuevos operarios
a la mies de tu Reino!

Ayuda a los que has llamado
a seguirte en este tiempo nuestro;
haz que contemplando tu rostro,
respondan con alegría
a la maravillosa misión
que les has confiado
por el bien de tu Pueblo
y el de todos los pueblos.

Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración de Benedicto XVI 

OBRAS MISIONALES PONTIFICIAS


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DELEGACIÓN DIOCESANA DE MISIONES
OBISPADO DE TENERIFE

La Laguna a 12 de abril de 2010

Querido hermano/a:

Te deseamos una Feliz Pascua de Resurrección.

Una vez más nos ponemos en contacto contigo para enviarte los materiales de jornada misionera, VOCACIONES NATIVAS. Antiguamente se llamaba "Clero Indígena" se pensaba en clave vocacional de cara al sacerdocio en los territorios de misión, actualmente se pretende que la colaboración misionera llegue a todas las vocaciones de especial consagración (sacerdotes y religiosos/as). Esta jornada, a pesar de celebrarse desde hace mucho tiempo, es poco conocida y como consecuencia poco valorada. Es de suma importancia el que la potenciemos pues si en las iglesias antiguas estamos pasando por un invierno vocacional no es menos cierto que las iglesias jóvenes o iglesias en territorios o ámbitos misioneros hay un despertar vocacional del cual incluso nosotros nos beneficiamos, basta observar los institutos religiosos presentes en nuestra diócesis. Nos decía nuestro amado Juan Pablo II: "Pido al Señor, y así nos lo permita y conceda a toda la Iglesia, que nadie llamado por el Señor al sacerdocio o a la vida religiosa en tierras de misión, en las iglesias nacientes, quede excluido  por falta de recursos materiales o económicos". Estas palabras del Papa nos estimulan para hacer vida el lema escogido para este ario 2010, "Al servicio de la Reconciliación". pues los misioneros, en nombre de la Iglesia, son portadores de paz, perdón y reconciliación en el lugar donde prestan su servicio, especialmente donde existe confrontación entre etnias, pueblos y ciudades.

Te recomendamos que leas detenidamente el tríptico o la revista Illuminare donde se ofrece una abundante información que nos ayudará en esta tarea de animación y sensibilización misionera.

La jornada de Vocaciones Nativas se celebrará en nuestra Diócesis el 8 y 9 de mayo.

Sin otro particular quedo a tu disposición junto a las personas que colaboran con esta Delegación. 

Juan Manuel Yanes Marrero
Delegado de Misiones 

Calle San Agustín, 28. 38201 LA LAGUNA - TENERIFE       Tfnos. 922 31 49 69 / 922 25 86 40  E-mail: [email protected]


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ZENIT  publica la meditación que ha escrito monseñor Jesús Sanz Montes, OFM, arzobispo de Oviedo, administrador apostólico de Huesca y Jaca, sobre el Evangelio de este cuarto domingo de Pascua, 25 de abril (Juan 10,27-30)).

Evangelio del domingo: Como Pastor Bueno 

El Buen Pastor era una imagen cercana para aquellos oyentes de Jesús, tan acostumbrados al pastoreo tanto en su vida nómada como en la asentada. Pero aquella parábola era casi una crónica autobiográfica de Jesús en relación con aquellas gentes: no ser extraño ni extrañarse, dar vida y darse en la vida, hasta dejarse la piel antes que nadie pueda arrebatarlas. Aquí se dibujaba el estupor ante Jesús que experimentaban cuantos oían su voz y ya no dejarían de reconocerla permaneciendo junto a Él.

En esa convivencia con Jesús, rápidamente se entendía su "secreto". Y consistía en que este Maestro no estaba huérfano: tenía un Padre, en cuyas manos Jesús cuidaba sus ovejas, y de allí nadie podrá arrebatarlas. Jesús, el Padre, nosotros. El Pastor, el Redil, las ovejas. Como en la metáfora del evangelio y como en la vida de cada día. En nuestro mundo, hay tantas voces de gente que se ofrece a "cuidarnos" y a velar por nuestras mil "seguridades". Pero uno sospecha de tanto favor "desinteresado" cuando en el fondo te ves a la intemperie, cargado de avisos, de normas, de recortes, de intereses y controles, de amenazas... y con demasiado poco corazón, buscando tal vez tan sólo que compremos su marca, o votemos sus siglas, o coreemos su afición. El Buen Pastor no tenía ninguno de esos precios, sino que el dar la vida se hacía gratis, por amor.

No obstante, aquel Buen Pastor no se quedó allí, hace dos mil años. Él ha prometido su presencia y cercanía hasta el final de los tiempos. Seremos "ovejas" de tan Buen Pastor si también nosotros oímos su voz, palpamos su vida entregada, y las manos del Padre de las que nadie nos podrá arrebatar. En la medida en que permanecemos en ese Pastor Bueno, crece nuestro corazón y se ve rodeado de una paz que no engaña, y de una esperanza sin traición. Tenemos necesidad de pastores que nos recuerden las actitudes del Buen Pastor, y debemos pedir al Señor que nos bendiga con muchos y santos sacerdotes según el corazón de Dios. Pero cada uno, desde la vocación que haya recibido, debe testimoniar lo que supone la compañía de tal Buen Pastor: dejarse pastorear es dejarse conducir hacia el destino feliz para el que fuimos creados, para que aquello que Él nos prometió se siga cumpliendo, y esto llene de alegría a nuestro corazón, de esa alegría de la pascua, que como las ovejas de Jesús de las manos del Padre, nadie nos podrá arrebatar.


Publicado por verdenaranja @ 16:50  | Espiritualidad
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Jueves, 22 de abril de 2010

ZENIT nos ofrece la intervención del Papa Benedicto XVI, el miércoles 31 de Marso de 2010 durante la Audiencia General, sobre el significado de las celebraciones de la Semana Santa, dirigida a los peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro.

Queridos hermanos y hermanas,

estamos viviendo los días santos que nos invitan a meditar los acontecimientos centrales de nuestra Redención, el núcleo esencial de nuestra fe. Mañana comienza el Triduo pascual, culmen del entero año litúrgico, en el que somos llamados al silencio y a la oración para contemplar el misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor.

En las homilías los Padres hacen a menudo referencia a estos días que, como observa san Atanasio en una de sus Cartas Pascuales, nos introducen “en ese tiempo que nos hace conocer un nuevo inicio, el día de la Santa Pascua, en la que el Señor se inmoló” (Carta 5,1-2: PG 26, 1379).

Os exhorto por tanto a vivir intensamente estos días para que orienten decididamente la vida de cada uno a la adhesión generosa y convencida a Cristo, muerto y resucitado por nosotros.

La Santa Misa Crismal, preludio matutino del Jueves Santo, verá mañana por la mañana reunidos a los presbíteros con su propio obispo. Durante una significativa celebración eucarística, que tiene lugar de costumbre en las catedrales diocesanas, se bendecirán el óleo de los enfermos, el de los catecúmenos y el Crisma. Además, el obispo y los presbíteros renovarán las promesas sacerdotales pronunciadas el día de la ordenación. Este gesto asume este año una relevancia especial, porque está colocado en el ámbito del Año Sacerdotal, que he proclamado para conmemorar el 150° aniversario de la muerte del Santo Cura de Ars. A todos los sacerdotes quisiera repetir el deseo que formulaba como conclusión de la Carta de convocatoria: “¡A ejemplo del Santo Cura de Ars, dejaos conquistar por Cristo y seréis en el mundo de hoy mensajeros de esperanza, de reconciliación, de paz!”.

Mañana por la tarde celebraremos el momento de la institución de la Eucaristía. El apóstol Pablo, escribiendo a los Corintios, confirmaba a los primeros cristianos en la verdad del misterio eucarístico, comunicándoles cuanto él mismo había aprendido: “El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan, y después de dar gracias, lo partió y dijo: 'Este es mi cuerpo que se da por vosotros; haced esto en recuerdo mío'. Asimismo también la copa después de cenar diciendo: 'Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre. Cuantas veces la bebiereis, hacedlo en recuerdo mío'” (1Cor 11,23-25). Estas palabras manifiestan con claridad la intención de Cristo: bajo las especies del pan y del vino, Él se hace presente de modo real con su cuerpo entregado y con su sangre derramada como sacrificio de la Nueva Alianza. Al mismo tiempo, Él constituye a los Apóstoles y a sus sucesores ministros de este sacramento, que entrega a su Iglesia como prueba suprema de su amor.

Con un rito sugestivo recordaremos, también, el gesto de Jesús que lava los pies a los Apóstoles (cfr Jn 13,1-25). Este acto se convierte, para el evangelista, en la representación de toda la vida de Jesús y revela su amor hasta el final, un amor infinito, capaz de capacitar al hombre para la comunión con Dios y hacerle libre. Al término de la liturgia del Jueves santo, la Iglesia deposita al Santísimo Sacramento en un lugar preparado a propósito, que representa la soledad del Getsemaní y la angustia mortal de Jesús. Ante la Eucaristía, los fieles contemplan a Jesús en la hora de su soledad y rezan para que terminen todas las soledades del mundo. Este camino litúrgico es, por otro lado, una invitación a buscar el encuentro íntimo con el Señor en la oración, a reconocer a Jesús entre quienes están solos, a velar con él y a saberlo proclamar luz de la propia vida.

El Viernes Santo haremos memoria de la pasión y de la muerte del Señor. Jesús quiso ofrecer su vida en sacrificio por la remisión de los pecados de la humanidad, eligiendo con este fin la muerte más cruel y humillante: la crucifixión. Existe una conexión inescindible entre la Última Cena y la muerte de Jesús. En la primera Je´sus entrega su Cuerpo y su Sangre, es decir, su existencia terrena, a sí mismo, anticipando su muerte y transformándola en un acto de amor. Así la muerte que, por naturaleza, es el final, la destrucción de toda relación, viene hecha por él acto de comunicación de sí, instrumento de salvación y proclamación de la victoria del amor. De este modo, Jesús se convierte en la clave para comprender la Última Cena, que es la anticipación de la muerte violenta en sacrificio voluntario, en acto de amor que redime y salva al mundo.

El Sábado Santo se caracteriza por un gran silencio. Las Iglesias están desnudas y no se prevén liturgias particulares. En este tiempo de espera y de esperanza, los creyentes son invitados a la oración, a la reflexión, a la conversión, también a través del sacramento de la reconciliación, para poder participar, íntimamente renovados, en la celebración de la Pascua.

En la noche del Sábado Santo, durante la solemne Vigilia Pascual, “madre de todas las vigilias”, este silencio se romperá con el canto del Aleluya, que anuncia la resurrección de Cristo y proclama la victoria de la luz sobre las tinieblas, de la vida sobre la muerte. La Iglesia gozará en el encuentro con su Señor, entrando en el día de la Pascua que el Señor inaugura resucitando de entre los muertos.

Queridos hermanos y hermanas, dispongámonos a vivir intensamente este Triduo Santo ya inminente, para ser cada vez más profundamente insertados en el Misterio de Cristo, muerto y resucitado por nosotros. Que nos acompañe en este itinerario espiritual la Virgen Santísima. Ella, que siguió a Jesús en su pasión y estuvo presente bajo la Cruz, nos introduzca en el misterio pascual, para que podamos experimentar la alegría y la paz del Resucitado.

Con estos sentimientos os dirijo desde ahora los más cordiales augurios de una santa Pascua a todos vosotros, extendiéndolos a vuestras comunidades y a todos vuestros seres queridos.

[En español dijo]

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, de modo particular a los numerosos jóvenes que participan en el encuentro universitario internacional UNIV dos mil diez, al grupo de consagrados de la Obra de la Iglesia, así como a los fieles venidos de España, México, Argentina y otros países latinoamericanos. Os invito a todos a que tengáis muy presentes en vuestras oraciones a los sacerdotes que mañana, en la Misa Crismal, renovarán sus promesas sacerdotales junto a sus Obispos. Pidamos para que creciendo cada día más en fidelidad y amor a Cristo, sean en medio de sus hermanos mensajeros de esperanza, reconciliación y paz. A todos os deseo una santa y feliz Pascua de Resurrección. Muchas gracias por vuestra visita.

[En italiano dijo]

Al dirigir una cordial bienvenida a los peregrinos de lengua italiana, saludo a los universitarios, procedentes de diversos países, que participan en el Congreso internacional promovido por la Prelatura del Opus Dei. Queridos amigos, habéis venido a Roma con ocasión d la Semana Santa para una experiencia de fe, de amistad y de enriquecimiento espiritual. Os invito a reflexionar sobre la importancia de los estudios universitarios para formar esa “mentalidad católica universal" que san Josemaría describía así: “amplitud de horizontes y profundización vigorosa de lo que está permanentemente vivo en la ortodoxia católica". Que crezca en cada uno el deseo de encontrar personalmente a Jesucristo, para dar testimonio de él con alegría en cada ambiente.

[...] Dirijo finalmente mi cordial pensamiento a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados. Que la contemplación de la pasión, muerte y resurrección de Jesús, queridos jóvenes, os haga cada vez más firmes en el testimonio cristiano. Y vosotros, queridos enfermos, sacad de la Cruz de Cristo el sostén cotidiano para superar los momentos de prueba y de desconsuelo. A vosotros, queridos recién casados, venga del misterio pascual, que contemplamos en estos días, un aliento a hacer de vuestra familia un lugar de amor fiel y fecundo.

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


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REDACCIÓN DE "IGLESIA NIVARIENSE"
C. San Agustín, nº 28
38201. La Laguna. Tenerife.
Tfno. 922-25 86 40 / Extensión 8
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Boletín 383

LAS NOTICIAS AMPLIADAS PUEDEN VERLAS ENTRANDO EN LA WEB DEL OBISPADO EN LA VENTANA, SITUADA A LA DERECHA, LLAMADA: Odisur: Actualidad Diocesana 

El próximo 25 de abril, Domingo del Buen Pastor, se celebra la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones Sacerdotales, Religiosas y de Vida Consagrada bajo el lema “el testimonio suscita vocaciones”.   

La Iglesia de San Agustín de la Villa de La Orotava acogerá este año la V Exposición Vocacional. Permanecerá abierta del 24 de abril al 2 de mayo. Su objetivo es acercar a todos los que la visiten la cantidad de formas de vida religiosa que viven, trabajan, se entregan en nuestra diócesis.  

Más de 2000 peregrinos participaron en la V Ruta del Hermano Pedro que, con diferentes puntos de salida, pretendió dar a conocer el sendero que utilizaba el santo chasnero para desplazarse junto con su rebaño entre el casco de Vilaflor y la Cueva de El Médano. Ahora, entre otras acciones pastorales, el sábado 24, solemnidad del santo, a las 19 horas el Obispo presidirá la Eucaristía en la cueva. 

Por cierto, Popular TV emite este sábado, para todo el país, con varias redifusiones para canarias,  un reportaje a raíz de la canonización del Hermano Pedro. Igualmente, Popular TV-Canarias, comienza a emitir este fin de semana dos reportajes preparatorios de la visita de la Cruz de los jóvenes a las dos diócesis del archipiélago.  

La Fiesta de los Pastores en El Hierro se celebra el domingo 25 de abril. Esta festividad tiene su origen en la celebración de la primera misa en el templo que los pastores le construyeron a La Virgen de Los Reyes el 25 de abril de 1577. En conmemoración de tal fecha, todos los años, los pastores y fieles cristianos se dirigen a La Dehesa, a la fiesta que los pastores le dedican a su Patrona. La Venia de los bailarines a la Virgen de Los Reyes será a las 12:15 horas. Posteriormente, se celebrará la eucaristía. 

La Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) celebra su día el próximo sábado 24 de abril, bajo el lema: “Inmigrantes: romper fronteras, construir humanidad". El día de la HOAC es una celebración anual en la que se quiere compartir con el mundo obrero, con la ciudadanía y con la comunidad eclesial la realidad actual de los trabajadores, este año centrado en los trabajadores inmigrantes.  

Del 26 al 30 de abril, se desarrollará el nuevo Congreso Diálogo Fe-Cultura organizado por el Instituto Superior de Teología. En esta ocasión, bajo el título: “El reto de la educación, la persona”. En este sentido, Juan Pedro Rivero, director del ISTIC, ha señalado que uno de los objetivos de esta iniciativa es remarcar la importancia de la humanización y del desarrollo pleno del ser humano. “La educación debe esforzarse en encauzar la sensibilidad de la persona y hacer un buen uso de la libertad. El ser humano humaniza su mundo, transforma la sociedad y construye la historia”. 

 Con el lema “Ven y Sígueme- A clase de Religión  – Apunta a tus hijos a clase de Religión y Moral Católica” se presentó la campaña a favor de la  ERE. En el curso 2009-2010, la enseñanza religiosa y moral católica es una vez más la opción mayoritaria, escogida voluntariamente por tres de cada cuatro alumnos. 

Más de 1.200 personas seguirán desde España este fin de semana en directo y vía satélite los ejercicios espirituales que Julián Carrón, presidente de la Fraternidad de Comunión y Liberación, impartirá desde la ciudad italiana de Rímini. La conexión en España se realizará desde Tenerife, donde los seguirán cerca de un centenar de personas, y desde Ávila, donde se darán cita más de 1.100 personas. 

Se ha inaugurado y bendecido la capilla del Hospital de Nuestra Señora de Guadalupe, en La Gomera. Esta instalación también servirá como sede del grupo de Pastoral de la Salud de la Isla.  

Por cierto, que La Gomera acogerá las Jornadas de Pastoral de la Salud el próximo fin de semana, las cuales girarán en torno al “Acompañamiento en el duelo. Aprender a despedirse”.  

El día 2 de mayo la Cruz de los Jóvenes y el icono de la Virgen vendrán de Las Palmas a Tenerife. En el muelle de la capital tinerfeña se realizará el acto de entrega por parte de una representación de la delegación de jóvenes procedente de Gran Canaria. Posteriormente, la Cruz y el Icono visitarán el norte de Tenerife, concretamente La Orotava. Al día siguiente, estos símbolos religiosos se dirigirán a El Hierro. El día 4 será el turno para La Gomera. Posteriormente, la Cruz y el Icono volverán a Tenerife, el día 5, para visitar, en la zona sur, los enclaves de la Cueva del Hermano Pedro y la iglesia de El Médano. Por la noche, se desplazarán hasta La Palma. Ya el día 6, la Cruz y el Icono regresarán a Tenerife, concretamente, a La Laguna para finalizar su itinerario en la iglesia de La Concepción.   

Aprendí en América latina que nos llamaban “las caritas de Dios”. Así se expresaba Sonia Olea Ferreras, jurista, responsable nacional en Cáritas española, de los programas de las personas sin hogar, vivienda y reclusos, en el marco de la VIII Asamblea ordinaria de Cáritas Diocesana, que se desarrolló en las instalaciones del seminario. En la misma participaron unas 100 personas, entre directivos, representantes de las distintas islas, sectores y programas de esta institución católica. A la cita acudieron, también, los vicarios generales de la diócesis, Domingo Navarro y Antonio Pérez.

La celebración de la Pascua no es una invitación a la ingenuidad, sino a “producir los frutos de la paz, el testimonio, la alegría, el trabajo bien hecho en lo cotidiano de la vida de cada uno, etc. con la presencia viva y actuante, en nosotros y en el mundo, del Resucitado”. De esta manera se expresó el Vicario General, Antonio Pérez, en el Encuentro Insular de Pascua de todas las parroquias de la isla de La Gomera. El mismo se celebró en Alajeró, concretamente en el restaurado templo de El Salvador y su entorno. 

Por otra parte, en la ermita de S. Sebastián, el Aula Padre Torres Padilla y el Instituto Superior de Teología de las Islas Canarias, vienen desarrollando estos días una nueva oferta formativa. En esta ocasión se trata de tres conferencias sobre: “El triunfo a qué precio: riesgos y límites”, a cargo de la doctora Almudena Rivera, médico de la federación tinerfeña de fútbol. Además, el psicólogo José Juan Rivero disertará sobre el “Bienestar psicológico. Diez claves para ser feliz”. Por último, el viernes, el profesor del centro de humanización de la salud, Pere Robot, impartirá una conferencia “sobre la vivencia y gestión del duelo”.  

Bajo el lema “ricos en la fe”, se desarrolló un Vía Lucis arciprestal en el entorno de la ermita de S. Roque, en Garachico.  

Adeje proclamó su Año Lustral con la celebración de la tradicional Rogativa de la Virgen de la Encarnación en la que participaron más de 2.000 personas. Los peregrinos llevaron la imagen de la Virgen desde la iglesia de Santa Úrsula hasta San Sebastián. Esta rogativa, que se celebra cada tercer domingo de pascua, ha servido, en esta edición, de marco para la proclamación del Año Lustral durante el cual está prevista la organización de diversas actividades y eventos, además de la tradicional visita de la Virgen a los diferentes barrios del municipio.  

Del 25 al 30 de abril, se desarrollará una nueva tanda de ejercicios espirituales para sacerdotes. En esta ocasión, el encargado de guiar los ejercicios será Agustín Bugida Sanz, delegado para el Clero en Sigüenza-Guadalajara. 

Distintos enclaves de la diócesis, se están preparando ya para uno de sus principales celebraciones tradicionales con motivo de la festividad del Día de la Cruz, el próximo 3 de mayo: el enrame de las cruces.   

El monasterio cisterciense de la Santísima Trinidad, en la isla de La Palma, celebrará el próximo mes de mayo el décimo aniversario de la inauguración del nuevo edificio que permitió a la comunidad de monjas, desde su llegada a la isla en 1946, disfrutar de un espacio único en el que vivir, ya que hasta entonces tuvieron que alternar su existencia en varios edificios. 


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Vigilia de Oración por las Vocaciones Nativas, publicada en la revista ILUMINARE, recibida en la parroquia con los materiales para su celebración el día 25 de Abril de 2010, IV domingo de Pascua. En nuestra diócesis deTenerife se traslada al 8 y 9 de Mayo.

VIGILIA DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES NATIVAS 2010

MONICIÓN DE ENTRADA

Lector

Esta noche nos encontramos para orar por las vocaciones nativas. El lema escogido para este año es “Vocaciones nativas, al servicio de la Reconciliación”. Toda vocación es servicio, y todo servicio debe conducir a entregarnos a Dios y a nuestros hermanos y a la búsqueda de la reconciliación con el prójimo y con nuestro Señor. Cristo resucitado es el mayor signo de perdón y amor.

Seguiremos un sencillo esquema dividido en tres partes, en referencia al lema escogido para esta Jornada: la llamada, el servicio y la reconciliación. En cada una de ellas proclamaremos la Palabra de Dios, traeremos un símbolo que nos haga reflexionar sobre el tema y escucharemos las palabras del Santo Padre, que iluminarán nuestra vida a la luz del Evangelio. Después se expondrá el Santísimo y tendremos unos minutos de oración personal. Finalizaremos nuestra vigilia rezando comunitariamente la oración preparada para esta Jornada.

En este año dedicado al sacerdocio, oremos por las vocaciones nativas, pidiendo la intercession de San Juan María Vianney, porque, como él decía: “Un buen pastor, un pastor según el corazón de Jesús, es el tesoro más grande que el buen Dios puede conceder a una parroquia y uno de los dones más preciosos de la misericordia divina”.

Canto: “Haz brillar sobre nosotros” (CLN 714) 

«VOCACIONES NATIVAS,

AL SERVICIO DE LA RECONCILIACIÓN»

LA LLAMADA

Palabra de Dios

Lectura del evangelio según S. Marcos 3, 13-19

«Subió al monte y llamó a los que Él quiso; y vinieron donde Él. Instituyó Doce, para que estuvieran con Él, y para enviarlos a predicar con poder de expulsar los demonios. Instituyó a los Doce y puso a Simón el nombre de Pedro; a Santiago el de Zebedeo y a Juan, el hermano de Santiago, a quienes puso por nombre Boanerges, es decir, hijos del trueno; a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo y Judas Iscariote, el mismo que le entregó».

Símbolo

Entra por el pasillo central una persona portando un cirio encendido, que colocará junto al altar, en un lateral. (Otra persona puede llevar una cartulina con las palabras “VOCACIONES NATIVAS”, que pegará en el lado izquierdo del altar, según llega).

Lectura

«La vocación al sacerdocio y a la vida consagrada constituye un especial don divino, que se sitúa en el amplio proyecto de amor y de salvación que Dios tiene para cada hombre y la humanidad entera. El apóstol Pablo, escribiendo a los efesios, afirma: “Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Él nos eligió en la persona de Cristo antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante Él por el amor” (Ef 1,3-4). En la llamada universal a la santidad destaca la peculiar iniciativa de Dios, escogiendo a algunos para que sigan más de cerca a su Hijo Jesucristo, y sean sus ministros y testigos privilegiados. El Divino Maestro llamó personalmente a los Apóstoles “para que lo acompañaran y para enviarlos a predicar, con poder para expulsar demonios” (Mc 3,14-15); ellos, a su vez, se asociaron con otros discípulos, fieles colaboradores en el ministerio misionero. Y así, respondiendo a la llamada del Señor y dóciles a la acción del Espíritu Santo, una multitud innumerable de presbíteros y de personas consagradas, a lo largo de los siglos, se ha entregado completamente en la Iglesia al servicio del Evangelio. Damos gracias al Señor porque también hoy sigue llamando a obreros para su viña. Aunque es verdad que en algunas regiones de la Tierra se registra una escasez preocupante de presbíteros, y que dificultades y obstáculos acompañan el camino de la Iglesia, nos sostiene la certeza inquebrantable de que el Señor, que libremente escoge e invita a su seguimiento a personas de todas las culturas y de todas las edades, según los designios inescrutables de su amor misericordioso, la guía firmemente por los senderos del tiempo hacia el cumplimiento definitivo del Reino».

Benedicto XVI (20 de enero de 2009)

 

EL SERVICIO

Lectura del evangelio según S. Marcos 10, 35-45

«Se acercan a Él Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dicen: “Maestro, queremos que nos concedas lo que te pidamos”. Él les dijo: “¿Qué queréis que os conceda?”. Ellos le respondieron: “Concédenos que nos sentemos en tu gloria, uno a tu derecha y otro a tu izquierda”. Jesús les dijo: “No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber, o ser bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado?”. Ellos le dijeron: “Sí, podemos”. Jesús les dijo: “La copa que yo voy a beber, sí la beberéis y también seréis bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado”. Al oír esto los otros diez, empezaron a indignarse contra Santiago y Juan. Jesús, llamándoles, les dice: “Sabéis que los que son tenidos como jefes de las naciones las dominan como señores absolutos y sus grandes las oprimen con su poder. Pero no ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será esclavo de todos; que tampoco el Hijo del Hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos”».

Símbolo

Entra por el pasillo central una persona portando un evangeliario abierto, que será colocado junto al altar, en el otro lateral, y, si puede ser, iluminado con un foco. (Otra persona puede llevar una cartulina con las palabras “AL SERVICIO”, que pegará en el centro del altar).

Lectura

«El Evangelio, en el fondo, no es solo palabra, Cristo mismo es el Evangelio. Con la Palabra, la misma vida de Cristo debe impregnar a ese hombre, para que llegue a ser enteramente una sola cosa con Él, que Cristo viva en él y dé forma y contenido a su vida… El consagrado debe ser colmado del Espíritu de Dios y vivir a partir de Él. Debe llevar a los pobres el alegre anuncio, la libertad verdadera y la esperanza que hace vivir al hombre y le cura. Debe establecer el Sacerdocio de Cristo en medio de los hombres, el Sacerdocio al modo de Melquisedec, es decir, el reino de la justicia y de la paz. Como los 72 apóstoles enviados por el Señor, debe ser alguien que trae la curación, que ayuda a curar la herida interior del hombre, su lejanía de Dios. El primer y esencial bien que el hombre necesita es la cercanía de Dios mismo. El reino de Dios… es sencillamente la presencia de Dios mismo, que es la fuerza que verdaderamente sana.

Jesús ha asumido estos múltiples aspectos de su Sacerdocio en la única frase: “El Hijo del Hombre no ha venido para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos” (Mc 10,45). Servir es, por tanto, entregarse a sí mismos; ser no sólo para sí mismos, sino para los demás, de parte de Dios y de cara a Dios: este es el núcleo más profundo de la misión de Jesucristo y, a la vez, la verdadera esencia de su Sacerdocio. Así, Él ha convertido el término “siervo” en su más alto título de honor. Con esto ha dado la vuelta a los valores, nos ha dado una nueva imagen de Dios y del hombre. Jesús no viene como uno de los amos de este mundo, sino que Él, que es el verdadero Amo, viene como siervo. Su Sacerdocio no es dominio, sino servicio: este es el nuevo Sacerdocio de Jesucristo a semejanza de Melquisedec».

Benedicto XVI (12 de septiembre de 2009)

LA RECONCILIACIÓN

Palabra de Dios

Lectura del evangelio según S. Mateo 5, 21-26

«Habéis oído que se dijo a los antepasados: “No matarás”; y aquel que mate será reo ante el tribunal. Pues yo os digo: todo aquel que se encolerice contra su hermano será reo ante el tribunal; pero el que llame a su hermano “imbécil” será reo ante el Sanedrín; y el que le llame “renegado” será reo de la gehena de fuego. Si, pues, al presentar tu  frenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda. Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel. Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último  céntimo».

Símbolo

Entra por el pasillo central una persona portando un lavatorio con agua, que será colocado delante del altar. (Otra persona puede llevar una cartulina con las palabras “DE LA RECONCILIACIÓN", que pegará en el lado derecho del altar, según llega).

Lectura 

«Pensemos en las palabras de Jesús: “Si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar te  acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda” (Mt 5,23s). Dios, que sabía que no estamos reconciliados, que veía que tenemos algo contra Él, se levantó y salió a nuestro encuentro, aunque sólo Él tuviera la razón. Salió a nuestro encuentro hasta la cruz, para reconciliarnos. Esto es gratuidad: la disponibilidad a dar el primer paso, a ser el primero en salir al encuentro del otro, a ofrecerle la reconciliación, a asumir el sufrimiento que implica renunciar a tener la razón. No ceder en la voluntad de reconciliación. Dios nos ha dado ejemplo de ello, y esta es la manera de llegar a ser semejantes a Él, una actitud que siempre necesitamos, una y otra vez, en el mundo. Hoy debemos volver a aprender la capacidad de reconocer la culpa, debemos renunciar a la falsa convicción de que somos inocentes. Debemos aprender la capacidad de hacer penitencia, de dejarnos transformar; de salir al encuentro del otro y de pedir a Dios que nos dé el valor y la fuerza para esa renovación».

Benedicto XVI (21 de diciembre de 2009)

Canto: “Cantemos al Amor de los amores” (CLN O 8)

EXPOSICIÓN DEL SANTÍSIMO

Oración personal

Peticiones

Elevemos nuestra voz suplicante al Padre todopoderoso e invoquemos la misericordia divina por las necesidades de todo el mundo:

Te pedimos, Señor, por la Iglesia, para que sea signo tuyo en medio de un mundo que está herido y resquebrajado. Oremos.

Te pedimos, Señor, para que suscites nuevas vocaciones nativas, jóvenes que se comprometan a evangelizar y a llevar la reconciliación a sus pueblos. Oremos.

Te pedimos, Señor, por los pobres, los que sufren, los que no tienen trabajo o vivienda, para que todos reciban la ayuda y el calor de un servicio generoso. Oremos.

Te pedimos, Señor, por las familias de los países de misión, para que sean “Iglesia doméstica” donde puedan nacer futuras vocaciones al sacerdocio o a la vida consagrada. Oremos.

Te pedimos, Señor, por los que estamos reunidos en esta celebración, para que nuestra respuesta sea el servicio desinteresado a nuestros hermanos. Oremos.

Escucha, Señor, las oraciones que tus fieles te han presentado al celebrar esta vigilia por las vocaciones nativas y, aunque seamos indignos de tu ayuda, concédenos lo que humildemente te hemos pedido. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. 

Oramos juntos

Rezamos todos juntos la oración de la estampa preparada para la Jornada de las Vocaciones Nativas. 

Y juntos rezamos el padrenuestro

BENDICIÓN Y RESERVA

Canto: “Hija del pueblo” (CLN 327)

Seminario Diocesano de Cuenca


Publicado por verdenaranja @ 19:30  | Misiones
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Mensaje para la Jornada de Vocaciones Nativas 2010  de Monseñor  Francisco Pérez González, Arzobispo de Pamplona-Tudela y Director Nacional de OMP, publicado en la revista ILUMINARE, recibida en la parroquia con los materiales para su celebración.

25 de Abril - Jornada de Vocaciones Nativas

AL SERVICIO DE LA RECONCILIACIÓN 

En la experiencia cristiana, uno de los efectos que viene propiciado por la caridad es la misericordia. Porque la caridad se entrega por una doble motivación: por gratuidad o por reconciliación. Son la cara y la cruz del amor cristiano. Sabemos que la Iglesia está formada por miembros frágiles y pecadores, pero tiene la cualidad de sostenerse y fundamentarse en Jesucristo, el único Salvador del género humano. El lema que hemos escogido para la Jornada de Vocaciones Nativas se hace vivo y palpable en los que son llamados a seguir de cerca a Cristo: su entrega no tiene otro modo de comportamiento que el hacer posible la reconciliación entre las gentes y los pueblos. Muchos son los misioneros que mueren a causa del odio, y siempre mueren perdonando.  

A este respecto, recuerdo la experiencia de un gran amigo mío: el obispo católico, llegado a cardenal, su eminencia Van Thuan, natural de Vietnam. Vivió durante 13 años el sufrimiento de la cárcel. Murió en el mes de septiembre del año 2002. El Papa Juan Pablo II, presidiendo su funeral, en la homilía, manifestó: “En su testamento espiritual, después de pedir perdón, el llorado cardenal asegura que muere serenamente y que no conserva odio hacia nadie, ofreciendo todos los sufrimientos a Dios a través de María y San José… Su secreto era una indómita confianza en Dios, alimentada por la oración y por el sufrimiento aceptado con amor. En la cárcel celebraba todos los días la Eucaristía con tres gotas de vino y una gota de agua en la palma de la mano. Ese era su altar, su catedral.  El Cuerpo de Cristo era su «medicina»”.  

Aún recuerdo los días que pasé de vacaciones junto al cardenal Van Thuan. Era en verano y los parajes por donde paseábamos se extendían hermosos y bellos. Le escuchaba con una atención y con una admiración total hacia una experiencia espiritual tan profunda. Me hablaba de que todos los días celebraba la Eucaristía, tal y como se ha descrito más arriba, y de que a cada paso tenía ocasión de extender los brazos y clavarse en la cruz con Cristo, de beber con Él el cáliz más amargo. Cada día, cuando recitaba las palabras de la consagración, se confirmaba con todo el corazón y con toda el alma un nuevo pacto, un pacto eterno entre Jesucristo y él, mediante la sangre divina mezclada con la suya. Sólo con el sacrificio de sí mismo el cristiano contribuye a la salvación del mundo. Con su experiencia, los perseguidos por intereses de diverso tipo, como le sucedió a Mons. Van Thuan, consiguen ser signos y agentes de reconciliación en medio de la sociedad y a pesar de que esta les vuelva la espalda. Siempre se han necesitado heraldos del amor y testigos del Crucificado. Son los únicos que llevan a la sociedad un aire nuevo de esperanza.  

Las vocaciones nativas, que desarrollan su actividad caritativa y pastoral en     países tantas veces acosados por guerras y luchas tribales, son exponentes de una nueva forma de vivir por la paz y para la paz, por la conciliación y para la reconciliación. La palabras proclamadas por Jesucristo poco antes de su pasión, presente un grupo de peregrinos griegos que estaban en Jerusalén, son la forma más eficaz para ser testigos de la reconciliación: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto” (Jn 12,24). Los mártires demuestran, con su ofrenda generosa, que lo único que puede hacer cambiar a la humanidad es el amor, y la raíz está en que ellos han sabido conformar su vida a la de Cristo en la cruz, porque nadie tiene mayor amor, es decir, mayor justicia, que el que entrega su vida por los demás. Lo que caracteriza a los cristianos no es el acto religioso en sí, sino la participación en el sufrimiento de Cristo por la vida del mundo. Y eso lo hacen muy bien los mártires.

La Jornada de Vocaciones Nativas nos invita a poner al servicio de la sociedad la reconciliación. Sabemos las grandes rupturas que ha habido en la historia. El Papa Juan Pablo II, con motivo del Jubileo del año 2000, pidió perdón a toda la humanidad. Caso insólito en épocas precedentes. Un signo más para mostrar que sólo desde la misericordia se llega a la reconciliación y que esta se llevará a efecto desde “la conversión interior, porque los deseos de unidad brotan y maduran como fruto de la renovación de la mente, de la negación de sí mismo y de una efusión libérrima de la caridad” (decreto conciliar Unitatis redintegratio).  

La reconciliación va de la mano de la justicia, puesto que “gracias a la acción de Cristo, nosotros podemos entrar en la justicia más grande, que es la del amor (cf. Rm 13,8-10), la justicia de quien, en cualquier caso, se siente siempre más deudor que acreedor, porque ha recibido más de lo que podía esperar. La fe no es un hecho natural, cómodo, obvio: hace falta humildad para aceptar tener necesidad de Otro que me libere de lo «mío», para darme gratuitamente lo «suyo». Esto sucede especialmente en los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía” (Benedicto XVI, Mensaje para la Cuaresma 2010).

 La experiencia del sacerdote, del religioso o del consagrado, en sus diversas facetas, debe ser un testimonio de amistad, puesto que por el puente de la amistad pasa Cristo. De ahí que los lazos de amistad lleven a una hermandad conciliada y reconciliada, si en algún momento se ha roto. Tanto la conciliación como la reconciliación tienen un nombre: amor misericordioso. Si el padre no hubiera tenido este amor, como nos narra el Evangelio, no se hubiera reconciliado con su hijo que salió de su casa. La vida cristiana es una experiencia de profunda reconciliación. En esta Jornada de Vocaciones Nativas, pidamos al Dueño de la mies que envíe muchos jóvenes para trabajar al lado y de la mano de Jesucristo en esta sociedad nuestra que está tan necesitada de amor, paz y reconciliación. 


Publicado por verdenaranja @ 16:54  | Misiones
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Guión litúrgico para la Eucaristía de la Jornada de las Vocaciones Nativas 2010, que se celebra el IV domingo de PASCUA, 25 de Abril, publicado en la revista ILUMINARE, recibida en la parroquia con los materiales para ese día. En la diócedsis de Tenerife se retrasa al 8 y 9 de Abril.

MONICIÓN DE ENTRADA
 

En este IV Domingo de Pascua o del Buen Pastor, celebramos en la Iglesia la Jornada anual misionera dedicada a las Vocaciones Nativas.

El mandato del Señor nos apremia a llevar la Buena Nueva al mundo entero y a orar para que surjan ministros del Evangelio en las propias comunidades cristianas de los países de misión.

Dios no cesa de llamar a todo hombre a buscarle para que viva y encuentre la dicha. Quiso convocar a toda la humanidad en su Iglesia para reunir de nuevo a todos sus hijos que el pecado había dispersado y extraviado. Cristo, después de su Resurrección, envió a sus apóstoles a predicar en su nombre la conversión para el perdón de los pecados a todas las naciones. Hoy sus sucesores, a ejemplo del Buen Pastor, anuncian a los hombres el perdón de Dios, llamándoles a la conversión y a la fe, comunicándoles la remisión de los pecados por el Bautismo y reconciliándolos con Dios y con la Iglesia gracias al poder recibido de Cristo.

ACT0 PENITENCIAL

  • Tú, que has venido a buscar al que estaba perdido: Señor, ten piedad.
  • Tú, que has querido dar la vida en rescate por todos: Cristo, ten piedad.
  • Tú, que reúnes a tus hijos dispersos: Señor, ten piedad.

MONICIÓN A LA LITURGIA DE LA PALABRA

La primera lectura de este domingo, tomada de los Hechos de los Apóstoles, presenta la labor del pastoreo universal encomendada por el Resucitado y que llevaron a cabo Pablo y los otros apóstoles. En esta labor el modelo a seguir es Jesús, que en el pasaje del Evangelio se presenta como el Buen Pastor que da la vida por sus ovejas. En la segunda lectura, del libro del Apocalipsis, vemos al que es llamado Cordero, que es al mismo tiempo el Pastor que apacienta al nuevo Pueblo de Dios.

SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA

En la celebración del misterio pascual ocupa un lugar relevante la figura del Buen Pastor. Esta figura, usada por los judíos en el Antiguo Testamento, era aplicada a Dios que cuida de su pueblo. En San Juan evoca el mesianismo de Jesús. La forma como apacienta el Buen Pastor a su rebaño se caracteriza por una serie de acciones; nos lo muestran los verbos del pasaje: conocer (intimidad de vida), dar (vida eterna), no dejar arrebatar (que significa ‘proteger’).

Jesús, el Buen Pastor, entregándose libremente, nos ha mostrado su amor sin límites, nos ha traído la redención a la humanidad entera y nos ha ofrecido una vida que no tendrá en la muerte su palabra definitiva.

Y como amor con amor se paga, la respuesta que debemos tener la encontramos en el versículo 27: las actitudes del discípulo son la escucha atenta del Maestro y el seguimiento incondicional.

Ello comporta una madurez y un crecimiento que llevan a amar sin límites reflejando el rostro de Jesús.

El lema de esta Jornada, “Vocaciones nativas, al servicio de la Reconciliación”, recuerda el hecho de que Jesús proclamó durante toda su vida el perdón de Dios, pero, al mismo tiempo, añadió la exigencia del perdón recíproco como condición para obtenerlo. En el padrenuestro nos invita a orar así: “Perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores” (Mt 6,12). Su entrega culminó en la condena a la muerte de cruz, donde Jesús ruega: “Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen” (Lc 23,34).

Jesús no sólo enseñó a sus discípulos el deber del perdón, sino que quiso que su Iglesia fuera signo e instrumento de reconciliación, haciéndola sacramento “de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano”. Esta misión de reconciliación es propia de los pastores. Pablo consideraba el ministerio apostolic como “ministerio de la reconciliación” (cf. 2Co 5,18-20). Pero en cierto sentido todo bautizado debe sentirse “ministro de la reconciliación”, ya que, reconciliado con Dios y con los hermanos, está llamado a construir la paz con la fuerza de la verdad y de la justicia, pues “quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve” (cf. 1Jn 4,20).

PRECES

Porque queremos que la vida que da Jesús se extienda sin límites, oremos ahora por todos los hombres.

Para que el Padre, que nos envió a Jesucristo como Pastor y Redentor del mundo, guarde y proteja a la Iglesia, la ilumine y la fortalezca en la fe, y la conduzca a la unidad por el camino del amor y la reconciliación. Roguemos al Señor.

Por los obispos, sacerdotes y religiosos de los países de misión, para que su anuncio del Evangelio alcance a todas las culturas. Roguemos al Señor.

Por todos aquellos que han recibido la llamada de Dios al sacerdocio o a la vida consagrada, para que correspondan con docilidad al don del Espíritu y sean signos vivos de la presencia de Dios. Roguemos al Señor.

Para que los pueblos necesitados reciban ayuda para su progreso y se consolide en todo el mundo la justicia, la paz y el desarrollo. Roguemos al Señor.

Para que cada uno de nosotros, al terminar esta celebración, anunciemos al mundo con toda nuestra vida la reconciliación y la paz. Roguemos al Señor.

Escucha, Padre celestial, las oraciones de tu Iglesia. Da tu fuerza a cuantos predican el Evangelio en el mundo; llénalos de tu amor para que siembren tu palabra y todos los pueblos lleguen al conocimiento de tu verdad. Por Jesucristo nuestro Señor.

DESPEDIDA

El camino de Pascua sigue adelante. Hoy el Señor se nos presentaba como Pastor del único rebaño que nos reúne a todos los que le amamos. Alimentados con el pan de la Palabra y de la Eucaristía, proclamemos al mundo entero que Él es el Buen Pastor que llevará a todos a los pastos jugosos y tranquilos del amor y la unidad. 

SUGERENCIA DE CANTOS

CANTO DE ENTRADA: Cristo resucitó (CLN, A13), La Alianza Nueva (CLN, 253).

OFERTORIO: El Señor es mi pastor (CLN, 538; o en “Ritual de exequias”, p. 1498ss);

o bien, Te ofrecemos Señor (CLN, H8).

COMUNIÓN: Jesús, nuestra Pascua (CLN, 216); o bien, Ven y sígueme (CLN, 412).

Seminario Diocesano de Cuenca


Publicado por verdenaranja @ 16:48  | Liturgia
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Mi?rcoles, 21 de abril de 2010

Mensaje de monseñor Luis Armando Collazuol, obispo de Concordia, para la Pascua 2010. (AICA)

¡EN JESÚS HAY VIDA! 

Querida comunidad diocesana, queridos hermanos en el Señor:

Nos dice Jesús: “Yo he venido para que tengan Vida” (Jn 10,10).

Los cristianos hemos recibido el anuncio entusiasta y alegre: ¡En Jesús hay Vida! En la Pascua podemos proclamar: ¡Jesucristo ha resucitado! “¡Jesús es el Señor!” (1 Cor 12,3). En su resurrección se ha manifestado la gloria del amor obediente de su cruz, fuente de Vida nueva para el que cree.

Vida plena hay allí donde la Iglesia, los hombres, y también los pueblos, comienzan a vivir y a morir por la resurrección de Jesucristo.

Por el acontecimiento de la resurrección del Señor y el don del Espíritu de Pentecostés comenzaron a irradiarse para la humanidad el perdón, la reconciliación, la santificación, la comunión con Dios y entre los hombres. Y se ha abierto para todos la fuente de la verdadera Vida, digna, plena, la que ninguna muerte puede ya matar. Se ha encendido de nuevo la esperanza en la insondable grandeza de nuestra vida.

En Cristo Resucitado se nos ofrece Vida en Dios. Es don de gracia que comienza en nosotros por la fe y se realiza en el morir y resucitar bautismal del cristiano en Cristo. Nuestra Vida está oculta con Él en Dios, pero entra en nuestro presente para manifestarse en un estilo nuevo de vivir como discípulos de Jesús en el espíritu de las Bienaventuranzas. La fe en Cristo resucitado engendra la esperanza de Vida digna y plena; la esperanza se traduce en amor; el amor descubre al otro como hermano y se transforma en servicio solidario; la paciencia se exalta en el júbilo de la alegría.

Miramos a nuestro presente y encontramos pobreza, ruptura de los vínculos familiares, desarraigo, soledad, enfermedad, adicciones, inseguridad, y, en el fondo de todo ello, el sin sentido de la vida sin Dios. No son realidades virtuales; son rostros sufrientes que nos duelen y nos interpelan. La mirada de la realidad con espíritu de fe nos descubre situaciones de exclusión donde no hay vida digna de tal nombre sino más bien una realidad de muerte.

Inmersos en la angustia de la dignidad humana oscurecida, Jesús Resucitado viene hoy a nuestro encuentro para iluminar nuestra fe, para sostener nuestra esperanza, para enseñarnos a amar.

Cuando las fuerzas de las tinieblas parecen prevalecer, el creyente sabe que el mal y la muerte no tienen la última palabra. Cuando encontramos en Jesús la Vida, sentimos el impulso interior a compartirla. Percibimos que ayudar a que nuestros hermanos puedan vivir más dignamente es un desafío y es tarea de todos.

Nos disponemos a celebrar el Año Jubilar por los cincuenta años de la creación de nuestra Diócesis de Concordia. Desde el encuentro con Jesús Resucitado y la novedad que siempre crea el Espíritu Santo, queremos adecuar nuestro camino eclesial al Plan diocesano de pastoral que se viene trabajando en comunión. Se trata de alentar un estilo misionero y solidario en la pastoral orgánica y diocesana, en especial desde cada parroquia, para que en el pueblo de nuestra diócesis todos puedan encontrar Vida en Jesús.

Nuestra Nación camina hacia su Bicentenario (2010-2016), y anhelamos celebrarlo construyendo la justicia y la solidaridad. Queremos promover el compromiso misionero hacia una sociedad justa y responsable, en la pastoral familiar, educativa, laboral, de la comunicación, la salud, la política, el arte y la cultura, conforme a la Doctrina Social de la Iglesia. Estos son particularmente ámbitos del compromiso cristiano de los laicos. En nuestros ambientes se juega la dignidad de la vida. El paso para cada uno y para todos de condiciones de vida menos humanas a condiciones más humanas, es decir, de situaciones de muerte a situaciones de vida, de resurrección, de la exclusión a la inclusión, del aislamiento a la comunión, es horizonte de la misión de la Iglesia. La inclusión social es desafío y tarea de todos para que todos tengan Vida. “La Patria es un don que hemos recibido, la Nación una tarea que nos convoca y compromete nuestro esfuerzo. Asumir esta misión con espíritu fraterno y solidario es el mejor modo de celebrar el Bicentenario de nuestra Patria” (Mensaje CEA, 10.03.2010).

La Virgen Madre, testigo de la Resurrección, nos acompañe hoy como a hijos llamados a la Vida.

A toda la comunidad diocesana y a cada familia en particular deseo innumerables bendiciones y una Santa Pascua de Resurrección 

Mons. Luis Armando Collazuol, obispo de Concordia

Concordia, 4 de abril de 2010
Pascua de la Resurrección del Señor 


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Saludo pascual de monseñor Mons. Luis T. Stöckler, obispo de Quilmes (26 de marzo de 2010). (AICA)

SALUDO PASCUAL 

Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

Mi saludo pascual les llega en el marco de la Misión Continental que los obispos argentinos queremos impulsar decididamente en nuestro país,  y que nuestra diócesis de Quilmes asumió con la Asamblea Diocesana de 2008 y el Plan Pastoral como resultado de la misma.

“La renovación de la parroquia, para que sea una red de comunidades y grupos, donde sus miembros se sientan y sean realmente discípulos y misioneros de Jesucristo en comunión” (DA 172), se da naturalmente como una necesidad sentida, donde la fe en el Señor Resucitado y su presencia es experimentado en un encuentro fuerte con Él. ¿ A qué se debía la expansión explosiva del cristianismo en los primeros tiempos de la Iglesia; en circunstancias adversas y persecuciones permanentes? ciertamente fue la experiencia y la convicción que el Resucitado estaba entre ellos y confirmaba la misión con signos poderosos del Espíritu.

Las adversidades no faltan nunca, ni en la vida personal ni en el ámbito comunitario, y menos en el entramado de la sociedad de nuestro país y entre los pueblos. Si uno quisiera quedarse con las noticias que por la red global entran al instante a nuestras casas, podríamos llegar a resignarnos a una sensación de impotencia absoluta.  No somos dueños de los medios, que en su gran mayoría se manejan con criterios netamente económicos. Lo que más escándalo provoca, mejor se vende. La buena noticia, en esta lógica, no es noticia.

No nos dejemos impresionar por esta manipulación. En realidad, el padre de la mentira que se esconde en los vericuetos de este mundo complejo y quiere confundirnos y aprovechar nuestros flancos débiles, ya está vencido. En el fondo es un cobarde. Nuestra confianza en Cristo, el único Señor, no solamente nos da la fuerza para resistirle al maligno, sino también la audacia para testimoniar nuestra fe a los demás. ¡ Anímense, hermanos; visiten las casas de sus vecinos, invítenlos a un Encuentro evangelizador, al estilo de Cura Brochero, y formen pequeñas comunidades, donde se comparta la Palabra de Dios!.

No permitan que nuestras familias católicas por nuestra inercia corten sus vínculos con la Iglesia en que se bautizaron; hagamos que se sientan con nosotros en casa. Que nuestras parroquias sean verdaderamente escuelas de comunión. “No podemos contentarnos con esperar a los que vienen. Por tanto, imitando al Buen Pastor que fue a buscar a la oveja perdida, una comunidad evangelizadora se siente movida continuamente a expandir su presencia misionera en todo el territorio confiado a su cuidado pastoral y también en la misión orientada hacia otros pueblos” (NMA 90).

Esto lo digo mis queridos, no sólo por ser su obispo, sino también a título personal. Porque es esto lo que me motivó a responder al llamado sacerdotal y, en su momento, a venir a la Argentina como misionero. En nombre del Resucitado, vayamos adelante, bien unidos. Jesús nos ha prometido: “Estaré con ustedes hasta el fin del mundo”.

¡Felices Pascuas! 

Mons. Luis T. Stöckler, obispo de Quilmes
Quilmes, 26 de marzo de 2010  


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Oración para el día del la Pascua del Enfermo 2010, ofrecida en el Guión Litúrgico de su celebración el 9 de Mayo, VI domingo de Pascua, recibido en la parroquia con losmateriales.

 

ORACIÓN

Señor Jesús, Tú viniste a este mundo
para darnos vida en abundancia
sembrándola de una esperanza que no defrauda.

Tú te conmoviste
ante quienes caminaban vacilantes
bajo el peso de la enfermedad.
Tú nos has encomendado la misión
de cuidar y aliviar, de sanar y acompañar.

Llénanos de tu amor y de tu ternura,
ayúdanos a mirar con tus mismos ojos,
educa nuestro corazón y nuestras manos
para que también nosotros seamos
servidores de la vida,
motivo de esperanza,
apoyo en la fragilidad,
mirada que consuela, anima y da vida.

Amén.


Publicado por verdenaranja @ 17:33  | Oraciones
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Sugerencias para la homilía del día de la Pascua del Enfermo 2010, ofrecidas en el Guión Litúrgico para la celebración de esa Jornada el 9 de Mayo, VI Domingo de Pascua, recibido en la parroquia con los materiales.

1. Las lecturas del Domingo

- Hch 15,1-2.22-29. En la comunidad de Antioquía nacen las primeras disensiones con motivo de la misión entre los gentiles. Los apóstoles se reúnen en Jerusalén y, dejándose guiar por el Espíritu, resuelven los problemas creados por la apertura del evangelio a los gentiles. El texto es un vivo ejemplo de colegialidad en la vida de la Iglesia, de diálogo y de apertura; pero también lo es de valentía, de decisión y de saber asumir los riesgos. En el centro del texto está manifiesta la presencia del Espíritu en la Iglesia, Él es el que dirige las decisiones y el que alienta la actividad misionera. 

-      Sal 66. La comunidad agradece al Señor los frutos de la tierra y le pide que renueve constantemente sus bendiciones, para que todos los pueblos reconozcan en el Dios de Israel al único Dios.

-      Ap 21,10-14.22-23. El libro del Apocalipsis describe lo que podríamos llamar la Iglesia celestial, la Nueva Jerusalén, que tiene su origen en el triunfo del Resucitado y se caracteriza por su perfección y belleza. La Nueva Jerusalén es iluminada por la gloria de Dios, es decir, por el Cordero, manifestación del Padre. Es el triunfo del bien sobre el mal, del amor sobre el odio, de la vida sobre la muerte.

-      Jn 14,23-29. Jesús se despide de sus discípulos con palabras de consuelo y expone la situación del creyente en el periodo intermedio entre su resurrección y su retorno. Esta situación se caracteriza por la relación íntima con él, una relación de amor que crea una afectiva presencia de Dios en él. La condición para esta relación personal es el amor del discípulo a Jesús, un amor que se manifiesta en la aceptación y en la adhesión fiel a su palabra, que es adhesión a su persona en cuanto reflejo del Padre, imagen perfecta suya, su palabra. Amar es guardar lo mejor del otro en el propio corazón, es dar tanta importancia a la palabra del otro que ya no hace falta más; no hace falta ni que el otro esté presente físicamente. La situación del creyente se caracteriza también por la presencia y acción en él del Espíritu enviado por Jesús en su nombre, en su lugar y de su parte. Jesús se despide de sus discípulos comunicándoles su paz, que es el bienestar, el reposo y la seguridad de quien posee la presencia divina en él, y con ella todos los bienes. Sus discípulos deben sentirse en paz, sentir su paz, comunicar la paz.

2. La Pascua del Enfermo

La celebración de los 25 años de la Pascua del Enfermo nos brinda la oportunidad de agradecer al Señor todo el bien que, con su inspiración y ayuda, hemos podido hacer a los hermanos más pequeños, los enfermos, y el que ellos nos han regalado. Además nos ofrece la oportunidad de mirar hacia el futuro para dar un nuevo impulso, con esperanza y creatividad, a la celebración. Ofrecemos las siguientes pistas:

En el momento histórico-cultural actual, se advierte la exigencia de una presencia eclesial atenta junto a los enfermos, así como de una presencia en la sociedad capaz de transmitir de modo eficaz los valores evangélicos para tutelar la vida humana en todas sus fases, desde su concepción hasta su término natural. Esto comporta tener siempre como horizonte y estímulo de toda evangelización el ofrecer al hombre de hoy la salvación cristiana de tal modo que le haga vivir de manera más digna y humana la vida entera: la enfermedad y la salud, el dolor y la muerte.

Las comunidades cristianas han de ser fuentes de salud abiertas a la salvación de Jesucristo. Toda la actividad evangelizadora de la comunidad, y no sólo la pastoral de la salud, es y ha de ser saludable y sanante. Sin desvirtuar las diversas actividades de la comunidad, hay que enriquecerlas y dinamizarlas desde la fuerza sanante que se encierra en la salvación ofrecida por Jesucristo.

Recuperar la actitud de Cristo ante el enfermo y sus familiares, promoviendo una asistencia más humana e integral. Nuestra acción pastoral en el mundo de la enfermedad ha de impulsar todo aquello que puede encarnar y prolongar hoy el servicio sanador de Cristo: la defensa de la salud y del bien del enfermo, la lucha contra la enfermedad y sus causas, la ayuda a la familia del enfermo, la solidaridad en el campo de la salud, la humanización de la asistencia...

Han de estar muy presentes entre nosotros los enfermos más necesitados y desasistidos. Este servicio al enfermo pobre y desasistido ha de ser también hoy para la Iglesia criterio de discernimiento y punto de referencia para su acción evangelizadora en la sociedad.

— Hoy se hace necesario evangelizar la cultura actual de la salud ofreciendo un modelo de salud más fiel a los valores evangélicos y una iluminación ética de los problemas sanitarios. Nuestro modo de estar en el mundo, de vivir en esta sociedad, nos está reclamando colaborar, desde la inspiración del Evangelio, en la promoción de una cultura de la salud más atenta a todas las dimensiones del ser humano y más abierta a su salvación definitiva.


Publicado por verdenaranja @ 17:28
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Guión litúrgico para la celebración de la Pascua del Enfermo 2010 el 9 de Mayo, VI domingo de Pascua, recibido en la parroquia con los materiales para ese día.

Dando la vida, sembrando esperanza
Campaña del Enfermo 2010

Sugerencias pastorales

  • El Domingo VI de Pascua la Iglesia de España celebra la Pascua del Enfermo. La celebración debe desarrollarse dentro del clima propio de este tiempo pascual.
  • La Pascua del Enfermo es una fecha señalada en la que hay que hacer visible que los enfermos tienen un lugar de preferencia en la comunidad cristiana, el mismo que tuvieron en la vida de Jesús.
  • La Pascua del Enfermo nos ofrece cada año la posibilidad de movilizar a la comunidad parroquial para traer a la Iglesia a todos los enfermos que sea posible y que participen en la Eucaristía.
  • Es un buen momento para mostrarles el aprecio y cariño con algún gesto: un "recuerdo", un mensaje personal, entregado durante la celebración y/o llevado por los agentes de Pastoral de la Salud a los que no pudieron asistir, una llamada de teléfono, un e-mail, un SMS...
  • En este día se puede destacar de algún modo la labor de los que se ocupan de los enfermos en la comunidad. Tras la Comunión, podría realizarse el gesto de enviarlos a llevar a los enfermos la Comunión y/o el mensaje y recuerdo que la comunidad les ofrece. 

El lenguaje de los símbolos

  • Cartel de la Campaña.
  • A la entrada de la iglesia un bloc de notas en blanco y un bolígrafo para que quien lo desee pueda escribir el nombre de un familiar enfermo o de un amigo o conocido al que quiere se tenga presente en la oración de la parroquia o capilla.
  • Un bloc de notas en blanco y un bolígrafo para escribir el futuro con esperanza.
  • Si hay procesión de las ofrendas, pueden acompañar al pan y el vino un "recuerdo", un mensaje personal, para entregarlo a los enfermos o llevárselo al final de la Eucaristía a casa a quienes no hayan podido asistir.

Monición de entrada

Nuestra comunidad se reúne para celebrar el Día del Señor en este Domingo de Pascua. El amor de Dios, la vida del Resucitado, sigue animando nuestra vida, que ha de ser una vida pascual, inspirada en la fe y ungida en el amor de Cristo. La promesa de Jesús es firme: no nos dejará desamparados, la fuerza de su Espíritu estará siempre presente en nuestro caminar.

Hoy celebramos la Pascua del Enfermo. La enfermedad nos plantea dudas y, en ocasiones, sentimos el silencio y la ausencia de Dios. Sin embargo, Dios está ahí, en el centro de nuestra vida y Él nos ha reunido y convocado para guardar su Palabra y amarle en la verdad. El aprecio y cariño hacia los enfermos es el mejor exponente de nuestro amor en la verdad. La práctica cristiana del amor es el signo más claro y evidente de nuestra pertenencia a la Iglesia de Jesús.

Acto penitencial

Cristo Jesús murió para llevarnos a Dios y nos ofrece su perdón. Reconozcamos las limitaciones y faltas de amor y pidamos al Señor su gracia y perdón:

  •       Tú, Palabra eterna del Padre. Señor ten piedad.
  •       Tu, imagen del Amor de Dios. Cristo, ten piedad.
  •       Tú, Espíritu que vivifica y fortalece. Señor ten piedad.

Monición a las lecturas

Los apóstoles se reúnen en Jerusalén y, dejándose guiar por el Espíritu, dan soluciones a los problemas surgidos en la comunidad cristiana.
En el libro del Apocalipsis describe la Iglesia celestial llena de perfección y belleza. Estructurada en torno a los apóstoles tiene su origen en el triunfo del Resucitado.
En el Evangelio, Jesús, en el discurso de despedida, les dice a sus discípulos que su muerte va a ser un ir al encuentro del Padre. Su ida al Padre significa una vuelta más completa hacia sus discípulos. Esto será posible gracias a la presencia del Espíritu Santo.

Oración de los fieles

Llenos de gozo por la Resurrección de Jesús, oremos con confianza al Padre.

-      Por la Iglesia, para que la fidelidad a Cristo y su Evangelio nos lleve a encontrar en cada momento la forma adecuada de expresión y vivencia de la fe. Oremos.

-      Por todas las naciones de la tierra, para que alcancen la paz que Cristo trae y comunica en su paso de la muerte a la vida. Oremos.

-      Por todos los enfermos, para que el Señor les sostenga en sus dificultades y mantenga siempre viva en ellos la llama de la fe y de la esperanza, y encuentren en Dios fortaleza y paz. Oremos.

-      Por las familias de los enfermos y los que se dedican al cuidado de los enfermos o a la investigación para curar las enfermedades, que realicen su tarea con espíritu generoso y Dios les bendiga con su bondad. Oremos:

-      Por todos los que estamos aquí reunidos y que ahora compartiremos la mesa de la Eucaristía, que llenos de la alegría de Jesucristo resucitado vivamos con coherencia nuestra condición de Hijos de Dios y de hermanos de todos. Oremos. 

Escucha con bondad, Señor, nuestra oración y danos la fuerza del Espíritu Santo. Que, sintiendo tu amor, pongamos siempre en ti nuestra esperanza y demos testimonio gozoso y consciente de la Resurrección de tu Hijo.

Sugerencias para la homilía

1. Las lecturas del Domingo

- Hch 15,1-2.22-29. En la comunidad de Antioquía nacen las primeras disensiones con motivo de la misión entre los gentiles. Los apóstoles se reúnen en Jerusalén y, dejándose guiar por el Espíritu, resuelven los problemas creados por la apertura del evangelio a los gentiles. El texto es un vivo ejemplo de colegialidad en la vida de la Iglesia, de diálogo y de apertura; pero también lo es de valentía, de decisión y de saber asumir los riesgos. En el centro del texto está manifiesta la presencia del Espíritu en la Iglesia, Él es el que dirige las decisiones y el que alienta la actividad misionera. 

-      Sal 66. La comunidad agradece al Señor los frutos de la tierra y le pide que renueve constantemente sus bendiciones, para que todos los pueblos reconozcan en el Dios de Israel al único Dios.

-      Ap 21,10-14.22-23. El libro del Apocalipsis describe lo que podríamos llamar la Iglesia celestial, la Nueva Jerusalén, que tiene su origen en el triunfo del Resucitado y se caracteriza por su perfección y belleza. La Nueva Jerusalén es iluminada por la gloria de Dios, es decir, por el Cordero, manifestación del Padre. Es el triunfo del bien sobre el mal, del amor sobre el odio, de la vida sobre la muerte.

-      Jn 14,23-29. Jesús se despide de sus discípulos con palabras de consuelo y expone la situación del creyente en el periodo intermedio entre su resurrección y su retorno. Esta situación se caracteriza por la relación íntima con él, una relación de amor que crea una afectiva presencia de Dios en él. La condición para esta relación personal es el amor del discípulo a Jesús, un amor que se manifiesta en la aceptación y en la adhesión fiel a su palabra, que es adhesión a su persona en cuanto reflejo del Padre, imagen perfecta suya, su palabra. Amar es guardar lo mejor del otro en el propio corazón, es dar tanta importancia a la palabra del otro que ya no hace falta más; no hace falta ni que el otro esté presente físicamente. La situación del creyente se caracteriza también por la presencia y acción en él del Espíritu enviado por Jesús en su nombre, en su lugar y de su parte. Jesús se despide de sus discípulos comunicándoles su paz, que es el bienestar, el reposo y la seguridad de quien posee la presencia divina en él, y con ella todos los bienes. Sus discípulos deben sentirse en paz, sentir su paz, comunicar la paz.

2. La Pascua del Enfermo

La celebración de los 25 años de la Pascua del Enfermo nos brinda la oportunidad de agradecer al Señor todo el bien que, con su inspiración y ayuda, hemos podido hacer a los hermanos más pequeños, los enfermos, y el que ellos nos han regalado. Además nos ofrece la oportunidad de mirar hacia el futuro para dar un nuevo impulso, con esperanza y creatividad, a la celebración. Ofrecemos las siguientes pistas:

En el momento histórico-cultural actual, se advierte la exigencia de una presencia eclesial atenta junto a los enfermos, así como de una presencia en la sociedad capaz de transmitir de modo eficaz los valores evangélicos para tutelar la vida humana en todas sus fases, desde su concepción hasta su término natural. Esto comporta tener siempre como horizonte y estímulo de toda evangelización el ofrecer al hombre de hoy la salvación cristiana de tal modo que le haga vivir de manera más digna y humana la vida entera: la enfermedad y la salud, el dolor y la muerte.

Las comunidades cristianas han de ser fuentes de salud abiertas a la salvación de Jesucristo. Toda la actividad evangelizadora de la comunidad, y no sólo la pastoral de la salud, es y ha de ser saludable y sanante. Sin desvirtuar las diversas actividades de la comunidad, hay que enriquecerlas y dinamizarlas desde la fuerza sanante que se encierra en la salvación ofrecida por Jesucristo.

Recuperar la actitud de Cristo ante el enfermo y sus familiares, promoviendo una asistencia más humana e integral. Nuestra acción pastoral en el mundo de la enfermedad ha de impulsar todo aquello que puede encarnar y prolongar hoy el servicio sanador de Cristo: la defensa de la salud y del bien del enfermo, la lucha contra la enfermedad y sus causas, la ayuda a la familia del enfermo, la solidaridad en el campo de la salud, la humanización de la asistencia...

Han de estar muy presentes entre nosotros los enfermos más necesitados y desasistidos. Este servicio al enfermo pobre y desasistido ha de ser también hoy para la Iglesia criterio de discernimiento y punto de referencia para su acción evangelizadora en la sociedad.

— Hoy se hace necesario evangelizar la cultura actual de la salud ofreciendo un modelo de salud más fiel a los valores evangélicos y una iluminación ética de los problemas sanitarios. Nuestro modo de estar en el mundo, de vivir en esta sociedad, nos está reclamando colaborar, desde la inspiración del Evangelio, en la promoción de una cultura de la salud más atenta a todas las dimensiones del ser humano y más abierta a su salvación definitiva.

Canciones para la celebración

Entrada: Cristo resucitó, ¡Aleluia! (CLN, A13); Invoco al Dios altísimo (CLN, 713); Reunidos en el nombre del Señor (CLN, A9); Juntos cantando la alegría (1 CLN-410); Cristo nos da la libertad (1CLN-727); El que me ama guardará mi palabra (del disco «15 Nuevos cantos para la Misa» de Erdozáin).

Salmo: LDS o el Salmo A Dios den gracias los pueblos (1 CLN-510).

Aleluya: Canta aleluya al Señor (CB-33).

Ofertorio: Llevemos al Señor (del disco «16 Cantos para la Misa»). Santo: 1 CLN-I 2.

Comunión: Beberemos la copa de Cristo (CLN, 010); Unidos en ti (CLN, 031); En la paz de Cristo (1 CLN-603); Delante de Ti (del disco «Cantos para participar y vivir la Misa»); Te damos gracias, Señor (1CLN-531); Guarda mi alma en la paz, de Deiss (1CLN-710).

+ Final: Regina coeli (gregoriano).

ORACIÓN

Señor Jesús, Tú viniste a este mundo
para darnos vida en abundancia
sembrándola de una esperanza que no defrauda.
Tú te conmoviste
ante quienes caminaban vacilantes
bajo el peso de la enfermedad.
Tú nos has encomendado la misión
de cuidar y aliviar, de sanar y acompañar.
Llénanos de tu amor y de tu ternura,
ayúdanos a mirar con tus mismos ojos,
educa nuestro corazón y nuestras manos
para que también nosotros seamos
servidores de la vida,
motivo de esperanza,
apoyo en la fragilidad,
mirada que consuela, anima y da vida.
Amén.


Publicado por verdenaranja @ 17:23  | Liturgia
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DOMINGO 4 DE PASCUA / C  
25 de abril de 2010


La gracia, el amor y la paz de Jesús resucitado estén con todos vosotros.

Jesús resucitado nos convoca de nuevo aquí, como comunidad, en torno a su mesa. Él está presente en medio de nosotros. Él va delante de nosotros como el pastor que guía a su rebaño. Él nos muestra el camino, él nos enseña a vivir, él nos ama a cada uno personal­mente.Y él, con una entrega total, da la vida para que nosotros tengamos vida.

Por todo esto, con alegría, empezamos esta Eucaristía de Pascua. Con ganas de vivir cada día más unidos a Jesús.

Aspersión: Renovemos ahora nuestro compromiso bautismal. Para que la novedad de la Pascua llene totalmente nuestra vida.

Aspersión por toda la iglesia con un canto bautismal o con nuevas estrofas del canto de entrada (Misal, pág. 1096)

Que Dios todopoderoso nos purifique del pecado y, por la celebración de esta Eucaristía, nos haga dignos de participar del banquete de su Reino. Amén.

Antes de las lecturas: Hoy, en este domingo, la primera lectura, y el salmo, y la segunda lectura, nos invitan a alegrarnos porque la Buena Noticia de Jesús rompe todas las fronteras y alcanza a todos los pueblos. Escuchemos atentamente esta proclamación gozosa, y aclamamemos la salvación de Dios.

Credo breve, cantado

Oración universal: A Jesús resucitado, nuestro pastor y nuestro guia, orémosle diciendo: JESÚS RESUCITADO, ESCÚCHANOS.

Para que la Iglesia sea siempre luz de esperanza y de amor para los pobres y los débiles. OREMOS:

Para que aumenten entre nosotros las vocaciones sa­cerdotales y religiosas. OREMOS:

Para que todos los que se sienten llamados a la vida sa­cerdotal o religiosa respondan con generosidad y con un espíritu de servicio como el de Jesús. OREMOS:

Para que nuestros gobernantes trabajen con toda su voluntad para que los que se están quedando sin trabajo encuentren salidas dignas a su situación. OREMOS:

Para que los enfermos recobren la salud. OREMOS:

Para que estas fiestas de Pascua nos reafirmen en la fe y en la esperanza. OREMOS:

Escucha, Jesús resucitado, nuestra oración, y derrama sobre nosotros tu Espíritu Santo.Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Padrenuestro: Unidos a nuestro buen pastor, Jesús resu­citado, nos atrevemos a decir:

Gesto de paz: En el Espíritu de Jesucristo resucitado, daos fraternalmente la paz.

Despedida: Anunciad a todos la alegría del Señor resu‑
citado. Hermanas y hermanos, podéis ir en paz.


CPL


Publicado por verdenaranja @ 17:10  | Liturgia
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Martes, 20 de abril de 2010

Mensaje de los obispos de la región Patagonia-Comahue para la Pascua 2010. (AICA)

“YO HAGO NUEVAS TODAS LAS COSAS” (Ap.21,5) 

1. “El Señor  ha resucitado  y se ha manifestado” (Lc.24,35): ésta es la Buena Noticia que resuena nuevamente en esta Pascua. Noticia siempre nueva y siempre buena, que quiere despertar lo más auténtico de toda persona. En Cristo Resucitado todo ser humano descubre que sus anhelos más profundos se pueden realizar. La vida venció a la muerte, toda la creación despierta llena de esperanza a su plena realización, cada persona vuelve a descubrir y recorrer el camino de la vida verdadera.

Entre los anhelos más profundos y auténticos que aspiran a su plenitud, creemos que en esta Pascua Cristo quiere que volvamos a descubrir y hacer realidad que “todos somos hermanos”, y por eso hacer realidad una auténtica comunión entre nosotros. El ser humano fue hecho para la comunión, no para la soledad. Somos imagen de la Trinidad, estamos llamados a anticipar hoy y aquí la comunión de la Trinidad, para luego llegar a la comunión eterna con la Trinidad.

La Pascua de Cristo debe hacerse visible hoy en nuestra historia, en una renovada comunión entre nosotros. Aceptar a Cristo Resucitado es recorrer caminos de encuentro, de diálogo, de perdón, de solidaridad, de magnanimidad, de hacerse cargo del otro, de mirada en clave del bien común. En la antigüedad los Padres de la Iglesia ilustraban esta verdad así: “Supongamos un círculo trazado sobre la tierra, una circunferencia con un centro. Imaginemos que este círculo es el mundo, el centro Dios (Jesús), y los radios las diferentes maneras de vivir los hombres. Cuando los hombres caminan hacia el centro del círculo para llegar a Dios, se van acercando el uno al otro al mismo tiempo que a Dios. Cuando más se aproximan a Dios más se aproximan los unos a los otros” (Doroteo de Gaza, siglo VI).

Es esto lo que se manifestó con la fuerza de una semilla después de la muerte y resurrección de Jesús. Una semilla es siempre pequeña, pero tiene en sí la fuerza de la vida. En el momento de la muerte en la cruz Jesús se encontró solo, sus amigos se habían dispersado, cada cual había escapado para salvarse. Después de su Resurrección Jesús los invita a reunirse y a ir “a Galilea” donde un estilo nuevo de vida había empezado (Mt. 28,16-20). Los que lo reconocen “al partir el pan” no pueden quedar separados de los demás y vuelven corriendo a reunirse con la comunidad de Jerusalén (Lc. 24,30). La fe y la presencia de Cristo Resucitado dan origen a una humanidad solidaria y fraterna, donde a nadie le falta lo necesario y donde todos y todas, sin excepción, constituidos en la dignidad de hijos de Dios, comparten su fe y los bienes materiales, comprometiéndose en la búsqueda del bien común (cf. Hech 2, 42-47).

Centrar nuestra vida en Cristo Resucitado nos lleva a una nueva manera de vivir. La Pascua de Jesús nos transforma en un ser para los demás, en un ser “en comunión”. El Espíritu de amor que irradia Jesús Resucitado nos re-une. Nos hace reunión de personas donde hay lugar y tiempo para el otro, donde nos descubrimos como hermanos. Se construye el bien de todos desde cada uno, nadie es más que otros, nadie queda excluido.  

2. Quisiéramos compartir con ustedes algunas situaciones que atentan a esta vocación profunda de fraternidad que Cristo Resucitado nos trae en esta Pascua. 

•   La falta de trabajo genuino, que lleva a tantos a mendigar planes que, lejos de satisfacer las necesidades urgentes, dejan al núcleo familiar en una pobreza tan profunda que imposibilita la serena convivencia, y que genera desesperanza, dependencia, abandono, exclusión, desvalorización, situaciones todas que destruyen la dignidad de la persona. No son una solución adecuada los mega emprendimientos,  que no tienen  en cuenta la preservación del medio ambiente “casa de todos”, y que favorecen y enriquecen a pocos hipotecando el futuro, particularmente la salud y la felicidad de muchas generaciones.

•   La multiplicidad de ofertas de juegos de azar que van generando un estilo de vida que deteriora las relaciones familiares y  el valor del trabajo como realización de la persona y sostén de la familia. ¡Somos testigos de cuántas familias se han desmembrado al entrar en algunos de sus miembros la adicción al juego! Lo triste es que se promueve esta oferta lúdica con el mensaje que su rentabilidad económica redunda en posibilidad de educación, salud y otras necesidades de la comunidad. Pero en una sociedad organizada sobre valores, entre ellos el trabajo digno, los recursos para dichos servicios no deberían nunca buscarse por el  camino del juego.

•   La atención de la salud pública como un bien para todos, es cada vez más difícil de obtener. Esto crea una ruptura en la sociedad entre aquellos que se benefician de todas las posibilidades que la medicina proporciona, y aquellos que tienen que contentarse con las migajas que el sistema colapsado de la salud pública  les puede brindar.

•   La ausencia de creatividad y de eficacia de muchos funcionarios públicos, en recibir, escuchar y dar una respuesta a los múltiples conflictos que podrían y pueden haberse evitado y que enfrentan a unos contra otros. A su vez, la demora en dar respuesta a esos conflictos sociales, hace que cada uno busque resolverlos sin tener en cuenta el “bien común”, agravando así más las tensiones sociales. Una de las manifestaciones de esto es la toma de tierras, ante la ausencia de programación frente al crecimiento de la población.

•   El abandono de los migrantes a su suerte, padeciendo situaciones de discriminación, de explotación y en ciertos casos de “trato y tráfico de personas” crean un ambiente de explotados y explotadores

•   La poca preocupación por nuestros niños, adolescentes y jóvenes hacen que muchos de ellos sobreviven en las calles, buscan llenar su vida en el camino de las adicciones y en muchos casos recurren al suicidio como camino para darse una respuesta. Una sociedad donde niños, adolescentes y jóvenes no tienen lugar es una sociedad que camina a su autodestrucción. 

Estas y otras realidades que podríamos sumar atentan a la convivencia social, y nos llevan muy lejos de descubrirnos y vivir como pueblo.  El otro ya no es alguien, sujeto de derechos y deberes, sino enemigo, extraño, sobrante…

 ¿De dónde viene la injusticia? “, se pregunta el Santo padre Benedicto XVI en el mensaje para la Cuaresma 2010; “la injusticia (dice el Papa), fruto del mal, no tiene raíces exclusivamente externas, tiene su origen en el corazón humano, donde se encuentra el germen de una misteriosa convivencia con el mal”.

Jesús que “hace nuevas todas las cosas” en esta Pascua quiere “abrirnos los ojos” para que no nos acostumbremos a vivir en la indiferencia y en el aislamiento, El quiere cambiar nuestro corazón y que  nos comprometamos con el mundo en que vivimos. 

3. No quisiéramos quedarnos solamente con estas realidades tan alejadas del  plan de Dios; porque estamos convencidos que la luz de la Pascua está brillando y dando muchos frutos en aquellos que se abren a ella. Por eso también queremos compartir con ustedes algunos de los signos que nos manifiestan esos frutos pascuales.  

•   personas que creen en la cultura del trabajo, de la sobriedad y del compartir. Y saben transformar sus pequeños ahorros en posibilidad para que otros vayan abriéndose un futuro, ya sea facilitando pequeños créditos, ya sea en el compartir solidario.

•   hombres y mujeres que creen en la fuerza transformadora de unirse para enfrentar los problemas, para encontrar soluciones y para ayudar a las autoridades públicas a ser responsables a su misión. Nos alegra encontrar personas decididas a recorrer caminos de comunión, en un clima de paz y creatividad, para aportar algo nuevo. 

•   iniciativas diversas para incluir en la vida social a niños, adolescentes, ancianos y enfermos que la sociedad consumista considera “sobrantes”. Damos gracias a Dios porque se multiplican asociaciones sin fines de lucro que buscan romper la indiferencia y el individualismo.

•   reflejos solidarios y generosos para salir pronto al encuentro de los que sufren catástrofes o adversidades climáticas, como sucedió en Haití, Comodoro Rivadavia, Chile… sumándose voluntariamente a toda iniciativa de ayuda y colaboración.

Se trata ciertamente de pequeños actos que no siempre aparecen en los diarios y en los medios de comunicación, pero que tienen en sí la fuerza del cambio. Don Jaime de Nevares, el primer Obispo de Neuquén, solía decir que “el fuego para calentar debe quemar desde abajo, allí donde casi no se lo puede ver.” 

4. Como Iglesia que camina en la Patagonia en vísperas de celebrar el Bicentenario de nuestra Patria queremos que la Pascua de Jesús renueve nuestro compromiso en construir la Patria que todos anhelamos. No podemos creer en Cristo Resucitado y dejar de lado nuestro compromiso transformador de la realidad. Y ciertamente nuestro aporte distintivo será en orden a todo lo que haga que nuestra Patria sea una casa de hermanos donde todos tengan una morada para vivir y convivir con dignidad. “La sangre reconciliadora de Cristo nos da la fuerza para ser constructores de puentes, anunciadores de verdad, bálsamo para las heridas” (DA535), es decir: constructores de comunión y fraternidad.

Que Nuestra Señora de Luján patrona de la Argentina, interceda ante su Hijo Jesús para que bendiga nuestra Patria, sus familias e instituciones. Y que allí donde parece que la vida se apaga, encienda en cada uno la libertad en el Amor, el compromiso con la Verdad y una vida agradecida y orante que siga anunciando la Resurrección.

Con sentimientos cordiales, les damos a todos un abrazo fraterno y les dejamos nuestra bendición personal.  

Virginio D. Bressanelli, scj, administrador Apostólico de Comodoro Rivadavia
Esteban M. Laxague, sdb,  obispo de Viedma
Fernando C. Maletti, obispo de San Carlos de Bariloche
Marcelo A. Melani, sdb, obispo de Neuquén
Néstor H. Navarro, administrador Apostólico del Alto Valle del Río Negro
Juan C. Romanín, sdb, obispo de Río Gallegos
José Slaby, c.ss.r., obispo de la Prelatura de Esquel

 


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Carta pastoral de monseñor Baldomero Carlos Martini, obispo de San Justo para la Pascua 2010. (AICA)

“SE LLENARON DE ALEGRÍA CUANDO VIERON AL SEÑOR” (Jn 20, 20) 

Queridos hermanos y hermanas: Hoy brota de los corazones sensibilizados y transformados por la belleza de la Cruz, este grito de alegría Pascual: ¡Jesucristo ha resucitado! ¡Jesucristo es el Señor! ¡aleluya!

El sepulcro vacío y las apariciones de Jesús resucitado nos van dando la experiencia fundamental de nuestra fe .Los Apóstoles “Se llenaron de alegría  cuando vieron al Señor” (Jn. 20, 20)

“La Pascua no es Pascua, si no entramos en  comunión con  los Acontecimientos  de la  Salvación : Dios se nos entrega y nos dice  su Palabra, es un Encuentro, una experiencia en la fe que nos hace decir: ¡Hemos encontrado al Señor!. Viviremos una Pascua fecunda y feliz, si nos encontramos con el Cristo que  vive, porque ha resucitado de entre los muertos: “A ese Jesús que ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Mesías” (Hc 2,36) 

1. CRISTO RESUCITADO  ES  RECONOCIDO POR LOS DISCÍPULOS COMO EL SEÑOR

Amigos e hijos, quisiera que esta sea nuestra experiencia: Encontrar, aceptar y seguir a Jesús como el Señor de toda nuestra existencia.

Vayamos corriendo al sepulcro, como las mujeres  y  como Pedro, y el Discípulo amado, para darnos cuenta que  está vacío, porque Cristo ha resucitado. Recorramos las páginas vivas del Evangelio, tomados de la mano de la Iglesia, que nació de su costado, para  descubrir en cada Aparición, que  Jesús  nos muestra las señales de la Cruz, como un verdadero trofeo y revela las dimensiones profundas del amor, que en una Cruz liberó a la humanidad. “Poniéndose en medio de ellos les dijo: ¡La paz esté con ustedes!”. Lo reconocen como el Señor y así comunican su experiencia: “¡Hemos visto al Señor!” y Tomás, el incrédulo, metiendo su dedo en Sus manos y su mano en Su costado, hace la oración mas bella y profunda: “¡Señor mío y Dios mío!” y Jesús le responde “Felices los que creen si haber visto” (Jn 20).

En esta Vigilia Pascual  hagamos memoria de nuestro Bautismo y en la Eucaristía dejémonos iluminar por el Señor y abrazar con su Paz y juntos como hermanos,  en la tradición de la Iglesia gritemos concientes: ¡Jesucristo es el Señor! (Fil 2,5-11)  ¡Jesús tu eres mi Señor! 

2. ¿ACEPTAMOS A JESÚS  COMO  EL  SEÑOR DE NUESTRA VIDA?

Tal vez nos cueste aceptar tener un Señor, porque pensamos en categorías de amo y  esclavo,  o con cierta mentalidad clasista la relación dueño y siervo. Por eso era necesario vivir toda la Semana Santa  para comprender en esta Pascua, que vale la pena aceptar y tener a Jesús de Nazaret, como  el Señor de nuestra vida , de nuestra familia, de nuestra nación y de todas sus realidades  humanas, políticas y sociales. Si nuestro corazón se abre,  lo acepta y lo deja entrar, todo será recreado.

La clave del Señorío de Cristo y de nuestra pertenencia a El, es el amor hasta el extremo. “Jesús fue entregado por nuestros pecados, y resucitado para nuestra justificación.”(Rm 4,25)  Vivió con sentido hasta la muerte. Se jugó  por nosotros y se  hizo cargo de todos. Hermanos queridos: no tengamos miedo a  esta confesión de fe: ¡Jesús es el Señor! Esto lo pueden decir los que se dejan conducir por el Espíritu que Lo resucitó. En esta aceptación  y proclamación  se han condensado los Acontecimientos de la Pascua.  Por eso Pablo dice “Si tus labios profesan que Jesús es el Señor y tu corazón cree que Dios los resucitó  de entre los muertos, te salvarás.” (Rom 10,9)  “Para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de vivos y muertos” (Rm 14,9). Él es el Señor que libera y no esclaviza. En la Cruz y en la Resurrección, Él brilla como la Verdad que nos hace libres, de todas las esclavitudes  a que nos  someten los ídolos del dinero, del poder y del placer. ¡Cuánta experiencia de esto tenemos, personalmente y socialmente!. Por eso ¡Ven Señor Jesús! Te necesitamos como Señor, para ser los instrumentos de un mundo mejor y una Argentina más sana. 

3. CRISTO JESÚS,  DISIPA   LAS TINIEBLAS DEL CORAZÓN Y DE LA HISTORIA

Celebramos y cantamos  con alegría  y esperanza: “ Que la Luz de Cristo Gloriosamente Resucitado disipe  las tinieblas de nuestro corazón y de nuestra realidad Argentina para que respiremos el aire puro de la paz , de la justicia y del amor, y así construir juntos una nación  y una patria  para todos.

El Señor de nuestra persona, de nuestro corazón, de nuestra inteligencia y de nuestra voluntad, el que hace de nosotros mujeres y hombres nuevos, se nos revela por su resurrección  como el Señor de la Historia.

Si  lo aceptamos y lo dejamos obrar, hace de nosotros, hijos y hermanos, capaces de fermentar de Evangelio la realidad Argentina que celebra  su Bicentenario, como un tiempo de renovación y transformación, de las personas, de las familias y de  todas  realidades sociales que deben ser sanadas por el amor, que libera y santifica.

Permaneciendo en el corazón de Cristo Resucitado, aceptado como Señor, podemos recordar con gratitud el pasado, vivir con pasión el presente y abrirnos con confianza al futuro, “ porque Él es el mismo ayer, hoy y lo será para siempre (Hb 13,8 )” Nadie nos ama como Él.

Él  viene  para entrar en nuestra  historia para que la fuerza de su Pascua nos haga pasar de la muerte a la vida  y superemos la cultura de la muerte  construyendo unidos, la civilización del Amor y la Cultura de la vida.

¡Jesucristo, Señor de la Historia, te necesitamos, precisamos tu alivio y fortaleza! 

5. MARÍA DEL SÁBADO SANTO NOS  SEÑALA  EL DOMINGO SIN OCASO

Los cristianos para llegar renovados a la Pascua deberíamos prestar mayor atención al Sábado Santo y descubrir mirando a María el rostro mas bello de la Esperanza que no defrauda. Ella nos hace vivir  este Sábado  como  un sacramento del Sábado de la Historia que espera un Domingo si ocaso.

Sin un horizonte luminoso la historia  va de tumbos en tumbos lastimando generaciones de hombres y mujeres que tienen por vocación  su realización plena que es la Salvación eterna.

María, en su espera  confiada, nos hace descubrir que en lo que parece un fracaso, brota por la gracia de Dios, la Victoria de la Vida sobre la muerte, de la Gracia  sobre el pecado y del amor sobre el egoísmo.

Como Madre del Resucitado nos  haga discípulos y misioneros de la Vida que no tiene fin y creadores de fraternidad humana y comunión eclesial.

Los Bendigo de corazón deseándoles una Pascua muy feliz fuente de Paz y Amor 

¡DIOS ES AMOR! 

¡HA RESUCITADO CRISTO MI ESPERANZA! 

Mons. Baldomero Carlos Martini, obispo de San Justo 


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Homilía de monseñor Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia, para el Domingo de Ramos (28 de marzo de 2010). (AICA)

LA PASIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO SEGÚN SAN LUCAS 
Lc 22,7.14-23,56  

1. En la liturgia de este Domingo de Ramos hay dos lecturas del Evangelio según Lucas: 1ª) el ingreso de Jesús a Jerusalén, al comenzar la procesión hacia el templo; 2ª) la Pasión de N. S. Jesucristo, al momento del Evangelio, que nos ambienta de lleno en la Semana Santa.

Detengámonos a contemplar, con fe y amor, algunos momentos de la Pasión de Jesucristo. La misma nos manifiesta su profunda humanidad, a la vez que nos permite entrever destellos de su divinidad. Y contemplándolo, procuremos descubrir el estado espiritual en que nos encontramos, con el deseo de convertirnos e identificarnos con él. 

I. DESEO ARDIENTE 

2. “He deseado ardientemente comer esta Pascua con ustedes antes de mi Pasión” (Lc 22,15).

Así dice Jesús apenas se sienta a la mesa con sus discípulos. Es su última Pascua terrena, preludio de la celestial, que nunca pasará: “Les aseguro que yo no la comeré más hasta que llegue a su pleno cumplimiento en el Reino de Dios” (v. 16).

Quiera Dios que todos los que celebramos la Pascua 2010, nos sentemos también en la Pascua definitiva, cuando “vendrán muchos de Oriente y de Occidente, del Norte y del Sur, a ocupar su lugar en el banquete del Reino de Dios”. Que no nos suceda como a aquellos que, una vez cerrada la puerta (el tiempo de la conversión), la golpean desesperadamente: “Señor, ábrenos… Hemos comido y bebido contigo, y tú enseñaste en nuestras plazas”. Y merezcamos escuchar: “No sé de dónde son ustedes. Apártense de mí todos los que hacen el mal” (Lc 13,25-26.29). 

II. HUMILDAD Y SERVICIO 

3. “Y surgió una discusión sobre quién debía ser considerado el más grande” (Lc 22,24).

Es doloroso el contexto en que sucede esta discusión de los Apóstoles. Jesús acaba de bendecir la copa diciendo: “Esta copa es la Nueva Alianza sellada con mi sangre, que se derrama por ustedes” (v. 20). Ante la torpeza de los Apóstoles, él aprovecha la ocasión para dejarnos una última gran lección de humildad: “Entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que es más grande, que se comporte como el menor, y el que gobierna, como un servidor. Porque, ¿quién es más grande, el que está a la mesa o el que sirve? ¿No es acaso el que está a la mesa? Y sin embargo, yo estoy entre ustedes como el que sirve” (vv. 26-27). 

4. La disputa por la primacía fue endémica entre los discípulos de Jesús (cf Lc 9,46-48). Pero fue constante también el ejemplo y enseñanza de Jesús sobre la humildad con que comportarse y el servicio a prestar al prójimo: “¡Felices los servidores a quienes el Señor encuentra velando a su llegada! Les aseguro que él mismo recogerá su túnica, los hará sentar a la mesa y se pondrá a servirlos” (Lc 12,37). El ejemplo máximo de humildad nos lo dio en la cruz: “Se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó” (Flp 2,8-9). 

III. DOLOR INDECIBLE 

5. “Padre, si quieres, aleja de mí este cáliz. Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lc 22,42).

El dolor de Cristo en su agonía es indecible e insondable. Condensa todos los dolores físicos y morales de la humanidad. Lucas dice que “se le apareció un ángel del cielo que lo reconfortaba. En medio de la angustia, él oraba más intensamente, y su sudor era como gotas de sangre que corrían hasta el suelo” (vv. 43-44).

Algunas décadas después, durante una gran crisis de la Iglesia primitiva, el autor sagrado escribió: “Él dirigió durante su vida terrena súplicas y plegarias, con fuertes gritos y lágrimas, a aquel que podía salvarlo de la muerte” (Hb 5,7).

El sudor de sangre, los gritos y lágrimas de Jesús fueron percibidos siglos antes por el profeta Isaías, como escucharemos el próximo Viernes Santo: “Sin forma ni hermosura que atrajera nuestras miradas, sin un aspecto que pudiera agradarnos. Despreciado, desechado de los hombres, abrumado de dolores y habituado al sufrimiento, como alguien ante quien se aparta el rostro, tan despreciado, que lo tuvimos por nada” (Is 53,2-3).  

6. Los gritos y lágrimas de Jesús perduran a través de la historia: tantos desheredados, maltratados, oprimidos, calumniados, humillados. No alcanza el diccionario para señalar todos los dolores físicos y morales de la humanidad, infligidos a sus semejantes por otros seres humanos: gobernantes, jueces, patrones, comunicadores sociales, vecinos, familiares.

Son los gritos y lágrimas de Benedicto XVI por los abusos que han cometido contra niños y adolescentes hombres de Iglesia: “Estoy profundamente consternado por las noticias concernientes al abuso de niños y jóvenes indefensos por parte de miembros de la Iglesia en Irlanda, especialmente sacerdotes y religiosos”.

Son los dolores y lágrimas de muchos sacerdotes santos, que ahora se ven sospechados, insultados, segregados por sus mismos feligreses a quienes han dedicado su vida. Como les escribe Benedicto XVI: "A la luz del escándalo y la indignación que estos hechos han causado, no sólo entre los fieles laicos, sino también entre vosotros y vuestras comunidades religiosas, muchos os sentís desanimados e incluso abandonados. Soy también consciente de que a los ojos de algunos aparecéis tachados de culpables por asociación, y de que os consideran como si fuerais de alguna forma responsable de los delitos de los demás. En este tiempo de sufrimiento, quiero dar acto de vuestra dedicación cómo sacerdotes y religiosos y de vuestro apostolado, y os invito a reafirmar vuestra fe en Cristo, vuestro amor por su Iglesia y vuestra confianza en las promesas evangélicas de la redención, el perdón y la renovación interior. De esta manera, podréis demostrar a todos que donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia”.  

IV. PERDÓN 

7. “Cuando llegaron al lugar llamado del Cráneo, lo crucificaron junto con los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda. Jesús decía: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc 23,33-34).

El Evangelio de Lucas se abre con el perdón, cuando Zacarías bendice a Dios por su hijo Juan, “porque irás delante del Señor preparando sus caminos, para hacer conocer a su Pueblo la salvación mediante el perdón de los pecados” (Lc 1,76-77). Y se cierra con el perdón, cuando Jesús envía a los Apóstoles al mundo a “predicar en su Nombre a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados” (Lc 24,47). El perdón fue la gran obra de Jesús. Con el paralítico: “Al ver su fe, Jesús le dijo: ‘Hombre, tus pecados te son perdonados” (5,20). Con la mujer pecadora: “Dijo a la mujer: ‘Tus pecados te son perdonados’” (Lc 7,48). El perdón es una petición capital en la oración que Jesús nos enseñó: “Padre,… perdona nuestros pecados porque también nosotros perdonamos a aquellos que nos ofenden” (Lc 11,4). Y enseña a su discípulo a ser generoso en el perdón: “Si tu hermano peca, repréndelo, y si se arrepiente, perdónale. Y si peca siete veces al día contra ti, y otras tantas vuelve a ti, diciendo: ‘Me arrepiento’, perdónalo” (Lc 17,3-4).

La expresión máxima del perdón, Jesús la da en la cruz, donde disculpa a quienes lo crucifican. ¡Bien lo entendió Esteban, el primer discípulo en morir por Jesús que, cuando lo mataban, repitió prácticamente las palabras del Maestro: “Señor, no les tengas en cuenta este pecado”! (Hch 7,59). 

8. ¡Cuánto perdón necesitamos, de parte de Dios y del prójimo! ¡Cuánto que ofendemos! Por maldad. Por negligencia. Por torpeza. A veces, queriendo hacer el bien, hacemos el mal.

El perdón de Dios está siempre pronto, pues brota de su misericordia infinita. Para recibirlo, es preciso que a nuestra vez perdonemos. Pues de lo contrario, no habría espacio en nuestro corazón para albergar el perdón que Dios siempre nos quiere dar: “Si perdonan sus faltas a los demás, el Padre que está en el cielo también los perdonará a ustedes. Pero si no perdonan a los demás, tampoco el Padre los perdonará a ustedes” (Mt 6,14-15).  

V. PEDIDO DE PIEDAD 

9. “Jesús, acuérdate de mi cuando vengas a establecer tu Reino” (Lc 23,42).

Así le dijo a Jesús el buen ladrón, crucificado junto a él, quien supo reconocer su inocencia y vislumbró que era el Mesías. Por ello mereció escuchar de sus labios: “Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso” (v. 43). ¡Con qué poco y qué rápido logró la salvación! Un verdadero robo express. El secreto fue que, en vez de la herramienta del corazón duro que usaba para la maldad, usó la bondad que todavía tenía en un rincón de su ser.  

VI. EL ÚLTIMO SUSPIRO 

10. “Jesús, con un gritó exclamó: ‘Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu’. Y diciendo esto expiró” (Lc 23,46).

Los evangelistas Mateo y Marcos ponen en labios de Jesús un salmo desgarrador: “Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado?” (Sal 22,2; Mt 27,46; Mc 15,34). Pero salmo también lleno de esperanza: “En ti confiaron nuestros padres: confiaron, y tú los libraste… Tú, Señor, no te quedes lejos; tú que eres mi fuerza, ven pronto a socorrerme” (Sal 22,5.20).

Lucas, por su parte, lo describe recitando el salmo 31, propio de un hombre angustiado, que pone su vida en manos de Dios: “Yo me refugio en ti Señor, ¡que nunca me vea defraudado!... Sácame de la red que me han tendido, porque tú eres mi refugio. Yo pongo mi vida en tus manos” (Sal 31,2.5-6). Lucas resalta estas últimas palabras del salmo, que Jesús pronuncia al expirar: “‘Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu’” (Lc 23,46).

Después de haber perdonado a sus enemigos, ¿Jesús podía temer la muerte? Él “creó con los dos pueblos un solo Hombre nuevo en su propia persona, restableciendo la paz, y los reconcilió con Dios en un solo Cuerpo, por medio de la cruz” (Ef 2,16). La misión que Dios le encomendara estaba cumplida. Le quedaba ponerse en sus manos. Y Dios recibió su espíritu. Por eso “lo resucitó, librándolo de las angustias de la muerte” (Hch 2,24).  

11. A todos nos llegará la hora del último suspiro. Dios quiera que hayamos cumplido nuestra tarea de perdón. Y podamos entregarle en paz nuestra alma. Como lo hizo Jesús. Y entonces el Padre también nos resucitará. 


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 Reflexión de José Antonio Pagola al Evanelio del Domingo cuarto de Pascua - C, ofrecido por la Delegación Diocesana de Enseñanza de Tenerife.

 ESCUCHAR SU VOZ Y SEGUIR SUS PASOS

        

         La escena es tensa y conflictiva. Jesús está paseando dentro del recinto del templo. De pronto, un grupo de judíos lo rodea acosándolo con aire amenazador. Jesús no se intimida, sino que les reprocha abiertamente su falta de fe: «Vosotros no creéis porque no sois ovejas mías». El evangelista dice que, al terminar de hablar, los judíos tomaron piedras para apedrearlo.

         Para probar que no son ovejas suyas, Jesús se atreve a explicarles qué significa ser de los suyos. Sólo subraya dos rasgos, los más esenciales e imprescindibles: «Mis ovejas escuchan mi voz... y me siguen». Después de veinte siglos, los cristianos necesitamos recordar de nuevo que lo esencial para ser la Iglesia de Jesús es escuchar su voz y seguir sus pasos.

         Lo primero es despertar la capacidad de escuchar a Jesús. Desarrollar mucho más en nuestras comunidades esa sensibilidad, que está viva en muchos cristianos sencillos que saben captar la Palabra que viene de Jesús en toda su frescura y sintonizar con su Buena Noticia de Dios. Juan XXIII dijo en una ocasión que "la Iglesia es como una vieja fuente de pueblo de cuyo grifo ha de correr siempre agua fresca". En esta Iglesia vieja de veinte siglos hemos de hacer correr el agua fresca de Jesús.

          Si no queremos que nuestra fe se vaya diluyendo progresivamente en formas decadentes de religiosidad superficial, en medio de una sociedad que invade nuestras conciencias con mensajes, consignas, imágenes, comunicados y reclamos de todo género, hemos de aprender a poner en el centro de nuestras comunidades la Palabra viva, concreta e inconfundible de Jesús, nuestro único Señor.

          Pero no basta escuchar su voz. Es necesario seguir a Jesús. Ha llegado el momento de decidirnos entre contentarnos con una "religión burguesa" que tranquiliza las conciencias pero ahoga nuestra alegría, o aprender a vivir la fe cristiana como una aventura apasionante de seguir a Jesús.

         La aventura consiste en creer lo que el creyó, dar importancia a lo que él dio, defender la causa del ser humano como él la defendió, acercarnos a los indefensos y desvalidos como él se acercó, ser libres para hacer el bien como él, confiar en el Padre como él confió y enfrentarnos a la vida y a la muerte con la esperanza con que él se enfrentó.

         Si quienes viven perdidos, solos o desorientados, pueden encontrar en la comunidad cristiana un lugar donde se aprende a vivir juntos de manera más digna, solidaria y liberada siguiendo a Jesús, la Iglesia estará ofreciendo a la sociedad uno de sus mejores servicios.

José Antonio Pagola 

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
25 de abril de 2010
Pascua (C)
Juan 10, 27-30


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Lunes, 19 de abril de 2010

Homilía de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata para el Domingo de Ramos (Iglesia Catedral, 28 de marzo de 2010). (AICA) 

LO QUE DEBÍA OCURRIR EN JERUSALÉN 

Después de reseñar la misión de Jesús en Galilea, el evangelista Lucas escribe esta observación: cuando estaba por cumplirse el tiempo de su elevación al cielo, Jesús se encaminó decididamente a Jerusalén (Lc. 9, 51). Él otorga una importancia decisiva a este viaje del Señor; tanto que en varios pasajes de su relato nos recuerda que la Ciudad Santa es la meta de los desplazamientos de Jesús. Dice, por ejemplo: iba enseñando por las ciudades y pueblos, mientras se dirigía a Jerusalén (13, 22); mientras se dirigía a Jerusalén, Jesús pasaba a través de Samaría y Galilea (17, 11); Jesús siguió adelante, subiendo a Jerusalén (19, 28). En la versión lucana de la transfiguración del Señor, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que aparecían revestidos de gloria y hablaban de la partida de Jesús –de su éxodo– que iba a cumplirse en Jerusalén (9, 30). En una oportunidad, algunos fariseos, no sabemos muy bien con qué intención, le transmiten a Jesús la amenaza de Herodes que, al parecer, busca matarlo; Jesús responde: debo seguir mi camino hoy, mañana y pasado, porque no puede ser que un profeta muera fuera de Jerusalén (Lc. 13, 33). Sabe el Señor lo que le aguarda allá: la entrega a los paganos, las afrentas y sufrimientos de la pasión, la muerte y la resurrección; por eso formula así el tercer anuncio que hace de esos acontecimientos a los Doce: ahora subimos a Jerusalén, donde se cumplirá todo lo que anunciaron los profetas sobre el Hijo del hombre (18, 31). A través de estas citas podemos advertir una insistencia apremiante, una exigencia perentoria, el cumplimiento inminente de un destino que no es una fatalidad, sino el designio providencial del Padre y la libre y animosa voluntad de entrega de Jesús. Está a punto de revelarse en plenitud hasta dónde llega el amor de Dios a los hombres; Jesús se apresura hacia ese cumplimiento pascual de su misión con ardiente deseo (cf. Lc. 22, 15).

San Lucas nos transmite también dos lamentaciones de Jesús sobre la Ciudad Santa. La primera expresa una profunda pena e incluye una misteriosa profecía: ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise reunir a tus hijos, como la gallina reúne bajo sus alas a los pollitos, y tú no quisiste! Por eso, a ustedes la casa les quedará vacía. Les aseguro que ya no me verán más, hasta que llegue el día en que digan: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! (13, 34 s.) Esta última frase es el grito de la multitud que recibió con ramos a Jesús cuando llegó a Jerusalén; procede de un salmo citado varias veces en el Nuevo Testamento y que es el canto pascual por excelencia. Hoy lo entona la Iglesia en su liturgia al conmemorar el ingreso triunfal del Señor, que iba a consumar el sacrificio de la redención. La profecía incluida por Jesús en su lamentación sobre la suerte de la ciudad que mata a los profetas queda abierta hacia el futuro; se refiere probablemente a la parusía, a la segunda venida del Redentor al fin de los tiempos para juzgar al mundo y a la conversión final de Israel. Pero hay una segunda lamentación, que es conmovedora; contemplando la ciudad, Jesús se puso a llorar sobre ella y dijo: ¡si tú también hubieras comprendido en este día el mensaje de paz! Anuncia el Señor con tristeza la futura destrucción y descubre la causa: no has sabido reconocer el tiempo en que fuiste visitada por Dios (Lc. 19, 41 ss.).

Jesús entra en Jerusalén como el Rey mesiánico esperado, como el Esposo de su pueblo, representado por la ciudad que él ha elegido para unirse a ella; según lo habían vislumbrado los profetas, él quiere hacer de Sión la sede del esplendor de su belleza, de la manifestación de su gloria, para reinar desde allí sobre las naciones. Pero la presencia del Señor es signo de contradicción, tal como lo había indicado el anciano Simeón cuando María y José presentaron al Niño en el templo: por ese signo se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos (Lc. 2, 34 s.). Israel se divide: los discípulos y los niños inocentes forman el cortejo del Rey Mesías; representan a la esposa casta que acoge a su Esposo, son el resto fiel que prepara al nuevo pueblo de Dios, la Iglesia, que ha de nacer del misterio pascual. Los jefes judíos, en cambio, representan a la esposa infiel y adúltera que lo rechaza y que lo entregará en manos de los paganos. La gloria y la cruz son los dos polos de un único misterio, ante el cual debe optar la libertad humana.

Los fieles de oriente veneran un ícono griego del siglo XVII, perteneciente a la Escuela de las Islas, titulado “El Esposo”; lo besan con devoción en estos días como la imagen que corresponde al ingreso glorioso en Jerusalén. Cristo aparece en él muerto pero de pie en un sarcófago, teniendo a sus espaldas la cruz y los instrumentos de la pasión; el Rey de la gloria es el Esposo paciente, coronado de espinas, desnudo y sangriento, con el costado abierto. Viene a lavar a la esposa en su sangre; desciende a la noche de la condición humana para asumirla y rescatarla, para transportarla a la luz por medio de la cruz. He aquí que el Esposo llega en medio de la noche, se canta en la liturgia bizantina haciendo eco a la parábola evangélica, y se añade esta súplica humilde: Veo tu tálamo adornado, Salvador mío, y no tengo el vestido nupcial. Haz resplandecer la vestidura de mi alma; ¡tú que das la luz, sálvame!

Hoy nosotros participamos en aquel ingreso triunfal del Señor que se dirige a la gloria a través de la cruz. Nuestra celebración no es una reproducción folklórica, sino la actualización de un misterio en un rito que proclama y comunica el fruto de la Pascua: las bodas de Dios con su pueblo, que deben extenderse a toda la humanidad en virtud de la misión de la Iglesia. Recibimos con amor a Cristo, nos unimos a él y le renovamos nuestra fidelidad; lo hacemos también por aquellos que no creen ni adoran, por los que viven como si Dios no existiera, por los perseguidores abiertos o encubiertos del nombre cristiano. En estos días son muchos los que se disponen a disfrutar turísticamente de unas breves vacaciones, como si nunca hubiera ocurrido el gran acontecimiento que da sentido a la historia humana y recrea la creación, el que nosotros comenzamos a celebrar hoy. También en nuestro tiempo se reclaman signos, pero a la generación presente no se le dará otro que el de Jonás (cf. Lc. 11, 29): Cristo muerto y resucitado por todas las generaciones humanas. Causa pavor considerar la indiferencia, la incredulidad, la corrupción de tanta gente, sobre todo de muchos que disfrutan de los beneficios del poder y del dinero ignorando la suerte de los desheredados y despreciando el juicio de Dios. Debiera provocarnos llanto, desasosiego, enardecimiento, decisiones magnánimas y emulación de los santos la difusión de la propaganda anticristiana, la decadencia cultural y espiritual de nuestro pueblo promovida por cenáculos ideológicos que gozan del favor oficial y por el cretinismo de muchos medios de comunicación. La participación sacramental en el ingreso triunfal de Cristo en Jerusalén nos convoca a abroquelarnos junto a él para profesar nuestra fe, nuestra adhesión a la cosmovisión cristiana, para expresar nuestra resistencia a la invasión de errores, necedad y desatino que amenaza sumergir los valores del auténtico humanismo que se funda en la tradición preciosa, irrenunciable, de la que somos herederos. En cuanto discípulos no podemos callar, porque no van a gritar las piedras, a no ser las del derrumbe que se puede temer (cf. Lc. 19, 40).

Hemos escuchado la lectura de la Pasión según San Lucas, que contiene algunos datos propios de este evangelista, dignos de ser registrados por una memoria cordial para meditarlos con amor y obtener un fruto espiritual. La oración de Jesús en el monte de los Olivos es una verdadera agonía: angustia extrema y sudor de sangre; pero el auxilio del Padre, a quien se dirige la doliente plegaria, se manifiesta en la presencia del ángel que reconforta al Señor. Asimismo, en las encrucijadas de nuestra vida, el Padre no nos deja solos si nos ponemos en sus manos y buscamos hacer su voluntad. En la escena de las negaciones de Pedro, se registra la mirada que Jesús dirige al apóstol cuando éste ha consumado su vergonzosa defección. ¡Qué intensidad y eficacia tiene esa mirada, que penetra hasta el alma y abre en ella la fuente de las lágrimas! Es una mirada de reproche y compasión, inspirada por el amor. Quiera Dios que se pose también sobre nosotros, en aquellos momentos cruciales en que la tentación puede precipitarnos en la negación. En el camino hacia el Calvario Jesús se detiene ante las mujeres que lo seguían y se lamentaban por él, para invitarlas a la conversión. Podemos recoger esas palabras, dichas también para nosotros: lloren más bien por ustedes y por sus hijos (Lc. 23, 28); nos exhortan a una serena y continua compunción por nuestros pecados y por los del mundo contemporáneo, leña seca para ser quemada en el amor misericordioso de Dios, o en el fuego de su justicia.

Merecen una especial mención tres de las siete palabras pronunciadas por Jesús desde la cruz, las que únicamente Lucas nos ha transmitido: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen (Lc. 23, 34). Es una súplica universal, que abarca a todos los pecadores; el pecado es extravío, locura, y los pecadores son ignorantes y de algún modo irresponsables. Jesús asume la responsabilidad por todos ellos y los confía a la misericordia del Padre; su oración es la oración del Redentor del mundo que está cumpliendo su ministerio de salvación en favor de todos: paganos, judíos y cristianos. Hoy estarás conmigo en el Paraíso, le dice Jesús al buen ladrón (Lc. 23, 43), que cruzará el abismo con él: el cielo queda abierto a los culpables porque el Justo ha ocupado el lugar de ellos y los ha justificado. La palabra final es un gesto de entrega y de confianza filial: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu (Lc. 23, 46). Lucas pone en boca de Jesús el versículo de un salmo que indicaba la voluntad de confiar la vida a Dios, en cuyas manos está nuestra suerte. Pronunciada ante la muerte por el Hijo de Dios esa palabra adquiere una profundidad inusitada; un autor medieval explica que el nuevo Adán se durmió en la cruz y encomendando su espíritu adquirió para los regenerados el Espíritu Santo.

Hoy iniciamos con toda la Iglesia la celebración del misterio pascual, esperando de la eficacia de este gran sacramento la renovación de nuestro ser cristiano. Es esto lo que debemos procurar con nuestras disposiciones y a la vez suplicar como una gracia inmerecida. Digámoslo con una bella plegaria de la liturgia oriental: En tu inefable misericordia, oh Cristo Dios nuestro, danos el triunfo sobre las pasiones irracionales; haznos dignos de contemplar tu espléndida victoria contra la muerte y tu luminosa y vivificante resurrección, y ten piedad de nosotros. 

Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata 


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INTENCIÓN MISIONERA - “Para que los cristianos perseguidos por causa del Evangelio, sostenidos por el Espíritu Santo, perseveren en el fiel testimonio del amor de Dios por toda la humanidad” - Comentario a la Intención Misionera de abril de 2010

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – El Señor mismo anunció la persecución para sus discípulos y ésta ha sido una constante en la historia de la Iglesia. Por tanto, en la medida en que los cristianos son fieles al mensaje de Cristo, se ven con mucha frecuencia perseguidos, incluso con la violencia física. Existe una dimensión de profecía y de llamada a la conversión que está inserta en el anuncio del Evangelio. Es importante señalar que esta dimensión profética de la fe, no debe ser manipulada para ponerla al servicio de ideologías ajenas al Evangelio, sino que se trata de una profecía directamente vinculada a la fe y al mensaje de salvación que Cristo propone.

Desde los comienzos de la predicación evangélica, encontramos ya en la figura del Precursor, un modelo de fidelidad a la verdad de Dios, predicada incluso a riesgo de la propia vida. S. Esteban es el siguiente en la larga lista de testigos de Cristo, hasta el derramamiento de la sangre. Puede observarse como un hilo rojo que recorre toda la historia de la Iglesia, donde siempre ha estado presente la persecución y la cruz.

Ciertamente, estos hermanos nuestros, que sufren en su carne la persecución, la cárcel, el abandono y otras muchas afrentas, son para nosotros una llamada a salir de nuestra comodidad y de la mediocridad que con frecuencia atenaza nuestras vidas. Cuando creer en el Señor Jesucristo comienza a resultar cómodo, hay algo que falla en nuestro seguimiento del Maestro. Es cierto que en la sociedad occidental se suelen utilizar otras técnicas de persecución, no física, sino moral, a través de la denigración de la Iglesia y de sus ministros, especialmente del Santo Padre, en los medios de comunicación. Dios lo permite para que sirva a nuestro bien y a nuestra santidad. Por una parte, nos empuja a hacer examen de conciencia y a convertirnos si realmente hay algo que no está de acuerdo al Evangelio, pero por otro lado nos debe llevar a imitar a nuestros hermanos perseguidos. Ellos nos dan testimonio de una coherencia y una libertad que no se deja intimidad por las presiones del mundo, sean morales o físicas. Si los creyentes en Cristo por miedo a la persecución de cualquier tipo, callan la verdad del Evangelio, sea en el ámbito de la defensa de la vida humana, sea en la defensa de la grandeza de la sexualidad en toda su verdad, sea en el ámbito de las injusticias sociales, han traicionado su fe.

Los cristianos perseguidos son testimonio de la fuerza del Espíritu Santo. El Paráclito sostiene con la potencia del amor la debilidad de aquellos que le invocan y que creen sin reservas en el Señor, de aquellos que están dispuestos a dejarlo todo y a perderlo todo por el testimonio de la fe. Son testigos del amor que vence a la violencia, del perdón que derriba el muro de la venganza, de la misericordia que conquista con la fuerza del amor a los enemigos y a los perseguidores.

Podemos decir que los cristianos perseguidos son una fuente continua de autenticidad en la Iglesia. Nos demuestran con sus sufrimientos la verdad de su fe y su confianza en el Señor. Gracias a esa cruz, aceptada con paz y amor, la Iglesia se renueva en la autenticidad y en la frescura de un amor auténtico a Cristo Crucificado, de un amor dispuesto a darlo todo y a perderlo todo. Nuestros hermanos perseguidos nos recuerdan la verdad de las palabras del Apóstol: “¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo? ¿La persecución? ¿El hambre? ¿La desnudez? ¿El peligro? ¿La espada? En todo esto vencemos fácilmente por Aquél que nos ha amado”.

Concluimos con unas palabras de Benedicto XVI: “La participación en la misión de Cristo, en efecto, marca también la vida de los anunciadores del Evangelio, para quienes está reservado el mismo destino de su Maestro. “Recordad lo que os dije: No es el siervo más que su amo. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán” (Jn 15,20). La Iglesia sigue el mismo camino y sufre la misma suerte de Cristo, porque no actúa según una lógica humana o contando con las razones de la fuerza, sino siguiendo la vía de la Cruz y haciéndose, en obediencia filial al Padre, testigo y compañera de viaje de esta humanidad” (n.4). (Agencia Fides 29/03/2010; líneas 45 palabras 722)


Publicado por verdenaranja @ 22:55  | Misiones
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ZENIT nos ofrece la homilía pronunciada el lunes 29 de Marzo de 2010 por el Papa Benedicto XVI, durante la Eucaristía celebrada en la Basílica de San Pedro, con motivo del V aniversario de la muerte del Venerable Siervo de Dios Juan Pablo II.

Venerados Hermanos en el Episcopado y en el Sacerdocio
queridos hermanos y hermanas,

Estamos reunidos en torno al altar, junto a la tumba del Apóstol Pedro, para ofrecer el Sacrificio eucarístico en sufragio del alma elegida del Venerable Juan Pablo II, en el quinto aniversario de su partida. Lo hacemos con algún día de anticipación, porque el 2 de abril será este año el Viernes Santo. Estamos, en cualquier caso, dentro de la Semana Santa, contexto de lo más propicio para el recogimiento y la oración, en el que la Liturgia nos hace revivir más intensamente las últimas jornadas de la vida terrena de Jesús. Deseo expresar mi reconocimiento a todos vosotros que tomáis parte en esta Santa Misa. Saludo cordialmente a los cardenales – de modo especial al arzobispo Stanislaw Dziwisz – a los obispos, los sacerdotes, los religiosos y las religiosas; como también a los peregrinos venidos a propósito desde Polonia, los muchos jóvenes y los numerosos fieles que no han querido faltar a esta Celebración.

En la primera lectura bíblica que se ha proclamado, el profeta Isaías presenta la figura de un "Siervo de Dios", que es al mismo tiempo su elegido, en el que él se complace. El Siervo actuará con firmeza indestructible, con una energía que no disminuye hasta que él no haya realizado la tarea que se le ha asignado. Y sin embargo, no tendrá a su disposición esos medios humanos que parecen indispensables en la realización de un plan tan grandioso. Él se presentará con la fuerza de la convicción, y será el Espíritu que Dios ha puesto en él el que le de la capacidad de actuar con dulzura y con fuerza, asegurándole el éxito final. Lo que el profeta inspirado dice del Siervo, lo podemos aplicar al amado Juan Pablo II: el Señor le llamó a su servicio y, al confiarle tareas de cada vez mayor responsabilidad, le acompañó también con su gracia y con su asistencia continua. Durante su largo pontificado, él se prodigó en proclamar el derecho con firmeza, sin debilidades ni vacilaciones, sobre todo cuando debía medirse con resistencias, hostilidades y rechazos. Sabía que estaba tomado de la mano por el Señor, y esto le permitió ejercer un ministerio muy fecundo, por el cual, una vez más, damos fervientes gracias a Dios.

El Evangelio proclamado hace un momento nos lleva a Betania, donde, como escribe el Evangelista, Lázaro, Marta y María ofrecieron una cena al Maestro (Jn 12,1). Este banquete en casa de los tres amigos de Jesús se caracteriza por los presentimientos de la muerte inminente: los seis días antes de Pascua, la sugerencia del traidor Judas, la respuesta de Jesús que recuerda uno de los actos piadosos de la sepultura anticipado por María, la observación de que no siempre le tendrían con ellos, el propósito de eliminar a Lázaro, en el que se refleja la voluntad de matar a Jesús. En este relato evangélico, hay un gesto sobre el que quisiera llamar la atención: María de Betania "tomó trescientos gramos de perfume de nardo puro, muy precioso, ungió los pies de Jesús, después los secó con sus cabellos” (12,3). El gesto de María es la expresión de una fe y de un amor grande hacia el Señor: para ella no es suficiente lavar los pies del Maestro con el agua, sino que los unge con una gran cantidad de perfume precioso, que – como protestará Judas – se habría podido vender por trescientos denarios; no unge, además, la cabeza, como era costumbre, sino los pies: María ofrece a Jesús cuanto tiene de más precioso y con un gesto de devoción profunda. El amor no calcula, no mide, no lleva cuentas, no pone barreras, sino que sabe donar con alegría, busca solo el bien del otro, vence la mezquindad, la roñería, los resentimientos, las cerrazones que el hombre lleva a veces en su corazón.

María se pone a los pies de Jesús en humilde actitud de servicio, como lo hará el mismo Maestro en la Última Cena, cuando – nos dice el cuarto Evangelio – "se levanta de la mesa, se quita sus vestidos y, tomando una toalla, se la ciñó. Luego echa agua en un lebrillo y se puso a lavar los pies de los discípulos”(Jn 13,4-5), para que – dijo – "también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros" (v. 15): la regla de la comunidad de Jesús es la del amor que sabe servir hasta el don de la vida. Y el perfume se expande: “Y la casa – anota el Evangelista – se llenó del olor del perfume” (Jn 12,3). El significado del gesto de María, que es respuesta al Amor infinito de Dios, se difunde entre todos los convidados; todo gesto de caridad y de devoción auténtica a Cristo no se queda en un acto personal, no afecta sólo a la relación entre el individuo y el Señor, sino que afecta a todo el cuerpo de la Iglesia, es contagioso: infunde amor, alegría, luz.

"Vino a su casa, y los suyos no la recibieron" (Jn 1,11): al acto de María se contraponen la actitud y las palabras de Judas que, bajo el pretexto del auxilio que llevar a los pobres, esconde el egoísmo y la falsedad del hombre cerrado en sí mismo, encadenado por la avidez de poseer, que no se deja envolver por el buen perfume del amor divino. Judas calcula allí donde no se puede calcular, entra con ánimo mezquino donde el espacio es el del amor, del don, de la dedicación total. Y Jesús, que hasta aquel momento había permanecido en silencio, interviene a favor del gesto de María: "Déjala, que lo guarde para el día de mi sepultura" (Jn 12,7). Jesús comprende que María ha intuido el amor de Dios e indica que ya su “hora” se acerca, la “hora” en la que el Amor encontrará su expresión suprema en el leño de la Cruz: el Hijo de Dios se dona a sí mismo para que el hombre tenga la vida, baja a los abismos de la muerte para llevar al hombre a las alturas de Dios, no tiene miedo “obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz” (Fl 2,8). San Agustín, en el Sermón en el que comenta este pasaje evangélico, dirige a cada uno de nosotros, con palabras apremiantes, la invitación a entrar en este circuito de amor, imitando el gesto de María y poniéndose concretamente en el seguimiento de Jesús. Escribe Agustín: "Toda alma que quiera ser fiel, se une a María para ungir con perfume precioso los pies del Señor... Unge los pies de Je´sus: sigue las huellas del Señor conduciendo una vida digna. Sécale los pies con los cabellos: si tienes algo superfluo dalo a los pobres, y habrás secado los pies del Señor" (In Ioh. evang., 50, 6).

¡Queridos hermanos y hermanas! Toda la vida del Venerable Juan Pablo II se desarrolló en el signo de esta caridad, de la capacidad de donarse de forma generosa, sin reservas, sin medidas, sin cálculo. Lo que lo movía era el amor hacia Cristo, al que había consagrado su vida, un amor sobreabundante e incondicionado. Y precisamente porque se acercó cada vez más a Dios en el amor, pudo hacerse compañero de viaje para el hombre de hoy, dispersando en el mundo el perfume del Amor de Dios. Quien tuvo la alegría de conocerle y frecuentarle, pudo tocar con la mano cuán viva en él la certeza “de contemplar la bondad del Señor en la tierra de los vivos", como hemos escuchado en el Salmo responsorial (26/27,13); certeza que lo acompañó en el curso de su existencia y que, de modo particular, se manifestó durante el último periodo de su peregrinación sobre esta tierra: la progresiva debilidad física, de hecho, no corroyó nunca su fe rocosa, su luminosa esperanza, su ferviente caridad. Se dejó consumir por Cristo, por la Iglesia, por el mundo entero: el suyo fue un sufrimiento vivido hasta el final por amor y con amor.

En la Homilía por el XXV aniversario de su Pontificado, él confió haber sentido fuerte en su corazón, en el momento de la elección, la pregunta de Jesús a Pedro: “¿Me amas? ¿Me amas más que estos…? (Jn 21,15-16); y añadió: "Cada día tiene lugar dentro de mi corazón el mismo diálogo entre Jesús y Pedro. En el espíritu, fijo en la mirada benévola de Cristo resucitado. Él, aun consciente de mi fragilidad humana, me anima a responder con confianza, como Pedro; “Señor, tu lo sabes todo, tu sabes que te quiero" (Jn 21,17). Y después me invita a asumir las responsabilidades que él mismo me ha confiado” (16 octubre 2003). ¡Son palabras llenas de fe y de amor, el amor de Dios, que lo vence todo!

[En polaco dijo]

Finalmente quiero saludar a los polacos aquí presentes. Os reunís en gran número alrededor de la tumba del Venerable Siervo de Dios con un sentimiento especial, como hijas e hijos de la misma tierra, crecidos en la misma cultura y tradición espiritual. La vida y la obra de Juan Pablo II, gran polaco, puede ser para vosotros motivo de orgullo. Pero es necesario que recordéis que esta es también una gran llamada a ser fieles testigos de la fe, de la esperanza y del amor, que él nos enseñó ininterrumpidamente. Que por la intercesión de Juan Pablo II, os sostenga siempre la bendición del Señor.

[Después prosiguió en italiano]

Mientras proseguimos la Celebración eucarística, mientras nos preparamos para vivir los días gloriosos de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor, confiémonos con confianza – a ejemplo del Venerable Juan Pablo II – a la intercesión de la Beata Virgen María, Madre de la Iglesia, para que nos sostenga en el compromiso d ser, en toda circunstancia, apóstoles infatigables de su Hijo divino y de su Amor misericordioso. ¡Amen!

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


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Homilía de Monseñor Virginio Bressanelli scj, en la celebración de la misa Crismal (Catedral San Juan Bosco, martes 23 de marzo de 2010). (AICA) 

MISA CRISMAL

Queridos Hermanos y Hermanas:

Celebramos esta Misa Crismal, que generalmente se realiza el día Jueves Santo por la mañana, pero aquí debido a las grandes distancias, lo hacemos hoy. Y es hermoso ver que esta Misa, por un sentimiento que viene de Dios, es una de las más participadas de la Diócesis. Quizás la más participada.  Es un día de semana pero viene siempre gente de todos los lados.

Yo diría que por esa intuición que nos da la fe, nosotros estamos afirmando algo de lo que queremos ser. Algo de lo que ya somos, por la Gracia Sacramental, que nos ha transformado en  hijos de Dios y miembros de la Iglesia. Y algo que queremos llegar a ser en perfección, una perfección que nos alcanzará sólo en el más allá. Esto que queremos representar y que de hecho representamos, es la Comunión Eclesial que nos recuerda la Trinidad Santísima, Padre, Hijo y Espíritu Santo; que nos ha llamado a participar con ese mismo impulso de amor, de diálogo, de encuentro, de seguridad de una comunidad de amor que se da en la Trinidad. Nosotros queremos acentuar esa Comunión Eclesial que es lo que realmente expresa lo que es la Diócesis.

La Diócesis es la Iglesia la que se hace presente, en lugares muy vivos, muy  concretos, como es en esta parte del Chubut. Antes era la Diócesis de todo el Chubut, pero desde hace un año a esta parte, desde que existe la Prelatura,  hemos quedado solamente dos tercios de todo el Chubut. Pero es inmenso de por sí.

Estamos representando que desde que nosotros nos integramos a Cristo por el Bautismo, estamos llamados a formar  con Cristo, en Cristo, por Cristo, el Cuerpo Eclesial.

Nadie ha sido llamado a la soledad de la fe.  La fe nunca deja solo a nadie; y es un peligro cuando en alguna forma privatizamos la fe o la encerramos en los ámbitos del individualismo, o de lo que cada uno considera, aún viviendo bien la fe, viviendo lo que realmente la Iglesia realmente nos pide,  la queremos vivir solos como si estuviésemos solos. Qué tristeza, que fracaso, porque la fe, a nosotros nos convierte en el pueblo eclesial de Cristo, es por eso que esta Celebración se hace en torno al Altar, donde nos alimentamos con la Palabra de Jesús, una Palabra que nos convoca a ciertas actitudes de vida que nos hacen capaces de vivir como Cuerpo de Cristo.  Nos alimentamos con la Eucaristía para que, recibiendo el Cuerpo Sacramental de Cristo nos podamos convertir en Cuerpo Eclesial.

En estos años de presencia en la Diócesis, creo que es uno de los temas que muchas veces he hablado y que me interesa reafirmar. No podemos nunca pensar que estamos realizando el Misterio Pascual de Cristo de una forma bien completa, cuando no tenemos en cuenta esta dimensión tan profunda como es la de vivir en un Cuerpo Eclesial. Y esa Unidad no es solamente una unidad afectiva, donde estamos contentos porque nos queremos, no es tampoco una unidad simplemente sociológica, por el hecho que nos encontremos en un mismo lugar o haciendo las mismas cosas, sino que es una Unidad tan esencial que forma parte de nuestro mismo ser y del ser de la Iglesia. La Iglesia es así, es una comunidad convocada en el amor y que quiere vivir, como Cristo quiere vivir la Misión que el Padre le encomendó a Jesús.

Aquí aparece entonces, que como Cuerpo Eclesial, estamos llamados a dejarnos ungir por el Espíritu Santo. Hoy se habla de Jesús, que es ungido por el Espíritu Santo, esa unción del Espíritu Santo es una presencia viva en nosotros. Es una Unidad que viene desde la Gracia, una Unidad que hay que cultivar porque Dios quiere que su Gracias sea realmente efectiva en nosotros. Es una Unidad que supera el ámbito de lo sociológico, lo afectivo, lo puramente natural, porque nos invade y nos hace Cuerpo Eclesial de Cristo; donde El es cabeza y nosotros sus miembros.

Y aquí entonces, una aplicación muy concreta; configurados con Cristo formamos un Cuerpo Eclesial y estamos llamados también  a la misma Misión que Cristo. Y es por eso que los textos nos plantean la Profecía de la Misión de Cristo, mencionada en Isaías, y la actualización, porque esas palabras se hacen actualidad, se hacen hoy, tomado en el Evangelio de Lucas. Esa Misión de Cristo es a la que está llamada esta Iglesia, está llamada a anunciar la Buena Noticia de Cristo. Y “anunciarla”…dice el texto, “a los pobres”, porque “los pobres son los primeros en el Reino”. Muchas veces hemos dicho, y repito, resumiendo, algo que me parece fundamental: el anuncio del Evangelio a los pobres, y pobres no sólo desde el punto de vista  sociológico, sino en todo el sentido de la pobreza; las muchas pobrezas que hay en nuestra realidad, incluso en nuestra misma realidad eclesial. Y el anuncio del Evangelio a los pobres es la garantía de que nosotros tengamos parte en el Reino. Si ellos son los primeros en entrar, es importante que también nos abran las puertas para que podamos entrar nosotros.

“Es un llamado a anunciar la liberación a los cautivos” dice, “Un llamado a anunciar la vista a los ciegos, la libertad a los oprimidos, y proclamar un año de Gracia con El Señor”. Lo resumiría diciendo: es un llamado a hacer que los sueños de Dios, que siempre son sueños de amor, de felicidad, de vida - y sobretodo en este momento quisiera marcar eso – son sueños de vida y nunca de muerte. Y son sueños de felicidad para todos. La Misión de Cristo es ésa. Y nuestra Misión es hacer que la Misión de Cristo se siga realizando en el mundo.

Por ello, el Espíritu que El Señor nos da, y que nos unge, es para consagrarnos realmente en la mentalidad de Cristo; para consagrarnos realmente en las actitudes del Corazón de Cristo; para consagrarnos en el Apostolado de Cristo, en el proyecto pastoral que El tiene, que es el proyecto del Reino.

Y esa consagración se da a todo el pueblo de Dios. Por eso hoy se habla de “un pueblo que es sacerdotal”. Hay una participación de ese Misterio, que le toca a todo el pueblo de Dios. Nosotros, en una forma muy significativa lo vamos a hacer, cuando se consagren los tres óleos. Porque la Misa Crismal justamente, hace referencia a la consagración de los Óleos.

Queridos hermanos y hermanas, les pido que acompañen a los sacerdotes en su vocación ministerial. Los apoyen y acompañen con su oración, cariño, los defiendan de muchas maneras. Si hay algo en lo que les quiero insistir es en esto: quieran a sus sacerdotes, recen por ellos, acompáñenlos verdaderamente como hermanos, quiéranlos como hijos que quieren a sus padres, y a un Pastor dentro de la comunidad. Díganles lo que les tienen que decir de frente…y recuerden, nunca por detrás, como hemos dicho otras veces. Y sobretodo, ayúdenles, porque uno va apreciando la propia vocación sacerdotal en la medida que el pueblo de Dios también  colabora para hacérsela apreciar.

Hoy quisiera decir unas palabras, si bien no es el contexto más adecuado para hablar de una despedida, porque lo principal es la Misa Crismal. Pero sí será una ocasión única para decir unas palabras frente a toda la comunidad Diocesana. Porque hay representantes de muchos lugares de la Diócesis.

Muchos se han preguntado por qué con tan poco tiempo de permanencia aquí en Comodoro Rivadavia, se me ha pedido el traslado, en una forma que para ustedes es muy imprevista, no pensada, en una forma que incluso para mí hasta hace unos meses tampoco pensé que podía ser, pero que intuí poco tiempo antes que lo supieran ustedes, y lo intuía de acuerdo a las consultas que se iban haciendo y los rumores que llegaban. Y realmente me asustaba el pensar de dejar la Diócesis.

Y se dijo: ¿qué pasó?, ¿por qué dejo el gobierno directo de una Diócesis para pasar a ser coadjutor del Padre Obispo Marcelo Melani de Neuquén? Entonces algunos me preguntaban: “¿Que pasó padre, es una promoción o un castigo?” Y yo les digo la verdad: no es ni promoción ni castigo. Es el llamado a un servicio. Realmente. La Iglesia no piensa con las categorías humanas. Y hay momentos en que se tiene que hacer visible que se piensa en otra manera, y que se piensa en el bien de toda la Iglesia. ¿Y cuál es el motivo entonces? El motivo es que se trata de una Diócesis que pasó por algunas dificultades y a raíz de ello, y esto a través de mucho tiempo atrás, se fueron viendo cuáles serían las formas de solución desde el grupo de obispos patagónicos, que gracias a Dios trabajamos muy unidos, y eso para nosotros es una Gracia de Dios, trabajar unidos en todo sentido. Y en un cierto momento se consideró que la solución podía ser un Obispo Coadjutor. Nadie pensaba que iba a ser uno de nosotros, pensábamos que sería alguien de otra parte. Cuando la Santa Sede hizo la consulta, se dieron algunos nombres, y entre ellos estaba el mío.

En verdad les digo que en cierto sentido me duele dejar esta Diócesis porque uno mismo es autor de proyectos, mi camino es muy lento así que yo pensaba “bueno aquí tengo bastante tiempo, varios años por delante como para hacer muchas cosas”. Y a un cierto momento uno piensa: ¿Qué es lo que quiere Dios? Y me acordé lo que está escrito a mis espaldas, si alcanzan a verlo y se animan a leerlo fuerte: “Aquí estoy para hacer oh Dios tu voluntad”. Esas palabras yo las elegí como lema, por un particular afecto a ellas, porque desde mi Congregación, porque es parte de nuestra espiritualidad, entonces lo elegí como lema para mi servicio Episcopal. Y “aquí estoy” dije cuando vine a Comodoro Rivadavia, y “aquí estoy ahora” para irme a Neuquén.

Hablando con toda sinceridad, me duele en cierto sentido dejar la Diócesis, pero no me voy triste; voy sabiendo que estoy respondiendo a  lo que El Señor me pide, disponible para lo que Dios quiera. Y deseo que eso quede claro.

Desearía también que no se buscara otro tipo de motivación. Ustedes saben que han circulado muchas motivaciones pero ninguna de ellas es verdadera. “Que al padre lo trasladan por su postura en la cuestión minera, o por algunas otras declaraciones que hizo” y aparecieron toda una serie de cosas; pero no es verdad y no corresponde a eso. No le echen la culpa a lo que no la tiene. Y de todos modos, la postura frente a la situación minera queda firme; yo lo que presento son preocupaciones reales y que hay que demostrar que son justificadas, para ir avanzando. Pero de ninguna manera es esa la razón de mi traslado. Y no sería bueno seguir con estas cosas.  Al menos como Iglesia tomemos las cosas de donde vienen, porque caminar con la verdad y afrontar las cosas así como son, nos hace un bien a todos.

Quiero terminar, agradeciendo de corazón a todos. Realmente me he sentido muy contento y muy feliz aquí en Comodoro Rivadavia. No vine tan contento, porque venía con mucho temor, disponible sí, pero con mucho temor. No conocía nada de este lugar, no conocía a las personas, pero fueron tantas las cosas, los Signos de Dios en este tiempo, que realmente Dios supera todo lo que uno puede querer y pensar. Y así es nuestro Padre Dios, que no se deja ganar en el bien y en la improvisación de cosas buenas. Realmente he encontrado cosas que me han hecho mucho bien, sobretodo el afecto que tuve siempre de los sacerdotes a los cuales hoy les agradezco, y les deseo que reciban al Obispo que vendrá, como me han recibido a mí, y lo acompañen de la misma manera; estén cerca, porque así como un sacerdote se hace con el pueblo, el Obispo se hace con sus sacerdotes y el pueblo. Los sacerdotes son muy importantes para hacer que el Obispo responda para hacer lo que se necesita en un lugar.

Quiero agradecer a Dios por ustedes, a las religiosas y religiosos también, por su gran aporte y por los ejemplos de entrega, y una entrega muy sacrificada. Como en el caso de algunas religiosas que están en lugares muy inhóspitos y están sin embargo, siempre contentas. Qué cosa hermosa ésa. Como en nuestro Carmelo, que es un lugar que desborda alegría y eso ya es un Signo de Dios.

Agradecer a los laicos, varones y mujeres. Esta es una Iglesia que tiene laicos/as preciosos, gente muy entregada, y hay una cosa que he apreciado mucho en Uds. Y es la discreción de los laicos que están comprometidos con la Iglesia. La discreción, que es el saber, el descubrirse servidores y el no hacer demasiada alharaca de lo que hacen. Eso para mí ha sido algo que me ha llegado mucho.

Y luego, muchas otras cosas; sobretodo quisiera que quede claro, que el valor principal que me llevo, es lo que las personas han significado para mí.  Indudablemente en el servicio, uno tiene aciertos y también equivocaciones. Han cosas que pasaron durante estos cinco años, que ojalá me sirvan para corregir y no repetir en otros lugares. Pero nunca fueron malintencionadas. Eso se lo puedo decir con honestidad. He tratado de ser muy sincero, he pensado que siempre decir la verdad es lo que ayuda, a veces me ha dolido en el corazón decirlas las cosas, sea a Uds. Sea a algunas autoridades, o a otras personas. Pero siempre pensé que tengo un deber hacia las otras personas, y el deber principal es proclamar con humildad, - porque nadie tiene la verdad en absoluto -   aquello que realmente me pareció importante.

Quisiera haber proclamado la verdad sin ofender a nadie, pero no quisiera que la verdad fuese disminuida en ningún momento. Y por eso he dicho otras cosas en otros problemas, en estos días. En el problema del aborto por ejemplo. Ustedes conocen los distintos comunicados que hemos dado como Iglesia. Tratando de decir la verdad, tratando de no meternos en ningún tipo de polémica y sobretodo respetando al otro. Inclusive si piensa totalmente distinto y se equivoca.  Pero no puedo no decir la verdad. Al mismo tiempo esta es una actitud que como Obispos estamos cuidando en toda la Argentina, cosa que no siempre nos sale bien, a veces expresamos algunos arrebatos que no son buenos, pero estamos cuidando eso. Y queremos que detrás de todo esto, se visualice la actitud de amor y misericordia que hay en Dios, que no somos quién para juzgar y menos aún para condenar y que más allá de los errores y tropiezos  que se puedan dar en nuestra sociedad, queremos que estén bien abiertas las puertas para que todos sientan el abrazo misericordioso de Dios que pasa por el abrazo de la Iglesia. La iglesia como tal, está pasando por situaciones muy difíciles; algunas son por problemas internos, el Papa Benedicto XVI nos enseña a enfrentar nuestras debilidades.

Pero muchos de los problemas que vienen, son creados por intereses, por ideologías y otras cosas. Nunca hemos vivido un tiempo más difícil para la Iglesia desde afuera hacia adentro. De todos modos – y esto lo quiero decir porque es la verdad – hay que rescatar que es un momento en el que cualquier cosa que nos viene de afuera y en algún momento nos puede hacer sufrir hay que tener en cuenta cuánto nos puede estar ayudando. Porque nos replantea, nos purifica, nos ayuda a pensar en aquello grande y maravilloso que es la Buena Noticia que llevamos, que es una Noticia de Salvación donde todos encuentran dignidad, donde todos encuentran parte en el Corazón de Dios. Donde no hay destrucción para nadie. Y eso a la Iglesia le ayuda. Pero también debo decir que muchas cosas que se proclaman, le hacen mal, porque la Iglesia está hecha de una realidad tan pluralista y de situaciones humanas tan distintas, que a muchos les afectan realmente en la propia fe. Me duele saber que por esos motivos hay gente que se aleja. A veces se aleja y después vuelven, por eso el corazón y las puertas de la Iglesia tienen que ser como el Corazón de Dios, que siempre está abierto y espera al hijo. Pero ustedes saben que cuando algunas personas se sienten así afectadas, la vida de ellos es mucho menos feliz de lo que debería ser y eso nos duele.

En ese sentido, la Misa Crismal es para tomar conciencia de esa realidad de Cuerpo, para no cerrarnos sino lanzarnos en la Misión de Jesús, que es la Misión para los últimos y es una Misa para tomar conciencia además, de nuestra realidad como Iglesia, nuestra pertenencia a la Iglesia, nuestro amor a la Iglesia y nuestro deseo de vivir, una vida eclesial siempre mejor.

No para que sea algo triunfalista, sino para que todos recuerden que la catolicidad de la Iglesia, esto es lo  la palabra católica, significa la apertura universal a todos. Una apertura que incluso va más allá de las formas estructurales o de los cánones que tiene la Iglesia. Porque la Iglesia tiene cánones y hay que respetarlos, pero esa apertura que quiere ser como la del Corazón Dios, que es tan imponderable y maravillosa, que ojalá que nunca nadie sienta que no tiene cabida en esta realidad Misteriosa, hermosa, humana, Santa y pecadora, que es la Iglesia.

Queridos hermanos y hermanas, preparémonos con todo el corazón porque lo que vendrá será mejor y lo digo con convicción. Que así sea. Amén. 

Mons. Virginio D. Bressanelli scj, administrador apostólico de Comodoro Rivadavia 


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Homilía de monseñor Antonio Marino, obispo auxiliar de La Plata, para el Domingo de Ramos (Parroquia Nuestra Señora de los Milagros, Villa Elisa, 28 de marzo de 2010). (AICA)  

“¡BENDITO EL REY QUE VIENE EN NOMBRE DEL SEÑOR!” (Lc 19,38) 

“¡Bendito el Rey que viene en nombre del Señor! ¡Paz en el cielo y gloria en las alturas!” (Lc 19,38). El grito fervoroso de los discípulos de Jesús resonaba al inicio de nuestra celebración. Clamor de gloria y alabanza ilimitada hacia el Maestro “por todos los milagros que habían visto” (Lc 19,37). Nos dejamos contagiar ese entusiasmo desbordante y con nuestros ramos también lo aclamamos como Rey.

Ya en el templo, el júbilo cedió paso al relato de la pasión. Judas lo traiciona. Jesús está solo. Pedro lo niega tres veces. El Sanedrín lo condena. Los guardias lo insultan y golpean con saña. Pilato termina cediendo a las presiones del Sanedrín y a los gritos de la multitud, que ahora vocifera: “¡Que muera ese hombre! (…) ¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!” (Lc 23,18.21). No podemos pensar mayor contraste.

Si hoy estamos en el templo celebrando el inicio de la Semana Santa, es porque buscamos entender ese contraste en nuestras propias vidas. La fe nos ilumina y nos mueve al compromiso.

La evidencia de los signos llevó a la multitud de los discípulos a reconocerlo como Rey Mesías. La flaqueza de la carne y la luz insuficiente de una fe imperfecta, llevó, días más tarde, a los apóstoles y al mismo Pedro, al desconcierto, al miedo y a un terremoto espiritual en sus ideas. El prendimiento y la condena de Jesús, seguidos de su pasión y muerte, eran una dura realidad. ¡Qué poco concordaba con las representaciones mentales acerca del Reino de Dios tan esperado!

Jesús se preocupó de prepararlos. Con muchas advertencias fue anticipando el misterio y el sentido de su muerte. Al predecir por segunda vez su pasión, ellos que acababan de ver prodigios, escucharon de su Maestro palabras desconcertantes: “Mientras todos se admiraban por las cosas que hacía –dice el evangelista Lucas–, Jesús dijo a sus discípulos: «Escuchen bien esto que les digo: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres». Pero ellos no entendían estas palabras: su sentido les estaba velado de manera que no podían comprenderlas, y temían interrogar a Jesús acerca de esto” (Lc 9,43b-45).

“Escuchen bien esto que les digo”, nos dice también Jesús a nosotros. Al dar inicio a esta semana, que es santa por excelencia, debemos guardar esta advertencia del Maestro que pide ser escuchado. Nosotros queremos y debemos “escuchar bien”. Escuchar para recordar. Escuchar para guardar en la memoria y repasar en el corazón. Escuchar para mirar la vida con los ojos de Jesús. Escuchar para vivir en consecuencia.

Debemos recuperar la cultura del silencio. Silencio exterior, tan necesario para nosotros sumergidos en el ruido. Silencio interior, para escuchar a aquél que es la Palabra, el Verbo de Dios hecho carne. Que no nos contagien la profanación de la Semana Santa. Que los días mayores de esta semana, no se nos confundan con vacaciones mundanas, vacías de Cristo.  El Domingo de Ramos no se agota en el puro sentimiento ni en el signo hermoso del ramo bendito que llevamos. Es un compromiso.

El Reino de plenitud y de paz que todos buscamos, viene a este mundo por caminos distintos a los imaginados. Pasa por la obediencia al Padre y la humillación de la cruz. “El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres”. El Reino de libertad y justicia, donde las opresiones del hombre desaparecen y los opresores del pueblo son derrotados, no se hace presente con una victoria al modo humano. No se inaugura con una acción meramente exterior, sin comprometer nuestro cambio de mentalidad. El Reino comienza en el corazón que se convierte, y acepta seguir a Cristo por el camino de la cruz, que es el camino del heroísmo y del amor. Camino estrecho y puerta angosta.

“Pero ellos no entendían estas palabras: su sentido les estaba velado de manera que no podían comprenderlas”. Si celebramos este Domingo de Ramos y procuramos vivir con intensidad la Semana Santa, es porque buscamos “entender”. Sabemos que no entenderemos con el solo raciocinio, sino con el corazón iluminado por la fe.

El drama de no entender el camino de Jesús se repite en nuestras vidas. ¿Qué esperamos de Él, nosotros que nos reconocemos como cristianos y discípulos suyos? ¿Cómo reaccionamos ante las oscuridades y pruebas de la vida? ¿Somos capaces de mantener viva la fe en los momentos de oscuridad? ¿No se repiten en nuestra vida tantas veces la traición de Judas, las negaciones de Pedro y el desconcierto del resto de los discípulos?

Entenderemos creyendo. Comprenderemos viviendo y orando. Asimilaremos acercándonos a los sacramentos de la Confesión y de la Eucaristía. El que estaba lejos que se acerque. Que el pecador no desespere y se convierta. Sepa que Cristo se entregó por él y lo espera. Que el tibio sacuda su mediocridad y se decida por la coherencia. El que está firme, que se entregue por entero.

Para hacer presente su Reino, Jesucristo necesita seguidores de mentalidad renovada por su gracia. Valientes y humildes a la vez. Capaces de sacrificarlo todo, con tal de no apartarnos de sus enseñanzas. Nos elige para dar testimonio de Él en medio de una sociedad cuyos grupos dirigentes parecen darle la espalda. Muchos se han vuelto paganos y quieren paganizarnos. A otros, Cristo les pregunta si han puesto las encuestas de popularidad por encima de sus propias convicciones.

No nos asuste la crítica ni la difamación. En estos días cierta prensa apunta contra el Papa. Con fragmentos de verdad, bien recortados, se construye una inmensa mentira. Como Iglesia y como sociedad atravesamos oscuridades y tormentas. La verdad queda oculta y oscurecida tras las nubes de palabras de los falsos profetas de nuestro tiempo. En nuestra patria, gobernantes, legisladores y jueces, promueven leyes que niegan la dignidad inviolable de toda vida humana y la naturaleza misma del matrimonio. Se habla de interrupción voluntaria del embarazo para nombrar el crimen abominable del aborto. Se pretende llamar matrimonio a uniones antinaturales.

Mientras los legisladores promueven y debaten estos temas, miles de niños y jóvenes carecen de educación elemental o abandonan las aulas. Aumenta, aunque se niegue, el número de pobres e indigentes. No cesa el flagelo destructor de la droga. La inseguridad de los ciudadanos sigue siendo tema constante. Continúa la violencia verbal y parece que hay regocijo en fomentar rencores. Pero las verdaderas prioridades de la gente son postergadas.

Queridos hermanos, de la fuerza de nuestro sereno testimonio en la vida cotidiana, dependerá la vigencia del Evangelio en la vida de la sociedad. No nos cansemos de sembrar en esperanza pequeñas semillas de fe y de amor. No nos cansemos de dar testimonio. Si la semilla es buena, aunque diminuta, a su tiempo germinará.

Quiere Jesús que seamos “sal de la tierra y luz del mundo”. En el interior del hogar, cumpliendo con los deberes de esposo y esposa, de padre y de madre, de hijos y hermanos, defendiendo la recta noción de familia. En el aula y en la vida ciudadana. En el lugar de trabajo y en las responsabilidades públicas. Con el ejemplo y con la palabra, sin avergonzarnos nunca de nuestra condición de cristianos y católicos, aunque por eso debamos padecer desprecio y burla, o quizá perder ventajas de este mundo.

Que desde la parroquia entendamos que no debemos contentarnos con acudir a los oficios religiosos, sino que nuestro deber es también salir y proclamar, colaborar y difundir el tesoro que tenemos. Bajo la guía de los pastores de la Iglesia, con la audacia de los testigos.

Entonces sí, nuestra proclamación de Cristo se volverá elocuente y realista, no sólo litúrgica sino misionera, y diremos con toda nuestra vida: “¡Bendito el Rey que viene en nombre del Señor! ¡Paz en el cielo y gloria en las alturas!” (Lc 19,38).

 Mons. Antonio Marino, obispo auxiliar de La Plata 


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Domingo, 18 de abril de 2010

ZENIT nos ofrecem la homilía pronunciada por Benedicto XVI durante la celebración de la Misa del Domingo de Ramos 2010, en la Plaza de San Pedro.

 

Queridos hermanos y hermanas,
¡queridos jóvenes!

El Evangelio de la bendición de las palmas, que hemos escuchado aquí reunidos en la Plaza de San Pedro, comienza con la frase: “Marchaba por delante subiendo a Jerusalén (Lc 19,28). Nada más empezar la liturgia de este día, la Iglesia anticipa su respuesta al Evangelio, diciendo: “Sigamos al Señor”. Con esto el tema del Domingo de Ramos está claramente expresado. Es el siguiente. Ser cristiano significa considerar el camino de Jesucristo como el camino correcto para el ser humano -como ese camino que conduce a la meta, a una humanidad plenamente realizada y auténtica. De manera particular, quiero repetir a todos los jóvenes, en esta XXV Jornada Mundial de la Juventud, que ser cristiano es un camino, o mejor: una peregrinación, un caminar junto a Jesucristo. Un caminar en esa dirección que Él nos ha indicado y nos indica.

¿Pero de qué dirección se trata? ¿Cómo se la encuentra? La fase de nuestro Evangelio ofrece dos indicaciones al respecto. En primer lugar dice que se trata de un ascenso. Esto tiene en primer lugar un significado muy concreto. Jericó, donde ha empezado la última parte de la peregrinación de Jesús, se encuentra a 250 metros bajo el nivel del mar, mientras que Jerusalén -la meta del camino- está a 740-780 metros sobre el nivel del mar: un ascenso de casi mil metros. Pero este camino exterior es sobre todo una imagen del movimiento interior de la existencia, que se realiza en el seguimiento de Cristo: es una ascensión a la verdadera altura del ser humano. La persona puede escoger un camino cómodo y evitar todo cansancio. Puede también descender hacia lo bajo, lo vulgar. Puede hundirse en el lodo de la mentira y la deshonestidad. Jesús camina delante de nosotros, y va hacia lo alto. Él nos conduce a lo que es grande, puro, nos conduce al aire saludable de las alturas: a la vida según verdad; al coraje que no se deja intimidar por el cotilleo de las opiniones dominantes; a la paciencia que soporta y sostiene al otro. Él conduce a la disponibilidad para los que sufren, los abandonados; a la fidelidad que está de parte del otro también cuando la situación se hace difícil. Conduce a la disponibilidad para proporcionar ayuda; a la bondad que no se deja desarmar ni por la ingratitud. Él nos conduce al amor -nos conduce a Dios.

“Marchaba por delante subiendo a Jerusalén”. Si leemos esta palabra del Evangelio en el contexto del camino de Jesús en su conjunto -un camino que, de hecho, prosigue hasta el fin de los tiempos- podemos descubrir en la indicación de la meta “Jerusalén” diversos niveles. Naturalmente en primer lugar debe entenderse simplemente el lugar “Jerusalén”: es la ciudad en la que se encontraba el Templo de Dios, cuya unicidad debía aludir a la unicidad de Dios mismo. Este lugar anuncia por tanto en primer lugar dos cosas: por un lado dice que Dios es uno solo en todo el mundo, supera inmensamente todos nuestros lugares y tiempos; es a ese Dios al que pertenece toda la creación. Es el Dios que todas las personas buscan en lo más profundo y de quien, de algún modo, todos tienen también conocimiento. Pero este Dios se ha dado un nombre. Se ha dado a conocer a nosotros, ha tenido una historia con los hombres; ha elegido a un hombre -Abraham- como punto de partida de esta historia. El Dios infinito es al mismo tiempo el Dios cercano. Él, que no puede ser encerrado en ningún edificio, quiere sin embargo habitar en medio de nosotros, estar totalmente con nosotros.

Si Jesús junto al Israel que peregrina sale hacia Jerusalén, va allí para celebrar con Israel la Pascua: el memorial de la liberación de Israel -memorial que, al mismo tiempo, es siempre esperanza de la libertad definitiva, que Dios dará. Y Jesús va a esta fiesta consciente de ser Él mismo el Cordero en el que se cumplirá lo que el Libro del Éxodo dice al respecto: un cordero sin defecto, macho, que al atardecer, ante los ojos de los hijos de Israel, es inmolado “ como rito perenne” (cf. Ex 12,5-6.14). Y finalmente Jesús sabe que su camino irá más lejos: no tendrá en la cruz su final. Sabe que su camino rasgará el velo entre este mundo y el mundo de Dios; que Él ascenderá hasta el trono de Dios y reconciliará a Dios y al hombre en su cuerpo. Sabe que su cuerpo resucitado será el nuevo sacrificio y el nuevo Templo; que en torno a Él, de las filas de los Ángeles y de los Santos, se formará la nueva Jerusalén que está en el cielo y está también ya en la tierra, porque en su pasión Él ha abierto los confines entre cielo y tierra. Su camino conduce más allá de la cima del monte del Templo hasta la altura de Dios mismo: es éste el gran ascenso al que nos invita a todos. Él permanece siempre con nosotros en la tierra y está ya siempre junto a Dios, Él nos guía en la tierra y más allá de la tierra.

Así, en la amplitud del ascenso de Jesús se hacen visibles las dimensiones de nuestro seguimiento -la meta a la que Él quiere conducirnos: hasta las alturas de Dios, a la comunión con Dios, al ser-con-Dios. Es ésta la verdadera meta, y la comunión con Él es el camino. La comunión con Cristo es un estar en camino, un permanente ascenso hacia la verdadera altitud de nuestra vocación. Caminar con Jesús es al mismo tiempo siempre un caminar en el “nosotros” de los que quieren seguirLe. Nos introduce en esta comunidad. Pero el camino a la vida verdadera, a un ser personas conforme al modelo del Hijo de Dios Jesucristo supera nuestras propias fuerzas, este caminar es siempre también un ser llevados. Nos encontramos, por así decirlo, en una cordada con Jesucristo -junto a Él en la ascensión a las alturas de Dios. El nos empuja y nos sostiene. Forma parte del seguimiento de Cristo que nos dejemos integrar en esa cordada; que aceptemos no poder hacerlo solos. Forma parte de él este acto de humildad, entrar en el “nosotros” de la Iglesia; agruparse en la cordada, la responsabilidad de la comunión -no romper la cuerda con la obstinación y la arrogancia. El humilde creer con la Iglesia, como estar soldados en la cordada del ascenso hacia Dios, es una condición esencial del seguimiento. De este estar en el conjunto de la cordada forma parte también el no comportarse como patrones de la Palabra de Dios, el no correr tras una idea equivocada de emancipación. La humildad del “ser-con” es esencial para el ascenso. Forma también parte de él que en los Sacramentos nos dejemos siempre de nuevo tomar de la mano por el Señor; que por Él nos dejemos purificar y vigorizar; que aceptemos la disciplina del ascenso, aunque estemos cansados.

Finalmente, debemos todavía decir: del ascenso a la altura de Jesucristo, del ascenso a la altura de Dios mismo forma parte la Cruz. Como en los asuntos de este mundo no se pueden lograr grandes resultados sin renuncia y duro ejercicio, como la alegría por un gran descubrimiento del conocimiento o por una verdadera capacidad operativa está ligada a la disciplina, de hecho, a la fatiga del aprendizaje, así también el camino a la vida misma, a la realización de la propia humanidad está ligado a la comunión con Aquel que ha subido a la altura de Dios a través de la Cruz. En última instancia, la Cruz es expresión de lo que significa el amor: sólo quien se pierde a sí mismo, se encuentra.

En resumen: el seguimiento de Cristo requiere como primer paso volver a despertar la nostalgia por el auténtico ser humano y así revivir por Dios. Requiere después entrar en la cordada de los que ascienden, en la comunión de la Iglesia. En el “nosotros” de la Iglesia entramos en comunión con el “Tú” de Jesucristo y alcanzamos así el camino hacia Dios. También se requiere escuchar la Palabra de Jesucristo y vivirla: en fe, esperanza y amor. Así estamos en camino a la Jerusalén definitiva y ya desde ahora, de algún modo, nos encontramos allí, en la comunión de todos los Santos de Dios.

Nuestra peregrinación en el seguimiento de Cristo por tanto no va hacia una ciudad terrena, sino hacia la nueva Ciudad de Dios que crece en medio de este mundo. La peregrinación hacia la Jerusalén terrestre, sin embargo, puede ser precisamente también para nosotros los cristianos un elemento útil para ese viaje mayor. Yo mismo he ligado a mi peregrinación a Tierra Santa del año pasado tres significados. Primero de todo he pensado que nos podría pasar en esa ocasión lo que san Juan dice al inicio de su Primera Carta: lo que hemos oído, lo podemos, en cierta manera, ver y tocar con nuestras manos (cf. 1 Jn 1,1). La fe en Jesucristo no es una invención legendaria. Se basa en una historia ocurrida realmente. Esta historia la podemos, por así decirlo, contemplar y tocar. Es conmovedor encontrarse en Nazaret en el lugar donde el Ángel se apareció a María y le transmitió la tarea de convertirse en la Madre del Redentor. Es conmovedor estar en Belén en el lugar donde el Verbo, hecho carne, vino a habitar entre nosotros; pisar la tierra santa en la que Dios quiso hacerse hombre y niño. Es conmovedor subir la escalera al Calvario hasta el lugar en el que Jesús murió por nosotros en la Cruz. Y estar finalmente ante el sepulcro vacío; rezar allí donde su santa alma reposó y donde al tercer día sucedió la resurrección. Seguir los caminos exteriores de Jesús debe ayudarnos a caminar más gozosamente y con una nueva certeza en el camino interior que Él nos ha indicado y que es Él mismo.

Cuando vamos a Tierra Santa como peregrinos, vamos también -y éste es el segundo aspecto- como mensajeros de la paz, con la oración por la paz; con la invitación fuerte a todos a hacer en ese lugar, que lleva en su nombre la palabra “paz”, todo lo posible para que se convierta verdaderamente en un lugar de paz. Así esta peregrinación es al mismo tiempo -como tercer aspecto- un estímulo para los cristianos a permanecer en el País de sus orígenes y a comprometerse intensamente en él por la paz.

Volvamos de nuevo a la liturgia del Domingo de Ramos. En la oración con la que se bendicen las palmas rezamos para que en la comunión con Cristo podamos dar el fruto de buenas obras. Por una interpretación errónea de san Pablo, se ha desarrollado repetidamente en el curso de la historia y también hoy, la opinión de que las buenas obras no formarían parte del ser cristiano, en todo caso serían insignificantes para la salvación de la persona. Pero si Pablo dice que las obras no pueden justificar a la persona, con ello no se opone a la importancia de actuar de una manera recta y, si él habla del fin de la Ley, no declara superados e irrelevantes los Diez Mandamientos. No hay necesidad ahora de reflexionar sobre toda la amplitud de la cuestión que interesaba al Apóstol. Es importante destacar que con el término “Ley” él no entiende los Diez Mandamientos, sino el complejo estilo de vida mediante el cual Israel debía protegerse contra las tentaciones del paganismo. Ahora, sin embargo, Cristo ha llevado a Dios a los paganos. A ellos no se les impone esa forma de distinción. A ellos se les da como Ley únicamente a Cristo. Pero esto significa el amor a Dios y al prójimo y todo lo que forma parte de él. Forman parte de este amor los Mandamientos leídos de una manera nueva y más profunda a partir de Cristo, esos Mandamientos que no son otros que las reglas fundamentales del verdadero amor: primero de todo y como principio fundamental la adoración de Dios, el primado de Dios, que los primeros tres Mandamientos expresan. Ellos nos dicen: sin Dios nada sale bien. Quién es ese Dios o cómo es Él, lo sabemos a partir de la persona de Jesucristo. Siguen después la santidad de la familia (cuarto Mandamiento), la santidad de la vida (quinto Mandamiento), las reglas del matrimonio (sexto Mandamiento), las reglas sociales (séptimo Mandamiento) y finalmente la inviolabilidad de la verdad (octavo Mandamiento). Todo es hoy de máxima actualidad y precisamente también en el sentido de san Pablo -si leemos íntegramente sus Cartas. “Dar fruto con las buenas obras”: al inicio de la Semana Santa pidamos al Señor que nos dé a todos nosotros cada vez más este fruto.

Al final del Evangelio para la bendición de las palmas oímos la aclamación con la que los peregrinos saludan a Jesús a las puertas de Jerusalén. Es la palabra del Salmo 118 (117), que originariamente los sacerdotes proclamaban desde la Ciudad Santa a los peregrinos, pero que, con el tiempo, se convirtió en expresión de la esperanza mesiánica: “Bendito el que viene en nombre del Señor” (Sal 118 [117],26; Lc 19,38). Los peregrinos ven en Jesús al Esperado, que viene en el nombre del Señor, o mejor, según el Evangelio de san Lucas, introducen una palabra más: “Bendito el que viene, el Rey, en nombre del Señor”. Y prosiguen con una aclamación que recuerda el mensaje de los Ángeles en Navidad, pero lo modifica de una manera que hace reflexionar. Los Ángeles habían hablado de la gloria de Dios en las alturas y de la paz en la tierra para los hombre de la benevolencia divina. Los peregrinos en la entrada de la Ciudad Santa dicen: “¡Paz en el cielo y gloria en las alturas!”. Saben demasiado bien que en la tierra no hay paz. Y saben que el lugar de la paz es el cielo -saben que forma parte de la esencia del cielo ser lugar de paz. Así esta aclamación es expresión de una profunda pena y, también, es oración de esperanza: Que quien viene en nombre del Señor traiga a la tierra lo que está en los cielos. Su reinado se convierta en el reinado de Dios, presencia del cielo en la tierra. La Iglesia, antes de la consagración eucarística, canta la palabra del Salmo con el que Jesús es saludado antes de su entrada en la Ciudad Santa: ésta saluda a Jesús como el Rey que, viniendo de Dios, en nombre de Dios entra en medio de nosotros. También hoy este saludo gozoso es siempre súplica y esperanza. Roguemos al Señor para que nos traiga el cielo: la gloria de Dios y la paz de los hombres. Entendamos ese saludo en el espíritu de la petición del Padre Nuestro: “¡Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo!”. Sabemos que el cielo es cielo, lugar de la gloria y de la paz, porque en él reina totalmente la voluntad de Dios. Y sabemos que la tierra no es cielo hasta que en ella no se realiza la voluntad de Dios. Demos la bienvenida por tanto a Jesús que viene del cielo y roguémosle que nos ayude a conocer y a cumplir la voluntad de Dios. Que el reino de Dios entre en el mundo y así éste sea colmado con el esplendor de la paz. Amén.

 

[Traducción del original italiano por Patricia Navas
©Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 20:14  | Habla el Papa
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ZENIT   nos ofrece las palabras pronunciadas el 28 de Marzo de 2010 por el Papa al introducir el rezo del Ángelus, con los peregrinos congregados en la Plaza de san Pedro, tras la solemne celebración litúrgica del Domingo de Ramos.


Mientras nos preparamos para concluir esta celebración, mi pensamiento no puede dejar de dirigirse al Domingo de Ramos de hace 25 años. Era el 1985, que las Naciones Unidas habían declarado “Año de la Juventud”. El Venerable Juan Pablo II quiso aprovechar aquella ocasión y, conmemorando la entrada de Cristo en Jerusalén aclamado por sus jóvenes discípulos, dio inicio a la Jornada Mundial de la Juventud. Desde entonces, el Domingo de Ramos ha adquirido esta característica, que cada dos o tres años se manifiesta también en grandes encuentros mundiales, trazando una especie de peregrinación juvenil a través de todo el planeta en el seguimiento de Jesús. Hace 25 años, mi amado Predecesor invitó a los jóvenes a profesar su fe en Cristo que “ha tomado sobre sí mismo la causa del hombre” (Homilía, 31 de marzo 1985, nn. 5, 7: Insegnamenti VIII, 1 [1985], 884, 886). Hoy yo renuevo esta llamada a la nueva generación, a dar testimonio con la fuerza suave y luminosa de la verdad, para que a los hombres y mujeres del tercer milenio no les falte el modelo más auténtico: Jesucristo. Encargo este mandato en particular a los 300 delegados del Foro Internacional de Jóvenes, venidos de todas las partes del mundo, convocados por el Consejo Pontificio para los Laicos.

[El Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo: ]

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española presentes en esta oración mariana. Con la celebración del Domingo de Ramos, la Iglesia conmemora la Entrada Triunfal del Señor en Jerusalén, iniciándose así esta Semana grande y santa, donde celebraremos los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor. Os invito, queridos hermanos, a participar con especial fervor en las celebraciones litúrgicas de los próximos días, para experimentar y gozar de la infinita misericordia de Dios, que por amor nos libra del pecado y de la muerte. Buenas y santas fiestas. Muchas gracias.

[En italiano, dijo:]

Finalmente, saludo con afecto a los peregrinos de lengua italiana, en particular a los jóvenes venidos de varias ciudades y diócesis. Queridos amigos, no temáis cuando seguir a Cristo comporte incomprensiones y ofensas. Servidlo en las personas más frágiles y desfavorecidas, en particular en vuestros coetáneos en dificultades. Con este propósito, deseo asegurar también una especial oración por la Jornada mundial de los portadores de autismo, promovida por la ONU, que se celebrará el próximo 2 de abril.

En este momento, nuestro pensamiento y nuestro corazón se dirigen de una manera particular a Jerusalén, donde se realizó el misterio pascual. Estoy profundamente entristecido por los recientes conflictos y por las tensiones verificadas una vez más en esa Ciudad, que es patria espiritual de Cristianos, Judíos y Musulmanes, profecía y promesa de esa universal reconciliación que Dios desea para toda la familia humana. La paz es un don que Dios confía a la responsabilidad humana, para que lo cultive a través del diálogo y el respeto de los derechos de todos, la reconciliación y el perdón. ¡Oremos, por tanto, para que los responsables de la suerte de Jerusalén emprendan con valentía el camino de la paz y lo sigan con perseverancia!

¡Queridos hermanos y hermanas! Como hizo Jesús con el discípulo Juan, también yo os confío a María, diciéndoos: Ahí tienes a tu madre (cf. Jn 19,27). A Ella nos dirigimos todos con confianza filial, recitando juntos la oración del Angelus.

 

[Traducción del original italiano realizada por Patricia Navas
© Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 20:07  | Habla el Papa
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Carta  publicada  el 25 de marzo de 2010 por monseñor Carlos Osoro, arzobipo de Valencia (España), con el título "¿Con la vida o con la muerte?"


¡Qué hondura adquieren las conclusiones a las que se llega, cuando se piensa en el ser humano y en la cultura de la vida! Resulta fácil comprender lo que es la cultura de la vida cuando, entre otras cosas, se llega a lo más fundamental: que el hombre está llamado a una plenitud de vida que va más allá de las dimensiones de su existencia terrena, pues consiste en la participación de la vida misma de Dios. Solamente desde aquí se puede entender la cultura de la vida y se pueden entender aquellas palabras sobre Jesús: "La muerte ha pasado, la vida ha comenzado".

Lo más bello y sublime de esta vocación sobrenatural del hombre se manifiesta en la grandeza y el valor de la vida humana, incluso en su fase temporal. Quien cuestiona la vida en esta fase no ha pasado a la vida, sigue en la muerte. La vida en el tiempo es condición básica, momento inicial y parte integrante de todo el proceso unitario de la vida humana. La Iglesia defiende el derecho a la vida en todas sus circunstancias, desde el inicio de la vida en el seno de la madre, hasta el término en esta tierra. Precisamente porque es tan importante la vida en sus inicios, el día 25 de marzo, festividad de la Encarnación, la Iglesia celebra la Jornada por la Vida, que tiene este año un lema muy sugerente: "¡Es mi vida!... Está en tus manos".

Para nosotros los cristianos es tan importante defender y ser creadores de la cultura de la vida que negaríamos nuestra identidad si, por algún resquicio de nuestra existencia, entrase la no defensa clara de la vida. "Cada persona, en virtud del misterio del Verbo de Dios hecho carne, es confiada a la solicitud materna de la Iglesia. Por eso, toda amenaza a la dignidad y a la vida del hombre repercute en el corazón mismo de la Iglesia, afecta al núcleo de su fe en la encarnación redentora del Hijo de Dios, la compromete en su misión de anunciar el Evangelio de la vida por todo el mundo y a cada criatura" (Evangelium vitae, 3).

No es cosa sólo de cristianos la defensa de la vida. Sin lugar a dudas, todo hombre que esté abierto sinceramente a la verdad y al bien, con la luz de la razón llega a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor de la vida humana desde su inicio hasta su término. ¡Qué manera más bella de ser creadores de la cultura de la vida, afirmando el derecho de cada ser humano a ver respetado totalmente este bien primario suyo! Creo que fácilmente os daréis cuenta de que en el reconocimiento de este derecho se fundamenta la convivencia humana y la misma comunidad política. Negado este derecho podemos hacer de cualquier persona algo utilizable a mi capricho, cuando me convenga y tomar decisiones sobre su vida a mi antojo y parecer.

En un mundo en que tantas amenazas tiene la vida humana, hemos de realizar una llamada urgente para decir a todos los hombres: ¡respetad la vida!, ¡servid a la vida!, ¡servid y respetad a toda vida humana! Si los hombres y mujeres de nuestro tiempo somos capaces de entrar por estos caminos de respeto y servicio a la vida, caminaremos hacia la justicia, el verdadero desarrollo, la libertad auténtica, la paz y felicidad. ¿No es esto lo que queremos todos los hombres?

En el siglo XXI sigue habiendo muchos atentados contra la vida. No podemos olvidar a las víctimas mortales del terrorismo, la violencia contra la mujer, las guerras, o las víctimas de los conductores desaprensivos. Una sociedad justa no puede permitir ni una sola muerte. Hoy quiero prestar una atención especial a los atentados que con respecto a la vida naciente y terminal se están dando en nuestra sociedad. Estos atentados presentan unas características absolutamente nuevas, pues tienden a perder en la conciencia colectiva el carácter de delito, de atentado antisocial, y asumirse como si fuera un derecho. Y así adquieren hasta un reconocimiento legal que golpea a la vida humana, cuando esta se vive en situaciones de más precariedad, ya que está privada de toda capacidad de defensa. ¿Cómo hemos podido llegar a esto? ¿Cómo hemos podido cambiar la cultura de la vida que es lo más natural, lo que quiere y desea todo hombre y entrar en la cultura de la muerte que es lo más antinatural? ¿Cómo hemos podido asumir actitudes, comportamientos, instituciones y hasta leyes que favorecen y provocan no la vida, sino la muerte? Se está instaurando una cultura que no pertenece a nuestra identidad.

Asistimos en nuestra sociedad a una lucha real entre la "cultura de la vida" y la "cultura de la muerte" (cf. Evangelium vitae, 21). Es una lucha dramática en medio de la cual nos encontramos todos. Es la lucha entre el bien y el mal, entre la muerte y la vida. Estamos en medio de esta lucha y de este conflicto y nos sentimos obligados a participar con toda claridad a favor de la vida. Ante innumerables y graves amenazas contra la vida en el mundo en el que estamos, en muchas ocasiones podemos sentirnos abrumados y con sensaciones de impotencia.

Alegrad los corazones, no os preocupéis, siempre la Vida está en medio de una gran lucha entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas. Tenemos una seguridad: que siempre triunfa la Vida. Con todas mis fuerzas os digo que el mal nunca podrá tener la fuerza suficiente para vencer al Bien. Y el Bien es la vida y la cultura de la vida. Sabemos discernir y volcarnos en la vida frente a la destrucción. Esto es lo que quiere Dios.

Vivimos en un momento importante para el mundo y para el Pueblo de Dios y de cada creyente, pues estamos llamados a vivir la fe con coraje y valentía. Hablar de la vida no es mera reflexión, sino que es un mandamiento destinado a realizar cambios significativos en nuestra sociedad. "El Evangelio de la vida es una realidad concreta y personal, porque consiste en el anuncio de la persona misma de Jesús, el cual se presenta al apóstol Tomás, y en él a todo hombre, con estas palabras: ‘Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida' (Jn 14, 6)" (Evangelium vitae, 29).

Por eso, no es secundario anunciar a Jesucristo, que es la Vida. Es fundamental este anuncio. Desde este anuncio claro, sin ambigüedades, estaremos haciendo el mejor servicio que se puede realizar al hombre y a la sociedad, que será siempre un servicio a la vida de todo ser humano. La vida es un bien. La vida que Dios ha ofrecido al hombre es un don con el que Dios comparte algo de sí mismo con la criatura. ¡Qué dinamismo engendra para todos nosotros pensar que la vida del hombre proviene de Dios! Todo hombre y mujer posee una dignidad superior a los bienes materiales. La vida y la muerte no están en las manos de otros hombres. Dios es el único Señor de la Vida. Ante los fúnebres dilemas actuales de autodestrucción, la fe en Dios no nos lleva a renegar de la existencia humana sino que se alía con la razón para defender la cultura de la vida en este hermoso mundo por el que vale la pena seguir luchando pacíficamente con amor a Dios y a todo ser humano. La sociedad del siglo XXI nos necesita. Ante la pregunta de la vida o la muerte, la respuesta que está en nuestras manos será siempre: sí a la Vida.


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Artículo escrito por monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas, con el título "Un buen sacerdote es un tesoro".

VER

El Papa Benedicto XVI, profundamente consternado y preocupado por el abuso de niños y jóvenes indefensos por miembros de la Iglesia en Irlanda, especialmente sacerdotes y religiosos, ha escrito una carta a los católicos de ese país, en que comparte la desazón y el sentimiento de traición que ellos experimentaron al enterarse de esos actos pecaminosos y criminales. No duda en calificarlos de crímenes atroces, que han herido el cuerpo de Cristo y han arrojado vergüenza y deshonor. Escandalizado y herido por lo que ha ocurrido en nuestra querida Iglesia, afirma que, junto con el inmenso daño causado a las víctimas, un daño enorme se ha hecho a la Iglesia y a la percepción pública del sacerdocio y de la vida religiosa.  

Comparte el sentimiento de quienes se han sentido profundamente indignados y conmocionados, escandalizados por los pecados y errores de algunos miembros de la Iglesia, decepcionados, desconcertados y encolerizados. Invita al arrepentimiento, la enmienda, asumir la responsabilidad de los pecados cometidos, someterse a las exigencias de la justicia, incluso ante los tribunales, y emprender un camino de curación, renovación y reparación, con un sólido programa de renovación de la Iglesia. Sin embargo, alienta a no perder la esperanza, pues desea que llegue una época de renacimiento y renovación espiritual, a partir de una relación personal con Jesucristo dentro de la comunión de su Iglesia, porque El nunca traicionará vuestra confianza. Mantened vuestra mirada fija en Jesús y su bondad y proteged la llama de la fe en vuestros corazones. 

Con dolor y tristeza por lo sucedido, acosados por quienes informan de manera parcial y tendenciosa, como queriendo socavar la confianza que la mayoría del pueblo aún tiene en nuestra Iglesia, ordené a un nuevo sacerdote, aumentando así a 89 el número de presbíteros con que cuenta nuestra diócesis, para atender a más de un millón y medio de habitantes, dispersos en 36,821 kilómetros cuadrados. Debemos recobrar la serenidad y valorar a los sacerdotes, imprescindibles para continuar la misión que Jesús confió a sus apóstoles. 

JUZGAR

El Papa, en esta carta, nos invita a redescubrir la belleza e importancia del ministerio presbiteral: "En este año dedicado a los sacerdotes, os propongo de forma especial la figura de San Juan María Vianney, que tenía una rica comprensión del misterio del sacerdocio. ‘El sacerdote -escribió- tiene la llave de los tesoros de los cielos: es el que abre la puerta, es el mayordomo del buen Dios, el administrador de sus bienes'. El cura de Ars entendió perfectamente la gran bendición que supone para una comunidad un sacerdote bueno y santo: ‘Un buen pastor, un pastor conforme al corazón de Dios es el tesoro más grande que Dios puede dar a una parroquia y uno de los más preciosos dones de la misericordia divina'". 

ACTUAR

Que las fallas de algunos sacerdotes no te aparten de Jesucristo y de su Iglesia. El es el único Salvador, el Camino definitivo, la Verdad total, la fuente plena de tu Vida. Nosotros somos sólo ministros suyos, por cuya humanidad El quiso continuar predicando su Palabra, actuando su salvación en los signos sacramentales, presidiendo la fraternidad entre los creyentes y promoviendo la solidaridad con los que sufren. 

Aprecia y agradece a tus sacerdotes que han dedicado toda su existencia a servir a Dios y a su pueblo. No lo han hecho por dinero, por ocupar puestos de honor, sino por amor generoso, por servir al Reino de Dios. Ayúdales a superar sus defectos y corrígeles fraternalmente, si es el caso. No desconfíes por sistema, pensando que muchos puedan estar contaminados por comportamientos indebidos. Haz oración por ellos, para que sean dignos de su vocación y fieles a lo que Dios y el pueblo espera de ellos. Pide al Señor que nos conceda más vocaciones sacerdotales y religiosas, para que la fe del pueblo se sostenga y fortalezca, pues hoy se requieren sacerdotes santos, hombres de oración, solidarios con los pobres, misericordiosos con los que sufren, cercanos a los dolores de la humanidad, respetuosos de quienes a ellos se confían.


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Comentario al evangelio del domingo tercero de Pascua, publicado en Diario de Avisos el domingo 18 de Abril de 2010 bajo el epígrafe DOMINGO CRISTIANO.

Pedro, tres sobresalientes

Daniel Padilla

 

Desengáñate, Pedro. Lo que al final vale, por encima de todo, es el amor. Tu amigo Pablo, con quien tantos desvelos y sufrimientos compartiste por el evangelio, lo resumió bien claramente: "Existen tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor. Pero la que permanece para siempre es el amor". ¿Te das cuenta, Pedro? De eso es de lo que Jesús, al final de su estancia en la tierra, quería tener constancia: de tu amor. ¿Conoces aquella preciosa frase de San Juan de la Cruz, el santo de la "noche oscura"? Él dijo que, "al atardecer de la vida, seremos juzgados en el amor". Pues eso es lo que hizo contigo el Señor. Al final de toda tu trayectoria tras de él, te examinó sobre el amor. Ya, antes, Jesús había analizado tu fe. Recuérdalo, Pedro. Andaban todos bastante despistados acerca de la identidad de Jesús y, por lo tanto, de las razones por las cuales le seguían. Unos le identificaban con Elías, otros con Jeremías, otros con algún otro profeta. Y fue entonces cuando hablaste tú. Y diste la razón de tu fe. Hiciste el acto de fe más bello y contundente: "Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo". A Jesús le gustó tanto tu discurso, que te puso sobresaliente en tu fe: "Aquello no te lo había revelado nadie de carne y hueso, sino el Padre que está en los cielos". Otro día, ante el anuncio de la eucaristía muchos se desanimaron, perdieron la esperanza y empezaron a desertar. Tam­bién entre ustedes hubo un conato de huida. Pero, una vez más, tú pusiste toda tu esperanza en Jesús y dijiste espléndi­damente: "¿A dónde iremos, Señor, si tú tienes palabras de vida eterna?". Sobre­saliente otra vez. Es como si hubieras cantado: "En Dios pongo mi esperanza y confío en su palabra". Pero, daro, lo que al final cuenta, ya te lo he dicho, es el amor. Y de eso quería estar seguro Jesús. "Tú te extrañaste de que por tercera vez te preguntara: 'Pedro, ¿me amas más que éstos?' Y te quedaste triste". Pero, piensa un poco, Pedro, por favor. A pesar de tu sobresaliente en fe y de tu sobresaliente en esperanza -y perdóname que te lo recuerde-, te habías acobardado y le habías negado. Sí, sí; Jesús había hecho ya de ello, borrón y cuenta nueva. Pero, ya comprenderás, hacía falta solidificar tu amor. Hacía falta que tú mismo caye­ras en la cuenta de que, si le amabas sobre todas las cosas, ese amor te tenía que poner alas. Hacía falta, sobre todo, que ese amor te llevase definitivamente a saber "apacentar sus ovejas y sus corde­ros". Hacía falta que tú, Cefas, "que signi­fica piedra", una vez asentado, confir­maras a todos los hermanos. Más que para asegurarse él, para que te asegura­ras tú mismo, te repitió tres veces la misma pregunta sobre tu amor. Sobresa­liente, también. Y bien que lo demos­traste, Pedro. La tradición nos cuenta que, después de predicar tu fe por aquí y por allá -¡Ah, las sandalias del pescador!­, diste tu vida por Cristo en la persecu­ción de Nerón, en Roma. Dicen también que te crucificaron como a Jesús. Pero añaden dichas tradiciones - ¡y bien que nos conmueve el dato!- que, recordando sin dudas tus bravuconadas de otros días, pediste ser crucificado cabeza abajo. Ya que no te considerabas digno de ser com­parado en nada con tu Maestro. ¡Siem­pre fuiste así de noble, así de sencillo y así de bueno, Pedro!


Publicado por verdenaranja @ 10:47  | Espiritualidad
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S?bado, 17 de abril de 2010

ZENIT  publica el discurso que Benedicto XVI dirigió a los obispos de los Países Escandinavos el jueves, 25 de Marzo de2010, en el Vaticano con motivo de su visita ad Limina Apostolorum.

Queridos Hermanos Obispos,

Os doy la bienvenida a Roma con motivo de vuestra visita “al umbral de los Apóstoles” y le doy las gracias al Obispo Arborelius por las palabras que me ha dirigido en vuestro nombre. Vosotros ejercéis gobierno pastoral sobre los fieles Católicos en el extremo norte de Europa y habéis trabajado allí para expresar y renovar los vínculos de comunión entre el pueblo de Dios en esas tierras y el Sucesor de Pedro en el corazón de la Iglesia universal. Vuestro rebaño es pequeño en número, y extendido en una amplia zona. Muchos tienen que viajar grandes distancias para encontrar una comunidad Católica en la que rendir culto. Es muy importante que se den cuenta de que cada vez que se reúnan en torno al altar para el sacrificio eucarístico están participando en un acto de la Iglesia universal, en comunión con los católicos de todo el mundo. Es esta comunión la que es a la vez ejercida y profundizada a través de las visitas quinquenales de los obispos a la Sede Apostólica.

Me complace observar que se va a celebrar un Congreso sobre la Familia en Jönköping en mayo de este año. Uno de los mensajes más importantes que la gente de las tierras Nórdicas necesita escuchar de vosotros es un recordatorio del carácter central de la familia para la vida de una sociedad sana. Lamentablemente, en los últimos años hemos asistido a un debilitamiento de la institución del matrimonio y de la comprensión cristiana de la sexualidad humana que durante tanto tiempo sentaron las bases de las relaciones personales y sociales en la sociedad europea. Los niños tienen derecho a ser concebidos y llevados en las entrañas, traídos al mundo y educados en el matrimonio: es a través de la relación segura y reconocida de sus propios padres como pueden descubrir su identidad y alcanzar su propio desarrollo humano (cf. Donum Vitae, 22 de febrero de 1987). En las sociedades con una noble tradición de defensa de los derechos de todos sus miembros, sería de esperar que este derecho fundamental de los niños fuera prioritario, por encima de cualquier supuesto derecho de los adultos a imponerles modelos alternativos de vida familiar, y ciertamente de cualquier supuesto derecho al aborto. Dado que la familia es “la primera e insustituible educadora a la paz” (Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de 2008), el promotor más fiable de la cohesión social y la mejor escuela de las virtudes de la buena ciudadanía, redundaría en interés de todos, y sobre todo de los gobiernos, defender y promover la vida familiar estable.

Aunque la población Católica de vuestros territorios constituye sólo un pequeño porcentaje del total, está creciendo, y al mismo tiempo un buen número del resto escucha con respeto y atención lo que la Iglesia tiene que decir. En las tierras Nórdicas, la religión juega un papel importante en la formación de la opinión pública y en las decisiones sobre las cuestiones relativas al bien común. Os pido por eso que sigáis llevando a las gentes de vuestros respectivos países las enseñanzas de la Iglesia sobre cuestiones sociales y éticas, como lo hacéis a través de iniciativas como vuestra carta pastoral del 2005 “The love of Life” [El amor de la vida n.d.t.] y el próximo Congreso sobre la Familia. El establecimiento del Instituto Newman en Uppsala es un acontecimiento muy bien acogido en este sentido, que asegura que la enseñanza Católica se imparte de manera correcta en el mundo académico escandinavo, a la vez que ayuda a las nuevas generaciones a adquirir una comprensión madura y formada de su fe. En vuestro propio rebaño, el cuidado pastoral de las familias y los jóvenes necesita llevarse a cabo con vigor, y con un especial cuidado por los muchos que han experimentado dificultades a raíz de la reciente crisis financiera. Debe mostrarse la debida sensibilidad hacia los muchos matrimonios en los que sólo un cónyuge es católico. El componente inmigrante de la población católica de las tierras nórdicas tiene necesidades propias, y es importante que vuestra pastoral con las familias les incluya, para favorecer su integración en la sociedad. Vuestros países han sido especialmente generosos con los refugiados de Oriente Medio, algunos de los cuales son cristianos de Iglesias Orientales. Por vuestra parte, al acoger “al forastero que reside junto a vosotros” (Lev 19:34), aseguraos de ayudar a esos nuevos miembros de vuestras comunidades a profundizar su conocimiento y comprensión de la fe a través de programas oportunos de catequesis -en el proceso de integración en sus países de acogida, deben ser animados a no distanciarse de los elementos más preciosos de su propia cultura, particularmente su fe.

En este Año Sacerdotal, os pido que deis especial prioridad a la animación y apoyo de vuestros sacerdotes, que a menudo tienen que trabajar aislados unos de otros y en circunstancias difíciles para administrar los sacramentos al pueblo de Dios. Como sabéis, he propuesto la figura de San Juan María Vianney a todos los sacerdotes del mundo como fuente de inspiración e intercesión en este año dedicado a explorar más profundamente el significado y la función indispensable del sacerdocio en la vida de la Iglesia. Él se dedicó incansablemente a ser un canal de la gracia curativa y santificadora de Dios para las personas a las que servía, y todos los sacerdotes están llamados a hacer lo mismo: es vuestra responsabilidad, como sus Ordinarios, comprobar que están bien preparados para esta tarea sagrada. Aseguraos también de que los fieles laicos aprecien lo que sus sacerdotes hacen por ellos, y les ofrezcan el ánimo y apoyo espiritual, moral y material que necesitan.

Me gustaría rendir homenaje a la enorme contribución que los religiosos y religiosas han realizado a la vida de la Iglesia en vuestros países durante muchos años. Las tierras nórdicas también son bendecidas con la presencia de algunos de los nuevos movimientos eclesiales, que aportan fresco dinamismo a la misión de la Iglesia. Ante esta gran variedad de carismas, hay muchas maneras con las que los jóvenes pueden ser atraídos a dedicar sus vidas al servicio de la Iglesia a través de una vocación al sacerdocio o a la vida religiosa. Al desempeñar vuestra responsabilidad de promover estas vocaciones (cf. Christus Dominus, 15), estad seguros de dirigiros tanto a los nativos como a las poblaciones inmigrantes. Del corazón de cualquier comunidad católica sana, el Señor siempre llama a hombres y mujeres a servirle de esta manera. El hecho de que cada vez más de vosotros, Obispos de las tierras nórdicas, seáis originarios de los países en los que servís es un signo claro de que el Espíritu Santo está trabajando entre las comunidades católicas ahí. Rezo para que su inspiración continúe dando frutos entre vosotros y aquellos a los que habéis dedicado vuestras vidas.

Con gran confianza en el poder vivificante del Evangelio, dedicad vuestras energías a promover una nueva evangelización entre la gente de vuestros territorios. Parte y parcela de estas tareas es la continua atención a la actividad ecuménica, y me complace tomar nota de las numerosas tareas en las que los Cristianos de las tierras nórdicas van juntos para presentar un testimonio unido ante el mundo.

Con estos sentimientos, os encomiendo a todos vosotros y a vuestros pueblos a la intercesión de los santos nórdicos, especialmente Santa Brígida, copatrona de Europa, y con mucho gusto imparto mi Bendición Apostólica como prenda de fuerza y paz en el Señor. 

[Traducción del original inglés por Patricia Navas
© 2010 Libreria editrice vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:46  | Habla el Papa
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Homilía de monseñor Antonio Marino, obispo auxiliar de La Plata, en el día de la Anunciación del Señor (Iglesia del Seminario, La Plata, 25 de marzo de 2010). (AICA)  

“HÁGASE EN MÍ SEGÚN TU PALABRA” (Lc 1,38) 

 

“Hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38). El universo entero se llena de un sentido nuevo. Nunca antes ni después, en la toda la historia de la humanidad, las palabras de una simple mujer tuvieron tanta repercusión en la vida del resto de los hombres. Nunca antes ni después, la alianza entre Dios y los hombres encontraría una expresión más intensa y perfecta que aquella que, a partir de ese instante, se establecía entre una Madre y su Hijo.

“Tú eres un Dios escondido” (Is 45,15), exclamaba Isaías, el profeta. El salvador de Israel se hace presente ocultándose. “Tanto más se manifiesta, cuanto más hondo se esconde”. Tal es la complacencia divina: silencio y discreción de apariencias.

Roma, Atenas, Alejandría. Los ejes de la gran historia pasaban por otros meridianos. Jerusalén era gloriosa tan sólo para los hijos de Israel. Nazaret, apenas un nombre, sinónimo de insignificancia: “¿Acaso de Nazaret puede salir algo bueno?” (Jn 1,46), preguntaría Natanael, entre dudoso y despectivo.

Pero en el tiempo de Dios, la hora de cumplir las promesas había llegado. En un poblado sin lustre de Galilea, una joven virgen recibe el anuncio del designio divino de convertirla en Madre del Hijo de Dios y Mesías Salvador.

Nunca como ahora se había revelado la fecundidad del “sí” del hombre ante voluntad de Dios. “Hágase en mí según tu palabra” dice la Virgen. “Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1,14).

Lo grandioso se reviste de pequeñez. El tesoro del Reino se esconde en la pobreza. La Palabra eterna y poderosa, creadora y llena de vida, “en quien todo tiene consistencia” (Col 1,17), antes de manifestarse al mundo, busca su morada en el seno purísimo de la Virgen, que será su Madre. Se esconde para manifestarse y nos habla desde su silencio.

Anunciación del Señor. Un ángel anuncia su venida. Anunciación a María. El Señor quiere venir con la colaboración de la Mujer. El que habita en el seno del Padre quiere descender al seno de María, sin dejar el seno del Padre.

Sólo la voluntad divina es portadora de salvación. Pero quien de nadie necesita, libremente quiso necesitar del servicio de la Mujer, elegida y preparada desde el principio. Ella no es el Evangelio. Sólo el Hijo que se le anuncia “será grande y se lo llamará Hijo del Altísimo” (Lc 1,32). Sólo Él se sentará en “el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin” (ibid.). Sólo Él “será Santo y se lo llamará Hijo de Dios” (Lc 1,35). No es María el Evangelio, pero sin ella, no habría Evangelio.

Misterio de la Alianza renovada entre Dios y los hombres. Misterio del Dios con nosotros. La Sabiduría eterna, increada y creadora, nos dice: “Mi delicia era estar con los hijos de los hombres” (Prov 8,31).

“¡Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo!” (Lc 1,28). ¡Alégrate tú, lo mejor de nuestra raza! ¡Alégrate, tú elegida y rodeada desde el primer instante de tu existencia por la gracia del Aquel mismo que te elige como Madre! ¡Alégrate, gloria de Jerusalén y alegría de Israel! “Toda la antigua alianza revive con tu fe”.

Virgen nazarena, el saludo del ángel te trae el eco de oráculos antiguos dirigidos a la “hija de Sión”. “¡Alégrate, hija de Sión! ¡Aclama, Israel! ¡Alégrate y regocíjate, hija de Jerusalén! (…). El Rey de Israel, el Señor, está en medio de ti: ya no temerás ningún mal (…). ¡No temas, Sión, que no desfallezcan tus manos! ¡El Señor, tu Dios, está en medio de ti; poderoso salva! Él exulta de alegría por ti, te renueva con su amor y lanza por ti gritos de alegría, como en los días de fiesta” (Sof 3,14-18).

“Llena de gracia”, ése es tu nombre propio. “Toda la antigua alianza revive con tu fe”. El Señor te invita a un místico desposorio al asociarte al misterio de la Encarnación. “Nueva Eva” que desatas el nudo de la desobediencia original. La historia y el universo estuvieron pendientes de tu respuesta. Madre y compañera inseparable del “Nuevo Adán”, mantuviste tu fidelidad hasta la Cruz.

Hoy queremos alegrarnos con tu alegría. Hoy contemplamos en ti la vocación de la Iglesia entera y nuestro compromiso de discípulos y misioneros: traer a Cristo a este mundo lleno de pesadumbre y de tristeza. Por eso, en nuestra labor apostólica levantamos los ojos hacia ti, “puerta del cielo y estrella de la mañana”, buscando imitar tu ejemplo de docilidad a la voluntad divina. Hoy te pedimos volvernos fecundos por obra del mismo Espíritu, por quien se continúa tu misterio: engendrar a tu Hijo en los corazones de los fieles.

Hoy grabamos en nuestras mentes y corazones tres palabras a modo de consignas de las que queremos vivir, y repetirlas contigo hasta el final: “Hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38). “He aquí que vengo, Dios, para hacer tu voluntad” (Heb 10,7). “Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo” (Mt 6,10).

La primera, es tu respuesta que cambió la historia. La segunda, es la voz simultánea de tu Hijo al encarnarse en tus entrañas, cuya vida se resume en la voluntad divina. La tercera, queremos pronunciarla contigo y con Jesús para insertarnos en el misterio de la Alianza y hacer presente el Reino de tu Hijo que los hombres anhelan, tantas veces sin saberlo.

No cesamos de alabarte, sabiendo que tu grandeza excede nuestra alabanza. “Llena de gracia” te definió el ángel. “Omnipotencia suplicante” te llamará la voz de la Iglesia, que extasiada en tu belleza te reconoce como Hija predilecta del Padre, Madre santísima del Verbo, sagrario purísimo del Espíritu Santo, templo y sagrario de la Santísima Trinidad.

Hoy contemplamos con tristeza nuestro mundo y nuestra patria. Son horas de apostasía de la verdad, y muchos, confundidos, dejan la casa de Dios. El dragón infernal, aunque herido de muerte, parece triunfar y llevar a muchos a la ruina.

Nos sentimos débiles y con pocas fuerzas ante la magnitud del desafío. Pero tu humildad nos alienta a creer en la fecundidad de los pequeños pasos, y tu mirada nos abre hacia amplios horizontes de esperanza. Lo más grande de la historia surgió de la fecundidad de tu fe y del perfume de tu  silencio.

La casita insignificante de Nazaret, se convirtió en el espacio primero de la Iglesia, en tu Pentecostés personal que fue la Anunciación. Gracias a tu respuesta, tu pequeña casa hoy se ha convertido en la Iglesia universal, que es la patria del mundo.

Madre de Dios y Madre nuestra, empleamos como niños las palabras de la Salve, aprendidas en los años de inocencia: “Vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos. Y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre”. 

Mons. Antonio Marino, obispo auxiliar de La Plata 


Publicado por verdenaranja @ 16:39  | Homil?as
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Mensaje de monseñor Eduardo Martín, obispo de Villa de la Concepción del Río cuarto en el Día de Niño por Nacer (25 de marzo de 2010). (AICA)

DÍA DEL NIÑO POR NACER 

Hoy, 25 de marzo, los católicos celebramos el día de la Anunciación, el día de la Encarnación del Hijo de Dios en el seno de María por obra del Espíritu Santo; hacemos presente el instante en que Dios se hizo uno de nosotros. A partir de ese momento Dios se ha unido a todo hombre y no se separará jamás. Este hecho es también  una afirmación, sin concesiones, de la vida humana, de su valor sagrado e intangible. Es también una afirmación de que la vida humana comienza desde la concepción.

En este mismo día celebramos la jornada del niño por nacer. Quiero alentar y felicitar a todas las mujeres que están esperando un hijo, y contra muchas dificultades, llevan adelante su embarazo.¡Gracias por el sí que dan a la vida! El grado de civilización de una sociedad se mide por el cuidado que le brinda a los más débiles; y ellos son los niños por nacer. En este sentido todas las madres son generadoras y sostenedoras  de una cultura y civilización verdaderamente humanas.

No puedo dejar de pensar  en las mujeres que han caído en el recurso al aborto, muchas veces llevadas por circunstancias muy difíciles y experimentando una falta de compañía verdadera que en ese momento les ayudase a afirmar la vida. A ellas, les recuerdo que la Iglesia odia al pecado pero ama al pecador. No se queden en su remordimiento, sepan que la Iglesia, en Nombre de Nuestro Señor Jesucristo, que derramó su sangre para el perdón de los pecados,  tiene los brazos abiertos para ofrecerles su perdón. 

Ruego al Señor por todos aquellos que por el lugar que ocupan en la sociedad, en especial: médicos, enfermeras, legisladores, autoridades en general, para que Él los ilumine y fortalezca de modo que siempre trabajen por la defensa de la vida humana, cada uno desde su lugar, contribuyendo así a la construcción de una civilización a la medida del hombre.

Que María Santísima, Madre de Dios y Madre Nuestra nos asista con su poderosa intercesión ante su Divino Hijo para que en nuestra sociedad cada día se afirme más el valor sagrado de cada ser humano.

 

Mons. Eduardo Martín, obispo de Villa de la Concepción del Río Cuarto

 

 


Publicado por verdenaranja @ 16:35  | Hablan los obispos
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Conferencia del cardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, en la conmemoración del 25 aniversario del Seminario “La Encarnación” de la Ciudad de Resistencia (25 de marzo de 2010) (AICA)


LA FORMACIÓN DEL PRESBÍTERO HOY. DIMENSIONES INTELECTUAL, COMUNITARIA, APOSTÓLICA Y ESPIRITUAL 

1. Configurarse con Cristo Buen Pastor

“Pastores dabo Vobis” nos introduce en la pregunta que hace al fondo de nuestro tema: “¿Cómo formar sacerdotes que estén verdaderamente a la altura de estos tiempos, capaces de evangelizar al mundo de hoy?” (PdV 10).  

No perder la forma

Cuando uno termina de leer los puntos sobre las dificultades y las cosas que ayudan a formar hoy a los jóvenes con vocación (PdV 8 y 9), tiene la impresión de que las dificultades superan a las cosas a favor;  y estas dificultades para formar no sólo se han incrementado en estos 20 años sino que han afectado a los supuestos mismos de la formación. Ya no se trata de apuntalar éste o aquel valor, de despertar tal o cual ideal, de consolidar una u otra virtud, sino que el concepto mismo de formación está en cuestión. La pregunta es cómo “formar” en un medio cultural en el que lo valioso parece ser no precisamente las formas sino la vivencia de experiencias que transgreden las formas, que las mezclan, las disuelven y las transforman incesantemente. De lo que se trata, pues, expresado por medio de una negación, es de “no perder la forma”. No perder el principio vital capaz de configurar un corazón humano a imagen del corazón sacerdotal de Cristo.

Formación supone proceso –un tiempo asumido como historia personal de salvación-, y el mundo actual vive en un tiempo “puntillar” (en cierta manera ahistórico), en el que todo se arma y se desarma cada tanto. Formación dice a identidad y a pertenencia y el nuestro es un mundo de pertenencias parciales e identidades múltiples. Si identificamos esta “licuefacción de las formas” como problema central para todo tipo de formación, el desafío irá por el lado de acompañar procesos, estando atentos a los momentos cruciales que hay que ayudar a sortear al formando, para que no sea arrastrado por la corriente (externa o interior) que disuelve las formas, de modo tal que la gracia vaya cuajando y el corazón le vaya tomando el gusto a la solidez de la forma. Solidez de esqueleto y no de caparazón, por supuesto. 

Confianza en la gracia

La formación de los futuros pastores apunta a que “se configuren con Cristo Buen Pastor” (1)  y esto implica un renovar la fe en que Cristo es el que “forma”, renovar la confianza en la gracia, con la certeza de que la forma sacerdotal no depende del mundo sino que es don del Espíritu, aceptado y cultivado con fidelidad. Esto vale para todos los tiempos, más allá de que la sociedad y el ambiente cultural en el que nos movamos tenga claro el concepto mismo de formación o éste se encuentre en crisis. Se trata pues, en primer lugar, de no perder la “forma”, de no perder la fe en la validez de la forma que Cristo imprime en los corazones de sus discípulos, no perder la esperanza en que esa forma tiene poder configurador eficaz que va modelando el corazón a imagen del Corazón del Buen Pastor, de no perder el amor y la alegría con que esa tarea de formación debe ser encarada (2).

2. Discernimiento evangélico

Esta manera de formular las cosas mediante una negación es fruto de un discernimiento evangélico, que siempre supone una elección y una renuncia. El desdibujamiento de los límites de la cultura actual hace necesario poner algunos “no”, que contengan el pensamiento y lo encaucen de manera positiva.

“Pastores dabo vobis” toma nota de que también los diagnósticos que hacemos se ven afectados por la disolución de las formas. Si nuestra mirada se guía sólo  por las luces de las ciencias –de la sicología y la sociología, p.ej. - se convierte en parte del problema. Por eso el Papa dice que se necesita ir a un nivel más profundo que el del mero conocimiento de la situación. Hay que ir a la interpretación de la situación y al “discernimiento evangélico”. El discernimiento evangélico  se funda en la confianza en el amor de Jesucristo, que siempre e incansablemente cuida a su Iglesia (Ef 5, 29).

PdV se explaya en lo que significa “hacer un discernimiento evangélico”:

“No siempre es fácil una lectura interpretativa, que sepa distinguir entre el bien y el mal, entre signos de esperanza y peligros. En la formación de los sacerdotes no se trata sólo y simplemente de acoger los factores positivos y constatar abiertamente los negativos. Se trata de someter los mismos factores positivos a un cuidadoso discernimiento, para que no se aíslen el uno del otro ni estén en contraste entre sí, absolutizándose y oponiéndose recíprocamente. Lo mismo puede decirse de los factores negativos: no hay que rechazarlos en bloque y sin distinción, porque en cada uno de ellos puede esconderse algún valor, que espera ser descubierto y llevado a su plena verdad” (PdV 10) (3).

Yendo más a fondo, PdV nos dice es que los datos no deben ser leídos asépticamente (como meros datos) sino dramáticamente, como un desafío a nuestra libertad responsable:

“El discernimiento evangélico toma de la situación histórica y de sus vicisitudes y circunstancias no un simple «dato», que hay que registrar con precisión y frente al cual se puede permanecer indiferentes o pasivos, sino un «deber», un reto a la libertad responsable, tanto de la persona como de la comunidad” (PdV 10).

El discernimiento evangélico se “alimenta a la luz y con la fuerza del Espíritu Santo, que suscita por todas partes y en toda circunstancia la obediencia de la fe, el valor gozoso del seguimiento de Jesús, el don de la sabiduría que lo juzga todo y no es juzgada por nadie y se apoya en la fidelidad del Padre a sus promesas” (PdV 10). Con esta fe, es posible hablar de “formación sacerdotal”. Esta fe, esta adhesión de confianza total en el Señor es la cara positiva del discernimiento que implica no sólo sentir e interpretar las mociones del buen espíritu y del malo sino, y esto es lo decisivo, elegir las del buen espíritu y rechazar las del malo. Aquí radica la importancia de los “no”, que encauzan los “sí” y les permiten crecer y hacer un proceso en el que la pertenencia se va afianzando y  la identidad sacerdotal va tomando rasgos claros.

Como vemos, el punto de partida es evangélico, espiritual, no sociológico ni psicológico.  Sociológica y psicológicamente no estamos en una buena época para “formar”, al menos tal como se venía formando secularmente. Pero si partimos de la convicción de que el Espíritu sigue suscitando vocaciones, entonces podemos “volver a echar las redes” en nombre del Señor, aunque haga mucho que no pescamos nada.

 Los “no” del discernimiento evangélico pueden verse en acción ya al comienzo de Pastores dabo Vobis. En los primeros párrafos se destacan tres “no” que enmarcan sólidamente la gracia de la Fe. Dice la Exhortación: “Con estas palabras del profeta Jeremías Dios promete a su pueblo no dejarlo nunca privado de pastores que lo congreguen y lo guíen: «Pondré al frente de ellas (o sea, de mis ovejas) Pastores que las apacienten, y nunca más estarán medrosas ni asustadas» (Jer  23, 4)” (PdV 1).

“Sin sacerdotes la Iglesia no podría vivir aquella obediencia fundamental que se sitúa en el centro mismo de su existencia y de su misión en la historia” (PdV 1).

“Sabemos por la fe que la promesa del Señor no puede fallar” (PdV 1).

El Señor no puede faltar a su promesa de no dejar a la Iglesia privada de los pastores sin los cuales no podría vivir ni realizar su misión. Este triple “no” asegura la confianza en que es posible formar bien a los sacerdotes en cualquier época y situación. A la luz de esta fe sugeriremos algunos puntos de referencia a tener en cuenta en la formación. 

3. Los protagonistas de la formación sacerdotal

Si prestamos atención a esta clave de lectura “dramática”, en sentido balthasariano, los protagonistas del drama se iluminan de manera especial, son más importantes que las dimensiones y los ambientes. 

Al tratar la “Formación de los candidatos al sacerdocio”, Pastores dabo vobis estructura su reflexión poniendo primero las “Dimensiones de la formación sacerdotal” –humana, espiritual, intelectual y pastoral-; segundo, los “Ambientes propios de la formación sacerdotal” y en tercer lugar, habla de los “Protagonistas de la formación sacerdotal”. Este último punto no lo desarrolla mucho en extensión; sin embargo resuena en él la profundidad mayor de la Exhortación. El Papa Juan Pablo solía poner lo central de su pensamiento precisamente en el centro de sus escritos. Pues bien, en el corazón del esquema de Pastores dabo Vobis  se encuentra el punto 33 –“Renueva en sus corazones el espíritu de santidad” - en el cual se señala como “el gran protagonista” de la vida espiritual sacerdotal al mismo Espíritu Santo:

“Ciertamente, el Espíritu del Señor es el gran protagonista de nuestra vida espiritual. El crea el «corazón nuevo», lo anima y lo guía con la «ley nueva» de la caridad, de la caridad pastoral. Para el desarrollo de la vida espiritual es decisiva la certeza de que no faltará nunca al sacerdote la gracia del Espíritu Santo, como don totalmente gratuito y como mandato de responsabilidad. La conciencia del don infunde y sostiene la confianza indestructible del sacerdote en las dificultades, en las tentaciones, en las debilidades con que puede encontrarse en el camino espiritual” (PdV 33).

“La conciencia del don”, de lo que el sacerdote es por gracia, está en el núcleo de la vocación, de la formación y de la vida sacerdotal. Esta conciencia carismática –no sicológica ni moral- es a la vez don gratuito y mandato de responsabilidad. A acoger este don, a incrementar la conciencia que de él se tiene y colaborar para que dé frutos que permanezcan, debe apuntar todo lo que se haga en la formación (4). Esta conciencia es la que nos hace, gracias al Espíritu, “co-protagonistas” del único Sacerdote, Jesucristo.

Por lo tanto, será clave en la formación todo lo que despierte, clarifique y consolide esta conciencia de lo que somos por gracia. Esto supone un “no” a todo lo que ponga entre paréntesis la gracia, a todo lo que la relativice, a todo lo que la someta al juicio y a los métodos de las ciencias humanas, las cuales, cuando no se utilizan con mucha discreción, si bien suelen ayudar en puntos secundarios, debilitan la gracia principal.

Dar importancia central a las personas como protagonistas de la formación supone también un “no” al anonimato de una estructura funcionalista que forme por inercia. En una cultura en que los ambientes de la formación están expuestos a todo tipo de invasión virtual y dadas las dificultades para que las dimensiones de la formación puedan llevarse adelante mediante un proceso previsible y progresivo (primero una sólida formación humana, luego una formación intelectual para luego salir al apostolado…), adquieren un valor insustituible los protagonistas de la formación. Protagonistas que, como dijimos, son co-protagonistas, ya que el Espíritu es el Protagonista principal. Esto ya nos está diciendo que, entre las así llamadas dimensiones de la formación, la primacía la tendrá la dimensión espiritual, que es la que abre las demás a la conducción del Espíritu que profundiza la santidad personal al mismo tiempo que impulsa a la misión universal.  

4. Las dimensiones de la formación (5)

4.1. Primacía de la dimensión espiritual (“no” a la relativización cientificista)

Jesús vino a formar en Persona

En esta época los referentes personales, que viven y actúan como comunidad formadora, son insustituibles. Como dice un proverbio africano que “para formar a un niño hace falta una Aldea” y, decimos nosotros, para formar a un seminarista hace falta la Iglesia entera. Esto es una gracia profundamente cristiana. No hay estructura que forme automáticamente; se requieren personas. Y en el Cristianismo todo es una cuestión personal. Jesús vino en persona a formar a sus discípulos. Vino a comunicarnos personalmente el Espíritu de una  ley que por sí sola no bastaba. Más bien, como dirá Pablo, se había convertido en ocasión de pecado. ¿Por qué desilusionarnos entonces si vemos que para formar sacerdotes necesitamos dedicar a nuestros mejores sacerdotes, para que “estén con los seminaristas”, vivan con ellos, los acompañen y los hagan partícipes de su vida apostólica? 

“Estar con El”

El capítulo V de PdV, si bien comienza con las dimensiones de la formación, lleva como título: “Instituyó doce para que estuvieran con él”.

El “estar con El” se refracta en las cuatro dimensiones de la formación: es un estar “espiritual”, que integra la dimensión intelectual y afectiva (personal y comunitaria) y que se proyecta apostólicamente.

En una reciente Audiencia General, el Papa reafirma esta intuición de PdV hablando de la formación como tiempo de “estar con él”. Entre el llamado y la misión, Marcos habla de “estar con Jesús”.

“También hoy se experimenta la necesidad de que los sacerdotes den testimonio de la misericordia infinita de Dios con una vida totalmente "conquistada" por Cristo, y aprendan esto desde los años de su formación en los seminarios. Los cimientos puestos en la formación del seminario constituyen el insustituible "humus spirituale" en el que se puede "aprender a Cristo", dejándose configurar progresivamente a él, único Sumo Sacerdote y Buen Pastor. Por lo tanto, el tiempo del seminario se debe ver como la actualización del momento en el que el Señor Jesús, después de llamar a los Apóstoles y antes de enviarlos a predicar, les pide que estén con él (cf. Mc 3, 14). Cuando san Marcos narra la vocación de los doce Apóstoles, nos dice que Jesús tenía un doble objetivo: el primero era que estuvieran con él; y el segundo, enviarlos a predicar. Pero yendo siempre con él, realmente anuncian a Cristo y llevan la realidad del Evangelio al mundo” (Benedicto XVI , San Juan Eudes y la formación del clero, Audiencia Gral 19 de Agosto 2009).

Qué iluminador discernimiento espiritual de lo que constituye el “humus spirituale” de la formación: “actualización del momento en que el Señor hace que los suyos ‘estén con Él’”: tiempo de formación, entre la vocación y la misión. En ese “estar con la Persona de Jesús” se juega la calidad y el poder formativo de lo que llamamos “dimensiones” -espiritual, comunitaria, intelectual y pastoral- de la formación.

Así pues, este es el sencillo discernimiento que hacemos: Así como Jesús vino a formar personalmente, ahora, para formar a nuestros jóvenes, hacen falta sacerdotes que entreguen su vida entera a la tarea de “estar con ellos”. No se puede formar “part time”, ni individualmente: hace falta una comunidad formadora a tiempo pleno, en la que los formadores vivan con los formandos y viceversa, integrándolos a la comunidad, al estudio y a la tarea pastoral. El modo de vivir el tiempo de nuestros jóvenes, exige que todas las dimensiones estén presentes al mismo tiempo, y moderar esto sólo lo puede hacer una comunidad de gente madura y formada que puede hacer de interlocutor directo y cotidiano a los cuestionamientos que se van suscitando en los jóvenes. El tiempo virtual toca zonas reales del corazón de los jóvenes que necesitan ser atendidas en tiempo real. Así como se licuan los valores, también los problemas. Por tanto no se trata de tener respuesta para todo, pero sí estar presentes para lo que se necesita cada día. Se tratará de una formación más “eucarística” y más “providencialista”. Más fijada en el día a día y más esperanzada en el futuro escatológico (6), sin tanto poder de control sobre el mediano plazo. Lo cual puede ser muy esperanzador, evangélicamente mirado. Se tratará de una formación abierta a la conducción del Espíritu: “Es el Espíritu quien nos da la iluminación superior para discernir los signos de los tiempos que permiten formar sacerdotes para el mundo de hoy” (PdV 5).

Formación espiritual

Como vemos, la dimensión espiritual es decisiva desde el comienzo y en cada momento de la formación. Como dice Aparecida: “Ya, desde el principio, los discípulos habían sido formados por Jesús en el Espíritu Santo (cf. Hch 1, 2); el Espíritu es, en la Iglesia, el Maestro interior que conduce al conocimiento de la verdad total, formando discípulos y misioneros” (Ap 152).

Los “contenidos” de la vida espiritual están magistralmente señalados en el nº 8 de la Optatam Totius, que PdV medita prolijamente. Se trata de buscar a Jesús en la Oración, en los Sacramentos y de buscarlo en los hombres (PdV 49).

“¿Qué significa, en la vida espiritual, buscar a Cristo? y ¿dónde encontrarlo? «Maestro, ¿dónde vives?» El decreto conciliar Optatam totius parece indicar un triple camino: la meditación fiel de la palabra de Dios, la participación activa en los sagrados misterios de la Iglesia, el servicio de la caridad a los «más pequeños». Se trata de tres grandes valores y exigencias que nos delimitan ulteriormente el contenido de la formación espiritual del candidato al sacerdocio” (PdV 46).

Pero el problema es más de odres nuevos que de vino nuevo, más de recipiente que de contenido. La que está agujerada es la conciencia espiritual. Relativizada como dependiente del paradigma de moda, viviseccionada con los métodos de introspección sicológica, cuantificada estadísticamente, sospechada de “espiritualismo ingenuo”…

Creo que la intuición de Aparecida con su fórmula bi-polar “discípulos misioneros” crea un ámbito de tensión sana en el que se puede formar el corazón y la conciencia sacerdotal sin que la gracia se disperse ni se ahogue. Es el mismo Espíritu el que nos hace “estar con Jesús” y  “salir a apacentar” al pueblo fiel y a predicar a todas las naciones. Es el mismo Espíritu el que nos forma como discípulos misioneros. Al decir “espiritual” decimos santidad personal y misión universal. La vida espiritual es “vida animada y dirigida por el Espíritu hacia la santidad o perfección de la caridad” (PdV 19). El don espiritual del sacerdocio abre al sacerdote a la misión universal de la Iglesia (PdV 18).

La doble referencia, hacia el interior y el exterior, hacia lo más personal y lo más comunitario, hacia Dios y hacia los hombres, tensiona el corazón y la mente de manera tal que hace madurar al formando de manera integral, con una Vida plena. Esto es lo que significa “configurarse con Cristo Cabeza y Pastor” y “obrar In Persona Christi como instrumentos suyos, en servicio del pueblo fiel de Dios animados por la Caridad pastoral que implica el Don total de sí” (PdV 22). En esta matriz formativa –discípulos misioneros- se forja esa “Espiritualidad concreta que ama a la Iglesia universal en la particular” (PdV 23); la “Consagración y la misión están unificadas por el sello del Espíritu” (PdV 24); y se conjugan la gracia y la libertad responsable (PdV 25).  

4.2. Una formación apostólica apacentadora (“no” a la impaciencia funcionalista)

Inmediatamente luego de hablar de la primacía de lo espiritual, como lo que da la “forma” específica a las otras dimensiones, paso a considerar la dimensión apostólica, que obra en la formación a manera de causa final (7). 

“Todos los aspectos de la formación, el espiritual, el intelectual y el disciplinar, han de ordenarse conjuntamente a este fin pastoral: a que se formen verdaderos pastores de almas, a imagen de Cristo, Maestro, Sacerdote y Pastor (Optatam Totius 4).

En el mismo sentido nos dice Aparecida:

“Es necesario un proyecto formativo del Seminario que ofrezca a los seminaristas un verdadero proceso integral: humano, espiritual, intelectual y pastoral, centrado en Jesucristo Buen Pastor” (Ap 319).

La imagen del Buen Pastor es, pues, el analogatum princeps de toda la formación. Al hablar del fin pastoral como fin último, tanto el Concilio como Aparecida están entendiendo “pastoral” en sentido eminente, no en cuanto se distingue de otros aspectos de la formación sino en cuanto los incluye a todos. Los incluye en la Caridad del Buen Pastor, dado que la Caridad “es la forma de todas las virtudes”, como dice Santo Tomás siguiendo a San Ambrosio (8).  Y como dice Agustín: “Sit amoris officium pascere dominicum gregem” (PdV 24).

Esto significa que la dimensión apostólica no es una acción externa, no es un trabajo de gestión del reino, sino que es ayudar a que Cristo se forme en los otros como se ha formado en el sacerdote. Esto supone una formación permanente, en la que siempre somos discípulos misioneros ya que, al mismo tiempo que nos configuramos con Cristo Buen Pastor como discípulos, nos volvemos capaces de ir comunicando esa forma como misioneros. Este sentido fuerte de formación es el que expresa Pablo  cuando dice: “Hijos míos!, por quienes sufro de nuevo dolores de parto, hasta ver a Cristo formado en ustedes” (Gal 4, 19). 

Una formación apostólica apacentadora

Podemos sintetizar estas cualidades que menciona Aparecida hablando de una “formación apostólica apacentadora” (9). Sacerdotes que se formen para apacentar. Apacentar nos habla de fortaleza y paciencia, de buen humor, de constancia, de ternura y compasión. Apacentar requiere tiempo, acompañamiento de procesos, tarea cotidiana de madre que nutre y de padre que abre caminos y conduce.

Formar para apacentar requiere que el que se prepara para el sacerdocio esté de entrada en contacto con el Pueblo fiel de Dios. Respetando los tiempos principales que debe dedicar a su propia formación –especialmente el tiempo que lleva el estudio como tarea específica- el formando necesita nutrirse de la vida parroquial de la gente. El sacerdocio es para el pueblo de Dios y el pueblo de Dios sabe acoger y formar a los que serán sus pastores. El pueblo enseña a apacentar apacentando a los jóvenes que comparten su vida parroquial mientras estudian.

La formación apostólica, por tanto, requiere que se discierna bien el lugar donde se formará el pastor. Tiene que ser lugar real de pastoreo. Lugar de contacto con el rebaño entero, no lugares demasiado selectos para que no se termine formando un peinador de ovejas, ni lugares demasiado expuestos y demandantes, que no dejan tiempo para “estar con el Señor” y para la misión principal del estudio. Es bueno que cada formando vaya viendo algún aspecto especial para el cual se siente llamado, pero ese apostolado especial debe estar en relación fuerte y constante con el apostolado común, el de apacentar a todos en conjunto apacentando al que venga: niños, ancianos, jóvenes, familias…

¿Cuál sería el “no” que consolida esta virtud apacentadora que discernimos como central dentro de la dimensión apostólica? El “no” es no a la impaciencia funcionalista. Nuestro mundo se caracteriza por la “impaciencia del tener”. Las cosas tecnológicas “impacientan”, el dinero “impacienta”, las estadísticas “impacientan”. Y no con “la divina impaciencia” del celo apostólico, que transmite la paz al rostro y la dulzura al corazón de aquel que está inquieto por ganar corazones para Cristo. La impaciencia del mundo endurece el rostro y agría el corazón. Al apacentar del Buen Pastor se opone la impaciencia del “clérigo de estado”, del funcionario, del mercenario.

Formar el corazón en esta virtud apacentadora requiere que los formandos tengan tareas pastorales en las que el mismo pueblo fiel de Dios los vaya apacentando a ellos. Tareas de largo aliento (integración a una comunidad parroquial), de contacto con procesos (catecismo a los niños, acompañamiento de jóvenes –retiros y campamentos…-), tareas gratuitas y no cuantificables (comunión a los enfermos, visitas a los ancianos…). Menos trabajo de computadora (en la que uno es “omnipotente”) y más trabajo con las almas (en el que somos siempre “servidores inútiles”). 

4.3. Carácter mariano de la formación afectivo-comunitaria (“no” a la dureza farisaica)

Para hablar de la formación en la vida comunitaria, en la que se juega la formación afectiva y la relación interpersonal, me gustaría citar un texto del Papa sobre la relación del Sacerdote con María: el Papa destaca que Juan la recibió “en la profundidad íntima de su ser”, introduciendo a María en el dinamismo de la propia existencia y en todo lo que constituye el horizonte del propio apostolado.

“Jesús dice a María: ‘Madre, ahí tienes a tu hijo’ (Jn 19, 26). Es una especie de testamento: encomienda a su Madre al cuidado del hijo, del discípulo. Pero también dice al discípulo: ‘Ahí tienes a tu madre’ (Jn 19, 27). El Evangelio nos dice que desde ese momento san Juan, el hijo predilecto, acogió a la madre María "en su casa". Así dice la traducción italiana, pero el texto griego es mucho más profundo, mucho más rico. Podríamos traducir: acogió a María en lo íntimo de su vida, de su ser, «eis tà ìdia», en la profundidad de su ser. Acoger a María significa introducirla en el dinamismo de toda la propia existencia —no es algo exterior— y en todo lo que constituye el horizonte del propio apostolado. Me parece que se comprende, por lo tanto, que la peculiar relación de maternidad que existe entre María y los presbíteros es la fuente primaria, el motivo fundamental de la predilección que alberga por cada uno de ellos. De hecho, son dos las razones de la predilección que María siente por ellos: porque se asemejan más a Jesús, amor supremo de su corazón, y porque también ellos, como ella, están comprometidos en la misión de proclamar, testimoniar y dar a Cristo al mundo. Por su identificación y conformación sacramental a Jesús, Hijo de Dios e Hijo de María, todo sacerdote puede y debe sentirse verdaderamente hijo predilecto de esta altísima y humildísima Madre” (Benedicto XVI, María Madre de los sacerdotes, Audiencia Gral Miércoles 12 de agosto de 2009).

Es mucho lo que hay escrito y lo que puede decirse de la vida comunitaria del sacerdote. Pero este punto mariano está en el centro, es el corazón que nuclea todo los aspectos de la comunidad. Recibiendo a María en su casa, en lo íntimo de su vida, el sacerdote-discípulo, a imagen del discípulo amado, centra su vida comunitaria en la que sintetiza en su persona todo lo que es la Iglesia. María armoniza todos los aspectos de la vida comunitaria: la vida de la sagrada familia en Nazareth y la vida de la comunidad apostólica en Pentecostés. El sello mariano permite pasar de la pequeña comunidad a la comunidad grande del pueblo fiel sin reduccionismos intimistas ni dispersión funcionalista. En María todo es personal y comunitario en un dinamismo en el que cada dimensión se enriquece con la otra. En María la alabanza y el servicio se alimentan mutuamente como vemos que sucede en la Visitación. La relación íntima y única con su Hijo no se opone a una relación de discípula común al lado de los demás discípulos. Todos nos centramos en Ella y Ella se descentra en todos sin ruido ni competencia.

En María se armonizan todos los aspectos de un alma eclesial: ella es hija, esposa, madre y amiga. Abuela siempre joven, joven siempre madura.

Lo mariano será el criterio de discernimiento para evaluar la calidad de vida afectiva, personal y comunitaria, de los formandos. María abierta a todos y a la vez sellada sólo para Dios. María esposa y madre en su pequeña familia y corazón de la Iglesia, esposa y madre universal.

¿Cuál sería el “no” que consolida este carácter mariano de la dimensión comunitaria?  Evidentemente, un “no” a María nos sacaría de una formación católica y es difícil que un sacerdote o un formando excluya explícitamente lo mariano de su vida. Pero puede hacer bien expresar enfáticamente un “no” a todo lo que ponga a María en un lugar meramente decorativo, por decirlo de alguna manera. “No” a todo lo que la aparte de estar en el centro de la formación sacerdotal (10). El carácter mariano de la Iglesia es lo que tensiona fecundamente al carácter petrino, impidiendo que se fariseíse y se endurezca. La dimensión mariana hace que la dimensión espiritual tome carne y la dimensión pastoral no pierda la ternura. 

4.4. Discreta solidez de la formación intelectual (“no” al sincretismo)

La dimensión intelectual y el aspecto académico de la formación ya lo desrrollé en otro artículo (11), algunos de cuyos temas sintetizo ahora. Allí se hacía hincapié en la doctrina sólida que deben tener y comunicar los formadores que:

“Han de elegirse de entre los mejores y han de prepararse diligentemente con doctrina sólida, conveniente experiencia pastoral y una singular formación espiritual y pedagógica (Optatam Totius 5).

La solidez de la que hablo es una propiedad trascendental de la Verdad. Doctrina sólida del Buen Pastor es la que alimenta a sus ovejas con manjar sólido, con Palabras de Vida eterna. Dentro de la mentalidad hebrea, la verdad es “emeth”, que significa ser sólido, seguro, fiel, digno de fe. La verdad de Cristo no gira en primer lugar en torno a la “revelación” o “desocultamiento” intelectual, más propio de la mentalidad griega, sino más bien en torno a la adhesión de la fe; una adhesión a la Persona de Cristo que implica todo nuestro ser –corazón, mente y alma-. Esta solidez es apertura al misterio de Cristo, apertura fiel, firme y permanente a la verdad siempre mayor del Misterio íntegro de Cristo, del que fluye la vida plena.

No se trata, pues, para nada de cierta rigidez doctrinal que parece cerrar filas sólo para defenderse a sí misma y puede terminar excluyendo a los hombres de la vida. Es lo que el Señor les reprocha a los fariseos cuando les dice: “Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas (…) guías ciegos, que filtran el mosquito y se tragan el camello” (Mt 23, 23-24). Muy por el contrario, la solidez que buscamos para nuestros sacerdotes es una solidez humana y cristiana que abra las mentes a Dios y a los hombres.

La solidez de la Palabra proviene del juego constante que se da en el corazón del discípulo misionero entre la interiorización y la puesta en práctica de lo revelado. Si no se pone en práctica, la palabra no se consolida –es como casa edificada sobre arena-. Lo paradójico es que la solidez se juega en el riesgo, en negociar el talento, en el salir de sí hacia las periferias existenciales… No es la solidez del museo ni de la auto-preservación. Por ello es que resulta imprescindible que la formación académica tenga la dimensión de bajada, de siembra y de fermento de la realidad y que suba desde ella con la cosecha de todo lo humano que puede ser elevado y perfeccionado por la gracia.

En la solidez de la formación humanística y filosófica es quizás donde se encuentra el nudo del problema de la formación actual: el contacto con la realidad, como evangelización de la cultura e inculturación del evangelio, requiere un trabajo de discernimiento sólido. Contra la tentación del mundo actual de “sincretismos” de todo tipo, que se van por las ramas en cuestiones disputadas estériles o mezclan saberes inmezclables, la solidez de la formación de los pastores debe apuntar a la “discreción” espiritual, que sabe probar todo y quedarse con lo bueno.

El “no” que consolida la formación intelectual es un “no” al sincretismo. “Discretio” vs “sincretismo”, como dice E. Przywara (12): allí donde el “syn” del sincretismo es confusión de elementos incompatibles e irreconciliables, el “dis” de la discreción pone separación y claridad”. Formación sólida implica “caridad discreta”,  discreción del Buen Pastor que sabe llevar a sus ovejas a los pastos abundantes y a las fuentes de agua viva al mismo tiempo que las defiende del lobo y de los falsos pastores. 

Conclusión

Quisiera concluir con ese texto tan hermoso de Aparecida en el que describe el corazón sacerdotal configurado con el Corazón del Buen Pastor desde la perspectiva de los anhelos del Pueblo fiel de Dios:

“El Pueblo de Dios siente la necesidad de presbíteros-discípulos: que tengan una profunda experiencia de Dios, configurados con el corazón del Buen Pastor, dóciles a las mociones del Espíritu, que se nutran de la Palabra de Dios, de la Eucaristía y de la oración; de presbíteros-misioneros; movidos por la caridad pastoral: que los lleve a cuidar del rebaño a ellos confiados y a buscar a los más alejados predicando la Palabra de Dios, siempre en profunda comunión con su Obispo, los presbíteros, diáconos, religiosos, religiosas y laicos; de presbíteros-servidores de la vida: que estén atentos a las necesidades de los más pobres, comprometidos en la defensa de los derechos de los más débiles y promotores de la cultura de la solidaridad. También de presbíteros llenos de misericordia, disponibles para administrar el sacramento de la reconciliación. Todo esto requiere que las diócesis y las Conferencias Episcopales desarrollen una pastoral presbiteral que privilegie la espiritualidad específica y la formación permanente e integral de los sacerdotes. La Exhortación Apostólica Pastores Dabo Vobis enfatiza que: ‘La formación permanente, precisamente porque es «permanente», debe acompañar a los sacerdotes siempre, esto es, en cualquier período y situación de su vida, así como en los diversos cargos de responsabilidad eclesial que se les confíen’ (13)” (Ap 199-200).

Formación permanente quiere decir “no perder la forma”. Conservar e incrementar esa forma vital –Vida Plena-  con la que el Espíritu configura el corazón sacerdotal a imagen del Corazón de Cristo, Buen Pastor. No dejar que se disuelva ni que se mezcle (sincretismo). No dejar que quede relativizada entre los paréntesis de la ciencia. Cincelarla a mano, sabiendo que formar es tarea personal, no fruto de ninguna estructura anónima y que funcione automáticamente. No perder la forma apacentadora por impaciencia. No permitir que se endurezca farisaicamente. No perder la forma sólida de la doctrina que da vida ni por indiscreción ni por infidelidad. Que el Señor nos conceda permanecer en esta forma y comunicarla a los demás.  

Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires

Resistencia, 25 de marzo de 2010 

Notas:

(1)   “Es necesario un proyecto formativo del Seminario que ofrezca a los seminaristas un verdadero proceso integral: humano, espiritual, intelectual y pastoral, centrado en Jesucristo Buen Pastor. Es fundamental que, durante los años de formación, los seminaristas sean auténticos discípulos, llegando a realizar un verdadero encuentro personal con Jesucristo en la oración con la Palabra, para que establezcan con Él relaciones de amistad y amor, asegurando un auténtico proceso de iniciación espiritual” (Ap 319).

(2)   “El itinerario formativo del seguidor de Jesús hunde sus raíces en la naturaleza dinámica de la persona y en la invitación personal de Jesucristo, que llama a los suyos por su nombre, y éstos lo siguen porque conocen su voz. El Señor despertaba las aspiraciones profundas de sus discípulos y los atraía a sí, llenos de asombro. El seguimiento es fruto de una fascinación que responde al deseo de realización humana, al deseo de vida plena. El discípulo es alguien apasionado por Cristo, a quien reconoce como el maestro que lo conduce y acompaña” (Ap 277).

(3)   Cfr. Homilía de Benedicto XVI el 13 de Mayo de 2007 en la Explanada de Aparecida, donde propone “el discernimiento comunitario” como “método con que se actúa en la Iglesia tanto en las pequeñas asambleas como en las grandes”.

(4)   “Cuando crece la conciencia de pertenencia a Cristo, en razón de la gratitud y alegría que produce, crece también el ímpetu de comunicar a todos el don de ese encuentro” (Ap 145).

(5)   Cfr. Aparecida 280.

(6)   El futuro y la alegría de la Eucaristía apuntan también a lo espiritual: lo escatológico adelantado en la Eucaristía es fuente de alegría. El sacerdote es el hombre del futuro: es aquel que se ha tomado en serio las palabras de san Pablo: "Si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba" (Col 3, 1). Videomensaje del santo Padre Benedicto XVI al retiro sacerdotal internacional en Ars, 28 de septiembre de 2009.

(7)   Lo dos párrafos que siguen están tomados de J. M. Bergoglio, Significado e importancia de la formación académica, Ponencia del Sr. Arzobispo en la Plenaria de la Pontificia, Comisión para América Latina, Roma, 18/02/2009. Publicado en Boletín Eclesiástico del Arzobispado de Buenos Aires. febrero-marzo 2009. pp 51 ss

(8)   “... Ambrosius dicit, quod caritas est forma et mater virtutum”  (S.T., De Virtutibus 2, 3 sed contra); “Caritas dicitur forma omnium virtutum, in quantum scilicet omnes actus omnium virtutum ordinantur in summum bonum amatum” (corpus).

(9)   “Reunida y alimentada por la Palabra y la Eucaristía, la Iglesia católica existe y se manifiesta en cada Iglesia particular, en comunión con el Obispo de Roma. Esta es, como lo afirma el Concilio, ‘una porción del pueblo de Dios confiada a un obispo para que la apaciente con su presbiterio’” (Ap 165).

(10) “Cada aspecto de la formación sacerdotal puede referirse a María como la persona humana que mejor que nadie ha correspondido a la vocación de Dios; que se ha hecho sierva y discípula de la Palabra hasta concebir en su corazón y en su carne al Verbo hecho hombre para darlo a la humanidad; que ha sido llamada a la educación del único y eterno Sacerdote, dócil y sumiso a su autoridad materna. Con su ejemplo y mediante su intercesión, la Virgen santísima sigue vigilando el desarrollo de las vocaciones y de la vida sacerdotal en la Iglesia. Por eso, nosotros los sacerdotes estamos llamados a crecer en una sólida y tierna devoción a la Virgen María, testimoniándola con la imitación de sus virtudes y con la oración frecuente” (PdV 82).

(11) J. M. Bergoglio, Significado e importancia de la formación académica… (Cfr. nota 7).

(12) E. Przywara, Criterios católicos, San Sebastián, 1962, págs. 103 ss.

(13) PDV 76

 


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Viernes, 16 de abril de 2010

ZENIT   nos ofrece el Mensaje del Papa Benedicto XVI para la Jornada Misionera Mundial 2010, que ha sido hecho público el 25 de Marzo de 2010 por la Santa Sede.

Queridos hermanos y hermanas,

El mes de octubre, con la celebración de la Jornada Misionera Mundial, ofrece a las comunidades diocesanas y parroquiales, a los Institutos de Vida Consagrada, a los Movimientos Eclesiales, al entero Pueblo de Dios, la ocasión para renovar el compromiso de anunciar el Evangelio y dar a las actividades pastorales un más amplio respiro misionero. Esta cita anual nos invita a vivir intensamente los recorridos litúrgicos y catequéticos, caritativos y culturales, mediante los cuales Jesucristo nos convoca a la mesa de su Palabra y de la Eucaristía, para gustar el don de su Presencia, formarnos en su escuela y vivir cada vez más conscientemente unidos a Él, Maestro y Señor. Él mismo nos dice: “El que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él" (Jn 14,21). Solo a partir de este encuentro con el Amor de Dios, que cambia la existencia, podemos vivir en comunión con Él y entre nosotros, y ofrecer a los hermanos un testimonio creíble, dando razón de la esperanza que está en nosotros (cfr 1Pe 3,15). Una fe adulta, capaz de confiarse totalmente a Dios con actitud filial, nutrida por la oración, por la meditación de la Palabra de Dios y por el estudio de las verdades de fe, es condición para poder promover un humanismo nuevo, fundado en el Evangelio de Jesús.

En octubre, además, en muchos países se retoman las diversas actividades eclesiales tras la pausa veraniega, y la Iglesia nos invita a aprender de María, mediante el rezo del Santo Rosario, a contemplar el proyecto de amor del Padre sobre la humanidad, para amarla como Él la ama. ¿No es quizás este también el sentido de la misión?

El Padre, de hecho, nos llama a ser hijos amados en su Hijo, el Amado, y a reconocernos todos hermanos en Él, Don de Salvación para la humanidad dividida por la discordia y por el pecado, y Revelador del verdadero rostro de ese Dios que “tanto amó al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3,16).

"Queremos ver a Jesús" (Jn 12,21), es la petición que, en el Evangelio de Juan, algunos griegos, llegados a Jerusalén para la peregrinación pascual, presentan al apóstol Felipe. Ésta resuena también en nuestro corazón en este mes de octubre, que nos recuerda cómo el compromiso y la tarea del anuncio evangélico compete a toda la Iglesia, “misionera por naturaleza” (Ad gentes, 2), y nos invita a hacernos promotores de la novedad de vida, hecha de relaciones auténticas, de comunidades fundadas en el Evangelio. En una sociedad multiétnica que cada vez más experimenta formas de soledad y de indiferencia preocupantes, los cristianos deben aprender a ofrecer signos de esperanza y a ser hermanos universales, cultivando los grandes ideales que transforman la historia y, sin falsas ilusiones o miedos inútiles, empeñarse en hacer del planeta la casa de todos los pueblos.

Como los peregrinos griegos de hace dos mil años, también los hombres de nuestro tiempo, quizás no siempre conscientemente, piden a los creyentes no sólo que “hablen” de Jesús, sino que “hagan ver” a Jesús, que hagan resplandecer el Rostro del Redentor en todo rincón de la tierra ante las generaciones del nuevo milenio y, especialmente, ante los jóvenes de cada continente, destinatarios privilegiados y sujetos del anuncio evangélico. Estos deben percibir que los cristianos llevan la palabra de Cristo porque Él es la Verdad, porque han encontrado en Él el sentido, la verdad para su vida.

Estas consideraciones remiten al mandato misionero que han recibido todos los bautizados y la Iglesia entera, pero que no puede realizarse de manera creíble sin una profunda conversión personal, comunitaria y pastoral. De hecho, la conciencia de la llamada a anunciar el Evangelio estimula no sólo a cada uno de los fieles, sino a todas las comunidades diocesanas y parroquiales a una renovación integral y a abrirse cada vez más a la cooperación misionera entre las Iglesias, para promover el anuncio del Evangelio en el corazón de toda persona, de todo pueblo, cultura, raza, nacionalidad, en toda latitud. Esta conciencia se alimenta a través de la obra de sacerdotes Fidei Donum, de consagrados, de catequistas, de laicos misioneros, en una búsqueda constante de promover la comunión eclesial, de modo que también el fenómeno de la “interculturalidad” pueda integrarse en el modelo de unidad, en el que el Evangelio sea fermento de libertad y de progreso, fuente de fraternidad, de humildad y de paz (cfr Ad gentes, 8). La Iglesia, de hecho, “está en Cristo como sacramento, es decir, signo e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano" (Lumen gentium, 1).

La comunión eclesial nace del encuentro con el Hijo de Dios, Jesucristo, que en el anuncio de la Iglesia llega a los hombres y crea la comunión con Él mismo y por tanto con el Padre y con el Espíritu Santo (cfr 1Jn 1,3). Cristo establece la nueva relación entre Dios y el hombre. “El es quien nos revela que Dios es amor (1 Jn 4,8), a la vez que nos enseña que la ley fundamental de la perfección humana, es el mandamiento nuevo del amor. Así, pues, a los que creen en la caridad divina les da la certeza de que abrir a todos los hombres los caminos del amor y esforzarse por instaurar la fraternidad universal no son cosas inútiles” (Gaudium et spes, 38).

La Iglesia se convierte en “comunión” a partir de la Eucaristía, en la que Cristo, presente en el pan y en el vino, con su sacrificio de amor edifica a la Iglesia como cuerpo suyo, uniéndonos al Dios uno y trino y entre nosotros (cfr 1Cor 10,16ss). En la exhortación apostólica Sacramentum caritatis escribí: “No podemos guardar para nosotros el amor que celebramos en el Sacramento. Éste exige por su naturaleza que sea comunicado a todos. Lo que el mundo necesita es el amor de Dios, encontrar a Cristo y creer en Él”(n. 84). Por esta razón, la Eucaristía no es sólo fuente y culmen de la vida de la Iglesia, sino también de su misión: “Una Iglesia auténticamente eucarística es una Iglesia misionera” (Ibid.), capaz de llevar a todos a la comunión con Dios, anunciando con convicción: “lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos, para que también vosotros estéis en comunión con nosotros" (1Jn 1,3).

Queridísimos, en esta Jornada Misionera Mundial en la que la mirada del corazón se dilata en los inmensos espacios de la misión, sintámonos todos protagonistas del compromiso de la Iglesia de anunciar el Evangelio. ¡El empuje misionero siempre ha sido signo de vitalidad para nuestras Iglesias (cfr Cart. enc. Redemptoris missio, 2) y su cooperación es el testimonio singular de unidad, de fraternidad y de solidaridad, que hace creíbles anunciadores del Amor que salva!

Renuevo, por tanto, a todos la invitación a la oración y, a pesar de las dificultades económicas, al compromiso de la ayuda fraterna y al apoyo concreto de las Iglesias jóvenes. Este gesto de amor y de participación, que el precioso servicio de las Obras Misioneras Pontificias, a las que va mi gratitud, procederá a distribuir, sostendrá la formación de sacerdotes, seminaristas y catequistas en las más lejanas tierras de misión y animará a las jóvenes comunidades eclesiales.

En conclusión del mensaje anual para la Jornada Misionera Mundial, deseo expresar, con particular afecto, mi reconocimiento a los misioneros y a las misioneras, que dan testimonio en los lugares más lejanos y difíciles, a menudo también con la vida, de la llegada del Reino de Dios. A ellos, que representan las vanguardias del anuncio del Evangelio, va la amistad, la cercanía y el apoyo de cada creyente. "Dios, (que) ama a quien da con alegría" (2Cor 9,7) les colme de fervor espiritual y de profunda alegría.

Como el “sí" de María, toda respuesta generosa de la Comunidad eclesial a la invitación divina al amor de los hermanos suscitará una nueva maternidad apostólica y eclesial (cfr Gal 4,4.19.26), que dejándose sorprender por el misterio de Dios amor, el cual "al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer" (Gal 4,4), dará confianza y audacia a los nuevos apóstoles. Esta respuesta hará a todos los creyentes capaces de estar “alegres en la esperanza” (Rm 12,12) realizando el proyecto de Dios, que quiere “que todo el género humano forme un solo Pueblo de Dios, se constituya en Cuerpo de Cristo, se estructure en un templo del Espíritu Santo” (Ad gentes, 7).

En el Vaticano, 6 de febrero de 2010

BENEDICTUS PP. XVI

[Traducción del italiano por Inma Álvarez]


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AMÉRICA - “Mi vida pertenece a los más pobres”: Mons. Romero 30 años después

San Salvador (Agencia Fides) – Cientos de personas se reunieron el sábado pasado, 20 de marzo, en la capital San Salvador, para conmemorar el trigésimo aniversario del asesinato del Arzobispo Oscar Arnulfo Romero, conocido como “la voz de los sin voz”. El Presidente de El Salvador, Mauricio Funes, excusándose a nombre de los gobiernos precedentes que se negaron a investigar el asesinato de Romero, dijo: “La cultura oficial por treinta años ha ignorado, ha buscado ignorar la obra y las palabras proféticas de Mons. Romero. Ahora este gobierno quiere reparar este error histórico y quiere públicamente reconocer la herencia de Mons. Romero. Faltaba sólo el gobierno en este esfuerzo nacional.” Hoy, fecha del aniversario, se espera una gran multitud de fieles provenientes de diversas partes del país, que se dirigirá a la capilla del hospital donde fue asesinado Mons. Romero. El Comité Nacional Mons. Romero (encargado de la celebración), presidido por el Padre Trinidad de Jesús Nieto, anunció que la peregrinación organizada se dirigirá hacia la Catedral y tendrá tres momentos de reflexión para recordar las enseñanzas y palabras de Mons. Romero. La Arquidiócesis ha publicado una sección especial en su sitio web con todas las actividades para esta ocasión, con el título “XXX aniversario del martirio de Monseñor Romero”. En Brasil, el Secretario General de la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil (CNBB), Mons. Dimas Lara Barbosa, invitó a la Embajadora de El Salvador en Brasil, Rina Socorro Rojas, a la Misa solemne que se celebrará en la Capilla de Nuestra Señora de Aparecida, en la sede de la CNBB, por el 30° aniversario de la muerte de Monseñor Romero.

En Estados Unidos, específicamente en Los Ángeles, donde se encuentra la comunidad de salvadoreños más grande del país, se realizarán diversas actividades para esta ocasión: procesiones, eventos culturales, la proyección de un documental sobre la vida del Arzobispo y la celebración de una Misa solemne.

Chile está viviendo una semana de actividades celebrativas, entre las cuales se encuentra una conferencia basada en un análisis socio-político, económico y eclesial con el título “recorriendo los caminos de América Latina”. El miércoles 24 de marzo a las 19:30, el Obispo de Melipilla, Mons. Enrique Troncoso, celebrará una Misa para conmemorar la trágica muerte del Pastor de El Salvador. También la Conferencia Episcopal ha abierto una sección en su página web para la ocasión. (CE) (Agencia Fides, 24/03/2010, líneas 27, palabras 391)

Links:
Página web de la Arquidiócesis de San Salvador:
http://www.arzobispadosansalvador.org/index.php?option=com_content&task=view&id=182&Itemid=67
Página del Proceso di Canonización de Mons. Romero:
http://www.romeroes.com
Especial de la Conferencia Episcopal de Chile:
http://www.iglesia.cl/especiales/mons_romero/


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ZENIT publica el Mensaje que el Santo Padre Benedicto XVI ha enviado al presidente del Consejo Pontificio para los Laicos, cardenal Stanisław Ryłko, y a los participantes en el X Forum Internacional de los Jóvenes, que se está celebrando en Rocca di Papa sobre el tema: "Aprender a amar". (Marzo 2010)

 

Al Venerado Hermano
Cardenal Stanisław Ryłko
Presidente del Consejo Pontificio para los Laicos

Estoy contento de enviar mi cordial saludo a Usted, a los colaboradores del Consejo Pontificio para los Laicos y a cuantos toman parte en el X Forum Internacional de los Jóvenes, que se celebra esta semana en Rocca di Papa sobre el tema “Aprender a amar”. Con particular afecto de dirijo a los jóvenes delegados de las Conferencias Episcopales y de los diversos Movimientos, Asociaciones y Comunidades internacionales, procedentes de los cinco continentes. Extiendo mi pensamiento a los autorizados ponentes, que aportan al encuentro la contribución de su competencia y de su experiencia.

“Aprender a amar”: este tema es central en la fe y en la vida cristiana y me alegro de que tengáis ocasión de profundizarlo juntos. Como sabéis, el punto de partida de toda reflexión sobre el amor es el misterio mismo de Dios, ya que el corazón de la revelación cristiana es éste: Deus caritas est. Cristo, en su Pasión, en Su donación total, nos ha revelado el rostro de Dios que es Amor.

La contemplación del misterio de la Trinidad nos hace entrar en este misterio de Amor eterno, que es fundamental para nosotros. Las primeras páginas de la Biblia afirman, de hecho, que “Dios creó al hombre a su imagen; a imagen de Dios los creó: macho y hembra los creó” (Gn 1,27). Por el hecho mismo de que Dios es amor y el hombre es a su imagen y semejanza, comprendemos la identidad profunda de la persona, su vocación al amor. El hombre está hecho para amar; su vida se realiza plenamente sólo si se vive en el amor. Tras haber buscado durante mucho tiempo, santa Teresita del Niño Jesús comprendió así el sentido de su existencia: “¡Mi vocación es el Amor!” (Manuscrito B, folio 3).

Exhorto a los jóvenes presentes en este Forum, para que busquen con todo el corazón descubrir su vocación al amor, como personas y como bautizados. Esta es la clave de toda la existencia. Podrán así invertir todas sus energías en acercarse a la meta día tras día, sostenidos por la Palabra de Dios y por los Sacramentos de la Reconciliación y de la Eucaristía.

La vocación al amor toma formas diferentes según los estados de vida. En este Año Sacerdotal quiero recordar las palabras del Santo Cura de Ars: “El Sacerdocio es el amor del corazón de Jesús”. En el seguimiento de Jesús, muchos sacerdotes han dado la vida, para que los fieles puedan vivir del amor de Cristo. Llamados por Dios para entregarse enteramente a Él, con corazón íntegro, las personas consagradas en el celibato son también un signo elocuente del amor de Dios para el mundo y de la vocación a amar a Dios por encima de todo.

Quisiera además exhortar a los jóvenes delegados a descubrir la grandeza y la belleza del Matrimonio: la relación entre el hombre y la mujer refleja el amor divino de manera completamente especial; por ello el vínculo conyugal asume una dignidad inmensa. Mediante el Sacramento del Matrimonio, los esposos están unidos por Dios y con su relación manifiestan el amor de Cristo, que ha dado su vida por la salvación del mundo. En un contexto cultural en el que muchas personas consideran el Matrimonio como un contrato temporal que se puede romper, es de vital importancia comprender que el verdadero amor es fiel, don de sí definitivo. Dado que Cristo consagra el amor de los esposos cristianos y se compromete con ellos, esta fidelidad no sólo es posible, sino que es el camino para entrar en una caridad cada vez más grande. Así, en la vida cotidiana de pareja y de familia, los esposos aprenden a amar como Cristo ama. Para corresponder a esta vocación es necesario un serio recorrido educativo y también este Forum se pone en esta perspectiva.

Estos días de formación mediante el encuentro, la escucha de las ponencias y la oración común, deben ser también un estímulo para todos los jóvenes delegados para ser testigos ante sus coetáneos de lo que han vivido y escuchado. Se trata de una verdadera y auténtica responsabilidad, para la que la Iglesia cuenta con ellos. Éstos tienen un papel importante que desempeñar en la evangelización de los jóvenes en sus países, para que respondan con alegría y fidelidad al mandamiento de cristo: “amaos unos a otros como yo os he amado” (Jn 15,12).

Invitando a los jóvenes a perseverar en el camino de la caridad en el seguimiento de Cristo, les doy cita para el domingo próximo, en la Plaza de San Pedro, donde se llevará a cabo la solemne celebración del Domingo de Ramos y de la XXV Jornada Mundial de la Juventud.

Este año el tema de reflexión es: "Maestro bueno, ¿ qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?" (Mc 10,17). A esta pregunta, planteada por un joven rico, Jesús responde con una mirada de amor y una invitación a la entrega total de sí, por amor de Dios. ¡Que este encuentro pueda contribuir a la respuesta generosa de cada delegado a la llamada y a los dones del Señor!

Con este fin aseguro mi oración por toda la juventud y de corazón le envío a Usted, Venerado Hermano, y a cuantos participan en el Forum internacional, una especial Bendición Apostólica.

En el Vaticano, a 20 de marzo de 2010

BENEDICTUS PP. XVI

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


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ZENIT nos ofrece la catequesis pronunciada el miércoles 24 de Marzo de 2010 por el Papa Benedicto XVI durante la Audiencia General celebrada en la Plaza de San Pedro.

Queridos hermanos y hermanas,

uno de los más grandes maestros de la teología medieval es san Alberto Magno. El título de “grande” (magnus), con el que ha pasado a la historia, indica la vastedad y la profundidad de su doctrina, que él asoció a la santidad de la vida. Pero ya sus contemporáneos no dudaban en atribuirle títulos excelentes; un discípulo suyo, Ulrico de Estrasburgo, lo definió "asombro y milagro de nuestra época".

Nació en Alemania a principio del siglo XIII, y aún muy joven se dirigió a Italia, a Padua, sede de una de las más famosas universidades de la Edad Media. Se dedicó al estudio de las llamadas “artes liberales”: gramática, retórica, dialéctica, aritmética, geometría, astronomía y música, es decir, de la cultura general, manifestando ese típico interés por las ciencias naturales, que se convertiría bien pronto en el campo predilecto de su especialización. Durante su estancia en Padua, frecuentó la iglesia de los Dominicos, a los cuales se unió después con la profesión de los votos religiosos. Las fuentes hagiográficas dan a entender que Alberto maduró gradualmente esta decisión. La relación intensa con Dios, el ejemplo de santidad de los Frailes dominicos, la escucha de los sermones del beato Jordán de Sajonia, sucesor de santo Domingo en la guía de la Orden de los Predicadores, fueron los factores decisivos que le ayudaron a superar toda duda, venciendo también resistencias familiares. A menudo, en los años de la juventud, Dios nos habla y nos indica el proyecto de nuestra vida. Como para Alberto, también para todos nosotros la oración personal nutrida por la Palabra del Señor, la frecuencia de los sacramentos y la guía espiritual de hombres iluminados son los medios para descubrir y seguir la voz de Dios. Recibió el hábito religioso del beato Jordán de Sajonia.

Tras la ordenación sacerdotal, los Superiores lo destinaron a la enseñanza en varios centros d estudios teológicos anexos a los conventos de los Padres dominicos. Las brillantes cualidades intelectuales le permitieron perfeccionar el estudio de la teología en la universidad más célebre de la ´poca, la de París. Desde entonces san Alberto emprendió esa extraordinaria actividad de escritor, que habría proseguido durante toda la vida.

Le fueron asignadas tareas prestigiosas. En 1248 fue encargado de abrir un estudio teológico en Colonia, una de las capitales más importantes de Alemania, donde vivió en muchas ocasiones y que se convirtió en su ciudad de adopción. De París llevó consigo a Colonia un alumno excepcional, Tomás de Aquino. Bastaría sólo el mérito de haber sido maestro de santo Tomás, para nutrir profunda admiración hacia san Alberto. Entre estos dos teólogos se estableció una relación de estima y amistad recíproca, actitudes humanas que ayudan mucho al desarrollo de la ciencia. En 1254 Alberto fue elegido Provincial de la Provincia Teutoniae – teutónica – de los Padres dominicos, que comprendía comunidades difundidas en un vasto territorio del Centro y del Norte de Europa. Se distinguió por el celo con el que ejerció este ministerio, visitando las comunidades y recordando constantemente a los hermanos la fidelidad a las enseñanzas y al ejemplo de santo Domingo.

Sus dotes no se le escaparon al papa de aquella época, Alejandro IV, que quiso a Alberto durante un cierto tiempo junto a sí en Anagni – donde los papas residían con frecuencia – en la misma Roma y en Viterbo, para valerse de sus asesoramiento teológico. El mismo Sumo Pontífice lo nombró obispo de Ratisbona, una diócesis grande y famosa que se encontraba, sin embargo, en un momento difícil. Entre 1260 y 1262 Alberto llevó a cabo ese ministerio con dedicación incansable, consiguiendo llevar paz y concordia a la ciudad, reorganizar parroquias y conventos, y dar un nuevo impulso a las actividades caritativas.

En los años 1263-1264, Alberto predicaba en Alemania y en Bohemia, encargado por el papa Urbano IV, para volver después a Colonia y retomar su misión de profesor, de investigador y de escritor. Siendo hombre de oración, de ciencia y de caridad, gozaba de gran autoridad en sus intervenciones, en varias circunstancias de la Iglesia y de la sociedad de la época: fue sobre todo hombre de reconciliación y de paz en Colonia, donde el arzobispo había entrado en dura confrontación con las instituciones ciudadanas; se prodigó durante el desarrollo del Concilio de Lyon, en 1274, convocado por el papa Gregorio X para favorecer la unión entre la Iglesia latina y la griega, tras la separación del gran cisma de Oriente de 1054; aclaró el pensamiento de Tomás de Aquino, que había sido objeto de objeciones e incluso de condenas del todo injustificadas.

Murió en la celda de su convento de la Santa Cruz en Colonia en 1280, y bien pronto fue venerado por sus hermanos. La Iglesia lo propuso al culto de los fieles con la beatificación, en 1622, y con la canonización, en 1931, cuando el papa Pío XI lo proclamó Doctor de la Iglesia. Se trataba de un reconocimiento sin duda apropiado para este gran hombre de Dios e insigne investigador, no sólo de las verdades de la fe, sino de muchísimos otros sectores del saber; de hecho, echando una mirada a los títulos de sus numerosísimas obras, se da uno cuenta de que su cultura tiene algo de prodigioso, y que sus intereses enciclopédicos le llevaron a ocuparse no sólo de filosofía y de teología, como otros contemporáneos, sino también de toda otra disciplina entonces conocida, de la física a la química, de la astronomía a la mineralogía, de la botánica a la zoología. Por este motivo el papa Pío XII lo nombró patrono de quienes cultivan las ciencias naturales, y se le llama también Doctor universalis, precisamente por la vastedad de sus intereses y de su saber.

Ciertamente, los métodos científicos utilizados por san Alberto Magno no son los que se afirmarían en los siglos sucesivos. Su método consistía simplemente en la observación, en la descripción y en la clasificación de los fenómenos estudiados, pero así abrió la puerta a trabajos futuros.

Él tiene mucho que enseñarnos aún. Sobre todo, san Alberto muestra que entre fe y ciencia no hay oposición, a pesar de algunos episodios de incomprensión que se han registrado en la historia. Un hombre de fe y de oración, como fue san Alberto Magno, puede cultivar serenamente el estudio de las ciencias naturales y progresar en el conocimiento del micro y del macrocosmos, descubriendo las leyes propias de la materia, ya que todo esto concurre a alimentar la sed y el amor de Dios. La Biblia nos habla de la creación como del primer lenguaje a través del cual Dios – que es suma inteligencia, que es Logos – nos revela algo de sí mismo. El libro de la Sabiduría, por ejemplo, afirma que los fenómenos de la naturaleza, dotados de grandeza y de belleza, son como las obras de un artista, a través de las cuales, por analogía, podemos conocer al Autor de la creación (cfr Sb. 13,5). Con una similitud clásica en la Edad Media y en el Renacimiento se puede comparar el mundo natural a un libro escrito por Dios, que nosotros leemos en base a las diversas aproximaciones de las ciencias (cfr Discurso a los participantes en la Plenaria de la Pontificia Academia de las Ciencias, 31 de octubre de 2008). ¡Cuántos científicos, de hecho, tras las huellas de san Alberto Magno, han llevado adelante sus investigaciones inspirados por el asombro y la gratitud frente al mundo que, a sus ojos de investigadores y de creyentes, aparecía y aparece como obra buena de un Creador sabio y amoroso! El estudio científico se transforma entonces en un himno de alabanza. Lo había comprendido bien un gran astrofísico de nuestros tiempos, del que se ha iniciado la causa de beatificación, Enrico Medi, el cual escribió: “Oh, vosotras, misteriosas galaxias ..., yo os veo, os calculo, os entiendo, os estudio y os descubro, os penetro y os recojo. De vosotras tomo la luz y hago ciencia de ella, tomo el movimiento y lo hago sabiduría, tomo las chispas de colores y las hago poesía; os tomo, estrellas, en mis manos, y temblando en la unidad de mi ser os elevo sobre vosotras mismas, y en oración os pongo ante el Creador, a quien sólo por mi medio vosotras estrellas podéis adorar" (Le opere. Inno alla creazione).

San Alberto Magno nos recuerda que entre ciencia y fe hay amistad, y que los hombres de ciencia pueden recorrer, a través de su vocación al estudio de la naturaleza, un auténtico y fascinante recorrido de santidad.

Su extraordinaria apertura de mente se revela también en una operación cultural que él emprendió con éxito, es decir, en la acogida y en la valoración del pensamiento de Aristóteles. En los tiempos de san Alberto, de hecho, se estaba difundiendo el conocimiento de numerosas obras de este gran filósofo griego vivido en el siglo IV antes de Cristo, sobre todo en el ámbito de la ética y de la metafísica. Estas demostraban la fuerza de la razón, explicaban con lucidez y claridad el sentido y la estructura de la realidad, su inteligibilidad, el valor y el fin de las acciones humanas. San Alberto Magno abrió la puerta a la recepción completa de la filosofía de Aristóteles en la filosofía y teología medieval, una recepción elaborada después de modo definitivo por santo Tomás. Esta recepción de una filosofía, digamos, pagana pre-cristiana fue una auténtica revolución cultural para aquel tiempo. Y sin embargo, muchos pensadores cristianos temían a la filosofía de Aristóteles, la filosofía no cristiana, sobre todo porque ésta, presentada por sus comentaristas árabes, había sido interpretada de modo que aparecía, al menos en algunos puntos, como irreconciliable con la fe cristiana. Se planteaba entonces un dilema: fe y razón, ¿se contradicen entre ellas o no?

Aquí está uno de los grandes méritos de san Alberto: con rigor científico estudió las obras de Aristóteles, convencido de que todo lo que es realmente racional es compatible con la fe revelada en las Sagradas Escrituras. En otras palabras, san Alberto Magno contribuyó así a la formación de una filosofía autónoma, distinta de la teología y unida con ella sólo por la unidad de la verdad. Así nació en el siglo XIII una clara distinción entre estos dos saberes, filosofía y teología, que, dialogando entre sí, cooperan armoniosamente al descubrimiento de la autentica vocación del hombre, sediento de verdad y de felicidad: es sobre todo la teología, definida por san Alberto como “ciencia afectiva”, la que indica al hombre su llamada a la alegría eterna, una alegría que brota de la plena adhesión a la verdad.

San Alberto Magno fu capaz de comunicar estos conceptos de modo sencillo y comprensible. Auténtico hijo de santo Domingo, predicaba de buen grado al pueblo de Dios, que quedaba prendado de su palabra y del ejemplo de su vida.

Queridos hermanos y hermanas, oremos al Señor para que no falten nunca en la santa Iglesia teólogos doctos, píos y sabios como san Alberto Magno y que nos ayude a cada uno de nosotros a hacer propia la "fórmula de la santidad" que él siguió en su vida: “Querer todo lo que yo quiero para gloria de Dios, como Dios quiere para su gloria todo lo que él quiere”, es decir, conformarse siempre a la voluntad de Dios para querer y hacer sólo y siempre para su gloria.

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana


Publicado por verdenaranja @ 22:43  | Habla el Papa
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ZENIT  publica la meditación que ha escrito monseñor Jesús Sanz Montes, OFM, arzobispo de Oviedo, administrador apostólico de Huesca y Jaca, sobre el Evangelio de este tercer domingo de Pascua, 18 de abril (Juan 21,1-19).

Evangelio del domingo. La ültima pesca


El relato de la última aparición de Jesús resucitado a sus discípulos, tiene una escena entrañable. De nuevo entre redes, como al principio; de nuevo ante un faenar cansino e ineficaz, como tantas veces; de nuevo la dureza de cada día, en un cotidiano sin Jesús, como antes de que todo hubiera sucedido.

Alguien extraño a una hora temprana, desde la orilla, se atreve a provocar haciendo una pregunta allí donde más dolía: sobre lo que había... donde no existía más que cansancio y vacío. Habían aprendido que la verdad de las cosas no siempre coincide con lo que nuestros ojos logran ver y nuestras manos acariciar, y se fiaron de aquel desconocido. El resultado fue el inesperado, ese que sorprende porque ya no se espera, porque se nos da cuando vamos de retirada y estamos de vuelta... de todas nuestras nadas e inutilidades. Para unos sería buena vista o acaso magia para otros, pero para el discípulo amado sólo podía ser el Señor.

Hay unas brasas que recuerdan aquella fogata en torno a la cual días antes el viejo pescador juró no conocer a Jesús, negándole tres veces. Ahora, junto al fuego hermano, Jesús lavará con misericordia la debilidad de Pedro, transformando para siempre su barro frágil en piedra fiel.

El verdadero milagro no es una red que se llena, como vacío que se torna en plenitud inmerecida. El milagro más grande es que la traición cobarde se transforma en confesión de amor. Hasta tres veces lo confesará. La traición, deshumanizó a Pedro, le hizo ser como en el fondo no era, y le obligó a decir con los labios lo que su corazón no quería. El amor de Jesús, su gracia siempre pronta, le humanizará de nuevo, hasta reestrenar su verdadera vida. Sin ironía, sin indirectas, sin pago de cuentas atrasadas. Gratuitamente como la gracia misma.

En nuestro mundo, hay muchas fogatas y foros donde se traiciona a Dios y a los hermanos, y haciendo así nos deshumanizamos, y nos partimos y rompemos. Pero hay otras brasas, las que Jesús prepara al amanecer de nuestras oscuridades y a la vuelta de nuestras fatigas, y allí nos convoca en compañía nueva, haciéndonos humanidad distinta. Allí nos permite volver a empezar, en la alegría del milagro de su misericordia inmerecida. Es la última pesca, la de nuestras torpezas y cansancios. Feliz quien tenga ojos para reconocerle como Juan, y quien se deje renacer como Pedro.


Publicado por verdenaranja @ 20:54  | Espiritualidad
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Jueves, 15 de abril de 2010

REDACCIÓN DE "IGLESIA NIVARIENSE"
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38201. La Laguna. Tenerife.
Tfno. 922-25 86 40 / Extensión 8
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Boletín 382

LAS NOTICIAS AMPLIADAS PUEDEN VERLAS ENTRANDO EN LA WEB DEL OBISPADO EN LA VENTANA, SITUADA A LA DERECHA, LLAMADA: Odisur: Actualidad Diocesana 

La próxima Asamblea Diocesana de Cáritas que se suspendió el pasado mes de febrero, ha sido convocada  para el  fin de semana. La misma  se celebrará en el Seminario Diocesano. Todos los agentes de Cáritas están invitados a participar en este encuentro para revisar las líneas de trabajo efectuadas desde la última Asamblea y para programar las nuevas para los dos próximos años. El viernes, el vicario general, Domingo Navarro, realizará la apertura para, posteriormente, pasar a la lectura de los diferentes informes, tanto el de gestión a cargo de la secretaria general como el económico por parte del administrador general. 

Al día siguiente, se iniciará la jornada con la eucaristía presidida por el vicario general, Antonio Pérez. A su término, Sonia Olea Ferreras, técnica de Cáritas Española, disertará sobre el tema: "Criterios de intervención ante la crisis desde el Modelo de Acción Social". La jornada finalizará con la evaluación del Proyecto Pastoral de Cáritas en sus dos años anteriores y la planificación de los dos próximos. 

El próximo domingo, 18 de abril, de 10:00 a 16:00 horas, tendrá lugar el Encuentro Insular de Pascua, en la isla de La Gomera, concretamente, en la parroquia de El Salvador. A dicho encuentro están invitadas todas las comunidades parroquiales de la isla.  La eucaristía estará presidida por el vicario general, Antonio Pérez. 

El ministerio de Cultura anunció que están garantizadas las cantidades presupuestadas para este año para las obras de la Catedral y, lo que es más relevante, que  destinará las cantidades "necesarias para que sean terminadas con la mayor prontitud y el templo pueda de nuevo abrirse, ser utilizado y dar el servicio adecuado.". 

El Departamento de Comunicación del Obispado, al ser consultado,  aseguró que no se le había comunicado oficialmente la noticia, pero que ésta había sido recibida de forma "esperanzadora". "Si efectivamente se garantizan esos fondos sentiremos una gran satisfacción", señaló el Vicario General, Antonio Pérez, aunque insistimos en la firma de un convenio sobre la Catedral para que "quede constancia de las futuras anualidades y se garantice su cumplimiento sin más sobresaltos". De hecho, mantendrán la solicitud de reunión con el Ministerio de Cultura a la espera de firmar el convenio y concretar este compromiso de forma oficial. 

El Espacio Religioso de la Cueva del Santo Hermano Pedro y la Parroquia de San Pedro Apóstol de Vilaflor, comienzan el  jueves el Novenario de preparación para la fiesta del Santo Hermano Pedro. El próximo sábado 17 tendrá lugar la peregrinación que unirá ambos puntos religiosos, en la que numerosos devotos honrarán al santo recorriendo el camino realizado por él, desde Vilaflor hasta la Cueva. Ese día, sobre las 13h tendrá lugar la misa de peregrinos, presidida por el Vicario Territorial de la Zona Sur,  Fernado Delgado Expósito. El programa completo de actos, tanto para la Cueva como para Vilaflor se puede consultar en la página web del obispado. 

Esta semana se viene desarrollando la Semana de San Telmo, organizada por el Apostolado del Mar. Para el delegado de esta sección, Juan Esteban Pérez, esta pastoral que ejerce la Iglesia en nuestra Diócesis con  un capellán, un delegado y veinte voluntarios "no es suficientemente conocida y valorada". Entre las realidades del marino y su familia a las que debe estar atento la Iglesia, se encuentra prioritariamente -según Pérez-  "la atención espiritual que, en el caso de un hermano preso o enfermo está garantizada con frecuencia, no así con los hombres del mar pues pasan largos períodos de tiempo lejos de sus hogares".  

La capital herreña acogió una nueva reunión de la Comisión Insular de Patrimonio. En la misma se estudió, entre otros asuntos, la restauración de la imagen de la Carmen, sita en la iglesia de S. Andrés, de la sacristía del Pinar o la reposición de la cubierta de la ermita de la Caridad.  

Del 26 al 30 de abril, se desarrollará el nuevo Congreso  Diálogo Fe-Cultura organizado por el Instituto Superior de Teología. En esta ocasión, bajo el título: “El reto de la educación, la persona”. El mismo se ha presentado a los distintos medios de comunicación. 

Más de medio centenar de polacos residentes en Tenerife se reunieron para participar de una ceremonia religiosa en señal de duelo por la muerte de su presidente, Lech Kaczynski, y de otras 95 personas que viajaban con él en el avión siniestrado en Smolensk, Rusia. La misa estuvo organizada por la asociación polaco canaria Arka y tuvo lugar en la iglesia del Sagrado Corazón de Santa Cruz, presidida por Mirosalw Karol.  

Del 15 al 18 de abril, tendrá lugar una tanda de ejercicios espirituales, en el monasterio del Socorro, en Güimar, dirigida a los diáconos permanentes de nuestra diócesis. El encargado de guiar este retiro será Gerardo Soler, delegado de liturgia de la Diócesis de Lleida. 

Por otra parte, del 25 al 30 de abril, se desarrollará una nueva tanda de ejercicios espirituales para sacerdotes. En esta ocasión, el encargado de guiar los ejercicios será Agustín Bugida Sanz, delegado para el Clero en Sigüenza-Guadalajara. 

El próximo 25 de abril, Domingo del Buen Pastor, se celebra la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones Sacerdotales, Religiosas y de Vida Consagrada bajo el lema “el testimonio suscita vocaciones”.   

La próxima Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y la V Expo-Vocacional tendrá lugar el 25 de abril en la Orotava. 

La Parroquia de El Médano continúa su temporada de conciertos benéficos pro restauración del órgano parroquial. El próximo sábado 17 de abril a las 21h tendrá lugar un nuevo concierto, en esta ocasión de música ibérica del renacimiento y del barroco, a cargo de la organita Naira Marco Rodríguez 

El sábado 15 de mayo, a las 18:00 horas, en el edificio de la UNED, en La Laguna, tendrá lugar el acto de celebración del Centenario de la Sección de San Pascual Bailón de la Adoración Nocturna Española. A las 20:30 horas será la eucaristía, en la iglesia de La Concepción, presidida por el obispo, Bernardo Álvarez. 

"Si quieres llegar a la cruz, mójate" fue el lema del encuentro anual de jóvenes que organiza la Diócesis de Tenerife, cuya edición de 2010 se llevó a cabo en el colegio Pureza de María de Los Realejos. A este encuentro acudieron jóvenes de La Palma, La Gomera y El Hierro, así como de numerosos lugares de la geografía tinerfeña, tanto procedentes de parroquias como de centros docentes. Desde primeras horas de la tarde, se inició el trabajo con una serie de dinámicas, para pasar luego a los diversos "stands" alusivos a los sacramentos de la iniciación cristiana, así como uno de preparación a la llegada a las Islas de la Cruz de los Jóvenes (mayo). El obispo presidió la eucaristía y posteriormente se desarrolló un concierto de música moderna. 

También en La Palma, el pasado domingo, se desarrolló el tradicional “Encuentro Insular de Pascua”. En esta ocasión, la localidad elegida fue los Sauces.  

Por otro lado, en el Seminario, se realizó una nueva sesión de la formación continúa del Clero. La misma estuvo guiada por el Obispo y el periodista Mayer Trujillo.  

Igualmente ese día y en el mismo lugar se reunió el Consejo de Administración de Popular Tv-Canarias. 

El municipio de Agulo se prepara para celebrar sus fiestas patronales en honor a San Marcos Evangelista, que darán comienzo la segunda quincena de abril y que se prolongarán hasta la primera semana de mayo. El día 24 de abril, víspera de la festividad del Santo, a las 21.00 horas tendrá lugar la misa en su honor cantada por el coro parroquial.

En el mismo Agulo se va a inaugurar y bendecir la Ermita de S. Marcos el viernes, día 30 de abril

La Palma y otros enclaves de la diócesis, se están preparando ya para uno de sus principales celebraciones tradicionales con motivo de la festividad del Día de la Cruz, el próximo 3 de mayo: el enrame de las cruces.   

Estos días se desarrolla la XIX Semana de Música Sacra en La Laguna. Esta iniciativa será inaugurada con el concierto del Coro de Cámara de Tenerife, el jueves 15, a las 20:30 horas, en la iglesia de Santo Domingo de Guzmán. Un día más tarde, la soprano Beatriz Ramos y el barítono, Samuel Modino, acompañados al piano por Manuel Cabero desarrollarán su repertorio en el monasterio de Santa Clara, a las 20:30 horas. El sábado será el turno para la Camerana Lacunensis, a las 20:00 horas, en el convento de Santa Catalina de Siena. También en este convento de las catalinas, el domingo 18, actuará la orquesta de Cámara de Tenerife, a las 20:00 horas. 

El monasterio cisterciense de la Santísima Trinidad, en la isla de La Palma, celebrará el próximo mes de mayo el décimo aniversario de la inauguración del nuevo edificio que permitió a la comunidad de monjas, desde su llegada a la isla en 1946, disfrutar de un espacio único en el que vivir, ya que hasta entonces tuvieron que alternar su existencia en varios edificios. 

La Comisión Directiva de la Fundación Mapfre Guanarteme ha acordado conceder a Cáritas Diocesana de Tenerife la insignia de oro de la Fundación en reconocimiento a su ingente labor social a lo largo de sus 58 años de existencia en la Provincia. El acto de entrega se realizará el día 6 de mayo, a las 12:00 horas, en el Salón de Actos de la Fundación, Plaza de San Cristóbal nº 20, en La Laguna, dentro del programa institucional organizado para celebrar el 25 aniversario de la constitución de la Fundación Mapfre Guanarteme. 

La Exposición fotográfica del III Concurso Insular de Fotografía sobre la Semana Santa “Fotocofrade 2010” se encuentra abierta hasta el 17 de abril, en la Casa Principal de Salazar, en Santa Cruz de La Palma. 

El arquitecto responsable de las obras de la Catedral de La Laguna, José Miguel Márquez Zárate, ha resaltado la “absoluta complejidad” de las obras actuales de desmonte de la cubierta de la Catedral por el “mal estado” de lo que aún queda de cúpula.


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 Homilía de monseñor Marcelo Raúl Martorell, obispo de Puerto Iguazú para el quinto domingo de Cuaresma (21 de marzo de 2010). (AICA) 

“EL SEÑOR HA HECHO POR NOSOTROS GRANDES COSAS” (Sal 126, 2) 

Este domingo la liturgia nos propone la íntima relación entre la Pascua realizada para siempre y para todos por Cristo y la liberación del pecado, fruto de esa Pascua. Si bien Cristo liberó y rescató a la humanidad del pecado, esta liberación debe actuarse todavía en cada hombre. El desprenderse del pecado exige una continua repetición y renovación a lo largo de la vida, ya que todos podemos caer en cualquier momento y ninguno puede considerarse impecable. Dios, que en tiempos antiguos había multiplicado los prodigios para liberar al pueblo elegido de la esclavitud egipcia, les promete nuevos y más prodigios para liberarlos de la esclavitud de Babilonia, como nos dice la primera lectura: “Mirad que realizo algo nuevo ... abriré los caminos por el desierto, ríos en el desierto para apagar la sed de mi pueblo, el pueblo que yo me formé para que pregonara mi alabanza” (Is.43,19-21). Este pasaje se constituye en una profecía sobre el futuro Mesías, en el que Dios hará en favor del nuevo Israel –la Iglesia— una cosa absolutamente nueva y extraordinaria: entregará a su Unigénito al mundo para que sea el “camino de la salvación”, para que sea -no ya el agua que apaga la sed física-, sino el agua viva de la gracia que brota de la cruz para purificar al hombre del pecado y saciar la sed de infinitud que lleva el hombre en su corazón.

Cristo es la luz, el camino, es el agua viva y el perdón. Es la luz que ilumina de una manera nueva la vida del hombre. Es el camino nuevo que hace caminar al hombre de una manera diferente por la vida. Él es el agua viva que apaga la sed del hombre y de su Iglesia. Nadie puede considerarse impecable y siempre estamos necesitados del perdón. Justamente el perdón es la gran novedad que nos trae Cristo. Él es quien -con su gracia- nos muestra que todos podemos ser perdonados y por lo tanto que nosotros también debemos perdonar a nuestro prójimo.

Hoy meditamos el episodio evangélico de la mujer adúltera del Evangelio de Juan. Esta mujer es arrastrada hasta los pies de Cristo para que éste la juzgue: “Maestro esta mujer ha sido encontrada en flagrante adulterio, la Ley de Moisés nos manda a apedrear a las adúlteras, ¿tú que dices?” (Jn.8,4), le preguntaron los escribas y fariseos para ponerlo a prueba y poder acusarle. Y el Señor hace una cosa absolutamente nueva, frente a todos los acusadores y guardando silencio, no juzga ni acusa, dice solamente: “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra” (Ib.7). Supera así un antiguo criterio de vida en Israel e inaugura uno de mayor plenitud. Todos los hombres son pecadores, nadie por lo tanto tiene el derecho de erigirse en juez de los demás. Sólo uno lo tiene: el Señor, el Inocente, el que no tiene pecado. Más Él no hace uso de este derecho, prefiere ejercer el poder de Salvador: Él ha venido a perdonar y a mostrar un camino nuevo al pecador, el camino del perdón y de la misericordia infinita de Dios. Jesús dijo a la mujer: “¿Ninguno te ha condenado?, tampoco yo te condeno, vete y no peques más” (Ib. 11). Sólo Cristo que vino al mundo para dar su vida por la salvación de los pecadores puede liberar a la mujer de su pecado y decirle “no peques más” ya que su palabra tiene la gracia y la fuerza eficaz que se deriva de su sacrificio salvador.

En la Iglesia, el nuevo pueblo de Dios, se renueva para cada creyente -a través del sacramento de la penitencia aquel gesto liberador de Cristo que confiere al hombre el perdón y la gracia para luchar contra el pecado y para “no pecar más”. Tenemos que ganar la misericordia y el perdón de Cristo a través de la Iglesia, en el camino nuevo del sacramento de la reconciliación. Esta es la gran novedad que nos propone la gracia de Dios y este tiempo cercano a la Pascua es el tiempo propicio para buscar el perdón y experimentar la misericordia infinita de Dios.

San Pablo rompe todas las tradiciones, la cultura, el sistema de vida que lo ligaban a su pueblo estimando todo esto como “basura” con tal de ganar a Cristo (Fil.3,8). Invita al hombre a desligarse de todo lo que lo aleja de Cristo como camino salvador. Pero Pablo sabe que el camino no es fácil, que lleva consigo continuas luchas y nuevas liberaciones para alcanzar a Cristo y poseerlo. Que nadie piense que ya está en la meta, sino que debe lanzarse, debe seguir corriendo para conseguir y ganar a Cristo, como Pablo mismo fue ganado por Cristo. Es la Pascua del Señor: pide perdón y no peques más, corre la nueva carrera por el camino nuevo y lograrás la paz y el amor de Dios.

Que la Virgen María, madre del amor eterno, nos acompañe en esta nueva carrera de amor, perdón y misericordia.  

Mons. Marcelo Raúl Martorell, obispo de Puerto Iguazú 


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Mensaje de Mons. Martín de Elizalde OSB, obispo de Nueve de Julio, con motivo de la solemnidad de la Anunciación del Señor (25 de marzo de 2010). (AICA)

DÍA DEL NIÑO POR NACER

Queridos hermanos y hermanas:

Agradecemos el don de la Encarnación del Hijo de Dios, que se hizo hombre por obra y gracia del Espíritu Santo, y celebramos con fe este misterio, que confiere a la vida humana una nueva dignidad. En el relato evangélico de la Anunciación, la actitud de reverencia con que la Virgen María escucha las palabras del Arcángel Gabriel, aceptando la voluntad divina, significa también el respeto con que considera ese fruto de su vientre, el Niño que ha de nacer, el Hijo de Dios. Desde el comienzo de su gestación este Niño es ya Salvador de su pueblo, y en Él se cumplen las promesas hechas a los padres. De manera análoga, cada vida incipiente, rodeada de amor y cuidados por la misma naturaleza en el seno materno, destinada a una misión en el mundo, formando parte de la comunidad humana, reproduce ese milagro de la capacidad de colaboración y de instrumentalidad con que Dios hizo al hombre, imagen suya. El modelo único del Hijo de Dios nacido de María Virgen, se encuentra en cada nueva criatura, recibida con amor, acompañada con respeto, protegida con dedicación y generosidad, y llamada a ser verdaderamente, en su vida, hijo de Dios por adopción, obediente a sus mandatos, siguiendo su voz con fidelidad.

La difusión de una actitud favorable a la práctica del aborto, o al menos tolerante hacia quienes lo propugnan, como una solución a determinadas situaciones dolorosas y complejas, o peor aún como un medio para reducir la natalidad o evitar los embarazos eventuales, desconoce el sentido de la vida y es un abuso de la libertad concedida al hombre para orientar su conducta. El aborto es un crimen, porque elimina una vida inocente. Es una acción egoísta, porque solo tiene en cuenta a intereses particulares. Debilita el espíritu que da origen a  la familia, que debe ser edificada sobre el amor en la oblación de los cónyuges y se prolonga en la vida de los hijos.

El aborto destruye una vida indefensa y castiga a quien no es culpable de falta alguna. Al desconocer la disposición que Dios estableció para la trasmisión de la vida, y que tiene su ejemplo más preclaro en el misterio de la Encarnación, se convierte en un modelo nuevo, aberrante, de muerte y no de vida, de exclusión y no de acogida, de egoísmo y no de generosidad.

Esta cultura de la muerte tiende a imponerse, ante la indiferencia de muchos en nuestra sociedad. Por la vía judicial y legislativa, se ha ido abriendo camino, y parece que cuenta con una protección y una promoción mayores y más difundidas que las propuestas que respetan la vida y amparan al inocente. Pero la única víctima no es el niño no nacido; es víctima la madre, llevada a cometer un crimen horrendo y sufrir en primera persona las consecuencias de él; es víctima la familia toda, por esta herida infligida en lo más sagrado, la vida, que es la que da trascendencia al amor de los padres en la continuidad de su prole. Es víctima la sociedad, especialmente en sus miembros más indefensos, los jóvenes, los pobres, porque se la habitúa a convivir con la muerte y a aceptar como una causa justa la que es producto del egoísmo y del materialismo.

Nuestro país no es excepción, y sufre también el ataque de la cultura de la muerte. Insensiblemente nos podemos ir acostumbrando a ello. La pérdida de los valores, el vaciamiento de la identidad, la desnaturalización de las instituciones, llevan a esta indiferencia. Pidamos la inteligencia y la fuerza para difundir la verdad y permanecer adheridos a ella. Pidamos la elocuencia y la capacidad para emplear los medios oportunos que ayuden a  nuestros hermanos. Confortemos a los que han sufrido y sufren la duda y el combate interior, para salvar la vida naciente y hacer más plena y feliz la de quienes tienen la hermosa misión de acompañarla y orientarla. Permanezcamos junto a la verdad del Evangelio y hagamos resonar la voz de la Iglesia, que nos invita a ser custodios de la vida.

Por este motivo, invito a todos los cristianos a unirse en oración el próximo 25 de marzo, en la solemnidad de la Anunciación del Señor, y a participar en la Eucaristía, rogando a Dios Nuestro Señor, por la intercesión de María Santísima, que aleje de nosotros el grave peligro de una mayor difusión del aborto y transforme los corazones de los responsables de la Patria, para  que sean solícito defensores de la vida. 

Mons. Martín de Elizalde OSB, obispo de Nueve de Julio
Nueve de Julio, marzo de 2010 


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Texto del micro radial de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, emitido por LT 9. (AICA)
(20 de marzo de 2010)


DÍA DEL NIÑO POR NACER

El próximo 25 de Marzo, Fiesta de la Anunciación del Señor, se celebra el día del Niño por Nacer. La mirada se dirige a Jesús que fue concebido, por obra del Espíritu Santo, en el seno de la Virgen María. Desde la celebración de este hecho se proclama el valor y la dignidad de toda vida naciente, que implica su defensa y cuidado desde la concepción. No se trata de un hecho religioso sino humano, es la ciencia la que determina la existencia de la vida humana; la que expresa la presencia de un nuevo ser con su entidad y autonomía, pero aún en camino hacia su nacimiento. Aquí entra la responsabilidad sea personal, como política o jurídica de la sociedad. El cuidado de la vida se convierte, por lo mismo, en un tema que trasciende la esfera de lo privado.

Hay una suerte de pensamiento light al que adhiere tanto un individualismo liberal, como una izquierda que ha perdido la bandera de la vida en el decir de Norberto Bobbio. Es la misma mujer el mejor testimonio de la vida del niño por nacer. Ellas saben que lo que ha sido concebido existe, y por ello es normal que vivan a la espera de su nacimiento. El que no se lo quiera tener o esperar no determina su existencia ni su dignidad. No hay motivos que alcancen para determinar su muerte. Qué triste es escuchar a quienes argumentando la defensa de la mujer, se olvidan de acompañarlas desde la realidad de esa vida concebida y en el cuidado del niño. Parecería que la libertad y la decisión individual son un valor absoluto que no tiene límites. En este pensamiento coinciden, llamativamente, el individualismo liberal con un progresismo de izquierda.

¿Cuál es la razón de esta coincidencia? Creo que el tema de fondo es una crisis de conocimiento y de juicio sobre lo real, que condiciona, incluso, el mundo de los valores en su objetividad y exigencia moral. Se piensa desde el sujeto sin mayor referencia a lo real, en este caso la vida humana que ya existe. Nos convertimos, con nuestra libre decisión, en un principio de juicio y de sanción inapelable. Estos fundamentos crean una cultura que en su afán de construcción no acepta el límite, con lo que implica de asumir la naturaleza de la realidad y las consecuencias de un hecho que tiene una existencia y una dignidad independiente de mi juicio. A veces pienso que actuamos con una libertad cautiva de nuestros propios deseos, que ha perdido la capacidad moral de escuchar lo que existe fuera de nosotros. La libertad como expresión de la dignidad humana no es un fin en si mismo, ni un instrumento de dominio, sino un camino, que en el ejercicio de la realización del hombre, debe ser iluminado por la verdad y el bien.

Este modo de pensar va formando una cultura con ideales, me atrevería a decir de baja intensidad, en la que se exaltan los derechos individuales pero no así las obligaciones. Estas reflexiones no quieren ser un juicio a esa chica que se encuentra en dificultad ante su embarazo, pero sí a la cultura de una sociedad que ha hecho del relativismo un estilo que debilita el sentido y la exigencia moral del actuar. El tema de la vida tiene, tanto para la madre como para la sociedad, el componente de una alteridad única e irrepetible que no es reducible a nuestro deseo y decisión, sino que reclama desde su dignidad y fragilidad, respeto y acompañamiento.

El nivel de una cultura, como obra de la actividad y del genio del hombre, depende del respeto al orden del ser que se manifiesta a través de las notas que lo expresan: la verdad, el bien y la belleza. Esto, que puede parecer abstracto o lejano a la realidad, tiene mucho que ver con el fundamento de la vida, la existencia y respuesta al mundo de los valores, como el sentido y vigencia de la justicia en la sociedad. El orden del actuar supone el orden del ser. Las ideas no son ingenuas o neutras, ellas van creando una mentalidad que determina y justifica comportamientos. La crisis de pensamiento es más grave, por ello, que una crisis económica o jurídica.

Frente a ese repetido coro, decía, que se presenta como solidario con la mujer que se encuentra ante la dificultad de un embarazo, qué distinta y qué noble es la actitud de quienes se acercan para acompañarla y buscar, incluso, soluciones para el niño por nacer. Gracias a Dios esto existe, y lo considero una riqueza de nuestro pueblo, pero no siempre se encuentra, lamentablemente, en su clase dirigente. No se puede negar la dificultad que puede presentar un embarazo, pero tampoco proponer soluciones que atenten contra el primer derecho humano, como es el derecho a la vida. Esto hace a la salud humana y espiritual de la sociedad. Aquí entra el papel de la ley como tutela de los derechos e instrumento de la justicia, pero también con su valor pedagógico y ejemplar. Estos temas por su trascendencia necesitan de una reflexión filosófica, científica y moral de quienes tienen la grave responsabilidad en la elaboración de las leyes, como de su cuidado y aplicación.

Quiero elevar una plegaria por todas las madres que en estos días acompañan a sus niños por nacer, para que descubran y vivan a la espera de una vida que es única, pero que aún necesita de su cuidado. Reciban de su Obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor, que fue concebido en el seno María Santísima. 

Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz 


Publicado por verdenaranja @ 22:34  | Hablan los obispos
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Relación de las distintas formas de vida consagrada que trabajan en la diócesis de Tenerife, eleborada por la Delegación Vocacional. Se harán de alguna manera presentes en la EXPO-VOCACIONAL 2010 que tendrá lugar en la iglesia de San Agustín de La Orotava desde 24 de Abril hasta el 2 de Mayo de 2010.


RELACIÓN DE LAS DISTINTAS FORMAS
DE VIDA CONSAGRADA 
EN NUESTRA DIOCESIS DE TENERIFE
 

Religiosos

*Carmelitas Descalzos
*Hermanos de Belén
*Hermanos de la Divina Providencia
*Hermanos de las Escuelas Cristianas
*Hermanos de San Juan de Dios
*Hermanos Franciscanos de la Cruz Blanca
*PP. Agustinos
*PP. Claretianos
*PP. Dominicos
*PP. Escolapios
*PP. Franciscanos
*PP. Instituto Verbo Encarnado
*PP. Palotinos (Sociedad del Apostolado Católico)
*PP. Salesianos
*PP. Paules

Monjes

*Instituto del Verbo Encarnado

Monjas

*Hnas. Clarisas
*MM. Dominicas
*Hnas. Concepcionistas Franciscanas
*Monjas Cistercienses
*MM. Carmelitas Descalzas

Religiosas

*Franciscanas de Ntra. Sra. Del Buen Consejo
*Hermanas Betlehemitas
*Hermanas de la Caridad de Santa Ana
*Hermanas de la Cruz
*Hnas. Hospitalarias del Sagrado Corazón de Jesús
*Hermanitas de los Ancianos Desamparados
*Hijas de María auxiliadora
*Hijas de María Inmaculada
*Hijas de María Madre de la Iglesia
*Hijas de Santa María del Corazón de Jesús
*Josefinas de la Santísima Trinidad
*Misioneras Claretianas
*Misioneras Eucarísticas de Nazaret
*Misioneras Hijas de la Sagrada Familia de Nazaret
*MM. Dominicas
*Religiosas congregación Marta y María
*Religiosas de la Asunción
*Religiosas de la Pureza de María
*Religiosas Filipenses Hijas de María Dolorosa
*Religiosas Oblatas del Santísimo Redentor
*Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará-IVE
*Siervas de María

Sociedades de Vida Apostólica

*Hijas de la Caridad de San Vicente Paúl

Institutos seculares

*Catequistas de la Virgen del Pino
*Filiación Cordimariana
*Instituto de Misioneras Seculares 

Orden de las Vírgenes  

*Orden de Las Vírgenes 

También presentes en la exposición

*Seminario Diocesano, en referencia a los Sacerdotes Diocesanos Seculares
*Delegación de Misiones, en referencia a nuestros misioneros/as repartidos/as por el mundo.
*Fraternidad de Servidores del CSJ, asociación que promueve la cultura vocacional.


Publicado por verdenaranja @ 11:29  | Pastoral Vocacional
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Mi?rcoles, 14 de abril de 2010

Hora Santa Sacerdotal recibida con los materiales para la celebraciçón de la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, que se celebrará el 25 de Abril de 2010, IV Domingo de Pascua, bajo el lema "El testimonio suscita vocaciones".

EL TESTIMONIO SUSCITA VOCACIONES
XLVII JORNADA MUNDIAL DE
ORACIÓN POR LAS VOCACIONES
25 de abril de 2010 – IV Domingo de Pascua

Hora santa sacerdotal 

Monición

El Papa Benedicto XVI, coincidiendo con la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, en junio de 2009, abrió un especial «Año Sacerdotal» que conmemorase el 150 aniversario de la muerte del santo Cura de Ars, Juan María Vianney, como verdadero referente sacerdotal para todo el pueblo de Dios. Este Año Sacerdotal, según refiere el mismo Papa, debe suponer «una importante ocasión para mirar, todavía más, con grato estupor la obra del Señor que, “en la noche que fue entregado” (1Co 11, 23), quiso instituir el Sacerdocio ministerial, uniéndolo inseparablemente a la Eucaristía, cumbre y fuente de vida para toda la Iglesia. Será un año para redescubrir la belleza y la importancia del sacerdocio y de cada sacerdote, concienciando a todo el pueblo santo de Dios: los consagrados y las consagradas, las familias cristianas, los que sufren y, sobre todo, los jóvenes, tan sensibles a los grandes ideales vividos con auténtico empuje y constante fidelidad, para que estén abiertos a la llamada del Señor».

Al acercarnos a este manantial abierto del corazón de Jesús buscamos renovar nuestra filiación divina y agradecerle su inmenso amor, la institución del sacerdocio y la Eucaristía.

En el Corazón de Jesús el triste siempre hallará consuelo, el soberbio humildad, el iracundo mansedumbre y todos hallaremos todo para ser hijos agradecidos, cristianos perfectos, verdaderos siervos de Dios, asemejándonos en todo a Jesucristo. 

Saludo

Celebrante: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Todos: Amén. 

Celebrante: La Gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos vosotros. 

Todos: Y con tu espíritu. (Canto eucarístico y Exposición del Santísimo)

Oración 

Dios todopoderoso, al evocar el Corazón de Jesús, recordamos los beneficios de su amor para con nosotros. Te pedimos nos concedas recibir de esta fuente divina una inagotable abundancia de gracia. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. 

Salmo al Corazón de Jesús

Ant. «Señor, crea en mí un corazón puro». 

¡Qué bueno es Dios para el justo, el Señor para los limpios de corazón! Pero yo por poco doy un mal paso, casi resbalaron mis pisadas: porque envidiaba a los perversos, viendo prosperar a los malvados.

Pensaba: ¿para qué he limpiado mi corazón y he lavado en la inocencia mis manos? ¿Para qué aguanto yo todo el día y me corrijo cada mañana?

Cuando mi corazón se agriaba y me punzaba mi interior, yo era un necio y un ignorante, yo era un animal ante ti.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme; no me arrojes de tu rostro, no me quites tu santo espíritu.

Dios mío, mi corazón está firme, para ti cantaré y tocaré, gloria mía.

Despertad, cítara y arpa; despertaré a la aurora. Te daré gracias ante los pueblos, Señor, tocaré para tí ante las naciones: por tu bondad, que es más grande que los cielos; por tu fidelidad, que alcanza a las nubes.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. 

Ant. «Señor, crea en mí un corazón puro».

(Salmo 72; 50; 107) 

Palabra de Dios 

«Los judíos, como era el día de la Preparación, para que no quedasen los cuerpos en la cruz el sábado –porque aquel sábado era muy solemne– rogaron a Pilato que les quebraran las piernas y los retiraran. Fueron, pues, los soldados y quebraron las piernas del primero y del otro crucificado con él. Pero al llegar a Jesús, como lo vieron ya muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua. El que lo vio lo atestigua y su testimonio es válido, y él sabe que dice la verdad, para que también vosotros creáis. Y todo esto sucedió para que se cumpliera la Escritura: No se le quebrará hueso alguno. Y también otra Escritura dice: Mirarán al que traspasaron». (Juan 19, 31-37) 

¿Qué hay dentro del Corazón de Jesús? 

Se abre la puerta de una casa para dejar entrar; se abre la vida cuando se quiere compartir; se abre el corazón cuando se quiere regalar. Jesús nos abrió su Corazón para darnos la VIDA. ¿Qué mejor manera para conocer a Cristo que adentrarnos en su Corazón?

Todos: «Y nos abrió su corazón».

Lector: Para que, arraigados y cimentados en el amor, podamos comprender con todos los creyentes la anchura y la longitud, la altura y la profundidad del amor de Cristo; un amor que supera todo conocimiento y nos lleva a la plenitud misma de Dios.

Todos: «Y nos abrió su corazón».

Lector: Para entrar en su intimidad y gustar sus amores.

Todos: «Y nos abrió su corazón».

Lector: Para desvelarnos sus sentimientos y enviarnos a encarnarlos en el mundo.

Todos: «Y nos abrió su corazón».

Lector: Y nos dijo: «He deseado ardientemente comer esta Pascua con vosotros».

Todos: «Y nos abrió su corazón».

Lector: Y nos dijo: «Tomad y comed, esto es mi Cuerpo... Tomad y bebed, esta es mi Sangre» (Mt 26, 26.28), regalándonos la Eucaristía.

Todos: «Y nos abrió su corazón».

Lector: Y nos regaló el mandamiento del amor fraterno: «Amaos unos a otros como yo os he amado... Permaneced en mi amor... Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos...».

Todos: «Y nos abrió su corazón».

Lector: Y nos dijo: «Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve» regalándonos el ministerio sacerdotal para: «Haced esto en conmemoración mía».

Todos: «Y nos abrió su corazón».

Lector: Y nos dijo: «Orad para que no caigáis en tentación... Yo estaré con vosotros hasta el fin del mundo».

Todos: «Y nos abrió su corazón».

Lector: Y nos entregó a la Virgen María, como Madre de la Iglesia.

Todos: «Y nos abrió su corazón».

Lector: Y nos dijo: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados que yo os aliviaré... Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón y encontraréis vuestro descanso».

Todos: «Y nos abrió su corazón».

Lector: Hasta derramar la última gota de su sangre por cada uno de nosotros, por eso decimos: «Me amó y se entregó por mí».

Todos: «Y nos abrió su corazón».

Lector: Y gritó, en pie, diciendo: «Quien tenga sed que venga a mí y beba... y ya nunca más tendrá sed».

Todos: «Y nos abrió su corazón».

Lector: «Y nuestra obra brotó del Corazón de Jesús Sacramentado, silencioso, olvidado, desconocido, ultrajado». 

Canto 

Hay un Corazón que mana, que palpita en el Sagrario; el Corazón solitario que se alimenta de amor. Es un Corazón paciente, un Corazón amigo, el que habita en el olvido, el Corazón de tu Dios.

Es un Corazón que ama, un Corazón que perdona, que te conoce y que toma de tu vida lo peor.

Que comenzó esta tarea una tarde en el Calvario y que ahora en el Sagrario tan sólo quiere tu amor.

Decidles a todos que vengan a la Fuente de la Vida, que hay una historia escondida dentro de este Corazón.

Decidles que hay esperanza, que todo tiene un sentido, que Jesucristo está vivo, decidles que existe Dios.

Es el Corazón que llora en la casa de Betania, el Corazón que acompaña a los dos de Emaús. Es el Corazón que al joven rico amó con la mirada, el que a Pedro perdonaba después de su negación.

Es el Corazón en lucha del Huerto de los Olivos que, amando a sus enemigos, hizo creer al ladrón. Es el Corazón que salva por su fe a quien se le acerca, que mostró su herida abierta al apóstol que dudó.

Decidles a todos que vengan a la Fuente de la Vida, que hay una historia escondida dentro de este Corazón. Decidles que hay esperanza, que todo tiene un sentido, que Jesucristo está vivo, decidles que existe Dios.

Que Jesucristo está vivo, decidles que existe Dios. 

Plegaria para pedir por los sacerdotes 

Señor Jesús, Buen Pastor, presente en el Santísimo Sacramento, que quisiste perpetuarte entre nosotros por medio de tus sacerdotes, haz que sus palabras sean sólo las tuyas, que sus gestos sean los tuyos, que su vida sea fiel reflejo de la tuya.

Que ellos sean los hombres que hablen a Dios de los hombres y hablen a los hombres de Dios.

Que no tengan miedo al servicio, sirviendo a la Iglesia como ella quiere ser servida.

Que sean hombres de Dios, testigos del Eterno en nuestro tiempo, caminando por las sendas de la historia con tu mismo paso y haciendo el bien a todos.

Que sean fieles a sus compromisos, celosos de su vocación y de su entrega,

claros espejos de la propia identidad y que vivan con la alegría del don recibido y la tarea encomendada.

Te lo pido por tu Madre Santa María:

Ella que estuvo presente en tu vida estará siempre presente

en la vida de tus sacerdotes. Amén.

Oración

 

«Señor Jesucristo, Redentor del género humano, nos dirigimos a tu Sacratísimo Corazón con humildad y confianza, con reverencia y esperanza, con profundo deseo de darte gloria, honor y alabanza.

Señor Jesucristo, Hijo de Dios Vivo, te alabamos por el amor que has revelado a través de tu Sagrado Corazón, que fue traspasado por nosotros y ha llegado a ser fuente de nuestra alegría, manantial de nuestra vida eterna.

Reunidos juntos en tu nombre, que está por encima de cualquier otro nombre, nos consagramos a tu Sacratísimo Corazón, en el cual habita la plenitud de la verdad y la caridad.

Señor Jesucristo, Rey de amor y Príncipe de la paz, reina en nuestros corazones y en nuestros hogares. Vence todos los poderes del maligno y llévanos a participar en la victoria de tu Sagrado Corazón. ¡Que todos proclamemos y demos gloria a Ti, al Padre y al Espíritu Santo, único Dios que vive y reina por los siglos de los siglos! Amén». 

Extracto de la oración de Juan Pablo II
en la Catedral del Sagrado Corazón
Delhi, 1 de febrero de 1986
 

Bendición con el Santísimo y reserva 

Poema
Al Santísimo Sacramento
 

Entre tantas dudosas certidumbres
que me mienten, halagan los sentidos,
Tú, callado y sin nubes, tan desnudo,
tan transparente de ternura y trigo.

¿Qué me quieres decir labios sellados desde
tu oculto y cándido presidio?
¿Qué me destellas, ay, qué me insinúas,
que quieres, Amor, Secreto mío?
Porque las ondas que abres y propagas
desde la fresca fuente de tu círculo
me alcanzan y me anegan, me coronan,
me ciñen de suavísimos anillos.

Mas sé lo que quieres, lo que buscas.
Si la esperanza es prenda de prodigios,
si el sol de Caridad arde sin tregua,
lo que pides es Fe, los ojos niños.

Quererte, sí, y creerte. ¿Tú me esperas?
¿Me quieres Tú? ¿De veras que yo existo?
¿Tú me crees, Señor? Yo te creo y quiero
creer en Ti, quererte a Ti y contigo.

Ya me tienes vaciado,
vacante de fruto y flor,
desposeído de todo,
todo para Ti, Señor. (…)

Tierno y preciso estás, manso y sin prisa,
dulce y concreto estás, Secreto mío.

¿Qué valen todas mis verdades turbias
ante esa sola, oh Sacramento nítido?

En Ti y por Ti yo espero y creo y amo,
en Ti y por Ti, mi Pan, Misterio mío.

(Gerardo Diego)


Publicado por verdenaranja @ 23:27  | Pastoral Vocacional
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Guión litúrgico para la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones 2010, recibido con los materiales para su celebración el IV domingo de Pascua, 25 de Abril, que este año se presenta con el lema: "El testimonio suscita vocaciones".


Monición de entrada

Hoy es cuarto domingo de Pascua, la fi esta del «Buen Pastor». Es decir, hoy sentimos y refl exionamos el modo por el cual Jesucristo nos conoce a cada uno de nosotros de manera íntima. Su palabra nos da fe de ello. Igualmente, en esta Eucaristía celebramos el amor tan profundo que Él nos tiene y revivimos su propia voluntad de dar la vida por cada uno de nosotros.

También ha habido en la historia de nuestra Iglesia personas que han vivido la forma de ser y darse como «el Buen Pastor». El testimonio de tantos hombres y mujeres, sacerdotes y consagrados, es para nosotros una evidencia que ha de despertar en nosotros la urgencia de seguir pidiendo al Señor la generosidad de los jóvenes para responder a la llamada de Cristo, Buen Pastor. Por eso, muy unida a este cuarto domingo de Pascua está la Jornada Mundial de Oración por la Vocaciones que hoy celebramos en nuestra parroquia (comunidad, colegio…). Agradecidos a Cristo, nuestro buen pastor, por el inmenso amor que nos tiene y por la llamada que sigue suscitando, pongámonosde pie para recibir la procesión de entrada mientras cantamos.

Acto penitencial

Sacerdote:

Hermanos, al celebrar la fi esta pascual del domingo del Buen Pastor, sentimos el amor que Él nos tiene, pero a la vez revisamos la forma de corresponder a esta gracia que cada uno de nosotros hemos recibido. Cierta mente Cristo es un Dios que hace dioses, un rey que hace reyes, un pastor que hace pastores, un pastor que cuida solícito de su rebaño. Pidamos perdón, al principio de nuestra Eucaristía, por no asumir esta  esponsabilidad que tenemos en medio de su rebaño:

Lector 1.- Seguir a Cristo, Buen Pastor, es hacerse pobre con Cristo pobre. Sentimos la culpa de no evangelizar a los pobres. Señor, ten piedad.

Lector 2.- Seguir a Cristo, Buen Pastor, es hacerse humilde con Cristo humillado. Sentimos la culpa de no estar más cerca de los pequeños e indefensos. Cristo ten piedad.

Lector 3.- Seguir a Cristo, Buen Pastor, es vivir la misericordia con Cristo compasivo. Sentimos la culpa de no estar más abiertos a las miserias humanas y poder llorar con los que lloran. Señor ten piedad.

Sacerdote:

Dios todopoderoso, que nos ha llamado a prolongar sus propias palabras y los signos de Cristo, tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna. Amén.

Monición a las lecturas de este domingo

1ª Lectura: Hch 13, 14.43-52

La Palabra de Dios es siempre la misma. El apostolado de Pablo y Bernabé que nos presenta hoy el libro de los hechos, es ejemplo para todos los tiempos. Él proclamó la Buena Nueva, primero a los judíos. Ellos rechazaron bruscamente el anuncio de Cristo hasta llegar a la persecución. En cambio, Pablo se dirigió a los paganos, quienes se alegraron y aceptaron el Evangelio. Este contraste de reacciones nos invita también hoy a contemplar a quienes se entregan al servicio caluroso y constante de la Palabra.

2ª Lectura: Ap 7, 9.14b-17

En la continuación de la visión de san Juan, se nos explica la multitud de personas de todas las partes del mundo que han llegado después de sufrir el martirio y allí son «colmados de toda felicidad». Somos ovejas del «Cordero de Dios» y después de aceptar las penas, dolores y amarguras de esta vida, iremos a disfrutar en el cielo. Sin duda que este mensaje de la segunda lectura de hoy nos hace pensar en las persecuciones que siempre han acompañado a la Iglesia, la de ayer y la de hoy, pero bien sabemos cómo el Cordero nos conduce hacia aguas de fuentes vivas y Dios enjuga las lágrimas de nuestros ojos.

Evangelio: Jn 10, 27-30

Jesús es el Buen Pastor. Porque nos conoce íntimamente, nos ama. Promete un auxilio muy especial a todo el que le reconoce como Salvador y Señor. Nos pide docilidad, fidelidad y seguimiento y así haremos la unidad. Somos el rebaño ideal: el pastor por sus ovejas y las ovejas por su pastor.

Oración de los fieles

Sacerdote:

En este domingo pedimos especialmente que Dios conceda a su Iglesia muchas vocaciones de generoso seguimiento. Seguidores y seguidoras de Cristo en el servicio pastoral. Aún hoy sigue habiendo un amplio abanico de necesidades, porque la mies es mucha... por eso oramos:

• Por el Papa, los obispos, sacerdotes y diáconos, para que ellos sean ministros de reconciliación en palabras y en obras, como el buen pastor. Roguemos al Señor.

• Por nosotros y todas las naciones, para que trabajen con armonía y fomenten la unidad. Roguemos al Señor.

• Por nuestros párrocos, para que sean fieles a la gracia de su sacerdocio y ejerzan un ministerio fecundo en bien de todos. Roguemos al Señor.

• Por todos los que profesamos la fe en Cristo, para que pronto se cumpla el deseo del Señor, para que haya un solo rebaño y todos seamos uno. Roguemos al Señor.

• Por las vocaciones sacerdotales y religiosas, para que el Señor ponga en el corazón de muchos jóvenes el deseo de seguirle en pobreza y castidad y obediencia. Roguemos al Señor.

• Por nosotros, los aquí reunidos, para que cada día nos unamos más, los que hoy estamos divididos por buscar intereses y ventajas personales. Roguemos al Señor.

Sacerdote:

Bendito seas, Padre, porque cuidas de tu pueblo con amor y por medio de Cristo lo proteges y le das vida en abundancia. Tú ha constituido a Jesús sacerdote y pastor de la Iglesia, y nadie podrá arrebatarle las ovejas que tú le has encomendado.

Te damos gracias porque Cristo confió su misión pastoral a hombres sacados del pueblo para transmitir tu palabra, administrar los sacramentos y presidir la comunidad de fe, sirviendo a sus hermanos con amor y solicitud pastoral. Así perpetúa Jesús, el Buen Pastor, su pastoreo entre nosotros. Pero la mies es mucha y los trabajadores son pocos. Te pedimos, Señor, que envíes vocaciones a tu Iglesia. PJNS. Amén.

Ofrendas

(Mientras se recita esta plegaria, se van ofreciendo los siguientes símbolos pastorals junto al pan y vino de la Eucaristía).

1.- Bastón y morral del pastor:

Jesús, Buen Pastor, queremos seguir tus pasos. Danos tu Espíritu, para aprender a vivir en la misericordia. Ayúdanos a descubrir la gratuidad de tu amor, entrega generosa, don de vida que se regala.

2.- Cartel de la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones:

Queremos compartir tu sueño de construir un mundo justo, donde exista igualdad y una fraternidad real, donde haya pan para todos y la libertad sea una luz que ilumine a todas las personas.

3.- Vela encendida:

Danos tu Espíritu, en nuestra búsqueda, para seguir en camino, para animarnos a la esperanza activa de hacer un Reino de paz y de bondad para todos.

4.- Una cruz:

Jesús, Buen Pastor, que pasaste haciendo el bien, viviendo la misericordia en la atención a los enfermos, en la búsqueda de los marginados, en la denuncia de las injusticias, en la apertura al Dios de la vida, en la enseñanza paciente de los discípulos, en el anuncio del Reino para todos.

5.- Pan y Vino:

Danos tu Espíritu, Jesús, para seguirte, para imitar tu entrega, para hacer el bien en nuestros días, en el camino de cada uno, para vivir en la bondad, caminando hacia tu Reino.

Bendición final

Sacerdote (después de pronunciar la oración de poscomunión):

El Señor, Buen Pastor, que es el camino, la verdad y la vida, esté con todos vosotros.

R/ Y con tu espíritu.

Sacerdote:

Oh Dios, que estás cerca de todos los que viven entregados a tu servicio y velas con solicitud de Padre por los que confían en ti, dígnate bendecir con tu gracia y seguir cerca con tu compañía a todos estos hijos tuyos para que con tu protección superen todas las difi cultades de la vida y vean cumplidos sus deseos.

R/ Amén.

Que Cristo, el Hijo de Dios, que vino al mundo para reunir a los hombres en un solo rebaño, bendiga todo lo que contribuye a que los hombres se unan entre sí conforme a los designios de Dios.

R/ Amén.

Y que por la acción del Espíritu Santo, nuestra Iglesia esté siempre servida por nuestros pastores y consagrados y junto a ellos estemos siempre inclinados a orar por todas las vocaciones.

R/ Amén.

Y la bendición (+) de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros. Amén.


Publicado por verdenaranja @ 17:45  | Liturgia
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Delegado Diocesano de Tenerife envía a las parroquias carta con los materiales para la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones 2010 junto a un díptico de la V EXPO-VOCACIONAL.

DELEGACIÓN DIOCESANA DE PASTORAL VOCACIONAL

JMOV 2010: "El testimonio suscita vocaciones"

A la atención de los sacerdotes y consagrados/as de la Diócesis:

Con el gozo de Jesús Resucitado que nos convoca para testimoniar la alegría del Evangelio con nuestras vidas, les enviamos el material de la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones 2010 e información sobre la V EXPO-VOCACIONAL titulada: "Vidas apasionantes".

MATERIALES:

EXPO-VOCACIONAL:

-Díptico Informativo para animar y organizar la visita que sin duda sorprenderá a todos. Una muy buena ocasión para conocer la riqueza de la vida consagrada con presencia en nuestra Diócesis y con muchas posibilidades de una catequesis-interactiva sobre la vocación para toda la comunidad cristiana.

Desde aquí agradecer a todas las formas de vida consagrada que con tanta ilusión y empeño participan en la Jornada y Expo-Vocacional, a los sacerdotes, consagrados y laicos; profesores de religión, animadores juveniles, catequistas, grupos de oración por las vocaciones... que sensibles a la preocupación vocacional oran, testimonian y promueven las vocaciones de especial consagración. Especial gratitud a la parroquia de Ntra. Sra. de La Concepción y al Excmo. Ayuntamiento de la Orotava por su inestimable colaboración.

Para cualquier información no dudar de ponerse en contacto con los miembros de la Delegación o el Delegado de PV.

Atentamente a tu servicio en nombre del Equipo de la DPV: 

Francisco Ignacio Hdez. Rivero
Delegado Diocesano de Pastoral Vocacional

EDIFICIO SEMINARIO DIOCESANO. LA VERDELLADA S/N. APARTADO 19. 38207 LA LAGUNA - TENERIFE TFNO: 922 25 25 40 FAX: 922 63 00 16
www.covtenerife.org       [email protected]


Publicado por verdenaranja @ 17:29  | Pastoral Vocacional
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Puntos de reflexión de la Palabra de Dios en relación con la homilía propuestos por el obispo diocesano a los sacerdotes de la diócesis de Tenerife en la formación permanente del mes de Abril 2010.

Formación Permanente del Clero – 14 de abril 2010

La homilía III: "Lo que la Iglesia nos pide a los sacerdotes"

1. EL MISTERIO DE LA REVELACIÓN - SALVACIÓN

DV 2. Quiso Dios, con su bondad y sabiduría, revelarse a Sí mismo y manifestar el misterio de su voluntad (cf. Ef 1,9): por Cristo, la Palabra hecha carne, y con el Espíritu Santo, pueden los hombres llegar hasta el Padre y participar de la naturaleza divina (cf. Ef 2,18; 2 Pe 1,4). En esta revelación, Dios invisible (cf. Col 1,15; 1 Tim 1,17), movido de amor, habla a los hombres como amigos (cf. Ex 33,11; Jn 15,14-15), trata con ellos (cf. Bar 3,38) para invitarlos y recibirlos en su compañía. El plan de la revelación se realiza por obras y palabras intrínsecamente ligadas; las obras que Dios realiza en la historia de la salvación manifiestan y confirman la doctrina y las realidades que las palabras significan,. a su vez, las palabras proclaman las obras y explican su misterio.

2. DIOS HABLA

Heb. 1,1-3. Muchas veces y de muchos modos habló Dios en el pasado a nuestros Padres por medio de los Profetas; en estos últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo a quien instituyó heredero de todo, por quien también hizo los mundos; el cual, siendo resplandor de su gloria e impronta de su sustancia, y el que sostiene todo con su palabra poderosa, después de llevar a cabo la purificación de los pecados, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas.

3. FORMAS DE EXISTENCIA DE LA PALABRA DE DIOS

"En el principio existía la Palabra y la palabra estaba con Dios y la Palabra era Dios" (Jn. 1,1,)

"Y la Palabra se hizo carne, y puso su morada entre nosotros" (Jn. 1,14). "La gente se agolpaba sobre él [Jesús] para escuchar la palabra de Dios" (Lc. 5,1).

"Por nuestra parte no cesemos de dar gracias a Dios porque, al recibir la Palabra de Dios que os predicamos, la acogisteis, no como palabra de hombre, sino cual es en verdad, como Palabra de Dios, que permanece operante en vosotros, los creyentes" (1Tes. 2,13).

"Tened presente que ninguna profecía de la Escritura puede interpretarse por cuenta propia; Iv21 porque nunca profecía alguna ha venido por voluntad humana, sino que hombres movidos por el Espíritu Santo, han hablado de parte de Dios" (2Pe. 1,20-21).

"Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para argüir, para corregir y para educar en la justicia" (2Tim. 3,16).

"Cristo está siempre presente en su Iglesia, sobre todo en la acción litúrgica [...] Está presente en su palabra, pues cuando se lee en la Iglesia la Sagrada Escritura, es El quien habla" (SC 7).

"En la liturgia, Dios habla a su pueblo; Cristo sigue anunciando el Evangelio" (SC 33).

"La boca de Cristo es el Evangelio. El está sentado en el cielo, pero no cesa de hablar en la tierra" (San Agustín, sermón 85).

"La fe viene de la predicación, y la predicación pasa por la Palabra de Cristo" (Rom 10,17). 

4. LA TRADICIÓN CAUCE DE LA PALABRA DE DIOS

DV 8. La predicación apostólica, expresada de un modo especial en los libros sagrados, se ha de conservar por transmisión continua hasta el fin del tiempo. Por eso los Apóstoles, al transmitir lo que recibieron, avisan a los fieles que conserven las tradiciones aprendidas de palabra o por carta (cf 2 Tes 2,15) y que luchen por la fe ya recibida (cf. Jds 3) 4. Lo que los Apóstoles transmitieron comprende todo lo necesario para una vida santa y para una fe creciente del Pueblo de Dios; así la Iglesia con su enseñanza, su vida, su culto, conserva y transmite a todas las edades lo que es y lo que cree.

Esta Tradición apostólica va creciendo en la Iglesia con la ayuda del Espíritu Santo; es decir, crece la comprensión de las palabras e instituciones transmitidas cuando los fieles las contemplan y estudian repasándolas en su corazón (cf. Lc 2,19-51), y cuando comprenden internamente los misterios que viven, cuando las proclaman los obispos, sucesores de los Apóstoles en el carisma de la verdad. La Iglesia camina a través de los siglos hacia la plenitud de la verdad, hasta que se cumplan en ella plenamente las palabras de Dios.

Las palabras de los Santos Padres atestiguan la presencia viva de esta Tradición, cuyas riquezas van pasando a la práctica y a la vida de la Iglesia que cree y ora. La misina Tradición da a conocer a la Iglesia el canon de los libros sagrados y hace que los comprenda cada vez mejor y los mantenga siempre activos.

Así Dios, que habló en otros tiempos, sigue conversando siempre con la Esposa de su Hijo amado; así el Espíritu Santo, por quien la voz viva del Evangelio resuena en la Iglesia, y por ella en el mundo entero, va introduciendo a los fieles en la verdad pleiui y hace que habite en ellos intensamente la palabra de Cristo (cf. Col 3,16).

5. LOS PRESBÍTEROS GARANTES DE LA TRADICION VIVA DE LA IGLESIA

- Responsables de la identidad apóstolica de la comunidad cristiana

- Transmitir lo que hemos recibido: El credo y la eucaristía (1Cor. 15,1-3 y 1Cor. 11, 23-25)

- Mantener viva la esencia del misterio cristiano y transmitirlo a los que nos sucederán:

"Timoteo, guarda el depósito. Evita las palabrerías profanas, y también ¡as objeciones de la falsa ciencia; algunos que la profesaban se han apartado de la fe' . (1Tim 6,20-21).

"Ten por norma las palabras sanas que oíste de mí en la fe y en la caridad de Cristo Jesús. Conserva el buen depósito mediante el Espíritu Santo que habita en nosotros" (2Tim 1,13-14).

- COMO HACERLO:

  • Acompañar personas: hablar al corazón. Se puso junto al carro, le invitó a subir...
  • Recrear la tradición: Recibir y transmitir es un acontecimiento de gracia = acontece la salvación. Recordar el caso de Qumrám = algo del pasado.

Condiciones para recrear la tradición:

  • Comunión con el pasado y el futuro = dependencia (mantener la diacronía)
  • Ir a lo esencial: fe, esperanza y caridad. No perderse en los medios.
  • Humildad: lo más importante y necesario no es lo que más luce o agrada.
  • Atención a la historia que nos ha tocado vivir. Signos de los tiempos (GS 4)
  • Ejercer el profetismo y educar en el sentido crítico.

Publicado por verdenaranja @ 17:16  | A?o Sacerdotal
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Puntos de reflexión en relación con la homilía propuestos  por el obispo diocesano para la formación permanente de los sacerdotes de la diócesis de Tenerife en el mes de Abril de 2010

Formación Permanente del Clero — 14 de abril 2010

La homilía: "Lo que la Iglesia nos pide a los sacerdotes"

ORDENACIÓN GENERAL DEL MISAL ROMANO: Homilía

65. La homilía es parte de la Liturgia y es muy recomendada,í63] pues es necesaria para alimentar la vida cristiana. Conviene que sea una explicación o de algún aspecto de las lecturas de la Sagrada Escritura, o de otro texto del Ordinario, o del Propio de la Misa del día, teniendo en cuenta, sea el misterio que se celebra, sean las necesidades particulares de los oyentesj641

66. La homilía la hará de ordinario el mismo sacerdote celebrante, o éste se la encomendará a un sacerdote concelebrante, o alguna vez, según las circunstancias, también a un diácono, pero nunca a un laico.f65:1 En casos especiales, y por justa causa, la homilía puede hacerla también el Obispo o el presbítero que esté presente en la celebración sin que pueda concelebrar.

Los domingos y las fiestas del precepto debe tenerse la homilía en todas las Misas que se celebran con asistencia del pueblo y no puede omitirse sin causa grave, por otra parte, se recomienda tenerla todos días especialmente en las ferias de Adviento, Cuaresma y durante el tiempo pascual, así como también en otras fiestas y ocasiones en que el pueblo acude numeroso a la Iglesia.I661

Es conveniente que se guarde un breve espacio de silencio después de la homilía.

ORDENACIÓN DE LAS LECTURAS DE LA MISA: La Homilía

24. La homilía que, a lo largo del año litúrgico, expone a partir del texto sagrado los misterios de la fe y las normas de la vida cristiana, como parte de la liturgia de la palabra, a partir de la Constitución litúrgica del Concilio Vaticano II, muchas veces y con mucho interés ha sido recomendada e incluso mandada para ciertas ocasiones. En la celebración de la misa, la homilía, que normalmente hace el mismo que preside, tiene como finalidad que la palabra de Dios anunciada, junto con la liturgia eucarística, sea "como una proclamación de las maravillas obradas por Dios en la historia de la salvación o misterio de Cristo". En efecto, el misterio pascual de Cristo, anunciado en las lecturas y en la homilía, se realiza por medio del sacrificio de la misa. Cristo está siempre presente y operante en la predicación de su Iglesia .

La homilía, por consiguiente, tanto si explica las palabras de la sagrada Escritura que se acaban de leer u otro texto litúrgico, debe llevar a la asamblea de los fieles a una activa participación en la eucaristía, a fin de que "vivan siempre de acuerdo con la fe que profesaron". Con esta explicación viva, la palabra de Dios que se ha leído y las celebraciones que realiza la Iglesia pueden adquirir una mayor eficacia, a condición de que la homilía sea realmente fruto de la meditación, debidamente preparada, ni demasiado larga ni demasiado corta, y de que se tenga en cuenta a todos los presentes, incluso a los niños y a los incultos.

En la concelebración, normalmente hace la homilía el celebrante principal o uno de los concelebrantes.

25. En los días que está mandado, a saber, en los domingos y fiestas de precepto, debe hacerse la homilía, la cual no puede omitirse sin causa grave, en todas las misas que se celebran con asistencia del pueblo, sin excluir las misas que se celebran en la tarde del día precedente.

También debe haber homilía en las misas que se celebran para los niños y para grupos particulares.

Se recomienda mucho la predicación de la homilía en las ferias de Adviento, de Cuaresma y del tiempo pascual, en bien de los fieles que participan ordinariamente en la celebración de la misa; y también en otras fiestas y ocasiones en que el pueblo acude en mayor número a la iglesia.

26. El sacerdote celebrante dice la homilía desde la sede, de pie o sentado, o desde el ambón.

27. Hay que excluir de la homilía los breves avisos que se hayan de hacer al pueblo, pues su lugar es a continuación de la oración después de la comunión.

41. El presidente ejerce también su función propia y el ministerio de la palabra de Dios cuando pronuncia la homilía. En efecto, con la homilía conduce a sus hermanos a una comprensión sabrosa de la sagrada Escritura, abre las almas de los fieles a la acción de gracias por las maravillas de Dios, alimenta la fe de los presentes acerca de la palabra que, en la celebración, se convierte en sacramento por la intervención del Espíritu Santo; finalmente, prepara a los fieles para una comunión fructuosa y los invita a practicar las exigencias de la vida cristiana.

CÓDIGO DE DERECHO CANÓNICO

Can. 767. §1 Entre las formas de predicación destaca la homilía, que es parte de la misma liturgia y está reservada al sacerdote o al diácono; a lo largo del año litúrgico, expónganse en ella, comentando el texto sagrado, los misterios de la fe y las normas de vida cristiana.

§2. En todas las Misas de los domingos y fiesta de precepto que se celebran con concurso del pueblo, debe haber homilía, y no se puede omitir sin causa grave.

§3. Es muy aconsejable que, si hay suficiente concurso del pueblo, haya homilía también en las Misas que se celebren entre semana, sobre todo en el tiempo de adviento y cuaresma, o con ocasión de una fiesta o de un acontecimiento luctuoso.

§4. Corresponde al párroco o rector de la iglesia cuidar de que estas prescripciones se cumplan fielmente.

Can.768. §1. Los predicadores de la palabra de Dios propongan a los fieles en primer lugar lo que es necesario creer y hacer para la gloria de Dios y salvación de los hombres.

§2. Enseñan asimismo a los fieles la doctrina que propone el magisterio de la Iglesia sobre la dignidad y libertad de la persona humana; sobre la unidad, estabilidad y deberes de la familia; sobre las obligaciones que corresponden a los hombres unidos en sociedad; y sobre el modo de disponer los asuntos temporales según el orden establecido por Dios.

Can.769. Propóngase la doctrina cristiana de manera acomodada a la condición de los oyentes y adaptada a las necesidades de cada época.

PARTIR EL PAN DE LA PALABRA (Comisión Episcopal de Liturgia)

Introducción

Principios doctrinales

  1. La Homilía al servicio de la Palabra de Dios.
  2. La Homilía al servicio del misterio celebrado.
  3. La Homilía al servicio del pueblo de Dios

Aplicaciones prácticas

  1. La preparación de la homilía
  2. La realización de la homilía

Publicado por verdenaranja @ 17:05  | A?o Sacerdotal
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Martes, 13 de abril de 2010

ZENIT Ofrecemos a continuación el discurso que Benedicto XVI ofreció el sábado, 22 de Marzo de 2010,  a los obispos de Burkina-Faso y Níger al recibirles en el Vaticano con motivo de su visita ad Limina.

Queridos Hermanos en el Episcopado,

Es con gran alegría que os acojo, a vosotros que habéis recibido el encargo pastoral de la Iglesia que está en Burkina Faso y en Níger. Saludo especialmente al Presidente de vuestra Conferencia episcopal, monseñor Séraphin Rouamba, arzobispo de Kupela, y le doy las gracias por sus amables palabras, a vuestros diocesanos y a todos los habitantes de vuestros países, particularmente a los enfermos y a las personas que están en la pobreza, llevadles unos ánimos y unos saludos afectuosos del Papa. La visita ad limina que realizáis es un signo concreto de comunión entre vuestras Iglesias particulares y la Iglesia universal, que se manifiesta de manera significativa en vuestro vínculo con el Sucesor de Pedro. Deseo que el refuerzo de esta unidad entre vosotros y en el seno de la Iglesia, fortalezca vuestro ministerio y aumente la credibilidad del testimonio de los discípulos de Cristo.

Después de más de un siglo, la evangelización ya ha traído frutos abundantes, visibles a través de tantos signos de la vitalidad de la Iglesia-familia de Dios en vuestros países. ¡Que un nuevo celo misionero anime vuestras comunidades, para que el mensaje evangélico sea plenamente acogido y fielmente vivido! La fe siempre necesita consolidar sus raíces para que no vuelva a prácticas antiguas o incompatibles con el seguimiento de Cristo y para resistir a las llamadas de un mundo a menudo hostil al ideal evangélico. Celebro los esfuerzos realizados durante muchos años para una sana enculturación de la fe. Vosotros velaréis para que se persigan gracias al trabajo de personas competentes, en el respeto a las normas y en referencia a las estructuras apropiadas. ¡Además, os animo a continuar el bello esfuerzo misionero de solidaridad que habéis emprendido con generosidad respecto a las Iglesias-hermanas de vuestro continente!

La reciente Asamblea sinodal para África invitó a las comunidades cristianas a enfrentar los desafíos de la reconciliación, la justicia y la paz. Me alegro de saber que en vuestras diócesis, la Iglesia continúa, de diversas maneras, la lucha contra los males que impiden a las poblaciones lograr un auténtico desarrollo. Así, las graves inundaciones del pasado septiembre fueron una oportunidad de promover la solidaridad con todos y especialmente con los más pobres. Esta solidaridad arraigada en el amor de Dios debe ser un compromiso permanente de la comunidad eclesial: vuestros fieles la han expresado también generosamente con las víctimas del reciente terremoto de Haití, a pesar de sus grandes necesidades. Yo se lo agradezco vivamente. Y querría finalmente reconocer aquí el trabajo realizado por la Fondation Jean-Paul II pour le Sahel que, el año pasado, celebró en Uagadugú su vigésimo quinto aniversario.

Queridos Hermanos en el Episcopado, el año sacerdotal contribuye a valorar la grandeza del sacerdocio y a promover una renovación interior en la vida de los sacerdotes, para que su ministerio sea cada vez más intenso y fecundo. El sacerdote es ante todo un hombre de Dios, que busca responder con coherencia cada vez mayor a su vocación y a su misión al servicio del pueblo que le ha sido confiado y al que debe guiar hacia Dios. Por eso es necesario garantizarle una sólida formación, no sólo en el tiempo de la preparación a la ordenación, sino también a lo largo de todo su ministerio. Es realmente indispensable que el sacerdote pueda tomarse tiempo para profundizar en su vida sacerdotal a fin de evitar caer en el activismo. ¡Que el ejemplo de san Juan María Vianney suscite en el corazón de vuestros sacerdotes, de los que aprecio el compromiso misionero valiente, una conciencia renovada de su donación total a Cristo y a la Iglesia, alimentada por una ferviente vida de oración y el amor apasionado del Señor Jesús! ¡Pueda su ejemplo suscitar numerosas vocaciones sacerdotales!

Los catequistas son los colaboradores indispensables de los sacerdotes en el anuncio del Evangelio. Tienen una función esencial no sólo en la primera evangelización y para el catecumenado sino también en la animación y el apoyo de vuestras comunidades, en la línea de los demás agentes pastorales. A través vuestro, querría saludarles afectuosamente y animarles en su labor de evangelizadores de sus hermanos. Vuestras diócesis hacen importantes esfuerzos para garantizar su formación humana, intelectual, espiritual y pastoral, permitiéndoles también garantizar su servicio con fe y competencia, yo me alegro de ello y os animo a seguir adelante, proporcionando según sus necesidades materiales para que puedan llevar una vida digna.

Para que los laicos puedan encontrar el lugar que les corresponde en vuestras comunidades y en la sociedad, es necesario aumentar los medios para consolidar su fe. Desarrollando las instituciones de formación, les daréis la posibilidad de tomar responsabilidades en la Iglesia y en la sociedad para ser auténticos testigos del Evangelio. Os invito a dedicar una atención particular a las élites políticas e intelectuales de vuestros países, que a menudo se enfrentan a ideologías opuestas a una concepción cristiana del hombre y de la sociedad. Una fe asegurada, basada en una relación personal con Cristo, expresada en la práctica habitual de la caridad, y apoyada por una comunidad viva, es un apoyo en el desarrollo de la vida cristiana. ¡Dad también a los jóvenes, a menudo llenos de generosidad, el gusto de ir al encuentro de Cristo! El fortalecimiento de los capellanes escolares y universitarios les ayudará a encontrar en Él la Luz capaz de guiarles a lo largo de toda su vida y de darles el verdadero sentido del amor humano.

El buen ambiente que existe habitualmente en las relaciones interreligiosas permite profundizar los vínculos de estima y de amistad así como la colaboración entre todos los componentes de la sociedad. La enseñanza a las jóvenes generaciones de los valores fundamentales de respeto y de fraternidad favorecerá la comprensión mutua. ¡Que los vínculos que unen especialmente a cristianos y musulmanes puedan continuar reforzándose para hacer progresar la paz y la justicia y promover el bien común rechazando toda tentación de violencia o de intolerancia!

Queridos hermanos en el Episcopado, en el momento de concluir nuestro encuentro, confío cada una de vuestras diócesis a la protección maternal de la Virgen María. ¡En estos tiempos marcados por la incertidumbre, que ella os dé la fuerza de mirar el futuro con confianza! ¡Que ella sea para los pueblos de Burkina Faso y de Níger un signo de esperanza! De todo corazón, os dirijo una afectuosa Bendición Apostólica, así como a los sacerdotes, religiosos, religiosas, catequistas y a todos los fieles de vuestras diócesis. 

[Traducción del original francés por Patricia Navas
© 2010 Libreria editrice vaticana]


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Homilía de monseñor Antonio Marino, obispo auxiliar de la Plata, en la solemnidad de San José (Iglesia del Seminario, 19 de marzo de 2010). (AICA)   

 “JOSÉ HIZO LO QUE EL ÁNGEL DEL SEÑOR LE HABÍA ORDENADO” (Mt 1,24) 

Día de júbilo en la Iglesia. Día de fiesta en nuestro Seminario. Al celebrar la santa Eucaristía, evocamos hoy la gran figura de San José, a quien Dios “confió la fiel custodia de sus más preciosos tesoros”, como se afirma hoy en la liturgia<!--[if !supportFootnotes]-->[1]<!--[endif]-->. Es el castísimo esposo de la Virgen María y el padre adoptivo del Redentor de los hombres. Después de la madre del Hijo de Dios, él es la persona más íntimamente asociada al gran misterio de la Encarnación redentora. Testigo privilegiado, por tanto, de la realización del “designio misericordioso” cumplido “en la plenitud de los tiempos” (cf. Ef 1,9-10). 

Nuestro Seminario platense se gloría de su patrocinio desde su fundación. La solemnidad de hoy se reviste, por eso, de especial significado. El fiel custodio de la Virgen y del Hijo de Dios, sigue ejerciendo su oficio de atenta vigilancia y de servicio sobre el Cuerpo Místico de Cristo, y de un modo particular sobre esta porción de la Iglesia donde se forman aquellos que serán sus futuros ministros, en diversas diócesis de nuestra patria.

 Acabamos de escuchar en la proclamación del Evangelio según San Mateo, las palabras que el Ángel del Señor le dirige en sueños: “José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque Él salvará a su Pueblo de todos sus pecados” (Mt 1,20-21). Aquí estamos en presencia de lo fundamental de su existencia y de su misión dentro del plan salvador de Dios. 

De manera semejante a María, también él recibe una anunciación. Uno y otra dejaron que Dios aclarara el misterio de esa concepción. Tanto aquí como en otros episodios, José y María se entienden más por el silencio que con las palabras y, al abandonarse a la Providencia, permiten que el designio benevolente de Dios se manifieste en forma admirable. 

Tanto el Evangelio de Mateo como el de Lucas, concuerdan en el origen de Jesús, por obra del Espíritu Santo en María Virgen, ya desposada con José, sin que hubieran convivido. De María, los relatos evangélicos nos conservan pocas palabras. Conocemos entre ellas su respuesta al anuncio del Ángel: “He aquí la servidora del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38). De José, en cambio, los evangelistas no registran ninguna palabra. Pero San Mateo, nos dice: “Al despertar, José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa” (Mt 1,24). 

En este sobrio relato, la tradición espiritual ha descubierto un símbolo del vivir abiertos en obediencia a la voluntad de Dios, y también del valor de la vida oculta y de la fecundidad del silencio. También José, al igual que María, es presentado como paradigma de creyente, puesto que en la Sagrada Escritura, la fe es caracterizada como “obediencia”. Y de José se dice que “hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado”. Como enseña el Concilio Vaticano II, al hablar de la Revelación divina: “Cuando Dios revela hay que prestarle «la obediencia de la fe» (Rom 16,26; cf Rom 1,5; 2Cor 10,5-6), por la que el hombre se confía libre y totalmente a Dios prestando «a Dios revelador el homenaje del entendimiento y de la voluntad», y asintiendo voluntariamente a la revelación hecha por Él” (Dei Verbum 5). 

Puestos, como José, al servicio de la persona y de la misión redentora de Cristo, aprendemos de él a renunciar a nuestros planes y a dejarnos moldear por el designio divino. Como él, en las horas de perplejidad, aprendemos a buscar respuesta en Dios. Es mucho lo que podemos aprender siguiendo los episodios que jalonan su itinerario de fe junto a su esposa y junto al Niño, que Dios Padre le confiaba para que, a su vez, hiciera las veces de verdadero padre humano. 

José, durante el censo ordenado por el emperador Augusto, registra al Niño que aparecerá como uno más entre tantos otros, con el nombre de Jesús, hijo de José de Nazaret. De este modo, el Hijo de Dios, mezclado entre tantos, ofrecía a todos la comunión con él. 

En la noche de Belén, José es testigo ocular de la manifestación “del misterio oculto desde siempre en Dios” (Ef 3,9), servidor providencial en medio de la pobreza que, aunque vivida con dignidad, anticipaba el anonadamiento de la cruz.

 En la circuncisión, cumple con su deber paterno, sometiendo a su hijo a un rito que contenía la sombra de la Nueva Alianza. Pero al imponerle el nombre de Jesús y reconocerlo como su hijo, está vinculando a Jesús con su propia estirpe davídica, y así al Niño se le podrá reconocer su condición de Cristo o Ungido como Rey Mesías. Si Jesús es biológicamente el hijo de María, y por su generación eterna es el Hijo o Verbo de Dios, por la adopción de José se hace posible su conexión con la casa de David, de quien será reconocido hijo. 

Al presentarlo en el templo de Jerusalén, se cumple con el rito del rescate del primogénito, mediante la ofrenda de los pobres. Una vez más la mirada de la fe nos lleva a interpretar el relato como profecía: el Niño ahora sujeto del rescate, se manifestará con el tiempo como el autor del rescate de la multitud de los hombres. El Evangelio de San Lucas señala además que “su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él” (Lc 2,33). Las palabras de Simeón, que escuchó junto a María su esposa, traen el anuncio de la pasión redentora. 

El Evangelio de San Mateo nos habla de la huida a Egipto, donde nuevamente José es modelo de fe y obediencia. Antes de vivir en Nazaret y antes de inaugurar la Nueva Alianza, el camino de Jesús recapitula el camino de Israel por el itinerario del éxodo. 

El tiempo de la llamada vida oculta de Jesús, estará caracterizado por el trabajo mediante el cual la Sagrada Familia santificaba la vida más ordinaria, y por el manto de discreción y silencio con que Dios cubre sus mejores obras. En ese período, José alimentará al que es el Pan de Vida, educará a la Sabiduría eterna e increada; le enseñará a hablar, a caminar y a ejercer un oficio, al que es la Palabra omnipotente que sostiene todas las cosas, al que siempre obra en comunión con su Padre. 

Sólo un acontecimiento interrumpe este silencio y ocultamiento: la Pascua en Jerusalén cuando Jesús tenía doce años. Allí oye a su esposa decir: “tu padre y yo te buscábamos angustiados” (Lc 2,48). La desconcertante respuesta de Jesús: “¿no sabían que debo ocuparme de las cosas de mi Padre?” (Lc 2,49), traería una nueva confirmación del origen y misión del Niño y adolescente a cuyo cuidado dedicó su vida. 

La vida de José sirve de modelo para todos los fieles. Para nosotros, sacerdotes y seminaristas, resulta ejemplar acabado al hacer ofrenda de nuestra capacidad de amor mediante el celibato, enteramente consagrados a la tarea eclesial, nos convertimos como él en “ministros de la salvación”, título con el cual San Juan Crisóstomo honró al esposo de la Virgen y padre nutricio de Jesús (cf. In Matth. Hom. V,3).  

Mediante su actitud obediente, podemos decir que José es el primero en participar de la fe de María su esposa en el misterio de la Encarnación, quien por otra parte es la que precede a la Iglesia en la “peregrinación de la fe”, según la bella expresión de la Constitución sobre la Iglesia en el último Concilio (cf. LG 58). 

En el Oficio de lecturas de la Liturgia de las horas, correspondiente al día de hoy, encontramos estas palabras de San Bernardino de Siena, fundadas en sólida teología: “Es norma general de todas las gracias especiales comunicadas a cualquier creatura  racional que, cuando la gracia divina elige a alguien para algún oficio especial o algún estado muy elevado, otorga todos los carismas que son necesarios a aquella persona así elegida, y que la adornan con profusión. Esto se realizó de un modo eminente en la persona de San José (…). Por tanto, si toda la Iglesia está en deuda con la Virgen Madre, ya que por medio de ella recibió a Cristo, de modo semejante le debe a San José, después de ella, una especial gratitud y reverencia”. 

En la Iglesia latina, ha sido Santa Teresa de Jesús la mayor entusiasta de su culto y difusora del poder de su intercesión: “No me acuerdo hasta ahora haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer.  Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este bienaventurado santo… Sólo pido por amor de Dios que lo pruebe quien no lo creyere y verá por experiencia el gran bien que es encomendarse a este glorioso Patriarca y tenerle devoción”. 

El Santo Padre, Benedicto XVI, en diciembre de 2008 nos regalaba esta reflexión: “El silencio de San José es un silencio impregnado de la contemplación del misterio de Dios, en una actitud de disponibilidad total a las voluntades divinas. En otras palabras, el silencio de san José no manifiesta un vacío interior, sino por el contrario, una plenitud de fe que lleva en su corazón, y guía cada uno de sus pensamientos y cada una de sus acciones. Un silencio gracias al cual José, al unísono con María, conserva la Palabra de Dios, conocida a través de las Santas Escrituras, confrontándolas permanentemente con los acontecimientos de la vida de Jesús; un silencio entretejido de oración continua, de bendición del Señor, de adoración de su voluntad y de confianza absoluta en su providencia”.

 En una época de prodigios técnicos, los medios de comunicación parecerían asegurar mejor la comunión entre los hombres. Sin embargo, en cuanto a las necesidades profundas que tiene el ser humano de comunicarse y entrar en comunión, no es así. El ruido nos invade, y en lugar de comunicarnos mejor, corremos el riesgo de volvernos más superficiales. Necesitamos recuperar una cultura del silencio. De un modo especial los sacerdotes, hombres de comunicación y comunión, y por eso mismo, necesitados de vida interior intensa. No huyamos del silencio, no le tengamos miedo. Los años del Seminario tienen este sentido. El ejemplo de José nos trae la evidencia de que una vida plena no es necesariamente una vida de grandes escenarios y de fama. En el silencio del corazón nos espera la música callada y la secreta belleza y armonía que los hombres buscamos tantas veces por caminos equivocados. 

Mons. Antonio Marino, obispo auxiliar de La Plata

Nota:
[1]<!--[endif]--> Cf. Liturgia de las horas, Oficio de lecturas: San Bernardino de Siena, Sermón 2, sobre San José.

 


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ÁFRICA/BURKINA FASO - Ficha del país

Roma (Agencia Fides)- Burkina Faso tiene una superficie de 286.451 km2 y una población de 13 millones de habitantes. El País, que hasta 1984 se llamaba Alto Volta, se encuentra en la parte noroccidental de África. Confina con Mali y Níger al norte; con Benín, Togo, Ghana y Costa de Marfil al sur.

En el país conviven diversas etnias. La mayoría es el grupo de los Mossi (50% de la población), seguido por diversos grupos: Peuhls, Bellas, Gourmantchés, Foulsés, Dogons, Bissas, Kussasés, Yaambas, Mobas, Yarsés. El idioma oficial es el francés.

Historia. El territorio del actual Estado estaba gobernado por los Mossi hasta finales del siglo XII. Su reino desapareció en el siglo XIX, tras la ocupación colonial. Fue colonia francesa en 1919, en 1958 asume el nombre de Alto Volta, pues el país se encuentra entre tres ramificaciones del rio Volta. En 1960 se proclama la independencia. La reciente historia del país está marcada por una serie de golpes de estado, el último en 1987, año en que, tras el asesinato de Thomas Sankara (el Presidente que en 1984 había cambiado el nombre del país por Burkina Faso, “República de la Tierra de los hombres rectos y justos”), Blaise Compaoré se autoproclamó Jefe de Estado.
Situación política. Burkina Faso es una República semi-presidencial, con una Constitución inspirada en la de la V República Francesa, que prevé además de la Asamblea de los Diputados del Pueblo, una segunda Cámara, compuesta por categorías profesionales, sociales, religiosas y tradicionales. Están representados los sindicatos, los jóvenes, las mujeres, jefes tradicionales, y cuantos están empeñados en la promoción de los derechos humanos.

El poder está en las manos del Presidente Compaoré, reelegido por tercera vez en el 2005, y del partido por él fundado, el Congrès pour la Démocratie et le Progrès (CDP).

Economía. El país es esencialmente agrícola. La mayor voz de exportación es el algodón. La recurrente sequedad obliga a un cada vez mayor número de campesinos a emigrar a la capital, Ouagadougou, a Bobo-Dioulasso, o a la vecina Costa de Marfil.
La Iglesia católica. La evangelización de Burkina Faso inició en 1900 gracias a los Misioneros de África (Padres Blancos), que fundaron su primera misión en Koupéla. Al año siguiente, en 1901, se situaron en Ouagadougou. En 1925 fue abierto el primer Seminario menor en Pabré y en 1933, el mayor en Koumi. En 1942 fueron ordenados los primeros sacerdotes locales, entre ellos el rev. Paul Zoungrana, Misionero de África, nombrado Arzobispo de Ouagadougou en 1955, creado Cardenal en 1965 y fallecido en el 2000.
El 4 de septiembre de 1955 fue instituida la jerarquía, y Ougadougou se convirtió en sede metropolitana. El 20 de enero de 1956 fue erigida la diócesis de Koupéla, primera Circunscripción eclesiástica del África francófona en ser confiada al clero secular. El Siervo de Dios Juan Pablo II visitó el País dos veces, en 1980 y en 1990. En el 2000 se celebró el Centenario de la evangelización, junto con el Jubileo de la Redención.

Algunos datos sobre la presencia católica: los católicos son 1 millón 809 mil, en 13 diócesis con 155 parroquias. Hay 19 Obispos, 662 sacerdotes diocesanos, 154 sacerdotes religiosos, 229 hermanos profesos, 1 401 religiosas, 10 428 catequistas. La Iglesia católica administra 38 jardines de infancia con 2 643 niños, 108 colegios primarios con 23 014 alumnos; 58 escuelas superiores con 19 876 estudiantes. La Iglesia Católica administra además 12 hospitales, 58 ambulatorios, un leprosorio, 13 casas de acogida, 33 orfanatos (según el último Anuario Estadístico de la Iglesia). (L.M.) (Agencia Fides 20/3/2010; líneas 43, palabras 594)


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ÁFRICA/BURKINA FASO - “La misión es el centro de la acción pastoral de la Iglesia”: entrevista de Fides al Presidente de la Conferencia Episcopal de Burkina Faso-Níger

Roma (Agencia Fides)- “Somos una iglesia fuertemente orientada hacia la misión y comprometida con la creación de una sociedad solidaría y unida” declaró a la Agencia Fides S.E.R. Mons. Seraphin Rouamba, Arzobispo de Koupéla y Presidente de la Conferencia Episcopal de Burkina Faso-Níger (CEBN), en Roma por la Visita ad Limina. A continuación la entrevista que le concedió a Fides:

Excelencia, vuestra Conferencia Episcopal desde hace algunos años ha decidido reforzar el compromiso misionero. ¿Nos podría explicar de qué manera?
Con ocasión del Centésimo aniversario de la evangelización, en el 2000, año del Gran Jubileo, nuestra diócesis tomo conciencia de la necesidad de realizar un esfuerzo extra por la misión. La misión es parte integral del ser de la Iglesia, pero nos dimos cuenta que era necesario concretizar esta idea. Dividimos la Conferencia Episcopal en tres grupos, y cada año uno de estos grupos debe ofrecer misioneros para enviar al interior del país, a las diócesis más necesitadas, además de otros países. Existe un específico Comité de la Comisión del Clero que establece cada año que misioneros enviar y a que diócesis, al interior del país y a otros países que lo pidan. Entre estos en primer lugar Níger, ya que somos parte de la misma Conferencia Episcopal, así como Chad y Mali. Este mecanismo, que funciona a nivel de la Conferencia Episcopal, está pensado para colaborar con las diócesis de otros países africanos. Cada diócesis de Burkina Faso además mantiene relaciones bilaterales con diócesis de otros continentes, especialmente con los de Europa. Las diócesis de Burkina Faso que tienen relaciones bilaterales con diócesis europeas mandan algunos misioneros también en Europa.

¿Cuál es el rol de los misioneros extranjero en vuestro país?
En Burkina Faso tenemos aún algunos misioneros extranjeros, pero en varias de nuestras diócesis ya no están. Por ejemplo en mi diócesis, el último misionero de los Padres Blancos partió de regreso en el 2008, y el último misionero expatriado, un belga, regresó el año pasado. Así que en mi diócesis trabajan sólo sacerdotes diocesanos. A nivel de religiosos tenemos aún con nosotros algunas religiosas extranjeras. Queremos tener siempre, al menos en una de las parroquias de la diócesis, misioneros para que estimulen el espíritu misionero de los fieles. Todos deben comprender que algunas personas han venido al propósito del extranjero para traernos el Evangelio y comunicarnos la riqueza de la fe. Ahora queremos mandar nuestros misioneros al extranjero.

Desde el punto de vista religioso Burkina Faso es un país complejo. ¿Nos podría describir la situación religiosa de su país?
Las estadísticas oficiales afirman que en Burkina Faso los musulmanes son el 60,5% de la población. Tenemos algunas dudas sobre este dato, ya que no sabemos como ha sido obtenido. Las estadísticas oficiales afirman que los católicos son entre el 19-20% de la población, mientras que los protestantes son el 4%. Tengo la impresión que las estadísticas oficiales subestiman el número de los que pertenecen a las religiones tradiciones africanas. Nuestra experiencia nos dice que el número de fieles pertenecientes a las religiones tradicionales es más alto del que sostienen las estadísticas oficiales (15,5%), pues cada año bautizamos a millares de adultos que se convierten al catolicismo provenientes de las religiones tradicionales.

¿Cuáles son las perspectivas para el futuro?
Las perspectivas de la Iglesia en Burkina Faso son alentadoras. La Iglesia católica, aún siendo una realidad numéricamente minoritaria, tiene un reconocido lugar en la vida social del país, ya que contribuye al desarrollo social y en particular a la creación de una sociedad solidaría. (L.M.) (Agencia Fides 20/3/2010 – líneas: 48; palabras: 613)


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DOMINGO TERCERO DE PASCUA
18 de Abril de 2010

 

 El Dios de la vida, que ha resucitado a Jesucristo, rom­piendo las ataduras de la muerte, esté con todos vosotros.

Aquí estamos, convocados por el Señor resucitado. Él es la fuente de nuestra alegría; más, si cabe, en este tiempo pascual. Él nos invita ahora a su mesa, como hizo con los apóstoles en su aparición junto al lago. A ellos los alimentó con panes y peces. A nosotros, con el pan y el vino que por la acción del Espíritu se convertirán en su Cuerpo y su Sangre.

Aspersión: Ahora, recordando nuestro bautismo, reno­vemos nuestra adhesión al Señor resucitado que nos invita a seguirle. (Durante la aspersión del agua por la iglesia se canta un canto bautismal o pascual).

Que Dios todopoderoso nos purifique del pecado y, por la celebración de esta Eucaristía, nos haga dignos de participar del banquete de su reino.

1. lectura (Hechos 5,27b-32.40b-41): Los apóstoles anun­cian la resurrección deJesús y por eso son perseguidos. Pero ellos quieren dar testimonio de ese aconteci­miento que da vida a quien cree en él.

Nunca, pero menos en el tiempo de Pascua, debería recitarse la respuesta del salino responsorial. Siempre habría que cantar alguna antífona. En Pascua esa antífona puede ser un aleluya.

2. lectura (Apocalipsis 5,11-14): Escuchemos esta segunda lectura con espíritu de oración, uniéndonos en la ala­banza a Jesucristo, nuestro Señor, sacrificado como un cordero, y vivo ahora para siempre.

Oración universal: A Jesús resucitado, vida y esperanza para la humanidad entera, orémosle diciendo: JESÚS RESUCITADO, ESCÚCHANOS.

Por las Iglesias de Oriente y Occidente, por todos los bautizados en la vida nueva de Jesús resucitado. OREMOS:

Por los sacerdotes de nuestra parroquia y de nuestra diócesis. OREMOS:

Por los niños que durante esta Pascua nacerán a la vida nueva por el bautismo; por los que participarán de la comunión por primera vez; y por los que serán confir­mados con el don del Espíritu Santo. OREMOS:

Por los adultos, jóvenes y niños que sufren y lloran en el dolor, en el hambre, en la guerra, en la miseria o en la soledad. OREMOS:

Por los que nos hemos reunido aquí en torno al Señor resucitado, por nuestros vecinos, amigos y familiares, y por nuestros compañeros de trabajo o de estudio. OREMOS:

Jesús resucitado, envíanos tu Espíritu para que seamos signos transparentes de tu amor en el mundo. Tú, que vives y reinas por los siglo de los siglos.

Padrenuestro: Unidos a Jesucristo resucitado, como hijos e hijas de Dios, nos atrevemos a decir:

Gesto de paz: En el Espíritu deJesucristo resucitado, daos fraternalmente la paz.

CPL


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Lunes, 12 de abril de 2010

ZENIT nos ofrece las palabras pronunciadas el domingo 21 de Marzo de 2010 por el Papa al introducir el rexo del Ángelus, con los peregrinos congregados en la Plaza de san Pedro.

Queridos hermanos y hermanas,

Hemos llegado al Quinto Domingo de Cuaresma, en el que la liturgia nos propone, este año, el episodio evangéligo de Jesús que salva a una mujer adúltera de la condena a muerte (Jn 8,1-11). Mientras está enseñando en el Templo, los escribas y los fariseos llevan a Jesús una mujer sorprendida en adulterio, para la que la ley mosaica preveía la lapidación. Esos hombres pidieron a Jesús que juzgara a la pecadora con el fin de “ponerle a prueba” y de empujarle a dar un paso en falso. La escena misma está llena de dramatismo: de las palabras de Jesús depende la vida de esa persona, pero también su propia vida. Los acusadores hipócritas, de hecho, fingen confiarle el juicio, mientras que en realidad es precisamente a Él a quien quieren acusar y juzgar. Jesús, en cambio, está “lleno de gracia y de verdad” (Jn 1,14): Él sabe lo que hay en el corazón del hombre, quiere condenar el pecado, pero salvar al pecador, y desenmascarar la hipocresía. El evangelista san Juan da relieve a un detalle: mientras los acusadores le preguntan con insistencia, Jesús se inclina y se pone a escribir con el dedo en tierra. Observa san Agustín que ese gesto muestra a Cristo como el legislador divino: de hecho, Dios escribió la ley con su dedo en tablas de piedra (cfr Com. al Ev. de Jn., 33, 5). Jesús es por tanto el Legislador, es la Justicia en persona. ¿Y cuál es su sentencia? “Quien de vosotros esté sin pecado, que le tire la primera piedra”. Estas palabras están llenas de la fuerza desarmante de la verdad, que abate el muro de la hipocresía y abre las conciencias a una justicia más grande, la del amor, en el cual consiste el pleno cumplimiento de todo precepto (cfr Rm 13,8-10). Es la justicia que salvó también a Saulo de Tarso, transformándolo en san Pablo (cfr Fl 3,8-14).

Cuando los acusadors “se fueron uno a uno, comenzando por los más ancianos”, Jesús, absolviendo a la mujer de su pecado, la introduce en una nueva vida, orientada al bien: “Tampoco yo te condeno: vete y en adelante no peques más”. Es la misma gracia que hará decir al Apóstol: “Pero una cosa hago: olvido lo que dejé atrás y me lanzo a lo que está por delante, corriendo hacia la meta, para alcanzar el premio a que Dios me llama desde lo alto en Cristo Jesús” (Fl 3,14). Dios desea para nosotros solo el bien y la vida. Él provee a la salud de nuestra alma por medio de sus ministros, liberándolos del mal con el Sacramento de la Reconciliación, para que ninguno se pierda, sino que todos tengan la manera de convertirse. En este Año Sacerdotal, deseo exhortar a los Pastores a imitar al Santo Cura de Ars en el ministerio del Perdón sacramental, para que los fieles redescubran su significado y su belleza, y sean curados por el amor misericordioso de Dios, el cual "nos empuja hasta abandonar voluntariamente el pecado, además de perdonarnos" (Carta de convotacoria del Año Sacerdotal).

Queridos amigos, aprendamos del Señor Jesús a no juzgar y a no condenar al prójimo. Aprendamos a ser intransigentes con el pecado - ¡empezando por el nuestro! - e indulgentes con las personas. Que nos ayude en esto la Santa Madre de Dios que, exenta de toda culpa, es mediadora de gracia para todo pecador arrepentido.

[Después del Ángelus, dijo en español]

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, en particular al grupo de jóvenes del Instituto de Enseñanza Sofía Casanova, de Ferrol. Ante la proximidad de la semana santa, os animo a todos a intensificar vuestro camino de preparación para la pascua, mediante la oración, la limosna y el ayuno. Que la contemplación piadosa y frecuente de los misterios de la pasión del Señor suscite en todos una nueva y más profunda conversión, que nos haga vivir ya para siempre de aquel mismo amor que llevó a Cristo a entregarse en la cruz por nuestra salvación. Feliz domingo.

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


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Artículo  escrito por monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas, con el título "Eso no es matrimonio".

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Como reacción en cadena, se están realizando uniones entre personas del mismo sexo en Buenos Aires, en Nueva York y en la capital de nuestro país, presumiendo de estar en la avanzada por la que debería transitar la humanidad. Se les quiere calificar como legítimos matrimonios, para que no se sientan discriminados... Marcelo Ebrard, Jefe de Gobierno del Distrito Federal, defendiéndose de los ataques que algunos de nuestra Iglesia le han hecho, dijo: "Los argumentos que se usan en pleno siglo XXI, es una buena muestra de la persistencia de argumentos que provienen de la baja edad media, o sea de antes de 1400, más o menos". 

Se equivoca Marcelo Ebrard. Los argumentos en que nos basamos no provienen de la baja edad media, sino del principio de la humanidad. Revisen todas las culturas desde sus orígenes, y verán que el matrimonio siempre ha sido entre un hombre y una mujer. Si fuera normal lo que han autorizado y exaltado, se daría también en las comunidades indígenas, y no sucede así. Cuando estas cosas pasaron en algunos imperios, éstos se derrumbaron. 

JUZGAR

Recordemos algunos fundamentos de nuestra fe sobre el matrimonio, para dar seguridad a los creyentes y que no se dejen bambolear por las modas. Comprendo que para quien no acepta nuestra fe, es un ignorante religioso, o está contaminado por "guías ciegos", esto le resulte como de la baja edad media. Es de más atrás. 

En el principio de la humanidad, Dios creó sólo dos sexos, hombre y mujer, distintos y complementarios entre sí (cf Gén 1,27). En base a ellos estableció el matrimonio (cf Gén 1,28). Y se dice claramente: "Dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne" (Gén 2,24). Se habla de padre y madre, de hombre y mujer. Jesús ratifica esta institución natural y secular, acorde con el plan original de Dios para la humanidad (cf Mt 19,4-6). 

La Palabra de Dios, que norma criterios y comportamientos de los verdaderos creyentes, afirma: "Se ofuscaron en vanos razonamientos y su insensato corazón se entenebreció: jactándose de sabios se volvieron estúpidos... Sus mujeres invirtieron las relaciones naturales por otras contra la naturaleza; igualmente los hombres, abandonando el uso natural de la mujer, se abrasaron en deseos los unos por los otros, cometiendo la infamia de hombre con hombre, recibiendo en sí mismos el pago merecido de su extravío" (Rom 1,21-22.26-27). ¡No puede estar más claro! 

Dice el Papa Benedicto XVI: "La historia ha demostrado cuán peligroso y deletéreo puede ser un Estado que proceda a legislar sobre cuestiones que afectan a la persona y a la sociedad pretendiendo ser él mismo fuente y principio de la ética. Sin principios universales que permitan verificar un denominador común para toda la humanidad, no hay que subestimar en absoluto el riesgo de una deriva relativista a nivel legislativo. La ley moral natural permite evitar tal peligro y sobre todo ofrece al legislador la garantía de un auténtico respeto tanto de la persona como de todo el orden creado... La ley moral natural pertenece al gran patrimonio de la sabiduría humana, que la Revelación, con su luz, ha contribuido a purificar y a desarrollar ulteriormente" (13-II-2010). 

ACTUAR

Hay que definirse: ¿A quién quieres seguir: a Dios, que te muestra un camino seguro de realización plena, o a legisladores y gobernantes que van por caminos contrarios a la ley de Dios? Si te decides por la Palabra de Dios, sufrirás burlas de algunos, pero serás "como un árbol plantado junto al río, que da frutos a su tiempo y nunca se marchita. En todo tendrá éxito" (Salmo 1). Si te dejas contagiar por las plagas del pecado, serás "como la paja barrida por el viento. Porque el Señor protege el camino del justo y al malo sus caminos acaban por perderlo" (Ib). ¡Dichoso quien confía en el Señor! 

México: Fíjate a quiénes eliges como gobernantes y legisladores; en quiénes pones tu confianza; a quiénes apoyas con tu voto. Madura en tu fe, que debe iluminar tu vida personal, tu familia, y también la política, la economía, la vida pública. Si tu fe la reduces a tu conciencia, no has entendido lo que es la fe cristiana.


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Homilía de monseñor Marcelo Raúl Martorell, obispo de Puerto Iguazú para el cuarto domingo de Cuaresma (14 de marzo de 2010). (AICA)    

“GUSTEN Y VEAN QUÉ BUENO ES EL SEÑOR. FELICES LOS QUE EN ÉL SE REFUGIAN” (Sal 34, 9) 

La proximidad de la Pascua nos hace volver la mirada, en medio de la cuaresma, al tema de la misericordia del Señor. La Pascua está rubricada por la reconciliación del hombre con Dios y nos hace mirarlo con un corazón lleno de deseos de reconciliación.

La primera lectura nos presenta al Pueblo Elegido, el cual después de peregrinar durante cuarenta años por el desierto -una peregrinación llena de caídas- llega finalmente a la Tierra Prometida y celebra jubiloso su primera Pascua. Dios ha perdonado sus infidelidades, le da a Israel una patria en la que podrá levantarle un Templo. La segunda lectura nos dice que: “lo antiguo ha pasado y lo nuevo ha comenzado” (2ª Cor. 5,17) y nos presenta una gran novedad:  Cristo ha sido inmolado para reconciliar a los hombres con Dios. Cristo es la novedad y la nueva Pascua, es la nueva alianza. Es la alianza de la gran reconciliación del hombre con Dios, es el gran gesto de la misericordia de Dios con el hombre.

Esta es la gran novedad: ya no es la sangre del cordero que se ofrece ni el rito de la circuncisión o la ofrenda de los frutos de la tierra, lo que hace agradables ante Dios. Ahora es el mismo Dios quien se compromete en la salvación de la humanidad dando a su Hijo Unigénito: “Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, sin pedirle cuenta de sus pecados” (Ib.19). Sólo el amor de Dios podía tomar esta iniciativa, sólo su amor podía inspirarla, sólo su misericordia podía realizarla. La humanidad se verá libre de sus culpas, las que ahora caen sobre los hombros de Aquél que no tenía pecado y al que Dios hizo expiar nuestros pecados para que nosotros unidos a Él recibamos la salvación de Dios. Así, la cuaresma nos invita a mirar la misericordia de Dios revelada en el misterio pascual, por el que el hombre se hace en Cristo una criatura nueva.

De dos parábolas se sirve Jesús para hacernos comprender la misericordia de Dios. El Pastor que deja el rebaño para ir en búsqueda de la oveja perdida “y una vez que la encuentra la pone sobre sus hombros (Lc.15,5). La oveja perdida es el pecador que se ha alejado del rebaño y que el amor de Dios en Jesucristo la busca y la lleva consigo. Todo pecador es buscado por Cristo para ponerlo sobre sus hombros y llevarlo a una vida mejor, a la vida de la gracia y del amor junto al rebaño creyente. El otro ejemplo es el del hijo pródigo que ha abandonado la casa del padre y malgastado su herencia, quien -tocado por la gracia- vuelve a la casa paterna y el Padre amorosamente sale a su encuentro y hace para él una fiesta. Dios es el Padre que espera sin cansancio a los hijos que le han abandonado y los toca con su gracia y los incita a regresar permitiendo que les hiera el aguijón del desengaño y de los remordimientos y cuando los ve venir corre a su encuentro permitiendo que se haga más rápida la reconciliación y ofreciéndole el beso del perdón. Es notorio que en la parábola, aquellos que han permanecido junto al Padre son incapaces de comprender esta infinita actitud de amor del Padre.

Todos nosotros, pecadores, somos tocados por la gracia para volvernos a Dios Padre, que nos espera con el beso del perdón en su misericordia. Todos estamos llamados a volver a Dios y la cuaresma se hace un camino maravilloso para la conversión. La gracia de Dios está tocándonos constantemente la interioridad de nuestro corazón para que cambien nuestras costumbres, nuestros gestos y actos humanos. Sepamos que la misericordia de Dios es infinita y que su amor nos está esperando. Su Hijo hecho Pascua nos está esperando, para hacernos gustar del amor del Padre, ese amor que hace que el que ha caído se levante y el que está en medio del camino se ponga a caminar con la esperanza de una vida nueva en el amor.

La Iglesia nos invita en este domingo a gustar de esa inmensa misericordia de Dios Padre, a no quedarnos caídos ni en medio del camino. Pone en nuestro corazón la necesidad de reconciliarnos con Él, de convertirnos cada vez más al amor de Dios y de los hermanos. Toca con su gracia la dureza de nuestro corazón llamándonos a la conversión y a gustar de su infinita misericordia.

Que la Virgen María, madre de la misericordia viviente, nos aliente y nos allane el camino de conversión  hacia la misericordia de Dios Padre. 

Mons. Marcelo Raúl Martorell, obispo de Puerto Iguazú    


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Homilía de monseñor Miguel Esteban Hesayne, obispo emérito de Viedma para el cuarto domingo de Cuaresma (14 de marzo de 2010). (AICA)  

EL CRISTIANO Y “SU MUNDO”… 

No puede  pensarse la Iglesia de Jesús, del Hijo Dios hecho “hombre”, sin relación esencial con el mundo de los hombres. Por eso, el Concilio la define “Luz de la gente”, viniendo de lo Alto, en su primer Documento y en el último: “la Iglesia en el Mundo actual”  como la comunidad servidora de la humanidad, programada por su Divino Fundador  surgiendo en la historia humana a través de sus discípulos que asumen los “gozos y esperanzas, tristezas y angustias” de la sociedad humana. De tal suerte que  “La Iglesia, por ello, se siente íntima y realmente solidaria del género humano y de su historia”<!--[if !supportFootnotes]-->[1]<!--[endif]-->

La identidad de la Iglesia de Jesús es la comunidad enviada desde la intimidad de Dios a la intimidad de la historia humana. Entonces no hay Iglesia auténtica sin historia humana y  tampoco la autenticidad  de ser cristiano se alcanza sin una íntima relación con la historia de hombres y mujeres de cada época…de cada lugar de esta tierra. Historia y geografía de los hombres cuentan en el ser cristiano.

Venimos diciendo que la identidad cristiana se logra siendo discípulo de Jesús y  en coherencia con el ser miembro de la Iglesia no será auténtico discípulo de Jesús quién no conoce su mundo…su historia… su lugar… de  misión de testigo del Evangelio de Jesús. Así como no hay Iglesia sin Mundo tampoco hay cristiano, de verdad, sin historia en la está inmerso.. De ahí que el poeta Paul  Claudel recomendaba a un novel sacerdote “tener en una mano el Evangelio y en la otra el diario” Y nuestro mártir Angelelli  en genial axioma pastoral  repetir una y otra vez “con un oído en  el Evangelio y  el otro en el  mundo”

En consecuencia, no se puede pensar un cristiano sin referencia esencial al mundo que vive, a su determinada época histórica…Pretender un cristiano sin referencia histórica es hacer de un bautizado un alienado…Es la sal que ha  perdido el sabor  Es un bautizado que ha perdido su identidad de “cristiano”. De ahí que la Constitución Gozo y Esperanza urge a cada bautizado el conocimiento de los “signos de los tiempos” y la suma atención que ha de tener  a los cambios históricos que los define como  “rápidos” “profundos” y “ universales”, tanto a nivel personal como comunitario.

No se puede ser cristiano-hoy- sin tomar conciencia de los progresos de la ciencia moderna, la medicina, la técnica, la economía, la cultura, la comunicación cuyo desarrollo ha sobrepasado  las más audaces fantasías de Julio Verne y de los más brillantes futurólogos. No se trata de que la generalidad de los cristianos para serlo tengan que ser estudiosos de tales progresos. Pero desde la niñez y principalmente en la adolescencia y juventud han de ser educados para vivir un mundo de progresos defendidos contra la   ambivalencia de dicho progreso. Admirables adelantos  técnicos pero no puestos para desarrollar un auténtico humanismo, para fomentar relaciones de sana convivencia humana; por el contrario, usados contra el mismo hombre Es maravilloso el progreso técnico de Medios de Comunicación; pero, a su vez el uso abusivo, deshumaniza desde programas que reproducen determinadas actitudes que desmerecen la condición humana, por ejemplo, premiando la astucia más que la bondad, fomentando el éxito no importando los medios; desdibujando,  no pocas veces, la frontera entre lo real y lo virtual, fomentando así un absoluto relativismo, que ha engendrado el  popular “todo vale”…El bautizado que se quiera lograr como “cristiano” ha de impregnarse en los valores evangélicos para saber discernir con los mismos sentimientos de Jesús lo que ve, oye,  escucha  y  lee.. Ha de ser conciente del tsunami de antivalores promovido por los Medios. Ha de dar un mesurado tiempo a los Medios para dedicar más espacio a la lectura orante de la Palabra de Dios y no caer en  la inmadurez de la simple información y hasta en  la gravedad de actitudes pecaminosas y deshumanizante.  

Mons. Miguel Esteban Hesayne, obispo emérito de Viedma 


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(De Fuente de la Guancha)


ENCUENTRO DIOCESANO 2010 DE CATEQUISTAS

28 de Febrero

El Delegado Diocesano de Catequesis nos ha remitido el cartel anunciador del anual ENCUENTRO DE CATEQUISTAS con el ruego de invitar y facilitar la presencia de estos agentes de pastoral. Se realizará en el municipio de El Sauzal el 14 de Marzo comenzando a las diez de la mañana con la Acogida y finalizando con la Eucaristía presidida por el Obispo a las 5,30 de la tarde. El lema que lo conducirá será “Nacer a la fe”.  

MATERIALES PARA EL DÍA DE HISPANOAMÉRICA

1 de Marzo

El Delegado de Misiones al enviarnos los materiales para la celebración del DIA DE HISPANOAMÉRICA nos comunica que en nuestra diócesis “el próximo 14 de marzo se celebrará el Día de Hispanoamérica con el lema: “sacerdotes, discípulos y maestros”. Son muchos los vínculos que unen nuestra tierra canaria con América, prueba de ello es que somos la segunda diócesis en la ayuda económica (16.000 Euros) gestionada desde esta campaña y enviada a la Conferencia Episcopal Española”. En el folleto editado por la Comisión Episcopal de Misiones de  la CEE podemos encontrar una presentación de monseñor Ramón del Hoyo López, el Mensaje de la Pontificia Comisión para América Latina, la Reflexión Pastoral de  monseñor Amadeo Rodríguez, un Guión Litúrgico y diversa información documental. 

PARTICIPACIÓN PARROQUIAL EN EL VIACRUCIS ARCIPRESTAL

5 de Marzo

La Coordinadora de la Juventud de nuestro arciprestazgo organizó en Icod un Viacrucis Penitencial el viernes de la segunda semana de  Cuaresma asignando la reflexión de cada estación a los grupos parroquiales de jóvenes de las parroquias de la zona y a Caritas Arciprestal. A las nueve de la noche con la asistencia de un grupo numeroso de fieles se iniciaba en  la Iglesia del Cristo del Calvario para recorrer las calles de San Agustín y de San Sebastián haciendo las correspondientes paradas para  cada estación. Una gran cruz llevada por jóvenes presidía la procesión. Finalizó en la iglesia de San Marcos. Nuestra parroquia de la Guancha hizo una representación plástica de la cuarta estación que preparada por el coro parroquial y el grupo de jóvenes. 

MATERIALES PARA EL DÍA DEL SEMINARIO

9 de Marzo

Con carta del Rector del Seminario han llegado los materiales editados por la Subcomisión de Seminarios de la Conferencia Episcopal Española para el DÍA DEL SEMINARIO. Este año el lema es: “El sacerdote, testigo de la Misericordia de Dios”.

En ellos podemos encontrar carta del obispo diocesano, catequesis de niños, jóvenes, matrimonios, el guión litúrgico, diez formas para dar gracias por los sacerdotes, Vicacrucis vocacional, etc. además de los  sobres, los poster y la oración por los seminaristas.  

RETIRO ESPIRITUAL EN SAN PEDRO DE GARACHICO

10 de Marzo

Organizado por la Fraternidad de Servidores del Corazón Sagrado de Jesús tendrá lugar un Retiro Espiritual en su Casa de San Pedro de Garachico dirigido por nuestro obispo Don Bernardo Álvarez Afonso. Se invita a los fieles de nuestras parroquias unirse a la Fraternidad el domingo 21 de Marzo de 5 a 8 horas de la tarde. El lema “Venid a preparar la Pascua” estará presente en las dos meditaciones y conducirá hacia la Eucaristía con la que concluirá. 

PARTICIPACIÓN EN EL ENCUENTRO DE CATEQUISTAS

14 de Marzo

Los catequistas de nuestra parroquia participaron en el ENCUENTRO DIOCESANO DE CATEQUESIS que este año se realizó en el Sauzal bajo el lema “Nacer a la fe”. A través de dinámicas realizadas en lugares emblemáticos del municipio reflexionaron sobre los tres sacramentos de la Iniciación Cristiana. El peregrinar de un lugar a otro junto a otros catequistas ayudó a esta reflexión. Según expresaron esta experiencia ha sido altamente positiva para su vida cristiana y les ha animado a seguir siendo agentes en la trasmisión de la fe.   

PROGRAMA DE SEMANA SANTA

16 de Marzo

A esta fecha se está repartiendo por los domicilios de nuestra parroquia el Programa de Semana Santa a todo color con los horarios de los  cultos y procesiones. Este año lleva como portada una bella fotografía de  la imagen de Ntra. Sra. de los Dolores que se venera en nuestro templo. En el interior podemos encontrar un escrito del obispo diocesano Don Bernardo Álvarez que lleva como título ES SEMANA SANTA: “EL QUE TENGA OÍDOS QUE OIGA”, la invitación del párroco a “encontrarnos de una manera consciente, cercana y agradecida con el signo de  la cruz y al acompañamiento piadoso en las procesiones”, varias instantáneas de nuestra semana santa, una descripción de los Santos Varones y nueve fotos de nuevas piezas de orfebrería adquiridas o restauradas en este año. 

JORNADA POR LA VIDA (25 DE MARZO DE 2010)

16 de Marzo

La Conferencia Episcopal ha puesto en marcha una campaña de comunicación a favor del derecho a la vida de los que va a nacer, con motivo de la Jornada por la Vida que se celebrará el próximo 25 de marzo. La campaña, que este año lleva por lema: ¡Es mi vida!... Está en tus manos, tiene como objetivos principales seguir dando voz a los que van a nacer para defender su derecho a la vida y ofrecer apoyo real a las mujeres gestantes que se encuentran en dificultades. 

JORNADA DE VIERNES SANTO

17 de Marzo

Como en años anteriores se han recibido los materiales para la celebración de la Jornada de Viernes Santo acompañados de una carta del Comisario de Tierra Santa donde expresa “Es para este Comisario motivo de gozo y al, al mismo tiempo, de honda preocupación tener que dirigirme, un año más, a Usted y a los fieles de su comunidad cristiana, para solicitar ayuda en la Colecta del Viernes Santo por la digna conservación de los Santos Lugares y de los hermanos en la fe que, desde hace tiempo, esperan la paz y libertad, que están permanentemente amenazadas” y recuerda la  visita de Benedicto XVI que confortó a aquellos cristianos con su presencia, gestos y palabras. Un cartel, trípticos y estampas con el lema “Toda la Iglesia con Tierra Santa” nos invitarán a tener estos  días el pensamiento en los Lugares Santos y a colaborar económicamente con la Custodia. 

BENDICIÓN DE CRUZ E INSIGNIAS DE LA PASIÓN

18 de Marzo 

Precedida del ejercicio del Viacrucis, dirigido por nuestro párroco, tuvo lugar en la ermita del Calvario la bendición de una nueva cruz y diversas insignias de la Pasión para el Cristo. La cruz que poseía se encontraba con grandes deterioros. La adquisición de estos objetos se debe a la Cofradía de la Santa Pasión. Es de agradecer el esfuerzo que está poniendo la cofradía desde hace unos años en la restauración de imágenes y embellecimiento de los pasos de Semana Santa. 

CELEBRACIÓN DE SAN JOSÉ

19 de  Marzo

Como es tradición la parroquia de San José en el municipio de San Juan de la Rambla celebra  a  su titular  de una manera muy sencilla el día 19 de Marzo, fiesta litúrgica de San José, puesto que la solemnidad se deja para las fiestas patronales de Septiembre. No obstante un numeroso  grupo de vecinos se dieron cita en el Salón Parroquial para la Eucaristía y participar en la procesión con la venerada imagen. 

BENDICIÓN DE LAS IMÁGENES DE  LOS SANTOS VARONES

27 de Marzo

Nuestra parroquia cuenta desde el sábado 27 de Marzo por iniciativa de la Cofradía de la Santa Pasión con un nuevo paso para la Semana Santa: Los Santos Varones y la Cruz con las insignias de la Pasión.  Fueron bendecidos por el párroco para pública veneración antes de la Misa de Vísperas del Sábado de  Pasión. Saldrán en procesión el Viernes Santo.


BENDICIÓN DE LOS PALMOS Y PROCESIÓN

28 de Marzo

A las diez y treinta de la mañana  daba comienzo frente a la ermita del Calvario la celebración del Domingo de Ramos con  la bendición de los palmos y olivos.  Después de la lectura del Evangelio de San Lucas donde se narra el acontecimiento de la Entrada de Jesús en Jerusalén y una breve explicación por parte del párroco comienza la solemne procesión de los ramos con el Señor del Burro acompañada de numerosos fieles, banda de música y niños con vestiduras hebreas. Recorrió en tono festivo las calles de Domingo Hernández, General y Alhóndiga hasta llegar al templo parroquial donde se tuvo la Eucaristía. El sacerdote despide a los fieles recordando que la palma que llevan en sus manos es signo de victoria. 

DOMINGO DE RAMOS EN SAN JOSÉ

28 de Marzo

La bendición de los palmos se realiza junto a la puerta de la Iglesia parroquial actualmente en restauración. A continuación se procede a la procesión hasta el salón donde provisionalmente  se están celebrando los actos litúrgicos. Un grupo numeroso de fieles de la parroquia participó en esta celebración. 


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Domingo, 11 de abril de 2010

Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas para el 4° domingo de Cuaresma (14 de marzo de 2010). (AICA)

“EL FLAGELO DE LOS AMBIENTES NEGATIVOS” 

En esta última parte de la carta cuaresmal seguiremos reflexionando el flagelo de los ambientes negativos y la desesperanza: “Lamentablemente tenemos que señalar que este flagelo no solo es un problema cultural o de los otros, muchas veces también está instalado en nuestras comunidades eclesiales, en nuestro laicado y en nuestros mismos sacerdotes y consagrados.

Hace algunos años cuando era formador de seminario, el P. González Dorado, un jesuita en el Paraguay que durante algunos años fue Rector del Seminario Mayor en Asunción, me decía que un Seminario con un buen ambiente tiene el 50% de una buena formación realizada. En realidad su reflexión me ayudó durante muchos años a tener en cuenta que en nuestros Seminarios, Presbiterios, Parroquias, Congregaciones, Diócesis necesitamos vivir ambientes asentados en una verdadera alegría espiritual y esperanza. En los ambientes negativos donde por el contrario reina el desánimo, la calumnia, el chisme que siempre habla sin necesidad, el disfrute en subrayar morbosamente el problema de los otros, tarde o temprano terminan llevando necesariamente al cansancio, la pérdida de sentido y al abandono de la misión.

La esperanza como hemos señalado no debe llevarnos a negar los problemas, por el contrario nos debe disponer a asumir, a corregir, a cambiar… Aparecida nos dice: “La alegría que hemos recibido en el encuentro con Jesucristo, a quien reconocemos como el Hijo de Dios encarnado y redentor, deseamos que llegue a todos los hombres y mujeres heridos por las adversidades; deseamos que la alegría de la buena noticia del Reino de Dios, de Jesucristo vencedor del pecado y de la muerte, llegue a todos cuantos yacen al borde del camino, pidiendo limosna y compasión (cf. Lc. 10,29-37; 18,25-43). La alegría del discípulo es antídoto frente a un mundo atemorizado por el futuro y agobiado por la violencia y el odio. La alegría del discípulo no es un sentimiento de bienestar egoísta sino una certeza que brota de la fe, que serena el corazón y capacita para anunciar la buena noticia del amor de Dios. Conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida, y darlo a conocer con nuestra palabra y obras es nuestro gozo” (29).

No es fácil señalar si nuestra época es más o menos compleja que otras, pero los problemas que nos tocan en este inicio de siglo nos deben disponer a asumir las alegrías y las tristezas, las situaciones personales y la de nuestros hermanos internalizando el misterio de la Pascua en el que queremos ahondar durante la cuaresma. Cuando en nuestra vida tenemos la certeza de la esperanza pascual, de la Meta, del abrazo misericordioso de nuestro Padre al final del camino, dimensionamos mejor nuestro presente y esto nos permite no bajar los brazos aún en situaciones de sufrimiento y de cruz 

Evangelizamos en esperanza

Este tiempo cuaresmal nos permitirá prepararnos bien para celebrar la Pascua. Será fundamental que en nuestro corazón tengamos la certeza que nuestra conversión es posible, que podemos mejorar porque Dios obra su gracia salvadora, y tenemos la certeza de su fidelidad. Cuando escuchemos que esto “no cambia más”, tengamos conciencia que ese código claudicante no es cristiano, y que todo pecado, tanto personal, como social, por más estructurado que esté puede cambiar, puede ser “pascualizado”.

Durante este tiempo en nuestra Diócesis estamos viviendo el camino sinodal en la cotidianidad de llevar “las orientaciones pastorales” a nuestras comunidades, asambleas parroquiales, foros y la Asamblea diocesana que la realizaremos el lunes 21 de junio de este año. El prepararnos como comunidad diocesana durante la cuaresma para celebrar bien la Pascua, nos compromete a seguir profundizando los caminos de conversión y comunión para la misión, que es la razón de ser de la Iglesia. Como Iglesia Diocesana caminamos como peregrinos que tenemos la certeza de la esperanza. Sabemos que evangelizar, que vivir, tiene cruces y hay momentos difíciles, pero también sabemos que nuestra vida está cargada de sentido y que nuestro Padre Dios nos acompaña y nos espera con un abrazo misericordioso.

Al finalizar esta carta cuaresmal, y con el deseo que podamos vivir el misterio Pascual, les envío un saludo cercano y hasta el próximo domingo. 

Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas 


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ZENIT nos ofrece el discurso que el Papa dirigió el jueves 18 de Marzo de 2010, en la Sala Clementina del Palacio Apostólico Vaticano, a los miembros de la Unión de los Industriales y de las Empresas de Roma.

Distinguido Presidente,
ilustres señores y señoras

Estoy contento de dirigiros mi cordial bienvenida a cada uno de vosotros, en esta vigilia de la fiesta de san José, que es un ejemplo para todos aquellos que operan en el mundo del trabajo. Dirijo mi pensamiento deferente al Doctor Aurelio Regina, Presidente de la Unión de los Industriales y de las Empresas de Roma, agradeciéndole por las corteses palabras que me ha dirigido. Con él saludo a la Junta y al Consejo directivo de la Asociación.

La realidad empresarial romana, formada en gran parte por pequeñas y medianas empresas, es una de las más importantes asociaciones territoriales pertenecientes a la Confindustria [la Patronal italiana, n.d.t.], que hoy opera también en un contexto caracterizado por la globalización, por los efectos negativos de la reciente crisis financiera, por la llamada “financiarización” de la economía y de las propias empresas. Se trata de una situación compleja, porque la crisis actual ha sometido a dura prueba los sistemas económicos y productivos de varios países. Con todo, esta debe vivirse con confianza, porque puede considerarse como una oportunidad desde el punto de vista de la revisión de los modelos de desarrollo y de una nueva organización del mundo de las finanzas, un “tiempo nuevo” - como se ha dicho – de profunda revisión.

En la Encíclica social Caritas in veritate, he observado que venimos de una fase de desarrollo en la que se ha privilegiado lo que es material y técnico, respecto a lo que es ético y espiritual, y animé a poner en el centro de la economía y de las finanzas a la persona (cfr n. 25), a la que Cristo revela en su dignidad más profunda. Proponiendo, además, que la política no este subordinada a los mecanismos financieros, solicité la reforma y la creación de ordenamientos jurídicos y políticos internacionales (cfr n. 67), proporcionados a las estructuras globales de la economía y de las finanzas, para conseguir más eficazmente el bien común de la familia humana. Siguiendo las huellas de mis predecesores, he reafirmado que el aumento del paro, especialmente juvenil, el empobrecimiento económico de muchos trabajadores y el surgimiento de nuevas formas de esclavitud, exigen como objetivo prioritario el acceso a un trabajo digno para todos (cfr nn. 32 y 63). Lo que guía a la Iglesia al hacerse promotora de un objetivo similar es el convencimiento de que el trabajo es un bien para el hombre, para la familia y para la sociedad, y es fuente de libertad y de responsabilidad. En la consecución de estos objetivos están obviamente implicados, junto a otras entidades sociales, los empresarios, que deben ser particularmente alentados en su compromiso al servicio de la sociedad y del bien común.

Nadie ignora cuántos sacrificios hay que afrontar para abrir o mantener en el mercado la propia empresa, como “comunidad de personas” que produce bienes y servicios y que, por tanto, no tiene como único objetivo el beneficio, por otro lado necesario. En particular las pequeñas y medianas empresas están cada vez más necesitadas de financiación, en cuanto que el crédito parece menos accesible y es muy fuerte la competencia en los mercados globalizados, especialmente por parte de esos países donde no hay – o son mínimos – los sistemas de protección social para los trabajadores. De ahí deriva que el elevado coste del trabajo hace los propios productos y servicios menos competitivos, y se requieren sacrificios no pequeños para no despedir a los propios trabajadores dependientes y permitirles la puesta al día profesional.

En este contexto es importante saber vencer esa mentalidad individualista y materialista que sugiere quitar las inversiones de la economía real para privilegiar el empleo de los propios capitales en los mercados financieros, de cada a rendimientos más fáciles y más rápidos. Me permito recordar que en cambio, las vías más seguras para afrontar el declive del sistema empresarial del propio país consiste en ponerse en red con otras realidades sociales, invertir en investigación e innovación, no practicar una competencia injusta ente empresas, no olvidar los propios deberes sociales e incentivar una productividad en calidad de responder a las necesidades reales de la gente. Existen varias pruebas de que la vida de una empresa depende de su atención a todos los sujetos con los que establece relaciones, de la eticidad de su proyecto y de su actividad. La misma crisis financiera ha mostrado que en un mercado conmocionado por los fracasos en cadena, han resistido esos sujetos económicos capaces de atenerse a comportamientos morales y atentos a las necesidades de su propio territorio. El éxito de la empresa italiana, especialmente en algunas regiones, se ha caracterizado siempre por la importancia asignada a la red de relaciones que ésta ha sabido tejer con los trabajadores y con las demás realidades empresariales, mediante relaciones de colaboración y de confianza recíproca. La empresa puede ser vital y producir “riqueza social” si lo que guía a los empresarios y a los manager es una visión de futuro, que prefiere la inversión a largo plazo al beneficio especulativo y que promueve la innovación antes que pensar en acumular riqueza solo para sí.

El empresario atento al bien común está llamado a ver su propia actividad siempre en el cuadro de un todo plural. Esta actitud genera, mediante la dedicación personal y la fraternidad vivida concretamente en las elecciones económicas y financieras, un mercado más competitivo y al mismo tiempo más civilizado, animado por el espíritu de servicio. Está claro que una simple lógica de empresa presupone ciertas motivaciones, una cierta visión del hombre y de la vida; o sea, un humanismo que nazca de la conciencia de ser llamados como individuos y como comunidad a formar parte de la única familia de Dios, que nos ha creado a su imagen y semejanza y nos ha redimido en Cristo; un humanismo que reavive la caridad y se deje guiar por la verdad; un humanismo abierto a Dios y, precisamente por ello, abierto al hombre y a una vida entendida como tarea solidaria y gozosa (cfr n. 78). El desarrollo, en cualquier sector de la existencia humana, implica también apertura a lo trascendente, a la dimensión espiritual de la vida, a la confianza en Dios, al amor, a la fraternidad, a la acogida, a la justicia, a la paz (cfr n. 79). Quiero subrayar todo esto mientras nos encontramos en Cuaresma, tiempo propicio para la revisión de las propias actitudes profundas y para interrogarse sobre la coherencia entre los fines a los que tendemos y los medios que utilizamos.

Distinguidos señores señoras, os dejo estas reflexiones. Y mientras os agradezco por vuestra visita, auguro todo bien para la actividad económica, como también para la asociativa, y os imparto de buen grado, a vosotros y a vuestros seres queridos, mi Bendición.

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


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Mensaje de monseñor Carlos José Ñáñez, arzobispo de Córdoba a los sacerdotes y a las comunidades con ocasión del año sacerdotal y preparando la próxima Pascua (16 de marzo de 2010). (AICA)


AÑO SACERDOTAL Y PREPARACIÓN DE LA PASCUA

En el marco del año sacerdotal que estamos transitando y preparándonos para celebrar la Pascua de Jesús, quisiera dirigir este mensaje a mis hermanos sacerdotes miembros del presbiterio de Córdoba, expresándoles una vez más mi sincero agradecimiento por su testimonio, su servicio y su generosa colaboración con mi ministerio episcopal en esta Arquidiócesis.

La cuaresma que estamos viviendo nos invita a una profunda renovación en nuestra vida de creyentes. La escucha de la Palabra de Dios, la oración insistente y los demás ejercicios cuaresmales, nos proponen y ofrecen un itinerario para concretarla. El año sacerdotal que ya se aproxima a su culminación, por su parte, nos invita también a una renovación en la vivencia de nuestro ministerio sacerdotal. Para realizarla auténticamente, es necesario ante todo el redescubrimiento de nuestra identidad y misión.

Dicho  redescubrimiento supone, en primer lugar, volver a fijar la mirada de nuestra fe en la realidad de nuestra vocación recibida gratuitamente como don precioso de parte del Señor que "llamó a los que quiso" (Mc. 3, 13) y en la realidad de nuestra configuración con Jesús cabeza, pastor y esposo de la Iglesia recibida el día de nuestra consagración sacerdotal en el que fuimos "misericordiosamente investidos" con una participación en el ministerio apostólico (cf. 2 Cor, 4,1).

La configuración con Jesús cabeza, pastor y esposo de su Iglesia, fruto del sacramento del orden, nos capacita para hacer presente, la persona, el servicio, la pascua del Señor, con las mismas actitudes de su corazón y en comunión con el obispo y con su presbiterio, ya que ese sacramento "tiene una radical forma comunitaria y puede ser ejercido sólo como una tarea colectiva" (PDV, 17).

Con la fuerza de la pascua que reconcilia y derriba toda enemistad, podemos ser hombres de comunión con Dios y con todos los hermanos y llevar a todos, especialmente a los más frágiles y a los últimos, la buena noticia de Jesús, el tesoro de su evangelio, la perla preciosa de su misericordia. En ese empeño queremos estar todos los fieles en nuestra Arquidiócesis, cada uno desde su lugar y según su gracia peculiar.

En este año sacerdotal estamos, pues, invitados a revivir el don que nos ha sido dado por la imposición de manos, agradeciendo de corazón al Señor el habernos contado entre sus discípulos y colaboradores (cf, 2 Tim 1,6; 1 Tim 1, 12).

Configurados con Jesús buen pastor, hemos aceptado con entera libertad el don del celibato "por el reino de los cielos" que nos habilita para dedicar todas las energías de nuestro corazón al Señor y a nuestros hermanos. El celibato es un don del Espíritu para amar más y es un signo y un estímulo de la caridad pastoral que debe impregnar y animar constantemente nuestro ministerio. En este año  sacerdotal estamos también invitados a renovar una vez más la sincera y cordial aceptación de ese don y a comprometernos generosa y abnegadamente con su plena realización en nuestras vidas.

Como sacerdotes no podemos sustraernos al momento histórico que nos toca vivir y junto con nuestros hermanos en la fe asistimos entre sorprendidos y perplejos al enorme proceso de transformación cultural que afecta de distintas maneras nuestro modo de vivir el ministerio y nos desafía a buscar y encontrar nuevos caminos para evangelizar con renovado ardor. El acontecimiento del bicentenario del comienzo de la vida independiente de nuestra Patria, nos desafía por su parte para encontrar expresiones de fraternidad que nos permitan superar innumerables desencuentros, pasados y presentes.

¿Cómo vivir, entonces, nuestra identidad y misión en un mundo cada vez más pluralista y embarcado en una profunda transformación cultural que parece quitar vigencia a toda certeza, a toda seguridad?

La respuesta a este interrogante es por cierto compleja. De todas maneras, respecto de la transformación cultural que nos afecta, lo primero que conviene hacer es aceptar ante todo su realidad y asumir el reto que implica. Ello supone tener una mirada serena ante la cultura emergente; una mirada, al mismo tiempo, lúcida y crítica para saber valorar las oportunidades que ofrece al evangelio y para estar atentos a las dificultades que plantea.

Nos desafía también a afinar el discernimiento en el ámbito de la comunión eclesial, para redescubrir lo esencial de la propuesta cristiana que debe tener permanente vigencia y debe ser constantemente revitalizado, distinguiéndolo de aquello que ha dejado de tener actualidad y que necesita ser transformado. Un discernimiento que, además, anime a descubrir y transitar caminos nuevos para el anuncio y el testimonio del evangelio.

En todo este proceso de diálogo con la cultura es decisivo ser respetuosos y caritativos con las búsquedas que se dan en el seno de la comunidad eclesial y presbiteral, evitando simplificaciones, caricaturizaciones, descalificaciones, rigideces e intransigencias en nuestras afirmaciones y actitudes. Todo ello no significa renegar ni rebajar -licuar- las propias convicciones, sino más bien profundizar y elaborar adecuadamente los argumentos que nos permiten asumirlas y sostenerlas, exponiéndolos con respeto y mansedumbre, como recomienda el apóstol san Pedro (cf. 1 Pe 3, 15-16), y de esa manera contribuir a la búsqueda de la verdad.

Al mismo tiempo, vivir el ministerio en un mundo pluralista, nos desafía a tratar con personas que afrontan la vida desde perspectivas -religiosas o no- distintas de las nuestras. Tomar conciencia de ello nos permitirá aprender a convivir respetuosamente con las diferencias y disponernos a cooperar activamente con lo que se pueda emprender en común y en bien de todos. Tarea compleja y delicada, pero que llevada adelante con apego a la verdad y animados por la caridad dará abundantes frutos.

El cultivo del diálogo nos ayudará a vivir con intensidad, con esperanza y con alegría nuestro ministerio en estas condiciones fuertemente interpelantes para todos y nos ayudará también a superar prevenciones, prejuicios, temores frente a los demás que pueden convertirse en obstáculos para la obra de la evangelización.

La lectura orante de la Palabra de Dios, el contacto vivo con el Señor presente en su Eucaristía, la fraternidad con todos los miembros del pueblo de Dios, particularmente con todos los sacerdotes, nos permitirán afrontar adecuadamente los desafíos de la transformación cultural y del pluralismo y saber descubrir y apreciar la presencia en el mundo de los gérmenes del reino de Dios que se insinúan y crecen misteriosamente y que aguardan ser puestos a la luz y llevados a plenitud por la palabra y la gracia del Señor Jesús.

En esta ocasión quisiera también dirigir una palabra a las comunidades en donde los sacerdotes viven su entrega y ministerio, invitándolas a acompañarlos valorando desde la fe su consagración y servicio, compartiendo con ellos la tarea de la evangelización con calidez y afecto fraternal, ayudándolos y sosteniéndolos en la respuesta fiel a su propósito de entrega generosa, total y definitiva al Señor y a sus hermanos, instándolos a vivir y cultivar con intensidad y calidez la comunión eclesial y la fraternidad presbiteral.

Las nuevas circunstancias del mundo actual, la disminución del número de sacerdotes, la renovada conciencia de la corresponsabilidad de todos los bautizados en la obra evangelizadora, plantean nuevos desafíos e impulsan diversas transformaciones en las estructuras y en el modo de vivir el ministerio en las comunidades. Debemos estar abiertos a estas transformaciones y aportar más decididamente nuestra colaboración para la tarea común aceptando, por ejemplo y entre otras cosas, una mayor "itinerancia" de nuestros sacerdotes que los llevará a estar sucesivamente en distintos lugares de la comunidad a su cargo y a no poder contar siempre con su presencia física en cada lugar o actividad de la misma.

Quisiera invitar también a las comunidades parroquiales y particularmente a los consejos de asuntos económicos de las parroquias a estar atentos a las condiciones de vida de los sacerdotes para que tengan lo necesario para llevar adelante una existencia sencilla, sobria y verdaderamente digna, cubriendo sus necesidades.

Finalmente, quisiera pedir sobre todo a la comunidad arquidiocesana que ore confiada e insistentemente al Señor por todos los sacerdotes, para que los sostenga y anime; por nuestro Seminario Mayor para que cumpla con fidelidad la tarea de preparar los futuros pastores de nuestra Iglesia local y por nuevas vocaciones que, en su momento, recojan la herencia de los actuales pastores y la prolonguen generosamente en el tiempo.

A María Santísima, Nuestra Señora del Rosario del Milagro, le confiamos todos los sacerdotes para que los cuide y proteja constantemente. A Ella nos encomendamos también todos los fieles de la Arquidiócesis pidiéndole que nos alcance la gracia de una cuaresma llena de frutos de verdadera renovación en nuestra vida cristiana y una pascua colmada por la alegría de la resurrección de Jesús. 

Con mi bendición pastoral y mi saludo cordial. 

Mons. Carlos José Ñáñez, arzobispo de Córdoba

Córdoba, 16 de marzo de 2010; 170° aniversario del natalicio del Venerable José Gabriel del Rosario Brochero 

 


Publicado por verdenaranja @ 22:36  | A?o Sacerdotal
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Lectio divina para el segundo domingo de Pascua, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.

SEGUNDO DOMINGO DE PASCUA 

LECTURA:          “Juan 20, 19‑31”

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros.» Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.»

Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.» Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.»

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llego Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros.»

Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.»

Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!»

Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.»

Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

MEDITACIÓN:          “Paz a vosotros”

            Nosotros, hoy, estamos y seguimos supeditados a muchos miedos que nos atan, que no nos dejan manifestarnos con gozo y con fuerza como tus seguidores, que preferimos pasar un tanto desapercibidos, como pidiendo perdón por ser lo que somos o creer lo que creemos, porque no es lo que al ambiente mayoritario vive. Y hasta terminamos haciendo concesiones, y mezclando un poco de todo para conjugar mejor las cosas y quedar bien con todos.

            Y desde ahí, me invitas y nos invitas a romper nuestras barreras del miedo, nos ofreces tu paz, y nos envías por el mundo, como tú, allí donde estamos cada uno, para ser contigo, porque ahora resucitado vives en cada uno de nosotros, portadores de amor y  de perdón.

            Paz, amor, perdón. Buen trío para aportar vida a nuestro mundo. A nuestro pequeño mundo personal y nuestro mundo grande que se nos desangra por todos los costados, víctima de la violencia, del odio y del rechazo, de la indiferencia y de la incapacidad de restañar las heridas con el bálsamo de la generosidad y de la misericordia.

            No. No tenemos nada de que avergonzarnos. Nos llamas a ser portadores de lo mejor. De lo que está en el fondo de cada corazón humano, que ansiamos de alguna manera pero que no sabemos como encarnar en nuestras vidas y en nuestra historia. Pero que nos invitas a acoger en ti y desde ti, con un auténtico mensaje de alegría y de esperanza, que podemos hacer contigo realidad, porque tú has vencido la fuerza del mal con la fuerza indestructible del amor.

ORACIÓN:           “No estoy solo”

            Gracias, Señor, porque tu resurrección es la garantía de la fuerza de tu presencia en mi caminar. Porque ella da sentido a tu vida y a la mía. Porque desde ella tiene sentido el seguir hablando de vida, de amor, de perdón, de paz. Ella me abre la perspectiva de la esperanza, como una ventana abierta a un nuevo amanecer en mí y en el mundo en el que me has puesto.

            Gracias, porque no estoy solo. Porque no me dejas a la suerte de mi empeño. Gracias porque con tu resurrección me garantizas tu presencia, que no me ahorra el esfuerzo, lo sé; ni las dificultades, ni las contradicciones, ni los cansancios y las decepciones en mí y en los otros. Pero sé que estás, que estarás siempre a mi lado en todo mi empeño de construir lo bueno, de hacer el bien, y de poner, en todo y en todos, vida.

CONTEMPLACIÓN:            “Tu paz profunda”

Vienes a romper con tu vida
mis signos y mis gestos de muerte.

Vienes a romper las ataduras
de tantos miedos que me atenazan,
de tantas disculpas que me frenan,
de tantas excusas que me justifican,
pero que me cierran el paso
de mi libertad deseada y ofrecida
para ser portadora de vida.

Y un rayo de esperanza
recorre mis entrañas,
hasta inundarlas de una alegría
que hace saltar mis cerrojos,
me hace experimentar
tu paz profunda
y ansía convertirme
en constructor de vida,
en portador de amor.


Publicado por verdenaranja @ 11:05  | Liturgia
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Comentario al evangelio del domingo segundo de Pascua, publicado en Diario de Avisos el domingo 11 de Abril de 2010 bajo el epígrafe DOMINGO CRISTIANO.

Tomás de carne y hueso

Daniel Padilla

Estando los discípulos encerrados en una casa, sin abrir puertas ni ventanas, apareció Jesús en medio de ellos y les dijo: "Paz a Ustedes". Como Tomás no estaba con ellos, en cuanto llegó, le espetaron entusiasma­dos: "Hemos visto al Maestro". No quiero ocultar, amigos, que, por lo que tiene de humano, siempre he sido admirador de Tomás y he tratado de comprenderlo. Por eso, aquí presento su pliego de descargo: Hay que ponerse en el lugar de las dos partes. Primeramente, en la de los albo­rozados apóstoles. ¿Cómo iban a ser capaces de medir sus palabras con una noticia de tal calibre? Con noticias mucho más pequeñas solemos salir por ahí, sacando pecho. Pues, eso: a Tomás le pasaron la miel por los labios con verda­dero regodeo. Por eso, es comprensible la actitud de Tomás: "Si no meto mis dedos en las llagas de sus manos, si no meto mis manos en su costado... no lo creo'. No. era un alarde de incredulidad. Era la pataleta de alguien que renegaba contra su mala suerte. Como si dijera: "¡Vaya, hombre, cinco minutos que salgo fuera y entonces tenía que venir!". Sí, era una comprensible rabieta. Lo que sucedió a Tomás nos enseña una cosa. Que la vida suele ser así. Unas veces, "noche oscura del alma". Y otras, "abrazo de abandono en el Amado". Tomás vivió las dos expe­riencias sucesivamente: la profunda sole­dad de quien pierde al Señor a quien amaba, y el contacto sensible de la pre­sencia del Resucitado: "Mete tus manos en mi costado". Es decir, las mayores consolaciones, incluidas las de los sentidos. Nunca debe olvidarlo el cristiano. Porque todas las pruebas de nuestro peregrinaje suelen terminar en luminosos amanece­res: "Dentro de un poco no me verán, pero dentro de otro poco volverán a verme". Y a Tomás hay que agradecerle muchas cosas. Porque, a sus dudas y obje­ciones debemos las más espléndidas acla­raciones de Jesús. Así, cuando Jesús afirmó que sus apóstoles le seguirían a donde él iba, Tomás preguntó ingenua­mente: "¿Cómo te seguiremos si no sabe­mos el camino?". Y es entonces cuando Jesús manifestó: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida". Del mismo modo, cuando Jesús, ya resucitado, le invitó a "meter sus manos en su costado", Tomás hizo el más bello acto de fe, la más amplia oración de adoración: "¡Señor mío y Dios mío!". Lo dijo quizá confuso y avergon­zado. Pero lo dijo. Tuvo, además, detalles de verdadera voluntad comprometida. Recuerden: cuando Jesús anunció que iba a Jerusalén a morir, Tomás se ade­lantó en un gesto que le honra: "Vayamos también nosotros y muramos con él". Con que, no me condenen a Tomás, por favor, amigos. Trátenmelo siempre bien. Él era simplemente un hombre de carne y hueso. Y como no quería ni pensar que el Jesús que habían visto los apóstoles fuera un fantasma, es decir, alguien "que no tiene ni carne ni huesos", por eso precisamente exigía meter los dedos en las llagas de las manos y la mano en el costado de Jesús. Era como si hubiera dicho: "Den­tro de tus llagas, escóndeme y mándame ir a ti". Y miren el detalle. Mientras a la Magdalena Jesús le dijo: "No quieras tocarme, porque aún no he subido a mi Padre", a Tomás, sí. A Tomás le dijo: "Mete tus manos, Tomás, en mi costado". Y, seguramente, tirándole suavemente de las orejas, le añadió: "Y no seas incrédulo, sino creyente".


Publicado por verdenaranja @ 9:26  | Espiritualidad
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S?bado, 10 de abril de 2010

ZENIT nos ofrece la catequesis dirigida el miércoles, 17 de Marzo de 2010,  por el Papa Benedicto XVI a los peregrinos congregados en la Plaza de San Pedro para la Audiencia General, dedicada una vez más a san Buenaventura de Bagnoregio.


Queridos hermanos y hermanas,

esta mañana, continuando la reflexión del miércoles pasado, quisiera profundizar con vosotros otros aspectos de la doctrina de san Buenaventura de Bagnoregio. Es un eminente teólogo, que merece ser puesto junto a otro grandísimo pensador, su contemporáneo, santo Tomás de Aquino. Ambos escrutaron los misterios de la Revelación, valorando los recursos de la razón humana, en ese fecundo diálogo entre fe y razón que caracteriza al Medioevo cristiano, convirtiéndola en una época de gran vivacidad intelectual, ademas que de fe y de renovación eclesial, a menudo no evidenciada lo suficiente. Otras analogías les unen: tanto Buenaventura, franciscano, como Tomás, dominico, pertenecían a las Órdenes Mendicantes que, con su frescura espiritual, como he recordado en las catequesis anteriores, renovaron, en el siglo XIII, a la Iglesia entera y atrajeron a muchos seguidores. Los dos sirvieron a la Iglesia con diligencia, con pasión y con amor, hasta el punto que fueron invitados a participar en el Concilio Ecuménico de Lyon de 1274, el mismo año en que murieron: Tomás mientras se dirigía a Lyon, Buenaventura durante la celebración del mismo Concilio. También en la Plaza de San Pedro, las estatuas de los dos santos están paralelas, colocadas precisamente al principio de la Columnata, partiendo desde la fachada de la Basílica Vaticana: una en el Brazo de la izquierda y la otra en el Brazo de la derecha. A pesar de todos estos aspectos, podemos distinguir en los dos santos dos aproximaciones distintas a la investigación filosófica y teológica, que muestran la originalidad y la profundidad de pensamiento de uno y del otro. Quisiera señalar algunas de estas diferencias.

Una primera diferencia concierne el concepto de teología. Ambos doctores se preguntan si la teología es una ciencia práctica o una ciencia teórica, especulativa. Santo Tomás reflexiona sobre dos posibles respuestas contrarias. La primera dice: la teología es reflexión sobre la fe y el objetivo de la fe es que el hombre llegue a ser bueno, viva según la voluntad de Dios. Por tanto, el fin de la teología debería ser el de guiar por el camino correcto, bueno; en consecuencia ésta, en el fondo, es una ciencia practica. La otra postura dice: la teología intenta conocer a Dios. Nosotros somos obra de Dios; Dios está por encima de nuestro actuar, Dios opera en nosotros el actuar correcto. Por tanto, se trata sustancialmente no de nuestro hacer, sino de conocer a Dios, no de nuestro obrar. La conclusión de santo Tomás es: la teología implica ambos aspectos: es teórica, intenta conocer a Dios cada vez más, y es práctica: intenta orientar nuestra vida al bien. Pero hay una primacía del conocimiento: debemos sobre todo conocer a Dios, después viene el actuar según Dios (Summa Theologiae Ia, q. 1, art. 4). Esta primacía del conocimiento frente a la praxis es significativa para la orientación fundamental de santo Tomás.

La respuesta de san Buenaventura es muy parecida, pero los acentos son distintos. San Buenaventura conoce los mismos argumentos en una y en la otra dirección, como santo Tomás, pero para responder a la pregunta de si la teología es una ciencia es una ciencia práctica o teórica, san Buenaventura hace una triple distinción – alarga, por tanto, la alternativa entre teórica (primacía del conocimiento) y práctica (primacía de la praxis), añadiendo una tercera actitud, que llama “sapiencial”, y afirmando que la sabiduría abraza ambos aspectos. Y después prosigue:: la sabiduría busca la contemplación (como la más alta forma de conocimiento) y tiene como intención ut boni fiamus – que seamos buenos, sobre todo esto:: que seamos buenos (cfr Breviloquium, Prologus, 5). Después añade: “La fe está en el intelecto, de manera tal que provoca el afecto. Por ejemplo: conocer que Cristo murió 'por nosotros' no se queda en conocimiento, sino que se convierte necesariamente en afecto, en amor” (Proemium in I Sent., q. 3).

En la misma línea se mueve su defensa de la teología, es decir, de la reflexión racional y metódica de la fe. San Buenaventura recoge algunos argumentos contra el hacer teología, quizás difundidos también en una parte de los frailes franciscanos y presentes también en nuestro tiempo: la razón vaciaría la fe, sería una postura violenta hacia la Palabra de Dios, debemos escuchar y no analizar la Palabra de Dios (cfr Carta de san Francisco de Asís a san Antonio de Padua). A estos argumentos contra la teología, que demuestran los peligros existentes en la misma teología, el santo responde: es verdad que hay un modo arrogante de hacer teología, una soberbia de la razón, que se pone por encia de la Palabra de Dios. Pero la verdadera teología, el trabajo racional de la verdadera y de la buena teología tiene otro origen, no la soberbia de la razón. Quien ama quiere conocer cada vez mejor y más a lo amado; la verdadera teología no empeña la razón y su búsqueda motivada por la soberbia, sed propter amorem eius cui assentit – motivada por el amor de Aquel, al que ha dado su consenso" (Proemium in I Sent., q. 2), y quiere conocer mejor al amado: esta es la intención fundamental de la teología. Para san Buenaventura es por tanto determinante al final la primacía del amor.

En consecuencia, santo Tomás y sna Buenaventura definen de modo distinto el destino último del hombre, su felicidad plena: para santo Tomás el fin supremo, a que se dirige nuestro deseo, es ver a Dios. En este sencillo acto de ver a Dios encuentran solución todos los problemas: somos felices, no necesitamos nada más.

Para san Buenaventura el destino último del hombre es en cambio: amar a Dios, el encuentro y la unión de su amor y del nuestro. Ésta es para él la definición más adecuada de nuestra felicidad.

En esta línea, podríamos decir también que la categoría más alta para santo Tomás es lo verdadero, mientras que para san Buenaventura es el bien. Sería erróneo ver en estas dos respuestas una contradicción. Para ambos lo verdadero es también el bien, y el bien es también lo verdadero; ver a Dios es amar y amar es ver. Se trata por tanto de acentos distintos de una visión fundamentalmente común. Ambos acentos han formado tradiciones diversas y espiritualidades diversas y así han mostrado la fecundidad de la fe, una en la diversidad de sus expresiones.

Volvamos a san Buenaventura. Es evidente que el acento específico de su teología, del que he dado solo un ejemplo, se explica a partir del carisma franciscano: el Pobrecillo de Asís, más allá de los debates intelectuales de su tiempo, había mostrado con toda su vida la primacía del amor: era un icono viviente y enamorado de Cristo y así hizo presente, en su tiempo, la figura del Señor – convenció a sus contemporáneos no con las palabras, sino con su vida. En todas las obras de san Buenaventura, también en sus obras científicas, de escuela, se ve y se encuentra esta inspiración franciscana; es decir, se nota que piensa partiendo del encuentro con el Pobrecillo de Asís. Pero para entender la elaboración concreta del tema "primacía del amor”, debemos tener presente también una otra fuente: los escritos del llamado Pseudo-Dionisio, un teólogo sirio del siglo VI, que se escondió bajo el pseudónimo de Dionisio el Areopagita, señalando, con este nombre, una figura de los Hechos de los Apóstoles (cfr 17,34). Este teólogo había creado una teología litúrgica y una teología mística, y había hablado ampliamente de las diversas órdenes de los ángeles. Sus escritos fueron traducidos al latín en el siglo IX; en la época de san Buenaventura – estamos en el siglo XIII – aparecía una nueva tradición, que provocó el interés del santo y de otros teólogos de su siglo. Dos cosas atraían en particular la atención de san Buenaventura:

1. El Pseudo-Dionisio habla de nueve órdenes de los ángeles, cuyos nombres había encontrado en la Escritura y luego había ordenado a su manera, desde los simples ángeles hasta los serafines. San Buenaventura interpreta estas órdenes de ángeles como escalones en el acercamiento de la criatura a Dios. Así estos pueden representar el camino humano, la subida hacia la comunión con Dios. Para san Buenaventura no hay ninguna duda: san Francisco de Asís pertenecía al orden seráfico, al orden supremo, al coro de los serafines, es decir: era puro fuego de amor. Y así deberían haber sido los franciscanos. Pero san Buenaventura sabía bien que este último grado de acercamiento a Dios no puede ser insertado en un ordenamiento jurídico, sino que es siempre un don particular de Dios. Por esto la estructura de la Orden franciscana es más modesta, más realista, pero debe ayudar a los miembrps a acercarse cada vez más a una existencia seráfica de puro amor. El pasado miércoles hablé sobre esta síntesis entre realismo sobrio y radicalidad evangélica en el pensamiento y en el actuar de san Buenaventura.

2. San Buenaventura, sin embargo, encontró en los escritos del Pseudo-Dionisio otro elemento, para él aún más importante. Mientras para san Agustín el intellectus, el ver con la razón y el corazón, era la última categoría del conocimiento, el Pseudo-Dionisio da aún otro paso: en la subida hacia Dios se puede llegar a un punto en que la razón ya no ve más. Pero en la noche del intelecto el amor ve aún – ve lo que permanece inaccesible para la razón. El amor se extiende más allá de la razón, ve más, entra más profundamente en el misterio de Dios. San Buenaventura quedó fascinado por esta visión, que se encontraba con su espiritualidad franciscana. Precisamente en la noche oscura de la Cruz aparece toda la grandeza del amor divino; donde la razón ya no ve más, ve el amor. Las palabras conclusivas de su "Itinerario de la mente en Dios", en una lectura superficial, pueden parecer como la expresión exagerada de una devoción sin contenido; leídas, en cambio, a la luz de la teología de la Cruz de san Buenaventura, son una expresión límpida y realista de la espiritualidad franciscana: "Si ahora anhelas saber cómo sucede esto (es decir, la subida hacia Dios), interroga a la gracia, no a la doctrina; al deseo, no al intelecto; al gemido de la oración, no al estudio de la letra;... no a la luz, sino al fuego que inflama y transporta todo en Dios” (VII, 6). Todo esto no es anti intelectual ni tampoco anti racional: supone el camino de la razón, pero lo trasciende en el amor de Cristo crucificado. Con esta transformación de la mística del Pseudo-Dionisio, san Buenaventura se coloca en los inicios de una gran corriente mística, que ha elevado y purificado mucho la mente humana: es un culmen en la historia del espíritu humano.

Esta teología de la Cruz, nacida del encuentro entre la teología del Pseudo-Dionisio y la espiritualidad franciscana, no debe hacernos olvidar que san Buenaventura comparte con san Francisco de Asís también el amor por la creación, la alegría por la belleza de la creación de Dios. Cito sobre este punto una frase del primer capítulo del "Itinerario": "Aquel… que no ve los esplendores innumerables de las criaturas, está ciego; aquel que no se despierta por sus muchas voces, está sordo; quien no alaba a Dios por todas estas maravillas, está mudo; quien con tantos signos no se eleva al primer principio, es necio” (I, 15). Toda la creación habla en voz alta de Dios, del Dios bueno y bello; de su amor.

Toda nuestra vida es por tanto para san Buenaventura un "itinerario", una peregrinación – una subida hacia Dios. Pero solo con nuestras fuerzas no podemos subir hacia la altura de Dios. Dios mismo debe ayudarnos, debe “subirnos”. Por eso es necesaria la oración. La oración – así dice el santo – es la madre y el origen de la elevación – sursum actio, acción que nos lleva a lo alto – dice Buenaventura. Concluyo por ello con la oración, con la que comienza su "Itinerario": "Oremos por tanto y digamos al Señor Dios nuestro: 'Condúceme, Señor, en tu camino y yo caminaré en tu verdad. Que mi corazón se alegre al temer tu nombre'” (I, 1).

[en inglés dijo:]

Hoy es la fiesta de San Patricio, y de manera especial, saludo a todos los fieles y peregrinos de Irlanda aquí presentes. Como vosotros sabéis, saben, en los últimos meses la Iglesia en Irlanda se ha sido gravemente afectada como consecuencia de la crisis de abusos a menores. Como una señal de mi profunda preocupación he escrito una carta pastoral que trata sobre esta dolorosa situación. La firmaré en la solemnidad de san José, custodio de la Sagrada Familia y patrono de la Iglesia Universal, y la enviaré inmediatamente después. Os pido a todos que la leáis por vosotros mismos, con un corazón abierto y en un espíritu de fe. Mi esperanza es que ayude en el proceso de arrepentimiento, de curación y renovación.

[En italiano dijo:]

Y ahora mi saludo va a los jóvenes. Queridos jóvenes, encontraros es siempre para mí motivo de consuelo y de esperanza, porque vuestra edad es la primavera de la vida. Sed siempre fieles al amor que Dios tiene por vosotros. Dirijo ahora un pensamiento afectuoso a vosotros, queridos enfermos. Cuando se sufre, toda la realidad en nosotros y alrededor nuestro parece oscurecerse, pero, en lo íntimo de nuestro corazón, esto no debe apagar la luz consoladora de la fe. Cristo con su Cruz nos sostiene en la prueba. Y vosotros, queridos recién casados, a quienes saludo cordialmente, sed agradecidos a Dios por el don de la familia. Contando siempre con su ayuda, haced de vuestra existencia una misión de amor fiel y generoso.

[Traducción del original italiano e inglés por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 23:23  | Habla el Papa
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Homilía de monseñor Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia, para el cuarto Domingo de Cuaresma (14 de marzo de 2010) (AICA) 

EL PADRE MISERICORDIOSO  

Lc 15,1-3.11-32 (14 /03/2010). 

I. “ESTE HOMBRE RECIBE A LOS PECADORES Y COME CON ELLOS”

 

1. El Evangelio de San Lucas está salpicado de escenas en las que Jesús come con los pecadores, que suscitan la crítica de los fariseos. Era tan frecuente este gesto de Jesús, que comenzó a correr un dicho irónico: “Es un glotón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores” (Lc 7,34).

Esas situaciones le dieron a Jesús ocasión para dejarnos una lección teórico-práctica sobre la situación del mundo, la necesidad urgente de misericordia y el sentido de su venida: “Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que se conviertan” (Lc 5,32).

A los ojos de Dios, todos somos pecadores. ¡Pobre del que se creyese justo! Se quedaría fuera del beneficio de la venida de Jesucristo.  

II. LUCAS, “EL ESCRIBA DE LA MANSEDUMBRE DE CRISTO” 

2. El capítulo 15 de Lucas, que leemos hoy, supera todas las escenas aludidas. Una verdadera obra de arte, donde el evangelista pinta con maestría la misericordia de Jesús. Comienza diciendo: “Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo” (v. 1). Sigue la consabida crítica: “Los fariseos y los escribas murmuraban diciendo: ‘Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos’” (v. 2). Jesús reacciona proponiendo tres parábolas, una más bella que otra. Con razón Dante llamó a San Lucas “el escriba de la mansedumbre de Cristo”. 

3. Las dos primeras parábolas, -que leeremos el domingo 21º-, son la del pastor que tiene cien ovejas y se le perdió una, y la de la mujer que tiene diez monedas y perdió una. Ambos personajes se comportan de la misma manera: hacen esfuerzos sobrehumanos hasta encontrar la oveja y la moneda. Tanta es la alegría que sienten por el hallazgo, que convocan a los vecinos para compartirla. En las dos parábolas la moraleja es idéntica: “Les aseguro que de la misma manera se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierte” (v.10).  

4. La tercera parábola, que leemos hoy, es una joya del evangelio de Lucas: la del padre que tenía dos hijos: uno, el mayor, observante de todos sus mandatos; otro, el menor, que opta por una vida licenciosa, malgasta la herencia recibida, y, cuando el hambre comienza a apretar, se arrepiente y vuelve a la casa paterna. Ante este regreso, la reacción del padre y la del hijo mayor es muy distinta. El padre: “Cuando todavía estaba lejos, lo vio y se conmovió profundamente, corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó… El padre dijo a sus servidores… ‘Comamos y festejemos porque este mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue encontrado’” (v.20.23-24). El hijo mayor, en cambio: “Se enojó y no quiso entrar” (v.28).

El padre de la parábola personifica a Jesús, que come con los pecadores. El hijo mayor personifica a los fariseos y escribas que reprueban la actitud de Jesús. Los pecadores están personificados en el hijo menor que se fue de casa a malgastar la herencia y regresa arrepentido. 

III. EL RECHAZO DEL OTRO: UN DRAMA ECLESIAL PERSISTENTE  

5. Cuando Lucas escribió este capítulo, eran muchos los cristianos de origen judío que habían aceptado a Jesús como Mesías. Pero no aceptaban en pie de igualdad a los cristianos de origen pagano, ni admitían que éstos se salvasen sin practicar toda la Ley de Moisés como ellos. Se comportaban como los fariseos que murmuraban contra Jesús. Actuaban como el hijo mayor, autosatisfecho con su propia honradez, que rechaza el gesto misericordioso del padre para con el hermano menor. 

6. No pensemos que este drama, que vivió la Iglesia primitiva, no se haya vivido después. Y de muchas maneras. Recordemos cuanto nos recordaba Juan Pablo II en vísperas del Gran Jubileo del Año 2000 del Nacimiento de Jesucristo: “Otro capítulo doloroso sobre el que los hijos de la Iglesia deben volver con ánimo abierto al arrepentimiento está constituido por la aquiescencia manifestada, especialmente en algunos siglos, con métodos de intolerancia e incluso de violencia en el servicio a la verdad” (Tertio Millenio Adveniente 35). Creyéndonos los justos, los católicos muchas veces hemos aplicado criterios anticristianos en relación con los demás. 

7. No hemos descartar que este drama se lo viva también hoy. Y ello a nivel de Iglesia universal, y también de Iglesia particular o comunidad local: diócesis, parroquia, colegio religioso, asociaciones, movimientos.

En esta Cuaresma hemos examinarnos si en todas las situaciones procedemos con la misericordia de Jesucristo. O si procedemos como el hijo mayor, autosatisfecho en su propia justicia, que lo hace duro de corazón y le impide entrar en la fiesta del reencuentro fraterno. Para este examen es preciso que confrontemos nuestros criterios y normas pastorales con el Evangelio: si coinciden o están en contradicción con él. 

IV. LA RECIENTE EXHORTACIÓN DEL EPISCOPADO 

8. La reciente exhortación del Episcopado, “La Patria es un don, la Nación una tarea” (10/03/2010), se refiere a una situación político-social-cultural que tiene mucho que ver con la parábola. Hay una fiesta por celebrar durante los próximos seis años, la del Bicentenario de la Nación Argentina (2010-2016). A menos de dos meses del inicio del sexenio, no hay clima para ello. Ciertamente éste no existirá el próximo 25 de mayo, a pesar de las celebraciones formales que se realicen. ¿Lo habremos logrado al final del sexenio, el 9 de julio de 2016?  

9. La situación en la Argentina es hoy como si el hermano mayor de la parábola hubiese visto venir al hermano menor, y saliese a su encuentro a trompearlo y echarlo para siempre de la casa. Los Obispos se refieren a la situación con palabras claras pero mesuradas, temerosos de echar leña al fuego: “La celebración del Bicentenario merece un clima social y espiritual distinto al que estamos viviendo. Urge recrear las condiciones políticas e institucionales que nos permitan superar el estado de confrontación permanente que profundiza nuestros males” (nº 1). 

10. En la Argentina sobran hermanos mayores que se tienen por justos. Son soberbios, duros de corazón, diestros en la retórica, pero incapaces de un verdadero diálogo político. Ellos, y sólo ellos, encarnan el modelo de país que todos los demás deben acatar. Ni en el oficialismo ni en la oposición aparece el padre de familia que quiera armar la fiesta grande para todos los argentinos.

Sin duda que ese padre de familia existe, al menos en germen en el corazón del pueblo. Habrá que cuidar que ese padre nazca, y que sea un verdadero padre de todos. 

V. QUE LA “CATÓLICA” ARGENTINA MIRE AL “LAICO” URUGUAY 

11. “El domingo (o sea, hoy), se cumplirán 25 años de la liberación de los últimos presos políticos del régimen militar y de ex guerrilleros que fueron amparados por la ley de pacificación nacional, que se votó en 1985, durante el primer gobierno de Julio María Sanguinetti”. Así decía el diario el 11 de este mes. Y para asombro mío, continuaba: “Mujica (el nuevo presidente del Uruguay) y su esposa, la senadora Lucía Topolanski, dos ex guerrilleros tupamaros, fueron beneficiados por esa ley y pudieron salir de prisión. En los últimos días, ambos transmitieron a su entorno político que es necesario encontrar una fórmula jurídica para terminar con el encarcelamiento de los procesados por hechos de aquella dictadura. Considera que no hay que limitarla a los militares recluidos en una cárcel especial, sino a todos los que tengan edad avanzada”. No estoy en grado de prever cómo se desarrollará esta iniciativa. Pero no dudo que, en el laico Uruguay, y desde el corazón de un ex guerrillero, hoy presidente de la nación, está brotando una iniciativa auténticamente democrática, republicana, de raíz cristiana que, de llevarse adelante, fortalecerá a la nación uruguaya, y la hará ejemplo para las naciones hermanas. ¿La “católica” Argentina será menos?  

12. En la Argentina, con la ingeniosa teoría de “los dos demonios”, inventada para desechar cualquier retractación de parte de la izquierda revolucionaria, estamos todavía encerrados en otra teoría inconfesa, pero nefasta y puesta en práctica: la de “los ángeles y los demonios”. Los ángeles fueron el ERP, los Montoneros, y todos los que optaron por la violencia armada en una supuesta guerra por la liberación nacional. Los demonios fueron los militares. No se percatan que lo que dicen es como escupir al cielo. Pues los militares represores fueron argentinos, nacidos de madres argentinas, y frecuentaron escuelas argentinas. Los miembros de la Junta de comandantes, por su parte, que hizo el golpe del 24 de marzo de 1976, eran todos argentinos, designados por el gobierno democrático argentino, elegido por el partido argentino mayoritario, y recibieron órdenes del gobierno argentino, que comenzaron a ejecutar muchos antes del golpe. 

VI. SIN RECONCILIACIÓN NO HABRÁ NACIÓN 

13. En la Argentina se ha demonizado incluso la palabra “Reconciliación”, como si ella significase “impunidad”. Al punto que en la misma Iglesia no pocos hemos dejado de pronunciarla. Pero la misma hace a la esencia del cristianismo. Nos lo recuerda hoy el apóstol San Pablo, en la segunda lectura: “El que vive en Cristo es una nueva criatura: lo antiguo ha desaparecido, un ser nuevo se ha hecho presente. Y todo esto procede de Dios, que nos reconcilió con Él por intermedio de Cristo y nos confió el ministerio de la reconciliación. Porque es Dios el que estaba en Cristo, reconciliando al mundo consigo, no teniendo en cuenta los pecados de los hombres, y confiándonos la palabra de la reconciliación. Nosotros somos embajadores de Cristo, y es Dios el que exhorta a los hombres por intermedio nuestro. Por eso, les suplicamos en nombre de Cristo: déjense reconciliar con Dios” (2 Co 5,17) 

14. ¿Por qué los argentinos no asumimos todo nuestro pasado? El estado de terror de los guerrilleros. Y el Terror de Estado impuesto por los militares. Y obramos en consecuencia, llorando todos por el mal que hicimos, y abrazándonos todos con sinceridad como hermanos: guerrilleros y militares, radicales y peronistas, los de derecha y los de izquierda.

Es hora que los argentinos dejemos el pasado a la justicia y a los historiadores. Y comencemos a ocuparnos del presente y del futuro.

       De lo contrario el Bicentenario será una palabra vacía. 

Mons. Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia 


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Mensaje pastoral para el Año Sacerdotal de los Obispos de la Conferencia Episcopal de Angola, São Tomé y Príncipe (CEAST) dirigido a los sacerdotes, publicado al finalizar la primera Asamblea Plenaria de la CEAST. (9 de Marzo 2010) 

"Pastoral Vocacional e Beleza do Sacerdócio"

 

“Dar-vos-ei pastores segundo o meu coração” (Jer 23,4)

 

Amados diocesanos,
Caríssimos sacerdotes, nossos colaboradores e irmãos no ministério,
Homens e mulheres de boa vontade

Reunidos em Luanda para a primeira Assembleia do ano, julgamos oportuno reflectir, como Pastores que somos da Igreja de Deus peregrina em Angola e São Tomé e Príncipe, sobre o ano Sacerdotal, agora já na sua recta final. Queremos partilhar convosco a importância deste ano na vida de todos os fiéis em geral e dos presbíteros em particular, como uma oportunidade para os próprios padres e todos os cristãos para uma reflexão contemplativa sobre a nobreza e a beleza do sacerdócio ministerial, o seu valor insubstituível, o dever de todos os fiéis de colaborar com os seus sacerdotes, através da oração, da estima e consideração e da ajuda espiritual e material, e também a necessidade de uma pastoral vocacional renovada e testemunhante.

1. Em memória de S. João Maria Vianney

O Santo Padre, preocupado com a santidade dos ministros de Deus e, consequentemente, de todos os fiéis, quis convidar toda a comunidade cristã católica a celebrar os 150 anos da morte do Santo Cura de Ars, Patrono de todos os párocos do mundo, reflectindo sobre o mistério e ministério sacerdotal. O ano pretende “contribuir para fomentar o empenho de renovação interior de todos os sacerdotes suscitando um testemunho evangélico mais vigoroso e incisivo”[1]. Se em 1995, o Papa João Paulo II estabeleceu uma Jornada para a santificação dos sacerdotes, fazendo-a coincidir todos os anos, com a solenidade do Sagrado Coração de Jesus, o nosso actual Papa, Bento XVI, por ocasião da mesma solenidade, abriu este ano de oração pela santificação e alegria ministerial dos sacerdotes. É um ano de graça para os sacerdotes e para toda a Igreja.

2. “Dar-vos-ei pastores segundo o meu coração” (Jer 23,4)

Quem, verdadeiramente, oferece ao seu povo pastores capazes de reuni-lo, amá-lo, e guiá-lo com sabedoria e prudência, é o Senhor. A Igreja, povo de Deus, experimenta continuamente a realização deste anúncio profético e, na alegria, continua a dar graças ao Senhor. Ela sabe que o próprio Jesus Cristo é o cumprimento vivo, supremo e definitivo da promessa de Deus: “ Eu sou o Bom Pastor”[2]. Ele, “o grande Pastor das ovelhas”[3], confiou aos apóstolos e aos seus sucessores o ministério de apascentar o rebanho de Deus[4]. Ele, o Senhor, “na sua bondade fraterna, escolheu alguns homens para que, pela imposição das mãos, se tornassem participantes do seu sagrado ministério” (Cfr Prefácio da Ordenação), na pregação da palavra de Deus, na celebração dos sacramentos que purificam e santificam, na condução do rebanho de Cristo como pastores.

Que grande dom é o sacerdócio ministerial! Como dizia o santo Cura de Ars, “Oh como é grande o padre! Se lhe fosse dado compreender-se a si mesmo, morreria … Deus obedece-lhe: ele pronuncia duas palavras e, à sua voz, Nosso Senhor desce do céu e encerra-se numa pequena hóstia”. Ou, como se refere de São Francisco de Assis que afirmava: “Se eu encontro no caminho um anjo e um sacerdote, primeiro saúdo o sacerdote, depois o anjo”.

Exortamos todos os nossos queridos padres e os fiéis a tomar cada vez mais consciência desta maravilhosa realidade. Verdadeiramente o “sacerdócio é o amor do Coração de Jesus”.

3. O grande valor e responsabilidade do sacerdócio

É um facto, facilmente constatável, que a maior parte dos homens do nosso tempo formam uma ideia de Cristo e da sua Igreja, antes de tudo, através dos ministros sagrados. Torna-se, portanto, ainda mais urgente o seu testemunho genuinamente evangélico, como “imagem viva e transparente de Cristo sacerdote” (Past. dabo vobis, 12).

Aqui a nossa palavra dirige-se principalmente aos nossos sacerdotes.

Tornou-se popular a expressão de Paulo VI: o homem contemporâneo escuta com mais atenção as testemunhas do que os mestres ou então se escuta os mestres é porque eles são testemunhas.

A procura da santidade, que é o horizonte normal de cada baptizado, é um dever ainda mais urgente para o presbítero. “Os sacerdotes são especialmente obrigados a buscar esta perfeição, visto que, consagrados de modo particular a Deus pela recepção da Ordem, se tornam instrumentos do sacerdócio eterno de Cristo” (PDV 20). É uma vocação específica à santidade, que se configura pela consagração e missão a ser sinal e instrumento de Cristo, Cabeça e Pastor da Igreja, e que se concretiza, não fora nem à margem, mas dentro e mediante o seu ministério presbiteral. O ministério é o dinamismo de identificação pessoal do padre, ministro de Cristo, de configuração progressiva com Ele, que veio para servir e não para ser servido. O ministério longe de ser um empecilho, é o caminho da santificação do sacerdote. Disto também nos dá testemunho comovedor o Santo Cura de Ars. Para ele ser padre era exercer o seu ministério na pregação, na catequese, na celebração dos sacramentos, especialmente da S. Missa e da Penitência e no exercício da caridade.

Por isso mesmo, o sacerdote em qualquer actividade que realize, como por exemplo o ensino, não pode esquecer que é sempre sacerdote e que, portanto, também essas actividades têm que ser assumidas como serviço pastoral.

O Povo angolano, sedento de Deus, deseja vivamente que os seus sacerdotes sejam “homens de Deus”. Mas “o sacerdote não se tornará homem de Deus se não for “homem de oração” (card. Hummes). Ou como diz o Santo Padre: “Ser sacerdote significa ser homem de oração”. Oração, estudo, zelo apostólico: eis o caminho de santificação do sacerdote.

4. A pastoral vocacional

O testemunho de vida dos padres e a pastoral vocacional estão intimamente ligados, como nos ensina também o Santo Padre Bento XVI na sua recente Mensagem para o 47º Dia mundial de oração pelas vocações: “O testemunho suscita vocações. De facto, a fecundidade da proposta vocacional depende primariamente da acção gratuita de Deus, mas é favorecida também – como o confirma a experiência pastoral – pela qualidade e riqueza do testemunho pessoal e comunitário de todos aqueles que já responderam ao chamamento do Senhor no ministério sacerdotal e na vida consagrada, pois o seu testemunho pode suscitar noutras pessoas o desejo de, por sua vez, corresponder com generosidade ao apelo de Cristo”. E o mesmo papa Bento XVI lembra-nos o que escreveu o seu predecessor João Paulo II: “A própria vida dos padres, a sua dedicação incondicional ao rebanho de Deus, o seu testemunho de amoroso serviço ao Senhor e à sua Igreja – testemunho assinalado pela opção da cruz acolhida na esperança e na alegria pascal –, a sua concórdia fraterna e o seu zelo pela evangelização do mundo são o primeiro e mais persuasivo factor de fecundidade vocacional” (Pastores dabo vobis, 41). Poder-se-ia afirmar que as vocações sacerdotais nascem do contacto com os sacerdotes, como se fossem uma espécie de património precioso comunicado com a palavra, o exemplo e toda a existência.

5. “ Exorto-te a que reanimes o dom de Deus que está em ti” (2 Tm 1,6).

Caríssimos filhos na fé e homens de boa vontade, rezemos pelos nossos padres, amemos e ajudemos os nossos sacerdotes, homens que Deus nos oferece para descobrir o Evangelho de Cristo no mundo de hoje, tantas vezes ensurdecido por diversas propostas, muitas delas, infelizmente, pouco animadoras. Organizemos jornadas de oração; difundamos a iniciativa da“Adoração Eucarística pela Santificação dos Sacerdotes e Maternidade Espiritual” recomendada pela Congregação do Clero já em 2007;dinamizemos a União Apostólica do Clero, com o propósito de fortalecer a fraternidade sacerdotal, inclusive no aspecto económico. A oração pelos sacerdotes será a melhor prenda que se lhes pode oferecer e consequência lógica do verdadeiro amor com que lhes devotamos.

Este é o ano de redescobrir mais profundamente o Sacramento da Ordem. É também o ano de reanimar espiritual e humanamente aqueles ministros ordenados que andam enfraquecidos e desanimados para que recuperem o dom de Deus neles semeado e proponham o Reino de Deus a esta geração que tanto dele carece.

É o ano para dar novo fôlego à pastoral vocacional, em especial para as vocações ao sacerdócio ministerial. Façamos compreender aos nossos jovens, às suas famílias, com a palavra e com o exemplo, que ser chamado ao sacerdócio é um dom sublime, uma graça de predilecção, “a prenda maior que Deus pode fazer a uma família cristã” (S. João Bosco).

O ano sacerdotal oferece, de um modo particular aos padres, uma bela oportunidade para reencontrar o sentido profundo da vida pastoral, como também do método mais eficaz de apostolado: o testemunho simples e credível de uma autêntica amizade com Cristo; o dom total de si mesmo a Deus no serviço do Corpo de Cristo, que é a Santa Igreja; a comunhão com o bispo, com verdadeiro espírito de serviço e obediência, evitando comportamentos reivindicativos acríticos, e com os membros do mesmo presbitério, através de itinerários concertados e partilhados na Igreja particular, onde, dia a dia, se aprende de Jesus o segredo de amar a Deus e aos irmãos. Neste sentido, a Eucaristia vivida e presidida devota e meditativamente, o sacramento da reconciliação e a escuta atenta dos nossos irmãos, devem marcar profundamente o zelo apostólico dos presbíteros.

Que Maria, Mãe do Sacerdote Jesus, ajude e ampare os nossos sacerdotes, recebidos como filhos na Sexta-Feira Santa e enviados como testemunhas do Ressuscitado no dia do Pentecostes. Ela – Estrela da Evangelização – ensine a cada um o segredo de cumprir com humildade a vontade de Deus e fazer desta a realização total do seu ministério.  

Coração sacerdotal de Jesus – dai-nos sacerdotes

Coração sacerdotal de Jesus – dai-nos muitos sacerdotes

Coração sacerdotal de Jesus – dai-nos muitos e santos sacerdotes

Maria, rainha das missões – dai-nos muitos e santos missionários  

Luanda, 09 de Março de 2010.  

Os Bispos católicos de Angola e São Tomé e Príncipe


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ZENIT nos ofrece la intervención de monseñor Silvano Tomasi, observador permanente de la Santa Sede ante la Oficina de las Naciones Unidas, el  10 de marzo de 2010 durante la XIII Sesión Ordinaria del Consejo de los Derechos del Hombre, que se celebra en Ginebra.

Señor Presidente,

"El abuso sexual de menores es siempre un crimen atroz". A esta condena inequívoca de la violencia sexual contra niños y jóvenes, el Santo Padre Benedicto XVI ha añadido la dimensión religiosa, señalando que también es un "pecado grave" que ofende a Dios y la dignidad humana. La integridad física y psicológica del niño es violada con consecuencias destructivas. Los estudios han demostrado que los niños que han sufrido abusos reaccionan de diferentes maneras a la violencia sexual y tienen una mayor probabilidad de embarazo en la adolescencia, de ser personas sin hogar, de riesgo de dependencia del alcohol y de las drogas. En una palabra, el mal cometido en contra de estos pequeños a menudo los estigmatiza para toda su vida.

Como usted sabe, en los últimos años, clero católico, religiosos y trabajadores laicos en una serie de países han sido acusados, y varios han sido condenados, por abuso infantil. No hay excusa para este comportamiento, que es una traición grave de la confianza. En algunos casos, se han tenido que pagar fuertes multas, mientras que en otros casos, los culpables fueron condenados a penas privativas de libertad. La protección contra la agresión sexual sigue siendo prioritaria en la agenda de todas las instituciones de la Iglesia en su lucha por terminar con este grave problema. Igualmente, las medidas concretas para garantizar la transparencia y la asistencia a las víctimas y sus familias son el camino para aliviar el dolor, el horror y el desconcierto causado por el abuso que se ha producido.

La comunidad católica continúa sus esfuerzos para hacer frente con decisión este problema. Así, aquellos que son declarados culpables de estos crímenes son suspendidos inmediatamente del ejercicio de sus cargos y tratados con arreglo a las normas del derecho civil y canónico. Otras medidas legales se han tomado para garantizar que los niños y jóvenes atendidos en las escuelas y las instituciones estén a salvo. Muchas de las medidas adoptadas, judiciales o administrativas, se unen al reconocimiento y el castigo de los abusos. La prevención es la mejor medicina, y esta comienza con la educación y la promoción de una cultura de respeto de los derechos humanos y de la dignidad humana de cada niño, y especialmente a través de la aplicación de métodos eficaces para la contratación de personal escolar.

¿Podría la Mesa compartir algunas prácticas mejores que ayuden a los niños a reconocer e informar del comportamiento indebido de los educadores y cuidadores?

[Traducción del original inglés por Inma Álvarez]


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 Texto del micro radial de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, emitido por LT 9. (AICA)
(13 de marzo de 2010)

DIOS ES PADRE 

Una de las constantes en l a predicación de Jesús es hablarnos de su Padre. Podríamos decir que vino para revelarnos a Dios como Padre. Él se presenta como su enviado para mostrarnos el camino que da sentido a nuestras vidas de hijos de Dios. Al mismo tiempo, él se identifica con su Padre: “si ustedes me conocen, dice, conocerán a mi Padre” (Jn. 14, 7). En Jesucristo, se nos revela y conocemos de un modo único, este amor de Dios como Padre. El 4° domingo de Cuaresma nos habla, a través de la parábola del Hijo Pródigo, de esta imagen de Dios.

Podríamos reflexionar sobre la actitud del hijo menor que con humildad reconoce su pecado y pide perdón; o la del hijo mayor, que en su buen comportamiento responde con el orgullo y dolor de quién no se siente reconocido, se queda, diría, en los límites de una justicia que no comprende el nivel de la misericordia. La fuerza de la parábola está, sin embargo, en la imagen y la actitud del Padre. Esta es la finalidad de Jesús, él nos diría, el mundo tiene que conocer el amor de mi Padre.

Este amor vive del encuentro y se alegra de la comunión con sus hijos. Cuando el hijo mayor le recrimina por la atención que le presta al que se había alejado, le responde: “Hijo mío, tu estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo…, y concluye: Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado” (Lc. 15, 31-32). El valor del encuentro y la comunión superan para Dios la rigidez de la justicia, no la niega, pero la trasciende en la dimensión del perdón y la reconciliación porque su fuente es la verdad y el amor.

La característica del amor del Padre respecto del hijo que se “había perdido”, es el de una espera activa: “Cuando todavía estaba lejos, dice el texto, su Padre lo vio y se conmovió…., corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó” (15, 20). Este rasgo de una espera activa, decía, define el amor del Padre. Él se pone en camino, sale al encuentro, no hace acepción de personas ni comienza por una recriminación. Es un amor con especial sensibilidad hacia el que está lejos, porque su alegría es el encuentro. Cuánta confianza nos da esta imagen de Padre que nos revela Jesucristo. Más allá de la experiencia personal que cada uno haya tenido en su vida, la conciencia de la paternidad de Dios sana nuestras heridas, porque nos descubre como hijos de un Padre que es Amor.

Les aconsejaría, en este tiempo de Cuaresma, detenerse en una lectura pausada de este bello capítulo 15 del Evangelio de san Lucas, para encontrar esa alegría y paz que nacen del encuentro filial con Dios, nuestro Padre. Reciban de su Obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en Jesucristo Nuestro Señor. 

Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz 


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Viernes, 09 de abril de 2010

ZENIT nos ofrece el discurso del Papa Benedicto XVI a los obispos de Sudán, a quienes recibió el sábado, 13 de Marzo de 2010,  en el Palacio Apostólico con motivo de su visita Ad limina Apostolorum.

Eminencia,
Queridos Hermanos Obispos,

Con gran alegría os doy la bienvenida a vosotros, los obispos de Sudán, en vuestra quinquenal visita a las tumbas de los Apóstoles Pedro y Pablo. Doy las gracias al Obispo Deng Majak por las amables palabras con las que se ha dirigido a mí en vuestro nombre. En el espíritu de comunión en el Señor que nos une como sucesores de los Apóstoles, me uno a vosotros en el agradecimiento por el “don superior” (cf. 1 Cor 12,31) de la caridad cristiana que es evidente en vuestras vidas y en el generoso servicio de los sacerdotes, los religiosos y religiosas y los fieles laicos de Sudán. Vuestra fidelidad al Señor y los frutos de vuestros trabajos en medio de dificultades y sufrimientos son testimonio elocuente de la fuerza de la cruz que brilla a través de nuestras limitaciones y debilidades humanas (cf. 1 Co 1,23-24).

Sé lo mucho que vosotros y los fieles de vuestro país habéis aspirado a la paz, y de cuán pacientemente estáis trabajando para su restablecimiento. Que, anclada vuestra fe y esperanza en Cristo, Príncipe de la Paz, podáis encontrar siempre en el Evangelio los principios necesarios para conformar vuestra predicación y enseñanza, vuestros juicios y acciones. Inspirados por estos principios, y haciéndoos eco de las justas aspiraciones de toda la comunidad católica, habéis hablado con una sola voz en el rechazo a "cualquier retorno a la guerra" y en el llamamiento al establecimiento de la paz en todos los niveles de la vida nacional (Declaración de los Obispos de Sudán, Por una paz justa y duradera, 4).

Para que la paz eche raíces profundas, deben hacerse esfuerzos concretos para disminuir los factores que contribuyen a los conflictos, en particular la corrupción, las tensiones étnicas, la indiferencia y el egoísmo. Las iniciativas en este sentido sin duda serán provechosas si se basan en la integridad, en un sentido de fraternidad universal y en las virtudes de la justicia, la responsabilidad y la caridad. Los tratados y otros acuerdos, elementos indispensables en el proceso de paz, sólo darán fruto si están inspirados y acompañados por el ejercicio de un liderazgo maduro y moralmente recto.

Os insto a que saquéis fuerzas de vuestra experiencia reciente en la Asamblea Especial para África del Sínodo de los Obispos, a medida que continuáis predicando la reconciliación y el perdón. Los efectos de la violencia pueden tardar muchos años en sanarse, pero la conversión del corazón, que es la condición indispensable para una paz justa y duradera, ya ahora se ha de implorar como un don de la gracia de Dios. Como heraldos del Evangelio, habéis tratado de inculcar a vuestro pueblo y a la sociedad un sentido de responsabilidad hacia las generaciones presentes y futuras, fomentando el perdón, la aceptación mutua y el respeto de los compromisos asumidos. También habéis trabajado para hacer avanzar los derechos humanos fundamentales a través del imperio de la ley y habéis reclamado la aplicación de un modelo integral de desarrollo económico y humano. Agradezco todo lo que la Iglesia en vuestro país está haciendo para ayudar a los pobres a vivir en dignidad y autoestima, para ayudarles a encontrar un trabajo a largo plazo y para que puedan hacer su propia contribución a la sociedad.

Como signo e instrumento de la humanidad reconciliada y restaurada, la Iglesia, incluso ahora experimenta la paz del Reino a través de la comunión en el Señor. Que vuestra predicación y vuestra actividad pastoral estén inspiradas en una espiritualidad de comunión que une a las mentes y los corazones en la obediencia al Evangelio, la participación en la vida sacramental de la Iglesia, y la fidelidad a su autoridad episcopal. El ejercicio de esa autoridad nunca debe ser visto "como algo impersonal o burocrático, precisamente porque es una autoridad que nace del testimonio" (cf. Pastores gregis, 43). Por esta razón, vosotros mismos debéis ser los primeros maestros y testigos de nuestra comunión en la fe y el amor de Cristo, participando en iniciativas comunes, escuchando a vuestros colaboradores, ayudando a los sacerdotes, religiosos y fieles a aceptarse y apoyarse unos a otros como hermanos y hermanas, sin distinción de raza o grupo étnico, en un intercambio generoso de dones.

Como una parte significativa de este testimonio, os aliento a dedicar vuestras energías a reforzar la educación católica, preparando así a los laicos, en particular, para que den testimonio convincente de Cristo en todos los aspectos de la vida familiar, social y política. Ésta es una tarea a la que la Saint Mary's University de Juba y los movimientos eclesiales pueden hacer una contribución significativa. Después de los padres, los catequistas son el primer eslabón en la cadena de transmitir el precioso tesoro de la fe. Os insto a que veléis por su formación y sus necesidades.

Por último, quisiera expresar mi agradecimiento por vuestros esfuerzos por mantener buenas relaciones con los seguidores del Islam. A medida que trabajáis para promover la cooperación en iniciativas prácticas, yo os animaría a enfatizar los valores que los cristianos tienen en común con los musulmanes como base para el “diálogo de vida", que es un primer paso esencial hacia el respeto genuino y la comprensión entre religiones. La misma apertura y amor deben ser mostrados a las personas pertenecientes a religiones tradicionales.

Queridos Hermanos en el Episcopado, a través vuestro envío un cálido saludo a los sacerdotes y religiosos de vuestro país, a las familias y, de manera particular, a los niños. Con gran afecto, os encomiendo a las oraciones de santa Bakhita y san Daniel Comboni, y a la protección de María, Madre de la Iglesia. A todos os imparto de corazón mi bendición apostólica, como prenda de la sabiduría, la alegría y la fuerza en el Señor.

[Traducción del original en inglés por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


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ZENIT nos ofrece el Mensaje del Papa Benedicto XVI a los Jóvenes, con motivo de la próxima XXV Jornada Mundial de la Juventud, que se celebrará a nivel diocesano el Domingo de Ramos, 28 de marzo próximo.

"Maestro bueno, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?" (Mc 10,17)

Queridos amigos,

este año se celebra el vigésimo quinto aniversario de la institución de la Jornada Mundial de la Juventud, querida por el Venerable Juan Pablo II como cita anual de los jóvenes creyentes del mundo entero. Fue una iniciativa profética que ha traído frutos abundantes, permitiendo a las nuevas generaciones cristianas encontrarse, ponerse a la escucha de la Palabra de Dios, descubrir la belleza de la Iglesia y vivir experiencias fuertes de fe que han llevado a muchos a la decisión de entregarse totalmente a Cristo.

La presente XXV Jornada representa una etapa hacia el próximo Encuentro Mundial de los jóvenes, que tendrá lugar en agosto de 2011 en Madrid, donde espero que seréis numerosos en vivir este acontecimiento de gracia.

Para prepararnos a esta celebración, quisiera proponeros algunas reflexiones sobre el tema de este año: "Maestro bueno, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?" (Mc 10,17), tomado del episodio evangélico del encuentro de Jesús con el joven un tema ya afrontado en 1985, por el Papa Juan Pablo II en una bellísima Carta, dirigida por primera vez a los jóvenes.

1. Jesús se encuentra a un joven

Se ponía ya [Jesús] en camino cuando uno corrió a su encuentro y arrodillándose ante él, le preguntó: "Maestro bueno, ¿ qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?" Jesús le dijo: "¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes falso testimonio, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre." El, entonces, le dijo: "Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud." Jesús, fijando en él su mirada, le amó y le dijo: "Una cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme." Pero él, abatido por estas palabras, se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes. (Mc 10, 17-22).

Este relato expresa de manera eficaz la gran atención de Jesús hacia los jóvenes, hacia vosotros, hacia vuestras expectativas, vuestras esperanzas, y muestra qué grande es su deseo de encontraros personalmente y de abrir un diálogo con cada uno de vosotros. Cristo, de hecho, interrumpe su camino para responder a la pregunta de su interlocutor, manifestando plena disponibilidad hacia ese joven, que estaba movido por un ardiente deseo de hablar con el “Maestro bueno”, para aprender de Él a recorrer el camino de la vida. Con este pasaje evangélico, mi Predecesor quería exhortar a cada uno de vosotros a “desarrollar su propio coloquio con Cristo – un coloquio que es de fundamental importancia y esencial para un joven" (Carta a los jóvenes, n. 2).

2. Jesús le miró y le amó

En el relato evangélico, san Marcos subraya cómo “Jesús, fijando en él su mirada, le amó” (cfr Mc 10,21). En la mirada del Señor está el corazón de este especialísimo encuentro y de toda la experiencia cristiana. De hecho el cristianismo no es en primer lugar una moral, sino experiencia de Jesucristo, que nos ama personalmente, jóvenes o viejos, pobres o ricos; nos ama también cuando le damos la espalda.

Comentando la escena, el papa Juan Pablo II añadía, dirigido a vosotros jóvenes: “¡Os auguro que experimentéis una mirada así! ¡Os auguro que experimentéis la verdad de que él, el Cristo, os mira con amor!" (Carta a los jóvenes, n. 7). Un amor, manifestado en la Cruz de manera tan plena y total, que hace escribir a san Pablo con estupor: “me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gal 2,20). "La conciencia de que el Padre nos ha amado desde siempre en su Hijo, de que Cristo ama a cada uno y siempre – escribe aún el papa Juan Pablo II – se convierte en un punto firme de apoyo para toda nuestra existencia humana" (Carta a los jóvenes, n. 7), y nos permite superar todas las pruebas: el descubrimiento de nuestros pecados, el sufrimiento, el desánimo.

En este amor se encuentra la fuente de toda la vida cristiana y la razón fundamental de la evangelización: ¡si verdaderamente hemos encontrado a Jesús no podemos menos que dar testimonio de él a todos aquellos que aún no han cruzado la mirada con él!

3. El descubrimiento del proyecto de vida

En el joven del Evangelio podemos ver una condición muy similar a la de cada uno de vosotros. También vosotros sois ricos en cualidades, en energías, en sueños, en esperanzas: ¡recursos que poseéis en abundancia! Vuestra propia edad constituye una gran riqueza no solo para vosotros sino también para los demás, para la Iglesia y para el mundo.

El joven rico pregunta a Jesús: ¿Qué tengo que hacer? La etapa de la vida en la que estáis inmersos es tiempo de descubrimiento: de los dones que Dios os ha otorgado y de vuestras responsabilidades. Es, también, tiempo de elecciones fundamentales para construir vuestro proyecto de vida. Es el momento, por tanto, de interrogaros sobre el sentido auténtico de la existencia y de preguntaros: “¿Estoy satisfecho con mi vida? ¿Hay algo que me falta?”.

Como el joven del Evangelio, quizás también vosotros vivís situaciones de inestabilidad, de turbación o de sufrimiento, que os llevan a aspirar a una vida no mediocre y a preguntaros: ¿en qué consiste una vida lograda? ¿Qué tengo que hacer? ¿Cuál podría ser mi proyecto de vida? “¿Qué tengo que hacer, para que mi vida tenga pleno valor y pleno sentido?" (Ibid., n. 3).

¡No tengáis miedo de afrontar estas preguntas! Lejos de abrumaros, éstas expresan las grandes aspiraciones que están presentes en vuestro corazón. Por tanto, deben ser escuchadas. Éstas esperan respuestas no superficiales, sino capaces de satisfacer vuestras auténticas esperanzas de vida y de felicidad.

Para descubrir el proyecto de vida que puede haceros plenamente felices, poneos en escucha de Dios, que tiene su diseño de amor sobre cada uno de vosotros. Con confianza, preguntadle: “Señor, ¿cuál es tu diseño de Creador y Padre sobre mi vida? ¿Cuál es tu voluntad? Yo deseo cumplirla”. Estad seguros de que os responderá. ¡No tengáis miedo a su respuesta! “Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo” (1 Jn 3, 20).

4. Ven y sígueme!

Jesús invita al joven rico a ir más allá de la satisfacción de sus aspiraciones y de sus proyectos personales, le dice: “¡Ven y sígueme!”. La vocación cristiana brota de una propuesta de amor del Señor y puede realizarse solo gracias a una respuesta de amor: "Jesús invita a sus discípulos al don total de su vida, sin cálculo ni intereses humanos, con una confianza en Dios sin reservas. Los santos acogen esta invitación exigente, y se ponen con humilde docilidad tras las huellas de Cristo crucificado y resucitado. Su perfección, en la lógica de la fe a veces humanamente incomprensible, consiste en no ser el centro de sí mismos, sino en escoger el ir contracorriente viviendo según el Evangelio” (Benedicto XVI, Homilía con ocasión de las Canonizaciones: L’Osservatore Romano, 12-13 octubre 2009, p. 6).

A ejemplo de tantos discípulos de Cristo, acoged también vosotros, queridos amigos, con gozo la invitación al seguimiento, para vivir intensamente y con fruto en este mundo. Con el Bautismo, de hecho, él llama a cada uno a seguirlo con acciones concretas, a amarlo por encima de todo y a servirlo en los hermanos. El joven rico, por desgracia, no acogió la invitación de Jesús y se fue entristecido. No había encontrado el valor de apartarse de los bienes materiales para encontrar el bien más grande propuesto por Jesús.

La tristeza del joven rico del Evangelio es la que nace del corazón de cada uno cuando no se tiene el valor de seguir a Cristo, de realizar la elección correcta. ¡Pero nunca es demasiado tarde para responderle!

Jesús no se cansa nunca de volver su mirada de amor y de llamar a ser sus discípulos, pero Él propone a algunos una elección más radical. En este Año Sacerdotal, quisiera exhortar a los jóvenes y a los chicos a estar atentos a si el Señor os invita a un don más grande, en el camino del Sacerdocio ministerial, y a hacerse disponibles a acoger con generosidad y entusiasmo este signo de especial predilección, emprendiendo con un sacerdote, con el director espiritual el necesario camino de discernimiento. ¡No tengáis miedo, vosotros, queridos jóvenes y queridas jóvenes, si el Señor os llama a la vida religiosa, monástica, misionera o de especial consagración: Él sabe dar gozo profundo a quien responde con valor!

Invito, además, a cuantos sienten la llamada al matrimonio a acogerla con fe, empeñándose a poner bases sólidas para vivir un amor grande, fiel y abierto al don de la vida, que es riqueza y gracia para la sociedad y para la Iglesia.

5. Orientados hacia la vida eterna

"¿Qué debo hacer para tener en herencia la vida eterna?". Esta pregunta del joven del Evangelio parece alejada de las preocupaciones de muchos jóvenes contemporáneos, ya que, como observaba mi Predecesor, “¿no somos nosotros la generación a la que el mundo y el progreso temporal llenan completamente el horizonte de la existencia?" (Carta a los jóvenes, n. 5). Pero la pregunta sobre la “vida eterna” aflora en momentos dolorosos particulares de la existencia, cuando sufrimos la pérdida de una persona cercana o cuando vivimos la experiencia del fracaso.

Pero ¿qué es la vida eterna a la que se refiere el joven rico? Nos lo ilustra Jesús cuando, dirigiéndose a sus discípulos, afirma: “Volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y vuestra alegría nadie os la podrá quitar” (Jn 16,22). Son palabras que indican una propuesta exaltadora de felicidad sin fin, del gozo de ser colmados por el amor divino para siempre.

Preguntarse sobre el futuro definitivo que nos espera a cada uno de nosotros da sentido pleno a la existencia, ya que orienta el proyecto de vida hacia horizontes no limitados y pasajeros, sino amplios y profundos, que llevan a amar el mundo, tan amado por el mismo Dios, a dedicarnos a su desarrollo, pero siempre con la libertad y la alegría que nacen de la fe y de esperanza. Son horizontes que ayudan a no absolutizar las realidades terrenas, sintiendo que Dios nos prepara una perspectiva más grande, y a repetir con san Agustín: “Deseemos juntos la patria celeste, suspiremos hacia la patria celeste, sintámonos peregrinos aquí abajo” (Comentario al Evangelio de san Juan, Homilía 35, 9). Teniendo fija la mirada en la vida eterna, el Beato Pier Giorgio Frassati, muerto en 1925 a la edad de 24 años, decía: “¡Quiero vivir y no vivaquear!”, y en la foto de una escalada, enviada a un amigo, escribía: “Hacia lo alto”, aludiendo a la perfección cristiana, pero también a la vida eterna.

Queridos jóvenes, os exhorto a no olvidar esta perspectiva en vuestro proyecto de vida: estamos llamados a la eternidad. Dios nos ha creado para estar con Él, para siempre. Ésta os ayudará a dar un sentido pleno a vuestras elecciones y a dar calidad a vuestra existencia.

6. Los mandamientos, camino del amor auténtico

Jesús recuerda al joven rico los diez mandamientos, como condiciones necesarias para “tener en herencia la vida eterna”. Estos son puntos de referencia esenciales para vivir en el amor, para distinguir claramente el bien del mal y construir un proyecto de vida sólido y duradero. También a vosotros, Jesús os pregunta si conocéis los mandamientos, si os preocupáis por formar vuestra conciencia según la ley divina y si los ponéis en práctica.

Ciertamente, se trata de preguntas contracorriente respecto a la mentalidad actual, que porpone una libertad desvinculada de valores, de reglas, de normas objetivas e invita a rechazar todo límite a los deseos del momento. Pero este tipo de propuesta en lugar de conducir a la verdadera libertad, lleva al hombre a ser esclavo de sí mismo, de sus deseos inmediatos, de los ídolos como el poder, el dinero, el placer desenfrenado y las seducciones del mundo, haciéndole incapaz de seguir su natural vocación al amor.

Dios nos da los mandamientos porque nos quiere educar en la verdadera libertad, porque quiere construir con nosotros un Reino de amor, de justicia y de paz. Escucharlos y ponerlos en práctica no significa alienarse, sino encontrar el camino de la libertad y del amor auténticos, porque los mandamientos no limitan la felicidad, sino indican cómo encontrarla. Jesús, al inicio del diálogo con el joven rico, recuerda que la ley dada por Dios es buena, porque “Dios es bueno”.

7. Os necesitamos

Quien vive hoy la condición juvenil tiene que afrontar muchos problemas derivados de la desocupación, de la falta de referencias ideales seguras y de perspectivas concretas para el futuro. Entonces se puede tener la impresión de ser impotentes ante las crisis y a sus consecuencias actuales. ¡A pesar de las dificultades, no os dejéis desanimar y no renunciéis a vuestros sueños! Cultivad en cambio en el corazón deseos grandes de fraternidad, de justicia y de paz. El futuro está en las manos de quienes saben buscar y encontrar razones fuertes de vida y de esperanza. ¡Si queréis, el futuro está en vuestras manos, porque los dones y las riquezas que el Señor ha puesto en el corazón de cada uno de vosotros, plasmados por el encuentro con Cristo, pueden traer auténtica esperanza al mundo! Es la fe en su amor la que, haciéndoos fuertes y generosos, os darás el valor de afrontar con serenidad el camino de la vida y a asumir responsabilidades familiares y profesionales. Empeñaos en construir vuestro futuro a través de itinerarios serios de formación personal y de estudio, para servir de modo competente y generoso al bien común.

En mi reciente Carta encíclica sobre el desarrollo humano integral, Caritas in veritate, he enumerado algunos grandes desafíos actuales, que son urgentes y esenciales para la vida en este mundo: el uso de los recursos de la tierra y el respeto de la ecología, la justa división de los bienes y el control de los mecanismos financieros, la solidaridad con los países pobres en el ámbito de la familia humana, la lucha contra el hambre en el mundo, la promoción de la dignidad del trabajo humano, el servicio a la cultura de la vida, la construcción de la paz entre los pueblos, el dialogo interreligioso, el buen uso de los medios de comunicación social.

Son desafíos a los que estáis llamados a responder para construir un mundo más justo y fraterno. Son desafíos que requieren un proyecto de visa exigente y apasionante, en el que poner toda vuestra riqueza según el designio que Dios tiene sobre cada uno de vosotros. No se trata de realizar gestos heroicos ni extraordinarios, sino de actuar haciendo fructificar los propios talentos y las propias responsabilidades, empeñándose en progresar constantemente en la fe y en el amor.

En este Año Sacerdotal, os invito a conocer la vida de los santos, en particular la de los santos sacerdotes. Veréis que Dios les guió y que encontraron su camino día a día, precisamente en la fe, en la esperanza y en el amor. Cristo llama a cada uno de vosotros a comprometeros con Él y a asumir las propias responsabilidades para construir la civilización del amor. Si seguís su Palabra, también vuestro camino se iluminará y os conducirá a metas altas, que dan alegría y sentido pleno a la vida.

Que la Virgen María, Madre de la Iglesia, os acompañe con su protección. Os aseguro mi recuerdo en la oración y os bendigo con gran afecto.

En el Vaticano, 22 de febrero de 2010

BENEDICTUS PP. XVI

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:55  | Habla el Papa
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ZENIT  publica que dirigió Benedicto XVI el domingo, 14 de  Marzo de 2010,  a mediodía al rezar la oración mariana del Ángelus desde la ventana de su estudio junto a varios miles de peregrinos congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano.

Queridos hermanos y hermanas:

En este cuarto domingo de Cuaresma, se proclama el Evangelio del padre y de los dos hijos, más conocido como la parábola del "hijo pródigo" (Lucas 15, 11-32). Este pasaje de san Lucas constituye una cumbre de la espiritualidad y de la literatura de todos los tiempos. De hecho, ¿qué serían nuestra cultura, el arte y más en general nuestra civilización sin esta revelación de Dios Padre lleno de misericordia? No deja nunca de conmovernos, y cada vez que la escuchamos o la leemos tiene la capacidad de sugerirnos siempre nuevos significados. Sobre todo, este texto evangélico tiene el poder de hablarnos de Dios, de darnos a conocer su rostro, más aún, su corazón. Después de que Jesús nos hablara del Padre misericordioso, las cosas ya no son como antes; ahora a Dios le conocemos: es nuestro Padre, que por amor nos ha creado libres y dotados de conciencia, que sufre si nos perdemos y que hace fiesta si regresamos. Por este motivo, la relación con él se edifica a través de una historia, como le sucede a todo hijo con sus padres: al inicio depende de ellos; después reivindica su propia autonomía; por último --si se da un desarrollo positivo-- logra una relación madura, basada en el reconocimiento y en el amor auténtico.

En estas etapas podemos interpretar también momentos del camino del hombre en la relación con Dios. Se puede dar una fase que es como la infancia: una religión movida por la necesidad, por la dependencia. En la medida en la que el hombre crece y se emancipa, quiere liberarse de este sometimiento y hacerse libre, adulto, capaz de regularse por sí mismo y de tomar las propias opciones de manera autónoma, pensando incluso que puede prescindir de Dios. Esta fase es delicada: puede llevar al ateísmo, pero con frecuencia esconde también la exigencia de descubrir el auténtico rostro de Dios. Por suerte, Dios no desfallece en su fidelidad y, aunque nos alejemos y perdamos, nos sigue con su amor, perdonando nuestros errores y hablando interiormente a nuestra conciencia para volvernos a atraer hacia sí. En la parábola, los dos hijos se comportan de manera opuesta: el menor se va y cae siempre cada vez más bajo, mientras que el mayor se queda en casa, pero él también tiene una relación inmadura con el Padre; de hecho, cuando regresa el hermano, el mayor no se muestra contento como el Padre, es más, se enfada y no quiere volver a casa. Los dos hijos representan los dos modos inmaduros de relacionarse con Dios: la rebelión y una obediencia infantil. Ambas formas se superan a través de la experiencia de la misericordia. Sólo experimentando el perdón, reconociendo que somos amados con un amor gratuito, más grande que nuestra miseria y que nuestra justicia, entramos finalmente en una relación verdaderamente filial y libre con Dios.

Queridos amigos, meditemos en esta palabra. Identifiquémonos con los dos hijos, y sobre todo contemplemos el corazón del Padre. Echémonos en sus brazos y dejémonos regenerar por su amor misericordioso. Que nos ayude en ello la Virgen María, Mater misericordiae [Madre de Misericordia]. 

[Al final de la audiencia, el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo: ]

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular los grupos de las parroquias de Nuestra Señora del Sagrado Corazón y de Nuestra Señora del Tránsito, de Madrid, de San Isidro, San Francisco y Santa María, de Almería, y de la Inmaculada Concepción y de Santiago, de Sevilla. En este cuarto domingo de Cuaresma, la liturgia nos propone la parábola del hijo pródigo y, con ella, una invitación la conversión para todos, que saben haberse alejado de Dios por el pecado, y toman con humildad y valentía la decisión de volver a Él, experimentando la misericordia y la ternura insospechada del Padre, que los recibe con los brazos abiertos. Que la Santísima Virgen María nos acompañe en este camino hacia la Pascua. Feliz domingo.

[Traducción del original italiano realizada por Jesús Colina
© Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:44  | Habla el Papa
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Reflexión de José Antonio Pagola para el segundo domingo de Pascua 2010, ofrecida por la Deleggación Diocesana de Enseñanza de la diócesis de Tenerife.


NO SEAS INCRÉDULO SINO CREYENTE
       

La figura de Tomás como discípulo que se resiste a creer ha sido muy popular entre los cristianos. Sin embargo, el relato evangélico dice mucho más de este discípulo escéptico. Jesús resucitado se dirige a él con unas palabras que tienen mucho de llamada apremiante, pero también de invitación amorosa: «No seas incrédulo, sino creyente». Tomás, que lleva una semana resistiéndose a creer, responde a Jesús con la confesión de fe más solemne que podemos leer en los evangelios: «Señor mío y Dios mío».

         ¿Qué ha experimentado este discípulo en Jesús resucitado?  ¿Qué es lo que ha transformado al hombre hasta entonces dubitativo y vacilante? ¿Qué recorrido interior lo ha llevado del escepticismo hasta la confianza? Lo sorprendente es que, según el relato, Tomás renuncia a verificar la verdad de la resurrección tocando las heridas de Jesús. Lo que le abre a la fe es Jesús mismo con su invitación.

         A lo largo de estos años, hemos cambiado mucho por dentro. Nos hemos hecho más escépticos, pero también más frágiles. Nos hemos hecho más críticos, pero también más inseguros. Cada uno hemos de decidir cómo queremos vivir y cómo queremos morir. Cada uno hemos de responder a esa llamada que, tarde o temprano, de forma inesperada o como fruto de un proceso interior, nos puede llegar de Jesús: «No seas incrédulo, sino creyente».

         Tal vez, necesitamos despertar más nuestro deseo de verdad. Desarrollar esa sensibilidad interior que todos tenemos para percibir, más allá de lo visible y lo tangible, la presencia del Misterio que sostiene nuestras vidas. Ya no es posible vivir como personas que lo saben todo. No es verdad. Todos, creyentes y no creyentes, ateos y agnósticos, caminamos por la vida envueltos en tinieblas. Como dice Pablo de Tarso, a Dios lo buscamos «a tientas».

         ¿Por qué no enfrentarnos al misterio de la vida y de la muerte confiando en el Amor como última Realidad de todo? Ésta es la invitación decisiva de Jesús. Más de un creyente siente hoy que su fe se ha ido convirtiendo en algo cada vez más irreal y menos fundamentado. No lo sé. Tal vez, ahora que no podemos ya apoyar nuestra fe en falsas seguridades, estamos aprendiendo a buscar a Dios con un corazón más humilde y sincero.

         No hemos de olvidar que una persona que busca y desea sinceramente creer, para Dios es ya creyente. Muchas veces, no es posible hacer mucho más. Y Dios, que comprende nuestra impotencia y debilidad, tiene sus caminos para encontrarse con cada uno y ofrecerle su salvación.

José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
11 de abril de 2010
2 Pascua (C)
Juan 20, 19-31


Publicado por verdenaranja @ 22:38  | Espiritualidad
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ZENIT  publica la meditación que ha escrito monseñor Jesús Sanz Montes, OFM, arzobispo de Oviedo, administrador apostólico de Huesca y Jaca, sobre el Evangelio de este segundo domingo de Pascua, 11 de abril (Juan 20,19-31).

Era la mañana de pascua. Aquellos primeros discípulos estaban encerrados a cal y canto, llenos de miedo. Jesús se presenta en medio de ellos: Yo en persona desde estas señales de muerte. Yo os saludo con mi Vida.

«Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor». Era salir de una pesadilla y ver con sus ojos el milagro de las promesas de su Maestro cumplidas; recibir su paz en medio de todas las tormentas que les apenaban, interiores y colectivas. Cuando llegó Tomás, el que faltaba, rápidamente le dieron la gran noticia: «Hemos visto al Señor». Pero era insuficiente para quien también había visto el proceso del Señor. No era fácil borrar de su recuerdo ese pánico que hizo esconderse a sus compañeros. Por eso su reto: yo he visto cómo Él ha muerto. Si decís que ha estado aquí, yo creeré si palpo vuestra evidencia.

La condescendencia de Dios hacia todas las durezas de los hombres, está representada en la respuesta que Tomás recibe por parte de Jesús, cuando al volver allí ocho días después, le dice que toque lo que le parecía imposible. Es el perfecto tipo de agnóstico, tan corriente hoy en día: no niego que esto haya sucedido, pero si no lo veo y no lo palpo, no creo. Y a este agnosticismo Jesús lo llamará sencillamente incredulidad: «Trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente». La hermosa respuesta de Tomás es la que algunos creyentes recitamos interiormente tras la consagración de la Eucaristía: «Señor mío y Dios mío», dando fe a la Presencia real de Jesucristo, que los sentidos nos hurtan en la apariencia del pan y del vino. 

Hoy quienes creemos en la Resurrección de Jesús tenemos que prolongar aquél diálogo entre Jesús y sus discípulos: anunciar la vida en los estigmas de la muerte en todas sus formas.

Somos los testigos de que aquello que aconteció en Jesús, también nos ha sucedido a nosotros: el odio, la oscuridad, la violencia, el miedo, el rencor, la muerte... es decir, el pecado, no tienen ya la última palabra. Cristo ha resucitado y en Él han sido muertas todas nuestras muertes. De esto somos testigos. A pesar de todas las cicatrices de un mundo caduco, insolidario, violento, que mancha la dignidad del hombre y no da gloria a Dios, nosotros decimos: Hemos visto al Señor. Ojalá que nuestra generación se llene de alegría como aquellos discípulos, y como Tomás diga también: Señor mío y Dios mío. 


Publicado por verdenaranja @ 11:04  | Espiritualidad
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Jueves, 08 de abril de 2010

ZENIT  publica el discurso que Benedicto XVI pronunció el viernes, 12 de Marzo de 2010, al recibir en audiencia a los participantes en el Congreso Teológico Internacional “Fidelidad de Cristo, fidelidad del Sacerdote” organizado por la Congregación para el Clero.

Señores Cardenales,
Queridos hermanos en el Episcopado y en el Sacerdocio,
Amables congregados,

me alegra encontrarme con vosotros en esta particular ocasión y os saludo a todos con afecto. Dirijo un particular pensamiento al Cardenal Cláudio Hummes, Prefecto de la Congregación para el Clero, y le doy las gracias por las palabras que me ha dirigido. Mi gratitud a todo el Dicasterio, por el compromiso con el que coordina las múltiples iniciativas del Año Sacerdotal, entre ellas este Congreso Teológico, de tema: “Fidelidad de Cristo, Fidelidad del Sacerdote”. Gozo por esta iniciativa que ve la presencia de más de 50 Obispos y de más de 500 sacerdotes, muchos de ellos responsables nacionales o diocesanos del Clero y de la formación permanente. Vuestra atención a los temas referentes al Sacerdocio ministerial es uno de los frutos de este Año especial, que he querido convocar precisamente para “promover el compromiso de renovación interior de todos los sacerdotes, para que su testimonio evangélico en el mundo de hoy sea más intenso e incisivo (Carta para la celebración del Año Sacerdotal).

El tema de la identidad sacerdotal, objeto de vuestra primera jornada de estudio, es determinante para el ejercicio del sacerdocio ministerial en el presente y en el futuro. En una época como la nuestra, tan “policéntrica” y propensa a difuminar todo tipo de concepción de identidad, considerada por muchos contraria a la libertad y a la democracia, es importante tener bien clara la peculiaridad teológica del Ministerio ordenado para no ceder a la tentación de reducirlo a las categorías culturales dominantes. En un contexto de difundida secularización, que excluye progresivamente a Dios de la esfera pública, y, por tendencia, también de la conciencia social compartida, a menudo el sacerdote parece “extraño” al sentir común, precisamente por los aspectos más fundamentales de su ministerio, como los de ser hombre de lo sagrado, sacado del mundo para interceder a favor del mundo, constituido, en esa misión, por Dios y no por los hombres (cf. Eb 5,1). Por ese motivo, es importante superar peligrosos reduccionismos, que, en las décadas pasadas, utilizando categorías más funcionalistas que ontológicas, han presentado al sacerdote casi como un “agente social”, corriendo el riesgo de traicionar el mismo Sacerdocio de Cristo. Así como se revela cada vez más urgente la hermenéutica de la continuidad para comprender de manera adecuada los textos del Concilio Ecuménico Vaticano II, de manera análoga parece necesaria una hermenéutica que podríamos definir “de la continuidad sacerdotal”, la cual, partiendo de Jesús de Nazaret, Señor y Cristo, y pasando a través de los dos mil años de la historia de grandeza y de santidad, de cultura y de piedad, que el Sacerdocio ha escrito en el mundo, llega hasta nuestros días.

Queridos hermanos sacerdotes, en el tiempo en que vivimos es especialmente importante que la llamada a participar del único Sacerdocio de Cristo en el Ministerio ordenado florezca en el “carisma de la profecía”: hay gran necesidad de sacerdotes que hablen de Dios al mundo y que presenten a Dios al mundo; hombres no sujetos a efímeras maneras culturales, sino capaces de vivir de manera auténtica esa libertad que sólo la certeza de la pertenencia a Dios está en condiciones de dar. Como vuestro Congreso ha destacado bien, hoy la profecía más necesaria es la de la fidelidad, que partiendo de la Fidelidad de Cristo a la humanidad, a través de la Iglesia y el Sacerdocio ministerial, conduzca a vivir el propio sacerdocio en la total adhesión a Cristo y a la Iglesia. De hecho, el sacerdote ya no se pertenece a sí mismo, sino, por el sello sacramental recibido (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1563; 1582), es “propiedad” de Dios. Este “ser de Otro” debe hacerse reconocible por todos, a través de un claro testimonio.

En la manera de pensar, de hablar, de juzgar los hechos del mundo, de servir y amar, de relacionarse con las personas, también en el hábito, el sacerdote debe sacar fuerza profética de su pertenencia sacramental, de su ser profundo. En consecuencia, debe poner todo el cuidado en sustraerse de la mentalidad dominante, que tiende a asociar el valor del ministro no a su ser, sino sólo a su función, sin apreciar, así, la obra de Dios, que incide en la identidad profunda de la persona del sacerdote, configurándolo a Sí de manera definitiva (cf. ibid., n.1583).

El horizonte de la pertenencia ontológica a Dios constituye, además, el marco adecuado para comprender y reafirmar, también en nuestros días, el valor del sagrado celibato, que en la Iglesia latina es un carisma requerido para el Orden sagrado (cf. Presbyterorum Ordinis, 16) y es tenido en grandísima consideración en las Iglesias Orientales (cf. CCEO, can. 373). Eso es auténtica profecía del Reino, signo de la consagración con corazón indiviso al Señor y a las “cosas del Señor” (1Cor 7,32), expresión del don de sí mismo a Dios y a los demás (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1579).

La del sacerdote es, por tanto, una altísima vocación, que continúa siendo un gran Misterio también para los que la hemos recibido como don. Nuestros límites y nuestras debilidades deben llevarnos a vivir y a custodiar con profunda fe ese don precioso, con el que Cristo nos ha configurado a Sí, haciéndonos partícipes de Su Misión salvífica. De hecho, la comprensión del Sacerdocio ministerial está ligada a la fe y pide, de manera cada vez más fuerte, una radical continuidad entre la formación del seminario y la permanente. La vida profética, sin compromisos, con la que serviremos a Dios y al mundo, anunciando el Evangelio y celebrando los Sacramentos, favorecerá el advenimiento del Reino de Dios ya presente y el crecimiento del Pueblo de Dios en la fe.

Queridísimos sacerdotes, los hombres y las mujeres de nuestro tiempo nos piden sólo ser hasta el fondo sacerdotes y nada más. Los fieles laicos encontrarán en muchas otras personas aquello que necesitan humanamente, pero sólo en el sacerdote podrán encontrar esa Palabra de Dios que debe estar siempre en sus labios (cf. Presbyterorum Ordinis, 4); la Misericordia del Padre, que se prodiga de manera abundante y gratuita en el Sacramento de la Reconciliación; el Pan de Vida nueva, “verdadero alimento dado a los hombres” (cf. Himno del Oficio en la Solemnidad del Corpus Domini del Rito romano). Pidamos a Dios, por intercesión de la Bienaventurada Virgen María y de San Juan María Vianney, poderLe dar gracias cada día por el gran don de la vocación y de vivir con plena y gozosa fidelidad a nuestro Sacerdocio. ¡Gracias a todos por este encuentro! Con mucho gusto imparto a cada uno la Bendición Apostólica. 

[Traducción del original italiano por Patricia Navas
©Libreria Editrice Vaticana]


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REDACCIÓN DE "IGLESIA NIVARIENSE"
C. San Agustín, nº 28
38201. La Laguna. Tenerife.
Tfno. 922-25 86 40 / Extensión 8
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Boletín 381

LAS NOTICIAS AMPLIADAS PUEDEN VERLAS ENTRANDO EN LA WEB DEL OBISPADO EN LA VENTANA, SITUADA A LA DERECHA, LLAMADA: Odisur: Actualidad Diocesana 

·         El sábado de 16:00 a 23:00 horas, se realizará el Encuentro de Jóvenes bajo el lema “Para llegar a la cruz: Mójate”, en el colegio La Pureza, en Los Realejos. La tarde noche incluirá talleres de reflexión sobre la iniciación cristiana, talleres lúdicos y se tratará el tema de la venida de la Cruz de los Jóvenes. A las 21:00 horas, se celebrará la Eucaristía y para finalizar la jornada se desarrollará un concierto  de música moderna en las canchas. 

·         También en La Palma, este domingo de pascua, se va a desarrollar su tradicional “Encuentro Insular de Pascua”. En esta ocasión, la localidad elegida ha sido los Sauces. El encuentro tendrá lugar de 10:00 a 18:00 horas. 

·         El Seminario acoge este sábado,, de 9'30 a 13'30, un Encuentro de Formación sobre el Modelo de Acción Social de Cáritas que contará con la presencia del nuevo Secretario General de Cáritas Española, Sebastían Mora. Es un encuentro de gran importancia para todo el voluntariado, puesto que este modelo determina toda la acción de cáritas y fundamentalmente nuestra manera de hacer las cosas. 

·         También esa jornada, en el Seminario, de 18 a 21,30 horas, se va a realizar una nueva reunión del equipo de personas que está poniendo en marcha, con el espíritu de la Familiaris Consortio, un servicio pastoral para divorciados en su nueva unión o familias en situación de dificultad. Esta cita está abierta a cuantas parejas en esta situación quieran asistir, especialmente aquellos que participan de la vida de la Iglesia y quieran participar en esta acción pastoral.  

·         El  viernes, 9 de abril, a las 19:00 horas, tendrá lugar la celebración del 50 aniversario de la bendición del templo parroquial de Puntagorda. La eucaristía estará presidida por el obispo, Bernardo Álvarez y concelebrada por todos los sacerdotes que han presidido esta comunidad durante el último medio siglo.  

·         El próximo miércoles, en el Seminario, se va a realizar una nueva sesión de la formación continúa del Clero. La misma estará guiada por el propio Obispo y el periodista Mayer Trujillo.  

·          Igualmente ese día y en la mismo lugar se reúne el Consejo de Administración de Popular Tv-Canarias. 

·         El domingo de Resurrección, tuvo lugar la profesión perpetua de Ana María de Jesucristo, una de las religiosas Carmelitas Descalzas del Monasterio del Espíritu Santo y Ntra. Sra. de Candelaria, en El Sauzal.  “Me siento una mujer elegida en la plenitud de su ser. –señaló Ana María- Dios se ha fijado en mi pequeñez, como se fijó en la pequeñez de la Virgen María, y no es que me quiera comparar, ni mucho menos, pero es que me siento realmente feliz porque creo que estoy respondiendo a la llamada de Dios. Es algo que me llena y que trasciende cualquier palabra que pueda decir”.  

·         Las obras que se vienen desarrollando en la ermita histórica de Puntallana, en La Gomera,  se siguen ejecutando a buen ritmo. En este sentido, se ha iniciado la colocación de la nueva techumbre realizada con madera de tea. 

·         El nuevo hospital de la Gomera inaugurado estos días se denomina "Nuestra Señora de Guadalupe", tras una encuesta realizada por la Consejería de Sanidad del Gobierno de Canarias en la semana del 22 al 25 del pasado mes de marzo entre los usuarios del Servicio Canario de la Salud. De los 500 consultados, 397 optaron porque se pusiese el nombre de la patrona insular. 

·         El Obispo presidió en la iglesia de La Concepción la Vigilia Pascual. “Por el poder de Cristo Resucitado podemos ser mejores y más felices –indicó el prelado-. Al celebrar la Pascua todos estamos invitados a brindar por la vida y la esperanza; porque nada ni nadie está definitivamente perdido para el Señor”. Para el Obispo el mensaje de futuro y esperanza del acontecimiento central del cristianismo permite sostener que por muy difícil y oscura que pueda ser cualquier realidad, “todos podemos renacer para dar los frutos de esa vida nueva que Jesús conquistó para Él y para todos nosotros cuando resucitó”.  

·         Igualmente, el prelado nivariense, presidió la eucaristía del “Día de Pascua”, invitando a todos a buscar los bienes de arriba y dar frutos de buenas obras. El Obispo impartió en la Misa la bendición papal.  

·         La Exposición Fotocofrade 2010, ya puede contemplarse en la Casa Salazar de la capital Palmera. Más de 500 fotografías con diversos aspectos de la Semana Santa de S/C de La Palma. 

·         Los canónigos Prudencio Redondo y Luis Pérez  participan en las Jornadas Nacionales sobre "La fraternidad sacerdotal en la vida de la catedral".  

·         El próximo 25 de abril, Domingo del Buen Pastor, se celebra la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones Sacerdotales, Religiosas y de Vida Consagrada bajo el lema “el testimonio suscita vocaciones”.  En el marco del Año Sacerdotal el Santo Padre explica que "la fecundidad de la propuesta vocacional, en efecto, depende primariamente de la acción gratuita de Dios, pero, como confirma la experiencia pastoral, está favorecida también por la cualidad y la riqueza del testimonio personal y comunitario de cuantos han respondido ya a la llamada del Señor en el ministerio sacerdotal y en la vida consagrada, puesto que su testimonio puede suscitar en otros el deseo de corresponder con generosidad a la llamada de Cristo". 

·         La delegación diocesana de Pastoral Vocacional está ultimando los detalles para la próxima Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y la V Expo-Vocacional que tendrá lugar el 25 de abril en la Orotava. 

·         Cáritas Diocesana recibirá una subvención de 287.231,41 euros para cubrir parte de los gastos derivados del proyecto Intervención con Familias Monoparentales, según aprobó el Consejo de Gobierno regional. En este sentido, este proyecto comprende los programas Centro de Acogida para Familias Monoparentales ATACAITE que recibirá 193.474,98 euros; Piso Puente de Acogida a Familias Monoparentales (30.614,34 euros) y Centro Materno-Infantil Chaxiraxi (63.142,09 euros).  

·         Más de una treintena de vecinos de Guía de Isora, dirigidos por el especialista en arte floral por la Escuela de Cataluña y diseñador municipal, Carlos Curbelo, así como integrantes de la Escuela de Arte Floral de Canarias, expusieron durante la pasada Semana Santa, diferentes montajes escénicos, con motivo de la celebración de la II edición de la Pascua Florida. 

·         El municipio de Agulo se prepara para celebrar sus fiestas patronales en honor a San Marcos Evangelista, que darán comienzo la segunda quincena de abril y que se prolongarán hasta la primera semana de mayo. El día 24 de abril, víspera de la festividad del Santo, a las 21.00 horas tendrá lugar la misa en su honor cantada por el coro parroquial.  

·         Las calles de Granadilla de Abona acogieron a centenares de vecinos y visitantes que se congregaron para presenciar por quinto año consecutivo la representación de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo. En torno a 150 personas participaron en la obra. 

·         Del 12 al 17 de abril se desarrollará la Semana de San Telmo, organizada por el Apostolado del Mar. 

·         El sábado, 17 de abril tendrá lugar la peregrinación desde Vilaflor hasta la Cueva del Hermano Pedro. 

·         La próxima Asamblea Diocesana que como saben se suspendió el pasado mes de febrero y ha sido convocada de nuevo para el  fin de semana del 16 y 17 de abril. La misma  se celebrará en el Seminario Diocesano. 

·         La Palma se está preparando ya para uno de sus principales celebraciones tradicionales con motivo de la festividad del Día de la Cruz, el próximo 3 de mayo: el enrame de las cruces.  


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Lectio divina para el sábado de Pascua 2010, ofrecida por la Delegación Diocesana de liturgia de la diócesis de Tenerife.

Sábado de Pascua

 

LECTURA:            “Marcos 16, 9‑15”

Jesús, resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo y llorando.

Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron.

Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando a una finca.

También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero no los creyeron.

Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado. Y les dijo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación.»

MEDITACIÓN:            “A toda la creación”

            También hoy tienes que echar en cara la dureza de corazón de tantos que no creen el testimonio de quienes a lo largo de la historia han ido trasmitiendo el anuncio de tu resurrección. Somos capaces de creernos cosas inverosímiles, pero nos cuesta creer en ti, sencillamente porque es más cómodo no hacerlo. Creer en ti complica la vida. También es verdad que a veces el testimonio de los que decimos creer en ti no es nada entusiasmador, y en muchos momentos va acompañado de posturas que contradecían tu mensaje y tu vida.

            Y ahora sigue resonando en mí tu mandato de proclamar tu Buena Noticia a toda la creación. Me gusta la expresión, tú has sido buena noticia para todo el cosmos, porque en la medida en que soy capaz de acogerte, mi vida está llamada a ser diferente, a optar por lo bueno y lo bello, a ser constructor de vida, de toda vida, y no destructor de ella. Y ello debe manifestarse en mi solidaridad con los hombres, en mi sensibilidad hacia la naturaleza, en mi cuidado de la creación, que es como el jardín donde nos has colocado, y que en la medida que lo construimos o lo destruimos, construimos o destruimos nuestro propio marco de existencia, contribuimos a su belleza o a nuestra propia eliminación junto a ella.

            Hoy, cuando más medios hay para que todos los hombres vivan con dignidad, cuando podemos hacer posible que no haya nadie que no tenga que comer o gozar de formación y de salud, los intereses de unos pocos, y mi propia insensibilidad y comodidad, hace que el mundo y la humanidad sufra.

            En esta realidad concreta me urges de nuevo a ser portador de tu Buena Noticia, con mi palabra y con mi vida, porque te has manifestado como Dios de la vida, me llamas a colaborar contigo en la tarea.           

ORACIÓN:             “Mensajero de tu evangelio”

             Señor, dame valentía, coherencia y honestidad para poder ser mensajero de tu evangelio. No basta con palabras bonitas, ni con deseos buenos. Ya sé que tendré que contar siempre con un espacio de incoherencia en mí, porque además de mis propias debilidades, no me lo pone fácil el ambiente en el que vivo. Por eso, abre primero mi corazón a ti. Déjame asomarme cada mañana al balcón de tu amor, para que el aire fresco de tu Espíritu me impulse a desear aportar vida.

            Que no me tengas que echar en cara demasiadas veces mi incredulidad, mi comodidad, mis palabras bienintencionadas pero huecas, hazme portavoz de tu buena noticia para toda la creación.

CONTEMPLACIÓN:            “Un canto de vida”

Llegas como una brisa
de aire fresco
para arrastrar el polvo
que no me deja ver.

Y una corriente de vida
descubre en mí
tu belleza escondida
que quiere salir,
para abrirme a la belleza
de la creación,
del corazón humano,
a la de mi propia vida,
y así ser juntos
un canto de vida
al universo.


Publicado por verdenaranja @ 23:23  | Liturgia
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Mi?rcoles, 07 de abril de 2010

ZENIT  Publica el discurso que Benedicto XVI pronunció este jueves al mediodía en la sala Clementina del Palacio Apostólico Vaticano, al recibir en audiencia a los participantes en el Curso sobre Fuero Interno promovido por la Penitenciaría Apostólica.


Queridos amigos,

Me alegra encontrarme con vosotros y dirigiros a cada uno de vosotros mi bienvenida, con motivo del Curso anual sobre el Fuero Interno, organizado por la Penitenciaría Apostólica. Saludo cordialmente a monseñor Fortunato Baldelli, que, por primera vez, como Penitenciario Mayor, ha dirigido vuestras sesiones de estudio, y le doy las gracias por las palabras que me ha dirigido. Con él saludo a monseñor Gianfranco Girotti, Regente, al personal de la Penitenciaría y a todos vosotros que, con la participación en esta iniciativa, manifestáis la fuerte exigencia de profundizar una temática esencial para el ministerio y la vida de los presbíteros.

Vuestro Curso se sitúa, providencialmente, en el Año Sacerdotal, que he convocado para el 150º aniversario del nacimiento al Cielo de san Juan María Vianney, que ejerció de manera heroica y fecunda el ministerio de la Reconciliación. Como afirmé en la Carta de convocatoria: “Todos los sacerdotes hemos de considerar como dirigidas personalmente a nosotros aquellas palabras que él, [el Cura de Ars] ponía en boca de Jesús: “Encargaré a mis ministros que anuncien a los pecadores que estoy siempre dispuesto a recibirlos, que mi misericordia es infinita”. Del Santo Cura de Ars, los sacerdotes podemos aprender no sólo una confianza inagotable en el Sacramento de la Penitencia, que nos anima a colocarlo en el centro de nuestras preocupaciones pastorales, sino también el método del “diálogo de salvación” que en él se debe desarrollar”. ¿Dónde se hunden las raíces de la heroicidad y la fecundidad, con las que San Juan María Vianney vivió su propio ministerio de confesor? Ante todo en una intensa dimensión penitencial personal. La conciencia del propio límite y la necesidad de recurrir a la Misericordia Divina para pedir perdón, para convertir el corazón y para ser sostenido en el camino de santidad, son fundamentales en la vida del sacerdote: sólo quien ha experimentado primero la grandeza puede ser convincente anunciador y administrador de la Misericordia de Dios. Todo sacerdote se convierte en ministro de la Penitencia por la configuración ontológica a Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote, que reconcilia a la humanidad con el Padre; sin embargo, la fidelidad al administrar el Sacramento de la Reconciliación es confiada a la responsabilidad del presbítero.

Vivimos en un contexto cultural marcado por la mentalidad hedonista y relativista, que tiende a suprimir a Dios del horizonte de la vida, no favorece la adquisición de un marco claro de valores de referencia y no ayuda a discernir el bien del mal ni a madurar un justo sentido de pecado. Esta situación hace todavía más urgente el servicio de administradores de la Misericordia Divina. No debemos olvidar, de hecho, que hay una especie de círculo vicioso entre el ofuscamiento de la experiencia de Dios y la pérdida de sentido de pecado. Sin embargo, si tenemos en cuenta el contexto cultural en el que vive san Juan María Vianney, vemos que, por varios aspectos, no era tan diferente al nuestro. También en su tiempo, de hecho, existía una mentalidad hostil a la fe, expresada en fuerzas que buscaban incluso impedir el ejercicio del ministerio. En esas circunstancias, el Santo Cura de Ars hace “de la iglesia su casa”, para conducir a los hombres a Dios. Él vivía con radicalidad el espíritu de oración, la relación personal e íntima con Cristo, la celebración de la S. Misa, la Adoración eucarística y la pobreza evangélica, mostrando a sus contemporáneos un signo tan evidente de la presencia de Dios, que empujaba a muchos penitentes a acercarse a su confesionario. En las condiciones de libertad en las que hoy es posible ejercer el ministerio sacerdotal, es necesario que los presbíteros vivan en “alto grado” la propia respuesta a la vocación, porque sólo quien se convierte cada día en presencia viva y clara del Señor puede suscitar en los fieles el sentido de pecado, dar ánimo y suscitar el deseo del perdón de Dios.

Queridos hermanos, es necesario volver al confesonario, como lugar en el que celebrar el Sacramento de la Reconciliación, pero también como lugar en el que “habitar” más a menudo, para que el fiel pueda encontrar misericordia, consejo y consuelo, sentirse amado y comprendido por Dios y experimentar la presencia de la Misericordia Divina, junto a la Presencia real en la Eucaristía. La “crisis” del Sacramento de la Penitencia, de la que a menudo se habla, interpela en primer lugar a los sacerdotes y a su gran responsabilidad de educar al Pueblo de Dios en las radicales exigencias del Evangelio. En particular, les pide dedicarse generosamente a la escucha de las confesiones sacramentales; guiar con coraje a la grey, para que no se conforme a la mentalidad de este mundo (cf. Rm 12,2), sino que sepa tomar decisiones también a contracorriente, evitando adaptaciones o compromisos. Por eso es importante que el sacerdote tenga una permanente tensión ascética, alimentada por la comunión con Dios, y se dedique a una constante actualización en el estudio de la teología moral y de las ciencias humanas.

San Juan María Vianney sabía entablar con los penitentes un verdadero y apropiado “diálogo de salvación” mostrando la belleza y la grandeza de la bondad del Señor y suscitando ese deseo de Dios y del Cielo, del que los santos son los primeros portadores. Él afirmaba: “El Buen Dios sabe Todo. Incluso antes de que os confesarais, ya sabía que pecaríais y sin embargo os perdona. ¡Es tan grande el Amor de nuestro Dios, que llega hasta olvidar voluntariamente el futuro, para perdonarnos!” (Monnin, A., Il Curato d’Ars. Vita di Gian-Battista-Maria Vianney, vol. I, Torino 1870, p. 130). Es tarea del sacerdote favorecer esa experiencia de “diálogo de salvación”, que, naciendo de la certeza de ser amados por Dios, ayuda al hombre a reconocer el propio pecado y a introducirse, progresivamente, en esa estable dinámica de conversión del corazón, que lleva a la radical renuncia al mal y a una vida según Dios (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1431).

Queridos sacerdotes, ¡qué extraordinario ministerio nos ha confiado el Señor! Como en la Celebración Eucarística Él se pone en manos del sacerdote para continuar estando presente en medio de su Pueblo, análogamente, en el Sacramento de la Reconciliación Él se confía al sacerdote para que los hombres hagan la experiencia del abrazo con el que el padre acoge a su hijo pródigo, devolviéndole la dignidad filial y volviéndolo a constituir plenamente en heredero (cf. Lc 15,11-32). La Virgen María y el Santo Cura de Ars nos ayuden a experimentar en nuestra vida la amplitud, la longitud, la altura y la profundidad del Amor de Dios (cf. Ef 3,18-19), para ser fieles y generosos administradores. Os doy las gracias a todos de corazón y de buen grado os imparto mi Bendición. 

[Traducción del original italiano por Patricia Navas
©Libreria Editrice Vaticana


Publicado por verdenaranja @ 22:44  | Habla el Papa
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Carta pastoral de monseñor Juan Carlos Tissera, obispo de San Francisco, con motivo del Año Sacerdotal (1 de marzo de 2010). (AICA)


“LA PASTORAL VOCACIONAL: RESPONSABILIDAD DE TODO EL PUEBLO DE DIOS” 

Hermanas y hermanos:

El próximo 11 de junio concluirá el AÑO SACERDOTAL convocado por Benedicto XVI el año pasado, con motivo del 150° aniversario de la muerte del Santo Cura de Ars, patrono de los sacerdotes.

En la oración que estamos rezando como Iglesia en Argentina, damos gracias a Dios por el don de los sacerdotes. En ella hacemos tres peticiones concretas: por los sacerdotes, por los que se están formando para la vida sacerdotal y por aquellos que sienten ese llamado para que tomen una decisión.

Orar por las vocaciones es un mandato de Jesús: “Pidan al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha”. Esto es lo que venimos realizando de modo personal y comunitario: en las Misas, grupos de oración, los primeros jueves de mes, peregrinaciones, procesiones, etc.

Pero es preciso acompañar la oración con otros hechos que mantengan viva esa conciencia de que “todos somos responsables de la pastoral vocacional” (Documento de Aparecida, 314). Las familias, los colegios católicos, las instituciones y movimientos laicales, las parroquias, los sacerdotes, los religiosos y religiosas, el obispo: todos responsables de la pastoral vocacional (Aparecida,314).

Es por eso que los invito a unirnos en estos propósitos concretos, COMO FRUTOS de este AÑO SACERDOTAL:

a. Que al finalizar el Año Sacerdotal, esté constituida en cada parroquia la Obra de las Vocaciones (OVE). Esto requiere la decisión de los sacerdotes y la disposición de los laicos, de cualquier edad, para integrar el equipo parroquial de la OVE. Cada párroco informará al Obispado cuando haya formado el equipo de la OVE en su Parroquia.

b. Establecer e intensificar la relación del sacerdote y del equipo parroquial de la OVE con el  Equipo Diocesano de Pastoral Vocacional, que está presidido por el Delegado Vocacional, el Pbro. Daniel Maini. Agradezco la tarea responsable y humilde de estas personas. El Pbro. Gustavo Zaninetti, miembro del Equipo, y más dedicado al seguimiento de la formación de los seminaristas, comparte con el Pbro. Daniel Maini la tarea de discernimiento y acompañamiento de los jóvenes con inquietudes vocacionales y de los futuros candidatos.

c. Principalmente es misión de todos los sacerdotes estar atentos a los signos vocacionales que se manifiestan en la vida de algunos jóvenes. El Papa asi lo señala en el Mensaje vocacional de este año 2010: “Dios se sirve del testimonio de los sacerdotes, fieles a su misión, para suscitar nuevas vocaciones sacerdotales y religiosas al servicio del Pueblo de Dios”. Les invito a leer y meditar este meduloso mensaje. A su vez, los obispos reunidos en Aparecida dicen en el Documento: “A los sacerdotes, les alentamos a dar testimonio de vida feliz, alegría, entusiasmo y santidad en el servicio del Señor” (Aparecida, 315).

d. Si bien es en la edad juvenil cuando la persona hace sus opciones fundamentales de la vida, no olvidemos que ya pueden haber indicios vocacionales en la niñez y temprana adolescencia. Es preciso brindar los medios espirituales para capacitarlos a una respuesta generosa. El Señor se vale de nosotros, sacerdotes, para proponer la llamada. Implementemos en nuestras comunidades y colegios encuentros, retiros, grupos de oración con la participación de niños y jóvenes; formación de monaguillos. Es allí donde muchas veces se hace manifiesto el llamado del Señor, despertando en ellos la pregunta: ¿por qué no yo?

e. A las familias cristianas de la Diócesis les invito a reconocer la bendición de un hijo llamado por Dios al sacerdocio o a la vida consagrada, y a apoyar su decisión y su camino de respuesta vocacional.

f. Fomentar la conciencia de la ayuda económica para la formación de los jóvenes que están en el Seminario. Esta es una de las finalidades de la OVE, conjuntamente con la oración y la sensibilización vocacional en los ambientes parroquiales, especialmente entre los jóvenes.

Para este año 2010 deseo destacar algunos eventos que deberemos apoyar con decidido empeño:

-  La ADORACIÓN EUCARÍSTICA de los primeros jueves de mes.

- JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES (BUEN PASTOR), IV domingo de Pascua, 25 de abril.

- JORNADAS DE DISCERNIMIENTO “PROYECTO DE VIDA”. La primera de ellas será el 30 de abril al 2 de mayo; en Casa de Retiros “Betania”. Los sacerdotes, particularmente, deberán invitar a los jóvenes de los grupos, movimientos o colegios.

- NOVENA O TRIDUO VOCACIONAL, previo al Día de los Sacerdotes, el 4 de agosto, fiesta de San Juan María Vianney, Santo Cura de Ars.

Que este AÑO SACERDOTAL sea rico en bendiciones para todos los consagrados, celebrando con todo el Pueblo de Dios, un regalo tan precioso que Jesús nos ha dejado. Destaco y felicito el trabajo de cada uno de los sacerdotes de la Diócesis, religiosos y del clero diocesano. Agradezco la ayuda y el apoyo espiritual que todos los fieles brindan a los consagrados, y las oraciones que hacen por todos nosotros.

¡Dios nos regale muchas y santas vocaciones! ¡La Virgen Madre interceda por nuestra Diócesis!

Fraternalmente les saluda y bendice 

Mons. Carlos José Tissera, obispo de San Francisco
San Francisco, 1° de marzo de 2010. 


Publicado por verdenaranja @ 22:39  | A?o Sacerdotal
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 Homilía de monseñor Hugo Santiago, obispo de Santo Tomé, en la misa de ordenación diaconal. (AICA)
(Catedral Inmaculada Concepción, 5 de marzo de 2010)

ORDENACIÓN DIACONAL DE DANIEL DÍAZ 

El corazón de la ordenación

1. El sacramento del orden del Diaconado es una consagración para un servicio a través de los consejos evangélicos. De hecho, Daniel, en este rito de ordenación hará la promesa de obediencia al Obispo y de celibato. Ambas promesas incluyen el propósito de vivir una vida pobre, ya que la obediencia es una pobreza de la propia voluntad para hacer la voluntad de Dios y la castidad consagrada incluye una pobreza afectiva.  

La obediencia: eje de la espiritualidad de Cristo, el Señor

2. Como la frase que has elegido para tu ordenación es la de la Santísima Virgen en las Bodas de Caná: “Hagan lo que El les diga”, he optado por hacer una reflexión sobre la obediencia, porque es lo que has elegido y porque es el eje de la espiritualidad de Cristo.

3. De hecho, si repasamos el Evangelio de Juan, encontraremos que Cristo dice: “Me van a dejar solo, pero no estoy solo, el Padre está conmigo porque yo hago siempre lo que a El le agrada”, o también: “Mi alimento es hacer la voluntad del Padre”. Esta última frase tiene mucho contenido y sugiere que, así como se vive del alimento material, Cristo vive de la voluntad del Padre. Cumplir su voluntad es su norte, el sentido de su ministerio.

4. Incluso la va a cumplir hasta el sacrificio de sí y lo va a expresar con el “hágase” cuando vive su agonía en el Monte de los Olivos. “Padre, si es posible, aparta este cáliz de mí, pero que no se haga mi voluntad sino la tuya”. Por eso, te felicito por la frase que has elegido.

5. Sabrás que hoy se ve la obediencia como un límite a la propia libertad y sin embargo obediencia y libertad no son opuestas sino relativas, porque Dios nos creo criaturas libres. Si nos aceptamos como tales, hacemos el primer acto de obediencia y el primer acto de libertad.

6. La razón por la cual se ve la obediencia como un límite a la propia voluntad, es el pecado original, que, además de ser un gesto de la soberbia humana, es un acto de desconfianza a Dios y sus mandamientos como camino de realización, por eso el hombre intenta realizarse a partir del propio criterio, prescindiendo de Dios.

7. De este modo, la ley del amor, que consiste en acoger al otro como ley de la propia vida, es substituida por la ley del egoísmo que nos hace poner a nosotros mismos como ley. Cuando desaparece el amor la obediencia aparece como imposición, cuando en realidad es un camino de retorno al amor de Dios.

8. Por otra parte, la historia de nuestra salvación es la historia de la obediencia de Cristo, que “aún siendo Hijo, con lo que padeció experimentó la obediencia; y llegado a la perfección se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen”, dice la Carta a los Hebreos (cf Hb 5, 8-9). Gracias a la obediencia de Cristo al Padre, hemos sido salvados.

9. Cristo vuelve a poner la obediencia en el contexto del amor y la libertad, porque libremente recibe al Padre como ley de la propia vida, hasta la inmolación de sí, que desemboca en la resurrección.

10. Cristo, que alcanza su glorificación a través de la obediencia radical al Padre, es el que nos muestra con claridad que la obediencia a Dios y a sus mandamientos –contrariamente a lo que piensa el mundo-, es el único camino para alcanzar la plena realización de sí mismo y la verdadera libertad. La obediencia es salvadora y realizadora del hombre. 

La obediencia del cristiano

11. De lo dicho se sigue que la obediencia del cristiano es una virtud positiva, porque no es tanto, no hacer la propia voluntad, sino hacer libremente la voluntad del Padre. Esto significa que la obediencia nos hace participar de la misma voluntad de Dios y de esa manera llevamos a perfección nuestra semejanza con El

12. Si es verdad que el sacrificio forma parte de la obediencia, esto no quiere decir que se identifique con ella. El cristiano obedece a Dios no sólo como un “deber” sino como quién está convencido de que allí está su realización. Por eso hay que subrayar que es la apasionada búsqueda de la voluntad de Dios lo que da la medida de nuestro cristianismo.

13. Querido Daniel, será la apasionada búsqueda de la voluntad de Dios lo que dará la medida de tu diaconado. 

La obediencia como discernimiento

14. El modo habitual como se ejerce la obediencia es el discernimiento. Querido Daniel, hoy serás “sacramentalmente” diácono, pero para que llegues a ser “existencialmente” diácono, todos los días tendrás que pedirle a Dios la gracia de discernir su voluntad, aprender no sólo a discernir entre lo bueno y lo malo, sino entre dos cosas buenas cual es la mejor, cual es la que más conviene a tu vocación ministerial, porque es el modo excelente de servir a Dios y a tus hermanos.

15. El discernimiento, por la gracia de Dios te llevará a descubrir que el servicio por amor, es la clave para formar la comunidad parroquial, para construir una familia, que la sociedad progresa porque hay gente que sirve por amor y se estanca cuando no hay gente que sirve con desinterés. Por eso el servicio desinteresado y por amor es la clave de la construcción de una sociedad más humana y más cristiana.

16. El discernimiento te ayudará a encontrar tiempo para orar cotidianamente con profundidad, para descubrir las necesidades de los demás antes que te las planteen, para seguir estudiando, para ser mejor hermano del sacerdote con el cual convivirás.

17. El discernimiento te ayudará a usar las nuevas tecnologías para evangelizar, pero tambié