S?bado, 16 de octubre de 2010

Homil?a de monse?or Ra?l Martorell, obispo de Puerto Iguaz?, para el 26? domingo durante el a?o (26 de septiembre de 2010). (AICA)

SE?OR QUE NO MIRE A LOS BIENES TERRENOS, SINO QUE PRACTIQUE LA JUSTICIA, LA RELIGI?N, LA FE Y AL AMOR? (1 Tim. 6,11)

La liturgia de este d?a es una exhortaci?n a considerar las tremendas consecuencias de una vida relajada y fr?vola. Vuelven en la primera lectura los duros reproches del Profeta Am?s (Am. 6, 4-7) dirigidos a los ricos que se entregan a la comodidad y al lujo y que s?lo se preocupan por sacarle a la vida todo el jugo que ?sta pueda ofrecer. Los describe ociosos y acomodados en sus divanes -bebiendo y cantando- sin preocuparse por el pa?s que va a la ruina. Entonces Am?s les profetiza:?Por eso ir?n al destierro a la cabeza de los cautivos. Se acab? la org?a de los disolutos? (Ib. 7). Esta profec?a se cumplir? treinta a?os despu?s sobre el pueblo de Israel y se constituir? una de las muchas lecciones hist?ricas sobre la ruina social y pol?tica que causa la decadencia moral. La actual civilizaci?n del bienestar y del consumismo no parece haberlo comprendido. Mirando con m?s profundidad, esta lectura encierra una reflexi?n m?s importante: la vida encerrada en los estrechos horizontes de los placeres terrenos es de por s? negaci?n de la fe, es impiedad y ate?smo pr?ctico con el consiguiente desinter?s por las necesidades del pr?jimo y el bien com?n. En pocas palabras: es el camino para la ruina en el tiempo y en la eternidad.

Este ?ltimo aspecto aparece ilustrado en el Evangelio (Lc. 16, 19-31) con la par?bola que contrapone al rico Epul?n con el pobre L?zaro. Aparentemente este hombre rico no parece tener m?s pecado que su excesivo apego a las riquezas, al lujo y a la buena mesa. Pero examinando m?s hondo se descubre el absoluto desinter?s por Dios y por el pr?jimo. Todas sus preocupaciones parecen estar en banquetear cada d?a (Ib 19) totalmente despreocupado del pobre L?zaro que desfallece a su puerta. Este L?zaro -aunque no se diga expresamente- parece uno de esos pobres que tienen puesta su esperanza con resignaci?n en Dios. Por eso cuando les sobrevino a ambos la muerte ?a L?zaro los ?ngeles lo llevaron al seno de Abrah?n? (Ib. 22), ?mientras que el rico se hundi? en los tormentos? (Ib. 23). En el di?logo que sigue entre el rico y el padre Abrah?n se subraya el inexorable destino eterno que corresponde a la voluntaria toma de posici?n del hombre en la tierra. El que crey? en Dios y confi? en ?l tendr? un lugar en el Reino. El que se dio al placer comport?ndose como si Dios no existiese, quedar? eternamente separado de ?l. Aqu? se ve que la pobreza y el sufrimiento son medios de los que se sirve Dios para que quien los sufre busque bienes mejores y ponga su esperanza en ?l. La prosperidad y las riquezas, con frecuencia, hacen al hombre presuntuoso y menospreciador de Dios y de los bienes eternos y por eso se constituyen en tiranos lazos que sofocan todo anhelo por las realidades m?s altas.

San Pablo rechaza la b?squeda desordenada de los bienes terrenos y dice que ?la codicia es la ra?z de todo los males?, y afirma a continuaci?n: ?t?, siervo de Dios, en cambio, huye de todo esto, practica la religi?n, la justicia, la fe y el amor? (1 Tim. 6,11). El cristiano debe cuidarse much?simo de toda forma de codicia, ya que esto escandaliza mucho a la gente sencilla e incluso a los mismos mundanos. El cristiano fiel est? llamado a combatir ?el buen combate de la fe? no solamente para s? sino tambi?n para sus hermanos y el sacerdote est? llamado a administrar y guardar no los bienes temporales sino los eternos y transmitir sin alterar el patrimonio de la fe y del Evangelio.

La posesi?n de los bienes temporales no est? re?ida con la fe y con la pr?ctica del evangelio siempre que est?n al servicio de los m?s necesitados y del pr?jimo en general. Estos bienes temporales son ?tiles para construir un mundo mejor en donde la inequidad sea destruida por la justicia que con estos bienes se pueda realizar. Hoy vemos muchos pobres y muchos ricos, separados por una brecha de desigualdad que genera distintos tipos de exclusiones. La riqueza debe construirse por medio del trabajo y de los dones que Dios ha dado a cada uno. En el mundo de hoy falta el trabajo y la cultura del trabajo. Muchas veces se especula con la d?diva y con toda clase de limosna para no tener que trabajar. Tambi?n hay que decir que cuando hay trabajo ?ste debe ser bien remunerado, de modo que quien trabaja pueda acceder a una vida mejor y as? poder crecer y progresar. El rico debe preocuparse por ser creador de fuentes de trabajo convirti?ndose as? en constructor de una sociedad m?s justa y equitativa sirviendo de ese modo a Dios y al pr?jimo.

Que la Virgen Madre nos ayude a todos los creyentes a poner los dones dados por Dios al servicio del Reino y de nuestros hermanos.?

Mons. Marcelo Ra?l Martorell, obispo Puerto Iguaz??


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