Subsido para una vigilia de oración por la vida siguiendo la indicación del Papa a realizar una jornada de oración por la vida naciente el 27 de Noviembre de 2010. Ofrecido por la Delegación Diocesana "Familia y Vida" de la Diócesis de Tenerife.
VIGILIA DE ORACIÓN POR LA VIDA
27 de Noviembre de 2010. Primer sábado-domingo de Aviento
MODELO 2
MONICIÓN INICIAL
Nos reunimos en este día como comunidad cristiana, al comienzo del Adviento, para agradecer la vida donada por el Padre Dios, y como hijos: promover, cuidar y respetar la vida. Nos unimos en esta jornada al Papa Benedicto XVI y a toda la Iglesia en oración.
CANTO: GRACIAS, SEÑOR
Hoy, Señor, te damos gracias
por la vida, la tierra y el sol.
Hoy, Señor, queremos cantar
las grandezas de tu amor.
1.- Gracias, Padre, mi vida es tu vida,
tus manos amasan mi barro,
mi alma es tu aliento divino,
tu sonrisa en mis ojos está.
2.- Gracias, Padre, me hiciste a tu imagen,
y quieres que siga tu ejemplo
brindando mi amor al hermano,
construyendo un mundo de paz.
MONICIÓN
Dios con su Palabra crea todo. Escuchemos atentamente su proyecto más genuino al crear.
LECTURA: Gn 1, 1-31
MONICIÓN
Cuanto amor y cuanta ternura la de Dios para con nosotros sus hijos. Disfrutemos y gocémonos de ella.
POWER POINT: TU TERNURA
MONICIÓN:
A imagen y semejanza, Dios los creó, les llenó de su ternura y plantó en su corazón el evangelio de la vida. Escuchemos esta reflexión sobre la familia.
TEXTO: La familia, santuario de la vida
«Dios creó al ser humano a su imagen y semejanza; a imagen de Dios lo creó, hombre y mujer los creó, y los bendijo diciendo: creced y multiplicaos» (Gen 1,27-28). El evangelio de la vida comienza con la creación de Adán y Eva, llamados al amor conyugal, y a través de su amor, a ser padres cooperando así de manera singular con la obra creadora de Dios.
El amor conyugal entre el hombre y la mujer, fundamento de la familia, es el lugar santo donde la persona es concebida dignamente. El hijo nace del amor de los padres y es invitado a participar en su comunión de amor. La familia es también el santuario donde la vida es acogida con alegría y celebrada en la vida cotidiana, enriquecida por las ricas relaciones entre los padres, los hijos, los abuelos, etc.
Estas familias son una magnífica proclamación del Evangelio de la vida y un motivo para dar gracias a Dios: familias que a pesar de las crisis y momentos difíciles saben permanecer unidas en el amor, familias que a pesar de las dificultades viven generosamente abiertas a la vida, familias que sostienen a sus miembros más débiles o necesitados con su tiempo y sus mejores energías, etc. Todas estas familias –tantas de ellas cristianas– son un magnífico testimonio del valor de la vida y realizan un precioso servicio a la sociedad.
Este testimonio generoso de tantas familias es la mejor escuela para que los niños aprendan el valor sagrado de la vida humana y aprendan a respetar y promover la vida de todos, especialmente la de los más débiles. El gozo de la familia al acoger una nueva vida es la mejor proclamación ante los niños del valor sagrado de la vida concebida y aún por nacer de un nuevo hijo. Por ello la celebración del día de la vida puede ser una preciosa ocasión para que la familia tome más profunda conciencia de su misión de servicio a la vida.
REFLEXIÓN DE QUIEN PRESIDA O LLEVE LA ORACIÓN.
GESTO:
DEPOSITAR EN UN CUENCO CON TIERRA SEMILLAS, COMO SIGNO DE NUESTRO TRABAJO A FAVOR DE LA VIDA. ( mientras se realiza el gesto se pone una música)
PRECES:
Celebrando, hermanos, la Vida que se manifestó en Jesús, concebido en el seno de la Virgen María, elevemos nuestras plegarias al Padre pidiendo por las necesidades de todos los hombres.
Por la Iglesia, el pueblo de la vida, enviada a anunciar, celebrar y servir al Evangelio de la vida; para que ilumine con la luz de Cristo las conciencias de todos los hombres y sea, en medio del mundo, la voz de los que no tienen voz. Roguemos al Señor.
Por los gobernantes, los legisladores y los jueces: para que protejan eficazmente el derecho a la vida de todo ser humano, también del aún no nacido, y de este modo el Estado defienda y promueva el bien común. Roguemos al Señor.
Por los matrimonios y las familias cristianas: para que sean verdaderamente santuarios de la vida y células vivas de una sociedad que ama y acoge la vida. Roguemos al Señor.
Por todos aquellos que cuidan a las personas discapacitadas, y por todos los profesionales sanitarios; para que jamás cedan a la tentación de pensar que hay vidas menos dignas de ser vividas. Roguemos al Señor.
Por los jóvenes; para que aprendan a valorar y a respetar la vida y para que descubran que no existe libertad al margen de la verdad. Roguemos al Señor.
Por las futuras madres en dificultades; para que encuentren comprensión y afecto en su familia, y soluciones eficaces en la sociedad. Roguemos al Señor.
Por todas las víctimas de los atentados contra la vida: del aborto, de la eutanasia, de los homicidios, del terrorismo y de los demás tipos de violencia; para que el recuerdo de su sufrimiento nos impulse a construir un mundo más humano. Roguemos al Señor.
Por la víctimas de las guerras, especialmente por aquellas que son crónicas y casi hemos olvidado, por las víctimas de la injusticia legislativa y la injusticia económica, especialmente los que mueren de hambre en el mundo. Roguemos al Señor.
Para que aunemos nuestros esfuerzos y, con la colaboración de todos los hombres de buena voluntad, construyamos una nueva cultura de la vida. Roguemos al Señor.
Acoge, Señor de la vida, nuestras súplicas y concédenos una humanidad que favorezca y apoye la vida, Por Cristo, nuestro Señor. Amén
ORACIÓN: (para orar todos)
Oh María,
aurora del mundo nuevo,
Madre de los vivientes,
a Ti confiamos la causa de la vida:
mira, Madre, el número inmenso
de niños a quienes se impide nacer,
de pobres a quienes se hace difícil vivir,
de hombres y mujeres víctimas
de violencia inhumana,
de ancianos y enfermos muertos
a causa de la indiferencia
o de una presunta piedad.
Haz que quienes creen en tu Hijo
sepan anunciar con firmeza y amor
a los hombres de nuestro tiempo
el Evangelio de la vida.
Alcánzales la gracia de acogerlo
como don siempre nuevo,
la alegría de celebrarlo con gratitud
durante toda su existencia
y la valentía de testimoniarlo
con solícita constancia, para construir,
junto con todos los hombres de buena voluntad,
la civilización de la verdad y del amor,
para alabanza y gloria de Dios Creador
y amante de la vida.
CANTO FINAL: ALABARÉ. ALABARÉ, ALABARÉ A MI SEÑOR. (CRC, 102)