Mi?rcoles, 28 de julio de 2010

ZENIT? nos ofrece el discurso pronunciado el lunes 5 de Julio de 2010 en los jardines vaticanos por el Papa Benedicto XVI, al inaugurar y bendecir una fuente dedicada a san Jos?, regalo de la Gobernaci?n del Estado del Vaticano.

Se?ores cardenales,
Venerados hermanos en el Episcopado y en el Sacerdocio,
Ilustres se?ores y se?oras

Es para m? motivo de alegr?a inaugurar esta fuente en los Jardines Vaticanos, en un contexto natural de singular belleza. Es una obra que va a incrementar el patrimonio art?stico de este encantador espacio verde de la Ciudad del Vaticano, rico de testimonios hist?rico-art?sticos de varias ?pocas. De hecho, no solo los prados, las flores, los ?rboles, pero tambi?n las torres, las casitas, los templetes, las fuentes, las estatuas y las dem?s construcciones hacen de estos Jardines un unicum fascinante. Ellos fueron para mis Predecesores, y son tambi?n para m? un espacio vital, un lugar que frecuento a menudo para transcurrir un poco de tiempo en oraci?n y en serena distensi?n.

Al dirigir a cada uno de vosotros mi cordial saludo, deseo manifestar vivo reconocimiento por este regalo, que me hab?is ofrecido, dedic?ndolo a san Jos?. ?Gracias por este delicado y cort?s pensamiento! Fue una empresa comprometida, que ha visto la colaboraci?n de muchos. Agradezco ante todo al se?or cardenal Giovanni Lajolo tambi?n por las palabras que me ha dirigido y por la interesante presentaci?n de los trabajos llevados a cabo. Con ?l agradezco al arzobispo monse?or Carlo Maria Vigan? y el obispo monse?or Giorgio Corbellini, respectivamente Secretario General y Vice-Secretario General de la Gobernaci?n. Expreso vivo aprecio a la Direcci?n de los Servicios T?cnicos, al proyectista y al escultor, a los consultores y al equipo de trabajo, con un pensamiento especial a los esposos Hintze y al se?or Castrignano, de Londres, que han financiado generosamente la obra, como tambi?n a las hermanas del monasterio de San Jos? de Kyoto. Una palabra de gratitud a la Provincia de Trento, a los ayuntamientos y a las empresas trentinas, por su contribuci?n.

Esta fuente est? dedicada a san Jos?, figura querida y cercana al coraz?n del pueblo de Dios y a mi coraz?n. Los seis paneles de bronce que la embellecen evocan otros tantos momentos de su vida. Deseo brevemente detenerme sobre ellos. El primer panel respresenta los desposorios entre Jos? y Mar?a; es un episodio que reviste gran importancia. Jos? era de la estirpe real de David y, en virtud de su matrimonio con Mar?a, conferir? al Hijo de la Virgen ? al Hijo de Dios ? el t?tulo legal de ?hijo de David?, cumpliendo as? las profec?as. El desposorio de Jos? y Mar?a es, por ello, un acontecimiento humano, pero determinante en la historia de salvaci?n de la humanidad, en la realizaci?n de las promesas de Dios; por ello tiene tambi?n una connotaci?n sobrenatural, que los dos protagonistas aceptan con humildad y confianza.

Bien pronto para Jos? llega el momento de la prueba, una prueba comprometida para su fe. Prometido de Mar?a, antes de ir a vivir con ella, descubre su misteriosa maternidad y se queda turbado. El evangelista Mateo subraya que, siendo justo, no quer?a repudiarla, y por tanto decidi? despedirla en secreto (cfr Mt 1,19). Pero en sue?os ? como est? representado en el segundo panel ? el ?ngel le hizo comprender que lo que suced?a en Mar?a era obra del Esp?ritu Santo; y Jos?, fi?ndose de Dios, consiente y coopera en el plano de la salvaci?n. Ciertamente, la intervenci?n divina en su vida no pod?a no turbar su coraz?n. Confiarse a Dios no significa ver todo claro seg?n nuestros criterios, no significa realizar lo que hemos proyectado; confiarse a Dios quiere decir vaciarse de s? mismos, renunciar a s? mismos, porque solo quien acepta perderse por Dios puede ser ?justo? como san Jos?, es decir, puede conformar su propia voluntad a la de Dios y as? realizarse.

El Evangelio, como sabemos, no ha conservado ninguna palabra de Jos?, el cual lleva a cabo su actividad en el silencio. Es el estilo que le caracteriza en toda la existencia, tanto antes de encontrarse frente al misterio de la acci?n de Dios en su esposa, sea cuando ? consciente de este misterio ? est? junto a Mar?a en la Natividad ? representada en la tercera imagen. En esa noche santa, en Bel?n, con Mar?a y el Ni?o, est? Jos?, al que el Padre Celestial confi? el cuidado cotidiano de su Hijo sobre la tierra, un cuidado llevado a cabo en la humildad y en el silencio.

El cuarto panel reproduce la escena dram?tica de la Fuga a Egipto para escapar a la violencia homicida de Herodes. Jos? es obligado a dejar su tierra con su familia, de prisa: es otro momento misterioso en su vida; otra prueba en la que se le pide plena fidelidad al designio de Dios.

Despu?s, en los Evangelios, Jos? aparece s?lo en otro episodio, cuando se dirige a Jerusal?n y vive la angustia de perder al hijo Jes?s. San Lucas describe la afanosa b?suqeda y la maravilla de encontrarlo en el Templo ? como aparece en el quinto panel ?, pero a?n mayor es el estupor de escuchar las misteriosas palabras: "?Por qu? me busc?bais? ?No sab?ais que yo debo ocuparme de las cosas de mi Padre?" (Lc 2,49). Esta doble pregunta del Hijo de Dios nos ayuda a entender el misterio de la paternidad de Jos?. Recordando a sus propios padres la primac?a de Aquel a quien llama "Padre m?o", Jes?s afirma el primado de la voluntad de Dios sobre toda otra voluntad, y revela a Jos? la verdad profunda de su papel: tambi?n ?l est? llamado a ser disc?pulo de Jes?s, dedicando su existencia al servicio del Hijo de Dios y de la Virgen Madre, en obediencia al Padre Celestial.

El sexto panel representa el trabajo de Jos? en su taller de Nazaret. Junto a ?l trabaj? Jes?s. El Hijo de Dios est? escondido a los hombres y s?lo Mar?a y Jos? custodian su misterio y lo viven cada d?a: el Verbo encarnado crece como hombre a la sombra de sus padres, pero, al mismo tiempo, estos permanecen, a su vez, escondidos en Cristo, en su misterio, viviendo su vocaci?n.

Queridos hermanos y hermanas, esta bella fuente dedicada a san Jos? constituye un recuerdo simb?lico de los valores de la sencillez y de la humildad al llevar a cabo d?a a d?a la voluntad de Dios, valores que distinguieron la vida silenciosa, pero preciosa del Custodio del Redentor. A su intercesi?n conf?o las esperanzas de la Iglesia y del mundo. Que ?l, junto a la Virgen Mar?a, su esposa, gu?e siempre mi camino y el vuestro, para que podamos ser instrumentos gozosos de paz y de salvaci?n.

[Traducci?n del original italiano por Inma ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 23:16  | Habla el Papa
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