Viernes, 17 de septiembre de 2010

Homil?a de monse?or Juan Rub?n Mart?nez, obispo de Posadas, para el 23 domingo durante el a?o (5 de septiembre de 2010). (AICA)

IDENTIDAD Y DI?LOGO

En este principio de siglo no dudamos en afirmar que somos protagonistas de profundas transformaciones de todo tipo. A veces nos quedamos perplejos ante el rapid?simo avance tecnol?gico, bio-gen?tico, inform?tico? todo esto tiene estrecha relaci?n con ?mbitos fundamentales para la existencia humana, como la ?tica, la econom?a o la misma cuesti?n social.

En medio de tantas novedades, los cristianos necesitamos profundizar y formarnos en la fe que creemos. Esto nos permite madurar nuestra identidad cristiana, para que en medio de las luces y sombras de nuestro tiempo, podamos ser constructores de los valores que profesamos. Servir? para nuestra reflexi?n la lectura de una parte del texto ?Jesucristo, Se?or de la historia?, documento escrito por los obispos argentinos con motivo del a?o jubilar. En el mismo hay una referencia expl?cita a la necesidad de afirmar nuestra identidad en una ?poca de cambios: ?El comienzo del siglo encuentra a la humanidad en un momento muy significativo. Algunas d?cadas atr?s la Iglesia hablaba del amanecer de una ?poca de la historia humana caracterizada, sobre todo, por profundas transformaciones. Pero este amanecer no ha concluido. M?s a?n, aquellas situaciones nuevas se han vuelto m?s complejas todav?a. Por eso podemos percibir qu? es lo que termina, pero no descubrimos con la misma claridad aquello que est? comenzando. Frente a esta novedad se entrecruzan la perplejidad y la fascinaci?n, la desorientaci?n y el deseo de futuro. En este contexto se plantea, a veces de un modo oculto y desordenado, preguntas urgentes: ?qui?n soy en realidad? ?cu?l es nuestro origen y cu?l nuestro destino? ?qu? sentido tiene el esfuerzo y el trabajo, el dolor y el fracaso, el mal y la muerte?? Tenemos necesidad de volver sobre estos interrogantes fundamentales. En una ?poca de profundas transformaciones, la cuesti?n de la identidad aparece como uno de los grandes desaf?os. Y esta problem?tica afecta de modo decisivo al crecimiento, a la maduraci?n y a la felicidad de todos. En este marco, queremos anunciar lo que creemos, porque el Evangelio es una luz para planteos que nos inquietan? (N? 3).

En el centro de nuestra identidad como cristianos, est? la persona de Jesucristo. Dios hecho hombre. Es la piedra angular de la creaci?n y de la historia de Salvaci?n. Es tarea de cada cristiano comprender la centralidad de Jesucristo en su vida y asociarse libremente a ?l. Desde esta reflexi?n podemos entender la afirmaci?n del texto de este domingo (Lc. 14, 25-33). ?Junto con Jes?s iba un gran gent?o, y ?l, d?ndose vuelta, les dijo: cualquiera que venga a m? y no me ama m?s que a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a su propia vida, no puede ser mi disc?pulo? (Lc. 14, 25-26).

Si realmente como cristianos, queremos ser disc?pulos de Jes?s, trataremos de abrir nuestro coraz?n a sus ense?anzas. En la Palabra de Dios, en el Magisterio y la comuni?n de la Iglesia, nosotros alimentamos nuestra identidad y discipulado. Cuando entendemos que este discipulado debemos vivirlo en el mundo, en la familia, trabajo, pol?tica, escuela? comprendemos que la identidad cristiana realmente es un desaf?o necesario, para que nuestro aporte sea fecundo en medio de tantas situaciones nuevas y complejas. El intentar vivir con identidad y coherencia de vida nos permiten entender la exigencia del discipulado que nos pone el Se?or. ?El que no carga con su cruz y me sigue no puede ser mi disc?pulo? (Lc. 14,27).

?Un saludo cercano y hasta el pr?ximo domingo!?

Mons. Juan Rub?n Mart?nez, obispo de Posadas?


Publicado por verdenaranja @ 22:44  | Homil?as
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