jueves, 30 de septiembre de 2010

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – Los grupos que dan de comer con segundas intenciones, “no hacen caridad, no actúan de acuerdo a Dios. Eso no es caridad ni misericordia, es toda otra cosa”: dice en una entrevista a la Agencia Fides S. Exc. Mons. Rufin Anthony, Obispo de Islamabad-Rawalpindi.


¿Cuál es la situación de los cristianos después de las inundaciones?
Muchos cristianos son acogidos por otras familias cristianas. Muchos están en campamentos de refugiados. Las ayudas, por lo que he podido constatar en mi diócesis, están siendo distribuidas a través del ejército: las organizaciones de asistencia, incluida Caritas, pasan a través de los militares, que loas distribuyen sin discriminación. En otras áreas, donde el gobierno no llega, a menudo trabajan las ONG locales que están vinculadas a grupos islámicos. Estos piden limosnas para las ayudas y, como he oído decir, se ocupan solamente de los refugiados musulmanes.


¿Qué decir a las asociaciones de caridad relacionadas con los grupos islamistas radicales?
Estos grupos no hacen caridad. Si la ayuda no es desinteresada, no es caridad, no es misericordia. Hay otras razones detrás: crearse una buena imagen, adquirir consenso y popularidad entre la gente; recibir ayudas del extranjero, reclutar voluntarios.


¿Le resulta que hagan proselitismo?
No tengo noticias. Pero si hacen proselitismo, si piden a la gente de otras religiones que se conviertan, su trabajo no llegará a buen fin. Los cristianos paquistaníes, aunque se encuentren en situaciones de extrema necesidad, no aceptarán la conversión, el abandonar su fe. La fe de los cristianos es fuerte: prefieren rechazar dicha ayuda condicionada. Y entonces me pregunto: ¿qué valor tendría la conversión de un hombre que lo hace sólo porque está muriendo?


¿Cómo viven su fe los cristianos de Pakistán?
Los cristianos viven entre la gente, testimoniando su fe con convicción, incluso en medio de la persecución. De hecho, puedo decir que entre las dificultades y la persecución, la fe florece: nuestras iglesias están llenas. Los cristianos se sienten auténticos paquistaníes. Pakistán es nuestra tierra, es la tierra que Dios nos ha dado. Aunque se les niegan sus derechos, estos derechos siguen siendo tales, son inalienables y nadie podrá quitárselos.


¿Existe un rayo de esperanza incluso ante esta tragedia de las inundaciones?
La esperanza existe porque Dios es el Señor de la historia, incluso en los dolorosos acontecimientos que la humanidad no entiende. Cada evento, aunque trágico, sirve para nuestra salvación y redención. Esta tragedia le dice a cada hombre que debe volver a Dios y poner en practicar su misericordia, como ya he dicho a los fieles de la diócesis.
(PA) (Agencia Fides 16/9/2010)


Publicado por Desconocido @ 23:01  | Entrevistas
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Subsidio litúrgico para la celebración del ENVÍO DE LOS CATEQUISTAS que tendrá lugar el 10 de Octubre de 2010, ofrecido por la Delegación Diocesana de Catequesis de la diócesis de Tenerife.

MONICIÓN DE ENTRADA 

Hoy es domingo, vamos a celebrar una Eucaristía muy especial. 

Daremos inicio a la catequesis parroquial. Pondremos en manos de Dios todas nuestras ilusiones, todos nuestros trabajos, todas nuestras dificultades, para que Él nos ayude con su fuerza a desempeñar con alegría y acierto nuestra labor. Por lo tanto hoy vamos a asistir al Envío de los Catequistas. Ellos son los llamados por el Señor para transmitir la fe en nuestra Comunidad. Ellos hacen posible que nuestra Parroquia siga creciendo en profundidad y en vida cristiana. Por eso, pediremos el Don del Espíritu Santo para que les acompañe a lo largo de todo este curso que ahora estamos comenzando. 

Nuestra Comunidad Diocesana celebra el Día de la Catequesis bajo el lema "ADULTOS EN LA FE". Es nuestro objetivo preferente para este año, el cuarto de nuestro Plan Diocesano de Pastoral, centrándonos en los adultos. Comencemos cantando 

ORACIÓN COLECTA 

Dios Padre, que has confiado a tu Iglesia la misión de anunciar el evangelio de Jesucristo a todos los hombres de todos los tiempos, envía tu Espíritu sobre estos catequistas, a fin de que todos ellos sean fieles dispensadores de la Palabra de la verdad, desempeñando a la perfección su ministerio. 

Infunde en sus corazones el amor y el celo de tu reino, pon en sus labios tu Palabra de salvación y concédeles la alegría de poder colaborar al crecimiento de tu Iglesia. Por Jesucristo nuestro Señor. AMÉN.

MONICIÓN LECTURAS

Dios a lo largo de toda la historia siempre ha salido al encuentro del hombre. Hoy sale a tu encuentro, quiere comunicarte su Palabra de amor como Padre que ama a sus hijos. Por eso, preparemos el corazón para escucharle. 

PRESENTACIÓN DE CATEQUISTAS

Sacerdote: 

Queridos hermanos: En primer lugar, me dirijo a ustedes, madres y padres, que tienen a sus hijos en catequesis. Son muchas las dificultades que lleva consigo esta labor. Y mucho más cuando nos olvidamos de nuestras responsabilidades. Por eso, les pido que acompañen a los catequistas en la formación cristiana de sus hijos y ayuden a sus hijos a dar los primeros pasos en la vida de la fe.

En segundo lugar, ustedes, catequistas, alégrense de la tarea que les ha encomendado la Iglesia. Los catequizandos les necesitan, pero nosotros también. Por eso, les agradecemos vuestra generosidad y vuestro trabajo.

Somos conscientes de las dificultades que van a tener, pero saben que Dios no les abandona y que la parroquia pone a su disposición todo lo que necesitan para realizar lo mejor posible vuestra labor. 

(Después se le entrega al catequista una vela encendida del cirio pascual y el sacerdote hace esta oración de envío.) 

MIRA CON BONDAD, OH PADRE, A ESTOS TUS HIJOS QUE SE OFRECEN PARA EL SERVICIO DE LA CATEQUESIS; CONFÍRMALOS EN SU PROPÓSITO CON TU * BENDICIÓN, PARA EN LA ESCUCHA ASIDUA DE TU PALABRA, Y DÓCILES A LA ENSEÑANZA DE LA IGLESIA, SE COMPROMETAN A INSTRUIR A LOS HERMANOS, Y TODOS JUNTOS TE SIRVAN CON GENEROSA DEDICACIÓN, PARA ALABANZA Y GLORIA DE TU NOMBRE. POR CRISTO NUESTRO SEÑOR.

R/. AMÉN. 

*Les pregunto a todos      

¿Creen en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra?  

--Si, creo 

¿Creen en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que nació de Santa María Virgen, murió, fue sepultado, resucitó de entre los muertos y está sentado a la derecha del Padre?

--Sí, creo 

¿Creen en el Espíritu Santo, en la Santa Iglesia Católica, en la comunión de los Santos, en el perdón de los pecados, en la resurrección de los muertos y en la vida eterna?

--Sí. creo 

Esta es nuestra fe, esta es la fe de la Iglesia que nos gloriamos de profesar en Cristo Jesús, Señor nuestro.

--Amén 

*Les prequnto a los catequistas 

¿Quieren, por tanto, ser testigos de esta fe de la Iglesia que todos han recibido?

--Sí, quiero 

¿Se comprometen a transmitir la fe de la Iglesia, que hemos proclamado juntos, y a educarla en los miembros de nuestra comunidad?

--Si, me comprometo 

Que el Espíritu de Dios Padre y de Jesucristo, el Señor, les fortalezca y les guíe en el ejercicio de esta tarea y de esta responsabilidad que han contraído ante la Iglesia.

--Amén 

(Se acercan de uno en uno y le entrega el material, mientras le dice:) 

Sacerdote: 

Recibe el material de la formación, profundiza lo que en él se enseñe, para que puedas vivir aquello que luego inicies con tus catequizandos. 

ORACIÓN DE LOS FIELES 

Oremos a Dios para que todos los hombres puedan descubrir su proyecto de amor y colaboren en la salvación del mundo, gracias al compromiso evangelizador de la Iglesia. ROGUEMOS AL SEÑOR.     

Por el Papa Benedicto XVI y por nuestro Obispo Bernardo, pastor, guía y primer catequista de nuestra Iglesia Nivariense, para que anuncien con fuerza y sin desánimo el amor de Dios para con todos los hombres. ROGUEMOS AL SEÑOR

Por los padres, para que asuman con responsabilidad e ilusión la tarea de educar a sus hijos en la fe de la Iglesia. ROGUEMOS AL SEÑOR

Por los catequistas que en este año se disponen a servir eficazmente a la parroquia, para que descubran la importancia de su formación y la grandeza de la tarea que se les encomienda. ROGUEMOS AL SEÑOR

Por todos los niños, adolescentes, jóvenes y adultos, para que participen en la catequesis con motivación. ROGUEMOS AL SEÑOR

Por nuestra parroquia, para que-viva intensamente y en fidelidad al Evangelio el amor hacia los pobres y los inmigrantes. ROGUEMOS AL SEÑOR

OREMOS: Padre nuestro, escucha nuestra necesidades y concédenos la alegría de vivir en tu servicio. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén 

PRESENTACIÓN DEL PAN Y VINO

(Dos catequistas acercan el pan y el vino al altar)

Ofrecemos ante el altar el pan y vino. Es el alimento del ser humano, sacado de la tierra, con su trabajo y con su sudor. Pero también es el alimento que el mismo Jesús les dio a sus discípulos, convertido en su Cuerpo y en su Sangre la víspera de su muerte. Que este pan y este vino se conviertan para nosotros en vida y en salvación. 

ORACIÓN FINAL DE LOS CATEQUISTAS 

Señor Jesús, hemos sentido la llamada que nos has dirigido para ser catequistas en esta comunidad cristiana de.................. 

No elegí ser catequista por un gran sueldo. No elegí ser catequista por un viaje. No elegí ser catequista por un status. No elegí ser catequista para recibir felicitaciones. No elegí...No elegí...No elegí.... Y ni siquiera elegí ser catequista.
Porque esto es una llamada. El me eligió y sólo dije: "Si. Aquí estoy". Y trato de tener presente esto todos los días mientras entro a un salón. Y trato de ser fiel a esa elección, a pesar de mis limitaciones. Y trato de no olvidar que si fui llamado y elegido fue por pura misericordia. Y trato de que el "Si, Aquí estoy" lo escriba con palabras y lo firme con la vida.
Maestro. Dar y Darme, pero icómo cuesta!

Maestro. Dar y Darte, pero icuántos miedos!
Señor, Me llamaste a ser Catequista. Me llamaste a ser Testigo.
Me llamaste a ser Hermano en la Fe de tantos. Me diste, me das y me darás la oportunidad de conocer la vida de esos hijos tuyos que son tesoros para descubrir, contemplar y acompañar.
A veces mi "Si, aquí estoy" se escucha débil pero siempre aparece un amigo inesperado, una frase impensada, un gesto sorprendente, que me ayuda a gritar, es que dos voces pueden más que una. Que me ayuda a ver, es que cuatro ojos pueden más que dos. Suena una voz: "No temas, Yo te elegí y te consagré" Y suena y resuena al compás del corazón que late fuerte. Fluye por las venas. Arde como herida. Quema como fuego. Maestro, Catequista de Catequistas, Vuelvo, luego de esta charla. Voy en tu nombre. 

SUGERENCIAS DE CANTOS 

ENTRADA:

"Iglesia Peregrina" (C. Gabaráin); "Vamos cantando al Señor" (Espinosa); "Juntos como hermanos" (C. Gabaráin); "Somos un pueblo que camina" (Vicente Mateu); "En el nombre del Señor, nos hemos reunidos" (Salmo de la Comunidad). 

SALMO RESPONSORIAL:

"Anunciaremos tu Reino, Señor" (Halffter); "Tu palabra me da vida" (Espinosa); "Siempre confío en mi Dios" (Espinosa). 

CANCIÓN DEL ENVÍO:

"Id y enseñad" ("Sois la semilla...": Gabaráin); "Canción del Testigo" (Espinosa). 

OFERTORIO:

"Este pan y vino" (Erdorzain). "Te presentamos el vino y el pan" (Espinosa); "Te ofrecemos, Señor" (Espinosa); 

COMUNIÓN:

"Te conocimos, Señor, al partir el pan" (Madurga); "Quédate con nosotros" (Taulé); "Arriésgate" (Erdozain); "¿Le conocéis?" (Olivar-Manzano); "Cerca está el Señor" (Erdozain). 

DESPEDIDA:

"Demos gracias" (Pentecostales"; Gracias, Señor" (Gabaráin);"Himno de la alegría" (M. Ríos- Beethoven). 

CANTO A MARÍA:

"Madre de nuestra alegría", "Madre de los jóvenes" (Gabaráin).


Publicado por Desconocido @ 22:53  | Catequesis
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Exhortación Pastoral de la CCXVII Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española ante la próxima Visita de Benedicto XVI a España. Madrid, 30 de septiembre de 2010

 ¡Bienvenido, Santo Padre! 

Se acercan ya las fechas en las que el Papa Benedicto XVI volverá a visitar España. En la mañana del 6 de noviembre llegará a Santiago de Compostela, para salir ese mismo día por la tarde hacia Barcelona, desde donde regresará a Roma al atardecer del día 7. Será una visita, con motivos bien precisos, a dos Iglesias diocesanas, cuyos obispos ya se han dirigido a sus fieles explicándoles la importancia de este acontecimiento providencial y exhortándolos a acoger al Sucesor de Pedro, de modo que su presencia y su palabra puedan dar frutos abundantes de vida cristiana.

Los obispos miembros de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal nos unimos a nuestros hermanos de Santiago y de Barcelona para hacer extensivo el llamamiento a los fieles de toda la Iglesia que peregrina en España.  Todos hemos de aprovechar espiritualmente la visita del Santo Padre, al que damos ya desde ahora la más cordial bienvenida. Esperamos con fe y con ilusión su Visita. Sabemos bien que donde está Pedro, allí está la Iglesia católica, con toda su belleza y su fuerza de salvación divina. Santiago y Barcelona podrán experimentarlo de manera más viva y directa. Pero todas las diócesis de España  están llamadas a beneficiarse también del impulso de catolicidad que significará la visita del Santo Padre. Muchos peregrinarán a Santiago o a Barcelona. Otros podrán ver y escuchar al Papa por los medios de comunicación[01]. Todos podrán unirse espiritualmente por medio de la oración, ya desde ahora, a las intenciones del Santo Padre. Recordamos brevemente los motivos y los fines de su visita pastoral.

El 6 de noviembre, en pleno Año Santo Compostelano, el Papa visitará como peregrino Santiago de Compostela, donde se guarda el sepulcro y la memoria del apóstol Santiago, el primero que derramó su sangre por amor a Cristo, después de haber evangelizado nuestras tierras de España. Desde aquí la fe cristiana se extendería luego por América, en una de las mayores empresas evangelizadoras de la historia de la Iglesia. Antes, Santiago había actuado como polo de atracción para innumerables peregrinos, a cuyo paso se había ido forjando la unidad espiritual de Europa, de la que Benedicto XVI ha hablado de nuevo en su reciente viaje al Reino Unido. A Santiago, pues, el Papa llega como peregrino a uno de los lugares apostólicos más emblemáticos de las raíces cristianas de España, de Europa y de América.

El 7 de noviembre, el Santo Padre consagrará en Barcelona el templo expiatorio de la Sagrada Familia. El bellísimo espacio, concebido e iniciado por el genial arquitecto y siervo de Dios Antonio Gaudí (1852-1926), se halla ya en condiciones para acoger la celebración del culto divino. Allí se dan la mano la auténtica inspiración artística y la verdadera devoción religiosa. La impresionante arquitectura es expresión de un amor divino; del amor, en concreto, a la familia de Nazaret, donde Jesús, María y José ponen ante los ojos del mundo el hondo significado de toda familia humana como cauce y expresión del amor de Dios por cada persona. A finales del siglo XIX, cuando se proyecta el templo, la Iglesia advertía ya que la familia natural y cristiana, basada en el matrimonio, constituye una célula básica de la sociedad, a la que el Estado y la Iglesia han de prestar una atención prioritaria, poniéndose a su servicio, sin preterirla ni suplantarla.

Invitamos a todos a escuchar con atención el mensaje del Papa y a acompañarle con el cariño, con la oración y, si puede ser, con la participación en las celebraciones que presidirá y en los recorridos que hará en Santiago y Barcelona.

Que la Virgen Santísima prepare los corazones y guíe al Santo Padre en la visita que con tanta generosidad y sacrificio nos ha querido hacer. ¡Bienvenido, Santo Padre! 

NOTA FINAL

1 Una página oficial de la Visita ‐ www.visitadelpapa2010.org ‐ ofrecerá en directo todos los actos del Papa y los mantendrá archivados, a disposición de quienes no hayan podido verlos en su momento o de quienes deseen verlos de nuevo posteriormente.


Publicado por Desconocido @ 19:27  | Hablan los obispos
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REDACCIÓN DE "IGLESIA NIVARIENSE"
C. San Agustín, nº 28
38201. La Laguna. Tenerife.
Tfno. 922-25 86 40 / Extensión 8
e-mail: iglesianivariense@obispadodetenerife.es

Boletín 402 

LAS NOTICIAS AMPLIADAS PUEDEN VERLAS ENTRANDO EN NUESTRO NUEVO BLOG. Textos, sonidos, e imágenes los tienen en:
http://www.comunicacionobispadodetenerife.blogspot.com/ 

El próximo 1 de octubre, a partir de las 19:00 horas,  tendrá lugar la apertura de curso del Instituto Superior de Teología de Tenerife, en el Seminario Diocesano. Tras la Eucaristía en la capilla del centro, presidida por el Obispo, Bernardo Álvarez, se desarrollará la sesión académica. La lección inaugural titulada: “Adultos en la fe…una fe adulta”, que correrá a cargo del profesor Francisco González Izquierdo.

En diversos lugares de la diócesis se ofertan estos días iniciativas para la formación continua de los catequistas. Así ocurre con los tradicionales cursos organizados por el arciprestazgo de Tacoronte entre el 27 y el 30 de septiembre. Igualmente en el sur de Tenerife, concretamente en el Médano, del 4 al 7 de octubre, los catequistas están invitados a formarse en relación al objetivo preferente de este curso pastoral.

Por otro lado, tras la reunión de los catequistas de La Laguna, la delegación de catequesis se va a hacer presente en los distintos arciprestazgos para presentar el curso que se ha iniciado bajo el lema: “adultos en la fe...fe adulta”. A estas reuniones están invitados todos los catequistas de cada zona. Algunas de estas citas serán:

Lunes 4 de Octubre (19:30) TACORONTE
Martes 5 de Octubre (20:00) SANTA CRUZ
Jueves 7 de Octubre (20:00) GRANADILLA
Sábado 25 de Octubre (20:00) ICOD 

El sábado, 2 de Octubre, los profesores de religión tendrán una Jornada para compartir el proyecto de trabajo en la escuela, de cara a este año escolar. Comenzará el día situando esta tarea dentro del marco del Plan Diocesano de Pastoral. El Vicario General, Antonio Pérez, expondrá las líneas fundamentales del mismo para el curso 2010-2011.

Además, el Delegado de Enseñanza, José Hermógenes Martín, desarrollará las grandes líneas de lo que será la formación teológica del profesorado, y Rosa Andrés, Asesora Pedagógica de la Delegación, explicará cómo se va a realizar la formación pedagógico-didáctica. La Jornada concluirá con la celebración de la Eucaristía con nuestro Obispo. El realizará el envío de los profesores y les animará a trabajar en esta "tierra", donde la mies es abundante.

Estos días se desarrollan las últimas reuniones por vicarías de comienzo de curso. Así ocurrió en el Puerto de la Cruz, y el sábado con la vicaría de Santa Cruz de Tenerife.

Jaime Salmoreno ha dado un concierto en Tazacorte, organizado por la parroquia de S. Miguel en el marco de las fiestas en honor del patrón de La Palma. Salmoreno presentó su disco ‘Confidencias, contradicciones y conversión’ con motivo de una jornada de testimonio vocacional que le llevó también por el centro educativo del municipio. Arquitecto, viajero, canta,toca la guitarra... y acaba de publicar su primer disco. Hace dos años ingresó en el Seminario.

Tazacorte concentró las principales celebraciones al patrón de la isla de La Palma, S. Miguel. El día 29 la Eucaristía principal estuvo presida por Juan Pedro Rivero. En el transcurso de la misma, la presidenta insular, Guadalupe González, realizó la tradicional ofrenda al arcángel, al que pidió, entre otras cosas, que e este difícil momento que nos ha tocado vivir, haz "que afrontemos las carencias con imaginación y talento, danos ganas de luchar, danos claridad de mente y alma, danos valor para anteponer prioridades, para acercarnos con comprensión al que sufre, para acertar en el esfuerzo". Te ofrecemos - finalizó la presidenta- "Santo Patrón nuestro trabajo colectivo, el cariño y la bondad de este tu pueblo, que, pese a las dificultades, sigue adelante".

Todas las parroquias del arciprestazgo de Taco, reúnen este domingo a los agentes de pastoral en una jornada de encuentro a fin de presentar el objetivo preferente del curso pastoral.

El Cabildo Insular y el Obispado han suscrito un acuerdo para llevar a cabo las obras de mejora en la iglesia de Santo Domingo de Guzmán, en el término municipal de Santa Cruz, que tienen un presupuesto en la primera fase que supera los 317.000 euros, cantidad que aportarán en un 50 por ciento cada una de las instituciones.

Ha tomado posesión el pasado domingo, el Deán de la Catedral de La Laguna, Julián de Armas. Además, el nuevo vicepresidente del mismo es Domingo Navarro, el tesorero Prudencio Redondo y el secretario, Luis Pérez.

El próximo 13 de octubre, a las 13 horas, serán recibidos en Madrid, por la directora general de Bellas Artes y Bienes Culturales, Ángeles Albert, departamento del ministerio de cultura, representantes del Cabildo Catedral y de las instituciones públicas canarias implicadas en las obras de la Catedral. En la citada reunión se espera ir avanzando en la firma del convenio para que prosigan las obras en el primer templo de la diócesis.

Siguiendo en La Laguna, la ruta turística de iglesias y conventos modifica algunas de sus propuestas, ya que permanecen en la misma la iglesia del convento de Santa Catalina y del monasterio de las Claras, la iglesia y torre de la Concepción y la Sede del Obispado.

Este domingo y el próximo lunes, se concentran las principales celebraciones en Arona en del Cristo de la Salud y la Virgen del Rosario.

La Virgen de la Encarnación, patrona de Adeje, sigue su peregrinación estos días por los barrios del municipio dentro del programa de actos de las Fiestas Lustrales. Tras pasar una semana en los barrios de La Postura, Taucho, El Galeón, Las Torres, y La Quinta, en estos momentos se encuentra en la parroquia de Fañabé desde donde se desplazará hacia La Caleta, Miraverde y Costa Adeje. El sábado será uno de los momentos grandes de esta peregrinación ya que la sagrada imagen se embarcará desde Puerto Colón y desembarcará en La Enramada en un acto que se espera multitudinario.

La imagen de la Virgen del Socorro ya descansa de nuevo en su templo. Tras catorce días de peregrinación por todas las zonas de este barrio de Tegueste, la sagrada imagen regresó a su iglesia el pasado sábado por la noche, día 25 de septiembre, seguida por cientos de fieles. De esta manera, se cumplió por cuarta vez en siglos que la Virgen del Socorro realiza este especial recorrido por varias zonas de la Villa.

La delegación diocesana de pastoral con jóvenes viene trabajando en el próximo encuentro diocesano a celebrar el 20 de noviembre de 11 a 21 horas. Además, este año viene marcado por el Encuentro Mundial de los Jóvenes con el Papa, en agosto de 2011. Sin embargo, no quieren olvidar en esta delegación que el mismo debe ser el culmen de nuestro quehacer diario, bajo el objetivo de “Acompañar a los jóvenes en su madurez socio-familiar”, señalan.

En solidaridad con los trabajadores y trabajadoras que hoy sufren condiciones de trabajo, precariedad, paro y exclusión, la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) ofrece a todas las parroquias y grupos que lo deseen la realización de unas jornadas de información en un clima de oración, celebración y denuncia.  Proponen desde esta organización que estas jornadas podrían ser a partir de 8 a 9,30 de la noche y hasta las 11. Con momentos para compartir experiencias concretas de víctimas de la crisis, de oración y de cantos.

La familia vicenciana en la diócesis clausura las celebraciones del 350 aniversario de la muerte de S. Vicente y Santa Luisa, este lunes, 27 de septiembre, fiesta de S. Vicente Paúl, con una solemne eucaristía que presidirá a las 19 horas en la iglesia lagunera de la Concepción (sede Catedralicia) el Obispo.

El pleno del Cabildo de Tenerife aprobó por unanimidad la concesión de la Medalla de Oro de la isla de Tenerife al colegio La Salle-San Ildefonso de la capital tinerfeña. El colegio está cumpliendo, precisamente, su centenario.

El Pleno del Cabildo de La Palma ha acordado el inicio de expediente para la concesión del título de Hija Adoptiva, de forma póstuma, por los servicios relevantes prestados a la Isla en su labor solidaria en el Norte de La Palma, a la religiosa Sor María Josefa Argote Argote.

Con gran devoción se vivió en Icod la celebración de la Octava del Cristo del Calvario. Otro tanto aconteció en Tacoronte. La semana que comienza también tiene una celebración de gran popularidad, la de S. Francisco de Asís.

El Eres del santo Hermano Pedro recibió el sábado la visita de alrededor de 400 personas, con motivo de la VI Ruta Nocturna.

La cuevita del Hermano Pedro recibió el pasado sábado 25 de septiembre la visita del cronista oficial de la ciudad Antigua de Guatemala, Carlos Enrique Berdúo Samayoa.

El departamento de pastoral con jóvenes ha organizado un concierto sobre la vida de San Pablo en la sala Teobaldo Power de La Orotava para el 16 de octubre. Se trata de una iniciativa que servirá como introducción para el Encuentro Diocesano con Jóvenes en Noviembre. El concierto comenzará a las 20:30 horas y el precio de las entradas es de 10 Euros.

Los próximos días 1 y 2 de octubre, los responsables nacionales de Radio María estarán en Tenerife para llevar a cabo un encuentro con los oyentes. El sacerdote y director de contenidos de la cadena, Esteban Munilla y el coordinador de la emisora, Rafael Lozano estarán el 1 de octubre, a las 20:15 horas, en el salón de actos del colegio salesiano “San Isidro”, en La Orotava. Un día más tarde, se desplazarán a Santa Cruz de Tenerife. En la capital tinerfeña realizarán un programa en directo, a las 16:00 horas desde el salón de actos de la parroquia de San Francisco de Asís, presentando la nueva programación de Radio María. Posteriormente, a las 18:00 horas, tendrá lugar otro encuentro con los oyentes de Radio María.

Entre el ocho y el diez de octubre, en la Sala Teobaldo Power de la Orotava, la Renovación Carismática Católica Canaria, celebrará su XVII Asamblea Regional bajo el lema: Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor (Mt. 24,42)

Ya está disponible, en las librerías diocesanas el plan de formación continua para los catequistas. Durante los dos próximos años, estos agentes de pastoral son invitados a capacitarse en relación a los contenidos de la catequesis. Para ello, el material formativo repasa el contenido del Credo.


Publicado por Desconocido @ 11:41  | Comunicados Diocesanos
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Para que la celebración de la Jornada Misionera Mundial sea ocasión para comprender que la tarea de anunciar a Cristo es un servicio necesario e irrenunciable que la Iglesia está llamada a desempeñar en favor de la humanidad” - Comentario a la Intención Misionera de octubre de 2010

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – En ciertos ambientes actuales, se ha pretendido presentar la acción misionera de la Iglesia como una actividad innecesaria, como algo que vendría a coartar la libertad de conciencia de otros hombres. Si cada uno puede salvarse siendo fiel a su conciencia, a la religión del entorno donde ha nacido, ¿para qué anunciar el Evangelio?

El Santo Padre nos recuerda que la tarea de anunciar a Cristo es un servicio necesario e irrenunciable que la Iglesia está llamada a desempeñar en servicio de la humanidad. Jesucristo es la plenitud de la revelación de Dios, el camino, la verdad y la vida, y todos los hombres tienen derecho a escuchar este anuncio. A través de la actividad misionera, la Iglesia propone la luz de Dios que ha recibido, sin imponerla a nadie. Proponer no es imponer. El mandato del Señor permanece para siempre: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio”.

Es parte esencial de la naturaleza de la Iglesia su dimensión misionera. La Iglesia dejaría de ser lo que Cristo quiso que fuera si dejara de anunciar la salvación de Dios a los hombres.

Pero, al mismo tiempo, este anuncio es una exigencia profunda de conversión para la misma Iglesia. Afirma Benedicto XVI que el mandato misionero “no puede realizarse de manera creíble sin una profunda conversión personal, comunitaria y pastoral” (Mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones 2010).

Anunciar el Evangelio se convierte en una gran responsabilidad, porque los cristianos no pueden abordar ese anuncio como “dueños”, como “propietarios” de la verdad que anuncian, sino como servidores de la misma, a la que rinden su vida, puesto que descubren en ella el amor de Dios. “Como los peregrinos griegos de hace dos mil años, también los hombres de nuestro tiempo, quizás no siempre de modo consciente, piden a los creyentes no sólo que ‘hablen’ de Jesús, sino que también ‘hagan ver’ a Jesús, que hagan resplandecer el rostro del Redentor en todos los rincones de la tierra ante las generaciones del nuevo milenio y, especialmente, ante los jóvenes de todos los continentes, destinatarios privilegiados y sujetos del anuncio evangélico. Estos deben percibir que los cristianos llevan la palabra de Cristo porque él es la Verdad, porque han encontrado en él el sentido, la verdad para su vida” (Benedicto XVI, Mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones 2010).

No podemos ser anunciadores sin ser previamente creyentes que viven con coherencia el mensaje que anuncian. El cristianismo no es una ideología, sino un encuentro vital con Cristo, el Hijo de Dios vivo. “Sólo a partir de este encuentro con el Amor de Dios, que cambia la existencia, podemos vivir en comunión con él y entre nosotros, y ofrecer a los hermanos un testimonio creíble, dando razón de nuestra esperanza (cf. 1 P 3, 15)” (Benedicto XVI, Ibid).

María, la madre de Dios, sostenga con su cariño materno el impulso misionero de los discípulos de Cristo, para que todos los hombres puedan conocer el amor de Dios manifestado en Cristo Jesús. (Agencia Fides 29/9/2010)


Publicado por Desconocido @ 11:30  | Misiones
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miércoles, 29 de septiembre de 2010

Homenajearán al Siervo de Dios Padre Luis M. Etcheverry Boneo. Buenos Aires, 16 Set. 10 (AICA)

Padre Luis María Etcheverry Boneo

La Asociación Argentina de Cultura ha organizado un homenaje al Siervo de Dios Padre Luis María Etcheverry Boneo, mediante un concierto que ofrecerán el Coro Santa Cecilia y la Orquesta de Cámara de la Asociación. El concierto se llevará a cabo el próximo sábado 18 de septiembre a las 20, y tendrá lugar en el Auditorio de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (UBA), sito en Figueroa Alcorta 2263 de la ciudad de Buenos Aires.

     Con la dirección de María Sara (Sarita) Cafferata, se ofrecerá el siguiente repertorio: Concierto n. 19 para piano y orquesta KV 459, de Wolfgang Amadeus Mozart, con la actuación del maestro pianista Claudio Santoro; y la Misa en Sol Mayor para solistas, coro y orquesta, D 167 de Franz Schubert, con la participación de las voces solistas de Laura Delogu (soprano), Santiago Bürgi (tenor) y Lucas Debevec Mayer (bajo).

     Los comentarios musicales estarán a cargo del profesor Carlos A. Alonso.

     La entrada será libre y gratuita, pero se invita a los asistentes colaborar con alimentos no perecederos los cuales serán donados al hogar M.A.M.A.(Mis alumnos más antiguos). 

Siervo de Dios Luis María Etcheverry Boneo

     El presbítero Luis María Etcheverry Boneo nació en Buenos Aires el 18 de septiembre de 1917 y fue ordenado sacerdote el 12 de abril de 1941.

     Profundamente identificado con el ideal paulino de instaurar todo en Cristo, organizó instituciones para la formación de la juventud: Colegios Universitarios, los Colegios San Pablo, la agrupación "Misión". Fue director de los Cursos de Cultura Católica desde los cuales impulsó la creación de la Universidad Católica.

     Intuyó la necesidad de una nueva forma de vida consagrada femenina al servicio de la Iglesia y en 1952 fundó las "Servidoras", una asociación de vírgenes consagradas, que luego de su muerte, fue fuente inspiradora de un nuevo canon del Código de Derecho Canónico de 1983. Su gran colaboradora, Lila Archideo, es la presidenta de las “Servidoras”.

     También en el ámbito de la evangelización de la cultura, creó en 1961 la Fundación Cultural Argentina en Santa María de la Armonía, en la localidad de Cobo, próxima a Mar del Plata.

     En viaje a Roma fue sorprendido por una grave enfermedad en Madrid y allí murió el 18 de marzo de 1971, a los 54 años de edad, tras ocho días de gran sufrimiento. Médicos, sacerdotes y religiosas que lo atendieron y visitaron calificaron su muerte como la de un santo.

     En 1997 se inició en el arzobispado de Buenos Aires el proceso diocesano de beatificación del Siervo de Dios Luis María Etcheverry Boneo.+


Publicado por Desconocido @ 23:18  | Pastoral Vocacional
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Homilía de monseñor Miguel Esteban Hesayne, obispo emérito de Viedma para el 24º domingo durante el año (12 de septiembre de 2010). (AICA)

EL SERVICIO Y DIMENSIÓN POLÍTICA EN CLAVE CRISTIANA

Oyendo, leyendo y mirando lo que acontece a diario en nuestra sociedad, recuerdo lo que oramos con el salmista (84): “Dejemos de hacer locuras y obedezcamos a Dios. Recordemos que somos suyos, y que El nos ha prometido la Paz”.

  La Argentina necesita de dirigentes políticos que antes de meterse en la política partidaria se hayan formado para servir y no servirse. Hablemos claro. Los ciudadanos merecen un mínimo de respeto. Que los proyectos no sean una táctica-pantalla de otros intereses y por eso han de tener un solo objetivo, el bienestar de la sociedad…

Me dirán que soy un iluso. Lo sería si no tuviera Fe Cristiana y no me dirigiera a quienes creen en aquél que se presentó como enviado por Dios para “dar buenas noticias a los pobres, para anunciar libertad a los prisioneros, para devolverles la vista a los ciegos, para rescatar a los que son maltratados y para anunciar a todos que este es el tiempo que Dios eligió para darnos la Salvación” Lc.4.18

  El paso de políticos que usan la dirigencia política para provecho propio a quienes la usan para servir a su pueblo, lo pueden dar los que, a ciencia y conciencia o sin saberlo, se dejan quemar con el fuego preanunciado por Isaías cuando preguntaba y respondía proféticamente: ¿“Quién de nosotros habitará en fuego devorador, quién de nosotros habitará en una hoguera perpetua”?- “El que procede con justicia, habla con rectitud y rehúsa cualquier ganancia con la opresión, el que sacude la mano rechazando las coimas y el que no se presta a cometer un crimen, el que cierra los ojos para no complacerse en el mal…” Isaías 33,13.16

  El paso de una política dominadora a una política servidora comenzó a darse, en nuestra historia, con Jesús según el texto lucano citado. Y se sigue dando, aquí y ahora, toda vez que  un hombre o una mujer “metido en política” se deja quemar por el fuego del amor de Dios poniéndose al servicio de quien se encuentre en situación de necesidad. Ese hombre, esa mujer está haciendo realidad histórica las palabras de Jesús al anunciar el reinado de Dios en la historia de la humanidad: “Fuego vine a traer sobre la tierra y que quiero sino que arda” (Lc. 12,49) Porque al decir estas palabras, Jesús anunciaba el reinado de Dios en las acciones de hombres y mujeres de todas la épocas. En las acciones de sus seguidores explícitos y en las de todo hombre o mujer de buena voluntad que sirve con sincera honestidad al pueblo. El proyecto de Jesús sobre sus seguidores es que vivan  impregnados de su Evangelio hasta sus últimas consecuencias y fortalecidos con su propia vida de Resucitado en la participación de la Eucaristía. A tal punto que tengan el “poder de Dios” para recrearse hombres y mujeres “nuevos”, capaces de  reconstruir una sociedad “nueva”. Y en el caso que nos ocupa, una “política nueva” que se da cuando los políticos “hacen política” con los criterios del  mismísimo Jesús. Jesús en su Evangelio no dejó un manual de política. Pero sí dejó un cúmulo de valores para recrear los corazones y proyectarlos en las dimensiones y estructuras de la Historia Humana. La Iglesia fiel a Jesús a través de los siglos fue confeccionando a la Luz del Evangelio una doctrina social-política, eco fiel de los valores evangélicos que sirve para iluminar y animar una vida genuinamente humana logrando a través de los cambios de época una sociedad armónica en convivencia ciudadana fraterna, signo y anticipo del Reinado de Dios. Cuando se habla de una política iluminada por el Evangelio o la aplicación de la Doctrina social de la Iglesia se está lejos de pensar en una Iglesia influyendo en las decisiones políticas y menos aún pensar en un partido de la Iglesia. Se trata de formar una ciudadanía con mentalidad cristiana. Es decir que piense y obre como obraría el mismo Jesús según lo manifiestan los Evangelios y lo explicita la Doctrina de la Iglesia. Esto supone una seria catequesis social política. Para vivir la Fe Cristiana en todas las dimensiones de la vida humana, es preciso pasar de encuentros así sean grandes eventos a un íntimo, profundo, proceso de conversión personal. Porque la vida cristiana exige el proceso de conversión a Jesús y su Evangelio también referido al servicio del quehacer político y a la dimensión política de la vida humana.

Miguel Esteban Hesayne, obispo emérito de Viedma 


Publicado por Desconocido @ 23:13  | Homilías
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Renovación del pacto de fidelidad del pueblo salteño con sus patronos. Solemnidad del Señor del Milagro - 15 de setiembre de 2010. (AICA)

PACTO DE FIDELIDAD 2010
Eclesiástico 2,7-17 / Sal 1,1-2.3.4.6 / Lc 6,43-49 

I monseñor Mario Antonio Cargnello

Jesucristo, Señor del Milagro, Señor de la historia, aquí estamos, te necesitamos.

La fascinación que ejerces sobre nosotros atrayéndonos hacia Ti es la que nos ha traído esta tarde hasta este lugar para celebrar la alegría de ser tuyos con María del Milagro, tu madre.

Esa fuerza nos convoca a todos como miembros de una multitud creyente que crece y se congrega. Y para estar más cerca de tu imagen y de la imagen de María hemos caminado hasta este histórico lugar de Salta y al llegar aquí nos parece escuchar desde tu corazón, la voz de nuestra historia que fue testigo de entregas generosas, de gestos honorables, de enfrentamientos y de perdones, de vencedores capaces de tender la mano a los vencidos hasta abrazarlos, como lo hizo el General Manuel Belgrano con Pío Tristán al aceptar el rendimiento de las tropas haciendo prevalecer la amistad por sobre el frío protocolo de un doloroso final de batalla.

La cruz que remata el monumento nos recuerda aquella cruz que cubrió con su sombra los restos de todos, de los vencedores y de los vencidos y que hoy se encuentra en la Iglesia de San Juan Bautista de la Merced. El mensaje del monumento que nuestros mayores quisieron ofrecer para perpetuar la memoria de la historia nos advierte que la Nación se construye sobre la virtud de sus ciudadanos. La solemnidad del momento que vivimos nos señala, andando el tercer siglo de nuestra historia nacional y en el desarrollo del bicentenario, que todos somos herederos y responsables de un momento importante de la vida argentina.

Hace tres años contemplándote te preguntábamos: ¿quién eres, Señor? Hoy, inmersos con muchas naciones de América Latina en el espíritu del bicentenario queremos pedirte que nos ayudes a descubrir quiénes somos para poder dar cada día el paso de habitantes a ciudadanos responsables y para asumir en lo hondo de nuestra conciencia el desafío de aceptar la Patria como don y de construir la Nación como una tarea. Queremos escucharte como Iglesia, para aceptar el don de ser una comunidad experta en humanidad convocada a preanunciar la civilización del amor por ser en el corazón del mundo el sacramento de la unidad del hombre con Dios y de los hombres entre sí. Queremos escucharte como sociedad, para enfrentar nuestra responsabilidad de tejer lazos que la hagan capaz de inclusión, de equidad, de fraternidad. ¡Señor, háblanos! 

II

Los que temen al Señor, esperen su misericordia
Y no se desvíen para no caer.
Los que temen al Señor, esperen sus beneficios.
Fíjense en las generaciones pasadas…

Hermanos: La Patria es un don. En efecto, hemos nacido en ella o nos ha adoptado con su corazón de madre. La tierra, su geografía, la riqueza de su suelo, de sus ríos y montañas, la vastedad de extensión, la multiplicidad de posibilidades que ofrece, todo es regalo que tiene a Dios por autor. Pero también la historia, con su legado de ejemplos, de valores vividos, de dolores y defectos superados o a superar, de ilusiones y de proyectos, es un don que debemos aceptar, reconocer, cultivar, recrear. Si perdemos la conciencia del don recibido o la oscurecemos con miradas sesgadas o interesadas que terminan siendo injustas no podremos enfrentar el presente con libertad. Sólo la verdad nos hará libres. Sólo la gratitud nos hará capaces de proyectar tiempos nuevos. Reconocer humildemente la realidad de nuestra tierra y de nuestra historia es comenzar cada día a proyectar un pueblo, una nación más fraterna, más digna del hombre, más abierta a todos.

Fundamentalmente, “la nación es la comunidad de hombres congregados por diversos aspectos, pero, sobre todo, por el vínculo de una misma cultura”, nos recordaba Juan Pablo II ya en 1.980 hablando en la UNESCO. ¿Qué nos reúne? Una misma concepción del hombre y del mundo y una escala de valores que se traducen en actitudes, costumbres e instituciones comunes.

Los valores cristianos impregnaron la vida pública desde los inicios de nuestra comunidad nacional. Son valores que se enriquecieron con la sabiduría de los pueblos originarios y con las inmigraciones posteriores dando lugar a la compleja cultura que nos caracteriza. Si queremos valorar el presente y construir el futuro tengamos en cuenta el camino recorrido y honremos lo bueno de nuestra historia disponiéndonos a enmendar errores y a potenciar virtudes.

Los obispos argentinos advertíamos que prevalecen en la cultura nacional “valores fundamentales como la fe, la amistad, el amor por la vida, la búsqueda del respeto a la dignidad del varón y la mujer, el espíritu de libertad, la solidaridad, el interés por los pertinentes reclamos ante la justicia, la educación de los hijos, el aprecio por la familia, el amor a la tierra, la sensibilidad hacia el medio ambiente, y ese ingenio popular que no baja los brazos para resolver solidariamente las situaciones duras de la vida cotidiana”

Estos valores, que tienen su origen en Dios, nos deben ayudar a enfrentar los desafíos del presente, a superar la violencia verbal y física, la falta de respeto a las personas y a las instituciones, la crueldad y el desprecio por la vida en la violencia delicitiva, frecuentemente vinculada al consumo de drogas, la situación de pobreza que alcanza niveles dramáticos en muchos hermanos. Estos valores deben fortalecernos para enfrentar la cultura relativista que corroe el sentido de la verdad, que acentúa el individualismo y nos hace indolentes, resignados, capaces de excluir al otro. La fe, valor fundante en el tejido de nuestra patria, nos ha de ayudar a volver a Dios, “creador y Padre, fundamento de verdadera fraternidad y de toda razón y justicia. Sin Dios estamos como huérfanos y la sombra del desamparo se expande sobre los que están a la intemperie social”. 

III

Feliz el hombre… que se complace en la ley del Señor
Y la medita de día y de noche…
Es como un árbol plantado al borde de las aguas
(Sal 1, 1.3)
Tú eres nuestro, nosotros somos tuyos.

Al comprobar la grandeza del don de nuestra patria, hermanos, se alimenta en nosotros la percepción de nuestra responsabilidad. ¿Cómo responder desde nuestro presente marcado por las fiestas del bicentenario a los desafíos que el Señor nos ofrece desde el corazón de nuestra nación? ¿Cómo enfrentar la tarea que nos permita alcanzar matas que respondan a la dignidad inviolable de cada ser humano y respete integralmente a la persona?

La experiencia secular de fe de nuestro pueblo de Salta ha madurado su vida cristiana a partir de la celebración del pacto, de la alianza.

En la Sagrada Escritura la alianza es el proceso mediante el cual personas que no son familiares entre sí se convierten en tales, en consanguíneas. Así nos lo indica la escena de las tribus de Israel que le dicen a David “Nos consideramos de tu sangre” aunque no lo era y por ello, para serlo realmente, establecen una alianza con el rey profeta (2 Sam 5,1.3) La alianza con Dios es una declaración y constitución de consanguinidad. Por eso enseña la primera carta de Juan: “¡Miren cómo nos amó el Padre! Quiso que nos llamáramos hijos de Dios, y nosotros lo somos realmente” (1Jn 3,1).

Estableciendo esta consanguinidad Dios dice al hombre: “Tú eres de mi propia sangre”; y el hombre le puede decir a Dios: “Tú eres de mi propia sangre”. Somos el uno para el otro, y esto no se puede rescindir, debemos solidarizarnos en todo y ni tú me abandonarás ni yo podré abandonarte jamás.

Este misterio de alianza lo reclama Jesús cuando dirigiendo su mirada sobre los que estaban sentados alrededor de él, dijo: “Estos son mi madre y mis hermanos. Porque el que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre” (Mc 3,34-35).

Más fuerte que la consanguinidad familiar es la consanguinidad de la voluntad de Dios. ¡Qué honor, queridos hermanos, nos ofrece el Señor al invitarnos a renovar la alianza con Él, alianza que nace en el bautismo, se ratifica en cada Eucaristía y que hoy, este pueblo de Salta y todos los devotos del Señor, hemos de reiterar una vez más concientes del regalo que esta alianza nos da y de las responsabilidades que la misma comporta!

Porque la alianza es un don de Dios a favor nuestro, es una fuente de libertad y de fraternidad: Somos hijos de Dios, somos hermanos entre nosotros. A nadie podemos excluir de esta llamada. Al mismo tiempo crea entre Dios y nosotros un vínculo de reciprocidad que se expresa en la necesidad de vivir en coherencia en todas las dimensiones de nuestra existencia. ¡Qué responsabilidad nos cabe asumir ya que somos hijos, somos responsables de la tierra, de la patria, de los hermanos! Somos familia, somos el Pueblo de Dios. He aquí la clave de una respuesta a la pregunta por nuestra identidad: somos consanguíneos de Dios en Cristo Jesús, somos familia de Dios. 

IV

“El hombre bueno saca el bien del tesoro de bondad que tiene en su corazón…
Porque de la abundancia del corazón habla la boca”

Conscientes de nuestra dignidad asumimos el presente para proyectarnos hacia el futuro. Desde la alianza aprendamos cada día a vencer miedos que paralizan y no nos dejan construir un mundo mejor. Porque la alianza es roca firme sobre la que podemos construir una casa común para todos.

Como sociedad hemos de vencer el miedo a aceptar la presencia de Dios en medio de los hombres. Dios no nos abstrae de la realidad. Al contrario. Como nos enseñaba el Papa Benito XVI en Aparecida “Quien excluye a Dios de su horizonte falsifica el concepto de realidad y, en consecuencia, sólo puede terminar en caminos equivocados y con recetas destructivas. La primera afirmación fundamental es, pues, la siguiente: Sólo quien reconoce a Dios, conoce la realidad y puede responder a ella de modo adecuado y realmente humano. La verdad de esta tesis resulta evidente ante el fracaso de todos los sistemas que ponen a Dios entre paréntesis”. Por ello, y pregunto con el corazón en la mano: ¿Por qué temer a la educación religiosa en las escuelas? Estamos convencidos que es a los padres y madres de familia a quienes corresponde el derecho de una educación integral para sus hijos, es al Estado quien ha de asumir el deber de procurarlo respetando el derecho de los padres y es a las diversas confesiones religiosas a quienes toca la responsabilidad y la tarea de proveer con personas capacitadas. Si hay un espacio en el que aprendemos a tolerar y aceptar la diversidad es el espacio religioso en el que la caridad nos impulsa a aceptar la diversidad. La Iglesia no busca poder, sólo quiere servir a nuestro pueblo ofreciendo la luz del Evangelio que llama al hombre a ser más hombre.

Como Iglesia que camina en nuestra arquidiócesis nos proponemos renovar el entusiasmo misionero en el que está comprometida en todo nuestro continente. Desde el compromiso evangelizador hemos de encarar la pastoral de la fe. La experiencia bautismal es el punto de partida de toda espiritualidad cristiana que se funda en la Trinidad. La conciencia de la alianza, del pacto es una provocación a crecer en la fe que ilumina la caridad y transforma las personas y las comunidades. Queremos renovar el compromiso de toda la arquidiócesis con la catequesis en todas sus formas, con la animación bíblica de la pastoral y con el cuidado diligente y constante de la piedad popular. Queremos ser una Iglesia que no se canse de percibirse a sí misma y modelarse según el llamado a ser casa y escuela de comunión y de misericordia, faro de inclusión y de servicio, taller de trabajo para erradicar las pobrezas, queremos alentar el corazón misionero de nuestras comunidades tanto en el anuncio del Evangelio a todos, aún más allá de las fronteras como en el servicio a la sociedad proponiendo el paso de todos desde nuestra condición de habitantes al compromiso de ciudadanos. 

V

Celebremos el Pacto. Este marca la espiritualidad del pueblo de Salta y orienta la vida de todos, la de nosotros sacerdotes, de nuestros religiosos y de nuestros laicos. Es una espiritualidad profundamente bíblica que nace del corazón mismo de la Santísima Trinidad y marca la vida de la Iglesia toda ofreciéndole a Salta un llamado permanente a crecer personal y comunitariamente hacia lo alto.

En el pacto reconoceremos al Señor como camino, verdad y vida, así de los individuos como de las familias, pueblos y naciones.

El Señor es camino que nos conduce al Padre y por ello es la roca firme en la que se asienta la fraternidad de los pueblos. El Señor es la Verdad que nos hace libres y por ello es garantía de dignidad que nada puede destruir. El Señor es la Vida que nos colma de alegría porque nos hace ser familia que promueve y custodia la vida humana.

María es la mujer del pacto. Ella es Madre que maduró su maternidad en un camino de discípula fiel hasta la cruz. En su Corazón de Madre nos cobija a todos, entre sus manos nos sostiene y cuida como en su imagen cuida la bella flor.

Señora, cuida a tu pueblo, Madre, cobíjanos a todos.

Señor del Milagro, extiende tus brazos sobre este pueblo y la Nación Argentina. Protégenos, defiéndenos. Amén. 

Mons. Mario Cargnello, arzobispo de Salta 


Publicado por Desconocido @ 23:09  | Hablan los obispos
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ZENIT   nos ofrece la catequesis que el Papa Benedicto XVI dirigió el miércoles 15 de Septiembre de 2010 a los peregrinos reunidos en el Aula Pablo VI del Vaticano para la audiencia general, tras la cual el Pontífice regresó a Castel Gandolfo.

Queridos hermanos y hermanas,

una de las santas más amadas es sin duda santa Clara de Asís, vivida en el siglo XIII, contemporánea de san Francisco. Su testimonio nos muestra cómo toda la Iglesia es deudora a mujeres valientes y ricas de fe como ella, capaces de dar un decisivo impulso para la renovación de la Iglesia.

¿Quién era por tanto Clara de Asís? Para responder a esta pregunta poseemos fuentes seguras: no sólo las antiguas biografías, como la de Tomás de Celano, sino también las Actas del proceso de canonización promovido por el Papa sólo pocos meses después de la muerte de Clara, y que contiene los testimonios de aquellos que vivieron junto a ella durante mucho tiempo.

Nacida en 1193, Clara pertenecía a una familia aristocrática y rica. Renunció a la nobleza y a la riqueza para vivir pobre y humilde, adoptando la forma de vida que Francisco de Asís proponía. Aunque sus parientes, como sucedía entonces, estaban proyectando un matrimonio con algún personaje de importancia, Clara, a los 18 años, con un gesto audaz inspirado por el profundo dese de seguir a Cristo y por la admiración por Francisco, dejó la casa paterna y, en compañía de una amiga suya, Bona di Guelfuccio, alcanzó secretamente a los frailes menores en la pequeña iglesia de la Porciúncula. Era la tarde del Domingo de Ramos de 1211. Ante la conmoción general, se realizó un gesto altamente simbólico: mientras sus compañeros tenían en la mano antorchas encendidas, Francisco le cortó el cabello y Clara vistió un basto hábito penitencial. Desde aquel momento se había convertido en la virgen esposa de Cristo, humilde y pobre, y se consagraba a Él totalmente. Como Clara y sus compañeras, innumerables mujeres en el transcurso de la historia han sido fascinadas por el amor por Cristo que, en la belleza de su Divina Persona, llena sus corazones. Y la Iglesia entera, por medio de la vocación nupcial mística de las vírgenes consagradas, muestra lo que será para siempre: la Esposa bella y pura de Cristo.

En una de las cuatro cartas que Clara envió a santa Inés de Praga, la hija del rey de Bohemia, que quiso seguir sus huellas, habla de Cristo, su amado Esposo, con expresiones nupciales, que pueden sorprender, pero que conmueven: “Amándolo, sois casta, tocándolo, seréis más pura, dejándoos poseer por él sois virgen. Su poder es más fuerte, su generosidad más elevada, su aspecto más bello, el amor más suave y toda gracia más fina. Ahora estáis estrechada entre sus brazos por él, que ha adornado vuestro pecho de piedras preciosas... y os ha coronado con una corona de oro marcada con el signo de la santidad” (Carta primera: FF, 2862).

Sobre todo al principio de su experiencia religiosa, Clara tuvo en Francisco de Asís no sólo un maestro cuyas enseñanzas seguir, sino también un amigo fraterno. La amistad entre estos dos santos constituye un aspecto muy bello e importante. De hecho, cuando dos almas puras e inflamadas por el mismo amor por Dios se encuentran, sacan de su amistad recíproca un estímulo fortísimo para recorrer la vía de la perfección. La amistad es uno de los sentimientos humanos nobles y elevados que la Gracia divina purifica y transfigura. Como san Francisco y santa Clara, también otros santos vivieron una profunda amistad en el camino hacia la perfección cristiana, como san Francisco de Sales y santa Juana Francisca de Chantal. Y es precisamente san Francisco de Sales quien escribe: “Es hermoso poder amar en la tierra como se ama en el cielo, y aprender a quererse en este mundo como haremos eternamente en el otro. No hablo aquí del simple amor de caridad, porque éste debemos tenerlo por todos los hombres; hablo de la amistad espiritual, en el ámbito de la cual, dos, tres o más personas se intercambian la devoción, los afectos espirituales, y llegan a ser realmente un solo espíritu” (Introducción a la vida devota III, 19).

Tras haber transcurrido un periodo de algunos meses en otras comunidades monásticas, resistiendo a las presiones de sus familiares que al principio no aprobaban su elección, Clara se estableció con sus primeras compañeras en la iglesia de san Damián, donde los frailes menores habían preparado un pequeño convento para ellas. En ese monasterio vivió durante más de cuarenta años hasta su muerte, que tuvo lugar en 1253. Nos ha llegado una descripción de primera mano de cómo vivían estas mujeres en aquellos años, en los inicios del movimiento franciscano. Se trata del informe lleno de admiración de un obispo flamenco de visita en Italia, Santiago de Vitry, el cual afirma haber encontrado un gran número de hombres y mujeres, de toda clase social, que “dejando todo por Cristo, huían del mundo. Se llamaban frailes menores y hermanas menores y son tenidos en gran consideración por el señor Papa y por los cardenales… Las mujeres... moran juntas en diversos hospicios no lejanos de las ciudades. No reciben nada, sino que viven del trabajo de sus propias manos. Y les duele y les turba profundamente porque son honradas más de lo que quisieran, por clérigos y laicos” (Carta de octubre de 1216: FF, 2205.2207).

Santiago de Vitry había captado con perspicacia un rasgo característico de la espiritualidad franciscana a la que Clara fue muy sensible: la radicalidad de la pobreza asociada a la confianza total en la Providencia divina. Por este motivo, ella actuó con gran determinación, obteniendo del papa Gregorio IX o, probablemente, ya del papa Inocencio III, el llamado Privilegium Paupertatis (cfr FF, 3279). En base a éste, Clara y sus compañeras de san Damián no podían poseer ninguna propiedad material. Se trataba de una excepción verdaderamente extraordinaria respecto al derecho canónico vigente y las autoridades eclesiásticas de aquel tiempo lo concedieron apreciando los frutos de santidad evangélica que reconocían en la forma de vivir de Clara y de sus hermanas. Esto demuestra también que en los siglos medievales, el papel de las mujeres no era secundario, sino considerable. A propósito de esto, es oportuno recordar que Clara fue la primera mujer en la historia de la Iglesia que compuso una Regla escrita, sometida a la aprobación del Papa, para que el carisma de Francisco de Asís se conservara en todas las comunidades femeninas que se iban estableciendo en gran número ya en sus tiempos, y que deseaban inspirarse en el ejemplo de Francisco y de Clara.

En el convento de san Damián Clara practicó de modo heroico las virtudes que deberían distinguir a cada cristiano: la humildad, el espíritu de piedad y de penitencia, la caridad. Aún siendo la superiora, ella quería servir en primera persona a las hermanas enfermas, sometiéndose también a tareas humildísimas: la caridad, de hecho, supera toda resistencia y el que ama realiza todo sacrificio con alegría. Su fe en la presencia real de la Eucaristía era tan grande que en dos ocasiones se comprobó un hecho prodigioso. Solo con la ostensión del Santísimo Sacramento, alejó a los soldados mercenarios sarracenos, que estaban a punto de agredir el convento de san Damián y de devastar la ciudad de Asís.

También estos episodios, como otros milagros, de los que se conservaba memorial, empujaron al papa Alejandro IV a canonizarla sólo dos años después de su muerte, en 1255, trazando un elogio de ella en la Bula de canonización en la que leemos: “Cuán vívida es la fuerza de esta luz y cuán fuerte es la claridad de esta fuente luminosa. En verdad, esta luz estaba encerrada en el escondite de la vida claustral, y fuera irradiaba resplandores luminosos; se recogía en un pequeño monasterio, y fuera se expandía por todo el vasto mundo. Se custodiaba dentro y se difundía fuera. Clara de hecho se escondía; pero su vida se revelaba a todos. Clara callaba, pero su fama gritaba” (FF, 3284). Y es precisamente así, queridos amigos: son los santos los que cambian el mundo a mejor, lo transforman de forma duradera, inyectándole las energías que sólo el amor inspirado por el Evangelio puede suscitar. ¡Los santos son los grandes benefactores de la humanidad!

La espiritualidad de santa Clara, la síntesis de su propuesta de santidad está recogida en la cuarta carta a santa Inés de Praga. Santa Clara utiliza una imagen muy difundida en la Edad Media, de ascendencias patrísticas, el espejo. E invita a su amiga de Praga a mirarse en ese espejo de perfección de toda virtud que es el mismo Señor. Escribe: “Feliz ciertamente aquella a la que se le concede gozar de esta sagrada unión, para adherirse con lo profundo del corazón [a Cristo], a aquel cuya belleza admiran incesantemente todas las beatas multitudes de los cielos, cuyo afecto apasiona, cuya contemplación restaura, cuya benignidad sacia, cuya suavidad colma, cuyo recuerdo resplandece suavemente, a cuyo perfume los muertos volverán a la vida y cuya visión gloriosa hará bienaventurados a todos los ciudadanos de la Jerusalén celeste. Y dado que él es esplendor de la gloria, candor de la luz eterna y espejo sin mancha, mira cada día este espejo, oh reina esposa de Jesucristo, y escruta en él continuamente tu rostro, para que puedas adornarte así toda por dentro y por fuera... en este espejo resplandecen la bienaventurada pobreza, la santa humildad y la inefable caridad” (Carta cuarta: FF, 2901-2903).

Agradecidos a Dios que nos da a los santos que hablan a nuestro corazón y nos ofrecen un ejemplo de vida cristiana a imitar, quisiera concluir con las mismas palabras de bendición que santa Clara compuso para sus hermanas y que aún hoy las Clarisas, que llevan a cabo un precioso papel en la Iglesia con su oración y con su obra, custodian con gran devoción. Son expresiones de las que surge toda la ternura de su maternidad espiritual: “Os bendigo en mi vida y después de mi muerte, como puedo y más de cuanto puedo, con todas las bendiciones con las que el Padre de las misericordias bendice y bendecirá en el cielo y en la tierra a sus hijos e hijas, y con las cuales un padre y una espiritual bendice y bendecirá a sus hijos y a sus hijas espirituales. Amen” (FF, 2856).

[Tras los saludos]

Deseo ahora saludar con particular afecto a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados. Hagamos hoy memoria de la Beata Virgen María de los Dolores, que con fe permaneció junto a la cruz de su Hijo. Queridos jóvenes, no tengáis miedo de permanecer también vosotros como María junto a la Cruz. El Señor os infundirá el valor para superar todo obstáculo en vuestra existencia cotidiana. Y que vosotros, queridos enfermos, podáis encontrar en María consuelo y apoyo para aprender del Señor Crucificado el valor salvífico del sufrimiento. Vosotros, queridos recién casados, dirigíos con confianza en los momentos de dificultad a la Virgen de los Dolores, que os ayudará a afrontarlos con su intercesión maternal.

[Llamamiento]

Sigo con preocupación los acontecimientos que han tenido lugar en estos días en varias regiones de Asia meridional, especialmente en India, en Paquistán y en Afganistán. Rezo por las víctimas y pido que el respeto de la libertad religiosa y la lógica de la reconciliación y de la paz prevalezcan sobre el odio y sobre la violencia.

[Traducción del original en italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por Desconocido @ 23:02  | Habla el Papa
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Reflexión  de José Antonio Pagola para el evangelio del domingo veintisiete del Tiempo Ordenario - C, ofrecida por la Delegación Diocesana de Enseñanza de la diócsis de Tenerife.

AUMÉNTANOS LA FE

                De manera abrupta, los discípulos le hacen a Jesús una petición vital: «Auméntanos la fe». En otra ocasión le habían pedido: «Enséñanos a orar». A medida que Jesús les descubre el proyecto de Dios y la tarea que les quiere encomendar, los discípulos sienten que no les basta la fe que viven desde niños para responder a su llamada. Necesitan una fe más robusta y vigorosa.

         Han pasado más de veinte siglos. A lo largo de la historia, los seguidores de Jesús han vivido años de fidelidad al Evangelio y horas oscuras de deslealtad. Tiempos de fe recia y también de crisis e incertidumbre. ¿No necesitamos pedir de nuevo al Señor que aumente nuestra fe?

         Señor, auméntanos la fe. Enséñanos que la fe no consiste en creer algo sino en creer en ti, Hijo encarnado de Dios, para abrirnos a tu Espíritu, dejarnos alcanzar por tu Palabra, aprender a vivir con tu estilo de vida y seguir de cerca tus pasos. Sólo tú eres quien "inicia y consuma nuestra fe".

         Auméntanos la fe. Danos una fe centrada en lo esencial, purificada de adherencias y añadidos postizos, que nos alejan del núcleo de tu Evangelio. Enséñanos a vivir en estos tiempos una fe, no fundada en apoyos externos, sino en tu presencia viva en nuestros corazones  y en nuestras comunidades creyentes.

         Auméntanos la fe. Haznos vivir una relación más vital contigo, sabiendo que tú, nuestro Maestro y Señor, eres lo primero, lo mejor, lo más valioso y atractivo que tenemos en la Iglesia. Danos una fe contagiosa que nos oriente hacia una fase nueva de cristianismo, más fiel a tu Espíritu y tu trayectoria.

         Auméntanos la fe. Haznos vivir identificados con tu proyecto del reino de Dios, colaborando con realismo y convicción en hacer la vida más humana, como quiere el Padre. Ayúdanos a vivir humildemente nuestra fe con pasión por Dios y compasión por el ser humano.

         Auméntanos la fe. Enséñanos a vivir convirtiéndonos a una vida más evangélica, sin resignarnos a un cristianismo rebajado donde la sal se va volviendo sosa y donde la Iglesia va perdiendo extrañamente su cualidad de fermento. Despierta entre nosotros la fe de los testigos y los profetas.

         Auméntanos la fe. No nos dejes caer en un cristianismo sin cruz. Enséñanos a descubrir que la fe no consiste en creer en el Dios que nos conviene sino en aquel que fortalece nuestra responsabilidad y desarrolla nuestra capacidad de amar. Enséñanos a seguirte tomando nuestra cruz cada día.

         Auméntanos la fe. Que te experimentemos resucitado en medio de nosotros  renovando nuestras vidas  y alentando nuestras comunidades. 

José Antonio Pagola 

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
3 de Octubre de 2010
27 Tiempo ordinario (C)
Lucas 17, 5-10


Publicado por Desconocido @ 22:55  | Espiritualidad
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martes, 28 de septiembre de 2010

Reflexión de monseñor Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús para el programa radial "Compartiendo el Evangelio", para el 24º domingo durante el año (12 de septiembre de 2010). (AICA)

PARÁBOLAS DE LA MISERICORDIA DE DIOS

Para recordar: este domingo se realiza la Colecta “Más por Menos”; seamos generosos con nuestra contribución para que podamos ayudar a nuestros hermanos más pobres. Esta colecta nacional es muy importante ya que sabemos que lo que recauda llega directamente a las comunidades más necesitadas de todo el país. ¡Seamos generosos y Dios lo será mucho más con cada uno de nosotros! 

Evangelio según San Lucas 15, 1-10 (ciclo C)

Estamos hablando de la ternura de Dios, la Misericordia de Dios, la piedad que Dios nos tiene a cada uno de nosotros.

Yo quiero dejar asentado que sólo hay dos personas que no tienen pecado: Cristo, por ser el Hijo de Dios, y la Virgen María, la Inmaculada, por ser la Madre de Cristo. Ellos dos no tienen pecados, después todos los demás hombres somos pecadores; hemos tenido y tenemos pecados y siempre necesitamos el perdón, la misericordia, la benevolencia y la ternura de Dios.

Ahora bien, frente a una realidad, frente a la fragilidad humana, tenemos dos elementos que no podemos olvidar: miseria nuestra y Misericordia de Dios. Y es más importante la Misericordia de Dios que nuestras propias miserias, que tenemos que reconocerlas, entregarlas, ofrecerlas para recibir a cambio la Misericordia de Dios y que desaparezcan nuestras miserias.

Es importante que uno reconozca esto y se de cuenta lo que significa haber pecado, haber cometido faltas y luego haber cambiado, tener rectitud de conciencia de no quedar en el pecado o en la fragilidad humana.

La Misericordia de Dios actúa sobre la debilidad humana, pero no actúa sobre la obstinación o rechazo de la voluntad. En la debilidad humana Dios como que se conmueve, en la obstinación uno opone resistencia. Es así que Dios respeta nuestra libertad y nos va a invitar, nos va a persuadir, nos va a convocar, pero nunca nos va a imponer. ¡Dios no impone sino propone y nos deja en nuestra libertad, que también está sostenida por la Gracia, para poder aceptar y seguir en el bien produciendo el bien!

Por lo tanto, tenemos que reconocer que somos débiles, que somos pecadores, pero que también tenemos que rezar, pedir perdón y arrepentirnos.

Hay algo que nos hemos olvidado muchas veces en la Iglesia: la voluntad de la restitución.

Las faltas ofenden a Dios indirectamente porque ofenden al hombre y también ofenden a nuestros hermanos. Nosotros tenemos que restituir esa integralidad que también es parte de la justicia, que a su vez es parte de la misericordia; pero lo propio de la misericordia es que supera a la justicia. Pero es evidente que la misericordia no agravia jamás la justicia. La misericordia siempre tiene algo superior.

Queridos hermanos, Dios nos llama a confiar en Él y en su Misericordia. Pero también nos llama a restituir, a tener propósitos de corrección, a enmendar nuestra vida, a producir el bien y a evitar todo mal que aqueje a nosotros o que aqueje y lastime a los demás, en lo personal y en lo público. Por lo tanto la Gracia de Dios, en su Misericordia, crea en nosotros una respuesta y una debida responsabilidad.

Les dejo mi bendición: en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén 

Mons. Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús 


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Homilía de monseñor Agustín Radrizzani, arzobispo de Mercedes-Luján (Iglesia catedral, 10 de septiembre de 2010). (AICA)

COLACIÓN DE GRADOS DEL INSTITUTO DE PROFESORADO CIUDAD DE MERCEDES

Queridos amigos, hermanas y hermanos todos en el Señor:

Nos encontramos dando gracias a Jesús por esta etapa finalizada, como lo es este egreso de alumnos de nuestro Instituto de Profesorado. También, sabiendo que comienza ahora una tarea de compromiso desde lo profesional con la sociedad en la que estamos insertos, nos queremos encomendar una vez a la guía y sostenimiento de Jesús nuestro Señor y de su Santa Madre y Madre nuestra, la Virgen María.

Nosotros nos preocupamos, como bautizados, como discípulos de Jesús concretamente en un Profesorado católico, de mirar la realidad a luz de la fe. En diálogo con la cultura, entendida no como mera adquisición de conocimientos intelectuales, sino como el modo de vida de un pueblo, con sus valores y desvalores, queremos impregnar del Evangelio ese modo de relación de las personas con lo trascendente, consigo mismas, con los demás y con la naturaleza. Nos decía, a propósito el recordado Papa Pablo VI en su carta señera sobre la evangelización: “Lo que importa es evangelizar -no de una manera decorativa, como un barniz superficial, sino de manera vital en profundidad- y hasta las mismas raíces de la cultura y las culturas del hombre”.

Faltaría a la verdad si no comparto una preocupación, un dolor más bien y es que tanto en los lugares donde anteriormente he servido como pastor como aquí mismo, noto que después de tantos años en una institución cristiana, en algunos de ustedes existe una indiferencia a lo religioso e incluso hasta ateísmo expreso.

Muchas veces se imparte la educación como algo centrado en la adquisición de conocimientos y habilidades, parcializando y reduciendo la integralidad de la persona humana, guiados preponderantemente por criterios materialistas que privilegian la producción, la competitividad y el mercado. También, por otra parte, se propician inclusiones de actitudes contrarias a los valores de la vida, de la familia y de una sana sexualidad.

Verdaderamente me siento responsable ante Dios de esto.

Se suman además, nuestras propias desorientaciones como educadores, nuestro poco claro compromiso cristiano expresado vitalmente en una comunidad donde vive Cristo Resucitado y vivimos por lo tanto en el amor recíproco, testimoniando así que hemos encontrado el tesoro y entusiasmando con ese estilo de vida a otros. La tibieza o la prescindencia de Dios llevan muchas veces a considerar la tarea educativa como un mero medio de sustento, como fuente laboral, o bien un lugar que me prestigia.

Ante esta realidad, aparece el desafío de conocer nuestra identidad como discípulos misioneros de Jesucristo en su Iglesia para llevar la Buena Noticia al mundo.

Es imprescindible partir de la conciencia de nuestra propia vocación como evangelizadores. ¡Más que un título, el egresado de un Instituto Católico adquiere una misión! Así lo expresa San Pablo en la primera lectura de hoy: “¡Ay de mi si no predicara el Evangelio!”.

Sabiendo que el auténtico fin de la escuela católica está en el llamado a “transformarse, ante todo en lugar privilegiado de formación y promoción integral, mediante la asimilación sistemática y crítica de la cultura, cosa que se logra mediante un encuentro vivo y vital con el patrimonio cultural5 , hemos de desarrollar dicho sentido crítico desde la fe.

Tenemos la irrenunciable responsabilidad de poner de relieve la dimensión ética y religiosa de la cultura, para desarrollar aquello que es constitutivo de nuestra condición humana y la destaca como tal, como lo es la espiritualidad.

Esto permite escapar de las trampas relativistas que dan lugar a una libertad mal entendida: solo confrontando con los valores absolutos logra el hombre la plena libertad ética, dando sentido y valor a la vida de la persona.

También el subjetivismo, el endiosamiento de lo que me parece, lo que siento, lo que me produce bienestar, es un desafío que debemos saber discernir y vencer con el espíritu de comunión que brota de la dignidad de hijos de Dios, que nos hace hermanos y nos compromete a abrirnos a los demás, no solo para realizarnos plenamente como personas, sino para compartir el don que hemos recibido y no nos podemos guardar egoístamente. “Hay más alegría en el dar que en recibir”

Pidamos con humildad a la Virgen que nos consiga de Jesús la fortaleza para ser coherentes con los valores del Evangelio, capaces de comprometernos con la sociedad actual, para instaurar el Reino de Dios en el mundo, haciéndolo más justo, más solidario, más pacífico, en síntesis, más plenamente humano.  

Mons. Agustín Radrizzani, arzobispo de Mercedes-Luján 


Publicado por Desconocido @ 23:07  | Hablan los obispos
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Declaración a los Presidentes de Iberoamérica en camino a la XX Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno (Diciembre 2010 - Mar del Plata, Argentina), sobre Educación para la Inclusión Social (13 de septiembre de 2010). (AICA)

APORTES EN FAVOR DE UNA EDUCACION PARA LA INCLUSION SOCIAL

El Consejo Episcopal Latinoamericano –CELAM–
y los representantes religiosos de América Latina y El Caribe firmantes manifiestan:


Señores y señoras Ministros de Educación de Iberoamérica, a través de ustedes saludamos a los Jefes de Estado y de Gobierno a quienes representan:

Cordiales saludos en el Señor.

Como obispos, pastores y líderes religiosos de América Latina y El Caribe, comprometidos históricamente con la vida digna de nuestros pueblos y con una auténtica democracia, consideramos de suma importancia la realización de la XX Cumbre de Jefes de Estado de Iberoamérica, en la que han de darse pasos sustanciales para profundizar la cooperación entre los países en favor de la educación para la inclusión social.

La verdadera democracia supone la participación real del conjunto de los ciudadanos en la toma de decisiones que afectan a todos y para ello, es fundamental la educación, entendida no solamente como instrucción, sino como formación en valores y en responsabilidad, en lo que hoy se llama el empoderamiento de los ciudadanos para que lleguen a ser sujetos gestores de su propio destino. El recordado Papa Juan Pablo II nos dice en su Encíclica Centessimus Annus (1991) “La Iglesia aprecia el sistema de la democracia, en la medida en que asegura la participación de los ciudadanos en las opciones políticas y garantiza a los gobernados la posibilidad de elegir y controlar a sus propios gobernantes… Una auténtica democracia es posible solamente en un Estado de derecho y sobre la base de una recta concepción de la persona humana. Requiere que se den las condiciones necesarias para la promoción de las personas concretas, mediante la educación y la formación en los verdaderos ideales, así como de la «subjetividad» de la sociedad mediante la creación de estructuras de participación y de corresponsabilidad… Una democracia sin valores se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto, como demuestra la historia.” (n.46)

En el marco de las reflexiones introductorias precedentes, queremos aportar, a partir del acompañamiento que venimos haciendo en comunidades postergadas y excluidas de nuestros pueblos, y con la experiencia de trabajo de las comunidades religiosas dedicadas a la promoción humana a través de la educación. Por ello manifestamos lo siguiente:

I. La realidad de la educación en América Latina y El Caribe, nos interpela:

1. En el escenario social actual de América Latina y El Caribe, la pobreza y la exclusión social son situaciones estructurales alarmantes. Los pobres son  explotados, oprimidos y marginados de la dinámica social; son ignorados y a quienes se les niega una vida digna; Se les considera sobrantes y desechables (Cfr. DA <!--[if !supportFootnotes]-->[1]<!--[endif]--> n. 65).

2. Es notorio que las tasas de mortalidad infantil en hogares con madres que sólo cuentan con primaria incompleta en la Región, duplican a las de hogares con madres con secundaria. Ello demuestra que existe una relación estrecha entre esperanza de vida y niveles de educación. Así mismo, las situaciones de mala nutrición infantil, que alcanza al 16% en la Región,  tienen consecuencias en  el  desarrollo cognitivo,  generando, antecedentes potenciales de exclusión social y escolar que deben ser atendidos.

3. Pese a los avances que se vienen logrando, los déficits en escolaridad son considerables. Seis millones de jóvenes entre 15 y 19 años no terminan la escuela primaria. Sólo el 43% de los niños la terminan a tiempo, en la edad y número de años previstos. No finalizan la secundaria el 70% en Guatemala, Honduras y Nicaragua, y el 50 % en Bolivia, Brasil, Colombia, Panamá y Paraguay (Información de SERCE-UNESCO 2002/8).

4. En la Región, de acuerdo con la fuente SERCE-UNESCO, el 20% de las escuelas no tienen agua potable, un 33% no tienen servicios higiénicos suficientes, un 47% carecen de bibliotecas, un 63% no cuentan con sala de computación y hay, en promedio, sólo, 16 computadoras por escuela. Un 66% de los adolescentes y jóvenes nunca usaron Internet, constituyendo una verdadera brecha tecnológica, limitando sustancialmente el acceso a la sociedad del conocimiento. Su Santidad Benedicto XVI nos recuerda que “La técnica –conviene subrayarlo– es un hecho profundamente humano, vinculado a la autonomía y libertad del hombre. Responde a la misma vocación del trabajo humano: en la técnica, vista como una obra del propio talento, el hombre se reconoce a sí mismo y realiza su propia humanidad” (CIV<!--[if !supportFootnotes]-->[2]<!--[endif]--> 69).

5. La cultura vigente, que con frecuencia desconoce muchos de los valores humanos y trascendentes, entre ellos la libertad, la responsabilidad ética y la solidaridad, no colabora, como se requeriría, en el respeto por la vida, la dignidad de la persona y la familia, dada la prioridad del Bien Común en la sociedad.

6. Hay que reconocer que se han dado significativos avances en la Región en cuanto al acceso al sistema escolar, aunque no así en la calidad que estos sistemas de educación formal ofrecen. El sólo acceso y permanencia en el sistema no garantiza la calidad del aprendizaje. Es necesario renovar la Escuela desde los principios, valores y procedimientos pedagógicos que garanticen un desarrollo humano personal y comunitario. La escuela, como está hoy, resulta ser productora de mano de obra sin posibilidad de inserción laboral, generando una inmensa muchedumbre de desocupados. El modelo educativo muchas veces viene impuesto desde fuera sin tener en cuenta una de las grandes riquezas del Continente que es la diversidad cultural. En algunos países la escuela en las zonas rurales desarraiga a los jóvenes con un proceso urbanizante que favorece el éxodo hacia las grandes ciudades.

II. El valor de la educación, hoy

7. La educación, vinculada al desarrollo integral de las personas, ofrece oportunidades de reafirmar su dignidad a quienes  han sido excluidos en la sociedad. Para ello es necesario pasar de la retórica de los discursos a la acción programada, ordenada  y sostenida en el respeto y cuidado de la familia. La educación es necesaria en el proceso de socialización de las personas, como complemento a la familia, que es la que desempeña el papel principal e importante en mencionado proceso, entendido como la transmisión de la cultura de una generación a otra y permite a la persona hacerse miembro de su propio grupo. La Educación debe ser considerada como resultante y causal, inmersa en la dinámica social como  promotora y receptora de todas las acciones humanas.

8. Si bien no todos los problemas de la exclusión social pueden resolverse sólo desde el sistema escolar, en el entendido que las acciones correspondientes de esta mejoran  el Sistema Educativo y la  relación con su entorno social. La Educación debería ser un factor de cambio social muy significativo.

9. La exclusión se acentúa cuando se dejan de lado los principios educativos generales en nombre de políticas meramente compensatorias, así como cuando se evidencia la ineficiente interacción entre ambas. La educación, como derecho humano fundamental, demanda un Estado que asuma su responsabilidad de promover la participación protagónica de  la sociedad civil y de las familias. El sistema educativo requiere un verdadero cambio de estructuras orientadas a la inclusión social. La tendencia del mismo a alejar los sectores sociales y ahondar las desigualdades, debe combatirse con una cobertura universal de vivienda, salud y  educación, dando oportunidad de servicios de calidad para todos.

10. La Educación de la persona se realiza en diferentes espacios donde sea posible su formación integral (intelectual, ética, estética, espiritual, afectiva y corporal) y en ámbitos como los de la familia, la escuela, las comunidades de fe, los medios de comunicación y otros. Es muy importante reconocer las capacidades de aprendizaje que toda persona posee y tener en cuenta las condiciones educativas del entorno en el que viven.

11. Las Políticas Educativas deben estar acompañadas coherentemente  por otras Políticas Públicas que permitan la eficiencia y eficacia de otras acciones que consideren la necesidad de educar para el compromiso , para la justicia y la solidaridad; que tiendan a unir educación con hábito de trabajo, tal como es el caso del desarrollo de capacidades de adolescentes y jóvenes.

12. Considerar a la educación meramente como un “gasto” para la economía de los  países es no reconocer que es una inversión necesaria para sustentar el desarrollo de las naciones  y que en el siglo XXI resulta imprescindible.

13. En esta tarea debe evidenciarse un diálogo democrático entre el Estado y las organizaciones de la sociedad civil que garantice una verdadera participación ciudadana. La participación de la sociedad en la Educación debe asumir un rol comprometido. En la articulación de acciones entre el Estado (Poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial) y la sociedad civil, es importante lograr una positiva complementación, que contemple  las características propias que definen  las propias identidades culturales. Al respecto nos dice el Papa Benedicto XVI en la reciente Encíclica Caritas in Veritate, “(…) es preciso escuchar la voz de las poblaciones interesadas y tener en cuenta su situación para poder interpretar de manera adecuada sus expectativas” (CIV 71).

III. En consideración de lo anterior, proponemos:

14. Favorecer una renovación de la escuela, donde ésta se acerque más a la realidad y se convierta en un lugar de encuentro de personas, familias e instituciones. Que en ella se revalorice la presencia activa y proactiva de los agentes (docentes, directivos, alumnos, padres de familia, etc.) como protagonistas del proceso de transformación social y desarrollo humano integral.

15. Orientar la cultura escolar no sólo hacia la instrucción y el aprendizaje. Hay que promover dicha cultura escolar entendiéndola como forma de integrar criterios de enseñanza, de evaluación, formas de convivencia, vínculos con la familia y la comunidad, desarrollo de acciones deportivas, festivas y recreativas, expresiones artísticas. Se ha de favorecer el acceso a las nuevas tecnologías que requiere la sociedad del conocimiento. La delicada situación en la que se encuentra la educación hoy requiere una adecuada adaptación a las exigencias del cambio.

16. Incrementar la universalización del acceso a la educación a todos los niveles, especialmente en el nivel Inicial y Secundario, teniendo especial atención a la primera infancia.

17. Promover la educación permanente en tanto derecho de todos y para toda la vida. La interacción social debe dar cabida creativamente a nuevos espacios de aprendizajes diversos, teniendo en especial consideración la alfabetización en las diferentes edades. Asimismo,  en tiempos de incertidumbre creciente, son necesarios los esfuerzos orientados a descubrir el  sentido de la  vida y la calidad de la misma. Se debe reconocer y valorar  la madurez de la persona y la transmisión de la cultura de  generación en generación destacando el valor de la comunidad con equidad y justicia,  a la que pueden aportar los adultos mayores. 

18. Implementar acciones de calidad para la formación  de personas que promuevan la transformación de la sociedad, el cuidado de la ecología y el ambiente así como la inclusión social. La educación “debe insertarse en los problemas del tiempo en el que se desarrolla la vida del joven. De esta manera, las distintas disciplinas han de presentar no sólo un saber por adquirir, sino también valores por asimilar y verdades por descubrir” (DA 329).

19. Cualificar la formación de docentes, para que respondan eficazmente al desarrollo de la educación intercultural e intracultural, en un proceso de diálogo e integración, que exige la complejidad del escenario latinoamericano y caribeño.

20. Llevar a cabo políticas públicas eficaces para la redistribución de la riqueza y de los ingresos, que permitan a las familias obtener empleos dignos y muy especialmente el acceso a la seguridad social y la jubilación. Ello ayudará sustancialmente a lograr un entorno favorable a la  educación.

21. Realizar un planeamiento estratégico a mediano y largo plazo que establezca prioridades educativas básicas, según la situación de cada pueblo.

22. Establecer un Presupuesto Público mínimo, no menor del 6% del PBI, destinado a la educación como política de Estado, así como una gestión eficiente y transparente del mismo, con adecuada rendición de cuentas a la sociedad.

Muy apreciados señores y señoras Ministros de Educación de los Estados y Gobiernos de Iberoamérica, nos comprometemos a continuar con los esfuerzos educativos que venimos realizando desde nuestro rol y ofrecemos nuestra colaboración con los Estados para lograr las propuestas que estamos formulando y otras que sean de consenso y se sustenten en una cooperación democrática con la sociedad civil, expresión invalorable de la participación ciudadana a favor de la educación para la inclusión, en la perspectiva del desarrollo humano integral de nuestros pueblos.


Suscriben:
Consejo Episcopal Latinoamericano
Consejo Latinoamericano de Iglesias
Comité Latinoamericano de la Conferencia Mundial de religiones por la Paz
Congreso Judío Latinoamericano
Organización Islámica para América Latina y El Caribe

 


[1]     DA: Documento final de la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Aparecida, Brasil, 2007

[2]     CIV: Caritas in Veritate, Carta Encíclica de SS Benedicto XVI

 


Publicado por Desconocido @ 23:02  | Noticias de religión
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DOMINGO 27 DEL TIEMPO ORDINARIO/ C
3 de Octubre de 2010

La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y de Jesucristo, el Señor, estén con todos vosotros.

Bienvenidos a celebrar la Eucaristía en esta iglesia. Con el mes de octubre la vida se vuelve ya defini­tivamente normal, con todas las actividades ya en marcha. Es una ocasión propicia para escuchar la voz del Señor, para avivar el calor de la vida cristiana, para pedir a Dios que aumente nuestra fe y generosidad. A eso nos invita la Palabra de Dios que hoy escucha­remos.

A. penitencial: Reunidos para celebrar la Eucaristía, pidamos a Dios que purifique nuestro corazón con su misericordia. (Silencio).

Tú, que eres benigno y humilde de corazón. SEÑOR, TEN PIEDAD.

Tú, que has venido a Salvarnos. CRISTO, TEN PIEDAD.

Tú, que con el perdón nos das la paz. SEÑOR, TEN PIEDAD.

1. lectura (Habacuc 1,2-3; 2,2-4): En las palabras del profeta escucharemos una pregunta que muchos se hacen: ¿Por qué Dios permite los males? Pero escucharemos igualmente la respuesta de Dios: debemos tener fe y esperar el cumplimiento de sus promesas.

2. lectura (2 Timoteo 1,6-8; 13-14): El apóstol san Pablo se dirige a su discípulo Timoteo exhortándole a vivir a fondo el don recibido y a llevar a todos la Buena Noticia del Evangelio. Un mensaje válido para todos nosotros.

Oración universal: Con la seguridad de que Dios escucha las plegarias hechas con fe, presentémosle nuestras súplicas y peticiones. Podéis responder: ESCÚCHANOS, PADRE

Por el papa, los obispos, los sacerdotes y los diáconos. Que mantengan vivo el don de Dios que recibieron en la ordenación y se vean acompañados del afecto de todos los cristianos. OREMOS AL SEÑOR.

Por las comunidades cristianas. Que la oración y la confianza en Dios iluminen todos los compromisos y tareas pastorales de este nuevo curso que estamos empezando. OREMOS AL SEÑOR.

Por los gobernantes de las naciones. Que fomenten la concordia y las buenas relaciones entre los pueblos. OREMOS AL SEÑOR.

Por los que, en cualquier lugar del mundo, son someti­dos a la práctica inhumana de la tortura. Que los tortu­radores y los que ordenan las torturas, se conviertan y respeten la dignidad de toda persona. OREMOS AL SEÑOR.

Por nosotros. Que en este nuevo curso nos sintamos impulsados a trabajar para que el evangelio sea cono­cido, amado y vivido como un tesoro valioso. OREMOS AL SEÑOR.

Dios y Padre nuestro, escucha la oración del pueblo fiel y concédele lo que te pide con fe. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Padrenuestro: Con la oración que hemos aprendido del SeñorJesucristo, oremos confiadamente al Padre de todos diciendo:

 

CPL


Publicado por Desconocido @ 16:54  | Liturgia
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lunes, 27 de septiembre de 2010

ZENIT  nos ofrece el primer discurso que el Papa Benedicto XVI dirigió, el  sábado 11 de septiembre DE 2010, a los obispos recientemente nombrados, que se encuentran estos días en Roma, al comienzo de su ministerio, participando en varios seminarios de formación y simposios.

Queridos hermanos en el Episcopado,

Estoy contento de acogeros y os saludo con gran afecto, con ocasión de vuestro curso de actualización que la Congregación para la Evangelización de los Pueblos ha promovido para vosotros, obispos recientemente nombrados. Estas jornadas de reflexión en Roma, para profundizar en los deberes de vuestro ministerio y para renovar la profesión de vuestra fe sobre la tumba de san Pedro, son también una experiencia singular de colegialidad, fundada en la ordenación episcopal y en la comunión jerárquica. Que esta experiencia de fraternidad, de oración y de estudio en la Sede Apostólica acreciente en cada uno de vosotros la comunión con el Sucesor de Pedro y con vuestros Hermanos, con los que compartís la solicitud por toda la Iglesia. Doy las gracias al cardenal Ivan Dias por sus cordiales palabras, como también al monseñor secretario y al monseñor secretario adjunto que, junto con los colaboradores del dicasterio, han organizado este simposio.

Sobre vosotros, queridos Hermanos, llamados desde hace poco al ministerio episcopal, la Iglesia pone no pocas esperanzas, y os sigue con la oración y con el afecto. Yo también quiero aseguraros mi cercanía espiritual en vuestro servicio cotidiano al Evangelio. Conozco los desafíos que tenéis que afrontar, especialmente en las comunidades cristianas que viven su propia fe en contextos difíciles, donde, además de las diversas formas de pobreza, se comprueban a veces formas de persecución a causa de la propia fe cristiana. A vosotros toca el deber de alimentar su esperanza, de compartir sus dificultades, inspirándoos en la caridad de Cristo que consiste en la atención, ternura, compasión, acogida, disponibilidad e interés en los problemas de la gente, por la cual se está dispuesto a empeñar la vida (cfr Benedicto XVI, Mensaje para la Jornada Misionera Mundial 2008, n. 2).

En cada una de vuestras tareas sois sostenidos por el Espíritu Santo, que en la Ordenación os ha configurado a Cristo, sumo y eterno Sacerdote. De hecho, el ministerio episcopal se comprende sólo a partir de Cristo, la fuente del Sacerdocio único y supremo, del cual el Obispo es hecho partícipe. Por tanto, “se esforzará en adoptar un estilo de vida que imite la kénosis de Cristo siervo, pobre y humilde, de manera que el ejercicio de su ministerio pastoral sea un reflejo coherente de Jesús, Siervo de Dios, y lo lleve a ser, como Él, cercano a todos, desde el más grande al más pequeño” (Juan Pablo II, Exhort. ap. Pastores gregis, 11). Pero, para imitar a Cristo, es necesario dedicar un tiempo adecuado a "estar con él" y contemplarlo en la intimidad orante del coloquio corazón a corazón. Estar frecuentemente en presencia de Dios, ser hombre de oración y de adoración: a esto sobre todo está llamado el Pastor. A través de la oración él, como dice la Carta a los Hebreos (cfr 9,11-14), se convierte en víctima y altar, para la salvación del mundo. La vida del Obispo debe ser oblación continua a Dios por la salvación de su Iglesia, y especialmente para la salvación de las almas que le han sido confiadas.

Esta oblatividad pastoral constituye también la verdadera dignidad del Obispo: ésta le viene del hacerse siervo de todos, hasta dar la propia vida. El episcopado, de hecho – como el presbiterado – nunca debe ser mal entendido según categorías mundanas. Éste es servicio de amor. El Obispo está llamado a servir a la Iglesia con el estilo del Dios hecho hombre, siendo cada vez más plenamente siervo del Señor y siervo de la humanidad. Él es sobre todo servidor y ministro de la Palabra de Dios, la cual es su verdadera fuerza. El deber primero del anuncio, acompañado por la celebración de los sacramentos, especialmente de la Eucaristía, brota de la misión recibida, como subraya la Exhortación Apostólica Pastores gregis: "Aunque el deber de anunciar el Evangelio es propio de toda la Iglesia y de cada uno de sus hijos, lo es por un título especial de los Obispos que, en el día de la sagrada Ordenación, la cual los introduce en la sucesión apostólica, asumen como compromiso principal predicar el Evangelio a los hombres y hacerlo 'invitándoles a creer por la fuerza del Espíritu o confirmándolos en la fe viva'” (n. 26). De esta Palabra de salvación, el Obispo debe nutrirse abundantemente, poniéndose en continua escucha de ella, como dice san Agustín: “Aunque somos pastores, el pastor escucha con temblor no sólo lo que se dirige a los pastores, sino también lo que se dirige al rebaño" (Discurso 47, 2). Al mismo tiempo, la acogida y el fruto de la proclamación de la Buena Noticia están estrechamente ligados a la calidad de la fe y de la oración. Cuantos son llamados al ministerio de la predicación deben creer en la fuerza de Dios que brota de los Sacramentos y que les acompaña en la tarea de santificar, gobernar y anunciar; deben creer y vivir cuanto anuncian y celebran. Al respecto, resultan actuales las palabras del Siervo de Dios Pablo VI: "Hoy más que nunca el testimonio de vida se ha convertido en una condición esencial con vistas a una eficacia real de la predicación" (Exhort. ap. Evangelii nuntiandi, 76).

Sé que las comunidades a vosotros confiadas se encuentran, por así decirlo, en las “fronteras” religiosas, antropológicas y sociales y, en muchos casos, son presencia minoritaria. En estos contextos, la misión de un Obispo es particularmente comprometida. Pero es precisamente en estas circunstancias en las que, a través de vuestro ministerio, el Evangelio puede mostrar toda su potencia salvífica. No debéis ceder al pesimismo y al desánimo, porque es el Espíritu Santo el que guía a la Iglesia y le da, con su soplo poderoso, el valor de perseverar y también de buscar nuevos métodos de evangelización, para alcanzar ámbitos hasta ahora inexplorados. La verdad cristiana es atrayente y persuasiva precisamente porque responde a la necesidad profunda de la existencia humana, anunciando de forma convincente que Cristo es el único Salvador de todo el hombre y de todos los hombres. Este anuncio permanece válido hoy como lo fue al principio del cristianismo, cuando se llevó a cabo la primera gran expansión misionera del Evangelio.

¡Queridos Hermanos en el Episcopado! Es en el poder del Espíritu Santo donde vosotros tenéis la sabiduría y la fuerza de hacer de vuestras Iglesias testigos de salvación y de paz. Él os guiará en los caminos de vuestro ministerio episcopal, que confío a la intercesión maternal de María Santísima, Reina de los Apóstoles. Por mi parte, os acompaño con la oración y con una afectuosa Bendición Apostólica, que imparto a cada uno de vosotros y a todos los fieles de vuestras comunidades.

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por Desconocido @ 22:51  | Habla el Papa
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Homilía de monseñor Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia, para el 24º domingo durante el año (12 septiembre 2010). (AICA)

BUSCAR A LA OVEJA PERDIDA: MISIÓN DE LA IGLESIA
Lc 15,1-10) 

I. “RECIBE A LOS PECADORES Y COME CON ELLOS” 

1. Motivo de queja contra Jesús era su actitud cordial para con los pecadores. La crítica estalló cuando eligió a Leví, el recaudador de impuestos: “Los fariseos y los escribas murmuraban y decían a los discípulos de Jesús: ‘¿Por qué ustedes comen y beben con publicanos y pecadores?’” (Lc 5,30). El gesto de Jesús se repitió varias veces. Y la crítica creció hasta etiquetarlo como “un glotón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores” (Lc 7,34). Un día la crítica fue más dura que de costumbre, porque mayor era el eco que Jesús encontraba entre la gente considerada de mala vida: “Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo. Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: ‘Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos’” (Lc 15,1-32).  

2. Jesús ya había justificado su actitud, diciendo: “No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que se conviertan” (Lc 5,31-32). Pero esta vez aprovechó para darnos una clase magistral, que ocupa todo el capítulo 15 de San Lucas, con tres parábolas, una más sabrosa que otra: a) el pastor que deja las noventa y nueve ovejas y sale a buscar la perdida; b) la mujer que barre la casa hasta encontrar la moneda perdida: c) el padre que sale al encuentro del hijo perdido.  

II. “VA A BUSCAR LA QUE SE HABÍA PERDIDO” 

3. Las tres parábolas están orientadas a explicar la actitud de Jesús de buscar al hombre perdido. E igualmente, la alegría que produce su hallazgo. En el caso del pastor: “Y cuando la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría, y al llegar a su casa llama a sus amigos y vecinos, y les dice: ‘Alégrense conmigo, porque encontré la oveja que se me había perdido’. Les aseguro que, de la misma manera, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse” (vv. 5-7). Lo mismo vale de la mujer que barre la casa, y del padre que va al encuentro del hijo. 

4. Los comentarios habituales a estas parábolas insisten en la confianza que el pecador ha de tener en Dios infinitamente misericordioso. Y subrayan el proceso de arrepentimiento del hijo perdido. Ello no está mal. Pero no hace directamente al objetivo de las parábolas. Lo que ellas pretenden es destacar la búsqueda que hace Jesús del pecador, y censurar la actitud de los fariseos y escribas que, en vez de buscarlo, lo rechazan e impiden su regreso. 

5. Por ello, llama la atención que, mientras en la Iglesia rescatamos el amor preferencial de Jesús por los pobres, callemos su amor preferencial por el pecador. ¿No residirá aquí una de las razones de por qué mucha gente abandona la Iglesia, como lamenta Aparecida? 

III. LA PRAXIS PENITENCIAL DE LA IGLESIA EN CRISIS 

6. Como nada de lo que está en los Evangelios es pura anécdota del pasado, sino profecía para el presente, las tres parábolas hemos de entenderlas como la propuesta de Jesús a la Iglesia de todos los tiempos, también a la contemporánea, de ir al encuentro del hermano pecador. En cuanto a la crítica de Jesús a los escribas y fariseos, hemos de entenderla como una amonestación a la Iglesia para que no se deje atrapar por actitudes extrañas al Evangelio. 

7. La Iglesia conoció épocas de un rigorismo extremo, en el que sobresalieron grandes teólogos, algunos de ellos papables: Tertuliano, Hipólito, Novaciano. Unos afirmaban que había tres pecados que la Iglesia no podía perdonar: el homicidio, el adulterio y la apostasía. Muchos otros sostenían que, después del bautismo, se podía conceder la penitencia por los pecados una sola vez en la vida. Ello, en vez de suscitar el fervor de la vida cristiana, produjo el efecto contrario: un gran relajamiento. Dado que la penitencia se concedía una sola vez, muchos catecúmenos postergaban el bautismo hasta edad avanzada, pues se decían: “así vivo mi vida, después me bautizo, se me perdonan los pecados, puedo seguir viviendo mi vida pues tengo una posibilidad de penitencia, - ¿y quién me quita lo bailado?-, hago la penitencia, me muero y me voy al cielo”.

En su evolución, a través de los siglos, la celebración de de la penitencia cayó también en el vicio contrario: el laxismo, una falsa benignidad, que promovió un tipo de confesión ultra-frecuente, que no tomaba en serio ni el pecado ni el arrepentimiento. Y siempre con el mismo efecto pernicioso: el relajamiento de la vida cristiana. 

IV. ¿UNA ASAMBLEA SINODAL SOBRE LA PENITENCIA? 

8. La práctica penitencial de la Iglesia pareciera oscilar entre el rigorismo y el laxismo. ¡Ojala que la misma sea materia de una Asamblea del Sínodo de los Obispos, como ya lo fue en la década del 80, o de un Concilio Ecuménico! Sin embargo, poco podría hacer una Asamblea episcopal, si los pastores, y todos los que comparten la tarea pastoral (padres cristianos, catequistas, docentes católicos) no tuviésemos un corazón misericordioso como el de Jesús, que ama con amor preferencial al pecador y sale buscarlo. 

Mons. Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia 


Publicado por Desconocido @ 22:43  | Homilías
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Homilía de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para el 25º domingo durante el año (19 de septiembre de 2010). (AICA)

HACIA LOS QUE NO ESTÁN

Este domingo el Evangelio que leemos (Lc. 15,1-32), nos presenta las llamadas “parábolas de la misericordia de Dios”. En realidad son las respuestas en parábolas que el Señor da a los fariseos y los escribas que se escandalizaban y murmuraban contra Él: “Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos” (Lc. 15,2). El Señor les responde con la parábola de “la oveja perdida”, de “la moneda perdida y encontrada” y del “padre misericordioso”. Les dice: “Les aseguro que de la misma manera, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse” (Lc. 15,7).

Desde ya que esta Palabra de Dios que leemos nos ayuda a profundizar sobre la necesaria conversión que tenemos que realizar los cristianos, tanto a nivel personal, como eclesial. En nuestra Diócesis nos hemos planteado en nuestro primer Sínodo la necesidad de asumir Aparecida, sobre todo en los desafíos de ser “Misioneros de Jesucristo, buscando nuevas estrategias de evangelización, y de ser más discípulos profundizando la formación como camino al discipulado”.

El desafío de nuestro tiempo será “salir”, o bien buscar a aquellos que no lo conocen a Dios, a los que no están. Es interesante la referencia específica que realiza Aparecida a los nuevos problemas que presenta la pastoral urbana y que también nos debe hacer reflexionar a nosotros: “La ciudad se ha convertido en el lugar propio de nuevas culturas que se están gestando e imponiendo con un nuevo lenguaje y una nueva simbología. Esta mentalidad urbana se extiende también al mismo mundo rural. En definitiva, la ciudad trata de armonizar la necesidad del desarrollo con el desarrollo de las necesidades fracasando frecuentemente en este propósito… La Iglesia en sus inicios se formó en las grandes ciudades de su tiempo y se sirvió de ellas para extenderse. Por eso, podemos realizar con alegría y valentía la evangelización de la ciudad actual. Ante la nueva realidad de la ciudad se realizan en la Iglesia nuevas experiencias, tales como la renovación de las parroquias, sectorización, nuevos ministerios, nuevas asociaciones, grupos, comunidades y movimientos. Pero se notan actitudes de miedo a la pastoral urbana; tendencias a encerrarse en los métodos antiguos y de tomar una actitud de defensa ante la nueva cultura, de sentimientos de impotencia ante las grandes dificultades de las ciudades” (511-513).

En la Diócesis venimos buscando caminos que nos movilicen a vivir esta dimensión discipular y misionera, sabiendo que no podemos evangelizar si no amamos. Si no vemos al mundo y al hombre, varón y mujer concretos de hoy, con cierto optimismo, positivamente,  si no tratamos de ver también que la semilla del Verbo está en nuestra realidad. Si no tenemos esta actitud, de amor y diálogo, no podemos captar los códigos desde los cuales tendremos que evangelizar. Tendremos que tener esta actitud de salir, un salir misionero, “ir a todos”, a los más alejados y a los que están más excluidos.

Me alegró en estos días el haber participado en el 3er. Congreso latinoamericano de movimientos y nuevas comunidades, organizado por el CELAM, en Asunción. Participaron 32 movimientos y comunidades con diversos carismas que Dios ha suscitado en nuestras tierras. La búsqueda de fidelidad a dichos carismas y a la vez el deseo profundo de vivir la comunión en las Iglesias diocesanas, y con sus obispos y párrocos… El tener conciencia de la necesidad de conocerse, amarse y articularse orgánicamente para la misión y llegar al mundo concreto de este inicio del siglo XXI, fue un motivo de agradecimiento a Dios y de esperanza.

Finalmente quiero unirme a un acontecimiento importante que se está viviendo en nuestra Diócesis, en la Parroquia Sagrado Corazón de Jesús de Miguel Lanús, el encuentro diocesano que organiza la Pastoral de la Salud. Los agentes pastorales, sobre todo laicos estarán en dicho encuentro orando y reflexionando la necesidad de tener niños sanos, para tener esperanza. También en todo el país este fin de semana se está realizando la colecta “Más por menos”. La generosidad de muchos que participen de la misma con su aporte solidario, también será un signo de esperanza y de inclusión en nuestro tiempo que necesita hechos concretos y no solo buenos deseos.

¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo! 

Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas 


Publicado por Desconocido @ 22:37  | Homilías
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La sala Teobaldo Power de La Orotava acogerá durante los días 8, 9 y 10 de Octubre la XVIII ASAMBLEA REGIONAL de la Renovación Carismática Católica Canaria. El lema que estará presente será “Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor” (Mt 24, 42). La Asamblea dará comienzo el viernes 8 a las 16,30 con la Acogida y terminará el domingo 10 con la celebración de la Eucaristía a las 12,30. Las enseñanzas las llevará Fray Nelson, dominico, nacido en Bogotá. 
Santa Cruz De Tenerife Octubre De 2010. El equipo regional evía la siguiente carta  alos sacerdotes: 

 

                                     Estimados Hermanos-as en Cristo: Paz y Bien 

Los días, 8, 9, y 10 Octubre 2010, En el Teobaldo Power de la Orotava, Tenerife. Bajo el lema “Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor” (Mt. 24,42)                       

La Renovación Carismática Católica Canaria celebrará su XVIII Asamblea Regional.

Nos gustaría mucho contar con se presencia  y su oración en este encuentro.

         Como cada año nos  reuniremos  todos los hermanos  de nuestras islas, así como todos aquellos  que nos quieran acompañar en esta Fiesta de Dios y para Dios.

En esta ocasión vamos a contar D.M. con la presencia y enseñanzas de Fray Nelson, sacerdote de Bogotá, Colombia.

Nos llevará a profundizar y hacer vida la palabra que Dios nos ha dado para este encuentro, y nos ayudara a entender cómo debe ser nuestro velar y como prepararnos para la espera.

Empezaremos esta gran fiesta con la seguridad de la intercesión de nuestra Madre María,   que siempre esta donde se alaba y bendice a su Hijo.

Damos gracias a Nuestro Señor Jesucristo por todo lo que seguro nos regalara en este encuentro.

Confiamos y agradecemos su asistencia y colaboración. 

Un cordial saludo:
El Equipo Regional y el Asesor Espiritual.

Horario

VIERNES-8

16,30 – Acogida 
17,00 – Alabanza
17,45 – Presentación de la Asamblea
18,00 – 1ª Enseñanza
19,00 – Eucaristía

SÁBADO – 9

9,30 – Acogida
10,00 – Alabanza
11,00 – 2ª Enseñanza
12,00 – Descanso
12,30 – Eucaristía 

16,00 – Alabanza
16,45 – 3ª Enseñanza
17,45 – Descanso
18,45 – Oración por las Islas
18,45 – Adoración

DOMINGO – 10

9,00 – Acogida
9,15 – Alabanza-Laúdes
10,00 – 4ª Enseñanza
11,00 – Descanso
11,30 – Exposición Procesión del Santísimo
12,30 – Eucaristía

Fray Nelson hizo su noviciado con los Dominicos en 1985 y su primera profesión fue el 2 de Febrero de 1986.        

 Obtuvo su Licenciatura en Filosofía y Ciencias Religiosas por la Universidad Santo Tomás, en 1990, y no mucho después recibió la ordenación sacerdotal de manos de Mons. Leonardo Gómez, el 21 de Marzo de 1992.

En paralelo con la actividad académica, como estudiante, docente, Secretario y luego Moderador del Studium Generale de los Dominicos en Colombia, Nelson ha sido miembro del Consejo de Provincia y del Consejo de Fundadores de la Universidad Santo Tomás, y también Director de la Sección de Vida Consagrada y del Departamento de Diaconado Permanente del Secretariado Permanente del Episcopado Colombiano (SPEC). También ha desarrollado un extenso ministerio de predicación a monjas, sacerdotes diocesanos y muy diversos grupos de laicos. A través de congresos, simposios, retiros y encuentros,  ha recorrido diversos lugares y aun continentes, desde Canadá hasta Paraguay; desde Portugal, España e Irlanda hasta Estados Unidos y Taiwán.

Como un medio de extensión del ministerio de evangelización, Nelson inició hacia 1998 un instrumento de comunicación en Internet, FRAYNELSON.COM


Publicado por Desconocido @ 22:32  | Comunicados Diocesanos
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Mensaje de los obispos del Perú en vistas a las elecciones regionales y municipales que se realizarán el Domingo 3 de octubre. El mensaje intitulado “La política debe buscar el bien común y no el beneficio grupal ni personal”” fue leído durante una conferencia de prensa por Mons. Miguel Cabrejos Vidarte, OFM, Arzobispo de Trujillo y Presidente de la Conferencia Episcopal Peruana.

LA POLÍTICA DEBE BUSCAR EL BIEN COMÚN Y NO EL BENEFICIO GRUPAL NI PERSONAL

Ante la proximidad de las elecciones en las que los peruanos elegiremos a las autoridades que dirigirán los Gobiernos Regionales y los Municipios Provinciales y Distritales, en nuestra condición de Pastores del Pueblo de Dios en el Perú, conscientes de que, a través del voto ciudadano cada uno se compromete con el futuro de nuestro país y que la democracia es responsabilidad de todos, queremos compartir la siguiente reflexión a fin de colaborar con los elementos éticos básicos que nos permitan emitir un voto responsable, meditado, y libre.

1.- En su encíclica social ‘Caritas in veritate’, el Papa Benedicto XVI nos recuerda dos criterios básicos para actuar en la vida social: la justicia y el bien común. La “justicia es la primera vía de la caridad”. El futuro del Perú debe anclarse en la justicia social, incluyendo y promoviendo a los más débiles en su proyección del desarrollo integral. El bien común “No es un bien que se busca para sí mismo, sino para las personas que forman parte de la comunidad”. La política debe buscar siempre formas eficientes de convivencia; pero nunca tiene como criterio los intereses particulares de personas o grupos interesados. Desear el bien común y esforzarse por él es exigencia de justicia y caridad.

2.- La doctrina social de la Iglesia enseña que para discernir lo que es más justo y adecuado para conseguir el bien común, debe tenerse en cuenta la primacía de la dignidad de la persona humana; se deben garantizar y promover los derechos fundamentales de la familia, se debe incluir y promover a los más débiles de la sociedad en los proyectos de desarrollo y considerar que el ejercicio de la autoridad es un servicio y no un dominio.

3.- La democracia no se limita al voto sino que deberá ser participación activa y responsable de todos los ciudadanos a través de la colaboración y vigilancia atenta de la gestión de las autoridades elegidas. Por ello es importante conocer a los candidatos, así como evaluar su compromiso con los valores democráticos.

4.- Se debe analizar sus programas, la viabilidad de lo que ofrecen, si son realistas y adecuados para solucionar los problemas de cada ciudad o Región; si son propuestas integrales (no sólo socioeconómicas y políticas, sino también morales, culturales, de seguridad ciudadana, etc.) y conformes al bien común.

5.- Debe tenerse en cuenta además la visión ética y moral de los candidatos ante los valores fundamentales como la defensa de la vida humana, de la familia, del matrimonio, de la dignidad de la mujer, y de los derechos humanos ya que el futuro del país exige de todos los peruanos, pero de manera particular de sus autoridades, rectitud ética en el desarrollo de sus responsabilidades para realizar y apoyar los cambios que nuestra sociedad necesita.

6.- Ni candidatos ni electores deben participar en el proceso electoral buscando votos exclusivos a favor de grupos políticos, étnicos, religiosos y de cualquier tipo que excluyan y marginen el ejercicio de los verdaderos valores que, en forma objetiva, deben primar en la elección de autoridades que deben conducir el ejercicio del bien común en la sociedad.

7.- Puesto que durante el proceso electoral los medios de comunicación social juegan un papel importantísimo, les invocamos a que ejerzan la libertad de expresión buscando no sólo la verdad sino también la justicia y el bien común, de tal forma que los lleve a informar de manera objetiva, imparcial y con apertura a todos los candidatos, a fin de que las propuestas sean conocidas de manera integral.

8.- Invocamos a los candidatos a seguir desarrollando esta campaña electoral de manera transparente y respetuosa, para hacer de este nuevo momento de la vida democrática una escuela de civismo y de renovado amor a nuestra patria y su progreso.

9.- Lamentamos y rechazamos decididamente que la interceptación telefónica siga practicándose en nuestro país, en perjuicio del derecho constitucional a la intimidad y la privacidad de las comunicaciones. Como ya se ha manifestado, los medios de comunicación deben ejercer su actividad respetando en todo momento los derechos fundamentales de las personas, particularmente los relacionados con el honor, la buena reputación y la intimidad.

10.- Exhortamos finalmente al pueblo peruano a desarrollar este proceso eleccionario en un clima de responsabilidad, unidad y búsqueda de la paz y la justicia, a la vez que elevamos nuestras oraciones para que Dios bendiga a los que resulten elegidos y les conceda fortaleza para trabajar con fidelidad y honestidad por el bien del Perú y de todos los peruanos.

Lima, 22 de Septiembre de 2010.

LOS OBISPOS DEL PERÚ 


Publicado por Desconocido @ 20:59  | Hablan los obispos
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domingo, 26 de septiembre de 2010

ZENIT  nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigió el lunes 13 de Septiembre de 2010 al nuevo embajador alemán ante la Santa Sede, Walter Jürgen Schmid, a quien recibió en audiencia con motivo de la presentación de sus Cartas Credenciales.

Señor Embajador,

aprovecho con agrado la ocasión de la solemne entrega de las Cartas Credenciales que le acreditan como embajador extraordinario y plenipotenciario de la República Federal de Alemania ante la Santa Sede, para darle la bienvenida y para expresar mis mejores deseos para su alta misión. Le agradezco de corazón por las amables palabras que me ha dirigido, también en nombre del señor Presidente Federal Christian Wulff y del Gobierno Federal. Extiendo de buen grado mi saludo de bendición al Jefe del Estado, a los miembros del Gobierno y a todos los ciudadanos de Alemania, con la esperanza de que las buenas relaciones entre la Santa Sede y la República Federal de Alemania perduren en el futuro y puedan desarrollarse ulteriormente.

Muchos cristianos en Alemania se vuelven, con gran atención, a las inminentes celebraciones de las beatificaciones de diversos sacerdotes mártires del tiempo del régimen nazi. Este domingo, 19 de septiembre, será beatificado Gerhard Hirschfelder en Münster. Durante el año próximo seguirán las ceremonias por Georg Häfner en Würzburg además de por Johannes Prassek, Hermann Lange y Eduard Müller en Lübeck. Con los capellanes de Lübeck se conmemorará también al pastor evangélico Karl Friedrich Stellbrink. La comprobada amistad de los cuatro eclesiásticos es un testimonio impresionante del ecumenismo de la oración y del sufrimiento, florecido en varios lugares durante el oscuro periodo del terror nazi. Para nuestro camino ecuménico común podemos ver estos testimonios como indicaciones luminosas.

Contemplando estas figuras de mártires aparece cada vez más claro y ejemplar, cómo ciertos hombres, a partir de su convicción cristiana, están dispuestos a dar su propia vida por la fe, por el derecho a ejercer libremente su propio credo y libertad de palabra, por la paz y la dignidad humana. Hoy, por fortuna, vivimos en una sociedad libre y democrática. Al mismo tiempo, sin embargo, observamos cómo entre nuestros contemporáneos, no se da un fuerte apego a la religión, como en el caso de estos testigos de la fe. Uno se podría preguntar si hay hoy cristianos que, sin compromisos, se hagan garantes de su propia fe. Al contrario, muchos hombres muestran mayormente una inclinación hacia concepciones religiosas más permisivas también para sí mismos. En el lugar del Dios personal del cristianismo, que se revela en la Biblia, se trata de un ser supremo, misterioso e indeterminado, que tiene solo una vaga relación con la vida personal del ser humano.

Tales concepciones animan cada vez más la discusión dentro de la sociedad, sobre todo respecto al ámbito de la justicia y de la legislación. Pero si uno abandona la fe hacia un Dios personal, surge la alternativa de un "dios" que no conoce, no escucha y no habla. Y, más que nunca, no tiene una voluntad. Si Dios no tiene una voluntad propia, el bien y el mal al final ya no se distinguen; el bien y el mal ya no están en contradicción entre sí, sino que están en una oposición en la que uno sería complementario del otro. El hombre pierde así su fuerza moral y espiritual, necesaria para un desarrollo completo de la persona. La actuación social es dominada cada vez más por el interés privado o por el cálculo del poder, a costa de la sociedad. Si en cambio Dios es una Persona – y el orden de la creación, como también la presencia de cristianos convencidos en la sociedad es un indicio de ello – se desprende que está legitimado un orden de valores. Hay señales, que pueden encontrarse también en los tiempos recientes, que dan fe del desarrollo de nuevas relaciones entre Estado y religión, también más allá de las grandes Iglesias cristianas hasta ahora determinantes. En esta situación los cristianos tienen por ello la tarea de seguir este desarrollo de modo positivo y crítico además de afinar los sentidos para la importancia fundamental y permanente del cristianismo al poner las bases y formar las estructuras de nuestra cultura.

La Iglesia ve sin embargo con preocupación el creciente intento de eliminar el concepto cristiano de matrimonio y familia de la conciencia de la sociedad. El matrimonio se manifiesta como unión duradera de amor entre un hombre y una mujer, que se dirige también a la transmisión de la vida humana. Una condición suya es la disposición de los cónyuges de relacionarse uno con otro para siempre. Por esto es necesaria una cierta madurez de la persona y una actitud fundamental existencial y social: una "cultura de la persona" como dijo una vez mi predecesor Juan Pablo II. La existencia de esta cultura de la persona depende también de desarrollos sociales. Puede comprobarse que en una sociedad la cultura de la persona se abaje; a menudo esto deriva paradójicamente del crecimiento del estándar de vida. En la preparación y en el acompañamiento de los cónyuges es necesario crear las condiciones básicas para levantar y desarrollar esta cultura. Al mismo tiempo debemos ser consciente de que el éxito de los matrimonios depende de todos nosotros y de la cultura personal de cada ciudadano. En este sentido, la Iglesia no puede aprobar las iniciativas legislativas que impliquen una revaloración de modelos alternativos de la vida de pareja y de la familia. Estas contribuyen al debilitamiento de los principios del derecho natural y así a la relativización de toda la legislación y también a la confusión sobre los valores en la sociedad.

Es un principio de la fe cristiana, anclado en el derecho natural, que la persona humana sea protegida precisamente en la situación de debilidad. El ser humano siempre tiene prioridad respecto a otros objetivos. Las nuevas posibilidades de la biotecnología y de la medicina nos ponen a menudo en situaciones difíciles que se parecen a un caminar sobre el filo de la navaja. Tenemos el deber de estudiar diligentemente hasta donde estos métodos pueden ser de ayuda para el hombre y dónde en cambio se trata de manipulación del hombre, de violación de su integridad y dignidad. No podemos rechazar estos avances, pero debemos ser muy vigilantes. Una vez que se empieza a distinguir – y esto sucede ya a menudo en el seno materno – entre vida digna e indigna de vivir, no estará a salvo ninguna otra fase de la vida, y aún menos la ancianidad y la enfermedad.

La construcción de una sociedad humana requiere la fidelidad a la verdad. En este contexto, últimamente, hacen reflexionar ciertos fenómenos que están operando en el ámbito de los medios de comunicación públicos: estando en una competencia cada vez más fuerte, los medios de comunicación se creen empujados a suscitar la máxima atención posible. Además, está el contraste que hace la noticia en general, aunque vaya contra la veracidad del relato. El tema se hace particularmente problemático cuando personajes autorizados toman públicamente postura al respecto, sin haber podido comprobar todos los aspectos de forma adecuada. Se acoge con favor el intento del Gobierno Federal de comprometerse en estos casos, en lo posible, de forma ponderada y pacificadora.

Señor Embajador, le acompañan mis mejores augurios para su trabajo y para los contactos que mantendrá con los representantes de la Curia Romana, con el Cuerpo Diplomático y también con los sacerdotes, religiosos y fieles laicos comprometidos en las actividades eclesiales que viven aquí en Roma. De corazón imploro para usted, para su distinguida consorte, para sus colaboradores y colaboradoras en la Embajada la abundante bendición divina.

[Traducción de la versión oficial italiana por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por Desconocido @ 20:57  | Habla el Papa
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ZENIT  nos  ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigió el lunes 13 de Septiembre de 2010 a los obispos nombrados durante este año, con motivo de su participación en un encuentro promovido por la Congregación para los obispos.

Queridísimos hermanos en el Episcopado:

Estoy muy contento de encontrarme con vosotros, obispos recientemente nombrados, procedentes de varios países del mundo y reunidos en Roma para el congreso anual promovido por la Congregación para los Obispos. Doy las gracias al cardenal Marc Ouellet por las corteses palabras que me ha dirigido, también en nombre de todos vosotros; y a él deseo dirigirle un augurio especial al inicio de su servicio como Prefecto de este Dicasterio: estoy contento, venerado Hermano, de que usted comience con esta bella experiencia de comunión eclesial entre los nuevos Pastores de varias Iglesias particulares. Saludo cordialmente también al cardenal Leonardo Sandri, Prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales, y expreso mi reconocimiento a cuantos colaboran en la organización de este encuentro.

Según una costumbre muy significativa, habéis realizado ante todo una peregrinación a la tumba del Apóstol Pedro, el cual se conformó a Cristo Maestro y Pastor, hasta la muerte y la muerte de cruz. Al respecto, son iluminadoras algunas expresiones de santo Tomás de Aquino, que pueden constituir un verdadero y auténtico programa de vida para todo Obispo. Comentando la expresión de Jesús en el Evangelio de Juan: “El Buen Pastor da la vida por sus ovejas”, santo Tomás observa: “Él consagra a ellos su persona en el ejercicio de la autoridad y de la caridad. Se exigen ambas cosas: que le obedezcan y que las ame. De hecho la primera sin la segunda no es suficiente" (Esp. su Giovanni, 10, 3). La Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen gentium, especifica: "El Obispo, enviado por el Padre de familias a gobernar su familia, tenga siempre ante los ojos el ejemplo del Buen Pastor, que vino no a ser servido, sino a servir (cf. Mt 20,28; Mc 10,45) y a dar la vida por sus ovejas (cf. Jn 10,11). Tomado de entre los hombres y rodeado él mismo de flaquezas, puede apiadarse de los ignorantes y equivocados (Hb 5,1-2). No se niegue a oír a sus súbditos, a los que, como a verdaderos hijos suyos, alimenta y a quienes exhorta a cooperar animosamente con él. Consciente de que ha de dar cuenta a Dios de sus almas (cf. Hb 13,17), trabaje con la oración, con la predicación y con todas las obras de caridad tanto por ellos como por los que todavía no son de la única grey, a los cuales tenga como encomendados en el Señor. El mismo, como San Pablo, es deudor para con todos” (n. 27).

La misión del obispo no debe entenderse con la mentalidad de la eficiencia y de la eficacia, por la que se pone la atención ante todo en lo que hay que hacer, sino que es necesario tener siempre en cuenta la dimensión ontológica, que está a la base de la funcional. De hecho, el obispo, por la autoridad de Cristo de la que esta revestido, cuando se sienta en la Cátedra está puesto “por encima” y “ante” la comunidad, en cuanto que él es “para” la comunidad hacia la que dirige su solicitud pastoral (Juan Pablo II, Exhort. ap. post-sinodal Pastores gregis, n. 29). La Regla Pastoral del Papa san Gregorio Magno, que podría ser considerada el primer ‘directorio’ para los obispos de la historia de la Iglesia, define el gobierno pastoral como "el arte de las artes" (I, 1.4), y precisa que la potestad de gobierno "la detenta bien quien sabe con ella erigirse contra las culpas y con ella saber ser igual a los demás ... y domina sus vicios antes que a sus hermanos" (II, 6).

Hacen reflexionar las palabras explicativas del rito de la entrega del anillo en la liturgia de la Ordenación episcopal: "Recibe el anillo, signo de fidelidad, y custodia a la Santa Iglesia, esposa de Cristo, en la integridad de la fe y en la pureza de la vida". La Iglesia es "esposa de Cristo" y el Obispo es el ‘custodio’ (episkopos) de este misterio. El anillo es por tanto un signo de fidelidad: de trata de la fidelidad a la Iglesia y a la pureza de la fe de ella. Al obispo, por tanto, se le confía una alianza nupcial: la de la Iglesia con Cristo. Son significativas las palabras que leemos en el Evangelio de Juan: “El esposo es aquel al que pertenece la esposa; pero el amigo del esposo, que está presente y le escucha, exulta de alegría a la voz del esposo" (3,29). El concepto del "custodiar" no quiere decir solo conservar lo que ya ha sido establecido – aunque este elemento no deba faltar nunca – sino que incluye, en su esencia, también el aspecto dinámico, es decir una perpetua y concreta tendencia al perfeccionamiento, en plena armonía y continua adecuación a las exigencias nuevas surgidas del desarrollo y del progreso de ese organismo viviente que es la comunidad.

Grandes son las responsabilidades de un Obispos para el bien de la diócesis, pero también de la sociedad. Está llamado a ser “fuerte y decidido, justo y sereno" (Congregación para los Obispos, Directorio para el ministerio pastoral de los Obispos "Apostolorum successores", n. 44), para un discernimiento sapiencial de las personas, de la realidad y de los acontecimientos, requerido por su tarea de ser “padre, hermano y amigo” (Ibid., nn. 76-77) en el camino cristiano y humano. Se trata de una profunda perspectiva de fe y no sencillamente humana, administrativa o de cuño sociológico en la que se coloca el ministerio del Obispo, el cual no es un mero gobernante o un burócrata, o un simple moderador y organizador de la vida diocesana. Son la paternidad y la fraternidad en Cristo la que dan al Superior la capacidad de crear un clima de confianza, de acogida, de afecto, pero también de franqueza y de justicia. Particularmente iluminadoras son, al respecto, las palabras de una antigua oración de san Elredo de Rievaulx, abad: “Tú, dulce Señor, has puesto a uno como yo como cabeza de tu familia, de las ovejas de tu redil (...) para que se pudiera manifestar tu misericordia y revelar tu sabiduría. Plugo a tu benevolencia gobernar bien tu familia mediante un hombre así, de forma que se viese lo sublime de tu fuerza, no la del hombre, para que no tenga que gloriarse el sabio en su sabiduría, ni el justo en su justicia, ni el fuerte en su fuerza: ya que cuando estos gobiernan bien tu pueblo, eres tu quien lo rige, y no ellos. Y por ello no a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu nombre la gloria” (Speculum caritatis, PL CXCV).

Confiándoos, queridos Hermanos, estas breves reflexiones, invoco la protección maternal de María Santísima, Regina Apostolorum, e imparto de corazón a cada uno de vosotros, a vuestros sacerdotes, a los religiosos y a las religiosas, a los seminaristas y a los fieles de vuestras diócesis una especial Bendición Apostólica.

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por Desconocido @ 20:54  | Habla el Papa
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Mensaje de monseñor Luis Urbanc, obispo de Catamarca, por el Día del Maestro (11 de septiembre de 2010). (AICA)

11 DE SEPTIEMBRE - DÍA DEL MAESTRO

«Ustedes son la sal del mundo… Ustedes son la luz del mundo… procuren que su luz brille delante de la gente, para que viendo el bien que Ustedes hacen, todos alaben a su Padre que está en el cielo» (Cfr. Mt 5, 13-16) 

En este Año Jubilar por el Centenario de nuestra Iglesia de Catamarca, deseo llegar con un cordial saludo y entrañable afecto a todos los educadores que cumplen su labor a lo largo y ancho de esta tierra bendecida por la Morena Virgen del Valle.

Esta es una ocasión especial para revalorizar la sagrada misión del docente de forjar las mentes y los corazones de tantos niños y jóvenes catamarqueños, a través de la transmisión de conocimientos y de valores esenciales para la edificación de la persona y la construcción de un mundo mejor.

Dice el Vaticano II: “Entre todos los medios de educación, el de mayor importancia es la escuela, que, en virtud de su misión, a la vez que cultiva con asiduo cuidado las facultades intelectuales, desarrolla la capacidad del recto juicio, introduce en el patrimonio de la cultura conquistado por las generaciones pasadas, promueve el sentido de los valores, prepara a la vida profesional, fomenta el trato amistoso entre los alumnos de diversa índole y condición, contribuyendo a la mutua comprensión; además, constituye como un centro de cuya laboriosidad y de cuyos beneficios deben participar a un tiempo las familias, los maestros, las diversas asociaciones que promueven la vida cultural, cívica y religiosa, la sociedad civil y toda la comunidad humana”.

“Hermosa es, por tanto, y de suma importancia la vocación de todos los que, ayudando a los padres en el cumplimiento de su deber y en nombre de la comunidad humana, desempeñan la función de educar en las escuelas. Esta vocación requiere dotes especiales de alma y de corazón, una preparación diligentísima y una facilidad constante para renovarse y adaptarse”.

En este tiempo histórico de nuestra Patria Bicentenaria, en que debemos trabajar en la reconstrucción de una sociedad más justa, fraterna y solidaria, la labor perseverante y empeñosa de los maestros sigue siendo una luz de esperanza en este País.

Imploro bendiciones al Todopoderoso, para que sea El quien los anime y premie el esfuerzo y entusiasmo que ponen cada día frente a los Alumnos, a las Familias y a la Sociedad.

Y que María, Madre y Maestra, en su advocación del Valle, en compañía de los Santos Educadores, los ampare bajo su manto protector. 

Mons. Luis Urbanc, obispo de Catamarca 


Publicado por Desconocido @ 20:47  | Hablan los obispos
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Lectio divina para el domingo veintiséis del tiempo ordinario - C, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la Diócesis de Tenerife.

LECTURA:            “Lucas 16, 19‑31”

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: «Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico.  Y hasta los perros se le acercaban a lamerle las llagas. 

Sucedió que se murió el mendigo, y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán. Se murió también el rico, y lo enterraron. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritó: "Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas." 

Pero Abrahán le contestó: "Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces. Y además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta nosotros." 

El rico insistió: "Te ruego, entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan también ellos a este lugar de tormento." 

Abrahán le dice: "Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen." 

El rico contestó: "No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a verlos, se arrepentirán."

Abrahán le dijo: "Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto."» 

MEDITACIÓN:              “Si no escuchan”       

            Nos preciamos de ser inteligentes pero hay momentos en los que manifestamos y manifiesto una ingenuidad supina. Me mantengo en actitudes que sé que son negativas, que no me hacen bien ni a mí ni a los que están conmigo, que no me proyectan, que me cierran en “mi” mundo, y cuando tengo la lucidez de sentirme encerrado, aprisionado por mis propias redes, estoy esperando el milagro, que salte algún resorte, no sé de donde, que pase algo que me haga cambiar de actitud. Y, claro está, eso no sucede nunca por muchos acontecimientos maravillosos o sencillos pero claros, si quiero verlos, que vengan de fuera.

Hay momentos, Señor, en los que no sé dónde están mis frenos, o mejor, dónde están mis resortes para responderte con esa fuerza e ilusión que digo anhelar tener. Tengo la Ley y los profetas, te tengo, sobre todo, a ti. Escucho emocionado tu palabra que termina pareciendo chocar contra un muro invisible, pero que es tan real como son reales las actitudes que se distancian de mi amor a ti y a mis hermanos, o que me encierran en el yo de mis condicionamientos y egoísmos.

            Hoy tu palabra, todavía sigue siendo una gota de agua que sacia mi sed de amor auténtico, que mantiene mi corazón anhelante, que me invita a vivir y a ponerme en camino de ruptura de mis cadenas, y de despertar y poner en acción mis signos de vida. Sí, tú sigues estando ahí ofreciéndome tu sanación, tus gestos y tu llamada de vida, tu esperanza. Pero todos ellos pasan por mi acogida, y por mi deseo de plasmarlos en mi realidad diaria.      

ORACIÓN:                “Humano y humanizador”

            Señor, tu palabra me asoma hoy a muchas realidades de insensibilidad. A muchas situaciones de injusticia flagrante, donde unos hombres viven indiferentes al dolor a la angustia de los otros. Señor, yo no sé si puedes mover sus corazones pero sí te pido que muevas el mío, para que nunca me conforme con esas realidades, que me duelan siempre, que no comulgue nunca con el dolor y la injusticia que se ceba en los más pobres, y que sea en la medida de mis posibilidades, humano y humanizador.

CONTEMPLACIÓN:              “La mano de tu palabra”

No eres tú
el que pasas insensible
ante las heridas laceradas
de mi vida.

Soy yo el que no dejo
que el aceite
de la mesa de tu amor,
y las migajas abundantes
de tu misericordia
sanen y colmen
los vacíos de mi existencia
y sostengan el caminar firme
de mi peregrinación.

Pero tú sigues,
con tu brazo extendido,
ofreciéndome, incansable,
la mano de tu palabra,
para alzarme
de mi postración fácil,
e invitarme a caminar contigo,
infatigable,
al banquete abundante
de la fraternidad.


Publicado por Desconocido @ 9:40  | Liturgia
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Comentario al evangelio del domingo veintiséis del Tiempo Ordinario - C, publicado en Diario de Avisos el domingo 26 de Septiembre de 2010 bajo el epígrafe DOMINGO CRISTIANO.

¡Unos nacen con estrella...!

Daniel Padilla

Lo malo no es ser rico. (Ahí andamos todos, rellenando el boleto de la primitiva, a ver si por casualidad...). Lo malo no es ser rico. Como tampoco es malo ser guapo, o listo, o habilidoso. Lo malo consiste en no saber utilizar la riqueza como un talento, que hay que hacer fructificar como es debido. Lo malo no es ser rico. Lo malo es epulonear; verbo intransitivo, que significa "dejarse llevar por la mecánica taimada del dinero". Y que consiste: primero, en idolatrarlo; después, en multiplicarlo sin medida; más tarde, en construir con él una torre de marfil para aislarnos en ella y allá "vestirnos de púrpura y banquetear espléndidamente"; y, al fin, en insonorizarla de tal modo, que no podamos oír los gemidos de innumerables Lázaros, que, llenos de úlceras, mueren bajo nuestras almenas. De la misma manera, lo bueno tampoco consiste, sin más, en ser pobre. (Ya saben que "unos nacen con estrella", sin mérito propio, y, "otros, estrellados", también sin culpa propia). Lo bueno consiste en saber ser pobre. Es decir, no necesariamente los pobres son santos. Pueden tener el alma llena de avaricia, o de envidia. Pueden ser dados al odio y al resentimiento. Pueden, por tanto, ser malos, como los demás. Lo que pasa es que tienen una gran ventaja. Al no tener nada, al verse con las manos vacías, al no contar con nadie en quien apoyarse, están más capacitados para recibir todo lo que les pueda llenar. Pueden decir, mejor que nadie: "El Señor es mi fuerza y mi salvación".

En su inmenso vacío, en su gran hueco interior, tienen más sitio para recibir la Buena Noticia del Reino. Por eso proclamó Jesús: "Dichosos los pobres, porque de ellos es el Reino de los Cielos". El rico tiende a cerrarse, a encastillarse, a ignorar que el pobre existe. El pobre, en cambio, está tan hambriento, que se abre para recibir no sólo "el pan del que vive el hombre, sino toda palabra que venga de la boca de Dios". ¿Quieren un ejemplo? Otra parábola de Jesús: la del banquete. El organizador del banquete invitó a muchos, hizo una gran lista. Pero los primeros invitados tenían posesiones: uno, una finca; otro, cinco yuntas de bueyes; el otro, mujer, ya que se había casado. Y fueron esas posesiones las que les impidieron acudir a la cita. No tenían necesidades. Los segundos invitados, en cambio, al no tener nada que les distrajera, acudieron a la llamada. Estaban hechos de vacío. Todo lo tenían por llenar. Eran, ya lo saben, "tullidos, ciegos, lisiados, pobres…". Abarrotaron la sala. Es natural. No es que estos segundos tuvieran más méritos. Simplemente estaban más hambrientos, más receptivos a cualquier don. El dueño, en el fondo, lo que les hizo fue justicia. Dice el Evangelio que "les obligó a entrar". Porque nunca habrá derecho, aunque ocurra a cada paso, a que estén tan distanciados Epulón y Lázaro. Hay otra cosa. Si Epulón hubiera sentado a Lázaro en su mesa, no hubiera perdido. Habría ganado: se habría purificado de sus pecados y habría ido "al seno de Abraham". Solía decir Bossuet que "los pobres son los ciudadanos natos en el Reino, mientras que los ricos adquieren esa ciudadanía en la proporción en que hayan servido a los pobres". ¡Me parece que Epulón no sabía estas cosas! 


Publicado por Desconocido @ 9:35  | Espiritualidad
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sábado, 25 de septiembre de 2010

Columna de monseñor Jorge Casaretto, obispo de San Isidro (Septiembre  de 2010). (AICA)

ESCUELA, CAMINO PARA LA VIDA

 Queridos amigos, una vez más comparto con ustedes algunas reflexiones en el marco del Bicentenario de nuestra Patria, que nos anima y estimula a hacer memoria, reflexionar y proyectar un futuro en el cual los argentinos podamos seguir creciendo como Nación en el respeto, la justicia y la verdad.

Frente al desafío de seguir creciendo, un aspecto que no podemos olvidar y descuidar es la escuela.

La escuela desarrolla en la sociedad contemporánea funciones diversas. Todas ellas importantes para la vida en sociedad y para la formación de las personas. Sin embargo, quisiera reflexionar en particular sobre tres de estas funciones: la educación, la socialización y la formación para la profesión y el trabajo.

No cabe duda que la primera función de la escuela es educar. Los objetivos de la educación se centran particularmente en la persona y se orientan a su autorrealización y desarrollo. La educación debe mirar a la formación del hombre como tal, suscitar actitudes de fondo frente a la vida, estimular y guiar la búsqueda y el desarrollo de los valores en el individuo. La educación debe excluir todo proceso de autoritarismo y de adoctrinamiento. Debe desarrollarse en un ámbito de respeto y diálogo, en donde tenga lugar el disenso y la diversidad.

En segundo lugar, tenemos la socialización. Este proceso implica estimular en el educando las actitudes interiores y de comportamiento conformes a lo social. Es ayudar a desarrollar en la persona su capacidad de ser miembro de la sociedad, partícipe y respetuoso de las instituciones, responsable de su actuar y capaz de responder a los desafíos propios de su tiempo. La socialización se presenta como un espacio en el cual se manifiestan los problemas éticos, las virtudes sociales, el consenso, la transformación, la capacidad crítica y el bien común. Este proceso debe llevar a los educandos a superar el individualismo, generando personas más humanas, sensibles con las necesidades de los otros y atentos a los que tienen en la vida menos oportunidades. La escuela debe educar en la solidaridad y en el compromiso que generan la verdadera transformación social.

En tercer lugar, la escuela es formadora para la profesión y el trabajo. Si bien es más común mencionar esta función al referirnos a lo universitario, no podemos negar que el valor de la profesionalidad y el trabajo se deben comenzar a desarrollar desde la escuela.  Una Nación que quiere crecer necesita de hombres y mujeres que valoren el trabajo que los dignifica como personas, que sean capaces y puedan acceder a la formación profesional para servir al bien común desde las diferentes profesiones.

El sentido profesional y del trabajo estimulan el desarrollo de la responsabilidad individual y favorecen la maduración del educando. Desde la escuela se debe ayudar a descubrir que se es parte de un todo llamado sociedad, en donde con el esfuerzo de cada día, todos contribuimos a su  crecimiento a la vez que nos vamos desarrollando como ciudadanos.

Cuando pensamos en crecer como Nación, no podemos dejar de lado las escuelas con las funciones elementales de educar, socializar y formar para el trabajo.

La educación nos ayuda a desarrollar el conocimiento, la socialización nos permite descubrir que caminamos junto a otros y con otros, y el sentido de la profesión y del trabajo nos permiten encontrar la razón del esfuerzo de cada día y el lugar desde el cual cada uno es protagonista.

En este mes de septiembre, en el cual se celebra el Día del Maestro, del Profesor y del Estudiante, no puedo dejar de saludarlos y encomendarlos al cuidado y la protección de nuestra Madre la Virgen de Luján, para que puedan desarrollar en plenitud la vocación que han recibido y sigan haciendo de la escuela un verdadero ámbito de fraternidad, coherencia y testimonio, que es la mejor manera de enseñar.

Con mi bendición, 

Mons. Jorge Casaretto, obispo de San Isidro 


Publicado por Desconocido @ 23:05  | Hablan los obispos
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Alocución televisiva de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata en el programa “Claves para un mundo mejor” (11 de septiembre de 2010). (AICA)

EL DESAFIO DEL MAESTRO ES FORMAR DISCÍPULOS

 

Hoy es el Día del Maestro; por tanto, esta breve reflexión quiero dedicarla a aquellos que tienen la empeñosa y delicadísima tarea de enseñar.

Y digo enseñar en un sentido fuerte, profundo, plenario: no solamente en su significado de transmitir los saberes elementales, sino en cuanto que los maestros contribuyen, de un modo quizás decisivo, a la formación de la personalidad de los educandos.

Allí está la cuestión fundamental. Cuando hablamos de un proceso educativo, de los problemas del sistema educativo en la Argentina de hoy, de los resultados tan decepcionantes establecidos por encuestas, tenemos que poner el ojo de la atención en la figura del maestro.

Lo fundamental es que el maestro o la maestra sea efectivamente una figura de referencia para los chicos. Sobre todo digamos la maestra porque sabemos muy bien que, en el nivel primario especialmente, el docente es por lo general una maestra.

De algún modo la figura de la maestra o del maestro permanece en el interior de la personalidad del educando a lo largo de toda la vida. Para lo bueno o para lo malo. No solamente se trata, en el nivel primario, de trasmitir los saberes elementales sino de contribuir a la orientación de la personalidad de los chicos en muchos aspectos, como un complemento de la formación que se recibe en el hogar.

Mas adelante, en el ciclo secundario o en la universidad, se imposta diversamente la figura del docente, porque en ese caso se trata de comprender la función de enseñar como una transmisión que se verifica en un contexto de diálogo de generaciones. Es fundamental que efectivamente se establezca un diálogo de generaciones y que el diálogo sea suscitado por el maestro. En eso reside principalmente el arte de enseñar: en despertar en los alumnos el amor a la verdad, a la búsqueda de la verdad.

Recuerdo ahora una frase de Heidegger, que se refería al pensamiento, a la filosofía, pero decía muy bien que la función primordial del docente es enseñar a aprender. Uno en realidad está aprendiendo toda la vida.

Por eso el nombre del maestro, la figura del maestro, no se reduce a la figura elemental de los primeros años, del ciclo primario, sino que incluso solemos dar el calificativo de maestro a una persona que se ha destacado extraordinariamente en su disciplina y que además ha sabido formar discípulos o que por lo menos constituye un punto de referencia para muchos.

Esto se ve, quizás, cada vez menos en el mundo de hoy porque hay una especie de fragmentación del saber y porque el estudiante –pensemos en el estudiante universitario- está muy preocupado en ver como se va a insertar en el mercado laboral, etc. Ya no se da ese seguimiento intelectual de una figura clave o por lo menos se da de una manera muy reducida.

Por eso maestro en el sentido plenario –pensemos en aquellos que durante largos años se hacen discípulos de aquella persona que para ellos es una fuente de sabiduría- es aquel que deja una impronta fundamental en la vida de un discípulo porque lo introduce en un mundo.

Hace poco leí el reportaje a un gran director de cine italiano, Ermanno Olmi, que es el realizador de una película bellísima titulada “El árbol de los zuecos”. En ese reportaje le preguntaban quién había sido su maestro y él respondió que en cine su maestro había sido Roberto Rossellini, el iniciador del neorrealismo italiano, pero agregaba que en realidad su maestra había sido su abuela materna, porque ella lo introdujo en el interior del mundo campesino. Decía que gracias a ella había aprendido el valor de la civilización campesina, que es la única –según él- que en sentido absoluto puede ser llamada civilización porque no se trata de algo efímero, de civilizaciones que pasan de acuerdo a la moda o la época, sino de algo que permanece para siempre.

Allí encontramos una definición muy bella de lo que es el maestro. Aún, entonces, en cualquiera circunstancia que un docente ejerza su función, en la medida en que va más allá de la transmisión de su saber particular y que procura contribuir a la formación de la personalidad del alumno, orientándolo hacia la verdad, hacia el bien, hacia la belleza, en esa medida merece el título sagrado de maestro.

Digo que es un título sagrado porque es el título que le atribuyen, según los Evangelios, a Jesús sus mismos discípulos.

En gran parte, la renovación auténtica de la escuela, el éxito de un proceso educativo depende de que se establezca correctamente esa relación natural e imborrable entre el maestro y el discípulo. Depende de la presencia y la acción de buenos maestros. 

Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata 


Publicado por Desconocido @ 23:02  | Hablan los obispos
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ZENIT  publica las palabras que dirigió Benedicto XVI el domingo 12 de Septiembre de 2010 a mediodía al dirigir la oración mariana del Ángelus junto a varios miles de peregrinos congregados en el patio de la residencia pontificia de Castel Gandolfo.

Queridos hermanos y hermanas:

En el Evangelio de este domingo, el capítulo XV de san Lucas, Jesús narra las tres "parábolas de la misericordia". Cuando "habla del pastor que va tras la oveja descarriada, de la mujer que busca el dracma, del padre que sale al encuentro del hijo pródigo y lo abraza, no se trata sólo de meras palabras, sino que es la explicación de su propio ser y actuar" (encíclica Deus caritas est, 12). De hecho, el pastor que vuelve a encontrar la oveja perdida es el mismo Señor que carga a hombros, con la Cruz, a la humanidad pecadora para redimirla. El hijo pródigo, en la tercera parábola, es un joven que, recibida la herencia del padre, "se fue a un país lejano, donde malgastó sus bienes en una vida licenciosa" (Lucas 15, 13). Al caer en la miseria, se vio obligado a trabajar como un esclavo, aceptando incluso matar el hambre con comida destinada a los animales. "Entonces --dice el Evangelio-- recapacitó" (Lucas 15, 17). Las palabras que prepara para el regreso nos permiten conocer el alcance de su peregrinación interior: regresa 'a casa', a sí mismo, al padre" (Benedicto XVI, Jesús de Nazaret, 2007). "Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: 'Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo'" (Lucas 15, 18-19). San Agustín escribe: "Es el mismo Verbo quien te grita para que vuelvas; el lugar de la tranquilidad imperturbable se encuentra donde el amor no experimenta el abandono" (Confesiones, IV, 11.16). "Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente, corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó", (Lucas 15, 20) y lleno de alegría pidió que hicieran una fiesta.

Queridos amigos, ¿cómo no abrir nuestro corazón a la certeza de que, aunque seamos pecadores, somos amados por Dios? No se cansa nunca de salir a nuestro paso, de ser el primero en recorrer el camino que nos separa de Él. El libro del Éxodo nos muestra cómo Moisés, con una súplica confiada y audaz, logró, por así decir, cambiar a Dios del trono del juicio al trono de la misericordia (Cf. 32,7-11.13-14). El arrepentimiento es la medida de la fe y gracias a él se regresa a la Verdad. Escribe el apóstol Pablo: "Fui tratado con misericordia, porque cuando no tenía fe, actuaba así por ignorancia" (1 Timoteo 1, 13). Volviendo a la parábola del hijo que regresa "a casa", experimentamos que cuando aparece el hijo mayor indignado por la cogida festiva ofrecida al hermano, el padre también le sale al paso para suplicarle: ""Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo" (Lucas 15, 31). Sólo la fe puede transformar el egoísmo en alegría y volver a entretejer las relaciones adecuadas con el prójimo y con Dios. "Es justo que haya fiesta y alegría --dice el padre--, porque tu hermano [...] estaba perdido y ha sido encontrado" (Lucas 15, 32).

Queridos hermanos, el jueves próximo viajaré al Reino Unido, donde proclamaré beato al cardenal John Henry Newman. Pido a todos que me acompañen con la oración en este viaje apostólico. A la Virgen María, cuyo nombre santísimo se celebra hoy en la Iglesia, encomendamos nuestro camino de conversión a Dios.

[Tras rezar el Ángelus, el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:]

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española presentes en esta oración mariana, en particular al coro infantil de la Parroquia Nuestra Señora del Milagro de Valdestillas, Valladolid. Hoy deseo unirme especialmente a la alegría de los fieles de la Archidiócesis de Granada, y de otras partes de España, que, esta misma mañana, están celebrando con gozo la inscripción del nombre de Fray Leopoldo de Alpandeire entre el número de los Beatos. La vida de este sencillo y austero Religioso Capuchino es un canto a la humildad y a la confianza en Dios y un modelo luminoso de devoción a la Santísima Virgen María. Invito a todos, siguiendo el ejemplo del nuevo Beato, a servir al Señor con sincero corazón, para que podamos experimentar el inmenso amor que Él nos tiene y que hace posible amar a todos los hombres sin excepción. Muchas gracias y feliz domingo.


[Traducción del original italiano realizada por Jesús Colina
©Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por Desconocido @ 22:57  | Habla el Papa
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Comentario al Evangelio del próximo domingo, 26 de septiembre de 2010, XXVI del tiempo ordinario (Lucas  16,1-13), redactado por monseñor Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo, administrador apostólico de Huesca y de Jaca. 

Evangelio del domingo: El más rico del cementerio

      ¿De qué sirve ser el más rico del cementerio? Jesús propone esta parábola a unos fariseos celosos de la Ley y los profetas, amigos de Moisés y de Abrahán, pero que vivían con una cierta esquizofrenia moral y espiritual.

      Jesús en primer lugar relativiza el valor del dinero apelando a su poderío fugaz y a su gloria caduca. El dinero y todo lo que lo rodea, no tiene la última palabra en esta vida, porque esa palabra postrera la pronunciamos todos por igual, con la misma indigencia y fragilidad con la que igualmente nacimos: Epulón y Lázaro eran iguales ante su origen y ante su destino. El dinero y sus adláteres, no son la moneda para comprar el acceso en la vida perdurable, sino que más bien será una gracia de Dios al alcance de cualquiera que haya tenido corazón de pobre (hayan sido cuales hayan sido sus arcas monetarias).

      Lo segundo que destaca Jesús es la infinita diferencia entre el modo de valorar que tiene Dios y aquellos fariseos burlones. Sólo quien entra en la mirada de Dios puede descubrir su secreto, y sólo quien se adentra en su Corazón comprende su riqueza, como el mismo Pablo descu­brió (Filp 3,7-8).

      No bastaba saberse al dedillo los consejos de la Ley y los Profetas. Hay un modo de ser creyente que es inútil: saber cosas de Dios y no vivir conforme a lo que sabemos, encender una vela a Dios en su día, reservándonos para nosotros y nues­tros diablos el resto de la semana. Epulón comprendió ya tarde la inutili­dad de la basura de su vida, y quiso enviar a un muerto a los suyos para hacerles ver la engañifa en la que vivían. Pero nadie escarmienta en cabeza ajena. A lo más, queda uno asustado una breve temporada. Curiosamente, Dios desde “sus valores”, lejos de ser un rival de los nuestros, es su mejor exponente. Tenemos la experiencia cotidiana de cómo cuando nos alejamos de la visión que Dios tiene de la vida, ésta se deshumaniza.

      Por eso no es extraño que quienes aman el dinero y se bur­lan de los enviados de Dios, no entiendan nada, se irriten e indignen, y hasta decidan matar al mensajero. No, nuestro mundo no necesita que vengan los muertos para darnos un susto incontestable, sino más bien está necesitado de vivos, de cristianos vivos que desde la trama diaria de su existir enseñan a ver las cosas desde los Ojos de Dios, y amar la vida desde y como Él, ritmando nuestros latires con los de su Corazón, valorando aquello que tiene valor para Él, lo que enajena y enfrenta, lo que adormece e in­hibe, y relativizando lo que corrompe y deshumaniza.

 


Publicado por Desconocido @ 13:15  | Espiritualidad
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El equipo de Caritas Arciprestal de  Icod de los Vinos de Tenerife comenzó reunión parroquial con la siguiente oración. 

Es hora de ser tus testigos

 

Es hora de ser tu Testigo, Señor del alba.
Es hora de construir todos juntos la Civilización del amor.
Es hora de salir a las plazas y ciudades como hermanos.
Es hora de hacer del mundo un arco iris de unidad y de color.
Es hora de anunciar la vida desde la vida hecha fiesta.
Es hora de gritar al mundo de los hombres tu salvación.
Es hora de gritar como voceros del alba a los hombres que el Crucificado ha resucitado, y el mundo sabe a Redención.
Es hora de vivir en la luz y abrir caminos sin fronteras.
Es hora de darse la mano y hacer un corro grande al sol.
Es hora de decir a los miedos: no temáis, tened ánimo, que el mundo, el corazón del mundo, vive en Resurrección.
Es hora de juntarnos como amigos en un solo pueblo.
Es hora de marchar unidos sembrando la paz y el amor.
Es hora de llamar al hombre hermano, hermano mío.
Es hora de vivir en armonía, en lazos de hermandad, de comunión.
Es hora de convidar a las gentes a la mesa del pan vivo que ha bajado del cielo.

Es hora de ser tu Testigo donde tu amor está ausente.
Es hora de ser tu Testigo donde la verdad no cuajó.
Es hora de ser tu Testigo donde la libertad está atada.
Es hora de ser tu Testigo donde se necesita el perdón.
Es hora de ser tu Testigo donde el barrote oprime al hombre.
Es hora de ser tu Testigo donde al hombre se le amordazó.
Es hora de ser tu Testigo donde los ojos están vendados.
Es hora de ser tu Testigo donde se mata al hombre y al niño.
Es hora de ser tu Testigo donde la mentira mata la razón.
Es hora de ser tu Testigo donde las injusticias claman al cielo.

Es hora de ser tu Testigo donde impera la ley del más fuerte.
Es hora de ser tu Testigo donde el hombre se convierte en opresor.
Es hora de ser tu Testigo donde la vida se ha hecho muerte.
Es hora de ser tu Testigo donde las personas son explotadas.
Es hora de ser tu Testigo donde el dinero es la ley del que manda.
Es hora de ser tu Testigo donde el hambre acampa a sus anchas.

Es hora de ser tu Testigo unidos como un solo Pueblo, en Iglesia.
Es hora de ser tu Testigo sirviendo al humilde y no al dominador.
Es hora de ser tu Testigo de tu Cruz salvadora en el mundo.
Es hora de ser tu Testigo de tu luz del alba, de tu Resurrección.

Cristo, Señor de la Historia, Señor del hombre, de todo hombre.
Cristo, Testigo del amor del Padre, corazón de su corazón.
Cristo, amigo y hermano del hombre, del hombre oprimido,
Cristo, danos la fuerza de tu Espíritu Santo, tu Espíritu de Amor, para que él anime nuestro compromiso de cambio en el mundo, de una civilización de muerte, en Civilización del amor.

Es hora de hacer posible otro mundo.

 


Publicado por Desconocido @ 13:00  | Oraciones
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viernes, 24 de septiembre de 2010

ZENIT   A pocos días de la beatificación del cardenal John Henry Newman, presentamos nuestra traducción del discurso pronunciado por el cardenal Joseph Ratzinger el 28 de abril de 1990 con ocasión del centenario de la muerte del gran cardenal inglés, a quien el actual Papa definió entonces como "un gran doctor de la Iglesia". 

John Henry Newman, “gran doctor de la Iglesia”

Yo no me siento competente para hablar de la figura o la obra de John Henry Newman, pero tal vez puede ser interesante que me detenga un poco sobre mi acercamiento personal a Newman, en el que se refleja también algo de la actualidad de este gran teólogo inglés en las controversias espirituales de nuestro tiempo.

Cuando en enero de 1946 pude comenzar mi estudio de la teología en el seminario de la diócesis de Freising, que finalmente había vuelto a abrir sus puertas después de los desastres de la guerra, se decidió que nuestro grupo tuviera como prefecto a un estudiante más veterano, que ya antes de empezar la guerra había comenzado a trabajar en una disertación sobre la teología de la conciencia de Newman. Durante los años de su ocupación en la guerra no había abandonado este tema, que ahora volvía a retomar con nuevo entusiasmo y nuevas energías. Desde el primer momento nos unió una amistad personal, que se concentraba completamente alrededor de los grandes problemas de la filosofía y la teología. No hace falta decir que Newman estaba siempre presente en este intercambio. Alfred Läpple, él era el prefecto antes mencionado, publicó luego en 1952 su disertación, con el título "El individuo en la Iglesia".

La doctrina de Newman sobre la conciencia se convirtió entonces para nosotros en el fundamento de aquel personalismo teológico que nos atrajo a todos con su encanto. Nuestra imagen del hombre, así como nuestra concepción de la Iglesia, se vieron marcadas por este punto de partida. Habíamos experimentado la pretensión de un partido totalitario que se consideraba la plenitud de la historia y que negaba la conciencia del individuo. Hermann Goering había dicho de su jefe: "¡Yo no tengo ninguna conciencia! Mi conciencia es Adolf Hitler". La inmensa ruina del hombre que derivó de esto, estaba ante nuestros ojos.

Por eso, para nosotros era un hecho liberador y esencial saber que el "nosotros" de la Iglesia no se basaba en la eliminación de la conciencia sino que sólo podía desarrollarse a partir de la conciencia. Precisamente porque Newman explicaba la existencia del hombre a partir de la conciencia, es decir, en la relación entre Dios y el alma, era también claro que este personalismo no representaba ninguna concesión al individualismo y que el vínculo con la conciencia no significaba ninguna concesión a la arbitrariedad - más aún, que se trataba precisamente de lo contrario.

De Newman aprendimos a comprender el primado del Papa: la libertad de conciencia - así nos enseñaba Newman con la Carta al Duque de Norfolk - no se identifica, de hecho, con el de derecho de "dispensarse de la conciencia, de ignorar al Legislador y Juez, y de ser independientes de los deberes invisibles". De este modo, la conciencia, en su significado auténtico, es el verdadero fundamento de la autoridad del Papa. De hecho, su fuerza viene de la Revelación, que completa la conciencia natural iluminada de manera sólo incompleta, y "su raison d'être es la de ser el campeón de la ley moral y de la conciencia".

Esta doctrina sobre la conciencia se ha vuelto para mí cada vez más importante en el desarrollo sucesivo de la Iglesia y del mundo. Me doy cuenta, cada vez más, de que sólo se manifiesta de modo completo haciendo referencia a la biografía del Cardenal, la cual supone todo el drama espiritual de su siglo.

Newman, como hombre de la conciencia, se transforma en un converso; fue su conciencia que lo condujo desde los antiguos vínculos y las antiguas certezas dentro del mundo para él difícil e inusual del catolicismo. Pero precisamente esta vía de la conciencia es algo distinto a una vía de la subjetividad que se afirma a sí misma: es, en cambio, una vía de la obediencia a la verdad objetiva.

El segundo paso del camino de conversión que duró toda la vida de Newman fue, de hecho, la superación de la posición del subjetivismo evangélico en favor de una concepción del cristianismo basada en la objetividad del dogma. Al respecto, siempre encuentro muy significativa, pero particularmente hoy, una formulación tomada de una de sus prédicas de la época anglicana:

"El verdadero cristianismo se demuestra en la obediencia, y no en un estado de conciencia. Así, todo el deber y el trabajo de un cristiano se organiza en torno a estos dos elementos: la fe y la obediencia; «mira a Jesús» (Heb. 2, 9)... y actúa según su voluntad. Me parece que hoy corremos el peligro de no dar el peso que deberíamos a ninguno de los dos elementos. Consideramos cualquier verdadera y cuidadosa reflexión sobre el contenido de la fe como estéril ortodoxia, como sutileza técnica. En consecuencia, hacemos consistir el criterio de nuestra piedad en la posesión de una así llamada disposición de ánimo espiritual".

En este contexto, se han vuelto para mí importantes algunas frases del libro "Los arrianos del siglo IV", que a primera vista me han parecido más bien sorprendentes: "el principio puesto por la Escritura como fundamento de la paz es reconocer que la verdad en cuanto tal debe guiar tanto la conducta política como la privada... y que el celo, en la escala de las gracias cristianas, tiene la prioridad por sobre la benevolencia".

Para mí es siempre fascinante darme cuenta y reflexionar cómo precisamente así, y sólo así, a través del vínculo a la verdad, a Dios, la conciencia recibe valor, dignidad y fuerza. En este contexto, quisiera añadir sólo otra expresión tomada de la "Apología pro vita sua", que demuestra el realismo de esta concepción de la persona y de la Iglesia: "Los movimientos vivos no nacen de comités".

Quisiera volver una vez más brevemente al hilo autobiográfico. Cuando en 1947 proseguí mis estudios en Munich, encontré en el profesor de teología fundamental, Gottlieb Söhngen, mi verdadero maestro en teología, un culto y apasionado seguidor de Newman. Él nos inició en la "Gramática del Asentimiento" y, con ella, en la modalidad específica y la forma de certeza propia del conocimiento religioso.

Aún más profundamente actuó sobre mí la contribución que Heinrich Fries publicó con ocasión del Jubileo de Calcedonia: allí encontré el acceso a la doctrina de Newman sobre el desarrollo del dogma, que considero, junto a su doctrina sobre la conciencia, su contribución decisiva a la renovación de la teología. Con esto, puso en nuestras manos la clave para insertar en la teología un pensamiento histórico, o más bien, nos enseñó a pensar históricamente la teología y, precisamente de ese modo, a reconocer la identidad de la fe en todos los cambios. Debo abstenerme de profundizar, en este contexto, tal idea. Me parece que la contribución de Newman no ha sido todavía aprovechada del todo en las teologías modernas. Ella aún contiene en sí posibilidades fructíferas que esperan ser desarrolladas.

En este momento, sólo quisiera volver una vez más al trasfondo biográfico de esta concepción. Es sabido cómo la concepción de Newman sobre la idea del desarrollo ha marcado su camino hacia el catolicismo. Sin embargo, no se trata aquí sólo de un desarrollo carente de ideas. En el concepto de desarrollo está en juego la misma vida personal de Newman. Pienso que esto se hace evidente en su conocida afirmación, contenida en el famoso ensayo sobre "El desarrollo de la doctrina cristiana": "aquí sobre la tierra vivir es cambiar, y la perfección es el resultado de muchas transformaciones". Newman ha sido, a lo largo de toda su vida, alguien que se ha convertido, alguien que se ha transformado, y de este modo ha seguido siendo siempre él mismo y ha llegado a ser cada vez más él mismo.

Aquí me viene a la mente la figura de san Agustín, tan cercana a la figura de Newman. Cuando se convirtió en el jardín de Casiciacum, Agustín había comprendido la conversión según el esquema del venerado maestro Plotino y de los filósofos neoplatónicos. Pensaba que la vida pasada de pecado estaba ahora definitivamente superada; el convertido sería de ahora en más una persona completamente nueva y diversa, y su camino sucesivo habría consistido en un continuo ascenso hacia las alturas cada vez más puras de la cercanía de Dios, algo parecido a lo que describió Gregorio de Nisa en De vita Moysis: "Así como los cuerpos, apenas han recibido el primer impulso hacia abajo, se hunden por sí mismos sin ulteriores impulsos... así, pero en sentido contrario, el alma que se ha liberado de las pasiones terrenas, se eleva constantemente con un veloz movimiento de ascenso... en un vuelo que apunta siempre hacia lo alto".

Pero la experiencia real de Agustín era otra: tuvo que aprender que ser cristiano significa, más bien, recorrer un camino cada vez más fatigoso, con todos sus altibajos. La imagen de la ascensión es sustituida por la de un camino, en cuyas fatigosas asperezas nos consuelan y sostienen los momentos de luz que de vez en cuando podemos recibir. La conversión es un camino, un camino que dura toda una vida. Por eso, la fe es siempre desarrollo y, precisamente de este modo, maduración del alma hacia la Verdad, que "es más íntima a nosotros que nosotros mismos".

Newman expuso en la idea del desarrollo la propia experiencia personal de una conversión nunca dada por concluida, y así nos ha ofrecido la interpretación no sólo del camino de la doctrina cristiana sino también de la vida cristiana. El signo característico del gran doctor de la Iglesia es, en mi opinión, que él no enseña sólo con su pensamiento y sus discursos sino también con su vida, ya que en él pensamiento y vida se compenetran y se determinan recíprocamente. Si esto es cierto, entonces realmente Newman pertenece a los grandes doctores de la Iglesia porque, al mismo tiempo, él toca nuestro corazón e ilumina nuestro pensamiento.

[Fuente: Sitio de La Santa Sede 

Traducción: La Buhardilla de Jerónimo]


Publicado por Desconocido @ 22:57  | Hablan los obispos
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ZENIT   publica el mensaje que ha escrito el cardenal  Lluís Martínez Sistach, arzobispo de Barcelona, en preparación de la visita de Benedicto XVI a Barcelona.

 

Cuando llegamos a mediados de setiembre todo vuelve a la normalidad, después del paréntesis estival.  La vuelta de los niños al colegio, marca también la vuelta a la normalidad en la vida de las familias. Y otro tanto sucede en la vida de las parroquias, de los movimientos, de las escuelas cristianas y de las otras instituciones de la Iglesia.

Empieza un nuevo curso, y empieza cuando faltan menos de dos meses para acoger, los próximos 6 y 7 de noviembre, la visita apostólica que el Santo Padre hará a Barcelona para la dedicación del templo de la Sagrada Familia. En estos dos meses hemos de intensificar nuestra preparación.

Me parece que la visita apostólica del Papa es lo suficientemente importante, como acontecimiento espiritual, para que marque el tono del reemprender las actividades religiosas y pastorales de toda la diócesis. ¿Cómo debemos prepararnos para la venida del Santo Padre?

En primer lugar, con una actitud de agradecimiento a Benedicto XVI y con una plegaria constante para que esta visita del Papa dé muchos frutos espirituales y pastorales. La visita del Santo Padre a una diócesis y  a una ciudad es algo extraordinario, ya que él no puede viajar a todas las diócesis del mundo.

No podemos dejar pasar la visita del Santo Padre como si fuera un acontecimiento ciudadano más. Por ello, la diócesis ha preparado unas catequesis o unos temas de reflexión de los que se ha hecho amplia divulgación, y que han de ser una ayuda para esta preparación espiritual de la visita. Se ha dicho que la visita del Papa es un desafío para la Iglesia de Barcelona. Y todos hemos de disponernos para responder bien a este desafío.

Por ello debemos prepararnos intensamente y hemos de enmarcar esta santa visita con toda la pastoral ordinaria que estamos realizando día tras día en nuestra diócesis, en las parroquias y en las instituciones eclesiales. Y deseamos que todo Cataluña y España entera se sientan implicadas en esta visita del Papa para la dedicación del templo de la Sagrada Familia.

El día 7 del próximo mes de noviembre se cumplirán los veintiocho años de la visita del Papa Juan Pablo II a Barcelona y a Montserrat, y concretamente también al templo de la Sagrada Familia. Fue el mismo día y el mismo mes del año 1982. Ahora recibiremos con gozo a su sucesor.

Pienso que el Santo Padre nos dará lo que es propio de su ministerio como sucesor del apóstol Pedro: nos confirmará en la fe. Él tiene una misión muy especial al servicio de toda la Iglesia y, por tanto, contribuirá a enriquecernos con l catolicidad que ha de vivir siempre la Iglesia diocesana entera.

Por otra parte, la solicitud del Papa hacia todas las Iglesias debiera hacer crecer en nosotros el espíritu misionero dentro de casa y cara a los países de misión. La visita del Papa puede suscitar nuevas vocaciones misioneras entre los sacerdotes y los laicos. Y sin duda reafirmará la romanidad de nuestra archidiócesis y de Cataluña, que ha de ser una característica nuestra para ser fieles a nuestra identidad. No podemos olvidar que en la versión catalana del Credo proclamamos que creemos en la Iglesia, católica, apostólica y "romana".


Publicado por Desconocido @ 22:50  | Hablan los obispos
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ZENIT  publica un artículo del cardenal Keith O'Brien, arzobispo de San Andrés y Edimburgo y presidente de la Conferencia Episcopal de Escocia.

La tierra de san Ninián espera a Benedicto XVI

Benedicto XVI llegará a Edimburgo el 16 de septiembre para una visita de cuatro días en el Reino Unido. La capital de Escocia es también la sede del arzobispo de San Andrés y Edimburgo, que recibirá al Papa. Inmediatamente después de la llegada, el Pontífice será llevado al palacio real de Holyrood House, donde tendrá un histórico encuentro con Su Majestad la Reina Isabel, algunos miembros del Gobierno, parlamentarios y otras autoridades provenientes de Escocia, Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte.

Los católicos de Escocia están orgullosos de poder dar la bienvenida al Pontífice al comienzo de su visita, en el día de la fiesta de San Ninián de Galloway, apóstol de Escocia. La tradición narra cómo Ninián viajó desde Roma, donde había sido ordenado obispo, y llegó a Escocia más de mil quinientos años atrás, en el 397. Él fundó una pequeña comunidad cristiana en el extremo sur de Escocia, que denominó White House y hoy es conocida con el nombre de Withorn, según la corrupción dialectal. Hoy reivindica ser la primera ciudad escocesa y una de las primeras colonias del país.

Si bien la falta del tiempo, en un programa de visita muy apretado, no permitirá a Benedicto XVI visitar Whirthorn, san Ninián estará igualmente presente durante la jornada. Mientras el Papa se encuentre en el Holyrood Palace, se realizará un desfile en el centro de Edimburgo para recordar la fiesta del santo, con la participación de los niños provenientes de las escuelas de toda Escocia. Habrá un espectáculo teatral histórico al aire libre, que hará revivir importantes momentos del desarrollo del territorio hoy conocido con el nombre de Escocia; el patrimonio cultural escocés será celebrado con la tradicional música de las cornamusas.

Después de despedirse de la Reina Isabel, Benedicto XVI atravesará con el papamóvil el centro de Edimburgo, donde será celebrado por niños y por otras personas reunidas para asistir a un evento histórico. Después de la pausa de la tarde, Benedicto XVI se dirigirá a Glasgow. También aquí pasará de nuevo entre la multitud a bordo del papamóvil, dirigiéndose al Bellahouston Park, donde celebrará la Misa frente a más de cien mil personas, a las cuales se unirán otras millones en todo el mundo, que asistirán al evento a través de la televisión o por medio de Internet.

Los coros reunidos de varios centenares de cantantes, junto a los músicos de acompañamiento, contribuirán con la celebración de la Misa para la fiesta de san Ninián. Esperamos con ansia las palabras que el Papa nos dirigirá en su homilía.

En vista de su reciente decisión de instituir un Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, las palabras que él dirigirá al pueblo escocés asumirán un valor particular. Vivimos en una tierra donde más de mil quinientos atrás fueron sembradas las primeras semillas del Evangelio. Hicieron de ella una tierra de santos y de estudiosos, conocida por haber dado a luz a misioneros como Columba, a santos hombres y mujeres como Margarita, reina de Escocia, a estudiosos como Juan Duns Scoto, y por ser la sede de renombradas comunidades monásticas, como las Border Abbeys, y de famosos centros de instrucción desarrollados gracias a la fundación por parte de la Iglesia de grandes universales en la época medieval.

Una gran ruptura con el pasado se verificó en el siglo XVI a causa de la reforma protestante, cuando casi toda la población de Escocia continental y de muchas de las islas abandonó gradualmente la fe católica de los propios antepasados para abrazar el presbiterianismo. La celebración de la Misa fue prohibida y los sacerdotes fueron perseguidos y expulsados. Un caso famoso fue el del sacerdote jesuita John Ogilvie, arrestado mientras celebraba para la minúscula comunidad católica de Glasgow. Fue encarcelado y ejecutado en 1615. Y en 1976 fue canonizado por Pablo VI.

Desde la muerte de John Ogilvie hasta la llegada de los inmigrantes católicos de Irlanda al comienzo del siglo XIX, prácticamente no quedaron católicos en las ciudades y en los pueblos principales de Escocia. Gradualmente, sin embargo, comenzó a establecerse una población católica. La mayor parte de estas personas era pobre e inculta. La necesidad de instrucción de los hijos de los inmigrantes católicos era muy sentida y a medida que la población católica crecía, aumentaba también el número de sacerdotes, religiosos y religiosas que llegaban para ocuparse de ellos. La educación católica era brindada junto a la impartida en las escuelas e inspirada en una ética presbiteriana. A pesar de la calidad de la instrucción recibida, para los jóvenes católicos era prácticamente imposible tener acceso a la educación universitaria y a las profesiones. Animada y sostenida por la perseverancia de sacerdotes, hermanos y, en medida muy significativa, congregaciones religiosas femeninas, la pequeña pero creciente comunidad continuó creyendo en el valor de la educación. De este modo, con clarividencia y muchos sacrificios, se realizó todo esfuerzo para hacer que los niños pudieran frecuentar la escuela católica. Un pequeño número de miembros ilustrados de la sociedad más amplia apoyó tales esfuerzos desde el comienzo, al punto que el sistema escolar católico pudo crecer y desarrollarse en forma paralela al brindado por el Gobierno, hasta que en 1918 el Estado accedió a asumir la responsabilidad financiera y administrativa de las escuelas católicas, permitiendo al mismo tiempo a la Iglesia mantener la responsabilidad directiva, asegurando de este modo, dentro del sector estatal, la gestión católica y la identidad de las escuelas católicas, que continúa hasta hoy.

La población católica de Escocia continuó creciendo durante la segunda mitad del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX. A los que habían llegado desde Irlanda, se sumaron otros provenientes de Italia y de Europa central y oriental. En el siglo XX los católicos dieron una contribución cada vez más grande a toda la sociedad escocesa, en los lugares de trabajo y en las profesiones. Continuaron los fuertes vínculos con las otras comunidades católicas, especialmente con Irlanda, donde todavía hoy tienen sus raíces muchos de los sacerdotes que sirven a la Iglesia en Escocia. Vínculos con los católicos escoceses pueden encontrarse en Canadá donde, en la diócesis de Antigonish (cuyo patrono es san Ninián), los descendientes católicos de los inmigrantes escoceses todavía hablan gaélico.

Otros vínculos pueden llevarnos a Australia y es con gran alegría y orgullo que los católicos escoceses, especialmente los de la diócesis de Argyll and The Isles, esperan con ansia la canonización, en octubre de este año, de la beata Mary MacKillop, cuyos padres emigraron desde Escocia a Australia en el siglo XIX.

En 1982 Juan Pablo II visitó Escocia y dejó un recuerdo duradero no sólo entre los católicos sino también en la más vasta comunidad cristiana y en la entera sociedad. Animó a la Iglesia católica de Escocia a tener un rol decisivo en la vida del país y especialmente a ir adelante en el diálogo ecuménico con los hermanos y hermanas cristianos.

En este 2010 esperamos con ansia la visita de Benedicto XVI mientras miramos hacia el futuro con confianza. En años recientes, la comunidad católica se ha hecho más rica, gracias a una nueva ola de inmigración desde Europa central y oriental, especialmente de Polonia y de la India meridional. La necesidad de un diálogo entre las religiones se ha vuelto mucho más apremiante de lo que era treinta años atrás. Confiamos en que la voz del Papa será escuchada por nuestros hermanos y hermanas en Cristo, por la gente de otras religiones y por todas las personas de buena voluntad.

Por nuestra parte, como católicos podemos estar seguros de que él nos confirmará en la fe y nos dará el ánimo y el apoyo que necesitamos para afrontar los desafíos del presente y seguir dando testimonio de Cristo, que es camino, verdad y vida. 

[Publicado en L'Osservatore Romano
Traducción: La Buhardilla de Jerónimo]

 


Publicado por Desconocido @ 22:47  | Habla el Papa
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Declaración que se ha leído durante una conferencia de prensa de Mons. Oscar Aparicio, Obispo auxiliar de La Paz y Secretario general de la Conferencia Episcopal de Bolivia (CEB). (Fides)

La vida, don sagrado de Dios. 

La Conferencia Episcopal Boliviana sigue con honda preocupación las noticias de frecuentes casos de linchamientos en diferentes puntos del país. Todos ellos, indistintamente, desprecian el valor sagrado de la vida como don de Dios, y vulneran profundamente la dignidad humana y, por tanto, las bases fundamentales de la construcción de nuestra sociedad.

Desde hace tiempo se producen estos crímenes, sin embargo en estos últimos años han recrudecido en número y con características de una violencia brutal e inhumana, justificados con argumentaciones insostenibles y que, en ciertos casos, rayan en la apología del delito. Lo que causa aún más inquietud es el hecho que las autoridades responsables del orden y de la defensa de los derechos de los ciudadanos, no logran prevenir ni sancionar adecuadamente a los responsables de semejantes hechos. La violencia y la muerte no son solución a los problemas del hombre. Es necesario considerar que sólo la racionalidad en las acciones humanas permitirá una sociedad en paz y amor.

Se podrían identificar distintas causas de orden social, cultural y económico de estos hechos, sin embargo, la raíz de este mal está en que hemos desterrado de nuestra vida personal y de nuestra sociedad a Dios,  lo que induce la falta de referencia moral  en el actuar y el desprecio a la vida en el corazón de las personas.

Es importante advertir que estos casos resultan también como consecuencia de una malentendida “justicia comunitaria”, agravada por las ambigüedades contenidas en la actual legislación, que no reglamenta sus alcances y responsabilidades, y en la que pretenden ampararse muchos de los responsables de estos crímenes.

Una verdadera democracia no se edifica sobre la muerte, hay que tener la capacidad para encontrar alternativas de rehabilitación para las personas que cometen faltas graves, pero jamás eliminarlos, eso no es ético, ni humano, ni mucho menos cristiano.

En nombre de Dios condenamos vehementemente estos hechos y reafirmamos que “sólo Dios es Señor de la vida y de la muerte. El respeto debido a la inviolabilidad y a la integridad de la vida física tiene su culmen en el mandamiento positivo: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, con el cual Jesucristo obliga a hacerse cargo del prójimo”. (Compendio de la DSI Nº 112).

Como Iglesia Católica pedimos a todos los bolivianos que desterremos de una vez para siempre de nuestro país estas prácticas inhumanas, que redescubramos los auténticos valores humanos y cristianos que nacen de la fe en el Dios de la Vida y del Amor.  A las instancias responsables civiles y policiales pedimos que extremen esfuerzos y tomen urgentemente todas las medidas necesarias para desterrar este grave flagelo, esclareciendo con prontitud estos hechos y sancionando a los culpables, puesto que ningún argumento, social, cultural o moral puede justificar estos asesinatos.

Apostar por una cultura de vida es tener la capacidad de organizar la sociedad para que personas diferentes puedan vivir en un ambiente de complementariedad y mutuo beneficio. Que Nuestro Señor nos ayude a todos a comprometernos decididamente a favor del respeto y la promoción de la dignidad de todo ser humano.

Secretaría General de la
Conferencia Episcopal Boliviana
La Paz, 22 de septiembre de 2010


Publicado por Desconocido @ 17:41  | Hablan los obispos
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Roma (Agencia Fides) - La situación ocho años después de la guerra, la difusión de creencias como la brujería, la brecha existente entre ricos y pobres, la necesidad de re-evangelizar parte del país después de 20 años de marxismo, son algunas de las cuestiones tratadas por Su Excelencia Mons. Antonio Jaca, Obispo de Caxito en la siguiente entrevista a la Agencia Fides.

Excelencia ¿nos puede presentar su diócesis y en particular los problemas de la evangelización?

Caxito es una diócesis fundada por la división de la Archidiócesis de Luanda, de la que surgieron dos nuevas diócesis. Caxito tiene algo menos de un millón de habitantes de los cuales 400 mil son católicos. Existen diferentes sectas, principalmente de origen congoleño, y algunos fieles musulmanes, pero la mayoría de los habitantes son cristianos, especialmente católicos.
Angola en 1991 celebró sus 500 años de evangelización. Por lo tanto, no somos una nueva comunidad y llevamos sobre los hombros una larga historia de evangelización. Sin embargo hemos tenido más de 20 años de marxismo que ha dejado diversos daños, especialmente entre las generaciones más jóvenes. Hemos comenzado a re-evangelizar el país. No es tarea fácil, ya que se ha constatado que, a pesar de que las iglesias están llenas los domingos, la población no está suficientemente cristianizada. La fe no es lo suficientemente fuerte para combatir contra fenómenos como las sectas o contra viejas creencias como la brujería. Hace falta puntar en al formación para asegurar que los nuevos bautizados estén bien formados, hacer hincapié en la formación bíblica de nuestros fieles. Para estas tareas contamos con los catequistas. El reto es formarles para que sean una valiosa ayuda para los sacerdotes.

El Santo Padre durante su visita a Angola, advirtió a los fieles contra la brujería. ¿Puede describirnos el fenómeno?

Las creencias relacionadas con la brujería son un problema muy grave, sobre todo porque hay niños y ancianos acusados de brujería. Es un problema que preocupa a la Iglesia, pero también el Estado ha comenzado a tomar nota del peligro que representan estas creencias. Desde la perspectiva de la Iglesia quién cree en la brujería es una persona que ha sido suficientemente evangelizada, cuya fe no es lo suficientemente fuerte para hacer que Cristo sea la única respuesta de su vida. Intentamos formar a estas personas, diciéndoles que el mal existe, el diablo trabaja, pero Cristo ha vencido el mal con la Resurrección. Así que la fe nos dice que no hay nada más poderoso que Jesús. Así que no hay razón para creer en los espíritus malignos que nos hacen daño, porque la fe es nuestra mayor seguridad contra el mal. Estas creencias están arraigadas en la cultura popular. Tenemos que trabajar sobre todo con las nuevas generaciones para superar estas supersticiones, aumentando su fe. Porque cuanto más fuerte es la fe, más se es capaz de superar este tipo de creencias.

La brujería ¿es un síntoma de la propagación, también en Angola, de la cultura materialista?

No, tiene más que ver con la pobreza, la miseria, las dificultades de la vida y la cultura local. En la cultura Bantu hay que tener respuestas para todo: si alguien muere hay que saber por qué ha muerto... Esto significa entender cómo murió, quién lo mató. A esto se añade la pobreza, la falta de servicios sanitarios, la desnutrición, la alta mortalidad infantil que todavía existe. Las personas se enfrentan a estas dificultades tratando de salir a través de la brujería o entrando en las sectas, que refuerzan esas creencias.

La guerra civil terminó en 2002 ¿ha dejado consecuencias en su diócesis?

La mayor parte de mi diócesis se ha visto afectada por la guerra. En el territorio se han establecido poblaciones originarias del sur de Angola. Existe el problema de hacerles regresar a su zona de origen, pero no es fácil, porque la guerra ha causado heridas muy graves. Es cierto que el pueblo angoleño ha optado por olvidar el pasado, pero las heridas aún no han sido sanadas, la gente encuentra dificultades para perdonar. Por tanto, debemos continuar la obra de la reconciliación. Hemos creado la Comisión “Justicia, Paz y Reconciliación” que trabaja para la población no sólo se olvide, sino que también perdone.
La guerra ha causado daños sociales muy graves, pero esto se ven agravado por el hecho de que no existe suficiente atención a nivel político para estos problemas. Hace falta invertir en la educación y en el sistema sanitario. Durante mis tour por la diócesis he visto misiones completamente destruidas a la espera de ser reconstruidas, me he dado cuenta de que las carreteras son insuficientes y he encontrado personas desplazadas sin papeles que tienen problemas para registrar a sus hijos.

¿Se ha avanzado en la redistribución de los ingresos del petróleo de Angola?

Se ha avanzado en términos económicos. En particular, se han reconstruido las principales carreteras que unen las ciudades más importantes, se han construido hospitales y escuelas, han aumentado las inversiones extranjera en el país. El problema es que estos beneficios económicos tardan en traducirse en una mejora de la vida de la población. Hay mucho dinero que circula en el país, pero que no se distribuye. La brecha entre ricos y pobres está creciendo y esto puede llevar a tensiones sociales. Se requieren mayores esfuerzos para mejorar la vida de las personas. Como parte de la Comisión Episcopal “Justicia y Paz” participo en un programa de supervisión de los presupuestos del Estado para controlar cómo se gasta el dinero público. En el país crece la conciencia de hacer que la política rinda cuentas de su responsabilidad con respecto al bienestar de la población. (L.M.) (Agencia Fides 23/9/2010)


Publicado por Desconocido @ 17:37  | Entrevistas
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jueves, 23 de septiembre de 2010

Artículo de monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas, en el bicentenario de México, sobre las "Excomuniones de Hidalgo y Morelos".

VER

Al celebrar el bicentenario de nuestra independencia, recordamos que fueron sacerdotes quienes la encabezaron, pues al estar muy cerca del sufrimiento del pueblo oprimido, sintieron en carne propia la necesidad de justicia y libertad.

Sin embargo, los no católicos no toleran que aduzcamos su sacerdocio como elemento inspirador de su lucha libertaria, y nos echan en cara que se les excomulgó, se les degradó, se les condenó y se les fusiló. Al sacerdote Miguel Hidalgo, en vez de darle el título que la gente le daba de "Padre Hidalgo", le llaman con menosprecio "el Cura Hidalgo".

¿Qué decimos los obispos, en nuestra carta pastoral "Conmemorar nuestra historia desde la fe, para comprometernos hoy con nuestra patria"?

JUZGAR

"La reacción contraria (al movimiento de independencia) de miembros de la Jerarquía eclesiástica se debió, primero, a que todos ellos habían obtenido su nombramiento por el regalismo imperante, que por principio excluía la independencia de estos reinos; en segundo lugar, a que algunos, aun cuando estimaban necesarias varias reformas benéficas al país, consideraban que la vía de una insurrección violenta traería mayores males; finalmente los excesos en que cayeron algunos insurrectos confirmaron esta idea.

En el caso de Hidalgo, desde 1800 se habían hecho denuncias por proposiciones supuestamente heterodoxas y por vida disipada en San Felipe. Sin embargo, ante la falta de pruebas y más bien gracias a testimonios muy favorables de la ortodoxia de Hidalgo, así como de un cambio de vida, se archivó el caso y los propios inquisidores reconocieron que la fama de Hidalgo era de "sabio, celoso párroco y lleno de caridad". Sin embargo, luego del Grito de Dolores, el fiscal de la Inquisición lo acusó de hereje e Hidalgo fue citado a comparecer. Respondió algunos cargos desde Valladolid, y a todos puntualmente ya prisionero en Chihuahua, confesando su íntegra fe católica.

Manuel Abad y Queipo, Obispo Electo de Valladolid, fue el primer prelado que reprobó la Insurrección y además declaró que Hidalgo y todos sus seguidores y favorecedores habían incurrido en excomunión por aprehender a personas consagradas. Esta reprobación y declaración fue refrendada luego por otros obispos. Los posteriores degüellos ocultos, sin juicio, de centenares de peninsulares civiles extraídos de sus hogares, autorizados por Hidalgo, pusieron en entredicho la justicia del levantamiento y ciertamente, al incluirse dos personas consagradas en esos crímenes, acarrearon la excomunión sobre sus autores. Hidalgo, durante los más de cuatro meses de su prisión, reconoció este exceso de su movimiento, se dolió de ello, lo confesó sacramentalmente y le fue levantada, desde entonces, tal excomunión.

En cuanto a Morelos y otros, se les acusó de herejes. La ceremonia de degradación impuesta a Hidalgo, Morelos y otros sacerdotes insurgentes, no fue sino una formalidad para despojarlos del fuero eclesiástico y así poder ejecutarlos.

José María Morelos e Ignacio López Rayón, principales caudillos continuadores de Hidalgo, se apartaron de tales crímenes. No obstante, el mismo Abad y Queipo los declaró nominalmente excomulgados, así como a otros insurgentes, porque supuestamente no reconocieron la potestad de los obispos. Morelos, en manos de sus verdugos, también se reconcilió sacramentalmente varias veces, y aun cuando tuviera por inválida aquella excomunión, le fue levantada.

La Iglesia participó en el homenaje de los caudillos insurgentes, recibiendo solemnemente los restos mortales de Miguel Hidalgo, de José María Morelos, y otros, en la Catedral Metropolitana de la Arquidiócesis de México (1823)".

ACTUAR

Reconozcamos virtudes y errores de nuestros héroes, y aprendamos a luchar pacíficamente contra la injusticia, la exclusión de los pobres, la corrupción, la inseguridad, la violencia, el narcotráfico y todos los males que limitan nuestra independencia y libertad.

Puede leerse el texto completo de la Carta Pastoral con motivo del bicentenario del México en la página de la Conferencia del Episcopado Mexicano: http://www.cem.org.mx


Publicado por Desconocido @ 22:56  | Hablan los obispos
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ZENIT   publica el mensaje que ha escrito monseñor Francisco Gil Hellín, arzobispo de Burgos, en preparación de la beatificación de John Henry Newman durante el viaje que Benedicto XVI realizará del 16 al 19 de setiembre a Gran Bretaña. 

John Henry Newman, intelectual, sacerdote y santo

El próximo 19 de septiembre, el Papa Benedicto XVI beatificará a John Henry Newman, más conocido como "el Cardenal Newman", en el aeropuerto de Londres. Se trata de un acto de enorme calado y proyección, porque así hay que calificar tanto el hecho de que sea el Papa de Roma quien acuda a beatificar a un ex miembro de la Iglesia anglicana, precisamente en el corazón de esa misma Iglesia, como el que pueda hacerlo sin que se conmuevan los cimientos de la Iglesia de Inglaterra, en la que la Reina es su Jefe Supremo. No es, pues, de extrañar que el acto haya suscitado un inusitado interés y sea cubierto por una nube de periodistas.

¿Quién era Newman? Newman fue un inglés nacido en Londres, cuyo padre era banquero y su madre pertenecía a una familia de fabricantes de papel. A los siete años fue enviado a una escuela privada, donde se distinguió por su inteligencia y buena conducta. Pronto comenzó a leer la Biblia, por la que se sintió no sólo atraído sino subyugado. Más adelante realizó los estudios universitarios, en los cuales volvió a sobresalir. Pero no se encerró en lo estrictamente académico, pues representó obras de teatro en latín, tocaba el violín, ganó premios de oratoria y editó publicaciones periódicas.

El año 1816 tuvo una influencia decisiva en su vida. El banco de su padre dio en quiebra, como consecuencia de las guerras napoleónicas, y él mismo contrajo una grave enfermedad, que, a la larga, sería una de las tres enfermedades que él calificaría luego como ‘providenciales'. Además, tuvo una conversión religiosa, en cuanto que su fe derivó hacia posiciones evangélicas y calvinistas, llegando a sostener que el Papa era el Anticristo. Años más tarde, en 1824, fue ordenado presbítero de la Iglesia de Inglaterra. Por esa época se convirtió en párroco de St. Clement, en Oxford, donde permaneció dos años, aunque sacando tiempo para publicar importantes y densos artículos.

A finales de 1827, Newman sufre una especie de colapso nervioso, provocado por el exceso de trabajo y los problemas financieros de la familia, a lo que se unió la muerte repentina de su hermana menor. Poco después, en las vacaciones de 1928, comenzó a leer sistemáticamente las obras de los Padres de la Iglesia.

Entró en el llamado Movimiento de Oxford, el cual trataba de demostrar que la Iglesia de Inglaterra era la descendiente directa de la Iglesia de los Apóstoles. Esto le llevó más tarde a reconsiderar la relación de la Iglesia de Inglaterra con la Iglesia Católica Romana. Los puntos de vista de Newman fueron asumiendo progresivamente un mayor tono católico. En 1842 se retiró a Littlemore y vivió como monje con un pequeño grupo de seguidores y en condiciones de gran austeridad física. A sus discípulos les asignó la tarea de escribir sobre la vida de los santos ingleses, mientras él escribía «Ensayos sobre el desarrollo de la doctrina cristiana». Poco a poco se fue reconciliando con el dogma y la liturgia de la Iglesia Católica. En 1843 hizo una retractación formal de todas las afirmaciones pronunciadas contra la Iglesia Romana y en septiembre de ese mismo año predicó su último sermón como anglicano. Dos años más tarde se convirtió al catolicismo, siendo ordenado sacerdote católico en junio de 1847.

En 1889 a los 88 años de edad, fue nombrado por León XIII cardenal de la Iglesia Católica. Murió el 11 de agosto del año siguiente. En 1991 fue declarado Venerable y el 3 de junio de 2009 la Santa Sede promulgó el decreto que le atribuye un milagro. El próximo 19 de septiembre será beatificado por Benedicto XVI.

El nuevo beato nos ha dejado en herencia tres grandes amores: a la verdad, a la Sagrada Escritura y a los Padres de la Iglesia. Los tres son de suma actualidad e importancia.


Publicado por Desconocido @ 22:51  | Hablan los obispos
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Desde la Oficina de Prensa del Obispado de Tenerife nos envían el siguiente guión litúrgico para la celebración del "Día de la Merced".

«24 de Septiembre:Dia de la Merced» 
A tener en cuenta el mismo dia 24 viernes o este fin de semana. Se podrían usar las oraciones del Misal “misa por los encarcelados” 

1. MONICIÓN DE ENTRADA        

         Nos reunimos en el nombre del Señor Jesús para celebrar la eucaristía, memorial de su muerte y resurrección. Como cada año al comienzo del curso pastoral, celebramos la Campaña de la Merced, patrona de las prisiones, que nos llama a solidarizarnos con todos los privad@s de libertad. No podemos olvidar que siguen habiendo miles de personas en situación de exclusión y marginación social.

         En esta campaña de sensibilización se nos invita de una manera especial a reflexionar sobre la situación de tantos hermanos nuestros a los que al dolor de la reclusión se les une el de la enfermedad física o psíquica.

Comenzamos la eucaristía. 

2. ORACIÓN DE LOS FIELES 

Unidos y con confianza filial, oramos a Dios, Padre de todos los hombres. 

1.- Para que en nuestro mundo tan dividido entre ricos y pobres haya una mayor solidaridad y se combata la desigualdad y la injusticia defendiendo el derecho a vivir con dignidad que tienen los pobres de la tierra. Roguemos al Señor. 

2.- Por las personas que buscan una salida digna a sus vidas. Por aquellos que sufren la marginación y el olvido por causa de su enfermedad. Para que las instituciones públicas y nuestra propia Iglesia pongan en marcha todos los recursos posibles para impulsar de manera eficaz procesos de inserción social para los más pobres y excluidos. Roguemos al Señor. 

3.- Por los voluntarios de la Pastoral Penitenciaria de nuestra Diócesis. Para que conscientes de la gran tarea que realizan ayuden al conjunto de la comunidad cristiana a  sentirse más cerca de todos los privados de libertad y a trabajar por conseguir su reinserción social.Roguemos al Señor 

4.- Por cuantos nos hemos reunido en esta eucaristía. Para que el Señor mueva nuestros corazones y nos lleve a estar más cerca de las personas más excluidas. Roguemos al Señor. 

Señor, que el amor con el que tú nos amas despierte en nosotros una mayorsensibilidad hacia todos nuestros hermanos. Por Cristo nuestro Señor


Publicado por Desconocido @ 17:30  | Liturgia
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REDACCIÓN DE "IGLESIA NIVARIENSE"
C. San Agustín, nº 28
38201. La Laguna. Tenerife.
Tfno. 922-25 86 40 / Extensión 8
e-mail: iglesianivariense@obispadodetenerife.es

Boletín 402 

LAS NOTICIAS AMPLIADAS EN EL BLOG: http://www.comunicacionobispadodetenerife.blogspot.com/ 

    La tradicional festividad de Los Reyes volverá a reunir a los herreños con la Patrona el 24 de septiembre. Durante la noche, los devotos de la Madre Amada irán acercándose al santuario de La Dehesa en la tradicional peregrinación de los Faroles. A primera horas de la mañana del viernes, 24, se celebrará una misa para peregrinos. Posteriormente, a las once de la mañana, el Vicario General, Antonio Pérez, presidirá una Misa en el Santuario, en la cual se bendecirá el nuevo retablo de la Virgen. Tras la Eucaristía la Imagen será sacada en procesión.

                Ese mismo día, se celebra a la patrona de las personas que están presas y de los trabajadores de los centros penitenciarios, Nuestra Señora de la Merced.  Con tal motivo, el obispo presidirá una Eucaristía en la cárcel de Tenerife. Tras la Eucaristía, se desarrollará un acto institucional en donde la Pastoral Penitenciaria de la diócesis recibirá la Medalla de Plata al Mérito Social, premio que otorga la Secretaria General de Instituciones Penitenciarias

      El Obispo, Bernardo Álvarez, se ha reunido con los sacerdotes de servicio en las islas de La Gomera, El Hierro y la Palma a los que ha impartido el retiro de comienzo de curso. Igualmente esta cita, ha servido para exponer el objetivo preferente del vigente Curso y la próxima evaluación del Plan Diocesano de Pastoral. Además, los participantes pudieron compartir las distintas realidades pastorales de cada isla.

      El próximo sábado, 25 de septiembre, quienes se reunirán para programar el presente curso serán los miembros de la Vicaría de La Laguna y los coordinadores arciprestales de catequesis.

 El rotativo Diario de Avisos se ocupa en una amplia información publicada este jueves de la situación de dificultad por la que pasa el Archivo Histórico Diocesano. El periódico recoge unas declaraciones de su director, Miguel Ángel Navarro, en la que expone que se recibe un millar de solicitudes de certificados de nacimiento de antepasados canarios, una situación que no puede sostener sin el apoyo de las administraciones.

Este sábado, en la parroquia de El Paso se celebrará una Misa de acción de gracias en el momento de la despedida del “instituto secular catequistas de la Virgen del Pino”.

     Francisco Ruiz Pérez, S.J., tomó posesión de su cargo de provincial de España de la Compañía de Jesús, en la parroquia jesuita de San Francisco de Borja (Madrid). Con un sencillo acto de lectura del nombramiento del cargo y una eucaristía posterior, el jesuita palmero Francisco Ruiz Pérez, S.J., se convirtió oficialmente en el nuevo provincial de España. Entre sus retos estará impulsar la integración de las provincias jesuitas, un proceso que está previsto finalice en 2016.

      La Basílica de Candelaria acogió la profesión como dominico de Ángel Luis Fariña Pérez. La celebración estuvo presidida por el prior de la Basílica Fray Alexis. Fariña ha indicado que "mi profesión en la Orden de Predicadores se ha llevado a cabo en Tenerife, porque así lo deseaba yo y así lo ha tenido a bien el Prior Provincial. Yo no olvido, ni puedo olvidar, ni quiero, que esta es mi tierra; que aquí comenzó mi formación y que gracias a esta Diócesis he llegado a donde me encuentro hoy. Estoy infinitamente agradecido a esta Iglesia Diocesana, la cual me tiene a su entera disposición".

Ya está disponible, en las librerías diocesanas el plan de formación continua para los catequistas. Durante los dos próximos años, estos agentes de pastoral son invitados a capacitarse en relación a los contenidos de la catequesis. Para ello, el material formativo repasa el contenido del Credo.

      El próximo 1 de octubre, a partir de las 19:00 horas,  tendrá lugar la apertura de curso del Instituto Superior de Teología de Tenerife y del Seminario. Tras la Eucaristía en la capilla del centro, presidida por el Obispo, Bernardo Álvarez, se desarrollará la sesión académica.

     Con una notable participación se desarrolló en el colegio de La Milagrosa, en la Orotava un curso formativo titulado: "los jóvenes y los sacramentos". Distintos miembros del departamento de pastoral con jóvenes y de catequesis, están llevando adelante esta iniciativa dirigida, fundamentalmente, a catequistas y jóvenes de esta zona norte de Tenerife.

    Asimismo, el departamento de pastoral con jóvenes ha organizado un concierto sobre la vida de San Pablo en la sala Teobaldo Power de La Orotava para el 16 de octubre. Se trata de una iniciativa que servirá como introducción para el Encuentro Diocesano con Jóvenes en Noviembre. El concierto comenzará a las 20:30 horas y el precio de las entradas es de 10 Euros.

   El Obispo bendijo las obras de restauración en el Santuario de Puntallana agradeciendo a las distintas administraciones públicas el esfuerzo realizado en la recuperación de este espacio. La patrona gomera, Nuestra Señora de Guadalupe, se encuentra ya en este remozado santuario, tras permanecer casi dos años en el templo de la Asunción, a donde fue trasladada, en el marco de su lustral “Bajada”, en octubre de 2008.

   Los próximos días 1 y 2 de octubre, los responsables nacionales de Radio María estarán en Tenerife para llevar a cabo un encuentro con los oyentes. El sacerdote y director de contenidos de la cadena, Esteban Munilla y el coordinador de la emisora, Rafael Lozano estarán el 1 de octubre, a las 20:15 horas, en el salón de actos del colegio salesiano “San Isidro”, en La Orotava. Un día más tarde, se desplazarán a Santa Cruz de Tenerife. En la capital tinerfeña realizarán un programa en directo, a las 16:00 horas desde el salón de actos de la parroquia de San Francisco de Asís, presentando la nueva programación de Radio María. Posteriormente, a las 18:00 horas, tendrá lugar otro encuentro con los oyentes de Radio María.

   A las 21:00 horas del jueves 23, se llevará a cabo el tercer y último acto del programa de conciertos de Luna, que se celebra en Chinguaro. Organizado por Cáritas Interparroquial de Güímar y la Mayordomía de Chinguaro, en esta ocasión la actuación prevista será la del grupo “Insomnia”, que ofrecerá un repertorio de jazz, blues y pop.

  Esta semana el barrio de Redondo se engalanó de nuevo para celebrar que hace 50 años se bendijo la ermita dedicada a San Pedro y la Virgen de la Piedad. Dicha ermita fue construida por los mismos vecinos.

  El Ayuntamiento de La Laguna sufragará el alojamiento y atención especializada de 25 mayores del municipio en la casa de acogida Madre del Redentor. Ello será posible a raíz de la prórroga del convenio de colaboración con esta fundación que ha suscrito el alcalde, Fernando Clavijo, por un importe anual de 33.549 euros con destino a sufragar los gastos de este servicio.

  En Adeje, dentro de la II Visita Lustral, la Virgen de la Encarnación tras acudir a la parroquia de Armeñime, se encaminó hacia Los Olivos donde estuvo acompañada por más de 1.000 personas entre las que se encontró un numeroso grupo procedente de La Gomera, concretamente de Valle Gran Rey que, junto a su alcalde le rindieron honores con su tradicional Ramo de Frutas y el acompañamiento del Grupo de Chácaras y Tambores, y del Grupo de Folclore. Posteriormente, se inició la procesión hasta el barrio de Las Nieves.

  El Ayuntamiento de La Laguna destinará una ayuda de 25.440 euros para financiar un proyecto de Cáritas Diocesana de Tenerife para la promoción de las personas en situación de exclusión social.

   La Virgen del Socorro continúa su visita a todas las zonas de este barrio de Tegueste con motivo de sus fiestas. La devoción hacia la Virgen Nuestra Señora del Socorro se ha venido manifestando en diversas formas desde la primera fundación de la ermita en el siglo XVI, convirtiéndola en uno de los puntos importantes de fervor mariano de Tenerife. La procesión de retorno a la iglesia de El Socorro será el sábado día 25 de septiembre.

  El pasado domingo 19 de septiembre tuvo lugar el sexto encuentro de la época moderna entre isoranos y romeros de Garachico, que desde 1995 visitan cada 5 años Guía de Isora con la primitiva imagen de la Virgen de Guía. Los romeros garachiquenses vienen a Guía casco, según marcaba la tradición, en procesión con la primitiva imagen de la Virgen de Guía que custodian en el convento de Garachico las monjas franciscanas concepcionistas. Además, se celebró una solemne función religiosa presidida por el vicario general de la Diócesis, Domingo Navarro Mederos.

  Ya se ha empezado a distribuir el programa de actos religiosos con motivo del 25 Aniversario de la Hermandad Lagunera de Nuestra Señora de Las Mercedes. Jesús Manuel Gil Agüín, párroco de Las Mercedes ha invitado a vivir estas fiestas entrañables con espíritu de fe. "Adornemos nuestras casas y hagamos fiesta, porque celebramos a nuestra Madre, aquella que siempre, a través de los siglos, ha estado con nosotros y ha intercedido ante Dios" - indica Agüín en la salutación del programa.

  El pleno del Cabildo insular de La Palma ha aprobado la propuesta de iniciar el expediente necesario para la concesión, a título póstumo, de Hija Adoptiva de La Palma a Sor Josefa Argote, en reconocimiento a sus años de trabajo y dedicación en la Villa de Garafía a favor de los más desfavorecidos. 

   “La vida es la más bella escuela” es el título del libro escrito por el sacerdote Cristóbal Pérez Vega que se presentará en el templo de Santiago Apóstol, en Gáldar, el 12 de octubre, a las 19:30 horas. Dicha obra comprende 130 poemas, divididos en siete capítulos, que realizan un viaje por las diferentes etapas de la vida de una persona. “La imagen de la portada refleja lo que pretendo transmitir con este libro” –indicó Pérez Vega. “Se trata de un viejo olivo que siempre da aceite fresca. Todos debemos pensar que una persona por vieja que sea y por otoños que viva, siempre puede dar lo mejor de sí mismo.”


Publicado por Desconocido @ 17:24  | Comunicados Diocesanos
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Reflexión de José Antonio Pagola para el evangelio del domingo veintiséis del Tiempo Ordinario - C, ofrecida por la Delegación Diocesana de Enseñanza de la Diócesis de Tenerife.

NO IGNORAR AL QUE SUFRE             

         El contraste entre los dos protagonistas de la parábola es trágico. El rico se viste de púrpura y de lino. Toda su vida es lujo y ostentación. Sólo piensa en «banquetear espléndidamente cada día». Este rico no tiene nombre pues no tiene identidad. No es nadie. Su vida vacía de compasión es un fracaso. No se puede vivir sólo para banquetear.

         Echado en el portal de su mansión yace un mendigo hambriento, cubierto de llagas. Nadie le ayuda. Sólo unos perros se le acercan a lamer sus heridas. No posee nada, pero tiene un nombre portador de esperanza. Se llama «Lázaro» o «Eliezer», que significa «Mi Dios es ayuda».

         Su suerte cambia radicalmente en el momento de la muerte. El rico es enterrado, seguramente con toda solemnidad, pero es llevado al «Hades» o «reino de los muertos». También muere Lázaro. Nada se dice de rito funerario alguno, pero «los ángeles lo llevan al seno de Abrahán». Con imágenes populares de su tiempo, Jesús recuerda que Dios tiene la última palabra sobre ricos y pobres.

         Al rico no se le juzga por explotador. No se dice que es un impío alejado de la Alianza. Simplemente, ha disfrutado de su riqueza ignorando al pobre. Lo tenía allí mismo, pero no lo ha visto. Estaba en el portal de su mansión, pero no se ha acercado a él. Lo ha excluido de su vida. Su pecado es la indiferencia.

         Según los observadores, está creciendo en nuestra sociedad la apatía o falta de sensibilidad ante el sufrimiento ajeno. Evitamos de mil formas el contacto directo con las personas que sufren. Poco a poco, nos vamos haciendo cada vez más incapaces para percibir su aflicción.

         La presencia de un niño mendigo en nuestro camino nos molesta. El encuentro con un amigo, enfermo terminal, nos turba. No sabemos qué hacer ni qué decir. Es mejor tomar distancia. Volver cuanto antes a nuestras ocupaciones. No dejarnos afectar.

         Si el sufrimiento se produce lejos es más fácil. Hemos aprendido a reducir el hambre, la miseria o la enfermedad a datos, números y estadísticas que nos informan de la realidad sin apenas tocar nuestro corazón. También sabemos contemplar sufrimientos horribles en el televisor, pero, través de la pantalla, el sufrimiento siempre es más irreal y menos terrible. Cuando el sufrimiento afecta a alguien más próximo a nosotros, no esforzamos de mil maneras por anestesiar nuestro corazón.

          Quien sigue a Jesús se va haciendo más sensible al sufrimiento de quienes encuentra en su camino. Se acerca al necesitado y, si está en sus manos, trata de aliviar su situación. 

José Antonio Pagola 

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
 26 de septiembre de 2010
26 Tiempo ordinario (C)


Publicado por Desconocido @ 17:13  | Espiritualidad
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miércoles, 22 de septiembre de 2010

ZENIT  nos ofrece el último discurso del Papa Benedicto XVI en tierras británicas, al despedirse del Primer Ministro David Cameron y de las autoridades que le acompañaron al aeropuerto internacional de Birmingham, el domingo 19 de Septiembre de 2010.

Señor Primer Ministro

Le agradezco sus cordiales palabras de despedida en nombre del Gobierno de Su Majestad y del pueblo del Reino Unido. Estoy muy agradecido por el intenso trabajo de preparación, tanto del Gobierno actual como del precedente, del servicio civil, de las autoridades locales y la policía, y de los numerosos voluntarios que pacientemente han ayudado a preparar los eventos de estos cuatro días. Gracias por vuestra calurosa acogida y por la hospitalidad que me habéis dispensado.

En el tiempo que he estado con vosotros, he encontrado a representantes de muchas comunidades, culturas, lenguas y religiones que componen la sociedad Británica. La gran diversidad de la moderna Gran Bretaña es un desafío para su Gobierno y su pueblo, pero también representa una gran oportunidad de mayor diálogo intercultural e interreligioso que enriquecerá a toda la comunidad.

En estos días, he agradecido la oportunidad de encontrarme con Su Majestad la Reina, así como con usted y otros líderes políticos, y hablar sobre cuestiones de mutuo interés, tanto internas como externas. Me he sentido particularmente honrado al recibir la invitación para dirigirme a las dos Cámaras del Parlamento en el histórico recinto de Westminster Hall. Deseo sinceramente que estos encuentros contribuyan a confirmar y fortalecer las excelentes relaciones entre la Santa Sede y el Reino Unido, especialmente en la cooperación para el desarrollo internacional, el cuidado del medio ambiente y la construcción de una sociedad civil con un renovado sentido de valores compartidos y metas comunes.

Fue asimismo una satisfacción visitar a Su Gracia, el Arzobispo de Canterbury, y a los Obispos de la Iglesia de Inglaterra, orando posteriormente con ellos y nuestros hermanos cristianos en los sugerentes alrededores de la Abadía de Westminster, un lugar que habla con mucha elocuencia de las tradiciones y cultura que compartimos. Puesto que Gran Bretaña acoge a muchas tradiciones religiosas, he agradecido la oportunidad de encontrar a sus representantes y compartir con ellos algunas ideas acerca de la contribución que las religiones pueden ofrecer al desarrollo de una sana sociedad plural.

Naturalmente, mi visita ha estado dirigida de un modo especial a los católicos del Reino Unido. Aprecio muchísimo el tiempo que he pasado con los Obispos, sacerdotes, religiosos y laicos, y con los profesores, alumnos y personas mayores. Ha sido especialmente conmovedor celebrar con ellos, aquí en Birmingham, la beatificación de un gran hijo de Inglaterra, el Cardenal John Henry Newman. Estoy convencido de que, con su vasto legado de escritos académicos y espirituales, tiene todavía mucho que enseñarnos sobre la vida y el testimonio cristiano en medio de los desafíos del mundo actual, desafíos que él previó con sorprendente claridad.

Al despedirme de vosotros, os aseguro una vez más mis mejores deseos y oraciones por la paz y prosperidad de Gran Bretaña. Muchísimas gracias y que Dios os bendiga a todos.

* * * * *

Telegrama a la Reina en el momento de dejar Gran Bretaña 

SU MAJESTAD LA REINA ISABEL II
Al salir de Reino Unido a la conclusión de mi visita apostólica renuevo mi profunda gratitud a Su Majestad por la acogida amable y las múltiples atenciones que usted, su Gobierno y el pueblo británico me han brindado durante mi estancia (.) Pido al Dios Altísimo que guíe a la nación de acuerdo con su voluntad y que la confirme siempre en los caminos de la justicia, la libertad y la paz (.) Sobre todos invoco de corazón las abundantes bendiciones del Señor. 

BENEDICTUS PP. XVI

[©Copyright 2010 - Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por Desconocido @ 22:36  | Habla el Papa
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ZENIT  nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigió el domingo 19 de  Septiembre de 2010 a los obispos de Inglaterra y Gales, en la capilla de la Francis Martin House, en el Seminario de Oscott (Birmingham), antes de dirigirse al aeropuerto.

Mis queridos Hermanos en el Episcopado

Éste ha sido un día de gran alegría para la comunidad católica en estas islas. El Beato John Henry Newman, como ya podemos llamarle, ha sido elevado a los altares como un ejemplo de fidelidad heroica al Evangelio y un intercesor para la Iglesia en esta tierra a la que tanto amó y sirvió. Aquí, en esta misma capilla, en 1852, dio su voz a la nueva confianza y vitalidad de la comunidad católica en Inglaterra y Gales después de la restauración de la jerarquía, y sus palabras podrían aplicarse por igual a Escocia un cuarto de siglo más tarde. Su beatificación nos recuerda hoy la acción permanente del Espíritu Santo, convocando con sus dones al pueblo de Gran Bretaña a la santidad, para que, de este a oeste y de norte a sur, se ofrezca un sacrificio perfecto de alabanza y acción de gracias para gloria del nombre de Dios.

Agradezco al Cardenal O'Brien y al Arzobispo Nichols sus palabras, y al hacerlo así, recuerdo cómo hace poco tuve la oportunidad de saludaros a todos en Roma, con motivo de las visitas ad Limina de vuestras respectivas Conferencias Episcopales. Hablamos entonces de algunos de los retos que afrontáis al apacentar a vuestros fieles, en particular la necesidad urgente de anunciar nuevamente el Evangelio en un ambiente muy secularizado. Durante mi visita, he percibido con claridad la sed profunda que el pueblo británico tiene de la Buena Noticia de Jesucristo. Dios os ha escogido para ofrecerle el agua viva del Evangelio, animándolo a poner su esperanza, no en las vanas seducciones de este mundo, sino en las firmes promesas del mundo venidero. Al anunciar la venida del Reino, con su promesa de esperanza para los pobres y necesitados, los enfermos y ancianos, los no nacidos y los desamparados, aseguraos de presentar en su plenitud el mensaje del Evangelio que da vida, incluso aquellos elementos que ponen en tela de juicio las opiniones corrientes de la cultura actual. Como sabéis, he creado recientemente el Consejo Pontificio para la Nueva Evangelización de los países de antigua tradición cristiana, y os animo a hacer uso de sus servicios al acometer vuestras tareas. Además, muchos de los nuevos movimientos eclesiales tienen un carisma especial para la evangelización, y sé que continuaréis estudiando los medios apropiados y eficaces para que participen en la misión de la Iglesia.

Desde vuestra visita a Roma, los cambios políticos en el Reino Unido han centrado la atención en las consecuencias de la crisis financiera, que ha causado tantas dificultades a innumerables personas y familias. El espectro del desempleo proyecta su sombra sobre las vidas de muchas personas, y el coste a largo plazo de las prácticas de inversión imprudente de los últimos tiempos está siendo muy evidente. En estas circunstancias, será necesario apelar nuevamente a la característica generosidad de los católicos británicos, y sé que vais a tomar la iniciativa de urgir la solidaridad con los menesterosos. La voz profética de los cristianos ha jugado un papel importante al poner de relieve las necesidades de los pobres e indigentes, a quienes muy fácilmente se descuida en la asignación de unos recursos limitados. En su instrucción Elegir el bien común, los Obispos de Inglaterra y Gales han subrayado la importancia de practicar la virtud en la vida pública. Las actuales circunstancias ofrecen una buena oportunidad para reforzar ese mensaje, y también para alentar a todos a aspirar a unos valores morales superiores en todos los ámbitos de sus vidas, en oposición a un contexto de creciente escepticismo incluso sobre la posibilidad misma de una vida virtuosa.

Otro asunto que ha llamado mucho la atención en los últimos meses, y que socava gravemente la credibilidad moral de los Pastores de la Iglesia, es el vergonzoso abuso de niños y jóvenes por parte de sacerdotes y religiosos. He hablado en muchas ocasiones de las profundas heridas que causa dicho comportamiento, en primer lugar en las víctimas, pero también en las relaciones de confianza que deben existir entre los sacerdotes y el pueblo, entre los sacerdotes y sus obispos, y entre las autoridades de la Iglesia y la gente en general. Sé que habéis adoptado serias medidas para poner remedio a esta situación, para asegurar que los niños estén eficazmente protegidos contra los daños y para hacer frente de forma adecuada y transparente a las denuncias que se presenten. Habéis reconocido públicamente vuestro profundo pesar por lo ocurrido, y las formas, a menudo insuficientes, con que esto se abordó en el pasado. Vuestra creciente toma de conciencia del alcance del abuso de menores en la sociedad, sus efectos devastadores, y la necesidad de proporcionar un correcto apoyo a las víctimas debería servir de incentivo para compartir las lecciones que habéis aprendido con la comunidad en general. En efecto, ¿qué mejor manera podría haber de reparar estos pecados que acercarse, con un espíritu humilde de compasión, a los niños que siguen sufriendo abusos en otros lugares? Nuestro deber de cuidar a los jóvenes no exige menos.

Al reflexionar sobre la fragilidad humana que estos trágicos sucesos tan crudamente han puesto de manifiesto, hemos de recordar que, si queremos ser Pastores cristianos eficaces, debemos llevar una vida con la mayor integridad, humildad y santidad. Como escribió el Beato John Henry Newman en cierta ocasión: «¡Oh Dios, concede a los sacerdotes sentir su debilidad como hombres pecadores, y al pueblo compadecerse de ellos, y amarles y orar por el aumento en ellos de los dones de la gracia» (Sermón, 22 de marzo de 1829). Rezo para que, entre las gracias de esta visita, se dé una renovada dedicación en los Pastores cristianos a la vocación profética que han recibido, y para que haya un nuevo aprecio en el pueblo del gran don del ministerio ordenado. La oración por las vocaciones brotará entonces de manera espontánea, y podemos estar seguros de que el Señor responderá con el envío de obreros a recoger la cosecha abundante que ha preparado en todo el Reino Unido (cf. Mt 9,37-38). A este respecto, me alegro del encuentro que tendré próximamente con los seminaristas de Inglaterra, Escocia y Gales. Les aseguro mis oraciones mientras se preparan para tomar parte en esta cosecha.

Por último, me gustaría hablar con vosotros acerca de dos cuestiones específicas que afectan a vuestro ministerio episcopal en este momento. Una de ellas es la inminente publicación de la nueva traducción del Misal Romano. Quiero aprovechar esta oportunidad para agradeceros a todos la contribución que habéis realizado, con mucho esmero, revisando y aprobando colegialmente los textos. Esto servirá de gran ayuda a los católicos de todo el mundo de habla inglesa. Os animo ahora a aprovechar la oportunidad que ofrece la nueva traducción para una catequesis más profunda sobre la Eucaristía y una renovada devoción en la forma de su celebración. «Cuanto más viva es la fe eucarística en el Pueblo de Dios, tanto más profunda es su participación en la vida eclesial a través de la adhesión consciente a la misión que Cristo ha confiado a sus discípulos» (Sacramentum caritatis, 6). El otro asunto lo abordé en febrero con los Obispos de Inglaterra y Gales, cuando los invité a ser generosos en la aplicación de la Constitución Apostólica Anglicanorum Coetibus. Esto debería contemplarse como un gesto profético que puede contribuir positivamente al desarrollo de las relaciones entre anglicanos y católicos. Nos ayuda a fijar nuestra atención en el objetivo último de toda actividad ecuménica: la restauración de la plena comunión eclesial en un contexto en el que el intercambio recíproco de dones de nuestros respectivos patrimonios espirituales nos enriquezca a todos. Sigamos rezando y trabajando sin cesar con el fin de acelerar el gozoso día en que ese objetivo se pueda lograr.

Con estos sentimientos, os doy las gracias de corazón por vuestra hospitalidad durante los últimos cuatro días. A la vez que os confío a vosotros y al pueblo que servís a la intercesión de San Andrés, San David y San Jorge, os imparto complacido mi Bendición Apostólica, que extiendo al clero, a los religiosos y fieles de Inglaterra, Escocia y Gales.

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Publicado por Desconocido @ 22:32  | Habla el Papa
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ZENIT  publica las palabras que dirigió Benedicto XVI el domingo, 19 de Septiembre e 2010, tras rezar la oración mariana del Ángelus al concluir la celebración eucarística de beatificación del cardenal John Henry Newman (1801-1890), en el Cofton Park de Rednal, Birmingham.

Hermanos y hermanas en Jesucristo:

Deseo enviar mi saludo al pueblo de Sevilla, donde ayer fue beatificada la Madre María de la Purísima de la Cruz. Que la Beata María inspire a las jóvenes a seguir su ejemplo de amor incondicional a Dios y al prójimo.

Cuando el Beato John Henry Newman vino a vivir a Birmingham, dio el nombre de "Maryvale" a su primera casa en este lugar. El Oratorio que fundó está dedicado a la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen. Y puso bajo el patrocinio de María, Sedes Sapientiae, la Universidad Católica de Irlanda. De muchas maneras, vivió su ministerio sacerdotal con un espíritu de devoción filial a la Madre de Dios. Meditando acerca de su papel en el desarrollo del plan de Dios para nuestra salvación, llegó a exclamar: «¿Quién puede apreciar la santidad y la perfección de Aquella que fue elegida para ser la Madre de Cristo? ¿Qué dones debió tener, quien fue elegida para ser el único familiar más cercano en la tierra al Hijo de Dios, la única a quien Él estaba obligado por naturaleza a venerar y admirar; la escogida para guiarle y educarle, para instruirle día a día, a medida que crecía en sabiduría y en estatura?» (Parochial and Plain Sermons, II, 131-2). Porque fue agraciada copiosamente, la veneramos y, por la intimidad con su divino Hijo, buscamos lógicamente su intercesión en nuestras propias necesidades y las del mundo entero. Ahora, nos dirigimos a nuestra Madre Santísima con las palabras del Ángel y le confiamos las intenciones que llevamos en nuestro corazón.

[Traducción distribuida por la Santa Sede

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Publicado por Desconocido @ 22:28  | Habla el Papa
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ZENIT  publica la homilía que pronunció Benedicto XVI el domingo, 19 de Septiembre de 2010, al presidir en el Cofton Park de Rednal, Birmingham, la celebración eucarística de beatificación de John Henry Newman (1801-1890), cardenal y fundador de los Oratorios de San Filipino Neri, en Inglaterra.

Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

Nos encontramos aquí en Birmingham en un día realmente feliz. En primer lugar, porque es el día del Señor, el Domingo, el día en que el Señor Jesucristo resucitó de entre los muertos y cambió para siempre el curso de la historia humana, ofreciendo nueva vida y esperanza a todos los que viven en la oscuridad y en sombras de muerte. Es la razón por la que los cristianos de todo el mundo se reúnen en este día para alabar y dar gracias a Dios por las maravillas que ha hecho por nosotros. Este domingo en particular representa también un momento significativo en la vida de la nación británica, al ser el día elegido para conmemorar el setenta aniversario de la Batalla de Inglaterra. Para mí, que estuve entre quienes vivieron y sufrieron los oscuros días del régimen nazi en Alemania, es profundamente conmovedor estar con vosotros en esta ocasión, y poder recordar a tantos conciudadanos vuestros que sacrificaron sus vidas, resistiendo con tesón a las fuerzas de esta ideología demoníaca. Pienso en particular en la vecina Coventry, que sufrió durísimos bombardeos, con numerosas víctimas en noviembre de 1940. Setenta años después recordamos con vergüenza y horror el espantoso precio de muerte y destrucción que la guerra trae consigo, y renovamos nuestra determinación de trabajar por la paz y la reconciliación, donde quiera que amenace un conflicto. Pero existe otra razón, más alegre, por la cual este día es especial para Gran Bretaña, para el centro de Inglaterra, para Birmingham. Éste es el día en que formalmente el Cardenal John Henry Newman ha sido elevado a los altares y declarado beato.

Agradezco al Arzobispo Bernard Longley su amable acogida al comenzar la Misa en esta mañana. Agradezco a cuantos habéis trabajado tan duramente durante tantos años en la promoción de la causa del Cardenal Newman, incluyendo a los Padres del Oratorio de Birminghan y a los miembros de la Familia Espiritual Das Werk. Y os saludo a todos los que habéis venido desde diversas partes de Gran Bretaña, Irlanda y otros puntos más lejanos; gracias por vuestra presencia en esta celebración, en la que alabamos y damos gloria a Dios por las virtudes heroicas de este santo inglés.

Inglaterra tiene un larga tradición de santos mártires, cuyo valiente testimonio ha sostenido e inspirado a la comunidad católica local durante siglos. Es justo y conveniente reconocer hoy la santidad de un confesor, un hijo de esta nación que, si bien no fue llamado a derramar la sangre por el Señor, jamás se cansó de dar un testimonio elocuente de Él a lo largo de una vida entregada al ministerio sacerdotal, y especialmente a predicar, enseñar y escribir. Es digno de formar parte de la larga hilera de santos y eruditos de estas islas, San Beda, Santa Hilda, San Aelred, el Beato Duns Scoto, por nombrar sólo a algunos. En el Beato John Newman, esta tradición de delicada erudición, profunda sabiduría humana y amor intenso por el Señor ha dado grandes frutos, como signo de la presencia constante del Espíritu Santo en el corazón del Pueblo de Dios, suscitando copiosos dones de santidad.

El lema del Cardenal Newman, cor ad cor loquitur, "el corazón habla al corazón", nos da la perspectiva de su comprensión de la vida cristiana como una llamada a la santidad, experimentada como el deseo profundo del corazón humano de entrar en comunión íntima con el Corazón de Dios. Nos recuerda que la fidelidad a la oración nos va transformando gradualmente a semejanza de Dios. Como escribió en uno de sus muchos hermosos sermones, «el hábito de oración, la práctica de buscar a Dios y el mundo invisible en cada momento, en cada lugar, en cada emergencia -os digo que la oración tiene lo que se puede llamar un efecto natural en el alma, espiritualizándola y elevándola. Un hombre ya no es lo que era antes; gradualmente... se ve imbuido de una serie de ideas nuevas, y se ve impregnado de principios diferentes» (Sermones Parroquiales y Comunes, IV, 230-231). El Evangelio de hoy afirma que nadie puede servir a dos señores (cf. Lc 16,13), y el Beato John Henry, en sus enseñanzas sobre la oración, aclara cómo el fiel cristiano toma partido por servir a su único y verdadero Maestro, que pide sólo para sí nuestra devoción incondicional (cf. Mt 23,10). Newman nos ayuda a entender en qué consiste esto para nuestra vida cotidiana: nos dice que nuestro divino Maestro nos ha asignado una tarea específica a cada uno de nosotros, un "servicio concreto", confiado de manera única a cada persona concreta: «Tengo mi misión», escribe, «soy un eslabón en una cadena, un vínculo de unión entre personas. No me ha creado para la nada. Haré el bien, haré su trabajo; seré un ángel de paz, un predicador de la verdad en el lugar que me es propio... si lo hago, me mantendré en sus mandamientos y le serviré a Él en mis quehaceres» (Meditación y Devoción, 301-2).

El servicio concreto al que fue llamado el Beato John Henry incluía la aplicación entusiasta de su inteligencia y su prolífica pluma a muchas de las más urgentes "cuestiones del día". Sus intuiciones sobre la relación entre fe y razón, sobre el lugar vital de la religión revelada en la sociedad civilizada, y sobre la necesidad de un educación esmerada y amplia fueron de gran importancia, no sólo para la Inglaterra victoriana. Hoy también siguen inspirando e iluminando a muchos en todo el mundo. Me gustaría rendir especial homenaje a su visión de la educación, que ha hecho tanto por formar el ethos que es la fuerza motriz de las escuelas y facultades católicas actuales. Firmemente contrario a cualquier enfoque reductivo o utilitarista, buscó lograr unas condiciones educativas en las que se unificara el esfuerzo intelectual, la disciplina moral y el compromiso religioso. El proyecto de fundar una Universidad Católica en Irlanda le brindó la oportunidad de desarrollar sus ideas al respecto, y la colección de discursos que publicó con el título La Idea de una Universidad sostiene un ideal mediante el cual todos los que están inmersos en la formación académica pueden seguir aprendiendo. Más aún, qué mejor meta pueden fijarse los profesores de religión que la famosa llamada del Beato John Henry por unos laicos inteligentes y bien formados: «Quiero un laicado que no sea arrogante ni imprudente a la hora de hablar, ni alborotador, sino hombres que conozcan bien su religión, que profundicen en ella, que sepan bien dónde están, que sepan qué tienen y qué no tienen, que conozcan su credo a tal punto que puedan dar cuentas de él, que conozcan tan bien la historia que puedan defenderla» (La Posición Actual de los Católicos en Inglaterra, IX, 390). Hoy, cuando el autor de estas palabras ha sido elevado a los altares, pido para que, a través de su intercesión y ejemplo, todos los que trabajan en el campo de la enseñanza y de la catequesis se inspiren con mayor ardor en la visión tan clara que el nos dejó.

Aunque la extensa producción literaria sobre su vida y obras ha prestado comprensiblemente mayor atención al legado intelectual de John Henry Newman, en esta ocasión prefiero concluir con una breve reflexión sobre su vida sacerdotal, como pastor de almas. Su visión del ministerio pastoral bajo el prisma de la calidez y la humanidad está expresado de manera maravillosa en otro de sus famosos sermones: «Si vuestros sacerdotes fueran ángeles, hermanos míos, ellos no podrían compartir con vosotros el dolor, sintonizar con vosotros, no podrían haber tenido compasión de vosotros, sentir ternura por vosotros y ser indulgentes con vosotros, como nosotros podemos; ellos no podrían ser ni modelos ni guías, y no te habrían llevado de tu hombre viejo a la vida nueva, como ellos, que vienen de entre nosotros ("Hombres, no ángeles: los Sacerdotes del evangelio", Discursos a las Congregaciones Mixtas, 3). Él vivió profundamente esta visión tan humana del ministerio sacerdotal en sus desvelos pastoral por el pueblo de Birmingham, durante los años dedicados al Oratorio que él mismo fundó, visitando a los enfermos y a los pobres, consolando al triste, o atendiendo a los encarcelados. No sorprende que a su muerte, tantos miles de personas se agolparan en las calles mientras su cuerpo era trasladado al lugar de su sepultura, a no más de media milla de aquí. Ciento veinte años después, una gran multitud se ha congregado de nuevo para celebrar el solemne reconocimiento eclesial de la excepcional santidad de este padre de almas tan amado. Qué mejor que expresar nuestra alegría de este momento que dirigiéndonos a nuestro Padre del cielo con sincera gratitud, rezando con las mismas palabras que el Beato John Henry Newman puso en labios del coro celestial de los ángeles:

"Sea alabado el Santísimo en el cielo,
sea alabado en el abismo;
en todas sus palabras el más maravilloso,
el más seguro en todos sus caminos".
(El Sueño de Gerontius)

[Traducción distribuida por la Santa Sede
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DOMINGO 26 DEL TIEMPO ORDINARIO / C      
26 de septiembre de 2010

Jesús, el Señor, que nos reúne en torno a su mesa, esté con todos vosotros.

 Nuestra reunión dominical tiene su origen -lo sabe­mos muy bien- en aquel día en que Jesús reunió a sus apóstoles en el cenáculo, antes de su muerte en cruz. Él quiso que repitiéramos sus gestos y sus palabras de aquella noche"en memoria suya".

Muchos párrafos de la Biblia describen el trato de Dios con la humanidad en forma de banquete. Porque compartir una mesa festiva es una de las mejores experiencias de buena relación entre las personas.

A. penitencial: Ahora, antes de participar de la mesa del Señor, pidamos su perdón.

Tú, que haces justicia a los oprimidos. SEÑOR,TEN PIEDAD.

Tú, que das pan a los hambrientos. CRISTO,TEN PIEDAD.

Tú, que libertas a los cautivos. SEÑOR,TEN PIEDAD.

Dios Padre, rico en misericordia, perdone nuestros pecados...

1. lectura (Amós 6,1a.4-7): Como el domingo pasado, también hoy la primera lectura es del profeta Amós. Son palabras duras, fuertes, claras. Que nos dicen sin rodeos lo que piensa nuestro Dios sobre los pobres y los ricos.

Salmo (145): Cantemos ahora a nuestro Dios, que está a favor de los pobres y quiere salvarlos.

2. lectura (1 Timoteo 6,11-16): Al término de su vida, Pablo escribe a su querido discípulo Timoteo. Escuchemos su exhortación como una llamada dirigida también a nosotros.

Oración universal: Oremos con fe a Dios nuestro Padre, antes de participar de la mesa que él nos prepara. Oremos diciendo: PADRE, ESCÚCHANOS.

Por la iglesia entera, por el papa y nuestro obispo, por los sacerdotes y diáconos, y por todos los responsables de nuestras comunidades. OREMOS:

Por los misioneros y misioneras,y portodos los que han dejado su tierra para trabajar al servicio del Evangelio. OREMOS:

Por nuestro ayuntamiento, por el alcalde y los conce­jales, y por todos los trabajadores de la administración municipal. OREMOS:

Por los jóvenes que viven en la inseguridad de no encontrar trabajo estable, por las parejas que no pueden casarse por problemas económicos. OREMOS:

Por nosotros, por nuestras familias, por nuestros amigos, y por toda la gente que conocemos. OREMOS:

Escucha, Padre, la oración de tus hijos. Haznos ge­nerosos en el compartir nuestros bienes, para que así seamos dignos del banquete del cielo. PorJesucristo, nuestro Señor.

Prefacio: La mesa de aquel hombre rico del evangelio de hoy era una mesa de mal y de pecado. Ahora, como todos los domingos, Jesús nos invita a una mesa muy distinta: la mesa de su amor, la mesa de los pobres, la mesa de la vida. Participemos con fe y acción de gracias.

Padrenuestro: Pidamos ahora, a Dios nuestro Padre, que a nadie le falte el pan de cada día, tanto este pan de la Eucaristía que alimenta el espíritu, como el pan material que alimenta el cuerpo. Juntos, nos atre­vemos a decir:

CPL


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martes, 21 de septiembre de 2010

ZENIT  nos ofrece la homilía que el Papa pronunció el sábado 18 de Septiembre de 2010 durante la Misa en la catedral católica de Westminster, dedicada a la Preciosísima Sangre de Cristo.

Queridos amigos en Cristo

Os saludo a todos con alegría en el Señor y os doy las gracias por vuestra calurosa acogida. Agradezco al Arzobispo Nichols sus palabras de bienvenida de vuestra parte. Verdaderamente, en este encuentro entre el Sucesor de Pedro y los fieles de Gran Bretaña, "el corazón habla al corazón", gozándonos en el amor de Cristo y en la común profesión de la fe católica que nos viene de los Apóstoles. Me alegra especialmente que nuestro encuentro tenga lugar en esta catedral dedicada a la Preciosísima Sangre, que es el signo de la misericordia redentora de Dios derramada en el mundo por la pasión, muerte y resurrección de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo. De manera particular, saludo al Arzobispo de Canterbury, quien nos honra con su presencia.

Quien visita esta Catedral no puede dejar de sorprenderse por el gran crucifijo que domina la nave, que reproduce el cuerpo de Cristo, triturado por el sufrimiento, abrumado por la tristeza, víctima inocente cuya muerte nos ha reconciliado con el Padre y nos ha hecho partícipes en la vida misma de Dios. Los brazos extendidos del Señor parecen abrazar toda esta iglesia, elevando al Padre a todos los fieles que se reúnen en torno al altar del sacrificio eucarístico y que participan de sus frutos. El Señor crucificado está por encima y delante de nosotros como la fuente de nuestra vida y salvación, "sumo sacerdote de los bienes definitivos", como lo designa el autor de la Carta a los Hebreos en la primera lectura de hoy (Hb 9,11).

A la sombra, por decirlo así, de esta impactante imagen, deseo reflexionar sobre la palabra de Dios que se acaba de proclamar y profundizar en el misterio de la Preciosa Sangre. Porque ese misterio nos lleva a ver la unidad entre el sacrificio de Cristo en la cruz, el sacrificio eucarístico que ha entregado a su Iglesia y su sacerdocio eterno. Él, sentado a la derecha del Padre, intercede incesantemente por nosotros, los miembros de su cuerpo místico.

Comencemos con el sacrificio de la Cruz. La efusión de la sangre de Cristo es la fuente de la vida de la Iglesia. San Juan, como sabemos, ve en el agua y la sangre que manaba del cuerpo de nuestro Señor la fuente de esa vida divina, que otorga el Espíritu Santo y se nos comunica en los sacramentos (Jn 19,34; cf. 1 Jn 1,7; 5,6-7). La Carta a los Hebreos extrae, podríamos decir, las implicaciones litúrgicas de este misterio. Jesús, por su sufrimiento y muerte, con su entrega en virtud del Espíritu eterno, se ha convertido en nuestro sumo sacerdote y "mediador de una alianza nueva" (Hb 9,15). Estas palabras evocan las palabras de nuestro Señor en la Última Cena, cuando instituyó la Eucaristía como el sacramento de su cuerpo, entregado por nosotros, y su sangre, la sangre de la alianza nueva y eterna, derramada para el perdón de los pecados (cf. Mc 14,24; Mt 26,28; Lc 22,20).

Fiel al mandato de Cristo de "hacer esto en memoria mía" (Lc 22,19), la Iglesia en todo tiempo y lugar celebra la Eucaristía hasta que el Señor vuelva en la gloria, alegrándose de su presencia sacramental y aprovechando el poder de su sacrificio salvador para la redención del mundo. La realidad del sacrificio eucarístico ha estado siempre en el corazón de la fe católica; cuestionada en el siglo XVI, fue solemnemente reafirmada en el Concilio de Trento en el contexto de nuestra justificación en Cristo. Aquí en Inglaterra, como sabemos, hubo muchos que defendieron incondicionalmente la Misa, a menudo a un precio costoso, incrementando la devoción a la Santísima Eucaristía, que ha sido un sello distintivo del catolicismo en estas tierras.

El sacrificio eucarístico del Cuerpo y la Sangre de Cristo abraza a su vez el misterio de la pasión de nuestro Señor, que continúa en los miembros de su Cuerpo místico, en la Iglesia en cada época. El gran crucifijo que aquí se yergue sobre nosotros, nos recuerda que Cristo, nuestro sumo y eterno sacerdote, une cada día a los méritos infinitos de su sacrificio nuestros proprios sacrificios, sufrimientos, necesidades, esperanzas y aspiraciones. Por Cristo, con Él y en Él, presentamos nuestros cuerpos como sacrificio santo y agradable a Dios (cf. Rm 12,1). En este sentido, nos asociamos a su ofrenda eterna, completando, como dice San Pablo, en nuestra carne lo que falta a los dolores de Cristo en favor de su cuerpo, que es la Iglesia (cf. Col 1,24). En la vida de la Iglesia, en sus pruebas y tribulaciones, Cristo continúa, según la expresión genial de Pascal, estando en agonía hasta el fin del mundo (Pensées, 553, ed. Brunschvicg).

Vemos este aspecto del misterio de la Sangre Preciosa de Cristo actualizado de forma elocuente por los mártires de todos los tiempos, que bebieron el cáliz que Cristo mismo bebió, y cuya propia sangre, derramada en unión con su sacrificio, da nueva vida a la Iglesia. También se refleja en nuestros hermanos y hermanas de todo el mundo que aun hoy sufren discriminación y persecución por su fe cristiana. También está presente, con frecuencia de forma oculta, en el sufrimiento de cada cristiano que diariamente une sus sacrificios a los del Señor para la santificación de la Iglesia y la redención del mundo. Pienso ahora de manera especial en todos los que se unen espiritualmente a esta celebración eucarística y, en particular, en los enfermos, los ancianos, los discapacitados y los que sufren mental y espiritualmente.

Pienso también en el inmenso sufrimiento causado por el abuso de menores, especialmente por los ministros de la Iglesia. Por encima de todo, quiero manifestar mi profundo pesar a las víctimas inocentes de estos crímenes atroces, junto con mi esperanza de que el poder de la gracia de Cristo, su sacrificio de reconciliación, traerá la curación profunda y la paz a sus vidas. Asimismo, reconozco con vosotros la vergüenza y la humillación que todos hemos sufrido a causa de estos pecados; y os invito a presentarlas al Señor, confiando que este castigo contribuirá a la sanación de las víctimas, a la purificación de la Iglesia y a la renovación de su inveterado compromiso con la educación y la atención de los jóvenes. Agradezco los esfuerzos realizados para afrontar este problema de manera responsable, y os pido a todos que os preocupéis de las víctimas y os compadezcáis de vuestros sacerdotes.

Queridos amigos, volvamos a la contemplación del gran crucifijo que se alza por encima de nosotros. Las manos de Nuestro Señor, extendidas en la Cruz, nos invitan también a contemplar nuestra participación en su sacerdocio eterno y por lo tanto nuestra responsabilidad, como miembros de su cuerpo, para que la fuerza reconciliadora de su sacrificio llegue al mundo en que vivimos. El Concilio Vaticano II habló elocuentemente sobre el papel indispensable que los laicos deben desempeñar en la misión de la Iglesia, esforzándose por ser fermento del Evangelio en la sociedad y trabajar por el progreso del Reino de Dios en el mundo (cf. Lumen gentium, 31; Apostolicam actuositatem, 7). La exhortación conciliar a los laicos, para que, en virtud de su bautismo, participen en la misión de Cristo, se hizo eco de las intuiciones y enseñanzas de John Henry Newman. Que las profundas ideas de este gran inglés sigan inspirando a todos los seguidores de Cristo en esta tierra, para que configuren su pensamiento, palabra y obras con Cristo, y trabajen decididamente en la defensa de las verdades morales inmutables que, asumidas, iluminadas y confirmadas por el Evangelio, fundamentan una sociedad verdaderamente humana, justa y libre.

Cuánto necesita la sociedad contemporánea este testimonio. Cuánto necesitamos, en la Iglesia y en la sociedad, testigos de la belleza de la santidad, testigos del esplendor de la verdad, testigos de la alegría y libertad que nace de una relación viva con Cristo. Uno de los mayores desafíos a los que nos enfrentamos hoy es cómo hablar de manera convincente de la sabiduría y del poder liberador de la Palabra de Dios a un mundo que, con demasiada frecuencia, considera el Evangelio como una constricción de la libertad humana, en lugar de la verdad que libera nuestra mente e ilumina nuestros esfuerzos para vivir correcta y sabiamente, como individuos y como miembros de la sociedad.

Oremos, pues, para que los católicos de esta tierra sean cada vez más conscientes de su dignidad como pueblo sacerdotal, llamados a consagrar el mundo a Dios a través de la vida de fe y de santidad. Y que este aumento de celo apostólico se vea acompañado de una oración más intensa por las vocaciones al orden sacerdotal, porque cuanto más crece el apostolado seglar, con mayor urgencia se percibe la necesidad de sacerdotes; y cuanto más profundizan los laicos en la propia vocación, más se subraya lo que es propio del sacerdote. Que muchos jóvenes en esta tierra encuentren la fuerza para responder a la llamada del Maestro al sacerdocio ministerial, dedicando sus vidas, sus energías y sus talentos a Dios, construyendo así un pueblo en unidad y fidelidad al Evangelio, especialmente a través de la celebración del sacrificio eucarístico.

Queridos amigos, en esta catedral de la Preciosísima Sangre, os invito una vez más a mirar a Cristo, que inicia y completa nuestra fe (cf. Hb 12,2). Os pido que os unáis cada vez más plenamente al Señor, participando en su sacrificio en la cruz y ofreciéndole un "culto espiritual" (Rm 12,1) que abrace todos los aspectos de nuestra vida y que se manifieste en nuestros esfuerzos por contribuir a la venida de su Reino. Ruego para que, al actuar así, os unáis a la hilera de los creyentes fieles que a lo largo de la historia del cristianismo en esta tierra han edificado una sociedad verdaderamente digna del hombre, digna de las más nobles tradiciones de vuestra nación.

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ZENIT  nos ofrece el breve discurso que el Papa Benedicto XVI dirigió a los jóvenes católicos ingleses, en el atrio de la catedral de Wesrminster, desde donde miles de ellos siguieron a través de pantallas la celebración eucarística, el sábado 18 de Septiembre de 2010.

Señor Uche, Queridos jóvenes amigos

Gracias por vuestra calurosa bienvenida. "El corazón habla al corazón" –cor ad cor loquitur-. Como sabéis, he elegido estas palabras tan queridas para el cardenal Newman como el lema de mi visita. En estos momentos en que estamos juntos, deseo hablar con vosotros desde mi propio corazón, y os ruego que abráis los vuestros a lo que tengo que decir.

Pido a cada uno, en primer lugar, que mire en el interior de su propio corazón. Que piense en todo el amor que su corazón es capaz de recibir, y en todo el amor que es capaz de ofrecer. Al fin y al cabo, hemos sido creados para amar. Esto es lo que la Biblia quiere decir cuando afirma que hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios: Hemos sido creados para conocer al Dios del amor, a Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo, y para encontrar nuestra plena realización en ese amor divino que no conoce principio ni fin.

Hemos sido creados para recibir amor, y así ha sido. Todos los días debemos agradecer a Dios el amor que ya hemos conocido, el amor que nos ha hecho quienes somos, el amor que nos ha mostrado lo que es verdaderamente importante en la vida. Necesitamos dar gracias al Señor por el amor que hemos recibido de nuestras familias, nuestros amigos, nuestros maestros, y todas las personas que en nuestras vidas nos han ayudado a darnos cuenta de lo valiosos que somos a sus ojos y a los ojos de Dios.

Hemos sido creados también para dar amor, para hacer de él la fuente de cuanto realizamos y lo más perdurable de nuestras vidas. A veces esto parece lo más natural, especialmente cuando sentimos la alegría del amor, cuando nuestros corazones rebosan de generosidad, idealismo, deseo de ayudar a los demás y construir un mundo mejor. Pero otras veces constatamos que es difícil amar; nuestro corazón puede endurecerse fácilmente endurecido por el egoísmo, la envidia y el orgullo. La Beata Teresa de Calcuta, la gran misionera de la Caridad, nos recordó que dar amor, amor puro y generoso, es el fruto de una decisión diaria. Cada día hemos de optar por amar, y esto requiere ayuda, la ayuda que viene de Cristo, de la oración y de la sabiduría que se encuentra en su palabra, y de la gracia que Él nos otorga en los sacramentos de su Iglesia.

Éste es el mensaje que hoy quiero compartir con vosotros. Os pido que miréis vuestros corazones cada día para encontrar la fuente del verdadero amor. Jesús está siempre allí, esperando serenamente que permanezcamos junto a Él y escuchemos su voz. En lo profundo de vuestro corazón, os llama a dedicarle tiempo en la oración. Pero este tipo de oración, la verdadera oración, requiere disciplina; requiere buscar momentos de silencio cada día. A menudo significa esperar a que el Señor hable. Incluso en medio del "ajetreo" y las presiones de nuestra vida cotidiana, necesitamos espacios de silencio, porque en el silencio encontramos a Dios, y en el silencio descubrimos nuestro verdadero ser. Y al descubrir nuestro verdadero yo, descubrimos la vocación particular a la cual Dios nos llama para la edificación de su Iglesia y la redención de nuestro mundo.

El corazón que habla al corazón. Con estas palabras de mi corazón, queridos jóvenes, os aseguro mi oración por vosotros, para que vuestra vida dé frutos abundantes para la construcción de la civilización del amor. Os ruego también que recéis por mí, por mi ministerio como Sucesor de Pedro, y por las necesidades de la Iglesia en todo el mundo. Sobre vosotros, vuestras familias y amigos, invoco las bendiciones divinas de sabiduría, alegría y paz.

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ZENIT  nos ofrece las palabras del Papa Benedicto XVI a los católicos de Gales, única región que no ha podido visitar durante este viaje apostólico, el sábado 18 de Septiembre de 2010, tras bendecir, en la catedral de Westminster, un mosaico que representa a san David, patrón de los galeses.

Querido Señor Obispo Regan

Le agradezco su saludo tan caluroso de parte de los fieles de Gales. Con la bendición del mosaico de San David, el santo patrón del pueblo galés, y el encendido de la lámpara de la imagen de Nuestra Señora de Cardigan, me alegra tener esta oportunidad de honrar la Nación y sus antiguas tradiciones cristianas.

San David, uno de los grandes santos del siglo sexto, edad dorada para estas islas por los santos y misioneros, fue fundador de la cultura cristiana que está en el origen de la Europa moderna. La predicación de David fue sencilla, pero profunda. Al morir, sus últimas palabras a sus monjes, fueron: «Estad alegres, mantened la fe y cumplid las cosas pequeñas». Son las cosas pequeñas las que manifiestan nuestro amor por aquel que nos amó primero (cf. 1 Jn 4, 19) y las que unen a las personas en una comunidad de fe, amor y servicio. Que el mensaje de san David, en toda su sencillez y riqueza, siga resonando hoy en Gales, atrayendo los corazones de sus gentes hacia un renovado amor por Cristo y su Iglesia.

A lo largo de la historia, el pueblo galés se ha distinguido por su devoción a la Madre de Dios; así se evidencia por los numerosos lugares que en Gales se llaman «Llanfair», Iglesia de María. Al disponerme a encender la vela que lleva Nuestra Señora, le suplico que siga intercediendo ante su Hijo por todos los hombres y mujeres de Gales. Que la luz de Cristo siga guiando sus pasos y conforme la vida y la cultura de la Nación.

Lamentablemente, no me ha sido posible ir a Gales durante esta visita. Pero confío que esta bella imagen, que ahora volverá al Santuario Nacional de Nuestra Señora en Cardigan, sea un recuerdo perdurable del profundo amor del Papa por el pueblo galés, y de su constante cercanía en la oración y comunión de la Iglesia.

Bendith Duw ar bobol Cymru! Que Dios bendiga al pueblo galés.

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ZENIT  nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigió el sábado 18 de Septiembre de 2010 a los huéspedes del asilo para ancianos St. Peter’s Residence, dirigida por las Hermanitas de los Pobres, en el barrio londinense de Lambeth.

Mis queridos hermanos y hermanas

Me alegra mucho estar entre vosotros, los residentes de San Pedro, y agradezco a la Hermana Marie Claire y a la Señora Fasky sus amables palabras de bienvenida de parte vuestra. Me complace saludar también al Arzobispo Smith de Southwark, así como a las Hermanitas de los Pobres y al personal y voluntarios que os atienden.

Puesto que los avances médicos y otros factores permiten una mayor longevidad, es importante reconocer la presencia de un número creciente de ancianos como una bendición para la sociedad. Cada generación puede aprender de la experiencia y la sabiduría de la generación que la precedió. En efecto, la prestación de asistencia a los ancianos se debería considerar no tanto un acto de generosidad, cuanto la satisfacción de una deuda de gratitud.

Por su parte, la Iglesia ha tenido siempre un gran respeto por los ancianos. El cuarto mandamiento: «Honra a tu padre y a tu madre, como el Señor tu Dios te ha mandado» (Deut 5,16), está unido a la promesa, «que se prolonguen tus días y seas feliz en la tierra que el Señor tu Dios te da» (Ibid). Esta obra de la Iglesia por los ancianos y enfermos no sólo les brinda amor y cuidado, sino que también Dios la recompensa con las bendiciones que promete a la tierra donde se observa este mandamiento. Dios quiere un verdadero respeto por la dignidad y el valor, la salud y el bienestar de las personas mayores y, a través de sus instituciones caritativas en el Reino Unido y otras partes, la Iglesia desea cumplir el mandato del Señor de respetar la vida, independientemente de su edad o circunstancias.

Como dije al inicio de mi pontificado: «Cada uno de nosotros es querido, cada uno es amado, cada uno es necesario» (Homilía en el solemne inicio del Ministerio Petrino del Obispo de Roma, 24 de abril 2005). La vida es un don único, en todas sus etapas, desde la concepción hasta la muerte natural, y Dios es el único para darla y exigirla. Puede que se disfrute de buena salud en la vejez; aun así, los cristianos no deben tener miedo de compartir el sufrimiento de Cristo, si Dios quiere que luchemos con la enfermedad. Mi predecesor, el Papa Juan Pablo II, sufrió de forma muy notoria en los últimos años de su vida. Todos teníamos claro que lo hizo en unión con los sufrimientos de nuestro Salvador. Su buen humor y paciencia cuando afrontó sus últimos días fueron un ejemplo extraordinario y conmovedor para todos los que debemos cargar con el peso de la avanzada edad.

En este sentido, estoy entre vosotros no sólo como un padre, sino también como un hermano que conoce bien las alegrías y fatigas que llegan con la edad. Nuestros largos años de vida nos ofrecen la oportunidad de apreciar, tanto la belleza del mayor don que Dios nos ha dado, el don de la vida, como la fragilidad del espíritu humano. A quienes tenemos muchos años se nos ha dado la maravillosa oportunidad de profundizar en nuestro conocimiento del misterio de Cristo, que se humilló para compartir nuestra humanidad.

A medida que el curso normal de nuestra vida crece, con frecuencia nuestra capacidad física disminuye; con todo, estos momentos bien pueden contarse entre los años espiritualmente más fructíferos de nuestras vidas. Estos años constituyen una oportunidad de recordar en la oración afectuosa a cuantos hemos querido en esta vida, y de poner lo que hemos sido y hecho ante la misericordia y la ternura de Dios. Ciertamente esto será un gran consuelo espiritual y nos permitirá descubrir nuevamente su amor y bondad en todos los días de nuestra vida.

Con estos sentimientos, queridos hermanos y hermanas, me complace aseguraros mi oración por todos vosotros, y pido vuestras oraciones por mí. Que Nuestra Señora y su esposo San José intercedan por nuestra felicidad en esta vida y nos obtengan la bendición de un tránsito tranquilo a la venidera.

¡Que Dios os bendiga a todos!

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Publicado por Desconocido @ 22:19  | Habla el Papa
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El Vicario General de la Diócesis de Tenerife aprobó los estatutos de la Cofradía “La Santa Pasión” de la parroquia El Dulce Nombre de Jesús de la Guancha con fecha tres de Marzo de 2009.

ESTATUTOS DE LA COFRADÍA DE LA SANTA PASIÓN (Parroquia El Dulce Nombre de Jesús de La Guancha)

INTRODUCCIÓN:

Desde el 8 de Marzo de 2005, conforme al punto 1.4 del Estatuto Marco de Asociaciones de la Diócesis , se constituye una comisión organizadora de esta Cofradía, a la que se incorporan 50 miembros que reciben simbólicamente una medalla y que el 23 de Marzo del mismo año, miércoles santo, participan acompañando a la imagen del Ecce Homo de la parroquia. Nace aquélla con la pretensión de ayudar en la coordinación y vivencia de las celebraciones y actos de la Semana Santa relacionados con el Triduo Pascual: pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Meditando los misterios buscan recoger como fruto la alegre transformación en Jesucristo Resucitado.

CAPÍTULO I: TÍTULO, NATURALEZA, FINES Y CARACTERÍSTICAS.

Artículo 1. Título de la Cofradía. El título o nombre de esta Cofradía es el de “Cofradía de la Santa Pasión ”.

Artículo 2. Constitución de la Cofradía. Esta Cofradía se constituye como asociación pública de fieles, en virtud del decreto de reconocimiento y erección del Obispo Diocesano que acompaña a estos Estatutos.

Artículo 3. Naturaleza de la Cofradía. La Cofradía es una asociación pública de fieles , nacida de la comunidad parroquial de El Dulce Nombre de Jesús en La Guancha con personalidad jurídica canónica propia y se rige por estos Estatutos y Reglamentos debidamente aprobados por la autoridad eclesiástica competente, por las normas del Derecho Universal de la Iglesia , por las normas del Derecho particular al respecto (cc. 298, 1, 301, 1, 3, 312, 313, 314 del CIC).

Artículo 4. Fines de la Cofradía.

El fin primordial de esta Cofradía es vivir más intensamente la Semana Santa , en la celebración litúrgica y manifestación pública de los misterios del Señor, en su entrega por amor hasta la muerte y resurrección, es decir, la celebración y meditación de los misterios del Señor acompañando a Jesucristo en su entrada en Jerusalén en el Domingo de Ramos, en la institución de la Eucaristía , memorial de su muerte y resurrección el Jueves Santo, de manera especial acompañando a Jesucristo en su misterio de dolor como Ecce Homo, en su muerte el Viernes de Pasión, en su sepultura el Sábado Santo y en su resurrección el Domingo de Pascua de Resurrección, buscando con ello, los frutos de la transformación en Cristo y la alegría de la Resurrección.

Para ello La Cofradía promoverá, colaborando y en comunión con el párroco, el Consejo Pastoral de la Parroquia , y demás fieles y grupos de la misma, el culto público de los Misterios del Señor en la Semana Santa , especialmente, en el acompañamiento procesional de la imagen de Jesucristo como el Señor Preso (Ecce Homo).

Cuidar la devoción y el culto público a nuestra Santísima Madre, especialmente, en la advocación de Ntra. Sra. de los Dolores.

Tiene como fines generales los de toda la acción evangelizadora de la iglesia por medio de sus tres mediaciones: acogida y anuncio profético de la Palabra de Dios, celebración de la vida de fe y de la gracia por la Liturgia y el testimonio de la Caridad verificada como comunión fraterna y como diaconía. Ésta, tanto en el testimonio público de la fe operante por el amor servicial en todos los ámbitos de la vida social, como, por el servicio eclesial a los más necesitados. Los hermanos son conscientes que el culto divino nace en la experiencia de fe, que engendra la Palabra y tiende e impulsa a la caridad.

La formación cristiana permanente de sus miembros será una tarea al servicio de una más madura personalización y experiencia viva de la fe de aquellos.

El encuentro verdadero con Dios por Cristo en el Espíritu Santo siempre se convierte en experiencia fraterna de los que se sienten hijos y hermanos y se expresa en el servicio a los hermanos, especialmente a los más pobres. El cuidado de la comunión fraterna y de la acción caritativa y social, con los más necesitados, especialmente por medio de Cáritas u otras instituciones, será concreción del amor de Cristo que rebosa y se hace efectivo en el corazón de los Cofrades.

Artículo 5. Sede. Esta Cofradía tiene su sede y domicilio en la Parroquia de El dulce nombre de Jesús en La Guancha. Tenerife.

Artículo 6. Emblema, insignia o distintivo: La insignia o distintivo o emblema de pertenencia a la Cofradía consiste en una combinación de los signos de la Santa Pasión de Ntro. Sr. Jesucristo (Cruz, Cáliz y Corona de Espinas) y de su Santísima Madre Dolorosa (Corazón atravesado por la espada del dolor), y los símbolos de Jesús-Hombre-Salvador (JHS) y de la virgen María, dispuestos sobre un simbólico haz de la luz Salvadora del Mundo.

Artículo 7. Hábito: consiste en traje negro (pantalón y chaqueta), camisa blanca y corbata negra, para el hombre, y traje negro (falda y chaqueta), y blusa blanca, para la mujer; zapatos y guantes negros, y medalla de plata con el emblema de la Cofradía y cordón morado, al cuello, para ambos.

Artículo 8. Lema: Santa Pasión, redención del mundo.

CAPÍTULO II: VIDA ECLESIAL, DIOCESANA Y PARROQUIAL DE LA COFRADÍA.

Artículo 9: Integración en la Iglesia Diocesana. Los miembros de la Cofradía vivirán, como todos los fieles, en estrecha comunión con el Obispo Diocesano, del que reciben su misión (cc. 312, 1 y 315). Sus relaciones directas con la Curia Diocesana se encauzan a través del Vicario General (c. 305) y la Delegación Diocesana de Hermandades y Cofradías, participando y secundando las actividades de ámbito diocesano que organice: encuentros, formación, jornadas diocesanas etc.

Artículo 10. Integración en la Parroquia. La Cofradía, formada por un grupo de fieles de la parroquia, estará integrada en el Plan Pastoral de la Parroquia , participando en el Consejo pastoral, según indiquen sus Estatutos. El Presidente de la Cofradía y su Junta, a la que pertenece el Párroco-Consiliario, habrá de actuar en todo, en comunión con éste. El Cofrade Mayor informará asiduamente sobre la marcha de la Cofradía al Consiliario.

CAPÍTULO III: ESPIRITUALIDAD DE LA COFRADÍA.

Artículo 11. Vocación cristiana. Todo Cofrade debe sentirse llamado a vivir más plenamente las exigencias que emanan de la Fe en Cristo, selladas por el sacramento del Bautismo, por el que fuimos incorporados a la Iglesia. Han de concluir el proceso de la iniciación cristiana con los sacramentos de la Confirmación y la Eucaristía.

Ser cofrade debe significar un nuevo título o motivo por el que sentirse impulsado a la práctica fiel y constante de los deberes de un cristiano consciente y adulto, miembro vivo de la Iglesia.

Artículo 12. Compromisos espirituales de los Cofrades. Medios fundamentales de la espiritualidad de la Cofradía son el culto o celebración litúrgica en cuanto es demostración de la vivencia de Cristo en su Iglesia, renovando el misterio de nuestra salvación, sobre todo, en el sacrificio de la Eucaristía , en el que debemos actuar y participar consciente, activa y fructuosamente. Los cofrades celebrarán la Eucaristía dominical y festiva, como miembros activos de la comunidad parroquial. Buscarán la conversión permanente de sus vidas mediante la frecuente celebración del sacramento de la Reconciliación Penitencial. Mostrarán un especial respeto al nombre de Dios, de la Virgen María y los santos. Cuidarán su experiencia de encuentro con el Señor en la oración personal y comunitaria, así como la devoción a María y los santos.

En su modo de vida nada aparecerá como escandaloso, su comportamiento público será ejemplar.

La práctica o no de estos compromisos será motivo suficiente para la no admisión o exclusión de la Cofradía.

CAPITULO IV: ACTIVIDADES ESPECÍFICAS DE LA COFRADÍA.

Artículo 13. Actividades de culto público y procesiones . Los cofrades se comprometen a asistir -aparte de la participación dominical en la Eucaristía signo fehaciente de la acogida del sacramento que es fuente y culmen de nuestra vida cristiana- a las siguientes celebraciones religiosas corporativamente, como profesión pública de la fe nacida de la singular devoción a los misterios de Semana Santa:

a. El Día de la Cofradía se celebrará anualmente, cada Miércoles Santo, con Solemne Eucaristía y acompañamiento de la imagen del “Señor Preso” (Ecce Homo) en su desfile procesional.

b. Otros oficios y procesiones de la parroquia, en especial los propios de la celebración de la Semana Santa , siempre que así lo acuerde la Junta General.

c. En caso de actividades públicas no estatutarias se debe contar con la autorización eclesiástica correspondiente.

Los cofrades evitarán en las celebraciones y procesiones todo aquello que desdiga de su carácter de manifestación pública de la fe. La presidencia de las procesiones corresponde a la autoridad eclesiástica y al cofrade mayor que la organiza. Por razones de cortesía o de tradición, dentro de la normativa de la Iglesia , podrán ser invitadas las autoridades civiles.

Art. 14. Actividades de formación. La cofradía ha de organizar anualmente aquellas actividades formativas mediante charlas, cursillos, retiros, etc., que conduzcan, de acuerdo a sus fines, a una mejor formación de los cofrades o/y deberá igualmente invitar a los cofrades a participar en las actividades formativas que se organicen en o fuera de la parroquia. Para ello, los cofrades se comprometen a asistir a las reuniones de formación que se establezcan de acuerdo con el párroco-consiliario.

Art. 15. Actividades de apostolado. El apostolado, como testimonio de Jesucristo lo realizamos en todos los ámbitos donde desarrollamos nuestra vida cotidiana: familia, trabajo, relaciones sociales, todos los ámbitos públicos donde nos movemos. Por el compromiso apostólico los laicos participamos en la acción salvífica de Cristo y de su Iglesia, iluminando y transformando las realidades temporales desde los valores del evangelio. Cada Cofrade será, así, testimonio de Cristo en medio del mundo anunciándole con su palabra y su vida. Tendrá una sensibilidad preferente por la acción caritativa con los más pobres.

Art. 16. Actividades Fraternas: Se fomentará todo aquello que pueda favorecer el mejor conocimiento y la mutua amistad de los cofrades; convivencias, excursiones, etc., y en general todo lo que pueda ser signo y expresión de la fraternidad que debe reinar entre los miembros de la Cofradía.

CAPÍTULO V: LOS COFRADES MIEMBROS.

Artículo 17. Admisión y condiciones. Para ser miembro de pleno derecho, gozando de voz y voto, dentro de la Cofradía se requiere:

1. Estar bautizado y tener la mayoría de edad, es decir, 18 años cumplidos. Todo nuevo candidato debe venir presentado por uno o varios miembros de la Cofradía.

2. Haber solicitado la inscripción con no más de un año de antelación y no menos de dos meses, durante el cual será considerado aspirante. Para ello el solicitante debe dirigirse al Hermano/a Mayor, exponiendo los motivos que le animan a ingresar en la Cofradía , rellenando la respectiva solicitud, en la que hará constar nombre y apellidos, fecha de nacimiento, estado y profesión, domicilio y teléfono. El Hermano/a Mayor o aquel en quien delegue -en nombre de la Junta de Gobierno- le explicará, mediante un cursillo de formación, los fines de la Cofradía , le formará en el espíritu de la Cofradía , le informará de sus derechos y obligaciones, cuyo cumplimiento deberá prometer antes de ser admitido.

3. Haber sido admitido por la Junta de Gobierno con el parecer positivo -en todo caso- del Consiliario o Párroco. La Junta considerará el capítulo III sobre la Espiritualidad y los artículos 11 y 12 en orden a discernir la admisión del candidato. La admisión se le notificará por escrito al solicitante y será recibido oficialmente como nuevo miembro cofrade en una Asamblea General donde prometerá el cumplimiento de los Estatutos.

4. No estar impedido por el Derecho y no estar incurso en ninguno de los casos previstos en el canon 316 del Código de Derecho Canónico, y en las situaciones irregulares consignadas en la Exhortación Familiaris Consortio nn. 79-84.

Artículo 18. Libro de Registro de los Cofrades Habrá de llevarse un Libro de Registro de los Cofrades, haciendo constar nombre y apellidos, lugar y fecha de nacimiento, estado civil, domicilio, fecha de admisión y, en su caso, la fecha de baja con indicación de la causa.

Artículo 19. Deberes generales de los Cofrades . Todo cofrade, por el hecho de serlo, se compromete a:

a. Vivir cristianamente en su vida privada y pública, de acuerdo con el capítulo III: Espiritualidad, aceptando expresamente las leyes y normas de la Iglesia.

b. Asumir el más fiel y exacto cumplimiento de estos Estatutos.

c. Asistir y participar en los actos generales de la Cofradía colaborando con la misma: actos de culto, actividades indicadas en los Estatutos, Asambleas y otras que la Junta de Gobierno acuerde.

d. Cumplir los acuerdos de las Asambleas Generales y desempeñar con el mayor celo los cargos de responsabilidad que se le puedan confiar.

e. Abonar la cuota anual estipulada para el sostenimiento de la Cofradía , cuantía cuya modificación requerirá la aprobación de la Asamblea General. Igualmente, aquellas aportaciones extraordinarias que aprueben la Junta de Gobierno o la Asamblea General.

f. Guardar en los actos de culto y actividades la compostura adecuada, portar la correspondiente medalla o insignia en el lugar que se indique según el Reglamento de régimen interno

Artículo 20. Derechos generales de los Cofrades . Todo cofrade de pleno derecho podrá:

1. Asistir a la Asamblea General con voz y voto. Para ello será citado conforme a estos Estatutos.

2. Usar el distintivo y traje propio en los actos determinados en estos Estatutos.

3. Ser elector y elegible para desempeñar cargos directivos en la Junta Directiva o de Gobierno.

4. Disfrutar de todos los beneficios espirituales y materiales si los hubiere. En caso de necesidad manifiesta podrá solicitar ayuda para proveerse de los elementos propios de Cofrade (medalla, farol etc..). En su fallecimiento la Cofradía ofrecerá una misa en sufragio por su alma. Se celebrará una misa anual por todos los Cofrades fallecidos.

5. Disfrutar de aquellos otros derechos que dimanen del articulado de estos Estatutos, siempre que, en cada caso, reúna los requisitos exigidos.

Artículo 21. Sanciones del Cofrade . Quien estando legítimamente adscrito a la Cofradía , cayera en el caso del canon 316, 1 (rechazo público de la fe católica, apartamiento de la comunión eclesiástica, incurso en una excomunión) o en las situaciones irregulares señaladas en la Familiares Consortio (nn. 79-84), deben ser expulsados de la Cofradía previa amonestación (c. 316, 2), quedando a salvo el derecho a recurrir a la Autoridad Eclesiástica de la que se trata en el canon 312, 1.

Artículo 22. Baja o cese del Cofrade. Cuando un cofrade incumpla gravemente, con hechos probados, alguno de los deberes generales o los específicos del cargo, en su caso, después de ser oído y amonestado fraternalmente, según el canon 316, 2, por el Hermano Mayor, puede ser expulsado, temporal o definitivamente de la Cofradía , o separado de su cargo a juicio de la Junta Directiva , dentro de las prescripciones de estos Estatutos y del Derecho (c. 308).

El cofrade puede causar baja por solicitud voluntaria.

Para dar de baja por atraso de cuotas se requiere que la misma se prolongue durante un año, la amonestación de la Junta de Gobierno y la constancia de no tener motivo suficiente para ser dispensado de esta obligación.

Contra el acuerdo de separación cabrá recurso ante la Asamblea General.

La baja o cese hará que el cofrade pierda los derechos de propiedad de los objetos obtenidos o donados por/a la Cofradía , entrando a formar parte del inventario de la misma.

CAPÍTULO VI: ÓRGANOS DE GOBIERNO. Colegiales: Asamblea General. Junta de Gobierno. Personales: Consiliario o Director espiritual. Cofrade Mayor. Teniente-cofrade. Secretario. Tesorero. Vocales.

Artículo 23: LA ASAMBLEA GENERAL. La Asamblea General está compuesta por el conjunto de todos los hermanos/as, miembros de pleno derecho, siendo el máximo órgano decisorio de la Cofradía.

Artículo 24: Constitución. La Asamblea General , máximo órgano de gobierno de la Cofradía , se considera constituida como tal si cuenta con la asistencia de la mitad más uno de sus miembros cofrades de pleno derecho en primera convocatoria. En segunda convocatoria, media hora después, de al menos un 25 % de los cofrades.

Artículo 25: Periodicidad de las reuniones. La Asamblea General ha de ser convocada por escrito, al menos con 48 horas de antelación y con un orden del día, que especifique los asuntos a tratar.

a. Con carácter ordinario: una vez al año, quince días después de Semana Santa, el segundo sábado posterior al de Gloria de Resurrección, a las 19,30 horas.

b. Con carácter extraordinario:

•  Por convocatoria del Cofrade Mayor o de la Junta de Gobierno.

•  A petición del 25 % de los cofrades y en el plazo de 15 días a partir de su presentación por escrito ante la Junta de Gobierno. En este caso se requerirá un quórum del 80% de los firmantes.

•  En el supuesto de modificación de Estatutos, según derecho (c. 314). Por acuerdo de la Junta de Gobierno.

Artículo 26. Funciones de la Asamblea General : Son competencias de la misma:

a. Conocer los planes de actuación de la Cofradía , a propuesta de la Junta de Gobierno y hacer propuestas sobre ellos.

b. La elección del Cofrade Mayor y de la Junta de Gobierno, sin perjuicio de su confirmación por el Obispo como determina el c. 317, 1.

c. La aprobación del estado de cuentas, presupuestos y balances, que presente la Junta de Gobierno.

d. La aprobación o modificación de los Estatutos y del Reglamento de Régimen Interior, a propuesta de la Junta Directiva , según las normas del Derecho y sin perjuicio de la confirmación y aprobación posterior del Obispo Diocesano.

Artículo 27. Acuerdos de la Asamblea General. Supuesta la asistencia exigida en el Artículo 24, podrán tomarse acuerdos con el voto favorable de la mayoría absoluta (mitad más uno) de los presentes. Si después de dos escrutinios persistiera la igualdad de votos, el Presidente puede resolver el empate con su voto (c. 119, 2º). Cuando se trata de elecciones, tiene valor jurídico aquello que, hallándose presentes la mayoría de los que deben ser convocados, se aprueba por mayoría absoluta (mitad mas uno) de los presentes; después de dos escrutinios ineficaces, hágase la votación sobre los dos candidatos que hayan obtenido mayor número de votos, o si son más, sobre los dos de más edad; después del tercer escrutinio, si persiste el empate queda elegido el de más edad (c. 119, 1º).

En el supuesto de modificación de Estatutos, será necesario el voto favorable de los dos tercios.

Artículo 28. LA JUNTA DE GOBIERNO. Composición. La cofradía se regirá por una Junta de Gobierno que estará integrada por el Consiliario o Párroco, el/ la Cofrade Mayor , el/ la Teniente-cofrade , el Secretario/a, el/ la Tesorero /a, y cuatro vocales, de los cuales uno/a es censor/a de cuentas y otro/a vicesecretario/a. Todos con voz y voto, excepto el Consiliario que no tiene voto. Todos los cargos se han de ejercer de forma gratuita.

Las condiciones requeridas para formar parte de la Junta de Gobierno son las siguientes:

a. Residir en lugar donde le sea posible atender las obligaciones del cargo.

b. Tener la antigüedad mínima de dos años como cofrade de pleno derecho.

c. Gozar de la capacidad suficiente, con un adecuado nivel de formación religiosa y de vivencia cristiana.

d. No ejercer cargo de dirección en partido político (c. 317, 4). Tampoco podrá serlo quien ejerza cargos de autoridad o gestión administrativa pública a nivel local, provincial, autonómico o regional.

Artículo 29. Constitución y acuerdos. Se considerará válidamente constituida cuando esté presente la mitad más uno de los miembros con derecho a voto. Para la validez de sus acuerdos, será necesaria la mayoría absoluta de los votos de los presentes válidamente convocados, con tal de que haya quórum (c. 119, 2º)

Artículo 30. Funciones de la Junta de Gobierno. Pertenecen a la Junta de Gobierno las siguientes atribuciones:

•  Concretar los planes aprobados por la Asamblea General y programar las actividades de la Cofradía.

•  Programar los actos de culto, de formación doctrinal, obras de apostolado, de comunión fraterna y caridad, con el visto bueno del Consiliario o Director Espiritual.

•  Revisar la marcha general de la Cofradía , estudiando el modo de corregir posibles deficiencias, fomentando en todos los miembros espíritu de unión y la observancia de los Estatutos, y sugerir temas para la Asamblea General.

•  Resolver los recursos que se presenten por los Cofrades.

•  Convocar la Asamblea General.

•  Admitir o cesar –dado el caso y procediendo con la debida caridad, objetividad, discreción, guiados por las pautas que fijan estos Estatutos- a un miembro de la Cofradía.

•  Administrar los bienes de la Cofradía y presentar para su aprobación por la Asamblea General el estado de cuentas de la Cofradía.

•  Presentar los presupuestos y balance económico anual al Ecónomo Diocesano para su aprobación.

•  Imponer las sanciones correspondientes por incumplimiento de las normas.

•  La dirección y organización de todos los actos de la Cofradía

•  Velar por el cumplimiento de todo lo referente a las elecciones y, muy especialmente, porque los candidatos y electores reúnan las condiciones exigidas.

•  Al respecto y con tiempo suficiente confeccionará el censo de electores y lo dará a conocer para posibles reclamaciones, abriendo un plazo razonable para la presentación de candidatos, que deberán ser acreditados por la Junta.

•  Verificada la elección, la mesa electoral proclamará a los elegidos, que sólo serán tales cuando la Autoridad Eclesiástica haya confirmado la elección del Cofrade Mayor y demás miembros de la Junta. Al efecto, el Secretario/a la debe solicitar en el plazo máximo de ocho días, acompañando el acta electoral, con el visto bueno del Párroco o Consiliario.

•  Proponer a la Asamblea General la posible modificación de Estatutos.

Artículo 31. Tiempo de mandato. Los miembros de la Junta Directiva -excepto el Consiliario- serán elegidos por cuatro años, pudiendo ser reelegidos por un segundo mandato y en subsiguientes períodos de gobierno, no continuados, salvo por expresa autorización escrita del Obispo Diocesano.

Artículo 32. Periodicidad de sus reuniones. La junta de Gobierno se reunirá ordinariamente cada tres meses, y en sesión extraordinaria cuantas veces sea necesario, por petición de tres de sus miembros y/o por convocatoria, en cualquier caso, por el/ la Cofrade Mayor. Deberá ser convocada con, al menos 48 horas de antelación, por escrito y especificando los asuntos a tratar.

Artículo 33. CONSILIARIO o DIRECTOR ESPIRITUAL . Normalmente será el párroco de EL Dulce nombre de Jesús, La Guancha , salvo que el Ordinario provea de otro modo (C. 317, 1). Maestro y pastor ha de acompañar la vida espiritual y el espíritu apostólico de los cofrades, promoviendo la comunión en la Cofradía , con la parroquia a la que pertenece y con la Iglesia en general. Son atribuciones suyas:

•  Ostentar la representación y autoridad moral suprema de la Cofradía.

•  Se necesitará su visto bueno en todo lo referente a los actos de culto y a la doctrina, debiendo ser escuchado en lo concerniente a obras de apostolado y caridad.

•  Asistirá, salvo imposibilidad, a todas las reuniones de la Junta de Gobierno con voz, pero sin voto.

•  Estará presente en la Asamblea General , ordinaria o extraordinaria, con voz pero sin voto.

Artículo 34. EL/ LA COFRADE MAYOR O PRESIDENTE. Elecciones. Salvo el/la primer/a Cofrade Mayor, tras la aprobación de estos Estatutos, para acceder al cargo será requisito indispensable llevar más de cinco años como miembro de la Cofradía y que reúna unas cualidades de prudencia, vida moral y cristiana, práctica religiosa y estar en plena comunión con la iglesia católica.

Se procederá para su elección así:

1. La Junta Directiva propondrá a la Asamblea General las candidaturas que se presenten integradas cada una por un/a Cofrade Mayor, el/ la Teniente-cofrade , el Secretario/a, el/ la Tesorero /a, y cuatro vocales, escogidos entre los cofrades elegibles.
2. La elección, que se hará con voto secreto, será válida si, cumplido los artículos 17 y 27.
3. En caso de no presentarse ningún candidato a Cofrade Mayor o Presidente/a, pasará a votación el cofrade más antiguo, y sucesivamente por orden de antigüedad los restantes, hasta que alguno obtenga la mayoría de votos, en todo caso con su propio consentimiento.
4. En caso de que la elección del/ la Cofrade Mayor fuese según el artículo anterior, él mismo podrá elegir su junta de Gobierno en ese momento, siendo presentada a la Asamblea General para su ratificación.
5. La Junta de Gobierno velará por el cumplimiento de todas las disposiciones referentes a las elecciones y muy especialmente porque los candidatos y electores reúnan las condiciones exigidas.
6. Sesenta días antes de la Asamblea General obligatoria, la Junta de Gobierno confeccionará el censo de electores y lo dará a conocer para posibles reclamaciones. Los candidatos han de presentar sus candidaturas anta la Junta de Gobierno, la quincena anterior a la Asamblea General obligatoria.

Artículo 35. Confirmación y toma de posesión . Cuando se produzca la elección, la mesa electoral proclamará a los elegidos, pero la elección no surtirá efecto hasta que la autoridad eclesiástica haya confirmado la elección del/la cofrade mayor (c. 317. 1) y de su Junta Directiva. El/ la Secretario /a debe solicitar la confirmación de la Junta elegida, con el visto bueno del Consiliario, en el plazo máximo de ocho días, acompañando el acta de la elección. El Cofrade ha de realizar juramento

Artículo 36. Funciones del/ la Cofrade Mayor :

  1. Ostentar la representación oficial de la Cofradía a todos los efectos.
  2. Cuidar el estricto cumplimiento de los fines de la Cofradía y de estos Estatutos.
  3. Animar a todos, especialmente quienes integran la Junta Directiva , al fiel cumplimiento de sus compromisos. Cuando resuelva casos urgentes de su competencia dará cuenta inmediata a la Junta Directiva.
  4. Convocar, moderar y presidir las reuniones de la Asamblea General y de la Junta de Gobierno.
  5. Velar por el cumplimiento de todo tipo de acuerdos tomados.
  6. Preocuparse especialmente de la formación integral humana y cristiana (c. 329; cf. c. 217) de los cofrades;
  7. La coordinación de la Cofradía con las otras realidades de la Parroquia y con la Delegación Diocesana de Hermandades y Cofradías.
  8. Cuidar debidamente la correcta administración de los bienes de la Cofradía (c. 1279).
  9. Autorizar con su firma los escritos de la Cofradía y la disposición de fondos estimada conveniente por la Junta Directiva para la ejecución de los presupuestos.
  10. Rendir cuentas todos los años a la Autoridad eclesiástica.
  11. Remover de los cargos directivos, previa notificación a la Junta Directiva , al miembro o miembros que, por su actitud negativa, considere oportuno, designando interinamente a quien ha de suplirle hasta las elecciones próximas.
  12. Decidir con su voto en caso de empate y en la toma de decisiones, salvo en caso de elecciones.
  13. Colaborar con el Consiliario para el cumplimiento de las tareas del mismo y advirtiéndole de las deficiencias de la Cofradía.
  14. En las procesiones y actos de culto, estar permanentemente en contacto con el respectivo vocal encargado, para que se desarrollen ordenada y correctamente.

Artículo 37. EL/ LA TENIENTE COFRADE. Funciones. Las funciones del mismo son:

  1. Sustituir al/ la Cofrade Mayor en los casos de enfermedad, necesidad o ausencia.
  2. Ayudar al/ la Cofrade Mayor en el desempeño de sus funciones ordinarias.
  3. Otras que le delegue el/ la Cofrade Mayor.

Artículo 38. EL/ LA SECRETARIO /A. Funciones . Son funciones del Secretario/a las siguientes:

•  Levantar las actas de las reuniones y hacer las comunicaciones pertinentes. Convocatorias que ordene el Hermano/a Mayor, despachar correspondencia, custodiar la documentación de la Cofradía.

•  Llevar al dia el Libro de Registro de Cofrades, en el que constará la fecha de altas y bajas.

•  Redactar la Memoria anual que ha de leer en la Asamblea General.

•  Informar a la Asamblea General y a la Junta de Gobierno acerca de la legalidad de los acuerdos a tomar.

•  Certificar cualquier acuerdo que se adopte.

•  Solicitar del Ordinario la confirmación de la elección del Hermano/a Mayor y de su Junta directiva, y enviar el acta de su toma de posesión.

Artículo 39. EL/ LA TESORERO /A. Funciones. Son funciones del mismo las siguientes:

  1. Rendir cuentas de su gestión a la Junta de Gobierno cada vez que esta lo requiera y, anualmente, a la Asamblea General.
  2. Elaborar los presupuestos y balances anuales que la Junta Directiva presentará para la supervisión por la Administración Diocesana
  3. Realizar los gastos ordinarios por sí mismo/a; y los extraordinarios con el visto bueno del Cofrade Mayor.
  4. Llevar los libros de contabilidad, con los ingresos y egresos debidamente actualizados.
  5. Extender los correspondientes recibos de cuotas.
  6. Pedir la autorización de la Junta de Gobierno para todos los gastos extraordinarios.

Artículo 40. VOCALES. Habrá cuatro vocales, de los cuales uno/a es censor/a de cuentas y otro/a vicesecretario/a. El/ la Censor /a de cuentas colabora con el/la tesorero/a y supervisa junto con el/la mismo/a las cuentas antes de ser presentadas a la Junta de Gobierno o Asamblea General. El Vicesecretario/a colabora con el/ la Secretario /a en las labores propias del cargo.

Los otros dos vocales al ser componentes de la Junta de Gobierno sin función específica, auxiliarán a los cargos: sustituir por orden al/ la Secretario /a, Tesorero/a, cuando estos/as no puedan concurrir a las sesiones o actos, con todas las atribuciones de éstos/as. Organizar cultos o cooperar con el Director espiritual o Consiliario en la organización de los mismos, elaboración de cartas, confección de programas, etc.

Artículo 41. La Junta de Gobierno podrá encargar a otros cofrades el desempeño de algún oficio, sin pertenecer por ello a la Junta.

CAPÍTULO VII. DE LOS BIENES Y SU ADMINISTRACIÓN.

Artículo 42. Fuentes de ingresos. Recursos. Esta Cofradía para llevar a cabo los objetivos propuestos, está facultada para utilizar los siguientes recursos:

  1. El cobro de cuotas a los Cofrades.
  2. La aceptación de donativos, legados y herencias.
  3. Las rentas del propio patrimonio de la Cofradía.
  4. Cualquier otro recurso permitido en Derecho.

La aceptación de donaciones, legados y herencias, que lleven parejo el cumplimiento de alguna carga o condición, requiere autorización expresa del Obispo de la Diócesis (c. 1304).

Artículo 43. Presupuestos y balances. La Junta de Gobierno administrará legítimamente los bienes de la Cofradía , a tenor de las normas emanadas de la Autoridad Diocesana (cc. 319 y 1276). Se consideran actos de administración ordinaria los referidos a la ejecución del presupuesto de gastos ordinarios, debidamente aprobados.

Artículo 44. La Junta de Gobierno confeccionará actualmente el presupuesto ordinario de Ingresos y Gastos que deberá ser aprobado por la Asamblea General (c. 1284, 3), la cual aprobará igualmente los presupuestos extraordinarios y los balances de situación y gestión. Presupuesto y balance anual habrán de ser supervisados anualmente por el Ecónomo Diocesano y aprobadas por el Ordinario (c. 319, 1). El/ La Cofrade Mayor ordenará igualmente dar a las cuentas suficiente publicidad para conocimiento de todos (c. 1287, 2).

Artículo 45. El presupuesto ordinario de gastos no podrá rebasar la cantidad máxima establecida por la autoridad eclesiástica (9000 Euros), sin permiso de la misma. Los presupuestos extraordinarios, cuando excedan de la cantidad máxima establecida (3000 Euros), requieren la misma autorización.

Artículo 46. El presupuesto ordinario de gastos será tal, que el posible déficit resultante pueda ser cubierto en el tiempo que dure el mandato de la Junta de Gobierno que lo contrae. Los presupuestos extraordinarios que no puedan liquidarse durante el referido mandato, precisan especial licencia de la autoridad eclesiástica.

Artículo 47. La Junta debe responder de todas las obligaciones fiscales de la cofradía. En caso de actividades que generen beneficios, se solicitará el código de identificación fiscal, a efectos del pago de impuestos.

Artículo 48. En los contratos de arrendamientos de un bien rústico o urbano, además de cumplir la legislación civil (c. 1.290), deberá ser consultado el Ordinario.

Artículo 49. Sin licencia escrita del Ordinario ningún administrador puede incoar un litigio o contestar a la demanda del Juez Civil (c. 1.288).

Artículo 50. Actos de disposición. La enajenación. En toda enajenación, salvo que el bien tenga poco valor, se requiere previamente una tasación escrita, hecha por peritos (c. 1293, 1, 2), no debiendo enajenarse por un valor inferior a tal tasación (c. 1294, 1). La enajenación de un bien, además de requerir causas justas, si la tasación supera la cantidad de 3000 Euros, requiere licencia del Obispo. Igualmente si se tratase de un bien precioso por su valor histórico-artístico, para la validez de la enajenación, se requiere también licencia de la Santa Sede (cc. 639, 3 y 1292, 2).

Artículo 51. Otras obligaciones. La Cofradía contribuirá al sostenimiento de la Economía Diocesana (Fondo Común Diocesano) con una cuota anual del 8 % sobre el total del capítulo de ingresos anuales, sin contar el superavit de años anteriores, ni subvenciones específicas si las hubiere (Normas de Cooperación de los fieles para el sostenimiento de la Iglesia. Boletín Oficial Obispado Tenerife. (nn. 11-12 Nbre-dbre 2006). Colaborará con la parroquia con una cuota del 5% sobre los ingresos netos anuales, como aportación corresponsable a la comunidad a la que pertenece.

Artículo 52. Inventario. El Tesorero-Administrador de la Cofradía , al tomar posesión de sus cargo, actualizará y confeccionará un inventario exacto y detallado de cuantos bienes muebles inmuebles y preciosos, posea la Cofradía (c. 1283, 2. 3). El/ La Cofrade Mayor lo firmará y ordenará enviar una copia a la Delegación Diocesana de Hermandades y Cofradías.

Es también de su competencia el mantener actualizada la documentación suficiente sobre la titulación de los bienes (c. 1.284, 2, 9). Los fondos deben estar depositados en entidades bancarias y para su disposición ser requerida la firma de, al menos, dos personas.

CAPÍTULO VIII: EXTINCIÓN Y SUPRESIÓN DE LA COFRADÍA.

Artículo 53. La Cofradía , por su condición de persona jurídica, es perpetua. Sin embargo, se extingue si es legítimamente suprimida por la autoridad competente (c. 320) o si cesa su actividad por espacio de cien años (c. 120). Caso de que esto ocurriese, los bienes de la Cofradía pasarán a la Parroquia del Dulce Nombre de Jesús de La Guancha.

DISPOSICIÓN FINAL

La Cofradía queda sometida en todo a cuanto se dispone en estos Estatutos, a la Autoridad Diocesana y a cuanto está legislado según Derecho o se legisle en lo sucesivo. Entrarán en vigor en la fecha en que sean aprobados oficialmente por el Ordinario Diocesano.

 


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lunes, 20 de septiembre de 2010

ZENIT   nos ofrece el discurso que pronunció  el Papa Benedicto XVI, el sábado 18 de Septiembre de 2010, durante la celebración de la Vigilia de oración por la beatificación del cardenal John Henry Newman, en el Hyde Park de Londres.

Hermanos y hermanas en Cristo:

Ésta es una noche de alegría, de gozo espiritual inmenso para todos nosotros. Nos hemos reunido aquí en esta vigilia de oración para preparar la Misa de mañana, durante la que un gran hijo de esta nación, el cardenal John Henry Newman, será declarado beato. Cuántas personas han anhelado este momento, en Inglaterra y en todo el mundo. También es una gran alegría para mí, personalmente, compartir con vosotros esta experiencia. Como sabéis, durante mucho tiempo, Newman ha ejercido una importante influencia en mi vida y pensamiento, como también en otras muchas personas más allá de estas islas. El drama de la vida de Newman nos invita a examinar nuestras vidas, para verlas en el amplio horizonte del plan de Dios y crecer en comunión con la Iglesia de todo tiempo y lugar: la Iglesia de los apóstoles, la Iglesia de los mártires, la Iglesia de los santos, la Iglesia que Newman amaba y a cuya misión dedicó toda su vida.

Agradezco al Arzobispo Peter Smith sus amables palabras de bienvenida en vuestro nombre, y me complace vivamente ver a tantos jóvenes presentes en esta vigilia. Esta tarde, en el contexto de nuestra oración común, me gustaría reflexionar con vosotros sobre algunos aspectos de la vida de Newman, que considero muy relevantes para nuestra vida como creyentes y para la vida de la Iglesia de hoy.

Permitidme empezar recordando que Newman, por su propia cuenta, trazó el curso de toda su vida a la luz de una poderosa experiencia de conversión que tuvo siendo joven. Fue una experiencia inmediata de la verdad de la Palabra de Dios, de la realidad objetiva de la revelación cristiana tal y como se recibió en la Iglesia. Esta experiencia, a la vez religiosa e intelectual, inspiraría su vocación a ser ministro del Evangelio, su discernimiento de la fuente de la enseñanza autorizada en la Iglesia de Dios y su celo por la renovación de la vida eclesial en fidelidad a la tradición apostólica. Al final de su vida, Newman describe el trabajo de su vida como una lucha contra la creciente tendencia a percibir la religión como un asunto puramente privado y subjetivo, una cuestión de opinión personal. He aquí la primera lección que podemos aprender de su vida: en nuestros días, cuando un relativismo intelectual y moral amenaza con minar la base misma de nuestra sociedad, Newman nos recuerda que, como hombres y mujeres a imagen y semejanza de Dios, fuimos creados para conocer la verdad, y encontrar en esta verdad nuestra libertad última y el cumplimiento de nuestras aspiraciones humanas más profundas. En una palabra, estamos destinados a conocer a Cristo, que es "el camino, y la verdad, y la vida" (Jn 14,6).

La vida de Newman nos enseña también que la pasión por la verdad, la honestidad intelectual y la auténtica conversión son costosas. No podemos guardar para nosotros mismos la verdad que nos hace libres; hay que dar testimonio de ella, que pide ser escuchada, y al final su poder de convicción proviene de sí misma y no de la elocuencia humana o de los argumentos que la expongan. No lejos de aquí, en Tyburn, un gran número de hermanos y hermanas nuestros murieron por la fe. Su testimonio de fidelidad hasta el final fue más poderoso que las palabras inspiradas que muchos de ellos pronunciaron antes de entregar todo al Señor. En nuestro tiempo, el precio que hay que pagar por la fidelidad al Evangelio ya no es ser ahorcado, descoyuntado y descuartizado, pero a menudo implica ser excluido, ridiculizado o parodiado. Y, sin embargo, la Iglesia no puede sustraerse a la misión de anunciar a Cristo y su Evangelio como verdad salvadora, fuente de nuestra felicidad definitiva como individuos y fundamento de una sociedad justa y humana.

Por último, Newman nos enseña que si hemos aceptado la verdad de Cristo y nos hemos comprometido con él, no puede haber separación entre lo que creemos y lo que vivimos. Cada uno de nuestros pensamientos, palabras y obras deben buscar la gloria de Dios y la extensión de su Reino. Newman comprendió esto, y fue el gran valedor de la misión profética de los laicos cristianos. Vio claramente que lo que hacemos no es tanto aceptar la verdad en un acto puramente intelectual, sino abrazarla en una dinámica espiritual que penetra hasta la esencia de nuestro ser. Verdad que se transmite no sólo por la enseñanza formal, por importante que ésta sea, sino también por el testimonio de una vida íntegra, fiel y santa; y los que viven en y por la verdad instintivamente reconocen lo que es falso y, precisamente como falso, perjudicial para la belleza y la bondad que acompañan el esplendor de la verdad, veritatis splendor.

La primera lectura de esta noche es la magnífica oración en la que San Pablo pide que comprendamos "lo que trasciende toda filosofía: el amor cristiano" (Ef 3,14-21). El apóstol desea que Cristo habite en nuestros corazones por la fe (cf. Ef 3,17) y que podamos comprender con todos los santos "lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo" de ese amor. Por la fe, llegamos a ver la palabra de Dios como lámpara para nuestros pasos y luz en nuestro sendero (cf. Sal 119,105). Newman, igual que innumerables santos que le precedieron en el camino del discipulado cristiano, enseñó que la "bondadosa luz" de la fe nos lleva a comprender la verdad sobre nosotros mismos, nuestra dignidad como hijos de Dios y el destino sublime que nos espera en el cielo. Al permitir que brille la luz de la fe en nuestros corazones, y permaneciendo en esa luz a través de nuestra unión cotidiana con el Señor en la oración y la participación en la vida que brota de los sacramentos de la Iglesia, llegamos a ser luz para los que nos rodean; ejercemos nuestra "misión profética"; con frecuencia, sin saberlo si quiera, atraemos a la gente un poco más cerca del Señor y su verdad. Sin la vida de oración, sin la transformación interior que se lleva a cabo a través de la gracia de los sacramentos, no podemos, en palabras de Newman, "irradiar a Cristo"; nos convertimos en otros "platillos que aturden" (1 Co 13,1) en un mundo lleno de creciente ruido y confusión, lleno de falsos caminos que sólo conducen a angustias y espejismos.

En una de las meditaciones más queridas del Cardenal se dice: "Dios me ha creado para una misión concreta. Me ha confiado una tarea que no ha encomendado a otro" (Meditaciones sobre la doctrina cristiana). Aquí vemos el agudo realismo cristiano de Newman, el punto en que fe y vida inevitablemente se cruzan. La fe busca dar frutos en la transformación de nuestro mundo a través del poder del Espíritu Santo, que actúa en la vida y obra de los creyentes. Nadie que contemple con realismo nuestro mundo de hoy podría pensar que los cristianos pueden permitirse el lujo de continuar como si no pasara nada, haciendo caso omiso de la profunda crisis de fe que impregna nuestra sociedad, o confiando sencillamente en que el patrimonio de valores transmitido durante siglos de cristianismo seguirá inspirando y configurando el futuro de nuestra sociedad. Sabemos que en tiempos de crisis y turbación Dios ha suscitado grandes santos y profetas para la renovación de la Iglesia y la sociedad cristiana; confiamos en su providencia y pedimos que nos guíe constantemente. Pero cada uno de nosotros, de acuerdo con su estado de vida, está llamado a trabajar por el progreso del Reino de Dios, infundiendo en la vida temporal los valores del Evangelio. Cada uno de nosotros tiene una misión, cada uno de nosotros está llamado a cambiar el mundo, a trabajar por una cultura de la vida, una cultura forjada por el amor y el respeto a la dignidad de cada persona humana. Como el Señor nos dice en el Evangelio que acabamos de escuchar, nuestra luz debe alumbrar a todos, para que, viendo nuestras buenas obras, den gloria a nuestro Padre, que está en el cielo (cf. Mt 5,16).

Deseo ahora dirigir una palabra especial a los numerosos jóvenes presentes. Queridos jóvenes amigos: sólo Jesús conoce la "misión concreta" que piensa para vosotros. Dejad que su voz resuene en lo más profundo de vuestro corazón: incluso ahora mismo, su corazón está hablando a vuestro corazón. Cristo necesita familias para recordar al mundo la dignidad del amor humano y la belleza de la vida familiar. Necesita hombres y mujeres que dediquen su vida a la noble labor de educar, atendiendo a los jóvenes y formándolos en el camino del Evangelio. Necesita a quienes consagrarán su vida a la búsqueda de la caridad perfecta, siguiéndole en castidad, pobreza y obediencia y sirviéndole en sus hermanos y hermanas más pequeños. Necesita el gran amor de la vida religiosa contemplativa, que sostiene el testimonio y la actividad de la Iglesia con su oración constante. Y necesita sacerdotes, buenos y santos sacerdotes, hombres dispuestos a dar su vida por sus ovejas. Preguntadle al Señor lo que desea de vosotros. Pedidle la generosidad de decir sí. No tengáis miedo a entregaros completamente a Jesús. Él os dará la gracia que necesitáis para acoger su llamada. Permitidme terminar estas pocas palabras invitándoos vivamente a acompañarme el próximo año en Madrid en la Jornada Mundial de la Juventud. Siempre es una magnífica ocasión para crecer en el amor a Cristo y animaros a una gozosa vida de fe junto a miles de jóvenes. Espero ver a muchos de vosotros allí.

Y ahora, queridos amigos, sigamos con nuestra vigilia de oración para preparar nuestro encuentro con Cristo, presente entre nosotros en el Santísimo Sacramento del Altar. Juntos, en el silencio de nuestra adoración en común, abramos nuestras mentes y corazones a su presencia, a su amor y al poder convincente de su verdad. Démosle gracias especialmente por el testimonio perenne de la verdad, ofrecido por el Cardenal John Henry Newman. Confiando en sus oraciones, pidamos al Señor que ilumine nuestro camino y el camino de toda la sociedad británica, con la luz amable de su verdad, su amor y su paz. Amén.

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Publicado por Desconocido @ 22:48  | Habla el Papa
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ZENIT  nos ofrece el texto del discurso que el Papa Benedicto XVI dirigió el viernes 17 de Septiembre de 2010 a los religiosos y profesores que se dedican a la enseñanza en escuelas católicas, durante su visita al St. Mary's University College de Twickenham.

Excelentísimo Secretario de Estado de Educación,
Señor Obispo Stack,
Doctor Naylor,
Reverendos Padres, Hermanos y Hermanas en Cristo:

Me complace tener esta oportunidad para rendir homenaje a la destacada contribución, brindada por religiosos y religiosas en esta tierra, a la noble tarea de la educación. Doy las gracias a los jóvenes por sus magníficas canciones, y agradezco a la Hermana Teresa sus palabras. A ella y a todos los hombres y mujeres que dedican sus vidas a enseñar a los jóvenes, deseo manifestarles mis sentimientos de profundo agradecimiento. Formáis a las nuevas generaciones no sólo en el conocimiento de la fe, sino en cada aspecto de lo que significa vivir como ciudadanos maduros y responsables en el mundo actual.

Como sabéis, la tarea de un maestro no es sencillamente comunicar información o proporcionar capacitación en unas habilidades orientadas al beneficio económico de la sociedad; la educación no es y nunca debe considerarse como algo meramente utilitario. Se trata de la formación de la persona humana, preparándola para vivir en plenitud. En una palabra, se trata de impartir sabiduría. Y la verdadera sabiduría es inseparable del conocimiento del Creador, porque «en sus manos estamos nosotros y nuestras palabras y toda la prudencia y destreza de nuestras obras» (Sab 7,16).

Los monjes percibieron con claridad esta dimensión trascendente del estudio y la enseñanza, que tanto contribuyó a la evangelización de estas islas. Me refiero a los benedictinos que acompañaron a San Agustín en su misión a Inglaterra; a los discípulos de San Columbano, que propagaron la fe por Escocia y el norte de Inglaterra; a San David y sus compañeros en Gales. Ya que la búsqueda de Dios, que está en el corazón de la vocación monástica, requiere un compromiso activo con los medios por los que Él se da a conocer -su creación y su Palabra revelada-, era natural que el monasterio tuviera una biblioteca y una escuela (cf. Discurso a los representantes del mundo de la cultura en el "Colegio de los Bernardinos" en París, el 12 de septiembre de 2008). La dedicación monacal al aprendizaje como senda de encuentro con la Palabra de Dios encarnada sentó las bases de nuestra cultura y civilización occidentales.

Al mirar a mi alrededor hoy en día, veo a muchos religiosos de vida activa cuyo carisma incluye la educación de los jóvenes. Ello me ofrece la oportunidad de dar gracias a Dios por la vida y obra de la Venerable María Ward, originaria de esta tierra, cuya visión de la vida religiosa apostólica femenina ha dado tantos frutos. Yo mismo, siendo niño, fui educado por las "Damas Inglesas", y tengo hacia ellas una profunda deuda de gratitud. Muchos pertenecéis a congregaciones dedicadas a la enseñanza, que han llevado la luz del Evangelio a tierras lejanas, como parte de la gran obra misionera de la Iglesia. También doy gracias a Dios por esto y le alabo. A menudo, pusisteis las bases de la previsión educativa mucho antes de que el Estado asumiera la responsabilidad de este servicio vital tanto para el individuo como para la sociedad. Como los papeles respectivos de la Iglesia y el Estado en el ámbito de la educación siguen evolucionando, nunca olvidéis que los religiosos tienen una única contribución que ofrecer a este apostolado, sobre todo a través de sus vidas consagradas a Dios y por medio de su fidelidad: el testimonio de amor a Cristo, el Maestro por excelencia.

En efecto, la presencia de los religiosos en las escuelas católicas es un signo que recuerda intensamente el tan discutido ethos católico que debe permear todos los aspectos de la vida escolar. Esto va más allá de la evidente exigencia de que el contenido de la enseñanza concuerde siempre con la doctrina de la Iglesia. Se trata de que la vida de fe sea la fuerza impulsora de toda actividad escolar, para que la misión de la Iglesia se desarrolle con eficacia, y los jóvenes puedan descubrir la alegría de participar en "el ser para los demás", propio de Cristo (cf. Spe Salvi, 28).

Antes de concluir, deseo añadir una palabra especial de aprecio hacia quienes tienen la tarea de garantizar que nuestras escuelas ofrezcan un entorno seguro para niños y jóvenes. Nuestra responsabilidad hacia aquellos que nos han confiado su formación cristiana no puede exigir menos. De hecho, la vida de fe se puede cultivar con eficacia cuando prevalece un clima de confianza respetuosa y afectuosa. Rezo para que ello siga siendo un sello distintivo de las escuelas católicas en este país.

Con estos sentimientos, queridos hermanos y hermanas, os invito ahora a poneros en pie y orar.

* * *

Señor Obispo Stack, le ruego, como Presidente de la Junta de Gobierno de la Universidad de Santa María, que reciba, en nombre del Colegio, este mosaico de la Santísima Virgen María, que obsequio. 

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Publicado por Desconocido @ 22:43  | Habla el Papa
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ZENIT  nos ofrece el discurso que el Papa dirigió a los más de 4.000 estudiantes de escuelas católicas inglesas, galesas y escocesas, a quienes se dirigió durante su visita al St. Mary's University College de Twickenham, tras saludar a los religiosos y profesores, el viernes 17 de Septiembre de 2010.

Queridos hermanos y hermanas en Cristo,
Queridos jóvenes

Quiero manifestaros ante todo mi alegría por estar con vosotros hoy aquí. Os saludo con cariño a todos los que habéis venido a la Universidad de Saint Mary desde las diversas escuelas y facultades católicas de todo el Reino Unido, y a los que seguís este encuentro a través de la televisión o internet. Agradezco al Obispo McMahon su amable bienvenida. Doy las gracias también al coro y a la orquesta por la preciosa música que ha dado comienzo a nuestra celebración, e igualmente deseo expresar mi gratitud a la Señorita Bellot por las amables palabras que me ha dirigido en nombre de todos los jóvenes aquí presentes. Con vistas a los próximos Juegos Olímpicos en Londres, me ha sido grato inaugurar esta fundación deportiva, llamada así en honor del Papa Juan Pablo II, y rezo para que cuantos vengan aquí den gloria a Dios con sus actividades deportivas y disfruten ellos mismos y los demás.

No es frecuente que un Papa u otra persona tenga la posibilidad de hablar a la vez a los alumnos de todas las escuelas católicas de Inglaterra, Gales y Escocia. Y como tengo esta oportunidad, hay algo que deseo enormemente deciros. Espero que, entre quienes me escucháis hoy, esté alguno de los futuros santos del siglo XXI. Lo que Dios desea más de cada uno de vosotros es que seáis santos. Él os ama mucho más de lo jamás podríais imaginar y quiere lo mejor para vosotros. Y, sin duda, lo mejor para vosotros es que crezcáis en santidad.

Quizás alguno de vosotros nunca antes pensó esto. Quizás, alguno opina que la santidad no es para él. Dejad que me explique. Cuando somos jóvenes, solemos pensar en personas a las que respetamos, admiramos y como las que nos gustaría ser. Puede que sea alguien que encontramos en nuestra vida diaria y a quien tenemos una gran estima. O puede que sea alguien famoso. Vivimos en una cultura de la fama, y a menudo se alienta a los jóvenes a modelarse según las figuras del mundo del deporte o del entretenimiento. Os pregunto: ¿Cuáles son las cualidades que veis en otros y que más os gustarían para vosotros? ¿Qué tipo de persona os gustaría ser de verdad?

Cuando os invito a ser santos, os pido que no os conforméis con ser de segunda fila. Os pido que no persigáis una meta limitada y que ignoréis las demás. Tener dinero posibilita ser generoso y hacer el bien en el mundo, pero, por sí mismo, no es suficiente para haceros felices. Estar altamente cualificado en determinada actividad o profesión es bueno, pero esto no os llenará de satisfacción a menos que aspiremos a algo más grande aún. Llegar a la fama, no nos hace felices. La felicidad es algo que todos quieren, pero una de las mayores tragedias de este mundo es que muchísima gente jamás la encuentra, porque la busca en los lugares equivocados. La clave para esto es muy sencilla: la verdadera felicidad se encuentra en Dios. Necesitamos tener el valor de poner nuestras esperanzas más profundas solamente en Dios, no en el dinero, la carrera, el éxito mundano o en nuestras relaciones personales, sino en Dios. Sólo él puede satisfacer las necesidades más profundas de nuestro corazón.

Dios no solamente nos ama con una profundidad e intensidad que difícilmente podremos llegar a comprender, sino que, además, nos invita a responder a su amor. Todos sabéis lo que sucede cuando encontráis a alguien interesante y atractivo, y queréis ser amigo suyo. Siempre esperáis resultar interesantes y atractivos, y que deseen ser vuestros amigos. Dios quiere vuestra amistad. Y cuando comenzáis a ser amigos de Dios, todo en la vida empieza a cambiar. A medida que lo vais conociendo mejor, percibís el deseo de reflejar algo de su infinita bondad en vuestra propia vida. Os atrae la práctica de las virtudes. Comenzáis a ver la avaricia y el egoísmo y tantos otros pecados como lo que realmente son, tendencias destructivas y peligrosas que causan profundo sufrimiento y un gran daño, y deseáis evitar caer en esas trampas. Empezáis a sentir compasión por la gente con dificultades y ansiáis hacer algo por ayudarles. Queréis prestar ayuda a los pobres y hambrientos, consolar a los tristes, deseáis ser amables y generosos. Cuando todo esto comience a sucederos, estáis en camino hacia la santidad.

En vuestras escuelas católicas, hay cada vez más iniciativas, además de las materias concretas que estudiáis y de las diferentes habilidades que aprendéis. Todo el trabajo que realizáis se sitúa en un contexto de crecimiento en la amistad con Dios y todo ello debe surgir de esta amistad. Aprendéis a ser no sólo buenos estudiantes, sino buenos ciudadanos, buenas personas. A medida que avanzáis en los diferentes cursos escolares, debéis ir tomando decisiones sobre las materias que vais a estudiar, comenzando a especializaros de cara a lo que más tarde vais a hacer en la vida. Esto es justo y conveniente. Pero recordad siempre que cuando estudiáis una materia, es parte de un horizonte mayor. No os contentéis con ser mediocres. El mundo necesita buenos científicos, pero una perspectiva científica se vuelve peligrosa si ignora la dimensión religiosa y ética de la vida, de la misma manera que la religión se convierte en limitada si rechaza la legítima contribución de la ciencia en nuestra comprensión del mundo. Necesitamos buenos historiadores, filósofos y economistas, pero si su aportación a la vida humana, dentro de su ámbito particular, se enfoca de manera demasiado reducida, pueden llevarnos por mal camino.

Una buena escuela educa integralmente a la persona en su totalidad. Y una buena escuela católica, además de este aspecto, debería ayudar a todos sus alumnos a ser santos. Sé que hay muchos no-católicos estudiando en las escuelas católicas de Gran Bretaña, y deseo incluiros a todos vosotros en mi mensaje de hoy. Rezo para que también vosotros os sintáis movidos a la práctica de la virtud y crezcáis en el conocimiento y en la amistad con Dios junto a vuestros compañeros católicos. Sois para ellos un signo que les recuerda ese horizonte mayor, que está fuera de la escuela, y de hecho, es bueno que el respeto y la amistad entre miembros de diversas tradiciones religiosas forme parte de las virtudes que se aprenden en una escuela católica. Igualmente, confío en que queráis compartir con otros los valores e ideas aprendidos gracias a la educación cristiana que habéis recibido.

Queridos amigos, os agradezco vuestra atención; os prometo que rezaré por vosotros, y os pido que recéis por mí. Espero veros a muchos de vosotros el próximo agosto, en la Jornada Mundial de la Juventud, en Madrid. Mientras tanto, que Dios os bendiga.

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Publicado por Desconocido @ 22:39  | Habla el Papa
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ZENIT  nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigió el viernes 17 de Septiembre de 2010 a los líderes de las comunidades judía, musulmana, hindú y sikh en la Waldegrave Drawing Room del St Mary’s University College, en Twickenham (Londres).

Distinguidos invitados, queridos amigos

Me alegra mucho tener la oportunidad de encontrarme con vosotros, representantes de las diversas comunidades religiosas presentes en Gran Bretaña. Quisiera saludar tanto a los ministros religiosos como a las personas que trabajan en la política, los negocios o la industria. Agradezco al Dr. Azzam y al Rabino Jefe Lord Sacks los saludos que me han dirigido en vuestro nombre. En este saludo, permitidme igualmente desear a la comunidad judía en Gran Bretaña y en todo el mundo una feliz y santa celebración del Yom Kippur.

Me gustaría comenzar señalando el aprecio que la Iglesia Católica tiene por el importante testimonio de todos vosotros, hombres y mujeres de espíritu, en un momento donde las convicciones religiosas no siempre son bien entendidas o apreciadas. La presencia de creyentes comprometidos en diversos ámbitos de la vida social y económica habla por sí misma de que la dimensión espiritual de nuestras vidas es fundamental en nuestra identidad como seres humanos o, en otras palabras, que el hombre no sólo vive de pan (cf. Dt 8, 3). Como seguidores de tradiciones religiosas diferentes que trabajamos juntos por el bien de toda la comunidad, ponemos de relieve la gran importancia de nuestra cooperación en común, que complementa el aspecto personal de nuestro continuo diálogo.

En el plano espiritual, todos nosotros, por caminos diferentes, estamos personalmente comprometidos en un recorrido que da una respuesta al interrogante más importante: el relativo al sentido último de nuestra existencia humana. El anhelo por lo sagrado es la búsqueda de la cosa necesaria y la única que puede satisfacer las aspiraciones del corazón humano. En el siglo quinto, San Agustín describió esta búsqueda con las siguientes palabras: "Nos hiciste Señor para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti" (Confesiones, libro I, 1). Cuando nos embarcamos en esta aventura, nos damos cuenta cada vez más de que la iniciativa no depende de nosotros, sino del Señor: no se trata tanto de que le buscamos a Él, sino que es Él quien nos busca a nosotros; más aún es quien ha puesto en nuestros corazones ese anhelo de Él.

Vuestra presencia y testimonio en el mundo recuerdan la importancia fundamental que tiene para la vida de cada hombre esta búsqueda espiritual en la que estamos comprometidos. Desde su propio ámbito, las ciencias humanas y naturales nos proporcionan unos conocimientos asombrosos sobre algunos aspectos de nuestra existencia y enriquecen nuestra comprensión sobre el funcionamiento del universo físico, y de esta manera se pueden aprovechar para el mayor beneficio de la familia humana. Aun así, estas disciplinas no dan, ni pueden, una respuesta a la pregunta fundamental, porque su campo de acción es otro. No pueden satisfacer los deseos más profundos del corazón del hombre; no pueden explicar plenamente nuestro origen y nuestro destino, por qué y para qué existimos; ni siquiera pueden darnos una respuesta exhaustiva a la pregunta: "¿Por qué existe algo en vez de nada?".

La búsqueda de lo sagrado no devalúa otros campos de investigación humana. Al contrario, los sitúa en un contexto que acrecienta su importancia como medios del ejercicio responsable de nuestro dominio sobre la creación. En la Biblia, leemos que, concluido el trabajo de la creación, Dios bendijo a nuestros primeros padres y les dijo: "Creced, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla" (Gn 1, 28). Nos confió la tarea de explorar y aprovechar los misterios de la naturaleza al servicio de un bien superior. ¿Cuál es este bien superior? En la fe cristiana se expresa como amor a Dios y amor al prójimo. De este modo, nos comprometemos con el mundo con entusiasmo y de corazón, pero siempre con la vista puesta en servir a ese bien superior, a fin de no desdibujar la belleza de la creación explotándola por motivos egoístas.

Es así como, la genuina creencia religiosa nos sitúa más allá de la utilidad presente, hacia la trascendencia. Nos recuerda la posibilidad y el imperativo de la conversión moral, el deber de vivir en paz con nuestro prójimo y la importancia de llevar una vida íntegra. Entendida de forma adecuada, nos ilumina, purifica nuestros corazones e inspira acciones nobles y generosas, en beneficio de toda la familia humana. Nos mueve a la práctica de la virtud y nos lleva al amor de los unos para con los otros, con el mayor respeto a las tradiciones religiosas distintas de las nuestras.

Desde el Concilio Vaticano II, la Iglesia Católica ha dado especial relieve a la importancia del diálogo y la colaboración con los miembros de otras religiones. Y para que sea fecundo, es necesario que haya reciprocidad en cuantos dialogan y en los seguidores de otras religiones. En concreto, pienso en la situación de algunas partes del mundo donde la colaboración y el diálogo interreligioso necesita del respeto recíproco, la libertad para poder practicar la propia religión y participar en actos públicos de culto, así como la libertad de seguir la propia conciencia sin sufrir ostracismo o persecución, incluso después de la conversión de una religión a otra. Establecido dicho respeto y apertura, la gente de todas las religiones trabajarán juntos de manera efectiva por la paz y el entendimiento mutuo, y serán así un testimonio convincente ante el mundo.

Este tipo de diálogo necesita llevarse a cabo en distintos niveles y no se debería limitar a discusiones formales. El diálogo de vida implica sencillamente vivir uno junto al otro y aprender el uno del otro de tal forma que se crezca en el conocimiento y el respeto recíproco. El diálogo de acción nos reúne en formas concretas de colaboración, y aplicamos nuestra dimensión religiosa a la tarea de la promoción del desarrollo humano integral, trabajando por la paz, la justicia y la utilización de la creación. Este tipo de diálogo puede incluir la búsqueda conjunta de maneras de defender la vida humana en todas sus etapas y también la manera de asegurar que no se excluya de la vida social la dimensión religiosa de individuos y comunidades. Después, en el ámbito de las conversaciones formales, existe no sólo la necesidad de coloquios teológicos, sino también la de compartir nuestra riqueza espiritual, hablando sobre nuestra experiencia de oración y contemplación y expresando la alegría mutua del encuentro con el amor divino. En este contexto, me alegra ver tantas iniciativas positivas emprendidas en este país para promover este diálogo en distintos niveles. Como los Obispos católicos de Inglaterra y Gales han subrayado en su reciente documento: "Encontrar a Dios en el amigo y en el desconocido", el esfuerzo por reunir de manera amistosa a los miembros de otras religiones se está convirtiendo en parte natural de la misión de la Iglesia local (cf. n. 228), un aspecto característico del panorama religioso de esta nación.

Queridos amigos, al concluir mi reflexión, deseo aseguraros que la Iglesia católica sigue por este camino de compromiso y diálogo en el genuino respeto hacia vosotros y vuestras creencias. Los católicos, en Inglaterra y en todo el mundo, seguirán trabajando para construir puentes de amistad con otras religiones, para sanar los errores del pasado y promover la confianza entre individuos y comunidades. Deseo reiteraros mi gratitud por vuestra acogida y por haber tenido la oportunidad de animaros a continuar con el diálogo con vuestros hermanos y hermanas cristianos. Invoco sobre todos la abundancia de las bendiciones divinas. Muchísimas gracias.

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Publicado por Desconocido @ 22:34  | Habla el Papa
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ZENIT nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigió el viernes 17 de Septiembre, durante su visita a Lambeth Palace, al reverendo Rowan Williams, arzobispo de Canterbury, y a los obispos anglicanos y católico-romanos presentes.

Vuestra Gracia:

Me complace poder corresponder a la cortesía de las visitas que me ha hecho en Roma con una visita fraterna aquí, en su residencia oficial. Le doy las gracias por su invitación y por la hospitalidad que tan generosamente me ha brindado. Saludo también a los Obispos anglicanos llegados de diferentes partes del Reino Unido, a mis hermanos Obispos de las Diócesis Católicas de Inglaterra, Gales y Escocia, y a los asesores ecuménicos presentes.

Vuestra Gracias se ha referido al histórico encuentro que tuvo lugar en la catedral de Canterbury, hace casi treinta años, entre dos de nuestros predecesores, el Papa Juan Pablo II y el arzobispo Robert Runcie. Allí, en el mismo lugar donde Santo Tomás de Canterbury dio testimonio de Cristo con el derramamiento de su sangre, rezaron juntos por el don de la unidad entre los seguidores de Cristo. Continuamos hoy orando por este don, conscientes de que la unidad que Cristo deseó fervientemente para sus discípulos sólo llegará en respuesta a la oración, a través de la acción del Espíritu Santo, que renueva sin cesar a la Iglesia y la conduce a la plenitud de la verdad.

No es mi intención hablar hoy de las dificultades que el camino ecuménico ha encontrado y sigue encontrando. Dichas dificultades son bien conocidas por todos los presentes. Más bien, quiero unirme a ustedes en acción de gracias por la profunda amistad que ha crecido entre nosotros y por el notable progreso llevado a cabo en muchos ámbitos del diálogo durante los cuarenta años transcurridos desde que la Comisión Internacional Anglicano-Católica comenzó su labor. Encomendemos los frutos de ese trabajo al Señor de la mies, confiando en que bendiga nuestra amistad con un crecimiento significativo adicional.

El contexto del diálogo entre la Comunión Anglicana y la Iglesia Católica ha evolucionado de forma espectacular desde la reunión privada entre el Papa Juan XXIII y el Arzobispo Geoffrey Fisher en 1960. Por un lado, la cultura que nos rodea se distancia cada vez más de sus raíces cristianas, a pesar de una profunda e intensa hambre de espiritualidad. Por otro lado, la creciente dimensión multicultural de la sociedad, especialmente marcada en este país, trae consigo la oportunidad de encontrar otras religiones. Para los cristianos, esto nos abre la posibilidad de explorar, junto a los miembros de otras tradiciones religiosas, formas de dar testimonio de la dimensión trascendente de la persona humana y de la vocación universal a la santidad, poniendo en práctica la virtud en nuestra vida personal y social. La cooperación ecuménica en esta tarea sigue siendo esencial, y ciertamente dará frutos en la promoción de la paz y la armonía en un mundo que, con tanta frecuencia, corre el riesgo de fragmentarse.

Al mismo tiempo, los cristianos nunca debemos vacilar en proclamar nuestra fe en la unicidad de la salvación que nos ha ganado Cristo, y en explorar juntos una comprensión más profunda de los medios que Él nos ha dado para alcanzar dicha salvación. Dios «quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad» (1 Tim 2,4), y la verdad no es otra que Jesucristo, Hijo eterno del Padre, quien reconcilió consigo todas las cosas con la fuerza de su Cruz. Fieles a la voluntad del Señor, tal como se expresa en este pasaje de la Primera Carta de San Pablo a Timoteo, reconocemos que la Iglesia está llamada a ser inclusiva, pero nunca a expensas de la verdad cristiana. En esto radica el dilema que afrontan cuantos están sinceramente comprometidos con el camino ecuménico.

En la figura de John Henry Newman, que será beatificado el domingo, celebramos a un pastor, cuya visión eclesial creció con su formación anglicana y maduró durante sus muchos años como ministro ordenado en la Iglesia de Inglaterra. Él nos enseña las virtudes que exige el ecumenismo: por un lado, seguía su conciencia, aun con gran sacrificio personal; y por otro, el calor de su constante amistad con sus antiguos compañeros le condujo a investigar con ellos, con un espíritu verdaderamente conciliador, las cuestiones sobre las que diferían, impulsado por un profundo anhelo de unidad en la fe.

Vuestra Gracia, con ese mismo espíritu de amistad, renovemos nuestra determinación de buscar la unidad en la fe, la esperanza y la caridad, de acuerdo con la voluntad de Jesucristo, nuestro único Señor y Salvador.

Con estos sentimientos, me despido de vosotros. Que la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo estén con todos vosotros (cf. 2 Co 13,13).

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Publicado por Desconocido @ 22:30  | Habla el Papa
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domingo, 19 de septiembre de 2010

ZENIT nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigió el viernes 17 de  Septiembre de 2010 a los representantes del mundo político, social, académico, cultural y empresarial británico, así como a los miembros del Cuerpo Diplomático y los líderes religiosos.

Señor Orador

Gracias por sus palabras de bienvenida en nombre de esta distinguida asamblea. Al dirigirme a ustedes, soy consciente del gran privilegio que se me ha concedido de poder hablar al pueblo británico y a sus representantes en Westminster Hall, un edificio de significación única en la historia civil y política del pueblo de estas islas. Permítanme expresar igualmente mi estima por el Parlamento, presente en este lugar desde hace siglos y que ha tenido una profunda influencia en el desarrollo de los gobiernos democráticos entre las naciones, especialmente en la Commonwealth y en el mundo de habla inglesa en general. Vuestra tradición jurídica –"common law"- sirve de base a los sistemas legales de muchos lugares del mundo, y vuestra visión particular de los respectivos derechos y deberes del Estado y de las personas, así como de la separación de poderes, siguen inspirando a muchos en todo el mundo.

Al hablarles en este histórico lugar, pienso en los innumerables hombres y mujeres que durante siglos han participado en los memorables acontecimientos vividos entre estos muros y que han determinado las vidas de muchas generaciones de británicos y de otras muchas personas. En particular, quisiera recordar la figura de Santo Tomás Moro, el gran erudito inglés y hombre de Estado, quien es admirado por creyentes y no creyentes por la integridad con la que fue fiel a su conciencia, incluso a costa de contrariar al soberano de quien era un "buen servidor", pues eligió servir primero a Dios. El dilema que afrontó Moro en aquellos tiempos difíciles, la perenne cuestión de la relación entre lo que se debe al César y lo que se debe a Dios, me ofrece la oportunidad de reflexionar brevemente con ustedes sobre el lugar apropiado de las creencias religiosas en el proceso político.

La tradición parlamentaria de este país debe mucho al instinto nacional de moderación, al deseo de alcanzar un genuino equilibrio entre las legítimas reivindicaciones del gobierno y los derechos de quienes están sujetos a él. Mientras se han dado pasos decisivos en muchos momentos de vuestra historia para delimitar el ejercicio del poder, las instituciones políticas de la nación se han podido desarrollar con un notable grado de estabilidad. En este proceso, Gran Bretaña se ha configurado como una democracia pluralista que valora enormemente la libertad de expresión, la libertad de afiliación política y el respeto por el papel de la ley, con un profundo sentido de los derechos y deberes individuales, y de la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley. Si bien con otro lenguaje, la Doctrina Social de la Iglesia tiene mucho en común con dicha perspectiva, en su preocupación primordial por la protección de la dignidad única de toda persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios, y en su énfasis en los deberes de la autoridad civil para la promoción del bien común.

Con todo, las cuestiones fundamentales en juego en la causa de Tomás Moro continúan presentándose hoy en términos que varían según las nuevas condiciones sociales. Cada generación, al tratar de progresar en el bien común, debe replantearse: ¿Qué exigencias pueden imponer los gobiernos a los ciudadanos de manera razonable? Y ¿qué alcance pueden tener? ¿En nombre de qué autoridad pueden resolverse los dilemas morales? Estas cuestiones nos conducen directamente a la fundamentación ética de la vida civil. Si los principios éticos que sostienen el proceso democrático no se rigen por nada más sólido que el mero consenso social, entonces este proceso se presenta evidentemente frágil. Aquí reside el verdadero desafío para la democracia.

La reciente crisis financiera global ha mostrado claramente la inadecuación de soluciones pragmáticas y a corto plazo relativas a complejos problemas sociales y éticos. Es opinión ampliamente compartida que la falta de una base ética sólida en la actividad económica ha contribuido a agravar las dificultades que ahora están padeciendo millones de personas en todo el mundo. Ya que "toda decisión económica tiene consecuencias de carácter moral" (Caritas in veritate, 37), igualmente en el campo político, la dimensión ética de la política tiene consecuencias de tal alcance que ningún gobierno puede permitirse ignorar. Un buen ejemplo de ello lo encontramos en uno de los logros particularmente notables del Parlamento Británico: la abolición del tráfico de esclavos. La campaña que condujo a promulgar este hito legislativo estaba edificada sobre firmes principios éticos, enraizados en la ley natural, y brindó una contribución a la civilización de la cual esta nación puede estar orgullosa.

Así que, el punto central de esta cuestión es el siguiente: ¿Dónde se encuentra la fundamentación ética de las deliberaciones políticas? La tradición católica mantiene que las normas objetivas para una acción justa de gobierno son accesibles a la razón, prescindiendo del contenido de la revelación. En este sentido, el papel de la religión en el debate político no es tanto proporcionar dichas normas, como si no pudieran conocerlas los no creyentes. Menos aún proponer soluciones políticas concretas, algo que está totalmente fuera de la competencia de la religión. Su papel consiste más bien en ayudar a purificar e iluminar la aplicación de la razón al descubrimiento de principios morales objetivos. Este papel "corrector" de la religión respecto a la razón no siempre ha sido bienvenido, en parte debido a expresiones deformadas de la religión, tales como el sectarismo y el fundamentalismo, que pueden ser percibidas como generadoras de serios problemas sociales. Y a su vez, dichas distorsiones de la religión surgen cuando se presta una atención insuficiente al papel purificador y vertebrador de la razón respecto a la religión. Se trata de un proceso en doble sentido. Sin la ayuda correctora de la religión, la razón puede ser también presa de distorsiones, como cuando es manipulada por las ideologías o se aplica de forma parcial en detrimento de la consideración plena de la dignidad de la persona humana. Después de todo, dicho abuso de la razón fue lo que provocó la trata de esclavos en primer lugar y otros muchos males sociales, en particular la difusión de las ideologías totalitarias del siglo XX. Por eso deseo indicar que el mundo de la razón y el mundo de la fe -el mundo de la racionalidad secular y el mundo de las creencias religiosas- necesitan uno de otro y no deberían tener miedo de entablar un diálogo profundo y continuo, por el bien de nuestra civilización.

En otras palabras, la religión no es un problema que los legisladores deban solucionar, sino una contribución vital al debate nacional. Desde este punto de vista, no puedo menos que manifestar mi preocupación por la creciente marginación de la religión, especialmente del cristianismo, en algunas partes, incluso en naciones que otorgan un gran énfasis a la tolerancia. Hay algunos que desean que la voz de la religión se silencie, o al menos que se relegue a la esfera meramente privada. Hay quienes esgrimen que la celebración pública de fiestas como la Navidad deberían suprimirse según la discutible convicción de que ésta ofende a los miembros de otras religiones o de ninguna. Y hay otros que sostienen -paradójicamente con la intención de suprimir la discriminación- que a los cristianos que desempeñan un papel público se les debería pedir a veces que actuaran contra su conciencia. Éstos son signos preocupantes de un fracaso en el aprecio no sólo de los derechos de los creyentes a la libertad de conciencia y a la libertad religiosa, sino también del legítimo papel de la religión en la vida pública. Quisiera invitar a todos ustedes, por tanto, en sus respectivos campos de influencia, a buscar medios de promoción y fomento del diálogo entre fe y razón en todos los ámbitos de la vida nacional.

Vuestra disposición a actuar así ya está implícita en la invitación sin precedentes que se me ha brindado hoy. Y se ve reflejada en la preocupación en diversos ámbitos en los que vuestro gobierno trabaja con la Santa Sede. En el ámbito de la paz, ha habido conversaciones para la elaboración de un tratado internacional sobre el comercio de armas; respecto a los derechos humanos, la Santa Sede y el Reino Unido se han congratulado por la difusión de la democracia, especialmente en los últimos sesenta y cinco años; en el campo del desarrollo, se ha colaborado en la reducción de la deuda, en el comercio justo y en la ayuda al desarrollo, especialmente a través del International Finance Facility, del International Immunization Bond, y del Advanced Market Commitment. Igualmente, la Santa Sede tiene interés en colaborar con el Reino Unido en la búsqueda de nuevas vías de promoción de la responsabilidad medioambiental, en beneficio de todos.

Observo asimismo que el Gobierno actual compromete al Reino Unido a asignar el 0,7% de la renta nacional a la ayuda al desarrollo hasta el año 2013. En los últimos años, ha sido alentador percibir signos positivos de un crecimiento mundial de la solidaridad hacia los pobres. Sin embargo, para concretar esta solidaridad en acciones eficaces se requieren nuevas ideas que mejoren las condiciones de vida en muchas áreas importantes, tales como la producción de alimentos, el agua potable, la creación de empleo, la educación, el apoyo a las familias, sobre todo emigrantes, y la atención sanitaria básica. Donde hay vidas humanas de por medio, el tiempo es siempre limitado: el mundo ha sido también testigo de los ingentes recursos que los gobiernos pueden emplear en el rescate de instituciones financieras consideradas "demasiado grandes para que fracasen". Desde luego, el desarrollo humano integral de los pueblos del mundo no es menos importante. He aquí una empresa digna de la atención mundial, que es en verdad "demasiado grande para que fracase".

Esta visión general de la cooperación reciente entre el Reino Unido y la Santa Sede muestra cuánto progreso se ha realizado en los años transcurridos desde el establecimiento de relaciones diplomáticas bilaterales, promoviendo en todo el mundo los muchos valores fundamentales que compartimos. Confío y rezo para que esta relación continúe dando frutos y que se refleje en una creciente aceptación de la necesidad de diálogo y de respeto en todos los niveles de la sociedad entre el mundo de la razón y el mundo de la fe. Estoy convencido de que, también dentro de este país, hay muchas áreas en las que la Iglesia y las autoridades públicas pueden trabajar conjuntamente por el bien de los ciudadanos, en consonancia con la histórica costumbre de este Parlamento de invocar la asistencia del Espíritu sobre quienes buscan mejorar las condiciones de toda la humanidad. Para que dicha cooperación sea posible, las entidades religiosas -incluidas las instituciones vinculadas a la Iglesia católica- necesitan tener libertad de actuación conforme a sus propios principios y convicciones específicas basadas en la fe y el magisterio oficial de la Iglesia. Así se garantizarán derechos fundamentales como la libertad religiosa, la libertad de conciencia y la libertad de asociación. Los ángeles que nos contemplan desde el espléndido cielo de este antiguo salón nos recuerdan la larga tradición en la que la democracia parlamentaria británica se ha desarrollado. Nos recuerdan que Dios vela constantemente para guiarnos y protegernos; y, a su vez, nos invitan a reconocer la contribución vital que la religión ha brindado y puede seguir brindando a la vida de la nación.

Señor Orador, le agradezco una vez más la oportunidad que me ha brindado de poder dirigirme brevemente a esta distinguida asamblea. Les aseguro mis mejores deseos y mis oraciones por ustedes y por los fructuosos trabajos de las dos Cámaras de este antiguo Parlamento. Gracias y que les Dios bendiga a todos ustedes.

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Publicado por Desconocido @ 21:00  | Habla el Papa
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ZENIT  nos  ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI pronunció el viernes 17 de Septiembre de 2010 en la Abadía de Westminster, durante una celebración ecuménica de Vísperas junto con el arzobispo de Canterbury, el arzobispo católico de Westminster y otros líderes cristianos.

[Al entrar]

Vuestra Gracia, Señor Deán,
Queridos amigos en Cristo

Os agradezco vuestra amable acogida. Este noble edificio evoca la larga historia de Inglaterra, tan profundamente impregnada de la predicación del Evangelio y la cultura cristiana que este alumbró. Vengo hoy aquí desde Roma como peregrino, para rezar ante la tumba de San Eduardo, Confesor, y unirme a vosotros para implorar el don de la unidad de los cristianos. Que estos momentos de oración y amistad nos confirmen en el amor a Jesucristo, nuestro Señor y Salvador, y en el testimonio común de la constante capacidad del Evangelio para iluminar el futuro de esta gran Nación.

[Tras el rezo de los himnos]

Queridos amigos en Cristo

Doy gracias al Señor por esta oportunidad de unirme a vosotros, representantes de las confesiones cristianas presentes en Gran Bretaña, en esta magnífica iglesia de la abadía de San Pedro, cuya arquitectura e historia hablan de manera tan elocuente de nuestra herencia común de fe. No podemos dejar de recordar aquí en qué gran medida la fe cristiana configuró la unidad y la cultura de Europa y el corazón y el espíritu del pueblo inglés. Aquí también se nos recuerda necesariamente que lo que nos une a Cristo es más que lo que aún nos separa.

Agradezco a Su Gracia el Arzobispo de Canterbury su amable saludo, y al Deán y al Cabildo de esta venerable Abadía su cordial bienvenida. Doy gracias al Señor por permitirme, como Sucesor de San Pedro en la Sede de Roma, realizar esta peregrinación a la tumba de San Eduardo, el Confesor. Eduardo, rey de Inglaterra, sigue siendo un modelo de testimonio cristiano y un ejemplo de la verdadera grandeza a la que el Señor llama a sus discípulos, tal y como acabamos de escuchar en la Escritura: la grandeza de una humildad y obediencia fundadas en el propio ejemplo de Cristo (cf. Flp 2,6-8), la grandeza de una fidelidad que no duda en abrazar el misterio de la cruz por amor eterno al divino Maestro y la inquebrantable esperanza en sus promesas (cf. Mc 10,43-44).

Como sabéis, este año se cumple el centenario del movimiento ecuménico moderno, que comenzó con el llamamiento de la Conferencia de Edimburgo a la unidad cristiana como condición previa para un testimonio creíble y convincente del Evangelio en nuestro tiempo. Al conmemorar este aniversario, debemos dar gracias por los notables progresos realizados en este noble objetivo a través de los esfuerzos de cristianos comprometidos de todas las confesiones. Al mismo tiempo, sin embargo, somos conscientes de lo mucho que todavía queda por hacer. En un mundo caracterizado por una creciente interdependencia y solidaridad, tenemos el desafío de proclamar con renovada convicción la realidad de nuestra reconciliación y liberación en Cristo, y proponer la verdad del Evangelio como la clave de un desarrollo humano auténtico e integral. En una sociedad cada vez más indiferente o incluso hostil al mensaje cristiano, todos estamos obligados a dar una explicación convincente de la alegría y la esperanza que hay en nosotros (cf. 1 P 3,15), y a presentar al Señor Resucitado como respuesta a los interrogantes más profundos y las aspiraciones espirituales de los hombres y las mujeres de nuestro tiempo.

En la procesión al presbiterio, al comienzo de esta celebración, el coro ha cantado que Cristo es nuestro "seguro fundamento". Él es el Hijo eterno de Dios, de la misma naturaleza del Padre, que se encarnó, como dice el Credo, "por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación". Sólo Él tiene palabras de vida eterna. Como enseña el Apóstol, «todo se mantiene en él» ... «porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud» (Col 1,17.19).

Nuestro compromiso por la unidad de los cristianos nace nada menos que de nuestra fe en Cristo, en este Cristo, resucitado de entre los muertos y sentado a la derecha del Padre, que de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos. Es la realidad de la persona de Cristo, su obra de salvación y sobre todo el hecho histórico de su resurrección, lo que configura el contenido del kerigma apostólico y las fórmulas del credo que, a partir del Nuevo Testamento mismo, han garantizado la integridad de su transmisión. En una palabra, la unidad de la Iglesia jamás puede ser otra cosa que la unidad en la fe apostólica, en la fe confiada a cada nuevo miembro del Cuerpo de Cristo durante el rito del Bautismo. Ésta es la fe que nos une al Señor, que nos hace partícipes de su Espíritu Santo, y por lo tanto, incluso ahora, partícipes de la vida de la Santísima Trinidad, el modelo de la koinonía de la Iglesia en este mundo.

Queridos amigos, todos somos conscientes de los retos, las bendiciones, las decepciones y los signos de esperanza que han marcado nuestro camino ecuménico. Esta noche, encomendamos todo esto al Señor, confiando en su providencia y el poder de su gracia. Sabemos que la amistad que hemos forjado, el diálogo que hemos iniciado y la esperanza que nos guía nos dará fuerza y orientación, para que perseveramos en nuestro camino común. Al mismo tiempo, con realismo evangélico, también debemos reconocer los retos a que nos enfrentamos, no sólo en el camino de la unidad de los cristianos, sino también en nuestra tarea de anunciar a Cristo en nuestros días. La fidelidad a la palabra de Dios, precisamente porque es una palabra verdadera, nos exige una obediencia que nos lleve juntos a una comprensión más profunda de la voluntad del Señor, una obediencia que debe estar libre de conformismo intelectual o acomodación fácil a las modas del momento. Ésta es la palabra de aliento que deseo dejaros esta noche, y lo hago con fidelidad a mi ministerio de Obispo de Roma y Sucesor de San Pedro, encargado de cuidar especialmente de la unidad del rebaño de Cristo.

Reunidos en esta antigua iglesia monástica, recordamos el ejemplo de un gran inglés y hombre de Iglesia, a quien honramos en común: San Beda el Venerable. En los albores de una nueva era para la sociedad y la Iglesia, Beda comprendió tanto la importancia de ser fiel a la palabra de Dios transmitida por la tradición apostólica, como la necesidad de apertura creativa a los nuevos desarrollos y exigencias de una adecuación correcta del Evangelio al lenguaje contemporáneo y a la cultura.

Esta nación, y la Europa que Beda y sus contemporáneos ayudaron a construir, una vez más se sitúa en el umbral de una nueva etapa. Que el ejemplo de San Beda inspire a los cristianos de estas tierras a redescubrir su herencia común, a reforzar lo que tienen en común y a proseguir en el esfuerzo de crecer en la amistad. Que el Señor Resucitado dé vigor a nuestros esfuerzos para reparar las rupturas del pasado y afrontar los retos del presente con esperanza en el futuro que, en su providencia, depara a nosotros y nuestro mundo. Amén.

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Publicado por Desconocido @ 20:55  | Habla el Papa
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zenit nos ofrece la homilía pronunciada el jueves 16 de Spteimebre de 2010 por el Papa Benedicto XVI durante la celebración de la Misa en el Bellahouston Park de Glasgow, día en que se celebra la memoria litúrgica de san Ninian de Galloway, obispo itinerante y evangelizador de los celtas, y apóstol de Escocia.

Queridos hermanos y hermanas en Cristo

"Está cerca de vosotros el Reino de Dios" (Lc 10, 9). Con estas palabras del Evangelio que acabamos de escuchar, os saludo a todos con gran afecto en el Señor. En verdad, el Reino de Dios está ya entre nosotros. En esta celebración de la Eucaristía, en la que la Iglesia en Escocia se congrega en torno al altar en unión con el Sucesor de Pedro, reafirmemos nuestra fe en la Palabra de Cristo y nuestra esperanza en sus promesas, una esperanza que nunca defrauda. Saludo cordialmente al Cardenal O’Brien y a los Obispos escoceses. Agradezco particularmente al Arzobispo Conti sus amables palabras de bienvenida de vuestra parte y expreso mi profunda gratitud por el trabajo que el Gobierno británico y escocés y las autoridades municipales de Glasgow han llevado a cabo para que fuera posible este encuentro.

El Evangelio de hoy nos recuerda que Cristo continúa enviando a sus discípulos a todo el mundo para proclamar la venida de su Reino y llevar su paz al mundo, empezando casa por casa, familia por familia, ciudad por ciudad. Vengo a vosotros, hijos espirituales de San Andrés, como heraldo de la paz y a confirmaros en la fe de Pedro (cf. Lc 22, 32). Me dirijo a vosotros con emoción, no muy lejos del lugar donde mi amado predecesor el Papa Juan Pablo II celebró la Misa con vosotros, hace casi treinta años, recibido por la multitud más numerosa que jamás se haya visto en la historia de Escocia.

Muchas cosas han ocurrido en Escocia y en la Iglesia en este país desde aquella histórica visita. Compruebo con gran satisfacción que la invitación que el Papa Juan Pablo II os hizo para caminar unidos con vuestros hermanos cristianos, ha producido mayor confianza y amistad con los miembros de la Iglesia de Escocia, la Iglesia Episcopal Escocesa y otros. Os animo a continuar rezando y trabajando con ellos en la construcción de un futuro más luminoso para Escocia, basado en nuestra común herencia cristiana. En la primera lectura de hoy, hemos escuchado el llamamiento de San Pablo a los romanos a que reconozcan que, como miembros del Cuerpo de Cristo, nos pertenecemos los unos a los otros (cf. Rm 12, 5) y debemos convivir respetándonos y amándonos mutuamente. En este espíritu, saludo a los representantes ecuménicos que nos honran con su presencia. Este año se conmemora el cuatrocientos cincuenta aniversario de la Asamblea de la Reforma, y también el centenario de la Conferencia Misionera Mundial en Edimburgo, que es considerada por muchos como el origen del movimiento ecuménico moderno. Demos gracias a Dios por la promesa que representa el entendimiento y la cooperación ecuménica para un testimonio común de la verdad salvadora de la Palabra de Dios, en medio de los rápidos cambios de la sociedad actual.

Entre los diferentes dones que San Pablo enumera para la edificación de la Iglesia está el de enseñar (cf. Rm 12, 7). La predicación del Evangelio siempre ha estado acompañada por el interés por la palabra: la palabra inspirada por Dios y la cultura en la que esta palabra echa raíces y florece. Aquí, en Escocia, pienso por ejemplo en las tres universidades fundadas por los papas durante la edad media, incluyendo la de San Andrés, a punto de celebrar el sexto centenario de su fundación. En los últimos treinta años, con la ayuda de las autoridades civiles, las escuelas católicas en Escocia han asumido el desafío de brindar una educación integral a un mayor número de estudiantes, y esto ha ayudado a los jóvenes no sólo en su camino de crecimiento espiritual y humano, sino también en su incorporación a la vida profesional y pública. Se trata de un signo de gran esperanza para la Iglesia, y animo a los profesionales católicos, a los políticos y profesores de Escocia a no perder nunca de vista que están llamados a poner sus talentos y su experiencia al servicio de la fe, trabajando por la cultura escocesa actual en todos sus ámbitos.

La evangelización de la cultura es de especial importancia en nuestro tiempo, cuando la "dictadura del relativismo" amenaza con oscurecer la verdad inmutable sobre la naturaleza del hombre, sobre su destino y su bien último. Hoy en día, algunos buscan excluir de la esfera pública las creencias religiosas, relegarlas a lo privado, objetando que son una amenaza para la igualdad y la libertad. Sin embargo, la religión es en realidad garantía de auténtica libertad y respeto, que nos mueve a ver a cada persona como un hermano o hermana. Por este motivo, os invito particularmente a vosotros, fieles laicos, en virtud de vuestra vocación y misión bautismal, a ser no sólo ejemplo de fe en público, sino también a plantear en el foro público los argumentos promovidos por la sabiduría y la visión de la fe. La sociedad actual necesita voces claras que propongan nuestro derecho a vivir, no en una selva de libertades autodestructivas y arbitrarias, sino en una sociedad que trabaje por el verdadero bienestar de sus ciudadanos y les ofrezca guía y protección en su debilidad y fragilidad. No tengáis miedo de ofrecer este servicio a vuestros hermanos y hermanas, y al futuro de vuestra amada nación.

San Ninian, cuya fiesta celebramos hoy, no tuvo miedo de elevar su voz en solitario. Siguiendo las huellas de los discípulos que nuestro Señor envió antes que él, Ninian fue uno de los primeros misioneros católicos en traer la buena noticia de Jesucristo a sus hermanos británicos. Su Iglesia de su misión en Galloway se convirtió en centro de la primera evangelización de este país. Este trabajo fue retomado más tarde por San Mungo, patrón de Glasgow, y por otros santos, entre los que debemos destacar San Columba y Santa Margarita. Inspirados en ellos, muchos hombres y mujeres han trabajado durante siglos para transmitiros la fe. ¡Esforzaos en ser dignos de esta gran tradición! Que la exhortación de San Pablo, en la primera lectura, sea para vosotros una constante inspiración: "En la actividad no seáis descuidados, en el espíritu manteneos ardientes. Servid constantemente al Señor. Que la esperanza os tenga alegres: estad firmes en la tribulación, sed asiduos a la oración" (Rm 12, 11-12).

Me gustaría ahora dirigirme especialmente a los Obispos de Escocia. Queridos hermanos, quiero animaros en vuestra dedicación pastoral a los católicos escoceses. Como sabéis, uno de vuestros primeros deberes pastorales está en relación a vuestros sacerdotes (cf. Presbyterorum Ordinis, 7) y su santificación. Igual que ellos son un alter Christus para la comunidad católica, vosotros lo sois para ellos. En vuestro ministerio fraterno con vuestros sacerdotes, vivid en plenitud la caridad que brota de Cristo, colaborando con todos ellos, en particular con quienes tienen escaso contacto con sus hermanos en el sacerdocio. Rezad con ellos por las vocaciones, para que el Señor de la mies envíe trabajadores a su mies (cf. Lc 10, 2). Ya que la Eucaristía hace la Iglesia, el sacerdocio es algo central para la vida de la Iglesia. Ocupaos personalmente de formar a vuestros sacerdotes como un cuerpo de hombres que alientan a otros a dedicarse totalmente al servicio de Dios Todopoderoso. Cuidad también de vuestros diáconos, cuyo ministerio de servicio está asociado de manera especial con el orden de los obispos. Sed padres y ejemplo de santidad para ellos, animándolos a crecer en conocimiento y sabiduría en el ejercicio de la misión de predicar a la que han sido llamados.

Queridos sacerdotes de Escocia, estáis llamados a la santidad y al servicio del pueblo de Dios conformando vuestras vidas con el misterio de la cruz del Señor. Predicad el evangelio con un corazón puro y con recta conciencia. Dedicaos sólo a Dios y seréis ejemplo luminoso de santidad, de vida sencilla y alegre para los jóvenes: ellos, por su parte, desearán seguramente unirse a vosotros en vuestro solícito servicio al pueblo de Dios. Que el ejemplo de San Juan Ogilvie, hombre abnegado, desinteresado y valiente, os inspire a todos. Igualmente, os animo a vosotros, monjes, monjas y religiosos de Escocia, a ser una luz puesta en lo alto de un monte, llevando una auténtica vida cristiana de oración y acción que sea testimonio luminoso del poder del Evangelio.

Finalmente, deseo dirigirme a vosotros, mis queridos jóvenes católicos de Escocia. Os apremio a llevar una vida digna de nuestro Señor (cf. Ef 4,1) y de vosotros mismos. Hay muchas tentaciones que debéis afrontar cada día -droga, dinero, sexo, pornografía, alcohol- y que el mundo os dice que os darán felicidad, cuando, en verdad, estas cosas son destructivas y crean división. Sólo una cosa permanece: el amor personal de Jesús por cada uno de vosotros. Buscadlo, conocedlo y amadlo, y él os liberará de la esclavitud de la existencia deslumbrante, pero superficial, que propone frecuentemente la sociedad actual. Dejad de lado todo lo que es indigno y descubrid vuestra propia dignidad como hijos de Dios. En el evangelio de hoy, Jesús nos pide que oremos por las vocaciones: elevo mi súplica para que muchos de vosotros conozcáis y améis a Jesús y, a través de este encuentro, os dediquéis por completo a Dios, especialmente aquellos de vosotros que habéis sido llamados al sacerdocio o a la vida religiosa. Éste es el desafío que el Señor os dirige hoy: la Iglesia ahora os pertenece a vosotros.

Queridos amigos, una vez más expreso mi alegría de poder celebrar la misa con vosotros. Y me siento feliz de poder aseguraros mis oraciones en la antigua lengua de vuestro país: Sìth agus beannachd Dhe dhuib uile; Dia bhi timcheall oirbh; agus gum beannaicheadh Dia Alba. La paz y la bendición de Dios sea con todos vosotros; que Dios os proteja; y que Dios bendiga el pueblo de Escocia.


Publicado por Desconocido @ 20:48  | Habla el Papa
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Después del discurso de Su Majestad Isabel II el Papa, en su viaje apostólico al Reino Unido con ocasión de la beatificación del cardenal John Henry Newman (16-19 de Septiembre de 2010),  pronuncia el siguiente discurso.

Majestad,

Gracias por su gentil invitación a visitar oficialmente el Reino Unido y por sus atentas palabras de saludo en nombre del pueblo británico. Al dar las gracias a Vuestra Majestad, me sea permitido extender mi saludo a todas las gentes del Reino Unido y ofrecerles mi amistad a todos y cada uno.

Me complace comenzar mi viaje saludando a los miembros de la Familia Real, agradeciendo en particular a Su Alteza Real el Duque de Edimburgo la amable acogida que me ha dispensado en el aeropuerto de Edimburgo. Expreso mi agradecimiento igualmente a los actuales Gobiernos de Vuestra Majestad, y también a los anteriores, y a cuantos han trabajado con ellos para hacer posible esta ocasión, incluyendo a Lord Patten y al ex Secretario de Estado Murphy. También agradezco vivamente la labor del grupo parlamentario de todos los partidos concerniente a la Santa Sede, el cual ha contribuido enormemente al fortalecimiento de las relaciones amistosas entre la Santa Sede y el Reino Unido.

Al comenzar mi visita al Reino Unido en la capital histórica de Escocia, saludo en particular al Primer Ministro Salmond y a los representantes del Parlamento escocés. Como las Asambleas galesa y norirlandesa, que el Parlamento escocés crezca para ser una expresión de las buenas tradiciones y la cultura propia de los escoceses, y se esfuerce en servir a sus mejores intereses con un espíritu de solidaridad y preocupación por el bien común.

El nombre de Holyroodhouse, la residencia oficial de Vuestra Majestad en Escocia, recuerda la "Santa Cruz" y evoca las profundas raíces cristianas que aún están presentes en todos los ámbitos de la vida británica. Los reyes de Inglaterra y Escocia han sido cristianos desde tiempos muy antiguos y cuentan con destacados santos, como Eduardo el Confesor y Margarita de Escocia. Como Usted sabe, muchos de ellos ejercieron conscientemente sus tareas de gobierno a la luz del Evangelio, y de esta manera modelaron profundamente la nación en torno al bien. Resultó así que el mensaje cristiano ha sido una parte integral de la lengua, el pensamiento y la cultura de los pueblos de estas islas durante más de mil años. El respeto de sus antepasados por la verdad y la justicia, la misericordia y la caridad, os llegan desde una fe que sigue siendo una fuerza poderosa para el bien de vuestro reino y el mayor beneficio de cristianos y no cristianos por igual.

Muchos ejemplos de esta fuerza del bien los encontramos en la larga historia de Gran Bretaña. Incluso en tiempos relativamente recientes, debido a figuras como William Wilberforce y David Livingstone, Gran Bretaña intervino directamente para detener la trata internacional de esclavos. Inspiradas por la fe, mujeres como Florence Nightingale sirvieron a los pobres y a los enfermos y establecieron nuevos métodos en la asistencia sanitaria que posteriormente se difundieron por doquier. John Henry Newman, cuya beatificación celebraré próximamente, fue uno de los muchos cristianos británicos de su tiempo, cuya bondad, elocuencia y quehacer honraron a sus compatriotas. Todos ellos, y como éstos muchos más, se inspiraron en una recia fe, que germinó y se alimentó en estas islas.

También ahora, podemos recordar cómo Gran Bretaña y sus dirigentes se enfrentaron a la tiranía nazi que deseaba erradicar a Dios de la sociedad y negaba nuestra común humanidad a muchos, especialmente a los judíos, a quienes no consideraban dignos de vivir. Recuerdo también la actitud del régimen hacia los pastores cristianos o los religiosos que proclamaron la verdad en el amor, se opusieron a los nazis y pagaron con sus vidas esta oposición. Al reflexionar sobre las enseñanzas aleccionadoras del extremismo ateo del siglo XX, jamás olvidemos cómo la exclusión de Dios, la religión y la virtud de la vida pública conduce finalmente a una visión sesgada del hombre y de la sociedad y por lo tanto a una visión "restringida de la persona y su destino" (Caritas in veritate, 29).

Hace sesenta y cinco años, Gran Bretaña jugó un papel esencial en la forja del consenso internacional de posguerra, que favoreció la creación de las Naciones Unidas y marcó el comienzo de un período de paz y prosperidad en Europa hasta entonces desconocido. En los últimos años, la comunidad internacional ha seguido de cerca los acontecimientos en Irlanda del Norte, que condujeron a la firma del Acuerdo de Viernes Santo y a la restitución de competencias a la Asamblea de Irlanda del Norte. El Gobierno de Vuestra Majestad y el Gobierno de Irlanda, junto a los dirigentes políticos, religiosos y civiles de Irlanda del Norte, ayudaron al alumbramiento de una solución pacífica del conflicto. Animo a todos a seguir recorriendo juntos con valentía el camino trazado hacia una paz justa y duradera.

Al mirar al exterior, el Reino Unido sigue siendo, política y económicamente, una figura clave en el ámbito internacional. Vuestro Gobierno y vuestro pueblo son los forjadores de ideas que influyen mucho más allá de las Islas británicas. Esto les impone una especial obligación de actuar con sabiduría en aras del bien común. Del mismo modo, dado que sus opiniones tienen una audiencia tan amplia, los medios de comunicación británicos tienen una responsabilidad más grave que la mayoría y una mayor oportunidad para promover la paz de las naciones, el desarrollo integral de los pueblos y la difusión de los auténticos derechos humanos. Que todos los británicos sigan viviendo en consonancia con los valores de honestidad, respeto e imparcialidad que les han merecido la estima y admiración de muchos.

En la actualidad, el Reino Unido se esfuerza por ser una sociedad moderna y multicultural. Que en esta exigente empresa mantenga siempre su respeto por esos valores tradicionales y expresiones culturales que formas más agresivas de secularismo ya no aprecian o siquiera toleran. Que esto no debilite la raíz cristiana que sustenta sus libertades; y que este patrimonio, que siempre ha buscado el bien de la nación, sirva constantemente de ejemplo a vuestro Gobierno y a vuestro pueblo de cara a los dos mil millones de miembros de la Commonwealth y a la gran familia de naciones de habla inglesa de todo el mundo.

Que Dios bendiga a Vuestra Majestad y a todos los habitantes de vuestro reino. Gracias.

[01213-04.01] [Texto original: Inglés]


Publicado por Desconocido @ 20:39  | Habla el Papa
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Comentario al evangelio del domingo veinticinco del Tiempo Ordinario, publicado en Diario de Avisos el domingo 19 de Septiembre de 2010 bajo el epígrafe DOMINGO CRISTIANO.

Poderoso caballero

Daniel Padilla

"No pueden servir a Dios y al dinero". Así termina el Evangelio hoy. Es verdad. Y lo comprobamos a cada paso. El dinero divide a las familias, rompe las amistades y hace que el hombre traicione hasta lo más sagrado. Aquí y en la Conchinchina. Hoy y en tiempo de Amós. Amós era un profeta que vivió ocho siglos antes de Jesús. Era una época de prosperidad económica y comercial, en la que todos, más o menos, cantaban lo de "poderoso caballero es don dinero". Tanto se convirtió Palestina en una sociedad de consumo, que sólo pensaba en eso: negociar. Ni siquiera respetaban ya las festividades, en las cuales, recordando la liberación de Egipto, debían interrumpir todo movimiento de compraventa. Pero Amós no se callaba; Amós, enérgica y valientemente, denunciaba su avaricia: "Disminuyen las medidas, aumentan los precios, usan balanzas con trampa, y compren con dinero del pobre". Y ésa ha sido la eterna canción. El fraude, el engaño, la estafa, hasta la compra de la libertad de los indigentes que, por subsistir, caen en la zarpa de los poderosos, han sido la constante de todos los tiempos. Lo mismo en la época de Jesús. Por eso, nos contó la historia de aquel administrador tramposo, que hizo de todo: derrochar, malversar fondos, falsificar recibos y forrarse para el día de mañana. Para invitarnos a continuación a "ser fieles en lo pequeño, porque el que es fiel en lo poco, también será fiel en lo mucho". Y porque "no se puede servir a Dios y al dinero". Pues, en eso estamos, amigos. A veintinueve siglos de Amós, a veintiún siglos de Jesús, en eso estamos. El mundo sigue igual. Las palabras de Amós -"disminuyen las medidas, aumentan los precios"- parecen presidir, en grandes pancartas, la vida de nuestras ciudades. Se multiplican cada día los casos de corrupción, de especulación en los negocios, de falta de calidad en las mercancías, de trampas y adulteraciones en el alimento, de asombrosos narcotráficos, caiga quien caiga. Y no sólo en las altas esferas. Lo mismo a nivel de la calle. Ya el kilo no pesa mil gramos, ni el pollo sabe a pollo, y, al menor descuido, nos dan gato por liebre. Las revistas nos describen con detalle las grandes mansiones, a lo Falcon Crest, que se construyen los famosos. Peor los novios se quedan contando ceros en las cifras astronómicas que marcan las viviendas más sencillas. Es decir, Amós sigue siendo Amós y la historia del administrador infiel no termina nunca. Pero hay más todavía. Y es que, en todo, hasta en nuestras actitudes más sagradas, por ejemplo, en nuestra entrega al deber, en nuestra capacidad de sacrificio, en nuestra profesionalidad, vamos también disminuyendo las medidas y subiendo los precios. Nada hacemos ya gratis y por amor. Y, cuando no hay más remedio que hacer, hacemos, sí, pero muchas veces para ir tirando. Nos educaron en la teología de lo pequeño. Nos pusieron como modelos a Teresita de Lisieux, a Fray Martín de Porres, al Santo Hermano Pedro, a San Juan María Vianney, porque encontraron a Dios en los servicios más humildes. Pero al hombre de hoy, abrumado por las modernas técnicas mastodónticas, deben parecerle estas cosas pérdidas de tiempo. ¿Qué importancia pueden tener las minucias del detalle? Y, sin embargo, el Evangelio va más por la calidad que por cantidad. Por la excelencia antes que por la mediocridad. Para Dios nada hay pequeño. A quien Dios presta un talego, le exige, por lo menos, otro.


Publicado por Desconocido @ 9:40  | Espiritualidad
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sábado, 18 de septiembre de 2010

ZENIT  nos ofrece el discurso que Benedicto XVI dirigió a los obispos de la Conferencia Episcopal de Brasil (Región Nordeste III), recibidos estos días de Septeimbre de 2010, en audiencias separadas, con motivo de la Visita ad Limina Apostolorum.

Señor cardenal,
amados arzobispos y obispos de Brasil:

Os saludo cordialmente a todos vosotros, con motivo de vuestra visita ad Limina a Roma, donde habéis venido a reforzar vuestros vínculos de comunión fraterna con el Sucesor de Pedro y a ser animados por él en la conducción del rebaño de Cristo. Agradezco las amables palabras que Don Ceslau Stanula, Obispo de Itabuna, me ha dirigido en vuestro nombre, y os aseguro mis oraciones por vuestras intenciones y por el amado pueblo del nordeste, de vuestro regional Nordeste 3.

Hace más de cinco siglos, justamente en vuestra región, se celebraba la primera Misa en Brasil, haciendo realmente presente el Cuerpo y la Sangre de Cristo para la santificación de los hombres y de las mujeres de esta bendita nación que nació bajo los auspicios de la Santa Cruz. Era la primera vez que el Evangelio de Cristo estaba siendo proclamado a este pueblo, iluminando su vida diaria. Esta acción evangelizadora de la Iglesia Católica fue y continúa siendo fundamental en la constitución de la identidad del pueblo brasileño caracterizada por la convivencia armónica entre personas venidas de diferentes regiones y culturas. Pero, mientras los valores de la fe católica han moldeado los corazones y el espíritu brasileños, hoy se observa una creciente influencia de nuevos elementos en la sociedad, que hace algunas décadas eran prácticamente ajenos. Esto provoca un consistente abandono por parte de muchos católicos de la vida eclesial o incluso de la Iglesia, mientras en el panorama religioso de Brasil, se asiste a la rápida expansión de comunidades evangélicas y neopentecostales.

En cierto sentido, las razones que están en la raíz del éxito de estos grupos son una señal de la difundida sed de Dios entre vuestro pueblo. Es también un indicio de una evangelización, a nivel personal, a veces superficial; de hecho, los bautizados no suficientemente evangelizados son fácilmente influenciables, pues poseen una fe frágil y muchas veces basada en una ingenua devoción, aunque, como he dicho, conservan una religiosidad innata. En este contexto emerge, por un lado, la clara necesidad de que la Iglesia católica en Brasil se comprometa en una nueva evangelización que no escatime esfuerzos en la búsqueda de católicos apartados, así como en la de aquellas personas que conocen poco o nada del mensaje evangélico, conduciéndolos a un encuentro personal con Jesucristo, vivo y activo en su Iglesia. Por otro lado, con el crecimiento de nuevos grupos que se dicen seguidores de Cristo, aunque divididos en diversas comunidades y confesiones, se hace más necesario, por parte de los pastores católicos, el compromiso de establecer puentes de contacto a través de un saludable diálogo ecuménico en la verdad.

Ese esfuerzo es necesario, antes que nada, porque la división entre los cristianos está en contraposición con la voluntad del Señor de que "todos sean uno" (Jn 17,21). Por otra parte, la falta de unidad es causa de escándalo que acaba por socavar la credibilidad del mensaje cristiano proclamado en la sociedad. Y hoy, su proclamación es quizás aún más necesaria que hace algunos años, pues, como demuestran vuestros relatos, incluso en las pequeñas ciudades del interior de Brasil, se observa una creciente influencia negativa del relativismo intelectual y moral en la vida de las personas.

No son pocos los obstáculos que la búsqueda de la unidad de los cristianos tiene por delante. En primer lugar, debe rechazarse una visión errónea del ecumenismo, que induce a una cierta indiferencia doctrinal que procura nivelar, en un irenismo acrítico, todas las "opiniones" en una especie de relativismo eclesiológico. Junto a esto está el desafío de la multiplicación incesante de nuevos grupos cristianos, algunos de ellos utilizando un proselitismo agresivo, que muestra cómo el paisaje del ecumenismo sigue siendo muy diferenciado y confuso. En ese contexto -como afirmé en 2007, en la Catedral de Sé en São Paulo, en el inolvidable encuentro que tuve con vosotros, obispos brasileños- "es indispensable una buena formación histórica y doctrinal, que permita el necesario discernimiento y ayude a entender la identidad específica de cada una de las comunidades, los elementos que dividen y los que ayudan en el camino de la construcción de la unidad. El gran ámbito común de colaboración debería ser la defensa de los valores morales fundamentales, transmitidos por la tradición bíblica, contra su destrucción en una cultura relativista y consumista; más aún, la fe en Dios creador y en Jesucristo, su Hijo encarnado" (n. 6). Por esa razón, os animo a proseguir dando pasos positivos en esta dirección, como es el caso del diálogo con las iglesias y comunidades eclesiales pertenecientes al Consejo Nacional de las Iglesias Cristianas, que con iniciativas como la Campaña de Fraternidad Ecuménica ayudan a promover los valores del Evangelio en la sociedad brasileña.

Apreciados hermanos, el diálogo entre los cristianos es un imperativo del tiempo presente y una opción irreversible de la Iglesia. Sin embargo, como recuerda el Concilio Vaticano II, el corazón de todos los esfuerzos por la unidad debe ser la oración, la conversión y la santificación de vida (cf. Unitatis redintegratio, 8). Es el Señor quien da la unidad, ésta no es una creación de los hombres, a los pastores les corresponde obediencia a la voluntad del Señor, promoviendo iniciativas concretas, libres de cualquier reduccionismo conformista, pero realizadas con sinceridad y realismo, con paciencia y perseverancia que brotan de la fe en la acción providencial del Espíritu Santo.

Queridos y venerados hermanos, he intentado evidenciar brevemente en este encuentro nuestro algunos aspectos del gran desafío del ecumenismo confiado a vuestra solicitud apostólica. Al despedirme de vosotros, reafirmo una vez más mi estima y la certeza de mis oraciones por todos vosotros y por vuestras diócesis. De manera particular, quiero aquí renovar la expresión de mi solidaridad paterna con los fieles de la diócesis de Barreiras, recientemente privados de la guía de su primer y diligente pastor monseñor Ricardo José Weberberger, que partió a la casa del Padre, meta de los pasos de todos nosotros. ¡Descanse en paz! Invocando la intercesión de Nuestra Señora Aparecida, os concedo a cada uno de vosotros, a los sacerdotes, a los religiosos, las religiosas, a los seminaristas, a los catequistas y a todo el pueblo confiado a vosotros una afectuosa Bendición Apostólica. 

[Traducción del original portugués realizada por Patricia Navas
© Librería Editrice Vaticana]


Publicado por Desconocido @ 22:52  | Habla el Papa
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Homilía de monseñor Baldomero Carlos Martini, obispo de San Justo, en la misa de ordenación sacerdotal (8 de septiembre de 2010). (AICA)

ORDENACIÓN DE PRESBITEROS

Queridos hermanos y hermanas: Es muy grande mi alegría por lo que estamos viviendo, los invito a todos a compartirla .Celebramos la Natividad de María y estos hijos nuestros, Hernán y Mario van a ser Ordenados sacerdotes y serán agregados a nuestro Presbiterio. ¡Demos gracias a Dios! porque el Espíritu hizo maravillas en María y lo hace en nosotros. Oremos:

¡Unge el corazón y la mente, Dios todopoderoso, para que podamos proclamar y recibir tu Palabra, con la dulzura y la fuerza del Espíritu! Si ¡Ven Espíritu Santo, en ayuda de nuestra debilidad!

El Pan de vida de la Palabra ha sido repartido para despertar nuestra fe y nuestra docilidad como pueblo, profético, sacerdotal y real. ¡Cuánto amor que se derrama sobre nosotros!

Jesús nos acaba de decir: “Como el Padre me amó, también yo lo he amado a ustedes: ¡Permanezcan en mi amor!” y esto nos lo dice durante la Última Cena. Jesús antes de su Pasión, y sus discípulos con Él, participando en lo íntimo de su condición de Hijo, se les concede ver lo que otros no ven. “Ustedes son mis amigos si hacen lo que Yo les mando” Yo los llamo amigos porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre”. 

1. El Santo Padre Benedicto nos ayuda a profundizar el Don y Misterio que hoy se derrama sobre estos queridos hijos Hernán y Mario: A ellos, pide entrar en la oración.

“En la oración están llamados a redescubrir el Rostro siempre nuevo del Señor y el contenido más auténtico de su misión. El Padre los predestinó a reproducir la Imagen de se Hijo”. Solamente quien tiene una relación íntima con el Señor es aferrado por Él, puede llevarlo a los demás, puede ser enviado. Se trata de un permanecer con Él, que debe acompañar siempre el ejercicio del ministerio sacerdotal; debe ser su centro, su fuente, también y sobre todo en los tiempos difíciles, en los momentos cuando parece que las cosas que hay que hacer deben tener prioridad. Donde estemos, en cualquier tarea que hagamos, debemos permanecer siempre con Él. “El que permanece en mi, y Yo en él, da mucho fruto”. “No son ustedes los que me eligieron a mí, sino Yo el que los elegí a ustedes y los destiné para que vayan y den fruto y ese fruto sea duradero”. “Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, Él se lo concederá” Lo que yo les mando es que se amen” 

2. “No hay amor más grande que dar la vida”. Jesús anuncia su amor hasta el extremo en el marco de su Pascua. Hago mías las palabras del Papa en una ordenación reciente; les habla del seguimiento de Jesús; y que el camino de los discípulos, consiste en seguirlo a Él, el Crucificado, seguirlo por la senda de la Cruz. El amor madura en la Cruz. La mística de la cruz, pide perderse a si mismo para volverse a encontrar plenamente a sí mismo. ¿Qué significa esto para cada cristiano, pero sobre todo qué significa para un sacerdote? El seguimiento, el sacerdocio jamás puede representar un modo para alcanzar la seguridad en la vida o para conquistar una posición social. El que aspira al sacerdocio para aumentar su prestigio personal y su poder, entiende mal en su raíz el sentido de este maravilloso ministerio.

Quien quiere sobre todo realizar una ambición propia, alcanzar el éxito personal, siempre será esclavo de si mismo y de la opinión pública. Madre Teresa viviendo la oscuridad de la Cruz nos dejó como testimonio, que Dios no la llamó a ser exitosa, sino fiel y así irradió al Cristo que le pidió en una locución: “Sé tú mi luz” entre los pobres más pobres de Calcuta.

El sacerdocio se funda en la valentía de decir sí, a otra voluntad, con la conciencia, que debe crecer cada día , de que precisamente conformándose a la voluntad de Dios, inmersos en esta Voluntad, no solo no será cancelada nuestra originalidad , sino que, al contrario entraremos cada vez más en la verdad de nuestro ser y de nuestro ministerio. Don y Misterio .Amor que se entrega hasta el fin. Amar sin cansarse del peso del camino y las exigencias de tantos rostros y manos tendidas. 

3. Queridos Hernán y Mario: “No hay amor más grande que dar la vida”, perderse a sí mismo, para encontrarse en el Corazón que tanto amo y murió por amor. Desde el Evangelio el Papa nos enseña a ser Eucaristía. “Hoy con el sacramento del Orden se les concede presidir la Eucaristía. Se les confía el Sacrificio redentor de Cristo; se les confía su Cuerpo entregado y su Sangre derramada.. Ciertamente, Jesús ofrece su sacrificio, su entrega de amor humilde y completo a la Iglesia, su Esposa, en la Cruz. Es en ese leño donde el grano de trigo que el Padre dejó caer sobre el campo del mundo, muere para convertirse en fruto maduro. dador de vida. Pero en el Plan de Dios, esta entrega de Cristo se hace presente en la Eucaristía, gracias a la potestad sagrada, que el Sacramento del Orden les confiera a ustedes, los presbíteros. Cuando celebramos tenemos en nuestras manos el Pan del cielo, el Pan de Dios, que es Cristo, grano partido para multiplicarse y convertirse en el verdadero alimento de vida para el mundo.”

Que sea una experiencia siempre nueva de asombro y de inmensa gratitud: El amor y el Don de Cristo Crucificado y glorioso, pasan a través de sus manos, de sus voces y de sus corazones. Ver que en sus manos, en sus palabras, tan esperadas por el Padre, el Señor realiza este misterio de su maravillosa y humilde presencia.

Juan Pablo II nos decía: “No se pueden repetir las palabras de la Consagración, sin sentirse implicados en este movimiento espiritual. Aprender cada día a decir de si mismo, con verdad y generosidad: tomen y coman, mi cuerpo entregado, y así hacerse don y total disponibilidad.”

La gracia del Presbiterado que dentro de poco se les dará, los unirá íntimamente, más aún estructuralmente a la Eucaristía., para que tengan siempre los mismos sentimientos de Cristo Jesús y estén metidos en el corazón del Padre y nunca se avergüencen de que les digan padre.

Vivan la alegría de ser padres, al Bautizar, al Absolver los pecados, al predicar la Palabra, al Ungir a los enfermos, al gastarse y regastarse por la causa de Cristo y por la realización plena de los demás especialmente por los más necesitados, pobres y menos amados.

Configurados y revestidos de Cristo, tengan pasión por la Comunión eclesial tan necesaria para ser creíbles y auténticos discípulos y misioneros de Cristo, el Buen Pastor, que da la vida. No se avergüencen del Evangelio y dejen que el Espíritu de Santidad que hoy los hace sacerdotes para siempre, sea el Maestro interior y quién los empuje a gritar ¡Ay de mi, si no predicara y viviera el Evangelio!

La Virgen en su nacimiento alcanzada por todo el Amor del Padre, la Redención del Hijo y la Unción del Espíritu Santo, como Madre y Reina, cuide sus vidas sacerdotales de seguidores del Cristo Obediente , casto y pobre y los aliente y ayude, con su ternura maternal, a ser santos.

Que esta Gracia, que colma como unción del Espíritu, toque el corazón de los jóvenes y los atraiga a Cristo que los mira con amor y les dice en lo profundo: ¡Ven y Sígueme! 

¡DIOS ES AMOR! 

Mons. Baldomero Carlos Martini, obispo de San Justo  


Publicado por Desconocido @ 22:41  | Homilías
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Homilía de monseñor Luis T. Stöckler, obispo de Quilmes, para el 23º domingo durante el año (5 de septiembre de 2010). (AICA)

CRISTO EN PRIMER LUGAR

Uno podría pensar que el evangelio de hoy es para algunos selectos; para religiosas, monjes  y sacerdotes; y que los laicos no están en condiciones de poner en práctica lo que Jesús exige. Posponer la familia y renunciar a todo lo que uno posee, parece imposible para alguien que se ha comprometido en el matrimonio y aceptado la responsabilidad de tener y mantener los hijos.

Seguramente Jesús no quiso crear dos categorías de cristianos. Más bien quiere alertarnos de tomar conciencia que el seguir a él trae consecuencias para “cualquiera que venga a mí”. Sólo él tiene la autoridad de hablar así, porque él es más que un profeta. En él habla Dios mismo. Cuando pensamos en el mandamiento principal en su doble dimensión: “amar a Dios por encima de todo, y al prójimo como a nosotros mismos”, Jesús no entra simplemente en la categoría del prójimo, sino en el primer lugar, reservado para Dios. Sólo al amarlo a él con todo el corazón, con toda el alma y con todas  las fuerzas, encuentra el hombre la plenitud. Porque nos ha creado orientados hacia él, y  nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en él, como dice San Agustín.

Los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia, que los religiosos aceptan en la profesión para su vida, hay que entenderlos como un signo profético para recordarnos, que todo lo que poseemos y somos, es don de Dios, que no debe transformarse en un ídolo en su reemplazo. Los padres de familia trasmiten esta verdad, cuando rezan con sus  hijos y agradecen a Dios la salud, el trabajo; cuando bendicen la mesa, y cuando llevan una vida austera y comparten con generosidad con los pobres. Y sobre todo, cuando no pierden la confianza en la providencia de Dios en momentos difíciles, transformando la cruz en una herramienta de amor. La fidelidad de los esposos en el transcurso del tiempo, la delicadeza de aceptar las limitaciones del otro y de descubrir siempre de nuevo el amor que Dios manifiesta en la entrega mutua, es un modo de reconocer que uno no es propietario de la familia. Es en la familia también, donde se aprende a no reservarse ni la vida propia, sino a estar humildemente a disposición de los demás.

La actualidad del esta enseñanza de Jesús está a la vista, cuando vemos la merma de los casamientos  y el aumento de las separaciones, con la consecuencia de  hijos desorientados y abandonados, que no descubren para qué han venido al mundo.  Sin la contención del hogar, la violencia se traslada al ambiente público, y la política se practica como lucha por el poder y el dinero. El sentido de la solidaridad, la sensibilidad por los derechos humanos, el respeto por la autoridad, que son fruto de una cultura cristiana, se va perdiendo cuando no se sostienen en la fe en un Dios que nos anima y que un día nos pedirá cuentas de nuestra conducta.

Vivir el evangelio en serio, no es cuestión solamente de religiosos, sino de todo cristiano. Para poder hacerlo, debemos ayudarnos mutuamente. De ahí, la importancia de las pequeñas comunidades, donde se comparte la Palabra de Dios y la experiencia de su vivencia, y donde se despierta también el compromiso de entrar en los diversos ámbitos de la sociedad que necesita de la audacia de los que realmente quieren ser fieles a la enseñanza de Jesucristo.

Cuando Jesús mismo en su momento dejó su familia y la seguridad del trabajo para comenzar una vida de misionero itinerante, su Madre se transformó en su discípula y lo siguió hasta la cruz. Pidamos a María, a la cual nos dejó como Madre nuestra, que sea  nuestra Maestra en el seguimiento de su Hijo. 

Mons. Luis T. Stöckler, obispo de Quilmes 


Publicado por Desconocido @ 22:37  | Homilías
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Homilía de monseñor Miguel Esteban Hesayne, obispo emérito de Viedma, para el domingo 5 de septiembre de 2010. (AICA)

COMPROMISO CRISTIANO EN POLÍTICA

El Concilio Vaticano II denunció un solo pecado: el dualismo de la Fe y la vida. Es la incoherencia de llamarse cristiano y hasta de participar en ceremonias religiosas y concurrir a la Misa Dominical y luego pensar y obrar sin tener en cuenta el proyecto de Dios sobe la vida de cada persona. Esto acontece, principalmente, cuando se trata de la Política. Más de uno pensará que es un tema reiterativo.

Ciertamente lo es. Sin embargo, sigue vigente  la urgencia de tratarlo.

Si el Papa Pío XI, hace casi cien años, ha afirmado que el quehacer político, en el cristiano, es un supremo acto de caridad cristiana, ¿cómo es que sigue, todavía, en los bautizados católicos la indiferencia al compromiso político? Más aún, existe una mayoría católica que piensa que la política es sucia. Y no pocos que entienden que “hacer política” significa buscar su propio interés o el “acomodo” o tener la suficiente habilidad para ganarse votos a su favor. 

Es preciso, entonces, proseguir una constante mentalización en las comunidades cristianas sobre el valor humano- cristiano del quehacer político como lo viene haciendo el Magisterio  de la Iglesia Católica.

Por eso, Pío XII además de numerosas recomendaciones sobre el compromiso político en sus alocuciones, trata el tema nada menos que en una Encíclica sobre la Democracia. Y Paulo VI sorprende con la admirable Encíclica Populorum Progresio y otros lúcidos documentos de su pontificado cuya motivación abierta al compromiso del laicado cristiano a la actividad política queda explícita para  la evangelización del mundo moderno. Así es claro y terminante el nº 70 E.N. citado, más de una vez, en estas Homilías:“ Su tarea primera e inmediata- refiriéndose al laicado cristiano- no es la institución y desarrollo de la comunidad eclesial-esa es función específica de los Pastores- sino el poner en práctica todas las posibilidades cristianas y evangélicas, escondidas pero activas en las cosas del mundo. El campo propio de su actividad evangelizadora, es el mundo vasto y complejo  de la política…”

Juan Pablo II ha dedicado al tema social político tres Encíclicas y numerosas referencias al compromiso político en sus Discursos y Catequesis.

Actualmente y en forma reiterativa Bendicto XVI recuerda la misión cristiana de laicas y laicos coherentes con la Fe Cristiana en siguientes términos:

"Corresponde a los fieles laicos -dijo- mostrar concretamente en la vida personal y familiar, en la vida social, cultural y política, que la fe permite leer en modo nuevo y profundo la realidad y transformarla".

"Los fieles laicos deben participar activamente en la vida política, de manera siempre coherente con las enseñanzas de la Iglesia, compartiendo razones bien fundadas y grandes ideales en el proceso democrático y en la búsqueda de un consenso amplio con todos los que se preocupan de la defensa de la vida y de la libertad, la custodia de la verdad y del bien de la familia, la solidaridad con los necesitados y la búsqueda necesaria del bien común. Se necesitan políticos auténticamente cristianos, pero sobre todo fieles laicos que sean testigos de Cristo y del Evangelio en la comunidad civil y política. Esta exigencia debe estar claramente presente en los programas educativos de las comunidades eclesiales y requiere nuevas formas de acompañamiento y apoyo por parte de los pastores. La pertenencia de los cristianos a las asociaciones de fieles, a los movimientos eclesiales y nuevas comunidades, puede ser una buena escuela para estos discípulos y testigos, sostenidos por la riqueza carismática, comunitaria, educativa y misionera de estas realidades".[1]

Según el Magisterio de la Iglesia Católica, los Pastores han de formar al laicado en los valores políticos humanos-cristianos  y los laicos los han de poner  en práctica desde “saber votar  de acuerdo al Evangelio de Jesús” hasta ejercer la función política como servicio de”Caridad Cristiana”. Es decir ser testigos del Amor. 

Mons. Miguel Esteban Hesayne, obispo emérito de Viedma


Nota:
[1] Discurso de Benedicto XVI al Pontificio Consejo para los Laicos  Roma 21.05.2010 


Publicado por Desconocido @ 22:34  | Homilías
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ZENIT   publica el comentario al Evangelio del próximo domingo, 19 de septiembre, XXVdel tiempo ordinario (Lucas  16,1-13), redactado por monseñor Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo, administrador apostólico de Huesca y de Jaca.  

Evangelio del domingo: La fidelidad de lo pequeño

Aparentemente Jesús ensalza la habilidad de un administrador infiel. Pero hay que ser cautos y afinar en aquello que viene ensalzado: no es la infidelidad, la corrupción, sino la habilidad, la astucia de aquel administrador avispado. El que es fiel en lo poco, lo será también en lo mucho. Que viene a decir: todo aquello que te gustaría cambiar de un mundo demasiado cruel, empieza por cambiarlo en tu propia casa, en tu corazón.

Y en verdad, ¿quién no se ha quejado alguna vez de cómo va nuestro mundo a tantos niveles? La política, la economía, la paz, la justicia, la familia, los ancianos, los jóvenes, y un largo etcétera en donde ponemos contra las cuerdas a nuestra sociedad bastante inmoralizada y desmoralizada. En todo lo cual no falta razón: se ha perdido el rumbo de muchas cosas, se han abandonado impunemente muchos principios básicos, se han destruido tantos valores que no eran negociables, se ha deshumanizado tanto nuestra humanidad.

Pero caben dos salidas: caer tanto en pesimismos deprimentes (todo es malo, "y cualquier tiempo pasado fue mejor" que decía el poeta en su elegía) como en optimismos irresponsables (lo importante es cambiar, arrasar, que no quede nada de lo anterior), o más bien, tener una mirada serena sobre el mundo, sobre la vida, sobre el dolor, sobre el amor, sobre tantas cosas que no van, y empezar a arreglarlas en uno mismo. El mundo nuevo, la tierra nueva, empieza por mi casa, por mi propio corazón. Empecemos por lo poco, por lo pequeño, por lo cotidiano, por lo nuestro. No es el gobierno de turno, ni los organismos mundiales de vanguardia, ni el vaticano, ni los banqueros, ni los periodistas, ni los sindicatos... quienes tienen que dar el pistoletazo de salida. El mundo nuevo empieza más cerca de mí, en mis actitudes, en mis opciones, en mi modo de escuchar, de atender, de proponer, de vivir.

La llamada de Jesús es clara: no podemos tener dos patrones, dos amos. O nos adherimos al diseño de Dios, a su proyecto de humanidad, de civilización del Amor, o nos apuntamos a la barbarie en la que termina siempre toda pretensión que censura algún aspecto del corazón del hombre. Sin Dios, sin este "amo" tan especial que nos hace libres, es muy difícil hacer un mundo que sepa a justicia, a limpieza, a paz, a respeto, a libertad, a felicidad. Metamos al Señor en nuestras cosas y en nuestras casas, sin fanatismos pero sin complejos. Porque sólo quien ama de verdad a Dios llega a no despreciar al hombre hermano.


Publicado por Desconocido @ 12:11  | Espiritualidad
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viernes, 17 de septiembre de 2010

Con ocasión de la Solemnidad de Nuestra Señora de Coromoto, Patrona de Venezuela el 11 de Septiembre la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV) ha elaborado un comunicado.

RENUEVA LA FE EN TODA LA EXTENSIÓN DE NUESTRA PATRIA 

El próximo 11 de Septiembre la Iglesia en nuestro país celebra la Solemnidad de Nuestra Señora de Coromoto, Patrona de Venezuela. Con motivo de esta festividad, los Obispos de la Presidencia de la Conferencia Episcopal, queremos hacer llegar un mensaje de fe, de unión y esperanza a todos los fieles católicos de Venezuela, y a todas las personas de buena voluntad. 

La Madre de Jesucristo, nuestro Señor, ha acompañado la vida y el quehacer de los venezolanos y las venezolanas a lo largo de su historia. Con diversos títulos y bajo diferentes imágenes, -pero siempre con el mismo cariño y devoción-, es invocada por nuestro pueblo como madre y protectora, tanto en los momentos alegres como en los momentos difíciles de la vida. Particularmente, la Imagen de nuestra Señora de Coromoto, cuya reliquia ha sido recientemente restaurada, y que reúne a todos los venezolanos en la única y siempre sentida devoción a la Virgen María, nos recuerda nuestras raíces como nación, y nuestra vocación a ser familia y pueblo de Dios por el Bautismo. 

Por tal motivo, invitamos a todas las Iglesia Particulares, parroquias y comunidades cristianas de Venezuela a dar un gran realce a esta celebración litúrgica y hacer de ella un momento importante de reafirmación de fe cristiana y de compromiso eclesial. Como lo hacemos siempre, le pedimos que renueve la fe en toda la extensión de nuestra Patria, para que todos los venezolanos y venezolanas, nos esforcemos por construir una Patria cada vez más justa, solidaria, incluyente y participativa, en la cual todos, superando nuestras diferencias, podamos reconocernos como hermanos, y vivamos en paz. 

Aprovechemos esta ocasión para pedir insistentemente a Dios que nos ayude para construir una sociedad fundamentada en el amor a Dios y al prójimo, aplicando los principios y valores contenidos en los diez mandamientos de la ley de Dios, y que nos ayude con su gracia a la superación de la violencia que enluta tantos hogares venezolanos, en la lucha contra la corrupción, el narcotráfico, el hedonismo y otros tantos males que contrarían el designio de Dios. 

Recemos particularmente a Dios, por intercesión de la Virgen de Coromoto, para que las elecciones parlamentarias del próximo 26 de septiembre sean una oportunidad para renovar y consolidar la vocación democrática del pueblo venezolano, y contemos con diputados que trabajen por el bien de las regiones y por la solución de los grandes problemas nacionales. 

Caracas, 1 de Septiembre de 2.010 

Ubaldo Ramón Santana Sequera
Arzobispo de Maracaibo
Presidente de la CEV 

Baltazar E. Porras Cardozo
Arzobispo de Mérida
1° Vicepresidente de la CEV 

Roberto Lûckert León
Arzobispo de Coro
2° Vicepresidente de la CEV 

Jesús González de Zárate
Obispo Auxiliar de Caracas
Secretario General de la CEV


Publicado por Desconocido @ 23:09  | Hablan los obispos
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 Homilía de monseñor Agustín Radrizzani, arzobispo de Mercedes-Luján en la misa de cierre del Encuentro de Agentes de Pastoral de la Arquidiócesis (Iglesia catedral, 4 de septiembre de 2010). (AICA)

ENCUENTRO DE AGENTES DE PASTORAL

Queridos hermanos:

Nos encontramos en la iglesia Catedral, celebrando los 75 años de vida de nuestra arquidiócesis de Mercedes-Luján. Es significativo estar en este templo como familia de Dios, ya que es la iglesia madre en la arquidiócesis; desde ella se derrama el Espíritu santificador a todo el pueblo de Dios que peregrina en el territorio encomendado al Obispo como pastor, sucesor legítimo de los apóstoles; se enseña la Palabra de vida y se va conduciendo, con la colaboración de los sacerdotes, diáconos, religiosos/as, laicos, para formar juntos el rebaño del Señor: único Pastor de su pueblo.

El recordado y querido papa Pablo VI decía “por la majestad de su construcción, es signo de aquel templo espiritual, que se edifica en las almas y que resplandece por la magnificencia de la gracia divina, según dice el Apóstol Pablo: ‘Ustedes son templo de Dios vivo’ (2 Co 6, 16). Además debe ser manifestación de la imagen expresa y visible de la Iglesia de Cristo que predica, canta y adora en toda la extensión de la tierra. Debe ser considerada ciertamente como imagen del Cuerpo místico de Cristo, cuyos miembros se unen mediante un único vínculo de caridad, alimentados por los dones que descienden como el rocío del cielo”.[1] 

Un trabajo juntos

Nuestra arquidiócesis está signada por la presencia de la Madre de Dios, las Santísima Virgen. De su mano, los que nos han precedido en la fe han hecho historia. Ustedes han trabajado durante estos últimos meses en las comunidades parroquiales, en las zonas pastorales y rescataron el camino andado, atesorando los signos de vida y perdonando y pidiendo perdón por tantos errores u omisiones de bien que encontramos. También han mirado el momento presente y se han planteado desafíos que hoy han trabajo para concretar en acciones que muestren a Jesucristo vivo en cada una de las comunidades. Sé que me harán llegar las conclusiones de este trabajo - compromiso en el momento de las ofrendas de esta santa misa. No tengan dudas que serán luminosos aportes para ponernos juntos a trabajar, también de la mano de María y en sintonía con toda la Iglesia de América Latina y del Caribe, lanzándonos a la misión continental, que pide Aparecida [2] 

Construyendo Iglesia: casa y escuela de comunión

Cada encuentro ha significado construir la Iglesia, es decir la casa y escuela de comunión, donde ayudándonos y fundamentalmente amándonos unos a otros fuimos haciendo el “templo vivo”. Hemos experimentado la presencia de Jesús y sabemos con claridad que queremos ser discípulos fieles. No es tarea fácil, ni depende de nuestras capacidades o fuerza de voluntad, más bien se trata de una muerte a uno mismo, una especie de vaciamiento, para que sea Él quien lo  llene todo. Es Él quien da la fuerza, es Él quien da Vida Nueva, es El quién enciende en nosotros el deseo de su rostro, es Él quien nos hace hermanos y nos une.

Si el Señor no construye la casa en vano trabaja el obrero, dice el salmo 126. Por eso pedimos al Señor que nos regale ser casa y escuela de comunión. Casa para cobijar a todos, para recibir, para dar lugar, para entusiasmar. Escuela para que, acercándonos a la Palabra, ella forme en nosotros el rostro de Cristo y nos infunda sus sentimientos “Tengan los mismos sentimientos de Cristo Jesús” (Flp. 2, 5). Escuela que nos haga humildes oyentes y fieles operadores de la Voluntad del Padre. La comunión es el fruto de la presencia de Jesús. Es el restablecimiento de la relación con Dios, nuestro Padre y la vivencia efectiva y afectiva de la fraternidad entre nosotros. No podemos pretender ser discípulos solos, no podemos ser cristianos sin Iglesia [3].

Quizá este esfuerzo por mirar hacia atrás y proyectarnos hacia delante nos ha hecho tomar conciencia de estar insertos en una historia de Salvación, que no comienza con nosotros, ni se acaba con nosotros. Hemos de ser humildes y dejar que brille la luz de Cristo, siendo nosotros simples obreros de su viña, aunque también tenemos que ser responsables y poner a producir los talentos que el Señor nos encomienda, para que crezca su Reino en el mundo. 

Discípulos misioneros.

El empeño misionero es algo que nos debe ocupar en los próximos años. La misión nace de una experiencia del Resucitado. Nos hemos encontrado con Cristo y El nos ha cambiado la vida. Y es tal la felicidad que experimentamos que no podemos callar lo que hemos visto y oído. Desde esta perspectiva queremos ubicarnos.

Si somos comunidad, si somos familia, si somos hermanos estamos creando el clima para acercar a otros a la fe. Pero ¿a quiénes? A todos, y solo amando en serio, como Jesús, dándonos, podremos asumir los desafíos del tiempo presente, sintetizados en el imperio de la subjetividad: cada cual atiende su juego y, el relativismo: todo depende en orden a mi bienestar.

La atención particular tendrá que dirigirse a los rostros sufrientes que nos duelen [4]: los que viven en la calle, los migrantes, los enfermos, los adictos dependientes, los presos, teniendo en cuenta que los más sufrientes son los que no tienen a Dios [5].

Esta es nuestra Iglesia, una Iglesia auténtica, evangélica, fraterna y misionera, que vive la comunión entre los hermanos y anuncia que el Señor resucitó.

Que la Virgen, discípula misionera nos guíe para dar a Jesús a todos. Amén. 

Notas:

[1] Pablo VI Const Apost Mirificus eventos 7 de diciembre de 1965
[2] V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe en Aparecida n° 551
[3] Aparecida n° 156
[4] Aparecida n° 407-430
[5] Aparecida n° 405

 


Publicado por Desconocido @ 22:56  | Homilías
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Saludo y reflexión del monseñor José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario, con ocasión de la colación de grados de los nuevos abogados de la Universidad Católica Argentina (Catedral de Rosario, 2 de septiembre de 2010). (AICA)

LA UNIVERSIDAD CATÓLICA EN LA VIDA DE LA ARQUIDIÓCESIS

La colación de grados de la Facultad de Derecho de la Universidad Católica Argentina en Rosario es para mi, como Obispo diocesano, una ocasión para felicitar a los nuevos graduados por los estudios realizados y por la feliz coronación de sus esfuerzos; y al mismo tiempo para hacerlo extensivo a sus padres y a sus familias que los acompañaron durante estos años, con perseverancia e inclusive con sacrificios. También tengo el gusto de dirigirles un cordial saludo a las autoridades académicas e invitadas presentes, al señor Arzobispo emérito Monseñor Eduardo Mirás, al Dr. Ricardo París, en representación del Decano de la Facultad, a los profesores de la Universidad Católica y los colaboradores, a los sacerdotes presentes e invitados a este acto.  

La misión evangelizadora de la Universidad Católica

Al mismo tiempo, este encuentro es para mi una vez más una oportunidad para estar cerca de la Universidad y de sus graduados, conocer sus aspiraciones y comprobar la realización de sus frutos; ya que la Universidad también forma parte de la vida de una diócesis, la que a la vez que le ofrece el territorio para el desarrollo de su tarea específica de investigación y estudio en cada carrera, al mismo tiempo confía en la formación y la reflexión teológica y moral, a un nivel universitario, para el bien espiritual de sus miembros; y de la misión evangelizadora de la Universidad Católica (Ex corde Ecclesiae. II, art. 5, par.1). De este modo, se espera de ella un testimonio vital de orden institucional de Jesucristo vivo y de su mensaje, tan necesario para las hoy culturas, impregnadas por el secularismo (cfr. Ap. nº 341).

Lo expresado acerca de la Universidad en esta oportunidad, se encuadra también en el marco del vigésimo aniversario de la Exhortación apostólica “Ex Corde Ecclesiae” sobre las Universidades Católicas, que es un documento del magisterio que nos ofrece el verdadero espíritu que la Iglesia espera que tenga la Universidad Católica y que a la vez regula jurídicamente estos centros de estudios en el mundo.

En este sentido, a la luz de este documento, podemos decir con las palabras expresadas en este aniversario por el cardenal Zenon Grocholewski, Prefecto de la Congregación para la Educación Católica, sólo "la Universidad Católica que conserve su identidad tendrá un futuro y contribuirá al bien de la sociedad" (1.IX.2010); ya que si perdiera esa identidad perdería aquello que la debe caracterizar.

Cuando Juan Pablo II escribió y presentó este documento el 15 de agosto de 1990, quiso manifestar la importancia que tenía la Universidad Católica en la vida de la Iglesia; y por eso consideraba necesario que tuviera una legislación propia que estableciera su misión, así como el marco jurídico para su creación.

Por ello, es tan importante que el Obispo y Pastor del lugar aprecie y valore a la Universidad Católica; ya que de hecho es quien la promueve o la recibe en su propia diócesis de acuerdo a las necesidades pastorales y académicas (cfr. Ex Corde Ecclesiar, I, n º 28); y por ello, si bien la Universidad tiene sus autoridades propias, su autonomía y disciplina para cada materia y cada carrera respectivamente; sin embargo debe ser considerado "partícipe" de la misma (cfr. Ex Corde Ecclesiae, I, nº 28), y quiere para ella una profunda enseñanza teológica y moral a través de sus profesores. En este sentido, la sagrada teología, la moral y la doctrina social de la Iglesia no son un añadido o un plus, sino que deben influir sobre todas las actividades d edla UNiversidad (cfr. ibidem II, art. 2 par.4). 

Las actividades fundamentales de una Universidad Católica deberán vincularse y armonizarse con la misión evangelizadora de la Iglesia

Las actividades fundamentales de una Universidad Católica deberán vincularse y armonizarse con la misión evangelizadora de la Iglesia y se llevan a cabo a través de una investigación realizada a la luz del mensaje cristiano. Por eso la Iglesia, quiere sentir estos centros cercanos a si misma, y operantes en la difusión del mensaje auténtico de Cristo (cfr. ECE 49). Más aún, la investigación universitaria se debe orientar a estudiar en profundidad las raíces y las causas de los problemas de nuestro tiempo, prestando especial atención a sus dimensiones éticas y religiosas (cfr. Ex Corde, nº 32).

Por ello, si fuera necesario, la Universidad Católica deberá tener inclusive la valentía de expresar las verdades aunque sean incómodas, verdades que no halagan a la opinión pública, pero que son también necesarias para salvaguardar el bien auténtico de la sociedad (cfr. ib).

Es evidente entonces, el lugar importante que deben ocupar las asignaturas teológicas y cada uno de los profesores de teología y moral en la Universidad; ya que a través suyo llega la Palabra de Dios al aula, y se hace visible la unidad de su enseñanza con el Magisterio de la Iglesia; para que esta doctrina ilumine adecuadamente los otros temas de estudio y reflexión. Porque en el contexto en que vivimos, de gran relativismo cultural y moral es fundamental la enseñanza de la verdad, el diálogo fe y razón, fe y cultura, y la formación de profesores, alumnos y personal a través de la Doctrina social y moral de la Iglesia. 

Que nuestros estudiantes y profesores puedan encontrarse con el Señor resucitado, como los discípulos de Emaus

A la luz de lo expresado, y contando inclusive con la ayuda de la Pastoral universitaria (Ex corde Eccsiae II, art. 6), es muy necesario que nuestros estudiantes y profesores de la Universidad Católica, también puedan encontrarse en su propia vida con el Señor resucitado, como los discípulos de Emaus; y este encuentro a la vez sea alimentado sobre todo con la presencia de Jesús en la Eucaristía. (cfr. Benedicto XVI, 13.VII 2009).

La Universidad debe requerir un compromiso que sea misionero que consiste, en testimoniar el encuentro personal con Jesucristo, Verdad que ilumina el camino de cada hombre. De este encuentro con Él vendrá esa "novedad del corazón" capaz de dar una orientación nueva a la existencia personal; que se convierte en fermento y levadura de una sociedad vivificada por el amor evangélico (cfr. ibídem).

Precisamente, en el año del bicentenario, en el que ustedes abrazan la profesión de abogados, pedimos por todos ustedes que hoy se gradúan; para que con la protección de la Virgen del Rosario; con el aporte de su conocimiento y ciencia jurídica, y enriquecidos por la fe, contribuyan a mirar al futuro con esperanza. 

Mons. José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario 


Publicado por Desconocido @ 22:49  | Hablan los obispos
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Homilía de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para el 23 domingo durante el año (5 de septiembre de 2010). (AICA)

IDENTIDAD Y DIÁLOGO

En este principio de siglo no dudamos en afirmar que somos protagonistas de profundas transformaciones de todo tipo. A veces nos quedamos perplejos ante el rapidísimo avance tecnológico, bio-genético, informático… todo esto tiene estrecha relación con ámbitos fundamentales para la existencia humana, como la ética, la economía o la misma cuestión social.

En medio de tantas novedades, los cristianos necesitamos profundizar y formarnos en la fe que creemos. Esto nos permite madurar nuestra identidad cristiana, para que en medio de las luces y sombras de nuestro tiempo, podamos ser constructores de los valores que profesamos. Servirá para nuestra reflexión la lectura de una parte del texto “Jesucristo, Señor de la historia”, documento escrito por los obispos argentinos con motivo del año jubilar. En el mismo hay una referencia explícita a la necesidad de afirmar nuestra identidad en una época de cambios: “El comienzo del siglo encuentra a la humanidad en un momento muy significativo. Algunas décadas atrás la Iglesia hablaba del amanecer de una época de la historia humana caracterizada, sobre todo, por profundas transformaciones. Pero este amanecer no ha concluido. Más aún, aquellas situaciones nuevas se han vuelto más complejas todavía. Por eso podemos percibir qué es lo que termina, pero no descubrimos con la misma claridad aquello que está comenzando. Frente a esta novedad se entrecruzan la perplejidad y la fascinación, la desorientación y el deseo de futuro. En este contexto se plantea, a veces de un modo oculto y desordenado, preguntas urgentes: ¿quién soy en realidad? ¿cuál es nuestro origen y cuál nuestro destino? ¿qué sentido tiene el esfuerzo y el trabajo, el dolor y el fracaso, el mal y la muerte?  Tenemos necesidad de volver sobre estos interrogantes fundamentales. En una época de profundas transformaciones, la cuestión de la identidad aparece como uno de los grandes desafíos. Y esta problemática afecta de modo decisivo al crecimiento, a la maduración y a la felicidad de todos. En este marco, queremos anunciar lo que creemos, porque el Evangelio es una luz para planteos que nos inquietan” (Nº 3).

En el centro de nuestra identidad como cristianos, está la persona de Jesucristo. Dios hecho hombre. Es la piedra angular de la creación y de la historia de Salvación. Es tarea de cada cristiano comprender la centralidad de Jesucristo en su vida y asociarse libremente a Él. Desde esta reflexión podemos entender la afirmación del texto de este domingo (Lc. 14, 25-33). “Junto con Jesús iba un gran gentío, y él, dándose vuelta, les dijo: cualquiera que venga a mí y no me ama más que a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a su propia vida, no puede ser mi discípulo” (Lc. 14, 25-26).

Si realmente como cristianos, queremos ser discípulos de Jesús, trataremos de abrir nuestro corazón a sus enseñanzas. En la Palabra de Dios, en el Magisterio y la comunión de la Iglesia, nosotros alimentamos nuestra identidad y discipulado. Cuando entendemos que este discipulado debemos vivirlo en el mundo, en la familia, trabajo, política, escuela… comprendemos que la identidad cristiana realmente es un desafío necesario, para que nuestro aporte sea fecundo en medio de tantas situaciones nuevas y complejas. El intentar vivir con identidad y coherencia de vida nos permiten entender la exigencia del discipulado que nos pone el Señor. “El que no carga con su cruz y me sigue no puede ser mi discípulo” (Lc. 14,27).

¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo! 

Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas 


Publicado por Desconocido @ 22:44  | Homilías
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Buenos Aires, 7 Ago. 10 (AICA): El arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, cardenal Jorge Mario Bergoglio, pidió hoy a San Cayetano que proteja la fe, el amor y la esperanza de los argentinos, advirtió sobre una cultura “cada vez más pagana” que pretende excluir a Dios de la vida pública y relegarlo a la sacristía, y exhortó a no perder la esperanza a pesar de las dificultades.

 

     "San Cayetano: caminamos con fe pidiendo tu protección”. El lema de este año es muy especial. Como siempre, fue el más elegido por los peregrinos. Es bien directo y con un pedido concreto. Le pedimos a nuestro querido San Cayetano que nos proteja: es que somos peregrinos, gente que va de camino, y ya sabemos que el que sale a la calle necesita protección.

Por eso le decimos: “San Cayetano, caminamos con fe pidiendo tu protección”. 

     Es linda la primera afirmación: San Cayetano, caminamos con fe. Lo nombramos primero al santo para que nos mire, como diciendo “San Cayetano mirá que caminamos con fe”. Nos alegra y enorgullece que nos veas aquí, haciendo la fila, caminando en la fe de la Iglesia. 

     La fe la tenemos. Nuestro pueblo tiene fe. Creemos en Dios nuestro Padre. Creemos en Jesucristo su único Hijo, nuestro Señor. Creemos en Dios Espíritu Santo, Señor y dador de Vida. Creemos en nuestra Madre la Iglesia, creemos en la Comunión de los Santos, que nos hace venir a vos, junto con todos nuestros hermanos y hermanas, a pedirte que, junto con la Virgen y todos los santos del cielo, intercedan por nosotros que necesitamos protección. 

     La protección que pedimos es para todas las necesidades de nuestra vida: la salud, el pan, el trabajo… También pedimos protección ante la inseguridad que produce tanta violencia desatada en nuestra sociedad. Pero junto con estas cosas pedimos de manera especial protección para nuestra fe. Te pedimos que protejas, conserves y aumentes nuestra fe. 

      Porque vivimos en medio de una cultura cada vez más pagana. Una cosa es ser pagano si uno nació en una cultura que no conoce aún  la verdad del Evangelio y la bondad de Jesucristo. Pero para nosotros, hacer como si Jesucristo no hubiera venido a salvarnos, es dar un paso muy atrás. Es como negar a nuestros padres y a nuestros abuelos. Es como querer no tener historia. Es como si eligiéramos ser huérfanos, gente desamparada, que tiene que empezar de cero sin contar con el tesoro de la sabiduría de nuestros mayores. Al hacer como si Jesucristo no existiera, al relegarlo a la sacristía y no querer que se meta en la vida pública, negamos tantas cosas buenas que el cristianismo aportó a nuestra cultura, haciéndola más sabia y justa; a nuestras costumbres, haciéndolas más alegres y dignas… 

     Si somos personas de bien no debemos desconocer tantas gracias recibidas. Nosotros hemos escuchado el anuncio del Evangelio, somos gente bautizada en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, gente que ha vivido cuidada con el amor infinito de la providencia de nuestro Padre Dios y amparada bajo el manto de ternura de la Virgen María. Nosotros hemos sido marcados con el signo de la cruz y le pertenecemos a Jesús que nos compró con su Sangre. Si en algo fallan nuestros valores es porque no los vivimos a fondo. No es que tengamos que remplazarlos por otros sino que tenemos que arrepentirnos de no haberlos guardado bien y comenzar a vivirlos en toda su plenitud. 

     Y mientras caminamos con fe pedimos tu protección para nuestro amor. Te pedimos que cuides, conserves y acrecientes nuestro amor. Creemos con todo el corazón que es verdad lo que dice el Evangelio: que el que recibe los mandamientos de Jesús y los cumple, ése lo ama y el que ama a Jesús es amado por el Padre, que lo cuida y lo protege como a su hijo querido.Te pedimos San Cayetano que cuides este amor en el corazón de nuestro pueblo, en cada familia, en cada institución. Que nos cuides el amor misericordioso para compadecernos de los que sufren y ayudarlos como hizo el buen Samaritano. Te pedimos San Cayetano que nos cuides nuestro amor de caridad, ese amor gratuito que nos hace alegres en todo lo que sea positivo y creativo, en busca de un bien siempre mayor. Te pedimos San Cayetano que cuides nuestro amor familiar: el amor con que se aman los esposos, el amor que hace que los hijos honren a sus padres y que los padres tengan paciencia con sus hijos y los alienten. Te pedimos San Cayetano que protejas en nosotros nuestro amor de amistad, que establece vínculos de igualdad entre las personas de toda condición y es la base de las relaciones sociales. 

     Y mientras caminamos con fe y amor, te pedimos también que protejas nuestra esperanza. Nosotros somos conscientes de que hemos recibido una bendición y que esa bendición es al mismo tiempo una promesa. Queremos transmitir esta bendición-promesa a nuestros hijos. Decirles: “Que el Señor te bendiga y te proteja…” –como dice tan lindo la primera lectura-. “Que el Señor haga brillar su rostro sobre vos y te muestre su gracia. Que el Señor te descubra su rostro de Padre bueno y te conceda la paz”. San Cayetano, cuidá nuestra esperanza. Protegela de los males que la amenazan: el bajar los brazos, el tirar la toalla, el apagar la mirada pensando que no vale la pena, que en este país no se puede… ¡Nada de eso! Con tu ayuda levantamos los brazos, para bendecir al Cielo y para trabajar la tierra. Con tu ayuda nos ceñimos la toalla, como hizo Jesús en la última cena y le lavamos los pies a nuestros hermanos. Con tu ayuda encendemos la mirada y contemplamos el futuro con esperanza: ¡cuánto nos ha dado el Señor! ¡Cómo no soñar con todo lo que tiene para darle a nuestros hijos! “San Cayetano: caminamos con fe pidiendo tu protección”.+ 


Publicado por Desconocido @ 16:33  | Hablan los obispos
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jueves, 16 de septiembre de 2010

ZENIT   publica el discurso que dirigió Benedicto XVI el martes 7 de Septiembre de 2010 por la tarde, Benedicto XVI, al final del concierto en el que se interpretó el Réquiem de Wolfgang Amadeus Mozart (Misa de Réquiem en re menor K 626) en el patio de la residencia pontificia de Castel Gandolfo.

El concierto fue interpretado por la Orquesta de Padua y del Véneto, dirigida por el maestro Claudio Desderi, y por el coro "Academia de la voz" de Turín, dirigida por la maestra Sonia Franzese.

Queridos amigos:

Doy las gracias de corazón a la Orquesta de Padua y del Véneto y al coro "Academia de la voz" de Turín, dirigidos por el maestro Claudio Desderi, y a los cuatro solistas por habernos ofrecido este momento de alegría interior y de reflexión espiritual con una intensa interpretación del Réquiem de Wolfgang Amadeus Mozart. Junto a ellos, doy las gracias a monseñor Marcelo Sánchez Sorondo, secretario de la Academia Pontificia de las Ciencias, por las palabras que me ha dirigido, así como a las instituciones que han contribuido a la organización de este acontecimiento. Sabemos bien que Mozart, cuando era muy joven, en sus viajes por Italia con su padre, se detuvo en varias regiones, entre las cuales se encontraban también el Piamonte y el Véneto, pero sobre todo sabemos que pudo aprender de la viva actividad musical italiana, caracterizada por compositores como Hasse, Sammartini, Padre Martini, Piccinni, Jommelli, Paisiello, Cimarosa, por citar a algunos de ellos.

Permitidme, sin embargo, que exprese una vez más el afecto particular que me une, podría decir desde siempre, a este sumo músico. Cada vez que escucho su música no puedo dejar de volver con la memoria a mi iglesia parroquial, donde cuando era un muchacho, en los días de fiesta, resonaba una de sus "misas": en el corazón sentía que me alcanzaba un rayo de la belleza del Cielo , y esta sensación sigo experimentándola también hoy cada vez, escuchando esta gran meditación, dramática y serena, sobre la muerte. En Mozart, todo está en perfecta armonía, cada nota, cada frase musical; es así y no podría ser de otra manera; incluso los opuestos quedan reconciliados es la mozart'sche Heiterkeit, la "serenidad mozartiana" todo lo envuelve, en cada momento. Es un don de la Gracia de Dios, pero es también el fruto de la fe viva de Mozart que, especialmente en la música sacra, logra reflejar la respuesta luminosa del Amor divino, que da esperanza, incluso cuando la vida humana es lacerada por el sufrimiento y la muerte.

En su última carta escrita al padre moribundo, fechada el 4 de abril de 1787, escribe hablando precisamente de la etapa final de la vida sobre la tierra: "...¡desde hace algún año he alcanzado tanta familiaridad con esta amiga sincera y sumamente querida del hombre, [la muerte], que su imagen ya no sólo no tiene nada de aterrador, sino que me parece incluso muy tranquilizante y consoladora! Y doy gracias a mi Dios por haberme concedido la suerte de tener la oportunidad de reconocer en ella la clave de nuestra felicidad. No me acuesto nunca sin pensar que al día siguiente quizá ya no estaré. Y sin embargo nadie que me conozca podrá decir que en compañía yo sea triste o de mal humor. Y por esta suerte doy las gracias cada día a mi Creador y lo deseo de todo corazón a cada uno de mis semejantes".

Este escrito manifiesta una fe profunda y sencilla, que aparece también en la gran oración del Réquiem, y nos lleva, al mismo tiempo, a amar intensamente las vicisitudes de la vida terrena como dones de Dios y a elevarnos por encima de ellas, contemplando serenamente la muerte como una "llave" para atravesar la puerta hacia la felicidad.

El Réquiem de Mozart es una elevada expresión de fe, que reconoce el carácter trágico de la existencia humana y que no oculta sus aspectos dramáticos, y por este motivo es una expresión de fe propiamente cristiana, consciente de que toda la vida del hombre está iluminada por el amor de Dios. Gracias una vez más a todos. 

[Traducción del original italiano realizada por Jesús Colina
© Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por Desconocido @ 22:33  | Habla el Papa
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ZENIT  nos ofrece el discurso que Benedicto XVI dirigió a los miembros de la Mesa de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa al recibirles el miércoles 8 de Septiembre de 2010 en audiencia en la salita del Aula Pablo VI tras la Audiencia General.

Señor Presidente,
Queridos miembros de la Mesa de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa:

Estoy muy agradecido al Honorable Sr. Çavuþoðlu por las amables palabras que me ha dirigido en nombre de la Mesa y extiendo a todos vosotros una cordial bienvenida. Estoy contento de recibiros en el sexagésimo aniversario de la Convención Europea de Derechos Humanos que, como se sabe, compromete a los Estados Miembros del Consejo de Europa a promocionar y defender la dignidad inviolable de la persona humana.

Sé que la Asamblea Parlamentaria tiene en su agenda temas importantes relacionados sobre todo con personas que viven en situaciones especialmente difíciles o están sujetas a graves violaciones de su dignidad. Pienso en las personas afectadas por discapacidades, los niños que sufren violencia, los inmigrantes, los refugiados, los que más pagan por la actual crisis económica y financiera, los que son víctimas del extremismo o de nuevas formas de esclavitud como el tráfico de personas, el tráfico ilegal de drogas y la prostitución. Vuestro trabajo también está relacionado con las víctimas de la guerra y con las personas que viven en democracias frágiles. También he sido informado de vuestros esfuerzos para defender la libertad religiosa y oponeros a la violencia y la intolerancia hacia los creyentes en Europa y en todo el mundo.

Teniendo presente el contexto de la sociedad actual en la que diferentes poblaciones y culturas se unen, es un imperativo desarrollar la validez universal de esos derechos, así como su inviolabilidad, inalienabilidad e indivisibilidad.

En distintas ocasiones, he señalado los riesgos asociados al relativismo en el ámbito de los valores, los derechos y los deberes. Si éstos carecieran de un fundamento objetivo racional, común a todos los pueblos, y se basaran exclusivamente en culturas particulares, decisiones legislativas o sentencias judiciales, ¿cómo podrían ofrecer una base sólida y duradera para instituciones supranacionales como el Consejo de Europa, y para vuestra propia tarea en esta prestigiosa institución? ¿Cómo podría llevarse a cabo un diálogo fructífero entre culturas sin valores comunes, derechos y principios estables, universales, entendidos de la misma manera por todos los Estados Miembros del Consejo de Europa? Esos valores, derechos y deberes tienen su origen en la dignidad natural de toda persona, algo accesible al razonamiento humano. La fe cristiana no impide, sino que favorece, esta búsqueda y es una invitación a buscar una base sobrenatural para esa dignidad.

Estoy convencido de que esos principios, mantenidos fielmente, sobre todo cuando se trata de la vida humana, desde la concepción hasta la muerte natural, del matrimonio -basado en la entrega mutua exclusiva e indisoluble entre un hombre y una mujer- y la libertad de religión y educación, son condiciones necesarias si queremos responder adecuadamente a los decisivos y urgentes desafíos que la historia os presenta a cada uno de vosotros.

Queridos amigos, sé que vosotros también deseáis llegar a los que sufren. Esto me alegra y os animo a cumplir vuestra delicada e importante misión con moderación, prudencia y valentía al servicio del bien común de Europa. Os doy las gracias por venir y os garantizo mis oraciones. ¡Que Dios os bendiga! 

[Traducción del original inglés realizada por Patricia Navas
© Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por Desconocido @ 22:28  | Habla el Papa
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Roma (Agencia Fides) – Un Obispo misionero de Argentina a Sudáfrica. Es S. E. Mons. José G. Ponce de León, Vicario Apostólico de Ingwavuma, que se encuentra en Roma para el Seminario de nuevos Obispos, organizado por la Congregación para la Evangelización de los Pueblos (ver Fides 6/9/2010).
Mons. Ponce de León concedió la siguiente entrevista a Fides

¿Cuál ha sido su recorrido misionero?

Soy misionero de la Consolata. Nuestra formación es internacional. Hice el noviciado y la teología en Colombia. Estuve en ese país cuatro años y medio, de 1982 a 1986. Al terminar los estudios tenemos la posibilidad de elegir tres lugares de misión. Yo había indicado Etiopía, Mozambique y Sudáfrica, y me hice disponible también para ir al Asia. Sin embargo mis superiores me pidieron regresar a Argentina. Me quedé allí 7 años para ocuparme de la animación misionera, de la revista y de la formación. En 1993 fui destinado a Sudáfrica, a la provincia de KwaZulu, donde trabajé de 1994 al 2005. Luego fue enviado a Roma con el encargo de responsable de las misiones y luego de Secretario General.

¿Podría describirnos el Vicariato de Ingwavuma?

El Vicariato fue constituido en 1990 y había sido confiado a los Siervos de María. El Obispo era un Siervo de María irlandés, Michael Mary O’Shea, muerto en el 2006. El Vicariato está localizado al noreste de la Provincia de KwaZulu, en la frontera con Mozambique y Suazilandia. Aparte de alguna celebración en inglés, toda nuestra actividad pastoral se realiza en Zulu. También yo celebro en Zulu. ¡Aprenderlo nos ha costado una vida! A 15 años del nacimiento de la nueva Sudáfrica, ver a uno que se esfuerza por aprender la lengua del otro provoca alegría, sobre todo en aquellos que fueron obligados a aprender la lengua de los extranjeros, de los colonizadores.
Actualmente tenemos 6 sacerdotes diocesanos y 6 sacerdotes religiosos, este año ordenaré a otros dos diáconos, de manera que pronto serán 8 los sacerdotes diocesanos. De esta manera el número de sacerdotes diocesanos será superior al de los religiosos, cosa extraña para un Vicariato. Estos sacerdotes son jóvenes, ya que todos han sido ordenados en los últimos 5 años, y son un signo de esperanza; sobre ellos recae el futuro del Vicariato.

¿Cuáles son los problemas más graves que afligen a su Vicariato?

El Sida es la principal plaga de KwaZulu. Según las estadísticas al menos el 30% de la población es víctima del VIH, es decir un habitante de tres o está enfermo o es portador del virus. Ello significa que no existe una familia que no haya sufrido a causa del VIH. El número de huérfanos es muy alto. No tenemos orfanatos porque preferimos que los niños continúen viviendo en las comunidades de origen, o con sus vecinos o parientes. Sucede también que el primogénito se vuelve como el padre de sus hermanos. La SACBC (Southern African Catholic’s Bishops Conference) ha tenido una bellísima intuición con la creación de la oficina del Sida, que recoge los fondos que distribuye a las diócesis. Yo, como Obispo, no habría podido reunir los fondos necesarios para atender a los enfermos de mi Vicariato. Cada diócesis presenta sus propios proyectos de ayuda a los enfermos de Sida a esta oficina de la SACBC para su aprobación y para la erogación de los fondos. Ello se traduce en el envío de grupos de voluntarios que visitan a los enfermos, en proyectos a favor de los huérfanos y sobre todo en el suministro de fármacos antirretrovirales. Tenemos también un laboratorio de análisis de sangre. Por ello no necesitamos enviar a Johannesburgo las muestras de sangre para analizarlas. He quedado sorprendido de algo que dijo un médico que trabaja con nosotros, quien no es católico, y afirmó: “No hay otra Iglesia que haga lo que hace la Iglesia católica por nuestra gente”. Tenemos un ambulatorio cerca de la Catedral, que recibe todos los martes a unos ochenta pacientes. En los demás días los médicos y enfermeros se trasladan a las áreas rurales del Vicariato o a las pequeñas comunidades. Estas actividades son un signo de esperanza, ya que hemos logrado realizarlas no sólo gracias al dinero, sino sobre todo con la participación de las personas. Son las personas del lugar, no los extranjeros que vienen de fuera, las que ofrecen su propio tiempo para dedicarlo a los enfermos. (L.M.) (Agencia Fides 15/9/2010)


Publicado por Desconocido @ 15:39  | Entrevistas
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REDACCIÓN DE "IGLESIA NIVARIENSE"
C. San Agustín, nº 28
38201. La Laguna. Tenerife.
Tfno. 922-25 86 40 / Extensión 8
e-mail: iglesianivariense@obispadodetenerife.es

Boletín 401 

LAS NOTICIAS AMPLIADAS PUEDEN VERLAS ENTRANDO EN NUESTRO NUEVO BLOG. Textos, sonidos, e imágenes los tienen en: http://www.comunicacionobispadodetenerife.blogspot.com/ 

Este fin de semana se celebrará la Jornada a favor del Instituto de Teología. Se trata de una actividad de colaboración con esta labor académica y formativa que viene siendo muy importante en nuestra Iglesia Particular. Según el director de este centro, Juan Pedro Rivero “no sólo es importante animar la colecta de este fin de semana en las parroquias, sino invitar a todos los fieles a formarse usando los diferentes medios que ofrece la Iglesia Diocesana, a través de nuestro Centro”.

Este jueves se iniciaron las reuniones del obispo y sus vicarios generales con los sacerdotes de servicio en las distintas vicarías. Estos encuentros comenzaron con el tenido en Llano del Camello, en cuyos salones se congregaron los presbíteros de la Vicaría Sur. El obispo les dirigió un retiro y, a continuación, fue presentado el objetivo del curso, el calendario pastoral, un documento sobre la próxima evaluación del vigente PDP, además de tratar diversos asuntos pastorales. Estos encuentros continuarán ahora en La Gomera, El Hierro y La Palma.

Manos Unidas ha recibido el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia 2010, en el 50º aniversario de esta Organización católica de voluntarios, que lleva medio siglo “declarándole la guerra al hambre de pan, de cultura y de Dios”, como afirmaba su manifiesto fundacional. La noticia fue comunicada por la Directora de la Fundación Príncipe de Asturias, Teresa Sanjurjo González, al Secretario General de la CEE, Mons. Martínez Camino ya que la candidatura había sido presentada por el Comité Ejecutivo de la CEE.

Las comunidades parroquiales de San Joaquín y Santa Ana, Nuestra Señora del Carmen y Nuestra Señora de la Concepción, en Los Realejos, ya cuentan con un nuevo párroco, Marcos A. García. La Eucaristía de "entrada" fue presidida por el Vicario General, Domingo Navarro, el cual en la homilía pidió una triple conversión: a la propia vocación, al pueblo de Dios que se nos encomienda, y a las prioridades pastorales de la Iglesia. Una feligresa, en nombre de la comunidad, le dio la bienvenida expresando, entre otras cosas: "Siéntase heredero de unas comunidades de profunda religiosidad, de arraigado amor por Cristo y de una infinita devoción por María Santísima”.

 Ya está disponible, en las librerías diocesanas el plan de formación continua para los catequistas. Durante los dos próximos años, estos agentes de pastoral son invitados a capacitarse en relación a los contenidos de la catequesis. Para ello, el material formativo repasa el contenido del Credo. La portada del primer libro de esta formación se puede ver en nuestro blog: comunicacionobispadodetenerife.blogspot.com.

 La imagen de Nuestra Señora de Guadalupe será trasladada a su ermita de Puntallana el  sábado. A las 12,30 horas se celebrará la Eucaristía en el Templo Parroquial de La Asunción, presidida por el Vicario General, Antonio Manuel Pérez Morales. Seguidamente, tendrá lugar la procesión hasta el Puerto de San Sebastián donde será embarcada para el traslado a Puntallana. Al día siguiente, a las 12,30 horas se celebrará la Eucaristía en la Ermita de Puntallana, presidida por el Obispo, Bernardo Álvarez Afonso. En el transcurso de la misma, se bendecirán las obras de restauración llevadas a cabo.

 Por otro lado, los herreños celebrarán el próximo viernes día 24 la fiesta insular de Nuestra Señora de los Reyes. En el transcurso de la Misa en la ermita de la Dehesa, el Vicario General, Antonio Pérez, bendecirá el nuevo retablo que alberga la imagen de la Madre Amada.

 Ese mismo día se celebra a la patrona de los presos. Con tal motivo, el obispo presidirá una Eucaristía en el centro penitenciario Tenerife II.

 "La alegría de creer y el gozo de anunciarlo”, es el título del taller de animación misionera que se ha venido llevando a cabo estos días en el ISTIC. El objetivo del mismo está siendo ofrecer en un ambiente fraterno las claves misioneras de todo cristiano acentuando la misión “ad gentes”. Está destinado a profesores de religión, catequistas, agentes de pastoral y toda persona interesada en el tema.

 Tras realizar cada uno de los arciprestazgos las distintas propuestas al Obispo, éste ha nombrado arciprestes y vicearciprestes a: Francisco Javier Fuente, arcipreste de S/C de Tenerife, y Agustín Sanabria, vicearcipreste; Víctor Álvarez, arcipreste de Güímar, e Isodoro Hernández, vicearcipreste; Diego Carmelo Rodríguez, arcipreste de La Laguna, y José Domingo Morales, vicearcipreste; Domingo González Ruiz, arcipreste de El Hierro, y Federico Armas, vicearcipreste; Eduardo Rodríguez, arcipreste de Granadilla y Jesús Pérez Báez, vicearcipreste. Por otro lado José Domingo González es vicearcipreste en Isora.

 El 19 de septiembre, a las 12 horas, en la Basílica de Candelaria, tendrá lugar la profesión religiosa de Fray Ángel Luis Fariña Pérez.

 Ya han comenzado los actos en honor a nuestra Señora de los Remedios, en los Realejos. Así, el pregón fue pronunciado por Concepción Fuentes, la cual recordó que se cumplen 800 años de esta devoción universal y 36 del traslado de la imagen en visita a la calle del agua.

 La delegación de Misiones de la Diócesis Nivariense ya cuenta con su propio blog. El nombre del mismo es: misionestenerife.blogspot.com.

 Cada domingo, a las 8.45, en COPE La Palma y COPE Tenerife, repasamos con todos, y durante quince minutos, la semana en la vida de la iglesia diocesana y adelantamos las principales citas de la semana que se inicia. Se trata de un informativo diocesano que se llama "Iglesia Nivariense Noticias".

 Con motivo de la visita de Benedicto XVI al Reino Unido, Popular TV, la televisión del Grupo COPE, ofrece una programación especial en directo con los actos de este nuevo viaje apostólico del Pontífice. Los espectadores de Popular TV podrán seguir en directo la llegada del Santo Padre al Aeropuerto Internacional de Edimburgo, el jueves 16 de septiembre a las 11.30 horas. A continuación se emitirá la Ceremonia de Bienvenida -12.00h- en el Palacio Real de Holyroodhouse, en Edimburgo y el Encuentro con las autoridades en el Parque del Palacio Real de Holyroodhouse -12.40h-, en Edimburgo. Y esa misma tarde, a las 18.15h, la celebración de la Santa Misa en el Bellahouston Park de Glasgow.

 El viernes 17 de septiembre a las 11 horas, se emitirá el Encuentro con el mundo de la educación católica, en la capilla y en el campo de deportes del St Mary’s University College, en Twichenham; a las 12.30h el encuentro con los líderes de otras religiones, en el Waldegrave Drawing Room del St Mary’s University College, en Twichenham. Esa misma tarde, a las 17h, tendrá lugar la visita de cortesía al Arzobispo de Canterbury en el Lambeth Palace y la Celebración Ecuménica en la Abadía de Westminster, a las 19.15.

 El sábado 18 de septiembre, a las 11.00 horas, la celebración de la Santa Misa en la Catedral de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo. Asimismo, a las 19.15 horas, se ofrecerá la vigilia de oración por la beatificación del cardenal John Henry Newman en el Hyde Park.

Y para concluir esta programación especial, el domingo 19 de septiembre a las 11.00 horas, Popular TV emitirá la celebración de la Santa Misa de beatificación del Venerable cardenal John Henry Newman, en el Cofton Park de Rendal, en Birmingham.

Los próximos días 1 y 2 de octubre, los responsables nacionales de Radio María estarán en Tenerife para llevar a cabo un encuentro con los oyentes. El sacerdote y director de contenidos de la cadena, Esteban Munilla y el coordinador de la emisora, Rafael Lozano estarán el 1 de octubre, a las 20:15 horas, en el salón de actos del colegio salesiano “San Isidro”, en La Orotava. Un día más tarde, se desplazarán a Santa Cruz de Tenerife. En la capital tinerfeña realizarán un programa en directo, a las 16:00 horas desde el salón de actos de la parroquia de San Francisco de Asís, presentando la nueva programación de Radio María. Posteriormente, a las 18:00 horas, tendrá lugar otro encuentro con los oyentes de Radio María.

La exhibición pirotécnica en honor del Santísimo Cristo de La Laguna con motivo de su festividad, que hubo de aplazarse debido al mal tiempo, se trasladará al día de la Octava, el próximo martes, 21 de septiembre, sobre las 22:00 horas, tras la Eucaristía de las 20:00 horas en el Real Santuario del Cristo y su posterior procesión.         

A las 21:00 horas del día 23 se llevará a cabo el tercer y último acto del programa de conciertos de Luna, que se celebra en Chinguaro. Organizado por Cáritas Interparroquial de Güímar y la Mayordomía de Chinguaro, en esta ocasión la actuación prevista será la del grupo “Insomnia”, que ofrecerá un repertorio de jazz, blues y pop.

El próximo día 21 de Septiembre, el barrio de Redondo se engalana de nuevo para celebrar que hace 50 años se bendijo la ermita dedicada a San Pedro y la Virgen de la Piedad. Fue construida por los mismos vecinos. La celebración de la Eucaristía tendrá lugar el mismo día a las 19:30 horas.

La red internacional de Cáritas acaba de lanzar un llamamiento actualizado de emergencia para hacer frente a los cuantiosos daños humanos y materiales originados por las inundaciones en Pakistán con el que espera garantizar la ayuda básica para 357.500 personas durante seis meses.


Publicado por Desconocido @ 15:30  | Comunicados Diocesanos
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miércoles, 15 de septiembre de 2010

ZENIT  nos ofrece el mensaje en vídeo en inglés que Benedicto XVI grabó al final de la audiencia general del miércoles, 8 de Sptiembre de 20101,en el Aula Pablo VI, con motivo de la inminente visita al Reino Unido.

Estoy muy ilusionado con mi visita al Reino Unido dentro de una semana y envío saludos cordiales a todo el pueblo de Gran Bretaña. Soy consciente de que una gran cantidad de trabajo ha ido a los preparativos de la visita, no sólo por parte de la comunidad católica sino también por el Gobierno, las autoridades locales de Escocia, Londres y Birmingham, los medios de comunicación y los servicios de seguridad, y quiero decir lo mucho que aprecio los esfuerzos que se han hecho para garantizar que los diversos eventos previstos sean verdaderamente celebraciones gozosas. Sobre todo agradezco a las innumerables personas que han estado rezando por el éxito de la visita y por un gran derramamiento de la gracia de Dios sobre la Iglesia y las personas de vuestra nación.

Será una especial alegría para mí beatificar al Venerable John Henry Newman en Birmingham el domingo 19 de septiembre. Este verdaderamente gran hombre inglés vivió una vida sacerdotal ejemplar y a través de sus extensos escritos realizó una contribución perdurable a la Iglesia y a la sociedad, tanto en su tierra natal como en muchas otras partes del mundo. Es mi esperanza y mi oración que cada vez más personas se beneficien de su suave sabiduría y sean inspiradas por su ejemplo de integridad y santidad de vida.

Estoy deseando encontrarme con representantes de las distintas tradiciones religiosas y culturales que conforman la población británica, así como con líderes civiles y políticos. Estoy muy agradecido a Su Majestad la Reina y a Su Gracia el Arzobispo de Canterbury por recibirme, y estoy deseando encontrarme con ellos. Lamentando que hay muchos lugares y personas que no tendré la oportunidad de visitar, quiero que sepáis que todos vosotros sois recordados en mis oraciones. ¡Dios bendiga al pueblo del Reino Unido!

[Traducción del original inglés realizada por Patricia Navas
© Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por Desconocido @ 22:52  | Habla el Papa
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ZENIT  publica la intervención de Benedicto XVI en la audiencia general del miércoles, 8 de Septiembre de 2010, celebrada en el Aula Pablo VI del Vaticano, en la que continuó con la presentación de la figura de santa Hildegarda de Bingen que había comenzado la semana anterior (Cf. Benedicto XVI: santa Hildegarda de Bingen, poetisa y mística).

Queridos hermanos y hermanas:

Quisiera retomar y continuar la reflexión sobre santa Hildegarda de Bingen, importante figura femenina de la Edad Media, que se caracterizó por su sabiduría espiritual y santidad de vida. Las visiones místicas de Hildegarda se parecen a las de los profetas del Antiguo Testamento: al expresarse con las categorías culturales y religiosas de su tiempo, interpretaba a la luz de Dios las Sagradas Escrituras, aplicándolas a las circunstancias de la vida. De este modo, todo los que la escuchaban se sentían invitados a vivir un estilo de existencia cristiana coherente y comprometido. En una carta a san Bernardo, la mística del Palatinado Renano confiesa: "La visión atrae todo mi ser: no sólo veo con los ojos del cuerpo, sino que se me aparece en el espíritu de los misterios... Conozco el significado profundo de lo que se expone en el Salterio, en los Evangelios, en los demás libros, que se me han mostrado en esta visión. Ésta quema como una llama en mi pecho y en mi alma, y me enseña a comprender profundamente el texto (Epistolarium pars prima I-XC: CCCM 91).

Las visiones de Hildegarda están llenas de contenido teológico. Hacen referencia a los principales acontecimientos de la historia de la salvación, y usan un lenguaje principalmente poético y simbólico. Por ejemplo, en su obra más famosa, titulada "Scivias", es decir, "Conoce los caminos", resume en treinta y cinco visiones los eventos de la historia de la salvación, desde la creación del mundo al fin de los tiempos. Con los rasgos característicos de la sensibilidad femenina, Hildegarda, en la parte central de su obra, desarrolla el tema del matrimonio místico entre Dios y la humanidad realizado en la Encarnación. En el árbol de la Cruz se realizan las bodas del Hijo de Dios con la Iglesia, su esposa, llena de gracias y que ha recibido la gracia de ser capaz de dar a Dios nuevos hijos, en el amor del Espíritu Santo (Cf.Visio tertia: PL 197, 453c).

A partir de estas breves referencias vemos ya cómo también la teología puede recibir una contribución peculiar de las mujeres, porque son capaces de hablar de Dios y de los misterios de la fe con su inteligencia y sensibilidad propias. Aliento por este motivo a todas aquellas que desempeñan este servicio a realizarlo con profundo espíritu eclesial, alimentando la propia reflexión con la oración y teniendo en cuenta la gran riqueza, aún en parte inexplorada, de la tradición mística medieval, sobre todo la representada por modelos luminosos, como Hildegarda de Bingen.

La mística renana es autora también de otros escritos, dos de ellos particularmente importantes, porque muestran, como en "Scivias", sus visiones místicas: el "Liber vitae meritorum" (Libro de los méritos de la vida) y el "Liber divinorum operum" (Libro de las obras divinas), también llamado "De operatione Dei". En el primero, se describe una visión única y poderosa de Dios que vivifica el cosmos con su fuerza y con su luz. Hildegarda subraya la profunda relación entre el hombre y Dios y nos recuerda que toda la creación, de la que el ser humano es la cumbre, recibe la vida de la Trinidad. El texto está centrado en la relación entre virtud y vicios, de manera que el ser humano debe afrontar diariamente el desafío de los vicios, que le alejan en el camino hacia Dios y las virtudes que le favorecen. Es una invitación a alejarse del mal para glorificar a Dios y entrar, después de una existencia virtuosa, en la vida "llena de alegría".

En el segundo libro, considerado por muchos su obra maestra, describe la creación en su relación con Dios y la centralidad del hombre, expresando un fuerte cristocentrismo de sabor bíblico-patrístico. La santa, que presenta cinco visiones inspiradas en el Prólogo del Evangelio de san Juan, refiere las palabras que el Hijo dirige al Padre: "Toda la obra que has querido y que me has encomendado, la he cumplido, y yo estoy en ti y tú en mi, y que somos una sola cosa" (Pars III, Visio X: PL 197, 1025a).

En otros escritos, por último, Hildegarda manifiesta una variedad de intereses y el dinamismo cultural de los monasterios femeninos de la Edad Media, a diferencia de los prejuicios que todavía hoy siguen extendiéndose sobre esa época. Hildegarda se dedicó a la medicina y a las ciencias naturales, así como a la música, pues tenía talento artístico. Compuso también himnos, antífonas y cantos, recogidos con el título Symphonia Harmoniae Caelestium Revelationum (Sinfonía de la Armonía de las Revelaciones Celestes), que eran gozosamente interpretados en los monasterios, difundiendo una atmósfera de serenidad, y que han llegado hasta nosotros. Para ella, toda la creación es una sinfonía del Espíritu Santo, que es en sí mismo alegría y júbilo.

La popularidad que rodeaba a Hildegarda llevaba a muchas personas hacerle consultas. Por este motivo, disponemos de muchas de sus cartas. A ella se dirigían comunidades monásticas de hombres y mujeres, obispos y abades. Muchas de las respuestas siguen siendo válidas para nosotros. Por ejemplo, a una comunidad religiosa femenina Hildegarda le escribía: "La vida espiritual debe ser atendida con mucha dedicación. Al inicio el cansancio es amargo. Dado que exige la renuncia a los caprichos, al placer de la carne y a cosas semejantes. Pero, si se deja fascinar por la santidad, un alma santa experimentará como algo dulce y agradable el mismo desprecio del mundo. Sólo es necesario prestar atención inteligentemente a que el alma no se marchite" (E. Gronau,Hildegard. Vita di una donna profetica alle origini dell'età moderna, Milano 1996, p. 402). Y cuando el emperador Federico Barbarroja provocó un cisma eclesial oponiendo tres antipapas al Papa legítimo, Alejando III, Hildegarda, inspirada en sus visiones, no dudó en recordarle que también él, el emperador, estaba sometido al juicio de Dios. Con la audacia que caracteriza a todo profeta, escribió al emperador estas palabras de parte de Dios: "¡Atento, atento a esta malvada conducta de los impíos que me desprecian! ¡Escucha, rey, si quieres vivir! ¡De lo contrario mi espada te traspasará!" (Ibídem, p. 412).

Con la autoridad espiritual de la que estaba dotada, Hildegarda viajó en los últimos años de su vida, a pesar de la edad avanzada y de las penosas condiciones de los desplazamientos. Todos la escuchaban con gusto, incluso cuando utilizaba un tono severo: la consideraban una mensajera enviada por Dios. Exhortaba sobre todo a las comunidades monásticas y al clero a vivir en conformidad con su vocación. En particular, Hildegarda se opuso al movimiento de los cátaros alemanes. Los cátaros, literalmente "puros", propugnaban una reforma radical de la Iglesia, sobre todo para combatir los abusos del clero. Ella les reprendió con fuerza por querer subvertir la naturaleza misma de la Iglesia, recordándoles que una verdadera renovación de la comunidad eclesial no se consigue tanto con el cambio de las estructuras, como con un sincero espíritu de penitencia y un camino de conversión. Este es un mensaje que nunca debemos olvidar.

Invoquemos siempre al Espíritu Santo para que suscite en la Iglesia mujeres santas y valientes, como santa Hildegarda de Bingen, que apreciando los dones recibidos de Dios, aporten su preciosa y peculiar contribución para el crecimiento espiritual de nuestras comunidades y de la Iglesia en nuestro tiempo.

[Al final de la audiencia, el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:]

Queridos hermanos y hermanas:

Quisiera continuar en el día de hoy hablando de Santa Hildegarda de Bingen, religiosa benedictina de origen alemán que, en el siglo XII, se distinguió por su santidad y sabiduría espiritual.

Esta santa gozó durante toda su vida de continuas visiones místicas, que una vez reconocidas por la autoridad de la Iglesia, se pusieron por escrito en diversos libros. Éstos rezuman un amplio conocimiento de las Sagradas Escrituras y de los Padres de la Iglesia. Las obras de Santa Hildegarda se centran en la exposición de los principales misterios de la historia de la salvación, presentados con una notable profundidad teológica, y con su peculiar inteligencia y sensibilidad femenina. Además de su producción teológica y moral, Hildegarda abordó temas relativos a la medicina, las ciencias naturales o la música.

Gozó de gran popularidad en su época, por lo que numerosos obispos y abades mantenían correspondencia con ella, consultándole muchos de los problemas que se les planteaban. En los últimos años de su vida, se dedicó también a hablar de Dios a la gente, subrayando especialmente la necesidad de una continua conversión en la vida monástica y sacerdotal.

Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a los fieles de la Diócesis de Tula, en México, que están celebrando el cincuenta aniversario de la creación de esa diócesis; a los médicos y administrativos de la Arquidiócesis de Salta, en Argentina; así como a los demás fieles provenientes de España, México, Panamá, El Salvador, Honduras y otros países latinoamericanos. Invoquemos al Espíritu Santo, para que suscite siempre en la Iglesia mujeres santas que, contribuyan al crecimiento espiritual de nuestras comunidades. Muchas gracias.

[Traducción del original italiano realizada por Jesús Colina
©Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por Desconocido @ 22:48  | Habla el Papa
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Homilía de monseñor Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús, en la peregrinación diocesana basílica Nuestra Señora de Luján (4 de septiembre de 2010). (AICA)

PEREGRINACIÓN DIOCESANA A LA BASÍLICA DE LUJÁN

Queridos hermanos, queridos sacerdotes, queridos diáconos, diáconos permanentes seminaristas religiosas y querido pueblo fiel; todos los que está aquí presentes de la diócesis de Avellaneda-Lanús y todos los demás peregrinos que vienen de distintos lugares que nos reunimos como Iglesia a honrar ya venerar a la Virgen que es la Madre de Dios.

Venimos aquí, una vez más, para agradecerle a Dios por la presencia de Su Madre que es nuestra Madre, la Virgen; vemos en Ella la iniciativa de Dios y esa concreción de aquello que es imposible para los hombres, es posible por la intervención de Dios; como Iglesia recurrimos a María para que nos vuelva a reverdecer y a fortalecer ese sentimiento profundo e íntimo de saber que Dios conduce la historia de la humanidad, la historia de los pueblos y guía, a través del Espíritu Santo, a nuestra querida y amada iglesia. Por eso nos ubicamos y ponemos bajo su protección, la protección de la Virgen, para que Ella nos recuerde, nos sople, nos suscite y nos enseñe a escuchar como discípulos a Cristo, y mirando a Cristo cumplamos con la voluntad de Dios; para el creyente nada es imposible, para nosotros nada es imposible.

Estamos recorriendo inicialmente estos primeros cincuenta años de diócesis, el año jubilar, dándole gracias a Dios porque nos ha bendecido, como Pueblo de Dios, en nuestra porción de Avellaneda – Lanús. Estamos recorriendo un camino que Dios va tejiendo con su dedo, con el dedo del Espíritu Santo, la historia de santidad en nuestro querido pueblo y en nuestras queridas ciudades de Avellaneda Lanús.

Y hoy venimos a dar gracias queremos reconocer una vez más que nosotros fuimos invitados, que tenemos una vocación, que somos llamados, no lo merecíamos, pero Dios irrumpió en nuestra vida, hizo el misterio del misterio de su presencia, nos llamó, nos abrió el corazón, nos iluminó la mente, nos enseñó a vivir como personas y como cristianos; cada uno tenemos una vocación que escuchar, desarrollar, cumplir y vivir. Como Iglesia diocesana hay distintas vocaciones, distintas pero que todas pertenecen al Pueblo de Dios, que todo pertenece al cuerpo de Cristo y cada uno de nosotros tiene tareas que desarrollar.

Nosotros, los sacerdotes, en primer lugar hemos terminado, con toda la Iglesia en este junio de 2010, el año internacional del sacerdocio ministerial; la Iglesia nos ha convocado a través del papa Benedicto XVI y toda la Iglesia ha rezado, ha reconocido y ha pedido por nosotros, por los sacerdotes, para que realmente reconozcamos, desde nuestra fragilidad, que Dios ha querido confiar el misterio mas santo, el misterio más sagrado: la Eucaristía y el perdón de los pecados, el perdón de los pecados y la eucaristía.

El sacerdote, hombre frágil, es representante de Dios y también él nos da a Dios misteriosamente. Por eso tenemos que honrar, amar y estimar a nuestros sacerdotes con sus características particulares, con su forma de ser, pero reconocer -como creyentes en la Iglesia- el misterio de Dios a través del sacerdote y pedimos por ellos. Le pedimos a la Virgen por su perseverancia por su salud física, espiritual, intelectual, moral, social y por todas las cosas que cada uno de ellos pueda necesitar. Que la Virgen recuerde -y nos recuerde- que para Dios nada es imposible, por lo tanto, en su nombre, que la Virgen interceda por cada uno de ellos.

Y pidiendo por los sacerdotes ¡cómo nos vamos a pedir por los seminaristas!, ¡como no vamos a pedir por su perseverancia para que recuerden siempre el don que han recibido y aquello a que son llamados y que realmente se entreguen confiando en el Señor!; si el Señor lo pide es porque el Señor lo da; también le pedimos que, en el seno de nuestras familias y de nuestras comunidades, Dios siga suscitando el llamado interior al sacerdocio ministerial, o a la vida religiosa, o a la vida de consagración especial.

Pedimos también especialmente por las religiosas y los religiosos, ellos, en su vida son una parte importante de la Iglesia. Así como decíamos que la Iglesia tiene dos pulmones, oriente y occidente, así también la vida religiosa es parte importantísima de la Iglesia, porque la vida consagrada es el anticipo de la escatología, es el anticipo del Reino de nuestra Iglesia. Que Dios bendiga la generosidad de cada uno de ellas y de ellos y que también suscite vocaciones, no por un tiempito nomás, o por una parte, sino una consagración total al Señor a través de los votos y de los consejos evangélicos: pobreza, castidad y obediencia.

Como Iglesia, le pedimos también a la Virgen por nuestra familias, por nuestras comunidades para que cada una de ellas no se encierre en sí misma, que sean capaces de superar las dificultades que vienen de afuera y que vienen de adentro. ¡Tantas cosas golpean el seno de nuestras familias incluso hasta leyes que debilitan aquello que es anterior al Estado, que es la familia. Le pedimos al Señor por nuestras familias, por medio de la Virgen.

Que nuestras comunidades sean abiertas, que nuestras comunidades sirvan, que nuestra comunidades recen, que nuestras comunidades vivan el misterio de Dios, el evangelio.

El mundo está cambiando vertiginosamente y muchas veces las leyes del mundo son despóticas, y el despotismo del que nos habla el Papa fundamentalmente es relativismo; todo es relativo y todo está reducido a una experiencia, privada e individual, que el derecho positivo no debe hacer referencia al derecho natural, ya que este le da sustento, y así tantas otras cosas más.

Hoy la Iglesia Católica está como despreciada y desconocida, fundamentalmente porque sostiene un argumento antropológico humano-creyente y eso no se tolera; una de las cosas que más se le critica a la Iglesia -hay otras que son de excusa-, es que defiende la vida desde su concepción; porque la Iglesia defiende la familia integralmente; porque la Iglesia no quiere -por derecho natural y no sólo por derecho religioso- no acepta el aborto; y en tantos otros campos la Iglesia en su humanismo y en su cristianismo está viviendo algo que ciertas veces el mundo no tolera, le molesta y le es adverso.

Entonces ¿qué hacemos?, ¿nos callamos la boca, nos encerramos en la sacristía, nos quedamos en nuestro individualismo, perdemos el don que Dios nos da? Hoy más que nunca, el servicio que nosotros prestamos a la Iglesia y al mundo, es saber que ¡Dios es el principio de toda vida y que todos nosotros formamos la familia humana!, ¡que todos nosotros somos hijos de Dios!, ¡que tenemos que respetarnos!, ¡amarnos!, ¡cuidarnos!, ¡protegernos!, ¡y ayudarnos!

Por eso le pedimos hoy a la Virgen que mantenga vivo en nosotros el fuego del espíritu y de la esperanza, porque si nosotros también nos alejamos de Dios perdemos el equilibrio y se empobrecen las vinculaciones humanas entre los hombres. Dice el Papa que si Dios se eclipsa, el hombre pierde su equilibrio y se debilita.

Por eso quiero pedirle hoy a la Virgen, a nuestra Madre, que nos ayude a darnos cuenta que tenemos que vivir de la esperanza, que Dios no es ni una idea, ni un nombre, ni una hipótesis, ¡es la realidad!, ¡y es Dios quien hace la realidad de toda vida humana!, ¡de toda existencia! El mejor servicio que podemos presentar al hombre es creyendo en Dios, viviendo en Dios, confiando en Dios, siendo fiel a Dios y dando a Dios a los demás. La Virgen, en su silencio, nos lo enseña; que también nosotros, en nuestro silencio interior, hoy tomemos la decisión de vivirlo así y de entregarlo a los demás.

Y para terminar, en la iglesia, le pedimos a la virgen que nos ayude a tres cosas; la primera obrar, la segunda pensar y la tercera rezar, si rezamos, si pensamos y si obramos, es lo mejor que le entregamos a la iglesia y al mundo.

Que así sea. 

Mons. Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús 


Publicado por Desconocido @ 22:41  | Homilías
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Homilía de monseñor Martín de Elizalde OSB, obispo de Nueve de Julio en la peregrinación diocesana a la basílica de Luján (5 de septiembre de 2010). (AICA)

PEREGRINACIÓN A LA BASÍLICA DE LUJÁN

Queridos sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas,
seminaristas, ministros y colaboradores de nuestras comunidades parroquiales y capillas,
queridos hermanos y hermanas de la diócesis de Nueve de Julio: 

En la casa de Dios, donde veneramos de manera especial a la Santísima Virgen María, Nuestra Señora de Luján, casa que es también suya, y hasta donde hemos venido desde lejos con todo nuestro amor y el más intenso deseo, nos encontramos hoy, Pueblo de Dios, para celebrar la Eucaristía, participar de la mesa del Señor, escuchar su Palabra, ofrecer nuestra oración y recogernos en plegaria silenciosa. Traemos nuestras necesidades y nuestro agradecimiento, y entre tantas peticiones y anhelos, con el reconocimiento que debe acompañar siempre nuestras plegarias, junto a lo que es personal, queremos incluir lo que pertenece a nuestra Iglesia diocesana: la santidad y el ministerio de nuestros sacerdotes, la vida de las comunidades, los niños, los ancianos y enfermos, las familias, los jóvenes, y también las necesidades de nuestra Patria, para que ella encuentre el sendero de la paz y de la amistad social en la justicia y el amor del bien. 

Hemos venido hasta aquí para celebrar la Eucaristía. Es el misterio de nuestra fe, el sacrificio del Hijo de Dios y la comunión con su Pasión y Muerte, que nos libera del pecado y nos abre las puertas de la vida. El cristiano vive de la Eucaristía, la Iglesia vive de la Eucaristía, y si nuestra celebración de hoy tiene un  relieve especial – el lugar, la ocasión, la asamblea -, cada celebración en nuestros templos y capillas nos alcanza las mismas gracias, nos introduce en la misma comunión, nos concede idéntica experiencia. ¿Cómo participamos en la Eucaristía? Lo hacemos en primer lugar con fe en la presencia del Señor Resucitado, ciertos de la verdad de su promesa, atentos a la Palabra que escuchamos y al alimento espiritual que recibimos. Lo hacemos en espíritu de comunión profunda y sincera, con Dios y con los hermanos. La vida cristiana se sostiene con la participación en este sacramento, y su efecto perdura, en nuestra oración y en nuestra acción de gracias, y nos inspira y orienta para mantenernos fieles al Evangelio. Lo hacemos con la certeza de sabernos enviados para la Misión, como nos lo dicen nuestros obispos de América; la misión tiene su gran cita y encuentro en la celebración eucarística. Los discípulos nos encontramos en la Eucaristía, en ella nos reconocemos, formamos y fortalecemos, de ella tomamos la fuerza y la dirección. Hacia ella, también, nos esforzamos por llevar a todos nuestros hermanos, los invitamos a participar y les alcanzamos la ocasión de hacerlo con más fruto, con mayor frecuencia. Y la Eucaristía es el momento y el lugar donde se manifiesta la Iglesia. Lo hace por la caridad, por el testimonio, por la misión, pero sobre todo en la celebración misma del Misterio que le ha sido confiado. 

Es a María, Madre y modelo de la Iglesia a quien venimos a encontrar hoy en este santuario. Templo del Espíritu Santo, llevó en su seno al Salvador, y lo acercó a su pueblo. Así acompañó a su propio Hijo con su servicio fiel y lleno de amor, como madre expectante en la gestación, como madre solícita y previsora en su infancia, como madre discreta y cercana, pero silenciosa, en su vida pública, como madre dolorosa al pie de la Cruz. De la misma manera nos acompaña a nosotros, que también somos hijos suyos. De ella debemos aprender nosotros, que reconocemos en ella el modelo del verdadero discípulo, y formados en su escuela, escuchemos su palabra: “Hagan lo que Él les diga”, cumplamos el Evangelio de su Hijo, hagamos su voluntad, continuemos la misión a la que envió a sus apóstoles y discípulos.   

Discípulos y misioneros, nos quiere la Iglesia. María Santísima fue la primera discípula, perfecta, generosa. A nosotros nos toca ahora prolongar la Misión, iluminados por su ejemplo, asistidos por su intercesión. Y me parece que en este hermoso camino que ya comenzamos, el itinerario y programa de la Misión, tiene que ser muy sencillo, siempre, pero esforzado y comprometido. Es así que podríamos esbozar la tarea que nos espera, situándola en tres ámbitos muy simples, muy cercanos, muy accesibles, sin los cuales no habrá progreso ni resultados. Ellos son la observancia y celebración del Día del Señor; un renovado impulso catequístico, que alcance también a las familias de los que son instruídos en la fe y se preparan para los sacramentos; y la oración por las vocaciones sacerdotales y a la vida consagrada, y su promoción.  

El Día del Señor

El tan recordado Juan Pablo II dedicó una Carta apostólica al Día del Señor, es decir al domingo, el primer día de la semana, que es memoria de la Resurrección de Jesús nuestro Salvador. Es el día de la Eucaristía, en el que el Pueblo de Dios se reúne para escuchar la Palabra solemnemente anunciada y explicada, para participar en la Mesa del Cuerpo y Sangre de Jesús y en el que experimenta y expresa la maravillosa realidad de formar con Él un solo Cuerpo y encontrarse en comunión con los hermanos que comparten la fe por el Bautismo. 

Es el domingo, por la celebración de la Eucaristía, que la comunidad de discípulos se nutre y fortalece, y se dispone a lanzar a sus hermanos la llamada que los invita a incorporarse al Pueblo de Dios con la práctica de las buenas obras, a renovarse en la comunión, a alimentarse con la esperanza de la vida eterna. Nuestra Misión parte de la Eucaristía, con el envío que concluye cada celebración litúrgica, y nos muestra que las riquezas espirituales que hemos recibido tienen que ser manifestadas a los hermanos. La Eucaristía, anticipo del banquete eterno, es el signo visible de nuestra práctica y de nuestra pertenencia. Se trata entonces de un punto fortísimo, de un aspecto ineludible e insoslayable de la vida de cada cristiano, que la Misión tiene que poner de relieve con mucho énfasis. 

La catequesis y las familias

En nuestro reciente Encuentro Catequístico Diocesano insistimos en la catequesis inicial, desde los comienzos de la vida consciente de los niños, y que debe abarcar e integrar activamente a los padres y madres de esos mismos niños. La catequesis es una tarea importantísima, es la primera acción misionera, y sus responsables son, para comenzar, los mismos padres, a quienes ofrece su ayuda la Iglesia con el ministerio de los catequistas. Por eso, son estos últimos quienes tienen el delicadísimo encargo de despertar en los padres el sentido de su responsabilidad catequística y evangelizadora para con sus hijos y para quienes forman su familia y habitan en el hogar.  

Aquí, a los pies de María, que dirigió y acompañó los principios de la vida de piedad de su Hijo y fue testigo de su encuentro filial con el Padre celestial, invito insistentemente a los padres a preocuparse por la formación religiosa de sus niños, a asistirlos en su desarrollo, a aconsejarlos y defenderlos en las dificultades y en las tentaciones. Y encargo, también de manera muy especial, a los catequistas a que se dispongan y preparen para encontrar el acceso a los padres de los niños que catequizan, y los incorporen a la tarea de hacerlos discípulos del Evangelio. Este es un campo privilegiado para la Misión, y no podemos descuidarlo. 

Las vocaciones sacerdotales y a la vida consagrada

El tercer aspecto que quería señalarles es el de las vocaciones sacerdotales y a la vida consagrada. Todo bautizado es testigo y es misionero, pero el pueblo de Dios necesita que los sucesores de los Apóstoles, a quienes el Señor confió el pastoreo de su Iglesia, tengan aquellos colaboradores que harán presente entre los fieles los sacramentos que dan la Vida y la Palabra que enseña e ilumina. Los religiosos son los que eligieron seguir más de cerca de Jesucristo, imitando su ejemplo y aplicando sus enseñanzas, con generosidad y entrega, y se convierten por ello en los jalones del camino que conduce al Reino, por su ejemplo y por su acción, por su intercesión y por su presencia.  La Misión, que no es exclusiva responsabilidad de los ministros ordenados, se estructura a partir de la vida eclesial, que es sacramental y por ello jerárquica, y los fieles precisan de la renovada y cercana asistencia de la gracia. 

Por eso, la catequesis y la pastoral familiar, el servicio ordinario en las parroquias y comunidades, la formación cristiana de los jóvenes en los grupos apostólicos y misioneros y en las escuelas católicas, tiene que poner en su horizonte la trasmisión de la invitación que Dios dirige a las almas generosas con la vocación sacerdotal y religiosa. Y la Misión no es solamente una ocasión para ello, tiene en la vocación su perfección y cumplimiento, donde el misionado se vuelve, no solo misionero, sino sostén y causa de la acción misionera. La Obra de las Vocaciones, que está surgiendo en muchas parroquias y comunidades por el celo de los mismos sacerdotes y de muchos fieles comprometidos, tiene que ser extendida y profundizada, especialmente con la oración y el ofrecimiento de la Eucaristía. 

Con esta perspectiva leemos el precioso pasaje evangélico de la Misa de hoy, domingo XXIII del tiempo ordinario (Lc 14, 25-33). Seguir a Cristo, es dejar todo lo que, sin ser algo malo – y no lo es de ninguna manera, puesto que es también don de Dios -, padre, madre, mujer, hijos, hermanos y hermanas, y hasta a sí mismo, y tomar la Cruz para seguir a Cristo. Y este esfuerzo, grande y exigente, requiere la mayor generosidad y se basa en la prudencia y la confianza, pues ser discípulo es no apoyarse más que en Dios. Ser misionero es justamente partir de ahí mismo: saberse portador de un tesoro, maravilloso, valiosísimo, y por eso desprenderse de lo accesorio, para poder alcanzar el término deseado junto a nuestro amado Señor. Esta es la convicción del cristiano, este su grito y anuncio, esta su conducta y testimonio, y pedimos a la Virgen Santísima, Nuestra Señora de Luján, que con su ejemplo nos enseñe y con su intercesión nos acompañe para llevar a buen término lo que con nuestro bautismo y vocación hemos comenzado.  

Mons. Martín de Elizalde OSB, obispo de Nueve de Julio 


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martes, 14 de septiembre de 2010

Homilía de Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia, para la homilía del domingo 23º durante el año (5 setiembre 2010). (AICA)

DISCÍPULOS Y MISIONEROS DE JESUCRISTO

Lc 14,25-33 

I. PARA SER DISCÍPULO DE JESÚS HAY QUE SEGUIR SUS PASOS 

1. El Evangelio de hoy nos cuenta que, “junto con Jesús, iba un gran gentío” (Lc 14,25). Es una situación que San Lucas constata con frecuencia. Pero esta vez agrega un gesto elocuente de Jesús, con el que diferencia entre los que caminan con él por simpatía o algún interés, y los que siguen sus pasos como discípulos: “Y él dándose vuelta, les dijo: ‘Cualquiera que venga a mí y no me ame más que a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a su propia vida, no puede ser mi discípulo” (Lc 14,25-26). Para ser discípulo de Jesús es preciso identificarse con él. Por eso repite: “El que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo… Cualquiera de ustedes que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo” (vv. 27.33).  

2. No se trata, como algunos piensan, de la vocación al sacerdocio. A los apóstoles Jesús los elige entre sus discípulos: “Llamó a sus discípulos y eligió a doce de ellos, a los que dio el nombre de Apóstoles” (Lc 6,13). Tampoco se trata de la vocación a la vida religiosa como la conocemos hoy, con los tres votos de pobreza, castidad y obediencia, pues ésta surge en los inicios del siglo IV. Se trata, simplemente, de ser discípulos de Jesús. O, dicho en el lenguaje corriente, de ser cristianos. “Discípulo” es el que imita al Maestro y se identifica con él. Igualmente, “cristiano” es el que se identifica con Cristo.  

II. DECIDIRSE SERIAMENTE A SER CRISTIANO  

3. Para ser discípulo, éste ha de ordenar todos sus sentimientos, pensamientos y afectos según un criterio fundamental, que es el mismo Jesucristo, creído y amado por sobre todas las cosas. De allí, que el discípulo no teme asumir la misma suerte del Maestro y dejar todo por él. Esto no se traduce necesariamente en el martirio cruento, o en la opción por vivir en una comunidad religiosa. Pero cualquiera sea el estilo de vida que adopte, siempre conlleva una opción clara por imitar a Cristo. 

4. Para ilustrar la decisión de ser discípulo, Jesús propone dos parábolas. Una, la del arquitecto que, antes de empezar a construir una torre, calcula si cuenta con los medios para ello, “no sea que una vez puestos los cimientos, no pueda acabar y todos los que lo vean se rían de él” (Lc 14,29). La segunda es la parábola del rey que se prepara para una batalla, pero antes de iniciarla “se sienta a considerar si con diez mil hombres puede enfrentar al que viene contra él con veinte mil” (v. 31). 

III. LA OPCIÓN FUNDAMENTAL POR CRISTO 

5. Los Apóstoles de Jesús, que usan diversas palabras para designar a los discípulos (santos, hermanos), afirman con claridad la necesidad de la opción fundamental por Cristo. El apóstol Pablo la enseña cuando catequiza sobre el Bautismo. Escribiendo a los romanos, les dice: “¿Cómo es posible que los que hemos muerto al pecado sigamos viviendo en él? ¿No saben ustedes que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús, nos hemos sumergido en su muerte? Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que así como Cristo resucitó por la gloria del Padre, también nosotros llevemos una Vida nueva” (Rom 6,2-4). La primera carta del apóstol Pedro es una exhortación a los recién bautizados a mantenerse firmes en la opción fundamental por Cristo: “Queridos míos, yo los exhorto, como a gente de paso y extranjeros: no cedan a los deseos carnales que combaten contra el alma. Observen una buena conducta en medio de los paganos y así, los mismos que ahora los calumnian como a malhechores, al ver sus buenas obras, tendrán que glorificar a Dios el día de su Visita… Procedan como hombres verdaderamente libres, obedeciendo a Dios, y no como quienes hacen de la libertad una excusa para su malicia… A esto han sido llamados, porque también Cristo padeció por ustedes, y les dejó un ejemplo a fin de que sigan sus huellas… Porque antes andaban como ovejas perdidas, pero ahora han vuelto al Pastor y Guardián de ustedes” (1 Pe 2,11-12.16.21-25). 

EL FIN DE “LA MISIÓN CONTINENTAL” ES HACER “DISCÍPULOS” 

6. Todavía perdura la frescura de la reunión de los Obispos latinoamericanos realizada en Aparecida (Brasil), bajo el lema “Discípulos y misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos, en él, tengan vida”. Como era de esperar, ha puesto sobre el tapete el tema del discípulo de Cristo. Y, en consecuencia, el de la comunidad cristiana, y el de la acción la pastoral de la Iglesia. E igualmente, el de la misión continental. 

7. No capto cómo se está realizando dicha “misión” propiciada por Aparecida. A veces temo que no se capte que el fin de la misma es “hacer discípulos de Cristo”. Y que, por tanto, realizarla bien supone que el misionero renueve la propia opción fundamental por Cristo. Sin su testimonio de vida, su accionar sería vano, más propio de un “manager” pastoral que no de un misionero del Señor. Él, que nos envía a “hacer que todos los pueblos sean mis discípulos” (Mt 28,19), nos manda también que seamos sus testigos viviendo como discípulos suyos. 

Mons. Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia 


Publicado por Desconocido @ 22:39  | Homilías
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Reflexión de monseñor Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús para el programa radial "Compartiendo el Evangelio", para el 23º domingo durante el año (5 de septiembre de 2010). (AICA)

“EL QUE NO RENUNCIA A TODOS SUS BIENES, NO PUEDE SER MI DISCÍPULO”

Para recordar: el miércoles 8, Natividad de la Virgen María; celebramos la Jornada de la Vida Consagrada. Desde este espacio rezamos por todas las religiosas y religiosos, por toda la vida consagrada para que, siguiendo el ejemplo de la Virgen, todos puedan seguir diciendo SI al Señor.

El próximo domingo, 12 de septiembre, se realizará la Colecta Nacional “Más por menos”; que nuestros aportes a la misma sean significativos ya que contribuirán a las necesidades de los hermanos aún más pobres que nosotros. 

Evangelio según San Lucas 14, 25-33 (ciclo C)

Es un texto simple pero que nos dice algo muy importante: el discípulo tiene que seguir al maestro. Nosotros tenemos que seguir a Cristo por fe, por lo que nos dice el Evangelio y por lo que nos dice la Iglesia.

Este seguimiento, que es realizar la voluntad de Dios, se tiene que hacer por convencimiento, por persuasión, no por obligación ni imposición; es la suavidad con la que Dios se nos comunica para poder entender el Amor de Dios y lo que significa seguirlo a Él.

Cuanto uno más ame a Dios, va amar más a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos. El Amor de Dios no es competitivo con otros amores, pero es el centro de lo que significa el verdadero amor que nos humaniza y nos ubica ante todas las realidades.

En segundo lugar, el discípulo debe cargar la cruz, como la llevó el Maestro, y renunciar a muchas cosas.

A veces algunos acusan a la Iglesia, al cristianismo, de vivir siempre “haciendo gala” de renunciar. Es importante la renuncia, porque ella significa poder ser más, poder seguirlo y educarnos en lo que ello significa.

Doy un ejemplo: hoy en día la sociedad no nos ayuda a pensar; muchas de las cosas que nos transmiten, o se nos comunican por televisión, o por el medio que sea, no tienen sentido para nada, o sea sentido cero; ¡y la gente a veces se conforma con eso y consume el no tener sentido de nada!, ¡consume “para reírse” o “para pasarla bien”!, ¡pero pierde el sentido!

Una de las grandes tragedias de este tiempo, es perder el sentido de las cosas: el sentido de la vida, de la familia, de lo personal, de los otros, del amor, de la belleza, de la política, de lo social, del bien común, ¡el sentido de las responsabilidades!

Tenemos que seguir buscando, seguir pensando y seguir haciendo dócilmente la voluntad de Dios. ¡Tenemos que volver a educarnos! ¡Nos falta el sentido de la educación! ¡Nos falta encausar nuestra vida, de nuevo, en aquello que es fundamental!

Tenemos que ser discípulos y fieles al Maestro. Lo propio del Maestro es su paciencia; lo propio del discípulo es su apertura, fidelidad y docilidad.

Hoy es necesario volver a aprender en lo propio, en lo personal, en lo humano, en lo fraternal, en lo social, en lo eclesial, que busquemos y cumplamos la voluntad de Dios para ser más libres y producir mucho más. Que podamos amar a Dios amando a cada uno de nuestros hermanos

Les dejo mi bendición: en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. 

Mons. Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús 


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Reflexión de José Antonio Pagola sobre el Evangelio del domingo veinticinco del Tiempo Ordinario - C, ofrecida por la Delegación Diocesana de Enseñanza de la diócesis deTenrife.

DINERO          

         La sociedad que conoció Jesús era muy diferente a la nuestra. Sólo las familias poderosas de Jerusalén y los grandes terratenientes de Tiberíades podían acumular monedas de oro y plata. Los campesinos apenas podían hacerse con alguna moneda de bronce o cobre, de escaso valor. Muchos vivían sin dinero, intercambiándose productos en un régimen de pura subsistencia.

         En esta sociedad, Jesús habla del dinero con una frecuencia sorprendente. Sin tierras ni trabajo fijo, su vida itinerante de Profeta dedicado a la causa de Dios le permite hablar con total libertad. Por otra parte, su amor a los pobres y su pasión por la justicia de Dios lo urgen a defender siempre a los más excluidos.

         Habla del dinero con un lenguaje muy personal. Lo llama espontáneamente «dinero injusto» o «riquezas injustas». Al parecer, no conoce "dinero limpio". La riqueza de aquellos poderosos es injusta porque ha sido amasada de manera injusta y porque la disfrutan sin compartirla con los pobres y hambrientos.

         ¿Qué pueden hacer quienes poseen estas riquezas injustas? Lucas ha conservado unas palabras curiosas de Jesús. Aunque la frase puede resultar algo oscura por su concisión, su contenido no ha de caer en el olvido. «Yo os digo: Ganaos amigos con el dinero injusto para que cuando os falte, os reciban en las moradas eternas».

         Jesús viene a decir así a los ricos: "Emplead vuestra riqueza injusta en ayudar a los pobres; ganaos su amistad compartiendo con ellos vuestros bienes. Ellos serán vuestros amigos y, cuando en la hora de la muerte el dinero no os sirva ya de nada, ellos os acogerán en la casa del Padre". Dicho con otras palabras: la mejor forma de "blanquear" el dinero injusto ante Dios es compartirlo con sus hijos más pobres.

         Sus palabras no fueron bien acogidas. Lucas nos dice que «estaban oyendo estas cosas unos fariseos, amantes de las riquezas, y se burlaban de él». No entienden el mensaje de Jesús. No les interesa oírle hablar de dinero. A ellos sólo les preocupa conocer y cumplir fielmente la ley. La riqueza la consideran como un signo de que Dios bendice su vida.

         Aunque venga reforzada por una larga tradición bíblica, esta visión de la riqueza como signo de bendición no es evangélica. Hay que decirlo en voz alta porque hay personas ricas que de manera casi espontánea  piensan que su éxito económico y su prosperidad es el mejor signo de que Dios aprueba su vida.

         Un seguidor de Jesús no puede hacer cualquier cosa con el dinero: hay un modo de ganar dinero, de gastarlo y de disfrutarlo que es injusto pues olvida a los más pobres.

José Antonio Pagola 

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS

 19 de septiembre de 2010


Publicado por Desconocido @ 22:27  | Espiritualidad
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DOMINGO 25 DEL TIEMPO ORDINARIO / C
19 de septiembre de 2010

La paz y la bondad de Dios, nuestro Padre, y de Jesucristo, el Señor, estén con todos vosotros.

- Hoy, en este día de más tranquilidad y descanso, los cristianos nos reunimos para celebrar lo que es el fun­damento de nuestra fe: que Jesús está en medio de nosotros, que él acompaña -uestras vidas, que vale la pena seguirle, porque su camino nos conduce a la vida más plena.

- Con alegría, unidos con todos los hermanos y ler­manas del mundo entero, comencemos esta Euca­ristía.

A. penitencial: En silencio, pidamos perdón por nuestras infidelidades al camino de Jesús (Silencio)

Tú, que levantas del polvo al desvalido. SEÑOR, TEN PIEDAD.

Tú, que siendo rico te hiciste pobre por nosotros, CRISTO, TEN PIEDAD.

Tú, que eres nuestro camino y nuestra vida, SEÑOR, TEN PIEDAD.

1. lectura (Amós 8,4-7): Dios no soporta a los que se apro­vechan de los pobres. El profeta, en esta primera lectura, amenaza a los ricos y les dice que Dios no olvidará la injusticia que cometen.

Salmo (112): Unámonos ahora en la alabanza a nuestro Dios, porque él está a favor de los pobres.

2. lectura (1 Timoteo 2, 1-8):Continuamos hoy la lectura de la primera carta de san Pablo a Timoteo,que empezamos el domingo pasado. Escuchemos las exhortaciones que hoy nos hace el apóstol.

Antes del aleluya (Ev.: Lucas 16,1-13): Hay gente que en la vida sólo busca su propio interés, y para conseguirlo es capaz de hacer lo que sea, como el administrador del que nos hablará hoy el evangelio. Nosotros, que seguimos a Jesús y buscamos el Reino de Dios, debe­mos hacer también todo lo que sea necesario para conseguirlo. Escuchemos ahora esta palabra de vida. Pongámonos de pie.

Oración universal: Nosotros no buscamos nuestro propio interés por encima de todo sino que queremos estar atentos al bien de toda persona. Por eso en nuestra oración nos abrimos a toda la humanidad, diciendo: PADRE, ESCÚCHANOS:

Por la humanidad entera: que Dios infunda en los corazones de todos un firme deseo de justicia y de fraternidad. OREMOS:

Por la Iglesia, por todos los cristianos: que seamos en el mundo un testimonio de servicio a los pobres; que nos alejemos siempre del ídolo de la riqueza. OREMOS:

Por los países que viven sometidos a la pobreza y al hambre: que su dolor conmueva los corazones de nuestros países ricos. OREMOS:

Por los queestán en la cárcel:que encuentren ayuda para iniciar una vida más humana y más digna. OREMOS:

Por los niños y los jóvenes que han empezado el curso: que puedan crecer sanos de cuerpo y de espíritu. OREMOS:

Por los maestros y profesores: que quieran mucho a los chicos y chicas que quieren educar. OREMOS:

Por nosotros: que esta Eucaristía nos lleve a seguir más de cerca el Evangelio de Jesús. OREMOS:

Escucha, Padre, las oraciones que te presenta tu pueblo, y concédenos los dones de tu amor. Por...

Padrenuestro: Como Jesús nos enseñó, ahora, antes de participar de su mesa, nos atrevemos a decir:

 

CPL


Publicado por Desconocido @ 16:43  | Liturgia
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Carta Pastoral del Arzobispo de Coro: “Con gran dolor vemos coìmo Venezuela se convierte a pasos agigantados en una sociedad violenta (Fides) 

A los Sacerdotes, Religiosos y Religiosas, a los Grupos de Apostolado Seglar, a los católicos de esta Arquidiócesis, y a los falconianos en general 

Próximos como estamos a la conmemoración del bicentenario de nuestra independencia y de los cuatrocientos ochenta años de la creación del Obispado de Coro, erigido por Bula del Papa Clemente VII en 1531, y ante el proceso electoral del próximo 26 de septiembre, en mi condición de Arzobispo de esta ciudad, raíz de Venezuela, Patrimonio Cultural de la Humanidad, me dirijo al pueblo de Dios que peregrina en esta Arquidiócesis para presentarles algunas reflexiones en momentos en que la amada patria debe decidir su destino ante la encrucijada en que se encuentra. La Iglesia, como la llamara el Papa Juan XXIII, “Mater et Magistra”, Madre y Maestra de los pueblos (15 de mayo de 1961), no puede permanecer indiferente ante los dilemas históricos de las naciones, cuando algunos valores y principios del ser humano y de la sociedad, se encuentran seriamente amenazados. “La Iglesia, que por razón de su misión y su competencia no se confunde en modo alguno con la comunidad política ni está atada a sistema político alguno, es a la vez signo y salvaguarda del carácter trascendente de la persona humana” (GS 76), por lo que “no impulsa a la Iglesia ambición terrena alguna. Sólo desea una cosa: continuar, bajo la guía del Espíritu, la misma obra de Cristo…” (GS 3).

En mi condición de Pastor de esta porción del pueblo de Dios, no podría perdonarme si rehúyo la obligación de expresarme claramente sobre algunos aspectos de la situación político-social del país y de nuestra región. Esta decisión está alentada por el mandato de la Iglesia a los Obispos donde se nos pide que ante situaciones de injusticia, “y muchas veces sumidos en ellas, que abren inevitablemente la puerta a conflictos y a la muerte, el Obispo es defensor de los derechos del hombre, creado a imagen y semejanza de Dios. Predica la doctrina moral de la Iglesia, defiende el derecho a la vida desde la concepción hasta su muerte natural...asume la defensa de los débiles, haciéndose la voz de los que no tienen voz para hacer valer sus derechos...”. (Pastores Gregis, n.67).

Una realidad inquietante

Cuando hace menos de doce años, Prelados venezolanos, denunciaron el robo de los dineros públicos, el endeudamiento del país por la vía de un déficit acumulado, los procesos burocráticos que padecía la provincia que impedían su desarrollo a la par de Caracas, el acaparamiento de la democracia por los partidos políticos, los obstáculos puestos por los altos dirigentes de esas organizaciones al relevo de la dirigencia de nuestra sociedad, el crecimiento de la pobreza y de la injusticia social, la pérdida de fe ante tantas promesas incumplidas, especialmente hechas en tiempo de elecciones y tantas otras calamidades, incomprensibles en un país inmensamente rico, jamás imaginamos que el remedio al que aspirábamos no estaría a la altura de las exigencias de cambio hacia una mejor calidad de vida y la consolidación de una democracia vivida en libertades.

Si damos un vistazo a algunos elementos del panorama nacional constatamos que nuestro país se encuentra hoy ensangrentado de extremo a extremo. Los Obispos hicimos esta constatación en Enero pasado:

“Con gran dolor vemos cómo Venezuela se convierte a pasos agigantados en una sociedad violenta. Cada día se incrementa dramáticamente el índice de homicidios, que coloca a Venezuela entre los países del mundo con mayor número de muertes por asesinato. Esta violencia criminal se nos está haciendo cada vez más cercana. Hoy se asesina hasta por cuestiones banales: para robar cualquier objeto; se asesina por venganza o por encargo, a través del oscuro mundo del sicariato; se asesina bajo los efectos del alcohol o las drogas; igualmente ha habido asesinatos por cuestiones políticas. Estos asesinatos son realizados casi siempre con armas de fuego que circulan sin control alguno” (CEV. Carta pastoral sobre la violencia y la inseguridad. 12-1-2010).

Lamentablemente, esta realidad que describíamos los Obispos hace nueve meses se ha incrementado sin ver soluciones estructurales por parte de los responsables de las políticas públicas de seguridad a nivel nacional y regional.

Así como el espectro de la violencia genera muerte, la precariedad de los servicios públicos a nivel nacional y en nuestra región, son causas de desesperanza y hasta muerte. Las carencias de infraestructura y de personal bien remunerado en el sector educativo, y principalmente en el sector de la salud, provocan reiteradas violencias a los derechos humanos de los venezolanos. Algunos de ellos lamentablemente fallecen y van a los depósitos de las morgues. Las numerosas protestas del personal que labora en los centros asistenciales, dan testimonio de una situación que clama al cielo, al verse ellos mismos afectados en su práctica profesional por las carencias de infraestructura, de personal y de insumos; más lamentable es que el gobierno nacional le de un tratamiento político a estos centros, antes que un tratamiento humanitario y constitucional. 

En los últimos dos lustros, el país ha recibido inmensos recursos económicos que lamentablemente no han servido del todo para mejorar permanentemente la calidad de vida del venezolano, así como para obtener una mejor educación, salud y vivienda digna; sólo han servido como paliativos momentáneos en tiempos de bonanza por los altos precios del petróleo. Pero también, y algo muy grave, sin llamarnos a consulta a todos los venezolanos, que somos los verdaderos propietarios del erario público, de manera unilateral y sin presentar cuentas, gran parte de estos recursos económicos se han repartido en dádivas de todo género a otras naciones, con un espíritu de nuevos ricos, que van desde ayudas para pagar la deuda externa de algún país, hasta ayudas en algunos casos en forma de préstamo, para comprar armas, centrales eléctricas, construcción de puentes y carreteras, refinerías de petróleo y lo que es más inquietante aún, el principal recurso de ingreso del país que es el comercio de los hidrocarburos, ha sido vendido a futuro por décadas a determinadas potencias, hipotecando en cierto sentido el futuro de las generaciones jóvenes de venezolanos. No es que el pueblo venezolano se oponga a la solidaridad con otros países hermanos, sino que pide se le atienda primero en sus necesidades básicas.

En el ámbito internacional, el país cada día tiene más inconvenientes. Quienes ostentan el poder nacional han ofendido en diversas ocasiones a los gobiernos e instituciones de los Estados Unidos, Holanda, Colombia, Chile, Perú, El Vaticano, Alemania, España, el Reino Unido de la Gran Bretaña, Canadá, México, Honduras, Israel, Costa Rica, República Dominicana, Francia, a los Congresos del Brasil y Paraguay, a la Organización de Estados Americanos, a otros credos religiosos y mantenemos una unión desventajosa con Cuba, Nicaragua e Irán.

Con inmenso dolor constatamos también como un número considerable de jóvenes venezolanos que durante años se han esforzado en preparase intelectual y técnicamente, tienen que abandonar el país en busca de oportunidades laborales en otros naciones, producto del sectarismo y la intolerancia ante las diversas posturas y convicciones de los que no piensan ni aceptan las propuestas políticas del gobierno nacional. Hay que recordar que Venezuela es diversa en sus paisajes, en el color de su gente, en sus culturas, porque hemos sido una mezcla de razas. No podemos aceptar, por tanto, que se nos pretenda uniformar con un solo color y un pensamiento único. En la esencia del ser venezolano encontramos la diversidad y la pluralidad, y doscientos años después deberíamos tener claro que fue el respeto a esa diversidad por la que derramaron su sangre nuestros libertadores. 

No sin asombro, los venezolanos hemos observado en días pasados, el doloroso espectáculo que se ha ofrecido al mundo, al haberse puesto al descubierto una gigantesca adquisición de alimentos con fecha de consumo vencida o muy cerca de su vencimiento, por los cuales se pagaron inmensas cantidades de dinero, y que ha puesto en peligro la salud de la población más pobre, sin que los poderes públicos encargados de investigar y enjuiciar a los responsables hayan ofrecido una explicación satisfactoria a los venezolanos. En esto, como en diversos actos irregulares que involucran a miembros del gobierno, la impunidad está presente.

Con todo este calvario a cuestas, la Iglesia, que debo recordar con todo derecho, es elemento constitutivo de la nacionalidad venezolana, ha sido atacada, descalificando e irrespetando a su Episcopado y muy especialmente a la persona del Cardenal Jorge Urosa , Arzobispo de Caracas, a quien se le convocó casi coercitivamente a la Asamblea Nacional, por haber calificado el socialismo marxista del cual se ufana el gobierno, como verdadero comunismo, que la Iglesia condena, porque fue el responsable del atraso y del ateísmo de algunos países que fueron sometidos durante décadas a regímenes autoritarios, en los que se negaron todas las libertades y que felizmente con las consecuencias de la caída del Muro de Berlín esos Estados de Europa, pudieron abrirse a la esperanza de la libertad y la pluralidad democrática.

No es llamando a demoler a los adversarios como se construye una nación sino con oportunidades para todos. Si no prevalece el diálogo y la armonía, el respeto a la Constitución Nacional, si se coloca en entredicho la propiedad privada y prevalece la arrogancia, nos estamos encaminando a una confrontación mayor, que pondrá de frente venezolanos contra venezolanos. Es mi deber entonces hacer un llamado para corregir el rumbo del país y luchar contra las permanentes enfermedades de la democracia venezolana: “la corrupción, los privilegios, la falta de continuidad administrativa, el clientelismo político, el exagerado gasto fiscal, el deterioro moral de estructuras e instituciones públicas” (CEV. Declaración con motivo de los cuarenta años de la democracia venezolana. 20.1.1998). Como venezolano me duele el país.

Un país construido por todos.

La construcción de un país es una labor tesonera de todos los ciudadanos. El sistema democrático permite la alternancia de responsabilidades en el poder político de una nación, en vista de hacer que el bien común se haga presente en toda la colectividad, y no en un sector solamente. También permite que sean muchas las personas que en distintas comunidades ejerzan liderazgos para lograr el bien común y una mejor calidad de vida. Estos liderazgos no pueden surgir de una designación o de una mano en el hombro, mucho menos de pasearse unos días en una carroza; surgen de actitudes y carismas fehacientes, testimoniales, de servicio y entrega a la comunidad desde una ética personal, el respeto a la diversidad, la honradez en su actuación, una vida consagrada a la verdad y una prédica edificante y conciliadora. Nuestras comunidades están cansadas de personas improvisadas que no conocen la realidad social comunitaria y carecen de cualidades para gobernar con decencia ética.

Humana y cristianamente sabemos que la dignidad de toda persona humana y el desarrollo integral de la familia, la sociedad, el trabajo, las relaciones humanas, la convivencia, la educación, la salud, la participación ciudadana y otros, son y deben ser la base de preocupación y de interés de todo servidor público. Los regímenes políticos, que de diversas maneras son cambiantes en la historia, son simples medios que deben estar al servicio de la persona y la comunidad humana. No entiendo, entonces, por qué en nuestro país se invierten los términos, pidiendo que las personas y la sociedad entera se pongan al servicio de un proyecto político que en el trascurso de estos últimos once años se le ha denominado: bolivariano, revolucionario, socialista del siglo XXI, marxista y comunista. Considero que este enfoque está desfasado y es esclavizante.

Debemos ser conscientes que todo sistema político debe ser un medio para servir a los más altos y nobles intereses de la persona y la sociedad; pero, a la vez, cabe decir que los sistemas políticos no son iguales. En nuestro país hemos optado por la democracia y queremos mantenernos en ella, por ser “una opción fundamentalmente ética a favor de la dignidad de la persona, con sus derechos y libertades, sus deberes y responsabilidades, en el cual encuentra sustento y legitimidad toda forma de convivencia humana y de estructuración social” (JUAN PABLO II, Mensaje a la VII Cumbre Iberoamericana, 28.10.1997).

Todos los venezolanos y particularmente los falconianos, tendremos la oportunidad de evaluar las propuestas y las actitudes personales de quienes aspiran a un cargo parlamentario el 26 de septiembre próximo. No se trata de un juego de poderes para ver quien mete más diputados en la Asamblea Nacional, sino lo que está en juego es el futuro del pueblo y de su convivencia ciudadana, puesto que el primer servicio de la Asamblea Nacional es el diseño, elaboración y aprobación de leyes que serán aplicadas a cada uno de los venezolanos como persona y como sociedad. Por eso, la función directa de este cargo está en relación con la vida de los ciudadanos, allí se coartan o se promueven libertades. Pero también ejerce un “control” de las acciones de los gobernantes; esto permite buscar los intereses del pueblo y no de una persona o de un partido determinado. Un Poder Legislativo unicolor, silencioso, sumiso y temeroso no tiene cabida en un sistema democrático.

Para los ciudadanos y más aún para los cristianos el voto es un derecho y un deber, es un derecho irrecusable y un deber ineludible. Tiene que ver con la dignidad humana puesto que a través de él hacemos uso de nuestra libertad, nuestra solidaridad y nos comprometemos a trabajar por el bien común. Hace algunos años los Obispos declarábamos que “el voto que demos los venezolanos será el que enrumbe los destinos de la nación. Por eso debemos estar guiados no por una emotividad irracional, sino por la conciencia y la responsabilidad personal que nos lleva a elegir a quienes sean capaces de ejercer una auténtica representación, de prestar un servicio para el bien común y de buscar armonía y colaboración en el respeto al pluralismo” (CEV-Declaración ante las elecciones. 23-10-1998)

Como venezolanos y amantes de la Democracia, el voto es nuestra única arma valedera para transformar el país.

Venezuela nos exige cumplir con el sagrado deber de votar. No olvidar que por los pecados de omisión también seremos juzgados. Elevamos una plegaria a Dios y a la Virgen de Coromoto, Patrona de Venezuela, para que encontremos el camino más expedito que permita el desarrollo armónico de todos los venezolanos. Ya que anhelamos ser un pueblo identificado con el respeto a la dignidad humana la verdad, la libertad, la justicia y el compromiso por el bien común. Ayúdanos Señor a construir la convivencia fraterna, amando a todos sin excluir a nadie, solidarizándonos con los pobres y trabajando por la reconciliación y la paz.

Agradezco a los Sacerdotes la lectura a los fieles de este documento en las Misas del domingo venidero.

Coro, 11 de septiembre del 2010,  

Solemnidad de Nuestra Señora de Coromoto PATRONA DE VENEZUELA.


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lunes, 13 de septiembre de 2010

Texto del micro radial de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, emitido por LT 9 (4 de septiembre de 2010). (AICA)

MÁS POR MENOS

El próximo fin de semana se realiza en todo el país la tradicional Colecta Más por Menos. Esta colecta surge como una respuesta de comunión hacia las zonas de mayores desniveles sociales y económicos del país. Hoy, desgraciadamente, continúan aquellos desniveles, con el agravante, en algunos casos, del paso de la pobreza a la marginalidad. No nos toca como Iglesia dar soluciones técnicas, aunque si al cristiano comprometido desde su fe, a través de estructuras sociales y políticas, buscar caminos que permitan dar respuestas a estas necesidades. Pero, como Iglesia, no podemos dejar de acompañar con la palabra, la presencia y la ayuda esta realidad. La Colecta Más por Menos, en cuanto es un llamado a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, quiere ser un testimonio de solidaridad. Su base doctrinal es el principio de la moral social cristiana que dice: todo hombre es mi hermano; su marco espiritual, un gesto de comunión fraterna con quienes menos tienen.

El lema propuesto nos presenta un camino que, por su necesidad y urgencia, no admite ausencias: “Construyamos una historia sin excluidos”. Hay un aspecto de denuncia, pero también de propuesta y docencia en este lema; él nos invita a revertir una actitud de individualismo e indiferencia que quiebra el sentido de pertenencia y de solidaridad. Pensar en el otro, aunque estemos padeciendo alguna necesidad, es signo de grandeza moral y espiritual. La denuncia se refiere al tema de la exclusión como realidad de injusticia que nos interpela; la propuesta, en cambio, nos habla de construir, de sentirnos protagonistas, desde el lugar social en que nos encontremos. Pensar en estos términos requiere ser coherentes con el principio de la dignidad de todo hombre y de asumir, además, la exigencia de valores morales y sociales que no lleve a privilegiar el bien del otro y el sentido de la justicia. Si nos abrimos a esta realidad es posible pensar y construir una sociedad sin excluidos.

Qué nos pide Más por Menos? En primer lugar quiere provocar en la sociedad una actitud nueva, que nos ayude a crear las condiciones de una cultura de la solidaridad. A este aspecto fundamental se le agrega un pedido concreto de ayuda económica, que permita acompañar a nuestros hermanos de zonas más necesitadas. Con cuánta gratitud es recibido este aporte que nace en el corazón de un donante anónimo, que sólo es reconocido por su generosidad. Por ello, qué importante es darle a este gesto el valor de un acto de amor hacia el hermano que sufre. San Pablo nos dice que en nuestras relaciones: “la única deuda con los demás sea la caridad” (Rom. 13, 8). Qué linda imagen, la caridad como una deuda permanente con el otro. En esta línea creo que debemos vivir el sentido de esta Colecta, no es una dádiva ni dar algo, sino compartir algo con alguien. Al dar a mi gesto de ayuda el sentido de un acto de amor personal elevo a mi hermano, pasa a ser alguien. Esto, también nos hace bien a nosotros.

Esperando que la Colecta de este año encuentre corazones bien dispuestos y generosos para compartir con quienes menos tienen, les hago llegar junto a mi afecto y oraciones, mi bendición de Padre y amigo en el Señor. 

Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz 


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Alocución televisiva de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata en el programa “Claves para un mundo mejor” (4 de septiembre de 2010). (AICA)

SER CATÓLICO ES SER DISCÍPULO MISIONERO

Hoy quiero retomar dos líneas del Documento de Aparecida. Recuerden ustedes que se trata de aquel texto que recoge las conclusiones de la Vª Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe que se celebró en Brasil, hace poco más de dos años.

Me parece que son las dos líneas esenciales, que es bueno retomar periódicamente para que no caigan en el olvido.

La primera es que en ese Documento se perfila la identidad de los católicos con esta fórmula tan bella: cada uno es, y debe ser, un discípulo misionero de Jesucristo.

La segunda es el impulso misional que esa Conferencia quiso dar a la Iglesia y que se registra en el Documento con la propuesta final de una misión continental.

Estas dos temáticas están fuertemente ligadas entre sí. Tomemos el tema de la misión. No se trata solamente de organizar misiones, como se realizan en parroquias o en capillas, en distintas regiones de una diócesis, sino que se trata, ante todo, de otorgar a la actividad pastoral ordinaria de la Iglesia un estilo y un aliento misionero.

Todo tendría que ser enfocado desde allí, sin perjuicio de que en determinados momentos y en determinados lugares se realicen misiones específicas. Existe una pedagogía y una metodología tradicional de misiones populares que es preciso retomar siempre como se viene haciendo.

Es importante destacar que la Iglesia se reconoce como misionera. No es una novedad. Lo ha sido siempre. En el fondo, el impulso misionero que queremos dar hoy a las comunidades cristianas entronca con el envío primero, originario,  de Jesús.

La idea del cristiano como discípulo misionero viene de aquel envío de los Apóstoles, antes de la Ascensión, cuando el Señor les dice: vayan por todo el mundo y hagan que todos los pueblos sean discípulos míos. Eso no lo puede hacer un misionero si no es, ante todo, un discípulo.

Vayamos entonces al otro tema. El Documento de Aparecida no ha separado discípulo por un lado y misionero por el otro. Uno puede ser un discípulo pero no tener conciencia de que el discipulado exige compartir el don recibido y el don recibido es la persona de Jesús, la gracia de la Salvación, el pertenecer a la Iglesia, el vivir como hijos de Dios. El Documento ha querido unir esos dos términos. Todo discípulo es misionero. Tampoco nadie puede ser misionero sino es un seguidor de Jesús. El discípulo es el que va detrás del Maestro, el que lo ha tomado a Jesús como Maestro, aprende de Él y vive en comunión con Él.

No es posible que la Iglesia actualice continuamente su vocación misionera si cada uno de sus miembros no se reconoce a sí mismo como discípulo misionero, si no profundiza lo que significa el discipulado y si no se prepara para la misión.

Esta participación en la misión total de la Iglesia puede tener características muy distintas. Muchos, a partir de su carácter de miembros de un movimiento de formación o de apostolado o de su participación en un grupo misionero en la parroquia; otros con su permanencia en la vida de la Iglesia a través del culto dominical u otra participación, pero tiene que saber que en su familia, en su barrio, en las distintas actividades que lo implican en el orden temporal, tiene que compartir el don de la fe que ha recibido y debe hacerse, de algún modo, misionero.

Ahora, desde el punto de vista sistemático, si queremos hablar de una organización pastoral, no es posible que la Iglesia, hoy día, relance fuertemente la misión, en el contexto cultural tan complicado del mundo actual, si no forma discípulos misioneros. Y esta idea de que cada cristiano es un discípulo misionero es algo que va a costar mucho encarnar en la realidad concreta de la vida de la gente.

En muchas parroquias y comunidades cristianas existe todavía un dinamismo que retiene a sus miembros en la propia vida interna, en la que reciben la atención religiosa que necesitan; mucha gente se refiere centrípetamente al centro parroquial. Hay que ir complementando ese movimiento con un impulso centrífugo; la comunidad cristiana no espera que la gente se acerque para solicitar un servicio religioso, sacramental, sino que sale en busca de los alejados, de los indiferentes. Cada parroquia, cada comunidad cristiana debe comprenderse a sí misma como un centro misionero.

¿Pero qué es lo que va a misionar? ¿De dónde va a misionar? Lo hará de la abundancia de vida, de la abundancia de su discipulado.

Estas son nociones catequísticas y espirituales básicas, si ustedes quieren, pero es preciso recordarlas siempre y pensar mucho en ellas. 

Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata 


Publicado por Desconocido @ 22:36  | Hablan los obispos
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Roma (Agencia Fides) – El martes 14 de septiembre se celebran veinticinco años de la fundación de la Fraternidad Sacerdotal de los Misioneros de San Carlos Borromeo. Para esta circunstancia, a las 19 horas, en la parroquia de Santa Maria in Domnica alla Navicella, en Roma, el fundador de la Fraternidad, Mons. Massimo Camisasca, presidirá la celebración eucarística.

Fundada en 1985, la Fraternidad es una Sociedad de Vida Apostólica de derecho pontificio, reconocida por Juan Pablo II en 1999. Hoy, cuenta con 104 miembros definitivos que llevan una vida en común, constituyendo casas de al menos tres personas.

Tiene sus orígenes en el carisma de Mons. Luigi Giussani, fundador del movimiento eclesial Comunión y Liberación. Tiene como fin la evangelización y la educación en la fe a través del ejercicio del ministerio sacerdotal.

Está presente con más de veinte misiones en los cuatro continentes, desde Taipei (Taiwán) a Asunción (Paraguay); de Nairobi (Kenia) a Praga, pero también en diversas regiones italianas. Cuentan con dos casas de formación, una en Roma y otra en Santiago de Chile, que albergan a unos cuarenta seminaristas.


“Veinticinco años son muchos y son pocos al mismo tiempo – declaró Mons. Camisasca –. Son muchos si pienso en las responsabilidades vividas día a día, brevísimos si pienso en la facilidad con la que el Espíritu de Dios nos conduce a través de la historia, o en la ligereza con la que nos conduce, o en los consuelos con los que llena nuestros corazones. En el fondo ¿qué es lo importante? Lo importante es la respuesta que, con nuestros pobres esfuerzos, más aún, a través de nuestra debilidad, damos a la voz de Cristo que nos llama y nos solicita entrar en el grande y sencillo misterio de caridad que constituye su vida. Estos veinticinco años han coincidido simplemente con un mayor conocimiento de Cristo y de nosotros mismos. El misterio del hombre se abre frente a nuestros ojos, y con él el misterio de Dios, de su continua voluntad de buscarnos y de hacernos suyos”. (S.L.) (Agencia Fides 11/9/2010)


Publicado por Desconocido @ 19:23  | Misiones
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Palabras del Santo Padre Benedicto XVI hablando a los Obispos de la región nordeste 3 de la Conferencia Episcopal de Brasil, en Visita Ad Limina, recibidos el 10 de septiembre de 2010 en el Palacio apostólico de Castel Gandolfo. (Fides)

Senhor Cardeal,
Amados Arcebispos e Bispos do Brasil,

Saúdo calorosamente a todos vós, por ocasião da vossa visita ad Limina a Roma, aonde viestes reforçar os vossos vínculos de comunhão fraterna com o Sucessor de Pedro e por ele serdes animados na condução do rebanho de Cristo. Agradeço as amáveis palavras que Dom Ceslau Stanula, Bispo de Itabuna, dirigiu-me em vosso nome, e vos asseguro as minhas orações pelas vossas intenções e pelo amado povo nordestino, do vosso regional Nordeste 3.

Há mais de cinco séculos, justamente na vossa região, se celebrava a primeira Missa no Brasil, tornando realmente presente o Corpo e o Sangue de Cristo para a santificação dos homens e das mulheres desta bendita nação que nasceu sob os auspícios da Santa Cruz. Era a primeira vez que o Evangelho de Cristo vinha a ser proclamado a este povo, iluminando a sua vida diária. Esta ação evangelizadora da Igreja Católica foi e continua sendo fundamental na constituição da identidade do povo brasileiro caracterizada pela convivência harmônica entre pessoas vindas de diferentes regiões e culturas. Porém, ainda que os valores da fé católica tenham moldado o coração e o espírito brasileiros, hoje se observa uma crescente influência de novos elementos na sociedade, que há algumas décadas eram-lhe praticamente alheios. Isso provoca um consistente abandono de muitos católicos da vida eclesial ou mesmo da Igreja, enquanto no panorama religioso do Brasil, se assiste à rápida expansão de comunidades evangélicas e neo-pentecostais.

Em certo sentido, as razões que estão na raiz do êxito destes grupos são um sinal da difundida sede de Deus entre o vosso povo. É também um indício de uma evangelização, a nível pessoal, às vezes superficial; de fato, os batizados não suficientemente evangelizados são facilmente influenciáveis, pois possuem uma fé fragilizada e muitas vezes baseada num devocionismo ingênuo, embora, como disse, conservem uma religiosidade inata. Diante deste quadro emerge, por um lado, a clara necessidade que a Igreja católica no Brasil se empenhe numa nova evangelização que não poupe esforços na busca de católicos afastados bem como daquelas pessoas que pouco ou nada conhecem sobre a mensagem evangélica, conduzindo-os a um encontro pessoal com Jesus Cristo, vivo e operante na sua Igreja. Por outro lado, com o crescimento de novos grupos que se dizem seguidores de Cristo, ainda que divididos em diversas comunidades e confissões, faz-se mais imperioso, da parte dos pastores católicos, o compromisso de estabelecer pontes de contato através de um sadio diálogo ecumênico na verdade.

Tal esforço é necessário, antes de qualquer coisa, porque a divisão entre os cristãos está em contraste com a vontade do Senhor de que «todos sejam um» (Jo 17,21). Além disso, a falta de unidade é causa de escândalo que acaba por minar a credibilidade da mensagem cristã proclamada na sociedade. E hoje, a sua proclamação é talvez ainda mais necessária do que há alguns anos atrás, pois, como bem demonstram os vossos relatórios, mesmo nas pequenas cidades do interior do Brasil, observa-se uma crescente influência negativa do relativismo intelectual e moral na vida das pessoas.

Não são poucos os obstáculos que a busca da unidade dos cristãos tem por diante. Primeiramente, deve-se rejeitar uma visão errônea do ecumenismo, que induz a um certo indiferentismo doutrinal que procura nivelar, num irenismo acrítico, todas as "opiniões" numa espécie de relativismo eclesiológico. Paralelamente a isto está o desafio da multiplicação incessante de novos grupos cristãos, alguns deles fazendo uso de um proselitismo agressivo, o que mostra como a paisagem do ecumenismo seja ainda muito diferenciada e confusa. Em tal contexto - como afirmei em 2007, na Catedral da Sé em São Paulo, no inesquecível encontro que tive convosco, bispos brasileiros - «é indispensável uma boa formação histórica e doutrinal, que habilite ao necessário discernimento e ajude a entender a identidade específica de cada uma das comunidades, os elementos que dividem e aqueles que ajudam no caminho da construção da unidade. O grande campo comum de colaboração devia ser a defesa dos fundamentais valores morais, transmitidos pela tradição bíblica, contra a sua destruição numa cultura relativista e consumista; mais ainda, a fé em Deus criador e em Jesus Cristo, seu Filho encarnado» (n. 6). Por essa razão, vos incentivo a prosseguir dando passos positivos nesta direção, como é o caso do diálogo com as igrejas e comunidades eclesiais pertencentes ao Conselho Nacional das Igrejas Cristãs, que com iniciativas como a Campanha da Fraternidade Ecumênica ajudam a promover os valores do Evangelho na sociedade brasileira.

Prezados irmãos, o diálogo entre os cristãos é um imperativo do tempo presente e uma opção irreversível da Igreja. Entretanto, como lembra o Concílio Vaticano II, o coração de todos os esforços em prol da unidade há de ser a oração, a conversão e a santificação da vida (cf. Unitatis redintegratio, 8). É o Senhor quem doa a unidade, esta não é uma criação dos homens; aos pastores lhes corresponde a obediência à vontade do Senhor, promovendo iniciativas concretas, livres de qualquer reducionismo conformista, mas realizadas com sinceridade e realismo, com paciência e perseverança que brotam da fé na ação providencial do Espírito Santo.

Queridos e venerados irmãos, procurei evidenciar brevemente neste nosso encontro alguns aspectos do grande desafio do ecumenismo confiado à vossa solicitude apostólica. Ao despedir-me de vós, reafirmo uma vez mais a minha estima e a certeza das minhas orações por todos vós e pelas vossas dioceses. De modo particular, quero aqui renovar a expressão da minha solidariedade paterna aos fiéis da diocese de Barreiras, recentemente privados da guia do seu primeiro e zeloso pastor Dom Ricardo José Weberberger, que partiu para a casa do Pai, meta dos passos de todos nós. Que repouse em paz! Invocando a intercessão de Nossa Senhora Aparecida, concedo a cada um de vós, aos sacerdotes, aos religiosos, às religiosas, aos seminaristas, aos catequistas e a todo povo a vós confiado uma afetuosa Bênção Apostólica.

[01180-06.01] [Texto original: Português]


Publicado por Desconocido @ 19:18  | Habla el Papa
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Castel Gandolfo (Agencia Fides) – Esta mañana, en la Sala de los Suizos del Palacio Apostólico de Castel Gandolfo, el Santo Padre Benedicto XVI recibió en audiencia a los Obispos de reciente nombramiento que participan en el Seminario de actualización promovido por la Congregación para la Evangelización de los Pueblos (ver Fides 6/9/2010), y les dirigió un discurso que reportamos aquí de modo integral.

Queridos hermanos en el Episcopado,


Me alegra acogeros y os saludo con grande afecto, con ocasión del curso de actualización que la Congregación para la Evangelización de los Pueblos ha promovido para vosotros, Obispos de reciente nombramiento. Estas jornadas de reflexión en Roma, para profundizar las tareas de vuestro ministerio y para renovar la profesión de vuestra fe sobre la tumba de san Pedro, son también una singular experiencia de la colegialidad, fundada en la ordenación episcopal y la comunión jerárquica. Esta experiencia de fraternidad, de oración y de estudio junto a la Sede Apostólica haga crecer en cada uno de vosotros la comunión con el Sucesor de Pedro y con vuestros Hermanos, con los que compartís la solicitud por toda la Iglesia. Agradezco al Cardenal Ivan Dias por sus cordiales palabras, como también al Mons. Secretario y al Mons. Secretario Adjunto que, junto con los colaboradores del Dicasterio, han organizado este simposio.


En vosotros, queridos Hermanos, llamados desde hace poco al ministerio episcopal, la Iglesia pone no pocas esperanzas, y os acompaña con la oración y el afecto. Yo también os quiero asegurar mi espiritual cercanía en vuestro cotidiano servicio al Evangelio. Conozco los desafíos que debéis afrontar, especialmente en las comunidades cristianas que viven la propia fe en contextos no fáciles, donde, además de diversas formas de pobreza, se verifican a veces formas de persecución por la propia fe cristiana. A vosotros corresponde la tarea de alimentar su esperanza, compartir sus dificultades, inspirándoos en la caridad de Cristo que consiste en la atención, ternura, compasión, acogida, disponibilidad e interés por los problemas de la gente, por quienes estamos dispuestos a dar la vida (cf Benedicto XVI, Mensaje para la Jornada Misionera Mundial 2008, n. 2).


En toda vuestra tarea os sostiene el Espíritu Santo, que en la Ordenación os ha configurado con Cristo, sumo y eterno Sacerdote. En efecto, el ministerio episcopal sólo se comprende a partir de Cristo, fuente del único y supremo Sacerdocio, del que el Obispo es hecho partícipe. Él, por lo tanto, “se esforzará en adoptar un estilo de vida que imite la kénosis de Cristo siervo, pobre y humilde, de manera que el ejercicio de su ministerio pastoral sea un reflejo coherente de Jesús, Siervo de Dios, y lo lleve a ser, como Él, cercano a todos, desde el más grande al más pequeño” (Juan Pablo II, Exhort. ap. Pastores gregis, 11). Pero para imitar a Cristo es necesario dedicar un tiempo adecuado para “estar con Él” y contemplarlo en la intimidad orante del coloquio de corazón a corazón. Estar frecuentemente en la presencia de Dios, ser hombre de oración y de adoración: a esto está llamado el Pastor en primer lugar. A través de la oración, Él, como dice la Carta a los Hebreos (cf 9,11-14), se hace víctima y altar, para la salvación del mundo. La vida del Obispo debe ser una oblación continua a Dios por la salvación de su Iglesia y, en especial, por la salvación de las almas que le han sido confiadas.


Esta oblación pastoral constituye también la verdadera dignidad del Obispo: que deriva del ser siervo de todos, hasta dar la propia vida. El episcopado, en efecto – al igual que el presbiterado – nunca se debe malinterpretar siguiendo categorías mundanas. Es servicio de amor. El Obispo está llamado a servir a la Iglesia con el estilo de Dios hecho hombre, siendo cada vez más plenamente siervo del Señor y siervo de la humanidad. Es sobre todo servidor y ministro de la Palabra de Dios, que es también su verdadera fuerza. El deber primario del anuncio, acompañado de la celebración de los sacramentos, especialmente de la Eucaristía, brota de la misión recibida, como subraya la Exhortación apostólica Pastores gregis: “Aunque el deber de anunciar el Evangelio es propio de toda la Iglesia y de cada uno de sus hijos, lo es por un título especial de los Obispos que, en el día de la sagrada Ordenación, la cual los introduce en la sucesión apostólica, asumen como compromiso principal predicar el Evangelio a los hombres y hacerlo invitándoles a creer por la fuerza del Espíritu o confirmándolos en la fe viva” (n. 26). De esta Palabra de salvación, el Obispo debe nutrirse abundantemente, poniéndose en escucha continua de ella, como dice San Agustín: “Aunque somos pastores, el pastor escucha con temor no sólo cuanto es dirigido a los pastores, sino también lo que es dirigido al grey” (Discurso 47, 2). Al mismo tiempo, la acogida y el fruto de la proclamación de la Buena Nueva están estrechamente vinculados a la cualidad de la fe y de la oración. Los que están llamados al ministerio de la predicación deben creer en la fuerza de Dios que brota de los Sacramentos y que los acompaña en la tarea de santificar, gobernar y anunciar; deben creer y vivir lo que anuncian y celebran. Al respecto, resultan actuales las palabras del Siervo de Dios Pablo VI: “Hoy más que nunca el testimonio de vida se ha convertido en una condición esencial con vistas a una eficacia real de la predicación” (Exhort. ap. Evangelii nuntiandi, 76).


Se que las Comunidades a vosotros confiadas se encuentran, por así decir, en las “fronteras” religiosas, antropológicas y sociales, y, en muchos casos, son una presencia minoritaria. En estos contextos la misión de un Obispo es particularmente difícil. Pero es justamente en dichas circunstancias que, a través de vuestro ministerio, el Evangelio puede mostrar toda su fuerza salvadora. No debéis ceder al pesimismo y desaliento, porque es el Espíritu Santo el que guía a la Iglesia y le da – con su soplo poderoso – la valentía de perseverar y de buscar nuevos métodos de evangelización, para alcanzar ámbitos hasta ahora inexplorados. La verdad cristiana es atrayente y persuasiva precisamente porque responde a la necesidad profunda de la existencia humana, anunciando de forma convincente que Cristo es el único Salvador de todo el hombre y de todos los hombres. Este anuncio sigue siendo válido hoy así como lo fue al comienzo del cristianismo, cuando se obró la primera gran expansión misionera del Evangelio.

Queridos Hermanos en el Episcopado, es en la potencia del Espíritu Santo que tenéis la sabiduría y la fortaleza para lograr que vuestras Iglesias testimonien la salvación y la paz. Él os guiará por los caminos de vuestro ministerio episcopal, que confío a la maternal intercesión de María Santísima, Reina de los Apóstoles. Por mi parte, os acompaño con la oración y con una afectuosa Bendición Apostólica, que imparto a cada uno de vosotros y a todos los fieles de vuestras Comunidades. (Agencia Fides 11/9/2010)


Publicado por Desconocido @ 19:12  | Habla el Papa
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domingo, 12 de septiembre de 2010

ZENIT  nos ofrece la homilía pronunciada el domingo 5 de Septiembre de 2010 por el Papa en la Misa celebrada en el pueblo natal de León XIII, Carpineto Romano, que hoy visitó con motivo del bicentenario del nacimiento de este papa.

¡Queridos hermanos y hermanas!

Primero de todo, ¡permitidme expresar la alegría de encontrarme entre vosotros en Carpineto Romano, tras las huellas de mis amados predecesores Pablo VI y Juan Pablo II! Y feliz es también la circunstancia que me ha llamado aquí: el bicentenario del nacimiento del Papa León XIII, Vincenzo Gioacchino Pecci, acaecido el 2 de marzo de 1810 en este bello país. ¡Os doy las gracias a todos por vuestra acogida! En particular, saludo con reconocimiento al Obispo de Anagni-Alatri, Mons. Lorenzo Loppa, y el Alcalde de Carpineto, que me han dado la bienvenida al inicio de la celebración, así como a las demás Autoridades presentes. Un pensamiento especial dirijo a los jóvenes, en particular a los que han completado la peregrinación diocesana. Mi visita, por desgracia, es muy breve y concentrada exclusivamente en esta celebración eucarística; pero aquí nosotros encontramos todo: la Palabra y el Pan de vida, que alimentan la fe, la esperanza y la caridad; y renovamos el vínculo de comunión que hace de nosotros la única Iglesia del Señor Jesucristo.

Hemos escuchado la Palabra de Dios, y es espontáneo acogerla, en esta circunstancia, volviendo a pensar en la figura del Papa León XIII y en la herencia que nos ha dejado. El tema principal que emerge de la lectura bíblica es el del primado de Dios y de Cristo. En el pasaje evangélico, extraído de san Lucas, Jesús mismo declara con franqueza tres condiciones necesarias para ser sus discípulos: Amarle más que a nadie y más que a la misma vida; llevar la propia cruz y seguirlo; y renunciar a todas las posesiones. Jesús ve una gran multitud que lo sigue junto a sus discípulos, y con todos quiere ser claro: seguirlo es comprometido, no puede depender de entusiasmos ni de oportunismos; debe ser una decisión ponderada, tomada después de preguntarse en conciencia: ¿quién es Jesús para mí? ¿Es verdaderamente “el Señor”, ocupa el primer lugar, como el Sol en torno al cual giran todos los planetas? Y la primera lectura, del Libro de la Sabiduría, nos sugiere indirectamente el primer motivo de este primado absoluto de Jesucristo: en Él encuentran respuesta las preguntas del hombre de toda época que busca la verdad sobre Dios y sobre sí mismo. Dios está más allá de nuestro alcance, y sus designios son inescrutables. Pero Él mismo ha querido revelarse, en la creación y sobre todo en la historia de la salvación, hasta que en Cristo se ha manifestado plenamente a sí mismo y su voluntad. Aun permaneciendo siempre verdadero que “a Dios nadie le ha visto jamás” (Jn 1,18), ahora nosotros conocemos su “nombre”, su “rostro”, y también su querer, porque nos lo ha revelado Jesús, que es la Sabiduría de Dios hecha hombre. “Así -escribe el Autor sagrado de la primera Lectura- aprendieron los hombres lo que a ti te agrada y gracias a la Sabiduría se salvaron” (Sb, 9,18).

Este punto fundamental de la Palabra de Dios hace pensar en dos aspectos de la vida y del ministerio de vuestro venerado Conciudadano que hoy conmemoramos, el Sumo Pontífice León XIII. En primer lugar, cabe señalar que él fue hombre de gran fe y de profunda devoción. Esto sigue siendo siempre la base de todo, para todo cristiano, incluido el Papa. Sin la oración, es decir, sin la unión interior con Dios, no podemos hacer nada, como dice claramente Jesús a sus discípulos durante la Última Cena (cfr Jn 15,5). Las palabras y los actos del Papa Pecci transparentaban su íntima religiosidad; y esto ha encontrado correspondencia también en su Magisterio: entre sus muy numerosas Encíclicas y Cartas Apostólicas, como el hilo en una serie, están las de carácter propiamente espiritual, dedicadas sobre todo al incremento de la devoción mariana, especialmente mediante el santo Rosario. Se trata de una verdadera y propia “catequesis”, que marca desde el principio hasta el final los 25 años de su Pontificado. Pero encontramos también los Documentos sobre Cristo Redentor, sobre el Espíritu Santo, sobre la consagración al Sagrado Corazón, sobre la devoción a san José, sobre san Francisco de Asís. A la Familia franciscana León XIII estuvo particularmente ligado, y él mismo pertenecía a la Tercera Orden. Todos estos diversos elementos me gusta considerarlos como facetas de una única realidad: el amor de Dios y de Cristo, al que no se antepone absolutamente nada. Y esta primera y principal cualidad de Vincenzo Gioacchino Pecci la asimiló aquí, en su País natal, de sus padres, de su parroquia.

Pero hay también un segundo aspecto, que se deriva siempre del primado de Dios y de Cristo y se encuentra en la acción pública de todo Pastor de la Iglesia, en particular de todo Sumo Pontífice, con las características propias de la personalidad de cada uno. Diría que precisamente el concepto de “sabiduría cristiana”, que ya ha surgido a partir de la primera lectura y del Evangelio, nos ofrece la síntesis de esta configuración según León XIII -no es casualidad que sea también el incipit de una Encíclica suya. Todo Pastor está llamado a transmitir al Pueblo de Dios no verdades abstractas, sino una “sabiduría”, es decir un mensaje que conjuga fe y vida, verdad y realidad concreta. El Papa León XIII, con la asistencia del Espíritu Santo, es capaz de hacer esto en un uno de los periodos históricos más difíciles para la Iglesia, permaneciendo fiel a la tradición y, al mismo tiempo, midiéndose con las grandes cuestiones abiertas. Y lo logró precisamente sobre la base de la “sabiduría cristiana”, basada en las Sagradas Escrituras, en el inmenso patrimonio teológico y espiritual de la Iglesia Católica y también en la sólida y límpida filosofía de santo Tomás de Aquino, que él apreció en sumo grado y promovió en toda la Iglesia.

En este punto, tras haber considerado el fundamento, es decir, la fe y la vida espiritual, y por tanto el marco general del mensaje de León XIII, puedo mencionar su magisterio social, hecho famoso e imperecedero por la Encíclica Rerum novarum, pero rico en otras muchas intervenciones que constituyen un cuerpo orgánico, el primer núcleo de la doctrina social de la Iglesia. Tomemos el ejemplo de la Carta a Filemón de san Pablo, que felizmente la Liturgia nos hace leer precisamente hoy. Es el texto más breve de todo el epistolario paulino. Durante un periodo de encarcelamiento, el Apóstol ha transmitido la fe a Onésimo, un esclavo originario de Colosas huido del patrón Filemón, rico habitante de esa ciudad, convertido en cristiano junto a sus familiares gracias a la predicación de Pablo. Ahora el Apóstol escribe a Filemón invitándole a acoger a Onésimo ya no como esclavo, sino como hermano en Cristo. La nueva fraternidad cristiana supera la separación entre esclavos y libres, y desencadena en la historia un principio de promoción de la persona que llevará a la abolición de la esclavitud, pero también a sobrepasar otras barreras que todavía existen. El Papa León XIII dedicó precisamente al tema de la esclavitud la Encíclica Catholicae Ecclesiae, del 1890.

De esta particular experiencia de san Pablo con Onésimo, puede partir una amplia reflexión sobre el impulso de promoción humana aportado por el Cristianismo en el camino de la civilización, y también sobre el método y el estilo de esa aportación, conforme a las imágenes evangélicas de la semilla y la levadura: en el interior de la realidad histórica los cristianos, actuando como ciudadanos individuales, o de manera asociada, constituyen una fuerza beneficiosa y pacífica de cambio profundo, favoreciendo el desarrollo de las capacidades internas en la realidad misma. Es ésta la forma de presencia y de acción en el mundo propuesta por la doctrina social de la Iglesia, que apunta siempre a la madurez de las conciencias como condición de válidas y duraderas transformaciones.

Debemos ahora preguntarnos: ¿en qué contexto nació, hace dos siglos, quien se convertiría, 68 años después, en el Papa León XIII? Europa sufría entonces la gran tormenta Napoleónica, seguida de la Revolución Francesa. La Iglesia y numerosas expresiones de la cultura cristiana se ponían radicalmente en discusión (piénsese, por ejemplo, en el hecho de contar los años ya no desde el nacimiento de Cristo, sino desde el inicio de la nueva era revolucionaria, o de quitar los nombres de los Santos del calendario, de las calles, de los pueblos...). Las poblaciones del campo no eran ciertamente favorables a estos trastornos, y permanecían ligadas a las tradiciones religiosas. La vida cotidiana era dura y difícil: las condiciones sanitarias y alimentarias muy pobres. Mientras tanto, se iba desarrollando la industria y con ella el movimiento obrero, cada vez más organizado políticamente. El magisterio de la Iglesia, en su más alto nivel, fue empujado y ayudado por las reflexiones y por las experiencias locales a elaborar una interpretación global y con perspectiva de la nueva sociedad y de su bien común. Así, cuando, en 1878, fue elegido al solio pontificio, León XIII se sintió llamado a llevarla a cabo, a la luz de su extenso conocimiento de alcance internacional, pero también de tantas iniciativas realizadas “sobre el terreno” por parte de comunidades cristianas y de hombres y mujeres de la Iglesia.

Fueron de hecho docenas y docenas los Santos y Beatos que, desde finales del siglo XVIII hasta principios del XX, buscaron y experimentaron, con la creatividad de la caridad, múltiples caminos para llevar el mensaje evangélico al interior de las nuevas realidades sociales. Fueron sin duda estas iniciativas, con los sacrificios y las reflexiones de estos hombres y mujeres las que prepararon el terreno de la Rerum novarum y de los demás Documentos sociales del Papa Pecci. Ya desde el tiempo en el que era Nuncio Apostólico en Bélgica, él había comprendido que la cuestión social se podía afrontar de manera positiva y eficaz con el diálogo y la mediación. En una época de áspero anticlericalismo y de encendidas manifestaciones contra el Papa, León XIII supo guiar y sostener a los católicos en el camino de una participación constructiva, rica de contenidos, firme en los principios y con capacidad de apertura. Inmediatamente después de la Rerum novarum se verificó en Italia y en otros Países una auténtica explosión de iniciativas: asociaciones, cajas rurales y artesanas, periódicos,... un vasto “movimiento” que tenía en el siervo de Dios Giuseppe Toniolo el luminoso animador. Un Papa muy anciano, pero sabio y con visión de futuro, podría así introducir en el siglo XX a una Iglesia rejuvenecida, con la actitud correcta para afrontar los nuevos desafíos. Era un Papa todavía política y físicamente “prisionero” en el Vaticano, pero en realidad, con su Magisterio, representaba a una Iglesia capaz de afrontar sin complejos las grandes cuestiones de la contemporaneidad.

Queridos amigos de Carpineto Romano, no tenemos tiempo para profundizar en estas cuestiones. La Eucaristía que estamos celebrando, el Sacramento del Amor, nos atrae a lo esencial: la caridad, el amor de Cristo que renueva a los hombres y al mundo; esto es lo esencial, y lo vemos bien, casi lo percibimos en las expresiones de san Pablo en la Carta a Filemón. En esta breve nota, de hecho, se siente toda la dulzura y al mismo tiempo el poder revolucionario del Evangelio; se advierte el estilo discreto y a la vez irresistible de la caridad, que, como he escrito en mi Encíclica social, Caritas in veritate, “es la principal fuerza impulsora del auténtico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad” (n. 1). Con alegría y con afecto, os dejo por tanto el mandamiento antiguo y siempre nuevo: amaos como Cristo nos ha amado, y con este amor sed sal y luz del mundo. Así seréis fieles a la herencia de vuestro gran y venerado Conciudadano, el Papa León XIII. ¡Y así sea en toda la Iglesia! Amén. ¡Queridos hermanos y hermanas!

[Traducción del original italiano por Patricia Navas
©Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por Desconocido @ 19:17  | Habla el Papa
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ZENIT  publica las palabras que dirigió Benedicto XVI el domingo 5 de Septiembre de 2010 a mediodía al rezar la oración mariana del Ángelus junto a los peregrinos congregados en el patio de la residencia pontificia de Castel Gandolfo, después de su visita apostólica a Carpineto Romano.

¡Queridos hermanos y hermanas!

¡Pido en primer lugar perdón por el retraso! He vuelto en este momento de Carpineto Romano, donde, hace 200 años, nació el Papa León XIII, Vincenzo Gioacchino Pecci. Agradezco al Señor haber podido, en este importante aniversario, celebrar la Eucaristía entre sus conciudadanos. Ahora deseo en cambio presentar brevemente mi Mensaje -publicado en los pasados días- dirigido a los jóvenes del mundo para la XXVI Jornada Mundial de la Juventud, que tendrá lugar en Madrid dentro de poco menos de un año.

El tema que he escogido para este Mensaje retoma una expresión de la Carta a los Colosenses del apóstol Pablo: “Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe” (2,7). ¡Es decididamente una propuesta a contra corriente! ¿Quién, de hecho, propone hoy a los jóvenes estar “arraigados” y “edificados”? Más bien se exalta la incertidumbre, la movilidad, la volatilidad... aspectos todos ellos que reflejan una cultura indecisa en lo que se refiere a los valores de fondo, a los principios en base a los cuales orientar y regular la propia vida. En realidad, yo mismo, por mi experiencia y por los contactos que tengo con los jóvenes, sé bien que toda generación, más aún, toda persona individual está llamada a realizar de nuevo el recorrido de descubrimiento del sentido de la vida. Y es precisamente por esto que he querido volver a proponer un mensaje que, según el estilo bíblico, evoca las imágenes del árbol y de la casa. El joven, de hecho, es como un árbol en crecimiento: para desarrollarse bien necesita raíces profundas, que, en caso de tormentas de viento, lo tengan bien plantado en el suelo. Así también la imagen del edificio en construcción recuerda la exigencia de fundamentos válidos, para que la casa sea sólida y segura.

Y aquí está el corazón del Mensaje: en las expresiones “en Cristo” y “en la fe”. La plena madurez de la persona, su estabilidad interior, se basan en la relación con Dios, relación que pasa a través del encuentro con Jesucristo. Una relación de profunda confianza, de auténtica amistad con Jesús puede dar a un joven lo que necesita para afrontar bien la vida: serenidad y luz interior, capacidad para pensar de manera positiva, gran ánimo hacia los demás, disponibilidad para pagar personalmente por el bien, la justicia y la verdad. Un último aspecto, muy importante: para convertirse en creyente, el joven se nutre de la fe de la Iglesia: si ningún hombre es una isla, tanto menos lo es el cristiano, que descubre en la Iglesia la belleza de la fe compartida y testimoniada junto a los demás en la fraternidad y en el servicio de la caridad.

Este Mensaje mío a los jóvenes lleva la fecha del 6 de agosto, Fiesta de la Transfiguración del Señor. ¡Que la luz del Rostro de Cristo pueda resplandecer en el corazón de todo joven! Y que la Virgen María acompañe con su protección el camino de las comunidades y de los grupos juveniles hacia el gran Encuentro de Madrid 2011.

[Después del Ángelus, el Papa saludó a los peregrinos en varias lenguas. En francés, dijo:]

Queridos hermanos y queridas hermanas,

Acojo con alegría a los peregrinos francófonos venidos para la oración del Angelus. Éste es el tiempo de la vuelta al colegio, así como de la vuelta a la universidad. Queridos alumnos, estudiantes y profesores, os invito a invocar cada día al Espíritu Santo, el Maestro de la inteligencia y del verdadero saber. Él abrirá entonces vuestros corazones al conocimiento de Dios. Os arraigará también en su Hijo Jesucristo y os guardará firmes en la fe. Que la Virgen María, Trono de la Sabiduría, interceda por vosotros. ¡Feliz peregrinación y feliz domingo a todos!

[En inglés, dijo:]

Acabando de llegar de Carpineto Romano, el lugar de nacimiento de mi Predecesor, el Papa León XII, agradezco a todos los peregrinos de habla inglesa y a los visitantes presentes en esta oración del Angelus prayer. Que el magisterio social del Papa León continúe inspirando los esfuerzos de los fieles para construir una sociedad justa arraigada en las enseñanzas de Cristo. Sobre vosotros y vuestros seres queridos, invoco abundantes bendiciones del Dios Todopoderoso.

[En español, dijo:]

Al saludar con afecto a los peregrinos de lengua española presentes en esta oración mariana, quisiera invitar a todos a leer el Mensaje que he firmado en estos días con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud, que se celebrará en Madrid, en el mes de agosto del próximo año. Pido a Dios que, animados por las palabras del Apóstol Pablo: "Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe" (cf. Col 2,7), muchos jóvenes puedan encontrarse en la capital de España, para acoger en sus corazones a Cristo, que los llama a confiar en Él y a amar cada vez más a la Iglesia. Suplico a la Santísima Virgen María, Madre y Reina de los jóvenes, que acompañe el camino de preparación a este gran evento. Feliz domingo.


[Traducción del original italiano por Patricia Navas
©Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por Desconocido @ 19:10  | Habla el Papa
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Artículo que ha escrito monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas, con motivo del bicentenario de la independencia de México.

La Iglesia y la independencia de México

VER

México celebra el bicentenario de su independencia. Los obispos no podemos ser ajenos a este acontecimiento, y hemos analizado cuál fue la participación de la Iglesia Católica en el proceso libertario, con sus luces y sus sombras. Amamos profundamente nuestra patria y queremos colaborar a su bienestar.

Elaboramos una carta pastoral titulada "Conmemorar nuestra historia desde la fe, para comprometernos hoy con nuestra patria", en que reconocemos los errores del pasado, ubicándolos en su contexto histórico, e invitamos a no quedarnos sólo en fiestas conmemorativas, sino seguir luchando por la justicia y la libertad. Se puede consultar en la página de la CEM: www.cem.org.mx

JUZGAR

Entre otras cosas, decimos: "No podemos dejar de reconocer que en los anhelos más profundos del corazón humano están el ideal de la justicia y de la libertad para todos los hombres. Muchos miembros de la Iglesia acogieron y alimentaron con entrega generosa estos anhelos, aunque con los excesos que toda lucha armada suele llevar consigo. Tampoco faltaron resistencias de eclesiásticos y laicos, convencidos de la importancia de conservar lo que ellos consideraban legítimo, incluidos los privilegios que la Corona propiciaba, y que pensaban eran indispensables para su misión. Hoy, lo que la Iglesia celebra es el don de la libertad, lo agradece y se esfuerza por preservarlo y enriquecerlo.

La Iglesia en México participó activamente en todos esos hechos de manera protagónica, ya que los más notables iniciadores y actores fueron miembros del clero y el pueblo era mayoritariamente católico.

Numerosos católicos, como fieles discípulos de Jesucristo, empeñaron su vida en la conquista de esta libertad. Miguel Hidalgo, José María Morelos y muchos otros fueron sacerdotes, quienes, más allá de sus cualidades y limitaciones humanas sirvieron de instrumento a la Providencia para iniciar la Independencia Nacional y favorecer así la constitución de la nueva Patria Mexicana. Como creyentes, en aquellas circunstancias específicas, lucharon por los valores de la libertad y la igualdad, y dieron voz al reclamo de justicia de un pueblo sumido en la pobreza y la opresión, largamente padecida. Su ministerio sacerdotal, del cual nunca renegaron, los acercó a los dolores de este pueblo y los movió a promover sus derechos, incluso tomando las armas, camino que no siempre se justifica, menos en nuestros tiempos en los que contamos con múltiples instituciones e instrumentos jurídicos para resolver los conflictos en diálogo y caminos de paz.

No fue fortuito el que el símbolo escogido por el movimiento libertario fuera el estandarte de Santa María de Guadalupe que, años más tarde, sería proclamada por Morelos como "La Patrona de Nuestra Libertad". Ciertamente, sin el ingrediente religioso, este movimiento o no se hubiera producido o habría tomado otro rumbo.

Somos conscientes de que el Episcopado de entonces reprobó el movimiento libertario como sedición, usando incluso del anatema. La Inquisición por su parte lo declaró como herejía. La razón última de esto estribaba en la sujeción de la Iglesia a la Corona española. A pesar de ello, el proceso de Independencia fue un movimiento político y social con profunda raigambre religiosa católica que, dentro del dramatismo de los hechos y sus excesos, es una herencia noble y rescatable que debemos agradecer".

En otros artículos, retomaré lo de las excomuniones a Hidalgo y Morelos.

ACTUAR

"La fe católica no puede desentenderse de la vida cotidiana de los fieles y de su contexto histórico. Para un creyente la historia humana es y será siempre una historia de salvación. Recogemos los hechos más significativos del pasado que queremos conmemorar, e invitamos al diálogo sereno y objetivo con el fin de alcanzar un mayor esclarecimiento de estos sucesos que nos atañen a todos, y de los cuales somos de una u otra manera herederos. Los acontecimientos históricos están ahí y nadie debe negarlos o desvirtuarlos. Es preciso reconocerlos, esclarecerlos, juzgarlos con criterios objetivos, para comprendernos mejor".


Publicado por Desconocido @ 19:05  | Hablan los obispos
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Comentario al evangelio del domingo veinticuatro del Tiempo Ordinario – C, publicado en Diario de Avisos el domingo 12 de Septiembre de 2010 bajo el epígrafe DOMINGO CRISTIANO.

Comer con los pecadores

 

Daniel Padilla

 

 Hace muchos años vi Monsieur Vincent. Era una película sobre San Vicente de Paúl. Una escena me impresionó sobre todas. Presentaba a Monsieur Vincent en su confesionario, escuchando con paciencia la retahíla pietista de un grupo de damas de postín. Ya su actitud de chismorreo mientras hacían cola denotaba que, más que una reforma de su propia vida, lo que buscaban era presumir de director espiritual: ¡la moda de la época! Pues bien; llegaba un momento en el que el santo, decidida y ostensiblemente, abandonaba a las beatas, para correr tras los desheredados y miserables, que pululaban como moscas por los barrios de París. Me he acordado de esta escena ante el Jesús del evangelio de hoy, a quien los fariseos acusaban de "sentarse a comer con publicanos y pecadores". Fue entonces cuando Jesús contó la historia del "pastor que dejó noventa y nueve para ir tras la oveja perdida". Y ése es el tema. No cabe duda que resulta reconfortante atender a los fervores espirituales de los elegidos y cultivados. El mismo Jesús vivió horas muy placenteras en Betania, oasis de paz. Todos hemos disfrutado alimentando grupos, más o menos selectos, en los que no existía el rechazo, sino que vibraban a un mismo compás.

Pero se imponen nuevos campos. El pastor ha visto que, por una larga cadena de razones, no una, sino muchas ovejas, se han ido del rebaño, se han alejado, como el pródigo, de la casa paterna. De una época triunfal, en la que la voz del Papa y los pastores, al menos externamente, era seguida por la mayoría y las vocaciones proliferaban y los jóvenes querían ser formados en cristiano, hemos pasado a una sociedad desacralizada en la que la increencia y los alejados no son rara avis, sino el pan de cada día. El Concilio Vaticano II nos advirtió -hace ya más de cuarenta años-, en su documento Gaudium et spes, de forma clara que el ateísmo no es ya un fenómeno aislado, sino que ha invadido el campo del arte, la literatura, la ciencia y las legislaciones. Los libros se han multiplicado desde entonces. Ahí están los exhaustivos planes pastorales en muchas diócesis ante el reto de la increencia. Y nuestros ojos, por otra parte, lo constatan cada día, ya que la increencia ha tocado de ala a todos: a nuestras familias, a nuestros amigos, quizá a nosotros mismos.

¿Qué hacer? Hay tres tentaciones, en todo caso, que convendría evitar: Atrincherarnos y aislarnos: si ellos se han ido, allá ellos, ¡es su problema!. ¡Eso hacía el hermano mayor, negándose a aceptar la vuelta del pródigo! Jugar a escandalizarnos de la Iglesia, cuando nos invita a sentarnos con los pecadores y comer con ellos. Y subirnos a las almenas de nuestros castillos, para lanzar dardos de anatema contra todos los que se han alejado. No podemos subirnos al podio de una pretendida perfección y desde allí, juzgar, condenar o reprobar a los extraños, al menos este era el espíritu de nuestro Sínodo. Al contrario, ante esta innegable realidad, habrá que ir asimilando la doctrina del Concilio, cuando dice que "los gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los hombres, lo son también de los discípulos de Cristo". Ese es igualmente el claro mensaje de la Ecclesiam suma, cuando nos invita a entrar en diálogo con todos: los cercanos y los alejados, es decir, con esos que solemos llamar las ovejas descarriadas.


Publicado por Desconocido @ 9:42  | Espiritualidad
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sábado, 11 de septiembre de 2010

ZENIT  publica el mensaje que ha escrito el cardenal Lluís Martínez Sistach, arzobispo de Barcelona, con el título "Nuestros santuarios marianos".

En nuestra archidiócesis tenemos santuarios marianos dedicados a imágenes de la Virgen María que fueron halladas en un momento histórico determinado. El día 8 de setiembre se celebra la fiesta de la Natividad de la Virgen María, popularmente conocida como la Virgen de setiembre o también como la fiesta de las Vírgenes encontradas, aludiendo al hecho de que muchos santuarios marianos celebran el 8 de setiembre su fiesta patronal.

Estos santuarios marianos no son tan sólo vestigios del pasado. Tienen mucha vida. La gente acude a ellos, porque los sienten como una realidad espiritual muy propia, muy suya, como lo fue de sus antepasados, de sus abuelos y de sus padres. Nuestros cristianos visitan aquellos lugares sagrados y gustan de celebrar en ellos su fe y los acontecimientos más importantes de su vida cristiana.

En los santuarios marianos, la Virgen María está atenta a las peticiones de los peregrinos, los acoge e intercede eficazmente por ellos. Es muy normal encontrar allí exvotos que manifiestan muy bien esta actitud maternal de María hacia todos sus hijos.

Estos templos, como presencia de la Iglesia, contribuyen a la evangelización. Los visitan, también, personas no creyentes o bien alejadas de la Iglesia. Por ello, desde los santuarios, se debe intensificar todo aquello que pueda ayudar a ser más conscientes de la motivación religiosa y evangélica de las visitas.

En las bodas de Caná, María pidió la intervención eficaz de Jesús ante el problema de aquellos nuevos esposos: "No tienen vino". En Caná de Galilea tan sólo aparece un aspecto concreto de la indigencia humana, aparentemente pequeño y de poca importancia: faltaba el vino en el banquete. Pero esto tiene un valor simbólico. En los santuarios se presentan a María otras necesidades materiales y espirituales. María se sitúa entre su Hijo y las personas en la realidad de sus privaciones, indigencias y sufrimientos. Se sitúa en medio, o sea, hace de mediadora. María intercede por nosotros.

Como en las bodas de Caná, María, de una u otra manera, dice a todos los peregrinos y visitantes: "Haced todo lo que Jesús os diga". María nos trae a Jesús y nos acerca a Él. Por ello, conviene redescubrir el sentido humano y cristiano de los santuarios marianos de nuestra tierra para poder visitarlos, buscando en ellos momentos de silencio, de reflexión y de oración, todo eso que el hombre de hoy no encuentra fácilmente en medio del ritmo estresado de la vida que lleva.

La fiesta del nacimiento de María se sitúa en el inicio de la presencia más plena de Dios en el camino humano. La Natividad de María nos anuncia ya el nacimiento del Salvador, la alegría de la Navidad. El nacimiento de la Madre, anuncia ya - como la aurora anuncia el día- el nacimiento del Hijo. El corazón y la mirada amorosa de María, el corazón y la mirada amorosa que acogieron al Hijo de Dios en este mundo, se dirige también hacia nosotros.

Una de las oraciones de la misa del 8 de setiembre, con la magnífica sobriedad de la liturgia romana, pide que "se alegre tu Iglesia y se goce en el Nacimiento de la Virgen María, que fue para el mundo esperanza y aurora de salvación".


Publicado por Desconocido @ 23:05  | Hablan los obispos
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ZENIT  publica la carta que ha escrito monseñor Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo, y administrador apostólico de Huesca y de Jaca en el centenario del nacimiento de la Madre Teresa de Calcuta. 

 Cien años de gratitud: Teresa de Calcuta


           Queridos hermanos y amigos: paz y bien.
Era pequeñita en su estatura física, y descomunal en su estatura espiritual y moral. Dios esperaba en los arrabales más increíbles de Calcuta a esta albanesa, esos por los que transitaba la muerte con todos sus rostros. La pobreza con sus nombres más variopintos se hacía presente en los despojos humanos que mal morían en el camino anónimo de un callejón cualquiera. Los niños sin padre, sin madre, sin nadie. Los leprosos de todas las lepras. Los sidosos de todos los sidas. Un horizonte terminal para tantos que sin saber por qué no habían podido dar comienzo a su dignidad primera.

           Asomada a esta realidad, la Madre Teresa de Calcuta de pronto se sintió llamada, o por mejor decir, sintió que la volvían a llamar. Dios no se contradecía, sino que hacía una historia con esta su hija, en la que poco a poco y de tantos modos, la fue preparando para la misión que Él la proponía.

           Estamos celebrando los cien años de su nacimiento. Tuve la gracia inmensa de poderla conocer y hablar con ella, en Madrid cuando comenzaron sus hermanas en Leganés, y en mis años de estudios en Roma. Me quedaron dos anécdotas muy grabadas. La primera cuando mi ordenación sacerdotal. Por mediación de un querido amigo, me escribió una preciosa dedicatoria en inglés que conservo: "sé santo, Fr. Jesús, porque quien te ha llamado es Santo". Nunca lo he olvidado, y máximo cuando es el deseo orante de alguien que te invita a eso para lo que has nacido, y eso que ella vive también.

           La segunda anécdota es una petición al Papa Juan Pablo II: "Santo Padre, déme un rincón en el Vaticano, y yo se lo llenaré de pobres por amor a Jesucristo". Y así fue. Soy testigo, cuando ella me recibió en Roma para contarme con evangélico orgullo esa realidad. Su casa allí, en el corazón del Vaticano, se llamó "Dono di Maria", don de María. Tienen cobijo los transeúntes de la vida: pobres de solemnidad, desahuciados de la sociedad, jóvenes confundidos, madres solteras, y hambrientos de todo pan. La Madre Teresa y sus hermanas Misioneras de la Caridad, se afanan como Marta y María a la vez, para acoger a tantos mendigos sin dejar ni un momento su adoración al Señor y su plegaria a Santa María.

           El Papa Benedicto XVI ha escrito a las Misioneras de la Caridad con motivo del centenario del nacimiento de la Madre Teresa de Calcuta: «Confío en el hecho de que este año será para la Iglesia y para el mundo una ocasión de gratitud ferviente hacia Dios por el don inestimable que Madre Teresa ha sido en el transcurso de su vida y que sigue siendo a través de la obra amorosa e incansable que lleváis a cabo vosotras, sus hijas espirituales. Para prepararos a este año, habéis buscado acercaros aún más a la persona de Jesús, cuya sed de almas se extingue gracias a vuestro ministerio por Él en los más pobres de entre los pobres. Que este amor siga inspirándoos, Misioneras de la Caridad, para donaros generosamente a Jesús, a quien veis y servís, o lo que es lo mismo, a los pobres, a los marginados y a los abandonados».

           La Madre Teresa ha tenido un secreto: la Caridad con mayúsculas, esa que se nutre en el Amor de Dios y que abraza a cada ser humano con un amor sólo digno de ese nombre. El amor a todo hombre, y en cada tramo: desde el no nacido hasta el anciano terminal, desde una princesa confusa hasta el paria sin patria ni hogar, desde el creyente que sigue su fe hasta el perdido que la busca a tientas. Que la Beata Teresa de Calcuta interceda por nosotros y nos haga testigos del Amor de Dios en el amor a los hermanos.


Publicado por Desconocido @ 23:02  | Hablan los obispos
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Texto del micro radial de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, emitido por LT 9 (28 de agosto de 2010). (AICA)

MES DE LA BIBLIA

En honor a San Jerónimo al mes de Septiembre se lo llama el Mes de la Biblia. Recordemos que San Jerónimo, que murió el 30 de septiembre del año 420, fue el primer traductor de la Biblia de los textos originales, en hebreo y griego, a la lengua popular de entonces que era el latín, a este texto de lo conoce con el nombre de la Vulgata. Este año el lema que la Campaña Bíblica Nacional nos propone es: “Tu Palabra nos da Vida. La esperanza del Pueblo amado por Dios”. Este lema presenta una riqueza que nos ayuda a reflexionar. La Biblia es un libro de Vida y de Esperanza porque da sentido, sana e ilumina la vida y el futuro del hombre. Ella nos pone contacto con la Palabra de Dios, que es la expresión permanente del amor de Dios que no abandona a sus hijos. Esta certeza, que se hace oración en la voz del salmista, es fuente de confianza para el creyente al decir: “Señor, no abandones la obra de tus manos” (Sal. 138). La oración bíblica nos pone en contacto con Dios como creador y providente.

La Biblia, por ser el testimonio de la obra de Dios, no es un libro más. Creo que es importante para comprenderla y vivir su mensaje, descubrirnos como parte y destinatarios de este camino de Dios. No somos espectadores de una historia que leemos y que nos puede edificar, sino parte integrante de esa misma obra de Dios. Este es el comienzo de una lectura de fe. La mejor interpretación de la Palabra de Dios, por otra parte, la encontramos en la misma Biblia sobretodo, como vimos, en los textos de oración. Es un libro, decía el lema, de Vida y de Esperanza. Escuchamos, a veces, que lo religioso es algo que limita o impone cargas, parecería, según estas opiniones, que la alegría y la libertad están al margen de una vida religiosa. Todo lo contrario. Es precisamente el encuentro con la verdad de lo que somos, lo que nos hace libres y nos permite dar un sentido personal a nuestra vida. Esta es la primera certeza que nos da la Biblia, no somos algo sino alguien, y tenemos la posibilidad de un encuentro personal con Dios. Esto es motivo de gozo para el salmista, que lo hace oración: “Tu Palabra, Señor, es la verdad y la luz de mis ojos” (Sal. 18).

Jesucristo, en quién alcanza su plenitud este plan creador y providente de Dios, se nos presenta como Vida Plena que da sentido y transforma la vida del hombre: “Para esto he venido, nos dice, para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn. 10, 10). El ansia de vida, felicidad y plenitud es propia de la condición humana, diría que es un derecho que tiene todo hombre en cuanto ser espiritual. Qué importante para el hombre es saber que esto es posible, que no es una utopía sino una realidad. Aquí aparece la fuerza de la esperanza cristiana, que tiene en Jesucristo su camino, contenido y garantía. Aquella Palabra de Vida es la que se convierte en Jesucristo en Esperanza del Pueblo, que se sabe amado por Dios. Espero que este Mes de la Biblia nos sirva para descubrir e involucrarnos en esta historia de amor que tiene su origen en Dios y en nosotros sus destinatarios. Los invito a acercarse a sus parroquias donde podrán encontrar el material necesario para vivir este Mes de la Biblia.

Reciban de su Obispo, junto a mi afecto y oración, mi bendición en el Señor Jesús y María Santísima, Nuestra Madre de Guadalupe. 

Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz 


Publicado por Desconocido @ 22:57  | Hablan los obispos
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Homilía del cardenal Leonardo Sandri, prefecto de la Congregación Pontificia para las Iglesias Orientales, en honor del Beato Estephán Nehmé
(Catedral Maronita, Buenos Aires, 2 de septiembre de 2010). (AICA)

BEATO ESTEPHÁN NEHMÉ

Excelencia Reverendísima, querido Monseñor Merhi,
Queridos sacerdotes, religiosos y religiosas,
Hermanos y hermanas.

He aceptado con muchísimo gusto la invitación de su Excelencia Monseñor Merhi, obispo de la Eparquía de San Charbel de los Maronitas, para celebrar con representantes de la comunidad maronita de la Argentina, la Santa Eucaristía en honor de Estephán Nehmé, beatificado en Kfifáne en el Líbano el domingo 27 de junio de 2010.

Doy gracias a Dios, junto con ustedes renovando los sentimientos de orante gratitud y las felicitaciones que he transmitido para esa histórica celebración a vuestro venerado Patriarca, su Beatitud Eminentísima el Cardenal Nasrallah Butros Sfeir.

Y doy gracias al querido Santo Padre Benedicto XVI que dispuso la beatificación, ofreciendo así a todos los maronitas del mundo un nuevo signo del amor de Dios y de su amor por la Iglesia Maronita animando su testimonio cristiano en el Líbano, en Oriente y en el mundo entero.

Todas las Iglesias del Líbano y el Estado, estaban representados en la ceremonia de beatificación por las más altas autoridades religiosas y civiles. Y los fieles libaneses han confirmado con una extraordinaria celebración la fama de santidad del nuevo beato.

Estamos hablando del hermano profeso de la Orden Libanesa Maronita que vivió desde 1889 a 1938 y que suscita, aún hoy día, admiración, respeto y devoción. Son los buenos frutos visibles de su fidelidad a la llamada de Dios.

Nació en Lehfed, región de Jbeil y fue bautizado con el nombre de Youssef. El ambiente familiar dejó en su alma una fuerte impronta religiosa. Creció respetuoso y obediente, intuyendo rápido su vocación a la vida religiosa. Pasó períodos de su formación en Notre-Dame de Mayfouq, en Saint-Artéme en Kattara y en Houb. Pero a partir de 1930 se estableció en Notre-Dame du Secour en Jbeil hasta su traslado en febrero de 1938 a Kfifane. La noche del 30 de agosto de 1938 un malestar quebró su fuerte fibra; había cumplido apenas 49 años.

Nos preguntamos, atraídos como estamos por su vida santa ¿cuál fue el centro de su vida?.

La respuesta es evidente: ¡Cristo! El fue el centro, el corazón y el verdadero tesoro del nuevo Beato. Cristo fue su “elección” vivida en la perseverancia de la fe, que se tradujo en la soledad y en la huida del mundo, en la penitencia, en la lectura sapiencial de la Sagrada Escritura y en tantos trabajos humildes que ejercitó para bien de sus hermanos, de la iglesia y del mundo.

Dejémonos encantar decididamente por su fe.

Ella se transparentaba fuertemente no sólo en las oraciones de su congregación, que recitaba cotidianamente sin excepción; en la Santa Misa con la cual desde niño iniciaba su jornada; en el rosario a la Santísima Virgen, o en la recitación devota, siempre de rodillas en cualquier lugar se encontrase, del Ángelus; sino también en la oración interior que era incesante, en su estar siempre con Dios y en Dios sin descuidar su trabajo cotidiano o para las personas que dependían de él.

Dejémonos encantar por su esperanza, de la que eran prueba la libertad y desapego de las ambiciones terrenas y la exclusiva búsqueda de la gloria de Dios. Vivía como si no tuviese cuerpo, como si no se perteneciera más a sí mismo, sino a aquel Padre al que dirigía todo respiro y toda palpitación de su corazón. Esto no significaba que no fuera también un hermano dinámico y trabajador, siempre comprometido en sus tareas.

Dejémonos encantar en fin por su caridad. Una puntual disponibilidad caracterizaba todo su comportamiento y con su modo de actuar lleno de persuasión y de comprensión era capaz de hacerse mediador de paz en las circunstancias más diversas. Sentía profundamente su pertenencia a la comunidad de los hermanos.

Y en las situaciones de mayor dificultad, como durante la primera guerra mundial, él no solamente iba en ayuda de los pobres que se acercaban al convento, sino que llevaba personalmente ayuda a las familias necesitadas.

Fue un religioso pobre, casto y obediente.

“Un ángel del rostro humano” como subrayó el legado papal para la beatificación, Su Excelencia Monseñor Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos. Un ángel “cuya santidad se elevó hacia el cielo más alta aún que los cedros del Líbano”.

Queridos hermanos y hermanas, de estos ángeles tiene necesidad el mundo de hoy. Estos seres angélicos mueven los corazones a abrirse a la conversión y a la fidelidad perseverante en la vida cristiana. Nos conmueven en lo íntimo y mueven nuestros pasos hacia el mismo Cristo y la misma iglesia que fueron su grande e insuperable amor.

Es cuanto pedimos a Dios nuestro Padre, por la potente intercesión del Beato Estephán. La renovación de todos en docilidad al Espíritu Santo se vuelve levadura evangélica que produce frutos de conversión en la iglesia a beneficio de la sociedad.

Es cuanto el Señor querrá concedemos por la plegaria de este humilde cristiano libanés: en estrecho contacto con Dios y con la naturaleza, tomó conciencia de sus límites; creciendo en la humildad se convenció que el silencio habría favorecido la mejor escucha de la voz de Dios; permaneciendo plenamente disponible a la gracia divina, supo mantenerse en la presencia de Dios siempre y en todas partes.

Así un humilde hermano lego, por efecto de su conducta ejemplar, goza ahora de un lugar privilegiado junto al Señor y en el corazón de la Iglesia.

Es una perla preciosa que enriquece el patrimonio espiritual del cristianismo oriental y de la Iglesia Maronita. Es motivo de consolación para su amada patria libanesa en las graves pruebas de los últimos años y para todos los libaneses dispersos por el mundo.

Junto con los santos Charbel, Nimatuliah, Rafica y el Beato Yacooub, hijo de la Iglesia Latina, el nuevo Beato aporta una riqueza mayor a la celebración del jubileo por los 1600 años de la muerte de vuestro grande padre espiritual San Marón.

A estos santos hermanos y amigos y a la gloriosa y toda santa Madre de Dios, Nuestra Señora del Líbano, encomendamos el próximo sínodo especial convocado en Roma por el Papa Benedicto XVI para los obispos del Medio Oriente, a fin de que esa asamblea transmita una palabra de paz para todos y de consolación para los orientales católicos de modo que en todas las partes del mundo sean cristianos “no sólo de palabra sino en los hechos y en la verdad”. Amén.

 Cardenal Leonardo Sandri, prefecto de la Congregación Pontificia para las Iglesias Orientales 


Publicado por Desconocido @ 22:53  | Hablan los obispos
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viernes, 10 de septiembre de 2010

Homilía de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, en la misa de ordenación de diáconos (Iglesia del Seminario, 28 de agosto de 2010). (AICA)

SERVICIO DE LA VERDAD Y LA CARIDAD

Celebramos hoy la memoria litúrgica de nuestro padre San Agustín. Esta expresión puede resultar sorprendente, pero se la puede sostener sin incurrir en una arbitraria exageración. Entre los Padres de la Iglesia él sobresale como el maestro por excelencia de Occidente, con una universalidad que no ha sido igualada: maestro de la teología, la espiritualidad, la filosofía, la cultura cristiana. Su aporte se ha difundido capilarmente en la Iglesia latina y ha impregnado el pensamiento de los siglos sucesivos, aun el pensamiento secular de la modernidad. Su discípulo y amigo Posidio decía que a Agustín lo encontramos siempre vivo en sus escritos; sin embargo, uno puede ser, uno es, de algún modo agustiniano sin haberlo leído nunca, ya que su obra y su influjo han configurado la tradición cultural en la cual hemos nacido. Esto puede afirmarse todavía, aunque Occidente se haya desviado tanto de su origen y haya sufrido una mudanza tan profunda que permita dudar de su identidad y de su porvenir. 

Nosotros podemos llamarlo nuestro padre porque él se nos presenta como modelo eximio, siempre válido, de la sapientia christiana, de la vocación a la santidad y a la vita beata que se alcanza en ella y por ella. Un gran estudioso de la vida y la obra agustiniana, el Padre Agostino Trapè, nos ofrece este precioso retrato: San Agustín fue un sediento de Dios y nos ayuda a buscarlo, conocerlo, amarlo; fue un enamorado de Cristo, y nos ayuda a escrutar los tesoros de ciencia y de sabiduría escondidos en él; fue un amante de la Iglesia, y nos enseña a servirla con generosidad, sacrificio, inteligencia; fue un gran místico, y nos enseña a subir a lo alto, muy alto, en la ascensión interior; amó, estudió, meditó sin pausa la Escritura, y nos ayuda a entenderla, a amarla, a nutrirnos de ella. Fue un enamorado de la sabiduría. Para él, la sabiduría no es sólo una verdad a conocer, sino un bien a poseer, el bien supremo; es una luz que es amor, amor que es bien, bien que es alegría más grande que la más grande dulzura. 

La actualidad de San Agustín, del testimonio que nos ha dejado en la aventura de su vida y en su magisterio intelectual y espiritual, se manifiesta de modo singular y en contraste con el desquicio posmoderno, en la significación cabal y en la vivencia de la verdad y del amor que él nos ha transmitido. El obispo de Hipona nos recuerda que la verdad es accesible al hombre, más todavía, que el alma está hecha para la verdad, pero que la verdad no es una creación de la mente sino un don que nos supera: se la percibe como un horizonte que se eleva sobre la actividad normal de la razón y que precede a su empeño reflexivo; no se la construye, se la encuentra, se la acoge, se la acepta. Ella se yergue como algo autónomo, objetivo, universal, absoluto por lo cual se hace verdadero el pensamiento. Entrando en su interior, volviéndose a sí mismo, Agustín advirtió que el hombre está “normado” por la presencia de Dios, que su realidad es teonómica. En las Confesiones reconoce: allí donde hallé la verdad, allí encontré a mi Dios, que es la verdad misma, y no la he olvidado desde que la aprendí. El constructivismo que se impone actualmente en las ciencias del hombre niega la verdad, la rebaja al nivel de un mosaico de parcialidades relativas, fabricado por consenso, a contrapelo de la realidad y de la naturaleza del alma; implícita o explícitamente, niega a Dios. Agustín, en cambio, nos cuenta con fervorosa admiración que en su proceso interior contempló, con el ojo de su alma y sobre él, una luz inconmutable que brillaba poderosamente y lo llenaba todo con su magnitud. Quien conoce la verdad –añade– conoce esta luz, y quien la conoce, conoce la eternidad; la caridad conoce esta luz. Dios, que es luz, es la fuente de la verdad y del amor, por eso puede exclamar: ¡Oh, eterna verdad, y verdadera caridad, y cara eternidad!: tú eres mi Dios, por ti suspiro día y noche… 

San Agustín ha sido llamado “el doctor de la gracia”, y también “el doctor de la caridad”. Muchas veces, en la iconografía del barroco se lo ha representado con el corazón traspasado por una flecha. Para él, la vida cristiana es sobre todo gracia de la caridad. Él ha comentado admirablemente la primera Carta de San Juan, de la que en la lectura litúrgica de hoy hemos escuchado un pasaje fundamental. Se detiene en la revelación culminante del Nuevo Testamento: Dios es amor (1 Jn. 4, 8.16). ¿Qué más pudo decir, hermanos? Si nada se dijese en alabanza del amor en todas las páginas de esta epístola, si nada en absoluto se dijese en las demás páginas de la Escritura, y solamente oyésemos de la voz del Espíritu de Dios que Dios es amor, nada más deberíamos buscar. Tanto vale el amor que él solo permite discernir las acciones de los hombres y juzgar su bondad. Dice, al respecto Agustín: Pueden hacerse muchas cosas que en apariencia son buenas, pero no proceden de la raíz del amor. Las flores tienen también espinas: hay cosas que parecen ásperas, atroces, pero sirven para instruir cuando las dicta el amor. Un breve precepto se te impone de una vez: ama y haz lo que quieras: si callas, que calles por amor; si clamas, que clames por amor; si corriges, que corrijas por amor; si perdonas, que perdones por amor: que esté en el interior la raíz de la caridad; de esta raíz sólo puede brotar el bien. 

Nosotros empleamos el sustantivo amor para designar el ejercicio de la caridad. Agustín utiliza en latín el verbo amare, pero al amor, a la caridad en acto, la llama dilectio; de este modo traduce el nombre agápe que figura en la Carta de San Juan y que expresa la originalidad cristiana del amor. Dilección significa en castellano voluntad honesta, amor reflexivo, con una clara alusión a la libertad. Es el amor, la gracia de la caridad, la que purifica y transforma nuestra libertad, la hace libertad liberada del pecado, libertad según Dios; entonces, con esa libertad el hombre sólo puede querer lo que quiere Dios. ¡Ama y haz lo que quieras! 

Otro aspecto destacado de la doctrina agustiniana de la caridad es la inclusión del amor al prójimo en el ámbito del amor de Dios. El doble precepto de la caridad se refiere a un solo amor: el que recibimos de Dios como un don y que a través del prójimo, de nuestro amor al prójimo, vuelve a Dios. El amor al prójimo es auténtico cuando le ayuda a alcanzar su fin, cuando es servicio rendido a aquel de quien nos hacemos hermanos, compañeros, amigos en la búsqueda de la felicidad verdadera que está en el gozo de la Trinidad. En una de sus cartas escribe Agustín: En realidad, nosotros nos amamos a nosotros mismos si amamos a Dios, y cumpliendo el segundo precepto amaremos en verdad a nuestros prójimos como a nosotros mismos si los guiamos al mismo amor de Dios que hay en nosotros. Se puede pensar así si se considera que, en realidad, existe un único sujeto de la caridad: la Iglesia; la caridad es caridad eclesial. La Iglesia es Cristo y nosotros, la Cabeza y los miembros, el Cristo íntegro y completo, el Cristo total. 

Vamos a celebrar ahora el antiquísimo rito de la ordenación de los diáconos, que procede de los Apóstoles del Señor y que manifiesta la estructura sacramental de la Iglesia. Por la imposición de las manos del obispo, sucesor de los Apóstoles, se transmite un don espiritual de consagración y se atribuye a los elegidos un ministerio en la comunión jerárquica del Cuerpo místico de Cristo. El Pontifical Romano enumera las múltiples funciones que pueden encomendarse a los diáconos: administrar solemnemente el Bautismo, reservar y distribuir la Eucaristía, asistir al Matrimonio y bendecirlo en nombre de la Iglesia, llevar el Viático a los moribundos, leer la sagrada Escritura a los fieles, instruir y exhortar al pueblo, presidir el culto y la oración de los fieles, administrar los sacramentales, presidir el rito de los funerales y de la sepultura. Junto a estos oficios litúrgicos se destaca su ocupación primigenia: el servicio de asistencia a los pobres en sus variadas formas, como signo del amor de Cristo y de la Iglesia. Se les encomienda esta misión en virtud de una gracia de elección ratificada por el Espíritu Santo; por la gracia de los siete dones que se derrama sobre ellos quedarán habilitados para desempeñar con fidelidad el ministerio. 

La tradición apostólica nos ha legado una fórmula que expresa el espíritu de la función diaconal: que conserven el misterio de la fe con una conciencia pura (1 Tim. 3, 9). Dicho de otro modo, en términos agustinianos: que sirvan a Cristo y a su Iglesia rindiendo testimonio de la verdad y de la caridad, que se encuentran precisamente en Cristo y en la Iglesia. El ejercicio del ministerio de los diáconos, cualquiera sea la actividad que les toque desarrollar, es iluminado y animado por el principio de la verdad en la caridad, de la caridad en la verdad. El mundo de hoy necesita de este doble y único testimonio. Sin la verdad, la que se alcanza por la luz de la razón y de la fe, el amor –como enseña Benedicto XVI– se convierte en un envoltorio vacío que se rellena arbitrariamente… es presa fácil de las emociones y las opiniones contingentes de los sujetos, una palabra de la que se abusa y que se distorsiona… Sin verdad, la caridad cae en mero sentimentalismo (Caritas in veritate, 3). Por otra parte, es la caridad, el amor divino, la fuerza que nos permite mantenernos en la verdad, instruir y aceptar la naturaleza de las cosas y el orden que las religa, comprender que no bastan las meras relaciones de justicia entre los hombres, sino que es preciso establecer vínculos fundados en la gratuidad, la misericordia, la comunión. 

Queridos hijos que van a ser ordenados diáconos: en la inteligencia y el corazón de ustedes deben reinar la verdad y la caridad. Debe reinar Cristo, que es la fuente de la verdad y de la caridad. Él es el misterio de la fe que ustedes deben conservar, vivir y transmitir con alma limpia; por eso ahora, el elegir libremente este dichoso destino, se comprometerán a observar la castidad perfecta y a entregarse asiduamente a la oración. Así estarán mejor dispuestos para la unión íntima con el Señor y para recibir de él, en el contacto sacramental y en el servicio a la comunidad cristiana, la comunicación constante de la verdad y la caridad. 

San Agustín nos muestra otro camino, el de la imitación; él reconoce a Cristo también como pedagogo, como el maestro de la humildad. Lo llama el Dios humilde, y le complace contemplar con veneración su debilidad, su paciencia en el sufrimiento, su pobreza, sus tentaciones, su oración, rasgos todos éstos de su perfecta humanidad. Dice, comentando un salmo: El doctor de la humildad, partícipe de nuestra debilidad, el que nos otorga una participación de su divinidad, que descendió para enseñarnos el camino y para ser él nuestro camino, nos ha recomendado sobre todo imitar su humildad. 

El ícono más bello del diaconado lo pinta San Juan en su Evangelio al describir el lavatorio de los pies en la Última Cena; allí se manifestó en Cristo la verdad de Dios y del hombre y el amor hasta el fin (cf. Jn. 13, 1-15). Les he dado el ejemplo –dice el Señor– para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes. La humildad nos torna conscientes de nuestra propia flaqueza, nos impulsa a trabajar con ánimo servicial, sin aspavientos ni ambiciones, buscando descubrir y cumplir en las circunstancias cotidianas del ministerio la voluntad del Padre. Gracias a la humildad podemos vivir en la obediencia eclesial, aceptando y ejecutando con espíritu de fe lo que se nos manda, lo que ordena la Iglesia nuestra Madre y Maestra; gracias a la humildad que disipa los humos de nuestro ridículo apetito de superioridad es posible la caridad fraterna y la edificación de la comunidad. No hagan nada por espíritu de discordia o de vanidad, y que la humildad los lleve a estimar a los otros como superiores a ustedes mismos. Así lo aconseja el Apóstol, que al evocar la humillación de Cristo, causa de su glorificación, remata su exhortación diciendo: tengan los mismos sentimientos de Cristo Jesús (Fil. 2, 3.5). 

Tengan ustedes, queridos hijos, los mismos sentimientos de Cristo Jesús, y vivan con sencillez y alegría, en la verdad y en la caridad, el período del diaconado en el cual hoy son iniciados. Que los asista la intercesión de San Agustín y de la Virgen Santísima, diaconisa eximia, humilde Servidora del Señor. 

Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata 


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Homilía de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, en la misa de ordenación de diáconos (Iglesia del Seminario, 28 de agosto de 2010). (AICA)

SERVICIO DE LA VERDAD Y LA CARIDAD

Celebramos hoy la memoria litúrgica de nuestro padre San Agustín. Esta expresión puede resultar sorprendente, pero se la puede sostener sin incurrir en una arbitraria exageración. Entre los Padres de la Iglesia él sobresale como el maestro por excelencia de Occidente, con una universalidad que no ha sido igualada: maestro de la teología, la espiritualidad, la filosofía, la cultura cristiana. Su aporte se ha difundido capilarmente en la Iglesia latina y ha impregnado el pensamiento de los siglos sucesivos, aun el pensamiento secular de la modernidad. Su discípulo y amigo Posidio decía que a Agustín lo encontramos siempre vivo en sus escritos; sin embargo, uno puede ser, uno es, de algún modo agustiniano sin haberlo leído nunca, ya que su obra y su influjo han configurado la tradición cultural en la cual hemos nacido. Esto puede afirmarse todavía, aunque Occidente se haya desviado tanto de su origen y haya sufrido una mudanza tan profunda que permita dudar de su identidad y de su porvenir. 

Nosotros podemos llamarlo nuestro padre porque él se nos presenta como modelo eximio, siempre válido, de la sapientia christiana, de la vocación a la santidad y a la vita beata que se alcanza en ella y por ella. Un gran estudioso de la vida y la obra agustiniana, el Padre Agostino Trapè, nos ofrece este precioso retrato: San Agustín fue un sediento de Dios y nos ayuda a buscarlo, conocerlo, amarlo; fue un enamorado de Cristo, y nos ayuda a escrutar los tesoros de ciencia y de sabiduría escondidos en él; fue un amante de la Iglesia, y nos enseña a servirla con generosidad, sacrificio, inteligencia; fue un gran místico, y nos enseña a subir a lo alto, muy alto, en la ascensión interior; amó, estudió, meditó sin pausa la Escritura, y nos ayuda a entenderla, a amarla, a nutrirnos de ella. Fue un enamorado de la sabiduría. Para él, la sabiduría no es sólo una verdad a conocer, sino un bien a poseer, el bien supremo; es una luz que es amor, amor que es bien, bien que es alegría más grande que la más grande dulzura. 

La actualidad de San Agustín, del testimonio que nos ha dejado en la aventura de su vida y en su magisterio intelectual y espiritual, se manifiesta de modo singular y en contraste con el desquicio posmoderno, en la significación cabal y en la vivencia de la verdad y del amor que él nos ha transmitido. El obispo de Hipona nos recuerda que la verdad es accesible al hombre, más todavía, que el alma está hecha para la verdad, pero que la verdad no es una creación de la mente sino un don que nos supera: se la percibe como un horizonte que se eleva sobre la actividad normal de la razón y que precede a su empeño reflexivo; no se la construye, se la encuentra, se la acoge, se la acepta. Ella se yergue como algo autónomo, objetivo, universal, absoluto por lo cual se hace verdadero el pensamiento. Entrando en su interior, volviéndose a sí mismo, Agustín advirtió que el hombre está “normado” por la presencia de Dios, que su realidad es teonómica. En las Confesiones reconoce: allí donde hallé la verdad, allí encontré a mi Dios, que es la verdad misma, y no la he olvidado desde que la aprendí. El constructivismo que se impone actualmente en las ciencias del hombre niega la verdad, la rebaja al nivel de un mosaico de parcialidades relativas, fabricado por consenso, a contrapelo de la realidad y de la naturaleza del alma; implícita o explícitamente, niega a Dios. Agustín, en cambio, nos cuenta con fervorosa admiración que en su proceso interior contempló, con el ojo de su alma y sobre él, una luz inconmutable que brillaba poderosamente y lo llenaba todo con su magnitud. Quien conoce la verdad –añade– conoce esta luz, y quien la conoce, conoce la eternidad; la caridad conoce esta luz. Dios, que es luz, es la fuente de la verdad y del amor, por eso puede exclamar: ¡Oh, eterna verdad, y verdadera caridad, y cara eternidad!: tú eres mi Dios, por ti suspiro día y noche… 

San Agustín ha sido llamado “el doctor de la gracia”, y también “el doctor de la caridad”. Muchas veces, en la iconografía del barroco se lo ha representado con el corazón traspasado por una flecha. Para él, la vida cristiana es sobre todo gracia de la caridad. Él ha comentado admirablemente la primera Carta de San Juan, de la que en la lectura litúrgica de hoy hemos escuchado un pasaje fundamental. Se detiene en la revelación culminante del Nuevo Testamento: Dios es amor (1 Jn. 4, 8.16). ¿Qué más pudo decir, hermanos? Si nada se dijese en alabanza del amor en todas las páginas de esta epístola, si nada en absoluto se dijese en las demás páginas de la Escritura, y solamente oyésemos de la voz del Espíritu de Dios que Dios es amor, nada más deberíamos buscar. Tanto vale el amor que él solo permite discernir las acciones de los hombres y juzgar su bondad. Dice, al respecto Agustín: Pueden hacerse muchas cosas que en apariencia son buenas, pero no proceden de la raíz del amor. Las flores tienen también espinas: hay cosas que parecen ásperas, atroces, pero sirven para instruir cuando las dicta el amor. Un breve precepto se te impone de una vez: ama y haz lo que quieras: si callas, que calles por amor; si clamas, que clames por amor; si corriges, que corrijas por amor; si perdonas, que perdones por amor: que esté en el interior la raíz de la caridad; de esta raíz sólo puede brotar el bien. 

Nosotros empleamos el sustantivo amor para designar el ejercicio de la caridad. Agustín utiliza en latín el verbo amare, pero al amor, a la caridad en acto, la llama dilectio; de este modo traduce el nombre agápe que figura en la Carta de San Juan y que expresa la originalidad cristiana del amor. Dilección significa en castellano voluntad honesta, amor reflexivo, con una clara alusión a la libertad. Es el amor, la gracia de la caridad, la que purifica y transforma nuestra libertad, la hace libertad liberada del pecado, libertad según Dios; entonces, con esa libertad el hombre sólo puede querer lo que quiere Dios. ¡Ama y haz lo que quieras! 

Otro aspecto destacado de la doctrina agustiniana de la caridad es la inclusión del amor al prójimo en el ámbito del amor de Dios. El doble precepto de la caridad se refiere a un solo amor: el que recibimos de Dios como un don y que a través del prójimo, de nuestro amor al prójimo, vuelve a Dios. El amor al prójimo es auténtico cuando le ayuda a alcanzar su fin, cuando es servicio rendido a aquel de quien nos hacemos hermanos, compañeros, amigos en la búsqueda de la felicidad verdadera que está en el gozo de la Trinidad. En una de sus cartas escribe Agustín: En realidad, nosotros nos amamos a nosotros mismos si amamos a Dios, y cumpliendo el segundo precepto amaremos en verdad a nuestros prójimos como a nosotros mismos si los guiamos al mismo amor de Dios que hay en nosotros. Se puede pensar así si se considera que, en realidad, existe un único sujeto de la caridad: la Iglesia; la caridad es caridad eclesial. La Iglesia es Cristo y nosotros, la Cabeza y los miembros, el Cristo íntegro y completo, el Cristo total. 

Vamos a celebrar ahora el antiquísimo rito de la ordenación de los diáconos, que procede de los Apóstoles del Señor y que manifiesta la estructura sacramental de la Iglesia. Por la imposición de las manos del obispo, sucesor de los Apóstoles, se transmite un don espiritual de consagración y se atribuye a los elegidos un ministerio en la comunión jerárquica del Cuerpo místico de Cristo. El Pontifical Romano enumera las múltiples funciones que pueden encomendarse a los diáconos: administrar solemnemente el Bautismo, reservar y distribuir la Eucaristía, asistir al Matrimonio y bendecirlo en nombre de la Iglesia, llevar el Viático a los moribundos, leer la sagrada Escritura a los fieles, instruir y exhortar al pueblo, presidir el culto y la oración de los fieles, administrar los sacramentales, presidir el rito de los funerales y de la sepultura. Junto a estos oficios litúrgicos se destaca su ocupación primigenia: el servicio de asistencia a los pobres en sus variadas formas, como signo del amor de Cristo y de la Iglesia. Se les encomienda esta misión en virtud de una gracia de elección ratificada por el Espíritu Santo; por la gracia de los siete dones que se derrama sobre ellos quedarán habilitados para desempeñar con fidelidad el ministerio. 

La tradición apostólica nos ha legado una fórmula que expresa el espíritu de la función diaconal: que conserven el misterio de la fe con una conciencia pura (1 Tim. 3, 9). Dicho de otro modo, en términos agustinianos: que sirvan a Cristo y a su Iglesia rindiendo testimonio de la verdad y de la caridad, que se encuentran precisamente en Cristo y en la Iglesia. El ejercicio del ministerio de los diáconos, cualquiera sea la actividad que les toque desarrollar, es iluminado y animado por el principio de la verdad en la caridad, de la caridad en la verdad. El mundo de hoy necesita de este doble y único testimonio. Sin la verdad, la que se alcanza por la luz de la razón y de la fe, el amor –como enseña Benedicto XVI– se convierte en un envoltorio vacío que se rellena arbitrariamente… es presa fácil de las emociones y las opiniones contingentes de los sujetos, una palabra de la que se abusa y que se distorsiona… Sin verdad, la caridad cae en mero sentimentalismo (Caritas in veritate, 3). Por otra parte, es la caridad, el amor divino, la fuerza que nos permite mantenernos en la verdad, instruir y aceptar la naturaleza de las cosas y el orden que las religa, comprender que no bastan las meras relaciones de justicia entre los hombres, sino que es preciso establecer vínculos fundados en la gratuidad, la misericordia, la comunión. 

Queridos hijos que van a ser ordenados diáconos: en la inteligencia y el corazón de ustedes deben reinar la verdad y la caridad. Debe reinar Cristo, que es la fuente de la verdad y de la caridad. Él es el misterio de la fe que ustedes deben conservar, vivir y transmitir con alma limpia; por eso ahora, el elegir libremente este dichoso destino, se comprometerán a observar la castidad perfecta y a entregarse asiduamente a la oración. Así estarán mejor dispuestos para la unión íntima con el Señor y para recibir de él, en el contacto sacramental y en el servicio a la comunidad cristiana, la comunicación constante de la verdad y la caridad. 

San Agustín nos muestra otro camino, el de la imitación; él reconoce a Cristo también como pedagogo, como el maestro de la humildad. Lo llama el Dios humilde, y le complace contemplar con veneración su debilidad, su paciencia en el sufrimiento, su pobreza, sus tentaciones, su oración, rasgos todos éstos de su perfecta humanidad. Dice, comentando un salmo: El doctor de la humildad, partícipe de nuestra debilidad, el que nos otorga una participación de su divinidad, que descendió para enseñarnos el camino y para ser él nuestro camino, nos ha recomendado sobre todo imitar su humildad. 

El ícono más bello del diaconado lo pinta San Juan en su Evangelio al describir el lavatorio de los pies en la Última Cena; allí se manifestó en Cristo la verdad de Dios y del hombre y el amor hasta el fin (cf. Jn. 13, 1-15). Les he dado el ejemplo –dice el Señor– para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes. La humildad nos torna conscientes de nuestra propia flaqueza, nos impulsa a trabajar con ánimo servicial, sin aspavientos ni ambiciones, buscando descubrir y cumplir en las circunstancias cotidianas del ministerio la voluntad del Padre. Gracias a la humildad podemos vivir en la obediencia eclesial, aceptando y ejecutando con espíritu de fe lo que se nos manda, lo que ordena la Iglesia nuestra Madre y Maestra; gracias a la humildad que disipa los humos de nuestro ridículo apetito de superioridad es posible la caridad fraterna y la edificación de la comunidad. No hagan nada por espíritu de discordia o de vanidad, y que la humildad los lleve a estimar a los otros como superiores a ustedes mismos. Así lo aconseja el Apóstol, que al evocar la humillación de Cristo, causa de su glorificación, remata su exhortación diciendo: tengan los mismos sentimientos de Cristo Jesús (Fil. 2, 3.5). 

Tengan ustedes, queridos hijos, los mismos sentimientos de Cristo Jesús, y vivan con sencillez y alegría, en la verdad y en la caridad, el período del diaconado en el cual hoy son iniciados. Que los asista la intercesión de San Agustín y de la Virgen Santísima, diaconisa eximia, humilde Servidora del Señor. 

Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata 


Publicado por Desconocido @ 22:47  | Homilías
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Homilía de monseñor Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia, para la homilía del 22º domingo durante el año (29 de agosto de 2010). (AICA)

LA HUMILDAD, ACTITUD CRISTIANA FUNDAMENTAL 
 Lc 14,1.7-14 

I. “EL QUE SE ELEVA SERÁ HUMILLADO, Y EL QUE SE HUMILLA SERÁ ELEVADO” 

1. Jesús, que no desdeña sentarse a la mesa de los publicanos y pecadores, tampoco rehúye de la mesa de los fariseos. Lucas lo pinta varias veces comiendo con ellos. Él vino para todos. Y todo le es una oportunidad para anunciar el Reino de Dios. Incluso, el pequeño desorden de los comensales por estar cerca de la cabecera, donde está el invitado principal, que es él: “Y al notar cómo los invitados buscaban los primeros puestos, les dijo esta parábola: ‘Si te invitan a un banquete de bodas, no te coloques en el primer lugar, porque puede suceder que haya sido invitada otra persona más importante que tú, y cuando llegue el que los invitó a los dos, tenga que decirte: ‘Déjale el sitio’, y así lleno de vergüenza, tengas que ponerte en el último lugar. Al contrario, cuando te inviten, ve a colocarte en el último sitio, de manera que cuando llegue el que te invitó, te diga: ‘Amigo, acércate más’, y así quedarás bien delante de todos los invitados. Porque todo el que ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado” (Lc 14,7-11). 

2. La enseñanza de Jesús va más allá de la urbanidad. Para entender la escena, comparémosla con otra sucedida en la última cena, cuando entre los apóstoles “surgió una discusión sobre quién debía ser considerado como el más grande”. Recordemos la enseñanza que de ello sacó Jesús: “Los reyes de las naciones dominan sobre ellas, y los que ejercen el poder sobre el pueblo se hacen llamar bienhechores. Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que es más grande, que se comporte como el menor, y el que gobierna, como un servidor” (Lc 22,24-27). 

II. La yerba mala de la prepotencia 

3. Según podemos apreciar, existe en el hombre, también en el religioso, una raíz mala que, si no le presta atención y la deja desarrollar, lo lleva a ser prepotente y a atropellar a los demás, para establecerse a sí mismo en el primer lugar. Todo ello con notable daño de su madurez personal y de la amistad social.  

4. Para matar esa raíz mala, Jesús recomienda un herbicida eficaz: la humildad. Ésta de ningún modo es un espíritu apocado. Es conciencia de la propia dignidad, respeto del otro, espíritu de servicio. El humilde, dondequiera que esté, siempre es un señor. No importa que trabaje de sirviente. Como Jesús: “¿Quién es más grande, el que está a la mesa o el que sirve? ¿No es acaso el que está a la mesa? Y sin embargo, yo estoy entre ustedes como el que sirve” (Lc 22,27). 

III. “No tomen como modelo a este mundo” 

5. Puede ser legítimo luchar por llegar primero en una sana competencia. Así en el deporte, en un concurso de obras, en la política. Lo cual supone medios legítimos, que también sean éticos. Sin embargo, la experiencia dice que, con harta frecuencia, el ansia por llegar primero se convierte en una patología. Entonces todos los medios valen, no importa que sean deshonestos y estén reñidos con la verdad, la justicia y el bien común. Ejemplos patológicos sobran. Los más escandalosos, por la repercusión que tienen en los medios, son los que suceden en el mundo del deporte por el uso de estimulantes. Pero los más perniciosos, son los que suceden a diario en el mundo de la política, pues tienden a mal formar la conducta de los ciudadanos.  

6. El apóstol Pablo observó esta patología en el mundo de su tiempo y que la misma podía contagiarse a la comunidad cristiana. Por ello exhorta: “No tomen como modelo a este mundo. Por el contrario, transfórmense interiormente renovando su mentalidad, a fin de que puedan discernir cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto… No se estimen más de lo que conviene; pero tengan por ustedes una estima razonable, según la medida de la fe que Dios repartió a cada uno” (Rom 12,2-3). 

IV. “TENGAN LOS MISMOS SENTIMIENTOS DE CRISTO JESÚS” 

7. Para poner las bases de la humildad cristiana, el apóstol apunta hondo. El ejemplo a imitar es Cristo: “No hagan nada por espíritu de discordia o de vanidad, y que la humildad los lleve a estimar a los otros como superiores a ustedes mismos. Que cada uno busque no solamente su propio interés, sino también el de los demás. Tengan los mismos sentimientos de Cristo Jesús” (Flp 2,2-5).  

8. Conviene contemplar a Jesucristo, ejemplo de humildad, y a la vez de señorío. Contemplándolo, el genio cristiano compuso un bellísimo himno cristológico: “El, que era de condición divina, no consideró esta igualdad con Dios como algo que debía guardar celosamente: al contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres. Y presentándose con aspecto humano, se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz. Por eso, Dios lo exaltó y le dio el Nombre que está sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús, se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame para gloria de Dios Padre: «Jesucristo es el Señor» (Flp 2,3-11).  

Mons. Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia 


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ZENIT  Publica al Evangelio del próximo domingo, 12 de septiembre, XXIV del tiempo ordinario (Lucas  15, 1-32), redactado por monseñor Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo, administrador apostólico de Huesca y de Jaca. 

Evangelio del domingo: ¿Es usted un pródigo?

Estamos ante una de las páginas evangélicas más sobrecogedoras, en las que como decía Charles Péguy, Dios parece que ha perdido la vergüenza. Ante la pregunta sobre la misericordia, Jesús describe una parábola, que simbólicamente representa a los dos tipos de personas que estarán en torno a su vida: los publicanos y pecadores por un lado, y los fariseos y letrados por otro. Pero el protagonismo no re cae en los hijos ni en sus representados, sino en el padre y en su misericordia.

Publicanos y pecadores (el hijo menor): Este hijo siempre había sido medidor de su destino: decidirá marcharse y regresar, haciendo para ambos momentos un discurso ante su padre. Sorprende la actitud del padre descrita con intensidad por una lista de verbos que desarman los discursos de su hijo, y que indican la tensión de su corazón entrañable: "cuando estaba lejos, su padre lo vio; y echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo" (Lc 15,20). Es el proceso-relato de la misericordia. Y el error de aquel hijo menor, que le condujo a la fuga hacia los espejismos de una falsa felicidad y de una esclavizante independencia, será transformado por el padre en gozo y encuentro, en alegría inesperada e inmerecida. La última palabra dicha por ese padre, que es la que queda sobre todas las penúltimas dichas por el hijo, es el triunfo de la misericordia y la gracia.

Fariseos y letrados (el hijo mayor). Triste es la actitud de este otro hijo, aparentemente cumplidor, sin escándalos... pero resentido y vacío. No pecó como su hermano, pero no fue por amor al padre, sino a sí mismo, a su imagen, a su fama. Cuando la fidelidad no produce felicidad, es señal de que no se es fiel por amor sino por interés. El se había quedado con su padre, pero había puesto un precio a su gesto, que le impedía quedarse como hijo. Teniéndolo todo, se quejaba de la falta de un cabrito. Quien vive calculando, no puede entender, ni siquiera ver, lo que se le ofrece gratuitamente, en una cantidad y calidad infinitamente mayor de cuanto se puede esperar.

Acaso cada uno de nosotros seamos una variante de esta parábola, y tengamos parte de la actitud del hijo menor y parte de la del mayor. Lo importante es que en la andanza de nuestra vida podamos tener un encuentro con la misericordia. Hay muchas maneras de vivir lejos del Padre Dios, y muchos modos de des preciar su amor estando junto a Él, porque podemos ser un hijo perdido o un hijo huérfano. La trama de esta parábola es la de nuestra posibilidad de ser perdona dos. El sacramento de la Penitencia es siempre el abrazo de este Padre que viéndonos en todas nuestras lejanías, se nos acerca, nos abraza, nos besa y nos invita a su fiesta. Esta es la revolución de Dios, que de modo desproporcionado y gratuito, con su propia medida, no quiere resignarse a que se pierda uno solo de sus hijos queridos.


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jueves, 09 de septiembre de 2010

ZENIT  nos ofrece el mensaje que el Papa Benedicto XVI ha hecho llegar, a través del cardenal Stanisław Ryłko, al Congreso de Laicos Católicos de Asia, que se celebra desde ayer 31 de Agosto de 2010 en la catedral de Seúl (Corea del Sur). El mensaje fue leído durante la inauguración de los trabajos de este Congreso.

A mi Venerable Hermano
Cardenal Stanisław Ryłko
Presidente del Consejo Pontificio para los Laicos

Me complace saber que el Congreso de Laicos Católicos de Asia se celebrará en Seúl del 31 de agosto al 5 de septiembre de 2010. Le pido amablemente que transmita mis saludos cordiales y buenos deseos en la oración a los obispos, sacerdotes, religiosos y fieles laicos de Asia reunidos para esta importante iniciativa pastoral promovida por el Consejo Pontificio para los Laicos. El tema elegido para el Congreso – “Proclamar a Jesucristo en Asia hoy” – es muy oportuno, y estoy seguro de que va a alentar y orientar a los fieles laicos del continente en un gozoso testimonio del Señor Resucitado y de la verdad de su santa palabra que da la vida.

Asia, hogar de dos tercios de la población mundial, cuna de las grandes religiones y tradiciones espirituales, y lugar de nacimiento de diversas culturas, se encuentra actualmente en un proceso sin precedentes de crecimiento económico y transformación social. Los católicos de Asia están llamados a ser signo y promesa de esa unidad y comunión – la comunión con Dios y entre los hombres – que toda la familia humana pretende disfrutar y que solo Cristo hace posible. Como parte del mosaico de diferentes pueblos, culturas y religiones del continente, se les ha confiado una gran misión: la de dar testimonio de Jesucristo, el Salvador universal de la humanidad. Este es el servicio supremo y el regalo más grande que la Iglesia puede ofrecer a los pueblos de Asia, y es mi esperanza de que la presente Conferencia sirva de aliento y dirección renovadas en la asunción de este sagrado mandato.

"Los pueblos de Asia necesitan a Jesucristo y su Evangelio. Asia tiene sed de agua viva que sólo Jesús puede dar" (Ecclesia in Asia, 50). Estas palabras proféticas del Siervo de Dios Juan Pablo II aún resuenan como una convocatoria dirigida a cada miembro de la Iglesia en Asia. Si los fieles laicos han de asumir esta misión, tienen que ser cada vez más conscientes de la gracia del bautismo y de la dignidad que les pertenece como hijos e hijas de Dios Padre, partícipes de la muerte y resurrección de su Hijo Jesús, y ungido por el Espíritu Santo como miembros del Cuerpo místico de Cristo que es la Iglesia. En unión de mente y corazón con sus pastores, y acompañados en cada paso de su camino de fe por una sana formación espiritual y catequética, necesitan ser animados a cooperar activamente no sólo en la construcción de sus comunidades cristianas locales, sino también en la elaboración de nuevos caminos para el Evangelio en todos los sectores de la sociedad. Vastos horizontes de misión se están abriendo ya ante los laicos y las mujeres de Asia en sus esfuerzos por dar testimonio de la verdad del Evangelio; pienso en particular en las oportunidades ofrecidas por su ejemplo de amor cristiano la vida conyugal y familiar, su defensa del don divino de la vida desde la concepción hasta la muerte natural, su amorosa preocupación por los pobres y los oprimidos, su disposición a perdonar a sus enemigos y perseguidores, su ejemplo de justicia, honradez y solidaridad en sus lugares de trabajo, y su presencia en la vida pública.

El creciente número de laicos comprometidos, formados y entusiastas es, por tanto, un signo de gran esperanza para el futuro de la Iglesia en Asia. Aquí quiero destacar y agradecer el excelente trabajo de los catequistas, muchos de los cuales llevan las riquezas de la fe católica a niños y mayores, ayudando a los individuos, las familias y las comunidades parroquiales a un encuentro cada vez más profundo con el Señor Resucitado. Los movimientos apostólicos y carismáticos son también un don especial del Espíritu, ya que aportan una nueva vida y vigor a la formación de los laicos, sobre todo a las familias y a la gente joven. Las asociaciones y movimientos eclesiales dedicadas a la promoción de la dignidad humana y la justicia demuestran de forma concreta la universalidad del mensaje evangélico de nuestra adopción como hijos de Dios. Junto con los muchos individuos y grupos comprometidos con la oración y las obras de caridad, así como la contribución de los consejos pastorales y parroquiales, estos grupos juegan un papel importante para ayudar a que las Iglesias particulares de Asia se construyan en la fe y el amor, se fortalezcan en la comunión con la Iglesia universal y renueven su celo por la propagación del Evangelio.

Por este motivo, ruego para que el actual Congreso ponga de relieve el papel indispensable de los fieles laicos en la misión de la Iglesia, y desarrolle programas e iniciativas específicas para ayudarles en su tarea de anunciar a Jesucristo en Asia hoy. Estoy seguro de que las deliberaciones del Congreso harán hincapié en que la vocación y la vida cristianas deben ser vistas ante todo como una fuente de felicidad sublime y un don para ser compartido con otros. Todo católico debe ser capaz de decir con el apóstol Pablo: "Para mí el vivir es Cristo" (Fil 1:21). Aquellos que han encontrado en Jesús la verdad, la alegría y la belleza que dan sentido y dirección a sus vidas, naturalmente, desean llevar esta gracia a otros. Sin dejarse intimidar por la presencia de dificultades, o por la enormidad de la tarea en cuestión, confiarán en la presencia misteriosa del Espíritu Santo que siempre está operando en los corazones de los individuos, en sus tradiciones y culturas, abriendo misteriosamente las puertas a Cristo como "el Camino, la Verdad y la Vida" (Jn 14:6), y el cumplimiento de toda aspiración humana.

Con estos sentimientos, invoco sobre todos los que participan en el Congreso una nueva efusión del Espíritu Santo, y de buen grado participo en la oración que acompaña estos días de estudio y discernimiento. Que la Iglesia en Asia pueda dar cada vez un testimonio más ferviente de la incomparable belleza de ser cristiano, y proclame a Jesucristo como el único Salvador del mundo. Encomendando a los presentes a la intercesión amorosa de María, Madre de la Iglesia, os imparto de corazón mi bendición apostólica como prenda de alegría y paz en el Señor. 

Desde el Vaticano, 10 de agosto de 2010

BENEDICTUS PP. XVI

[Traducción del original en inglés por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


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Homilía de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para el 22º domingo durante el año (29 de agosto de 2010). (AICA)

BANQUETE DE ALEJADOS Y POBRES

En el contexto del camino que estamos realizando en nuestra Diócesis, después de haber vivido la gracia de nuestro primer Sínodo Diocesano y el de haber asumido el documento de Aparecida, junto a las Asambleas Diocesanas para evaluar la aplicación del camino sinodal, la Palabra de Dios de este domingo nos plantea el tema de cómo debe ser “el banquete del Reino de Dios”, o bien nuestras Misas – eucaristías, como el momento culminante de las comunidades que quieren vivir la conversión, la comunión y la misión. El domingo pasado el Evangelio nos decía: “Y vendrán muchos de oriente y de occidente, del norte y del sur, a ocupar su lugar en el banquete del Reino de Dios. Hay algunos que son los últimos y serán los primeros, y hay primeros que serán los últimos” (Lc. 13,29-30). En este domingo también los textos bíblicos toman el tema del banquete: “Cuando des un almuerzo o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos… ni a los vecinos ricos, no sea que ellos te inviten a su vez y así tengas tu recompensa. Al contrario cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los paralíticos, a los ciegos. ¡Feliz de ti porque ellos no tienen como retribuirte, y así tendrás tu recompensa en la resurrección de los justos!” (Lc. 14, 12-14).

El banquete eucarístico, la Misa, está ligada íntimamente a la vida de todo bautizado en una necesaria espiritualidad misionera. “La Misa”, lejos de llevarnos a una actitud intimista de la fe, nos exige que estemos animados para abrirnos y llegar a los que están más alejados de Dios. Este es el camino que queremos ir asumiendo en nuestra Diócesis y que venimos recorriendo orientados por nuestro Sínodo Diocesano, y el propósito renovado en nuestra última Asamblea de junio, donde buscamos implementar la temática sobre juventud, familia y laicos en nuestras comunidades.

La Iglesia desde sus inicios realizó una apertura misionera a los pueblos paganos y el mismo Apóstol San Pablo se llamaba a si mismo “Apóstol de los paganos (Rom. 11,13). Creo conveniente señalar que la Palabra de Dios y la tradición de la Iglesia, nos permiten profundizar en este rasgo esencial para nuestra época, la de ser una Iglesia que teniendo clara su identidad, “sea abierta”, y a nosotros como cristianos que integremos este rasgo tanto en la espiritualidad, como en nuestro estilo evangelizador.

Cuando hablamos de una Iglesia abierta que quiere comunicar los tesoros de la revelación, no debemos confundirnos con algunos males de la época, que creen que ser abiertos es ser relativista. Ser abiertos es amar, dialogar, escuchar, cambiar, aportar, aprender y recuperar, sin perder la propia identidad. Ser abiertos no es mezclar todo, como una especie de sincretismo o de mezcla del bien y del mal, de valores y antivalores. ¿Cuáles son los tesoros de la Iglesia? Los tesoros son los que la Iglesia debe cuidar a través de la historia, lo revelado por el Señor, lo que Él nos comunicó y el Magisterio (o bien las enseñanzas de la Iglesia), que van acompañando con el Espíritu Santo la historia, para que ésta sea nuestra historia de Salvación. Los tesoros de la Iglesia son los pobres y excluidos que en nuestras opciones son la garantía que estamos en la búsqueda de practicar el Evangelio.

Alimentados en el banquete eucarístico, en la Misa, como nos señala el Evangelio de este domingo, debemos salir al encuentro como discípulos y misioneros de “muchos que vendrán de oriente y de occidente, del norte y del sur…” invitando especialmente “a los pobres, a los lisiados, a los paralíticos, a los ciegos…”.

En el texto de conclusión de Aparecida nos señala: “Esta V Conferencia, recordando el mandato de ir y hacer discípulos (Mt. 28,20), desea despertar la Iglesia en América Latina y el Caribe para un gran impulso misionero. No podemos desaprovechar esta hora de gracia. ¡Necesitamos un nuevo Pentecostés! ¡Necesitamos salir al encuentro de las personas, las familias, las comunidades y los pueblos para comunicarles y compartir el don del encuentro con Cristo, que ha llenado nuestras vidas de “sentido”, de verdad y de amor, de alegría y de esperanza! No podemos quedarnos tranquilos en la espera pasiva en nuestros templos, sino urge acudir en todas las direcciones para proclamar que el mal y la muerte no tienen la última palabra, que el amor es más fuerte…“ (548). Que la Palabra de este domingo, y cada Misa en donde Cristo se dona por amor, nos permita tener una espiritualidad misionera.

¡Les envío un saludo cercano y hasta el próximo domingo! 

Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas 


Publicado por Desconocido @ 22:21  | Homilías
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Homilía de monseñor José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario, en la fiesta de San Ramón Nonato (31 de agosto de 2010). (AICA)

SAN RAMÓN NONATO

Cada niño que nace nos trae la sonrisa de Dios y nos invita a reconocer que la vida es don suyo, un don que debemos  recibir siempre con amor y conservar con esmero en todo momento. 

Hoy celebramos la Fiesta de San Ramón Nonato, Patrono de esta comunidad parroquial. Su fiesta siempre la vinculamos a las futuras mamás, que vienen a pedir su intercesión a favor de sus hijos que van a nacer y de ellas mismas y de sus familia; y  esta celebración patronal, como ha querido el párroco y la comunidad parroquial durante la novena de preparación, nos recuerda el imponderable don de la vida, y que este don proviene de Dios.

Cada niño que nace nos trae la sonrisa de Dios

En realidad, cada niño que nace nos trae la sonrisa de Dios y nos invita a reconocer que la vida es un don suyo, un don que debemos  recibir y conservar siempre con amor (cfr. Benedicto XVI, 7 I.2007). Estas palabras del Papa le dan un profundo sentido y fundamento al motivo de esta fiesta de la vida, al celebrar el día de San Ramón Nonato.

Es el mismo Dios, como leemos en el profeta Jeremías,  quien  nos revela que este don de la vida es suyo, ya que nos dice: “Antes de haberte formado en el seno materno, te conocía, y antes que nacieses te había consagrado” (Jr 1, 5). Como nos recuerda el Evangelio de la vida, estas palabras se cumplieron ante todo en forma grandiosa en la encarnación del Señor, en el seno de la Santísima  Virgen, que aguardó su nacimiento con amor y esperanza.

Pero todos estamos verdaderamente en el proyecto de Dios. Ninguno de nosotros  ha venido a este mundo porque sí.  Todos somos queridos  por Dios, desde el seno materno. Y cada de uno de nosotros  también necesita un día ser recibido y acogido en forma humana, y con amor, tanto por  nuestros padres, por nuestra familia, y por los que nos rodean.

Esta verdad que valoramos en nuestra visión cristiana de la vida, sin embargo no es solamente un tema de la fe. También la ciencia aporta el resultado de su investigación; de tal manera que gracias a los avances de la medicina, se puede establecer con precisión el comienzo de la existencia de una persona; y como dice un célebre genetista,  “ cada uno de nosotros tiene un momento de iniciación preciso, … y este momento es el momento de la fecundación No existe la más mínima duda sobre esto” (Jerome Lejeune 7.VI.90; Rev. All About Issues V, 91, pp.17-20)

Por esto "aceptar el hecho de que una vez producida la fertilización ha surgido un nuevo ser humano ya no constituye una cuestión de gustos u opiniones. La naturaleza humana del ser humano, desde la concepción hasta la vejez, no es una hipótesis metafísica, sino una evidencia experimental" (Jérome Lejeune, cfr. La Nación, 29.IX.2009).

La vida es sagrada desde el primer instante de su concepción

Volviendo a la Palabra de Dios, cuando leemos en el Génesis que “el hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios”, significa que nos ha dado la vida en su sentido pleno, natural y sobrenatural. Esta  vida  que abarca toda clase de perfecciones posibles, desde la complejidad maravillosa de nuestro organismo psicobiológico hasta la grandeza de la espiritualidad de nuestra alma (cfr. D. Basso, Nacer y Morir con dignidad, pg. 47).

De este modo la defensa de la vida está en nuestra conciencia, y si se hubiera olvidado, es necesario que se vuelva recordar  como una verdad que debe ser querida y defendida sin interpretaciones reductivas: la vida es un don de Dios; hasta la muerte.

Por ello, así como nos horrorizamos ante la violencia, y las agresiones humanas por los homicidios, las guerras y los genocidios; las violaciones  y la falta de seguridad, así como la miseria; también debemos hacerlo ante la violencia contra la vida naciente y terminal; ya que corremos  el riesgo de perder la conciencia colectiva de este verdadero mal, y asumirlo paradójicamente como un derecho, sin tener en cuenta que hay un niño por nacer, o alguien que verdaderamente vive, aunque se encuentre en la fase última de su existencia (cfr. Juan Pablo II, Así piensa el Papa, pag. 139).

El niño por nacer, que vive, nunca será un intruso o un  transgresor.

De este modo,  no se puede suprimir la vida en el seno de la madre; y por muy inesperada que sea su llegada, el niño por nacer, que vive, nunca será un intruso o un transgresor.  Más aún considerando que esta vida naciente se nos confía nosotros, y está privada de toda capacidad de defensa. Pero al mismo tiempo,  siempre debemos valorar y estar cerca de la futura mamá, con una profunda solidaridad con la mujer que espera un hijo en el santuario de la vida. De allí, que debe ser acompañada, contenida, sin permitir nunca que la dejen sola. (cfr. ibidem, pag.144).

Esto no quiere decir que dejemos de defender la vida de los niños ya nacidos y de los jóvenes. Por ellos también pedimos, cuando lamentablemente están forzados a mendigar, o están desnutridos; cuando pasan hambre y no reciben la protección del hogar; cuando sufren la explotación sexual, o son tentados y padecen el flagelo del alcohol y de la droga. Todas estas situaciones son amenazas contra la vida, y una vergüenza para la comunidad humana.

Por esto invocamos a los santos, como a San Ramón, que interceda y proteja a las futuras mamás y la vida de sus hijos; pidiendo que esta comunidad parroquial sea siempre defensora de la vida, e incluya estas enseñanzas en la misión parroquial. También encomendamos estas intenciones a la Santísima Virgen del Rosario.

Mons. José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario 


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REDACCIÓN DE "IGLESIA NIVARIENSE"
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Boletín 400 

LAS NOTICIAS AMPLIADAS PUEDEN VERLAS ENTRANDO EN NUESTRO NUEVO BLOG. Textos, sonidos, e imágenes los tienen en:
http://www.comunicacionobispadodetenerife.blogspot.com/ 

   Ya se han reunido los responsables de las distintas delegaciones de la diócesis con el Obispo, a fin de coordinar e impulsar la tarea pastoral de este Año. Por otro lado, la permanente del Consejo Diocesano de Pastoral, ha establecido que el tema de reflexión de la plenaria del venidero 23 de octubre será la misma que el objetivo preferente de este curso pastoral, esto es; "adultos en la fe-fe adulta". El responsable de guiar la reflexión será el diácono permanente, Víctor González Torres. La próxima semana será la reunión con arciprestes y vice-arciprestes, además de comenzar el encuentro del obispo y sus vicarios con los sacerdotes de las distintas vicarías.

       Los días 18 y 19 de septiembre, se celebrará la Jornada a favor del Instituto de Teología. Se trata de una actividad de colaboración con esta labor académica y formativa que viene siendo muy importante en nuestra Iglesia Particular. Según el director de este centro, Juan Pedro Rivero “no sólo es importante animar la colecta de este fin de semana en las parroquias, sino invitar a todos los fieles a formarse usando los diferentes medios que ofrece la Iglesia Diocesana, a través de nuestro Centro”.

       "La alegría de creer y el gozo de anunciarlo”, es el título del taller de animación misionera que se llevará a cabo durante los días 15, 16 y 17 de este mes, de 18:00 a 21:30 horas, en el ISTIC. El objetivo del mismo será ofrecer en un ambiente fraterno las claves misioneras de todo cristiano acentuando la misión “ad gentes”. Está destinado a profesores de religión, catequistas, agentes de pastoral y toda persona interesada en el tema.

A partir de la próxima semana, en las librerías diocesanas estará disponible el plan de formación continua para los catequistas. Durante los dos próximos años, estos agentes de pastoral son invitados a capacitarse en relación a los contenidos de la catequesis. Para ello, el material formativo repasa el contenido del Credo.

Caritas Diocesana  comunica, en relación al artículo publicado en el periódico El Día a fecha 7 de septiembre de 2010 relativo a la Asociación Sonrisas Canarias, en el que se afirma que “La organización de Valleseco está atendiendo a personas remitidas desde Cáritas”, que Cáritas no ha derivado a dicha asociación a ninguna persona que haya acudido a nuestros servicios, lo cual no quiere decir que ellas no acudan a la misma por voluntad propia. Esto podría suponer una duplicación de las ayudas prestadas en algunos casos y puede conllevar además que otras personas queden sin atender por falta de control.

La red internacional de Cáritas acaba de lanzar un llamamiento actualizado de emergencia para hacer frente a los cuantiosos daños humanos y materiales originados por las inundaciones en Pakistán con el que espera garantizar la ayuda básica para 357.500 personas durante seis meses.

Estos días han realizado ejercicios espirituales de comienzo de curso los seminaristas mayores de la diócesis, los cuales se incorporaron al centro a comienzos de septiembre.

La imagen de Nuestra Señora de Guadalupe será trasladada a su ermita de Puntallana el próximo sábado 18 de este mes. A las 12,30 horas se celebrará la Eucaristía en el Templo Parroquial de La Asunción, presidida por el Vicario General, Antonio Manuel Pérez Morales. Seguidamente, tendrá lugar la procesión hasta el Puerto de San Sebastián donde será embarcada para el traslado a Puntallana. Al día siguiente, a las 12,30 horas se celebrará la Eucaristía en la Ermita de Puntallana, presidida por el Obispo, Bernardo Álvarez Afonso. En el transcurso de la misma, se bendecirán las obras de restauración llevadas a cabo.

Durante estos días se está procediendo al montaje del nuevo retablo del Santuario herreño de la Dehesa, donde se encuentra la patrona insular, Nuestra Señora de Los Reyes. El mismo se espera sea bendecido e inaugurado con ocasión de la próxima fiesta de la patrona, el 24 de septiembre.

       Con ocasión del 350 aniversario de la creación de la Esclavitud del Cristo de La Laguna, se ha inaugurado en la Sala de exposiciones del Archivo Histórico Diocesano, la muestra "el Cristo, Santuario de una fiesta". Con esta muestra, el Archivo pretende dar a conocer una visión, lo mas general posible, de lo qué es la fiesta del Cristo por medio del patrimonio documental y artístico que se ha ido generando a lo largo del tiempo.

       El 19 de septiembre, a las 12 horas, en la Basílica de Candelaria, tendrá lugar la profesión religiosa de Fray Ángel Luis Fariña Pérez.

       Ya ha comenzado su servicio pastoral como párroco de Nuestra Señora de los Remedios, Catedral de La Laguna, Julián de Armas Rodríguez. La Eucaristía en la que tomó posesión estuvo presidida por el Obispo diocesano. Este acto se desarrolló en la jornada en que se cumplió el aniversario de la Consagración de la Catedral lagunera.

       El Por cierto, De Armas, ha señalado en relación a las informaciones relativas al lugar donde habían sido depositados los capitales retirados de la Catedral que los mismos no fueron tirados a un barranco, sino ubicados en un solar de El Codeza, para luego poder ser reutilizados en algunos templos o lugares significativos, como testimonio de la historia.

El panorama festivo de estas semanas es muy intenso. Así La Laguna está inmersa en las fiestas del crucificado moreno. Otro tanto ocurrirá en Tacoronte e Icod. Igualmente, Tijarafe, Guía de Isora, Los Sauces, El Pinar, Alajeró, Hermigua, etc. viven jornadas festivas en sus respectivas comunidades.

  Además, unas 4.000 personas participaron, en Adeje, en la rogativa nocturna de la Virgen de la Encarnación que llevó la imagen sagrada desde la parroquia de Santa Úrsula hasta San Sebastián, en La Caleta. Durante la procesión se realizaron varias paradas en las que se leyeron textos escritos por Luis Ortega, explicando la historia de la imagen de la Virgen.

   Miles de personas acompañaron a la imagen de la Virgen del Socorro, en Güímar, tanto en su Bajada a la ermita como en su retorno a la parroquia de S. Pedro.

Por otro lado, en la capital tinerfeña, los vecinos vivieron con intensidad la fiesta de la Virgen de Regla. Por primera vez, la imagen fue trasladada hasta el mercado de Nuestra Señora de África donde se realizó una ofrenda de alimentos que se donará al comedor social de las Hijas de la Caridad de la calle La Noria.

   La plantilla y la junta directiva del UB La Palma cumplieron, un año más, con la tradición de hacer una ofrenda floral a la Virgen de Las Nieves en el comienzo de la temporada. El acto estuvo presidido por el párroco de El Salvador. Durante el mismo el presidente de la entidad, Toni Acosta, pidió a la patrona palmera protección y ayuda para cumplir los objetivos marcados.

  Días atrás se ha realizado un encuentro de trabajo entre responsables del Consistorio orotavense y representantes de Diócesis Nivariense para analizar el estado de conservación y la situación del patrimonio religioso en la Villa de La Orotava, desde un punto de vista arquitectónico. En dicha reunión participaron el delegado diocesano de Patrimonio Histórico, Miguel Ángel Navarro; el Arcipreste de La Orotava, Antonio Hernández Hernández, y el concejal de Ordenación del Territorio y Patrimonio Histórico, Narciso Pérez Hernández, además del arquitecto del obispado y técnicos municipales.


Publicado por Desconocido @ 11:28  | Comunicados Diocesanos
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miércoles, 08 de septiembre de 2010

ZENIT  no ofrece la catequesis pronunciada el miércoles 1 de Septiembre de 2010  por el Papa Benedicto XVI durante la Audiencia General celebrada hoy en la plaza frente al Palacio Apostólico de Castel Gandolfo, con peregrinos venidos de todas partes del mundo.

Queridos hermanos y hermanas,

en 1988, con ocasión del Año Mariano, el Venerable Juan Pablo II escribió una Carta Apostólica titulada Mulieris dignitatem, tratando sobre el papel precioso que las mujeres han desempeñado y desempeñan en la vida de la Iglesia. “La Iglesia – se lee en la Carta – da las gracias por todas las manifestaciones del genio femenino que han tenido lugar a lo largo de la historia, en medio de todos los pueblos y en todas las naciones; da las gracias por todos los carismas que el Espíritu Santo ha dado a las mujeres en la historia del pueblo de Dios, por todas las victorias que ésta debe a su fe, esperanza y caridad; da las gracias por todos los frutos de santidad femenina" (n. 31).

También en esos siglos de historia que nosotros habitualmente llamamos Edad Media, diversas figuras femeninas destacan por la santidad de su vida y la riqueza de sus enseñanzas. Hoy quisiera comenzar a presentaros a una de ellas: santa Hildegarda de Bingen, que vivió en Alemania en el siglo XII. Nació en 1098 en Renania, en Bermersheim, en los alrededores de Alzey, y murió en 1179, a la edad de 81 años, a pesar de la permanente fragilidad de su salud. Hildegarda pertenecía a una familia noble y numerosa y, desde su nacimiento, fue entregada por sus padres en voto al servicio de Dios. A los ocho años, para recibir una adecuada formación humana y cristiana, fue confiada a los cuidados de la maestra Jutta de Spanheim, que se había retirado en clausura en el monasterio benedictino de san Disibodo. Se fue formando un pequeño monasterio femenino de clausura, que seguía la Regla de san Benito. Hildegarda recibió el velo del obispo Otto de Bamberg y, en 1136, a la muerte de la madre Jutta, convertida en Superiora de la comunidad, las hermanas la llamaron a sucederla. Llevó a cabo esta tarea haciendo fructificar sus dotes de mujer culta, espiritualmente elevada y capaz de afrontar con competencia los aspectos organizativos de la vida claustral. Algún año después, también con con motivo del creciente número de mujeres jóvenes que llamaban a las puertas del monasterio, Hildegarda fundó otra comunidad en Bingen, dedicada a san Ruperto, donde transcurrió el resto de su vida. El estilo con el que ejercía el ministerio de la autoridad es ejemplar para toda comunidad religiosa: éste suscitaba una sana emulación en la práctica del bien, tanto que, según los testimonios de la época, la madre y las hijas competían en amarse y en servirse mutuamente.

Ya en los años en los que era superiora del monasterio de san Disibodo, Hildegarda había empezado a dictar sus visiones místicas, que recibía desde hacía tiempo, a su consejero espiritual, el monje Volmar, y a su secretaria, una hermana a la que tenía mucha estima, Richardis de Strade. Como siempre sucede en la vida de los auténticos místicos, también Hildegarda quiso someterse a la autoridad de personas sabias para discernir el origen de sus visiones, temiendo que éstas fuesen fruto de ilusiones y que no viniesen de Dios. Se dirigió por ello a la persona que en sus tiempos gozaba de la máxima estima en la Iglesia: san Bernardo de Claraval, del que ya he hablado en algunas catequesis. Este tranquilizó y animó a Hildegarda. Pero en 1147 ella recibió otra aprobación importantísima. El papa Eugenio III, que presidía un sínodo en Tréveris, leyó un texto dictado por Hildegarda, que le había sido presentado por el arzobispo Enrique de Maguncia. El Papa autorizó a la mística a escribir sus visiones y a hablar en público. Desde aquel momento, el prestigio espiritual de Hildegarda creció cada vez más, tanto que sus contemporáneos le atribuyeron el título de "profetisa teutónica". Y esto, queridos amigos, es el sello de una experiencia auténtica del Espíritu Santo, fuente de todo carisma: la persona depositaria de dones sobrenaturales nunca presume de ello, no los ostenta, y sobre todo, muestra total obediencia a la autoridad eclesial. Todo don distribuido por el Espíritu Santo, de hecho, está destinado a la edificación de la Iglesia, y la Iglesia, a través de sus pastores, reconoce su autenticidad.

Hablaré de nuevo el próximo miércoles sobre esta gran mujer “profetisa”, que nos habla con gran actualidad también hoy a nosotros, con su valerosa capacidad de discernir los signos de los tiempos, con su amor por la creación, su medicina, su poesía, su mísica, que hoy está siendo reconstruida, su amor por Cristo y por su Iglesia, sufriente también en aquel tiempo, herida también en aquel tiempo por los pecados de los sacerdotes y de los laicos, y tanto más amada como cuerpo de Cristo. Así santa Hildegarda nos habla a nosotros; hablaremos aún el próximo miércoles. Gracias por vuestra atención.

[En español dijo]

“Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular al grupo de la Diócesis de Bilbao, acompañado por el Obispo electo, Monseñor Mario Iceta, así como a los demás fieles provenientes de España, Chile, Argentina, México y otros países latinoamericanos.

Saludo, igualmente, a los participantes en el Tercer Congreso Latinoamericano de Jóvenes, que se celebrará próximamente en la ciudad de Los Teques, Venezuela. El encuentro, organizado por la Sección de Juventud del Consejo Episcopal Latinoamericano, se desarrollará bajo el lema: "Caminemos con Jesús para dar Vida a nuestros pueblos".

A todos los presentes en esa significativa iniciativa, los invito a poner sus ojos en Jesucristo, el Hijo de Dios vivo. Con su gracia, hallaréis la fuerza que impulsa a comprometerse con las causas que dignifican al hombre y hacen grandes a los pueblos.

Queridos jóvenes, que estos días de convivencia, oración y estudio os sirvan para encontraros personalmente con el Señor y escuchar su Palabra. No quedaréis defraudados, pues Él tiene para todos designios de amor y salvación. El Papa está a vuestro lado y os reitera su confianza, a la vez que pide a Dios que os asista para que, siendo auténticos discípulos de Jesucristo, viváis los valores del Evangelio, los transmitáis con valentía a los que os rodean y os inspiréis en ellos para construir un mundo más justo y reconciliado. Vale la pena entregarse a esta hermosa misión.

Que la Virgen María os acompañe en vuestro caminar y os recuerde siempre que no hay mayor felicidad que ser amigo de Cristo. Que os sea también de ayuda la Bendición Apostólica que os imparto con afecto. Muchas gracias”.

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por Desconocido @ 22:38  | Habla el Papa
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ZENIT  publica las palabras que el Papa Benedicto XVI pronunció el domingo 29 de Agosto de 2010, al inicio de la Misa conclusiva del encuentro mantenido con los Ratzinger Schülerkreis (sus ex alumnos), en Castel Gandolfo, del 27 al 30 de agosto.

Queridos amigos, al final del Evangelio de hoy, el Señor observa cómo, en realidad seguimos viviendo a la manera de los paganos; cómo invitamos, por reciprocidad, sólo a quien nos devolverá la invitación; cómo donamos sólo al que nos lo restiruirá. Pero el estilo de Dios es distinto: lo experiementamos en la Santa Eucaristía. Él nos invita a su mesa a nosotros, que ante el somos cojos, ciegos y sordos; él nos invita a nosotros, que no tenemos nada que darle. Durante este acontecimiento de la Eucaristía, dejémonos tocar sobre todo por la gratitud por el hecho de que Dios existe, de que Dios es tal como es, de que Él es tal como Jesucristo, de que Él – a pesar de que no tenemos nada que darle y de que estamos llenos de culpas – nos invita a su mesa y quiere estar a la mesa con nosotros. Pero queramos también ser tocados al sentir la culpa de habernos alejado tan poco del estilo pagano, de vivir tan poco la novedad, el estilo de Dios. Y por esto comenzamos la Santa Misa pidiendo perdón: un perdón que nos cambie, que nos haga ser verdaderamente similiares a Dios, a su imagen y semejanza.

[Traducción del italiano por Inma Álvarez
© Copyright 2010 - Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por Desconocido @ 22:34  | Habla el Papa
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Alocución televisiva de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata en el programa “Claves para un mundo mejor” (28 de agosto de 2010). (AICA)

LA FAMILIA EN LA EDUCACION

Cuando se piensa en educación, se habla o se discute sobre este tema, se suele soslayar el papel de la familia.

La atención va dirigida al sistema educativo, a la escuela, y se piensa entonces en su funcionamiento, en sus exigencias, en sus defectos; sin embargo, si hablamos de educación, y no simplemente de instrucción, el papel de la familia es fundamental.

Por empezar: hay todo un tramo de la vida del niño que queda a responsabilidad de la familia en cuanto a la educación en los saberes y valores elementales, en su primer contacto con el mundo, en su primer ensayo de curso por la vida, antes de que vaya al colegio.

Algo análogo podríamos decir acerca de la educación religiosa, de la formación religiosa: antes que el niño o la niña entren en el sistema catequístico para completar la iniciación cristiana, si son bautizados han tenido que recibir apoyo y alimento de su fe, que es un don de la gracia, para que se vaya haciendo consciente y personal. Es en el hogar donde el niño debe aprender a rezar.

Con mayor razón, podríamos decir, cuando un niño o una niña inician el ciclo lectivo en una escuela, sobre todo en los primeros años, se requiere la atención, el acompañamiento, el compromiso permanente de la familia, la afectuosa vigilancia de la mamá o del papá. Es fundamental el acompañamiento del proceso educativo por parte de los padres.

Hoy día se puede registrar un defecto, una falla, en este punto. Suele haber padres abandónicos. No sé si se debe decir padres abandónicos o hijos abandónicos. Pero, en fin, de abandono se trata. Los chicos son depositados en la puerta de la escuela y los padres se desentienden de ellos. Sigamos con la analogía. Pasa lo mismo en la parroquia o en el colegio católico. En este campo hay un defecto a enmendar.

Por supuesto que la atención de los padres sobre el proceso educativo de sus hijos tiene que ir variando progresivamente a medida que crecen. En realidad todo camino educativo se convierte, en definitiva, en un camino de autoeducación, a medida que va despuntando la libertad del chico, que tiene que participar de un modo mucho más consciente, más personal, más activo. No es simplemente un sujeto paciente de la educación; tiene que ser siempre un protagonista y ese protagonismo va creciendo con los años.

Pero el papel de la familia no se puede soslayar nunca, y aquí hay algo que en la cultura actual –y no solamente en la Argentina, sino que pasa en muchos países del mundo- es necesario volver a atender con mucha diligencia porque sin el papel de la familia no hay educación plena.

Hay algunos ámbitos en los que esta presencia familiar, la presencia de los padres, es mucho más importante. Es absolutamente imprescindible. Pienso, por ejemplo, en nuevas asignaturas que han entrado en la currícula oficial, como Construcción de Ciudadanía o Educación Sexual. En estos temas, cuyos contenidos han sido formulados de una manera que no respeta siempre la convicción moral, religiosa, filosófica de las familias, hace falta una especial atención y cercanía de los padres.

Sobre todo pensemos en la escuela de gestión estatal, donde los chicos son instruidos en estas materias sin que sus padres sepan qué se les enseña. Esto no es posible. Los padres no pueden abdicar el derecho y el deber que tienen de ser los primeros responsables de la educación de sus hijos.

Aquí se ha producido en la opinión general una especie de corrimiento de responsabilidades. El papel del Estado es siempre subsidiario y sin embargo aquí pareciera que la subsidiariedad ha caído al revés y lo subsidiario es el papel de la familia. No es así. La familia es la primera encargada de la educación de los hijos y en estos casos, como he dicho, en temas en los cuales se juega la formación de la inteligencia, de la voluntad, la plasmación de una manera de ver el mundo, es imprescindible que los padres hagan valer su derecho y ejerciten su deber. Tengan en cuenta que se trata de la libertad fundamental, que no se puede renunciar.

El Papa Benedicto XVI dice que la libertad de los padres respecto de la educación de sus hijos para que sean formados de acuerdo a sus propias convicciones es un dato irrenunciable. Es uno de esos principios a los cuales no se puede renunciar. La Iglesia siempre ha defendido esto y lo seguirá defendiendo y está dispuesta, entonces, a asistir a los padres de familia para que puedan prepararse ellos mismos a ejercer con responsabilidad este papel imprescindible. 

Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata 


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Homilía de monseñor Mario Poli, obispo de Santa Rosa, en la solemnidad de Santa Rosa de Lima, patrona de la diócesis (30 de agosto de 2010). (AICA)

SOLEMNIDAD DE SANTA ROSA      

 El Libro del Cantar de los Cantares nos acerca al diálogo amoroso entre Dios (el Esposo) y el alma de Rosa (su esposa). El amor que procede de Dios nos lleva a Dios que es Amor (cfr. 1º Jn 4,8). El lenguaje cariñoso y enamorado de este Libro de la Sabiduría de Israel, nos parece el más apropiado para entender algo más de la vida y el auténtico itinerario místico entre Jesús Amado y la Rosa enamorada. Es un himno al Amor de Dios que transforma a la criatura atrayéndola por la vía de la gracia y la hace exclamar: “Yo soy para mi Amado y mi Amado es para mí” (Cant. Cant. 6,3).

“Era la bendita Rosa un volcán siempre encendido del Amor de Dios”-dice uno de sus primeros hagiógrafos-, y consintió que ese fuego prendiera en ella para dispensarlo durante su vida en las obras de misericordia para con su familia y los pobres, en quienes creía obedecer y servir al mismo Jesús. La esposa fiel perpetuó en una alianza lo que una vez había presenciado en un arrobamiento de su Amado: “Rosa de mi corazón, sé tú mi esposa”. Y la Virgen del Rimac no cesaba de alabar a Dios con el salmo que proclamamos: “Porque sólo su Nombre es sublime; su majestad está sobre el cielo y la tierra, y él exalta la fuerza de su pueblo… el pueblo de sus amigos” (Salmo 148).

Así, Rosa, viviendo en su presencia, alimentándose de su Palabra, ofreciendo el don de sí en ayunos, sacrificios y privaciones, practicando el amor al prójimo y ocultándose al mundo para ser vista sólo por el Amado, respondió a la elección divina, sin dejar de considerar que era la más despreciable del mundo, de tal modo que pensaba que jamás podría corresponder a tanto amor recibido. También nosotros le preguntamos a Rosa: ¿Adónde se dirigió tu Amado, para que lo busquemos contigo? (Cant. Cant. 6, 1).

Las hermosas palabras de San Pablo a la comunidad de Corinto, nos hacen pensar en Rosa como la mujer discreta, que no se recomendaba a sí misma, sino que gloriándose sólo en Él, su estilo era desaparecer, recorriendo un camino interior de mortificaciones y aceptando toda tribulación como venida de la mano de su Amado, pues entendía que “fuera de la Cruz no hay camino por donde se pueda subir al cielo”. La Rosa de Lima, al ofrecerse como una virgen pura -al decir del Apóstol de las gentes-, su vida se elevaba a semejanza de un incienso agradable, y extendía por todas partes el suave aroma del conocimiento de Jesucristo: “No le aman -decía nuestra Patrona- porque no saben lo mucho que merece ser amado”.

Como maestra autorizada de la vida espiritual, Rosa nos ha iniciado en el camino de intimidad con Jesucristo crucificado, y nos anima a sumarnos a sus padecimientos para que seamos encontrados servidores fieles, discípulos y misioneros de su causa. En su ascenso por el camino de la virtud, experimentó que “no se adquiere gracia sin padecer aflicciones”, pero también, confiando en el Dios cercano y familiar, se convirtió en un testigo veraz de la Providencia divina, convencida de que “la gracia siempre sigue a las tribulaciones”.

Deseosa de comunicar el tesoro que había encontrado nos compartía: “¡Ojalá todos los mortales conocieran el gran valor de la divina gracia, su belleza, su nobleza, su infinito precio, lo inmenso de los tesoros que alberga, cuántas riquezas, gozos y deleites!”

Desde que Rosa sintió de labios de su Amado: “busquen el Reino de Dios y su justicia” (Mt. 6, 33), puso esa causa en el centro de sus ideales y no bajó los brazos hasta alcanzarla, aunque debemos decir que Él la alcanzó primero. La alegría que contagiaba Rosa por haber encontrado una perla fina en su vocación cristiana, la “impulsaba impetuosamente a predicar la hermosura de la divina gracia”. Desde la ermita que levantó con sus propias manos, se sumó para trabajar incansablemente en la misión salvífica de Jesús: “instaurar el Reino de su Padre”. Desde su ermita y su humilde y precario hospitalito doméstico, comprometió su entrega -sin declamarlo- por una sociedad más justa y más fraterna.

De ese modo vemos cómo Rosa se acercó a su hora pascual, humilde y confiada en quien “no defrauda”; que no nos abandona ni siquiera en la muerte y más allá de ella. En Rosa vemos el cumplimiento de las promesas que esconde la vocación bautismal, porque en el cielo de Dios, en quien la virgen peruana creyó y esperó, hay un lugar para nosotros.

Contemplando la vida de Rosa, nos queda la enseñanza que la vida se acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento y la comodidad. De hecho, los que más disfrutan de la vida son los que dejan la seguridad de la orilla y se apasionan en la misión de comunicar vida a los demás. Ella, por el caminito de la obediencia, el silencio y el sacrificio, nos demostró que el Evangelio nos ayuda a descubrir que un cuidado enfermizo de la propia vida atenta contra la calidad humana y cristiana de esa misma vida. Se vive mucho mejor cuando tenemos libertad interior para darlo todo: “Quien aprecie su vida terrena, la perderá” (Jn 12, 25). Aquí descubrimos otra ley profunda de la realidad: que la vida se alcanza y madura a medida que se la entrega para dar vida a los otros. Eso es en definitiva la misión, y en esto Rosa fue discípula y maestra a la vez. (Cfr. Aparecida).

Sabemos de su fe eucarística, porque ella tomaba de cada Sacramento del Amor lo que necesitaba para su entrega sin reservas. Y sin moverse de su pequeña celda, Dios le dio la gracia de estar presente en cada Misa celebrada en los templos de Lima.

Conocemos que imitando a su Amado, que no vino a ser servido, sino a servir, lavó los pies de indios, mulatos y negros, hombres y mujeres, y cultivó una delicada caridad sin excluir a nadie.

No sé si lo merecemos, pero añoramos humildemente tener la febril pasión por la misión que albergó en su corazón, pues ella se inmolaba para que la predicación de los misioneros de su tiempo llegara a los lugares más remotos de América del Sur.

Es así, que entre todas las gracias materiales y espirituales que pedimos en estos días, junto a muchas comunidades de La Pampa que rezaron la Novena, nos hemos unido en una sola consigna para rogar que “Mirando a Santa Rosa nuestra Iglesia -que la tiene por Patrona- sea cada vez más Eucarística, Servidora y Misionera.”

Santa Rosa de Lima, ruega por nosotros. 

Mons. Mario Poli, obispo de Santa Rosa 


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martes, 07 de septiembre de 2010

El Consejo Episcopal Permanente de la Conferencia Episcopal Paraguaya (CEP) dio a conocer una carta-declaración sobre la vida como don de Dios, y la familia, patrimonio de la humanidad. . (AICA)
Asunción (Paraguay), 30 Ago. 10 (AICA) 

     El documento consta de cuatro breves capítulos: “La sexualidad humana”, “Varón y mujer, dos sexos irrenunciables”, “La familia”, y “Los niños y los jóvenes”, concluye señalando que ante el avance de modelos, perspectivas e ideologías que atacan directamente a la familia como fundamento de la sociedad, es necesario reafirmar la defensa de la institución de la Familia y del Matrimonio. Esta defensa es responsabilidad de todos, en especial de los que ejercen el poder político de la República, Ejecutivo, Legislativo y Judicial, así como de las organizaciones de la sociedad civil, que incluye a la Iglesia católica y a todas las confesiones cristianas, particularmente de los medios de comunicación social y de todas las personas de buena voluntad.

     El siguiente es el texto completo de la declaración:

La sexualidad humana
     En la gestación de una nueva vida, la naturaleza nos presenta al mundo al nuevo ser, varón o mujer. Dios es el creador y el dueño de la vida, conforme a nuestra fe cristiana. Allí se determina el sexo diferenciado de cada cual. En cada uno de ellos está en germen la potencia de una nueva vida. Por eso llamamos a la sexualidad humana un fenómeno positivo y un don de Dios.

     La unión de la sexualidad con el amor es fundamental. Desvincularlos deriva fácilmente en abusos y tergiversaciones sobre el verdadero sentido de la sexualidad humana. "El amor humano abraza también el cuerpo y el cuerpo expresa igualmente el amor espiritual. La sexualidad no es algo puramente biológico, sino que mira a la vez al núcleo íntimo de la persona."(Sexualidad Humana: verdad y significado, Nº 3, Pontificio Consejo para la Familia).

Varón y Mujer, dos sexos irrenunciables
     El varón y la mujer están orientados a dar una nueva vida, en la responsabilidad compartida de sus actos maritales. Es la expresión plena del compartir humano, expresión del amor -eros- como experiencia matrimonial. Desde la fe consideramos el matrimonio como un don de Dios para la humanidad porque prolonga la ininterrumpida corriente de la transmisión de la vida para la continuidad de las generaciones.

     El Señor los creó varón y mujer, para que, unidos, expresen la estabilidad del matrimonio. Solamente en ese fundamento sólido se puede construir una sociedad; solamente ahí hay fecundidad y las condiciones fundamentales para el desarrollo de una sociedad.

     En fin, Dios ha querido donar a la unión del hombre y la mujer una participación especial en su obra creadora. Por eso ha bendecido al hombre y la mujer con las palabras: "Sed fecundos y multiplicaos" (Gen 1, 28). En el designio del Creador, complementariedad de los sexos y fecundidad pertenecen, por lo tanto, a la naturaleza misma de la institución del matrimonio. Además, la unión matrimonial entre el hombre y la mujer ha sido elevada por Cristo a la dignidad de sacramento. La Iglesia enseña que el matrimonio cristiano es signo eficaz de la alianza entre Cristo y la Iglesia (cf. Ef 5,32). Este significado cristiano del matrimonio, lejos de disminuir el valor profundamente humano de la unión matrimonial entre el hombre y la mujer, lo confirma y refuerza (cf. Mt 19, 3-12).

La familia
     Ésta comienza con el nacimiento del primer hijo. La relación varón-mujer se transforma en una relación varón-mujer-hijo, dándole al amor una dimensión de paternidad-maternidad-filiación. Esta triple manifestación del amor humano es tan sagrada como el matrimonio mismo y debe ser protegida con sus propios derechos y también sus obligaciones.

     La familia es una institución fundamental, con un valor humano y cristiano, que contribuye a la estabilidad de la convivencia social. En ella, el matrimonio está llamado a cumplir una misión específica en la sociedad y ocupa un lugar esencial, por lo que se lo debe promover, apreciar y vivir.

     En el documento de los Obispos Latinoamericanos reunidos en Aparecida, Brasil, Nº 432 y 433, leemos: "La familia es uno de los tesoros más importantes de los pueblos y es patrimonio de la humanidad. La familia cristiana está fundada en el sacramento del matrimonio entre un varón y una mujer, signo del amor de Dios por la humanidad y de la entrega de Cristo por su esposa, la Iglesia. Desde esta alianza de amor, se despliegan la paternidad y la maternidad, la filiación y la fraternidad, y el compromiso de los dos por una sociedad mejor."

Los niños y los jóvenes
     Desde el comienzo de la vida hasta la juventud se necesita de la familia bien constituida, donde varón y mujer ejercen responsablemente su rol de papá y mamá. Ella es el soporte afectivo fundamental y es la primera escuela de aprendizaje del valor de la propia identidad y del sentido de la vida.

     La familia no siempre puede dar el hogar seguro que buscan los hijos, así como el acompañamiento, afecto y contención que necesitan. La carencia de esos valores, en no pocas ocasiones, es un motivo de escape y refugio en los vicios y en las adicciones desde una edad cada vez más temprana.

     Un número cada vez mayor de niños y jóvenes son afectados por problemas muy graves, a saber: el suicidio, la violencia en los distintos ámbitos de la sociedad, los embarazos precoces, las enfermedades de transmisión sexual, como la pandemia del VIH (SIDA), las amistades malsanas, el limitado e inadecuado acceso a los beneficios de la cultura y de la recreación, entre otros.

Conclusión
     Ante el avance de modelos, perspectivas e ideologías que atacan directamente a la familia como fundamento de la sociedad, es necesario reafirmar la defensa de la institución de la Familia y del Matrimonio. Esta defensa es responsabilidad de todos, en especial de los que ejercen el poder político de la República, Ejecutivo, Legislativo y Judicial, así como las organizaciones de la sociedad civil, que incluye a la Iglesia católica y a todas las confesiones cristianas, particularmente de los medios de comunicación social y de todas las personas de buena voluntad.

     La consideración de estos temas vitales para la humanidad y para toda sociedad en concreto obliga a elaborar un plan educativo que construya personalidades fuertes y firmes. De esta manera, el niño y el joven tendrán la capacidad de afrontar los problemas que derivan de conceptos equivocados sobre el matrimonio y la familia y que desvirtúan la edificación sólida de una personalidad integrada y equilibrada. Insistimos en la participación de los padres de familia, sobre todo en la elaboración del Plan Educativo Nacional, con el fin de salvaguardar la educación de sus hijos. El contenido de dicho Plan Educativo debe fundamentarse en los valores humanos y cristianos, acordes a la tradición de un país como el nuestro, si queremos construir una sociedad armoniosa y coparticipativa en los bienes temporales y espirituales de la nación.

     Asunción, 20 de agosto de 2010, fiesta de San Bernardo, abad.+


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ZENIT  publica la declaración final del simposio latinoamericano y caribeño: "Espiritualidad cristiana de la ecología" organizado por el Departamento de Justicia y Solidaridad del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) del 21 al 24 de agosto en Buenos Aires.

Nosotros, como discípulos misioneros de Jesucristo nuestro Señor, convocados por el Departamento de Justicia y Solidaridad del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), provenientes de 16 países de América Latina y El Caribe, Alemania e Indonesia, reunidos en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, los días 21 al 24 de agosto de 2010, en estudio y oración, hacemos llegar nuestra preocupación y reflexión a quienes tienen en sus manos el poder de decisión, organismos multinacionales, académicos, empresarios, comunicadores, líderes de diversas organizaciones sociales, a nuestras comunidades cristianas y a nuestros pueblos:

1. Nos interpela el proceso creciente de concentración de la propiedad de la tierra en pocas manos, amenazando los territorios de los pueblos. Parte de esta amenaza se debe al avance del uso por industrias extractivas y de producción de agrocombustibles, entre otras, porque prevalece una lógica económica del mero interés o beneficio, en desmedro del vivir bien de los pueblos. Nos preocupa la ocurrencia frecuente de actos corruptos en el proceso de concesión de territorios y sin la consulta debida a los pueblos que los habitan.

2. La enorme biodiversidad de América Latina y El Caribe ofrece servicios ambientales para todo el planeta, hecho que trasciende la significación mercantilista actual y que brinda verdaderos beneficios. Esta biodiversidad está siendo aniquilada irreversiblemente: solamente en Amazonía, poco más del 17% de la selva ha desaparecido y la tasa de extinción de especies llega a ser mil veces superior a la histórica [1]. Asistimos a una creciente destrucción ambiental por deforestación, contaminación debido a residuos industriales y urbanos, minería a cielo abierto, monocultivo extensivo, el avance de la desertificación, extracción de hidrocarburos, entre otros, que afectan asimismo recursos vitales para los pueblos, como son el agua dulce y provisión natural de alimentos, especialmente entre los más pobres.

3.  Los estilos de vida predominantes en una parcela de la humanidad, de consumo desmedido, conllevan a un desequilibrio entre la creciente demanda de recursos naturales, renovables y no renovables, y la disponibilidad de la tierra -junto al riesgo de aniquilación de la biodiversidad- así como también, el agotamiento de energías de bajo costo que amenazan el desenvolvimiento de las sociedades en el mediano plazo. Diversas catástrofes ambientales sobre el planeta, tanto naturales como antropogénicas, en las últimas décadas dan prueba de ello. Asimismo estas catástrofes -tal como el calentamiento global y sus efectos de fenómenos meteorológicos severos en el contexto de cambio climático (sequías, inundaciones, tormentas, etc.) [2] y la contaminación de aguas y suelos, debido a la producción irresponsable, entre otras- y el despojo forzado de territorio provocan la ocurrencia de numerosos desplazados y refugiados ambientales que genera aún más pobreza.

4.  Unido a ello, la actividad económica predominante en las culturas tecnológicamente desarrolladas, bajo la lógica de la eficiencia, maximización de la ganancia en pocas manos y socialización de la pérdida, se caracteriza por el olvido de la dimensión sagrada y espiritual de la naturaleza -como parte de la creación amorosa de Dios fuente de Vida- y de la gratuidad de los bienes y servicios ofrecidos por ella (Cf. CIV 37). Se evidencia la falta de responsabilidad en el manejo de las fuentes de energía y recursos naturales que se van agotando bajo patrones de producción y consumo insustentables que no asumen los costos ambientales presentes que terminan siendo pagados por los pobres y ponen en peligro la supervivencia de generaciones presentes y futuras [3].

5. Frente a esta realidad, reafirmamos nuestra fe en un Dios Creador amoroso de todo lo existente, que es el único Señor de la tierra (Cf. Sal. 23, 1-2). Él ha encomendado esta creación a los seres humanos, semblantes de las cualidades de su Creador, para su guarda y su cultivo (Cf. Gn. 2,15). En esto se sustenta el principio del destino universal de los bienes. De ello se deriva la lógica del don y la gratuidad que ha de regir las relaciones y actividades humanas, entre ellas, la económica, bajo la forma de un uso responsable de los ambientes con el fin de promover y garantizar el bien común para todos los seres humanos así como la Belleza, la Bondad y la Verdad presentes por doquier en el don de la Creación (CIV 50, 51).

6.  Como seguidores creyentes de Jesucristo, que en su camino por la historia unió el Cielo y la Tierra restaurando la sacralidad de lo creado, aprendemos que la creación es camino hacia Dios a través de los consejos evangélicos de justicia, paz y reverencia. Aunque hoy por hoy es evidente que ella está afectada por el pecado que la introdujo en un proceso de sufrimiento comparable a los dolores de un parto, sin embargo la creación conserva la esperanza de participar de la gloriosa libertad de los hijos e hijas de Dios. Esta esperanza nos anima y se fundamenta en la fuerza activa del Espíritu Santo presente en cada ser humano que espera la redención (Cf. Rom. 8, 18-25). Para ello es necesario tomar conciencia de la singularidad de la persona humana en relación armónica con la creación y su Creador, encauzando una nueva espiritualidad cósmica que recupere una sana convivencia con la naturaleza. Promover la conversión ecológica nos permitirá caer en la cuenta del valor intrínseco de la creación en la economía global de salvación obrada por Dios Padre creador en Jesucristo (Cf. DA).

7. Ante estos desafíos de la realidad en nuestro continente, necesitamos recuperar la actitud contemplativa. Es nuestra tarea ayudar a despertar en las personas y comunidades una conciencia sensible al cuidado responsable de la naturaleza, como lugar sagrado que provoca sensiblemente el descubrimiento de Dios para nosotros y las generaciones futuras. Junto a los hombres y mujeres de la tierra, el territorio, los ambientes naturales en ellos ubicados y la respectiva biodiversidad, son todos aspectos intrínsecamente unidos al don de la creación que Dios posibilita y sustenta para el desarrollo integral de la persona humana y de los pueblos de todos los tiempos.

8. Esto nos impele a la preservación de las cualidades que garantizan la prolongación vital y la riqueza de la biodiversidad en la tierra. Para ello todas nuestras tareas eclesiales, catequesis, predicación, celebraciones y demás actividades pastorales, técnicas, académicas y profesionales, deben orientarse a privilegiar la conversión ecológica como dimensión integral de la fe. Asimismo se deben favorecer experiencias de la fraternidad cósmica en contacto con Dios Creador, en la dinámica que animó a San Francisco de Asís, patrono de la ecología. La espiritualidad popular, la oración personal y comunitaria, las celebraciones litúrgicas inculturadas, y la profunda vivencia de los sacramentos en clave ecológica, son lugares privilegiados para experimentar la acción del Espíritu de Dios y la iniciativa gratuita de su Amor (Cf. DA 263).

9. En este sentido, constatamos la necesidad de conocer mejor y acoger la sabiduría milenaria de los pueblos indígenas de nuestro continente; sobre todo de su experiencia de fe que nos permite aprender de su relación de armonía y comunión con Dios, los seres humanos, la naturaleza y los demás seres de la creación. Esto supone cultivar la actitud contemplativa frente a los bienes de la creación como don de Dios.

10. Como Iglesia profética, consideramos que es urgente priorizar una economía de las necesidades humanas que sea justa, solidaria y recíproca (Cf. CIV 35), y de políticas de desarrollo humano integral que respeten el derecho de los pueblos y preserven las cualidades vitales de los ambientes naturales. Para ello es necesario denunciar el impacto negativo de los megaproyectos económicos y de infraestructura, así como promover y exigir el monitoreo empresarial, estatal y civil, esclareciendo las situaciones ilegales e inmorales. Nos urge encontrar mecanismos de incidencia en los poderes públicos nacionales e internacionales en defensa de los derechos humanos.

11. Tanto en nuestras comunidades locales, dentro del marco de la misión continental de la Iglesia en América Latina y El Caribe, y especialmente en la familia, iglesia doméstica, es tarea promover una cultura de la austeridad/sobriedad, sencillez y alegría como alternativa saludable, ecológica, tanto individual como colectiva, a través de la producción orgánica, eco-amigable, y el consumo responsable, el reciclado, el uso adecuadamente aprovechado de bienes, y la educación por el respeto de la naturaleza que posibilite condiciones presentes de justicia social y la vida de las generaciones futuras (Cf. CIV 51).

12. Finalmente reconocemos que el cultivo de la actitud contemplativa, como camino de conversión personal que descubre a Dios presente en cada creatura, no es tarea fácil pero es esencial para una auténtica sanidad personal y ecológica. Este proceso de cambio de mentalidad de la cultura dominante requiere que se favorezcan experiencias de Dios como único Bien, irresistible, supremo, frente a otras ofertas superfluas de la economía consumista. Por tanto, debemos crear o facilitar espacios eclesiales dentro de nuestras grandes urbes que nos permitan redescubrir el paso de Dios en la creación, a través del contacto directo con la naturaleza y el sufrimiento humano, lo cual será piedra de toque de nuestra pequeñez y vulnerabilidad.

A la Virgen María, Nuestra Señora de Guadalupe, fiel discípula del Señor y guardiana de los dones de Dios, encomendamos el cuidado maternal de los bienes de la creación. Con ella y como ella nos hacemos testigos portadores del Amor de Dios que se manifiesta en la entera creación, para la vida de toda la humanidad, especialmente los más pequeños amados de Dios.

Buenos Aires, 24 de agosto de 2010

Fiesta de San Bartolomé, Apóstol

NOTAS

[1] Cf. The International Union for Conservation of Nature (IUCN), Global Biodiversity Outlook 3, Montreal (2010), 93p. (http://www.iucn.org).

[2] Cf. IPCC, 2007: Intergovernmental Panel on Climate, Climate Change 2007: The Physical Science Basis. Third assessment report: Contribution of Working Group I. Solomon, S., D. Qin, M. Manning, Z. Chen, M. Marquis, K.B. Averyt, M. Tignor and H.L. Miller (eds.): Cambridge University Press, Cambridge, United Kingdom and New York, NY, USA, 996 pp.

[3] Cf. Cf. World Watch Institute, Green Economy Program, (http://www.worldwatch.org/programs/global_economy) 


Publicado por Desconocido @ 22:32  | Noticias de religión
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Lectio divina para el domingo 23º del Tiempo Ordinario - C, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la Diócesis de Tenerife.

 

LECTURA:           “Lucas 14, 25‑33”

            En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo: «Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío. 

            Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo:"Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar." ¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz. 

            Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.» 

MEDITACIÓN:            “El que no renuncia”   

            No sé, Señor, si pretendes demasiado. Tu lenguaje es tan rotundo que puede confundir. Ponerte por delante de lo que es humanamente más querido para nosotros, relegar nuestro propio yo, puede sonar como a hacer dejación de nuestra identidad, de nuestra libertad, de nuestra autonomía.

            Y no es así. No es así, cuando somos capaces de comprender, a la luz de tu vida y de tu evangelio, que tu primacía no es para relegar a los demás, o para anularnos a nosotros. Tu primacía es la garantía de nuestra entrega y fidelidad a lo más fuerte de nuestras relaciones humanas. Tu primacía es garantía de que nuestro yo no se encierra ahí, en nuestro yo, sino que se abre al don de los otros y para los otros. Tu primacía no anula nuestra libertad sino que la potencia frente a todo lo que puede pretender esclavizarnos, desde dentro y desde fuera. Tu primacía es garantía de inmersión en toda la fuerza y las consecuencias del amor que se desborda hasta límites insospechados, es inmersión en todo lo que de más humano existe en nosotros, en nuestro ser.

            Sí, me puede resultar impactante, pero sé que cuando miro a mi interior y a mi alrededor, descubro la realidad de lo que los hombres somos capaces de dar desde nosotros mismos. Cuando te miro a ti vislumbro las posibilidades que se me abren, inimaginables desde mi realidad limitada y condicionada. Y entiendo la necesidad de renunciar con urgencia a todos esos “bienes” que no me dejan volar.

ORACIÓN:            “Sincero conmigo mismo”

            Señor, seguirte a ti no es un juego, como no lo es la vida. Una vida que a veces parece que nos empeñamos en convertir en tragedia. No es difícil ver la diferencia que existe entre ponerte a ti como referente o ponernos a nosotros mismos. Por eso agradezco la fuerza y la radicalidad de tu llamada, casi de tu grito.

            Ayúdame, señor, a tener el coraje de descubrir dónde tengo puesta la fuerza, dónde he situado el norte que me guía, porque aunque diga que es en ti, a veces no es verdad. Sé que tengo que arrancar muchos lazos que me atan a mi yo, sutilmente disfrazado. Ayúdame a ser capaz de ser sincero conmigo mismo, Ayúdame a ponerme frente a ti, y permíteme descubrir el verdadero valor de todo lo demás.

CONTEMPLACIÓN:             “Me esperas”

Tú has hecho de mí
lo primero para ti,
por eso no te reservaste nada,
ni tu seguridad,
ni tu vida,
así me enseñas
lo que significa
amar.

Ahora vuelvo la mirada
y el corazón
hacia ti,
que me esperas
con ansias infinitas,
para convertirme,
en hacedor de vida,
en portador de amor.


Publicado por Desconocido @ 16:16  | Liturgia
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Lectio divina para el domingo 22º del Tiempo Ordinario - C, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la Diócesis de Tenerife.

 

LECTURA:            “Lucas 14, 1. 7‑14”

Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando. 

Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les propuso esta parábola: «Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y vendrá el que os convidó a ti y al otro y te dirá: "Cédele el puesto a éste." Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto. 

Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: "Amigo, sube más arriba." Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.» 

Y dijo al que lo había invitado: «Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado. 

Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; dichoso tú, porque no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los justos.» 

MEDITACIÓN:              “Te pagarán”

            No me quiero detener en la primera parte de este texto porque parece tan lógico que sobra casi el comentario, aunque es tremendamente actual. Casi todos, y en casi todos los niveles en los que nos movemos, vamos buscando el destacar, el sobresalir, el que nos vean, podemos decir que no, pero hasta en los niveles más sencillos, vamos buscando el ser considerados. En este sentido, la humildad, como base del sentido común, es una buena actitud que podíamos intentar desarrollar y poner en práctica, porque nos puede pasar algo parecido al buen hombre de la parábola.

Y del sentido común pasas al desbordamiento, a la gratuidad, algo muy tuyo. Y quiero entender que, detrás de ese desbordamiento de ejemplo, está tu llamada a desbloquear nuestros intereses, a ser capaces de dar, de poner en juego lo mejor de nosotros, sin esperar nada a cambio, y además hacerlo sin reproche y gozosamente, o gozándonos ya de lo positivo y del bien que podamos hacer, de la alegría que podamos aportar, de la vida que podamos generar.

            No, no es cosa de héroes, ni cuestión de realizar acciones llamativas, aunque a veces tus ejemplos sean fuertes para llamarnos la atención. Es tu invitación a ser capaces de darnos en lo más cotidiano, por pura gratuidad; eso, de entrada, nos debía hacer ya felices, independientemente de la respuesta. Que es buena ¡miel sobre hojuelas!; que no lo es, mejor para nosotros y peor para los otros. Es una delicada lección que me ofreces y que está llamada a poner a prueba lo mejor de mí, seguro de que habrá respuesta.

ORACIÓN:              “Amor gratuito”

             Gracias, Señor, porque me enseñas que ser humilde no es ser tonto, sino inteligente. Que la humildad forma parte del sentido común, de la sensatez, de la prudencia, del saber estar, de lo que termina atrayendo a los otros de nosotros mismos. Y es que no hay nada más repelente que un engreído, un orgulloso o un pedante.

            Gracias, Señor, porque aunque me desborde la realidad, me permites descubrir y comprender la belleza del ser capaz de hacerme don para todos los que de alguna manera o de otra me necesitan. Ayúdame a entrar en esa dinámica valiente y gozosa del amor gratuito.

CONTEMPLACIÓN:              “Tu gracia”

Tú sabías que no podía
ofrecerte nada.

Que en mis deseos ardientes
sólo había fragilidad.

Que detrás de afirmaciones
contundentes,
se escondían
mis inseguridades,
mis indiferencias
y mi pobreza.

Pero sigues desbordando
tu gracia.

Sigues volcando la fuerza
y la suavidad de tu palabra,
que como caricia
y torrente
me penetra y me interroga,
me serena y me envía.


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DOMINGO 24 DEL TIEMPO ORDINARIO / C
12 de septiembre de 2010

La gracia y la paz de nuestro Señor Jesucristo estén con todos vosotros.

- Hoy escucharemos unas palabras de Jesús que nos hablan de cómo Dios viene siempre a bus­carnos y nunca nos abandona, aunque nosotros a veces nos olvidemos de él. Y no sólo a nosotros: Dios busca a todos, Dios no quiere que nadie se pierda.

- Gozosamente, en esta Eucaristía, celebremos y agra­dezcamos el gran amor de nuestro Dios, y celebremos y demos gracias también a Jesús, que nos ha ense­ñado cómo era Dios y cómo actuaba.

A. penitencial: En silencio, pongámonos ante el Padre que nos acoge y está siempre cerca de nosotros. (Silencio).

Tú, que siempre nos perdonas. SEÑOR, TEN PIEDAD.

Tú, que nunca dejas de ofrecernos tu amor. CRISTO, TEN PIEDAD.

- Tú, que tienes siempre abiertas las puertas de tu casa. SEÑOR, TEN PIEDAD.

1. lectura (Éxodo 32,7-11.13-14): Como preparación para el evangelio, escuchemos ahora, en esta primera lectura, una historia del Antiguo Testamento en la que Dios perdona a su pueblo.

2.1ectura (1Timoteo1,12-17):Escuchemos ahora el principio de la carta que san Pablo escribe a su discípuloTimoteo, recordando la misericordia con la que Dios ha actuado en su vida.

Oración universal: Presentémosle al Padre nuestras ple­garias, convencidos de que él acompaña nuestra vida con su amor. Oremos diciendo: ESCÚCHANOS, PADRE.

Por la Iglesia. Para que dé siempre un buen testimonio de la misericordia de Dios para con todos. OREMOS:

Por cada uno de los cristianos. Para que, siguiendo el ejemplo de Dios nuestro Padre, estemos siempre dis­puestos a acoger y perdonar. OREMOS:

Por los chicos y chicas que ahora comienzan el curso escolar, y por sus maestros y profesores. Para que Dios los bendiga en la labor que van a llevara cabo a lo largo de este año. OREMOS:

Por los que se ganan la vida como conductores de camiones, autobuses, taxis, o cualquier otro vehículo. Para que puedan hacer su trabajo en condiciones dignas, y para que sean respetuosos con la seguridad de todos. OREMOS:

Por los enfermos. Para que puedan recuperar la salud. OREMOS:

Por todos nosotros. Para que mantengamos siempre vivo el deseo de amar cada día más a Dios y a los hermanos. OREMOS:

Escucha, Padre, nuestra oración, tú que eres bueno y misericordioso. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Padrenuestro: Como hijos de Dios, como Jesús nos enseñó, nos atrevemos a decir:

 

CPL


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lunes, 06 de septiembre de 2010

Lectio divina para el domingo 21 del Tiempo Ordinario  - C, ofrecida por la Delgación Diocesana de Liturgia de la Diócesis de Tenerife. 

LECTURA:            “Lucas 13, 22‑30”

En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando.  Uno le preguntó: «Señor, ¿serán pocos los que se salven?» Jesús les dijo: «Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta, diciendo: "Señor, ábrenos"; y él os replicará: "No sé quiénes sois." 

Entonces comenzaréis a decir. "Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas."  Pero él os replicará: "No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados." 

Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros os veáis echados fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. 

Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos.»

MEDITACIÓN:             “La puerta estrecha”

            No nos suena bien eso de la puerta estrecha, como si tuviese que ser especialmente complicado dar contigo, y no es eso. Pero como de lo que se trata es de poner ejemplos que den a entender algo, es un buen ejemplo, pero hay que tener cuidado. La puerta estrecha no significa que haya que pasar apreturas, que haya que estrujarse la vida y los sentimientos para dar con esa meta feliz, ni mucho menos. Y si por puerta ancha entendemos lo fácil, lo cómodo, lo superficial, lo banal, la negación de todo esfuerzo, la incapacidad para el compromiso serio, para la solidaridad, para la convivencia, para generar paz, vida, alegría, para salir de uno mismo y pensar en algo que no sea “yo”, ciertamente la puerta del amor, de la paz, de la vida, del gozo compartido… encajará en el ejemplo de la puerta estrecha; pero, bendita puerta por la que, si queremos, cabemos todos, podemos pasar todos, con toda la comodidad del mundo, hasta a lo ancho si vamos de la mano.

            Y así nos invitas a tener cuidado porque por esa puerta, aparentemente estrecha, entran más de los que no pensamos, y por la ancha igual, por eso nos podemos llevar sorpresas y descubrir al final, que muchos que no creíamos que pudiesen pasar, resulta que están en los primeros puestos, y quienes más lógico nos parecía que lo hiciesen, ni les veamos aparecer.

            En fin, todo es un lenguaje simbólico para llamarme a tomar en serio la respuesta de mi vida. Para saber que ni contigo, ni con el hombre, se juega, en el sentido peyorativo de la palabra. Que las puertas y los caminos están en mi corazón, pero marcan con claridad mis opciones y mis respuestas. Y que la vida, mi vida, no es producto de la inercia, sino de una realidad esencial que me llamas a construir, con esfuerzo y con ilusión.

ORACIÓN:                “La riqueza de tu opción”

            Señor, dame valor para descubrir la riqueza de tu opción y de tu llamada. Permíteme descubrir la riqueza del horizonte humano que me abres, de las posibilidades de vida y de dignidad que aportas en toda la existencia, que requiere, eso sí, mi colaboración, mi entrega y donación, y con ella mi esfuerzo, a veces, mi sacrificio, para bien mío y de muchos.

            Da luz al corazón humano para que descubra su grandeza y no tenga miedo de superar la barrera de lo fácil y de lo cómodo. El ser humano es capaz de más y parece que lo queremos inutilizar. Está desarrollando su cerebro y sus manos, pero no, tal vez, su corazón, y ése, a la hora de la verdad es el más importante. Ayúdanos, Señor.

CONTEMPLACIÓN:                “Infinitos dinteles”

Eres mi eterno huésped
desconocido,
paseando continuamente
entre los entresijos
de mis deseos
y mis fracasos.

Presencia callada
que me ofrece su calor,
su gozo y su paz
y que a duras penas
sé escuchar y acoger.

Mientras ansío tu presencia
que late clavada en mí,
ni siquiera soy capaz
de saber que te he encontrado,
que eres tú quien me susurra
las pocas palabras de amor
que fluyen de mi interior
dislocado e inquieto.

Y así me abres tu puerta
de infinitos dinteles,
como la vida misma
que por ella pasa,
hasta hacerse inmensa
y luminosa
porque la atraviesas
primero tú.


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Lectio divina para el  Domingo 19 del Tiempo Ordinario - C, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la Diócesis deTenerife.

 

LECTURA:            “Lucas 12, 32‑48”

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino. Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos talegas que no se echen a perder, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro allí estará también vuestro corazón. 

Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame. 

Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. 

Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos.  Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete. 

Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.» 

Pedro le preguntó: «Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?» 

El Señor le respondió: «¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas? 

Dichoso el criado a quien su amo, al llegar, lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes. 

Pero si el empleado piensa: "Mi amo tarda en llegar", y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles. 

El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos. 

Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió más se le exigirá.» 

MEDITACIÓN:              “Se le exigirá”

            Me invitas a preguntarme dónde está mi corazón. Mis palabras pueden hacer muchas afirmaciones, de hecho las hago y me siento identificado con ellas, pero los momentos especiales de la vida, tal vez me han puesto más de una vez en evidencia. Y qué importante es que me deje interrogar, que nos dejemos interrogar, no pasa nada con descubrir la realidad de nuestras incoherencias, es más, es muy importante que las descubramos, que nos dejemos doler por ellas y que nos volvamos a resituar.

            El corazón lo has hecho tú, lo más profundo e íntimo de nuestra humanidad lleva el sello de marca, estamos modelados a tu imagen, no somos copias, y sólo tú puedes saciar y dar sentido. Sólo la fuerza del amor que llevamos inscrito, que es el núcleo de donde venimos y la meta a la que estamos llamados, termina llenando y dando sentido a lo que somos. Y de él has colmado mi interior.

            Y así me urges, Señor, con todo ese lenguaje intenso, a poner la fuerza de mi vida en el lugar adecuado. A tomarme en serio. Porque estamos para ser felices, pero no para tomarnos a broma, porque las consecuencias nos alcanzan a todos. No es dramatismo, todo lo contrario, es una invitación, una llamada urgente, a hacer de lo más noble, de lo que no es perecedero, y el amor está en el núcleo, la fuerza de nuestro ser. Porque el cofre de nuestro tesoro se va llenando desde ahora, aunque tal vez los efectos de su belleza no los descubramos plenamente hasta el final de nuestra andadura, que dejará el rastro, intenso o no,  de nuestro bien. Me has dado mucho para hacerlo posible y tienes razones, más que suficientes, para pedirme cuentas.

ORACIÓN:               “Estar en vela”

            Quiero aprovechar para pedirte, ante esta palabra que me diriges, que no pierda nunca la referencia de tu ser en mí. Que me atraigas con toda tu fuerza hacia ti, para que pueda desde ti aprender a amar cada día con más fuerza, con más intensidad, con más verdad, con más eficacia, sí eficacia, porque el amor, si es auténtico tiene que ser eficaz.

            Ayúdame a estar en vela, en esa actitud que me permita no dormirme ante el aturdimiento de tantas cosas que me llegan y me confunden, y hasta me ofuscan los sentimientos. Ayúdame a no dejar entrar en mí aquello que me impida acoger lo mejor y más noble y bello que hay en mí y en los otros. Ayúdame a descubrirte en todo gesto de bien y de amor que soy capaz de dar y de recibir.

CONTEMPLACIÓN:              “Un tesoro”

Miro hacia dentro
y no encuentro sino el susurro
de mi vacío,
el lamento de lo que pudo ser
y no fue,
y el deseo ardiente
de encontrarme contigo
en lo más noble
y auténtico de mí.

Y en medio de un vacío luminoso
algo me dice
que no estoy solo,
que no es un sueño vago,
que hay un tesoro escondido
y visible.

Un tesoro que recoge
todo lo que es capaz
de llenar el espacio
de mi existencia,
el sentido de mi camino,
la esperanza
de mi humanidad herida.

Un tesoro en cuyo centro
lates tú.


Publicado por Desconocido @ 22:29  | Liturgia
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ZENIT  nos ofrece las palabras pronunciadas el domingo 29de Agosto de 2010 por el Papa Benedicto XVI hoy durante el rezo del Ángelus, con los peregrinos reunidos en el patio interior del Palacio Apostólico de Castel Gandolfo.

Queridos hermanos y hermanas,

en el Evangelio de este domingo (Lc 14,1.7-14), encontramos a Jesús como comensal en la casa de un jefe de los fariseos. Dándose cuenta de que los invitados elegían los primeros puestos en la mesa, Él contó una parábola, ambientada en un banquete nupcial. “Si te invitan a un banquete de bodas, no te coloques en el primer lugar, porque puede suceder que haya sido invitada otra persona más importante que tú, y cuando llegue el que los invitó a los dos, tenga que decirte: 'Déjale el sitio' ... Al contrario, cuando te inviten, ve a colocarte en el último sitio” (Lc 14,8-10). El Señor no pretende dar una lección sobre etiqueta, ni sobre la jerarquía entre las distintas autoridades. Él insiste más bien en un punto decisivo, que es el de la humildad: “el que ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado” (Lc 14,11). Esta parábola, en un significado más profundo, hace pensar también en la posición del hombre en relación con Dios. El “último lugar” puede representar de hecho la condición de la humanidad degradada por el pecado, condición por la cual sólo la encarnación del Hijo Unigénito puede ensalzarla. Por esto el propio Cristo “tomó el último lugar en el mundo – la cruz – y precisamente con esta humildad radical nos ha redimido y nos ayuda constantemente” (Enc. Deus caritas est, 35).

Al final de la parábola, Jesús sugiere al jefe de los fariseos que invite a su mesa no a sus amigos o parientes o vecinos ricos, sino a las personas más pobres y marginadas, que no tienen modo de devolvérselo (cfr Lc 14,13-14), para que el don sea gratuito. La verdadera recompensa, de hecho, al final, la dará Dios, “que gobierna el mundo... Nosotros le prestamos nuestro servicio en lo que podamos y hasta que Dios nos dé la fuerza para ello” (Enc. Deus caritas est, 35). Una vez más, por tanto, vemos a Cristo como modelo de humildad y de gratuidad: de Él aprendemos la paciencia en las tentaciones, la mansedumbre en las ofensas, la obediencia a Dios en el dolor, a la espera de que Aquél que nos ha invitado nos diga: “Amigo, sube más arriba” (cfr Lc 14,10); el verdadero bien, de hecho, es estar cerca de Él. San Luis IX, rey de Francia – cuya memoria se celebraba el pasado miércoles – puso en práctica lo que está escrito en el Libro del Eclesiástico: “Cuanto más grande seas, más humilde debes ser, y así obtendrás el favor del Señor" (3,18). Así lo escribía en su “Testamento espiritual al hijo": "Si el Señor te concede prosperidad, debes darle gracias con humildad y vigilar que no sea en detrimento tuyo, por vanagloria o por cualquier otro motivo, porque los dones de Dios no han de ser causa de que le ofendas" (Acta Sanctorum Augusti 5 [1868], 546).

Queridos amigos, hoy recordamos también el martirio de san Juan Bautista, el más grande entre los profetas de Cristo, que supo negarse a sí mismo para dejar espacio al Salvador y que murió por la verdad. Pidámosle a él y a la Virgen María que nos guíen por el camino de la humildad, para poder ser dignos de la recompensa divina.

[Después del Ángelus, dijo]

El próximo 1 de septiembre se celebra en Italia la Jornada por la salvaguarda de la Creación, promovida por la Conferencia Episcopal Italiana. Se trata de una cita ya habitual, importante también en el plano ecuménico. Este año nos recuerda que no puede haber paz sin respeto del medio ambiente. Tenemos, de hecho, el deber de entregar la tierra a las nuevas generaciones en un estado tal que también ellas puedan habitarla dignamente y conservarla ulteriormente. ¡Que el Señor nos ayude en esta tarea!

[En español dijo]

Al saludar cordialmente a los peregrinos de lengua española que participan en esta oración mariana, quisiera recordar con particular afecto a los mineros que se encuentran atrapados en el yacimiento de san José, en la región chilena de Atacama. A ellos y a sus familiares los encomiendo a la intercesión de San Lorenzo, asegurándoles mi cercanía espiritual y mis continuas oraciones, para que mantengan la serenidad en la espera de una feliz conclusión de los trabajos que se están llevando a cabo para su rescate. Y a todos os invito a acoger hoy la Palabra de Cristo, para crecer en fe, humildad y generosidad. Feliz domingo.

[Traducción del italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por Desconocido @ 22:18  | Habla el Papa
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En la solemnidad de San Luis Rey, los obispos puntanos, en Argentina, han emitido una declaración en la que denuncian la injusta discriminación de la que son objeto los niños y reclaman la urgente defensa de sus derechos.

 MENSAJE A TODO EL PUEBLO DE SAN LUIS Y DE LA PATRIA 

Por el camino de la injusta discriminación contra el niño,
se propone el asesinato del niño 

 Dirigimos este mensaje a todos los fieles católicos, y a todo el pueblo de San Luis y de la Patria. Nos dirigimos así a los fieles de los cultos evangélicos, con quienes nos hemos unido ante los mismos desafíos. Nos dirigimos a los fieles de los restantes cultos, y también a quienes sin profesar ningún culto, creen en la realidad de la naturaleza humana y en la defensa de sus derechos. 

I). Hoy, es urgente defender los derechos de los niños. Ellos, por su naturaleza humana, tienen como derecho primero y fundamental el derecho a nacer, el derecho a la vida. Si eso se les niega, pierden todos los demás derechos. Si un niño indefenso e inocente es asesinado antes de nacer, sufre la más terrible e injusta de las discriminaciones. Se le niega todo. 

Cuando se rechaza esta verdad, evidente para la inteligencia que caracteriza a nuestra naturaleza humana, se construye una sociedad inhumana. Frente a la cultura de la vida, se elige la cultura de la muerte. Se elige la cultura de la promoción legal del aborto. 

Se intenta justificar esa cultura mortífera, invocando el peligro de los abortos clandestinos. No hay cifras seguras pero se estima que podría llegar a morir una madre cada cuatro mil abortos clandestinos[1]. Pero la absurda "solución" es asesinar a esos cuatro mil niños, con cuidados médicos seguros, legales y gratuitos a sus madres, para que no sufran peligro.

Por supuesto, no se utilizará la chocante palabra "asesinar". Se dirá que solo se trata de una "interrupción del embarazo". Pero serán vidas definitivamente interrumpidas. 

Otro subterfugio es presentar este tema -no como una cuestión de vida o muerte en que podrían llegar a alterarse básicos principios constitucionales- sino como un mero trámite burocrático en que por una interpretación "amplia" del Código Penal, se daría curso a una Guía Ministerial de máximo permisivismo abortista. Por ahora, la conciencia del principal responsable lo ha impedido. 

No es posible creer que en sociedades modernas y desarrolladas no existan posibilidades legales para un trámite de justa y rápida adopción. Ni tampoco, que se carezca de posibilidades para brindar a esas madres el apoyo social, económico, psicológico, moral y espiritual que necesitan, para no ser cómplices de la muerte de sus hijos. Todo eso es posible. Pero es rechazado por el terrible desprecio discriminatorio hacia el niño por nacer. 

II). Iniciando el camino de esa injusta discriminación contra el niño, una escasa mayoría de legisladores argentinos -mayoría obtenida a través de intensas presiones- ha aprobado una injusta ley sobre la cual nuestro pueblo no fue consultado en las plataformas electorales previas, ni tampoco después. Nos referimos a la ley por la cual las uniones del mismo sexo han pasado a considerarse idénticas a las uniones matrimoniales del varón y la mujer. Es una ley contraria a la realidad de la naturaleza humana, que sólo puede realizarse en una verdadera familia, a través de la diferencia y la complementariedad de la unión entre los dos sexos. Si no hubiera sido siempre así, habría dejado de existir la especie humana. 

Se pretendió que de esa manera se superaba una discriminación, cuando solo se estaba negando la realidad. Sobre esa base falsa se perpetraron entonces injustas discriminaciones.

Así, se discriminó injustamente al niño, negándole su derecho natural a tener un papá y una mamá, sostén natural indispensable para que tanto los varones como las nenas puedan desarrollarse normalmente en su propia identidad sexual.

Las consecuencias negativas de la ley alcanzarán su mayor gravedad en todo el ciclo escolar, inicial, primario y secundario. Allí se ha planificado que todos los alumnos se inicien en la llamada "perspectiva de género", de un modo que inevitablemente los inducirá a cuestionarse la identidad sexual de la cual en su inmensa mayoría se sienten naturalmente seguros. Dicha inmensa mayoría habrá sufrido y sufrirá, entonces, una injusta discriminación. No se respetarán sus derechos a ser sostenidos en esa natural identidad sexual.

Hoy, los activistas que promueven la cultura del aborto en la Argentina, son los mismos, o están estrechamente coordinados, con los que promovieron el matrimonio homosexual, y procuran extender sus efectos a toda la sociedad en lo educativo y cultural.

Se trata de un proyecto globalizado, cuyo núcleo central se vincula indudablemente a sectores de las Naciones Unidas. En nombre de la lucha contra la discriminación, despliegan la discriminación más activa e injusta contra quienes creen que Dios es "fuente de toda razón y justicia", y viven sostenidos por esa fe. 

La Iglesia confía en que Cristo seguirá guiándola e iluminándola, para que comprenda en la esperanza estos signos de los tiempos, y sin desanimarse nunca transmita el testimonio de la verdad en el amor, que es su misión.

San Luis, 25 de agosto de 2010

Solemnidad de San Luis Rey

+Mons. Jorge Luis Lona
Obispo Diócesis de San Luis


+Mons. Pedro Daniel Martínez
Obispo Coadjutor Diócesis de San Luis

____________________ 

[1] En un Editorial de "La Nación" (15/08/10), se cita una cifra de 80 muertes cada 460.000 abortos clandestinos, es decir, una muerte cada 5750 abortos


Publicado por Desconocido @ 22:12  | Hablan los obispos
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Mensaje del Papa para la próxima Jornada Mundial de la Juventud, que se realizará en Madrid, España, del 16 al 21 de agosto de 2011, sobre el tema “Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe” (cf. Col 2,7). (Fides)

"Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe" (cf. Col 2, 7)

Queridos amigos

Pienso con frecuencia en la Jornada Mundial de la Juventud de Sydney, en el 2008. Allí vivimos una gran fiesta de la fe, en la que el Espíritu de Dios actuó con fuerza, creando una intensa comunión entre los participantes, venidos de todas las partes del mundo. Aquel encuentro, como los precedentes, ha dado frutos abundantes en la vida de muchos jóvenes y de toda la Iglesia. Nuestra mirada se dirige ahora a la próxima Jornada Mundial de la Juventud, que tendrá lugar en Madrid, en el mes de agosto de 2011. Ya en 1989, algunos meses antes de la histórica caída del Muro de Berlín, la peregrinación de los jóvenes hizo un alto en España, en Santiago de Compostela. Ahora, en un momento en que Europa tiene que volver a encontrar sus raíces cristianas, hemos fijado nuestro encuentro en Madrid, con el lema: «Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe» (cf. Col 2, 7). Os invito a este evento tan importante para la Iglesia en Europa y para la Iglesia universal. Además, quisiera que todos los jóvenes, tanto los que comparten nuestra fe, como los que vacilan, dudan o no creen, puedan vivir esta experiencia, que puede ser decisiva para la vida: la experiencia del Señor Jesús resucitado y vivo, y de su amor por cada uno de nosotros.

1. En las fuentes de vuestras aspiraciones más grandes

En cada época, también en nuestros días, numerosos jóvenes sienten el profundo deseo de que las relaciones interpersonales se vivan en la verdad y la solidaridad. Muchos manifiestan la aspiración de construir relaciones auténticas de amistad, de conocer el verdadero amor, de fundar una familia unida, de adquirir una estabilidad personal y una seguridad real, que puedan garantizar un futuro sereno y feliz. Al recordar mi juventud, veo que, en realidad, la estabilidad y la seguridad no son las cuestiones que más ocupan la mente de los jóvenes. Sí, la cuestión del lugar de trabajo, y con ello la de tener el porvenir asegurado, es un problema grande y apremiante, pero al mismo tiempo la juventud sigue siendo la edad en la que se busca una vida más grande. Al pensar en mis años de entonces, sencillamente, no queríamos perdernos en la mediocridad de la vida aburguesada. Queríamos lo que era grande, nuevo. Queríamos encontrar la vida misma en su inmensidad y belleza. Ciertamente, eso dependía también de nuestra situación. Durante la dictadura nacionalsocialista y la guerra, estuvimos, por así decir, "encerrados" por el poder dominante. Por ello, queríamos salir afuera para entrar en la abundancia de las posibilidades del ser hombre. Pero creo que, en cierto sentido, este impulso de ir más allá de lo habitual está en cada generación. Desear algo más que la cotidianidad regular de un empleo seguro y sentir el anhelo de lo que es realmente grande forma parte del ser joven. ¿Se trata sólo de un sueño vacío que se desvanece cuando uno se hace adulto? No, el hombre en verdad está creado para lo que es grande, para el infinito. Cualquier otra cosa es insuficiente. San Agustín tenía razón: nuestro corazón está inquieto, hasta que no descansa en Ti. El deseo de la vida más grande es un signo de que Él nos ha creado, de que llevamos su "huella". Dios es vida, y cada criatura tiende a la vida; en un modo único y especial, la persona humana, hecha a imagen de Dios, aspira al amor, a la alegría y a la paz. Entonces comprendemos que es un contrasentido pretender eliminar a Dios para que el hombre viva. Dios es la fuente de la vida; eliminarlo equivale a separarse de esta fuente e, inevitablemente, privarse de la plenitud y la alegría: «sin el Creador la criatura se diluye» (Con. Ecum. Vaticano. II, Const. Gaudium et Spes, 36). La cultura actual, en algunas partes del mundo, sobre todo en Occidente, tiende a excluir a Dios, o a considerar la fe como un hecho privado, sin ninguna relevancia en la vida social. Aunque el conjunto de los valores, que son el fundamento de la sociedad, provenga del Evangelio – como el sentido de la dignidad de la persona, de la solidaridad, del trabajo y de la familia –, se constata una especie de "eclipse de Dios", una cierta amnesia, más aún, un verdadero rechazo del cristianismo y una negación del tesoro de la fe recibida, con el riesgo de perder aquello que más profundamente nos caracteriza.

Por este motivo, queridos amigos, os invito a intensificar vuestro camino de fe en Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo. Vosotros sois el futuro de la sociedad y de la Iglesia. Como escribía el apóstol Pablo a los cristianos de la ciudad de Colosas, es vital tener raíces y bases sólidas. Esto es verdad, especialmente hoy, cuando muchos no tienen puntos de referencia estables para construir su vida, sintiéndose así profundamente inseguros. El relativismo que se ha difundido, y para el que todo da lo mismo y no existe ninguna verdad, ni un punto de referencia absoluto, no genera verdadera libertad, sino inestabilidad, desconcierto y un conformismo con las modas del momento. Vosotros, jóvenes, tenéis el derecho de recibir de las generaciones que os preceden puntos firmes para hacer vuestras opciones y construir vuestra vida, del mismo modo que una planta pequeña necesita un apoyo sólido hasta que crezcan sus raíces, para convertirse en un árbol robusto, capaz de dar fruto.

2. Arraigados y edificados en Cristo

Para poner de relieve la importancia de la fe en la vida de los creyentes, quisiera detenerme en tres términos que san Pablo utiliza en:«Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe» (cf. Col 2, 7). Aquí podemos distinguir tres imágenes: "arraigado" evoca el árbol y las raíces que lo alimentan; "edificado" se refiere a la construcción; "firme" alude al crecimiento de la fuerza física o moral. Se trata de imágenes muy elocuentes. Antes de comentarlas, hay que señalar que en el texto original las tres expresiones, desde el punto de vista gramatical, están en pasivo: quiere decir, que es Cristo mismo quien toma la iniciativa de arraigar, edificar y hacer firmes a los creyentes.

La primera imagen es la del árbol, firmemente plantado en el suelo por medio de las raíces, que le dan estabilidad y alimento. Sin las raíces, sería llevado por el viento, y moriría. ¿Cuáles son nuestras raíces? Naturalmente, los padres, la familia y la cultura de nuestro país son un componente muy importante de nuestra identidad. La Biblia nos muestra otra más. El profeta Jeremías escribe: «Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza: será un árbol plantado junto al agua, que junto a la corriente echa raíces; cuando llegue el estío no lo sentirá, su hoja estará verde; en año de sequía no se inquieta, no deja de dar fruto» (Jer 17, 7-8). Echar raíces, para el profeta, significa volver a poner su confianza en Dios. De Él viene nuestra vida; sin Él no podríamos vivir de verdad. «Dios nos ha dado vida eterna y esta vida está en su Hijo» (1 Jn 5,11). Jesús mismo se presenta como nuestra vida (cf. Jn 14, 6). Por ello, la fe cristiana no es sólo creer en la verdad, sino sobre todo una relación personal con Jesucristo. El encuentro con el Hijo de Dios proporciona un dinamismo nuevo a toda la existencia. Cuando comenzamos a tener una relación personal con Él, Cristo nos revela nuestra identidad y, con su amistad, la vida crece y se realiza en plenitud. Existe un momento en la juventud en que cada uno se pregunta: ¿qué sentido tiene mi vida, qué finalidad, qué rumbo debo darle? Es una fase fundamental que puede turbar el ánimo, a veces durante mucho tiempo. Se piensa cuál será nuestro trabajo, las relaciones sociales que hay que establecer, qué afectos hay que desarrollar… En este contexto, vuelvo a pensar en mi juventud. En cierto modo, muy pronto tomé conciencia de que el Señor me quería sacerdote. Pero más adelante, después de la guerra, cuando en el seminario y en la universidad me dirigía hacia esa meta, tuve que reconquistar esa certeza. Tuve que preguntarme: ¿es éste de verdad mi camino? ¿Es de verdad la voluntad del Señor para mí? ¿Seré capaz de permanecerle fiel y estar totalmente a disposición de Él, a su servicio? Una decisión así también causa sufrimiento. No puede ser de otro modo. Pero después tuve la certeza: ¡así está bien! Sí, el Señor me quiere, por ello me dará también la fuerza. Escuchándole, estando con Él, llego a ser yo mismo. No cuenta la realización de mis propios deseos, sino su voluntad. Así, la vida se vuelve auténtica.

Como las raíces del árbol lo mantienen plantado firmemente en la tierra, así los cimientos dan a la casa una estabilidad perdurable. Mediante la fe, estamos arraigados en Cristo (cf. Col 2, 7), así como una casa está construida sobre los cimientos. En la historia sagrada tenemos numerosos ejemplos de santos que han edificado su vida sobre la Palabra de Dios. El primero Abrahán. Nuestro padre en la fe obedeció a Dios, que le pedía dejar la casa paterna para encaminarse a un país desconocido. «Abrahán creyó a Dios y se le contó en su haber. Y en otro pasaje se le llama "amigo de Dios"» (St 2, 23). Estar arraigados en Cristo significa responder concretamente a la llamada de Dios, fiándose de Él y poniendo en práctica su Palabra. Jesús mismo reprende a sus discípulos: «¿Por qué me llamáis: "¡Señor, Señor!", y no hacéis lo que digo?» (Lc 6, 46). Y recurriendo a la imagen de la construcción de la casa, añade: «El que se acerca a mí, escucha mis palabras y las pone por obra… se parece a uno que edificaba una casa: cavó, ahondó y puso los cimientos sobre roca; vino una crecida, arremetió el río contra aquella casa, y no pudo tambalearla, porque estaba sólidamente construida» (Lc 6, 47-48).

Queridos amigos, construid vuestra casa sobre roca, como el hombre que "cavó y ahondó". Intentad también vosotros acoger cada día la Palabra de Cristo. Escuchadle como al verdadero Amigo con quien compartir el camino de vuestra vida. Con Él a vuestro lado seréis capaces de afrontar con valentía y esperanza las dificultades, los problemas, también las desilusiones y los fracasos. Continuamente se os presentarán propuestas más fáciles, pero vosotros mismos os daréis cuenta de que se revelan como engañosas, no dan serenidad ni alegría. Sólo la Palabra de Dios nos muestra la auténtica senda, sólo la fe que nos ha sido transmitida es la luz que ilumina el camino. Acoged con gratitud este don espiritual que habéis recibido de vuestras familias y esforzaos por responder con responsabilidad a la llamada de Dios, convirtiéndoos en adultos en la fe. No creáis a los que os digan que no necesitáis a los demás para construir vuestra vida. Apoyaos, en cambio, en la fe de vuestros seres queridos, en la fe de la Iglesia, y agradeced al Señor el haberla recibido y haberla hecho vuestra.

3. Firmes en la fe

Estad «arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe» (cf. Col 2, 7). La carta de la cual está tomada esta invitación, fue escrita por san Pablo para responder a una necesidad concreta de los cristianos de la ciudad de Colosas. Aquella comunidad, de hecho, estaba amenazada por la influencia de ciertas tendencias culturales de la época, que apartaban a los fieles del Evangelio. Nuestro contexto cultural, queridos jóvenes, tiene numerosas analogías con el de los colosenses de entonces. En efecto, hay una fuerte corriente de pensamiento laicista que quiere apartar a Dios de la vida de las personas y la sociedad, planteando e intentando crear un "paraíso" sin Él. Pero la experiencia enseña que el mundo sin Dios se convierte en un "infierno", donde prevalece el egoísmo, las divisiones en las familias, el odio entre las personas y los pueblos, la falta de amor, alegría y esperanza. En cambio, cuando las personas y los pueblos acogen la presencia de Dios, le adoran en verdad y escuchan su voz, se construye concretamente la civilización del amor, donde cada uno es respetado en su dignidad y crece la comunión, con los frutos que esto conlleva. Hay cristianos que se dejan seducir por el modo de pensar laicista, o son atraídos por corrientes religiosas que les alejan de la fe en Jesucristo. Otros, sin dejarse seducir por ellas, sencillamente han dejado que se enfriara su fe, con las inevitables consecuencias negativas en el plano moral.

El apóstol Pablo recuerda a los hermanos, contagiados por las ideas contrarias al Evangelio, el poder de Cristo muerto y resucitado. Este misterio es el fundamento de nuestra vida, el centro de la fe cristiana. Todas las filosofías que lo ignoran, considerándolo "necedad" (1 Co 1, 23), muestran sus límites ante las grandes preguntas presentes en el corazón del hombre. Por ello, también yo, como Sucesor del apóstol Pedro, deseo confirmaros en la fe (cf. Lc 22, 32). Creemos firmemente que Jesucristo se entregó en la Cruz para ofrecernos su amor; en su pasión, soportó nuestros sufrimientos, cargó con nuestros pecados, nos consiguió el perdón y nos reconcilió con Dios Padre, abriéndonos el camino de la vida eterna. De este modo, hemos sido liberados de lo que más atenaza nuestra vida: la esclavitud del pecado, y podemos amar a todos, incluso a los enemigos, y compartir este amor con los hermanos más pobres y en dificultad.

Queridos amigos, la cruz a menudo nos da miedo, porque parece ser la negación de la vida. En realidad, es lo contrario. Es el "sí" de Dios al hombre, la expresión máxima de su amor y la fuente de donde mana la vida eterna. De hecho, del corazón de Jesús abierto en la cruz ha brotado la vida divina, siempre disponible para quien acepta mirar al Crucificado. Por eso, quiero invitaros a acoger la cruz de Jesús, signo del amor de Dios, como fuente de vida nueva. Sin Cristo, muerto y resucitado, no hay salvación. Sólo Él puede liberar al mundo del mal y hacer crecer el Reino de la justicia, la paz y el amor, al que todos aspiramos.

4. Creer en Jesucristo sin verlo

En el Evangelio se nos describe la experiencia de fe del apóstol Tomás cuando acoge el misterio de la cruz y resurrección de Cristo. Tomás, uno de los doce apóstoles, siguió a Jesús, fue testigo directo de sus curaciones y milagros, escuchó sus palabras, vivió el desconcierto ante su muerte. En la tarde de Pascua, el Señor se aparece a los discípulos, pero Tomás no está presente, y cuando le cuentan que Jesús está vivo y se les ha aparecido, dice: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo» (Jn 20, 25).

También nosotros quisiéramos poder ver a Jesús, poder hablar con Él, sentir más intensamente aún su presencia. A muchos se les hace hoy difícil el acceso a Jesús. Muchas de las imágenes que circulan de Jesús, y que se hacen pasar por científicas, le quitan su grandeza y la singularidad de su persona. Por ello, a lo largo de mis años de estudio y meditación, fui madurando la idea de transmitir en un libro algo de mi encuentro personal con Jesús, para ayudar de alguna forma a ver, escuchar y tocar al Señor, en quien Dios nos ha salido al encuentro para darse a conocer. De hecho, Jesús mismo, apareciéndose nuevamente a los discípulos después de ocho días, dice a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo, sino creyente» (Jn 20, 27). También para nosotros es posible tener un contacto sensible con Jesús, meter, por así decir, la mano en las señales de su Pasión, las señales de su amor. En los Sacramentos, Él se nos acerca en modo particular, se nos entrega. Queridos jóvenes, aprended a "ver", a "encontrar" a Jesús en la Eucaristía, donde está presente y cercano hasta entregarse como alimento para nuestro camino; en el Sacramento de la Penitencia, donde el Señor manifiesta su misericordia ofreciéndonos siempre su perdón. Reconoced y servid a Jesús también en los pobres y enfermos, en los hermanos que están en dificultad y necesitan ayuda.

Entablad y cultivad un diálogo personal con Jesucristo, en la fe. Conocedle mediante la lectura de los Evangelios y del Catecismo de la Iglesia Católica; hablad con Él en la oración, confiad en Él. Nunca os traicionará. «La fe es ante todo una adhesión personal del hombre a Dios; es al mismo tiempo e inseparablemente el asentimiento libre a toda la verdad que Dios ha revelado» (Catecismo de la Iglesia Católica, 150). Así podréis adquirir una fe madura, sólida, que no se funda únicamente en un sentimiento religioso o en un vago recuerdo del catecismo de vuestra infancia. Podréis conocer a Dios y vivir auténticamente de Él, como el apóstol Tomás, cuando profesó abiertamente su fe en Jesús: «¡Señor mío y Dios mío!».

5. Sostenidos por la fe de la Iglesia, para ser testigos

En aquel momento Jesús exclama: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto» (Jn 20, 29). Pensaba en el camino de la Iglesia, fundada sobre la fe de los testigos oculares: los Apóstoles. Comprendemos ahora que nuestra fe personal en Cristo, nacida del diálogo con Él, está vinculada a la fe de la Iglesia: no somos creyentes aislados, sino que, mediante el Bautismo, somos miembros de esta gran familia, y es la fe profesada por la Iglesia la que asegura nuestra fe personal. El Credo que proclamamos cada domingo en la Eucaristía nos protege precisamente del peligro de creer en un Dios que no es el que Jesús nos ha revelado: «Cada creyente es como un eslabón en la gran cadena de los creyentes. Yo no puedo creer sin ser sostenido por la fe de los otros, y por mi fe yo contribuyo a sostener la fe de los otros» (Catecismo de la Iglesia Católica, 166). Agradezcamos siempre al Señor el don de la Iglesia; ella nos hace progresar con seguridad en la fe, que nos da la verdadera vida (cf. Jn 20, 31).

En la historia de la Iglesia, los santos y mártires han sacado de la cruz gloriosa la fuerza para ser fieles a Dios hasta la entrega de sí mismos; en la fe han encontrado la fuerza para vencer las propias debilidades y superar toda adversidad. De hecho, como dice el apóstol Juan: «¿quién es el que vence al mundo sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?» (1 Jn 5, 5). La victoria que nace de la fe es la del amor. Cuántos cristianos han sido y son un testimonio vivo de la fuerza de la fe que se expresa en la caridad. Han sido artífices de paz, promotores de justicia, animadores de un mundo más humano, un mundo según Dios; se han comprometido en diferentes ámbitos de la vida social, con competencia y profesionalidad, contribuyendo eficazmente al bien de todos. La caridad que brota de la fe les ha llevado a dar un testimonio muy concreto, con la palabra y las obras. Cristo no es un bien sólo para nosotros mismos, sino que es el bien más precioso que tenemos que compartir con los demás. En la era de la globalización, sed testigos de la esperanza cristiana en el mundo entero: son muchos los que desean recibir esta esperanza. Ante la tumba del amigo Lázaro, muerto desde hacía cuatro días, Jesús, antes de volver a llamarlo a la vida, le dice a su hermana Marta: «Si crees, verás la gloria de Dios» (Jn 11, 40). También vosotros, si creéis, si sabéis vivir y dar cada día testimonio de vuestra fe, seréis un instrumento que ayudará a otros jóvenes como vosotros a encontrar el sentido y la alegría de la vida, que nace del encuentro con Cristo.

6. Hacia la Jornada Mundial de Madrid

Queridos amigos, os reitero la invitación a asistir a la Jornada Mundial de la Juventud en Madrid. Con profunda alegría, os espero a cada uno personalmente. Cristo quiere afianzaros en la fe por medio de la Iglesia. La elección de creer en Cristo y de seguirle no es fácil. Se ve obstaculizada por nuestras infidelidades personales y por muchas voces que nos sugieren vías más fáciles. No os desaniméis, buscad más bien el apoyo de la comunidad cristiana, el apoyo de la Iglesia. A lo largo de este año, preparaos intensamente para la cita de Madrid con vuestros obispos, sacerdotes y responsables de la pastoral juvenil en las diócesis, en las comunidades parroquiales, en las asociaciones y los movimientos. La calidad de nuestro encuentro dependerá, sobre todo, de la preparación espiritual, de la oración, de la escucha en común de la Palabra de Dios y del apoyo recíproco.

Queridos jóvenes, la Iglesia cuenta con vosotros. Necesita vuestra fe viva, vuestra caridad creativa y el dinamismo de vuestra esperanza. Vuestra presencia renueva la Iglesia, la rejuvenece y le da un nuevo impulso. Por ello, las Jornadas Mundiales de la Juventud son una gracia no sólo para vosotros, sino para todo el Pueblo de Dios. La Iglesia en España se está preparando intensamente para acogeros y vivir la experiencia gozosa de la fe. Agradezco a las diócesis, las parroquias, los santuarios, las comunidades religiosas, las asociaciones y los movimientos eclesiales, que están trabajando con generosidad en la preparación de este evento. El Señor no dejará de bendecirles. Que la Virgen María acompañe este camino de preparación. Ella, al anuncio del Ángel, acogió con fe la Palabra de Dios; con fe consintió que la obra de Dios se cumpliera en ella. Pronunciando su "fiat", su "sí", recibió el don de una caridad inmensa, que la impulsó a entregarse enteramente a Dios. Que Ella interceda por todos vosotros, para que en la próxima Jornada Mundial podáis crecer en la fe y en el amor. Os aseguro mi recuerdo paterno en la oración y os bendigo de corazón.

Vaticano, 6 de agosto de 2010, Fiesta de la Transfiguración del Señor.

BENEDICTUS PP XVI

[01149-04.01] [Texto original: Italiano]


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domingo, 05 de septiembre de 2010

ZENIT   publica el artículo que ha escrito Giovanni Maria Vian, director de "L'Osservatore Romano", a los setenta años de la llegada del hermano Roger Schutz a la Colina de Taizé.

La colina de Taizé


Era el 20 de agosto de 1940, hace setenta años, cuando Roger Schutz llegó por primera vez a Taizé. En aquel verano de guerra en la Francia sometida por el invasor, ciertamente el joven pastor calvinista suizo no podía imaginar que en un futuro no tan lejano -ya durante la década de 1950- otros jóvenes europeos, muchos y después muchísimos, iban a subir a esa colina en el corazón de Borgoña, en una región rural ondulada y dulce en cuyo horizonte corren a menudo grandes nubes. Al principio llegaban espontáneamente, como él, quizá en autostop, luego de todo el continente en grupos organizados, sobre todo durante el verano o en Pascua.

En el calendario litúrgico el 20 de agosto es la fiesta de san Bernardo, que vivió en Cîteaux, no muy distante de Taizé, que a su vez se encuentra a pocos kilómetros de Cluny: bajo el signo de reformas monásticas que han marcado la historia de la Iglesia. Y ya en 1940 el joven Schutz comenzó a acoger a refugiados y judíos, pensando en un proyecto de vida común con algunos amigos, que inició dos años más tarde en Ginebra por la imposibilidad de quedarse en Francia. Regresó a Taizé durante la guerra, y reanudó la acogida, esta vez de prisioneros alemanes y de niños huérfanos. Quien llega hoy encuentra un pequeño bungalow, un poco más allá de las antiguas casas y la pequeña iglesia románica, rodeada por un minúsculo cementerio, y una acogida que encarna la antigua hospitalidad en el nombre de Cristo inscrita en la Regla de san Benito.

Precisamente la vocación monástica había atraído siempre a Roger y a sus compañeros, todos de origen protestante, pero sensibles a la riqueza de las distintas corrientes cristianas y que se comprometieron ya en 1949 a una forma de vida común en el surco de la espiritualidad benedictina y de la ignaciana, delineada algunos años más tarde en la Regla de Taizé. En ese mismo año el hermano Roger fue recibido por Pío XII junto con uno de sus primeros compañeros, Max Thurian, mientras que desde 1958 sus encuentros con el Papa -Juan XXIII, Pablo VI y Juan Pablo II, que en 1986 estuvo en la colina- se convirtieron en una costumbre anual, expresando una cercanía que llevó, desde finales de la década de 1960, a la entrada en la comunidad de un número creciente de católicos. Y el hermano Roger, ya varios años antes de su asesinato a manos de una desequilibrada el 16 de agosto de 2005, designó a un joven católico alemán, Alois Löser, como su sucesor en la guía de la comunidad.

En 1962 el prior, con algunos hermanos, comenzó en el más absoluto secreto una serie de visitas a algunos países del Este europeo, mientras que en agosto se inauguró en Taizé una moderna Iglesia de la Reconciliación. Un espacio muy grande -pero que pronto hubo que ampliar, al principio con carpas, para hospedar a las miles de personas que acudían en las semanas de verano- predispuesto para la oración tres veces al día en varios idiomas. Con los largos momentos de silencio y cantos meditativos ahora muy difundidos, estas tres citas diarias eran lo que impresionaba profundamente a quienes llegaban por primera vez a la colina.

Para la apertura de un "concilio de los jóvenes" en agosto de 1974 llegaron a Taizé más de cuarenta mil de toda Europa, alojados en un campamento de tiendas, en una precariedad agravada por una lluvia torrencial. Entre ellos pasaba imperturbable el cardenal Johannes Willebrands, enviado por Pablo VI, hablando con amabilidad a los jóvenes de poco más de veinte años que se le acercaban, manchados de barro y cansados, pero impresionados por la apuesta ecuménica de la comunidad. A ellos, durante décadas, en el surco de la grande tradición cristiana, el hermano Roger dirigía cada tarde una breve meditación, y después de la oración se detenía a acoger y escuchar a quienes querían hablarle o sólo acercarse a él.
Esta fue, en los años de la contestación juvenil y del alejamiento de muchos de la fe, la revolución de Taizé. Lucha y contemplación había decidido titular el diario de aquellos años el prior, mientras la comunidad comenzaba una "peregrinación de confianza" en los distintos continentes. Buscando la reconciliación y compartir las pobrezas del mundo, reavivando la fe casi apagada en numerosos contextos de Europa central, sosteniendo su llamita en los países sofocados por el comunismo, acostumbrando a muchos jóvenes católicos a una apertura todavía más amplia.

Taizé nunca quiso constituir un movimiento, pero siempre impulsó a comprometerse en las parroquias y en las realidades locales: practicando la acogida, alentando a los pacíficos de la bienaventuranza evangélica, trabajando para la unión entre las Iglesias y las comunidades de los creyentes en Cristo, mostrando la vitalidad y la eficacia de un camino ecuménico espiritual. Que sepa reconciliar en sí mismo -el hermano Roger, notre frère, lo había aprendido de joven y lo testimonió durante toda la vida, auténtico pionero de un "ecumenismo de la santidad" como ha escrito el cardenal Bertone en nombre de Benedicto XVI- las riquezas de las distintas confesiones cristianas: la atención a la Biblia subrayada en el protestantismo, el esplendor de la liturgia ortodoxa, la centralidad de la Eucaristía católica. Delante de la cual en Taizé brilla siempre una lucecita que significa la adoración del único Señor.


Publicado por Desconocido @ 16:58  | Artículos de interés
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Artículo  escrito por monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas, con el título "Rebrotes de anticlericalismo".

 

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Asombra, inquieta y duele tanta descalificación de que hemos sido objeto los obispos, porque expresamos nuestra inconformidad cuando la Suprema Corte declaró acordes con la Constitución las uniones de personas de un mismo sexo equiparándolas a un matrimonio, con el derecho de adoptar niños. Han dicho que estamos violando la ley y que la autoridad debería sancionarnos. Uno tituló su escrito: Iglesia idiota. Otro dijo que ya no hay obispos de calidad como antes. Alguien ha hablado de las atrocidades de la religión. Y así por el estilo...

Para qué enumerar los calificativos contra el cardenal Juan Sandoval. Se puede estar en disconformidad con sus aseveraciones; se puede pensar que no tienen sustento; pero aprovechar esto para descalificarnos a todos, al Papa y a la Iglesia Católica en general, rebasa lo esperado y manifiesta un renovado anticlericalismo que no se había manifestado tan agresivo, ni siquiera cuando se descubrieron los delitos de sacerdotes.

En la historia de nuestra Iglesia, hay puntos muy negros que querríamos no hubieran existido, y que, con ocasión o sin ella, nos restriegan en la cara. Se aducen las Cruzadas, la Inquisición, el caso Galileo, los períodos oscuros del papado, la pederastia clerical, etc. Los traen a colación, para descalificar todo lo que hagamos o digamos. Muchas veces es sólo un mecanismo para defenderse y quitar fuerza a nuestra denuncia por sus infidelidades matrimoniales y por sus otras desviaciones; atacándonos, intentan autoprotegerse.

JUZGAR

Esta reacción tan virulenta nos exige analizarnos, para ver en qué hemos fallado. ¿Qué deficiencias hemos de corregir? No podemos sólo defendernos y declararnos inocentes, perseguidos por pura maldad de los atacantes. Hay que ser humildes y reconocer que somos limitados, pecadores e indignos de la misión que se nos ha confiado. No somos tan prudentes ni tan sabios como se esperaría. Si no hubiera una historia de salvación que pasa por la cruz y el sepulcro, en la que Dios acompaña y libera a su pueblo por medio de esta Iglesia que El fundó, seríamos sólo una estructura de poder y de pecado.

Jesús no descalificó a los apóstoles que había escogido, a pesar de sus fallas tan notables y dolorosas. Les confió continuar su obra redentora, sosteniéndoles con la fuerza de su Espíritu, hasta el fin de los tiempos. Esto nos alienta. No estamos solos, ni nuestro trabajo es sólo nuestro. ¡La Iglesia es obra de Cristo, y El la guiará siempre, a pesar de tormentas y deficiencias! Nuestra fe en la Iglesia está sostenida por la fe en Jesucristo, quien la fundó no con ángeles, sino con pobres hombres, que también fueron despreciados y perseguidos. Nosotros no somos los redentores, sino sólo mediaciones humanas, que llevamos este tesoro en vasijas de barro. Lo que nos importa es que Cristo sea conocido, valorado, aceptado, amado, seguido y adorado. No somos el centro; el centro es Jesús; El es el único Redentor, el único camino, la única fuente de vida. Y El no ha fallado y nunca fallará. Los que estén decepcionados de nuestra Iglesia, acérquense a Jesucristo, y no los defraudará.

La mayoría de los iracundos anticlericales fueron bautizados, proceden de familias creyentes y han recibido otros sacramentos. ¿Cómo fue su educación religiosa? ¿Qué hemos de mejorar en los procesos de evangelización y catequesis, en las liturgias, en la pastoral social y la misión?

ACTUAR

Si en algo valiera y sirviera, reiteramos a quienes nos ofenden y rechazan, que hemos pedido perdón, y lo haremos siempre que sea necesario, por las fallas pasadas y presentes. Pero les alentamos a no condenar en bloque a todos, ni a toda la Iglesia. Conozcan y valoren a tanta gente buena y digna que hay. Hay muchas religiosas santas y sacrificadas. Hay muchos diáconos y catequistas mártires en su servicio diario. Hay muchos sacerdotes ejemplares en su entrega al pueblo. Hay también obispos que desgastan su existencia en bien de la gente y trabajan calladamente en las sierras, entre los lodazales y también en las ciudades, aunque nunca aparezcan en los medios informativos y pasen desapercibidos.


Publicado por Desconocido @ 16:51  | Hablan los obispos
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ZENIT   publica el artículo que ha escrito monseñor José Ignacio Munilla Aguirre, obispo de San Sebastián, al cumplirse los cien años del nacimiento de la Madre Teresa de Calcuta.

  Madre Teresa, icono de la unidad

Fue un 26 de agosto de 1910... ¡Se cumplen cien años! La que conocemos como "Madre Teresa de Calcuta", nacía en Skopje y era bautizada con el nombre de Gonxha Agnes.

La identidad de Madre Teresa queda inequívocamente expresada en aquellas palabras suyas: "De sangre soy albanesa. De ciudadanía, india. En lo referente a la fe, soy una monja católica. Por mi vocación, pertenezco al mundo. En lo que se refiere a mi corazón, pertenezco totalmente al Corazón de Jesús".

Afortunadamente, el legado de la Madre Teresa hacia los más pobres de entre los pobres, es muy conocido. La obra por ella fundada, las Misioneras de la Caridad, continúa su carisma. Actualmente cuentan con 4.800 religiosas y 757 casas en 145 países. Jamás en toda la historia de la Iglesia se había producido una extensión tan rápida de una orden religiosa... Pero quisiera en el presente artículo referirme exclusivamente al destacadísimo legado "ad intra" que Madre Teresa nos ha dejado en la Iglesia Católica.

En los años posteriores al Concilio Vaticano II se confrontaron en el seno de la Iglesia dos concepciones que parecían irreconciliables: ¿La Iglesia Católica debía de apostar por la defensa de la ortodoxia, conservando la fe y las costumbres transmitidas por la Tradición; o por el contrario, debía centrarse en la opción por los pobres y los marginados? ¿El futuro modelo de sacerdote habría de cuidar respetuosamente de la liturgia y de su vida espiritual; o, más bien, debería estar en medio del mundo e implicado en los problemas terrenales?...

Quienes han accedido a leer directamente los textos del Concilio, saben de sobra que no existe tal dicotomía en el ideal de la Iglesia Católica. La "ortodoxia" (la doctrina recta) y la "ortopraxis" (la praxis recta), lejos de excluirse, se implican y se necesitan mutuamente.

Sin embargo, no podemos negar que en aquel momento concreto existían dos "imágenes" de Iglesia muy contrastadas, y hasta contrapuestas (por desgracia, no parece que el problema esté definitivamente superado). Además de aquella doctrina conciliar íntegra y equilibrada, la Iglesia Católica necesitaba también, como agua de mayo, un "icono" que aunase y conjugase el ideal de la "ortodoxia" y el de la "ortopraxis". Y es que, la confesión de la fe católica y su "traducción" a la práctica de las obras de justicia y caridad, son las dos caras de una misma moneda. Sólo así la doctrina católica muestra toda la belleza de su verdad: cuando la fe se traduce en obras, y cuando éstas tienen en la fe su inspiración y su fuerza... ¡¡Pues he aquí el "icono" de la Madre Teresa!! Ante su testimonio, tantas discusiones y luchas intestinas vividas en los años postconciliares, resultan absolutamente absurdas y superfluas; al comprobar que cuando se alcanza el ideal de la santidad, entonces, y sólo entonces, la verdad y la caridad se conjugan a la perfección. 

Ese gran servicio que Madre Teresa nos ha prestado "ad intra", se concreta también en la búsqueda del bien moral "íntegro" del ser humano. En efecto, es frecuente que caigamos en una especie de "acotaciones" o "reducciones" del mensaje moral cristiano: ¿A qué debemos dar prioridad? ¿A la reivindicación de la condonación de la deuda externa de los países pobres, a la campaña del 0'7%, a la lucha contra el hambre; o, por el contrario, a la defensa de la familia, del derecho a la vida desde la concepción hasta la muerte natural y del derecho de los padres a la educación de sus hijos?

Para Madre Teresa jamás existieron esas dicotomías. El bien moral es "uno", y no puede reducirse o fraccionarse. Baste recordar lo sucedido cuando en 1979 la Real

Academia Sueca la distinguió con el Premio Nobel de la Paz. Al solicitarle su consejo para promover la paz en el mundo, ella, pequeña y combativa, respondió: "Id a casa y amad a vuestras familias". La Madre Teresa fue siempre una "apisonadora" de congruencia moral. Para ella no hubo jamás fronteras divisorias entre los distintos campos de la ética.

Otra gran aportación "ad intra" de Madre Teresa, ha sido la integración de la mística cristiana y de la obra social de la Iglesia. Frente a la tentación de una espiritualidad desencarnada, o de una obra social totalmente "horizontalista" y secularizada, ella partía de la profunda experiencia mística, que tuvo en el año 1946, en la que había recibido estas palabras de Cristo: "Mi pequeña, ven, llévame a los agujeros donde viven los pobres. Ven, sé mi luz. No puedo ir solo. Llévame contigo en medio de ellos...". Esa firme convicción sería el fundamento del que fue el lema de su trabajo: "Lo hacemos por Jesús".

En resumen, no son sólo los pobres del mundo quienes agradecen a Madre Teresa su legado, sino que todos en el seno de la Iglesia Católica habremos de estarle eternamente agradecidos por su gran aportación, sin ser ella consciente de ello, en pro de la sanación de tantas heridas y malformaciones que ponen en peligro la unidad de la Iglesia y de la integridad de su mensaje.


Publicado por Desconocido @ 16:46  | Hablan los obispos
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Comentario al evangelio del domingo veintitrés del Tiempo Ordinario, publicado en Diario de Avisos el domingo 5 de Septiembre de 2010 bajo el epígrafe “DOMINGO CRISITANO”.

La ciencia de calcular

Daniel Padilla

Calcular es un arte. Y una ciencia. Y una profunda sabiduría que define al hombre prudente. Cuando vimos en televisión, en la inauguración de los ya lejanos Juegos Olímpicos de Barcelona, lo bien que había calculado el arquero la distancia y la trayectoria de su flecha para encender la llama olímpica, todos nos quedamos admirados de su arte. Cuando comprendemos que detrás de cada acción de cualquiera de nuestros deportistas, frente a nuestra impaciencia, existe mucho de cálculo al detalle, nos damos cuenta, sólo entonces, de su arte, su ciencia y su sabiduría. Es importante, por tanto, calcular. Hay lugares en el evangelio en los que Jesús condena al calculador. ¿Se acuerdan de aquel hombre que abarrotó sus graneros de cosecha y calculó que allá tenía bienes suficientes para tumbarse a comer, beber y darse buena vida. Pues calculó mal. Lo dijo Jesús. Y lo mismo dijo de aquel administrador que calculó que, rebajando los albaranes de los deudores, podría granjearse amigos para el día de mañana. Pero vean ahora la otra cara. En el evangelio de hoy nos dice Jesús que "si uno quiere construir una torre, debe primero sentarse a calcular los gastos, no vaya a ser que no le llegue para terminarla". Y, del mismo modo, deberá proceder un rey que emprenda una batalla. "Ha de calcular si podrá enfrentarse con diez mil soldados a quien viene con veinte mil". Hay cálculos, por lo tanto, buenos y absolutamente necesarios. Y aquí es justamente donde Jesús llegaba al meollo de su discurso. Ser seguidor suyo no es cosa de improvisación y de hagamos un brindis al sol!. El seguidor de Cristo es alguien que tiene que construir una torre y tiene que emprender una batalla. Para ello, es menester ponerse a calcular. Y lo primero que verá claro en ese cálculo es que hay que arrojar mucho lastre por la borda. Es decir, tendrá que desprenderse -o, al menos, relativizar- todo aquello que, en un momento, puede entorpecer sus pasos de caminante-seguidor de Cristo. Lo dijo él mismo bien claramente: "Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, no puede ser discípulo mío". Y "quien no cargue con su cruz detrás de mí, no puede ser discípulo mío". El gran error, por lo tanto, que se suele colar en nuestras cuentas es ése: que solemos empeñarnos en compaginar la cruz con el placer; que mezclamos alegre e irresponsablemente seguimiento de Cristo con seguimiento del mundo; queremos construir una torre sin privarnos de nada; soñamos en ganar todas las batallas sin bajarnos de la guagua. Y no, amigos. Ahora que estamos comenzando un nuevo curso y todos volvemos a replantearnos nuestros pasos de seguidores de Jesús, comprobaremos la solidez de nuestra andadura cristiana recordando las palabras suyas: "El reino de los cielos padece la violencia y solamente los que saben hacerse violencia a sí mismos lo consiguen". O, si prefieren elegir las últimas palabras del evangelio de hoy: "El que no renuncia a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío".


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sábado, 04 de septiembre de 2010

Homilía de monseñor Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia, para el domingo 21º durante el año (22 agosto 2010). (AICA)

“EL SEÑOR CORRIGE AL QUE AMA”         

Lc 13,22-30 

I. “MIENTRAS SE DIRIGÍA A JERUSALÉN” 

1. A partir de la transfiguración, San Lucas redacta su Evangelio como un largo camino de Jesús desde Galilea a Jerusalén, donde morirá y resucitará: “Se encaminó decididamente hacia Jerusalén” (Lc 9,51). Y en él intercala sus enseñanzas y milagros. Este camino es un símbolo del largo camino espiritual que hemos de hacer en pos de él, para llegar a ser verdaderos discípulos.

 II. “LUCHEN PARA ENTRAR POR LA PUERTA ESTRECHA”

2. En el Evangelio de hoy, se presenta un hombre religioso, pero más curioso de la religión que religioso de veras: “Mientras se dirigía a Jerusalén, una persona le preguntó: ‘Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan?’” (Lc 13,23). Jesús, que tiene muy claro el norte del camino, y quiere que nosotros apuntemos hacia él, no responde a la curiosidad. Y con su respuesta, reorienta la cuestión hacia la verdadera religión: “Luchen para entrar por la puerta estrecha, porque les aseguro que muchos querrán entrar y no lo conseguirán” (v. 24).

La respuesta no es abstracta. Va dirigida al curioso de la religión y a todos los que son como él, entre los cuales podríamos estar nosotros: “En cuanto el dueño de casa se levante y cierre la puerta, ustedes, desde afuera, se pondrán a golpear la puerta, diciendo: ‘Señor, ábrenos’. Y él les responderá: ‘No sé de donde son ustedes’” (v. 25).

 3. “Luchen para entrar”: es lo que dice el texto griego, más expresivo que el “traten de entrar” de la traducción argentina, muy buena por lo demás. Es preciso luchar, esforzarse por desechar todo lo que nos distraiga de entrar por la puerta del Evangelio.

De ésta, Jesús dice que es “estrecha”. La califica así en relación a la puerta del mal, que es muy ancha, pues existen innumerables maneras de realizarlo. El bien, en cambio, si bien puede ser practicado con acciones muy diversas, tiene una sola manera de ser hecho. Por ello Jesús, en el Sermón del Monte, dijo: “Entren por la puerta estrecha, porque es ancha la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que van por él. Pero es angosta la puerta y estrecho el camino que lleva a la Vida, y son pocos los que lo encuentran” (Mt 7,13-14).

III. “YO SOY LA PUERTA”

 4. El evangelista Juan complementa la enseñanza sobre la puerta, con la parábola del corral de las ovejas que tiene una puerta, que es Jesús: “Yo soy la puerta de las ovejas… El que entra por mí se salvará; podrá entrar y salir, y encontrará su alimento” (Jn 10,7.9). Esta puerta es la más ancha y cómoda de todas. Todo el que le cree de veras a Jesús, lo ama y pone en práctica su palabra: entrará y gozará con él. En cambio, por más que conozca de religión, y participe de actos religiosos, si no le creyese de veras a Jesús y no practicase su Evangelio, ese no entrará: “Entonces ustedes comenzarán a decir: ‘Hemos comido y bebido contigo, y tú enseñaste en nuestras plazas’. Pero él les dirá: ‘No sé de dónde son ustedes: ¡apártense de mí todos los que hacen el mal!’” (Lc 13,26-27). 

IV. ¿HAY ALGÚN HIJO QUE NO SEA CORREGIDO POR SU PADRE?  

5. La segunda lectura de hoy está tomada de la carta a los Hebreos. Un escrito a primera vista difícil, pero fácil de comprender mediante la lectura atenta. Se trata de una comunidad con un pasado glorioso: “Recuerden los primeros tiempos, apenas habían sido iluminados (bautizados) y ya tuvieron que soportar un rudo y doloroso combate… Ustedes compartieron los sufrimientos de los que estaban en la cárcel y aceptaron con alegría que los despojaran de sus bienes” (Hb 10,32.34). Pero ahora se encuentra acobardada y se distrae en cuestiones secundarias: los ángeles y el culto del Templo, que la hacen olvidar de Jesucristo. Por lo mismo, algunos comienzan a abandonar la reunión fraterna y no celebran la Eucaristía. A esta comunidad se dirige la exhortación que leemos hoy: “Si ustedes tienen que sufrir es para su corrección, porque Dios los trata como a hijos. ¿Hay algún hijo que no sea corregido por su padre?” (12,7). 

VI. JESUCRISTO LLAMA HOY A SU IGLESIA A LA CONVERSIÓN 

6. La comunidad de los Hebreos y el hombre curioso: son símbolos del cristiano y de la Iglesia contemporánea. Distraídos en miles de cosas, pero olvidados de lo esencial, que es Jesucristo y su Evangelio, la Iglesia está sufriendo contradicciones de todo tipo. Unas provienen de adentro: la conducta anti-evangélica de algunos de sus hijos, la rebeldía de algunos clérigos, la laxitud espiritual de muchos de nosotros los consagrados, el descuido de la predicación y de la catequesis. Otras provienen de afuera: los medios, que todo lo confunden; políticas antihumanas, como la de haber despojado al matrimonio entre el varón y la mujer de su característica más propia y exclusiva; etc. Pero en todo eso está Dios que llama a la Iglesia a la conversión: ““Hijo mío, no desprecies la corrección del Señor… Porque el Señor corrige al que ama” (vv.5-6).

7. ¿Escucharemos esta voz del Señor? ¿O la desoiremos como desoímos en gran medida el llamado a la conversión que Jesucristo nos dirigió en el Concilio?  

Mons. Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia 


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Homilía de monseñor Héctor Sabatino Cardelli, obispo de San Nicolás en el Campito de la Virgen (25 de agosto de 2010). (AICA)

MISA EN EL SANTUARIO DE LA VIRGEN

En los tiempos que corremos nosotros como Iglesia de Jesucristo, debemos encaminar seriamente nuestros pasos por la senda de la verdad y del amor.

Las actitudes farisaicas de vivir lo religioso asentado fundamentalmente en prácticas rituales y observancias vacías de espíritu, nunca fueron caminos que nos llevaran a Dios, o expresaran nuestra unión viva con el Señor y, menos ahora, donde el viento del relativismo arrastra toda hojarasca que simule fe.

Los mismos contenidos doctrinales vividos sin sobrenaturalidad y sin fe, se convierten en una ciencia religiosa que hasta pone en riesgo el verdadero mensaje revelado.

La religiosidad popular, que gracias a nuestra historia y a la primera evangelización, ha dejado en nosotros la huella de valores cristianos, no alcanza, en la medida que no nos promueva la síntesis entre lo que creemos y lo que luego practicamos en la vida de todos los días.

Estos pantallazas nos ayuden a pensar cómo estamos viviendo nuestra relación con Dios y en qué medida iluminan y dan sentido al rumbo definitivo de nuestra existencia y nos ayuden a respondernos radicalmente a la pregunta ¿para qué vivimos? ¿Quién es Jesucristo para nosotros?

Hoy los cristianos debemos, más que nunca, actuar como verdadera levadura, como sal y luz, en medio de este mundo que sufre un

proceso de des-cristianización, confundiendo el bien y el mal, trastocando las leyes de Dios y la naturaleza, descolocando la dignidad de las personas del lugar en el que Dios las constituyó, desconociendo el valor de la vida y encumbrando aquello que debiera cubrirnos de vergüenza.

¡Qué nos pide hoy, Jesús? Él nos dice que es el  Camino que nos conduce a la vida. Es de vital importancia conocer la verdad, para que al dejarnos conducir por ella, podamos recorrer el Camino que nos lleve a vivir plenamente ese encuentro con Jesús, dando unidad a todo lo que vivimos y hacemos. Pero la verdad de Dios viene contenida dentro de su voluntad amorosa, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de esa verdad.

Cuando nos ponemos en sintonía con el querer de Dios comenzamos a dejarnos influir por su verdad, la que a la vez, nos mueve a hacerla difusiva.

Este llamado al anuncio deberá estar movilizado por el amor que lo hace aceptable y contagioso de su misma esencia: En Dios, el Amor y la Verdad, son la misma realidad vistas desde la inteligencia y desde el corazón.

Pascal nos decía, hace tiempo, que el corazón tiene razones que la razón no tiene. Anunciar, enseñar, transmitir con el corazón que hace aceptable y querible a la verdad, a la vez que esta ilumina  y discierne los sentimientos del corazón.

Ante un avance del relativismo, tanto la verdad como el amor son los verdaderos medios para llegar a la inteligencia y a la voluntad del hombre de hoy, tan solicitado por el error y lo emotivo en sus pensamientos y sentimientos.

Para poder ser instrumentos eficaces de la voluntad salvífica de Dios, que quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, se necesita mucha autenticidad y coherencia en nuestra vida y conducta cristianas, por la cual es necesario desechar de entre nosotros, los católicos, todo fariseísmo para anunciar más que con ritualismos y prácticas con el testimonio vivo de nuestra conducta y sentimientos acordes a los de Jesús.

Nos llega la hora de decir la verdad sin recortes; Jesús habla que no hay términos medios: o con Él o en contra de Él; Sí al sí y NO al no. Pero la verdad sin amor, sin caridad, lastima, excluye, y hasta revela. El amor deberá acompañar siempre a la verdad para sentirla luz, maestra, madre y que la Iglesia es depositaria sólo para darla, como Jesús nos la dio, entregándonos por ella y por aquellos a quienes va dirigida, como Jesús lo hizo por cada uno de nosotros.

Nuestro camino pasa por decir toda la verdad, con el mayor amor que el Espíritu Santo nos infunda!

Así brillará nuevamente la ley que disipará las tinieblas de los corazones y nos haga “uno” en el amor.

Hoy, María nos convoca nuevamente, como Madre y Maestra. Es la Madre del Amor hermoso y la sede de la Sabiduría, es la Maestra que nos recomienda hacer lo que Él nos diga!

¡María, aquí estamos tus hijos y discípulos, para misionar nuestra historia en la verdad y el amor! Amén. 

Mons. Héctor S. Cardelli, obispo diocesano de San Nicolás 


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ZENIT  publica el texto que Benedicto XVI ha enviado a sor Mary Prema Pierick, superiora general de la congregación de las Misioneras de la Caridad, con ocasión del ocasión del centenario del nacimiento de la Beata Teresa de Calcuta, celebrado el jueves 26 de Agosto.

 

Le envío cordiales saludos a usted y a todas las Misioneras de la Caridad al inicio de las celebraciones del centenario del nacimiento de la Beata Madre Teresa, fundadora de vuestra orden y modelo ejemplar de virtud cristiana. Confío en el hecho de que este años será para la Iglesia y para el mundo una ocasión de gratitud ferviente hacia Dios por el don inestimable que Madre Teresa ha sido en el transcurso de su vida y que sigue siendo a través de la obra amorosa e incansable que lleváis a cabo vosotras, sus hijas espirituales.

Para prepararos a este año, habéis buscado acercaros aún más a la persona de Jesús, cuya sed de almas se extingue gracias a vuestro ministerio por Él en los más pobres de entre los pobres. Habiendo respondido con confianza a la llamada directa del Señor, Madre Teresa dio ejemplo excelente ante el mundo de las palabras de san Juan: “Queridos míos, si Dios nos amó tanto, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros. Si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros y el amor de Dios ha llegado a su plenitud en nosotros” (1 Jn 4, 11-12).

Que este amor siga inspirándoos, Misioneras de la Caridad, para donaros generosamente a Jesús, quien veis y servís, o lo que es lo mismo, a los pobres, a los marginados y a los abandonados. Os animo a beber con constancia de la espiritualidad y del ejemplo de Madre Teresa y, siguiendo sus huellas, a acoger la invitación de Cristo: “Venid y sed mi luz”. Participando espiritualmente en las celebraciones por el centenario, con gran afecto en el Señor, imparto de todo corazón a as Misioneras de la caridad y a todos aquellos que servís, mi paternal Bendición Apostólica.

[© Copyright 2010 - Libreria Editrice Vaticana, traducción del italiano por Inma Álvarez]


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Homilía de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para el domingo 21º durante el año (22 de agosto de 2010). (AICA)

“SOLO ATRAPAR VIENTOS”            

En el Evangelio de este domingo (Lc. 13,22-30), el Señor nos presenta algunas condiciones para participar del banquete del amor, o del Reino. Desde ya, su propuesta es exigente: “Esfuércense en entrar por la puerta angosta, porque les digo que muchos intentarán entrar pero no podrán” (Lc. 13,24). Es cierto que solo podemos asumir las exigencias o condiciones, cuando descubrimos el tesoro. En el texto Jesús nos plantea que ese tesoro es el Reino de Dios, en definitiva este nuevo Reino es el “Reino del Amor”.

Considero importante que intentemos profundizar sobre el sentido cristiano de la palabra amor. Muchas veces escuchamos el uso de esta palabra vaciada del significado profundo que tiene. Es comprensible que esto ocurra en el contexto de nuestra época que tiende a superficializar las propuestas y presentarnos cosas que parecen ser, pero no son. Tenemos bebidas, comidas y a veces hasta relaciones humanas que son solamente “Light” (superficiales). En este contexto la palabra amor se liga a logros sensibles, a cuestiones circunstanciales y sin compromisos.

El amor que nos propone Jesús para ingresar a su Reino nos plantea que: “No hay amor más grande que dar la vida por los amigos” (Jn. 15,13). Uno queda sorprendido como muchos luchan por acceder a otro tipo de reino, “el reino del poder, tener y placer”. Reinos temporales que son absolutizados e idolatrizados. ¿Cómo hacer entender que la idolatría, no llena ni plenifica el corazón humano? Es lamentable tener que señalar que es muy difícil encontrar actitudes, que estén realmente motivadas por el bien común, aún cuando la mayoría se denomina cristiano. A veces se habla de justicia, de los pobres, de reinvindicaciones sociales... ¡Se habla!, se pelea y lucha, pero en general no tanto por solidaridad hacia el necesitado, sino para encubrir luchas de poder. El Eclesiastés nos señala el absurdo de tanto desgaste, “si todo es vanidad y solo atrapar vientos”. Después de tantos sufrimientos, nuestra gente ya aprendió a captar a los mentirosos. Es bueno recordar a nuestra dirigencia que hay “estilos” que cayeron en desgracia y que no tienen futuro. El que apueste a trabajar de verdad por el bien común de la gente y tenga en cuenta el valor de la “solidaridad”, seguramente contará con su credibilidad y favor.

En justicia hay que señalar que a pesar de estos males del presente, también podemos encontrar muchas expresiones de verdadero amor en nuestra sociedad, expresiones de bien común, que son en definitiva las acciones que sostienen y construyen la historia: El amor de una madre por sus hijos, el sacrificio de un padre de familia, amigos que dan la vida por sus amigos, los esposos que se hacen uno en el amor, pero Jesús a los cristianos nos enseña algo nuevo, Él amó así a todos, incluso a los enemigos. Por eso la caridad no es solo para un grupo, es universal. A este Reino o a este banquete están invitados todos: “Pues vendrán muchos de oriente y occidente, del norte y del sur, a sentarse a la mesa en el Reino de Dios. Hay últimos que serán los primeros y primeros que serán últimos” (Lc. 13,29-30).

Pero no debemos olvidar que el ingreso es por la puerta angosta. Amar exige tener en cuenta a los demás, dar la vida por los otros, sobre todo por los que más necesitan. Para que el servicio a los demás no sea solo sacar provecho personal necesita del respaldo de la caridad.

Este tema tiene especial vigencia, porque hoy insistimos que es indispensable “globalizar la solidaridad”. La palabra solidaridad para un cristiano no tiene solo un componente social, sino que además tiene un fundamento teológico o bien en la fe. La solidaridad es una expresión de la caridad. Jesucristo, es el maestro de la caridad, quien por amor dio su vida por nosotros.

Esta condición que nos plantea el Evangelio de este domingo para entrar al Reino, de amar como fundamento de la solidaridad y del bien común, es un tema central para que lo tengamos presente los argentinos y los misioneros y evitemos seguir perdiendo el tiempo “atrapando vientos”. La mentira no tiene futuro.

¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo! 

Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas 


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viernes, 03 de septiembre de 2010

ZENIT  nos ofrece la catequesis que el Papa Benedicto XVI dirigió el miércoles 25 de Agostode 2010 a los peregrinos congregados en el patio y en las afueras del Palacio Apostólico de Castel Gandolfo, para la audiencia general.

Queridos hermanos y hermanas,

en la vida de cada uno de nosotros hay personas muy queridas, a las que nos sentimos particularmente cercanas, algunas están ya en los brazos de Dios, otras comparten aún con nosotros el camino de la vida: son nuestros padres, los familiares, los educadores; son personas a las que hemos hecho el bien o de las que hemos recibido el bien; son personas con las que sabemos que podemos contar. Es importante, sin embargo, tener también “compañeros de viaje” en el camino de nuestra vida cristiana: pienso en el director espiritual, en el confesor, en las personas con las que se puede compartir la experiencia de fe, pero pienso también en la Virgen María y en los santos. Cada uno debería tener algún santo que le fuese familiar, para sentirle cercano con la oración y la intercesión, pero también para imitarlo. Quisiera invitaros, por tanto, a conocer más a los santos, empezando por aquel cuyo nombre lleváis, leyendo su vida, sus escritos. Estad seguros de que se convertirán en buenos guías para amar cada vez más al Señor y ayudas válidas para vuestro crecimiento humano y cristiano.

Como sabéis, yo también estoy unido de modo especial a algunas figuras de Santos: entre estas, además de san José y san Benito, de quienes llevo el nombre, y de otros, está san Agustín, a quien tuve el gran don de conocer, por así decirlo, de cerca a través del estudio y la oración, y que se ha convertido en un buen “compañero de viaje” en mi vida y en mi ministerio. Quisiera subrayar una vez más un aspecto importante de su experiencia humana y cristiana, actual también en nuestra época, en la que parece que el relativismo sea, paradójicamente, la “verdad” que debe guiar el pensamiento, las decisiones, los comportamientos.

San Agustín fue un hombre que nunca vivió con superficialidad; la sed, la búsqueda inquieta y constante de la Verdad es una de las características de fondo de su existencia; pero no la de las “pseudo-verdades” incapaces de dar paz duradera al corazón, sino de esa Verdad que da sentido a la existencia y es la “morada” en la que el corazón encuentra serenidad y alegría. El suyo, lo sabemos, no fue un camino fácil: creyó encontrar la Verdad en el prestigio, en la carrera, en la posesión de las cosas, en las voces que le prometían la felicidad inmediata; cometió errores, atravesó tristezas, afrontó fracasos, pero nunca se detuvo, nunca se contentó con lo que le daba solamente buscaba un indicio de luz; supo mirar en lo íntimo de sí mismo y se dio cuenta, como escribe en sus Confesiones, de que esa Verdad, ese Dios que buscaba con sus fuerzas era más íntimo a él que el mismo, había estado siempre a su lado, nunca le había abandonado, estaba a la espera de poder entrar de forma definitiva en su vida (cfr III, 6, 11; X, 27, 38). Como decía comentando el reciente film sobre su vida, san Agustín comprendió, en su inquieta búsqueda, que no era él quien había encontrado la Verdad, sino que la propia Verdad, que es Dios, le persiguió y le encontró (cfr L’Osservatore Romano, jueves 4 de septiembre de 2009, p. 8). Romano Guardini, comentando un pasaje del capítulo tercero de las Confesiones, afirma: san Agustín comprendió que Dios es “gloria que nos pone de rodillas, bebida que extingue la sed, tesoro que hace felices, […él tuvo] la pacificadora certeza de quien finalmente ha comprendido, pero también la bienaventuranza del amor que sabe: esto es todo y me basta” (Pensatori religiosi, Brescia 2001, p. 177).

Siempre en las Confesiones, en el Libro noveno, nuestro santo recoge un coloquio con su madre, santa Mónica – cuya memoria se celebra el próximo viernes, pasado mañana. Es una escena muy hermosa: él y su madre están en Ostia, en un albergue, y desde la ventaba ven el cielo y el mar, y trascienden cielo y mar, y por un momento tocan el corazón de Dios en el silencio de las criaturas. Y aquí aparece una idea fundamental en el camino hacia la Verdad: las criaturas deben callar para que se produzca el silencio en el que Dios puede hablar. Esto es verdad también en nuestro tiempo: a veces se tiene una especie de miedo al silencio, del recogimiento, de pensar en los propios actos, en el sentido profundo de la propia vida, a menudo se prefiere vivir solo el momento fugaz, esperando que traiga felicidad duradera; se prefiere vivir, porque parece más fácil, con superficialidad, sin pensar; se tiene miedo de buscar la Verdad, o quizás se tiene miedo de que la Verdad nos encuentre, nos aferre y nos cambie la vida, como le sucedió a san Agustín.

Queridos hermanos y hermanas, quisiera decir a todos, también a quien está en un momento de dificultad en su camino de fe, a quien participa poco en la vida de la Iglesia o a quien vive “como si Dios no existiese”, que no tengan miedo de la Verdad, que no interrumpan nunca el camino hacia ella, que no cesen nunca de buscar la verdad profunda sobre sí mismos y sobre las cosas con los ojos internos del corazón. Dios no dejará de dar Luz para hacer ver y Calor para hacer sentir al corazón que nos ama y que desea ser amado.

Que la intercesión de la Virgen María, de san Agustín y de santa Mónica nos acompañe en este camino.

[En español dijo]

Saludo a los grupos de lengua española, en particular a los fieles de la Parroquia de Santa María la Mayor, de Andújar, así como a los demás peregrinos venidos de España, México y otros países latinoamericanos. Os invito a que os familiaricéis con la vida y los escritos de los Santos, pues os ayudarán a amar cada vez más al Señor y a crecer como personas y como cristianos.

[Llamamiento]

Mi pensamiento se dirige a Mogadiscio, desde donde siguen llegando noticias de crueles violencias y que ayer se convirtió en escenario de una nueva masacre. Estoy junto a las familias de las víctimas y de todos los que, en Somalia, sufren a causa del odio y de la inestabilidad, siguió diciendo a los fieles congregados en el patio de la residencia pontificia de Castel Gandolfo. Deseo que, con la ayuda de la comunidad internacional, no se ahorren esfuerzos para restablecer el respeto de la vida y de los derechos humanos.

[Saludo a los peregrinos que no pudieron entrar en el patio del Palacio Apostólico]

Queridos amigos,

gracias por vuestra presencia y vuestro entusiasmo. Os auguro una buena jornada, buenas vacaciones y mucha alegría en estos días cálidos. Que el Señor os ayude y os acompañe siempre. Os doy mi bendición.

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por Desconocido @ 23:19  | Habla el Papa
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Nota enviada a la Agencia Fides por la Southern African Catholic Bishops’ Conference (SACBC), firmada por el Cardenal Wilfrid Napier OFM, Arzobispo de Durban y portavoz de la SACBC. Hace algunos días el Cardenal Napier expresó su contrariedad con la ley (ver 25/8/2010). 

Protección de la Ley de Información: Declaración del Cardenal Napier

La Conferencia de Obispos Cátólicos de Sudáfrica tiene serias dudas acerca de la conveniencia y la constitucionalidad del Proyecto de Ley de Protección de Datos actualmente en el Parlamento, así como sobre la necesidad de la creación de un Tribunal de Apelación de los medios de comunicación 

La Conferencia de Obispos Católicos de Sudáfrica (SACBC) comparte la opinión de numerosos grupos de la sociedad civil y de expertos de renombre constitucional, que el proyecto de ley pone en peligro algunos de nuestros derechos más fundamentales:

a) El derecho a recibir e impartir información;
b) El derecho a la libertad de prensa y medios de comunicación;
c) El derecho de acceso a la información en poder del Estado, y
d) El derecho a la justicia administrativa. 

Por otra parte, creemos que el proyecto de ley viola el espíritu de apertura y de rendición de cuentas que es tan necesaria para apoyar las disposiciones de la Constitución sobre el buen gobierno, esencial para una democracia saludable.

Nuestras preocupaciones incluyen:
i) que prácticamente cualquier tipo de información es susceptible de ser clasificada como secreta por funcionarios que no rinden cuentas al público;
ii) que la definición de interés nacional y la seguridad nacional son tan amplias que podrían ser utilizadas para mantener en secreto los asuntos que deberían por derecho ser accesibles al público;
iii) que prácticamente no existe derecho de recurso, ya que cualquier apelación sería procesada por la misma gente que hizo la sentencia original.

Desde luego, no queremos un gobierno que nos lleve de vuelta a las prácticas opresivas de antaño, contra la cual se puso en marcha nuestra lucha común.

Aceptamos que un cierto grado de restricción de la información es legítimo y necesario. Sin embargo, tenemos dudas graves sobre la forma en que se llevará a cabo, sobre todo,  porque corre el riesgo de fomentar o fortalecer una cultura de no rendición de cuentas y de falta de transparencia entre los funcionarios públicos en todos los niveles.

Por lo tanto, instamos enérgicamente al gobierno a retirar el proyecto de ley para redactarlo completamente a fin de que garantice que la apertura y transparencia exigidas por la Constitución y demandadas por una mayoría clara de la organización de la sociedad civil informada y de expertos legales estén adecuadamente incluidas

Por último, es en este contexto que la Conferencia Episcopal Católica Sudafricana pide al gobierno reconocer que ya existe un Defensor del Pueblo eficiente de los medios de comunicación. Hay base en las propuestas para reforzar la función del Defensor del Pueblo que permitan a los medios autorregularse. Creemos que la medida propuesta le dará a este instrumento fuerza suficiente para satisfacer las quejas.

Cardenal Wilfrid Napier OFM
Arzibispo de Durban
Portavoz para la Conferencia de Obispos Católicos de Sudáfrica

 (Traducción particular no oficial desde el inglés)

Comunicado de la SACBC (en inglés)
 


Publicado por Desconocido @ 17:37  | Hablan los obispos
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ZENIT  publica el comentario al Evangelio del domingo XXIII del tiempo ordinario (Lucas  14, 25-33), 5 de septiembre, redactado por monseñor Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo, administrador apostólico de Huesca y de Jaca. 

Evangelio del domingo: Seguir a Jesús como discípulo 

Dice el evangelio que "mucha gente acompañaba a Jesús". El paso del Señor, con sus milagros admirables, con su enseñanza sorprendente, con su persona fascinadora, iba arrancando "seguidores", con toda la carga de entusiasmo y también de ambigüedad. Él criticó el espejismo de una euforia masiva, porque la comprensión de su Mensaje y la adhesión a su Vida no se mide por éxitos estadísticos, sino por la fidelidad del corazón que