Domingo, 19 de septiembre de 2010

ZENIT nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigi?el viernes 17 de? Septiembre de 2010?a los representantes del mundo pol?tico, social, acad?mico, cultural y empresarial brit?nico, as? como a los miembros del Cuerpo Diplom?tico y los l?deres religiosos.

Se?or Orador

Gracias por sus palabras de bienvenida en nombre de esta distinguida asamblea. Al dirigirme a ustedes, soy consciente del gran privilegio que se me ha concedido de poder hablar al pueblo brit?nico y a sus representantes en Westminster Hall, un edificio de significaci?n ?nica en la historia civil y pol?tica del pueblo de estas islas. Perm?tanme expresar igualmente mi estima por el Parlamento, presente en este lugar desde hace siglos y que ha tenido una profunda influencia en el desarrollo de los gobiernos democr?ticos entre las naciones, especialmente en la Commonwealth y en el mundo de habla inglesa en general. Vuestra tradici?n jur?dica ?"common law"- sirve de base a los sistemas legales de muchos lugares del mundo, y vuestra visi?n particular de los respectivos derechos y deberes del Estado y de las personas, as? como de la separaci?n de poderes, siguen inspirando a muchos en todo el mundo.

Al hablarles en este hist?rico lugar, pienso en los innumerables hombres y mujeres que durante siglos han participado en los memorables acontecimientos vividos entre estos muros y que han determinado las vidas de muchas generaciones de brit?nicos y de otras muchas personas. En particular, quisiera recordar la figura de Santo Tom?s Moro, el gran erudito ingl?s y hombre de Estado, quien es admirado por creyentes y no creyentes por la integridad con la que fue fiel a su conciencia, incluso a costa de contrariar al soberano de quien era un "buen servidor", pues eligi? servir primero a Dios. El dilema que afront? Moro en aquellos tiempos dif?ciles, la perenne cuesti?n de la relaci?n entre lo que se debe al C?sar y lo que se debe a Dios, me ofrece la oportunidad de reflexionar brevemente con ustedes sobre el lugar apropiado de las creencias religiosas en el proceso pol?tico.

La tradici?n parlamentaria de este pa?s debe mucho al instinto nacional de moderaci?n, al deseo de alcanzar un genuino equilibrio entre las leg?timas reivindicaciones del gobierno y los derechos de quienes est?n sujetos a ?l. Mientras se han dado pasos decisivos en muchos momentos de vuestra historia para delimitar el ejercicio del poder, las instituciones pol?ticas de la naci?n se han podido desarrollar con un notable grado de estabilidad. En este proceso, Gran Breta?a se ha configurado como una democracia pluralista que valora enormemente la libertad de expresi?n, la libertad de afiliaci?n pol?tica y el respeto por el papel de la ley, con un profundo sentido de los derechos y deberes individuales, y de la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley. Si bien con otro lenguaje, la Doctrina Social de la Iglesia tiene mucho en com?n con dicha perspectiva, en su preocupaci?n primordial por la protecci?n de la dignidad ?nica de toda persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios, y en su ?nfasis en los deberes de la autoridad civil para la promoci?n del bien com?n.

Con todo, las cuestiones fundamentales en juego en la causa de Tom?s Moro contin?an present?ndose hoy en t?rminos que var?an seg?n las nuevas condiciones sociales. Cada generaci?n, al tratar de progresar en el bien com?n, debe replantearse: ?Qu? exigencias pueden imponer los gobiernos a los ciudadanos de manera razonable? Y ?qu? alcance pueden tener? ?En nombre de qu? autoridad pueden resolverse los dilemas morales? Estas cuestiones nos conducen directamente a la fundamentaci?n ?tica de la vida civil. Si los principios ?ticos que sostienen el proceso democr?tico no se rigen por nada m?s s?lido que el mero consenso social, entonces este proceso se presenta evidentemente fr?gil. Aqu? reside el verdadero desaf?o para la democracia.

La reciente crisis financiera global ha mostrado claramente la inadecuaci?n de soluciones pragm?ticas y a corto plazo relativas a complejos problemas sociales y ?ticos. Es opini?n ampliamente compartida que la falta de una base ?tica s?lida en la actividad econ?mica ha contribuido a agravar las dificultades que ahora est?n padeciendo millones de personas en todo el mundo. Ya que "toda decisi?n econ?mica tiene consecuencias de car?cter moral" (Caritas in veritate, 37), igualmente en el campo pol?tico, la dimensi?n ?tica de la pol?tica tiene consecuencias de tal alcance que ning?n gobierno puede permitirse ignorar. Un buen ejemplo de ello lo encontramos en uno de los logros particularmente notables del Parlamento Brit?nico: la abolici?n del tr?fico de esclavos. La campa?a que condujo a promulgar este hito legislativo estaba edificada sobre firmes principios ?ticos, enraizados en la ley natural, y brind? una contribuci?n a la civilizaci?n de la cual esta naci?n puede estar orgullosa.

As? que, el punto central de esta cuesti?n es el siguiente: ?D?nde se encuentra la fundamentaci?n ?tica de las deliberaciones pol?ticas? La tradici?n cat?lica mantiene que las normas objetivas para una acci?n justa de gobierno son accesibles a la raz?n, prescindiendo del contenido de la revelaci?n. En este sentido, el papel de la religi?n en el debate pol?tico no es tanto proporcionar dichas normas, como si no pudieran conocerlas los no creyentes. Menos a?n proponer soluciones pol?ticas concretas, algo que est? totalmente fuera de la competencia de la religi?n. Su papel consiste m?s bien en ayudar a purificar e iluminar la aplicaci?n de la raz?n al descubrimiento de principios morales objetivos. Este papel "corrector" de la religi?n respecto a la raz?n no siempre ha sido bienvenido, en parte debido a expresiones deformadas de la religi?n, tales como el sectarismo y el fundamentalismo, que pueden ser percibidas como generadoras de serios problemas sociales. Y a su vez, dichas distorsiones de la religi?n surgen cuando se presta una atenci?n insuficiente al papel purificador y vertebrador de la raz?n respecto a la religi?n. Se trata de un proceso en doble sentido. Sin la ayuda correctora de la religi?n, la raz?n puede ser tambi?n presa de distorsiones, como cuando es manipulada por las ideolog?as o se aplica de forma parcial en detrimento de la consideraci?n plena de la dignidad de la persona humana. Despu?s de todo, dicho abuso de la raz?n fue lo que provoc? la trata de esclavos en primer lugar y otros muchos males sociales, en particular la difusi?n de las ideolog?as totalitarias del siglo XX. Por eso deseo indicar que el mundo de la raz?n y el mundo de la fe -el mundo de la racionalidad secular y el mundo de las creencias religiosas- necesitan uno de otro y no deber?an tener miedo de entablar un di?logo profundo y continuo, por el bien de nuestra civilizaci?n.

En otras palabras, la religi?n no es un problema que los legisladores deban solucionar, sino una contribuci?n vital al debate nacional. Desde este punto de vista, no puedo menos que manifestar mi preocupaci?n por la creciente marginaci?n de la religi?n, especialmente del cristianismo, en algunas partes, incluso en naciones que otorgan un gran ?nfasis a la tolerancia. Hay algunos que desean que la voz de la religi?n se silencie, o al menos que se relegue a la esfera meramente privada. Hay quienes esgrimen que la celebraci?n p?blica de fiestas como la Navidad deber?an suprimirse seg?n la discutible convicci?n de que ?sta ofende a los miembros de otras religiones o de ninguna. Y hay otros que sostienen -parad?jicamente con la intenci?n de suprimir la discriminaci?n- que a los cristianos que desempe?an un papel p?blico se les deber?a pedir a veces que actuaran contra su conciencia. ?stos son signos preocupantes de un fracaso en el aprecio no s?lo de los derechos de los creyentes a la libertad de conciencia y a la libertad religiosa, sino tambi?n del leg?timo papel de la religi?n en la vida p?blica. Quisiera invitar a todos ustedes, por tanto, en sus respectivos campos de influencia, a buscar medios de promoci?n y fomento del di?logo entre fe y raz?n en todos los ?mbitos de la vida nacional.

Vuestra disposici?n a actuar as? ya est? impl?cita en la invitaci?n sin precedentes que se me ha brindado hoy. Y se ve reflejada en la preocupaci?n en diversos ?mbitos en los que vuestro gobierno trabaja con la Santa Sede. En el ?mbito de la paz, ha habido conversaciones para la elaboraci?n de un tratado internacional sobre el comercio de armas; respecto a los derechos humanos, la Santa Sede y el Reino Unido se han congratulado por la difusi?n de la democracia, especialmente en los ?ltimos sesenta y cinco a?os; en el campo del desarrollo, se ha colaborado en la reducci?n de la deuda, en el comercio justo y en la ayuda al desarrollo, especialmente a trav?s del International Finance Facility, del International Immunization Bond, y del Advanced Market Commitment. Igualmente, la Santa Sede tiene inter?s en colaborar con el Reino Unido en la b?squeda de nuevas v?as de promoci?n de la responsabilidad medioambiental, en beneficio de todos.

Observo asimismo que el Gobierno actual compromete al Reino Unido a asignar el 0,7% de la renta nacional a la ayuda al desarrollo hasta el a?o 2013. En los ?ltimos a?os, ha sido alentador percibir signos positivos de un crecimiento mundial de la solidaridad hacia los pobres. Sin embargo, para concretar esta solidaridad en acciones eficaces se requieren nuevas ideas que mejoren las condiciones de vida en muchas ?reas importantes, tales como la producci?n de alimentos, el agua potable, la creaci?n de empleo, la educaci?n, el apoyo a las familias, sobre todo emigrantes, y la atenci?n sanitaria b?sica. Donde hay vidas humanas de por medio, el tiempo es siempre limitado: el mundo ha sido tambi?n testigo de los ingentes recursos que los gobiernos pueden emplear en el rescate de instituciones financieras consideradas "demasiado grandes para que fracasen". Desde luego, el desarrollo humano integral de los pueblos del mundo no es menos importante. He aqu? una empresa digna de la atenci?n mundial, que es en verdad "demasiado grande para que fracase".

Esta visi?n general de la cooperaci?n reciente entre el Reino Unido y la Santa Sede muestra cu?nto progreso se ha realizado en los a?os transcurridos desde el establecimiento de relaciones diplom?ticas bilaterales, promoviendo en todo el mundo los muchos valores fundamentales que compartimos. Conf?o y rezo para que esta relaci?n contin?e dando frutos y que se refleje en una creciente aceptaci?n de la necesidad de di?logo y de respeto en todos los niveles de la sociedad entre el mundo de la raz?n y el mundo de la fe. Estoy convencido de que, tambi?n dentro de este pa?s, hay muchas ?reas en las que la Iglesia y las autoridades p?blicas pueden trabajar conjuntamente por el bien de los ciudadanos, en consonancia con la hist?rica costumbre de este Parlamento de invocar la asistencia del Esp?ritu sobre quienes buscan mejorar las condiciones de toda la humanidad. Para que dicha cooperaci?n sea posible, las entidades religiosas -incluidas las instituciones vinculadas a la Iglesia cat?lica- necesitan tener libertad de actuaci?n conforme a sus propios principios y convicciones espec?ficas basadas en la fe y el magisterio oficial de la Iglesia. As? se garantizar?n derechos fundamentales como la libertad religiosa, la libertad de conciencia y la libertad de asociaci?n. Los ?ngeles que nos contemplan desde el espl?ndido cielo de este antiguo sal?n nos recuerdan la larga tradici?n en la que la democracia parlamentaria brit?nica se ha desarrollado. Nos recuerdan que Dios vela constantemente para guiarnos y protegernos; y, a su vez, nos invitan a reconocer la contribuci?n vital que la religi?n ha brindado y puede seguir brindando a la vida de la naci?n.

Se?or Orador, le agradezco una vez m?s la oportunidad que me ha brindado de poder dirigirme brevemente a esta distinguida asamblea. Les aseguro mis mejores deseos y mis oraciones por ustedes y por los fructuosos trabajos de las dos C?maras de este antiguo Parlamento. Gracias y que les Dios bendiga a todos ustedes.

[?Copyright 2010 - Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 21:00  | Habla el Papa
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