domingo, 31 de octubre de 2010

Reflexión de monseñor Jorge Eduardo Lozano, obispo de Gualeguaychú, para el domingo 17 de octubre de 2010. (AICA)

FELIZ DÍA DE LAS MAMÁS

En casi todas las ciudades y pueblos hay un “monumento a la madre” en alguna de sus plazas. Es una manera de rendir homenaje y expresar gratitud. Es que las mamás de verdad “se merecen un monumento”. Se las representa con el niño pequeños en brazos, o amamantando.

Se reconoce de este modo cómo cuidan el presente y el futuro de ese niño, su hijo, y al hacerlo cuidan también del presente y el futuro de la Patria. Esos brazos son la primera escuela en la que se aprende el amor con asistencia perfecta.

Tus manos son cobijo, ternura y plegaria. Tu vientre lugar de vida y amor. Tu mirada ayuda a crecer confiados y en serenidad. ¡Cuántas poesías nos conmueven manifestando tu belleza!

Todo en vos está dispuesto desde todos los tiempos para esa vocación sublime de la maternidad. Ser mujer, madre, esposa, compañera, amiga despliega aires nuevos en vos y en los demás.

Ayudanos a cuidarnos del desprecio a la vida por nacer y a la vida ya nacida.

Te pido que recemos por dos situaciones que me duelen y preocupan de algunas mamás que sufren mucho.

Una, las mamás de Haití que perdieron a sus hijos en el terremoto, o que los ven lastimados y enfermos. Otras, las mamás en nuestra Argentina cuyos niños son pobres y no les alcanza para darles lo necesario para vivir con dignidad. En nuestro país la mitad de los niños son pobres, y eso los hace muy vulnerables a enfermedades y con grandes dificultades en su crecimiento.

En este año del Bicentenario quisiera también pensar en la Patria como una madre. Ojalá todos los que nacen en la Argentina sientan que la Patria es como una mamá que los abraza y quiere a todos por igual. Que a todos los argentinos —sus hijos— los va a cuidar para que tengan los mismos derechos y las mismas oportunidades de crecer.

Para que tengamos un Bicentenario en Justicia y Solidaridad te necesitamos, mamá. Rezo por vos y los tuyos.

Con mi cariño y bendición. 

Mons. Eduardo Lozano, obispo de Gualeguaychú 


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Texto del micro radial de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, emitido por LT 9 (16 de octubre de 2010). (AICA)

DÍA DE LA MADRE

Durante el mes de octubre dedicado a la Familia ocupa un lugar destacado el Día de la Madre. No es casual esta relación celebrativa. En ambos casos se da una relación única e irrepetible respecto al don de la vida. Es cierto, podemos distinguir la maternidad de la familia. Lamentablemente, en muchos casos, la madre asume en soledad esta doble misión. Es el mismo ámbito de la vida naciente el que reclama de su complementación, por ser el modo ideal en que debe vivirse y educarse. La vida no sólo reconoce su origen en esta complementariedad del hombre y la mujer, sino que su crecimiento tiene, en esa doble presencia la forma ideal de su desarrollo. Es la misma vida la que necesita de la presencia de esta riqueza.

Para ellas la maternidad es expresión de amor y entrega. Pero no es justo, sin embargo, que nos quedemos sólo en palabras de admiración y afecto, sino que es importante reconocer la maternidad a nivel de sociedad. Esto conlleva una política que acompañe e implemente condiciones que hagan de la misión de ser madre una realidad valorada en el desarrollo social de la comunidad. No tengamos temor de hablar de la maternidad como una vocación propia de la mujer. Ello no niega otras funciones o roles de la mujer, que ciertamente la enriquecen y nos enriquecen como sociedad. Creo, por ello, que considerar a la maternidad como un valor, incluso un ideal en la vida de la mujer, es signo de una cultura madura y responsable. Es más, creo que es la mejor noticia para ir creando un futuro en un nivel más humano y espiritual.

Esto debe estar presente, de modo especial, en la necesaria educación sexual que se debe impartir en las escuelas desde los niveles iniciales. Ser madre, ser mujer, no es sólo una cuestión biológica, aunque tenga en ello su fundamento natural, sino un camino, un llegar a ser mujer y madre. La aptitud y disposición física, como la apertura psicológica y espiritual del hombre y de la mujer deben ser iluminadas y acompañadas en el desarrollo significativo de su identidad sexual. Estos temas, lejos de todo planteo ideológico o de mera confrontación, requieren a nivel de padres, docentes, como de las mismas autoridades educativas, de una serena reflexión y respeto, porque hacen a cuestiones que tienen profundas raíces en el campo antropológico, cultural como religioso. No se puede arrogar el Estado un derecho que no le corresponde primariamente. No es el Estado el sujeto de los derechos, sino la persona humana en su dignidad y libertad.

Como todo hijo agradecido y deudor del cariño y formación de una madre, quiero unir en este día mi oración a la de ustedes, queridos hermanos, para recordarlas y pedir a Dios por ellas. Reciban de su Obispo junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor y Nuestra Madre de Guadalupe. 

Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz 


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ZENIT  nos ofrece la homilía que Benedicto XVI pronunció el domingo 17 de Octubre de 2010 durante la Misa celebrada en la plaza de San Pedro para la canonización de Stanisław Sołtys, André Bessette, Cándida María de Jesús Cipitria y Barriola, Mary of the Cross MacKillop, Giulia Salzano y Battista Camilla Varano.

¡Queridos hermanos y hermanas!

Se renueva hoy en la Plaza de San Pedro la fiesta de la santidad. Con alegría os dirijo mi cordial bienvenida a los que habéis llegado, también de muy lejos, para participar en ella. Un particular saludo a los Cardenales, a los Obispos y a los Superiores Generales de los Institutos fundados por los nuevos Santos, así como a las Delegaciones oficiales y a todas las Autoridades civiles. Juntos buscamos acoger lo que el Señor nos dice en las sagradas Escrituras recién proclamadas. La liturgia de este domingo nos ofrece una lección fundamental: la necesidad de rezar siempre, sin cesar. A veces nosotros nos cansamos de rezar, tenemos la impresión de que la oración no es tan útil para la vida, que es poco eficaz. Por eso somos tentados a dedicarnos a la actividad, a emplear todos los medios humanos para lograr nuestros objetivos, y no recurrimos a Dios. Jesús en cambio afirma que es necesario rezar siempre, y lo hace mediante una parábola específica (cf. Lc 18, 1-8).

Ésta habla de un juez que no teme a Dios y no mira por nadie, un juez que no tiene respeto al prójimo. El otro personaje es una viuda, una persona en una situación de debilidad. En la Biblia, la viuda y el huérfano son las categorías más necesitadas, porque están indefensas y sin medios. La viuda va al juez y le pide justicia. Sus posibilidades de ser escuchada no casi nulas, porque el juez la desprecia y ella no pude presionarlo. Y menos apelar a principios religiosos, porque el juez no teme a Dios. Por eso esta viuda parece privada de toda posibilidad. Pero ella insiste, pide sin cesar, es inoportuna, y así al final se las arregla para obtener el resultado del juez. En este punto Jesús hace una reflexión, usando el argumento a fortiori: si un juez injusto al final se deja convencer por la súplica de una viuda, cuanto más Dios, que es bueno, escuchará a quien le ruega. Dios de hecho es la generosidad en persona, es misericordioso, y por tanto está siempre dispuesto a escuchar las oraciones. Por tanto, nunca debemos desesperar, sino insistir siempre en la oración.

La conclusión del fragmento evangélico habla de la fe: “Cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?” (Lc 18,8). Es una pregunta que quiere suscitar un aumento de fe por nuestra parte. Está claro de hecho que la oración debe ser expresión de fe, en caso contrario no es verdadera oración. Si uno no cree en la bondad de Dios, no puede rezar de una manera verdaderamente adecuada. La fe es esencial como base de la actitud de la oración. Así lo hicieron los seis nuevos Santos que hoy son propuestos a la veneración de la Iglesia universal: Stanisław Sołtys, André Bessette, Cándida María de Jesús Cipitria y Barriola, Mary of the Cross MacKillop, Giulia Salzano y Battista Camilla Varano.

[La homilía continuó en diversas lenguas. En polaco, dijo:]

San Stanislaw Kazimierczyk, religioso del siglo XV, puede ser también para nosotros ejemplo e intercesor. Toda su vida estuvo ligada a la Eucaristía. Primero en la iglesia del Corpus Domini en Kazimierz, la Cracovia de hoy, donde, junto a su madre y a su padre, aprendió la fe y la piedad; donde emitió los votos religiosos en los Canónigos Regulares; donde trabajó como sacerdote, educador, atento al cuidado de los necesitados. De manera particular, sin embargo, estaba ligado a la Eucaristía a través del amor ardiente a Cristo presente bajo las especies del pan y del vino; viviendo el misterio de la muerte y de la resurrección, que se cumple de manera incruenta en la Santa Misa; a través de la práctica del amor al prójimo, del cual es fuente y signo la Comunión.

[En francés, dijo:]

El hermano André Bessette, originario de Québec, en Canadá, y religioso de la Congregación de la Santa-Cruz, conoció muy pronto el sufrimiento y la pobreza. Éstos le condujeron a recurrir a Dios por la oración y una vida interior intensa. Conserje del colegio Notre Dame en Montréal, muestra una caridad sin límites y se esfuerza por aliviar las angustias de los que van a confiarse a él. Muy poco instruido, entendió, sin embargo, dónde se encontraba lo esencial de su fe. Para él, creer significa someterse libremente y por amor a la voluntad divina. Habitado todo él por el misterio de Jesús, vivió la bienaventuranza de los corazones puros, la de la rectitud personal. Esta simplicidad ha permitido a muchos ver a Dios. Él hizo construir el Oratorio San José de Mont Royal donde permanecerá como guarda fiel hasta su muerte en 1937. Fue testigo de innumerables curaciones y conversiones. “No busquéis que os quiten las pruebas”, dijo, “pedid más bien la gracia de sobrellevarlas bien”. Para él, todo hablaba de Dios y de su presencia. ¡Que nosotros podamos, siguiéndole, buscar a Dios con sencillez para descubrirlo siempre presente en medio de nuestra vida!

¡Que el ejemplo del Hermano André pueda inspirar la vida cristiana canadiense!

[En español, dijo:]

Cuando el Hijo del Hombre venga para hacer justicia a los elegidos, ¿encontrará esta fe en la tierra? (cf. Lc 18,8). Hoy podemos decir que sí, con alivio y firmeza, al contemplar figuras como la Madre Cándida María de Jesús Cipitria y Barriola. Aquella muchacha de origen sencillo, con un corazón en el que Dios puso su sello y que la llevaría muy pronto, con la guía de sus directores espirituales jesuitas, a tomar la firme resolución de vivir “sólo para Dios”. Decisión mantenida fielmente, como ella misma recuerda cuando estaba a punto de morir. Vivió para Dios y para lo que Él más quiere: llegar a todos, llevarles a todos la esperanza que no vacila, y especialmente a quienes más lo necesitan. “Donde no hay lugar para los pobres, tampoco lo hay para mí”, decía la nueva Santa, que con escasos medios contagió a otras Hermanas para seguir a Jesús y dedicarse a la educación y promoción de la mujer. Nacieron así las Hijas de Jesús, que hoy tienen en su Fundadora un modelo de vida muy alto que imitar, y una misión apasionante que proseguir en los numerosos países donde ha llegado el espíritu y los anhelos de apostolado de la Madre Cándida.

[En inglés, dijo:]

“Recordad quiénes fueron vuestros maestros -de ellos podéis aprender la sabiduría que conduce a la salvación a través de la fe en Jesucristo”. Durante muchos años, innumerables jóvenes en toda Australia han sido bendecidos con profesores inspirados en el ejemplo valiente y santo de celo, perseverancia y oración de la Madre Mary McKillop. Ella se dedicó como joven a la educación de los pobres en dificultad en el difícil terreno de la Australia rural, inspiró a otras mujeres a unirse a ella en la primera comunidad femenina de hermanas religiosas de ese país. Atendió las necesidades de cada joven confiado a ella, sin reparar en posición social ni riqueza, proporcionando formación tanto intelectual como espiritual. A pesar de los numerosos desafíos, sus oraciones a San José y su incansable devoción al Sagrado Corazón de Jesús, a quien dedicó su nueva congregación, dieron a esta mujer santa las gracias necesarias para permanecer fiel a Dios y a la Iglesia. ¡Que, a través de su intercesión, sus seguidores puedan continuar hoy sirviendo a Dios y a la Iglesia con fe y humildad!

[En italiano, dijo:]

En la segunda mitad del siglo XIX, en Campania, al sur de Italia, el Señor llamó a una joven maestra de primaria, Giulia Salzano, e hizo de ella una apóstol de la educación cristiana, fundadora de la Congregación de las Hermanas Catequistas del Sagrado Corazón de Jesús. La Madre Giulia comprendió bien la importancia de la catequesis en la Iglesia, y, uniendo la preparación pedagógica al fervor espiritual, se dedicó a ella con generosidad e inteligencia, contribuyendo a la formación de personas de toda edad y clase social. Repetía a sus hermanas que deseaba hacer catecismo hasta la última hora de su vida, demostrando con todo su ser que si “Dios nos ha creado para conocerLo, amarLo y servirLo en esta vida”, no había que anteponer nada a esta tarea. Que el ejemplo y la intercesión de santa Giulia Salzano sostengan a la Iglesia en su perenne tarea de anunciar a Cristo y de formar auténticas conciencias cristianas.

Santa Battista Camilla Varano, monja clarisa del siglo XV, testimonió hasta el fondo el sentido evangélico de la vida, especialmente perseverando en la oración. Habiendo entrado a los 23 años en el monasterio de Urbino, se insertó como protagonista en ese vasto movimiento de reforma de la espiritualidad femenina franciscana que intentaba recuperar plenamente el carisma de santa Clara de Asís. Promovió nuevas fundaciones monásticas en Camerino, donde fue elegida abadesa varias veces, en Fermo y en San Severino. La vida de santa Battista, totalmente inmersa en las profundidades divinas, fue una ascensión constante en el camino de la perfección, con un heroico amor a Dios y al prójimo. Estuvo marcada por grandes sufrimientos y consolaciones místicas; había decidido de hecho, como ella mismo escribe, “entrar en el Sacratísimo Corazón de Jesús y ahogarse en el océano de sus muy amargos sufrimientos”. En un momento en que la Iglesia sufría una relajación de las costumbres, ella recorre con decisión el camino de la penitencia y de la oración, animada por el ardiente deseo de renovación del Cuerpo místico de Cristo.

Queridos hermanos y hermanas, demos gracias al Señor por el don de la santidad, que resplandece en la Iglesia y hoy se refleja en el rostro de estos hermanos y hermanas nuestros. Jesús también nos invita a cada uno de nosotros a seguirlo para heredar la vida eterna. Dejémonos atraer por estos ejemplos luminosos, dejémonos guiar por sus enseñanzas, para que nuestra existencia sea un cántico de alabanza a Dios. Nos obtengan esta gracia la Virgen María y la intercesión de los seis nuevos Santos que hoy con alegría veneramos. Amén. 

[Traducción del original plurilingüe por Patricia Navas
©Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 19:28  | Habla el Papa
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ZENIT  nos ofrece las palabras que dirigió Benedicto XVI el domingo 17 de Octubre de 2010 al concluir la misa de canonización de seis nuevos beatos (Stanisław Sołtys, André Bessette, Cándida María de Jesús Cipitria y Barriola, Mary of the Cross MacKillop, Giulia Salzano y Battista Camilla Varano), cuando se disponía a introducir la oración mariana del Ángelus.

Al final de esta solemne celebración, deseo renovar mi cordial saludo a todos los peregrinos que han venido para honrar a los nuevos Santos.

[En francés:]

Saludo con gusto a los peregrinos francófonos, entre ellos la Delegación oficial de Canadá y de todos los Canadienses aquí presentes para la canonización del Hermano André Bessette. Recogiendo su mensaje, os animo a seguir sus pasos para acoger libremente y por amor la voluntad de Dios en vuestra existencia. Que vosotros podáis también, como él, veros desbordados por la caridad hacia los hermanos y hermanas vuestros que sufren angustia. ¡Que Dios os bendiga a todos, así como a vuestras familias! ¡Feliz estancia en Roma!

[En inglés:]

Saludo cordialmente a todos los peregrinos de habla inglesa, especialmente a los que habéis venido en tan gran número para la canonización de hoy. Que estos nuevos santos puedan acompañaros con sus oraciones y os inspiren por el ejemplo de sus vidas santas. Doy las gracias especialmente a las Delegaciones oficiales de Canadá y Australia que habéis viajado a Roma en honor a San André Bessette y a Santa Mary MacKillop. Que Dios os bendiga y os guarde a todos, así como a vuestros familiares y a vuestros seres queridos que están en casa.

[En alemán:]

Cordialmente doy la bienvenida a los peregrinos y visitantes de lengua alemana. Los santos son la imagen viva del Amor de Dios. Así, hoy nos alegramos por estos nuevos santos, Stanislaw Kazimierczyk Sołtys, André Bessette, Cándida María Cipitria, Mary MacKillop, Giulia Salzano y Camilla da Varano. Ellos son para nosotros modelos a seguir y abogados para nuestra vida como cristianos. El Señor os bendiga a todos.

[En español:]

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española que han participado en la solemne ceremonia de canonización de esta mañana, en especial a los Señores Cardenales y Obispos, así como a la Delegación oficial de España. Confío a las Religiosas Hijas de Jesús a la intercesión de Santa Cándida, su Fundadora. Pido a Dios también que los nuevos santos sirvan de modelo al pueblo cristiano, particularmente a los jóvenes, para que sean cada vez más los que acojan la llamada del Señor y entreguen por completo su vida a proclamar la grandeza de su amor.

[En polaco:]

Saludo cordialmente a todos los polacos venidos para la canonización. En particular, doy la bienvenida a los representantes del Episcopado y al Señor Presidente de la República Polaca. Me alegro con vosotros de la gloria de santidad de vuestro compatriota Stanisław Kaźmierczyk. Aprendamos de él el espíritu de la oración, de contemplación y de sacrificio por el prójimo. Que él mantenga en la presencia de Dios a la Iglesia en Polonia, a vosotros aquí presentes, a vuestros seres queridos y a vuestra Patria. Os bendigo de corazón.

[En italiano:]

Saludo a los peregrinos italianos que celebran a santa Battista Camilla Varano y a santa Giulia Salzano, así como a las Delegaciones oficiales presentes por esta feliz circunstancia. En particular mi pensamiento se dirige a sus hijas espirituales, así como a los fieles venidos de Las Marcas y de Campania.

Pensando en Italia, debo recordar que hoy, en Reggio Calabria, se clausura la 46ª Semana Social de los Católicos Italianos, que ha elaborado una “agenda de esperanza” para el futuro del país. Dirijo un cordial saludo a los participantes, conectados en este momento en directo, y auspicio que la búsqueda del bien común constituya siempre la referencia segura para el compromiso de los católicos en la acción social y política.

Ahora nos dirigimos en oración a María Santísima, que Dios ha colocado en el centro de la gran asamblea de los santos. A ella le confiamos toda la Iglesia, para que, iluminada por su ejemplo y sostenida por su intercesión, camine con impulso siempre nuevo hacia la patria del Cielo. 

[Traducción del original plurilingüe por Patricia Navas
© Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 19:24  | Habla el Papa
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Desde la oficina de Prensa del Obispado de Tenerife nos remiten el ar´ticulo de Olegario González de Cardedal publicado en ABC 31/10.

¿QUÉ IGLESIA ENCONTRARÁ EL PAPA?

OLEGARIO GONZÁLEZ DE CARDEDAL

ABC. 31/10

 

¿CÓMO es la Iglesia española? No podemos comprenderla si no tenemos presentes los últimos cincuenta años, en los que han tenido lugar acontecimientos que han significado un vuelco para España entera y de manera especial para ella: el Concilio Vaticano II, la transición política, la unidad europea, la posmodernidad y la globalización. Esto hay que verlo además sobre el trasfondo de las trasformaciones aceleradas, diríamos revolucionarias, que el mundo ha vivido en esos decenios: tránsito de una sociedad, agraria, a una sociedad industrial y finalmente a una sociedad posindustrial o sociedad del conocimiento, de la información y de la ciencia.

En la Iglesia perduran personas, instituciones y acciones correspondientes a esas tres fases, cada una de las cuales llevó consigo una forma de predicar el Evangelio, de crear signos religiosos y de erigir instituciones. Los medios de presentación del Evangelio son bien distintos en cada una de ellas. ¿En qué se parecen las grandes urbes y las nuevas ciudades dormitorio a la vieja aldea con la plaza, el ayuntamiento y la iglesia centrados en torno a la misa dominical, como expresión de la fiesta, del encuentro y de la convivencia interhumana? Tendríamos que analizar ese conjunto de trasformaciones que han llevado consigo un desplazamiento y una quiebra en la Iglesia, exigiéndole nuevas formas de presencia, de palabra y de acción. ¿Cómo ha respondido a ellas?

La Ilustración, los movimientos sociales y la modernidad han obligado a la Iglesia a repensar las instituciones, acciones y formas de su relación anterior con la sociedad: todo eso ha tenido que integrarlo y articularlo en solo años. Y no se rehace en cinco decenios lo que es fruto de catorce siglos. Todo esto sumado a las crisis generales de conciencia, a la secularización, al despertar de los nuevos imperios con sus milenarias religiones, como Japón, India y China, a la presencia beligerante del islam, a los diversos fundamentalismos, a la desaparición de Dios en el espacio público político de Europa, al ecumenismo de las culturas, a la afirmación de las minorías sin voluntad de integración dentro de la cultura y el universo occidental al que emigran. Añadamos el nuevo clima político español, nada sensible a la realidad religiosa como tal.

La Iglesia española es hoy de una casi inabarcable complejidad y riqueza. En su dimensión estructural yo distinguiría cinco niveles de esa única Iglesia, una cuando tiene unidad de Credo, de Evangelio, de sacramentos y de autoridad. Primero tenemos la que podríamos llamar Iglesia ministerial (obispos, sacerdotes, colaboradores en el universo parroquial); luego, Iglesia corresponsabilizada en publicidad (órdenes religiosas, institutos seculares, con su inmenso complejo de organizaciones, presencia en la marginación, instituciones educativas); Iglesia de comunidades (aquellos movimientos y formas de articular la fe y la entrega al Evangelio mediante la formación de minorías, que ayudan a profundizar y celebrar esa fe, superando la inmersión en la increencia y ateísmo circundantes); la Iglesia laical (la mayoría de los fieles, que viven su vida cristiana en los marcos generales de la Iglesia, muchos de los cuales se integran en asociaciones, fraternidades, cofradías); la Iglesia remanente o en los márgenes, sin romper ni adherirse al centro (son los que nacieron y crecieron con la fe, pero que por falta de cultivo, desidia, duda o simple distancia la han olvidando, mas no quieren romper el cordón umbilical con ella, ya que es el universo simbólico desde el que piensan, aun cuando no confiesen la fe eclesial y no sean coherentes con su moral en la vida diaria). Esas expresiones de eclesialidad forman la única Iglesia con un pluralismo que contrasta con la uniformidad que determinó la primera mitad del siglo anterior. Todas ellas forman la real, cordial, familia de la Iglesia: conocerse y reconocerse, aceptarse amorosa y críticamente entre sí es hoy imperativo sagrado.

¿Cómo es esa Iglesia vista por dentro? El por dentro, es decir la fe, esperanza y caridad de cada hombre, solo Dios lo conoce. Vista desde lo que aparece, hay riqueza de vida frente a las asechanzas exteriores, empeñadas en decir que a la Iglesia le quedan tres telediarios. Hay que descubrir la posibilidad, gloria y gozo de poder creer en libertad a la altura de la Ilustración, de la modernidad y de la globalización; hay que alegrarse con todo realismo de pertenecer a una Iglesia presente en las fronteras de la pobreza, de la marginación y de los lugares de peligro, como pueden ser enfermos de sida, la soledad de las personas marginadas, el mundo rural, pobres y emigrantes. La sociedad española se quedaría hoy sin respiro moral si la Iglesia dejase esos lugares donde los hombres sufren, enferman, esperan, están y mueren solos. Iglesia de la oración (comunidades contemplativas); Iglesia de la misión (miles de misioneros religiosos, religiosas y seglares dispersos por todo el mundo); Iglesia de la acción (¿qué hay comparable en España a esas dos admirables instituciones que son Cáritas y Manos Unidas?); Iglesia de la educación (miles de centros en todos los niveles formativos). Sobre la Iglesia repercute hoy gravemente la falta de horizonte y proyecto político, la degradación moral de parte de la sociedad, la perversión de ciertas decisiones de Gobierno, la desesperanza generalizada, la pérdida de confianza en los líderes sociales, eclesiales e intelectuales.

La primacía para la Iglesia hoy es ante todo la transmisión de la fe por cauces nuevos. Se han alterado los viejos: la madre, la familia, la escuela y la parroquia. Hoy estos han cambiado: educan la calle, la música y la información por sus diversos y complejísimos cauces, la sociedad anónima. ¿Cómo se va a resituar la Iglesia y qué nuevos cauces instaurará? Hay que pasar a una transmisión personal y comunitaria, acompañar a las inmensas parroquias con pequeñas capillas dispersas, constituir a cada madre, a cada familia, a cada creyente, a cada grupo, en protagonistas de esa fe ofrecida y explicitada, acreditada y contagiada. Hay que pasar de la costumbre, del anonimato y de la mera institución a la personalización clara, gozosa y pública, a la Iglesia fraternal que sea de todos, no de los curas, sino en la que también hay curas.

Otra primacía es la comunión eclesial. Más allá de los grupos ideológicos, de las actuaciones de la Iglesia en cada región, de la afinidad o diversidad política, nos unen las realidades santas del Cristo viviente y de su Santo Espíritu. Hay que redescubrir la fe como don y posibilidad admirables en el servicio a Dios y a los hombres. La tercera primacía es la cultura, la teología, el pensar y proponer la fe con una formación e información a la altura del tiempo histórico. Hay que mostrar con palabras, pensares y hechos que Dios es pensable, creíble y amable; que vivir ante Él y desde Él es la suprema posibilidad del hombre, clave de sentido y raíz de esperanza.

Esa Iglesia recibe como gracia de Dios a Benedicto XVI: urgiéndonos a la reforma moral y al coraje intelectual, conjugando razón y Evangelio, Ilustración e Iglesia. No en vano sus dos primeros libros traducidos al español se titulan «El Dios de la fe y el Dios de los filósofos» y «La Fraternidad cristiana». Oírle será un gozo y una gracia de Dios, un aguijón y un desafío.


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sábado, 30 de octubre de 2010

ZENIT publica el artículo que ha escrito monseñor Joan-Enric Vives, arzobispo de Urgell, sobre el beato John Henry Newman con el título "El corazón habla al corazón".


Durante el viaje oficial al Reino Unido hace un mes, el Santo Padre Benedicto XVI beatificó a John Henry Newman (1801-1890), hombre de gran sensibilidad y de corazón grande, sacerdote, teólogo e intelectual muy prestigioso, pastor entregado a todos desde las parroquias que sirvió y del Oratorio donde vivió gran parte de su vida sacerdotal. Fue creado cardenal en su vejez, por León XIII, "para honrar a toda la Iglesia". Ahora es un nuevo intercesor para la Iglesia. Dados sus orígenes anglicanos, puede ser un santo que -a la manera de los jóvenes mártires de Uganda- hermanará a católicos y anglicanos en un mismo amor por Jesucristo y la Iglesia, que anhela la santidad que es Dios mismo.

Emociona su amor radical a la verdad, su respeto a la conciencia, y su convicción de que la verdad siempre es liberadora. Tuvo que vivir en un ambiente difícil para la fe, con una fuerte secularización y combates contra los creyentes. Pero él se interesó por los problemas de la fe y de las razones para la fe, sin ser un escolástico ni un racionalista. Se interesó por el acto de consentimiento de la fe, la conciencia y su derecho a la libertad, el desarrollo del dogma, la eclesiología, los laicos y el retorno a la Biblia y a los Santos Padres de la Iglesia, que paradójicamente están en primer plano en las actuales discusiones teológicas. Por todo esto, ha sido considerado como un precursor del Concilio Vaticano II.

Siempre fue un buscador de la verdad, con sus escritos, pero por encima de todo con su vida entera, ya siendo anglicano y luego como católico y sacerdote. El lema del cardenal Newman fue "cor ad cor loquitur", "el corazón habla al corazón", lema muy sugerente. Como gran intelectual y hombre de cultura que era, Newman utilizó con inteligencia la razón para entender a fondo lo que la fe propone; sin embargo, como hombre santo que también era, se dio cuenta de que sólo con el corazón se puede captar la verdad profunda de Dios y del hombre. Comprendió la vida de todo cristiano como una llamada a la santidad, como un anhelo íntimo del corazón humano a vivir en comunión con el Corazón de Dios.

Toda la vida del cardenal Newman habla de una búsqueda apasionada de la verdad, de un deseo firme de coherencia entre vida y pensamiento. Su conversión al catolicismo a los 44 años, cuando ya era considerado una celebridad en la Iglesia de Inglaterra, responde a esta sincera y radical disponibilidad hacia las exigencias que brotan del Evangelio. Para él, la religión no era sólo un asunto personal y subjetivo, tal como lo consideraba gran parte de la sociedad de su tiempo, y también del nuestro, que aún la considera así. Reconocía en el cristianismo la fuente de inspiración del presente y del futuro de la humanidad, no sólo para las personas como individuos, sino también para las sociedades y las culturas en su conjunto. En la misión eclesial de ser luz del mundo y semilla de un mundo nuevo, el cardenal Newman consideraba esencial el papel de los seglares: «Deseo laicos que no sean ni arrogantes ni imprudentes al hablar, ni alborotadores, sino que conozcan bien la propia religión, que la profundicen, que sepan bien donde están, que sepan qué tienen y qué no tienen, que conozcan el propio credo hasta el punto de que puedan dar razón de su fe».


A mí ya me había cautivado desde hace muchos años, porque llevo el mismo nombre que él (¡y no somos muchos!) y me atrae su pensamiento de gran influencia en el Concilio Vaticano II, el acontecimiento eclesial que marcó mi juventud y el período más intenso de mis estudios. El ejemplo de este nuevo beato ha sido muy importante para el Papa Benedicto XVI, tal como él mismo ha manifestado: "Newman nos enseña que si hemos aceptado la verdad de Cristo y nos hemos comprometido con Él, no puede haber separación entre lo que creemos y lo que vivimos. Todos y cada uno de nuestros pensamientos, palabras y obras, han de buscar la gloria de Dios y la extensión de su Reino".


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ZENIT  publica el artículo que ha escrito el padre Manuel Nin, benedictino; rector del Pontificio Colegio Griego de Roma, con motivo del Sínodo de los Obispos de Oriente Medio, en el diario de la Santa Sede L'Osservatore Romano.

Ser cristianos o dejar de serlo 

Al regreso de su peregrinación a Tierra Santa, en septiembre de 2009, Benedicto XVI convocó el Sínodo para Oriente Próximo, en presencia de los patriarcas y los jefes de las distintas Iglesias orientales católicas y acogiendo su petición. La vida concreta de las Iglesias cristianas orientales católicas, sus desafíos, sus esperanzas, sus temores llevaron a sus pastores a proponer al Obispo de Roma que convocara la celebración de este instrumento de la vida eclesial. El uso y el significado de la palabra sínodo, término quizás más nuevo en Occidente, no lo es para Oriente, y mucho menos para el Oriente cristiano, que justamente llamamos "próximo" y que recoge su herencia multiforme sobre todo de la antiquísima sede de Antioquía.


Mientras que durante los primeros siglos de la era cristiana la otra gran sede episcopal del Oriente cristiano, la de Alejandría, tuvo en el episcopado mismo y en la escuela teológica de la ciudad el lugar de reflexión tanto teológica como eclesiológica, y que se manifestó en las grandes figuras que van de un Orígenes (siglo II-III) a un Cirilo de Alejandría (siglo V); en cambio, la Iglesia antioquena a lo largo de su historia bimilenaria tuvo en la institución sinodal el instrumento fundamental para afrontar y resolver los problemas tanto de carácter teológico como eclesiológico. Desde la segunda mitad del siglo III hasta muy avanzado el siglo VI, Antioquía fue sede de varios sínodos que afrontaron temas doctrinales y eclesiológicos muy importantes: la cuestión en torno a Pablo de Samosata en el sínodo del año 268; en las décadas sucesivas al concilio de Nicea del año 325 todos los diversos sínodos antioquenos en los que los obispos de la región decidieron sobre la aceptación o no del credo niceno, y que fueron sínodos sobre todo de carácter doctrinal; después, en torno a la figura de Melecio de Antioquía, elegido obispo en 360. Todos esos sínodos afrontaron cuestiones de carácter fuertemente eclesiológico y en ellos participaron también la sede romana y las grandes figuras episcopales de Basilio de Cesarea y Dámaso de Roma. 


La ciudad donde los cristianos fueron llamados por primera vez con ese apelativo (cf. Hechos de los Apóstoles 11, 26) es la cuna de una buena parte de las tradiciones culturales, lingüísticas, litúrgicas y teológicas del Oriente cristiano. Especialmente Antioquía es el seno de tres grandes tradiciones litúrgicas que todavía hoy conforman la vida teológica, litúrgica y espiritual de varias Iglesias orientales: la tradición siro-oriental, la siro-occidental y la bizantina.


En el ya lejano 1977 uno de los mejores conocedores y amantes del Oriente Próximo cristiano, el padre Jean Corbon (1924-2001), publicó L'Église des Arabes, un libro iluminador e indispensable en su género, en el cual el autor analiza y profundiza la presencia de la Iglesia en el área medioriental a partir de la realidad cristiana de la ciudad de Antioquía. Al inicio de su obra Corbon se pregunta cuáles son los modos para conocer y para vivir "una" y "en una" Iglesia. Y enumera tres. En primer lugar, el necesario conocimiento "de la humanidad de Cristo que es cada Iglesia, aquí y ahora, desde un punto de vista geográfico hasta el sociológico y el lingüístico". En segundo lugar, el necesario conocimiento "de lo que sucede hoy en cada una de las Iglesias a partir de su historia, de los hechos que la han configurado y sacudido a lo largo de los siglos. La sensibilidad para sentir la armonía de la historia" en la vida de esa Iglesia. En tercer lugar, el necesario conocimiento "de la fe, es decir, de la Iglesia vista y vivida como misterio de fe, y como misterio de fe que implica y toca la vida de cada uno de los fieles".


A lo largo de su obra, Corbon analiza en la prima parte la historia cristiana de la ciudad de Antioquía; y, hablando de esta ciudad, la mirada del autor va a todo el Oriente Próximo cristiano, subrayando un hecho que nunca podríamos ignorar para comprender la realidad, de ayer y de hoy, de estas tierras: el proceso de inculturación árabe que, más allá de las variantes también confesionales entre las diversas Iglesias cristianas, creará un fuerte sentimiento de comunión entre ellas. Un hecho que, sin embargo, no eliminará la presencia de otras dos realidades culturales y lingüísticas importantes: la griega y la siria. 


En la segunda parte de la obra, Corbon hace un análisis meticuloso de la situación actual de la Iglesia antioquena -leemos de todo Oriente Próximo- y propone puntos sobre los que conviene reflexionar para entender los verdaderos problemas. En primer lugar, la problemática de las realidades eclesiales provenientes de Occidente, tanto de ámbito católico latino como reformado, e insiste en la necesidad vital de rechazar cualquier forma de proselitismo tanto de carácter eclesiológico como litúrgico, evitando formas que hoy definiríamos de sincretismo y de hibridismo litúrgico entre tradiciones distintas, cada una de las cuales tiene un patrimonio único e intangible. En segundo lugar, Corbon menciona las realidades de las Iglesias orientales católicas en ámbito antioqueno: armenio-católica, greco-católica, siro-católica y caldea, y su relación con las Iglesias hermanas de comunión ortodoxa. 


El autor insiste "en el eje alrededor del cual todas las cuestiones se unifican y se aclaran, es decir, la comunión en la caridad entre las Iglesias. En torno a este eje se pueden abordar todas las demás cuestiones, sin minimizarlas en absoluto".


Así pues, al inicio de la celebración del Sínodo, la obra de Jean Corbon resulta seguramente profética en numerosos aspectos y de algún modo se podría proponer casi como un segundo Instrumentum laboris para las reflexiones de los padres sinodales que en estas dos semanas están llamados a reunirse, a encontrarse, a orar juntos, pero sobre todo a afrontar con franqueza y con gran caridad los problemas de los cristianos en Oriente Próximo hoy. En la realidad multicultural y multiétnica que es la cuenca oriental del Mediterráneo y de los países que lo rodean. 


Obispos de países distintos, de lenguas diversas, de tradiciones litúrgicas y también espirituales diferentes se encuentran para reflexionar sobre los problemas pastorales y principalmente sobre la vida de las Iglesias, sobre la situación cada día más precaria con vistas a la continuidad de una presencia cristiana autóctona en las tierras donde el cristianismo nació y creció como Iglesia. 


Corbon concluye su obra citando la frase del patriarca Atenágoras y que podría ser también uno de los hilos conductores de las reflexiones de los padres sinodales: "La cuestión de la unidad entre los cristianos ya no es una cuestión sobre uno u otro modo de ser Iglesia hoy, sino la cuestión de ser cristianos o dejar de serlo". 


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ZENIT  publica el artículo que ha escrito monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas, con el título "Eclipse de Dios".

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El Papa Benedicto XVI, en su Mensaje para la Jornada Mundial de la Juventud, a realizarse en Madrid en agosto de 2011, constata que "la cultura actual, en algunas partes del mundo, sobre todo en Occidente, tiende a excluir a Dios, o a considerar la fe como un hecho privado, sin ninguna relevancia en la vida social. Aunque el conjunto de los valores, que son el fundamento de la sociedad, provenga del Evangelio -como el sentido de la dignidad de la persona, de la solidaridad, del trabajo y de la familia- se constata una especie de eclipse de Dios, una cierta amnesia, más aún, un verdadero rechazo del cristianismo y una negación del tesoro de la fe recibida, con el riesgo de perder aquello que más profundamente nos caracteriza".

Cito al Papa porque tiene una visión mundial muy calificada, que nos ayuda a comprender lo que pasa entre nosotros. En efecto, no faltan gobernantes, legisladores, aspirantes a puestos públicos y creadores de opinión que, aunque son bautizados y se consideran creyentes, tienen una ignorancia casi supina de lo que es su religión, de lo que es libertad religiosa, que limitan a libertad de culto y de conciencia, y siguen insistiendo que su fe en Dios nada tiene que ver con la política, la economía, la educación, las comunicaciones, etc. No han tenido un encuentro vivo, personal, existencial con Jesucristo, y por ello su poquita fe está a punto de extinguirse, pues la ocultan y la ahogan. ¿De veras conocen a Dios?

JUZGAR

Sigue diciendo el Papa a los jóvenes: "Es un contrasentido pretender eliminar a Dios para que el hombre viva. Dios es la fuente de la vida; eliminarlo equivale a separarse de esa fuente e, inevitablemente, privarse de la plenitud y la alegría. Sin el Creador, la criatura se diluye. Por este motivo, os invito a intensificar vuestro camino de fe en Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo. Es vital tener raíces y bases sólidas. Esto es verdad, especialmente hoy, cuanto muchos no tienen puntos de referencia estables para construir su vida, sintiéndose así profundamente inseguros. El relativismo que se ha difundido, y para el que todo da lo mismo y no existe ninguna verdad, ni un punto de referencia absoluto, no genera verdadera libertad, sino inestabilidad, desconcierto y un conformismo con las modas del momento.

Hay una fuerte corriente de pensamiento laicista que quiere apartar a Dios de la vida de las personas y la sociedad, planteando e intentando crear un paraíso sin él. Pero la experiencia enseña que un mundo sin Dios se convierte en un infierno, donde prevalece el egoísmo, las divisiones en las familias, el odio entre las personas y los pueblos, la falta de amor, alegría y esperanza. En cambio, cuando las personas y los pueblos acogen la presencia de Dios, lo adoran en verdad y escuchan su voz, se construye concretamente la civilización del amor, donde a cada uno se le respeta en su dignidad y crece la comunión, con los frutos que esto conlleva. Hay cristianos que se dejan seducir por el modo de pensar laicista, o son atraídos por corrientes religiosas que los alejan de la fe en Jesucristo. Otros, sin dejarse seducir por ellas, sencillamente han dejado que se enfriara su fe, con las inevitables consecuencias negativas en el plano moral".

ACTUAR

En vez de estarle echando culpas al sistema que nos rige y a la globalización, revisemos el estilo y los contenidos de nuestra pastoral evangelizadora. ¿Por qué muchos bautizados son ignorantes de su fe? ¿Por qué algunos católicos cambian de religión, buscando una creencia que quizá sólo les consuele sensiblemente? ¿Qué encuentran allá, que no tengamos nosotros en plenitud, con todos los medios salvíficos que Jesús dejó a su Iglesia? ¿Por qué otros siguen cayendo en supersticiones y brujerías, con ritos más veterotestamentarios que cristianos, o en un culto pagano a la llamada "santa muerte"?

Por otra parte, revisemos nuestro estilo de vida personal, pues muchos se alejan de Dios y de la Iglesia por nuestros testimonios negativos. Deberíamos ser puentes para llegar a Dios, no obstáculos para acercarse a El.

¡Tengan fe en Dios, y no se alejen de El por nuestras deficiencias!


Publicado por verdenaranja @ 22:30  | Hablan los obispos
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INTENCIÓN MISIONERA - “Para que las Iglesias de América Latina prosigan la misión continental propuesta por sus Obispos, insertándola en la tarea misionera universal del Pueblo de Dios.” Comentario a la Intención misionera de noviembre 2010

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – Del 13 al 31 de mayo de 2007, tuvo lugar en Aparecida (Brasil) la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, inaugurada con la presencia y la palabra del Santo Padre Benedicto XVI. Tenía como lema “Discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en Él tengan vida”.

En el mensaje final, del 29 de mayo de 2007, los Obispos manifestaban su deseo, en unión con toda la Iglesia, de “abrazar a todos los hermanos y hermanas del continente para transmitirles el amor de Dios y el nuestro”. En el vigor del Espíritu Santo, convocaron a todos los católicos para que, unidos y con entusiasmo, pudieran realizar una Gran Misión Continental. Esta Misión deber ser un nuevo Pentecostés que impulse a ir, de manera especial, en búsqueda de los católicos alejados y de los que poco o nada conocen a Jesucristo. Esta Misión debe llegar a todos, ser permanente y profunda.

Cada pueblo debe sentir la responsabilidad de evangelizar a los más cercanos, a los de su misma nación y sangre, comprendiendo que se trata de su cooperación concreta al deseo de Cristo de que el Evangelio llegue al “al mundo entero”. La Iglesia Latinoamericana está siendo bendecida por Dios con numerosas vocaciones. Aquellos que recibieron el Evangelio desde la vieja Europa, son ahora misioneros en muchos lugares del occidente cristiano que sufre ahora una gran crisis.
En el discurso inaugural que el Santo Padre dirigió a los participantes en la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, Benedicto XVI les recordaba que la fe cristiana ha supuesto para América Latina conocer y acoger a Cristo, el Dios desconocido que sus antepasados buscaban sin saberlo en sus tradiciones religiosas. A través de las aguas del bautismo han recibido la vida divina, la dignidad incomparable de ser hijos de Dios. El Pontífice afirmó que “el anuncio de Jesús y de su Evangelio no supuso, en ningún momento, una alienación de las culturas precolombinas, ni fue una imposición de una cultura extraña”. (Benedicto XVI, Discurso inaugural, 13-5-2007).

Al comentar el lema de la Conferencia, "Discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en Él tengan vida” el Papa señalaba que los bautizados están convencidos de que pueden encontrar en Cristo la vida divina, y por eso, quieren llevar a todos el don que han encontrado en Él La Iglesia debe seguir siempre el camino del Evangelio, sin pedir prestados criterios de lectura de la realidad a ideologías, no sólo ajenas, sino incluso contrarias al mismo Evangelio. Para poder realizar esa labor de evangelización y anuncio, es condición indispensable el conocimiento profundo de la palabra de Dios, " De lo contrario, ¿cómo van a anunciar un mensaje cuyo contenido y espíritu no conocen a fondo?” (Benedicto XVI, Ib.).

Pero no puede olvidarse que la evangelización ha ido unida siempre a la promoción humana y a la auténtica liberación cristiana. Por eso, afirma Benedicto XVI : "Amor a Dios y amor al prójimo se funden entre sí: en el más humilde encontramos a Jesús mismo y en Jesús encontramos a Dios" (Deus caritas est, 15). Es necesario hacerse discípulos para poder ser misioneros. Discipulado y misión son como las dos caras de una misma medalla: cuando el discípulo está enamorado de Cristo, no puede dejar de anunciar al mundo que sólo él nos salva.

Junto a los Obispos de Latinoamérica pedimos para que éste Continente de la esperanza también sea el Continente del amor, de la vida y de la paz de Jesucristo. (Agencia Fides 29/10/2010)


Publicado por verdenaranja @ 14:32  | Misiones
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ZENIT  publica el comentario al Evangelio del próximo domingo, 31 de octubre, XXXI del tiempo ordinario (Lucas  19, 1-10), redactado por monseñor Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo, administrador apostólico de Huesca y de Jaca. 

Evangelio del domingo: Cuando visita Dios

El Evangelio de este domingo nos llena de una serena esperanza. Jesús no ha venido para el regalo fácil, para el aplauso falaz y la lisonja barata de los que están en el recinto seguro, sino más bien "ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido". Aquella sociedad judía había hecho una clasificación cerrada de los que valían y de los que no. Jesús romperá ese elenco maldito, ante el escándalo de los hipócritas, y será frecuente verle tratar con los que estaban condenados a toda marginación: enfermos, extranjeros, prostitutas y publicanos. Era la gente que por estar perdida, Él había venido precisamente a buscar. Concretamente Zaqueo, tenía en su contra que era rico y jefe de publicanos, con una profesión que le hacía odioso ante el pueblo y con una riqueza de dudosa adquisición.

Jesús como Pastor bueno que busca una oveja perdida, o una dracma extraviada, buscará también a este Zaqueo, y le llamará por su nombre para hospedarse en su casa: "Hoy ha llegado la salvación a esta casa". Lucas emplea en su evangelio más veces este adverbio, hoy: cuando comienza su ministerio público ("hoy se cumple esta escritura que acabáis de oír" -Lc 4,16-22-), y cuando esté con Dimas, el buen ladrón, en el calvario ("te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso" Lc 23,43 ).

El odio hacia Zaqueo, el señalamiento que murmura, condena y envidia... no sirvieron para transformar a este hombre tan bajito como aprovechón. Bastó una mirada distinta en su vida, fue suficiente que alguien le llamase por su nombre con amor, y entrase en su casa sin intereses lucrativos, para que este hombre cambiase, para que volviese a empezar arreglando sus desaguisados.

La oscuridad no se aclara denunciando su tenebrosidad, sino poniendo un poco de luz. Es lo que hizo Jesús en esa casa y en esa vida. Y Zaqueo comprendió, pudo ver su error, su mentira y su injusticia, a la luz de esa Presencia diferente. La luz misericordiosa de Jesús, provocó en Zaqueo el cambio que no habían podido obtener los odios y acusaciones sobre este hombre. Fue su hoy, su tiempo de salvación.

¿Podremos hacer escuchar en nuestro mundo esa voz de Alguien que nos llama por nuestro nombre, sin usarnos ni manipularnos, sin echarnos más tierra encima, sin señalar inútilmente todas las zonas oscuras de nuestra sociedad y de nuestras vidas personales, sino sencillamente poniendo luz en ellas? Quiera el Señor visitar también hoy la casa de este mundo y de esta humanidad. Será el milagro de volver a empezar para quienes le acojamos, como Zaqueo.


Publicado por verdenaranja @ 14:22  | Espiritualidad
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viernes, 29 de octubre de 2010

ZENIT  nos ofrece el mensaje del Papa al director general de la FAO, Jacques Diouf, con motivo del Día Mundial de la Alimentación 2010, que se celebra hoy, 15 de octubre.

 Al Sr. Jacques Diouf
Director General de la Organización para la Alimentación y la Agricultura
de las Naciones Unidas(FAO)

1. La celebración anual del Día Mundial de la Alimentación es una oportunidad para hacer un balance de todo lo que se ha logrado a través del compromiso de la Organización para la Alimentación y la Agricultura de las Naciones Unidas (FAO) para garantizar la alimentación diaria a millones de hermanos y hermanas nuestros en todo el mundo. También ofrece una oportunidad propicia para destacar las dificultades que surgen cuando faltan las necesarias actitudes de solidaridad.

Demasiado a menudo, la atención se desvía de las necesidades de las poblaciones, no se da suficiente énfasis al trabajo del campo, y los productos de la tierra no reciben la protección adecuada. Como resultado, se produce el desequilibrio económico, y se ignoran los inalienables derechos y la dignidad de toda persona humana.

El tema del Día Mundial de la Alimentación de este año, Unidos contra el hambre, es un oportuno recordatorio de que todos tienen que realizar un compromiso para dar al sector de la agricultura su importancia adecuada. Es necesario que todos -desde los individuos a las organizaciones de la sociedad civil, Estados e instituciones internacionales- den prioridad a uno de los objetivos más urgentes de la familia humana: la liberación del hambre. Para lograr la liberación del hambre es necesario garantizar no sólo que se disponga de suficiente comida, sino también que todo el mundo tenga acceso diario a ella: esto significa promover todos los recursos e infraestructuras necesarios para sostener la producción y la distribución a escala suficiente para garantizar plenamente el derecho a la alimentación.

Los esfuerzos para lograr este objetivo ayudarán sin duda a construir la unidad de la familia humana en el mundo. Se necesitan iniciativas concretas, conformadas por la caridad, e inspiradas por la verdad, iniciativas que sean capaces de superar los obstáculos naturales relacionados con los ciclos de las estaciones o las condiciones ambientales, así como los obstáculos provocados por el hombre. La caridad, practicada a la luz de la verdad, puede acabar con las divisiones y conflictos para lograr así que los bienes de la tierra pasen entre los pueblos en un intercambio vivo y continuo.

Un importante paso adelante fue la reciente decisión de la comunidad internacional de proteger el derecho al agua que, como siempre ha mantenido la FAO, es esencial para la nutrición humana, para las actividades rurales y para la conservación de la naturaleza. De hecho, como mi venerable predecesor el Papa Juan Pablo II observó en su Mensaje para el Día Mundial de la Alimentación de 2002, muchas diversas religiones y culturas reconocen un valor simbólico al agua, de la que “brota una invitación a ser plenamente conscientes de la importancia de este precioso bien básico, y en consecuencia a revisar los actuales patrones de comportamiento para garantizar, hoy y en el futuro, que todas las personas tengan el acceso al agua indispensable para sus necesidades, y que las actividades productivas, y la agricultura en particular, disfruten de los niveles adecuados de este recurso que no tiene precio” (Mensaje para el Día Mundial de la Alimentación de 2002, 13 de octubre de 2002).

2. Si la comunidad internacional va a estar verdaderamente “unida” contra el hambre, entonces la pobreza debe superarse a través de un auténtico desarrollo humano, basado en la idea de la persona como una unidad de cuerpo, alma y espíritu. Hoy, sin embargo, hay una tendencia a limitar la visión del desarrollo a una que satisfaga las necesidades materiales de la persona, especialmente a través del acceso a la tecnología; sin embargo el verdadero desarrollo no está simplemente en función de lo que una persona “tiene”, debe también abrazar los valores más altos de la fraternidad, la solidaridad y el bien común.

En medio de las presiones de la globalización, bajo la influencia de intereses que a menudo permanecen fragmentados, es sabio proponer un modelo de desarrollo basado en la fraternidad: si está inspirado en la solidaridad y dirigido al bien común, será capaz de proporcionar correctivos a la actual crisis global. Para sostener niveles de seguridad alimentaria a corto plazo, debe proporcionarse la financiación adecuada para hacer posible a la agricultura reactivar los ciclos de producción, a pesar del deterioro de las condiciones climáticas y ambientales. Debe decirse que esas condiciones tienen un marcado impacto negativo en las poblaciones rurales, los sistemas de cultivo y los modelos de trabajo, especialmente en países que ya sufren la escasez de alimentos. Los países desarrollados tienen que ser conscientes de que las crecientes necesidades del mundo requieren de ellos niveles consistentes de ayuda. No pueden simplemente permanecer cerrados a los demás: esas actitudes no ayudarían a resolver la crisis.

En este contexto, la FAO tuvo la tarea esencial de examinar la cuestión del hambre en el mundo en el ámbito institucional y proponer iniciativas particulares que implican a sus Estados miembros en la respuesta a la creciente demanda de alimentación. De hecho, las naciones del mundo están llamadas a dar y a recibir en proporción de sus necesidades reales, debido a la “urgente necesidad moral de una renovada solidaridad, especialmente en las relaciones entre países en vías de desarrollo y países altamente industrializados” (Caritas in Veritate, 49).

3. La reciente loable campaña 1 Billón de hambrientos, con la que la FAO busca sensibilizar de la urgencia de la lucha contra el hambre, ha puesto de relieve la necesidad de una respuesta adecuada tanto de cada país como de la comunidad internacional, incluso cuando la respuesta se limite a ayuda de asistencia o de emergencia. Por eso es fundamental una reforma de las instituciones internacionales según el principio de subsidiariedad, ya que “las instituciones por sí solas no bastan porque el desarrollo humano integral es ante todo una vocación, y por tanto comporta que se asuman libre y solidariamente responsabilidades por parte de todos” (ibid., 11).

Para eliminar el hambre y la malnutrición, deben superarse los obstáculos del propio interés a fin de dejar espacio a una fructífera gratuidad, manifestada en la cooperación internacional como una expresión de fraternidad genuina. Esto no exime de la necesidad de justicia, sin embargo, y es importante que las normas existentes se respeten y apliquen, además de todos los planes de intervención y los programas de acción que sean necesarios. Los individuos, las poblaciones y los países deben poder dar forma a su propio desarrollo, beneficiándose de asistencia externa según las prioridades y conceptos arraigados en sus técnicas tradicionales, en su cultura, en su patrimonio religioso y en la sabiduría transmitida de generación en generación en la familia.

Invocando la bendición del Todopoderoso sobre las actividades de la FAO, quiero asegurarle, Sr. Director General, que la Iglesia siempre está dispuesta a trabajar por la derrota del hambre. De hecho, está constantemente trabajando, a través de sus propias estructuras, para aliviar de la pobreza y las privaciones que afligen a gran parte de la población mundial, y es plenamente consciente de que su propio compromiso en este campo forma parte de un esfuerzo común internacional para promover la unidad y la paz entre la comunidad de poblaciones.

En el Vaticano, 15 de octubre de 2010 

Benedicto XVI

[Traducción del original inglés por Patricia Navas
©Libreria Editrice Vaticana]


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Homilía de monseñor Antonio Marino, obispo auxiliar de La Plata, en el L aniversario de la promoción de Bachilleres del Colegio Nacional de Buenos Aires (parroquia San Ignacio, 1960 - 13 de octubre - 2010). (AICA)

PARA QUE NUESTRO CORAZÓN ALCANCE LA SABIDURÍA

Queridos hermanos, compañeros y amigos:

Cincuenta años han transcurrido desde el día en que dejábamos definitivamente las aulas de nuestro querido Colegio Nacional de Buenos Aires, con los bríos, sueños y esperanzas de nuestra juventud. Hoy nuestros pasos vuelven a coincidir, congregados en este templo, que por muchos motivos, además de su contigüidad física en esta “manzana de las luces”, estuvo asociado a la vida del Colegio en las distintas etapas de su historia. La ciudad capital lo considera venerable sea por su antigüedad, ya que, en su forma actual, terminó de construirse en 1734, y es el más antiguo de los que conserva esta ciudad; sea también por su rica historia. Ha sido, en efecto, el recinto donde en 1831 quedó fundada la Universidad Nacional de Buenos Aires.

En la letra de una conocida canción ciudadana, nos dice su autor “que veinte años no es nada”. Pero nos parece que no se atrevería a extender su generosa afirmación hasta los cincuenta años. Aunque aún dispongamos de energías físicas y mentales, y conservemos capacidad de iniciativas y proyectos, se trata de una cifra muy grande en la existencia de un hombre. Podemos decir ¡toda una vida! Al menos en su zona central.

Los adolescentes y jóvenes de ayer, volvemos a encontrarnos, con la espontánea admiración ante lo insólito, y la natural simpatía propia de quienes hemos compartido un tramo entrañable de la vida, acotado al tiempo de seis años, pero sumamente intenso y constitutivo de nuestra identidad.

Les habla un compañero de aula, uno entre muchos que, igualados por la edad, hemos recorrido los mismos claustros y nos hemos beneficiado con la sabiduría de notables maestros. Mi condición de sacerdote y obispo no me ha alejado de ustedes.

Nos acompaña en esta celebración un querido profesor nuestro de historia del arte, Héctor Schenone, quien acaba de proclamar el Evangelio, pues desde hace años es diácono permanente, en la iglesia del Pilar. Autor de numerosos libros sobre su especialidad, que es el arte religioso hispanoamericano, y miembro de varias academias nacionales e internacionales. ¡Cómo no alegrarnos por su presencia! Honramos también en él a todos los que dejaron en nosotros una huella.

Celebrar la Santa Misa es un acto religioso de acción de gracias a Dios por los beneficios recibidos. Quienes gozamos del don de la fe, sabemos que en la Eucaristía se hace presente Cristo en el mayor acto de amor a Dios y al prójimo. Es memoria sacramental de su cruz y de su resurrección. Para los cristianos, aquí se revela el valor de la vida humana, aquí se proclama muy alto la dignidad de todo hombre, aquí se anuncia el sentido del tiempo y de la historia.

La lectura bíblica que hemos escuchado en primer lugar, está tomada del libro del Eclesiastés, escrito probablemente entre el siglo IV y el III antes de Cristo. A través del autor humano, Dios se interna en la conciencia del sabio, y se expresa en las cavilaciones de un hombre que va en busca del sentido de la vida sin encontrarlo. Su mensaje nos parece pesimista, pues oímos repetir a lo largo del libro: “¡Vanidad de vanidades, todo es vanidad! ¿Qué provecho saca el hombre de todo el esfuerzo que realiza bajo el sol?” (1,2-3). El Eclesiastés habla desde su experiencia personal. La finitud de las cosas tras las cuales corremos y el vacío que sentimos por la caducidad de la vida, lo llenan de perplejidad.

Con este libro, al igual que con el libro de Job, la sabiduría tradicional de Israel, parece entrar en profunda crisis. ¿Cómo armonizar este escepticismo existencial con la visión religiosa del fiel israelita? Job se debatía ante el enigma indescifrable del sufrimiento del inocente y tampoco hallaba respuesta, hasta que Dios le hace entender que existe una Sabiduría increada y trascendente y que es vana pretensión del hombre tratar de encerrarla en los mezquinos moldes de la mente humana.

La revelación bíblica tiene un carácter progresivo. El Eclesiastés –palabra griega que traduce la hebrea qohelet y significa “predicador”– aún no había recibido la revelación plena de una retribución ultraterrena. En él conviven el sabio desilusionado con el creyente sincero que reconoce a Dios sin poder penetrar en el sentido último de la vida. Por eso sus reflexiones apelan a un sentido ulterior oculto a los humanos.

Tanto en este breve libro, como en el más extenso de Job, estamos ante planteos universales e insoslayables pues se trata de la pregunta sobre nosotros mismos y por el sentido de nuestros pasos, entre la nada previa a nuestra existencia y el enigma de nuestra muerte y nuestro destino. Unos versos de Antonio Machado parecen inspirados en las páginas que nos ocupan: “¿Dónde está la utilidad/ de nuestras utilidades?/ Volvamos a la verdad:/ vanidad de vanidades”.

Hemos aludido a dos obras bíblicas de intensa resonancia existencial. Joyas religiosas y literarias que son parte del legado espiritual imperecedero que el pueblo de Israel bajo la inspiración divina ha dado a la humanidad de todos los tiempos.

También a nosotros en el siglo XXI, en este tramo de nuestro camino, puede decirnos algo el sano escepticismo del Eclesiastés. Ante todo, ayudarnos a robustecer el sentido común. “Nada nuevo hay bajo el sol” (1,9), nos dice como invitándonos a salir de nuestra prisa y de nuestra fiebre posesiva. ¡Cuántas veces la causa de nuestro malestar está en la actitud interior con que encaramos las cosas, antes que en las cosas mismas y en las circunstancias externas! El Eclesiastés, bien leído, puede enseñarnos a recuperar serenidad y humor. Esto se conecta con la oración del salmo que hemos escuchado a continuación: “Enséñanos a calcular nuestros años, para que nuestro corazón alcance la sabiduría” (Sal 89[90], 12).

Pero junto con esta sabiduría del vivir, el Eclesiastés, apela a un sentido ulterior y trascendente. Así como la sed nos habla del agua, sus perplejidades e interrogantes nos remiten a Dios. ¿Qué hombre no aspira a una plenitud de su existencia? “Nuestra situación no nos causaría sufrimiento, –nos dice un autor contemporáneo– si no tuviéramos al menos la idea latente de una existencia deteriorada y de una existencia lograda y plena, si no buscáramos al menos la salvación y la redención. Porque aspiramos como hombres a la salvación, sufrimos en nuestra situación de desgracia y sólo por eso nos rebelamos contra ella. Si no hubiera una ‘nostalgia hacia lo totalmente otro’, nos contentaríamos con lo existente y no aspiraríamos a lo que no es”.

En el pasaje del Evangelio que hemos escuchado, tomado del “sermón de la montaña” (Mt 6,25-34), Jesús nos invita a la contemplación de los pájaros del cielo y de los lirios del campo, para sacar de allí remedio para nuestra angustia, mediante el abandono confiado en la Providencia de Dios. Él los alimenta y los viste con esplendor. Jesús nos dice que nosotros valemos más que ellos. Y concluye: “A cada día le basta su aflicción” (6,34).

Sería lectura equivocada interpretar el pasaje como invitación a la imprevisión o al descuido por las cosas temporales. Entre lo temporal e inmanente, y lo trascendente y eterno, no se da contradicción. Relativizar lo temporal no significa negarlo. Por eso nos dice Jesús: “Busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura” (Mt 6,33). Hay en el tiempo anticipo de eternidad; perdura en la eternidad la siembra del tiempo.

Queridos amigos –“hermanos en el aula y en la vida”, según la verdad del lema de la Asociación de exalumnos–, es hoy más necesario que nunca tener un recuerdo impregnado de gratitud hacia profesores y autoridades, y hacia cuantos han contribuido a formarnos, y han dejado una riqueza en nuestro espíritu. El tiempo purifica la memoria, y la mirada del hombre maduro penetra mejor el sentido de lo vivido. El paso de los años nos habrá conducido, sin duda, a la experiencia de nosotros mismos, y al conocimiento del límite inherente a todo hombre, con su capacidad para lo sublime y también para la bajeza.

Egresamos del Colegio en el año en que la patria celebraba sus ciento cincuenta años de existencia autónoma. Ahora, la celebración del bicentenario nos convoca a seguir trabajando todavía por su grandeza, necesariamente vinculada con la calidad de nuestra convivencia, cada cual desde su vocación propia.

Asumo en esta Eucaristía los anhelos y esperanzas, las luchas y problemas de presentes y ausentes. Que a todos conceda Dios abundantes bendiciones. Tengamos un recuerdo religioso y fraterno hacia quienes ya han partido.

Deseo concluir esta sencilla reflexión recordando la sabiduría de la copla castellana: “Vivir se debe la vida de tal suerte, que viva quede en la muerte”. 

Mons. Antonio Marino, obispo auxiliar de La Plata 


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Homilía de monseñor Baldomero Carlos Martini, obispo de San Justo en la peregrinación diocesana a la basílica de Nuestra Señora de Luján (11 de octubre de 2010). (AICA)

PEREGRINACIÓN A LUJAN

Hermanos y hermanas: Que contentos estamos de venir a la Casa de María de Luján , Madre de la Patria y nos sentimos al mirarla con amor y al decirle te saludamos María llena de gracias el Señor es contigo, así es la Madre que nos pone delante de Jesús quien nos invita al consuelo y a la alegría de la esperanza que no defrauda: Vengan a Mí todos los que están afligidos y agobiados que Yo los aliviaré.

La Eucaristía es el momento para experimentar el abrazo del Señor y dejarnos encontrar, amar, sanar por la misericordia y la compasión del Señor.

La Virgen sabe de dolores, porque una espada atravesó su corazón de Madre del Hijo de Dios y de todos nosotros. Y en este lugar significativo somos recibidos por Ella y nos acompaña en nuestro camino de gozo y de dolor. Se vuelve cáliz que recoge tanto dolor y tantas lágrimas, pues ella está de pié junto a la Cruz compartiendo todo lo nuestro y esto que cada uno trae lo une al sacrificio de su Hijo.

¡Cuáles son las cosas que no afligen en estos días?

El dolor de los niños a quienes no se les deja nacer, de los abusados y heridos de tantas maneras. El dolor de mujeres maltratadas, usadas y abandonadas y hasta asesinadas. Nos duelen los asesinatos de cada día, jóvenes víctimas y victimarios que mueren y matan.

La drogadicción, el narcotráfico que destruye a los jóvenes y a la sociedad, el juego que hace pedazo a las familias, el trabajo ficticio y hasta: el ¡qué me importan los otros!

¡Cuántas lágrimas de madres que lloran a sus hijos muertos y madres que ya no saben que hacer con sus hijos, cautivos de tantas maneras! El corazón de la Virgen está lleno de tantos rostros. Es Madre y se hace cargo de sus hijos.

Qué bueno es ver junto a Ella al apóstol joven, el discípulo amado de Jesús .La Iglesia como familia que nace del Cristo que atrae a todos: creyentes y no creyentes.

Esta presencia joven junto a la Cruz nos hace encomendarle a la Madre de todos, especialmente a los jóvenes de la Patria, de la amada Diócesis de San Justo y de nuestra querida Matanza.

Le encomendamos al comenzar esta novena de años hacia el jubileo de la Diócesis, el don que tanto necesitamos, del llamado al sacerdocio y con el compromiso de todos para trabajar por las vocaciones le decimos con Ella al Señor: “ Te pedimos por los jóvenes a quienes también hoy llamas, que sepan escucharte y tengan el coraje de responderte, que no sean indiferentes a tu mirada tierna y comprometedora, que te descubran como el verdadero tesoro y estén dispuestos a dar la vida hasta el extremo”

Nos enseña el Concilio Vaticano II “María, gloriosa en el cielo, actúa en la tierra. Participando del Señorío de Cristo resucitado, con amor materno cuida de los hermanos de su Hijo, que todavía peregrinamos (LG 62).

En tiempos de orfandad, desconcierto, inseguridad, queremos ser recibidos en su casa y en su corazón y poder dejarle nuestras preocupaciones y temores, alegrías y anhelos, angustias y esperanzas.

Al recibirnos en su casa, Ella, como madre nos educa con ternura y paciencia y nos pide en esta hora:

- Asumir la causa y la defensa de la vida en todas sus dimensiones

- Escuchar la Voz de su Hijo, para hacer todo lo que Él nos diga, escuchar su invitación a ser los discípulos misioneros que hoy quiere, haciéndonos descubrir con su mirada de amor el apasionante ¡Ven y Sígueme!

Hoy en que la calle se ha convertido en confusión, protesta y crispación o como decía Mons. Casaretto...”La esquina ha reemplazado a la casa, el lugar lógico para vivir. En contextos de pobreza, el joven no encuentra contención en su hogar sino en la esquina, sinónimo de alcohol y drogas”.

Pedimos a la Madre para que se generen posibilidades de crecimiento y desarrollo a través de la educación y del trabajo, porque la hipoteca social en la Argentina es muy fuerte.

Estamos en la Casa de la Virgen, Ella, que no hace acepción de personas, nos recibe con amor de madre. El evangelio culmina con un compromiso, el Joven Juan la recibe en su Casa y la acoge como suya.

Este es el compromiso de todos los que hoy estamos aquí y espero de aquellos que no han podido venir, recibamos de Jesús a su madre como madre nuestra y busquemos tener su misma espiritualidad y vivir nuestra vida cristiana como ella en la sencillez de un amor sin fronteras porque necesitamos comunidades más unidas y una Patria de hermanos

Necesitamos a Jesucristo como Señor de la Historia y a María como la madre que ordena los corazones, a las familias y a nuestra patria para que sea fiel a sus raíces cristianas.

Que la Eucaristía nos haga tener un solo corazón y una sola alma como Iglesia Local en camino, servidora y misionera del Cristo que se jugó hasta el extremo del amor.

Jesús tu eres mi Señor

María tu eres el rostro mas bello de la Esperanza  

Todo me dice: ¡DIOS ES AMOR! 

Mons. Baldomero Carlos Martini, obispo de San Justo  


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Carta pastoral monseñor José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario con ocasión del mes del Rosario y de las Fiestas Patronales de la Arquidiócesis (12 de octubre de 2010). (AICA)

EL ROSARIO ES LA ORACIÓN MARIANA DEL DISCÍPULO QUE NOS INVITA A ANUNCIAR A JESUCRISTO

A los sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles laicos:

El Santo Padre nos exhortó recientemente al comenzar el mes de octubre a rezar el Rosario. Esta invitación nos llega especialmente a nosotros, fieles de la Arquidiócesis que lleva el nombre de la Virgen bajo la advocación del Santo Rosario; y que nos recuerda permanentemente esta forma de oración tan querida por la Madre de Dios.

El Rosario es una oración de contemplación de la vida de Jesús, a lo largo del itinerario de la salvación, recordando y meditando los misterios de alegría, de luz, de dolor y de gloria. 

El Rosario, una fuente de verdadera paz

La reciente exhortación del Papa Benedicto XVI al comenzar el mes de octubre, a rezar el Rosario junto con los fieles, como lo hacía también con fervor su predecesor Juan Pablo II, es un estímulo para todos nosotros; ante todo para el Obispo, que tiene el compromiso de ofrecerlo diariamente por su diócesis y por sus fieles; para los sacerdotes, al rezarlo, por ejemplo, con la comunidad parroquial los días sábados por la tarde; para los religiosos y religiosas a rezarlo en sus comunidades y también en forma personal. Lo es seguramente también para todos los fieles laicos, que pueden encontrar en el Rosario una pausa en su vida ajetreada y una fuente de verdadera paz para cada uno y para la familia.

Asimismo, al ir al encuentro de nuestras necesidades, la Santísima Virgen intercede por nosotros. Por consiguiente, se da una mediación: María se pone entre su Hijo y los hombres en la realidad de sus privaciones y sufrimientos. Se pone "en medio", o sea se hace mediadora no como una persona extraña, sino en su papel de verdadera madre, consciente de que como tal puede -mas bien "tiene el derecho de"- hacer presente al Hijo las necesidades de los hombres" (Juan Pablo II, Madre del Redentor, nº 21).

Podemos decir que esta valiosa oración tiene un mensaje siempre nuevo, porque proviene del Evangelio; contando con la ayuda de María, que lo vivió y lo conoció antes que nosotros. 

El Rosario se nutre de la Palabra de Dios

El Rosario a través de sus misterios, se nutre de la Palabra de Dios, y no puede prescindir de ella, invitándonos como discípulos suyos a seguir a Jesús; y por esto, nos motiva también a quienes lo rezamos, a darle una respuesta fiel.

Todo el Rosario está relacionado con la Sagrada Escritura. Ante todo, la enunciación de cada misterio, hecha preferentemente, como se hace actualmente, con palabras tomadas de la Biblia. Después sigue el padrenuestro: que rezamos al comenzar la oración que nos enseñó Jesús. Luego sigue el avemaría: la primera parte, tomada también del Evangelio, nos hace volver a escuchar las palabras con que Dios se dirigió a la Virgen en la anunciación, y al final, con las palabras de bendición de su prima Isabel. La segunda parte del avemaría resuena como la respuesta de los hijos que, que se dirigen a su Madre (cfr. Benedicto XVI, Pompeya 19.X.2008). Y cada misterio culmina con el gloria. 

Los misterios del Rosario son un punto de referencia permanente de nuestra vida en Cristo.

Dado que el Rosario nos muestra que Jesús es el centro de la salvación, podemos verlo como una ayuda permanente de nuestro ser cristianos, y un llamado a imitarlo.

En este sentido, al rezarlo se transforma en un punto de referencia de nuestra vida, ya que viéndola a la luz de sus misterios, nos invita a examinar nuestra conciencia, con el compromiso responsable de traducir sus líneas fundamentales en una permanente conversión.

Así por ejemplo, me pregunto: ¿quién al contemplar la Anunciación del ángel, en los misterios gozosos, puede dejar de pensar en la encarnación del Verbo hecho carne en el seno virginal de María; y por ello mismo meditar en el misterio de la Vida misma, y en la salvación que recibimos de Cristo? ¿Quién no piensa también en la vida en el seno materno de tantos niños que van a nacer, y en el don de la niñez, que el Señor protege profundamente y nos encomienda hacerlo a nosotros?

¿Cómo no meditar en la amenaza de tantas otras vidas de niños que no nacerán, menospreciados como si no fueran seres humanos; o en la de aquellos ya nacidos y abandonados en la calle?

Entre los misterios de luz sobresale, la institución de la Eucaristía, en la cual Jesucristo se hace para nosotros el pan vivo bajado del cielo, y nos alimenta con su Cuerpo y su Sangre bajo las especies del pan y del vino, amándonos « hasta el extremo » (Jn13, 1), y ofreciéndose en sacrificio por nosotros. ¿Acaso este misterio no nos hizo meditar más de una vez que que es necesario adorar más al Señor presente en la Eucaristía? ¿O también en la necesidad que tenemos de este Sacramento y las dificultades que surgen en tantos lugares por la escasez de sacerdotes, hacen más grande la urgencia de fomentar las vocaciones sacerdotales?( cfr. Jornada misionera mundial,2004,3; Ecclesia in America, nº 35)

Al contemplar los misterios dolorosos, comprendemos que nos llevan a revivir la muerte de Jesús poniéndonos junto a María al pie de la cruz, para contemplar con Ella el amor de Dios por el hombre y sentir la fuerza de la redención.

 ¿Quién no piensa entonces en las pruebas que sufre hoy la Iglesia, sus sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos para ser fieles a Cristo? En la Iglesia que quiere ser acallada, a fin de que no predique con libertad el Evangelio de Jesucristo? Basta meditar la flagelación, la coronación de espinas, la subida al Calvario y la muerte en cruz, para comprender un poco más nuestro camino.

Por esto nosotros, los creyentes, como María, no debemos sucumbir en la fe; porque Ella está siempre presente maternalmente en la «dura batalla contra el poder de las tinieblas» que se desarrolla a lo largo de la historia humana (cfr. Madre del Redentor, n º 47).

Los misterios gloriosos nos permiten hacer viva la esperanza cristiana, contemplando después de la Pasión, la gloria de Cristo en su Resurrección y en su Ascensión. También la Santísima Virgen, elevada al cielo en la Asunción, anticipa el destino de los elegidos, y con su gloriosa coronación aparece como la Reina de los Ángeles y de los Santos, que nos aguarda en el cielo.

De esta manera el Rosario, como nos enseña Juan Pablo II, “marca el ritmo de la vida humana”, para armonizarla con el ritmo de la vida divina. Desde la Encarnación hasta la Cruz y en la gloria de la Resurrección, contemplamos la participación íntima de María en los misterios de Cristo y así también en nuestra vida, entretejida de momentos de alegría y tristeza, de sombras y luces, de contrariedades y esperanzas. Por ello la gracia colma nuestros corazones, suscitando al rezarlo el deseo de un cambio de vida (cfr. Benedicto XVI, Fátima 12.V.2010). 

El Rosario nos impulsa a descubrir la vocación misionera

Si rezar el Rosario nos ayuda a vivir como cristianos y discípulos de Jesús, también nos impulsa a descubrir por María la vocación misionera. Justamente, al profundizar en la vida de Jesús, surge una y otra vez el llamado a vivir lo que rezamos; y por ello a anunciar su Reino y las obras de Dios.

La Iglesia, el día de Pentecostés toma conciencia de estas grandes obras, y desde entonces inicia también el camino de fe, su peregrinación a través de la historia, anunciando la salvación. Desde el comienzo de este camino está presente María (cfr. Madre del Redentor, nº 26).

De hecho, María estaba en el Cenáculo, donde los apóstoles se preparaban a asumir esta misión con la venida del Espíritu de la Verdad; en medio de ellos, María «perseveraba en la oración» como «Madre de Jesús» (Hch 1, 13-14), o sea de Cristo crucificado y resucitado (cfr. ibídem).

Debemos recordar que todos en virtud del bautismo estamos llamados a ser discípulos y misioneros de Jesucristo. Esto conlleva seguirlo, vivir en intimidad con él, imitar su ejemplo y dar testimonio (Benedicto XVI, 13.V.2007, nº 3); sabiendo que todo bautizado recibe de Cristo el mandato de la misión “Id por todo el mundo, y proclamad la buena nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará” (Mc 16, 15; cfr. ibídem)

También cuando salimos a misionar, contamos con la asistencia maternal de María; y por esta razón mirando a Jesús a través de María y teniendo la experiencia personal de la oración del Rosario, deseamos ser verdaderos misioneros de su Reino.

Por todo lo meditado, una vez más los invito a que durante el mes de octubre y a lo largo del año recemos el Rosario; se lo pido a todos, particularmente a los niños y a los jóvenes. Pidamos con confianza a la Santísima Virgen, a la que el pasado 7 de octubre una multitud de fieles, junto con los sacerdotes veneramos en su tradicional procesión, y en la Misa en la Plaza de la Coronación, celebrando su día como Patrona de la Arquidiócesis y de esta Ciudad que lleva su nombre, que sea también nuestra esperanza y nuestra Madre del cielo.

Los saludo cordialmente y bendigo en Cristo. 

Mons. José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario 


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Como es habitual el Director de Cueva Manresa de San Ignacio nos informa de diversas actividades para los próximos meses de 2010 y 2011.

"Querido/a amigo/a
Le recordamos algunas de las próximas propuestas de la Cueva de S. Ignacio, agradeciéndole, nuevamente, si las puede dar a conocer a personas interesadas. Recomendamos especialmente el taller de Elena Andrés: EL TRABAJO CORPORAL EN LA EDUCACIÓN DE LA INTERIORIDAD.
Puede ampliar información en: www.covamanresa.cat
Muchas
gracias por su colaboración. 

Francesc Riera i Figueras, sj.
Director "


1. cinco dias de EJercicios 

Momento de renovación espiritual, de paro en medio de ruido diario. Se ofrece acompañamiento personal.

■ diciembre

03 al 09.- Francesc Riera, sj.

26 al 31.- Xavier Rodriguez e Ignacio Vila, sj. 


2. RETIRO MULTIGENERACIONAL 

La “Escuela Ignasiana de Espiritualidad” (EIDES) ofrece un retiro de fin de semana, de oración y reflexión en clave ignaciana, para familias: parejas con o sin hijos (adolescentes, niños), con propuestas de trabajo individualizadas y en grupo, con los “Ejercicios Espirituales” como trasfondo. 

■ Coordina: Equipo EIDES: 26-27 marzo


3. “STOP” EN EL CAMINO (ADVIENTO) 

A lo largo del año conviene “poner algún stop”, tomarse  un tiempos, re-situarse ante Dios, los otros, el propio yo. Ayuda aprovecharse de los tiempos litúrgicos. En este caso oraremos con los textos del evangelio de la infancia en Lucas y Mateo 

■ Acompañará Francesc Riera, sj.: 10-12 diciembre.


 4. EL TRABAJO CORPORAL EN LA EDUCACIÓN DE LA INTERIORIDAD

 Taller dirigido a profesores, pastoralistes y catequistas que quieran aplicar la Educación de la Interioridad en su labor docente. Se dará una visión teórica de lo que entendemos por Educación de la Interioridad fijándonos en uno de sus contenidos, el trabajo corporal. Practicaremos las técnicas de la conciencia corporal, respiración y relajación. Imprescindible llevar ropa cómoda.  

Elena Andrés: 19 -21 nov.


 5. EL SUEÑO COMO LIBRO Y MAESTRO  

La naturaleza no nos hubiera dotado con la capacidad de soñar mientras dormimos si no tuviera ninguna utilidad. Estos mensajes extraños y a veces atormentadores son el libro donde podemos descubrir quiénes somos y en qué punto de nuestra evolución individual estamos. Cada participante podrá exponer algún sueño que quiera trabajar. Nos basaremos en la psicología de C.G. Jung.  

María Generosa Quintas (psicóloga): sábado 27 nov. / o bien: 18-20 feb. en colaboración con J. Melloni, sj. 


 6. ESCUCHAR Y ACTUAR PARA LLEGAR a ser

 A partir de la Reverse Therapy procuraremos desarrollar la armonía i el equilibrio personal y relacional. Conectaremos con la inteligencia emocional y espiritual a través de la Conciencia del Cuerpo para llegar a la toma de decisiones coherentes. Habrá teoría y prácticas corporales, de comunicación asertiva y de discernimiento.   

Asun Puche (psicóloga):10-12 diciembre  / 18-20 febrero (la segunda, de profundización).


7. RETIRO DE INICACIACION a la MeditacióN Zen Y A la ContemplacióN

 Un camino práctico, vivo y actual de madurez humana, inspirado en el zen japonés y en San Juan de la Cruz, que nos permita vivir un encuentro interior y exterior. Se tendrán en cuenta diversos elementos: una buena postura para calmar el cuerpo, calmar la imaginación y tomar como base la Atención, Concentración y Respiración tanda. Regularemos el cuerpo, la mente y la respiración para poder vivir la calma necesaria y vivificante. 

Pedro Vidal: 14-16 enero


 8. ESCUELA DE PADRES "LLUÍS ARMENGOL"

Se trata de un fin de semana dedicado a la pareja, donde en un clima de tranquilidad se pueda reflexionar sobre los temas cotidianos que afectan a la convivencia matrimonial. Se seguirá la metodología del P. Lluís Armengol, y será conducido por un grupo de matrimonios. No hay trabajo de grupo, todo es exclusivamente a nivel de pareja.  

Monitores Escuela Padres: 12-14 nov.


 Información y matrículas: Cueva S. Ignacio - 08242 Manresa – 93 872 04 22

recepcio@covamanresa.cat


 Si desea ser baja envíe un e-mail a: covaee@jesuites.net

_______________________________________________
Cueva-manresa mailing list
Cueva-manresa@lists.covamanresa.cat
http://lists.covamanresa.cat/listinfo.cgi/cueva-manresa-covamanresa.cat

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jueves, 28 de octubre de 2010

Comunicado de la Conferencia Episcopal de Bolivia donde expresa su preocupación por el aumento de las mediciones de presión, por parte de periodistas y propietarios de los medios de comunicación, en defensa de la libertad de expresión y de pensamiento en Bolivia.

 

Comunicado CEB

 

La Conferencia Episcopal Boliviana sigue con preocupación el incremento de medidas de presión impulsadas por los medios de comunicación en defensa de la libertad de expresión y de pensamiento en Bolivia, a raíz de la promulgación de la denominada “Ley contra el racismo y toda forma de discriminación”. Escuchar estas voces y tomarlas en cuenta es signo de sabiduría y madurez democrática. 

Como Iglesia, en sintonía con nuestro pronunciamiento del 27 de septiembre pasado, reafirmamos nuestra adhesión a toda iniciativa que aporte en la eliminación de formas de racismo y discriminación, pero también nuestra alerta sobre los inminentes riesgos que entraña la reciente aprobación y promulgación de esta ley para el ejercicio de principios y derechos fundamentales de personas e instituciones. 

La Doctrina Social de la Iglesia enseña que siempre debe existir correspondencia entre el fin y los medios para alcanzar ese objetivo y que no se puede asegurar los derechos de unos a costa de los derechos de otros. En el caso de la ley de referencia, las principales preocupaciones recaen en los parámetros subjetivos de interpretación y en las medidas de sanción que la propia ley permite y que pueden derivar fácilmente en casos de censura, revanchismo y formas de autoritarismo. Al respecto como Iglesia hemos sugerido que la educación en valores y un debate social responsable podrían aportar mejores alternativas. 

Reconocemos la legitimidad de las demandas de los medios de comunicación así como sus acciones en defensa de la libertad de expresión, uno de los pilares de toda sociedad democrática. No obstante llamamos a los que se encuentran en huelga de hambre a levantar esa extrema medida que atenta contra su vida y optar por otras alternativas constitucionales y de opinión pública para alcanzar sus reivindicaciones. 

El crecimiento integral de nuestro pueblo será posible solamente sobre la base de una convivencia fraterna que tenga como sustentos el respeto mutuo, la justicia, la verdad y el bien común de todos los bolivianos. 

Mons. Oscar Aparicio

Obispo Auxiliar de La Paz
Secretario General de la
Conferencia Episcopal Boliviana 

La Paz, 12 de octubre de 2010


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La Comisión Justicia y Paz de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB), ha publicado una declaración condenando el uso de la fe cristiana en el proceso electoral, expresando su preocupación por las acciones de muchos grupos que, en nombre de la fe cristiana "han creado dificultades para un voto libre y consciente”.

 

O MOMENTO POLÍTICO E A RELIGIÃO

 

“Amor e Verdade se encontrarão. Justiça e Paz se abraçarão” (Salmo 85)

 

“A Comissão Brasileira Justiça e Paz (CBJP) está preocupada com o momento político na sua relação com a religião. Muitos grupos, em nome da fé cristã, têm criado dificuldades para o voto livre e consciente. Desconsideram a manifestação da presidência da Conferência Nacional dos Bispos do Brasil de 16 de setembro, “Na proximidade das eleições”, quando reiterou a posição da 48ª Assembléia Geral da entidade, realizada neste ano em Brasília. Esses grupos continuaram, inclusive, usando o nome da CNBB, induzindo erroneamente os fiéis a acreditarem que ela tivesse imposto veto a candidatos nestas eleições.

 

Continua sendo instrumentalizada eleitoralmente a nota da presidência do Regional Sul 1 da CNBB, fato que consideramos lamentável, porque tem levado muitos católicos a se afastarem de nossas comunidades e paróquias.

 

Constrangem nossa consciência cidadã, como cristãos, atos, gestos e discursos que ferem a maturidade da democracia, desrespeitam o direito de livre decisão, confundindo os cristãos e comprometendo a comunhão eclesial.

 

Os eleitores têm o direito de optar pela candidatura à Presidência da República que sua consciência lhe indicar, como livre escolha, tendo como referencial valores éticos e os princípios da Doutrina Social da Igreja, como promoção e defesa da dignidade da pessoa humana, com a inclusão social de todos os cidadãos e cidadãs, principalmente dos empobrecidos.

 

Nesse sentido, a CBJP, em parceria com outras entidades, realizou debate, transmitido por emissoras de inspiração cristã, entre as candidaturas à Presidência da Republica no intento de refletir os desafios postos ao Brasil na perspectiva de favorecer o voto consciente e livre. Igualmente, co-patrocinou um subsídio para formação da cidadania, sob o título: “Eleições 2010: chão e horizonte”.

 

A Comissão Brasileira Justiça e Paz, nesse tempo de inquietudes, reafirma os valores e princípios que norteiam seus passos e a herança de pessoas como Dom Helder Câmara, Dom Luciano Mendes, Margarida Alves, Madre Cristina, Tristão de Athayde, Ir. Dorothy, entre tantos outros. Estes, motivados pela fé, defenderam a liberdade, quando vigorava o arbítrio; a defesa e o anúncio da liberdade de expressão, em tempos de censura; a anistia, ampla, geral e irrestrita, quando havia exílios; a defesa da dignidade da pessoa humana, quando se trucidavam e aviltavam pessoas.

 

Compartilhamos a alegria da luz, em meio a sombras, com os frutos da Lei da Ficha Limpa como aprimoramento da democracia. Esta Lei de Iniciativa Popular uniu a sociedade e sintonizou toda a igreja com os reclamos de uma política a serviço do bem comum e o zelo pela justiça e paz.

 

Brasília, 06 de Outubro de 2010.

Comissão Brasileira Justiça e Paz, Organismo da CNBB”


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ZENIT  nos ofrece el mensaje que el Papa Benedicto XVI ha hecho llegar a la Semana Social Italiana, a través del cardenal Angelo Bagnasco, presidente de la Conferencia Episcopal de este país, y que ha sido hecho público el jueves 14 de Octubre de 2010.

MENSAJE DE SU SANTIDAD

BENEDICTO XVI

 

 Al Venerado Hermano
Card. Angelo Bagnasco,
Presidente de la Conferencia Episcopal Italiana

El primer pensamiento, al dirigirme a Usted y a los Congresistas reunidos en Reggio Calabria con ocasión de la celebración de la 46ª Semana Social de los Católicos Italianos, es de profunda gratitud por la contribución de reflexiones y de participación que, en nombre de la Iglesia en Italia, queréis ofrecer al país.

Dicha aportación es aún más preciosa gracias al amplio recorrido preparatorio, que en los últimos dos años ha implicado a diócesis, agregaciones eclesiales y centros académicos: las iniciativas realizadas de cara a esta cita ponen de manifiesto la difundida disponibilidad dentro de las comunidades cristianas a reconocerse “católicas en la Italia de hoy”, cultivando el objetivo de “una agenda de esperanza para el futuro del país”, como recita el tema de la presente Semana Social.

Todo esto asume una relevancia más significativa en la coyuntura socio-económica que estamos atravesando. A nivel nacional, la consecuencia más evidente de la reciente crisis financiera global esta en la propagación del paro y de la precariedad, que a menudo impide a los jóvenes – especialmente en las áreas del Mezzogiorno – arraigarse en su propio territorio, como protagonistas del desarrollo. Para todos, en cualquier caso, estas dificultades constituyen un obstáculo en el camino de la realización de los propios ideales de vida, favoreciendo la tentación del replegamiento y de la desorientación. Fácilmente la desconfianza se transforma en resignación, sospecha, desafecto y falta de compromiso, a costa de la inversión legítima en el futuro.

Bien mirado, el problema no es solamente económico, sino sobre todo cultural y se manifiesta en particular en la crisis demográfica, en la dificultad de valorar plenamente el rol de las mujeres, en la dificultad de tantos adultos de concebirse y ponerse como educadores. Con mayor razón, es necesario reconocer y sostener con fuerza y con los hechos la insustituible función social de la familia, corazón de la vida afectiva y relacional, además de lugar en el que mejor que ningún otro se asegura la ayuda, cuidado, solidaridad, capacidad de transmisión del patrimonio de valores a las nuevas generaciones. Es por ello necesario que todos los sujetos institucionales y sociales se comprometan a asegurar a la familia medidas eficaces de apoyo, dotándola de recursos adecuados y permitiendo una justa conciliación con los tiempos del trabajo.

No falta ciertamente a los católicos la conciencia del hecho de que tales expectativas deben ponerse hoy dentro de las complejas y delicadas transformaciones que interesan a toda la humanidad. Como escribí en la Encíclica Caritas in veritate, “El riesgo de nuestro tiempo es que la interdependencia de hecho entre los hombres y los pueblos no se corresponda con la interacción ética de la conciencia y el intelecto” (n. 9). Esto exige “una clara visión de todos los aspectos económicos, sociales, culturales y espirituales” (ibidem, n. 31) del desarrollo.

Afrontar los problemas actuales, tutelando al mismo tiempo la vida humana desde su concepción hasta su fin natural, defendiendo la dignidad de la persona, salvaguardando el medio ambiente y promoviendo la paz, no es tarea fácil, pero tampoco imposible, si permanece firme la confianza en las capacidades del hombre, se engrandece el concepto de razón y de su uso, y cada uno se asume sus propias responsabilidades. Sería, de hecho, ilusorio delegar la búsqueda de soluciones sólo a las autoridades públicas: los sujetos políticos, el mundo de la empresa, las organizaciones sindicales, los operadores sociales y todos los ciudadanos en cuanto individuos y de forma asociada, están llamados a madurar una fuerte capacidad de análisis, de amplitud de miras y de participación.

Moverse según una perspectiva de responsabilidad comporta la disponibilidad de salir de la búsqueda del propio interés exclusivo, para perseguir juntos el bien del país y de toda la familia humana. La Iglesia, cuando recuerda el horizonte del bien común – categoría fundamental de su doctrina social – pretende referirse al “bien de ese nosotros todos”, que “no se busca por sí mismo, sino para las personas que forman parte de la comunidad social y que solo en ella pueden real y más eficazmente conseguir su bien” (ibidem, n. 7). En otras palabras, el bien común es lo que construye y califica a la ciudad de los hombres, el criterio fundamental de la vida social y política, el fin del actuar humano y del progreso; es “exigencia de justicia y de caridad” (ibidem), promoción del respeto de los derechos de los individuos y de los pueblos, además de relaciones caracterizadas por la lógica del don. Este encuentra en los valores del cristianismo el “elemento no solo útil, sino indispensable para la construcción de una buena sociedad y de un verdadero desarrollo humano integral” (ibidem, n. 4).

Por esta razón renuevo el llamamiento para que surja una nueva generación de católicos, personas interiormente renovadas que se comprometan en la actividad política sin complejos de inferioridad. Esta presencia, ciertamente, no se improvisa; es, más bien, el objetivo al que debe tender un camino de formación intelectual y moral que, partiendo de las grandes verdades en torno a Dios, al hombre y al mundo, ofrezca criterios de juicio y principios éticos para interpretar el bien de todos y de cada uno. Para la Iglesia en Italia, que oportunamente ha asumido el desafío educativo como prioritario en la presente década, se trata de empeñarse en la formación de conciencias cristianas maduras, es decir, ajenas al egoísmo, a la codicia de los bienes y al ansia de carrera y, en cambio, coherentes con la fe profesada, conocedoras de las dinámicas culturales y sociales de este tiempo y capaces de asumir responsabilidades públicas con competencia profesional y espíritu de servicio. El compromiso socio político, con los recursos espirituales y las actitudes que requiere, es una vocación alta, a la que la Iglesia invita a responder con humildad y determinación.

La Semana Social que estáis celebrando pretende proponer “una agenda de esperanza para el futuro del país”. Se trata, indudablemente, de un método de trabajo innovador, que asume como punto de partida las experiencias actuales, para reconocer y valorar las potencialidades culturales, espirituales y morales inscritas en nuestro tiempo, tan complejo. Uno de vuestros ámbitos de profundización se refiere al fenómeno migratorio y, en particular, a la búsqueda de estrategias y de reglas que favorezcan la inclusión de las nuevas presencias. Es significativo que, hace exactamente cincuenta años y en la misma ciudad, se dedicara una Semana Social enteramente al tema de las migraciones, especialmente a las que entonces tenían lugar dentro del país. En nuestros días el fenómeno ha asumido proporciones imponentes: superada la fase de la emergencia, en la que la Iglesia se ha empeñado con generosidad para la primera acogida, es necesario pasar a una segunda fase, que muestre, en el pleno respeto de la legalidad, los términos de la integración.

A los creyentes, como también a todos los hombres de buena voluntad, se les pide hacer todo lo posible para denunciar esas situaciones de injusticia, de miseria y de conflicto que obligan a tantos hombres a emprender el camino del éxodo, promoviendo al mismo tiempo las condiciones de una inserción en nuestras tierras de cuantos quieren, con su trabajo y el patrimonio de su tradición, contribuir a la construcción de una sociedad mejor que la que dejaron. Al reconocer el protagonismo de los inmigrantes, nos sentimos llamados a presentarles el Evangelio, anuncio de salvación y de vida plena para cada hombre y cada mujer.

Por lo demás, la esperanza con la que queréis construir el futuro del país no se resuelve en la aun legítima aspiración a un futuro mejor. Nace, más bien, de la convicción de que la historia está guiada por la Providencia divina y tiende a un alba que trasciende los horizontes del obrar humano, Esta “esperanza digna de confianza” tiene el rostro de Cristo: en el Verbo de Dios hecho hombre cada uno de nosotros encuentra el valor del testimonio y la abnegación en el servicio. No falta, ciertamente, en la maravillosa estela de luz que distingue la experiencia de fe del pueblo italiano, la huella gloriosa de tantos santos y santas – sacerdotes, consagrados y laicos – que se consumieron por el bien de los hermanos y que se comprometieron en el campo social para promover condiciones más justas y equitativas para todos, en primer lugar para los pobres.

En esta perspectiva, mientras auguro provechosos días de trabajo y de encuentro, os animo a sentiros a la altura del desafío que se os ha puesto delante: la Iglesia católica tiene una herencia de valores que no son cosa del pasado, sino que constituyen una realidad muy viva y actual, capaz de ofrecer una orientación creativa para el futuro de una Nación.

En la vigilia del 150° aniversario de la Unidad nacional, que desde Reggio Calabria pueda surgir un sentir común, fruto de una interpretación creyente de la situación del país; una sabiduría propositiva, que sea el resultado de un discernimiento cultural y ético, condición constitutiva, de las elecciones políticas y económicas. De ello depende el relanzamiento del dinamismo civil, para el futuro que sea – para todos – en línea con el bien común.

A los participantes en la 46ª Semana Social de los Católicos Italianos deseo asegurar mi recuerdo en la oración, que acompaño con una especial Bendición Apostólica.

En el Vaticano, 12 octubre 2010 

Benedicto XVI

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


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Homilía de monseñor José Vicente Conejero Gallego, obispo de Formosa, y Presidente de la Comisión Episcopal de Misiones, en la misa de la Jornada Mundial de las Misiones (San Miguel, Buenos Aires, domingo 10 de octubre de 2010). (AICA)

TU GLORIA, SEÑOR, HASTA LOS CONFINES DEL ORBE

Queridos hermanos:  

¡Discípulos Misioneros de Jesucristo aquí y más allá de las fronteras! 

Demos gracias a Dios que nos permite celebrar y participar del III° Encuentro Nacional de Grupos Misioneros en Argentina. Es, verdaderamente, un don de Dios estar reunidos en el nombre de Jesús, Misionero del Padre, bajo la moción del Espíritu Santo que nos impulsa a responder a los nuevos desafíos de la Misión.

Sabemos que el principio de la Misión es el inmenso amor de Dios, pues él quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (1Tm 2,4).Este querer es de las Tres Personas Divinas, que son un sólo Dios: Unidad en Comunión; Comunión de Personas en la Unidad.

También sabemos y reconocemos que el modelo de todo misionero es Jesús, el enviado del Padre, consagrado y ungido por el Espíritu Santo para llevar la Buena Noticia de la salvación a todos los hombres, especialmente a los pobres. Contemplando a Jesús, es fácil descubrir los sentimientos y actitudes del auténtico misionero: pobre, obediente, fiel, sencillo, alegre, servicial… capaz de llegar hasta el extremo del amor: la entrega total y definitiva de la propia vida por los demás.

La meta de la Misión es hacer participar a los hombres de la vida Eterna; vida Eterna que consiste en el conocimiento del Padre y de su Enviado Jesucristo (cfr. Jn 17, 3; la misión evangelizadora de la Iglesia tiene como objetivo final llegar a ser partícipes de la naturaleza divina ( cfr. 2Pe 1,4), miembros de la Familia de Dios, para vivir en Comunión  con Él, y en unidad y concordia con toda la humanidad, instaurando  la fraternidad universal. Por ello, Benedicto XVI, en el Mensaje de la Jornada Mundial de las Misiones de este año 2010, nos recuerda e invita a construir la comunión eclesial, clave de la misión, razón por la cual debemos aprender a ofrecer signos de esperanza y a ser hermanos universales, cultivando los grandes ideales que transforman la historia y, sin falsas ilusiones o miedos inútiles, comprometiéndonos a hacer del planeta la casa de todos los pueblos.

¡Qué profunda, luminosa y motivadora es, a la vez, la Palabra de Dios,  que acabamos de proclamar y escuchar!

El Profeta Isaías reconocía cómo las tinieblas cubren la tierra, cómo una  densa oscuridad pesa sobre las naciones. Pareciera decirnos: “Es de noche”. Esta es una realidad que, también hoy, podemos reconocer sobre nuestra sociedad actual. Pero, si el profeta presentía y anunciaba la luz y el esplendor de la aurora sobre las naciones de la tierra; con mayor razón, podemos nosotros anunciar hoy un mensaje de esperanza a toda la humanidad; pues, con la fe de la Iglesia Misionera, proclamamos con fuerza y firme convicción: JESUCRISTO ES LA LUZ DEL MUNDO Y EL QUE LO SIGUE NO CAMINA EN TINIEBLAS, SINO QUE TIENE LA LUZ DE LA VIDA (cfr. 8, 12)

Los misioneros, como el profeta sabemos: ¡que cuán hermosos son los pasos de los que anuncian buenas noticias! , como el mismo Apóstol Pablo nos lo recordaba (Rm 10, 15).

La Iglesia, Esposa y Cuerpo de Jesucristo, se verá enriquecida con todos los valores y culturas de los pueblos, semillas del mismo Verbo de Dios esparcidas por la tierra, y sentirá cómo palpita y se ensancha su corazón, cuando arriben a su seno. “La Iglesia, enviada por Cristo para manifestar y comunicar la caridad de Dios a todos los hombres y pueblos, sabe que tiene que llevar a cabo todavía una labor misionera ingente… debe insertarse en todos estos grupos con el mismo afecto con que Cristo se unió por su encarnación a las determinadas condiciones sociales y culturales de los hombres con quienes convivió” (AG 10).

Por eso, es lógico anhelar y sentir con el Salmista que todos los pueblos y naciones de la tierra, conozcan los caminos del Señor, alaben y glorifiquen su Nombre (Salmo 66).

Y si, como afirma el Apóstol: “la fe nace de la predicación y la predicación se realiza en virtud de la Palabra de Cristo” Cómo debemos estar siempre disponibles, a tiempo y a destiempo, para proclamar el mensaje Cristo, con cuánto empeño y fuerza debemos anunciar a Jesucristo a todos.

La Misión exige, necesariamente, voluntarios libres que acepten ser enviados. Isaías mismo narró su vocación:

“Entonces escuché la voz del Señor, que decía:

-¿A quién mandaré?, ¿quién irá de nuestra parte?

Contesté:

-Aquí estoy, mándame. (Is 6, 8). 

Es la misma actitud de María: “Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho”… Y entonces, María partió y fue sin demora” (Lc 1, 38-39).

Es, por sobre todo, la absoluta disponibilidad y respuesta de Jesús: “Aquí estoy, yo vengo para hacer, Dios, tu voluntad” (Heb 10, 7. 9).

¿Hemos sentido y oído, nosotros, el llamado del Señor para ser enviados? ¿Hemos oído el clamor de tantos hermanos que aguardan impacientemente el anuncio de la verdad del Evangelio para encontrar el sentido verdadero de la vida? ¿Cómo es nuestra disponibilidad y prontitud?

Si estamos convencidos de que la Palabra de Dios es fuente de sabiduría y de la prudencia para las relaciones entre los hombres, y si somos conscientes de la necesidad y urgencia que la Buena Noticia sea conocida y vivida hasta los confines de la tierra, ¿qué hago, qué hacemos para proclamarla, difundirla y ponerla en práctica?

La Misión es más compleja de lo que a primera vista parece, porque abarca muchos aspectos y dimensiones: Fe y adhesión firme e inquebrantable a Jesucristo y a su Iglesia,  anuncio, profundización del mensaje, comunión y experiencia de familia y comunidad, discípulos-misioneros, testigos del Resucitado, destinatarios o interlocutores como hoy se dice, frutos de libertad, justicia, alegría y paz.

El relato de Lucas, que narra la lectura e interpretación de Jesús del pasaje de Isaías en la sinagoga de Nazaret, que acabamos de escuchar, nos ayuda sobremanera a comprender el ser y quehacer de los misioneros de Jesús y la tarea de la Misión.

En primer lugar, el misionero, la misionera, es consciente de que no parte de su propia iniciativa, sabe y se siente movido, ungido y enviado por el Espíritu del Señor para llevar la Buena Noticia. La suya es una vocación, un llamado, que requiere sí, la libre aceptación. Así lo sintió y expresó Jesús: “Porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la de aquel que me envió” (Jn 6, 38); o aquella otra afirmación suya: “Yo no puedo hacer nada por mi cuenta: juzgo según lo que oigo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado” ( Jn 5, 30); así lo sintió Pablo y debemos sentirlo todos los misioneros: “Predicar el Evangelio no es para mí ningún motivo de gloria; es más bien un deber que me incumbe.¡Ay de mí si no predico el Evangelio! Si lo hiciera por propia iniciativa, ciertamente tendría derecho a una recompensa. Mas si lo hago forzado, es una misión que se me ha confiado” (1Cor 9, 16-17).

La Misión tiene como fin llevar la alegría y la esperanza a los pobres, no olvidemos que el Evangelio es “Buena Noticia”, no amarga profecía, es anuncio de la “ verdad que hace libres”, es “luz que ilumina” a quienes caminan en la oscuridad de la duda y la desconfianza, es “gracia, gozo y paz” del Espíritu Señor.

Cómo quisiéramos decir con Jesús, en el ejercicio de nuestro servicio misionero, con sinceridad humilde: “Hoy se cumple este pasaje de la Escritura que acaban de oír”.

Decíamos antes que la misión, la acción evangelizadora de la Iglesia, es una realidad compleja que contiene varios elementos, no contrapuestos ni exclusivos, sino complementarios y mutuamente enriquecedores, como hacía notar el Papa Pablo VI (cfr. EN 24). Ser misioneros es aceptar el designio amoroso y salvador de Dios sobre la humanidad y convertirlo en obra: del mismo modo que Jesucristo, el Hijo de Dios se encarnó y nos redimió con su muerte en la cruz y resurrección.  

Queridos jóvenes discípulos-misioneros, quisiera, por último, hacer dos referencias más. Una, tomada de Aparecida, ese acontecimiento eclesial reciente que nos exhorta a la Conversión personal y pastoral y a la Renovación misionera de nuestras comunidades en torno a Jesucristo, Maestro y Pastor, propiciando actitudes de apertura, diálogo y disponibilidad, testimonio de comunión eclesial y santidad, inspirándonos siempre en el mandamiento nuevo del amor (cfr. DA 368); siendo fieles e imitando al Maestro, “siempre cercano, accesible, disponible para todos, deseoso de comunicar vida en cada rincón de la tierra” (DA 372). Me estoy refiriendo a la Misión ad gentes, es decir, a la misión universal en todos los Continentes: Para no caer en la trampa de encerrarnos en nosotros mismos, debemos formarnos como discípulos misioneros sin fronteras, dispuestos a ir “a la otra orilla”, aquella en la que Cristo no es aún reconocido como Dios y Señor, y la Iglesia no está todavía presente (DA 376).

Somos nosotros, los miembros de los Grupos Misioneros quienes debemos sensibilizar, estimular y hacer presente en nuestras comunidades el corazón universal de la Iglesia y a estar disponibles para ser enviados, como Jesús envió a sus Apóstoles, más allá de las fronteras, es decir, hasta los confines de la tierra. De esta manera entraremos en nuestro continente, como dice el Documento, “en una nueva primavera de la misión ad gentes” (DA 379).

La otra referencia, mirando a un futuro no muy lejano, la Jornada Mundial de la Juventud del próximo año 2011, en el mes de agosto, en Madrid. Como bien saben, el Papa Benedicto XVI ha escrito un hermoso y profundo Mensaje para prepararnos a vivir, aquí o allí, a este acontecimiento eclesial. En el lema elegido, inspirándose en un texto de la Carta a los Colosenses, se encierra lo que quiere el Sucesor de Pedro para todos los jóvenes de hoy: “Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe” (Col 2, 7). Me ha impactado profundamente este mensaje del Papa. Invito a que lo lean y comenten en sus Grupos Misioneros, les enriquecerá muchísimo. Ahora espigo e interpreto algunas ideas de su contenido en el que acentúa y reitera, de diversas maneras, el anuncio del Kerigma, tan propio de la vida de los misioneros: El misterio y poder de Cristo muerto y resucitado es el fundamento de nuestra vida, el centro de la fe cristiana…Creemos firmemente que Jesucristo se entregó en la Cruz para ofrecernos su amor; en su pasión, soportó nuestros sufrimientos, cargó con nuestros pecados, nos consiguió el perdón y nos reconcilió con Dios Padre, abriéndonos el camino de la vida eterna. De este modo, hemos sido liberados de lo que más atenaza nuestra vida: la esclavitud del pecado, y podemos amar a todos, incluso a los enemigos, y compartir este amor con os hermanos más pobres y en dificultad… del corazón de Jesús abierto en la cruz ha brotado la vida divina… Acojamos la cruz de Jesús, signo del amor de Dios, fuente de vida nueva. Sin Cristo muerto y resucitado, no hay salvación. Sólo Él puede liberar al mundo del mal y hacer crecer el Reino de la justicia, la paz y el amor, al que todos aspiramos.

También el Papa nos invita a agradecer el don de la Iglesia, pues la fe profesada por la Iglesia es la que asegura nuestra fe personal.

En la historia de la Iglesia, los santos y los mártires han sacado de la cruz gloriosa la fuerza para ser fieles a Dios hasta la entrega de sí mismos; en la fe han encontrado la fuerza para vencer las propias debilidades y superar toda adversidad. Y de la fe brota la caridad, que debemos testimoniar con palabras y obras. Cristo es el bien más precioso que tenemos para compartir con los demás. Es necesario que anunciemos y testimoniemos a Cristo para que otros jóvenes, en el encuentro con Él, puedan encontrar el sentido y la alegría de la vida.

La Santísima Virgen María, Madre y modelo de todos los misioneros, junto con san Francisco Javier y Santa Teresa del Niño Jesús intercedan por nosotros para que seamos discípulos-misioneros, aquí y más allá de las fronteras. 

José Vicente Conejero Gallego, obispo de Formosa
Jornada Mundial de las Misiones - III Encuentro Nacional de Grupos Misioneros 


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ZENIT  nos ofrece la catequesis que el Papa Benedicto XVI pronunció el miércoles 13 de Octurbre de 2020 durante la audiencia general, en la Plaza de San Pedro, ante miles de peregrinos procedentes de todo el mundo.

Queridos hermanos y hermanas,

hoy quisiera hablaros de la beata Angela de Foligno, una gran mística medieval que vivió en el siglo XIII. Normalmente, uno se fascina por los momentos álgidos de experiencia de unión con Dios que ella alcanzó, pero se tienen quizás demasiado poco en cuenta sus primeros pasos, su conversión, y el largo camino que la condujo desde el punto de partida, el “gran temor del infierno”, hasta su meta, la unión total con la Trinidad. La primera parte de la vida de Angela no es ciertamente la de una ferviente discípula del Señor. Nacida hacia 1248 en una familia pudiente, quedó huérfana de padre y fue educada por su madre de forma más bien superficial. Fue introducida muy pronto en los ambientes mundanos de la ciudad de Foligno, donde conoció a un hombre, con el que se casó a los veinte años y del que tuvo hijos. Su vida era despreocupada, hasta el punto de que se permitía burlarse de los llamados “penitentes” – muy difundidos en aquella época – es decir, de aquellos que para seguir a Cristo vendían sus bienes y vivían en la oración, en el ayuno, en el servicio a la Iglesia y en la caridad.

Algunos acontecimientos, como el violento terremoto de 1279, un huracán, la larga guerra contra Perusa y sus duras consecuencias incidieron en la vida de Angela, la cual progresivamente fue tomando conciencia de sus pecados, hasta un paso decisivo: invoca a san Francisco, que se le aparece en una visión, para pedirle consejo de cara a hacer una buena Confesión general: estamos en 1285, Angela se confiesa con un fraile en San Feliciano. Tres años después, el camino de la conversión conoce otro giro: la disolución de los vínculos afectivos, pues en pocos meses, a la muerte de su madre siguieron la de su marido y la de todos sus hijos. Entonces vendió sus bienes y en 1291 entró en la orden terciaria de san Francisco. Murió en Foligno el 4 de enero de 1309.

El Libro della beata Angela da Foligno, en el que está recogida la documentación sobre nuestra Beata, narra esta conversión; indica los medios que le fueron necesarios: la penitencia, la humildad y las tribulaciones; y narra sus pasos, la sucesión de las experiencias de Angela, comenzadas en 1285. Recordándolas, tras haberlas vivido, ella intentó contarlas a través de su fraile confesor, el cual las transcribió fielmente, intentando después organizarlas en etapas, que llamó “pasos o mutaciones”, pero sin conseguir ordenarlas plenamente (cfr Il Libro della beata Angela da Foligno, Cinisello Balsamo 1990, p. 51). Esto debido a que la experiencia de unión para la beata Angela supone una implicación total de los sentidos espirituales y corporales, y de lo que ella “comprende” durante sus éxtasis queda, por así decirlo, solo una “sombra” en su mente. “Escuché verdaderamente estas palabras – confiesa ella después de un rapto místico – pero lo que vi y comprendí, y que él [o sea, Dios] me mostró, de ninguna forma dé o puedo decirlo, aunque revelaría de buen grado lo que comprendí con las palabras que oí, pero hubo un abismo absolutamente inefable”. Angela de Foligno presenta su "vivencia" mística, sin elaborarla con la mente, porque son iluminaciones divinas que se comunican a su alma de forma imprevista e inesperada. Al mismo fraile confesor le cuesta recoger estos eventos, “también a causa de su gran y admirable reserva respecto a sus dones divinos” (Ibid., p. 194). A la dificultad para expresar su experiencia mística se añade también la dificultad para sus oyentes de comprenderla. Una situación que indica con claridad cómo el único y verdadero Maestro, Jesús, vive en el corazón de todo creyente y desea tomar totalmente posesión de él. Así en Angela, que escribía a un hijo espiritual suyo: "Hijo mío, si vieras mi corazón, estarías absolutamente obligado a hacer todo lo que Dios quiere, porque mi corazón es el de Dios y el corazón de Dios es el mío”. Resuenan aquí las palabras de san Pablo: “Ya no soy yo quien vive, sino que es Cristo que vive en mi" (Gal 2,20).

Consideremos entonces sólo algún "paso" del rico camino espiritual de nuestra Beata. El primero, en realidad, es una premisa: "Fue el conocimiento del pecado, – como ella precisa – a continuación del cual el alma tuvo un gran temor de condenarse; en este pasaje lloró amargamente" (Il Libro della beata Angela da Foligno, p. 39). Este “temor” del infierno responde al tipo de fe que Angela tenía en el momento de su "conversión"; una fe aún pobre de caridad, es decir, del amor de Dios. Arrepentimiento, miedo del infierno y penitencia abren a Angela la perspectiva de la dolorosa "vía de la cruz" que, desde el octavo al decimoquinto paso, la llevará después a la “vía del amor”. Cuenta el fraile confesor: “La fiel entonces me dijo: He tenido esta revelación divina: 'Tras las cosas que habéis escrito, haz escribir que quien quiera conservar la gracia no debe quitar los ojos del alma de la Cruz, tanto en la alegría como en la tristeza que le concedo o permito'" (Ibid., p. 143). Pero en esta fase Angela aún "no siente amor"; ella afirma: "El alma siente vergüenza y amargura y no experimenta aún el amor, sino el dolor” (Ibid., p. 39), y está insatisfecha.

Angela siente el deber de tener que darle algo a Dios para reparar sus pecados, pero lentamente comprende que no tiene nada que darle, al contrario, de “ser nada” ante Él; comprende que no será su voluntad la que le dé el amor de Dios, porque ésta sólo puede darle su “nada”, el “no amor”. Como ella dirá: solo "el amor verdadero y puro, que viene de Dios, está en el alma y hace que ésta reconozca sus propios defectos y la bondad divina […] Este amor lleva el alma a Cristo y ella comprende con seguridad que no se puede verificar ni haber engaño alguno. Junto a este amor no se puede mezclar algo de lo del mundo" (Ibid., p. 124-125). Abrirse sola y totalmente al amor de Dios, que tiene la máxima expresión en Cristo: "Oh Dios mío – reza – hazme digna de conocer el altísimo misterio, que tu ardentísimo e inefable amor realizó, junto al amor de la Trinidad, es decir, el altísimo misterio de tu santísima encarnación por nosotros. […]. ¡Oh amor incomprensible! Más allá de este amor, que hizo que mi Dios se hiciese hombre para hacerme Dios, no hay amor más grande" (Ibid., p. 295). Con todo, el corazón de Angela lleva siempre las heridas del pecado; incluso después de una confesión bien hecha, ella se encontraba perdonada y aún con el corazón roto por el pecado, libre y condicionada por el pasado, absuelta pero necesitada de penitencia. Y también la acompaña el pensamiento del infierno, porque cuanto más progresa el alma en la vía de la perfección cristiana, tanto más se convencerá no sólo de ser “indigna”, sino de merecer el infierno.

Y he aquí que, en su camino místico, Angela comprende de modo profundo la realidad central: lo que la salvará de su “indignidad” y de “merecer el infierno” no será su “unión con Dios” y su poseer la “verdad”, sino Jesús crucificado, “su crucifixión por mí”, su amor. En el octavo paso, ella dice: "Sin embargo, aún no comprendía si era más grande mi liberación de los pecados y del infierno y la conversión y la penitencia, o más bien su crucifixión por mí" (Ibid., p. 41). Es el inestable equilibrio entre amor y dolor, advertido en todo su difícil camino hacia la perfección. Precisamente contempla con preferencia a Cristo crucificado, porque en esta visión ve realizado el equilibrio perfecto: en la cruz está el hombre-Dios, en un supremo acto de sufrimiento que es un acto supremo de amor. En la tercera Instrucción, la Beata insiste en esta contemplación y afirma: "Cuanto más perfecta y puramente vemos, tanto más perfecta y puramente amamos. […] Por ello, cuanto más vemos al Dios y hombre Jesucristo, tanto más somos transformados en él a través del amor. […] Lo que he dicho del amor […] lo digo también del dolor: el alma cuanto más contempla el inefable dolor del Dios y hombre Jesucristo, tanto más se duele y es transformada en dolor” (Ibid., p. 190-191). Ensimismarse, transformarse en el amor y en los sufrimientos del Cristo crucificado, identificarse con Él. La conversión de Angela, iniciada con esa confesión de 1285, llegará a la madurez sólo cuando el perdón de Dios aparezca a su alma como el don gratuito de amor del Padre, fuente de amor: "No hay nadie que puede dar excusas – afirma ella – porque cualquiera puede amar a Dios, y el no pide otra cosa al alma sino que le ame, porque él la ama y de su amor" (Ibid., p. 76).

En el itinerario espiritual de Angela el paso de la conversión a la experiencia mística, de lo que se puede expresar a lo inexpresable, tiene lugar a través del Crucificado. Es el "Dios-hombre de la pasión", que se convierte en su "maestro de perfección". Toda su experiencia mística es, por tanto, tender a una perfecta “semejanza” con Él, mediante purificaciones y transformaciones cada vez más profundas y radicales. En esta estupenda empresa Angela se implica totalmente, alma y cuerpo, sin ahorrarse penitencias y tribulaciones desde el principio al final, deseando morir con todos los dolores sufridos por el Dios-hombre crucificado para ser transformada totalmente en Él: "Oh hijos de Dios – recomendaba ella –, transformaos totalmente en el Dios-hombre de la pasión, que tanto os amó hasta dignarse morir por vosotros de muerte ignominiosísima y del todo inefablemente dolorosa y de un modo penosísimo y amarguísimo. ¡Esto solo por amor tuyo, oh hombre!" (Ibid., p. 247). Esta identificación significa también vivir lo que Jesús vivió: pobreza, desprecio, dolor, porque – como ella afirma – "a través de la pobreza temporal el alma encontrará riquezas eternas; a través del desprecio y la vergüenza obtendrá honor y grandísima gloria; a través de una poca penitencia, hecha con pena y dolor, poseerá con infinita dulzura y consolación el Bien Sumo, Dios eterno" (Ibid., p. 293).

De la conversión a la unión mística con el Cristo crucificado, a lo inexpresable. Un camino altísimo, cuyo secreto es la oración constante: "Cuanto más reces – afirma ella – tanto más serás iluminado; cuanto más seas iluminado, tanto más profunda e intensamente verás al Sumo Bien, al Ser sumamente bueno; cuanto más profunda e intensamente lo veas, tanto más lo amarás; cuanto más lo ames, tanto más te deleitará; y cuanto más te deleite, tanto más lo comprenderás y serás capaz de comprenderlo. Sucesivamente llegarás a la plenitud de la luz, porque comprenderás que no puedes comprender" (Ibid., p. 184).

Queridos hermanos y hermanas, la vida de la Beata Angela comienza con una existencia mundana, bastante alejada de Dios. Pero después se encontró con la figura de san Francisco y, finalmente, el encuentro con el Cristo Crucificado despierta el alma a la presencia de Dios, por el hecho de que sólo con Dios la vida llega a ser verdadera vida, porque llega a ser, en el dolor por el pecado, amor y alegría. Y así nos habla a nosotros hoy la Beata Angela. Hoy estamos todos en peligro de vivir como si Dios no existiera: parece muy alejado de la vida actual. Pero Dios tiene mil maneras, para cada uno la suya, de hacerse presente en el alma, de mostrar que existe y que me conoce y ama. Y la Beata Angela quiere hacernos atentos a estos signos con los cuales el Señor nos toca el alma, atentos a la presencia de Dios, para aprender así el camino con Dios y hacia Dios, en la comunión con Cristo Crucificado. Oremos al Señor para que nos haga atentos a los signos de su presencia, que nos enseñe a vivir realmente. Gracias.

[En español dijo]

Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a las Hermanas de la Compañía de la Cruz; a los miembros de la Hermandad de Nuestra Señora de la Estrella, de Sevilla; a los representantes de la Cofradía de Investigadores de Toledo, acompañados por el Señor Cardenal Antonio Cañizares Llovera; a los fieles de la Arquidiócesis de Santiago de los Caballeros, con su Arzobispo, Monseñor Ramón Benito de la Rosa Carpio, así como a los demás grupos procedentes de España, México, Honduras, Argentina y otros países latinoamericanos. Que la Beata Ángela de Foligno nos ayude a comprender que la verdadera felicidad consiste en la amistad con Cristo, crucificado por amor nuestro. A su divina bondad sigo encomendando con esperanza a los mineros de la región de Atacama, en Chile.

[Traducción del italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


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Boletín 407 

LAS NOTICIAS AMPLIADAS PUEDEN VERLAS ENTRANDO EN NUESTRO BLOG. Textos, sonidos, e imágenes los tienen en:
http://www.comunicacionobispadodetenerife.blogspot.com/

La Delegación Diocesana de Liturgia y el Instituto Superior de Teología de las Islas Canarias llevarán a cabo entre el 5 y 6 de noviembre, las Jornadas Diocesanas de Liturgia bajo el lema: "Adultos para celebrar la fe". Dichas jornadas estarán dirigidas por Antonio Lara Polaina, Doctor en Sagrada Liturgia. 

“Necesitamos más manos y más medios para seguir adelante, y para seguir diciendo a la sociedad que las víctimas de la pobreza son personas, no son números”. Con este mensaje han resumido el presidente y el secretario general de Cáritas Española, Rafael del Río y Sebastián Mora, la presentación de la memoria de esta institución en nuestro país. Cáritas prestó ayuda de primera necesidad a casi 800.000 personas en España el año pasado, 150.000 más que el año anterior y el doble que hace dos años, y la organización calcula que los usuarios que acuden a sus centros seguirán aumentando por la persistencia de la crisis y la reducción de las ayudas públicas. 

Esta semana, en la facultad de Filología de la ULL, en el Campus de Guajara, se viene desarrollando un curso organizado entre el ISTIC Tenerife y la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. El título de dicha iniciativa es "Paradigmas éticos y estéticos". 

Por otro lado, el Instituto Superior de Teología de las Islas Canarias, ha organizado la XXV Semana de Teología en colaboración con la Universidad de La Laguna del 22 al 26 de noviembre. En esta ocasión las jornadas llevan por título: “Creyentes y Testigos: en busca de un nuevo paradigma”. Las mismas estarán dirigidas por Eloy Bueno de la Fuente, Catedrático de Teología de la Facultad de Teología de Burgos y por Emilio Alberich Sotomayor, Catedrático Emérito de Catequética en la Universidad Salesiana de Roma. 

El departamento de economía de la diócesis ha informado a todos los presbíteros que el próximo día 6 de noviembre habrá una reunión con los miembros de los consejos parroquiales de economía en el Seminario Diocesano, de 10 a 13 horas. El objetivo de dicho encuentro será la presentación de la campaña del “Día de la Iglesia Diocesana” y abordar algunos temas interesantes de formación para los consejeros.  

El programa de TVE “El día del Señor” transmitirá la eucaristía, en directo desde la parroquia de La Concepción de la capital tinerfeña, los días 31 de octubre y 1 de noviembre. Asimismo, se emitirán diversos reportajes grabados en nuestra diócesis, antes de cada celebración. 

El uno y dos de noviembre, como es tradicional, se celebrarán eucaristías y responsos en numerosos campos santos de toda la geografía diocesana, con ocasión del día de los fieles difuntos. 

Florentino Martín del Blanco ha sido nombrado por el Obispo, tras las consultas pertinentes, arcipreste de Ofra. Por otro lado, Antonio Gómez Santos pasa a ser vicearcipreste del citado lugar. 

Por otro lado, el sacerdote Miguel Ángel Navarro, actual director del Archivo Histórico Diocesano y párroco de Tegueste, ha sido nombrado subdirector del Instituto Superior de Teología de las Islas Canarias (ISTIC), en su sede tinerfeña. Navarro es natural de Santa Cruz de Tenerife y fue ordenado presbítero el 24 de marzo de 1987 por el obispo Damián Iguacen Borau. El nuevo subdirector del ISTIC es Doctor en Historia por la Universidad Gregoriana de Roma. 

El Consejo Presbiteral se ha reunido para abordar, fundamentalmente, algunas correcciones al reglamento para la remuneración del clero y otras disposiciones en materia económica. Igualmente fue presentada la reflexión sobre la "distribución del clero en la diócesis, situación actual y nuevas prospectivas". 

El sábado 30 de octubre, se va a celebrar en el Seminario Diocesano una jornada de "convivencia vocacional" para chicos a partir del quinto curso de primaria. A efectos organizativos, el equipo de pastoral vocacional del Seminario pide ponerse en contacto con ellos, a ser posible, antes de este jueves para de este modo tener un dato aproximado del número de participantes. 

El 28 de octubre se cumplen cinco siglos del nacimiento de San Francisco de Borja. Por tal motivo, los jesuitas de Canarias han organizado diversas iniciativas. En este sentido, el P. Pedro Miguel Lamet, S.I., impartirá una conferencia el día 29 de octubre (20:30 h), en la Iglesia de la Concepción de Santa Cruz de Tenerife. Además, el día 30 de octubre, en el mismo lugar, a las 19:30 h, se celebrará una eucaristía presidida por el obispo. 

El Teatro Circo de Marte de la capital palmera acogió la entrega, por parte del Cabildo insular, de los Honores y Distinciones con los que ha querido reconocer la labor de personas y colectivos. Entre los premiados se encontraban el jesuita, Fernando López, y el colegio de las dominicas conocido como La Palmita. Además, a Sor Josefa Argote, Hija de la Caridad, le concedieron el título de Hija Adoptiva a título póstumo. 

El próximo viernes, 29 de octubre, a las 21:00 horas, tendrá lugar en la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, en la zona del Toscal-Longuera, en Los Realejos, una vigilia por las misiones. La iniciativa estará animada por Mª Jesús, misionera franciscana de María. Además, en dicha vigilia participará el movimiento de jóvenes "Savia Nueva". 

Un día más tarde, el 30 de octubre, se desarrollará un encuentro también para jóvenes bajo el lema "Empápate”. Será de 17:00 a 22:00 horas, en la parroquia de Las Nieves, en Finca España. En dicho encuentro, habrá tiempo para la realización de talleres, elaboración de pulseras decenarios, juegos, momentos para compartir, risoterapia, etc. Dicha iniciativa finalizará con un concierto del joven cantautor cristiano, Alejandro Abrante. 

Por su parte, la pastoral de jóvenes del arciprestazgo de Icod ha organizado un concierto benéfico que tendrá lugar el 19 de noviembre, a las 20:30 horas en la parroquia de San Andrés Apóstol de La Centinela, en Icod de los Vinos. Dicho recital se llevará a cabo bajo el lema "Cantar a Dios es otro cantar" y servirá también para motivar a los jóvenes a que participen un día después, en el Encuentro de Jóvenes del Médano. 

En Los Realejos se celebró la fiesta de San Tarcisio Mártir, Patrón de los monaguillos. La celebración comenzó con una lluvia de voladores y posteriormente se celebró la Eucaristía presidida por Antonio Hernández, el cual indicó que "todos debemos luchar contra la pobreza, ser misioneros y evangelio vivo como Tarcisio". 

El próximo domingo, 1 de noviembre, a las 13:00 horas, la comunidad peruana que vive en Tenerife, se reunirá en la parroquia de la Cruz del Señor, en Santa Cruz, para celebrar la Eucaristía y un posterior encuentro en torno a la festividad del Señor de los Milagros. 

El Ayuntamiento de La Laguna y la Fundación Proyecto Don Bosco han acordado mantener y reforzar sus acuerdos de colaboración para impulsar en el municipio el desarrollo de programas de intervención con menores y jóvenes en situación de exclusión social o en riesgo de padecerla.  

La Obra Social La Caixa ha destinado en los últimos cinco años más de 42.000 euros al comedor social de La Milagrosa, en la calle La Noria de Santa Cruz, donde acuden a comer diariamente 80 personas sentadas en las mesas, más otras 70 personas que recogen su bolsa con bocadillos, fruta y algo de líquido, tal y como puso de manifiesto, en un reportaje publicado por El Día, Josefina de León, la superiora de las Hijas de la Caridad de Santa Cruz.  

Los usuarios del Centro Psicopedagógico San Juan de Dios han puesto en marcha un rastrillo para vender al público los artículos que han elaborado en los talleres de manualidades y jardinería. Esta iniciativa se ha organizado con motivo del primer aniversario del centro. 

La Coordinadora Arciprestal de Cáritas La Orotava celebró, en el templo parroquial de Ntra. Sra de Guadalupe, en el barrio realejero del Toscal-Longuera, la Vigilia de Inicio de Curso. En la misma, se distribuyeron las entradas para la cena solidaria, a beneficio del proyecto "Casa de Acogida Mª Blanca"; que tendrá lugar el próximo sábado 27 de noviembre a las 21:00 h., en el Hogar Santa Rita II en las Dehesas, Puerto de la Cruz. El precio de la entrada es de 10 € y se podrán adquirir en las Cáritas de las diferentes parroquias del Valle de La Orotava. 

Por otro lado, Cáritas Diocesana, a través de su proyecto El Surco de Comercio Justo, ha organizado el 3º Concurso de Postales de Navidad de esta organización católica. La postal que resulte ganadora será con la que Cáritas Diocesana de Tenerife felicite la Navidad 2010.


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miércoles, 27 de octubre de 2010

Carta de monseñor Mario L. B. Maulión, arzobispo de Paraná, invitando a la XXVIII Peregrinación de los Pueblos que se realizara durante el 15 y 16 de octubre (12 de julio de 2010). (AICA)

XXVIII PEREGRINACIÓN DE LOS PUEBLOS

A los Fieles Cristianos de la Arquidiócesis de Paraná
Queridos Hermanos:

En el marco de este Año Arquidiocesano de la Familia, animados por un profundo espíritu de alabanzas al Señor y de alegría Cristiana, queremos vivir la XXVIII Peregrinación de los Pueblos, que une la Ermita de Nuestra Señora de Schoenstatt de Hasenkamp con el Santuario de La Loma en Paraná. La iniciaremos en la tarde del viernes 15 de octubre para terminar en la tarde del día 16.

El lema con que queremos realizarla es un compromiso de creyentes: “CON JESÚS Y COMO MARÍA CONSTRUYAMOS LA FAMILIA COMO SANTUARIO DE VIDA”.

Aspiramos a que todo peregrino se encuentre personalmente con Jesús: conociéndolo y escuchándolo en su palabra, y así poder renovar personalmente la fe en Él y, como iglesia, junto a María, anunciarlo a los demás.

Queremos recuperar el respeto por la familia y por la vida en todas sus formas: para ello son necesarias una educación y una legislación que trasmitan una profunda convicción moral sobre el valor de cada vida humana, la de cada persona en todas sus etapas, desde la concepción hasta la muerte natural. Especialmente la vida de los excluidos e indefensos. Es preciso trabajar para que las familias sean el lugar afectivo en el que se generen los valores comunitarios más sólidos y se aprenda a amar y ser amado. Así también en la familia se aprenderá a vivir, desde pequeño, el compromiso social con la vida pública y el bien común.

Necesitamos conocer mejor y promover más la realidad maravillosa del hombre, mujer y varón, del amor, de los hijos, de la familia, del vínculo maravilloso de la fecundidad y de la fidelidad.

Buscaremos consolidarnos en la solidez de la familia.

Los tiempos son difíciles: ya lo decía Jesús. Son muchas las maneras como se debilitan la moral y las sanas costumbres diluyendo los valores morales que han hecho y hacen consistente al hombre, a la familia, a la sociedad.

Queremos que esta peregrinación renueve en nosotros el “fuego” de ser cristianos que aman al Señor y viven de Él, y, partiendo de una fuerte experiencia de fe, trabajar con espíritu ardoroso para que Él se haga presente no solo en la Iglesia y en todos nuestros ambientes cotidianos, en especial en el ámbito de nuestra familia, la familia como Dios la quiso y la quiere.

En la Virgen María nosotros vemos siempre nuestro modelo para vivir la peregrinación: Ella con José y, luego con su Hijo Jesús, construyó su familia que es modelo de toda familia: desde que recibió a Jesús en su corazón y en su seno, junto con su esposo José inició un camino de seguimiento a Él y de peregrinación: así se convirtió en la primera misionera porque llevó a Jesús a los demás. Desde que Jesús en la cruz nos la entregó como Madre, viene ejercitando su maternidad orando y uniendo a la primera comunidad cristiana, impulsándola a esperar y a testimoniar al Señor. Y continúa haciéndolo desde entonces.

Para empezar a prepararnos, pido a los Sacerdotes que en cada Parroquia y en cada Comunidad Cristiana a ellos confiada se designe un referente o responsable, cuyo apellido y nombre sea comunicado a la Parroquia San José de Hasenkamp al tel: (0343) 4930032 ó (0343) 4930359 o e-mail: peregrinaciondepueblos@yahoo.com.ar

Con mi cordial afecto y aprecio en Jesús y María les hago llegar la bendición del Señor.

Mons. Mario L. B. Maulión, arzobispo de Paraná 


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Homilía de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para el 28° domingo durante el año (10 de octubre de 2010). (AICA)

CONVERSIÓN PASTORAL Y MISIÓN

Este fin de semana celebramos “La Jornada Mundial de las Misiones 2010”, y en nuestra Diócesis por tal motivo se ha realizado un encuentro diocesano en Jardín América donde niños y adolescentes de la infancia Misionera, y gente ligada a las diversas áreas de misión compartieron la oración y celebración, sobre la vida pastoral realizada en nuestra Diócesis.

El eje misionero es la razón de ser de la Iglesia, y nosotros hemos querido celebrar los 50 años de la Diócesis revisando nuestra fidelidad al mandato del Señor sobre nuestra conversión, comunión y misión. El Papa Benedicto en su mensaje para esta jornada reflexiona sobre la construcción de la comunión eclesial como la clave de la misión, y nos dice que “es indispensable el trabajar sobre una fe adulta capaz de abandonarse totalmente a Dios con actitud filial… es condición para promover un humanismo nuevo, fundado en el Evangelio de Jesús”. En uno de los textos de su mensaje señala: “Estas consideraciones remiten al mandato misionero que han recibido todos los bautizados y la Iglesia entera, pero que no puede realizarse de manera creíble sin una profunda conversión personal, comunitaria y pastoral. De hecho, la conciencia de la llamada a anunciar el Evangelio estimula no sólo a cada uno de los fieles, sino también a todas las comunidades diocesanas y parroquiales a una renovación integral y a abrirse cada vez más a la cooperación misionera entre las Iglesias, para promover el anuncio del Evangelio en el corazón de toda persona, de todos los pueblos, culturas, razas, nacionalidades, en todas las latitudes. Esta conciencia se alimenta a través de la obra de sacerdotes fidei donum, de consagrados, catequistas, laicos misioneros, en una búsqueda constante de promover la comunión eclesial, de modo que también el fenómeno de la "interculturalidad" pueda integrarse en un modelo de unidad en el que el Evangelio sea fermento de libertad y de progreso, fuente de fraternidad, de humildad y de paz (Ad gentes, 8). La Iglesia, de hecho, "es en Cristo como un sacramento o signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano" (Lumen gentium, 1).

Tenemos que destacar aquello que reflexiona el Papa sobre la necesidad de plantear “una renovación integral” en nuestras comunidades en orden a que todas nuestras formas de organización y estructuras tengan una dimensión discipular y misionera. En este sentido nuestras “orientaciones pastorales” post sinodales a la luz de Aparecida, nos están impulsando a dicha “renovación integral”. Aparecida nos señala categóricamente: “Esta firme decisión misionera debe impregnar todas las estructuras eclesiales y todos los planes pastorales de diócesis, parroquias, comunidades religiosas, movimientos y cualquier institución de la Iglesia. Ninguna comunidad debe excusarse de entrar decididamente, con todas sus fuerzas, en los procesos constantes de renovación misionera, y de abandonar las estructuras caducas que ya no favorezcan la transmisión de la fe” (365).

En este contexto de oración y reflexión misionero que vivimos en este mes de octubre debemos agradecer a Dios las recientes ordenaciones de diáconos permanentes que son un don de Dios para la Iglesia y sobre todo para nuestra Diócesis. El sábado 25 de septiembre fueron ordenados diáconos en la Parroquia Espíritu Santo de Posadas Luis Altamirano, Héctor Escalante y Gustavo Irala, y el domingo 26 en San Ignacio fueron ordenados diáconos Bernabé Castellano y Carlos Medina. Este acontecimiento junto a los 16 lectores instituidos el sábado pasado en la Parroquia San Miguel son un fuerte signo de esperanza, ya que estos dones y ministerios que Dios nos regala serán instrumentos en la acción evangelizadora y misionera de nuestras comunidades.

Sabemos que la mies es mucha y los operarios somos pocos, que el crecimiento demográfico en Misiones es uno de los mayores en nuestro País. Los desafíos tanto territoriales como en los sectores pastorales nos deben llevar a seguir profundizando la necesidad de ser una Iglesia misionera y cercana a los hombres y mujeres de nuestro tiempo.

¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo!

Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas 


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Aparecida (Agencia Fides)

En el año 1717, El gobernador de Sao Paulo y Minas Gerais, Don Pedro de Almeida y Portugal, Conde de Assumar, pasó por la villa de Guaratinguetá camino a villa Rica. Por tal motivo, los habitantes del lugar, queriendo agasajar al invitado, solicitaron a tres pescadores, Domingos Garcia, Filipe Pedroso e João Alves, una provisión de buen pescado. Los pescadores arrojaron sus redes en las aguas del río Paraiba, cuando de repente al levantar una de ellas, encontraron una figura rota de terracota de la Virgen de la Concepción, de tan solo 36 cm. Luego del suceso, la pesca, que hasta ese momento había sido escasa, fue tan abundante, que tuvieron que volver a la costa por el peso que tenían sus pequeñas embarcaciones.


Uno de los pescadores llevó la imagen a su casa y le realizó un pequeño altar, unos años después crearon un oratorio, que era visitado por todos los lugareños.
El 5 de mayo de 1743, se comenzó a construir un templo, que se inauguró el 26 de julio de 1745, donde se comenzó a venerar a la Virgen bajo la invocación de Nuestra Señora Aparecida.


La Virgen es de color moreno y esta vestida con un manto grueso bordado, sus manos están sobre el pecho en posición de oración, fue coronada solemnemente en 1904, por Don José de Camargo Barros, Obispo de Sao Paulo. El 16 de julio de 1930, Pío XI la declaró Nuestra Señora de Aparecida patrona de Brasil. El 4 de julio de 1980, el Papa Juan Pablo II visito el santuario y le dio el título de Basílica.


Situado en el Valle de Paraíba, estado de São Paulo, la ciudad de Aparecida do Norte atrae a millones de peregrinos. A lo largo del año la ciudad recibe cerca de siete millones de personas. El turismo y las actividades económicas de la ciudad giran alrededor del motivo religioso: hay más de 50 industrias dirigidas por el comercio religioso, impulsado por la fe. También los eventos culturales son notables: el 12 de octubre, Fiesta Nacional de Nuestra Señora de Aparecida, se realizan obras de teatro, exposiciones y cursos de artesanía. En este día la ciudad es visitada por peregrinos y, sobre todo por los muchos devotos de Nuestra Señora de Aparecida. Sólo en este día más de 200.000 peregrinos acuden al santuario para asistir a una de las Misas celebradas en la Catedral-Basílica, conocida como "Nueva Basílica” y en la Basílica Nacional de Aparecida, conocida como la “Vieja Basílica”. En el Santuario Nacional de la Virgen, los peregrinos tienen a su disposición un ambulatorio médico, una sala para bautizos, la capilla de la penitencia, el espacio para las comidas, una sala para los niño recién nacidos, un museo, la Sala de las promesas y el centro de apoyo al peregrino. (CE) (Agencia Fides 12/10/2010)


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Reflexión de José Antonio Pagola para el domingo treintiuno del Tiempo Ordinario - C, ofrecida por laDelegación Diocesana de Enseñanza de la Diócesis de Tenerife.

¿PUEDO CAMBIAR? 

          Lucas narra el episodio de Zaqueo para que sus lectores descubran mejor lo que pueden esperar de Jesús: el Señor al que invocan y siguen en las comunidades cristianas «ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido». No lo han de olvidar.

          Al mismo tiempo, su relato de la actuación de Zaqueo ayuda a responder a la pregunta que no pocos llevan en su interior: ¿Todavía puedo cambiar? ¿No es ya demasiado tarde para rehacer una vida que, en buena parte, la he echado a perder? ¿Qué pasos puedo dar?

          Zaqueo viene descrito con dos rasgos que definen con precisión su vida. Es «jefe de publicanos» y es «rico». En Jericó todos saben que es un pecador. Un hombre que no sirve a Dios sino al dinero. Su vida, como tantas otras, es poco humana.

          Sin embargo, Zaqueo «busca ver a Jesús». No es mera curiosidad. Quiere saber quién es, qué se encierra en este Profeta que tanto atrae a la gente. No es tarea fácil para un hombre instalado en su mundo. Pero éste deseo de Jesús va a cambiar su vida.

          El hombre tendrá que superar diferentes obstáculos. Es «bajo de estatura», sobre todo porque su vida no está motivada por ideales muy nobles. La gente es otro impedimento: tendrá que superar prejuicios sociales que le hacen difícil el encuentro personal y responsable con Jesús.

          Pero Zaqueo prosigue su búsqueda con sencillez y sinceridad. Corre para adelantarse a la muchedumbre, y se sube a un árbol como un niño. No piensa en su dignidad de hombre importante. Sólo quiere encontrar el momento y el lugar adecuado para entrar en contacto con Jesús. Lo quiere ver.

          Es entonces cuando descubre que también Jesús le está buscando a él pues llega hasta aquel lugar, lo busca con la mirada y le dice: "El encuentro será hoy mismo en tu casa de pecador". Zaqueo se baja y lo recibe en su casa lleno de alegría. Hay momentos decisivos en los que Jesús pasa por nuestra vida porque quiere salvar lo que nosotros estamos echando a perder. No los hemos de dejar escapar.

          Lucas no describe el encuentro. Sólo habla de la transformación de Zaqueo. Cambia su manera de mirar la vida: ya no piensa sólo en su dinero sino en el sufrimiento de los demás. Cambia su estilo de vida: hará justicia a los que ha explotado y compartirá sus bienes con los pobres.    

          Tarde o temprano, todos corremos el riesgo de "instalarnos" en la vida renunciando a cualquier aspiración de vivir con más calidad humana. Los creyentes hemos de saber que un encuentro más auténtico con Jesús puede hacer nuestra vida más humana y, sobre todo, más solidaria.

 

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
31 de octubre de 2010
31 Tiempo ordinario (C)
Lucas 19,1-10 

José Antonio Pagola


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DOMINGO 31 DEL TIEMPO ORDINARIO / C
31 de Octubre

Que el Dios del amor y de la paz esté con todos vosotros.

Como hace dos mil años en Palestina, también hoy Jesús pasa en medio de nosotros, y nos llama, y nos invita a estar con él.Y nosotros respondemos a su lla­mada, y queremos que esté siempre con nosotros.
Hoy, Jesús está de nuevo aquí, en esta casa de la comunidad cristiana. Él nos ha convocado, y nos quiere dar su fuerza y su gracia. Y nosotros queremos corresponderle, y vivir como él nos ha enseñado).

A. penitencial: En silencio, pidamos perdón porque muchas veces nos alejamos del camino de Jesús. (Silencio).

Tú, que eres clemente y misericordioso. SEÑOR, TEN PIEDAD.

Tú, que eres bueno con todos. CRISTO, TEN PIEDAD.

Tú, que has venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido. SEÑOR, TEN PIEDAD.

1. lectura (Sabiduría 11,23-12,2): Hoy, en el evangelio, escucharemos una escena especialmente entrañable: veremos cómo la presencia de Jesús convierte y salva a las personas. Ese es el estilo de Dios. Y por ello, en esta primera lectura, un sabio del Antiguo Testamento nos habla de Dios que se acerca a los pecadores con su amor y su misericordia.

Salmo (144): Cantemos en el salmo al Dios clemente y misericordioso, que es bueno y cariñoso con todas sus criaturas.

2. lectura (2Tesalonicenses 1,11-2,2): En la segunda lectura, san Pablo nos habla hoy de un tema que preocupaba a los cristianos de su tiempo y que también actualmente algunos se plantean: el tema de si se acerca el fin del mundo. Escuchemos la respuesta sensata y tranquila que el apóstol les da.

Oración universal: Oremosa Dios nuestro Padre, pornosotros y por todos. Oremos diciendo: PADRE, ESCÚCHANOS.

Para que toda la Iglesia, y cada uno de los cristianos, sepamos responder a la llamada constante de Jesús que nos invita a convertirnos. OREMOS:

Para que los jóvenes que se preparan para el sacerdocio ola vida religiosa vivan muy unidos a Jesús para poder dar testimonio de él en nuestro mundo. OREMOS:

Para que, en nuestro país y en todos los países, reinen la justicia y el bien. OREMOS:

Para que los matrimonios que no pueden tener hijos vivan con paz y confianza ese dolor. OREMOS:

Para que los que sufren depresiones yse sienten hundi­dos y sin esperanza, encuentren la fuerza que necesitan para salir de su enfermedad. OREMOS:

Para que todos los que participamos en esta Eucaristía nos amemos como hermanos. OREMOS:

Escucha, Padre, nuestra oración, y acompáñanos siempre con tu amor. Por Jesucristo nuestro Señor.

Padrenuestro: Como Jesús nos enseñó, fieles a su palabra, nos atrevemos a decir:

 

CPL


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martes, 26 de octubre de 2010

ZENIT  nos ofrece una versión no oficial al español del Motu proprio Ubicumque et semper, con el que se anuncia la creación del Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización, que ha sido presentado el martes 12 de Octubre de 2010 en la Santa Sede.

CARTA APOSTÓLICA
en forma de MOTU PROPRIO

UBICUMQUE ET SEMPER

del Sumo Pontífice
BENEDICTO XVI

CON LA QUE SE INSTITUYE EL CONSEJO PONTIFICIO

PARA LA PROMOCIÓN DE LA NUEVA EVANGELIZACIÓN

La Iglesia tiene el deber de anunciar siempre y en todas partes el Evangelio de Jesucristo. Él, el primer y supremo evangelizador, en el día de su ascensión al Padre mandó a los Apóstoles: “Id, y haced que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo os he mandado" (Mt 28,19-20). Fiel a este mandato la Iglesia, pueblo que Dios se adquirió para que proclame sus obras admirables (cfr 1Pe 2,9), desde el día de Pentecostés, en el que recibió en don el Espíritu Santo (cfr Hch 2,14), nunca se ha cansado de dar a conocer al mundo entero la belleza del Evangelio, anunciando a Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, el mismo “ayer, hoy y siempre” (Hb 13,8), que con su muerte y resurrección realizó la salvación, llevando a cumplimiento la antigua promesa. Por tanto, la misión evangelizadora, continuación de la obra querida por el Señor Jesús, es para la Iglesia necesaria e insustituible, expresión de su misma naturaleza.

Esta misión ha asumido en la historia formas y modalidades siempre nuevas según los tiempos, las situaciones y los momentos históricos. En nuestro tiempo, uno de sus rasgos singulares ha sido confrontarse con el fenómeno del alejamiento de la fe, que se ha manifestado progresivamente en sociedades y culturas que desde hacía siglos parecían impregnadas por el Evangelio. Las transformaciones sociales a las cuales hemos asistido en las últimas décadas tienen causas complejas, que hunden sus raíces lejos en el tiempo y que han modificado profundamente la percepción de nuestro mundo. Piénsese en los gigantescos progresos de la ciencia y de la técnica, en la ampliación de las posibilidades de vida y de los espacios de libertad individual, en los profundos cambios en el campo económico, en el proceso de mezclas de etnias y culturas causado por fenómenos migratorios masivos, en la creciente interdependencia entre los pueblos. Todo ello no ha sucedido sin consecuencias también para la dimensión religiosa de la vida del hombre. Y si por un lado la humanidad ha conocido innegables beneficios de estas transformaciones y la Iglesia ha recibido ulteriores estímulos para dar razón de la esperanza que lleva (cfr 1Pe 3,15), por el otro se ha verificado una preocupante pérdida del sentido de lo sagrado, llegando incluso a poner en cuestión esos fundamentos que parecían indiscutibles, como la fe en un Dios creador y providente, la revelación de Jesucristo único salvador, y la común comprensión de las experiencias fundamentales del hombre como el nacer, el morir, el vivir en una familia, la referencia a una ley moral natural.

Aunque todo ello ha sido saludado por algunos como una liberación, bien pronto se ha advertido el desierto interior que nace allí donde el hombre, queriendo se el único artífice de su propia naturaleza y de su propio destino, se encuentra privado de lo que constituye el fundamento de todas las cosas.

Ya el Concilio Ecuménico Vaticano II asumió entre las temáticas centrales la cuestión de la relación entre la Iglesia y este mundo contemporáneo. Tras las huellas de la enseñanza conciliar, mis Predecesores han reflexionado ulteriormente sobre la necesidad de encontrar formas adecuadas para permitir a nuestros contemporáneos escuchar aún la Palabra viva y eterna del Señor.

Con visión de futuro, el Siervo de Dios Pablo VI observaba que el compromiso de la evangelización “se demuestra igualmente cada vez más necesario, a causa de las situaciones de descristianización frecuentes en nuestros días, para multitud de personas que recibieron el bautismo pero que viven completamente fuera de la vida cristiana, para gente sencilla que tiene una cierta fe pero que conoce mal sus fundamentos, para intelectuales que sienten la necesidad de conocer a Jesucristo en una luz distinta de las enseñanzas recibidas en su infancia, y para muchos otros” (Exhort. ap. Evangelii nuntiandi, n. 52). Y, con el pensamiento dirigido a los alejados en la fe, añadía que la acción evangelizadora de la Iglesia “debe buscar constantemente los medios y el lenguaje adecuados para proponerles o volverles a proponer la revelación de Dios y la fe en Jesucristo” (Ibid., n. 56). El Venerable Siervo de Dios Juan Pablo II hizo de esta comprometida tarea uno de los puntos cardinales de su vasto Magisterio, sintetizando en el concepto de "nueva evangelización", que él profundizó sistemáticamente en numerosas intervenciones, la tarea que espera a la Iglesia hoy, en particular en las regiones de antigua cristianización. Una tarea que, si bien se refiere directamente a su forma de relacionarse hacia el exterior, presupone sin embargo ante todo una constante renovación interior, un continuo pasar, por así decirlo, de evangelizada a evangelizadora. Baste recordar lo que se afirmaba en la Exhortación postsinodal Christifideles Laici: "Enteros países y naciones, en los que en un tiempo la religión y la vida cristiana fueron florecientes y capaces de dar origen a comunidades de fe viva y operativa, están ahora sometidos a dura prueba e incluso alguna que otra vez son radicalmente transformados por el continuo difundirse del indiferentismo, del secularismo y del ateísmo. Se trata, en concreto, de países y naciones del llamado Primer Mundo, en el que el bienestar económico y el consumismo —si bien entremezclado con espantosas situaciones de pobreza y miseria— inspiran y sostienen una existencia vivida 'como si no hubiera Dios'. Ahora bien, el indiferentismo religioso y la total irrelevancia práctica de Dios para resolver los problemas, incluso graves, de la vida, no son menos preocupantes y desoladores que el ateísmo declarado. Y también la fe cristiana —aunque sobrevive en algunas manifestaciones tradicionales y ceremoniales— tiende a ser arrancada de cuajo de los momentos más significativos de la existencia humana, como son los momentos del nacer, del sufrir y del morir. [...] En cambio, en otras regiones o naciones todavía se conservan muy vivas las tradiciones de piedad y de religiosidad popular cristiana; pero este patrimonio moral y espiritual corre hoy el riesgo de ser desperdigado bajo el impacto de múltiples procesos, entre los que destacan la secularización y la difusión de las sectas. Sólo una nueva evangelización puede asegurar el crecimiento de una fe límpida y profunda, capaz de hacer de estas tradiciones una fuerza de auténtica libertad. Ciertamente urge en todas partes rehacer el entramado cristiano de la sociedad humana. Pero la condición es que se rehaga la cristiana trabazón de las mismas comunidades eclesiales que viven en estos países o naciones" (n. 34).

Haciéndome por tanto cargo de la preocupación de mis venerados Predecesores, considero oportuno ofrecer respuestas adecuadas para que la Iglesia entera, dejándose regenerar por la fuerza del Espíritu Santo, se presente al mundo contemporáneo con un empuje misionero capaz de promover una nueva evangelización. Ésta hace referencia sobre todo a las Iglesias de antigua fundación, que sin embargo viven realidades muy diferenciadas, a las que corresponden necesidades distintas, que esperan impulsos de evangelización distintas: en algunos territorios, de hecho, a pesar del progreso del fenómeno de la secularización, la práctica cristiana manifiesta aún una buena vitalidad y un profundo arraigo en el alma de poblaciones enteras; en otras regiones, en cambio, se nota una más clara toma de distancia de la sociedad en su conjunto hacia la fe, con un tejido eclesial más débil, aunque no privado de elementos de vivacidad, que el Espíritu no deja de suscitar; conocemos también, por desgracia, zonas que parecen completamente descristianizadas, en las que la luz de la fe se confía al testimonio de pequeñas comunidades: estas tierras, que necesitan un renovado primer anuncio del Evangelio, parecen ser particularmente refractarias a muchos aspectos del mensaje cristiano.

La diversidad de las situaciones exige un atento discernimiento; hablar de "nueva evangelización" no significa, de hecho, deber elaborar una única fórmula igual para todas las circunstancias. Y, con todo, no es difícil darse cuenta de que de lo que tienen necesidad todas las Iglesias que viven en territorios tradicionalmente cristianos es de un renovado empuje misionero, expresión de una nueva generosa apretura al don de la gracia. De hecho, no podemos olvidar que la primera tarea será la de hacerse dóciles a la obra gratuita del Espíritu del Resucitado, que acompaña a cuantos son portadores del Evangelio, y que abre el corazón de quienes escuchan. Para proclamar de forma fecunda la Palabra del Evangelio, es necesario ante todo que se haga una profunda experiencia de Dios.

Como afirmé en mi primera Encíclica Deus caritas est: "No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva" (n. 1). De forma parecida, en la raíz de toda evangelización no hay un proyecto humano de expansión, sino el deseo de compartir el don inestimable que Dios ha querido hacernos, haciéndonos partícipes de su misma vida.

Por tanto, a la luz de estas reflexiones, tras haber examinado con cuidado todo y haber pedido el parecer de personas expertas, establezco y decreto cuanto sigue:

Art. 1.

§ 1. Se constituye el Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización, como Dicasterio de la Curia Romana, en el sentido de la Constitución apostólica Pastor bonus. § 2. El Consejo persigue su propia finalidad tanto estimulando la reflexión sobre los temas de la nueva evangelización, como individuando y promoviendo las formas y los instrumentos adecuados para realizarla.

Art. 2.

La acción del Consejo, que se lleva a cabo en colaboración con los demás Dicasterios y Organismos de la Curia Romana, en el respeto de sus relativas competencias, está al servicio de las Iglesias particulares, especialmente en esos territorios de tradición cristiana donde con mayor evidencia se manifiesta el fenómeno de la secularización.

Art. 3.

Entre las tareas específicas del Consejo se señalan: 1°. profundizar en el significado teológico y pastoral de la nueva evangelización; 2°. promover y favorecer, en estrecha colaboración con las Conferencias Episcopales interesadas, que podrán tener un organismo ad hoc, el estudio, la difusión y la realización del Magisterio pontificio relativo a las temáticas conectadas con la nueva evangelización; 3°. hacer conocer iniciativas ligadas a la nueva evangelización ya en acto en las diversas Iglesias particulares y a promover su realización de nuevo, implicando activamente también los recursos presentes en los Institutos de Vida Consagrada y en las Sociedades de Vida Apostólica, como también en las agregaciones de fieles y en las nuevas comunidades; 4°. estudiar y favorecer la utilización de las modernas formas de comunicación, como instrumentos para la nueva evangelización; 5°. promover el uso del Catecismo de la Iglesia Católica, como formulación esencial y completa del contenido de la fe para los hombres de nuestro tiempo.

Art.4

§ 1. El Consejo está dirigido por un Arzobispo Presidente, coadyuvado por un Secretario, por un Subsecretario y por un adecuado número de Oficiales, según las normas establecidas por la Constitución apostólica Pastor bonus y por el Reglamento General de la Curia Romana. § 2. El Consejo tendrá Miembros propios y puede disponer de Consultores propios.

Todo lo que ha sido deliberado con el presente Motu proprio, ordeno que tenga valor pleno y estable, a pesar de cualquier cosa contraria, aunque sea digna de mención particular, y establezco que sea promulgado mediante la publicación en el diario L'Osservatore Romano y que entre en vigor el día de la promulgación.

Dado en Castel Gandolfo, el día 21 de septiembre de 2010, Fiesta de san Mateo, Apóstol y Evangelista, año sexto de mi Pontificado.

BENEDICTUS PP. XVI

[Traducción del italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


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Homilía de monseñor Raúl Martorell, obispo de Puerto Iguazú, para el 28º domingo durante el año (10 de octubre de 2010). (AICA)

AYÚDANOS, OH SEÑOR, A PERMANECER FIELES

Las lecturas de este domingo nos sitúan frente al tema de la fe como don de Dios y el reconocimiento a Dios por medio de las obras de la fe. La vida de fe y su compromiso son los argumentos que se entrelazan en la liturgia de hoy.

La primera lectura (2 Re. 5, 14-17) nos narra el suceso de Naamán, el sirio curado de la lepra por el Profeta Eliseo. Dios a través de este milagro llama al pagano Naamán a la vida de fe en Él y este hombre -dócil a la gracia- responde convirtiéndose interiormente y proclamando que el Dios de Israel es el único Dios: “ahora reconozco que no hay Dios en toda la tierra más que el de Israel” (Ib. 15). Como reconocimiento y agradecimiento por la salud recuperada Naamán quiere ofrecer un regalo al profeta por haber sido instrumento de su curación. El sirio quiere ofrecerle algo, pero el profeta lo rehúsa. Eliseo es un hombre de Dios que tiene la misión de predicar y de llevar a los hombres a Dios y los signos milagrosos son una presencia muy particular de Dios en quien tiene la misión de predicar. Por eso Eliseo no quiere aprovecharse del reconocimiento de Naamán para enriquecerse o hacerse de fama personal. Será para el profeta una obra más de Dios que interviene en la historia de los hombres.

Todos los hombres están llamados a la salvación y esto es lo que Jesús en la Sinagoga quiere enseñarnos. La salvación no está reservada solamente a los hijos de Israel, sino que es un don ofrecido a todos los hombres. Durante su último viaje a Jerusalén, un suceso semejante al de la primera lectura tiene lugar cuando Jesús cura a 10 leprosos, pero sólo uno, un extranjero, vuelve a dar las gracias. Éstos -como el sirio Naamán- recibirán el don de la salud física, pero también el don de la salvación (Lc.17,11-19). Jesús envía a los leprosos a presentarse a los sacerdotes como lo mandaba la ley mosaica, pues eran ellos los que examinaban y comprobaban las curaciones, y cuando iban de camino quedaron completamente sanados de su lepra. La curación es la misma en todos, pero no todos reaccionan de la misma manera: “uno de ellos volvió alabando a Dios a grandes gritos y se echó por tierra a los pies de Jesús dándole gracias, éste era un samaritano” (ib. 15-16). Es decir que no era un miembro del Pueblo de Dios, sino un extranjero. Los otros nueve curados no vuelven a agradecer a Dios, quizá porque como miembros del Pueblo de Dios, se sentían casi  con el derecho de ser curados por Jesús. El extranjero, que considera que no tienen ningún derecho, se siente indigno del favor del Dios de Israel en nombre de quien Jesús hizo el milagro y vuelve para agradecer. Esta actitud de agradecimiento lo dispone a recibir un don aún mayor: la fe y la salvación. Por eso es que Jesús le dice: “levántate y vete en paz, tu fe te ha salvado”(Ib. 19).

San Pablo nos dice que la palabra de Dios no está encadenada y que nadie en particular puede impedir que la palabra arraigue en cualquier corazón y suscite la fe en Dios. La vida de fe debe ser vivida por aquellos que han recibido la palabra e imitar a Cristo, en una vida de sufrimiento si fuera necesario, viviendo en la fe la cruz y los sufrimientos humanos que de ella se derivan, el rechazo, la indiferencia, las burlas y la soledad. La fe vivida y testimoniada será para San Pablo un anticipo de la gloria a la que estamos llamados y un medio seguro para la salvación: “si morimos con él, viviremos con él; si perseveramos reinaremos con él” (2 Tim. 11-12).

Durante toda nuestra vida recibimos dones y regalos de Dios. El agradecimiento y la fidelidad  son la respuesta adecuada y el testimonio de fe que estamos llamados a dar los cristianos de hoy en medio de un mundo indiferente, que no reconoce ni agradece a Dios por tantos bienes que sin merecerlo también recibe. Que el testimonio de fe de tantos hombres y mujeres abnegados, como el de Juan Pablo II o de la Madre Teresa de Calcuta en tiempos recientes, nos impulsen a vivir y a esparcir el amor de Dios entre todos los hombres.

Que María del Iguazú nos conceda la gracia de reconocer y agradecer los dones de Dios en nosotros y ser llegar a ser testimonios de su amor por el mundo. 

Mons. Marcelo Raúl Martorell, obispo de Puerto Iguazú 


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Texto del micro radial de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, emitido por LT 9 (9 de octubre de 2010). (AICA)

EL ABORTO, ¿ES UN DERECHO?

En el marco del mes de la Familia quiero referirme a un tema actual que se lo presenta como un derecho, en este caso de la mujer, y que la sociedad debería garantizar con sus leyes. Me refiero al tema del aborto. Creo que todos coincidimos que estamos ante una situación límite y no querida, entiendo que nadie quiere abortar; pero nadie, tampoco, puede negar actualmente la existencia de una vida nueva a partir de la concepción, es decir, estamos ante un ser vivo que tiene su propia identidad genética.

El embrión no es un fragmento de la madre, es un nuevo ser perfectamente individualizado con su propio ADN. En los modernos sistemas jurídicos el ADN se ha convertido en la "prueba reina", para determinar la identidad y los derechos de las personas desde su concepción.

Lo dramático de una situación no puede alterar o desconocer lo que es propio de cada ser en cuanto sujeto de derechos. Para este ser ya concebido su primer derecho es, precisamente, el derecho a la vida. Esto no es quitar un derecho a alguien, sino defender el derecho de alguien. A la sabiduría de la ley le corresponde tutelar esta verdad que hace a la dignidad de todo ser humano. Esto no depende de una creencia religiosa sino de una realidad que, por su misma naturaleza humana y científica, reclama principios éticos que comprometen el ordenamiento jurídico de la sociedad. Estamos ante un hecho que trasciende lo individual o privado, porque está en juego tanto la vida de una persona como la cultura de una sociedad.

No puedo dejar de mencionar el testimonio de alguien que actuó con la serenidad y la firmeza que estos casos reclaman. Se trata de un médico que también es político. Me refiero al Dr. Tabaré Vázquez, presidente del Uruguay. Al fundamentar su veto a la ley de despenalización del aborto llama la atención sobre un dato que no es menor: "en los países que se ha liberalizado el aborto, estos han aumentado", y lo ejemplifica: "en los Estados Unidos, en los primeros diez años, se triplicó y la cifra se mantiene, para concluir, la costumbre se instaló". Qué triste e injusto es escuchar: "la costumbre se instaló", que equivale a decir, se ha instalado una cultura. La ley que penaliza el aborto tiene, por ello, una razón preventiva y pedagógica, en cuanto tutela y defiende el valor de la vida. Por ello va a concluir: "El verdadero grado de civilización de una nación se mide por cómo se protege a los más necesitados". He querido traer el testimonio de alguien que no habló desde una fe religiosa, sino desde su condición de profesional y de estadista.

Algunos para justificar el aborto sostienen que los embriones son sólo potencialmente humanos. No se puede fragmentar la vida humana, ella debe ser entendida como una totalidad dinámica que supone, tanto una identidad desde el origen como una unidad en su desarrollo, esto lo revela la existencia de un ADN que es único e irrepetible. No se puede decir que lo que aún no ha nacido o no conozco no existe. Por otra parte, si bien el embrión humano es autónomo desde la concepción, aún no es independiente, es decir, depende del cuidado de su madre o incluso de la sociedad. Esta es su grandeza, pero también su fragilidad. Con sabiduría de estadista concluía: "es más adecuado buscar una solución basada en la solidaridad que permita promocionar a la mujer y a su criatura, otorgándole la libertad de poder optar por otras vías y, de esta forma, salvar a los dos". Cuando la realidad y el cuidado de la vida no es un límite legal, crece una cultura sin fundamento que hiere al hombre y empobrece a la sociedad.

El aborto es un derecho?. Si partimos del hecho comprobado científica y filosóficamente de que el óvulo fecundado inaugura una vida nueva que ya no es un fragmento del padre o de la madre, debemos concluir que las prácticas abortivas son injustificables e injustas y, por lo mismo, no son un derecho. Tampoco se puede argüir desde la libertad de decisión de la mujer, porque se viola el derecho de un ser vivo que ya es una persona. En nombre de la libertad de quién tiene poder y voz, no se puede negar el derecho de quién no tiene la posibilidad de hacerse oír. Aquí entra el sentido y la finalidad de la ley, como un principio de equidad que debe regir la vida de la sociedad. Por ello: "un Estado que se arrogue el derecho de definir qué seres humanos son o no sujetos de derechos, y que, en consecuencia, reconozca a algunos el poder de violar el derecho de otros a la vida, contradice el ideal democrático. En efecto, aceptando que se violen los derechos del más débil, acepta al mismo tiempo, que el derecho de la fuerza prevalezca sobre la fuerza del derecho" (Ratzinger J. La sacralidad de la Vida Humana).

Me permito sugerir la lectura de un pequeño libro que ha publicado el equipo de Pastoral Familiar de nuestra Arquidiócesis, y que lleva como título: La vida humana en sus inicios: El problema del aborto y sus desafíos. Creo que tanto legisladores y políticos, como los simples ciudadanos, debemos asumir este tema con la responsabilidad cívica y moral que ello implica. Lo que está en juego son principios y comportamientos que hacen tanto al respeto por la vida naciente, como al nivel de una cultura que privilegia el primer derecho de todo ser vivo, el derecho a la vida. Reciban de su Obispo junto a mi respeto y afecto, mis oraciones y bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz 


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ZENIT  nos ofrece el texto de la meditación que el Papa Benedicto XVI realizó hel lunes 11 de Octubre de 2010 por la mañana en el aula del Sínodo, durante la primera Congregación General de la Asamblea Especial para Oriente Medio del Sínodo de los Obispos.

Queridos hermanos y hermanas,

el 11 de octubre de 1962, hace treinta y ocho años, el papa Juan XXIII inauguraba el Concilio Vaticano II. Se celebraba entonces el 11 de octubre la fiesta de la Maternidad divina de María y, con este gesto, con esta fecha, el papa Juan quería confiar todo el Concilio a las manos maternales, al corazón maternal de Nuestra Señora. También nosotros comenzamos el 11 de octubre, también nosotros queremos confiar este Sínodo, con todos sus problemas, con todos sus desafíos, con todas sus esperanzas, al corazón maternal de Nuestra Señora, de la Madre de Dios.

Pío XI, en 1930, había introducido esta fiesta, mil seiscientos años después del Concilio de Éfeso, el cual había legitimado, para María, el título de Theotókos, Dei Genitrix. Es esta gran palabra Dei Genitrix, Theotókos, el Concilio de Éfeso había resumido toda la doctrina de Cristo, de María, toda la doctrina de la redención. Y así vale la pena reflexionar un poco, un momento, sobre lo que habla el Concilio de Éfeso, de lo que habla este día.

En realidad, Theotókos es un título audaz. Una mujer es Madre de Dios. Se podría decir: ¿cómo es posible? Dios es eterno, es el Creador. Nosotros somos criaturas, estamos en el tiempo: ¿cómo podrían una persona humana ser Madre de Dios, del Eterno, dado que nosotros estamos todos en el tiempo, somos todos criaturas? Por ello se entiende que había una fuerte oposición, en parte, contra esta palabra. Los nestorianos decían: se puede hablar de Christotókos, sí, pero de Theotókos no: Theós, Dios, está por encima de todos los acontecimientos de la historia. Pero el Concilio decidió esto, y precisamente así puso a la luz la aventura de Dios, la grandeza de cuanto hizo por nosotros. Dios no permaneció en sí mismo: salió d sí mismo, se unió de tal forma, tan radicalmente con este hombre, Jesús, que este hombre Jesús es Dios, y su hablamos de Él, podemos siempre también hablar de Dios. No nació solamente un hombre que tenía que ver con Dios, sino que en Él nació Dios sobre la tierra. Dios salió de sí mismo. Pero podemos también decir lo contrario: Dios nos atrajo en sí mismo, de modo que ya no estamos fuera de Dios, sino que estamos en su intimidad, en la intimidad del mismo Dios.

La filosofía aristotélica, lo sabemos bien, nos dice que entre Dios y el hombre existe solo una relación no recíproca. El hombre se remite a Dios, pero Dios, el Eterno, es en sí, no cambia: no puede tener hoy esta y mañana otra relación. Está en sí, no tiene relación ad extra. Es una palabra muy lógica, pero es una palabra que nos hace desesperar: por tanto, Dios mismo no tiene relación conmigo. Con la encarnación, con la llegada de la Theotókos, esto ha cambiado radicalmente, porque Dios nos ha atraído en sí mismo y Dios en sí mismo es relación y nos hace participar de su relación interior. Así estamos en su ser Padre, Hijo y Espíritu Santo, estamos dentro de su ser en relación. Estamos en relación con Él y Él realmente ha creado relación con nosotros. En ese momento, Dios quería nacer de una mujer y ser siempre sí mismo: éste es el gran acontecimiento. Y así podemos entender la profundidad del acto del papa Juan, que confió la cumbre conciliar, sinodal, al misterio central, a la Madre de Dios que fue atraída por el Señor en Sí mismo, y así todos nosotros con Ella.

El Concilio comenzó con el icono de la Theotókos. Al final el papa Pablo VI reconoció a la propia Virgen el título Mater Ecclesiae. Y estos dos iconos, que inician y concluyen el Concilio, están intrínsecamente unidos, son, al final, un solo icono, Porque Cristo no nació como un individuo entre los demás. Nació para crearse un cuerpo: nació – como dice Juan en el capítulo 12 de su Evangelio – para atraer a todos hacia sí y en sí. Nació – como dicen las cartas a los Colosenses y a los Efesios – para recapitular todo el mundo, nació como primogénito de muchos hermanos, nació para reunir el cosmos en sí, de forma que Él es la cabeza de un gran Cuerpo. Donde nace Cristo, comienza el movimiento de la recapitulación, comienza el momento de la llamada, de la construcción de su Cuerpo, de la santa Iglesia. La Madre de Theós, la Madre de Dios, es Madre de la Iglesia, porque es Madre de Aquel que vino para reunirnos a todos en su Cuerpo resucitado.

San Lucas nos da a entender esto en el paralelismo entre el primer capítulo de su Evangelio y en el primer capítulo de los Hechos de los Apóstoles, que repiten a dos niveles el mismo misterio. En el primer capítulo del Evangelio el Espíritu Santo viene sobre María y así da a luz y nos da al Hijo de Dios. En el primer capítulo de los Hechos de los Apóstoles María está en el centro de los discípulos de Jesús que rezan todos juntos, implorando la nube del Espíritu Santo. Y así de la Iglesia creyente, con María en el centro, nace la Iglesia, el Cuerpo de Cristo. Este doble nacimiento es el único nacimiento del Christus totus, del Cristo que abraza al mundo y a todos nosotros.

Nacimiento en Belén, nacimiento en el Cenáculo. Nacimiento de Jesús niño, nacimiento del Cuerpo de Cristo, de la Iglesia. Son dos acontecimientos o un único acontecimiento. Pero entre los dos están realmente la Cruz y la Resurrección. Y sólo a través de la Cruz pasa el camino hacia la totalidad del Cristo, hacia su Cuerpo resucitado, hacia la universalización de su ser en la unidad de la Iglesia. Y así, teniendo presente que sólo del grano caído en la tierra nace después la gran cosecha, del Señor atravesado en la Cruz viene la universalidad de sus discípulos reunidos en este Cuerpo suyo, muerto y resucitado.

Teniendo en cuenta este nexo entre Theotókos y Mater Ecclesiae, nuestra mirada va hacia el último libro de la Sagrada Escritura, el Apocalipsis, donde, en el capítulo 12, aparece precisamente esta síntesis. La mujer vestida de sol, con doce estrellas sobre la cabeza y la luna bajo sus pies, da a luz. Y da a luz con un grito de dolor, da a luz con gran dolor. Aquí el misterio mariano es el misterio de Belén extendido al misterio cósmico. Cristo nace siempre de nuevo en todas las generaciones y así asume, recoge a la humanidad en sí mismo. Y este nacimiento cósmico se realiza en el grito de la Cruz, en el dolor de la Pasión. Y a este grito de la Cruz pertenece la sangre de los mártires.

Así, en este momento, podemos mirar el segundo Salmo de esta Hora Media, el Salmo 81, donde se ve una parte de este proceso. Dios está entre los dioses – aún se consideraban en Israel como dioses. En este Salmo, en una gran concentración, en una visión profética, se ve la pérdida de poder de esos dioses. Los que parecían dioses no son dioses y pierden el carácter divino, caen a tierra. Dii estis et moriemini sicut nomine (cfr Sal 81, 6-7): la pérdida de poder, la caída de las divinidades.

Este proceso que se realiza en el largo camino de la fe de Israel, y que se resume aquí en una visión única, es un verdadero proceso de la historia de las religiones: la caída de los dioses. Y así la transformación del mundo, el conocimiento del verdadero Dios, la pérdida de poder de las fuerzas que dominan la tierra, es un proceso de dolor. En la historia de Israel vemos como esta liberación del politeísmo, este reconocimiento - “sólo el es Dios” - se realiza con muchos dolores, comenzando por el camino de Abraham, el exilio, los Macabeos, hasta Cristo. Y en la historia continua este proceso de pérdida de poder, del que habla el capítulo 12; habla de la caída de los ángeles, que no son ángeles, no son divinidades sobre la tierra. Y se realiza realmente, precisamente en el tiempo de la Iglesia naciente, donde vemos cómo con la sangre de los mártires pierden el poder las divinidades, comenzando por el emperador divino, de todas estas divinidades. Es la sangre de los mártires, el dolor, el grito de la Madre Iglesia que las hace caer y transforma así el mundo.

Esta caída no es sólo el conocimiento de que éstas no son Dios; es el proceso de transformación del mundo, que cuesta la sangre, cuesta el sufrimiento de los testigos de Cristo. Y, si miramos bien, vemos que este proceso nunca ha terminado. Se realiza en los diversos periodos de la historia de formas siempre nuevas; también hoy, en este momento, en el que Cristo, el único Hijo de Dios, debe nacer para el mundo con la caída de los dioses, con el dolor, el martirio de los testigos. Pensemos en las grandes potencias de la historia de hoy, pensemos en los capitales anónimos que esclavizan al hombre, que ya no son cosa del hombre, sino un poder anónimo al que sirven los hombres, por el que los hombres son atormentados e incluso asesinados. Son un poder destructivo, que amenaza al mundo. Y después el poder de las ideologías terroristas. Aparentemente en nombre de Dios se hace violencia, pero no es Dios: son divinidades falsas que deben ser desenmascaradas, que no son Dios. Y después la droga, este poder que como una bestia voraz extiende las manos sobre todos los lugares de la tierra y destruye: es una divinidad, pero una divinidad falsa, que debe caer. O también la forma de vivir propagada por la opinión pública: hoy se hace así, el matrimonio ya no cuenta, la castidad ya no es una virtud, etc.

Estas ideologías que dominan que se imponen con fuerza, son divinidades. Y en el dolor de los santos, en el dolor de los creyentes, de la Madre Iglesia de la cual somos parte, deben caer estas divinidades, debe realizarse cuanto dicen las Cartas a los Colosenses y a los Efesios: las dominaciones, los poderes, caen y se convierten en súbditos del único Señor Jesucristo. De esta lucha en la que estamos, de esta pérdida de poder de los dioses, de esta caída de los falsos dioses, que caen porque no son divinidades, sino poderes que destruyen el mundo, habla el Apocalipsis en el capítulo 12, también con una imagen misteriosa, para la cual, me parece, hay con todo distintas interpretaciones bellas. Se dice que el dragón pone un gran río de agua contra la mujer que huy para arrastrarla. Y parece inevitable que la mujer sea ahogada en este río. Pero la buena tierra absorbe este río y éste no puede hacer daño. Yo creo que el río es fácilmente interpretable: son estas corrientes que dominan a todos y que quieren hacer desaparecer la fe de la Iglesia, la cual ya no parece tener sitio ante la fuerza de estas corrientes que se imponen como la única racionalidad, como la única forma de vivir. Y la tierra que absorbe estas corrientes es la fe de los sencillos, que no se deja arrastrar por estos ríos y salva a la Madre y al Hijo. Por ello el Salmo dice – el primer salmo de la Hora Media – que la fe de los sencillos es la verdadera sabiduría (cfr Sal 118,130). Esta sabiduría verdadera de la fe sencilla, que no se deja devorar por las aguas, es la fuerza de la Iglesia. Y volvemos otra vez al misterio mariano.

Y hay también una última palabra en el Salmo 81, "movebuntur omnia fundamenta terrae" (Sal 81,5), vacilan los fundamentos de la tierra. Lo vemos hoy, con los problemas climáticos, cómo son amenazados los fundamentos de la tierra, pero son amenazados por nuestro comportamiento. Vacilan los fundamentos externos porque vacilan los fundamentos interiores, los fundamentos morales y religiosos, la fe de la que sigue el modo recto de vivir. Y sabemos que la fe es el fundamento, y, en definitiva, los fundamentos de la tierra no pueden vacilar si permanece firme la fe, la verdadera sabiduría.

Y también el Salmo dice: "Levántate, Señor, y juzga la tierra" (Sal 81,8). Así decimos también nosotros al Señor: “Levántate en este momento, toma la tierra entre tus manos, protege a tu Iglesia, protege a la humanidad, protege a la tierra”. Y confiándonos de nuevo a la Madre de Dios, a María, y oremos: "Tu, la gran creyente, tu que has abierto la tierra al cielo, ayúdanos, abre hoy también las puertas, para que sea vencedora la verdad, la voluntad de Dios, que es el verdadero bien, la verdadera salvación del mundo”. Amen

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez©Libreria Editrice Vaticana]


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Alocución televisiva de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata en el programa “Claves para un mundo mejor” (9 de octubre de 2010). (AICA)

DEL FILICIDIO AL ABORTO: LA RUINA DE LA SOCIEDAD

Mis amigos hoy voy a retomar un tema al cual me he referido, aquí en Claves, hace aproximadamente dos meses. Y tengo la impresión de que es positivo volver sobre determinados problemas. Me parece que machacar sobre puntos fundamentales, sobre todo aquellos que tienen que ver con la naturaleza del hombre y con las situaciones que se viven en las sociedades de hoy, ayuda muchísimo a comprender lo que está pasando. Y estoy seguro que todos ustedes me lo agradecen.

Me refiero a ese proyecto de ley -era un proyecto cuando yo me referí a él- para disminuir la pena a la mujer que comete filicidio a poco de nacer su hijo. Hoy día ya no es un proyecto de ley sino que es una semi-ley porque tiene media sanción de la Cámara de Diputados de la Nación.

Lo notable es la ligereza con que se resuelven estas cosas, y la imprecisión en la que queda formulada la medida legal.

En los fundamentos de este proyecto se decía así: “La prueba de la existencia real del estado psicológico en el periodo del puerperio presenta dificultades prácticas ya que requiere de una pericia médica que siempre es posterior al hecho ilícito. Por ende, y considerando la posible transitoriedad del desequilibrio psíquico este debe ser presumido.

O sea que si una mujer mata a su hijo, poco tiempo después del parto –se admite que el período del puerperio no es fácil de determinar– hay que presumir que lo ha hecho porque ha sufrido un desequilibrio que obnubiló su capacidad de elegir correctamente. Entonces se le aplica una pena que va de los 6 meses a los 3 años, con lo cual se convierte esto en un delito excarcelable.

En el Código Penal hasta el presente se trataba de un homicidio agravado por vínculo.

Lo que hay que decir en buen romance es que con esta decisión se desprecia la vida del neonato. Más allá de lo que se pueda opinar sobre la graduación de la pena, lo que significa esto es el menosprecio de la vida del niño recién nacido.

Corresponde además asociar este hecho a otro que parece inminente, por lo menos en la intención de muchos legisladores: la legalización del aborto, tema sobre el cual ya se está tratando en comisiones parlamentarias.

Entonces: ¿qué diferencia hay entre matar a un niño recién nacido y matar a un niño por nacer? Es penoso comprobar que la mayor parte de los impulsores de estos proyectos de ley son mujeres. Esto resulta aterrador, y muestra el estrago intelectual y moral que produce la ideología del feminismo extremo.

Se puede observar también que las mujeres que profesan esa ideología no quieren ni oír hablar del niño por nacer. Esa expresión, que es hoy día aceptada comúnmente y que aparece en documentos jurídicos indiscutibles, les causa escozor.

Una Jueza de la Corte Suprema de Justicia de la Nación ha dicho recientemente que el feto es un pedazo del cuerpo de la madre y por tanto ella tiene el derecho a decidir sobre su cuerpo y puede entonces expulsar “eso que le ha aparecido dentro”. Si a ese nivel se habla con tanta ligereza, ¿qué se puede esperar entonces?.

Estos proyectos que se van convirtiendo en ley, poco a poco van alterando los paradigmas en la sociedad argentina, porque cuando la ley autoriza una conducta o no la considera tan grave y está disminuyendo la pena correspondiente, en el fondo se está favoreciendo la comisión del delito.

Aquí se juegan cuestiones fundamentales del orden social ante las cuales cobra protagonismo una especie de “transversalidad feminista” que se encuentra en los cuerpos legislativos. ¿Cómo es posible que medidas antihumanas y antijurídicas se intenten en nombre del derecho de la mujer? En realidad desfemineizan a la mujer, le arrebatan aquello que tiene como característica irremplazable, única, que es su capacidad de dar vida, de acoger la vida, de defender la vida.

Poco a poco, se intenta cambiar la mentalidad de la sociedad argentina; eso es lo que se procura: un cambio cultural respaldado por la ley, en contra de los valores fundamentales de la condición humana.

 Sobre esto tenemos que estar advertidos. Creo que todo ciudadano tiene el derecho y el deber de manifestarse contra estos atropellos que en el fondo niegan las características fundamentales de la naturaleza humana. No se quiere reconocer que la persona tiene una naturaleza y que al obrar contra ella entra en un camino de autodestrucción. El c ambio cultural apunta a deformar los principios fundamentales del orden social cuando altera las nociones básicas de libertad, justicia y derecho, sobre los cuales se funda la vida de una sociedad verdaderamente humana. 

Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata 


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lunes, 25 de octubre de 2010

ZENIT  publica el discurso pronunciado el sábado, 9 de Octubre de 2010, por Benedicto XVI al recibir en audiencia en el Vaticano a los participantes en el Congreso de Estudio promovido por el Consejo Pontificio para los Textos Legislativos – en colaboración con la Congregación para las Iglesias Orientales, el Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos y el Pontificio Instituto Oriental – con ocasión del vigésimo aniversario de la promulgación del Codex Canonum Ecclesiarum Orientalium.

Señores cardenales,
venerados patriarcas, arzobispos mayores,
queridos hermanos en el Episcopado y en el Sacerdocio,
Ilustres representantes de otras Iglesias y Comunidades eclesiales, distinguidos operadores del Derecho Canónico Oriental,

con gran alegría os acojo en la conclusión del Congreso de estudio, con el que se ha querido oportunamente celebrar el vigésimo aniversario de la promulgación del Codex Canonum Ecclesiarum Orientalium. Os saludo a todos cordialmente empezando por monseñor Francesco Coccopalmerio, a quien doy las gracias por las palabras que me ha dirigido también en nombre de los presentes. Un pensamiento reconocido a la Congregación para las Iglesias Orientales, al Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos y al Pontificio Instituto Oriental, que han colaborado con el Consejo Pontificio para los Textos Legislativos en la organización de este congreso. Deseo expresar cordial aprecio a los Relatores por la competente aportación científica a esta iniciativa eclesial.

Veinte años después de la promulgación del Codex Canonum Ecclesiarum Orientalium queremos rendir homenaje a la intuición del Venerable Juan Pablo II, el cual, en su solicitud para que las Iglesias orientales católicas “florezcan y lleven a cabo con nuevo vigor apostólico la misión a ellas confiada” (Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Orientalium Ecclesiarum, 1), quiso dotar a estas venerables Iglesias de un Código completo, común y adecuado a los tiempos. Así se ha realizado “la misma voluntad constante de los romanos pontífices de promulgar dos Códigos, uno para la Iglesia latina y otro para las Iglesias orientales católicas” (Const. ap. Sacri canones). Al mismo tiempo, se reafirmó “claramente la intención constante y firme del supremo legislador en la Iglesia respecto a la fiel custodia y diligente observancia de todos los ritos” (Ibid.).

El Codex Canonum Ecclesiarum Orientalium fue seguido por otros dos importantes documentos del magisterio de Juan Pablo II: la Carta encíclica Ut unum sint (1995) y la Carta apostólica Orientale Lumen (1995). Además, no podemos olvidar el Directorio para la aplicación de los principios y de las normas sobre el ecumenismo, publicado por el Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos (1993) y la Instrucción de la Congregación para las Iglesias Orientales sobre la aplicación de las prescripciones litúrgicas del Código (1996). En estos autorizados documentos del Magisterio diversos cánones del Codex Canonum Ecclesiarum Orientalium, como del Codex Iuris Canonici son citados, comentados y aplicados casi textualmente a la vida de la Iglesia.

Este vigésimo aniversario no es sólo un acontecimiento celebrativo para conservar su memoria, sino más bien ocasión providencial de verificación, a la que son llamadas ante todo las Iglesias orientales católicas sui iuris y sus instituciones, especialmente las Jerarquías. Al respecto, la Constitución Apostólica Sacri canones ya preveía los ámbitos de verificación. Se trata de ver en qué medida el Código ha tenido efectivamente fuerza de ley para todas las Iglesias orientales sui iuris y cómo ha sido traducido en la actividad de la vida cotidiana de las Iglesias orientales; como también en qué medida la potestad legislativa de cada Iglesia sui iuris ha provisto a la promulgación del propio derecho particular, teniendo presentes las tradiciones de su propio rito, como también las disposiciones del Concilio Vaticano II.

Las temáticas de vuestro Convenio, articuladas en tres unidades: la historia, las legislaciones particulares, las perspectivas ecuménicas, indican un iter de lo más significativo que seguir en esta verificación. Ésta debe partir de la conciencia de que el nuevo Codex Canonum Ecclesiarum Orientalium ha creado para los fieles orientales católicos una situación disciplinar en parte nueva, convirtiéndose en instrumento válido para custodiar y promover el propio rito entendido como “litúrgico, teológico, espiritual y disciplinar, distinto por cultura y circunstancias históricas de los pueblos, que se expresa en un modo de vivir la fe que es propio de cada Iglesia sui iuris» (can. 28, § 1).

A propósito de esto, los sacri canones de la Iglesia antigua, que inspiran la codificación oriental vigente, estimulan a todas las Iglesias orientales a conservar su propia identidad, que es al mismo tiempo oriental y católica. Al mantener la comunión católica, las Iglesias orientales católicas no pretendían de hecho renegar de la fidelidad a su tradición. Como muchas veces se ha reafirmado, la ya realizada unión plena de las Iglesias orientales católicas con la Iglesia de Roma no debe comportar para estas una disminución de la conciencia de su propia autenticidad y originalidad. Por tanto, la tarea de todas las Iglesias orientales católicas es la de conservar el patrimonio común disciplinar y alimentar sus propias tradiciones, riqueza para toda la Iglesia.

Los propios sacri canones de los primeros siglos de la Iglesia constituyen en gran medida el fundamental y mismo patrimonio de disciplina canónica que regula también a las Iglesias ortodoxas. Por tanto, las Iglesias orientales católicas pueden ofrecer una contribución peculiar y relevante al camino ecuménico. Estoy contento de que a lo largo de este simposio hayáis tenido en cuenta este particular aspecto y os animo a hacer de él objeto de ulteriores estudios, cooperando así, por vuestra parte al empeño común de adherirnos a la oración del Señor: “Que todos sean una cosa sola…para que el mundo crea…” (Jn 17,21).

Queridos amigos, en el ámbito del actual compromiso de la Iglesia por una nueva evangelización, el derecho canónico, como ordenamiento peculiar e indispensable del conjunto eclesial, no dejará de contribuir eficazmente a la vida y a la misión de la Iglesia en el mundo, si todos los componentes del Pueblo de Dios saben interpretarlo sabiamente y aplicarlo fielmente. Exhorto por ello, como hizo el Venerable Juan Pablo II, a todos los queridos hijos orientales “a observar los preceptos indicados con ánimo sincero y con voluntad humilde, sin dudar en lo más mínimo que las Iglesias orientales proveerán de la mejor forma posible al bien de las almas de los fieles cristianos con una disciplina renovada, y que siempre florecerán y llevarán a cabo su tarea confiada bajo la protección de la gloriosa y bendita siempre virgen María, que con plena verdad es llamada Theothokos y que resplandece como madre excelsa de la Iglesia universal” (Const. ap. Sacri canones).

Acompaño este deseo con la Bendición Apostólica, que os imparto a vosotros y a cuantos realizan su propia contribución en los diversos campos conectados con el derecho canónico oriental.

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


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ZENIT no ofrece la homilía pronunciada hoy por el Papa Benedicto XVI durante la solemne Misa de apertura de la Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para Oriente Medio, en la Basílica de San Pedro.

¡Venerados Hermanos, ilustres Señores y Señoras, queridos hermanos y hermanas!

La Celebración eucarística, acción de gracias a Dios por excelencia, está marcada hoy para nosotros, reunidos en el Sepulcro de San Pedro, por un motivo extraordinario: la gracia de ver reunidos por primera vez en una Asamblea Sinodal, alrededor del Obispo de Roma y Pastor Universal, a los Obispos de la región medio oriental. Este singular evento demuestra el interés de toda la Iglesia por la valiosa y amada porción del Pueblo de Dios que vive en Tierra Santa y en todo Oriente Medio.

Ante todo elevamos nuestro agradecimiento al Señor de la historia porque ha permitido que, no obstante acontecimientos con frecuencia difíciles y dolorosos, Oriente Medio viese siempre, desde los tiempos de Jesús hasta hoy, la continuidad de la presencia de los cristianos. En esas tierras la única Iglesia de Cristo se expresa en la variedad de las Tradiciones litúrgicas, espirituales, culturales y disciplinarias de las seis venerables Iglesias Orientales Católicas sui iuris, como también en la Tradición latina. El fraterno saludo, que dirijo con gran afecto a los Patriarcas de cada una de ellas, quiere extenderse en este momento a todos los fieles confiados a sus cuidados pastorales en los respectivos Países y también en la diáspora. En este Domingo 28º del Tiempo per annum, la Palabra de Dios ofrece un tema de meditación que se aproxima de manera significativa al evento sinodal que hoy inauguramos. La lectura continua del Evangelio de Lucas nos conduce al episodio de la curación de los diez leprosos, de los cuales uno solo, un samaritano, retrocede para darle gracias a Jesús. En conexión con este texto la primera lectura, extraída del Segundo Libro de los Reyes, relata la curación de Naamán, jefe del ejército arameo, también él leproso, que fue curado sumergiéndose siete veces en las aguas del río Jordán, como le ordenó el profeta Eliseo. Naamán también retorna adonde el profeta y, reconociendo en él al mediador de Dios, profesa la fe en el único Señor. Dos enfermos de lepra, por lo tanto, dos no hebreos, que se curan porque creen en la palabra del enviado de Dios. Se curan en el cuerpo, pero se abren a la fe y ésta los cura en el alma, es decir, los salva.

El Salmo responsorial canta esta realidad: "El Señor ha dado a conocer su salvación, ha revelado su justicia a las naciones; se ha acordado de su amor y su lealtad para con la casa de Israel" (Sal 98,2-3). Aquí está entonces el tema: la salvación es universal pero pasa a través de una mediación determinada, histórica: la mediación del pueblo de Israel, que se convierte luego en la de Jesucristo y de la Iglesia. La puerta de la vida está abierta para todos pero, justamente, es una "puerta", es decir un pasaje definido y necesario. Lo afirma sintéticamente la fórmula paulina que hemos escuchado en la Segunda Lectura a Timoteo: "la salvación que está en Cristo Jesús" (2 Tm 2,10). Es el misterio de la universalidad de la salvación y al mismo tiempo de su necesario vínculo con la mediación histórica de Jesucristo, precedida por la del pueblo de Israel y prolongada por la de la Iglesia. Dios es amor y quiere que todos los hombre participen de su vida; para realizar este diseño Él, que es Uno y Trino, crea en el mundo un misterio de comunión humano y divino, histórico y trascendente: lo crea con el "método" -por decirlo así- de la alianza, ligándose con amor fiel e interminable a los hombres, formando un pueblo santo que se convierta en una bendición para todas las familias de la tierra (cfr. Gn 12,3). Se revela así como el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob (cfr. Ex 3,6), que quiere conducir a su pueblo a la "tierra" de la libertad y de la paz. Esta "tierra" no es de este mundo; todo el diseño divino excede a la historia, pero el Señor lo quiere construir con los hombres, por los hombres y en los hombres, a partir de las coordenadas de espacio y tiempo en las que ellos viven y que Él mismo ha dado.

De dichas coordenadas forma parte, con su especificidad, lo que nosotros llamamos "Oriente Medio". Esta región del mundo también la ve Dios desde una perspectiva distinta, podríamos decir "desde lo alto": es la tierra de Abraham, Isaac y Jacob; la tierra del éxodo y del regreso del exilio; la tierra del templo y de los profetas; la tierra en la que el Hijo Unigénito nació de María, donde vivió, murió y resucitó; la cuna de la Iglesia, constituida para llevar el Evangelio de Cristo hasta los confines del mundo. Y también nosotros, como creyentes, miramos Oriente Medio con esta mirada, desde la perspectiva de la historia de la salvación. Es la óptica interior que me ha guiado en los viajes apostólicos a Turquía, Tierra Santa -Jordania, Israel, Palestina- y Chipre, donde he podido conocer desde cerca las alegrías y las preocupaciones de las comunidades cristianas. Por eso también he acogido encantado la propuesta de los patriarcas y obispos de convocar una Asamblea sinodal para reflexionar juntos, a la luz de las Sagradas Escrituras, sobre el presente y el futuro de los fieles y las poblaciones de Oriente Medio.

Mirar esa parte del mundo desde la perspectiva de Dios significa reconocer en ella la "cuna" de un diseño universal de salvación en el amor, un misterio de comunión que se cumple en la libertad y por eso pide a los hombres una respuesta. Abraham, los profetas, la Virgen María son los protagonistas de esta respuesta, que tiene su último cumplimiento en Jesucristo, hijo de esa misma tierra, pero que bajó del Cielo. De Él, de su Corazón y de su Espíritu, ha nacido la Iglesia, que es peregrina en este mundo, pero que le pertenece. La Iglesia está constituida para ser, en medio de los hombres, signo e instrumento del único y universal proyecto salvífico de Dios; cumple esta misión sencillamente siendo ella misma, es decir, "comunión y testimonio", como reza el tema de la Asamblea sinodal que hoy se abre, y que hace referencia a la célebre definición lucana de la primera comunidad cristiana: "La multitud de los creyentes no tenía sino un solo corazón y una sola alma" (Hch 4,32). Sin comunión no puede haber testimonio: el gran testimonio es precisamente la vida de comunión. Lo dijo claramente Jesús: "En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros"(Jn 13,35). Esta comunión es la vida misma de Dios que se comunica en el Espíritu Santo, mediante Jesucristo. Es, por tanto, un don, no algo que ante todo tenemos que construir con nuestras fuerzas. Y es precisamente por esto por lo que interpela nuestra libertad y espera nuestra respuesta: la comunión nos pide siempre la conversión, como don que debe ser acogido y cumplido cada vez mejor. Los primeros cristianos, en Jerusalén, eran pocos. Nadie habría podido imaginarse lo que ocurrió después. Y la Iglesia vive siempre de esa misma fuerza que la hizo ponerse en marcha y crecer. El Pentecostés es el acontecimiento originario pero también es un dinamismo permanente, y el Sínodo de los Obispos es un momento privilegiado en el que se puede renovar en el camino de la Iglesia la gracia del Pentecostés, con el fin de que la Buena Nueva sea anunciada con franqueza y pueda ser recibida por todas las gentes.

Por consiguiente, la finalidad de esta Asamblea sinodal es sobre todo pastoral. Aunque no podemos ignorar la delicada y, a veces, dramática situación social y política de algunos países, los pastores de las Iglesias en Oriente Medio desean concentrarse en los aspectos ligados a su misión. A este respecto el Instumentum laboris, elaborado por un Consejo Presinodal a cuyos miembros agradezco vivamente el trabajo desarrollado, subraya esta finalidad eclesial de la Asamblea, evidenciando su intención de reavivar la comunión de la Iglesia Católica en Oriente Medio bajo la guía del Espíritu Santo. Ante todo en el interior de cada Iglesia, entre sus miembros: Patriarcas, Obispos, sacerdotes, religiosos, personas de vida consagrada y laicos. Y, después, en las relaciones con las otras Iglesias. La vida eclesial, fortalecida de este modo, verá producir unos frutos muy positivos en el camino ecuménico con las otras Iglesias y Comunidades eclesiales presentes en Oriente Medio. Es una ocasión propicia, además, para proseguir de forma constructiva el diálogo tanto con los judíos, con los cuales nos une de forma indisoluble la larga historia de la Alianza, como con los musulmanes.

Los trabajos de la Asamblea sinodal están destinados también al testimonio de los cristianos a nivel personal, familiar y social. Esto exige que se refuerce su identidad cristiana mediante la Palabra de Dios y los Sacramentos. Todos deseamos que los fieles sientan la alegría de vivir en Tierra Santa, tierra bendecida por la presencia y por el glorioso misterio pascual del Señor Jesucristo. A lo largo de los siglos esos Lugares han atraído multitud de peregrinos y, también, comunidades religiosas masculinas y femeninas que han considerado un gran privilegio poder vivir y dar testimonio en la Tierra de Jesús. A pesar de las dificultades, los cristianos de Tierra Santa están llamados a reavivar la conciencia de ser piedras vivas de la Iglesia en Oriente Medio, en los Lugares santos de nuestra salvación. Pero vivir de forma digna en la propia patria es, antes que nada, un derecho humano fundamental: por ello, es necesario favorecer las condiciones de paz y justicia, indispensables para un desarrollo armonioso de todos los habitantes de la región. Todos, por lo tanto, están llamados a dar su contribución: la comunidad internacional, favoreciendo un camino fiable, leal y constructivo hacia la paz; las religiones presentes de forma mayoritaria en la región, promoviendo los valores espirituales y culturales que unen a los hombres y excluyen toda expresión de violencia. Los cristianos seguirán dando su contribución no sólo con las obras de promoción social, como los institutos de educación y sanitarios sino, y sobre todo, con el espíritu de las Bienaventuranzas evangélicas, que anima a la práctica del perdón y la reconciliación. Con este compromiso tendrán siempre el apoyo de toda la Iglesia, como testifica de forma solemne la presencia aquí de los Delegados de los Episcopados de otros continentes.

Queridos amigos, confiemos los trabajos de la Asamblea sinodal para Oriente Medio a los numerosos Santos y Santas de esta tierra bendecida; invoquemos la constante protección de la Beata Virgen María sobre ella, para que las próximas jornadas de oración, reflexión y comunión fraterna sean portadoras de buenos frutos para el presente y el futuro de las queridas poblaciones de Oriente Medio. A ellas les dirigimos de todo corazón el saludo de buen augurio: "Salud para ti, salud para tu casa y salud para todo lo tuyo." (1Sam 25,6).

[Traducción distribuída por la Secretaría General del Sínodo
©Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:26  | Habla el Papa
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ZENIT no ofrece las palabras del Papa Benedicto XVI al introducir la oración mariana del Ángelus, tras presidir la Misa de inauguración de la Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para Oriente Medio,el domingo 10 de Octubre de 2010.

Queridos hermanos y hermanas

Vengo ahora mismo de la Basílica de San Pedro, donde he presidido la Misa de apertura de la Asamblea Epecial para Oriente Medio del Sínodo de los Obispos. Esta extraordinaria reunión sinodal, que durará dos semanas, ve reunidos en el Vaticano a los Pastores de la Iglesia que vive en la región medioriental, una realidad de lo más variada: en esas tierras, de hecho, la única Iglesia de Cristo se expresa en toda la riqueza de sus antiguas Tradiciones. El tema sobre el que reflexionaremos es el siguiente: “La Iglesia católica en Oriente Medio: comunión y testimonio”. De hecho, en esos países, por desgracia marcados por profundas divisiones y heridos por largos conflictos, la Iglesia está llamada a ser signo e instrumento de unidad y reconciliación, sobre el modelo de la primera comunidad de Jerusalén, en la que “la multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma" (Hch 4,32) como dice san Lucas. Esta tarea es ardua, desde el momento en que los cristianos de Oriente Medio se encuentran a menudo soportando condiciones de vida difíciles, tanto a nivel personal como familiar y de comunidad. Pero ello no debe desanimarnos: es precisamente en ese contexto en el que resuena aún más necesario y urgente el perenne mensjae de Cristo: "Convertíos y creed en el Evangelio” (Mc 1,15). En mi reciente visita a Chipre entregué el Instrumento de Trabajo de esta Asamblea sinodal; ahora que ésta ha comenzado, invito a todos a orar invocando de Dios una abundante efusión de los dones del Espíritu Santo.

El mes de octubre es llamado el mes del Rosario. Se trata, por así decirlo, de una “entonación espiritual” dada por la memoria litúrgica de la Bienaventurada Virgen María del Rosario, que se celebra el día 7. Somos por tanto invitados a dejarnos guiar por María en esta oración antigua y siempre nueva, que a Ella le es especialmente querida porque nos conduce directamente a Jesús, contemplado en sus misterios de salvación: gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos. Trasd las huellas del Venerable Juan Pablo II (cfr Ct. ap. Rosarium Virginis Mariae), quisiera recordar que el Rosario es oración bíblica, toda entretejida de Sagrada Escritura. Es oración del corazón, en la que la repetición del "Ave María" orienta el pensamiento y el afecto hacia Cristo, y por tanto se hace súplica confiada a la Madre suya y nuestra. Es oración que ayuda a meditar la Palabra de Dios y a asimilar la Comunión eucarística, según el modelo de María que custodiaba en su corazón todo lo que Jesús hacía y decía, y su misma presencia.

Queridos amigos, sabemos cuánto veneran a la Virgen María nuestros hermanos y hermanas de Oriente Medio. Todos la miran a ella como Madre solícita, cercana a todo sufrimiento, y como Estrella de esperanza. A su intercesión confiamos la Asamblea sinodal que hoy se abre, para que los cristianos de esa región se refuercen en la comunión y den a todos testimonios del Evangelio del amor y de la paz.

[Después del Ángelus, dijo en español]

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española que participan en esta oración mariana, en particular al grupo de la Comunidad y Colegio de Madres Agustinas, de Huelva, en su quinto centenario, así como a los rapresentantes del Colegio Gabriel Taborín, de Córdoba en Argentina. Invito a todos a identificarse cada vez más con Jesucristo, a vivir de su amor, a serle fieles en todo momento, a agradecerle tantos dones como recibimos de su divina bondad y a descubrir su presencia salvadora en medio de las pruebas de la vida. Que en este mes de octubre, la invocación constante del dulce Nombre de la Virgen María, mediante el rezo del santo Rosario, sea para todos fuente de consuelo y esperanza. Feliz Domingo.

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


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Lectio divina para el domingo treinta del Tiempo Ordinario - C, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.

LECTURA:           “Lucas 18, 9‑14”

 

En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola: «Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: "¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo." 

            El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: "¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador." 

            Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.» 

MEDITACIÓN:            “Ten compasión”

            ¡Qué malos consejeros son el orgullo, la vanidad y, sobre todo, el considerarse que se está por encima de los otros hasta llegar a despreciarlos! ¡Qué peligroso es considerarse tan bueno que ya dé la sensación de que no se puede hacer más! Tan peligroso que es el camino perfecto para crear distancias, crear barreras, hacer un mundo de buenos y malos, de justos y pecadores, para bloquearse y…  para alejarse de ti.

            Es buena la valoración, la autoestima, como decimos ahora, pero ¡cuidado! Unida a la sencillez, a la autocrítica, y a la compasión. Hemos cogido alergia a la palabra pecado; ciertamente, no es muy bonita, pero encierra la verdad de nuestras incoherencias, de nuestras superioridades, de nuestros desprecios, de nuestros juicios –casi siempre equivocados-, de nuestras “sombras”, que también son siempre más de las que quisiéramos, y que sólo les podemos hacer frente en la medida que las descubrimos, las aceptamos como parte de nuestra verdad y como tarea sobre las que trabajar.      

            Lo más positivo de ese publicano, que en realidad, según nuestras categorías, era más malo que el otro, es que al reconocerse en su realidad más sombría dejaba la puerta abierta a salir de su situación, a crecer sobre sí mismo, a potenciar sus valores humanos. Lo triste del publicano es que había bloqueado su vida, ya no había nada más que hacer, estaba tan satisfecho de sí que ya no le cabía el dejar trabajar su corazón para hacerlo al estilo acogedor del Dios al que se dirigía.

            Nuestro bien y nuestro mal vistos desde ti tienen siempre un horizonte abierto. ¡Qué bueno sería que todos los hombres nos encontrásemos ahí! ¡Cómo cambiaria todo! A mí al menos me gustaría; por eso, me interpela una vez más tu palabra, me estimula y me ilumina.

ORACIÓN:             “Seguir trabajando”

            Tengo que darte las gracias por esos gestos de bien que emergen en medio de otros gestos de mal. Te doy gracias porque mis sombras no apagan mis luces. Te doy gracias porque, no me importa el nombre, me duelen mis contradicciones, las que me separan de ti y de los otros.

            Por eso no puedo sino acogerme a tu misericordia, a la comprensión de los otros, y darte las gracias porque me abres las puertas, los horizontes y me invitas a seguir trabajando y caminando el sendero ancho de mi humanidad iluminado por el tuyo.

CONTEMPLACIÓN:             “Dios que despiertas”

Luces que se apagan y encienden
en el ámbito de ese desierto poblado
que es el fondo de mi alma anhelante.

Nubes que no pueden evitar
que los rayos del sol
atraviesen y rasguen sus entrañas,
y ofrezcan la hermosura
de sus destellos
como un anuncio
de la fuerza y la belleza
de su intensidad
y su calor.

Dios que despiertas mis ansias,
ahogadas
por la fuerza de mi debilidad
y por la debilidad de mis fuerzas.

Que se abran las puertas
de mis sueños
y pueda ver el horizonte
Infinito
al que me lanzas,
de tu ternura y de tu misericordia,
siempre a tu lado
y al de los otros


Publicado por verdenaranja @ 22:11  | Liturgia
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domingo, 24 de octubre de 2010

ZENIT  publica el mensaje que ha escrito para esta semana monseñor Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo, administrador apostólico de Huesca y de Jaca.  

Idil: milagro viviente 

Comienzo mi carta con un dato que la semana pasada daban distintas agencias de noticias: «una joven somalí, de 28 años, que se encuentra en coma irreversible por un tumor cerebral, ha dado hoy a luz un bebé de 760 gramos, que se encuentra en perfectas condiciones, en el Hospital Santa Ana de Turín (Italia). La pequeña Idil, el mismo nombre que su madre, nació prematuramente a las 28 semanas de gestación después de que los médicos decidieran practicar a la madre una cesárea debido a un notable empeoramiento de las condiciones en las que se encontraba. El padre, había solicitado que la intervención se realizara con anestesia total para evitar cualquier posible sufrimiento de la madre. Tras el alumbramiento, aseguró que la pequeña es un "milagro viviente". La madre murió a continuación».

Hasta aquí la noticia con su claroscuro perfil de una muerte y una vida que se esconden en un titular de prensa común. Me ha llamado la atención esta historia casi anónima y desconocida, que ha dado la vuelta al mundo suscitando el pasmo más lleno de asombro que cabe imaginar.

Idil madre e Idil hija, han protagonizado sin pedirlo ni poderlo pedir ninguna de ellas un canto a la vida que es siempre, como el amor, más fuerte que la muerte. La vida es soberana y no entiende de leyes que la cercenan y aniquilan, porque su Creador, Dios mismo, la hizo así de rebelde, así de indómita, así de incorrecta políticamente. No sólo no entiende de las leyes injustas, leyes legales que cuentan con el apoyo cínico de los parlamentos humanos, sino que las contradice en silencio con la más irrebatible argumentación: la verdad, el amor y la libertad, sin subvenciones y sin siglas.

Un tumor cerebral podía haber llevado a una especie de aborto invertido si aquella pequeña no hubiese aceptado a su madre terminal, malformada, sin posibilidad de salida. Pero la vida de aquella niña existente y no nacida siguió el dictado sabio de Quien la creó, y sencillamente esperó la hora de seguir viviendo fuera de la cuna de amor donde estuvo concebida. Y la madre que engendró, hasta el final más último prestó su cuerpo casi muerto para que no se truncase la vida que llevaba en sus adentros.

Sabemos que a las pocas horas la madre murió pero la vida de la que fue portadora podrá testimoniar a quien quiera escucharlo, que es fruto de un milagro, del milagro de la espera, del milagro del respeto de la hermana madre tierra como gustaba cantar San Francisco de Asís, del milagro con el que discreto y tenaz Dios sigue contándonos que le importamos tanto, que nos ha dado un destino de eternidad que nace en el tiempo.

Han intervenido muchas gentes buenas. Primero la propia madre que se fue hasta Turín desde su Somalia natal para intentar sacar adelante su vida y la de su pequeña. Luego el padre, en todo momento al lado de este suceso en su lado más hermoso y el más duro de interpretar. La comunidad sanitaria de personas que han puesto lo mejor de su ciencia y de su conciencia, para que esta historia sea una historia que nos humaniza, que nos abre a Dios y nos abraza a los hermanos. Los periodistas que han querido narrarlo con respeto y con verdad. Cuánta buena gente en el reparto de esta escena conmovedora y llena de bondad.

Sí, es un milagro viviente, no un milagro de acuarela naïf, de música adormecedora o de fábula infantil para noches de insomnio. No. Es un milagro viviente, como tantos otros trazos y retazos que suceden a diario en nuestro entorno y en lo mejor de nuestro interior. Dichosos nosotros si vivimos así la vida. Dichosos si acertamos a mirarla como la miran los ojos de Dios.


Publicado por verdenaranja @ 19:36  | Hablan los obispos
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ZENIT  publica el artículo que ha escrito monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas, con el título "Convivir con la naturaleza". 

Convivir con la naturaleza 

VER

¿En qué lugares ha habido más daños por las inundaciones recientes? ¿Dónde han acontecido más deslaves de cerros, obstrucción de caminos y carreteras? ¿En qué viviendas se han perdido más enseres domésticos? ¿A qué se deben las defunciones que lamentamos?

No se debe generalizar ni culpar a todos los pobres, pues no tuvieron otras alternativas mejores y más seguras para vivir. Sin embargo, la experiencia acumulada de años nos dice que los problemas por las lluvias se han agudizado donde se han talado más árboles, donde se construyen viviendas en lugares bajos o en terrenos que pertenecen a los ríos. Y hemos de aprender de lo que ha pasado, para que no sigamos expuestos a unos daños que pueden evitarse, o al menos disminuirse.

JUZGAR

Dios ha puesto un orden en la naturaleza. Los huracanes, las tormentas tropicales, las depresiones pluviales, los frentes fríos, los terremotos, las erupciones de volcanes, las heladas y las nevadas, son fenómenos de equilibrio en nuestro planeta tierra. Todo tiene su razón de ser. Lo malo es que desconocemos todavía muchos de sus mecanismos, y no sabemos convivir con ellos. Si los tuviéramos en cuenta, los veríamos hasta necesarios. Si no hay huracanes, la lluvia no llega a lugares más distantes de los océanos y a los desiertos. Si no hay terremotos y erupciones, nuestra tierra sería un planeta muerto, sin movimiento, sin vida. Si no hubiera heladas y nevadas, no morirían muchos gérmenes nocivos, ni habría agua suficiente en los subsuelos. Lo malo también es que estamos influyendo para que sucedan en forma desordenada, con más daños que beneficios. Hay responsabilidad común por no saber vivir en lugares y condiciones que tomen en cuenta esos fenómenos; por no cuidar ni respetar la naturaleza; por el despilfarro de energía y por el exceso de contaminación, sobre todo de los países más ricos.

Dice el Papa Benedicto XVI en su Mensaje del 1 de enero de 2010: "El ser humano se ha dejado dominar por el egoísmo, perdiendo el sentido del mandato de Dios, y en su relación con la creación se ha comportado como explotador, queriendo ejercer sobre ella un dominio absoluto. Pero el verdadero sentido del mandato original de Dios, perfectamente claro en el Libro del Génesis, no consistía en una simple concesión de autoridad, sino más bien en una llamada a la responsabilidad. Por lo demás, la sabiduría de los antiguos reconocía que la naturaleza no está a nuestra disposición como si fuera un montón de desechos esparcidos al azar, mientras que la Revelación bíblica nos ha hecho comprender que la naturaleza es un don del Creador, el cual ha inscrito en ella su orden intrínseco para que el hombre pueda descubrir en él las orientaciones necesarias para «cultivarla y guardarla» (Gn 2,15). Todo lo que existe pertenece a Dios, que lo ha confiado a los hombres, pero no para que dispongan arbitrariamente de ello. Por el contrario, cuando el hombre, en vez de desempeñar su papel de colaborador de Dios, lo suplanta, termina provocando la rebelión de la naturaleza, más bien tiranizada que gobernada por él. Así, pues, el hombre tiene el deber de ejercer un gobierno responsable sobre la creación, protegiéndola y cultivándola.

La humanidad necesita una profunda renovación. Las situaciones de crisis por las que está actualmente atravesando obligan a replantear el camino común de los hombres. Obligan, en particular, a un modo de vivir caracterizado por la sobriedad y la solidaridad".

ACTUAR

Sigamos siendo solidarios con quienes han sufrido por las inundaciones, haciéndoles llegar nuestra ayuda solidaria, y estemos preparados para las lluvias que puedan todavía sobrevenir, pues no ha terminado el ciclo de huracanes.

Hagamos campañas de sembrar árboles, o al menos cuidar los que nacen en forma natural, evitando talarlos, hacer negocios ilícitos con ellos e incendiarlos.

Evitemos construir viviendas en las cercanías de los ríos, porque éstos tarde o temprano exigen y recuperan sus derechos. Tampoco en lugares bajos, ni en montañas sin árboles, porque con mucha lluvia, se reblandecen y se derrumban, con riesgos de todo tipo.


Publicado por verdenaranja @ 19:29  | Hablan los obispos
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ZENIT  publica el mensaje que ha escrito el cardenal Lluís Martínez Sistach, arzobispo de Barcelona, en preparación de la consagración del templo de la Sagrada Familia en Barcelona, el 7 de noviembre, por Benedicto XVI.

Gaudí, una gran catequesis en piedra

Los que conocen la vida de Gaudí nos dicen que uno de sus libros de cabecera era el titulado El Año Litúrgico, del abad Dom Prosper Guéranger, libro que tuvo gran divulgación entre los estudiosos y los fieles a inicios del siglo XX en Cataluña.

Gaudí era un admirador de la liturgia cristiana y de su estética. Esto explica que proyectara el templo de la Sagrada Familia como una gran catequesis de la Iglesia, tal como ésta se expresa a lo largo del año litúrgico.

Si contemplamos el templo por fuera, con sus dieciocho campanarios y sus fachadas y muros, nos hallamos ante la realidad de la Iglesia: la torre más alta o campanario dedicado a Jesucristo; la rodean los cuatro evangelistas; en el ábside, como seno materno, la Virgen María; y los doce apóstoles, distribuidos en grupos de cuatro en cada una de las tres fachadas principales: Nacimiento, Pasión y Gloria.

Se ha dicho que una de las innovaciones geniales de Gaudí consistió en sacar el contenido de los retablos interiores, pasándolo al exterior, a las fachadas. Por eso cada una de ellas es como un gran retablo que ofrece al visitante o al fiel la contemplación de los misterios de la infancia, pasión y resurrección del Señor, su mensaje de vida en las bienaventuranzas y los sacramentos, la profesión de fe y la creación y la glorificación de la humanidad (fachada de la Gloria). La contemplación continúa en los muros y los ventanales, donde vemos las figuras de los santos y santas, decorados como frutos del Espíritu Santo. Y en los ventanales mayores se pueden contemplar los símbolos eucarísticos.

Si observamos el templo por dentro, que es el espacio de la celebración, también hallamos el misterio de la Iglesia. La construcción de la nave está inspirada en la visión del profeta Ezequiel -en el capítulo 47- y en la visión de la Jerusalén celestial, que se encuentra en el capítulo 22 del libro del Apocalipsis.

Cuando el visitante entre en la nave se hallará como ante un bosque de palmeras. Pero cada uno de estos árboles -las columnas- está dedicado a una Iglesia particular. Están así representadas todas las diócesis, tanto las de aquí como las del mundo entero. Gaudí pensó un templo de verdad católico y universal, por ello simbolizó en él los cinco continentes del mundo y tiene tanto sentido que sea el Papa quien presida su dedicación.

Por lo que se refiere a las columnas, podemos añadir que son un conjunto de cincuenta y dos. Son todos los domingos del año. Las que rodean el presbiterio están dedicadas al Adviento y a la Cuaresma; las cuatro del crucero, a la Navidad, Ramos, Pascua de Resurrección y Pentecostés; las del transepto, al tiempo pascual; y el espacio de las cinco naves a los domingos de todo el año.

Todo lo cual, aunque sea dicho en forma de sumario, justifica que podamos afirmar que la Sagrada Familia es un templo único en el mundo a causa de su simbología bíblica y litúrgica, y también por las innovaciones propiamente técnicas utilizadas en su construcción. Su simbología religiosa explica que un nuncio del Papa en España, monseñor Rangonesi, al visitar en el año 1915 el templo y escuchar las explicaciones de boca de Gaudí en persona, cuando acabaron la visita, le dijera entusiasmado: "¡Usted es el Dante de la arquitectura!" 


Publicado por verdenaranja @ 19:24  | Hablan los obispos
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ZENIT  nos ofrece la presentación de la Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos de Oriente Medio, realizada el viernes 8 de Octubre de 2010 por el Secretario General del Sínodo, monseñor Nikola Eterović, durante un briefing celebrado en el Aula Juan Pablo II de la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

Introducción

"La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma" (Hch 4, 32). El versículo, tomado de los Hechos de los Apóstoles, describe la vida de la comunidad primitiva, que es el ideal de cada comunidad cristiana. Este versículo ha sido escogido como lema de la ya próxima Asamblea Especial para Oriente Medio del Sínodo de los Obispos que tendrá lugar del 10 al 24 de octubre de 2010, sobre el tema La Iglesia Católica en Oriente Medio: comunión y testimonio. La elección del lema es muy significativa porque ilumina con la luz del Evangelio el argumento de la Asamblea sinodal, y porque recuerda el estrecho vínculo entre la Iglesia en Oriente Medio y la Sagrada Escritura. Lo ha destacado también el Santo Padre Benedicto XVI en el curso de Su Visita Apostólica a Chipre entre el 4 y el 6 de junio de 2010. En la conclusión de la celebración eucarística en Nicosia, al entregar a los representantes del episcopado de Oriente Medio el Instrumentum laboris, documento de trabajo, el Obispo de Roma ha puesto en evidencia que "el lema escogido para la Asamblea nos habla de comunión y testimonio, y nos recuerda que los miembros de la primitiva comunidad cristiana tenían un "un solo corazón y una sola alma" (Hch 4, 32) (1). Con este significativo gesto, el Sumo Pontífice ha abierto idealmente la Asamblea Especial para Oriente Medio del Sínodo de los Obispos que, efectivamente, comenzará sus trabajos el domingo 10 de octubre. La Asamblea Especial para Oriente Medio es el resultado no sólo de la petición formulada por varios Obispos de la región, sino también de los Viajes Apostólicos del Santo Padre Benedicto XVI a Turquía, del 28 de noviembre al 1 de diciembre de 2006, a Tierra Santa (Jordania, Israel y Palestina) del 8 al 15 de mayo de 2009 y a Chipre en 2010, en el curso de los cuales ha podido ver personalmente las alegrías y los sufrimientos de los miembros de la Iglesia católica que tienen necesidad de atención particular en este momento histórico.

Me es grato presentar brevemente tan importante evento eclesial que verá reunidos a los Obispos de Oriente Medio alrededor del Santo Padre Benedicto XVI, Obispo de Roma y Pastor universal de la Iglesia.

Iglesia Católica en Oriente Medio

En primer lugar, es útil precisar que por Oriente Medio se entiende los siguientes países: Arabia Saudí, Bahrein, Chipre, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Jordania, Irán, Iraq, Israel, Kuwait, Líbano, Omán, Qatar, Siria, Territorios Palestinos, Turquía y Yemen. Sobre tan vasta región, que  se extiende sobre una superficie de 7.180.912 Km2, viven 356.174.000 personas, de las cuales 5.707.000 son católicos, lo que representa el 1,6% de la población. Al mismo tiempo, el número aproximado de cristianos sería de alrededor de 20.000.000 de personas, es decir, el 5,62% de la población.

Es necesario, además, recordar la particularidad de la Iglesia Católica en Oriente Medio que se expresa en una polimorfa unidad. Además de la Iglesia de Tradición latina hay, desde tiempos remotos, seis Iglesias Orientales Católicas sui iuris, con un propio Patriarca al frente, padre y jefe de la Iglesia (2): Iglesia Copta, Iglesia Siria, Iglesia Greco-Melquita, Iglesia Maronita, Iglesia Caldea e Iglesia Armenia. Se trata de "[Iglesias] preclaras por su venerable antigüedad, brilla aquella tradición de los padres, que arranca desde los apóstoles, la cual constituye una parte de lo divinamente revelado y del patrimonio indiviso de la Iglesia universal" (3). La variedad de Tradiciones, espiritualidad, liturgia y disciplina es una gran riqueza que deben conservar no solamente las Iglesias Orientales Católicas, sino toda la Iglesia Católica presidida en la caridad por el Obispo de Roma y Pastor Universal de la Iglesia.

Calendario de los trabajos

Resulta evidente, a partir de una mirada atenta al Calendario de la Asamblea Especial, que la Asamblea sinodal estará caracterizada por la oración de los Padres sinodales los cuales, a su vez, estarán acompañados por la unión espiritual de los miembros de sus comunidades en Oriente Medio y en la Diáspora, como también por numerosos cristianos que se preocupan por la suerte de la Iglesia peregrina en Tierra Santa y en Oriente Medio.

La apertura de este importante evento tendrá lugar con la solemne Eucaristía el domingo 10 de octubre. Estará presidida por el Santo Padre Benedicto XVI y será concelebrada por todos los Padres sinodales y los sacerdotes que participan en la Asamblea sinodal. La clausura también se hará bajo el signo de la Eucaristía, que está en el centro de la unidad de la Iglesia y es el don inestimable de Cristo a su pueblo (4). Ambas celebraciones tendrán lugar en la Basílica Papal de San Pedro en rito latino, pero habrá expresiones significativas, como el Evangelio y algunos cantos, en las Tradiciones orientales. En medio de la Asamblea sinodal, el domingo 17 de octubre, tendrá lugar la canonización de seis beatos: Stanisław Sołtys (Kazimierczyk), André (Alfred) Bessette, Cándida María de Jesús Cipitria y Barriola, Mary of the Cross (Mary Helen) MacKillop, Giulia Salzano y Battista (Camilla) Varano. Los Padres sinodales no dejarán de participar en este importante evento eclesial que hará aún más evidente el llamado a la santidad, pronunciado en Tierra Santa ya en el Antiguo Testamento: "Ustedes serán santos, porque yo, el Señor, soy santo" (Lev 20, 26) y que Jesucristo llevó a su cumplimiento en el discurso de las Bienaventuranzas : "Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo" (Mt 5, 48). Las palabras del Señor Jesús tienen alcance universal, como es universal también el llamado a la santidad: "Quedan, pues, invitados y aun obligados todos los fieles cristianos a buscar insistentemente la santidad y la perfección dentro del propio" (5).

La Liturgia de las Horas precederá los trabajos cotidianos. Ésta reflejará la riqueza de las Tradiciones litúrgicas y espirituales de las Iglesias Orientales Católicas sui iuris que, cada día, por turno, guiarán la oración común en la propia Tradición. Uno de los Obispos de la respectiva Tradición guiará luego la reflexión del pasaje del Evangelio proclamado. Cada sesión, además, se iniciará y concluirá con una breve oración.
El trabajo prevé 14 Congregaciones generales y 6 sesiones de los Círculos menores. La información a los periodistas interesados en la actividad sinodal estará asegurada diariamente por cuatro encargados en las lenguas árabe, francesa, inglesa e italiana, con excepción del lunes 11, el lunes 18 y el sábado 23 de octubre, cuando están previstas las Conferencias de prensa con la participación de los Padres sinodales.

Los Padres sinodales tendrán ocasión de ir al Concierto en honor del Santo Padre Benedicto XVI, que tendrá lugar en el Aula Pablo VI el sábado 16 de octubre a las 18 horas.

Las informaciones sobre la naturaleza y la actividad del Sínodo de los Obispos se pueden encontrar en el sitio electrónico del Sínodo de los Obispos. La Radio Vaticana también ha preparado una información adecuada sobre el evento sinodal con el título Vatican Radio’s News on the Synod", www.vaticanradio.org/synod.

Los participantes de la Asamblea

En la Asamblea Especial para Oriente Medio participan 185 padres sinodales, de los cuales 159 participarán ex officio. Entre ellos hay 101 Ordinarios de las circunscripciones eclesiásticas de Oriente Medio, como también 23 de la Diáspora que tienen a su cuidado los fieles de las Iglesias Orientales Católicas emigrados de Oriente Medio a varias partes del mundo. Se debe señalar la presencia de 19 Obispos de los Países limítrofes de África del Norte y del Este, como también de los Países con consistentes comunidades cristianas provenientes de Oriente Medio, de manera particular en Europa y en el continente americano. Participarán en la Asamblea sinodal también jefes de 14 Dicasterios de la Curia Romana, los más relacionados con la vida de la Iglesia de Oriente Medio. El Santo Padre Benedicto XVI, además, ha nombrado 17 Padres sinodales. Hay también 10 representantes de la Unión de Superiores Generales. Entre los Padres sinodales hay 9 Patriarcas, 19 Cardenales, 65 Arzobispos, 10 Arzobispos titulares, 53 Obispos, 21 Obispos Auxiliares, 87 religiosos de los cuales 4 elegidos por la Unión de Superiores Generales. En cuanto a los cargos desempeñados, hay 9 Jefes de los Sínodos de los Obispos de las Iglesias Orientales Católicas sui iuris, 5 Presidentes de las Reuniones Internacionales de las Conferencias Episcopales -su presencia destaca la solidaridad del episcopado mundial con las amadas Iglesias de Oriente Medio-, 6 Presidentes de las Conferencias Episcopales, 1 Arzobispo Coadjutor, 4 eméritos de los cuales 2 Cardenales, el Patriarca latino emérito de Jerusalén y 1Vicario Patriarcal.

Como es sabido, el 24 de abril de 2010 el Santo Padre Benedicto XVI ha nombrado a los Miembros de la Presidencia de la Asamblea Especial para Oriente Medio: 4 Presidentes Delegados, de los cuales 2 ad honorem: Su Beatitud el Sr. Card. Nasrallah Pierre Sfeir, Patriarca de Antioquía de los Maronitas, Líbano y Su Beatitud el Sr. Card. Emmanuel III Delly, Patriarca de Babilonia de los Caldeos, Iraq; Su Eminencia el Sr. Card. Leonardo Sandri, Prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales, y Su Beatitud Ignace Youssif III Younan, Patriarca de Antioquía de los Sirios, Líbano; el Relator General, Su Beatitud Antonios Naguib, Patriarca de Alejandría de los Coptos, Egipto; el Secretario Especial, Su Excelencia Mons. Joseph Soueif, Arzobispo de Chipre de los Maronitas, Chipre.

En la Asamblea sinodal participarán, como Delegados fraternos, representantes de trece Iglesias y comunidades eclesiales históricamente bien radicadas en Oriente Medio. Su presencia es un signo elocuente de la voluntad de proseguir el diálogo ecuménico que ya ha dado tantos resultados positivos, sobre todo en la región.

riente Medio es la casa también de nuestros hermanos y hermanas judíos y musulmanes, pues representa el lugar donde nacieron también estas dos religiones monoteístas. En el curso de los trabajos, por lo tanto, tendremos ocasión de escuchar las indicaciones del rabino David Rosen, Director del Departamento para Asuntos Interreligiosos del American Jewish Committee y Heilbrunn Institute for International Interreligious Understanding, Israel. Dos ilustres representantes del Islam se dirigirán también a los Padres sinodales: el Sr. Muhammad al-Sammak, Consejero político del Gran Muftí de Líbano, por el Islam suní y el Sr. Ayatollah Seyed Mostafa Mohaghegh Ahmadabadi, Profesor en la Facultad de Derecho en la Shahid Beheshti University de Teherán y Miembro de la Academia Iraní de Ciencias, por el Islám chií. Se trata de los Invitados del Santo Padre Benedicto XVI, cuya presencia es más que significativa, signo de la disponibilidad de la Iglesia católica para continuar el diálogo con el Judaísmo, con quienes los cristianos tienen relaciones muy especiales, como también con el Islam, tan presente en la región Medio oriental.

En la Asamblea sinodal participarán también 36 Expertos y 34 Oyentes, hombres y mujeres. Su experiencia representará una contribución importante a las reflexiones sinodales.

Teniendo en cuenta a los miembros de la Secretaría General, los Traductores y los Asistentes, como también las otras personas que se ocuparán de servicios de orden técnico, participarán en la Asamblea sinodal alrededor de 330 personas.

Características particulares de la Asamblea sinodal

La Asamblea Especial para Oriente Medio tiene algunas particularidades por las cuales se distinguirá de las otras Asambleas sinodales. En primer lugar, por primera vez se reunirán alrededor del Obispo de Roma casi todos los Ordinarios de Oriente Medio. En el año 1995 el Siervo de Dios Juan Pablo II reunió a los Obispos de Líbano en una Asamblea Especial en la que participaron 69 Padres sinodales, de los cuales 36 provenían de Líbano. A ellos se asociaron también 9 Obispos de la Diáspora. También en la Asamblea Especial para Oriente Medio participarán 23 Obispos de la Diáspora. Los Ordinarios pertenecientes a las Iglesias Orientales Católicas sui iuris serán, por lo tanto, 123. Estarán presentes representantes de otras seis Iglesias Orientales Católicas: Iglesia Etiópica, Iglesia Griega, Iglesia Rumana, Iglesia Sirio Malabar, Iglesia Sirio Malankar e Iglesia Ucraniana. De 185 Padres sinodales, una mayoría de 140 son de Tradiciones Orientales Católicas. Los Obispos de Tradición latina serán, por lo tanto, 45 de los cuales 14 son de Oriente Medio. En la Asamblea Especial para Líbano estuvieron presentes 53 Obispos de Tradiciones Orientales Católicas y 16 de Tradición Latina.

Con una duración de 14 días se trata de la Asamblea sinodal más breve realizada hasta ahora. Al respecto, la Asamblea Especial para Líbano se desarrolló durante 19 días, del 26 de noviembre al 14 de diciembre de 1995 y, con anterioridad, la Asamblea para los Países Bajos, en la que participaron 19 Padres sinodales, duró diecisiete días, del 14 al 31 de enero de 1980. Esta breve duración no es el resultado solamente del número relativamente reducido de los participantes, que en las Asambleas Generales Ordinarias alcanza alrededor de 250 Padres sinodales. Se inserta también en el marco de la reforma de la metodología sinodal impulsada por el Santo Padre Benedicto XVI, que comporta un procedimiento más sencillo, adaptado posteriormente para la presente Asamblea sinodal. Considerada la situación tan compleja en los Países de Oriente Medio, no se ha querido retener por mucho tiempo a los Pastores lejos de sus rebaños. Por tal razón, los trabajos se concentrarán en el arco de 14 días.

El árabe también será una lengua oficial de la Asamblea sinodal. En la Asamblea Especial para Líbano la lengua oficial era el francés, aún si en las intervenciones en el Aula se podían utilizar otras tres lenguas: árabe, inglés e italiano. En la presente Asamblea sinodal estas cuatro lenguas serán oficiales, lo que incluye también por primera vez al árabe, la lengua más común para los cristianos en Oriente Medio. Dos círculos menores también están previstos en árabe.

Por primera vez el Santo Padre ha nombrado a dos Presidentes Delegados ad honorem. Con este gesto Su Santidad ha querido destacar la importancia del ministerio pastoral que ellos desempeñan, eximiéndolos, sin embargo, de la trabajosa actividad cotidiana de los minuciosos trabajos de la Asamblea sinodal reservados, justamente, a otros dos Presidentes Delegados más jóvenes.

Finalidad pastoral de la Asamblea sinodal

La finalidad de la Asamblea Especial para Oriente Medio es predominantemente pastoral. Aunque no se puede descuidar el marco social y político de la región, la Asamblea sinodal tiene sobre todo una finalidad eclesial. Este hecho está contenido también en el tema de la Asamblea sinodal que insiste en la comunión y el testimonio, ya sea en el interior de la Iglesia Católica que en sus relaciones con otras Iglesias y comunidades cristianas, otras religiones y, en general, con las respectivas sociedades particulares. En referencia al Instrumentum laboris (6), el objetivo de la Asamblea puede ser indicado en dos puntos:

1) reavivar la comunión entre las veneradas Iglesias Orientales Católicas sui iuris para que puedan ofrecer un testimonio de vida cristiana auténtica, jubilosa y atractiva. Gracias a la divina Providencia, como ya se ha dicho, en Oriente Medio, además de la Iglesia de Tradición latina,
hay seis Iglesias Orientales Católicas con un propio Patriarca al frente. En la Asamblea sinodal, por lo tanto, participarán siete Patriarcas en actividad. Los trabajos sinodales, desarrollados en un clima de oración, reflexión y diálogo, deberían servir para profundizar ulteriormente en los vínculos de comunión en el interior de cada una de dichas Iglesias y, por lo tanto, entre el Patriarca, los Obispos, los sacerdotes, los miembros de vida consagrada y los laicos. Se deberían reforzar, obviamente, los vínculos de comunión entre las Iglesias Católicas de tradiciones distintas. De los resultados positivos de tal comunión se beneficiaría toda la Iglesia Católica destacando la fecundidad de su unidad, que se expresa en la múltiple forma de las respectivas venerables Tradiciones.

La comunión, además, debería extenderse a otras Iglesias y comunidades eclesiales presentes en Oriente Medio -los representantes de trece de ellas tomarán parte en los trabajos sinodales en calidad de Delegados fraternos, como ya se ha se alado. El diálogo y la colaboración se extiende también a los miembros de las religiones no cristianas y a todos los hombres de buena voluntad.

2) reforzar la identidad cristiana a través de la Palabra de Dios y la celebración de los Sacramentos. La Asamblea sinodal debería confirmar la conciencia de los fieles de Oriente Medio en la vocación propia de discípulos de Jesucristo en la tierra donde Él nació, vivió, predicó y cumplió su misterio pascual. Vivir en Tierra Santa debería manifestarse cada vez más como un privilegio relacionado con una misión particular. Es de interés para toda la Iglesia que la Tierra de Jesús no se convierta en un museo lleno de monumentos y piedras preciosas, sino que siga siendo una Iglesia viva, construida con piedras vivas (cfr. 1 P 2, 5), cristianos que continúan la ininterrumpida tradición de la presencia de los discípulos de Jesucristo en Tierra Santa desde hace casi 2.000 a os.

Los cristianos, numéricamente, representan en Oriente Medio una minoría. Ellos, sin embargo, tienen una vocación única: ser testigos del Señor Jesús en un ambiente predominantemente musulmán, con excepción del Estado de Israel, donde la mayoría de los ciudadanos son judíos. Este hecho requiere apertura y diálogo con quienes pertenecen a las otras dos religiones monoteístas: el Judaísmo y el Islam. La experiencia, bajo muchos aspectos positiva, de tal diálogo podría ser de gran importancia para toda la Iglesia.

Conclusión

La Asamblea Especial para Oriente Medio ofrece una feliz ocasión para presentar la riqueza de las Iglesias Orientales Católicas al mundo entero, sobre todo a los cristianos, para que sostengan cada vez más, sea espiritual que materialmente, a sus hermanos y hermanas en Oriente Medio y, de modo particular, a aquellos que viven en situaciones difíciles a causa de la violencia, incluidos el terrorismo, la emigración y la discriminación. Con frecuencia, los cristianos en Oriente Medio son artífices de la paz y promotores del perdón y la reconciliación, tan necesarios en la región. Ellos desean vivir en paz con sus vecinos judíos y musulmanes en el respeto de sus mutuos derechos, incluso el derecho fundamental a la libertad de religión y de conciencia.

En unión con el Santo Padre Benedicto XVI, todos los cristianos están invitados a rezar para que la Asamblea Especial para Oriente Medio pueda alcanzar las finalidades previstas. Esta invitación está dirigida sobre todo a los miembros de vida consagrada y, en particular, a los monasterios de clausura. La oración reforzará los vínculos de fe, de esperanza y de caridad entre los creyentes de la Santa Iglesia de Dios para que se pueda realizar en el mejor modo el ideal de la comunidad primitiva donde la multitud de los creyentes "tenía un solo corazón y una sola alma" (Hch 4. 32)

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(1) Benedicto XVI, Entrega del Instrumentum laboris, L’Osservatore Romano, 6-7 de junio da 2010.
(2) Cfr. Concilio Vaticano II, Decreto sobre las Iglesias Católicas Orientales Orientalium ecclesiarum, 9.
(3) Ibidem, 1.
(4) Cfr. Benedicto XVI, Entrega del Instrumentum laboris, L’Osservatore Romano, 6-7 de junio de 2010, p. 9.
(5) Concilio Vaticano II, Constitución dogmática Lumen Gentium, 42.
(6) Cfr. Asamblea Especial para Oriente Medio, Instrumentum laboris, 3.

[Documento de trabajo distribuido por la Secretaría General del Sínodo]


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Comentario al evangelio del domingo treinta del Tiempo Ordinario, publicado en Diario de Avisos el domingo 24 de Octubre de 2010 bajo el epígrafe DOMINGO CRISTIANO 

El peligro de las hinchazones

 

Daniel Padilla

Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo, otro, publicano". Hasta aquí, todo bien. Al Señor debió de gustarle eso. Porque, aunque había llegado a decir aquello de "cuando reces, métete en tu habitación, cierra la puerta, y Dios que ve en lo escondido, te escuchará" o aquello otro de "los verdaderos adoradores adoran en espíritu y en verdad", lo cierto es que Jesús, desde muy niño "iba con sus padres al templo".

Es más, un día ante el mal uso que del templo hacían los vendedores, proclamó sin titubeos: "Mi casa es casa de oración". A Jesús, por lo tanto, le gusta que en su templo recemos todos. Lo que ya no parece gustarle tanto es "algún estilo" de oración: "El fariseo, erguido…decía en su interior: doy gracias porque no soy como los demás…".

Efectivamente, este hombre, más que orar a Dios "se oraba a sí mismo". Erigiéndose en "Dios de sí mismo", se autoproclamaba diferente. No reconocía lo negativo que solemos tener los hombres: "Son rapaces, injustos, adúlteros…", y exhibía otros trofeos que otros no tienen: "Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de cuanto poseo".

Ahí lo tienen: singular narciso, perfecto pavo real, ejemplar único, no necesita ningún retoque. Vive en la plenitud.

(Tengo miedo, Señor, de caer en una situación semejante, de infectarme con ese microbio de la vanidad farisaica e irme inflando como un globo, pensando que me basto a mí mismo y que no necesito a nadie, ni siquiera a Dios).

Porque ése es el gran fallo de la oración del fariseo. Ni habla a Dios, ya que lo que hace es cantarse a sí mismo sus virtudes. Ni escucha a Dios, ya que el propio sonsonete de sus autoalabanzas le impide oír cualquier otra voz que no sea la suya. (Ya sé, Señor, que tampoco tengo que ocultar y negar mis "talentos". Que ahí están y tú me los has dado. Pero sé que, más que considerarlos como "trofeos", haré bien en verlos como "deberes", como "responsabilidades". Y si, en algún caso, con ellos he tenido "aciertos", no estará de más pensar que seguramente me he quedado a mitad de camino).

Jesús, en cambio, elogió la oración del publicano. No "porque se quedó allá atrás y hería su pecho sin atreverse a levantar los ojos al cielo". Porque esas actitudes externas también pueden caer en el "fariseísmo". Sino, porque, de verdad, "en lo profundo", se reconocía pecador: "Compadécete de mí, que soy un gran pecador". Frente a la "hinchazón" del fariseo, este hombre reconocía su profundo "vacío interior". En alguien que se siente hinchado, difícilmente entra ninguna cosa; mientras que el hombre que se reconoce "vacío", ya está en buena actitud para recibir ayudas. Sobre todo puede entrar Dios, que es capaz de llegar hasta las más bellas y difíciles encarnaciones.

Señor, yo quiero "volver siempre justificado a mi casa". Por eso te pido con todo mi corazón:

- Que nunca piense que soy mejor que los demás hombres, aunque los vea "ladrones e injustos".
- Que tampoco me sienta satisfecho porque cumpla ciertas leyes y normas con insistente frecuencia.
- Que tenga, sobre todo, conciencia siempre de ser pecador, necesitado por lo tanto de acudir a Ti para decirte: "Desde lo hondo a ti grito, Señor. Señor escucha mi voz".

Cada mañana cuando me levanto suelo decir: ¡Ya sé, Señor, que soy un acto de piedad y de misericordia.


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sábado, 23 de octubre de 2010

Homilía de monseñor Ricardo Faifer, obispo de Goya, en la Fiesta de Nuestra Señora del Rosario (7 de deoctubre de 2010). (AICA)

FIESTA DE NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO

Queridos Hermanos y hermanas:

1. Hoy, nosotros, como los Apóstoles en la sala del Cenáculo, estamos íntimamente unidos en oración en compañía de María, la Madre de Jesús. “Como Madre de tantos, fortalece los vínculos fraternos entre todos, alienta a la reconciliación y el perdón, y ayuda a que los discípulos de Jesucristo se experimenten como una familia, la familia de Dios. En María nos encontramos con Cristo, con el Padre y el Espíritu Santo, como así mismo con los hermanos.” (DA. Nº 267).

Hoy, en el nombre de su Hijo Amado que Ella lleva y ofrece en sus brazos, nos congrega Nuestra Señora del Rosario, Patrona de esta ciudad de Goya y de muchísimas Parroquias y ciudades de nuestra Patria.

¡Qué hermoso es ver a tantos hermanos reunidos en la fiesta de la Madre común, que siempre une y crea comunión, y que sólo quiere que nos encontremos con su Hijo Jesús, porque Él es el Camino, la Verdad y la Vida, porque sólo en El nuestros pueblos tienen vida plena.

¡Qué hermoso es formar parte de este pueblo del interior de la Patria profunda, donde, como decimos los obispos argentinos en el Documento “Hacia un Bicentenario en Justicia y Solidaridad” Nº10:

“…prevalecen valores fundamentales como la fe, la amistad, el amor por la vida, la búsqueda del respeto a la dignidad del varón y la mujer, el espíritu de libertad, la solidaridad, el interés por los pertinentes reclamos ante la justicia, la educación de los hijos, el aprecio por la familia, el amor a la tierra, la sensibilidad hacia el medio ambiente, y ese ingenio popular que no baja los brazos para resolver solidariamente las situaciones duras de la vida cotidiana. Estos valores tienen su origen en Dios y son fundamentos sólidos y verdaderos sobre los cuales podemos avanzar hacia un nuevo proyecto de Nación, que haga posible un justo y solidario desarrollo de la Argentina.”.

En esta Asamblea del pueblo creyente me permito señalar la presencia de las autoridades Provinciales y Municipales, que de este modo manifiestan respeto y aprecio por el servicio de la Iglesia al Bien común de la Patria, y que no están presentes por mero protocolo o por cálculos mezquinos, sino que se sienten parte de este pueblo correntino cuya identidad ha sido marcada por la Santísima Cruz de los Milagros y por Nuestra Señora de Itatí.

 

2. Celebrar hoy a Nuestra Señora del Rosario es celebrar el gozo que produce el acontecimiento de la Encarnación del Hijo de Dios, la luminosidad de la Persona y el Mensaje de Cristo en su vida pública, el culmen de la revelación de su amor extremo hasta la Cruz, la superación de la oscuridad de la pasión con la gloria de Cristo en su Resurrección y en su Ascensión.

“El rosario concentra en sí la profundidad de todo el mensaje evangélico, del cual es como un compendio. Con él el pueblo cristiano aprende de María a contemplar la belleza del rostro de Cristo y a experimentar la profundidad de su amor. Mediante el Rosario, el creyente obtiene abundantes gracias, como recibiéndolas de las mismas manos de la Madre del Redentor” (J.Pablo II- “Santo Rosario de la Virgen María” Nº1).

Con nuestro Papa Benedito XVI le rezamos a Nuestra Señora:

“Sí, queremos darte gracias, Virgen Madre de Dios y Madre nuestra queridísima, por tu intercesión a favor de la Iglesia. Tú que, al abrazar sin reservas la voluntad divina, te consagraste con todas tus energías a la persona y a la obra de tu Hijo, enséñanos a guardar en el corazón y a meditar en silencio, como tú lo hiciste, los misterios de la vida de Cristo.

Tú que avanzaste hasta el Calvario, estando siempre profundamente unida a tu Hijo, que sobre la cruz te entregó como madre al discípulo Juan, haz que experimentemos tu cercanía en todo instante de la existencia, sobre todo en los momentos de oscuridad y de prueba.

Tú, que en Pentecostés, junto a los Apóstoles reunidos en oración, imploraste el don del Espíritu Santo para la Iglesia naciente, ayúdanos a perseverar en el fiel seguimiento de Cristo. Dirigimos nuestra mirada con confianza hacia ti, “signo de esperanza cierta y de consuelo, hasta que venga el día del Señor” (Nº68).

María, a ti te invocan con súplica insistente los fieles de todas las partes del mundo para que, ensalzada en el cielo entre los ángeles y los santos, intercedas por nosotros ante tu Hijo”. (Diciembre 2005).

Querida Patrona, Nuestra Señora del Rosario, a tu Hijo Bendito que tienes en tus brazos pedile por nuestra Patria en el Bicentenario:

“Que los argentinos, todos juntos, podamos hacer de esta bendita tierra una gran Nación justa y solidaria, abierta al Continente e integrada en el mundo” (HB. Nº41).

“Que, en el ámbito político, comunicacional y universitario, se hagan presentes voces e iniciativas de líderes católicos, con fuerte personalidad y abnegada vocación, que sean coherentes con sus convicciones éticas y religiosas” (HB. Nº 21).

Pedile por nuestra Diócesis de Goya en el Cincuentenario que celebraremos el año próximo: que como discípulos y misioneros de Jesucristo recibamos con estremecimiento su mandato misionero: “Vayan y comuniquen mi Vida”. “Que lo escuchemos como comunidad de discípulos y misioneros que hemos experimentado el encuentro vivo con El y queremos compartir con los demás esa alegría incomparable” (DA. Nº 364). 

Mons. Ricardo Faifer, obispo de Goya 


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Homilía de monseñor Miguel Esteban Hesayne, obispo emérito de Viedma para el 27º domingo durante el año (3 de octubre de 2010). (AICA)

LA ARGENTINA NECESITA MÁS “GENTE HONESTA”

No se precisan analistas sociales o políticos para hacer un diagnóstico de la crisis social-política que estamos padeciendo en la Argentina. Hay una pregunta generalizada ¿qué tenemos que hacer para salir de esta situación de barbarie ciudadana en que estamos sumidos? No tengo la receta. Pero sí, el camino que han tomado todos los pueblos para salir de la decadencia y caos social. Hay que contar con un grupo, de hombres y mujeres con un mínimo de honestidad. Sí, aunque parezca simple y rayano en simpleza, ser honesto es el valor humano fundamental en la relación humana. La persona honesta, según el diccionario de la Real Academia, es decente, moderada, razonable, justa y en una última acepción hace mención al “Estado honesto”, que es el Estado en el que se respetan los derechos y se cumplen las obligaciones civiles, tanto de parte de los gobernados como de los gobernantes. El piso insustituible que se ha de colocar en la reconstrucción de una sociedad con horizonte de futuro de “Estado honesto”, es aceptar el desafío de honestidad personal. Cada ciudadano ha de asumir su propia e inalienable responsabilidad antes de exigir honestidad a los demás.

Salir de la decadencia y deshonestidad social en que hemos caído en Argentina, para nosotros los cristianos, es un reto exigente de ser fieles discípulos de Jesús. Es ser honesto consigo mismo, coherente con el nombre de “cristiano”. La deshonestidad social-política de un vasto sector de la sociedad, es un desafío para el cristiano auténtico a vivir con lucidez y entusiasmo la vocación de testigos de cristiana santidad ciudadana. No somos cristianos para ser ciudadanos del cielo sin pasar por ser honestos ciudadanos en la tierra. Por eso, Jesús nos recuerda en Mateo 5, 14: “Ustedes son la luz del mundo…Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa. Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el Cielo”.

En esta decadencia social-política que estamos padeciendo los argentinos, los cristianos argentinos, si pretendemos ser honestos con el nombre de cristiano, digamos con Paulo VI que damos gracias a Dios vivir esta época que no nos permite ser mediocres.

No tengamos miedo a situaciones, a veces, aberrantes que se suscitan en la sociedad argentina. Vivamos con los ojos fijos en Jesús, el Señor de la Historia y de la Iglesia y el corazón dispuesto a vivir su Evangelio cuya síntesis se encuentra en las Promesas Bautismales. Con la fuerza de la Fe en Jesucristo que murió y resucitó para regalarnos el “Poder de Dios”, a fin de construir codo a codo, con mujeres y hombres honestos, probos, rectos, vivamos lo que hemos prometido vivir en la renovación bautismal renunciando: al pecado, como negación de Dios -al error como negación de la verdad- a la violencia, como contraria a la caridad- al egoísmo, como falta de testimonio del Amor…a la envidia y al odio, la pereza e indiferencia -la cobardía y omisiones, el materialismo y la sensualidad -la injusticia y el favoritismo- el negociado y el soborno- el dinero como aspiración suprema de la vida.- el placer y el propio interés ante todo.

No es hora de lamentos, ni de simples denuncias, es hora de poner manos a la obra... El origen de la inmoralidad en niños y adolescentes -robos y crímenes, viene desde arriba…, con el principio que siguen usando la mayoría de nuestros dirigentes de que “el fin justifica los medios” cuya versión popular es “todo vale para salir con la mía”. Es hora que los cristianos volvamos a seguir al Maestro Jesús. Que nuestro libro de formación de criterios y actitudes de acción sea su Evangelio y no programas de T.V. o periodismo radial o escrito, o el mal ejemplo de altos dirigentes de la sociedad.

La consigna cristiana actual es ser discípulo de Jesucristo para vivir la misión de testigo de su Evangelio, en lo íntimo personal como en lo público social. 

Miguel Esteban Hesayne, obispo emérito de Viedma 


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Texto del micro radial de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, emitido por LT 9 (2 de octubre de 2010). (AICA)

MES DE LA FAMILIA

En Octubre celebramos el Mes de la Familia. Estamos ante una institución que hace al nivel de vida de la sociedad. Es más, viendo el lugar y valoración que la familia ocupa en una comunidad podemos conocer su presente, pero sobre todo intuir su futuro. Si bien al hablar de la familia es común referirse a nuestras raíces, sin embargo ella tiene mucho de profecía. No se trata sólo de un presente que mira al pasado, sino más bien, de un presente que anticipa y orienta el futuro. La auténtica novedad en la vida del hombre no es lo novedoso o el cambio por si mismo, sino la recreación de lo bueno que ya existe. En este sentido la renovada opción por la familia fortalece la vida y la esperanza de una sociedad. Acercarnos a ella merece una actitud de respeto por su riqueza y futuro en la vida del hombre.

Esto nos ayuda a comprender el significado de una serie de frases con las que se ha querido expresar el sentido de la familia. Así, se la llamó “santuario de la vida”, por ser el ámbito natural del nacimiento y su primer cuidado. Lugar “donde se fragua el futuro de la humanidad”, subrayando su importancia en la vida de la sociedad. Otra, no duda en considerarla como un “bien o patrimonio de la humanidad”, para expresar su riqueza y comprometer la responsabilidad política en su acompañamiento. No se trata, como vemos, de un hecho privado sino público. Uno de los ejes más importantes del ordenamiento jurídico es, precisamente, el Derecho de Familia. Creo, por ello, que al hablar de las tan necesarias políticas de estado, como proyectos que den sustento en el tiempo al desarrollo del país, un lugar destacado le correspondería a la Familia. Esto, lamentablemente, no siempre es así.

Estas características de la familia nacen de la misma naturaleza del hombre en su condición de varón y mujer, es decir, de su diversidad y complementariedad sexual. Si bien el concepto de familia es más amplio que el de matrimonio, no se puede negar su relación. Hablar de la familia fundada sobre el matrimonio, no es limitarla, sino reconocer el significado de la condición humana. Hablar de matrimonio, en cambio, para referirse a una unión homosexual es desconocer, precisamente, esa nota de diversidad que le es propia. Distinguir no es discriminar, sino definir una realidad. Para la Iglesia el matrimonio seguirá siendo la “unión estable de un hombre y una mujer”, única base del sacramento.

Esta realidad de la familia debe hacer tomar conciencia, en primer lugar, a los mismos esposos del valor y su belleza, como de sus dimensiones humanas y espirituales. “Familia sé lo que eres” era el llamado que Juan Pablo II les hacía. La mejor defensa de la familia está en el testimonio de sus miembros, y en él incluiría, también a los hijos. Ellos no son sólo destinatarios del amor y cuidado de sus padres, sino protagonistas de una realidad que los involucra. La familia es una escuela difícil de definir por un programa, pero sin ella no hay programa posible de educación. Hay un elemento que es propio de la fe y que les quiero trasmitir, me refiero a la oración. Una familia que reza se mantiene unida decimos, esta afirmación es fruto de la experiencia.

Queridas familias, reciban de su Obispo junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor y Nuestra Madre de Guadalupe. 

Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz 


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Homilía de monseñor Mario Maulión, arzobispo de Paraná, en la Fiesta Virgen del Rosario (7 de octubre de 2010). (AICA)

VIRGEN DEL ROSARIO

Hermanos:

1. Es la fiesta de la Virgen del Rosario junto a cuya imagen fue naciendo y creciendo esta ciudad de Paraná, que la tiene como Madre y como Patrona. Estamos celebrando su fiesta en el Año Arquidiocesano de la Familia. Acabamos de recorrer calles de nuestra ciudad con el rezo del Santo Rosario, recordando los hechos (los llamamos “misterios” porque son los acontecimientos de Jesús que lo manifiestan como Dios). Fuimos pronunciando la oración que Jesús nos enseñó, el saludo del Ángel a María, las palabras de su prima Isabel concluyendo con la antiquísima oración popular que el pueblo cristiano viene dirigiendo a la Virgen desde el siglo IV, por lo menos 

2. La Palabra del Señor que acabamos de proclamar nos refieren el primero de esos “misterios”, de esos hechos de Jesús: es la Anunciación con el comienza la historia de Jesús, al encarnarse en el seno de la Virgen María. El otro es el momento en que se manifiesta la Iglesia ante el mundo, el acontecimiento de Pentecostés.

En la Anunciación asistimos al diálogo, ocurrido en la intimidad de la Virgen, oculto a todo ojo humano. Es el diálogo entre el enviado de Dios y Ella. Es un diálogo que lo conocemos seguramente por el testimonio de Ella. Comienza con la invitación a la alegría que le hace el Ángel y con el desconcierto que vive María pues no entendía qué significaba este saludo.

El Ángel la exhorta a no tener miedo y le anuncia: concebirás, darás a luz y pondrás el nombre: los tres momentos del inicio de la vida de su Hijo. Su nombre, “Jesús”, señala lo que será: “Salvador”, Hijo del Altísimo, Hijo de Dios, es decir “Dios con nosotros”. El Niño que nacerá de ella serás quien salve al mundo.

La Virgen, en el diálogo pregunta cómo puede ser eso y ella no tiene relación con ningún hombre. El Ángel le señala que “el Espíritu Santo descenderá sobre ti y el Poder del Altísimo te cubrirá con su sombra”: es por una clara y definida acción de Dios que Ella concebirá. Como signo de Dios le manifiesta que su anciana prima, Isabel, que además era estéril está embarazada.

La respuesta de María fue: Soy la esclava del Señor. Que se haga en mí según tu palabra”. Así fue como el Verbo eterno de Dios se hizo hombre. 

3. En la 1ª Lectura, Pentecostés, María Madre ya de su Hijo, que vivió, creció, fue hombre pleno, perseguido, sufriente, muerto, resucitado, sentado a la Derecha del Padre aparece en ese pequeño grupo de creyentes, rezando, esperando el cumplimiento de la promesa de su Hijo que enviaría el Espíritu Santo. 

4. En la Virgen aparece la acción salvadora de Dios al hombre. Destinada por Dios para Madre de su Hijo, Ella muestra el camino que Dios, recorrió para salvarnos. Es un camino de Vida, el Dios viviente se hace hombre en una mujer, fuerte expresión de la vida que se trasmite y se desarrolla para que “el hombre tenga vida y la tenga en abundancia”. La historia de cada hombre y la de todos los hombres es historia de vida. El espléndido y misterioso don de la vida que se desarrolla y se comunica a otros es realmente un don y un regalo: nadie puede elegir venir a la vida y nacer. La vida que tenemos la tenemos recibida de nuestros padres y, principalmente, de Dios. Y al mismo tiempo que es regalo, es también tarea de cuidarla, cultivarla, acrecentarla: La vida que recibimos es porque otros se han amado se han querido, los padres, y., Dios lo ha querido. Es el Padre Dios que es Viviente nos abre a la vida para que viviéndola la trasmitamos, par4a hacer crecer el número de quienes participen de la alegría de la vida. 

5. En este Vida, magnífica y espléndida, por desgracia -así nos dice la Escritura- por la envidia del diablo se introdujo la muerte en el mundo. La misma Escritura muestra que desde el mismo comienzo de la historia humana, con frecuencia la muerte de un ser humano es provocada por otro ser humano. Desde el comienzo, junto a lo maravilloso de la vida, está lo terrible de la destrucción de la vida. En nuestra historia personal y en lo que vivimos vemos que la muerte es un acontecimiento natural. Todo ser viviente tiene su historia desde el nacimiento hasta la muerte natural. Pero en el caso del hombre, en el ser humano no siempre la muerte es un hecho natural (es decir, debido a causas naturales) sino que también es un hecho provocado o causado por otro hombre o por el mismo sujeto que muere. ¿Por qué estas muertes provocadas? Por descuido, por negligencia, por odio, por encargo, por maldad. Las muertes provocadas por el hombre son un ataque al hombre: quitar la vida es privar al otro del don sagrado de la vida, fruto del amor. Es privarlo de un derecho fundamental: el derecho a la vida. Son las muertes provocadas por la droga, por loa violencia barata e irracional, por el alcohol, por loa deshonestidad en sus variadas formas. 

6. Sentimos que la muerte violenta provocada por el hombre, por la causa que sea (odio, descuido, negligencia, interés mezquino y criminal) va creciendo. Son muertes que son razonablemente inexplicables y que muestran una falta de cuidado y respeto por la vida del otro.

En ese catálogo de atentados contra la vida provocados por el hombre, está también el atentado contra la vida del inocente que está viviendo su proceso vital en el seno de su madre. El aborto y también la destrucción del niño son otros tantos crímenes que atentan contra la vida de inocentes.

Nuestra condición de hombres y nuestra condición de cristianos necesitamos comprometernos por la vida y por el cuidado y el cultivo de la vida, de toda vida humana. Es obligatorio cuidar, defender, promover animar la vida humana. Esto implica que de ningún modo es lícito destruir o quitar a un inocente, máxime si es indefenso y fr5ágil. Como hombre y como creyente estoy llamado a no realizar acciones que, por las razones que fuere (descuido, negligencia, odio, desinterés, premeditación, venganza, etc.) produzcan la muerte. Síu estoy llamado a todo lo positivo en orden a la vida: en lo personal, en el ámbito de la propia familia, ámbito privilegiado del amor, en la responsabilidad profesional que tenga en la sociedad. 

7. Buscar la defensa de la vida es una manera eminente de promover la dignidad de cada hombre. Es el camino para consolidar la fuerza y el vigor de nuestra familia. Es el camino para alcanzar una Patria de hermanos, sin excluidos de ningún tipo. Es el camino para que nuestra sociedad supere los desencuentros provocados por la violencia de cualquier tipo que sea y se avance por una sociedad que se vaya reconciliando.

Quiero poner en manos del Señor todas estas intenciones: el compromiso por la defensa de toda vida, el compromiso para no ceder a la tentación de la violencia, de todas las causas de muerte. El aborto es una de ellas: también lo son las otras causas de muerte injusta, que se manifiestan de tan variadas formas.

Queremos pedirle al Señor que seamos promotores de la vida humana, de toda la vida humana, de la que está en el seno materno, fuera de él, porque la vida de cada hermano.

¡AVE MARÍA PURÍSIMA! 

Mons. Mario Maulión, arzobispo de Paraná 


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ZENIT  nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI pronunció al recibir las cartas credenciales del nuevo embajador de Chile ante la Santa Sede, Fernando Zegers Santa Cruz, a quien recibió el jueves 7 de Octubre de 2010 en audiencia.

Señor Embajador:

Me complace recibir a Vuestra Excelencia en este solemne acto en el que me hace entrega de las Cartas que lo acreditan como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de Chile ante la Santa Sede. Deseo expresarle mi más cordial bienvenida, al mismo tiempo que le agradezco las palabras de saludo de parte del Señor Presidente de la República, Doctor Sebastián Piñera Echenique, y de su Gobierno.

La presencia de Vuestra Excelencia en la Santa Sede me hace pensar con renovada viveza en un País que, aunque esté lejano geográficamente de aquí, lo llevo muy dentro de mi corazón, y muy especialmente después del terrible terremoto sufrido recientemente. Desde el primer momento, quise mostrar mi cercanía al pueblo chileno y, a través de la visita de mi Secretario de Estado, el Cardenal Tarcisio Bertone, hice llegar mi consuelo y esperanza a las víctimas, a sus familiares y a los numerosos damnificados, a quienes tengo muy presentes en mi oración. No me olvido tampoco de los mineros de la región de Atacama y sus seres queridos, por quienes rezo fervientemente.

A este respecto, quiero resaltar y valorar la unidad del pueblo chileno ante las desgracias, su respuesta tan generosa y solidaria cuando el sufrimiento arrecia, así como el esfuerzo inmenso que la Iglesia católica en Chile, muchas de cuyas comunidades han sido también duramente probadas por el seísmo, está realizando para intentar ayudar a quienes más lo necesitan.

Vuestra Excelencia comienza su misión ante la Santa Sede precisamente en el año en que Chile celebra el Bicentenario de su Independencia, lo cual me ofrece la ocasión para destacar una vez más el papel de la Iglesia en los acontecimientos más señalados de su País, así como en la consolidación de una identidad nacional propia, profundamente marcada por el sentimiento católico. Son muy numerosos los frutos que el Evangelio ha producido en esta bendita tierra. Frutos abundantes de santidad, de caridad, de promoción humana, de búsqueda constante de la paz y la convivencia. En este sentido, deseo recordar la celebración el año pasado del 25 aniversario de la firma del Tratado de paz y amistad con la hermana Nación Argentina que, con la mediación pontificia, puso fin al diferendo austral. Este Acuerdo histórico quedará para las generaciones futuras como un ejemplo luminoso del bien inmenso que la paz trae consigo, así como de la importancia de conservar y fomentar aquellos valores morales y religiosos que constituyen el tejido más íntimo del alma de un pueblo. No se puede pretender explicar el triunfo de ese anhelo de paz, de concordia y de entendimiento, si no se tiene en cuenta lo hondo que arraigó la semilla del Evangelio en el corazón de los chilenos. En este sentido, es importante, y más aún en las circunstancias actuales, en las que hay que hacer frente a tantos desafíos que amenazan la propia identidad cultural, favorecer especialmente entre los más jóvenes un sano orgullo, un renovado aprecio y revalorización de su fe, de su historia, su cultura, sus tradiciones y su riqueza artística, y de aquello que constituye el mejor y más rico patrimonio espiritual y humano de Chile.

En este contexto, quisiera subrayar que, si bien la Iglesia y el Estado son independientes y autónomos en su propio campo, ambos están llamados a desarrollar una colaboración leal y respetuosa para servir la vocación personal y social de las mismas personas (cf. Gaudium et spes, 76). En el cumplimiento de su misión específica de anunciar la Buena Nueva de Jesucristo, la Iglesia busca responder a las expectativas y a los interrogantes de los hombres, apoyándose también en valores y principios éticos y antropológicos que están inscritos en la naturaleza del ser humano. Cuando la Iglesia alza su voz frente a los grandes retos y problemas actuales, como las guerras, el hambre, la pobreza extrema de tantos, la defensa de la vida humana desde su concepción hasta su ocaso natural, o la promoción de la familia fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer y primera responsable de la educación de los hijos, no actúa por un interés particular o por principios que sólo pueden percibir los que profesan una determinada fe religiosa. Respetando las reglas de la convivencia democrática, lo hace por el bien de toda la sociedad y en nombre de valores que toda persona puede compartir con su recta razón (cf.Discurso al Presidente de la República italiana, 20 noviembre 2006).

A este respecto, el pueblo chileno sabe bien que la Iglesia en esa Nación colabora sincera y eficazmente, y desea seguir haciéndolo, en todo aquello que contribuya a la promoción del bien común, del justo progreso y de la pacífica y armónica convivencia de todos los que viven en esa hermosa tierra.

Señor Embajador, antes de concluir este encuentro, le manifiesto mis mejores deseos en el cumplimiento de su alta misión, al mismo tiempo que le aseguro la cordial acogida y disponibilidad por parte de mis colaboradores. Con estos sentimientos, invoco de corazón sobre usted, Excelencia, sobre su familia y los demás miembros de esa Misión Diplomática, así como sobre todo el amadísimo pueblo chileno y sus dirigentes, por intercesión de la Virgen del Carmen, la abundancia de las bendiciones divinas.

[©Libreria Editrice Vaticana]


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viernes, 22 de octubre de 2010

ZENIT publica el comentario al Evangelio del próximo domingo, 24 de octubre, XXX del tiempo ordinario (Lucas  18, 9-14), redactado por monseñor Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo, administrador apostólico de Huesca y de Jaca.   

Evangelio del domingo: ¿Comprar a Dios? 

Quien se ha encontrado con el Dios vivo alguna vez, ha frecuentado su amistad y ha saboreado el amor de Dios, nunca se tendrá por justo, porque justo sólo es Dios; y acercarse al solo Justo supone hacer la experiencia de comprobar nuestra desproporcionada diferencia con Él. Saberse pecador, reconocerse como no justo, no significa vivir tristes, sin paz o sin esperanza, sino situar la seguridad en Dios y no en las propias fuerzas o en una hipócrita virtud. Alguien que verdaderamente no ha orado nunca, seguirá necesitando afirmarse y convencerse de su propia seguridad, ya que la de Dios, la única fidedigna, ni siquiera la ha intuido. Y cuando alguien se tiene por justo, y está hinchado de su propia seguridad, es decir, cuando vive en su mentira, suele maltratar a sus prójimos, los desprecia "porque no llegan a su altura", porque no están al nivel de "su" santidad.

Tenemos, pues, el retrato robot de quien estando incapacitado para orar por estas tres actitudes incompatibles con la auténtica oración, como el fariseo de la parábola, llega a creer que puede comprar a Dios la salvación. La moneda de pago sería su arrogante virtud, su postiza santidad. Hasta aquí el fariseo.

Pero había otro personaje en la parábola: el publicano, es decir, un proscrito de la legalidad, alguien que no formaba parte del censo de los buenos. Y al igual que otras veces, Jesús lo pondrá como ejemplo, no para resaltar morbosamente su condición pecadora, sino para que en ésta resplandezca la gracia que puede hacer nuevas todas las cosas.

Aquel publicano ni se sentía justo ante Dios, ni tenía seguridad en su propia coherencia, ni tampoco despreciaba a nadie. Ni siquiera a sí mismo. Sólo dijo una frase, al fondo del templo, en la penumbra de sus pecados: "Oh Dios, ten compasión de este pecador". Preciosa oración, tantas veces repetida por los muchos peregrinos que en su vida de oscuridad, de errores, de horrores quizás también, han comenzado a recibir gratis una salvación que con nada se puede comprar.

Jesús nos enseña a orar viviendo en la verdad, no en el disfraz de una vida engañosa y engañada ante todos menos ante Dios. Tratar de amistad con quien nos ama, es reconocer que sólo Él es Dios, que nosotros somos unos pobres pecadores a los que se les concede el don de volver a empezar siempre, de volver a la luz, a la alegría verdadera, a la esperanza, para rehacer aquello que en nosotros y entre nosotros, pueda haber manchado la gloria de Dios, el nombre de un hermano y nuestra dignidad.


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ZENIT  nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI pronunció el miércoles 6 de Octubre de 2010 a los participantes en el Congreso sobre Prensa Católica, que se ha celebrado estos días en Roma, promovido por el Consejo Pontificio de las Comunicaciones Sociales.

Señores cardenales,
venerados hermanos,
ilustres señores y señoras

Os acojo con alegría al término de las cuatro jornadas de intenso trabajo promovidas por el Consejo Pontificio de las Comunicaciones Sociales y dedicadas a la prensa católica. Os saludo cordialmente a todos vosotros – procedentes de 85 países – que trabajáis en los diarios, semanarios o en otros periódicos y sitios de Internet. Saludo al presidente del dicasterio, el arzobispo Claudio Maria Celli, a quien doy las gracias por haberse hecho intérprete de los sentimientos de todos, como también a los secretarios, al subsecretario, a todos los oficiales y al personal. Estoy contento de poder dirigiros una palabra de ánimo a continuar, con renovadas motivaciones, vuestro importante y cualificado compromiso.

El mundo de los media está atravesado por una profunda transformación también en su interior. El desarrollo de las nuevas tecnologías y, en particular, la difundida multimedialidad, parece poner en discusión el papel de los medios más tradicionales y consolidados. Oportunamente, vuestro Congreso se detiene a considerar el papel peculiar de la prensa católica. Una atenta reflexión sobre este campo, de hecho, hace surgir dos aspectos particulares: por un lado la especificidad del medio, la prensa, es decir, la palabra escrita y su actualidad y eficacia, en una sociedad que ha visto multiplicarse antenas, parabólicas y satélites, que se han convertido casi en el emblema de una nueva forma de comunicar en la era de la globalización. Por otro lado, la connotación “católica”, con la responsabilidad que deriva de ella de ser fieles de modo explícito y sustancial, a través del compromiso diario de recorrer el camino maestro de la verdad.

La búsqueda de la verdad debe ser perseguida por los periodistas católicos con mente y corazón apasionados, pero también con la profesionalidad de operadores competentes y dotados de medios adecuados y eficaces. Esto resulta aún más importante en el actual momento histórico, que pide a la figura misma del periodista, como mediador de los flujos de la información, llevar a cabo un cambio profundo. Hoy, por ejemplo, en la comunicación tiene un peso cada vez mayor el mundo de la imagen con el desarrollo de tecnologías siempre nuevas; pero si por una parte todo ello comporta indudables aspectos positivos, por otra la imagen puede también convertirse en independiente de la realidad, puede dar vida a un mundo virtual, con varias consecuencias, la primera de las cuales es el riesgo de la indiferencia hacia la verdad. De hecho, las nuevas tecnologías, junto a los progresos que conllevan, pueden hacer intercambiable lo verdadero y lo falso, pueden inducir a confundir lo real con lo virtual. Además, la grabación de un acontecimiento, alegre o triste, puede ser consumida como espectáculo y no como ocasión de reflexión. La búsqueda de los caminos para una auténtica promoción del hombre pasa entonces a segundo plano, porque el acontecimiento es presentado principalmente para suscitar emociones. Estos aspectos suenan como campana de alarma: invitan a considerar el peligro de que lo virtual aleje de la realidad y no estimule a la búsqueda de lo verdadero, de la verdad.

En este contexto, la prensa católica está llamada, de modo nuevo, a expresar hasta el fondo sus potencialidades y a dar razón día a día de su misión irrenunciable. La Iglesia dispone de un elemento facilitador, desde el momento en que la fe cristiana tiene en común con la comunicación una estructura fundamental: el hecho de que el medio y el mensaje coinciden; de hecho, el Hijo de Dios, el Verbo encarnado, es al mismo tiempo mensaje de salvación y medio a través del cual se realiza la salvación. Y esto no es un simple concepto, sino una realidad accesible a todos, también a cuantos, aún viviendo como protagonistas en la complejidad del mundo, son capaces de conservar la honradez intelectual propia de los “pequeños” del Evangelio. Además la Iglesia, Cuerpo místico de Cristo, presente al mismo tiempo en todas partes, alimenta la capacidad de relaciones más fraternales y más humanas, poniéndose como lugar de comunión entre los creyentes y, al mismo tiempo, como signo e instrumento de la vocación de todos a la comunión. Su fuerza es Cristo, y en su nombre ésta “persigue” al hombre por los caminos del mundo para salvarlo del "mysterium iniquitatis", insidiosamente operante en él. La prensa católica evoca de forma más directa, respecto a cualquier otro medio de comunicación, el valor de la palabra escrita. La Palabra de Dios ha llegado a los hombres y nos ha sido entregada también a través de un libro, la Biblia. La palabra sigue siendo el instrumento fundamental y, en un cierto sentido, constitutivo de la comunicación: ésta se utiliza hoy bajo varias formas, y también en la llamada “civilización de la imagen” conserva todo entero su valor.

A partir de estas breves consideraciones, parece evidente que el desafío comunicativo es, para la Iglesia y para cuantos comparten su misión, muy comprometido. Los cristianos no pueden ignorar la crisis de fe que ha llegado a la sociedad. O simplemente, confiar en que el patrimonio de los valores transmitido a lo largo de siglos pasados pueda seguir inspirando y plasmando el futuro de la familia humana. La idea de vivir “como si Dios no existiese” se ha demostrado deletérea: el mundo necesita más bien vivir “como si Dios existiese”, aunque no tenga la fuerza de creer, o de lo contrario éste produce sólo un “humanismo inhumano”.

Queridísimos hermanos y hermanas, quien trabaja en los medios de comunicación, si no quiere ser solo “una campana que resuena o un platillo que retiñe” (1Cor 13,1) – como diría san Pablo – debe tener fuerte en sí mismo la opción de fondo que le capacita para tratar las cosas del mundo poniendo siempre a Dios en la cima de la escala de valores. Los tiempos que estamos viviendo, aún teniendo una notable carga positiva, porque los hilos de la historia están en las manos de Dios y su diseño eterno se revela cada vez más, están marcados también por muchas sombras. Vuestra tarea, queridos miembros de la prensa católica, es la de ayudar al hombre contemporáneo a orientarse a Cristo, único Salvador, y la de mantener encendida en el mundo la llama de la esperanza, para vivir dignamente el hoy y construir adecuadamente el futuro. Por esto os exhorto a renovar constantemente vuestra elección personal por Cristo, bebiendo de esos recursos espirituales que la mentalidad mundana minusvalora, a pesar de que son preciosos, más aún, indispensables. Queridos amigos, os animo a proseguir en vuestro no fácil empeño y os acompaño con la oración, para que el Espíritu Santo lo haga siempre provechoso. Mi bendición, llena de afecto y gratitud, que imparto de buen grado, quiere abrazaros a todos vosotros aquí presentes y a cuantos trabajan en la prensa católica en todo el mundo.

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


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Reflexión de monseñor Jorge Luis Lona, obispo de San Luis (1 de octubre de 2010). (AICA)

EL SANTO ROSARIO: AYUDA DE DIOS PARA RECIBIR SU DON

Dice Cristo a la mujer samaritana: "Si conocieras el don de Dios...". Si conocieras el regalo de vida, la gracia que Dios quiere entregarte...

Son palabras para cada uno de nosotros. Dios le tiene reservado a cada ser humano un regalo personal: toda su verdadera vida posible, plena y para siempre. Es lo que llamamos la santidad. No se compra. Dios la regala.

Pero a ese bien verdadero de nuestra vida, nos resistimos a reconocerlo y también a recibirlo. Lo desconocemos, prefiriendo falsos bienes. Lo rechazamos, porque para recibir algo tan grande, hay que poner a disposición de Dios la vida entera, y eso le resulta muy difícil a nuestra pequeñez.

Así podemos perderlo todo, eligiendo  la des-gracia del pecado, y negándonos a reci­bir la grandeza de la gracia.

Pero Dios nos brinda una ayuda inmensa. Para que seamos capaces de reconocer y recibir su don, nos enseña a practicar la alabanza y la súplica.

Eso es el Santo Rosario. En cada grupo de misterios, las cincuenta Ave Marías son un repetido ritmo de alabanza y súplica, como un respirar espiritual. La alabanza: "Dios te salve, Maria. llena eres de gracia. El Señor es contigo. Bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre Jesús". La súplica: "Santa Maria, madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte'".

En Maria, alabamos al don de Dios, al propio Dios que se nos da en Jesucristo. Y por ella, suplicamos ser capaces de recibirlo, ahora y en las puertas de la eternidad.

Dios no necesita nuestras alabanzas y nuestras súplicas. Somos nosotros quienes las necesitamos, y dichas así. Para que la repetición insistente nos ayude a comprender que estamos alabando a nuestro único y verdadero bien, porque si lo perdemos, -perdemos todos los bienes. Y para que la renovada súplica profundice nuestro anhelo y nuestra dispo­sición a hacer todo lo necesario para recibir ese don.

Es el regalo de la sencillez de un niño, que aprende a reconocer y a alcanzar su bien al lado de la madre que lo ama, y en cuyo amor confía.

Ese es el regalo que nos hace Dios, cada vez que rezamos el Santo Rosario. 

Mons. Jorge Luis Lona, obispo de San Luis

San Luis, 1 de octubre de 2010. 


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Homilía de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para el 27° domingo durante el año (3 de octubre de 2010). (AICA)

OCTUBRE MISIONERO

Durante este mes de octubre la Iglesia reza y reflexiona especialmente por un tema que es su misma razón de ser, que es la misión. Nosotros trataremos de diversas maneras de tomar este mes de octubre para profundizar sobre el compromiso que hemos renovado en nuestro primer Sínodo diocesano, que es el de buscar las respuestas adecuadas para asumir los desafíos que nuestro tiempo nos exige en orden a evangelizar mejor nuestra cultura.

El Papa Benedicto siempre nos envía un mensaje para “la Jornada Mundial de las Misiones”, que celebraremos el próximo fin de semana. El tema que el Santo Padre tomó trata sobre la construcción de la comunión eclesial como clave para la misión. El Papa nos dice: “El mes de octubre, con la celebración de la Jornada mundial de las misiones, ofrece a las comunidades diocesanas y parroquiales, a los institutos de vida consagrada, a los movimientos eclesiales y a todo el pueblo de Dios, la ocasión para renovar el compromiso de anunciar el Evangelio y dar a las actividades pastorales una dimensión misionera más amplia. Esta cita anual nos invita a vivir intensamente los itinerarios litúrgicos y catequéticos, caritativos y culturales, mediante los cuales Jesucristo nos convoca a la mesa de su Palabra y de la Eucaristía, para gustar el don de su presencia, formarnos en su escuela y vivir cada vez más conscientemente unidos a él, Maestro y Señor. Él mismo nos dice: "El que me ame, será amado de mi Padre; y yo lo amaré y me manifestaré a él" (Jn 14, 21). Sólo a partir de este encuentro con el Amor de Dios, que cambia la existencia, podemos vivir en comunión con él y entre nosotros, y ofrecer a los hermanos un testimonio creíble, dando razón de nuestra esperanza (1 P 3, 15). Una fe adulta, capaz de abandonarse totalmente a Dios con actitud filial, alimentada por la oración, por la meditación de la Palabra de Dios y por el estudio de las verdades de fe, es condición para poder promover un humanismo nuevo, fundado en el Evangelio de Jesús.

El Padre, en efecto, nos llama a ser hijos amados en su Hijo, el Amado, y a reconocernos todos hermanos en él, don de salvación para la humanidad dividida por la discordia y por el pecado, y revelador del verdadero rostro del Dios que "tanto amó al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna" (Jn 3, 16).

"Queremos ver a Jesús" (Jn 12, 21) es la petición que, en el Evangelio de san Juan, algunos griegos, llegados a Jerusalén para la peregrinación pascual, presentan al apóstol Felipe. Esa misma petición resuena también en nuestro corazón durante este mes de octubre, que nos recuerda cómo el compromiso y la tarea del anuncio evangélico compete a toda la Iglesia, "misionera por naturaleza" (Ad gentes, 2), y nos invita a hacernos promotores de la novedad de vida, hecha de relaciones auténticas, en comunidades fundadas en el Evangelio. En una sociedad multiétnica que experimenta cada vez más formas de soledad y de indiferencia preocupantes, los cristianos deben aprender a ofrecer signos de esperanza y a ser hermanos universales, cultivando los grandes ideales que transforman la historia y, sin falsas ilusiones o miedos inútiles, comprometerse a hacer del planeta la casa de todos los pueblos.

Como los peregrinos griegos de hace dos mil años, también los hombres de nuestro tiempo, quizás no siempre de modo consciente, piden a los creyentes no sólo que "hablen" de Jesús, sino que también "hagan ver" a Jesús, que hagan resplandecer el rostro del Redentor en todos los rincones de la tierra ante las generaciones del nuevo milenio y, especialmente, ante los jóvenes de todos los continentes, destinatarios privilegiados y sujetos del anuncio evangélico. Estos deben percibir que los cristianos llevan la palabra de Cristo porque él es la Verdad, porque han encontrado en él el sentido, la verdad para su vida”.

El Papa Benedicto en su mensaje en primer lugar resalta que necesitamos profundizar nuestra comunión y encuentro con el Señor. Sabemos que la gente necesita que le hablen y anuncien un camino de esperanza, pero sobre todo necesitan que nuestro estilo de vida testimonie lo que creemos.

¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo! 

Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas 


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Mensaje del Obispo de Setubal, en Portugal, Mons. Gilberto Délio Gonçalves Canavarro dos Reis, para la Jornada Misionera Mundial del domingo 24 de octubre. (Fides)

MENSAGEM DE D. GILBERTO PARA O DIA MUNDIAL DAS MISSÕES

Caros diocesanos da Igreja de Setúbal.

Acontece, no dia 24, o Dia Mundial das Missões em que o Santo Padre nos convida à Missão com a sua mensagem “A construção da comunhão eclesial é a chave da missão” em que se pode ler esta bela passagem da sua Exortação Apostólica sobre a Eucaristia “Sacramento da Caridade”:

”Não podemos reservar para nós o amor que celebramos no Sacramento. Faz parte da sua natureza ser comunicado a todos. Aquilo de que o mundo tem necessidade é do amor de Deus, é de encontrar Cristo e acreditar n'Ele”(nº 84). Por isso, a Eucaristia é fonte e auge não só da vida da Igreja, mas também da sua missão: “Uma Igreja autenticamente eucarística é uma Igreja missionária” (ibid.).

Esta mensagem nem seria precisa para nós que temos no pensamento e no coração as palavras, que nos dirigiu na sua recente visita, em Maio e de que cito um excerto da homilia no Porto:

“É necessário que vos torneis comigo testemunhas da Ressurreição de Jesus. Na realidade, se não fordes vós as suas testemunhas no próprio ambiente, quem o será em vosso lugar? O cristão é, na Igreja e com a Igreja, um missionário de Cristo enviado ao mundo. Esta é a missão inadiável de cada comunidade eclesial: receber de Deus e oferecer ao mundo Cristo Ressuscitado para que todas as situações de definhamento e morte se transformem, pelo Espírito, em ocasiões de crescimento e vida (....) Somos chamados a servir a humanidade, confiando unicamente em Jesus (...) Tudo se define a partir de Cristo, quanto à origem e à eficácia da missão: a missão recebemo-la sempre de Cristo, que nos deu a conhecer o que ouviu a seu Pai, e somos nela investidos por meio do Espírito na Igreja. (...) trata-se de renovar a face da terra a partir de Deus, sempre e só de Deus!”

Ouvimos com encanto estas e outras palavras do Santo Padre, relativas à urgência da missão e só temos uma forma de lhas agradecer: integrá-las na nossa vida e cumpri-las.

Integrando este apelo do Santo Padre, a Conferência Episcopal publicou uma carta sobre a missão - “Como Eu vos fiz, fazei vós também”: para um rosto missionário da Igreja em Portugal - que vos convido a ler e que está por exemplo no site da Diocese. Ireis certamente gostar.

Neste contexto peço-vos, caros diocesanos, desta nossa Igreja de Setúbal, que vivais este dia com entusiasmo ora dando o vosso contributo para ajudar às despesas da Missão fora de Portugal, ora, sobretudo, meditando na urgência da Missão e na nossa vocação à Missão, no meio do mundo.

Temos de evitar, entre outras, as tentações de considerar:

que as pessoas já estão evangelizadas;
que não aderem a Cristo porque são más;
que o evangelho não tem nada de importante para dar à sociedade;
que a missão é apenas tarefa dos padres ou religiosas;
que evangelizar fere a liberdade religiosa ou que não são precisos novos métodos.

A missão é, antes de tudo, o resultado da comunhão com o amor de Jesus e n’Ele com o amor da Santíssima Trindade, na comunhão da Igreja. Quem descobre, na luz do amor de Jesus, a grandeza da vocação humana e o amor de Deus por cada pessoa não pode deixar de falar deste amor. Como o pai ou a mãe que experimentam o amor de Deus falam dele ao filho, assim o cristão que experimenta o amor de Jesus Cristo, fala dele aos outros “como-um-não-poder-ser-doutro-modo”. E fala desse amor quer pelo modo como vive quer pela palavra.

Se o não faz é porque a experiência do amor de Deus está pelo menos muito diluída no seu coração!

Caros diocesanos, vamos medir o nosso amor a Deus pelo critério da dedicação à missão?

Renovando o convite para vivermos este dia como uma graça, dou graças a Deus por tantos leigos, religiosos e clérigos que ao longo destes 35 anos da Igreja de Setúbal se têm mostrado evangelizadores incansáveis, semeando por inúmeras pessoas e por esta terra o amor de Deus. De modo especial, agradeço desde já ao clero o trabalho de sensibilização para este dia e peço aos catequistas, nos vários níveis de catequese, que ajudem as crianças a entrar no significado deste dia. Igual convite dirijo a todos os responsáveis dos movimentos e obras e ainda às religiosas/os.

Lembro, por fim, que a missão, para lá do testemunho de vida no amor e na verdade de cada cristão, pede o testemunho colectivo de toda a paróquia e de toda a igreja.

Que Nossa Senhora, Rainha das Missões, abençoe a cada um de vós, caro diocesano, as nossas paróquias e instituições e a nossa Diocese. 

+Gilberto, Bispo de Setúbal

18/10/2010


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VATICANO - Las Obras Misioneras Pontificias sostienen la vida de las jóvenes Iglesias, la formación de seminaristas y sacerdotes, las iniciativas de ayuda a los niños, la animación misionera de todo el pueblo de Dios.

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – Las colectas de la Jornada Misionera Mundial, las ofertas y las colaboraciones de bienhechores individuales, junto a las contribuciones derivadas de las iniciativas particulares de animación misionera, son enviadas por los Directores Nacionales de las Obras Misioneras Pontificias de las individuales naciones a los Secretariados generales y constituyen un Fondo común, el Fondo Universal de Solidaridad. Durante la Asamblea General Anual de las Obras Misioneras Pontificias, habitualmente en el mes de mayo, todos los Directores nacionales, bajo la guía del Presidente y de los Secretarios generales de las cuatro Obras Pontificias, toman en consideración las miles de peticiones de ayuda que llegan de todo el mundo a las secretarias internacionales para la construcción de iglesias, capillas o locales para la pastoral, para el sustento y la formación de seminaristas y de catequistas, para iniciativas de educación y promoción dirigidas a la infancia. La Asamblea e base a la disponibilidad económica y a criterios de equidad y justicia, decide la asignación de las ayudas. Por desgracia el Fondo Universal de Solidaridad nunca es tan grande como para consentir una respuesta positiva a todas las peticiones.

Obra Pontificia de la Propagación de la Fe

A la Obra Pontificia de la Propagación de la Fe, (POPF) llegan cada año millares de proyectos de todo el mundo misionero con solicitudes de ayudas que se refieren principalmente al mantenimiento y la formación de los catequistas, la construcción y la manutención de iglesias, capillas y conventos, la actividad de las organizaciones diocesanas, las ayudas por el trabajo pastoral de congregaciones religiosas… La asamblea General 2010 de las Obras Misioneras Pontificias, tomando en examen las peticiones que llegan, ha asignado las siguientes ayudas:
ÁFRICA - ayudas ordinarias 17.236.000 $; catequistas 7.169.900 $; medios de comunicación (Signis) 859.500 $; ayudas extraordinarias 24.208.000 $.
AMÉRICA - ayudas ordinarias 2.020.000 $; catequistas 659.000 $; medios de comunicación (Signis) 195.000 $; ayudas extraordinarias 1.032.400 $.
ASIA - ayudas ordinarias 10.774.500 $; catequistas 4.071.800 $; medios de comunicación (Signis) 732.000 $; ayudas extraordinarias 10.182.900 $.
EUROPA - ayudas ordinarias 1.184.200 $; catequistas 16.000 $; ayudas extraordinarias 143.000 $. OCEANÍA - ayudas ordinarias 1.478.000 $; catequistas 406.000 $; medios de comunicación (Signis) 334.000 $; ayudas extraordinarias 595.500 $.

Obra Pontificia de San Pedro Apóstol

La Obra Pontificia de S. Pedro apóstol ha subvencionado en total 837 seminarios, entre los dependientes de la Congregación para la evangelización de los Pueblos y los no dependientes 461 seminarios menores y 376 seminarios mayores.
El número de los seminaristas sostenidos por la Obra es de 77.715, así subdivididos: 51.592 seminaristas menores y 26.123 seminaristas mayores.
La Obra, tomando en examen las peticiones que le han llegado, ha concedido ayudas así repartidas: a los Seminarios menores: 6.427.490 $; a los Seminarios mayores y propedéuticos: 15.913.601 $. Para las ayudas extraordinarias ha destinado 6.504.005,98 $. La Obra ha concedilo además 836.760 $ a los novicios y 1.432.990 $ a las novicias que están en tierras de misión.

Obra Pontificia de la Infancia Misionera

La Obra Pontificia de la Santa Infancia o Infancia Misionera tiene como punto principal el papel que los «pequeños» tienen de frente al anuncio del Reino. Las solicitudes de ayuda conciernen a la realización de programas de instrucción religiosa, asistencia alimenticia y médico-sanitaria, suministro de vestidos y material escolar, decoraciones de las aulas de catequesis y de centros para la infancia, adquisición de medicamentos, sustentación de niños pobres, protección de la vida… La Asamblea General de las Obras Misioneras Pontificias 2010, tomando en examen las peticiones que le han llegado, ha asignado ayudas por un total de 18.015.600,70 $ (3.696.000 $ de ayudas ordinarias y 14.206.100 $ de ayudas extraordinarias).
El reparto de las ayudas por continente es la siguiente: ÁFRICA 10.782.300 $; AMÉRICA 933.100 $; Asia 5.820.800 $; Europa 118.900 $; OCEANÍA 247.000 $. A éstos se deben añadir 113.500,70 $ de ayudas a las Direcciones nacionales.
Con respecto a los proyectos aprobados: 462 conciernen a la pastoral de la infancia, 45 la animación y la formación misionera, 96 a la educación pre-escolástica, a la educación escolar, 254 a la formación cristiana, 779 a la protección de la vida.

Pontificia Unión Misional

Pontificia Unión Misional fue definida por Pablo Paolo VI como “el alma de las otras Obras Misionales Pontificias”. Sus objetivos son: promover la conciencia misionera entre los seminaristas, los sacerdotes y los religiosos.; Alentar a todos los Animadores del Pueblo de Dios para la Misión, difundiendo y promoviendo las otras Obras Pontificas para poner a toda la Iglesia «en estado de misión»; favorecer la unión de los Cristianos. (SL) (Agencia Fides 21/10/2010)


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jueves, 21 de octubre de 2010

ZENIT   nos ofrece el Llamamiento por la paz, publicado el martes, 5 de Octubere de 2010,  tras el Encuentro Internacional de Oración por la Paz celebrado en Barcelona del 3 al 5 de octubre por iniciativa de la Comunidad de San Egidio.

Llamamiento por la paz

Hombres y mujeres de diferentes religiones, procedentes de muchas partes del mundo, nos hemos reunido en Barcelona, en una tierra que celebra con el arte la belleza de la familia de Dios y de la familia de los pueblos, para pedir al Altísimo el gran don de la paz.

Hemos dejado atrás una década difícil. Ha sido un tiempo en el que el mundo ha creído más en la contraposición y en el conflicto que en el diálogo y en la paz. Tenemos presentes los miedos de muchos hombres y mujeres en numerosos lugares del mundo, el dolor de guerras que no han traído la paz, las heridas causadas por el terrorismo, el malestar de sociedades afectadas por las crisis del trabajo y por la incertidumbre del futuro, el sufrimiento de muchos pobres que llaman a la puerte de un mundo más rico y que a menudo encuentran puertas cerradas y desconfianza.

Nuestro mundo está desorientado a causa de la crisis de un mercado que se ha creído omnipotente y a causa de una globalización que a veces no tiene alma ni rostro. Pero en realidad la globalización es un oportunidad histórica: une mundos lejanos, y para conseguirlo tiene que encontrar una inspiración generosa. En cambio, se ha visto acompañada del miedo, la guerra, el cerrarse al otro y el temor a perder la identidad.

Hay que abrir una nueva década en la que el mundo globalizado se convierta en una familia de pueblos. Este mundo necesita alma. Pero sobre todo necesita paz. La paz es el nombre de Dios. No es algo superficial. Proviene de lo más profundo de cada tradición religiosa. Quien utiliza el nombre de Dios para odiar y humillar al otro abandona la religión pura. Quien invoca el nombre de Dios para hacer la guerra y para justificar la violencia actúa contra Dios. No hay nunca ninguna razón u ofensa recibida que pueda justificar la eliminación del otro. Lo más profundo de nuestra identidad religiosa, nuestras diversas historias, la oración vivida los unos junto a los otros, nos permiten decir al mundo: debemos vivir juntos en un destino común. Las religiones dan testimonio de que hay un destino común de los pueblos y los seres humanos. Este destino se llama paz.

A través del diálogo, se hace realidad este destino común que es la paz. El diálogo es el camino para encontrarlo y construirlo. Nos pretege a cada uno de nosotros y nos hace continuar siendo humanos en un momento de crisis. El diálogo no es ingenuidad. Es la capacidad de ver lejos, incluso cuando todos miran sólo de cerca a su alrededor y por eso se sienten solos, resignados y asustados. El diálogo no debilita, sino que fortalece. Es la verdadera alternativa a la violencia. No se pierde nada a través del diálogo. Todo es posible, incluso imaginar la paz. En una sociedad donde cada vez es más frecuente que personas diferentes vivan juntas, hay que aprender el arte del diálogo. No debilita la identidad de nadie y permite redescubrir lo mejor de uno mismo y de los demás. Nuestras sociedades necesitan volver a aprender el arte de convivir.

Después de estos días estamos cada vez más convencidos de que un mundo sin diálogo no es un mundo mejor. Necesitamos paz, y no hay paz sin diálogo. La paz es el don más grande de Dios. La paz necesita oración. No hay odio, ni conflicto, ni muro que pueda resistirse a la oración, al amor paciente que se convierte en don y perdón, al mismo tiempo que educa desde la raíz para construir un mundo en el que no todo es mercado y donde lo realmente importante no se compra ni se vende.

Queremos entrar a la nueva década con la fuerza del Espíritu, para crear un tiempo de esperanza para el mundo. Es necesaria la esperanza. Pero nosotros tenemos esperanza. Nuestra esperanza viene de lejos y mira al futuro. Un destino común es el único destino posible.

Que ésta pueda ser la década de la paz, el diálogo y la esperanza.


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ZENIT  nos ofrece la catequesis que el Papa Benedicto XVI pronunció el miércoles 6 de Octubre de 2010 durante la Audiencia General, en la Plaza de San Pedro, y que dedicó a santa Gertrudis la Grande, mística alemana del sigo XIII.

Queridos hermanos y hermanas,

Santa Gertrudis la Grande, de la que quisiera hablaros hoy, nos lleva también esta semana al monasterio de Helfta, donde nacieron algunas de las obras maestras de la literatura religiosa femenina latino-germánica. A este mundo pertenece Gertrudis, una de las místicas más famosas, única mujer de Alemania que lleva el apelativo “la Grande”, por su estatura cultural y evangélica: con su vida y su pensamiento incidió de modo singular en la espiritualidad cristiana. Es una mujer excepcional, dotada de talentos naturales particulares y de extraordinarios dones de la gracia, de profundísima humildad y ardiente celo por la salvación del prójimo, de íntima comunión con Dios en la contemplación y disponibilidad para socorrer a los necesitados.

En Helfta se compara, por así decirlo, sistemáticamente con su maestra Matilde de Hackeborn, de la que hablé en la Audiencia del pasado miércoles; entra en relación con Matilde de Magdeburgo, otra mística medieval; crece bajo el cuidado maternal, dulce y exigente de la abadesa Gertrudis. De estas tres hermanas suyas adquiere tesoros de experiencia y sabiduría; los elabora en una síntesis propia, recorriendo su itinerario religioso con confianza ilimitada en el Señor. Expresa la riqueza de la espiritualidad no sólo en su mundo monástico, sino también y sobre todo en el mundo bíblico, litúrgico,patrístico y benedictino, con un sello personalísimo y con gran eficacia comunicativa.

Nació el 6 de enero de 1256, fiesta de la Epifanía, pero no se sabe nada de sus padres ni de su lugar de nacimiento. Gertrudis escribe que el Señor mismo le revela el sentido de este primer desarraigo suyo, dice que el Señor habría dicho: “La elegí por morada mía porque me complazco de que todo lo que hay de amable en ella sea obra mía […]. Precisamente por esta razón la alejé de todos sus parientes para que nadie la amase por razón de consanguinidad y yo fuese el único motivo del afecto que la mueve” (Las Revelaciones, I, 16, Siena 1994, p. 76-77).

A la edad de cinco años, en 1261, entra en el monasterio, como se acostumbraba a menudo en aquella época, para la formación y el estudio. Aquí transcurre toda su existencia, de la que ella misma señala las etapas más significativas. En sus memorias recuerda que el Señor la preservó con paciencia generosa e infinita misericordia, olvidando los años de su infancia, adolescencia y juventud, transcurridos – escribe: “en una tal ceguera de mente que habría sido capaz […] de pensar, decir o hacer sin ningún remordimiento todo lo que me habría gustado y donde hubiese querido, si tu no me hubieses preservado, sea con un horror inherente por el mal y una natural inclinación al bien, sea con la vigilancia externa de los demás. Me habría comportado como una pagana […] y ello aún habiendo querido tu que desde la infancia, desde mi quinto año de edad, habitara en el santuario bendito de la religión para ser educada entre tus amigos más devotos” (Ibid., II, 23 140s).

Gertrudis fue una estudiante extraordinaria, aprendió todo lo que se podía aprender de las ciencias del Trivio y del Cuadrivio; estaba fascinada por el saber y se dedicó al estudio profano con ardor y tenacidad, consiguiendo éxitos escolares más allá de toda expectativa. Si no sabemos nada de sus orígenes, ella cuenta mucho sobre sus pasiones juveniles: la literatura, la música y el canto, el arte de la miniatura la cautivan; tiene un carácter fuerte, decidido, inmediato, impulsivo; a menudo dice que es negligente; reconoce sus defectos, pide humildemente perdón por ellos. Con humildad pide consejos y oraciones por su conversión. Hay rasgos de su temperamento y defectos que la acompañarán hasta el final, hasta el punto de hacer asombrar a algunas personas, que se preguntan cómo es posible que el Señor la prefiera tanto.

De estudiante pasó a consagrarse totalmente a Dios en la vida monástica y durante veinte años no sucedió nada excepcional: el estudio y la oración fueron su actividad principal. Por sus dotes sobresale entre sus hermanas; es tenaz en consolidar su cultura en campos diversos. Pero, durante el Adviento de 1280, empieza a sentir disgusto de todo ello, advierte su vanidad y el 27 de enero de 1281, pocos días antes de la fiesta de la Purificación de la Virgen, hacia la hora de Completas, el Señor ilumina sus densas tinieblas. Con suavidad y dulzura calma la turbación que la angustia, turbación que Gertrudis ve como un mismo don de Dios “para abatir esa torre de vanidad y de curiosidad que, ay de mí, aún llevando el nombre y el hábito de religiosa, había ido elevando con mi soberbia, y al menos así encontrar el camino para mostrarme tu salvación” (Ibid., II,1, p. 87). Tiene la visión de un jovencito que la guía a superar la maraña de espinas que oprime su alma, tomándola de la mano. En esa mano, Gertrudis reconoce “la preciosa huella de esas llagas que abrogaron todas las actas de acusación de nuestros enemigos” (Ibid., II,1, p. 89), reconoce a Aquel que sobre la Cruz nos salvó con su sangre, Jesús.

Desde aquel momento, su vida de comunión con el Señor se intensifica, sobre todo en los tiempos litúrgicos más significativos – Adviento-Navidad, Cuaresma-Pascua, fiestas de la Virgen – aún cuando, enferma, no podía dirigirse al coro. Es el mismo humus litúrgico de Matilde, su maestra, que Gertrudis, sin embargo, describe con imágenes, símbolos y términos más simples y lineales, más realistas, con referencias más directas a la Biblia, a los Padres, al mundo benedictino.

Su biógrafa indica dos direcciones de la que podríamos definir una particular “conversión” suya: en los estudios, con el paso radical de los estudios humanistas profanos a los teológicos, y en la observancia monástica, con el paso de la vida que ella define como negligente a la vida de oración intensa, mística, con un excepcional ardor misionero. El Señor, que la había elegido desde el seno materno y que desde pequeña la había hecho participar en el banquete de la vida monástica, la vuelve a llamar con su gracia “desde las cosas externas a la vida interior, y desde las ocupaciones terrenas al amor por las cosas espirituales”. Gertrudis comprende que ha estado lejos de Él, en la región de la disimilitud, como dice san Agustín: de haberse dedicado con demasiada avidez a los estudios liberales, a la sabiduría humana, descuidando la ciencia espiritual, privándose del gusto de la verdadera sabiduría; ahora es conducida al monte de la contemplación, donde deja al hombre viejo para revestirse del nuevo. “De gramática se convierte en teóloga, con la lectura incansable y cuidadosa de todos los libros sagrados que podía tener u obtener, llenaba su corazón de las más útiles y dulces sentencias de la Sagrada Escritura. Tenía por ello siempre dispuesta alguna palabra inspirada y de edificación con la que satisfacer a quien venía a consultarla, y al mismo tiempo los textos escriturísticos más adecuados para confutar cualquier opinión errónea y cerrar la boca a sus oponentes” (Ibid., I,1, p. 25).

Gertrudis transforma todo esto en apostolado: se dedica a escribir y divulgar las verdades de la fe con claridad y sencillez, gracia y persuasión, sirviendo con amor y fidelidad a la Iglesia, hasta el punto de que fue útil y bienvenida para los teólogos y las personas piadosas. De esta intensa actividad suya nos queda poco, también a causa de las circunstancias que llevaron a la destrucción del monasterio de Helfta. Además del “Heraldo del divino amor” o “Las revelaciones”, nos quedan los “Ejercicios Espirituales”, una rara joya de la literatura mística espiritual.

En la observancia religiosa, nuestra santa es “una columna firme …], firmísima propugnadora de la justicia y de la verdad”, dice su biógrafa (Ibid., I, 1, p. 26). Con las palabras y el ejemplo suscita en los demás gran fervor. A las oraciones y a las penitencias de la regla monástica añade otras con tal devoción y abandono confiado en Dios, que suscita en quien la encuentra la conciencia de estar en la presencia del Señor. Y de hecho Dios mismo le da a entender que la ha llamado a ser instrumento de su gracia. De este inmenso tesoro divino Gertrudis se siente indigna, confiesa no haberlo custodiado y valorado. Exclama: “¡Ay de mí! ¡Si Tu me hubieses dado para recuerdo tuyo, indigna como soy, incluso un solo hilo de estopa, habría sin embargo debido guardarlo con mayor respeto y reverencia de cuanta he tenido por estos dones tuyos!” (Ibid., II,5, p. 100). Pero, reconociendo su pobreza y su indignidad, ella se adhiere a la voluntad de Dios, “porque – afirma – he aprovechado tan poco tus gracias que no puedo decidirme a creer que me hayan sido concedidas para mí sola, no pudiendo tu eterna sabiduría ser frustrada por alguien. Haz, por tanto, o Dador de todo bien, que me has concedido gratuitamente dones tan inmerecidos, que, leyendo este escrito, el corazón de al menos uno de tus amigos se conmueva por el pensamiento de que el celo por las almas te ha inducido a dejar durante tanto tiempo una gema de valor tan inestimable en medio del fango abominable de mi corazón” (Ibid., II,5, p. 100s).

En particular, dos favores le fueron más queridos que ningún otro, como escribe la propia Gertrudis: “Los estigmas de tus saludables llagas que me imprimiste, como preciosas joyas, en el corazón, y la profunda y saludable herida de amor con que lo marcaste. Tu me inundaste con estos dones tuyos de tanta alegría que, aunque tuviese que vivir mil años sin ningún consuelo ni interior ni exterior, su recuerdo bastaría para reconfortarme, iluminarme, colmarme de gratitud. Quisiste también introducirme en la inestimable intimidad de tu amistad, abriéndome de muchas firmas ese sagrario nobilísimo de tu Divinidad que es tu Corazón divino […]. A este cúmulo de beneficios añadiste el de darme por Abogada a la santísima Virgen María Madre Tuya, y de haberme recomendado a menudo a su afecto como el más fiel de los esposos podría recomendar a su propia madre su esposa querida” (Ibid., II, 23, p. 145).

Dirigida hacia la comunión sin fin, concluyó su vida terrena el 17 de noviembre de 1301 o 1302, a la edad de casi 46 años. En el séptimo Ejercicio, el de la preparación a la muerte, santa Gertrudis escribe: “Oh, Jesús, tu que me eres inmensamente querido, estate siempre conmigo, para que mi corazón permanezca contigo y tu amor persevere conmigo sin posibilidad de división, y mi tránsito sea bendecido por tí, de modo que mi espíritu, libre de los lazos de la carne, pueda inmediatamente encontrar reposo en ti. Amen” (Esercizi, Milán 2006, p. 148).

Me parece obvio que estas no son sólo cosas del pasado, históricas, sino que la existencia de santa Gertrudis sigue siendo una escuela de vida cristiana, de recta vía, que nos muestra que el centro de una vida feliz, de una vida verdadera, es la amistad con Jesús el Señor. Y esta amistad se aprende en el amor por la Sagrada Escritura, en el amor por la liturgia, en la fe profunda, en el amor por María, de forma que se conozca cada vez más realmente a Dios mismo y así la verdadera felicidad, la meta de nuestra vida. Gracias.

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


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Homilía de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, durante la Misa de ordenaciones sacerdotales (30 de septiembre de 2010). (AICA)

ORDENACIONES SACERDOTALES

Queridos hermanos:

Con cuánta alegría y gratitud a Dios nos hemos reunido para asistir a la ordenación de estos seis nuevos sacerdotes para nuestra Arquidiócesis. La gratitud a Dios se hace, además, un reconocimiento a las familias y a las comunidades de donde provienen, como al Seminario, que han sido ámbitos sucesivos y providenciales en esta historia de Dios. En ellos veo tiempos de siembra y descubrimiento de Dios, de fortalecimiento apostólico y despertar vocacional, como de un ahondar, enriquecer y definir el llamado. También de reconocimiento a ustedes, queridos diáconos, Juan Carlos, José, Andrés, Pablo, Matías y Carlos, de quienes he recibido informes sobre su idoneidad para acceder a la gracia del sacramento del Orden Sagrado.  

Este camino que hoy alcanza su momento de plenitud se ha ido tejiendo en tiempos de oración, de lenta maduración y de decisiones, como de renuncias, de cruz y silencios. Se trata de una historia que la Iglesia ha acompañado y discernido. Sólo una mirada de fe y gratitud frente a la iniciativa de Dios les permitirá comprender lo que van a recibir y será, al mismo tiempo, garantía de poder vivirlo con alegría, espíritu de entrega y fidelidad. Pensar desde nosotros y con nuestras categorías esta realidad única a la que han sido llamados, sería desconocer el misterio de la elección, de la gracia y el sacerdocio.

El marco de la vocación sacerdotal es la Iglesia. Somos elegidos como parte de ese grande y primer sacramento que es la Iglesia. En ella nuestro sacerdocio es expresión del designio salvífico de Dios. Nuestra vocación es un llamado a participar de un modo personal en su proyecto, somos presencia sacramental de ese Misterio de Dios. Ser hombres de Iglesia es la forma ideal de vivir nuestro sacerdocio. Cuando definimos a la Iglesia como Misterio de Comunión y Misión, estas notas tienen para nosotros un profundo significado teológico, espiritual y pastoral, porque hemos sido llamados para actuar en la Iglesia “in Persona Christi”.

En su relación con el Padre y en obediencia a su voluntad Jesús  nos revela este Misterio. Para él este Misterio es la vida del Padre como fuente de su amor salvífico: “Mi alimento es hacer la voluntad de mi Padre, y llevar a acabo su obra” (Jn, 4, 34). La Iglesia tiene su origen, precisamente, en esta realidad que: “Cristo, en cumplimiento de la voluntad del Padre….., nos reveló su misterio” (LG. 3). Ser hombre de Iglesia es reconocer nuestro origen en esta intimidad del proyecto de Dios. En este sentido, hombre del Misterio es un hombre invadido por el Espíritu de Dios que vive con gozo y generosidad su llamado. Jesús nos expresa de un modo simple el camino para vivir esta verdad, al decirnos: “debo estar en las cosas de mi Padre” (Lc. 2, 49). Este es el lugar  de nuestra identidad sacerdotal. Ser sacerdotes es poner en el centro de nuestra vida esa intimidad de Jesús en su obediencia al Padre.

El descubrirnos desde el proyecto de Dios, queridos diáconos, debe orientar nuestra vida y ministerio hacia la comunión. Esta dimensión forma parte del contenido central del designio de Dios, que el Señor lo hizo oración: “Padre que sean uno, como nosotros somos uno” (Jn. 17, 21). Serán ordenados Presbíteros para ser ministros, servidores, de la Iglesia-Comunión. Presidir la Eucaristía será la primera escuela de comunión. Promover un clima de comunión en las diversas instancias que ejerzan su ministerio eclesial, es un acto de fe y de madurez pastoral: “Ubi charitas et amor, Deus ibi est”. No nos hagamos ilusiones, si esta verdad del proyecto de Dios no se hace camino espiritual que comprometa nuestras vidas, de poco sirven los instrumentos de comunión que organicemos. Ellos serán estructuras sin alma, máscaras de comunión y no expresión del Misterio salvífico de Dios.

La vida de este misterio de comunión es el fundamento de la Misión en la Iglesia.  “La comunión y la misión están profundamente unidas entre sí, se compenetran y se implican mutuamente” (Ch. L. 32). Ambas tienen su origen en  Dios.  El espíritu misionero es fruto de esa intimidad con Dios y de nuestra comunión en la Iglesia, que es esta Iglesia concreta en Santa Fe, con sus límites y riquezas. No siempre esto es comprendido y vivido. No caigamos en la tentación de ser espectadores o jueces, seamos hacedores de su comunión y protagonistas de su misión. Desde esta actitud teológica y espiritual la misma cruz que nos puede visitar se hace paternidad fecunda y gozosa en la Iglesia, sin ella, en cambio, esa cruz se hace estéril, nos encierra y crea distancias porque no nos introduce en la dimensión pascual de la cruz de Jesucristo. 

¿Cuál es el contenido de la Misión? El Reino de Dios, la Vida Plena, que Jesucristo nos ha traído: “para esto he venido, nos dirá, para que el mundo tenga vida” (Jn. 10, 10). Es importante no perder de vista que la finalidad de esta misión abarca la totalidad de la vida del hombre, e incluye aspectos humanos como espirituales. Nada es ajeno al proyecto de Dios. Esta mirada nos libra de toda lectura parcial del Evangelio. Todo debe ser visto desde la única misión de Jesucristo que tiene como horizonte la vocación del hombre a participar en la Vida del Reino. Adquiere un lugar de relieve en esta misión el ámbito de la formación y la cultura, desde donde el Evangelio debe iluminar el sentido de la vida. Hoy, la crisis de sentido empobrece y esclaviza al hombre. La cultura como alimento en la vida del hombre, es parte de la misión de Jesucristo. Con todo, es importante recordar que esta misión tuvo en Jesucristo una opción, no excluyente, por los más pobres, ellos fueron sus preferidos. Por ello, nuestra cercanía con esa franja del dolor, con el que sufre, es un acto de fidelidad a su misión. Una Iglesia que no muestre su presencia  junto al pobre, no es fiel a la misión de Jesucristo.  No se trata de estrategias pastorales, sino de una correcta lectura de la cristología. 

Queridos diáconos, van a ser ordenados presbíteros al servicio de esta Iglesia que hoy vive la alegría y la esperanza de sus nuevos pastores. Sean para ella profundamente sacerdotes, es decir: hombres del Misterio, de la Comunión y la Misión, con todo lo que ello significa de compromiso humano, espiritual y pastoral. Pidan a nuestra Madre de Guadalupe en esta primera Misa, que hoy concelebrarán con su Obispo, que Ella los acompañe para vivir el sacerdocio con un sentido de plenitud, de alegría y de fidelidad al servicio de sus hermanos. Amén. 

Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz 


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Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - Al final de la audiencia general del 20 de octubre, El Santo Padre Benedicto XVI ha anunciado que el próximo 20 de noviembre se celebrará un Consistorio en el cuál nombrará a 24 nuevos cardenales. “Los cardenales tienen la tarea de ayudar al sucesor del apóstol Pedro en el cumplimiento de su misión de principio y fundamento perpetuo y visible de la unidad de la fe y de la comunión en la Iglesia” ha dicho el Santo Padre, que a continuación ha leido los nombres de los nuevos cardenales:

1. Mons. Angelo Amato, S.D.B., Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos;
2. S.B. Antonios Naguib, Patriarca de Alejandría de los Coptos (Egipto);
3. Mons. Robert Sarah, Presidente del Pontificio Consejo "Cor Unum".;
4. Mons. Francesco Monterisi, Arcipreste de la basílica de San Pablo Extramuros.;
5. Mons. Fortunato Baldelli, Penitenciario Mayor;
6. Mons. Raymond Leo Burke, Prefecto del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica.;
7. Mons. Kurt Koch, Presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos;
8. Mons. Paolo Sardi, Vice camerlengo de la Santa Iglesia Romana;
9. Mons. Mauro Piacenza, Prefecto de la Congregación para el Clero;
10. Mons. Velasio De Paolis, C.S., Presidente de la Prefectura para los Asuntos Económicos de la Santa Sede;
11. Mons. Gianfranco Ravasi, Presidente del Pontificio Consejo de la Cultura;
12. Mons. Medardo Joseph Mazombwe, Arzobispo emérito de Lusaka (Zambia);
13. Mons. Raúl Eduardo Vela Chiriboga, Arzobispo emérito de Quito (Ecuador);
14. Mons. Laurent Monsengwo Pasinya Arzobispo de Kinshasa (República Democrática del Congo);
15. Mons. Paolo Romeo, Arzobispo de Palermo (Italia);
16. Mons. Donald William Wuerl, Arzobispo de Washington (EE.UU);
17. Mons. Raymundo Damasceno Asis, Arzobispo de Aparecida (Brasil);
18. Mons. Kazimierz Nycz, Arzobispo de Varsovia (Polonia);
19. Mons. Albert Malcolm Ranjith Patabendige Don, Arzobispo de Colombo (Sri Lanka);
20. Mons. Reinhard Marx, Arzobispo de München und Freising (Alemania).

Además el Santo Padre ha elevado a la dignidad cardenalicia a “dos prelados y a dos eclesiásticos, que se han distinguido por su generosidad y dedicación al servicio de la Iglesia”. Estos son:

1. Mons. José Manuel Estepa Llaurens, Arzobispo castrense emérito de España;
2. Mons. Elio Sgreccia, Presidente emérito de la Pontificia Academia para la Vida (Italia);
3. Mons. Walter Brandmüller, presidente emérito del Pontificio Comité de Ciencias Históricas (Alemania);
4. Mons. Domenico Bartolucci, Maestro y director emérito de la Capilla Musical Pontificia Sixtina. (Italia).

Por último, Benedicto XVI ha recordado que "la lista de los nuevos cardenales refleja la universalidad de la Iglesia; ellos, de hecho, provienen de diversas partes del mundo y llevan a cabo diferentes tareas al servicio de la Santa Sede o en contacto directo con el Pueblo de Dios como Padres y Pastores de las Iglesias particulares" y ha pedido oraciones por los nuevos Cardenales, “pidiendo la intercesión especial de la Santísima Madre de Dios, para que desarrollen con el fruto su ministerio en la Iglesia". (SL) (Agencia Fides 20/10/2010)


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REDACCIÓN DE "IGLESIA NIVARIENSE"
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Boletín 406 

LAS NOTICIAS AMPLIADAS PUEDEN VERLAS ENTRANDO EN NUESTRO BLOG. Textos, sonidos, e imágenes los tienen en: http://www.comunicacionobispadodetenerife.blogspot.com/ 

El próximo día 24 de octubre se celebra el Día Mundial de la Propagación de la Fe (DOMUND). Se trata de una llamada de atención sobre la común responsabilidad de todos los cristianos en la evangelización del mundo. Octubre es, por tanto, el mes de las misiones por excelencia. Por tal motivo, en nuestra diócesis, se encuentran varios misioneros compartiendo su testimonio de vida en diferentes colegios, institutos y parroquias. 

Uno de ellos es Antonio Serrano, misionero javeriano, el cual ha estado en Colombia dos años y otros ocho años en Chad. Serrano ha manifestado que el encuentro con otras razas y culturas le ha valido para descubrir las semillas del Reinado de Dios ya en marcha. “Resulta enormemente enriquecedor y humanizante, sobre todo cuando se ve a personas concretas tomar en serio la Palabra de Dios y llevarla a la vida a pesar de las dificultades ambientales que encuentran.”  

Este sábado se reúne el Consejo Diocesano de Pastoral. La ponencia central del día la desarrollará el diácono permanente, Víctor González. La misma estará centrada en el objetivo preferente de este curso pastoral: “Adultos en la fe y la fe adulta”. 

Por otro lado, esta semana se ha reunido el Consejo Diocesano de Asuntos Económicos para, entre otras cosas, abordar el análisis de la ejecución presupuestaria del presente ejercicio. En la reunión se aprobó aumentar el presupuesto concedido al Archivo Histórico de la Diócesis a fin de posibilitar que continúe prestando sus servicios estos meses, al tiempo que se constató la necesidad de incrementar las gestiones con diversas instituciones como único medio para tratar de garantizar su futuro.  

Este sábado será la apertura oficial de la Residencia Universitaria Santo Tomás de Aquino. El acto consistirá en una Eucaristía presidida por el Obispo en el convento de las Catalinas, posteriormente en las Salas Capitulares será la constitución y presentación de la “asociación de antiguos residentes”, seguida de una cena en hotel nivaria. Hasta el momento han pasado por el centro más de mil licenciados procedentes de distintas islas del Archipiélago. 

Ya se ha hecho público el nombramiento de Pedro Jorge Benítez, actual párroco de San Juan Bautista, como nuevo arcipreste de La Orotava. Como Vice-arcipreste ha sido igualmente nombrado, Marcos Antonio García Luis, actual párroco en distintas comunidades de Los Realejos. 

El viernes se desarrolla una sesión extraordinaria del Consejo de Profesores de la sede del ISTIC- Tenerife. En la misma, entre otros asuntos, se elegirá la permanente de este consejo de sede.  

El pasado 17 de Octubre, el movimiento de Cursillos de Cristiandad celebró su Ultreya Diocesana, coincidiendo con el inicio del curso escolar. El acto, al que asistieron 200 personas, se realizó en el nuevo centro parroquial de Santa Bárbara, en Icod de los Vinos. Tras la  calurosa acogida que dio paso a la oración como comienzo de la mañana, Don Juan Antonio Guedes, viceconsiliario del movimiento en nuestra diócesis, presentaba el tema de formación “Adultos en la Fe”.  

El colegio la Salle de la capital tinerfeña acoge este viernes y sábado, la segunda feria del voluntariado bajo el lema: 100 años de voluntariado. 

El apostolado del mar ha editado un nuevo número de su boletín “la Farola”. El mismo recoge algunas consideraciones sobre el Año del Marino y algunas propuestas pastorales para este sector.  

Una nueva iniciativa enfocada a los jóvenes se desarrollará bajo el lema "Empápate", el próximo 30 de octubre, de 17:00 a 22:00 horas, en la parroquia de Las Nieves, en Finca España. Se trata de un encuentro dirigido a jóvenes, concretamente a partir de 3º de la ESO. En el mismo habrá tiempo para la realización de talleres, elaboración de pulseras decenarios, juegos, momentos para compartir, risoterapia, etc. Dicha iniciativa finalizará con un concierto del joven cantautor cristiano, Alejandro Abrante. 

Los dos obispos del archipiélago concelebraron el “funeral oficial”, en la Catedral de Santa Ana, por el expresidente Adán Martín. 

El 28 de octubre se cumplen cinco siglos del nacimiento de San Francisco de Borja. Por tal motivo, los jesuitas de Canarias han organizado diversas iniciativas. En este sentido, el P. Pedro Miguel Lamet, S.I., periodista y escritor, impartirá la conferencia "Los enigmas del Duque jesuita", el día 26 de octubre (20:30 h), en el Colegio San Ignacio de Loyola, de Las Palmas de Gran Canaria, y el día 29 de octubre (20:30 h), en la Iglesia de la Concepción de Santa Cruz de Tenerife. Además, el día 30 de octubre, en la iglesia de La Concepción de Santa Cruz de Tenerife, a las 19:30 h, se celebrará una eucaristía presidida por el obispo de la Diócesis de Tenerife, Bernardo Álvarez. 

El viernes 22 de octubre, a las 19.30 en la parroquia de S. Cayetano de La Montaña (Los Realejos), la coordinadora arciprestal de Pastoral Juvenil del Valle de La Orotava celebrará una eucaristía con ocasión del comienzo de curso a la que han invitado a participar a todos los grupos y movimientos juveniles del arciprestazgo. Tras la misa habrá un brindis con todos los participantes: catequistas, animadores, monitores, colegios, etc.  

Por su parte, la Confederación de Religiosos en nuestra diócesis (CONFER) también ha fijado sus principales actividades para el curso pastoral 2010 – 2011. La primera de ellas se desarrollará durante los días 22 y 23 de octubre, en el Hospital San Juan de Dios, en Santa Cruz. El tema central de esta iniciativa lleva por título: “Reflexiones en torno a la vejez: para los que ya son, para los que serán, para los que los atienden”. 

La Delegación Diocesana de Liturgia y el Instituto Superior de Teología de las Islas Canarias han previsto para el 5 y 6 de noviembre, las Jornadas Diocesanas de Liturgia bajo el lema: "Adultos para celebrar la fe". Dichas jornadas estarán dirigidas por Antonio Lara Polaina, Doctor en Sagrada Liturgia. 

Durante estos días se encuentra en Tenerife el equipo del programa de TVE "El día del Señor" a fin de grabar los dos espacios previos a la emisión de la Eucaristía del domingo 31 de octubre y el 1 de noviembre. Ambas Misas serán emitidas, en directo para todo el país a través de la 2 de TVE, desde la parroquia de La Concepción de la capital tinerfeña. 

Cabe señalar que Cáritas Diocesana, a través de su proyecto El Surco de Comercio Justo, ha organizado el 3º Concurso de Postales de Navidad de esta organización católica. La postal que resulte ganadora será con la que Cáritas Diocesana de Tenerife felicite la Navidad 2010 a sus socios, instituciones, amigos, etc. En dicho concurso, pueden participar todas las personas que lo deseen con un máximo de una obra por autor. Las postales presentadas pueden ser diseños de dibujos, fotografías y fotomontajes hechos por medios digitales. En cuanto a la temática, ésta debe estar centrada a la Navidad: el portal de belén, el nacimiento de Jesús, la solidaridad, la caridad, etc. Los trabajos han de ser presentados en la tienda El Surco antes del 20 de noviembre. 

El Instituto Superior de Teología de las Islas Canarias, ha organizado la XXV Semana de Teología en colaboración con la Universidad de La Laguna del 22 al 26 de noviembre. En esta ocasión las jornadas llevan por título: “Creyentes y Testigos: en busca de un nuevo paradigma”. Las mismas estarán dirigidas por Eloy Bueno de la Fuente, Catedrático de Teología de la Facultad de Teología de Burgos y por Emilio Alberich Sotomayor, Catedrático Emérito de Catequética en la Universidad Salesiana de Roma. 

Por otro lado, del 26 al 29 de octubre, en la facultad de Filología de la ULL, en el Campus de Guajara, se desarrollará un curso organizado entre el ISTIC Tenerife y la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. El título de dicha iniciativa es "Paradigmas éticos y estéticos". 

Continua en Candelaria la muestra “Virgen María; siete islas, siete amores” del artista tinerfeño Santiago González Arbelo. La exposición, que permanecerá abierta en el convento de los dominicos, en el santuario de la Virgen de Candelaria, reúne fotos y documentos sobre las patronas de cada isla, además de la Virgen del Pilar y de las advocaciones de Venezuela y Cuba. 

Cáritas Diocesana ha recibido un donativo de 6000 euros de la Obra Social la Caixa dirigido a los proyectos para la población de personas sin hogar, como son las casas de acogida “Guajara” y “María Blanca”, ubicadas en Santa Cruz de Tenerife y Puerto de la Cruz, respectivamente, y el centro de baja exigencia “Café y Calor”, también en la capital tinerfeña. 

Más de 500 vecinos del Valle de Las Mercedes participaron en una merienda solidaria organizada por Cáritas, con la colaboración del Ayuntamiento de La Laguna, con el objetivo de recaudar fondos para ayudar a los más necesitados. Así, con una aportación mínima de tres euros por persona, los participantes pudieron disfrutar de una merienda solidaria en la que cada vecino brindó su aportación con productos típicos o platos cocinados de forma casera.  

Se ha iniciado el periodo de exposición pública del expediente para la declaración de bien de interés cultural a la iglesia mayor de Santa Ana de Garachico.


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miércoles, 20 de octubre de 2010

Homilía de monseñor Carlos José Náñez, arzobispo de Rosario, en la Fiesta de la Santísima Virgen (3 de octubre de 2010). (AICA)

FIESTA DE LA SANTÍSIMA VIRGEN DEL ROSARIO

Queridos hermanos y hermanas:

En el marco de la celebración del bicentenario de nuestra Patria, peregrinamos por las calles de nuestra ciudad honrando a la Santísima Virgen, Nuestra Señora del Rosario del Milagro, y en el día de su fiesta veneramos su histórica imagen que nos acompaña desde hace más de cuatrocientos años.

Al festejar a la Patrona de nuestra Arquidiócesis, contemplamos a María Santísima como el espejo y modelo de la Iglesia. Espejo en el que la comunidad eclesial debe procurar mirarse constantemente para verificar en qué medida se parece a ese celestial modelo.

La Virgen María es ante todo el lugar del encuentro con Dios nuestro Señor. Es cierto que dicho encuentro se debe ante todo a la iniciativa divina totalmente gratuita y que constituye un regalo impensado e inesperado para ella; pero es igualmente cierto que ese don divino singularísimo encuentra en María una acogida humilde, pronta, confiada: “yo soy la servidora del Señor...” y al mismo tiempo una acogida totalmente agradecida: “mi alma canta la grandeza del Señor...” Es el encuentro entre Dios y la humanidad que gracias a Cristo comienza a ser renovada. Es lo que consideramos con admiración en el primer misterio de gozo del santo rosario: la anunciación del ángel.

María es también el lugar del encuentro entre los hermanos. Es lo que contemplamos en la hermosa escena de la visitación, cuyo relato acabamos de escuchar. También este acontecimiento se debe ante todo a la iniciativa de Dios que inspira a la Virgen la  determinación de ir encuentro de Isabel; pero es igualmente cierto que María toma esa decisión con prontitud y generosidad para acompañar y asistir a su pariente en los trabajos de su maternidad. Visita y encuentro que son fuente de profunda alegría y sobre todo de bendición para todos los que están allí involucrados.

La Iglesia que está en nuestra Patria desde antes de su comienzo como Nación independiente, ha sido e intenta ser un lugar de encuentro con Dios nuestro Señor. Como creyentes y como argentinos debemos alegrarnos por ello a la vez que hacernos cargo de esa historia de encuentro, con sus luces y con sus sombras.

El querido y recordado Papa Juan Pablo II, cuando nos disponíamos a celebrar los quinientos años de la evangelización de nuestro continente, señalaba que esa obra de testimonio y anuncio tenía, como toda obra humana, sus luces y sus sombras, pero que -gracias a Dios- las luces eran más que las sombras. También nosotros podemos hacer una constatación semejante en la historia de la Iglesia en nuestro país.

Por otra parte, las sombras que en algunos momentos aparecen con más relevancia en la vida de la Iglesia, paradójicamente, representan la ocasión -más aún- la apremiante invitación para una renovación profunda. No debemos dudar que la Providencia divina se servirá de las circunstancias dolorosas que le tocan atravesar a la comunidad eclesial en todo el mundo y en nuestra Patria, para purificarla y fortalecerla.

Permitiendo y acompañando esas circunstancias, Dios hace sentir su paternidad y su señorío sobre su Iglesia. En nuestros corazones, debe prevalecer la confianza en esa acción divina que engendra esperanza y la debe acompañar la necesaria humildad que nos mueva a una permanente conversión y renovación; la generosidad y la fidelidad que hagan firmes nuestra adhesión y nuestra pertenencia cordial a la comunidad eclesial.

La Iglesia ha sido y es también en nuestra Patria un lugar de encuentro entre los hermanos. En ella, en su seno,  podemos hacer experiencia de la paternidad de Dios que permite superar toda orfandad. “En Jesús somos hijos”, venimos proclamando con insistencia desde el lema pastoral que anima nuestra actividad pastoral y procuramos profundizar y comprender esa afirmación fundamental de nuestra fe. Una paternidad, la divina, que engendra auténtica fraternidad. Si todos tenemos un mismo Padre, el que está en los cielos, entonces todos somos hermanos. Una fraternidad que puede vencer toda soledad y desamparo.

Pero en la Argentina nos hemos caracterizado y nos caracterizamos aún por dar lugar a agudos conflictos que nos han llevado y nos llevan a dolorosos desencuentros y a enfrentamientos con sus secuelas de heridas, de muerte, de desapariciones injustas e inexplicables, con las inevitables secuelas de sufrimientos y resentimientos difíciles de curar y de superar.

Frente a esa realidad, como comunidad eclesial que está en Córdoba, con sencillez y humildad, pero también con convicción y coherencia estamos desafiados e invitados a renovar el propósito de ser lugar del encuentro con Dios y del encuentro entre los hermanos. Tenemos que procurar vivir con autenticidad y constancia los valores evangélicos que promueven una existencia más humana, más digna, más plena y ofrecer ese testimonio y esa posibilidad como un regalo y un signo de esperanza para nuestra ciudad, para nuestra Patria.

El testimonio de una comunidad que construye diariamente una convivencia respetuosa, armónica, una verdadera amistad social -más aún- una verdadera fraternidad. Una comunidad que procura respetar y cuidar la vida, toda vida -especialmente la que es más frágil y vulnerable- y toda la vida, desde su concepción hasta su fin natural.

Con ocasión de la próxima Navidad y del tiempo de adviento que la prepara queremos vivir en nuestra Arquidiócesis un gesto que podemos llamar ”misionero”. Quisiéramos que el mayor número posible de los miembros de las diferentes comunidades y no sólo los agentes pastorales, nos acercáramos efectiva y realmente a nuestros vecinos, parientes y amigos con un saludo, concretado en una sencilla tarjeta y en un breve mensaje, que pretende ser una invitación a establecer y desarrollar auténticos vínculos humanos y de fe y a restablecerlos y fortalecerlos donde se hubieran debilitado o interrumpido.

Se trata de algo muy simple, pero que desde la simpatía, la calidez, más aún la ternura puede engendrar un nuevo clima entre nosotros que permita ulteriores y más profundos desarrollos. No olvidemos las enseñanzas de Jesús acerca de los comienzos humildes del Reino: es como una semilla de mostaza que siendo pequeñísima crece hasta convertirse en un arbusto grande; y del dinamismo interno de ese Reino: es como una semilla sembrada que por sí sola, más allá de los cuidados del agricultor, crece y en su momento da fruto abundante.

Queremos además, en el marco de esta celebración y como comunidad arquidiocesana, realizar otro gesto y hondamente sentido. Queremos expresar nuestro reconocimiento y agradecimiento a los Bomberos de la Policía de Córdoba y a los Bomberos Voluntarios de la Provincia de Córdoba, por su servicio abnegado y muchas veces arriesgado en favor de toda la sociedad, asistiendo a las víctimas de accidentes y desgracias y combatiendo el flagelo del fuego cuando éste pone en peligro vidas humanas y bienes de las personas y de la sociedad.

En la bandera nacional que les entregaremos antes de la bendición final, queremos expresarles nuestro reconocimiento y afecto, y manifestarles nuestro aliento para que continúen su esforzada entrega que es ejemplo para todos nosotros en orden a trabajar por una Patria para todos, sin exclusiones; una Patria de hermanos que la construyen a través del diálogo y del esfuerzo común, procurando cultivar una auténtica amistad social.

A lo largo de la novena arquidiocesana que hemos realizado en distintas comunidades parroquiales de la ciudad y del interior, hemos recogido intenciones que se han depositado a los pies de la imagen peregrina de la Santísima Virgen. Hoy queremos traerlas y ponerlas a los pies de la imagen histórica de nuestra Señora del Rosario del Milagro y encomendarlas a su corazón de Madre, en la seguridad que tendremos en Ella una intercesora cariñosa y eficaz.

A María Santísima le encomendamos nuestra Patria y nos encomendamos todos nosotros para que desde Córdoba la construyamos como un Patria de hermanos y una Patria para todos. Que así sea. 

Mons. Carlos José Ñáñez, arzobispo de Córdoba 


Publicado por verdenaranja @ 22:57  | Homilías
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ZENIT  nos ofrece una traducción no oficial al español de la Declaración Final de la 40ª Asamblea general del Consejo de Conferencias Episcopales de Europa (CCEE), que se ha celebrado el 2 y 3 de Octubre de 2010  en Zagreb (Croacia).

Declaración sobre Demografía y Familia  

Los presidentes de las Conferencias Episcopales de los Países europeos, reunidos en Croacia, en Zagreb, para la 40° Asamblea General del Consejo de Conferencias Episcopales de Europa (CCEE), han afrontado el tema de la demografía y de la familia. La investigación, realizada entre las Conferencias episcopales de 47 países, confirma un claro decrecimiento demográfico. Sobre este tiene seguramente una influencia el tipo de políticas familiares que los diversos países establecen, pero esto no parece suficiente para explicar la grave y generalizada denatalidad que ha sido calificada como “invierno demográfico”. El clima cultural difundido, de hecho, incide no poco en los comportamientos personales y sociales. Por parte de los católicos es necesario crecer en una fe más consciente y documentada para poder valorar con sentido crítico la cultura dominante que ha puesto en discusión valores como la vida humana desde su inicio hasta su fin natural, la persona en su estructura objetiva, la libertad como responsabilidad moral, la fidelidad, el amor, la familia. Es seriamente preocupante, por ejemplo, el debate de estos días en el Consejo de Europa, que quiere limitar el derecho a la objeción de conciencia del personal médico para hacer más fácil el acceso al aborto. Todo esto hace ver que, además de la necesidad de tener bien arraigada y viva la fe, es necesario creer en la capacidad de la razón de descubrir la verdad de las cosas en sí mismas y de la ética. La sustancial desconfianza hacia la razón humana parece caracterizar a la llamada postmodernidad. La presencia de la Iglesia católica en este contexto debe estar caracterizada por la esperanza: nuestra esperanza es Jesucristo, y debe saber captar los signos de atención y de confianza, aunque se expresen de forma reservada.

Estamos convencidos de que la conciencia humana es capaz de abrirse a los valores presentes en nuestra naturaleza creada y redimida por Dios por medio de Jesucristo. La Iglesia, consciente de su misión de servir al hombre y a la sociedad con el anuncio de Cristo Salvador, recuerda las implicaciones antropológicas y sociales que derivan de Él. Por esta razón no cesa de afirmar los valores fundamentales de la vida, del matrimonio entre un hombre y una mujer, de la familia, de la libertad religiosa y educativa: valores sobre los cuales se implanta y se garantiza cualquier otro valor declinado en el plano social y político. Las muchas familias que acogen la presencia de Jesús y viven según la verdad de la familia, no cesan de dar testimonio de la belleza y de la correspondencia al corazón del hombre de cuanto la Iglesia proclama mostrando que es posible vivir en familia como Cristo invita.

A la luz del tema ha surgido en toda su urgencia la tarea educativa según el milenario patrimonio de la Iglesia: tarea que encuentra en Cristo – verdadero Dios y hombre perfecto – al Maestro, al modelo y la fuente de gracia.

[Traducción del español por Inma Álvarez]


Publicado por verdenaranja @ 22:53  | Hablan los obispos
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ZENIT    nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigió el lunes 4 de Octubre de 2010 a los obispos de las regiones Norte 1 y Noroeste de Brasil, a quienes recibió con motivo de su visita ad Limina Apostolorum.

Queridos hermanos en el Episcopado,

Con mucha satisfacción os doy la bienvenida, Pastores de las regiones Norte 1 y Noroeste de la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil, con ocasión de vuestra visita ad Limina Apostolorum. Agradezco a monseñor Moacyr Grechi por sus amables palabras y por los sentimientos expresados en vuestro nombre, al tiempo que os aseguro que os tengo presente diariamente en mis oraciones, pidiendo al Cielo que sustente y haga fecundos los esfuerzos que hacéis – muchas veces careciendo de medios adecuados – para llevar la Buena Nueva de Jesús a todos los puntos de la selva amazónica, conscientes de que "Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad" (1 Tim 2,4).

Dios puede realizar esta salvación por vías extraordinarias que solamente Él conoce. Sin embargo, si su Hijo vino, fue precisamente para mostrarnos, con su palabra y su vida, los caminos ordinarios de salvación, y Él nos mandó a transmitir esta revelación a los demás con su propia autoridad. Siendo así, no podemos eludir este pensamiento: los hombres podrían salvarse por otras vías, gracias a la misericordia de Dios, si no se les anuncia el Evangelio; pero ¿podría yo salvarme si por negligencia, miedo, vergüenza o por seguir ideas falsas, dejara de anunciar?

A veces nos encontramos con esta objeción: imponer una verdad, aunque sea la verdad del Evangelio, imponer un camino, aunque sea el de la salvación, no puede ser sino una violación de la libertad religiosa. Me complace transcribir la respuesta pertinente e instructiva que dio a ello el papa Pablo VI: “Sería ciertamente un error imponer cualquier cosa a la conciencia de nuestros hermanos. Pero proponer a esa conciencia la verdad evangélica y la salvación ofrecida por Jesucristo, con plena claridad y con absoluto respeto hacia las opciones libres que luego pueda hacer —sin coacciones, solicitaciones menos rectas o estímulos indebidos— (131), lejos de ser un atentado contra la libertad religiosa, es un homenaje a esta libertad, a la cual se ofrece la elección de un camino que incluso los no creyentes juzgan noble y exaltante. (...) Este modo respetuoso de proponer la verdad de Cristo y de su reino, más que un derecho es un deber del evangelizador. Y es a la vez un derecho de sus hermanos recibir a través de él, el anuncio de la Buena Nueva de la salvación” (Exort. ap. Evangelii nuntiandi, 80).

"¡Ay de mí, si no anunciase el Evangelio!" (1 Co 9,16) exclamaba el Apóstol de los gentiles. El deseo de anunciar el Evangelio nace de un corazón enamorado de Jesús, que anhela ardientemente que más personas puedan recibir la invitación y participar en el banquete de las Bodas del Hijo de Dios (cf. Mt 22,8-10). De hecho, la misión es el desbordamiento de la llama de amor que se inflama en el corazón del ser humano, que, al abrirse a la verdad del Evangelio y dejarse transformar por ella, pasa a vivir su vida – como decía san Pablo – "en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó por mí" (Gal 2,20). En consecuencia, la llamada a la misión no es algo destinado exclusivamente a un restringido grupo de miembros d la Iglesia, sino un imperativo dirigido a cada bautizado, un elemento esencial de su vocación. Como afirmó el Concilio Vaticano II: la "vocación cristiana es, por su propia naturaleza, vocación al apostolado” (Decr. Apostolicam actuositatem, 2). En este sentido, uno de los compromisos centrales de la V Conferencia del Episcopado Latino-Americano y Caribeño, que tuve la alegría de iniciar en Aparecida, en 2007, fue el de despertar en los cristianos la conciencia de discípulos y misioneros, rescatando la dimensión misionera de la Iglesia al convocar una “Misión Continental".

Al pensar en los desafíos que esta propuesta de renovación misionera supone para vosotros, Prelados brasileños, me viene a la mente la figura del Beato José de Anchieta. A causa de su incansable y generosísima actividad apostólica, no exenta de graves peligros, que hizo que la Palabra de Dios se propagase tanto entre los indios como entre los portugueses – razón por la cual desde el momento de su muerte recibió el epíteto de Apóstol de Brasil – puede servir de modelo para ayudar a vuestras Iglesias particulares a encontrar los caminos para emprender la formación de los discípulos misioneros en el espíritu de la Conferencia de Aparecida (cf. Documento de Aparecida, 275).

Con todo, los desafíos del contexto actual podrían llevar a una visión reduccionista del concepto de misión. Esta no puede limitarse a una simple búsqueda de nuevas técnicas y formas que hagan a la Iglesia más atractiva y capaz de vencer la competencia con otros grupos religiosos o con ideologías relativistas. La Iglesia no trabaja para ella misma: está al servicio de Jesucristo; existe para hacer que la Buena Nueva sea accesible para todas las personas. La Iglesia es católica justamente porque invita a todo ser humano a experimentar la nueva existencia en Cristo. La misión, por tanto, no es más que la consecuencia natural de la propia esencia de la Iglesia, un servicio del ministerio de la unión que Cristo quiso llevar a cabo en su cuerpo crucificado.

Esto debe llevar a reflexionar que la desaparición del espíritu misionero tal vez no se deba tanto a limitaciones y carencias en las formas externas de la acción misionera tradicional como al olvido de que la misión debe alimentarse de un núcleo más profundo. Este núcleo es la Eucaristía. Esta, como presencia del amor humano-divino de Jesucristo, supone continuamente el paso de Jesús a los hombres que serán sus miembros, que serán ellos mismos Eucaristía. En suma, para que la Misión Continental sea realmente eficaz, esta debe partir de la Eucaristía y llevar a la Eucaristía.

Amados hermanos, al volver a vuestras diócesis y prelaturas, os pido que transmitáis a vuestros sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas, catequistas y fieles, el saludo afectuoso del Papa, que piensa en todos y reza por todos con gran afecto y firme esperanza. A la intercesión del Beato José de Anchieta, que encontraba en el Sagrario el secreto de su eficacia apostólica, confío vuestras personas, vuestras intenciones y propósitos pastorales, para que el nombre de Cristo esté siempre presente en el corazón y en los labios de cada brasileño. Con estos sentimientos os acompañan mi oración y mi Bendición Apostólica.

[Traducción del original portugués por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:49  | Habla el Papa
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Puntos para la reflexión para retiro sacerdotal bajo el tema general Ministros de la Reconciliación.

AMADOS… ¡PARA SIEMPRE!                                                                        

Durante todo el año, sentados mensualmente junto al Maestro, se nos ofrece la ocasión de convertir al Sacramento de la Reconciliación en el objeto de nuestros retiros. Es una oportunidad no para estudiar sino para convertir en oración lo que sabemos, lo que hemos experimentado y aquello de lo que somos testigos entorno a este Sacramento. Comencemos por entender su nombre fijándonos en los números siguientes del C.E.C.:

1423 Se le denomina sacramento de conversión porque realiza sacramentalmente la llamada de Jesús a la conversión (cf Mc 1,15), la vuelta al Padre (cf Lc 15,18) del que el hombre se había alejado por el pecado.

Se denomina sacramento de la Penitencia porque consagra un proceso personal y eclesial de conversión, de arrepentimiento y de reparación por parte del cristiano pecador.

1424 Es llamado sacramento de la confesión porque la declaración o manifestación, la confesión de los pecados ante el sacerdote, es un elemento esencial de este sacramento. En un sentido profundo este sacramento es también una "confesión", reconocimiento y alabanza de la santidad de Dios y de su misericordia para con el hombre pecador.

Se le llama sacramento del perdón porque, por la absolución sacramental del sacerdote, Dios concede al penitente "el perdón y la paz" (OP. fórmula de la absolución).

Se le denomina sacramento de reconciliación porque otorga al pecador el amor de Dios que reconcilia: "Dejaos reconciliar con Dios" (2Co 5,20). El que vive del amor misericordioso de Dios está pronto a responder a la llamada del Señor: "Ve primero a reconciliarte con tu hermano" (Mt 5,24).

Pero no podemos referirnos al Sacramento si antes no mencionamos el marco más amplio en el que se encuentra y es que no se entiende el pecado y la necesidad de conversión si uno, previamente, no se siente amado. Sólo el amor mueve a la responsabilidad, sólo el amor Hace posible sentir el dolor de la ofensa al ser amado y sólo el amor vence el miedo a reconocer la culpa y pedir perdón. Cualquiera otra motivación que no afecte a los sentimientos quedaría en un foro externo que podría cambiar las formas en cuanto a la apariencia pero nunca cambiaría las actitudes que es de lo que se trata.

Por eso, en este primer retiro, comencemos por sentirnos en la presencia del Amado. San Juan afirma que DIOS ES AMOR (Un 4, 8) y nosotros lo hemos experimentado y predicado en infinidad de ocasiones... iAhora disfrutémoslo!

En su presencia recordemos todo aquello que nos ha regalado en nuestra vida hasta este momento... Ejercitemos la memoria para dar gracias por situaciones, personas, dificultades, alegrías, logros, proyectos... iY por su llamada a este ministerio!

Sí, toda nuestra vida se ha ido conformando a favor de un proyecto primigenio, escondido hasta para nosotros y al que hemos respondido afirmativamente. Todo ha sucedido para nuestro bien e incluso las dificultades seguro que han desvelado el proyecto de Dios sobre nosotros en momentos de rutina y nos han curtido para responder un sí consciente y radical.

En Cursillos de Cristiandad, a este ejercicio, se le denomina la película de tu vida y, en el fondo se pretende que los cursillistas busquen su verdad y se conozcan más y mejor a sí mismos para luego hacerles caer en la cuenta de aquellos episodios que, consciente o inconscientemente, han intentado borrar porque se avergüenzan de ellos, episodios que son sinónimo de pecado y que por no sanarlos les impide vivir en libertad y experimentar la auténtica felicidad que sólo la gracia de Dios puede dar.

¿Podrá pasarnos algo de eso a nosotros? Si en el momento de la Adoración contempláramos la película de nuestra vida sin cortes, ¿encontraríamos secuencias codificadas que los demás no conocen porque no se las dejamos ver pero que, en el fondo, están condicionando nuestra realización personal y nuestra entrega como sacerdotes?

Hay pedagogos que hablan del banco de niebla para referirse a una estrategia que consiste en aislar las personas o situaciones adversas que me producen ansiedad y que no consigo cambiar en una especie de niebla que me hace vivir como si no existieran. Pero está claro que en la vida normal y sobre temas fundamentales este recurso no es válido, más bien puede resultar peligroso. Sin embargo, a veces caemos en la trampa de aislar lo que hemos hecho o nos ha sucedido de negativo como si consiguiéramos mantenerlo siempre al margen hasta que, casi siempre inoportunamente, flota en la superficie de nuestra vida provocando nuevos daños que, cada vez, cuesta más aislar y disimular.

Es verdad que hemos sido amados, también lo es que hemos sido reconciliados en el Bautismo pero, como ya indicaba algún Santo Padre, necesitamos una "segunda tabla (de salvación) después del naufragio que es la pérdida de la gracia''', donde agarrarnos cuando nos sentimos perdidos y con miedo a ahogarnos... La experiencia personal y pastoral nos demuestra que existe la concupiscencia de la que hablábamos en nuestra formación teórica. Una concupiscencia que nos inclina al pecado y que, a veces, le gana la batalla a nuestra voluntad...

Sin embargo, no debe ser motivo de negatividad tener esta experiencia, antes bien es oportunidad de ser humildes y colaboradores valientes de la Gracia. Sí, porque ¿qué valor tendría una vida en la que no costase ser fiel? ¿Qué pasión tendría una existencia en la que no pudiésemos hablar de radicalidad frente a mediocridad? ¿Qué felicidad ofrecería un amor que no costara ser correspondido? ¿Cómo contemplar el amor crucificado sin tener ningún sacrificio que ofrecerle? Por eso dice el Catecismo, en el nº 1426 que [...] la vida nueva recibida en la iniciación cristiana no suprimió la fragilidad y la debilidad de la naturaleza humana, ni la inclinación al pecado que la tradición llama concupiscencia, y que permanece en los bautizados a fin de que sirva de prueba en ellos en el combate de la vida cristiana ayudados por la gracia de Dios (cf DS 1515). Esta lucha es la de la conversión con miras a la santidad y la vida eterna a la que el Señor no cesa de llamarnos (cf DS 1545; LG 40)."

Los obispos españoles en la Instrucción Pastoral sobre la Penitencia titulada Dejaos reconciliar con Dios, publicada el año 1989, incidiendo en esta misma idea, afirmaron en su número 22b: "Confundidos por la pérdida del sentido del pecado, los hombres de hoy, tienen necesidad de volver a escuchar, como dirigida personalmente a cada uno, la advertencia de San Juan: `si dijéramos que no tenemos pecado nos engañaríamos a nosotros mismos'. Esto destruye las ilusiones que a veces nos hacemos de nosotros mismos como si fuésemos justos y sin pecado, y nos urge a no eximirnos de nuestra responsabilidad en nuestra propia culpa, a no minimizarla o a exculparla con tanta facilidad como ocurre cuando nuestras culpas las atribuimos a los otros, al medio, a la herencia y predisposiciones, a las estructuras y circunstancias exteriores".

Llegados a este punto, ojalá la humildad haya vencido a la autosuficiencia pues la grandeza de nuestra vocación va en vasijas de barro como afirma 5. Pablo en 2Cor 4, 7.

Sentirnos así nos capacita para entender el Amor de Dios por nosotros, que siempre será lo más importante, pues lo contrario nos haría daño. Él nos ama porque conoce nuestro barro (is 29, 16 y Edo 33, 13), al que Él mismo ha ido dando forma. El C.E.C. en su número 1428 lo describe así: "Este esfuerzo de conversión no es sólo una obra humana. Es el movimiento del "corazón contrito" (Sal 51,19), atraído y movido por la gracia (cf In 6,44; 12,32) a responder al amor misericordioso de Dios que nos ha amado primero (cf 1 In 4,10)."

Pero, además, la humildad unida a la Gracia del Sacramento del Orden, nos capacita para entender y amar a quien peca ¿como nosotros! Al pecado se le rechaza y se le combate pero al pecador se le acoge y se le invita a la reconciliación y eso sólo es posible si, como nos sucede a nosotros, el pecador se siente amado por quien encarna sacramentalmente el Amor de Dios. Por eso, las preguntas son inevitables: ¿Somos conscientes de nuestra responsabilidad como "rostro cercano de Dios"? ¿Cómo es nuestra acogida con aquellos que "no son, no piensan o no actúan como nosotros"? ¿Somos "agentes de reconciliación" en nuestros ambientes dentro y fuera de la Iglesia? ¿Podríamos contarle ejemplos a Quien de verdad nos conoce y sabe lo que hacemos y pensamos? Dejemos, pues, un tiempo de silencio frente al Maestro para que su presencia y su mirada nos afecten.

 

CEDÁMOSLE, UNA VEZ MÁS, EL TRONO DE NUESTRO CORAZÓN CONSAGRADO


Publicado por verdenaranja @ 17:44  | Año Sacerdotal
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Lectio divina para el  Domingo 29º - C del Tiempo Ordinario, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.

 

LECTURA:            “Lucas 18, 1‑8”

En aquel tiempo, Jesús, para explicar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola: «Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres.

En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle: "Hazme justicia frente a mi adversario."

Por algún tiempo se negó, pero después se dijo: "Aunque ni temo a Dios ni me  importan los hombres, como esta viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara."»

Y el Señor añadió: «Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?»

MEDITACIÓN:                “¿Encontrará esta fe?”

            Tu pregunta, Señor, no deja de ser desconcertante y, al mismo tiempo, interpeladora y tremendamente actual. ¿Qué está pasando con la fe? Qué está pasando con nuestra fe, con mi fe?

            El problema es que no llegamos a experimentar esa inminencia de la que nos hablas. O porque esa inminencia la queremos entender desde la solución de nuestros problemas, desde la más pura materialidad, y creo que no vas por ahí. Es el riesgo de confundir lo que fueron tus signos de curación real e inmediata. Aquellos pretendían ser manifestación de la realidad profundamente sanadora de nuestra realidad humana que nos ofrecías, desde lo profundo de nuestro corazón; confundirlo digo, con una actuación milagrosa en nuestras vidas que nos permitiese pasar por la vida como aquel que nada le afecta, además de imposible, no lo pretendes.

            Somos nosotros, soy yo, el que no respondo, el que no está a la altura. El que me distancio, el que no escucho, el que pretendo hacer desde mí, pasando por encima de ti o prescindiendo de ti. Nos cuesta entender que si nuestra respuesta estuviese hecha desde la tuya, junto a la tuya, tu justicia, la que tu realizas con inminencia sobre nosotros, sobre tus pobres, se plasmaría en la transformación, también inminente y real,  de nuestra vida y de nuestra historia.

            Pero dónde está mi fe, dónde está la fe del hombre que está dispuesto a entrar en esta dinámica del amor, en esta dinámica de humanidad, en esta dinámica de confianza en ti, que le permita apoyar tu actuar. Tu respuesta está dada y cada día esperas la mía que plasme la tuya en mis gestos, y permita que se haga real.

ORACIÓN:               “Fortalece mi fe”

            Señor, que no me canse de orar. Que la oración forme parte de mi vivir, como el alimento que necesito para sobrevivir. Porque esa oración está llamada a ser la fuerza de mi caminar en lo más mío, lo que me dignifica y me hace más humano. Porque en ese espacio me juego mi escucha y, sobre todo, tu escucha. Tu llamada a compartir contigo el camino de la vida, de la justicia, de la solidaridad, de la construcción de lo que tú llamabas tu Reino. Porque es en ella donde experimento que tú, Dios, no eres abstracto, no eres algo distante y ajeno, no eres algo anodino cuyo paso o existencia no me implica.

            Tú eres el Dios que sale al paso de mi historia y de la historia, para convertirla juntos en historia de salvación, en historia humana, en historia que construir.           Pero mi fe a veces se cansa, se paraliza, se hace frágil y confusa, en medio de tanta confusión. Apoya y fortalece mi fe. Señor.

CONTEMPLACIÓN:                 “Despierta”

Tierra reseca
de mi alma dormida
que no recibe el agua fecunda
de la vida
y va abriendo sus grietas
como bocas que gritan
su sed
y anuncian una muerte
triste y gris.

Esperanza que se desvanece
por miedo a abrirse
al que es Señor de mi historia.

Fe que se diluye
cerrada en la caja oscura
de mis luces fáciles
que esconden mi oscuridad vacía.

Despierta de tu letargo,
extiende tu mano,
dispón tu oído y tu corazón,
y deja que tu boca
se llene de los torrentes
inagotables
del amor,
que te rodean y,
que si tú quieres,
te inundan.


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martes, 19 de octubre de 2010

ZENIT  nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigió el viernes, 1 de Octubre de 2010, durante la celebración de un concierto en el Aula Pablo VI.
El concierto fue interpretado por la Orquesta y el Coro de la Academia Nacional de Santa Cecilia, y estaba organizado por el ENI (Ente Nazionale Idrocarburi), institución italiana que está llevando a cabo los trabajos de restauración de las fachadas laterales de la Basílica de San Pedro.

Venerados hermanos,

ilustres señores y señoras, queridos hermanos y hermanas,

Deseo ante todo dirigir mi sentido agradecimiento al ENI, en la persona del Presidente, el profesor Roberto Poli, que ha presentado cortésmente esta velada. Ya desde hace tiempo el ENI había ofrecido organizar un concierto en coincidencia con los trabajos de restauración de las fachadas laterales de la Basílica de San Pedro. Tras haber realizado la memorable limpieza de la fachada, admirada por millones de peregrinos durante el Jubileo del 2000, esta gran obra posterior está en pleno desarrollo: entrando en el Vaticano por el Arco de las Campanas o por el Petriano, se queda uno sorprendido – al mirar la parte ya terminada – por el aspecto del [mármol] travertino, que parece como nunca lo habíamos visto, casi suave y aterciopelado. ¡También este es un gran trabajo “de orquesta”, y merecen un aplauso todos aquellos que lo dirigen y cuantos lo llevan a cabo, con maestría y con laboriosidad!

Y así el ENI ha pensado en un concierto – ¡quizás para compensar los ruidos que inevitablemente estos trabajos producen! Para esto fueron llamados la Orquesta y el Coro de la Academia Nacional de Santa Cecilia, es decir, dos instituciones que, por su historia, la calidad de su arte y el sonido típicamente "italiano", representan a Roma e Italia en el panorama musical mundial. A todos los miembros de la Orquesta y del Coro quisiera ofrecer mis congratulaciones, con el deseo de que siempre se puedan en el espíritu, para dar vida – como esta noche – a obras inmortales. En particular, expreso vivo aprecio al Director Neeme Järvi, al pianista Andrea Lucchesini y al Maestro del Coro Ciro Visco. Un saludo especial también al grupo de pobres, asistidos por la Caritas diocesana, a los que he querido invitar para vivir con nosotros este momento de alegría.

Y ahora una breve reflexión sobre la música que hemos escuchado: una sinfonía de Haydn, del grupo de las "Londinenses", llamada "La sorpresa", o mit dem Paukenschlag por el característico uso del tímpano en el segundo tiempo; la Fantasía coral de Beethoven, un pasaje bastante atípico como género en el panorama beethoveniano, pero que muestra de forma sintética las posibilidades expresivas de la música solista, orquestal y coral; y, colocada en medio, la Cecilia, vergine romana de Arvo Pärt. Las dos obras de Haydn y de Beethoven han hecho resonar toda la riqueza y la potencia de la música sinfónica del periodo clásico y romántico: con ella el genio humano compite en creatividad con la naturaleza, da vida a armonías variadas y multiformes, donde también la voz humana participa de este lenguaje, que es como un reflejo de la gran sinfonía cósmica. Esta forma es característica sobre todo del periodo romántico y tardo romántico, pero va más allá, representa una dimensión universal del arte, un modo de concebir al hombre y su lugar en el mundo.

En cambio la obra de Pärt, aún valiéndose también de un instrumento similar, una orquesta sinfónica y un coro, quiere dar voz a otra realidad, que no pertenece al mundo natural: da voz al testimonio de la fe en Cristo, que en una palabra se dice "martirio". Es interesante que este testimonio sea personificado precisamente por santa Cecilia: una mártir que es también la patrona de la música y del bel canto.

Es necesario por tanto felicitar también a quien ha ideado el programa del concierto, porque el acercamiento de este trabajo sobre santa Cecilia a las obras de Haydn y Beethoven ofrece un contraste rico en significado, que invita a reflexionar. El texto del martirio de la Santa y el estilo particular que lo interpreta en clave musical, parecen representar el lugar y la tarea de la fe en el universo: en medio de las fuerzas vitales de la naturaleza, que están alrededor del hombre y también dentro de él, la fe es una fuerza distinta, que responde a una palabra profunda, “surgida del silencio”, como diría san Ignacio de Antioquía. La palabra de la fe necesita un gran silencio interior, para escuchar y obedecer a una vos que va más allá de lo visible y lo tangible. Esta voz habla también a través de los fenómenos de la naturaleza, porque es el poder que ha creado y gobierna el universo; pero para reconocerla es necesario un corazón humilde y obediente – como nos enseña también la santa de la que hoy hacemos memoria: santa Teresita del Niño Jesús. La fe sigue esta voz profunda allí donde el arte mismo por sí solo no puede llegar: la sigue en el camino del testimonio, de la entrega de sí mismos por amor, como hizo Cecilia. Entonces la obra de arte más bella, la obra maestra del ser humano es cada acto suyo de amor auténtico, desde el más pequeño – en el martirio cotidiano – hasta el sacrificio extremo. Aquí la vida misma se hace canto: un anticipo de esa sinfonía que cantaremos juntos en el Paraíso. Gracias de nuevo y buena velada.

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


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Homilía de monseñor Marcelino Palentini, obispo de Jujuy, con motivo de la Primera (de seis) peregrinación al Santuario de Nuestra Señora del Rosario de Río Blanco y Paypaya (3 de octubre de 2010). (AICA)

JESÚS, PALABRA DE VIDA, ¿LO ESCUCHÁS?

Ez 37, 1-14 / Sal. 95 (94) 1- 8 / Jn. 1. 1-18 

Estamos sumergidos en un mundo de palabras… Hasta lo cantamos “palabras… palabras… ríos de palabras donde se ahogan el pobre y el honesto…”

No siempre las palabras reflejan lo que sentimos, queremos  y vivimos.

“A veces decimos lo que el otro quiere escuchar… pensamos lo que queremos y hacemos lo que nos conviene”. Es la contradicción de lo que debería ser la palabra como expresión de sentimientos, de deseo, de proyectos, de ideales… En el fondo la palabra debe ser medio de comunicación profunda y sincera entre personas.

Estamos acostumbrándonos, de a poco, a escuchar palabras huecas, sin sentido existencial, solamente palabras que gratifican el oído y dejan el corazón vacío. Pueden ser elogios o reproches, pero que “nos resbalan”. … Son palabras de conveniencia, de ocasión para quedar bien, pero que no dejan nada en el corazón.

Por el contrario el Evangelio de Juan nos habla de La Palabra de vida, de verdad de amor… La Palabra que llena el corazón y el mundo, porque es La Palabra que creó el mundo.  Es la expresión visible del proyecto divino para toda la creación y sobre todo para el hombre que es el punto culminante de la creación.

Es la Palabra que está en plena comunión con el Padre y desde esa comunión quiere que nosotros también entremos en comunión de amor.

Jesús es esta Palabra que está al lado del Padre desde toda la eternidad.

La Palabra se ha revelado como luz en el mundo y luz del mundo.

Este mundo que vive en tinieblas de muerte, como nos presenta el profeta Ezequiel en su  mensaje, necesita de la Palabra que restituye la vida, necesita de esta luz que ilumina para dar vida en plenitud.  Continuamente escuchamos denuncias de violencia, de destrucción, de injusticia, de inseguridad, de corrupción. Somos conscientes que esto no está solamente afuera sino dentro de cada uno de nosotros porque la tiniebla está afuera y adentro. 

“Argentina necesita más gente honesta” decía en estos días un obispo argentino emérito mons. Miguel Esteban Hesayne

“Es el reto exigente de ser fieles discípulos de Jesús. Es ser honesto consigo mismo, coherente con el nombre de “cristiano”. La deshonestidad social-política de un vasto sector de la sociedad, es un desafío para el cristiano auténtico a vivir con lucidez y entusiasmo la vocación de testigos de cristiana santidad ciudadana. No somos cristianos para ser ciudadanos del cielo sin pasar por ser honestos ciudadanos en la tierra. Por eso, Jesús nos recuerda en Mateo 5, 14: “Ustedes son la luz del mundo…Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa. Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el Cielo”.

 Lo tenemos que pedir a los gobernantes y a los ciudadanos comunes, porque la luz que está en nosotros desde el bautismo debe brillar

Necesitamos renovar las promesas bautismales como cristianos del siglo XXI. renunciando: al pecado, como negación de Dios -al error como negación de la verdad- a la violencia, como contraria a la caridad- al egoísmo, como falta de testimonio del Amor…a la envidia y al odio, la pereza e indiferencia -la cobardía y omisiones, el materialismo y la sensualidad -la injusticia y el favoritismo- el negociado y el soborno- el dinero como aspiración suprema de la vida.- el placer y el propio interés ante todo.

Vivamos con los ojos fijos en Jesús, el Señor de la Historia y de la Iglesia y  el corazón dispuesto a vivir su Evangelio

Como decía Pablo VI “damos gracias a Dios vivir esta época  que no nos permite ser mediocres.” 

“La luz de Cristo, su Palabra de vida vino al mundo y a los suyos, pero no fue aceptada” nos dice el evangelista Juan en este párrafo.  “Pero a los que la recibieron, a los que creen en ella los hizo capaces de ser hijos de Dios.”

Lo que da verdadero sentido a nuestra vida como cristianos, discípulos de Jesús es haber aceptado esta Palabra que nos hace hijos en el Hijo, que nos hace verdaderamente “suyos”,  que nos da la alegría de la filiación divina que es el don más grande que el hombre puede recibir.

Juan el Bautista es testigo de la Palabra…  no es la luz ni la palabra, sino simplemente testigo… como nosotros que debemos ser reflejo de la luz de Cristo y portadores de su mensaje de salvación…

El cristiano de hoy debe tener la valentía de Juan el Bautista: anunciar la presencia de Jesús en un  mundo que a veces lo quiere echar porque estorba y molesta (el crucifijo en algunos lugares públicos molesta, porque habla de amor y perdón hasta el extremo, de justicia y de reconciliación).

El cristiano que sigue esta Palabra no se deja engañar por falsas promesas de felicidad; no se deja conducir por líderes que piensan más en sus intereses personales que en el bien del pueblo. El que escucha la Palabra que es Cristo, opta por seguirlo y anunciarlo para construir aquí el Reino que Jesús vino a  implantar.

El Salmo nos decía “ojalá hoy escuchen mi voz”… Sí Señor, queremos escuchar tu voz, no queremos endurecer nuestro corazón. No queremos ser un pueblo de corazón extraviado que no reconoce tu camino”, sino como María queremos decirte una vez más: “Hágase en mí según tu Palabra”.

Queremos escuchar esta Palabra que da vida, que ilumina, que guía, que reconforta, que sostiene que da esperanza.

María, madre nuestra, enséñanos todos los días a escuchar para vivir en y desde la fe. Amén.

Mons. Marcelino Palentini, obispo de Jujuy 


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Alocución televisiva de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata en el programa “Claves para un mundo mejor” (2 de octubre de 2010). (AICA)

EL NUEVO ATAQUE CONTRA LA CRUZ

 Hace unas semanas una jueza de la Corte Suprema de Justicia de la Nación manifestó que habría que quitar los crucifijos de los despachos judiciales porque el nuestro es un estado laico, no confesional, no religioso. Entonces, en nombre de la laicidad del estado, de su neutralidad religiosa, no habría que exhibir ningún signo del catolicismo.

Estuve pensando un poco en esto y anoté algunas conclusiones. La cuestión es que la neutralidad religiosa del estado no puede ser absoluta porque la absolutización de esa neutralidad conduce inevitablemente al ateismo del estado. Con lo cual la neutralidad dejaría de ser tal.

El ejemplo más característico es el del estado soviético que mantuvo siempre en su Constitución escrita la afirmación de la libertad de culto pero fue un monstruo perseguidor de la Iglesia durante 70 años, y de toda religión.

Lo que no se entiende es que la fe, la religión, no son hechos privados. Entre la conciencia religiosa del individuo y las estructuras del estado está la cultura del pueblo, la vida de una sociedad. La religión es una dimensión principal de esa cultura y de esa vida. ¿Y quién puede negar el hecho religioso en la cultura argentina, en la vida de la sociedad argentina? Pensemos en las grandes manifestaciones de piedad popular: la Fiesta del Milagro en Salta, del Mailín en Santiago del Estero. Pensemos en las peregrinaciones a Luján, a Itatí, a San Nicolás. Todo eso significa que en el pueblo argentino existe una profunda religiosidad enraizada en la tradición católica. La fe tiende a hacerse cultura e impregna de sentido religioso todo lo que el hombre hace.

No se puede pensar que en la Argentina, donde reina pacíficamente la libertad de cultos, alguien pueda sentirse traumatizado porque haya crucifijos en los despachos de los jueces. Ni los procesados, resulten inocentes o culpables, ni los mismos jueces. Unos y otros pueden reconocer en el signo de la cruz el misterio de una justicia superior; mejor aún, el misterio de una misericordia que supera al juicio de los hombres. Si quienes deben administrar justicia contemplaran asiduamente el sacrificio no habría tantas quejas contra ellos.

Por otra parte, más allá del valor que tiene para los cristianos, la cruz es un signo universal que exalta el amor entre los hombres y el triunfo del bien sobre el mal.

¿Qué significan, entonces, manifestaciones como ésta que comentamos? Lo que se busca al proponer la supresión del crucifijo de los lugares públicos es recluir la expresión religiosa al ámbito de lo privado y por lo tanto dejar el ámbito público huérfano de valores trascendentes, a merced del agnosticismo y del relativismo ético. No hay que olvidar que la iniciativa ha sido planteada esta vez por una persona que ha hecho pública manifestación de ateísmo, ¿se pretende instaurar acaso el ateísmo del estado? Existen en nuestro país minorías autodenominadas “progresistas” que van a contrapelo de la vida de la sociedad e ignoran o desprecian los sentimientos de la mayoría de nuestro pueblo. La expresión religiosa es para nuestro pueblo signo de un auténtico humanismo. 

Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata 


Publicado por verdenaranja @ 22:35  | Hablan los obispos
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Reflexión de José Antonio Pagola para el evangelio del domingo treinta del Tiempo Ordinario - C, ofrecida por la Delegación de Enseñanza de la diócesis de Tenerife.

LA POSTURA JUSTA           

          Según Lucas, Jesús dirige la parábola del fariseo y el publicano a algunos que presumen de ser justos ante Dios y desprecian a los demás. Los dos protagonistas que suben al templo a orar representan dos actitudes religiosas contrapuestas e irreconciliables. Pero, ¿cuál es la postura justa y acertada ante Dios? Ésta es la pregunta de fondo.

          El fariseo es un observante escrupuloso de la ley y un practicante fiel de su religión. Se siente seguro en el templo. Ora de pie y con la cabeza erguida. Su oración es la más hermosa: una plegaria de alabanza y acción de gracias a Dios. Pero no le da gracias por su grandeza, su bondad o misericordia, sino por lo bueno y grande que es él mismo.

          En seguida se observa algo falso en esta oración. Más que orar, este hombre se contempla a sí mismo. Se cuenta su propia historia llena de méritos. Necesita sentirse en regla ante Dios y exhibirse como superior a los demás.

          Este hombre no sabe lo que es orar. No reconoce la grandeza misteriosa de Dios ni confiesa su propia pequeñez. Buscar a Dios para enumerar ante él nuestras buenas obras y despreciar a los demás es de imbéciles. Tras su aparente piedad se esconde una oración "atea". Este hombre no necesita a Dios. No le pide nada. Se basta a sí mismo.

          La oración del publicano es muy diferente. Sabe que su presencia en el templo es mal vista por todos. Su oficio de recaudador es odiado y despreciado. No se excusa. Reconoce que es pecador. Sus golpes de pecho y las pocas palabras que susurra lo dicen todo: «¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador».

          Este hombre sabe que no puede vanagloriarse. No tiene nada que ofrecer a Dios, pero sí mucho que recibir de él: su perdón y su misericordia. En su oración hay autenticidad. Este hombre es pecador, pero está en el camino de la verdad.

          El fariseo no se ha encontrado con Dios. Este recaudador, por el contrario, encuentra en seguida la postura correcta ante él: la actitud del que no tiene nada y lo necesita todo. No se detiene siquiera a confesar con detalle sus culpas. Se reconoce pecador. De esa conciencia brota su oración: «Ten compasión de este pecador».

          Los dos suben al templo a orar, pero cada uno lleva en su corazón su imagen de Dios y su modo de relacionarse con él. El fariseo sigue enredado en una religión legalista: para él lo importante es estar en regla con Dios y ser más observante que nadie. El recaudador, por el contrario, se abre al Dios del Amor que predica Jesús: ha aprendido a vivir del perdón, sin vanagloriarse de nada y sin condenar a nadie.   

José Antonio Pagola 

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
24 de octubre de 2010
30 Tiempo ordinario (C)
Lucas 18,9-14


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DOMINGO 30 DEL TIEMPO ORDINARIO / C  
24 de octubre de 2010

Hoy, penúltimo domingo de octubre, conmemoramos el Domingo Mundial de la Propagación de la fe (Domund). Las oraciones son de la misa por la evangelización de los pueblos. Las lecturas son las del domingo 30 del tiempo ordinario.

La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y de Jesucristo, el Señor, estén con todos vosotros.

Un domingo más nos reunimos para celebrar la Eucaristía. Hoy celebramos el Domund, el domingo en el que toda la Iglesia recuerda de forma especial los países de misión. La tarea misionera nos urge a todos, también aquí en nuestros ambientes. Pero hoy oramos especialmente por la misión evangelizadora de los misioneros, y se nos invita también a ser soli­darios con sus proyectos, que son de todos.

A. penitencial: Comencemos nuestra celebración pi­diendo perdón por nuestros pecados.

Tú, que has venido a buscar al que estaba perdido: SEÑOR, TEN PIEDAD.
Tú, que has querido dar la vida por la salvación del mundo. CRISTO, TEN PIEDAD.
Tú, que reúnes a tus hijos dispersos. SEÑOR, TEN PIEDAD. ,

1. lectura (Eclesiástico 35,12-14.16-18): En esta primera lectura, un sabio del Antiguo Testamento nos expone cómo Dios escucha de un modo especial la oración humilde de los pobres y desvalidos. Un tema que después aparecerá también en el evangelio.

2. lectura (2 Timoteo 4,6-8.16-18): Acabamos hoy la lectura de las cartas de san Pablo a su discípulo Timoteo. En este último fragmento, el apóstol reconoce, con fe y agradecimiento, que está llegando al final de su vida, una vida entregada a la difusión del evangelio.

Oración universal: Presentemos ahora nuestras plegarias, hoy especialmente por la misión evangelizadora de la Iglesia. Oremos diciendo: ESCÚCHANOS, PADRE.

Por la Iglesia, por todos los cristianos. Que demos siem­pre un buen testimonio de nuestra fe. OREMOS:

Por los misioneros y misioneras. Que el Señor les acom­pañe con su amor, para que puedadn llevar a cabo su misión con alegría y esperanza. OREMOS:

Por los que no conocen a Jesucristo y por los que se han alejado del camino de la fe. Que puedan llegar a descubrir la luz del Evangelio. OREMOS:

Por los países que viven sumergidos en la pobreza, la violencia, la injusticia. Que encuentren la fuerza ne­cesaria para liberarse de estas situaciones inhumanas. OREMOS:

Por todos nosotros. Que unamos cada día a la oración humilde y sincera nuestro testimonio de vida cristiana. OREMOS:

Escucha, Padre, nuestras oraciones, y derrama tu amor sobre todos los hombres y mujeres del mundo entero. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Padrenuestro: Unidos a todos los cristianos del mundo, de los diferentes pueblos y culturas, pero sintién­donos hermanos en una misma fe, nos dirigimos al Dios del cielo diciendo:

 

CPL


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Carta del Papa Benedicto XVI enviada  a los seminaristas de todo el mundo, el18 de Octubre,  día en que la Iglesia recuerda a San Lucas el evangelista y tras la conclusión del Año Sacerdotal. 
Lunes 18 de octubre de 2010 

En la Fiesta de San Lucas el Evangelista en la conclusión del Año Sacerdotal
18 de octubre 2010

Queridos seminaristas:

En diciembre de 1944, cuando me llamaron al servicio militar, el comandante de la compañía nos preguntó a cada uno qué queríamos ser en el futuro. Respondí que quería ser sacerdote católico. El subteniente replicó: Entonces tiene usted que buscarse otra cosa. En la nueva Alemania ya no hay necesidad de curas. Yo sabía que esta "nueva Alemania" estaba llegando a su fin y, que después de las devastaciones tan enormes que aquella locura había traído al País, habría más que nunca necesidad de sacerdotes. Hoy la situación es completamente distinta. Pero también ahora hay mucha gente que, de una u otra forma, piensa que el sacerdocio católico no es una "profesión" con futuro, sino que pertenece más bien al pasado. Vosotros, queridos amigos, habéis decidido entrar en el seminario y, por tanto, os habéis puesto en camino hacia el ministerio sacerdotal en la Iglesia católica, en contra de estas objeciones y opiniones. Habéis hecho bien. Porque los hombres, también en la época del dominio tecnológico del mundo y de la globalización, seguirán teniendo necesidad de Dios, del Dios manifestado en Jesucristo y que nos reúne en la Iglesia universal, para aprender con Él y por medio de Él la vida verdadera, y tener presentes y operativos los criterios de una humanidad verdadera. Donde el hombre ya no percibe a Dios, la vida se queda vacía; todo es insuficiente. El hombre busca después refugio en el alcohol o en la violencia, que cada vez amenaza más a la juventud. Dios está vivo. Nos ha creado y, por tanto, nos conoce a todos. Es tan grande que tiene tiempo para nuestras pequeñas cosas: "Hasta los pelos de vuestra cabeza están contados". Dios está vivo, y necesita hombres que vivan para Él y que lo lleven a los demás. Sí, tiene sentido ser sacerdote: el mundo, mientras exista, necesita sacerdotes y pastores, hoy, mañana y siempre.

El seminario es una comunidad en camino hacia el servicio sacerdotal. Con esto, ya he dicho algo muy importante: no se llega a ser sacerdote solo. Hace falta la "comunidad de discípulos", el grupo de los que quieren servir a la Iglesia de todos. Con esta carta quisiera poner de relieve -mirando también hacia atrás, a mis días en el seminario- algunos elementos importantes para estos años en los que os encontráis en camino.

1. Quien quiera ser sacerdote debe ser sobre todo un "hombre de Dios", como lo describe san Pablo (1 Tm 6,11). Para nosotros, Dios no es una hipótesis lejana, no es un desconocido que se ha retirado después del "big bang". Dios se ha manifestado en Jesucristo. En el rostro de Jesucristo vemos el rostro de Dios. En sus palabras escuchamos al mismo Dios que nos habla. Por eso, lo más importante en el camino hacia el sacerdocio, y durante toda la vida sacerdotal, es la relación personal con Dios en Jesucristo. El sacerdote no es el administrador de una asociación, que intenta mantenerla e incrementar el número de sus miembros. Es el mensajero de Dios entre los hombres. Quiere llevarlos a Dios, y que así crezca la comunión entre ellos. Por esto, queridos amigos, es tan importante que aprendáis a vivir en contacto permanente con Dios. Cuando el Señor dice: "Orad en todo momento", lógicamente no nos está pidiendo que recitemos continuamente oraciones, sino que nunca perdamos el trato interior con Dios. Ejercitarse en este trato es el sentido de nuestra oración. Por esto es importante que el día se inicie y concluya con la oración. Que escuchemos a Dios en la lectura de la Escritura. Que le contemos nuestros deseos y esperanzas, nuestras alegrías y sufrimientos, nuestros errores y nuestra gratitud por todo lo bueno y bello, y que de esta manera esté siempre ante nuestros ojos como punto de referencia en nuestra vida. Así nos hacemos más sensibles a nuestros errores y aprendemos a esforzarnos por mejorar; pero, además, nos hacemos más sensibles a todo lo hermoso y bueno que recibimos cada día como si fuera algo obvio, y crece nuestra gratitud. Y con la gratitud aumenta la alegría porque Dios está cerca de nosotros y podemos servirlo.

2. Para nosotros, Dios no es sólo una palabra. En los sacramentos, Él se nos da en persona, a través de realidades corporales. La Eucaristía es el centro de nuestra relación con Dios y de la configuración de nuestra vida. Celebrarla con participación interior y encontrar de esta manera a Cristo en persona, debe ser el centro de cada una de nuestras jornadas. San Cipriano ha interpretado la petición del Evangelio: "Danos hoy nuestro pan de cada día", diciendo, entre otras cosas, que "nuestro" pan, el pan que como cristianos recibimos en la Iglesia, es el mismo Señor Sacramentado. En la petición del Padrenuestro pedimos, por tanto, que Él nos dé cada día este pan "nuestro"; que éste sea siempre el alimento de nuestra vida. Que Cristo resucitado, que se nos da en la Eucaristía, modele de verdad toda nuestra vida con el esplendor de su amor divino. Para celebrar bien la Eucaristía, es necesario también que aprendamos a conocer, entender y amar la liturgia de la Iglesia en su expresión concreta. En la liturgia rezamos con los fieles de todos los tiempos: pasado, presente y futuro se suman a un único y gran coro de oración. Por mi experiencia personal puedo afirmar que es entusiasmante aprender a entender poco a poco cómo todo esto ha ido creciendo, cuánta experiencia de fe hay en la estructura de la liturgia de la Misa, cuántas generaciones con su oración la han ido formando.

3. También es importante el sacramento de la Penitencia. Me enseña a mirarme con los ojos de Dios, y me obliga a ser honesto conmigo mismo. Me lleva a la humildad. El Cura de Ars dijo en una ocasión: Pensáis que no tiene sentido recibir la absolución hoy, sabiendo que mañana cometeréis nuevamente los mismos pecados. Pero -nos dice- Dios mismo olvida en ese momento los pecados de mañana, para daros su gracia hoy. Aunque tengamos que combatir continuamente los mismos errores, es importante luchar contra el ofuscamiento del alma y la indiferencia que se resigna ante el hecho de que somos así. Es importante mantenerse en camino, sin ser escrupulosos, teniendo conciencia agradecida de que Dios siempre está dispuesto al perdón. Pero también sin la indiferencia, que nos hace abandonar la lucha por la santidad y la superación. Cuando recibo el perdón, aprendo también a perdonar a los demás. Reconociendo mi miseria, llego también a ser más tolerante y comprensivo con las debilidades del prójimo.

4. Sabed apreciar también la piedad popular, que es diferente en las diversas culturas, pero que a fin de cuentas es también muy parecida, pues el corazón del hombre después de todo es el mismo. Es cierto que la piedad popular puede derivar hacia lo irracional y quizás también quedarse en lo externo. Sin embargo, excluirla es completamente erróneo. A través de ella, la fe ha entrado en el corazón de los hombres, formando parte de sus sentimientos, costumbres, sentir y vivir común. Por eso, la piedad popular es un gran patrimonio de la Iglesia. La fe se ha hecho carne y sangre. Ciertamente, la piedad popular tiene siempre que purificarse y apuntar al centro, pero merece todo nuestro aprecio, y hace que nosotros mismos nos integremos plenamente en el "Pueblo de Dios".

5. El tiempo en el seminario es también, y sobre todo, tiempo de estudio. La fe cristiana tiene una dimensión racional e intelectual esencial. Sin esta dimensión no sería ella misma. Pablo habla de un "modelo de doctrina", a la que fuimos entregados en el bautismo (Rm 6,17). Todos conocéis las palabras de san Pedro, consideradas por los teólogos medievales como justificación de una teología racional y elaborada científicamente: "Estad siempre prontos para dar razón (logos) de vuestra esperanza a todo el que os la pidiere" (1 P 3,15). Una de las tareas principales de los años de seminario es capacitaros para dar dichas razones. Os ruego encarecidamente: Estudiad con tesón. Aprovechad los años de estudio. No os arrepentiréis. Es verdad que a veces las materias de estudio parecen muy lejanas de la vida cristiana real y de la atención pastoral. Sin embargo, es un gran error plantear de entrada la cuestión en clave pragmática: ¿Me servirá esto para el futuro? ¿Me será de utilidad práctica, pastoral? Desde luego no se trata solamente de aprender las cosas meramente prácticas, sino de conocer y comprender la estructura interna de la fe en su totalidad, de manera que se convierta en una respuesta a las preguntas de los hombres, que aunque aparentemente cambian en cada generación, en el fondo son las mismas. Por eso, es importante ir más allá de las cuestiones coyunturales para captar cuáles son precisamente las verdaderas preguntas y poder entender también así las respuestas como auténticas repuestas. Es importante conocer a fondo la Sagrada Escritura en su totalidad, en su unidad entre Antiguo y Nuevo Testamento: la formación de los textos, su peculiaridad literaria, la composición gradual de los mismos hasta formar el canon de los libros sagrados, la unidad de su dinámica interna que no se aprecia a primera vista, pero que es la única que da sentido pleno a cada uno de los textos. Es importante conocer a los Padres y los grandes Concilios, en los que la Iglesia ha asimilado, reflexionando y creyendo, las afirmaciones esenciales de la Escritura. Podría continuar en este sentido: llamamos dogmática a la comprensión de cada uno de los contenidos de la fe en su unidad, o mejor, en su simplicidad última: cada detalle particular, en definitiva, desarrolla la fe en el único Dios, que se manifestó y que sigue manifestándose. No es necesario que diga expresamente lo necesario que es estudiar las cuestiones esenciales de la teología moral y de la doctrina social de la Iglesia. Es evidente la importancia que tiene hoy la teología ecuménica, conocer las diversas comunidades cristianas; es igualmente necesario una orientación fundamental sobre las grandes religiones y, sobre todo, la filosofía: la comprensión de la búsqueda y de las preguntas del hombre, a las que la fe quiere dar respuesta. Pero también aprended a comprender y -me atrevo a decir- a valorar el derecho canónico por su necesidad intrínseca y por su aplicación práctica: una sociedad sin derecho sería una sociedad carente de derechos. El derecho es una condición del amor. Prefiero no continuar enumerando más cosas, pero sí deseo deciros una vez más: amad el estudio de la teología y continuadlo con especial sensibilidad, para anclar la teología en la comunidad viva de la Iglesia que, con su autoridad, no es un polo opuesto a la ciencia teológica, sino su presupuesto. Sin la Iglesia que cree, la teología deja de ser ella misma y se convierte en un conjunto de disciplinas diversas sin unidad interior.

6. Los años de seminario deben ser también un periodo de maduración humana. Para el sacerdote, que deberá acompañar a otros en el camino de la vida y hasta el momento de la muerte, es importante que haya conseguido un equilibrio justo entre corazón y mente, razón y sentimiento, cuerpo y alma, y que sea humanamente "íntegro". La tradición cristiana siempre ha unido las "virtudes teologales" con las "virtudes cardinales", que brotan de la experiencia humana y de la filosofía, y ha tenido en cuenta la sana tradición ética de la humanidad. Pablo dice a los Filipenses de manera muy clara: "Finalmente, hermanos, todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta" (4,8). En este contexto, se sitúa también la integración de la sexualidad en el conjunto de la personalidad. La sexualidad es un don del Creador, pero también una tarea que tiene que ver con el desarrollo del ser humano. Cuando no se integra en la persona, la sexualidad se convierte en algo banal y destructivo. En nuestra sociedad actual se ven muchos ejemplos de esto. Recientemente, hemos constatado con gran dolor que algunos sacerdotes han desfigurado su ministerio al abusar sexualmente de niños y jóvenes. En lugar de llevar a las personas a una madurez humana y ser un ejemplo para ellos, han provocado con sus abusos un daño que nos causa profundo dolor y disgusto. Debido a todo esto, muchos podrán preguntarse, quizás también vosotros, si vale la pena ser sacerdote; si es sensato encaminar la vida por el celibato. Sin embargo, estos abusos, que son absolutamente reprobables, no pueden desacreditar la misión sacerdotal, que conserva toda su grandeza y dignidad. Gracias a Dios, todos conocemos sacerdotes convincentes, forjados por su fe, que dan testimonio de cómo en este estado, en la vida celibataria, se puede vivir una humanidad auténtica, pura y madura. Pero lo que ha ocurrido, nos debe hacer más vigilantes y atentos, examinándonos cuidadosamente a nosotros mismos, delante de Dios, en el camino hacia el sacerdocio, para ver si es ésta su voluntad para mí. Es tarea de los confesores y de vuestros superiores acompañaros y ayudaros en este proceso de discernimiento. Un elemento esencial de vuestro camino es practicar las virtudes humanas fundamentales, con la mirada puesta en Dios manifestado en Cristo, dejándonos purificar por Él continuamente.

7. En la actualidad, los comienzos de la vocación sacerdotal son más variados y diversos que en el pasado. Con frecuencia, se toma la decisión por el sacerdocio en el ejercicio de alguna profesión secular. A menudo, surge en las comunidades, especialmente en los movimientos, que propician un encuentro comunitario con Cristo y con su Iglesia, una experiencia espiritual y la alegría en el servicio de la fe. La decisión también madura en encuentros totalmente personales con la grandeza y la miseria del ser humano. De este modo, los candidatos al sacerdocio proceden con frecuencia de ámbitos espirituales completamente diversos. Puede que sea difícil reconocer los elementos comunes del futuro enviado y de su itinerario espiritual. Precisamente, por eso, el seminario es importante como comunidad en camino por encima de las diversas formas de espiritualidad. Los movimientos son una cosa magnífica. Sabéis bien cuánto los aprecio y quiero como don del Espíritu Santo a la Iglesia. Sin embargo, se han de valorar según su apertura a la común realidad católica, a la vida de la única y común Iglesia de Cristo, que en su diversidad es, en definitiva, una sola. El seminario es el periodo en el que uno aprende con los otros y de los otros. En la convivencia, quizás a veces difícil, debéis asimilar la generosidad y la tolerancia, no simplemente soportándoos mutuamente, sino enriqueciéndoos unos a otros, de modo que cada uno pueda aportar sus cualidades particulares al conjunto, mientras todos servís a la misma Iglesia, al mismo Señor. Ser escuela de tolerancia, más aún, de aceptarse y comprenderse en la unidad del Cuerpo de Cristo, es otro elemento importante de los años de seminario.

Queridos seminaristas, con estas líneas he querido mostraros lo mucho que pienso en vosotros, especialmente en estos tiempos difíciles, y lo cerca que os tengo en la oración. Rezad también por mí, para que pueda desempeñar bien mi servicio, hasta que el Señor quiera. Confío vuestro camino de preparación al sacerdocio a la maternal protección de María Santísima, cuya casa fue escuela de bien y de gracia. A todos os bendiga Dios omnipotente, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Vaticano, 18 de octubre de 2010, Fiesta de San Lucas, evangelista.

Vuestro en el Señor

BENEDICTUS PP. XVI 


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lunes, 18 de octubre de 2010

Homilía del Nuncio Apostólico, monseñor Adriano Bernardini, durante la misa central de los festejos jubilares (2 de octubre de 2010). (AICA)

FESTEJOS JUBILARES DEL PRIMER CENTENARIO DE LA ARQUIDIÓCESIS DE CORRIENTES

Señor Arzobispo,
Señores Obispos,
Queridos Sacerdotes y Seminaristas,
Señor Gobernador y Autoridades Civiles y de Seguridad,
Queridos Religiosos y Religiosas,
Todos ustedes aquí presentes, 

Es con inmensa alegría que, desde hace ya un tiempo, he recibido la invitación de Mons. Arzobispo a venir a Corrientes para estar presente en esta solemne Eucaristía, en ocasión de las Celebraciones del primer Centenario de la Diócesis.

Permítanme ahora algunas reflexiones de ocasión, tomando como punto de partida el mandamiento del Amor, escuchado en la Liturgia de la Palabra, en la Carta Pastoral, que su Arzobispo les ha dirigido en la Navidad del año pasado.

En el segundo punto del citado documento se lee: “Hace tres años empezamos a preparar el Centenario de la creación de la Diócesis de Corrientes. Entonces se nos invitó a mirar los “dos amores” que nos acompañaron desde los primeros tiempos de la Evangelización: la Cruz de los Milagros y la tierna Madre de Itatí”

Queridos hermanos, toda obra grande tiene uno o más elementos inspiradores sobre los cuales fundarse y dar entonces vida a grandes realizaciones. Aplicando esto al caso presente, entiendo hablar de la consigna del Mensaje de Cristo y consecuentemente de la vida divina dada a esta Iglesia que peregrina en Corrientes: a sus Padres Evangelizadores y luego a ustedes.

Y aquí debo referirme sobre todo a los Institutos Religiosos que realizaron la Evangelización antes que fuese tomada por el clero diocesano. Pasan ante nuestra consideración Congregaciones Religiosas, en un tiempo particularmente florecientes y beneméritas, como los Padres Franciscanos, los Padres Mercedarios, los Padres Jesuitas, los Padres Dominicanos y otras Congregaciones integradas ya sea por hombres como por mujeres. En todas estaban presentes los dos tesoros, de los que habla la carta pastoral: ¡el profundo amor al Crucifijo y la tierna devoción a la Madre del Cielo, a María! Y todo esto profundamente impreso y luego vivido por los correspondientes fundadores y después en los respectivos Institutos.

Sea de ejemplo, entre todos y para todos, la figura y la vida de San Francisco de Asís y de los Padres Franciscanos contemporáneos del Santo y de cuantos han contribuido tan profundamente al nacimiento y luego al desarrollo de esta Iglesia.

Observando cuanto escribe sobre San Francisco su biógrafo Tommaso da Celano y, más precisamente, acerca de su amor al Crucifijo y luego al sufrimiento, leemos: “…la mano del Señor se posó sobre Francisco y la diestra del Altísimo lo transformó… golpeado por una larga enfermedad, comenzó a cambiar su mundo interior formado por los ideales efímeros del mundo… renuncia a preparativos militares”.

Durante un viaje a la cercana Foligno vende cuanto posee, incluso el caballo. Es su “no” al pasado, si bien todavía no tiene en claro a qué deberá decir su “si”.

Acercándose a Asís, se encuentra con una iglesia muy antigua y en ruinas, dedicada a San Damián. Viéndola en aquellas miserables condiciones sintió que se le estrechaba el corazón. Encontrando a su pobre sacerdote, con gran fe le besa las manos consagradas y le ofrece dinero, quedándose a vivir con él.

El Crucifijo de aquella Iglesia será su gran amor y sobre todo será su guía.

Seguirá la renuncia a todo bien paterno ante el Obispo de Asís, quitándose los vestidos, ofreciéndose “hermano universal”: la renuncia a toda posesión y a todo poder, su ser desnudo e indefenso a la medida de Cristo en la Cruz.

Como bien pueden comprender no se trata de una elección de sobriedad, tan importante y necesaria entonces como hoy, sino de una lógica –derivada del Crucifijo- que parece subversiva ante los arribismos y la avidez de este mundo. No es la popularidad lo que cuenta, ni el éxito o el dinero, ¡sino la desnuda verdad de lo que somos ante Dios y para los otros! Y es precisamente esta libertad de lo esencial lo que acerca Francisco y sus seguidores a todos y lo hace “¡persona inquietante para todos!”

Y es particularmente en San Damián que Francisco recibe del Crucificado la invitación: “¡Ve y repara mi casa!”. Una casa que no era ya la iglesita donde se encontraba, sino toda la Iglesia, la cual atravesaba un período signado de mundanidad y pruebas. Era necesario volverla al auténtico Mensaje Evangélico.

Francisco se entrega por completo a la escuela de Jesús Crucificado y aprende la humildad. Lógicamente la provocación es muy fuerte. Su modo de vivir comenzó a fascinar a los jóvenes de Asís, a tal punto que varios de ellos lo siguieron, provocando la reacción de los poderosos de Asís que veían vaciarse la ciudad.

Será precisamente este meterse en la escuela del Crucificado que –siguiendo siempre a su biógrafo Tommaso da Celano- se transformará él mismo en crucificado, al punto que, encontrándose sobre el monte de la Verna, recibió los sagrados estigmas: “El ardor del deseo lo arrebataba en Dios y un tierno sentimiento de compasión lo transformaba en Aquel que quiere ser crucificado… rezando a un costado del monte vio la figura de un serafín descender de la sumidad de los cielos y lo transformó en el retrato visible de Cristo Jesús Crucificado”.

La misma transformación fue obrada en Francisco por el amor a María, hasta llegar a ser el sostén fundamental de su misión: un amor femenino que había comenzado en la vida disoluta de los primeros años de juventud y que se había concentrado en la figura de la madre, que lo protegía en los momentos de dificultad del padre. Luego se había vuelto religiosamente idealista con la joven Clara. Y finalmente había encontrado en María la plena realización y reposo.

En la imitación de estas grandes figuras los evangelizadores de los primeros y de los últimos siglos han vivido estos dos grandes amores: amor al Crucificado y a María. Y es cuanto desean que hagamos nosotros mismos.

Hoy –y precisamente en ocasión del Centenario– debemos expresar nuestra gratitud. Gracias a Dios y a los operadores de su bondad.

El hombre, beneficiado por Dios, debe abrirse a la alabanza, al agradecimiento y al testimonio. No sólo quien ha recibido un milagro en el sentido estricto de la palabra. Todos nosotros, de distintas maneras, hemos sido tantas veces visitados por Dios y hemos experimentado tangiblemente su presencia y su poder.

Por otra parte nuestra vida es un continuo milagro y manifestación del amor de Dios. Lo creamos o no lo creamos, nosotros somos seres finitos y, como tales, no podemos subsistir sin recibir nuestro ser, continuamente, de un “ser infinito”. Dios hace esto, pensándonos con amor instante a instante. En el momento que no lo hiciese más, ¡nosotros volveríamos a la nada! De aquí podemos comprender con qué amor nos ama.

Debemos “dar gracias”. ¿Cómo? Jesús mismo nos ha indicado la manera. Para El agradecer significa decir “si” al Padre. Y este sentimiento íntimo de Jesús se difunde en todas sus acciones y hace de fondo a cada oración. Antes de cada acción importante Jesús “da gracias al Padre” (Jn. 6,11; 11, 41).

En la vida de Jesús hay un particular rendimiento de Gracias, cuando “Tomó el pan, dio gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo: Esto es mi cuerpo” (Lc. 22,19). Y piensen: en aquel momento estaba por ser traicionado y matado: ¡“dio gracias”!.

El agradecimiento dado por Jesús al Padre en aquella noche, al cortar el pan, debe ser tan intenso, tan conmovedor y quizá tan sufrido que se imprime de manera indeleble en la memoria de los presentes.

La Iglesia recogiendo esta herencia, llamó a aquel rito y a su memoria “eucaristía”, es decir acción de gracias. De término común “eucaristía” se convierte en término técnico, casi como decir que todo agradecimiento a Dios está contenido en aquel agradecimiento y toma sentido de él. Y es lo que ahora estamos haciendo nosotros como momento central de esta solemne celebración del Centenario.

Queridos fieles, después de haber reflexionado sobre la Eucaristía como “rendimiento de gracias”, nos es ofrecida la posibilidad de vivirla.

También nosotros tomamos el pan y, al celebrar este primer Centenario, damos gracias a Dios: un “gracias” colectivo, coral como una sola y grande familia –la verdadera y auténtica familia que vive su vida en Cristo- reunida alrededor de la mesa, con los ojos vueltos al Padre y que con reconocimiento le dice:

- ¡gracias por el milagro de la vida, nacida de un matrimonio “como tú mandas”!

- gracias por el gran don de una familia y quizá de tantos amigos que nos son cercanos como hermanos;

- gracias por el Mensaje de Cristo que has dado a tu Iglesia que peregrina en Corrientes con la obra de tantos Misioneros del Evangelio;

- gracias por habernos hecho comprender que solamente el amor evangélico puede dar una plena realización tanto a la persona como a la sociedad: una sociedad cimentada sobre el odio y la venganza, sobre todo entre aquellos que deberían dar paz y armonía, terminará destruyéndose;

- gracias por habernos dado a Jesús como hermano y con el todo bien inimaginable;

- gracias por la esperanza y la caridad que has difundido en nuestros corazones mediante el Espíritu que nos has donado;

- gracias por los “dos amores”, que nos has dado: una Madre, en la “tierna Madre de Itatí” y un hermano, que nos ha amado tanto hasta sufrir sobre una cruz para salvarnos y representado en la “Cruz de los Milagros”;

- gracias, por último y simplemente, porque nos permites llamarte “¡Abba, Padre!”

Así sea.

Monseñor Adriano Bernardini, Nuncio Apostólico en la Argentina  


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Homilía de monseñor Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires en la XXXVI Peregrinación Juvenil al Santuario de Luján (3 de octubre de 2010). (AICA)

XXXVI PEREGRINACIÓN JUVENIL AL SANTUARIO DE LUJÁN

“Madre, queremos una Patria para todos” 

“Ahí está tu hijo”, ¡aquí están tus hijos Madre! Tu pueblo peregrino viene a tu Casa desde muchos años, siglos…

En el corazón de los hijos está arraigado ese momento que nos cuenta el evangelio, y aquí cada peregrino, cada uno de nosotros que vinimos ayer y hoy, así lo vivimos.  Jesús en la cruz nos miró en el apóstol y nos dejó el mejor regalo: su Madre,  que es nuestra Madre.

Hermanos y hermanas: en Luján creció fuerte esta presencia de la Virgen, nuestra Madre. Hoy, también en mayo y en diciembre, muchos venimos para estar cerca de la Madre. Venimos porque nos hace falta este lugar de confianza y de descanso. Venimos a contarle a la Virgen como anda nuestra vida y nos llevamos su mirada que es aliento para seguir el camino. Esto no se suele publicar mucho, pero es lo que los hijos viven con mucha fe y son muchos los que aquí han instalado su lugar de encuentro y bendición. Aquí venimos porque nos hace falta seguir confiando y seguir alimentando lo más nuestro, lo que da sentido a nuestras vidas.

Este año la Casa de la Virgen en Luján, tiene, para nuestra Patria, un gran significado. Igual que nosotros hoy, muchos vinieron durante siglos hasta este lugar reconociendo en las palabras del evangelio una pertenencia, una pertenencia de hijos.  

Aquí como hijos renovamos la dignidad de personas, porque la Virgen Madre nos lleva a Jesús que nos enseña con su Palabra y nos entrega su vida.

Y aquí generaciones de hijos, conocidos o anónimos peregrinos de la Virgen, han hecho crecer la Patria y nos han dejado esta Casa que se fue edificando con amor. Todos ellos recibieron la bendición de la Virgen y ella nos animó también a recibir la fe que, de padres a hijos, aquí continúa creciendo.

Como hijos de esta querida Patria queremos seguir cuidados por la Virgen. Que nada ni nadie nos confunda. Aquí Nuestra Señora de Luján se quiso quedar como “La primera fundadora de esta Villa”. Y si nuestros mayores nos enseñaron a confiar porque visitaron a la Virgen en la gloria y en la tristeza, nos confirman ellos también lo que el pueblo argentino siempre hizo en este sitio: confiar en quien prometió cuidarlos. En este año de comienzo del Bicentenario miramos a nuestra Madre y le expresamos nuestro deseo hecho oración: “Madre queremos una Patria para todos”. Que todos tengan cabida. Que no haya “sobrantes”, excluidos ni explotados. Que esta Patria para todos nos consolide como hermanos en la herencia patriótica de nuestros mayores. Que nadie sea despreciado. Que no crezca el odio entre nosostros. Que el rencor, ese yuyo amargo que mata, no eche raíces en nuestro corazón (cfr. Hebr. 12:15). Madre queremos una Patria renovada en la fraternidad; Madre, queremos una Patria para todos.

Y como en tantos otros años te pedimos: no nos sueltes de tu mano, sabemos en quien pusimos nuestra confianza.


Luján, 3 de octubre de 2010.

Card. Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires 


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ZENIT  publica la homilía que pronunció Benedicto XVI el domingo, 3 de Octubre de 2010,  al presidir la santa misa en el Foro Itálico de la capital siciliana con la participación de 200 mil personas.

¡Queridos hermanos y hermanas!
 
Es muy grande mi alegría al poder partir con vosotros el pan de la Palabra de Dios y de la Eucaristía. ¡Os saludo a todos con afecto y os agradezco por vuestra calurosa acogida! Saludo en particular a vuestro Pastor, el arzobispo monseñor Paolo Romeo; le agradezco por las expresiones de bienvenida que ha querido dirigirme en nombre de todos, y también por el significativo don que me ha ofrecido. Saludos también a los arzobispos y obispos presentes, a los sacerdotes, a los religiosos y a las religiosas, a los representantes de las asociaciones y de los movimientos eclesiales. Dirijo un deferente saludo al alcalde, el señor Diego Cammarata, agradecido por el cortés saludo, a los representantes del Gobierno y a las autoridades civiles y militares, que con su presencia han querido honrar nuestro encuentro. Un agradecimiento especial a quienes ha ofrecido generosamente su colaboración para la organización y preparación de esta jornada.
 
¡Queridos amigos! Mi visita se realiza en ocasión de una importante reunión eclesial regional de los jóvenes y de las familias, a quienes encontraré en la tarde. Pero he venido también a compartir con vosotros alegrías y esperanzas, fatigas y compromisos, ideales y aspiraciones de esta comunidad diocesana. Cuando los antiguos griegos atracaron en esta zona, como lo ha recordado el alcalde en su saludo, la llamaron "Panormo", es decir, "todo puerto": un nombre que quería indicar seguridad, paz y serenidad. Viniendo por primera vez entre vosotros, mi augurio es que en verdad, esta Ciudad, inspirándose en los valores más auténticos de su historia y su tradición, sepa siempre realizar para sus habitantes, así como para toda la Nación, el auspicio de serenidad y de paz sintetizado en su nombre.
 
Sé que en Palermo, así como en toda Sicilia, no faltan las dificultades, los problemas y las preocupaciones: pienso, en particular, en quienes viven concretamente su existencia en condiciones de precariedad, a causa de la falta de trabajo, de la incertidumbre por el futuro, del sufrimiento físico y moral y, como ha recordado el arzobispo, a causa del crimen organizado. Hoy estoy en medio de vosotros para dar testimonio de mi cercanía y de mi recuerdo en la oración. Estoy aquí para daros un fuerte aliento para no tener miedo de testimoniar con claridad los valores humanos y cristianos, tan profundamente enraizados en la fe y en la historia de este territorio y de su población.
 
Queridos hermanos y hermanas, cada asamblea litúrgica es espacio de la presencia de Dios. Reunidos para la Sagrada Eucaristía, los discípulos del Señor son sumergidos en el sacrificio redentor de Cristo, proclaman que Él ha resucitado, está vivo y es dador de la vida, y dan testimonio que su presencia es gracia, fuerza y alegría. ¡Abramos el corazón a su palabra y acojamos el don de su presencia! Todos los textos de la liturgia de este domingo nos hablan de la fe, que es el fundamento de toda la vida cristiana. Jesús ha educado a sus discípulos para crecer en la fe, a creer y a confiar siempre en Él, para construir sobre la roca la propia vida. Por esto ello le piden: "Auméntanos la fe" (Lc 17,6). Es una bella petición que dirigen al Señor, es la demanda fundamental: los discípulos no piden dones materiales, no piden privilegios, sino que piden la gracia de la fe, que oriente e ilumine toda la vida; piden la gracia de reconocer a Dios y poder estar en relación íntima con Él, recibiendo de Él todos sus dones, inclusive los del coraje, el amor y la esperanza.
 
Sin responder directamente a su petición, Jesús recurre a una imagen paradójica para expresar la increíble vitalidad de la fe. Como una palanca mueve mucho más que su propio peso, así la fe, inclusive una pizca de fe, es capaz de realizar cosas impensables, extraordinarias, como sacar de raíz un árbol grande y transplantarlo en el mar (Ibid.). La fe - fiarse de Cristo, acogerlo, dejar que nos transforme, seguirlo sin reservas - hace posibles las cosas humanamente imposibles, en cualquier realidad. Nos da testimonio el profeta Habacuc en la primera lectura. Él implora al Señor a partir de una situación tremenda de violencia, de iniquidad, de opresión; y precisamente en esta situación difícil y de inseguridad, el profeta introduce una visión que ofrece una visión del proyecto que Dios está trazando y realizando en la historia: "El injusto tiene el alma hinchada, pero el justo vivirá por su fe" (Hab 2,4). El impío, aquél que no actúa según la voluntad de Dios, confía en el propio poder, pero se apoya en una realidad frágil e inconsistente, por ello se doblará, está destinado a caer; el justo, en cambio, confía en una realidad oculta pero sólida, confía en Dios y por ello tendrá la vida.
 
En los siglos pasados la Iglesia que peregrina en Palermo estuvo enriquecida y animada por una fe ferviente, que encontró su más alta y acabada expresión en los Santos y Santas. Pienso en Santa Rosalía, que vosotros veneráis y honráis y que, desde el monte Pellegrino, vela sobre vuestra Ciudad, de la que es Patrona. No se debe olvidar como vuestro sentido religioso haya siempre inspirado y orientado la vida familiar, alimentando valores, como la capacidad de donación y de solidaridad hacia los otros, especialmente los que sufren, y el innato respeto por la vida, que constituyen una preciosa herencia que se debe custodiar celosamente y se debe impulsar aún más en nuestros días. Queridos amigos, ¡conservad este precioso tesoro de fe de vuestra Iglesia; que sean siempre los valores cristianos los que guíen vuestras decisiones y vuestras acciones!
 
La segunda parte del Evangelio de hoy presenta otra enseñanza, una enseñanza de humildad, que está estrechamente ligada a la fe. Jesús nos invita a ser humildes y pone el ejemplo de un siervo que ha trabajado en los campos. Cuando regresa a casa, el patrón le pide todavía de trabajar. Según la mentalidad el tiempo de Jesús, el patrón tenía todo el derecho de hacerlo. El siervo debía al patrón una disponibilidad completa, y el patrón no se sentía obligado hacía él porque había cumplido las órdenes recibidas. Jesús nos hace tomar conciencia que, frente a Dios, nos encontramos en una situación semejante: somos siervos de Dios; no somos acreedores frente a él, sino que somos siempre deudores, porque debemos todo a Él, porque todo es un don suyo. Aceptar y hacer su voluntad es la actitud que debemos tener cada día, en cada momento de nuestra vida. Ante Dios no debemos presentarnos nunca como quien cree haber hecho un servicio y por ello merece una gran recompensa. Esta es una ilusión que puede nacer en todos, también en las personas que trabajan mucho en el servicio del Señor, en la Iglesia. Debemos, en cambio, ser conscientes que, en realidad, no hacemos nunca bastante por Dios. Debemos decir, como sugiere Jesús: "Somos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer" (Lc 17,10). Esta es una actitud de humildad que nos pone verdaderamente en nuestro puesto y permite al Señor ser muy generoso con nosotros. En efecto, en otra parte del Evangelio él nos promete que "se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, les servirá" (cfr. Lc 12, 37). Queridos amigos, si hacemos cada día la voluntad de Dios, con humildad, sin pretender nada de Él, será Jesús mismo quien nos sirva, quien nos ayude, quien nos anime, quien nos done fuerza y serenidad.
 
También el apóstol Pablo, en la segunda lectura de hoy, habla de la fe. Timoteo es invitado a tener fe y, por medio de ella, a ejercitar la caridad. El discípulo es exhortado a reavivar en la fe el don de Dios que hay en él por la imposición de las manos de Pablo, es decir, el don de la Ordenación, recibido para desarrollar el ministerio apostólico como colaborador de Pablo (cfr. 2Tim 1,6). Él no debe dejar apagar este don, sino que debe hacerlo siempre más vivo por medio de la fe. Y el Apóstol añade: "Dios no nos ha dado un espíritu cobarde, sino un espíritu de energía, amor y buen juicio" (v. 7).
 
¡Queridos palermitanos y queridos sicilianos! Vuestra bella isla ha sido una de las primeras regiones de Italia que acogió la fe de los apóstoles, recibió el anuncio de la Palabra de Dios, y adhirió a la fe de una manera tan generoso que, incluso en medio de las dificultades y persecuciones, ha siempre germinado en ella la flor de la santidad. Sicilia ha sido y es tierra de santos, pertenecientes a toda condición de vida, que ha vivido el Evangelio con sencillez e integridad. A vosotros, fieles laicos, os repito: ¡no tengáis temor de vivir y testimoniar la fe en los diversos ambientes de la sociedad, en la múltiples situaciones de la existencia humana, sobretodo en la más difíciles! La fe os da la fuerza de Dios para tener siempre confianza y aliento, para seguir adelante con nuevas decisiones, para emprender las iniciativas necesarias para dar un rostro siempre más bello a vuestra tierra. Y cuando encontréis la oposición del mundo, escuchad las palabras del Apóstol: "No tengas miedo de dar la cara por nuestro Señor" (v. 8).¡Hay que avergonzarse del mal, de lo que ofende a Dios, de lo que ofende al hombre; hay que avergonzarse del mal que se produce a la comunidad civil y religiosa con acciones que buscan quedar ocultas! La tentación del desánimo, de la resignación, afecta a quien es débil en la fe, a quien confunde el mal con el bien, a quien piensa que ante el mal, con frecuencia profundo, no haya nada que hacer. En cambio, quien está sólidamente fundado en la fe, quien tiene plena confianza en Dios y vive en la Iglesia, es capaz de llevar la fuerza sorprendente del Evangelio. Así se comportaron los santos y las santas, florecidos en el curso de los siglos, en Palermo y en toda Sicilia, así como laicos y sacerdotes de hoy, bien conocidos a vosotros, como por ejemplo el padre Pino Puglisi. Que sean ellos quienes os custodien siempre unidos y alimenten en cada uno el deseo de proclamar, con las palabras y las obras, la presencia y el amor de Cristo. Pueblo de Sicilia, ¡mira con esperanza tu futuro! ¡Haz emerger en toda su luz el bien que quieres, que buscas y que tienes! ¡Vive con valentía los valores del Evangelio para hacer resplandecer la luz del bien! ¡Con la fuerza de Dios todo es posible! Que la Madre de Cristo, la Virgen Odigitria, tan venerada por vosotros, os asista y os conduzca al conocimiento profundo de su Hijo. 
¡Amen! 

[©Libreria Editrice Vaticana]


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ZENIT  publica el mensaje que, en nombre de Benedicto XVI ha enviado al Encuentro Internacional de Oración por la Paz, organizado por la Comunidad de Sant'Egidio, en colaboración con el arzobispado de Barcelona, del 3 al 5 de octubre. 

 Las religiones siempre deben defender la dignidad inviolable del ser humano

Señor Cardenal Lluís MARTINEZ SISTACH
Arzobispo de Barcelona
BARCELONA

Vaticano, 28 de septiembre de 2010 

Señor Cardenal,

Con ocasión del Encuentro Internacional de Oración por la Paz, organizado por la Comunidad de Sant'Egidio, en colaboración con el arzobispado de Barcelona, el Papa Benedicto XVI me ha encargado transmitirle su saludo afectuoso, así como a todos los participantes en dicho evento.

En un tiempo difícil de crisis y conflictos, agudizados por el fenómeno cada vez más extenso de la globalización, las religiones están llamadas a realizar su especial vocación de servicio a la paz y a la convivencia. Todos los pueblos, para vivir como una auténtica comunidad de hermanos y hermanas, necesitan inspirarse y apoyarse sobre el fundamento común de valores espirituales y éticos. Reconociendo en Dios la fuente de la existencia de cada hombre, las religiones ayudan a la entera sociedad a promover la dignidad inviolable de todo ser humano. "Sobre la base de este principio supremo se puede percibir el valor incondicionado de todo ser humano y, así, poner las premisas para la construcción de una humanidad pacificada" (Benedicto XVI, Mensaje para la Jornada Mundial por la Paz 2008, n. 6). 

Asimismo, el servicio desinteresado a la paz exige por parte de todos los creyentes el compromiso ineludible y prioritario de la oración. En efecto, "si la paz es don de Dios y tiene su manantial en él, sólo es posible buscarla y construirla con una relación íntima y profunda con él" (Juan Pablo II, Discurso en Asís, 24 de enero de 2002). En la plegaria, se nos da también la posibilidad de aprender el lenguaje de la paz y el respeto, fortaleciendo esa semilla de paz que el mismo Dios ha sembrado en el corazón de los hombres, y que constituye, por encima de diferencias de razas, culturas y religiones, el anhelo más profundo del ser humano. Al mismo tiempo, en la oración podemos encontrar nuevas fuerzas espirituales para no dejamos vencer por las dificultades ni las insidias del mal, y para no desfallecer en la necesaria vía del diálogo, que aleje definitivamente incomprensiones y suspicacias, y nos permita seguir construyendo como hermanos y miembros de la misma familia humana el camino de la convivencia armónica.

El Santo Padre encomienda al Altísimo a todos los participantes en ese Encuentro Internacional de oración por la Paz, para que esa loable iniciativa alcance copiosos frutos y atraiga sobre todos abundantes bendiciones divinas.

Al unirme yo también a estos deseos del Sumo Pontífice, aprovecho la ocasión para manifestarle, Señor Cardenal, los sentimientos de mi consideración y fraterna estima en Cristo.

Cardenal Tarcisio Bertone
Secretario de Estado de Su Santidad


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ZENIT  publica la intervención que pronunció Benedicto XVI antes de rezar la oración mariana del Ángelus el domingo, 3 de Octubre de 2010, en el Foro Itálico de la capital siciliana, tras haber celebrado la eucaristía junto a unos doscientos mil peregrinos.

¡Queridos hermanos y hermanas!

En este momento de profunda comunión con Cristo, presente y vivo en medio de nosotros y dentro de nosotros, es hermoso, como familia eclesial, dirigirnos en oración a su Madre y Madre nuestras, María Santísima Inmaculada. Sicilia está sembrada de santuarios marianos, y desde este lugar me siento espiritualmente en el centro de esta "red" de devoción, que enlaza todas las ciudades y pueblos de la Isla.

A la Virgen María deseo ofrecer todo el pueblo de Dios que vive en esta amada tierra. Que sostenga a las familias en el amor y el compromiso educativo; que haga fecundos los brotes de vocaciones que Dios siembra ampliamente en los jóvenes; que infunda el valor en las pruebas, esperanza en las dificultades, que renueve el impulso para hacer el bien. Que la Virgen consuele a los enfermos y a todos los que sufren, y ayude a las comunidades cristianas para que nadie en ellas sea marginado o tenga necesidad, sino que cada quien, especialmente los más pequeños y débiles, se sientan acogidos y valorados.

María es el modelo de la vida cristiana. A Ella pido sobretodo que os permita caminar con decisión y alegría por el camino de la santidad, siguiendo las huellas de tantos luminosos testigos de Cristo, hijos de esta tierra siciliana. En este contexto quiero recordar que esta mañana, en Parma, ha sido proclamada beata Anna Maria Adorni, que en el siglo XIX fue esposa y madre ejemplar y después, cuando quedó viuda, se dedicó a la caridad con las mujeres encarceladas y en dificultad, para cuyo servicio fundó dos institutos religiosos. La Madre Adorni, con motivo de su constante oración, era llamada "Rosario viviente". Me complace subrayarlo en el inicio del mes dedicado al santo Rosario. Que la diaria meditación de los misterios de Cristo en unión con María, la Virgen orante, nos fortalezca a todos en la fe, en la esperanza y en la caridad.

[©Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:46  | Habla el Papa
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domingo, 17 de octubre de 2010

ZENIT  publica el mensaje que ha escrito al comenzar octubre, mes del rosario, monseñor Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo, administrador apostólico de Huesca y de Jaca. 

Octubre: Por las cuentas que nos tienen

Eso de contar lo llevamos todos dentro. Contar aquello que cuenta, contar las cosas o incluso las personas con las que podemos contar. No es un trabalenguas esto, sino que tiene su aquel, porque en torno a las cuentas cada uno de nosotros se sitúa y se retrata en la vida, dependiendo de aquello que asumimos, aquello por lo que a diario optamos, aquello que representa el latido de nuestra paz y esperanza o de nuestro miedo e insidia. ¿Contamos el bien que nos hace y nos une o contamos el mal que nos enfrenta y destruye?

Hay contadurías que calculan los modos y las maneras para el mal. Y ahí están las cuentas de los terroristas que calculan sus violencias, o los corruptos que calculan sus insolidarias fechorías, o los poderosos que calculan su permanencia en la prepotencia, o los frívolos que calculan lo superficial de sus tonterías. Cuántas industrias del mal calculan los réditos del poder, del tener o del placer en sus mercaderías. Las poltronas del abuso con todos sus nombres, los negocios que pasan por la droga, el tráfico de armas, la pornografía, y últimamente el negocio del aborto en donde se cobran a precio de la vida de los más inocentes el futuro truncado de quienes decidieron que no nacerían. Hay un largo etcétera en estas cuentas del mal, que tienen contables a sueldo para diseñar cuidadosamente la estrategia que les permita seguir en lo que están, caiga quien caiga, muera quien muera, pase lo que pase.

Al comenzar este mes de octubre, me ha venido este pensamiento de las cuentas, por la cuenta que nos tiene, al desgranar ese objeto piadoso que llamamos rosario que también tiene sus cuentas que contar. Podrá parecer que me he ido lejos en la reflexión, y que el aterrizaje en el santo rosario se hace forzoso cuando me he ido a esas alturas o bajuras que acabo de nombrar. Y sin embargo creo que ante tamaña provocación de las cuentas del mal, los cristianos debemos tener claras las cuentas del bien que nos llama. El rosario es una oración a María, muy querida en la tradición cristiana, que en este mes de octubre tiene una particular referencia por ser el mes dedicado a esta devoción. Lejos de ser una oración cansina, repetitiva, aburrida de tanto contar lo mismo en esas cincuenta cuentas que lo componen, se trata de una oración que tiene que ver con la historia que diariamente todos vivimos.

Sabemos que el rosario es una escuela de oración que nos permite mirar a esa primera y ejemplar cristiana que fue Santa María. Ella, tenga el traje del Pilar o el traje de la Santina, significa en nuestro camino humano y creyente una manera muy concreta de ver y vivir las cosas. Porque a través de las cuentas del rosario, vamos desgranando los momentos del cada día que tienen todas esas cosas: gozos, dolores, luces y glorias. Todo un abanico de matices que ponen nombre a nuestras alegrías, a nuestros llantos, a nuestras claridades y a la esperanza última que nos convida.

Si hay gente que lleva cuentas del mal y vive de éstas, los cristianos queremos mirar a María en su historia para llevar en la nuestra las cuentas del bien. Ya tengamos las sonrisas que nos alegran, o nos broten las lágrimas que nos acorralan, o se enciendanlas luces que en las cañadas oscuras nos iluminan, o nos asomemos con esperanza cierta a la gloria que nos ha sido prometida, nuestro camino concreto y real pasa por esa calle cotidiana que llamamos vida. Ahí están los misterios gozosos, los dolorosos, los luminosos y los gloriosos. En el rosario de la vida, llevemos bien llevadas las cuentas del bien.  


Publicado por verdenaranja @ 19:19  | Hablan los obispos
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ZENIT  publica un artículo redactado por monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas, con el título "Hermana madre tierra

VER

En varias partes hemos sufrido los embates de las lluvias, por huracanes, tormentas tropicales, deslaves e inundaciones, que lamentablemente no se han reducido a pérdidas de bienes materiales, sino también de vidas humanas. Los pobres, como siempre, siguen siendo los más afectados.

Es común que culpemos de todo esto al sistema político y económico, pues el cambio climático se ha agravado por los intereses de los países más industrializados, los que rigen la economía y en parte la política mundial, los que más destruyen la naturaleza y contaminan. Sin embargo, también hay responsabilidades locales, pues se talan árboles en forma desconsiderada; se contaminan los ríos y la basura está por todas partes; se construyen casas en lugares muy bajos, casi en las márgenes propiedad de los ríos, o en laderas proclives al deslizamiento.

JUZGAR

Decimos los obispos en Aparecida: "Con los pueblos originarios de América, alabamos al Señor que creó el universo como espacio para la vida y la convivencia de todos sus hijos e hijas y nos los dejó como signo de su bondad y de su belleza. También la creación es manifestación del amor providente de Dios; nos ha sido entregada para que la cuidemos y la transformemos en fuente de vida digna para todos. Aunque hoy se ha generalizado una mayor valoración de la naturaleza, percibimos claramente de cuántas maneras el hombre amenaza y aun destruye su ‘hábitat'. "Nuestra hermana la madre tierra" es nuestra casa común y el lugar de la alianza de Dios con los seres humanos y con toda la creación. Desatender las mutuas relaciones y el equilibrio que Dios mismo estableció entre las realidades creadas, es una ofensa al Creador, un atentado contra la biodiversidad y, en definitiva, contra la vida. El discípulo misionero, a quien Dios le encargó la creación, debe contemplarla, cuidarla y utilizarla, respetando siempre el orden que le dio el Creador" (No. 125).

El Papa Benedicto XVI, en su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, de este año, dijo: "El respeto a lo que ha sido creado tiene gran importancia, puesto que la creación es el comienzo y el fundamento de todas las obras de Dios, y su salvaguardia se ha hecho hoy esencial para la convivencia pacífica de la humanidad. No son menos preocupantes los peligros causados por el descuido, e incluso por el abuso que se hace de la tierra y de los bienes naturales que Dios nos ha dado.

Todos somos responsables de la protección y el cuidado de la creación. No se puede permanecer indiferente ante lo que ocurre en nuestro entorno, porque la degradación de cualquier parte del planeta afectaría a todos.

La Iglesia tiene una responsabilidad respecto a la creación y se siente en el deber de ejercerla también en el ámbito público, para defender la tierra, el agua y el aire, dones de Dios Creador para todos, y sobre todo para proteger al hombre frente al peligro de la destrucción de sí mismo. Al cuidar la creación, vemos que Dios, a través de ella, cuida de nosotros".

ACTUAR

Eduquémonos para cuidar más la tierra. En vez de esperar que todo lo resuelva el gobierno, esforcémonos por proteger lo que Dios con tanta sabiduría y amor creó y puso a nuestro servicio. Sembrar árboles, no tirar basura, no habitar en lugares cercanos a los ríos, es algo que todos podemos hacer.

Digamos esta oración con San Francisco de Asís:

Alabado seas, mi Señor, con todas tus criaturas,
especialmente el señor hermano sol;
él es el día y por él nos alumbras;
y es bello y radiante con gran esplendor:
de ti, Altísimo, lleva significación.

Alabado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas:
en el cielo las has formado claras y preciosas y bellas.

Alabado seas, mi Señor, por el hermano viento,
y por el aire y el nublado y el sereno y todo tiempo,
por el cual a tus criaturas das sustento.

Alabado seas, mi Señor, por la hermana agua,
que es muy útil y humilde y preciosa y casta.

Alabado seas, mi Señor, por el hermano fuego,
por el cual alumbras la noche:
y es bello y alegre y robusto y fuerte.

Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana la madre tierra,
que nos sustenta y gobierna
y produce distintos frutos con flores de colores y hierbas.


Publicado por verdenaranja @ 19:14  | Hablan los obispos
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Documento final del tercer Congreso Latinoamericano de Jóvenes reunido en Los Teques, cerca de Caracas, en Venezuela donde han expresado la gran experiencia del compartir con otros jóvenes el compromiso de ser discípulos misioneros en un continente lleno de recursos y también lleno de desafíos. (Fides

Mensaje a los jóvenes latinoamericanos y caribeños  

Como discípulos misioneros de Cristo, nosotros los jóvenes participantes en el 3er. Congreso Latinoamericano de Jóvenes  realizado en los Teques, Venezuela, nos hemos encontrado junto con nuestros pastores, asesores, sacerdotes, religiosas y religiosos para discernir el caminar de la Pastoral Juvenil en nuestro continente.  

Estos días,  motivados a “caminar con Jesús para dar vida a nuestros pueblos” en actitud de oración, escucha y fraternidad, agradecidos con el Dios de la Vida y de la Historia reflexionamos sobre el pasado, presente y futuro de la Pastoral Juvenil tomando como punto de partida la vida de nuestras juventudes y su protagonismo  en la construcción de la Civilización Del Amor.  

Estuvimos fascinados y encantados por las alegrías y las esperanzas que vimos y oimos, por lo que deseamos compartir estas experiencias con ustedes queridos jóvenes de nuestra casa mayor América Latina y El Caribe.  

Creemos firmemente que la juventud, como fuerza dinamizadora en el continente, desde la diversidad de culturas, está llamada a defender su autenticidad e identidad para luchar en contra de los signos de muerte  que  afectan a nuestros pueblos.  

Levantamos nuestras voces en contra de la desigualdad social, la violencia, el alto número de homicidios de jóvenes, la discriminación, la estigmatización, la drogadiccción y las migraciones. Comprendemos que la desintegración familiar sumada a la falta de acciones gubernamentales agravan estas problemáticas.  

La juventud de América Latina y el Caribe, demanda de los gobiernos y de la sociedad acciones concretas que garanticen: una educación de calidad que asegure la formación integral del joven y que erradique el analfabetismo; la inserción del joven en el mundo laboral con garantía de sus derechos; políticas que respeten la vida de los jóvenes y el combate de la violencia en todas sus formas, de manera especial la provocada por las mismas autoridades.   

Advertimos sobre las acciones de algunas empresas nacionales y transnacionales que son peligrosas para la naturaleza y para nuestros pueblos, especialmente las ocasionadas por la agroindustria, la minería y las petroleras.  

Creemos que los jóvenes estamos llamados a defender la Creación de Dios,  asumiendo nuestro discipulado misionero. Jesús nos impulsa a transformar nuestra realidad como agentes de cambio y sujetos activos en los contextos políticos, económicos, eclesiales y sociales con una conciencia crítica y participación ciudadana. 

Valoramos el protagonismo y la entrega de tantos jóvenes en la construcción del Reino de Dios, animados por el testimonio de nuestros mártires, y el acompañamiento de la Pastoral Juvenil.  

En cuanto a la acción organizada de jóvenes, siendo iglesia en América latina y el Caribe, reafirmamos la opción preferencial por los jóvenes y los marginados.  

Son fundamentos de nuestra misión permanente con los jóvenes: el seguimiento coherente de Jesús, el valor de la vida en comunidad, la formación procesual e integral, la acción pastoral organizada y la necesidad de mantener  nuestra memoria histórica.  

Nos solidarizamos con los pueblos que sufren a causa de los desastres naturales.  

Saludamos con interés la iniciativa de la Organización de las Naciones Unidas de convocar el año Internacional de la Juventud  (2010-2011), e invitamos  a toda la sociedad a participar de este proceso de diálogo mutuo y  de paz.  

Nuestros eternos agradecimientos a Venezuela y a toda la gente maravillosa que nos acogieron con entusiasmo y alegría.  

Como discípulos de Emaus que retornan a Jerusalén, después de reconocer a Jesús, volvemos a nuestros países caminando con Él para dar vida a nuestros pueblos, pedimos a la Virgen de Guadalupe, Madre de la Juventud y patrona de América Latina, que nos cubra con su Santo Manto.  

 Los Teques – Venezuela, 12 de Septiembre de 2010  

Participantes del 3er. Congreso Latino-Americano de Jóvenes


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Comunicado emitido el 30 de Septiembre de 2010 por la Conferencia Episcopal de Ecuador instando a todos a la calma y al diálogo constructivo. (Fides)

LLAMADO A LA SERENIDAD Y AL DIÁLOGO POSITIVO


Los reclamos de varios sectores de la sociedad ecuatoriana en los últimos meses han desembocado en la rebeldía de la fuerza pública en el día de hoy. Se ha procedido por vías de hecho y lesionado la dignidad de la Asamblea Nacional y del Señor Presidente de la República, mientras brotes anárquicos sembraron grave inquietud en todo el país.
 
Para llegar a la solución de la crisis a la vista, queremos hacer un urgente llamado a todos los ecuatorianos, para que conserven la serenidad y asuman la paz social, no la confrontación, como actitud fundamental. Reconozcamos que las violencias causan trastornos sumamente dañinos y duraderos, causantes de perjuicios, a veces irreversibles, a la respetabilidad de las instituciones democráticas, a la vida y posesiones de los ciudadanos, a la solidez del sistema social.
 
Pedimos a los sectores que se han sentido perjudicados, especialmente a los hermanos policías y militares, que se reintegren a la honrosa función que les corresponde como guardianes del Estado de Derecho, único marco posible de la vida democrática. Sus quejas y reivindicaciones tienen cauce legal que jamás pueden abandonar.
 Pedimos al Gobierno y a la Asamblea Nacional que, lejos de imponer sus decisiones en forma unilateral, se abran a un auténtico proceso de diálogo, que lleve a una convivencia constructiva y concertada; que confirmen su legitimidad cada día por su respeto a los demás y evitando la tentación de utilizar el poder que se les confirió fuera de los cauces del Estado de Derecho. Solamente un diálogo asiduo, audaz y constructivo, podrá llevarnos a un mejor Ecuador. Es importante en este momento que la libertad de expresión ciudadana a través de los medios de comunicación quede por entero garantizada.
 
Pedimos a Dios, que nos mira y conduce, para que vuelva de inmediato la paz social. Contribuyamos cada uno con la parte que nos corresponda. 

Secretaría General de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana


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Comentario al evangelio del domingo veintinueve del Tiempo Ordinario – C, publicado en Diario de Avisos el domingo 17 de Octubre de 2010 bajo el epígrafe DOMINGO CRISTIANO 

El silencio de Dios

Daniel Padilla

El evangelio de hoy es verdaderamente reconfortante, Señor. Tú querías convencer a tus discípulos "de que tenían que orar siempre, sin desanimarse; y les propusiste una parábola". Y la parábola en cuestión fue tan a ras de tierra, tan humana, tan comprensiva con nuestras desesperaciones que, aplicada a mí, me llena de ternura y de cálida serenidad.

No empleaste argumentos magisteriales, sirviéndote de la lógica. Por ejemplo: diciendo que "Dios existe", que "dependemos absolutamente de El", que, por consiguiente, "así atrapados, no tenemos más remedio que acudir a El". No.

Preferiste utilizar un sencillo, atrevido y conmovedor argumento. Para ello, no tuviste ningún inconveniente en comparar al Padre-Dios con "un juez despreocupado y sordo", y, al que ora, con "una mujer pesada e incansable". Y ese argumento, Señor, me reconforta grandemente. Porque te diré que es cierto: los humanos vemos a Dios, más de una vez:

Como un juez injusto que parece hacerse el sordo. Verás, Señor. Cada vez más, tenemos todos la impresión de que, en este mundo, triunfan los malos y son castigados los buenos. Cada día se exhiben más provocativamente por ahí los que han amasado riquezas y poder valiéndose de la explotación a los débiles, promoviendo la engañosa y apabullante propaganda que conduce al consumismo, jugando con la ingenuidad de los más humildes. Cada día está más claro que la opulencia de muchos poderosos está edificada sobre "la sangre del pobre". Y al revés, cada día son más hirientes los clamores "de las viudas de la ciudad del mundo" que gritan desesperadas: "Haznos justicia, Señor, frente a nuestro adversario".

Y, mientras tanto, ¿Tú que haces, Señor?

Permíteme que te lo diga. Muchas veces tenemos la impresión de que "te haces el sordo", como aquel juez que describiste. Es lo que hemos dado en llamar "el silencio de Dios".

He aquí un tema al que le dan vueltas los sencillos y le dedican muchas páginas los estudiosos: Siendo Tú el supremo Juez, ¿cómo podemos compaginar el constante e inmenso sufrimiento de los inocentes con tu desconcertante "silencio"?

Pero, al llegar aquí, quiero refugiarme otra vez en tu parábola y agradecerte que nos la hubieras contado. Porque entiendo que, en ella, está la clave.

Esta pobre viuda representa a todos los pobres del mundo, a todos los más desvalidos. A los "humillados y ofendidos". Están ahí, viven en el mayor desamparo, no son nada, y no tienen tampoco nada.

Pero sí. Tú nos dices que tienen una cosa, una sola cosa, un único punto de apoyo: la oración. Y "con este punto de apoyo -como aseguró Arquímedes- pueden mover el mundo". Es decir, te pueden mover a Ti. Aunque tardes en contestar, aunque parezca "que te hayas alejado de nosotros", como les decía Elías a los sacerdotes de Baal.

A esta conclusión quiero llegar. A convencerme de que, tarde o temprano, "nos harás justicia" y nos escucharás, aunque parezcas un juez despreocupado. Lo dijiste bien claramente: "¿Creen que Dios no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?".

No nos aconsejaron, por tanto, mal nuestros padres cuando nos repetían a cada paso: "Tú reza siempre, hijo mío: al levantarte y al acostarte, al salir de casa, al entrar en la iglesia, al comer y al dormir". Su consejo no era otra cosa que concretar lo que ya habías dicho Tú, Señor: "Pidan y recibirán, busquen y hallarán, llamen y se les abrirá"  


Publicado por verdenaranja @ 9:34  | Espiritualidad
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sábado, 16 de octubre de 2010

Reflexión de monseñor Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús para el programa radial "Compartiendo el Evangelio", para el 26º domingo durante el año (26 de septiembre de 2010). (AICA)

DÍA NACIONAL DE LA BIBLIA

San Lucas 16, 19–31 (ciclo C)

El texto de este domingo nos habla de la administración que cada uno tiene que tener de su vida y la respuesta que da de ello, porque cada cual recibe un don y tiene que vivirlo teniendo en cuenta lo demás.

Aquí se puede mencionar el tema de la riqueza, el tema de los bienes; saber qué cosas son necesarias y qué cosas son superficiales, sin importancia; y así darle importancia a aquello que es necesario suprimiendo lo superficial o secundario; no gastar en aquellas cosas que puedan ofender al pobre, aunque uno tenga dinero y lo pueda hacer; no ostentar ni gastar demás; saber lo que ha recibido, lo que ha contribuido, lo que ha trabajado, lo que ha desarrollado. Siempre hay que tener en cuenta el bien común. Por eso es una injusticia la brecha entre ricos y pobres; el uso de la tierra, el uso del trabajo, ¡y de tantas cosas!

Debemos darnos cuenta que somos administradores de nuestra vida, se nos ha prestado la  vida. Acá no hay una morada definitiva, somos peregrinos, estamos de paso y por lo tanto tenemos que rendir cuentas. ¡Todos y cada uno, vamos a dar cuentas de lo hecho; de lo bien hecho, de lo no hecho, de lo omitido o de lo injustamente hecho! ¡De eso no me cabe la menor duda!

En segundo lugar: a  veces uno quiere cosas extraordinarias. ¡Pero ya Dios nos habla! Nos habla a través de Jesucristo, a través del Antiguo y del Nuevo Testamento, nos habla a través de la Iglesia, nos habla a través de nuestra familia, a través del derecho natural, ¡a través de tantas cosas Dios nos habla constantemente! Y a veces lo que pasa es la torpeza de no querer escuchar, de no querer responder y, como siempre, el que escucha mal se equivoca en la respuesta.

Por eso hay que ser un buen discípulo: escuchar bien; saber hacer silencio en la vida; saber ser receptivo; saber que la verdad de Dios, la verdad del hombre, la verdad de la naturaleza y la verdad de la vida, hay que respetarla; porque si no la respetamos se nos vendrá en contra.

Cuando yo estaba en Bariloche, subiendo a la montaña, recibí el consejo de sabios guías que decían algo que escuché cuando era seminarista y luego volví a escuchar: “a la montaña hay que respetarla, porque si no la respetas, te aplasta”. Y yo agrego que así debe ser en cada cosa de nuestra vida: respetemos cada cosa, porque si no las respetamos, después esas cosas nos aplastarán.

Y ya nos está pasando con todas las cosas que estamos viviendo: no respetamos la vida, el tema del aborto, el tema del “matrimonio” homosexual, y así tantas otras cosas más. Cortar la relación del derecho positivo al derecho natural. ¡Se enojan porque la Iglesia piensa o porque la Iglesia habla del derecho natural!

Estamos siendo en el mundo la voz de los que no tienen voz y a veces, incomprendidamente, se nos critica de forma superficial. Cada cual deberá dar cuenta de su vida, de sus actos y de su administración.

Les dejo mi bendición: en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén

Monseñor Rubén Oscar Frassia, Obispo de Avellaneda 


Publicado por verdenaranja @ 23:46  | Hablan los obispos
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Homilía de monseñor Raúl Martorell, obispo de Puerto Iguazú, para el 26º domingo durante el año (26 de septiembre de 2010). (AICA)

SEÑOR QUE NO MIRE A LOS BIENES TERRENOS, SINO QUE PRACTIQUE LA JUSTICIA, LA RELIGIÓN, LA FE Y AL AMOR” (1 Tim. 6,11)

La liturgia de este día es una exhortación a considerar las tremendas consecuencias de una vida relajada y frívola. Vuelven en la primera lectura los duros reproches del Profeta Amós (Am. 6, 4-7) dirigidos a los ricos que se entregan a la comodidad y al lujo y que sólo se preocupan por sacarle a la vida todo el jugo que ésta pueda ofrecer. Los describe ociosos y acomodados en sus divanes -bebiendo y cantando- sin preocuparse por el país que va a la ruina. Entonces Amós les profetiza:”Por eso irán al destierro a la cabeza de los cautivos. Se acabó la orgía de los disolutos” (Ib. 7). Esta profecía se cumplirá treinta años después sobre el pueblo de Israel y se constituirá una de las muchas lecciones históricas sobre la ruina social y política que causa la decadencia moral. La actual civilización del bienestar y del consumismo no parece haberlo comprendido. Mirando con más profundidad, esta lectura encierra una reflexión más importante: la vida encerrada en los estrechos horizontes de los placeres terrenos es de por sí negación de la fe, es impiedad y ateísmo práctico con el consiguiente desinterés por las necesidades del prójimo y el bien común. En pocas palabras: es el camino para la ruina en el tiempo y en la eternidad.

Este último aspecto aparece ilustrado en el Evangelio (Lc. 16, 19-31) con la parábola que contrapone al rico Epulón con el pobre Lázaro. Aparentemente este hombre rico no parece tener más pecado que su excesivo apego a las riquezas, al lujo y a la buena mesa. Pero examinando más hondo se descubre el absoluto desinterés por Dios y por el prójimo. Todas sus preocupaciones parecen estar en banquetear cada día (Ib 19) totalmente despreocupado del pobre Lázaro que desfallece a su puerta. Este Lázaro -aunque no se diga expresamente- parece uno de esos pobres que tienen puesta su esperanza con resignación en Dios. Por eso cuando les sobrevino a ambos la muerte “a Lázaro los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán” (Ib. 22), ”mientras que el rico se hundió en los tormentos” (Ib. 23). En el diálogo que sigue entre el rico y el padre Abrahán se subraya el inexorable destino eterno que corresponde a la voluntaria toma de posición del hombre en la tierra. El que creyó en Dios y confió en Él tendrá un lugar en el Reino. El que se dio al placer comportándose como si Dios no existiese, quedará eternamente separado de Él. Aquí se ve que la pobreza y el sufrimiento son medios de los que se sirve Dios para que quien los sufre busque bienes mejores y ponga su esperanza en Él. La prosperidad y las riquezas, con frecuencia, hacen al hombre presuntuoso y menospreciador de Dios y de los bienes eternos y por eso se constituyen en tiranos lazos que sofocan todo anhelo por las realidades más altas.

San Pablo rechaza la búsqueda desordenada de los bienes terrenos y dice que “la codicia es la raíz de todo los males”, y afirma a continuación: “tú, siervo de Dios, en cambio, huye de todo esto, practica la religión, la justicia, la fe y el amor” (1 Tim. 6,11). El cristiano debe cuidarse muchísimo de toda forma de codicia, ya que esto escandaliza mucho a la gente sencilla e incluso a los mismos mundanos. El cristiano fiel está llamado a combatir “el buen combate de la fe” no solamente para sí sino también para sus hermanos y el sacerdote está llamado a administrar y guardar no los bienes temporales sino los eternos y transmitir sin alterar el patrimonio de la fe y del Evangelio.

La posesión de los bienes temporales no está reñida con la fe y con la práctica del evangelio siempre que estén al servicio de los más necesitados y del prójimo en general. Estos bienes temporales son útiles para construir un mundo mejor en donde la inequidad sea destruida por la justicia que con estos bienes se pueda realizar. Hoy vemos muchos pobres y muchos ricos, separados por una brecha de desigualdad que genera distintos tipos de exclusiones. La riqueza debe construirse por medio del trabajo y de los dones que Dios ha dado a cada uno. En el mundo de hoy falta el trabajo y la cultura del trabajo. Muchas veces se especula con la dádiva y con toda clase de limosna para no tener que trabajar. También hay que decir que cuando hay trabajo éste debe ser bien remunerado, de modo que quien trabaja pueda acceder a una vida mejor y así poder crecer y progresar. El rico debe preocuparse por ser creador de fuentes de trabajo convirtiéndose así en constructor de una sociedad más justa y equitativa sirviendo de ese modo a Dios y al prójimo.

Que la Virgen Madre nos ayude a todos los creyentes a poner los dones dados por Dios al servicio del Reino y de nuestros hermanos. 

Mons. Marcelo Raúl Martorell, obispo Puerto Iguazú 


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ZENIT  nos ofrece el discurso que el secretario para las Relaciones de la Santa Sede con los Estados, monseñor Dominique Mamberti, pronunció este miércoles en la 65ª sesión de la asamblea general de la ONU en Nueva York.

Señor Presidente

En nombre de la Santa Sede, me complace presentarle vivas felicitaciones por su elección a la Presidencia de la sexagésimo-quinta sesión de la Asamblea general, así como los mejores deseos para el feliz cumplimiento de su misión. En este nuevo periodo de trabajo de la Asamblea general, la Santa Sede desea ofrecerle su sincera colaboración para afrontar los numerosos desafíos que debe encarar la comunidad internacional.

Desde 1945, cada año, a la sede de las Naciones Unidas de Nueva York, llegan los Jefes de Estado o de Gobierno, los Ministros de Asuntos exteriores de todos los continentes, para debatir juntos las respuestas que aportar a las grandes cuestiones relativas a la gestión común de los asuntos mundiales, especialmente en materia de paz, de seguridad colectiva, de desarme, de defensa de los derechos humanos, de cooperación al desarrollo y de protección del medio ambiente.

Los sesenta y cinco años de vida de la ONU son ya en sí un acontecimiento histórico único, especialmente si se los compara con la pérdida de las esperanzas puestas en las Conferencias de Paz, a principios del siglo XX, y después en la Sociedad de Naciones. La misma presencia de las Naciones Unidas demuestra que la humanidad ha encontrado en la Organización una respuesta a los terribles dramas de las dos guerras mundiales. A pesar de las imperfecciones de sus estructuras y de su funcionamiento, la ONU ha tratado de aportar soluciones a los problemas internacionales de carácter económico, social, cultural y humanitario, esforzándose por cumplir el mandato que le ha sido confiado a través del artículo 1º de la Carta, es decir: constituir un centro para la coordinación de la actividad de las naciones para el mantenimiento de la paz y de las relaciones amistosas entre las poblaciones (cf. Carta de las Naciones Unidas, art. 1.2-1.4).

El diálogo entre los representantes de las naciones, que se renueva cada año en todas las sesiones de la Asamblea general y que permanece abierto y vivo en los demás órganos y en las agencias de la “familia de la ONU” ha sido el instrumento fundamental para cumplir este mandato.

A veces, este diálogo ha sido, más que nada, una confrontación entre ideologías opuestas y posturas irreconciliables; sin embargo las Naciones Unidas se han convertido en un elemento insustituible en la vida de las poblaciones y en la búsqueda de un futuro mejor para todos los habitantes de la Tierra. Por eso la ONU es objeto de una gran atención por parte de la Santa Sede y de la Iglesia católica, como han demostrado las visitas de los Papas Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI.

En esta perspectiva de un diálogo internacional fecundo, realizado especialmente durante las deliberaciones y los debates que han tenido lugar en esta sala, querría recordar algunos acontecimientos importantes relativos a la paz y a la seguridad mundial, que se han verificado durante la sexagésimo-cuarta sesión de la Asamblea general.

En primer lugar, la Santa Sede acoge con satisfacción la entrada en vigor, el pasado 1 de agosto del Tratado sobre la prohibición de las armas de racimo. Este instrumento, que la Santa Sede fue uno de los primeros Estados en ratificar, representa en efecto un resultado importante para un multilateralismo basado en la cooperación constructiva entre los gobiernos y la sociedad civil, así como en el vínculo entre el derecho humanitario y los derechos humanos. Un resultado como éste ha sido posible precisamente gracias al espíritu de colaboración que anima a los distintos agentes internacionales y que ha aumentado durante estos últimos sesenta y cinco años.

Otro resultado importante del diálogo internacional ha sido la conclusión positiva, el pasado mes de mayo, de la octava Conferencia de Examen del Tratado de no proliferación nuclear, con la publicación de un documento consensuado que prevé diferentes acciones relacionadas con los tres puntos fundamentales del Tratado: el desarme nuclear, la no proliferación de armas nucleares y la utilización pacífica de la energía nuclear. Entre ellas se destaca, como signo importante de esperanza, la decisión de convocar antes de 2012 una Conferencia para un Oriente Medio libre de armas nucleares y de las demás armas de destrucción masiva.

Siempre en materia de paz, de desarme y de seguridad colectiva, el desarrollo en Nueva York, el pasado mes de julio, de la primera sesión del comité Preparatorio de la Conferencia sobre el Tratado sobre el comercio de armas, prevista para 2012, merece también ser recordado. Esta Conferencia deberá elaborar un instrumento jurídicamente vinculante “que establecerá las normas internacionales más estrictas posibles” sobre la transferencia de armas convencionales. De este encuentro ha surgido que, en adelante, el proceso iniciado sobre el Tratado es compartido por todos los Estados, que son conscientes de la necesidad de reglamentar jurídicamente el comercio de armas, por razones de paz, de protección humanitaria y también de desarrollo social y económico. El debate durante esta sesión de la Asamblea general puede también aportar una importante contribución de cara a la Conferencia de 2012.

En el contexto de un espíritu de diálogo internacional de éxito, hay que aplaudir también la firma del Tratado New START, entre los Estados Unidos y la Federación Rusa, sobre la reducción ulterior y la limitación de armas estratégicas ofensivas. Esta firma constituye un paso adelante en las relaciones entre las potencias nucleares y la Santa Sede espera que abra otras perspectivas y conduzca a reducciones sustanciales en el futuro. En este sentido, durante la presente sesión de la Asamblea General, se ha celebrado un encuentro de Alto Nivel sobre el Desarme, que ha sido muy útil para discutir formas de aportar una nueva vía a la Conferencia sobre el Desarme y para continuar construyendo un consenso sobre los grandes desafíos del desarme, en particular el Tratado de total prohibición de ensayos nucleares y el Tratado sobre la prohibición de la producción de materias fisionables. Hay que continuar haciendo todo lo posible para llegar a un mundo liberado de armas nucleares. Es un objetivo al que no se puede renunciar, aunque sea complejo y difícil de alcanzar, y la Santa Sede apoya todo esfuerzo en este sentido.

Durante la sesión precedente de la Asamblea General, la ONU ha ofrecido una contribución sin precedentes a la paz y a la cooperación internacional en Haití, donde, durante el terremoto del 12 de enero de 2010 fallecieron el Jefe de la Misión de las Naciones Unidas, el Señor Embajador Hédi Annabi, su adjunto, el Doctor Luiz Carlos da Costa, así como otros ochenta y dos funcionarios civiles y miembros de las fuerzas de paz. En nombre del Santo Padre, querría expresar de nuevo un sincero pésame al Secretario General y a las autoridades nacionales de las personas fallecidas, así como a sus compañeros y a sus familiares. Su sacrificio debe convertirse en un estímulo renovado para un compromiso global a favor del mantenimiento de la paz.

La Santa Sede siempre ha reconocido y apreciado la acción realizada por las fuerzas de paz, y desea reiterar su aprecio por las misiones cumplidas durante la sesión precedente de la Asamblea general. El aumento importante de solicitudes de intervención de estos últimos años, manifiesta, por una parte, la confianza creciente en la acción de la ONU en cooperación con las organizaciones regionales, pero, por otra, destaca la importancia de una función cada vez mayor de la ONU y de organizaciones regionales en la diplomacia preventiva. Asimismo, la acción de la Comisión de consolidación de la paz sigue siendo fundamental para recomponer el tejido social, jurídico y económico destruido por la guerra y evitar la repetición de conflictos. Las iniciativas de prevención de conflictos, de resolución pacífica de los mismos, de separación de los beligerantes y de reconstrucción merecen un apoyo político y económico general de todos los miembros de las Naciones Unidas. El apoyo de todos constituirá una elocuente manifestación de confianza en un destino solidario de la humanidad.

Si se puede pensar que la elaboración normativa del desarme y de la no proliferación de armas presenta signos de progreso, por contra no faltan motivos de preocupación por todos los desafíos referentes a la seguridad global y la paz. Ante todo, los gastos militares mundiales continúan siendo excesivamente onerosos e incluso aumentan. Continúa el problema del ejercicio del derecho legítimo de los Estados a un desarrollo pacífico de la energía nuclear, compatible con un control internacional efectivo de la no proliferación. La Santa Sede anima a todas las partes implicadas en la regulación de diversas controversias en curso, especialmente las concernientes a la Península coreana y al Golfo Pérsico así como las zonas adyacentes, a profundizar en un diálogo sincero que sepa conciliar armónicamente los derechos de todas las naciones interesadas.

Las recientes y terribles calamidades naturales en Pakistán se añaden a las dificultades causadas por los conflictos que afligen a esta región. A la respuesta humanitaria, que debe ser generosa, y a otras medidas coyunturales, hay que asociar un esfuerzo de comprensión recíproca y de profundización en las causas de las hostilidades.

Del mismo modo, el diálogo sincero, la confianza y la generosidad de saber renunciar a intereses circunstanciales o a corto plazo, es el camino para una solución duradera del conflicto entre el Estado de Israel y los Palestinos. El diálogo y la comprensión entre las distintas partes implicadas es también la única vía para la reconciliación en Irak y en Myanmar por ejemplo, así como para la solución de las dificultades étnicas y culturales en Asia Central, en las regiones del Cáucaso y para calmar las tensiones recurrentes en África, entre otras en Sudán, en vísperas de plazos decisivos.

En la mayor parte de estos conflictos, entra en juego un elemento económico importante. Una mejora sustancial de las condiciones de vida de la población palestina y de los demás pueblos que viven situaciones de guerra civil o regional, aportará ciertamente una contribución esencial para que la oposición violenta se transforme en diálogo sereno y paciente.

Señor Presidente,

hace unos días, se celebró en este lugar, el Evento de Alto Nivel sobre los Objetivos del Milenio. Todos los Estados de la ONU se han comprometido una vez más solemnemente a realizar todos los esfuerzos necesarios para lograr estos objetivos antes de 2015. La Santa Sede no puede sino alegrarse de la voluntad reiterada de desarraigar la pobreza y desea que se lleve a cabo con determinación. Sin embargo, es importante destacar que no se alcanzarán estos objetivos sin la realización de dos grandes imperativos morales. Por una parte, es necesario que los países ricos y emergentes cumplan totalmente sus compromisos de ayuda al desarrollo y creen y hagan funcionar, inmediatamente, un marco financiero y comercial netamente favorable a los países más débiles. Por otra parte, pobres y ricos, deben garantizar un viraje ético de la política y de la economía, que garantice un buen gobierno y erradique todas las formas de corrupción. Si no, se corre el riesgo de llegar a 2015 habiendo obtenido resultados insuficientes, excepto quizás, pero sería triste y paradójico, en los ámbitos de control demográfico y de la promoción de estilos de vida minoritarios, introducidos en algunos párrafos del documento de la reciente Cumbre. En este caso, los objetivos del Mileno se convertirían en un verdadero fraude al desarrollo humano integral de las poblaciones.

En lo que se refiere al medio ambiente -que constituye también el punto nº 7 de los objetivos del Milenio-, la participación de más de ciento quince Jefes de Estado y de gobierno en la Conferencia de los Estados-miembros en la Convención sobre el Cambio climático, que se celebró en Copenhague en diciembre de 2009, ha revelado la atención y la importancia de un tema tan complejo como el del clima en la agenda internacional. La cuestión, como se sabe, no implica sólo aspectos científicos y medioambientales, sino también socio-económicos y éticos. La Santa Sede espera que en la próxima sesión de la Conferencia de los Estados-miembros se tome una decisión política que haga más concretas las negociaciones sobre un acuerdo jurídicamente vinculante. En el centro del debate, se encuentra la organización de un modelo de desarrollo basado en un nuevo sistema energético. Sin embargo, es importante recordar el elemento ético subyacente en la cuestión. No se trata sólo de desembocar en un mundo menos dependiente de combustibles fósiles y más comprometido con la eficiencia energética y a las energías alternativas, sino también de modificar comportamientos de consumo desenfrenado e irresponsable. Como mi Delegación ha observado a menudo a propósito de los Objetivos del Milenio, son estos comportamientos y no el crecimiento de la población ni la mejora de las condiciones de vida de los países menos desarrollados, los que ejercen una mayor e insostenible presión en los recursos y en el medio ambiente.

Los resultados positivos que la comunidad internacional ha obtenido durante la sesión precedente de la Asamblea general, así como el innegable bien que la Organización de Naciones Unidas representa para toda la humanidad, no podrían haberse esperado sin el diálogo entre los gobiernos, al que se añaden con fuerza y eficacia cada vez mayores los interlocutores de la sociedad civil. Sin embargo, para ser sincero y plenamente eficaz, este diálogo debe ser realmente dia-logos –intercambio de sabiduría y sabiduría compartida. Dialogar no significa sólo escuchar las aspiraciones y los intereses de las demás partes e intentar encotrar compromisos. El diálogo debe pasar rápidamente del intercambio de palabras y de la búsqueda del equilibrio entre intereses opuestos a un verdadero compartir la sabiduría por el bien común.

Justamente por eso, el artículo 1º de la Carta de la ONU une la promoción de los derechos humanos a la defensa de la paz, a la resolución de conflictos y a la solución de problemas internacionales de tipo económico. Las naciones no son entidades aparte, independientes de las personas que las componen. Todas las naciones están compuestas por personas, por seres humanos. Por consiguiente, el interés nacional es un criterio válido de justicia, tanto en el ámbito nacional como en el internacional, si sirve al bien común. Es decir que el interés nacional fundamental de todos los gobiernos debe ser la creación y el mantenimiento de las condiciones necesarias para desarrollar plenamente el bien integral -material y espiritual- de cada uno de los habitantes de su nación. Por eso el respeto y la promoción de los derechos humanos son el objetivo final del diálogo y de los asuntos internacionales y son al mismo tiempo, la condición indispensable para un diálogo sincero y fecundo entre las naciones.

También la Santa Sede sigue con atención la actividad de la Tercera Comisión de la Asamblea General así como de la acción del Alto Comisariado para los Derechos humanos y esta intervención en el debate general es también para mí la oportunidad de manifestar nuestro apoyo al Alto Comisariado para los Refugiados y a todos los organismos y agencias especializadas que trabajan en el vasto campo de los derechos humanos y del derecho humanitario, como por ejemplo la Organización Internacional del Trabajo, la Organización Internacional para las Migraciones y la Federación Internacional de la Cruz Roja. En este sentido, la Santa Sede considera también los progresos, aunque lentos, en los debates sobre el principio de la “Responsabilidad de proteger” y la resolución sobre el mismo, aprobada por consenso en septiembre de 2009, como motivos de esperanza. Por contra, falta todavía una atención resuelta y eficaz a los problemas de los refugiados, de las personas expulsadas y de los grandes desplazamientos migratorios.

La misma historia del desarrollo de los derechos humanos demuestra que el respeto a la libertad religiosa, que incluye el derecho a expresar públicamente la propia fe y a difundirla, es la piedra fundamental de todo el edificio de los derechos humanos. En efecto, si falta esta libertad, también está faltando el reconocimiento de la dimensión trascendente de toda persona humana, que supone una dignidad anterior y superior a su reconocimiento político y normativo y que crea un marco de libertad y de responsabilidad irrefrenable. Si falta la libertad religiosa, todos los derechos humanos corren el riesgo de convertirse en concesiones del gobierno o, como máximo, en el resultado de un equilibrio de fuerzas sociales, variable por naturaleza, ya que no tiene otro fundamento que el equilibrio o el propio acuerdo.

Como recordó el Papa Benedicto XVI en su intervención en esta sala, el 18 de abril de 2008, “la fundación de las Naciones Unidas coincidió con la profunda conmoción experimentada por la humanidad cuando se abandonó la referencia al sentido de la trascendencia y de la razón natural y, en consecuencia, se violaron gravemente la libertad y la dignidad del hombre. Cuando eso ocurre, los fundamentos objetivos de los valores que inspiran y gobiernan el orden internacional se ven amenazados, y minados en su base los principios inderogables e inviolables formulados y consolidados por las Naciones Unidas. Cuando se está ante nuevos e insistentes desafíos, es un error retroceder hacia un planteamiento pragmático, limitado a determinar "un terreno común", minimalista en los contenidos y débil en su efectividad”.

Señor Presidente,

Más allá de las críticas de la opinión pública sobre los límites organizativos y sobre la falta de eficacia de la Organización de Naciones Unidas, se constata una conciencia universalmente compartida de la necesidad de la Organización, así como un sentimiento universal de gratitud a la acción que ésta ha llevado a cabo y que continúa llevando a cabo, ya que todos comprenden que ésta constituye, a través de la multiplicidad de sus órganos, un foro indispensable para el diálogo y el entendimiento entre los gobiernos. Por consiguiente, la mayor garantía de que la Organización de Naciones Unidas continúe cumpliendo su misión histórica de mantener unidos y de coordinar a todos los Estados para unos objetivos comunes de paz, seguridad y desarrollo humano integral para todos, será dada por una referencia constante a la dignidad de todos los hombres y mujeres y por su respeto efectivo, empezando por el derecho a la vida -incluso de los más débiles como los enfermos en fase terminal y los niños por nacer- y a la libertad religiosa.

Gracias, Señor Presidente.

[Traducción del original francés por Patricia Navas]


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ZENIT  publica el comentario al Evangelio del próximo domingo, 17 de octubre, XXIX del tiempo ordinario (Lucas  18,1-8), redactado por monseñor Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo, administrador apostólico de Huesca y de Jaca.  

Evangelio del domingo: El horario de Dios

La enseñanza de Jesús sobre la oración no era una cuestión banal. Él quería enseñar a sus discípulos a orar de tal manera que permanentemente pudieran estar hablando-con y escuchando-a Quien permanentemente está dispuesto a acoger nuestras palabras y a dirigirnos las suyas.

El Maestro les propone una parábola con dos personajes curiosos: un juez y una viuda. La persona más desprotegida que demanda ayuda al juez menos indicado. Hasta aquí los personajes de la parábola de Jesús que podríamos llamar pintoresca, y adivinamos los ojos de los discípulos mirando a Jesús mientras les exponía la parábola. ¿En qué quedaría toda la escena? ¿Cómo se resolvería la importunidad de la pobre mujer ante la inmisericordia del injusto juez?

Dice Jesús que aquél juez de mucha ley y poco corazón, terminó por ceder ante la viuda y determinó hacer justicia ante el adversario de ésta. Pero no porque hubiera cambiado en sus adentros, sino simplemente por proteger sus afueras, es decir, por puro temor y para que le dejasen en paz: por si la viuda le pegaba en la cara y para que no lo siguiera fastidiando. Aquí se pararía el Señor y les diría a los discípulos: ¿os dais cuenta qué ha hecho este juez injusto? Al final ha hecho justicia ante una pobre mujer que suplicaba. Un hombre que no ha sido capaz de hacerlo por la verdadera razón: el servicio al otro, el derecho del otro, el amor al otro, lo hizo por egoísmo, por amor a sí mismo... pero lo hizo. ¿Y Dios? ¿Qué hará Dios? ¿Cómo se comportará ante sus elegidos que día y noche le gritan y suplican?

El cristiano es el que precisamente aprende a vivir desde la inagotable relación con su Dios y Señor, en un continuo cara a cara ante su bendito Rostro, con un constante saberse mirado por los ojos de Otro. Esta Presencia que es siempre compañía y jamás se escurre como fugitiva, no nos ahorra a los cristianos la fatiga apasionante del vivir de cada día con todas sus luces y sus sombras, pero sí que nos permite vivirlo de otro modo, desde otros Ojos que nos ven, desde otro Corazón que nos ama y por nosotros palpita y desde otra Vida que nos acoge regalándonos la dicha.

La oración, como certeza de una compañía de aquel que nos habla y nos mira, es una educación para la vida: también nosotros cristianos podemos sufrir todas las pruebas, pero nunca con tristeza y desesperanza. La circunstancia puede que no cambie, pero sí nuestro modo de mirarla y de vivirla, porque sabemos que Dios nos la acompaña sin interrupción, en horario abierto y sin declino.


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viernes, 15 de octubre de 2010

Reflexión de monseñor Jorge Luis Lona, obispo de San Luis (25 de septiembre de 2010). (AICA)

SAN MIGUEL ARCÁNGEL, FUERZA DE LOS QUE COMBATEN, BAJO EL ESTANDARTE DE LA CRUZ

San Miguel Arcángel es el ángel bueno, porque es humilde.

Su nombre significa"¿Quien como Dios?, expresión de la humildad de la creatura angélica ante su divino Creador.

El ángel es bueno cuando reconoce humildemente que todo lo ha recibido de Dios, que su vida angelical es un don del amor de Dios hacia él, que le permite responder libremente a Dios que lo amó primero, amándolo y cumpliendo su voluntad amorosa en todo, como persona angélica. De tal manera, el ángel bueno vive en el amor hacia las restantes creaturas angélicas, y hacia nosotros, criaturas y personas humanas.

El ángel malo se niega a ser bueno, porque con su libertad de persona y creatura angélica, elige usar mal esa libertad de creatura personal, y ser soberbio. Por esa soberbia rechaza el amor de Dios y el don de Dios, y pierde toda la grandeza de su condición angélica. Pasa a ser un ángel caído. Ya no es ángel, sino demonio. Odia a Dios, e intenta luchar contra Dios. Odia a los ángeles buenos, y nos odia y nos envidia a nosotros, creaturas personales humanas.

La fuerza de San Miguel Arcángel es un don que recibe de Dios. Solo Dios es el Todopoderoso, de fuerza infinita. San Miguel Arcángel puede participar de esa fuerza como creatura angélica, por su humildad. Y así, humildemente, nos ayuda a nosotros -débiles creaturas humanas- a seguir su ejemplo y a presentarle humildemente nuestra debilidad a Dios, para que el Señor nos dé a todos la fuerza de su Gracia, que nos ganó bajo el estandarte de la Cruz. La Cruz es el infinito amor de Dios que se hace débil para acompañarnos en el sufrimiento y en la muerte, y Todopoderoso vence al pecado y a la muerte en su Resurrección.

San Pablo le ruega al Señor que lo libre de una debilidad que lo hace sufrir, y el Señor le responde: "Te basta con mi Gracia, porque mi poder triunfa en la debilidad. Y San Pablo lo comprende y le responde humildemente: "Me gloriaré de todo corazón en mi debilidad, para que resida en mí el poder de Cristo... porque cuando soy débil, soy fuerte." (2 Corintios 12,9-10). Y así también podrá decir: "Todo lo puedo en Aquel que me da fuerzas". (Filipenses. 4,13).

El demonio no tiene fuerzas propias. Es un pobre diablo, que esta caído.  Pero Cristo lo llama “homicida” y “mentiroso y padre de la mentira” (Jn.8,44) Esa mentira criminal solamente tiene poder si nosotros nos dejamos engañar.

Nos odia a muerte, pero no tiene fuerzas para matarnos. Su fuerza es engañarnos con la mentira del mal, para que nos hagamos el mal a nosotros mismos como si fuera un bien, y elijamos el mal hasta la muerte eterna.

Y la mentira asesina, es dejarnos convencer de que la soberbia y el egoísmo son nuestro mayor bien. Dios quiere siempre darnos fuerzas para resistir esa tentación, y si caemos, humildad para pedirle perdón, y fuerzas renovadas.  

Mons. Jorge Luis Lona, obispo de San Luis
San Luis, 25 de setiembre de 2010.  


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Texto del micro radial de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, emitido por LT 9 (25 de septiembre de 2010). (AICA)

NUEVOS SACERDOTES

El próximo 30 de septiembre, Fiesta de San Jerónimo, Patrono de la ciudad de Santa Fe de la Vera Cruz, voy a ordenar a 6 nuevos sacerdotes en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe. Es un hecho que nos habla de la vida de la Iglesia y que quiero compartir con ustedes. No puedo dejar de expresar mi alegría y gratitud a Dios en primer lugar. Al mismo tiempo, quiero hacer llegar una palabra de reconocimiento a sus familias y comunidades de donde provienen estos jóvenes, y también a ellos, por su generosidad frente al llamado del Señor, que comprometió sus vidas como una vocación en la Iglesia al servicio de sus hermanos. En estas palabras: Iglesia, Vocación y Servicio, encontramos la raíz del sacerdocio cristiano.

Ante todo se trata de una vocación que nace en la Iglesia en cuanto depositaria de la misión de Jesucristo. Esto que nos habla de la vida eclesial necesita, sin embargo, de la libertad y capacidad de escucha para descubrir un llamado. Cuando esto ocurre y madura en el corazón de un joven, llega a convertirse en una certeza que se hace irresistible. En un sentido no elegimos la vocación, ella nos elige, nosotros la descubrimos y la seguimos. La vocación al sacerdocio reconoce su origen en el llamado que Jesucristo hizo a los primeros discípulos para seguirlo: “ven y sígueme”, les decía. Esto significa que la iniciativa y el contenido de la vocación no es obra mía, sino que asumo el camino que él me propone. Es cierto, hay que tener un oído atento para escuchar esta llamada. La vocación necesita, por ello, de un ambiente donde se la conozca y valore. No podríamos pensar el sacerdocio fuera de una relación personal con Jesucristo, él es la fuente y la forma de este ministerio que ha confiado a la Iglesia.

El marco de la vocación sacerdotal es la Iglesia, decíamos, su fuente es el llamado y la respuesta del joven la nota personal. Cuál es el contenido de esta vocación? Dijimos el servicio, pero entendido desde la misma misión de Jesucristo. Es decir, sólo se lo comprende y se lo puede vivir si partimos de aquella palabra de Jesucristo, cuando nos dice: “Como el Padre me envió a mí, así también yo los envío a ustedes” (Jn. 20, 21). El servicio, como vemos, es parte de la misión de Jesucristo, que ha venido: “para que el mundo tenga vida” (Jn. 10,10). Este servicio abarca la totalidad de la vida del hombre, necesitado para su realización de condiciones humanas y espirituales, que le permitan desarrollarse de acuerdo a su dignidad única e irrepetible. Es importante señalar que este servicio en la vida del mismo Jesucristo tuvo una opción particular, no excluyente, con los más pobres y necesitados, es decir, ellos fueron sus preferidos. Por ello la cercanía del sacerdote con esa franja del dolor, sea el pobre, el enfermo, el que sufre, es una expresión clara de fidelidad a la misión de Jesucristo.

Invitándolos a participar el próximo 30 de Septiembre a las 10hs. de la ordenación de estos nuevos 6 sacerdotes en la Basílica de Guadalupe, les hago llegar junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor. 

Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz 


Publicado por verdenaranja @ 22:41  | Hablan los obispos
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DELEGACIÓN DE PASTORAL MISIONERA
Diócesis Nivariense

La Laguna, 13 de Octubre de 2010. 

Queridos hermanos sacerdotes:        

Cuando estamos inmersos en el comienzo de este nuevo curso, cuando el Papa Benedicto XVI acaba de crear el Consejo Pontificio para la Nueva Evangelización, desde la Delegación de Pastoral Misionera, queremos dirigirles estas letras para agradecerles la colaboración prestada, informarles sobre lo realizado el pasado curso, y adelantar algunos proyectos para este que hemos comenzado. 

         A lo largo de este curso 2009-2010, desde esta Delegación hemos tratado de animar la Acción Misionera en nuestra Diócesis, en especial todo lo relacionado con el Primer Anuncio. Para ello y después de trazar los objetivos para dicho año, nos pusimos manos a la obra. Estos son los resultados: 

1. Elaboración y distribución de casi 800 folletos explicativos dando a conocer la Delegación y sus actividades para ese curso así como apuntando algunas ideas claves sobre evangelización y primer anuncio.

2. Activación de la página web y el correo electrónico como medio de contacto e información.

3. Aprobación del Proyecto de la Escuela Diocesana de Evangelización y primeros pasos para ponerla en marcha. Octubre 2009.

4. Reunión con los secretariados y equipos responsables de los movimientos cuya misión principal es el Primer Anuncio, para informarles y animarles a vincularse al proyecto. Octubre 2009.

5. Primer curso de las Escuelas: “Vida Nueva” 40 participantes. Diciembre 2009.

6. Segundo curso de las Escuelas: “Apolo” Para predicar mejor el evangelio. 27 participantes. Febrero 2010.

7. Formación catequistas Parroquia Taco: 7 participantes. Febrero 2010.

8. Jornadas Formación Arciprestal La Palma: 40 participantes. Febrero 2010.

9. Jornadas Formación Arciprestal Granadilla: 50 participantes. Marzo 2010.

10. Ponencia Consejo Diocesano de Pastoral “Pastoral Misionera: Balance y Perspectivas” Marzo 2010.

11. Jornadas Evangelización padres y madres catequesis Parroquia S/C Palma. 100 personas. Marzo 2010.

12. Jornadas de evangelización: “Si conocieras” La Laguna. 35 personas. Marzo 2010.

13. Encuentro Agentes Pastoral Parroquia S/C Tenerife. 10 participantes. Abril 2010

14. Clase Alumnos 6º Institucional Seminario Diocesano. Mayo 2010.

15. Reencuentro de participantes cursos. Julio 2010.

16. En total, más de 350 personas, han participado en las distintas actividades a lo largo de este curso y esperamos que la experiencia haya sido muy positiva. Por nuestra parte nos sentimos muy satisfechos y agradecemos a cuantos han querido servirse de estas herramientas, para favorecer la evangelización en sus parroquias o zonas pastorales. 

De cara a este año, aunque ya nos están llegando invitaciones de parroquias y arciprestazgos para impartir algunos cursos sobre el tema,  estamos además, intentando cerrar las fechas de las propuestas que, desde la delegación, pensamos ofertar este curso y que les adelantamos: 

- Curso sobre como evangelizar con las nuevas tecnologías: Elaborar un blog, perfiles en facebook, tuenti, páginas web, etc…

- Curso de formación espiritual para el evangelizador.

- Visita a arciprestazgos y Consejos Pastorales que lo deseen para dedicar una sesión de trabajo al Primer Anuncio.

- Elaborar e impartir curso: “Parroquia Misionera”.

- Seguir ofreciendo las Jornadas de Evangelización “Si conocieras” para alejados de la fe o agentes de pastoral desanimados.

- Seguir ofreciendo las jornadas parroquiales o arciprestales de formación básica sobre Nueva Evangelización: “Evangelizar en tiempos revueltos”.

 

Todo esto nos hace darle gracias a Dios que va abriendo caminos y colocando personas que hacen posible que la obra de la evangelización siga adelante. En ella estamos implicados todos los bautizados y especialmente aquellos a los que, por carisma, les toca impulsarla y acompañarla. 

Seguimos a su disposición para lo que necesiten. Agradecemos también todas las indicaciones y sugerencias que a lo largo de este tiempo nos han hecho llegar y les invitamos a que lo sigan haciendo. Si precisan algún servicio o más información sobre las actividades, no duden en ponerse en contacto con nosotros y trataremos de ayudarles en lo que necesiten. Adjuntamos además, el documento con el que el Papa ha constituido el Consejo Pontificio para la promoción de la Nueva Evangelización. 

Buen comienzo de curso. 

El Equipo de la Delegación

 33- Apartado de correos 54- 38626- Valle San Lorenzo-Arona- Tlf. 619035290


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Motu Proprio “Ubicumque et semper” de Benedicto XVI 

Con él se constituye el Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización 

CIUDAD DEL VATICANO, martes 12 de octubre de 2010 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación una versión no oficial al español del Motu proprio Ubicumque et semper, con el que se anuncia la creación del Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización, que ha sido presentado hoy en la Santa Sede.

 

CARTA APOSTÓLICA
en forma de MOTU PROPRIO

UBICUMQUE ET SEMPER

del Sumo Pontífice
BENEDICTO XVI

CON LA QUE SE INSTITUYE EL CONSEJO PONTIFICIO

PARA LA PROMOCIÓN DE LA NUEVA EVANGELIZACIÓN

 

La Iglesia tiene el deber de anunciar siempre y en todas partes el Evangelio de Jesucristo. Él, el primer y supremo evangelizador, en el día de su ascensión al Padre mandó a los Apóstoles: “Id, y haced que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo os he mandado" (Mt 28,19-20). Fiel a este mandato la Iglesia, pueblo que Dios se adquirió para que proclame sus obras admirables (cfr 1Pe 2,9), desde el día de Pentecostés, en el que recibió en don el Espíritu Santo (cfr Hch 2,14), nunca se ha cansado de dar a conocer al mundo entero la belleza del Evangelio, anunciando a Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, el mismo “ayer, hoy y siempre” (Hb 13,8), que con su muerte y resurrección realizó la salvación, llevando a cumplimiento la antigua promesa. Por tanto, la misión evangelizadora, continuación de la obra querida por el Señor Jesús, es para la Iglesia necesaria e insustituible, expresión de su misma naturaleza.

Esta misión ha asumido en la historia formas y modalidades siempre nuevas según los tiempos, las situaciones y los momentos históricos. En nuestro tiempo, uno de sus rasgos singulares ha sido confrontarse con el fenómeno del alejamiento de la fe, que se ha manifestado progresivamente en sociedades y culturas que desde hacía siglos parecían impregnadas por el Evangelio. Las transformaciones sociales a las cuales hemos asistido en las últimas décadas tienen causas complejas, que hunden sus raíces lejos en el tiempo y que han modificado profundamente la percepción de nuestro mundo. Piénsese en los gigantescos progresos de la ciencia y de la técnica, en la ampliación de las posibilidades de vida y de los espacios de libertad individual, en los profundos cambios en el campo económico, en el proceso de mezclas de etnias y culturas causado por fenómenos migratorios masivos, en la creciente interdependencia entre los pueblos. Todo ello no ha sucedido sin consecuencias también para la dimensión religiosa de la vida del hombre. Y si por un lado la humanidad ha conocido innegables beneficios de estas transformaciones y la Iglesia ha recibido ulteriores estímulos para dar razón de la esperanza que lleva (cfr 1Pe 3,15), por el otro se ha verificado una preocupante pérdida del sentido de lo sagrado, llegando incluso a poner en cuestión esos fundamentos que parecían indiscutibles, como la fe en un Dios creador y providente, la revelación de Jesucristo único salvador, y la común comprensión de las experiencias fundamentales del hombre como el nacer, el morir, el vivir en una familia, la referencia a una ley moral natural.

Aunque todo ello ha sido saludado por algunos como una liberación, bien pronto se ha advertido el desierto interior que nace allí donde el hombre, queriendo se el único artífice de su propia naturaleza y de su propio destino, se encuentra privado de lo que constituye el fundamento de todas las cosas.

Ya el Concilio Ecuménico Vaticano II asumió entre las temáticas centrales la cuestión de la relación entre la Iglesia y este mundo contemporáneo. Tras las huellas de la enseñanza conciliar, mis Predecesores han reflexionado ulteriormente sobre la necesidad de encontrar formas adecuadas para permitir a nuestros contemporáneos escuchar aún la Palabra viva y eterna del Señor.

Con visión de futuro, el Siervo de Dios Pablo VI observaba que el compromiso de la evangelización “se demuestra igualmente cada vez más necesario, a causa de las situaciones de descristianización frecuentes en nuestros días, para multitud de personas que recibieron el bautismo pero que viven completamente fuera de la vida cristiana, para gente sencilla que tiene una cierta fe pero que conoce mal sus fundamentos, para intelectuales que sienten la necesidad de conocer a Jesucristo en una luz distinta de las enseñanzas recibidas en su infancia, y para muchos otros” (Exhort. ap. Evangelii nuntiandi, n. 52). Y, con el pensamiento dirigido a los alejados en la fe, añadía que la acción evangelizadora de la Iglesia “debe buscar constantemente los medios y el lenguaje adecuados para proponerles o volverles a proponer la revelación de Dios y la fe en Jesucristo” (Ibid., n. 56). El Venerable Siervo de Dios Juan Pablo II hizo de esta comprometida tarea uno de los puntos cardinales de su vasto Magisterio, sintetizando en el concepto de "nueva evangelización", que él profundizó sistemáticamente en numerosas intervenciones, la tarea que espera a la Iglesia hoy, en particular en las regiones de antigua cristianización. Una tarea que, si bien se refiere directamente a su forma de relacionarse hacia el exterior, presupone sin embargo ante todo una constante renovación interior, un continuo pasar, por así decirlo, de evangelizada a evangelizadora. Baste recordar lo que se afirmaba en la Exhortación postsinodal Christifideles Laici: "Enteros países y naciones, en los que en un tiempo la religión y la vida cristiana fueron florecientes y capaces de dar origen a comunidades de fe viva y operativa, están ahora sometidos a dura prueba e incluso alguna que otra vez son radicalmente transformados por el continuo difundirse del indiferentismo, del secularismo y del ateísmo. Se trata, en concreto, de países y naciones del llamado Primer Mundo, en el que el bienestar económico y el consumismo —si bien entremezclado con espantosas situaciones de pobreza y miseria— inspiran y sostienen una existencia vivida 'como si no hubiera Dios'. Ahora bien, el indiferentismo religioso y la total irrelevancia práctica de Dios para resolver los problemas, incluso graves, de la vida, no son menos preocupantes y desoladores que el ateísmo declarado. Y también la fe cristiana —aunque sobrevive en algunas manifestaciones tradicionales y ceremoniales— tiende a ser arrancada de cuajo de los momentos más significativos de la existencia humana, como son los momentos del nacer, del sufrir y del morir. [...] En cambio, en otras regiones o naciones todavía se conservan muy vivas las tradiciones de piedad y de religiosidad popular cristiana; pero este patrimonio moral y espiritual corre hoy el riesgo de ser desperdigado bajo el impacto de múltiples procesos, entre los que destacan la secularización y la difusión de las sectas. Sólo una nueva evangelización puede asegurar el crecimiento de una fe límpida y profunda, capaz de hacer de estas tradiciones una fuerza de auténtica libertad. Ciertamente urge en todas partes rehacer el entramado cristiano de la sociedad humana. Pero la condición es que se rehaga la cristiana trabazón de las mismas comunidades eclesiales que viven en estos países o naciones" (n. 34).

Haciéndome por tanto cargo de la preocupación de mis venerados Predecesores, considero oportuno ofrecer respuestas adecuadas para que la Iglesia entera, dejándose regenerar por la fuerza del Espíritu Santo, se presente al mundo contemporáneo con un empuje misionero capaz de promover una nueva evangelización. Ésta hace referencia sobre todo a las Iglesias de antigua fundación, que sin embargo viven realidades muy diferenciadas, a las que corresponden necesidades distintas, que esperan impulsos de evangelización distintas: en algunos territorios, de hecho, a pesar del progreso del fenómeno de la secularización, la práctica cristiana manifiesta aún una buena vitalidad y un profundo arraigo en el alma de poblaciones enteras; en otras regiones, en cambio, se nota una más clara toma de distancia de la sociedad en su conjunto hacia la fe, con un tejido eclesial más débil, aunque no privado de elementos de vivacidad, que el Espíritu no deja de suscitar; conocemos también, por desgracia, zonas que parecen completamente descristianizadas, en las que la luz de la fe se confía al testimonio de pequeñas comunidades: estas tierras, que necesitan un renovado primer anuncio del Evangelio, parecen ser particularmente refractarias a muchos aspectos del mensaje cristiano.

La diversidad de las situaciones exige un atento discernimiento; hablar de "nueva evangelización" no significa, de hecho, deber elaborar una única fórmula igual para todas las circunstancias. Y, con todo, no es difícil darse cuenta de que de lo que tienen necesidad todas las Iglesias que viven en territorios tradicionalmente cristianos es de un renovado empuje misionero, expresión de una nueva generosa apertura al don de la gracia. De hecho, no podemos olvidar que la primera tarea será la de hacerse dóciles a la obra gratuita del Espíritu del Resucitado, que acompaña a cuantos son portadores del Evangelio, y que abre el corazón de quienes escuchan. Para proclamar de forma fecunda la Palabra del Evangelio, es necesario ante todo que se haga una profunda experiencia de Dios.

Como afirmé en mi primera Encíclica Deus caritas est: "No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva" (n. 1). De forma parecida, en la raíz de toda evangelización no hay un proyecto humano de expansión, sino el deseo de compartir el don inestimable que Dios ha querido hacernos, haciéndonos partícipes de su misma vida.

Por tanto, a la luz de estas reflexiones, tras haber examinado con cuidado todo y haber pedido el parecer de personas expertas, establezco y decreto cuanto sigue:

Art. 1.

§ 1. Se constituye el Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización, como Dicasterio de la Curia Romana, en el sentido de la Constitución apostólica Pastor bonus. § 2. El Consejo persigue su propia finalidad tanto estimulando la reflexión sobre los temas de la nueva evangelización, como individuando y promoviendo las formas y los instrumentos adecuados para realizarla.

Art. 2.

La acción del Consejo, que se lleva a cabo en colaboración con los demás Dicasterios y Organismos de la Curia Romana, en el respeto de sus relativas competencias, está al servicio de las Iglesias particulares, especialmente en esos territorios de tradición cristiana donde con mayor evidencia se manifiesta el fenómeno de la secularización.

Art. 3.

Entre las tareas específicas del Consejo se señalan: 1°. profundizar en el significado teológico y pastoral de la nueva evangelización; 2°. promover y favorecer, en estrecha colaboración con las Conferencias Episcopales interesadas, que podrán tener un organismo ad hoc, el estudio, la difusión y la realización del Magisterio pontificio relativo a las temáticas conectadas con la nueva evangelización; 3°. hacer conocer iniciativas ligadas a la nueva evangelización ya en acto en las diversas Iglesias particulares y a promover su realización de nuevo, implicando activamente también los recursos presentes en los Institutos de Vida Consagrada y en las Sociedades de Vida Apostólica, como también en las agregaciones de fieles y en las nuevas comunidades; 4°. estudiar y favorecer la utilización de las modernas formas de comunicación, como instrumentos para la nueva evangelización; 5°. promover el uso del Catecismo de la Iglesia Católica, como formulación esencial y completa del contenido de la fe para los hombres de nuestro tiempo.

Art.4

§ 1. El Consejo está dirigido por un Arzobispo Presidente, coadyuvado por un Secretario, por un Subsecretario y por un adecuado número de Oficiales, según las normas establecidas por la Constitución apostólica Pastor bonus y por el Reglamento General de la Curia Romana. § 2. El Consejo tendrá Miembros propios y puede disponer de Consultores propios.

Todo lo que ha sido deliberado con el presente Motu proprio, ordeno que tenga valor pleno y estable, a pesar de cualquier cosa contraria, aunque sea digna de mención particular, y establezco que sea promulgado mediante la publicación en el diario L'Osservatore Romano y que entre en vigor el día de la promulgación.

Dado en Castel Gandolfo, el día 21 de septiembre de 2010, Fiesta de san Mateo, Apóstol y Evangelista, año sexto de mi Pontificado.

BENEDICTUS PP. XVI

[Traducción del italiano por Inma Álvarez

©Libreria Editrice Vaticana]


Vigilia de la Luz publicada en la revista ILUMINARE, nº 380 - OCTUBRE 2010, que hemos recibido en la parroquia con los materiales para la celebración del domund 2010.

 VIGILIA DE LUZ
“Queremos ver a Jesús” (Jn 12,21) 

La Cruz de la Jornada Mundial de la Juventud preside el espacio de la celebración. Primero,  un cañón proyecta la imagen del Crucificado, y en ella, bien visibles, sus ojos, su corazón atravesado, sus pies y sus manos. Luego, una pantalla junto a la Cruz proyectará las imágenes de los crucificados de nuestro tiempo. Finalmente, la Cruz desnuda, sin ningún otro elemento proyectado, será la que ambiente la esperanza misionera. 

Canto: «Vengo ante Ti, mi Señor» (Oración del pobre) 

1.er MOMENTO: CRISTO CRUCIFICADO 

Contemplar a Jesús para grabar en nosotros los “gestos misioneros” desde los Ojos, el Corazón, los Pies y las Manos del Crucificado. 

“Solamente contemplando a Jesús, muerto en la cruz por nosotros, se puede conocer y contemplar esta verdad fundamental: Dios es amor. Desde esa mirada, el cristiano encuentra la orientación de su vivir y de su amar. Contemplando con los ojos de la fe al Crucificado, podemos comprender a fondo qué es el pecado, qué trágica es su gravedad, y al mismo tiempo qué inconmensurable es la potencia del perdón y de la misericordia del Señor. No apartéis el corazón de este misterio de profunda humanidad y de elevada espiritualidad, porque, al contemplar a Cristo, al mismo tiempo somos contemplados por Él” (Benedicto XVI). 

Ojos de Jesús Texto bíblico (Jn 19,26-27) 

«Jesús, al mirar a su madre y ver junto a ella al discípulo al que tanto amaba, le dijo: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Después dijo al discípulo: “Ahí tienes a tu madre”. Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa». 

Peticiones de perdón 

. Porque no me he dejado mirar por Jesús. SEÑOR, TEN PIEDAD.

. Porque no he mirado a los demás como Jesús lo hace conmigo. CRISTO, TEN PIEDAD.

. Porque no he reconocido a Jesús en la mirada de los hermanos. SEÑOR, TEN PIEDAD 

Canto: «No adoréis a nadie, a nadie más que a Él» 

Corazón de Jesús Texto bíblico (Lc 23,33-34a) 

«Cuando llegaron al lugar llamado La Calavera, crucificaron allí a Jesús y también a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Jesús decía: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”». 

Bienaventuranzas 

. Felices los que ponéis vuestra confianza en el Corazón de Jesús, sabiendo que Él nunca defrauda, porque gustaréis el Reino.

. Felices los que, a pesar de los fallos y caídas, buscáis siempre el Corazón de Jesús como apoyo y fortaleza, porque tendréis fuerza para volver a caminar.

. Felices los que os dejáis habitar y poseer por el Corazón de Jesús, porque descubriréis que vuestra vida está en las mejores manos.

. Felices los que invitáis a todos a la confianza en el Corazón de Jesús, porque vuestra vida siempre dará fruto.

. Felices los que encontráis vuestras delicias en el Corazón de Jesús, porque Él os dará todo lo que anhela vuestro corazón. 

Quien vive unido al Corazón de Cristo se convierte en un regalo para los demás: “El fruto del silencio es la oración, el fruto de la oración es la fe, el fruto de la fe es el amor, el fruto del amor es el servicio, el fruto del servicio es la paz”.

(Beata Teresa de Calcuta)

Canto: «Amar es entregarse» 

Pies de Jesús Texto bíblico (Mc 6,6-9) 

«Jesús recorría las aldeas del entorno enseñando. Llamó a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. Les ordenó que no tomaran nada para el camino, excepto un bastón. Ni pan, ni zurrón, ni dinero en la faja. Que calzaran sandalias, pero que no llevaran dos túnicas». 

Oración

Señor Jesús: me pongo en camino. Quiero buscarte. Dame un corazón sencillo, unos pies ligeros, unos ojos abiertos para que mi marcha sólo se dirija a Ti. Oriéntame cuando me pierda, acógeme cuando me canse, llévame a los otros cuando me sienta solo. Dame valentía, fortaleza y audacia para no decaer en mi búsqueda, para permanecer siempre firme. Haz que mis pies pisen la tierra pobre que pisaron los tuyos, que mis hombros sólo carguen la libertad y el desprendimiento que llevaron los tuyos, que mis entrañas anhelen sólo tu Palabra. Y concédeme descansar mi cabeza sobre tu hombro y pronunciar tu nombre, Señor, siempre hermano, siempre nuevo.

Canto: «El misionero» (“Señor, toma mi vida nueva...”) 

Manos de Jesús Texto bíblico (Jn 18,11-12) 

«Pero Jesús dijo a Pedro: “Envaina de nuevo tu espada. ¿Es que no debo beber esta copa de amargura que el Padre me ha preparado?”. La tropa romana, con su comandante al frente, y la guardia judía, arrestaron a Jesús y ataron sus manos». 

Oración

La mano joven se une a la mano vieja y, entre ellas, se cruza la mano eterna del Cristo.

La mano débil se une a la mano fuerte y, entre ellas, se cruza la mano firme del Cristo.

La mano blanca se une a la mano negra y, entre ellas, se cruza la mano santa del Cristo.

La mano del médico se une a la mano del paciente y, entre ellas, se cruza la mano ensangrentada del Cristo.

La mano de la ignorancia se une a la mano de la sabiduría y, entre ellas, se cruza la mano omnisciente del Cristo.

La mano pecadora se une a la mano de la gracia y, entre ellas, se cruza la mano del perdón del Cristo.

Lamentablemente, solamente las manos cerradas no se unen a otras manos cerradas.

Y, aun así, entre ellas se puede; ¡es que entre ellas se cruza la mano abierta del Cristo! 

Canto: «Manos misioneras» 

2. º MOMENTO: CRUCIFICADOS DE HOY 

Estos “nuevos crucificados” nos llaman a una acción misionera. Recordamos las muertes de los Viernes Santos de nuestro tiempo. La muerte de Jesús no ha acabado, sigue repitiéndose en el Cuerpo de la Iglesia y de la humanidad: pueblos enteros explotados económicamente, niños inocentes e indefensos, niños de la calle, personas explotadas sexualmente, niños a los que no se les deja nacer, personas maltratadas, víctimas del fundamentalismo religioso, víctimas de las guerras, enfermos solitarios, marginados despreciados, ancianos abandonados, parados... 

Texto bíblico (Mt 25,31-46) 

«Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso. Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, y pondrá a aquellas a su derecha y a estos a la izquierda.

Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: “Venid, benditos de mi Padre, y recibid en herencia el Reino que os fue preparado desde el comienzo del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; estaba de paso, y me acogisteis; desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; preso, y me vinisteis a ver”.

Los justos le responderán: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de paso, y te acogimos; desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?”.

Y el Rey les responderá: “Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con el más pequeño de mis hermanos, conmigo lo hicisteis”». 

Canto: «Ave María» (Grupo Getsemaní) 

3.er MOMENTO: LA CRUZ VACÍA 

Nos habla de esperanza, de Resurrección, de vida y plenitud tras el sufrimiento y la muerte. La respuesta de la Iglesia y su Misión son también esperanza para el mundo. Se ha hecho el silencio. La muchedumbre se ha dispersado. Sólo se oye el silbido del viento. Tanta tensión, tanta angustia, tanto dolor, tantas mofas, insultos y escupitajos… Todo ha pasado. Cristo ha entregado su alma en oración al Padre. Sólo hay silencio, desilusión y desolación. 

Texto bíblico (Lc 23,50-54) 

«Había un hombre bueno y justo llamado José, miembro del Consejo, que no había estado de acuerdo con la decisión ni con la conducta de ellos. Era natural de un pueblo de Judea llamado Arimatea, y esperaba el Reino de Dios. Este se presentó ante Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Después de bajarlo, lo envolvió en una sábana de lino y lo puso en un sepulcro cavado en la roca, en el que todavía no se había sepultado a nadie. Era el día de preparación para el sábado, que estaba a punto de comenzar». 

Reflexión y puesta en común: cómo ser esperanza para el mundo 

. Nuestros tiempos siguen siendo difíciles; nos ayudaría ver más allá de lo inmediato, soñar sueños de futuro, donde germine la planta de la esperanza.

. Hacen falta personas nuevas, porque no está la solución en echar la culpa a las circunstancias, sino en preguntarnos cómo quiere el Espíritu que seamos hoy.

. Quienes viven así abren caminos. Se empeñan en servir con alegría a todos aquellos a los que resulta tan difícil esperar, porque son esos con los que nadie cuenta ni espera nada de ellos: los pobres, los marginados, los oprimidos, los desconsolados, los trabajadores que no ven reconocidos sus derechos.

. Su apoyo lo encuentran en Cristo, testigo de esperanza ayer, hoy y siempre. 

Conclusión 

La cruz vacía nos habla de Resurrección y de Vida. Nos habla de Cristo que nos envía a anunciar: “Lo que existía desde el principio, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y han tocado nuestras manos acerca de la palabra de la vida…, lo que hemos visto y oído os lo anunciamos para que también vosotros estéis en comunión con nosotros. Nosotros estamos en comunión con el Padre y con su Hijo, Jesucristo.
Os escribimos estas cosas para que vuestro gozo sea completo” (1Jn 1,1.3-4). 

Oración 

No me mueve, mi Dios, para quererte 
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

¡Tú me mueves, Señor! Muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido;
muéveme ver tu cuerpo tan herido;
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera. 

Canto final: «Nos envías por el mundo»


Publicado por verdenaranja @ 12:08  | Misiones
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jueves, 14 de octubre de 2010

El Papa canonizará a una monja clarisa del Renacimiento. Ciudad del Vaticano, 29 Set. 10 (AICA 

Beata Camila Bautista Varano

Una monja clarisa, Camila Bautista Varano, princesa de Camerino, hija de una familia señorial del Renacimiento italiano, fue beatificada en 1843 por el papa Gregorio XVI, y ahora será canonizada por Benedicto XVI. La ceremonia de canonización se llevará a cabo el domingo 17 de octubre, a las 17, en la plaza de San Pedro del Vaticano.

      Nació en Camerino. Su padre, Julio César de Varano, era el duque de Camerino. Típico señor renacentista. Había combatido para varios Papas y en diversas ciudades italianas y, por medio de una política de matrimonios se había emparentado con las principales dinastías reinantes.

     Julio César se casó con Juana Malatesta y de ella tuvo tres hijos, y al menos seis hijos naturales de otras mujeres. Estos comportamientos en las familias señoriales eran considerados normales o al menos eran aceptados sin escándalo. Camila es hija natural de la noble Cecchina de Mastro Giacomo, pero fue incluida y educada en el esplendor de la corte.

     Es fácil imaginar las fiestas que saludaron en Camerino, alta y luminosa en la gran cresta de los Apeninos a la primogénita del señor de la ciudad el 9 de abril de 1458, a la que se le puso el nombre de Camila.

     Los palacios señoriales en el período renacentista eran centros de política, pero también de cultura y de protección a los artistas. La joven Camila estudia latín, lee los clásicos, aprende a pintar, a tocar y a bailar. Crece vivaz y exuberante, sumergida en el pulular de la vida de la corte. Tiene un temperamento sincero, abierto y de mucha voluntad, más aún, se puede decir independiente y testarudo, amante de lo bello y del placer.

     Su padre soñaba para ella un matrimonio espléndido, con algún gran señor de una ciudad vecina, o un Montefeltro, o un Vitelleschi, o un Sinibaldi, tanto más cuanto que Camila crecía con muy buen aspecto y de inteligencia despierta.

     “Todo el tiempo -escribiría después-, lo pasaba en bailes, serenatas, paseos, en vanidades y en otras cosas juveniles y mundanas que de éstas se siguen”. Pero en la vida de la joven bella y culta Camila Varano, princesa de Camerino, había un pequeño secreto que solamente ella conocía.

     Un día pidió a su padre permiso para entrar no en un palacio señorial, sino en un pobrísimo convento donde se seguía la dura regla de Santa Clara.

     En 1481, después de una prolongada y obstinada resistencia, Julio César Varano debió plegarse a la firme decisión de su hija. Con la muerte en el corazón permitió que su Camila entrara en Urbino, no como princesa esposa de un príncipe, sino con los pies descalzos, para encerrarse en el monasterio Santa Clara de Urbino, uno de los lugares más representativos del movimiento de la observancia, con la voluntad de vivir la Regla de Santa Clara en toda su radicalidad evangélica.

     Su padre, para calmar su orgullo herido, no pudo hacer otra cosa que restaurar y ampliar, en Camerino, el monasterio de Santa María Nuova, y tener así más cerca a su hija, en adelante para siempre esposa de Jesús.

     El 4 de enero de 1484, hecha ya su profesión religiosa con el nombre de Sor Bautista, junto a otras ocho monjas de Urbino, hace su ingreso en el nuevo monasterio de Camerino, hecho restaurar por su padre.

     Entre los secretos muros de aquel monasterio Sor Bautista Varano tuvo visiones y revelaciones, que su padre espiritual le obligó a escribir. Así nacieron en la intimidad de la celda aquellas obras que se hicieron famosas en la literatura mística del Cinquecento: “Los dolores mentales de Jesús”, “La vida espiritual”, “Las consideraciones sobre la Pasión”, “El tratado de la pureza del corazón”, las “Oraciones” y las “Poesías”.

Una tragedia renacentista

     En 1501, mientras la clarisa llevaba su propia vida en la contemplación, una tragedia se abate sobre su familia. El papa Alejandro VI excomulga a Julio César de Varano, por razones económicas, privándolo de todos sus derechos feudales y señoriales.

     César Borgia asalta la ciudad de Camerino para someter su territorio al patrimonio de la Iglesia. Julio César de Varano es hecho prisionero y luego estrangulado en la fortaleza de la Pérgola. Después, fueron asesinados cruelmente los tres hermanos de sor Bautista. Sólo el hermano menor, Juan María, se puso a salvo en Venecia.

     Sor Bautista tuvo para ellos lágrimas secretas, orando desde lejos, pero perdonando al asesino. Su máxima era: “Hacer el bien y sufrir el mal”, y sufrirlo no solos, sino con Jesús en la cruz.

     También para sor Bautista llega la hora del exilio: su presencia en el monasterio pondría en peligro la vida de las otras hermanas. Se dirige así a Fermo. Pero los señores de la pequeña ciudad temen las represalias de Valentino y no la reciben. Yendo “como peregrina y forastera” se refugia en Atri.

     En 1503 sor Bautista vuelve a Camerino, donde su familia fue casi exterminada. El hermano que sobrevivió, Juan María, es reintegrado por el papa Julio II como jefe del Estado de Camerino. En 1505 el mismo Papa la envía a fundar un monasterio de clarisas en Fermo, y durante los años 1521-1522 permanece en San Severino Marcas, para formar a las Clarisas locales que habían asumido en aquel período la Regla de Santa Clara.

     Sor Camila Bautista Varano murió en Camerino el 31 de mayo de 1524, a la edad de 66 años, durante una epidemia de peste. 

Su ascenso a los altares

     El 7 de abril de 1843 el papa Gregorio XVI firma el decreto de Beatificación.

     El 11 de mayo de 1857 Pío IX veneró sus restos y concedió la indulgencia plenaria el día de la fiesta, el 2 de junio.

     El 19 de febrero de 2010, Benedicto XVI en Consistorio Público firma el decreto que incluye a la beata Camila Bautista Varano en el registro de los Santos, estableciendo la fecha de la canonización para el 17 de octubre de 2010. 

La Orden de las Clarisas

     La rama femenina de la Orden de los Hermanos Menores (franciscanos) es la Orden de las Clarisas, nacida en 1211, cuando la joven Clara de Asís, perteneciente a una de las familias más nobles de Asís, salió de su casa por la puerta donde sacaban los muertos y marchó a Santa María de la Porciúncula, donde la esperaban San Francisco y sus primeros compañeros para consagrarla al Señor. Tenía apenas 18 años.

     Con el tiempo se le unieron su hermana Catalina (sor Inés, santa como ella) y otras jóvenes. Juntas se trasladaron a la iglesia de San Damián, restaurada por San Francisco.

     Al principio las llamaban "Hermanas Menores", pero san Francisco lo cambió por el de Señoras Pobres, y el papa Inocencio III el "privilegio de pobreza", por el cual no estaban obligadas a tener rentas o posesiones, y tras superar diversas situaciones, dos días antes de su muerte Clara obtuvo del Papa la aprobación de "su" Regla, la primera compuesta por una mujer para mujeres.

     La Orden de las Hermanas Pobres de Santa Clara (ese es el nombre de esta Orden religiosa) cuenta en su historia con cuatro santas (ahora serán cinco): santa Eustoquia Esmeralda Calafato de Messina, canonizada por Juan Pablo II el 11 de junio de 1988; santa Inés de Praga, virgen, canonizada por Juan Pablo II el 12 de noviembre de 1989; santa Catalina Vigri, de Bolonia, virgen; y santa Inés de Asís, virgen, hermana de santa Clara. Y siete beatas: Isabel de Francia, virgen; Antonia de Florencia, virgen; María Celina de la Presentación, virgen; Margarita de Lorena, Elena Enselmini, María Crucificada Satellico y Salomé de Cracovia.

 


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Mensaje de monseñor Luis T. Stöckler, obispo de Quilmes para la Jornada Mundial de las Misiones (9 y 10 de octubre de 2010). (AICA)

JORNADA MUNIDAL DE LAS MISIONES

Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

La Jornada de las Misiones, que se repite todos los años en el mes de octubre, es como un tomarnos el pulso y ver si de verdad estamos convencidos de la importancia del evangelio para toda persona y la humanidad entera. Cada Iglesia ha de tratar de vivir el evangelio y transformar los diversos lugares donde nos desenvolvemos diariamente, comenzando por los ámbitos familiar y laboral, y llegar también a los espacios públicos que tienen que ver con nuestras obligaciones de ciudadanos. Pero en esta oportunidad debemos ensanchar nuestro horizonte más, porque se trata de llevar el evangelio a los que todavía no conocen a Cristo. Si  no sintiéramos esta necesidad y nos contentáramos con lo que somos y tenemos, sería un signo de que nosotros mismos todavía no hubiéramos  comprendido lo que significa ser cristiano. Juan Pablo II decía: “La misión es un problema de fe, es el índice exacto de nuestra fe en Cristo y en su amor por nosotros” (RM 11).

Toda comunión verdadera con el Señor, naturalmente lleva a la misión. Por eso, la primera manera de colaborar con la obra evangelizadora de los misioneros que están en el frente de la misión, es la oración en que nos hacemos uno con el Señor. En nuestra diócesis tenemos un ejemplo hermoso de esta fuerza de la comunión con la Capilla de Adoración Perpetua en la parroquia San Martín de Tours. Ya van cuatro años en que se reza sin interrupción, día y noche, ante Cristo en la Eucaristía, y han llegado a trescientas las personas de muchas parroquias, que vienen permanentemente para hacer de Custodios y Custodias del Señor. Otro modo de vivir esta comunión transformadora podemos observar en las parroquias, donde la lectura orante de la Palabra, practicada comunitariamente, ha llegado a ser un atractivo para vecinos que anteriormente no tenían mucho contacto con la Iglesia. Es en estos ambientes también, donde se afirma el compromiso de ser testigo de la fe.  Y podemos esperar que la oración despertará  vocaciones para la vida consagrada, ministerial y misionera.

La segunda forma de colaborar, de mayor exigencia, apela especialmente a aquellos que están cargando con un sufrimiento grande, y los invita ofrecerlo a Dios con amor, y sostener así el sacrificio de los misioneros. El valor salvífico de todo sufrimiento deriva del sacrificio de Cristo, que llama a los miembros del su Cuerpo místico  a unirse a sus padecimientos y completarlos  en su propia carne  (cf. Col 1, 24). Con tal ofrecimiento los enfermos se hacen también misioneros, como Santa Teresita del Niño Jesús, patrona de las misiones, que nunca salió de su convento.

Finalmente hemos de recordar también la colaboración material para las misiones. Es necesario revisar el propio estilo de vida: las misiones no piden solamente ayuda, sino compartir el anuncio y la caridad para con los pobres. Todo lo que hemos recibido de Dios – tanto la vida como los bienes materiales – no es nuestro sino que nos ha sido dado para usarlo. La generosidad en el dar debe estar siempre iluminado por la fe: entonces sí que hay más alegría en dar que en recibir.

Les agradezco ya ahora su generosidad. Ustedes saben, que uno de los ejes pastorales de nuestra Diócesis de Quilmes es precisamente la Misión. Que nuestra colaboración en la próxima Jornada avale esta afirmación de manera convincente.

El mes de octubre no es solamente el mes misionero, sino también del rezo del Rosario. Las Obras Misionales Pontificias nos invitan a unir las dos cosas y formar entre todas las diócesis del país una cadena de oración. A   nuestra Diócesis de Quilmes se pide unirse a este propósito  el día 19 de octubre. Con alegría queremos hacerlo.

Los bendigo de corazón. 

Mons. Luis T. Stöckler, obispo de Quilmes 


Publicado por verdenaranja @ 22:32  | Hablan los obispos
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Boletín 405 

LAS NOTICIAS AMPLIADAS PUEDEN VERLAS ENTRANDO EN NUESTRO NUEVO BLOG. Textos, sonidos, e imágenes los tienen en:
http://www.comunicacionobispadodetenerife.blogspot.com/

 El próximo día 24 de octubre se celebra el Día Mundial de la Propagación de la Fe (DOMUND). Se trata de una llamada de atención sobre la común responsabilidad de todos los cristianos en la evangelización del mundo. Este mes de octubre, es por tanto el mes de las misiones por excelencia. Por tal motivo, en nuestra diócesis, se encuentran varios misioneros compartiendo su testimonio de vida en diferentes colegios, institutos y parroquias. 

La coordinadora de pastoral con jóvenes de la Orotava ha organizado un musical sobre la vida de San Pablo en la sala Teobaldo Power de La Orotava para el 16 de octubre. Se trata de una iniciativa que servirá como introducción para el Encuentro Diocesano con Jóvenes en Noviembre. El concierto comenzará a las 20:30 horas y el precio de las entradas es de 10 Euros. 

El musical lleva por título “Hijos de la Libertad” y está compuesto e interpretado por miembros y colaboradores de la Milicia de Santa María. Cuenta la historia de Onésimo, el esclavo de Filemón, un rico comerciante de Colosas. El esclavo, tras robar a su amo, le abandona en búsqueda de su libertad. Una búsqueda que le llevará a estar envuelto en rebeliones, entre ladrones y a punto de ser asesinado. El encuentro con un médico griego, Lucas, y con Pablo de Tarso, preso en la cárcel de Roma, darán un vuelco a su vida. 

Por cierto, que la Delegación de Pastoral con jóvenes ha elaborado el póster oficial del encuentro Diocesano del 20 de noviembre. Con el lema NACIENDO pretenden disponer a los jóvenes para introducirse en el tiempo de preparación para la Navidad...Además, este departamento recuerda que este año han enviado  la hoja de inscripción actualizada que ha de rellenarse por cada participante y enviarla antes del 27 de octubre. 

Otra iniciativa enfocada a los jóvenes se desarrollará bajo el lema "Empápate", el próximo 30 de octubre, de 17:00 a 22:00 horas, en la parroquia de Las Nieves, en Finca España. Se trata de un encuentro dirigido a jóvenes, concretamente a partir de 3º de la ESO. En el mismo habrá tiempo para la realización de talleres, elaboración de pulseras decenarios, juegos, momentos para compartir, risoterapia, etc. Dicha iniciativa finalizará con un concierto del joven cantautor cristiano, Alejandro Abrante. 

El obispo, Bernardo Álvarez presidió, en la iglesia de La Concepción, la misa exequial por el eterno descanso de Adán Martín, ex presidente del Gobierno de Canarias. En un templo abarrotado de familiares, amigos, personalidades políticas, miembros de diferentes medios de comunicación, etc. En referencia al Evangelio, el prelado señaló que todos venimos a este mundo como administradores de unos bienes. “Adán puso sus habilidades y capacidades al servicio del bien común.” Y prosiguió Bernardo Álvarez: “Hoy le pedimos a Dios que cumpla con la promesa del Evangelio y que Adán Martín se presente a él con las manos llenas de buenas obras.” 

Los dos obispos del archipiélago concelebrarán el “funeral oficial”, en la Catedral de Santa Ana, el próximo día 20 de octubre. 

Continúa presentándose por los distintos arciprestazgos el presente curso pastoral y el material informativo sobre la catequesis de adultos. Así ocurrirá este viernes a las 20:00 horas en el Seminario y el sábado en San Antonio, Breña Baja, a las 10:00 horas. 

En el Seminario Diocesano, se ha desarrollado una nueva sesión destinada a la formación permanente del Clero. En esta ocasión, la jornada fue guiada por el Obispo, Bernardo Álvarez y el sacerdote, José Manuel Matos y tuvo como tema central el sacramento de la reconciliación. 

Tras la celebración tenida en La Orotava por la beatificación de María de la Purísima, ahora el obispo presidirá una Eucaristía de acción de gracias en la parroquia de El Salvador, en Santa cruz de la Palma el día 17, a las 18:30 horas. 

El movimiento Fraternidad Cristiana de Personas con Discapacidad (FRATER Tenerife), ha elaborado un planning en donde se recogen las actividades que han organizado para este mes de octubre. En este sentido, la iniciativa más próxima se llevará a cabo en la parroquia de La Gallega el domingo, 17 de octubre. Se trata de un encuentro para motivar la participación en este nuevo curso pastoral. A las 11:30 horas, será la acogida de los participantes. Posteriormente, se presentarán las fotografías de las actividades del verano así como recuerdos de otros años. Tras el almuerzo compartido, se celebrará la eucaristía en torno a las 16:00 horas. El encuentro finalizará con la merienda y los juegos.  

Por su parte, la Confederación de Religiosos en nuestra diócesis (CONFER) también ha fijado sus principales actividades para el curso pastoral 2010 – 2011. La primera de ellas se desarrollará durante los días 22 y 23 de octubre, en el Hospital San Juan de Dios, en Santa Cruz. El tema central de esta iniciativa lleva por título: “Reflexiones en torno a la vejez: para los que ya son, para los que serán, para los que los atienden”. 

La Delegación Diocesana de Liturgia y el Instituto Superior de Teología de las Islas Canarias han previsto para el 5 y 6 de noviembre, las Jornadas Diocesanas de Liturgia bajo el lema: "Adultos para celebrar la fe". Dichas jornadas estarán dirigidas por Antonio Lara Polaina, Doctor en Sagrada Liturgia. 

En la Dirección General de Bellas Artes, en Madrid, se reunió la responsable de este departamento con el deán de la Catedral, el alcalde de La Laguna, el coordinador del área de cultura del Cabildo de Tenerife, y la directora general de Cooperación y Patrimonio del Gobierno de Canarias, así como con el arquitecto de la obra y los servicios jurídicos del Obispado. En el citado encuentro, la dirección técnica de las obras de la Catedral, entregó el avance de la ejecución económica del proyecto. Una vez que la Dirección General de Bellas Artes de el visto bueno, el proyecto ejecutivo, que ya está terminado, se entregará definitivamente al citado organismo. Las primeras impresiones del mismo, tras la citada entrega, fueron favorables.  

Por otro lado, la Dirección General confirmó la existencia de una propuesta de partida en los Presupuestos Generales del Estado del año 2011, de 1,2 millones de Euros para las obras de la Catedral de La Laguna. Asimismo, se fijó una nueva reunión para el día 21 del presente mes, esperando que ésta sea una cita donde se concreten algunos puntos aún por determinar. 

Por cierto que la Asociación Amigos de La Catedral de La Laguna ya ha organizado sus actividades para el cuarto trimestre. Estas iniciativas se enmarcan dentro del ciclo "Encuentros en La Catedral" que se están llevando a cabo en las Casas Capitulares, en la Calle Bencomo. La primera de estas citas tendrá lugar el 20 de octubre. "La Catedral: Estado de sus obras. Luces y sombras" será el título de la disertación que pronunciará Julián de Armas, Deán de La Catedral. 

El primer consejo del curso 2010-2011 de la Delegación de Cáritas ha tenido lugar en la Parroquia de María Auxiliadora, en Santa Cruz. Contó con la presencia de 15 de las 17 Cáritas arciprestales de la Diócesis y fue un consejo eminentemente de programación y planificación. En el descanso se sirvió un desayuno en la tienda “El Surco”. 

En dicho consejo se fijó una nueva edición de la Escuela de Otoño de Cáritas, la decimocuarta desde que empezó su andadura allá por la década de los noventa. La misma tendrá lugar los días 12 y 13 de noviembre en el Seminario Diocesano. Se desarrollará bajo el lema “¡Carga tus pilas! Apostando por la promoción”. La Escuela se inaugurará con la ponencia “Instrumentos para trabajar el territorio, a partir de experiencias concretas”, a cargo de un técnico de Cáritas Española. Esta jornada se clausurará con una obra de teatro costumbrista canaria por parte de la Asociación de Mujeres Laurisilva. 

Cabe señalar también que Cáritas Diocesana, a través de su proyecto El Surco de Comercio Justo, ha organizado el 3º Concurso de Postales de Navidad de esta organización católica. La postal que resulte ganadora será con la que Cáritas Diocesana de Tenerife felicite la Navidad 2010 a sus socios, instituciones, amigos, etc. En dicho concurso, pueden participar todas las personas que lo deseen con un máximo de una obra por autor. Las postales presentadas pueden ser diseños de dibujos, fotografías y fotomontajes hechos por medios digitales. En cuanto a la temática, ésta debe estar centrada a la Navidad: el portal de belén, el nacimiento de Jesús, la solidaridad, la caridad, etc. Los trabajos han de ser presentados en la tienda El Surco antes del 20 de noviembre. 

Por su parte, los consejos diocesanos de pastoral y presbiteral tendrán su primera reunión el 23 y 27 de octubre respectivamente. 

La Comisión Mixta de Patrimonio, ha dado el visto bueno a distintos proyectos propuestos por el Cabildo de El Hierro que afectan al patrimonio religioso y cultural de la isla. El consejero de cultura del Cabildo de El Hierro, José Miguel León, fue el encargado de informar sobre la necesidad de restaurar el retablo lateral de la Iglesia de La Candelaria, en el Valle del Golfo. También se quiere ejecutar la restauración de la techumbre y sacristía de la Iglesia del pueblo de San Andrés.

"El diácono permanente en el mundo actual" es el lema con el que se ha desarrollado el XXV Encuentro Nacional del Diaconado Permanente en Santiago de Compostela. En el mismo han participado tres diáconos permanentes de la diócesis, además de otro que se encuentra en proceso formativo. Se da la circunstancia que el Obispo responsable del diaconado permanente en nuestro país es el prelado nivariense, Bernardo Álvarez, y que las ponencias centrales de las jornadas estuvieron a cargo del Vicario General, Antonio Pérez.  

Uno de nuestros actuales obispos eméritos, Damián Iguacen, cumplió el día 11, cuarenta años de ordenación episcopal. Nacido en el pueblo de Fuencalderas, Zaragoza, curso sus estudios en el Seminario de Huesca. En 1941 fue ordenado presbítero. Fue consagrado obispo el 11 de octubre de 1970 en la Catedral de Barbastro. Fue obispo de Teruel. El 14 de agosto de 1984 se convierte en obispo de nuestra diócesis, hasta su renuncia por motivos de edad el 12 de junio de 1991. 

El 12 de octubre, el núcleo de Las Cucharas celebró el primer aniversario de la ermita de San Lucas y Santa Dorotea. Y con motivo de este aniversario, los vecinos, a través de la comisión parroquial ermita de San Lucas, han decidido editar un libro, que hará un repaso por los diez años de trabajo para la construcción del templo y que se presentará el próximo jueves 14 de octubre, a partir de las 20:30 horas, el salón de actos del Centro de Formación municipal. 

Adeje vivió el último día de sus fiestas patronales con la celebración de la tradicional romería en honor a su patrona, la Virgen de la Encarnación, y a sus dos copatronos, Santa Úrsula y San Sebastián. 

El comedor de los Voluntarios de la Caridad de San Vicente de Paúl de la calle Nava y Grimón abrió de nuevo sus puertas. Los voluntarios han vuelto al trabajo con los más necesitados de La Laguna. Trabajan desde hace 26 años y aseguran en un reportaje publicado en el periódico “La Opinión”, que la crisis económica ha llenado, día a día, sus instalaciones.   

Se ha inaugurado en Candelaria la muestra “Virgen María; siete islas, siete amores” del artista tinerfeño Santiago González Arbelo. La exposición, que permanecerá abierta en el convento de los dominicos, en el santuario de la Virgen de Candelaria, reúne fotos y documentos sobre las patronas de cada isla, además de la Virgen del Pilar y de las advocaciones de Venezuela y Cuba.


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Sugerencias para la homilía del Domund 2010 que se encuentran en el Guión Litúrgico para su celebración el 24 de Octubre, publicado en la revista ILUMINARE, nº 380 - OCTUBRE 2010 recibida en la parroquia con los materiales para este año.

 Sugerencias para la homilía del día del Domund

. La primera lectura y el salmo expresan la confianza que el creyente tiene puesta en que Dios le salvará, si se dirige a El con una petición humilde y esperanzada. Nuestra sú­plica es poner toda nuestra confianza en Dios, liberamos de falsas seguridades y, sobre to-do, del orgullo y la autosuficiencia, como Jesús remacha en el Evangelio con la parábola del fariseo y el publicano.

. Son muchas las necesidades que afligen a nuestros hermanos en el mundo. Mu­chos sobreviven en condiciones infrahumanas de vida. Jesús vino precisamente para mos­trarnos el camino que nos conduce a vivir todos como hermanos, compartiendo la igual dignidad de hijos de Dios y siendo solidarios con las necesidades de los demás. Nuestros hermanos claman a Dios para que su Reino de amor se manifieste.

. También es responsabilidad de los cristianos hacer presente el Reino de Dios. Por eso el Papa nos alienta en el Mensaje del Domund a mostrarlo con hechos: "En una so­ciedad multiétnica que cada vez más experimenta formas de soledad y de indiferencia preocupantes, los cristianos deben aprender a ofrecer signos de esperanza y a convertirse en hermanos universales, cultivando los grandes ideales que transforman la historia, y, sin falsas ilusiones o inútiles miedos, comprometerse a hacer del planeta la casa de todos los pueblos".

. Es necesario que en la vida de los cristianos se reflejen las actitudes y los gestos de Jesús; es necesario "hacer ver" a Jesús a todos aquellos que le buscan con sincero co-razón de una manera u otra. San Pablo, el Apóstol de las Gentes, dedicó a ello toda su vida y por eso espera confiado el final de su existencia en este mundo (2' lectura), sa­biendo que ha cumplido con su misión hasta el final. Los misioneros y misioneras, es­parcidos por todo el mundo, también dedican su vida exclusivamente a hacer visible el rostro de Jesús con la esperanza de que el Reino de Dios se manifieste cada vez más plenamente; esta es su recompensa y su alegría.

. Todos los cristianos están llamados a cooperar con la obra misionera. La invita­ción del Papa es clara y no admite tergiversaciones: "En esta Jornada Mundial de las Mi­siones, en la que la mirada del corazón se dilata sobre los inmensos espacios de la mi­sión, sintámonos todos protagonistas del compromiso de la Iglesia de anunciar el Evan­gelio. El impulso misionero ha sido siempre un signo de vitalidad para nuestras Iglesias (cf. Redemptoris missio, 2) y su cooperación es testimonio singular de unidad, de frater­nidad y de solidaridad, que hace creíbles anunciadores del Amor que salva".

. En este día del DOMUND tenemos una preciosa oportunidad de tomar conciencia de cómo la necesidad de nuestros hermanos clama a Dios y de que Dios nos hace partí­cipes de su amor universal para que podamos manifestar con nuestra vida el amor que nos ha hecho visible y palpable en su Hijo Jesucristo. Nuestra colaboración con los mi­sioneros hará que nuestros hermanos en todo el mundo puedan ver el rostro de Jesús y alegrarse de la obra salvadora de Dios.


Publicado por verdenaranja @ 11:45  | Espiritualidad
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Guión litúrgico para la celebración del Domund 2010, publicado en la revista ILUMINARE, nº 380 - OCTUBRE 2010,  recibida en la parroquia con los materiales para su celebración el 24 de Octubre.

GUIÓN LITÚGICO - DOMUND 2010 

Monición de entrada 

Dice el Papa Benedicto XVI en su Mensaje para el DOMUND que “el mes de octubre, con la celebración de la Jornada Mundial de las Misiones, ofrece a todo el pueblo de Dios la ocasión de renovar el compromiso de anunciar el Evangelio y de dar a las actividades pastorales un aliento misionero más amplio”.
En esta celebración eucarística, Cristo nos sale al encuentro en su Palabra y en el sacramento de la Eucaristía. Desde esta experiencia podemos nosotros también salir al encuentro de todas aquellas personas que necesitan ser iluminadas con la luz del Evangelio, reflejada en nuestras vidas.
Nos unimos especialmente a todos los misioneros esparcidos por el mundo entero, para que con nuestra oración y nuestra ayuda fraterna puedan continuar su labor misionera y revelar el rostro de Jesús a todos los que le buscan con sincero corazón. 

Acto penitencial 

Con la actitud humilde de sabernos pecadores y la confianza de los hijos de Dios, invocamos la misericordia divina por medio de Jesucristo:

· Tú, que te has hecho pobre por nosotros. Señor, ten piedad.
· Tú, que amas al de corazón humilde. Cristo, ten piedad.
· Tú, que abres las puertas de tu Reino a quien se confiesa pecador. Señor, ten piedad. 

Monición a las lecturas 

Las lecturas de la liturgia de hoy nos invitan a abrirnos confiadamente a la misericordia de Dios. Él está siempre atento a nuestras necesidades y a nuestra oración confiada y perseverante. Como Padre, vuelca todo su amor sobre sus hijos y les acompaña siempre. Por nuestra parte debemos tomar conciencia de esta presencia sencilla y silenciosa. Solo la escucha de la Palabra de Dios en actitud orante y humilde nos llena de este don que supera nuestra capacidad de comprensión. 

Sugerencias para la homilía 

. La primera lectura y el salmo expresan la confianza que el creyente tiene puesta en que Dios le salvará, si se dirige a El con una petición humilde y esperanzada. Nuestra sú­plica es poner toda nuestra confianza en Dios, liberamos de falsas seguridades y, sobre to-do, del orgullo y la autosuficiencia, como Jesús remacha en el Evangelio con la parábola del fariseo y el publicano.

. Son muchas las necesidades que afligen a nuestros hermanos en el mundo. Mu­chos sobreviven en condiciones infrahumanas de vida. Jesús vino precisamente para mos­trarnos el camino que nos conduce a vivir todos como hermanos, compartiendo la igual dignidad de hijos de Dios y siendo solidarios con las necesidades de los demás. Nuestros hermanos claman a Dios para que su Reino de amor se manifieste.

. También es responsabilidad de los cristianos hacer presente el Reino de Dios. Por eso el Papa nos alienta en el Mensaje del Domund a mostrarlo con hechos: "En una so­ciedad multiétnica que cada vez más experimenta formas de soledad y de indiferencia preocupantes, los cristianos deben aprender a ofrecer signos de esperanza y a convertirse en hermanos universales, cultivando los grandes ideales que transforman la historia, y, sin falsas ilusiones o inútiles miedos, comprometerse a hacer del planeta la casa de todos los pueblos".

. Es necesario que en la vida de los cristianos se reflejen las actitudes y los gestos de Jesús; es necesario "hacer ver" a Jesús a todos aquellos que le buscan con sincero co-razón de una manera u otra. San Pablo, el Apóstol de las Gentes, dedicó a ello toda su vida y por eso espera confiado el final de su existencia en este mundo (2' lectura), sa­biendo que ha cumplido con su misión hasta el final. Los misioneros y misioneras, es­parcidos por todo el mundo, también dedican su vida exclusivamente a hacer visible el rostro de Jesús con la esperanza de que el Reino de Dios se manifieste cada vez más plenamente; esta es su recompensa y su alegría.

. Todos los cristianos están llamados a cooperar con la obra misionera. La invita­ción del Papa es clara y no admite tergiversaciones: "En esta Jornada Mundial de las Mi­siones, en la que la mirada del corazón se dilata sobre los inmensos espacios de la mi­sión, sintámonos todos protagonistas del compromiso de la Iglesia de anunciar el Evan­gelio. El impulso misionero ha sido siempre un signo de vitalidad para nuestras Iglesias (cf. Redemptoris missio, 2) y su cooperación es testimonio singular de unidad, de frater­nidad y de solidaridad, que hace creíbles anunciadores del Amor que salva".

. En este día del DOMUND tenemos una preciosa oportunidad de tomar conciencia de cómo la necesidad de nuestros hermanos clama a Dios y de que Dios nos hace partí­cipes de su amor universal para que podamos manifestar con nuestra vida el amor que nos ha hecho visible y palpable en su Hijo Jesucristo. Nuestra colaboración con los mi­sioneros hará que nuestros hermanos en todo el mundo puedan ver el rostro de Jesús y alegrarse de la obra salvadora de Dios.

Oración de los fieles 

Dios, nuestro Padre, está siempre atento a nuestra oración. Por eso, le presentamos nuestras peticiones confiadas por toda la Iglesia y toda la humanidad.
R. Padre nuestro, escúchanos.

· Por la Iglesia universal, para que nunca cese su oración por las necesidades de todos los hijos de Dios que sufren en su cuerpo o en su espíritu. Oremos.

· Por el Papa, los obispos y los demás pastores, para que vivan su ministerio con el amor misericordioso y universal de Jesús. Oremos.

· Por todos los fieles cristianos, para que acojan la llamada del Papa a vivir un nuevo humanismo cristiano. Oremos.

· Por todos los que tienen responsabilidades de gobierno en los pueblos del mundo, para que piensen siempre en los que más sufren. Oremos.

· Por los misioneros y misioneras, para que reflejen en sus vidas el rostro de Jesús. Oremos.

· Por nuestra comunidad diocesana y parroquial, para que crezca en su comunión en la fe, y su testimonio de amor sea más patente a los ojos de todos. Oremos.

Dios, Padre nuestro, acoge nuestra oración para que nuestra vida sea reflejo de tu gloria y así todos los pueblos contemplen el rostro de tu Hijo, Jesucristo. Él que vive y reina por los siglos de los siglos. 

Monición al ofertorio 

En este día del DOMUND nuestras ofrendas tienen un valor muy especial: son el signo visible de nuestra fraternidad con todas las personas y pueblos del mundo, para que se visibilice el rostro de Jesús.

El pan y el vino significan nuestra propia entrega, ya que se convertirán en el Cuerpo y la Sangre del Señor, que nos harán identificarnos con Él como miembros de su Cuerpo.

La colecta es la respuesta al grito de ayuda que nos dirigen todas aquellas personas necesitadas de nuestra fraternidad cristiana.

El cirio hace presente la luz de la fe que recibimos en el bautismo, para que salgamos al encuentro de la petición de muchos hermanos: “Queremos ver a Jesús”. 

Oración sobre el pueblo y bendición 

Dios todopoderoso, que has encendido en los fieles la luz de la fe en tu Hijo muerto y resucitado, haz que, perseverando en la escucha de la Palabra y en la comunión fraterna, también manifiesten la salvación que nos has otorgado en Jesucristo. Que vive y reina por los siglos de los siglos. 

Juan Martínez Sáez, fmvd. Colaborador de las Obras Misionales Pontificias


Publicado por verdenaranja @ 11:35  | Liturgia
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miércoles, 13 de octubre de 2010

Excplicación del Lema y Cartel de la Capaña del Domund 2010 según viene en la revista misionera ILUMINARE, nº 380 - OCTUBRE 2010. recibida en la parroquia con losmateriales para su celebración el 24 de Octubre.

LEMA

DOMUND 2010: "Queremos ver a Jesús"


DOMUND...La palabra (DOmingo MUNDial) evoca el mandato misionero de Jesús: 'Id por todo el mundo...'. Gracias a los misioneros, el penultimo domingo de octubre se celebra esta Jornada misionera. Por eso este mes es para la Iglesia 'Octubre Misionero'. 

"Queremos ver a Jesús" Benedicto XVI ha enviado un Mensaje para este día, donde nos invita a tomar parte activa en el anuncio del Evangelio. Pone como ejemplo al apóstol Felipe, a quien unos griegos- paganos- le piden un favor: "Queremos ver a Jesús" (Jn 12,21). Y él les lleva hasta Jesús. Esa es precisamente la labor de los misioneros, de los que están en la misión y de los cristianos que están aquí. 

La labor del misionero es hacer ver el rostro de Dios. Benedicto XVI dice que el Mensaje que hoy los hombres esperan de los creyentes no solo que 'hablen' de Jesús, sino que 'hagan ver a Jesús'. Para ello, los misioneros son los primeros 'contempladores de Jesús'. 

 CARTEL

La labor del misionero es hacer ver el rostro de Dios. Benedicto XVI dice en el Mensaje que hoy los hombres esperan de los creyentes no solo que "hablen" de Jesús, sino que "hagan ver" a Jesús. Para ello, los misioneros son los primeros "contempladores de Jesús".

Se contempla a Jesús en:

Los misioneros, que entregan su vida por amor a los demás. La alegría de la religiosa es testimonio de que se da a los demás por Dios.

Los misioneros contemplan el rostro de Dios en los más pobres. Sólo quien sabe amar es capaz de ver a Dios en el rostro de los más indefensos, como esta niña.

Los misioneros contemplan a los más pobres y necesitados en el rostro de Jesús. La contemplación de Dios 'hace ver' a los demás.


Publicado por verdenaranja @ 16:46  | Misiones
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Fundamento teológico-Pastoral de la Campaña del Domund 2010, publicado en la revista ILUMINARE, nº 380 - OCTUBRE 2010, recibida en la parroquia con  los materiales para su celebración.

Queremos Ver a Jesús

Por P. Ángel Castaño Félix
Facultad de Teología San Dámaso - Madrid 

Como los peregrinos griegos de hace dos mil años, también los hombres de nuestro tiempo, quizás no siempre conscientemente, piden a los creyentes, no solo que «hablen» de Jesús, sino que «hagan ver» a Jesús, que hagan resplandecer el rostro del Redentor en cada ángulo de la Tierra ante las generaciones del nuevo milenio”. Estas palabras del Mensaje de Benedicto XVI para la Jornada Mundial de las Misiones de 2010 están en el origen del lema adoptado por Obras Misionales Pontificias para el Domund de este año: “Queremos ver a Jesús” (Jn 12,21).  

A muchos podrá parecer que estas palabras del Santo Padre son excesivamente optimistas. ¿Es cierto –al menos en nuestro mundo– que muchos de nuestros contemporáneos quieren ver a Jesús? ¿Acaso lo que experimentamos cotidianamente no es más bien indiferencia a lo cristiano, cuando no burla o desprecio? Somos continuamente invitados a traspasar el muro de las apariencias para llegar al corazón de lo real, del hombre real y concreto que –muchas veces– está oculto tras una máscara inconsciente de prejuicios y que también, muchas veces, se ha vuelto incapaz de penetrar en lo más hondo de sus deseos. Sabemos por la fe que “todo ha sido creado por y para Cristo” (Col 1,16) y que en Él hemos sido elegidos antes de la fundación del mundo para ser santos por el amor (cf. Ef 1,4). Hay, pues, una previa destinación a Cristo que afecta a todo hombre, lo sepa o no. Es un dato que no está ni ligado a la conciencia personal ni sujeto al arbitrio de la voluntad. En la medida en que un hombre aspira a ser él mismo, a llegar a lo profundo de su propia verdad, en la medida en que busca su plenitud y felicidad, en esa misma medida, aun sin saberlo, quiere “ver a Jesús”. “Hacerlo ver” es la finalidad última de la evangelización. Con estas palabras lo decía durante el Jubileo del año 2000 el entonces cardenal Ratzinger: “La vida humana no se realiza por sí misma. Nuestra vida es una cuestión abierta, un proyecto incompleto todavía por completar y por realizar. La pregunta fundamental de todos los hombres es: ¿cómo se realiza este «llegar a ser hombre»? ¿Cómo se aprende este arte de vivir? ¿Cuál es el camino de la felicidad? Evangelizar quiere decir: mostrar este camino, enseñar el arte de vivir. Jesús dice al comenzar su vida pública: Él me ha ungido para llevar la Buena Nueva a los pobres (cf. Lc 4,18); y esto quiere decir: Yo tengo la respuesta a vuestra pregunta fundamental; os enseño el camino de la vida, el camino de la felicidad, mejor dicho: Yo soy ese camino” (conferencia pronunciada el 10-12-2000 en Roma, durante el Congreso de Catequistas y Profesores de Religión). 

La referencia al episodio en que los griegos quieren ver a Jesús está directamente relacionada por el Santo Padre con la naturaleza esencialmente misionera de la Iglesia (cf. Ad gentes, 2) y con la invitación a hacernos “promotores de la novedad de vida, hecha de relaciones auténticas, en comunidades fundadas en el Evangelio. En una sociedad multiétnica que cada vez más experimenta formas de soledad y de indiferencia preocupantes, los cristianos deben aprender a ofrecer signos de esperanza y a convertirse en hermanos universales, cultivando los grandes ideales que transforman la historia, y, sin falsas ilusiones o inútiles miedos, comprometerse a hacer del planeta la casa de todos los pueblos”.  

Si podemos afirmar con certeza que todo hombre “quiere ver a Jesús” (aunque este deseo no sea en absoluto explícito ni conocido por él mismo) no es solo por la naturaleza del hombre, creada para Cristo, sino también por las condiciones actuales de su existencia. El Papa nos invita a renovar nuestra mirada sobre el mundo para poder percibir, más allá de las apariencias, la verdadera necesidad de los hombres de nuestro tiempo. Vivimos en un mundo que para muchos de nuestros contemporáneos resulta hostil. En el seno de las sociedades opulentas, muchos están excluidos no solo de los bienes materiales o corporales, sino también de otros igualmente necesarios: círculos de verdadera amistad y fraternidad que hagan de este mundo un “hogar”, único ámbito real en el que el hombre puede descansar de las fatigas y de los trabajos. Esta mirada no se dirige solo a los que llamamos tradicionalmente “países de misión”, sino también a los países desarrollados de nuestro entorno: los pobres, los enfermos, los emigrantes, no solo son excluidos del banquete de los bienes económicos, son muchas veces heridos en su dignidad, abandonados en la soledad, puestos en una situación de exclusión que entristece su corazón. 

El Mensaje del Santo Padre de este año centra nuestra atención no solo en la missio ad gentes, ya que esta misión (que nace de la misión de Cristo, enviado por el Padre y que, a su vez, envía a la Iglesia) se dirige a todo hombre: a los que aún no conocen a Cristo y a los que, conociéndolo, lo ignoran o lo miran con prejuicio (situación que en los países ya cristianos comienza a ser preocupante).  

A estos hombres y mujeres, pues, hay que “mostrarles” a Jesús, de modo que ellos lo puedan “ver” y puedan así encontrar una respuesta adecuada a su soledad. ¿Cómo es posible hoy “ver” a Jesús? ¿Cómo podemos “ver” a Dios? La respuesta no puede ser esencialmente distinta de la que Dios mismo nos dio en su Hijo Jesucristo: en la carne, más aún, en la debilidad de la carne. El Dios invisible se hizo visible en la carne asumida por su Hijo, entrando así en la historia y haciéndose “hermano” de los hombres: así, en la carne, realizaba la salvación, mostraba el camino de la verdad y de la vida, y se ofrecía a sí mismo como yugo llevadero y carga ligera (cf. Mt 11,30), como aquel en quien los hombres pueden encontrar verdadero descanso (cf. Mt 11,29). 

¿Y dónde encontramos hoy la “carne” de Cristo, es decir, al mismo Jesús? Como Él mismo anunció, en los diversos necesitados (cf. Mt 25,40), pero también en sus discípulos (cf. Mt 10,40; Lc 10,16). Notemos que estas palabras se dirigen a “los” discípulos, en plural, en cuanto que han sido convocados y congregados por el Señor y permanecen unidos. Por eso es también verdad que “donde dos o tres estén reunidos en mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos” (Mt 18,20). En el Mensaje de este año, Benedicto XVI insiste en un elemento primordial: la fraternidad universal, la unidad de todo el género humano; se trata de “promover la comunión eclesial, de manera que también el fenómeno de la «interculturalidad» pueda integrarse en un modelo de unidad, en el que el Evangelio sea fermento de libertad y de progreso, fuente de fraternidad, de humildad y de paz (cf. Ad gentes, 8). En efecto, la Iglesia «es en Cristo como un sacramento o signo e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano»” (Lumen gentium, 1). 

No debemos perder de vista la relación que hay entre “ver” a Jesús y poder experimentar y “ver” a la Iglesia. Dado que la Iglesia no se identifica con Cristo, la relación que hay entre ellos es al modo sacramental; por eso el Concilio dijo que la Iglesia es “como” un sacramento: es un signo que hace visible lo invisible de Dios. El Papa quiere subrayar el aspecto comunional: en la comunión visible de la Iglesia, los hombres pueden encontrarse con la comunión invisible de la Trinidad, fuente del amor y de la unidad a que todo hombre aspira. De ahí la importancia de la comunión vivida en sus distintos niveles: la unidad que nace de la confesión de una misma fe, que se expresa y realiza al mismo tiempo en la liturgia y los sacramentos y en el amor mutuo que se comunica a todos los hombres. Lo que en la Iglesia es “vivido”, puede ser “visto” por todos, incluso por los que no tienen fe. 

De ahí nacen, a mi modo de ver, algunas líneas del Magisterio de Benedicto XVI, convencido de que hay tres “ámbitos” de la vida de la Iglesia que pueden ser verdaderamente significativos para los hombres de hoy:

- La Verdad de la Revelación, en primer lugar. Se trata de reivindicar el papel de la Razón; no se trata solo de la cuestión fundamental de la racionalidad de la fe, sino del modo en que la Iglesia se presenta ante el mundo, con la razón iluminada por la fe: los cristianos estamos llamados a dar testimonio de nuestra fe, pero apelamos a la razón en nuestro modo de estar en el mundo.
- La certeza de la fe, imprescindible para la evangelización, va acompañada del diálogo razonado y razonable con aquellos que no comparten nuestra misma fe o no tienen ninguna.

- La Belleza de la Liturgia, testimonio de la verdad del culto cristiano, y fuente de la fecundidad de todas sus acciones.

- El testimonio de unidad y amor fraterno y universal de los cristianos. 

La conjunción de los tres elementos es esencial en la credibilidad del testimonio cristiano. La evangelización es creíble cuando es presentada y percibida como razonable, pero, sobre todo, cuando encuentra correspondencia con el deseo de felicidad y plenitud del hombre. ¿Qué hacer cuando este deseo de felicidad parece ya plenamente satisfecho? ¿Qué hacer cuando el destinatario del anuncio cristiano vive instalado en su inmanencia y no se plantea las preguntas radicales? ¿Cómo conectar con alguien que sólo muestra indiferencia? Sin reducir el alcance de estos interrogantes y su difícil respuesta, hay algunas claves esenciales que Benedicto XVI no se cansa de recordar y que reaparecen también en el Mensaje para el Domund de este año. Más allá de la capacidad de reconocer lo bueno y lo verdadero, que permanece siempre en el hombre, está el deseo de la unidad, del hogar, de la comunión. El pecado rompió y destruyó la unidad originaria; y el anhelo de unidad con los demás hombres y, finalmente, con Dios está detrás y más allá de todo anhelo del corazón del hombre. Por eso la comunión eclesial, el amor mutuo de los cristianos que se hace visible en el amor a todos, incluidos los enemigos, es esencial para la credibilidad del testimonio cristiano, para que Jesús pueda ser “visto” por los hombres en la Iglesia.    

“La comunión eclesial nace del encuentro con el Hijo de Dios, Jesucristo, que, en el anuncio de la Iglesia, alcanza a los hombres y crea comunión con Él mismo y, consiguientemente, con el Padre y el Espíritu Santo (cf. 1 Jn 1,3)”. Con estas palabras se nos recuerda que el amor que hace posible la comunión eclesial no nace de nuestro corazón, sino del encuentro con Jesucristo. Por eso insiste también el Santo Padre en la Eucaristía, como expresión y condición de posibilidad de la renovación de la Iglesia, de las comunidades cristianas y de cada fiel en el amor de Cristo. La Eucaristía alimenta ese amor de comunión, lo hace nacer en el corazón de los cristianos, lo hace visible en el mundo.    

Por eso es tarea siempre urgente la continua conversión a la que el Papa nos llama en las primeras líneas del Mensaje: “Sólo a partir de este encuentro con el Amor de Dios, que cambia la existencia, podemos vivir en comunión con Él y entre nosotros, y ofrecer a los hermanos un testimonio creíble, dando razón de nuestra esperanza (cf. 1P 3,15). Una fe adulta, capaz de abandonarse totalmente a Dios con actitud filial, alimentada por la oración, por la meditación de la Palabra de Dios y por el estudio de las verdades de la fe, es condición para poder promover un humanismo nuevo, fundado en el Evangelio de Jesús”.      

Sólo así podremos, podrá la Iglesia, mostrar el camino de la felicidad y el arte de vivir, es decir, podrá “hacer ver” a Jesús, y mostrar en su propia vida la forma de unidad y comunión que un mundo tan dividido y fragmentado necesita y busca sin cesar.


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Presentación de la Campaña Domund 2010 que hace monseñor Francisco Pérez, Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, Director de OMP en España, que este año tiene como lema “Queremos ver a Jesús”, publicada en la Revista ILUMINARE, nº 380 - OCTUBRE 2010,  que se ha recibido en la parroquia con los materiales para su celebración.

¿Dónde está Dios?
(¡Quiero ver a Dios!)

El lema que este año hemos escogido para la Jornada del Domund es una propuesta muy clara para todos: “Queremos ver a Jesús” (Jn 12,21). El cartel nos presenta a una joven religiosa que mira con amor cristiano a una niña frágil y hambrienta de afecto. No es fácil llevar a cabo este modo de vivir si antes no se tiene una experiencia de amistad con Aquel que llena el corazón de un amor y una paz indescriptibles. Recuerdo que en una ocasión un joven me preguntó: “Quiero ver a Dios y por más que lo busco no lo encuentro. ¿Qué he de hacer? ¿Dónde está Dios?”. Nos sentamos y hablamos largo rato. En aquel momento no podía hablarle con palabras complicadas o con elucubraciones más o menos metafísicas o con reflexiones elevadas y filosóficas; le abrí el libro de mi vida y le comencé a contar dónde encontré por primera vez a Dios. Fue el momento que me puse a servir por caridad a una persona que estaba necesitada. Allí estaba Dios y allí lo encontré. Y a este joven que me miraba con ojos ansiosos de ver a Dios, le dije: “No olvides que siempre que en nosotros hay amor y amamos a los demás, Dios se manifiesta. Él mismo nos lo asegura cuando nos dice que quien le ama y cumple sus palabras tendrá la dicha de ser habitado por Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo”.  

Cuentan los relatos de los monjes del desierto que, una vez, un joven novicio creyó que, si se acercaba a la cumbre de la montaña antes que el sol se ocultara, lograría ver a Dios. Animado por esta idea, salió del monasterio muy de mañana con el fin de llegar cuanto antes a la cima de la montaña. Cuando ya había realizado la mitad del camino, se encontró con un montañero tirado en el suelo que estaba pidiendo auxilio. El hombre había sufrido un accidente y tenía una fractura en la pierna. El monje se acercó a él y le dijo que primero iría a ver a Dios y después le socorrería. Cuando llegó al tramo final de la cumbre de la montaña, a punto del ocaso del sol, por más que miraba no pudo ver a Dios. Bajó con presteza a socorrer al montañero malherido y cuando llegó ya no estaba. Concluyen los relatos: “Si hubiera socorrido con amor y premura al necesitado, hubiera visto a Dios, porque Dios es Amor y sólo se manifiesta a quien ama”. La decepción del joven novicio fue grande, pero la enseñanza hizo de él un monje gozoso de vivir por amor y para amar a los demás. El secreto de “ver a Dios” se resumía en amar siempre. 

El Papa Benedicto XVI, en el pregón del Domund, nos dice: “Cristo establece la nueva relación entre el hombre y Dios. «Él mismo nos revela que ‘Dios es amor’ (1Jn 4,8), y al mismo tiempo nos enseña que la ley fundamental de la perfección humana [...] es el mandamiento nuevo del amor. Así pues, a los que creen en la caridad divina les da la certeza de que el camino del amor está abierto a todos los hombres y de que no es inútil el esfuerzo por instaurar la fraternidad universal» (GS 38)”. 

La nueva evangelización y la nueva forma de vivir la misión es antigua, pero al mismo tiempo también es contemporánea, porque solo hay un estilo y una forma de vivir: el amor a Dios y al prójimo. Porque ¿de qué le sirve a uno decir que ama a Dios a quien no ve, si no ama al hermano a quien ve? Esta es la gran suerte de creer en Jesucristo. Él nos va manifestando lo que son y lo que significan nuestras vidas. Sin Dios, la vida pierde todo sentido; y Él es muy celoso, como buen Padre, de manifestarse, por sorpresa, en los momentos más inesperados. “Soy ateo y esto es irreversible”, me decía un joven, tal vez dolorido por alguna circunstancia acosada por el sufrimiento. Lo escuché, y cuando se desahogó, le interpelé: “No olvides que un día, en un «cambio de rasante» o «a la vuelta de la esquina», de forma inesperada, te encontrarás cara a cara con Él”. Dios tiene el momento oportuno para cada uno, y por ello hemos de tener la esperanza de que Dios mismo se hará el encontradizo cuando uno menos lo espera. Nunca abandona a sus hijos, los deja libres, pero siempre les ofrece unas manos abiertas llenas de acogida, como hizo con el hijo pródigo. 

Quien realmente sienta el deseo de ver a Dios no tiene ningún otro camino posible que no sea el del amor. Sucede lo mismo que con aquel que desea ver el oxígeno, pues lo siente en sus pulmones, aunque no lo perciba con los ojos. Ver y sentir se complementan. La oración es un trato de amistad con Aquel que sabemos que nos ama, decía la Santa de Ávila. Y la plegaria es como el oxígeno para nuestros pulmones. Para el Santo Cura de Ars, la oración “era una dulce amistad y una familiaridad que sorprende. El hombre no vive sólo de pan, vive de oración, vive de fe, de adoración y de Amor”. Si para ver a Dios se requiere vivir de la caridad, esta no se conseguirá por puro deseo o incluso por puro sentimiento. La fuente de este amor está en la Eucaristía; de ahí que se la denomine la fuente de donde mana y corre el amor de Dios. No encontraremos a ningún santo que no haya tenido estos dos amores: a Cristo Eucaristía y a Cristo en los pobres. Tratar de separar una realidad de la otra es caer en una herejía existencial, y va contra la ley del mismo Evangelio.  

La propia Eucaristía es manifestación de Dios. Los Padres de la Iglesia dirán que ella misma es epifanía de Dios. Muchos servidores del Evangelio, muchos sacerdotes, muchos consagrados, muchos matrimonios, muchos seglares han encontrado en la Eucaristía la fuerza para seguir hacia delante en la vocación emprendida. Quien quiere ver a Dios ha de dejarse sorprender por la belleza y bondad de la Eucaristía, que es escuela de vida: de la vida de cada día. Con ella y desde ella podemos no solo ver a Dios, sino también hacer posible que los demás le vean. Esta es la misión de la Iglesia: que los que aún no conocen a Jesucristo puedan ver a Dios. Quien ve a Cristo y contempla a Cristo ve a Dios.

Decía San Bernardo que a esta fuente de vida y de luz hemos de correr, y con toda la fuerza del corazón exclamar: “¡Oh hermosura inefable del Dios altísimo, resplandor purísimo de la eterna luz! ¡Vida que vivificas toda vida, luz que iluminas toda luz y conservas en perpetuo resplandor millares de luces, que desde la primera aurora fulguran ante el trono de tu divinidad! De ti procede el río que alegra la ciudad de Dios, para que, con voz de regocijo y gratitud, te cantemos himnos de alabanza, probando por experiencia que en ti está la fuente viva, y tu luz nos hace ver la luz”. 

En la Jornada del Domund, pongamos todas las ofrendas (que son las oraciones, los sacrificios y los donativos) para que con todas ellas sigamos mostrando que el verdadero amor no solo se hace camino de santificación, sino que es medio y apoyo para que Dios sea conocido, amado y adorado. Ojalá que en esta Jornada misionera muchos puedan ver a Dios o lo reconozcan con mayor nitidez.

Mons. Francisco Pérez González
Arzobispo de Pamplona-Tudela y Diector Nacional de OMP - España


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El Delegado Diocesano de Misiones de la diócesis de Tenerife nos presenta y nos hace llegar los materiales para la Jornada del Domund 2010, que este año se presenta con el lema “Queremos ver a Jesús”. 

DELEGACIÓN DIOCESANA DE MISIONES
OBISPADO DE TENERIFE

12 de septiembre de 2010

Querido hermano/a en el Señor de la Misión:

Recibe un saludo cordial en nombre propio, en el de Gladys y de todo el equipo de colaboradores de esta Delegación. Junto a nuestro saludo te enviamos el material correspondiente a la Jornada del Domund, tan importante y tan arraigada en nuestras comunidades. Este año dedicado, según el Plan Pastoral de nuestra diócesis, a potenciar o lograr una "Fe Adulta" con especial incidencia en la familia. Favorecer la animación misionera es de capital importancia pues un cristiano llega a la adultez en la fe cuando, enamorado de Jesucristo y enraizado en Él a través de la Iglesia, es capaz de anunciarlo a otros. La dimensión misionera es inherente a la condición cristiana y debe ser línea transversal en los procesos formativos máxime con la necesidad que tenemos de ser cada día mejores evangelizadores.

El lema escogido en esta ocasión para el Domund sigue motivando nuestro ser cristiano: "Queremos ver a Jesús" (Jn 12,21), este es el grito que, sin saberlo muchas veces, nos lanzan los hombres y mujeres que no conocen al Señor o se han olvidado de Él. Ver a Jesús y amarle en cada ser humano es la tarea a la que se consagran todos los misioneros.

Las jornadas misioneras no se deben limitar a la ayuda económica (recordarlo en la colecta y nada más) sino que debemos implicar a la comunidad en la oración, el testimonio de vida y en el ofrecimiento de la vida, sin olvidar la animación vocacional. Nuestra ofrenda., por tanto, a favor de las misiones será la oración, el sacrificio y la ayuda económica. La revista Illuminare ofrece abundante material para sensibilizar a nuestros feligreses con la homilía, la catequesis, los carteles, las clases del religión, etc. El testimonio es fundamental, entre otras posibilidades contaremos con tres misioneros que tendrán la tarea de animar a nuestras comunidades en el mes de octubre.

Sin otro particular quedamos a tu disposición no sin antes recordarles que las colectas de misiones se ingresan directamente a la administración diocesana y no en la Delegación. Te damos las gracias por la acogida e interés que siempre prestas a nuestras propuestas misioneras. 

Juan Manuel Yanes Marrero

Delegado


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 DOMINGO 29 DEL TIEMPO ORDINARIO / C
17 de Octubre de 2010

La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor de Dios Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos vosotros.

Cuando nos reunimos aquítodos los domingos para ce­lebrar la Eucaristía, lo más importante que hacemos es dar gracias a Dios por su salvación, y recibir el alimento de la Palabra y del Cuerpo y Sangre de Jesucristo.
Pero junto con esto, hacemos también otra cosa muy importante. Nos ponemos ante el Señor, con toda nuestra vida entera, y le presentamos nuestros deseos, nuestras necesidades, nuestras dificultades. Porque sabemos que él escucha nuestra oración, y nos llena con su amor.

A. penitencial: Jesús, en el evangelio, nos hablará de la confianza que debemos tener en Dios, que siempre escucha la oración de sus hijos. Con ese espíritu, pre­parémonos en silencio para celebrar la Eucaristía.

Tú, defensor de los pobres: SEÑOR, TEN PIEDAD.
Tú, refugio de los débiles: CRISTO, TEN PIEDAD.
Tú, esperanza de los pecadores: SEÑOR, TEN PIEDAD.

1.1ectura (Éxodo 17,8-13): Una escena del AntiguoTestamento nos preparará ahora para escuchar después el evangelio. Es un ejemplo de oración intensa. Sin duda, la oración cristiana es muy distinta de la que escucharemos en esta lectura, pero la confianza en Dios que aquí se manifiesta es un estímulo para todos nosotros.

2. lectura (2Timoteo 3,14-4,2): Las palabras que ahora escucharemos se dirigen a cada uno de nosotros. Cada uno de nosotros, y nuestra comunidad, y toda la Iglesia, estamos llamados a anunciar el Evangelio de Jesús a todo el mundo.

Oración universal: Oremos a Dios, el Padre del amor y de la vida, por nosotros y por los hombres y mujeres de todo lugar. Oremos diciendo: ESCÚCHANOS, PADRE.

Para que los cristianos vivamos intensamente nuestra fe en Jesús y sintamos la alegría de seguirle. OREMOS:

Para que tengamos el espíritu abierto hacia los que vienen de países en los que la vida es más dura y difícil. OREMOS:

Para que los gobernantes tomen las decisiones necesarias para preservar el medio ambiente y asegurar el futuro de nuestro planeta. OREMOS:

Para que todos los niños, de cualquier lugar del mundo, puedan vivir en paz, comer lo que necesitan, ir a la escuela, jugar con los amigos, y crecer acompañados del amor de una familia. OREMOS:

Para que todos nosotros crezcamos en la generosidad, en la confianza, en las ganas de hacernos mutuamente felices. OREMOS:

Dios nuestro, Padre de todos: por la Buena Nueva de Jesús resucitado hemos conocido que todos los hombres y mujeres de todas partes, sin ninguna diferencia, estamos llamados a compartir el mismo amor y la misma esperanza. Escucha nuestra ora­ción, y haznos mensajeros de tu llamada universal de salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Padrenuestro: Sabiéndonos hijos amados de Dios y con­fiando plenamente en el único Señor de nuestras vidas, nos atrevemos a decir:

CPL


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martes, 12 de octubre de 2010

Roma (Agencia Fides) – “El estar en Roma es un viaje espiritual a las raíces del cristianismo, orando juntos para fortalecer nuestra fe”, dice a Fides Mons. Bernard Ayo Okodua, Vicario General de la Arquidiócesis de Lagos y ex Director Nacional de la Obras Misionales Pontificias de Nigeria, que se encuentra en Roma con una numerosa delegación de las OMP de Nigeria en el 25 º aniversario de su constitución oficial en el país.
Mons. Okodua ha concedido la siguiente entrevista a la Agencia Fides.

¿Que significa ser parte de las Obras Misionales Pontificias?

Desde que las OMP se convirtieron en un organismo oficial en Nigeria con el nombramiento del Director Nacional, se han realizado programas para informar a los Obispos, sacerdotes, religiosos y laicos sobre nuestro trabajo. Mi predecesor murió antes de tener tiempo para entregarme todo, por lo que he tenido que leer varios libros sobre la Congregación para la Evangelización de los Pueblos y sobre las 4 Obras Misionales Pontificias. A partir de estas lecturas entendí que si las OMP no hubiesen existido, el trabajo misionero no habría podido progresar. Me di cuenta de que si hubiera existido la Obra Pontificia de San Pedro Apóstol no me habría convertido en sacerdote: Yo soy un beneficiario de esta Obra, porque es a través de ella que seminario donde me he formado ha podido financiar mis estudios. Lamentablemente, muchos sacerdotes no saben de este hecho, así como los fieles. Cuando un padre confía a su hijo a un seminario, dice, “hacer de él un sacerdote”, sin preocuparse de dónde vienen los medios para sostener el seminario.

¿Qué representan los 25 años de la constitución oficial de las OMP en Nigeria?

Continuando con lo que decía anteriormente, nuestro primer trabajo es educar a los fieles para hacerles comprender que la misión de la Iglesia es responsabilidad de todos, no sólo de los Obispos y sacerdotes. La misión de la Iglesia es proclamar la salvación ofrecida por Jesucristo a todos los hombres.
¿Cuáles son las herramientas que utilizáis en vuestro trabajo misionero?

En Nigeria contamos con varias organizaciones laicales que se han difundido a nivel local: la asociación de mujeres católicas de Nigeria, la asociación de hombres católicos, la de los jóvenes católicos y la de los niños católicos, muy popular. Para esta organización, hemos creado un programa muy intenso en varias diócesis y a nivel nacional. En agosto hemos celebrado el Congreso Nacional de la asociación con niños de toda Nigeria. Estas asociaciones ayudan a educar a los laicos en su papel en la Iglesia. Por ejemplo, las mujeres son cada vez más conscientes de su papel en la difusión del Evangelio en sus ámbitos de vida. La asociación ofrece a las mujeres un fuerte sentido de identidad. Donde quiera que vayan se les reconoce como lo que son: “Estas son mujeres católicas”, dicen los que las encuentran.

¿Puede hacer un balance de los primeros 25 años de las OMP en Nigeria?

Las OMP se están consolidando cada vez más en Nigeria. Nuestros directores están felices de haber sido nombrados y están trabajando duro. Este viaje a Roma es un viaje espiritual a las raíces del cristianismo: como OMP oramos juntos para fortalecer nuestra fe. (L.M.) (Agencia Fides 28/9/2010)


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Es beato un sacerdote de Schoenstatt: Gerhard Hirschfelder. Munich (Alemania), 28 Set. 10 (AICA 

P. Gerhard Hirschfelder primer beato de Schönstatt

El padre Gerhard Hirschfelder, sacerdote perteneciente al movimiento de Schönstatt martirizado en el campo de concentración de Dachau durante el régimen nazi, fue beatificado el domingo 19 de septiembre en la catedral de Munich.

     Según la información difundida por la agencia Zenit, el arzobispo de Colonia, cardenal Joaquim Meisner, representó al Papa en el rito de la beatificación y definió al sacerdote, fallecido en el campo de concentración de Dachau a los 35 años, como un modelo para los jóvenes.

     Peregrinos de toda Alemania y también de Polonia y de la República Checa, donde el recuerdo del sacerdote está muy vivo, peregrinaron hasta la ciudad alemana para asistir a la beatificación.

     El padre Gerhard Hirschfelder fue proclamado beato como “mártir y testigo de la fe”. El cardenal Meisner destacó que el sacerdote rechazó la inhumana lógica nazi y recordó su especial compromiso en la pastoral juvenil. 

Beato Gerhard Hirschfelder

     El nuevo beato nació el 17 de febrero de 1907 en el condado de Glatz, en Silesia. Estudió en el Liceo humanístico de Glatz, y aprobó allí su examen de bachiller en 1926. Fue ordenado sacerdote en 1932.

     Por ser hijo natural, su camino al sacerdocio estuvo lleno de dificultades, ya que el antiguo código de derecho canónico no lo permitía. Necesitó una autorización especial para estudiar Teología y una dispensa para las órdenes mayores, que recibió con retraso, por lo que no pudo ser ordenado junto con sus compañeros de curso.

     Desde 1932 hasta 1939 fue capellán en Grenzeck (Tscherbeney), y desde ese año hasta el 1 de agosto de 1941 fue capellán mayor en Habelschwerdt y responsable de la pastoral juvenil de la diócesis.

     El joven sacerdote constató la naturaleza y los efectos de la propaganda nazi e intentó mantener lejos de ésta a sus jóvenes, a través de su cercanía y de la dirección espiritual.

     En sus homilías, denunció con valentía los excesos y la violencia de aquel período. La Gestapo reaccionó a todo ello arrestándolo en 1941, cuando participaba en una reunión con jóvenes.

     Durante los más de cuatro meses que permaneció en la cárcel en Glatz, escribió un impresionante Vía Crucis y algunas reflexiones sobre el sacerdocio, el matrimonio y la familia.

     El 15 de diciembre de 1941 fue trasladado al campo de concentración de Dachau donde falleció por hambre y por una grave neumonía el 1 de agosto de 1942.

     Sus cenizas están enterradas en la ciudad polaca de Czermna (Tscherbeney), en la Baja Silesia, donde el padre Hirschfelder había trabajado como capellán.

     El padre Hirschfelder “daba una impresión sumamente humilde, casi tímida, practicó una noble discreción y a la vez estaba siempre dispuesto a hacer un favor a los demás”, recuerda un sacerdote que vivió con él en el bloque 26/3 del campo de concentración, el padre Engelbert Rehling, OMI.

     “Lo conocí un poco más de cerca por medio del padre Fischer; me puso en contacto con él y así conversamos sobre Schoenstatt; el padre Hirschfelder se interesó por la comunidad y conoció y amó a la Madre tres veces Admirable”, explica, en un testimonio recogido en la página web del movimiento de Schönstatt.

     El nuevo beato perteneció al primer grupo de sacerdotes de Schoenstatt en el campo de concentración de Dachau, junto al beato Carlos Leisner, al sacerdote palotino Ricardo Henkes y al párroco alemán Alois Andritzki, ambos en proceso de beatificación.

     La promulgación del decreto sobre el martirio del sacerdote fue autorizada el pasado 27 de marzo por Benedicto XVI.

     Su causa de beatificación se abrió en la catedral de Munich en 1998. Además de toda la documentación, se reunieron -en Alemania, Polonia y la República Checa- más de diez mil firmas pidiendo su beatificación. Ante esta cifra, el prelado decano de Glatz, monseñor Franz Jung, dijo que el beato puede ser “un constructor de puentes para una Europa unida”.  


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Homilía de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para el 26° domingo durante el año (26 de septiembre de 2010). (AICA)

SANTIDAD Y CUESTIÓN SOCIAL

El texto de este domingo (Lc. 16,19-31), nos presenta una historia con forma de parábola llamada “El rico malo y Lázaro pobre”, donde muestra la insensibilidad de un hombre rico: “Era un hombre rico que vestía de púrpura y lino, y celebraba todos los días espléndidas fiestas. Y un pobre, llamado Lázaro, que echado junto a su portal, cubierto de llagas, deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico; pero hasta los perros venían y le lamían las llagas…” (Lc. 16,19-21). El texto nos presenta el peligro de idolatrizar las riquezas y de no ser justos y caritativos con aquellos que padecen necesidades. En el juicio final se revelarán todas estas actitudes y el texto termina diciendo: “Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán, aunque un muerto resucite” (Lc. 16,31). Lo importante es escuchar la Palabra de Dios y practicarla.

Los cristianos en este tiempo nos hemos dispuesto a centrar un camino de discipulado y misión. Difícilmente podamos asumir un camino de maduración en la fe si no revisamos nuestras actitudes de vida ligadas a la justicia y la caridad, y nos planteamos como nos señala “Navega mar adentro” sobre el escándalo de la pobreza y la exclusión social. En dicho documento los obispos argentinos nos hemos propuesto la necesidad de acentuar en la vida cristiana una mayor formación en la moral social y en la doctrina social de la Iglesia, porque percibimos la ruptura que se da entre la fe y la vida, la fe y los criterios, que hace que los valores no estén suficientemente presentes en nuestra cultura. Basta recordar recientemente como muchos dirigentes políticos, comunicadores sociales y otros que se denominan cristianos no dudaron en someter a “la dictadura del relativismo “una institución clave para la sociedad como es el matrimonio y la familia, y el derecho de los niños a la crianza de un papá y mamá, o por lo menos de una figura masculina y femenina.

Esta ruptura de fe y vida, y criterios también se da en el ámbito de la cuestión social. En Navega mar adentro señalamos: “En un país constituido mayoritariamente por bautizados, resulta escandaloso el desconocimiento y, por lo mismo, la falta de vigencia de la Doctrina Social de la Iglesia. Esta ignorancia e indiferencia permiten que no pocos hayan disociado la fe del modo de conducirse cristianamente frente a los bienes materiales y a los contratos sociales de justicia y solidaridad. La labor educativa de la Iglesia no pudo hacer surgir una Patria más justa porque no ha logrado que los valores evangélicos se traduzcan en compromisos cotidianos” (38).

Es importante que hagamos una real evaluación y autocrítica en orden a buscar caminos de conversión a Jesucristo, el Señor y a su propuesta. En la Diócesis tratamos de asumir el documento de Aparecida y “las orientaciones pastorales” de nuestro primer Sínodo diocesano, y de buscar respuestas para la formación y el camino de discipulado sobre todo del laicado que es la mayoría del pueblo de Dios. El instituto de Teología y Pastoral, las escuelas básicas y de ministerios son junto a la catequesis algunas de las respuestas que se ofrecen en la Diócesis. Debo reconocer que es alentador el percibir el alto número de gente que está buscando formación e introducirse en este camino de discipulado.

Es importante señalar que este camino de discipulado no es solo aprender conceptualmente elementos doctrinales. Desde ya que esto también es necesario e importante, pero la formación cristiana implica un “estilo de vida” que debe integrar necesariamente el poner en práctica lo que creemos. El tratar de vivir la caridad. En el amor a Dios y a los hermanos, especialmente a los más pobres encontramos el termómetro que sirve para evaluar nuestro compromiso con el Señor. En “Navega mar adentro” también nos dice que hay signos de esperanza: “No obstante, en el seno de la comunidad cristiana siempre surgen talentos creativos que avivan el fuego de una imaginación de la caridad. Efectivamente, afloran de modo espontáneo, particularmente desde los sectores más pobres, muchas expresiones de solidaridad con raíces humanitarias y evangélicas, las que con un voluntariado audaz y sacrificado van extendiendo redes solidarias, verdaderos puentes de ayuda y cercanía entre los que pueden y se conmueven, y los que necesitan y agradecen…” (39).

Pidamos que no nos pase como a ese rico del Evangelio de este domingo que por su egoísmo e indiferencia perdió el cielo, el abrazo de nuestro Padre Dios.

¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo! 

Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas 


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Reflexión de monseñor Jorge Eduardo Lozano, obispo de Gualeguaychú y miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, para el domingo 26 de septiembre de 2010. (AICA)

TIEMPOS COMPLICADOS

El otro día fui con mi hermano a hacer un trámite en un Banco y vi un cartel que tenía una frase que me llamó la atención y la anoté: “Tenelo todo. Tenelo fácil. Tenelo ahora”

No se que producto estaba promocionando el Banco, pero la frase es muy expresiva de algo que se da mucho en nuestra Cultura, el tenerlo todo, sin esfuerzo, sin proceso, sin camino alguno.

Nuestra Cultura tiene algunos de estos rasgos; por eso decimos que estamos ante una “crisis de valores”, se ha señalado repetidas veces en los aportes para la Asamblea.

Estamos en un clima de narcisismo y hedonismo corremos el riesgo de guiarnos por una conciencia auto referencial, donde el yo pasa a ser el centro del universo y lo único que cuenta es lo que yo tengo ganas, lo que yo quiero, lo que yo deseo. Como la actitud de quién está permanentemente sacando pelusa del ombligo y no mirando a los demás. Y esto también puede suceder a nivel comunitario. Hay comunidades que son hedonistas, solamente se miran a sí mismas, sin tener en cuenta el resto de las comunidades o el entorno.

Se va imponiendo una especie de relativismo que nos lleva en el plano de la fe, a expresar “bueno yo vivo la fe a mi manera”, como a mi me parece… esta búsqueda de la fe, como una especie de búsqueda de un sentimiento de bienestar individual. No la fe como una experiencia que me ilumina.

A veces esto lo escuchamos en reuniones familiares, o con amigos; alguno dice yo estoy en tal religión o pienso la fe así porque me hace bien, etc… y alguien que sentencia: “Lo importante es sentirse bien”, como si la religión fuera una suerte de remedio para el hígado. Un sentimiento de autocomplacencia. Hay un relativismo en el plano religioso en el plano moral, que cada uno haga lo que quiera, lo que le haga bien.

También es un tiempo marcado por la incertidumbre, falta de certeza: hay canciones que lo expresan: “todo cambia”. Esta situación cambiante y la vemos en personajes que hoy piensan de una manera, mañana de otra; vemos en los jóvenes la falta de certeza para elegir una carrera, o la falta de certeza en el aspecto del trabajo.

Un autor contemporáneo habla de la “modernidad líquida” refiriéndose a este tiempo como algo que no tiene forma propia, sino la forma del recipiente… 

Mons. Jorge Eduardo Lozano, obispo de Gualeguaychú 


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Reflexión de José Antonio Pagola para el evangelio del domingo vientinueve del Tiempo Ordinario - C, ofrecida por la Delegación Diocesana  de Enseñanza de la diócesis de Tenerife.

EL CLAMOR DE LOS QUE SUFREN          

         La parábola de la viuda y el juez sin escrúpulos es, como tantos otros, un relato abierto que puede suscitar en los oyentes diferentes resonancias. Según Lucas, es una llamada a orar sin desanimarse, pero es también una invitación a confiar que Dios hará justicia a quienes le gritan día y noche. ¿Qué resonancia puede tener hoy en nosotros este relato dramático que nos recuerda a tantas víctimas abandonadas injustamente a su suerte?

         En la tradición bíblica la viuda es símbolo por excelencia de la persona que vive sola y desamparada. Esta mujer no tiene marido ni hijos que la defiendan. No cuenta con apoyos ni recomendaciones. Sólo tiene adversarios que abusan de ella, y un juez sin religión ni conciencia al que no le importa el sufrimiento de nadie.

         Lo que pide la mujer no es un capricho. Sólo reclama justicia. Ésta es su protesta repetida con firmeza ante el juez: «Hazme justicia». Su petición es la de todos los oprimidos injustamente. Un grito que está en la línea de lo que decía Jesús a los suyos: "Buscad el reino de Dios y su justicia".                  

         Es cierto que Dios tiene la última palabra y hará justicia a quienes le gritan día y noche. Ésta es la esperanza que ha encendido en nosotros Cristo, resucitado por el Padre de una muerte injusta. Pero, mientras llega esa hora, el clamor de quienes viven gritando sin que nadie escuche su grito, no cesa. 

         Para una gran mayoría de la humanidad la vida es una interminable noche de espera. Las religiones predican salvación. El cristianismo proclama la victoria del Amor de Dios encarnado en Jesús crucificado. Mientras tanto, millones de seres humanos sólo experimentan la dureza de sus hermanos y el silencio de Dios. Y, muchas veces, somos los mismos creyentes quienes ocultamos su rostro de Padre velándolo con nuestro egoísmo religioso.

         ¿Por qué nuestra comunicación con Dios no nos hace escuchar por fin el clamor de los que sufren injustamente y nos gritan de mil formas: "Hacednos justicia"? Si, al orar, nos encontramos de verdad con Dios, ¿cómo no somos capaces de escuchar con más fuerza las exigencias de justicia que llegan hasta su corazón de Padre?

         La parábola nos interpela a todos los creyentes. ¿Seguiremos alimentando nuestras devociones privadas olvidando a quienes viven sufriendo? ¿Continuaremos orando a Dios para ponerlo al servicio de nuestros intereses, sin que nos importen mucho las injusticias que hay en el mundo? ¿Y si orar fuese precisamente olvidarnos de nosotros y buscar con Dios un mundo más justo para todos? 

José Antonio Pagola 


Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
 17 de octubre de 2010
29 Tiempo ordinario (C)
Lucas 18,1-8


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lunes, 11 de octubre de 2010

Palabras de monseñor Jorge Lugones, obispo de Lomas de Zamora en la Asamblea Diocesana de Laicos (26 de septiembre 2010). (AICA)

ASAMBLEA DIOCESANA DE LAICOS

“Ven Espíritu Santo Creador
y renueva nuestras mentes”
(“Veni creator”, s. IX)

 Queridos laicos:

Hemos recibido de algunas de las Áreas Pastorales lo que consideran como un aporte al tema de “la realidad diocesana”. Me limitaré a referirme solo a algunos aspectos de la misma, sabiendo que esto no es todo lo que hay, un análisis completo surgirá del diagnóstico pastoral que se nos propondrá en un futuro: “Hacia una pastoral planificada”.

Respecto al crecimiento demográfico, hay sectores de nuestra diócesis con distinto grado de crecimiento demográfico. Un ejemplo es el aumento del 100% cada 10 años que se da en el llamado segundo cordón. En dicho cordón el crecimiento poblacional es producto, entre otras cosas- del déficit habitacional y de habitabilidad, con multiplicación de asentamientos sin ninguna infraestructura básica, motivado por la migración de países limítrofes y de las provincias del interior de nuestro país, cercano a las vías de comunicación del trabajo informal, saturando las estructuras socio sanitarias (salud-educación-servicios-seguridad) generando un desajuste tanto en el Estado, como en las empresas de servicios, que no llegan a tener un desarrollo y crecimiento planificado y ordenado, haciéndose casi imposible un correcto saneamiento del medio, con todos los traumas que ello conlleva.

Por otra parte, el llamado tercer cordón nos sorprende con la instalación creciente de barrios privados-cerrados, y la consecuente parafernalia de los shoppings y demás estrategias comerciales.

Desde lo social-pastoral surge el desafío del acompañamiento de la Iglesia como parte de la sociedad: ante los excluidos y la inequidad social que genera la marginación, necesitamos fortalecer  el trabajo en conjunto, en red con todas las organizaciones sociales-culturales y religiosas del medio.

Deseamos ser artesanos del diálogo, evitando el individualismo. Notamos falta de vinculación con la gente, en especial con los jóvenes, no hay contacto con  “la calle”, es decir con la realidad social. La sociedad en su mayoría desconoce nuestra tarea.

En lo estrictamente cultual vemos una afluencia a nuestros templos céntricos de adultos mayores, con un considerable ausentismo de jóvenes. Lo opuesto se da en las periferias donde la concurrencia de niños, adolescentes y jóvenes se acrecienta.

En algunas parroquias y sus capillas están casi ausentes las expresiones del laicado organizado.

Respecto a la misión, vemos con agrado los esfuerzos con creatividad de algunas parroquias para despertar y sostener la fe de nuestra gente, desde la “religiosidad popular” hasta la formación de grupos domiciliarios de reflexión del evangelio. Por otra parte, observamos con cierta perplejidad la variedad de grupos que misionan hacia el interior del país, frente a la necesidad y urgencia que tienen amplias zonas de nuestra diócesis de ser misionadas, en el sentido estricto de la palabra, más el desafío misional de las llamadas “tribus urbanas”.

Respecto a la catequesis, reconocemos el compromiso de nuestros agentes de pastoral, pero contrasta con la dificultad para cubrir en capillas y parroquias los grupos que tienen. Analizaremos algunos puntos negativos, pues hemos expuesto algunos de los aspectos más positivos en los encuentros por vicarías.

Hay desorientación respecto al método, se aferran a lo que creen seguro pero experimentan que no es válido para suscitar y acompañar la madurez en la fe con sentido apostólico.

Las comunidades tienen dificultades para asumir una pastoral armónica, en comunión, no se sabe planificar y no se cree en el valor de la planificación. El estilo “espontáneo” y marcadamente “afectivo”,  es el que gana.

La crisis de autoridad y del entramado social (individualismo) también crea obstáculos en la Iglesia. La experiencia de una forma de vida que “desborda” con sus exigencias y que no se logra adecuar a los requerimientos de una forma de vida con tiempos y espacios más humanos, quita fuerzas y posibilidades para “estar en las cosas del Padre” y participar en grupos sociales y/o eclesiales. La inseguridad también crea obstáculos para la tarea pastoral.

Muchas veces, las diferencias entre los agentes se vuelven irreconciliables y rompen la comunión, el diálogo sincero y cercano se hace difícil.

En general no hay conciencia de la necesidad de profundización y explicitación permanente de la fe. En muchos casos la fe es un cuerpo de doctrina que una vez aprendido sólo hay que repetirlo correctamente. No se asume que la fe que se cree, se vive, se celebra y anuncia: es un Dios vivo y encarnado. 

Se teme hacer una crítica objetiva a conciencia. No se sabe qué pensar de lo que se dice de la Iglesia, no hay un discernimiento personal, ni comunitario, se tiene miedo al error, por lo que tampoco se forma a los catequizandos para hacer opciones personales.

En mi visita a los colegios confesionales y algunos del Estado, me ha sorprendido el compromiso de sus docentes para con los educandos, haciéndose cargo muchas veces de situaciones límites por ausentismo de los padres. He encontrado directivos y docentes formadores, y con una sensibilidad y compromiso admirable, para la contención de niños, adolescentes y jóvenes.

Por otra parte, se constata una crisis en las comunidades educativas confesionales a nivel pedagógico, económico, organizativo, teniendo una importancia relevante la falta de proyectos educativo-pastorales y dificultades para conformar una verdadera comunidad educativa.

Tenemos un laicado que desea comprometerse pero no siempre logra plasmarlo objetivamente. Por otra parte, notamos que tanto las cofradías, asociaciones, movimientos, han quedado como aletargados en el tiempo, ¿Tal vez tienen que ver con las denominadas “estructuras caducas”?. Otros han preferido abroquelarse en sus métodos y glorias de tiempos pretéritos. No han podido adaptarse a “tiempos lugares y personas”.

Se habla de “estructuras caducas” pero no han surgido estructuras que suplanten las anteriores. No se encuentra un espacio de coordinación general de las estructuras (léase pastorales, Departamentos, Secretariados, Consejos…) que encuadre y oriente la línea  del horizonte a donde vamos. Hemos destinado, por la crisis,  los recursos humanos a la atención pastoral de las parroquias, y nos hemos quedado sin un equipo de laicos que puedan pensar en iluminar las realidades temporales e influir en la toma de decisiones culturales.

No hay nadie que atienda las organizaciones laicales no eclesiales. Se desconoce la fuerza creciente del tercer sector (Organizaciones No Gubernamentales). No hay una decisión firme de capacitarnos en atender esa nueva realidad.

Nuestra diócesis tiene cerca de 35 instituciones y movimientos. Unos 10 (aproximadamente) con presencia diocesana y otros que son sólo expresión de alguna comunidad. Los miembros que participan son cada vez menos, y es en los grupos de jóvenes, donde en los últimos 10 años, se ha evidenciado más la disminución numérica.

Una gran parte de la dirigencia esta tomando conciencia de la crisis que nos impide llegar al hombre de hoy. Pareciera un punto positivo, ya que permite ponerse a pensar en nuevos caminos y expresiones…

Nuestras estructuras militantes no se observan asimismo como vectores del cambio social, ni asumen “la política” como estrategia de cambio y gestión de lo público.

Notamos esfuerzos en la línea de la “conversión pastoral” que promete un aire renovado, como un viento fresco después de un tiempo tórrido, que nos cambie el aire, un tanto enrarecido por la inercia, ante los tiempos tan cambiantes.

Pese a lo negativo que puedan parecer algunos aspectos de nuestra realidad diocesana, ella, como laicos en la sociedad, nos plantea el desafío fundamental: frente al individualismo y la generalizada ruptura de los vínculos, esta asamblea se nos ofrece como una oportunidad para dar respuesta a esta realidad.

El obispo confía en la apertura de ustedes queridos laicos y desea acompañarlos; lo expreso con las palabras de San Agustín: “No les pido que pongan su esperanza en mí, sino que pongan su esperanza en Dios conmigo”.

Un tema que nos urge son los adolescentes y jóvenes: hay que tener mucha paciencia con el joven que, desde muchos puntos de vista, puede tener rotas las estructuras y ser incapaz de dar un sí definitivo. Vive en un mundo demasiado existencialista. Pero si encuentra alguien que le sea fiel, descubrirá poco a poco lo que es la fidelidad y entonces se podrá comprometer[1].

En este último tiempo la Iglesia ha sentido la necesidad de exhortar a los laicos a comprometerse en la construcción de la ciudad temporal. Se hace urgente una presencia más directa y específica del laico cristiano, en la sociedad, para la promoción de la persona y del bien común.

El desajuste entre el poder público –local, regional, nacional– y la sociedad, es preocupante. La gente no se siente interpretada ni representada.

La crisis de las instituciones viene de lejos: es crisis de sentido, de proyectos que no tienen prospectiva de país.

El laico es quien, formando parte de este pueblo fiel de Dios, está inmerso en el mundo, pero sin ser del mundo.

La vocación específica de ustedes consiste en manifestar a Cristo en sus vidas e introducir el Evangelio, como una levadura, en la realidad del mundo en que viven y trabajan.

A los laicos les corresponde ordenar las realidades temporales según la voluntad de Dios, en el vasto campo de la cultura, de la vida económica y social y de la acción política.

Pertenencia implica sentirnos parte, no sólo geográficamente, sino de una comunidad, de un pueblo peregrino que es la Iglesia, constituido por todos los bautizados, llamados a la santidad.

 La eficacia “social” de la acción del laico en el mundo está, ante todo, condicionada por su santidad. La cual no consiste en una piedad sentimental o en la realización de algunas prácticas religiosas, sino que depende de una fe profunda y viva, de una auténtica esperanza cristiana y de una caridad que sea capaz de hacer comprender “desde adentro” los problemas de la sociedad, que ayude a resolverlos según la justicia y que alimente la generosidad indispensable para que el amor al prójimo se transforme en obras concretas dirigidas a transformar la sociedad respetando a cada hombre[2].

La santidad del cristiano significa capacidad de vivir la vida de la gracia, de modo que la sociedad vea la “bondad” de sus obras; esto es el espíritu, el empeño, el esfuerzo, su sensibilidad para afrontar los problemas, y así dar gloria al Padre que está en los Cielos.

Les pido que abran el corazón y las comunidades a otros laicos, que no les hagan “pagar derecho de piso”, que sean fraternos y cercanos, mostraremos así al mundo un “rostro de Iglesia local”: creíble por su cercanía, abierta por su hospitalidad y testimonial, por su espíritu de sacrificio.

Quiero agradecer de corazón la presencia de ustedes que han dejado hoy personas y cosas importantes, para que esta Asamblea Diocesana de Laicos sea fructífera, nos ayude a la reflexión, nos anime a la acción y nos confirme en la fe de una comunidad, que desea anunciar y vivir el Evangelio, en medio de las luces y sombras de nuestra compleja realidad.

Que Nuestra Señora Reina de La Paz los cuide. 

Mons. Jorge Lugones, obispo de Lomas de Zamora 

Notas:

[1] Vanier J., La comunidad, lugar del perdón y de la fiesta.

[2] Villalba L. “El laico y su responsabilidad en el mundo temporal”. Encuentro Interdiocesano de ACA. Tucumán. 2005

 


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Exposición de monseñor Juan Carlos Romanín, obispo de Río Gallegos, en el Encuentro Ecuménico sobre la Palabra de Dios, organizado por la Sub secretaría de Culto de la Provincia de Tierra del Fuego (Ushuaia, 24 de septiembre de 2010). (AICA)

ENCUENTRO ECUMÉNICO SOBRE LA PALABRA DE DIOS

Queridos hermanos todos:

Siento una sincera alegría al poder compartir con ustedes este espacio de fraternidad, de reflexión y de oración. Dios nos sonríe y nos abraza cuando nos unimos para estar juntos como verdaderos hermanos, sobre todo cuando es la Palabra del mismo Dios quien nos convoca y nos une, nos alimenta y nos anima a afirmar con las mismas palabras de Pedro: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6, 68).

Hoy quisiera regalarles la voz y la luz de la Palabra de Dios, repitiendo la antigua llamada: «La palabra está muy cerca de ti, en tu boca y en tu corazón, para que la pongas en práctica» (Dt 30,14). Con el deseo de que el mismo Dios nos diga a cada uno: «Hijo de hombre, todas las palabras que yo te dirija, guárdalas en tu corazón y escúchalas atentamente» (Ez 3,10).

Deseo que esta sea una invitación a acercarnos a la Biblia como el libro que contiene la vida que estamos llamados a vivir.

Porque las páginas de la Biblia son aplicables a nuestros dolores y a los de aquellos a quienes amamos, a las certezas e incertidumbres nuestras y de quienes nos rodean, a las risas y a las lágrimas que compartimos en nuestra vida. Es por lo tanto un libro vivo porque nos descubre a nosotros mismos, nos descubre el sentido de nuestra vida.

Nuestro desafío es que podamos valorar y redescubrir este tesoro que Dios ha querido regalarnos. Vivir de cada palabra que sale de la boca de Dios es la fuente primaria de la espiritualidad cristiana que es una fe que nace de la escucha y se proyecta en el amor.

Cada alma es como un cristal que tiene muchas facetas a las que la luz de la Palabra dona muchos matices. Son infinitas las situaciones que vivimos las personas,  infinitas las reacciones que la Palabra, Verbo de Dios, realiza en cada uno. La variedad de carismas, de creencias,  no nos debe hacer diferentes, sino que nos debe invitar a compartir el mismo Don. Así cada uno aporta desde lo que es, aquello que la Palabra realiza en él.

¿Cuales son los frutos que produce la Palabra? Si quisiéramos hacer una lista no terminaríamos nunca. Nos proponemos ver algunos. 

La Palabra nos alimenta

En distintas ocasiones hemos rezado y meditado la Palabra de Dios y hemos experimentado que nos hemos alimentado, que nos hemos saciado de ella, y que hemos cambiado la mirada de la vida misma.

Esta comunión con Jesús en su Palabra la podemos hacer en cada instante y así, en cada momento presente, podemos nutrirnos de Él.

Esta experiencia provoca una inmensa felicidad. El Evangelio no es un libro de consolación donde uno se refugia únicamente en los momentos dolorosos para obtener una respuesta, sino el código que contiene las leyes de la vida, de cada circunstancia de la vida. Leyes que no sólo hay que leer, sino “comer” con el alma, y así lograr en nosotros “tener los mismos sentimientos de Cristo Jesús” 

La Palabra hace vivir

Cuando encontramos una familia, una comunidad, una persona que vive la Palabra como hay que vivirla, se experimenta una primera impresión de que ahí hay algo distinto. No solo se escucha, se lee, sino que se la practica, se la vive… y eso se nota.

Y se descubre la luz en el rostro  de quien te recibe, de cómo se mueven esas personas, de la prontitud en el servicio. Es una especie de rejuvenecimiento que la Palabra realiza, no sólo en el alma, sino también en el cuerpo.  

La palabra garantiza la felicidad

“El Evangelio- dice Pablo VI- garantiza la felicidad, pero cambia la naturaleza de la felicidad, que no consiste en tener bienes efímeros, bienes que pasan, sino en tener el Reino de Dios, en tener una comunicación vital con Él.”

La Palabra es serena como un amanecer, ligera, suave y plena, que hace exultar al alma. Es única, no se puede confundir, quien ha experimentado esta felicidad vuelve con su pensamiento en otros momentos de la vida a aquél, porque es como una cima luminosa, como el recuerdo de un pequeño Tabor del alma.  

La palabra purifica

Cuando todo el pasado se ha puesto en la misericordia de Dios y se recomienza a vivir la Palabra, se tiene la impresión, y es la realidad, de que la Palabra lo ha purificado todo. Lo decía San Ambrosio: “son palabras, es verdad, pero ellas limpian”. 

La Palabra convierte

Llevar la Palabra, dar  Dios al mundo y cambiarlo. No para nosotros, sino para Él. Esa es nuestra misión.

Escuchen lo que revelaba Gregorio Magno: “Por la fuerza de la Palabra divina al soberbio se le da la humildad, al tímido la confianza, se limpia el lujurioso con el esfuerzo de la castidad, se templa al avaro deteniéndose ante el ardor de la ambición, se endereza el desánimo con la rectitud del celo, se frena el iracundo de la exaltación de su precipitación. Es así, que Dios riega con sus aguas todas las cosas. Él adapta la fuerza de su Palabra a las personas según la diversidad de la conducta, para que cada uno encuentre en su Palabra lo necesario para que germine la semilla de la virtud que necesita.” 

La palabra brinda al alma el consuelo, la reconforta

Cuántas veces cuando nos asalta una duda, ante una decisión importante que hay que tomar, ante una desgracia que nos sucede,  tomamos la Palabra de Dios, el Libro de Dios, y lo abrimos buscando el alivio, el consuelo, y repetimos como está escrito en el Libro de los Macabeos: “nuestro consuelo está en los libros sagrados que tenemos en nuestras manos”.

La palabra nos sana, nos devuelve a la alegría.  

La Palabra suscita la unión con Dios

Leer la Palabra, vivirla y orar son una misma cosa. La Palabra interiorizada pone el alma bajo la acción del Espíritu de Dios.

Qué hermoso poder compartir la Palabra. ¡Que maravilla estar aquí, hoy, orando juntos!

Este Amor que nos une entre nosotros es otro de los efectos de la Palabra. 

Porque  la Palabra nos hace uno

“Pensé en el injerto de las plantas, donde las dos ramas tienen que perder la corteza para que entren en contacto las dos partes vivas y poder volverse una sola cosa. ¿Cuándo dos almas podrán consumarse en una? Cuando estando vivas, hayan perdido la corteza de lo humano y mediante la Palabra de Dios, vivida y encarnada, sean palabras vivas. Dos palabras vivas pueden consumarse en una. Si una no está viva la otra no puede unirse”. Así nos dice Chiara Lubich.

La unidad es el designio profundo de los hombre, y al mismo tiempo, su mayor anhelo. En este camino sinuoso de la historia y atravesando infinitas dificultades el mundo apunta a ese horizonte de la unidad. Porque la unidad permite que aflore lo mejor y lo más verdadero de cada uno.

Así como existen muchas maneras de comprender y  de sentir, así como hay muchas sensibilidades y formas de pensar y de creer, también existen muchas formas de cooperar en pos de la unidad: cada uno con su propia percepción, con la mayor honestidad posible, abierto a entender en  profundidad las razones del otro, dispuesto siempre a amarlo y a buscar el bien de todos, antes que el propio.

Por el amor que nos une como hermanos y hermanas, Dios mismo nos hace experimentar su presencia viva en medio nuestro. El mismo Jesús lo afirmó cuando nos dijo: “Donde hay dos o más reunidos en mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos” (Mt 18,20).

Que a través de Su Palabra divina nos pueda sugerir sólidas respuestas, eficaces iniciativas  para ser verdadera bendición  los unos para los otros y trabajando codo a codo, contribuir a sanar esta sociedad, este mundo y dilatar el Reino de Dios entre los hombres de buena voluntad.

Construyamos puentes que nos acerquen y animen a creer en la “posibilidad del otro”. Compitamos unos con otros en rectitud y en buenas obras. Respetémonos, seamos justos y solidarios, vivamos en paz sincera, en la armonía y benevolencia mutua.

Seamos la luz que ilumina y atrae. La acción del Espíritu de Dios vivo en la Palabra no es una suerte de magia que nos revela grandes misterios, es más bien una experiencia de comunión que ilumina, con nueva luz las cosas de todos los días. Trabajemos con alegría y mirando siempre lo bueno que hay en el otro.

Cristo camina por las calles de nuestras ciudades y se detiene ante el umbral de nuestras casas: «Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa, cenaré con él y él conmigo» (Ap 3, 20).

Dejemos que Jesús entre en nuestra vida, escuchemos su voz.

Hagamos ahora silencio para escuchar con eficacia la Palabra del Señor y mantengamos el silencio luego de la escucha porque seguirá habitando, viviendo en nosotros y hablándonos. Hagámosla resonar al principio de nuestro día, para que Dios tenga la primera palabra y dejémosla que resuene dentro de nosotros por la noche, para que la última palabra sea de Dios.

Formamos parte de este pueblo particular de la Provincia de Tierra del Fuego, un pueblo elegido y señalado geográficamente “desde los confines de la tierra”. Pertenecemos a una comunidad que camina hacia  un único destino: ser Pueblo de Dios que camina en esta  querida y bendecida Patagonia.  

Mons. Juan Carlos Romanín, obispo de Río Gallegos 


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ZENIT  nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigió el  sábado 27  de Septiembre de 2010 a los obispos de la Región Este 1 de Brasil, a quienes recibió en la Sala del Consistorio del Palacio Apostólico de Castel Gandolfo con motivo de la visita ad Limina Apostolorum.

Venerados Hermanos en el Episcopado,

Os doy la bienvenida, feliz de recibiros a todos en el transcurso de la visita ad Limina Apostolorum que estáis haciendo en nombre y a favor de vuestras diócesis de la Región Este 1, para reforzar los lazos que las unen al Sucesor de Pedro. De esto mismo se hizo eco monseñor Rafael Cifuentes en las palabras de saludo que me ha dirigido en vuestro nombre y que le agradezco, apreciando mucho las oraciones que día a día se elevan al Cielo por mí y por la Iglesia entera en las diversas comunidades familiares, parroquiales, religiosas y diocesanas de las provincias eclesiásticas de Río de Janeiro y de Niterói. Sobre todos y cada uno descienda, radiante, la benevolencia del Señor: que Él “haga brillar su rostro sobre ti y muestre su gracia. Que el Señor te descubra su rostro y te conceda la paz” (Nm 6, 25-26).

Sí, amados Hermanos, que el resplandor de Dios irradie de todo vuestro ser y vida, a semejanza de Moisés (cf. Ex 34, 29.35) y más que él, pues ahora todos nosotros “reflejamos, como en un espejo, la gloria del Señor, y somos transfigurados a su propia imagen con un esplendor cada vez más glorioso, por la acción del Señor, que es Espíritu” (2 Cor 3, 18). Así lo sentían los Padres conciliares cuando, al final del Vaticano II, presentan a la Iglesia en estos términos: “Rica de un largo pasado siempre vivo, y caminando para la perfección humana en el tiempo y para los destinos últimos de la historia e de la vida, ella es la verdadera juventud del mundo. (…) Miradla y encontraréis en ella el rostro de Cristo, el verdadero héroe, humilde y sabio, el profeta de la verdad y del amor, el compañero y el amigo de los jóvenes” (Mensaje del Concilio a la humanidad: A los jóvenes). Dejando transparentar el rostro de Cristo, la Iglesia es la juventud del mundo.

Pero será muy difícil convencer a alguien de esto, si no se revela en la generación joven de hoy. Por ello, como ciertamente os habréis dado cuenta, un tema habitual en mis conversaciones con vosotros es la situación de los jóvenes en vuestras respectivas diócesis. Confiado en la providencia divina que amorosamente preside los destinos de la historia sin dejar de preparar los tiempos futuros, me complace ver el amanecer de mañana en la juventud de hoy. Ya el Venerable Papa Juan Pablo II, viendo a Roma volverse “joven con los jóvenes” en el año 2000, les saludó como “los centinelas de la mañana” (Carta ap. Novo millennio ineunte, 9; cf. Homilía en la Vigilia de Oración de la XV Jornada Mundial de la Juventud, 19/VIII/2000, 6), con la tarea de despertar a sus hermanos para que remen mar adentro en el vasto océano del tercer milenio. Y, para demostrarlo, más que nunca llega a la memoria la imagen de las largas colas de jóvenes esperando a confesar en el Circo Máximo y que volvió a dar confianza a muchos sacerdotes en el sacramento de la Penitencia.

Como bien sabéis, amados Pastores, el núcleo de la crisis espiritual de nuestro tiempo tiene sus raíces en el oscurecimiento de la gracia del perdón. Cuando este no es reconocido como real y eficaz, se tiende a liberar a la persona de la culpa, haciendo de modo que las condiciones para su posibilidad nunca se verifiquen. Pero, en lo más íntimo, las personas así “liberadas” saben que esto no es verdad, que el pecado existe y que ellas mismas son pecadoras. Y, aunque algunas líneas de la psicología sienten gran dificultad en admitir que entre los sentimientos de culpa, puedan darse también los debidos a una verdadera culpa, quien sea tan frío que no pruebe sentimientos de culpa ni siquiera cuando debe, que procure recuperarlos por todos los medios, porque en el orden espiritual son necesarios para la salud del alma. De hecho Jesús vino a salvar, no a aquellos que ya se libraran por sí mismos pensando que no tienen necesidad de Él, sino a cuantos sienten que son pecadores y que le necesitan (cf. Lc 5, 31-32).

La verdad es que todos tenemos necesidad de Él, como Escultor divino que quita las incrustaciones de polvo y basura que se posan sobre la imagen de Dios inscrita en nosotros. Necesitamos el perdón, que constituye el núcleo de toda verdadera reforma: reconstruyendo a la persona en su interior, se convierte también en el centro de la renovación de la comunidad. En efecto, si se retiraran el polvo y la basura que hacen irreconocible en mí la imagen de Dios, me vuelvo verdaderamente semejante al otro, que es también imagen de Dios, y sobre todo me vuelvo semejante a Cristo, que es la imagen de Dios sin defecto ni límite alguno, el modelo según el cual todos nosotros fuimos creados. San Pablo expresa esto de modo muy concreto: “y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí” (Gl 2, 20). Soy arrancado de mi aislamiento y acogido en una nueva comunidad-sujeto; mi “yo” es insertado en el “yo” de Cristo y así se uno al de todos mis hermanos. Solamente a partir de esta profundidad de renovación del individuo nace la Iglesia, nace la comunidad que une y sustenta en la vida y en la muerte. Ella es una compañía en la subida, en la realización de esa purificación que los hace capaces de la verdadera altura de ser hombres, de la compañía con Dios. A medida que se realiza la purificación, también la subida – que al principio es ardua – se va volviendo más jubilosa. Esta alegría debe transparentarse cada vez más en la Iglesia, contagiando al mundo, porque ella es la juventud del mundo.

Venerados hermanos, una obra semejante no puede ser realizada con nuestras fuerzas, sino que son necesarias la luz y la gracia que proceden del Espíritu de Dios y actúa en lo íntimo de los corazones y de las conciencias. Que ellas os amparen a vosotros y a vuestras diócesis en la formación de las mentes y de los corazones, Llevad mi saludo afectuoso a vuestros jóvenes y respectivos animadores sacerdotales, religiosos e laicales. Dirijo la mirada a la Inmaculada Concepción, Nuestra Señora Aparecida, a cuya protección os entrego, y de corazón os concedo, extensiva a todos vuestros fieles diocesanos, la Bendición Apostólica.

[Traducción del original portugués por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


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ZENIT  nos ofrece el mensaje que el Papa Benedicto XVI ha enviado a los participantes en el II Congreso de Pastoral de Peregrinaciones y Santuarios, que se celebró en Santiago de Compostela (España) desde el lunes 27 de Septiembre hasta el  30 de septiembre.

A los Venerados Hermanos,
Mons. Antonio Maria Vegliò,
Presidente del Pontificio Consejo para la Pastoral
de los Emigrantes e Itinerantes,
y Mons. Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela 

Con ocasión del II Congreso Mundial de Pastoral de Peregrinaciones y Santuarios, que se celebra en Santiago de Compostela del 27 al 30 de septiembre, deseo dirigiros mi cordial saludo, que hago extensivo a los venerados Hermanos en el Episcopado, a los miembros de la Delegación Fraterna, a los participantes en esta importante reunión y a las Autoridades civiles, que han colaborado en la preparación del Congreso. Expreso igualmente mi deferente saludo a Su Majestad el Rey de España, quien ha honrado esta iniciativa aceptando su Presidencia de Honor.

Bajo el lema: «Y entró para quedarse con ellos» (Lc 24,29), tornado del pasaje evangélico de los discípulos de Emaús, os disponéis a profundizar en la importancia de las peregrinaciones a los santuarios, en cuanto manifestación de vida cristiana y espacio de evangelización.

Con viva complacencia quisiera hacer llegar a los congresistas mi cercanía espiritual, que los aliente y acompañe en el ejercicio de una labor pastoral de tanto relieve en la vida eclesial. Yo mismo peregrinare próximamente a la tumba del Apóstol Santiago, el "amigo del Señor", del mismo modo que he dirigido mis pasos hacia otros lugares del mundo, adonde acuden numerosos fieles con ferviente devoción. A este respecto, desde el inicio de mi pontificado, he querido vivir mi ministerio de Sucesor de Pedro con los sentimientos del peregrino que recorre las vías del mundo con esperanza y sencillez, llevando en sus labios y en su corazón el mensaje salvador de Cristo Resucitado y confirmando en la fe a sus hermanos (cf. Lc 22,32). Como signo explicito de esta misión, figura en mi escudo, entre otros elementos, la concha de peregrino.

En estos momentos históricos, en los que, con más fuerza si cabe, estamos llamados a evangelizar nuestro mundo, ha de resaltarse la riqueza que nos brinda la peregrinación a los santuarios. Ante todo, por su gran capacidad de convocatoria, reuniendo a un número creciente de peregrinos y turistas religiosos, algunos de los cuales se encuentran en complicadas situaciones humanas y espirituales, con cierta lejanía respecto a la vivencia de la fe y una débil pertenencia eclesial. A todos ellos se dirige Cristo con amor y esperanza. El anhelo de felicidad que anida en el alma alcanza su respuesta en E1, y el dolor humano junto a El tiene un sentido. Con su gracia, las causas mas nobles hallan también su plena realización. Como Simeón se encontró con Cristo en el templo (cf. Lc 2,25-35), así también el peregrino ha de tener la oportunidad de descubrir al Señor en el santuario.

Con este fin, se procurara que los visitantes no olviden que los santuarios son ámbitos sagrados, para estar en ellos con devoción, respeto y decoro. De esta forma, la Palabra de Cristo, el Hijo de Dios vivo, podrá resonar con claridad, proclamándose íntegramente el acontecimiento de su muerte y resurrección, fundamento de nuestra fe. Hay que cuidar además, con singular esmero, la acogida del peregrino, dando realce, entre otros elementos, a la dignidad y belleza del santuario, imagen de la "morada de Dios con los hombres" (Ap 21,3); los momentos y espacios de oración, tanto personales como comunitarios; la atención a las practicas de piedad. De igual modo, nunca se insistirá bastante en que los santuarios sean faros de caridad, con incesante dedicación a los mas desfavorecidos a través de obras concretas de solidaridad y misericordia y una constante disponibilidad a la escucha, favoreciendo en particular que los fieles puedan acercarse al sacramento de la Reconciliación y participar dignamente en la celebración eucarística, haciendo de esta el centro y culmen de toda la acción pastoral de los santuarios. Así se pondrá de manifiesto que la Eucaristía es, ciertamente, el alimento del peregrino, el "sacramento del Dios que no nos deja solos en el camino, sino que nos acompaña y nos indica la dirección" (Homilía en la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, 22 de mayo de 2008).

En efecto, a diferencia del vagabundo, cuyos pasos no tienen un destino final determinado, el peregrino siempre tiene una meta, aunque a veces no sea consciente explícitamente de ello. Y esta meta no es otra que el encuentro con Dios por medio de Cristo, en el que todas nuestras aspiraciones hallan su respuesta. Por esto, la celebración de la Eucaristía bien puede considerarse la culminación de la peregrinación.

Como "colaboradores de Dios" (1 Co 3,9), exhorto a todos los que os dedicáis a esta hermosa misión a que, con vuestro cuidado pastoral, favorezcáis en los peregrinos el conocimiento y la imitación de Cristo, que sigue caminando con nosotros, iluminando nuestra vida con su Palabra y repartiéndonos el Pan de Vida en la Eucaristía. De este modo, la peregrinación al santuario será una ocasión propicia para que se vigorice en los que lo visitan el deseo de compartir con otros la maravillosa experiencia de saberse amados por Dios y ser enviados al mundo para dar testimonio de ese amor.

Con estos sentimientos, confío los frutos de este Congreso a la intercesión de Maria Santísima y de Santiago Apóstol, a la vez que dirijo mi oración a Jesucristo, «Camino, Verdad y Vida» (Jn 14,6), al que presento a todos los que, peregrinando por la vida, van buscando su rostro:

Cristo Señor, peregrino de Emaús,

que por amor te haces cercano a nosotros,

aunque, a veces, el desaliento y la tristeza

impidan que descubramos tu presencia.

Tú eres la llama que aviva nuestra fe.

Tú eres la luz que purifica nuestra esperanza.

Tú eres la fuerza que enciende nuestra caridad. Enséñanos a reconocerte en la Palabra,

en la casa y en la Mesa donde el Pan de Vida se reparte,

en el servicio generoso al hermano que sufre.

Y cuando atardezca, ayúdanos, Señor, a decir:

"Quédate con nosotros". Amén.

Imparto a todos la implorada Bendición Apostólica, prenda de copiosas gracias celestiales.

Vaticano, 8 de septiembre de 2010.

Benedictus PP. XVI


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Lectio divina para el domingo veintiocho del Tiempo Ordinario - C, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.

 

LECTURA:              “Lucas 17, 11‑19”

Yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: «Jesús, maestro, ten compasión de nosotros.» Al verlos, les dijo: «Id a presentaros a los sacerdotes.» 

Y, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias.  Éste era un samaritano. 

Jesús tomó la palabra y dijo: «¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?» Y le dijo: «Levántate, vete; tu fe te ha salvado.» 

MEDITACIÓN:              “Dándole gracias”

            Puede parecer que aquellos leprosos se pasaron en su indiferencia o, tal vez, sin pensar negativamente, es que iban tan locos de alegría, que ya ni se acordaban de lo que había quedado atrás, e iban corriendo a cumplir con lo mandado, por si la cosa se volvía atrás. Sólo uno es capaz de dar media vuelta para agradecer el don y, ¡qué casualidad!, uno que no entraba en la lista de los “buenos” a los ojos de los “buenos”.

            Y esto me hace descubrirme, porque a mí me es más fácil seguir adelante, inmerso en un sinfín de detalles de tu parte, pequeños o grandes, sin ser capaz de vivir en acción de gracias constante. Pedir, ¡ya lo creo!, eso es el pan de cada día, pido y pedimos hasta hartar, y gracias que no nos das todo lo que pedimos,  porque si no esto sería el caos. Pero me olvido que cada segundo del aliento de mi vida viene de ti, y que cada capacidad que me enriquece y que me hace ser lo que soy, y hacer lo que puedo hacer, poco o mucho, viene de ti. Y que todas las capacidades de amar, y de bondad, y de paz, y de compasión, es un arsenal ingente con el que has dotado mi ser, y no sólo no sé agradecerlo, sino es que además no sé o no quiero utilizarlo.

            Y tú te sorprendes, pero sigues esperando a que vuelva sobre mis pasos, lleno de gozo y de alegría inmensa, no sólo para darte gracias y alabarte, sino para escuchar de tus labios tu palabra que aún guarda, para mayor sorpresa mía, el inconmensurable regalo de tu salvación.

ORACIÓN:             “Descubres mi dignidad”

            No puede ser se otra manera, hoy sólo puedo pedirte perdón y darte gracias. Sí, pedirte primero perdón, por no saber ser agradecido, por ser tan pobre de corazón que  no soy capaz de descubrir que todo lo que soy y poseo, poco o mucho, me viene de ti, porque de ti viene mi vida que lo posibilita, y las fuerzas para realizarlo.

            Y desde ahí, quiero que brote, ahora al menos, un gracias profundo y emocionado. Un gracias que me permite abrirme a la riqueza insondable que has depositado en mí y que cada día recreas. Un gracias porque si es verdad que puedo ser limitado en aspectos materiales, siempre caducos, me has hecho ilimitado en mi capacidad de amar, de perdonar, de sonreír, de acoger. Gracias, Señor, porque me descubres mi dignidad divina, que me invita a ser cada día más humano. Gracias,  porque tú eres Dios, y sigues empeñado en mi salvación que muchas veces ni siento necesitar. Gracias.

CONTEMPLACIÓN:             “Gracias”

Gracias
por lo que soy
y lo que aún deseo ser.

Gracias
por lo que no soy
y tal vez nunca sea.

Gracias
por lo que quisiera ser
y no alcanzo a serlo.

Gracias
por lo que tengo
y por lo que nunca tendré.

Gracias por la vida,
con sus luces y sombras,
con sus penas y alegrías,
con sus incertidumbres
y sus esperanzas.

Gracias,
porque me amas y perdonas
y porque me has hecho,
como tú,
capaz de amar y perdonar

Gracias,
porque ése es
el mayor milagro de la vida,
la mayor fuerza de mi historia.


Publicado por verdenaranja @ 11:55  | Liturgia
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domingo, 10 de octubre de 2010

La Iglesia Católica africana creará una única gran agencia de noticias para todo el continente. Es lo que se ha decidido en el encuentro de Nairobi, que se inauguró el 31 de agosto (ver Fides 9/1/2010), organizado por el Simposio de las Conferencias Episcopales de África y Madagascar (SECAM), en colaboración con el Consejo de Medios Católicos (CAMECO). (Fides)

 COMUNICADO EMITIDO AL FINAL DE UN TALLER DE TRES DÍAS DE PROFESIONALES  CATÓLICOS CELEBRADO EN LA CASA DE RETIRO DE SANTA MARÍA MAGDALENA, JARDINES DE RESURRECCIÓN EN NAIROBI, KENYA, 30 de AGOSTO al 2 de SEPTIEMBRE de 2010.

Profesionales de los medios católicos del continente de África reunidos en Nairobi, Kenia, a invitación del Simposio de las Conferencias Episcopales de África y Madagascar (SECAM), después de un taller de tres días declara lo siguiente: 

1. Ofrecemos nuestra experiencia profesional, aptitudes, y nos comprometemos sin reservas a los esfuerzos por establecer una  Agencia de Noticias Continental Católica para  África a fin de hacer que la voz auténtica de África sea oída;  por esta razón, hemos creado comités de trabajo hacia la realización de esta iniciativa. 

Mientras esperamos con gran expectativa la Exhortación del Papa Benedicto XVI después de la Segunda Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para África que se celebró en octubre de 2009, nuestro encuentro como comunicadores católicos estaba en el espíritu de la proposición del Sínodo no. 56 que nos pide:

• En un mundo globalizado, el mejor uso y una mayor disponibilidad de los distintos medios de comunicación social (visual, audio, web y prensa) son indispensables para la promoción de la paz, la justicia y la reconciliación en África.

• una mayor presencia de la Iglesia en los medios de comunicación;

• la creación de redes de centros audiovisuales, editoriales y centros de medios de comunicación;

• El uso de los medios de comunicación modernos para la difusión del Evangelio y los frutos del presente

• Sínodo, para la educación de los pueblos africanos en la verdad, la reconciliación, la promoción de la justicia y la paz.

• Desarrollo de una red de satélites, bajo la coordinación del CEPAC (la oficina de comunicaciones del SECAM) para servir a la Iglesia-Familia de Dios en África.

3. Una de las formas eficientes para esta búsqueda de  sostenibilidad,  justicia,  paz y reconciliación en la Iglesia en África es la comunicación efectiva y la creación de redes significativas.

4. El continente de África, evidentemente, se ha estado moviendo hacia un proceso de democratización. Instamos a los países africanos que todavía no han asimilado este espíritu que realicen esfuerzos hacia una democracia que promueve el liderazgo de servicio.

5. En respuesta al llamado de los obispos del Sínodo africano de "establecer comisiones diócesanas, nacionales o regionales de comunicación con  personal competente para ayudar a ejercer el ministerio profético de la Iglesia en la sociedad", instamos a los líderes de la Iglesia en el Continente para acelerar la consolidación de las diversas actividades de las oficinas de comunicación y actividades existentes.

Fecha: Viernes 2 de septiembre de 2010

Firmado en Nairobi, Kenia, por: Benedicto Assorow Derector de SECAM Comunicaciones y el Padre. Tor Patrick Alumuku Equipo Central de Iniciativa. 

RESOLUCIONES DEL TALLER DE TRES DÍAS DE LOS PROFESIONALES DE LOS MEDIOS CATÓLICOS CELEBRADO EN NAIROBI, KENIA DESDE EL 30 DE AGOSTO AL 2 DE SEPTIEMBRE DE 2010

1. Se convino en que estamos en el proceso de establecer una agencia católica de noticias continental en África.

2. Los servicios de esta agencia serán gratuitos, pero las donaciones serían bien acogidas.

3. Los servicios del organismo están diseñados principalmente para los fieles católicos, pero también podrían ser de interés para otra gente.

4. Se acordó que el Padre Patrick Alumuku, el Padre André Quenum y Benedicto Assorow formen el comité central o núcleo de trabajo. Asumen la responsabilidad de elaborar el camino a seguir de la nueva agencia. El acuerdo es el siguiente:


GRUPO CENTRAL DE TRABAJO

i. Reverendo Padre Patrick Alumuku

ii. Reverendo  Padre André Quenum

iii. Benedicto Assorow 

GRUPO REGIONAL DE TRABAJO (REPRESENTANTES)

i. AMECEA - P. Chris Ndaga

ii. CISA representante

iii. ACERAC - Representante

iv. Representante de ACEAC

v. Representante de DIA

vi. SCRN - Padre Don Bosco

vii. RECOWA - P. Ralph Madu

viii. IMBISA - Sor Verónica Dingi

ix. un representante de Norte de África de Egipto

x. un representante de las Islas de Madagascar


GRUPO DE TRABAJO AMPLIADO

i. Coordinadores de Comunicación (diocesanos, nacionales y regionales), así como los de las comunidades religiosas.

ii. Otras partes interesadas.

5. Se acordó que el comité de trabajo debería dialogar con sus miembros, los representantes regionales y el grupo más grande a través del ciberespacio, que se creará por ellos.

6. Se convino en que un marco de actividades debe ponerse en marcha por el comité del Núcleo de trabajo dentro de 30 días sobre la manera de avanzar.

7. Se convino en procurar que toda África ponga interés en ayudar a establecer con éxito la Agencia propuesta.

8. Se acordaron tres idiomas más importantes: Portugués, Inglés y Francés que se utilizarán para difundir las noticias.

9. Los términos de referencia se han elaborado por el comité del núcleo de trabajo. El comité de trabajo tiene un plazo de un año, en el que lleve a cabo su mandato.

10. También se estableció un Comité de Finanzas y Recaudación de fondos con el padre Roger Tessier del CISA como presidente. La responsabilidad de la comisión es velar por el aprovisionamiento de fondos para el establecimiento de la nueva agencia.

(Traducción particular no oficial desde el inglés)

Texto original en inglés


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Frases de Mons. Kaigama, Arzobispo de Jos, capital del Estado de Plateau, en el centro-norte de Nigeria, enviadas a Fides en recuerdo del Emir Abdullahi, que ha muerto por una enfermedad.

Hermano y amigo - Emir Haruna Abdullahi de Wase
Un homenaje por el Reverendísimo Ignacio A. Kaigama, Arzobispo Católico de Jos



"Su buen amigo el Emir de Wase está muy enfermo en el Hospital Universitario de la Universidad de Jos (JUTH)" fue un mensaje de texto que recibí de uno de mis sacerdotes que fue confirmado en breve por el Galadima de Wase, Alh Mustapha Umar en un texto que envió pidiendo que orara por el Emir, que ingresó en la unidad de cuidados intensivos de JUTH. Mientras estaba en la conferencia de los Obispos Católicos de Nigeria en Ijebu Ode, Estado de Ogun, anuncié a los obispos esa mañana en la Misa que mi amigo el Emir estaba enfermo y necesitaba oraciones. Inmediatamente después de la misa, recibí un mensaje de texto desde el Vicegobernador del estado de Plateau, Dame Pauline, Tallen informándome  que "su amigo el Emir de Wase ya no existe".  Decir al menos que yo estaba desolado y que todo el día fueron horas prolongadas de sufrimiento. Yo sabía que iba a perder el rito funerario que se había fijado ya para las 14:00 de ese día, viernes 17 de  2010, así que le pedí a mi vicario general pasar la noticia de la muerte del Emir a todos los sacerdotes como fuese posible en Jos y hacer los preparativos inmediatos para estar presentes en Wase. Más de veinte sacerdotes, junto con algunas reverendas hermanas y laicos interrumpieron sus actividades del día y se dirigieron a Wase, llegando a tiempo para el entierro. 

El Emir y yo comenzamos nuestra amistad una tarde cuando se encontraba en su camino de Kaduna y se dirigió a mi casa para darme la bienvenida a Jos, en mi traslado desde la Diócesis de Jalingo en el estado de Taraba a Jos como nuevo Arzobispo. Dijo que también Él quería apreciar mi papel en la organización de los musulmanes desplazados de nuestro complejo a raíz de la crisis etno-religiosa 2001 . Tenía la intención de una visita breve, pero terminamos pasando cerca de dos horas. Descubrimos que teníamos una pasión común por la paz  y armonía entre religiones. Pronto le devolví una visita a Sallah en Wase al final del Ramadán y fui muy bien recibido por él y su pueblo. Durante la crisis de  Yelwa 2004, inicié una misión de paz para Yelwa. Él y  Long Goemai de Shendam, Hubert Shaldas II y yo estuvimos predicando la paz en Yelwa tanto para los cristianos como para los musulmanes. Por primera vez los cristianos y los musulmanes fueron capaces de encontrarse cara a cara después de la triste crisis que llevó a la destrucción de vidas y propiedades. Fue un éxito de la misión.  Desde esa misión,  visité al Emir varias veces en su palacio de Wase y era un asiduo visitante de mi casa en Jos.  Hemos emitido varios mensajes conjuntos de paz y armonía y creo que fue en reconocimiento de esto que el Gobierno Principal de Joshua Dariye  constituyó el Consejo Interreligioso para la Paz y la Concordia y nos nombró  para encabezarlo. Posteriormente, el gobernador David Jonás Jang renovó nuestro mandato e hizo al Emir y a mí co-presidentes del cuerpo. En el deseo de fomentar una mayor comprensión, iniciamos una vez  una reunión entre veinte líderes cristianos y veinte líderes musulmanes en la oficina de JNI en la Mezquita Central para discutir las formas de pacífica convivencia y la armonía. Después de la crisis de 2008, el Emir y yo conjuntamente recibimos en mi casa al Alto Comisionado Británico en Nigeria y se fue de allí para visitar a los cristianos desplazados en Nassarawa Gwong acampados en la Iglesia Católica  de San Miguel y los musulmanes desplazados en la Mezquita Central de Jos. Los obispos católicos alemanes vinieron de visita y el Emir de Wase y su colega de Kanam, Alh. Babangida Muazu, se unieron a mí para recibir a los visitantes. Tuvimos una interacción fructífera y fueron a la casa del fallecido José Turakin, Alhaji Inuwa Ali para dar el pésame a su familia. Fuimos recibidos por muchos dignatarios musulmanes. No mucho después, el Emir y yo estuvimos  en Alemania por invitación de MISSIO a participar en la Jornada Misionera Mundial, que se dedicó al tema de la paz y la reconciliación en Nigeria. Ambos estábamos felices fomentando un proyecto para la capacitación y la formación de jóvenes cristianos y musulmanes en formación profesional y asuntos inter-religiosos. Este es un proyecto de la Arquidiócesis Católica de Jos establecido con la ayuda de Alemania, Misereor y situado en Bokkos con el objetivo específico de la formación de jóvenes musulmanes y cristianos juntamente para apreciar las ventajas de vivir en armonía mediante la aceptación de unos a otros sin el tipo de prejuicio religioso y hostilidad presenciada hoy día.

Nuestra amistad y trabajo por la paz fue elogiado y animado por muchos musulmanes y cristianos hasta el puntol que muchos pudieran decir que el Emir y el Arzobispo son inseparables cuando se trata de cuestiones de paz. Sin embargo, algunos pocos no creían que una amistad verdadera fuera posible entre un musulmán y un líder cristiano. Por nuestra parte, no teníamos necesidad de proporcionar ninguna prueba filosófica de que nuestra amistad estaba funcionando bien. Pasé dos días completos en su casa de Wase y fue un excelente anfitrión, ayudándome a cumplir con los cristianos de la zona y me hizo sentir muy cómodo. Él venía regularmente a Jos a visitarme y tuvimos largas horas de charla. A lo largo de la crisis en el estado de Plateau permanecimos en contacto constante a veces a diario, gracias al teléfono móvil. Estamos seguros de que nuestro trabajo por la paz y la armonía entre religiones fue aprobado por Dios. Recuerdo que el Emir decía con satisfacción en nuestro camino hacia Alemania que, incluso si morimos en el proceso de trabajar por la paz sea dentro o en el extranjero la gloria es para Dios.

Ninguna cosa buena llega fácil. A ambos lados de las divisiones religiosas hubo escépticos que nunca creyeron que podíamos realmente amar y ser amigos uno y otro. Existía el estribillo constante de "no se puede confiar en esta gente" o "ellos están justamente engañándote". Eso no nos asusta ni desanima. Algunos de los que prefieren la confrontación al diálogo, no deseaban que trabajáramos juntos con tal cordialidad y calor; después de todo se supone que los musulmanes y los cristianos son enemigos, al luchar entre sí a través de la jihad o cruzada. Vimos las cosas de manera diferente. Nuestras religiones trascienden los límites estrechos erigidos por las tradiciones y doctrinas religiosas. La verdadera religión promueve solidaridad vecinal, cuidado y amor antes que la confrontación hostil en el más mínimo malentendido. Intimidación, acusaciones infundadas, rumores malintencionados y especulaciones no detuvieron nuestro trabajo. Estábamos decididos y Dios estaba con nosotros. 

Mi querido amigo Alh. Dr. Haruna Abdullahi, usted era un ser humano de mente abierta, un musulmán sincero cuyo amor y preocupación por la humanidad era incuestionable. Desde que le conocí hace diez años no tuve motivos para dudar, desconfiar o sospechar. Sus declaraciones y acciones fueron dictadas por la verdad y la sinceridad. Incluso cuando el sufrimiento y rumores maliciosos llamaron su atención, los tomó con calma filosófica. Usted debe haber sufrido profundamente cuando se dijeron mentiras descaradas sobre su persona, sin embargo  soportó todo con madurez y serenidad increíble. 

Le doy las gracias por introducirme al Sultán de Sokoto, Alh. Sa'ad Abubakar III. El Sultán había llegado a una función en NIPPS Kuru, un poco después de ser nombrado  Sultán. Nos encontramos en su alojamiento durante largas horas con el Arzobispo de Abuja el Reverendísimo John Onaiyekan. Creo que esta reunión fue el comienzo de una relación amable  y fructífera entre el Sultán y el Arzobispo. 

Le agradezco por la primera cosecha de su granja que usted tuvo la amabilidad de compartir conmigo: las bolsas de arroz y maíz que enviara para mí cada año, sabiendo que no soy dueño ni trabajo una granja. Durante mis Bodas de Plata del sacerdocio me sorprendió el envío discreto de una vaca muy grande para ayudarme a recibir a mis visitantes y cuando celebré la misa de acción de gracias en mi pueblo, Kona, en el estado de Taraba, añoró estar allí en persona, pero debido a compromisos oficiales no pudo, no obstante envió una delegación a Kona no sólo con oraciones y un mensaje de buena voluntad, sino con una canasta preciosa de nueces de cola que fueron utilizadas para brindar a todos mis visitantes.

Los numerosos mensajes de texto y llamadas telefónicas que recibí por la noticia de su fallecimiento de muchas partes de Nigeria y, sobre todo de Alemania, donde se recuerda con cariño por nuestra visita de dos semanas a Frankfurt, Bonn, Osnabruck, Berlín y Munich, compartiendo el mensaje de paz y diálogo con grupos alemanes musulmanes y cristianos es una prueba más de que nuestro trabajo por la paz es apreciado por muchos. En todos estos mensajes recibí las condolencias por la muerte de un amigo y colaborador. Le vi, no sólo como un amigo, sino en gran medida como un hermano. Gracias por creer en mí y por su amistad y leal confianza. Oramos y agonizamos juntos en la mejor forma de evitar las crisis en el estado de Plateau. Nuestra lucha no será en vano. Que el Todopoderoso y Misericordioso Allah le recompense con paz celestial y que el estado de Plateau y más aún Nigeria pueda experimentar esa paz por la que se sacrificó tanto. Duerma en paz querido hermano y amigo. 

(Traducción paraticular no oficial desde el inglés)

Texto original en inglés


Publicado por verdenaranja @ 18:22  | Hablan los obispos
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Comentario al evangelio del domingo veintiocho del Tiempo Ordinario - C, publicado en Diario de Avisos el domingo 10 de Octubre de 2010 bajo el epigrafe DOMINGO CRISTIANO

Todo es gracia

Daniel Padilla

Por supuesto que el hombre está en su derecho de "luchar por sus derechos". Los derechos del hombre son sagrados. Nunca como en nuestros días se ha hablado tanto de ello. Y son muchos, empezando por la Iglesia, quienes han levantado bandera reivindicando los "derechos humanos".

Pero creo, al mismo tiempo, que convendría reconocer -y ésa es la paradoja- que esos universales derechos del hombre arrancan de una gran "gratuidad". Dios nos creó gratuitamente: porque quiso. Y los dones con los que nos adornó al crearnos, y por supuesto, al redimirnos, son eso: dones, regalos. Por eso, afirmaba San Pablo: "Todo es gracia". Efectivamente, tanto mi naturaleza humana, como la increíble arquitectura sobrenatural a la que hemos sido elevados, "todo es gracia".

Cuando se olvida este planteamiento inicial, es cuando borramos de nuestro comportamiento humano ese gesto tan bello de "dar gracias". Y ya lo saben: "es cosa de bien nacidos el sentirse agradecidos". Y, claro, si no pensamos que "Dios nos ha salvado", ¿cómo vamos a cantar esa oración de la lógica y la correspondencia que es el prefacio: "En verdad es justo y necesario… darte gracias siempre y en todo lugar"?

De eso trata el evangelio de hoy. El Señor curó a diez leprosos. Eran por tanto, "diez agraciados", de los cuales sólo uno volvió para "dar gracias". Y parece que Jesús acusó el golpe: "¿No eran diez los curados?". Quevedo escribió: "Pocas veces, quien recibe lo que no merece, agradece lo que recibe".

Y ésa es la pregunta de hoy: ¿Será ése el porcentaje? ¿Uno sólo, de cada diez, entre los hombres, es el que suele reconocer que mil veces le ha sonreído la lotería en su propia vida? San Pablo decía sin titubeos: "Todo lo que tienes, lo has recibido. ¿Por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?" Y añadía a cada paso: "Todo cuanto hagan, que sea una acción de gracias, de palabra y de obra, por medio de Jesús, al Padre". La gratitud, pues, es la memoria del corazón.

No hay peor cosa que ir por la vida pensando que "a todo tenemos derecho". Primero, porque no es verdad. "Dios te creó sin ti", decía Agustín de Hipona. La Creación, la conservación, la Redención, la santificación, otorgadas por Dios al hombre, son obras gratuitas nacidas del puro amor. Pero segundo: si creemos que tenemos derecho a todo, esperaremos que todo se nos dé "hecho", muy bien hecho, esto es "perfecto". Y, no. El mismo Agustín añade: "Dios no te salvará sin ti". Dios cuenta siempre, de manera necesaria, con nuestra colaboración. Recuerden a Pablo: "Hemos de poner lo que falta a la Pasión de Jesucristo".

Detenernos, pues, a cada paso, para "dar gracias", es el primer capítulo de la más elemental educación. Y el primero, de la lógica. Y el primero, del "vivir consciente". Ya que muy despistado hay que ser para no darnos cuenta de que todos hemos sido "limpiados de alguna lepra". Cuando Francisco de Asís pronunciaba el "Canto al Hermano Sol", lo que hacía era "dar gracias por el regalo de todas las criaturas".

Por eso, la "acción de gracias" debería ser nuestra más fecunda fuente de inspiración. Cualquiera debería ser capaz de tejer una bella guirnalda de gratitudes a Dios: "Te agradezco, Señor, que, al fin, haya llovido. Y que mis alumnos me quieran. Y que hoy no me duela la cabeza. Y que haya dormido tan bien esta noche…". Todavía más. Deberíamos plantearnos a cada paso aquella hermosa oración que solíamos rezar los sacerdotes después de comulgar: "¿Qué devolveré al Señor por todo lo que El me ha dado?" Yo mismo cada mañana, al despertar, oro así: "¡Ya sé, Señor, que soy un acto de piedad y de misericordia!".


Publicado por verdenaranja @ 9:38  | Espiritualidad
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sábado, 09 de octubre de 2010

ZENIT  nos ofrece el discurso de despedida que el Papa Benedicto XVI dirigió el lunes 27 de Septiembre de 2010 a las autoridades civiles y religiosas de Castel Gandolfo, así como a los miembros de los servicios que atienden el Palacio Apostólico.

Queridos hermanos y hermanas,

antes de dejar Castel Gandolfo, al término del periodo estival, estoy contento de encontraros a todos vosotros, que representáis a la comunidad eclesial y la civil de esta amena ciudad, a mi tan querida, donde la Providencia me concede cada año transcurrir una estancia serena y provechosa.

Ante todo, mi saludo fraternal y mi cordial gratitud van al obispo de Albano, monseñor Marcello Semeraro, extendiéndose a toda la diócesis, a la que sigo con especial afecto en la oración en su vida de fe y de testimonio cristiano. Saludo también al párroco de Castel Gandolfo y a la comunidad parroquial, junto con los diversos Institutos religiosos masculinos y femeninos que viven y trabajan aquí para servir en alegría al Evangelio y a los hermanos.

Dirijo un deferente saludo al Señor Alcalde y a los componentes de la Administración Comunal, expresando una vez más mi sincero reconocimiento por la contribución indispensable que ofrecen, en el ámbito de sus competencias, para que Castel Gandolfo pueda acoger adecuadamente a los numerosos peregrinos que vienen aquí desde todas partes del mundo. A través vuestro, deseo hacer llegar a vuestros conciudadanos mi vivo aprecio por la bien conocida cortesía y la atención solícita con la que me rodean y siguen mis actividades al servicio de la Iglesia universal.

Quisiera agradecer cordialmente también a los dirigentes y a todos los miembros de los Servicios de la Gobernación, comenzando por el Cuerpo de la Gendarmería, la Florería, las Direcciones de los Servicios Sanitarios y de los Servicios Técnicos, como también la Guardia Suiza Pontificia. Queridos amigos, a todos vosotros os dirijo un “gracias” especial por la solicitud y la profesionalidad con la que habéis trabajado para salir al encuentro de mis necesidades, a las de mis colaboradores y a las de cuantos, durante los meses de verano, han venido a Castello para visitarme. Para cada uno de vosotros y para vuestras familias os aseguro un constante recuerdo en la oración.

Un pensamiento de sentido agradecimiento va también a los funcionarios y a los agentes de las diversas Fuerzas del Orden italianas, por su trabajo puntual y eficiente, como también a los oficiales y aviadores de la 31° Escuadra de la Aeronáutica Militar. Doy gracias a Dios y os estoy agradecido a todos vosotros, porque todo se ha llevado a cabo siempre en orden y tranquilidad.

Al despedirme de vosotros, quiero confiar a vuestra consideración la figura de san Vicente de Paúl, cuya memoria hoy celebramos. Este apóstol de la caridad, tan querido al pueblo cristiano y conocido especialmente a través de las Hermanas fundadas por él, fue proclamado por el papa León XIII “patrón universal de todas las obras de caridad diseminadas por el mundo”. Con su incesante acción apostólica, hizo de modo que el Evangelio se convirtiera cada vez más en faro luminoso de esperanza y de amor para el hombre de su tiempo, y en particular para los más pobres en el cuerpo y en el espíritu. Que su ejemplo virtuoso y su intercesión susciten en vuestras comunidades y en cada uno de vosotros un renovado compromiso de solidaridad, para que los esfuerzos de cada uno cooperen en la edificación del bien común.

Acompaño este cordial augurio con la seguridad de mi recuerdo al Señor, para que os asista a todos vosotros y vuestras familias con su gracia y os colme de abundantes consolaciones, Os doy nuevamente las gracias, queridos amigos, y os bendigo de corazón.

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 23:19  | Habla el Papa
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Homilía de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, en la celebración del 85º aniversario del Consudec y entrega de la distinción “Divino Maestro” (Buenos Aires, 24 de septiembre de 2010). (AICA)

EDUCAR EN LIBERTAD, PARA LA LIBERTAD CRISTIANA

La memoria litúrgica de Nuestra Señora de la Merced, que hoy celebramos, y la advocación mariana que le dio origen, expresan la participación de María en el misterio de la redención como estrechísima colaboradora de Cristo. Merced equivale a gracia; el término designaba la dádiva que un señor otorgaba a sus súbditos y más precisamente la misericordia y el perdón. La fiesta fue extendida a toda la Iglesia a fines del siglo XVIII y había sido instituida a instancia de la Orden Mercedaria, que durante siglos se dedicó al rescate de los cristianos cautivos en los reinos hispano-musulmanes, a fin de que no perdieran la fe. Esa circunstancia histórica refleja la realidad universal del género humano, rescatado de la esclavitud del pecado y de la muerte eterna por el sacrificio pascual del Redentor. Según el designio providente de Dios, María cooperó de modo enteramente singular a la obra de su Hijo con obediencia, fe, esperanza y ardiente caridad con el fin de restaurar la vida sobrenatural de las almas. Como lo recuerda el Concilio Vaticano II, ella es nuestra madre en el orden de la gracia (LG. 61). Madre de la gracia, de la misericordia, del perdón, del rescate con el cual hemos sido agraciados al precio de la sangre de Cristo; Redentora de cautivos la ha llamado la tradición mercedaria. La liturgia de la fiesta la presenta como administradora de la redención, dispensadora de sus tesoros: Ella cuida siempre con amor materno a los hermanos de su Hijo que se hallan en necesidad, para que rotas las cadenas de toda cautividad, alcancen la plena libertad del cuerpo y del espíritu. Así se proclama hoy en el prefacio de la plegaria eucarística.

Los Padres de la Iglesia, los doctores católicos y la tradición litúrgica, han registrado en el Antiguo Testamento una tipología mariana en correspondencia con la tipología cristológica y así descubrieron los rasgos de María en algunas figuras de la historia de Israel. Eva, la madre de los vivientes; la profetisa Débora; Yael, la esposa del quenita Jéber; la reina Ester y Judit, la mujer valiente que obtuvo la libertad para su pueblo oprimido. En la primera lectura escuchamos el elogio dispensado a Judit, que ha resonado desde hace siglos como alabanza de María en la liturgia católica, y un fragmento del canto de aquella heroína israelita en el cual podemos entrever un esbozo del Magnificat, el cántico de la Servidora del Señor, que también celebra el triunfo de los débiles sobre los poderosos de este mundo. En el Evangelio hemos contemplado a María asociándose maternalmente al sacrificio del Unigénito, consistiendo con su amor y su dolor a la inmolación de la víctima que ella misma había engendrado (cf. LG. 58). Fue allí, al pie de la cruz, donde hemos sido entregados a ella como hijos y donde ella nos fue dada como madre.

Esta advocación mariana de la Merced es entrañable para nosotros, los argentinos. El 24 de septiembre de 1812 las armas patriotas alcanzaron la victoria en Tucumán, jalón importante de la guerra de la independencia. El parte de la batalla enviado al gobierno por el general Belgrano comenzaba así: La patria puede gloriarse de la completa victoria que han obtenido sus armas el día 24 del corriente, día de Nuestra Señora de las Mercedes, bajo cuya protección nos pusimos. A ella le entregó el jefe triunfador su bastón de mando y en adelante la llamó siempre nuestra Generala.

Manuel Belgrano era un educador nato; el Padre Furlong dice que fue como el pedagogo de la Revolución. En 1813 compuso un reglamento de 22 artículos para las escuelas de Tarija, Jujuy, Tucumán y Santiago del Estero, aprobado de inmediato por el gobierno. Su contenido era inequívocamente religioso. Se enseñará en estas escuelas –prescribía– a leer, escribir y contar; la gramática castellana, los fundamentos de nuestra Sagrada Religión y Doctrina Cristiana por el Catecismo Astete, Fleury, y el compendio de Pouget… Pero además: misa diaria, a la que los niños debían concurrir conducidos por sus maestros, letanías a la Virgen a la tarde al concluir las lecciones, teniendo por Patrona a Nuestra Señora de las Mercedes, y el sábado rezo de un tercio del Rosario. En el artículo 18 se indicaba: el maestro procurará con su conducta y en todas sus expresiones y modos inspirar a sus alumnos amor al orden, respeto a la Religión, moderación y dulzura en el trato, sentimientos de honor, amor a la virtud y a las ciencias, horror al vicio. En este molde quisieron fraguar la patria nuestros mejores hombres.

La doble referencia religiosa y patriótica que hemos señalado, nos ofrece un marco de excepción para conmemorar el 85º aniversario de la creación del Consejo Superior de Educación Católica y para manifestar nuestro reconocimiento a un buen número de educadores que han consagrado su vida a la formación integral de las nuevas generaciones de argentinos. Dicha referencia nos permite recordar que la nuestra es una tarea eminentemente eclesial y al mismo tiempo un servicio social de primer orden, dimensión básica de la consolidación y transmisión de la cultura nacional.

La educación, en su acepción humanista y cristiana, no se limita a la transmisión de los saberes ni promueve solamente la asimilación crítica de la cultura, sino que se propone como meta el desarrollo de la personalidad del educando en todas sus dimensiones y el reconocimiento de la propia vocación: se trata de aprender a ser. El documento Educación y proyecto de vida, de cuya publicación se han cumplido recientemente veinticinco años lo explica en un brevísimo párrafo: el logro consistente y definitivo de la educación no puede ser sino el sentido mismo de la vida, el para qué último de la existencia, que es el encuentro plenificante con Dios, del cual venimos y al cual estamos destinados como Suprema Verdad, Suprema Belleza y Supremo Bien (28). El proceso educativo en la escuela católica se verifica a la luz de la fe, implica el conocimiento de las verdades de la revelación divina transmitidas por la Iglesia y el intento de una síntesis sapiencial que integre las diversas disciplinas humanas en una visión del mundo y de la historia que tenga a Cristo por centro y cima. La pastoral educativa ofrece además el aporte vital del acompañamiento catequístico, el itinerario sacramental y la orientación espiritual que faciliten el encuentro con el misterio del Dios Uno y Trino y la intimidad personal de la oración. Así se hace posible el reconocimiento auténtico de la realidad y el ejercicio de una verdadera libertad.

El sistema educativo eclesial traicionaría su esencia si perdiera el sentido del fin, aun cuando cumpliera puntillosamente con los requisitos curriculares, con los aspectos formales de la vida escolar y las exigencias administrativas. ¿Quién ha de poseer, como luz de la inteligencia y calidez del corazón, el sentido del fin? El maestro cristiano. Lo llamamos así, como corresponde, en referencia insoslayable al Divino Maestro, aunque se haya impuesto corrientemente la genérica apelación de docente –término que designa sin más a alguien que enseña– y aun cuando se lo sindicalice como trabajador de la educación. Necesitamos maestras y maestros cristianos; los necesita la Iglesia, el país, el mundo. En muchos países se habla de crisis de la educación, más todavía, se reconoce una crisis de la enseñanza elemental; los mejores pedagogos señalan que lo que está en crisis es el maestro, o la maestra, como “figura de referencia” para los niños de hoy. El verdadero maestro, en cualquiera de los niveles de la enseñanza, es aquel capaz de transmitir desde el ángulo de su propia disciplina una cosmovisión que llame al asombro, a la acogida, a la adhesión, a través del encuentro que ha de ser cada clase o lección; un encuentro en el cual tiene lugar un intercambio de experiencias y un diálogo entre generaciones.

Para ilustrar este punto valga una analogía con otro ámbito de la cultura. Hace poco leí en un periódico italiano un reportaje al cineasta Ermanno Olmi, un gran artista autor de esa obra maestra que se llamó “El árbol de los zuecos”. Le preguntaban quiénes han sido sus maestros. Si bien reconocía que ha tenido muchos, se descolgó con esta sorprendente confesión: la maestra que me ha introducido en el descubrimiento del mundo ha sido mi abuela materna. Fue ella la que me acompañó paso a paso hacia el interior del mundo campesino, a través de su vida ejemplar no sólo de madre sino también de viuda, ya que había perdido a su marido en la Gran Guerra. Todo lo que sabía lo había aprendido de la vida, en la cual logró afrontar cada sufrimiento manteniendo siempre una orientación a la alegría. En casa cantaba de continuo, y cuando no cantaba recitaba rosarios, como, por otra parte, se hacía más bien normalmente en las casas de los campesinos. Se trata de una analogía, pero bien elocuente, por cierto. El maestro es quien introduce en el descubrimiento del mundo; el maestro cristiano introduce en el conocimiento del mundo que se descubre a la luz de la fe. Desde la figura referencial de un auténtico maestro se comprende qué significa educación integral.

La advocación de Nuestra Señora de la Merced nos habla del bien eximio de la libertad cristiana, para la cual, para vivir en ella, Cristo nos rescató. La educación cristiana es educación para la libertad por la cual el hombre adhiere a la verdad y se ata gustosamente en el compromiso del amor. Ser libres del error, de los innumerables errores del mundo, ya vengan revestidos de presunto prestigio científico y académico, ya los arroje sobre las nuevas generaciones el torrente de vulgaridad de una subcultura degradada y con alto rating televisivo; ser libres del pecado, de los vicios que hoy día se proponen como opciones legítimas y son recubiertas por una tolerancia general aliada del relativismo ético; libres de las múltiples cautividades revestidas con las galas de la libertad y que son su simulacro: es éste el bien excelente que ha de ofrecer como meta posible y dignísima la escuela católica a los niños, adolescentes y jóvenes de hoy, mientras pone a su disposición progresivamente los saberes elementales, los caminos de iniciación en las ciencias y en las artes, los tesoros de la cultura humana y de la tradición cristiana.

En la situación actual de la Argentina debemos reivindicar serena y claramente la libertad de la Iglesia para transmitir en el único sistema público de educación –en el cual se ubica la escuela católica– la integridad de la doctrina de la fe y la cosmovisión cristiana: la recta idea del hombre, su dignidad personal, sus derechos y deberes; la sacralidad de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural; la noción del matrimonio como unión estable de varón y mujer; la constitución de la familia y el derecho inalienable de los padres a elegir para sus hijos una educación que corresponda a sus convicciones morales y religiosas. Los padres de familia y los educadores católicos tienen derecho a resistir las imposiciones ideológicas del Estado si éste, contrariando el principio de subsidiariedad, se propone como primer educador y pretende homogeneizar el pensamiento y provocar un cambio de paradigmas a contrapelo de la tradición nacional. No basta una libertad de mercado educativo; hace falta una verdadera libertad de educación. Nosotros debemos ejercerla a la vez con espontaneidad y argumentativamente, con plena convicción; sin temores, sólo movidos por el santo temor de Dios.

Desde aquel momento, el discípulo la recibió como suya (Jn. 19, 27). O en su casa, según dice otra traducción. Nosotros la recibimos como propia, como madre nuestra, madre de los educadores, ya que fue ella, la humilde servidora del Señor, el asiento de la Sabiduría y la educadora de Jesús, que aprendió de su Madre, como todo niño, el primer bagaje de su ciencia adquirida. La recibimos con amor en la casa que es simbólicamente la escuela católica y nos encomendamos con plena confianza a su merced.

Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata 


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Homilía de monseñor Juan Carlos Romanín, obispo de Río Gallegos, en la festividad de Nuestra Señora de la Merced (Ushuaia, 24 de septiembre de 2010). (AICA)

NUESTRA SEÑORA DE LA MERCED

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy queremos celebrar, en esta Eucaristía, el misterio de la Santísima Virgen María, Nuestra Señora de la Merced, discípula y misionera de Jesús. Ustedes han llegado a este día tan esperado de las fiestas patronales. Cada uno ha vivido un mes distinto, a su manera.

En la oración de entrada rezábamos: “Señor, Padre bueno, concede a los que sufren cualquier modo de esclavitud, la verdadera libertad de los hijos de Dios.” Y se lo pedíamos por intercesión de la Virgen María, “consuelo de los afligidos y liberadora de los cautivos”, porque Ella hizo experiencia de nuestras “angustias y  sufrimientos”, y conoce lo que sufrimos por causa de nuestras esclavitudes.

Conocemos la historia de esta advocación.

Hace más de 700 años los mahometanos habían conquistado más de la mitad de España. Los hijos del Islam encarcelaban a miles y miles de cristianos. A muchísimos los vendían como esclavos, otros morían.

El pueblo invocó fervorosamente la ayuda de la Madre de Dios, y en la noche del 1 de agosto de 1218 Ella se presentó a Pedro Nolasco dándole la misión de fundar una nueva orden religiosa para el rescate de los cautivos cristianos. Y así, fueron muchísimos los prisioneros que alcanzaron la libertad: unos 300.000!

En ese momento, unos 3.000 religiosos murieron mártires en el cumplimiento de esta misión.

Oficialmente, la Orden de la Merced se creó el 10 de agosto de 1218, en la catedral de Barcelona, en honor a Nuestra Señora que llamaron “Santa María de las Mercedes” diciéndole para “la redención de cautivos”.

Los religiosos, además de los votos comunes de obediencia, pobreza y castidad, asumían un cuarto voto, por el cual se obligaban a quedarse como rehenes en poder de los musulmanes y dar la vida si fuese necesario para lograr la libertad de los prisioneros. Esta fue “la merced” hecha por la Virgen a los hombres, y por eso, se estableció esta festividad de María con el título de “las Mercedes”.

Las lecturas que la Iglesia nos regala para celebrar esta fiesta nos ayudan a conocer mejor el amor de Dios nuestro Padre para con nosotros, a través de la Virgen María.

1. En la primera Lectura, del libro de Judit, se aplican a María las alabanzas que se dedicaron a la heroína que salvó a su pueblo de la opresión de los enemigos. También la Iglesia, también nosotros, reconocemos que por medio de María ha llegado la redención para toda la humanidad. (Jud. 15, 8-10)

María se nos presenta como símbolo de liberación y compañera de esperanza. Padecemos muchas y distintas esclavitudes, físicas y espirituales, morales y sociales, económicas y políticas… Tener a la Virgen como paradigma de la mujer que nos enseña a ser libres, es un regalo maravilloso de Dios. Todos estamos llamados a vivir con un corazón libre, sin nada ni nadie que nos esclavice ni nos retenga ni nos reprima.

2. En el salmo bendecíamos a Dios porque “nos salvó del peligro”. Nuevamente el Pueblo de Dios nos enseña a rezar la vida. Lo que nos sucede, momento a momento, es motivo de oración, de bendición, de alabanza, de petición. En esto, la Virgen es la verdadera maestra de oración. Ella nos enseña a mirar nuestra historia con los ojos de Dios. Por eso su canto de alabanza: “Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se alegra en Dios, mi Salvador.” Ella se sintió salvada y por eso lo rezaba de esta manera.

María es la mujer de la palabra profética. Es la amiga de Dios, la toda revestida de la Palabra de Dios. Por eso, su oración es un entretejido de frases de la Sagrada Escritura, que “ella conservaba en su corazón”. No podía rezar de otra manera. Rezaba con la Palabra. De esto, tenemos mucho que aprender.

3. En el Evangelio escrito por San Juan hemos escuchado las palabras de Jesús en la cruz instituyendo a su Madre como Madre de los discípulos, como Madre nuestra. “Mujer, ahí tienes a tu hijo... Hijo, ahí tienes a tu Madre.” (Jn. 19, 25-27)

María al pie de la cruz se asoció a los padecimientos de su Hijo por la redención de todos. Hizo suyos sus dolores, y, por tanto, hizo suyos también nuestros dolores. Es la madre que sufre por su Hijo y por todos sus hijos.

María es la mujer del profundo silencio interior. No es la mujer que calla. No es la mujer que se queda pasiva, sumisa, ausente. Es la mujer que se queda de pie ante el dolor, ante la muerte. María sabe que la muerte no tiene la última palabra. Es la mujer que cree en la resurrección de su Hijo. Por eso, en el silencio de su corazón desgarrado por el dolor más profundo, sabe esperar. Es la mujer de la esperanza. Pero para esto, primero, hay que aprender a hacer silencio.

4. Esta fiesta de la Virgen de la Merced nos regala muchas miradas para poder lograr una vida interior más rica y robusta. Hoy la Virgen nos invita

  • · a liberarnos de nuestras esclavitudes,
  • · a rezar nuestras vidas con la Palabra,
  • · a buscar momentos de profundo silencio interior.

Estamos en el Bicentenario de nuestra Independencia. Hacemos también memoria agradecida de esta advocación de la Virgen de la Merced en la historia de nuestra Patria.

En la Argentina se la conoce también como la “Virgen Generala”. Antes de la batalla de Tucumán, el Gral. Manuel Belgrano había dicho a sus soldados: “Pedimos la protección de la Virgen de la Merced”. Y, después, al dar el comunicado de la victoria, atribuyó a Nuestra Señora gran parte del triunfo. Piadoso y agradecido, habló a sus soldados: “En este mismo campo de batalla, donde hemos triunfado, consagramos todo el Ejército a la Santísima Virgen”.

Los primeros mercedarios ingresaron a nuestro país desde dos direcciones: por el Río de la Plata, con el Adelantado Pedro de Mendoza; y después, con la corriente colonizadora del norte.

Les deseo días en los que puedan vivir intensamente felices, que sientan la sonrisa y el abrazo de la Virgen. ¡Felices fiestas patronales!

Dios los bendiga siempre, a ustedes, a sus familias, a sus amigos  y a sus intenciones.

Así sea. 

Mons. Juan Carlos Romanín, obispo de Río Gallegos 


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Homilía de monseñor Agustín Radrizzani, arzobispo de Mercedes-Luján en la Fiesta de Nuestra Señora de las Mercedes (24 de septiembre de 2010). (AICA)

FIESTA DE NUESTRA SEÑORA DE LAS MERCEDES

Queridos hermanos:

Nos hemos reunido con alegría en este día en que festejamos a nuestra querida patrona, Nuestra Señora de las Mercedes, y lo hacemos en el marco de este año jubilar en que como Iglesia arquidiocesana cumplimos 75 años.

Estamos convencidos que la unidad, nota característica de la Iglesia, se realiza en la Arquidiócesis. Es Iglesia en cuanto posee todos los elementos esenciales que definen al Cuerpo de Cristo: Una, santa, católica y apostólica.

Juan Pablo II decía: “Los fieles tienen que descubrir a la Iglesia diocesana alrededor del obispo, sucesor de los apóstoles” ( L’Osservatore Romano 17 de diciembre 1979). Así, celebraciones como esta nos ayudan a tomar conciencia de que somos Iglesia.

La Iglesia es el Pueblo de Dios presente y vivo en un lugar determinado con sus parroquias, capillas, colegios, sacerdotes, diáconos, consagradas y consagrados, fieles laicos, institutos y movimientos.

Pido al Señor que esta celebración de los 75 años nos haga crecer en el espíritu de “diocesaneidad”. Con la ayuda de Dios, creceremos en el conocimiento y el amor a nuestra querida Arquidiócesis de Mercedes – Luján y así sentiremos y compartiremos sus problemas y sus esperanzas. 

María nos convoca

María fue instrumento elegido por Dios para dar a Jesús al mundo. Ella amó, cuidó, acompañó a Jesús niño, adolescente y adulto hasta la muerte. Acompañó a los primeros amigos de Jesús: Ellos permanecían con María, la madre de Jesús (Cf. Hch. 1,14).

Y ella nos acompaña hoy a nosotros, a nuestras familias, religiosas, religiosos, sacerdotes y seminaristas.

Ella siempre presente, nos fortalece y consuela en el camino.

¿Y qué más quiere la madre que ver a sus hijos unidos? Unidos alrededor de su Hijo Jesús. Recordemos el dolor de san Pablo cuando les hecha en cara a los cristianos de Corinto porque uno era de Cefas y otro de Apolo. El Apóstol no comprende que haya bandos. No somos seguidores de nadie más que de Nuestro Señor Jesucristo. Y Él para que podamos crecer en la comunión se hizo Eucaristía.

La Eucaristía es el sacramento de la unidad. La Eucaristía nos une a cada uno con Cristo y nos une a todos lo que nos alimentamos del único Pan. La gracia específica de la Eucaristía es la unidad de la Iglesia, es decir, la unidad diocesana.

El amor de María y el amor a la Eucaristía forman en nosotros esta conciencia de unidad, de fraternidad, de solidaridad, de caridad y de amistad. ¡Cuánto nos falta!

Es este, queridos hermanos, el mejor fruto de la celebración: Crecer en unidad con Cristo y entre nosotros (Cf. 1 Co 10,17)

Pidámosle a Jesús, por intercesión de María, la gracia de la unidad. Este fue el sueño de Jesús que en la última cena, le pide al Padre que cuide a sus discípulos para un fin concreto y puntual: para que sean uno (Cf. Jn 17,11) de tal manera que este unidad, reflejo de las que existe en la Trinidad, se dé también en nosotros para que a través de ella el mundo crea en Cristo el hijo de Dios vivo. La unidad y el amor mutuo son fuente de fecundidad apostólica (Cf. 17,21).

La Eucaristía, por tanto, es el sacramento de la caridad, de la fraternidad y de la unidad. Premisa para poder anunciar en modo creíble a Jesús y puente para que el mundo crea (Jn 13, 34-35).

Juan Pablo II nos dejó como si fuera su testamento para toda la Iglesia: La caridad es el corazón de la comunidad de creyentes (Novo Millenio Ineunte 42 – 43).

Sí, en la Eucaristía está la raíz de la fraternidad y de la unidad de la diócesis. Creer en Dios, creer que El nos hizo hijos y hermanos, por eso buscamos lo que nos une y dejamos de lado las diferencias. Ya no hay ni de Cefas, ni de Apolo… ya no hay ni de esta ni de aquella línea. Somos todos hijos de Dios y seguidores de Jesús. Cuando nos identificamos con Jesús hacemos nuestro su deseo de salvación para con todos los hermanos. El gran amor de Jesucristo y su anhelo misionero enciende fuego en nuestro corazón, por eso, cuán justa es la apreciación de Aparecida al afirmar: “La diócesis necesita robustecer su conciencia misionera” (Ap. 168). Necesitamos comunidades, parroquias capillas, colegios, en permanente estado de misión. Pero un ideal misionero que sea fruto de la fe en Jesús y en su proyecto de salvación. Este empeño no será consecuencia del entusiasmo o del coraje, o de la buena voluntad. Si no alimentamos la vida de caridad, será un fuego pasajero que no llenará nuestro corazón, no colmará nuestra hambre de Dios.

Por eso, en este día de nuestra patrona y a partir de Jesús Eucaristía pidamos a la Santísima Virgen que nos ayude a enamorarnos de Jesús, que sea El el centro de nuestras vidas.

María, madre nuestra, Nuestra Señora de las Mercedes, concédenos de Jesús la gracia de ser una verdadera comunidad que busquemos más lo que nos une y dejamos de lado lo que nos divide. Danos, Madre buena, la gracia de no juzgar nunca a nadie, de convencernos de ser simples servidores del Reino, que jamás nos sintamos superiores a nadie y, vivamos convencidos que nuestros hermanos también caminan hacia Dios y tratan de superar sus defectos para ser auténticos testigos del infinito amor de Dios.

Ayuda a nuestras familias para que sean reflejo del hogar de Nazaret. Ayuda a nuestros jóvenes para que cultiven siempre en sus corazones el deseo de hacer un mundo cada día más justo y más fraterno. Ayuda a nuestros gobernantes para que superada toda visión egoísta o mezquina, tengan siempre en el horizonte el bien común de sus hermanos.

Ayúdanos a nosotros, sacerdotes, para ser siempre testigos incondicionales del inagotable amor de tu Hijo Jesús. Que nuestras parroquias sean en verdad casas y escuelas de comunión, comunidades orantes, fraternas y apostólicas. Que nuestros colegios eduquen en la fe y el compromiso cristiano. Nuestras instituciones ayuden a sus miembros a buscar sólo el Reino de Dios y que nuestras religiosas y religiosos, fieles a sus carismas, sirvan a toda la Iglesia. Danos a todos, finalmente, la gracia de caminar sin juicios, sin divisiones, bien unidos para que Dios sea conocido y amado cada día más por nuestros hermanos. Así acercaremos nuestro mundo al sueño de Jesús: Un solo rebaño con un solo Pastor ( Jn 10,16). Que así sea.  

Mons. Agustín Radrizzani, arzobispo de Mercedes-Luján  


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viernes, 08 de octubre de 2010

Homilía de Luis Héctor  Villalba, arzobispo de Tucumán, en la Fiesta Nuestra Señora de la Merced (24 de septiembre de 2010). (AICA)

FIESTA DE LA MERCED

 Queridos hermanos y hermanas:

1. Hoy llegamos en peregrinación desde todas las parroquias, capillas y comunidades de la Arquidiócesis para visitar a Nuestra Madre, Nuestra Señora de la Merced, en el día de su fiesta.

Desde la cruz, Cristo nos dio a la Virgen. Hoy le decimos: “Gracias Jesús, por darnos a tu Madre”.

La Virgen de la Merced es nuestra defensora y nuestra protectora. Es la que nos cuida, la que nos protege, la que nos ampara, nos ayuda. No solamente en las circunstancias extraordinarias, sino en todos los momentos de nuestra vida.

Hoy, en su día, queremos pedirle por nuestra Iglesia arquidiocesana, por sus sacerdotes y diáconos, por sus consagrados y consagradas, por sus fieles laicos; por los niños, por los jóvenes, por las familias, por los ancianos, por los enfermos.  Le pedimos por nuestros seminaristas y por las vocaciones sacerdotales y religiosas.

Le pedimos, especialmente, que acompañe la nueva etapa de nuestro Plan Arquidiocesano de Pastoral para llevar adelante la Nueva Evangelización.

2. La Virgen de la Merced es la primera advocación mariana que llegó a América, en el primer viaje de Cristóbal Colón, traída de la mano de los frailes mercedarios.

En el siglo XIII turcos y sarracenos se llevaban cautivos a muchos cristianos, por los que exigían un rescate.

Por inspiración de la Virgen María, San Pedro Nolasco, con algunos compañeros, funda en 1218 la Orden de los Mercedarios para redimir a los cristianos cautivos que se encontraban en manos de los moros.

Así, desde hace casi 800 años, la Virgen de la Merced libera, consuela y protege a todos los cautivos, en el más amplio sentido de la palabra.

En la actualidad el patrocino de la Virgen de la Merced se ha ampliado a otros ámbitos de esclavitud. Hoy más que nunca necesitamos la poderosa ayuda de la Virgen de la Merced para que interceda ante Jesús, nuestro Redentor, y nos conceda el don de la verdadera libertad.

La Virgen de la Merced tiene, también hoy, la tarea de liberar de los nuevos cautiverios a cuantos se encuentran sometidos en nuestra sociedad: de las adicciones que esclavizan.

3. Hoy quiero expresar mi preocupación y dolor por la proliferación de las casas de juego. En el documento del Episcopado titulado “Hacia un Bicentenario en justicia y solidaridad 2010-2016”  los obispos hemos señalado con preocupación que “se ha multiplicado el todo el país la oferta del juego de azar”.  Hasta hace un par de décadas los lugares de juego eran los “casinos”, promovidos para turistas y gente adinerada. Hoy se han multiplicado los lugares de juego en cercanía de barrios humildes: por ejemplo, el negocio de las máquinas tragamonedas.

El jugador apasionado arriesga y muchas veces pierde incluso aquello que pertenece a su familia. Quiero advertir sobre la gravedad de la instalación de estas casas de juego, por lo que en sí mismas significan, por las consecuencias inmediatas que acarrean y por la desconsideración que entrañan ante la difícil situación socio-económica por las que están atravesando muchísimas familias.

El Catecismo de la Iglesia Católica (nº 2413), al explicarnos el séptimo mandamiento, nos enseña que los juegos de azar resultan moralmente inaceptables cuando privan a las personas de lo que es necesario para atender a  sus necesidades o las de los demás. El Catecismo también dice que la pasión del juego corre peligro de convertirse en una grave servidumbre.

Me veo obligado a insistir en esta común y constante enseñanza de la Iglesia. Debemos esforzarnos en promover la educación, una cultura del trabajo, el deporte y la recreación honesta y no lo que atenta contra el hombre en lo personal, familiar y social.

4. El otro flagelo es la adicción a las drogas. La droga arraiga en los jóvenes y avanza sobre la fragilidad de los niños.

En noviembre de 2007 los obispos argentinos manifestamos nuestra preocupación por el creciente consumo de droga en el Documento que llamamos “La droga sinónimo de muerte”.

En mis recorridos por la arquidiócesis recojo el eco doloroso de muchas familias, cuyos hijos quedaron atrapados por los efectos de la droga y sus secuelas de muerte y destrucción. Asimismo muchos docentes me manifiestan su preocupación y su impotencia para resolver este flagelo que está llegando hasta los niños.

Hace pocos días estuvieron a verme madres destrozadas que tienen hijos esclavos de la droga.

Éste es un problema de toda la sociedad, pero las autoridades son las primeras responsables en responder a este desafío. Para ello debe concientizar a la sociedad y luchar contra el tráfico de drogas. Son deberes ineludibles.

El desafío es grande. Tenemos que reconocer que la droga está instalada entre nosotros. No podemos permanecer indiferentes. Entre todos debemos generar una red social que propicie la cultura de la vida: que comprenda a padres, docentes, funcionarios, medios de comunicación, instituciones religiosas y a todos los ámbitos sociales. La situación es grave y requiere una acción mancomunada de toda la sociedad, que pueda transformarse en política de estado.

5. El próximo 2 de octubre realizaremos la Asamblea Arquidiocesana de Pastoral en donde, si Dios quiere, pondremos en marcha la nueva etapa del Plan Arquidiocesano de Pastoral, que abarcará el sexenio 2010-2016.

El Papa Juan Pablo II, al comenzar el nuevo milenio, exhorta a los Obispos a proseguir la obra evangelizadora formulando orientaciones pastorales adecuadas a las condiciones de cada comunidad. El Papa dice que los Obispos de cada diócesis, “ayudados por la participación de los diversos sectores del pueblo de Dios,” deben señalar aquellas “etapas del camino futuro” que permitan que el anuncio de Cristo llegue a las personas, modele las comunidades e incida profundamente, mediante el testimonio de los valores evangélicos, en la sociedad y en la cultura” (Novo Millennio Ineunte, 29).

Quiero invitar a quienes todavía no asumieron el Plan Arquidiocesano de Pastoral a que se sumen, en esta nueva etapa, a este gran proyecto misionero, a fin de que nuestra Iglesia particular cumpla la misión del Señor Jesús. Que por ningún motivo queden parroquias, comunidades, movimientos, instituciones, en donde no se tenga en cuenta el Plan Pastoral Arquidiocesano.

El Papa Juan Pablo II no duda en decir cuál debe ser la orientación fundamental de toda programación pastoral: la perspectiva en la que debe situarse el camino pastoral es la santidad. Y agrega el Santo Padre: “La santidad es más que nunca una urgencia pastoral” (NMI 30).

Es el momento de proponer a todos los fieles el ideal de la santidad como la vocación fundamental de todo cristiano. La vida entera de la comunidad eclesial (parroquias, capillas, colegios, instituciones, movimientos) y de las familias cristianas debe ir en esa dirección.

La programación pastoral vale porque es un instrumento al servicio de la finalidad principal de la Iglesia: que los hombres y la humanidad toda sean santos, como dice la carta del Apóstol Pedro: “Así como aquel que los llamó es santo, también ustedes  sean santos en toda su conducta, de acuerdo con lo que está escrito: Sean santos, porque yo soy santo” (1 Ped. 1,15‑16).

Pidamos a la Virgen de la Merced que nos acompañe y ayude en nuestro camino pastoral.

Nuestra Señora de la Merced, patrona de nuestra Arquidiócesis, asístenos  con tu maternal protección.

Amén. 

Mons. Luis Héctor Villalba, arzobispo de Tucumán 


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Homilía monseñor Héctor S. Cardelli, obispo de San Nicolás, en el XXVII aniversario del acontecimiento Mariano (Campito de la Virgen, 25 de septiembre de 2010). (AICA)

XXVII ANIVERSARIO DEL ACONTECIMIENTO MARIANO DE SAN NICOLÁS

Queridos peregrinos venidos hoy a este lugar elegido por María para encontrar aquí a la Madre tierna que nos espera y se nos brinda llena de amor.

En este momento de nuestra historia nacional, a 200 años de nuestra independencia y cuyos días anteriores a ser nación, fueron jalonados por la fe cristiana y la devoción mariana, reconocemos en María, como Madre de la Iglesia, a la pedagoga del amor, como la más vigorosa influencia en la construcción de nuestra sociedad.

Esta sociedad tiene su núcleo básico, que es el matrimonio y la familia. Esta célula hoy está sometida a leyes que no contribuyen a la estructura sana y positiva que necesitamos los miembros que la componemos. No obstante la familia, a modo de una pequeña iglesia, es la inspiradora de una nueva pedagogía del amor que se expresa en el testimonio más que en el mandato y surge de la esperanza más que del temor. Una pedagogía transformadora de la realidad familiar, que la purifica y eleva hacia un crecimiento tan anhelado como necesario.

Al pedirle a la Virgen que bendiga nuestra patria, estamos poniendo bajo su amparo a nuestros matrimonios y familias. Hoy las nuevas generaciones de familias están sedientas de amor, pero confundidas y  a veces  temerosas, a la hora de vivirlo con la fidelidad que necesitan.

Al pedirle a María que nos bendiga, ofrezcámosle también comprometernos todos, pastores y fieles laicos, trabajar en la pastoral familiar, para que hombres y mujeres, padres e hijos encuentren un espacio en nuestra Iglesia y así poder ayudarlos a asumir estilos nuevos para vivir un amor fiel y generoso.

Sería un gran servicio proponer una espiritualidad matrimonial y una mística esponsal donde el amor del varón y la mujer,  es decir el amor esponsal  fortalecido por el Sacramento, se abra a la amistad de Dios y así se plenifique como amor esponsal.

Esta pastoral permitirá a los esposos, padres e hijos, encontrar en la Iglesia (nuestras parroquias y comunidades) un espacio de ayuda y salvación: Salvación de los vínculos, de la comunicación, de la propia condición de varón y mujer, de la confianza en que el amor matrimonial hoy es posible.

Esta pastoral deberá ayudar a los matrimonios a vivir su relación amorosa de manera adulta y responsable, gratificante y pascual. El vínculo matrimonial vivido en la fe se convierte en una experiencia de salvación para ambos y en fuente de gracia en sus vidas.

La pastoral familiar crece como una pastoral del vínculo esponsal y de los vínculos familiares de donde surge la dinámica vincular que se aprende de la positiva experiencia de convivencia y se extiende a lo cultural, social, psicológico, sexual y espiritual, haciendo de la sociedad un ámbito fantástico de relaciones sanas y positivas que nos ayudarán a ser Nación e Iglesia de comunión.

Esta experiencia de amor humano se convierte en lugar de encuentro con Dios y con los hermanos.

A la inversa, no podemos pensar en una comunidad humana y socialmente sana, destruyendo esta base sólida y milenariamente experimentada del matrimonio y la familia. Esto lo afirmamos para Argentina.

Al pedirle a Dios que bendiga nuestra patria, le estamos pidiendo que refuerce los cimientos de nuestra sociedad para que no se resquebraje y se derrumbe sobre nosotros mismos y así nos convirtamos en nuestros propios enemigos, cegando el futuro para nuestros hijos.

Aquellos que asumen el sagrado deber de bregar por el bien de nuestra gente, sean suficientemente idóneos para gestionar, acelerar y llevar a cabo simplemente lo que el cumplimiento del deber exige, escuchando aquella recomendación del Señor: “Hay más alegría en dar que en recibir”, a fin de que las intervenciones lleguen oportunamente cuando se necesitan, porque sólo dándonos es cuando se recibe la devolución de lo Alto y se ordena nuestra convivencia social.

Hoy más que nunca decidamos por el amor, porque se están poniendo en riesgo los más sólidos recursos de integración y comunión. La unión hará la fuerza.

“Si dos o más se reúnen en mi nombre, yo estaré en medio”. Jesús en medio es el eje unificador que con sus criterios y sentimientos hará de nosotros un baluarte inexpugnable que no podrá ser abordado por el enemigo.

Él nos lo dijo desde la Cruz: “Ahí tienen a la Madre”, la queremos recibir en nuestra casa, embebernos de su fidelidad y amor a tu voluntad, edificarnos de su ejemplo y sentirnos convocados por Ella a responderte con alegría!

Este nuevo aniversario de su manifestación en San Nicolás, nos invite a acercarnos más a Jesús. En Ella como Madre de Jesucristo, reconocemos el camino de Dios hacia nosotros y nuestra devoción a Ella se deberá traducir en fidelidad a la Palabra de Jesús.

Aquel encargo de Jesús, Ella lo sigue cumpliendo con nosotros, es nuestra Madre!, pero también debemos saber escuchar aquella otra palabra que les dijo a los discípulos y que hoy nos la sigue diciendo a nosotros: “hagan todo lo que Él les diga”.

Si Ella algo nos dice es que escuchemos y vivamos el Evangelio que su Hijo nos ha dejado.

Con esta convicción encaminemos nuestros pasos de retorno a nuestras realidades donde nos toca ser testigos y constructores del amor para ser una patria de hermanos.

La bendición a nuestra patria, en este segundo centenario, pasa por nuestra respuesta y compromiso.

El amor de Dios se derrama en nuestros corazones, para que podamos comunicarlo aquí, en este suelo entre todos nosotros.

Si nos amamos de verdad, el amor de Dios está entre nosotros y así podremos pagar al otro la única deuda que tenemos: ¡Amarnos!

María, ¡tu ejemplo nos empuje a entregarnos! 

Mons.  Héctor S. Cardelli, obispo de San Nicolás 


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ZENIT  nos ofrece la Carta de Benedicto XVI al presidente del Consejo Pontificio para la Familia, el cardenal Ennio Antonelli, en preparación al VII Encuentro Mundial de las Familias, que se celebrará en Milán del 30 de mayo al 3 de junio de 2012 sobre el tema La familia: el trabajo y la fiesta.

Venerable Hermano
Cardenal ENNIO ANTONELLI
Presidente del Consejo Pontificio para la Familia

Al final del VI Encuentro Mundial de las Familias, celebrado en Ciudad de México en enero de 2009, anuncié que la siguiente cita de las familias católicas de todo el mundo con el Sucesor de Pedro tendría lugar en Milán, en 2012, sobre el tema La familia: el trabajo y la fiesta. Deseando ahora empezar la preparación de ese evento tan importante, estoy contento de precisar que se celebrará, si Dios quiere, del 30 de mayo al 3 de junio, y de ofrecer, al mismo tiempo, algunas indicaciones más detalladas sobre la temática y la manera de actuar.

El trabajo y la fiesta están íntimamente ligados a la vida de las familias: condicionan las decisiones, influyen en las relaciones entre los cónyuges y entre los padres y los hijos, e inciden en la relación de la familia con la sociedad y con la Iglesia. La Sagrada Escritura (cf Gn 1-2) nos dice que familia, trabajo y día festivo son dones y bendiciones de Dios para ayudarnos a vivir una existencia plenamente humana. La experiencia cotidiana confirma que el desarrollo auténtico de la persona incluye tanto la dimensión individual, familiar y comunitaria, como las actividades y las relaciones funcionales, así como la apertura a la esperanza y al Bien sin límites.

En nuestros días, por desgracia, la organización del trabajo, pensada y realizada en función de la competencia del mercado y del máximo beneficio, y la concepción de la fiesta como oportunidad de evasión y de consumo, contribuyen a disgregar la familia y la comunidad y a difundir un estilo de vida individualista. Por eso hay que promover una reflexión y un compromiso dirigidos a conciliar las exigencias y los momentos del trabajo con los de la familia y a recuperar el verdadero sentido de la fiesta, especialmente de la dominical, pascua semanal, día del Señor y día del hombre, día de la familia, de la comunidad y de la solidaridad.

El próximo Encuentro Mundial de las Familias constituye una ocasión privilegiada para replantear el trabajo y la fiesta desde la perspectiva de una familia unida y abierta a la vida, bien integrada en la sociedad y en la Iglesia, atenta a la calidad de las relaciones además de a la economía del mismo núcleo familiar. El evento, para lograr un éxito verdaderamente fructífero, no debe permanecer aislado, sin embargo, sino colocarse en un adecuado itinerario de preparación eclesial y cultural. Auspicio por tanto que ya durante el año 2011, XXX aniversario de la Exhortación apostólica Familiaris consortio, "magna charta" de la pastoral familiar, se pueda emprender un itinerario válido con iniciativas en el ámbito parroquial, diocesano y nacional, encaminadas a mostrar experiencias de trabajo y de fiesta en sus aspectos más reales y positivos, con particular referencia a su efecto en la experiencia concreta de las familias. Que familias cristianas y comunidades eclesiales de todo el mundo se sientan por ello interpeladas e implicadas y se pongan solícitamente en camino hacia “Milán 2012”.

El VII Encuentro Mundial tendrá, como los anteriores, una duración de cinco días y culminará el sábado por la tarde con la “Fiesta de los Testimonios” y el domingo por la mañana con la Misa solemne. Estas dos celebraciones, que yo presidiré, nos mostrarán a todos los reunidos como “familia de familias”. El desarrollo del evento en su conjunto estará preparado para armonizar completamente las diversas dimensiones: oración comunitaria, reflexión teológica y pastoral, momentos de fraternidad y de intercambio entre las familias acogidas y las del lugar y eco mediático.

Que el Señor recompense desde ahora, con abundantes favores celestiales, a la arquidiócesis ambrosiana por su generosa disponibilidad y compromiso organizativo al servicio de la Iglesia Universal y de las familias pertenecientes a tantas naciones.

Mientras invoco la intercesión de la santa Familia de Nazaret, dedicada al trabajo cotidiano y asidua en las celebraciones festivas de su pueblo, Le imparto de corazón, venerable Hermano, y a sus Colaboradores la Bendición Apostólica que, con especial afecto, extiendo de buen grato a todas las familias comprometidas en la preparación del gran Encuentro de Milán.

Desde Castel Gandolfo, 23 de agosto de 2010

BENEDICTUS PP. XVI

[Traducción del original italiano por Patricia Navas
©Libreria Editrice Vaticana]


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ZENIT  publica las palabras que Benedicto XVI pronunció el domingo, 26 de Septiembre de 2010, a mediodía al rezar la oración mariana del Ángelus junto a los peregrinos congregados en el patio de la residencia pontificia de Castel Gandolfo.

¡Queridos hermanos y hermanas!

En el Evangelio de este domingo (Lc 16, 19-31), Jesús narra la parábola del hombre rico y del pobre Lázaro. El primero vive en el lujo y en el egoísmo, y cuando muere, acaba en el infierno. El pobre, en cambio, que se alimenta de las sobras de la mesa del rico, a su muerte es llevado por los ángeles a la morada eterna de Dios y de los santos. “Bienaventurados los pobres -había proclamado el Señor a sus discípulos- porque vuestro es el Reino de Dios” (Lc 6,20). Pero el mensaje de la parábola va más allá: recuerda que, mientras estemos en este mundo, debemos escuchar al Señor que nos habla mediante las sagradas Escrituras y vivir según su voluntad, de lo contrario, después de la muerte, será demasiado tarde para arrepentirse. Por tanto, esta parábola nos dice dos cosas: la primera es que Dios ama a los pobres y les alivia de su humillación; la segunda es que nuestro destino eterno está condicionado por nuestra actitud, depende de nosotros seguir el camino que Dios nos ha mostrado para llegar a la vida, y este camino es el amor, no entendido como sentimiento, sino como servicio a los demás, en la caridad de Cristo.

Por una feliz coincidencia, mañana celebraremos la memoria litúrgica de san Vicente Paúl, patrón de las organizaciones caritativas católicas, de quien se celebra el 350º aniversario de la muerte. En la Francia del 1600, él palpó precisamente el fuerte contraste entre los más ricos y los más pobres. De hecho, como sacerdote, pudo frecuentar tanto los ambientes aristocráticos, las campañas, como los bajos fondos de París. Impulsado por el amor de Cristo, Vicente Paúl supo organizar formas estables de servicio a las personas marginadas, dando vida a las llamadas Charitées, las “Caridad”, es decir grupos de mujeres que ponían su tiempo y sus bienes a disposición de los más marginados. Entre estas voluntarias, algunas eligieron consagrarse totalmente a Dios y a los pobres, y así, junto a santa Luisa de Marillac, san Vicente fundó las “Hijas de la Caridad”, primera congregación femenina que vivió la consagración “en el mundo”, entre las personas, con los enfermos y los necesitados.

Queridos amigos, ¡sólo el Amor con la “A” mayúscula da la verdadera felicidad! Lo demuestra también otro testigo, una joven, que ayer fue proclamada Beata aquí en Roma. Hablo de Chiara Badano, una chica italiana nacida en 1971, a quien una enfermedad condujo a la muerte cuando tenía poco menos de 19 años, pero que ha sido para todos un rayo de luz, como dice su sobrenombre: "Chiara Luce". Su parroquia, la diócesis de Acqui Terme y el Movimiento de los Focolares, al que pertenecía, hoy están de fiesta -y es una fiesta para todos los jóvenes, que pueden encontrar en ella un ejemplo de coherencia cristiana. Sus últimas palabras, de plena adhesión a la voluntad de Dios, fueron: "Mamá, adiós. Sé feliz porque yo lo soy”. Alabemos a Dios, porque su amor es más fuerte que el mal y que la muerte; y demos gracias a la Virgen María que conduce a los jóvenes, también a través de las dificultades y los sufrimientos, a enamorarse de Jesús y a descubrir la belleza de la vida.

[Después del Ángelus, el Papa saludó a los peregrinos en varias lenguas. En francés, dijo:]

¡Saludo cordialmente a los peregrinos francófonos aquí presentes, así como a las personas que están con nosotros por la radio o la televisión! Os agradezco una vez más vuestra oración que me ha acompañado durante mi Viaje apostólico al Reino Unido. Puedan la Virgen María y los Santos Arcángeles, Miguel, Gabriel y Rafael, ayudarnos a todos a vivir en la fe y el amor, la perseverancia y la dulzura. ¡Feliz preparación al mes del Rosario que se acerca y feliz domingo a todos!

[En español, dijo:]

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular al grupo de la Parroquia de la Inmaculada Concepción, de Vitacura, Chile, y al de los jóvenes de la Obra de la Iglesia. Invito a todos a que, guiados por la Palabra de Dios, llevéis adelante vuestro compromiso cristiano sin desfallecer, fortaleciendo en vuestros corazones los sentimientos de confianza y misericordia, a ejemplo de Jesús. Que la Santísima Virgen María os acompañe en vuestro camino. Feliz domingo 

[Traducción del original italiano por Patricia Navas
©Libreria Editrice Vaticana]


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ZENIT  publica el comentario al Evangelio del próximo domingo, 10 de octubre, XXVIII del tiempo ordinario (Lucas  17,11-19), redactado por monseñor Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo, administrador apostólico de Huesca y de Jaca.  

Evangelio del domingo: El extranjero 

La trama del Evangelio de este domingo no está en una simple distinción edificante entre gente agradecida y gente que no lo es. No es la cortesía o de la buena educación lo que se dilucida aquí, sino la fe de aquellos hombres, su relación con ese Dios en quien creían. El protagonista será alguien doblemente marginado social mente: por leproso y por extranjero.

El pecado que se reprueba en este Evangelio, es precisamente el de no tener fe creyendo que se tiene. Aquellos leprosos que no volvieron a dar gracias a quien les había curado, no eran extranjeros sino judíos, consideraban que tenían "derecho" a la curación, que era lo menos que podía hacer por ellos "su" Dios. De manera que aquella curación fue recibida como quien recibe su correspondiente pago por los servicios prestados: Dios pagaba con moneda de curación. Y por eso, una vez ajustadas las cuentas, ¡Dios y ellos... estaban en paz, no se debían nada!

Sin embargo había otro leproso, que por no tener no tenía ni el pasaporte judío. Este leproso era extranjero, sin derechos oficiales ante Dios. Lo cual significaba que si sucedía lo que de hecho sucedió, no era más que por un puro regalo indebido, por una gracia inmerecida, por un don inesperado.

Efectivamente, no basta con pertenecer oficialmente a una comunidad de salvación, como era la judía, y como es nuestra Iglesia. No tenemos un derecho sobre Dios hasta el punto de poder cobrar nuestro servicio y nuestra virtud con una moneda de las que no se devalúan (luz, paz, salud...). Si Dios nos concede cualquier gracia, es por pura gracia, sin que ello deba generar en nuestra vida cristiana actitudes como las que Jesús denuncia veladamente en aquellos leprosos desagradecidos: la arrogancia, la vanagloria, la inercia y la rutina.

Aquel samaritano, reconoció a Jesús, le pidió una gracia, la acogió y después la agradeció. Fue un hombre que se adhirió al Señor con su vida tal cual: enferma y extranjera. Y en su realidad concreta fue alcanzado por la gracia. ¿Tendremos nosotros, desde nuestra extranjería y desde nuestra enfermedad, el valor para gritar también: Jesús, maestro, ten compasión de nosotros? Pidamos al Señor la gracia de pertenecerle cada vez más, poniendo fin a todas nuestras lejanías; pidámosle que vende nuestras heridas, terminando todas nuestras enfermedades que nos enfrentan a otros por fuera y nos dividen a nosotros mismos por dentro.


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jueves, 07 de octubre de 2010

ZENIT  publica un resumen de las palabras que dirigió este viernes monseñor José Ignacio Munilla, en la ceremonia de bienvenida que ofrecieron este viernes jóvenes de San Sebastián a la Cruz y el Icono de la Virgen de la Jornada Mundial de la Juventud.

Esta cruz que tenéis ante vosotros, lleva más de 26 años de peregrinación... La mayoría de vosotros sois más jóvenes, y no habéis conocido personalmente muchas páginas de la historia de las que esta cruz ha sido testigo. Voy a empezar por aquí... Será bueno que nos enriquezcamos compartiendo nuestras experiencias.

Cuando yo tenía vuestra edad, el marxismo se presentaba ante la juventud como la ideología del futuro. Se nos decía que era el pensamiento científico que ponía las bases de un mundo justo.

Un punto de partida incuestionable del marxismo era que "la religión es el opio del pueblo". Era necesario arrancar la fe religiosa del corazón del hombre, para que el mundo pudiese progresar.

Pero al otro lado del telón de acero, en los países comunistas, sucedían cosas que a nosotros -los jóvenes de Europa Occidental- nadie nos contaba. Más tarde supimos que en Lituania había un lugar llamado "El Monte de las Cruces" (Kryzu Kalnas), donde el pueblo trabajador acudía para clavar en sus laderas, pequeñas o grandes cruces de madera, como signo de su esperanza en Dios... Los soldados soviéticos arrancaban  con odio, una y otra vez, todo aquel inmenso bosque de cruces, pero los lituanos volvían por la noche, para sembrar de nuevo el "Kryzu Kalnas" con aquel signo de esperanza....

Más tarde, cuando Juan Pablo II fue hecho Papa y cuando cayó el Muro de Berlín, supimos que en Polonia se había intentado construir una ciudad sin Dios (Nowa Huta), contra la voluntad de los obreros, en la que se prohibía la construcción de Iglesias. Quería ser el símbolo de una sociedad sin Dios y sin tradiciones religiosas. Pero los obreros se revelaron, llegando a celebrar la Noche de Navidad una Misa, en torno a su obispo, Karol Wojtyla... ante la amenaza de la policía comunista que exigía la disolución de aquellos revolucionarios de la Cruz... Como no tenían Iglesia donde refugiarse, levantaron una gran cruz en una explanada de los exteriores de la ciudad...

Queridos jóvenes, el Muro de Berlín se desmoronó, ante la sorpresa del mundo, como fruta podrida... Esta cruz fue testigo del derrumbamiento de la ideología marxista, y después que había pasado cuasi furtivamente al otro lado del telón de acero, terminó por cruzar la misma puerta de Brandeburgo...

La experiencia de la vida, a la luz del Evangelio, nos ha enseñado que no era verdad que la religión fuese el opio del pueblo. El opio del pueblo es otro: El opio del pueblo es el materialismo. El materialismo es una droga que crea una adicción tan grande, que nos impide ser libres, e incluso, que nos impide conocer a Dios y hasta conocernos a nosotros mismos. Y, que nos quede claro, el materialismo estaba a los dos lados del telón de acero, en oriente y en occidente, en el marxismo y en el capitalismo.

La verdadera droga que nos impide ser libres y maduros es ésta: el materialismo. Lo comprobamos día a día: la tentación del dinero, el consumismo, la tiranía de la moda, las envidias y las codicias, la utilización de los demás para nuestro provecho...

Pero el materialismo esconde una gran mentira: el hombre no es feliz con la mera satisfacción material de sus necesidades. Lo vemos diariamente: Hay gente tan pobre, tan pobre, que sólo tiene dinero. ¡Cuando tenemos un corazón materialista, rápidamente aflora en nosotros la amargura y terminamos condenados a la infelicidad!

Y, por el contrario, los pobres del mundo suelen darnos una auténtica lección de esperanza... ¡A cuántos misioneros les he oído contar la emoción que les produce comprobar que a los pobres del Tercer Mundo, no se les borra la sonrisa de los labios!

Por ello, esta Cruz es un signo de santa rebeldía y de insumisión frente al materialismo. Jesús nos dijo: "no solo de pan vive el hombre"... "¿de qué te sirve ganar el mundo entero si pierdes tu vida?"....

Esta Cruz es el signo de la verdadera revolución, la que no fue capaz de hacer el marxismo, porque se asentaba en unas bases falsas; la que este mundo capitalista y materialista necesita urgentemente. La Cruz es la imagen de la revolución del amor; pero no de un amor romántico (en el que terminamos utilizando al prójimo para buscarnos a nosotros mismos), sino de un amor crucificado, a imagen del de Cristo. "Nadie tiene amor más grande que el que entrega su vida por sus amigos". He aquí el mensaje de la Cruz: Jesucristo ha entregado su vida por amor a nosotros, y nosotros estamos llamados a entregar nuestra vida por los demás.


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ZENIT  publica el artículo que ha escrito monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas, con el título "Méxio, hacia una nueva independencia".

VER

Estamos en plenas fiestas bicentenarias por nuestra independencia nacional. Son legítimas las celebraciones, pues fue un acontecimiento histórico con repercusiones en el presente. Son innegables los méritos de los héroes de aquellos tiempos, sin dejar de reconocer sus errores y limitaciones. Son un estímulo para nuestros días, pues la lucha por la vida digna de nuestros pueblos no es algo sólo del pasado, sino un reto de cada día. Construir la justicia y la libertad es una tarea de todos, no sólo de las autoridades, pues sigue habiendo muchas cadenas, que nos piden empeñarnos en promover una renovada independencia. 

JUZGAR

Los obispos mexicanos, en la reciente carta pastoral "Conmemorar nuestra historia desde la fe, para comprometernos hoy con nuestra patria",exhortamos a celebrar este feliz aniversario, pero insistimos en atender los pendientes del país, para no reducir los festejos patrios a eventos pasajeros. Enumeramos algunos: 

"Nuestra conciencia debe mantenerse sensible frente a los nuevos rostros de pobreza y a los rezagos históricos de nuestro País. Son muchos los mexicanos que han quedado excluidos del desarrollo. Su situación se ha visto agravada por el actual proceso de globalización que, en su dimensión económica ha promovido una concentración de poder y de riqueza en manos de pocos, no sólo de los recursos físicos y monetarios, sino sobre todo de la información y los recursos humanos, lo que produce la exclusión de todos aquellos que no están suficientemente capacitados e informados. 

Dentro de los nuevos rostros de pobreza, nos afligen y preocupan sobre todo los millones de migrantes que no han encontrado las oportunidades para una vida mejor y se ven obligados a dejar lo más propio, una familia, un pueblo, o incluso la Patria que los vio nacer. Los desempleados, víctimas de la economía utilitarista; los campesinos desplazados por no pertenecer al mundo de la tecnología y del mercado global, y los indígenas, que siguen siendo los grandes excluidos del progreso y objeto de múltiples discriminaciones. Los niños en condición de calle en las ciudades y la situación de muchos jóvenes y adolescentes que desde su temprana edad son reclutados por el crimen organizado para participar en actividades ilícitas, sembrando en ellos gérmenes de maldad. 

Los ideales de libertad, justicia e igualdad, por los que lucharon nuestros compatriotas en la Independencia y la Revolución Mexicana, nos siguen interpelando hoy con mayor fuerza, dado que las exigencias actuales son mucho más amplias y profundas. Somos una sociedad marcada por graves y escandalosas desigualdades sociales y por nuevos rostros de violencia criminal que impiden nuestra reconciliación. No basta un desarrollo unilateral que beneficia de manera inmediata sólo a unos pocos y pospone casi indefinidamente el progreso de las mayorías. Es necesario encontrar caminos de solidaridad que incluyan a todos los mexicanos" (Nos. 112-114). 

ACTUAR

¿Qué proponemos? "Ante esta realidad que nos apremia en el tiempo presente, proponemos a todos los sectores que conforman nuestra sociedad asumir tres prioridades fundamentales en el camino de nuestro desarrollo como Nación: 

a) Queremos un México en el que todos sus habitantes tengan acceso equitativo a los bienes de la tierra. Un México en el que se promueva la superación y crecimiento de todos en la justicia y la solidaridad; por lo que necesitamos entrar decididamente en un combate frontal a la pobreza. 

b) Queremos un México que crezca en su cultura y preparación con una mayor conciencia de su dignidad y mejores elementos para su desarrollo, con una educación integral y de calidad para todos. 

c) Queremos un México que viva reconciliado, alcanzando una mayor armonía e integración en sus distintos componentes sociales y con sus diferentes orientaciones políticas, pero unificado en el bien común y en el respeto de unos y otros. 

¿Qué nos toca a ti y a mí? Si haces algo por ti y por los demás, consolidamos la independencia.


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Carta enviada por monseñor Andrés Stanovnik, arzobispo de Corrientes, enviada desde Roma, al rector del Santuario Nuestra Señora de la Merced, con motivo de las Fiestas Patronales (Ciudad del Vaticano, 23 de septiembre de 2010). (AICA)

NUESTRA SEÑORA DE LAS MERCEDES

R.P. Fr. Pablo Ferreira OFM
Párroco y Rector del Santuario de Nuestra Señora de la Merced

Querido Hermano:

Con motivo de la solemne fiesta de la Virgen de la Merced, envío un afectuoso saludo a las Autoridades y Pueblo de Corrientes. Aprovecho esta providencial ocasión para recordar las palabras que se pronunciaron en el Cabildo del año 1660, cuando la nombró Patrona y Auxiliadora de esta ciudad y su contorno:

“en todos nuestros trabajos y pestes, y demás calamidades que nos afligen,  nos acogemos al abrigo y amparo de la Serenísima Virgen de las Mercedes, Madre de Nuestro Señor Jesucristo,  para que mediante su intercesión con su preciosísimo Hijo, se nos perdonen nuestras culpas y pecados  y esta ciudad se vea libre de todo mal”.

Hoy, a varios siglos de distancia y la luz de aquellas palabras, nos ponemos al amparo de María y le pedimos: María de la Merced, enséñanos a compartir en justicia y solidaridad, lema que inspiró el novenario de este año. Quisiéramos que esa enseñanza se integrara en el programa para Bicentenario de nuestra Patria y se convirtiera en realidad. Ella nos enseña que la principal fuerza para que eso se haga realidad es Jesucristo. Hace poco lo recordó el Santo Padre cuando afirmó que “Jesucristo, es la principal fuerza impulsora del auténtico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad.” La fe en él debe impregnar todas las dimensiones de nuestra existencia. No sirve una fe que se reduce a un acto, o sólo a una oración pronunciada cada tanto. María nos enseña cómo se vive la vida entera desde la fe: abierta a Dios, toda de él, fue también toda hecha servicio al prójimo. El que se abre a Dios, es solidario con los demás, sobre todo con los más pobres. Necesitamos volver a Dios para que nos muestre el camino del verdadero servicio a los demás. El camino más corto y más fácil para ese regreso es María.

Que esta fiesta, en la que renovamos nuestra devoción a la Serenísima Virgen de las Mercedes, nos fortalezca a todos en la fe y la esperanza. Y todos –autoridades y pueblo– aprendamos de ella que el camino que lleva a una vida digna y plena, será el que se forje mediante conductas fraternas, solidarias y justas. Para ello necesitamos con urgencia una mística superadora de los intereses individuales y sectoriales, que impulse, tanto a la dirigencia como al pueblo, a pensar y actuar para el bien de todos.

Los abrazo y los bendigo: en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. 

Mons. Andrés Stanovnik, arzobispo de Corrientes 


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Roma (Agencia Fides) - Con ocasión de la próxima Jornada Mundial de Alimentación que se celebrará el 16 de octubre, la Agencia Fides se ha reunido con Su Excelencia Mons. Rodrigo Mejía, SJ, desde hace 4 años Vicario Apostólico de Soddo, Etiopía, un país que sufre ciclicamente esta plaga que aflige a más de 925 millones de personas en todo el mundo.


Fides: ¿Cómo vive el país el problema del hambre? ¿Existen programas de nutrición para la protección de los niños y las personas más vulnerables?

Mons. Mejía: El hambre en Etiopía es un reto periódico, porque la gente por lo general vive de la agricultura, hay pocas industrias y más del 70% del país es rural. Depende mucho de la lluvia. Este año ha llovido mucho en el sur, pero menos en el norte. Lamentablemente en los últimos veinte años las precipitaciones han sido irregulares y no han permitido a los agricultores determinar el período más favorable para la siembra y la cosecha. Un gran problema es la falta de sistemas de riego a gran escala. Los ríos fluyen más abajo, entre las montañas, en los cañones, mientras que la tierras buenas están más altas y para llegar a ellas se necesitaría bombear el agua, pero esto sería demasiado caro. Otro fenómeno que ocurre es el hambre local. De hecho, existen pequeñas áreas de 10-12 kilómetros en los que no llueve y la gente pasa hambre, mientras que a poca distancia si que llueve y la gente tiene que comer. Por desgracia, en Etiopía, la tierra no produce lo suficiente para dar de comer a todos. Actualmente en el país viven unos 75 millones de habitantes, después de Nigeria y Egipto es el tercer país más poblado de África.


Fides: ¿Existen programas alimenticios en el país para proteger a los niños?

Mons. Mejía: Nosotros, como Iglesia además de tener un programa educativo para los niños también trabajamos a nivel alimenticio. Cada día distribuimos algo de comer a 150 niños que asisten a la guarderia, y es un gran resultado que ninguno de nuestros niños hasta el momento haya muerto de hambre. Por desgracia, muchos otros no pueden comer y para ayudarles trabajamos junto con las hermanas de la Madre Teresa, que reciben donaciones y disponen de alimentos, así como de una mayor libertad de distribución. De hecho, para nosotros existe el problema de la distribución, ya que sin la autorización del gobierno no podemos intervenir. A menudo sucede que tenemos alimentos almacenados, pero no podemos distribuirlos a la gente sin permiso. No nos dejan colaborar como quisieramos por la numerosas Ong presentes en el país, que en realidad no siempre ayudan mucho a la gente. Tenemos unos dos mil niños en 13 guarderias y 3 escuelas primarias y no hay suficiente comida para todos.


Fides: ¿La propagación de enfermedades se agrava por la falta de agua en el país?

Mons. Mejía: Sí, principalmente debido a la falta de agua limpia. Tratamos de solucionar el problema con la construcción de pozos excavados a mano hasta 50 metros, y perforados a máquina hasta 120 metros de profundidad. Al no tener grandes recursos económicos avanzamos lentamente


Fides: ¿Cómo interviene la Iglesia en la asistencia sanitaria?

Mons. Mejía: Tenemos un hospital general, muy eficiente en la Vicaría de Soddo con 100 camas y cinco médicos permanentes que atienden en cirugía, maternidad y pediatría. También tenemos dos clínicas satélite en dos pueblos más grandes, asistidas por religiosas y enfermeras que funcionan más como dispensario. El gobierno coopera con nosotros, relativamente, sólo después de tantos años han decidido pagar a dos médicos, pero los docentes de las escuelas están a cargo de la vicaría de Soddo. Tenemos que pedir permiso y dar cuenta de todo lo que hacemos siempre. El gobierno como tal tiene pocos recursos, el que debería ayudarnos es el gobierno regional. Por desgracia, es una zona muy poblada y no es fácil; en la región hay unos 400 habitantes por kilómetro cuadrado en las zonas rurales y, por el contrario es el gobierno quién nos pide a nosotros una contribución económica para construir carreteras y puentes. ¡Piensan que la Iglesia Católica es multimillonaria!


Fides: ¿Cuál es su trabajo concreto en la vicaría?

Mons. Mejía: Como Obispo me ocupo de toda la pastoral de las 20 parroquias y al ser una iglesia muy joven también me ocupo de la pastoral con los jóvenes, catequesis, promoción de la mujer, educación a la justicia y a los derechos humanos que integramos en la catequesis, proyectos de construcción de pozos de agua. También tenemos una oficina que se ocupa de proyectos para el desarrollo para los que recibimos mucho apoyo, a diferencia de los de la pastoral. La gente responde muy bien a la evangelización, hay un gran número de catecúmenos. El país sufre mucha pobreza y desempleo, aunque se están haciendo pequeños progresos con la construcción de carreteras. Se han multiplicado las escuelas y universidades, pero cuando los jóvenes terminan sus estudios no encuentran trabajo. El éxodo de los jóvenes de Etiopía a los países del norte es enorme, hemos tenido que nombrar sacerdotes fuera para las comunidades etíopes en Europa y Estados Unidos. El problema es que la gente se marcha y no regresa. Recientemente, se están desarrollando cada vez más industrias chinas, árabes y otras que están trayendo un poco de dinero y trabajo, pero no sabemos qué beneficios aportarán realmente al país.

En el Vicariato Apostólico de Soddo en 2010, sobre una población total de 4.300.000 habitantes fhan sido bautizados 115.000 personas. Las parroquias son 20; los sacerdotes seculares 22, los regulares 16, los religiosos27, y las religiosas 41. (AP) (Agencia Fides 10/6/2010)


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REDACCIÓN DE "IGLESIA NIVARIENSE"
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Tfno. 922-25 86 40 / Extensión 8
e-mail: iglesianivariense@obispadodetenerife.es

Boletín 404 

LAS NOTICIAS AMPLIADAS PUEDEN VERLAS ENTRANDO EN NUESTRO NUEVO BLOG. Textos, sonidos, e imágenes los tienen en:http://www.comunicacionobispadodetenerife.blogspot.com/ 

Este domingo, 10 de octubre se celebra el Día de la Catequesis. Bajo el lema "adultos en la fe" se trata de una jornada dedicada, fundamentalmente, a sensibilizar a la comunidad sobre la importancia de este momento privilegiado del proceso evangelizador en el que se capacita, básicamente, a los creyentes para entender, celebrar, vivir y anunciar, desde la comunidad, el evangelio.  

En las eucaristías de las parroquias de las cuatro islas, además, se realizará el "envío" de los catequistas que, nombre de la Iglesia, llevan adelante este servicio educativo y evangelizador.  

Por otro lado, estos días, unos setenta catequistas han participado, en el Médano, en un cursillo de formación. Igualmente, representantes de la delegación se han reunido con los arciprestazgos de Santa Cruz de Tenerife y Tacoronte para presentar el curso y, sobre todo, el proceso de catequesis de adultos. Las próximas citas serán el sábado 16 en La Palma, el lunes 18 en Tejina, y el día 25 en Icod. 

Los diáconos permanentes participan en Santiago de Compostela en el XXV Encuentro Nacional que se desarrolla bajo el lema: “El diácono permanente en el mundo actual”. 

La Delegación de Pastoral con jóvenes ha elaborado el póster oficial del encuentro Diocesano del 20 de noviembre. Con el lema NACIENDO pretenden disponer a los jóvenes para introducirse en el tiempo de preparación para la Navidad...Además, este departamento recuerda que este año han enviado  la hoja de inscripción actualizada que ha de rellenarse por cada participante y enviarla antes del 27 de octubre. 

Por otro lado, la coordinadora de pastoral con jóvenes de la Orotava ha organizado un concierto sobre la vida de San Pablo en la sala Teobaldo Power de La Orotava para el 16 de octubre. Se trata de una iniciativa que servirá como introducción para el Encuentro Diocesano con Jóvenes en Noviembre. El concierto comenzará a las 20:30 horas y el precio de las entradas es de 10 Euros. 

La Sala Teobaldo Power también será el recinto donde la Renovación Carismática Católica celebre su XVII Asamblea Regional bajo el lema: Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor (Mt. 24,42). La Asamblea dará comienzo el viernes 8 a las 16,30 con la Acogida y terminará el domingo 10 con la celebración de la Eucaristía a las 12,30. Las enseñanzas las llevará Fray Nelson, dominico, nacido en Bogotá. 

El presbítero, Ángel Fernández Bravo, nacido en Breña Alta en 1928, ordenado sacerdote en 1952, ha fallecido en EEUU. Fernández, sacerdote diocesano, prestó sus servicios pastorales durante muchos años en América. Descanse en Paz. 

El pasado lunes, en Puntallana, se celebró una eucaristía con motivo de la festividad de Nuestra Señora de Guadalupe. Posteriormente, tuvo lugar la procesión por el paraje natural de Puntallana con la imagen de la Virgen. 

La Comisión de Ordenación del Territorio y el Medio Ambiente de Canarias (Cotmac) ha dejado sobre la mesa la aprobación "de la modificación puntual del plan director de la reserva natural especial de Puntallana", en el término municipal de S. Sebastián de La Gomera, después de que los Servicios de Biodiversidad de esta Consejería del Gobierno de Canarias aconsejaran hacer una evaluación ambiental.  

Tras la celebración tenida en La Orotava por la beatificación de María de la Purísima, ahora el obispo presidirá una Eucaristía de acción de gracias en la parroquia de El Salvador, en Santa cruz de la Palma el día 17, a las 18:30 horas. 

El próximo 13 de octubre, a las 13 horas, serán recibidos en Madrid, por la directora general de Bellas Artes y Bienes Culturales, Ángeles Albert representantes del Cabildo Catedral y de las instituciones públicas canarias implicadas en las obras de la Catedral. En la citada reunión se espera ir avanzando en la firma del convenio para que prosigan las obras en el primer templo de la diócesis. 

El Cabildo Insular y el Obispado han suscrito un acuerdo para llevar a cabo las obras de mejora en la iglesia de Santo Domingo de Guzmán, en el término municipal de Santa Cruz, que tienen un presupuesto en la primera fase que supera los 317.000 euros, cantidad que aportarán en un 50 por ciento cada una de las instituciones. 

Distintas comunidades de la diócesis celebraron con especial devoción la fiesta de S. Francisco de Asís. Destacamos que en Los Realejos se realizaron distintos actos con ocasión del 400 aniversario de la llegada a la Villa de la Orden franciscana.  

El calendario festivo sigue siendo intenso. Así están de fiesta, por ejemplo, en Machado, Fasnia y se inician las celebraciones de la Virgen del Rosario, en La Guancha, donde se cumplen 276 años de la llegada de esta imagen.  

Con la Misa votiva del Espíritu Santo y la Sesión Académica se inició oficialmente el curso seminario diocesano y del ISTIC en su sede de Tenerife. Los obispos de las dos diócesis canarias, así como los directores de ambas sedes del ISTIC, una representación de la Universidad de La Laguna, profesores, alumnos, etc. participaron en esta jornada. La lección inaugural corrió a cargo del profesor González Izquierdo, el cual por cambio de destino, deja su docencia en el ISTIC. Por ello recibió un pequeño reconocimiento en este día. 

Se han celebrado los actos de clausura del cincuenta aniversario del Colegio de la Sagrada Familia, en Los LLanos de Aridane. La parroquia de los Remedios acogió una celebración eucarística de acción de gracias presidida por el Vicario General, Domingo Navarro. Tras la misma hubo una fiesta en las instalaciones del colegio. 

Las personas interesadas en visitar los museos de la Villa de La Orotava dispondrán, a partir de la segunda quincena de octubre, de un bono único de entrada, que permitirá conocer varios recintos culturales a un mismo precio. La iniciativa ha sido posible gracias a un convenio de colaboración firmado entre el Cabildo Insular de Tenerife, el Ayuntamiento de La Orotava, la Asociación de Alfombristas Orotava y la Parroquia de La Concepción, en representación de cada uno de los museos. 

La Parroquia de San Marcos, en el municipio de Tegueste, está llevando a cabo trabajos de restauración en la torre de la Iglesia. Unas obras de restauración que, según adelanta el párroco, Miguel Ángel Navarro estarán finalizadas en el plazo máximo de un mes. Los trabajos, adjudicados y financiados casi en su totalidad por la propia parroquia, suponen un coste cercano a los 35.000 euros. 

En el salón parroquial (provisional) de San Pablo Apóstol, en Radazul Bajo, fue presentado el anteproyecto de la Plaza Pública, Salones Multifuncionales Municipales, Complejo Parroquial San Pablo Apóstol y Garaje de Uso Público, redactado por el equipo del Arquitecto Aurelio Hernández. La parroquia contará con una iglesia con capacidad para 275 personas, cuyo retablo mayor será el mar, ya que la zona del altar (presbiterio) se plantea como la quilla de un barco que se adentra en el océano, rematándose en una vela abierta al viento. 

Entreculturas y la Universidad de la Laguna abrió el plazo de inscripción para el taller "Acércate al Sur", un espacio formativo de reflexión y encuentro ofrecido a todas aquellas personas interesadas en el análisis de las relaciones Norte-Sur y de nuevas propuestas de inclusión, igualdad y justicia. Este taller consta de dos sesiones formativas. El 9 de Octubre que girará en torno a
análisis de las desigualdades económicas y sociales, teorías de Desarrollo y Políticas de Cooperación Internacional. La siguiente será el 23 de octubre y estará centrada en: Género y desarrollo, Participación, Ciudadanía y Estilos de Vida. 

La parroquia de San Juan Bautista de Vallehermoso, peregrinó del 22 al 30 de septiembre a los pies del apóstol Santiago. Además, se aprovechó la ocasión para disfrutar de unos días en Galicia y otros en el principado de Asturias, donde el grupo visitó el santuario de Ntra. Sra de Covadonga. 

La Asociación Amigos de La Catedral de La Laguna ya ha organizado sus actividades para el cuarto trimestre. Estas iniciativas se enmarcan dentro del ciclo "Encuentros en La Catedral" que se están llevando a cabo en las Casas Capitulares, en la Calle Bencomo. La primera de estas citas tendrá lugar el 20 de octubre. "La Catedral: Estado de sus obras. Luces y sombras" será el título de la disertación que pronunciará Julián de Armas, Deán de La Catedral. 

En solidaridad con los trabajadores y trabajadoras que hoy sufren condiciones de trabajo, precariedad, paro y exclusión, la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) ofrece a todas las parroquias y grupos que lo deseen la realización de unas jornadas de información en un clima de oración, celebración y denuncia.  Proponen desde esta organización que estas jornadas podrían ser a partir de 8 a 9,30 de la noche y hasta las 11. Con momentos para compartir experiencias concretas de víctimas de la crisis, de oración y de cantos. 

El Convento de las Hermanas Concepcionistas Franciscanas de Garachico han celebrado la apertura del V Centenario de la promulgación de la Regla por parte del Papa Julio II en 1511. Este año contará con múltiples iniciativas que servirán de preparación para el 2011, año en que realmente se cumple el V Centenario.  

Los agentes de pastoral de todas las parroquias del arciprestazgo de Taco compartieron un día de formación en la parroquia de S. Isidro, en el Chorrillo. En la misma hubo momentos celebrativos, formativos y lúdicos. El tema central del encuentro fue el objetivo preferente del curso: adultos en la fe...fe adulta. Además, se presentaron la concreción de los objetivos específicos del PDP para este curso en la zona de Taco, así como el calendario de acciones para estos meses.  

Las Lustrales de Adeje continuaron el pasado domingo, con la subida en rogativa de la Virgen de la Encarnación desde San Sebastián hasta la Iglesia matriz, Santa Úrsula, ubicada en el casco adejero, de donde partió en peregrinación hace un mes para visitar todos los barrios de Adeje.


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miércoles, 06 de octubre de 2010

Reflexión de monseñor Jorge Casaretto, obispo de San Isidro (1 de septiembre de 2010). (AICA)

EL MOMENTO ACTUAL

Hace pocos días releía un texto escrito por el P. René Voillaume en diciembre de 1956, comentando las palabras de Jesús “… si no se hacen como niños no entrarán en el reino de los cielos….” Al respecto afirmaba “… podemos hacer mucho en forma de obras de caridad, de actividades, de abnegación, etc., sin disposición del corazón y del alma de un pequeño… Dios exige de nosotros la humildad, la sencillez y solo ella nos ayudará a vencer nuestro amor propio, el apego a nuestras ideas personales, a nuestra personalidad orgullosa y egoísta…”

Este texto me sugirió las siguientes reflexiones.

La Iglesia pasa por un momento de prueba. Convicciones tan profundas como el amor por la vida, por toda la vida ya concebida, por el matrimonio y la familia, son puestas en ridículo como si fueran concepciones retrógradas.

Actitudes aisladas, de carácter transgresor, se presentan como ejemplo de valentía, autonomía y de personalidad desarrollada. La desobediencia parece ser una virtud y una vida ordenada se asemeja a lo aburrido y anticuado.

¿Podríamos los miembros de la Iglesia renunciar a nuestras convicciones más profundas sin traicionar a Jesús y el Evangelio? ¿Podríamos parcializar el mensaje de Jesús tomando de Él sólo nuestra preocupación por los pobres porque parecería ser que esto es lo único que le cae bien a la cultura actual?. En todo caso esta esencial preocupación nunca debería estar motivada por “el quedar bien”, sino por el amor a Jesús, presente en la debilidad de cada persona.

Ciertamente ni estamos en el momento más difícil de la historia ni en el peor tiempo para los miembros de la Iglesia. Pero sin duda son momentos complejos, desafiantes, de “mucho movimiento” y la tentación de respuestas no-evangélicas puede aparecer frecuentemente.

¿Qué significa en momentos como estos hacernos como niños? La primera respuesta puede sonar “muy espiritual”, pero creo que lo que espontáneamente se le ocurre a un niño ante un peligro es refugiarse en los brazos de su padre y de su madre. Esto significa: debemos rezar más, buscar más a Dios para implorar la luz necesaria para ver, como el ciego le pedía a Jesús: “…Señor que vea….” Gracias a Dios tenemos fe y esto significa confianza en que “Él estará siempre con nosotros, hasta el fin del mundo”. Por eso los caminos y las respuestas y sobre todo las actitudes adecuadas para el tiempo, solo Él nos las puede revelar.

Debemos también huir de la tentación de enojarnos. ¡Qué fácil que es victimizarse cuando las cosas no nos salen bien!. En todo caso Benedicto XVI lo ha dicho con toda claridad: los principales problemas de la Iglesia no nos han venido desde afuera sino que han sido primordialmente nuestros propios pecados.

La cultura actual no sólo nos muestra la adversidad de muchos hacia la Iglesia. También se dan dimensiones muy positivas, exigencia de sinceridad y transparencia, un tiempo al que no le gusta el ocultismo, la arrogancia y el hablar con altivez. Es para nosotros un tiempo de purificación. Y esto que normalmente nosotros le pedimos al mundo, hoy estamos llamados particularmente a vivirlo nosotros mismos. Purificación es sinónimo de conversión, de auténticos cambios que nos inserten con más fuerza en el evangelio.

Y por supuesto, nada más alejado del mismo Evangelio que cualquier respuesta que incluya un mínimo de matiz violento. Lejos de nosotros los tonos hirientes, el desprecio o la ironía.

¿Pero qué hacer entonces? ¿Dejar que lo que consideramos erróneo o falso se imponga contando con nuestra pasividad o indiferencia? ¿Callar lo que nosotros consideramos verdades que nos han sido legadas por Jesús?

Por supuesto que son afirmaciones obvias que de por sí se responden por la negativa. No podemos ser infieles y traicionar nuestros principios. Cristo en su Pasión tuvo algunos momentos de fuertes afirmaciones y otros de silencio. Lo que primó en Él fue la búsqueda de la voluntad del Padre que lo llevó a ser el humilde servidor de la Humanidad.

La fidelidad a nuestros principios implica no sólo la proclamación de nuestras verdades, sino también un estilo evangélico de proponerlas. Por eso creo que es ante todo tiempo de testimonios. De ser testigos vivos. Esto significa que la respuesta pasa principalmente por encarnar el Evangelio en nuestra vida. No vamos a ser más creíbles por multiplicar nuestras declaraciones (aunque no podamos dejar de emitirlas). El testimonio de sacerdotes entregados, de consagrados serviciales y de familias alegres y gozosas de ser fieles y fecundas, creo que es lo primero.

Y como no podemos dejar de decir lo que creemos, debemos encontrar el modo de proclamar con humildad nuestras verdades. Un estilo donde quede claro que por sobretodo estamos guiados y motivados por el amor, que cristianamente hablando, debe llegar hasta el amor a los enemigos. Un amor lleno de respeto hacia todos, aunque consideremos que están equivocados. Un amor que discierne entre la verdad y el error, entre el bien y el mal, pero que nunca deja de amar a todos. Un discernimiento que nos ayude a compatibilizar la valentía de expresar la verdad con la mansedumbre propia de la auténtica caridad.

Sin duda es tiempo para los santos. Por eso volvemos nuestra mirada a Jesús pues solo Él sabrá inspirar el camino que cada uno de nosotros y su misma Iglesia debe recorrer.

Mons. Jorge Casaretto, obispo de San Isidro 


Publicado por verdenaranja @ 23:12  | Hablan los obispos
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ZENIT  nos ofrece la intervención del Papa Benedicto XVI durante la Audiencia General, celebrada en la Plaza de San Pedro, con los miles de peregrinos procedentes de todo el mundo, el miércoles 22 de SEptiembre de 2010.

Queridos hermanos y hermanas

Hoy quisiera detenerme a hablar del viaje apostólico en el Reino Unido, que Dios me ha concedido realizar en estos días pasados. Ha sido una visita oficial y, al mismo tiempo, una peregrinación al corazón de la historia y del hoy de un pueblo rico de cultura y de fe, como lo es el británico. Se ha tratado de un acontecimiento histórico, que ha marcado una nueva fase importante en la larga y compleja historia de las relaciones entre esas poblaciones y la Santa Sede. El objetivo principal d la visita era el de proclamar beato al cardenal John Henry Newman, uno de los ingleses más grandes de los tiempos recientes, insigne teólogo y hombre de Iglesia. En efecto, la ceremonia de beatificación representó el momento principal del viaje apostólico, cuyo tema estaba inspirado en el lema de la insignia cardenalicia del beato Newman: “El corazón habla al corazón”. Y en las cuatro intensas y bellísimas jornadas transcurridas en esa noble tierra tuve la gran alegría de hablar al corazón de los habitantes del Reino Unido, y ellos han hablado al mío, especialmente con su presencia y con el testimonio de su fe. Pude de hecho constatar cómo la herencia cristiana es aún fuerte e incluso activa en todos los estratos de la vida social. El corazón de los británicos y su existencia están abiertos a la realidad de Dios y hay numerosas expresiones de religiosidad que esta visita mía ha puesto aún más en evidencia.

Desde el primer día de mi permanencia en el Reino Unido, y durante todo el periodo de mi estancia, he recibido en todas partes una calurosa acogida por parte de las Autoridades, de los representantes de las diversas realidades sociales, de los representantes de las diversas Confesiones religiosas y especialmente de la gente común. Pienso de modo particular en los fieles de la Comunidad católica y en sus Pastores que, aún siendo minoría en el país, son muy apreciados y considerados, comprometidos en el anuncio gozoso de Jesucristo, haciendo resplandecer al Señor y haciéndose su voz especialmente entre los últimos. A todos renuevo la expresión de mi profunda gratitud, por el entusiasmo demostrado y por la encomiable diligencia con la que han trabajado por el éxito de esta visita mía, cuyo recuerdo conservaré para siempre en mi corazón.

La primera cita fue en Edimburgo con Su Majestad la Reina Isabel II, que juntamente con su Consorte, el Duque de Edimburgo, me acogió con gran cortesía en nombre de todo el pueblo británico. Se trató de un encuentro muy cordial, caracterizado por compartir algunas profundas preocupaciones por el bienestar de los pueblos del mundo y por el papel de los valores cristianos en la sociedad. En la histórica capital de Escocia pude admirar las bellezas artísticas, testimonio de una rica tradición y de profundas raíces cristianas. Hice referencia a esto en el discurso a Su Majestad y a las Autoridades presentes, recordando que el mensaje cristiano se ha convertido en parte integrante de la lengua, del pensamiento y de la cultura de los pueblos de esas Islas. Hablé también del papel que Gran Bretaña ha tenido y sigue teniendo en el panorama internacional, mencionando la importancia de los pasos llevados a cabo para una pacificación justa y duradera en Irlanda del Norte.

La atmósfera de fiesta y de alegría creada por los jóvenes y por los niños alegró la etapa de Edimburgo. Al llegar después a Glasgow, ciudad embellecida por encantadores parques, presidí la primera Santa Misa del viaje precisamente en el Bellahouston Park. Fue un momento de intensa espiritualidad, muy importante para los católicos del país, también considerando el hecho de que en aquel día se celebraba la fiesta litúrgica de san Ninian, primer evangelizador de Escocia. En esa asamblea litúrgica reunida en oración atenta y compartida, hecha aún más solemne por las melodías tradicionales y los cantos pegadizos, recordé la importancia de la evangelización de la cultura, especialmente en nuestra época en la que un relativismo penetrante amenaza con oscurecer la inmutable verdad sobre la naturaleza del hombre.

En la segunda jornada comencé la visita a Londres. Allí encontré en primer lugar al mundo de la educación católica, que tiene un papel relevante en el sistema de instrucción de ese país. En un autentico clima de familia hablé a los educadores, recordando la importancia de la fe en la formación de ciudadanos maduros y responsables. A los numerosos adolescentes y jóvenes, que me acogieron con alegría y entusiasmo, les propuse que no persigan objetivos limitados, contentándose con elecciones cómodas, sino de apuntar hacia algo más grande, es decir, la búsqueda de la verdadera felicidad que se encuentra sólo en Dios. En la cita siguiente con los responsables de las demás religiones mayormente presentes en el Reino Unido, recordé la ineludible necesidad de un diálogo sincero, que necesita el respeto del principio de reciprocidad para que sea plenamente fructífero. Al mismo tiempo, puse de manifiesto la búsqueda de lo sagrado como terreno común a todas las religiones sobre el que reforzar la amistad, la confianza y la colaboración.

La visita fraternal al Arzobispo de Canterbury fue la ocasión para reafirmar el compromiso común de dar testimonio del mensaje cristiano que une a católicos y anglicanos. Fue seguido por uno de los momentos más significativos del viaje apostólico: el encuentro en el gran salón del Parlamento británico con personalidades institucionales, políticas, diplomáticas, académicas, religiosas, representantes del mundo cultural y empresarial. En ese lugar tan prestigioso subrayé que la religión, para los legisladores, no debe representar un problema que resolver, sino un factor que contribuye de forma vital al camino histórico y al debate público de la nación, en particular al recordar la importancia esencial del fundamento ético para las decisiones en los diversos sectores de la vida social.

En ese mismo clima solemne, me dirigí después a la Abadía de Westminster: por primera vez un Sucesor de Pedro en el lugar de culto símbolo de las antiquísimas raíces cristianas del país. El rezo de la oración de las Vísperas, junto a las diversas comunidades cristianas del Reino Unido, representó un momento importante en las relaciones entre la Comunidad católica y la Comunión anglicana. Cuando veneramos juntos la tumba de san Eduardo el confesor, mientras el coro cantaba: Congregavit nos in unum Christi amor, alabó a Dios, que nos conduce en el camino de la unidad plena.

En la mañana del sábado, la cita con el Primer Ministro abrió la serie de encuentros con los mayores representantes del mundo político británico. Fue seguida de la celebración eucarística en la catedral de Westminster, dedicada a la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor. Fue un extraordinario momento de fe y de oración – que puso de manifiesto la rica y preciosa tradición de música litúrgica “romana” e “inglesa” – a la que tomaron parte los diversos componentes eclesiales, espiritualmente unidas a las multitudes de creyentes de la larga historia cristiana de esa tierra. Es grande mi alegría por haber encontrado un gran número de jóvenes que participaban en la Santa Misa desde el exterior de la catedral. Con su presencia llena de entusiasmo y a la vez atenta y ansiosa, demostraron querer ser los protagonistas de una nueva etapa de valiente testimonio, de solidaridad con los hechos, de generoso compromiso al servicio del Evangelio.

En la Nunciatura Apostólica me encontré con algunas víctimas de abusos por parte de miembros del clero y de religiosos. Fue un momento intenso de conmoción y de oración. Poco después, me encontré también con un grupo de profesionales y voluntarios responsables de la protección de los niños y de los jóvenes en los ambientes eclesiales, un aspecto particularmente importante y presente en el compromiso pastoral de la Iglesia. Les di las gracias y les animé a continuar su trabajo, que se inserta en la larga tradición de la Iglesia de cuidado por el respeto, la educación y la formación de las nuevas generaciones. Siempre en Londres, visité el asilo de ancianos que regentan las Hermanitas de los Pobres, con la preciosa aportación de numerosas enfermeras y voluntarios. Esta estructura de acogida es signo de la gran consideración que la Iglesia ha tenido siempre por el anciano, como también expresión del compromiso de los católicos británicos en el respeto a la vida sin tener en cuenta la edad o las condiciones.

Como decía, el culmen de mi visita al Reino Unido fue la beatificación del cardenal John Henry Newman, ilustre hijo de Inglaterra. Ésta fue precedida y preparada por una vigilia especial de oración que tuvo lugar el sábado por la noche en Londres, en el Hyde Park, en una atmósfera de profundo recogimiento. A la multitud de los fieles, especialmente los jóvenes, quise volver a proponer la luminosa figura del cardenal Newman, intelectual y creyente, cuyo mensaje espiritual se puede resumir en el testimonio de que el camino del conocimiento no es cerrazón en el propio “yo”, sino que es apertura, conversión y obediencia a Aquel que es el Camino, la Verdad y la Vida. El rito de beatificación tuvo lugar en Birmingham, durante la solemne Celebración eucarística dominical, con la presencia de una gran muchedumbre procedente de toda Gran Bretaña y de Irlanda, con representaciones de muchos otros países. Este impresionante acontecimiento ha puesto aún más de relieve a un erudito de gran talla, un insigne escritor y poeta, un sabio hombre de Dios, cuyo pensamiento iluminó muchas conciencias y que aún hoy ejerce una fascinación extraordinaria. Que en él, en particular, se inspiren los creyentes y las comunidades eclesiales del Reino Unido, para que también en nuestros días esa noble tierra siga produciendo frutos abundantes de vida evangélica.

El encuentro con la Conferencia Episcopal de Inglaterra y Gales y con la de Escocia concluyó una jornada de gran fiesta y de intensa comunión de corazones para la comunidad católica en Gran Bretaña.

Queridos hermanos y hermanas, en esta visita mía al Reino Unido, como siempre quise sostener en primer lugar a la comunidad católica, animándola a trabajar sin descanso para defender las verdades morales inmutables que, retomadas, iluminadas y confirmadas por el Evangelio, están a la base de una sociedad verdaderamente humana, justa y libre. He querido también hablar al corazón de todos los habitantes del Reino Unido, sin excluir a nadie, de la verdadera realidad del hombre, de sus necesidades más profundas, de su destino último. Al dirigirme a los ciudadanos de ese país, encrucijada de la cultura y de la economía mundial, tuve presente a todo Occidente, dialogando con las razones de esta civilización y comunicando la perenne novedad del Evangelio, de la que ésta está impregnada. Este viaje apostólico ha confirmado en mí una convicción profunda: las antiguas naciones de Europa tienen un alma cristiana, que constituye una unidad con el “genio” y la historia de los respectivos pueblos, y la Iglesia no deja de trabajar para mantener continuamente en pie esta tradición espiritual y cultural.

El beato John Henry Newman, cuya figura y escritor conservan aún una actualidad extraordinaria, merece ser conocido por todos. Que él sostenga los propósitos y los esfuerzos de los cristianos para “difundir en todas partes el perfume de Cristo, para que toda su vida sea sólo una irradiación de la suya”, como escribía sabiamente en su libro Irradiar a Cristo.

[Llamamiento]

En esta semana tiene lugar en Viena la reunión plenaria de la Comisión Mixta Internacional para el Diálogo Teológico entre la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa en su conjunto. El tema de la actual fase de estudio es el papel del obispo de Roma en la comunión de la Iglesia universal, con particular referencia al primer milenio de la historia cristiana. La obediencia a la voluntad del Señor Jesús, y la consideración de los grandes desafíos que hoy se presentan ante el cristianismo, nos obligan a comprometernos seriamente en la causa del restablecimiento de la plena comunión entre las Iglesias. Exhorto a todos a rezar intensamente por los trabajos de la Comisión y por un continuo desarrollo y consolidación de la paz entre los bautizados, para que podamos dar al mundo un testimonio evangélico cada vez más auténtico".

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 23:07  | Habla el Papa
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La joven focolar Chiara Luce Badano será proclamada beata el sábado 15 de Septeimbre de 2010. Roma (Italia), 22 Set. 10 (AICA)  

La joven focolar Chiara Luce Badano, muerta en 1990 tras una dolorosa enfermedad de cáncer llevada con ejemplaridad cristiana, será proclamada beata esta semana. El anuncio lo hizo el obispo de Acqui, monseñor Pier Giorgio Micchiardi. El solemne rito tendrá lugar el próximo sábado 25 de septiembre, a las 16, en el santuario de la Virgen del Divino Amore, de Roma, y será presidido por el Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, monseñor Angelo Amato, en representación del papa Benedicto XVI.

     Luego, en el aula Pablo VI, a las 20.30, los jóvenes del Movimiento de los Focolares festejarán el acontecimiento.

     Al día siguiente, domingo 26, a las 10.30, en la basílica de San Pablo Extramuros, el Secretario de Estado, cardenal Tarcisio Bertone, presidirá una misa de acción de gracias.

     La iniciativa del proceso de beatificación se debe al anterior obispo de Acqui, monseñor Livio Maritano, que conoció personalmente a Chiara Badano. Así explicó la motivación:

     “Me pareció que su testimonio sería muy significativo para los jóvenes, porque también hoy existe la necesidad de santidad. Es necesario ayudar a los jóvenes a encontrar una orientación, un objetivo, a superar inseguridades y soledad, sus enigmas frente a los fracasos, al dolor, a la muerte, a todas sus inquietudes. Es sorprendente este testimonio de fe, de fortaleza por parte de una joven de hoy: impresiona, empuja a muchas personas a cambiar de vida, tenemos prueba de ello casi a diario”.

     Chiara Lubich, fundadora del Movimiento de los Focolares, a la que Chiara Badano estuvo estrechamente ligada, también por una densa correspondencia, en marzo de 2000, al concluir la fase diocesana del proceso, se dirigió al Movimiento en el mundo en estos términos: “!Cuánta luz en nuestra Chiara! Se lee en su rostro, en sus palabras, en sus cartas, en su vida toda dedicada a amar concretamente a muchos. Podemos ‘beber’ de su vida. Es modelo y testigo para jóvenes y adultos: supo transformar su ‘pasión’ en un canto nupcial”.

     La presidenta del Movimiento de los Focolares, María Voce, anunció al Movimiento en el mundo los acontecimientos con estas palabras: “Queremos aprovechar esta ocasión para difundir lo más ampliamente posible, particularmente entre los jóvenes, el mensaje que Chiara Luce nos deja”.

     El 3 de julio de 2008, con el reconocimiento de las “virtudes heroicas”, la Sierva de Dios es declarada Venerable.

     El 19 de diciembre de 2009, tras la autorización del Santo Padre, la Congregación para las Causas de los Santos promulgó el decreto relativo al milagro, atribuido a la intercesión de Chiara Badano: se trata de la curación repentina de un niño de Trieste, que sufría una grave forma de meningitis fulminante. Los médicos le dieron 48 horas de vida.

     El nombre de “Chiara Luce” (Clara Luz) se lo dio Chiara Lubich en julio de 1990. Respondiendo a una carta de Chiara Badano, entre otras cosas le escribía: “Gracias también por tu foto. Tu rostro tan luminoso expresa tu amor por Jesús. Chiara Luce es el nombre que he pensado para ti. Es la luz de Dios que vence el mundo”.

Quién es Chiara Luce Badano

     Largamente esperada, nació en Sassello el 29 de octubre de 1971 y creció en una familia sencilla que la educó en la fe. Rica en dotes naturales, guapa y deportiva, tuvo muchos amigos que la consideran, al mismo tiempo, normal y extraordinaria.

     A los nueve años conoció el Movimiento de los Focolares, al participar con sus padres en Roma en el Family Fest, encuentro mundial organizado por esta realidad eclesial, que tendría un impacto decisivo para los tres.

     Chiara era muy activa en el Movimiento Gen (Generación Nueva), de los Focolares. Le gustaban el deporte, el baile y el canto. A los 16 años decidió consagrarse a Dios.

     Con 17 años, afectada por un tumor óseo, afrontó la enfermedad confiando en el amor de Dios. Comunicaba serenidad, paz y alegría a quien se le acercaba.

     Chiara Luce dirige un mensaje a sus coetáneos: “Los jóvenes son el futuro. Yo ya no puedo correr, pero quisiera pasarles a ellos la antorcha como en las Olimpiadas. Tienen una sola vida y vale la pena gastarla bien”.

     El 7 de octubre de 1990 se despidió de su madre con estas palabras: “¡Sé feliz, yo lo soy!”. Unas 2.000 personas asistieron al funeral.

     Su vida es el testimonio de un sí incondicional al amor de Dios, un sí repetido desde pequeña, un sí que, en cordada, con sus padres, con Chiara Lubich, con los jóvenes con los que comparte la misma elección de vida, ha sabido transformar la enfermedad en un camino de luz hacia la plenitud de la Vida. Inmediatamente se ha divulgado el eco de su santidad.+


Publicado por verdenaranja @