ZENIT publica la intervención que pronunció Benedicto XVI el domingo 22 de Agosto de 2010 al rezar a mediodía la oración mariana del Ángelus junto a los peregrinos congregados en el patio del Palacio Apostólico de Castel Gandolfo.
Queridos hermanos y hermanas:
Ocho días después de la solemnidad de la Asunción al Cielo, la liturgia nos invita a venerar a la bienaventurada Virgen María con el título de "Reina". Contemplamos a la Madre de Cristo coronada por su Hijo, es decir, asociada a su realeza universal, tal y como la representan muchos mosaicos y pinturas. Esta memoria también cae este año en domingo, alcanzando una luz mayor gracias a la Palabra de Dios y la celebración de la Pascua semanal. En particular, el icono de la Virgen María Reina encuentra una confirmación significativa en el Evangelio del día, donde Jesús afirma: "Hay algunos que son los últimos y serán los primeros, y hay otros que son los primeros y serán los últimos" (Lucas 13, 30). Se trata de una típica expresión de Cristo, referida varias veces por los Evangelios, con fórmulas parecidas, pues evidentemente refleja un tema muy sentido por su predicación profética. La Virgen es el ejemplo perfecto de esta verdad evangélica, es decir, que Dios humilla a los soberbios y poderosos de este mundo y eleva a los humildes (Cf. Lucas 1, 52).
¡La pequeña y sencilla muchacha de Nazaret se ha convertido en la Reina del mundo! Esta es una de las maravillas reveladas por el corazón de Dios. Naturalmente la realeza de María depende totalmente de la de Cristo: Él es el Señor, a quien, después de la humillación de la muerte en la cruz, el Padre ha exaltado por encima de toda criatura en los cielos, en la tierra y bajo la tierra (Cf. Filipenses 2, 9-11). Por un designio de la gracia, la Madre Inmaculada ha quedado plenamente asociada al misterio del Hijo: a su Encarnación; a su vida terrena, primero escondida en Nazaret y después manifestada en el ministerio mesiánico; a su Pasión y Muerte; y por último a la gloria de la Resurrección y Ascensión al Cielo. La Madre compartió con el Hijo no sólo los aspectos humanos de este ministerio, sino también, por obra del Espíritu Santo en ella, su intención profunda, su voluntad divina, de manera que toda su existencia, pobre y humilde, fue elevada, transformada, glorificada, pasando a través de la "puerta estrecha" que es el mismo Jesús (Cf. Lucas 13, 24). Sí, María es la primera que atravesó el "camino" abierto por Cristo para entrar en el Reino de Dios, un camino accesible para los humildes, para quienes confían en la Palabra de Dios y se comprometen para llevarla a la práctica.
En la historia de las ciudades y de los pueblos evangelizados por el mensaje cristiano, se dan innumerables testimonios de veneración pública, en algunos casos incluso institucional de la realeza de la Virgen María. Pero hoy queremos sobre todo renovar, como hijos de la Iglesia, nuestra devoción a quien Jesús nos dejó como Madre y Reina. Encomendamos a su intercesión la oración diaria por la paz, especialmente allí donde más golpea la absurda lógica de la violencia para que todos los hombres se persuadan de que en este mundo debemos ayudarnos los unos a los otros como hermanos para construir la civilización del amor Maria, Regina pacis, ora pro nobis!
[Tras rezar el Ángelus, el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:]
Saludo a los peregrinos de lengua española y los invito a pedir por la Iglesia, extendida de oriente a occidente, para que sea fiel al mandato que el Señor le encomendó de llevar la luz del Evangelio a todas las naciones. Por intercesión de la Virgen María, a quien invocamos como Reina y Señora nuestra, supliquemos a Cristo Jesús, su divino Hijo, que sean cada vez más los que dediquen su vida a esta hermosa misión, siendo testigos de su amor, de palabra y con el propio ejemplo. Muchas gracias.
[Traducción del original italiano realizada por Jesús Colina
© Libreria Editrice Vaticana]
ZENIT En el centenario del decreto "Quam singulari Christus amore" (8 de agosto de 1910) de san Pío X --el Papa beatificado en 1951 y canonizado en 1954--, publicamos la reflexión del prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, el cardenal Antonio Cañizares, presentada en "L'Osservatore Romano". Benedicto XVI afrontó este argumento en la audiencia del miércoles pasado (Cf. "San Pío X, modelo de pastor").
Se cumplen ahora cien años de la promulgación del decreto "Quam singulari", del Papa san Pío X, por el que, siguiendo fielmente las enseñanzas del concilio IV de Letrán y las de Trento, estableció la primera comunión y primera confesión de los niños a la edad del uso de razón, es decir, en torno a los siete años.
Esta disposición del santo Papa suponía un cambio muy importante en la práctica pastoral y en la concepción habitual de entonces, que por diversas razones, habían retrasado a edades posteriores este acontecimiento tan trascendental para el hombre.
Con este decreto, san Pío X, el gran Papa de la piedad y de la participación eucarística, con el deseo de renovación eclesial que inspiró su pontificado, enseñó a toda la Iglesia el sentido, lugar, valor y centralidad de la sagrada comunión para la vida de todos los bautizados, incluidos los niños.
Con este gesto al mismo tiempo, destacaba y recordaba a todos el amor y la predilección de Jesús por los niños, que además de hacerse niño, manifestó su amor hacia ellos con gestos y palabras hasta el punto de decir: "Si no sois como niños no entraréis en el reino de los cielos"; "Dejad que los niños se acerquen a mí, no se lo impidáis, porque de ellos es el reino de los cielos". Ellos son siempre amigos muy especiales del Señor.
Con la misma predilección, con la misma mirada amorosa y con la misma atención y solicitud singular, mira, atiende, cuida y se preocupa la Iglesia de los niños. Por esto, ella, como madre amorosa, quiere para sus hijos pequeños, los primeros en el reino de Dios, que, con las debidas disposiciones participen pronto en lo mejor y más grande que Jesús nos ha dejado en memoria suya: su Cuerpo y su Sangre, el Pan de la vida. Por la sagrada comunión, Jesús en persona, Hijo de Dios, entra dentro de la vida de quien lo recibe y pone su morada en él. No cabe mayor amor, ni mayor regalo. Esto es un don de amor que vale más que todo el resto que pueda darse a la vida de cada hombre. Estar con el Señor; que el Señor esté en nosotros, dentro de nosotros; que nos alimente y sacie; que nos tome de la mano y nos guíe; que nos vivifique y permanezcamos fielmente en comunión y amistad con él: es sin duda lo más grande, lo más gratificante, lo más gozoso que le puede suceder a uno.
¿Cómo retrasar, pues, a los niños, este encuentro con Jesús, que son sus mejores amigos, los especialmente queridos por Dios, el Padre, objeto de especial cuidado de la Iglesia, madre santa?
La primera comunión de los niños es como el inicio de un camino junto a Jesús, en comunión con él: el inicio de una amistad destinada a durar y fortalecerse toda la vida con él; comienzo de un camino, porque con Jesús, unidos sin separarnos, procedemos bien y la vida se hace buena y dichosa; con él dentro de nosotros podemos ser sin duda personas mejores. Su presencia entre nosotros y con nosotros es luz, vida y pan en el camino. El encuentro con Jesús es la fuerza que necesitamos para vivir con alegría y esperanza. No podemos, retrasando la primera comunión, privar a los niños -al alma y al espíritu de los niños- de esta gracia, obra y presencia de Jesús, de este encuentro de amistad con él, de esta participación singular de Jesús mismo y de este alimento del cielo para poder madurar y llegar así a la plenitud.
Todos, especialmente los niños, tenemos necesidad del Pan bajado del cielo, porque también el alma debe nutrirse y no bastan nuestras conquistas, la ciencia, las cosas técnicas, por muy importantes que sean. Necesitamos a Cristo para crecer y madurar en nuestras vidas. Esto es más importante todavía en los momentos que vivimos y lo es de modo especial para los niños, frecuentemente objeto, por desgracia, de manipulación y de destrucción de su grandeza, pureza, simplicidad, "santidad", capacidad de Dios y de amor que les constituye. Los niños viven inmersos en mil dificultades, envueltos en un ambiente difícil que no les favorece ser lo que Dios quiere de ellos, muchos, víctimas de la crisis de la familia. En ese clima aún les es más necesario el encuentro, la amistad, la unión con Jesús, su presencia y su fuerza. Son, por su alma limpia y abierta, los mejor dispuestos, sin duda, para ello.
El centenario del decreto "Quam singulari" es una ocasión providencial para recordar e insistir en el tomar la primera comunión cuando los niños tengan la edad del uso de razón, que hoy, incluso, parece anticiparse. No es recomendable, por ello, la práctica que se está introduciendo cada día más de alargar la edad de la primera comunión. Al contrario, es aún más necesario el adelantarla.
Ante tantas cosas que están acaeciendo con los niños, y el ambiente tan adverso en el que crecen, no los privemos del don de Dios: puede ser, es la garantía de su desarrollo como hijos de Dios, engendrados por los sacramentos de la iniciación cristiana en el seno de la santa madre Iglesia. La gracia del don de Dios es más poderosa que nuestras obras y que nuestros planes y programas. Cuando san Pío X adelantó la edad de la primera comunión, también insistió en la necesidad de una buena formación, de una buena catequesis. Hoy debemos acompañar este mismo adelanto en la edad con una nueva y vigorosa pastoral de iniciación cristiana. Las líneas marcadas por el Catecismo de la Iglesia católica y el Directorio general para la catequesis son guía imprescindible en esta pastoral nueva o renovada de la iniciación cristiana tan fundamental para el futuro de la Iglesia, la madre que, con el auxilio de la gracia del espíritu, engendra y madura a sus hijos por los sacramentos de la iniciación, por la catequesis, y por toda la acción pastoral que acompaña. Así pues, no cerremos hoy nuestros oídos a las palabras de Jesús: "Dejad que los niños se acerquen a mí, no se lo impidáis". Él quiere estar en ellos y con ellos, porque "de los niños y de los que son como ellos es el reino de Dios".
Reflexión de José Antonio Pagola al evangelio del domingo veintitrés del Tiempo Ordinario - C, ofrecida por la Delegación Diocesanade Enseñanza de la Diócesis de Tenerife.
REALISMO RESPONSABLE
Los ejemplos que emplea Jesús son muy diferentes, pero su enseñanza es la misma: el que emprende un proyecto importante de manera temeraria, sin examinar antes si tiene medios y fuerzas para lograr lo que pretende, corre el riesgo de terminar fracasando.
Ningún labrador se pone a construir una torre para proteger sus viñas, sin tomarse antes un tiempo para calcular si podrá concluirla con éxito, no sea que la obra quede inacabada, provocando las burlas de los vecinos. Ningún rey se decide a entrar en combate con un adversario poderoso, sin antes analizar si aquella batalla puede terminar en victoria o será un suicidio.
A primera vista, puede parecer que Jesús está invitando a un comportamiento prudente y precavido, muy alejado de la audacia con que habla de ordinario a los suyos. Nada más lejos de la realidad. La misión que quiere encomendar a los suyos es tan importante que nadie ha de comprometerse en ella de forma inconsciente, temeraria o presuntuosa.
Su advertencia cobra gran actualidad en estos momentos críticos y decisivos para el futuro de nuestra fe. Jesús llama, antes que nada, a la reflexión madura: los dos protagonistas de las parábolas «se sientan» a reflexionar. Sería una grave irresponsabilidad vivir hoy como discípulos de Jesús, que no saben lo que quieren, ni a dónde pretenden llegar, ni con qué medios han de trabajar
¿Cuándo nos vamos a sentar para aunar fuerzas, reflexionar juntos y buscar entre todos el camino que hemos de seguir? ¿No necesitamos dedicar más tiempo, más escucha del evangelio y más meditación para descubrir llamadas, despertar carismas y cultivar un estilo renovado de seguimiento a Jesús?
Jesús llama también al realismo. Estamos viviendo un cambio sociocultural sin precedentes. ¿Es posible contagiar la fe en este mundo nuevo que está naciendo, sin conocerlo bien y sin comprenderlo desde dentro? ¿Es posible facilitar el acceso al Evangelio ignorando el pensamiento, los sentimientos y el lenguaje de los hombres y mujeres de nuestro tiempo? ¿No es un error responder a los retos de hoy con estrategias de ayer?
Sería una temeridad en estos momentos actuar de manera inconsciente y ciega. Nos expondríamos al fracaso, la frustración y hasta el ridículo. Según la parábola, la "torre inacabada" no hace sino provocar las burlas de la gente hacia su constructor. No hemos de olvidar el lenguaje realista y humilde de Jesús que invita a sus discípulos a ser "fermento" en medio del pueblo o puñado de "sal" que pone sabor nuevo a la vida de las gentes.
José Antonio Pagola
Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
5 de septiembre de 2010
23 Tiempo ordinario (C)
Lucas 14, 25-33
Desde Cueva de SAn Ignacio en Mnresa nos envían propuestas de actividades que se llevarán a cabo en los meses de Octubr y <noviembre de 2010
"Querido/a amigo/a
Al recomenzar el curso le enviamos las propuestas para octubre y noviembre de la Cueva de S. Ignacio, agradeciéndole, nuevamente, si las puede dar a conocer a personas interesadas, especialmente el MES DE EJERCICIOS y el SEMINARIO DE EJERCICIOS (n. 1 y 2). Muchas gracias por su colaboración. Francesc Riera i Figueras, sj. Director"
www.covamanresa.cat
1. MES DE EJERCICIOS
Se ofrece la experiencia completa de los Ejercicios tal como la propone S. Ignacio. Mucho silencio y oración, jornada relajada, entrevista diaria con el acompañante que personaliza la experiencia según las necesidades de cada uno.
■ Josep M. Bullich, sj.: 1 a 30 nov.
2. SEMINARIO INTENSIVO DE EJERCICIOS: INICIACIÓN
EIDES (Cristianismo y Justicia) y la Cueva de S. Ignacio ofrecen cada tres años un "seminario de iniciación" en tres periodos, dirigido a personas que quieren prepararse a acompañar las diversas modalidades de Ejercicios y/o estudiar el libro de los Ejercicios para profundizar su propia experiencia de la espiritualidad ignaciana. Además de los tres períodos presenciales incluye trabajo en casa en los períodos intermedios.
■ Coordinan: Pere Borràs, Xavier Melloni, Anna Pitarch, Josep Rambla, Francesc Riera, Santi Torres.
08-12 oct. / 26-31 dic. / 15-20 abr. (Imprescindible asistir a las tres etapas)
3. EJERCICIOS EN LA VIDA ORDINARIA
Seis meses de Ejercicios en la "vida ordinaria", con acompañamiento personal y el apoyo semanal de fichas de trabajo. Al principio, a la mitad y al final habrá un encuentro de fin de semana en Manresa: viernes. 22 octubre noche a dom.24 / viernes 7 enero a dom. 9 / viernes. 6 de mayo a dom. 8.
■ Coordina: Carlos Marcet, sj.
4. RETIRO MULTIGENERACIONAL
La Escuela Ignaciana de Espiritualidad (EIDES) ofrece un retiro de fin de semana de oración y reflexión en clave ignaciana para familias: parejas con o sin hijos (adolescentes, niños...), personas mayores, con propuestas de trabajo individualizadas y en grupo, desde los Ejercicios Espirituales ignacianos.
■ Coordina: Equipo EIDES: Dos posibilidades: 13-14 nov. / 26-27 marzo
5. ORACIÓN PROFUNDA
INICIACIÓN: grupo A: 01-03 oct. / 21-23 ene. / 01-03 abril | grupo B: 15-17 oct. / 04-06 feb. / 06-08 mayo
PROFUNDIZACIÓN: grupo A: 22-24 oct. / 18-20 mar | grupo B: 05-07 nov. / 13-15 mayo
■ Coordinan: Javier Melloni, sj. Montserrat Pons y equipo
6. ENEAGRAMA: HERRAMIENTA PARA EL DESCUBRIMIENTO Y CRECIMIENTO PERSONAL
Tres fines de semana dedicados al descubrimiento y profundización de la teoría eneagrámica, siguiendo la tradición de los padres jesuitas iniciada en la Universidad Loyola de Chicago. El Eneagrama es un puente entre la psicología y las plataformas psico-espirituales de las tradiciones más antiguas del desarrollo humano. El objetivo es trabajar nuestra personalidad, descubrir caminos de autocomprensión y de conocimiento de los demás y de la realidad que nos rodea. La metodología escogida nos adentra en la comprensión así como en la experiencia de los temas propuestos.
■ José Luis Iriberri, sj. y Francesc Vilahur: 15-17 oct. / 5-7 nov. / 26-28 nov.
7. EL TRABAJO CORPORAL EN LA EDUCACIÓN DE LA INTERIORIDAD
Taller dirigido a profesores, pastoralistes y catequistas que quieran aplicar la Educación de la Interioridad en su labor docente. Se dará una visión teórica de lo que entendemos por Educación de la Interioridad fijándonos en uno de sus contenidos, el trabajo corporal. Practicaremos las técnicas de la conciencia corporal, respiración y relajación. Imprescindible llevar ropa cómoda.
■ Elena Andrés: 19 -21 nov.
8. PERDONAR A LOS DEMÁS COMO TE PERDONAS A TI MISMO
Perdonar es fundamental para una buena convivencia, para entender realmente qué quiere decir amar y para no vivir desde el odio. Nos cuesta perdonar porque también se nos hace difícil vivir con naturalidad los propios errores y malas intenciones. Hablaremos de cómo perdonar y perdonarse y propondremos ejercicios personales que nos ayuden a vivir con mayor alegría y confianza.
■ Eduard Fonts (psicólogo): 22-24 oct.
9. ESCUELA DE PADRES "LLUÍS ARMENGOL"
Se trata de un fin de semana dedicado a la pareja, donde en un clima de tranquilidad se pueda reflexionar sobre los temas cotidianos que afectan a la convivencia matrimonial. Se seguirá la metodología del P. Lluís Armengol, y será conducido por un grupo de matrimonios. No hay trabajo de grupo, todo es exclusivamente a nivel de pareja.
■ Monitores Escuela Padres: 12-14 nov.
10. EL SUEÑO COMO LIBRO Y MAESTRO
La naturaleza no nos hubiera dotado con la capacidad de soñar mientras dormimos si no tuviera ninguna utilidad. Estos mensajes extraños y a veces atormentadores son el libro donde podemos descubrir quiénes somos y en qué punto de nuestra evolución individual estamos. Cada participante podrá exponer algún sueño que quiera trabajar. Nos basaremos en la psicología de C.G. Jung.
■ María Generosa Quintas (psicóloga): sábado 27 nov. / o bien: 18-20 feb. en colaboración con J. Melloni, sj.
Información y matrículas: Cueva S. Ignacio - 08242 Manresa – 93 872 04 22
Si desea ser baja envíe un e-mail a: covaee@jesuites.net
DOMINGO 23 DEL TIEMPO ORDINARIO / C
5 de septiembre de 2010
La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos vosotros.
Hermanas y hermanos. Empezamos el mes de septiembre. Es tiempo de iniciar de nuevo muchas actividades, en nuestra sociedad, en las parroquias y en nuestra diócesis. Todos los cristianos que participamos en estas actividades tenemos un lugar y un momento que es punto de encuentro con Dios y con los hermanos: la Eucaristía del domingo. En ella podemos renovar nuestras energías con el alimento de la Palabra y del Cuerpo y la Sangre de Cristo.
Conviene que, especialmente estos días, seamos conscientes de nuestras limitaciones y no queramos que todo dependa únicamente de nuestro esfuerzo, como si Dios no tuviera nada que ver. Pongamos en Él toda nuestra confianza. Por su Espíritu, nos hará descubrir en todas nuestras actividades rastros del cielo.
A. penitencial: Al inicio de esta celebración, reconozcamos que somos pecadores:
Tú, que has dado la vida en rescate por todos. SEÑOR,TEN PIEDAD.
Tú, que perdonas a todo aquel que confía en tu misericordia. CRISTO, TEN PIEDAD.
Tú, que reúnes a tus hijos dispersos. SEÑOR,TEN PIEDAD.
1. lectura (Sabiduría 9,13-18): Sentémonos tranquilamente y dispongámonos a escuchar la palabra de Dios. Hoyempezamos por un fragmento del libro de la Sabiduría, un texto que, de forma poética, nos dirá que, sin el Espíritu, nuestros esfuerzos conseguirían más bien poco.
2. lectura (Filemón 9b-10.12-17): Filemón era un cristiano de Colosas, una antigua ciudad del Asia Menor, en la actual Turquía. Desde la prisión, Pablo le escribió una breve carta pidiéndole que aceptase de nuevo a un esclavo que se había escapado y que le tratase como a un hermano. Hoy leeremos un fragmento significativo de esta carta..
Oración universal: Invoquemos, hermanos y hermanas, a Dios Padre y pidámosle que escuche nuestra oración. Oremos diciendo: TE LO PEDIMOS, SEÑOR.
Por la Iglesia. Por todos sus pastores. Que el Señor les dé coraje en el servicio a las comunidades que les ha confiado. OREMOS AL SEÑOR.
Por las parroquias. Por los grupos y movimientos cristianos. Que seamos siempre testigos del amor de Cristo. OREMOS AL SEÑOR.
Por los políticos y los gobernantes. Que sirvan con honestidad y eficacia a nuestra sociedad. OREMOS AL SEÑOR.
Por quienes no tienen trabajo. Por los que no reciben ninguna ayuda económica. Que aumente la solidaridad de las comunidades cristianas con ellos. OREMOS AL SEÑOR.
Por todos los difuntos. Que el Señor les reciba en la paz definitiva de SU Reino. OREMOS AL SEÑOR.
Por todos nosotros. Que acojamos a Jesucristo que nos dirige su palabra y nos alimenta con su Cuerpo y su Sangre. OREMOS AL SEÑOR.
Dios todopoderoso y eterno, concédenos lo que con toda confianza te pedimos y haz prósperas las obras de nuestras manos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Padrenuestro: Confiando plenamente en Dios, que es nuestra vida y nuestra alegría, nos atrevemos a decir:
CPL
ZENIT publica el mensaje que ha escrito monseñor Francisco Gil Hellín, arzobispo de Burgos, con el título "Un bien público llamado hijo".
Un bien público llamado hijo
Desde hace años se han disparado las alarmas de la natalidad en Europa. No en el sentido de que se nos acabe el suelo para acoger los nuevos nacimientos, sino porque éstos han decrecido de forma alarmante. Y como esto tiene repercusiones seguras y negativas sobre las pensiones, nada más lógico que la Comisión Europea se muestre cada vez más preocupada por el envejecimiento demográfico y su repercusión en el estado del bienestar. Hasta el punto de que en su reciente Libro verde no dude en afirmar que "con las tendencias actuales, la situación es insostenible".
Una de las propuestas que ofrece es conseguir que la salida efectiva de la vida laboral se acerque a la edad legal de la jubilación y alargar ésta hasta los setenta años. En España la edad efectiva está en 62,6 años y el gobierno ya ha anunciado prolongar la edad legar de la jubilación.
Especialistas y demógrafos han dado también la señal de alarma sobre el desequilibrio entre la baja natalidad y la larga esperanza de vida, por una parte, y el estado del bienestar, por otra. Si no se invierte la pirámide fatalista, las pensiones, la atención a las personas dependientes, y el gasto sanitario y educativo están amenazados.
Los programas electorales o gubernamentales pueden prometer cualquier cosa. Pero los datos demográficos son los que son: contundentes y nada flexibles. Y estos datos señalan que para apuntalar el estado del bienestar se necesita una tasa de fecundidad en torno al 1,9 de hijos por mujer, como ocurre, por ejemplo, en Francia y los países nórdicos. En España tenemos 1,46.
Ciertamente, la inmigración es un factor positivo para la natalidad, pues el 20 por ciento de los nacimientos son de madre extranjera. Pero los demógrafos saben muy bien que las mujeres emigrantes no son tan numerosas como para variar el índice y, además, que con el paso del tiempo tienden a adoptar nuestros patrones de natalidad más reducida.
Según esto, parece que el único remedio es aumentar la natalidad. Es alentador que todas las encuestas coincidan en que las españolas dicen que desearían tener más hijos. Toca ahora a los sectores implicados comprometerse con la promoción de la natalidad. El Estado dando más prestaciones familiares y plazas para la educación infantil; los empleadores, con medidas de conciliación entre trabajo y familia; y las propias familias, con una responsabilidad compartida entre el marido y la mujer para la crianza de los hijos. Como alguien ha dicho, el hijo se ha convertido en "bien público".
En este horizonte, y sin entrar en consideraciones éticas, resulta incomprensible la promoción del aborto. Porque los ciento quince mil ochocientos doce abortos de 2008 suponen uno de cada cinco embarazos. Dicho en términos más crematísticos, uno de cada cinco españoles que podrían apuntalar el estado del bienestar no aportarán sus brazos y su inteligencia para hacer progresar al país.
Es verdad que también habrían supuesto un mayor gasto en su infancia y juventud, pero a nadie se le oculta que el aumento de la población joven en un país envejecido es siempre un factor positivo. Por lo demás, las mujeres que abortan no son las que más hijos suelen tener, pues el sesenta y seis por ciento no tienen ninguno y el veintidós sólo tiene uno.
En definitiva, se trata, como insisten los demógrafos, de favorecer que las mujeres tengan hijos más jóvenes. Para ello es necesario invertir la actual sensibilidad de algunos sectores, muy ideologizados y politizados, que no cesa de bombardear la opinión pública en contra del aumento de la natalidad y a favor del aborto. Todos deberíamos ser más conscientes de que tal postura, más allá de consideraciones éticas, es un atentado contra el estado de bienestar.
ZENIT publica el artículo que ha escrito monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas, con el título "Droga, peor que alcohol".
Droga, peor que alcohol
VER
Se ha abierto en el país la discusión sobre una posible liberalización de las drogas. Se esgrime el argumento de que, así, se evitarían violencia, corrupción, muertes entre cárteles y de civiles, tanto desgaste del ejército y de las policías en su represión.
Una parroquia de nuestra diócesis, San Bartolomé, ha hecho una denuncia muy documentada sobre el abuso del alcohol y sus estragos en la familia y en la comunidad, el sufrimiento de esposas e hijos, los accidentes carreteros, la violencia multifacética, las muertes por congestión alcohólica, los homicidios en grado de tentativa y calificados, los suicidios, las violaciones e incestos, los pleitos callejeros, los robos, el machismo, etc. Piden a la autoridad que regularice la venta de alcohol, sobre todo la clandestina, y eviten la corrupción que genera. Dicen: "Durante las fiestas patronales, los atrios de las iglesias se ven invadidos por cantinas callejeras, aprobadas por las autoridades municipales". A veces, incluso esto se hace de acuerdo con los inmediatos responsables de esas fiestas, con el pretexto de tener recursos para celebrarlas, con lo cual se pierde todo el sentido católico de una celebración. Si esto sucede con el alcohol, ¿qué no pasará con las drogas?
Describen el caso de un papá alcohólico, quien "maltrataba, golpeaba y violaba a su mujer y a su hija, a quien tuvo por mujer y engendró dos hijos con él; por esta causa, la hija lo denunció varias veces y, como nadie le hacía caso, mató a su papá; ahora está en la cárcel, condenada a varios años de prisión". ¡Y todo esto sólo por el alcohol! Si se tolera el consumo de drogas, ¿qué pasará?
JUZGAR
Conozco a muchas familias que sufren lo indecible por el consumo inadecuado de bebidas embriagantes por uno de sus miembros. Mucho mayor es la pena cuando uno de los hijos es adicto a alguna droga. Todo el hogar se consume en tristeza, preocupación, angustia, ansiedad, temor y vergüenza.
El control legal del alcohol no ha solucionado los problemas que viven estas familias. Hay cantinas y bares disfrazados de restaurantes. Se vende "trago" también a menores de edad. Hay corrupción para conseguir licencias de venta. Hay empresas que ofrecen enormes cantidades de dinero a las autoridades locales para que su marca sea la única que se consuma allí. Son tristísimos los espectáculos de hombres tirados en el suelo, perdidos por el alcohol, expuestos a todo peligro, incluso mujeres con sus niños pequeños llorando a su lado, abandonados a su suerte. Si esto sucede con el alcohol, ¿qué no pasará con las drogas? ¿No se dan cuenta los que están a favor, del daño que esto puede generar?
Son imitables las mujeres que se organizan y logran que se prohíba la venta y el consumo de bebidas embriagantes. Todo cambia en la familia y en la población. Hasta la economía mejora. Sin embargo, deben sostener su lucha, porque el clandestinaje y la corrupción echan a perder los mejores esfuerzos. Las fiestas religiosas se disfrutan más cuando se logra eliminar las cantinas populares.
Cuando visito centros de atención a adictos, todos narran sus historias con un profundo dolor por el pantano en que cayeron, arrepentidos por el daño que se causaron a sí mismos y a los suyos, anhelando liberarse definitivamente de esas cadenas. Deciden no probar ni una gota de alcohol, renovando su compromiso cada veinticuatro horas.
ACTUAR
Hemos de aprender a escucharnos, con humildad, con apertura de mente y de corazón, para comprender y valorar los diversos puntos de vista, diferentes al propio.
La violencia y la confrontación entre cárteles y con las policías no se eliminan dando libertad para la siembra, cultivo, consumo y tráfico de drogas; aunque el negocio disminuya, la destrucción de jóvenes, de adultos y de la sociedad se agravaría. No se ha podido controlar el uso del alcohol, ni hemos logrado una educación en auto-control; con libertad también para las drogas, se destruirán más familias y se derrumbará la sociedad. Así ha pasado en países donde se dio esa permisividad; se disminuyó la violencia, pero se destruyó la familia. ¿Eso queremos para nuestro país?
Mensaje de saludo a los Musulmanes, enviado por el Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso con ocasión del final del mes del Ramadán y firmado por el Presidente del Pontificio Consejo, el Card. Jean-Louis Tauran y por el Secretario, el Arzobispo Mons. Pier Luigi Celata. El mensaje tiene como tema “Cristianos y Musulmanes: juntos para vencer la violencia entre fieles de religiones diferentes. (Fides)
Cristianos y musilmanes:
Juntos para vencer la violencia entre los seguidores de las diferentes religiones
Queridos amigos musulmanes,
1. 'Id Al-Fitr, que concluye el Ramadán, presenta, una vez más, una ocasión propicia para expresaros los deseos sinceros de serenidad y alegría en nombre del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso.
A lo largo de este mes, os habéis dedicado a la oración, el ayuno, a ayudar a los más necesitados y a fortalecer las relaciones de familia y amistad. ¡Dios no dejará de recompensar esos esfuerzos!
2. Me complace observar que los creyentes de otras religiones, especialmente los cristianos, están espiritualmente cerca de vosotros durante estos días, como atestiguan las diversas reuniones amistosas que a menudo llevan a los intercambios de carácter religioso. Es un placer para mí también pensar que este mensaje podría ser una contribución positiva a vuestras reflexiones.
3. El tema propuesto este año por el Consejo Pontificio, "Cristianos y Musulmanes: juntos para superar la violencia entre los seguidores de diferentes religiones", es, por desgracia, un tema apremiante, al menos en determinadas zonas del mundo. La Comisión Mixta para el Diálogo creada por el Consejo Pontificio y el Comité Permanente al-Azhar para el Diálogo entre las religiones monoteístas también habían elegido este tema como un tema de estudio, reflexión e intercambio durante su última reunión anual, (El Cairo, 23 - 24 de febrero 2010 ). Permítanme compartir con vosotros algunas de las conclusiones publicadas al final de esta reunión.
4. Hay muchas causas de violencia entre los creyentes de diferentes tradiciones religiosas, que incluyen: la manipulación de la religión con fines políticos o de otro tipo; la discriminación basada en el origen étnico o religioso; divisiones y tensiones sociales. La ignorancia, la pobreza, el subdesarrollo son también directa o indirectamente fuentes de la violencia entre y dentro de las comunidades religiosas. ¡Que las autoridades civiles y religiosas ofrezcan su contribución para poner remedio a tantas situaciones en aras del bien común de toda la sociedad! ¡Que las autoridades civiles salvaguarden la primacía de la ley, garantizando una verdadera justicia para parar a los autores y promotores de la violencia!
5. Hay también importantes recomendaciones que figuran en el texto mencionado arriba: abrir nuestros corazones al perdón mutuo y la reconciliación, para una convivencia pacífica y fructífera; reconocer lo que tenemos en común y respetar las diferencias, como base para una cultura de diálogo; reconocer y respetar la dignidad y los derechos de cada ser humano sin ningún sesgo relacionado con el origen étnico o afiliación religiosa; necesidad de promulgar leyes justas que garanticen la igualdad fundamental de todos; recordar la importancia de la educación hacia el respeto, el diálogo y la fraternidad en los diferentes ámbitos educativos: en casa, en la escuela, en las iglesias y las mezquitas. Así seremos capaces de oponernos a la violencia entre los seguidores de diferentes religiones y promover la paz y la armonía entre las diversas comunidades religiosas. La enseñanza de los dirigentes religiosos, así como los libros de texto que presentan las religiones en una forma objetiva, tengan, junto con la enseñanza en general, un impacto decisivo en la educación y la formación de las generaciones más jóvenes.
6. ¡Espero que estas consideraciones, así como las respuestas que provoquen en vuestras comunidades, y con vuestros amigos cristianos, contribuyan a la continuación de un diálogo, que crezca en respeto y serenidad, para el que pido las bendiciones de Dios!
El Cardenal Jean-Louis Tauran
Presidente
El arzobispo Pier Luigi Celata
Secretario
(Traducción particular no oficial desde el inglés)
Comunicado de los Obispos de Guatemala publicado por la Conferencia Episcopal al final de la II Asamblea Plenaria Extraordinaria, que se concluyó el 26 de agosto de 2010. texto, enviado a la Agencia Fides.
COMUNICADO DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE GUATEMALA, en ocasión de la II Reunión Plenaria Extraordinaria.
“Nosotros sabemos en Quién hemos puesto nuestra confianza” (2ª. Tim. 1,12)
1. Los Obispos de la Conferencia Episcopal de Guatemala, reunidos en Asamblea Plenaria Extraordinaria, hemos analizado la situación en que actualmente se encuentra nuestra querida Patria. Lo hemos hecho desde nuestro corazón de pastores, con la mirada iluminada por la luz del Evangelio y desde el contacto que tenemos con la realidad de las comunidades.
Hemos constatado varias situaciones que nos preocupan profundamente:
a. La tormenta Agatha: Esta tormenta y otros fenómenos naturales han causado gran destrucción debido a la enorme vulnerabilidad de nuestro país, fruto del descuido del medio ambiente. Gran parte de la infraestructura vial y numerosos puentes fueron destruídos. Esto puso en evidencia cómo muchas de estas obras fueron realizadas sin cumplir con los requerimientos establecidos.
En distintos lugares las cosechas de maíz y frijol se perdieron, lo cual hace prever que en los próximos meses habrá carestía de comida. Más lamentable ha sido, como lo informaron algunos medios de comunicación, que no todos los recursos donados llegaron a manos de quienes enfrentaban mayor necesidad. Aún en el momento actual hay comunidades que siguen esperando la ayuda que necesitan. Es verdad que hubo numerosas acciones de solidaridad pero también debemos decir que faltó una respuesta más comprometida de quienes hubieran podido ayudar más.
b. El incremento de la violencia: Nos duele constatar que la violencia ha crecido. En el primer semestre de este año hubo aproximadamente dos mil asesinatos, la mayoría de los cuales han quedado impunes. Hay una relación estrecha entre la delincuencia común, la pobreza y el crimen organizado. En las zonas urbanas marginales se encuentran las “maras”, grupos de jóvenes fuertemente armados, jerárquicamente organizados y sin ningún límite moral o amor por la vida de sus semejantes, dispuestos a ejercer una violencia salvaje. Aproximadamente se estima en cinco mil el número de miembros de estas maras organizados en 300 bandas.
Apoyados en la corrupción de algunos miembros de la PNC, jefes, oficiales y efectivos, acuerdan y respetan “zonas libres” en la que actúan impunemente. Es también cierto que en muchos casos los policías honestos y responsables son muy vulnerables pues los delincuentes los conocen y los amenazan con matar a su familia si se les oponen.
Según un estudio de inteligencia civil existe una estructura delincuencial bien organizada en la cual es difícil distinguir entre funcionarios de alto nivel, grandes empresarios, jefes de mafias, y ex-militares que para garantizar un estilo de vida cómodo se han involucrado en actividades ilícitas.
Ante esta situación de violencia se oyen muchas voces que gritan que la aplicación de la pena de muerte es la única solución. Nos oponemos absolutamente a este planteamiento desde nuestra fe en el evangelio y el conocimiento de la historia. Las maras son el resultado, entre otras causas, de una profunda desintegración familiar, de la pobreza y la miseria, de la falta de amor. A estos jóvenes hay que ofrecerles todo el apoyo necesario de modo que descubran que el sentido de la vida es el amor y no la violencia.
Además exigimos al Estado guatemalteco poner en práctica las recomendaciones presentadas hace ya tiempo en el Acuerdo Nacional para la Seguridad presentado por el Grupo Garante.
c. Una débil aplicación de la justicia: La falta de aplicación de una justicia real e imparcial contribuye a aumentar la descomposición social y a crear una inestabilidad política. La ausencia de justicia o la tardanza en su aplicación fomentan el que muchos, buscando su propia conveniencia o sus intereses muy personales, actúen con una total carencia de principios y valores, alcanzando niveles de corrupción insufribles. Es innegable la utilidad y necesidad de la ayuda internacional para impulsar procesos de fortalecimiento de la justicia.
Hasta el momento, casos ejemplares como el asesinato de los diputados salvadoreños, el desvío millonario en el Congreso de la República, la no-restitución de los millones robados por funcionarios y los procesos judiciales en su contra, que no avanzan, demuestran lo que decimos.
d. la falta de apego a la verdad: la ausencia de la verdad es cada día más notoria. Impera el arte de mentir en todos los ámbitos de la sociedad. Triunfa el que es capaz de mentir de manera más convincente. Diversos medios de comunicación social no transmiten sus mensajes apegados a la verdad objetiva. Una muestra fehaciente del poder de la mentira lo constituye el que en la actualidad se ofrezca una enseñanza sobre la sexualidad humana por parte de empresas privadas y organizaciones no gubernamentales que falsean el sentido verdadero de este tesoro por el cual se transmite la vida humana.
e. Un profundo y progresivo daño ecológico y la eliminación de la biodiversidad en muchas áreas de Guatemala:
Somos testigos del deterioro imparable del medio ambiente. Falta una verdadera cultura ecológica en el guatemalteco. Existen malas costumbres, hondamente arraigadas, que ensucian, contaminan y dañan el medio ambiente. Manifestamos nuestra comunión y nuestro apoyo al obispo Alvaro Ramazzini y a su eminencia, el cardenal Rodolfo Quezada, en sus repetidas intervenciones advirtiendo del daño que produce el que se continúe con la minería a cielo abierto así como la explotación del petróleo en el área protegida conocida como la Laguna del Tigre. Ahora también se pretende la minería de hierro en la costa sur. Ellos, junto con numerosos sectores de la sociedad civil y de las comunidades afectadas, han dado la señal de alerta de los daños que las industrias extractivas de metales pueden producir, incluída la conflictividad social y los efectos nocivos sobre la salud.
A pesar de estos planteamientos, existe una campaña mediática, astutamente impulsada, que hace que parezca como bueno y deseable lo que no puede justificarse de ninguna manera. El pretexto es demostrar que lo más importante es atraer la inversión extranjera no importa si se destruye o se respeta la riqueza natural de nuestro país.
Esos bienes no renovables con los que cuenta nuestra patria, fueron dados por Dios para beneficio de todos y no como mercancías negociables por parte del Estado y de empresas sin demasiados escrúpulos.
f. Una democracia débil con instituciones también débiles: es una realidad, proclamada a todas voces, que nuestra democracia es muy débil. Sabemos que no existe un sistema político perfecto, pero ello no justifica pretender mantener un sistema que margina a la mayoría de la población del derecho a una vida digna y privilegia el beneficio de las minorías que tradicionalmente han detentado el poder económico. Todo sistema político y económico debe promover el
Bien Común y favorecer el desarrollo integral de la persona, imagen viva de Dios.
Desgraciadamente la clase política en nuestro país ha perdido credibilidad y la población desconfía de ella pues las acciones que realizan demuestran que les interesan más sus juegos políticos de poder que el bien de la nación.
El Poder Ejecutivo desoye las demandas de los sectores organizados indígenas y campesinos, empujándolos a medidas de hecho que no favorecen la gobernabilidad. Las mesas de diálogo convocadas han quedado en diálogos inútiles por culpa del Ejecutivo que ha sido incapaz de cumplir sus promesas.
Igualmente mientras se invierten millones de quetzales en los programas de Cohesión Social, muchos centros de salud y hospitales no tienen los recursos necesarios para dar los servicios requeridos.
El poder legislativo se enfrasca y gasta sus energías en satisfacer sus ansias de poder y su egoísmo, poniendo trabas y caminando muy lentamente en la elaboración de leyes necesarias para asegurar la paz en Guatemala, vgr. La ley de Desarrollo Rural, la Ley sobre la Minería, la Ley sobre la extinción de dominio, la aprobación del delito de enriquecimiento ilícito.
El poder judicial, con la querella presentada contra el presidente de la Corte Suprema de Justicia, en la que se le acusa de “falsedad ideológica” es una muestra significativa en la consideración de quién tiene en sus manos la aplicación de la justicia.
2. Testigos de esperanza:
En medio de este panorama difícil y desafiante, nosotros, sucesores de los apóstoles, queremos testimoniar con el Apóstol Pablo:
“vivimos siempre apretados pero no aplastados, apurados pero no desesperados; perseguidos pero no abandonados; derribados pero no rematados (2 Cor. 4,8.12). Decimos esto con toda convicción porque el Señor Jesucristo vive y está presente en nuestras comunidades. Proclamamos con firmeza que el amor de Dios es fiel y no muere. stamos seguros que la idolatría del dinero que ha corrompido nuestro país generando tantos males y acabado con tantas vidas humanas, no es más fuerte ni más poderoso que el amor de Dios “derramado en nuestros corazones”. (Rom. 5,5)
Por ello, los exhortamos a todos y todas, creyentes y no creyentes, para hacer de nuestra historia, personal y comunitaria, desde la fe en la Palabra de Dios y la Vida nueva que ha sido puesta en nosotros, una historia de salvación. Debemos esforzarnos para ofrecer a los jóvenes, que son mayoría en nuestro país, un futuro mejor.
Próximamente, el primer domingo de Septiembre, celebraremos la jornada nacional de oración y ayuda por los hermanos migrantes.
Ante la desgracia del aumento de deportaciones, los migrantes necesitan nuestro apoyo y ayuda. Los exhortamos a vivir en cada diócesis y vicariato y en la prelatura de Esquipulas esa jornada de oración. Seamos generosos y ayudemos materialmente a los esfuerzos que la Conferencia Episcopal de Guatemala hace en favor de ellos y ellas.
Terminamos este comunicado invocando a María Santísima en su advocación de Nuestra Señora del Rosario para que ella interceda por este pueblo sufriente y sea Ella quien calme el dolor y la pena de quienes sufren la pérdida de sus seres queridos como resultado de la
violencia que el país experimenta y anime los esfuerzos de todos aquellos que buscan construir un país lleno de paz y bienestar.
Pedimos que este comunicado sea leído en todas las parroquias.
Guatemala, 26 de Agosto del año 2010.
+ Obispo Pablo Vizcaíno Prado
Presidente Conferencia Episcopal de Guatemala
+ Obispo Bernabé Sagastume
Secretario General Conferencia Episcopal de Guatemala
Comentario al evangelio del domingo veintidós del Tiempo Ordinario – C, publicado en Diario de Avisos el domingo 29 de Agosto de 2010 bajo el epígrafe “DOMINGO CRISTIANO”.
Los verdaderos líderes
Daniel Padilla
Cuando escribo estas letras, me vienen a la mente nuestros Indurain, Pedrito, Rafa Nadal..., que han dejado muy claro con la fuerza y la sabiduría de su buen hacer que son el número uno, el as del deporte del que han sido o son líderes. Y así, con tales hazañas, se han constituido en ídolos de multitudes. Pero de ahí lo mejor: tanto la hinchada como la prensa especializada han destacado de ellos otra virtud más rara: su sencillez, su no-arrogancia, su humildad. ¡Dios se la conserve siempre! Y han dicho de ellos una cosa tan bella y extraña como ésta: que "ganan y dejan gana?' y que "pierden y saben perder". No te desilusiones, lector. Aunque estemos todavía deslumbrados por sus hazañas, aunque podía extenderme a otras satisfacciones en lo deportivo, la mía no quiere ser una crónica deportiva. Es simplemente el prólogo para entrar en el evangelio de hoy, que versa "sobre los primeros y los últimos puestos". Escuchen lo que dice el juez único de la gran competición de la vida: "Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que haya otro convidado de más categoría. Al revés, cuando te conviden, siéntate en el último puesto". La verdad es que hoy resultan extrañas, y seguramente desfasadas, estas recomendaciones. Vivimos en una sociedad en la que el principal objetivo es triunfar, triunfar en todo: en la política, en la profesión elegida, en el dinero, en la belleza, en el deporte. Toda la propaganda que nos inunda y circunda no tiene otra finalidad que ésa. Nadie puede salirse de la gran maquinaria de la competitividad. Si alguien se saliera, se convertiría en un cero a la izquierda. Nada. Y sin embargo, ahí quedan las palabras de Jesús: "En los banquetes, no busquen los primeros puestos...". ¿Qué quería decir? No trataba, por supuesto, de reglas referentes al protocolo y la buena educación. A nadie se le oculta, en efecto, que es bueno y saludable, es nuestro deber y obligación, guardar los principios y las normas de convivencia social. Pero ya comprenden que el Jesús, que, en cierta ocasión excusó a sus discípulos -"que no se lavaron las manos antes de come?'-, no había venido al mundo para eso. Tampoco trató de amaestrarnos en una sofisticada estrategia diplomática con la que, bajo la apariencia de perdedores, resultáramos ganadores. Como si nos invitara a ser lobos rapaces vestidos con piel de oveja. Lo cual sería entrar en el mundo de la competitividad de una manera mucho más taimada. No. Se trata de algo mucho más serio, profundo y fundamental: de proceder con verdad ante los ojos de Dios. Es decir: que en ningún momento pierda el cristiano de vista su menguada estatura, las dimensiones microscópicas de su pequeñez frente al poder infinito de Dios, frente a su inmensa grandeza, frente a su insondable majestad. Ese es el sentido de sus recomendaciones. "Andar en verdad", como definía la humilde Santa Teresa. Y rogando a Dios lo que pedía San Agustín: "Que te conozca, Señor y que me conozca". Ese estudio comparativo entre Dios y yo producirá necesariamente en mí la humildad.
Homilía de monseñor Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia, para la la fiesta de la Asunción de la Virgen María (15 de agosto de 2010). (AICA)
LA VIRGEN INMACULADA ASUNTA EN CUERPO Y ALMA AL CIELO
1 Co 15,20-27
I. “TODOS REVIVIRÁN EN CRISTO, CADA UNO SEGÚN EL ORDEN QUE LE CORRESPONDE”
1. El apóstol San Pablo, ante algunos cristianos que negaban la resurrección, se refiere ampliamente al tema en la carta a los corintios. Trata de la resurrección de Cristo, en un pasaje que leímos durante dos domingos en el pasado mes de febrero. La solemnidad de la Asunción de María, que celebramos hoy, nos trae un complemento, que nos permite vislumbrar proféticamente qué sucede con la resurrección de los que creen en Cristo. Dice: “En efecto, así como todos mueren en Adán, así también todos revivirán en Cristo, cada uno según el orden que le corresponde: Cristo, el primero de todos; luego, aquellos que estén unidos a él en el momento de su Venida” (1 Co 15,22-23).
II. MARÍA, PRIMICIA DE LOS RESUCITADOS
2. Siguiendo el razonamiento del apóstol Pablo, ¿quién más unida a Cristo que María, su madre? ¿No convenía, entonces, que ella fuese la primicia de los destinados a participar de la resurrección de Cristo? Es lo que pensé aquella hermosa mañana del 1 de noviembre de 1950, en Roma, cuando el Papa Pío XII, para consuelo y alegría de todos los cristianos, declaró: "La Virgen Inmaculada, preservada inmune de toda mancha de pecado original, terminado el curso de su vida en la tierra, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo y enaltecida por Dios como Reina del universo, para ser conformada más plenamente a su Hijo, Señor de los señores y vencedor del pecado y de la muerte”.
III. MARÍA ESTUVO SIEMPRE EN VELA, Y AHORA, GLORIOSA, VIGILA POR SUS HIJOS
3. El domingo pasado leímos la parábola del señor que se fue a una fiesta de bodas, y, al regresar entrada la noche, encuentra a sus servidores en vela. Y, en recompensa, él mismo los hace sentar a la mesa y se pone a servirlos. ¡Maravillosa parábola! María se mantuvo toda la vida con la lámpara encendida aguardando la venida del Señor. Éste la encontró en vela cuando le envió al Ángel a anunciarle que sería la madre del Salvador: “Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho” (Lc 1,38). La encontró en vela en el nacimiento de Jesús: “María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón (Lc 2,19). La encontró en vela cuando el anciano Simeón le predijo: “Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón” (Lc 2,34-35). La encontró en vela en las bodas de Caná, y al advertir que faltaba el vino, dijo a los sirvientes: “Hagan lo que él les diga” (Jn 2,5). La encontró en vela al pie de la cruz: Y allí recibió el último encargo de su Hijo: “Mujer, aquí tienes a tu hijo” (Jn 19,26). María es el prototipo de la mujer enamorada, que aunque duerma, está siempre en vela. Como dice la enamorada del Cantar de los Cantares: “Yo duermo, pero mi corazón vela: oigo a mi amado que golpea” (Cant 5,2).
4. No es el caso de demostrar cómo el señor de la parábola, que es su Hijo, la hizo sentar a su mesa, y la revistió con una gloria que no podemos imaginar. La primera lectura, tomada del Apocalipsis, nos habla de “una Mujer revestida del sol, con la luna bajo sus pues y una corona de doce estrellas en su cabeza” (Ap 12,1). Símbolo ciertamente de la Iglesia, que tiene su primera concreción en María, madre de Cristo, origen y meta de la Iglesia.
5. Ahora gloriosa en los cielos, la Virgen María sigue en vela, intercediendo en favor de todos los hombres, a quienes en cierto modo dio a luz al momento de su aceptación de ser madre de Cristo. Como dice el Concilio: “Esta maternidad de María en la economía de gracia perdura sin cesar desde el momento del asentimiento que prestó fielmente en la Anunciación, y que mantuvo sin vacilar al pie de la cruz hasta la consumación perpetua de todos los elegidos. Pues, asunta a los cielos, no ha dejado esta misión salvadora, sino que con su múltiple intercesión continúa obteniéndonos los dones de la salvación eterna. Con su amor materno se cuida de los hermanos de su Hijo, que todavía peregrinan y hallan en peligros y ansiedad hasta que sean conducidos a la patria bienaventurada. Por este motivo, la Santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora. Lo cual, embargo, ha de entenderse de tal manera que no reste ni añada a la dignidad y eficacia de Cristo, único Mediador” (Lumen Gentium 62).
IV. “DIOS TE SALVE, REINA Y MADRE DE MISERICORDIA”
6. La asunción de María, como los demás títulos que le atribuye la devoción cristiana, son fruto del poder salvador de Jesucristo que obra en los creyentes. Ella es la primera de todos: “Feliz de ti, por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor” (Lc 1,45). Al venerar hoy a María asunta al cielo, adoramos la gloria de la resurrección de Jesucristo, que ya opera plenamente en ella, y que confiamos un día obre en nosotros. Por ello hoy le suplicamos con amor: “Abogada nuestra, vuelva a nosotros esos tus ojos misericordiosos, y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima! ¡Oh piadosa! Oh dulce Virgen María!”.
Mons. Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia
Homilía de monseñor Miguel Esteban Hesayne, obispo emérito de Viedma para el domingo 15 de agosto de 2010. (AICA)
La palabra “pobreza” hace ya varias décadas que está en boca de la política-social argentina. Desde los gobiernos se la viene usando como bandera de conquista electoral; la oposición la usa para denunciar errores gubernamentales y muchos empresarios encaran el tema de la pobreza en resguardo sus posesiones. En todos los casos los pobres padecen la pobreza-miseria porque son usados de una u otra manera y no son atendidos en su dignidad de personas humanas. Frente a esta ideologización política de la pobreza para recuperar la dignidad de los sumidos en la pobreza-miseria se impone una reflexión sobre la pobreza-virtud evangélica.
El tema de la pobreza tratado, con pensamiento cristiano, toca el fondo de la vida cristiana. A tal punto que, quién pretenda ser cristiano, ha de practicar la virtud de la pobreza; de lo contrario, se hace merecedor a lo que el profeta Isaías en nombre de Dios sentencia: “me honran con los labios pero su corazón está lejos de mi” Is. 29,13
La pobreza, en el cristiano, es una condición para su Fe en Jesucristo y su Evangelio. Es la opción por su causa, que es el reinado de Dios en la sociedad humana. Dios reina según Jesús cuando es reconocido como Padre de todos los seres humanos. Y esto acontece cuando los seres humanos se tratan fraternalmente en igualdad de familia de Dios. Por eso,que la pobreza que exige el Evangelio de Jesús va más allá de una liberación espiritual, o moral o ascética o política. Se trata de algo mucho más profundo y de opción definitiva para alcanzar vida eterna. Es decir de entrar o no entrar en el Reino de los Cielos. El que da sus bienes a los pobres, en fraternidad cristiana, hace una inversión de felicidad eterna. Por eso, la llamada de atención de Jesús a los ricos.Lc.6,24/12,21/16,19/18,23 Los alerta sobre la riqueza que poseen como un peligro de salvación eterna. Puede ser un gravísimo obstáculo para alcanzar la Vida en plenitud, si se aferran a sus bienes en acumulación sin límites o sin compartirlos con generosidad fraterna repartiendo en equidad de familia. Ayudar con lo que a uno le sobra…no es todavía virtud cristiana de la pobreza. También lo hacen por lástima o por algún propio interés quiénes acumulan bienes para sí con mentalidad capitalista u otros intereses ideológicos de poder político La pobreza cristiana, por el contrario, es signo de corazones motivados por el reinado de Dios y da la capacidad de amar con autenticidad a Dios y al prójimo. Les trascribo la enseñanza de S.Pablo sobre este tema que supera, aún, cualquier tipo de beneficencia solidaria. “No les estoy dando una orden. Solo quiero que sepan cómo ofrendan los hermanos en otras iglesias, para que Uds. puedan demostrar que su amor es sincero. Ustedes saben que nuestro Señor Jesucristo era rico, pero tanto los amó que vino al mundo y se hizo pobre, para que con su pobreza ustedes llegaran a ser ricos. Por el bien de ustedes, les doy mi consejo acerca de esto. El año pasado ustedes fueron los primeros en dar y, además , lo hicieron con mucho entusiasmo. Terminen lo que empezaron a hacer, y háganlo con el mismo entusiasmo que tenían cuando comenzaron, dando lo que cada uno pueda dar. Si realmente desean contribuir, Dios aceptará con agrado sus ofrendas, pues no espera que demos lo que no tenemos. Pero, no queremos que, por ayudar a otros, les falte a Uds. lo necesario. Lo que deseamos es que haya igualdad. Ahora ustedes tienen mucho, y deben ayudar a los que tienen poco. Puede ser que, en otro momento, ellos tengan mucho y los ayuden a ustedes, De esta manera habrá igualdad. Como dice la Biblia “ Ni le sobró al que recogió mucho, ni le faltó al que recogió poco”[1] En conclusión, la virtud cristiana de la pobreza es uno de los primeros signos de auténtico seguimiento a Jesús, porque capacita para amar con sinceridad, demostrado en el fraterno compartir cuánto se posee con quiénes se sepa necesitados. Donde reina la virtud cristiana de la pobreza, desaparecen las desigualdades sociales y la dignidad humana es mutuamente respetada. Solamente así se logra la igualdad ciudadana.
Miguel Esteban Hesayne, obispo emérito de Viedma
Nota:
[1] 2 Corintios 8, 8-14
Homilía de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para el domingo 20º durante el año (15 de agosto de 2010). (AICA)
PAN Y TRABAJO
El 7 de agosto hemos celebrado a San Cayetano. En la Argentina, es la oportunidad que tiene el pueblo para pedir su intercesión a Dios, por un tema central en la vida de cada persona y familia, que es el trabajo. También en nuestra Diócesis, en distintas comunidades hubo celebraciones. He tenido el gozo de compartir una multitudinaria procesión y Misa en la Parroquia San Cayetano, de Posadas. Debo señalar que siempre quedo impresionado por la religiosidad y a la vez por la claridad del mensaje que nos da nuestra gente sobre la importancia que tiene “el trabajo”, en la vida de una sociedad. Estos mensajes profundos son enviados desde el sentido común y sensatez que tiene la sabiduría del pueblo. Lamentablemente a veces se toman aspectos superficiales de las movilizaciones masivas que genera la devoción a San Cayetano y no se hace una lectura profunda de la fe de nuestro pueblo, ni se tiene en cuenta que pueden ser indicadores, quizá las mejores encuestas para evaluar, corregir y encaminar el rumbo de toda proyección económica, social, cultural… Quiero señalar en esta reflexión que desde hace algunas décadas se fueron instalando propuestas económicas donde el trabajo no es “la clave” del crecimiento. Es casi habitual que los mismos ministerios que encaran el problema económico en general no incluyen como esencial el tema del trabajo. Se generan otros ministerios o secretarías que se refieren al trabajo, ubicando esta problemática más en un ámbito social, que en el económico. Sobre todo el neoliberalismo de la década del 90 acentuó esta ruptura que no sitúa la persona, ni el trabajo en el centro del problema económico. No es casual que en nuestra América Latina se da por un lado un cierto crecimiento económico y por otro siga acentuándose la inequidad social. En esto la multiplicación del asistencialismo dañó la cultura del trabajo. Es importante recordar el documento “Laborem excercen” del Papa Juan Pablo II, en donde subraya la enseñanza que habitualmente nos da la doctrina social de la Iglesia, acentuando la prioridad del trabajo sobre el capital. En sí debemos afirmar la importancia del capital para el crecimiento, pero dicho crecimiento es genuino, consistente y justo, cuando está ligado al trabajo.
Será una clave en nuestra Patria y Provincia profundizar en el eje de “la cultura del trabajo”, que tanto tiene que ver con nuestra identidad heredada de nuestros antepasados, que por generaciones consideraron “su trabajo” como clave para crecer. Aunque nuestra realidad va cambiando y la globalización y la tecnología generan nuevos escenarios, deberemos tener en claro que si nos sometemos “solo” a “lo virtual” seguiremos generando rupturas con la realidad en donde el proceso de concentración y exclusión seguirán profundizándose.
En el Documento de Aparecida cuando se refiere al trabajo señala: “Alabamos a Dios porque en la belleza de la creación, que es obra de sus manos resplandece el sentido del trabajo como participación de su tarea creadora y como servicio a los hermanos y hermanas. Jesús, el carpintero (Mc. 6,3), dignificó el trabajo y al trabajador y recuerda que el trabajo no es un mero apéndice de la vida, sino que “constituye una dimensión fundamental de la existencia del hombre en la tierra”, por la cual el hombre y la mujer se realizan a si mismos como seres humanos. El trabajo, garantiza la dignidad y la libertad del hombre, es probablemente “la clave esencial de toda la cuestión social”.
El pasado 7 de agosto, hemos pedido y manifestado a San Cayetano que en cada hogar de los argentinos y misioneros haya “pan y trabajo”. Pedimos la intercesión de San Cayetano a nuestro padre Dios, para que podamos revalorizar “la cultura del trabajo” en todos los ámbitos con la certeza que esto nos hace más dignos, porque nos ayuda a plenificar el haber sido hecho a imagen y semejanza de Dios.
¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo!
Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas
Carta de monseñor Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires a los catequistas de la arquidiócesis (21 de agosto de 2010). (AICA)
A LOS CATEQUISTAS
Cuando entró en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió
y preguntaban: “¿Quién es éste?”. Y la gente respondía:
“Es Jesús, el profeta de Nazaret en Galilea”.
(Mt 21,10-11)
Querido catequista:
La festividad de San Pío X y la celebración del día del Catequista son una ocasión propicia para hacerte llegar mi sentimiento de gratitud por tu entrega silenciosa y comprometida en el ministerio de la Catequesis.
La Catequesis en la Argentina atraviesa un momento muy especial ya que, como sabrás, en el año 2013 tendrá lugar en Morón el IIIer. Congreso Nacional de Catequesis. Su lema “Anticipar la aurora, construir la esperanza” nos pone en sintonía con aquello que tan hermosamente nos dice Aparecida: “La Iglesia está llamada a repensar profundamente y relanzar con fidelidad y audacia su misión en las nuevas circunstancias…. No puede replegarse frente a quienes sólo ven confusión, peligros y amenazas o de quienes pretender cubrir la variedad y complejidad de situaciones con una capa de ideologismos gastados o de agresiones irresponsables. Se trata de confirmar, renovar y revitalizar la novedad del Evangelio arraigada en nuestra historia, desde un encuentro personal y comunitario con Jesucristo, que suscite discípulos y misioneros…” (DA 11)
Al agradecerte todo lo que hacés por la Catequesis, le pido de corazón al Señor que te rejuvenezca con su gracia, ya que la renovación de la pastoral y de la catequesis no dependerá “de grandes programas y estructuras, sino de hombres y mujeres nuevos que encarnen dicha tradición y novedad, como discípulos de Jesucristo y misioneros de su Reino.” (DA 11)
En nuestra tarea evangelizadora Dios nos pide que acompañemos a un pueblo que camina en la fe. Por eso el Señor nos regala rostros, historias y búsquedas... Y siempre nos hace bien recordar que ese niño, joven o adulto que Dios pone en nuestro camino, no son vasijas que demos llenar de contenidos o personas que debemos conquistar. El Señor ya habita en sus corazones, ya que El siempre nos precede, nos “primerea”.
Nuestra tarea será simplemente ¡y nada menos! ayudar a develar, a explicitar la Presencia de Aquél que ya está y tiene el poder de hacer plena toda vida. Misión hermosa, ministerio de la Palabra que los catequistas realizan ininterrumpidamente desde hace casi dos mil años. Servicio eclesial que reconoce muchas formas y diversos lugares. Por todo esto, ¡gracias y ánimo! Y no dejen de estar al servicio del santo pueblo fiel de Dios…
Un pueblo que necesita de testigos antes que maestros. Hagan que la catequesis sea transversalmente kerygmática, para que el proceso y maduración de la fe tengan la frescura del encuentro con Aquél que, a través de la Iniciación Cristiana, te consolida como discípulo misionero.
Un pueblo del cual ustedes y yo formamos parte y con el cual, gracias al Bautismo, nos reconocemos familia y nos descubrimos hermanados en Jesús y sanados de toda herida de orfandad.
Un pueblo cuya vida transcurre en esta querida ciudad que habitamos, cuyo río muchas veces no supimos cuidar pero nos da identidad de “porteños”. Ciudad de Buenos Aires, autónoma y dependiente al mismo tiempo, con mucho de Corinto en sus luces y en sus sombras.
Un pueblo y una ciudad que tienen fe y se palpa en su diario caminar. Rica en sus numerosos santuarios y en esos altarcitos familiares que, paradójicamente, son más frecuentes en los barrios para algunos mirados simplonamente como marginales o descartables.
Un pueblo y una ciudad necesitados de cercanía, para que “lo macro” y el anonimato no maten la historia mínima que, por ser humana y cristiana, se hace historia y tierra sagrada.
Un pueblo y una ciudad amenazados como nunca por una cultura cada vez más pagana, que se enorgullece de su amnesia y nos pretende imponer a un Dios destilado, trascendente pero dentro de los límites de la inmanencia… siempre a nuestra mano para ser usado como un instrumento más del consumismo que nos agobia.
Un pueblo y una ciudad que te necesitan más que nunca para que en Buenos Aires la trasmisión de la fe siga provocando encuentro y fiesta.
Para que la frescura del niño rezando a la noche y el tesoro de sabiduría de nuestros mayores le den a nuestra ciudad “buenos aires”, aires de trascendencia que provienen del cielo pero hacen habitable la tierra. Porque sin trascendencia, seremos dominados por lo intrascendente. No ha de extrañarnos que, contaminados los aires, también la naturaleza humana se torne biodegradable en nuestra ciudad.
Justamente por esto tu pueblo y tu ciudad te necesitan más que nunca catequista.
Alegre, comprometido, renovado en tu fervor… Haciendo presente ese estilo de Iglesia misionera que sabe de fragilidades -propias y ajenas- y por eso sale, escucha, abraza, acompaña.
¡No te canses de sembrar! Y en este año del Bicentenario, me animo a proponerte que te acerques como peregrino a la Parroquia de Nuestra Señora de la Piedad. Y ante la tumba de la Madre Antula, pedile para vos, para mí y para cada uno de los catequistas de esta bendita ciudad, su grandeza y su fortaleza. Suplicale la gracia de poder acompañar y cuidar la fe de nuestro pueblo fiel como ella lo supo hacer tres siglos atrás, en circunstancias también difíciles como las actuales.
Será una manera de “anticipar la aurora, y construir la esperanza”.
Que Jesús te bendiga y la Virgen Santa te cuide. Afectuosamente.
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
Buenos Aires, 21 de agosto de 2010
La Santa Sede dio a conocer el programa del viaje apostólico del Santo Padre al Reino Unido, con motivo de la beatificación del cardenal John Henry Newman. Ciudad del Vaticano, 19 Ago. 10 (AICA)
Benedicto XVI partirá de Roma el 16 de septiembre rumbo a Edimburgo, donde aterrizará alrededor de las 10.30. Tras la ceremonia de bienvenida en el Palacio Real de Holyroodhouse, el Papa realizará una visita de cortesía a la Reina Isabel II. Posteriormente el Pontífice se reunirá con las autoridades locales, ante las que pronunciará un discurso.
Por la tarde de este primer día de su viaje apostólico al Reino Unido, el Papa se trasladará a Glagow, donde celebrará la Santa Misa en el parque de Bellahouston, para viajar después a Londres, donde le espera una apretada agenda.
El viernes 17 de septiembre Benedicto XVI se reunirá con el mundo de la educación católica, con los líderes de otras religiones, con el arzobispo de Caterbury, con los exponentes de la sociedad civil, del mundo académico, cultural y empresarial. A las 18.15 está prevista una celebración ecuménica en la Abadía de Westminster donde el Papa pronunciará un discurso.
El sábado 18 de septiembre Benedicto XVI se reunirá con el primer ministro británico, con el vice primer ministro y con los líderes de la oposición. A las 10 celebrará la Santa Misa en la catedral de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo en Westminster. Esa misma tarde el Papa realizará una visita a la casa de reposo de San Pedro, y una vigilia de oración por la beatificación del cardenal Newman en Hyde Park.
El domingo 19 de septiembre el Papa viajará a Birmingham, donde celebrará a las 10 la Santa Misa de beatificación del venerable cardenal John Henry Newman, en el parque de Cofton. A las 13 el Pontífice tiene prevista una visita privada al oratorio de San Felipe Neri. Ya por la tarde, Benedicto XVI se reunirá con los obispos de Inglaterra, Gales y Escocia, a quienes dirigirá un discurso. En torno a las 18 se celebrará la ceremonia de despedida del Papa en el aeropuerto internacional de Birmingham, para llegar a las 22.30 al aeropuerto Ciampino, de Roma.+
Carta de monseñor monseñor Adolfo A. Uriona fdp, obispo de Añatuya, con motivo del Año Jubilar 2010-2011 (31 de julio de 2010). (AICA)
AÑO JUBILAR 2010-2011
INTRODUCCIÓN:
Queridos hermanos:
Desde el año 2008 venimos transitando el triduo de preparación para la celebración del JUBILEO DE LA DIÓCESIS que realizaremos, Dios mediante, el 1º de octubre de 2011, a 50 años de la llegada del primer Obispo, Mons. Jorge Gottau, de feliz memoria.
Cada año nos propusimos un lema a fin de que orientara toda la actividad pastoral. En este 2010 decía así:
“De habitantes a ciudadanos y de bautizados a discípulos-misioneros”
Como se puede ver, el lema tiene dos partes. La primera: “De habitantes a ciudadanos”, la hemos desarrollado en la Carta Pastoral de Cuaresma, en coincidencia con el inicio de las celebraciones del Bicentenario de nuestra patria y tomando del documento de los Obispos Argentinos, “Hacia un bicentenario en justicia y solidaridad”.
Tal como les había prometido, en esta Carta pastoral reflexionaremos acerca de la segunda parte: “de bautizados a discípulos-misioneros”, en consonancia con el “Año Jubilar” que iniciaremos el próximo 1º de octubre de 2010.
I. “UN AÑO JUBILAR”
Ahora bien, nos preguntamos ¿en qué consiste un año jubilar?, ¿qué es un Jubileo?...
La celebración del Jubileo tiene su origen en un mandato de Dios a Moisés que debía transmitir, como mediador, al pueblo de Israel. Así leemos en el libro del Levítico:
“El Señor dijo a Moisés sobre la montaña del Sinaí: Habla en estos términos a los israelitas:
Deberás contar siete semanas de años -siete veces siete años- de manera que el período de las siete semanas de años sume un total de cuarenta y nueve años.
Entonces harás resonar un fuerte toque de trompeta: el día diez del séptimo mes -el día de la Expiación- ustedes harán sonar la trompeta en todo el país.
Así santificarán el quincuagésimo año, y proclamarán una liberación para todos los habitantes del país. Este será para ustedes un jubileo: casa uno recobrará su propiedad y regresará a su familia.
Este quincuagésimo año será para ustedes un jubile: no sembrarán ni segarán lo que vuelva a brotar de la última cosecha, ni vendimiarán la viña que haya quedado sin podar; porque es un jubileo, será sagrado para ustedes. Sólo podrán comer lo que el campo produzca por sí mismo.
En este año jubilar cada uno de ustedes regresará a su propiedad…
No se defrauden unos a otros, y teman a su Dios, porque yo soy el Señor, su Dios.
Observen mis preceptos y cumplan fielmente mis leyes; así vivirán seguros en esta tierra” (Cf. 25, 1-18)
Como podemos comprobar en este texto bíblico, el “año jubilar” era un año de Gracia para todos los habitantes del país, en particular para los más desposeídos.
La Iglesia, el nuevo Pueblo de Dios, tomando este pasaje del Antiguo Testamento ha celebrado jubileos en determinados períodos de su historia. Así por ejemplo el Jubileo del año 2000.
Nosotros, como diócesis de Añatuya, queremos aprovechar estos 50 años de vida como Iglesia particular, para celebrarlo con una GRAN MISIÓN DIOCESANA, que iniciaremos el 1º de octubre de 2010 y que concluiremos, Dios mediante, el 1º de octubre de 2011.
Esta carta tiene la finalidad, entonces, de invitar a todos los bautizados de la diócesis a fin de que, como gracia particular del año jubilar, descubran su condición de “discípulos”, es decir, seguidores de Jesús y “misioneros”, anunciadores de su Palabra a todos los hombres.
II. LA GRAN MISIÓN DIOCESANA
Decía el Mensaje Final de Aparecida:
“Desde el cenáculo de Aparecida nos disponemos a emprender una nueva etapa de nuestro caminar pastoral declarándonos en misión permanente. Con el fuego del Espíritu vamos a inflamar de amor nuestro Continente: “Recibirán la fuerza del Espíritu Santo que vendrá sobre Ustedes, y serán mis testigos… hasta los confines de la tierra” (Hch 1,8).
Siguiendo esta exhortación de los obispos de América Latina y el Caribe queremos encarar nuestra misión jubilar.
A. OBJETIVOS DE LA GRAN MISIÓN DIOCESANA
Desde el EDAP (Equipo de animación diocesana) nos venimos, reuniendo desde diciembre del año pasado todos los meses, a fin de reflexionar y preparar este gran acontecimiento diocesano.
Con los numerosos aportes que nos brindaron los participantes del Encuentro de pastoral (marzo de 2010) hemos elaborado los siguientes objetivos generales:
1º. Llegar a todos con el anuncio del kerigma a fin de que nuestros fieles tengan un encuentro personal con Jesucristo.
2º. Lograr la renovación de nuestras parroquias a fin que las mismas continúen en “estado de misión permanente”.
3º. Formar pequeñas comunidades en torno a la lectura de la Palabra de Dios.
Para la primera etapa de la misión nos proponemos: sensibilizar, convocar y formar a los distintos agentes pastorales que trabajarán en la misma.
A) A través de la “sensibilización” buscamos: “poner en conocimiento e invitar a todos los fieles de la diócesis a celebrar el Año Jubilar a través de la Gran Misión Diocesana”.
Los medios que sugerimos utilizar son los siguientes:
Difundir este importante acontecimiento diocesano utilizando todos los medios a nuestro alcance (afiches, volantes, medios de comunicación social, etc…)
Divulgando esta Carta pastoral del Obispo que convoca a la celebración del Jubileo a través de la Gran Misión Diocesana
Rezando la oración de la misión.
Confeccionando un logo que identifique la misión.
Elaborando un himno de la misión.
Y cualquier otro medio que la creatividad de ustedes les inspire…
B) Mediante la “convocación” buscamos: “motivar a que todos los bautizados se sientan misioneros y se involucren activamente con la misión”.
Los Obispos en el Mensaje final de Aparecida se expresaban así:
“Jesús invita a todos a participar de su misión. ¡Que nadie se quede de brazos cruzados! Ser misionero es ser anunciador de Jesucristo con creatividad y audacia en todos los lugares donde el Evangelio no ha sido suficientemente anunciado o acogido, en especial, en los ambientes difíciles y olvidados y más allá de nuestras fronteras”
Algunos medios sugeridos:
Carta personal del párroco para invitar a los agentes pastorales a participar de la Gran Misión Diocesana.
Promover la IAM (Infancia y adolescencia misionera) y la UEAM (Unión de enfermos y ancianos misioneros)
Convocar y comprometer formalmente a todas las comunidades educativas.
Pensar encuentros motivadores y un plan de formación sistemática.
C) Y, en tercer lugar, “queremos brindar a los bautizados, que se ofrezcan para ser misioneros, una formación integral”.
Considero fundamental este tiempo de formación. Los que salgan a llevar la Buena Noticia deben imbuirse de un verdadero espíritu misionero a través de de una seria preparación doctrinal, pastoral y espiritual. No podemos ni debemos “improvisar”. Por eso motivo a todos los sacerdotes, religiosos /as y laicos consagrados a abocarse a esta tarea de una manera creativa y sistemática.
Algunos medios posibles:
Elaborar una catequesis en base al tríptico (Junta de catequesis)
Elaborar un plan de formación que tenga en cuenta lo siguiente:
El itinerario formativo que propone el Documento de Aparecida, Cap. VIº.
Una espiritualidad del misionero
Método de la “lectio divina”
Un esquema de la visita a las familias y a los diversos sectores
Campaña de difusión de la Biblia y/o el N.T.
Aprovechar el material de formación brindado por el CELAM
Hasta aquí la etapa preparatoria…
Tendremos que seguir reflexionando y orando a lo largo de este tiempo para buscar juntos cómo implementar “la misión propiamente dicha” (el Encuentro pastoral de 2011 estará todo centrado en esta búsqueda), la cual tendrá sus “tiempos fuertes”. Es mi deseo que los mismos se vayan gestando desde la experiencia comunitaria, a la luz de la lectura de la Palabra de Dios, en el silencio orante y en la fortaleza que nos brinda la Eucaristía.
Ahora, tomando como base la Encíclica “Redemptoris Missio” de Juan Pablo II en su Capítulo 8, les propongo algunos elementos esenciales a la hora de ir cultivando una “espiritualidad misionera”, que dé sentido y contenido a esta experiencia de llevar la Buena Noticia a los hombres.
B. VIVIR UNA AUTÉNTICA “ESPIRITUALIDAD MISIONERA”
Según el venerado Papa, la actividad misionera exige una espiritualidad específica. Si bien se refiere a la misión “ad gentes”, es decir a los misioneros que se van a otro país, las líneas fundamentales, por analogía, también pueden aplicarse a nuestra experiencia de misión. Sigo la misma estructura que nos presenta el santo Padre en el mencionado capítulo.
1º. Dejarse conducir por el Espíritu
“Todos los que son conducidos por el Espíritu de Dios son hijos de Dios” (Rm 8,14)
Es el Espíritu Santo quien forma a Cristo en nuestro interior y esto es fundamental, porque no se puede dar testimonio de Cristo sin reflejar su imagen, la cual se hace viva en nosotros por la gracia y por obra del Espíritu.
Es el mismo Espíritu quien, al infundirse en Pentecostés sobre los discípulos, los transformó de ignorantes y cobardes en testigos valientes y preclaros anunciadores de su palabra.
Hoy también, como en aquellos primeros tiempos de la Iglesia, la misión, en este mundo “posmoderno y laicista” es compleja y difícil; exige la valentía y la luz del Espíritu para enfrentarla. Así nos lo expresaba Aparecida:
“El Señor nos dice: “No tengan miedo” (Mt 28, 5). Como a las mujeres en la mañana de la Resurrección, nos repite: “¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo?” (Lc 24, 5). Nos alientan los signos de la victoria de Cristo resucitado, mientras suplicamos la gracia de la conversión y mantenemos viva la esperanza que no defrauda. Lo que nos define no son las circunstancias dramáticas de la vida, ni los desafíos de la sociedad, ni las tareas que debemos emprender, sino ante todo el amor recibido del Padre gracias a Jesucristo por la unción del Espíritu Santo…”
2º. Vivir el misterio de Cristo “enviado”
“Tengan los mismos sentimientos de Cristo Jesús” (Fil 2,6)
No se puede comprender y vivir la misión si no es con referencia a Cristo en cuanto enviado a evangelizar.
Él ha sido enviado por el Padre a fin de que se encarnara entre los hombres, anunciara la Buena Noticia del Reino y diera su vida en la Cruz para salvar a la humanidad.
El misionero debe tener los mismos sentimientos de Cristo quien, sin dejar de ser Dios, se despojó de sí mismo para hacerse uno de nosotros y recorrió, desde el amor, el camino que conduce a la cruz. También al misionero se le pide que se despoje de sí mismo para hacerse todo de todos y así anunciar a los hombres la Buena Noticia de la salvación.
Se necesita “aprender a morir a sí mismo” para transmitir el mensaje con fruto a los demás, sabiendo que cuando “el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. El que tiene apego a su vida la perderá; y el que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la Vida eterna” (Jn 12, 24-25)
Por otra parte, esta exigencia no nos debe desanimar, porque “al ser «enviado», el misionero experimenta la presencia consoladora de Cristo, que lo acompaña en todo momento de su vida. «No tengas miedo... porque yo estoy contigo» (Hech 18, 9-10). Cristo lo espera en el corazón de cada hombre”.
3º. Amar a la Iglesia y a los hombres como Jesús los ha amado
“Este es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado. No hay amor más grande que dar la vida por los amigos” (Jn 15,12-13)
La espiritualidad misionera se caracteriza por la caridad apostólica… El misionero se mueve a impulsos del «celo por las almas», que se inspira en la caridad misma de Cristo y que está hecha de atención, ternura, compasión, acogida, disponibilidad, interés por los problemas de la gente:
“Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias.
Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor” (Mt 9, 35-36)
El misionero debe estar impulsado por la caridad: para poder anunciar a todo hombre que es amado por Dios y que él mismo puede amar, debe dar testimonio de caridad para con todos, gastando la vida por el prójimo, particularmente por los más pequeños y pobres.
Por último, lo mismo que Cristo, él debe amar a la Iglesia: “Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella” (Ef 5, 25). Sólo un amor profundo por la Iglesia puede sostener el celo del misionero para seguir anunciando, sin desalentarse, el Reino de los cielos.
4º. El verdadero misionero es el santo
“Así como aquel que los llamó es santo, también ustedes sean santos en toda su conducta, de acuerdo con lo que está escrito: Sean santos, porque yo soy santo” (1 Pe 1,15-16)
La llamada a la misión deriva de por sí de la llamada a la santidad. Cada misionero, lo es auténticamente si se esfuerza en el camino de la santidad… La vocación universal a la santidad está estrechamente unida a la vocación universal a la misión, nos decía Juan Pablo II.
No basta con renovar los métodos pastorales, ni organizarnos mejor en la Iglesia, es necesario un nuevo “anhelo de santidad” entre todos los bautizados, que los impulse a comprometerse en serio por sus hermanos, tal como nos lo dice el Documento de Aparecida:
“Se trata de confirmar, renovar y revitalizar la novedad del Evangelio arraigada en nuestra historia, desde un encuentro personal y comunitario con Jesucristo, que suscite discípulos y misioneros. Ello no depende tanto de grandes programas y estructuras, sino de hombres y mujeres nuevos que encarnen dicha tradición y novedad, como discípulos de Jesucristo y misioneros de su Reino, protagonistas de vida nueva para una América Latina que quiere reconocerse con la luz y la fuerza del Espíritu”
Continúa diciendo Juan Pablo II: Pensemos, queridos hermanos y hermanas, en el empuje misionero de las primeras comunidades cristianas. A pesar de la escasez de medios de transporte y de comunicación de entonces, el anuncio evangélico llegó en breve tiempo a los confines del mundo. Y se trataba de la religión de un hombre muerto en cruz, «escándalo para los judíos, necedad para los gentiles» (1Cor 1, 23). En la base de este dinamismo misionero estaba la santidad de los primeros cristianos y de las primeras comunidades.
Debemos centrar todo nuestro esfuerzo para buscar y alcanzar la santidad. El misionero ha de ser un «contemplativo en acción». El halla respuesta a los problemas a la luz de la Palabra de Dios y con la oración personal y comunitaria… El misionero, sino es contemplativo, no puede anunciar a Cristo de modo creíble. El misionero es un testigo de la experiencia de Dios y debe poder decir como los Apóstoles: «Lo que contemplamos... acerca de la Palabra de vida..., se lo anunciamos» (1 Jn 1, 1-3).
El Santo Padre destaca la importancia de “la contemplación” que es un encuentro con el Dios viviente que se manifiesta en la historia. La oración, la lectura de la Palabra de Dios y la Eucaristía van modelando el corazón del misionero según Dios y así se hace más apto para la transmisión del mensaje de salvación, puesto que, como decía Benedicto XVI, “la evangelización se realiza, no por proselitismo, sino por irradiación y por contagio” y sólo puede contagiar a Jesucristo quien lo lleva en su corazón.
Finalmente, podemos decir que la característica de toda vida misionera auténtica es la alegría interior, que viene de la fe. Una alegría que no es algarabía externa sino que es un don del Espíritu y se funda en la certeza de que el Padre me ama y que el Hijo me ha salvado a través de su entrega en la cruz.
En un mundo angustiado y oprimido por tantos problemas, que tiende al pesimismo, el anunciador de la « Buena Nueva» ha de ser un hombre que ha encontrado en Cristo la verdadera esperanza y la quiere irradiar a los demás.
CONCLUSIÓN:
¡Una tarea desafiante nos espera como diócesis!
No solamente a los sacerdotes, a los religiosos, a las religiosas, a los laicos consagrados y a los laicos comprometidos… ¡sino a TODOS!
El bautizado ha de ser un auténtico discípulo-misionero de Jesucristo, si no lo vivimos de esta manera, mal nos llamamos cristianos. No somos dignos de lo que ese nombre significa.
Por lo tanto, como decían los obispos en Aparecida: ¡Que nadie se quede de brazos cruzados!
Como los discípulos después de la Ascensión de Cristo, la Iglesia debe reunirse en el Cenáculo con “María, la madre de Jesús” (Act 1, 14), para implorar el Espíritu y obtener fuerza y valor para cumplir el mandato misionero. También nosotros, mucho más que los Apóstoles, tenemos necesidad de ser transformados y guiados por el Espíritu. Por ello, le pedimos a ELLA, a la Madre de Dios y de la Iglesia, que bendiga y sostenga nuestra Gran Misión Diocesana.
Con mi paternal bendición.
Mons. Adolfo A. Uriona fdp, obispo de Añatuya
Añatuya, 31 de julio de 2010, fiesta de la Virgen de Huachana
Notas:
Cf. Juan Pablo II, “Redemptoris Missio”, Nos. 87-91
Documento de Aparecida, Nº 14
Documento de Aparecida, Nº 11
ZENIT nos ofrece la catequesis que el Papa Benedicto XVI pronunció el miércoles 18 de Agosto de 2010 durante la Audiencia General celebrada en el patio del Palacio Apostólico de Castel Gandolfo, con peregrinos procedentes de todo el mundo.
¡Queridos hermanos y hermanas!
Hoy quisiera detenerme en la figura de mi Predecesor san Pío X, cuya memoria litúrgica se celebra el sábado próximo, subrayando algunos de sus rasgos que pueden ser útiles también para los Pastores y los fieles de nuestra época.
Giuseppe Sarto, así se llamaba, nacido en Riese (Treviso) en 1835 de familia campesina, tras los estudios en el Seminario de Padua fue ordenado sacerdote a los 23 años. Primero fue vicepárroco en Tombolo, luego párroco en Salzano, después canónico de la catedral de Treviso con el cargo de canciller episcopal y director espiritual del Seminario diocesano. En estos años de rica y generosa experiencia pastoral, el futuro Pontífice mostró ese profundo amor a Cristo y a la Iglesia, esa humildad y sencillez y esa gran caridad hacia los más necesitados, que fueron caractrísticas de toda su vida. En 1884 fue nombrado obispo de Mantua y en 1893 Patriarca de Venecia. El 4 de agosto de 1903, fue elegido Papa, ministerio que aceptó con vacilación, porque no se consideraba a la altura de una tarea tan elevada.
El Pontificado de san Pío X ha dejado un signo indeleble en la historia de la Iglesia, y se caracterizó por un notable esfuerzo de reforma, sintetizada en el lema Instaurare omnia in Christo, “Renovar todas las cosas en Cristo”. Sus intervenciones, de hecho, abarcaron los diversos ámbitos eclesiales. Desde el principio se dedicó a la reorganización de la Curia Romana; después dio luz verde a los trabajos de la redacción del Código de Derecho Canónico, promulgado por su sucesor Benedicto XV. Promovió, además, la revisión de los estudios y del iter de formación de los futuros sacerdotes, fundando también varios Seminarios regionales, equipados con buenas bibliotecas y profesores preparados. Otro sector importante fue el de la formación doctrinal del Pueblo de Dios. Desde los años en que era párroco había redactado él mismo un catecismo, y durante el episcopado en Mantua había trabajado para que se llegase a un catecismo único, si no universal, al menos italiano. Como auténtico pastor, había comprendido que la situación de la época, también por el fenómeno de la emigración, hacía necesario un catecismo al que todo fiel pudiera referirse independientemente del lugar y de las circunstancias de la vida. Como Pontífice preparó un texto de doctrina cristiana para la diócesis de Roma, que se difundió después en toda Italia y en el mundo. El Catecismo llamado “de Pío X” fue para muchos una guía segura en el aprendizaje de las verdades de la fe por su lenguaje sencillo, claro y preciso y por su eficacia expositiva.
Notable atención dedicó a la reforma de la Liturgia, en particular de la música sacra, para llevar a los fieles a una vida de oración más profunda y a una participación en los Sacramentos más plena. En el Motu Proprio Tra le sollecitudini (1903), afirma que el verdadero espíritu cristiano tiene su primera e indispensable fuente en la participación activa en los sacrosantos misterios y en la oración pública y solemne de la Iglesia (cfr ASS 36[1903], 531). Por esto recomendó acercarse a menudo a los Sacramentos, favoreciendo la frecuencia cotidiana a la Santa Comunión, bien preparados, y anticipando oportunamente la Primera Comunión de los niños hacia los siete años de edad, “cuando el niño comienza a razonar”: dice así. (cfr S. Congr. de Sacramentis, Decretum Quam singulari : AAS 2[1910], 582).
Fiel a la tarea de confirmar a los hermanos en la fe, san Pío X, frente a algunas tendencias que se manifestaron en el ámbito teológico a finales del siglo XIX y a principios del XX, intervino con decisión, condenando el Modernismo, para defender a los fieles de las concepciones erróneas y promover una profundización científica de la Revelación en consonancia con la Tradición de la Iglesia. El 7 de mayo de 1909, con la Carta apostólica Vinea electa, fundó el Pontificio Instituto Bíblico. Los últimos meses de su vida fueron amargados por el estallido de la guerra. El llamamiento a los católicos del mundo, lanzado el 2 de agosto de 1914 para expresar “el acerbo dolor” de aquella hora, era el grito sufriente del padre que ve a los hijos enfrentarse uno contra el otro. Murió poco después, el 20 de agosto, y su fama de santidad empezó a difundirse pronto entre en pueblo cristiano.
Queridos hermanos y hermanas, san Pío X nos enseña a todos que en la base de nuestra acción apostólica, en los diversos campos en que trabajamos, debe haber siempre una íntima unión personal con Cristo, que hay que cultivar y acrecentar día tras día. Éste es el núcleo de toda su enseñanza, de todo su compromiso pastoral. Sólo si estamos enamorados del Señor, seremos capaces de llevar a los hombres a Dios y abrirles a Su amor misericordioso, y abrir así el mundo a la misericordia de Dios.
[En español dijo]
Saludo a los grupos de lengua española, en particular a los peregrinos de la Diócesis de Orihuela-Alicante, de Las Palmas de Gran Canaria, de Rosario, en Argentina, y de otros países latinoamericanos. Os aliento a poner vuestros ojos en el Papa san Pío Décimo. Acogiendo sus enseñanzas, cultivad intensamente la amistad con Cristo y sed testigos de su amor. Que Dios os bendiga.
[Llamamiento final]
Mi pensamiento va en este momento a las queridas poblaciones de Paquistán, afectadas recientemente por una gran inundación, que ha provocado numerosísimas víctimas y ha dejado a muchas familias sin casa.
Mientras confío a la bondad misericordiosa de Dios a cuantos han desapaecido trágicamente, expreso mi cercanía espiritual a sus familiares y a todos aquellos que sufren a causa de esta calamidad. Que no falte a estos hermanos nuestros, tan duramente probados, nuestra solidaridad y la ayuda concreta de la solidaridad internacional.
[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]
Homilía de monseñor Luis T. Stöckler, obispo de Quilmes, para la fiesta de la Asunción de la Virgen María (15 de agosto de 2010). (AICA)
Veamos qué importancia tiene el mensaje de esta fiesta para nosotros como personas, como Iglesia y como cristianos en el mundo.
Como personas
La Asunción de la Virgen en cuerpo y alma al cielo nos señala que todo lo que tiene que ver con el cuerpo y la corporalidad del hombre, no es algo marginal, sino es parte integral de nuestra persona. El alma no la podemos entender como independiente de nuestro cuerpo, sino como el principio animador que se manifiesta y realiza a través de nuestra condición física. Y también la gracia que Dios infunde en nosotros, abarca todo nuestro ser. Cuando la Llena de Gracia contestó al ángel: “Que se haga en mí según tu palabra”, sintió el efecto no solamente en su espíritu, sino permitió la encarnación del Verbo eterno en su seno. Por eso, la Iglesia compara a la Virgen con la Carpa del Encuentro, que albergaba el Arca de la Alianza, donde Dios garantizaba su presencia. El invisible manifiesta en ella su gloria. De ahí el cuidado que nosotros debemos a nuestro cuerpo, que es templo del Espíritu Santo. La dignidad de la persona no es solamente cuestión de buenas intenciones, sino también de conductas respetuosas para con nosotros mismos. La transformación del cristiano es un proceso continuo que deja sus huellas en nosotros. “Reflejamos”, dice el apóstol, “como en un espejo, la gloria del Señor, y somos transfigurados a su propia imagen con un esplendor cada vez más glorioso, por la acción del Señor, que es Espíritu” (2 Cor 3, 18). El hecho que el cuerpo de no pocos santos no haya sufrido la corrupción, podemos entender como una señal con que Dios los distingue como ejemplos, en los cuales el Espíritu Santo pudo hacer su obra.
Como Iglesia
María no es solamente ejemplo que nos orienta sino, asunta al cielo, “con su múltiple intercesión continúa obteniéndonos los dones de la salvación eterna” (LG 62). Unida indisolublemente a la Iglesia, su invocación reafirma la misión mediadora de la misma. Lo que afirmamos de la Virgen, lo entendemos a la vez como propio de la Iglesia. La que es la Madre de Cristo, cabeza de la Iglesia, es también Madre de su Cuerpo místico que somos los bautizados. Como ella lo dio al mundo y los hombres podían acercarse a Él, así la Iglesia como sacramento del Resucitado, es el signo visible que lo hace presente ante los hombres. La que ha sido inmaculada desde el inicio de su vida hasta el final, y quedado incorrupta después de su muerte, ahora ya participa en la resurrección, como su Hijo. En ella se confirma como anticipo la promesa de la transformación que aguarda a todos los miembros de la Iglesia, cuando el Señor vuelva. Santa y siempre necesitada de conversión, la Iglesia está en el mundo para transformarlo. Sin ella, el mundo estaría perdido. Esto, a pesar de nuestros defectos, el pueblo lo siente y lo expresa, cuando peregrina a los santuarios de la Virgen, donde busca y encuentra la Iglesia Madre.
Como cristianos en el mundo
Finalmente, la Asunción con cuerpo y alma de la Virgen, evoca la exhortación del Concilio Vaticano II “a los cristianos, ciudadanos de la ciudad temporal y de la ciudad eterna, a cumplir con fidelidad sus deberes temporales, guiados siempre por el espíritu evangélico. Se equivocan los cristianos que, pretextando que no tenemos aquí ciudad permanente, pues buscamos la futura, consideran que pueden descuidar las tareas temporales, sin darse cuenta que la propia fe es un motivo que les obliga al más perfecto cumplimiento de todas ellas según la vocación personal de cada uno. Pero no es menos grave el error de quienes, por el contrario, piensan que pueden entregarse totalmente a los asuntos temporales, como se éstos fuesen ajenos del todo a la vida religiosa, pensando que ésta se reduce meramente a ciertos actos de culto y al cumplimiento de determinadas obligaciones morales. El divorcio entre la fe y la vida diaria de muchos debe ser considerado como uno de los más graves errores de nuestra época” (GS 43).
Pidamos a nuestra Madre, que nos alcance un corazón atento a lo que su Hijo nos pide, y la fortaleza de ponerlo por obra aquí, con la mirada puesta en el cielo.
Mons. Luis T. Stöckler, obispo de Quilmes
Homilía de monseñor Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús, en las Fiestas patronales de Avellaneda-Lanús (Catedral diocesana, 15 de agosto). (AICA)
Queridos hermanos y hermanas:
En este día tan especial para todos nosotros, donde celebramos la solemnidad y la fiesta de la Virgen María en su Asunción, sean todos bienvenidos; señor intendente de Avellaneda –ya que hoy rezamos especialmente porque la Virgen de la Asunción es la patrona del partido de Avellaneda- y a los que representan a Lanús, dado que juntos formamos, como Iglesia, la diócesis de Avellaneda Lanús.
A los sacerdotes, a los diáconos, diáconos permanentes, a las religiosas, religiosos, a los seminaristas, al querido pueblo fiel, a cada uno de ustedes, que todos tengamos el gozo de poder participar plenamente del misterio que hoy estamos celebrando.
Hoy iniciamos también, públicamente, el Año Jubilar que finalizará el 15 de octubre del año que viene. Cincuenta años de la creación de nuestra diócesis, en aquel entonces Avellaneda y después Avellaneda Lanús. Damos gracias a Dios porque nos ha creído capaces, por medio de la Iglesia, de formar y conformar una Iglesia particular, una Iglesia que sepa vivir de su fe, que sepa escuchar la Palabra de Dios con atención, que sepa vivir con intensidad la caridad y el servicio y que pueda anunciar a los demás hermanos que Jesucristo es el Señor. Públicamente iniciamos este Año Jubilar que, a lo largo de este tiempo, se va comunicar a nuestras respectivas comunidades los distintos motivos de celebración.
Hoy la persona central es el misterio de Cristo Resucitado; todo concluye en Él y todo se dirige a Él. Cristo, el Verbo que se hizo carne en el seno virginal de María, que habitó en el seno de María, que se nutrió de María, se nos expresa, se nos da, a través de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre. El misterio central de nuestra fe es Jesucristo.
El Padre ha querido elegir para su Hijo a esta mujer de nuestra raza, dándole un privilegio particular y singular de la Inmaculada Concepción, donde Dios elige a María en atención a su Maternidad Divina, para que sea la Madre de su Hijo. María es elegida y acepta la propuesta de parte de Dios.
Y así como María está en el inicio, también María está en el final; Ella está en el inicio de la salvación porque “el Verbo se hace carne en el seno de María”, pero también María está al final que es la Resurrección, que es la Vida y la superación del pecado y de la muerte. Hemos sido extraídos del pecado y de la muerte para ser constituidos en Cristo como verdaderos hijos y vivir como resucitados.
María es la garantía, por sí decirlo, porque al privilegio que Dios le concedió, también le concede el segundo privilegio: vivir el estado de perfección, sin corrupción; y, como dice la liturgia oriental “la dormición de la Virgen”, María es asumida al cielo en cuerpo y alma. Ella es testigo de este misterio; Ella es testigo de este cielo, ¡y Ella como Madre nos muestra el camino para ir al cielo!
¡Quiero afirmar, rotundamente, que todos nosotros pensemos que nuestro destino no está acá sino que está allá! ¡Que no venimos de la nada y no terminamos en la nada, sino que venimos de Dios, caminamos con Dios y regresamos a Dios! Por lo tanto María es la garantía del cielo cuando nos dice “Hijito mío, te mostraré el camino para llegar al cielo” El cielo está allá, pero se gana acá. Y acá se amasa lo que allá se consume. Acá se vive lo que Dios nos regala; por eso tenemos que pedirle mucho a la Virgen para que vivamos como resucitados acá, que trabajemos laboriosamente acá, para poder vivir gozosamente allá.
Y la Virgen lo experimenta: donde está la Madre también nosotros, con esperanza, queremos estar porque somos sus hijos. Pero Ella, como poderosísima intercesora que es, tiene que ayudarnos a vivir como resucitados, a vivir como personas nuevas, llenas de esperanza, a vivir superando, reconciliándonos, fraternizando, viviendo libremente y no vivir derrotados, vencidos, amargados, aplastados, vencidos.
A veces uno puede pensar que las cosas humanas son tan pesadas, que son imposibles de revertir. Yo le pido a la Virgen que nos ayude a saber que, si nosotros confiamos, aquello que parece imposible se va a hacer posible. ¡Todo es posible con la gracia de Dios! ¡Todo es posible con la presencia de Dios! ¡Todo es posible con el auxilio y la intercesión de nuestra Madre!
La fe no nos aleja de las realidades de este mundo.
La fe no nos aleja de los compromisos de este mundo.
La fe no nos aleja, ni nos extraña, de los compromisos responsables e interpersonales de nosotros, entre las familias, entre las instituciones, en la sociedad, en la educación, en la economía, en el trabajo, en la política, ni en todo ámbito, porque nada es extraño.
Pero lo que uno tiene que aprender es la sabiduría de saber mirar, de saber ver, y ver más allá. Cuando uno tiene fe, ve más allá. No es que cuando uno tiene fe se desentiende. Al contrario, cuando uno tiene fe se compromete más, se mete más en las cosas, se integra más, se hace más responsable; pero también se va humanizando cada vez más.
Hoy quiero pedirle a la Virgen que Ella sea la garantía de nuestra vida; y que en nosotros, como Iglesia diocesana, vuelva a surgir del interior del corazón de nuestra Iglesia, la fuerza, el ímpetu y el entusiasmo para vivir con alegría el mensaje del cual no tenemos derecho a callar; ni siquiera a enmudecer, ni por las palabras ni por las obras; es más, que se exprese en las obras que por medio de las palabras; aunque las palabras siguen siendo muy importantes. Obras.
Que nuestras comunidades sean realmente vivas, abiertas, creativas; ¡que salgamos a buscar a nuestros hermanos donde ellos estén y donde ellos nos necesiten! ¡Que aprendamos a vivir en esta vida con mayor profundidad!
¡Que aprendamos a vivir en serio a través de lo que significa la recuperación del silencio!
¡Es necesario volver a hacer silencio para responder mejor, para escuchar más!
¿No advierten también la hipersensibilidad de la gente?
¡La gente está como exacerbada!
¡Por cualquier cosa salta! ¡Por cualquier cosa grita! ¡Por cualquier cosa pelea! ¡Por cualquier cosa dice que no! No sé, pero dice que no
Eso significa que la gente está fuera de sí y lo que necesitamos es ¡volver a ponernos en caja!, ¡a estar dentro, no fuera!, ¡a estar contenidos!, ¡a ser más profundos!, ¡y no ser superficiales ni consumidores de turno de lo que el mundo nos quiera vender! ¡Tenemos que tener una actitud crítica!, ¡no criticona, crítica!, ¡para que la realidad no nos trague!, ¡para que tengamos una actitud clara!, porque si somos claros no nos vamos a confundir y no vamos a confundir a los demás.
Hay algo que es terrible: la pérdida de la objetividad. Significa también, como contrapartida, lo relativo, ¡todo es relativo!, ¡todo es lo mismo!, una cosa, la otra, la otra y la otra, ¡total no hay cosas “objetivas”!, total no hay cosas “para siempre”, total no hay familia para siempre, total no hay matrimonio para siempre, ya ni siquiera hay matrimonio, y ya saben bien a qué me estoy refiriendo. Realmente todo es relativo.
Pero nosotros, en una visión cristiana, una visión sobrenatural, estamos mirando al cielo pero con los pies en la tierra, tenemos la obligación y la responsabilidad de vivir responsablemente nuestra fe y los valores. ¡Y tenemos que pedirle a la Virgen que los cuide!, ¡y pedirle que nos ayude a cuidarlos!, porque si no los cuidamos y no vivimos responsablemente los valores vamos a terminar pensando cómo vivimos.
Por lo tanto, le pido a la Virgen que nos aleje del relativismo, que nos aleje del individualismo y que nos aleje de algo que es muy grave pero que a veces se instala, voy a usar una palabra fuerte para que quede bien grabada, el cinismo.
¡El cinismo de pensar que las cosas no van a cambiar!
¡El cinismo de pensar que no hay que pensar en las cosas grandes!
¡El cinismo que no hay que pensar en las cosas importantes y esenciales!
¡El cinismo de vivir derrotados!
Yo digo ¡NO!, Dios dio todo; la Virgen dio todo, entonces ¿cómo nosotros no vamos a tener fuerza y entusiasmo para vivir en serio una vida de fe, una vida cristiana, una vida humana y comprometida?
Sabemos a dónde vamos, pero acá en la tierra lo amasamos. Hoy le pido a la Virgen que todos nosotros, Pueblo de Dios, conscientes del don que Dios nos regala, que lo vivamos en actitud de agradecimiento, ¡pero que también nos demos cuenta que la fe, la esperanza y el amor, son las cosas más importantes que nos pueden suceder en nuestra vida! ¡Y lo que amasamos acá lo vamos a vivir allá; y para vivir allá hay que amasarlo acá!
Que Nuestra Señora de la Asunción agrande nuestro corazón, agrande nuestra alma, que nos de fuerza y espíritu ¡para seguir enamorados de Dios!, ¡para seguir enamorados de Cristo!, ¡para seguir enamorados de la Virgen!, ¡para seguir enamorados de la Iglesia!, ¡para seguir enamorados de la familia! y para vivir respetando a todo hombre, ya que cada uno de ellos son nuestros hermanos. ¡Para nosotros será difícil, pero contando con Dios y la Virgen, todo es posible!
Que así sea.
Mons. Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús
ZENIT nos ofrece la catequesis pronunciada el miércoles, 11 de agosto de 2010, por el Papa Benedicto XVI durante la Audiencia General celebrada en el patio interior del palacio apostólico de Castel Gandolfo.
Queridos hermanos y hermanas,
hoy, en la Liturgia recordamos a santa Clara de Asís, fundadora de las Clarisas, luminosa figura de la cual hablaré en una de las próximas Catequesis. Pero esta semana -como ya había indicado en el Ángelus del domingo pasado- hacemos memoria también de algunos Santos mártires, tanto de los primeros siglos de la Iglesia, como san Lorenzo, Diácono, san Ponciano, Papa, y san Hipólito, Sacerdote; como de un tiempo más cercano a nosotros, como santa Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein, patrona de Europa, y san Maximiliano María Kolbe. Querría entonces hablar brevemente sobre el martirio, forma de amor total a Dios.
¿En qué se basa el martirio? La respuesta es simple: en la muerte de Jesús, en su sacrificio supremo de amor, consumado en la Cruz para que pudiéramos tener la vida (cf Jn 10,10). Cristo es el siervo sufridor del que habla el profeta Isaías (cf Is 52, 13-15), que se ha dado a sí mismo en rescate por muchos (cf Mt 20,28). Él exhorta a sus discípulos, a cada uno de nosotros, a tomar cada día la propia cruz y seguirle en el camino del amor total a Dios Padre y a la humanidad: “el que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará (Mt 10,38-39). Es la lógica del grano de trigo que muere para germinar y llevar vida (cf Jn 12,24). Jesús mismo “es el grano de trigo venido de Dios, el grano de trigo divino, que se deja caer en la tierra, que se deja quebrar, romper en la muerte y, precisamente a través de ello, se abre y puede llevar fruto a la inmensidad del mundo” (Benedicto XVI, Visita a la Iglesia luterana de Roma [14 de marzo de 2010]. El mártir sigue al Señor hasta el fondo, aceptando libremente morir por la salvación del mundo, en una prueba suprema de fe y de amor (cf Lumen Gentium, 42).
Una vez más, ¿de dónde nace la fuerza para afrontar el martirio? De la profunda e íntima unión con Cristo, porque el martirio y la vocación al martirio no son el resultado de un esfuerzo humano, sino la respuesta a una iniciativa y a una llamada de Dios, son un don de Su gracia, que hace capaces de ofrecer la propia vida por amor a Cristo y a la Iglesia, y así al mundo. Si leemos las vidas de los mártires, quedamos estupefactos por la serenidad y el coraje al afrontar el sufrimiento y la muerte: el poder de Dios se manifiesta plenamente en la debilidad, en la pobreza de quien se confía a Él y pone sólo en Él la propia esperanza (cf 2Cor 12,9). Pero es importante destacar que la gracia de Dios no suprime o sofoca la libertad de quien afronta el martirio, sino que al contrario la mejora y la exalta: el mártir es una persona sumamente libre, libre frente al poder, al mundo; una persona libre, que en un único acto definitivo da a Dios toda su vida, y en un supremo acto de fe, de esperanza y de caridad, se abandona en las manos de su Creador y Redentor; sacrifica su propia vida para ser asociado totalmente al Sacrificio de Cristo en la Cruz. En una palabra, el martirio es un gran acto de amor en respuesta al inmenso amor de Dios.
Queridos hermanos y hermanas, como decía el miércoles pasado, probablemente nosotros no estamos llamados al martirio, pero ninguno de nosotros está excluido de la llamada divina a la santidad, a vivir de una manera elevada la existencia cristiana y esto implica tomar la cruz de cada día sobre uno mismo. Todos, sobre todo en nuestro tiempo en que parecen prevalecer egoísmo e individualismo, debemos asumir como primer y fundamental compromiso el de crecer cada día en un amor más grande a Dios y a los hermanos para transformar nuestra vida y transformar así también nuestro mundo. Por intercesión de los Santos y de los Mártires pidamos al Señor que inflame nuestro corazón para ser capaces de amar como Él nos ha amado a cada uno de nosotros.
[A continuación, el Papa saludó a los peregrinos en diversas lenguas. En español, dijo:]
Saludo a los peregrinos de lengua española. En particular a los grupos de fieles venidos de España, México y otros Países Latinoamericanos. Queridos hermanos: Dios nos llama a todos a la santidad. Nos llama a seguir más de cerca de Cristo, esforzándonos en transformar este mundo con la fuerza del amor a Dios y a los hermanos. Fijándonos en el ejemplo de los santos y los mártires, pidamos al Señor que inflame nuestros corazones, para que seamos capaces de amar como Él nos ha amado. Que Dios os bendiga.
[Traducción del italiano por Patricia Navas
©Libreria Editrice Vaticana]
Homilía de monseñor Agustín Radrizzani, arzobispo de Mercedes-Luján, en la misa de acción de gracias por el Día del Seminario arquidiocesano (12 de agosto de 2010). (AICA)
DIA DEL SEMINARIO SANTO CURA DE ARS
Queridos hermanos:
En esta jornada, nos reunimos para celebrar el día del Seminario. Y es una ocasión propicia para meditar en nuestro ser sacerdotal. El momento histórico y eclesial que vivimos nos hace ver uno de los más grandes dolores de la Iglesia de los últimos tiempos: la acusación existente hacia sacerdotes y religiosos por las faltas contra la pureza.
Al menos dos causas han favorecido esta situación: una, dentro de nosotros mismos, que no hemos internalizado un estilo de vida propio del consagrado o lo que antiguamente era un valor, hoy ha dejado de serlo. Otra, fuera de nosotros mismos: El contexto hedonista del mundo actual en el cual estamos insertos.
Cuando analizamos este dolor de la Iglesia que pide de nosotros un acto de profunda humildad, creo que no es necesario incurrir en actos graves para arruinar la luminosidad de nuestro ser consagrados, basta que nos tomemos determinadas licencias para que empañar nuestra vida de testimonio. La forma de hablar, las palabras, los chistes de doble sentido, las sospechas hacia los hermanos, los comentarios negativos, todo sirve para engangrenar el cuerpo.
Ante esta penosa situación ¿Qué podemos hacer?. Creo que la primera cosa es pedir perdón a Dios y a los hermanos por no vivir con plenitud aquello a lo cual Dios nos ha llamado. Pedir perdón también por las faltas de nuestros hermanos sacerdotes.
Se puede deducir de este pedido de perdón el deseo de cuidar la propia vocación. Recuerdo la experiencia de un sacerdote compañero y amigo dotado de buena inteligencia y que había desempeñado diversos cargos de responsabilidad, cuando en el último encuentro que tuve con él en vísperas de abandonar el ministerio hizo esta dolorosa confesión: “Yo he perdido la fe”. Quedé sorprendido pero desde entonces le pido al Señor que me ayude para no perder la fe.
Pero más que el temor del peligro, lo más importante de nuestra vida, sobre todo cuando llevamos vividos algunos años de ministerio, es volver al primer amor. Siempre nos han impactado los textos del Apocalipsis del capítulo 2. Al ángel de la Iglesia de Efeso escribe: “tengo contra ti que has perdido el primer amor” (Ap. 2,4) y al ángel de la Laodicea “Dices que no te falta nada pero no te das cuenta de que eres un desgraciado, digno de compasión, pobre, ciego y desnudo” (Ap. 2,17)
Viene a mi memoria lo aprendido hace años en un acto ecuménico en el que participaba el prior de Taize Roger Shutz. Le preguntaron quién era para él Jesucristo y respondió en modo simple y vital: “Para mi Jesús es mi primer amor y mi alegría sustancial”
Y si queremos ir más en profundidad para saber ¿Por qué hago lo que hago como seminarista o cómo sacerdote? Escuchamos al Maestro que nos dice: “No son ustedes los que me eligieron a mi sino yo que los elegí a ustedes” (Jn. 15,16) y en esto difiere mucho Jesús de los maestros de su tiempo que eran elegidos por los discípulos. Y ¿para qué nos ha elegido? Para que estuviéramos con Él y para enviarnos a predicar ( Cf. Mc 3,13).
Esta ha sido la motivación de fondo de la vida de los santos. Así llega a decir el Papa en el diálogo con los sacerdotes en la vigilia de oración: “El sacerdote es un hombre apasionado por Cristo, que lleva dentro el fuego del amor de Cristo. El párroco se siente una persona llamada por el Señor, está lleno de amor por el Señor y por los suyos… Por tanto, la primera condición es estar lleno de la alegría del Evangelio con todo nuestro ser..” (L´Osservatore Romano edición en lengua española, 20 de junio de 2010, pág. 8).
Este es nuestro ideal de vida: Dios. Cuánto más vivamos este ideal: El amor a Jesús y a María Santísima, mayor será el amor a los demás, a la iglesia y a todos nuestros hermanos. Y esa felicidad que Dios nos regala la deseamos transmitir a quienes nos rodean. Más vivimos esta vida sobrenatural y más disminuyen los apegos a las personas, a las cosas, al dinero, a nuestras cosas, a los cargos, etc. Pero también disminuyen los celos y las envidias hacia los demás.
Hay un pasaje en la vida de san Francisco de Asís en el que se ve claro lo que deseo transmitirles. Está el santo caminando con el hermano León y ve que León se detiene observando una cascada, Francisco le pregunta que le sucede y León responde: “Francisco si pudiéramos tener la pureza de esta agua cristalina”. Francisco le pregunta y ¿Qué es la pureza?, a lo que León le dice: “No tener nada de que reprocharnos”. Francisco, a su vez, le comenta: “Ahora comprendo tu tristeza, porque siempre hay algo que reprocharse. Hermano León, créeme – le contestó Francisco- no te preocupes tanto de la pureza de tu alma. Vuelve tu mirada hacia Dios. Admírale. Alégrate de lo que El es, El, todo santidad. Dale gracias por El mismo. Es eso mismo, hermanito, tener puro el corazón. Y cuando te hayas vuelto así hacia Dios, no vuelvas más sobre ti mismo. El corazón puro es el que no cesa de adorar al Señor vivo y verdadero. Toma un interés profundo en la vida misma de Dios y es capaz, en medio a todas sus miserias, de vibrar con la eterna inocencia y la eterna alegría de Dios. Un corazón así está a la vez despojado y colmado. Le basta que Dios sea Dios. En eso mismo encuentra toda su paz, toda su alegría y Dios mismo es entonces su santidad… Descubrir que Dios es Dios, eternamente Dios, más allá de lo que somos o podemos llegar a ser, gozarse totalmente de lo que El es… darle gracias por sí mismo, a causa de su gran misericordia… ” (La sabiduría de un pobre, pág. 113 y ss.)
En el diálogo ya citado, a un sacerdote australiano, el Papa le dice: “Pienso que ninguno de nosotros se hubiera hecho sacerdote, si ni hubiera conocido sacerdotes convencidos en los cuales ardía el fuego del amor de Cristo” (L´Osservatore Romano…, pág. 11).
Por eso creo que esta todo unido: la vida superficial en nuestro modo de pensar, juzgar y hablar genera hastío, frustración y tristeza y terminamos siendo funcionarios de la religión. Más que mostrar plenitud, mostramos desgano y es muy difícil que surjan vocaciones. Por el contario, si vivimos para Dios, estamos vacíos de nosotros mismos y después de haber amado durante todo el día experimentamos al final de la jornada, su presencia en nosotros que se manifiesta en una paz permanente y una felicidad contagiosa.
La Santísima Virgen que cuidó a Jesús y a los apóstoles, nos ayude a volver a entusiasmarnos por Cristo que es, también para nosotros, nuestro primer amor y nuestra alegría sustancial. Que así sea. "
Mons. Agustín Radrizzani, obispo de Mercedes-Luján
ZENIT publica el comentario al Evangelio del próximo domingo, 29 de agosto, XXII del tiempo ordinario (Lucas 14, 1.7-14), redactado por monseñor Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo, administrador apostólico de Huesca y de Jaca.
Evangelio del domingo: Observador de apariencias
No sólo se fijaba en los lirios del campo, en los pájaros del cielo, sino que también Jesús era un profundo observador de la conducta humana: los niños sencillos y sin doblez, las viudas que dan todo lo que tienen, los pecadores que en el fondo tienen un corazón abierto al perdón y al arrepentimiento... y también se fijará el Señor en los aparentes, en los que van por la vida de reclamo y de etiqueta.
Estaba invitado en casa de uno de los fariseos un sábado. Tanto Él como los demás, todos se observaban mutuamente en aquél convite. ¿Qué vio Jesús? Que la gente se apuntaba a los primeros puestos, para salir en la foto de sociedad del lugar, para estar en la boca de los otros y sentirse en la pasarela del influjo y del renombre.
Jesús hablará siempre de la verdad, y por la verdad morirá, y de la verdad se autodefinirá. Jamás de la apariencia. Porque la apariencia es siempre una mentira, más o menos camuflada, más o menos fomentada y querida. Ser lo que en el fondo no se es, dar el pego y el camelo, aparecer tras el truco y la careta, jugar al eterno carnaval. Una persona así, que vive la vida desde su disfraz particular (importa poco que tal disfraz sea ideológico, cultural, económico... o incluso religioso), es una persona vendida a sí mismo, a sus pretensiones; una persona esclava de sus propias cadenas, y por eso inhábil para la libertad y para la sencillez.
«Cuando os inviten a una boda -decía el Maestro-, no busques el primer puesto» (Lc 14,8). No sólo por el soponcio que puede suponer después el que el acomodador te saque de tu podium, y te devuelva a tu cruda realidad, sino porque quien tiene pretensiones indebidas, quien va de "trepa" y de capta-portadas, es difícil que comprenda su dignidad, y la de los demás, cuando tan ocupado anda en su apariencia.
San Francisco lo dirá con su proverbial sencillez: «Somos lo que somos ante Dios, y nada más» (Admonición 19). Sólo quien ha experimentado la libertad de ser y de querer ser lo que somos ante los ojos de Dios, sólo ése puede entender a Jesús. Son los ojos del Señor los que nos guían en la senda verdadera, los que nos mueven a reemprender el camino siempre que nos cansamos de andar, los que nos desvían cuando se tuercen nuestros pasos, los que se hacen luz y gracia para caminar. Los ojos de los demás tantas veces ven poco, o ven mal, turbiamente quizás. Los ojos de Dios, no engañan nunca, no humillan nunca, alumbran sin deslumbrar. Feliz el que vive así, sencillamente, porque experimentará lo que es vivir en la paz, en la libertad, sin ansias devoradoras, sin poses hipócritas, sin trucos ficticios... siendo ante uno mismo y ante los otros, lo que somos ante Dios.
Homilía de monseñor José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario en el Día de la Asución (15 de agosto de 2010). (AICA)
LA ASUNCIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN
Queridos hermanos
Celebramos la solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María al cielo. En la liturgia de hoy, la contemplamos llena de alegría, unida a Cristo en la gloria. Es que la creatura que Dios eligió como Madre de su Hijo, y que Él nos dio como Madre en la cruz, está gloriosa junto a Dios. Por esto, la Virgen "brilla ante el pueblo de Dios en marcha como señal de esperanza cierta y de consuelo" (Lumen gentium, 68).
También nos reúne esta tarde la culminación de la Asamblea del Movimiento arquidiocesano Evangelio de Caná, para renovar sus autoridades, y para reflexionar sobre nuestra fidelidad al llamado del Señor para ser sus seguidores, particularmente en la vida de laicos. Desde ya deseo que renueven su compromiso de seguir trabajando con entusiasmo, tanto en la formación, como en la vida de familia, y en los diferentes apostolados que asumen con los jóvenes.
Volviendo a la Asunción de la Virgen, podemos decir que en el transcurso del tiempo, esta certeza se fue manifestando de diversas maneras, muy queridas para el pueblo cristiano, hasta que el dogma de la Iglesia la proclamó "en cuerpo y alma en los cielos”, y la liturgia la celebró unánimemente. De este modo, la devoción a María, en su gloriosa Asunción, se hizo más honda por medio de esta celebración, expresión de nuestra fe, enriquecida con el gozo, la belleza, y las súplicas que nos permiten descubrir en Ella, una verdadera fuente de esperanza.
Esperanza porque nos acerca y nos abre las puertas de una realidad humanamente desconocida, que es el cielo. María en su gloriosa Asunción entró al cielo, y el cielo es Dios. Ella nos permite tener presente que el cristiano camina hacia el cielo, y es su destino definitivo, de gloria y de luz.
El excluir a Dios de nuestro horizonte, nos lleva a tomar caminos equivocados
Mientras estamos en la tierra experimentamos las tendencias de excluir a Dios de nuestro horizonte, que nos llevan a tomar caminos equivocados; así como la confrontación entre el bien y el mal, entre el trigo y la cizaña, la gracia y el pecado. La Asunción de la Virgen, en cambio, es imagen luminosa de esperanza y de victoria contra el dragón del Apocalipsis (Ap. 12,3); y es figura de la humanidad que todavía espera alcanzar su plenitud.
Por Ella, la esperanza es un futuro que se hace para nosotros creyentes, cierto y verdadero. En este caso, el futuro aparece como un elemento muy distintivo: no porque conozcamos los detalles de lo que nos espera, sino porque podemos saber que nuestra vida no termina en un vacío, ni en la nada, y que Dios está con nosotros.
Por este motivo, dado que el futuro es una certeza en nuestra vida, también se hace más llevadero el presente. Como nos dice el Santo Padre Benedicto XVI “La puerta oscura del tiempo, del futuro, ha sido abierta de par en par. Quien tiene esperanza vive de otra manera; se le ha dado una vida nueva” (cfr. Spes salvi, 2) y cree en la vida eterna.
La Virgen vivió sin temor a la espada que iba a atravesar su corazón
La Santísima Virgen también es motivo de esperanza porque su triunfo refleja la entrega generosa de su vida, que vivió sin temor a la espada que iba a traspasar su corazón, y nos ayuda a superar las pruebas que debemos afrontar cada día; el subjetivismo individual y el egoísmo.
A veces se vive como si no tuviéramos que morir nunca, o como si todo, al fin, se acabara con la muerte; la vida aparece para algunos como si el hombre fuera el único artífice de su propio destino, o como si Dios no existiera, llegando inclusive en algunas ocasiones a negar que haya un lugar para Él en el mundo que creó.
En una época como la nuestra, la Asunción de la Virgen nos interpela y nos ayuda.
En este sentido, en una época como la nuestra, la Asunción de la Virgen nos interpela y nos ayuda, más aún nos mueve a verificar si la vida, que cada uno lleva, está dirigida hacia Dios, y por esto nos invita a cambiarla en caso que no sea así. Pensemos que la invitación no es solo personal, sino que también se extiende a la familia, a nuestras comunidades y parroquias, y a la sociedad en la que vivimos.
Pidamos a María que nos ayude a ser fieles a la esperanza, buscando en todas las cosas el reino de Dios; que nos ayude a abrirnos a la acción del Espíritu Santo, que transforme nuestras vidas y corazones; y que nos ilumine sobre el camino a seguir, teniendo presente el bien, la dignidad de toda persona creada por Dios, y la naturaleza que nos regaló. No olvidemos la caridad, que brota ante todo del amor de Dios, y es un signo de nuestra vida en Cristo.
Sabemos que su elevación al cielo no la aleja nuestra vida y de las necesidades del mundo; por el contrario, Ella puede mirarnos e interceder por nosotros, con la misma solicitud y amor con que movió suplicante el Corazón de Jesús, para realizar su primer milagro en las bodas de Caná, que le da el nombre a su Movimiento.
Ofrezcamos también en este día el Rosario para que por medio del misterio glorioso de su Asunción, crezca en nuestra Arquidiócesis la piedad mariana y el amor a la Madre de Dios, lejos de todo mal y pecado. Que el Magnificat que proclamamos en el Evangelio, salido de la fe profunda de María, encuentre un profundo eco en nuestra vida de discípulos, para seguir a Jesucristo y resucitar con Él; y así compartir su gloria.
Mons. José Luis Mollagan, arzobispo de Rosario
Alocución televisiva de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata en el programa “Claves para un mundo mejor” (14 de agosto de 2010). (AICA)
EL ABORTO: DE DELITO A DERECHO
El mes pasado se produjo un episodio muy confuso: la publicación de una guía técnica del Ministerio de Salud de la Nación para la atención integral de los abortos no punibles.
Digo que fue un episodio confuso porque el mencionado instrumento apareció como una resolución del Ministerio de Salud, pero luego el Sr. Ministro aclaró que de ninguna manera él había autorizado esa publicación y que no era su intención, por lo tanto, promover la implementación del aborto, que se proponía en esa funesta guía.
Lo curioso es que el texto ha sido preparado por técnicos expertos del Ministerio de Salud. Creo que durante la gestión anterior. Este documento se permite interpretar el Código Penal de la Nación, porque pretende extender las dos excusas absolutorias que se encuentran en el artículo 86.
Ese artículo del Código Penal considera al aborto un delito, pero afirma que ese delito no se castiga cuando el embarazo, y el consiguiente aborto, ha ocurrido a causa de la violación de una mujer deficiente mental, o cuando ha habido peligro para la vida de la mujer embarazada.
Ahora esta Guía extiende esas dos excusas absolutorias proponiendo el aborto como un derecho. Dice claramente que este es un derecho humano de la mujer. Tal es así que el título mismo de esta Guía la presenta como: “Cumplimiento efectivo de los Derechos Sexuales y Reproductivos.
Hace tiempo que se quiere inducir en la sociedad argentina esta mentalidad abortista presentando la eliminación de un ser humano en gestación como un derecho de la mujer.
Es notable que en esta Guía, donde se describen pormenorizadamente los crueles métodos que se pueden emplear para asesinar hasta niños de 12 y más semanas de gestación, no se menciona nunca al niño por nacer, como si fuera un mero objeto biológico, un bicho pre-humano o una cosa rara que le salió a la mujer adentro, para decirlo groseramente.
Además se está queriendo promover esta mentalidad entre los jóvenes porque precisamente esta Guía apunta a la posibilidad de que una chica menor de edad pueda presentarse para hacer un aborto sin que sus padres se enteren.
Ahora bien: este desliz ocurrido en el Ministerio de Salud no es casualidad. Felizmente, el Sr. Ministro salió a aclarar que no era su intención promover esto. Pero, el documento, con todo, ha sido publicado. Por otra parte la iniciativa responde a un plan que se viene desarrollando progresivamente. Hay un Decreto, que lleva el Nº 1086 del año 2005, que aprueba el Plan Nacional contra la Discriminación , allí el aborto es incluido entre esos hechos que no deben ser objeto de discriminación. Se estaría discriminando a la mujer si uno “la obliga” a tener su hijo.
En esa decisión presidencial de 2005 se manifiesta un plan que no es un invento argentino, sino la versión servil de un proyecto global de imposición de nuevos paradigmas, que se propone afianzar en el mundo la dictadura del relativismo. Esto es que todo vale igual, que no hay distinción del bien y del mal por referencia a la naturaleza humana. Y en nombre de una especie de religión secular de los derechos humanos se niega el derecho fundamental a la vida, sin el cual todos los otros derechos se derrumban. Lo que hasta ahora constituía un delito pasa a ser un derecho.
Insisto: se trata de un niño, porque según la interpretación que nuestro país ha hecho de la declaración sobre los derechos del niño, se considera tal al ser humano desde el momento de la concepción. A pesar de lo cual, una diputada se ha descolgado recientemente con un increíble despropósito; según ella sólo se es niño desde el nacimiento. Esta afirmación contradice las certezas incontrastables de la biología. El niño posee una identidad propia, personal, desde la concepción.
Hay que estar alertas ante estos intentos, porque además, en el Congreso de la Nación , como es sabido, se renuevan periódicamente varios proyectos que están en la misma línea, para introducir el aborto, que terminará siendo generalizado, a partir de esta extensión de las excusas absolutorias del Código Penal.
Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata
Tras un intenso debate, el pasado 28 de julio el parlamento de Cataluña prohibió las corridas de toros en todo el territorio de la Comunidad Autónoma de Cataluña. Con este motivo el corresponsal de AICA en Madrid, Armando Rubén Puente, envió el siguiente e interesante trabajo sobre la historia y los antecedentes de las corridas de toros y los conflictos relacionados con su práctica a lo largo de los siglos. Madrid (España), 16 Ago. 10 (AICA)
Desde Cicerón, Séneca y San Agustín
“Existe el mismo peligro al exponerse a las astas de un toro que a las uñas o los dientes de un león”, sentenciaron los concilios de Basilea y de Florencia en el siglo XV. Detrás de esta reflexión estaban las páginas inflamadas escritas por los teólogos cristianos del siglo III y IV encabezados por San Agustín, censurando las fiestas paganas en el circo, del mismo modo que lo habían hecho Cicerón y Séneca.
En los reinos de la España de los Reyes Católicos, las corridas de toros eran populares espectáculos celebrados en determinados días de fiesta, en los que se lanceaban toros, tarea reservada a los caballeros y, solo en ciertos casos, a diestros jinetes dedicados a cuidar el ganado.
En 1513 un teólogo escribió en Alcalá de Henares, mezclando razones sociales, religiosas y sentimentales: “¡Cuantos peligros, muertos, heridos, males y escándalos nacen en esos juegos en que se atormentan y matan los toros con lanzas y garrochas, y lo que es más grave hacerlo en fiestas en honor de santos”.
Condenas de los Papas
Pero fue a mediados del siglo XVI cuando los Papas las condenaron.
En 1567 san Pío V decretó en la bula “De salutis gregis dominici” que quienes participaran o presenciaran las corridas de toros incurrían automáticamente (“latae sententiae”) en la pena de excomunión.
Pocos años después, en 1575, ante la reacción de las autoridades en los reinos dependientes de la poderosa corona española –Castilla, León, Nápoles y Portugal– que interpretan que el documento pontificio era un ataque a España y una muestra de la “incomprensión” de su “historia y su cultura”, Gregorio XIII moderó el riguroso decreto de su antecesor en el breve “Exponis nobis super”, excluyendo de la excomunión a los laicos que presenciaran el espectáculo, y reservando la sanción solo a los sacerdotes y religiosos.
Ocho años más tarde, Sixto V volvió a poner en pleno vigor la bula de san Pío V, haciéndose eco de las denuncias de obispos y teólogos españoles acerca de los abusos interpretativos con los que se aplicaba la bula de Gregorio XIII.
En 1596 Clemente VIII en un nuevo documento, “Suspectus numerus”, levantó todos los anatemas y censuras, reservándolas exclusivamente a los frailes de las órdenes mendicantes.
Tantos documentos contradictorios originaron durante medio siglo un enorme revuelo, crearon un ambiente apasionado y causaron la desorientación entre los católicos. En ese período Santo Tomás de Villanueva y San Juan de Ávila escribieron condenándolas por “el riesgo de muerte al que se exponen voluntariamente los caballeros que intervienen en ella y los peones que los ayudan” y “la crueldad inútil” y “brutalidad” con que tratan a los animales. Son “restos de antiguas barbaries de siglos pasados, que siguen causando muchas muertes”.
En 1590 un canónigo de la catedral de Toledo decía: “Es el más peligroso de los espectáculos, donde mueren y se ve morir hombres y se cometen más excesos y pecados”. Y sin embargo, “a pesar de las prohibiciones papales, se siguen corriendo los toros como antes”.
Moralistas, juristas y reyes
Los moralistas que se oponían a las corridas empleaban un argumento que sus enemigos preferían ignorar: las corridas son motivo de “numerosos pecados porque a diferencia de los espectáculos teatrales, a los que asisten los hombres y las mujeres desde lugares perfectamente diferenciados –por lo general los hombres en la planta baja de los teatros y las mujeres en la superior–, en las corridas estaban juntos en las plazas y cotos cerrados.
Compartían estas opiniones eminentes juristas que consideraban las corridas “dañinas y criminales”.
Los miembros de las Cortes de Castilla reunidas en Valladolid, en 1555 pidieron al rey “mandar que no se corran los toros”, solicitud reiterada en Madrid en 1567, pidiendo que se aplicara en España el motu proprio de san Pío V por el que “en las tierras de la Iglesia –los Estados Pontificios- no se consienta correr los toros bajo pena de pecado mortal”.
En 1587 volvieron a recordárselo al monarca, pero Felipe II, como sus sucesores de la dinastía de los Austria y luego de los Borbones, incluido el actual, don Juan Carlos I, fueron todos ellos aficionados a las corridas. No así sus esposas, como por ejemplo la inglesa Victoria Eugenia o la griega doña Sofía, que no han compartido las arraigadas aficiones taurinas de sus regios maridos.
Interminable polémica
Las corridas de toros fueron motivo de una interminable polémica que dura más de cuatro siglos -hasta hoy-, en la que participaron novelistas, poetas, autores de teatro, religiosos jesuitas, dominicos y franciscanos, sacerdotes, miembros de las Cortes de Castilla, jueces, ministros, parlamentarios y periodistas. Se pueden distinguir tres grupos: quienes las criticaban y condenaban, quienes las defendían y aquellos que adoptaban una actitud ecléctica.
Durante el siglo XVI y XVII los teólogos, moralistas y legisladores de las Cortes se ocupan más de interpretar los documentos de los Papas que del fondo literal que ellos encierran y en los que todos los pontífices coinciden en condenar las corridas de toros. Y obsérvese que, no habiendo nunca anulado esa condena la más alta autoridad de la Iglesia católica, hay que concluir que sigue por tanto en vigor.
A fines del siglo XVI los franciscanos habían empezado a hacer distingos y matizar los documentos de los Papas. Era nada más que el principio de lo que vendría más tarde:
No se pueden correr los toros en días laborables, pero ¿se puede los domingos y días festivos? Y en tal caso ¿las corridas deben celebrarse solo en cotos y plazas cerradas o también en los campos y otros lugares? ¿Pueden verlos los sacerdotes? ¿Dónde, cómo y en qué ocasiones? ¿Y los religiosos? ¿Incurren en excomunión los soldados de caballería? ¿Y los de infantería?
Había minuciosos canónigos y curas, bachilleres y barberos capaces de ver un mosquito, e ignorar un elefante, y otros que se inflamaban de ira y gritaban: ¡Excomunión latae sententiae!, que implicaba además la prohibición de dar sepultura a los que murieran corriendo los toros.
Los clérigos no pueden asistir a las corridas si se dan en días laborables, decían los primeros. Incurren en pecado pero no son por ello automáticamente excomulgados; es preciso que el obispo lo haga en cada caso y de forma expresa, puntualizaban los eclécticos. ¿Y qué pasa si ven correr los toros desde una “ventana secreta”? Entonces no pecan, decían los “aperturistas”. No, la prohibición también les afecta, respondían otros recordando que así sucedió con cuatro jesuitas extranjeros que en visita a Madrid fueron llevados a una habitación de la Plaza Mayor, desde donde tras los visillos, vieron la corrida, pero denunciados por alguien fueron reprendidos por el general de la Compañía.
¿Incluye la prohibición a los que solo han recibido las órdenes menores, como por ejemplo los ostiarios? ¿Se pueden correr los toros por las calles o el campo si llevan “las patas atadas con fuertes cuerdas”? Cuestiones de este tipo se discutían largamente.
Estos puntos dan una idea de los subterfugios y evasivas, los detalles y minucias de los que se servían sacerdotes, religiosos y moralistas para obviar las disposiciones pontificias.
Los reyes y gobernantes y en general gran parte de los españoles, aplicaban para la prohibición de las corridas de toros la misma formula que para otras normas: “La ley se acata pero no se cumple”, decían entonces. No muy lejos de lo que siguen haciendo tantos españoles hoy: “Yo respeto la sentencia o el acuerdo adoptado, pero...”. Como si fuera posible legalmente no respetar, acatar y cumplir la sentencia de un tribunal, sea supremo o constitucional, local o internacional.
Aparecen las razones económicas
A partir del siglo XVIII los defensores de las corridas empiezan a argumentar razones económicas: contribuyen a perfeccionar la doma de los caballos, el manejo y práctica de las lanzas a los integrantes de los cuerpos de Caballería, mejoran las razas de los toros, expanden la ganadería y son fuentes de trabajo.
Todavía hay personalidades importantes e ilustradas –el conde de Aranda, Jovellanos, Cadalso-, que se oponen a las corridas. El primero redacta un proyecto que eleva al rey Carlos IV diciéndole que “no hay ninguna razón particular para que subsistan las corridas y sí muchas para su prohibición. Son espectáculos bárbaros, que distraen a los trabajadores y les hacen perder muchos días y horas laborables”.
Aranda propuso que la ley de prohibición entrara en vigor en el plazo de cuatro años. Para entonces había perdido el cargo. Los Borbones siguieron siendo unos apasionados de las corridas, que a partir de Fernando VII se convirtieron en “fiesta nacional” con la entusiasta aprobación de aquel pueblo que lo seguía al grito de “viva las cadenas”. Su hija Isabel II lo mismo que sus sucesores compartieron la afición de los toros y la amistad con toreros.
A fines del siglo XVIII se reglamentó y organizó la fiesta y se permitió el toreo a pie, dejando de ser una diversión solo practicada por caballeros de las clases superiores.
Paralelamente la Iglesia fue perdiendo su fuerza y prestigio.
En el siglo XIX la creación de las Sociedades Protectoras de Animales devolvieron fuerza y razones a los contrarios a las corridas y el asunto fue tratado en más de una ocasión en el Parlamento desde mediados del siglo.
En América la independencia y nacimiento de las nuevas repúblicas fue acompañado de la prohibición de las corridas en aquellas naciones donde la implantación del poder colonial y virreinal español había sido menor, pero sigue siendo un espectáculo que llena las plazas en Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela y México.
En Europa, aparte de la tradición taurina en Portugal y España, en Francia son muchos los que se apasionan por las corridas y en los últimos tiempos se han abierto nuevas plazas.
El reciente acuerdo del parlamento de Cataluña prohibiendo las corridas no obedece a las razones que movieron durante siglos a los moralistas católicos y a los Papas, sino a motivos políticos: el deseo de diferenciarse como nación de España. Una corriente que encuentra eco en los sectores independentistas gallegos y baleares.+
Viena (Agencia Fides) – El 26 de agosto de 2010 se celebra el centésimo cumpleaños de la Madre Teresa de Calcuta, fundadora de las Misioneras de la Caridad. Mons. Leo M. Maasburg, actual Director Nacional de las Obras Misionales Pontificias en Austria (www.missio.at), por muchos años fue acompañante de viajes, consejero, confesor e intérprete de la Madre Teresa. Los momentos vividos por él al lado de Madre Teresa han sido plasmados en el libro “Mutter Teresa: Die wunderbaren Geschichten” (Patloch Verlag, München 2010), que en el año jubilar será publicado en 10 lenguas.
Mons. Maasburg ha hecho llegar a la Agencia Fides su contribución sobre los aspectos misioneros de la obra de la Madre Teresa:
Madre Teresa de Calcuta es venerada por personas de todas las naciones y religiones como ejemplo a seguir, santa y símbolo luminoso del servicio gratuito al prójimo. Era una misionera de un amor sin confines: sin confines en su extensión geográfica, como los apóstoles enviados por el Señor; sin confines en su profundidad espiritual, según el mandamiento único y nuevo de Jesús “amaos los unos a los otros como yo os he amado”. Madre Teresa vivió este mandamiento de Jesús en un modo extraordinariamente auténtico y completo haciendo resplandecer la luz de Cristo dondequiera que se encontraba. A través de su ser y su actuar demostró al mundo qué significa la misión hoy: no predicaba el amor con su palabra sino con su modo de vivir.
Cuando la Madre Teresa envió a sus monjas a Etiopía, el régimen dictatorial le propuso la delicada pregunta acerca de cómo pensaba realizar su labor. Su respuesta fue: “El tierno amor y el cuidado que dedicaremos a los más pobres entre los pobres de vuestro país serán una prueba del amor de Dios mismo hacia ellos”. La Madre Teresa jamás criticaba la fe de los demás, sino que a través de su ejemplo los atraía a la suya.
Cualquier cosa que Ella hacía era “obra de Él”, no consideraba ninguna de sus obras un mérito propio. Ella era “el lápiz en la mano de Dios. En la mano de un Dios que estaba escribiendo una carta de amor al mundo”.
Su disponibilidad la condujo a una nueva, desconocida, profundidad mística y espiritual. En la revelación de Su sed, de Su necesidad de amor (“tengo sed”, Jn 19,28) Jesús le pide el consenso a Su designio.
El camino hacia la profundidad espiritual para Madre Teresa asumió un giro inesperado y dramático. En una “noche del alma” que duraba desde hacía décadas, Jesús le hizo participar en modo místico, pero al mismo tiempo muy real, a Su sufrimiento y al abandono de Dios en la cruz (“Dios mío por qué me has abandonado”, Mc 15,34). Mientras el orden nuevo fundado por ella se extendía a todo el mundo, ella, a través de una lejanía de Dios vivida en modo muy angustioso, experimentaba el dolor de la sed de amor y de un amor que no sentía correspondido.
Madre Teresa se confió completamente a la guía divina con la fundación en 1948 de las “Misioneras de la Caridad”, cuyo objetivo era llevar la luz de Jesús a los más pobres entre los pobres en los slums de Calcuta y seguidamente a todos aquellos que sufren por la pobreza material, social y espiritual en todo el mundo.
Se dio cuenta de que el lugar, donde la sed de amor de Jesús puede ser placada, son los hambrientos, los sedientos, los desnudo y los desamparados – en una palabra: “Jesús vestido como el más pobre entre los pobres”, en los slums del mundo y en los slums espirituales en el corazón de las personas. Así ella se hizo Misionera de la Caridad, con un compromiso social sin límites y con una profundidad espiritual inigualable. Anticipando la globalidad de la igualdad entre pobres y ricos, en esta mujer minúscula se demuestra la misión de toda la Iglesia y la vocación de cada hombre, independientemente de la raza y de la religión, del color y de la ideología: “a ser hijos de Dios, creados para amar y para ser amados”. (MS/LM) (Agencia Fides, 24/08/2010)
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Boletín 398
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Oscar Luis Guerra, actual párroco de Santa Úrsula ha sido nombrado por el Obispo, nuevo Vicario Episcopal de la Vicaría Tenerife-Norte.
Oscar es natural de Santa Cruz de La Palma y fue ordenado presbítero el 10 de septiembre de 1995. Hasta la fecha, Oscar ha desempeñado diversos cargos y ministerios tales como: vicerrector en el Seminario Menor, párroco en el arciprestazgo de Taco, capellán del hospital Nuestra Señora de Candelaria, párroco de Valle San Lorenzo y Buzanada, delegado episcopal de Migraciones, secretario particular del Obispo, vicearcipreste de Granadilla, etc.
El nuevo Vicario Episcopal de la zona Norte ha indicado que esta nueva responsabilidad la asume "desde la entrega, la disponibilidad y el servicio pero no sin temor y temblor. Mi labor se concretará en ser nexo de unión entre los arciprestazgos y el Obispo, ayudando en la labor pastoral y queriendo contribuir al buen desarrollo de la vida de la Iglesia."
El día 18 de septiembre, a las 12,30 horas, en el Templo Parroquial de La Asunción en San Sebastián, el Vicario General, Antonio Manuel Pérez Morales presidirá la celebración de la Eucaristía previa a la procesión con la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe hasta el Puerto de la capital gomera, donde será embarcada para continuar en procesión marítima hasta su Ermita de Puntallana. Al día siguiente, 19 de septiembre, a las 12,30 horas, en Puntallana, será el Obispo quien presida la Eucaristía, dentro de la cual serán bendecidas las obras de restauración llevadas a cabo en la Ermita de la Patrona de La Gomera, Nuestra Señora de Guadalupe.
Después de las graves inundaciones en el sur del Punjab, que asolan en esta zona de Pakistán, el hogar, las vidas y el futuro de muchas personas, Caritas Pakistán ha puesto de inmediato su mecanismo de gestión de desastres y ayuda inmediata de emergencia para acudir en socorro de las victimas , suministrando agua , alimentos, utensilios de cocina, kits de higiene y salud. Caritas Española, presente en la zona desde hace algunos años colaborará con contribuciones sucesivas a la puesta en marcha y ejecución del programa general de emergencia y desarrollo elaborado por la Caritas Pakistán y el resto de Caritas presentes en la zona.
El teléfono de información y donaciones es el 902.33.99.99. Asimismo, se pueden ingresar los donativos en las siguientes cuentas bancarias: SANTANDER 0049-1892-69-2710216626; LA CAIXA 2100-2208-30-0200263083; BANESTO 0030-1001-37-0007654271; CAJA MADRID 2038-1028-19-6001027255; POPULAR 0075-0001-85-0607033893; SABADELL-ATLANTICO 0081-0216-71-0001307435; C.E.C.A 2000-0002-24-9100382601; BBVA 0182-2000-21-0201508699. También se pueden ingresar donativos en las cuentas de las Cáritas Diocesanas.
El presidente de Cáritas Española, Rafael del Río, ha escrito una carta en donde intenta llamar la atención de la población sobre esta emergencia, y animar a la misma a que se solidarice con el pueblo pakistaní.
El martes día 31 de agosto tendrá lugar a las 11:00 horas, en el Salón de Juntas de la Esclavitud la presentación oficial del cartel y programa de actos religiosos en honor al Santísimo Cristo, organizados por la Pontificia, Real y Venerable Esclavitud del Santísimo Cristo de La Laguna para el mes de septiembre, con motivo de la celebración de la exaltación de la santa cruz. El día 9 de septiembre, el Real Santuario acogerá el acto de Descendimiento del Cristo. El 14 de septiembre, se celebrará la Exaltación de la Santa Cruz en la que se celebra la festividad del Santísimo Cristo de La Laguna.
Desde el pasado 15 de Agosto, la comunidad parroquial de Ntra. Sra. de la Concepción, en Los Realejos se encuentra celebrando distintos actos religiosos en honor a María en su advocación de "Madre de los Afligidos".
El alcalde de La Laguna, Fernando Clavijo, ha suscrito la prórroga para 2010 del convenio existente entre el Ayuntamiento de La Laguna y los Hermanos Franciscanos de Cruz Blanca para financiar con 12.720 euros un programa cuyo fin es ayudar a desarrollar las habilidades psicomotrices de personas con discapacidad y que lleva a cabo esta orden en la Casa “Manolo Torras”.El Programa de Psicomotricidad tiene como objetivo ayudar a los beneficiarios a encontrar el bienestar que les proporcione una mejor calidad de vida a través del desarrollo de sus capacidades motrices, expresivas y creativas a partir del cuerpo, con una correcta elaboración del esquema corporal con los siguientes elementos: actividad tónica, equilibrio y conciencia corporal.
En las fiestas en honor a Nuestra Señora de Candelaria se lograron recoger 21.000 kilos de alimentos, 3.000 kilos más que en 2009. Así, los Padres Dominicos en colaboración con el Ayuntamiento repartirán 12.000 litros de leche, 45.000 huevos, además de papas, calabazas, y plátanos entre otros comestibles, entre las personas y los colectivos más necesitados de la Isla.
Después del éxito del primer concierto de la Luna celebrado en julio en el Sitio Histórico de Chinguaro, en Güímar, esta semana ha tenido lugar la segunda entrega. En esta ocasión fue la Camerata Lacunensis de la Universidad de La Laguna la encargada de poner banda sonora de fondo a tan evocador marco. Los objetivos siguen siendo los mismos: dar a conocer Chinguaro, antigua corte de los menceyes de Güímar y santuario mariano durante cinco siglos, entre quienes aún no saben de su existencia y por otro, a través del donativo voluntario de los asistentes, apoyar al proyecto Café y Calor de Cáritas Interparroquial.
El pueblo de Tejina vive como cada año las fiestas en honor a San Bartolomé, con un amplio programa en el que tienen cabida todo tipo de actos. Durante la Eucaristía celebrada el día del santo, se llevó a cabo una ofrenda que será repartida entre los más necesitados. Por otro lado, el sábado 28, a las 23:00 horas, procesionará la imagen de San Bartolomé por el recorrido de costumbre. Un día más tarde, el domingo 29, será el día más esperado ya que se llevará a cabo la ofrenda de los Corazones. Comenzará a las 6:00 horas con la diana floreada, y tendrá como punto álgido, a las 11.30 horas, la entrada de los corazones acompañados de sus respectivas parrandas en la Plaza, la lectura de la ofrenda a San Bartolomé, y la Santa Misa.
La Concejalía de Promoción de la Educación, la Cultura y el Patrimonio Histórico Artístico de Adeje ultima los detalles para iniciar la II Visita Lustral de la Virgen de la Encarnación a los pueblos y barrios del municipio, dando respuesta así a una promesa realizada por los adejeros y adejeras en el siglo XVIII en agradecimiento a los continuos milagros y favores de la que consideran su patrona devocional y que se recogen en el Libro de Milagros de la Virgen que se encuentra en la Iglesia Matriz de Santa Úrsula. EstaII Visita Lustral arranca el 27 de agosto con la izada de bandera de la Virgen en la fuente de Las Torres (18.30 horas). Dos días más tarde se llevará a cabo el recorrido de la antorcha de la Virgen y el encendido del pebetero instalado también en la urbanización Las Torres (19.00 horas).
Otro acto muy emotivo será la Rogativa nocturna, que se celebra el 4 de septiembre, que parte desde la Iglesia Matriz de Santa Ursula y sigue por la Cruz del Llano, el cementerio, Tosca Colorada hasta el encuentro de la venerada imagen con los guanches, El Humilladero y la llegada a San Sebastián.
En el pueblo de Chiguergue, en el municipio de Guía de Isora también han estado de celebraciones con motivo de cincuenta aniversario de la imagen de San Roque.
Las Carboneras y Chinamada de Santa Cruz de Tenerife celebraron, días atrás, su tradicional romería lustral en honor de San Ramón Nonato, con su singular tipismo al más puro estilo aborigen. La imagen del santo fue trasladada muy temprano desde su ermita en Chinamada hasta la parroquia de San Isidro Labrador en Las Carboneras.
Tegueste se prepara para vivir durante la primera quincena de septiembre una de sus celebraciones más importantes: las fiestas en honor de Nuestra Señora de Los Remedios, copatrona y alcaldesa honoraria de la Villa. Los festejos comenzarán el jueves, día 2 con el tradicional traslado de la Bandera de la Virgen en la plaza de San Marcos.
El próximo 4 de septiembre, el obispo Bernardo Álvarez cumplirá su quinto aniversario de Ordenación Episcopal.
El CD Tenerife cumplió con la tradición y la plantilla, el cuerpo técnico y la directiva acudieron a la Basílica de Candelaria para realizar la ofrenda a la Patrona de Canarias.
ZENIT nos ofrece la homilía pronunciada el domingo 15 de Agosto de 2010 por el Papa Benedicto XVI, al presidir la Misa en la parroquia pontificia de Santo Tomás de Villanueva en Castel Gandolfo, en la Solemnidad de la Asunción de la Virgen.
Eminencia, Excelencia, Autoridades,
Queridos hermanos y hermanas,
hoy la Iglesia celebra una de las más importantes fiestas del año litúrgico dedicadas a María Santísima: la Asunción. Al término de su vida terrena, María fue llevada en alma y cuerpo al Cielo, es decir, a la gloria de la vida eterna, en la comunión plena y perfecta con Dios.
Este año se celebra el sexagésimo aniversario desde cuando el Venerable papa Pío XII, el 1 de noviembre de 1950, definió solemnemente este dogma, y quisiera leer – aunque es un poco complicada – la forma de la dogmatización. Dice el papa: “de tal modo la augusta Madre de Dios, arcanamente unida a Jesucristo desde toda la eternidad con un mismo decreto de predestinación, Inmaculada en su Concepción, Virgen sin mancha en su divina maternidad, generosa Socia del Divino Redentor, que ha traído un triunfo pleno sobre el pecado y sobre sus consecuencias, al final, como suprema coronación de sus privilegios, obtuvo el ser preservada de la corrupción del sepulcro y, vencida la muerte, como antes su Hijo, el ser elevada en cuerpo y alma a la gloria del Cielo, donde resplandece como Reina a la derecha de su Hijo, Rey inmortal por los siglos” (Const. ap. Munificentissimus Deus, AAS 42 (1950), 768-769).
Éste es, por tanto, el núcleo de nuestra fe en la Asunción: nosotros creemos que María, como Cristo su Hijo, ya ha vencido la muerte y triunfa ya en la gloria celestial en la totalidad de su ser, “en alma y cuerpo”.
San Pablo, en la segunda lectura de hoy, nos ayuda a arrojar un poco de luz sobre este misterio partiendo del hecho central de la historia humana y de nuestra fe: es decir, el hecho de la resurrección de Cristo, que es “la primicia de los que han muerto”. Inmersos en Su Misterio pascual, hemos sido hechos partícipes de su victoria sobre el pecado y sobre la muerte. Aquí está el secreto sorprendente y la realidad clave de toda la historia humana. San Pablo nos dice que todos fuimos “incorporados” en Adán, el hombre primero y viejo, todos tenemos la misma herencia humana a la que pertenece: el sufrimiento, la muerte, el pecado. Pero a esta realidad que todos nosotros podemos ver y vivir cada día añade una cosa nueva: nosotros estamos no solo en esta herencia del único ser humano, comenzado con Adán, sino que somos “incorporados” también en el hombre nuevo, en Cristo resucitado, y así la vida de la Resurrección está ya presente en nosotros. Por tanto, esta primera “incorporación” biológica es incorporación en la muerte, incorporación que genera la muerte. La segunda, nueva, que se nos da en el Bautismo, es “incorporación” que da la vida. Cito de nuevo la segunda Lectura de hoy; dice San Pablo: “Porque la muerte vino al mundo por medio de un hombre, y también por medio de un hombre viene la resurrección. En efecto, así como todos mueren en Adán, así también todos revivirán en Cristo, cada uno según el orden que le corresponde: Cristo, el primero de todos, luego, aquellos que estén unidos a él en el momento de su Venida (1Cor 15, 21-24)”.
Ahora, lo que san Pablo afirma de todos los hombres, la Iglesia, en su Magisterio infalible, lo dice de María, en un modo y sentido precisos: la Madre de Dios se inserta hasta tal punto en el Misterio de Cristo que es partícipe de la Resurrección de su Hijo con toda ella misma ya al final de su vida terrena; vive lo que nosotros esperamos al final de los tiempos cuando será aniquilado “el último enemigo”, la muerte (cfr 1Cor 15, 26); vive ya lo que proclamamos en el Credo “Espero en la resurrección de los muertos y en la vida del mundo futuro”.
Por tanto nos podemos preguntar: ¿cuáles son las raíces de esta victoria sobre la muerte anticipada prodigiosamente en María? Las raíces están en la fe de la Virgen de Nazaret, como atestigua el pasaje del Evangelio que hemos escuchado (Lc 1,39-56): una fe que es obediencia a la Palabra de Dios y abandono total a la iniciativa y a la acción divina, según cuanto le anuncia el arcángel. La fe, por tanto, es la grandeza de María, como proclama gozosamente Isabel: María es “bendita entre las mujeres”, “bendito es el fruto de su vientre” porque es “la madre del Señor”, porque cree y vive de forma única la “primera” de las bienaventuranzas, la bienaventuranza de la fe. Isabel lo confiesa en su alegría y en la del niño que salta en su seno: “Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor” (v. 45). ¡Queridos amigos! No nos limitemos a admirar a María en su destino de gloria, como una persona muy alejada de nosotros: ¡no! Somos llamados a mirar lo que el Señor, en su amor, ha querido también para nosotros, para nuestro destino final: vivir a través de la fe en la comunión perfecta de amor con Él y vivir así verdaderamente.
Al respecto quisiera detenerme en un aspecto de la afirmación dogmática, allí donde se habla de asunción a la gloria celestial. Todos nosotros hoy somos bien conscientes de que con el término “cielo” no nos referimos a un lugar cualquiera del universo, a una estrella o a algo parecido: no. Nos referimos a algo mucho más grande y difícil de definir con nuestros limitados conceptos humanos. Con este término “cielo” queremos afirmar que Dios, el Dios que se ha hecho cercano a nosotros no nos abandona ni siquiera en la muerte y más allá de ella, sino que tiene un lugar para nosotros y nos da la eternidad; queremos afirmar que en Dios hay un lugar para nosotros. Para comprender un poco más esta realidad miremos a nuestra propia vida: todos nosotros experimentamos que una persona, cuando muere, sigue subsistiendo de alguna forma en la memoria y en el corazón de aquellos que la conocieron y amaron. Podríamos decir que en ellos sigue viviendo una parte de esa persona, pero es como una “sombra” porque también esta supervivencia en el corazón de los propios seres queridos está destinada a terminar. Dios en cambio no pasa nunca y todos nosotros existimos por razón de Su amor. Existimos porque Él nos ama, porque Él nos ha pensado y nos ha llamado a la vida. Existimos en los pensamientos y en el amor de Dios. Existimos en toda nuestra realidad, no sólo en nuestra “sombra”. Nuestra serenidad, nuestra esperanza, nuestra paz se fundan precisamente en esto: en Dios, en Su pensamiento y en Su amor, no sobrevive sólo una “sombra” de nosotros mismos, sino que en Él, en su amor creador, somos guardados e introducidos con toda nuestra vida, con todo nuestro ser en la eternidad.
Es su Amor que vence la muerte y nos da la eternidad, y es este amor lo que llamamos “cielo”: Dios es tan grande que tiene también sitio para nosotros. Y el hombre Jesús, que es al mismo tiempo Dios, es para nosotros la garantía de que ser-hombre y ser-Dios pueden existir y vivir eternamente uno en el otro. Esto quiere decir que de cada uno de nosotros no seguirá existiendo sólo una parte que nos viene, por así decirlo, arrancada, mientras las demás se arruinan; quiere decir más bien que Dios conoce y ama a todo el hombre, lo que somos. Y Dios acoge en su eternidad lo que ahora, en nuestra vida, hecha de sufrimiento y amor, de esperanza, de alegría y de tristeza, crece y llega a ser. Todo el hombre, toda su vida es tomada por Dios y, purificada en Él, recibe la eternidad. ¡Queridos Amigos! Yo creo que esta es una verdad que nos debe llenar de profunda alegría. El Cristianismo no anuncia solo una cierta salvación del alma en un impreciso más allá, en el que todo lo que en este mundo nos fue precioso y querido sería borrado, sino que promete la vida eterna, “la vida del mundo futuro”: nada de lo que es precioso y querido se arruinará, sino que encontrará plenitud en Dios. Todos los cabellos de nuestra cabeza están contados, dijo un día Jesús (cfr Mt 10,30). El mundo definitivo será el cumplimiento también de esta tierra, como afirma san Pablo: “la creación misma será liberada de la esclavitud de la corrupción para entrar en la libertad gloriosa de los hijos de Dios” (Rm 8,21). Por tanto se comprende que el cristianismo de una esperanza fuerte en un futuro luminoso y abra el camino hacia la realización de este futuro. Nosotros somos llamados, precisamente como cristianos, a edificar este mundo nuevo, a trabajar para que se convierta un día en el “mundo de Dios”, un mundo que sobrepasará todo lo que nosotros mismos podríamos construir. En María Asunta al cielo, plenamente partícipe de la Resurrección de su Hijo, contemplamos la realización de la criatura humana según el “mundo de Dios”.
Oremos al Señor para que nos haga comprender cuán preciosa es a Sus ojos toda nuestra vida; refuerce nuestra fe en la vida eterna; nos haga hombres de la esperanza, que trabajan para construir un mundo abierto a Dios, hombres llenos de alegría que saben entrever la belleza del mundo futuro en medio de los afanes de la vida cotidiana y con esta certeza viven, creen y esperan.
¡Amen!
[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]
ZENIT Nos ofrece las palabras que el Papa Benedicto XVI pronunció el domingo, 15 de Agosto de 2010, Solemnidad de la Asunción de la Virgen, durante el rezo del Ángelus, con los peregrinos reunidos en el patio del Palacio Apostólico de Castel Gandolfo.
Queridos hermanos y hermanas,
hoy, en la solemnidad de la Asunción al Cielo de la Madre de Dios, celebramos el paso de la condición terrena a la bienaventuranza celeste de Aquella que engendró en la carne y acogió en la fe al Señor de la Vida. La veneración hacia la Virgen María acompaña desde los inicios el camino de la Iglesia y ya a partir del siglo IV aparecen fiestas marianas: en algunas se exalta el papel de la Virgen en la historia de la salvación, en otras se celebran los momentos principales de su existencia terrena. El significado de la fiesta de hoy está contenido en las palabras finales de la definición dogmática, proclamada por el Venerable Pío XII el 1 de noviembre de 1950 y del que este año se celebra el 60° aniversario: “La Inmaculada siempre Virgen María, Madre de Dios, terminado el curso de su vida terrena, fue llevada a la gloria celeste el alma y cuerpo” (Const. ap. Munificentissimus Deus, AAS 42 [1950], 770).
Artistas de toda época han pintado y esculpido la santidad de la Madre del Señor adornando iglesias y santuarios. Poetas, escritores y músicos han tributado honor a la Virgen con himnos y cantos litúrgicos. De Oriente a Occidente la Toda Santa es invocada como Madre celeste, que sostiene al Hijo de Dios entre los brazos y bajo cuya protección encuentra refugio toda la humanidad, con la antiquísima oración: “Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios: no desprecies nuestras súplicas en las necesidades, antes bien, líbranos de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita".
Y en el Evangelio de la solemnidad de hoy, san Lucas describe la realización de la salvación a través de la Virgen María. Ella, en cuyo seno se hizo pequeño el Omnipotente, tras el anuncio del Ángel, sin vacilación alguna, se dirige de prisa donde su pariente Isabel para llevarle al Salvador del mundo. Y, de hecho, “apenas Isabel oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno... [y] se llenó del Espíritu Santo” (Lc 1,41); reconoció a la Madre de Dios en “aquella que ha creído que se cumplirá lo que le fue anunciado de parte del Señor” (Lc 1,45). Las dos mujeres, que esperaban el cumplimiento de las promesas divinas, pregustan ya el gozo de la venida del Reino de Dios, la alegría de la salvación.
Queridos hermanos y hermanas, confiemos en Aquella que – como afirma el Siervo de Dios Pablo XVI – “asunta al cielo, no ha dejado su misión de intercesión y de salvación” (Ex. ap. Marialis Cultus, 18, AAS 66 [1974], 130). A Ella, guía de los Apóstoles, apoyo de los Mártires, luz de los Santos, dirigimos nuestra oración, suplicándola que nos acompañe en esta vida terrena, que nos ayude a mirar al Cielo y que nos acoja un día junto a su Hijo Jesús.
[Después del Ángelus, dijo en español]
Saludo con afecto a los fieles de lengua española, en particular al grupo de pastoral juvenil de Pamplona y Zizur Mayor. Que la celebración de la Asunción de la Virgen María a los cielos, en la que podemos contemplar la plenitud de vida a la que estamos todos llamados, fortalezca nuestra esperanza con la certeza de que la Madre de Dios sigue velando con amor sobre cada uno de nosotros. Que Dios os bendiga.
[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]
Texto del micro radial de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, emitido por LT 9 (14 de agosto de 2010). (AICA)
ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA
La devoción a la Virgen María forma parte de la fe católica. ¿Qué significa esto? La fe cristiana en un sentido se refiere sólo a Dios, pero, y esto es lo importante, también a su obra. El Dios de la fe cristiana no es un principio creador del mundo, que permanece ajeno a la vida de los hombres. No, es un Dios que, además de ser creador, es un Padre providente que acompaña al hombre. Esta es la certeza y confianza de la fe que nos enseña la Biblia, y que se hace oración al decir: “Señor, no abandones la obra de tus manos” (Sal. 138). Este obrar providente de Dios se hizo historia de salvación en Jesucristo. Él ha venido para ser, dentro del plan de Dios, la palabra y presencia definitiva que acompaña al hombre como: “Camino, Verdad y Vida” (Jn, 14,6). Sólo desde esta perspectiva del proyecto de Dios, cumplido en Jesucristo, es posible comprender el sentido y la devoción a la Virgen María.
Quién es, entonces, la Virgen vista desde este plan providente de Dios? La mujer elegida para ser la madre de Nuestro Señor Jesucristo. Esto es lo que hace de ella una mujer única y que ocupa, por ello, un lugar propio en la devoción del pueblo cristiano. A ella la vemos como hija predilecta de Dios Padre y la madre de Jesucristo. En ella reconocemos el camino de Dios hacia nosotros. Toda su vida será un referirse a Jesucristo. El relato de las bodas de Caná nos muestra cómo es esta misión de María dentro del plan de Dios: “Hagan todo lo que él les diga”, les dice a los discípulos (Jn. 2, 5). Es madre, pero también la primera discípula de su Hijo. Luego, a los pies de la Cruz, recibe de su Hijo un encargo que marca su vida: “Mujer, aquí tienes a tu hijo. Luego dijo al discípulo: Aquí tienes a tu madre” (Jn. 19, 26-27). En esta palabra de Jesucristo podemos ver el comienzo de esa devoción de los primeros cristianos a la Santísima Virgen; luego de su muerte, recordarán en ellas la misión que Jesucristo le había encomendado. Por ello podemos decir, que la devoción a María es fidelidad a la Palabra de Jesucristo.
En la Fiesta de la Asunción recordamos, precisamente, la presencia de María junto a Dios desde el día de su muerte o tránsito a la vida eterna. Aquel encargo de su Hijo, ella lo sigue cumpliendo con nosotros, nos acompaña, es nuestra Madre; pero también debemos saber escuchar aquella otra que les dijo a los discípulos, y que hoy nos la sigue diciendo a nosotros, “hagan todo lo que él les diga”. Por ello una auténtica devoción a la Virgen es signo y garantía de fidelidad a Jesucristo. No tenemos que estar a la espera de nuevos mensajes, si ella algo nos dice es que escuchemos y vivamos el Evangelio que su Hijo nos ha dejado. El criterio para discernir cualquier mensaje atribuido a Ella es Jesucristo. El encuentro con él es principio de conversión y de vida nueva. Este es el mejor regalo que le podemos hacer a ella, y que da solidez evangélica a nuestra devoción mariana. Que en esta Fiesta de la Virgen se cumpla, a través de la gratitud y testimonio de cada uno de nosotros, aquellas palabras proféticas que ella dijo en su Canto de alabanza a Dios: “En adelante todas las generaciones me llamarán feliz” (Lc. 1, 48). Si, hoy te llamamos feliz y te agradecemos.
Que la confianza de sabernos protegidos por el amor de Nuestra Madre, nos lleve al encuentro de Jesucristo para seguir su camino y las enseñanzas de su Evangelio. Reciban de su Obispo mi bendición en el Señor Jesús y María Santísima.
Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz
Homilía de monseñor Marcelo Raúl Martorell, obispo de puerto Iguazú, en la Festividad de Santa María del Iguazú (15 de agosto de 2010). (AICA)
FIESTA PATRONAL DIOCESANA: SANTA MARÍA DEL IGUAZU
Queridos hermanos, hemos venido en peregrinación hasta este Santuario para celebrar la fiesta de nuestra Madre, Santa María del Iguazú. Hemos caminado, peregrinando para pedir perdón por nuestros pecados y para dar gracias a Dios por tantos bienes y tantos dones concedidos por intercesión de nuestra Madre. Pedimos perdón y damos gracias con el deseo de que a través de la Virgen podamos identificarnos más y más con Cristo Nuestro Señor. Hemos venido a encontrarnos en la intimidad de nuestro corazón con el Señor Nuestro Dios, festejando a María, su madre y nuestra madre.
Son éstos días difíciles para nosotros como Iglesia, pues estamos viviendo tiempos en que la sociedad se ve quebrada y la Iglesia de Dios acosada y denunciada; tiempos en el que muchos no quieren mirar el bien espiritual y social que a lo largo de los siglos la Iglesia ha ido esparciendo en medio de la sociedad con la predicación del Evangelio, la entrega de Jesús Sacramentado, la atención de las conciencias en el perdón de los pecados, la atención de los más pobres como el ejercicio propio de la caridad y de su fidelidad al Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, muy diferente de otros servicios a los pobres que solamente son acciones momentáneas y pasajeras que tienen como fin la búsqueda de votos y los triunfos electorales. La Iglesia sirve a los pobres con el desinterés del amor de Jesucristo, muy lejos de la utilización y manipulación de los pobres por medio de ideologías que solamente son pantallas para conseguir sus fines políticos.
Asistimos a circunstancias sociales que expresan un gran odio a Jesucristo y a su Iglesia. Hoy se ataca a la Iglesia tratando de restarle credibilidad. Y se lo hace de tal manera que pareciera que un delito o escándalo es delito y escándalo solamente cuando lo comete un sacerdote, el cual es divulgado una y otra vez por los medios de comunicación hasta convertirse en una obvia ridiculez. Pero que no por ridículo deja de hacer daño a la fe de sus hijos. No se trata de negar la existencia de pecado en la Iglesia, lo cual lamentablemente es verdad debido a la pobreza y fragilidad humana de algunos sacerdotes y por lo cual debemos pedir perdón con sinceridad. El pecado ha existido y existirá debido a nuestra naturaleza proclive al pecado, pero si bien la Iglesia conoce el pecado, también conoce la gracia de la conversión que la lleva a expresar como María en el Magnificat que Dios ha obrado y obra maravillas en el mundo y en su historia, pero sobre todo en el corazón de los hombres, transformándolo y haciéndolo capaz de santidad, locura y éxtasis al entrar en contacto con El y capaz de sobriedad en la forma de ver al mundo, tal como lo dice San Pablo en su Carta a los Corintios: “si hemos perdido el juicio lo hicimos por Dios y si somos sensatos es por vosotros” (2 Cor. 5,13).
María alaba a Dios por las maravillas que obró entre nosotros, especialmente por la venida del Salvador. Pero si prestamos atención al cántico, veremos que hay un giro rotundo en el accionar de Dios frente a este mundo: derribó de sus tronos a los poderosos, exaltó a los humildes y pobres que reconocen al Señor de la Vida, despidió sin nada a los que tenían por dios a las riquezas de este mundo y los dejó con las “manos vacías. De un lado están los soberbios, llenos de sí mismos, saciados con sus propias manos y del otro están los humildes y pobres, hijos solamente de Dios y necesitados de El en medio de sus impotencias y necesidades humanas. El magníficat expresa la gran verdad de que la justicia de Dios es y será -ayer, hoy y mañana- la que da saciedad a las almas, pues dice que aquellos que aman y temen a Dios, ¡ellos verán a su Señor!
Pero, es necesario leer bien este cántico para no caer en el error porque María ni vivió un cambio social radical, ni una revolución social. El rey siguió en su trono, los ricos siguieron con sus riquezas, los pobres con su pobreza y María y José incluso tuvieron que huir a Egipto. Y entonces nos preguntamos: ¿dónde ha ocurrido este cambio? Este cambio ocurrió en el silencio del interior del corazón del hombre. Se trata de un cambio que tiene lugar en la persona que tiene fe y que por su fe recibe los dones del amor de Dios, con los que confortará su alma y saciará la sed de su corazón. Se trata de un cambio que llevará decirse a si mismo y al mundo que “sólo Dios basta” y en ese grito de amor, pregonar que todo poder y toda gloria serán dados a Dios, que se vivirá el mundo bajo el mandato divino de la caridad como mandato del Evangelio, que la participación de los bienes será como la imagen más perfecta de la Eucaristía y que se vivirá un mundo más justo como expresión de la “justicia de Dios”.
El Magníficat afronta de un modo simple el problema tan nuevo y tan viejo de la pobreza y la riqueza. Y lo afronta desde la “fe”. Existen ciertamente otros modos políticos y sociales de enfrentar el problema, a los cuales la Iglesia prestó siempre su colaboración desde el aporte riquísimo de su fe, una fe que debemos predicar y vivir en el ámbito de la conversión y de la fidelidad a Dios y a la Iglesia misma. Solamente desde esta mirada de fe seremos capaces de apoyar todo bien social y construir los valores cívicos y el “Bien Común” en un servicio desinteresado a los hombres y en especial a los más pobres y humildes, que -como lo canta el Magnificat- son los preferidos de Dios Nuestro Señor y de María, la Virgen Madre.
¡Como desearíamos que no hubiesen más pobres y que todos estuviéramos saciados! Pero aun entonces proclamaríamos con más fuerza junto a María el cántico del Magnificat, pues vemos que en los lugares más ricos de la tierra –y sobre todo en estos lugares- la fe y el amor a Dios van despareciendo, porque desaparecen del corazón de estos hombres el sentido humilde de la necesidad de Dios y de su Providencia. Hoy contemplamos con dolor la descristianización de un occidente que va detrás de la opulencia y el dinero, sin darse cuenta, que todo bien viene de Dios y que el mismo Dios y Señor es el que da y el que quita.
Nuestra misma Patria corre el peligro de endiosar las cosas materiales y de perder a Dios de su horizonte. En el orden moral y social hemos visto la injusticia de leyes recientes que la sociedad no desea, y más, hemos visto a los mismos hijos de la Iglesia “imponernos” estas leyes. Debemos orar por ellos para que redescubran que la “verdad” debe ser el objetivo de su vida y de su misión. Por otra parte, los cristianos no olvidemos al momento de votar, quiénes fueron los que de verdad se jugaron por el Evangelio y el Bien Común, especialmente por el bien de las familias y del futuro de nuestros jóvenes y niños.
El Magníficat no agradece a Dios solamente la venida del Redentor, sino que es un cántico de agradecimiento por toda verdad y toda justicia, por todo el amor y todo el bien que llega al corazón del hombre con la venida del Salvador. Por esta razón el Magníficat puede ser tan actual hoy tanto para los países ricos como para los más pobres y en especial para nosotros, hijos de esta Patria golpeada e inveraz.
Pidamos perdón -yo y ustedes- a Dios, Nuestro Señor, por nuestros pecados e infidelidades, por nuestros silencios y omisiones. Demos gracias por el don del perdón y también por el don de la inteligencia que nos hace ver la gracia del amor a la verdad y que nos hace descubrir la presencia de Dios en la historia y en la vida. ¡Locura frente al Evangelio y sobriedad para juzgar al mundo!, como decía San Pablo.
Que Santa María del Iguazú nos proteja de todo mal, nos dé el pan y el trabajo de cada día y nos haga pobres y humildes de corazón para reconocer a Dios como Padre y Señor de la vida y de la historia. Amén.
Mons. Marcelo Raúl Martorell, obispo de Puerto Iguazú
Reflexión de José Antonio Pogola al Evangelio del domingo veintidós del Tiempo Ordinario - C, ofrecida por la Delegación Diocesana de Enseñanza de la diócesis de Tenerife.
SIN ESPERAR NADA A CAMBIO
Jesús está comiendo invitado por uno de los principales fariseos de la región. Lucas nos indica que los fariseos no dejan de espiarlo. Jesús, sin embargo, se siente libre para criticar a los invitados que buscan los primeros puestos e, incluso, para sugerir al que lo ha convidado a quiénes ha de invitar en adelante.
Es esta interpelación al anfitrión la que nos deja desconcertados. Con palabras claras y sencillas, Jesús le indica cómo ha de actuar: «No invites a tus amigos ni a tus hermanos ni a tus parientes ni a los vecinos ricos». Pero, ¿hay algo más legítimo y natural que estrechar lazos con las personas que nos quieren bien? ¿No ha hecho Jesús lo mismo con Lázaro, Marta y María, sus amigos de Betania?
Al mismo tiempo, Jesús le señala en quiénes ha de pensar: «Invita a los pobres, lisiados, cojos y ciegos». Los pobres no tienen medios para corresponder a la invitación. De los lisiados, cojos y ciegos, nada se puede esperar. Por eso, no los invita nadie. ¿No es esto algo normal e inevitable?
Jesús no rechaza el amor familiar ni las relaciones amistosas. Lo que no acepta es que ellas sean siempre las relaciones prioritarias, privilegiadas y exclusivas. A los que entran en la dinámica del reino de Dios buscando un mundo más humano y fraterno, Jesús les recuerda que la acogida a los pobres y desamparados ha de ser anterior a las relaciones interesadas y los convencionalismos sociales.
¿Es posible vivir de manera desinteresada? ¿Se puede amar sin esperar nada a cambio? Estamos tan lejos del Espíritu de Jesús que, a veces, hasta la amistad y el amor familiar están mediatizados por el interés. No hemos de engañarnos. El camino de la gratuidad es casi siempre duro y difícil. Es necesario aprender cosas como éstas: dar sin esperar mucho, perdonar sin apenas exigir, ser más pacientes con las personas poco agradables, ayudar pensando sólo en el bien del otro.
Siempre es posible recortar un poco nuestros intereses, renunciar de vez en cuando a pequeñas ventajas, poner alegría en la vida del que vive necesitado, regalar algo de nuestro tiempo sin reservarlo siempre para nosotros, colaborar en pequeños servicios gratuitos.
Jesús se atreve a decir al fariseo que lo ha invitado: «Dichoso tú si no pueden pagarte». Esta bienaventuranza ha quedado tan olvidada que muchos cristianos no han oído hablar nunca de ella. Sin embargo, contiene un mensaje muy querido para Jesús: "Dichosos los que viven para los demás sin recibir recompensa. El Padre del cielo los recompensará".
José Antonio Pagola
Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
29 de agosto de 2010
22 Tiempo ordinario (C)
Lucas 14, 1.7-14
Homilía de monseñor Luis T. Stöckler, obispo de Quilmes, para el 19º domingo durante el años (8 de agosto de 2010). (AICA)
UN COMÚN ACUERDO
Para comprender el evangelio de hoy, la liturgia nos remite al libro de la Sabiduría donde habla de “un común acuerdo como ley divina”, que los hebreos establecieron cuando salían de la esclavitud de Egipto: el acuerdo de compartir igualmente los mismos bienes y los mismos peligros. El pueblo elegido de Dios, pobre e indefenso entre las naciones poderosas, tenía este designio: iniciar un orden nuevo en la convivencia de los hombres. Un orden que Jesús llamaría Reino de Dios. Él, el Mesías esperado, iba a dar continuidad y cumplimiento a esta misión. Y el pequeño rebaño de sus discípulos era su comienzo. Junto a Jesús, ellos estaban llamados a renovar aquel acuerdo del éxodo: de compartir los mismos bienes y los mismos peligros. Por eso, Jesús los exhorta a no acumular bienes sino venderlos y darlos a los pobres; y que los responsables de la comunidad no exploten a nadie, sino se preocupen de distribuir con justicia lo que la gente necesita. Los Hechos de los Apóstoles son un testimonio de este orden nuevo de las primeras comunidades que ponían en práctica la enseñanza de Jesús. En cada época de la historia esta praxis ha sido modelo y estímulo para la renovación de la Iglesia. Es el espejo en el cual también nosotros hemos de mirarnos.
Con la parábola de los servidores, que están a cargo de la casa mientras su dueño se ha ido a la fiesta de una boda, el evangelio nos señala que es en los momentos en que no se siente la cercanía del Señor, cuando los discípulos tienen que dar la prueba de su fidelidad. Cuando Jesús dice: “Estén preparados, ceñidas las vestiduras”, alude a aquella noche de Pascua, cuando los hebreos establecieron el acuerdo de compartirlo todo. Porque en cada instante debemos estar listos para partir. “El Señor no tarda en cumplir lo que ha prometido, como algunos se imaginan” nos advierte la segunda carta de San Pedro, “sino que tiene paciencia con ustedes porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan. El Día del Señor llegará como un ladrón” (2 P 3, 9-10).
De todos modos, aunque este Día no llegue durante los pocos años de nuestra estadía en la tierra, conociendo la voluntad del Señor, debemos procurar de tener las cosas preparadas y obrar conforme a lo que Él ha dispuesto. Los que creen realmente en el Reino saben que el mismo no se limita a esta nuestra corta vida. Todo lo que compartimos ahora con generosidad, se acumula como un tesoro y nos aguarda en el cielo. Como los patriarcas de nuestra fe que murieron sin alcanzar el cumplimiento de las promesas, nosotros también, ahora ya, las saludamos de lejos, y reconocemos que somos extranjeros y peregrinos en la tierra.
A veces, gracias a Dios, podemos ver de cerca, ya aquí, algo de este cielo prometido, donde hay cristianos que buscan en serio la comunión y comparten las alegrías y las penurias de la vida: En comunidades religiosas, en la bondad de los enfermeros en los Cotolengos, en la dedicación amorosa a los niños en los campamentos de Cura Brochero, en las convivencias alegres de nuestros hermanos discapacitados, en la atención delicada a los pobres en muchas comunidades. Estos ambientes son verdaderas escuelas de comunión. Busquemos multiplicarlos y tratemos de llegar a tales acuerdos comunes también en los lugares donde se desenvuelve nuestra vida de todos los días.
Luis T. Stöckler, obispo de Quilmes
Homilía de monseñor Miguel Esteban Hesayne, obispo emérito de Viedma, para el 19º domingo durante el año (8 de agosto de 2010). (AICA)
En Argentina de hoy, en qué se ha de ocupar la Iglesia? Como en toda época de la historia y en todo lugar de esta tierra, la tarea de la Iglesia por medio de sus múltiples y diversas comunidades es anunciar el Evangelio de Jesús. “Ella existe para evangelizar”, es su dicha, su vocación, su identidad prosigue Paulo VI en E.N. 1
Fortalecer la democracia por razones de convivencia que es el objetivo de la Iglesia porque el Evangelio de la Paz no puede lograrse sin una sana convivencia. Jesús murió para reunir lo disperso, para lograr un tejido social roto por el pecado. (Juan 11,55)
Las Comunidades cristianas no pueden reunirse para honrar a Dios solamente, en el Templo, sin honrar al mismo tiempo, a sus conciudadanos, ofreciéndoles el servicio de la VERDAD que los hará LIBRES. Para esto, han de tomar conciencia de su vocación de comunidades discípulas convocadas para la misión de testigos de una convivencia en Paz. Con la Paz que el Señor Jesús trajo a la tierra y no con la que pretenden dar quienes buscan sus propios intereses individuales o de sector no respetando la Verdad, la Libertad, la Justicia, el Amor. Y esto en los hechos y no tan solo de palabra. Lamentablemente este doble discurso viene reinando desde hace décadas en nuestra sociedad argentina. Por eso, vamos pasando de la “Argentina secreta” a la “Argentina del todo vale” a causa del mismo nefasto principio de que el fin justifica los medios. Principio que corrompe la más elemental convivencia. Como agua de cascada que viene de lo alto y va arrastrando lo que encuentra sacándolo de su lugar y creando el caos por donde va la corriente. Así en la sociedad argentina ya no es la Verdad y la Justicia lo que rige el dictamen de las leyes, sino lo que impone el afán de poder o la impunidad o el venderse al mejor postor. Y así hemos llegado hasta el caos jurídico social de la falacia de la igualdad de lo que por naturaleza es diferente.
La Libertad ciudadana ha sido prostituida en una pseudo democracia al resurgir un nuevo caudillaje no de comité, sino de punteros de una red de clientelismo. La extrema pobreza de millones de argentinos ha sido y es caldo de cultivo de una enmascarada tiranía de los dirigentes poderosos y temibles, con la criminalidad y drogadicción del pobre como consecuencia social.
Cuando una sociedad llega a este punto de decadencia como hemos llegado en la Argentina de hoy, el Amor se transforma en odio tras rápido proceso de broncas y rebeldías ante situaciones inhumanas de hombres y mujeres, ancianos, adultos, jóvenes y niños, sin pan y sin techo, sin educación y salud.
Es posible que dirigentes gubernamentales me reprochen diciéndome que no me meta en política y que me encierre en el templo a rezar… Este mismo reproche recibió nuestro obispo mártir Angelelli y hace 34 años que fue martirizado por quienes se sintieron molestos por el reclamo de justicia social que les hiciera entonces, y hoy seguimos reclamándola. Los pobres en la política de entonces no eran tenidos en cuenta… hoy tan solo son recordados en promesas electorales… Parecería exagerado, pero vamos a los últimos eventos populares: en los festejos del Bicentenario en los que los pobres fueron convidados de piedra… Para el Mundial hubo derroche de dinero y para los pobres jubilados no hay dinero. La justicia social para el pobre no se resuelve con medidas de ayuda sino con leyes creando genuinas fuentes de trabajo. Es el único camino para erradicar el hambre, el crimen y la droga en cualquier parte del mundo. Se podría hacer un elenco de injusticia social en la Argentina; pero, mi intención no es denunciar sino motivar a las comunidades cristianas para que asuman su misión de pueblo de Dios al servicio de los demás, en forma preferencial para con los más necesitados. Para este nuevo ciclo de Homilías seguiré a S.Pablo en su Carta a los Romanos donde después de exponer las situaciones aberrantes de Roma decadente, enseña el comportamiento de la Iglesia en un mundo no cristiano ó pagano.-
Miguel Esteban Hesayne, Obispo emérito de Viedma.
DOMINGO 22 DEL TIEMPO ORDINARIO
29 de agosto de 2010
Que el Señor esté con vosotros.
- Todo lo recibimos de Dios. Él nos ha llamado a la fe, nos ha llenado de su amor, nos invita todos los domingos a la mesa de la Eucaristía.Todo lo recibimos de Dios y nosotros queremos responder con agradecimiento, y con ganas de vivir como él espera de nosotros.
- Hoy hemos recibido de nuevo su invitación y aquí estamos, reunidos en torno a su mesa. Que él sea, hoy y siempre, nuestra fortaleza.
A. penitencial: Reconozcamos ahora, en silencio, nuestra debilidad, y pidámosle a Dios perdón por nuestros pecados. (Silencio)
Tú, que amas a los pobres. SEÑOR,TEN PIEDAD.
Tú, que fortaleces a los débiles. CRISTO, TEN PIEDAD.
Tú, que eres nuestra vida. SEÑOR, TEN PIEDAD. Gloria
1. lectura (Eclesiástico 3, 19-21.30-31): La primera lectura de hoy nos ofrece unas reflexiones en torno a la humildad. Nos ambientan ya para el mensaje que escucharemos después en el evangelio.
Salmo (67): Con las palabras del salmista aclamamos a Dios que ama a que ama a pobres y a todos lo que siguen su camino.
2. lectura (Hebreos 12,18-19.22-24a): El autor de la carta a los Hebreos reflexiona sobre la experiencia del pueblo de Israel al pie del Sinaí, comparándola con la situación actual de la Iglesia, el nuevo pueblo de Dios, para señalar la novedad y la esperanza gozosa de nuestra fe.
Oración universal: Dios nos ha invitado a la mesa de su banquete, y nosotros hemos respondido con fe y agradecimiento. Por eso ahora podemos presentarle confiadamente nuestras plegarias, por nosotros y por el mundo entero. Oremos diciendo: PADRE, ESCÚCHANOS.
Por nuestra parroquia, y por todos los que en ella dedican tiempo y esfuerzo al servicio de la comunidad. OREMOS:
Por los campesinos y por todos los que han pasado el verano trabajando. OREMOS:
Por los que no han podido hacer vacaciones por falta de salud o de dinero. OREMOS:
Por las personas que hemos tenido ocasión de conocer durante este verano. OREMOS:
Por los que nos hemos reunido hoy en esta iglesia para celebrar el día del Señor OREMOS:
Escucha, Padre, nuestra oración, y envía tu Espíritu Santo sobre todos los hombres y mujeres del mundo entero. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Padrenuestro: Antes de acercarnos a comer el pan de vida eterna, oremos como Jesús nos enseñó:
CPL
Faisalabad (Agencia Fides) En esta fase de grandes movilizaciones de ayudas humanitarias, es fundamental estar muy atentos a las instituciones que se escogen para enviar fondos: ciertamente existen falsas Ong, creadas para especular y apropiarse de fondos, así como asociaciones ligadas a grupos extremistas islámicos. También en el mundo cristiano se multiplican las organizaciones de caridad, especialmente en áreas protestantes: sólo en Faisalabad hay más de 50. Mi invitación es a escoger Caritas, institución creíble y transparente, organismo oficial de la Iglesia católica: es cuanto afirmó en una entrevista a la Agencia Fides, Mons. Joseph Coutts, Obispo de Faisalabad y Presidente de Caritas en Paquistán, comprometida en primera línea con la ayuda a las víctimas de las inundaciones. Mons. Coutts anunció que mañana, 24 de agosto, la Iglesia paquistaní realizará una oración especial por la víctimas de las inundaciones y por los refugiados.
¿Cómo está trabajando Caritas en la ayuda humanitaria?
La Iglesia paquistaní, a través de Caritas, ha movilizado sus recursos a todos los niveles. Estamos en contacto con las redes de Caritas internationalis y contamos con el gran aporte de las oficinas de Caritas de otros países, en un esfuerzo común muy importante. Pero también a nivel local, las escuelas, parroquias y pequeñas instituciones cristianas de todo el país están haciendo lo mejor que pueden, poniendo a disposición lugares de acogida así como centros de recolección de alimentos y donaciones en general. Nuestro empeño se realiza junto a las instituciones civiles, con las cuales buscamos coordinar nuestros esfuerzos.
¿Ha tenido noticias sobre la discriminación contra los refugiados cristianos, excluidos de la ayuda humanitaria?
Si bien, en ocasiones dolorosas como esta, en primer plano está siempre la solidaridad, es posible que tal discriminación se dé en algunas áreas, donde desde antes las minorías cristianas son perseguidas y excluidas. Se pronostica para ellas un gran sufrimiento, que buscaremos menguar de todas las formas posibles. En todo caso, la respuesta de Caritas es la del amor sin condiciones: prestamos asistencia y socorro a todos los refugiados, sin ningún tipo de discriminación, siendo el 99% musulmán. Nuestro espíritu es el del Buen Samaritano, que no se pregunta la nacionalidad del hombre necesitado para socorrerlo.
¿Tiene información sobre la trata de personas, especialmente de niños, entre los desplazados?
La etapa que vivimos es muy delicada: en el éxodo que continúa, mientras se organiza la ayuda, es posible que se infiltren organizaciones criminales dedicadas a la trata de menores. Pedimos al gobierno y a la policía vigilar con gran atención este fenómeno que podría añadir a las catástrofes naturales otra calamidad a los más pequeños.
¿Qué podría decirle a los donantes que están surgiendo en todo el mundo ante la catástrofe en Paquistán?
Quisiera que estén al tanto de algunos riesgos: es fundamental estar muy atentos a las instituciones que se escogen para enviar fondos. Ciertamente existen falsas Ong, creadas para especular y apropiarse de fondos, así como asociaciones ligadas a grupos extremistas islámicos. También en el mundo cristiano se multiplican las organizaciones de caridad, especialmente en áreas protestantes: sólo en Faisalabad hay más de 50. Mi invitación es a escoger Caritas, institución creíble y transparente, organismo oficial de la Iglesia católica.
¿La comunidad cristiana está comprometida también a nivel espiritual?
La oración es para nosotros muy importante, en cuanto reconduce incluso los eventos dolorosos a la relación con Dios: mañana, 24 de agosto, como Conferencia Episcopal de Paquistán, tenemos establecida en todas las iglesias de la nación una vigilia especial de oración por las víctimas de las inundaciones, por los muertos y por sobrevivientes que han quedado sin hogar. Pedimos a todos los cristianos del mundo que se unan a esta oración, que oren también para sostener a cuantos se están dedicando por entero a ayudar a los desplazados. Aprovechamos a agradecer al Santo Padre por sus oraciones e intenciones para la población paquistaní.
¿Qué problemas se tendrán que enfrentar los próximos meses?
El problema principal será el de la inseguridad alimenticia: toda una cosecha fue destruida por las inundaciones y muchas familias de agricultores han perdido sus provisiones para los próximos meses. Pero si las inundaciones no bajan rápidamente, se perdería incluso la próxima cosecha, la de otoño, y eso significaría una catástrofe alimenticia, con grandes sufrimientos, hambre y miseria para miles de familias. Además miles de cabezas de ganado han muerto: también estos constituían el único recurso de supervivencia para muchas familias. Si se considera, además, que el agua que aún inunda las llanuras, ciudades y pueblos no es potable y es fuente de infecciones, se comprenden los grandes riesgos a los cuales millones de personas están expuestos. Urge una movilización internacional para impedir que todo esto suceda. (PA) (Agencia Fides 23/8/2010)
Calcuta (Agencia Fides) Es Jesús quien conduce los pasos de las Misioneras de la Caridad, a quienes guía el Espíritu Santo y el compromiso misionero: a 100 años del nacimiento de Madre Teresa (aniversario que se celebra el 26 de agosto de 2010), es aquel confiarse a la Providencia uno de las características principales que la Congregación de las hermanas del sari blanco viven en el respeto y en recuerdo de su fundadora, definida un milagro para la historia de la humanidad. Es lo que afirmó la Madre Mary Prema, alemana de nacimiento, hoy Superiora General de la Orden, en una entrevista realizada por Agencia Fides a través de Missio Austria, las Obras Misionales Pontificias en Austria.
Entrevista a la Madre Mary Prema, Superiora General de las Misioneras de la Caridad
Madre Teresa, un milagro para el mundo
La Madre Prema es la responsable de una orden religiosa que en todo el mundo se ocupa de los pobres y enfermos. ¿Porqué, a su modo de ver, Dios permite el sufrimiento?
El sufrimiento no puede ser un castigo. Sin embargo, Dios lo permite. Nosotros podemos sacar provecho del sufrimiento para acercarnos a Él y pedirle la gracia de soportar y saber vivir ese sufrimiento. El sufrimiento no pocas veces es consecuencia de nuestras decisiones. Pero es también una consecuencia de la naturaleza caída y frágil del ser humano. Naturalmente el sufrimiento puede ser provocado también por cosas que están fuera de nuestro alcance. Catástrofes naturales como el terremoto de Haití y los aluviones de Pakistán son un claro ejemplo. Pero estoy convencida de que Dios permite el sufrimiento porque éste tiene la capacidad de convertirnos en hombres y mujeres mejores y más profundos. Así nos volvemos capaces de entender que este mundo y esta vida no son la meta suprema, sino que existe algo más: la vida del alma que cuando acepta verdaderamente el sufrimiento es purificada.
La Madre Teresa distinguía entre sufrimiento físico y sufrimiento espiritual: ¿podría explicarnos mejor cómo en su trabajo hoy en día esta doble realidad?
El sufrimiento más grande es el sufrimiento espiritual, el del alma. Aquí, en Calcuta, vemos que para nosotros es mucho más simple cumplir con el servicio físico de las obras de misericordia corporales: lavar a las personas moribundas, la asistencia médica a los enfermos y la ayuda a los despojados en nuestras casas. Los servicios espirituales de la caridad exigen un compromiso mucho más grande. Al sufrimiento del alma podemos reaccionar sobre todo con nuestra oración. Es importante que la gracia divina toque a las personas que viven en el sufrimiento. Y es también importante para nosotras rezar por ello: cada día nos detenemos en una hora de oración frente a la Eucaristía. Para nuestro trabajo esto es fundamental: en efecto, no se trata de un compromiso social, sino de un verdadero compromiso misionero.
¿Qué entiende por misión? ¿Para la Madre Teresa se trataba de una conversión a la fe católica?
La Madre Teresa deseaba que todos conociesen y amasen a Jesús. Estaba convencida de que cada alma desea la salvación de Jesús, independientemente de que fuese consciente o no. La obra de la conversión, sin embargo, es siempre una obra de Dios. No es nuestra tarea. Sólo Dios convertir un alma. La Madre Teresa entendió su propia vida como la tarea de amar a Jesús y transmitir ese amor a todas las personas en torno a ella. Este era su único objetivo. Buscaba en consciencia de hacer sólo aquello que Dios esperaba de ella. Madre Teresa pensaba que Dios la había llamado a cumplir un servicio auténtico y desinteresado al hombre, y a tener una atención absoluta frente a la persona que sufre. Estaba siempre presente al 100% y con el corazón abierto frente a cualquier persona que se cruzase en su camino. No estuvo jamás interesada en las cosas grandes, no se ocupaba de hacer publicidad o cosas semejantes. En el primer plano estaba siempre el encuentro directo con la persona individual. Ello, naturalmente, era expresión de una gran sabiduría.
¿Podría decirnos cómo dirigía la Madre Teresa y cómo vivía en su ambiente? ¿Cuál era la imagen que Usted, Madre Prema, tenía de Madre Teresa?
Ella misma probablemente diría que su objetivo era el de transmitir siempre a las personas en torno a ella la experiencia de Jesús. Esta es la herencia que nos ha dejado. A través de su vida, su trabajo, su fuerza atractiva, acercaba a las personas a Dios. Ella no predicaba pero con su vida daba testimonio. Aún hoy en día muchos me cuentan de su primer encuentro con Madre Teresa. Tal vez habían estado con ella no más de 5 minutos en la Terraza de nuestra casa madre. Pero ese único momento cambió sus vidas para siempre. Con frecuencia bastaba una frase, una buena palabra. Muchas de estas personas son hindúes y no se convirtieron al cristianismo luego del encuentro con Madre Teresa. Pero han comenzado a ver la vida y su trabajo con otros ojos y se han vuelto otras personas, que viven de una manera distinta, según el amor y la misericordia, al interior de sus familias. Hay muchísimos ejemplos.
A 100 años del nacimiento de Madre Teresa, ¿cuáles son según Usted los grandes desafíos para la congregación en los próximos años?
Las misioneras de la caridad parecen una gran organización, pero nosotros no hacemos programas para los próximos 10 años. Buscamos seguir abiertas a lo que Dios nos pida. Sólo Jesús nos dirá cuál es el próximo paso. Por ello, siguiendo el espíritu de la Madre, no soy yo quien ejerce el control: es Dios quien toma las decisiones.
¿La Madre Teresa dejó indicaciones sobre orientaciones futuras de la orden?
Una vez alguien le preguntó lo que sucedería cuando ella no estuviera más presente. Su respuesta fue muy seca: ¡Antes déjeme morir tranquila! Nunca nos dio indicaciones sobre los programas futuros. Además del hecho que habríamos tenido que empeñarnos siempre en ser cada vez más santas. Este era su continua exhortación. Hoy en la dirección de la orden trabajamos en grupo: Otras tres religiosas comparten esta tarea conmigo. Pero en el fondo, como Superiora General, la responsabilidad por la Orden es mía. Para tal tarea he tenido que aprender mucho de nuestra fundadora. El proceso decisional se realizaba en dos fases: la primera era la de deliberar y conocer todas las posibilidades y las consecuencias (decision making); luego tocaba decidir (decision taking). Madre Teresa se hacía aconsejar muy cuidadosamente, seguidamente se retiraba y luego tomaba la decisión. Era muy capaz en esto.
¿Cómo enfrentaréis los desafíos del nuevo milenio?
Madre Teresa se disponía a escuchar a Jesús y estaba siempre abierta a nuevos desafíos y problemáticas que se encuentran en la sociedad. En los años ochenta era por ejemplo el VIH/Sida. Abrió en New York una casa para las víctimas de esta enfermedad. Era central el acompañamiento a los enfermos en la fase terminal. Entonces no existían aún medicinas para tener bajo control el virus. ¡Qué sufrimiento! Madre Teresa a su tiempo escuchó a Jesús y mantenía siempre un oído abierto a los problemas del mundo. De este modo también nosotros debemos escuchar a Jesús y ser generosas. Ella era muy generosa con Dios y con quien sufría. En esto queremos imitarla.
¿Con qué formación las religiosas se preparan para esta tarea?
Desde el inicio de su camino, las novicias tienen la posibilidad de trabajar con pobres en los slum. Reciben nociones para el cuidado de enfermos y naturalmente una formación de base en teología, historia de la Iglesia, catequesis y Sagrada Escritura.
Según usted, ¿cuándo será canonizada la Madre Teresa?
Todos hablan de una aceleración, en el camino hacia la canonización, en ocasión del 100º aniversario del nacimiento (26 de agosto 2010). Pero yo no creo que esto sea tan importante. Todos saben que es santa. Tanto para hindúes como para cristianos, aquí en Calcuta y en la mayor parte de lugares en los que estamos presentes esto no se pone en duda. Todos esperan un milagro
pero la misma Madre Teresa era el milagro para el mundo y para la humanidad. (MS-PA) (Agencia Fides 23/8/2010)
Homilía de Monseñor José Luis Mollaghan, Arzobispo de Rosario, en la celebración del día del niño (8 de agosto de 2010). (AICA)
LA PRIMERA COMUNIÓN DE LOS NIÑOS
A los señores párrocos, sacerdotes,
religiosos, religiosas y fieles laicos
Con ocasión de la preparación del Congreso arquidiocesano de Catequesis, a celebrarse el próximo mes de octubre, deseo recordar un acontecimiento eclesial ocurrido hace cien años, que tienen una gran significado e importancia para los niños.
San Pio X: 8 de agosto de 1810
Hace cien años, el 8 de agosto de 1910, San Pio X, durante su pontificado, hizo un gran regalo pastoral a toda la Iglesia en favor de los niños, y que hoy coincidentemente podemos festejar al celebrar el día del niño. El Sumo Pontífice, por medio del Decreto "Quam Singulari", estableció para la Iglesia que los niños pudieran acercarse a la primera confesión y a la Primera Comunión cuando tuvieran la edad del uso de razón. En aquella oportunidad se estimó, en general, que esa edad para los niños eran los siete años, por lo cual desde entonces comenzaron a hacer su Primera Comunión tempranamente.
Decía el Papa que, inclusive bajo el pretexto de mirar por el decoro del Santísimo Sacramento, se había alejado a los fieles de Él, y fue causa de no pocos males. Sucedía, pues, que la niñez, en los primeros años, "se veía apartada de abrazarse con Cristo, se veía privada de todo jugo de vida interior". Y agregaba "aunque a la primera Comunión preceda una preparación diligente y una confesión bien hecha, lo cual no en todas partes ocurre, siempre resulta tristísima la pérdida de la inocencia bautismal, que, recibiendo en edad más temprana la Santa Eucaristía, acaso pudiera haberse evitado" (cfr. Quam Singulari, nº 5). Y agregaba: " Ni merece menos reprobación la costumbre existente en muchos lugares de prohibir la confesión a los niños no admitidos a la Sagrada Mesa, o de no darles la absolución" (ibidem).
De este modo la Eucaristía sería para los niños la manifestación del amor de Jesús por ellos, haciendo realidad las palabras del Evangelio: "Dejen que los niños vengan a mi" (Marcos 10, 13); y marcaría en la vida de la Iglesia no solo para los niños, sino también para los adultos, la centralidad de la Eucaristía en la vida de los fieles, como pan de vida y alimento de salvación para todos.
Un poco de historia
Conviene tener presente, haciendo un poco de historia, que con el paso de los años se había disuadido a los fieles creyentes el poder recibir frecuentemente la Sagrada Comunión, ya que se concebía que recibir a Jesús debía ser más bien la coronación de una profunda vida cristiana, en lugar de un camino para hacerla realidad, acercándose más y más a Ella.
San Pio X, en cambio, con una visión superior teológica y pastoral, repuso una nueva práctica en la Iglesia, opuesta a la mencionada; fomentando la comunión frecuente, inclusive pudièndose recibir cada día con fervor como ya se había expresado anteriormente y contradecido después (cfr. Tridentina Synodus, 16.VII.1905).
Posteriormente, en 1910, con el Decreto "Quam Singulari", cuya fecha deseo evocar, el Papa promovió con entusiasmo la anticipación de la Primera Comunión de los niños, que podrían realizarla hacia los siete años de edad, cuando el niño comenzaba a razonar. De este modo, gracias a Dios, volvió a la Iglesia una pràctica muy antigua (ver por ejemplo Concilio Lateranense IV y Decretos del Concilio de Trento), que se había perdido en los últimos siglos.
La Primera Comunión desde pequeños
Quienes recibimos la Primera Comunión siendo pequeños, sin haber percibido este cambio fundamental promovido por San Pío X, hoy podemos agradecer a Dios que tuvimos la gracia de recibir desde muy temprano al mismo Jesús en nuestras vidas, lo cual también debemos extender a nuestros padres, a nuestros catequistas, y a nuestro párroco, que entonces nos prepararon para recibir al Señor.
Dios quiera que este don, el más grande que tenemos, el Cuerpo y la Sangre de Jesús en la Eucaristía, pueda ser siempre recibido en nuestra Arquidiócesis por todos los niños, renovando la dedicación y el ardor por la catequesis en todas nuestras parroquias. Para ello, necesitamos contar también con una Catequesis de iniciación solida y atractiva, donde los niños gusten la catequesis y también sus padres participen de alguna manera, a fin de que los niños al recibir a Jesús, puedan empezar a conocerlo y amarlo.
Recordemos que en la Eucaristía Dios se hace presente con su acción salvadora. En efecto, la Eucaristía es el mismo Jesús, acción de gracias y alabanza al Padre; memorial del sacrificio de Cristo y de su Cuerpo; presencia real de Cristo, por el poder de su Palabra y de su Espíritu. La Eucaristía establece también la comunión con el Señor, muerto y resucitado; y lo abre a la fuente de la vida divina. Es la actualización del misterio de salvación mediante la acción del Espíritu Santo.
Orientaciones pastorales y Congreso arquidiocesano de Catequesis
Como pedimos en las Orientaciones Pastorales arquidiocesanas, debemos revitalizar en nuestras Parroquias la Catequesis de iniciación, y pienso también que el Congreso arquidiocesano de Catequesis será una verdadera ocasión para ello, así como un impulso para unificar los criterios pastorales, diocesanos y especialmente a nivel de Decanato, afianzar los contenidos catequéticos, a la luz del Catecismo de la Iglesia, tener presente la importancia del tiempo de preparación y demás exigencias para vivir la iniciación cristiana, y acercarse felizmente a la Primera Comunión y a los Sacramentos. Esta es la meta que les confié a quienes preparan este Congreso; particularmemnte a los dos sacerdotes responsables del mismo, el Pbro. Walter Kuhry y el Pbro. Lic. Osvaldo Macerola, conjuntamente con los laicos de la Junta de catequesis y los delegados del Consejo Presbiteral.
Pido oraciones, y confío que el Congreso de Catequesis arquidiocesano sea una ocasión para lograr este crecimiento de la Catequesis de iniciación; sperando que se acreciente su preparación y participación en las Parroquias y comunidades, tanto por parte de nuestros sacerdotes, religiosos y religiosas, y de un gran número de catequistas; a fin de que nuestros chicos y chicas, siguiendo a enseñanza de San Pio X, se preparen para una vida cristiana más honda, y a la vez reciban a Jesús, como el verdadero Salvador y amigo de los niños que los invita a seguirlo.
Me encomiendo a sus oraciones y los saludo con afecto en Cristo y Nuestra Madre del Rosario.
Mons. José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario
Homilía de Monseñor José Luis Mollaghan, Arzobispo de Rosario, en la celebración del día del niño (8 de agosto de 2010). (AICA)
LA PRIMERA COMUNIÓN DE LOS NIÑOS
A los señores párrocos, sacerdotes,
religiosos, religiosas y fieles laicos
Con ocasión de la preparación del Congreso arquidiocesano de Catequesis, a celebrarse el próximo mes de octubre, deseo recordar un acontecimiento eclesial ocurrido hace cien años, que tienen una gran significado e importancia para los niños.
San Pio X: 8 de agosto de 1810
Hace cien años, el 8 de agosto de 1910, San Pio X, durante su pontificado, hizo un gran regalo pastoral a toda la Iglesia en favor de los niños, y que hoy coincidentemente podemos festejar al celebrar el día del niño. El Sumo Pontífice, por medio del Decreto "Quam Singulari", estableció para la Iglesia que los niños pudieran acercarse a la primera confesión y a la Primera Comunión cuando tuvieran la edad del uso de razón. En aquella oportunidad se estimó, en general, que esa edad para los niños eran los siete años, por lo cual desde entonces comenzaron a hacer su Primera Comunión tempranamente.
Decía el Papa que, inclusive bajo el pretexto de mirar por el decoro del Santísimo Sacramento, se había alejado a los fieles de Él, y fue causa de no pocos males. Sucedía, pues, que la niñez, en los primeros años, "se veía apartada de abrazarse con Cristo, se veía privada de todo jugo de vida interior". Y agregaba "aunque a la primera Comunión preceda una preparación diligente y una confesión bien hecha, lo cual no en todas partes ocurre, siempre resulta tristísima la pérdida de la inocencia bautismal, que, recibiendo en edad más temprana la Santa Eucaristía, acaso pudiera haberse evitado" (cfr. Quam Singulari, nº 5). Y agregaba: " Ni merece menos reprobación la costumbre existente en muchos lugares de prohibir la confesión a los niños no admitidos a la Sagrada Mesa, o de no darles la absolución" (ibidem).
De este modo la Eucaristía sería para los niños la manifestación del amor de Jesús por ellos, haciendo realidad las palabras del Evangelio: "Dejen que los niños vengan a mi" (Marcos 10, 13); y marcaría en la vida de la Iglesia no solo para los niños, sino también para los adultos, la centralidad de la Eucaristía en la vida de los fieles, como pan de vida y alimento de salvación para todos.
Un poco de historia
Conviene tener presente, haciendo un poco de historia, que con el paso de los años se había disuadido a los fieles creyentes el poder recibir frecuentemente la Sagrada Comunión, ya que se concebía que recibir a Jesús debía ser más bien la coronación de una profunda vida cristiana, en lugar de un camino para hacerla realidad, acercándose más y más a Ella.
San Pio X, en cambio, con una visión superior teológica y pastoral, repuso una nueva práctica en la Iglesia, opuesta a la mencionada; fomentando la comunión frecuente, inclusive pudièndose recibir cada día con fervor como ya se había expresado anteriormente y contradecido después (cfr. Tridentina Synodus, 16.VII.1905).
Posteriormente, en 1910, con el Decreto "Quam Singulari", cuya fecha deseo evocar, el Papa promovió con entusiasmo la anticipación de la Primera Comunión de los niños, que podrían realizarla hacia los siete años de edad, cuando el niño comenzaba a razonar. De este modo, gracias a Dios, volvió a la Iglesia una pràctica muy antigua (ver por ejemplo Concilio Lateranense IV y Decretos del Concilio de Trento), que se había perdido en los últimos siglos.
La Primera Comunión desde pequeños
Quienes recibimos la Primera Comunión siendo pequeños, sin haber percibido este cambio fundamental promovido por San Pío X, hoy podemos agradecer a Dios que tuvimos la gracia de recibir desde muy temprano al mismo Jesús en nuestras vidas, lo cual también debemos extender a nuestros padres, a nuestros catequistas, y a nuestro párroco, que entonces nos prepararon para recibir al Señor.
Dios quiera que este don, el más grande que tenemos, el Cuerpo y la Sangre de Jesús en la Eucaristía, pueda ser siempre recibido en nuestra Arquidiócesis por todos los niños, renovando la dedicación y el ardor por la catequesis en todas nuestras parroquias. Para ello, necesitamos contar también con una Catequesis de iniciación solida y atractiva, donde los niños gusten la catequesis y también sus padres participen de alguna manera, a fin de que los niños al recibir a Jesús, puedan empezar a conocerlo y amarlo.
Recordemos que en la Eucaristía Dios se hace presente con su acción salvadora. En efecto, la Eucaristía es el mismo Jesús, acción de gracias y alabanza al Padre; memorial del sacrificio de Cristo y de su Cuerpo; presencia real de Cristo, por el poder de su Palabra y de su Espíritu. La Eucaristía establece también la comunión con el Señor, muerto y resucitado; y lo abre a la fuente de la vida divina. Es la actualización del misterio de salvación mediante la acción del Espíritu Santo.
Orientaciones pastorales y Congreso arquidiocesano de Catequesis
Como pedimos en las Orientaciones Pastorales arquidiocesanas, debemos revitalizar en nuestras Parroquias la Catequesis de iniciación, y pienso también que el Congreso arquidiocesano de Catequesis será una verdadera ocasión para ello, así como un impulso para unificar los criterios pastorales, diocesanos y especialmente a nivel de Decanato, afianzar los contenidos catequéticos, a la luz del Catecismo de la Iglesia, tener presente la importancia del tiempo de preparación y demás exigencias para vivir la iniciación cristiana, y acercarse felizmente a la Primera Comunión y a los Sacramentos. Esta es la meta que les confié a quienes preparan este Congreso; particularmemnte a los dos sacerdotes responsables del mismo, el Pbro. Walter Kuhry y el Pbro. Lic. Osvaldo Macerola, conjuntamente con los laicos de la Junta de catequesis y los delegados del Consejo Presbiteral.
Pido oraciones, y confío que el Congreso de Catequesis arquidiocesano sea una ocasión para lograr este crecimiento de la Catequesis de iniciación; sperando que se acreciente su preparación y participación en las Parroquias y comunidades, tanto por parte de nuestros sacerdotes, religiosos y religiosas, y de un gran número de catequistas; a fin de que nuestros chicos y chicas, siguiendo a enseñanza de San Pio X, se preparen para una vida cristiana más honda, y a la vez reciban a Jesús, como el verdadero Salvador y amigo de los niños que los invita a seguirlo.
Me encomiendo a sus oraciones y los saludo con afecto en Cristo y Nuestra Madre del Rosario.
Mons. José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario
Homilía de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para el domingo 19º durante el año (8 de agosto de 2010). (AICA)
El 4 de agosto pasado celebramos al Santo Cura de Ars. En esa oportunidad rezamos por las vocaciones, ya que nuestro Seminario lo tiene como patrono. También rezamos por los párrocos y sacerdotes. Fue muy gozoso celebrar la Misa en la capilla del Seminario, con todos ellos. Por esa razón este mes de agosto acentuamos la oración por las vocaciones consagradas y sacerdotales. En varias oportunidades me he referido específicamente a las graves necesidades de contar con más sacerdotes, porque la misma gente experimenta que “la cosecha es mucha y los operarios son pocos”.
En esta reflexión quiero que profundicemos especialmente sobre el tema de la vocación sacerdotal y consagrada. El Concilio Vaticano II, que se realizó hace varias décadas nos dejó mucho más clara las ideas sobre “quien es quien” en la Iglesia Católica. Que lugar ocupa el laico, los consagrados, los diáconos, el sacerdote en esa Iglesia a la que el Concilio le gusta comparar con el Pueblo de Dios en marcha hacia el Cielo, y los “curas y monjas” son indispensables para esa marcha y la vida del pueblo de Dios… y nosotros en nuestra Diócesis de Posadas, no los tenemos en una cantidad ni remotamente suficiente.
Con la creación de la nueva Diócesis de Oberá, nuestra Diócesis cuenta con el 50% de la población de Misiones, alrededor de 600.000 habitantes, y estos números van en ascenso por el rápido crecimiento demográfico. La Diócesis cuenta con unos 70 sacerdotes, muchos de ellos de edad muy avanzada. Contando con unos 40 sacerdotes religiosos y 30 del clero diocesano que están incardinados. La atención pastoral tiene una proporción próxima a los 10.000 habitantes por sacerdote. Esto revela la necesidad de acompañamiento pastoral que experimenta nuestra gente. De hecho necesitaríamos armar nuevas Parroquias sobre todo en Posadas donde se multiplican rápidamente nuevos barrios.
No dudamos en que Dios sigue llamando entre nuestros jóvenes, a algunos de ellos a la vida sacerdotal o consagrada, pero también es cierto que aún mucha gente desconoce que significa ser sacerdote o religiosos… Para colmo la televisión y otros medios escritos y orales con una especie de militancia anticatólica o simplemente sensacionalista, no se agotan de distorsionar y confundir, con personajes inventados, o situaciones de incoherencias puntuales de algún cura o religiosa, acentuando la incomprensión sobre la vida y vocación sacerdotal y consagrada.
Mons. Iriarte que fue el primer Obispo de Reconquista, en una carta pastoral explicaba sencillamente a la gene que era un sacerdote: “¿Qué es un sacerdote? Un hombre cualquiera, un chico, un muchacho, un adulto, a quien en un momento determinado de su vida Dios lo llamó para el sacerdocio. Es decir, para que siguiera la línea de Cristo y los Apóstoles, realizando su tarea de mediador entre Dios y los hombres. Un hombre que se decide totalmente a hacer de puente entre esas dos puntas y para eso conduce al pueblo cristiano, les enseña y les da los Sacramentos. A menudo oímos decir que Pedro o María “ayudan al cura”. Y no es tan así. Es el cura quien debe ayudar a todos los pedros y marías, a todos los laicos, a vivir su cristianismo y a salvarse. Para eso jugó su vida a tal punto que renuncia a uno de los aspectos más íntimos y totalizantes del hombre que es el matrimonio y la familia”.
En nuestra Diócesis damos gracias a Dios por nuestro Seminario “Santo Cura de Ars” en donde se están formando 29 seminaristas, 10 de ellos en la teología. Este año en el contexto del “año sacerdotal”, hemos celebrado la ordenación de tres sacerdotes, como los “primeros exalumnos” de nuestro Seminario. También damos gracias a Dios por el cariño y cercanía del Pueblo de Dios que quiere y reza por las vocaciones y por el Seminario. Debo confesar que como Obispo me llena de esperanza nuestro Seminario Santo Cura de Ars. Pero debemos seguir acompañando todos el tema de las vocaciones porque la cosecha, las capillas, escuelas, hospitales, movimientos, sectores, son muchos y los sacerdotes y consagrados pocos.
¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo!
Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas.
Homilía de monseñor Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia, para la homilía del domingo 19º durante el año (8 agosto 2010). (AICA)
“ESTÉN PREPARADOS, CON LAS LÁMPARAS ENCENDIDAS”
Lc 12,32-48
1. El Evangelio leído el domingo pasado, sobre el rico insensato, que no supo atesorar para el cielo, se continúa en San Lucas con la enseñanza de Jesús sobre la confianza en la Providencia. Este año se omite su lectura, pues la haremos el próximo en la versión de San Mateo. Así llegamos al pasaje de hoy: Lc 12,32-48, cuyo primer párrafo (vv. 32-34) engancha con la enseñanza mencionada.
Jesús expone a continuación tres parábolas sobre la vigilancia para esperar su vuelta definitiva: a) el dueño de casa que se fue a una fiesta de bodas; b) el ladrón; c) el señor que tarda en llegar. Las tres constituyen el mensaje central de hoy: “Estén preparados, ceñidos y con las lámparas encendidas” (Lc 12,35). Tienen como elemento común que el Señor llega de improviso. Y pueden resumirse en la moraleja de la parábola del ladrón: “Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre llegará a la hora menos pensada” (v. 40).
I. “El administrador fiel y previsor”
Vigilar es cuidar al prójimo y procurar su bien
2. Comencemos por la parábola tercera. Al contrario de lo que algunos podrían pensar, “vigilar” no es para Jesús estar insomne o desvelado. “Vigilar” es cumplir el propio deber, realizando a conciencia el servicio que nos corresponde prestarle al prójimo. En la parábola aparece un administrador fiel y previsor que cuida bien a los peones que trabajan en el campo de su señor, y cuando llega la hora de la comida, tiene preparada la ración de trigo que le corresponde a cada uno.
La parábola se completa con una anti-parábola: el administrador abusador que, en ausencia de su señor, “se dedica a golpear a los servidores y a las sirvientas, y se pone a comer, a beber y a emborracharse” (v. 45).
3. La verificación de esta parábola en la vida cotidiana no es difícil. Basta abrir los ojos para ver cuánta gente alrededor nuestro cumple a conciencia su propio deber y lo hace con competencia y amor. Son legión, que hacen el bien calladamente. Gracias a ellos subsiste la República. Es bueno que cada uno lo verifique. En mi caso: el personal del Seminario y de la Facultad de Teología, el de la Parroquia San Juan María Vianney, el de los pocos comercios que frecuento, el de la Clínica San Camilo. No dudo que el Señor está satisfecho, y ellos pueden sentirse felices, pues, además de la alegría de hacer el bien, él los premiará más allá de toda medida: “¡Feliz aquél a quien su señor, al llegar, encuentra ocupado en este trabajo! Les aseguro que lo hará administrador de todos sus bienes” (v.43-44).
4. Lamentablemente, también es realidad la antiparábola. ¡Cuántos se dedican a maltratar al prójimo! Lo hacen de manera sutil, engañando. Suelen tener mucho poder: programadores de la TV que, con el pretexto de que a la gente le gusta, le van lavando la cabeza y el corazón de todo principio de honestidad (cuanto más chabacano es el programa, mejor); sindicalistas que, esgrimiendo el derecho de sus afiliados, luchan con cualquier medio para acumular un poder desmesurado para defender sus privilegios, sin importarles nada de la desigualdad que sufren los demás trabajadores; políticos que practican la política neroniana del pan y circo, para que “no se avive la gilada”, como llaman con desprecio al pueblo. Todos ellos no tienen idea del bien común. Sólo buscan su interés personal o sectorial. Frente a ellos, conviene abrir los ojos, pero no irritarse, ni perder la paz del espíritu: “Ellos son como paja que se lleva el viento. Por eso no triunfarán los malvados en el juicio” (Sal 1,4-5).
II. Dios mismo es el premio de los justos
“Él los hará sentar a la mesa y se pondrá a servirlos”
5. La primera parábola se parece a la tercera, pues los protagonistas son semejantes. En ambas el señor está ausente y hay servidores que esperan su regreso. Pero difieren en el premio; o, tal vez, la primera lo explicita mejor. Mientras que en la parábola tercera el premio es promover al administrador fiel y “hacerlo administrador de todos sus bienes” (v. 44), en la primera, el señor “los hace sentar a su mesa y se pone a servirlos” (v. 37).
6. Ésta es una de las parábolas de Jesús más bellas y consoladoras. Y no porque me crea muy fiel en su espera. Sino porque sé que él es de infinita misericordia. Y estoy seguro que, si persevero en su servicio, no me negará un puesto a su mesa. Y que él mismo me servirá. ¿Algo más bello que ser servido por el mismo Señor del universo?
7. Esto no es pura alegoría. Ni cosa a cumplirse sólo mañana. Desde ya él mismo nos sirve a su mesa. ¿Quién nos da la existencia? ¿Quién nos anuncia el Evangelio, y nos da las ganas de descubrir cada día una nueva veta del mismo, e intentar vivirlo? ¿Quién nos da el Espíritu Santo, gracias al cual llamamos Padre a Dios, y consideramos a los demás como hermanos, incluso a los que nos hacen daño?
8. Es maravilloso ser servido por tal Señor. Y mañana lo hará a cara descubierta. A servirlo, entonces, ahora con fidelidad, reconociéndolo en nuestros hermanos los hombres.
Mons. Carmelo Juan Giaquinta, obispo emérito de Resistencia
Reflexión de monseñor Fernando María Bargalló, obispo de Merlo-Moreno y presidente de la Comisión episcopal de Cáritas, en el boletín mensual “Huellas de Esperanza”, organismo de difusión de Cáritas (Agosto de 2010). (AICA)
JESUCRISTO: REALIZADOR DEL PROCESO INCLUSIVO Y SUSTENTABLE MÁS GRANDE DE TODA LA HISTORIA
Como cada año, el 7 de agosto recordamos a San Cayetano, entrañable patrono del Pan y del Trabajo, a cuyos santuarios, parroquias y capillas se acercan miles y miles de peregrinos, tanto para pedir como para agradecer los favores recibidos por su intercesión. En este marco, quiero invitarlos, con estas pocas líneas, a profundizar algunos puntos de la reflexión compartida recientemente en el Encuentro nacional de Vicepresidentes y Directores/as de Cáritas Argentina.
Junto a ellos analizamos, a la luz de la realidad actual, cuáles son las claves necesarias para llevar adelante procesos verdaderamente inclusivos y sustentables, capaces de favorecer la construcción de la Patria justa y fraterna que tanto anhelamos.
Porque en cada instancia que se vive en Cáritas, más allá de nuestro rol o función, Dios nos llama permanentemente a generar proyectos que se sostengan en el tiempo, iniciativas en las que todos y todas puedan saberse y sentirse incluidos, verdaderos hermanos y hermanas y corresponsables del bien común.
Ahora bien, ¿de qué manera podemos hacer realidad este enorme desafío que Dios nos propone? ¿Cómo ganarle al desaliento y a la impotencia que tan a menudo amenazan nuestra esperanza y debilitan nuestros esfuerzos? Tenemos un maestro, un guía que marcó el camino con huellas tan contundentes que permanecen inalterables después de dos milenios: Jesucristo. Él ha sido y es el realizador del proceso inclusivo y sustentable más grande de toda la historia. Él llega a nosotros para incluirnos a todos bajo su amor infinito. Él nos constituye en la más honda y verdadera dignidad de hijos e hijas de su mismo Padre. Así, nuestra existencia, que recibimos como don y tarea, se plenifica y toma verdadera consistencia y sentido en el compartir con los demás.
Jesús incluye a todos, desde una universalidad o “catolicidad” jamás comparable, porque Él viene por todos y para todos. Él es quien va derribando todas las barreras y divisiones entre puros e impuros, entre hombres libres y esclavos, entre judíos y paganos, para que la humanidad vuelva a ser verdadera familia.
No es una utopía. En Cáritas lo sabemos y constatamos a diario en nuestro caminar junto a las comunidades más desprotegidas que, con enorme dignidad y una firme esperanza, comparten sueños y dificultades, se organizan comunitariamente y ese reconocerse los pone interiormente de pie, los hace comunidad de hermanos que asumen la vida desde una perspectiva nueva, cimentada en la comunión, en la fraternidad, en la reconciliación, en la solidaridad, en el avanzar juntos haciéndonos cargo unos de otros.
El desafío es enorme y hermoso. Fortalecer el amor al hermano, concreto, transformador, perseverante, comprometido, es la tarea que tenemos como Cáritas, para que la Buena Noticia toque, golpee el corazón de quien todavía anda ensimismado, perdido o encerrado en sus limitados horizontes. Hemos de utilizar para ello toda la inteligencia que Dios nos ha dado. Presentemos, sobre todo, el corazón para que nuestro amor entre cada vez más en sintonía con el amor tierno y comprometido de Jesús. Si bien no vamos a poder transformar cuanto quisiéramos, e incluso seguramente mucho menos que eso, algunas de nuestras acciones son y serán un signo que invite a otros a transformar la mirada y sumar sus manos y su corazón, ante tantas situaciones de pobreza y exclusión que aún persisten.
Que San Cayetano ilumine nuestros pasos y nuestras decisiones como país, para bregar juntos por una Patria en la que nadie quede fuera del Banquete de la Vida Digna.
Mons. Fernando María Bargalló, obispo de Merlo-Moreno y presidente de la Comisión episcopal de Cáritas,
Columna de monseñor Jorge Casaretto, obispo de San Isidro (Agosto de 2010). (AICA)
TRABAJO: DIGNIDAD Y PLENITUD
Queridos amigos, estamos en el mes de agosto, y para los que tenemos fe es casi imposible no acordarnos de que el 7 se celebra la Fiesta de San Cayetano, patrono del pan y del trabajo.
Todos los años me conmuevo frente a la manifestación popular de fe que, en el Santuario de Liniers, se reúne para agradecer y pedir por el pan y el trabajo. Días de espera, frío, lluvia y gran alegría que culminan con la visita a la imagen de San Cayetano, en el interior de la Iglesia. Personas que renuevan en sus corazones la esperanza y el deseo de vivir una vida mejor, con un trabajo digno que les permita llevar el pan a sus casas para alimentar a sus familias.
En todas las culturas, el trabajo y el pan han sido signo de dignidad, plenitud y prosperidad. El hombre que no tiene trabajo está como incompleto, una parte de su ser no se puede desarrollar, una parte de su vida queda vacía y no se plenifica.
Desde el punto de vista de la espiritualidad, el trabajo humano contribuye con la obra creadora de Dios, permitiendo al hombre auto realizarse y sociabilizarse, esto quiere decir, descubrir el valor del otro y el compromiso del amor y de la justicia respecto a la comunidad, a cuyo servicio está también orientado el trabajo.
El trabajo, desde esta perspectiva, es mucho más que un medio para satisfacer las necesidades materiales. Es un elemento necesario en la vida del hombre para que éste desarrolle todo su potencial creativo, constructivo y de servicio en favor de la comunidad y el bien común. El trabajo está llamado a ser un factor de humanización, promoción y liberación del individuo y la comunidad. Para que esto suceda es necesario que se produzcan cambios profundos en la estructura productiva, política y sindical.
Cualquier buena intención de descubrir en el propio trabajo una fuente de autorrealización y de servicio a los hermanos está destinada a quedarse en simplemente buenos deseos, si no son acompañados de compromisos políticos y económicos que permitan dignificar el mundo del trabajo y crear posibilidades de acceso, al mismo, para todos.
Ciertamente, la falta de trabajo se transforma en una herida abierta en los corazones de nuestros hermanos que esperan ser curados. Cada uno de nosotros somos, en parte, responsables de generar los cambios necesarios para que la sociedad sea cada día más justa y equitativa, en donde todos tengamos las mismas oportunidades de autorrealización y plenitud. En donde la dignidad no sea un concepto escrito en un papel, sino una realidad en la vida de todos, especialmente los pobres y marginados del sistema.
Queridos hermanos, renovemos una vez más nuestros deseos de construir una Patria de hermanos justa, solidaria y fraterna, en la cual cada vez sean menos los hombres excluidos. Pongamos en manos de San Cayetano nuestras intenciones, para que Él las presente a nuestro Señor, y que María nuestra Madre de Luján nos siga acompañando.
Mons. Jorge Casaretto, obispo de San Isidro
Homilía de monseñor José María Arancibia, arzobispo de Mendoza, en la Fiesta de San Cayetano (Santuario de Orfila, Junín de Mendoza, 7 de agosto de 2010). (AICA)
1. Cayetano, sacerdote santo, nos acompaña en nuestro camino
San Cayetano vivió y murió en Italia hace mucho más de cuatrocientos años (+1547). Es un don de Dios encontrarlo en nuestro camino. Regalos como éste traspasan fronteras y largos tiempos. Los santos se nos ofrecen como: “amigos de Dios”. Son compañeros de camino, y huellas vivas del Evangelio de Jesucristo.
Su tiempo no fue nada fácil. Sobre el pueblo pesaban entonces, no sólo: ignorancia, pobreza y enfermedades, sino también miserias morales y peleas sangrientas. La misma Iglesia estaba necesitada de reforma y conversión. Cayetano gastó su vida entera atendiendo a enfermos del cuerpo y del alma; trabajando por la reconciliación y la paz. A su alrededor brindó un amor sincero y abnegado, enseñando ante todo a descubrir y seguir el camino del Evangelio.
Hoy el pueblo católico sabe que puede confiar sus necesidades materiales y espirituales a este sacerdote santo. Aun los pastores del pueblo de Dios, encontramos en Cayetano ejemplo y estímulo, porque él mismo veló por una vida más santa y entregada de sus hermanos sacerdotes.
2. La súplica confiada estimula la propia responsabilidad
No recurrimos a Dios y a los santos, para evitar el propio esfuerzo. Al pedir por las necesidades que más nos afligen, sentimos comprometida nuestra propia responsabilidad. Así enseña y aconseja Cayetano, en una carta suya.
"Yo soy pecador y me tengo en muy poca cosa, pero me acojo a los que han servido al Señor con perfección, para que rueguen por ti a Cristo bendito y a su Madre; pero no olvides una cosa: todo lo que los santos hagan por ti, de poco serviría sin tu cooperación; antes que nada es asunto tuyo, y si quieres que Cristo te ame y te ayude, ámalo tu a El y procura someter tu voluntad a la suya, y no tengas la menor duda de que, aunque todos los santos te abandonasen, El siempre estará atento a tus necesidades".
Por lo tanto, al suplicar a los santos aprendemos de ellos a poner de nuestra parte todo el esfuerzo que requiere los cambios deseados y las gracias anheladas.
3. El Evangelio es fuente inagotable de esperanza
Mucha gente pasa por este santuario y por otros lugares, tanto para pedir como para agradecer. Así se expresa la nobleza del ser humano. En esta Eucaristía me dispongo a recoger tantos ruegos traídos aquí con dolor y con alegría. Quisiera alentar a todos con motivos de serena y firme esperanza. Apoyado en el gozo de creer y de confiar en Dios. Los discípulos de Jesús anunciamos la Buena Noticia de la fe, con la intención de hacerla vida cristiana animosa y alabanza sincera. Con ayuda pues del santo aquí venerado, los invito a confesar de corazón la Buena Nueva de la vida, la familia y el trabajo:
- Bendigamos a Dios, ante todo, por la dignidad de la persona humana, creada a su imagen y semejanza. Él nos ha creado libres, y nos ha hecho sujetos de derechos y deberes, en medio de su creación. Nos ha dado una dignidad inviolable que no se puede negociar a ningún precio. Y si el pecado ha deteriorado y herido esa imagen de Dios, la buena nueva que es Cristo la ha sanado y redimido con su propia sangre. Con gratitud decimos: Benditos los que trabajan para que la vida humana sea respetada como un valor sagrado, desde el comienzo hasta su término natural. Benditos quienes ofrecen su servicio por la salud, la educación y la promoción integral de toda vida humana, sobre todo en condiciones de abandono y pobreza. (cf DA 104-108).
- Bendigamos a Dios por haber creado al ser humano varón y mujer, también a su propia imagen. Pertenece a su naturaleza, que así busquen su reciprocidad y complementariedad en el amor. Bendito sea el amor humano, que encuentra su plenitud en Jesús, que se entregó por nosotros en un amor hasta el fin. Bendito sea el amor conyugal fiel y recíproco. Bendito sea en el fruto gozoso de los hijos e hijas que Dios les regale. Jesús, que es maestro y esposo, no les hará faltar las gracias que necesiten, aún en situaciones muy difíciles y dolorosas. Gracias sean dadas a tantos matrimonios y familias que son testigos del amor de Dios en un mundo, tan necesitado de respeto, afecto y solidaridad. Gracias a cuantos se esfuerzan por ayudar a las familias en sus necesidades materiales y espirituales. (cf DA 114-119).
Alabemos a Dios, que en la belleza de la creación ha llamado a los hombres al trabajo, para cuidar y transformar la tierra en hogar un acogedor. Jesús mismo dignificó el trabajo en el taller de Nazaret. Por el trabajo el hombre y la mujer se realizan como seres humanos, y su actividad propia garantiza su dignidad y libertad. Aunque desgasta y fatiga, el trabajo humano expresa la entrega generosa de la vida, por el bien personal de cada uno, y para sustento de la propia familia. Los cristianos encuentran en él la ocasión de santificarse y de construir el Reino de Dios. Gracias sean dadas a cuantos promueven la dignidad del trabajo y del trabajador; a quienes luchan por justo reconocimiento de sus derechos. Gracias a quienes desarrollan la cultura del trabajo y se atreven a denunciar las injusticias. Alabemos a Dios por quienes tienen proyectos para generar el trabajo y la producción, que elevan la condición humana y el bienestar de toda la sociedad. (cf DA 120-122)
Que tantos nuestros ruegos y gratitudes, como asimismo estos compromisos en favor de vida, la familia y el trabajo, tengan como fuente inspiradora esta convicción cristiana, esta Buena Noticia, de la cual los santos son testigos privilegiados.
Mons. José María Arancibia, arzobispo de Mendoza
Artículo de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, en el diario “El Día” (6 de agosto de 2010). (AICA)
DESPUÉS DEL MAL PASO
El Senado de la Nación, entre el 14 y el 15 de julio –es decir, entre gallos y media noche– consumó la alteración del orden familiar que había obtenido ya la sanción de los diputados y dio cabida en la institución matrimonial a la convivencia de personas del mismo sexo. De ese modo, de un plumazo, se ha cambiado la esencia misma del matrimonio. La etimología de esta palabra alude a la matriz, a la madre, a la maternidad, a su custodia y fortalecimiento; el nombre y el concepto se refieren a una realidad a la vez física y espiritual en la que confluyen naturaleza y cultura para constituir un valor propio de la condición humana que está al servicio de la continuidad de la especie. Corresponde al derecho reconocer y tutelar ese valor, no subvertirlo.
La ley sancionada practica una escisión entre el derecho y la moral. Las leyes establecidas por los hombres –el derecho positivo– no deben contrariar valores morales objetivos y universales que se basan en la naturaleza humana y, en definitiva, en el orden establecido por el Creador. En el acto de promulgar una disposición contraria a ese orden la autoridad deja de ser tal y el resultado es una ley inicua, que no tiene carácter de ley sino más bien de violencia. Así lo enseña la tradición católica, expresada con toda claridad por el Beato Juan XXIII en su encíclica “Pacem in terris”. Conviene recordar a este propósito que legitimidad y legalidad no se identifican. Es posible que se introduzca en el cuerpo legal de una nación una disposición injusta, pero ese acto formal no le otorga legitimidad.
En el caso que nos ocupa puede decirse que la misma legalidad ha sido afeada por las circunstancias en las que se ha llegado a la sanción. Pasarán a la historia de esa ruinosa modificación del Código Civil los aprietes, los telefonazos amenazantes y el oportuno regalo de viajes a China. Han llamado la atención los sospechosos cambios de posición, abstenciones o ausencias de diez senadores. El proyecto que tenía media sanción de la Cámara de Diputados mereció serias objeciones jurídicas, fundadas en el orden natural, el derecho positivo argentino y los tratados internacionales que amparan el interés superior de los niños, pero tales reparos no fueron tomados en cuenta. El debate fue tan mediocre que hizo añorar épocas mejores de la cultura política nacional. Sobresalió por su grosería, su odio a la Iglesia y el agravio al Sumo Pontífice el discurso del jefe de la bancada oficialista, una patética expresión de obediencia debida. En cambio, merecen un reconocimiento la coherencia y el coraje de quienes votaron por el rechazo de la alteración del matrimonio.
Tres cuestiones fundamentales quedan abiertas a partir de aquel mal paso. En primer lugar, la libertad de la Iglesia. ¿Podremos, en adelante, predicar libremente lo que la Biblia, la tradición y el magisterio eclesial enseñan acerca de la sexualidad humana y el matrimonio? ¿Se nos obligará, acaso, a formar a los alumnos de nuestros colegios según la nueva valoración de esas realidades esenciales implicada en la modificación establecida por el Congreso, en contra de la doctrina católica y del sentido común? Es indudable que la libertad de la Iglesia está protegida por la Constitución Nacional y por instrumentos de Derecho Público Internacional, pero ¿no pesará más en los hechos el Plan Nacional contra la Discriminación, promovido por un decreto presidencial de 2005, y el ensañamiento inquisitorial que allí se esboza? Todo puede temerse en un país en el cual no son raras las anomalías jurídicas y judiciales.
Una segunda cuestión es la libertad de los padres para educar a sus hijos según sus convicciones morales y religiosas. Pienso especialmente en los alumnos que concurren a escuelas de gestión estatal. Los contenidos curriculares, en los temas referidos a la concepción del hombre, la función sexual y la estructura de la familia, van quedando plasmados en textos oficiales en los que campea el constructivismo gnoseológico y ético y la ideología de género. Es evidente que se procura inducir un cambio cultural modelando la conciencia de las futuras generaciones argentinas. ¿Se requerirá el consentimiento de los padres y se respetará su decisión respecto de la intervención del Estado en un aspecto tan íntimo de la formación de sus hijos?
La tercera cuestión que queda abierta es la objeción de conciencia que con toda razón podrían oponer funcionarios del Registro Civil, jueces y educadores obligados a aplicar la ley en sus respectivos ámbitos. No existe todavía un reconocimiento amplio y un marco regulatorio general de este aspecto importantísimo de la libertad. Por otra parte, los activistas que han fomentado la alteración del matrimonio, los ideólogos que desde hace tiempo la han planeado y algunos políticos con clara inclinación totalitaria hacen temer la imposición de la dictadura del relativismo. Es ése el posible destino de una democracia que renuncia a valores fundamentales, que son pilares del orden social. Existen memorables experiencias históricas de liberticidio consumado en nombre de la libertad. De una idea perversa de libertad.
Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata
Publicado en El Día, 6 de agosto de 2010
Comentario al evangelio del domingo veintiuno del Tiempo Ordinario - c, publicado en Diario de Avisos el domingo 22 de Agosto de 2010 bajo el epígrafe "DOMINGO CRISTIANO"
Las estadísticas de la salvación
Daniel Padilla
Quienes se dedican a la docencia, saben que, por encima de las disertaciones magisteriales de los grandes principios generales, o más aquí de estos principios, lo que de verdad suele interesar a los alumnos son las soluciones concretas. Anda, por ejemplo, el profesor tratando de definir en qué consiste la "actitud" del pecado.
Pues bien, el alumno quiere enseguida saber si "lo que hace Fulano" es pecado. Aspira el alumno a tener una sabiduría tan puntual y minuciosa, que quiere quedarse con tan sólo "lo imprescindible". Por eso, los alumnos, a cada paso, aterrizan de esta manera: "Profesor, ¿basta con leer la letra grande o es necesaria también la pequeña?".
Resulta que "Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando". Era, por tanto, como un filósofo peripatético que dejaba sus enseñanzas mientras iba caminando. Pues, bien, bien pronto le salió al paso un alumno con una cuestión concreta e interesada: "Señor, ¿son pocos los que se salvan?".
Y es ahí justamente donde el Señor, sin caer en la trampa de dar una contestación categórica y matemática, prefirió llevar al alumno al terreno de su "propia vida": "ustedes hagan el esfuerzo de entrar por la puerta angosta". Para que él mismo, en el análisis personal e intransferible de su propio comportamiento, encontrara la respuesta. Ya que "cada cual lleva su alma en su almario" y la salvación en "su" itinerario. Por eso en la lección de Jesús sobre la salvación hay que hacer varias reflexiones.
La salvación, en primer lugar, no es un tema meramente escatológico. Es decir: ¡me salvaré cuando haya atravesado el umbral de la muerte! No, amigos. Me estoy salvando, o condenando, ya aquí y ahora. Mi labor de cada día, la verdad o mentira sobre la que voy desarrollando mi actividad y mi actitud, la entrega que pongo en todo lo que hago es ya salvación o condenación. "El tiempo es oro", solemos decir. Y se trata de una verdad rotunda. Porque "el tiempo" ¡vean la paradoja!- es el que produce la "eternidad". Por eso Jesús, a aquel alumno de preguntas concretas, le respondió con una concreta invitación a un determinado modo de vivir: "Hagan el esfuerzo en entrar por la puerta angosta". "Entrar"
, "esforzarse"
, "puerta estrecha"
, son de verdad acciones y símbolos bien concretos.
Asimismo, no hay que imaginar la salvación como cosa de "lotería" y de "magia". ¡No podemos entender al pie de la letra los número simbólicos de la escritura: "¡ciento cuarenta y cuatro mil!". ¡Ni debemos crear un Dios sujeto a nuestras matemáticas! ¡Son muy peligrosas y endebles todas esas concepciones de la salvación condicionada al rezo de tal o cual jaculatoria, a la práctica de tal o cual devoción, al hecho de haber llevado tal medalla. Lo que Jesús dice hoy en el evangelio es esto: "Cuando el amo de la casa cierre la puerta, de nada servirá que los de fuera llamen y digan: ábrenos, Señor, ya que hemos comido y bebido contigo". Lo cual vuelve a querer decir lo mismo: "Hagan el esfuerzo por entrar por la puerta estrecha".
Y, por fin, la salvación no es cuestión de "nacionalismos". Aunque Dios, desde el principio, dejó bien claro que quería formar un pueblo "su pueblo"-, no caigamos en el error de los exclusivismos y de los derechos ante los "méritos contraídos por algunos". El Apóstol de las gentes, Pablo, no tuvo otro afán que aclarar esta idea: "Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad". Todos.
Así que, cantemos una y otra vez: "Somos un pueblo que camina y, juntos caminando, podremos alcanzar otra ciudad que no se acaba, sin penas ni tristezas, ciudad de eternidad". Pero ¡ojo!, no perdamos de vista lo que advirtió Jesús: "Vendrán de Oriente y Occidente, del Norte y del Sur, y se sentarán a la mesa del Reino". Por lo tanto: "¿Serán pocos los que se salvan?". ¡Pregunta vana! La salvación no es cosa prevista por las estadísticas, sino adquirida con "el esfuerzo". ¡Y con la gracia de Dios que se le da al hombre sobreabundantemente!.
Alocución televisiva de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata en el programa “Claves para un mundo mejor” (7 de agosto de 2010). (AICA)
SAN CAYETANO Y EL PROBLEMA DEL DESEMPLEO JUVENIL
“Desde hace ya unos cuantos años el 7 de Agosto se ha convertido en el Día del Trabajo. Es que San Cayetano nos invita, en esta jornada, a meditar sobre los problemas laborales de la actualidad y a levantar nuestro corazón a Dios confiando en su Providencia y a invocar la intercesión del santo que recibe la devoción y las súplicas de nuestro pueblo”.
“Además es de destacar que en las notas que se han hecho a propósito de este festejo se señala la necesidad de conseguir trabajo para los jóvenes y quisiera referirme brevemente a este punto”.
“El problema es que, en la Argentina, la proporción de jóvenes que no estudian ni trabajan es muy alta. Y, a la vez, es muy baja la calidad del empleo de aquellos que consiguen trabajo”.
“Este no es un problema de fácil resolución porque en la coyuntura coinciden causas diversas de carácter económico, de organización laboral, por tanto de decisiones políticas que están detrás, y también problemas de índole cultural y educativo”.
“Una de las fallas principales que podemos señalar es la dificultad de los jóvenes profesionales que acaban la carrera universitaria para conseguir empleo. Pensemos además en la cantidad de jóvenes que quedan en el camino porque no completan el ciclo universitario y no consiguen el ansiado título”.
“Además, las reformas educativas de los últimos años han intentado mejorar el problema de la salida laboral de los estudios secundarios y sin embargo eso no se ha logrado. De hecho, los estudios secundarios no preparan para conseguir empleo. Quizás están pensados exclusivamente en orden a seguir estudios de nivel terciario o universitario. Habría que preguntarse entonces la utilidad de este nivel educativo tal como está concebido, aunque ahora ha sido repropuesto con una nueva estructura y nuevos planes”.
“En el año 1940, el gran economista Alejandro Bunge publicó un libro extraordinario que se llamaba “Una Nueva Argentina”. Allí ya se planteaba el problema educativo y el de la educación para el trabajo. Bunge proponía una especie de escuela intermedia, de tres años, al terminar los estudios primarios, pero que estuviera destinada a formar para la vida y para una vida en la cual el trabajo ocupa un lugar central, importantísimo”.
“Entonces la problemática educativa es fundamental para enfocar el problema del empleo juvenil. Por otra parte, todos sabemos que un cierto aumento en la inserción escolar no ha sido acompañado de un aumento de la calidad de la educación. La mayor parte de los chicos que sale de la escuela secundaria están muy mal preparados para la universidad y para el trabajo. Por no hablar de la deficiente transmisión de los saberes básicos en el ciclo primario”.
“Si vamos a otro plano, enfocando el problema, tenemos que decir que ha habido en la Argentina un deterioro de la cultura del trabajo. ¿Cuántos chicos hay hoy en el país que no han visto a su padre trabajar, que no han aprendido vitalmente, en la casa, y viendo al padre trabajar –la valoración de aquello que constituye un elemento fundamental de la realización personal y de la vida social?”
“Se habla con frecuencia de la cultura del trabajo, pero no va a haber cultura del trabajo si no hay para los chicos una cultura del estudio y si no se promueve el esfuerzo, si no les habilita, se les ayuda, se les educa para que ellos desplieguen todas sus potencialidades y sepan que sin esfuerzo no se consigue nada”.
“En ese sentido hay que tener mucho cuidado con la proliferación de planes de distinto tipo que son como subsidios encubiertos de desempleo. Es cierto que tienen un valor importante en los momentos álgidos de crisis social pero habría que lograr lo más pronto posible la inserción laboral de quienes están amparados por esos planes”.
“Éste un problema de toda la sociedad argentina. Evidentemente, ante todo de aquellos que tienen la responsabilidad política pero incumbe también a toda la sociedad argentina, porque se trata de poner otra vez en nuestra mentalidad, en nuestro ánimo, en nuestras decisiones, la valoración auténtica del trabajo. No se consigue todo gratis. No cae todo del cielo, sin nuestro empeño. Las cosas hay que procurarlas con el esfuerzo, con el trabajo honrado”.
“Pues bien, que San Cayetano interceda para que podamos encontrar los caminos adecuados para fortalecer en nuestra sociedad la cultura del trabajo”.
Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata
Homilía de Monseñor José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario, en la Festividad de San Cayetano (7 de agosto de 2010). (AICA)
Estamos aquí porque Dios nos escucha. Y San Cayetano intercede y escucha nuestras súplicas. Hace un momento leímos en la primera lectura: ¿Quién confió en el Señor, y quedó confundido?;¿Quién lo invocó y no fue tenido en cuenta?; ¿Quién perseveró y fue abandonado?
Sabemos que Dios nos escucha y no nos abandona. Él oye las súplicas que le hacemos, y nos salva en el momento de la aflicción. Y por eso también dice el salmo: en la casa de quien lo invoca habrá abundancia, porque su generosidad permanecerá para siempre. Para los buenos brilla una luz en las tinieblas: el es bondadoso, el es compasivo y el justo” (salmo 111)
Esto mismo lo aprendieron los santos; y de un modo especial lo vivió San Cayetano. Él en su tiempo invocó a Dios, y pidió por los demás; se compadeció y dio prestado, su corazón estuvo firme y confiado en el Señor (cfr. ibídem). Él fue escuchado por Dios; y también escuchó a sus hermanos.
Por ello, como nos enseña el Papa Benedicto XVI : si bien " por un lado, de nuestro obrar brota esperanza para nosotros y para los demás; al mismo tiempo, lo que nos da ánimos y orienta nuestra actividad, tanto en los momentos buenos como en los malos, es la gran esperanza fundada en las promesas de Dios" ( Spes salvbi, nº 35).
En cambio entre nosotros, sobre todo en el mundo de hoy, necesitamos escuchar y que nos escuchen. Cada uno podría contar cuántas experiencias tiene de no haber sido escuchado, a veces en casa, en la calle. Mucha gente sencilla necesita y espera una respuesta de consuelo, o de justicia; y no la recibe. Hoy no nos escuchamos; y menos aún se escucha a los pobres, a los pequeños y a los que más necesitan.
¿Cómo puede ser también que no nos escuchen cuando hablamos?. ¿Que no nos escuchemos entre nosotros?. La respuesta que recibimos muchas veces es como la de los ídolos de barro”… tienen ojos y no ven, tienen oídos y no escuchan”.
Los Santos en cambio nos escuchan; y San Cayetano, lo sabemos todos, también nos escucha, con un oído atento, y con su mano pródiga para ayudarnos conforme a la voluntad de Dios. La prueba de que nos escucha es que hoy ustedes están aquí. Esto es lo que experimentamos, lo que nos dicen, lo que se repite de boca en boca entre los fieles: San Cayetano nos escucha para interceder ante Dios, San Cayetano me ayudó, él me alivió en las pruebas, me dió lo que más necesitaba, y además nos bendice y nos invita a buscar el Reino de los Dios.
Para pedir necesitamos la fe. La fe en Dios, la fe Jesucristo y en la Iglesia, una y santa, que Él vino a fundar. Una fe como una de semilla, que es capaz de mover montañas. La fe que ustedes tuvieron para pedir; hoy avala que ustedes estén aquí para agradecer.
Pero nuestra esperanza, nos dice el Papa " es siempre y esencialmente también esperanza para los otros; sólo así es realmente esperanza también para mí. Como cristianos, nunca deberíamos preguntarnos solamente: ¿Cómo puedo salvarme yo mismo? Deberíamos preguntarnos también: ¿Qué puedo hacer para que otros se salven y para que surja también para ellos la estrella de la esperanza? Entonces habré hecho el máximo también por mi salvación personal" (cfr ibidem, nº 48).
San Cayetano fue escuchado por Dios y experimentó de muchas maneras la misericordia; y por eso también la vivió y ejerció, escuchando a sus hermanos. Y desde el cielo intercede por esa misericordia, que se manifiesta en múltiples gracias de parte de Dios.
Ustedes también experimentaron de muchas maneras la misericordia de Dios y deben vivirla con sus hermanos. Cada acto de amor hacia los demás hace crecer la misericordia que recibimos.
Por esto es una obra de misericordia “dar un buen consejo al que lo necesita” y “corregir al que se equivoca y perdonar las ofensas”, no solo siete veces, sino setenta veces siete (Mateo 18, 21-22).
Y también, recordando una de las bienaventuranzas del sermón de la Montaña, podemos decir: “Dichosos los que lloran porque ellos serán consolados” (Mt 5, 5), por lo cual también es un acto de misericordia " escuchar al hermano que sufre, consolarlo y sufrir con paciencia”.
“Dios - dice San Pablo - nos consuela en todas nuestras tribulaciones para que nosotros mismos podamos consolar a los atribulados y afligidos" (2Cor 1, 4). Todo ello con mansedumbre, paciencia, humildad y caridad (cf. Ef 4, 2).
De este modo, en estos días de tanto frío, pensamos particularmente y recordamos a nuestros ancianos. La ancianidad y la enfermedad deben mover nuestros corazones a escuchar y a ser solidarios; que cada uno debe ejercer adecuadamente según le corresponde.
Qué difícil es ser anciano y estar enfermo. Pero aún más difícil cuando deben esperar, cuando no reciben atención, cuando no tienen para comprar un medicamento, cuando parece que padecen más frío que nunca.
Si cada uno no escucha y ayuda adecuadamente, como nos enseña silenciosamente San Cayetano, se desmorona uno de los derechos fundamentales de los enfermos y de los abuelos; uno de los derechos que se pierde en el presente con la cultura de la muerte.
Pero también pensamos en la vida humana. En esta cultura, percibimos que la llamada a la vida está en riesgo, la vida preciamente , que es un don de Dios, y que nos ha regalado en Jesucristo. Tener un hijo, por ejemplo, siempre es una fuente de vida; y como cristianos queremos defender la vida.
Tal vez nos preguntemos qué podemos hacer para valorar y defender la vida? Seguramente podemos rezar, y pedir; como esta tarde, lo hacemos por la intercesión de un querido Santo; pero también podemos defender la vida con nuestra participación, hablando y actuando como ciudadanos; ¿O acaso pensamos que por ser católicos ya estamos anticipadamente excluidos de hablar, de difundir nuestra visión cristiana, de formar conciencias, de transmitir la verdad?
Como cristianos debemos profundizar la fe y conocer la Doctrina Social de la Iglesia, para que la formación de la conciencia nos permita descubrir y reconocer el atractivo de la Vida desde la concepción, y nos pongamos al servicio de esa Vida; pero también necesitamos transmitir estas verdades a los demás.
Como ciudadanos, ustedes queridos laicos, están llamados a participar en primera persona en la vida pública. Y por tanto no pueden eximirse de actuar, ni pueden ser discriminados por ser cristianos (cfr. Benedicto XVI, “Dios es caridad”, n º 29). Al respecto, también Juan Pablo II nos señalaba como una urgencia y una responsabilidad que los fieles laicos den testimonio de los valores humanos y evangélicos que están íntimamente relacionados con la actividad social, y política, como son la vida, libertad y la justicia, la solidaridad, la dedicación leal y desinteresada al bien de todos ( cfr. Ch. laici, nº 42); y los invitaba al mismo tiempo a llevar adelante la misión de animar cristianamente la vida en la sociedad.
Para ello debemos formarnos, y no aceptar sin más que se pueda arremeter contra los valores de la conciencia. Ustedes queridos laicos tienen como misión promover el bien en la sociedad temporal; sin temor a mostrar públicamente la defensa de los valores que sostienen y que viven.
Lo que más nos cuesta entender es que una sociedad que quiere crecer en el respeto por los derechos del otro, no tenga en cuenta y sea insensible ante la existencia de estos valores, como por ejemplo que “el niño por nacer es un ser vivo”, que se gesta en el seno de su madre, y que nunca es “un injusto agresor”.
Ojala podemos valorar y profundizar la vida de todos los niños, los nacidos y los que están por nacer, en esta víspera del día del niño, cuando los queremos honrar y felicitar.
Como nos dijo Jesús “Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá” (Mt 7, 7-9); hoy le pedimos por nuestros abuelos, y por la vida del niño por nacer; y lo hacemos con la intercesión de nuestro querido Santo. Queremos renovar este camino de solidaridad y misericordia que brota del Evangelio; y queremos pasar como Jesús en medio nuestro, haciendo el bien.
Que la amistad con San Cayetano revitalice nuestra fe en Dios, y también la sensibilidad por el “otro” ser humano, en la indefensión de la vejez, o del que va a nacer, al comenzar su vida en el vientre materno.
Se lo pedimos también a la Santísima Virgen, Madre y Reina del Rosario, que siempre nos acompaña, que Ella nos indique el camino que conduce al Reino de su Hijo Jesucristo.
Mons. José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario
Homilía de Mons. Stanovnik, arzobispo de Corrientes, durante la Misa de San Cayetano (Santuario de San Cayetano, 7 de agosto de 2010). (AICA)
MISA DE SAN CAYETANO
Hoy la Iglesia se alegra al recordar a san Cayetano –el santo del pan y del trabajo–. Es un santo que sentimos muy amigo de Dios y, al mismo tiempo, muy amigo y cercano a nosotros, sus peregrinos y devotos. Hoy, en todo el país, una multitud de creyentes peregrina a los lugares sagrados, donde se venera a este hombre de Dios que hizo tanto bien a la sociedad de su tiempo, a la Iglesia y a mucha gente necesitada. Hoy nos hemos acercado a él nosotros, para confiarle nuestras necesidades, principalmente esas que son tan básicas para la vida –como son el pan y el trabajo– para vivir con la dignidad como hijos de Dios y hermanos en Jesús, y como ciudadanos con nuestros deberes y derechos. ¡Cuántas cosas le confiamos a san Cayetano! Ante su imagen, a veces después de una prolongada y sacrificada espera, y cumpliendo la promesa que le habíamos hecho, aliviamos nuestra alma agradeciéndole tantas cosas buenas que nos vienen por su intermedio, y a la vez, le suplicamos que nos ayude en tantas emergencias que agobian nuestra vida.
Mañana haremos la tradicional Peregrinación de los Trabajadores, que se realizamos todos los años el domingo más próximo que le sigue a fiesta de san Cayetano. Pero, como podemos observar, este año el 7 cayó en día sábado y el domingo más próximo es mañana. Sin embargo, esta proximidad no es un obstáculo, sino una ocasión para pensar hoy en nuestro santo, destacando en él sobre todo su amor a Dios y, mañana, detenernos para ver cómo ese amor lo llevó a comprometerse con sus semejantes, sobre todo con los más necesitados y los pobres.
Recordemos algunos datos de su biografía. Cayetano nació doce años antes de la llegada de los europeos a este continente y falleció unos 40 años antes de la fundación de la ciudad de Corrientes. Eso sucedió entre los siglos XV y XVI. Su familia era noble y rica, lo que le permitió estudiar derecho. A nuestro santo le tocó vivir una sociedad en crisis. Al darse cuenta de la enorme tarea que suponía comprometerse en cambiar algo, optó por el camino del sacerdocio y se integró a un grupo de sacerdotes austeros y con grandes ideales, pero al poco tiempo él mismo fundó un nuevo grupo de clérigos, llamados teatinos, que existen todavía hoy y entre nosotros atienden la parroquia de Empedrado. Cayetano conoció y sufrió la crisis de la sociedad y de la Iglesia de su tiempo. Ante la realidad de una sociedad corrupta, no optó ni por el anarquismo social, ni tampoco se refugió en los bienes de su familia para asegurar su futuro y pasarla bien. Por otra parte, frente a muchos eclesiásticos que vivían desordenadamente su vida, no se escandalizó desgarrándose hipócritamente sus vestiduras, ni tampoco se apartó de ellos.
Veamos cómo reaccionó Cayetano ante una sociedad corrupta y en una Iglesia, que en muchos aspectos, era infiel a su misión. Para verlo, lo mejor es recurrir a una confesión suya, brevísima, que él coloca al comienzo de una carta dirigida a su amiga. Dice así: “Yo soy pecador y me tengo en muy poca cosa”. ¿Qué vemos en esta confesión de Cayetano? Ante todo, descubrimos a una persona humilde que empieza juzgándose a sí misma. Pero esa conciencia no lo lleva a cerrarse en sí mismo ni a desesperarse, sino a confiar en la entrañable misericordia de Dios. Por eso, sintiendo la amistad de los santos, escribe a continuación así: “me confío a los que han servido al Señor con perfección, para que rueguen por ti a Cristo bendito y a su Madre”. Esta conciencia de ser pecador y su confianza en el amor de Dios, no lo abandonó nunca. En realidad, esa consideración humilde de su persona le permitió acercarse a sus semejantes y realizar grandes obras en bien de la sociedad y de la Iglesia. Con una persona así, Dios puede realizar una profunda transformación y así lo hizo. En cambio, una persona soberbia, incapaz de juzgarse a sí misma, se aísla de los demás y de Dios. Frente a esto, nuestro santo nos enseña algo muy básico y esencial: hay que pedir la gracia de reconocerse pecador y necesitado de perdón. Él mismo solía repetir a sus compañeros: “Lo primero que hay que hacer para reformar a la Iglesia es reformarse uno a sí mismo”. Esta máxima vale también para la sociedad, porque nadie puede dar lo que no tiene. Si se quiere reformar la sociedad, hay que empezar por las personas y, sobre todo, por aquellos a los que se les ha confiado alguna autoridad. La palabra de Dios nos invita a confiar en ella, como lo hizo san Cayetano. Él creyó en la Palabra de Dios, –como lo escuchamos hoy en la primera lectura– donde dice tengan confianza en el Señor, él les dará el gozo duradero y la misericordia, porque es compasivo, perdona los pecados y nos consuela cuando estamos afligidos (cf. Eclo 2,8-9). Dios nos convierte a él y a los otros si realmente lo deseamos y le permitimos que lo haga.
Nosotros, devotos de san Cayetano, nos equivocaríamos mucho si peregrináramos sólo para acercarnos a él y pedirle por nuestras necesidades sin estar sinceramente dispuestos a reconocernos pecadores y suplicar a Dios el perdón de nuestros pecados. Un principio básico para sanarse y recuperar la salud es reconocer la enfermedad. Esto también es un acto de humildad que nos acerca a la verdad, nos cura y nos hace libres para amar y servir. El pan y el trabajo son un don de Dios que se hace realidad en aquellas personas y comunidades que están dispuestas a reconciliarse con Dios y a compartir sus capacidades y recursos con sus hermanos. Son personas, como san Cayetano, que superaron la adicción de acumular bienes y poder sólo para sí mismos, y descubrieron que hay una felicidad muy superior en la invitación de Jesús, que hoy escuchamos en el Evangelio: “Háganse bolsas que no se desgasten y acumulen un tesoro inagotable en el cielo, donde no se acerca el ladrón ni destruye la polilla”. San Cayetano nos enseña que lo primero es reconocer humildemente ante Dios nuestro pecado, para que su perdón nos devuelva la amistad con él. Esa comunión nos da fortaleza para cumplir la voluntad de Dios, que está siempre a favor de la vida del ser humano y de su plena realización.
Hay otra enseñanza que nos deja Cayetano y que encontramos en esa carta que le escribe a su amiga. Allí, en tono de advertencia, le dice: “no olvides una cosa: todo lo que los santos hagan por ti de poco serviría sin tu cooperación; antes que nada es asunto tuyo…” Cayetano le dice a su amiga que la ayuda de los santos de poco serviría si uno no se hace cargo de la propia vida, es decir, si no asume las responsabilidades y obligaciones que tiene. En otras palabras, Cayetano advierte que Dios no ayuda al perezoso o al pertinaz que no quiere cambiar de vida. Por eso, en esa carta prosigue su reflexión así: “si quieres que Cristo te ame y te ayude, ámalo tú a él y procura someter siempre tu voluntad a la suya, y no tengas la menor duda de que, aunque todos los santos y criaturas te abandonasen, él siempre estará atento a tus necesidades”. Es decir, coloca a los santos en segundo lugar y pone a Cristo y su voluntad en el centro. Por eso, la mayoría de las imágenes que se conservan de san Cayetano lo muestran con Jesús en sus brazos y algunas con el crucifijo. En todos los casos, la imagen del santo nos enseña que debemos colocar a Cristo en el centro de nuestra vida. Él es la máxima revelación del entrañable amor que Dios nos tiene. Por eso: “feliz el hombre que teme al Señor”, como respondíamos hoy a las estrofas del salmo. De verdad, dichoso aquel que se siente amado por Jesús, porque su amor le ayudará a poner su corazón allí donde está el verdadero tesoro.
En conclusión, manifestar nuestra devoción a san Cayetano peregrinando hasta su santuario es una gran oportunidad que Dios nos brinda para convertirnos a su amor y prometerle que vamos a cambiar de vida, sobre todo, decirle que estamos sinceramente dispuestos a asumir nuestras responsabilidades y obligaciones cristianas con Dios y con la Iglesia, y cumplir con honestidad aquellas que corresponden a nuestra condición de ciudadanos. Imitemos a San Cayetano que amó intensamente a Cristo, a la Iglesia y a los pobres. Que su poderosa intercesión nos alcance, sobre todo, la gracia de un progreso constante en el amor a Cristo y su ejemplo nos estimule a amar más a la Iglesia y a comprometernos en el servicio a los pobres y más necesitados. Sólo así podemos soñar con un bicentenario en justicia y solidaridad, y con nuestra Iglesia centenaria y jubilosa más parecida a Jesús, más testimonial, más alegre y más misionera. Así sea.
Mons. Andrés Stanovnik, arzobispo de Corrientes
Texto del micro radial de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, emitido por LT 9 (7 de agosto de 2010). (AICA)
Hoy celebramos la Fiesta de San Cayetano. Una celebración religiosa que ha impulsado el tema del trabajo, como un valor que hace a la dignidad del hombre. En esta jornada de oración coincide la justa aspiración del hombre a trabajar, con la doctrina de la Iglesia sobre el trabajo. Esta coincidencia tiene su raíz en el significado que tiene el trabajo dentro del designio creador de Dios. Por ello podemos hablar del trabajo como una dimensión querida por Dios y que hace a la realización del hombre. Esta doble consideración del trabajo, desde Dios y desde el hombre, es la que nos permite descubrir su grandeza y responsabilidad social.
Es importante comenzar señalando que es el hombre, como hijo de Dios, quién dignifica el trabajo, pero también, que es el trabajo el que posibilita su realización. Esto nos habla no sólo de su importancia, sino de las condiciones en que se debe desarrollar. Un trabajo que embrutece o esclaviza no está en la línea de su realización ni, por supuesto, del plan de Dios. Esta concepción es la que hace del trabajo la cuestión central de la Doctrina Social de la Iglesia. No se trata de un elemento más dentro de una cadena productiva, sino que es expresión de la vocación del hombre. Al trabajo no se lo puede, por lo mismo, suplir con la dádiva o un seguro por generoso que sea. Es la misma vocación del hombre la que lo reclama con su justa remuneración.
Al presentar el trabajo aspectos sociales y económicos, tiene sentido tratarlo como un tema religioso? Es correcto acercarnos a san Cayetano para interceder ante Dios para conseguir o conservar el trabajo? La respuesta es, ciertamente afirmativa, porque es el hombre el sujeto del trabajo. Lo religioso, no es algo ajeno a la vida del hombre, sino que existe como realidad inherente a su condición humana y espiritual. Toda la vida y circunstancias del hombre, sea el amor, la familia, la política, en este caso el trabajo, participan desde el hombre de una dimensión religiosa. Cuando la familia reza, eleva su vida a una dimensión de diálogo con Dios que la enriquece, es más, recobra desde Dios su dignidad y sentido. No hay nada en la vida del hombre que esté fuera de la mirada de Dios, pero será el hombre con su libertad quién la orienta y da su sentido.
Como vemos la oración, en la que expresamos nuestra relación con Dios, no es un agregado superfluo sino reconocer nuestra condición de seres creados y espirituales; la oración nos introduce en la verdad profunda de lo que somos. El valor de esta dimensión religiosa se convierte, en una sociedad libre y respetuosa de los derechos del hombre, en una exigencia política que hace al bien común. Valorar estos espacios de oración hace a la calidad de vida del hombre y la ciudad. Aprovecho este mensaje para comunicar que la vivencia de fe y de oración que he percibido en la Parroquia de San Cayetano de nuestra ciudad de Santa Fe, me ha llevado a conferirle en este día el título de Santuario Diocesano por su importancia religiosa y social.
Pidiendo a Dios, por intercesión de San Cayetano, por todos nuestros trabajadores y, en especial, por aquellos que viven el dolor y la injustita de no tener un trabajo digno, les hago llegar junto a mi afecto y oraciones mi bendición en el Señor.
Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz
ZENIT Publica el comentario al Evangelio del domingo XXI del tiempo ordinario (Lucas 13, 22-30), 22 de agosto, redactado por monseñor Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo, administrador apostólico de Huesca y de Jaca.
Evangelio del domingo: La lista de Cristo
Recuerdo una viñeta ya hace unos años del genial Antonio Mingote: se presentaba a dos señoras muy peripuestas que comentaban: "al final nos salvaremos... las de siempre". Pero ¿quiénes son los de siempre? Y ¿son ellos realmente los que se salvarán? ¿Por qué causa y razón? Son las preguntas que laten en el Evangelio de este domingo, cuando un espontáneo seguidor de Jesús le pregunte al Maestro: "Señor, ¿serán pocos los que se salven?" (Lucas 13,23). Jesús pone un ejemplo, y con notable ironía se presenta al típico creyente "de siempre", al "de toda la vida", que vuelve a casa después de su última correría, dando por descontado que todo vale para entrar por la puerta grande..., con tal que no te vean.
Pero, hete aquí, que la tal puerta grande, la de la religión a la carta, no coincide con el acceso ofrecido por Jesús. Él habla más bien de una puerta estrecha, en la que para entrar hace falta dar con ella y luego caber por ella dejando que Otro te adentre por pura gracia, por regalo inesperado e inmerecido.
Ciertamente, no basta ser paisano del Señor, colega suyo, ser del barrio, como parece desprenderse de la parábola de este Evangelio, que es en el fondo una aguda crítica a la actitud de algunos judíos, los cuales pensaban que la salvación era algo relacionado no con la vida de cada uno sino con el pasaporte o la nacionalidad: como eran judíos, como tenían el pasaporte del pueblo escogido... entonces valía todo.
"Señor, ábrenos, somos los de tu barrio, los de tu pueblo, los de tu grupo..."; y Él respondió: "no os conozco". Y ellos volverán a la carga: "pero ¡si hemos comido contigo, si hemos paseado por las mismas plazas, si somos tus paisanos!". Y Él insistirá: "no sé de dónde venís, ni a dónde ibais, porque podemos pasar por la misma plaza, pero venir de lugares muy distintos y, sobre todo, encaminarnos a sitios muy diferentes... no os conozco". ¡Tremenda frase en labios de Jesús!
Esta reflexión no es sólo válida para aquel entonces para los judíos, sino que también hoy para nosotros los cristianos, este Evangelio es un aldabonazo: nos salvamos si entramos en el camino de Jesús, si pisamos sus huellas, si amamos lo que Él amó y como Él lo hizo, si tenemos al Padre y a los hermanos muy dentro de nuestro corazón, si nuestra vida tiene sabor a bienaventuranza. Solamente entonces, nos sentaremos a la mesa del Reino de Dios, aunque hayamos venido más pronto o más tarde, aunque seamos de oriente u occidente. El nuevo pueblo de Dios, la Santa Madre Iglesia, no tiene pasaporte aunque tiene identidad, no vive de rentas aunque tiene historia. La gracia del Señor, nos hace ligero el equipaje, ágil el andar, y sobre todo Él mismo se hace para nosotros el camino y el compañero caminante. Entremos por su puerta, pues la hizo para nuestra pequeñez, según la medida de su misericordia.
Bolivia conmemoró ayer, 6 de agosto, el 185 aniversario de la fundación de la República, mientras el país vive una compleja fase de transición y de transformación en un estado plurinacional. En esta ocasión, los Obispos de Bolivia enviaron un mensaje de aliento, de solidaridad y de esperanza a los ciudadanos de todas las regiones y culturas. (Fides)
Comunicado de la CEB: La Patria, Casa de Todos
Desde los inicios de la independencia nacional se ha recorrido mucho camino, con esfuerzos y sacrificios, hacia una patria libre en la que los principios democráticos nos han permitido entendernos, superar momentos de conflicto y avanzar hacia la construcción de un ideal común.
La Iglesia partícipe de la construcción del país
Como Iglesia, desde nuestra fe en Jesucristo, hemos participado activamente en este proceso. Hemos contribuido a superar momentos de confrontación, hemos alzado nuestra voz cuando las injusticias han traído sufrimiento y dolor a los más desfavorecidos y, sobre todo, cuando regímenes dictatoriales y represivos, que tampoco han faltado en este camino, han conculcado los derechos humanos civiles, sociales y políticos.
Debemos aprender del pasado, para seguir con los logros y los avances y para evitar errores y retrocesos, con miras a construir un futuro de esperanza y comunión para todos los bolivianos.
Avances y esperanzas
Sin duda el presente momento histórico está cargado de proyectos y deseos de construir una sociedad más equitativa, con signos alentadores, como el reconocimiento de la diversidad y la riqueza cultural de nuestros pueblos y el justo proceso de inclusión de los hermanos indígenas.
El avance de la igualdad en la construcción de la sociedad, sin marginaciones ni exclusiones, ni antiguas ni nuevas, es un verdadero signo del crecimiento constante del Reino de Dios en la justicia y la verdad.
Amenazas en el momento actual
Sin embargo, sobre este proceso se ciernen amenazas, que pueden dejar sin efecto todo lo positivo que este momento peculiar puede traernos.
El reconocimiento de las diferencias culturales no nos debe hacer perder de vista la igualdad fundamental de todos los bolivianos en cuanto seres humanos, “creados a imagen y semejanza de Dios” Cfr. Gén 1,26; ni tampoco los valores comunes, construidos a lo largo de nuestra historia, que nos identifican y unen.
Ambiente de confrontación social
El ambiente de tensión y confrontación social que se vive casi constantemente ha hecho que en varias ocasiones se haya violado el respeto a la persona humana y sus derechos fundamentales.
La primacía de la persona humana y el bien común son los principios básicos que tienen que guiar el accionar público y privado, y están por encima de las ideologías. Nada puede justificar la violación del derecho a la vida y a la libertad de las personas. El fin, por noble que sea, no justifica los medios; si estos son injustos, todo lo que se pueda lograr estará viciado de raíz por la injusticia.
Clima de miedo y desconfianza
La verdad y la justicia se imponen por su misma fuerza interna. No hay que temer a las ideas diferentes. No podemos caer en la tentación del pensamiento único, excluyente del diálogo, que impone, amedrenta, criminaliza y rehúye la riqueza de la confrontación de ideas diferentes, base de toda democracia madura. Esta actitud siembra un clima de desconfianza y miedo, que impide la libre expresión de las personas, la construcción de un modelo de sociedad consensuado y la convivencia justa y pacífica.
La justicia que, en muchas ocasiones, ha sido en nuestra patria un instrumento al servicio del poder económico y por eso está tan desacreditada en especial entre los más pobres, actualmente está cayendo en el peligro de supeditarse a intereses políticos, de forma que sigue creando desconfianza.
Los flagelos del narcotráfico y la corrupción
Constatamos con honda preocupación que los flagelos de la corrupción y del narcotráfico, actividades radicalmente insolidarias y criminales, en las que están involucrados también cárteles internacionales, continúan creciendo en el país y está creando una cultura de muerte. Aumenta el número de nuestros jóvenes y adolescentes bolivianos que son víctimas de esta lacra social que es la droga. Ante la envergadura e implicación de este fenómeno hace falta una reacción de toda la sociedad y particularmente de las autoridades, para contrarrestar su expansión e impulsar la cultura de la vida.
Valores cristianos para la convivencia fraterna
Las fiestas patrias deben ser ocasión propicia para examinar sobre qué fundamento estamos construyendo el Estado Plurinacional.
“Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él.”, nos recuerda el apóstol Juan (Jn 4,16). Estas palabras evangélicas expresan con claridad meridiana el corazón de la fe cristiana y también la consiguiente imagen del hombre y de su camino donde quiera que se encuentre y en el momento histórico que le toque vivir.
Nos parece oportuno también proponer a los creyentes y a toda persona recta que crea en el diálogo y el entendimiento, como medios para la construcción de una patria para todos, estas palabras de San Pablo: “Nada hagan por rivalidad, ni por vanagloria, sino con humildad, considerando cada cual a los demás como superiores a sí mismos, buscando cada cual no su propio interés, sino el de los demás” Fil 2, 3-4
Que sepamos situarnos por encima de los intereses partidistas e ideológicos para buscar juntos los caminos de esperanza, progreso, convivencia, igualdad, libertad y justicia por los que clama nuestro pueblo.
Que la Virgen del Carmen, venerada como Patrona de nuestra tierra, nos acompañe y oriente en la construcción de una Patria, casa para todos los bolivianos.
DIOS BENDIGA A NUESTRA PATRIA.
Los Obispos de Bolivia
La Paz, 4 de agosto de 2010.
Homilía de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, en la celebración del Día del Ex Alumno en el Seminario Arquidiocesano (4 de agosto de 2010). (AICA)
PREDICAR A CRISTO
A mí no me cuesta nada escribir las mismas cosas, y para ustedes es una seguridad (Fil. 3, 1). Así encabezaba San Pablo una ardiente exhortación a la comunidad de Filipos, a la que estaba ligado con vínculos de un singular afecto. Me apropio de estas palabras del Apóstol y las aplico a la circunstancia de una nueva celebración del Día del Ex Alumno en nuestro Seminario. Cada año nos congregamos en la fiesta del Santo Cura de Ars para dar gracias a Dios por nuestro sacerdocio y para felicitar especialmente a quienes cumplen 25, 50 o más años de ejercicio fiel del ministerio. Es lógico que nuestra gratitud y nuestro gozo se apoyen en la contemplación de lo que somos, en la común afirmación de nuestro ser sacerdotal, sobre todo recordando la figura ejemplar de San Juan María Vianney. A mí no me cuesta nada decir, todos los años, aproximadamente las mismas cosas, que se refieren siempre a nuestra identidad; no es enojoso volver sobre ellas y ese retorno frecuente del espíritu a lo esencial confirma nuestra certeza, nos inspira confianza, nos asegura para no vacilar. San Pablo, en su carta, estaba invitando a los filipenses a alegrarse en el Señor. Nosotros, al hacer memoria de nuestra condición, del sacerdocio de Cristo hecho carne en nuestra realidad personal, no podemos sino dejarnos invadir por la serena alegría que viene del Señor.
Como sabemos, se trata de una realidad del orden de la fe. Benedicto XVI lo ha recordado repetidamente durante el Año Sacerdotal, período en el cual ha brindado un continuo apoyo a los sacerdotes, que son presencias preciosas en la vida de los hombres. Todo pastor –ha dicho– es el medio a través del cual Cristo mismo ama a los hombres: mediante nuestro ministerio, a través de nosotros, el Señor llega a las almas, las instruye, las custodia, las guía. Esta situación en la que hemos sido colocados, para la cual hemos sido llamados y consagrados, conlleva la exigencia de permanecer anclados, enraizados en el orden de la fe, fuera del cual no podemos siquiera comprender cabalmente lo que somos. Más aún, sólo viviendo en la fe y de la fe nuestra acción, el cumplimiento de nuestras funciones, del munus que nos ha sido encomendado, será veraz y eficazmente sacerdotal. Somos y debemos ser hombres de fe, los hombres de la fe, y en cuanto tales destinados a vivir en una vecindad creciente con el misterio de Dios, que es un fuego devorador (Hebr. 12, 29). Ese centro incandescente constituye el alma de nuestro ministerio; de allí surge la inspiración que hace de la palabra sacerdotal la actualización de la Palabra divina y el fervor por el cual en la Eucaristía cotidiana nos inmolamos con Cristo; es ésa la fuente de la caridad pastoral en la que puede reflejarse la misericordiosa ternura de nuestro Dios (Lc. 1, 78). El centro incandescente se verifica en la comunión con Jesús. Como ha dicho recientemente el Papa, se trata de un “permanecer con él” que debe acompañar siempre el ejercicio del ministerio sacerdotal; debe ser su parte central, también y sobre todo en los momentos difíciles, cuando parece que las “cosas que hay que hacer” deben tener la prioridad. Donde estemos, en cualquier cosa que hagamos, debemos “permanecer siempre con él”. El activismo es un equívoco clerical bastante frecuente, y también a menudo infructuoso, tan dañino para la obra de la evangelización como podría serlo la falta de contracción al trabajo, la inacción y una pérdida de tiempo –llamémosla así– que no se consume precisamente en la oración contemplativa sino en ocupaciones privadas, pequeños gustos o manías personales. El término medio virtuoso supera ambos extremos por elevación, es la cima de una existencia unificada por la fe viva. Es un desliz común hoy día preocuparse por las consecuencias sociales, culturales y políticas de la fe, sin interrogarse sobre la verdad y la credibilidad de la misma fe, que se da ligeramente por supuesta. Los hombres de la fe estamos en la tierra para predicar la fe, cuyo centro es la muerte y resurrección de Cristo, para esclarecer sus fundamentos y hacer descubrir su armoniosa belleza; nuestra misión, que es una misión profética, consiste en propagar la alegría de la fe.
En el Evangelio que hemos escuchado (Mt. 9, 35 – 10, 1) se manifiesta la compasión del Redentor que enseña y sana, que orienta a las muchedumbres desconcertadas que no tienen norte ni guía. En la primera lectura (Ez. 3, 16-21) se ubica al profeta en la arriesgada posición del centinela; su función es advertir: al justo, para que no tropiece y se aparte del bien, al malvado para que se convierta de su conducta descarriada. Dos acentos complementarios que ilustran la figura del pastor: el pasaje del Antiguo Testamento destaca la delicada responsabilidad de quien debe aconsejar, prevenir, amonestar, avisar de parte de Dios; en la Nueva Alianza brilla más bien la bondadosa inclinación del Corazón de Cristo. La liturgia de este día sugiere referir ambos textos al Santo Cura de Ars y a su sensibilidad pastoral en la que, no sin un trabajoso progreso, se articularon de manera excelente la seriedad y la misericordia.
Pero me gustaría recomendar ahora otro modelo del arte pastoral que es la famosa Regla de San Gregorio Magno. La tercera parte de esta obra, que ocupa dos tercios del total, describe el ministerio del pastor como un ejercicio de la exhortación. Sorprende gratamente al lector actual la sutil penetración psicológica que se aplica a la caracterización de treinta y seis figuras distintas, que constituyen setenta y dos casos pastorales, ya que cada modelo de discurso es binario, pues enfoca dos tipos humanos opuestos entre sí. Se consigna una larga serie de situaciones espirituales, cada una de las cuales requiere una forma propia de amonestación. El principio que asienta Gregorio implica consideración y respeto por la dignidad de la persona, discreción de juicio y magnanimidad: cualquier maestro –dice– a fin de edificar a todos en una misma virtud de caridad, debe tocar los corazones de los oyentes con la misma doctrina, pero no con la misma y única exhortación. Según este criterio, es distinta la exhortación que se ha de dirigir a pobres y a ricos, a tristes y a alegres, a sabios y a incultos, a los fieles seglares y al clero, a los humildes y a los orgullosos, y así continúa distinguiendo según la condición natural o sociológica, el carácter, las relaciones con el prójimo, las vocaciones específicas, las diversidades pasionales, de virtud o de salud espiritual. Llama la atención la actualidad de un planteo pastoral que tiene más de mil cuatrocientos años; su valor perenne reside en la concepción teológica que la sustenta: la Regla gregoriana se refiere a la figura modélica de Cristo, el Buen Pastor y fue recibida como un código de santidad sacerdotal que representaba para el clero secular lo que era para los monjes la Regla de San Benito. También nosotros podemos aprender de ella.
He citado este monumento de la patrística pensando en las dificultades que debe afrontar hoy la predicación cristiana. Más aún, porque me parece que es preciso subrayar actualmente la necesidad de la predicación y de una predicación integral del misterio de la fe, no sólo en orden a la salvación eterna, sino también para rescatar la auténtica humanidad del hombre. Según la tradición católica el hombre no puede observar de forma permanente todos los preceptos de la ley natural sin la ayuda de la gracia; es decir que el contacto redentor con Jesucristo constituye el único medio posible para la plena realización de la existencia humana. Desde los orígenes, la predicación cristiana anunció el mensaje de Cristo como respuesta a las esperanzas de los hombres; ponía así de relieve el valor humano de la gracia, que el Señor ofrece como liberación del pecado y del consiguiente menoscabo de aquella plenitud a la que estamos llamados según el plan de Dios. El mismo razonamiento puede aplicarse a las posibilidades cognoscitivas del hombre. El entendimiento humano posee la capacidad de conocer cada una de las verdades religiosas y morales necesarias para vivir según las exigencias de su naturaleza, pero no puede conocer todas esas verdades sin la ayuda de la gracia. Necesita que la revelación le muestre la economía sobrenatural por la que Dios ha decidido conducir al hombre a su fin; tampoco puede, dadas las condiciones actuales, descubrir sin la luz de la fe el auténtico ideal moral de su vida. El influjo que la afectividad, desordenada por el pecado, ejerce sobre el entendimiento ofusca la capacidad natural de la razón; sin la fe, sin la gracia de la redención, el hombre no alcanza su plena humanidad. Podemos aplicar a esta situación histórica lo que Ignacio de Antioquia decía de sí atisbando, a través de su próximo martirio, la meta de la eternidad: cuando haya llegado allá, seré hombre. Cuando llega a Cristo, cuando entra en contacto con su verdad y su gracia, el hombre es verdaderamente ánthropos. Análogo sentido tiene la conocida afirmación de la constitución Gaudium et spes: en realidad, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado… Cristo, el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación (GS 22).
Es preciso, pues, anunciar siempre e incansablemente a Cristo, la integridad de la fe católica y su proyección axiológica en la cultura humana como expresión del carácter sanante del don de la gracia. Hace poco señalaba Benedicto XVI: la fe corre el riesgo de extinguirse como una llama que no encuentra más alimento. El alimento de la fe se encuentra en una buena teología, que sea genuina inteligencia del misterio y no cuestionamiento problematicista o disección de los datos bíblicos e históricos; en un sustancioso catecismo dispensado a los fieles, niños, jóvenes y adultos, según corresponda, no en un centón de vaguedades sentimentales o de consignas sociológicas; en una recia espiritualidad que conduzca a la contemplación y no en pseudomística quietista o en prospecciones psicologistas de autoayuda. Algo más hace falta, descuidado desde hace décadas: una nueva apologética, para poner de manifiesto la credibilidad de la fe a través de una rigurosa investigación, que asuma los datos seguros de las ciencias de la naturaleza y del hombre y se apoye en una sana metafísica.
Los reciente lances legislativos, y los que vendrán -según está programado por los que se proponen afianzar la dictadura global del relativismo-, dejan al desnudo la patética descristianización de la Argentina, y sobre todo el vacío intelectual y moral de sus dirigencias. La falta de fe de tanta gente bautizada, la profundidad de su ignorancia religiosa y su indiferencia ante el misterio de la salvación, explican que esa gente no pueda percibir el orden natural de la creación y su reflejo en la conciencia; se le escapa, se le oculta la verdadera humanidad del hombre, de la que únicamente resta una caricatura en la religión secular de los derechos humanos. Es una especie de paganismo postcristiano, practicado fervorosamente por gente que se dice cristiana.
La laboriosa tarea de remontar este escollo es una misión específicamente sacerdotal, confiada a la ciencia, el amor y la palabra del sacerdote. El sacerdote le debe la verdad y la gracia de Cristo al diputado y al cartonero, al funcionario corrupto y al hombre y la mujer honrados que trabajan y sufren con paciencia y esperanza; a los niños y adolescentes de nuestros colegios y de los estatales; a los nuevos ricos y a los presidiarios; al argentino medio y común que carga con defectos y virtudes ancestrales de nuestro pueblo; a una lista de binarios que puede emular a la de San Gregorio. Se las debe, en primerísimo lugar, a los fieles de su propia parroquia, capilla o capellanía, a los más cercanos y a los reacios; a la buena gente que queda en nuestros barrios y que aunque no se dé plena cuenta de ello espera su plenitud en Cristo.
No es trabajo menor. Requiere empeñar estudio, oración, penitencia, un gran amor comprensivo y paciente, y quizá el testimonio de un martirio moral: la incomprensión, la indiferencia, el repudio y la marginación. Pero a todo eso nos comprometimos y nos expusimos de antemano cuando abrazamos la gloria y la cruz del sacerdocio, y si somos fieles –lo sabemos muy bien- no seremos defraudados en nuestra esperanza.
Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata
Homilía de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para el domingo 18º durante el año (1 de agosto de 2010). (AICA)
El Evangelio de este domingo (Lc. 12,13-21), nos propone que reflexionemos sobre la avaricia. Jesús hace una advertencia: “Cuídense de toda avaricia, porque aún en medio de la abundancia, la vida de un hombre no está asegurada por su riqueza”. En seguida nos va a proponer la parábola del rico insensato. En el pensamiento bíblico, la riqueza, lo material y corporal no es algo malo en sí mismo como en otras visiones filosóficas o religiosas. Pero en todos sus textos encontramos una clara advertencia del peligro que pueden ocasionar la riqueza y el poder, cuando estos caen ante el pecado de avaricia.
El pecado de avaricia designa la sed de poseer cada vez más, sin ocuparse de los otros, incluso a sus expensas. Esto ofende a Dios y constituye una verdadera idolatría: “Por lo tanto hagan morir en sus miembros todo lo que es terrenal: … y también la avaricia, que es una forma de idolatría” (1 Col. 3,5).
El Profeta Amos denunciada a quienes extorsionaban a los pobres:”falseando las balanzas, especulando o haciendo dinero de todo” (Amos 8,5). Isaías lo hacía con aquellos que acaparaban las propiedades (Is. 5,5). El texto del Eclesiastés de este domingo cuestiona: “por qué un hombre que ha trabajado con sabiduría y eficacia tiene que dejar su parte a otro que no hizo ningún esfuerzo” y concluye diciendo: “Esto también es vanidad” (Eclesiastés 2, 21-23). En el Nuevo Testamento, Jesús nos enseña que quienes son “amigos del dinero” (con avaricia)” (Lc. 16,14), ponen su corazón en los bienes creados, tomando estos bienes por señores y despreciando al único verdadero Señor, que es Dios” (Mt. 6,24).
Estos textos bíblicos tienen mucha actualidad, como todos los temas importantes que tienen que ver con el corazón humano. Esta avaricia también puede ser extensiva no solo al tener, sino al poder. “Avaricia de poder”. Seguramente la avaricia, es una de las causas principales de la concentración de riquezas y poder en manos de unos pocos, y la creciente marginalidad de muchos hermanos nuestros que padecen distintos tipos de pobreza.
En la V Conferencia de Aparecida hemos reflexionado sobre el flagelo de la avaricia en nuestra América Latina, llevándonos a graves situaciones de inequidad social. Creo conveniente la lectura y reflexión de un texto que puede ayudarnos en nuestra realidad nacional y provincial: “Conducida por una tendencia que privilegia el lucro y estimula la competencia, la globalización sigue una dinámica de concentración de poder y de riquezas en manos de pocos, no solo de los recursos físicos y monetarios, sino sobre todo de la información, y de los recursos humanos, lo que produce la exclusión de todos aquellos no suficientemente capacitados e informados, aumentando las desigualdades que marcan tristemente nuestro continente y mantiene en la pobreza a una multitud de personas. La pobreza hoy es de conocimiento y del uso y acceso a nuevas tecnologías, por eso es necesario que los empresarios asuman su responsabilidad de crear fuentes de trabajo y de invertir en las regiones más pobres para contribuir al desarrollo” (62).
En realidad todos debemos evaluarnos y realizar un examen de conciencia sobre el “pecado de avaricia” que nos plantea la Palabra de Dios este domingo. Tanto de la avaricia del tener, como la avaricia del poder. Especialmente este examen de conciencia debe instalarse en la dirigencia social y política, para medir cuales son las motivaciones que están en nuestro corazón. Si realmente nos mueve el servir al bien común; si estamos dispuestos a darnos y a perder beneficios personales por este servicio. Quizá el cuestionamiento sobre las motivaciones implique evaluar si tenemos vocación de servir. Esto es importante porque pasa demasiado habitualmente en nuestra dirigencia el exceso de una búsqueda de aprovechar el momento para sacar rédito personal con más egoísmo, que servicio. La avaricia lleva a que en algunos dirigentes se note que con los favores del poder tengan un excesivo enriquecimiento personal sin ninguna medida ética, perjudicando en última instancia a la gente que se transforma en víctima de tal avaricia.
En este domingo podemos reflexionar sobre la desorientación espiritual que implica cargarnos de tantas cosas innecesarias y preguntarnos donde está nuestro tesoro. El Evangelio de este domingo termina diciendo: “Insensato, hoy vas a morir, ¿y para quién será lo que has amontonado? (Lc. 12,20). Al final seremos evaluados por el Amor.
¡Les envío un saludo cercano y hasta el próximo domingo!
Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas
Mons. Enrique Martínez Sánchez, Obispo auxiliar de Durango ha publicado una carta a la comunidad para reaccionar la cada vez más difícil situación de violencia e inseguridad. (Fides)
La pobreza, el desempleo, la desigualdad, favorecen la violencia y la inseguridad
La violencia y la inseguridad que se vive en el Estado de Durango, tiene como causa principal la delincuencia organizada, ésta es una realidad compleja y difícil de analizar. Existen además, otros factores que contribuyen a su existencia y estos, sí se pueden detectar e intervenir, sobre todo para prevenir, o por lo menos para disminuir sus efectos. Los obispos de México hemos señalado varios factores: en los campos de la actividad económica, en la vida política, en la vida social y en la cultura. Revisemos algunos aspectos de la actividad económica. “La desigualdad y la exclusión social, la pobreza, el desempleo, los bajos salarios, la discriminación, la migración forzada y los niveles inhumanos de vida, exponen a la violencia a muchas personas: por la irritación social que implican; por hacerlas vulnerables ante las propuestas de actividades ilícitas y porque favorecen, en quienes tienen dinero, la corrupción y el abuso de poder”.
El modelo económico actual ha entrado en crisis, desde hace tiempo y ha sido incapaz de resolver los problemas de la población. Lo único que ha generado es aumentar los signos negativos de la actividad económica. Sobre todo ha aumentado la desigualdad y se ha incrementado la pobreza en nuestro Estado, golpeando sobre todo a los más vulnerables. Son insuficientes los empleos que se han generado. Se necesita un cambio estructural, un nuevo modelo económico, que llevará a nuevas formas de administración pública.
Según la CEPAL (Comisión Económica para América Latina), “casi el 40 por ciento de la población en condiciones de miseria de toda Latinoamérica, considerada la región más desigual del mundo, sobrevive en México. Este país –en donde 27 millones de personas no tienen acceso a la alimentación, salud, vivienda ni educación– es el único que registró un “empeoramiento” de la pobreza. La ONU señala que la vida en los pueblos indígenas mexicanos se compara con la de África del Sur”.
La Secretaría de Desarrollo Social considera que “54% de los mexicanos (57.8 millones) vive en pobreza de patrimonio, lo que indica que vive con menos de 4 dólares diarios, ($53.00) mientras que el 32% (34.3 millones) lo hace con menos de 2.5 dólares ($33.00), y 24% (25.7 millones) con menos de 2 dólares ($27.00). Bajo esta perspectiva, los Estados de mayor pobreza en el país son Chiapas, Guerrero, Oaxaca, Tabasco y Durango, y en ellos se concentran altos porcentajes de población indígena”.
Durango está en “el noveno lugar nacional en pobreza, según datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política Social; de seis mil localidades que tenemos, más de cinco mil comunidades cuentan con menos de 100 habitantes, en el renglón de rezago social que considera los servicios de vivienda, acceso a salud, a la educación, estamos en el lugar número 18 en el ámbito nacional”.
“Muchas veces se piensa que los estados del Norte son los que tienen más capacidad económica. Durango es un estado que tiene amplísimas regiones de pobreza, creo que tenemos mucho que hacer para romper esta paradoja. Riqueza natural abundante de nuestro país y pobreza inaceptable de nuestra gente”, dijo el Presidente de la República en una visita al Estado de Durango.
La distribución desigual de la riqueza favorece a la delincuencia organizada. Hay quienes se dedican a negocios ilícitos, con graves riesgos, pero con jugosas utilidades en breve plazo. Es una tentación para los más pobres, pero también para quienes ambicionan riqueza sin importar su procedencia, ni los riesgos y costos humanos que implican. La desigualdad provoca insatisfacción y sensación de injusticia, que es la puerta de entrada de la violencia y por consiguiente, de un clima de inseguridad. La formación profesional ha quedado fuera del alcance de una gran mayoría de mexicanos. Crece constantemente el número de jóvenes que no estudian ni trabajan, con lo que se incrementa la migración y la economía informal.
Las políticas económicas en general no promueven el desarrollo agrícola ni apoyan a los productores del campo, no son suficientes las ayudas. Ha sido mucho más rentable para muchos campesinos, por decisión propia u obligados, recurrir a la siembra de estupefacientes. Estos cultivos ilícitos son puerta abierta a la inseguridad y violencia.
Ha crecido el porcentaje de jóvenes que tienen alguna profesión, y no tienen empleos estables y remunerados. Esto hace que muchos de ellos, ante la falta de alternativas, sean oferta laboral para quienes se dedican al narcomenudeo o a la delincuencia organizada. La precariedad del trabajo y el subempleo también están entre los factores que explican la violencia urbana.
Es el momento de pensar en un modelo económico con un sentido más humano, en el marco la justicia social, más aún de la caridad y de un desarrollo integral. Es el momento de pensar en el “bien común”, como nos lo propone el Papa Benedicto XVI, “Junto al bien individual, hay un bien relacionado con el vivir social de las personas: el bien común. Es el bien de ese «todos nosotros», formado por individuos, familias y grupos intermedios que se unen en comunidad social. No es un bien que se busca por sí mismo, sino para las personas que forman parte de la comunidad social, y que sólo en ella pueden conseguir su bien realmente y de modo más eficaz. Desear el bien común y esforzarse por él es exigencia de justicia y caridad. Trabajar por el bien común es cuidar, por un lado, y utilizar, por otro, ese conjunto de instituciones que estructuran jurídica, civil, política y culturalmente la vida social, que se configura así como pólis, como ciudad. Se ama al prójimo tanto más eficazmente, cuanto más se trabaja por un bien común que responda también a sus necesidades reales. Todo cristiano está llamado a esta caridad, según su vocación y sus posibilidades de incidir en la pólis”. Nuestro Estado es nuestro “bien común”.
+ Enrique Sánchez Martínez
Obispo Auxiliar de Durango
Escrito por Mons. Enrique Sánchez Martínez Lunes, 02 de Agosto de 2010
Homilía de monseñor Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia, para la homilía del domingo 18º durante el año (1 agosto 2010). (AICA)
“LA VIDA DEL HOMBRE NO ESTÁ ASEGURADA POR SUS RIQUEZAS”
Lc 12,13-21
I. “¿QUIÉN ME HA CONSTITUIDO JUEZ?”
1. El Evangelio de hoy se abre con el requerimiento que alguien le hace a Jesús para que intervenga en la repartición de la herencia: “Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo” (Lc 12,13). Jesús le respondió: “Amigo, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre ustedes?” (v. 14). Si bien el centro del mensaje radica en la enseñanza sobre la avaricia, conviene detenernos un instante en este primer interrogante que propone Jesús.
II. LA IGLESIA NO ES UN ENTE MEDIADOR DE LA SOCIEDAD CIVIL
2. Cuando existe un conflicto social, se ha hecho habitual en la Argentina que una de las partes, en especial la más débil, pida la mediación de la Iglesia, muchas veces sin entender debidamente lo que ella significa. Según mis recuerdos, ello habría comenzado a comienzos de los 60, cuando el Cardenal Caggiano medió para que se solucionase un largo conflicto ferroviario que tenía paralizada a la República. Desde entonces se creó la fantasía popular de que lo que nadie puede lo puede la Iglesia. Varios episodios provinciales potenciaron luego esta creencia. Y, finalmente, dos muy relevantes: a) uno, a nivel internacional, la mediación de Juan Pablo II en el diferendo entre Argentina y Chile por el Beagle; b) la Mesa del Diálogo Argentino, después del derrumbe de diciembre de 2001. Dos situaciones desesperadas. ¿Podía la Iglesia negarse a hacer de buen samaritano?
Pero situaciones excepcionales no constituyen a la Iglesia como un ente mediador ordinario de la sociedad civil. Ni significa que ella sea siempre capaz de jugar ese papel. De allí, la prudencia de los episcopados argentino y uruguayo en el conflicto por la Pastera Botnia. Una cosa fue poner gestos de paz, para que no se exacerbasen los ánimos y ayudasen a crear el clima para encontrar caminos de entendimiento. Otra hubiese sido que la Iglesia asumiese un papel que no le es propio. Las sociedades políticas tienen sus entes mediadores. Y la Iglesia debe alentarlos.
III. “SER RICO A LOS OJOS DE DIOS”
3. Vengamos ahora al mensaje central del Evangelio de hoy: “Después Jesús dijo: ‘Cuídense de toda avaricia, porque en medio de la abundancia, la vida del hombre no está asegurada por sus riquezas’” (Lc 12,15). Jesús expone su doctrina con una parábola: la del hombre rico que tuvo una gran cosecha, y no teniendo lugar, destruyó los graneros y construyó unos más grandes para almacenarla, pensando darse luego la buena vida: “Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe y date la buena vida” (v. 19). Pero lo sorprende la muerte: “Dios le dijo: ‘Insensato, esta misma noche vas a morir. ¿Y para quién será lo que has amontonado?’”. Y Jesús concluye: “Esto es lo que sucede al que acumula riquezas para sí, y no es rico a los ojos de Dios” (v. 21).
4. Aprovechar la vida para hacerse ricos a los ojos de Dios, es un tema muy evangélico. San Lucas lo recalca especialmente. El próximo domingo leeremos un pasaje semejante: “Vendan sus bienes y denlos como limosna. Háganse bolsas que no se desgasten y acumulen un tesoro inagotable en el cielo, donde no se acerca el ladrón ni destruye la polilla” (Lc 12,33). En otra ocasión, cuando un hombre importante se acercó a Jesús, al manifestarle que había cumplido todos los mandamientos desde su juventud, él le respondió: “Una cosa te falta todavía: vende todo lo que tienes y distribúyelo entre los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo” (Lc 18,22).
5. Si tomamos en cuenta todo el Evangelio de San Lucas, especialmente las parábolas en las que aparece la figura de un administrador, para Jesús no está mal atesorar. Lo que está mal es atesorar mal. Se atesora mal cuando se administra mal. Se administra mal cuando se junta plata por juntar plata, quitándole su sentido y dándole uno que no tiene, convirtiéndolo en un ídolo al que se le sacrifica la vida. Por esto Jesús dice que “la vida del hombre no está asegurada por sus riquezas” (Lc 12,15).
6. El dinero es trabajo acumulado. Con él puedo adquirir los bienes necesarios para mi vida y para compartirlos con mis seres queridos y con los más pobres. Y, eventualmente, para crear una fuente de trabajo, de modo que otros también puedan adquirir los bienes necesarios para la vida y compartirlos con sus seres queridos y con los pobres. Esto es “ser rico a los ojos de Dios”, “atesorar en el cielo”.
IV. “INSENSATO, ESTA MISMA NOCHE VAS A MORIR”
7. Dios le anuncia la muerte al avaro. Ésta es un hecho natural en la vida del hombre. Y, a la vez, decisivo. Porque es entonces cuando comienza la vida definitiva. Ésta será de acuerdo a cómo hayamos administrado los bienes durante nuestra vida terrena. Sin embargo, en un hecho en el que modernamente no queremos pensar. Tal vez, en otra época, se abusó de él, especialmente en la predicación de las misiones y de los ejercicios espirituales. Pero ¿hoy no está demasiado ausente de la predicación y de la catequesis? Para Jesús la muerte no es nada truculento. Es simplemente el momento decisivo. Y hemos de tenerlo muy presente si queremos ser felices y ricos de verdad.
Mons. Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia
Homilía de monseñor Marcelo Raúl Martorell, obispo de Puerto Iguazú, para el domingo XVIII durante el año (1 de agosto de 2010). (AICA)
“VENGAN Y ACLAMEN AL SEÑOR, QUE ES LA ROCA QUE NOS SALVA”
Hoy la liturgia nos sitúa en el tema de las realidades terrenas: vida, trabajo, dolor, alegrías, pobreza, riquezas y otras y frente al comportamiento del cristiano frente a ellas. En la primera lectura (Eclo.1,2; 2,21-23) el Señor declara que las realidades terrenas son “vanidad”. Estas son inconsistentes y pasan con la fugacidad del viento: ”vanidad de vanidades y todo es vanidad”. La vida es breve, su trabajo y sabiduría pueden a lo más procurarle un buen pasar, especialmente si se trata de gozos y riquezas, pero un día todo esto pasará ya que la vida del hombre es breve y está destinada a la muerte. Nadie puede quedarse en la tierra eternamente y por eso los bienes terrenos deben ser considerados como pasajeros, como pasajera es nuestra vida.
El hombre está destinado a trabajar, a esforzarse por crecer y hacer de su vida una vida más digna. Su trabajo y su patrimonio pueden a lo más procurarle un buen pasar en la tierra; pero un día se verá obligado a abandonarlo todo. Cabe preguntarnos entonces ¿Para qué sirven el agobio, las preocupaciones y el dolor, que conlleva el trabajo? El libro del Eclesiástico nos hace observar que la vida terrena vivida sin Dios y sin estar dirigida a un fin superior es totalmente vana e inútil. Tengamos presente que el Antiguo Testamento nos habla de la inmortalidad del hombre. Sobre todo el Libro de la Sabiduría nos da una respuesta a este problema. Pero sólo el Nuevo Testamento nos da la respuesta definitiva: todas las realidades terrenas tienen un valor en relación a Dios y por lo tanto deben ser empleadas según el orden querido por Él.
San Pablo nos dice: “ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba…aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra” (Col 3,1-2). El cristiano sabe que su destino no está solamente en esta tierra, que todas las cosas de la tierra tienen un valor en relación a Dios y que aún atendiendo a los deberes de la vida presente, su corazón debe estar dirigido al fin último: la vida eterna en la eterna comunión con Dios. Los bienes terrenos no pueden darle al hombre la felicidad eterna y que sólo en Dios puede hallar. Por consiguiente en el uso de los bienes terrenos deberá ser moderado, caritativo y sabrá mortificarse en sus pasiones, en sus deseos desordenados, en su codicia, (Ib. 5). Esto ciertamente es necesario para morir al pecado que lo aparta de Dios y para vivir “con Cristo en Dios.
El Evangelio (Lc.12,13-21) nos aclara el sentido de la vida cristiana, cuando Cristo rechaza intervenir en la partición de una herencia. El ha venido a dar la Vida Eterna y no a ocuparse de bienes transitorios que no pueden dar el sentido definitivo a la existencia del hombre. “Mirad, dice Jesús, guardaos de toda clase de codicia, porque aun en medio de la abundancia, la vida de un hombre no está asegurada por sus riquezas” (Ib. 15). Y propone la parábola acerca de un hombre necio que tuvo tan buena cosecha que ya no tenía silos para almacenarla y se propuso construir nuevos graneros y gozar de sus bienes. En ese momento es llamado por Dios y oye que le dice: “¿lo que has almacenado, para quien será?. El hombre se había dicho a sí mismo: “hombre túmbate, come bebe, y date buena vida”. Se puede apreciar claramente que Dios está ausente completamente de su vida y de sus planes y lejos de depender de Él pone toda su seguridad en sus bienes. El pecado de este hombre está en haber acumulado riquezas con el objeto único de gozarlas egoístamente, sin pensar en las necesidades del prójimo, ni en sus deberes para con Dios. Se decía a si mismo: “tienes bienes acumulados para muchos años” (Ib. 19), pero aquella misma noche le fue quitada la vida y se encontró ante Dios con las manos vacías, carente de obras buenas, válidas para la eternidad. Y la parábola concluye: “así sucederá con el que amasa riquezas para sí y no es rico ante los ojos de Dios” (Ib. 21).
La vida cristiana nos enseña que todo lo que tenemos le pertenece en alguna medida a Dios, pues por su intermedio se consiguen los bienes tanto de la tierra como los del cielo. Pero todo lo que se consigue en esta tierra está destinado al servicio de la caridad y del bien común. La codicia de bienes terrenos y el egoísmo en su utilización no entran en los planes de Dios. Dios da y Dios quita según sus planes. Pero no olvidemos que cuando Dios da lo hace para que tengamos siempre presente la caridad en nuestra relación con el prójimo y el amor desinteresado frente a las necesidades del hermano.
María, Madre de la Iglesia y Madre nuestra, danos sabiduría para saber utilizar bien los bienes de la tierra y así poder gozar de los bienes del cielo.
Mons. Marcelo Raúl Martorell, obispo de Puerto Iguazú
Texto del micro radial de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, emitido por LT 9 (31 de julio de 2010). (AICA)
El próximo 4 de Agosto celebramos la Fiesta del Santo Cura de Ars, Patrono de los Párrocos. Si bien la figura del párroco es primariamente religiosa y hace a la vida de la Iglesia, sin embargo su presencia en el ámbito de su parroquia o pueblo, lo convierte en alguien que tiene una relación más amplia con toda la comunidad. Hoy, al tiempo que los saludo y les agradezco su trabajo, quiero reflexionar sobre el sentido que tiene en la Iglesia su vida como colaborador del obispo y pastor de una comunidad. No es alguien que se ha postulado para un cargo, sino un sacerdote que asume una misión que el Obispo, en el ámbito de la diócesis, le ha encomendado. Marcaría tres aspectos a tener en cuenta: es un sacerdote, que recibe una misión del Obispo, para estar al frente de una parroquia.
En primer lugar es un sacerdote, es decir, alguien que ha recibido el sacramento del orden sagrado. Este aspecto es el más importante, porque nos habla de su participación en el sacerdocio de Jesucristo de un modo único y personal. Esto significa que es el mismo Cristo quién actúa a través de su persona; cuando el sacerdote dice: “Esto es mi Cuerpo” en la celebración de la Misa, es el Cuerpo de Jesucristo el que se hace presente para nosotros como alimento espiritual. Comprender la verdad de este ministerio que Jesucristo ha dejado en la Iglesia, nos sorprende en primer lugar a nosotros mismos. El sacerdote es, ante todo, un hombre de fe que sabe que lo que es lo ha recibido como gracia al servicio de sus hermanos. Solo desde la fe, que se apoya en la Palabra de Jesucristo, podemos comprender la identidad y el ministerio del sacerdote.
En segundo lugar es un sacerdote que recibe una misión del Obispo. Así como al sacerdocio lo recibió por manos del Obispo en su ordenación sacerdotal, así también su ejercicio lo realiza en relación con él. Es el Obispo, como sucesor de los Apóstoles, quién le confiere la ordenación y la misión. No puede haber un sacerdote al margen de esta relación con el Obispo, de quien es el colaborar más inmediato en su misión pastoral. Con ellos forma el presbiterio de la diócesis que es el conjunto de sacerdotes, diocesanos y religiosos, bajo la presidencia del Obispo. El participar del sacerdocio de Cristo es signo de plenitud en su vida. Ejercer su ministerio como colaborador del Obispo, es vínculo de comunión eclesial y fecundidad pastoral.
Finalmente recibe una misión para estar al frente de una parroquia. En ella tiene que hacer presente tanto su participación en el sacerdocio de Jesucristo, como la de ser colaborador del Obispo en su ministerio sacerdotal. Ambas forman una unidad. Partiendo de esta doble fuente, el párroco es un sacerdote que asume, además, una relación personal y directa con una comunidad para la cual está llamado a ser la presencia viva de Cristo, el Buen Pastor. Como él tiene que conocer, amar y acompañar a sus fieles. Con ellos forma la Iglesia local. Su vida queda en un sentido como atada a la vida de sus fieles y comunidad; esta entrega es para él fuente de madurez sacerdotal y para la comunidad signo del amor paternal de Dios. El ser párroco no es para el sacerdote una etapa dentro de una carrera eclesiástica, sino una misión que es fuente de realización personal, pastoral y espiritual. La figura de Jesús, el Buen Pastor, es su imagen ideal.
Queridos amigos, los invito a acercarse este 4 de Agosto a su parroquia para saludarlo. Reciban junto a mis oraciones, mi bendición.
Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz
Del departamento de Comunicaciones y Prensa del CELAM llegó a la Agencia Fides el documento final del Encuentro que se realizó en Cochabamba del 28 al 30 de Julio. El objetivo de la reunión era compartir experiencias de comunicación, evaluar los progresos logrados, los problemas, los resultados obtenidos y las perspectivas de la pastoral de la comunicación y al mismo tiempo, reforzar los lazos de fraternidad y de compromiso misionera en la región de los países Bolivarianos.
Cochabamba, 30 julio 2010
POR UNA IGLESIA COMUNICADA Y COMUNICADORA
Evangelizada y evangelizadora
Del 28 al 30 de julio del 2010 nos hemos reunido en Cochabamba Bolivia un grupo de laicos, sacerdotes y Obispos delegados de comunicación de las Conferencias Episcopales de Ecuador, Colombia, Venezuela y Bolivia convocados y animados por el Departamento de Comunicación y Prensa del Consejo Episcopal Latinoamericano – CELAM.
El objetivo de este encuentro ha sido compartir experiencias de comunicación, revisar avances, retrocesos, logros y perspectivas de la pastoral de la comunicación y fortalecer los lazos de fraternidad y compromiso misionero en la región bolivariana.
Iluminados por Jesucristo, comunicador por excelencia en quien convergen el mensaje y el mensajero e inspirados en Aparecida y el gran desafío de la Misión Continental, hemos analizado las exigencias de la pastoral de comunicación en nuestra región y la realidad de América Latina desde los escenarios político, económico, religioso y comunicacional .
En nuestras jornadas de reflexión compartimos algunas preocupaciones y propuestas que deseamos socializar con las Iglesias hermanas de América Latina y del Caribe.
1. En consonancia con la misión de facilitar el encuentro personal con Jesucristo vivo y actual para la sociedad de hoy , asumimos el principio de comunión como sello distintivo de la comunicación. Todos nuestros programas y proyectos adquieren pleno sentido cuando facilitan experiencias vitales de encuentro y diálogo entre las personas, las comunidades y de éstas con Dios.
2. En sintonía con la Misión Permanente, gran desafío de Aparecida, reafirmamos el compromiso de seguir impulsando el proceso de renovación eclesial y su tarea evangelizadora, a través de estrategias de comunicación que favorezcan una mayor difusión y conocimiento de la Buena Noticia. Nos comprometemos a vivir la misión en nuestros hogares, parroquias, medios de comunicación y desde nuestro testimonio motivar a los hermanos comunicadores y periodistas a responder con ardor y esperanza al llamado de Jesús.
3. La realidad de nuestros países nos interpela y nos exige ser partícipes de la misión profética de la Iglesia, a la luz de la Doctrina Social y el Evangelio. Acogemos el desafío de ser fieles a la verdad y hacer patentes los valores del Evangelio: libertad, justicia, reconciliación y perdón para incidir positivamente en la generación de opinión pública.
4. El Documento de Aparecida y los Mensajes del Papa Benedicto XVI a los comunicadores sociales insisten en hacer visible el rostro de Jesucristo en la cultura digital . A tal fin nos comprometemos a promover un mayor acceso y participación de la comunidad eclesial en los medios, impulsando iniciativas de alfabetización digital y educación para el uso ético de estos recursos.
5. Conscientes de la vocación comunicadora de nuestros Obispos y sacerdotes y de la importancia de su presencia y testimonio en la sociedad, comprometemos nuestros esfuerzos para apoyar su formación en una comunicación integral que abarque los ámbitos humano, técnico, ético, pastoral y espiritual.
6. Como comunicadores al servicio de la comunión, nos unimos al llamado de nuestros Pastores para pedir a las autoridades de Colombia y Venezuela, preservar la paz y las buenas relaciones que han caracterizado a estos pueblos.
Junto a nuestras oraciones encomendamos estos propósitos al amparo de Nuestra Madre, la Virgen de Urcupiña, venerada en Bolivia como Patrona de la Integración.
Delegados de comunicación de la Región Bolivariana
Cochabamba – Bolivia, 30 de julio de 2010
Comisiones de Comunicación y Prensa de
Conferencia Episcopal de Bolivia
Conferencia Episcopal de Colombia
Conferencia Episcopal de Ecuador
Conferencia Episcopal de Venezuela
Arzobispado de Cochabamba
Departamento de Comunicación y Prensa del Consejo Episcopal Latinoamericano
José H. Rivera
Carmen Bocángel
Rómulo Soliz
Juan Carlos Dorado
P. Fernando Carrillo
Olivia Olivera
Richard Romero
Raúl Guzmán
Ignacia Alba
Mirian Amagua
Juan Carlos Hinojosa
P. Hugo Ara
Gliderbys Suárez
Luz Marina Medina
P. Carlos Arturo Quintero
Mons. Sergio Gualberti
Informe del Departamento de Comunicación y Prensa del CELAM
Alocución televisiva de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata en el programa “Claves para un mundo mejor” (31 de julio de 2010).(AICA)
UNA LEY ILEGÍTIMA Y DE DUDOSA LEGALIDAD
"Como todos saben, el Senado de la Nación, hace algunas semanas, ha completado la sanción que ya había otorgado la Cámara de Diputados a la proyectada alteración del orden familiar, extendiendo la realidad institucional del matrimonio a la convivencia de personas del mismo sexo".
"Esta ley ha practicado una escisión entre la moral y el derecho, porque la ley sancionada por un cuerpo legislativo no puede contradecir valores morales objetivos y universales que se apoyan en la naturaleza humana y en definitiva en la Ley de Dios, que ha dejado su marca en la Creación".
"Por otra parte, a propósito de leyes como ésta hay que tener en cuenta que no es lo mismo legitimidad que legalidad. Esta ley ha entrado a formar parte del cuerpo legal de la Nación, pero no es legítima. Y no es legítima porque es una ley injusta".
"Esto no lo afirmo simplemente yo, sino que lo afirma toda la tradición de la Iglesia, expuesta de una manera admirable por el Beato Juan XXIII en su conocidísima Encíclica "Pacem in terris". Ahí dice el Papa que la autoridad humana, cuando legisla en contra de la ley de Dios, es decir cuando produce una ley que está en discordancia con el orden moral, en ese acto, decae de su autoridad, y lo que se origina no es una ley sino una iniquidad espantosa. Esas son las palabras de Juan XXIII. Vemos entonces que esta ley de la que hablamos es legal pero no es legítima".
“En cuanto a la legalidad de esta ley también se podría decir que ha quedado seriamente mancillada porque son bien conocidas las condiciones que favorecieron la sanción. Se han comentado abundantemente los “aprietes”, los sospechosos cambios de posición de varios senadores y el regalo de viajes a oriente. Además, conviene recordar que se ha sancionado una ley en contra de la manifiesta convicción de la mayoría del pueblo argentino.”
"Lo que ahora importa es considerar qué puede ocurrir en adelante. Con el tiempo se irá viendo el estrago que el paso dado por el Congreso significa en el orden institucional y jurídico. Pero me preocupan tres cuestiones fundamentales".
“En primer lugar, la libertad de la Iglesia, que está asegurada por la Constitución Nacional y por instrumentos de Derecho Público Internacional. ¿Podremos predicar libremente lo que la Biblia, la tradición y el magisterio eclesial enseñan acerca de la sexualidad humana y del matrimonio? ¿Se nos obligará, acaso, a enseñar a los niños que es tan lícito y válido casarse con una persona del mismo sexo, contra la naturaleza, como hacerlo con una del sexo opuesto, es decir, según el orden de la naturaleza?”
“Una segunda cuestión es la libertad de los padres que envían a sus hijos a escuelas de gestión estatal. ¿Por qué un padre de familia tiene que soportar que a su hijo se le enseñe en contra de sus convicciones fundamentales?. Y esto lo digo porque los últimos textos que ha producido el Ministerio de Educación de la Nación parece que proponen preparar a los niñitos desde el jardín de infantes para que con el tiempo ellos elijan con plena libertad su orientación sexual, como si todo valiera igual. Es evidente que se procura inducir un cambio cultural arruinando el sentido moral de las próximas generaciones de argentinos.”
“El tercer tema que queda abierto es la objeción de conciencia que podrían con toda razón plantear funcionarios del Registro Civil, jueces y educadores, que se verán obligados a aplicar una ley que violenta sus convicciones. No existe un marco regulatorio bien claro de este aspecto importantísimo del ejercicio de la libertad. Por otra parte, los activistas que han fomentado la alteración del orden familiar, los ideólogos que desde hace tiempo la han planeado y algunos políticos con clara inclinación totalitaria, hacen temer la imposición de la dictadura del relativismo, como llamó a este hecho novedoso y fatal el Papa Benedicto XVI.”
Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata
Homilía de monseñor Marcelo Raúl Martorell, obispo de Puerto Iguazú, para el domingo XVII durante el año (25 de julio de 2010). (AICA)
“SEÑOR, ME RESPONDISTE CADA VEZ QUE TE INVOQUÉ”
La liturgia de este domingo nos adentra en el tema de la oración. En primer lugar se presenta en el libro del Génesis la conmovedora oración de Abrahán en favor de dos ciudades pecadoras, magnifica expresión de su confianza en Dios y de su afán de interceder en favor de los hombres. Dios le ha revelado a Abrahán la decisión de destruir a Sodoma y Gomorra pervertidas por el pecado. El Patriarca busca detener el castigo de Dios pidiéndole tenga en consideración los justos que podrían habitar en esas ciudades. Pero desde la propuesta de cincuenta justos se ve obligado a bajar gradualmente hasta el exiguo número de diez justos en esa súplica de oración de intercesión que el Patriarca hace a Dios: “Que no se enoje mi Señor si hablo una vez más. ¿Y si sólo se encuentran diez justos?” Ni la condescendencia de Dios, llena de bondad que va aceptando la reducción del número de los justos ni la cordial súplica de Abrahán, logran salvar las ciudades de la ira de Dios a causa de la corrupción reinante. Pero la oración de intercesión de Abrahán y la misericordia divina -que desciende a causa de esa oración- logran salvar a una familia, la de Lot. Esta escena del libro del Génesis queda como testimonio de las terribles consecuencias de la permanencia del mal de los hombres y la fuerza reparadora del bien, en donde si hubieran habido diez justos solamente, habrían podido impedir la ira del Señor. Abrahán ora y el Señor escucha y en ese diálogo se van desarrollando los acontecimientos, como sucede siempre en la oración. Es el diálogo entre el hombre y Dios frente a un acontecimiento cualquiera de real importancia. Es en la oración donde se muestra la humildad del hombre que ora y la misericordia de Dios que escucha.
El Nuevo Testamento es una maravillosa página de la misericordia de Dios que nos muestra que un solo justo, “el Siervo de Yavé” ya anunciado por los profetas, basta para salvar no solamente a dos ciudades ni una nación, sino a la humanidad entera. A través de la Pasión de Cristo y su muerte en la Cruz, Dios perdonó a toda la humanidad, como nos asegura el Apóstol Pablo en su carta a los Colosenses (Col. 2, 14).
El evangelio nos muestra a los discípulos pidiéndole a Jesús que les enseñe a orar. Jesús les responde enseñándoles el Padrenuestro: “cuando oréis, decid Padre santificado sea tu nombre, venga tu reino …”. Es de notar que Abrahán el “amigo del Señor” le llama a Dios “Señor”. Jesús, en cambio, nos enseña que Dios es nuestro “Padre”. Esta es la diferencia entre el Antiguo y Nuevo Testamento. La oración aquí es filial, ya no de servidor, sino del hijo que le abre el corazón a su Padre, exponiéndole sus necesidades en forma sencilla y espontánea. Así nos lo muestra la oración del Padrenuestro, oración que es el diálogo más profundo y completo que puede darse entre Dios y el hombre. Quien reza el Padrenuestro, glorifica a Dios, pide que la esperanza cristiana del encuentro pleno con Dios se cumpla, que se haga en nuestros corazones su voluntad y rompa todo egoísmo, que nos dé el pan que ganamos con el sudor de nuestra frente, que perdone nuestra debilidades y caídas y nos haga generosos en el perdón hacia nuestro prójimo y que la fuerza de su gracia no nos deje caer en las tentaciones de la vida y que el mal no nos despoje de su gracia y amor.
Por otra parte la parábola del amigo inoportuno, que sigue inmediatamente al texto de hoy, nos enseña a orar con perseverancia e insistencia –como lo hizo Abrahán- sin miedo a ser indiscretos frente a Dios que es nuestro Padre y Amigo: “pedid, buscad, llamad”. Dios no tiene horarios frente a la oración de un humilde hijo que le pide ayuda. “Quien pide recibe, quien busca halla y al que llama se le abre”, dice la Palabra de Dios. Pero no siempre encontramos lo que pedimos, pero es seguro que Dios escuchó y que por caminos misteriosos y de alguna manera -de cualquier otra forma- estará en su amor respondiendo a nuestro pedido. Frente a nuestras súplicas tenemos que saber leer dónde y de qué forma está respondiendo Dios a nuestras súplicas, tal vez será de un modo oculto y diferente al que esperamos. Tenemos que saber descubrir -en la misma oración- la respuesta oculta de Dios. No debe faltarnos la gracia de ser fieles a Dios cada día. Esta gracia está asegurada al que ora sin cansarse. “Si vosotros que sois malos sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos ¿cuánto más vuestro Padre Celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?”. En el don del Espíritu Santo se incluyen todos los bienes sobrenaturales que Dios quiere dar a sus hijos. Los cristianos tenemos que tener la certeza de que el que pide recibe siempre, Dios nunca deja de dar a sus hijos lo que necesitan. Oremos por nuestra Patria. Debemos rezar mucho, con confianza y perseverancia para que el Señor cuide a sus hijos y para que seamos fieles a su camino y a su divina Voluntad.
Que la Virgen, la gran orante, nos haga crecer en la certeza de que Dios siempre nos escucha.
Mons. Marcelo Raúl Martorell, obispo de Puerto Iguazú
Reflexión de José Antonio Pagola al Evangelio del domingo veintiuno del Tiempo Ordinario - C , ofrecida por la Delegación Diocesana de Enseñanza de la diócesis de Tenerife.
NO TODO VALE
Jesús va caminando hacia Jerusalén. Su marcha no es la de un peregrino que sube al templo para cumplir sus deberes religiosos. Según Lucas, Jesús recorre ciudades y aldeas “enseñando”. Hay algo que necesita comunicar a aquellas gentes: Dios es un Padre bueno que ofrece a todos su salvación. Todos son invitados a acoger su perdón.
Su mensaje sorprende a todos. Los pecadores se llenan de alegría al oírle hablar de la bondad insondable de Dios: también ellos pueden esperar la salvación. En los sectores fariseos, sin embargo, critican su mensaje y también su acogida a recaudadores, prostitutas y pecadores: ¿no está Jesús abriendo el camino hacia una relajación religiosa y moral inaceptable?
Según Lucas, un desconocido interrumpe su marcha y le pregunta por el número de los que se salvarán: ¿serán pocos?, ¿serán muchos?, ¿se salvarán todos?, ¿sólo los justos? Jesús no responde directamente a su pregunta. Lo importante no es saber cuántos se salvarán. Lo decisivo es vivir con actitud lúcida y responsable para acoger la salvación de ese Dios Bueno. Jesús se lo recuerda a todos: «Esforzaos por entrar por la puerta estrecha».
De esta manera, corta de raíz la reacción de quienes entienden su mensaje como una invitación al laxismo. Sería burlarse del Padre. La salvación no es algo que se recibe de manera irresponsable de un Dios permisivo. No es tampoco el privilegio de algunos elegidos. No basta ser hijos de Abrahán. No es suficiente haber conocido al Mesías.
Para acoger la salvación de Dios es necesario esforzarnos, luchar, imitar al Padre, confiar en su perdón. Jesús no rebaja sus exigencias: «Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso»; «No juzguéis y no seréis juzgados»; «Perdonad setenta veces siete» como vuestro Padre; «Buscad el reino de Dios y su justicia».
Para entender correctamente la invitación a «entrar por la puerta estrecha», hemos de recordar las palabras de Jesús que podemos leer en el evangelio de Juan: «Yo soy la puerta; si uno entra por mí será salvo» (Juan 10,9). Entrar por la puerta estrecha es «seguir a Jesús»; aprender a vivir como él; tomar su cruz y confiar en el Padre que lo ha resucitado.
En este seguimiento a Jesús, no todo vale, no todo da igual; hemos de responder al amor de Padre con fidelidad. Lo que Jesús pide no es rigorismo legalista, sino amor radical a Dios y al hermano. Por eso, su llamada es fuente de exigencia, pero no de angustia. Jesucristo es una puerta siempre abierta. Nadie la puede cerrar. Sólo nosotros si nos cerramos a su perdón.
José Antonio Pagola
Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
22 de agosto de 2010
21 Tiempo ordinario (C)
Lucas 13, 22-30
Homilía de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para el domingo 17º durante el año (25 de julio de 2010). (AICA)
SOBRE LA ORACIÓN
En este domingo el Evangelio de San Lucas (11, 1-13), sigue proponiéndonos el tema de la oración. Uno de los discípulos le pide a Jesús, su maestro: “Señor enséñanos a orar”. En realidad ellos querían aprender aquello que hacía su Maestro: “Un día Jesús estaba orando en cierto lugar”. Muchos textos bíblicos y sobre todo San Lucas nos hablan de la oración de Jesús. El Señor, subía a la montaña para orar (Mt. 14,23), incluso cuando todo el mundo le busca (Mr. 1,37). En general su oración estaba ligada a su misión. San Lucas nos presenta a Jesús en oración antes de cada acontecimiento importante, como en este domingo que Jesús estaba en oración, antes de enseñar a rezar el Padre Nuestro a sus discípulos.
Todos los bautizados estamos llamados a ser hombres y mujeres de oración. Pero cada uno tenemos que ligar nuestra espiritualidad, devoción y oración a la vocación y misión que tenemos.
En nuestra Diócesis, en Posadas, tenemos la gracia de tener el Monasterio contemplativo de las Hermanas de la Sagrada Familia. Ellas tienen una vocación y misión ligadas íntimamente a la oración personal y litúrgico-comunitaria. Los consagrados y sacerdotes tenemos que vivir la comunión con Dios, para ser instrumentos de la comunión con los hermanos, ser pastores y para esto es necesario orar como Jesús, el buen Pastor. Pero en esta reflexión quiero referirme especialmente a la oración de los laicos, que son la mayoría del pueblo de Dios. Su oración no puede ser igual a la de los monjes o a la de los sacerdotes. Quiero que reflexionemos sobre un texto de San Francisco de Sales en su gran libro “Introducción a la vida devota”, que aunque fue escrito a principios del siglo XVII, tiene mucha actualidad: “La devoción se ha de practicar de un modo acomodado a las fuerzas, negocios y ocupaciones particulares de cada uno. Dime, si sería lógico que los obispo quisiéramos vivir entregados a la soledad, al modo de los monjes; que los casados no se preocuparan de aumentar su peculio más que los religiosos capuchinos; que un obrero se pasara el día en la Iglesia, como un religioso; o que un religioso, por el contrario, estuviera continuamente absorbido, a la manera de un obispo, por todas las circunstancias que atañen a las necesidades del prójimo. Una tal devoción ¿no sería algo ridículo, desordenado e inadmisible? Y, con todo, esta equivocación absurda es de lo más frecuente… La devoción –la oración- mientras sea auténtica nada destruye, sino que todo lo perfecciona y completa”. La verdadera oración no complica, sino que nos permite hacer bien las ocupaciones propias de nuestra vocación y misión.
Esto puede ayudarnos a reflexionar sobre la necesidad de oración en los laicos que por su propia vocación están ligados a tantas situaciones que muchas veces parecen contraponerse a las cosas de Dios. Es erróneo pensar que la espiritualidad y la oración están ligadas solamente a los momentos en que estamos en el templo. Si creemos esto corremos el riesgo de estar generando una ruptura entre la fe y la vida cotidiana.
Quizás tengamos que aprender a orar las situaciones como lo hace tanta gente con sencillez y espontaneidad. Con una jaculatoria o bien tocando una imagen, invocando a nuestro Padre Dios, como en el “Padre Nuestro” o bien elevando una petición, como los pobres que piden, porque se saben necesitados.
Si bien es necesario que los laicos tengan algún rato de oración personal, o bien, de adoración eucarística, retiro espiritual o participación en los momentos comunitarios y litúrgicos, es indispensable que oren desde las situaciones que les toca vivir a diario. Siempre nos encontramos con alegrías, tristezas, desengaños, sufrimientos propios y ajenos, todo esto podemos elevarlos a Dios como agradecimiento, alabanza o petición. Por eso en el Evangelio de este domingo, el Señor nos propone la parábola “del amigo insistente”, en el contexto del tema de la oración. Nos promete que quien pide con insistencia “Le dará todo lo necesario” (Lc. 11,8).
Es cierto que no es fácil reflexionar sobre la oración, en un tiempo que se olvida a Dios. Quizá por eso mismo tenemos que recordar que el hombre o la mujer que oran no solo alimentan su vida espiritual, sino que sobre todo se humanizan.
¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo!
Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas
Discurso inaugural de la XXII Exposición de Libro Católico, pronunciado por monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata (Buenos Aires, 26 de julio de 2010). (AICA)
NECESIDAD Y URGENCIA DE LA BUENA LECTURA
La cita anual que nos congrega al inaugurar la Exposición del Libro Católico nos invita a recordar el valor de la buena lectura para la formación personal del cristiano. Valor significa, en esta afirmación, aptitud, utilidad, eficacia; para ser exactos y actuales, habría que añadir, junto al valor la necesidad y aun la urgencia.
Hay una razón esencial para ponderar el recurso a los buenos libros: el lugar que corresponde a la vida de la inteligencia en el interior de la vida de la fe. Conviene recordar que la fe tiene un contenido teorético, intelectual: es conocimiento, contemplación de la verdad divina en las verdades que nos ha revelado Dios, a quien adherimos con plena convicción porque la gracia mueve nuestra voluntad a prestar ese obsequio. La repercusión afectiva de semejante adhesión viene después, como también la coherente proyección de la fe en la conducta. Cada discípulo de Cristo ha de empeñarse, según su condición y sus posibilidades lo permitan, en conocer cada vez mejor el contenido de la revelación tal como la Iglesia lo interpreta, expone y transmite. En sus Reflexiones sobre La condición de la inteligencia en el catolicismo escribía Tomás D. Casares acerca de las verdades de la fe: lo que importa es poseer vitalmente sus enseñanzas y hacer que nos posean en todo nuestro ser, desde la disciplina de los sentidos hasta el ordenamiento de la voluntad y la iluminación de la inteligencia. Se trata de que el católico asiente toda la vida de su inteligencia en el conocimiento de los misterios revelados que nos descubren el orden sobrenatural al cual estamos ordenados.
Otra razón, si se quiere circunstancial, indica la urgencia de alimentar el conocimiento de la fe: es la situación religiosa y cultural en la que se encuentra hoy el creyente en cualquier lugar del mundo. Es sabido –aunque no figure habitualmente en los noticieros ni se hable de ello en los periódicos– que el cristianismo es perseguido implacablemente en algunas regiones. Pero existe otro tipo de persecución, más insidiosa que aquella que enfrenta a los fieles con la posibilidad del martirio de sangre. Es la difusión de una cultura anticristiana que va horadando las convicciones de fe, sobre todo en la gente sencilla, y que incluye actitudes de desprecio y ataques que intentan desacreditar a la Iglesia y desplazar su influjo en la vida de la sociedad. Lo que está ocurriendo actualmente en la Argentina ilustra claramente esta situación. Entre nosotros se está desarrollando un nuevo kulturkampf, una guerra cultural análoga a la que se vivió en la década de 1880: cenáculos pseudointelectuales, círculos políticos y el ambiente oficial mismo parecen comprometidos en un programa sistemático para liquidar lo que resta de cultura cristiana en la sociedad argentina. No son los citados los únicos agentes de ese proceso: para aludir sólo a dos fuentes digamos que las universidades lo alimentan desde hace décadas y los medios de comunicación, en su mayoría, lo aceleran hasta límites inéditos de degradación, arremetiendo impunemente contra el sentido común, la decencia elemental y el buen gusto. La confusión es la nota de la época: confusión intelectual y moral; amparados en ese brumoso clima los ejecutores de la guerra cultural contra las verdades, sentimientos y realidades católicas se dicen católicos y probablemente se creen tales, y se atreven a dar lecciones a la Iglesia y a su magisterio.
Sin embargo, existe un peligro más grave para el catolicismo. Recientemente, en la solemnidad de los santos Apóstoles Pedro y Pablo, lo ha señalado el Papa Benedicto XVI: El daño mayor, de hecho, lo sufre [la Iglesia] por lo que contamina la fe y la vida cristiana de sus miembros y de sus comunidades, corrompiendo la integridad del Cuerpo místico, debilitando su capacidad de profecía y de testimonio, empeñando la belleza de su rostro. Digamos de paso que este fenómeno de corrupción interior resulta letal cuando se verifica en el clero, en los centros académicos y en otros ámbitos eclesiales de formación, en las publicaciones eruditas o en las que llegan a los fieles, producidas por editoriales católicas.
La necesidad y la urgencia de formarse mediante buenas lecturas ha de referirse al amplísimo espectro de disciplinas y temas que cubre el libro católico. Para comenzar, corresponde aludir a las publicaciones que exponen la doctrina sagrada: comentarios bíblicos, tratados teológicos, síntesis catequísticas, exposiciones sobre diversos temas que reflejan las verdades de la fe. La sintonía con la gran tradición eclesial y con la enseñanza del magisterio es un punto clave para identificar al libro católico. Porque hay que cuidarse de una cierta teología que no es genuina inteligencia de la fe, sino crítica que mina la certeza de las verdades fundamentales, siembra la duda y vacía al misterio cristiano de su contenido sobrenatural tanto en el campo dogmático como en el moral. Lo mismo se puede decir de una corriente de interpretación bíblica que, aplicando sin discernimiento el método histórico-crítico, practica una disección de la Sagrada Escritura como si fuera un mero documento literario del pasado. ¿Dónde encontrar entonces la Palabra de Dios?
Otro capítulo importante de la formación es el de la espiritualidad. Contamos con una inmensa biblioteca ascético-mística integrada por obras de los Padres de la Iglesia, de los grandes doctores, de los santos y maestros del espíritu, muchas de ellas verdaderos clásicos de la espiritualidad católica, tanto de oriente cuanto de occidente. No podemos conformarnos con las aguas turbias de un pietismo sentimental, de la autoayuda psicologista o los devaneos gnósticos tipo “New Age” cuando podemos saciar nuestra sed de Dios en los limpios y refrescantes manantiales que brotan incesantemente de la Roca de la tradición bajo el influjo del Espíritu Santo, que hace nuevas todas las cosas. No habría que olvidar la vida de los santos, sobre todo de los más recientes y por eso más cercanos a nosotros, modelos de seguimiento de Cristo y de auténtica humanidad.
Hace falta, además, una nueva apologética que devuelva serenidad y firmeza a la fe de los creyentes, que muchas veces trastabilla ante el embate de objeciones pseudocientíficas, de prejuicios racionalistas y de leyendas negras. Ese arsenal anticatólico se difunde en una especie de vulgata periodística que corre a los cristianos poco preparados con la vaina de falsos supuestos y medias verdades. La vieja apologética tenía limitaciones y defectos, pero cumplió su servicio; ahora necesitamos una nueva que asuma los métodos que compete utilizar y los datos seguros de las ciencias de la naturaleza y del hombre. Este trabajo está todavía por hacerse, pero en algunos campos quizá haya adelantados que –como dice Vittorio Messori, que probablemente es uno de ellos– sean respetuosos de todos y al mismo tiempo sólidos en el mostrar las razones por las cuales el creyente no es un crédulo, porque el Evangelio es verdadero.
En la actualidad, la Iglesia es el único reaseguro del futuro del hombre, porque sólo en la visión cristiana del mundo queda salvaguarda la auténtica concepción de la persona humana y de su dignidad. La cuestión antropológica es la clave para resolver los problemas más inquietantes de la bioética, para orientar el orden familiar, económico, político y social, los procesos educativos y las consecuencias del desarrollo tecnológico. El católico debe formarse hoy una idea clara de la naturaleza humana y de los valores objetivos y universales fundados en ella y en definitiva en la sabiduría y el poder de su Autor. En realidad, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado (Gaudium et spes, 22). Nos acusan de retrógrados cuando nos oponemos a las leyes inicuas que pretenden una reingeniería de la sociedad contrariando al orden natural. Al sostener el respeto de este orden estamos preparando el futuro, la reconstrucción de lo que destruyen los ideólogos, utopistas y políticos aprovechados. Estamos defendiendo la integridad del hombre y su futuro. Un católico no puede ignorar este lance crucial, ni eludir el compromiso imprescindible que se le impone. También para estos temas apasionantes debemos apelar a la ayuda de los buenos libros.
Algo de todo esto, bastante, se podrá hallar en los anaqueles de esta Exposición.
Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata
Desgrabación de la homilía del cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, Sr. arzobispo de Buenos Aires, en el Santuario de San Pantaleón con motivo de su Fiesta Patronal (27 de julio de 2010). (AICA)
SAN PANTALEÓN
En este pasaje del Evangelio se nos cuenta la parábola del Buen Samaritano, que empieza con un asalto y termina en una posada, en una pensión, donde el hombre que recogió al apaleado lo deja para que se cure, para que se restablezca. Cada uno de nosotros sabe que en el camino de la vida ha tenido problemas, enfermedades, heridas que las puede recordar ahora. Pero también sabe que aquí está esa posada, esa pensión, ese lugar donde se nos curan las heridas. Y ustedes vienen todos los 27 a pedir ser sanados en su corazón, en su cuerpo por las enfermedades, sanados en sus familias… cuántas veces ustedes les muestran a los padres las fotos de sus papás, mamás, hijos, tíos diciéndoles “bendígalos Padre”… porque aquí se busca la salud, la salud de Jesús.
Por eso vinimos a la posada del Santuario. Aquí hay alguien que nos mira, que nos cuida, que nos cura y nos quiere: Jesús y su siervo San Pantaleón. Venimos con confianza porque venimos a buscar la salud y la fuerza. Está el corazón de Jesús, el corazón de Dios que nos espera; y Dios tiene una peculiaridad: fíjense que El no se quedó en el cielo solo y a nosotros nos dejó que camináramos en la tierra sino que quiso venir a caminar con nosotros y esto desde hace siglos. Empezó a caminar con Abraham y el Pueblo elegido y después El mismo vino y caminó en la persona de Jesús con nosotros porque Jesús es Dios y sigue caminando a lo largo de la historia junto a nosotros como Pueblo. Pero eso porque nos quiere, porque nos mira, porque el corazón de Dios es un corazón que ve: se interesa en cada uno de nosotros, ve lo que nos pasa.
Es curioso lo que le dice Jesús al hombre que le había preguntado quién era su prójimo: Andá y procedé de la misma manera. Es decir, tené un corazón y vé! Y esa es la invitación que Jesús nos hace con esta parábola: tener un corazón que vea, que vea lo que le pasa a nuestros hermanos, que vea las necesidades de nuestros hermanos.
Hay tres tipos de personajes en esta parábola: los salteadores (los que le roban todo, lo molieron palos y dejaron tirado al pobre hombre); el sacerdote y el levita que pasaron (vieron pero hicieron como si no hubieran visto porque vieron con los ojos y no con el corazón), y el samaritano que tiene un corazón que ve (Vió! Se conmovió! Se le conmovieron las entrañas y se acercó) Tengámola clara: Si yo como cristiano no tengo un corazón que vea no tengo otra alternativa que estar en el grupo de los salteadores o en el grupo de los que se hicieron los pavos y miraron para otro lado. No hay otra alternativa! Nuestra vida nos invita a tener un corazón que vea, como Jesús ve nuestro corazón, entró dentro de él y sanó tantas heridas y nos curó de tantas dolencias. Un corazón que vea, no uno malo que haga mal a los otros, que haga daño, como el de los salteadores. Alguno me puede decir: “Padre, yo nunca salí con un palo a pegarle a la vecina”… Pero con la lengua le pegaste?? Cuántas veces apaleamos al prójimo con la lengua? Y eso porque no miramos al prójimo con el corazón…
Entonces: integramos el grupo de los salteadores o el de aquellos que viven para sí mismos, que como el sacerdote dio un montón de excusas para después dar la vuelta y no hacerse cargo? No vió con los ojos del corazón! Y no se conmovió! O como el levita, que era abogado, que al ver eso dijo:”Que lío! Porque si lo llevo a la comisaría a este hombre mañana me llaman y tengo que salir de testigo y…” Y no se hizo cargo! Se hizo el disimulado y miró para otro lado.
Recordemos estas tres posibilidades que tenemos en la vida. O tenemos un corazón que ve, se conmueve y se acerca y se hace cargo del problema de nuestros hermanos; o formamos parte del grupo de los salteadores, de los que miran para otro lado. Por ahí eran porteños porque dijeron:”No te metas”… Cuantas veces nosotros recurrimos a ese “No te metás”…? Hoy, en este día, Jesús nos invita a mirar la fragilidad de los hombres y mujeres de nuestro pueblo; cada uno tiene sus propias fragilidades y a nosotros, que vinimos a esta posada de Dios, nos invita a mirar las fragilidades producidas por historias tristes, dolorosas, de saqueos del corazón, y nos dice:”Acercáte. Hacéte cargo de la fragilidad de tu hermano”. Y cuando yo tenga ganas de apalear a otro con la lengua o cuando tengas malos pensamientos, acordate que ese otro es frágil, está herido y que vos podés estar en su lugar. Por eso tratálo como quisieras que te trataran a vos.
A cada uno de nosotros nos gustaría que nos dejaran tirados en el camino? Tratá entonces como te gustaría que te trataran a vos para que no te dejen tirado en el camino. Que Jesús nos agrande nuestro corazón para que sea un corazón que vea la fragilidad de los hermanos y no dé una vuelta sino tenga la valentía de acercarse.
Y vamos a pedir esta gracia tres veces:
Jesús danos un corazón que vea…
Jesús danos un corazón que vea…
Jesús danos un corazón que vea…
Que así sea.
Cardenal Jorge M. Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
Homilía de monseñor Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia, para la homilía del domingo 17º durante el año (25 julio de 2010). (AICA)
“SEÑOR, ENSÉÑANOS A ORAR”
Lc 11,1-13
I. “JESÚS ESTABA ORANDO EN CIERTO LUGAR”
1. El Evangelio de San Lucas, que describe a Jesús participando de la oración comunitaria los sábados en la sinagoga, lo describe también orando a solas: “Un día, Jesús estaba orando en cierto lugar…” (Lc 11,1). Lo hace con más frecuencia que los otros evangelistas: en su bautismo, cuando comienza a cundir su fama, en la elección de los doce Apóstoles, antes de anunciar su pasión, antes de la transfiguración, en la agonía, en la cruz. Lucas no separa la jornada pastoral de Jesús de su oración personal como si fuesen dos cosas distintas. La oración integra su jornada, es su corazón. Jesús, el Buen Pastor, es un hombre de oración que se va a la montaña a orar.
II. “TE ALABO, PADRE, SEÑOR DEL CIELO Y DE LA TIERRA”
2. Hojeando el evangelio de Lucas, apreciamos que la oración de Jesús se expresa prácticamente en una sola palabra: “¡Padre!”. La pronuncia siempre. En los momentos de alegría: “En aquel momento Jesús se estremeció de gozo, movido por el Espíritu Santo, y dijo: ‘Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido” (Lc 10,21). Y la pronuncia en los momentos de intenso dolor: “Padre, si quieres, aleja de mí este cáliz. Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lc 22,42). Con esta oración tan simple, Jesús se despide de este mundo perdonando a los que lo crucifican: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc 23,34). Y entregando su alma a Dios “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc 23,45).
3. Vale la pena detenernos a contemplar a Jesús que ora, pero haciéndolo con fe y amor. Como lo hizo el discípulo. Era tan bello contemplarlo orar, que le entró un santo deseo: “Un día Jesús estaba orando a solas en cierto lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: ‘Señor, enséñanos a orar’” (Lc 11,1). La contemplación de Jesús orando nos revela la dimensión más profunda de su humanidad. Y, consecuentemente, nos revela el misterio más hondo del hombre. Éste ha sido creado para tratar familiarmente con Dios, como un hijo pequeño con su padre. Y, por tanto, está llamado a descubrir a los demás hombres como hermanos.
III. “CUANDO OREN DIGAN: PADRE…”
4. Por ello Jesús nos enseña a orar como lo hace él: “Cuando oren, digan: Padre…” (v. 2). La comunidad cristiana primitiva quedó impresionada por este nuevo modo de orar enseñado por Jesús, al punto que, aun en las comunidades de origen griego, se utilizaba la palabra aramea - “¡Abba!” - usada por Jesús para decir “Padre”: “Y decía: ‘Abba (Padre) todo te es posible: aleja de mi este cáliz, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Mc 14,36). Por ello el apóstol Pablo les recuerda a los cristianos de Galacia: “La prueba de que ustedes son hijos, es que Dios infundió en nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama a Dios llamándolo ‘¡Abba!’ (es decir, Padre)” (Ga 4,6).
5. Las dos parábolas que siguen a la enseñanza del Padre Nuestro, la del amigo inoportuno y la del hijo que le pide pan a su padre (cf. Lc 11,5-13), subrayan la confianza total en Dios y el espíritu filial con que hemos de hacer la oración al Padre.
IV. EL PADRE NUESTRO, SÍNTESIS DE LA FE CRISTIANA
6. Jesús sabía muy bien lo complicada que se había vuelto la religión, que ni los mismos letrados sabían cuál era el mandamiento más importante de todos. De allí que nos dejó una síntesis maravillosa de toda la Biblia condensándola en el amor a Dios y en el amor al prójimo. Pero nos dejó una síntesis aun más profunda y bella de todo su Evangelio en el Padre Nuestro. ¿Qué más se puede decir de Dios sino que es nuestro Padre? ¿Qué más se puede decir del hombre sino que es su hijo? ¿Y que, consecuentemente, los demás son hermanos nuestros?
7. Una pastoral popular que se precie de tal tiene en el Padre Nuestro su arma más poderosa. Arma sencilla, casi ridícula a los ojos humanos, pero muy eficaz. Es preciso que los pastores, papás y catequistas enseñemos a rezarlo con fe y amor. Gustando la palabra “Padre” y cada una de las palabras que lo componen. Perdonando de corazón a los que nos ofenden o hacen daño. E incluso orando por ellos, según nos enseñó Jesús: “Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian. Bendigan a los que los maldicen, rueguen por los que los difaman” (Lc 6,27-28).
8. Yo bendigo la memoria de mi padre, aparentemente inculto de la religión, pero que me enseñó a rezar el Padre Nuestro, y lo rezaba conmigo cuando volvía tarde del trabajo.
Los cristianos antiguos acostumbraban rezar el Padre Nuestro tres veces por día. Costumbre que pervive en la liturgia diaria: en el rezo de las laudes matutinas, de las vísperas y de la Misa cotidiana.
¿No sería oportuno recomendar a los fieles rezarlo al menos una vez al día: por ejemplo: en la mesa, o al acostarse, o al levantarse?
Mons. Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia
DOMINGO 21 DEL TIEMPO ORDINARIO / C
22 de agosto de 2010
Que el Señor, que nos llena de alegría y de paz, esté con todos vosotros.
Los que nos reunimos cada domingo para celebrar la Eucaristía tenemos cada uno nuestra propia vida, nuestra propia historia, nuestra forma de pensar, nuestras ilusiones y problemas. Somos distintos. Y más allá de esta iglesia, hoy mismo, en todo el mundo, gente aún mucho más distinta se reúne como nosotros para celebrar lo mismo que nosotros celebramos.
Dios, nuestro Padre, ha querido llamar a la mesa de su Reino a una multitud de todas las naciones, de todas las culturas, de todas las ideologías. Porque él es el Padre de todos, y nos quiere llenar a todos con su vida.
Con espíritu de acción de gracias, con fe, con alegría, comencemos nuestra celebración.
A. penitencial: Pongámonos ante Dios, y pidámosle que nos dé su misericordia y su perdón.
Tú,que has venidoa buscar al que estaba perdido. SEÑOR, TEN PIEDAD
Tú, que has dado la vida en rescate por todos. CRISTO,TEN PIEDAD
Tú, que reúnes a tus hijos dispersos. SEÑOR,TEN PIEDAD.
1. lectura (Isaías 66,18-21): Cuando el pueblo de Israel había regresado del destierro en Babilonia y vivía las dificultades de reconstruir el país devastado, el profeta Isaías les proclama el anuncio gozoso que ahora vamos a escuchar. Para que abran los ojos y miren más allá de sus fronteras.
2. lectura (Hebreos 12,5-7.11-13): La carta a los Hebreos nos invita hoy a despertar, a caminar, a no dejar que se duerma nuestra vida cristiana.
Oración universal: Con fe y esperanza, presentemos nuestras plegarias al Padre del amor diciendo: ESCÚCHANOS, PADRE
Por la unidad de todas las Iglesias cristianas. OREMOS:
Por los extranjeros que en estos días nos visitan, y por cada uno de sus países. OREMOS:
Por la paz y la concordia en todas las naciones. OREMOS:
Por los enfermos de nuestra parroquia. OREMOS:
Por nosotros, y por nuestros familiares y amigos. OREMOS:
Escucha, Padre, nuestra oración, y danos tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Padrenuestro: Unidos con Jesucristo, unidos con nuestros hermanos cristianos en el mundo entero, nos atrevemos a decir:
CPL
Homilía de monseñor Luis H. Villalba, arzobispo de Tucumán, en la misa exequial de Mons. Raúl Arcenio Casado (Salta, 22 de julio de 2010). (AICA)
MISA EXEQUIAL DE MONS. RAÚL ARCENIO CASADO
Queridos hermanos:
1. En virtud de la “comunión de los santos”, la Iglesia encomienda los difuntos a la misericordia de Dios y ofrece sufragios en su favor, en particular el santo sacrificio de la Misa.
Hoy nos hemos reunido para rezar y ofrecer la Santa Misa por el eterno descanso de Monseñor Casado.
La fe nos ilumina sobre el sentido de la muerte. La muerte se nos presenta, desde la fe, no como una ruptura o disolución, sino más bien como premio y corona de la existencia terrena cuando ha estado sellada por la gracia de Dios.
Hoy quiero decir una palabra de esperanza.
En la muerte, el Señor viene a nuestro encuentro.
Para la tradición cristiana la muerte es el dies natalis, el día del verdadero nacimiento. El día del nacimiento a Dios, para contemplar el rostro del Padre en unión con el Hijo en el vínculo del Espíritu Santo.
Santa Teresita decía: “Yo no muero, entro en la vida”. La liturgia lo expresa espléndidamente: “La vida de los que en tí creemos Señor, no termina, se transforma; y al deshacerse nuestra morada terrenal adquirimos una mansión eterna en el cielo” (Prefacio de difuntos).
2. Monseñor Casado nació en Salta el 27 de julio de 1929. Ingresó al Seminario en 1940 y cursó sus estudios de filosofía y teología en el Seminario Regional de Catamarca. Fue ordenado sacerdote en esta Catedral el 20 de diciembre de 1952 por Monseñor Roberto Tavella. Al día siguiente celebró su primera Misa en el Iglesia de la Candelaria.
Fue Vicario Parroquial de varias parroquias y, además, entre otros cargos: asesor de los jóvenes de la Acción Católica, de la Junta Arquidiocesana de Religiosas, de los Cursillos de Cristiandad y del Movimiento Familiar Cristiano. También fue Secretario Canciller y Vicario Episcopal.
En 1975, el Papa Pablo VI lo nombró Obispo Auxiliar de Salta, siendo Arzobispo Mons. Carlos Mariano Pérez.
El 1983 fue designado Obispo de Jujuy. El 15 de junio de 1994 el Papa Juan Pablo II lo nombró Arzobispo de Tucumán.
Poco tiempo después, aquejado por una seria enfermedad que le impedía ejercer el ministerio episcopal, se trasladó a Salta.
Dada la persistencia de su enfermedad el Papa Juan Pablo II, en julio de 1999, le aceptó su renuncia como Arzobispo de Tucumán y le confirió el título de Arzobispo Emérito de Tucumán.
Mons. Casado respondiendo a mi invitación, regresó a Tucumán para presidir la Fiesta Patronal de Nuestra Señora de la Merced, el 24 de septiembre de 2001. Recuerdo sus emotivas palabras durante la homilía de la Misa, que fueron de mucho consuelo para los sacerdotes y fieles. Al día siguiente celebró la Eucaristía en la Capilla del Seminario y predicó a los seminaristas.
3. La primera lectura, del libro de la Sabiduría (Sab. 3,1-6.9), nos trae una palabra de consuelo: “Las almas de los justos están en las manos de Dios”.
La muerte, según el libro de la Sabiduría, no es una desgracia irreparable. Es un acontecimiento que debemos iluminar desde la cruz y la resurrección de Cristo.
Si vivimos en el amor y en la fe, aprenderemos a morir progresivamente cada día: a morir al mundo, al pecado, a los deseos terrenos y a crecer en la luz de Dios.
Entonces la muerte es un itinerario hacia el Padre.
En esta página de la Escritura se da un contraste entre los sufrimientos visibles de los justos: tormentos, desgracias, ruinas, castigos y su situación real: “están en las manos de Dios, están en paz, su esperanza está colmada de inmortalidad, gozan de grandes beneficios, son dignos de Dios, permanecen junto a Él en el amor”.
Todos los que se confían en el Señor y se abandonan en sus manos, aun viviendo pruebas y oscuridades y aunque su suerte parezca una desgracia, no tienen nada de que temer.
Sin duda el camino de Monseñor Casado estuvo atravesado de pruebas, oscuridades, sufrimientos. Por lo mismo confiamos que está en las manos de Dios, que permanece junto a Él en el amor, que su esperanza está colmada de inmortalidad.
4. El Evangelio de las Bienaventuranzas (Mt. 5, 1-12a), es también el Evangelio de la esperanza.
A la luz de la página de las bienaventuranzas, nuestro encuentro con Dios en la muerte será un confesar nuestra pobreza, confesar nuestra incapacidad a vivir en esta tierra las bienaventuranzas, será un confiarnos a la misericordia del Señor que nos dirá: “No temas, yo estoy contigo”.
Esta es nuestra gran esperanza para nosotros y para el querido Monseñor Casado.
El Señor recibirá en su Reino a aquellos que fueron detrás de Él con humildad y con amor, que creyeron en su amor y en su Palabra. Él nos purificará de toda mancha y de todo pecado.
Recemos con la confiada certeza de las bienaventuranzas, junto a la Virgen, por Monseñor Casado para que goce cuanto antes del esplendor luminoso del Reino y sea recibido en los brazos misericordiosos del Padre.
Mons. Luis H. Villalba, arzobispo de Tucumán
Homilía de monseñor Sergio Osvaldo Buenanueva, obispo auxiliar de Mendoza, en la solemnidad de Santiago Apóstol, Patrono de Mendoza (25 de julio de 2010). (AICA)
CAMINEMOS CON SANTIAGO, DISCÍPULO Y MISIONERO DE FORTALEZA Y ESPERANZA
1. La primera lectura alude fugazmente el martirio del Apóstol Santiago: el rey Herodes lo manda decapitar para calmar la ira que despierta la predicación del nombre de Jesús.
La comunidad apostólica vive su fe en medio de una situación de confrontación, de rechazo y de persecución. El poder trata de acallar el anuncio de la fe. La respuesta apostólica es clara y contundente: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hch 5,29).
Caminar con Santiago, como expresa el lema elegido para este año, significa seguirlo por este camino de testimonio y de valentía apostólica. También lo hemos destacado en el lema, al señalar dos virtudes que son típicas del que asume el anuncio misionero como vocación propia: la fortaleza y la esperanza. Fuertes, con la fortaleza de Cristo crucificado. Poseídos por la gran esperanza que sostiene el caminar del hombre, incluso en medio del fracaso: la esperanza que es Cristo.
2. En la segunda lectura, es el Apóstol San Pablo el que confirma este mensaje: la vocación apostólica acredita su verdad y su validez precisamente cuando el apóstol se configura con Jesús, pobre, humillado y perseguido.
Releamos sus palabras: “Porque nosotros llevamos ese tesoro en recipientes de barro, para que se vea bien que este poder extraordinario no procede de nosotros, sino de Dios. Estamos atribulados por todas partes, pero no abatidos; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no aniquilados. Siempre y a todas partes, llevamos en nuestro cuerpo los sufrimientos de la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo.” (2 Co 4,7-10).
3. Santiago, junto con su hermano Juan, escuchó en un momento clave de su vida, una pregunta de labios de Jesús, que contenía un desafío formidable, pero que también encerraba en ella el misterio de su propia vocación y misión, en definitiva el misterio de su verdad como persona.
La pregunta también la hemos escuchado nosotros, al proclamarse el santo Evangelio: “¿Pueden beber el cáliz que yo beberé?” (Mt 20,22). Está dirigida también a nosotros.
En la tradición bíblica, la expresión: “beber el cáliz”, significa: compartir el mismo destino, la misma suerte, comulgar en el camino de la vida.
En realidad, esta invitación a unirse tan íntimamente a Jesús hasta compartir con él su suerte final, estaba ya encerrada en aquella palabra perentoria, que el joven Santiago escuchó a orillas del lago, cuando con su hermano, su padre Zebedeo, y otros trabajadores, estaban echando mano a las redes, porque eran pescadores. Jesús les dijo sencillamente: “Síganme” (Mc 1,17).
Esto significa ser discípulo de Jesús: caminar con Él, vivir en la amistad y comunión de vida con Él, guiados por su Espíritu que infunde en nuestros corazones sus mismos sentimientos.
4. Los católicos veneramos a los santos como modelos e intercesores. Nos acercamos a ellos como a maestros de vida, que nos enseñan a vivir el Evangelio. Hermanos mayores que nos tienden una mano para ser fieles al estilo de vida de Jesús en las circunstancias concretas de hoy.
Cada 25 de julio, los católicos mendocinos veneramos al Patrón Santiago, reconociendo en él, a un amigo de Jesús, un maestro de vida según el Evangelio, y a un compañero de camino, que ha acreditado la autenticidad de su mensaje con el testimonio de su sangre derramada por Cristo.
Al reunirnos para la procesión y la Misa, volvemos a tomar conciencia que la fe en Cristo nos une en una familia. Nos hace Iglesia. Volvemos a tomar conciencia de la misión nunca acabada de la Iglesia que es, como los apóstoles y con ellos, la de anunciar el Evangelio que despierta la fe: ¡Dios ama al hombre! ¡Cristo nos ha redimido con su Sangre! ¡El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que nos ha sido dado!
Como Iglesia Diocesana de Mendoza, damos gracias a Dios por los frutos de vida que la predicación del Evangelio ha producido en esta hermosa tierra cuyana. Damos gracias por tantos hombres y mujeres de fe que han ofrecido a sus hermanos el testimonio luminoso de la cercanía de Dios que transforma y humaniza la vida.
Suplicamos también, unidos al Apóstol Santiago, la gracia de permanecer fieles a la fe que nos legaron los apóstoles y que nosotros hemos recibido de nuestros padres; fieles a la fe como norma y estilo de vida, especialmente cuando la cultura dominante se aleja del Evangelio, o intenta domesticarlo adaptándolo a los dictámenes del espíritu del tiempo.
5. Para concluir, quisiera referirme a la reciente reforma del Código Civil que equipara la unión de personas del mismo sexo al verdadero matrimonio.
Ante todo, un enorme “gracias” a todas las personas que, en estas semanas tan intensas, se movilizaron para expresar públicamente la riqueza inigualable del amor conyugal del hombre y la mujer. Fueron, en su mayoría, laicos: padres y madres de familia, pero también muchos jóvenes.
En segundo lugar, quisiera expresar la tristeza y desazón que significó, para un número considerable de ciudadanos, el resultado final en el Senado. Muchos interrogantes quedan abiertos. También muchos aprendizajes para el futuro, sobre todo para el ejercicio cívico del voto.
Por último, una valoración de la mencionada ley. Para la conciencia cristiana, se trata de una ley injusta que contraría gravemente el orden moral. El fin legítimo de buscar la igualdad de las personas, ha echado mano de un medio ilícito: borrar la distinción y complementariedad de los sexos como rasgo más propio y específico del matrimonio. La ley debía tutelar, no diluir, este bien.
Los cristianos nos dejamos guiar por las palabras de Jesús y el criterio apostólico: “Den al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios” (Mt 22,21); “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hch 5,29).
Cuando el Estado traspasa sus límites y sanciona una ley injusta, reñida con el bien común y basada en frágiles consensos, urge escuchar con mayor atención la voz de Dios que sigue testimoniando, en la conciencia y en la misma condición humana, la verdad perenne del hombre.
En este contexto, anunciar y vivir la verdad luminosa del matrimonio, obra maestra de la sabiduría del Creador y elevado por Cristo a la dignidad de sacramento, constituirá, especialmente para los jóvenes, un enorme y también hermoso desafío de fortaleza y esperanza.
Contamos con el auxilio de Dios, que es Amor y Verdad, el testimonio de los santos que se santificaron en la vida conyugal, y la intercesión poderosa de María y de nuestro querido Santo Patrono Santiago. Así sea.
Mons. Sergio Osvaldo Buenanueva, obispo auxiliar de Mendoza
Oración de Benedicto XV por los abuelos con motivo del día de San Joaquín y Santa Ana.
Oración por los abuelos
Señor Jesús, tú naciste de la Virgen María, hija de San Joaquín y Santa Ana.
Mira con amor a los abuelos de todo el mundo.
¡Protégelos! Son una fuente de enriquecimiento para las familias,
para la Iglesia y para toda la sociedad.
¡Sosténlos! Que cuando envejezcan sigan siendo
para sus familias pilares fuertes de la fe evangélica,
custodios de los nobles ideales, hogareños,
tesoros vivos de sólidas tradiciones religiosas.
Haz que sean maestros de sabiduría y valentía,
que transmitan a las generaciones futuras
los frutos de su madura experiencia humana y espiritual.
Señor Jesús, ayuda a las familias y a la sociedad a valorar la presencia y el papel de los abuelos.
Que jamás sean ignorados o excluidos,
sino que siempre encuentren respeto y amor.
Ayúdales a vivir serenamente
y a sentirse acogidos durante todos los años de vida que les concedas.
Amén.
(Benedicto XVI).
Guión para la celebración de San Joaquín y Santa Ana, día de los abuelos. Julio 2010 (AICA)
-Preparación: Hermanos, nuestros abuelos están de fiesta. Hoy nos reunimos en esta Eucaristía para pedir la intercesión de San Joaquín y Santa Ana. Que ellos bendigan a quienes con su presencia en sus familias, brindan sostén y experiencia llena de sabiduría.
-Recibimos al celebrante cantando…
-Escuchamos la Palabra de Dios.
-Oración de los fieles
*Para que cada familia sea signo de la Iglesia fundada por Cristo. Oremos.
*Para que, unidos a la intención de nuestro Papa Benedicto XVI, pidamos para que las familias sean garante de un patrimonio de tradiciones. Oremos.
*Para que los abuelos encuentren en sus familias el espacio de contención que necesitan. Oremos.
*Para que los abuelos sean reconocidos como una cadena de transmisión de la fe a las nuevas generaciones. Oremos.
*Para que los responsables de cubrir sus necesidades y respetar sus derechos cumplan con sus obligaciones. Oremos.
-Presentación de las Ofrendas: Los abuelos presentan las ofrendas de pan y vino y se acercan al altar con sus hijos y nietos entregando la dicha de ser familia.
-Comunión: Recibamos su Cuerpo y su Sangre para ser fortalecidos en las adversidades.
Los nietos expresan a sus abuelos su cariño y gratitud. (Se sugiere que escriban una carta para los abuelos).
-El sacerdote invita a los abuelos y a las abuelas a reunirse cerca del altar para impartirles la bendición.
-Se pudo haber repartido la oración del Papa Benedicto XVI por los abuelos para rezarla juntos.
Oración por los abuelos
Señor Jesús, tú naciste de la Virgen María, hija de San Joaquín y Santa Ana.
Mira con amor a los abuelos de todo el mundo. ¡Protégelos! Son una fuente de enriquecimiento para las familias, para la Iglesia y para toda la sociedad.
¡Sosténlos! Que cuando envejezcan sigan siendo para sus familias pilares fuertes de la fe evangélica, custodios de los nobles ideales, hogareños, tesoros vivos de sólidas tradiciones religiosas.
Haz que sean maestros de sabiduría y valentía, que transmitan a las generaciones futuras los frutos de su madura experiencia humana y espiritual.
Señor Jesús, ayuda a las familias y a la sociedad a valorar la presencia y el papel de los abuelos. Que jamás sean ignorados o excluidos, sino que siempre encuentren respeto y amor.
Ayúdales a vivir serenamente y a sentirse acogidos durante todos los años de vida que les concedas. Amén. (Benedicto XVI).+
Homilía de monseñor Francisco Polti, obispo de Santiago del Estero en la Solemnidad de Santiago Apóstol (Catedral-Basílica Nuestra Señora del Carmen, 25 de julio de 2010). (AICA)
SOLEMNIDAD DE SANTIAGO APÓSTOL
Queridos hermanos y hermanas en Jesucristo,
Días atrás nos reuníamos alrededor de este Altar de la Catedral Basílica para celebrar a Nuestra Señora del Carmen, titular de esta parroquia. Hoy el Señor nos llama a participar del pan único y partido para recordar el ejemplo de fe, esperanza y caridad, del Apóstol Santiago, patrono de esta querida diócesis y de esta provincia civil.
En aquella festividad de Nuestra Señora les hablé de la fe grande de María y los invitaba a cultivarnos en la fe y testimoniarla en todos nuestros lugares cotidianos, evitando la doble vida -la esquizofrenia- entre la vida espiritual y social-cultural.
A través del testimonio de Santiago apóstol, el Mayor, me quería detener en otra virtud teologal, como es la esperanza. Una tradición, que se remonta a san Isidoro de Sevilla, nos transmite el anuncio de la Buena Noticia en las actuales tierras de España, las grandes dificultades para implantar la semilla del Reino, y la consolación de Nuestra Madre, la Virgen María, que se le aparece para fortalecer su esperanza.
Se puede palpar entre nosotros aquellas palabras que tantas veces repetimos en la oración por la Patria: “nos sentimos heridos y agobiados” ante las situaciones difíciles que atraviesa nuestra nación. Al mismo tiempo podemos advertir una necesidad dolorosa y, en cierto sentido, profética de esperanza, como respiro para vivir. Sin esperanza no se vive. La actividad del hombre está más condicionada por la espera del futuro, que por la posesión del presente.
A pesar de las leyes como las votadas la semana pasada, la causa del hombre no sólo no está perdida, sino que se encuentra en clara ventaja. Las grandes ideas, que son faros del mundo moderno, no se apagarán, siempre habrá voces que harán resonar, como lo pudimos ver en nuestras plazas, que defenderán la dignidad de la persona humana. Sí, la dignidad de la persona humana será reconocida no sólo formalmente, sino realmente.
Queridos hermanos y hermanas, cuando llegué a esta querida diócesis de Santiago del Estero, hace ya cuatro años, les proponía unos desafíos pastorales, que algunos de ellos coinciden con los valores no negociables que propuso más tarde el Santo Padre Benedicto XVI. No se trató de inventar un nuevo programa. El programa existe; es el de siempre, recogido por el Evangelio y la tradición viva. Hoy, más que nunca, me parece bueno recordarlos, ya que no han perdido vigencia; todo lo contrario, necesitan mucho más de nuestro empeño para defenderlos. Necesitamos de la esperanza, de esa esperanza que no defrauda (Rm. 5,5) para afrontar con fortaleza los siguientes desafíos:
a) La Iglesia como “casa y escuela de comunión”
Recordemos que la tarea de construir la comunidad eclesial, de hacer de Santiago “casa y escuela de comunión” es tarea de todos los cristianos, coordinados y conducidos por los pastores unidos al obispo.
En esta vida de comunión con el Señor y la Iglesia, el presbítero significa en el seno de su comunidad la presencia de Jesús que congrega a su pueblo.
Por su parte la vida consagrada tiene una misión insustituible, tiene una especial vocación a la comunión a través de los carismas de sus institutos religiosos.
En nuestra Iglesia particular todos tienen que tener un lugar. Como padre, pastor y hermano, ¡quiero que quepan todos! Que nuestros corazones puedan contemplar el Misterio de la Trinidad y reconocerlo en cada hermano que está a nuestro lado. ¡Qué sepamos “dar espacio” a todos nuestros hermanos!
b) La promoción de la familia
Otro desafío son nuestras familias que se encuentran -como decía Juan Pablo II y lo comenté la semana pasada- amenazadas, cada vez más, por fuerzas disgregadoras.
La familia, pequeña Iglesia doméstica tiene que llegar a ser el lugar donde los padres transmitan los valores de la fe y auténtica escuela de humanidad.
Mi anhelo es que el Señor bendiga los hogares, donde las jóvenes generaciones encuentren un fuerte apoyo para su humanidad y su crecimiento en la verdad y en el amor, y que éstos sean un ámbito donde Dios pueda llamar a los hijos a la vida sacerdotal o religiosa; y que los hijos, a su vez, puedan dar una respuesta de entrega generosa.
c) La defensa de la vida, desde el primer momento hasta el último instante
También la defensa de la vida nos compromete: El “Evangelio de la vida está en el centro del mensaje de Jesús”. Frente a una cultura de la muerte que se quiere imponer en nuestra sociedad, los cristianos no nos podemos quedar de brazos cruzados; tenemos la responsabilidad de elegir a favor de la vida, y de anunciar que la vida es un don de Dios, y que El es su fuente y su meta.
d) Los pobres, enfermos y ancianos como destinatarios privilegiados de la Evangelización
En la defensa de la vida, los más necesitados nos interpelan de modo especial. Como repetimos tantas veces en la liturgia: “El Señor manifiesta su amor para con los pobres y los enfermos, para con los pequeños y los pecadores. El nunca permaneció indiferente ante el sufrimiento humano; su vida y su palabra son para nosotros la prueba de tu amor…”.
Los animo a que nos preguntemos: ¿cuál es nuestra actitud? ¿Cómo debería ser?
El Santo Padre Benedicto XVI nos responde: “La actividad caritativa cristiana ha de ser independiente de partidos e ideologías. No es un medio para transformar el mundo de manera ideológica y no está al servicio de estrategias mundanas, sino que es la actualización aquí y ahora del amor que el hombre siempre necesita”.
Por eso, debemos apostar por el amor. Por un amor activo y concreto hacia cada hombre y cada mujer. Un amor que no excluya a nadie, que tenga la capacidad de hacernos cercanos y solidarios con todos, que sea un compartir fraterno.
e) La participación activa en la construcción del bien común
Por último, me quiero referir a otro desafío que tenemos entre nuestras manos. Es el esfuerzo que debemos poner para interpretar la realidad social a la luz del Evangelio y seguir trabajando para ofrecer nuestra contribución a dar soluciones a diversos temas en la sociedad actual.
Santiago Apóstol asumió con todas sus consecuencias y con gran entusiasmo el seguir a Cristo por los caminos que Él le señaló. Puso todas sus fuerzas y su disponibilidad para dar testimonio de Jesús Resucitado con valentía, si fuera necesario hasta el sacrificio supremo de la vida. Ese Jesucristo que Santiago anunció no es sueño, no es utopía, no es mito; es realismo evangélico. Y sobre este realismo evangélico, nosotros, sus discípulos-misioneros, fundamos nuestra concepción de la vida, de la historia, de la misma civilización terrena, que nuestra esperanza transciende, pero al mismo tiempo estimula en sus intrépidas y confiadas conquistas.
María, Madre del Consuelo, como hizo en aquel momento con Santiago, el Mayor, se hace eco de la voz de Cristo vencedor y nos susurra sus palabras en nuestros oídos: “tengan confianza, Yo he vencido al mundo” (Jn 16, 33); y la del intérprete evangelista: “Esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe” (Jn 5, 4); entendiendo aquí por mundo, todo lo que la escena natural de la existencia humana tiene de caduco y de malo.
El “reino” de Jesús era distinto de cómo lo habían podido imaginar los hombres. Este “reino” comenzó en aquella hora y ya nunca tendría fin. Por eso tú -María- permaneces con los discípulos como madre suya, como Madre de esperanza. Junto a Santiago apóstol te decimos “Santa María, Madre de Dios, Madre nuestra, enséñanos a creer, esperar y amar contigo. Indícanos el camino hacia su reino. Estrella del mar, brilla sobre nosotros y guíanos en nuestro camino” Así sea.
Mons. Francisco Polti, obispo de Santiago del Estero
Notas:
CEA, Navega Mar Adentro, 83.
JUAN PABLO II, Ecclesia in America, 39
Cfr. JUAN PABLO II, El Rosario de la Virgen María, 6
Cfr. CEA, Navega Mar Adentro, 97.
JUAN PABLO II, Encíclica Evangelium Vitae, 1.
Plegaria Eucarística V/c.
BENEDICTO XVI, Encíclica Dios es amor, 31.
Cfr. PABLO VI, Un grito profético de esperanza para el mundo, Radiomensaje pascual, 11-IV-1971.
Cfr. BENEDICTO XVI, Encíclica Salvados en la esperanza, 50.
Ideas centrales de la homilía del obispo nivariense en la celebración de la misa crismal, Marte Santo 2010, publicada en Boletín Oficial del Obispado de Tenerife, n 4-5, ABRIL-MAYO 2010.
IDEAS CENTRALES DE LA HOMILÍA DEL OBISPO NIVARIENSE EN LA CELEBRACIÓN DE LA MISA CRISMAL
"Fidelidad de Cristo, fidelidad del sacerdote"
1.- SALUDO:
PDV 82: En comunión con los Padres sinodales y en nombre de todos los Obispos del mundo y de toda la comunidad eclesial, os expreso todo el reconocimiento que vuestra fidelidad y vuestro servicio se merecen.
DE LA CARTA DE LOS OBISPOS A LOS SACERDOTES
Damos gracias a Dios por todos vosotros: por el don de vuestra vocación, que es regalo del Señor, y por vuestra tarea, respuesta en fidelidad. Una fidelidad que manifestáis a diario con el testimonio de vuestra vida y con la dedicación de cada uno a la edificación de la Iglesia y al servicio permanente de los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Damos gracias al Señor, porque seguís con la mano puesta en el arado, a pesar de la dureza de la tierra y de la inclemencia del tiempo.
Objetivos PARA EL AÑO SACERDOTAL. Benedicto XVI:
1. "Promover el compromiso de renovación interior de todos los sacerdotes, para que su testimonio evangélico en el mundo de hoy sea más intenso e incisivo";
2."Favorecer la tensión de los sacerdotes hacia la perfección Espiritual, de la cual depende sobre todo la eficacia de su ministerio";
3. "Hacer que se perciba cada vez más la importancia del papel y de la misión del sacerdote en la Iglesia y en la sociedad contemporánea".
2.- LO QUE SOMOS
Aunque seamos como vasijas de barro, "nuestro ministrio es un tesoro"- dice San Pablo.
PDV 18: La vida y el ministerio del sacerdote son continuación de la vida y de la acción del mismo Cristo. Ésta es nuestra identidad, nuestra verdadera dignidad, la fuente de nuestra alegría, la certeza de nuestra vida.
PDV 12 El presbítero encuentra la plena verdad de su identidad en ser una derivación, una participación específica y una continuación del mismo Cristo, sumo y eterno sacerdote de la nueva y eterna Alianza: es una imagen viva y transparente de Cristo sacerdote. El sacerdocio de Cristo, expresión de su absoluta "novedad" en la historia de la salvación, constituye la única fuente y el paradigma insustituible del sacerdocio del cristiano y, en particular, del presbítero.
LA REFERENCIA A CRISTO ES, PUES, LA CLAVE ABSOLUTAMENTE NECESARIA PARA LA COMPRENSIÓN DE LAS REALIDADES SACERDOTALES.
TAMBIEN PARA COMPRENDER Y FUNDAMENTAR SU FIDELIDAD: "Fidelidad de Cristo, fidelidad del Sacerdote"
La primera es fundamento y posibilidad de la segunda. Nuestra fidelidad se nutre de la de Cristo y es transparencia de la suya.
ESTO ES POSIBLE POR LA UNCIÓN DEL ESPIRITU SANTO QUE RECIBIMOS EN LA ORDENACIÓN.
LA UNCIÓN DEL ESPÍRITU ES LO QUE HACE QUE NUESTRA VIDA SEA TRANSPERENCIA DE CRISTO Y QUE NUESTRAS ACCIONES TENGAN EFICACIA SALVÍFICA PARA LOS FIELES.
PDV 14: Jesús establece así un estrecho paralelismo entre el ministerio confiado a los apóstoles y su propia misión: "quien a vosotros recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado" (Mt 10,40); "quien a vosotros os escucha, a mí me escucha; y quien a vosotros os rechaza, a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado" (Lc 10, 16). Es más, el cuarto evangelio, a la luz del acontecimiento pascual de la muerte y resurrección, afirma con gran fuerza y claridad: "Como el Padre me envió, también yo os envío"
PDV 15: Los presbíteros son llamados a prolongar la presencia de Único y supremo Pastor, siguiendo su estilo de vida y siendo como una transparencia suya en medio del rebaño que les ha sido confiado. Como escribe de manera clara y precisa la primera carta de san Pedro: "A los presbíteros que están entre vosotros les exhorto yo, como copresbítero, testigo de los sufrimientos de Cristo y partícipe de la gloria que está para manifestarse. Apacentad la grey de Dios que os está encomendada, vigilando, no forzados sino voluntariamente, según Dios; no por mezquino afán de ganancia, de corazón; no tiranizando a los que os ha tocado guiar, sino siendo modelos de la grey. Y cuando aparezca el Supremo Pastor, recibiréis la corona de gloria que no se marchita" (1 Pe 5, 1-4).
3.- LA FIDELIDAD DISTINTIVO DEL CRISTIANO Y DEL SACERDOTE = SE NOS LLAMA "FIELES".
PDV 75 "Lo que es más esencial y decisivo para el ministerio sacerdotal es la fidelidad".
La fiedelidad: medida de nuestro amor y amistad con jesus
La fidelidad siempre supone referencia a otro. Se es fiel a alguién. Incluso cuando soy fiel a mi mismo.
Cuando en Corinto los fieles se arriman a los ministros: Pablo dice: Qué es Apolo, qué es Cefas, qué es Pablo: siemples servidores (ministros).
"Por tanto que nos tengan por servidores de Cristo y administradores de los bienes de Dios.
Ahora bien, lo que en fin de cuentas se exige de los administradores es que sean fieles" (1 Cor 4, 2).
TEXTO DE BENEDICTO XVI (Homilía: ordenación de obispos) - La primera característica, que el Señor requiere del siervo, es la fidelidad.
- Se le ha confiado un gran bien, que no le pertenece.
- La Iglesia no es nuestra Iglesia, sino su Iglesia, la Iglesia de Dios. - El siervo debe dar cuenta de cómo ha gestionado el bien que se le ha confiado.
- No vinculamos a los hombres a nosotros; no buscamos poder prestigio, estima para nosotros mismos.
- Conducimos a los hombres hacia Jesucristo y así hacia el Dios vivo.
- Con ello le introducimos en la verdad y en la libertad, que deriva de la verdad.
- La fidelidad es altruismo, y precisamente así es liberadora para el propio ministro y para cuantos se le han confiado.
- Sabemos que las cosas en la sociedad civil, y no pocas veces en la Iglesia sufren por el hecho de que muchos de aquellos a quienes se les ha conferido una responsabilidad, trabajan para sí mismos y no para la comunidad, para el bien común.
- El Señor traza con pocas líneas una imagen del siervo malvado, que se pone a festejar y a pegar a sus dependientes, traicionando así la esen cia de su encargo.
- En griego, la palabra que indica "fidelidad" coincide co la que indica "fe".
- La fidelidad del siervo de Jesucristo consiste precisamente también en el hecho de que no intenta adecuar la fe a las modas del tiempo.
- Solo Cristo tiene palabras de vida eterna, y estas palabras debemos llevar a la gente. Son el bien más precioso que se nos ha confiado.
- Una fidelidad semejante no tiene nada de estéril ni d estático; es creativa.
- El amo reprende a su siervo, que había escondido bajo tierra el bien que se le había entregado para evitar riesgos.
- Con esta aparente fidelidad el siervo en realidad había dejado de lado el bien del amo para poderse dedicar exclusivamente a sus propios asuntos.
- Fidelidad no es miedo, sino que está inspirada por el amor y po su dinamismo. El amo alaba al siervo que hizo fructificar sus bienes.
- La fe requiere ser transmitida: no se nos ha entregado para nosotros mismos, para la salvación personal de nuestra alma, sino para los demás, para este mundo y para nuestro tiempo.
- Debemos colocarla en este mundo, para que se convierta en ella en fuerza viva; para hacer aumentar en él la presencia de Dios.
4.- CAMINOS DE FIDELIDAD
ACTITUDES: (Homilía de Juan Pablo II en Mexico)
Como María, la Virgen Fiel:
- búsqueda,
- acogida,
- coherencia,
- constancia
LA FIEDELIDAD: MEDIDA DE NUESTRO AMOR Y AMISTAD CON JESUS
LA FIDELIDAD IMPLICA PERMANECER EN CRISTO Y GUARDAR SUS MANDAMIENTOS.
A pesar de las diversas dificultades que encuentra, el sacerdote ha de ser fiel -incluso en las condiciones más adversas o de comprensible cansancio, poniendo en ello todas las energías disponibles; fiel hasta el final de su vida.
El testimonio de Pablo debe ser ejemplo y estímulo para todo sacerdote:
"A nadie damos ocasión alguna de tropiezo -escribe a los cristianos de Corinto-, para que no se haga mofa del ministerio, antes bien, nos recomendamos en todo como ministros de Dios:
CÓMO:
- con mucha constancia en tribulaciones, necesidades y angustias;
- en azotes, cárceles, sediciones;
- en fatigas, desvelos, ayunos;
- en pureza, ciencia, paciencia, bondad;
- en el Espíritu Santo, en caridad sincera, en la palabra de verdad, en el poder de Dios;
- mediante las armas de la justicia, a diestro y siniestro;
- en gloria e ignominia, en calumnia y en buena fama;
- tenidos por impostores, siendo veraces;
- como desconocidos, aunque bien conocidos;
- como quienes están a la muerte, pero vivos;
- como castigados, aunque no condenados a muerte;
- como tristes, pero siempre alegres;
- como pobres, aunque enriquecemos a muchos;
- como quienes nada tienen, aunque todo lo poseemos" (2Cor6,3-10).
SER FIELES:
- POR COHERENCIA DE VIDA Y TESTIMONIO
- POR NO DAR A NADIE MOTIVO DE ESCÁNDALO
5.- FRUTOS DE LA FIDELIDAD
Tema de la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones:
"El testimonio suscita vocaciones"
Estatutos de la Acción Católica en la Diócesis de San Cristóbal de Laguna, publicados en el Boletín Oficial del Obispado de Tenerife n. 4-5, ABRIL-MAYO 2010.
ESTATUTOS DE ACCIÓN CATÓLICA GENERAL EN LA DIÓCESIS DE SAN CRISTÓBAL DE LA LAGUNA
PREÁMBULO
Del 6 al 9 de diciembre de 2007, y bajo el lema "A vino nuevo, odres nuevos" se celebraron en la ciudad de Huesca, la IV Asamblea General del Movimiento de Jóvenes de Acción Católica y la Asamblea General Extraordinaria del movimiento Acción Católica General de Adultos.
Estas Asambleas Generales fueron el punto culminante del trabajo y reflexión llevado a cabo durante los últimos años por los movimientos de Acción Católica General en torno al documento "La Acción Católica General. Proyecto de nueva configuración". En el mismo, una vez examinada la coincidencia de misión, espiritualidad, formación metodología de trabajo y sentido de la organización de los movimientos, y estimando servir mejor a la pastoral general de la Iglesia, se recoge la idea de una realidad organizativa de nueva creación, que facilite el itinerario formativo cristiano de las personas, desde la infancia a la juventud y de ésta a la edad adulta, dentro de un marco único. Así, se pretende facilitar a la Iglesia una propuesta integrada para la configuración de un laicado formado y militante capaz de encarnar la Nueva Evangelización desde las parroquias y comprometido en el mundo desde el entorno social de estas.
La Asamblea del Movimiento de Jóvenes de Acción Católica y la de Acción Católica General de Adultos aprobaron con mayorías amplias y suficientes el nuevo "Proyecto de Acción Católica General. Nueva configuración". A esta decisión también se han sumando diócesis provenientes del Movimiento Junior de Acción Católica y que dejaron de estar vinculadas al nivel general de dicho movimiento.
Con esta realidad, se asume una nueva configuración, y, para ello, se solicita a la Conferencia Episcopal Española una fusión de los dos movimientos y se acuerda elaborar unos nuevos Estatutos para hacerlo posible jurídicamente.
El movimiento Acción Católica General, a partir del momento de la aprobación de estos estatutos, recogerá a todos los efectos (eclesiales, civiles, jurídicos y económicos) la misión, espiritualidad, tradición, forma de comprender la formación cristiana y sentido de la organización de los dos movimientos: Movimiento de Jóvenes de Acción Católica y Acción Católica General de Adultos, y la inspiración del trabajo de los niños desde la Acción Católica.
En la Diócesis de San Cristóbal de La Laguna han estado presentes los movimientos de Jóvenes de Acción Católica, Acción Católica General de Adultos y Junior. Los militantes de estos movimientos han participado en la reflexión y en el proceso de trabajo y aprobación del citado "Proyecto de Acción Católica General. Nueva configuración" y contando con el apoyo del Obispo Diocesano han apostado por la fusión de dichos movimientos para constituir la nueva realidad del movimiento Acción Católica General a -nivel diocesano a la que jurídicamente pretenden dar respuesta los presentes estatutos.
TÍTULO I. Denominación, fines y domicilio
CAPÍTULO I. De la denominación
Artículo 1.
Acción Católica General en la Diócesis de San Cristóbal de La Laguna Tenerife es un Movimiento de ámbito diocesano, integrado en el movimiento de ámbito estatal Acción Católica General. Tiene personalidad jurídica propia, como asociación pública de fieles y se rige por los presentes Estatutos, por los Estatutos del movimiento de ámbito estatal Acción Católica General, por las Bases Generales de la Acción Católica Española, por los Estatutos de la Federación de Movimientos de Acción Católica y por las disposiciones del Derecho Canónico que le sean de aplicación.
CAPÍTULO II. De los fines
Artículo 2.
De acuerdo con la finalidad y características de la Acción Católica Española, el fin del movimiento Acción Católica General es la evangelización de las personas y de los propios ámbitos en que está inmersa la parroquia.
Esto implica que son también fines de la entidad:
Impulsar un laicado maduro y consciente, evangelizador, misionero y militante.
Impulsar la evangelización de los ámbitos en los que está inmersa la parroquia.
Contribuir a la unidad de la comunidad parroquial en la misión y a la corresponsabilidad de todos sus miembros.
Artículo 3.
Como Movimiento de Acción Católica, y siguiendo la doctrina del Concilio Vaticano II, se rige por los siguientes principios:
1) Fin apostólico: Acción Católica General asume como propio "el fin apostólico de la Iglesia, es decir, la evangelización y santificación de todos los hombres y la formación cristiana de sus conciencias de tal manera que puedan imbuir del espíritu del evangelio las diversas comunidades y los diversos ambientes" (AA 20 a).
2) Dirección seglar: los seglares de Acción Católica General "aportan su experiencia y asumen responsabilidad en la dirección de esta organización, en el examen diligente de las condiciones en que ha de ejercerse la acción pastoral de la Iglesia y en la elaboración y desarrollo del método de acción" (AA 20 b).
3) Organización: en el Movimiento Acción Católica General "los seglares trabajan unidos a la manera de un cuerpo orgánico de forma que se manifieste mejor la comunidad de la Iglesia y resulte más eficaz el apostolado" (AA 20 c).
4) Vinculación con la jerarquía: Acción Católica General desarrolla su misión en "directa cooperación con el apostolado jerárquico", y actúan "bajo la dirección superior de la misma jerarquía" (AA 20 d).
Artículo 4.
Respetando siempre su naturaleza y finalidades esenciales, descritas en el artículo anterior, la Acción Católica General:
Actuará como Entidad Prestadora de Servicios a la Juventud.
Actuará como Entidad Prestadora de Servicios y promoción de la Infancia y su asociacionismo.
Actuará como Entidad Prestadora de Servicios a las personas Mayores.
Actuará como Entidad Agente de promoción socio-cultural y de la Mujer.
CAPÍTULO III. Del domicilio
Artículo 5.
El domicilio del movimiento Acción Católica General en la Diócesis de San Cristobal de La Laguna - Tenerife se fija en Casa de la Iglesia, 4' planta La Verdellada (trasera del Seminario Diocesano) en San Cristóbal de La Laguna. Puede ser trasladado a otro lugar por decisión de la Asamblea Diocesana, ratificada por el Obispo Diocesano.
TÍTULO II. Los miembros, su admisión, derechos y obligaciones
CAPÍTULO I. De los miembros
Artículo 6.
Es miembro del movimiento Acción Católica General el cristiano/a laico/a (niño, joven o adulto) que, tras realizar un proceso de formación inicial en el que ha tomado conciencia de su vocación bautismal, se propone
vivir su fe formando parte de un equipo de militantes de Acción Católica General en el que lleva a cabo su proceso de formación, comparte su Proyecto de Vida y celebra su fe en la comunidad parroquial.
Tendrá como campo preferente de evangelización la vida social del ámbito de la parroquia y aquellas tareas evangelizadoras que la parroquia desarrolle. Debe saberse unido a una organización de ámbito parroquial, diocesano y general, y ser corresponsable con su sostenimiento.
Artículo 7.
El miembro del Movimiento se compromete a:
Vivir, como discípulo de Jesús y en proceso permanente de formación y conversión personal, los valores del Evangelio por la profundización en la fe de la Iglesia a partir de la vida y de la Palabra; la celebración de los Sacramentos, especialmente de la Eucaristía y la Reconciliación, la práctica de la oración personal y comunitaria y el crecimiento constante en la comunión eclesial.
Testimoniar personal y comunitariamente la fe en Jesucristo Resucitado, trabajando en solidaridad con todas las personas de buena voluntad en favor de un "hombre nuevo" y una sociedad nueva según Dios, en la que reinen la Verdad, la Justicia, la Libertad, el Amor y la Paz.
Anunciar el mensaje evangélico al mundo invitando a todas las personas a adherirse a Jesucristo, a incorporarse a la comunidad de quienes creen en Él y a trabajar por su Reino, a fin de que todas las personas alcancen en Cristo la salvación eterna.
Asociarse con este fin de modo estable.
Artículo 8.
Dentro del Movimiento existirán los siguientes tipos de miembros: Adultos, que serán los miembros mayores de 30 años de edad. Jóvenes, que serán los miembros que tengan entre 15 y 30 años. Niños, que serán los miembros de 7 a 14 años.
Artículo 9.
Cada uno de los sectores, Niños, Jóvenes y Adultos, se rige por los presentes Estatutos, y contará con sus propios órganos decisorios de forma que quede asegurada su autonomía en las materias que le son propias.
El Movimiento, a través de su Asamblea Diocesana, podrá establecer un Reglamento de Régimen Interno que regule la participación, sin derecho a voto, de niños y jóvenes menores de edad en los órganos de dirección.
a su sostenimiento y trabajar para que se cumplan sus objetivos. Asimismo, gozan de todos los derechos derivados de los presentes Estatutos.
CAPÍTULO II. De la admission
Artículo 10.
Antes de asumir la condición de miembro del Movimiento, se establece un período de "formación inicial", que permita descubrir las exigencias del compromiso que la incorporación al Movimiento representa. Las personas que estén en esta situación no tienen derecho a voto, pero pueden participar en las actividades que se fijen por el Movimiento.
Artículo 11.
La admisión de miembros de pleno derecho en el Movimiento se hace a través de la Comisión Diocesana, a propuesta de las representaciones parroquiales. La Comisión Diocesana está obligada a dar cuenta de la admisión de los miembros a la Comisión Permanente del Movimiento a efectos del Libro de Registro de Miembros, en orden a asegurar los derechos y deberes de los mismos derivados de los presentes Estatutos.
Artículo 12.
La admisión en el Movimiento de los niños y de los jóvenes que sean menores de edad debe contar con el consentimiento de quien ejerza su representación legal, según la legislación vigente.
CAPÍTULO III. De los deberes y derechos
Artículo 13.
Los miembros del Movimiento tienen el deber de cumplir los acuerdos adoptados por los órganos del Movimiento, contribuir económicamente
CAPÍTULO IV. De la pérdida de condición de miembro
Artículo 14.
La condición de miembro del Movimiento se pierde a petición propia, o de quien ejerza la representación legal si es un menor, o por decisión de la Comisión Diocesana cuando un militante haya dejado de participar durante un tiempo prolongado o haya actuado en contradicción con los objetivos y fines del Movimiento, tras haber sido amonestado sobre su comportamiento sin resultado positivo.
Contra la decisión de la Comisión Diocesana, el miembro expulsado puede recurrir a la mediación de los órganos superiores contemplados en los presentes Estatutos y, en último término, al Obispo Diocesano.
CAPÍTULO V De la exclusión del nivel general del Movimiento
Artículo 15.
Cualquier grupo del movimiento Acción Católica General que no acepte los presentes Estatutos o se constituya en grupo independiente de los órganos representativos del Movimiento quedará excluido del mismo y no podrá seguir utilizando las mismas siglas.
TÍTULO III. Estructura interna y órganos de dirección y gobierno
CAPÍTULO I. Estructura básica
Artículo 16.
Acción Católica General es un movimiento con:
Tres Sectores: Niños, Jóvenes y Adultos.
Tres niveles organizativos: Parroquial, Diocesano y General. Artículo 17.
La diócesis es el ámbito básico de la estructura organizativa del Movimiento.
CAPÍTULO II. Del nivel Diocesano
Artículo 18.
En el nivel Diocesano los órganos del movimiento Acción Católica General son:
La Asamblea Diocesana.
Las Asambleas Diocesanas Sectoriales.
La Comisión Diocesana.
Las Coordinadoras Diocesanas Sectoriales.
a) De la Asamblea Diocesana
Artículo 19.
La Asamblea Diocesana es el máximo órgano de diálogo y decisión del movimiento Acción Católica General en la diócesis. Tiene las siguientes funciones:
Formular las líneas maestras de las actividades del Movimiento para que éste cumpla sus fines en sintonía con el Plan Pastoral de la diócesis y con el nivel General de Movimiento.
Delegar en las Asambleas Diocesanas Sectoriales la facultad de examinar y decidir en las materias que les sean propias.
Revisar, y en su caso ratificar, las decisiones que tomen las Asambleas Diocesanas Sectoriales y la Comisión Diocesana.
Elegir al Presidente Diocesano.
Tomar, como máximo órgano del Movimiento en la diócesis, cualquier tipo de decisión, dentro de la finalidad del Movimiento, incluida la propuesta al Obispo Diocesano de modificación de los Estatutos que la prudencia aconseje.
Elegir a los representantes de la diócesis en la Asamblea General.
De la periodicidad
Artículo 20.
La Asamblea Diocesana tendrá lugar con carácter ordinario una vez al año, cuando haya Asamblea General y con carácter extraordinario cuando así lo decida la Comisión Diocesana o lo soliciten por escrito un tercio de los miembros de pleno derecho del Movimiento.
De la convocatoria, constitución y torna de decisiones
Artículo 21.
La convocatoria de la Asamblea Diocesana, tanto ordinaria como extraordinaria, corresponde al Presidente y deberá realizarse por escrito, al menos con diez días de antelación, consignándose el día, hora y lugar de la reunión junto con el orden del día.
Cuando se produzca una solicitud de Asamblea Diocesana extraordinaria por un tercio de los miembros de pleno derecho del Movimiento, el Presidente la convocará lo antes posible y siempre antes de tres meses a contar desde el día de la solicitud.
Artículo 22.
La Presidencia de la Asamblea corresponde al Presidente Diocesano del Movimiento. Actúa de Secretario quien ocupa el cargo de Secretario en la Comisión Diocesana.
La Asamblea queda válidamente constituida cuando concurra, en primera convocatoria, la mayoría absoluta de los miembros de pleno derecho, y con los que hubiere en segunda convocatoria.
Artículo 23.
La Asamblea Diocesana está formada por todos los miembros niños, jóvenes y adultos, del Movimiento en la diócesis. Son, en ella, miembros de pleno derecho los miembros mayores de edad.
Artículo 24.
Son miembros de la Asamblea con voz, pero sin voto:
Los miembros del Movimiento menores de edad.
Las personas que se encuentren en la etapa de formación inicial. Los Consiliarios.
Artículo 25.
Para la toma de decisiones en los órganos de decisión, coordinación y ejecutivos se tenderá en lo posible al consenso. Cuando este no fuera posible se hará por votación, siendo preceptivo lo que acuerden los presentes Estatutos.
Artículo 26.
En la Asamblea cada miembro de pleno derecho tiene un voto. Los acuerdos se tomarán por mayoría de los dos tercios de los votos emitidos y, caso de que no la hubiese, en segunda votación por mayoría absoluta. La elección de Presidente se hará en primera votación por mayoría de dos tercios, en segunda votación por mayoría absoluta y en tercera votación por mayoría simple. En el caso de modificación de Estatutos se requerirá expresamente la mayoría de dos tercios.
De la constancia de acuerdos
Artículo 27.
Los acuerdos deberán consignarse en la correspondiente Acta, que contendrá la relación de asistentes, los asuntos tratados, los acuerdos adoptados y el resultado de las votaciones, que irá suscrita por el Secretario con el visto bueno del Presidente Diocesano, y transcrita al Libro de Actas.
b) De las Asambleas Diocesanas Sectoriales Artículo 28.
Las Asambleas Diocesanas Sectoriales son el órgano de diálogo y decisión de cada uno de los sectores (Niños, Jóvenes y Adultos) del movimiento Acción Católica General en las diócesis.
Es competencia de la Asamblea Diocesana Sectorial examinar y decidir en las materias propias de cada sector, según marque la Asamblea Diocesana.
De la convocatoria, constitución y toma de decisiones
Artículo 29.
La convocatoria de la Asamblea Diocesana Sectorial, corresponde al Presidente y deberá realizarse por escrito, al menos con diez días de antelación, consignándose el día, hora y lugar de la reunión junto con el orden del día, pudiéndose celebrar de forma aislada o integrada dentro de la Asamblea Diocesana.
Artículo 30.
La Asamblea queda válidamente constituida cuando concurra, en primera convocatoria, la mayoría absoluta de los miembros de pleno derecho, y con los que hubiere en segunda convocatoria.
Artículo 31.
Las Asambleas Diocesanas Sectoriales están formadas por todos los miembros niños, jóvenes y adultos, de cada uno de los sectores del Movimiento en la diócesis. La Asamblea Diocesana Sectorial de Niños está formada, además, por los acompañantes de cada uno de los equipos de militantes de niños. Son miembros de pleno derecho los miembros mayores de edad de cada una de ellas.
Artículo 32.
Son miembros de las Asambleas Diocesanas Sectoriales con voz, pero sin voto:
Los miembros de los sectores del Movimiento en la diócesis, menores de edad.
Las personas que se encuentren en la etapa de formación inicial. Los Consiliarios.
Artículo 33.
En la Asamblea Diocesana Sectorial cada miembro de pleno derecho tiene un voto. Los acuerdos se tomarán por mayoría de los dos tercios de los votos emitidos y, caso de que no la hubiese, en segunda votación por mayoría absoluta.
De la constancia de acuerdos
Artículo 34.
Los acuerdos deberán consignarse en la correspondiente Acta, que contendrá la relación de asistentes, los asuntos tratados, los acuerdos adoptados y el resultado de las votaciones, para su ratificación en la Asamblea General.
c) De las Coordinadoras Diocesanas Sectoriales
Artículo 35.
Las Coordinadoras Diocesanas Sectoriales son los órganos dinamizadores de las tareas de cada sector. Se encargarán del trabajo que marca la Asamblea Diocesana y las Asamblea Diocesanas Sectoriales.
Las Coordinadoras Diocesanas Sectoriales están formadas por una representación de los equipos de cada sector según la realidad de la diócesis, acompañadas por el responsable del sector correspondiente.
e) De la Comisión Diocesana
De la naturaleza y funciones
Artículo 36.
La Comisión Diocesana es el órgano ejecutivo y máximo responsable de todas las tareas del Movimiento en la diócesis. Mantiene la comunicación habitual con el Obispo.
Sus funciones son las siguientes:
Ejecutar los acuerdos tomados en la Asamblea Diocesana. Coordinar la vida de la Acción Católica General.
Hacer un seguimiento de la marcha del Movimiento en las distintas parroquias donde esté implantado.
Coordinar y dinamizar los equipos de trabajo a nivel diocesano. Ser responsable directo de las publicaciones del Movimiento. Realizar las tareas de difusión del Movimiento.
Le corresponde la búsqueda de recursos, así como la dirección económica y patrimonial del Movimiento.
Informar a la Comisión Permanente del Movimiento puntualmente acerca de la composición de los órganos responsables, el censo de miembros y el resultado de la actividad económica.
Artículo 37.
La Comisión Diocesana está compuesta, al menos, por los siguientes miembros:
Presidente/a.
Consiliario Diocesano, con voz pero sin voto. Responsable del Sector de Niños.
Responsable del Sector de Jóvenes.
Responsable del Sector de Adultos.
Podrán ser elegidos además hasta un máximo de tres vocales para la realización de aquellas tareas que el Movimiento considere necesarias.
La Vicepresidencia, Responsabilidad de Secretaría y la Responsabilidad de Tesorería serán asumidas por los Responsables de Sector.
Para esta composición debe cuidarse el equilibrio entre jóvenes y adultos y la representatividad de todos los sectores.
Artículo 38.
La Comisión Diocesana se reúne como mínimo una vez al mes y cuando el Presidente Diocesano estime necesario convocarla. El Orden del Día lo establece la propia Comisión Diocesana. Para la validez de las reuniones se requiere la asistencia de la mayoría de sus miembros. Los acuerdos se toman por mayoría de los presentes. Las actas de las reuniones son firmadas por el Secretario y Presidente, o por quienes actuaron como tales en ausencia de alguno de estos.
De los miembros de la Comisión Diocesana
Artículo 39.
El Presidente del movimiento Acción Católica General en la Diócesis de San Cristóbal de La Laguna - Tenerife preside la Comisión Diocesana. También le corresponde representar al movimiento en aquellos organismos de los que éste forme parte, pudiendo delegar esta representación en algún miembro de la Comisión Diocesana.
Compete también al Presidente Diocesano convocar y presidir las reuniones de los órganos de gobierno del Movimiento en su ámbito Diocesano y llevar la firma social con el Secretario y el Tesorero en los asuntos de competencia de éstos y participar en los Plenos Generales del Movimiento y en aquellos ámbitos organizativos a los que se le convoque.
El Presidente nombrará a un Vicepresidente de entre los Responsables de Sector que lo suplirá en caso de dimisión, ausencia o incapacidad.
Artículo 40.
Corresponde al Secretario/a:
La redacción de las actas de las Asambleas y Coordinadoras Diocesanas.
La custodia de los libros, documentos y sellos del Movimiento.
La actualización del Registro de miembros y comunicación a la Comisión Permanente del Movimiento.
Librar las certificaciones con relación a los libros y documentos del Movimiento.
Artículo 41.
Corresponde al Tesorero/a:
La gestión económica ordinaria según presupuestos aprobados en Asamblea Diocesana bajo dependencia y vigilancia de la Comisión Diocesana.
La custodia de los fondos del Movimiento y los libros de contabilidad, así como tener al día el inventario de los bienes propiedad del Movimiento.
Llevar al día el registro de las aportaciones económicas de los miembros y enviar puntualmente al nivel general la aportación diocesana.
Artículo 42.
Para los actos que exceden el presupuesto económico ordinario es competente el Presidente Diocesano, con el consentimiento de la Comisión Diocesana.
Artículo 43.
Corresponde a los Responsables de Sector:
Animar el desarrollo de la tarea evangelizadora en el sector correspondiente (niños, jóvenes y adultos).
Impulsar y asegurar los procesos formativos en el sector, con los medios que sean necesarios.
Coordinar todos los equipos del nivel diocesano correspondientes al sector.
Recopilar, ordenar y archivar todos los materiales y documentos correspondientes a su sector.
Mantener las relaciones institucionales, delegadas por el Presidente, y que correspondan a su sector.
Participar en las Coordinadoras Generales y en los espacios organizativos a los que se les convoque.
Artículo 44.
El Consiliario Diocesano es un sacerdote que ejerce su ministerio en el seno del movimiento Acción Católica General, en orden a la representación del ministerio pastoral, la comunión eclesial del Movimiento, la fidelidad a la tarea encomendada al Movimiento por la Iglesia, así como el acompañamiento en la fe de los miembros de la Comisión Diocesana.
El Consiliario Diocesano promoverá un espacio de encuentro, formación y diálogo entre los consiliarios de los equipos de militantes de Acción Católica General. Asimismo, a través de este equipo, se promoverán encuentros diocesanos de consiliarios en orden a procurar una ayuda a los mismos en su tarea de animación en la fe en los equipos de militantes de Acción Católica General.
Participará en el Equipo General de Consiliarios y en aquellos ámbitos organizativos a los que se le convoque.
CAPÍTULO III Del nivel Parroquial
Artículo 45.
El nivel parroquial es el nivel elemental de concreción de la Iglesia particular y, por tanto, el nivel en torno al cual se asienta la organización del movimiento Acción Católica General. El órgano básico de funcionamiento del Movimiento en la Parroquia es el Equipo de militantes: es el equipo formado por los miembros del Movimiento con una edad y/o momento de su etapa formativa similar. Los equipos parroquiales de niños, de jóvenes y de adultos, son el primer ámbito comunitario y el lugar básico de encuentro, formación, revisión de vida, oración, reflexión, toma de decisiones...
Artículo 46.
Dependiendo de las circunstancias particulares, además del órgano básico se podrá establecer una Coordinadora Parroquial, compuesta por representantes de los equipos que haya en la parroquia y el párroco por ser el consiliario natural del Movimiento. Juntos programarán desde las necesidades y prioridades de la parroquia.
CAPÍTULO IV. De la elección de cargos y nombramientos
Artículo 47.
Todos los miembros del Movimiento mayores de edad podrán ser elegidos para desempeñar los diversos cargos si están al corriente de sus cuotas y obligaciones. El Presidente/a es elegido por la Asamblea Diocesana, por un período de tres años, pudiendo desarrollar un máximo de dos mandatos consecutivos.
Artículo 48.
El nombramiento de Presidente, es competencia del Obispo Diocesano, según el modo siguiente:
El Movimiento, según el procedimiento propio que tiene establecido, elabora una terna de candidatos que presenta al Obispo, en orden a obtener la aprobación correspondiente. De entre aquellos nombres que hayan obtenido el visto bueno, el Movimiento procederá a la elección de quien considere más idóneo y lo presentará al Obispo Diocesano para su nombramiento.
Artículo 49.
El nombramiento de Consiliario corresponde al Obispo Diocesano, después de oír a los miembros de la Comisión Diocesana.
TÍTULO IV. Régimen económico
Artículo 50.
El movimiento Acción Católica General puede adquirir, poseer, gravar y enajenar y, en general, administrar los bienes necesarios para el cumplimiento de sus fines.
Artículo 51.
En la administración de los bienes propiedad del Movimiento tienen aplicación las normas canónicas sobre los bienes de las personas jurídicas públicas de la Iglesia. Por consiguiente, en las enajenaciones y arrendamientos de bienes, cuyo valor supere la cantidad establecida por el Derecho, además de los requisitos previos del Artículo 42, se requiere la licencia de la autoridad eclesiástica competente, dada por escrito.
Artículo 52.
El movimiento Acción Católica General cuenta con los recursos siguientes:
Todos los bienes patrimoniales, muebles e inmuebles, procedentes de los Movimientos que se han integrado en él así como los de todos aquellos Movimientos que se integren en el futuro.
Los bienes muebles e inmuebles a él entregados para el cumplimiento de sus fines.
Las aportaciones ordinarias y extraordinarias de los miembros.
Donativos, herencias, legados, así como subvenciones que puedan ser concedidas por entidades públicas o privadas y por particulares.
Los frutos e intereses que produzcan los bienes del Movimiento.
Cualquier otro ingreso que pueda obtenerse a través de las actividades que realiza el Movimiento.
Artículo 53.
El Movimiento tiene responsabilidad propia ante la Ley y debe responder ante la misma de los actos civilmente ejecutados a través de sus representantes, de acuerdo con los artículos precedentes.
Si el Movimiento comisiona o autoriza a alguno de sus miembros para que realice determinados actos de orden económico, el Movimiento responde por entero de la suerte de estos actos, dentro de los límites de la comisión o autorización.
TÍTULO V. Disolución y liquidación
Artículo 54.
La disolución del movimiento Acción Católica General es competencia del Obispo, el cual podrá tomar su decisión por propia iniciativa, después de oír a la Comisión Diocesana del Movimiento. o previo acuerdo de disolución tomado por la Asamblea Diocesana, expresamente convocada para este fin en sesión extraordinaria, por mayoría de dos tercios de los asistentes, constatada la presencia de dos tercios de los miembros de pleno derecho.
Artículo 55.
Verificada la disolución del movimiento Acción Católica General, los bienes remanentes pasan a la Coordinadora, Junta o Consejo Diocesano de Acción Católica, o a los fines que determine la Asamblea Diocesana de acuerdo con los objetivos del Movimiento y salva siempre la voluntad de los donantes.
DISPOSICIONES TRANSITORIAS
Primera.
Desde que estos Estatutos sean aprobados por el Obispo Diocesano, hasta que tenga lugar la Asamblea de Constitución del Movimiento Acción Católica General en la diócesis se funcionará según los Estatutos del Movimiento de Jóvenes de Acción Católica, de Acción Católica General de Adultos y del Movimiento Junior de Acción Católica.
Segunda.
Se nombrará una Comisión Gestora paritaria, elegida por los movimientos fusionados en la diócesis, a fin de llevar a cabo las actuaciones necesarias para poner en funcionamiento el Movimiento Acción Católica General, incluida la convocatoria de la primera Asamblea Diocesana.
Reflexión de José Antonio Pagola al evangelio de la Fiesta de la Asunción de la Virgen María 2010, ofrecida por la Delegación Diocesana de Enseñanza de la diócesis de Tenerife.
SEGUIDORA FIEL DE JESÚS
Los evangelistas presentan a la Virgen con rasgos que pueden reavivar nuestra devoción a María, la Madre de Jesús. Su visión nos ayuda a amarla, meditarla, imitarla, rezarla y confiar en ella con espíritu nuevo y más evangélico.
María es la gran creyente. La primera seguidora de Jesús. La mujer que sabe meditar en su corazón los hechos y las palabras de su Hijo. La profetisa que canta al Dios, salvador de los pobres, anunciado por él. La madre fiel que permanece junto a su Hijo perseguido, condenado y ejecutado en la cruz. Testigo de Cristo resucitado, que acoge junto a los discípulos al Espíritu que acompañará siempre a la Iglesia de Jesús.
Lucas, por su parte, nos invita a hacer nuestro el canto de María, para dejarnos guiar por su espíritu hacia Jesús, pues en el "Magníficat" brilla en todo su esplendor la fe de María y su identificación maternal con su Hijo Jesús.
María comienza proclamando la grandeza de Dios: «mi espíritu se alegra en Dios, mi salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava». María es feliz porque Dios ha puesto su mirada en su pequeñez. Así es Dios con los sencillos. María lo canta con el mismo gozo con que bendice Jesús al Padre, porque se oculta a «sabios y entendidos» y se revela a «los sencillos». La fe de María en el Dios de los pequeños nos hace sintonizar con Jesús.
María proclama al Dios «Poderoso» porque «su misericordia llega a sus fieles de generación en generación». Dios pone su poder al servicio de la compasión. Su misericordia acompaña a todas las generaciones. Lo mismo predica Jesús: Dios es misericordioso con todos. Por eso dice a sus discípulos de todos los tiempos: «sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso». Desde su corazón de madre, María capta como nadie la ternura de Dios Padre y Madre, y nos introduce en el núcleo del mensaje de Jesús: Dios es amor compasivo.
María proclama también al Dios de los pobres porque «derriba del trono a los poderosos» y los deja sin poder para seguir oprimiendo; por el contrario, «enaltece a los humildes» para que recobren su dignidad. A los ricos les reclama lo robado a los pobres y «los despide vacíos»; por el contrario, a los hambrientos «los colma de bienes» para que disfruten de una vida más humana. Lo mismo gritaba Jesús: «los últimos serán los primeros». María nos lleva a acoger la Buena Noticia de Jesús: Dios es de los pobres.
María nos enseña como nadie a seguir a Jesús, anunciando al Dios de la compasión, trabajando por un mundo más fraterno y confiando en el Padre de los pequeños.
José Antonio Pagola
Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
15 de agosto de 2010
Asunción de María (C)
Lucas 1, 39-56
Comentario al evangelio de la Fiesta de la Asunción de María publicado en el Diario de Avisos el domingo 15 de Agosto de 2010 bajo el epígrafe “DOMINGO CRISTIANO”
Busquen a la mujer
Daniel Padilla
Fue Alejandro Dumas el que, en "Los mohicanos de París", escribió esta frase: "Busquen a la mujer". Encerraba tanta filosofía que, con el tiempo, se ha convertido en un refrán de sagaz psicología. Efectivamente, la mujer suele aparecer como inspiradora, impulsora o causante de muchísimas acciones varoniles, grandes o pequeñas, positivas o negativas. Detrás de grandes éxitos masculinos suele andar agazapada la figura de una mujer. Y detrás de sus fracasos, también.
Juan Pablo II, en su documento sobre "La Dignidad de la mujer" escribe: "La mujer es una "provocación para el hombre". Sí, es la que va delante llamando, animando, recorriendo previamente un camino, que otros después recorrerán.
Pues bien. Al analizar ese acontecimiento supremo de la venida de Dios al mundo, se me antoja que también hay que "buscar a la mujer". Y resulta que "la mujer" está: "La Virgen se llamaba María". Eso es justamente lo que trata de enseñarnos la liturgia de este domingo con María como protagonista. Y si hoy cantamos "alabanzas a María" y gozarnos cada domingo que el Señor viene, está y vendrá, es decir, podemos llamarle "Emmanuel", "busquen a la mujer", ya que será ella la que, desde el temblor y el amor de su fiat, de su sí, de su hágase, hizo posible la maravilla.
Pero hay más, amigos. No piensen ni por un momento que el "fiat" de María fue un "hágase" coyuntural y para el caso, como si fuera el primer y último capítulo en la aventura del Dios humano. No piensen que luego ella se retiró, como esos personajes del teatro que dicen unas frases en el primer acto y luego se van, desaparecen. No. "Sigan buscando a la mujer". Y la encontrarán siempre en todo el itinerario de Dios a los hombres.
Ya en la misma Palabra de Dios la encontramos en Ain-karin, en actitud de presencia y servicio hacia su prima. No se quedó, no, como figura decorativa en su casa. Pronto tradujo su "fiat" en acciones concretas: ayudar a la madre del precursor, para que el precursor llegara, a allanar el camino de aquél que iba a venir "para allanar los caminos del Señor".
Hubo un momento, después, en que las fuerzas del mal quisieron matar al "recién nacido Rey". Pues, "busquen a la mujer". Y allá la encontrarán, comprometida y eficiente, salvando al Salvador, haciendo un camino, por desiertos y soledades, para aquél, que "era el Camino".
Luego vendrá el largo paréntesis de Nazaret. Treinta años Dios escondido. Pues, "busquen a la mujer". Y verán que aquel Verbo de Dios, Sabiduría increada, fue alimentándose en aquella escuela maternal "creciendo en edad, en sabiduría y en gracia".
Tuvo que marcharse, claro está, un día, por entre montañas y valles, al lago y a las ciudades. Pareció entonces que llegaba su independencia plena, "su hora", como él decía. Pero, no; "busquen otra vez a la mujer". Y allá estará. O como intercesora solícita "no tienen vino"- en las bodas de Caná. O como madre emocionada, escuchando la predicación de su hijo: "Ahí están tu madre y tus hermanos
"
Suban, en fin, a la montaña. "De una vez por todas va a ofrecer, como sacerdote único, el sacrificio de la nueva y eterna alianza". Ya no hace falta que busquen a la mujer, porque el mismo Jesús, desde la verdad de su holocausto, nos la muestra y ofrece: "Ahí tienen a la mujer. Ahí tienen a vuestra madre".
Yo tengo que terminar estas líneas. No se puede entender la historia de nuestro pueblo canario sin ella, sin María de Candelaria. Pero la historia de la mujer no termina. Sépanlo: en todos los entresijos blancos de la Historia de nuestras gentes o de nuestra particular andadura hacia Dios, ha estado, está y estará ella: la Mujer, la "dulce Virgen María" de Candelaria. Busquen a la Mujer desde la cumbre hasta la playa.
ZENIT publica la carta que ha dirigido a los Legionarios de Cristo el arzobispo Velasio De Paolis, C.S., delegado pontificio para la Legión de Cristo.
Roma, 10 de julio de 2010
Queridos hermanos en el Señor:
Con carta del 16 de junio de 2010, el Santo Padre Benedicto XVI me ha nombrado su "delegado para la Congregación de los Legionarios de Cristo" [Cf. Carta del Papa a su delegado para los Legionarios de Cristo,ZENIT 23 de julio de 2010, nde.] y me ha conferido el encargo de gobernar en su nombre vuestro Instituto Religioso "durante el tiempo que sea necesario para completar el camino de renovación y conducirlo a la celebración de un Capitulo General Extraordinario, que tendrá como fin principal llevar a término la revisión de las Constituciones. El Santo Padre, mientras subraya "la necesidad y urgencia de un camino de profunda revisión del carisma del Instituto", expresa "el deseo de seguir de cerca, sostener y orientar tal camino". Para el Papa, el delegado pontificio es su delegado personal. Este al cumplir su tarea, debe obrar "como testigo tangible de mi (su) cercanía, para que actúe en mi (su) nombre ante esa familia religiosa". En esa familia, o sea, vuestra congregación, el Papa reconoce la presencia "de un gran numero de miembros" que demuestran "celo sincero " y una "fervorosa vida religiosa". El Papa no baja a mas detalles sobre cómo el delegado cumplirá su tarea, sino que remite para las necesarias concreciones a un decreto posterior, que tendrá que establecer "algunas modalidades adicionales para el cumplimiento de tal Oficio". En espera de tales modalidades, podemos ya comenzar nuestro camino, sostenidos por la confianza y la oración, y por la bendición del Santo Padre y de tantas almas buenas que os estiman y aprecian vuestro trabajo en la Iglesia [Nde: el decreto publicado posteriormente puede leerse en ZENIT, 23 de julio de 2010, Decreto sobre el delegado pontificio para los Legionarios de Cristo].
En este momento me es grato subrayar que la Iglesia, después de haber prestado la necesaria e indispensable atención a los hechos, sucesos y personas --que habrían amenazado de raíz la misma congregación si la misma Iglesia, con su amor lleno de sabiduría, inspirada no en criterios de la carne sino del Espíritu, hubiera omitido su intervención--, ahora la Iglesia, movida por ese mismo amor, contempla la hermosa realidad que sois vosotros, vuestra congregación. El Papa, a través de mí, quiere ahora acompañaros en vuestro camino, para que, sin dejaros descorazonar por los tristes sucesos que quedan a vuestras espaldas, podáis alegraros de vuestro presente, del don de la vocación religiosa, sacerdotal y misionera que habéis recibido. Tal vocación viene del Corazón de Jesús, de su amor. Quien ha comenzado su obra en el corazón de cada uno de vosotros, quien os ha preservado de los peligros que os han amenazado, la quiere llevar a cumplimiento. Por tanto, se trata en primer lugar de dar gracias al Señor por la obra que Él ha realizado de tantas maneras. Ciertamente, ha sido decisiva la intervención del Señor en vosotros a través del ministerio de la Iglesia y que el mismo Señor quiere continuar ahora por medio de su Iglesia. Os invito por tanto a agradecer al Señor por su bondad, su misericordia y su fidelidad.
Del agradecimiento pasamos a poner en marcha el camino de renovación al que el Santo Padre nos invita. Esto implica tomar claramente conciencia de la situación en que nos encontramos e individuar con nitidez las causas que nos han conducido al malestar y al sufrimiento interior de hoy. El Papa nos indica también el camino: principalmente un retomar en consideración el carisma del instituto, y mas concretamente las normas constitucionales que son su expresión y protección. La meta que el Santo Padre nos indica es la celebración de un Capitulo Extraordinario de la Congregación, en el que será aprobado el nuevo texto de las Constituciones. Será un camino individual y comunitario, sostenido por una postura de humildad, de intenso compromiso espiritual y de fortalecimiento de la vocación. Deseamos que el camino se concluya con un renovado compromiso de fidelidad al Señor en la vida religiosa y sacerdotal, con un pacto que renueve la alianza de amor entre vosotros y el Señor, de modo que a la fidelidad eterna del Señor corresponda en cada uno de vosotros la propia fidelidad, con un nuevo compromiso con El para siempre, para toda la vida, al servicio de su reino. Quiero pensar que os encontráis entre los que el Santo Padre llama "el gran numero de miembros" llenos de celo y fervor.
El camino de renovación no es para poner en entredicho la propia vocación, sino para volverla a considerar a fondo y renovar con un nuevo espíritu y una mas intensa participación la propia adhesión a ella.
Se puede entender que algunos estén pasando por momentos difíciles, que algunos hayan pensado ya en otros caminos, y otros quizá los estén considerando. La vocación es algo demasiado serio para que se pueda tomar una decisión sobre ella en un momento de desorientación. Es preciso reencontrar la serenidad del espíritu y del alma, porque la decisión hay que tomarla delante de Dios, en la fidelidad a Jesucristo, que vosotros habéis escogido como rey de vuestra vida. Tengamos paciencia. Recorramos con humildad y fe el camino de renovación; consideremos juntos de nuevo la consagración religiosa a la luz del carisma de la congregación; releamos las constituciones sobre las que habéis comprometido vuestra vida. Se trata, estoy seguro, de liberarlas de elementos que puedan ofuscar vuestro carisma, de modo que la vocación en la profesión de los consejos evangélicos resplandezca plenamente en toda su belleza, para reforzar en vuestra vida la realeza de Cristo, que se ha manifestado en plenitud en el misterio de su Pascua. Siguiendo a Jesús que, en su camino de amor, se ofrece libremente al Padre y a los hermanos para crear en su cuerpo de Resucitado la nueva criatura. Vuestra vocación, como vuestra congregación, se encuentra en vuestras manos, se confía a vuestra responsabilidad. La Iglesia os acompaña; el Señor es misericordioso y generoso: dona su Espíritu sin medida! Su gracia os precede, os acompaña y os lleva a la meta.
En este camino ayudémonos mutuamente en la oración, sobre todo ante el altar del Señor, y animémonos unos a otros para sostenernos en la fidelidad a Jesús, Rey de Reyes, Señor de Señores: el Todo de nuestra vida.
Me complace confiaros a todos vosotros al corazón de la Santísima Madre de Dios y de la Iglesia, de cada uno de vosotros personalmente y de toda la Congregación. Ella, que fue constituida por el Señor custodia de su Hijo y de la Iglesia, os proteja y custodie en su amor a todos vosotros y a vuestra congregación. El Señor os bendiga y haga resplandecer sobre vosotros su rostro de paz y amor.
+ Velasio De Paolis, C.S.
[Traducción del original en italiano]
ZENIT publica las palabras que dirigió Benedicto XVI el domingo 25 de Julio de 2010 a mediodía al rezar la oración mariana del Ángelus junto a los peregrinos congregados en el patio de la residencia pontificia de Castel Gandolfo.
Queridos hermanos y hermanas:
El Evangelio de este domingo nos presenta a Jesús recogido en oración, algo apartado de sus discípulos. Cuando terminó, uno de ellos le dijo: "Señor, enséñanos a orar" (Lucas 11, 1). Jesús no puso objeciones, no habló de fórmulas extrañas o esotéricas, sino que con mucha sencillez dijo: "Cuando oréis, decid: Padre...", y les enseñó el Padrenuestro (Cf. Lucas 11, 2-4), tomándolo de su misma oración, con la que se dirigía a Dios, su Padre. San Lucas nos refiere el Padrenuestro de una forma más breve que en el Evangelio de san Mateo, que ha pasado a formar parte del uso común. Nos encontramos ante las primeras palabras de la Sagrada Escritura que aprendemos desde niños. Se imprimen en la memoria, plasmando nuestra vida, nos acompañan hasta la última respiración. Revelan que "no somos todavía de manera plena hijos de Dios, pero tenemos que llegar a serlo cada vez más a través de nuestra comunión más profunda con Jesús. Ser hijos es equivalente a seguir a Cristo" (Benedicto XVI, "Gesù di Nazaret", Milán 2007, p. 168, "Jesús de Nazaret", La esfera de los libros).
Esta oración acoge y expresa también las necesidades materiales y espirituales: "Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas" (Lucas 11, 3-4). Precisamente a causa de las necesidades y dificultades de cada día, Jesús exhorta con fuerza: "Os aseguro: pedid y se os dará, busca y encontraréis, llamad y se os abrirá. Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre" (Lucas 11, 9-10). No es pedir para satisfacer los propios gustos, sino más bien para mantener la amistad con Dios, quien, como dice el Evangelio, "dará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidan" (Lucas 11, 13). Lo han experimentado los antiguos "padres del desierto" y los contemplativos de todos los tiempos, convertidos, por la oración, en amigos de Dios, como Abraham, que pidió al Señor que salvara a los pocos justos del exterminio de la ciudad de Sodoma (Cf. Génesis 18, 23-32). Santa Teresa de Ávila invitaba a sus hermanas, diciendo: tenemos que suplicar a Dios que nos libere de todo peligro para siempre y que nos aleje de todo mal. Y por más imperfecto que sea nuestro deseo, esforcémonos por insistir en nuestra petición. ¿Qué nos cuesta pedir mucho, dado que nos dirigimos al Todopoderoso?" (Cf. Cammino, 60 (34), 4, in Opere complete, Milano 1998, p. 846). Cada vez que rezamos el Padrenuestro, nuestra voz se entrecruza con la de la Iglesia, pues quien reza nunca reza solo. "Todo fiel tendrá que buscar y podrá encontrar en la verdad y riqueza de la oración cristiana, enseñada por la Iglesia, su propio camino, su propia manera de oración... se dejará por tanto conducir... por el Espíritu Santo, que le guía, a través de Cristo al Padre" (Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta sobre algunos aspectos de la meditación cristiana - Orationis formas, 15 de octubre de 1989, 29).
Hoy se celebra la fiesta del apóstol Santiago, llamado "el Mayor", que dejó a su padre y el trabajo de pescador para seguir a Jesús y por él fue el primer apóstol en dar la vida. ¡De corazón dirijo un saludo especial a los peregrinos que en gran número se han congregado en Santiago de Compostela! Que la Virgen María nos ayude a redescubrir la belleza y la profundidad de la oración cristiana.
[Tras rezar el Ángelus, el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En italiano, dijo:]
Queridos hermanos y hermanas: he recibido, con dolor, la noticia de la tragedia acaecida en Duisburg, Alemania, en la que han fallecido numerosos jóvenes. Encomiendo al Señor en la oración a los difuntos, a los heridos, y a sus familiares.
[En español, dijo:]
Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española. Queridos hermanos, el Evangelio de hoy nos invita a ser constantes en la plegaria, dirigiéndonos a Dios con la oración que Jesús nos enseñó y los apóstoles nos transmitieron. Precisamente en este domingo, se celebra también la fiesta del Apóstol Santiago, tan venerado desde tiempo inmemorial en Compostela, y de tanto arraigo en vuestros países. En este Año Santo Compostelano, también yo espero unirme allí a los numerosos peregrinos en el próximo mes de noviembre, en un viaje en el que visitaré también Barcelona. Que siguiendo las huellas del Apóstol, recorramos el camino de nuestra vida dando testimonio constante de fe, esperanza y caridad. Feliz domingo a todos.
[Traducción del original italiano realizada por Jesús Colina
©Libreria Editrice Vaticana]
ZENIT publica la carta de Benedicto XVI, dirigida al arzobispo Velasio De Paolis, S.C., en la que le comunica su nombramiento como como delegado pontificio para los Legionarios de Cristo.
Al Venerable Hermano
Velasio De Paolis, C.S.
Arzobispo titular de Telepte:
La reciente Visita Apostólica a la Congregación de los Legionarios de Cristo ha puesto de relieve, además del celo sincero y de la fervorosa vida religiosa de un gran número de miembros de la Congregación, la necesidad y urgencia de un camino de profunda revisión del carisma del Instituto. Con el deseo de seguir de cerca, sostener y orientar tal camino, he considerado oportuno proceder al nombramiento de un delegado personal mío, como testigo tangible de mi cercanía, para que actúe en mi nombre ante esa Familia Religiosa.
Conociendo, venerable y querido hermano, su preparación y experiencia en el ámbito jurídico y eclesial, enriquecidos por un espíritu de servicio, solicitud pastoral y sentido de la vida religiosa, deseo confiarle a usted tal compromiso. Así pues, con la presente carta, lo nombro delegado mío para la Congregación de los Legionarios de Cristo, confiriéndole el encargo de gobernar en mi nombre tal Instituto Religioso durante el tiempo que sea necesario para completar el camino de renovación y conducirlo a la celebración de un Capítulo General Extraordinario, que tendrá como fin principal llevar a término la revisión de las Constituciones. Algunas modalidades adicionales para el cumplimiento de tal Oficio se indicarán mediante un específico Decreto.
Bien consciente de la importancia de la misión que hoy le confío, como también de la carga de responsabilidad que comporta, le agradezco desde ahora la disponibilidad y la generosidad que sin duda manifestará en este nuevo servicio a la Santa Sede, el cual no dejará de producir abundantes frutos positivos.
Mientras confío su persona, a los queridos religiosos de la Congregación de los Legionarios de Cristo y a los miembros del Movimiento "Regnum Christi" a la celestial protección de la Santa Virgen, Madre de la Iglesia, aseguro a todos mi cercanía espiritual en el afecto y la oración, y les mando de corazón mi especial Bendición Apostólica.
Del Vaticano, 16 de junio de 2010
Benedicto XVI
[Traducción del original italiano distribuida por la página web de los Legionarios de Cristo]
ZENIT publica el decreto emitido con el que el cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado, comunica las atribuciones de la misión del arzobispo Velasio De Paolis, S.C. como delegado del Papa para la congregación de los Legionarios de Cristo.
DECRETO
MODALIDADES DE CUMPLIMIENTO
DEL OFICIO DEL DELEGADO PONTIFICIO
PARA LA CONGREGACIÓN DE LOS LEGIONARIOS DE CRISTO
I. Vista la carta del 16 de junio de 2010, con la que el Santo Padre Benedicto XVI:
- ha nombrado Delegado para la Congregación de los Legionarios de Cristo a Su Excelencia Reverendísima Mons. Velasio De Paolis, C.S., Arzobispo titular de Telepte, Presidente de la Prefectura para los Asuntos Económicos de la Santa Sede;
- le ha conferido el encargo de gobernar, en su nombre, tal Instituto Religioso "durante el tiempo que sea necesario para completar el camino de renovación y conducirlo a la celebración de un Capítulo General Extraordinario, que tendrá como fin principal llevar a término la revisión de las Constituciones",
- ha considerado "la necesidad y urgencia de un camino de profunda revisión del carisma del Instituto" y ha expresado el "deseo de seguir de cerca, sostener y orientar tal camino", a través de un Delegado personal suyo que atestigüe concretamente su cercanía y actúe en su nombre ante aquella Familia Religiosa;
- ha confiado a un Decreto específico la indicación de "algunas ulteriores modalidades de cumplimiento de tal Oficio",
II. El Cardenal Tarcisio Bertone, Secretario de Estado, con el presente Decreto emana las siguientes precisiones y disposiciones aprobadas por el Sumo Pontífice, acerca de las modalidades de cumplimiento del Oficio del Delegado Pontificio para la Congregación de los Legionarios de Cristo:
1. La autoridad concedida por el Santo Padre al Delegado Pontificio, muy amplia y que se ha de ejercer en nombre del mismo Sumo Pontífice, se extiende a todo el Instituto: a todos los Superiores, a los diversos niveles (dirección general, provincial y local) y a todas las comunidades y a cada religioso. Tal autoridad implica todos los problemas propios del Instituto religioso y puede ser ejercitada siempre que el Delegado lo considere necesario para el bien del Instituto mismo, incluso derogando las Constituciones.
2. Los Superiores del Instituto en todos los niveles ejercitan su autoridad de acuerdo con las Constituciones y bajo la autoridad del mismo Delegado Pontificio. Por tanto, permanecen en sus oficios, ad nutum Sanctae Sedis, mientras no sea necesario proveer de otro modo.
3. Los Superiores del Instituto deben actuar en comunión con el Delegado Pontificio. No solo debe estar él informado de la vida del Instituto, particularmente de los asuntos más importantes, sino que a él está reservada la aprobación de las decisiones del mismo gobierno general: sea para cuanto tenga relación con las personas (admisión al noviciado, a la profesión, al sacerdocio, nombramientos y traslados de personal) como de las elecciones apostólicas y formativas (seminarios, institutos académicos, escuelas) y las cuestiones de administración extraordinaria o los actos de enajenación de bienes.
4. Si es necesario, el Delegado mismo puede actuar o indicar la decisión a realizar en determinados casos.
5. Todos tienen libre acceso al Delegado y todos pueden tratar personalmente con él; a su vez, el Delegado tiene el poder de intervenir en todo lugar donde estime oportuno, incluso en el mismo gobierno interno del Instituto, a todos los niveles.
6. El Delegado, en el cumplimiento de su misión, está acompañado por cuatro consejeros personales, que lo asisten en la realización de su trabajo, según las circunstancias y las posibilidades y que pueden ser encargados para tareas específicas, particularmente para visitas ad referendum. Con su ayuda, el Delegado Pontificio individua los temas principales, los discute, los aclara a medida que se presentan en el camino que él ha sido llamado a conducir.
7. Si en alguna ocasión se revelase la necesidad de estudiar y profundizar determinados temas, sea de personas o de cosas, el Delegado Pontificio podrá constituir comisiones de estudio con personal interno de la Congregación de los Legionarios o con personas competentes externas.
8. A su juicio, donde se muestre oportuno o necesario, podrá individuar alguna persona, fuera de sus consejeros, para el estudio o para la visita ad referendum.
9. La tarea principal del Delegado Pontificio es la de encaminar, acompañar y realizar la revisión de las Constituciones. Esto implica un conocimiento profundo de la Congregación de los Legionarios, de su historia y de su desarrollo. A la revisión de las Constituciones deben colaborar todos los miembros del Instituto, sea a nivel individual como comunitario, según un proyecto que desde el inicio se tendrá que elaborar y poner en acto. Por tanto, se ha de constituir lo más pronto posible una Comisión para la revisión de las Constituciones, en los diversos niveles del Instituto, con la participación sobre todo de los miembros del mismo Instituto, que se han de sentir responsables de la revisión y reelaboración del propio proyecto de vida evangélica, siempre en armonía con la enseñanza de la Iglesia. De la Comisión central para la revisión de las Constituciones será presidente el mismo Delegado Pontificio.
10. El Delegado Pontificio coordina la Visita Apostólica del Movimiento "Regnum Christi", según las indicaciones de la Santa Sede.
11. Posibles recursos contra los actos de los Superiores del Instituto serán presentados al Delegado Pontificio mismo; contra los actos del Delegado Pontificio será posible recurrir al Santo Padre.
Desde el Vaticano, 9 de julio de 2010
Cardenal Tarcisio Bertone
Secretario de Estado
[Traducción distribuida por la página web de los Legionarios de Cristo]
Homilía de monseñor Marcelo Raúl Martorell, obispo de Puerto Iguazú, para el domingo XVI durante el año (18 de julio de 2010). (AICA)
“SEÑOR, ENSÉÑANOS A ELEGIR SIEMPRE LO MEJOR”
La liturgia de hoy pone a nuestra consideración la presencia de Dios entre los hombres y la hospitalidad a él ofrecida por parte de éstos. Tanto en la primera lectura como en el evangelio.
En la primera lectura (Gén.18, 1-10) tenemos la singular aparición de Yahvé a Abrahán por medio de tres misteriosos personajes, portadores visibles de la invisible majestad de Dios. La premura excepcional con que Abrahán los recibe y el generoso banquete que les prepara revelan en el Patriarca la intuición de un suceso extraordinario y por eso dice: “Señor mío si he encontrado tu favor, no pases de largo junto a tu siervo”. Hay un ansia de hospedar al Señor, de acogerlo en su tienda y tenerlo junto a sí. El Patriarca se muestra aquí como el “amigo de Dios” (Is. 45,8) que lo trata con sumo respeto y al mismo tiempo con confianza humilde y vivo deseo de servirle.
Terminada la comida, la promesa de un hijo a pesar de la avanzada edad de Abrahán y de Sara, descubre la naturaleza sobrenatural de los tres personajes. Uno de los cuales habla como si hablara Dios mismo. Una antigua tradición cristiana ha visto a estas tres figuras como la imagen de la Santísima Trinidad. Como fuera, lo cierto es que Dios se le apareció a Abrahán junto a la encina de Mambré, le habló y le trató familiarmente y hasta se sentó a su mesa.
En el Evangelio Lucas muestra a Dios sentado a la mesa del hombre, pero bajo una circunstancia completamente nueva, la de su Hijo hecho carne, venido a habitar en medio de los hombres. La escena tiene lugar en Betania en la casa de Marta y María, donde Jesús es recibido con una premura muy similar a la de Abrahán con sus visitantes. Como él Marta se apresura a preparar un banquete, pero su solicitud no es compartida por su hermana, que a similitud de Abrahán aprovecha para conversar con el Maestro sentándose a sus pies y escuchándolo.
Aunque sea loable la actitud de Marta de afanarse en la preparación del banquete, hay un modo de acoger al Maestro -como Él mismo lo declara- y es el elegido por María. En efecto cuando Dios visita al hombre, lo hace para traerle sus dones, su palabra y esto es lo más importante, escuchar al Señor en sus palabras. Es por esto que Jesús le dice a Marta, “Marta, Marta andas inquieta y preocupada por muchas cosas, siendo una sola necesaria” (41-24). Tan necesaria es, que sin ella no hay salvación, porque la palabra de Dios es palabra de vida eterna y es necesario absolutamente escucharla. Lo que salva al hombre no es la multiplicidad de las obras, sino la palabra de Dios escuchada con amor y vivida con fidelidad.
“María ha elegido lo mejor” y esto no es patrimonio exclusivo de los que eligen la vida contemplativa, sino que todo cristiano debe hacerla suya –en cierta medida- no dándose a la acción sin antes haber profundizado la palabra de Dios en la oración. Sólo así será capaz de vivir el evangelio, aunque el hacerlo le resulte arduo y le exija sacrificios. San Pablo decía con alegría “completo en mi carne los dolores de Cristo, sufriendo por su cuerpo que es la Iglesia” (Col 1,24), porque había meditado a fondo el evangelio de la cruz o, habiendo penetrado el misterio de Cristo, había encontrado fuerzas para revivirlo en sí mismo.
Todo cristiano debe comenzar por la oración su acción en la vida, para que esta sea provechosa y sea obra del Espíritu, estas dos fases son inseparables si se quiere hacer el bien común, el bien a los hombres.
Que María madre de la oración nos acompañe en el trajinar de la vida.-
Mons. Marcelo Raúl Martorell, obispo de Puerto Iguazú
Reflexión de monseñor Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús para el programa radial "Compartiendo el Evangelio" para 16º domingo durante el año (18 de julio de 2010). (AICA)
LA HOSPITALIDAD DE MARTA Y MARÍA
San Lucas 10, 38 - 42 (ciclo C)
El Evangelio nos presenta este diálogo, de Jesús con las hermanas Marta y María, que muchas veces se ha exagerado como contraponiendo la vida contemplativa con la vida activa, y creo que no es correcta esta comparación.
Lo más importante es darnos cuenta que en la vida, nuestro comportamiento es integral, dinámico, que sabe que tiene que vivir las cosas que son esenciales, que son más importantes, como los valores, pero que también tiene que tener el compromiso y la expresión concreta de lo que es, en este caso, la hospitalidad.
Cuando uno recibe un huésped, éste tiene que ser bienvenido y uno debe tener caridad, preparando el lugar, atendiendo a la persona que llega, dándole, de alguna manera, su corazón y se sienta cómoda. La buena hospitalidad no es de ahora; en el antiguo Israel tiene mucha importancia ya que es el mismo Dios que pasa. Con la hospitalidad, la acogida, la aceptación del otro, tenemos que darnos cuenta que uno tiene que ser cercano a los demás.
El que recibe puede decir “no solamente a aquellos que vienen a mi casa personal, sino también a los que llegan a nuestra ciudad, a nuestra patria.” Así beneficia a los que están desposeídos de un lugar, a los extranjeros, a los emigrantes, a los migrantes. Muchas veces se dará cuenta que hay gente viviendo en indigencia y es allí que uno tiene que atenderlos y recibirlos con bondad, con caridad.
¿Qué hay que vencer en esto? Dos cosas: la soledad y el anonimato. La ciudad se presta mucho para el anonimato, y la soledad es parte de ese anonimato. ¡Hay mucha gente sola! A veces no se sabe quién vive en el departamento de al lado, cuando es un edificio. En algunos barrios uno todavía sabe quiénes son sus vecinos, pero en las grandes ciudades el desconocimiento y el desinterés se hacen mucho más visibles.
Por lo tanto, el espíritu evangélico nos lleva a quitar, a mitigar, la soledad de los demás y dar nombre a aquellos que son anónimos para reconocerlos. Pero esta actitud de acogida, de hospitalidad, de aceptación, ¿por qué se tiene que producir? Porque, fundamentalmente, uno tiene que ser discípulo, uno tiene que ser cristiano.
El discípulo tiene que tener una actitud de escucha, porque si no escucha no será un buen discípulo. De allí que tenemos que escuchar a Dios, y cuando así lo hacemos, estaremos más atentos y seremos mejores discípulos.
Muchas veces la gente se fatiga, se cansa o se quiebra y deja de ser discípulo porque anteriormente dejó de escuchar: “¡Dios ya no le decía nada!”, “¡el Evangelio ya no le decía nada!”, “¡la Iglesia ya no le decía nada!”; y como “no le decía nada” se debilitan la calidad del seguimiento y la calidad del discipulado.
Pidamos, en este día, ahondar esa capacidad de escucha: escuchar más en el silencio; escuchar más la Palabra de Dios, ponerla en práctica y poder vivir como auténticos discípulos. Ser testigos de lo que el Señor nos ha comunicado y ha compartido con toda la familia humana, con todas las personas de distintas razas, credos, nacionalidades, clases sociales, porque todos formamos parte de la misma sociedad y de la misma familia humana.
Les dejo mi bendición, que Dios nos ilumine y nos ayude a escuchar mejor para responder bien: en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén
Mons. Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús
Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, obispo de Gualeguaychú y miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social: 'Es tiempo de apuntar a la familia'. (AICA)
Gualeguaychú (Entre Ríos), 23
Jul. 10 (AICA)
La familia es un tesoro
En estos últimos días se ha hablado mucho acerca del matrimonio y la familia. En el Senado de la Nación se aprobó una ley que modifica la institución matrimonial. Lamentablemente no hubo suficiente debate, ya que las audiencias públicas se realizaron solamente en nueve provincias. En las demás, los ciudadanos no pudieron expresarse institucionalmente ante sus representantes.
Es de lamentar y reprochar que nueve Senadores no hayan estado a la hora de la votación. Un resultado tan ajustado junto con esas numerosas y significativas ausencias dan para pensar.
Es tiempo de apuntar a la familia, no para dispararle, sino para fortalecerla y afianzarla. Sabemos que la familia es la célula básica de la sociedad. En ella se aprende lo más hermoso de la experiencia humana: amar y ser amado. Ella es escuela de los valores más profundos: aprender a rezar, decir la verdad, ayudar a cuidar al más débil, participar cada uno según sus posibilidades en el bienestar común.
Varias encuestas de opinión pública muestran que los jóvenes valoran la familia y encuentran en su casa el primer lugar para contar algún problema. También entre los anhelos de los jóvenes aparece en un primer término el poder formar una familia. Por eso decimos que los argentinos somos muy familieros.
Sin embargo, cuando miramos algunos programas de TV o escuchamos radio, parece lo contrario. “Apuntan contra la familia.” Se burlan de la fidelidad, se promueve la transa, se festeja el engaño. Se “muestra” que las relaciones afectivas son superficiales, pasajeras; sin compromiso mutuo y sin apertura a la vida teniendo hijos. Al “amor” se lo entiende como autosatisfacción y no como donación o entrega de sí. La búsqueda de placer sin importar los demás no ayuda a que germinen y se fortalezcan los lazos familiares.
Pero eso sí, cuando hay niños o adolescentes implicados en algún delito o hecho de violencia, enseguida se escuchan voces y se ven dedos acusadores preguntando: “¿Y dónde están los padres de esos chicos? ¿Dónde está la familia?”. Familia muchas veces llevada adelante afectivamente por hermanos mayores, abuelos, tíos u otros familiares dado que no hay papás o mamás presentes —quizás— haciendo visible un tipo de ausencia que podríamos llamar “estructural”.
Algunas situaciones persistentes de pobreza provocan la disolución de la familia. A veces el papá o la mamá se tienen que ir lejos a trabajar, o la falta de una vivienda digna no ayuda al crecimiento y desarrollo de todos sus miembros. Las discusiones y peleas —fogoneadas en muchos casos por el alcoholismo u otras adicciones— van desgastando la convivencia familiar.
Estas incoherencias me hacen acordar a la queja expresada por el Tango “Cambalache”: “¡qué falta de respeto, qué atropello a la razón!”. Por un lado reclamamos la presencia y fortaleza de la familia, y por otro es bastardeada y burlada. Difícilmente podamos crecer en la amistad social si no se empieza por casa, el hogar, la familia.+
Artículo de monseñor Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús (periódico diocesano, 18 de julio de 2010). (AICA)
TRISTES NOTICIAS
En estos días, los senadores han aprobado el “matrimonio homosexual” poniéndolo como equivalente al matrimonio heterosexual. El clima, habiéndose enrarecido por distintas razones, ha concluido con esta aberración positivista. ¿Quiénes han ganado y quiénes han perdido?
Pienso que, objetivamente, todos. La sociedad ha perdido. Habiendo ganado una “batalla” se ha perdido en la verdad y en el juicio, precipitándose vertiginosamente en una nueva modalidad, sin precedentes, hacia una “nueva sociedad”, hacia un camino, superficialmente se dice, de madurez democrática, civil, imponiendo el interés de una minoría al de la mayoría.
Ya veremos las consecuencias. No me gusta ser profeta ni agorero de calamidades, pero si fuéramos sinceros, reconoceríamos que hemos perdido todos.
Se ha usado un lenguaje muy procaz, grosero y superficial. Se ha planteado el tema como una puja de poderes, como si eso fuera lo más importante. Los medios han contribuido parcialmente, con una intencionalidad muy abierta y disolvente.
Nadie se hará cargo de lo que estoy diciendo, pero la realidad lo va a mostrar.
Nadie excluye la opción particular de la orientación sexual. Nadie juzga a ninguna persona por su opción. Los temas de la herencia y de los servicios sociales, pueden ser garantizados por otras vías, nadie lo ha negado.
Se ha hipotecado el presente y el futuro de nuestras familias argentinas.
Se ha declarado y se enseña a los jóvenes a que cualquier orientación sexual es lo mismo y se ha eliminado la diferenciación sexual, reduciendo lo natural a la mera experiencia de lo positivo, de lo cultural, de lo relativo.
¿Qué se le va a enseñar a los pequeños? ¿Cómo se los va a educar? Se los ha llevado a una verdadera desprotección. Se ha eliminado el derecho natural del ser hombre y del ser mujer. No quisiera estar en el pellejo de aquellos legisladores que se han dejado presionar y de los otros que se han retirado del recinto, vaya uno a saber las razones…
Se ignoró el derecho natural. Se asumió como criterio el relativismo. Todo, pero todo, está permitido democráticamente.
Habrá que permitir que un padre se case con su hija. Qué un tío se case con su sobrina o mejor aún, que un tío se case con su sobrino y que un padre se case con su hijo, para quitar de cuajo toda definición y todo impedimento, ya que estos “discriminan”.
Pobre país, hemos perdido todos.
Se ha endilgado a la Iglesia Católica su responsabilidad de ser oscurantista e inquisidora. No es verdad. La verdad se vive y se ofrece, no se impone. Pero tampoco se la manipula.
Todos hemos perdido.
El buen Dios nos siga iluminando y nos haga vivir estos desafíos, purificándonos y llevándonos a vivir de convicciones, de una formación y de una educación, que no deberá dar lugar a ningún tipo de duda.
El Dios de la esperanza nos seguirá hablando a cada uno y a todos. Por más que haya papeles y permisos la verdad no se tapará jamás. Para unos, para otros y para todos. Y ningún sector, incluido nosotros, tiene el monopolio de la verdad. Pero la verdad no es relativa y ella es lo que es. La objetividad es la garantía del bien obrar.
El Santo Padre Benedicto XVI dice que la promoción de la verdad moral en la vida pública requiere un esfuerzo constante para fundamentar la ley positiva sobre los principios éticos de la ley natural. Referirse a ella fue considerado en el pasado algo evidente, pero la onda del positivismo en la doctrina jurídica contemporánea exige una reafirmación de este axioma importante. Los individuos, las comunidades y los estados sin la guía de verdades morales objetivas, serían egoístas y sin escrúpulos, y el mundo sería un lugar peligroso para vivir (a las autoridades civiles y diplomáticas, Chipre, 5 de junio de 2010).
Finalizo diciendo con la alegría que nos da el Señor: no tengan miedo, yo he vencido el mundo. Yo estoy con ustedes siempre. Que la Virgen nuestra Señora de la Asunción nos proteja y nos ayude a vivir como testigos convencidos y con entusiasmo nuestras próximas fiestas patronales diocesanas.
Mons. Rubén O. Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús
Avellaneda, 18 de julio de 2010
Texto del micro radial de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, emitido por LT 9 (17 de julio de 2010). (AICA)
DÍA DEL AMIGO
El próximo 20 de Julio se celebra el Día del Amigo. Una fecha que a todos nos dice algo, porque nos habla de una persona querida o el recuerdo de una ausencia, pero siempre de alguien que tiene un lugar especial en nuestras vidas. En estos días he recibido la noticia de la muerte de un amigo de la época de mi infancia y juventud. Quién me lo comunicó, otro amigo de esa época, me hizo recordar el valor que tuvo en nuestras vidas aquel tiempo de los primeros amigos, él lo llamaba: “amigos de la primera parte de la vida”. En nuestro caso, tenemos la suerte de volver a encontrarnos, aunque ya con muchas ausencias. Con el correr de los años cada uno tuvo opciones de vida distintas, pero hay algo imborrable que nos une y que nos lleva a privilegiar ese tiempo como un lugar de raíces y pertenencia, de historias y de momentos únicos que siempre están presentes, tiene algo de fundante.
Al ponerme a redactar estas líneas me pregunté cuál sería el motivo de aquella vivencia que aún hoy permanece, y que forma parte de nuestra historia y riqueza? Todos hemos tenido a lo largo de nuestra vida muchas relaciones que nos han enriquecido y que valoramos, pero hay algo, sin embargo, que pertenece a los “amigos de la primera parte de la vida”. No seríamos lo que somos sin esa parte de nuestra historia. Noto como dos etapas en nuestra vida que debemos valorar. La primera se refiere a aquel tiempo primero de nuestra adolescencia o juventud, la otra al tiempo en que asumimos diversas opciones. Ambas etapas forman una continuidad dentro de esa normal y necesaria discontinuidad de la vida. Lo importante en ellas es la calidad de la amistad vivida. La auténtica amistad habla de una relación libre, gratuita, que no es interesada, sólo se contenta con la presencia del amigo sin hacer especulaciones. Diría que no busca tener más, o valerse de esa amistad para escalar u obtener algún beneficio, sino que, por no ser interesada, nos ayuda a ser más porque se alegra con poco. Al amigo lo debemos considerar, por lo mismo, en el nivel de nuestro ser y no del tener.
Otro aspecto a tener en cuenta, pienso, es no vaciar a la amistad de la persona del amigo. Nos puede gustar la amistad por el eco que ella produce en nosotros, nos hace sentir bien, la difrutamos, tal vez con algo de egoísmo. El amigo es una presencia que en un momento nos puede necesitar, tenemos que pensar en él y, tal vez, hacernos cargo de alguna dificultad. El gozo de la amistad puede tener algo de subjetivo y egoísta, la presencia del amigo nos habla de donación y entrega. Hay personas que se quejan de no tener amigos, tal vez sólo buscaron una gratificación. En una cultura del zaping corremos el peligro de no tener relaciones estables y, por ello, no tener amigos. Uno de los temas más preocupantes hoy es la soledad de quienes están rodeados de posibles amigos, pero que no los descubren. Espero que estas reflexiones, inspiradas en la carta de un amigo y confirmadas por mi experiencia personal, nos sirvan para agradecer y recordar a la persona del amigo, fuente de una auténtica amistad.
Reciban de su Obispo en este Día del Amigo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor Jesús y María Santísima.
Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz
Homilía de monseñor Francisco Polti, obispo de santiago del estero, en la solemnidad de Nuestra Señora del Carmen, patrona de la parroquia catedral basílica (16 de julio de 2010). (AICA)
SOLEMNIDAD DE NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN
Queridos hermanos y hermanas en Jesucristo, el Hijo de Dios y de la Virgen María:
Como Pueblo de Dios que peregrina en Santiago del Estero, signo de unidad, nos acercamos a la Mesa del Altar presidida por Jesucristo, el Sumo y Eterno Sacerdote, de quien recibimos el pan de la Palabra y el pan de la Eucaristía.
En esta ocasión nos llegamos a la Catedral para venerar a Nuestra Señora del Carmen, Patrona de esta parroquia y de esta querida ciudad capital de Santiago del Estero. Ella es la Madre de Dios y nuestra Madre, que siempre camina al lado de todo hombre y mujer de buena voluntad.
María, por su maternidad divina, es la mujer privilegiada, adornada con grandes dones. Ante todo, la Virgen Madre de Dios y de la Iglesia, se destaca por la fe. ¿Acaso la vida de María no está completamente impregnada de fe? El saludo de Isabel lo confirma: “Dichosa la que ha creído” (Lc. 1,45). Es el mayor elogio que se le puede hacer a Ella, cuya vida discurre totalmente en la esfera de la fe. En esta homilía me quería detener en esta virtud de Nuestra Señora, ya que María se convierte para cada uno de nosotros, queridos hermanos, en maestra de fe.
En estos días hemos podido comprobar, como afirma nuestro objetivo diocesano, que nuestra fe se encuentra amenazada, debido a que se contrapone la fe a la razón, cuando en realidad se implican y se necesitan mutuamente.
Dios dotó al hombre y a la mujer con la capacidad de pensar, y espera que cada uno de nosotros hagamos uso de este don. Hay dos formas de abusar de la capacidad de pensar. Una, es no utilizarla. Una persona que no ha aprendido a hacer uso de su poder de raciocinio acepta, como verdad evangélica, todo lo que lee en los diarios, revistas, televisión y demás medios de comunicación social; no obstante resultar indudable la inexactitud de las noticias. En otras palabras, esta persona que no piensa prefiere que le den hechas sus propias opciones.
En el otro extremo están el hombre y la mujer que de la razón hacen un dios verdadero. Es la clase de persona que no creerá en nada que no pueda ver y comprender. Nada es cierto, a menos que “tenga sentido” para él, a menos que tenga buenos resultados aquí mismo y en este momento.
Es cierto que la virtud de la fe misma -la “capacidad” de creer- es una gracia, un don de Dios. Pero la fe adulta está basada en el razonamiento; no es una derrota de la razón,
Nuestra fe está amenazada y hoy es tiempo de batirse en un desafío de afirmación de la fe, una fe espiritual y doctrinal, intacta y unívoca, aparentemente anacrónica e incomprensible, pero irradiante de verdad y expresable con una pluralidad de lenguaje siempre fresco; un desafío -decía el Papa Pablo VI- que tiene como contrincante al mundo secularizado, gigantesco y contorsionado, de nuestros días.
Nuestra fe en Jesucristo implica el ser consciente de que hay valores, como afirmaba el Santo Padre en su primera Encíclica “Dios es amor”, que no son negociables: “el matrimonio constituido por un hombre y una mujer, la vida desde el primer instante de su concepción hasta su muerte natural, la educación de los hijos por parte de sus padres, y el Bien común”.
En estas jornadas pudimos observar como la familia se encuentra amenazada por fuerzas disgregadoras, tanto de índole ideológica como práctica, que hacen temer el futuro de esta fundamental e irrenunciable institución y, con ella, por el destino de toda la sociedad. Por tanto, hoy más que nunca, tenemos la gran necesidad de conocer nuestra fe y la gran necesidad de testimoniar nuestra fe.
Necesidad de conocer nuestra fe
Esta confusión de los sistemas ideológicos nos obligan a cada uno de nosotros, como discípulos-misioneros de Jesucristo, como un deber fundamental a instruirnos en todo lo tocante a las verdades de la religión. Es una necesidad imperiosa que conozcamos mejor nuestra fe. La formación religiosa no debe terminar con la edad infantil, ni con la catequesis de la iniciación cristiana; debe progresar con la vida hasta la edad adulta, como nos recuerda el Concilio Vaticano II. Es necesario hasta la última hora la escucha atenta y sensible de la Palabra de Dios.
Necesidad de testimoniar nuestra fe
Todo seguidor de Jesucristo está obligado a dar testimonio de su fe; profesando la propia fe con los actos, con el ejemplo, con la palabra.
Debemos estar atentos a no caer en el peligro de la esquizofrenia de la vida de fe. Puede sucedernos que separemos nuestra vida social-familiar, de la vida de hijos de Dios, de la vida cristiana; que nos olvidemos de que somos cristianos las 24 hs. del día, y que todo lo que hacemos debe estar impregnado de la fe.
Asimismo, como afirmaba el Papa Benedicto XVI ante un grupo numeroso de jóvenes: “la fe y oración no resuelven los problemas pero permiten afrontarlos con nueva luz y con nueva fuerza, de manera digna del hombre, y también de un modo sereno y eficaz. Si contemplamos la historia de la Iglesia, veremos que es rica en figuras de santos y beatos que, precisamente partiendo de un dialogo intenso y constante con Dios, iluminados por la fe, supieron hallar soluciones creativas, siempre nuevas, para dar respuesta a necesidades humanas concretas en todos los siglos: la salud, la educación, el trabajo, etc.
Acudimos, una vez más, a Nuestra Señora del Carmen, mujer de fe, para que nos consiga de su Hijo Jesucristo, el aumento de nuestra fe, la fortaleza para conocer y vivir de la fe y nos ayude a ser valientes para testimoniar, con nuestras palabras y acciones, la única y verdadera fe de Jesucristo, el Señor de la vida y de la historia. Así sea.
Notas:
Cfr. PABLO VI, La renovación eclesial, idea clave del Concilio, 4-VIII-1971.
BENEDICTO XVI, Dios es amor.
Cfr. JUAN PABLO II, Santo Rosario de la Virgen María, 6.
Cfr. CONCILIO VATICANO II, Christus Dominus, 14.
BENEDICTO XVI, Encuentro del Papa con los jóvenes en Sulmona, 11-VII-2010.
Homilía de monseñor Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia, para la homilía del domingo 16º durante el año (18 julio 2010). (AICA)
ESCUCHAR LA PALABRA DE DIOS QUE VIBRA EN NUESTRO SER
Lc 10,38-42
I. “A LOS PIES DEL SEÑOR ESCUCHABA SUS PALABRAS”
1. San Lucas, inmediatamente después de la parábola del Buen Samaritano (Lc 10,29-37), leída el domingo pasado, ubica la escena de Jesús hospedado en casa de Marta. Como habría sido lógico esperar, Jesús debería haber apoyado su reclamo de que su hermana María colaborase en la atención del Señor y los Apóstoles, a los que hay que dar de comer: “Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con todo el trabajo. Dile que me ayude” (Lc 10,40). Pero Jesús pondera la actitud de María, “que sentada a los pies del Señor escuchaba su palabra” (v. 39). Y le dice: “Marta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas, y sin embargo pocas son necesarias, o más bien, una sola es necesaria. María eligió la mejor parte, que no le será quitada” (vv. 41-42).
2. Una constante del Evangelio de San Lucas es que lo más importante, que decide el resto de la vida, es la palabra de Dios escuchada con el corazón. Lo hace con frecuencia. Por ejemplo, cuando el evangelista pondera la actitud de la Virgen María, ante el nacimiento de su hijo: “María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón” (Lc 2,19). O mientras lo contempla crecer en Nazaret (v.51). Lo mismo, cuando una mujer expresa su emoción ante Jesús: “Feliz el seno que te llevó y los pechos que te amamantaron”. Y él le responde: “Felices más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la practican” (Lc 11,27-28). Más profundos que los lazos de la sangre, son los lazos del espíritu que brotan de la escucha de la Palabra: “Mi madre y mis hermanos son los escuchan la Palabra de Dios y la practican” (Lc 8,21). No es causal, por tanto, que Jesús pondere la actitud de María, sentada a sus pies, la cual se convierte en prototipo de todo auténtico discípulo.
3. Escuchar la palabra de Dios con el corazón es fundamental para el hombre, pues de otro modo no sabría obrar bien. Por no escuchar la voz de Dios, el primer Adán se equivocó fiero. Y después, todos los hombres cuando no escuchamos su Palabra. Lo cual nos acarrea grave daño a nosotros y a la sociedad en que vivimos.
II. LA PALABRA DE DIOS SE HACE ESCUCHAR POR LA VOZ DE LA CONCIENCIA
4. ¿Dónde y cuándo escuchar la Palabra de Dios? Los que no tenemos el privilegio de María se sentarnos a los pies de Jesús, no por ello somos desdichados. Al contrario. La Palabra de Dios se hace escuchar de muchas maneras, incluso permanentemente, también de parte de los que no conocen a Cristo. La única condición es tener el oído del corazón abierto. Como dice hermosamente el Deuteronomio: “La palabra está muy cerca de ti, en tu boca y en tu corazón, para que la practiques” (Deut. 30,14). Ella se hace escuchar, por cierto, en la lectura litúrgica de la Santa Escritura. Pero con mucha frecuencia fuera de la Liturgia. En las cosas de cada día consideradas con el sentido común, en la contemplación de la naturaleza, en el sagrario de la propia conciencia. Conviene asomarnos, por un momento, a este misterioso sentido, con el cual captamos la voz de Dios. “En lo más profundo de su conciencia descubre el hombre la existencia de una ley que él no se dicta a sí mismo, pero a la cual debe obedecer, y cuya voz resuena, cuando es necesario, en los oídos de su corazón, advirtiéndole que debe amar y practicar el bien y que debe evitar el mal: haz esto, evita aquello. Porque el hombre tiene una ley escrita por Dios en su corazón, en cuya obediencia consiste la dignidad humana y por la cual será juzgado personalmente. La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que éste se siente a solas con Dios, cuya voz resuena en el recinto más íntimo de aquélla. Es la conciencia la que de modo admirable da a conocer esa ley cuyo cumplimiento consiste en el amor de Dios y del prójimo. La fidelidad a esta conciencia une a los cristianos con los demás hombres para buscar la verdad y resolver con acierto los numerosos problemas morales que se presentan al individuo y a la sociedad. Cuanto mayor es el predominio de la recta conciencia, tanto mayor seguridad tienen las personas y las sociedades para apartarse del ciego capricho y para someterse a las normas objetivas de la moralidad. No rara vez, sin embargo, ocurre que yerra la conciencia por ignorancia invencible, sin que ello suponga la pérdida de su dignidad. Cosa que no puede afirmarse cuando el hombre se despreocupa de buscar la verdad y el bien y la conciencia se va progresivamente entenebreciendo por el hábito del pecado” (GS 16).
III. LA PALABRA DE DIOS SE HACE ESCUCHAR EN EL SER SEXUADO DE CADA UNO
5. Pero no sólo la conciencia. Todo nuestro ser capta la voz de Dios. Sin él nos sería imposible escucharla. Es una antena maravillosa compuesta por potencias espirituales: inteligencia, voluntad, sentimientos, que animan un cuerpo, con un sexo determinado, de varón o de mujer. Gracias a todo ello, a la vez que nos reconocemos como miembros de la misma estirpe humana, cuyos miembros somos iguales en dignidad, nos descubrimos como distintos, sin que esto comporte distancia, y, al contrario, nos impulsa a encontrarnos y reconocernos como seres recíprocos y complementarios, para respetarnos, amarnos, servirnos y trasmitir la vida. El relato bíblico de la creación de la mujer, expresa poéticamente la experiencia humana fundamental del encuentro de dos seres humanos, iguales en dignidad y distintos en su concreción sexual. Al ver a Eva: “El hombre exclamó: ‘¡Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Se llamará Mujer, porque ha sido sacada del hombre”. Y el autor bíblico comenta: “Por eso el hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, y los dos llegan a ser una sola carne” (Gen 2,23-24).
IV. EL MATRIMONIO NO LO FUNDÓ EL DERECHO ROMANO
6. En un diario que el martes pasado repartieron gratis en el avión, leí: “Cristina buscó desmentir que el matrimonio sea un invento de la Iglesia, sino del derecho romano, que les recuerdo eran paganos y persiguieron a los cristianos”. Hizo muy bien la Presidenta en decir que no es un invento de la Iglesia. Nunca se le hubiese ocurrido. Pero, con todo respeto, me permito decirle que se equivoca gravemente en decir que el matrimonio sea un invento del derecho romano. Este derecho lo que hizo es crear salvaguardas jurídicas para un hecho natural preexistente. El derecho natural a unirse en matrimonio entre varón y mujer es previo a toda religión revelada y a toda jurisprudencia. Es uno de los derechos humanos fundamentales, que no los otorga ninguna autoridad, sino la misma naturaleza humana. Y la defensa de estos es la finalidad de la autoridad. Lamentablemente este gobierno, que de la defensa de los derechos humanos ha hecho su bandera, ha sido incapaz de percibir que la ley de matrimonio civil entre personas homosexuales atropella inútilmente este derecho fundamental. Lo ha hecho con el pretexto de defender el derecho de la minoría homosexual, de no discriminarla, y de promover la igualdad ante la ley. Muy bien podría hacerlo con una ley adecuada a tal efecto, como todas las demás leyes que defienden los derechos de las minorías. ¿Acaso no se defienden con leyes especiales los derechos de los niños que, aun siendo numerosos, son una minoría? ¿Y no se defienden los derechos de las mujeres, que, aunque sean la mitad de la humanidad, son una minoría con respecto a la totalidad? ¿Acaso es discriminar que a los niños no les reconozcamos ciertos derechos propios de los adultos, y viceversa? (14/07).
IV. ESCUCHAR LA VOZ DE DIOS DESPUÉS DE LA DERROTA DEL SENTIDO COMÚN EN EL SENADO
7. Se ha dicho, torpemente, que la discusión en el Senado era entre Néstor Kirchner y el Cardenal Bergoglio. Los que tal cosa dicen no conocen la habitual moderación de este último, y especialmente en esta cuestión. Lo que ha sucedido es, más bien, la derrota del sentido común por la torpeza de los hombres. Ya fue penoso que al Senado hubiese llegado un proyecto de ley sobre el matrimonio entre homosexuales en vez de un proyecto sobre la defensa de los derechos de los mismos, sin ofender los derechos exclusivos del matrimonio que, por naturaleza, sólo existe entre el varón y la mujer. Y esto, previo a todo derecho positivo y a todo dogma religioso. Las cosas que son por naturaleza, son como son. Por eso las llamamos con una determinada palabra para diferenciarlas de otras que tienen otra natura específica. Aplicar una palabra que es propia de un ser a otro que no le corresponde, y reconocerle a éste derechos que no le corresponden y que son propios del primero, es un avasallamiento a los derechos humanos de éste. Y, por concomitancia, a los derechos humanos de todos, pues todos formamos una sola familia humana. De esta manera no se promueve la concordia social.
8. A raíz de lo ocurrido en el Senado, deseo compartir algunos interrogantes:
1º) Fragmentación cultural: ¿Tenemos conciencia los católicos argentinos de la transformación cultural del mundo en que vivimos? En él ya no existe un lenguaje básico común. En 1948, después de la hecatombe de la segunda guerra mundial provocada por el nazismo, las naciones fueron capaces todavía de firmar la Declaración Universal de los Derechos del Hombre. Hoy sería imposible. La humanidad pareciera marchar cada vez más hacia la fragmentación. A primera vista, hacia una división en dos mitades, casi iguales e irreconciliables, como lo muestran, por ejemplo, los dos grandes partidos de EE. UU. o de España, que se reparten el electorado y tienden a alternarse en el gobierno. Pero la impresión es engañosa. Porque no son mitades homogéneas; por ejemplo, que una defienda principios de acuerdo a una misma tabla de valores, y que la otra, defienda otros principios de acuerdo a una tabla distinta. Cada mitad está compuesta por elementos aluvionales. De modo que en cada una encontramos elementos propios que son contrarios a la otra, pero a la vez hallamos elementos comunes. Por lo mismo, en una elección o votación, ubicarse en una mitad o en otra no es tarea simple, ni definitiva. Y debe ser fruto, vez por vez, de un difícil discernimiento de cada ciudadano.
2º) Endebles del catolicismo argentino: Durante el debate en el Senado, fueron varios los senadores que se profesaron “católicos, apostólicos, romanos”, o aludieron a su formación religiosa, que se pronunciaron totalmente en contra del magisterio de la Iglesia, sin atisbo alguno de haberse interesado por conocerlo en serio. (Olvidemos, o mejor, perdonemos de corazón al senador Picchetto que mencionó a los Obispos y a la “Iglesia vaticana” con notable desprecio). El hecho es expresión de una realidad mucho más vasta. ¿Qué hacer ante el mismo? ¿Declarar solemnemente que no son católicos? ¿Tendría sentido? ¿No es, más bien, un desafío a revisar nuestra tarea evangelizadora, en especial la catequesis y la predicación que impartimos, incluyendo la formación que para ello imparten los Seminarios? ¿No es también una invitación a hacer una revisión de la piedad popular y de la consecuente pastoral popular? ¿Ésta última considera siempre a la primera como un punto de partida, o se conforma con poco y la considera como un punto de llegada?
3º) El cristiano como ciudadano: El desarrollo de los medios de comunicación, que son capaces de condicionar la mente humana, en algunos casos tanto o más que los regímenes totalitarios, están exigiendo que el cristiano, además de ser miembro activo de la Iglesia, crezca como ciudadano responsable de la patria terrena. Es cada vez más actual la exhortación de Pablo VI a los fieles laicos: “Los seglares deben asumir como propia la renovación del orden temporal; si la función de la jerarquía es la de enseñar e interpretar auténticamente los principios morales que hay que seguir en este campo, pertenece a ellos, mediante sus iniciativas, y sin esperar pasivamente consignas y directrices, penetrar del espíritu cristiano la mentalidad , las costumbres, las leyes y las estructuras de su comunidad de vida” (Populorum progressio 81). Sería conveniente que cada institución laical hiciese una revisión de vida de cómo se ha comportado en esta circunstancia de la ley del matrimonio homosexual. Aprovecho la ocasión para felicitar a muchos de nuestros hermanos evangélicos que han mostrado una notable conciencia de ser ciudadanos responsables.
4º) Dónde ha de apoyarse la Iglesia: En un mundo cada vez más fragmentado, y con un catolicismo harto endeble, ¿en quién ha de apoyarse la Iglesia? La única respuesta posible es: Sólo en Dios, creyendo más firmemente en él y amándolo de veras, y amando de corazón a un mundo cada vez más hostil a ella.
Desde 1946, cuando se trató de elegir entre los candidatos de la Unión Democrática y el flamante Justicialismo, los clérigos en gran medida, incluidos muchos Obispos, hicieron
un guiño a favor de este último. En aquel entonces se decía “Hay que subirse al tren del Justicialismo”. A pesar de los avatares de 1955, la mayoría del clero siguió en la misma tesitura. En la década del 70, en algunos círculos clericales, se llegó a formular el absurdo enunciado “Hoy el Reino de Dios pasa por el Pe Jota”. Cuanto haya pesado este guiño clerical, no lo sé. Pero ¿no es tiempo de que cada clérigo, al momento de las elecciones, haga, como ciudadano, su personal opción partidaria, sin confundirla con una supuesta opción de la Iglesia, ni pretenda prender a ella a los fieles? ¿Y que éstos aprendan a hacer, vez por vez, su propia elección en medio de la maraña de circunstancias en que se han de mover?
No podemos olvidar que “católico” y “partido” son nociones de diferentes órdenes. “Católico”, semánticamente habla de totalidad (“katá hólon”) y universalidad, y es una nota propia de de la Iglesia, pueblo de Dios, que por su naturaleza tiende a incluir a todos los hombres, santos y pecadores. “Partido”, en cambio, habla de opción política concreta, que, si bien puede componerse con otra proveniente de otro partido, tiende casi naturalmente a excluirla.
5º) Redescubrir el Evangelio más profundamente: Aunque está implícitamente dicho en lo anterior, vale la pena remarcarlo: la Iglesia, en esta hora, a través de muchos sufrimientos, externos e internos, está llamada por Dios a un redescubrimiento más profundo del Evangelio de Jesucristo. Y ello, tanto en la vivencia personal, cuanto en la vivencia de la comunidad eclesial. Sólo así la Iglesia puede emprender la Nueva Evangelización. Ser discípulo de Cristo y misionero van juntos. Nos equivocaríamos los católicos si pensásemos que ya somos discípulos, y que sólo nos falta ser más misioneros. Estamos en el abc del Evangelio. Y toda la vida es un caminar en pos de Cristo hasta llegar a ser sus discípulos.
Si somos sinceros, hemos reconfesar que hemos desaprovechado, en gran medida, la gracia excepcional que fue el Concilio Vaticano II, como se vio en la gran crisis sacerdotal y de la vida religiosa que sucedió inmediatamente al mismo. Sería penoso que esta hora de la Iglesia, en el mundo y en la Argentina, pasase sin que supiésemos escuchar la voz de Dios que nos llama a una renovación profunda, personal y comunitaria, conforme al Evangelio de Jesús. (R 15/07).
Mons. Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia
ASUNCIÓN DE MARÍA
15 de agosto de 2010
La gracia de nuestro SeñorJesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos vosotros.
En este domingo, en el corazón del mes de agosto, nos reunimos para celebrar a la Virgen María, en la fiesta de su Asunción al cielo. Jesucristo ha hecho que su madre participase, la primera de todas, de los frutos de la salvación y la vida plena que nos ha alcanzado con su resurrección. Por eso hoy es un día de alegría y alabanza para todos los cristianos, un día para contemplar a María glorificada en el cielo, un día para fortalecer nuestra esperanza.
A. penitencial: Con humildad y sencillez, reconocemos nuestro pecado. (Silencio).
Tú, el hijo de María, el Hijo de Dios. SEÑOR, TEN PIEDAD.
Tú, el vencedor del pecado y de la muerte. CRISTO, TEN PIEDAD.
Tú, que has hecho participar a María de tu victoria. SEÑOR, TEN PIEDAD.
Dios todopoderoso tenga misericordia...
Oración universal: Unidos a María, en la alegría de su fiesta, miremos hacia el mundo entero y oremos por nosotros y por toda la humanidad. Oremos diciendo: PADRE, ESCÚCHANOS.
Por la Iglesia entera, por todos los que caminamos con Jesús hacia el Reino de Dios. OREMOS:
[Por nuestro pueblo / nuestro barrio / nuestra ciudad] de , por todos los que aquí vivimos, por las familias, por todas las actividades, y por todos aquellos que pasan necesidad. OREMOS:
Por las parejas jóvenes que comienzan el camino del amor compartido. OREMOS:
Por los jóvenes que se preparan para el sacerdocio o la vida religiosa. OREMOS:
Por todas las naciones de la tierra, y especialmente por las que viven en situaciones de pobreza, de opresión, de violencia. OREMOS:
Por los que nos hemos reunido aquí para celebrar la Asunción de la Virgen María al cielo, y por nuestros familiares y amigos. OREMOS:
Escucha, Padre, nuestras plegarias, que te dirigimos hoyen la alegría de esta fiesta. Tú has hecho obras grandes en María y la has llenado con tu amor. Bendícenos también a nosotros y a todos los hombres y mujeres del mundo, para que todos podamos experimentar la fuerza de tu bondad. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Padrenuestro: Porque Jesucristo ha resucitado, nosotros somos en verdad hijos de Dios. Por eso nos atrevemos a decir:
CPL
ZENIT publica las palabras que dirigió el domingo 18 de Julio de 2010 a mediodía Benedicto XVI al rezar la oración mariana del Ángelus junto a los peregrinos congregados en el patio de la residencia pontificia de Castel Gandolfo.
Queridos hermanos y hermanas:
Nos encontramos ya en el corazón del verano, al menos en el hemisferio boreal. En este tiempo, están cerradas las escuelas y se concentra el mayor período de vacaciones. También se reducen las actividades pastorales de las parroquias, y yo mismo he suspendido durante un período las audiencias. Es, por tanto, un momento favorable para dar el primer lugar a lo que es efectivamente más importante en la vida, es decir, la escucha de la Palabra del Señor. Nos lo recuerda también el Evangelio de este domingo, con el célebre episodio de la visita de Jesús a la casa de Marta y María, narrado por san Lucas (10, 38-42).
Marta y María son dos hermanas; tienen también un hermano, Lázaro, que sin embargo en este caso no aparece. Jesús pasa por su pueblo y, según dice el texto, María le recibió en su casa (Cf. 10, 38). Este detalle da a entender que, entre las dos, Marta es la más anciana, la que gobierna la casa. De hecho, después de que Jesús se había instalado, María se sienta a sus pies y le escucha, mientras que Marta está totalmente ocupada por los muchos servicios, debidos ciertamente al huésped de excepción. Parece que estamos viendo la escena: una hermana se mueve ajetreada, y la otra queda como arrobada por la presencia del Maestro y por sus palabras. Después de un rato, Marta, evidentemente resentida, no aguanta más y protesta, sintiendo que además tiene el derecho de criticar a Jesús: "Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude". ¡Marta querría incluso dar lecciones al Maestro! Sin embargo, Jesús, con gran calma, responde: "Marta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas, y sin embargo, pocas cosas, o más bien, una sola es necesaria, María eligió la mejor parte, que no le será quitada" (10, 41-42). La palabra de Cristo es clarísima: no desprecia la vida activa, y mucho menos la generosa hospitalidad; pero recuerda el hecho de que la única cosa verdaderamente necesaria es otra: escuchar la Palabra del Señor; ¡y el Señor en ese momento está allí, presente en la Persona de Jesús! Todo lo demás pasará y se nos quitará, pero la Palabra de Dios es eterna y da sentido a nuestra acción cotidiana.
Queridos amigos: como decía, esta página de Evangelio es particularmente adecuada para el tiempo de vacaciones, pues recuerda el hecho de que la persona humana ciertamente tiene que trabajar, empeñarse en las ocupaciones domésticas y profesionales, pero tiene necesidad ante todo de Dios, que es luz interior de Amor y de Verdad. Sin amor, incluso las actividades más importantes pierden su valor, y no dan alegría. Sin un significado profundo, todo nuestro actuar se reduce a activismo estéril y desordenado. Y, ¿quién nos da el Amor y la Verdad, sino es Jesucristo? Aprendamos, por tanto, hermanos, a ayudarnos los unos a los otros, a colaborar, pero antes incluso a escoger juntos la mejor parte, que es y será siempre nuestro bien más grande.
[Tras rezar el Ángelus, el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:]
Saludo a los peregrinos de lengua española, así como a los que se unen a esta oración del Ángelus a través de la radio y la televisión. Siguiendo el Evangelio de hoy, invito a todos a ser bien conscientes de que sólo una cosa es necesaria, Dios mismo, así como a escuchar y practicar la palabra del Señor, para que se fortalezca nuestra esperanza y crezca nuestro amor. Que María nos acompañe y nos ayude en este camino de fe. Feliz Domingo.
[Traducción de original italiano realizada por Jesús Colina
©Libreria Editrice Vaticana]
ZENIT publica la carta pastoral que han publicado los obispos de las diócesis de la provincia eclesiástica de Zaragoza y el obispo de Jaca a propósito de la entrada en vigor, el pasado 15 de julio de 2010, de la ley del aborto en España.
A todos los sacerdotes y consagrados, religiosos y seculares, y a todos los fieles cristianos de nuestras Iglesias particulares, como también a todos los hombres de buena voluntad.
Amadísimos hijos:
Acaba de entrar en vigor la ampliación de la ley del aborto con la Ley 2/2010 de 3 de marzo, llamada eufemísticamente "Ley Orgánica de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo". Callar y no hacer nada ante este nuevo y gravísimo atentado contra la vida de los más inocentes nos puede convertir en cómplices por omisión. Por eso, no podemos callar y debemos pararnos a pensar qué respuesta activa en favor de la vida debemos dar cada uno: individuos, familias, comunidades, instituciones..., todos.
En primer lugar, hay que dejar bien claro que el mayor rechazo y la más grande repulsa que merece la nueva ley del aborto, en vigor desde el pasado 5 de julio, no significa que fuera aceptable la ley anterior. En la práctica, ya existía el aborto libre en España bajo la presunta justificación de embarazo con riesgo para la salud psíquica de la madre. Lo prueban las cifras crecientes de aborto, por encima ya de 150.000 al año los oficialmente registrados. Y no contamos los no registrados, como tampoco los producidos por la así llamada ‘píldora del día después', por las técnicas de reproducción asistida y por otros procedimientos. La situación era ya devastadora y ahora lo va a ser más todavía.
La nueva ley del aborto añade nuevas razones de inmoralidad e injusticia a la anterior. Entre las más graves están las siguientes: Considera el aborto como un derecho de la mujer hasta la semana 14 de gestación, negando en ese tiempo el derecho fundamental a la vida del hijo concebido. De ese modo, considera el aborto como un modo más de ‘planificación de la reproducción' y de anticoncepción. Atenta contra la responsabilidad y misión de la familia al permitir el aborto a las jóvenes desde los 16 años sin el conocimiento de sus padres si así lo quieren ellas. Impone la instrucción práctica para realizar abortos en la formación de los médicos, cuando el aborto no es un verdadero acto médico, porque no corresponde al fin de la Medicina, y la Universidad debe formar médicos, sólo médicos. Puede restringir el derecho a la libertad de conciencia y a la consiguiente objeción de los profesionales sanitarios. Impone un programa educativo escolar en la infancia y en la juventud que es abortista y con una idea falsa de la sexualidad humana. Con lo cual, la nueva ley se arroga despóticamente competencias que no le corresponden en la educación moral de los escolares y atenta contra el principio de subsidiaridad respecto de los padres de familia.
El aborto ni es ejercicio del derecho a la maternidad, ni es un derecho de la mujer a su autodeterminación, ni es un modo de promover la salud sexual y reproductiva. El aborto es la acción de matar intencionalmente al hijo concebido, ya vivo y no nacido todavía. En modo alguno se puede afirmar que la mujer embarazada y el varón responsable del embarazo sólo ‘serán' padres en el futuro, tras su aceptación libre y consciente del fruto de su unión. No. El y ella ya son padres en el presente. El hijo no es ‘algo' que se puede eliminar si interesa, sino ‘alguien' a quien se debe amar dando desinteresadamente la vida por él.
El bien de la vida humana y el derecho correspondiente a la misma son inviolables e incondicionales. La vida humana es siempre un bien, y ha de ser reconocida como tal en cada uno por el mero hecho de existir, por el simple hecho de darse. No se necesita ningún otro título para tener la dignidad propia de la persona humana. Este valor y esta dignidad no se tienen porque los reconozca el Estado o la ley, sino que pueden ser reconocidos porque se tienen con anterioridad, por el mero y simple hecho de su existencia, porque son a priori. Y este valor y esta dignidad los tienen todos seres humanos desde el momento de la concepción hasta el de su muerte natural, independientemente de sus condiciones de desarrollo, salud, calidad de vida o integridad físico-psíquica.
Ninguna circunstancia puede justificar ni convertir en moralmente aceptable el hecho de causar la muerte intencionalmente a un ser humano inocente. Pues bien, dado que eso es precisamente lo que pasa con el aborto, éste es siempre, para todos y sin excepción, un acto inmoral de la máxima gravedad.
La mujer es quien acude a abortar, pero no siempre lo hace con plena libertad. Circunstancias que pueden parecerle sin salida y el hecho de verse abandonada e incluso empujada a abortar por quienes habrían debido apoyarla en su embarazo, pueden disminuir su responsabilidad moral. Lo sabemos y lo tenemos en cuenta. Pero eso no puede convertir en moralmente aceptable el hecho del aborto. Objetivamente el aborto es un crimen abominable, como afirma el Concilio Vaticano II.
En la ley que acaba de entrar en vigor, se afirma que el aborto es un derecho de la mujer en las primeras 14 semanas del embarazo. Se presenta aquélla como una ley que defiende y promueve la libertad y la dignidad de la mujer. Pero, en realidad, hace todo lo contrario. La primera víctima del aborto es el hijo que se elimina matándolo en el propio seno materno. La segunda víctima, independientemente de que se tenga o no conciencia de ello, es la mujer, la madre, porque ésta mata a su hijo y a la vez mata su maternidad, algo intrínseco a su femineidad, un significante maravilloso y exclusivo de esa forma de presentarse y de realizarse el ser humano, que es la mujer, una forma cardinalmente distinta y complementaria a aquella en que se muestra el ser humano varón. Huelga decir que femineidad y masculinidad constituyen las dos formas cardinales únicas de ofrecerse el ser humano en el mundo, dos formas idénticas en su esencia, pero distintas y complementarias. Pues bien, el aborto deja una herida tal en la mujer, que sólo la acción de la gracia divina del perdón podrá sanar definitivamente. Y la responsabilidad de esta herida y la herida misma se extienden también al padre y a quienes deberían haber apoyado la vida del concebido y no lo han hecho.
A veces se oye decir: ‘yo no abortaría, pero estamos en una sociedad plural y hay que aceptar que lo hagan los que tienen otro modo de pensar'. Los que así hablan no tienen en cuenta a los hijos que son eliminados. Uno de los mínimos éticos que toda sociedad ha de exigir incondicionalmente a sus miembros para poder ser comunidad humana es el contenido en el quinto mandamiento de la ley mosáica, asumida por el evangelio de Cristo: "¡No matarás!". Abrazar este mínimo ético no depende de tener una u otra mentalidad, pues constituye éste uno de los preceptos morales mínimos necesariamente exigidos para convivir humanamente. Y, como tal, está siempre presente de forma natural en el corazón de todo hombre y de toda mujer.
Una sociedad libre, pluralista y abierta ha de fundarse sobre la verdad y el bien, y debe afirmar, promover y custodiar efectivamente el primero de los derechos fundamentales de todos sus miembros: el derecho a la vida. Una sociedad que promulga leyes que niegan el derecho a la vida de algunos de sus ciudadanos no está construida sobre la verdad y el bien y, por tanto, carece de futuro. Podrá tener aspectos apreciables, pero sus pies son de barro y acabará más pronto o más tarde por derrumbarse. Además: al reconocer como derecho que unos ciudadanos puedan matar impunemente a otros y negar el derecho a la vida, ya ha comenzado su destrucción. Hoy lo hacen los legisladores ampliando la práctica del aborto; mañana, podría presumirse hagan aquellos formalmente lo mismo con la legalización de la eutanasia.
Todos hemos recibido la vida como un don. Y la vida, que hemos recibido como don, nos constituye a cada uno en don para los demás. El aborto nos importa a todos, porque tiene consecuencias sociales para todos. En cada aborto procurado son eliminados quienes estaban llamados a ser un don para los demás y el don que con ellos y en ellos se nos quería comunicar. En el que es abortado, ¿qué bienes nos iban a llegar a todos y hemos perdido? Cada aborto tiene inevitablemente una gran repercusión social para el presente y para el futuro. Este daño deberá ser redimido.
¿Cómo responder a la ampliación del aborto? ¿Con pasiva resignación? ¿Con un corazón frío y embotado? ¿Afirmando que nada puede cambiar? No. Es preciso actuar renovada e incansablemente. En la sangre de Cristo muerto y resucitado para nuestra salvación tenemos la certeza de que la cultura de la vida vencerá.
Es preciso establecer cauces para ayudar a las madres que se encuentran tentadas de abortar ofreciéndoles alternativas efectivas y sosteniendo cada vez mejor las ofertas diocesanas ya existentes.
Es preciso cultivar la disposición a la adopción en los matrimonios idóneos que no pueden tener hijos y también en los que los tienen. Es preciso apoyar efectivamente la posibilidad de llevar adelante el embarazo para entregar en adopción al recién nacido cuando los padres biológicos no se pueden hacer cargo de él. Es preciso revisar los procedimientos de adopción nacional, para facilitarla procurando siempre el mayor bien del hijo adoptado.
Es preciso seguir ofreciendo una adecuada educación afectivo-sexual según la verdad del hombre y de la mujer, y según la verdad de la procreación humana, tal como ésta es conocida y enseñada por el Magisterio de la Iglesia, madre y maestra.
Es preciso ofrecer a las mujeres que han abortado o que se han visto empujadas a ello la reconciliación con Dios, consigo mismas y con sus hijos por medio del encuentro con Cristo en el sacramento de la confesión. Cristo quiere perdonarlas, hacer que nazcan de nuevo por el don del Espíritu Santo y regalarles vivir en el seno de una comunidad cristiana. Así, se convertirán en testigos y misioneras del Evangelio de la vida para el desafío del difícil tiempo presente. Esa es una misión que todos tenemos y que todos debemos cumplir con la ayuda de Dios, la cual no nos faltará nunca.
Que el Señor nos ayude con su gracia a disipar las profundas tinieblas que se ciernen sobre la conciencia de los hombres de nuestro tiempo y que no pocas veces la ciegan. Y que la luz de la verdad sobre el hombre, una luz que emerge de la razón no ideologizada y, de forma total y plena, de la Revelación, comience a brillar en nuestro horizonte.
Dado en Zaragoza, a 16 de julio,
Memoria obligatoria de Nuestra Señora del Carmen,
del año de gracia de 2010
+ Manuel Ureña, Arzobispo Metropolitano de Zaragoza
+ Jesús Sanz, Arzobispo Metropolitano de Oviedo
y Administrador Apostólico de Huesca y de Jaca
+ Alfonso Milián, Obispo de Barbastro-Monzón
+ José Manuel Lorca, Obispo de Cartagena
y Administrador Apostólico de Teruel y de Albarracín
+ Demetrio Fernández, Obispo de Córdoba
y Administrador Apostólico de Tarazona
Palabras del párroco de La Guancha publicadas en el PROGRAMA DE LAS FIESTAS PATRONALES 2010, dirigidas a los feligreses como preparación para las fiestas.
Estimados feligreses:
En el corazón de los pueblos cristianos, María constituye una presencia dulce y tranquilizadora. Con su estilo discreto, da a todos la paz y la esperanza en momentos alegres y tristes. También en nuestro pueblo de La Guancha las advocaciones de La Esperanza, el Rosario, el Carmen, los Dolores, La Milagrosa y Coromoto nos recuerdan la presencia de la Madre que vela constantemente por sus hijos.
El mes de Agosto, al celebrar las Fiestas Patronales, nos da la oportunidad de llegar nuevamente a los pies de la Virgen de Ntra. Sra. de la Esperanza. Con la piedad del pueblo al que pertenecemos, volveremos a presentarle a nuestra Madre nuestro afecto y nuestra gratitud, y también nuestras preocupaciones.
El inolvidable Papa Juan Pablo II decía una vez: "En el estilo de piedad que es el del pueblo al que yo pertenezco, hallé lo que había descubierto al leer el Tratado sobre la excelentísima devoción a la Virgen María de San Luis María Grignon de Montfort'". "Si antes me contenía por temor a que la devoción mariana tomara la delantera a la de Cristo, en lugar de cederle el paso, al leer el tratado comprendí que, en realidad, ocurría algo muy distinto".
Es que la Virgen Maria es la que más que ningún otro ha contemplado a Dios en el rostro humano de Jesús. Lo vio recién nacido, mientras, envuelto en pañales, era acostado en un pesebre; lo contempló apenas muerto, cuando, bajado de la cruz, lo envolvieron en una sábana y lo llevaron al sepulcro. Dentro de ella se imprimió la imagen de su Hijo martirizado; pero esta imagen se transfiguró después por la luz de la Resurrección. Así, en el corazón de Maria, se custodia el misterio del rostro de Cristo, misterio de muerte y de gloria.
Ella es la Madre que dice a los hombres de nuestro tiempo: no tengáis miedo, Jesús ha vencido al mal; ha vencido su dominio desde su raíz "Cuánta necesidad tenemos de esta hermosa noticia", exclama Benedicto XVI (Diciembre 2009), "Cada día, de hecho, a través de los periódicos, la televisión, la radio, el mal es narrado, repetido, amplificado, acostumbrándonos a las cosas más horribles, haciéndonos insensibles y, en cierto sentido, intoxicándonos, pues lo negativo no se digiere plenamente y día tras día se acumula. El corazón se endurece y los pensamientos de hacen sombríos”.
María con su presencia nos habla de Dios, nos recuerda la victoria de la Gracia sobre el pecado, y nos lleva a esperar incluso en las situaciones humanamente más difíciles.
Escuchemos la voz de María. Escuchemos su llamamiento silencioso. Ella nos dice a cada uno de nosotros: ¡Que donde ha abundado el pecado puede sobreabundar la gracia! Dejémonos tocar por su ternura durante estas fiestas de 2010 desde su traslado del Camarín y quinario en que serán convocados a rendir homenaje los niños, los jóvenes, las cofradías, los enfermos y los mayores hasta los días principales: el domingo, 15 de agosto y el lunes, 16, y el pueblo será más hermoso, más cristiano, más humano.
Gracias, Madre, por tu mensaje de esperanza. Gracias por tu silenciosa pero elocuente presencia en el corazón de nuestro pueblo de La Guancha.
Párroco
Palabras de invitación a las Fiestas Patronales 2010 de la Señora Alcaldesa del municipio de La Guancha, publicadas en el PROGRAMA DE FIESTAS 2010.
Bienvenidos a la fiesta
Este 2010, no ha sido el mejor año para La Guancha, no al menos el que nadie desea. Una serie de acontecimientos especialmente tristes, nos han convertido en protagonistas de una actualidad, en la que nunca hubiéramos querido estar. Pero afortunadamente, La Esperanza, nuestra patrona, nuestra madre, nuestra Señora,... nos ilumina el camino, cuando creemos que se nos ha apagado la luz para siempre. Por eso nos convoca cada año, a unos días de fiesta en su honor, días, en los que veremos reflejados en ella, a los que hoy no están con nosotros y a los que de forma especial en estas fiestas, dedicaremos un emotivo recuerdo, porque también ellos, rieron, bailaron, participaron y trabajaron por nuestras fiestas patronales.
Las fiestas de La Guancha, son unas fiestas llenas de tradición, de la que se ocupan todos nuestros vecinos, aportando su granito de arena y por eso somos capaces de convertirlas en unas fiestas únicas. ¿Quiénes si no, han conseguido que nuestra Bajada de las Hayas, se haya convertido en un referente en las fiestas tradicionales de nuestra tierra? Y... ¿quiénes si no, son los que se ocupan de que Nuestra Señora La Virgen de La Esperanza, brille de una forma especial en todos los actos religiosos? Y... ¿quiénes, si no, se preocupan porque durante estos días, cada detalle esté en su lugar correspondiente, para ofrecer la mejor imagen a los que nos visitan?
Y es que nuestras fiestas, reflejan lo que somos y lo que sentimos, todos los guancheros. Nos identifican los actos religiosos y también los populares: la Fiesta de la Cosecha, el Festival Abruncos, la Bajada de las Hayas o La Papada de Magos, por citar algunos.
No quiero terminar, sin felicitar a las comisiones de fiestas por la ilusión, el trabajo y el empeño, que han derrochado, en la preparación de todos los actos, felicitación que hago extensiva a la concejalía de Fiestas y por supuesto, a todos los vecinos, que contribuyen cada año, a la grandeza y el colorido de nuestras fiestas patronales.
Mis mejores deseos, para estos días de alegría, que nos brinda la fiesta en honor a Nuestra Señora La Virgen de La Esperanza ¡Es momento de divertirse!
¡Fefices fiestas!
MA Elena Luis Domínguez
Alcaldesa de La Guancha
La Comisión de Fiestas 2010 del municipio de La Guancha, Tenerife, ha distribuido el PROGRAMA DE ACTOS en la celebración de las Fiestas Patronales en honor de Nuestra Señora de la Esperanza. (Agosto 2010)
SÁBADO DÍA 7:
A partir de las 16:00 h., BAJADA DE LAS HAYAS. Concentración en la Casa de la Pradera con servicio de trasporte desde la plaza de Ángeles Machado a partir de las 15:00 horas. (Muy importante: Se ruega a los participantes el uso del traje típico canario para dar más vistosidad al evento).
A las 18:00 h., salida de la comitiva acompañada de diversos grupos folklóricos y diversas parrandas locales. A la llegada al templo, y en la puerta del camarín, se incorporará la imagen de la Esperanza acompañando a la comitiva hasta el lugar que ocupara en la puerta del templo parroquial, donde se realizaran las ofrendas. (Radio La Guancha retransmitirá este acto)
A continuación, en la plaza de la iglesia, BAILE DE ROMEROS amenizada por las orquestas "Arguayo Band" y "Bahía Band".
DOMINGO DÍA 8:
A las 12 del mediodía repique de campanas, lanzamiento de cohetes e izado de la bandera en la torre de la iglesia.
LUNES DÍA 9:
Comienzo del Quinario a la Virgen de La Esperanza.
A partir de las 17:00 h., apertura de las Exposiciones "Mujeres a pie de campo" organizada por el Excmo. Cabildo de Tenerife, permaneciendo abierta hasta el día 17 de Agosto. Lugar: Aula del Menor (antigua Cruz Roja, en la Calle Pedro Glez. Yanes)
A las 18:30 h., Rezo del Santo Rosario.
A las 19:00 h., Santa Misa y homilía: "María, figura de la Iglesia como Madre." Ofrenda-homenaje de los niños a la Virgen.
A las 20:00 h. y las 21:30 h., cuartos de final del XXVII TORNEO DE VERANO DE BALONCESTO en el nuevo pabellón deportivo Román Reyes.
MARTES DÍA 14:
Alas 18:30 h., Rezo del Santo Rosario.
A las 19:00 h., Santa Misa y Homilía: "María, figura de la Iglesia como Virgen." Ofrenda-homenaje de los jóvenes.
A las 20:OO h. y las 21:30 h., cuartos de final del XXVII TORNEO DE VERANO DE BALONCESTO en el Pabellón Román Reyes.
MIÉRCOLES DÍA 11:
A las 18:30 h., Rezo del Santo Rosario.
A las 19:00 h., Santa Misa y Homilía: "María, figura de la Iglesia peregrina." Ofrenda-homenaje de la Cofradía de la Santa Pasión a la Virgen.
A las 20:00 h. y las 21:00 h., semifinales del TORNEO DE FUTBOL SALA DE VERANO en el polideportivo El Castillo.
JUEVES DÍA 12:
Alas 18:30 h., rezo del Santo Rosario.
A las 19:00 h., Santa Misa y Homilía: "Intercesión de María a favor de la Iglesia." Ofrenda-homenaje de los enfermos y familiares a la Virgen.
A las 20:00 h. y las 21:30 h., semifinales del XXVII TORNEO DE VERANO DE BALONCESTO en el Pabellón Román Reyes.
A las 21:00 h., desde el balcón del antiguo Ayuntamiento, Bienvenida a las fiestas y LECTURA DEL PREGÓN, a cargo de D. Pedro Pérez Pérez. Seguidamente la Alcaldesa, Dña. Elena Luis Domínguez, procederá el ENCENDIDO DE LA TRACA, con la que se inician oficialmente las fiestas en honor a Ntra., Sra. La Virgen de La Esperanza 2010. A continuación, CONCIERTO de la Agrupación Musical "La Esperanza", en la calle Pedro González Yanes.
VIERNES DÍA 13:
A las 16:00 h., comienzo del Torneo de Envite y Domino.
A las 18:30 h., rezo del Santo Rosario.
A las 19:00 h., Santa Misa y Homilía: María, Reina de la Iglesia. Ofrenda-homenaje de los mayores a la Virgen.
A las 20:00 h., final del TORNEO DE VERANO DE BALONCESTO en el pabellón Román Reyes.
A las 22:00 h., FIESTA DE LA COSECHA. (Este año tendrá como tema "las tradiciones de nuestro pueblo", y contará con las actuaciones de:
-El Ballet Salseando
-Los Jóvenes Cantadores
-El humorista "Juanito Panchín"
(Presenta: Bene Fuentes)
(Radio La Guancha retransmitirá este acto)
SÁBADO DÍA 14:
A las 16:00 h., exhibición de Mountain-bike en el barranco de La Asomada.
A las 16:00 h., continuación del Torneo de Envite
A las 16:30 h., FESTIVAL DE LA TERCERA EDAD, con las actuaciones de:
Club de la Tercera edad del casco de La Guancha
Club "Renacer Costero" de Santo Domingo
Club "25 de Noviembre" de Santa Catalina. (Presenta: Angel Hernández)
Alas 18:30 h., rezo del Santo Rosario.
A las 19:00 h., Santa Misa y Homilía: Evangelio del Domingo.
A las 19:30 h., actuación de la parranda "El Perenkén Guanchero" en la plaza de la Iglesia.
A las 18:00 h., partido de las Estrellas del XXVII TORNEO DE VERANO DE BALONCESTO en el Pabellón Román Reyes.
A las 20:00 h., TORNEO DE FÚTBOL SALA DE VERANO. Disputa del 3° y 4° puestos.
A las 21:00 h., Final del TORNEO DE FÚTBOL SALA DE VERANO.
A las 22:00 h., GRAN BAILE amenizado por la orquesta "Los Concejales". DOMINGO DÍA 15:
De 8:00 h a 9:00 h., I SLALON-EXHIBICIÓN "Virgen de La Esperanza". En la Calle Alhóndiga, verificación de los coches.
A partir de las 10:00 h., I SLALON-EXHIBICIÓN Virgen de La Esperanza, en el barranco de La Asomada.
A las 9:30 h., en la plaza de la iglesia, EXPOSICIÓN DE MOTOS ANTIGUAS organizada por el Moto-Club del Municipio "Chorros de El Pinalete".
A las 12:00 h., SOLEMNE FUNCIÓN RELIGIOSA. La homilía estará a cargo del Rvdo. Sr. D. Juan Antonio Guedes Suárez, Director Espiritual del Seminario Menor, y será cantada por el grupo folklórico Abruncos. (Radio La Guancha retransmitirá este acto)
A continuación, PROCESIÓN de la Virgen de La Esperanza por el recorrido acostumbrado, acompañada por la Banda de Música "La Esperanza" de este municipio.
A las 14:00 h., concentración de motos en la Calle La Alhóndiga (organiza: Moto-Club Chorros de El Pinalete de La Guancha)
A las 15:30 h., salida de las motos según la ruta organizada por los distintos barrios del municipio, con posterior regreso al lugar de salida.
A las 17:00 h., en la plaza de la Iglesia VI FESTIVALABRUNCOS, presentando la "Primera Antología de Abruncos."
A las 21:00 h., Santo Rosario y a continuación PROCESIÓN de la Santa Patrona por el recorrido acostumbrado, acompañada por la Banda de música La Esperanza de nuestro municipio y exhibición de fuegos artificiales a cargo de la Pirotecnia Hermanos Toste.
A la llegada al Templo de la imagen, BAILE a cargo del Grupo "Malagua".
LUNES DÍA 16:
A las 11:30 h., SOLEMNE FUNCIÓN RELIGIOSA. La homilía estará a cargo del M. I. Sr. D. Cristóbal Rafael Pérez Vega, Canónigo Lectoral de la Santa Iglesia Catedral de La Laguna , y será cantada por el Coro Mª Auxiliadora de Los Realejos. A continuación tradicional PROCESIÓN de La Asomada, acompañada por la Banda de Música La Esperanza, con las tradicionales lluvias de cohetes de La Asomada y Lomo de La Guancha.
A las 16:00 h., En el Pabellón Román Reyes XXVII TORNEO DE VERANO DE BALONCESTO, con la siguiente programación.
Campeonato de Two Ball.
Concurso de Triples.
Partido para 3° y 4° puesto.
A las 20:00 h., Gran final y a continuación entrega de trofeos.
A las 16:00 h., FESTIVAL INFANTIL, con la actuación de payasos y personajes de Disney.
Alas 17:30 h., castillos infantiles para el disfrute de todos los niños y talleres de manualidades. -Alas 18:30 h., fiesta de la espuma.
- A las 22:00 h., FESTIVAL DE VARIEDADES con las actuaciones de: " Ángeles y Yuli ", el grupo "Así Son" y "Acrobacias Rusas".
(Presenta : Cándido Quintero)
MARTES DÍA 17:
De 16:00 h. a 20:00 h., ACTIVIDADES JUVENILES: talleres y torneos de ping-pong, dardos, etc., en la plaza de la Iglesia.
A las 22:00 h., CINE AL AIRE LIBRE en la plaza de la Iglesia con la proyección de la película infantil "UP"
MIÉRCOLES DÍA 18:
De 16:00 h. a 20:00 h., ACTIVIDADES JUVENILES: talleres y torneos de ping-pong, dardos, etc, en la plaza de la Iglesia.
A las 22:00 h., CINE ALAIRE LIBRE en la plaza de la Iglesia con la proyección de la película "NO ES TAN FACIL"
JUEVES DÍA 19:
De 16:00 h. a 20:00 h., ACTIVIDADES JUVENILES: talleres y torneos de ping-pong, dardos, etc, en la plaza de la Iglesia.
A las 22:00 h., CINE AL AIRE LIBRE en la plaza de la Iglesia con la proyección de la película "AVATAR".
VIERNES DÍA 20:
A las 22:00 h., en la plaza de la Iglesia GRAN NOCHE JOVEN con la actuación de el Dj y Speaker Jonay Díaz, con regalos y sorpresas.
SÁBADO DÍA 21:
A las 11:00 h., Carrera de caballos a distancia de 1.400 m. en la carretera de El Convento, organizada por el Club Turs Tenerife.
A partir de las 21:00 h., tradicional PAPADA Y BAILE DE MAGOS, contando con la actuación de las Orquestas "Arguayo Band" y "Bahía Band".
(Imprescindible uso de vestimenta típica canaria en este acto y la reserva previa de mesa a través del Área de Cultura y Fiestas del Ayuntamiento de La Guancha, tfno: 922.82.80.02, en horario de lunes a viernes de 9:00 a 13:00 h.)
ZENIT publica el artículo que ha escrito monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas, con el título "Fracturas intracomunitarias".
VER
Estamos realizando las visitas pastorales a parroquias y misiones de nuestra diócesis, con el fin de acompañar y fortalecer el proceso evangelizador y la vida cristiana de las comunidades y animar a los servidores eclesiales. Nos duele constatar el sufrimiento de nuestros pueblos por las divisiones internas que los desestructuran, por diferencias políticas y culturales, por problemas agrarios no resueltos, por la necesidad de tierra, que no alcanza. Ya pasaron las elecciones, pero quedaron heridas y resentimientos, que no sanan fácilmente.
Una de las divisiones más dolorosas y cuestionantes es la originada por las diferentes formas de vivir y expresar la fe, no sólo por la confrontación con los protestantes, sino al interior de las mismas comunidades creyentes. Unos asumen la dimensión social de la fe y hacen mucho análisis de la realidad, y a otros esto les parece pura política, ajena a la Palabra de Dios. A unos les ayuda manifestar su fe con cantos y signos de corte carismático, y a otros esto les parece espiritualismo y evasión del compromiso social y político del cristiano. Unos sostienen su creencia en tradiciones y costumbres de matriz católica, pero con mezcla de ritos más parecidos a los del Antiguo Testamento, sin incidencia en la transformación de la realidad. Unos deben su conversión a algún retiro espiritual, a uno de los nuevos movimientos eclesiales, y otros rechazan todo lo que no vaya en la línea de la pastoral más generalizada; quisieran que se cerrara la puerta a esos movimientos, siendo que a muchos les han sostenido en su fe.
JUZGAR
Dice Jesús: "En esto conocerán todos que ustedes son mis discípulos: si se tienen amor unos a otros" (Jn 13,35). Y comenta San Pablo: "Toda la ley alcanza su plenitud en este solo precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Pero si se muerden y se devoran unos a otros, miren no vayan a destruirse mutuamente" (Gál 5,14-15). Por ello, exhorta a los fieles romanos: "No se estime cada quien más de lo que conviene, sino más bien tengan una sobria estima según la medida de la fe... Nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo en Cristo, pero teniendo dones diferentes, según la gracia que se nos ha dado...Ámense cordialmente unos a otros, cada uno estimando en más a los demás... Tengan un mismo sentir unos con otros, sin complacerse en la altivez" (Rom 12,3-16).
La vocación de nuestra Iglesia es llamar a la unidad, construir la fraternidad, servir de puente y lazo de unión entre los diferentes. Así dice el Concilio Vaticano II: "La Iglesia es en Cristo como un sacramento, o sea signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano" (LG 1).
Nuestro III Sínodo Diocesano, en su nota marginal 504, cita la Exhortación Ecclesia in América del Papa Juan Pablo II: "La diócesis, en cuanto Iglesia particular, tiene la misión de empezar y fomentar el encuentro de todos los miembros del Pueblo de Dios con Jesucristo, en el respeto y promoción de la pluralidad y la diversidad, que no obstaculizan la unidad, sino que le confieren el carácter de comunión" (EAm 36). En concordancia con la santísima Trinidad, origen de la Iglesia y de toda pastoral, nuestro Sínodo nos invita a favorecer "la unidad en la diversidad" (465). "El Consejo Pastoral Parroquial, ejerciendo una labor de mediación, ha de trabajar siempre en favor de la unidad y la reconciliación de los diferentes grupos dentro de la comunidad" (567). Se nos pide reconocer "la parroquia como comunidad de comunidades y movimientos" (pág. 125) y aprovechar "los grupos y movimientos para evangelizar" (371).
ACTUAR
El servicio de cuantos tenemos un ministerio pastoral en las comunidades es escuchar, analizar, iluminar, corregir, impulsar, animar, unir; para ello, debemos servir como un puente entre los extremos, aunque en este servicio seamos pisados por los que transitan de una a otra orilla eclesial.
Seamos un puente de mente abierta y corazón generoso, para unir a los que están partidos, divididos, confrontados, y no seamos de los que excluyen sistemáticamente a quienes viven su fe en forma diferente a la nuestra.
ZENIT publica la segunda de las reflexiones que viene haciendo el obispo de Tehuacán (México), monseñor Rodrigo Aguilar Martínez, sobre el tiempo de vacaciones y la experiencia cristiana del descanso para mejorar la vida del espíritu.
Vuelvo al tema de las vacaciones, dada la vivencia que puedan estar teniendo muchas personas e incluso familias.
El ambiente ofrece la oportunidad de llenar el día... y la noche, de distracciones y diversiones que, a la postre, cansan en lugar de ayudar a descansar. Por el contrario, invito a usted a incluir algo que con frecuencia más bien se evita pero que, si se atiende, puede dar buenos frutos; concédase tiempo para dialogar más a fondo con algún miembro de su familia, para ello no elija la persona con quien más se sienta a gusto, sino la persona que usted piense que más lo necesite o con quien se haya comunicado menos últimamente. También los niños y los jóvenes entren en esta decisión de elegir y actuar en una comunicación más a fondo; no se imaginan la alegría que podrá dar a sus papás o hermanos mayores que ustedes, el que quieran platicar con más calma con ellos.
¿De qué dialogar? Hay algunas relaciones en la familia que se han atorado, que están casi secas, y no se ocurre nada por decir. Si la búsqueda no da buenos resultados, no desistir, hay que seguir ofreciendo y buscando la oportunidad.
Se puede iniciar el diálogo compartiendo vivencias muy personales, con la intención de darse a conocer: algún hecho concreto, los sentimientos experimentados, lo que significó para uno. La persona que escucha, no necesariamente ha de estar de acuerdo con lo que escucha, más bien se trata de acoger en el propio corazón a la persona que está entregando el suyo. Además, dialogar a fondo no significa solamente decir muchas palabras. Es más que ser buen conversador. Es entregarse a la otra persona, acoger a la otra persona.
También hay que tener en cuenta que se dialoga no sólo con las palabras que se pronuncian, sino también con la mirada, con el rostro, con las manos, con todo el cuerpo. Los gestos dicen con frecuencia más que muchas palabras.
Desgraciadamente hay personas que han crecido en atmósfera de familia desintegrada, en que son más frecuentes los gritos, rechazos, insultos, desprecios que las expresiones de amor y apoyo. Si éste fuera el caso, de tener más presentes las experiencias negativas, las cuales ahogan como si no existieran las experiencias positivas, tenga usted en cuenta que hay Alguien que siempre nos ha amado: Dios Trino y Uno. Efectivamente, Dios Padre nos ha amado tanto que nos ha dado a su Hijo, el cual, agradecido con su Padre Dios, también nos ha amado, dando la vida por nosotros; y la ha dado no porque seamos buenos, sino porque somos pecadores pero para que seamos buenos y virtuosos; además nos ha dicho, con su palabra y con sus obras, que no somos sus siervos, sino sus amigos; también nos ha dado su Espíritu, para sostenernos como amigos de Jesús. En este Dios Trino y Uno está la fuente de la comunicación que da comunión, para ensayarla en la relación familiar. Desde la comunicación de Dios Trino y Uno, nos podemos en la familia como regalo de Dios: el otro, regalo de Dios para mí, yo regalo de Dios para los demás -subrayo: regalo, no carga ni fastidio-; por lo mismo, nos vemos como pertenencia mutua; el otro como alguien que me pertenece y yo en pertenencia a otros -subrayo: pertenencia, no división y antagonismo-; de modo que nos aceptemos y sobrellevemos mutuamente, y nos ayudemos en el mutuo desarrollo -subrayo: no para tener envidia sino alegría con el desarrollo del otro-. Si esto lo vivimos en la familia de manera consciente, libre y amplia, la relación fuera de la familia será plenamente humana, al vernos en pertenencia mutua, en mutuo apoyo para el desarrollo; en suma, como una gran familia humana, más aún como la familia de los hijos de Dios.
Cada día es propicio para dar el primer paso, y el segundo y los siguientes; a fin de buscar un acercamiento, una reconciliación, una comunicación más profunda. Si en las vacaciones se organizan tiempos de diálogo, será una magnífica inversión que no dejará de dar sus frutos.
María de Guadalupe, Madre de Jesús y Madre nuestra, nos acompaña en este proceso de comunicación y comunión familiar.
Homilía de monseñor Marcelo Raúl Martorell, obispo de Puerto Iguazú, para el domingo XV durante el año (11 de julio de 2010). (AICA)
“SEÑOR, TU PALABRA ESTÉ EN MI BOCA Y EN MI CORAZÓN PARA PONERLA EN PRÁCTICA”
La liturgia de este día gira alrededor del tema de la Ley del Señor: “Escucha la voz del Señor, tu Dios, guardando sus preceptos y mandatos” (Deut. 30,10). Dios ha pactado con el hombre su alianza y le ha comunicado su voluntad. Esta Ley está escrita en el corazón de los hombres desde el día mismo de su creación y por lo tanto acorde a su corazón. “El precepto que yo te mando hoy no es cosa que te exceda, ni inalcanzable; está muy cerca de ti, en tu corazón y en tu boca, cúmplelo” (Deut. 11,14). La Ley de Dios pide al pueblo que viva según la Palabra de Dios, que lo ama e invita a amarlo. Para poner en práctica esto es necesario estar disponible y abierto a su palabra y a la acción del Espíritu Santo.
Jesús es la Palabra de Dios, su Verbo, que se hizo carne y vino a morar en medio de los hombres, revelando de un modo pleno la voluntad divina, expresada en los mandamientos. El evangelio de hoy presenta a Jesús que habla con un doctor de la Ley el cual lo interroga acerca de cual es el mandamiento primero de la Ley. Jesús le responde: “el amor a Dios y al prójimo”. El doctor interroga al maestro, no para aprender, sino para ponerlo a prueba y termina su consulta preguntándole: “¿y quién es mi prójimo? Y es aquí donde Jesús le responde con la parábola del buen samaritano. No nos olvidemos que los samaritanos son extranjeros y extraños a la Ley, sin embargo Jesús le cuenta la historia de un hombre atacado por bandoleros, que fue dejado a la orilla del camino, herido y despojado de sus bienes. Dos individuos pasan a su lado, un sacerdote y un levita, quienes lo ven tirado y herido pero siguen su camino sin preocuparse de él. Solamente el tercer hombre -que era samaritano- se compadece de él, se detiene, lo socorre y le brinda todo su auxilio, incluso gasta su dinero para que lo curen.
La conclusión a la pregunta de esta parábola es fácil: todo el que está a tu lado es tu “prójimo” sobre todo cuando está necesitado de ayuda y éste debe ser amado como cada uno se ama a sí mismo. La parábola obliga al doctor de la Ley a reconocer que quien cumple con la Ley no necesariamente es un hombre instruido en ella, como era el caso del sacerdote y del levita, sino que hasta puede ser un samaritano con un corazón tierno, aunque sea considerado por los judíos como incrédulo y pecador. El que tiene un corazón duro y egoísta encuentra mil maneras para justificar su falta de caridad y de solidaridad con el prójimo. Poco importa, en efecto, conocer la moral a la perfección y discutir en torno a ella, cuando no se cumple con los deberes más elementales como los que plantea la parábola. El que tiene un corazón duro y egoísta siempre encontrará suficientes excusas para eximirse de ayudar al prójimo, sobre todo cuando el tener que hacerlo produce incomodidad, exige sacrificio, abnegación y esfuerzo.
Jesús no quiere hablar con el doctor en forma magistral, como lo hacen los doctores y los fariseos sino que emplea simples parábolas para explicar la Palabra de Dios y más aún cuando ésta hace referencia al amor, que es la ley fundamental de la vida y de la relación con Dios. El amor lleva en si mismo su justificación. El evangelista Juan afirma con profundidad que “Dios es amor” y San Juan de la Cruz nos recuerda que “en la tarde de la vida seremos examinados en el amor”.
La segunda lectura nos deja esta enseñanza: “Jesús es imagen del Dios invisible y primogénito de toda criatura” y quiere ser reconocido y amado por los hombres en la imagen humilde y visible del prójimo. Los hombres y mujeres de hoy tenemos que tener presente en nuestras vidas la imagen del buen samaritano para considerar a quien está al lado como a nuestro prójimo y brindarle toda nuestra ayuda, especialmente cuando está necesitado o abandonado.
El amor es el primero y más decisivo de los mandamientos, es el criterio para ver si estamos en la verdad. El mundo de hoy necesita que cambiemos el corazón, que le mostremos que es posible transformarlo por el amor y que con esta fuerza transformadora que nos da el Espíritu Santo podemos ser constructores de una sociedad nueva. Los grandes males del mundo de hoy son posibles porque Dios está ausente en el corazón del hombre y vive indiferente, como si Dios no existiera. No se puede construir una sociedad nueva sin Dios y sin Él es imposible la solidaridad, el amor al prójimo y una vida más humana y más digna.
Pidamos a la Santísima Virgen, nos ayude a colmar nuestro corazón con el amor de Dios y nos enseñe a vivir verdaderamente el amor al prójimo.
Mons. Marcelo Raúl Martorell, obispo de Puerto Iguazú
Saludo de monseñor Andrés Stanovnik, arzobispo de Corrientes a Nuestra Señora de Itatí (Atrio de la Basílica, 16 de julio de 2010). (AICA)
SALUDO A LA IMAGEN DE NUESTRA SEÑORA DE ITATÍ
Te saludamos Madre de Itatí, con el nombre más hermoso que puede darte un corazón que te ama: “Tiernísima Madre de Dios y de los hombres”. Esta noche, en medio de la oscuridad y el frío, vemos cómo resplandece tu hermoso rostro, todo inundado de la entrañable misericordia de nuestro Dios. Sos tiernísima Madre, porque Dios te quiso hacer así y vos te dejaste modelar por la acción amorosa de su voluntad. Toda vos nos hablas de Dios. Mientras contemplamos tu mirada serena y tus manos suplicantes, sentimos que la inmensa ternura de nuestro Dios se derrama suave y cálida sobre nuestra vida. Nos conmueve en lo más íntimo de nuestro ser experimentar que Dios nos ama entrañablemente y que por tu poderosa intercesión ningún peregrino, que humildemente recurre a vos, queda sin respuesta.
Hoy, al contemplarte como la Pura y Limpia Concepción, amada por Dios como criatura humana, nos conmueve saber que Dios se revistió de tu carne y te respetó en tu hermosa naturaleza de mujer, como el mismo te creó. ¡Qué inmenso y profundo es el amor y el respeto que Dios tiene por nuestra naturaleza humana! A pesar de haberla oscurecido nosotros por el pecado, él no se apartó de nosotros, al contrario, nos abrazó haciéndose uno de nosotros, y tomando cuerpo de varón. Hoy, en medio de una gran confusión sobre la identidad del ser humano, contemplemos serenamente la maravillosa obra que Dios hizo en María, cuando ella aceptó que fuera su Madre. Sólo un amor así, que respeta el don natural del cuerpo y que lo asume con amor, puede engendrar vida verdadera. Hoy más que nunca, querida Madre de Itatí, necesitamos contemplarte y pedirte que estés cerca de nuestro pueblo, lo cuides y protejas de una dirigencia que, en su mayoría, se revela tan escasa de sabiduría y tan negada de grandeza.
Sin embargo, a pesar de los tiempos confusos que vivimos, tan poco favorables a los grandes valores que sustentan el matrimonio entre varón y mujer –única base sólida para construir la familia–, y ambos, fundamentos irremplazables para el progreso espiritual y material de un pueblo, vos, tierna Madre nuestra, estás definitivamente en el centro de nuestros corazones, como un potentísimo faro que ilumina nuestra historia. Nos sentimos muy felices por eso y muy agradecidos a Dios, porque nos hizo ese maravilloso regalo de tu vida. Estás en el centro, pero vos misma, con mucha ternura y al mismo tiempo con mucha firmeza, nos estás diciendo que no sos el centro. Estás junto a la cruz de tu Hijo. Él es el centro: allí está el amor de Dios entregado hasta el extremo de dar la vida por nosotros. Por eso, acércanos, con tu mano tierna y firme, hacia la cruz de tu Hijo Jesús, y enséñanos a abrazarla con amor y sin miedos. Ayúdanos a estar de pie con vos junto a la cruz y concédenos un gran amor a tu Divino de Jesús. La amistad con él nos da un corazón puro, humilde y prudente, para respetar a todos, pero también para saber qué está bien y qué está mal, y aprender a rechazar lo que está mal sin ofender ni herir la dignidad que todo ser humano se merece. El amor a tu Divino Hijo Jesús, nos hace pueblo peregrino, que siente sus raíces profundamente arraigadas en Dios. Por eso, el verdadero peregrino se convierte en misionero de una cultura de la vida y del amor, se compromete a vivir fiel en el matrimonio –constituido por una mujer y un varón–, responsable en la familia, honesto en la función pública y siempre dispuesto a participar activamente en todas las iniciativas que promuevan relaciones más justas, más fraternas, y más respetuosas entre todos.
Los invito a rezar juntos la oración más hermosa que recibimos como regalo de nuestros padres y abuelos, con mucho fervor suplicando a María de Itatí, junto a la Cruz, que extienda su manto de ternura sobre nuestra Iglesia arquidiocesana que celebra su jubileo, sobre los peregrinos y devotos que vienen en camino hacia este santuario, y sobre todo nuestro pueblo argentino: “Tiernísima Madre de Dios y de los hombres…”.
Mons. Andrés Stanovnik OFMCap, arzobispo de Corrientes
Documento final de la 94° Asamblea Ordinaria de la Conferencia Episcopal de Venezuela, que se ha celebrado en Caracas del 7 al 12 de julio de 2010.
Exhortación de la Conferencia Episcopal Venezolana en la XCIV Asamblea Plenaria Ordinaria
DEMOCRACIA Y PARTICIPACIÓN: COMPROMISO DE TODOS
1. Reunidos en la 94° Asamblea Ordinaria del Episcopado venezolano, en el marco de la aplicación del Concilio Plenario de Venezuela y la realización de la Misión Continental, los Arzobispos y Obispos, como hermanos y pastores de la Iglesia, en fidelidad al Evangelio, compartimos las angustias y tristezas del pueblo, sus alegrías y esperanzas, mostrándoles a Jesucristo, único camino de salvación, y contribuyendo a iluminar las conciencias ante las próximas elecciones parlamentarias.
Venezuela: casa de todos
2. La gran mayoría de nuestro pueblo aspira a que Venezuela sea una "casa común", como soñaron los fundadores de la República: amplia, acogedora, tolerante, pacífica y fraterna. Una gran familia que cultive la libertad y el respeto, con un proyecto de país donde quepamos todos y sean respetados plenamente los derechos humanos. Un país que se construya sobre los valores de la paz, la justicia y la verdad, para dejarlo como herencia a las nuevas generaciones. Nuestro pueblo anhela un clima de entendimiento, y reconciliación. Aspira a vivir en un ambiente de armonía, confianza, seguridad y esperanza. Esto sólo lo puede obtener en la medida en que todos trabajemos para alcanzarlo.
3. Necesitamos cultivar el diálogo sereno, como medio necesario para una auténtica convivencia ciudadana, "fruto de la aceptación convencida de los valores que inspiran los procedimientos democráticos: la dignidad de la persona humana, el respeto de los derechos del hombre, la asunción del bien común como fin y criterio regulador de la vida política" (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 407). Es preciso aprender de nuevo a compartir como ciudadanos, a preocuparnos por la entera comunidad nacional, debatiendo entre todos los sectores y resolviendo juntos los problemas en todas las instancias nacionales, regionales, municipales y vecinales.
4. Contradice estos anhelos el clima de violencia y corrupción que reina en muchas esferas de la vida del país, que se ha puesto de manifiesto sobre todo en la inseguridad, las muertes violentas, tanto en la calle como en las cárceles y la escandalosa pérdida de alimentos y medicamentos.
5. La polarización ideológico-política de diversos actores no contribuye a la creación de un ambiente favorable. De los altos mandatarios y de los funcionarios se espera que en sus declaraciones den ejemplo del respeto que merecen todos los ciudadanos. Rechazamos las reiteradas e injustas agresiones por parte del Presidente de la República a personas e instituciones, hiriendo inclusive el sentimiento religioso de diversas confesiones. En tal sentido, unidos al pueblo cristiano, expresamos nuestra solidaridad con el Señor Cardenal, Jorge Urosa Savino, Arzobispo de Caracas.
6. El pueblo desea vivir en democracia, en estado de derecho, con participación real de todos, en un clima de justicia social y libertad. Así lo decidió en el referendo del 2 de diciembre de 2007. Por eso es absolutamente inaceptable la imposición de un "Estado socialista" que se inspira en el régimen comunista cubano y se ha venido concretando a través de leyes y hechos que desconocen la voluntad popular y la Constitución vigente. Ese proyecto "no sólo toca el tejido material y organizativo del cuerpo social, sino también, y sobre todo, afecta el fondo íntimo, espiritual, del alma nacional" (Carta Pastoral del episcopado venezolano sobre el Bicentenario de la Declaración de Independencia de la República, del 15/01/2010, 20).
Ante las próximas elecciones parlamentarias
7. De acuerdo a la Constitución (cf Título V, Cap. I), la Asamblea Nacional ha de ser el órgano que promueva, reciba y apruebe las iniciativas legislativas a favor del bien común, a través de procedimientos que garanticen la participación de los sectores de la comunidad interesados en la materia. Debe ser también un órgano de ejercicio real y efectivo de control de la Administración Pública, que vele por el uso correcto de los recursos y por el desarrollo de una gestión que satisfaga los objetivos democráticamente definidos. Estas funciones hacen de ella una instancia insustituible en una democracia.
8. La Asamblea Nacional ha de representar al pueblo, en toda su diversidad política y regional, garantizando el estado de derecho. A diferencia del Poder Ejecutivo, está estructuralmente llamada a recibir en su seno posturas políticas divergentes, siendo representativa de todos los sectores y pensamientos. Ha de reflejar y concretar el ideal expresado en el artículo 2 de la Carta Magna: "Venezuela se constituye en un Estado Democrático y social de derecho y de justicia, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico y de su actuación, la vida, la libertad, la responsabilidad social y en general, la preeminencia de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político".
9. Ante la necesidad de garantizar el fortalecimiento de nuestra democracia, consideramos de fundamental importancia las venideras elecciones parlamentarias. Ellas son una invalorable oportunidad para ratificar nuestra fe en la auténtica soberanía del pueblo, con espíritu de apertura a la pluralidad de pensamientos, ideas y acciones. Exhortamos a la ciudadanía a comprometerse activamente en la elección de los Representantes a la Asamblea Nacional, a través del ejercicio libre, consciente y responsable del voto el próximo 26 de septiembre. Votar es un compromiso de todos, un grave deber de conciencia ciudadano y cristiano.
Conclusión.
10. Los venezolanos hemos de tener esperanza y confianza. Si grandes son los obstáculos que se han de vencer, mayores deben ser los esfuerzos por la reconciliación, la paz y la solidaridad, especialmente con los más pobres. Para esto contamos con la fuerza de nuestra libertad y el auxilio del Señor Jesucristo, quien nos invita a que todos seamos uno, como el Padre y Él son uno (cf Jn 17, 21).
11. Confiados en la maternal protección de la Santísima Virgen María, bajo la advocación de Nuestra Señora de Coromoto, invitamos a todos los creyentes a orar por los destinos de nuestra patria e impartimos con especial afecto la bendición de Dios Todopoderoso.
Firman los Arzobispos y Obispos de Venezuela.
Caracas, 12 de julio de 2010.
ZENIT publica las "Normas sobre los delitos más graves" (Normae de gravioribus delictis) que ha emitido el jueves 15 de julio de 2010 la Congregación para la Doctrina de la Fe.
Primera Parte
NORMAS SUSTANCIALES
Art. 1
§ 1. La Congregación para la Doctrina de la Fe, a tenor del art. 52 de la Constitución Apostólica Pastor Bonus, juzga los delitos contra la fe y los delitos más graves cometidos contra la moral o en la celebración de los sacramentos y, en caso necesario, procede a declarar o imponer sanciones canónicas a tenor del derecho, tanto común como propio, sin perjuicio de la competencia de la Penitenciarí Apostólica y sin perjuicio de lo que se prescribe en la Agendi ratio in doctrinarum examine.
§ 2. En los delitos de los que se trata en el § 1, por mandato del Romano Pontífice, la Congregación para la Doctrina de la Fe tiene el derecho de juzgar a los Padres Cardenales, a los Patriarcas, a los legados de la Sede Apostólica, a los Obispos y, asimismo, a las otras personas físicas de que se trata en el can. 1405 § 3 del Código de Derecho Canónico y en el can. 1061 del Código de Cánones de las Iglesias Orientales.
§ 3. La Congregación para la Doctrina de la Fe juzga los delitos reservados de los que se trata en el § 1 a tenor de los siguientes artículos.
Art. 2
§ 1. Los delitos contra la fe, de los que se trata en el art. 1, son herejía, cisma y apostasía, a tenor de los cánones 751 y 1364 del Código de Derecho Canónico y de los cánones 1436 y 1437 del Código de Cánones de las Iglesias Orientales.
§ 2. En los casos de que se trata en el § 1, a tenor del derecho, compete al Ordinario o al Jerarca remitir, en caso necesario, la excomunión latae sententiae, y realizar el proceso judicial de primera instancia o actuar por decreto extra judicial sin perjuicio del derecho de apelar o de presentar recurso a la Congregación para la Doctrina de la Fe.
Art. 3
§ 1. Los delitos más graves contra la santidad del augustísimo Sacrificio y sacramento de la Eucaristía reservados al juicio de la Congregación para la Doctrina de la Fe son:
1. llevarse o retener con una finalidad sacrílega, o profanar las especies consagradas, de que se trata en el can. 1367 del Código de Derecho Canónico y en el can. 1442 del Código de Cánones de las Iglesias Orientales;
2. Atentar la acción litúrgica del Sacrificio Eucarístico, de que se trata en el can. 1378 § 2 n.1 del Código de Derecho Canónico;
3. La simulación de la acción litúrgica del Sacrificio Eucarístico de la que se trata en el can. 1379 del Código de Derecho Canónico y en el can. 1443 del Código de Cánones de las Iglesias Orientales;
4. La concelebración del Sacrificio Eucarísitico prohibida por el can. 908 del Código de Derecho Canónico y por el can. 702 del Código de Cánones de las Iglesias Orientales, de la que se trata en el can. 1365 del Código de Derecho Canónico y en el can. 1440 del Código de Cánones de las Iglesias Orientales, con ministros de las comunidades eclesiales que no tienen la sucesión apostólica y no reconocen la dignidad sacramental de la ordenación sacerdotal.
§ 2. Está reservado también a la Congregación para la Doctrina de la Fe el delito que consiste en la consagración con una finalidad sacrílega de una sola materia o de ambas en la celebración eucarística o fuera de ella. Quien cometa este delito sea castigado según la gravedad del crimen, sin excluir la dimisión o deposición.
Art. 4
§ 1. Los delitos más graves contra la santidad del Sacramento de la Penitencia reservados al juicio de la Congregación para la Doctrina de la Fe son:
1. La absolución del cómplice en un pecado contra el sexto mandamiento del Decálogo del que se trata en el can. 1378 § 1 del Código de Derecho Canónico y en el can. 1457 del Código de Cánones de las Iglesias Orientales;
2. La atentada absolución sacramental o la escucha prohibida de la confesión de las que se trata en el can. 1378 § 2, 2E Código de Derecho Canónico;
3. La simulación de la absolución sacramental de la que se trata en el can. 1379 del Código de Derecho Canónico y en el can. 1443 Código de Cánones de las Iglesias Orientales;
4. La solicitación a un pecado contra el sexto mandamiento del Decálogo durante la confesión o con ocasión o con pretexto de ella, de la que se trata en el can. 1387 del Código de Derecho Canónico y en el can. 1458 del Código de Cánones de las Iglesias Orientales, si tal solicitación se dirige a pecar con el mismo confesor;
5. La violación directa e indirecta del sigilo sacramental, de la que se trata en el can. 1388 § 1 del Código de Derecho Canónico y en el 1456 § 1 del Código de Cánones de las Iglesias Orientales.
§ 2. Sin perjuicio de lo dispuesto en el § 1 n.5, se reserva también a la Congregación para la Doctrina de la Fe el delito más grave consistente en la grabación hecha con cualquier medio técnico, o en la divulgación con malicia en los medios de comunicación social, de las cosas dichas por el confesor o por el penitente en la confesión sacramental verdadera o fingida. Quien comete este delito debe ser castigado según la gravedad del crimen, sin excluir la dimisión o la deposición, si es un clérigo.
Art. 5
A la Congregación para la Doctrina de la Fe se reserva también el delito más grave de la atentada ordenación sagrada de una mujer:
1. Quedando a salvo cuanto prescrito por el can. 1378 del Código de Derecho Canónico, cualquiera que atente conferir el orden sagrado a una mujer, así como la mujer que atente recibir el orden sagrado, incurre en la excomunión latae sententiae reservada a la Sede Apostólica;
2. Si quien atentase conferir el orden sagrado a una mujer o la mujer que atentase recibir el orden sagrado fuese un fiel cristiano sujeto al Código de Cánones de las Iglesias Orientales, sin perjuicio de lo que se prescribe en el can. 1443 de dicho Código, sea castigado con la excomunión mayor, cuya remisión se reserva también a la Sede Apostólica;
3. Si el reo es un clérigo, puede ser castigado con la dimisión o la deposición.
Art. 6
§ 1. Los delitos más graves contra la moral, reservados al juicio de la Congregación para la Doctrina de la Fe, son:
1. El delito contra el sexto mandamiento del Decálogo cometido por un clérigo con un menor de 18 años. En este número se equipara al menor la persona que habitualmente tiene un uso imperfecto de la razón;
2. La adquisición, retención o divulgación, con un fin libidinoso, de imágenes pornográficas de menores, de edad inferior a 14 años por parte de un clérigo en cualquier forma y con cualquier instrumento.
§ 2. El clérigo que comete los delitos de los que se trata en el § 1 debe ser castigado según la gravedad del crimen, sin excluir la dimisión o la deposición.
Art. 7
§ 1. Sin perjuicio del derecho de la Congregación para la Doctrina de la Fe de derogar la prescripción para casos singulares la acción criminal relativa a los delitos reservados a la Congregación para la Doctrina de la Fe se extingue por prescripción en 20 años.
§ 2. La prescripción inicia a tenor del can. 1362 § 2 del Código de Derecho Canónico y del can. 1152 § 3 del Código de Cánones de las Iglesias Orientales. Sin embargo, en el delito del que se trata en el art. 6 § 1 n. 1, la prescripción comienza a correr desde el día en que el menor cumple 18 años.
Segunda Parte
NORMAS PROCESALES
Título I
Constitución y competencia del tribunal
Art. 8
§ 1. La Congregación para la Doctrina de la Fe es el supremo tribunal apostólico para la Iglesia latina, así como también para las Iglesias Orientales Católicas, para juzgar los delitos definidos en los artículos precedentes.
§ 2. Este Supremo Tribunal juzga también otros delitos, de los cuales el reo es acusado por el Promotor de Justicia, en razón de la conexión de las personas y de la complicidad.
§ 3. Las sentencias de este Supremo Tribunal, emitidas en los límites de su propia competencia, no son sujetas a la aprobación del Sumo Pontífice.
Art. 9
§ 1. Los jueces de este supremo tribunal son, por derecho propio, los Padres de la Congregación para la Doctrina de la Fe.
§ 2. Preside el colegio de los Padres, como primero entre iguales, el Prefecto de la Congregación y, en caso de que el cargo de Perfecto esté vacante o el mismo prefecto esté impedido, su oficio lo cumple el Secretario de la Congregación.
§ 3. Es competencia del Prefecto de la Congregación nombrar también otros jueces estables o delegados.
Art. 10
Es necesario que los jueces nombrados sean sacerdotes de edad madura, con doctorado en derecho canónico, de buenas costumbres y de reconocida prudencia y experiencia jurídica, aun en el caso de que ejerciten contemporáneamente el oficio de juez o de consultor de otro dicasterio de la curia romana.
Art. 11
Para presenta y sostener la acusación se constituye un promotor de justicia que debe ser sacerdote, con doctorado en derecho canónico, de buenas costumbres y de reconocida prudencia y experiencia jurídica, que cumpla su oficio en todos los grados del juicio.
Art. 12
Para el cargo de notario y de canciller se pueden designar tanto sacerdotes oficiales de esta Congregación como externos.
Art. 13
Funge de Abogado y Procurador un sacerdote, doctorado en derecho canónico, aprobado por el Presidente del colegio.
Art. 14
En los otros tribunales, sin embargo, para las causas de las que tratan las presentes normas, pueden desempeñar válidamente los oficios de Juez, Promotor de Justicia, Notario y Patrono solamente sacerdotes.
Art. 15
Sin perjuicio de lo prescrito por el can. 1421 del Código de Derecho Canónico y por el can. 1087 del Código de Cánones de las Iglesias Orientales, la Congregación para la Doctrina de la Fe puede conceder la dispensa del requisito del sacerdocio y también del requisito del doctorado en derecho canónico.
Art. 16
Cada vez que el Ordinario o el Jerarca reciba una noticia al menos verosímil de un delito más grave hecha la investigación previa, preséntela a la Congregación de la Doctrina de la Fe, la cual, si no avoca a sí misma la causa por circunstancias particulares, ordenará al Ordinario o al Jerarca proceder ulteriormente, sin perjuicio, en su caso, del derecho de apelar contra la sentencia de primer grado sólo al Supremo Tribunal de la misma Congregación.
Art. 17
Si el caso se lleva directamente a la Congregación sin haberse realizado la investigación previa, los preliminares del proceso, que por derecho común competen al ordinario o al Jerarca, pueden ser realizados por la misma Congregación.
Art. 18
La Congregación para la Doctrina de la Fe, en los casos legítimamente presentados a ella, puede sanar los actos, salvando el derecho a la defensa, si fueron violadas leyes meramente procesales por parte de Tribunales inferiores que actúan por mandato de la misma Congregación o según el art. 16.
Art. 19
Sin perjuicio del derecho del Ordinario o del Jerarca de imponer cuanto se establece en el can. 1722 del Código de Derecho Canónico o en el can. 1473 del Código de Cánones de las Iglesias Orientales, desde el inicio de la investigación previa, también el Presidente de turno del Tribunal a instancia del Promotor de Justicia, posee la misma potestad bajo las mismas condiciones determinadas en dichos cánones.
Art. 20
El Supremo Tribunal de la Congregación para la Doctrina de la Fe juzga en segunda instancia:
1. Las causas juzgadas en primera instancia por los Tribunales inferiores;
2. Las causas definidas en primera instancia por el mismo Supremo Tribunal Apostólico.
Título II
El orden judicial
Art. 21
§ 1. Los delitos más graves reservados a la Congregación para la Doctrina de la Fe se persiguen en un proceso judicial.
§ 2. No obstante, la Congregación para la Doctrina de la Fe puede:
1. en ciertos casos, de oficio o a instancia del Ordinario o del Jerarca, decidir que se proceda por decreto extrajudicial del que trata el can. 1720 del Código de Derecho Canónico y el can. 1486 del Código de Cánones de las Iglesias Orientales; esto, sin embargo, con la mente de que las penas expiatorias perpetuas sean irrogadas solamente con mandato de la Congregación para la Doctrina de la Fe.
2. presentar directamente casos gravísimos a la decisión del Sumo Pontífice en vista de la dimisión del estado clerical o la deposición junto con la dispensa de la ley del celibato, siempre que conste de modo manifiesto la comisión del delito y después de que se haya dado al reo la facultad de defenderse.
Art. 22
El Prefecto constituya un Turno de tres o de cinco jueces para juzgar una causa.
Art. 23
Si, en grado de apelación, el Promotor de Justicia presenta una acusación específicamente diversa, este Supremo Tribunal puede, como en la primera instancia, admitirla y juzgarla.
Art. 24
§ 1. En las causas por los delitos de los que se trata en el art. 4 § 1, el Tribunal no puede dar a conocer el nombre del denunciante ni al acusado ni a su Patrono si el denunciante no ha dado expresamente su consentimiento.
§ 2. El mismo Tribunal debe evaluar con particular atención la credibilidad del denunciante.
§ 3. Sin embargo es necesario advertir que debe evitarse absolutamente cualquier peligro de violación del sigilo sacramental.
Art. 25
Si surge una cuestión incidental, defina el Colegio la cosa por decreto con la máxima prontitud.
Art. 26
§ 1. Sin perjuicio del derecho de apelar a este Supremo Tribunal, terminada de cualquier forma la instancia en otro Tribunal, todos los actos de la causa sean cuanto antes trasmitidos de oficio a la Congregación para la Doctrina de la Fe.
§ 2. Para el Promotor de Justicia de la Congregación, el derecho de impugnar una sentencia comienza a partir del día en que la sentencia de primera instancia es dada a conocer al mismo Promotor.
Art. 27
Contra los actos administrativos singulares emanados o aprobados por la Congregación para la Doctrina de la Fe en los casos de delitos reservados, se admite el recurso, presentado en un plazo perentorio de sesenta días útiles, a la Congregación Ordinaria del mismo Dicasterio, o Feria IV, la cual juzga la sustancia y la legitimidad, eliminado cualquier recurso ulterior del que se trata en el art. 123 de la Constitución Apostólica Pastor bonus.
Art. 28
Se tiene cosa juzgada:
1. si la sentencia ha sido emanada en segunda instancia;
2. si la apelación contra la sentencia no ha sido interpuesta dentro del plazo de un mes;
3. si, en grado de apelación, la instancia caducó o se renunció a ella;
4. si fue emanada una sentencia a tenor del art. 20.
Art. 29
§ 1. Las costas judiciales sean pagadas según lo establezca la sentencia.
§ 2. Si el reo no puede pagar las costas, éstas sean pagadas por el Ordinario o Jerarca de la causa.
Art. 30
§ 1. Las causas de este género están sujetas al secreto pontificio.
§ 2. Quien viola el secreto o, por dolo o negligencia grave, provoca otro daño al acusado o a los testigos, a instancia de la parte afectada o de oficio, sea castigado por el Turno Superior con una pena adecuada.
Art. 31
En estas causas junto a las prescripciones de estas normas, a las cuales están obligados todos los tribunales de la Iglesia latina y de las Iglesias Orientales Católicas, se deben aplicar también los cánones sobre los delitos y las penas, y sobre el proceso penal de uno y de otro Código.
[Texto original en italiano, traducción distribuida por la Santa Sede]
ZENIT publica la relación que ha emitido este jueves la Oficina de Información de la Santa Sede sobre los cambios introducidos por las nuevas "Normas sobre los delitos más graves" reservados a la Congregación para la Doctrina de la Fe.
En el nuevo texto de las Normae de gravioribus delictis, modificado por decisión del Romano Pontífice Benedicto XVI del 21 de mayo de 2010, se encuentran varios cambios tanto en la parte que concierne a las normas sustanciales como en la que se refiere a las normas procesales.
Las modificaciones introducidas en el texto normativo son las siguientes:
A) Siguiendo la concesión del Santo Padre Juan Pablo II en favor de la Congregación para la Doctrina de la Fe, de algunas facultades, confirmadas después por su sucesor Benedicto XVI el 6 de mayo de 2005, han sido introducidos:
1. El derecho, previo mandato del Romano Pontífice, de juzgar a los Padres Cardenales, a los Patriarcas, a los Legados de la Sede Apostólica, a los Obispos y a otros personas físicas a las que se refieren los cc. 1405 §3 del CIC y 1061 del CCEO (art. 1 §2).
2. La ampliación del plazo de la prescripción de la acción criminal, que ha sido llevado a 20 años, salvando siempre el derecho de la Congregación par la Doctrina de la Fe de poder derogarlo (art.7).
3. La facultad de conceder al personal del Tribunal y a los abogados y procuradores la dispensa del requisito del sacerdocio y del requisito del doctorado en derecho canónico (art. 15).
4. La facultad de sanar los actos en caso de violación de leyes procesales por parte de los tribunales inferiores, salvo el derecho de defensa (art. 18).
5. La facultad de dispensar de la vía procesal judicial, es decir, de poder proceder por decreto extra iudicium: en tal caso, la Congregación para la Doctrina de la Fe, evaluados los hechos, decide caso por caso, ex officio o a instancia del Ordinario o del Jerarca, cuándo autorizar el recurso a la vía extrajudicial (en todo caso, para imponer una pena expiatoria perpetua es necesario el mandato de la Congregación para la Doctrina de la Fe) (art. 21 § 2 n. 1).
6. La facultad de presentar directamente al Santo Padre para la dimissio e statu clericali o para ladepositio, una cum dispensatione a lege caelibatus. En tales casos, salvado siempre el derecho de la defensa del acusado, debe resultar manifiesta la comisión del delito que se examina (art. 21 § 2 n. 2).
7. La facultad de recurrir a la instancia superior de juicio, esto es, a la Sesión Ordinaria de la Congregación para la Doctrina de la Fe, en caso de recursos contra decisiones administrativas emanadas o aprobadas por las instancias inferiores de la misma Congregación, concernientes a delitos reservados (art. 27).
B) Se han introducido en el texto otras modificaciones, a saber:
8. Se han introducido los delicta contra fidem, es decir, apostasía, herejía y cisma, en relación a los cuales, a tenor del derecho, ya estaba prevista la competencia propia del Ordinario para poder proceder judicialmente en primera instancia o extrajudicialmente, incluido el derecho de apelar o de recurrir ante la Congregación para la Doctrina de la Fe (art. 1 § 1 e art. 2).
9. Los delitos contra la Eucaristía de "quien atenta realizar la acción litúrgica del Sacrificio Eucarístico" (can. 1378 § 2 n. 1 CIC) y la simulación de la Eucaristía (can. 1379 CIC y el can. 1443 CCEO) (art. 3 § 1 nn. 2 e 3) no serán considerados unitariamente bajo el mismo número, sino separadamente.
10. En relación a los delitos contra la Eucaristía, se han eliminado dos incisos del texto precedentemente en vigor: "alterius materiae sine altera", y "aut etiam utriusque extra eucharisticam celebrationem", sustituidos respectivamente, por: "unius materiae vel utriusque" y por: "aut extra eam" (art. 3 § 2).
11. En los delitos contrae el sacramento de la Penitencia, se han introducido los delitos a los que se refiere el can 1378 §2 n. 2 del CIC ("quien, fuera del caso de que se trata en el §1, no pudiendo administrar válidamente la absolución sacramental, trata de darla, u oye una confesión sacramental") y los cc. 1379 CIC y 1443 CCEO ("quien simula la administración de un sacramento") (art. 4 § 1 nn. 2-3).
12. Se han introducido los delitos de la violación indirecta del sigilo sacramental (art. 4 § 1 n. 5) y de la captación o divulgación maliciosa de las confesión sacramental (Según el decreto de la Congregación para la Doctrina de la Fe del 23 de febrero de 1988) (art. 4 § 2).
13. Se ha introducido como un tipo de delito penal la atentada ordenación sagrada de una mujer, según quedó establecido en el decreto de la Congregación para la Doctrina de la Fe del 19 de diciembre de 2007 (art. 5).
14. En los delitos contra la moral, se ha equiparado al menor la persona adulta que habitualmente posee un uso imperfecto de la razón, con expresa limitación al número de que se trata (art. 6 § 1 n. 1).
15. Se han añadido como delitos la adquisición, la posesión y la divulgación por parte de un clérigo, con finalidad libidinosa, en cualquier modo y con cualquier tipo de medio, de imágenes pornográficas de menores de edad inferior a los 14 años (art. 6 § 1 n. 2).
16. Se ha aclarado que las labores procesales preliminares pueden, y no necesariamente deben, ser efectuadas o realizadas por la Congregación para la Doctrina de la Fe (art. 17).
17. Se ha introducido la posibilidad de adoptar las medidas cautelares, a las que se refieren los cc. 1722 del CIC y el 1473 del CCEO, también durante la fase de la investigación previa (art. 19).
Del Palacio del Santo Oficio, 21 de mayo de 2010
Gulielmus Cardinalis Levada
Praefectus
+ Luis F. Ladaria, S.I.
Arzobispo tit. de Thibica
Secretario
Las Quince Promesas de la Virgen María a quienes recen el Rosario, reveladas a Santo Domingo y al Beato Alano.
LAS QUINCE PROMESAS
1. Aquellos que recen con enorme fe el Rosario recibirán gracias especiales.
2. Prometo mi protección y las gracias mas grandes a aquellos que recen el Rosario.
3. El Rosario es una arma poderosa para no ir al infierno: destruye los vicios, disminuye los pecados y nos defiende de las herejías.
4. Se otorgará la virtud y las buenas obras abundarán, se otorgará la piedad de Dios para las almas, rescatará a los corazones de la gente de su amor terrenal y vanidades, y los elevará en su dedeo por las cosas eternas. Las mismas almas se santificarán por este medio.
5. El alma que se encomiende a mi en el Rosario no perecerá.
6. Quien rece el Rosario devotamente, y lleve los misterios como testimonio de vida no conocerá la desdicha. Dios no lo castigará en su justicia, no tendrá una muerte violenta, y si es justo, permanecerá en la gracia de Dios, y tendrá la recompensa de la vida eterna.
7. Aquel que sea verdadero devoto del Rosario no perecerá sin los Sagrados Sacramentos.
8. Aquellos que recen con mucha fe el Santo Rosario en vida y en la hora de su muerte encontrarán la luz de Dios y la plenitud de su gracia, en la hora de la muerte participarán en el paraíso por los méritos de los Santos.
9. Libraré del purgatorio a quienes recen el Rosario devotamente.
10. Los niños devotos al Rosario merecerán un alto grado de Gloria en el cielo.
11. Obtendrán todo lo que me pidan mediante el Rosario.
12. Aquellos que propaguen mi Rosario serán asistidos por mí en sus necesidades.
13. Mi hijo me ha concedido que todo aquel que se encomiende a mi al rezar el Rosario tendrá como intercesores a toda la corte celestial en vida y a la hora de la muerte.
14. Son mis niños aquellos que recitan el Rosario, y hermanos y hermanas de mi único hijo, Jesus Cristo.
15. La devoción a mi Rosario es una gran señal de profecía.
Pregón de las Fiestas patronales 2009, pronunciado por el Rvdo Don Luis Pérez, canónigo de la Iglesia Catedral de La Laguna y publicado en el Programa de Fiestas 2010 del municipio de La Guancha.
Pregón de la fiesta año 2009
Ilma. Sra. Alcaldesa, Sras. Sres. Concejales, guancheras, guancheros, señoras y señores:
He asistido a muchos Pregones, sobre todo en San Cristóbal de La Laguna y Santa Cruz de Tenerife, lugares, donde, por la misión encomendada, me ha movido siempre, mantenidos por personajes ilustres, personas preparadas y cubiertas de dotes excepciones, por lo que nunca pude imaginar, ni siquiera de lejos, que alguna vez recibirá una tal invitación.
El hecho de que el Pregón se pronuncie en un Pueblo como la Fuente de La Guancha, no merma responsabilidad ni el honor que supone ocupar esta tribuna; por eso, cuando esta Excma. Corporación Municipal me pidió hacerme cargo del Pregón de sus Fiestas Patronales, supe no estar a la altura de lo que mi Pueblo se merece; pero quien no se lanza al agua jamás aprende a nadar. Mi primer sentimiento es, queridos paisanos, el del agradecimiento, porque tal invitación supone haber pensado en mí y elegirme, sin duda, entre otras posibilidades. Por ello: GRACIAS.
Al querer hacer una mirada retrospectiva, se agolpan en la memoria muchos acontecimientos pequeños y grandes de la feliz niñez vivida entre estas calles, estos hermosos y fértiles campos, este dilatado y ancho mar, el cielo que nos cobija, los duros meses de invierno y tantos días esperando que despunte el sol, este pueblo bajo la mirada del imponente padre Teide y, a sus pies, la inmensa alfombra verde de, frondosos pinares.
Es la Fuente de La Guancha, como otros tantos viejos pueblos de nuestra geografía isleña, nacida al socaire del Templo Parroquial del "Dulce Nombre de Jesús" su Titular, y a la sombra protectora del Patronazgo de "Nuestra Señora de la Esperanza", punto de encuentro fraterno, y a partir del cual, van haciéndose las calles, cual raíces que se incrustan en la volcánica rugosidad norteña. Ha sido Fe cristiana la que marcó el ritmo del devenir del tiempo. Así nacen tantos nombres cristianos, que ya pertenecen a la Historia: Barrios de "Santo Domingo " y " Santa Catalina" y numerosos lugares de nuestro entorno como "San Juan de la Rambla ", "San José ", Barrios de "San Felipe", "Santa Bárbara "o "Playa de San Marcos", "Santa Cruz de Santiago de Tenerife" y " San Cristóbal de la Laguna "... y un larguísimo etcétera, que omito, obviamente, para no resultar excesivamente pesado.
Así se ha escrito la Historia, que, desgranando las maneras del momento, descubre a las Generaciones venideras, lo que fueron las Generaciones del pasado. Un pueblo sin Historia es un pueblo sin identidad. Y la Fuente de la Guancha tiene su Historia, que comienza a forjarse desde aquella leyenda del Conquistador; que descubre en la Fuente a la bella "Guancha ", de la que queda prendado. Hermosa mujer que, además de dar nombre a nuestro pueblo, también dio nombre al lugar limítrofe para llamarse "Lomo de la Guancha", hoy "Lomo del Guanche", lamentable confusión, porque no fue, según la leyenda, un guanche a quien encontró el Conquistador; sino una bella y hermosa guancha. Este Pueblo, que ha ido recuperando tantos lugares, ya casi perdidos, como se perdió su Fuente original, en el límite con el Municipio vecino de San Juan de la Rambla, no puedo menos de aplaudir con entusiasmo, el que el Ayuntamiento limítrofe haya decidido estudiar un proyecto para recuperarlo. Sería muy de desear el que ambos Consistorios acordaran rehabilitar el lugar y dotarlo de la arboleda de entonces, amén de sencillos y bellos jardines, que inviten a visitarlo y pasar ,felices momentos de viejos recuerdos y tranquilos paseos; las "tanquillas" bajo un inmenso zarzal y aquellos álamos, que, movidospor el aire, lucían el blanco y verde de sus incontables y tiernas hojas. Y¿por qué no? conseguir hacer honor y fidelidad a la Historia para que el Lomo recupere su nombre, tomado, no del Pueblo de La Fuente de La Guancha, sino de la bella mujer que el Conquistador encontrará.
Nunca me avergoncé de mi Pueblo, que me vio nacer. En él crecí junto a su viaje iglesia, hoy tan primorosa y bellamente remozada, por iniciativa e incansable esfuerzo del Párroco, D. Sebastián, y el incondicional y generoso apoyo popular; admiración del visitante, que me ayudó a ser lo que soy. Un Pueblo queme marcó de tal manera y que nunca puedo olvidar; al que siempre deseo volver y en el que quiero reposa; Pueblo del que me siento orgulloso.
Jamás podrá entenderse la historia de La Fuente de La Guancha sin la referencia ancestral a la Virgen de la Esperanza, centro en torno al que gira el quehacer popular. Es su tesoro más valioso, al que colman de toda clase de mimos y cuidados. Todo resulta pequeño, pobre y escaso cuando se trata de la Virgen de la Esperanza. Hasta el propio paisaje proclama la profimda devoción a la Virgen, vestida de verde esmeralda de sus campos. El propio y espléndido Cerro Gordo no parece asemejarse más que el manto de la Señora, de la cabeza a los pies. Su bellísimo y sereno rostro fue el más admirado y querido del Obispo Pérez Cáceres. De la iconografía de la Madre de Dios he conocido incontables imágenes, pero la conclusión es la misma: Como Tú, Virgen de la Esperanza, ninguna, ofreciendo a tu Hyo Redentor del mundo, como única Ancla de salvación; así lo quise expresar en los versos del "Ave", dedicada a la Virgen de mis amores:
La Guancha tiene un tesoro,
Color de verde esmeralda:
Tú, que brillas más que el oro,
¡Oh Virgen de la Esperanza!
La Guancha es un manto verde
Desde la cumbre hasta el mar,
Como Tú, "Esperanza nuestra",
En lo alto de tu Altar.
Del Cielo Dios nos envía
A Jesús, Ancla que salva;
Por eso Tú eres, María,
La Virgen de la Esperanza.
Las pequeñas y grandes historias que nos hablan de milagros acaecidos en el pasado, siguen sucediendo en nuestros días. Cada devoto podemos contar lo que Ella ha significado y realizado en nuestra vidas, como la vista concedida al hijo de quien regaló la prenda más valiosa: su corona de oro y filigrana, única en su género en la Diócesis, de valor incalculable, que ha recorrido importantes Exposiciones Sacras, a lo largo y ancho de nuestra geografía insular. Así, cuando se adorna para sus Fiestas, tres en el año, luce numerosas joyas, exvotos de quienes se sienten agradecidos, o simplemente signos del cariño de aquellos que disfrutan viendo como Ella las luce, mejor que ninguna:
Adornada de oro y plata,
De perlas y de brillantes.
Exvotos son de tus hijos,
De propios y caminantes.
Prendas llenan tus vestidos,
Rosario de oro y corales:
Son lágrimas y suspiros,
Flores de bellos rosales.
Me siento especialmente afortunado de haber intervenido para que una de sus Fiestas se estableciera, y que hoy veo, con verdadera satisfacción, que ha ido creciendo más y más. La historia ocurrió de esta manera: Corrían ya los 60, siendo estudiante de Teología, cuando, por entonces, hubo una epidemia de gripe tal aquel año, que los Superiores del Seminario Diocesano, ante la cantidad de seminaristas enfermos, sintiéndose importantes para poder tratarlos debidamente, decidieron adelantar las vacaciones navideñas, por lo que llegué al Pueblo antes del 18 de diciembre. Fue entonces cuando dije al recordado Párroco, D. Octavio Hernández: "El día 18 de diciembre es la Fiesta Litúrgica de Ntra .Sra. de la Esperanza ", también llamada de Ntra. Sra. de la "O" o de la "Consolación": Le animé a tener ese día una Misa un tanto especial en su honor. Así comenzó, hace más de cuarenta años, la Fiesta de Diciembre, que tanto auge ha cobrado en la actualidad.
Conocida es La Guancha por la laboriosidad de sus habitantes. Son gentes hechas al duro trabajo del campo, del que arrancan las que fueron tan famosas papas bonitas, también llamada `papa guanchera , llenando nuestras mesas a diario, acompañadas del chame, el pescado salado o sardinas, bogas y chicharros frescos de la playa de Santo Domingo o de San Marcos, pregonados por Balbina y Domitila, a cuyas voces salían a recibirlas todos los gatos del pueblo, mayando a pleno pulmón y levantando el rabo más derecho que una vela. Recuerdo que, siendo muy niños, a Balbina, la que subía por mi calle, siempre tan cariñosa conmigo, un día, que se quejaba de tanta escasez, le prometí que, cuando ganara dinero, le regalaba doscientas pesetas, mucho dinero por aquellas. fechas, pues era el equivalente a unos ocho jornales. Esta promesa nunca la olvidé. Y una vez ya ordenado sacerdote, sabiendo que había fallecido, apliqué Misas en sufragio de su alma, en lugar de las doscientas pesetas.
Gentes dadas a cuidar frutales, a ayudar al vecino en la recolección o llevar el consabido plato de sabrosas y escogida fruta "de parte de mi madre" En sus montes se puede encontrar el preciado madroño, de exquisito, exótico y característico sabor.
No puedo obviar sus abundantes y bien cuidados viñedos, cuyos caldos han sido dignos de muchos y bien merecidos premios a nivel insular, nacional e incluso internacional. Sabido es de la fama de los vinos isleños, reconocida allende nuestras fronteras, que hasta Shakespeare cita en algunas de sus obras y Casas Reales europeas incluían en sus menús.
Pero quizás, lo que más nombre ha dado a la Fuente de La Guancha, ha sido el increíble y titánico esfuerzo del Pueblo por exprimir de las entrañas de la tierra el más preciado y necesario líquido vital: el AGUA, que el Obispo Nivariense Don Luis Franco, de feliz memoria, llamara "oro molido ", en una Celebración Eucarística tenida en la capilla de San Antonio, recién alumbrada el agua en "El Pinalete ", como acción de gracias al Santo. Este hecho ha sido el responsable de que a La Guancha se le conociera en la Isla de Tenerife como el "Pueblo del Agua". ¿Qué familia no tenía alguna "acción en cualquiera de las
numerosas galerías, incrustadas varios kilómetros en las duras entrañas de la tierra hasta llegar cerca de las faldas del Teide? En más de una ocasión, en compañía de mi padre, pude recorrer alguna de esas galerías.
¿Cómo podría olvidar aquellas famosas Semanas Culturales del Casino de las que intentaba no perder ni un solo acto? Ellas hablaron mucho del ansia del cultura de un pequeño pueblo norteño. Por ellas pasaron numerosos personajes, famosos incluso a nivel nacional, y en ellas me cupo el honor de poder participar en alguna ocasión, poniendo mi pobre y escaso granito de arena. Un pueblo que contó con dos rondallas típicas, formando parte de la infantil, siendo pareja de Paulina, quien, al no querer ser la mía, provocó mi desconsolado llanto de niño, porque mis ojos corrían más bien tras los pasos de otra, a quien buscaba constantemente en las verbenas populares de las Fiestas, intentando que aceptara mi baile, que conseguí muchas veces. Un pueblo que siempre contó con una Banda de música y en la que pude aprender, bajo la batuta de mi querido y recordado D. Juan Luis, el Solfe suficiente para formar parte, en el seminario, de la "Schola Cantorum " y llegar finalmente a dirigirla y componer para la misma en su última etapa.Siempre recordaré aquellos equipos de música, que amenizaban las Fiestas y en las que, a través de sus micrófonos, instalados en su Kiosco central, cantaba para una plaza repleta `Juan charrasqueado ", o en la Novenas de Mayo, en una Iglesia llena de fieles, cantaba, subido sobre una silla de brezo, pues no asomaba por la baranda del Coro, "Madre mía, que estás en los Cielos" y las "Letanías" del Santo Rosario.
Por todo ello, desde el corazón mismo de un pueblo que siempre valoró y creó fama por sus exquisitas labores de artesanía, quiero dirigirme a Nuestra Señora de la Esperanza, para decirle lo que, no tengo duda, hace favor se sus devotos hijos:
El Cerro Gordo bendices:
Papas bonitas, frutales,
De su mar rico pescado,
Madroños en sus pinares.
Es tu pueblo fiel y culto,
Laborioso y artesano,
Los vinos de sus viñedos,
Aguas labor de sus manos.
No quiero concluir, queridos paisanos, sin recordar aquella décima que compuse para finalizar un sermón en las Fiestas de la Esperanza y que, debo decirlo, habla de la sinceridad de mi alma y de lo que verdaderamente siento en mi interior, no solamente agradeciendo vivamente la generosidad de la atención dispensada, sino el cariño y la benevolencia con que he sido acogido:
Soy guanchero, de La Guancha,
pueblo culto y laborioso,
del que me siento orgulloso.
Y mi corazón se ensancha,
Cuando te veo sin mancha,
Mirar con dulce bonanza,
Luchar sin flecha ni lanza,
Por conservar la ternura,
De Ti la Madre más pura
¡Oh Virgen de la Esperanza!
Luis Pérez y Pérez
Canónigo, maestro 1° de capilla de la Santa Iglesia Catedral de San Cristobal de La Laguna.
Comentario al evangelio del domingo diecinueve del tiempo ordinario – C, publicado en Diario de Avisos el domingo 8 de Agosto de 2010 bajo el epígrafe “DOMINGO CRISTIANO”.
La casa por la ventana
Daniel Padilla
Cabodevilla, en esa larga meditación que nos ha escrito sobre "la casa como mística del hogar y la familia", pinta una caricatura rebosando ironía: la de un hombre que se pone a construirse su casa con los materiales más sólidos, en un lugar prácticamente inexpugnable, con todos los métodos más sofisticados interiores y exteriores-, de seguridad.
En su obsesión por eliminar todo riesgo, termina por forrar toda la casa con hierro, con hierro macizo. ¡Para comprobar después, ay desdichado, que ha construido su casa sobre un volcán! (Puede ser el retrato del hombre moderno, empeñado en asegurarse con todos los seguros ante el incierto futuro).
Viene a ser un poco lo mismo que Jesús nos contó el domingo pasado, con tanto realismo, en el evangelio de Lucas. La insensata planificación de aquel hombre egoísta que se encerró en sus inmensos graneros, con sus inmensas cosechas, soñando en dedicarse a la "buena vida". Siendo así que, aquella misma noche, llegó la muerte desmoronando todos sus planes.
Son apólogos crueles, no cabe duda. Nuestro pobre corazón se amilana como un pajarito asustado, al reflexionar seriamente sobre ellos, y escuchar encima la advertencia de Jesús sobre la marcha "guárdense de toda codicia"-, uno tiene la sensación de encontrarse en el mayor de los desamparos, abandonado a todos los riesgos, perdido en la más negra oscuridad. Entonces, uno se pregunta: "¿En eso consiste el seguimiento de Jesús? ¿No se trata, acaso, de una filosofía inhumana, empapada en un peligroso masoquismo?".
Es necesario seguir leyendo a Lucas, amigos. Es justamente el evangelio de hoy. Escuchen lo que dice Jesús:
"No temas, pequeño rebaño mío, porque vuestro padre ha tenido a bien darles el Reino".
No se trata, por tanto, de un "expolio" absurdo y cruel, que nos proponga Jesús, sumergiéndonos en la nada. Es más bien un "trueque". Consiste en dejar el "reino de abajo" por el "reino de arriba", la "ciudad terrena" por la "ciudad de Dios", la bandera del "rey temporal" por la bandera del "Rey Eterno". Lo que San Pablo concretó tan claramente: "Los que han resucitado con Cristo, busquen los bienes de arriba, que es donde está Cristo y dejen los de la tierra
". O lo que el mismo Jesús desmenuza en el evangelio de hoy un poco más abajo: "Háganse talegas que no se echen a perder y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no llegan ni los ladrones ni la polilla".
Además, cuando Jesús dice: "Guárdense de toda codicia", no nos está invitando al pasotismo o a la huida de toda responsabilidad. Al contrario, nos está involucrando en la realización de una tarea que El comenzó y que nosotros debemos llevar a término: "Tengan ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Estén como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas llegue y llame". El mundo es una "sinfonía inacabada", amigos, y cada uno debe aportar su personal melodía. No una melodía para ser cantada, bailada y gozada en el salón cerrado de nuestro propio "yo", sino en ese gran templo de los hijos de Dios que es el Reino.
En resumen: Cuando Jesús dice: "vendan sus bienes y den limosna", no nos está empujando a "tirar la casa por la ventana" y nosotros con ella, sino, al revés, a acertar con la casa y puerta verdaderas. La que, al pasar por ella, nos haga exclamar: "Esta es la morada de Dios entre los hombres".
Documento final del Seminario La Pastoral del Mundo del Trabajo en una economía globalizada: Organización y perspectivas”, que se ha celebrado en Santiago de Chile, los días 26 al 30 de Julio. El Seminario, organizado por el Departamento de Justicia y Solidaridad del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM). (FIDES)
Carta abierta a los trabajadores y agentes de la pastoral del mundo del trabajo”
Convocados por el Departamento de Justicia y Solidaridad del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), en la sección “Laicos Constructores de Sociedad”, en la ciudad de Santiago de Chile, los días 26 al 30 de Julio del presente año, nos hemos encontrado agentes de pastoral procedentes de: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú, Puerto Rico, República Dominicana y Venezuela, para participar en el seminario “La Pastoral del Mundo del Trabajo en una economía globalizada: Organización y perspectivas”.
El objetivo del seminario ha sido apoyar a las Conferencias Episcopales en la organización y el fortalecimiento de la Pastoral de los Trabajadores en el mundo del trabajo, para que sean los mismos trabajadores quienes vivan su vocación de discípulos misioneros en todos los ámbitos de la sociedad donde desarrollan su trabajo en distintas condiciones labora-les, contribuyendo de esta manera al desarrollo sostenible y sustentable de nuestros pueblos. Que sean portadores de la buena noticia del trabajo y, con los mismos sentimientos de Jesucristo el Buen Pastor, se preocupen por brindar especial atención a quienes, por distintas razones, se encuentran cesantes y sufren al verse excluidos e injustamente violentados en su dignidad. Hemos tenido presentes en la oración y la reflexión a todos los trabajadores y trabajadoras de América Latina y el Caribe, como obreros del Reino, nos unimos a sus luchas y dificultades, a sus gozos y esperanzas.
Nuestras palabras son de aliento para que continuemos estrechando las manos en torno a quien nos anima y nos une, Jesucristo, el Carpintero de Nazareth, quien camina con nosotros en este continente de la esperanza, y nos ha dado a la Virgen María como Madre y compañera de camino, ella está presente en las luchas diarias de sus hijos por la dignificación del ser humano y la consolidación de una sociedad más humana, fraterna, justa y solidaria.
Compartimos nuestra alegría y esperanza al encontrar múltiples experiencias de personas y organizaciones comprometidas con la evangelización del pueblo trabajador en el Continente. Experiencias que promueven la dignidad de la personas, fortalecen su espiritualidad, sus valores y su mística para realizar con dignidad y eficiencia su trabajo en la búsqueda de su realización personal y del desarrollo de la comunidad humana. Estas experiencias pro-mueven la formación de nuevos liderazgos, el diálogo social y la concertación, la promoción de la economía solidaria, la atención a desempleados y desempleadas, la organización de los trabajadores y trabajadoras, la defensa de sus derechos y el apoyo a organizaciones de otra índole, con finalidad de lograr el bienestar de todos.
Sentimos nuestras, las dolorosas experiencias de los excluidos y de los injustamente maltratados en el mundo del trabajo. Nos preocupan las alarmantes situaciones que claman al cielo y son causa de dolor y tristeza: las difíciles condiciones de vida y de trabajo de millones de hermanos y hermanas de América Latina y el Caribe, las desigualdades sociales, la expansión de múltiples formas de precarización laboral en el Continente, la gravedad del aumento sostenido del desempleo en algunos de nuestros países, el crecimiento de la informalidad en el mundo del trabajo, la persistencia de formas de explotación como el trabajo forzoso, la trata de personas, el trabajo de niños y niñas no acorde a su edad, las amenazas en la permanencia laboral por causas ideológicas, la falta de seguridad social y de garantías laborales, como las precarias condiciones de trabajo y la persistente discriminación laboral de las mujeres y los jóvenes, quienes no tienen acceso a un trabajo decente, y sufren mayor desempleo.
Todo lo anterior es el resultado de la puesta en vigencia por décadas de sistemas sociales y económicos que ponen su interés en el capital y el mercado, explotando y violentan-do la dignidad humana y el auténtico sentido e importancia del trabajador en su propia realización personal, en su contribución al desarrollo de los pueblos y a la gestación de una economía con rostro humano, que tenga como centro la dignidad de cada persona; pero también es consecuencia de erráticas políticas públicas de algunos gobiernos de la región en las áreas económicas y laborales, que han privilegiado populismos y neopopulismos, que degradan a la persona al hacerla depender de las dádivas gubernamentales, antes que de la promoción de un trabajo decente y sostenido.
Ante a esta dolorosa situación, como discípulos misioneros, afirmamos con nuestros obispos que “el trabajo garantiza la dignidad y libertad del hombre, es probablemente `la clave esencial de toda la cuestión social´” (DA 120).
Nos identificamos plenamente con el Papa Benedicto XVI quién en la Encíclica “Caritas In Veritate”, nos exhorta a comprometernos con la promoción del Trabajo Decente en-tendido como: “Expresión de la dignidad esencial de todo hombre y mujer, libremente elegido, que asocia efectivamente a los trabajadores, hombres y mujeres, al desarrollo de su comunidad. Que hace que los trabajadores sean respetados, evitando toda discriminación, que permite satisfacer las necesidades de las familias y escolarizar a los hijos, sin que se vean obligados a trabajar. Facilita a los trabajadores organizarse libremente y hacer oír su voz, deja espacio para reencontrarse adecuadamente con las propias raíces en el ámbito personal, familiar y espiritual y asegura una condición digna a los trabajadores que llegan a la jubilación”. (CIV. 63)
Animados por el Espíritu de Jesús, el Carpintero (cf. Mc 6,3), quién dignificó al trabajo y al trabajador, y recuerda que el trabajo no es un mero apéndice de la vida sino que “constituye una dimensión fundamental de la existencia del hombre en la tierra” (LE. 4), a través del cual “el hombre y la mujer se realizan a sí mismos como seres humanos”. (LE. 9),les invitamos a multiplicar los esfuerzos para continuar la tarea evangelizadora en el complejo mundo del trabajo, de esta manera la Pastoral de los Trabajadores tendrá una relevante y exigente importancia en la vida ordinaria de las Conferencias Episcopales e Iglesias particulares.
Somos conscientes que los profundos cambios sociales que están afectando al mundo del trabajo, permiten desde la creatividad pastoral, diseñar y promover nuevas propuestas para hacer que todas las personas alcancen su pleno desarrollo y ayuden a consolidar un mundo donde se vivan los pertinentes derechos y deberes al servicio de toda la sociedad. Con este propósito consideramos oportuno compartir algunas propuestas que deben ser atendidas con prisa y sin demora, desde todas las estructuras sociales:
Promover la cultura de la dignidad del trabajo y de los derechos laborales.
Fortalecer los espacios de formación, reflexión y conocimiento de:
la realidad del mundo y sus impactos en la vida de los trabajadores,
la Doctrina Social de la Iglesia,
los derechos y deberes laborales.
Impulsar eficaces procesos de diálogo social que repercutan en un cambio de las condiciones de vida y de trabajo.
Promover nuevos liderazgos, especialmente entre los jóvenes y mujeres, que susciten la solidaridad profética y la renovación de las organizaciones de trabajadores.
Incentivar la espiritualidad y la mística en el compromiso con los trabajadores en el mundo del trabajo.
Multiplicar los procesos y las acciones de solidaridad, acompañamiento, asesoría y apoyo de los trabajadores y trabajadoras, para que no sean vulnerados en sus derechos laborales o perseguidos por asociarse en la defensa de sus justas reivindicaciones.
Promover, desde la pastoral de los Trabajadores en el mundo del trabajo, el cuidado de la creación como espacio de realización y contemplación de la obra de Dios.
Unidos a Jesús, la Palabra que se hizo carne y puso su morada entre nosotros, en esta ciudad capital donde el padre Alberto Hurtado, el gran santo chileno, se santificó con su apostolado en medio de los trabajadores, asumimos el compromiso de continuar con la infatigable labor por la dignificación del trabajo en todo este continente y con ella de todos los trabajadores y trabajadoras. Nos acogemos a la maternal protección de Nuestra Señora de Guadalupe, fiel defensora de los más pequeños, los amados de Dios.
Santiago de Chile, julio de 2010
Reflexión de José Antonio Pagola para el evangelio del domingo diecinueve del Tiempo Ordinario - C , ofrecida por la Delegación Diocesana de Enseñanza de la Diócesis de Tenerife.
LOS NECESITAMOS MÁS QUE NUNCA
Las primeras generaciones cristianas se vieron muy pronto obligadas a plantearse una cuestión decisiva. La venida de Cristo resucitado se retrasaba más de lo que habían pensado en un comienzo. La espera se les hacía larga. ¿Cómo mantener viva la esperanza? ¿Cómo no caer en la frustración, el cansancio o el desaliento?
En los evangelios encontramos diversas exhortaciones, parábolas y llamadas que sólo tienen un objetivo: mantener viva la responsabilidad de las comunidades cristianas. Una de las llamadas más conocidas dice así: «Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas». ¿Qué sentido pueden tener estas palabras para nosotros, después de veinte siglos de cristianismo?
Las dos imágenes son muy expresivas. Indican la actitud que han de tener los criados que están esperando de noche a que regrese su señor, para abrirle el portón de la casa en cuanto llame. Han de estar con «la cintura ceñida», es decir, con la túnica arremangada para poder moverse y actuar con agilidad. Han de estar con «las lámparas encendidas» para tener la casa iluminada y mantenerse despiertos.
Estas palabras de Jesús son también hoy una llamada a vivir con lucidez y responsabilidad, sin caer en la pasividad o el letargo. En la historia de la Iglesia hay momentos en que se hace de noche. Sin embargo, no es la hora de apagar las luces y echarnos a dormir. Es la hora de reaccionar, despertar nuestra fe y seguir caminando hacia el futuro, incluso en una Iglesia vieja y cansada.
Uno de los obstáculos más importantes para impulsar la transformación que necesita hoy la Iglesia es la pasividad generalizada de los cristianos. Desgraciadamente, durante muchos siglos los hemos educado, sobre todo, para la sumisión y la pasividad. Todavía hoy, a veces parece que no los necesitamos para pensar, proyectar y promover caminos nuevos de fidelidad hacia Jesucristo.
Por eso, hemos de valorar, cuidar y agradecer tanto el despertar de una nueva conciencia en muchos laicos y laicas que viven hoy su adhesión a Cristo y su pertenencia a la Iglesia de un modo lúcido y responsable. Es, sin duda, uno de los frutos más valiosos del Vaticano II, primer concilio que se ha ocupado directa y explícitamente de ellos.
Estos creyentes pueden ser hoy el fermento de unas parroquias y comunidades renovadas en torno al seguimiento fiel a Jesús. Son el mayor potencial del cristianismo. Los necesitamos más que nunca para construir una Iglesia abierta a los problemas del mundo actual, y cercana a los hombres y mujeres de hoy.
José Antonio Pagola
Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
8 de agosto de 2010
19 Tiempo ordinario (C)
Lucas 12, 32-48
Comentario al evangelio del domingo dieciocho del Tiempo Ordinario - C, publicado en Diario de Avisos el domingo 1 de Agosto de 2010 bajo el epígrafe "DOMINGO CRISTIANO"
La avaricia rompe el saco
Daniel Padilla
El hombre se parapeta. ¿Quién lo desemparapetará? El desemparapetador que lo...". Quiero decir que el hombre, desde su más lejano origen, primero por instinto, después por una curiosa mezcla de temor y previsión de cara al incierto futuro, más tarde por el regusto de la dolce vita, finalmente por avaricia, que es, como sabéis, la que siempre rompe el saco; el hombre, digo, tiende a atrincherarse, a construirse fortines y vallados, a suscribir pólizas y más pólizas de seguros y a dejarse abandonar blandamente en el "ande yo caliente y ríase la gente". Por eso quizá Jesús, a un hombre del pueblo que se le acercó con un asunto de reparto de bienes, le hizo una seria advertencia: "Guárdense de toda clase de avaricia". Porque, fíjense bien. No parece que aquel hombre estuviera proponiendo algo descabellado: "Maestro, di a mi hermano que reparta la herencia conmigo". No, no pedía una barbaridad. Se trata de alguien que veía que su hermano, el primogénito, se quería quedar con todo, siendo así que el mismo Deuteronomio aclaraba que sólo le pertenecían dos tercios. Pedía, pues, algo que era de justicia. Pues bien; Jesús, sin negar ese derecho y la coherencia de su petición, prefiere prevenirle contra ese afán de posesión que se suele enroscar en nosotros los hijos de Eva y que suele concretar en eso que solíamos llamar las tres concupiscencias. La del tener. Los antiguos primates lo que seguramente buscaban al principio era protegerse. Contra las inclemencias del tiempo y contra los ataques de las fieras; nada más. Se refugiaron en cavernas.
Y hay que reconocer de entrada que uno de los más elementales derechos del hombre es tener una casa digna, en consonancia con el nivel de vida de cada época. Pero, ¿dónde está la frontera entre eso que adquirimos para sentir realizada nuestra dignidad de hombres y ese insaciable apetito de tener todo eso que la sociedad de consumo, -teledirigiendo- nos dogmatiza que hay que tener? Sí, ¿cuál es la línea divisoria entre lo necesario, lo útil, lo superfluo y lo escandaloso? Lean la parábola, lean: "Un hombre rico tuvo una gran cosecha". La del poder. "Como no tengo donde almacenar tanta cosecha, construiré unos almacenes más grandes y meteré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y me diré a mí mismo: hombre, tienes almacenados bienes para muchos años". Es el paso del tener al poder. Es el convencimiento, como dice la canción: ni Dios puede contigo. Es convertir en principio existencial la lucha despiadada por el poder, ya sea económico, político, administrativo o de apabullante influencia pública. Es la puesta en práctica del refrán: "Al que a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija". La del placer. Es la consecuencia inevitable de las dos concupiscencias anteriores. "Aquel hombre dijo: túmbate, come, bebe y date buena vida". Es la filosofía reinante hoy del "pasárselo guay". Sin límites ni fronteras. Es la puesta en escena de "el que es tonto, que espabile". Es la filosofía de las otras bienaventuranzas, reverso completo de las de Jesús: dichosos los ricos, los poderosos, los que ríen, los que, hagan lo que hagan, se las ingenian para no ser perseguidos por la justicia. Más o menos, menos o más, a estas cosas se refería Jesús cuando, a aquel hombre que acudió a él para que hiciera de árbitro, le contestó: "Guárdense de toda clase de avaricia".