S?bado, 26 de junio de 2010

ZENIT? nos ofrece la homil?a pronunciada?el domingo 6 de Junio de 2010?por el Papa Benedicto XVI durante la Misa celebrada en el Palacio de los Deportes Eleftheria de Nicosia, junto con los patriarcas y obispos cat?licos de Oriente Medio, y con la participaci?n del arzobispo ortodoxo de Chipre, Cris?stomo II.

[En ingl?s]

Queridos hermanos y hermanas en Cristo,

Saludo con alegr?a a los Patriarcas y obispos de las diversas comunidades eclesiales de Oriente Medio que han venido a Chipre para esta ocasi?n, y doy las gracias especialmente al Muy Reverendo Youssef Soueif, arzobispo maronita de Chipre, por las palabras que me dirigi? al principio de la Misa. Tambi?n ofrezco un caluroso saludo a Su Beatitud Cris?stomo II.

Permitidme decir tambi?n cu?nto me alegro de tener esta oportunidad de celebrar la Eucarist?a en compa??a de muchos de los fieles de Chipre, una tierra bendecida por la labor apost?lica de san Pablo y san Bernab?. Os saludo a todos muy cordialmente y os doy las gracias por vuestra hospitalidad y por la generosa acogida que me hab?is dado. Dirijo un saludo particular a los procedentes de Filipinas, Sri Lanka y otras comunidades inmigrantes, que forman una agrupaci?n significativa dentro de la poblaci?n cat?lica de la isla. Rezo para que vuestra presencia enriquezca la vida y el culto de las parroquias a las que pertenec?is, y que a su vez recib?is mucho sustento espiritual de la antigua herencia cristiana de la tierra que hab?is hecho vuestro hogar.

Hoy celebramos la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo. Corpus Christi, el nombre dado a esta fiesta en Occidente, se utiliza en la tradici?n de la Iglesia para designar tres realidades distintas: el cuerpo f?sico de Jes?s, nacido de la Virgen Mar?a; su cuerpo eucar?stico, el pan del cielo que nos alimenta en este gran sacramento; y su cuerpo eclesial, la Iglesia. Al reflexionar sobre estos aspectos diferentes del Corpus Christi, llegamos a una comprensi?n m?s profunda del misterio de comuni?n que une a los que pertenecen a la Iglesia. Todos los que se alimentan con el cuerpo y la sangre de Cristo en la Eucarist?a est?n "congregados en la unidad por el Esp?ritu Santo" (Plegaria Eucar?stica II) para formar el ?nico pueblo santo de Dios. As? como el Esp?ritu Santo descendi? sobre los Ap?stoles en el Cen?culo de Jerusal?n, as? tambi?n el mismo Esp?ritu Santo obra en cada celebraci?n de la Misa con un doble prop?sito: para santificar los dones del pan y el vino, para que puedan convertirse en el Cuerpo y Sangre de Cristo, y para llenar a todos los que se alimentan de estos dones sagrados, para que puedan llegar a ser un solo cuerpo y un solo esp?ritu en Cristo.

[En franc?s]

San Agust?n explica de forma magn?fica este proceso (cfr Serm?n 272). Nos recuerda que el pan no se prepara a partir de un solo grano de trigo, sino de muchos. Antes de que estos granos se conviertan en pan deben ser molidos. ?l hace alusi?n aqu? al exorcismo al que los catec?menos deb?an someterse antes de su bautismo. Cada uno de nosotros, que formamos parte de la Iglesia, necesitamos salir del mundo cerrado de nuestra propia individualidad y aceptar la compa??a de aquellos que comparten el pan con nosotros. Ya no debo pensar a partir de ?mi mismo?, sino de ?nosotros?. Es por ello que todos los d?as rezamos a ?nuestro? Padre por ?nuestro? pan de cada d?a. Abatir las barreras entre nosotros y nuestros vecinos es la primera premisa para entrar en la vida divina a la que estamos llamados. Necesitamos ser liberados de todo aquello que nos bloquea y nos a?sla: del temor y la desconfianza de unos hacia otros, de la codicia y el ego?smo, de la falta de voluntad de aceptar el riesgo de la vulnerabilidad a la que nos exponemos cuando nos abrimos al amor.

Los granos de trigo, una vez molidos, se mezclan en una pasta y se cuecen. Aqu? san Agust?n hace referencia a la inmersi?n en las aguas bautismales seguida del don sacramental del Esp?ritu Santo, que inflama el coraz?n de los fieles con el fuego del amor de Dios. Este proceso que une y transforma los granos aislados en un solo pan nos presenta una sugestiva imagen de la acci?n unificadora del Esp?ritu Santo sobre los miembros de la Iglesia, realizada de forma eminente a trav?s de la celebraci?n de la Eucarist?a. Aquellos que toman parte en este gran sacramento se convierten en el Cuerpo eclesial de Cristo cuando se nutren de su Cuerpo eucar?stico. "S? lo que puedes ver ? dice san Agust?n anim?ndoles ? y recibe lo que eres?.

Estas fuertes palabras nos invitan a responder generosamente a la invitaci?n de ?ser Cristo? para aquellos que nos rodean. Nosotros somos ahora su cuerpo en la tierra. Para parafrasear una c?lebre frase atribuida a santa Teresa de ?vila, nosotros somos los ojos con los que su compasi?n mira a aquellos que est?n en necesidad, somos las manos que ?l extiende para bendecir y para curar, somos los pies de los que ?l se sirve para ir a hacer el bien, y somos los labios con los que su Evangelio es proclamado. Es por tanto importante saber que cuando nosotros participamos as? en su obra de salvaci?n, no hacemos memoria de un h?roe muerto prolongando lo que ?l hizo: al contrario, Cristo est? vivo en nosotros, su cuerpo, la Iglesia, su pueblo sacerdotal. Aliment?ndonos de ?l en la Eucarist?a y acogiendo el Esp?ritu Santo en nuestros corazones, nos convertimos verdaderamente en el cuerpo de Cristo que hemos recibido, estamos verdaderamente en comuni?n con ?l y los unos con los otros, y nos convertimos aut?nticamente en sus instrumentos, dando testimonio de ?l ante el mundo.

[En ingl?s]

"La multitud de los creyentes no ten?a sino un solo coraz?n y una sola alma" (Hch 4,32). En la primera comunidad cristiana, alimentada en la Mesa del Se?or, vemos los efectos de la acci?n unificadora del Esp?ritu Santo. Ellos pon?an sus bienes en com?n, todo apego material estaba superado por el amor a los hermanos. Encontraban soluciones equitativas a sus diferencias, como vemos por ejemplo en la resoluci?n de la controversia entre helenistas y hebreos por la distribuci?n diaria (cf. Hch 6,1-6). Como un observador coment? en una fecha posterior: "Ved c?mo estos cristianos se aman unos a otros, y c?mo est?n dispuestos a morir unos por otros? (Tertuliano, Apolog?a, 39). Sin embargo, su amor no estaba en absoluto limitado a sus correligionarios. Ellos nunca se ve?an a s? mismos como los beneficiarios exclusivos y privilegiados del favor divino, sino como mensajeros, enviados para llevar la buena nueva de la salvaci?n en Cristo hasta los confines de la tierra. Y as? fue c?mo el mensaje confiado a los Ap?stoles por el Se?or resucitado se extendi? por todo el Oriente Medio, y desde all? hacia el exterior, a lo largo del mundo entero.

[En griego]

Queridos hermanos y hermanas en Cristo, hoy somos llamados, como ellos lo fueron, a tener un solo coraz?n y una sola alma, a profundizar nuestra comuni?n con el Se?or y unos con otros, y de llevar su testimonio ante el mundo.

[En ingl?s]

Estamos llamados a superar nuestras diferencias, para llevar la paz y la reconciliaci?n all? donde hay conflicto, para ofrecer al mundo un mensaje de esperanza. Estamos llamados a llegar a los necesitados, compartiendo generosamente nuestros bienes terrenales con los menos afortunados que nosotros. Y estamos llamados a anunciar sin cesar la muerte y resurrecci?n del Se?or, hasta que ?l venga. Por Cristo, con ?l y en ?l, en la unidad que es don del Esp?ritu Santo a la Iglesia, demos honor y gloria a Dios, nuestro Padre celestial, en compa??a de todos los ?ngeles y los santos que cantan sus alabanzas por siempre. Am?n.

[Traducci?n del original en ingl?s y franc?s por Inma ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 23:00  | Habla el Papa
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