Jueves, 29 de julio de 2010

ZENIT? nos ofrece la catequesis del Papa Benedicto XVI, pronunciada?el mi?rcoles 7 de Junio de 2010?durante la Audiencia General, celebrada en el Aula Pablo VI, y que ha dedicado al beato franciscano Duns Scoto.

Queridos hermanos y hermanas,

esta ma?ana ? despu?s de algunas catequesis sobre diversos grandes te?logos ? quiero presentaros otra figura importante en la historia de la teolog?a: se trata del beato Juan Duns Scoto, que vivi? a finales del siglo XIII. Una antigua inscripci?n sobre su tumba resume las coordinadas geogr?ficas de su biograf?a: ?Inglaterra lo acogi?; Francia lo instruy?; Colonia, en Alemania, conserva los restos; en Escocia naci?". No podemos descuidar estas informaciones, tambi?n porque tenemos bien pocas noticias sobre la vida de Duns Scoto. Naci? probablemente en 1266 en un pueblo, que se llamaba precisamente Duns, en las cercan?as de Edimburgo. Atra?do por el carisma de san Francisco de As?s, entr? en la Familia de los Frailes menores y, en 1291, fue ordenado sacerdote. Dotado de una inteligencia brillante y llevada a la especulaci?n ? esa inteligencia por la que mereci? de la tradici?n el t?tulo de Doctor subtilis, "Doctor sutil" ? Duns Scoto fue dirigido a los estudios de filosof?a y de teolog?a en las c?lebres Universidades de Oxford y de Par?s. Concluida con ?xito su formaci?n, emprendi? la ense?anza de la teolog?a en las Universidades de Oxford y de Cambridge, y despu?s de Par?s, empezando a comentar, como todos los Maestros de su tiempo, las Sentencias de Pedro Lombardo. Las obras principales de Duns Scoto representan precisamente el fruto maduro de estas lecciones, y toman su t?tulo de los lugares en los que ense??: Opus Oxoniense (Oxford), Reportatio Cambrigensis (Cambridge), Reportata Parisiensia (Par?s). De Par?s se alej? cuando, tras estallar un grave conflicto entre el rey Felipe IV el Hermosa y el Papa Bonifacio VIII, Duns Scoto prefiri? el exilio voluntario, m?s que firmar un documento hostil al Sumo Pont?fice, como el rey hab?a impuesto a todos los religiosos. As? ? por amor a la Sede de Pedro ?, junto a los Frailes franciscanos, abandon? el Pa?s.

Queridos hermanos y hermanas, este hecho nos invita a recordar cuantas veces, en la historia de la Iglesia, los creyentes encontraron hostilidad y sufrido incluso persecuciones a causa de su fidelidad y de su devoci?n a Cristo, a la Iglesia y al Papa. Nosotros todos miramos con admiraci?n a estos cristianos, que nos ense?an a custodiar como un bien precioso la fe en Cristo y la comuni?n con el Sucesor de Pedro y, as?, con la Iglesia universal.

Sin embargo, las relaciones entre el rey de Francia y el sucesor de Bonifacio VIII volvieron a ser bien pronto amistosas, y en 1305 Duns Scoto pudo volver a Par?s para ense?ar teolog?a con el t?tulo de Magister regens, hoy se dir?a profesor ordinario. Sucesivamente, los Superiores le enviaron a Colonia como profesor del Studium teol?gico franciscano, pero ?l muri? el 8 de noviembre de 1308, a tan solo 43 a?os de edad, dejando, con todo, un n?mero relevante de obras.

Con motivo de la fama de santidad de que gozaba, su culto se difundi? bien pronto en la Orden franciscana y el Venerable papa Juan Pablo II quiso confirmarlo solemnemente beato el 20 de marzo de 1993, defini?ndolo "cantor del Verbo encarnado y defensor de la Inmaculada Concepci?n?. En esta expresi?n est? sintetizada la gran contribuci?n que Duns Scoto ofreci? a la historia de la teolog?a.

Ante todo, medit? sobre el Misterio de la Encarnaci?n y, a diferencia de muchos pensadores de muchos pensadores cristianos del tiempo, sostuvo que el Hijo de Dios se habr?a hecho hombre aunque la humanidad no hubiese pecado. ?l afirma en la "Reportata Parisiensa": "?Pensar que Dios habr?a renunciado a esta obra si Ad?n no hubiese pecado ser?a del todo irracional! Digo por tanto que la ca?da no fue la causa de la predestinaci?n de Cristo, y que ? aunque nadie hubiese ca?do, ni el ?ngel ni el hombre ? en esta hip?tesis Cristo habr?a estado a?n predestinado de la misma forma" (in III Sent., d. 7, 4). Este pensamiento, quiz?s un poco sorprendente, nace porque para Duns Scoto la Encarnaci?n del Hijo de Dios, proyectada desde la eternidad desde la eternidad por parte de Dios Padre en su plan de amor, es cumplimiento de la creaci?n, y hace posible a toda criatura, en Cristo y por medio de ?l, de ser colmada de gracia, y dar alabanza y gloria a Dios en la eternidad. Duns Scoto, aun consciente de que, en realidad, a causa del pecado original, Cristo nos redimi? con su Pasi?n, Muerte y Resurrecci?n, reafirma que la Encarnaci?n es la obra m?s grande y m?s bella de toda la historia de la salvaci?n, y que esta no est? condicionada por ning?n hecho contingente, pero es la idea original de Dios de unir finalmente todo lo creado consigo mismo en la persona y en la carne del Hijo.

Fiel disc?pulo de san Francisco, Duns Scoto amaba contemplar y predicar el Misterio de la Pasi?n salv?fica de Cristo, expresi?n del amor inmenso de Dios, el Cual comunica con grand?sima generosidad fuera de s? los rayos de Su bondad y de Su amor (cfr Tractatus de primo principio, c. 4). Y este amor no se revela s?lo en el Calvario, sino tambi?n en la Sant?sima Eucarist?a, de la cual Duns Scoto era devot?simo y que ve?a como el Sacramento de la presencia real de Jes?s y como el Sacramento de la unidad y de la comuni?n que nos induce a amarnos unos a otros y a amar a Dios como el Sumo Bien com?n (cfr Reportata Parisiensia, in IV Sent., d. 8, q. 1, n. 3).

Queridos hermanos y hermanas, esta visi?n teol?gica, fuertemente "cristoc?ntrica", nos abre a la contemplaci?n, al estupor y a la gratitud: Cristo es el centro de la historia y del cosmos, es Aquel que da sentido, dignidad y valor a nuestra vida. Como en Manila el papa Pablo VI, tambi?n yo hoy quiero gritar al mundo: "[Cristo] es el revelador del Dios invisible, es el primog?nito de toda criatura, es el fundamento de todo; es el Maestro de la humanidad, es el Redentor; naci?, muri? y resucit? por nosotros; ?l es el centro de historia y del mundo; es Aquel que nos conoce y que nos ama; es el compa?ero y el amigo de nuestra vida... Yo nunca acabar?a de hablar de ?l" (Homil?a, 29 de noviembre de 1970).

No s?lo el papel de Cristo en la historia de la salvaci?n, sino tambi?n el de Mar?a es objeto de la reflexi?n del Doctor subtilis. En los tiempos de Duns Scoto la mayor parte de los te?logos opon?a una objeci?n, que parec?a insuperable, a la doctrina seg?n la cual Mar?a Sant?sima estuvo exenta del pecado original desde el primer instante de su concepci?n: de hecho, la universalidad de la Redenci?n llevada a cabo por Cristo, a primera vista, podr?a parecer comprometida por una afirmaci?n semejante, como si Mar?a no hubiese tenido necesidad de Cristo y de su redenci?n. Por ello los te?logos se opon?an a esta tesis. Duns Scoto, entonces, para hacer comprender esta preservaci?n del pecado original, desarroll? un argumento que fue despu?s adoptado tambi?n por el papa P?o IX en 1854, cuando defini? solemnemente el dogma de la Inmaculada Concepci?n de Mar?a. Y este argumento es el de la ?Redenci?n preventiva?, seg?n la cual la Inmaculada Concepci?n representa la obra de arte de la Redenci?n realizada en Cristo, porque precisamente el poder de su amor y de su mediaci?n obtuvo que la Madre fuese preservada del pecado original. Por tanto Mar?a est? totalmente redimida por Cristo, pero ya antes de su concepci?n. Los franciscanos, sus hermanos, acogieron y difundieron con entusiasmo esta doctrina, y los dem?s te?logos ? a menudo con solemne juramento ? se comprometieron en defenderla y en perfeccionarla.

A este respecto, quisiera poner de evidencia un dato, que me parece importante. Te?logos de valor, como Duns Scoto sobre la doctrina de la Inmaculada Concepci?n, enriquecieron con su contribuci?n espec?fica de pensamiento lo que el Pueblo de Dios ya cre?a espont?neamente sobre la Beata Virgen, y manifestaba en los actos de piedad, en las expresiones del arte y, en general, en la vida cristiana. As? la fe tanto en la Inmaculada Concepci?n, como en la Asunci?n corporal de la Virgen estaba ya presente en el Pueblo de Dios, mientras que la teolog?a no hab?a encontrado a?n la clave para interpretarla en la totalidad de la doctrina de la fe. Por tanto el Pueblo de Dios precede a los te?logos y todo esto gracias a ese sensus fidei sobrenatural, es decir, esa capacidad infundida por el Esp?ritu Santo, que capacita para abrazar la realidad de la fe, con la humildad del coraz?n y de la mente. En este sentido, el Pueblo de Dios es "magisterio que precede", y que debe ser despu?s profundizado y acogido intelectualmente por la teolog?a. ?Que los te?logos puedan siempre ponerse a la escucha de esta fuente de la fe y conservar la humildad y la sencillez de los peque?os! Lo record? hace unos meses diciendo: ?Hay grandes doctos, grandes especialistas, grandes te?logos, maestros de fe, que nos han ense?ado muchas cosas. Est?n versados en los detalles de la Sagrada Escritura... pero no han podido ver el propio misterio, el verdadero n?cleo... ?Lo esencial permanece escondido! En cambio, hay tambi?n en nuestro tiempo peque?os que han conocido este misterio. Pensemos en santa Bernardette Soubirous; en santa Teresa de Lisieux, con su nueva lectura 'no cient?fica' de la Biblia, pero que entra en el coraz?n de la Sagrada Escritura" (Homil?a. Misa con los Miembros de la Comisi?n Teol?gica Internacional, 1 de diciembre de 2009).

Finalmente, Duns Scoto desarroll? un punto en el que la modernidad es muy sensible. Se trata del tema de la libertad y de su relaci?n con la voluntad y con el intelecto. Nuestro autor subraya la libertad como cualidad fundamental de la voluntad, iniciando una postura de tendencia voluntarista, que se desarroll? en contraposici?n con el llamado intelectualismo agustiniano y tomista. Para santo Tom?s de Aquino, que sigue a san Agust?n, la libertad no puede considerarse una cualidad innata de la voluntad, sino el fruto de la colaboraci?n de la voluntad con el intelecto. Una idea de la libertad innata y absoluta colocada en la voluntad que precede al intelecto, tanto en Dios como en el hombre, corre el riesgo, de hecho, de llevar a la idea de un Dios que no estar?a ligado tampoco a la verdad ni al bien. El deseo de salvar la absoluta trascendencia y diversidad de Dios con una afirmaci?n tan radical e impenetrable de su voluntad no tiene en cuenta que el Dios que se ha revelado en Cristo es el Dios "logos", que actu? y act?a lleno de amor hacia nosotros. Ciertamente, como afirma Duns Scoto en la l?nea de la teolog?a franciscana, el amor supera el conocimiento y es capaz de percibir cada vez m?s del pensamiento, pero es siempre el amor del Dios "logos" (cfr Benedicto XVI, Discurso en Regensburg, Ense?anzas de Benedicto XVI, II [2006], p. 261). Tambi?n en el hombre la idea de libertad absoluta, colocada en la voluntad, olvidando el nexo con la verdad, ignora que la misma libertad debe ser liberada de los l?mites que le vienen del pecado.

Hablando a los seminaristas de Roma ? el a?o pasado ? recordaba que ?la libertad en todos los tiempos ha sido el gran sue?o de la humanidad, desde el inicio, pero particularmente en la ?poca moderna" (Discurso al Pontificio Seminario Mayor Romano, 20 de febrero de 2009). Pero precisamente la historia moderna, adem?s de nuestra experiencia cotidiana, nos ense?a que la libertad es aut?ntica, y ayuda a la construcci?n de una civilizaci?n verdaderamente humana, s?lo cuando est? reconciliada con la verdad. Si se separa de la verdad, la libertad se convierte tr?gicamente en principio de destrucci?n de la armon?a interior de la persona humana, fuente de prevaricaci?n de los m?s fuertes y de los m?s violentos, y causa de sufrimientos y de lutos. La libertad, como todas las facultades de las que el hombre est? dotado, crece y se perfecciona, afirma Duns Scoto, cuando el hombre se abre a Dios, valorando esa disposici?n a la escucha de su voz, que ?l llama potentia oboedientialis: cuando nos ponemos a la escucha de la Revelaci?n divina, de la Palabra de Dios, para acogerla, entonces somos alcanzados por un mensaje que llena de luz y de esperanza nuestra vida y somos verdaderamente libres.

Queridos hermanos y hermanas, el beato Duns Scoto nos ense?a que en nuestra vida lo esencial es creer que Dios est? cercano a nosotros y nos ama en Jesucristo, y cultivar, por tanto, un profundo amor a ?l y a su Iglesia. De este amor nosotros somos los testigos en esta tierra. Que Mar?a Sant?sima nos ayude a recibir este infinito amor de Dios del que gozaremos plenamente por la eternidad en el Cielo, cuando finalmente nuestra alma estar? unida por siempre a Dios, en la comuni?n de los santos.

[Traducci?n del original italiano por Inma ?lvarez

?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 21:36  | Habla el Papa
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