Mi?rcoles, 30 de junio de 2010

ZENIT nos ofrece la intervenci?n del Papa Benedicto XVI,?el mi?rcoles 9 de Junio de 2010?durante la Audiencia General, en la que habl? sobre su viaje a Chipre ante los miles de fieles reunidos en la Plaza de San Pedro.

Queridos hermanos y hermanas

Hoy deseo detenerme sobre mi viaje apost?lico a Chipre, que por muchos aspectos se pone en continuidad con los precedentes de Tierra Santa y Malta. Gracias a Dios, esta visita pastoral ha ido muy bien, porque ha conseguido felizmente sus objetivos. Ya de por s? constitu?a un acontecimiento hist?rico; de hecho, nunca antes el Obispo de Roma se hab?a dirigido a esa tierra bendecida por el trabajo apost?lico de san Pablo y san Bernab?, y tradicionalmente considerada parte de Tierra Santa. Tras las huellas del Ap?stol de los gentiles me he hecho peregrino del Evangelio, ante todo para reafirmar la fe de las comunidades cat?licas, minor?a peque?a pero vivaz en la Isla, anim?ndolas tambi?n a proseguir el camino hacia la unidad plena entre los cristianos, especialmente con los hermanos ortodoxos. Al mismo tiempo, he querido abrazar idealmente a todas las poblaciones medioorientales y bendecirlas en el nombre del Se?or, invocando de Dios el don de la paz. Experiment? una cordial acogida, que se me reserv? en todas partes, y aprovecho con agrado esta ocasi?n para expresar nuevamente mi viva gratitud en primer lugar al arzobispo de Chipre de los maronitas, monse?or Joseph Soueif, y a Su Beatitud monse?or Fouad Twal, en uni?n con sus colaboradores, renovando a cada uno mi aprecio por su acci?n apost?lica. Mi sentido reconocimiento va tambi?n al Santo S?nodo de la Iglesia ortodoxa de Chipre, especialmente a Su Beatitud Cris?stomo II, arzobispo de Nueva Justiniana y de toda Chipre, a quien tuve la alegr?a de abrazar con afecto fraterno, como tambi?n al Presidente de la Rep?blica, a todas sus Autoridades civiles y a cuantos de varias formas se han prodigado laudablemente para el ?xito de esta visita pastoral m?a.

?sta comenz? el 4 de junio en la antigua ciudad de Paphos, donde me sent? envuelto en una atm?sfera que parec?a casi la s?ntesis perceptible de dos mil a?os de historia cristiana. Los hallazgos arqueol?gicos all? presentes son el signo de una antigua y gloriosa herencia espiritual, que a?n hoy mantiene un fuerte impacto sobre la vida del pa?s. Ante la iglesia de Santa Ciriaca Chrysopolitissa, lugar de culto ortodoxo abierto tambi?n a los cat?licos y a los anglicanos, ubicado dentro del sitio arqueol?gico, tuvo lugar una conmovedora celebraci?n ecum?nica. Con el arzobispo ortodoxo Cris?stomo II y los representantes de las comunidades armenia, luterana y anglicana, hemos renovado fraternalmente el rec?proco e irreversible compromiso ecum?nico. Estos sentimientos manifest? sucesivamente a Su Beatitud Cris?stomo II en el cordial encuentro en su residencia, durante el cual he constatado cu?nto la Iglesia ortodoxa de Chipre est? ligada a la suerte de ese pueblo, conservando devota y agradecida memoria del arzobispo Macario III, com?nmente considerado padre y benefactor de la naci?n, al cual quise yo tambi?n rendir homenaje deteni?ndome brevemente ante el monumento que lo representa. Este arraigo en la tradici?n no impide a la comunidad ortodoxa estar comprometida con decisi?n en el di?logo ecum?nico en uni?n con la comunidad cat?lica, animadas ambas por el sincero deseo de recomponer la comuni?n plena y visible entre las Iglesias de Oriente y de Occidente.

El 5 de junio, en Nicosia, capital de la Isla, comenc? la segunda etapa del viaje dirigi?ndome en visita al Presidente de la Rep?blica, que me acogi? con gran cortes?a. Al encontrar a las Autoridades civiles y el Cuerpo diplom?tico, reafirm? la importancia de fundar la ley positiva sobre los principios ?ticos de la ley natural, con el fin de promover la verdad moral en la vida p?blica. Ha sido un llamamiento a la raz?n, basado en los principios ?ticos y lleno de implicaciones exigentes para la sociedad de hoy, que a menudo ya no reconoce la tradici?n cultural sobre la que est? fundada.

La Liturgia de la Palabra, celebrada en la escuela primaria ?San Mar?n?, represent? uno de los momentos m?s sugestivos del encuentro con la comunidad cat?lica de Chipre, en sus componentes maronita y latina, y me ha permitido conocer de cerca el fervor apost?lico de los cat?licos chipriotas. ?ste se expresa tambi?n mediante la actividad educativa y asistencial con decenas de estructuras, que se ponen al servicio de la colectividad y son apreciadas por las autoridades gubernamentales, como tambi?n por toda la poblaci?n. Fue un momento alegre y de fiesta, animado por el entusiasmo de numerosos ni?os, chicos y j?venes. No falt? el aspecto de la memoria, que hizo perceptible de forma conmovedora el alma de la Iglesia maronita, la cual celebra precisamente este a?o los 1600 a?os de la muerte de su Fundador san Mar?n. Al respecto, fue particularmente significativa la presencia de algunos cat?licos maronitas originarios de cuatro pueblos de la Isla donde los cristianos son un pueblo que sufre y espera; a ellos quise manifestar mi comprensi?n paterna por sus aspiraciones y dificultades.

En esa misma celebraci?n pude admirar el compromiso apost?lico de la comunidad latina, guiada por la solicitud del Patriarca latino de Jerusal?n y por el celo pastoral de los Frailes Menores de Tierra Santa, que se ponen al servicio de la gente con generosidad perseverante. Los cat?licos de rito latino, muy activos en el ?mbito caritativo, reservan una atenci?n especial hacia los trabajadores y los m?s necesitados. A todos, latinos y maronitas asegur? mi recuerdo en la oraci?n, anim?ndoles a dar testimonio del Evangelio tambi?n mediante un paciente trabajo de confianza legitima entre cristianos y no cristianos, para construir una paz duradera y una armon?a entre los pueblos.

Quise repetir la invitaci?n a la confianza y a la esperanza en el transcurso de la Santa Misa, celebrada en la parroquia de la Santa Cruz en presencia de los sacerdotes, de las personas consagradas, de los di?conos, de los catequistas y de los exponentes de asociaciones y movimientos laicales de la Isla. Partiendo de la reflexi?n sobre el misterio de la Cruz, dirig? un llamamiento apremiante a todos los cat?licos de Oriente Medio para que, a pesar de las grandes pruebas y las bien conocidas dificultades, no cedan a la desilusi?n y a la tentaci?n de emigrar, en cuanto que su presencia en la regi?n constituye un signo insustituible de esperanza. Les garantic?, y especialmente a los sacerdotes y a los religiosos, la afectuosa e intensa solidaridad de toda la Iglesia, como tambi?n la incesante oraci?n para que el Se?or les ayude a ser siempre presencia viva y pacificadora.

Seguramente el momento culminante del viaje apost?lico fue la entrega del Instrumentum Laboris de la Asamblea Especial para Oriente Medio del S?nodo de los Obispos. Este acto tuvo lugar el domingo 6 de junio, en el Palacio de Deportes de Nicosia, al t?rmino de la solemne Celebraci?n eucar?stica, en la que tomaron parte los patriarcas y obispos de las diversas comunidades eclesiales de Oriente Medio. La participaci?n del Pueblo de Dios fue nutrida, ?entre cantos de j?bilo y alabanza de una muchedumbre en fiesta?, como dice el Salmo (42,5). Hicimos experiencia concreta de ello, tambi?n gracias a la presencia de muchos inmigrantes, que forman un grupo significativo en la poblaci?n cat?lica de la Isla, donde se han integrado sin dificultad. Juntos rezamos por el alma del llorado obispo monse?or Luigi Padovese, presidente de la Conferencia Episcopal Turca, cuya muerte improvisa y tr?gica nos ha dejado doloridos y consternados.

El tema de la Asamblea sinodal para Oriente Medio, que tendr? lugar en Roma el pr?ximo mes de octubre, habla de comuni?n y de apertura a la esperanza: "La Iglesia cat?lica en Oriente Medio: comuni?n y testimonio". El importante acontecimiento se configura de hecho como una reuni?n de la cristiandad cat?lica en ese ?rea, en sus diversos rito, pero al mismo tiempo como b?squeda renovada de di?logo y de valor para el futuro. Por tanto, estar? acompa?ado por el afecto orante de toda la Iglesia, en cuyo coraz?n Oriente Medio ocupa un lugar especial, en cuanto que es precisamente all? donde Dios se ha dado a conocer a nuestros padres en la fe. No faltar?, con todo, la atenci?n de otros sujetos de la sociedad mundial, especialmente de los protagonistas de la vida p?blica, llamados a operar con constante empe?o para que esa regi?n pueda superar las situaciones de sufrimiento y de conflicto que a?n la afligen y de volver a encontrar finalmente la paz en la justicia.

Antes de despedirme de Chipre pude visitar la catedral maronita de Nicosia ? donde estaba presente tambi?n el cardenal Pierre Nasrallah Sfeir, patriarca de Antioqu?a de los maronitas. Renov? mi sincera cercan?a y mi ferviente comprensi?n a cada comunidad de la antigua Iglesia maronita dispersa en la Isla, a cuyas orillas los maronitas llegaron en varios periodos y fueron a menudo duramente probados para permanecer fieles a su espec?fica herencia cristiana, cuyas memorias hist?ricas y art?sticas constituyen un patrimonio cultural para toda la humanidad.

Queridos hermanos y hermanas, he vuelto al Vaticano con el alma llena de gratitud hacia Dios y con sentimientos de sincero afecto y estima por los habitantes de Chipre, de los cuales me he sentido escuchado y comprendido. En la noble tierra chipriota he podido ver la obra apost?lica de las diversas tradiciones de la ?nica Iglesia de Cristo y he podido casi escuchar tantos corazones latir al un?sono. Precisamente como afirmaba el tema del viaje: ?Un coraz?n, un alma". La comunidad cat?lica chipriota, en sus expresiones maronita, armenia y latina, se esfuerza incesantemente en ser un solo coraz?n y una sola alma, tanto dentro de s? como en las relaciones cordiales y constructivas con los hermanos ortodoxos y con las dem?s expresiones cristianas. Que el pueblo chipriota y las dem?s naciones de Oriente Medio, con sus gobernantes y los representantes de las distintas religiones, puedan construir juntos un futuro de paz, de amistad y de fraterna colaboraci?n. Y oramos para que, por intercesi?n de Mar?a Sant?sima, el Esp?ritu Santo haga fecundo este viaje apost?lico, y anime en el mundo entero la misi?n de la Iglesia, instituida por Cristo para anunciar a todos los pueblos el Evangelio de la verdad, del amor y de la paz.

[Traducci?n del original italiano por Inma ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:48  | Habla el Papa
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