ZENIT publica la carta que ha enviado el cardenal Lluís Martínez Sistach, arzobispo de Barcelona, tras la visita que Benedicto XVI realizó a Barcelona entre el 6 y el 7 de noviembre de 2010.
Una visita memorable
Durante la reciente estancia del Santo Padre en Barcelona tuve el honor de estar mucho rato junto a él y pude constatar sus reacciones. Benedicto XVI sigue los acontecimientos con una atención especial, diría que casi contemplativa. Y en el curso del almuerzo en la sede del arzobispado me dirigió esta frase, refiriéndose a la dedicación de la Sagrada Familia: "Ha sido una celebración que nunca olvidaré".
También para nosotros la visita del Santo Padre ha sido un hecho memorable. Ha sido un verdadero don de Dios. Pienso que se ha cumplido el objetivo principal de los viajes apostólicos del Santo Padre: confirmarnos en la fe y animarnos a revitalizar nuestra identidad cristiana. La acogida que entre todos hemos dispensado al Papa ha sido admirable. Quedé gratamente impresionado al ver el entusiasmo con que fue recibido por las calles de Barcelona al dirigirse al templo de la Sagrada Familia y al regresar desde ese templo a la sede del arzobispado. Lo mismo he de afirmar de la entusiasta acogida la noche del sábado, cuando llegó al arzobispado. Los jóvenes estuvieron presentes de forma especial en esta acogida como también en la despedida que le hicimos en el aeropuerto.
Otro fruto de las visitas apostólicas del sucesor de San Pedro consiste en percatarnos de que cada Iglesia local es un santuario vivo, un grupo de personas que en la confesión de la fe visibilizan la presencia de Cristo en medio de los hombres. Esto comporta que todos amemos y sirvamos con renovada generosidad y fidelidad a la Iglesia diocesana en la que está presente y operante la Iglesia entera de Cristo.
Benedicto XVI nos ha dado pruebas de una especial estima por el hecho de haber aceptado la invitación que le hice. Y, a lo largo de su estancia entre nosotros, nos ha manifestado su estima mediante el generoso reconocimiento que ha hecho de nuestra realidad cultural y religiosa. El uso que ha hecho de nuestra lengua catalana -junto con el castellano y el latín- ha sido un signo bien evidente de este reconocimiento y de esta estima. Por ello, con la confirmación en la fe cristiana, la visita del santo Padre es una invitación a tomar mayor conciencia de lo que es la Iglesia diocesana. Nuestra Iglesia de Barcelona es la Iglesia que está en comunión con la Iglesia de Roma y con toda la Iglesia católica, extendida de Oriente a Occidente. La misma presencia del Papa nos confirma como Iglesia y manifiesta que nuestra Iglesia no es una Iglesia aislada, solitaria, autosuficiente, sino que es una Iglesia en comunión católica y apostólica; el pastor diocesano es de verdad un miembro del Colegio episcopal, en comunión con la cabeza, el obispo de Roma y sucesor del apóstol Pedro.
Este domingo celebramos la jornada de "Germanor", que pone de relieve la misión de la Iglesia diocesana, su actividad pastoral y la responsabilidad que todos los cristianos tenemos para mantener los gastos que la Iglesia necesita para llevar a cabo su misión evangelizadora y de ayuda fraterna.
Hemos acogido muy bien al Santo Padre. Y deseo dar las gracias a todos los que han colaborado de muchas y variadas maneras. Démosle gracias a Dios. Y dispongámonos a continuar trabajando al servicio de Dios y de nuestra sociedad. La visita, como decimos en lenguaje coloquial, "no ha de quedar en fuego de artificios". Ahora, como comunidad diocesana, nos queda un trabajo que, con la ayuda de Dios, esperamos hacer en los próximos meses: reflexionar sobre los mensajes que el Papa nos ha dejado, con sus gestos y sus palabras, y buscar la mejor manera de ponerlos en práctica. Así lo exige la calidad de una visita considerada por muchos como histórica de verdad.
Moniciones para la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María, ofrecidas por la Área de Pastoral Social de la diócesis de Tenerife.
FESTIVIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN
8 de diciembre
ENTRADA.
La fiesta de la Inmaculada es un motivo de esperanza: en María el bien ha triunfado sobre el mal. A pesar de las dificultades, podemos seguir avanzando en nuestro deseo de vivir una fe madura que dé frutos de amor y servicio.
PRIMERA LECTURA.
El hombre, cuando toma conciencia de su pecado experimenta un impulso de huida: huye de Dios, huye del otro, huye de sí mismo.
Pero, por otra parte, Dios va a su encuentro. Y cuando Dios se hace presente, comienza la salvación. El hombre no tiene que temer, porque Dios está a su favor. La serpiente, símbolo del mal, será vencida por un hijo de mujer y de Dios.
SALMO.
Nos unimos al Salmista proclamando las maravillas de un Dios empeñado en salir a nuestro encuentro ofreciéndonos la salvación.
SEGUNDA LECTURA.
No podemos hacer otra cosa que bendecir a Dios porque Dios no deja de bendecirnos. Y todas sus bendiciones se personalizan en Jesucristo. Por Jesucristo fue inmaculada la Virgen, su Madre. Por Jesucristo será inmaculada la Iglesia. Por Jesucristo seremos nosotros santos en el amor.
EVANGELIO.
En María se produce la acogida de la salvación que Dios ofrece a nuestro mundo. Su fe adulta, su acogida y disponibilidad hace posible el cumplimiento de la promesa de la victoria de la gracia sobre el pecado.
ORACIÓN DE LOS FIELES.
María es la Virgen orante. En comunión con ella y en unión con toda la Iglesia, elevamos a Dios nuestra súplica. Contestamos: Bendito seas, Señor
Para que en todas las naciones prevalezcan las actitudes de servicio y solidaridad, superando la injusticia y la opresión. Roguemos al Señor. Bendito seas, Señor.
Para que la Iglesia brille ante el mundo como casa de acogida y sembradora de esperanza. Roguemos al Señor. Bendito seas, Señor.
Para que los pobres y los que más sufren sientan consuelo mirando a María y sientan también nuestro apoyo y cercanía. Roguemos al Señor. Bendito seas, Señor.
Para que la devoción a María sea en espíritu y verdad y nos haga crecer en nuestra fe. Roguemos al Señor. Bendito seas, Señor.
Para que nuestra comunidad parroquial se disponga a vivir las actitudes de María: acogida y escucha a la llamada del Señor y solidaridad con los más necesitados. Hoy de modo especial con los inmigrantes. Roguemos al Señor. Bendito seas, Señor.
Ayúdanos, Padre, a superar el pecado en nosotros y en el mundo y vivir en libertad como hijos tuyos. Por Jesucristo, tu Hijo Nuestro Señor. Amén.
GESTO SIMBÓLICO.
Con el pan, el vino y la colecta podemos presentar unas flores, como evocación de María, la flor más hermosa.
ACCIÓN DE GRACIAS.
Bendita seas, Madre, porque viviste en la verdad, sin caer en el engaño
Bendita seas, María, porque viviste en la humildad sin dejarte cegar por el orgullo
Bendita seas, Virgen santa, porque viviste en la pobreza, sin sucumbir a la codicia
Bendita seas, Madre Inmaculada, porque viviste siempre en el amor, la fe y la esperanza.
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La Delegación se puso en marcha en el año 2003. Forma parte, junto con otras delegaciones, del Área de Pastoral Social de la Diócesis y se coordina a nivel nacional con el Secretariado de la Comisión Episcopal de Migraciones de la Conferencia Episcopal.
En la pastoral de conjunto diocesana el hecho migratorio es un aspecto transversal por lo que la Delegación de Migraciones esta llamada a ser el cauce de coordinación, animación y planificación de las acciones que se planteen en este ámbito.
Una tarea fundamental es la de sensibilizar a la comunidad eclesial y a la sociedad sobre el desfío de la inmigración en sus aspectos sociales y pastorales. Para ello se aprovechan medios concretos como son: la celebración anual de la Jornada de las Migraciones con la difusión de materiales, charlas en parroquias, jornadas de formación específicas, acercamiento y encuentro con las diversas entidades que trabajan en el ámbito de las migraciones y también con los colectivos de personas inmigrantes que residen en nuestra diócesis.
Moniciones para el domingo segundo de Adviento - A, ofrecidas por el Área de Pastoral Social de la diócesis de Tenerife.
2º Domingo de Adviento: Juan Bautista: una fe madura
ENTRADA. La liturgia de hoy nos presenta la figura de Juan Bautista como modelo de una fe adulta y madura. Para el evangelista Mateo, este gran personaje inaugura la llegada del Reinado de Dios. La llegada de este Reino pide de nosotros una respuesta que no pude quedarse en meros actos externos y rituales sino en dar buenos frutos. Somos justificados y salvados, si aceptamos el impulso de Dios a ser justos. Es lo que llamamos conversión: un cambio radical de mentalidad y de actitudes profundas que se manifiestan en una vida nueva.
CORONA DE ADVIENTO. Encendemos la segunda vela de la Corona de Adviento pedimos al Señor que avancemos en una fe adulta, madura, que dé frutos de conversión como nos pide el Señor por medio de Juan Bautista.
PRIMERA LECTURA. En medio de una situación de injusticia, de turbulencias sociales y dificultades que vivía el Pueblo de Dios, Isaías invita a la confianza en un Dios fiel que no abandona a su gente. Escuchemos.
SALMO. Nos unimos al salmista pidiendo la llegada del Rey justo que libre al pobre y al afligido que no tiene protector.
SEGUNDA LECTURA. Pablo nos invita a la esperanza y a tener un corazón universal.
EVANGELIO. Escuchemos con atención la vibrante llamada que nos hace Juan a nosotros a un cambio de vida, a una madurez en la fe.
ORACIÓN DE LOS FIELES: A cada petición, contestamos: Ven, Señor Jesús.
Para que la Iglesia se renueve, acoja y anuncie la llamada a la conversión. Roguemos al Señor. Ven, Señor Jesús
Para que la paz se extienda a las naciones. Roguemos al Señor. Ven, Señor Jesús.
Para que los empobrecidos y desamparados sean defendidos con justicia. Roguemos al Señor. Ven, Señor Jesús
Para que no dejemos para mañana la gracia de la conversión. Roguemos al Señor. Ven, Señor Jesús
Para que esta Eucaristía sea para nosotros un verdadero encuentro con Jesucristo que nos ayude a madurar nuestra fe. Roguemos al Señor. Ven, Señor Jesús.
Te alabamos, Padre, porque nos has dado a Jesucristo y nos has llenado de los dones de tu Espíritu. Te pedimos que demos frutos de conversión y de amor. Por JNS.
GESTO SIMBÓLICO. Con el pan y el vino podemos presentar una concha y agua, por el bautismo de Juan y de Jesús. También una flor o una maceta florecida, símbolo de la vida que se renueva.
ACCIÓN DE GRACIAS.
Gracias, Señor, porque tú eres capaz de hacer brotar de un tronco viejo un Renuevo.
Gracias, Señor, por la figura de Juan Bautista que nos llama a ser personas de fe madura
Gracias, Señor, por tantos profetas que, con su palabra y su testimonio, nos invitan a la conversión.
Gracias, Señor, por tanta gente que, con la fuerza del Espíritu, hace florecer la justicia.
Gracias, Señor, Tú eres nuestra Justicia.
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Justicia y Paz fue creada en nuestra Diócesis por D. Felipe Fernández a raíz del Sínodo Diocesano: “Que se cree la Comisión Diocesana de ‘Justicia y Paz’, como medio para la defensa y la promoción de los DERECHOS Humanos, la justicia y la paz” (389).
Está vinculada a la Comisión General de Justicia y Paz de España, organismo eclesial creado por la Conferencia Episcopal Española, que su vez forma parte de Justicia y Paz de Europa, que se coordina con la Iglesia Universal a través del Dicasterio de Justicia y Paz.
Estando con “los ojos abiertos para VER, el corazón sensible para SENTIR y las manos prontas para ACTUAR, tiene la misión de:
Promover la promoción y defensa de los Derechos Humanos, la justicia, la paz y el cuidado de la Naturaleza.
Facilitar los conocimientos para impulsar y estimular el compromiso lúcido y crítico de los cristianos y de las instituciones en general, a favor de una sociedad más justa, solidaria y pacífica, donde los derechos de las personas y los pueblos sean respetados y promovidos.
Estudiar y difundir la Doctrina Social de la Iglesia, de modo especial, cada año, del Mensaje del Papa el 1º de enero, Jornada Mundial de Oración por la paz.
Para ello, sensibiliza, anima a la reflexión, difunde materiales y educa en valores de respeto a las personas y a la naturaleza, mediante material audiovisual, conferencias, dinámicas y juegos sobre la problemática social, promueve la acogida e integración de emigrantes, denuncia situaciones de injusticia, ofrece actividades de refuerzo escolar y campamentos urbanos para niños y adolescentes, etc.
La actual Presidenta es Carmen Luisa González Expósito. Cuenta con un Equipo de diez personas. Tiene su sede en c/ Santiago Beyro, 15, 1º B. Santa Cruz de Tenerife 38007. Teléfono: 922 88 29 17/ 696922720. Justiciaypaz.tenerife@gmail.com. Más información juspax-es.org.
DOMINGO 2 DE ADVIENTO/A
5 de Diciembre de 2010
Jesús, el Señor, que nos ama y viene a salvamos, esté con
todos vosotros.
"Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos" Esta es la llamada que hoy resuena en nuestra celebración. Allí junto al río Jordán, aquel personaje sorprendente que se llamaba Juan el Bautista, reúne a su alrededor gentes de toda clase, que se sienten atraídas por la fuerza de su palabra y por la sinceridad de su vida de hombre entregado a Dios. Nosotros también, como aquellos judíos de hace dos mil años, queremos hoy escuchar esta palabra que nos llama a convertimos para preparar la venida del Señor".
Corona de Adviento: Comencemos nuestra celebración encendiendo el segundo cirio de la corona de Adviento, en la espera de la venida del Señor.
Se enciende el segundo cirio de la corona de Adviento (el primero ya estará encendido). Entretanto, se puede cantar otra estrofa del canto de entrada, o bien decir las siguientes invocaciones, a la oración que ofrecemos en las hojas amarillas, o lo que sea costumbre en cada lugar.
- Jesús, Señor, luz de todos los pueblos. SEÑOR, TEN PIEDAD.
- Jesús, Señor, paz y alegría en los corazones. CRISTO, TEN PIEDAD.
- Jesús, Señor, Dios con nosotros. SEÑOR, TEN PIEDAD.
1. lectura (lsaías 11,1-10): Escuchemos la esperanzada profecía de Isaías. Desde el fondo de la historia de Israel -del tronco de Jesé, el padre de David, como dice el profeta- surgirá aquel que traerá el cumplimiento de todas las esperanzas. El Mesías que inaugurará el nuevo tiempo, el tiempo de la vida y la paz para todos.
2. lectura (Romanos 15,4-9): Dios ha querido que el anuncio salvador y la vida nueva de Jesucristo no quedaran encerrados en el pueblo de Israel, el pueblo elegido, sino que ha querido que su bondad llegara a todos, hasta nosotros.
Oración universal: Oremos ahora unidos en la fe y en la esperanza, diciendo (cantando): VEN, SEÑOR JESÚS
Para que las Iglesias cristianas caminemos sinceramente hacia la unidad. OREMOS AL SEÑOR:
Para que los que no creen en Jesucristo lleguen a descubrir la luz y la alegría del Evangelio. OREMOS AL SEÑOR:
Para que los gobernantes de los países ricos trabajen por una justa distribución de la riqueza entre todos los pueblos. OREMOS AL SEÑOR:
Para que todos los que nos hemos reunido en esta iglesia crezcamos siempre en la generosidad, en la confianza, en el deseo de hacemos mutuamente felices. OREMOS:
Escucha, Señor, la oración de tu pueblo reunido, y ven a salvamos. Tú, que, vives y reinas ...
Padrenuestro: Mientras esperamos la venida de su Hijo Jesucristo, y la venida definitiva del Reino que él mismo nos anunció, nos dirigimos al Padre del cielo diciendo:
CPL
Lectio divina para el jueves de la primera semana de Adviento, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.
LECTURA: “ Mateo 7, 21. 24‑27”
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No todo el que me dice "Señor, Señor" entrará en el reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo.
El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca.
El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente.»
MEDITACIÓN: “El reino de los cielos”
Es claro y creo que todos lo entendemos. No basta con hablar para que las cosas se hagan y se hagan, sobre todo, bien. No basta con rezar mucho y oír muchas misas, es bueno y necesario hacerlo, pero no basta para manifestar la verdad de lo que creemos. La verdad de lo que sentimos o creemos tiene que pasar por el tamiz de nuestras actitudes, porque ellas son las que ponen de manifiesto la verdad de lo que creemos.
También es cierto que somos portadores de muchas limitaciones y condicionamientos que en muchos momentos y situaciones nos impiden el realizar aquello que nosotros mismos deseamos, pero detrás de eso se nota qué es lo que late en nuestro interior, qué buscamos, qué luchamos por conseguir, aunque no lo consigamos, porque ese esfuerzo y deseo sincero tú también lo bendices y ayuda a afincarnos en la roca que eres tú.
Esta es la forma de entrar en tu Reino. No en la meta definitiva de un día, sino en tu Reino que ha comenzado aquí, que hay que empezar a construir aquí y manifestar y hacer realidad aquí y, que sí, un día se consumará en plenitud allí. Por eso, entrar en la dinámica de tu Reino no es creer solo en el cielo futuro, es creer y esperar y cooperar para que ese cielo, ese Reino de amor, actúe ya, manifieste sus gestos aquí, empezando en mis gestos. Eso es lo que va dando peso a nuestra vida, lo que nos da raíces profundas que nos arraigan en el bien, en el amor que eres tú. El Reino no es un premio futuro sino una historia de transformación de mi corazón que me llamas a iniciar aquí, a hacer crecer, a afianzar, con la fuerza de tu Espíritu, y que un día culminarás tú en mí.
ORACIÓN: “Dame valor”
Gracias de nuevo, Señor, porque me sitúas en la realidad de mi vida, en la realidad de lo mejor de mí. Gracias porque me sigues abriendo horizontes y me ayudas a construir lo mejor de mí y de la historia. Sabes que sólo no puedo, necesito tu fuerza y tu apoyo y sé que estás ahí.
Ayúdame a vivir abierto a la luz y al empuje de tu Espíritu. Ayúdame a descubrir mis posibilidades, que son muchas más de las que pienso. Dame valor para romper miedos y barreras para que aprenda a adentrarme en lo más profundo y auténtico de mí, y entre gozosamente decidido en la corriente de vida de tu reino.
CONTEMPLACIÓN: “Me es fácil”
Me es fácil mirar arriba
y eludir la mirada
de mi entorno pobre
y dolorido.
Me es fácil mirar a la meta
y olvidar que hay que hacer
hasta ella el recorrido.
Me es fácil decir: ¡Señor!
y seguir sentado
al borde del camino.
Me es fácil cavar la arena
que la roca dura
de mis sueños.
Me es fácil pasar la vida,
aunque no la haya vivido.
Y así me vuelves a tender tu mano,
para afianzar mis pasos,
y construir en ti mi historia.
Los Obispos de México han elaborado el documento final de la XC Asamblea Plenaria en el que subrayan el compromiso de la Iglesia en la Misión continental. “Nos hemos reunido en Asamblea Plenaria para compartir las variadas experiencias de la Misión Continental permanente en nuestras diócesis y descubrir los caminos del Espíritu para dinamizarla en sus procesos y estrategias” (Fides)
Mensaje de los Obispos al Pueblo de México en su XC Asamblea Plenaria
Jueves, 11 de Noviembre de 2010
“Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos" (Mt 28,19)
"Que cada uno se fije cómo va construyendo" (l Cor 3,1 O)
Los obispos de la Iglesia Católica que peregrina en México saludamos a los fieles católicos y a todas las personas de buena voluntad que esperan de la Iglesia una palabra y una presencia que alimente la esperanza. Deseamos que Cristo les acompañe en su caminar de cada día y los transforme en comprometidos constructores de la reconciliación y de la paz.
Nos hemos reunido en Asamblea Plenaria para compartir las variadas experiencias de la Misión Continental permanente en nuestras diócesis y descubrir los caminos del Espíritu para dinamizarla en sus procesos y estrategias. Hemos vivido esta Asamblea en un ambiente de encuentro orante, reflexivo, fraterno y de serena esperanza. Cada vez que nos reunimos, revivimos la experiencia de los Apóstoles cuando, venidos de todas las iglesias, buscaban juntos respuestas que exigían los retos nuevos de la misión que su Señor les había encomendado. Al igual que ellos, nuestro principal motivo es anunciar, celebrar y vivir el estilo de Jesucristo, muerto y resucitado, en las actuales y retadoras circunstancias de nuestro tiempo.
El año 2010, en ocasión del bicentenario de la Independencia y del centenario de la Revolución, nos ha dado la oportunidad de repensar la definición de nuestra identidad y el compromiso permanente de ser libres y justos, en una sociedad que vive una profunda crisis cultural que cimbra sus cimientos y pone en cuestión su futuro. Así lo hemos expresado en la carta "Conmemorar nuestra historia desde la Fe para comprometernos hoy en nuestra Patria" y en la exhortación "Que en Cristo nuestra Paz México tenga vida digna". Seguimos afirmando nuestro compromiso de ser servidores de la reconciliación y de la paz.
En esta Asamblea nos hemos preguntado qué desafíos piden, de nuestra parte, una palabra iluminadora y una presencia comprometida. Hemos reflexionado sobre la necesidad de que el Evangelio incida en la nueva cultura, caracterizada por la reducción del ser humano a objeto de consumo y la ausencia de aspiraciones humanizadoras y trascendentes. Con la confianza puesta en el Señor de la historia, nos comprometemos a asumir los desafíos pastorales de la nueva cultura.
Como los apóstoles, que fueron requeridos a dar soluciones rápidas y eficientes ante problemas de su tiempo, nosotros, sus sucesores, seguimos proclamando a Jesucristo, vivo en su Iglesia por la palabra, los sacramentos y la caridad. Él es nuestro tesoro y la razón de ser de nuestra misión. Jesús es el camino que nos permite descubrir la verdad sobre el hombre y su futuro. Donde se planta bien el Evangelio nace el hombre nuevo capaz de edificar una nueva sociedad.
La primera invitación que Jesús hace a toda persona que ha vivido el encuentro con Él, es la de ser su discípulo, seguirlo y formar parte activa, comprometida y corresponsable en su comunidad (cf. Jn 1,39). Como dice la Iglesia en Aparecida, en su mensaje final: "¡Nuestra mayor alegría es ser discípulos suyos! Él nos llama a cada uno por nuestro nombre, conociendo a fondo nuestra historia (cf. Jn 10,3), para convivir con Él y enviamos a continuar su misión (cf. Mc 3,14-15)".
La Iglesia está llamada a repensar profundamente y relanzar con mayor fidelidad y audacia su misión en las nuevas circunstancias (cf. DA, 11). Ante los nuevos retos, retomamos el llamado a ser misioneros de la esperanza, iluminados por la fuerza del Espíritu Santo en un nuevo Pentecostés, que nos da confianza y seguridad para vencer los miedos, temores y dificultades de nuestro tiempo. Asumimos con renovado entusiasmo ser discípulos misioneros, viviendo y compartiendo el tesoro más preciado que es Cristo y. su buena nueva de salvación. De igual modo, reafirmamos el compromiso de ser animadores de los procesos y estrategias de la misión permanente para que sea efectiva en cada una de las diócesis de nuestro país.
Les invitamos a vivir este tiempo de la Iglesia como tiempo del Espíritu Santo, Señor y dador de vida. Fijemos nuestra mirada en Jesucristo y reafirmémonos como discípulos y misioneros del amor de Cristo en estos tiempos, también de grandes oportunidades, para evangelizar la cultura emergente. Dejémonos atraer con renovado asombro por el Dios revelado por Jesucristo. Nuestro testimonio más valioso es la fe que tenemos en Dios amor. Que esta fe- amor-esperanza se refleje en cada bautizado, en el modo de ser Iglesia en el mundo y en la renovación de las estructuras pastorales.
En la Iglesia de Jesús, todos somos responsables de la misión que se nos ha encomendado y cada uno participamos en ella con diferentes ministerios, carismas y servicios. Por ello, invitamos a nuestros sacerdotes, vida consagrada y laicos a ser corresponsables en la tarea de fortalecer los procesos de una Iglesia en estado de misión permanente. Con el testimonio de la unidad animaremos a nuestras comunidades a asumir el discipulado misionero y a ser coherentes en la vida personal, familiar y social.
Los obispos estamos comprometidos a ser artífices de la comunión, viviéndola con nuestro presbiterio y nuestro pueblo. Todos somos requeridos a superar una pastoral basada en la repetición de acciones y en la improvisación; a implementar una pastoral creativa y audaz; a organizar las prioridades de nuestras diócesis y a cultivar una espiritualidad profética y de comunión. Es necesario, para ello, formamos como discípulos y formar a todo el Pueblo de Dios para cumplir con responsabilidad y audacia estas tareas.
Que santa María de Guadalupe., modelo de discípula misionera de los tiempos nuevos, nos guíe y acompañe con su testimonio de fidelidad y servicio.
Por los Obispos de México
+ Carlos Aguiar Retes
Arzobispo de Tlalnepantla
Presidente de la CEM
+ Víctor René Rodríguez Gómez
Obispo Auxiliar de Texcoco
Secretario General de la CEM
La reflexión ha sido hecha pública en Cochabamba, durante la ceremonia de apertura de la 90 Asamblea de la Conferencia Episcopal de Bolivia (CEB), en un documento que ha sido leído por Mons. Jesús Pérez, Arzobispo de Sucre y Vicepresidente de la CEB. (Fides)
Conferencia Episcopal Boliviana
Queridos hermanos en el episcopado, sacerdotes, religiosos y laicos.
Los designios del Señor hacen que hoy, sin merecimiento, me toque y tenga el honor de presidir la XC Asamblea de la Conferencia Episcopal de Bolivia, a causa de la ausencia obligada del señor Cardenal Julio Terrazas. Le acompañamos con alegría y con nuestras oraciones por la distinción de Doctor Honoris Causa de la Universidad Católica de Tréveris y en ese singular honor, nos sentimos todos honrados. También, por su participación en Roma en el consistorio de cardenales.
Asimismo enviamos un cordial saludo y acompañamos al Señor Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Don Juan Evo Morales Ayma; elevamos al Señor nuestras oraciones para su pronta recuperación.
Las palabras de Jesús que oiremos al inicio del Adviento: "Estén en vela, porque no saben el día que vendrá el Señor. Estén preparados porque a la hora que menos piensen vendrá el Hijo del Hombre " (Mt 24,43-44), tienen una resonancia muy especial en estos momentos que nos ha tocado vivir de tantos cambios que se suceden en Bolivia.
Jesús nos invita a vivir despiertos, a mantenernos en vela, preparados y comprometidos ante su venida. Si estamos dormidos, satisfechos de lo que hacemos y de las cosas terrenales no esperamos al Salvador, al único Salvador, Cristo Jesús. Corremos el peligro de ser sorprendidos por la presencia del Señor quién siempre está viniendo para darnos la verdadera liberación y llenarnos de su gracia.
El tiempo de Adviento es mucho más que una ocasión para prepararnos a la Navidad, es ante todo una actitud que involucra todo nuestro ser y que debe acompañar a todos los cristianos, sobre todo, a los pastores del pueblo de Dios. El Adviento y la vida toda del discípulo de Jesús, es de espera activa, de vigilancia, de atención y de compromiso con la Misión Permanente.
Cristo es quien salva. Sólo él, no la economía ni la política que son sólo instrumentos importantes de bienestar y organización. Por ello, debemos trabajar como discípulos misioneros anunciando los valores del evangelio que son valores absolutos; debemos con la esperanza cristiana dar el sentido pleno que tiene la vida para el que cree en Cristo.
La obra de salvación iniciada por Cristo con su Nacimiento tiene que seguir creciendo y madurando hasta que el Señor instaure definitivamente su Reino. Por ello, la tarea nuestra nunca acaba, hay que seguir trabajando. El año 2009 estuvo el énfasis en el "escucha", el 2010 en el "aprende" de Cristo Maestro y en el 2011 en el "anuncia".
Es necesario que la "Buena Noticia" sea anunciada a "tiempo y destiempo" (2Tim 4,2). Es necesario que la verdad y la libertad de los hijos de Dios penetren, lleguen al corazón de todos y las llevemos en nuestras palabras y actitudes para cambiar esta vida de relativismo; dictadura del relativismo la llama Benedicto XVI.
Saludamos con alegría la noticia de la publicación de la Exhortación Post-sinodal, “Verbum Domini” sobre la “La Palabra de Dios en la vida de la Iglesia” que fecundará, sin duda, el trabajo misionero impulsado por la msión permanente en América y en nuestro país.
Con gran afecto saludo a Mons. Giambattista Diquattro, Nuncio Apostólico del Santo Padre, y en su persona quiero manifestar la total y filial adhesión a Benedicto XVI, el Papa valiente y sufriente, a quien le acompañamos en nuestras plegarias diarias.
Saludo con especial cariño y gratitud a todos los hermanos que con afecto fraternal se han reunido en Sucre, en el mes de julio, para dar gracias a Dios por los cincuenta años de Hermandad con la Iglesia de Tréveris. Así mismo, por la presencia también en Sucre, para celebrar conmigo mis veinticinco años de episcopado. Muchísimas gracias, hermanos Obispos.
Mi saludo gozoso y esperanzador a los dos nuevos obispos auxiliares de la diócesis de El Alto, Mons. Eugenio Scarpellini y Mons. Fernando Bascopé, quienes han sido desde hace tiempo generosos colaboradores de la Conferencia. Felicidades Eugenio y Fernando. Así mismo, recibimos con mucho gozo como miembro de esta Conferencia a Mons. Roberto Bordi, O.F.M., Obispo Auxiliar Electo del Vicariato del Beni. Bienvenido Mons. Roberto: esperamos que su presencia alegre y enriquezca nuestra Asamblea de Obispos. ¡Muchas Felicidades!
Un recuerdo especial, nuestra gratitud y oraciones para los hermanos obispos eméritos y enfermos.
En medio de las celebraciones festivas en Sucre, por los cincuenta años de Hermandad, nos llegó la noticia del paso a la casa del Padre, de Mons. Bernardino Rivera, obispo auxiliar emérito de Potosí. Mons. Bernardino nos ha dejado el testimonio de la humildad y sencillez franciscana en su ministerio episcopal. En esta Asamblea suba nuestra plegaria al Señor para que contemple para siempre el rostro misericordioso del Buen Pastor.
Como pastores atentos y vigilantes en este contexto de la Misión Permanente es imprescindible mirar a la realidad de nuestro país con ojos de fe, a la luz del evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia. Una mirada que no parte de la óptica política sino desde el "amor de Cristo que nos urge" (2Cor 5,14) para iluminar la vida de la persona integral, cuerpo y espíritu, pues como dice el Vaticano II, los "gozos, las esperanzas, las tristezas y las angustias" (G.S.l) de todos los hombres son nuestros.
Es motivo de preocupación que el actual proceso de dar un nuevo rostro y nueva composición a la Patria, se esté dando en un clima de desconcierto, por la falta de claridad y transparencia en indicar las metas que, a veces, parecen ocultar otras intenciones, por la ausencia de un diálogo sincero, por no escuchar el clamor y la opinión de los grupos, por un lenguaje que alimenta desencuentros entre sectores y regiones, por excluir a las personas o sectores opuestos, pisoteando incluso los derechos inalienables como el respeto a la vida y la dignidad de la persona, y las libertades personales y democráticas.
Aunque la causa que se quiere alcanzar pueda ser justa, si se recurre a medios injustos no sólo no se logra la meta propuesta, sino que también se corre el riesgo de que queden en la nada lo que se ha alcanzado, y, peor aún, que se instaure una democracia puramente formal, sin valores y principios éticos. "Vino nuevo, en odres nuevos" (Mt 9,17). No podemos hablar de una nueva Bolivia si reeditamos los métodos del pasado que tanto daño han causado al país. Creemos que los bolivianos, como en otras ocasiones difíciles de la vida democrática, podemos revertir el rumbo y construir juntos una Bolivia justa, solidaria y en hermandad. Esto es posible si todos, autoridades y ciudadanos, nos comprometemos cada cual de acuerdo a sus responsabilidades, a restablecer un clima de paz y serenidad, fomentando la reconciliación y el perdón, hablando y practicando la verdad, recurriendo al diálogo sincero, escuchando y respetando al otro, al que piensa distinto y buscando los consensos más amplios posibles.
Si bien los indicadores macroeconómicos son positivos, causa inquietud también la situación económica de los sectores pobres marginales que sufren por la falta de un empleo estable y formal, hecho agravado por el alza exagerada de los precios de la canasta familiar. Muchas familias no pueden contar con la alimentación adecuada y ven restringidas sus posibilidades de acceso a los servicios de salud y otros servicios básicos. Los hermanos campesinos e indígenas se ven afectados gravemente por la sequía que golpea duramente a tantas regiones del país, causando la muerte de tantos animales domésticos y poniendo incluso en grave riesgo el abastecimiento para las personas. Su vida cotidiana pareciera no sólo estar igual sino peor.
Este escenario ha sido agravado por los chaqueos e incendios descontrolados que han quemado a miles de hectáreas de áreas verdes, incluyendo reservas forestales y parques naturales, que han causado una grave contaminación ambiental, han dejado en cenizas viviendas y comunidades, han afectado a la salud de un sinnúmero de personas y han provocado la muerte de tantos animales silvestres. Es urgente que todos tomemos conciencia de nuestra responsabilidad para cuidar "nuestra hermana la madre tierra" (DA. 125).
Al respecto, el Papa Benedicto XVI, en su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, de este año, dijo: "Todos somos responsables de la protección y el cuidado de la creación. No se puede permanecer indiferente ante lo que ocurre en nuestro entorno, porque la degradación de cualquier parte del planeta afectaría a todos. La Iglesia tiene una responsabilidad respecto a la creación y se siente en el deber de ejercerla también en el ámbito público, para defender la tierra, el agua y el aire, dones de Dios Creador para todos, y sobre todo para proteger al hombre frente al peligro de la destrucción de sí mismo. Al cuidar la creación, vemos que Dios, a través de ella, cuida de nosotros".
En anteriores ocasiones la CEB ha llamado la atención respecto al espinoso problema del narcotráfico que se va extendiendo y envolviendo sus tentáculos como pulpo en distintas regiones del país por el crecimiento del cultivo de la hoja de coca, y que ve involucrados a grupos criminales de otros países, que recurren a la violencia y a las armas para imponer su ley. Este mercado tiene consecuencias morales y sociales nefastas, que destruye en especial a adolescentes y jóvenes, disgrega a las familias y nos estigmatiza a nivel internacional. Ante este fenómeno tan público y difundido, nadie puede desconocerlo, se exige una intervención decidida por parte de nuestras autoridades. Además de medidas coercitivas y de control estricto de la producción y comercio de la hoja de coca, es indispensable sensibilizar y concientizar la opinión pública acerca de esta problemática, desde los principios éticos y los valores humanos y cristianos.
Antes de concluir, quiero referirme a una malentendida apreciación acerca de la misión de la Iglesia en el mundo, concepción que reduce su acción estrictamente al ámbito interior de la persona y la espiritualidad, negando toda referencia a la persona en su integridad, cuerpo y espíritu, y a todas las dimensiones de su vida, incluyendo lo social y político. Toda acción humana tiene implicancias morales que merecen una valoración y orientación desde la verdad y caridad cristiana. Cada vez que en la vida de la sociedad se vulneren los derechos humanos como la sacralidad de la vida desde la concepción hasta la muerte natural, la dignidad de la persona, el bien común, la libertad en cuanto expresión de la singularidad de cada persona y la justicia, como Pastores tenemos el deber de ejercer la caridad social y política, procurando el bien posible para la comunidad en su conjunto, dando testimonio del amor de Cristo que murió por nosotros, para que "tengamos vida y vida en plenitud" (Cfr Jn 10,10).
Que el Espíritu del Señor que viene a nuestro encuentro y que nos invita: "Estén en vela...estén preparados", nos ilumine y acompañe en los trabajos de la Asamblea, y con generosidad y sencillez anunciemos y seamos testigos transparentes del Reino de Dios, que es vida, verdad, justicia, libertad y amor.
Jesús Pérez Rodríguez, O.F.M.
ARZOBISPO DE SUCRE
VICEPRESIDENTE DE LA C. E. B
05 de Diciembre de 2010
Primer Domingo de mes
Con Juan Bautista se abre una nueva etapa, su voz, su aptitud, es la del profeta que intuye, sabe, que el Mesías esta a punto de hacer acto de presencia en el escenario de la historia.
Juan es esa voz que grita en el desierto, la voz de los sin voz, como hoy siguen gritando tantos y tantas hombres y mujeres con el silencio de su vida entregadas a amar al prójimo.
“Dios entre nosotros” compartiendo vida, lucha y esperanza.
Feliz Navidad
INFORMACION
Celebración del día del voluntariado.
10-12-2010 La tradicional cena de Navidad de Cáritas previamente, se celebrará la Eucaristía a las 20.00 hora en la Parroquia N.Sra de las Mercedes, ( Las Mercedes La Laguna) 17 € por persona.
10-12-2010 En la plaza del Ayto de Icod de 10 a 1 y de 3 a 7 de la tarde la tradicional venta de flores de pascua, pasteles y truchas de la época.
11-12-2010 En los alrededores de la C/ San Agustín frente a la Media Naranja, la tradicional venta de flores de pascuas, pasteles y truchas en horario de 10 a 2 de la tarde.
27-12-2010 XII Reunión de la permanente de Cáritas Arciprestal.
Lectio divina para el miércoles de la primera semana de Adviento 2010, ofrecida por la delegación diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.
LECTURA: “ Mateo 15, 29‑37”
En aquel tiempo, Jesús, bordeando el lago de Galilea, subió al monte y se sentó en él. Acudió a él mucha gente llevando tullidos, ciegos, lisiados, sordomudos y muchos otros; los echaban a sus pies, y él los curaba.
La gente se admiraba al ver hablar a los mudos, sanos a los lisiados, andar a los tullidos y con vista a los ciegos, y dieron gloria al Dios de Israel.
Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Me da lástima de la gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero despedirlos en ayunas, no sea que se desmayen en el camino.»
Los discípulos le preguntaron: «¿De dónde vamos a sacar en un despoblado panes suficientes para saciar a tanta gente?»
Jesús les preguntó: «¿Cuántos panes tenéis? Ellos contestaron: «Siete y unos pocos peces.»
Él mandó que la gente se sentara en el suelo. Tomó los siete panes y los peces, dijo la acción de gracias, los partió y los fue dando a los discípulos, y los discípulos a la gente.
Comieron todos hasta saciarse y recogieron las sobras: siete cestas llenas.
MEDITACIÓN: “Subió al monte”
En este clima de adviento por qué no echar la mirada hacia adelante, tal como nos invita y dejar volar los sentimientos desde los gestos de tu vida. Subiste a la montaña y desde allí sanabas a todo el que se acercaba. Me imagino la imagen última o la definitiva. Cuando tú, ya en el monte definitivo, la Jerusalén del cielo, te sientes, no sé si en un trono o en lo que sea, y nos permitas acercarnos a ti, portando los gozos y las miserias de nuestra historia, sí, las miserias, porque con ellas nos tendremos que presentar ante ti, y allí digas tu definitiva palabra de amor para con cada uno, y nos permitas pasar por pura gracia al banquete definitivo de tu reino de amor.
Porque tú no nos abandonas. Esa es la buena noticia que nos alcanzas, frente a nuestras indiferencias, frente a nuestras comodidades y la búsqueda de eludir complicaciones, frente a nuestro cargar las responsabilidades sobre otros, tú nos das la lección de acogida, de sensibilidad, sencillamente porque te importamos, porque estás atento a nuestras realidades más profundas, porque tú respondes siempre, por tu sensibilidad de amigo y de Padre.
Pero quieres llegar a través nuestro, quieres despertarnos de nuestros letargos, de nuestras cegueras, de nuestras indiferencias, quieres que nos ayudemos en el empeño, que aprendamos de ti, que el milagro no está en que tú lo hagas a golpe de varita, sino a golpe de nuestros gestos de ternura y de amor.
Por eso sigues tocando a la puerta de mi vida, a la aldaba de mi corazón, para que el día que yo llame a tu puerta, la abras y pueda pasar a participar de tu banquete con mis hermanos necesitados y, entonces, invitados principales de tu mesa.
ORACIÓN: “Lucidez y valentía”
Señor, tus gestos me llaman a responder con los míos. Dame capacidad para traducirlos y convertirlos en vida.
Dame lucidez y valentía. Son muchas barreras las que tengo que romper y superar, tú lo sabes, y yo lo deseo.
CONTEMPLACIÓN: “Tus dones”
Has subido, Señor,
pero antes has bajado
al valle de mis pobrezas
y de mis deseos.
Y me has dejado tu palabra
y tus gestos de amor,
como el sol
que quiere calentar mi tierra
y germinar mis semillas
y alentar mis frutos.
Y al mirarte a ti,
y al mirarme a mí,
y mirar el mundo,
siento el deseo
de ayudarte
a repartir tus dones.
Reflexión de José Antonio Pagola al evangelio del domingo segundo de Adviento - A, ofrecida por la Delegación Diocesana de Enseñanza de la diócesis de Tenerife.
NO OLVIDAR LA CONVERSIÓN
"Convertíos porque está cerca el reino de Dios". Según Mateo, éstas son las primeras palabras que pronuncia Juan en el desierto de Judea. Y éstas son también las primeras que pronuncia Jesús, al comenzar su actividad profética, a orillas del lago de Galilea.
Con la predicación del Bautista comienza ya a escucharse la llamada a la conversión que centrará todo el mensaje de Jesús. No ha hecho todavía su aparición, y Juan está ya llamando a un cambio radical pues Dios quiere reorientar la vida hacia su verdadera meta.
Esta conversión no consiste en hacer penitencia. No basta tampoco pertenecer al pueblo elegido. No es suficiente recibir el bautismo del Jordán. Es necesario "dar el fruto que pide la conversión": una vida nueva, orientada a acoger el reino de Dios.
Esta llamada que comienza a escucharse ya en el desierto será el núcleo del mensaje de Jesús, la pasión que animará su vida entera. Viene a decir así: "Comienza un tiempo nuevo. Se acerca Dios. No quiere dejaros solos frente a vuestros problemas y conflictos. Os quiere ver compartiendo la vida como hermanos. Acoged a Dios como Padre de todos. No olvidéis que estáis llamados a una Fiesta final en torno a su mesa".
No nos hemos de resignar a vivir en una Iglesia sin conversión al reino de Dios. No nos está permitido a seguir a Jesús sin acoger su proyecto. El concilio Vaticano II lo ha declarado de manera clara y firme: "La Iglesia, al prestar ayuda al mundo y al recibir del mundo múltiple ayuda, no tiene más que una aspiración: que venga el reino de Dios y se realice la salvación del género humano.
Esta conversión no es sólo un cambio individual de cada uno, sino el clima que hemos de crear en la Iglesia, pues toda ella ha de vivir acogiendo el reino de Dios. No consiste tampoco en cumplir con más fidelidad las prácticas religiosas, sino en "buscar el reino de Dios y su justicia" en la sociedad.
No es suficiente cuidar en las comunidades cristianas la celebración digna de los "sacramentos" de la Iglesia. Es necesario, además, promover los "signos" del reino que Jesús practicaba: la acogida a los más débiles; la compasión hacia los que sufren; la creación de una sociedad reconciliada; el ofrecimiento gratuito del perdón; la defensa de toda persona.
Por eso, animado por un deseo profundo de conversión, el Vaticano II dice así: "La liturgia no agota toda la actividad de la Iglesia, pues para que los hombres puedan llegar a la celebración, es necesario que antes sean llamados a la fe y la conversión". No lo tendríamos que olvidar.
José Antonio Pagola
Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
5 de diciembre de 2010
2 Adviento (A)
Mateo 3, 1-12
Homilía de monseñor Raúl Martorell, obispo de Puerto Iguazú, para el 32º domingo durante el año (7 de noviembre de 2010). (AICA)
SEÑOR, TÚ NO ERES DIOS DE MUERTOS, SINO DE VIVOS
Tema central de la liturgia de este domingo es la resurrección, verdad que hasta el judaísmo tardío de los Libros de Daniel y Macabeos no se trató quedando prácticamente en la sombra. El libro de los Macabeos (Mac.7,1-2,9-14) nos trae el relato de los siete jóvenes hermanos mientras afrontan el martirio infligido por un rey pagano que los quiere hacer renunciar públicamente de la Ley dada por Moisés. Ellos se niegan y cuando son sometidos a la tortura ellos declaran seguros que un día recobrarán sus cuerpos resucitando a la vida eterna: “de Dios recibí (las manos), espero recobrarlas del mismo Dios”, declara uno de los mártires (Ib. 11) y dice otro: “El Rey del universo nos resucitará para la vida eterna” (Ib. 9). “Tú, en cambio, dice uno de los siete, dirigiéndose al tirano, no resucitarás para la vida” (Ib. 14). La esperanza y la fe en la resurrección y en la vida eterna eran tan fuertes que les daba la fuerza necesaria para abrazar la muerte.
Ya en tiempos de Jesús, la resurrección de los muertos era una verdad de fe profesada por todo el mundo judío. En una extraña cuestión planteada por uno de la secta de los saduceos, que eran los únicos que rechazaban la resurrección de los muertos, le hacen un planteo a Jesús (Lc.20, 27-38) para poner en ridículo la fe en la resurrección. Le proponen el caso de una mujer que quedó sucesivamente viuda de siete hermanos y le preguntan: “cuando llegue la resurrección de los muertos, de cuál de los hermanos será mujer?”. Esto le da ocasión a Jesús para explicar que la vida de los resucitados será totalmente diferente de la que se vive en la tierra. “No se casarán. Ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios porque participan en la resurrección” (Ib. 35-36). El cuerpo de los resucitados, será un cuerpo glorificado, no sujeto a las leyes de la carne y de la naturaleza humana. Serán inmortales y no será necesario el matrimonio para asegurar la conservación de la especie humana. El cuerpo de los resucitados, sus cuerpos y sus vidas, serán como la de los ángeles, serán “hijos de Dios”. La gracia de adopción que recibimos en el bautismo llegará a su plenitud transfigurando sus cuerpos. Jesús concluye: “Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos, porque para El todos están vivos” (Lc.20, 38). Los que han muerto para nosotros, están vivos para El y un día resucitarán todos. Jesús mismo ha dicho de sí: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí aunque haya muerto vivirá” (Jn.11, 25). La resurrección de Cristo nos hace afirmar la salvación del hombre y por lo tanto, en la resurrección del hombre, la misma materia está ya glorificada, resucitada.
En 1 Cor.15: 42-44, San Pablo enseña: “Así será la resurrección de los muertos; se siembra corrupción, resucita incorrupción; se siembra vileza, resucita gloria; se siembra debilidad, resucita fortaleza; se siembra un cuerpo natural, resucita espiritual”. Nosotros vivimos en la fe y caminamos con la esperanza de la gloria futura, obrando el bien y viviendo el amor para conseguir en el último día una resurrección de vida y no de condenación.
Es por esto que está tan ligada la vida cotidiana a la fe en Cristo Jesús y al esfuerzo que -por intermedio de la gracia- hagamos en favor de nuestro prójimo y del bien común, luchando contra el egoísmo y contra clase de corrupción y pecado. Practicando nuestra fe y alimentándola con la vivencia de los sacramentos y del ejercicio de la caridad.
Que la Virgen nuestra madre en la fe nos ayude a vivir conforme a la esperanza de la gloria futura y de la futura resurrección.
Mons. Marcelo Raúl Martorell, obispo de Puerto Iguazú
ZENIT nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigió el jueves 11 de Noviembre de 2010 a los participantes en la asamblea plenaria del Comité Pontificio para los Congresos Eucarísticos Internacionales.
La Eucaristía, misterio de unidad entre Dios y los hombres
Señores cardenales,
venerados hermanos en el Episcopado y en el Sacerdocio,
queridos hermanos y hermanas,
Estoy contento de acogeros al concluir los trabajos de la Asamblea Plenaria del Comité Pontificio para los Congresos Eucarísticos Internacionales. Os saludo cordialmente a cada uno de vosotros, en particular al presidente, el arzobispo monseñor Piero Marini, a quien doy las gracias por las corteses expresiones con las que ha introducido nuestro encuentro. Saludo a los Delegados Nacionales de las Conferencias Episcopales y, de modo especial, a la Delegación irlandesa, guiada por monseñor Diarmuid Martin, arzobispo de Dublín, ciudad en la que tendrá lugar el próximo Congreso Eucarístico Internacional, en junio de 2012. Vuestra Asamblea ha dedicado gran atención a este acontecimiento, que se inserta también en el programa de renovación de la Iglesia en Irlanda. El tema, "La Eucaristía, comunión con Cristo y entre nosotros”, recuerda la centralidad del Misterio eucarístico para el crecimiento de la vida de fe y para todo auténtico camino de renovación eclesial. La Iglesia, mientras va peregrinando por la tierra, es sacramento de unidad de los hombres con Dios y entre ellos (cfr Conc. Vat. II, Const. Dogm. Lumen gentium, 1). Para este fin, ha recibido al Palabra y los Sacramentos, sobre todo la Eucaristía, de la que "continuamente vive y crece" (ibid., 26) y en la que al mismo tiempo se expresa a sí misma.
El don de Cristo y de su Espíritu, que recibimos en la Eucaristía, cumple con plenitud sobreabundante los anhelos de unidad fraterna que se albergan el corazón humano, y al mismo tiempo los eleva muy por encima de la simple experiencia de la convivencia humana. Mediante la comunión con el Cuerpo de Cristo, la Iglesia va siendo cada vez más ella misma: misterio de unidad “vertical” y “horizontal” para todo el género humano. A los brotes de disgregación, que la experiencia cotidiana muestra tan arraigados en la humanidad a causa del pecado, se contrapone la fuerza generadora de unidad del Cuerpo de Cristo. La Eucaristía, formando continuamente a la Iglesia, crea también comunión entre los hombres.
Queridísimos, algunas felices circunstancias hacen más significativos los trabajos llevados a cabo en estos días y los acontecimientos futuros. La presente Asamblea cae en el 50° aniversario del Congreso Eucarístico de Munich de Baviera, que marcó un cambio en la comprensión de estos acontecimientos eclesiales, elaborando la idea de la statio orbis, que será retomada más tarde por el Ritual romano De sacra Communione et de cultu Mysterii eucharistici extra Missam. En esta Cumbre, como ha recordado monseñor Marini, tuve la alegría de participar personalmente, como joven profesor de teología. Además, el Congreso de Dublín de 2012 tendrá un carácter jubilar, de hecho será el 50°, y se celebrará además 50 años después de la apertura del Concilio Ecuménico Vaticano II, al que el tema hace referencia explícita recordando el capítulo 7 de la Constitución dogmática Lumen gentium.
Los Congresos Eucarísticos Internacionales tienen ya una larga historia en la Iglesia. Mediante la forma característica de la "statio orbis", ponen de relieve la dimensión universal de la celebración: de hecho, se trata siempre de una fiesta de la fe en torno a Cristo Eucarístico, el Cristo del sacrificio supremo por la humanidad, en la que participan los fieles no sólo de una Iglesia particular o de una nación, sino, en cuanto sea posible, de varios lugares del Orbe. Es la Iglesia la que se reúne en torno a su Señor y su Dios. Al respecto, es importante el papel de los Delegados nacionales. Estos están llamados a sensibilizar a sus respectivas Iglesias al acontecimiento del Congreso, sobre todo en el periodo de su preparación, para que fluyan de él frutos de vida y de comunión.
Tarea de los Congresos Eucarísticos, sobre todo en el contexto actual, es también el de dar una contribución peculiar a la nueva evangelización, promoviendo la evangelización mistagógica (cfr Exhort. ap. postsinod. Sacramentum caritatis, 64), que se realiza en la escuela de la Iglesia en oración, a partir de la liturgia y a través de la liturgia. Pero cada Congreso lleva consigo también una inspiración evangelizadora en el sentido más estrictamente misionero, tanto que el binomio Eucaristía-misión ha entrado a formar parte de las líneas maestras propuestas por la Santa Sede. La Mesa eucarística, mesa del sacrificio y de la comunión, representa así el centro difusor del fermento del Evangelio, fuerza propulsora para la construcción de la sociedad humana y prenda del Reino que viene. La misión de la Iglesia está en continuidad con la de Cristo: "Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo" (Jn 20,21). Y la Eucaristía es el trámite principal de esta continuidad misionera entre Dios Padre, el Hijo encarnado, y la Iglesia que camina en la historia, guiada por el Espíritu Santo.
Finalmente, una indicación litúrgico-pastoral. Dado que la celebración eucarística es el centro y el culmen de todas las diversas manifestaciones y formas de piedad, es importante que todo Congreso eucarístico sepa implicar e integrar, según el espíritu de a reforma conciliar, todas las expresiones del culto eucarístico "extra missam" que hunden sus raíces en la devoción popular, como también las asociaciones de fieles que a diverso título toman inspiración de la Eucaristía. Todas las devociones eucarísticas, recomendadas y animadas también por la Encíclica Ecclesia de Eucharistia (nn. 10; 47-52) y por la Exhortación post-sinodal Sacramentum caritatis, son armonizadas según una eclesiología eucarística orientada hacia la comunión. También en este sentido los Congresos eucarísticos son una ayuda a la renovación permanente de la vida eucarística de la Iglesia.
Queridos hermanos y hermanas, el apostolado eucarístico al que dedicáis vuestros esfuerzos es muy precioso, Perseverad en él con empeño y pasión, animando y difundiendo la devoción eucarística en todas sus expresiones. En la Eucaristía está encerrado el tesoro de la Iglesia, es decir, el mismo Cristo, que en la Cruz se inmoló por la salvación de la humanidad. Acompaño vuestro apreciado servicio con la seguridad de mi oración, por intercesión de María Santísima, y con la Bendición Apostólica, que de corazón os imparto a vosotros, a vuestros seres queridos y a vuestros colaboradores.
[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]
ZENIT nos ofrece la carta que Benedicto XVI dirigió al presidente de la República Islámica de Irán, Mahmoud Ahmadinejad, a quien fue entregada el martes 9 de noviembre de 2010 por el presidente del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso, el cardenal Jean-Louis Tauran, durante un encuentro en Teherán.
Señor Presidente,
Le escribo para reconocer las corteses palabras de saludo y las reflexiones que Su Excelencia me ha enviado amablemente por los buenos oficios de Su Excelencia el Sr. Hojjat ol Eslam Haj Sayyed Mohammad Reza Mir Tajjadini, Vicepresidente de la República Islámica de Irán.
Es mi profunda convicción que el respeto a la dimensión trascendente de la persona humana es una condición indispensable para la construcción de un orden social justo y una paz estable. De hecho, la relación con Dios es el fundamento último de la inalienable dignidad y el carácter sagrado de toda vida humana.
Cuando la promoción de la dignidad de la persona humana es la principal inspiración de la actividad política y social que está comprometida en la búsqueda del bien común, se crean fundamentos sólidos y duraderos para construir la paz y la armonía entre los pueblos.
La paz es, ante todo, un don de Dios, que se solicita en la oración, pero también es el resultado de los esfuerzos de las personas de buena voluntad. Desde esta perspectiva, los creyentes de todas las religiones tienen una responsabilidad especial y pueden desempeñar una función decisiva, cooperando en iniciativas comunes. El diálogo interreligioso e intercultural es un camino fundamental para la paz.
Firmemente convencida de esto, la reciente Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para Oriente Medio, que tuvo lugar en el Vaticano del 10 al 24 de octubre de 2010, fue un momento significativo de reflexión e intercambio sobre la situación en Oriente Medio y sobre los grandes desafíos colocados ante las comunidades católicas allí presentes. En algunos países esas comunidades se enfrentan a circunstancias difíciles, discriminación e incluso violencia y carecen de la libertad para vivir y profesar públicamente su fe. Estoy seguro de que el trabajo del Sínodo traerá buenos frutos a la Iglesia y al conjunto de la sociedad.
Los católicos presentes en Irán y los que están por todo el mundo realizan esfuerzos para colaborar con sus conciudadanos para contribuir leal y honestamente al bien común de las respectivas sociedades en las que viven, convirtiéndose en constructores de paz y reconciliación.
En este espíritu, expreso la esperanza de que las relaciones cordiales ya felizmente existentes entre la Santa Sede e Irán continúen progresando, así como las de la Iglesia local con las autoridades civiles. También estoy convencido de que la puesta en marcha de una Comisión bilateral será especialmente útil en el tratamiento de cuestiones de interés común, incluida la del estatus jurídico de la Iglesia católica en el país.
Con estos sentimientos, aprovecho la ocasión para renovarle, Sr. Presidente, la garantía de mi más alta consideración.
En el Vaticano, 3 de noviembre de 2010
BENEDICTUS PP. XVI
[Traducción del original en inglés por Patricia Navas
©Libreria Editrice Vaticana]
Lectio divina para el martes de la primera semana de Adviento, ofrecida por la Delegación Diocesana de Litugia de la diócesis de Tenerife.
LECTURA: “Lucas 10, 21‑24”
En aquel tiempo, lleno de la alegría del Espíritu. Santo, exclamó Jesús: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien.
Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiere revelar.»
Y volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte: «¡Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que veis vosotros, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.»
MEDITACIÓN: “Lo que oís”
Es cierto, Señor, soy un privilegiado. No sé por qué. Bueno, sí. Tal vez han coincidido un cúmulo de circunstancias: mi familia, mi educación, mi sensibilidad…, pero sobre todo, sé que has sido tú el que, a pesar de las vicisitudes de mi historia, de mis limitaciones e, incluso de mis incoherencias, me has permitido mantenerme en ti, y seducirme con tu palabra y con tu calor.
Soy consciente de que muchos querrían o querrán escuchar algo parecido a tu mensaje y no han tenido ni tienen esa oportunidad. Otros muchos tal vez la tienen pero los condicionamientos de su entorno no les permite responder con libertad a lo que en el fondo saben o intuyen que les aportaría luz, y paz, y les abriría las puertas de la esperanza.
Sí, gracias, Señor. Pero sé que este don lleva implícito una exigencia. Bueno, no sé si es la palabra correcta, debería ser como una necesidad que naciese del gozo de esta experiencia. Porque sé que me llamas para que sea yo tu voz y tu presencia ante aquellos que no tienen otro medio de acercarse a ti. Y si mi palabra no sabe expresarlo, que sean mis gestos, mis actitudes, los que interpelan, los que manifiesten tu amor, tu cercanía, tu acogida, tu solidaridad, tu perdón, tu bondad.
Soy consciente de que eso me da, a veces miedo, pero forma parte de mi coherencia, de la experiencia gozosa de vivir la fe que me has dado y, al mismo tiempo, una llamada por tu parte para que la sigue alimentando, fortaleciendo, madurando. Me puede parecer complicado pero en esa tarea no me dejas sólo. Tu Espíritu aletea en mí.
ORACIÓN: “Testigo de tu amor”
Señor, tú formas parte del milagro de mi vida. Gracias por estar ahí. Gracias porque su palabra me sigue llegando, gracias te me haces cercano y alientas el camino de mi vida.
Continua alimentando mi esperanza. Hazme sentir tu fuerza que me permita seguir poniendo en juego lo mejor de mí, a pesar de mis miedos o condicionamientos. Hazme testigo de tu amor.
CONTEMPLACIÓN: “Hacia ti”
Te has asomado
a la ventana de mi vida
y has proyectado sobre ella
la luz de tu palabra
y el rayo de tu amor
que ha calentado
la frialdad de mis sentidos
y ha hecho vibrar
mi corazón
con latidos que superaban
mis ritmos pobres
y desacompasados.
Así has abierto mis ojos
y mis oídos sordos
para encaminar
mis pasos torpes,
pero ilusionados,
hacía ti.
Lectio divina para el lunes de la primera semana de Adviento, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.
“Mateo 8, 5-11”
En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaún, un centurión se le acercó rogándole: «Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho.»
Jesús le contestó: «Voy yo a curarlo.»
Pero el centurión le replicó: «Señor, no soy quien para que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le digo a uno: "Ve", y va; al otro: "Ven", y viene; a mi criado: "Haz esto", y lo hace.»
Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: «Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos.»
MEDITACIÓN: “No soy quién”
Comenzamos la andadura del adviento: Es un tiempo hermoso y más en estos momentos que nos toca vivir, donde todo lo que suene a esperanza se diluye o no tiene acuse de recibe, y menos si es a nivel de religiosidad, al menos en nuestro mundo occidental. O esa es la imagen externa que predomina.
Por eso, ante ese vacío, ante ese empeño de cerrarnos horizontes y puertas, tener un espacio que nos permite que entre aire fresco, que el horizonte se expanda y tenga luz como fondo, ante tanto empeño de muerte que podamos encontrar vida, es una bocanada que expande lo más profundo de nuestro ser.
Y así me lo vuelves a recordar tú, Señor, que eres el motivo de esa esperanza, el que nos abres ese espacio que nosotros nos empeñamos en cerrar, porque ni siquiera podemos abrir, es un mero regalo que se acoge o se desecha. Y en el texto de hoy nos pones de manifiesto que ese sentimiento, que ese deseo, está arraigado en el corazón del hombre, de todo hombre que tiene el corazón abierto para descubrir y acoger el bien, esté en donde esté y venga de donde venga.
Y sí, claro, para descubrirlo hace falta sinceridad, humildad y deseos de que la vida y el bien sigan teniendo la última palabra. Desde ahí todo es posible y se pueden abrir los horizontes de nuestra existencia. Pero la fe hay que alimentarla, hay que hacer que crezca, que madure en la confrontación de nuestra propia realidad. Sólo desde ella y con ella podemos construir un mundo más humano que acabe en plenitud, puro regalo de tu amor que nos invitas a acoger y del que sólo tú nos puedes hacer dignos.
ORACIÓN: “Aumenta mi fe”
Señor, gracias, porque abres los horizontes de mi dignidad. Porque me descubres la grandeza inscrita en mi corazón. Gracias, porque me abres las puertas de ese ámbito al que yo no puedo llegar sin ti.
Ayúdame para que mi corazón y mi mente no se cierren en su pequeñez. Ábreme al misterio de tu amor insondable y del mío. Aumenta mi fe y permíteme descubrir desde ella, la bondad inscrita en el corazón humano, aunque a veces me cueste descubrirlo.
CONTEMPLACIÓN: “Entra”
No soy quién, Señor,
pobre criatura,
cerrada en mi pequeñez
de esquemas limitados
que me da miedo abrir
porque vislumbra
una grandeza
que me desborda,
y que trastoca mis comodidades
y mis miedos,
para que entres en mi casa.
Pero, entra, sí, entra
En mi pobre ser destartalado,
oscura y frío,
por no querer abrirse
al fuego de tu amor,
y derrama en él
tu hambre de mí.
Pon en mí tus sueños,
y déjame intuir
el horizonte cercano y eterno
de tu amor.
Homilía de monseñor Miguel Esteban Hesayne, obispo emérito de Viedma para el 32º domingo durante el año (7 de noviembre de 2010). (AICA)
POR UNA POLÍTICA HACIA LA CIVILIZACIÓN DEL AMOR
Ya no se discute el compromiso político del cristiano. La enseñanza de la doctrina social-política, a nivel de documentos, es clara y contundente. No es oportunismo o afán de poder. Es misión de la Iglesia formar a sus miembros capaces de vivir el Evangelio en todas las dimensiones del ser humano. Porque es la continuadora de la misión del Señor Jesucristo, enviado por el Padre Dios para salvar a “todos los hombres y a todo el hombre”. Misión que reflotó la misma Iglesia en la profunda autocrítica, que ha sido la primera instancia del Concilio Vaticano II. en el documento “ Gozo y Esperanza”
Confesemos que en la Iglesia Católica, durante siglos, ha quedado oscurecido el compromiso social político del laicado. La identidad cristiana se fue reduciendo a ciertas prácticas religiosas, a tal punto que se identificaba al buen católico, fundamentalmente, por el cumplimiento de la Misa Dominical. Todavía, se escucha, “es católico practicante” Pero no basta para definirlo como buen discípulo de Jesús. El fiel discípulo de Jesús es el que asume sus criterios y transparenta sus actitudes en todas las actividades humanas. También la política, y principalmente, si se tiene en cuenta la definición de Aristóteles que llama al ser humano como “animal político” De ahí que, la dimensión política es trasversal a las dimensiones humanas. Los Padres Conciliares coherentes con la identidad humana, al desarrollar la misión de la Iglesia al servicio de “todos los hombres y de todo el hombre”, enriquecen el mensaje social político como animando y caracterizando todas las dimensiones del mundo de los hombres. Así se interrelacionan la política con la economía y la cultura y la misma religión, el matrimonio y la familia, el trabajo y la paz al interior de cada pueblo con la Paz Mundial. En esta renovada visión del católico en relación con el mundo que le toca vivir, la Misa (Eucaristía) no es una práctica religiosa cerrada sobre si misma. El Concilio le devuelve el ser “fuente y cumbre de vida cristiana”. Como fue en la mente de Jesús cuando habló del “Pan de Vida para el mundo”. Hoy a la luz de todos los documentos de la Iglesia después del Concilio Vaticano II podemos afirmar que una Misa cuya fuerza divina no se proyecte a todas las dimensiones del ser humano, es una Misa frustrada. De ahí la importancia central y fontal de la Misa. La Comunidad cristiana participa de la Misa Dominical no para cumplir una obligación religiosa. Sino a la luz de su FE en Jesús y su Evangelio es acto de amor y adoración de Dios, Padre de la gran Familia, fuente de amor fraterno y solidario, estímulo por la búsqueda de la justicia del Reino y esperanza en el Resucitado para una fraternidad universal.
La Iglesia desde que salio a peregrinar en la historia de los hombres, proyectó el Evangelio al mundo interior de cada persona y a su mundo exterior. Anuncia la Fe en Jesús para con su relación íntima con Dios y para con su relación social-política.
El eco social y político del anuncio del Evangelio en las Comunidades de los orígenes cristianos se expresó, de inmediato, en frase densa y simple, pero, sumamente expresiva: no había necesitados entre ellos como resultado relacional de la participación en la Misa .Hoy, en un mundo globalizado e ideologizado con las más opuestas y hasta contradictorias ideologías, el Magisterio de la Iglesia ha venido sistematizando la simplicidad profunda de los valores evangélicos que iluminan el quehacer social-político . El discípulo actual de Jesús ha de proyectar su Evangelio en una sociedad compleja y acelerada por cambios rápidos y desconcertantes, globales y profundos, que afectan no solamente al área de la tecnología, de la economía y del mercado sino también de la política que inciden a su vez en la vida familiar y religiosa. La Iglesia para que todos sus miembros sean capaces de apostar a una nueva civilización del amor, en medio de la maraña de una sociedad violenta y hedonista, mercantilista y consumista y hasta salvaje en bolsones de cruel injusticia social, les ofrece una Doctrina Social-Política, guía fiel de valores humanos y evangélicos.
Mons. Miguel Esteban Hesayne, obispo emérito de Viedma (mehm@speedy.com.ar)
Homilía de monseñor Marcelino Palentini, obispo de Jujuy en la V Peregrinación a al Santuario de Nuestra Señora de Río Blanco y Paypaya (24 de octubre). (AICA)
«JOVEN, TU MISIÒN ES COMPROMISO PARA TRANSFORMAR EL MUNDO»
Rom. 13, 8-14 Uds. saben en qué tiempos vivimos y que ya es hora que se despierten… abandonemos las obras de la noche…procesamos dignamente… revístanse del Señor Jesús
Salmo 119 129-130 ss. Tu palabra, Señor, es la verdad y la luz de mis ojos
Lc. 6, 43-49 El árbol bueno produce frutos buenos. El hombre bueno saca el bien del tesoro de bondad que tiene en su corazón.
Casa construida sobre la roca.
Muy queridos jóvenes:
1. Bienvenidos a la casa de la Madre, la Virgen del Rosario de Río Blanco y Paypaya. Seguramente el cansancio del camino fue superado por el ardor de su fe. Su entusiasmo de llegar a los pies de la Madre les ha dado fuerza para dejar de lado el dolor de las ampollas, el cansancio de las piernas… para gozar de la llegada y de la ofrenda de todo lo vivido a lo largo del camino: reflexiones y bromas, examen de conciencia sobre su vida y alegrías compartidas con los compañeros de camino.
La Madre los ha recibido como siempre con Jesús en sus brazos para darles el regalo más precioso que puede recibir un cristiano: el amor de Dios hecho persona en Jesús, el Salvador.
2. Él es el que da sentido a nuestra vida, que nos ayuda a dar buenos frutos, que nos permite construir una casa sobre sólidos cimientos, que con su luz ilumina nuestra vida, que hace brotar de nuestro corazón los valores que tenemos guardados, que hace brillar su luz en este mundo que está en la oscuridad del pecado, del egoísmo, de la indiferencia religiosa, de la superficialidad del hedonismo, de la apariencia sin contenidos profundos y vitales, como nos enseñan hoy las lecturas de la Palabra de Dios.
3. “JOVEN, TU MISIÓN ES COMPROMISO PARA TRANSFORMAR EL MUNDO” reza el lema de esta peregrinación.
No es suficiente la juventud de la edad; hace falta la juventud de ideales, del compromiso con uno mismo, con la sociedad y con la Iglesia.
El mundo de hoy necesita ser repensado desde el amor de Dios, desde los cimientos.
Muchas veces nos quedamos analizando los problemas de nuestra sociedad y decimos: hay que empezar por la familia, hay que enseñar a construir desde los valores.
Jesús nos enseñaba en el evangelio de hoy: “cada árbol se reconoce por sus frutos”
Nos preguntamos: ¿Cómo es el árbol de la familia? ¿cómo se constituyen hoy las familias? ¿hay un compromiso de preparación seria o simplemente un “metejón” inicial y poca consistencia? Se está formando “sobre la roca” o “sobre arena sin cimientos”? Uds. los jóvenes que están en pareja, los que están de novio, ¿han pensado seriamente lo que Dios quiere de Uds.? Ustedes son los padres de los futuros jóvenes y adolescentes. ¿Se están preparando para transmitirles valores inmutables o simplemente los que están hoy de moda? Para esto deben esforzarse de recibir en su corazón las enseñanzas de ese hombre Dios que plenifica la vida de todos, que hace al hombre más hombre, que quiere tener un encuentro personal y profundo con cada uno de nosotros para llenarnos de su amor y permitirnos “sacar el bien del tesoro de bondad que tiene su corazón”.
Tenemos que convencernos que Jesús no es un “estorbo” en la vida del hombre, sino es el que da sentido a cada instante de la vida.
Nos preguntamos y me preguntan a menudo “¿por qué hay tantos suicidios? ¿Por qué la droga está en aumento?”
El Documento de Aparecida nos decía: “La realidad se ha vuelto para el ser humano cada vez más opaca y compleja…Cuando las personas perciben esta fragmentación y limitación, suelen sentirse frustradas, ansiosas, angustiadas. … Esta realidad ha traído aparejada una crisis de sentido; el sentido que da unidad a todo lo que existe y nos sucede en la experiencia y que los creyentes llamamos el sentido religioso… En nuestra realidad latinoamericana la religiosidad popular y especialmente la devoción mariana tienen un papel noble y orientador que ha contribuido a hacernos más conscientes de nuestra común condición de hijos de Dios y de nuestra común dignidad ante sus ojos, no obstante las diferencias sociales, étnicas o de cualquier otro tipo” (DA 36-37)
El joven que ha perdido el sentido de su vida busca sucedáneos para llenar ese vacío existencial y esto, lamentablemente, lleva a vacíos cada vez más profundos, por eso se puede llegar a la droga para obnubilar la conciencia y vivir en un mundo de mentira o hasta al suicidio para no enfrentar los problemas reales o imaginarios que el joven percibe para sí.
La familia debería ser “el lugar del diálogo y de la solidaridad intergeneracional para transmitir los valores de la fe” (DA 39) que sostienen al hombre desde el comienzo de su vida.
Por eso con Aparecida reafirmamos: “Los cristianos necesitamos recomenzar desde Cristo, desde la contemplación de quien nos ha revelado en plenitud el sentido de la vida” (DA 41)
“Jóvenes, no tengan miedo de Jesús” nos decía con fuerza Juan Pablo II. El es su maestro, su guía, su luz, el que da sentido a su vida.
4. “Ustedes saben en qué tiempos vivimos y que es ya hora de que se despierten, porque la salvación está ahora más cerca… Abandonen las obras de la noche… Procedan dignamente… basta de excesos…Por el contrario revístanse del Señor” nos decía Pablo en la primera lectura.
El llamado de Pablo es para cada uno de nosotros. Debemos lograr dar sabor cristiano al mundo, debemos iluminar al mundo con nuestro entusiasmo de cristianos discípulos misioneros… debemos contagiar esperanza, entusiasmo por la vida, ganas de vivir en Cristo.
Hoy día hay gente que cuestiona la fe, la Iglesia, los que practican… quieren justificarse o simplemente quitar el entusiasmo que muchos tienen, como Uds que han peregrinado tantos kilómetros…
No debemos dejarnos atemorizar, sino entusiasmarnos para contagiar. El verdadero cristiano no hace lo que hacen los demás para quedar bien, sino hace lo que quiere Cristo para servirlo y anunciarlo, sabiendo que con Jesús construye el futuro sobre la roca firme de la Palabra de Dios que es “la verdad y la luz de nuestros ojos” (salmo119)
(Cuento del niño que dice: Dios es como el azúcar)
5. Las imágenes de María que se han traído en procesión, nuestra Patrona junto con la Virgen de Luján que nos trajeron desde su Santuario, la Virgen de la Merced del Santuario de Salta y las otras imágenes de nuestras parroquias, capillas o familias, nos recuerdan que María siempre estuvo y está cerca de sus hijos, en los más diversos lugares que han dado nombre a las advocaciones.
Que ella, como joven, nos entusiasme para que descubramos cada día la manera de transformar el mundo con la fuerza del Espíritu.
María, tú que nos has aceptados como hijos y nos acompañas en nuestro peregrinar, danos la capacidad de buscar siempre el bien, de construir nuestro futuro y el futuro del mundo sobre la roca firme de la Palabra de Dios que el Palabra de Vida; danos la luz necesaria para distinguir con claridad donde está la voluntad de Dios para decir la palabra justa en el momento justo a nuestros amigos, a los padres, a los educadores, a los que están en búsqueda de la verdad y a los que son indiferentes a la única verdad que es Jesús. Danos sabiduría y paciencia para cambiar lo que podemos cambiar, fortalecer lo que está débil e inconsistente en nuestro mundo. Danos el entusiasmo de los apóstoles, el ardor de los misioneros y la alegría de saber que estamos colaborando en la construcción del Reino de Dios donde todos trabajamos para que haya vida y vida en abundancia. Amén.
Mons. Marcelino Palentini, obispo de Jujuy
Homilía de monseñor Marcelino Palentini, obispo de Jujuy en la última peregrinación a al Santuario de Nuestra Señora de Río Blanco y Paypaya (31 de octubre). (AICA)
«COMUNIDAD UNIDA EN MARÍA, SIGNO DE ESPERANZA»
Ecl. 24, 9-12;9-22 “Yo soy la madre del amor puro, del temor, del conocimiento y de la esperanza santa. En mí está toda la gracia de camino y verdad y en mí toda esperanza de vida y virtud. Vengan a mí los que aman y sáciense de mis frutos
Ev. Jn. Bodas de Caná
1. La sabiduría de Dios nos enseña el camino del verdadero amor y de la felicidad
2. La grandeza de María no está en el poder que haya tenido ni en las grandes obras realizadas sino en la fidelidad a la voluntad del Padre. Su programa de vida fue: “Yo soy la sirvienta del Señor. Hágase en mí tu Palabra”. La humildad y la disponibilidad para realizar la voluntad de Dios le permite estar siempre atenta a las necesidades de los hombres, como en las bodas de Caná y de sentir resonar en sus oídos y en su corazón la bienaventuranza: “Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la practican”.
3. María es grande por eso, porque dijo SI al Señor, porque lo siguió como verdadera discípula, porque no se dejó conducir por ambiciones personales, sino se puso en el último lugar como servidora, porque le importó más lo que podía hacer por los demás que lo que los otros podían darle a ella, porque no perdió tiempo en comentarios que no resuelven los problemas (chismes) sino en buscar la solución en la intervención de Jesús. No la venció el dolor cuando estaba al pie de la cruz, sino esperó con confianza la resurrección. En lugar de replegarse sobre sí misma y llorar sola la muerte de Jesús se mantiene en comunión con los discípulos, los alienta para que no se desbanden y les ayuda a crecer en la fe en la promesa de Jesús de que el reino de Dios se va realizando de a poco, con la fidelidad a su Palabra todos los días.
4. Hoy también si nos mantenemos unidos a María, seremos comunidad de esperanza “Comunidad unida en María, signo de esperanza” es nuestro lema de hoy. Un pueblo se renueva en el sentido profundo de su vida cuando es capaz de buscar soluciones en la unidad, cuando deja de lado los individualismos, el orgullo personal o grupal y busca el bien de todos. Cada comunidad se construye verdaderamente en los valores de la unidad, de la cordialidad, de la comprensión, del perdón. Si aportamos esto poco que podemos poner en las manos de Jesús, él transforma “nuestra agua en rico vino”, cambia nuestra pobreza en la riqueza de la felicidad compartida. Así nos hacemos signo de esperanza para el mundo. Le decimos a nuestra sociedad: “Un mundo nuevo es posible”, como escribieron los jóvenes argentinos en Colonia en la jornada mundial de la juventud.
5. Necesitamos un mundo nuevo, un mundo de diálogo, de escucha recíproca, de proyectos comunes, de política que se hace servicio al más necesitado buscando el bien de todos. Necesitamos actitudes nuevas para tener un mundo nuevo. María nos da “la receta”: “Hagan lo que Jesús les diga…” y no se arrepentirán, porque él sabe sacar el mejor vino de la humilde agua.
6. María es nuestra Reina, (celebramos su coronación) y nos enseña a ser sus hijos que la sienten cercana, amiga, Madre. La coronación no la aleja de sus hijos, al contrario nos hace sentir orgullosos de que ella, la más importante de las creaturas, se haya hecho la más humilde de las mujeres, la servidora del Señor.
7. Gracias María por enseñarnos el camino de la grandeza en la humildad, en el servicio, en la disponibilidad a la voluntad del Padre. Gracias María por quedar en medio de nosotros para que estemos unidos y seamos signo de esperanza para nuestra sociedad. Amén
Mons. Marcelino Palentini, obispo de Jujuy
Homilía de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, en la misa de clausura del Vº Encuentro Nacional de Docentes Universitarios Católicos (7 de noviembre de 2010). (AICA)
CRISTIANIZAR LA CULTURA MIRANDO A LA ETERNIDAD
La fe en la resurrección de los muertos había alcanzado ya una amplia difusión en el judaísmo contemporáneo de Jesús; la sostenían de manera unánime los fariseos y probablemente también los esenios. Tal doctrina se desarrolló progresivamente en el largo período de composición del Antiguo Testamento. La primera lectura de la liturgia de hoy nos ha presentado un bello testimonio del segundo Libro de los Macabeos (7, 1-2. 9-14), testimonio que es uno de los más claros de la Biblia pre-cristiana. Un joven mártir proclama en ese pasaje su convicción de que el Rey del universo lo resucitará a una vida eterna; pone en Dios su esperanza y sabe que ésta no quedará defraudada.
El evangelio que acabamos de escuchar registra una discusión de Jesús con los saduceos sobre el tema de la resurrección de los muertos. Los saduceos se reclutaban sobre todo en la casta sacerdotal; se atenían al texto de las Escrituras, especialmente a la Torá, y rechazaban los comentarios rabínicos. Según el historiador Flavio Josefo, negaban la soberanía de la Providencia y hasta la intervención de Dios en el mundo y en los asuntos humanos; no creían en la supervivencia de las almas, las cuales desaparecerían con los cuerpos, y en consecuencia negaban las recompensas y las penas en el más allá. El Nuevo Testamento confirma en buena medida esa descripción de la primitiva teología saducea; se le atribuye a la secta no admitir la resurrección, ni la existencia de ángeles y demonios (cf. Lc. 20, 27; Hech. 23,8). Los saduceos eran gente acomodada, satisfechos de su suerte aquí abajo, que no se preocupaban demasiado por escrutar los misterios del mundo futuro y se acantonaban en una especie de conformismo y de agnosticismo prudente. No se los encuentra ya después de la destrucción del templo en el año 70, pero no hay que empeñarse mucho para reconocer contemporáneos nuestros –aun sedicentes cristianos- que piensan o viven como saduceos.
En la escena evangélica (Lc. 20, 27-38) los objetores le plantean al Señor un caso, para nosotros curioso, de aplicación de la ley del levirato, por la cual un hombre debía casarse con la viuda de su hermano para suscitar descendencia a su linaje. Era ésta una costumbre muy extendida en el Medio Oriente antiguo, que entró a formar parte de la legislación mosaica. Jesús, en su respuesta, afirma que el matrimonio es una realidad del mundo presente y se orienta a asegurar la permanencia de la especie humana en el tiempo, cuando la existencia del hombre se encamina inexorablemente a la muerte. Pero las instituciones terrenas no se prolongarán inmutables en el más allá. Los resucitados no pueden morir y por lo tanto no necesitan asegurarse una posteridad que los reemplace; la procreación, finalidad esencial del matrimonio, resultará inútil en la otra vida, vida nueva y gloriosa, diversa de la de esta tierra. Ya que los saduceos citaban a Moisés, el Señor apela a esa misma autoridad para afirmar la resurrección de los muertos y la vida eterna: el Dios revelado en el misterio de la zarza ardiente es el Dios viviente, fuente de la vida y de la inmortalidad.
La fe cristiana en la resurrección de los muertos encuentra su pleno y decisivo fundamento en el acontecimiento real de la resurrección de Cristo, muerto por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificación (cf. Rom. 4, 25). En ese acontecimiento se anticipa como fuente y prenda el acontecimiento metahistórico de la resurrección universal que es objeto de nuestra esperanza. Con la resurrección de Cristo comienza el tiempo final, y nosotros vivimos ya en esa dimensión. El para nosotros de la resurrección de Cristo tiene vigencia, con toda su actualidad, a partir de nuestro bautismo. Nuestra carne, dice Tertuliano, es hermana de Cristo; Dios la ama como prójimo suyo y no puede abandonarla a una destrucción eterna. También la historia humana, en cuyo seno crece silenciosamente el Reino, está destinada a ser recogida en la eternidad de Dios. La dialéctica de la historia despliega el escenario en el cual se va completando el número de los elegidos; ella se mueve el servicio del Cuerpo Místico de Cristo. Para comprender en profundidad el sentido de los sucesos históricos es preciso dirigir la mirada hacia su desenlace final, levantarla hacia el horizonte de la resurrección y de la eternidad. Ésta es la perspectiva que nos brinda la fe. La referencia a la eternidad permite que demos lugar en nuestra vida ordinaria a la extraordinaria primacía de la gracia, a la adoración de Dios y al servicio de su gloria como dichosa finalidad de la existencia.
Con esta celebración eucarística damos una digna conclusión al Vº Encuentro Nacional de Docentes Universitarios Católicos que se ha reunido en nuestra ciudad, organizado conjuntamente por la Comisión Episcopal de Pastoral Universitaria y la Universidad Católica de La Plata. Esta iniciativa pone de manifiesto la importancia que la Iglesia otorga al papel del universitario, singularmente del profesor, del maestro, del investigador, en el proceso de evangelización de la cultura. Juan Pablo II ha enseñado repetidas veces que la fe no arraiga con hondura en un pueblo si no se hace cultura, es decir, si no impregna la concepción de la vida, los criterios con que se juzgan los hechos cotidianos y las grandes coyunturas históricas, las costumbres y las relaciones sociales. Desde los inicios de la evangelización, la fe ha entrado en contacto con las diversas culturas del mundo, se ha acercado a ellas con empatía, ha operado un discernimiento crítico y una lenta transformación de las mismas: este proceso describe el origen de una cultura que puesta en sintonía con el Evangelio merece ser llamada cristiana. Evangelización de la cultura e inculturación del Evangelio son movimientos que se entrelazan y de algún modo se identifican.
La cultura cristiana favorece, por su parte, la acción evangelizadora de la Iglesia, hace operantes en el mundo los signos de la presencia de Dios, facilita la conversión de los hombres a la gracia de la salvación y rescata los auténticos valores del orden natural. Cuando la cultura se descristianiza, la sociedad queda a merced de las fuerzas disolventes desencadenadas por las ideologías; la predicación de la fe parece perderse en el desierto de la indiferencia, cuando su voz no es sofocada por el coro desentonado de la hostilidad anticristiana, y se acelera la deshumanización del hombre y de sus articulaciones familiares y sociales. En la actualidad se registra una tendencia alarmante: el Estado, en algunas de sus estructuras, en algunos de sus representantes, parece deslizarse de la neutralidad a la persecución. Benedicto XVI, en su discurso pronunciado el 17 de septiembre pasado en el Parlamento británico, decía: No puedo menos que manifestar mi preocupación por la creciente marginación de la religión, especialmente del cristianismo, en algunas partes, incluso en naciones que otorgan gran énfasis a la tolerancia. Hay algunos que desean que la voz de la religión se silencie, o al menos que se relegue a la esfera meramente privada. Hay quienes esgrimen que la celebración pública de fiestas como la Navidad deberían suprimirse según la discutible convicción de que ésta ofende a los miembros de otras religiones o de ninguna. Y hay otros que sostienen –paradójicamente con la intención de suprimir la discriminación– que a los cristianos que desempeñan un papel público se les debería pedir a veces que actuaran contra su conciencia. Estos son signos preocupantes de un fracaso en el aprecio no sólo de los derechos de los creyentes a la libertad de conciencia y a la libertad religiosa, sino también del legítimo papel de la religión en la vida pública.
En algunas partes, ha dicho el Papa; también en la Argentina de hoy, podríamos nosotros señalar. En nombre de la neutralidad del Estado, como un reciclaje del viejo laicismo, se propone suprimir los signos sagrados del cristianismo de los lugares públicos y en nombre de la no discriminación se intenta prohibir que proclamemos abiertamente verdades fundamentales del orden natural que, esclarecidas por la Revelación, integran el patrimonio de la doctrina católica. En las universidades nacionales hay plena libertad para transmitir ideologías subversivas y para burlarse del cristianismo, pero el católico debe ocultar pudorosamente su convicción de la verdad, so pena de ser marginado y perseguido. Durante el debate parlamentario que acabó en la sanción de la ley inicua de alteración del matrimonio, algunos legisladores que se consideran católicos se plegaron cobardemente a la iniquidad y otros desfogaron sin tapujos su odio anticatólico. Esta es la gente a la cual votamos, con insalvable inconsciencia, en la periódica gimnasia electoral que practicamos.
Uno de los problemas más graves de la Argentina actual es la ausencia de los católicos –de los verdaderos, digo, no de los mistongos– en la vida pública y en aquellos centros donde se gestan las nuevas vigencias culturales, que van reemplazando lo que resta de humanismo cristiano por los paradigmas devastadores del Nuevo Orden Mundial. El Santo Padre Benedicto XVI ha señalado repetidamente la centralidad de la antropología, de la recta concepción de lo que es el hombre, para asegurar el auténtico desarrollo de los pueblos y el orden justo de la sociedad. A los católicos empeñados en política –quizá haya unos pocos–, a todo ciudadano católico –habría que decir– a los universitarios y profesionales, a los hombres y mujeres de la cultura, corresponde sostener con lucidez y valentía, iluminados por la Verdad e impulsados por la Caridad, los principios no negociables de los que depende el futuro de la sociedad argentina. Ellos deben ejercer y reclamar el derecho que asiste a la religión católica, en razón de su verdad intrínseca y de su peso en la tradición nacional, a una serena presencia en todos los ámbitos de la vida pública, al servicio de la justicia, de la concordia, de la solidaridad. Sería inconcebible que en nombre de la neutralidad religiosa del Estado –una postura contradictoria y en realidad antirreligiosa– se cohíba la libertad de los católicos. Si se desplaza la fe religiosa del espacio público, éste se empobrece y la razón política pierde la referencia a aquellos principios éticos absolutos que marcan sus propios límites y le permiten ejercitar su competencia y cumplir con sus fines en el ordenamiento de la sociedad. Los católicos –me refiero especialmente al laicado– deben hacer presentes esos principios: la defensa de la vida desde la concepción hasta su fin natural; la protección y valoración de la familia fundada sobre la unión estable del varón y la mujer –que eso es el matrimonio–; la libertad de las familias para educar a sus hijos según sus convicciones religiosas y morales, aun y sobre todo en la escuela estatal; la reforma del Estado en vista del bien común, de la primacía del trabajo y de la lucha contra la pobreza. La doctrina social de la Iglesia espera todavía ser conocida en su integridad y aplicada, con la ayuda de las mediaciones técnicas necesarias, a través de programas concretos que puedan ser definidos y ejecutados por las autoridades públicas.
El aporte de los universitarios católicos no se reduce, claro está, al terreno político y social sino que se extiende a todo el campo de la cultura. Ya sea en nuestras propias instituciones, ya en otros espacios académicos, ellos pueden brindar una colaboración específica al avance de la ciencia y al desarrollo tecnológico. La razón iluminada por la fe ayuda a la investigación científica a no clausurarse en los límites del cientificismo positivista, para descubrir la continuidad real del conocimiento y reconocer la dimensión metafísica de la realidad y sus consecuencias éticas: las ciencias físico-matemáticas, la biología, las así llamadas ciencias del hombre y las ciencias sociales, conservando su propio estatuto epistemológico, pueden abrirse a la totalidad del saber e integrarse, de acuerdo a su dignidad académica, en el totum fruitivo de la sabiduría.
El arte, por su lado, cuando es asumido en la vocación cristiana, alcanza a reflejar la auténtica belleza y se constituye entonces en una especie de Escala de Jacob, aquella que vio el patriarca en sueños, apoyada sobre la tierra y cuyo extremo superior tocaba el cielo (cf. Gén. 28, 12); por ella subían y bajaban ángeles de Dios. Por virtud del arte verdadero, los hombres se elevan hacia Dios, y Dios desciende hacia ellos.
Nuestra fe en Cristo resucitado, nuestra esperanza en la resurrección universal, nuestra mirada dirigida a la eternidad, truecan el posible y tentador pesimismo natural en un optimismo sobrenatural. También nos infunden arrojo de amor y libertad para mantenernos firmes y no desertar de la misión. Que nuestro Señor Jesucristo y Dios, nuestro Padre, que nos amó y nos dio gratuitamente un consuelo eterno y una feliz esperanza, nos reconforte y fortalezca en toda obra y en toda palabra buena (2 Tes. 2, 16 s.). Amén.
Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata
ZENIT publica el comentario al Evangelio del próximo domingo, 28 de noviembre, primero de Adviento (Mateo 24,37-44), redactado por monseñor Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo, administrador apostólico de Huesca y de Jaca.
Primer domingo de Adviento: El acontecimiento
La palabra acontecimiento indica algo más que un simple acontecer. El acontecimiento nos arranca de la rutina cotidiana para gritarnos que es posible la sorpresa y el estupor. Los cristianos iniciamos con este domingo un nuevo adviento. Y digo bien: nuevo y adviento. Porque no se trata de repetir mecánicamente el guión de advientos pretéritos. Jamás la liturgia cristiana es una puesta en escena de las obras ya estrenadas y sabidas. Más bien nos empuja la liturgia a mirar el acontecimiento: Jesucristo, Señor y Salvador. Porque una novedad es tal cuando lo que alguna vez hemos visto u oído, lo que alguna vez ha empezado a acontecer en nosotros, se torna más verdad cada día.
La Palabra de Dios de este primer domingo nos describe el adviento hablando de ese doble movimiento que se da en la historia de la salvación. En el primer movimiento tiene Dios la iniciativa: es el Dios que vino, que viene y que vendrá, con un continuo abalanzarse a nuestras situaciones. El segundo movimiento se inscribe en el corazón del hombre: la espera y la vigilancia. El Señor que llega, el hombre que le espera con una actitud vigilante. Esto es el adviento.
La historia de este tiempo litúrgico habla de los tres advientos: mirando al Señor que ya vino una vez (primer adviento, hace 2000 años), nos preparamos a recibirle en su última venida (tercer adviento, al final de los tiempos), acogiendo al que incesantemente llega a nuestro corazón (segundo adviento, en nuestro hoy de cada día).
El "no sabéis el día ni la hora" que escuchamos en el Evangelio, no es una encerrona terrible que pretende asustarnos, sino un toque de atención para que cuando Él manifieste su gracia en nuestros corazones podamos sencillamente reconocerlo. Así dice una antigua oración: "Oh Dios que vendrás a manifestarte en el día del juicio, manifiéstate primero en nuestros corazones mediante tu gracia".
Sin duda que necesitamos que acontezca la eterna novedad del Señor en la venas de nuestra vida. Hay demasiadas pesadillas en nuestro mundo planetario de las que despertar, demasiadas rutinas que cansan y agotan, demasiadas necesidades en nuestro corazón y en el corazón social de que Alguien que ya vino y que vendrá, venga ahora también para encendernos la luz, una Luz que no se apague, y para cambiar todas nuestras maldiciones y enconos en ternura y bendición.
Homilía de monseñor Luis T. Stöckler, obispo de Quilmes, para el 32º domingo durante el año (7 de noviembre de 2010). (AICA)
La enseñanza de Jesús con respecto a lo que nos aguarda después de la muerte, es muy clara. A diferencia de lo que los saduceos decían, la muerte no es el fin definitivo del hombre, sino al término de los tiempos su cuerpo resucitará. Entre la muerte y la resurrección, las personas no dejan de existir como interpretaban otros, sino siguen vivos, como Jesús nos hace entender, cuando habla del “Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob” y agrega que “Él no es un Dios de muertos, sino de vivientes; todos, en efecto, viven para Él”. Lo mismo manifiesta Jesús también, cuando le promete al buen ladrón que “hoy todavía estarás conmigo en el paraíso”, y cuando en la parábola del rico y del pobre Lázaro los dos mueren y revelan el abismo infranqueable que se había abierto entre ellos mientras estaban en esta tierra.
A veces se puede leer o escuchar que la doctrina del alma indestructible sea una idea de la filosofía griega y que no tendría asidero en la Biblia. Si bien es cierto que la enseñanza sobre los novísimos fue desarrollándose a través de la larga historia del pueblo de Dios, no cabe ninguna duda de que es palabra de Dios lo que la Iglesia trasmite. Los libros sapienciales del Antiguo Testamento, los evangelios y las cartas de los apóstoles nos abren el horizonte hacía el futuro inmediato después de la muerte y apelan, por eso mismo, a la responsabilidad de vivir los años de esta vida como el tiempo que define nuestro destino eterno.
El planteo burlón de los saduceos, que presentan a Jesús el caso ficticio de una mujer que, según la ley del levirato, se había casado seguidamente con siete hermanos, le sirve al Señor para aclarar que la vida eterna no es una prolongación de la vida anterior donde se pretende garantizar la continuidad por la procreación de hijos, sino la plenitud que cada uno comparte con todos, similar a la vida de los ángeles que están totalmente unidos a Dios y entre ellos. Esta verdad sobre el hombre nos causa una profunda alegría. Porque aún cuando las circunstancias de la vida pueden hacernos sufrir, la perspectiva de lo que nos aguarda nos ayuda a no caer en la desesperación, sino a pedir la constancia que nos prepara para el gozo en la presencia del Señor.
Y más. Esta verdad sobre la vida futura es el motivo por el cual hay cristianos que la quieren anticipar y optan por la vida célibe, como el mismo Jesús, para compartir la vida con otros que, igual que ellos o ellas, quieren ser ya ahora un signo de lo que nos aguarda a todos los que están llamados al Reino en plenitud. Y hasta se animan a decir con San Pablo: “Para mí la vida es Cristo, y la muerte, una ganancia” (Flp 1, 21).
Participar en la eucaristía y comer la carne de Cristo es la garantía de vivir eternamente.
Mons. Luis T. Stöckler, obispo de Quilmes
Reflexión de monseñor Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús para el programa radial "Compartiendo el Evangelio", para el 32º domingo durante el año (7 de noviembre de 2010). (AICA)
DEL «OTRO LADO» ALGUIEN NOS ESPERA
Evangelio según San Lucas 20, 27-38 (ciclo C)
En este Evangelio se está hablando de varias cosas, pero la primera que vamos a afirmar fundamentalmente es la Resurrección: nosotros creemos en la Resurrección de Cristo, por lo tanto si Cristo -que es nuestra cabeza- ha resucitado, también nosotros vamos a resucitar con Él.
La Resurrección es participar de la Vida Eterna, por eso nuestra alma es un alma inmortal; Dios nos ha creado, Cristo nos ha redimido y el Espíritu Santo nos ha santificado. Lo eterno ha entrado en el tiempo para que nosotros, y el tiempo, entremos en Dios.
Por esto afirmamos, con el Evangelio, que “Dios no es un Dios de muertos, sino de vivientes”. En efecto, todos vivimos para Él. Afirmamos, con la Iglesia, la Resurrección; rezamos por los difuntos porque creemos que, del otro lado, hay vida.
Algunos se pueden preguntar en la actualidad sobre el tema del futuro, la importancia de la reflexión sobre la historia y es evidente que el modo como las personas, los grupos sociales, conciben el fin de los tiempos, tienen un gran impacto sobre la manera de afrontar el presente.
El camino de la vida es muy diferente, de acuerdo al final que uno presienta o imagine. ¿Es acaso lo mismo si al fin del camino no hay nada ni nadie?, ¿o si en la meta de la existencia hay una presencia y un abrazo? Peregrinar la vida, engendrar y educar hijos, construir historia, apostar al amor y forjar futuro, no tienen los mismos motivos si el vacío lo ha de devorar todo, o si al final nos espera alguien.
Dicho de otra manera: cuando atravesamos el umbral de la muerte, allá en el otro lado, en el otro “charco”, hay alguien que nos espera; y ese alguien que nos espera es Dios, porque Dios nos creó, nos redimió y nos espera en el cielo.
Afirmamos rotundamente que es una Palabra de Dios, que es la Palabra de Cristo: “Yo soy la Resurrección y la vida; quien cree en mí, aunque hubiera muerto, vivirá”. Y nosotros creemos en la Resurrección.
En segundo lugar: no sabemos de qué manera será, pero sí ciertamente afirma el Credo, que vamos a resucitar con nuestro propio cuerpo y con nuestra propia piel. No sabemos de qué forma: transfigurados, transformados, eso, nuestra imaginación no alcanza a comprender. Pero ciertamente nosotros vamos a participar; y si alguien dice “esto es imposible” digamos que es imposible para el que no tiene fe, porque el que tiene fe ve más y le es posible. Es posible que Dios haya creado al mundo, que nos haya creado a imagen y semejanza; y es posible que también nosotros participemos con Él.
Y por último: nos damos cuenta que en esta transformación, en esta transfiguración que tendremos en la presencia de Dios, seremos como ángeles. Por eso no participaremos con ese dilema que le plantearon los saduceos a Jesús. Ciertamente nos vamos a encontrar con todos nuestros seres queridos y por lo tanto, el que se casó va a vivir de otra manera con todos sus seres queridos y eso significa vivir en Dios.
¿De qué forma? No lo sé, pero sí que vamos a participar porque lo que es imposible para nosotros se torna posible con la presencia, el hálito y el espíritu de Dios. No en vano Jesucristo nos redimió en la cruz venciendo el pecado y la muerte. Ya la muerte, a partir de ese momento, no tiene la última palabra. La última palabra es VIDA.
Les dejo mi bendición: en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén
Mons. Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús
Homilía de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para el 32º domingo durante el año (7 de noviembre de 2010). (AICA)
Así como ocurría en la época de Jesús, actualmente también nos encontramos con una invasión de propuestas religiosas que toman aspectos de la fe cristiana y los mezclan con esoterismo, ocultismo, magia, pseudo-psicología, curandería y “ciencias alternativas”, y sin problemas siguen denominándose cristianos o católicos.
El texto del Evangelio de este domingo (Lc. 20,27-38), nos habla sobre uno de los temas centrales de nuestra fe: “La resurrección”. El Señor responde a los saduceos que la negaban: “Que los muertos van a resucitar, Moisés lo ha dado a entender en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. Porque él no es un Dios de muertos, sino de vivientes. Todos en efecto viven para él” (Lc.20,37-38).
El Papa en la carta “Novo Milennio Ineunte”, nos señala la importancia de contemplar el rostro de Cristo resucitado, en este inicio de milenio: “... esta contemplación del rostro de Cristo no puede reducirse a su imagen de crucificado. ¡Él es el resucitado! Si no fuese así, vana sería nuestra predicación y vana nuestra fe (1 Cor. 15,14)... Después de dos mil años de estos acontecimientos, la Iglesia los vive como si hubieran sucedido hoy. En el rostro de Cristo ella, su Esposa, contempla su tesoro y su alegría... La Iglesia animada por esta experiencia, retoma hoy su camino para anunciar a Cristo al mundo, al inicio del tercer milenio: “Él es el mismo ayer, hoy y siempre” (Hb. 13,8) (N.M.I. 28).
Con frecuencia nos encontramos con algunos que se manifiestan cristianos, pero por desconocer la centralidad de la Resurrección en su fe, creen en la reencarnación o sea en que su espíritu vivió en otras personas u otros seres vivientes, en diferentes épocas del pasado y se encaminan a vivir otras vidas en el futuro. Sin darse cuenta que la reencarnación no es compatible con la revelación cristiana y con la resurrección. Otros erróneamente le ponen el nombre de ecumenismo o espíritu amplio a aceptar cualquier propuesta supersticiosa o sincretista (mezcla de todo). El ecumenismo es un camino de comunión muy importante, querido por Dios y que hemos iniciado los cristianos, que no intenta una mera unificación mezclando todo, sino que busca la profundización de la verdad y del misterio de Dios. Es uno de los grandes desafíos para los cristianos, pero también es cierto que muchos confunden eclecticismo (mezcla de todo) con ecumenismo.
Hace algún tiempo la Comisión Episcopal de Fe y Cultura emitió un documento llamado “Frente a la Nueva Era...” La lectura del mismo es importante porque aclara que este fenómeno cultural post moderno, se refiere a lo religioso pero “lo vacía de trascendencia” y por lo tanto no cree en la vida eterna y menos en “la Resurrección”, tema que el Señor subraya en el texto bíblico de este domingo. Dicho documento nos dice: “Como hemos indicado la Nueva Era no se presenta propiamente como una religión, busca ponerse por sobre las religiones, por sobre la división que significan los diversos credos, para profesar el culto de la unidad. Se habla propiamente de técnicas de oración: de un “desarrollo crístico”, de potenciar las “dimensiones espirituales” del hombre, de un cosmos donde la “ley suprema es el Amor”. En el caso particular de nuestro país, sus difusores más fervorosos se manifiestan públicamente y sin ningún reparo como católicos, y se alude reiteradamente a figuras culturalmente distintivas de lo católico, como la Madre Teresa de Calcuta o el mismo Santo Padre” (5). Todo esto provoca en el Pueblo de Dios confusión e interrogantes por poner todo en un paquete: la fe católica, los seres y astros extraterrestres, las flores de Bach, la reencarnación, la invocación a entidades misteriosas, la adoración a la diosa Gaia. Últimamente celebraciones ligadas a la brujería...
Los cristianos convencidos que Cristo es el Señor de la Historia, en Él encontramos todas nuestras respuestas. El texto del Evangelio de este domingo nos habla sobre la resurrección, al igual que la primera lectura del segundo libros de los Macabeos. La resurrección del Señor es un tema central para los cristianos, que debe impregnar nuestra cotidianidad y sostenernos en la esperanza. Por esta certeza sabemos, que aún en medio de tantas incertidumbres y desorientación en nuestro tiempo, tenemos la seguridad, que tiene sentido buscar caminos nuevos, la participación y el protagonismo comprometido en nuestra historia, porque en definitiva la Vida triunfa sobre la muerte.
¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo!
Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas
ZENIT Publica el mensaje enviado por Benedicto XVI al presidente de la República de Corea, Lee Myung-bak, en la vigilia del G20 que tuvo lugar el jueves 11 de noviembre 2010 en Seúl (República de Corea).
A Su Excelencia Sr. Lee Myung-bak, Presidente de la República de Corea
Señor Presidente,
La inminente reunión, en Seúl, de los Jefes de Estado y de Gobierno de las veintidós mayores economías mundiales, junto con el Secretario General de la ONU, con la Presidencia de la UE y de algunas Organizaciones regionales, como también con los responsables de varias Agencias especializadas, no tiene sólo un alcance global, sino que es también un signo elocuente de la relevancia y de la responsabilidad adquiridas por Asia en el escenario internacional a inicios del siglo XXI. La Presidencia coreana de la Cumbre es un reconocimiento del significativo nivel de desarrollo económico alcanzado por Su país, que es el primero, entre los que no pertenecen al G8, en albergar al G20 y en guiar sus decisiones en el mundo después de la crisis. Se trata de trazar la solución a cuestiones muy complejas, de las que depende el futuro de las próximas generaciones y que, por tanto, necesitan de la colaboración de toda la comunidad internacional, en el reconocimiento, común y concorde entre todos los pueblos, del valor primario y central de la dignidad humana, objetivo final de las propias decisiones.
La Iglesia católica, según su naturaleza específica, se siente implicada y comparte las preocupaciones de los líderes que participarán en la Cumbre de Seúl. Os animo por tanto a afrontar los múltiples y graves problemas que os esperan – y que, en un cierto sentido, hoy están ante toda persona humana - coherentemente con las razones más profundas de la crisis económico-financiera, teniendo adecuadamente en consideración las consecuencias de las medidas que se han adoptado para compensar la propia crisis, y en búsqueda de soluciones duraderas, sostenibles y justas. Al hacer esto auguro que haya viva conciencia de que los instrumentos adoptados, en cuanto tales, funcionarán solo si, en último análisis, serán destinados a la realización de un mismo fin: el progreso auténtico e integral del hombre.
El mundo os observa y espera la adopción de instrumentos adecuados para salir de la crisis, con acuerdos comunes que no privilegien a algunos países a costa de otros. La historia os recuerda además que, aunque sea difícil conciliar las diversas identidades socio-culturales, económicas y políticas hoy coexistentes, dichos instrumentos, para ser eficaces, deberán ser aplicados de modo sinérgico y, sobre todo, respetuoso de la naturaleza del hombre. Para el propio futuro de la humanidad es decisivo demostrar al mundo y a la historia que hoy, también gracias a esta crisis, el hombre ha madurado hasta el punto de reconocer que las civilizaciones y las culturas, al mismo tiempo que los sistemas económicos, sociales y políticos, pueden y deben converger en una visión compartida de la dignidad humana y respetuosa de las leyes y de las exigencias puestas en ella por Dios creador. El G20 responderá a las expectativas puestas en él y entregará al mundo un verdadero éxito si, a partir de problemas diversos e incluso contrastantes que afligen a los pueblos de la tierra, sabrá delinear los rasgos del bien común universal y demostrar la voluntad de cooperar para alcanzarlo.
Con estos sentimientos imploro la bendición de Dios sobre todos los participantes en la Cumbre de Seúl y aprovecho la ocasión para renovarle, Señor Presidente, los sentimientos de mi estima y mi deferente y cordial saludo.
En el Vaticano, 8 de noviembre de 2010
Benedicto XVI
[L'OSSERVATORE ROMANO – Edición diaria – del 11 de noviembre de 2010
Traducción del italiano por Inma Álvarez]
ZENIT nos ofrece la intervención del Papa Benedicto XVI en la mañana del miércoles 10 de Noviembre de 2010 durante la Audiencia General, que tuvo dos momentos: un primer saludo, en la Basílica de San Pedro, a los peregrinos procedentes de Carpineto Romano y de la República Checa, y una segunda parte, en el Aula Pablo VI.
[Dentro de la basílica vaticana]
Estoy contento de acogeros y de dirigir a cada uno de vosotros mi cordial bienvenida. En particular os saludo a vosotros, los fieles de Carpineto Romano, llegados aquí con vuestro pastor monseñor Lorenzo Loppa, para devolverme la visita, breve pero intensa, que tuve la alegría de realizar en vuestra tierra, el pasado mes de septiembre, con ocasión del bicentenario del nacimiento del papa León XIII. Queridos amigos, deseo renovaros a todos mi vivo agradecimiento por la calurosa acogida que me reservasteis en aquella circunstancia. Pienso en la disponibilidad de las Autoridades civiles, especialmente del alcalde y del Concejo, como también en el diligente empeño de vuestro obispo, del párroco y de sus colaboradores, especialmente en la preparación de la Celebración eucarística, tan bien cuidada y participada. El recuerdo de aquel evento, lleno de significado eclesial y espiritual, reavive en cada uno el deseo de profundizar cada vez más la vida de fe, en el surco de las enseñanzas de vuestro ilustre conciudadano el papa León XIII, cuya valiente acción pastoral suscitó una renovación providencial del compromiso de los católicos en la sociedad.
Queridos amigos, no os canséis de confiaros a Cristo y de anunciarlo con vuestra vida, en la familia y en cada ambiente. Esto es lo que los hombres, también hoy, esperan de la Iglesia. Con estos sentimientos os imparto de corazón a todos mi bendición, que de buen grado extiendo a vuestras familias y a todos vuestros seres queridos.
[En checo dijo]
Os saludo cordialmente a vosotros los peregrinos procedentes de la República Checa, llegados aquí en gran número para devolverme la visita que tuve la alegría de realizar en vuestro país el año pasado. Queridos amigos, ¡sed bienvenidos! Conservo un querido y grato recuerdo de aquel agradable viaje mío a vuestra hermosa tierra. Pienso en particular en la deferente cortesía de las distinguidas autoridades; en la calurosa acogida que recibí de los venerados Hermanos en el Episcopado, de los sacerdotes, de las personas consagradas y de todos los fieles, que quisieron expresarme con entusiasmo su fe, en torno al sucesor de Pedro. Me impresionó también la atenta consideración que me reservaron también cuantos, aun estando alejados de la Iglesia, están con todo en búsqueda de valores humanos espirituales auténticos, de los que la misma comunidad católica quiere ser testigo gozoso. Rezo para que el Señor haga fructificar las gracias de aquel viaje, y auguro que el pueblo cristiano de la República Checa prosiga, con renovado empuje, dando por todas partes un valiente testimonio evangélico. A todos os imparto de corazón una especial Bendición Apostólica, extensible a vuestras familias y a toda vuestra patria.
[Posteriormente, en el Aula Pablo VI]
¡Queridos hermanos y hermanas!
Hoy quisiera recordar con vosotros el Viaje Apostólico a Santiago de Compostela y Barcelona, que tuve la alegría de realizar el sábado y el domingo pasados. Me dirigí allí para confirmar en la fe a mis hermanos (cfr Lc 22,32); lo hice como testigo de Cristo resucitado, como sembrador de la esperanza que no desilusiona y no engaña, porque tiene su origen en el amor infinito de Dios por todos los hombres.
La primera etapa fue Santiago. Desde la ceremonia de bienvenida, pude experimentar el afecto que las gentes de España nutren hacia el Sucesor de Pedro. Fui acogido verdaderamente con gran entusiasmo y calor. En este Año Santo Compostelano, he querido hacerme peregrino junto con cuantos, numerosísimos, se han dirigido a ese célebre Santuario. Pude visitar la "Casa del Apóstol Santiago el Mayor", el cual sigue repitiendo, a quien llega allí necesitado de gracia, que en Cristo, Dios vino al mundo para reconciliarlo consigo, no imputando a los hombres sus culpas.
En la imponente catedral de Compostela, dando, con emoción, el tradicional abrazo al Santo, pensaba en cómo este gesto de acogida y amistad es también un modo de expresar la adhesión a su palabra y la participación en su misión. Un signo fuerte de la voluntad de conformarse al mensaje apostólico, el cual por un lado, nos compromete a ser fieles custodios de la Buena Noticia que los Apóstoles transmitieron, sin ceder a la tentación de alterarla, disminuirla o plegarla a otros intereses, y por otro, nos transforma a cada uno de nosotros en anunciadores incansables de la fe en Cristo, con la palabra y el testimonio de la vida en todos los campos de la sociedad.
Viendo el número de peregrinos presentes en la Santa Misa solemne que tuve la gran alegría de presidir en Santiago, meditaba que lo que empuja a tanta gente a dejar las ocupaciones cotidianas y emprender el camino penitencial hacia Compostela, un camino a veces largo y fatigoso: es el deseo de llegar a la luz de Cristo, a quien anhelan en lo profundo de su corazón, aunque a menudo no sepan expresarlo bien con las palabras. En los momentos de extravío, de búsqueda, de dificultad, como también en la aspiración a reforzar la fe y a vivir de una forma más coherente, los peregrinos en Compostela emprenden un profundo itinerario de conversión a Cristo, que asumió en sí la debilidad, el pecado de la humanidad, las miserias del mundo, llevándolas donde el mal ya no tiene poder, donde la luz del bien lo ilumina todo. Se trata de un pueblo de caminantes silenciosos, procedentes de cada parte del mundo, que redescubren la antigua tradición medieval y cristiana de la peregrinación, atravesando pueblos y ciudades permeados de catolicismo.
En esa solemne Eucaristía, vivida por tantísimos fieles presentes con intensa participación y devoción, pedí con fervor que cuantos se dirigen en peregrinación a Santiago puedan recibir el don de llegar a ser verdaderos testigos de Cristo, a quien han redescubierto en las encrucijadas de los sugerentes caminos hacia Compostela. Recé también para que los peregrinos, siguiendo las huellas de numerosos santos que en el transcurso de los siglos han hecho el "Camino de Santiago", sigan manteniendo vivo su genuino significado religioso, espiritual y penitencial, sin ceder a la banalidad, a la distracción, a la modas. Ese camino, entretejido de vías que surcan vastas tierras formando una red a través de la Península Ibérica y Europa, fue y sigue siendo lugar de encuentro de hombres y mujeres de las más diversas procedencias, unidos por la búsqueda de la fe y de la verdad sobre sí mismos, y suscita experiencias profundas de compartir, de fraternidad y de solidaridad.
Es precisamente la fe en Cristo la que da sentido a Compostela, un lugar espiritualmente extraordinario, que sigue siendo punto de referencia para la Europa de hoy en sus nuevas configuraciones y perspectivas. Conservar y reforzar la apertura a lo trascendente, así como un diálogo fecundo entre fe y razón, entre política y religión, entre economía y ética, permitirá construir una Europa que, fiel a sus imprescindibles raíces cristianas, pueda responder plenamente a su propia vocación y misión en el mundo. Por ello, seguro de las inmensas posibilidades del continente europeo y confiado en un futuro de esperanza para él, invité a Europa a abrirse cada vez más a Dios, favoreciendo así las perspectivas de un auténtico encuentro, respetuoso y solidario, con las poblaciones y las civilizaciones de los demás Continentes.
El domingo, después, tuve la alegría verdaderamente grande de presidir, en Barcelona, la Dedicación de la iglesia de la Sagrada Familia, que declaré Basílica Menor. Al contemplar la grandiosidad y la belleza de ese edificio, que invita a elevar la mirada y el alma hacia lo Alto, hacia Dios, recordaba las grandes construcciones religiosas, como las catedrales del Medioevo, que marcaron profundamente la historia y la fisionomía de las principales ciudades de Europa. Esa obra espléndida opera – riquísima en simbología religiosa, preciosa en el entretejido de las formas, fascinante en el juego de luces y colores – casi una inmensa escultura en piedra, fruto de la profunda fe, de la sensibilidad espiritual y del talento artístico de Antoni Gaudí, remite al verdadero santuario, el lugar del culto real, el Cielo, donde Cristo entró para aparecer ante Dios en nuestro favor (cfr Hb 9,24). El genial arquitecto, en ese magnífico templo, supo representar admirablemente el misterio de la Iglesia, a la que los fieles son incorporados con el Bautismo como piedras vivas para la construcción de un edificio espiritual (cfr 1Pe 2,5).
La iglesia de la Sagrada Familia fe concebida y proyectada por Gaudí como una gran catequesis sobre Jesucristo, como un cántico de alabanza al Creador. En ese edificio tan imponente, él puso su propia genialidad al servicio de lo bello. De hecho, la extraordinaria capacidad expresiva y simbólica de las formas y de los motivos artísticos, como también las innovadoras técnicas arquitectónicas y esculturales, evocan la Fuente suprema de toda belleza. El famoso arquitecto consideró este trabajo como una misión en la que estaba implicada toda su persona. Desde el momento en que aceptó el encargo de construcción de esa iglesia, su vida fue marcada por un cambio profundo. Emprendió así una intensa práctica de oración, ayuno y pobreza, advirtiendo la necesidad de prepararse espiritualmente para lograr expresar en la realidad material el misterio insondable de Dios. Se puede decir que, mientras Gaudí trabajaba en la construcción del templo, Dios construía en él el edificio espiritual (cfr Ef 2,22), reforzándolo en la fe y acercándolo cada vez más a la intimidad de Cristo. Inspirándose continuamente en la naturaleza, obra del Creador, y dedicándose con pasión a conocer la Sagrada Escritura y la liturgia, supo realizar en el corazón de la Ciudad un edificio digno de Dios y, por ello mismo, digno del hombre.
En Barcelona, visité también la Obra del "Nen Déu", una iniciativa ultracentenaria, muy ligada a esa archidiócesis, donde se cuida, con profesionalidad y amor, a niños y jóvenes discapacitados. Sus vidas son preciosas a los ojos de Dios y nos invitan constantemente a salir de nuestro egoísmo. En esa casa, fui partícipe de la alegría y de la caridad profunda e incondicionada de las Hermanas Franciscanas de los Sagrados Corazones, del generoso trabajo de médicos, educadores y de tantos otros profesionales y voluntarios, que trabajan con dedicación encomiable en esa Institución. También bendije la primera piedra de una nueva Residencia que formará parte de esta Obra, donde todo habla de caridad, de respeto de la persona y de su dignidad, de alegría profunda, porque el ser humano vale por lo que es, y no solo por lo que hace.
Mientras estaba en Barcelona, recé intensamente por las familias, células vitales y esperanza de la sociedad y de la Iglesia. Recordé también a aquellos que sufren, en particular en estos momentos de serias dificultades económicas. Tuve presente, al mismo tiempo, a los jóvenes – que me acompañaron en toda la visita a Santiago y Barcelona con su entusiasmo y su alegría – para que descubran la belleza, el valor y el compromiso del Matrimonio, en el que un hombre y una mujer forman una familia, que con generosidad acoge la vida y la acompaña desde su concepción hasta su término natural. Todo lo que se haga para apoyar el matrimonio y la familia, para ayudar a las personas más necesitadas, todo lo que acrecienta la grandeza del hombre y su dignidad inviolable, contribuye al perfeccionamiento de la sociedad. Ningún esfuerzo es vano en este sentido.
Queridos amigos, doy gracias a Dios por las jornadas intensas que he transcurrido en Santiago de Compostela y en Barcelona. Renuevo mi agradecimiento al Rey y a la Reina de España, a los Príncipes de Asturias y a todas las Autoridades. Dirijo una vez más mi pensamiento con reconocimiento y afecto a los queridos hermanos arzobispos de esas dos Iglesias particulares y a sus colaboradores, como también a cuantos se han prodigado generosamente para que mi visita a esas dos maravillosas ciudades fuese fructífera. ¡Han sido días inolvidables, que quedarán impresos en mi corazón! En particular, las dos Celebraciones eucarísticas, cuidadosamente preparadas e intensamente vividas por todos los fieles, también a través de los cantos, tomados tanto de la gran tradición de la Iglesia, como de la genialidad de autores modernos, fueron momentos de verdadera alegría interior. Que Dios recompense a todos, como sólo Él sabe hacer; que la Santísima Madre de Dios y el Apóstol Santiago sigan acompañando con su protección su camino. El año que viene, si Dios quiere, me dirigiré de nuevo a España, a Madrid, para la Jornada Mundial de la Juventud. Confío desde ahora a vuestra oración esta iniciativa providencial para que sea ocasión de crecimiento en la fe para tantos jóvenes.
[En español dijo]
Saludo a los peregrinos de lengua española, invitándolos a dar gracias a Dios por el Viaje Apostólico a Santiago de Compostela y Barcelona. Conservo un inolvidable recuerdo de la amabilidad con la que me acogieron en Compostela Sus Altezas Reales los Príncipes de Asturias y con la que Sus Majestades los Reyes de España me despidieron en Barcelona. Deseo también agradecer vivamente a las Autoridades y a las Fuerzas de Seguridad todo el trabajo llevado a cabo con eficacia para que mi estancia en esos lugares se desarrollara felizmente. Reitero mi afectuoso agradecimiento a los Arzobispos de esas dos Iglesias particulares, así como a quienes numerosos me han acompañado con suma cordialidad en los actos celebrados en esas dos emblemáticas ciudades. Pido al Señor que bendiga copiosamente a los Pastores y fieles de esas nobles tierras, para que aviven su fe y la transmitan con valentía, siendo cristianos como ciudadanos y ciudadanos como cristianos. Volveré a España para la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud. De nuevo, muchas gracias a todos los españoles.
[En italiano dijo]
Mi pensamiento se dirige ahora a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados. En la liturgia de ayer celebramos la fiesta de la Dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán, caput et mater omnium ecclesiarum. Junto con ella recordamos también las iglesias en las que se reúnen vuestras comunidades y también aquellas que esperan aún ser construidas en Roma y en el mundo. Queridos jóvenes, enfermos y esposos cristianos, os exhorto a colaborar con todo el pueblo d Dios y con todos los hombres de buena voluntad a realizar la Casa del Señor. Sed siempre “piedras vivas” del edificio espiritual que es la Iglesia, caminando juntos en el servicio al Evangelio, en el ofrecimiento de la oración y en la participación en la caridad.
[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]
ZENIT nos ofrece el Mensaje que el Papa Benedicto XVI ha hecho llegar al presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, cardenal Angelo Bagnasco, con ocasión de la Asamblea Plenaria que se celebra estos días de Noviembre en Asís.
Al Venerado Hermano
el cardenal Angelo Bagnasco
Presidente de la Conferencia Episcopal Italiana
Con este mensaje, que le envío con ocasión de la 62a Asamblea General de la Conferencia Episcopal Italiana, quiero hacerme espiritualmente peregrino en Asís, para estar presente y llegar e personalmente donde usted y cada uno de los obispos reunidos, Pastores solícitos de las amadas Iglesias particulares que están en Italia. Vuestra solicitud y vuestro compromiso se manifiestan en el gobierno responsable de las diócesis y en la cercanía paterna a los sacerdotes y a las comunidades parroquiales. De ello es signo elocuente la atención al tema de la educación, que habéis asumido como prioridad en la década que se abre. Las Orientaciones pastorales recientemente publicadas son expresión de una Iglesia que, en la escuela de Jesucristo, quiere tomarse en serio la vida entera de cada hombre y, con este fin, busca “en las experiencias cotidianas el alfabeto para componer las palabras con las que representar al mundo el amor infinito de Dios" (Educare alla vita buona del Vangelo, 3).
1. En estos días os habéis reunido en Asís, la ciudad en la que “nació al mundo un sol” (Dante, Paradiso, Canto XI), proclamado por el venerable Pío XII patrono de Italia: san Francisco, que conserva intactas su frescura y su actualidad – ¡los santos no tienen nunca ocaso! – debidas a su haberse conformado totalmente a Cristo, del que fue icono vivo.
Como el nuestro, también el tiempo en que vivió san Francisco estaba marcado por profundas transformaciones culturales, favorecidas por el nacimiento de las universidades, por el crecimiento de los ayuntamientos y por la difusión de nuevas experiencias religiosas.
Precisamente en esa época, gracias a la obra del papa Inocencio III – el mismo del que el Pobrecito de Asís obtuvo el primer reconocimiento canónico – la Iglesia puso en marcha una profunda reforma litúrgica. De ello es expresión eminente el Concilio Lateranense IV (1215), que cuenta entre sus frutos con el “Breviario”. Este libro de oración acogía en sí la riqueza de la reflexión teológica y de la vivencia orante del milenio anterior. Adoptándolo, san Francisco y sus frailes hicieron propia la oración litúrgica del Sumo Pontífice: de este modo, el Santo escuchaba y meditaba asiduamente la Palabra de Dios, hasta hacerla suya y transmitirla después en las oraciones de que fue autor, como en general en todos sus escritos.
El mismo Concilio Lateranense IV, considerando con particular atención el Sacramento del altar, insertó en la profesión de fe el término “transubstanciación”, para afirmar la presencia real de Cristo en el sacrificio eucarístico: “Su cuerpo y su sangre son contenidos verdaderamente en el Sacramento del altar, bajo las especies del pan y del vino, pues el pan es transubstanciado en el cuerpo y el vino en la sangre por el poder divino" (DS, 802).
De la asistencia a la santa Misa y del recibir con devoción la santa Comunión brota la vida evangélica de san Francisco y su vocación a recorrer el camino de Cristo Crucificado: “El Señor – leemos en el Testamento de 1226 – me dio tanta fe en las iglesias, que así sencillamente rezaba y decía: Te adoramos, Señor Jesús, en todas las iglesias que hay en el mundo entero y te bendecimos, porque con tu santa cruz redimiste al mundo” (Fuentes Franciscanas, n. 111).
En esta experiencia encuentra su origen también la gran deferencia que tenía hacia los sacerdotes y la consigna a los frailes de respetarles siempre y en todo caso, “porque del altísimo Hijo de Dios yo no veo otra cosa corporalmente en este mundo, sino el Santísimo Cuerpo y Sangre suya que ellos solos consagran y que ellos solos administran a los demás” (Fuentes Franciscanas, n. 113).
Ante este don, queridos Hermanos, ¡qué responsabilidad de vida se desprende para cada uno de nosotros! "¡Cuidad vuestra dignidad, hermanos sacerdotes – recomendaba Francisco – y sed santos porque él es santo" (Carta al Capítulo General y a todos los frailes, en Fuentes Franciscanas, n. 220)! Sí, la santidad de la Eucaristía exige que se celebre y se adore este Misterio conscientes de su grandeza, importancia y eficacia para la vida cristiana, pero exige también pureza, coherencia y santidad de vida a cada uno de nosotros, para ser testigos vivientes del único Sacrificio de amor de Cristo.
El Santo de Asís no dejaba de contemplar cómo "el Señor del universo, Dios e Hijo de Dios, se humilló hasta esconderse, para nuestra salvación, en la poca apariencia del pan" (ibid., n. 221), y con vehemencia pedía a sus frailes: “os ruego, más que si lo hiciese por mí mismo, que cuando convenga y lo veáis necesario, supliquéis humildemente a los sacerdotes para que veneren por encima de todo al Santísimo Cuerpo y Sangre del Señor nuestro Jesucristo y los santos nombres y las palabras escritas de Él que consagran el cuerpo” (Carta a todos los custodios, en Fuentes Franciscanas, n. 241).
2. El auténtico creyente, en toda época, experimenta en la liturgia la presencia, la primacía y la obra de Dios. Esta es veritatis splendor (Sacramentum caritatis, 35), acontecimiento nupcial, pregustación de la ciudad nueva y definitiva y participación en ella; es vínculo de creación y de redención, cielo abierto sobre la tierra de los hombres, pasaje del mundo a Dios; es Pascua, en la Cruz y en la Resurrección de Jesucristo; es el alma de la vida cristiana, llamada al seguimiento, reconciliación que mueve a la caridad fraterna.
Queridos hermanos en el Episcopado, vuestra reunión pone en el centro de los trabajos de la Asamblea el examen de la traducción italiana de la tercera edición típica del Misal Romano. La correspondencia de la oración de la Iglesia (lex orandi) con la regla de la fe (lex credendi) plasma el pensamiento y los sentimientos de la comunidad cristiana, dando forma a la Iglesia, cuerpo de Cristo y templo del Espíritu. Ninguna palabra humana puede prescindir del tiempo, incluso cuando, como en el caso de la liturgia, constituye una ventana que se abre más allá del tiempo. Dar voz a una realidad perennemente válida exige por tanto el sabio equilibrio de continuidad y novedad, de tradición y actualización.
El Misal mismo se coloca dentro de este proceso. Todo verdadero reformador, de hecho, es obediente a la fe: no se mueve de forma arbitraria, ni se arroga discrecionalidad alguna sobre el rito; no es el amo, sino el guardián del tesoro instituido por el Señor y confiado a nosotros. La Iglesia entera está presente en cada liturgia: adherirse a su forma es condición de autenticidad de lo que se celebra.
3. Que esta razón os empuje, en las cambiantes condiciones del tiempo, a hacer cada vez más transparente y practicable esa misma fe que se remonta a la época de la Iglesia naciente. Es una tarea muy urgente en una cultura que – como vosotros mismos decís – conoce el “eclipse del sentido de Dios y la ofuscación de la dimensión de la interioridad, la formación incierta de la identidad personal en un contexto plural y fragmentado, las dificultades del diálogo entre generaciones, la separación entre inteligencia y afectividad” (Educare alla vita buona del Vangelo, 9). Estos elementos son el signo de una crisis de confianza en la vida, e influyen de forma relevante en el proceso educativo, en el cual las referencias seguras se hacen fugaces.
El hombre contemporáneo ha invertido muchas energías en el desarrollo de la ciencia y de la técnica, consiguiendo en estos campos objetivos indudablemente significativos y apreciables. Este progreso, con todo, ha tenido lugar a menudo a costa de los fundamentos del cristianismo, en los cuales se arraiga la historia fecunda del Continente europeo: la esfera moral ha sido confinada al ámbito subjetivo y Dios, cuando no es negado, es con todo excluido de la conciencia pública. Y sin embargo, la persona crece en la medida en que hace experiencia del bien y aprende a distinguirlo del mal, más allá del cálculo que considera únicamente las consecuencias de una acción individual o que usa como criterio de valoración la posibilidad de realizarla.
Para cambiar la dirección no es suficiente con un llamamiento genérico a los valores, ni una propuesta educativa que se contente con intervenciones puramente funcionales y fragmentarias. Es necesaria, en cambio, una relación personal de fidelidad entre sujetos activos, protagonistas de la relación, capaces de tomar partido y de poner en juego su propia libertad (cfr ibid., 26).
Por esta razón es de lo más oportuna vuestra decisión de llamar a la movilización sobre la responsabilidad educativa a todos aquellos que da importancia a la ciudad de los hombres y al bien de las nuevas generaciones. Esta alianza indispensable no puede sino partir de una nueva proximidad a la familia, que reconozca y apoye su primacía educativa: es dentro de ella donde se plasma el rostro de un pueblo.
Como Iglesia que vive en Italia, atenta a interpretar lo que sucede en profundidad en el mundo de hoy y, por tanto, a captar las preguntas y los deseos del hombre, renováis el compromiso a trabajar con disponibilidad a la escucha y al diálogo, poniendo a disposición de todos la buena noticia del amor paterno de Dios. Os anima la certeza de que “Jesucristo es el camino, que conduce a cada uno a la plena realización de sí mismo según el designio de Dios. Es la verdad, que revela al hombre a sí mismo y le guía en el camino de crecimiento en la libertad. Es la vida, porque en él todo hombre encuentra el sentido último de su existencia y de su acción: la plena comunión de amor con Dios por la eternidad" (ibid., n. 19).
4. En este camino, os exhorto a valorar la liturgia como fuente perenne de educación a la vida buena del Evangelio. Esta introduce en el encuentro con Jesucristo, que con palabras y obras constantemente edifica a la Iglesia, formándola en las profundidades de la escucha, de la fraternidad y de la misión. Los ritos hablan por medio de su racionabilidad intrínseca y educan a una participación consciente, activa y fructífera (cfr Sacrosanctum Concilium, n. 11).
Queridos hermanos, alcemos la cabeza y dejémonos mirar en los ojos por Cristo, único Maestro, Redentor del que procede toda responsabilidad nuestra hacia las comunidades que se nos han confiado y de todo hombre. Que María Santísima, con corazón de Madre, vele sobre nuestro camino y nos acompañe con su intercesión.
Al renovar mi cercanía afectuosa y mi aliento fraterno, le imparto de corazón a Usted, Venerado Hermano, a los Obispos, a los colaboradores y a todos los presentes mi Bendición Apostólica.
En el Vaticano, 4 de noviembre de 2010
BENEDICTUS PP. XVI
[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]
Alocución televisiva de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata en el programa “Claves para un mundo mejor” (6 noviembre de 2010). (AICA)
EL COSTO DE LA FECUNDACION ARTIFICIAL
Mis amigos televidentes hoy quiero comentarles algo acerca del Premio Nobel de Medicina, que se adjudicó este año al Dr. Robert Edwards. Llamó la atención que se lo premiara, después de más de 30 años, por haber logrado el primer nacimiento de un ser humano mediante la técnica de la fecundación in vitro.
Este reconocimiento tardío pone de nuevo sobre el tapete el juicio que hay que hacer acerca de esta técnica que se ha difundido notablemente en todo el mundo y también, aunque no hay una regulación legal, en la Argentina.
En primer lugar habría que recordar que el laboratorio no es el ámbito adecuado para el nacimiento de un ser humano. No es adecuado a la dignidad de la persona humana que, como enseña el Concilio Vaticano II, es el único ser en el cosmos visible que ha sido querido por sí mismo como imagen y semejanza de Dios.
Entonces, en la técnica que ha sido objeto de tan alto reconocimiento se da una ambigüedad fundamental: pareciera que por medio de manipulación de gametos, como si tratara de un objeto industrial, se puede fabricar un ser humano. No es eso lo que corresponde a la dignidad del nacimiento de la persona.
Hay que decir que a un nacido en esas circunstancias, el embrión humano es un ser personal. Esto es una verdad científica y a la vez una verdad jurídica porque en la actualidad se acepta, con toda razón, el estatuto jurídico del embrión humano. Quiero decir con esto que desde el inicio, desde el instante de la concepción, cuando se unen los dos gametos, allí aparece un ser nuevo caracterizado por un ADN que lo identifica hasta la muerte y a lo largo de todo su desarrollo vital, cualquiera sea éste.
Por medio de la fecundación in vitro el científico, el técnico podríamos decir, se hace dueño de la vida y de la muerte. Es bien sabido que para lograr un nacimiento se desperdician una cantidad notable de embriones y, por otra parte, es muy común la selección. Se eligen aquellos que están en mejores condiciones, aquellos de los cuales se puede preveer que no van a tener ninguna deficiencia; los demás son descartados como objetos biológicos inservibles. Ahora bien: se trata de seres humanos, se trata de personas humanas.
También es muy común la práctica de la congelación de los embriones que se decide no implantar pero ¿es aceptable que se congele a un ser humano? ¿Está esto de acuerdo con su dignidad?
Todo el mundo sabe que hay miles y miles de embriones congelados en todo el mundo, de seres humanos cuya suerte no se sabe cuál será y que sufrirán deterioros o morirán a causa de esas condiciones a las cuales se los somete. De paso, hay que señalar el enorme negocio a que da lugar la aplicación del método de fecundación artificial.
Este Premio Nobel, entonces, nos obliga a pensar otra vez la importancia de reconocer verdades fundamentales que tienen que ver con la dignidad de la vida humana y con su carácter sagrado, desde el inicio hasta su fin natural. No se puede, a cualquier precio, lograr un nacimiento para satisfacer el respetable deseo de una pareja de tener un hijo. Este deseo tiene que ajustarse a pautas éticas objetivas.
La técnica de la fecundación in vitro consiste en jugar con la vida y con la muerte de miles y miles de personas humanas. Podríamos hablar en este caso de un nuevo holocausto, que se añade al ya conocido del aborto.
Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata
Texto del micro radial de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, emitido por LT 9 (6 de octubre de 2010). (AICA)
DÍA NACIONAL DEL ENFERMO
Este fin de semana celebramos el Día Nacional del Enfermo. Lo hacemos desde una mirada de fe y de fidelidad al Evangelio de Jesucristo. Ambas actitudes tiene en común una certeza: el enfermo es un hijo de Dios y un hermano mío, que vive una situación particularmente difícil. Es la fe la que nos permite descubrir más allá de los lazos familiares, personales o afectivos, la realidad en su profunda dimensión de verdad, con el compromiso de respuesta que ello conlleva. Al ver en el enfermo a un hijo de Dios, que es mi hermano, no puedo quedar como espectador sino que la fe ilumina y orienta mi camino hacia él y compromete, además, una actitud. Una fe sin obras de misericordia, contradice el Evangelio y debilita nuestra comunión con Jesucristo Él ha asumido nuestra condición humana en su fragilidad, y se ha identificado con los que más sufren. Es en ellos dónde él nos espera.
En este sentido debemos hablar de una opción preferencial de Jesús por los más débiles. Cuándo te vimos enfermo, Señor, es la pregunta que hoy también podemos hacerle. La respuesta la conocemos: cada vez que visitaste un enfermo ahí estaba yo (cfr. Mt. 25, 31-46). Dios no nos crea para el dolor o la enfermedad, sino para la Vida Plena que es participación en su propia Vida. Nuestra condición humana es tiempo de camino, crecimiento y esperanza de plenitud. Debemos dar gracias a Dios por el avance de la ciencia que permite mejorar la condición humana, y crear mejores condiciones de salud. Lamentablemente, no siempre estos adelantos llegan a todos. Independientemente de esto, vivimos el tiempo de lo contingente, de lo frágil, no de eternidad, de lo definitivo. Nuestra condición de peregrinos siempre va a ser una realidad signada por lo débil e imperfecto. En este mundo, por ello, siempre caminaremos acompañados por el límite y el dolor, pero también con la certeza del Amor y esperanza de la Vida Plena. Hay una sabia pedagogía en nuestra condición humana que debemos saber leer.
La enfermedad hoy tiene rostros que antes no eran tan conocidos, pero que son dolorosos y preocupan. Me refiero a todo lo que tiene que ver con la salud psíquica y espiritual, que se manifiesta en signos de depresión, soledad, angustia, es decir, situaciones difíciles de sobrellevar y de convivir con ellas. Esto requiere no sólo conocerlas, el que las sufre es una persona que requiere de ayuda profesional, pero también de compañía humana y espiritual. En esto quiero valorar la tarea que la Pastoral de la Salud viene desarrollando en nuestra Arquidiócesis. ¡Cuántas sanaciones interiores que devuelven el sentido de la vida y la alegría de vivir! Son hechos que quiero ponderar y agradecer. Además, las permanentes visitas que realizan como voluntarios en los diversos Hospitales, casas de familia y lugares donde se encuentra ese hijo de Dios, que es mi hermano. Por ello, les decía, no debemos quedarnos contemplando y hablando del enfermo, sino sentirnos parte de la respuesta para mitigar su dolor. La fe nos ayuda a ponernos en camino, y al enfermo a descubrir el sentido de plenitud que tiene su vida.
Queridos amigos, elevando mi oración en este Día por todos nuestros hermanos que sufren alguna dolencia, les hago llegar junto a mi afecto, mi bendición de Padre y amigo en el Señor Jesús y María Nuestra Madre de Guadalupe.
Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz
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Boletín 411
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El Papa Benedicto XVI ha transmitido a toda la Iglesia su deseo que en la Vigilia de Adviento del próximo sábado, nos unamos todos los católicos y personas de buena voluntad en solemne Vigilia por la Vida Naciente. El mismo Santo Padre lo celebrará en Roma el próximo sábado 27 de noviembre. En nuestra diócesis, la delegación de Familia y Vida y la propia Vicaría General, ha pedido y enviado material, para que en todas las parroquias del modo que consideren oportuno, tengan en cuenta esta propuesta del Papa. En la página web del Obispado pueden encontrar las propuestas para esta celebración.
Por otro lado, el próximo sábado, 27 de noviembre, de 10:00 a 12:30 horas, el obispo Bernardo Álvarez dirigirá el tradicional retiro de Adviento en la iglesia de Nuestra Señora de la Concepción, Sede Catedralicia, en La Laguna.
Asimismo, Cáritas Diocesana ha organizado otro retiro de Adviento para el 30 de noviembre, de 12:00 a 14:00 horas, en el Seminario Diocesano dirigido al personal de la entidad, así como a los voluntarios que lo deseen. Dicho retiro estará dirigido por José Manuel García Matos, párroco de El Sobradillo y Llano del Moro.
Otra iniciativa de este tipo la oferta la delegación diocesana de Pastoral de la Juventud. Igualmente, el área de Pastoral Social de la Diócesis ofrece una serie de herramientas litúrgicas para el tiempo de Adviento.
Esta semana el Instituto Superior de Teología de las Islas Canarias (ISTIC), está desarrollando la XXV Semana de Teología bajo el título: "Creyentes y Testigos: en busca de un nuevo paradigma". En esta ocasión, los ponentes están siendo, entre otros, Eloy Bueno, catedrático de Teología de la facultad de Teología de Burgos y Emilio Alberich, catedrático emérito de Catequética en la universidad salesiana de Roma. Eloy Bueno, en su ponencia, "la búsqueda de la dignidad en un mundo trágico" quiso reafirmar que dar razón de la propia esperanza es tarea y gozo permanente de los cristianos.
Por su parte, el arciprestazgo de Los Llanos de Aridane está llevando a cabo las I Jornadas Arciprestales de Formación bajo el título: “Fe Adulta”. Las mismas están teniendo lugar en el complejo parroquial de San Pedro Apóstol y Santos Mártires, en Argual.
Las parroquias de La Laguna centro van a desarrollar un encuentro arciprestal en el colegio del Buen Consejo este domingo entre las cuatro y las siete de la tarde.
La tarde-noche del 28 de noviembre de 2009, unas 50.000 personas participaron en las calles del casco lagunero de 'La Noche en Blanco'. Este año la cita es este sábado día 27 y la parroquia lagunera de La Concepción, actual sede catedralicia, se une a esta iniciativa con el lema "Descubrir la Concepción". En ella se ofrecen una serie de acciones del llamado primer anuncio entre las 21 horas y la 1 de la madrugada. Una Noche en blanco diferente con música en vivo, teatro, oración, visita interior, rastrillo, acciones para invitar a la Jornada Mundial de Jóvenes, etc.
No dejamos La Laguna, porque entre el jueves y el sábado van a realizarse distintos actos con ocasión del cincuenta aniversario del Monumento a José de Anchieta. Así, este jueves en la iglesia de Santo Domingo, se interpretará el cancionero ibérico en José de Anchieta y se presenta el Auto de la Visitación de nuestra Señora. El sábado 27 habrá a las 12.30 una ofrenda floral ante el monumento al Beato lagunero y por la tarde, a las 17.30 en la Sede catedralicia una Misa por las personas que contribuyeron a la erección del Monumento.
Varias personas se encerraron esta semana en la torre de la iglesia de Nuestra Señora de La Concepción, en La Laguna, donde desplegaron una gran pancarta en la que se podía leer: “derechos laborales y sociales. Intersindical Canaria”. Durante varias horas hicieron sonar, de modo intermitente las campanas del templo. Sobre las siete y cuarto de la tarde del martes desalojaban la torre con normalidad. Realizada una primera inspección ocular del lugar no se observaron daños.
La delegación de enseñanza ha organizado para los días 26 y 27 de noviembre en el seminario, unas jornadas de capacitación para todos los agentes de pastoral que lo deseen de cara a poder ser acompañantes del proceso de formación de adultos: “ser cristianos en el corazón del mundo”. En esa sesión contará con ponentes de mucha “altura”: Elías Yanes, ex-presidente de la Conferencia Episcopal y Lourdes Azorín y Beatriz Pascual: una maestra y una doctora con experiencia en este proyecto formativo.
Por cierto, este domingo a las once de la mañana don Elías presidirá una Eucaristía especial de acción de gracias por su aniversario de ordenación en la parroquia de El Salvador de la capital palmera.
Por otro lado, la Coordinadora Arciprestal de Cáritas La Orotava ha organizado una cena solidaria a beneficio del proyecto "Casa de Acogida Mª Blanca" el próximo sábado 27 de noviembre a las 21:00 h., en el Hogar Santa Rita II en las Dehesas, Puerto de la Cruz. El precio de la entrada es de 10 € y se podrán adquirir en las Cáritas de las diferentes parroquias del Valle de La Orotava.
Por cierto, que se ha constituido el nuevo Consejo Arciprestal de Pastoral de la Orotava presidido por el nuevo arcipreste, Pedro J. Benítez. La reunión se realizó en el Colegio de la Pureza de María de los Realejos. La cita sirvió para elegir la permanente, los representantes del Consejo Diocesano, y para presentar algunos datos del Proyecto de pastoral arciprestal.
Con motivo de la celebración, el 28 de noviembre, del Día de los Sin Techo, Cáritas Española, FACIAM y la Federación de Entidades de Apoyo a las Personas Sin Hogar (FEPSH, antigua FEANTSA España) lanzan la Campaña “Nadie sin hogar” a cinco años vista con el objetivo de conseguir, en el horizonte del año 2015, que nadie se vea obligada a vivir en la calle.
Por otro lado, Cáritas Diocesana mantendrá operativos sus dos centros de inmigrantes en Tenerife, localizados en Santa Cruz y Granadilla durante 2011 gracias al acuerdo llegado con la Consejería de Bienestar Social del Gobierno de Canarias.
El equipo directivo de Cáritas y los técnicos de Drago (proyecto de deshabituación y rehabilitación alcohólica), recibieron a la nueva titular de Atención a las Drogodependencias del Gobierno de Canarias, Pilar Teresa Díaz Luis, dentro de su programa de visitas a los recursos que compone la red la red asistencial de atención a las drogodependencias en toda la Comunidad Autónoma, a fin de estudiar la demanda y los recursos necesarios para racionalizar y optimizar la respuesta asistencial.
El Parlamento de Canarias y Cáritas Diocesana de Tenerife inauguraron la exposición pictórica "El Temple de la Tierra", del pintor palmero Seca Herrera Sicilia, con una temática vinculada con los volcanes, el espacio y el color. Los beneficios obtenidos por la venta de las obras se destinarán a Cáritas y sus múltiples necesidades.
La Asociación Amigos de la Catedral ha previsto para el 25 de noviembre, a las 20:00 horas, en las Casas Capitulares de La Laguna la conferencia: “Los jóvenes y la educación según Benedicto XVI”. Tras dicha disertación las asistentes podrán participar en una mesa redonda.
La Casa de Oración y sede de la Asociación Pública de Fieles "Fraternidad del Servidores del Corazón Sacerdotal de Jesús" en San Pedro Daute, Garachico ya cuenta con su nueva programación de actos. En los próximos meses pasarán por esta Casa de Oración para impartir retiros, talleres, etc. personas como el Cardenal Carlos Amigo Vallejo o la Hermana Glenda. La cita más inmediata es la del 6 de diciembre, de 9.30 a 19:00 horas. Se trata de una iniciativa abierta a todo el mundo dirigida por Fray Manolo Buiza, fraile franciscano guardián del Convento de Santo Domingo de Cáceres y experto en retiros y pastoral juvenil. Las plazas son limitadas. Teléfono de información: 922 83 02 44 .
La Gomera cuenta con el Aula de Pensamiento Social “Oscar Romero”. Se trata de un espacio que se crea, por segundo año consecutivo, impulsada por la parroquia de S. Juan de Vallehermoso para la reflexión, el diálogo y debate, sobre los interrogantes que se ciernen, una y otra vez, sobre el mundo en que vivimos. El aula busca, desde una base de respeto y diálogo, aportar algo de luz desde el mensaje cristiano a cada una de las realidades que envuelven nuestra vida cotidiana. El 26 de este mes será la primera sesión del Aula bajo el título: “Recobrar la dignidad de la política”.
"Tardes orantes" son las que nos proponen las Misioneras Eucarísticas de Nazaret, en Santa Cruz de Tenerife, los sábados a las 6 de la tarde. Se trata de una iniciativa cuyo objetivo es compartir la oración de vísperas con la comunidad. "Las veces que lo hemos hecho ha resultado muy positivo, es otra opción en la diócesis y sobre todo en Santa Cruz” –indicó la hermana María Julia. Para contactar con ella se puede hacer a través del correo electrónico: mariaju40@hotmail.com.
Un grupo de voluntarias de la parroquia de Santa Catalina Mártir, en Tacoronte ha organizado el IV rastrillo solidario a favor de Manos Unidas. El rastrillo se abrirá el próximo domingo 5 de diciembre y permanecerá abierto hasta el 12 del mismo mes, de 10 de la mañana a 6 de la tarde, junto a la iglesia del Cristo en Tacoronte.
La parroquia de Ntra. Sra. de Guadalupe, en el barrio del Toscal-Longuera en Los Realejos, llevará a cabo desde el 26 de noviembre al 9 de enero, el segundo mes socio religioso en honor a la titular de la parroquia. Estas actividades están encaminadas a dar a conocer la comunidad parroquial y a difundir la devoción a la Virgen, destacando su fiesta litúrgica el 12 de diciembre.
La Parroquia de San Marcos, en el municipio de Tegueste, ha finalizado los trabajos de restauración en la torre de la Iglesia, ubicada en el casco histórico de la Villa. Las obras, que duraron algo más de un mes y medio, fueron adjudicadas y financiadas casi en su totalidad por la propia parroquia, lo que supuso un coste cercano a los 35.000 euros.
El Ayuntamiento de Valverde inaugura el próximo 26 de noviembre, a las 19:30 horas, la exposición "El hijo del hombre en el siglo XXI". Esta muestra forma parte de los actos previstos con motivo de las fiestas de la Virgen de la Inmaculada Concepción. Las pinturas de José Vicente Rodríguez y las esculturas de Edmundo Rodríguez se expondrán hasta el día 10 de diciembre en el centro cultural Asabanos. Las pinturas y esculturas representan de forma paralela una selección de pasajes evangélicos en los que Cristo es el protagonista.
El alcalde de Arona, José Alberto González Reverón, y el director del Archivo Histórico Diocesano de San Cristóbal de La Laguna, Miguel Ángel Navarro, firmaron esta semana un convenio por el que ambas instituciones se comprometen a colaborar para la elaboración de una base informática de los índices de bautismos entre los años 1818 y 1837 de la Parroquia de San Antonio Abad.
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El 25 de noviembre, Carmen Ramos realizará el Pregón
Insular de la Navidad, en el Santuario de Nuestra Señora de Las Nieves, en La Palma, a las 20:00 horas. Asimismo, se presentará la XIII Ruta de los Belenes y se concluirá con un concierto de Lo Divino.
El arquitecto del Obispado, Javier Álvarez, junto a miembros de su equipo de trabajo, ha visitado el templo de San Marcos Evangelista, de Agulo, con el fin de redactar el Proyecto de Restauración de la Iglesia. Como paso previo al proceso de rehabilitación, se han tomado ya unas primeras medidas de precaución que consistieron en la colocación de mallas protectoras para evitar la caída de los cascotes sueltos en el templo.
Unas dos mil personas peregrinaron con la imagen de Ntra. Sra. de la Esperanza al barrio de Santa Catalina de La Guancha. Por otro lado, la plaza que rodea la ermita de Santa Catalina aparecía desde temprano preparada para la solemne Eucaristía en el día principal de la Visita Lustral de Ntra. Sra. de la Esperanza y de las Fiestas de Santa Catalina Mártir, cuyas imágenes fueron colocadas a ambos lados de la mesa del altar.
Yakarta (Agencia Fides) - "El presidente Obama ha vivido y conoce Indonesia: le pedimos que trabaje a nivel mundial, para construir la paz y la armonía con el Islam": es lo que declara a la Agencia Fides Su Exc. Mons. Johannes Pujasumarta, Obispo de Bandung y Secretario General de la Conferencia Episcopal de Indonesia, en ocasión de la visita del presidente Obama, que hoy está en Indonesia, en la segunda etapa de su tour asiático.
En nombre de la Conferencia Episcopal, Mons. Pujasumarta señala en una entrevista a Fides los principales desafíos - intolerancia, corrupción, pobreza - en el país musulmán más poblado del mundo. Aquí vive una minoría cristiana (el 10%), que promueve los valores del pluralismo, el diálogo, el respeto, la libertad, la democracia, la dignidad humana.
Excelencia, ¿qué le diría al presidente Obama?
Como cristianos en Indonesia le pedimos que dialogue y trabaje sin descanso y con convinción, a nivel global, para construir armonía y paz entre Occidente y el mundo islámico. El Presidente conoce Indonesia, un país que puede ser un modelo de pluralismo, diálogo y respeto mutuo entre las diferentes comunidades, a pesar de las dificultades existentes.
¿Se refiere a los riesgos de una creciente intolerancia religiosa?
Me gustaría, en primer lugar, dar una visión general: Indonesia es un país vasto y plural, un mosaico compuesto y armonioso, una sociedad en la que se vive a diario el diálogo, el respeto, el pluralismo, la cooperación entre las diferentes comunidades religiosas. Pero cuando la religión es manipulada por intereses políticos, la armonía de la convivencia se altera: esto sucede especialmente por el trabajo de pequeños grupos islámicos radicales, que se deben considerar como grupos que pretenden cambiar los mismos fundamentos del estado
En este contexto, ¿cuál es el papel de los cristianos en el país?
Indonesia no es un estado teocrático o un estado laico, sino un estado que podríamos llamar "laico-religioso", ya que se basa en cinco principios (el "Pancasila") que hacen referencia a una religiosidad pública y a valores comunes de humanidad. Como ciudadanos de esta nación, como cristianos, tenemos una gran responsabilidad - sobre todo nosotros los Obispos - para contribuirr a construir la vida civil y democrática, junto con todos los hombres de buena voluntad.
Además es tarea nuestra defender la identidad nacional, basada en los principios del "Pancasila", que garantizan nuestras vidas, nuestra libertad y nuestra misión, como la de todos los ciudadanos. En contra de cualquier intento, latente o manifiesto, de imponer la “sharia”, la ley islámica, en la sociedad. Somos muy conscientes de las dificultades, pero la brújula de nuestras acciones sigue siendo el diálogo con todos, incluidos los radicales.
"Diálogo" es una palabra clave para vosotros, pero ¿es realmente posible siempre?
Nuestra situación es la siguiente: vivimos en una nación con una gran mayoría musulmana. El futuro de Indonesia depende de cómo podremos fomentar e instaurar la palabra "diálogo" actualmente, entre las diferentes comunidades religiosas como una forma de paz y armonía.
Estamos convencidos, y es una parte integral de nuestra misión en este país. También me gustaría señalar que este es un camino y un enfoque compartido. Lo que la Iglesia promueve no es sólo pura “tolerancia hacia los demás", sino un verdadero diálogo que crea amistad, estima, una cultura del respeto e incluso amor entre los creyentes de las diferentes comunidades.
Qué piensa de la corrupción que los observadores describen como "omnipresente"?
Como Obispos, también recientemente, hemos descrito en varias ocasiones la corrupción como un cáncer que destruye toda la nación, que afecta a todos los aspectos de la vida social, y que es un fenómeno abiertamente aceptado y tolerado. Es inaceptable, es la esclavitud de la vida común al dios dinero. La Iglesia promueve una ética de la transparencia, y trata de educar las conciencias a los valores de la honestidad, de la dignidad, del don y del servicio. También en la gestión de la iglesia es necesario promover una administración honesta y transparente, a fin de ser creibles en el exterior.
¿Los Obispos han informado de la alarma de la pobreza también?
Sobre este tema nuestra atención ha sido siempre mucha. Según los datos del censo del 2010, la población de Indonesia ha llegado a 238 millones. Pero, en nuestra opinión, el desarrollo social en los últimos años ha beneficiado principalmente a los ricos: por ejemplo las escuelas y hospitales se encuentran fuera del alcance de los pobres y la brecha social se hace más profunda. Con el aumento de la población, los pobres y excluidos son cada vez más y más, y este desequilibrio es motivo de preocupación para la comunidad cristiana. La Iglesia está llamada a ser una "Iglesia de los Pobres" para mostrarles el amor de Dios, un "amor preferencial" hacia los más pobres de entre los pobres. (PA) (Agencia Fides 9/11/2010)
Homilía de monseñor Andrés Stanovnik, arzobispo de Corrientes, en la misa del II Encuentro Nacional de Archivística Eclesiástica (Iglesia Catedral de Corrientes, 22 de octubre de 2010). (AICA)
II ENCUETRO NACIONAL DE ARCHIVÍSITICA ECLESIÁSTICA
Celebramos esta Eucaristía en la Iglesia catedral de la arquidiócesis de Corrientes, donde nos acompañan los participantes del II Encuentro Nacional de Archivística Eclesiástica. Son hermanos y hermanas que han venido de numerosas diócesis del país, con el objetivo de compartir el trabajo que realizan en sus respectivos archivos; para aprovechar mejor los recursos tecnológicos aplicados a esa materia; y para profundizar en el significado de este servicio de amor y gratitud a Dios, que en la historia concreta de nuestras Iglesias nos manifiesta su entrañable misericordia de tantas y tan diversas maneras.
Una señal extraordinaria de esa misericordia es, para nuestra Iglesia, el Jubileo arquidiocesano. El jubileo cristiano es siempre un tiempo de gozo en el Señor. En realidad, él es nuestro jubileo. El motivo que nos lleva a esa alegre exultación es saber que Dios nos amó primero. Nuestra memoria no sería la misma sin esa experiencia. La primera lectura nos da las palabras justas para expresar el gozo jubilar al recordar que Dios nos quiere: “Vengan a mí, los que me desean, y sáciense de mis productos! Porque mi recuerdo es más dulce que la miel y mi herencia, más dulce que un panal” (Edo 24.19). El “Producto” con mayúscula, que sacia de veras y que colma de sentido la existencia humana, es la cruz de Jesús: en ella está la sabiduría de Dios que ilumina el camino de hombre; la memoria de que Dios lo ama, antes de que él lo amara (cf. 1Jn 4,10). Si hay algo que no puede faltar en un archivo eclesiástico, es el signo de la Cruz: ella conserva las huellas vivas del paso del Señor, su amor entregado hasta el extremo para salvarnos.
El signo, al que los creyentes recurrimos con mayor frecuencia, es la cruz: ella es señal de la dulce memoria de ese Dios que nos amó primero y lo hizo entregándose a sí mismo hasta el fin. La condición para encontrarse con él es aceptar su invitación: “Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré (...) porque mi yugo es suave y mi carga liviana” (Mt 28,11). En esa invitación está la verdadera sabiduría, esa que María experimentó en toda su profundidad y amplitud desde que escuchó y aceptó el anuncio del Ángel, hasta la muerte y resurrección de Jesús: “Ella conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón” (Lc 2,19). ¡Cuántas veces tuvo que hacer memoria sobre esos acontecimientos cruciales, para responder siempre de nuevo: “Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mi lo que has dicho”! (Lc 1,38).
El pueblo de Corrientes y de todo el Noreste, la recuerda y la ama como la “Tiernísima Madre de Dios y de los hombres”: ante a ella se descubre hijo y hermano; y con ella se siente pueblo peregrino hacia el Padre. La ternura de María -ternura fortalecida y madurada junto a la cruz- nos recuerda siempre que abrazada con Jesús, la cruz se hace “yugo suave y carga liviana”. Así, esa cruz -dijo hace poco el Santo Padre- “habla a todos los que sufren -los oprimidos, los enfermos, los pobres, los marginados, las víctimas de la violencia- y les ofrece la esperanza de que Dios puede transformar su dolor en alegría, su aislamiento en comunión, su muerte en vida. Ofrece una esperanza ilimitada a nuestro mundo decaído”. Pero advirtió también que “un mundo sin cruz sería un mundo sin esperanza, un mundo donde la tortura y la brutalidad seguirían siendo salvajes, los débiles serían explotados y la codicia tendría la última palabra. La inhumanidad del hombre contra el hombre se manifestaría de manera aún más tremenda, y no existiría la palabra fin al círculo maléfico de la violencia. Sólo la cruz pone fin a ello”.
En este templo se guarda el leño histórico que representa la Santísima Cruz de los Milagros, recordada también como la Cruz fundacional de Corrientes. En efecto, en el lateral izquierdo del crucero podemos contemplar la santa reliquia que tiene ya más de cuatro siglos. La memoria de nuestro pueblo recuerda que en los días próximos a la fundación de esta ciudad, un grupo de españoles construye una empalizada en las inmediaciones donde está el actual puente que une las ciudades de Corrientes y Resistencia, y arman una cruz con palos de urunday y la plantan en las cercanías del fuerte. Los naturales, en número muy superior a los españoles, inician un feroz ataque al fuerte y deciden quemar la cruz. Luego de varios intentos, la cruz no entra en combustión. Maravillados por el prodigio, deponen las armas y llegan a un acuerdo con los españoles. Más allá de los pormenores que acompañan los diversos relatos de este acontecimiento, la verdad es que el signo de la cruz está en el origen del pueblo correntino y, como reza la oración “Ante la Cruz...”, ella es signo del inmenso amor de Jesús por nosotros, quien “creó con los dos pueblos un solo Hombre nuevo en su propia persona, restableciendo la paz, y los reconcilió con Dios en un solo Cuerpo, por medio de la cruz” (cf. Ef 1,15-16). Si pudiéramos colocar esta cruz como un pendrive en una computadora, se desplegaría ante nosotros el maravilloso itinerario de humanidad que estamos llamados a transitar juntos. La Cruz es la clave para abrir el “archivo” vivo donde se guarda la memoria salvífica y liberadora de nuestro pueblo, allí están “esas cosas” que María nos invita a conservar y meditar en nuestro corazón.
La mística de servicio, que distingue a los que trabajan en los archivos eclesiásticos, debe tener una clara dimensión eucarística. Esa espiritualidad brota de la Eucaristía como memorial: memorial del sacrificio y del banquete, de donación y de encuentro. Si se menoscabara esa dimensión de memorial, se perdería también el sentido de servicio y de donación. En ese orden, la contribución que hacemos a la Iglesia dotándola de un archivo accesible y ordenado, adquiere una significación y belleza singulares, por cierto muy lejos de ser una actividad de mera conservación. Un archivo accesible y ordenado es como una memoria reconciliada: uno se halla con Dios, consigo mismo y con los demás. Que la valiosa tarea que realiza el ENAE de enseñarnos a ordenar la memoria de nuestros archivos eclesiásticos y de aprender a recorrerlos, se convierta en una nueva oportunidad para fortalecer la amistad con el Señor Jesús, celebrarla gozosamente con nuestros hermanos en la Iglesia, y convertirnos en apasionados misioneros y constructores del Reino de los cielos.
Mons. Andrés Stanovnik, arzobispo de Corrientes
Conferencia introductoria de monseñor Dr. Ramón Alfredo Dus, obispo de Reconquista y Delegado para los Bienes Culturales de la Iglesia - Comisión de Fe y Cultura de la Conferencia Episcopal Argentina, en el II Encuentro Nacional de archivística eclesiástica (Corrientes, 21 de octubre de 2010). (AICA)
EL ARCHIVISTA: DISCÍPULO, CUSTODIO E INTÉRPRETE
1. Introducción
La memoria de la vida de la Iglesia se confía a los archivistas. Éste se convierte así en un eslabón de la parádosis, de esa tradición viva que constituyen y enriquecen todos los cristianos. Archivistas y Tradición de la Iglesia vienen a coincidir en sostener tres pilares, o quizás mejor, en animar tres funciones básicas: conservar, ponderar - determinar la importancia y el peso - del material de esta corriente vital que llega a sus manos, y ser transmisores de la misma.
Es entonces que por lealtad a Cristo, a la Iglesia y a la sociedad, se busca reunir la documentación de los actos administrativos y de gobierno, juntamente con la de los hechos que reflejen la vida del pueblo de Dios, en toda su complejidad.
Además, es importante también rescatar que el archivista tiene acceso a las motivaciones específicamente religiosas de esos sucesos y por eso su tarea resulta una verdadera misión. Esta misión es recoger con esmero cualquier información que pueda ofrecer claves de interpretación auténtica del fenómeno religioso. Para ello se hace necesario introducir, o también dejarse ayudar por personas que muestren, las razones teológicas que iluminan el camino espiritual y su reflejo en la sociedad. De tal manera que el tesoro custodiado sirva para orientar con sabiduría el camino eclesial.
Es así que por medio de los adecuados instrumentos de descripción (inventario, catálogo especializado, índices, guía, etc.) se puede ofrecer a nuestros fieles información y elementos de juicio para el cumplimiento de su misión propia. Se puede ayudar a los pastores a mejor conducir, a fortalecer su misión de enseñar y de santificar al pueblo de Dios; y por otra parte se puede ofrecer un verdadero servicio a los investigadores en su búsqueda de la verdad acerca del misterioso intercambio que expresan las manifestaciones de fe y que terminan plasmándose en cultura de un pueblo o de una región. Por esta razón, los archivistas al mismo tiempo que sirven de custodios, tienen en su horizonte la posibilidad de operar como intérpretes de la tradición eclesial, que reciben, examinan y trasmiten.
2. Como María.
En este oficio, nos hemos reflejado desde el principio de nuestros encuentros de AAEE en María, la Madre de Dios, que "guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón" (Lc 2,19). Y a propósito quiero subrayar el término griego que se traduce en general por “meditándolas” en esta frase. El participio verbal transitivo (symballousa, del verbo symballo) resume toda una actividad reflexiva, que significa “relacionar, unir, buscar el nexo entre acontecimientos o sucesos que extrañan o suscitan admiración”. Este sentido se refuerza con la acción opuesta del verbo diaballo, que se traduce por “acusar, separar, dividir”.
Imitando la actitud de María, el archivista está llamado a retener en su memoria las grandes cosas que Dios hace. Pacientemente las debe ponderar, comparar y relacionar. Los sucesos vividos, a veces ambiguos, o las palabras a veces difíciles de comprender, pueden obtener su recta interpretación, descifrándolas de ese modo. Esta es la actitud sabia a aprender, a buscar y adquirir. Importantes acontecimientos aparecen a veces enigmáticos o sorprendentes, por lo cual la tarea de comparar, relacionar, y armonizar extremos aparentemente contrarios o paradójicos es lo que da particular profundidad a la tarea archivística.
Esta misma actitud es la que permite anclar naturalmente nuestra actividad en la tradición bíblica. Como María transmitió a la Iglesia naciente lo que había vivido y comprendido a la luz de su fe en continuo crecimiento, el archivista transmite a las generaciones futuras la tradición de vida de la Iglesia que recibe y quiera Dios también enriqueciéndola.
Si bien la Virgen María, Madre de Dios se nos presenta a los archivistas como el mejor modelo, también en las palabras del mismo Jesucristo trasmitidas en los evangelios podemos encontrar la actitud y el espíritu para vivir esta vocación y misión en la Iglesia.
3. Como discípulo del Reino de Dios.
En el capítulo trece de su evangelio, san Mateo ofrece un largo discurso de Jesús. Es el tercer gran discurso del Maestro en esta obra y se compone de siete parábolas distribuidas en tres partes: 1) la parábola del sembrador y su explicación, entre las que se introduce el “porqué” de parábolas (13,1-23); 2) la parábola del trigo y la cizaña y su explicación, del grano de mostaza y la de la levadura, luego de la cual se explica de nuevo la razón de ser de las parábolas (13,24-43); 3) las últimas son las del tesoro, de la perla y de la red; (13,44-50). Todas ellas buscan revelar el significado del Reino ya presente en la persona del Hijo de Dios y cómo participar de él.
Los destinatarios de las parábolas son tanto los discípulos como la multitud, pero es fundamental la intencionalidad que los primeros las puedan “comprender”, la logren entender. La conclusión (vv.51-52) es el texto que nos interesa, y en él Jesús mismo pregunta: 51 «¿Comprendieron todo esto? » Le respondieron: «Sí». 52 Entonces, Jesús les dijo: «Por eso, todo maestro de la Ley que se ha convertido en discípulo del Reino de los cielos se parece al dueño de casa que saca de su tesoro cosas nuevas y antiguas».
En el contexto del capítulo, este pasaje más que un simple apéndice al discurso representa la culminación del mismo. En primer lugar, por la misma afirmación general: “todo maestro de la Ley - convertido en discípulo del Reino de los cielos”. Esta doble denominación “maestro de la Ley y discípulo del Reino” une dos aspectos básicos del que acepta y comprende las enseñanzas de Jesús. La designación “maestro de la Ley o también escriba” pertenece al ámbito del judaísmo y está ligado a la ley antigua; y la denominación que se agrega, “discípulo”, es el término característico para identificar a los miembros de la comunidad de Jesús, de su “iglesia” (cf. Mt 16,18; 18,17). Discípulo de Jesús será entonces el que escucha con fe, el que es capaz de aplicarse a “comprender” con la mente y el corazón estas parábolas. “Comprenderlas” posibilita entrar en los misterios de Reino (cf. Mt 13,11) y tiene como clave integrar lo recibido con lo nuevo para descubrir ulteriores riquezas a través de ellas (cf. v.52).
a) Jesús, maestro de sabiduría
Antes de analizar este pasaje, subrayamos que las enseñanzas de Jesús tienen una marcada forma sapiencial. Ya los mismos habitantes de Nazareth desde el inicio se percataron que muchos de sus discursos eran semejantes a los de los sabios, pero lo evaluaron superior a los escribas, porque enseñaba con autoridad y no como ellos (cf. Mt 7,28-29). En parábolas (cf. Mt 13,34), Jesús toma pie de las situaciones de la vida popular y del campo, de la vida social concreta y de las mismas manifestaciones religiosas, y las refiere al reino de Dios, a su persona, a su misión o a la actitud del que escucha su Palabra. Este perfil sapiencial también está presente ya en el sermón de la montaña (cf. Mt 5-7), y su sabiduría suscita admiración:“¿De dónde le viene a este esa sabiduría?” (Mt 13,54). No es como la de los escribas que con habilidad utilizaban el método de la parábola para explicar textos de la Escritura (AT), y si bien se reconoce que Jesús también hace esto, su autoridad se pone manifiesto no sólo en actualizar y corregir la Escritura, sino también en ofrecer la novedad que trae su presencia y que anuncia con sus enseñanzas.
Esta sabiduría del Maestro es la que el evangelista Mateo quiere anunciar y proponer para el discípulo de Jesús. Éste será alguien que está anclado en la tradición (AT) pero que se abre a la novedad haciéndose discípulo del “que hace nueva todas las cosas” (cf. Apc 21,5), para hacerlo partícipe y mediador de esa novedad.
b) Análisis de Mt 13,52
El “maestro de la Ley” en el evangelio de Mateo es literalmente un escriba: grammateus. Este oficio implicaba ser erudito, un intérprete profesional y profesor de las leyes y de la ética bíblicas. Un escriba interpretaba las leyes bíblicas o redactaba nuevos textos, basándose en las tradiciones de las leyes orales de sus mayores; debía dar cuenta de todos los conocimientos revelados por medio del estudio de las Escrituras y, además tenía frecuentemente que actuar como consejero de jueces y de quienes administraban las leyes (sacerdotes, gobernantes, o personajes investidos de poder).
En los evangelios se registra mayoritariamente una actitud adversa muy fuerte y polémica hacia a ellos, como también para los fariseos con los que van frecuentemente asociados (cf. Mt 5,20; 12,38; Mc 2,16; 9,14; Lc 5,21.30;11, 53). Sin embargo llama mucho la atención pasajes que expresan una actitud abierta y también benévola: en Mt 8,19 un escriba le dice a Jesús que lo seguirá donde quiera que vaya; en Mc 12,28.32 un escriba reconoce de Jesús que es verdad lo que dijo sobre el mandamiento principal. Pablo lo pone en paralelo con el sabio y el erudito al preguntarse: “¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el escriba? ¿Dónde está el que discute los asuntos de este mundo?” (1Co 1,20).
En Mt 13,52 el escriba se ha convertido en discípulo (matheteutheis) del reino de y su figura adquiera un significado ideal: Es “el doctor judío, hecho discípulo de Cristo, que posee y administra toda la riqueza de la antigua alianza, aumentada por el perfeccionamiento de la nueva (cf. 13,12). Este elogio del “escriba cristiano” resume todo el ideal del evangelista Mateo, y bien puede ser su discreta rúbrica”. El proverbio “A quien tiene se le dará y le sobrará, pero al quien no tiene, aún lo que tiene se le quistará” (Mt 13,12) parece indicar en este contexto y en esta línea que a las almas bien dispuestas se les dará además de la Antigua Alianza, el perfeccionamiento de la nueva (cf. Mt 5,17.20), pero a las mal dispuestas se les quitará aún lo que tienen.
La comparación a un dueño de casa (oikodespotes) es una figura que en otras parábolas remite al mismo Dios. Mt 20,1: “Porque el Reino de los Cielos se parece a un propietario (oikodespotes) que salió muy de madrugada a contratar obreros para trabajar en su viña”. Mt 21,33: “Escuchen otra parábola: Un hombre poseía una tierra (oikodespotes) y allí plantó una viña, la cercó, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia. Después la arrendó a unos viñadores y se fue al extranjero”.
En el texto que comentamos, la obra particular de este dueño de casa es extraer de sus reservas, el tesoro (thesauros) de su riqueza interior, como lo expresa el mismo evangelista: “el hombre bueno saca cosas buenas de su tesoro de bondad; y el hombre malo saca cosas malas de su tesoro de maldad” (Mt 12,35). La coherencia del discípulo que custodia la tradición en la que fue formado fructifica en una aptitud personal que lo hace fuente de bondad, abierto a la novedad de las palabras de Jesús. Por otro lado lo capacita para enriquecer esa tradición con su sabiduría propia, extrayendo lo nuevo (kainá) y lo viejo (palaiá, Mt 12,52). En resumen “el versículo invita a los discípulos a ser también creadores de nuevas parábolas”, como el Maestro.
El sentido de novedad tiene todo el peso del que habla san Pablo:“El que vive en Cristo es una nueva criatura; lo antiguo ha desaparecido; lo nuevo (kainá) se ha hecho presente” (2Co 5,17). Ese “ser nuevo” que ha hecho presente en el escriba discípulo lo hace capaz de ser creador a partir de lo recibido, de lo viejo (palaiá), produciendo también él algo inédito, sea en parábolas, en proverbios o en visiones de la realidad.
Finalmente, este ideal de discípulo que presenta el evangelista Mateo se puede comparar con la expresión de san Lucas cuando al finalizar la consideración sobre los odres nuevos y el vino nuevo, concluye diciendo: “el vino añejo es mejor...”. Los evangelistas Mateo y Lucas parecen indicarnos que el escriba cristiano, discípulo de Jesús, retiene en sí una capacitación especial: resultan particularmente aptos para lograr una plenitud integral, conectando la tradición del AT con la luz y la novedad que trae la presencia de Cristo Mesías.
Esta presentación a partir de las Sagradas Escrituras sugiere de un modo ideal y motivador la excelencia del oficio del archivista en la Iglesia, sea por la tradición en la que se inserta, por la tarea de ser su custodio y también por el desafío de ser su intérprete.
4. Un ámbito a custodiar, ponderar e interpretar
Con este espíritu y visión del servicio propio, quisiera brevemente remitirme a un campo muy cercano a nuestra vivencia eclesial, digna de hacer constar en nuestros archivos, sean parroquiales o diocesanos.
Este campo se refiere a la devoción popular a María, en nuestra región para rescatar sus valores, sus expresiones y su sentido eclesial propio. Es algo insoslayable el gran polo de atracción que ofrece el santuario de Itatí en el NEA, de nuestra Señora del Valle en NOA, de la Virgen de Luján en la zona bonaerense (para mencionar algunas de las advocaciones que han impregnado el sentir popular y sencillo de nuestras regiones).
Este fenómeno resulta de enorme el interés, pues la religiosidad popular debido a los innumerables valores humanos y religiosos que encierra, constituye, en la feliz expresión de Puebla, un humanismo cristiano. "La religiosidad del pueblo, en su núcleo, es un acervo de valores que responde con sabiduría cristiana a los grandes interrogantes de la existencia. La sapiencia popular católica tiene una capacidad de síntesis vital; así conlleva creadoramente lo divino y lo humano; Cristo y María; espíritu y cuerpo; comunión e institución; persona y comunidad; fe y patria; inteligencia y afecto. Esa sabiduría es un humanismo cristiano que afirma radicalmente la dignidad de toda persona como hijo de Dios, establece una fraternidad fundamental, enseña a encontrar la naturaleza y a comprender el trabajo y proporciona las razones para la alegría y el humor, aun en medio de una vida muy dura. Esa sabiduría es también para el pueblo un principio de discernimiento, un instinto evangélico por el que capta espontáneamente cuándo se sirve en la Iglesia al Evangelio y cuándo se la vacía y asfixia con otros intereses".
Más cercano en el tiempo a nosotros, el valor de la piedad popular mariana ha sido destacada en el Documento de Aparecida (DA), el cual nos permite rescatar sus expresiones, sea la difusión de sus imágenes, las peregrinaciones en su honor, las ermitas y lugares de culto, etc., desde la perspectiva del discipulado y la misión. Es toda una tarea a concretar aún en las proyecciones que se pueden evidenciar para una pastoral eclesial actual, y para ofrecer una interpretación genuina y evangelizadora de esta expresión de fe. Los textos del Documento de Aparecida invitan a la reflexión y suscitan ya categorías de interpretación que posibilitan actualizar la misión del archivista en nuestras comunidades.
En una de sus conclusiones finales exhorta: “Para convertirnos en una Iglesia llena de ímpetu y audacia evangelizadora, tenemos que ser de nuevo evangelizados y fieles discípulos. Conscientes de nuestra responsabilidad por los bautizados que han dejado esa gracia de participación en el misterio pascual y de incorporación en el Cuerpo de Cristo bajo una capa de indiferencia y olvido, se necesita cuidar el tesoro de la religiosidad popular de nuestros pueblos (...). Todos (...) estamos llamados a recomenzar desde Cristo (...) Solo gracias a ese encuentro y seguimiento (...), por desborde de gratitud y alegría, somos rescatados de nuestra conciencia aislada y salimos a comunicar la vida verdadera, la felicidad y esperanza que nos ha sido dado experimentar” (DA 549).
También “El Santo Padre destacó la rica y profunda religiosidad popular (...) y la presentó como el precioso tesoro de la Iglesia católica en América latina. La religión del pueblo latinoamericano es expresión de la fe católica. Es un catolicismo popular, profundamente inculturado que contiene la dimensión más valiosa de la cultura latinoamericana” (DA 258).
El desafío interpretativo debería encausarse: “Para el crecimiento de la fe es conveniente aprovechar pedagógicamente el potencial educativo que encierra la piedad popular mariana” (DA 300).
Pero sobre todo habría que darse cuenta que “Lo que hoy está en juego no es esa diversidad, que los medios de comunicación tienen la capacidad de individuar y registrar. Lo que se echa de menos es más bien la posibilidad de que esta diversidad pueda converger en una síntesis, que envolviendo la variedad de sentidos sea capaz de proyectarla en un destino histórico común. En esto reside el valor incomparable del talante mariano de nuestra religiosidad popular, que bajo distintas advocaciones, ha sido capaz de fundir las historias latinoamericanas diversas en una historia compartida: aquella que conduce a Cristo, Señor de la vida, en quien se realiza la más alta dignidad de nuestra vocación humana” (DA 43).
5. Conclusión
La devoción popular a María es un hecho de la vida de la Iglesia cuya memoria se nos confía a los archiveros, como eslabón de esa parádosis, de esa tradición viva de la Iglesia. Ser de nuevo evangelizados y fieles discípulos nos hace conscientes de nuestra responsabilidad y de la necesidad de cuidar el tesoro de la religiosidad popular de nuestro pueblo.
En cuanto a la razón teológica de la devoción mariana el DA objetiva la posibilidad de converger en una síntesis nueva que nos proyecte hacia un destino histórico común, que conduce a Cristo y que dignifica toda vocación humana.
La Virgen María, Madre de Dios, que se nos presenta a los archiveros como el mejor modelo de nuestra vocación y de nuestra misión en la Iglesia, resulta ser también objeto de nuestra atención archivística. Ella hace que el archivista eclesiástico pueda ser un verdadero discípulo, un custodio celoso y un intérprete inteligente y sabio de la novedad de Dios que actúa en la vida de cada persona y de los pueblos.
Mons. Dr. Ramón Alfredo Dus, obispo de Reconquista
Octubre de 2010
1. Estas consideraciones que inspiran esta exposición están tomadas de Carrasco Terriza M. J., «Devoción mariana y archivos eclesiásticos», Actas del XVI Congreso de la 2. Asociación de Archiveros de la Iglesia en España, Zaragoza, 11-15 septiembre 2000; Memoria Ecclesiae XXI (Oviedo 2002) pp. 295-352.
3. Cf. M. Gilbert, “Sabiduría”, Nuevo Diccionario de Teología Biblica ([dirs. P. Rossano / G. Ravasi / A. Ghirlanda] Madrid 1990) 1717-1718.
4. Ibidem.
5. Al proclamar “No he venido a abolir sino a dar cumplimiento” (Mt 5,17), Jesús sentencia con firmeza la validez de la Ley, que ha jugado un rol insustituible en la historia de la salvación, no puede ser desechada sin más, sino asumida como parte de la Escritura normativa también para la Iglesia. Se puede hablar no sólo de una reivindicación de la Ley, sino de una nueva comprensión y revaloración. El discípulo de Jesús no se entiende al margen de lo prescrito por Dios en el Antiguo Testamento, sino que lo recibe con gratitud, como su herencia, para observarla según la clave de lectura del mismo Jesús (cf. Mt 5,17-19). Las “antítesis” han oído ustedes que se dijo - pero yo les digo expresan la novedad que rebasa y supera las actitudes exigidas a los israelitas. En su conjunto ilustran la continuidad de las dos etapas de la única historia de salvación (el camino y el cumplimiento), pero, al mismo tiempo, señalan una superación de la segunda con relación a la primera. Superando también la interpretación casuística de algunos judíos de su tiempo, Jesús interioriza y universaliza la Ley a la luz de cómo su Padre expresa su amor por el ser humano (cf. Mt ,20-48).
6. Lc 5,39: “Nadie después de haber gustado el vino viejo, quiere el vino nuevo, porque dice: el añejo es mejor’”.
7. Documento de Puebla 448. Cfr. Evangeli Nuntiandi 48; Catecismo de la Iglesia Católica 1676.
DOMINGO 1 DE ADVIENTO - A
28 de Noviembre 2010
Que Jesús, el Señor, que viene a salvarnos, esté con todos vosotros.
- Hoy Jesús nos convoca en esta iglesia para comenzar con él un camino. Un nuevo año cristiano en el que caminaremos siguiendo sus pasos, escuchándolo, viviendo lo que él vive, llenándonos de todo lo que él nos da.
- Hoy iniciamos el tiempo de Adviento y, aquí reunidos, celebramos que él viene constantemente a nuestras vidas. Él viene a nosotros, y nosotros, con el corazón abierto, preparamos su venida llenos de gozo y esperanz).
Corona de Adviento: Comencemos la celebración como hacemos todos los años al llegar este tiempo: encendiendo el primer cirio de la corona de Adviento, como un signo que nos señala el camino hacia la Navidad.
(Ahora se enciende un cirio de la corona de Adviento. Entretanto, se puede cantar otra estrofa del canto de entrada, o bien decir las siguientes in vocaciones, o la oración que ofrecemos en las hojas amarillas, o lo que sea costumbre en cada lugar).
- Jesús, Señor, luz de todos los pueblos. SEÑOR, TEN PIEDAD.
- Jesús, Señor, paz y alegría en los corazones. CRISTO, TEN PIEDAD.
- Jesús, Señor, Dios con nosotros. SEÑOR, TEN PIEDAD.
1. lectura (Isaías 2,1-5): Las palabras del libro de Isaías acompañarán cada domingo nuestro camino de Adviento. Palabras de esperanza, de fe, de futuro. Escuchémoslas con el corazón muy abierto a la Buena Noticia de Dios.
Salmo (121): Cantemos ahora la alegría de caminar hacia el Señor, la misma alegría de los israelitas cuando subían a la ciudad santa de Jerusalén.
2. lectura (Romanos 13,11-14): Escuchemos ahora la llamada de san Pablo, que nos invita a no desaprovechar este tiempo que Dios nos da.
Oración universal: Mientras esperamos la venida definitiva del Señor, oremos para que su amor transforme ya ahora nuestras vidas y las de nuestros hermanos. Oremos diciendo (cantando): VEN, SEÑOR JESÚS.
Para que llegue el día en que todos los hombres y mujeres del mundo entero puedan vivir en paz y sin temor ante el futuro. OREMOS:
Para que los políticos elegidos para gobernar nuestropaís dediquen todos sus esfuerzos al servicio de una vida mejor para todos. OREMOS:
Para que los pastores de la Iglesia den siempre un buen testimonio de esperanza en el Señor. OREMOS:
Para que todos los cristianos vivamos con mucha fe este tiempo de Adviento que hoy comenzamos. OREMOS:
Ven, Señor Jesús. Ven, y renueva el camino de la humanidad. Tú, que vive y reinas por los siglos ...
Padrenuestro: Mientras esperamos la venida de su Hijo Jesucristo, y la venida definitiva del Reino que él mismo nos anunció, nos dirigimos al Padre del cielo
diciendo:
CPL
Lectio divina para el domingo primero de Adviento - A, ofrecida por la Delegación diocesana de Liturgia de la diócesis deed Tenerife.
LECTURA: “Mateo 24, 37‑44”
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé. Antes del diluvio, la gente comía y bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del Hombre:
Dos hombres estarán en el campo: a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo: a una se la llevarán y a otra la dejarán. Por tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.
Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa.
Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del Hombre.
MEDITACIÓN: “Estad en vela”
La falta de esperanza desencanta y puede justificarlo todo, y desmotivarlo todo, y sin ella se pueden manejar mejor a las personas. Cuando todo o casi todo da lo mismo, no hay límites a nada. Y tú, Señor, vienes a ofrecerme esperanza. Cada adviento quiere ser una llamada a despertarla de un modo especial. No una esperanza que me ofrece un más allá sin más, sino una esperanza que, porque abre la puerta de nuestra plenificación, abre el sentido de mi hoy, y de todo lo que realizo, de cada uno de mis gestos.
Vienes a decirme que el hombre, que yo, no soy un absurdo, una quimera, un cúmulo de contradicciones y superficialidades. Vienes a decirme que soy constructor de una vida, de una historia, que camina y quiere caminar hacia la consumación, hacia la realización de todos sus mejores anhelos, que ciertamente aquí no gozaremos en su totalidad, porque nuestra realidad es limitada y condicionada, pero que en nada apagan el camino de mi hacerme humano.
Desde ahí entiendo y acojo tu llamada, en medio de las incertidumbres de nuestro fin imprevisto, pero real, a “estar en vela” a “estar preparados”, es decir, a vivir inmerso, ilusionado en dar y poner en juego lo mejor de mí mismo, en trabajar mis deficiencias para que hagan el menor mal posible a mí y a los que están conmigo, en apostar por un mundo humano y humanizador, que se parezca lo más posible a su proyecto original, hasta culminar su existencia. Tú nos quieres abrir a esa realidad que nos cuesta intuir desde la experiencia de tanta caducidad y dolor que a veces sentimos que asola y se apodera del mundo y de nuestro corazón.
Pero también vislumbramos gestos de bondad y de amor, cerrar los ojos a ellos sería negar la evidencia. Ellos son la garantía de que el hombre sigue siendo humano y de que el futuro sigue abierto. En última instancia está tu palabra, que nos ofreces como garantía y promesa. Y yo, Señor, espero. Espero en mí, y sobre todo en ti, porque tú también, en contra de todo, sigues esperando en mí, en mi apuesta por seguir afianzando y acrecentando mi fe.
ORACIÓN: “Madurar y crecer”
Gracias, Señor, porque me vienes con tu palabra de esperanza. Gracias, porque, increíblemente, sigues esperando en mí, y sales a mi encuentro cada mañana. Gracias, porque ese empeño tuyo mantiene vivo ese anhelo que a veces siento que se diluye, ante tanto desconcierto, dolor y mal en el que me veo inmerso, y que me duele, aunque muchas veces no me afecte directamente.
Dame fuerza para que no tire la toalla, para que mantenga vivo todo lo mejor que has depositado en mi corazón; que sea, Señor, constructor, no destructor de vida y de ilusiones. Mantén viva mi esperanza y ayúdame para que la haga madurar y crecer.
CONTEMPLACIÓN: “Vienes a mí”
Vienes a mí
con gestos y palabras
de esperanza.
Vienes a mí
dispuesto a romper
los frenos
que me impiden avanzar
hacia dentro
y hacia fuera.
Vienes a mí
para empujar mis anhelos
y desvelar mis sueños.
Vienes a mí
como ladrón imprevisible
y como amigo esperado.
Vienes a mí
y quiero que me encuentres
preparado,
con las manos tendidas
y el corazón abierto,
porque eres para mí,
el deseado.
Conferencia del Patriarca Latino de Jerusalén (Universidad Austral, 2 de noviembre de 2010). (AICA)
LOS CRISTIANOS EN MEDIO ORIENTE HOY
Agradezco de todo corazón la posibilidad que me brindáis de hablaros de la situación general de nuestros cristianos que viven en la Tierra del Señor, particularmente de la Iglesia de Jerusalén, Madre de todas las Iglesias, que por diversas circunstancias de la vida ha vuelto a ser como en sus inicios "un pequeño rebaño".
La piedad hacia los padres, es el primer mandamiento que trae consigo una promesa. Así lo recuerda san Pablo: "Para que sean largos tus días en la tierra" (Cf. Ef 6,3). La piedad hacia la Patria del Señor y de Nuestra Señora y "Patria espiritual" de todos los cristianos trae, por ende, parte de la misma promesa.
Que nuestro común empeño por la Tierra Santa y por sus "piedras vivas" sean además una contribución a la paz de la región y del mundo.
Todos sentimos que nuestro corazón late con el de Jerusalén. Agradezco particularmente la presencia de miembros de las comunidades judías y musulmanas que han querido estar hoy aquí presentes. Gracias a las autoridades de la Universidad Austral y a este noble auditorio.
Providencialmente este encuentro se realiza después de la finalización del Sínodo de Obispos para Medio Oriente convocado por Su Santidad Benedicto XVI luego de su viaje a Tierra Santa. Ha sido una ocasión para enriquecernos con el conocimiento de todos sobre la realidad de la Iglesia en Medio Oriente.
LOS CRISTIANOS DE MEDIO ORIENTE Y DE TIERRA SANTA
1. ¿Quiénes y cuántos son?
En Medio Oriente se encuentran varios millones de cristianos. La mayor parte se encuentra en Egipto, son los llamados coptos. Tenemos comunidades cristianas, en toda la región. Su presencia se remonta en la mayoría de los casos a la época apostólica o patrística. Ellos pertenecen a grupos étnicos diferentes (hay de origen fenicio, persa, palestino, beduino, árabe, etc.). Mayoritariamente, en la actualidad, están unidos por la cultura y lengua árabes debido a la expansión árabe producida en toda la región de Medio Oriente y Norte de África desde los albores del Islam. Muchos de los grupos cristianos conservan sin embargo sus tradiciones propias y su lengua. Es así que la sagrada Liturgia se celebra en diversas lenguas: arameo-sirio, copto, griego, latín, hebreo, etc. Además de las lenguas modernas, en las cuales se celebran no pocos de los ritos. Esto es debido a que también, sobre todo desde el siglo XIX la presencia de cristianos extranjeros se hizo más visible en el lugar. De allí es que se use comúnmente el francés, el italiano, el inglés, etc.
En cuanto a los cristianos de Tierra Santa. ¿Quiénes son?
Los cristianos de Tierra Santa, son en su mayoría árabes palestinos y jordanos en un 99% (noventa y nueve por ciento) y comparten alegrías y dolores, fatigas y esperanzas con el resto de la población, de su gente. ¿Y el restante 1% (uno por ciento)? Está constituido por extranjeros que han llegado en las últimas décadas a Tierra Santa para rezar, estudiar o también vivir, en búsqueda de una vida de fe auténtica y de firme esperanza anclada en los mismos orígenes. Hay además unos 300 (trescientos) judíos-cristianos en Israel, es decir convertidos a la fe cristiana e hijos de matrimonios mixtos, también ellos forman parte de la Iglesia Madre de Jerusalén.
Según los datos oficiales, los Cristianos representan alrededor del 2,2% (el dos coma dos por ciento) de la población: aproximadamente unos 500.000 (quinientos mil) en una población de unos 14 (catorce) millones de habitantes de Jordania, Palestina e Israel.
Estos fieles están repartidos en varias Iglesias: católica, ortodoxa y protestante, y en bastantes ritos: el rito latino (también llamado rito romano); el griego católico o melquita; el sirio; el armenio; el maronita; el etíope, el copto y el armenio. La Iglesia ortodoxa posee también diferentes ritos.
En cuanto respecta a la Ciudad Santa de Jerusalén en el 1948 habitaban, unos 28.000 cristianos, el cuarto de la población. Hoy son solamente 10.000 entre una población de 600.000 judíos y 240.000 musulmanes.
Hay otra realidad que ha surgido en los últimos años. Son otro rostro de la iglesia local. Son aquellas personas que en los últimos años han ingresado a Israel como judíos pero que son cristianos ortodoxos. Los cálculos indican que podrían llegar a ser hasta unos 350.000, la mayoría provenientes de los países de la ex-Unión Soviética. Muchos de ellos no tienen práctica religiosa.
La Iglesia de Jerusalén es la Iglesia del Calvario, del sufrimiento, pero es también la Iglesia de la Resurrección, y, por ello mismo, la Iglesia de la Esperanza, esta realidad profética es particularmente importante recordarla cuando las esperanzas humanas tienden a desaparecer. No todo terminó en la muerte del Señor y en Su sepultura, sino que de Su santo sepulcro volvió a surgir, ¡Resucitó! Ello marca la gran esperanza de los cristianos y la gran santidad que para nosotros tiene esa Tierra Bendita.
2. ¿De dónde vienen los cristianos de Tierra Santa?
Comienzo este punto aclarando un malentendido. Los cristianos de Tierra Santa, no son convertidos del islam, sino que son los descendientes de la primera Iglesia de Jerusalén. Además cambiar de religión está prohibido por algunas leyes civiles y culturales.
En cuanto a nuestra Iglesia local.
El Patriarcado Latino de Jerusalén comprende: Jordania, Palestina, Israel y Chipre. Tenemos que admitir que el peso de nuestro Patriarcado está en Jordania dónde están principalmente nuestros feligreses, donde hay más familias cristianas, más religiosos, más escuelas, seminaristas y estudiantes, quizá porque ha sido menos tocada por la emigración y porque tantos palestinos se han refugiado entre nosotros y también gracias a la estabilidad política.
- En el Patriarcado hay 30 congregaciones masculinas y 72 femeninas que prestan varios servicios religiosos, educativos y sociales. A ellos les estamos muy agradecidos.
- La Iglesia Católica administra la Universidad Católica de Belén y 104 escuelas frecuentadas por 50.000 estudiantes. 42 escuelas frecuentadas por 20.000 estudiantes dependen directamente de nuestro Patriarcado. Dios mediante comenzaremos próximamente una nueva Universidad en Mádaba. Damos mucha importancia a estas escuelas, a pesar del peso financiero y del déficit acumulado. Las escuelas y centros educativos son para nosotros una cuestión de vida o muerte: Porque de allí vienen todas nuestras vocaciones sacerdotales y religiosas; porque en esas escuelas e instituciones educativas se vive el diálogo de vida con ortodoxos, judíos y musulmanes. En esas escuelas se han preparado nuestros políticos cristianos y no sólo.
Otras Instituciones administradas por la Iglesia Católica son:
- 15 orfanatos
- 2 casas para personas minusválidas
- 10 asilos para personas ancianas.
- Varios hospitales.
- Es de remarcar, nuestro Seminario de Jerusalén. Hay 24 seminaristas mayores y 47 seminaristas menores.
3. ¿Cuál es la vocación de los cristianos en Tierra Santa?
Los cristianos tienen un rol fundamental en la sociedad en que viven.
A) Son los testigos vivientes (piedras vivas) de la historia de la Salvación. Son presencia y testimonio de fe experimentada y probada en los Lugares Santos. Están orgullosos y perseverantes, a pesar de las injurias de la historia y de los hombres, de las guerras y de los conflictos sin fin. Las diversas Iglesias presentes en nuestra Tierra buscan de colaborar de manera estrecha, superando la diversidad de ritos, tradiciones y visiones.
B) Los cristianos de Medio Oriente desempeñan también el rol de ser puente entre oriente y occidente. Y para ser puente es necesario estar firmemente fijo a los dos lados. En efecto, están fijos en Oriente que es su medio histórico, cultural, lingüístico, literario, psicológico y político y estás fijos en occidente por la fe, por su patrimonio espiritual y su apertura intelectual.
Los cristianos de Tierra Santa y los otros árabes cristianos, en general, por su pertenencia variada a distintos grupos de orígenes, como decíamos al inicio, quizá sean los únicos a poder jugar este rol de ser ‘puentes’ y por ello no deben ser abandonados, ni se los debe dejar solos en la hermosa y difícil misión de ser los testigos del Dios hecho hombre. Los cristianos del mundo deben conocer a sus hermanos que viven allí, deben alentarlos a ser luz y sal, escucharlos y, también, ayudarlos.
4. ¿Cómo viven dichos cristianos?
Son parte esencial de su comunidad social, viven, por tanto en contacto diario con musulmanes y judíos, superando las innumerables dificultades de conflicto político-religioso de Medio Oriente que se presentan con la ocupación militar, la violencia e intolerancia de grupos radicales de diversos estratos, comparten con los habitantes del país en donde viven las humillaciones cotidianas, estando limitados a trasladarse, a elegir libremente el estudio, el trabajo, etc. y esto por no hablar de muro de separación largo unos 700 kilómetros, que aísla completamente la población palestina. Y este muro causa gran dolor, no solo al pueblo palestino sino también a muchos hombres y mujeres de buena voluntad que en Israel están en contra del mismo.
Creo que la mayor parte de toda la población, palestina e israelí, anhela la paz. Pero, desgraciadamente, parecería que no se ven los frutos de dicho deseo en el vivir cotidiano y en el creciente y peligroso hacer político.
En este difícil contexto social y político no falta por tanto la emigración de los jóvenes e intelectuales que van en búsqueda de un futuro más seguro y más humano. Se trata de una verdadera y propia hemorragia, un continuo desangrarse que priva a la Iglesia de Jerusalén de muchos de sus mejores elementos sociales.
Lo nuestro, lo mío, no es hacer política. Pero la realidad del conflicto constante entre palestinos e israelíes y la falta de una visión clara hacia donde se quiere llegar produce en muchos estratos de la población un sentimiento de vergüenza, de desesperación, de frustración y también, desgraciadamente, de rencor y deseo de venganza. Ya son más de 60 años de conflicto…
Debemos trabajar, cada uno en su campo, para no dejar que las facciones fundamentalistas de ambos lados sean los que dirijan los destinos de sus pueblos.
Me preocupa:
Que tantos jóvenes israelíes y palestinos hayan nacido bajo el conflicto que todavía dura.
Me preocupa que el párroco de Ramallah o de Belén no pueda organizar con sus fieles una visita a Jerusalén o a otros lugares santos. Solamente para la fiesta de Pascua el gobierno israelí da permiso a un número limitado de personas.
Lo único que deseo para las familias cristianas y musulmanas ess una vida normal. Esta vida normal, lamentablemente, hoy por hoy no existe.
Todos sufren por la falta de paz, pero la falta de paz es signo de que falta justicia. Y, en este caso, la justicia elemental que asegura una patria segura para cada nación, para Israel y para Palestina.
5. ¿Qué se puede hacer para ayudar a los cristianos de Tierra Santa?
Para ayudar a los cristianos de Tierra Santa, los obispos han propuesto concentrar las propias actividades según cuatro letras 'P', así lo han querido remarcar a modo de regla mnemotécnica:
1) Pedido a Dios en la oración: Plegaria. Rezar por la paz en la región. Nosotros creemos en el poder de la oración.
2) Peregrinación: En este momento y no obstante los comprensibles temores de las personas, los peregrinos han comenzado a retornar en Tierra Santa. Los funcionarios palestinos e israelíes remarcan que jamás un peregrino ha sido herido o estado en grave riesgo.
El incentivo de las peregrinaciones es un bien para todos: 1. Para el mismo peregrino, que se enriquece con el contacto de los lugares en donde Dios se reveló a los hombres. Hay un crecimiento en la fe, en la cultura, en la amistad. 2. En segundo lugar, es una ayuda ‘moral’ para los cristianos, que se ven acompañados por sus hermanos. 3. Se trata de una ayuda efectiva, económica, para todos los habitantes de Palestina e Israel, judíos, musulmanes y cristianos, ya que genera un movimiento económico considerable.
3) Proyectos: Ayudar en proyectos específicos para ofrecer una ayuda concreta, y han quedado felices de poder ver la realización de sus proyectos.
4) Presión (Advocacy): La presión consiste, por más que esto resulte difícil, en hacer sentir a los diplomáticos de las partes en conflicto, Israel y Palestina, que el muro de la vergüenza, la actitud de ocupación militar, la violencia, el fundamentalismo, el no reconocimiento de los derechos recíprocos de las poblaciones, etc. no ayudan a la realización de la justa y duradera paz, que la seguridad de uno depende de la seguridad del otro y que todos estamos llamados a vivir y a coexistir juntos. Y por ello pedir a las autoridades predispuestas a ello que se empeñen seriamente para ayudar el proceso de paz entre israelíes y árabes, y hacer conocer y divulgar la realidad y las consecuencias del conflicto en las instituciones religiosas y políticas, nacionales e internacionales.
El futuro de la historia y, sobretodo, Dios, juzgará la actitud de cada uno ante los hechos que desangran a la Tierra del Señor. ¡La paz es posible! Aunque cueste mucho reaccionar pacíficamente con todos los medios necesarios para la consecución de la misma.
La ayuda sea de un modo u otro es la que ha sostenido a la Iglesia de Jerusalén, quien va mendigando por el mundo ayuda ya desde el tiempo de San Pablo.
Reflexión
Pobre Jerusalén: "Madre de todos los pueblos, el Señor ama sus puertas, más que a todas las moradas de Jacob. Pobre ciudad de Dios en el cual uno y otro han nacido en ella. Parece que el Señor no la sostiene más" son palabras muy tristes. Pertenecen al Salmo 87.
Y sin embargo allí está en corazón, el centro natural de nuestra alma religiosa. En aquella Tierra, en aquella Ciudad se encuentran misteriosamente grabados nuestros "registros de ciudadanía", allí están registrados vuestros nombres y aquellos de todos los pueblos. Jerusalén, Iglesia Madre de todas las otras Iglesias.
Es Abraham a quien Dios indica esta Tierra misteriosa: "Sale y ve… donde yo te mostraré" (Cf. Gn 12, 1) y en Betel Abraham construyó su tienda y "construyó un altar e invocó el nombre del Señor" (Gn 12, 8).
Desde ese lugar único del planeta que llamamos ‘Tierra Santa’ Dios quiere que recibamos el ser hijos Suyos por adopción (cf. Gal 4, 4-5). Aquí inicia el gran Misterio de la Encarnación con todo aquello que conlleva hasta la Resurrección y al mandato de la Evangelización del mundo entero "comenzando por Jerusalén" (Lc 24, 47b).
Nos parece que el duro destino de la Ciudad Santa martirizada, se haya extendido a todo Medio Oriente, e inclusive a toda la historia humana. Pero, ¿por qué el Señor ha elegido a esta Tierra? Dios hace siempre elección inesperadas (cf. Cor 1, 27). Así lo ha hecho con la elección de las personas, pero también de la tierra "más humilde" y también más expuesta a invasiones, guerras y deportaciones. Es el estilo de Dios que da significado a nuestra esperanza. Todos los pueblos medio-orientales y mediterráneos han tenido algo que ver con ella, como viajeros, conquistadores, invasores, ‘deportadores’, etc.
Jerusalén fue objeto de destrucción por más de veinte veces, pero resurge siempre. Como ha Resurgido, Resucitado, allí el Hijo del hombre.
Como Pastores del Patriarcado Latino y en cuanto cristianos, somos conscientes que no estamos solos en el terreno. Hay otras 13 Iglesias cristianas en Jerusalén. No podemos hablar tampoco en nombre de todas. Nuestra Iglesia está llamada a trabajar con los otros, antes que a trabajar sola, cosa que por otro lado no podríamos hacer debido al pequeño número.
"¡Jerusalén, Jerusalén… cuántas veces he querido reunir a tus hijos… y tu no has querido!" (Mt 23, 37). La Ciudad Santa vive definida muchas veces como la Ciudad de las divisiones y de las contradicciones. Pero esto ¿es así? O ¿no será que lo contrario es verdadero? Quizás habría que decir que ante tantas contradicciones, sin embargo hay una gran realidad, más profunda, Jerusalén es signo de una extraña unidad que hace que solamente hacia Ella vayan fieles de las religiones monoteístas a rezar, solamente en Ella se ven a todos los cristianos del mundo cantar las alabanzas al Redentor en todas las lenguas del mundo. Solamente en Ella las voces se alzan y proclaman que aquella Tumba del Divino Nazareno esta vacía, gran "Signo" de su Resurrección. Ninguno se opone a esta verdad. En Jerusalén, entre los espacios reducidos de la Basílica del Santo Sepulcro, podemos conocer los ritos cristianos de distintas tradiciones. Es por ellos que allí van TODOS los pueblos de la tierra y siempre y solamente con una finalidad religiosa, y en esto descubro un signo de unidad.
Judíos del mundo entero ven a Jerusalén y anhelan ‘subir’ hacia ella. Cantar las alabanzas en la Tierra en que Dios se reveló.
Los musulmanes consideran ‘Al-Quds’, ‘La Santa’, aquella ciudad que los atrae y que consideran uno de sus centros mundiales principales.
Creo que no se ha hecho lo suficiente por la paz. Aquellos que dirigen las naciones, tienen la responsabilidad ante Dios, sus rectas conciencias, las demás personas y la historia, de realizar lo que deben.
Creo que la convivencia interreligiosa es posible, como se ve en Argentina. Pero una tal convivencia exige una condición preliminar, aquella de una paz justa y verdadera. Mientras tanto, no hay que quedarse de brazos cruzados, sino buscar de multiplicar sobre todo los encuentros personales o de grupo. Se ha mostrado que estos encuentros son verdaderamente un lugar, en donde todos los prejuicios caen poco a poco y en donde una mejor comprensión del otro es posible.
En este momento, es la paz aquello que me parece sea la necesidad más vital y evidente. Sin la paz nada es posible. Mientras esta región permanezca estrangulada, dividida por el odio, por los muros y por la discriminación, por la tentación de poner en manos de fundamentalistas e intransigentes el Poder, nada bueno se puede construir. Debemos trabajar para crear puentes, para desterrar el odio de los corazones, para mostrar que es posible vivir juntos en paz, justicia y seguridad. Pero que cada uno, sea palestino, israelí o simpatizante, tenga la honestidad de reconocer los límites de su punto de vista y de abrirse a los problemas de la parte adversa. Esto es entrar en diálogo y no ser esclavo de un partido cualquiera con posiciones muy reducidas. Es necesario creer que la paz es posible, pero es necesario construirla juntos, evitando por tanto, y de manera absoluta las medidas unilaterales.
Honorables oyentes, pido, humildemente, que cada uno de vosotros colabore en la medida de sus posibilidades para construir una paz justa y definitiva en la región medio-oriental. El Sínodo apenas terminado en Roma, vuelve a hacer un llamado por el bien de todos, un llamado crudo, pero lleno de realismo, prudencia, respeto y amor por todos los habitantes de Oriente Medio. Así se expresa en su Mensaje a la comunidad internacional: “Los ciudadanos de los países de Oriente Medio interpelan a la comunidad internacional y en particular a la O.N.U. para que trabajen, sinceramente, por una solución que traiga la paz justa y definitiva a la región, y ello mediante la aplicación de las resoluciones del Consejo de Seguridad y tomando medidas jurídicas necesarias para poner fin a la ocupación de los diferentes territorios árabes.
El pueblo palestino podrá, de este modo, tener una patria independiente y soberana y vivir allí con plena dignidad y estabilidad. El Estado de Israel podrá gozar de la paz y de la seguridad dentro de fronteras internacionalmente reconocidas. La Ciudad Santa de Jerusalén podrá obtener el estatuto justo que respete su carácter particular, su santidad y su patrimonio religioso para cada una de las tres religiones judía, cristiana y musulmana. Esperamos que la solución de los dos estados se haga realidad y no sea un simple sueño.
[…]
Condenamos la violencia y el terrorismo, independientemente de donde provengan, y todo extremismo religioso. Condenamos toda forma de racismo, antisemitismo, anticristianismo e islamofobia y hacemos un llamado a las religiones para que asuman sus responsabilidades en la promoción y diálogo de las culturas y de las civilizaciones en nuestra región y en el mundo entero.” (Mensaje, nº11)
CONCLUSIÓN
La fe permanece en la base de la esperanza de la Iglesia de Tierra Santa.
Un día, serán reconducidas la Justicia y la Paz en la Tierra del Príncipe de la Paz.
Un día, los jefes políticos llegarán a comprender, más allá del juego de los intereses y de las ambiciones políticas, el sentido, la naturaleza y la vocación de esta Tierra bendita, elegida por Dios para unir los hombres con Dios, y entre ellos.
Pero, en toda circunstancia, el "pequeño rebaño" de los cristianos de Tierra Santa, incluso si permanecerá pequeño, permanecerá fiel a la Fe y al misterio que Dios reveló en su Tierra gracias a nuestra comunión eclesial y a vuestro soporte y amistad.
Gracias por vuestra atención.
+ Fouad Twal, Patriarca
Kisangani (Agencia Fides) - "Es una gran alegría para nosotros, es una oportunidad para agradecer al Señor por lo que hace por su Iglesia, familia de Dios en la República Democrática del Congo. Damos las gracias al Santo Padre por el nombramiento de S.Exc. Mons. Laurent Monsegwo Pasinya, que es el tercer Cardenal en nuestro país. El evento se celebra con gran solemnidad y alegría en la República Democrática del Congo. La comunidad cristiana formada por los congoleños que viven en Roma se está preparando para dar una acogida digna del Cardenal electo", dice en un coloquio con la Agencia Fides Su Exc. Mons. Marcel Utempi Tapa, Arzobispo de Kisangani, en la República Democrática del Congo.
Excelencia, ¿cuáles son las dificultades encontradas en su trabajo pastoral?
La archidiócesis de Kisangani, con una superficie de 150mil km2 y una población de más de 2 millones de habitantes, es la diócesis más grande de las 47 del Congo.
De los dos millones de habitantes, el 50% son católicos. Hay 42 parroquias: muy pocas, dadas las dimensiones del territorio de la arquidiócesis. Se trata, obviamente, de parroquias con una gran superficie. Para hacer frente a esta situación, hemos decidido crear nuevas parroquias, tanto dentro de la ciudad de Kisangani como en el resto de la Arquidiócesis. Pero esto nos plantea un gran desafío: la escasez de sacerdotes. Su número es insuficiente todavía. En la actualidad tenemos, gracias a Dios, 50 sacerdotes diocesanos y una treintena de misioneros.
Nuestro país ha estado fuertemente marcado por la guerra que duró varios años. Varias infraestructuras han sido destruidas y la economía ha sido seriamente dañada. Por lo tanto nos resulta muy difícil pedir a los fieles que asuman la responsabilidad de las necesidades materiales de su Iglesia, según las directivas de la Santa Sede y la Conferencia Episcopal del Congo. Pero nuestra gente es muy generosa: pueden poner a disposición de la Iglesia todo lo que tienen y todos los alimentos que pueden producir. En términos de ofertas en especie recibimos donaciones muy generosas. A nivel de donaciones en dinero, todavía hay algunas dificultades porque la situación económica del país sigue siendo difícil. Pero confiamos en que un día los fieles podrán hacerse cargo de su Iiglesia.
¿Cuáles son las esperanzas que sostienen su misión?
Estamos llenos de esperanza, a pesar de las dificultades que encontramos en nuestro trabajo pastoral. Mi esperanza se basa en la animación vocacional, que está dando frutos. Tenemos 39 estudiantes en el seminario mayor que estudian filosofía y teología, 97 alumnos del seminario menor y 12 jóvenes en propedeutica. Esperemos tener el año que viene nuevos sacerdotes que nos permitan realizar el proyecto pastoral de crear nuevas parroquias. En cuanto a los laicos, cada año organizamos un curso de formación de 4-5 días para los agentes de pastoral de la arquidiócesis.
¿Excelencia, de que manera consigue encontrar a los fieles en una diócesis tan grande?
Tengo el profundo deseo de encontrarme con todos los fieles, por ello organizo durante el año visitas a las parroquias de la Arquidiócesis. Los fieles están muy contentos de reunirse con su Pastor. Para algunos es realmente una gran alegría poder encontrarme, porque es la primera vez en 19-20 años que tienen la oportunidad de conocer a su Arzobispo.
Estas visitas pastorales cuestan mucho esfuerzo y un gasto considerable, pero hacemos esta misión con alegría. Además la cruz es parte integral de la misión de la Iglesia. Cada vez que llego a una de estas comunidades lejanas del centro de la Arquidiócesis, en motocicleta, en canoa o a pie, me olvido de la fatiga gracias a la cálida bienvenida de los fieles locales. La alegría de saberse esperado y acogido es la primera recompensa, seguida por la alegría de sembrar la palabra de Dios, administrar los sacramentos y garantizar la formación de los fieles.
Con respecto al desarrollo humano, ¿cuál es su principal preocupación?
La enseñanza es algo que me preocupa mucho. Hemos invertido mucho en la educación de los jóvenes. Hay 250 escuelas primarias y secundarias, pero para una población de 2 millones de habitantes no son suficientes. Puedo hacer una comparación con mi experiencia previa en la diócesis de Mahagi-Nioka, donde he servido como Obispo durante siete años. La diócesis tiene una superficie de 21mil km2 y es 8 veces menor que la archidiócesis de Kisangani. Hace dos años la población era de 1 millón 700 mil habitantes, los católicos representaban el 60% de la población (alrededor de 900 mil almas). En la diócesis existen 500 escuelas primarias y 200 escuelas secundarias. Un mayor número mucho mayor que el de Kisangani, pero insuficiente para satisfacer las necesidades de todos. Tengo la intención de crear nuevas escuelas en Kisangani y por este motivo me he puesto en contacto con el Ministerio de educación que nos ha dado su apoyo. (L.M.) (Agencia Fides 6/11/2010)
Exhortación que el Santo Padre Benedicto XVI ha dirigido a los Obispos de la Conferencia episcopal regional Sur 2 de Brasil, recibidos en audiencia el 5 de noviembre de 2010 con motivo de su visita Ad Limina.
Venerados Irmãos no Episcopado,
«O Deus da esperança vos encha de toda a alegria e paz em vossa vida de fé, para que abundeis na esperança pelo poder do Espírito Santo» (Rm 15, 13) a fim de guiar o vosso povo à plenitude da salvação em Cristo. De coração saúdo a todos e cada um de vós, amados Pastores do Regional Sul 2 em Visita ad limina Apostolorum, e agradeço as palavras que me dirigiu o vosso Presidente, Dom Moacyr, fazendo-se intérprete dos sentimentos de comunhão que vos unem ao Sucessor de Pedro. Por isso vos estou grato. Esta casa é também a vossa: sede bem-vindos! Nela podeis experimentar a universalidade da Igreja de Cristo que se estende até aos extremos confins da terra.
Por sua vez, cada uma das vossas Igrejas particulares, queridos Bispos, é o generoso ponto de chegada de uma missão universal, o aflorar «aqui e agora» da Igreja universal. Neste caso, a justa relação entre «universal» e «particular» verifica-se não quando o universal retrocede diante do particular, mas quando o particular se abre ao universal e se deixa atrair e valorizar por ele. Na idéia divina, a Igreja é uma só: o Corpo de Cristo, a Esposa do Cordeiro, a Jerusalém do Alto, esta Cidade definitiva que seria o objetivo mais profundo da criação querida como o lugar onde se realiza a vontade de Deus e a terra se torna céu. Recordo-vos estes princípios, não porque os ignoreis, mas porque nos ajudam a bem situar as pessoas consagradas na Igreja. Com efeito, nesta, a unidade e a pluralidade não só não se opõem mas enriquecem-se reciprocamente na medida em que procuram a edificação do único Corpo de Cristo, a Igreja, por meio do «amor que une a todos na perfeição» (Cl 3, 14).
Porção eleita do Povo de Deus, os consagrados e consagradas lembram hoje «uma planta com muitos ramos, que assenta as suas raízes no Evangelho e produz abundantes frutos em cada estação da Igreja» (Exort. ap. Vita consecrata, 5). Sendo a caridade o primeiro fruto do Espírito (cf. Gl 5, 22) e o maior de todos os carismas (cf. 1 Cor 12, 31), a comunidade religiosa enriquece a Igreja de que é parte viva, antes de tudo com o seu amor: ama a sua Igreja particular, enriquece-a com seus carismas e abre-a a uma dimensão mais universal. As delicadas relações entre as exigências pastorais da Igreja particular e a especificidade carismática da comunidade religiosa foram tratadas pelo documento Mutuae relationes, do qual está longe tanto a idéia de isolamento e de independência da comunidade religiosa em relação à Igreja particular, como a da sua prática absorção no âmbito da Igreja particular. «Como a comunidade religiosa não pode agir independentemente ou como alternativa ou, menos ainda, contra as diretrizes e a pastoral da Igreja particular, assim a Igreja particular não pode dispor a seu bel-prazer, segundo as suas necessidades, da comunidade religiosa ou de alguns dos seus membros» (Doc. Vida fraterna em comunidade, 60).
Perante a diminuição dos membros em muitos Institutos e o seu envelhecimento, evidente em algumas partes do mundo, muitos se interrogam se a vida consagrada seja ainda hoje uma proposta capaz de atrair os jovens e as jovens. Bem sabemos, queridos Bispos, que as várias Famílias religiosas desde a vida monástica até às congregações religiosas e sociedades de vida apostólica, desde os institutos seculares até às novas formas de consagração tiveram a sua origem na história, mas a vida consagrada como tal teve origem com o próprio Senhor que escolheu para Si esta forma de vida virgem, pobre e obediente. Por isso a vida consagrada nunca poderá faltar nem morrer na Igreja: foi querida pelo próprio Jesus como parcela irremovível da sua Igreja. Daqui o apelo ao compromisso geral na pastoral vocacional: se a vida consagrada é um bem de toda a Igreja, algo que interessa a todos, também a pastoral que visa promover as vocações à vida consagrada deve ser um empenho sentido por todos: Bispos, sacerdotes, consagrados e leigos.
Entretanto, como afirma o decreto conciliar Perfectae caritatis, «a conveniente renovação dos Institutos depende sobretudo da formação dos membros» (n. 18). Trata-se de uma afirmação fundamental para toda a forma de vida consagrada. A capacidade formativa de um Instituto, quer na sua fase inicial quer nas fases sucessivas, está no centro de todo o processo de renovação. «De fato, se a vida consagrada é, em si mesma, uma progressiva assimilação dos sentimentos de Cristo, resulta evidente que um tal caminho terá de durar a vida inteira para permear toda a pessoa (...) e torná-la semelhante ao Filho que Se entrega ao Pai pela humanidade. Assim entendida, a formação já não é apenas um tempo pedagógico de preparação para os votos, mas representa um modo teológico de pensar a própria vida consagrada, que em si mesma é uma formação jamais terminada, uma participação na ação do Pai que, através do Espírito plasma no coração os sentimentos do Filho» (Instr. Partir de Cristo, 15).
Pelo modo que considerardes mais oportuno, venerados Irmãos, fazei chegar às vossas comunidades de consagrados e consagradas, independentemente do serviço claustral ou apostólico que estão desempenhando, a viva gratidão do Papa que de todas e todos se recorda nas suas orações, lembrando em especial os idosos e doentes, quantos atravessam momentos de crise e de solidão, quem sofre e se sente confuso e também os jovens e as jovens que hoje batem à porta das suas Casas e pedem para se entregar a Jesus Cristo na radicalidade do Evangelho. Agora, invocando o celeste patrocínio de Maria, modelo perfeito de consagração a Cristo, confirmo-vos mais uma vez a minha estima fraterna e concedo-vos, extensiva a todos os fiéis confiados aos vossos cuidados pastorais, uma propiciadora Bênção Apostólica.
AMERICA/PERÚ - Primer Centenario de la llegada de los Carmelitas Descalzos en el Perú
Lima (Agencia Fides) El Domingo, 21 de noviembre han iniciado las celebraciones por el primer centenario de la llegada de los Carmelitas Descalzos en el Perú. La Santa Misa de apertura del Centenario se celebró a las 19.30, hora local, en la parroquia de San José, ubicada en la Avenida República Dominicana 458, en el barrio de Jesús María, en Lima.
"Este Jubileo será un tiempo de gracia para todos los que aman y conocen en el Perú, el Carmelo Teresiano y su espiritualidad; y lo mismo se aplicará a todos los fieles que deseen compartir este acontecimiento eclesial. Será un tiempo para dar gracias a Dios por la presencia de los hijos de S. Teresa de Jesús en el Perú", dice el comunicado de la Conferencia Episcopal Peruana enviada a la Agencia Fides.
La Orden del Carmen tiene su origen en el siglo XII. Alrededor del año 1191, un grupo de hombres que querían experimentar la soledad y el retiro se establecieron en el valle de Wadi es-Siah del Monte Carmelo, donde vivió de acuerdo a la tradición bíblica, el profeta Elías (874 a.C.). En este profeta se inspiran para vivir en soledad. Poco a poco se unieron otros ermitaños y entre 1206 y 1214 se reunieron para pedir al entonces Patriarca de Jerusalén, Alberto, que les diese una regla sobre la que organizar su vida comunitaria. Así nació la Orden Carmelitana.
En 1896 comenzó la presencia de los Carmelitas Descalzos en América, cuando comenzaron las peticiones para una fundación en el Perú. Así, los padres Ernesto y Epifanio llegaron al puerto del Callao el 2 de julio de 1897 y con el tren llegaron al Monasterio de las Hermanas Carmelitas de Carmen Alto, en Lima. La sorpresa de las monjas fue muy grande porque nunca habían visto, hasta entonces, un carmelita descalzo. El 7 de julio, partieron en barco hacia Arequipa, a donde llegaron el 10 de julio, desembarcando en el puerto de Mollendo. (CE) (Agencia Fides, 22/11/2010)
Reflexión de José Antonio Pagola para el evangelio del domingo primero de Adviento - A, ofrecida por la Delegación Diocesana de Enseñanza de la diócesis de Tenerife.
SIGNOS DE LOS TIEMPOS
Los evangelios han recogido de diversas formas la llamada insistente de Jesús a vivir despiertos y vigilantes, muy atentos a los signos de los tiempos. Al principio, los primeros cristianos dieron mucha importancia a esta "vigilancia" para estar preparados ante la venida inminente del Señor. Más tarde, se tomó conciencia de que vivir con lucidez, atentos a los signos de cada época, es imprescindible para mantenernos fieles a Jesús a lo largo de la historia.
Así recoge el Vaticano II esta preocupación: "Es deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de esta época e interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que, acomodándose a cada generación, pueda responder a los perennes interrogantes de la humanidad sobre el sentido de la vida presente y futura...".
Entre los signos de estos tiempos, el Concilio señala un hecho doloroso: "Crece de día en día el fenómeno de masas que, prácticamente, se desentienden de la religión". ¿Cómo estamos leyendo este grave signo? ¿Somos conscientes de lo que está sucediendo? ¿Es suficiente atribuirlo al materialismo, la secularización o el rechazo social a Dios? ¿No hemos de escuchar en el interior de la Iglesia una llamada a la conversión?
La mayoría se ha ido marchando silenciosamente, sin sacar ruido alguno. Siempre han estado mudos en la Iglesia. Nadie les ha preguntado nada importante. Nunca han pensado que podían tener algo que decir. Ahora se marchan calladamente. ¿Qué hay en el fondo de su silencio? ¿Quién los escucha? ¿Se han sentido alguna vez acogidos, escuchados y acompañados en nuestras comunidades?
Muchos de los que se van eran cristianos sencillos, acostumbrados a cumplir por costumbre sus deberes religiosos. La religión que habían recibido se ha desmoronado. No han encontrado en ella la fuerza que necesitaban para enfrentarse a los nuevos tiempos. ¿Qué alimento han recibido de nosotros? ¿Dónde podrán ahora escuchar el Evangelio? ¿Dónde podrán encontrarse con Cristo?
Otros se van decepcionados. Cansados de escuchar palabras que no tocan su corazón ni responden a sus interrogantes. Apenados al descubrir el "escándalo permanente" de la Iglesia. Algunos siguen buscando a tientas. ¿Quién les hará creíble la Buena Noticia de Jesús?
Benedicto XVI viene insistiendo en que el mayor peligro para la Iglesia no viene de fuera, sino que está dentro de ella misma, en su pecado e infidelidad. Es el momento de reaccionar. La conversión de la Iglesia es posible, pero empieza por nuestra conversión , la de cada uno.
José Antonio Pagola
Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
28 de noviembre de 2010
1 Adviento (A)
Mateo 24,37-44
Nota de los Obispos del Paraguay reunidos en la 189 Asamblea Plenaria Ordinaria refiriendose a las elecciones municipales, que se celebrarán el próximo 7 de noviembre. (Fides)
VOTAR ES UN DERECHO Y UNA RESPONSABILIDAD
LA PARTICIPACION, CLAVE PARA EL PROCESO DE CONSTRUCCION DE LA DEMOCRACIA
Ante los comicios municipales, que se celebrarán el próximo 7 de noviembre, los Obispos del Paraguay realizamos las siguientes reflexiones.
El voto es un derecho y un deber de todo ciudadano. Es una valiosa conquista de la cultura cívica; contiene, implícitamente, el prerrequisito de que el ciudadano se informe y se instruya sobre la importancia y el valor del acto de concurrir a las urnas a expresar sus preferencias electorales. El voto debe ser el resultado de una opción libre y fundada del ciudadano, consciente de sus deberes cívicos. El proceso democrático de un país se construye y fortalece con la participación activa y constructiva de los actores que lo conforman.
Hoy más que nunca, nuestro país requiere de la participación de todos los sectores, en este proceso de construcción democrática. Las elecciones municipales serán una oportunidad magnífica que no se debe desaprovechar. La participación ciudadana en los procesos de elección no constituye una mera formalidad que se realiza como rutina sino que, por el contrario, representa la esencia y la justificación del sistema democrático. Sin la masiva participación de la gente, la democracia carece de sentido porque las autoridades electas pasan a representar a una elite y no a la mayoría.
Recomendaciones generales
A los electores
Es necesario que cada ciudadano, antes de decidir su voto, realice lo siguiente:
A - Analizar objetivamente el perfil de cada candidato
B - Conocer los principios y valores de cada candidato
C - Valorar la trayectoria política y la labor en la función pública
D - Evaluar el equipo de trabajo
E - Estudiar las propuestas o programas que pretenden ejecutar desde la función pública.
Se deben rechazar los viejos vicios como el soborno, la aceptación de dinero que pretenda comprar la conciencia y los votos en los comicios municipales, porque no condice con la práctica democrática y la construcción de una ciudadanía responsable.
A los candidatos
A los candidatos, especialmente a los cristianos, pedimos que tengan en cuenta la siguiente exhortación: "Quienes son o pueden llegar a ser capaces de ejercer este arte tan difícil y tan noble que es la política, prepárense para ella y procuren ejercitarla con olvido del propio interés y de toda ganancia venal. Luchen con integridad moral y con prudencia contra la injusticia y la opresión, contra la intolerancia y el absolutismo de un solo hombre o de un solo partido político; conságrense con sinceridad y rectitud, más aún, con caridad y fortaleza política, al servicio de todos" Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes nº 75.
Los comicios municipales del próximo domingo, constituyen una excelente oportunidad para dirigir correctamente el rumbo de nuestras comunidades, forjando una sociedad más justa, equitativa y solidaria en el devenir histórico de nuestra amada Nación. Con mucha confianza en nosotros mismos, en nuestra capacidad de decidir correctamente, concurramos todos a las urnas para elegir a los mejores hombres y mujeres que nuestras comunidades necesitan.
Pedimos la bendición de Dios, bajo la intercesión de nuestra Madre La Virgen de los milagros de Caacupé y de San Roque González y compañeros mártires.
Los Obispos del Paraguay
ZENIT nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigió el viernes 5 de Noviembre de 2010 a los obispos de la Región Este II de la Conferencia Episcopal de Brasil, a quienes recibió con ocasión de su visita ad Limina Apostolorum.
Venerados Hermanos en el Episcopado,
“Que el Dios de la esperanza os llene de alegría y de paz en la fe, para que la esperanza sobreabunde en vosotros” (Rm 15, 13) con el fin de guiar a vuestro pueblo a la plenitud de la salvación en Cristo. De corazón saludo a todos y cada uno de vosotros, amados Pastores de la Región Sur 2 en visita ad Limina Apostolorum, y agradezco las palabras que me ha dirigido vuestro presidente, monseñor Moacyr, haciéndose intérprete de los sentimientos de comunión que os unen al Sucesor de Pedro. Por eso os estoy agradecido. Esta casa es también la vuestra: ¡sed bienvenidos! En ella podéis experimentar la universalidad de la Iglesia de Cristo que se extiende hasta los extremos confines de la tierra.
A su vez, cada una de vuestras Iglesias particulares, queridos obispos, es el generoso punto de llegada de una misión universal, el florecimiento “aquí y ahora” de la Iglesia universal. En este caso, la justa relación entre “universal” y “particular” se verifica no cuando lo universal retrocede ante lo particular, sino cuando lo particular se abre a lo universal y se deja atraer y valorar por él. En la idea divina, la Iglesia es una sola: el Cuerpo de Cristo, la Esposa del Cordero, la Jerusalén de lo Alto, esta Ciudad definitiva que sería el objetivo más profundo de la creación querida como el lugar donde se realiza la voluntad de Dios y la tierra se vuelve cielo. Os recuerdo estos principios, no porque los ignoréis, sino porque nos ayudan a situar bien a las personas consagradas en la Iglesia. En consecuencia, en ella, la unidad y la pluralidad no solo no se oponen sino que se enriquecen recíprocamente en la medida en que procuran la edificación del único Cuerpo de Cristo, la Iglesia, por medio del “amor que une a todos en la perfección” (Cl 3, 14).
Porción elegida del Pueblo de Dios, los consagrados y consagradas recuerdan hoy “una planta con muchas ramas, que asienta sus raíces en el Evangelio y produce abundantes frutos en cada estación de la Iglesia” (Exhort. ap. Vita consecrata, 5). Siendo la caridad el primer fruto del Espíritu (cf. Jl 5, 22) y el mayor de todos los carismas (cf. 1 Cor 12, 31), la comunidad religiosa enriquece a la Iglesia de la que es parte viva, antes de todo con su amor: ama a su Iglesia particular, la enriquece con sus carismas y la abre a una dimensión más universal. Las delicadas relaciones entre las exigencias pastorales de la Iglesia particular y la especificidad carismática de la comunidad religiosa fueron tratadas por el documento Mutuae relationes, del cual está alejado tanto la idea de aislamiento y de independencia de la comunidad religiosa en relación a la Iglesia particular, como la de su práctica absorción en el ámbito de la Iglesia particular. “Como la comunidad religiosa no puede actuar independientemente o como alternativa o, menos aún, contra las directrices y la pastoral de la Iglesia particular, así la Iglesia particular no puede disponer a su placer, según sus necesidades, de la comunidad religiosa o de algunos de sus miembros” (Doc. Vida fraterna em comunidade, 60).
Ante la disminución de los miembros en muchos Institutos y su envejecimiento, evidente en algunas partes del mundo, muchos se preguntan si la vida consagrada sea hoy también una propuesta capaz de atraer a los jóvenes y a las jóvenes. Bien sabemos, queridos obispos, que las diversas Familias religiosas desde la vida monástica hasta las congregaciones religiosas y sociedades de vida apostólica, desde los institutos seculares hasta las nuevas formas de consagración tuvieron su origen y su historia, pero la vida consagrada como tal tiene su origen en el propio Señor que escogió para Si esta forma de vida virgen, pobre y obediente. Por eso la vida consagrada nunca podrá faltar ni morir en la Iglesia: fue querida por el propio Jesús como parcela irremovíble de su Iglesia. De aquí la llamada al compromiso general en la pastoral vocacional: si la vida consagrada es un bien de toda la Iglesia, algo que interesa a todos, también la pastoral que busca promover las vocaciones a la vida consagrada debe ser un compromiso sentido por todos: obispos, sacerdotes, consagrados y laicos.
Mientras tanto, como afirma el decreto conciliar Perfectae caritatis, “la conveniente renovación de los Institutos depende sobre todo de la formación de los miembros” (n. 18). Se trata de una afirmación fundamental para toda la forma de vida consagrada. La capacidad formativa de u Instituto, tanto en su fase inicial como en las fases sucesivas, está en el centro de todo el proceso de renovación. “ Si, en efecto, la vida consagrada es en sí misma una progresiva asimilación de los sentimientos de Cristo, parece evidente que tal camino no podrá sino durar toda la vida, para comprometer toda la persona (...), y hacerla semejante al Hijo que se dona al Padre por la humanidad. Concebida así la formación, no es sólo tiempo pedagógico de preparación a los votos, sino que representa un modo teológico de pensar la misma vida consagrada, que es en sí formación nunca terminada, participación en la acción del Padre que, mediante el Espíritu, infunde en el corazón ... los sentimientos del Hijo” (Instr. Caminar desde Cristo, 15).
Por el modo que consideréis más oportuno, venerados Hermanos, haced llegar a vuestras comunidades de consagrados y consagradas, independientemente del servicio claustral o apostólico que estén desempeñando, la viva gratitud del Papa, que de todas y todos se acuerda en sus oraciones, recordando en especial a los ancianos y enfermos, a cuantos atraviesan momentos de crisis y de soledad, de quien sufre y se siente confuso y también de los jóvenes y las jóvenes que hoy llaman a la puerta de sus Casas y piden entregarse a Jesucristo en la radicalidad del Evangelio. Ahora, invocando el celeste patrocinio de María, modelo perfecto de consagración a Cristo, os confirmo una vez más mi estima fraterna y os concedo, extensiva a todos los fieles confiados a vuestros cuidados pastorales, una propiciadora Bendición Apostólica.
[Traducción del portugués por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]
Homilía de monseñor Miguel Esteban Hesayne, obispo emérito de Viedma para el 31º domingo durante el año (31 de octubre de 2010). (AICA)
«SON NECESARIOS POLÍTICOS AUTÉNTICAMENTE CRISTIANOS» [1]
El Papa Benedito XVI afirmó que si bien la Iglesia no tiene como misión "la formación técnica de los políticos", sin embargo, "da su juicio moral, incluso sobre materias referentes al orden político, cuando lo exijan los derechos fundamentales de la persona o la salvación de las almas".
"Corresponde a los fieles laicos -dijo- mostrar concretamente en la vida personal y familiar, en la vida social, cultural y política, que la fe permite leer en modo nuevo y profundo la realidad y transformarla".
Subrayó que "los fieles laicos deben participar activamente en la vida política, de manera siempre coherente con las enseñanzas de la Iglesia, compartiendo razones bien fundadas y grandes ideales en el proceso democrático y en la búsqueda de un consenso amplio con todos los que se preocupan de la defensa de la vida y de la libertad, la custodia de la verdad y del bien de la familia, la solidaridad con los necesitados y la búsqueda necesaria del bien común".
"Se necesitan -continuó- políticos auténticamente cristianos, pero sobre todo fieles laicos que sean testigos de Cristo y del Evangelio en la comunidad civil y política. Esta exigencia debe estar claramente presente en los programas educativos de las comunidades eclesiales y requiere nuevas formas de acompañamiento y apoyo por parte de los pastores. La pertenencia de los cristianos a las asociaciones de fieles, a los movimientos eclesiales y nuevas comunidades, puede ser una buena escuela para estos discípulos y testigos, sostenidos por la riqueza carismática, comunitaria, educativa y misionera de estas realidades".
El Papa señaló que "la difusión de un relativismo cultural confuso y de un individualismo utilitarista y hedonista debilita la democracia y favorece el dominio de los poderes fuertes. Es necesario recuperar y reforzar una sabiduría política auténtica; ser exigentes en lo que concierne a la propia competencia; servirse críticamente de las investigaciones de las ciencias humanas; afrontar la realidad en todos sus aspectos, superando reduccionismos ideológicos o pretensiones utópicas; mostrarse abiertos a todo diálogo y colaboración verdaderos, teniendo en cuenta que la política también es un complejo arte de equilibrio entre ideales e intereses, pero sin olvidar que la contribución de los cristianos es decisiva únicamente si la inteligencia de la fe se convierte en inteligencia de la realidad, clave de juicio y de transformación. Es necesaria una verdadera "revolución del amor".
Entonces en la Iglesia basta de miedos y de prejuicios. Basta de etiquetarnos hablando de derecha o de izquierda, de progresistas o de conservadores, si queremos ser auténticos discípulos de Jesús, es preciso que manifestemos nuestro amor cristiano en obras concretas al servicio de nuestros hermanos, con la única preferencia de los más necesitados.
Es hora de poner mano a la obra. Es hora de comprender que no estamos simplemente en época de cambio sino en un cambio de época. Es hora que el tema de la globalización no es tema de claustros universitarios sino que la vivimos en la calle… La Iglesia-pueblo de Dios ha llevar a los más íntimo de la persona, la convicción de que vivimos un fin de época. Lo que significa el inicio de nueva época. Lo que comporta un nuevo desafío a la FE Cristiana que no es una repetición de fórmulas sino una “inteligencia de la realidad” para discernir la historia de hombre y mujeres de hoy y transformarla en historia de salvación.
Es hora que se asuma el bautismo de Jesús para cumplir la misión de miembros del Pueblo de Dios dispuestos y preparados a impregnar de Evangelio el ámbito político. No para competir sino para colaborar en la tarea de hacer política, incluso desde diversos partidos o facciones políticas. La misión del cristiano-discípulo de Jesús es ofrecer la Verdad del Evangelio para lograr la actividad política como el arte de la verdad hecha en la justicia con libertad desde el amor solidario.
Miguel Esteban Hesayne, obispo emérito de Viedma
mehm@speedy.com.ar
1. XXIV Asamblea Plenaria del Pontificio Consejo para los Laicos. Mayo 21.2010.
Moniciones para el domingo primero de Adviento, ofrecidas por el Área de Pastoral Social de la Diócesis de Tenerife.
UNA ESPERA MADURA QUE SE TRADUCE EN AMOR
1er. DOMINGO DE ADVIENTO: ESTÉN ATENTOS
ENTRADA. A veces, en nuestra vida cristiana, tenemos el peligro de caer en la rutina, el cansancio y el desánimo. Cada Eucaristía es un momento privilegiado para encontrarnos con el Señor muerto y resucitado que nos invita a seguir caminando en nuestra vida para alcanzar la madurez superando todo obstáculo.
Concretamente, este tiempo de adviento que hoy comenzamos y las lecturas de este primer domingo, son una llamada a espabilarnos, a abrir los ojos, porque se acerca nuestra salvación.
CORONA DE ADVIENTO. Encendemos, Señor esta primera vela para expresar que en medio de la oscuridad, tu luz nos hace ver la luz de la esperanza en tu acción salvadora.
PRIMERA LECTURA. El oscuro presente de los judíos desterrados se ilumina con esta visión que es invitación a caminar al encuentro del Señor en medio de las dificultades de la vida. Esta invitación para construir un mundo en paz y justicia sigue en pie para nosotros en este Adviento.
SALMO. Con el gozo del que sabe que tiene una meta y camina unido a muchos hermanos proclamamos este hermoso salmo de peregrinación.
SEGUNDA LECTURA. La fe no es una adquisición de una vez para siempre, sino un constante madurar, una atención permanente a ese Dios que siempre está viniendo y sorprendiéndonos. Escuchemos.
EVANGELIO. La espera de la venida del Señor no hace a los cristianos unos holgazanes que se evaden del compromiso sino una llamada a ser activos y operantes en la construcción de un mundo mejor, según el proyecto de Dios.
ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELES.
Gozosos por la fe que nos anima en nuestro caminar, oremos al Señor. Contestamos: Ven, Señor Jesús.
Por el Papa, nuestro obispo Bernardo, los sacerdotes, diáconos, personas consagradas y todo el Pueblo de Dios. Para que vivamos este Adviento con deseos de renovar y madurar nuestra fe. Roguemos al Señor.
Por los que sufren en su cuerpo o en su alma. Para que encuentren en el Señor y en nosotros ayuda y consuelo. Roguemos al Señor
Para que los que gobiernan busquen siempre el bien común. Roguemos al Señor
Para que nuestra comunidad siga caminando, atenta siempre a las llamadas del Señor. Roguemos al Señor
Por…
Escucha, Padre, la oración que tu Iglesia te presenta. Por JC Nuestro Señor. Amén.
GESTO SIMBÓLICO.
Con el pan y el vino se puede presentar unas gafas, una linterna, una mochila o un bastón para invitar a descubrir la presencia alentadora del Señor en nuestro caminar.
ACCIÓN DE GRACIAS.
Gracias, Señor, porque la luz de tu amor ilumina nuestro mundo.
Gracias, Señor, por tantas personas capaces de descubrir tu presencia amorosa en los acontecimientos de cada día.
Gracias, Señor, por tanta gente que vive en servicio amoroso a los marginados, enfermos, ancianos, inmigrantes, encarcelados.
Gracias, Señor, por los que sueñan y luchan por un mundo más solidario y fraterno.
Gracias, Señor. Tú eres nuestra Esperanza.
Desde el Área de Pastoral Social de la diócesis de Tenerife nos envían las moniciones para la festividad de la Inmaculada Concepción, 8 de Diciembre.
FESTIVIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN 8 de diciembre
ENTRADA.
La fiesta de la Inmaculada es un motivo de esperanza: en María el bien ha triunfado sobre el mal. A pesar de las dificultades, podemos seguir avanzando en nuestro deseo de vivir una fe madura que dé frutos de amor y servicio.
PRIMERA LECTURA.
El hombre, cuando toma conciencia de su pecado experimenta un impulso de huida: huye de Dios, huye del otro, huye de sí mismo.
Pero, por otra parte, Dios va a su encuentro. Y cuando Dios se hace presente, comienza la salvación. El hombre no tiene que temer, porque Dios está a su favor. La serpiente, símbolo del mal, será vencida por un hijo de mujer y de Dios.
SALMO.
Nos unimos al Salmista proclamando las maravillas de un Dios empeñado en salir a nuestro encuentro ofreciéndonos la salvación.
SEGUNDA LECTURA.
No podemos hacer otra cosa que bendecir a Dios porque Dios no deja de bendecirnos. Y todas sus bendiciones se personalizan en Jesucristo. Por Jesucristo fue inmaculada la Virgen, su Madre. Por Jesucristo será inmaculada la Iglesia. Por Jesucristo seremos nosotros santos en el amor.
EVANGELIO.
En María se produce la acogida de la salvación que Dios ofrece a nuestro mundo. Su fe adulta, su acogida y disponibilidad hace posible el cumplimiento de la promesa de la victoria de la gracia sobre el pecado.
ORACIÓN DE LOS FIELES.
María es la Virgen orante. En comunión con ella y en unión con toda la Iglesia, elevamos a Dios nuestra súplica. Contestamos: Bendito seas, Señor
Para que en todas las naciones prevalezcan las actitudes de servicio y solidaridad, superando la injusticia y la opresión. Roguemos al Señor. Bendito seas, Señor.
Para que la Iglesia brille ante el mundo como casa de acogida y sembradora de esperanza. Roguemos al Señor. Bendito seas, Señor.
Para que los pobres y los que más sufren sientan consuelo mirando a María y sientan también nuestro apoyo y cercanía. Roguemos al Señor. Bendito seas, Señor.
Para que la devoción a María sea en espíritu y verdad y nos haga crecer en nuestra fe. Roguemos al Señor. Bendito seas, Señor.
Para que nuestra comunidad parroquial se disponga a vivir las actitudes de María: acogida y escucha a la llamada del Señor y solidaridad con los más necesitados. Hoy de modo especial con los inmigrantes. Roguemos al Señor. Bendito seas, Señor.
Ayúdanos, Padre, a superar el pecado en nosotros y en el mundo y vivir en libertad como hijos tuyos. Por Jesucristo, tu Hijo Nuestro Señor. Amén.
GESTO SIMBÓLICO.
Con el pan, el vino y la colecta podemos presentar unas flores, como evocación de María, la flor más hermosa.
ACCIÓN DE GRACIAS.
Bendita seas, Madre, porque viviste en la verdad, sin caer en el engaño
Bendita seas, María, porque viviste en la humildad sin dejarte cegar por el orgullo
Bendita seas, Virgen santa, porque viviste en la pobreza, sin sucumbir a la codicia
Bendita seas, Madre Inmaculada, porque viviste siempre en el amor, la fe y la esperanza.
Homilía de monseñor Juan Carlos Romanin, obispo de Río Gallegos e la misa celebrada con personas que participan de la Adoración Perpetua (Parroquia Sagrada Familia, Ushuaia, 29 de octubre de 2010). (AICA)
MISA CON ADORADORES
Queridos hermanos todos:
Estoy muy contento de poder compartir con ustedes esta Santa Misa. Escuchar los testimonios y ver cómo Dios los va acompañando en esta iniciativa de poder adorarlo a lo largo de todos los días de cada una de las semanas del año, me hace muy feliz como padre y como obispo de ustedes. ¡Gracias P. Marcelo y gracias a todos ustedes por este regalo que nos hacen a toda la Diócesis! Dios los premie en abundancia.
1. Jesús Eucaristía
Parece una fábula y, en cambio, es la verdad. Dios se ha hecho pan en Cristo. ¡Dios viene a nosotros oculto en un pedazo de pan!
La Eucaristía no es una cosa extraña: es la cosa más lógica del mundo, es la historia del amor más grande que se haya vivido en esta tierra por un hombre llamado Jesús.
Cuando miramos ese pan, cuando lo tenemos en nuestras manos, miramos y tenemos la pasión y muerte de Jesús por toda la humanidad. Ese pan y ese vino, “sangre derramada”, son la conmemoración de su muerte por nosotros. Son la proclamación de su resurrección, de la vida nueva que ya tenemos en nosotros. “Este es el pan bajado del cielo, no como el que comieron nuestros padres y murieron. El que come este pan vivirá eternamente.” (Jn 6, 57-58)
Jesús se ha hecho pan para ser partido, para ser compartido, comido. Se ha hecho nuestra comida para darnos vida, su misma vida divina. Nació en Belén, que en hebreo quiere decir “casa de pan”, y cuando comenzó a predicar a la multitud reveló que el Padre lo había mandado al mundo como “pan vivo bajado del cielo”, como “pan de vida”.
Por eso, en la adoración eucarística, recordamos la actuación de Jesús cuando comía con los excluidos e impuros, con los pobres y pecadores. Allí, recordamos la multiplicación de los panes y los peces en la que hubo pan para todos. Allí, entendemos que el pueblo de la nueva alianza es una fraternidad sin exclusiones. Allí, entendemos que los últimos tienen los primeros puestos. Allí, en la presencia eucarística, entendemos que es el Señor quien nos constituye en una nueva familia, en la nueva fraternidad.
Al recibirlo, al adorarlo, su vida circula entre nosotros. Su amor misericordioso se prolonga a través de cada uno de nosotros.
2. Capilla de adoración
Ya la tienen construida y es hermosa! Les deseo que sea espacio sagrado de amistad y de alianza. Que sea el lugar donde se reúnen los discípulos con el Maestro. Estoy convencido que es allí donde nace una nueva comunidad.
Tenemos necesidad de un “discipulado eucarístico”, de ser discípulos y misioneros de la Eucaristía, no sólo en la dimensión piadosa, sino también, como expresión del amor donado, del sacrificio y de la cruz, del amor martirial en lo cotidiano. La Capilla del Santísimo es escuela de oración y de servicio para los que quieren ser verdaderos discípulos y misioneros de Jesús.
Jesús Eucaristía desde ese lugar, fortalece la comunidad de los discípulos, y es, para la parroquia, una escuela de vida cristiana. Ayuda a crecer en santidad y a robustecer nuestra espiritualidad de comunión.
Desde allí Jesús nos sigue invitando a recorrer con Él el camino de los discípulos de Emaús. Se nos hace presente en medio nuestro como “compañero de camino”, comparte los acontecimientos de la vida, escucha con atención nuestros relatos, nos ayuda a entender lo sucedido, se queda con nosotros y se da a conocer. Es el Dios de la Vida que, en la Capilla del Santísimo, nos dice una vez más: “¡Levántate y come, porque todavía te queda mucho por andar!” (1 Rey 19,7)
3. Nosotros, adoradores
Somos sagrarios vivientes, felices de tener entre nosotros, y en nosotros, la presencia real del mismo Jesús.
Pero no somos solamente guardianes de sagrarios, sino también responsables del proyecto eucarístico de la Última Cena: “ámense los unos a los otros…”
Estamos llamados a ser servidores, a ser espacios sagrados, en relaciones fraternas y libres. Jesús se nos revela como el Maestro de amor y comunión. En la Última Cena nos enseñó a lavarnos los pies los unos a los otros.
Para entender y asimilar esto, hay que dilatar el corazón a la medida del corazón de Jesús. Reconocer su presencia siempre nueva y amar a cada prójimo como lo ama Dios.
Jesús Eucaristía y el amor al prójimo
“Así como basta una sola hostia consagrada de los millones de hostias que hay en la tierra para alimentarnos de Dios, para adorarlo y amarlo, del mismo modo basta un hermano, el que Dios pone a tu lado, para adorar y amar al Jesús que está vivo en cada prójimo y prolongar así cada una de nuestras Eucaristía.” (Chiara Lubich)
La Eucaristía está íntimamente unida a la caridad. La comunión con Cristo exige “la comunión” con los hermanos. “La Eucaristía ha sido instituida para que nos convirtamos en hermanos… para que de extraños, dispersos e indiferentes los unos de los otros, nos volvamos uno, iguales y amigos.” (Pablo VI). Es imposible separar el Cuerpo sacramental de Cristo de su Cuerpo “total”, del que nosotros y toda la humanidad formamos parte.
La Eucaristía es una comida que nos compromete. El amor fraterno es la prueba de la autenticidad de nuestras Eucaristías y de nuestros momentos de adoración. Ante el Santísimo Sacramento asumimos el compromiso de “hacernos pan”, de “ponernos al lado del otro”. Donde hay pan compartido allí está Dios.
Sin la caridad, la Eucaristía será siempre un culto vacío. Y la caridad sin la Eucaristía, se reducirá a una pura filantropía o acción social.
Hace unos meses, el Papa Benedicto XVI en su viaje a Malta, le decía a los jóvenes: “hemos de socorrer al pobre, al débil, al marginado. Tenemos que preocuparnos especialmente por los que pasan momentos de dificultad. Debemos atender a los discapacitados y hacer todo lo posible para promover la dignidad y la calidad de vida en todos los que precisan ayuda. Debemos prestar atención a las necesidades de los inmigrantes, de quienes están en situación de prostitución, tráfico y trata de personas y de quienes buscan asilo en nuestra tierra. Tender una mano amiga a creyentes y no creyentes. Es nuestra vocación del amor que hemos recibido…” (18 abril 2010)
Y el Santo Padre continua diciendo: “Este proceder cristiano tiene su fundamento en la muerte y en la resurrección de Jesús, que se hace presente cada vez que celebramos la Misa, en la que ofrece a todos la vida en abundancia.” (idem) En cada momento y espacio de adoración renovamos el compromiso de amarnos los unos a los otros como Jesús nos ha amado.
5. Con María, mujer eucarística
Hoy recordamos el cumpleaños de Mons. Eugenio Peyru, fundador de esta comunidad parroquial. Que él, entusiasta de la adoración eucarística, nos acompañe, desde el cielo, en la realización de su sueño de pastor.
Que la Santísima Virgen María, mujer eucarística en toda su vida, nos enseñe a caminar por nuestras calles como verdaderos sagrarios vivientes, felices de llevar en nosotros la presencia real del mismo Jesús. Y que Ella nos enseñe a descubrirlo oculto en la Eucaristía y en el rostro de cada persona que vive con nosotros.Mons. Juan
Carlos Romanin, sdb, obispo de Río Gallegos
ZENIT nos ofrece la homilía que el Papa Benedicto XVI pronunció hoy en la Misa de sufragio por los cardenales y obispos muertos durante este año, en el Altar de la Cátedra de la Basílica de San Pedro.
Señores cardenales,
queridos hermanos y hermanas,
“Si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de allá arriba”. Las palabras que hemos escuchado hace poco en la segunda lectura (Col 3,1-4) nos invitan a elevar la mirada a las realidades celestes. De hecho, con la expresión “las cosas de arriba” san Pablo entiende el Cielo, porque añade: “donde se encuentra Cristo sentado a la derecha de Dios”. El Apóstol pretende referirse a la condición de los creyentes, de aquellos que están “muertos” al pecado y cuya vida “está escondida con Dios en Cristo”. Estos son llamados a vivir diariamente en el señorío de Cristo, principio y cumplimiento de cada una de sus acciones, dando testimonio la vida nueva que les fue dada en el Bautismo. Esta renovación en Cristo tiene lugar en lo íntimo de la persona: mientras continua la lucha contra el pecado, es posible progresar en la virtud, intentando dar una respuesta plena y dispuesta a la Gracia de Dios.
Como antítesis, el Apóstol señala después a “las cosas de la tierra”, poniendo de manifiesto así que la vida en Cristo comporta una “elección de campo”, una renuncia radical a todo aquello que – como lastre – tiene atado al hombre a la tierra, corrompiendo su alma. La búsqueda de las “cosas de arriba” no quiere decir que el cristiano tenga que descuidar sus propias obligaciones y deberes terrenos, sólo que no debe extraviarse en ellos, como si tuvieran un valor definitivo. El recuerdo de las realidades del Cielo es una invitación a reconocer la relatividad de lo que está destinado a pasar, frente a esos valores que no conocen el deterioro del tiempo. Se trata de trabajar, de comprometerse, de concederse el justo descanso, pero con el sereno desapego de quien sabe que es sólo un viandante en camino hacia la Patria celeste; un peregrino; en un cierto sentido, un extranjero hacia la eternidad.
A este fin último han llegado ya los llorados cardenales Peter Seiichi Shirayanagi, Cahal Brendan Daly, Armand Gaétan Razafindratandra, Thomáš špidlik, Paul Augustin Mayer, Luigi Poggi; como también los numerosos arzobispos y obispos que nos han dejado en el transcurso de este último año. Queremos recordarles con sentimientos de afecto, dando gracias a Dios por sus dones distribuidos a la Iglesia precisamente a través de estos Hermanos nuestros que nos han precedido en el signo de la fe y ahora duermen el sueño de la paz. Nuestro agradecimiento se convierte en oración de sufragio por ellos, para que el Señor les acoja en la bienaventuranza del Paraíso. Ofrecemos esta Santa Eucaristía por sus almas elegidas, reuniéndonos en torno al Altar, sobre el que se hace presente el Sacrificio que proclama la victoria de la Vida sobre a muerte, de la Gracia sobre el pecado, del Paraíso sobre el infierno.
A estos venerados Hermanos nuestros queremos recordarles como Pastores celosos, cuyo ministerio estuvo siempre marcado por el horizonte escatológico que anima la esperanza en la felicidad sin sombras que se nos ha prometido después de esta vida; como testigos del Evangelio llamados a vivir las “cosas de arriba”, que son fruto del Espíritu: “amor, alegría, paz, magnanimidad, benevolencia, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de si” (Gal5,22); como cristianos y Pastores animados por fe profunda, por el vivo deseo de conformarse a Jesús y de adherirse íntimamente a su Persona, contemplando incesantemente su rostro en la oración. Por esto ellos pudieron pregustar la “vida eterna”, de la que habla la página del Evangelio de hoy (Jn 3,13-17) y que Cristo mismo prometió a “el que crea en él”. La expresión “vida eterna”, de hecho, designa el don divino concedido a la humanidad: la comunión con Dios en este mundo y su plenitud en el futuro.
La vida eterna se nos abrió por el Misterio Pascual de Cristo y la fe es la vía para alcanzarla. Es cuando se desprende de las palabras de Jesús a Nicodemo y recogidas por el evangelista Juan: “De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en él tengan Vida eterna” (Jn 3,14-15). Aquí está la referencia explícita al episodio narrado en el libro de los Números (21,1-9), que pone de relieve la fuerza salvífica de la fe en la palabra divina. Durante el éxodo, el pueblo hebreo se había rebelado contra Moisés y contra Dios, y fue castigado con la plaga de las serpientes venenosas. Moisés pidió perdón, y Dios, aceptando el arrepentimiento de los israelitas, les ordenó: “Fabrica una serpiente abrasadora y colócala sobre un asta. Y todo el que haya sido mordido, al mirarla, quedará curado”. Y así sucedió. Jesús, en la conversación con Nicodemo, revela el sentido más profundo de ese acontecimiento de salvación, remitiéndolo a su propia muerte y resurrección: el Hijo del hombre debe ser levantado en el leño de la Cruz para que quien crea en Él tenga la vida. San Juan ve precisamente en el misterio de la Cruz el momento en el que se revela la gloria real de Jesús, la gloria de un amor que se entrega totalmente en la pasión y muerte. Así la Cruz, paradójicamente, de signo de condenación, de muerte, de fracaso, se convierte en signo de redención, de vida, de victoria, en el que, con mirada de fe, se pueden recoger los frutos de la salvación.
Continuando el diálogo con Nicodemo, Jesús profundiza ulteriormente el sentido salvífico de la Cruz, revelando con cada vez mayor claridad que éste consiste en el inmenso amor de Dios y en el don del Hijo unigénito: “Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo unigénito”. Esta es una de las palabras centrales del Evangelio. El sujeto es Dios Padre, origen de todo el misterio creador y redentor. Los verbos "amar" y "entregar" indican un acto decisivo y definitivo que expresa la radicalidad con que Dios se acercó al hombre en el amor, hasta el don total, hasta el umbral de nuestra soledad última, arrojándose en el abismo de nuestro extremo abandono, atravesando la puerta de la muerte. El objeto y el beneficiario del amor divino es el mundo, es decir, la humanidad. Es una palabra que borra completamente la idea de un Dios lejano y extraño al camino del hombre, y revela, más bien, su verdadero rostro: Él nos entregó a su Hijo por amor, para ser el Dios cercano, para hacernos sentir su presencia, para venir a nuestro encuentro y llevarnos en su amor, de manera que toda la vida sea animada por este amor divino. El Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y entregar la vida. Dios no se adueña, sino que ama sin medida. No manifiesta su omnipotencia en el castigo, sino en la misericordia y en el perdón. Comprender todo esto significa entrar en el misterio de la salvación: Jesús vino para salvar y no para condenar; con el Sacrificio de la Cruz él revela el rostro de amor de Dios. Y precisamente por la fe en el amor sobreabundante que se nos ha dado en Cristo Jesús, sabemos que incluso la más pequeña fuerza de amor es más grande que la mayor fuerza destructora y puede transformar el mundo, y por esta misma fe podemos tener una “esperanza fiable”, en la vida eterna y en la resurrección de la carne.
Queridos hermanos y hermanas, con las palabras de la primera lectura, tomada del libro de las Lamentaciones, pedimos que los cardenales, los arzobispos y los obispos, a quienes hoy recordamos, generosos servidores del Evangelio y de la Iglesia, puedan ahora conocer plenamente “qué bueno es el Señor con quien espera en él, con el alma que le busca”y experimentar que “porque en él se encuentra la misericordia y la redención en abundancia” (Sal 129). Y nosotros, peregrinos en camino hacia la Jerusalén celeste, esperamos en silencio, con firme esperanza, la salvación del Señor (cfr Lam 3,26), intentando caminar en el camino del bien, sostenidos por la gracia de Dios, recordando siempre que “no tenemos aquí una ciudad estable, sino que vamos en busca de la futura” (Hb 13,14). Amén.
[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]
ZENIT nos ofrece el texto del Mensaje que el Papa Benedicto XVI ha dirigido al presidente del Consejo Pontificio “Justicia y Paz”, cardenal Peter Kodwo Appiah Turkson, con ocasión de la Asamblea Plenaria de este dicasterio.
Al Venerado Hermano
cardenal PETER KODWO APPIAH TURKSON
Presidente del Consejo Pontificio “Justicia y Paz”
1. Con ocasión de la Asamblea Plenaria, deseo ante todo dar gracias al dicasterio por su múltiple empeño en ayudar a toda la Iglesia, particularmente a esta Sede Apostólica, en una renovada evangelización de lo social, a comienzos del tercer milenio. No solo las personas individuales, sino los pueblos y la gran familia humana esperan – frente a injusticias y fuertes desigualdades – palabras de esperanza, plenitud de vida, el señalamiento de Aquel que puede salvar a la humanidad de sus males radicales.
2. Como recordaba en mi Encíclica Caritas in veritate – siguiendo las huellas del Siervo de Dios Pablo VI – el anuncio de Jesucristo es “el primer y principal factor de desarrollo” (n. 8). Gracias a este, de hecho, se puede caminar en la vía del crecimiento humano integral con el ardor de la caridad y la sabiduría de la verdad en un mundo en el que, a menudo, la mentira acecha al hombre, a la sociedad, a la participación. Es viviendo la “caridad en la verdad” como podremos ofrecer una mirada más profunda para comprender las grandes cuestiones sociales e indicar algunas perspectivas esenciales para su solución en sentido plenamente humano. Solo con la caridad sostenida por la esperanza e iluminada por la luz de la fe y de la razón, es posible conseguir objetivos de liberación integral del hombre y de justicia universal. La vida de las comunidades y de cada uno de los creyentes, alimentada por la asidua meditación de la Palabra de Dios, por la regular participación en los sacramentos y por la comunión con la Sabiduría que viene de lo alto, crece en su capacidad de profecía y de renovación de las culturas y de las instituciones públicas. Los ethos de los pueblos pueden así gozar de un fundamento verdaderamente sólido, que refuerza el consenso social y sustenta las reglas procedimentales. El compromiso de construcción de la ciudad se apoya en las conciencias guiadas por el amor a Dios y, por esto, naturalmente orientadas hacia el objetivo de una vida buena, estructurada sobre el primado de la trascendencia. Caritas in veritate in re sociali: así me ha parecido oportuno describir la doctrina social de la Iglesia (cfr. ibid., n. 5), según su enraizamiento más auténtico – Jesucristo, la vida trinitaria que Él nos da – y según toda su fuerza capaz de transfigurar la realidad. Tenemos necesidad de esta enseñanza social, para ayudar a nuestras civilizaciones y a nuestra propia razón humana a captar toda la complejidad de la realidad y la grandeza de la dignidad de toda persona. El Compendio de la doctrina social de la Iglesia ayuda, precisamente en este sentido, a entrever la riqueza de la sabiduría que viene de la experiencia de comunión con el Espíritu de Dios y de Cristo y de la acogida sincera del Evangelio.
3. En la Encíclica Caritas in veritate señalé problemas fundamentales que afectan al destino de los pueblos y de las instituciones mundiales, además de a la familia humana. El ya próximo aniversario de la encíclica Mater et magistra del Beato Juan XXIII nos invita a considerar con constante atención los desequilibrios sociales, sectoriales, nacionales, entre recursos y poblaciones pobres, entre técnica y ética. En el actual contexto de globalización, estos desequilibrios no han desaparecido. Han cambiado los sujetos, las dimensiones de las problemáticas, pero la coordinación entre los Estados – a menudo inadecuado, porque está orientado a la búsqueda de un equilibrio de poder, más que a la solidaridad – deja espacio a renovadas desigualdades, al peligro del predominio de grupos económicos y financieros que dictan – y pretenden hacerlo continuamente – la agenda de la política, en menoscabo del bien común universal.
4. Respecto a una cuestión social cada vez más interconectada en sus diversos ámbitos, parece de particular urgencia el compromiso en la formación del laicado católico en la doctrina social de la Iglesia. De hecho es precisamente de los fieles laicos el deber inmediato de trabajar por un orden social justo. Éstos, como ciudadanos libres y responsables, deben comprometerse para promover una recta configuración de la vida social, en el respeto d la legítima autonomía de las realidades terrenas. La doctrina social de la Iglesia representa así la referencia esencial para el proyecto y la acción social de los fieles laicos, además de para una espiritualidad vivida propia, que se nutra y se encuadre en la comunión eclesial: comunión de amor y d verdad, comunión en la misión.
5. Los christifideles laici, sin embargo, precisamente porque toman energías e inspiraciones de la comunión con Jesucristo, viviendo integrado con los demás componentes eclesiales, deben encontrar a su lado a sacerdotes y obispos capaces de ofrecer una incansable obra de purificación de las conciencias, junto un un apoyo indispensable y ayuda espiritual al testimonio coherente de los laicos en lo social. Por ello, es de fundamental importancia una comprensión profunda de la doctrina social de la Iglesia, en armonía con todo su patrimonio teológico y fuertemente arraigada en la afirmación de la dignidad trascendente del hombre, en la defensa de la vida humana desde su concepción hasta su muerte natural y de la libertad religiosa. Comprendida así, la doctrina social debe inscribirse también en la preparación pastoral y cultural de aquellos que, en la comunidad eclesial, son llamados al sacerdocio. Es necesario preparar fieles laicos capaces de dedicarse al bien común, especialmente en los ámbitos más complejos como el mundo de la política, pero es urgente tener también Pastores que, con su ministerio y carisma, sepan contribuir a la animación y a la irradiación, en la sociedad y en las instituciones, de una vida buena según el Evangelio, en el respeto de la libertad responsable de los fieles y de su propio papel de Pastores, que en estos ámbitos tienen una responsabilidad mediata. La ya citada Mater et magistra proponía, hace casi 50 años, una verdadera y propia movilización, según caridad y verdad, por parte de todas las asociaciones, los movimientos, las organizaciones católicas y de inspiración cristiana, para que todos los fieles, con compromiso, libertad y responsabilidad, estudiaran, difundieran y llevaran a cabo la doctrina social de la Iglesia.
6. Mi deseo es, por tanto, que el Consejo Pontificio “Justicia y Paz” continúe en su obra de ayuda a la comunidad eclesial y a todos sus componentes. El dicasterio debe seguir por tanto esta obra no sólo en la elaboración de nuevas actualizaciones de la doctrina social de la Iglesia, sino también de su experimentación, con ese método de discernimiento que indiqué en la Caritas in veritate, según la cual, viviendo en la comunión de Jesucristo y entre nosotros, somos “encontrados” sea por la Verdad de la salvación, sea por la verdad de un mundo que no ha sido creado por nosotros, sino que se nos ha dado como casa que compartir en la fraternidad. Con el fin de globalizar la doctrina social de la Iglesia, parece oportuno que crezcan Centros e Institutos para su estudio, difusión y realización en todo el mundo.
7. Tras la promulgación del Compendio y de la encíclica Caritas in veritate, es natural que el Consejo Pontificio “Justicia y Paz” se dedique a la profundización de los elementos de novedad y, en colaboración con otros sujetos, a la búsqueda de los caminos más adecuados para vehicular los contenidos de la doctrina social, no solo de los itinerarios tradicionales formativos y educativos cristianos de todo orden y grado, sino también de los grandes centros de formación del pensamiento mundial – como los grandes órganos de la prensa laica, las universidades y los numerosos centros de reflexión económica y social – que en los últimos tiempos se han desarrollado en cada rincón del mundo.
8. Que la Virgen María, honrada por el pueblo cristiano como Speculum iustitiae y Regina pacis, nos proteja y nos obtenga con su celeste intercesión la fuerza, la esperanza y la alegría necesarias para que sigamos dedicándonos con generosidad a la realización de una nueva evangelización de lo social.
Al expresar una vez más mi agradecimiento por la obra que lleva a cabo el dicasterio en todos sus componentes, auguro un trabajo fructífero y os imparto de buen grado la Bendición Apostólica.
En el Vaticano, 3 de noviembre de 2010
BENEDICTUS PP. XVI
[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]
ZENIT reproduce el mensaje que el secretario de Estado vaticano, cardenal Tarcisio Bertone, ha hecho llegar en nombre del Papa Benedicto XVI al cardenal Jaime Ortega, arzobispo de La Habana, con motivo de la inauguración del nuevo seminario diocesano.
Señor cardenal Jaime Lucas Ortega y Alamino,
arzobispo de San cristóbal de La Habana,
al abrirse la nueva sede del seminario arquidiocesano “San Carlos y San Ambrosio”, de La Habana, Su Santidad Benedicto XVI saluda cordialmente a los pastores y fieles congregados en esa feliz circunstancia, así como a los formadores y seminaristas, pidiendo a Dios que este acto solemne sea al mismo tiempo signo y aliciente de un renovado vigor en el compromiso de velar por una esmerada preparación humana, espiritual y académica de los que en esa institución caminan hacia el ministerio sacerdotal. Asimismo, el Papa los invita a identificarse cada día más con los sentimientos de Cristo, buen pastor, por medio de la oración asidua, la seria aplicación al estudio, la escucha humilde de su divina palabra, la digna celebración de los sacramentos y el testimonio audaz de su amor como auténticos discípulos y misioneros del evangelio de la salvación.
Con estos vivos deseos, el Santo Padre, a la vez que confía a toda la comunidad de esa institución docente a la protección de la santísima Virgen María, que bajo el título de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre es invocada con fervor en la amada nación cubana, les imparte de corazón una especial bendición apostólica, que complacido extiende a todos los que generosamente han contribuido a la construcción del nuevo edificio y a los participantes en la celebración inaugural.
Cardenal Tarcisio Bertone
Secretario de Estado de Su Santidad
Libreria Editrice Vaticana]
ZENIT nos ofrece el mensaje que el Papa envió al arzobispo de Milán, el cardenal Dionigi Tettamanzi, con motivo de la celebración del IV centenario de la canonización de san Carlos Borromeo, hecho público el jueves, 4 de Noviembre de 2010, por la Oficina de Información de la Santa Sede.
Al venerado Hermano
Cardenal DIONIGI TETTAMANZI
Arzobispo de Milán
Lumen caritatis. La luz de la caridad de san Carlos Borromeo ha iluminado a toda la Iglesia y, renovando los prodigios del amor de Cristo, nuestro Sumo y Eterno Pastor, ha traído nueva vida y nueva juventud al rebaño de Dios, que atravesaba tiempos dolorosos y difíciles. Por eso me uno de todo corazón a la alegría de la Arquidiócesis ambrosiana al conmemorar el cuarto centenario de la canonización de este gran Pastor, acaecida el 1 de noviembre de 1610.
1. La época en la que vivió Carlos Borromeo fue también delicada para la Cristiandad. En ella el Arzobispo de Milán dio un ejemplo espléndido de lo que significa trabajar por la reforma de la Iglesia. Muchos eran los desórdenes por sancionar, muchos los errores por corregir, muchas las estructuras por renovar; y sin embargo san Carlos hizo todo lo posible por una profunda reforma de la Iglesia, empezando por su propia vida. Es consigo mismo, de hecho, como el joven Borromeo promueve la primera y más radical obra de renovación. Su carrera había empezado de una manera prometedora según los cánones del momento: para el hijo pequeño de la noble familia Borromeo se proyectaba un futuro de bienestar y de éxito, una vida eclesiástica rica en honores, pero privada de tareas ministeriales; a ello se añadía también la posibilidad de asumir la guía de la familia tras la muerte imprevista del hermano Federico.
Sin embargo, Carlos Borromeo, iluminado por la Gracia, estuvo atento a la llamada con la que el Señor lo atraía para sí y lo quería consagrar al servicio de su pueblo. Así fue capaz de obrar un cambio radical y heroico de los estilos de vida característicos de su dignidad mundana y de dedicarse por entero al servicio de Dios y de la Iglesia. En tiempos oscurecidos por numerosas pruebas para la Comunidad cristiana, con divisiones y confusiones doctrinales, con el empañamiento de la pureza de la fe y de las costumbres y con el mal ejemplo de varios ministros sagrados, Carlos Borromeo no se limitó a deplorar o a condenar, ni simplemente a auspiciar el cambio en los demás, sino que empezó a reformar su propia vida, que, una vez abandonadas las riquezas y las comodidades, se llenó de oración, de penitencia y de dedicación amorosa a su pueblo. San Carlos vivió de manera heroica las virtudes evangélicas de la pobreza, la humildad y la castidad, en un continuo camino de purificación ascética y de perfección cristiana.
Él era consciente de que una reforma seria y creíble debía empezar precisamente por los Pastores, para que tuviera efectos beneficiosos y duraderos en todos el Pueblo de Dios. En esa acción de reforma supo recurrir a las fuentes tradicionales y siempre vivas de la santidad de la Iglesia católica: la centralidad de la Eucaristía, en la que reconocía y proponía de nuevo la presencia adorable del Señor Jesús y de su Sacrificio de amor por nuestra salvación; la espiritualidad de la Cruz, como fuerza renovadora, capaz de inspirar el ejercicio cotidiano de las virtudes evangélicas; la frecuencia asidua de los Sacramentos, en los que acoger con fe la acción misma de Cristo que salva y purifica a su Iglesia; la Palabra de Dios, meditada, leída e interpretada en el cauce de la Tradición; el amor y la devoción al Sumo Pontífice, en la obediencia pronta y filial a sus indicaciones, como garantía de verdadera y plena comunión eclesial.
De su vida santa y conformada cada vez más a Cristo nace también la extraordinaria obra de reforma que san Carlos realizó en las estructuras de la Iglesia, en total fidelidad al mandato del Concilio de Trento. Admirable fue su obra de guía del Pueblo de Dios, de meticuloso legislador, de genial organizador. Todo esto, sin embargo, sacaba fuerza y fecundidad del compromiso personal de penitencia y de santidad. En todas las épocas, de hecho, es ésta la exigencia primera y más urgente en la Iglesia: que cada uno de sus miembros se convierta a Dios. Tampoco le faltan en nuestros días a la Comunidad eclesial pruebas ni sufrimientos, y ella se muestra necesitada de purificación y de reforma. Que el ejemplo de san Carlos nos impulse a empezar siempre desde un serio compromiso de conversión personal y comunitaria, a transformar los corazones, creyendo con firme certeza en el poder de la oración y de la penitencia. Aliento particularmente a los ministros sagrados, presbíteros y diáconos, a hacer de su vida un valiente camino de santidad, a no temer la exaltación de ese amor confiado en Cristo por el que el Obispo Carlos estuvo dispuesto a olvidarse a sí mismo y a dejarlo todo. Queridos hermanos en el ministerio, ¡que la Iglesia ambrosiana pueda encontrar siempre en vosotros una fe limpia y una vida sobria y pura, que renueven el ardor apostólico que perteneció a san Ambrosio, a san Carlos y a tantos santos Pastores vuestros!
2. Durante el episcopado de san Carlos, toda su vasta Diócesis se sintió contagiada por una corriente de santidad que se propagó a todo el pueblo. ¿Cómo este Obispo, tan exigente y riguroso, logró fascinar y conquistar al pueblo cristiano? Es fácil responder: san Carlos lo iluminó y lo arrastró con el ardor de su caridad. “Deus caritas est”, y donde existe la experiencia viva del amor, se revela el rostro profundo de Dios que nos atrae y nos hace suyos.
La de san Carlos Borromeo fue sobre todo la caridad del Buen Pastor, que está dispuesto a dar totalmente su vida por el rebaño confiado a su cuidado, anteponiendo las exigencias y los deberes del ministerio a cualquier forma de interés personal, comodidad o ventaja. Así el Arzobispo de Milán, fiel a las indicaciones tridentinas, visitó varias veces la inmensa Diócesis hasta los lugares más remotos, cuidó de su pueblo nutriéndolo continuamente con los Sacramentos y con la Palabra de Dios, mediante una rica y eficaz predicación; nunca tuvo miedo de afrontar adversidades ni peligros para defender la fe de los sencillos y los derechos de los pobres.
San Carlos fue reconocido, luego, como verdadero padre amoroso de los pobres. La caridad le empujó a despojarse de su casa misma y a dar sus mismos bienes para proveer a los indigentes, para sostener a los hambrientos, para vestir y confortar a los enfermos. Fundó instituciones encaminadas a la asistencia y a la recuperación de las personas necesitadas; pero su caridad con los pobres y los que sufren brilló de manera extraordinaria durante la peste del 1576, cuando el santo Arzobispo quiso permanecer en medio de su pueblo, para alentarlo, para servirlo y para defenderlo con las armas de la oración, de la penitencia y del amor.
La caridad, además, empujó al Borromeo a hacerse educador auténtico e ingenioso. Lo fue para su pueblo con las escuelas de la doctrina cristiana. Lo fue para el clero con la institución de los seminarios. Lo fue para los niños y los jóvenes con particulares iniciativas dirigidas a ellos y con el aliento para fundar congregaciones religiosas y cofradías laicales dedicadas a la formación de la infancia y de la juventud.
La caridad siempre fue la motivación profunda de la dureza con la que san Carlos vivía el ayuno, la penitencia y la mortificación. Para el santo Obispo no se trataba sólo de prácticas ascéticas dirigidas a la propia perfección espiritual, sino de un verdadero instrumento de ministerio para expiar las culpas, invocar la conversión de los pecadores e interceder por las necesidades de sus hijos.
En toda su existencia podemos por tanto contemplar la luz de la caridad evangélica, la caridad paciente y fuerte que “todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (1Cor 13,7). Doy gracias a Dios porque la Iglesia de Milán ha sido siempre rica en vocaciones particularmente consagradas a la caridad; alabo al Señor por los espléndidos frutos de amor a los pobres, de servicio a los que sufren y de atención a los jóvenes de los que puede estar orgullosa. Que el ejemplo y la oración de san Carlos os conceda ser fieles a esta herencia, de manera que cada bautizado sepa vivir en la sociedad de hoy esa profecía fascinante que es, en toda época, la caridad de Cristo viviente en nosotros.
3. No se podría comprender, sin embargo, la caridad de san Carlos Borromeo si no se conoce su relación de amor apasionado con el Señor Jesús. Este amor él lo contempló en los santos misterios de la Eucaristía y de la Cruz, venerados en unión muy estrecha con el misterio de la Iglesia. La Eucaristía y el Crucifijo sumergieron a san Carlos en la caridad de Cristo, y ésta transfiguró y encendió de ardor toda su vida, llenó las noches pasadas en oración, animó toda su acción, inspiró la solemnes liturgias celebradas con el pueblo, conmovió su fino ánimo hasta llevarlo a menudo a las lágrimas.
La mirada contemplativa al santo Misterio del Altar y al Crucifijo despertaba en él sentimientos de compasión por las miserias de los hombres y encendía en su corazón el celo apostólico de llevar a todos el anuncio evangélico. Por otra parte, sabemos bien que no hay misión en la Iglesia que no se derive del “permanecer” en el amor del Señor Jesús, que se nos ha hecho presente en el Sacrificio eucarístico. ¡Entremos en la escuela de este gran Misterio! Hagamos de la Eucaristía el verdadero centro de nuestras comunidades y dejémonos educar y plasmar por este abismo de caridad! ¡Toda obra apostólica y caritativa tomará vigor y fecundidad de esta fuente!
4. La espléndida figura de san Carlos me sugiere una última reflexión dirigida, en particular, a los jóvenes. La historia de este gran Obispo, de hecho, está toda decidida por algunos valientes “sí” pronunciados cuando todavía era muy joven. Con sólo 24 años tomó la decisión de renunciar a guiar a la familia para responder con generosidad a la llamada del Señor; al año siguiente recibió como una verdadera misión divina la ordenación sacerdotal y la episcopal. A los 27 años tomó posesión de la Diócesis ambrosiana y se dedicó por entero al ministerio pastoral. En los años de su juventud, san Carlos comprendió que la santidad era posible y que la conversión de su vida podía vencer a cualquier hábito adverso. Así él hizo de su juventud un don de amor a Cristo y a la Iglesia, convirtiéndose en un gigante de la santidad de todos los tiempos.
Queridos jóvenes, dejad que os renueve esta llamada que llevo en el corazón: Dios os quiere santos, porque os conoce en lo profundo y os ama con un amor que supera toda comprensión humana. Dios sabe lo que hay en vuestro corazón y espera ver florecer y fructificar ese don maravilloso que ha puesto en vosotros. Como san Carlos, también vosotros podéis hacer de vuestra juventud una ofrenda a Cristo y a los hermanos. Como él, podéis decidir, en esta etapa de vuestra vida, “apostar” por Dios y por el Evangelio. Vosotros, queridos jóvenes, no sois sólo la esperanza de la Iglesia; ¡vosotros ya formáis parte de su presente! Y si tenéis la audacia de creer en la santidad, seréis el tesoro más grande de vuestra Iglesia ambrosiana, que se ha edificado sobre Santos.
Con alegría Le confío, venerado Hermano, estas reflexiones, y, mientras invoco la celeste intercesión de san Carlos Borromeo y la constante protección de María Santísima, de corazón Le imparto a Usted y a toda la Arquidiócesis una especial Bendición Apostólica.
En el Vaticano, 1 de noviembre de 2010, IV Centenario de la Canonización de san Carlos Borromeo.
BENEDICTUS PP. XVI
[Traducción del original italiano por Patricia Navas
©Libreria Editrice Vaticana]
Homilía de monseñor Luis T. Stöckler, obispo de Quilmes, para el 31º domingo durante el año (31 de octubre de 2010. (AICA)
La visita de Jesús a la casa de Zaqueo es una hermosa enseñanza de cuánto Dios nos ama. Alojarse en la casa de un hombre considerado inmoral por los conciudadanos, implicaba exponerse a los mismos prejuicios y ser considerado cómplice de un explotador que colaboraba con los imperialistas romanos. Pero el que ama es libre y no se deja amedrentar por lo que la gente pueda pensar. Jesús responde al deseo íntimo de Zaqueo que quería ver y conocerlo. Porque las riquezas que había adquirido, probablemente de manera indebida, no podían satisfacer su verdadera necesidad como persona. La entrada de Jesús en su casa y su reconocimiento como un hijo de Abraham le provocaron un cambio profundo. Al recibir al Señor descubre su propia identidad. Espontáneamente promete compartir sus bienes con los pobres y llega así a ser lo que su nombre “Zaqueo” significa: “puro”.
Esta escena es un consuelo para todos los que nos hemos equivocado y no estamos conformes con nosotros mismos; y es una interpretación ejemplar de la primera Lectura, que viene del libro de la Sabiduría. “Dios ama todo lo que existe y no aborrece nada de lo que ha hecho”. Saber que, a pesar de nuestros yerros, Dios nunca se desentiende de sus criaturas y que podemos decir confiadamente: “Tú eres indulgente con todos, ya que todo es tuyo, Señor que amas la vida”, nos preserva de caer en la desesperación. Si no nos damos cuenta de nuestra real situación, el Señor nos reprende poco a poco y nos amonesta recordándonos los pecados, para que nos apartemos del mal y creamos en Él. Si reconocemos nuestra fragilidad y acudimos al lugar por donde pasa del Señor, como lo hizo Zaqueo, Él entrará también en nuestra casa y nos reconoce como hijos de Abraham. Y al encontrarnos con Él, descubrimos el sentido de nuestra vida.
La misma Palabra nos enseña a liberarnos de nuestros prejuicios, por los cuales solemos catalogar y descalificar a los demás. Alguien que ha tomado conciencia de que Dios lo ama, no necesita compararse con los otros para afirmar su propio valor. El verdadero amor propio se funda en el valor que nos da Dios. Es esto lo que nos ha enseñado Jesús. Y el que se valora a sí mismo por sentirse amado por Dios, descubre también lo que Dios está obrando en los demás, y no resulta entonces difícil amar al prójimo como a sí mismo. Por el contrario, uno se siente enriquecido por la presencia de los demás que son un regalo de Dios para nosotros. El que ama no cierra los ojos sino conoce las limitaciones del otro; pero al saber que es criatura amada por Dios, su mirada se hace más profunda y cree en el cambio, si se encuentra con Jesús.
Esta convicción expresamos cada vez que nos acercamos a la mesa eucarística. Por eso decimos: “Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme”.
Mons. Luis T. Stöckler, obispo de Quilmes
Homilía de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para el 31º domingo durante el año (31 de octubre de 2010). (AICA)
Hace tiempo nos venimos preparando para celebrar el 21 de noviembre una nueva peregrinación de nuestra Diócesis y de la región al Centro de espiritualidad de “Loreto”. Este año con la memoria de los 400 años de su primera fundación en el Guayrá, junto a otras reducciones, y con la venida del corazón de San Roque González que visitará nuestra Diócesis y estará el 21 y 22 en Loreto. A las 9 horas el domingo 21 en la Santa Misa que celebraremos nos reuniremos de las distintas parroquias, ciudades y pueblos, peregrinos que irán a pie, sobre todo los jóvenes, los ciclistas, en colectivos y autos… llegaremos para agradecer la memoria de la evangelización, de nuestros Mártires de las Misiones, y pediremos por el presente y futuro de nuestra provincia y Nación en este bicentenario. Ese domingo a la mañana suspenderemos todas las Misas de la Diócesis, concentrándonos en “Loreto”. Desde ya como Obispo y Pastor pido que esta peregrinación implique en todos nosotros renovar nuestro compromiso con Jesucristo y con su Iglesia para ser los discípulos y misioneros que nuestra tierra colorada necesita en este inicio del siglo XXI.
El Evangelio de este domingo nos presenta la conversión de Zaqueo (Lc. 19,1-10). San Lucas nos vuelve a presentar a un publicano de nombre Zaqueo. Seguramente un hombre poco escrupuloso en los negocios y el texto nos dice que tenía muchas riquezas y que era el jefe de los publicanos. Zaqueo deseó la conversión y Jesús miró su corazón: “Señor, ahora mismo voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres, y si he perjudicado a alguien, le daré cuatro veces más” (Lc.19,8). El Señor no tuvo reparo en alojarse en su casa, comunicándole que le había llegado la Salvación.
En algunas oportunidades escuchamos expresiones como: “Este hombre es imposible que cambie”. Seguramente si profundizamos en el fundamento de semejante afirmación podremos captar algunas de sus razones, su historia personal y familiar, un pasado turbulento, la dureza de corazón,… Sin embargo, tenemos que responder categóricamente, que cerrar la posibilidad de cambio o conversión a una persona es un error y por supuesto no es cristiano. Todo hombre o mujer, por más que hayan cometido el peor de los delitos o tengan los peores pecados, pueden convertirse a Dios y cambiar sus actitudes con sus hermanos y esto hasta el último minuto de su vida.
Al comentar este relato de la conversión de Zaqueo, no dudo en señalar la aplicación de este texto no solo a nuestra situación personal, sino a la necesidad siempre de plantearnos la conversión de nuestra sociedad, de las personas y estructuras, a una mayor conciencia moral que tenga en cuenta sobre todo una verdadera ética ciudadana, que se encamine desde actitudes egoístas, hacia la globalización de la solidaridad.
En Aparecida cuando habla sobre la globalización señala: “La globalización es un fenómeno complejo que posee diversas dimensiones (económicas, políticas, culturales, comunicacionales, etc.). Para su justa valoración, es necesaria una comprensión analítica y diferenciada que permita detectar tanto sus aspectos positivos como negativos. Lamentablemente, la cara más extendida y exitosa de la globalización es su dimensión económica, que se sobrepone y condiciona las otras dimensiones de la vida humana… Conducida por una tendencia que privilegia el lucro y estimula la competencia, la globalización sigue una dinámica de concentración de poder y de riquezas en manos de pocos, no solo recursos físicos y monetarios, sino sobre todo de la información y de los recursos humanos, lo que produce exclusión…” (61-62). “Por ello frente a esta forma de globalización, sentimos un fuerte llamado para promover una globalización diferente que esté marcada por la solidaridad, por la justicia y por el respeto a los derechos humanos, haciendo de América Latina el continente del amor” (64)
La conversión de Zaqueo, el publicano enriquecido injustamente, así como el mejoramiento de nuestra conciencia social y ética ciudadana y solidaria, nos permitirán ahondar en una inclusión social más consistente. El jefe de los publicanos, Zaqueo, percibió que la salvación llegaba convirtiéndose a Dios y tratando de reparar sus pecados, sobre todo percibió la mirada misericordiosa de Jesucristo. Los cristianos debemos sabernos responsables de trabajar por globalizar la solidaridad construyendo en esperanza.
¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo!
Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas
Homilía del Presidente del Pontificio Consejo para la Pastoral de los Migrantes y los Itinerantes, el Arzobispo Antonio M. Vegliò, durante la Santa Misa que ha celebrado en Bogotá como clausura del Encuentro Continental Latino-americano de Pastoral sobre las Migraciones, que se ha celebrado en la capital de Colombia, del 17 al 20 de noviembre, sobre el tema “Por una mejor pastoral de las migraciones económicas y forzadas en América Latina y en el Caribe”. El encuentro está organizado por el Consejo Pontificio en colaboración con la Sección para la Movilidad Humana del Consejo Episcopal Latino-Americano (CELAM). (Fides)
Encuentro Continental LatinoAmericano sobre las Migraciones
Homilía
(Bogotá, Colombia, 17-21 Noviembre 2010)
S.E. Mons. Antonio María VEGLIÒ
Presidente del Pontificio Consejo
para la Pastoral de los Migrantes y los Itinerantes
Queridos hermanos en el Episcopado, en el sacerdocio y fieles todos,
Me alegra poder presidir esta celebración eucarística y de rezar junto a ustedes al Señor, esperando que nuestro trabajo apostólico en favor de las migraciones económicas y forzadas en Latinoamérica tenga una implicancia positiva.
Hemos escuchado el relato evangélico en el que Jesús se encuentra en el Templo, para anunciar la Buena Noticia, sin apoyarse en esta ocasión en ningún milagro, con la única fuerza de la Palabra, de su Palabra. Y habla de un mundo nuevo, diverso. Habla del mundo de los resucitados, de un mundo lleno de vida, en el que ya nadie se casa, sino que todos son hermanos, hijos de un mismo Padre, hijos de Dios.
Nosotros, con nuestro compromiso y nuestro trabajo queremos hacer realidad ese mundo nuevo, adelantar su venida: un mundo de hermanos, sin distinciones.
Ese es el objetivo de nuestra tarea ordinaria y la finalidad del Encuentro que hoy finalizamos. Esta celebración es el punto conclusivo de nuestra reunión, y por ello mi homilía quiere también recoger los elementos fundamentales de lo que ha sido nuestro trabajo compartido. Presentamos al Señor nuestras dificultades, nuestros esfuerzos y nuestros proyectos para que Él los bendiga, los llene de vida y así puedan dar fruto.
Como hemos visto, el fenómeno migratorio en el siglo XXI es un desafío para todos y todas, en los diferentes niveles en que nos ubicamos en el orden mundial, desde una visión común. Es decir, desde una lectura de los migrantes como personas con una gran riqueza cultural, con una variedad de identidades, las cuales pueden y deben ser respetadas. Sea por la comunidad nacional, regional o internacional.
La migración, sea económica sea forzada, es un fenómeno internacional cuyos problemas deben también abordarse eficazmente desde un punto de vista ético, multilateral y multidisciplinario por los problemas que enfrentan los migrantes. Ellos, sobre todo las mujeres, son especialmente vulnerables a caer en manos de redes o mafias del crimen organizado transnacional. En efecto, cansados de las condiciones de vida y de trabajo en sus países de origen, los migrantes son fácilmente engañados por los tratantes y traficantes, quienes les prometen un futuro más digno y maneras más fáciles de ganar dinero en el extranjero. Una vez convencidos, los migrantes son conducidos, generalmente por vías irregulares y sin recibir ningún tipo de información, a países de los cuales desconocen todo, desde el idioma hasta la legislación, pasando por los códigos culturales. En estos Países, los derechos de los migrantes no son respetados – ya sea por redes criminales como simples delincuentes – que los fuerzan a trabajar como empleados/as domésticos en condiciones de esclavitud o a trabajar en la industria del sexo.
Las víctimas de la trata, por ejemplo, se sienten atrapadas entre las amenazas de sus explotadores y su condición irregular en el país de acogida y en su propio País. Esta situación hace que muchas víctimas no puedan o no se atrevan a denunciar los abusos a los que están sometidas. A ello se suman las deudas que los agentes de mafias imponen tanto a las víctimas como a sus familias.
Esto revela que la migración es un fenómeno complejo que involucra también redes del crimen organizado. Los Países no deben consagrar sus esfuerzos exclusivamente al control de los flujos migratorios sino también a la protección del migrante y la lucha contra el crimen organizado.
Así, es imprescindible la adopción de medidas, por ejemplo, que garanticen que las personas que denuncian ser víctimas de la trata no sean penalizadas por su entrada irregular en el país y, por el contrario, sean adecuadamente protegidas contra las posibles represalias por parte de las redes criminales involucradas. Esta protección no puede conllevar a la criminalización de las víctimas por ejemplo con la detención en centros carcelarios, pero no basta con denunciarlos; en todo caso la responsabilidad de los Estados y de las organizaciones sociales es visitar estos centros, constituirse acompañantes y monitorear la complejidad del fenómeno migratorio.
En esta visión, que toca al mundo entero y, particularmente, al continente Latinoamericano, nos viene al encuentro la figura de María de Nazareth, para animarnos, para confortarnos y para ayudarnos a gastar nuestras mejores ideas y energías al servicio de las migraciones económicas y forzadas. La devoción milenaria del pueblo cristiano considera a María: “Madre del camino” (EMCC n.15). Ella es el modelo y la inspiradora de cada migrante. Ella es la mujer, la madre y la discípula, en la cual se inspira cada uno de nosotros, comprometidos en la obra pastoral a favor de los migrantes. María es madre de la Iglesia y de la familia migrante.
La Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium dice que “María cooperó de modo todo especial en la obra del Salvador, con la obediencia, la fe, la esperanza y la ardiente caridad, para restaurar la vida sobrenatural de las almas. Por esto, ella se volvió nuestra madre en el orden de la gracia” (LG 61). Y poco antes leemos que “la función maternal de María hacia los hombres de ninguna manera obscurece o disminuye la única mediación de Cristo, sin embargo, muestra la eficacia. En efecto, cada influjo saludable de la beata Virgen hacia los hombres... brota de la sobreabundancia de los méritos de Cristo, se funda sobre la mediación de estos, de ella absolutamente depende y toca toda su eficacia” (LG 60).
Queridos hermanos y hermanas, la historia del Continente Latinoamericano está profundamente marcada por la devoción a la Virgen María. El aumento constante de las migraciones entre los países latinoamericanos y hacia otros países del mundo es una señal de los tiempos. La Iglesia debe interpretar esta señal y tenerla en cuenta para promover fraternidad y solidaridad. Su objetivo es la construcción de una “sociedad integrada”.
Por ello, es necesario profundizar en algunos desafíos.
Primero, invitamos a las comunidades cristianas y a todas las Organizaciones en los Países receptores a apoyar iniciativas tendientes a la organización de los grupos de migrantes. Me parece importante que contribuyan a la capacitación de los mismos migrantes para que se transformen en actores e interlocutores en las sociedades de destino. En este contexto, les sugiero también, consolidar la integración de los trabajadores migrantes a la agenda y la red de las organizaciones laborales existentes.
Segundo, las comunidades cristianas aprovechen la oportunidad de trabajar en equipos transfronterizos construyendo puentes sólidos para el beneficio de los migrantes. Los invito, por ejemplo, a acompañar a los migrantes en los procesos de deportación y expulsión, dado que en este ámbito actualmente no existe el acompañamiento por parte de las organizaciones sociales.
Tercero, todos deberían sentirse invitados a aumentar la colaboración con instituciones non-gubernamentales, gubernamentales y estatales.
Los programas de prevención del tráfico ilícito de migrantes, deben considerar la adecuada documentación de los nacionales en el Estado de origen, el conocimiento por parte de la población de los canales regulares de migración y los riesgos del tráfico. Se debe combatir la idea que el tráfico ilícito de migrantes constituye una forma normal de emigrar o de “ayudar” a migrar. En los Países de origen de migrantes es importante prevenir la salida de menores o migrantes por vías irregulares.
Finalmente, recomendamos a todos que hagan lo posible para que sean adoptados los mecanismos internacionales de protección de los derechos de todos los migrantes y de sus familiares, como la Convención Internacional, que es una herramienta importante que tienen a su disposición. Solicitamos a los Gobiernos a rever políticas y normas que comprometan la tutela de los derechos fundamentales, promoviendo aquellos que contrastan a los abusos sobre el laboro y aquellos sexuales, garantizando al contrario el acceso a los servicios, al alojo, la ciudadanía, la reunión familiar.
Sugerimos a los Pastores de las Iglesias locales de asistir espiritualmente las comunidades de la diáspora con el envío de sacerdotes misioneros cualificados, en común acuerdo con las Conferencias Episcopales de las Iglesias de acogida. En efecto, al contacto con las sociedades secularizadas de otros países, muchos migrantes abandonan la práctica religiosa. Otros, luego, no teniendo una sólida formación religiosa y una buena asistencia, pasan a formar parte de las sectas.
El trabajo apostólico en favor de las migraciones, por parte de las Iglesias locales, deberá ser incentivado de acuerdo a la letra y al espíritu de la Instrucción Erga Migrantes Caritas Christi y de todo el Magisterio de la Iglesia, en particular de la Doctrina social.
Finalmente, aprovecho con gusto esta ocasión para agradecerles por todo aquello que ustedes hacen en favor de una orgánica y eficaz pastoral para los trabajadores migrantes y por todos aquellos que están envueltos en las migraciones forzadas, poniendo a servicio de tal misión su tiempo, su competencia y su experiencia. A nadie escapa que ésta es una frontera significativa de una nueva evangelización en el mundo actual. Los exhorto a continuar con su trabajo con fervor renovado, mientras que nuestro Pontificio Consejo los sigue y los acompaña, animando cada iniciativa de ustedes, de tal manera que sea fructífera para el bien de la Iglesia y del mundo. Pueda velar sobre ustedes la Virgen Santísima, que vivió como peregrina en diversas circunstancias de su existencia terrena. La Virgen María ayude a los migrantes, hombres y mujeres, jóvenes, niños y ancianos a conocer más íntimamente a Jesucristo y a recibir de Él, el don de la salvación.
ZENIT publica el comentario al Evangelio del domingo, 21 de noviembre, XXXIV del tiempo ordinario (Lucas 23,35-43), redactado por monseñor Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo, administrador apostólico de Huesca y de Jaca.
Evangelio del domingo: ¡Viva Cristo Rey!
Termina el año cristiano, y la Iglesia celebra el domingo de Cristo Rey. La liturgia nos relata el final de la pasión de Jesús en la que aparece como Rey. ¿Dónde está, Rey, tu reinado? Y ¿dónde tus súbditos leales?¿Adónde se fueron los incondicionales discípulos?¿En qué quedaron todos tus proyectos bienaventurados?¿cómo es que este que se presenta así rey-de-los-judíos, ha nacido de mujer, se entretiene con niños, atiende a pobres y enfermos, se detiene con toda clase de pecadores, y pone en solfa nuestras leyes inhumanas? Así, todos, por temor, o desencanto, o indignación, o defraude... fueron abandonando a aquel Rey. Bueno, todos no. Estaban María, algunas mujeres y Juan. Y había otro más, el de la ultimísima hora: Dimas. Sólo Dimas no empleó el condicional de quien duda o niega, sino el imperativo de quien está seguro ante el acontecimiento que sus ojos ven: acuérdate de mí. La res puesta de Jesús no se hizo esperar: hoy estarás conmigo en el Paraíso.
Aquel Rey y su Reino no terminaron entonces. Aquel estar con Jesús y participar en su reinado es lo que los cristianos hemos venido celebrando y prolongando durante siglos. Y es lo que en este último domingo del año litúrgico queremos especialmente recordar: que Él es el Rey de todo lo creado, el Rey de una nueva historia, el Rey de una nueva humanidad
El reinado de Jesús no es una proclama fugaz y oportunista, no es un discurso fácil y barato. Es, ni más ni menos, que devolver a la humanidad la posibilidad de volver a ser humana según el diseño de Dios; la posibilidad de reemprender aquel camino perdido que Dios ofreció antaño, y que una libertad no vivida en la luz, en la verdad y en el amor, llevó al traste. El reinado de Jesús es ese espacio de nueva historia en la que es posible vivir como hijos ante Dios, como hermanos ante los hombres, como confraternos ante todo lo creado.
Ya ha comenzado este reinado, y tantos hombres y mujeres han vivido así. Pero también, ¡cuántos aún no viven así ni ante el Padre Dios, ni ante el hermano hombre, ni ante la confraterna creación! Por eso, es un Reino de Jesús, que está sólo empezado,que se encuentra sin terminar, sin su plenitud final. Sólo hay un trono y éste es para Dios; y en ese trono se brinda libertad. Toda suplantación de ese Rey supondrá un camino de esclavitud, de inhumanidad, de corrupción, como lo demuestra la historia de siempre y la más reciente. Por Jesucristo Rey y por ese Reino hay que seguir trabajando, construyén dolo cotidianamente con cada gesto, en cada situación y circunstancia, para ir desterrando y transformando cuanto en nosotros y entre nosotros no corresponda al proyecto del Señor. Como dijeron nuestros mártires: ¡viva Cristo Rey!
La Conferencia Episcopal de Brasil (CNBB), ha saludado en un comunicado a la Presidente electa de Brasil, Dilma Rousseff, quien ganó las elecciones el pasado domingo, 31 de octubre, con el 56 por ciento de los votos. (FIDES)
Saudação da CNBB aos eleitos
Ao final do segundo turno das eleições, ocorrido neste domingo, 31 de outubro, a Conferência Nacional dos Bispos do Brasil-CNBB saúda todos os eleitos – deputados estaduais e federais, senadores, governadores e presidente da República -, augurando-lhes sucesso na tarefa de representar e defender o povo que os escolheu para esta missão. A CNBB cumprimenta de maneira especial a Sra. Dilma Rousseff, eleita presidente da República, a quem caberá dirigir os destinos da nação brasileira nos próximos quatro anos.Dela e dos demais eleitos se espera fidelidade no cumprimento das promessas apresentadas durante a campanha eleitoral. Passadas as eleições, o compromisso de todos é unir os esforços na construção de um Brasil com paz, justiça social e vida plena para todos. Pesa sobre os ombros de cada um dos eleitos a responsabilidade de corresponder plenamente às expectativas e à confiança, não só de seus eleitores, mas de toda a Nação brasileira.
Saudamos o povo brasileiro, que protagonizou o espetáculo da cidadania e da democracia ao participar ativamente das eleições em seus dois turnos. Cabe, agora, a todos nós, brasileiros e brasileiras, a irrenunciável tarefa de acompanhar os eleitos no exercício de seu mandato, a fim de que não se percam nos caminhos do poder de que foram revestidos.
Que Deus, de quem provém toda autoridade, acompanhe cada um dos eleitos com sua graça e sua bênção. O divino Espírito Santo os ilumine e lhes conceda sabedoria a fim de que tomem sempre as decisões mais acertadas para o bem de nosso povo. Imploramos a intercessão de Nossa Senhora Aparecida para os que foram eleitos e para todo o povo brasileiro
Brasília, 31 de outubro de 2010
ZENIT nos ofrece la catequesis que el Papa Benedicto XVI pronunció el miércoles 3 de Noviembre de 2010 durante la audiencia general celebrada en el Aula Pablo VI del Vaticano, con miles de peregrinos de todo el mundo.
Queridos hermanos y hermanas
con Margarita d'Oingt, de la que quisiera hablaros hoy, nos introducimos en la espiritualidad cartujana, que se inspira en la síntesis evangélica vivida y propuesta por san Bruno. No conocemos su fecha de nacimiento, aunque alguno la coloca en torno a 1240. Margarita proviene de una poderosa familia de nobleza antigua del Lyonnais, los Oingt. Sabemos que la madre se llamaba también Margarita, que tenía dos hermanos – Guiscardo y Luis – y tres hermanas: Catalina, Isabel e Inés. Esta última la seguirá al monasterio, en la Cartuja, sucediéndole después como priora.
No tenemos noticias sobre su infancia, pero por sus escritos podemos intuir que transcurrió tranquila, en un ambiente familiar afectuoso. De hecho, para expresar el amor sin límites de Dios, ella valora mucho imágenes ligadas a la familia, con particular referencia a las figuras del padre y de la madre. En una meditación suya reza así: “Muy dulce Señor, cuando pienso en las especiales gracias que me has hecho por tu solicitud: ante todo, cómo me custodiaste desde mi infancia y cómo me sustrajiste del peligro y me llamaste a dedicarme a tu santo servicio, y como proveíste en todas las cosas que me eran necesarias para comer, beber, vestir y calzar, (y lo hiciste) de tal forma que no tuve ocasión de pensar en todas estas cosas sino en tu gran misericordia” (Margherita d’Oingt, Scritti spirituali, Meditazione V, 100, Cinisello Balsamo 1997, p. 74).
Siempre en sus meditaciones, intuimos que entró en la Cartuja de Poleteins en respuesta a la llamada del Señor, dejando todo y aceptando la severa regla cartujana, para ser totalmente del Señor, para estar siempre con Él. Ella escribe: “Dulce Señor, yo dejé a mi padre y a mi madre y a mis hermanos y todas las cosas de este mundo por tu amor; pero esto es poquísimo, porque las riquezas de este mundo no son sino espinas que pinchan; y cuantas más se poseen más se es infortunado. Y por esto me parece no haber dejado otra cosa que miseria y pobreza; pero tu sabes, dulce Señor, que si yo poseyera mil mundos y pudiese disponer de ellos a mi placer, lo abandonaría todo por amor tuyo; e incluso si tu me dieses todo lo que posees en el cielo y en la tierra, no me consideraría saciada hasta que no te tuviese a ti, porque tu eres la vida de mi alma, no tengo ni quiero tener padre y madre fuera de ti” (ibid., Meditazione II, 32, p. 59).
También de su vida en la Cartuja tenemos pocos datos. Sabemos que en 1288 se convirtió en su cuarta priora, cargo que mantuvo hasta su muerte, que tuvo lugar el 11 de febrero de 1310. De sus escritos, con todo, no se desprenden giros particulares en su itinerario espiritual. Ella concibe toda la vida como un camino de purificación hasta la configuración plena a Cristo. Él es el libro que se escribe, que incide diariamente en el propio corazón y en la propia vida, en particular su pasión salvadora. En la obra Speculum, Margarita, refiriéndose a sí misma en tercera persona, subraya que por gracia del Señor “había grabado en su corazón la santa vida que Dios Jesucristo llevó en la tierra, sus buenos ejemplos y su buena doctrina. Ella había puesto tan bien al dulce Jesucristo en su corazón que le parecía incluso que éste le estuviese presente y que tuviese un libro cerrado en su mano, para instruirla” (ibid., I, 2-3, p. 81). “En este libro ella encontraba escrita la vida que Jesucristo llevó en la tierra, desde su nacimiento hasta su ascensión al cielo” (ibid., I, 12, p. 83).
Cada día, desde la mañana, Margarita se dedica al estudio de este libro. Y, cuando lo ha mirado bien, comienza a leer el libro en su propia conciencia, que muestra las falsedades y las mentiras de su propia vida (cfr ibid., I, 6-7, p. 82); escribe de sí misma para ayudar a los demás y para fijar más profundamente en su propio corazón la gracia de la presencia de Dios, es decir, para hacer que cada día su existencia esté marcada por la confrontación con las palabras y las acciones de Jesús, con el Libro de la vida de Él. Y esto para que a vida de Cristo sea impresa en su alma de forma estable y profunda, hasta poder ver el Libro en su interior, es decir, hasta contemplar el misterio de Dios Trinidad (cfr ibid., II, 14-22; III, 23-40, p. 84-90).
A través de sus escritos, Margarita nos ofrece algunos resquicios sobre su espiritualidad, permitiéndonos captar algunos rasgos de su personalidad y de sus dotes de gobierno. Es una mujer muy culta; escribe habitualmente en latín, la lengua de los eruditos, pero escribe también en franco-provenzal y también esto es una rareza: sus escritos son, así, los primeros, de los que se tiene memoria, redactados en esta lengua. Vive una existencia rica en experiencias místicas, descritas con sencillez, dejando intuir el inefable misterio de Dios, subrayando los límites de la mente para aprehenderlo y la inadecuación de la lengua humana para expresarlo. Tiene una personalidad lineal, sencilla, abierta, de dulce carga afectiva, de gran equilibrio y agudo discernimiento, capaz de entrar en las profundidades del espíritu humano, de descubrir sus límites, sus ambigüedades, pero también sus aspiraciones, la tensión del alma hacia Dios. Muestra una destacada aptitud para el gobierno, conjugando su profunda vida espiritual mística con el servicio a las hermanas y a la comunidad. En este sentido, es significativo un pasaje de una carta a su padre. Escribe: “Mi dulce padre, os comunico que me encuentro tan ocupada a causa de las necesidades de nuestra casa, que no me es posible aplicar el espíritu en buenos pensamientos; de hecho, tengo tanto que hacer que no sé de qué lado volverme. No hemos recogido trigo en el séptimo mes del año y nuestras viñas han sido destruidas por la tempestad. Además, nuestra iglesia se encuentra en tan malas condiciones que nos vemos obligados a reconstruirla en parte” (ibid., Lettere, III, 14, p. 127).
Una monja cartuja dibuja así la figura de Margarita: “A través de su obra se revela una personalidad fascinante, de inteligencia viva, orientada hacia la especulación y, al mismo tiempo, favorecida por gracias místicas: en una palabra, una mujer santa y sabia que sabe expresar con un cierto humorismo una afectividad del todo espiritual” (Una Monaca Certosina, Certosine, en Dizionario degli Istituti di Perfezione, Roma 1975, col. 777). En el dinamismo de la vida mística, Margarita valora la experiencia de los afectos naturales, purificados por la gracia, como medio privilegiado para comprender más profundamente y secundar con más prontitud y ardor la acción divina. L motivo reside en el hecho de que la persona humana es creada a imagen de Dios, y por ello es llamada a construir con Dios una maravillosa historia de amor, dejándose implicar totalmente por su iniciativa.
El Dios Trinidad, el Dios amor que se revela en Cristo le fascina, y Margarita vive una relación de amor profundo hacia el Señor y, por contraste, ve la ingratitud humana hasta la vileza, hasta la paradoja de la cruz. Ella afirma que la cruz de Cristo es parecida a la mesa del parto. El dolor de Jesús es comparado con el de una madre. Escribe: “La madre que me llevó en el seno sufrió fuertemente, al darme a luz, durante un día o una noche, pero tu, dulcísimo Señor, por mi fuiste atormentado no una noche o un día, sino durante más de treinta años […]; ¡cuán amargamente sufriste por causa mía durante toda la vida! Y cuando llegó el momento del parto, tu trabajo fue tan doloroso que tu santo sudor se convirtió como en gotas de sangre que se derramaban por todo tu cuerpo hasta el suelo” (ibid., Meditazione I, 33, p. 59). Margarita, evocando los relatos de la pasión, contempla estos dolores con profunda compasión. Dice: “Tu fuiste depositado en el duro lecho de la cruz, de forma que no podías moverte o girarte o agitar tus miembros como suele hacer un hombre que sufre un gran dolor, porque fuiste completamente extendido y te fueron clavados los clavos […] y […] fueron lacerados todos tus músculos y tus venas. […] Pero todos estos dolores […] aún no te bastaban, tanto que quisiste que tu costado fuese abierto por la lanza tan cruelmente que tu dócil cuerpo fuese totalmente arado y desgarrado; y tu sangra brotaba con tanta violencia que formaba un largo camino, casi como si fuese una gran corriente”. Refiriéndose a María afirma: “No era de maravillarse que la espada que te deshizo el cuerpo penetrara también en el corazón de tu gloriosa madre que tanto quería sostenerte […] porque tu amor fue superior a todos los demás amores” (ibid., Meditazione II, 36-39.42, p 60s).
Queridos amigos, Margarita d’Oingt nos invita a meditar diariamente la vida de dolor y de amor de Jesús y de su Madre, María. Aquí está nuestra esperanza, el sentido de nuestro existir. De la contemplación del amor de Cristo por nosotros nacen la fuerza y la alegría de responder con el mismo amor, poniendo nuestra vida al servicio de Dios y d los demás. Con Margarita decimos también nosotros: “Dulce Señor, todo lo que realizaste, por amor mío y de todo el género humano, me lleva a amarte, pero el recuerdo de tu santísima pasión da un vigor sin igual a mi potencia de afecto para amarte. Por eso me parece […] haber encontrado lo que tanto he deseado: no amar otra cosa que a ti o en ti o por amor a ti” (ibid., Meditazione II, 46, p. 62).
A primera vista esta figura de cartuja medieval, como toda su vida, su pensamiento, parecen muy lejanos de nosotros, de nuestra vida, de nuestra forma de pensar y actuar. Pero se miramos a lo esencial de esta vida, vemos que nos afecta también a nosotros y que debería ser esencial también en nuestra propia existencia.
Hemos escuchado que Margarita consideró al Señor como un libro, fijó la mirada en el Señor, lo consideró como un espejo en el que aparece también su propia conciencia. Y de este espejo entró luz en su alma: dejó entrar a la palabra, la vida de Cristo en su propio ser y así fue transformada; su conciencia fue iluminada, encontró criterios, luz y fue limpiada. Precisamente de esto necesitamos también nosotros: dejar entrar las palabras, la vida, la luz de Cristo en nuestra conciencia para que sea iluminada, comprenda lo que es verdadero y bueno y lo que está mal; que sea iluminada y limpiada nuestra conciencia. La basura no está sólo en distintas calles del mundo. Hay basura también en nuestras conciencias y en nuestras almas. Sólo la luz del Señor, su fuerza y su amor es el que nos limpia, nos purifica y nos da el camino recto. Por tanto sigamos a santa Margarita en esta mirada hacia Jesús. Leamos en el libro de su vida, dejémonos iluminar y limpiar, para aprender la vida verdadera. Gracias.
[En español dijo]
Saludo a los grupos de lengua española, en particular a los peregrinos de Alcobendas, así como a los demás fieles provenientes de España, México y otros países latinoamericanos. Os invito a que me acompañéis con vuestra ferviente oración durante el próximo fin de semana, en el que realizaré una visita pastoral a Santiago de Compostela, uniéndome así a los peregrinos que llegan hasta los pies del Apóstol en este Año Santo. Iré también a Barcelona, donde tendré la alegría de dedicar el maravilloso templo de la Sagrada Familia, obra del genial arquitecto Antoni Gaudí. Voy como testigo de Cristo Resucitado, con el deseo de llevar a todos su Palabra, en la que pueden encontrar luz para vivir con dignidad y esperanza para construir un mundo mejor.
[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]
Reflexión de monseñor Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús para el programa radial "Compartiendo el Evangelio", para el 31º domingo durante el año (31 de octubre de 2010). (AICA)
Para recordar: el lunes 1° de noviembre es la Solemnidad de Todos los Santos y es la Jornada Nacional de Oración por la santificación de nuestro pueblo argentino y la glorificación de los Siervos de Dios.
El martes 2 de noviembre es la Conmemoración de los Fieles Difuntos. Porque creemos que Cristo resucitó, y es el Señor de la Vida, rezamos por nuestros difuntos, porque sabemos que hay otra vida y hay resurrección. Si Cristo ha resucitado, también van a resucitar nuestros queridos fieles difuntos. Recemos por ellos y agradezcamos a Dios que nos los ha prestado.
Evangelio según San Lucas 19, 1-10 (ciclo C)
Es interesante este relato del hombre rico, Zaqueo, “jefe de los publicanos”, “de baja estatura” y cómo se las ingenia para poder encontrar a Jesús. Pero ciertamente Jesús ya lo estaba “encontrando” y esos movimientos de Zaqueo son una respuesta a la iniciativa de la gracia. Pero Zaqueo respondió bien.
Y superando toda valla humana, todo control social, Jesús se aloja en la casa de un pecador, de un publicano. Ante esa libertad interior de Jesús, ante ese amor de Jesús, ante ese no obrar con prejuicios ante nada ni nadie, ante ese amor puro de Jesús, Zaqueo dice: “Señor, daré la mitad de mis bienes a los pobres y si he perjudicado a alguien daré cuatro veces más”
Primero la actitud de desprendimiento y segundo ¡la actitud de restitución! Es una actitud que los cristianos hemos olvidado. ¡Hay que restituir! Si le quitas fama a una persona, si dañas a otra persona, ¡tienes que restituir! No sólo basta pedir perdón a Dios a través del perdón de un sacerdote, sino que tienes que reparar; y reparar de acuerdo al mal cometido. O reparar de acuerdo al daño ocasionado, pero tienes que reparar.
De lo contrario perdemos el sentido de lo que es el Sacramento de la Reconciliación. Que es arreglarse con Dios con, arreglarse con la Iglesia y ¡arreglarse con los hermanos! Por eso el sacerdote es el ministro de la reconciliación, el “puente” entre Dios y la comunidad. Cuando me confieso me reconcilio con Dios y ¡con la comunidad! Pero para poder hacerlo tengo que restituir y reparar.
No olvides que en la fe y en la Iglesia hay que vivir integralmente; hay que vivir en espíritu y en verdad. No hay que hacer las cosas que los demás hacen superficialmente. Zaqueo nos da señal de un hombre cabal: la mitad de sus bienes a los pobres y, si ofendió a alguien o lastimó a alguien, reparó con cuatro veces más ¡se la tomó en serio Zaqueo, porque conoció a Jesús!
Nosotros ¿nos tomamos la vida en serio? Como cristianos ¿tomamos la vida en serio? Si lo hacemos es porque hemos sido encontrados por Jesús y si no lo hacemos… todavía permanecemos en la ignorancia
Les dejo mi bendición: en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén
Mons. Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús
Ponencia de monseñor Antonio Marino, obispo auxiliar de La Plata, en el panel inagural del III Congreso de Constructores del Bien Común, que el autor compartió junto a las senadoras nacionesl Josefina Meabe -Corrientes- y Liliana Negre de Alonso -San Luis- (Facultad de Derecho de la UBA, Buenos Aires, 22 de octubre de 2010). (AICA)
IGLESIA Y SOCIEDAD EN TIEMPOS DE LAICISMO Y RELATIVISMO
Quiero agradecer al Dr. Guillermo Cartasso, presidente de la Fundación Latina, la invitación a participar de este panel inaugural del III Congreso de Constructores del Bien Común, que se propone discernir algunas “Claves para comprender la cultura contemporánea”.
1. CIENCIA, RELIGIÓN Y MORAL
Puedo comenzar mi exposición con una pregunta retórica: ¿quién de nosotros podrá negar los beneficios aportados a la humanidad por el proyecto cultural que iniciado en el siglo XVII, con el auge de la ciencia empírica y el racionalismo de la edad moderna, se prolonga en la Ilustración del siglo XVIII y en la revolución industrial y tecnológica que llega hasta nuestros días?
Nuestra capacidad para el asombro se va difuminando ante el ritmo imparable de los adelantos que la ciencia y la técnica no cesan de aportar. Cada día vamos incorporando novedades y recursos de los cuales nos beneficiamos y que van cambiando nuestros hábitos y el modo de solucionar problemas o alcanzar objetivos.
Por ilustrar con sencillez lo que decimos, baste pensar que en materia de telefonía como de informática, aparatos o equipos que superen los cinco años, comienzan a parecernos piezas de museo.
El optimismo en el poder de la razón para conocer la Naturaleza y sus leyes, y alcanzar así un dominio efectivo sobre ella, ha sido un rasgo inconfundible que ha caracterizado este movimiento cultural. El conocimiento científico y el dominio tecnológico del mundo pasaron a ser la tarea cultural por excelencia. Lo que sabe la ciencia, lo puede la técnica. Surgieron así la revolución industrial y la revolución tecnológica, las conquistas sociales, las transformaciones políticas y económicas, y los reclamos por los derechos de los individuos.
Dentro de este cuadro, sin embargo, se perfila un rasgo inquietante, cuando descubrimos que la racionalidad prácticamente quedó identificada con la ciencia y desde entonces tiende a desvincularse más y más de la moral y de la religión.
Esta última queda, según esta mentalidad, relegada al interior de los templos o de las conciencias, pero no encuentra lugar en la vida pública, que es considerada como el campo donde tiene vigencia la sola razón, la cual juzga a la fe religiosa como irracional, y como una amenaza para la igualdad y la libertad.
En los países occidentales, una minoría muy influyente, ejerce fuerte presión para quitar los símbolos religiosos de las instituciones civiles y de los espacios públicos. En nuestro medio oímos argumentar contra la presencia del crucifijo sea en el ámbito de la magistratura, sea en el escudo de la ciudad de Buenos Aires, o bien se ha llegado a proponer el retiro de los restos del general San Martín de la Catedral de Buenos Aires.
En cuanto a la moral, ésta es considerada como resultado de una construcción cultural, relativa a una época y esencialmente cambiante. De este modo, los innegables beneficios aportados por la modernidad, a través de los adelantos científicos y técnicos, quedan privados de una regulación proveniente de los principios de una ética objetiva. Los deseos se convierten en derechos. Todo lo que es técnicamente posible, podrá ser también social y jurídicamente aceptable, más allá de las costumbres establecidas, o de pretendidas exigencias morales, o de las enseñanzas de cualquier religión.
Un solo ejemplo bastará para dar concreción a cuanto venimos diciendo, respecto de esta desvinculación entre ciencia y moral. Por recurso a la biotecnología, el mundo actual conoce el fenómeno de bancos de embriones congelados, en espera de saber qué hacer con ellos; al mismo tiempo, otros son descartados. Esto mismo se vincula con el mercado de compra y venta de ovocitos; o bien el caso de abuelas que gestan en su vientre a un nieto concebido por la fecundación de un óvulo de su hija, fecundación que, a su vez, pudo ser homóloga, con semen de su esposo, o heteróloga, con donante anónimo. La casuística en la materia se vuelve cada vez más compleja.
2. PROGRESO DE LA RACIONALIDAD Y RETROCESO DEL SENTIDO
Varias décadas atrás, el filósofo Paul Ricoeur escribía unas reflexiones que siguen teniendo plena vigencia, y que ahora me complazco en citar:
Comprender nuestro tiempo es poner juntos en relación directa los dos fenómenos: el progreso de la racionalidad y lo que yo llamaría de buena gana el retroceso del sentido… Estamos tocando aquí el carácter de insignificancia que afecta a un proyecto simplemente instrumental. Al entrar en el mundo de la planificación y de la perspectiva desarrollamos una inteligencia de los medios, una inteligencia de la instrumentalidad –allí es donde verdaderamente hay progreso–, pero al mismo tiempo asistimos a una especie de difuminación o disolución de los fines. La falta cada vez mayor de fines en una sociedad que aumenta sus medios es sin duda la fuente más profunda de nuestro descontento. En el momento en que proliferan lo manejable y lo disponible, a medida que se satisfacen las necesidades elementales de comida, de vivienda, de ocio, entramos en el mundo del capricho, de la arbitrariedad, en eso que podríamos llamar el mundo del gesto cualquiera. Descubrimos que lo que más le falta a los hombres es la justicia, ciertamente, el amor, sin duda alguna, pero más aún la significación. La insignificancia del trabajo, la insignificancia del ocio, la insignificancia de la sexualidad, esos son los problemas en los que acabamos desembocando .
3. LOS VALORES Y SU FUNDAMENTO
Si por un lado la ciencia y la técnica buscan emanciparse de toda limitación externa, y reivindican una libertad irrestricta y no condicionada, por otro, la cultura actual nos ha acostumbrado a hablar de los valores. Afirmamos la libertad como un supremo valor. También hablamos de los derechos humanos, y aspiramos a una justicia social que remedie la exclusión de quienes no acceden a la educación, al sistema de salud, ni gozan de alimentación o de vivienda adecuadas. Nos interesamos por la defensa del medio ambiente, nos preocupa la difusión de la droga, y clamamos por la seguridad personal de los ciudadanos. Nos referimos a todas estas realidades considerándolas valores.
Es aquí donde podemos detectar una incoherencia conceptual en nuestra cultura globalizada. Por un lado, la reivindicación de una autonomía absoluta que privilegia la libre decisión de las personas, y declara relativas y cambiantes las normas morales que antes eran consideradas absolutas. Esas normas no serían más que pautas culturales, relativas a un tiempo y una geografía. Por otro lado, nos encontramos con la necesidad sentida de promover valores, sin los cuales la vida social se experimenta como inhumana.
¿Pero qué son los valores para una cultura marcada por un relativismo ético y que no admite ninguna norma o compromiso previo a nuestra propia y libre decisión? Aquí el relativismo moral se vale de una explicación constructivista, que se ve reflejada, a modo de ejemplo, en programas y textos redactados por el Ministerio de Educación de la Nación, en los conocidos Cuadernos de Educación Sexual Integral.
Es claro que, si todo es relativo y no existen verdades objetivas de validez universal, y si cada individuo actúa según su propia subjetividad, pronto la convivencia social se convertiría en un caos y reinaría la anarquía. El culto a un politeísmo de los valores volvería irrespirable la vida en común.
Para ello, la base de sustentación de los valores no se buscará ya en el derecho natural sino en el consenso de la mayoría de la sociedad. No son una realidad previa, en armonía con la naturaleza del hombre, que descubrimos mediante nuestra inteligencia, sino que resultan de nuestros deseos subjetivos, son reconocidos por el consenso de voluntades y quedan sancionados por las leyes. Esto equivale a decir que son una construcción cultural.
La trágica historia de los totalitarismos del siglo XX, puede ayudarnos a reconocer los límites de la sola razón que se postula como autosuficiente y se cierra a la trascendencia, negando a la religión todo espacio en la vida pública.
El marxismo, en su concreción histórica del comunismo soviético, pretendió fundar científicamente la transformación de la sociedad. Pero la esperanza puesta en una escatología intramundana, donde los deseos del hombre quedarían satisfechos, se ha desmoronado hace más de veinte años, con los acontecimientos del año 1989 y la caída del muro de Berlín. En lugar del paraíso terrestre prometido, el mundo conoció la cruda realidad de los Gulags y el fracaso de un sistema que cayó por su propio peso.
Cuando oímos hablar del consenso social como sustento de los valores, deberíamos recordar la fragilidad manifiesta de esta base de sustentación. El triunfo del régimen nacionalsocialista en Alemania ¿no ha surgido acaso del consenso popular? La barbarie del régimen nazi debería alertarnos acerca de la base de sustentación que se busca para los valores. Hay consensos que conducen a la negación más estridente de la dignidad humana. Hay consensos para el mal.
4. LA DICTADURA DEL RELATIVISMO
La Ilustración había encendido una esperanza casi ilimitada en la capacidad de la sola razón. Tendía como ideal a la liberación del hombre por la razón científica y la praxis científicamente fundada y podía prescindir de la religión en la esfera pública. Los acontecimientos bélicos del siglo XX y la experiencia de los totalitarismos contribuyeron a introducir un aire de escepticismo en los ideales racionalistas de la Ilustración. Nace la era posmoderna.
La atmósfera cultural se fue tiñendo de un escepticismo absoluto, de un nihilismo o bien de un relativismo total. La televisión, en primer lugar, junto con la radio y el periodismo gráfico, constituyen la cátedra cotidiana donde esta mentalidad relativista se difunde de múltiples maneras. Oímos hablar de “mi verdad”, “tu verdad”, “su verdad”. En cuestiones morales, se evita hablar de “la verdad”.
Imposible hablar de verdades y derechos absolutos. Ni siquiera es absoluto el derecho a la vida del niño por nacer, del cual se negará su condición de persona.
Pero este relativismo ético es, a su vez, un absoluto. Todo es relativo menos el dogma relativista, al cual se lo considera como el fundamento de la tolerancia, del diálogo, de la libertad de expresión, valores todos estos que posibilitan la democracia. De este modo, el principio relativista aparece como el fundamento filosófico y la condición de existencia de la democracia.
En efecto, ¿quién podrá tener la pretensión de poseer toda la verdad y todas las respuestas al buscar caminos de solución ante las circunstancias variables de la economía, de la salud pública, de la seguridad social y todo lo que implica la vida política? En una sociedad democrática, sólo podemos pensar en propuestas a modo de soluciones provisorias, como fragmentos de un esfuerzo hacia lo mejor. Cabe admitir un pluralismo de posiciones que se conciben como relativas y siempre abiertas a modificaciones.
Un cierto relativismo, por tanto, puede ser expresión de un sano realismo en el ámbito de la vida política, pues no podemos hablar de una única opinión política correcta, si no queremos caer en el totalitarismo. En el campo sociopolítico, terreno de las decisiones prudenciales, un relativismo, así entendido, podríamos considerarlo aceptable.
La presentación que hacemos nos conduce al planteo de la pregunta inevitable: ¿cuáles son los límites del relativismo? ¿No hay acaso valores que están en otro orden? ¿No hay “valores no negociables”? Debemos precavernos para no caer en un relativismo absoluto, porque hay cosas que son moralmente malas y lo son intrínsecamente, y nunca se convertirán en buenas por ninguna circunstancia o finalidad intentada, como por ejemplo matar a un ser inocente en el seno de su madre; o imponer al niño y al joven una enseñanza que contradice los principios morales de sus padres, negando así el derecho inalienable a la patria potestad; o bien, llamar matrimonio a una realidad que no lo es.
5. IGLESIA Y SOCIEDAD, AUTONOMÍA Y COLABORACIÓN
Si tomáramos en serio la propuesta de erradicar los símbolos religiosos de las instituciones civiles y de los espacios públicos, esto nos llevaría muy lejos. La aplicación coherente y sistemática de este principio impulsado por una minoría, parece creer que en la organización de la sociedad se puede ignorar su pasado y su identidad histórica y cultural. Esto equivaldría a pretender fundar nuevamente la patria sobre fundamentos diversos de los ya puestos. Sería preciso cambiar el preámbulo de la Constitución Nacional donde invocamos a Dios como “fuente de toda razón y justicia”. Habría también que eliminar el artículo 2 de la misma, conforme al cual la Iglesia Católica es considerada como una institución de derecho público.
Deberíamos notar que según la misma línea argumentativa, que ve en los símbolos religiosos una amenaza para la democracia y la libertad, deberíamos entonces cambiar los nombres de innumerables ciudades, provincias y calles que llevan la marca de lo cristiano y católico. Por no hablar de los resabios del lenguaje bíblico que han quedado impresos en las lenguas romances y en la lengua castellana en que nos expresamos, y que sería largo ilustrar.
Subyace en esta postura el temor de una indebida injerencia de la autoridad eclesiástica en las instituciones civiles de la República. La tensión no es de ahora. Pero una mirada serena y objetiva sobre la historia de la cultura occidental, nos llevaría a descubrir que es precisamente el cristianismo la fuerza espiritual que ha llevado a distinguir, sin oponer, el ámbito del poder espiritual y el ámbito del poder político. “Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios” (Mt 22,21). Rectamente entendida la laicidad del Estado se origina con la fe cristiana. Otra cosa distinta es el laicismo, que intenta marginar a Dios de la vida pública.
En su reciente visita a Gran Bretaña, el Papa Benedicto XVI, pronunció un memorable discurso en Westminster Hall, la histórica sede del Parlamento. Resultan muy al caso sus palabras, con las cuales deseo concluir este modesto aporte:
¿Qué exigencias pueden imponer los gobiernos a los ciudadanos de manera razonable? Y ¿qué alcance pueden tener? ¿En nombre de qué autoridad pueden resolverse los dilemas morales? Estas cuestiones nos conducen directamente a la fundamentación ética de la vida civil. Si los principios éticos que sostienen el proceso democrático no se rigen por nada más sólido que el mero consenso social, entonces este proceso se presenta evidentemente frágil. Aquí reside el verdadero desafío para la democracia (…).
La tradición católica mantiene que las normas objetivas para una acción justa de gobierno son accesibles a la razón, prescindiendo del contenido de la revelación. En este sentido, el papel de la religión en el debate político no es tanto proporcionar dichas normas, como si no pudieran conocerlas los no creyentes. Menos aún proponer soluciones políticas concretas, algo que está totalmente fuera de la competencia de la religión. Su papel consiste más bien en ayudar a purificar e iluminar la aplicación de la razón al descubrimiento de principios morales objetivos. Este papel “corrector” de la religión respecto a la razón no siempre ha sido bienvenido, en parte debido a expresiones deformadas de la religión, tales como el sectarismo y el fundamentalismo, que pueden ser percibidas como generadoras de serios problemas sociales. Y a su vez, dichas distorsiones de la religión surgen cuando se presta una atención insuficiente al papel purificador y vertebrador de la razón respecto a la religión. Se trata de un proceso en doble sentido. Sin la ayuda correctora de la religión, la razón puede ser también presa de distorsiones, como cuando es manipulada por las ideologías o se aplica de forma parcial en detrimento de la consideración plena de la dignidad de la persona humana (…). Por eso deseo indicar que el mundo de la razón y el mundo de la fe -el mundo de la racionalidad secular y el mundo de las creencias religiosas- necesitan uno de otro y no deberían tener miedo de entablar un diálogo profundo y continuo, por el bien de nuestra civilización.
En otras palabras, la religión no es un problema que los legisladores deban solucionar, sino una contribución vital al debate nacional .
Mons. Antonio Marino, obispo auxiliar de La Plata
P.Ricoeur, Prévisión économique et choix étique, en Esprit 346(1966)188-189. Citado según B.Sesboüé, Jesucristo, el único Mediador I. Salamanca, Secret. Trinitario, 1990, p.31. Benedicto XVI, Discurso en Westminster Hall, 17 de septiembre de 2010. Fuente ZENIT.org
Reflexión de José Antonio Pagola al evangelio del domingo de la Fiesta de Jesucristo, Rey del Universo, ofrecida por la Delegación de Enseñanza de la Diócesis de Tenerife.
CARGAR CON LA CRUZ
El relato de la crucifixión, proclamado en la fiesta de Cristo Rey, nos recuerda a los seguidores de Jesús que su reino no es un reino de gloria y de poder, sino de servicio, amor y entrega total para rescatar al ser humano del mal, el pecado y la muerte.
Habituados a proclamar la "victoria de la Cruz", corremos el riesgo de olvidar que el Crucificado nada tiene que ver con un falso triunfalismo que vacía de contenido el gesto más sublime de servicio humilde de Dios hacia sus criaturas. La Cruz no es una especie de trofeo que mostramos a otros con orgullo, sino el símbolo del Amor crucificado de Dios que nos invita a seguir su ejemplo.
Cantamos, adoramos y besamos la Cruz de Cristo porque en lo más hondo de nuestro ser sentimos la necesidad de dar gracias a Dios por su amor insondable, pero sin olvidar que lo primero que nos pide Jesús de manera insistente no es besar la Cruz sino cargar con ella. Y esto consiste sencillamente en seguir sus pasos de manera responsable y comprometida, sabiendo que ese camino nos llevará tarde o temprano a compartir su destino doloroso.
No nos está permitido acercarnos al misterio de la Cruz de manera pasiva, sin intención alguna de cargar con ella. Por eso, hemos de cuidar mucho ciertas celebraciones que pueden crear en torno a la Cruz una atmósfera atractiva pero peligrosa, si nos distraen del seguimiento fiel al Crucificado haciéndonos vivir la ilusión de un cristianismo sin Cruz. Es precisamente al besar la Cruz cuando hemos de escuchar la llamada de Jesús: «Si alguno viene detrás de mí... que cargue con su cruz y me siga».
Para los seguidores de Jesús, reivindicar la Cruz es acercarse servicialmente a los crucificados; introducir justicia donde se abusa de los indefensos; reclamar compasión donde sólo hay indiferencia ante los que sufren. Esto nos traerá conflictos, rechazo y sufrimiento. Será nuestra manera humilde de cargar con la Cruz de Cristo.
El teólogo católico Johann Baptist Metz viene insistiendo en el peligro de que la imagen del Crucificado nos esté ocultando el rostro de quienes viven hoy crucificados. En el cristianismo de los países del bienestar está ocurriendo, según él, un fenómeno muy grave: "La Cruz ya no intranquiliza a nadie, no tiene ningún aguijón; ha perdido la tensión del seguimiento a Jesús, no llama a ninguna responsabilidad, sino que descarga de ella".
¿No hemos de revisar todos cuál es nuestra verdadera actitud ante el Crucificado? ¿No hemos de acercarnos a él de manera más responsable y comprometida?
José Antonio Pagola
Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
21 de noviembre 2010
Solemnidad de Cristo Rey (C)
Lucas 23, 35-43
Carta pastoral a las comunidades de monseñor Mons. Luis Stöckler, presidente de la Comisión de Pastoral de la Salud, con motivo del Día del Enfermo (14 de noviembre de 2010). (AICA)
NIÑOS SANOS, ESPERANZA DE LA PATRIA
“Quien recibe a este niño en mi nombre, me recibe a mí” (Lc 9, 48)
Muy queridos hermanos y hermanas en Cristo:
El Día del Enfermo que la Iglesia Argentina celebra en este año el domingo 14 de noviembre, quiere responder a la celebración del bicentenario, que nos compromete como ciudadanos y cristianos. Los obispos, como pastores de nuestro pueblo, hemos alertado que en el camino hacia un bicentenario en justicia y solidaridad, nada debe desviarnos del gran objetivo: contribuir a erradicar la pobreza y la exclusión; y nos hemos propuesto hacer lo que esta a nuestro alcance durante el tiempo que falta, cuando conmemoremos los doscientos años de nuestra independencia como nación.
Nuestra posibilidad como Iglesia, ciertamente, no consiste en recursos materiales frente a las enormes demandas de familias necesitadas; pero si, podemos formar la conciencia de nuestras comunidades, donde entre todos queremos hacer el esfuerzo de superar decididamente las negligencias que son origen de la pobreza.
Como lo hiciera el Santo Padre, Benedicto XVI, para la Jornada Mundial del Enfermo, hace dos años, quisiéramos también nosotros esta vez poner la atención en los niños. Pensando en el futuro de la Argentina nos preguntamos: ¿Qué niños vamos a dejar a nuestro país? Porque una de las causas de la pobreza y un verdadero delito es el abandono de la infancia. Se sabe que la falta de alimento y atención médica durante el embarazo y durante los primeros tres años de vida causa daños cerebrales irreparables que, a su vez, provocan- si no la mortalidad infantil- un círculo vicioso de otros daños, como la debilidad del sistema inmunológico, una edad mental inferior a la real, la deserción escolar, el analfabetismo funcional, la falta de inserción en el mundo del trabajo, la formación precoz de parejas sin la necesaria preparación; con la consecuencia de no salir del espiral de la pobreza. La pobreza enferma, y la enfermedad empobrece. En nuestra parroquia y capillas debemos darnos cuenta que la desnutrición y deficiente atención médica en una comunidad es un indicador de la injusticia social
¿Qué podemos y debemos hacer?
La clave para salir de la pobreza, es la educación. Educación entendida como trato amoroso y respetuoso, de persona a persona, de corazón a corazón. El que educa a los padres, especialmente a la madre, educa a la familia. Creemos que nuestras comunidades pueden responder a este desafió- quizás mejor que ninguna otra institución -, para capacitar personas al servicio de las necesidades básicas de la familia y acompañar a los que precisan ayuda. Hay experiencias valiosas, nacidos en el seno de la iglesia, como la red para el Desarrollo Integral del Niño y la Familia (Redinfa), que pueden enseñarnos como aprender este servicio de amor para con los niños y sus padres. Los alentamos a participar y organizarse como protagonista de la transformación de nuestra sociedad.
Jesucristo se identifica con los niños. Quien recibe a un niño en mi nombre, me recibe a Mí, dijo, y los puso como ejemplo para poder entrar en le Reino de Dios.
Que la Madre de nuestro Señor y San José les animen a encaminarse en esta importante misión durante estos años del Bicentenario, porque Niños sanos son la esperanza de la Patria.
Los abrazamos y bendecimos en el amor del Buen Pastoral.
Mons. Luis Stöckler, presidente de la Comisión de Pastoral de la Salud
ZENIT nos ofrece el texto del discurso que el Papa Benedicto XVI dirigió el viernes, 29 de Octubre de 2010, en alemán a los miembros de la Fundación “Romano Guardini” de Berlín, presentes en Roma con motivo de un congreso dedicado a la memoria de este teólogo, que fue maestro del propio Joseph Ratzinger.
Excelencias,
Ilustrísimo Señor Presidente Profesor von Pufendorf,
Ilustres Señoras y Señores,
Queridos amigos,
Es para mi una alegría poder daros la bienvenida aquí, en el Palacio Apostólico, a todos vosotros venidos a Roma con ocasión del Congreso de la Fundación Guardini sobre el tema "Herencia espiritual e intelectual de Romano Guardini". En particular, le agradezco, querido profesor von Pufendorf, por las cordiales palabras que me ha dirigido al inicio de este encuentro, en las cuales ha expresado toda la “lucha” actual, que nos une a Guardini y, al mismo tiempo, nos exige llevar adelante la obra de su vida.
En el discurso de agradecimiento con ocasión de la celebración de su 80 cumpleaños, en febrero de 1965 en la Universidad Ludwig-Maximilian de Munich, Guardini describe la tarea de su vida, como él la entendía, como un modo “de interrogarse, en un continuo intercambio espiritual, qué significa una Weltanschauung cristiana" (Stationen und Rückblicke, S. 41). La visión, esta mirada conjunta sobre el mundo, fue para Guardini no una mirada desde el exterior como de un mero objeto de investigación. Él no pretendía tampoco la perspectiva de la historia del espíritu, que examina y pondera cuanto otros han dicho o escrito sobre la forma religiosa de una época. Todos estos puntos de vista eran insuficientes según Guardini. En los apuntes sobre su vida, él afirmaba: “Lo que inmediatamente me interesaba no era la cuestión de lo que alguien dijera sobre la verdad cristiana, sino de qué es lo verdadero" (Berichte über mein Leben, S. 24). Y era este planteamiento de su enseñanza lo que nos impresionó a nosotros los jóvenes, porque nosotros no queríamos conocer un “espectáculo pirotécnico” de las opiniones existentes dentro o fuera de la Cristiandad: nosotros queríamos conocer lo que es. Y allí estaba uno que sin temor y, al mismo tiempo, con toda la seriedad del pensamiento crítico, planteaba esta cuestión y nos ayudaba a pensar juntos. Guardini no quería saber una o muchas cosas, él aspiraba a la verdad de Dios y a la verdad sobre el hombre. El instrumento para acercarse a esta verdad era para él la Weltanschauung – como se la llamaba en aquel tiempo – que se realiza en un intercambio vivo con el mundo y con los hombres. Lo específico cristiano consiste en el hecho de que el hombre se sabe en una relación con Dios que lo precede y a la cual no puede sustraerse. No es nuestro pensar el principio que establece la medida de las cosas, sino Dios que supera nuestra medida y que no puede ser reducido a entidad alguna creada por nosotros. Dios se revela a sí mismo como la verdad, pero esta no es abstracta, sino al contrario, se encuentra en lo concreto-viviente, en fin, en la forma de Jesucristo. Quien sin embargo quiere ver a Jesús, la verdad, debe “invertir la marcha”, debe salir de la autonomía del pensamiento arbitrario hacia la disposición a la escucha, que acoge lo que es. Y este camino hacia atrás, que ´él llevó a cabo en su conversión, plasmó todo su pensamiento y toda su vida como un continuo salir de la autonomía hacia la escucha, hacia el recibir. Con todo incluso en una relación auténtica con Dios, el hombre no siempre comprende lo que Dios dice. Necesita un correctivo, y este consiste en el intercambio con los demás, que en la Iglesia viviente de todo tiempo ha encontrado su forma confiable, que une a todos unos con otros.
Guardini era un hombre de diálogo. Sus obras surgieron, casi sin excepción, de un coloquio, al menos interior. Las lecciones del profesor de filosofía de la religión y de Weltanschauung cristiana en la Universidad de Berlín en los años 20 representaban sobre todo encuentros con personalidades de la historia del pensamiento. Guardini leía las obras de estos autores, les escuchaba, aprendía de cómo ellos veían el mundo y entraba en diálogo con ellos, para desarrollar, en diálogo con ellos, lo que él, en cuanto que pensador católico, tenía que decir a su pensamiento. Esta costumbre él la continuó en Munich, y era también la peculiaridad del estilo de sus lecciones, el hecho de que él estuviese en diálogo con los Pensadores. Su palabra clave era: “Mirad...” porque quería guiarnos a “ver” y él mismo estaba en un diálogo común interior con los oyentes. Esta era la novedad respecto a la retórica de los viejos tiempos: que él no buscase de hecho ninguna retórica, sino que hablas de modo totalmente sencillo con nosotros y, al mismo tiempo, hablase con la verdad y nos indujese al diálogo con la verdad. Y este es un amplio espectro de “diálogos” con autores como Sócrates, San Agustín o Pascal, con Dante, Hölderlin, Mörike, Rilke y Dostojevskij. Él veía en ellos mediadores vivientes, que descubren en una palabra del pasado el presente, permitiendo verlo y vivirlo de una forma nueva. Estos nos dan una fuerza, que puede conducirnos de nuevo a nosotros mismos.
De la apertura del hombre a la verdad se desprende, para Guardini, un ethos, una base para nuestro comportamiento moral hacia nuestro prójimo, como exigencia de nuestra existencia. Dado que el hombre puede encontrar a Dios, puede también actuar bien. Para él vale esta primacía de la ontología sobre el ethos, del ser, del ser mismo de Dios rectamente comprendido y escuchado se sigue por tanto el recto actuar. Él decía: “Una praxis auténtica, es decir, una actuación correcta, surge de la verdad, y debe luchar por ella” (ibid., S. 111).
Semejante anhelo hacia la verdad y el tender hacia lo que es originario y esencial, Guardini lo observaba sobre todo entre los jóvenes. En sus diálogos con la juventud, particularmente en el Castillo de Rothenfels, que entonces gracias a Guardini se había convertido en el centro del movimiento juvenil católico, el sacerdote y educador llevó adelante los ideales del movimiento juvenil como la autodeterminación, la propia responsabilidad y la disposición interior a la verdad; él los purificó y profundizó. Libertad. Sí, pero libre es solo – nos decía – el que es “completamente lo que debe ser según su naturaleza. […] Libertad es verdad" (Auf dem Wege, S. 20). La verdad del hombre es para Guardini esencialidad y conformidad al ser. El camino lleva a la verdad cuando el hombre ejerce “la obediencia de nuestro ser respecto al ser de Dios" (ibid., S. 21). Esto sucede últimamente en la adoración, que para Guardini pertenece al ámbito del pensamiento.
Al acompañar a la juventud, Guardini buscó también un nuevo acceso a la liturgia. El redescubrimiento de la liturgia era para él un redescubrimiento de la unidad entre espíritu y cuerpo en la totalidad del único ser humano, pues el acto litúrgico es siempre al mismo tiempo un acto corporal y espiritual. El rezar se dilata a través de la actuación corporal y comunitaria, y así revela la unidad de toda la realidad. La liturgia es un actuar simbólico. El símbolo como quintaesencia de la unidad entre lo espiritual y lo material se pierde donde ambos se separan, donde el mundo se fragmenta de forma dualística en espíritu y cuerpo, en sujeto y objeto. Guardini estaba profundamente convencido de que el hombre es espíritu en cuerpo y cuerpo en espíritu y que, por tanto, la liturgia y el símbolo lo conducen a la esencia de sí mismo, en definitiva lo llevan, a través de la adoración, a la verdad.
Entre los grandes temas de la vida de Guardini, la relación entre la fe y el mundo es de permanente actualidad. Guardini veía sobre todo en la Universidad el lugar de la búsqueda de la verdad. La Universidad puede serlo, sin embargo, solo cuando es libre de toda instrumentalización y ventajas con fines políticos y de otro tipo. Hoy, en un mundo de globalización y fragmentación, es aún más necesario que se lleve adelante este propósito, un propósito que es muy importante para la Fundación Guardini, y para cuya realización se ha creado la cátedra Guardini.
De nuevo expreso mi cordial agradecimiento a todos los presentes por haber venido. Que acudir con frecuencia a la obra de Guardini afine la sensibilidad hacia los fundamentos cristianos de nuestra cultura y sociedad. Os imparto de buen grado a todos la Bendición Apostólica.
[Traducción de la versión italiana por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]
Mensaje de monseñor Ramón A. Dus, obispo de Reconquista, con motivo de la Solemnidad de todos los santos y Conmemoración de los fieles difuntos (1-2 de noviembre de 2010). (AICA)
LA MUERTE, LA GLORIA Y LA MEMORIA
Todavía estamos sorprendidos e impresionados por el fallecimiento del ex presidente Nestor Kirschner. Seguimos orando por su eterno descanso, y por su familia, en especial por la Presidenta de los argentinos Cristina Fernández.
Sea por este motivo, pero también hechos luctuosos que en la región y en el país nos conmueven y en particular la Conmemoración de los fieles difuntos, el 2 de noviembre, viene a la memoria un pensamiento sobre la verdad de nuestro destino de seres humanos. La Conmemoración de nuestros seres queridos que han partido nos trae la nostalgia de su presencia, y también la conciencia que un día hemos de partir.
La muerte sella la verdad de nuestros límites.
Agradecidos a la Vida, por el don inmerecido que gozamos, todos igualmente sentimos el impulso de aprovecharla en el modo más digno y fecundo.
Seguramente por esto la tradición cristiana colocó antes del recuerdo de nuestros muertos y de nuestro destino final, la fiesta, o mejor la solemnidad de todos los santos (el 1 de novmiembre).
Los santos, aunque a veces desconocidos para su tiempo, son y han sido cristianos que supieron vivir, muriendo a sí mismos. Supieron vivir su existencia impregnándola de amor, de bondad y de un entrega transformadora. Una entrega transformadora de sí mismos y de su medio social por las obras que emprendieron y que les sobrevivien.
O tal vez, y quizás mejor y simplemente sea por la obra de su misma vida hecha ofrenda que hace válido todo gesto que emprendieron.
Santo es el que ama.
Santo puede ser quienquiera que escuche esa voz interior que lo estimula a la bondad, y se deja guiar por ella.
Santidad es hacer luminosa la vida. Es encontrar una razón alegre para emprender cada mañana la tarea propia, esa que depende especialmente de mí: esa vocación íntima.
Santidad es mantenernos íntegros y coherentes en los valores a pesar de todo.
Es no dejarnos corromper por favores, intereses o ventajas.
Es perseverar en la honestidad para romper el círculo vicioso de los pequeñas o grandes actos de corrupción.
Entonces, así, aunque a veces luchando y sufriendo, la vida entusiasma, para gastarla y hacerla ofrenda, agradecidos al Dios de la Vida.
Por todo esto, la muerte, entonces, aún con su cuota de temor que infunde, se puede transformar, se transforma en la puerta de la gloria. (Puerta de la gloria en Dios, para entrar en el gozo del Señor; y también la muerte es y puede ser puerta de la gloria en la memoria de hombres y mujeres que necesitan de testimonios, para vivir el heroísmo cotidiano).
Que el Señor no conceda a todos transitar el camino de la historia que construimos cada día, con el evangélico sentido de la entrega; porque de ese modo allí, en el lugar propio donde hoy estamos, nos dignificamos, nos ennoblecemos y porque también nos necesitamos recíprocamente, en esta ardua tarea, que es justamente vivir.
Mons. Ramón A. Dus, obispo de Reconquista
Alocución televisiva de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata en el programa “Claves para un mundo mejor” (30 octubre de 2010). (AICA)
LA RELIGION DE LOS ARGENTINOS
Hace pocos días se ha publicado una encuesta sobre la fe de los argentinos. En realidad habría que decir mejor sobre la religiosidad de los argentinos. Como es sabido, las encuestas tienen un valor relativo y en ellas, buena medida, la respuesta depende del modo como se formula la pregunta.
Ahora bien: esta encuesta a la cual me refiero ha producido resultados un tanto desconcertantes y que hacen posibles diversas interpretaciones.
Ante todo aparece una idea de la fe que no corresponde a la concepción católica de esa virtud teologal. Si la encuesta es certera, habría que pensar que una buena parte de los argentinos que se declaran católicos profesan una especie de subjetivismo religioso.
¿Qué quiero decir con esto? Que en realidad se está llamando fe a lo que cada uno siente ante Dios o ante las cosas sagradas. La fe no sería un conjunto de convicciones sobre verdades fundamentales de un credo o una norma de vida, sino más bien la expresión de la actitud religiosa en un sentido más bien subjetivo, individual.
Esto plantea otra cuestión, que es la relación difícil, ambigua muchas veces, entre fe y actitud religiosa. Entre la fe en el sentido católico de la palabra, que es la acepción convencida de la verdad que Dios nos ha revelado y nos trasmite por medio de la Iglesia, y la actitud religiosa que es nuestra adoración a Dios, y que se extiende como veneración de la Santísima Virgen, y de los santos.
Esta difícil relación entre fe y actitud religiosa se puede advertir en muchas de las formulas tradicionales de la piedad popular. Me llamó la atención que en esta encuesta, felizmente, Nuestro Señor Jesucristo le gana por 5 puntos a San Expedito. Esto quiere decir que no hay allí un discernimiento bien claro de hacia dónde se tiene que dirigir el gesto religioso de la devoción, la adhesión de amor y de confianza. Teniendo en cuenta este problema, Pablo VI decía que la religiosidad popular, expuesta frecuentemente a deformaciones, debía ser orientada mediante una pedagogía de evangelización.
Pero quizás lo más significativo de esta investigación sobre la fe de los argentinos es que falta, al parecer en esa inmensa mayoría que se declara católica, una identificación con la Iglesia, un sentido de pertenencia a la Iglesia. Al contrario, la Iglesia aparece como algo distinto de ellos, de aquellos que se profesan católicos. En todo caso la Iglesia será la jerarquía, la organización institucional, el cuerpo dogmático, los preceptos morales, etc. Pareciera que se registra una incomodidad respecto de la autoridad eclesial, que tiene la misión, el poder y el deber de indicar, en nombre de Dios, qué hay que creer, qué hay que obrar como expresión de la fe.
Ser católico implica reconocerse espontáneamente como miembro de la Iglesia, ámbito en el cual se vive en comunión de fe y de caridad participando del culto de Dios en la celebración de los sacramentos. A los pastores de la Iglesia les corresponde guiar a los fieles en nombre de Cristo; ése es un servicio de amor. Desde el principio, desde el tiempo de los Apóstoles, ha sido así. No se trata simplemente de establecer una vinculación individualista con Dios, sino de incorporarse a una comunidad de salvación lo cual ocurre por medio del bautismo.
También en esta encuesta se registra una cierta incomodidad, en los que allí se llaman católicos, cuando la Iglesia hace presente sus verdades en el ámbito público, como que este individualismo y este subjetivismo religioso va acompañado de una especie de laicismo. Como si la Iglesia no tuviera el derecho y el deber de expresar con claridad la verdad sobre el hombre y los valores éticos fundamentales.
Ahora bien Benedicto XVI continuamente está reivindicando el papel público de la religión. ¿Para qué? Para purificar la razón, especialmente la razón que establece el orden de la sociedad, para que queden bien claros los conceptos fundamentales de justicia, solidaridad, bien común, de respeto a la vida humana y orientación trascendente del hombre y su destino.
Si aceptamos los datos de la encuesta, me parece que para mejorar las cosas la solución no es que la Iglesia se haga simpática, que mejore su sistema de comunicación, que intente no confrontar ni enemistarse con nadie, para así sumar adhesión y contento masivo. Lo que debiéramos hacer nosotros, los pastores de la Iglesia, es acompañar mejor a las familias que bautizan a sus hijos, preocuparnos de que la catequesis en las parroquias y en los colegios sea más efectiva, es decir sea lo más completa posible y encamine a una perseverancia en la vida cristiana. Importa mucho formar bien a los adolescentes y jóvenes en las virtudes fundamentales hoy frecuentemente olvidadas; ofrecer a todos los fieles medios concretos de crecimiento en la fe y en la vida espiritual y recordar siempre sin miedo las exigencias del Evangelio.
Me parece que aquí está la clave.
Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata
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Boletín 410
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Este domingo, 21 de noviembre, tendrá lugar la fiesta-almuerzo con motivo del Día de la Iglesia Diocesana. El Obispo presidirá la Misa, en la capilla del Seminario a las 12:30 horas. Posteriormente, habrá un almuerzo durante el cual, serán homenajeados varios insignes diocesanos: El matrimonio compuesto por Inmaculada Padrón Cáceres y Salvador Fernández Morán, Tomás Rodríguez Rivero y María de la Cruz Perdomo Arteaga.
Precisamente, de esta última, María de la Cruz Perdomo, cariñosamente conocida como “Maruca”, el periódico “Diario de Avisos” recoge un reportaje esta semana titulado: “Maruca, mano tendida”.
La coordinadora de jóvenes del arciprestazgo de Icod ha organizado un concierto benéfico para el 19 de noviembre, a las 20:30 horas en la parroquia de San Andrés Apóstol de La Centinela. Dicho recital se llevará a cabo bajo el lema "Cantar a Dios es otro cantar", y servirá también para motivar a los jóvenes a que participen un día después, en el Encuentro de Jóvenes del Médano.
Por tanto, el 20 de noviembre será el Encuentro Diocesano de la pastoral con Jóvenes en esta zona sur de la isla. Bajo el lema “Naciendo”, se comenzará a las 11:00 horas en la Cueva del Santo Hermano Pedro, con un rato de reflexión, para luego iniciar el camino hasta la Parroquia de Nuestra Señora de la Merced, en el Médano, donde habrá un concierto a cargo de Jesús Cabello (cantante, guitarrista y compositor, de Córdoba). La jornada concluirá sobre las 20:00 horas con la Eucaristía. La delegación de Jóvenes ha recordado que es imprescindible llevar ropa y calzado cómodo, comida para el día, bañador, toalla, agua, gorra y protector solar.
Del 22 al 26 de noviembre, el Instituto Superior de Teología de las Islas Canarias (ISTIC), llevará a cabo la XXV Semana de Teología bajo el título: "Creyentes y Testigos: en busca de un nuevo paradigma". En esta ocasión, los ponentes serán Eloy Bueno, catedrático de Teología de la facultad de Teología de Burgos y Emilio Alberich, catedrático emérito de Catequética en la universidad salesiana de Roma. La Semana comenzará, el lunes, 22 de noviembre, a las 19:00 horas. Tras la presentación que realizará el director del ISTIC, Juan Pedro Rivero, tomará la palabra Víctor González, profesor de Catequética en nuestra diócesis, el cual se encargará de realizar la ponencia inaugural titulada: "El anuncio desde la doble fidelidad: Dios-hombre".
El arciprestazgo de Los Llanos de Aridane desarrollará durante los próximos días 24, 25 y 26 de noviembre, las I Jornadas Arciprestales de Formación bajo el título: “Fe Adulta”. Las mismas tendrán lugar en el complejo parroquial de San Pedro Apóstol y Santos Mártires, en Argual y constarán de cuatro talleres sobre los jóvenes y la Iglesia, la transmisión de la fe en los orígenes del cristianismo, la ayuda a la familia del enfermo y la labor de Cáritas.
La delegación de enseñanza ha organizado para los días 26 y 27 de noviembre en el seminario, unas jornadas de capacitación para todos los agentes de pastoral que lo deseen de cara a poder ser acompañantes del proceso de formación de adultos: “ser cristianos en el corazón del mundo”. En esa sesión contará con ponentes de mucha “altura”: Elías Yanes, ex-presidente de la Conferencia Episcopal y Lourdes Azorín y Beatriz Pascual: una maestra y una doctora con experiencia en este proyecto formativo.
Por otro lado, la Coordinadora Arciprestal de Cáritas La Orotava ha organizado una cena solidaria a beneficio del proyecto "Casa de Acogida Mª Blanca" el próximo sábado 27 de noviembre a las 21:00 h., en el Hogar Santa Rita II en las Dehesas, Puerto de la Cruz. El precio de la entrada es de 10 € y se podrán adquirir en las Cáritas de las diferentes parroquias del Valle de La Orotava.
Durante esta semana se vienen desarrollando ejercicios espirituales para sacerdotes dirigidos por José María Fdez. Martos, S.J, en Santa Cruz de Tenerife.
El próximo fin de semana Cursillos de Cristiandad realizará un nuevo cursillo en Tenerife. Asimismo, durante los mismos días, el moviendo de Familias Cristianas desarrollará un encuentro de matrimonios en La Palma.
La Asociación Amigos de la Catedral ha previsto para el 25 de noviembre, a las 20:00 horas, en las Casas Capitulares de La Laguna la conferencia: “Los jóvenes y la educación según Benedicto XVI”. Tras dicha disertación las asistentes podrán participar en una mesa redonda.
El consejero de Sanidad y Relaciones con la Universidad del Cabildo de Tenerife y presidente de la Fundación Canaria Salud y Sanidad de Tenerife, Antonio Alarcó, se reunió esta semana con el presidente de Cáritas Diocesana, Leonardo Ruiz, y su subdirector, José María Rivero. Durante este encuentro, los asistentes analizaron la situación actual de la crisis y acordaron mantener una línea de colaboración que ayude la labor de la organización católica.
Ya están disponibles en la tienda “El Surco”, las Tarjetas de Navidad de Cáritas 2010. Cabe recordar que una parte de los ingresos obtenidos por la venta de estas tarjetas se destina a la labor social de Cáritas.
El próximo domingo, 21 de noviembre es el Día de los sin Techo bajo el lema “Nadie sin derechos. Nadie sin hogar”. Cáritas ha recordado que esta fecha señalada ha de invitarnos a la solidaridad con estas personas que carecen de lo más básico.
El obispo, Bernardo Álvarez apareció recientemente en la Televisión Canaria en el espacio “30 minutos”, donde fue entrevistado por el periodista Mayer Trujillo. Dicha entrevista en la que el prelado aborda cuestiones muy interesantes relativas a la fe, se puede visionar entrando en el blog: comunicacionobispadodetenerife.blogspot.com.
Por otro lado, en el referido blog también se puede encontrar un enlace al reportaje que emitió Televisión Española sobre la Diócesis Nivariense, previo a la transmisión en directo de la Misa de Todos los Santos desde la parroquia de La Concepción, en Santa Cruz de Tenerife. El reportaje, que tiene una duración de 11 minutos, recoge datos del origen de la Diócesis, de la labor de diversas pastorales, etc.
El candidato socialista a la alcaldía de La Laguna, Gustavo Matos, anunció que el Ministerio de Fomento invertirá alrededor de un millón de euros en la segunda y tercera fase de la restauración del Convento de las Clarisas. Concretamente, la partida para 2011 será de 550.171,95 euros, mientras que para 2012 se han comprometido 412.800,92 euros.
“El mundo avanza gracia a unos pocos, pero lo sostenemos todos”, es el mensaje para 2011 –profundamente social y apostólico- con el que la Familia Hospitalaria se ha dirigido a sus subscriptores y cooperantes.
Por cierto que la Obra Social de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, tiene un nuevo proyecto que consiste en la construcción de un Hospital Traumatológico en la ciudad de Douala en Camerún, para atender a gente necesitada.Esta iniciativa requiere de la solidaridad de todos para poder llevarse a cabo. Las personas interesadas en colaborar, pueden hacer sus donativos de las siguiente formas: Realizando un ingreso o transferencia al número de cuenta 0049 5638 11 2016034131 (Banco Santander), entregando los donativos al Hermano Superior del Hospital San Juan de
Dios de Tenerife, o escribiendo a la dirección de e-mail: JoseRamon.Perez@sdj.es.
La Casa de Oración y sede de la Asociación Pública de Fieles "Fraternidad del Servidores del Corazón Sacerdotal de Jesús" en San Pedro Daute, Garachico ya cuenta con su nueva programación de actos. En los próximos meses pasarán por esta Casa de Oración para impartir retiros, talleres, etc. personas como el Cardenal Carlos Amigo Vallejo o la Hermana Glenda. La cita más inmediata es la del 6 de diciembre, de 9.30 a 19:00 horas. Se trata de una iniciativa abierta a todo el mundo dirigida por Fray Manolo Buiza, fraile franciscano guardián del Convento de Santo Domingo de Cáceres y experto en retiros y pastoral juvenil. Las plazas son limitadas. Teléfono de información: 922 83 02 44 .
La parroquia de San Marcos, en el municipio de Tegueste, acaba de rehabilitar una de sus piezas más emblemáticas dentro del rico patrimonio que contiene la iglesia de la villa: un órgano de mediados del siglo XIX cuya restauración ha costado cerca de 15.000 euros, cantidad sufragada por los feligreses del templo.
La Comisión de la Visita Lustral de la imagen de La Esperanza y de las Fiestas Patronales de Santa Catalina Mártir del barrio de Santa Catalina del municipio de La Guancha está distribuyendo el Programa de Actos. La portada a todo color presenta juntas las imágenes de La Esperanza y Santa Catalina. Los actos se desarrollarán desde el 18 al 27 de Noviembre. Por octava vez la imagen de la Virgen de la Esperanza peregrina al barrio. La primera visita comenzó el año 1975 con motivo del Año Santo y así se ha mantenido cada cinco años.
La Comisión Diocesana de 'Justicia y Paz' en Tenerife, ha emitido un comunicado en el que se manifiesta "consternada ante los acontecimientos que están sucediendo en El Aaiún, unida a tantas voces de condena y denuncia que se han levantado en contra de los mismos, expresa su más enérgica condena ante la actitud del régimen marroquí". Además, rechaza "el ataque indiscriminado por parte de unidades militares y policiales contra miles de civiles saharauis que pacíficamente reclamaban sus derechos económicos y sociales en el campamento de Gdaim Izik.
El pasado 7 de octubre Jesús Calero, misionero javeriano de la isla de La Palma, concretamente de El Paso, hizo su consagración definitiva al Señor en la familia de los misioneros javerianos. Jesús Manuel Calero Perera se encuentra actualmente en Bongor (Chad). Ahora, el sábado día 20, en dicho país, será ordenado diácono.
La Gomera cuenta con el Aula de Pensamiento Social “Oscar Romero”. Se trata de un espacio que se crea, por segundo año consecutivo, impulsada por la parroquia de S. Juan de Vallehermoso para la reflexión, el diálogo y debate, sobre los interrogantes que se ciernen, una y otra vez, sobre el mundo en que vivimos. El aula busca, desde una base de respeto y diálogo, aportar algo de luz desde el mensaje cristiano a cada una de las realidades que envuelven nuestra vida cotidiana. El 26 de este mes será la primera sesión del Aula bajo el título: “Recobrar la dignidad de la política”.
Precisamente en La Gomera, este viernes, se desarrollará una nueva sesión de la Comisión de Seguimiento del convenio suscrito entre el Obispado y el Cabildo de La Gomera en cuestiones de patrimonio. En dicha reunión estarán presentes el obispo nivariense y el arcipreste de La Gomera, Domingo Díaz.
ZENIT publica la intervención que dirigió Benedicto XVI el lunes, 1 de Noviembre de 2010, solemnidad de todos los santos, al rezar a mediodía el Ángelus junto a varios miles de peregrinos congregados en la plaza de San Pedro.
Queridos hermanos y hermanas:
La solemnidad de todos los santos, que hoy celebramos, nos invita a elevar la mirada al Cielo y a meditar en la plenitud de la vida divina que nos espera. "Somos hijos de Dios, y lo que seremos no se ha manifestado todavía" (1Juan 3, 2): con estas palabras el apóstol Juan nos asegura la realidad de nuestra futura relación con Dios, así como la certeza de nuestro destino futuro. Como hijos amados, por este motivo, recibimos también la gracia para soportar las pruebas de esta existencia terrena, el hambre y la sed de justicia, las incomprensiones, las persecuciones (Cf. Mateo 5, 3-11), y al mismo tiempo heredamos ya desde ahora lo que se promete en las bienaventuranzas evangélicas, "en las cuales resplandece la nueva imagen del mundo y del hombre que inaugura Jesús" (Benedicto XVI, Gesù di Nazaret, Milán 2007, 95; Jesús de Nazaret). La santidad, imprimir a Cristo en uno mismo, es el objetivo de la vida del cristiano. El beato Antonio Rosmini escribe: "El Verbo se había impreso a sí mismo en las almas de sus discípulos con su aspecto sensible... y con sus palabras... había dado a los suyos esa gracia... con la que el alma percibe inmediatamente al Verbo" (Antropologia soprannaturale, Roma 1983, 265-266, Antropología sobrenatural). Y nosotros experimentamos con antelación el don de la belleza de la santidad cada vez que participamos en la Liturgia eucarística, en comunión con la "multitud inmensa" de los bienaventurados, que en el Cielo aclaman eternamente la salvación de Dios y del Cordero (Cf. Apocalipsis 7, 9-10). "La vida de los Santos no comprende sólo su biografía terrena, sino también su vida y actuación en Dios después de la muerte. En los santos es evidente que, quien va hacia Dios, no se aleja de los hombres, sino que se hace realmente cercano a ellos" (encíclica Deus caritas est, 42).
Consolados por esta comunión de la gran familia de los santos, mañana conmemoraremos todos los fieles difuntos. La liturgia del 2 de noviembre y el piadoso ejercicio de visitar los cementerios nos recuerdan que la muerte cristiana forma parte del camino de asimilación a Dios y que desaparecerá cuando Dios será todo en todos. Si bien la separación de los afectos terrenales es ciertamente dolorosa, no debemos tener miedo de ella, porque cuando está acompañada por la oración de sufragio de la Iglesia, no puede quebrar los profundos lazos que nos unen en Cristo. En este sentido, san Gregorio de Niza afirmaba: "Quien ha creado todo con la sabiduría, ha dado esta disposición dolorosa como instrumento de liberación del mal y posibilidad para participar en los bienes esperados (De mortuis oratio, IX, 1, Leiden 1967, 68).
Queridos amigos, la eternidad no es "un continuo sucederse de días del calendario, sino algo así como el momento pleno de satisfacción, en el cual la totalidad nos abraza y nosotros abrazamos la totalidad" (encíclica Spe Salvi, 12) del ser, de la verdad, del amor. Encomendemos a la virgen María, guía segura hacia la santidad, nuestra peregrinación hacia la patria celestial, mientras invocamos su maternal intercesión por el descanso eterno de todos nuestros hermanos y hermanas, que se han dormido en la esperanza de la resurrección.
[Tras rezar el Ángelus, el Papa añadió en italiano:]
Ayer por la tarde, en un gravísimo atentado en la catedral siro-católica de Bagdad, decenas de personas murieron y quedaron heridas, entre las cuales dos sacerdotes y un grupo de fieles reunidos con motivo de la santa misa dominical. Rezo por las víctimas de esta absurda violencia, que es aún más feroz pues ha golpeado a personas inermes, reunidas en la casa de Dios, que es casa de amor y reconciliación. Expreso, además, mi afectuosa cercanía a la comunidad cristiana, que ha vuelto a ser golpeada, y aliento a todos los pastores y fieles a perseverar en la fortaleza y en la firmeza de la esperanza. Ante los crueles episodios de violencia que siguen destrozando a las poblaciones de Oriente Medio, quisiera renovar por último mi apremiante llamamiento a la paz: es don de Dios, pero es también el resultado de los esfuerzos de los hombres de buena voluntad, de las instituciones nacionales e internacionales. ¡Que todos unan sus fuerzas para que termine toda violencia!
[A continuación, el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas, en español, dijo:]
Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española que participan en esta oración mariana. Hoy celebramos la fiesta de Todos los Santos, la multitud de hermanos nuestros en la fe que, a lo largo de todos los siglos, han llegado a la casa del Padre e interceden por nosotros. Ellos nos recuerdan que Dios nos mira con amor y nos llama también a nosotros a una vida de santidad, a la plenitud de la caridad, a vivir completamente identificados con Cristo. Que la intercesión de la Virgen María y el ejemplo de los santos nos ayuden a recorrer con alegría el camino que lleva a la bienaventuranza eterna. Feliz Fiesta.
[Traducción del original italiano realizada por Jesús Colina
©Libreria Editrice Vaticana]
Texto del micro radial de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, emitido por LT 9 (31 de octubre de 2010). (AICA)
SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS
El próximo 1 de noviembre celebramos la Solemnidad de Todos los Santos. Es una fiesta que tiene un profundo sentido de fe y de esperanza para nuestra condición de peregrinos. El peregrino se reconoce protagonista del mundo que vive, pero su mirada tiene horizontes de plenitud porque sabe que en el futuro está lo definitivo. Por otra parte, este futuro para el peregrino cristiano no es incierto, sino que camina con la certeza de saber adonde va. Esto no significa que no tenga dificultades o que siempre vea con claridad. Sabe que hay una meta, pero lo esencial es que conoce quién es el Camino. Esta es su certeza. Esto no suprime la búsqueda del hombre, pero ha encontrado el camino que eleva su inteligencia y da sentido a su vida.
Esto es lo importante de la fe, antes de ser un conjunto de verdades nos introduce en una historia personal en la que Dios tiene la iniciativa, y en la cual Jesucristo es su momento definitivo. La fe nos introduce en esa verdad de Dios que nos involucra, porque somos su obra mayor. Ella nos abre a un diálogo con él que descubre el sentido de nuestras vidas pero, sobre todo, nos da la posibilidad de hacerlo realidad. La fe no nos muestra un camino y nos deja huérfanos. Tampoco es una respuesta puntual a cada problema, no es un recetario diría, sino una realidad nueva que nos ilumina y da sentido a nuestra vida. Caminar en la fe puede ser, incluso, caminar en la oscuridad, pero con la certeza de estar en un camino que tiene horizontes de una Vida Plena.
A esta Vida que tiene su fuente en Dios la llamamos santidad. Dios es Santo. El hombre ha sido creado para participar de esta vida divina, por ello decimos que la santidad es la vocación de todo hombre. En la Fiesta de Todos los Santos celebramos en primer lugar a Dios, fuente de la santidad, pero también a aquellos hermanos nuestros que en su vida han participado de esta vida de Dios. Algunos han sido reconocidos por la Iglesia y se nos proponen como ejemplo, otros han vivido igualmente esta dimensión de la presencia de Dios en sus vidas. Si tenemos que hablar en la Iglesia de una jerarquía, es decir, de quienes ocupan el lugar más destacado, tenemos que hablar de los santos. Son ellos el testimonio de la presencia viva de Dios en el mundo. Cuando se pierde de vista el orden de esta jerarquía, es decir, cuando Dios no ocupa el lugar central, la vida de la Iglesia se empobrece.
En la Misa de Todos los Santos leemos el evangelio de las Bienaventuranzas, en las que Jesucristo nos presenta el ideal de lo que podríamos llamar el estilo de vida de la santidad. Este ideal necesita de la presencia de él, en nosotros, como gracia. La vida cristiana no es voluntarismo, sino presencia activa de Dios. Jesucristo no sólo nos marca un camino, sino que se queda con nosotros para caminarlo juntos: “Bienaventurados, nos dice, lo que tienen alma de pobres, porque a ellos pertenece el Reino de los Cielos. Bienaventurados los afligidos, porque serán consolados… Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Bienaventurados los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios, Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios…” (Mt. 5, 1-12).
Reconociendo esta presencia de Dios en tantos hermanos nuestros, que son la mayor riqueza de este mundo hermoso pero trágico, que es bueno pero con muchas heridas, les hago llegar junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor y María Santísima.
Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz
ZENIT publica la intervención de Benedicto XVI al rezar el domingo 31 de Octubre de 2010 la oración mariana del Ángelus junto a miles de peregrinos congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano.
Queridos hermanos y hermanas:
El evangelista san Lucas presta una atención particular al tema de la misericordia de Jesús. En su narración, encontramos algunos episodios que destacan el amor misericordioso de Dios y de Cristo, quien afirma que no vino a llamar a los justos, sino a los pecadores (Cf. Lucas 5,32). Entre las narraciones de Lucas, se encuentra la de la conversión de Zaqueo, que presenta la liturgia de este domingo. Zaqueo es un "publicano", es más, el jefe de los publicanos de Jericó, importante ciudad en el río Jordán. Los publicanos eran los recaudadores de los impuestos que los judíos debían pagar al emperador romano, y por este motivo eran considerados pecadores públicos. Además, aprovechaban con frecuencia su posición para hacer chantaje y sacar dinero a la gente. Por este motivo, Zaqueo era muy rico, pero despreciado por sus conciudadanos. Por tato, cuando Jesús, al atravesar Jericó, se detuvo precisamente en casa de Zaqueo, suscitó un escándalo general. El Señor, sin embargo, sabía muy bien lo que hacía. Por así decir quiso arriesgar y ganó la apuesta: Zaqueo, profundamente impresionado por la visita de Jesús, decide cambiar de vida, y promete restituir el cuádruple de lo que ha robado. "Hoy ha llegado la salvación a esta casa", dice Jesús y concluye: "el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido".
Dios no excluye a nadie, ni a pobres y ni a ricos. Dios no se deja condicionar por nuestros prejuicios humanos, sino que ve en cada uno un alma que hay que salvar, y le atraen especialmente aquellas almas que son consideradas perdidas y que así lo creen ellas mismas. Jesucristo, encarnación de Dios, ha demostrado esta inmensa misericordia, que no le quita nada a la gravedad del pecado, sino que busca siempre salvar al pecador, ofrecerle la posibilidad de rescate, de volver a comenzar, de convertirse. En otro pasaje del Evangelio, Jesús afirma que es muy difícil para un rico entrar en el Reino de los cielos (Cf. Mateo 19, 23). En el caso de Zaqueo, vemos precisamente que lo que parece imposible se realiza: "Él entregó su riqueza e inmediatamente quedó sustituida por la riqueza del Reino de los cielos", comenta san Jerónimo (Homilía sobre el Salmo 83, 3). Y san Máximo de Turín añade: "Las riquezas son un alimento para los necios para la deshonestidad; sin embargo, para los sabios son una ayuda para la virtud; a éstos se les ofrece una oportunidad para la salvación, en el caso de los otros provoca un traspiés que les arruina" (Sermones, 95).
Queridos amigos, ¡Zaqueo acogió Jesús y convirtió, pues Jesús había sido el primero en acogerle! No le había condenado, sino que le había respondido a su deseo de salvación. Pidamos a la Virgen María, modelo perfecto de comunión con Jesús, que experimentemos la alegría de recibir la visita del Hijo de Dios, de quedar renovados por su amor, y transmitir a los demás su misericordia.
[Tras rezar el Ángelus, el Papa añadió en italiano:]
Ayer, en la catedral de Oradea Mare, en Rumania, el cardenal Peter Erdö proclamó beato a Szilárd Bogdánffy, obispo y mártir. En 1949, cuando tenía 38 años, fue consagrado obispo en la clandestinidad y luego fue arrestado por el régimen comunista de su país, Rumanía, con la acusación de conspiración. Después de cuatro años de sufrimientos y humillaciones, murió en la cárcel. ¡Demos gracias a Dios por este heroico pastor de la Iglesia que siguió al Cordero hasta el final! Que su testimonio consuele a todos los que también hoy son perseguidos a causa del Evangelio.
[El Papa dirigió su saludó en varios idiomas. En español, dijo:]
Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española. Os animo a salir al encuentro de Jesús que, como nos ha enseñado el evangelio de este domingo con el ejemplo de Zaqueo, quiere llenarnos de alegría y darnos la salvación. Delante de Dios no hay nadie demasiado pequeño. Todos podemos acoger al Señor en nuestras vidas y dejarnos transformar por él. Que la Virgen María nos ayude a intensificar nuestro amor a Dios. Feliz domingo.
[Traducción del original italiano realizada por Jesús Colina
©Libreria Editrice Vaticana]
Los Obispos de Venezuela, reunidos en Asamblea Plenaria Extraordinaria, han publicado un comunicado para preparar a la comunidad católica al tiempo de Adviento y Navidad. (Fides)
XLI Asamblea Extraordinaria Plenaria
COMUNICADO CAMINEMOS A LA LUZ DEL SEÑOR
1.- Reunidos en Asamblea Extraordinaria, los Arzobispos y Obispos de Venezuela queremos hacer llegar a toda la familia venezolana, nuestro saludo y bendición. Siendo nuestra última reunión plenaria del año y acercándose los tiempos de Adviento y Navidad queremos compartir los esperanzadores mensajes de paz que acompañan el nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo y su presencia en el mundo como manifestación visible del amor de Dios.
2.- Los invitamos a leer con detenimiento, de manera personal, familiar o en asamblea de oración, los textos bíblicos del Adviento y la Navidad, tales como el capítulo 2 del Profeta Isaías quien nos invita a elevar nuestra mirada a Dios que salva, a convertirnos, cambiar de mentalidad, forma de vida y de actuar, abrirnos a la reconciliación y la fraternidad. Este es el camino adecuado para construir el mundo feliz que todos anhelamos. Debemos emplear los recursos para el progreso no para la destrucción, adiestrar a los niños y jóvenes para el trabajo productivo no para la guerra, forjar de las espadas arados para una convivencia fraterna.
3.- En este espíritu, compartimos la alegría y el éxito logrado por nuestros hermanos chilenos en el rescate de los 33 mineros atrapados en una mina. Su feliz reencuentro constituye una lección para el mundo entero de lo que puede la unión de esfuerzos, el respeto a la vida, la lucha mancomunada para poner los recursos de la ciencia y la tecnología al servicio de la persona humana. Al mismo tiempo, es un alerta para que se asuman las responsabilidades y se creen condiciones adecuadas para el trabajo humano. Allí estuvo presente, además, como lo señalaron muchos, la fe y la esperanza en el Señor de la vida, que eleva los espíritus y los alienta con el mandamiento supremo del amor a Dios y a los seres humanos.
4.- Concluido el proceso electoral del 26 de septiembre, estimamos que llega la hora de establecer puentes y ampliar caminos de reconciliación y de paz. La comprobación de que el país está dividido en dos, con el peligro real de mantenerse de espaldas un grupo contra el otro, nos obliga a hacer de este momento histórico un camino de entendimiento. Es la hora del reencuentro. Los venezolanos tenemos que sentirnos sujetos activos, atendidos y acompañados en las angustias y esperanzas.
5.- El gran protagonista y el auténtico ganador ha sido el pueblo venezolano, que ha participado masivamente en la jornada electoral. Esto es un claro indicio de su anhelo de buscar soluciones a los problemas sociales por caminos de mutuo respeto, de diálogo y de solidaridad sin exclusiones. El pueblo está cansado de conflictividades, odios, violencias destructoras sin sentido, promesas incumplidas. Lo que el pueblo quiere y reclama es que se le escuche y atienda, que se le dé solución concertada, pacífica y consensual a sus problemas concretos, a sus reales necesidades y a sus legítimos anhelos.
6.- De quienes han sido elegido diputados se espera que promuevan un modelo de país que supere la polarización y el enfrentamiento. Estamos ante el reto de asumir un proyecto democrático común que favorezca una cultura política de cooperación mutua y no de eliminación del adversario.
7.- Un campo de encuentro es el de la solución de la problemática educativa y universitaria. Los defectos o vicios que puedan existir deben ser denunciados y corregidos pero consideramos de justicia la lucha emprendida por los universitarios en sus reivindicaciones salariales y por un presupuesto adecuado a fin de cumplir con una educación de calidad. La democracia se consolida en la pluralidad y el respeto. No se puede desmantelar la herencia acumulada a lo largo de muchas décadas o imponer una dirección ideológica única. Un genuino humanismo debe exaltar la libertad y la responsabilidad, apoyar la pluralidad para encontrar afanosamente la verdad compartida por la mayoría.
8.- Se habla de un nuevo Código Orgánico Penal. Es un instrumento necesario en cualquier sociedad y después de la Constitución, es un instrumento jurídico fundamental. La importancia y trascendencia de los temas que debe contener este instrumento exigen una amplia consulta y un gran consenso. Este cuerpo legal debe tener un sentido pedagógico, promover la cultura de la vida y el respeto de los unos para con los otros y no alimentar la exclusión.
9.- Tener mejor calidad de vida y favorecer la convivencia ciudadana no se logra con abrir la puerta para legalizar, despenalizar o criminalizar acciones o situaciones que encierran un menosprecio a la vida como el aborto, la eutanasia, el secuestro. Los derechos de la gente tocan a la racionalidad y al discernimiento. Invitamos a releer la Encíclica "El Evangelio de la Vida" de Juan Pablo II, publicada hace quince años pues sigue teniendo vigencia hoy día.
10.- Se están cumpliendo diez años del inicio del Concilio Plenario de Venezuela. En sus documentos se nos presenta un proyecto pastoral de la Iglesia como pueblo de Dios, que anima a la participación y la corresponsabilidad de los bautizados. El Concilio desafía hacer de las diócesis, parroquias, colegios, universidades, movimientos apostólicos, espacios de diálogo, de discusión, de crecimiento y de comunión.
11.- Que el Señor en el tiempo de Adviento y Navidad despierte en nosotros el deseo de prepararnos a la venida de Cristo con la práctica de las obras de misericordia, que en estos momentos en Venezuela pasan por el diálogo y el entendimiento entre todos, para que, podamos entrar al Reino de los cielos. Con nuestra bendición.
Los Arzobispos y Obispos de Venezuela
Caracas, 21 de octubre de 2010.
JESUSCRISTO, REY DEL UNIVERSO/C
21 de Noviembre de 2010
Que Jesucristo, el rey de la vida, del amor y del perdón,
esté con todos vosotros.
- Estamos al final del año litúrgico. Llevamos ya muchos domingos escuchando de forma continua el evangelio de Lucas, que nos va ofreciendo los hechos y las palabras de Jesús, que son Buena Noticia de vida y de esperanza. Y hoy, en este último domingo, nuestros ojos se fijan en él, en Jesús, y lo reconocemos como Señor, como Rey, como aquel
que guía nuestras vidas y guía también la historia entera de la humanidad.
- Y este Rey que celebramos y al que queremos seguir, lo contemplaremos hoy en el evangelio como un hombre fracasado, torturado, humillado en el suplicio de la cruz. Pero es allí, en aquel lugar de fracaso, donde nosotros lo reconocemos como la presencia más plena del amor de Dios. Allí muestra toda su ternura al ladrón que le pide ayuda. Allí nos muestra,
también a nosotros, su proximidad amorosa a nuestras vidas mientras caminamos por este mundo, y la promesa de la vida para siempre cuando el camino
de este mundo se acabe.
A. penitencial: Ante Cristo clavado en la cruz, el Salvador del mundo, pidamos gracia y perdón para celebrar esta Eucaristía. (Silencio).
- Tú, que eres la plenitud de todo cuanto existe. SEÑOR,TEN PIEDAD.
- Tú, que con tu sangre nos has abierto el camino hacia Dios. CRISTO, TEN PIEDAD.
- Tú, que eres la cabeza de tu cuerpo, la Iglesia. SEÑOR, TEN PIEDAD.
1. lectura (2 Samue/5, 7 -3): Escuchemos ahora una historia antigua: el momento en el que los israelitas eligen a David como rey. Es como un símbolo de lo que Jesús es para nosotros.
2. lectura (Colosenses 7,72-20): La segunda lectura nos habla de Jesucristo con palabras muy solemnes. Unas palabras solemnes que manifiestan la fe en aquel que luego, en el evangelio, contemplaremos clavado en la cruz.
Oración universal: A Jesús, Señor nuestro, nuestro Rey y nuestro Camino, orémosle diciendo: SEÑOR JESÚS, ACUÉRDATE DE NOSOTROS.
Por la Iglesia, por todos los que, en el mundo entero, queremos seguir el camino del Evangelio. OREMOS:
Por los que trabajan para hacer de este mundo un lugar de paz, en el que toda persona pueda vivir con esperanza y confianza. OREMOS:
Por los pobres y los enfermos, por los que se sienten abandonados, por todos los que viven en el dolor y la tristeza. OREMOS:
Por nuestros familiares y, amigos que han muerto. OREMOS:
Por nosotros, los que hoy nos hemos reunido en esta iglesia para celebrar el domingo, el día del Señor. OREMOS:
Señor Jesús, escucha nuestras súplicas y condúcenos a tu Reino. Tú, que vives y reinas ...
Padrenuestro: Oremos ahora a Dios nuestro Padre pidiendo que venga su Reino. Unidos a Jesucristo, nos atrevemos a decir:
CPL
ZENIT publica el artículo que ha escrito monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas, con el título "Silenciar la voz de la religión".
Silenciar la voz de la religión
VER
Estamos enfrascados en una serie de discusiones repetitivas sobre el papel de la religión en la vida pública, en la política y la economía, en los ámbitos legislativos y judiciales, en la educación y en los medios de comunicación. Son frecuentes las acusaciones a nuestra Iglesia de querer imponer dogmas y normas al país, de pretender intervenir en asuntos políticos, de violar el Estado laico, de no respetar la separación Iglesia-Estado, y nos recuerdan lo dicho por Jesús de que "al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios", como si les importara mucho la Palabra de Dios, o como si nosotros fuéramos los desobedientes al mandato divino, o como si nos tuviera que dejar inactivos y callados la pretensión de algunos césares actuales (gobernantes, líderes políticos y legisladores) de creerse dioses, ante quienes todos deben doblar la rodilla. Ellos son los primeros en no darle a Dios lo que es de Dios.
Es más frecuente la postura de aquellos que siguen defendiendo que su fe es para su vida privada y que nada tiene que ver con el ejercicio de sus funciones públicas. Lo dicen con una real convicción, como si conocieran muy a fondo lo que implica la fe cristiana, que no se puede encerrar en el círculo íntimo de la conciencia y del hogar, sino que engloba toda la vida, todos los criterios y todos los comportamientos. Esto parece más bien fruto de ignorancia religiosa o de conveniencia electorera.
JUZGAR
En su muy reconocido discurso ante el Parlamento británico, el Papa Benedicto XVI expresó: "El mundo de la razón y el mundo de la fe -el mundo de la racionalidad secular y el mundo de las creencias religiosas- necesitan uno de otro y no deberían tener miedo de entablar un diálogo profundo y continuo, por el bien de nuestra civilización.
En otras palabras, la religión no es un problema que los legisladores deban solucionar, sino una contribución vital al debate nacional. Desde este punto de vista, no puedo menos que manifestar mi preocupación por la creciente marginación de la religión, especialmente del cristianismo, en algunas partes, incluso en naciones que otorgan un gran énfasis a la tolerancia. Hay algunos que desean que la voz de la religión se silencie, o al menos que se relegue a la esfera meramente privada. Hay quienes esgrimen que la celebración pública de fiestas como la Navidad debería suprimirse según la discutible convicción de que ésta ofende a los miembros de otras religiones o de ninguna. Y hay otros que sostienen -paradójicamente con la intención de suprimir la discriminación- que a los cristianos que desempeñan un papel público se les debería pedir a veces que actuaran contra su conciencia. Éstos son signos preocupantes de un fracaso en el aprecio no sólo de los derechos de los creyentes a la libertad de conciencia y a la libertad religiosa, sino también del legítimo papel de la religión en la vida pública. Quisiera invitar a todos ustedes, por tanto, en sus respectivos campos de influencia, a buscar medios de promoción y fomento del diálogo entre fe y razón en todos los ámbitos de la vida nacional" (17-IX-2010).
Y en su encuentro con la Reina Isabel II, dijo: "Al reflexionar sobre las enseñanzas aleccionadoras del extremismo ateo del siglo XX, jamás olvidaremos cómo la exclusión de Dios, de la religión y de la virtud en la vida pública, conduce finalmente a una visión sesgada del hombre y de la sociedad y, por lo tanto, a una visión restringida de la persona y de su destino" (16-IX-2010).
ACTUAR
Alentamos a los que tienen responsabilidades políticas y sociales, si se reconocen creyentes en Cristo, que se acerquen más a El ahora, y no se queden con el Bautismo y quizá la Primera Comunión de cuando eran niños. Que lo conozcan y se relacionen más con El. El no es enemigo, sino amigo, camino, verdad, luz y vida. No escondan su creencia, sino demuéstrenla, no sólo participando en la Misa dominical y en otros ritos, sino sobre todo ejerciendo la justicia social, amando por encima de todo la verdad, venciendo la corrupción, dialogando con quienes piensan distinto, para llegar a acuerdos consensuados, amando y sirviendo a los pobres.
Información sacada de tríptico informativo sobre futuro centro de traumatología de Duoala en Camerún promovido por la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios.
LA ORDEN HOSPITALARIA DE SAN JUAN
DE DIOS EN CAMERÚN
La Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, cuyo origen se remonta al siglo XVI, realiza más de 20 millones de asistencias anuales a través de 309 centros sociosanitarios. Estos se encuentran repartidos en 51 países de los cinco continentes. En África hay 21 centros de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios.
La Orden está presente en Camerún desde 1968 a través de dos centros sanitarios. El principal centro de los Hermanos de San Juan de Dios en este país africano es el Saint John of God Hospital. Especializado en traumatología y ortopedia, se dedica fundamentalmente a las intervenciones quirúrgicas, aunque también ofrece los servicios de medicina general, maternidad, rayos X, laboratorio y farmacia.
El Saint John of God Hospital está situado en un pequeño pueblo llamado Nguti, de unos 14.000 habitantes, situado a 270 kilómetros de Douala.
El nuevo centro de Douala permitirá a la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios llegar a un mayor número de personas que necesitan asistencia sanitaria en esta especialidad.
La Oficina de Prensa del Obispado de Tenerife nos envía información y tríptico sobre el proyecto de la Orden Hospitalaria San Juan de Dios de un Hospital Traumatológico en Camerún.
PROYECTO DE UN HOSPITAL TRAUMATOLÓGICO EN CAMERÚN PROMOVIDO POR LA ORDEN HOSPITALARIA SAN JUAN DE DIOS
viernes, 12 de Noviembre de 2010
La Obra Social de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, tiene un nuevo proyecto que consiste en la construcción de un nuevo Hospital Traumatológico en la ciudad de Douala en Camerún, para atender a gente necesitada.
El centro de traumatología y ortopedia San Juan de Dios será el primero de estas características en Douala, donde existe una gran demanda de tratamiento de patologías de esta especialidad. Éstas se deben a malformaciones congénitas e infecciones y también al alto índice de accidentes laborales y de tráfico que existe en Camerún.
Douala es hoy, con cerca de dos millones de habitantes, la ciudad más grande del país y una de las más pobladas de África Central. Este nuevo centro sanitario, que será el tercer centro de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios en Camerún y el segundo especializado en traumatología y ortopedia, permitirá tratar a niños y adultos con graves discapacidades físicas que les impiden ir al colegio y trabajar.
Esta iniciativa requiere de la solidaridad de todos para poder llevarse a cabo. Las personas interesadas en colaborar, pueden hacer sus donativos de las siguiente formas:
- Realizando un ingreso o transferencia al número de cuenta
0049 5638 11 2016034131 (Banco Santander)
- Entregando tu donativo al Hermano Superior del Hospital San Juan de
Dios de Tenerife.
- Escribiendo a la dirección de e-mail: JoseRamon.Perez@sdj.es
Comunicado de la Congregación para el Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos para celebración de Vigilia pro vida naciente, enviado por la Delegación Diocesana "familia y Vida" de la diócesis de Tenerife con los materiales.
CONGREGATIO DE CULTU DIVINO
ET DISCIPLINA SACRAMENTORUM
PONTIFICIUM CONSILIUM
PRO FAMILIA
Prot. N. 2010/0405-11/15
Ciudad del Vaticano, 14 de junio de 2010
Eminencia/ Excelencia:
El próximo sábado 27 de noviembre el Santo Padre celebrará en la Basílica de
San Pedro una solemne "Vigilia por la vida naciente" coincidiendo con las Primeras Vísperas del primer Domingo de Adviento en el marco de la cercana solemnidad de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo. La Vigilia comprenderá, además de las Vísperas, también la adoración eucarística, para agradecer al Señor que, con el don total de si mismo, ha dado sentido y valor a toda vida humana y para invocar su protección sobre cada ser humano llamado a la existencia.
Es deseo del Santo Padre que en las Iglesias particulares los Obispos presidan celebraciones análogas e involucren a las parroquias, a las comunidades religiosas, a las asociaciones y a los movimientos. Por este motivo nos ha encargado hacer esta invitación en su nombre.-
Todos nosotros somos concientes de los peligros que amenazan hoy la vida humana a causa de la cultura relativista y utilitarista que ofusca la percepción de la dignidad propia de cada persona humana, cualquiera que sea el estadio de su desarrollo. Estamos llamados más que nunca a ser "el pueblo de la vida" Uuan Pablo 11, Encíclica Evangelium vitae, n. 79) con la oración y el compromiso. Con esta Vigilia celebrada en todas las Iglesias particulares en unión con el Santo Padre, pastor universal, impetraremos la gracia y la luz del Señor para la conversión de los corazones y daremos un testimonio eclesial común a favor de una cultura de la vida y del amor.
Confiamos que usted, en calidad de Presidente de la Conferencia Episcopal, sabrá involucrar con rapidez y en el modo más oportuno a todos los Obispos de su País, para que puedan inserir esta iniciativa en su agenda diocesana.
Lo saludamos con vivos sentimientos de fraternidad.
Antonio Cardenal Cañizares Llovera
Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos
Ennio Cardenal Antonelli
Presidente del Pontificio Consejo para la Familia
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A los Emmos. y Excmos.
Presidentes de las Conferencias Episcopales
en sus respectivas Sedes
00120 STATO CITTA DEL VATICANO
Comunicado de la Subcomisión para la Familia y defensa de la Vida de la Conferencia Episcopal Española sobre la Jonada "por la vida naciente", enviado por Delegación diocesana de la diócesis de Tenerife entre los materiales para su celebración el 27 de Noveimbre de 2007.
CONFERENCIA EPlSCOPAL ESPANOLA
COMlSlON EPlSCOPAL DE APOSTOLADO SEGLAR
SUBCOMISION EPISCOPAL PARA LA FAMILIA
Y LA DEFENSA DE !A VIDA
Secretariado
Madrid, 7 de octubre de 201 0
A los señores Cardenales, Arzobispos y Obispos de las Diócesis de España.
Querido hermano en el Episcopado:
El próximo sábado 27 de noviembre, el Santo Padre celebrará en la Basílica de
San Pedro una solemne Vigilia por la vida naciente en el marco de las primeras Vísperas del primer domingo de Adviento.
Según consta en una carta dirigida al Sr. Cardenal Presidente de la C.E.E. por los Srs. Cardenales D. Antonio Cañizares Llovera Y D. Ennio Antonelli, es deseo del Papa Benedicto XVI que en Las Iglesias particulares los Obispos presidan alguna celebración semejante en comunión con las parroquias, asociaciones y movimientos.
Por esta razón, el Comité Ejecutivo, en su 348 reunión del día 15 de julio, solicitó a la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida la preparación de materiales prácticos para su realización. En breve, la Subcomisión se pondrá en contacto con tu Delegado de Pastoral Familiar para que recibáis el cartel y una propuesta para unirse a la Vigilia de oración del Santo Padre en la cantidad que consideréis oportuna.
Recibe un afectuoso saludo,
Juan Antonio Reig Pla
Obispo de Alcalá de Henares
Presidente de la Subcomisión de Familia y Vida
La Delegación Diocesana de "Familia y Vida" de la diócesis de Tenerife envía los materiales para la celebración de la Jornada "por la vida naciente" a celebrar el 27 de Noviembre de 2010.
San Cristóbal de La Laguna, 7 de noviembre de 2010.
Queridos hermanos en Cristo.
Como seguramente bien sabrás, el Papa Benedicto XVI ha solicitado a toda la Iglesia que se dedique una especial jornada de oración “por la vida naciente” en el comienzo del próximo adviento. Y para ello ha propuesto que se hagan vigilias de oración el próximo día 27 de noviembre.
En esta misma línea se ha manifestado la Conferencia Episcopal Española a través de la Subcomisión de Familia y Vida, la cual ha pedido a todos los obispos españoles que favorezcan estos momentos especiales de oración en sus respectivas diócesis.
Por todo ello, desde esta Delegación, hemos preparado unos sencillos materiales que no pretenden sino favorecer el trabajo de nuestras comunidades religiosas, parroquiales, de movimientos o de cualquier otro tipo. Ofrecemos en ellos dos tipos diferentes de vigilias de oración, un rezo especial del Santo Rosario y algunas indicaciones para la celebración de la eucaristía, si es en ella dónde se quiere hacer especial hincapié en esta petición. Es este un material que se puede usar a discreción (íntegramente, por partes, como referencia,...).
Sobra decir que cualquier llamada de atención que se haga a nuestros fieles cristianos, en estos momentos tan duros para la defensa de la vida, no va a caer en saco roto y va a despertar conciencias, a la vez que van a ser agradables al Padre que ve en nuestro interior.
Y es que, coincidiendo con las palabras de Benedicto XVI en su visita a Barcelona,
“todo hombre es un verdadero santuario de Dios, que ha de ser tratado con sumo respeto y cariño, sobre todo cuando se encuentra en necesidad”, y eso tanto en sus etapas iniciales como cuando se siente amenazado por la enfermedad, el dolor y el sufrimiento.
Estamos convencidos, desde el equipo de trabajo de esta Delegación, que tu criterio para utilizar estos materiales y potenciar la oración por la defensa y la promoción de la vida, será la mejor herramienta con la que podrás actuar al frente de tu comunidad.
Recibe un cordial saludo en el Señor y quedamos a tu disposición para cualquier asunto relacionado con el campo pastoral de esta Delegación.
El equipo de trabajo de la Delegación Diocesana de Familia y Vida
Subsidio litúrgico para la celebración de la Eucaritía del día de la Jornada por la Vida 2010, ofrecido por la Delegación Diocesana "Familia y Vida" de la Diócesis de Tenerife.
Celebración de la Eucaristía
JORNADA POR LA VIDA
27 de noviembre de 2010. Primer sábado-domingo de adviento
Monición de entrada.
Hoy, junto a nuestras preocupaciones y anhelos, ponemos sobre el altar el deseo del Santo Padre Benedicto XVI que nos ha pedido que dediquemos esta jornada a rezar por la vida, en cualquiera de sus fases, y sean las circunstancias que sean por la que atraviese. Y nada mejor que hacerlo en la eucaristía ya que podemos, por un lado, agradecer a Jesús el que nos regalase el don de si mismo, dando sentido y valor con ello a la vida humana y, por otro, invocar su protección sobre cada ser humano llamado a la existencia.
Debemos tomar conciencia de que los cristianos proclamamos el evangelio de la vida; qué nuestras vidas sean un testimonio de defensa de este valor fundamental.
Somos el pueblo de la vida y, hoy especialmente, vamos a solicitar la gracia y la luz del Señor para la conversión de los corazones a favor de la cultura de la vida y el amor.
Esquema para la homilía.
¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él? (Sal 8,5).
Desde siempre, el hombre se interroga sobre el sentido de su vida.
“Cristo, el Nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación”… (GS 22). El misterio que celebramos próximamente en la solemnidad del Nacimiento de Jesucristo es el gran Sí de dios a la vida humana. “El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido, en cierto modo, con todo hombre”… “Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de los nuestros” (GS22).
De manera especial y urgente en estos momento, “la Iglesia, (que) siente el deber de dar voz con inalterable valentía a quien no tiene voz”, hace “una confirmación precisa y firme del valor de la vida humana y de su carácter inviolable, y, al mismo tiempo, una acuciante llamada a todos y cada uno, en nombre de Dios: ¡respeta, defiende, ama y sirve a la vida, a toda vida humana” (EV 5).
“defender y promover, respetar y amar la vida es una tarea que Dios confía a cada hombre” (EV 42). Es un derecho y un deber que corresponde a todos. Sujeto insustituible de este derecho y tarea es la familia, “santuario de la vida”.
Esta tarea se resume, en cierto modo, en celebrar el evangelio de la vida, en celebrar al Dios que da la vida; y comporta celebrarlo en la oración, en la liturgia y en los sacramentos. Pero sobre todo la celebración del evangelio de la vida ha de realizarse en la existencia cotidiana vivida en el amor por los demás y en la entrega de uno mismo (cfr EV, 83-86). En “hacerse cargo” de toda la vida y de la vida de todos (cfr. EV 87-91). Momento particular de esta tarea, es la promoción de una cultura de la vida, donde “ el pueblo de la vida” (EV 78-79) en su innumerable y rica diversidad de asociaciones e instituciones está llamado a realizar un servicio insustituible en la sociedad.
La Vigilia de oración por la vida humana naciente quiere ser el grito de toda la Humanidad que se eleva a Dios Padre, dador de todo bien, con el fin de que toda vida humana sea respetada, protegida y amada.
Oración de los fieles.
Uniéndonos a la petición del Santo Padre, sintiéndonos Iglesia Universal, presentemos ante el Altísimo nuestras peticiones en favor de la vida, para que así seamos testigos de la vida en medio de esta sociedad relativista y utilitarista.
Por la Iglesia, el pueblo de la vida, enviada a anunciar, celebrar y servir al Evangelio de la vida; para que ilumine con la luz de Cristo las conciencias de todos los hombres y sea, en medio del mundo, la voz de los que no tienen voz. Roguemos al Señor.
Por los gobernantes, los legisladores y los jueces: para que protejan eficazmente el derecho a la vida de todo ser humano, también del aún no nacido, y de este modo el Estado defienda y promueva el bien común. Roguemos al Señor.
Por los matrimonios y las familias cristianas: para que sean verdaderamente santuarios de la vida y células vivas de una sociedad que ama y acoge la vida. Roguemos al Señor.
Por todos aquellos que cuidan a las personas discapacitadas, y por todos los profesionales sanitarios; para que jamás cedan a la tentación de pensar que hay vidas menos dignas de ser vividas. Roguemos al Señor.
Por los jóvenes; para que aprendan a valorar y a respetar la vida y para que descubran que no existe libertad al margen de la verdad. Roguemos al Señor.
Por las futuras madres en dificultades; para que encuentren comprensión y afecto en su familia, y soluciones eficaces en la sociedad. Roguemos al Señor.
Por todas las víctimas de los atentados contra la vida: del aborto, de la eutanasia, de los homicidios, del terrorismo y de los demás tipos de violencia; para que el recuerdo de su sufrimiento nos impulse a construir un mundo más humano. Roguemos al Señor.
Por la víctimas de las guerras, especialmente por aquellas que son crónicas y casi hemos olvidado, por las víctimas de la injusticia legislativa y la injusticia económica, especialmente los que mueren de hambre en el mundo. Roguemos al Señor.
Para que aunemos nuestros esfuerzos y, con la colaboración de todos los hombres de buena voluntad, construyamos una nueva cultura de la vida. Roguemos al Señor.
(Oremos) Oh Cristo, Pan de Vida, renovamos nuestro amor por Ti: En Ti encontramos la fuente de la vida eterna. Escucha nuestra oración y haznos apóstoles intrépidos del Evangelio de la vida, para construir, junto con todos los hombres y mujeres de buena voluntad, la Civilización de la verdad y del amor, para alabanza y gloria del Dios Creador y amante de la vida. Amén.
Acción de gracias
Gracias Señor por el bien
que de Ti recibo cada día.
Gracias porque derramas en mi alma
la dulzura de tu misericordia.
Gracias porque me dejas sentir tu perdón
por mis múltiples faltas.
Gracias por todas las alegrías que me ofreces.
Gracias por las penas que me envías.
Gracias porque conservas en mi alma
la Fe, Esperanza y Caridad.
Gracias Señor por la salud y la enfermedad.
Gracias Señor por el hermoso regalo de la vida.
Susidio para rezo del Santo Rosario en Jornada por la Vida Naciente a celebrar el 27 de Noviembre de 2010, ofrecido por la Delegación Diocesana "Familia y Vida" de la Diócesis de Tenerife.
REZO DEL SANTO ROSARIO
JORNADA POR LA VIDA
27 de noviembre de 2010. Primer sábado-domingo de adviento
Monición de entrada.
En este día que el Santo Padre Benedicto XVI ha pedido a toda la Iglesia que rece por la vida, en todas sus fases, ofrezcamos el rezo del Santo Rosario como ejercicio de meditación y súplica.
La plegaria insistente a la Madre de Dios se apoya en la confianza de que su materna intercesión lo puede todo ante el corazón del Hijo.
Mientras recemos este Santo Rosario tengamos en mente a los niños que son fruto de embarazos no esperados y sus madres no tienen claro cómo resolver esa situación; a los ancianos que son una carga para sus familiares; a los enfermos que no encuentran sentido a su dolor y quieren poner fin a su vida; a los gobernantes que deben plantear leyes que sean justas y defiendan la vida, por encima de cualquier otra cuestión.
Contemplamos en este Rosario los misterios gozosos a petición del Santo Padre.
Primer misterio (lo podría rezar una madre embarazada)
La anunciación a María y la Encarnación del Hijo de Dios
OFRECIMIENTO: Ofrecemos este primer misterio por todas aquellas madres que deciden llevar adelante su embarazo ante las dificultades, y también por todas aquellas que, ante esas mismas dificultades, se plantean poner fin a la vida del nuevo ser regalado por Dios.
LECTURA BÍBLICA: El Ángel le dijo: No temas María, pues Dios te ha concedido su favor. Concebirás y darás a luz un hijo, al que pondrás por nombre Jesús. Él será grande, será llamado Hijo del Altísimo (…) María dijo: He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. (Lc 1, 30-32, 38)
− Se reza el Padrenuestro y las diez avemarías y al finalizar se deja un minuto de silencio reflexivo.
ORACIÓN: Acoge, Señor, nuestra oración ya que nos refugiamos siempre en ti. Por la encarnación de tu Hijo defiéndenos de nuestros enemigos y concédenos sentirte presente en la persona y en la vida de nuestros hermanos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Segundo misterio (lo podría rezar una persona minusválida o un niño enfermo con sus padres)
La visitación de la Virgen María a su prima Santa Isabel.
OFRECIMIENTO: Ofrecemos este misterio por todas aquellas personas que sufren alguna enfermedad y que son consideradas individuos de segunda categoría. Para que encuentren consuelo en su dolor, sentido a su sufrimiento y ayuda en los demás.
LECTURA BÍBLICA: Por aquellos días, María se puso en camino y se fue deprisa a la montaña, a una ciudad de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y cuando Isabel oyó el saludo de María, el niño empezó a dar saltos en su seno. Entonces Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó a grandes voces: Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. Pero ¿cómo es posible que la madre de mi Señor venga a visitarme? (Lc 1, 39-43)
− Se reza el Padrenuestro y las diez avemarías y al finalizar se deja un minuto de silencio reflexivo.
ORACIÓN: Te ofrecemos, Señor nuestro caminar de cada día y te pedimos que, como María, vayamos siempre al encuentro de la vida y proclamemos, como ella, las maravillas de tu amor. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Tercer misterio (lo podría rezar una familia completa con sus hijos)
El nacimiento de Jesús en el portal de Belén.
OFRECIMIENTO: Ofrecemos este misterio por todas las familias para que sean santuario de vida siempre y en cualquier circunstancia, por encima de comodidades, dificultades o inconvenientes.
LECTURA BÍBLICA: Mientras estaban en Belén le llegó a María el tiempo del parto, y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada.
Había en aquellos campos unos pastores que pasaban la noche al raso velando sus rebaños. Un ángel del Señor se les apareció, y la gloria del Señor los envolvió con su luz. Entonces les entró un gran miedo, pero el ángel les dijo:
-No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será también para todo el pueblo. Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es el Mesías, el Señor. (Lc 2, 6-11)
− Se reza el Padrenuestro y las diez avemarías y al finalizar se deja un minuto de silencio reflexivo.
ORACIÓN: Con tu nacimiento, Señor, llenas de amor al mundo entero. Te pedimos que todos sintamos la alegría de cada vida nueva y que seamos ante el mundo testigos valientes del Evangelio de la vida. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
Cuarto misterio (lo podría rezar unos abuelos, mejor con los nietos)
La presentación de Jesús en el Templo.
OFRECIMIENTO: Ofrecemos este misterio por las personas mayores que son abandonadas o que se sienten apartadas. Para que todos valoremos su experiencia, su sacrificio y su dedicación de toda una vida, y demos sentido a esta etapa que ahora viven.
LECTURA BÍBLICA: Cuando se cumplieron los días de la purificación prescrita por la Ley de Moisés, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como prescribe la ley del Señor: Todo primogénito varón será consagrado al Señor. Ofrecieron también en sacrificio, como dice la ley del Señor, un par de tórtolas o dos pichones.
Había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él.
Simeón, cuando vio al Niño con sus padres, les bendijo y dijo a María, su madre: Mira, este niño va a ser motivo de que muchos caigan o se levanten en Israel. Será motivo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón; así quedarán al descubierto las intenciones de todos. (Lc 2, 22-25,34-35)
− Se reza el Padrenuestro y las diez avemarías y al finalizar se deja un minuto de silencio reflexivo.
ORACIÓN: Nosotros nos presentamos ante Ti, Señor, y te pedimos que no tengas en cuenta nuestras culpas. Atiende las súplicas que te presentamos a favor de tu Iglesia y haz que, unidos a ella, sintamos el gozo de tu presencia. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Quinto misterio (lo podría rezar unos educadores)
Jesús perdido y hallado en el templo.
OFRECIMIENTO: Ofrecemos este misterio por todos los que tienen potestad de gobernar o capacidad de educar. Para que ayudemos a las nuevas generaciones a entender que la vida es un don divino y un valor supremo que no puede depender de contingencias ni de modas.
LECTURA BÍBLICA: Sus padres iban cada año a Jerusalén, por la fiesta de la pascua.
Cuando el niño cumplió doce años, subieron a celebrar la fiesta, según la costumbre. Terminada la fiesta, cuando regresaban, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo sus padres. Estos creían que iba en la comitiva, y al terminar la primera jornada lo buscaron entre los parientes y conocidos. Al no hallarlo, volvieron a Jerusalén en su busca.
Al cabo de tres días, lo encontraron en el templo sentado en medio de los doctores, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que le oían estaban sorprendidos de su inteligencia y de sus respuestas. (Lc 2, 41-47)
− Se reza el Padrenuestro y las diez avemarías y al finalizar se deja un minuto de silencio reflexivo.
ORACIÓN: Concédenos, Señor, encontrarte siempre en los hermanos y cumplir, junto con ellos, tu voluntad. Te pedimos que con la ayuda de tu gracia sepamos acoger y meditar tu palabra que es siempre de vida para nosotros. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Letanía por la vida.
Señor, ten piedad. (Se repite)
Cristo, ten piedad. (Se repite)
Señor, ten piedad. (Se repite)
Cristo, óyenos. (Se repite)
Cristo, escúchanos. (Se repite)
Dios Padre, Creador del mundo, R/ ¡Ten piedad de nosotros!
Dios Hijo, por quien todo fue creado,
Dios Espíritu Santo, Señor y Dador de Vida,
Señor Jesús, Principio y Fin,
Señor Jesús, Camino, Verdad y Vida,
Señor Jesús, Resurrección y Vida,
Señor Jesús, Palabra Eterna de Vida,
Señor Jesús, que moraste en l vientre de la Virgen María,
Señor Jesús, que amas a los pobres y a los débiles,
Señor, Jesús, Defensor de los indefensos,
Señor Jesús, Pan de Vida,
Por cada pecado cometido en contra de la vida R/ Perdónanos Señor.
Por el pecado del aborto,
Por la muerte diaria de los inocentes en el vientre de sus madres,
Por el clamor silencioso y la indiferencia de todos tus hijos,
Por los que cooperan en esta tragedia,
Por las guerras, los genocidios y el hambre en el mundo,
Por los médicos y las enfermeras: para que puedan cultivar la vida, R/ Escúchanos Señor.
Por los responsables de los gobiernos: para que puedan defender la vida,
Por los sacerdotes: para que puedan hablar a favor de la vida,
Por todos los que hablan, escriben y trabajan por eliminar el aborto,
Por todos los que ayudan a proveer alternativas al aborto,
Por todos los que promueven la adopción,
Por los grupos pro-vida nacionales y locales,
Por el valor y la perseverancia del trabajo a favor de la vida,
Por los que pierden la vida por las injusticias de esta sociedad,
Por los que son rechazados por su posición a favor de la vida,
Por los que hacen las leyes y por los jueces,
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, R/ Perdónanos Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, R/ Escúchanos Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, R/ Ten misericordia de nosotros.
Oremos.
Dios todopoderoso, Tú has creado todo por medio de tu Hijo Jesucristo, Él venció el poder de la muerte con su Resurrección. Te pedimos que los que se confiesan cristianos, promuevan la santidad de la vida y que te sirvan fielmente. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amen.
Subsido para una vigilia de oración por la vida siguiendo la indicación del Papa a realizar una jornada de oración por la vida naciente el 27 de Noviembre de 2010. Ofrecido por la Delegación Diocesana "Familia y Vida" de la Diócesis de Tenerife.
VIGILIA DE ORACIÓN POR LA VIDA
27 de Noviembre de 2010. Primer sábado-domingo de Aviento
MODELO 2
MONICIÓN INICIAL
Nos reunimos en este día como comunidad cristiana, al comienzo del Adviento, para agradecer la vida donada por el Padre Dios, y como hijos: promover, cuidar y respetar la vida. Nos unimos en esta jornada al Papa Benedicto XVI y a toda la Iglesia en oración.
CANTO: GRACIAS, SEÑOR
Hoy, Señor, te damos gracias
por la vida, la tierra y el sol.
Hoy, Señor, queremos cantar
las grandezas de tu amor.
1.- Gracias, Padre, mi vida es tu vida,
tus manos amasan mi barro,
mi alma es tu aliento divino,
tu sonrisa en mis ojos está.
2.- Gracias, Padre, me hiciste a tu imagen,
y quieres que siga tu ejemplo
brindando mi amor al hermano,
construyendo un mundo de paz.
MONICIÓN
Dios con su Palabra crea todo. Escuchemos atentamente su proyecto más genuino al crear.
LECTURA: Gn 1, 1-31
MONICIÓN
Cuanto amor y cuanta ternura la de Dios para con nosotros sus hijos. Disfrutemos y gocémonos de ella.
POWER POINT: TU TERNURA
MONICIÓN:
A imagen y semejanza, Dios los creó, les llenó de su ternura y plantó en su corazón el evangelio de la vida. Escuchemos esta reflexión sobre la familia.
TEXTO: La familia, santuario de la vida
«Dios creó al ser humano a su imagen y semejanza; a imagen de Dios lo creó, hombre y mujer los creó, y los bendijo diciendo: creced y multiplicaos» (Gen 1,27-28). El evangelio de la vida comienza con la creación de Adán y Eva, llamados al amor conyugal, y a través de su amor, a ser padres cooperando así de manera singular con la obra creadora de Dios.
El amor conyugal entre el hombre y la mujer, fundamento de la familia, es el lugar santo donde la persona es concebida dignamente. El hijo nace del amor de los padres y es invitado a participar en su comunión de amor. La familia es también el santuario donde la vida es acogida con alegría y celebrada en la vida cotidiana, enriquecida por las ricas relaciones entre los padres, los hijos, los abuelos, etc.
Estas familias son una magnífica proclamación del Evangelio de la vida y un motivo para dar gracias a Dios: familias que a pesar de las crisis y momentos difíciles saben permanecer unidas en el amor, familias que a pesar de las dificultades viven generosamente abiertas a la vida, familias que sostienen a sus miembros más débiles o necesitados con su tiempo y sus mejores energías, etc. Todas estas familias –tantas de ellas cristianas– son un magnífico testimonio del valor de la vida y realizan un precioso servicio a la sociedad.
Este testimonio generoso de tantas familias es la mejor escuela para que los niños aprendan el valor sagrado de la vida humana y aprendan a respetar y promover la vida de todos, especialmente la de los más débiles. El gozo de la familia al acoger una nueva vida es la mejor proclamación ante los niños del valor sagrado de la vida concebida y aún por nacer de un nuevo hijo. Por ello la celebración del día de la vida puede ser una preciosa ocasión para que la familia tome más profunda conciencia de su misión de servicio a la vida.
REFLEXIÓN DE QUIEN PRESIDA O LLEVE LA ORACIÓN.
GESTO:
DEPOSITAR EN UN CUENCO CON TIERRA SEMILLAS, COMO SIGNO DE NUESTRO TRABAJO A FAVOR DE LA VIDA. ( mientras se realiza el gesto se pone una música)
PRECES:
Celebrando, hermanos, la Vida que se manifestó en Jesús, concebido en el seno de la Virgen María, elevemos nuestras plegarias al Padre pidiendo por las necesidades de todos los hombres.
Por la Iglesia, el pueblo de la vida, enviada a anunciar, celebrar y servir al Evangelio de la vida; para que ilumine con la luz de Cristo las conciencias de todos los hombres y sea, en medio del mundo, la voz de los que no tienen voz. Roguemos al Señor.
Por los gobernantes, los legisladores y los jueces: para que protejan eficazmente el derecho a la vida de todo ser humano, también del aún no nacido, y de este modo el Estado defienda y promueva el bien común. Roguemos al Señor.
Por los matrimonios y las familias cristianas: para que sean verdaderamente santuarios de la vida y células vivas de una sociedad que ama y acoge la vida. Roguemos al Señor.
Por todos aquellos que cuidan a las personas discapacitadas, y por todos los profesionales sanitarios; para que jamás cedan a la tentación de pensar que hay vidas menos dignas de ser vividas. Roguemos al Señor.
Por los jóvenes; para que aprendan a valorar y a respetar la vida y para que descubran que no existe libertad al margen de la verdad. Roguemos al Señor.
Por las futuras madres en dificultades; para que encuentren comprensión y afecto en su familia, y soluciones eficaces en la sociedad. Roguemos al Señor.
Por todas las víctimas de los atentados contra la vida: del aborto, de la eutanasia, de los homicidios, del terrorismo y de los demás tipos de violencia; para que el recuerdo de su sufrimiento nos impulse a construir un mundo más humano. Roguemos al Señor.
Por la víctimas de las guerras, especialmente por aquellas que son crónicas y casi hemos olvidado, por las víctimas de la injusticia legislativa y la injusticia económica, especialmente los que mueren de hambre en el mundo. Roguemos al Señor.
Para que aunemos nuestros esfuerzos y, con la colaboración de todos los hombres de buena voluntad, construyamos una nueva cultura de la vida. Roguemos al Señor.
Acoge, Señor de la vida, nuestras súplicas y concédenos una humanidad que favorezca y apoye la vida, Por Cristo, nuestro Señor. Amén
ORACIÓN: (para orar todos)
Oh María,
aurora del mundo nuevo,
Madre de los vivientes,
a Ti confiamos la causa de la vida:
mira, Madre, el número inmenso
de niños a quienes se impide nacer,
de pobres a quienes se hace difícil vivir,
de hombres y mujeres víctimas
de violencia inhumana,
de ancianos y enfermos muertos
a causa de la indiferencia
o de una presunta piedad.
Haz que quienes creen en tu Hijo
sepan anunciar con firmeza y amor
a los hombres de nuestro tiempo
el Evangelio de la vida.
Alcánzales la gracia de acogerlo
como don siempre nuevo,
la alegría de celebrarlo con gratitud
durante toda su existencia
y la valentía de testimoniarlo
con solícita constancia, para construir,
junto con todos los hombres de buena voluntad,
la civilización de la verdad y del amor,
para alabanza y gloria de Dios Creador
y amante de la vida.
CANTO FINAL: ALABARÉ. ALABARÉ, ALABARÉ A MI SEÑOR. (CRC, 102)
Subsidio para una viligia de oración por la vida siguiendo la indicación del Papa a realizar una jornada de oración por la vida naciente el 27 de Noviembre de 2010. Ofrecido por la Delegación Diocesana "Familia y Vida" de la diócesis de Tenrife.
VIGILIA DE ORACIÓN POR LA VIDA
27 de noviembre de 2010. Primer sábado-domingo de adviento
MODELO 1
Ambientación.
Toda la celebración podría estar presidida por una imagen (escultura, fotografía, dibujo,…) de la Virgen embarazada -en su defecto lo mismo, pero de la Virgen y el Niño-. En cualquier caso se ubicará en un lugar privilegiado y estará especialmente iluminada para su realce.
Al mismo tiempo, siguiendo este esquema, en cada uno de los símbolos que se presentan, se podría proyectar, con cualquier sistema, una imagen de un niño en cualquiera de sus fases de desarrollo –desde una ecografía, a una fotografía de diferentes niños, o fotos de ancianos–. Otra opción es proyectar imágenes de los mismos símbolos que se utilizan.
Monición de entrada.
En este primer domingo de adviento la Iglesia Universal, a petición del Santo Padre, quiere unirse en oración por la vida, principio fundamental tan puesto en peligro por el hombre y la sociedad actual.
Todos nosotros somos conscientes de los peligros que amenazan hoy la vida humana a causa de la cultura relativista y utilitarista que ofusca la percepción de la dignidad propia de cada persona, cualquiera que sea el estadio de su desarrollo.
Los cristianos estamos llamados a ser testigos de la vida y queremos dirigir nuestra mirada a Jesucristo, el Hijo de la Virgen, reconociendo en Él la proximidad y la cercanía de nuestro Dios. Por ello queremos celebrar el Evangelio de la vida, la Vida que es la luz de los hombres.
Que Santa María, Madre de los Vivientes, interceda por nosotros ante su Hijo para que seamos servidores de la vida y testigos de la sobreabundancia del amor de Dios.
Primer símbolo: unas flores
Presentamos estas flores como símbolo de delicadeza, de frescura, de sencillez, de belleza. La vida es todo eso y no podemos poner en peligro ninguna de estas características por necedad y dureza de nuestro corazón.
Texto de reflexión.
De la encíclica Evangelium vitae, 29, del Papa Juan Pablo II
Ante las innumerables y graves amenazas contra la vida en el mundo contemporáneo, podríamos sentirnos como abrumados por una sensación de impotencia insuperable: ¡el bien nunca podrá tener la fuerza suficiente para vencer el mal!
Este es el momento en que el Pueblo de Dios, y en él cada creyente, está llamado a profesar, con humildad y valentía, la propia fe en Jesucristo, «Palabra de vida» (1 Jn 1, 1).
En realidad, el Evangelio de la vida no es una mera reflexión, aunque original y profunda, sobre la vida humana; ni sólo un mandamiento destinado a sensibilizar la conciencia y a causar cambios significativos en la sociedad; menos aún una promesa ilusoria de un futuro mejor.
El Evangelio de la vida es una realidad concreta y personal, porque consiste en el anuncio de la persona misma de Jesús, el cual se presenta al apóstol Tomás, y en él a todo hombre, con estas palabras: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida» (Jn 14, 6). Es la misma identidad manifestada a Marta, la hermana de Lázaro: «Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás» (Jn 11, 25-26).
Tiempo para la reflexión personal -5 minutos- (música ambiental si es conveniente).
Oración:
María, Madre nuestra,
tú que recibiste a Jesucristo,
Luz y Vida para el mundo,
guía por el camino de la vida
a la madres que han concebido un hijo;
enséñanos a querer a los ancianos,
y a cuidar con amor a los enfermos.
Madre de la Vida y del Amor Hermoso,
ruega por nosotros.
Segundo símbolo: una ecografía
Presentamos esta ecografía como signo de defensa de la vida desde su comienzo, desde la fecundación. El designio amoroso de Dios con el hombre está grabado en el corazón humano desde el inicio de la vida y es tarea del hombre revitalizar este designio con todas sus intenciones, decisiones y acciones.
Texto de reflexión.
De la encíclica Evangelium vitae del Papa Juan Pablo II
Es urgente una gran oración por la vida, que abarque al mundo entero. Que desde cada comunidad cristiana, desde cada grupo o asociación, desde cada familia y desde el corazón de cada creyente, con iniciativas extraordinarias y con la oración habitual, se eleve una súplica apasionada a Dios, Creador y amante de la vida. Jesús mismo nos ha mostrado con su ejemplo que la oración y el ayuno son las armas principales y más eficaces contra las fuerzas del mal (cf. Mt 4, 1-11) y ha enseñado a sus discípulos que algunos demonios sólo se expulsan de este modo (cf. Mc 9, 29). Por tanto, tengamos la humildad y la valentía de orar y ayunar para conseguir que la fuerza que viene de lo alto haga caer los muros del engaño y de la mentira, que esconden a los ojos de tantos hermanos y hermanas nuestros la naturaleza perversa de comportamientos y de leyes hostiles a la vida, y abra sus corazones a propósitos e intenciones inspirados en la civilización de la vida y del amor.
Tiempo para la reflexión personal -5 minutos- (música ambiental si es conveniente).
Oración:
Oh, María aurora del mundo nuevo.
Madre de los vivientes a Ti confiamos la causa de la vida; mira, Madre, el número inmenso de niños a quienes se les impide nacer, de pobres a quienes se les hace difícil vivir, de hombres y mujeres víctimas de violencia inhumana, de ancianos y enfermos muertos a causa de la indiferencia o de una presunta piedad.
Haz que quienes creen en tu Hijo sepan anunciar con firmeza y amor a los hombres de nuestro tiempo, el Evangelio de la vida.
Alcánzales la gracia de acogerlo como don siempre nuevo, la alegría de celebrarlo con gratitud durante toda su existencia y la valentía de testimoniarlo con solícita constancia, para construir, junto con todos los hombres de buena voluntad, la civilización de la verdad y del amor, para alabanza y gloria de Dios Creador y amante de la vida.
Tercer símbolo: una concha bautismal
Los cristianos sentimos que tenemos dos llamadas a la vida: la humana y la sobrenatural. Con esta concha queremos significar que todos somos Hijos de Dios, llamados a la santidad por el amor del Padre y ejemplo de la dignidad humana en cualquier momento de la vida, hasta ser llamados a la presencia del Creador.
Texto de reflexión.
Cristianismo y coherencia en la defensa de la vida.
El debate que existe en nuestra sociedad en torno a la defensa del derecho a la vida no permite que ningún cristiano se quede al margen del mismo. Si bien el tema nos interesa a todos, creyentes y no creyentes, agnósticos y ateos, los cristianos nos sentimos obligados a proclamar que la vida es un don de Dios. Esto no impide que la consideremos como el primero de los derechos humanos. Por ello, no podemos dejar de enjuiciar cualquier proyecto de regulación legal de ese derecho y analizarlo desde perspectivas jurídicas, científicas, sanitarias, sociales, morales,...
Nosotros sabemos que las mayorías no siempre tienen razón y que todo lo que es legal no siempre es moral. También, que es conveniente conectar la conciencia con las normas, pero que debe prevalecer aquélla cuando éstas atentan contra la propia libertad; sobre todo, cuando hay que ejercer el derecho a defender y respetar la dignidad de la persona y la vida humana. “No puede haber dos vidas paralelas”, decía Juan Pablo II, y nosotros compartimos su pensamiento.
Ser cristiano es una responsabilidad que nos obliga a dar respuestas y hacer propuestas a la sociedad, yendo contracorriente, si es preciso, y siguiendo el Evangelio que tiene valores válidos para todas las personas de todos los tiempos.
Tiempo para la reflexión personal -5 minutos- (música ambiental si es conveniente).
Oración:
Bendito eres, Señor Dios, por el amanecer de un nuevo día.
Te alabo por el don de la vida que me has dado
y que hoy uno a la de Jesús quien por nuestra salvación y por infinito amor,
murió en la cruz.
Te pido por la vida de todos mis hermanos,
especialmente por los que hoy están en peligro de ser abortados o de otras formas asesinados.
Reconozco Señor que solo tu eres dueño y tienes derecho absoluto sobre la vida y la muerte,
que solo quieres nuestro bien ahora y en la eternidad.
Te pido también por aquellos que se proponen cegar una vida
ya sea en sus entrañas o en cualquier lugar o por cualquier razón.
Te ofrezco hoy mi vida, para propiciar el reinado de los Corazones de Jesús y de María,
reino de amor, justicia y felicidad.
Que tu reino de vida venza a la cultura de la muerte.
Cuarto símbolo: un biberón (unos potitos/compotas u otro alimento infantil)
La vida no se defiende únicamente de palabra: tenemos que comprometernos firmemente en su defensa. Igual que un niño no sale adelante por si sólo sino que hay que alimentarlo. Este biberón significa nuestro firme compromiso por defender a aquel que tiene su vida en peligro por la causa que sea, como la madre que se vuelca en alimentar al ser indefenso que acaba de nacer. La Iglesia en general pero cada cristiano en particular tiene la obligación de ser firmes en esa defensa.
Texto de reflexión.
Benedicto XVI confirma a la Iglesia como defensora de la vida.
"En el cumplimiento de su misión específica de anunciar la Buena Nueva de Jesucristo, la Iglesia busca responder a las expectativas y a los interrogantes de los hombres, apoyándose también en valores y principios éticos y antropológicos que están inscritos en la naturaleza del ser humano".
"Cuando la Iglesia alza su voz frente a los grandes retos y problemas actuales, como las guerras, el hambre, la pobreza extrema de tantos, la defensa de la vida humana desde su concepción hasta su ocaso natural, o la promoción de la familia fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer y primera responsable de la educación de los hijos, no actúa por un interés particular o por principios que sólo pueden percibir los que profesan una determinada fe religiosa. Respetando las reglas de la convivencia democrática, lo hace por el bien de toda la sociedad y en nombre de valores que toda persona puede compartir con su recta razón",
Tiempo para la reflexión personal -5 minutos- (música ambiental si es conveniente).
Oración:
Oh Dios, Padre y Creador de la vida humana, no permitas que nunca nos desanimemos en la defensa, del don precioso de la vida, desde su comienzo con el milagro de la concepción, hasta la serenidad espiritual de la muerte natural.
Inspíranos para que recordemos que sin Ti nada podemos y que lo que hacemos por los más pequeños, especialmente los indefensos bebés por nacer, tan amados por ti, lo hacemos por tu Hijo, que vive y obra en nosotros.
Protégenos contra la astucia y la maldad del demonio, "homicida desde el principio y padre de la mentira."
Que el Espíritu Santo nos ilumine en nuestro diario caminar.
Quinto símbolo: unas pantuflas de mayores
Toda vida es digna de defenderla, de promocionarla y de ser vivida. La sociedad actual ha querido centrar su interés en lo bello, lo estéticamente agradable y en lo que es productivo. Pero un cristiano tiene que ver mucho más allá y luchar por hacer entendible la importancia que tienen para nosotros nuestros mayores, ejemplo de entrega a sus seres queridos y de seguimiento a Cristo hasta el final.
Texto de reflexión.
No hay vida humana inútil (Dr. Antonio Orozco Delclós)
Para el cristiano no hay vida humana inútil, por más que las apariencias sugieran lo contrario. Toda persona, cualquiera que sea su estado físico o psíquico, está eternamente llamada a ser eternamente feliz en el cielo. Aunque a veces cueste entenderlo, también el dolor entra en los planes de Dios y lo encamina al bien de los que le aman.
Una tribulación pasajera y liviana -dice el apóstol Pablo-, produce un inmenso e incalculable tesoro de gloria (2 Cor 4, 13-15). ¿Qué decir, pues, de una tribulación grave y duradera, como puede ser una vida con graves deficiencias físicas o psíquicas, tanto para quien la sufre como para quienes han de protejerla y mimarla? Somos pobres en palabras que expresen su grandeza y el honor eterno que alcanzarán. Considero, hermanos -insiste San Pablo-, que no se pueden comparar los sufrimientos de esta vida presente con la gloria futura que se ha de manifestar en nosotros (Rom 21, 8-18). El Apóstol se gozaba en sus sufrimientos, porque así cumplía en su carne una porción de lo que Cristo ha querido sufrir en su Cuerpo, que es la Iglesia, para el bien de sus miembros y de toda la humanidad (Cfr. 1 Cor 12, 27).
Por eso, la Iglesia -afirma el Papa- cree firmemente que la vida humana, aunque débil y enferma, es siempre un don espléndido del Dios de la bondad. Contra el pesimismo y el egoísmo, que ofuscan el mundo, la Iglesia está en favor de la vida.
Tiempo para la reflexión personal -5 minutos- (música ambiental si es conveniente).
Oración:
¡Oh Virgen Inmaculada, Madre del verdadero Dios y Madre de la Iglesia!
Tú, que manifiestas tu clemencia y tu compasión a todos los que solicitan tu amparo; escucha la oración que con filial confianza te dirigimos y preséntala ante tu Hijo Jesús, único Redentor nuestro.
Concede a nuestros hogares la gracia de amar y de respetar la vida que comienza, con el mismo amor con el que concebiste en tu seno la vida del Hijo de Dios.
Virgen Santa María, Madre del Amor Hermoso, protege a nuestras familias, para que estén siempre muy unidas, y bendice la educación de nuestros hijos.
Preces.
El que preside. Cristo Jesús: Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, derrama tu misericordia sobre las personas que promueven o participan en el aborto, la eutanasia o cualquier atentado a la dignidad de la persona. Haznos firmes en la lucha de la defensa de la vida y escucha las súplicas que te presentamos.
− Señor Jesús: tu vida fue ejemplo de amar hasta el extremo. Queremos pedir hoy por todas las personas que no encuentran una razón para vivir. Que descubran la esperanza en tu amor.
Oh Cristo, danos la “luz de la vida”
− Señor: nuestra fe se sustenta porque Tú eres la Verdad encarnada. Guía a los científicos y profesionales de la medicina para que apoyen siempre la vida y rechacen toda práctica contraria a la dignidad del ser humano.
Oh Cristo, danos la “luz de la vida”
− Señor Jesús: Tú nos dijiste que nos hiciéramos como niños para merecer tu Reino. Ilumina a todas las madres que, ante un embarazo no esperado, se plantean sacrificar la vida de ese nuevo ser que Tú has llamado a la vida.
Oh Cristo, danos la “luz de la vida”
− Señor Jesús: en nuestro camino te manifiestas como el Esposo de la Iglesia. Concede a los matrimonios el don de tu gracia y a las familias ser el santuario de la vida.
Oh Cristo, danos la “luz de la vida”
− Cristo Jesús: Queremos pedir hoy por los que casi nadie recuerda nunca, por todos aquellos que pierden la vida víctimas de las guerras y del hambre y por los que sufren la injusticia con sus múltiples caras.
Oh Cristo, danos la “luz de la vida”
− Cristo Jesús: Tú nos recordaste que el sábado estaba hecho para el hombre y no el hombre para el sábado. Concede claridad a los gobernantes para dictaminar leyes justas que defiendan la vida independientemente de intereses económicos, modas o prejuicios erróneos.
Oh Cristo, danos la “luz de la vida”
− Señor Jesús: nosotros sabemos que eres el camino, la verdad y la vida. Líbranos del pecado que lleva a la muerte, concédenos la vida de tu gracia y a nuestros difuntos el gozo eterno.
Oh Cristo, danos la “luz de la vida”
Padrenuestro.
Oración final.
Señor, tú has querido que la Palabra se encarnase en el seno de la Virgen María; concédenos, en tu bondad, que cuantos confesamos a nuestro Redentor, como Dios y como hombre verdadero, lleguemos a hacernos semejantes a él en su naturaleza divina.
Permítenos, Señor, en este Adviento que comenzamos, ser firmes defensores de la vida, en cualquiera de sus etapas, y testigos del Dios de la vida en medio de este mundo que nos ha tocado vivir.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Si el que preside es un ministro ordenado, bendice al pueblo como de costumbre.
Si es un laico, despide al pueblo diciendo:
“El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna”.
Lectio divina para el domingo treintitres del Tiempo Ordinario - C, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.
“Lucas 21, 5‑19”
En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo: «Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido.»
Ellos le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?»
Él contestó: «Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre, diciendo: "Yo soy", o bien: "El momento está cerca"; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá en seguida.»
Luego les dijo: «Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre. Habrá también espantos y grandes signos en el cielo. Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía. Así tendréis ocasión de dar testimonio.
Haced propósito de no preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa mía.
Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.»
MEDITACIÓN: “Nadie os engañe”
Parece que todo tu mensaje queda oscurecido en este texto. Podría decir que el momento en que pronunciabas esas palabras tenías un día negro. Pero no, ninguna de tus palabras nos resultan extrañas. Guerras, hambres, persecuciones, catástrofes naturales, y ya hasta desnaturalizadas por los abusos que generamos sobre la naturaleza, porque no somos capaces de poner límites a nuestras posibilidades depredadoras, son parte de lo cotidiano.
Y lo que resulta triste, y también la historia nos sigue mostrando su realidad, es que convertirse en anunciador de lo contrario, de la vida, de la paz, de la esperanza, del respeto al cosmos, a lo bello, a lo noble, a lo bueno, a la justicia, al reparto de los bienes, no sólo tiene mala prensa, sino que se convierte en motivo de persecución por parte de los poderosos y de indolencia por parte de muchos.
En medio de toda esa triste realidad, sin ánimo de ser catastrofista, tú nos invitas al hombre, a la humanidad, a mí, a perseverar, a mantenerme fiel a los principios del amor, de esa fuerza con la que nos llamas a meternos en la corriente de la cordura, de todo lo que genera bien para todos, convencidos de que podemos construir un mundo auténticamente humano.
Ése es el motor de esa salvación que nos ofreces, de esa liberación de todo lo que nos sigue deshumanizando, destruyendo, por fuera y por dentro. A veces suena irreal que tengamos que gritar esto hoy, pero es importante que nos ayudes a hacerlo, a levantar nuestras cabezas para otear el horizonte de nuestro mundo, llorar con él y por él, y meternos en el empeño de embellecerlo, como tú lo proyectaste desde un comienzo y nos invitas a descubrir y construir.
ORACIÓN: “Mi vida en juego”
Señor, podemos reír por muchas cosas, y podemos llorar por más. Ni el mundo ni mi corazón es como tú lo quieres . Es mucho lo que puedo hacer contigo y desde ti. No son lamentos lo que necesitas y necesitamos, sino poner nuestras manos, nuestras vidas, nuestros corazones, nuestra voluntad en sacar de dentro lo mejor que hay. Me has construido herramienta para el bien, para construir, no para destruir. Siento que es más fácil evadirme, dejar que sean otros los que piensen, lo que hagan, a mí me basta con criticar. Y hoy tu palabra me llama a abrir los ojos y los oídos, como tú, y a poner mi vida en juego. Ayúdame a acogerla y trabajarme con tu fuerza y con tu gracia.
CONTEMPLACIÓN: “El brazo de su amor”
Gritos de dolor
que resuenan
en el campo de la historia.
Manos que se elevan
suplicando
aquello que es suyo
pero que les roban
mi comodidad y mi indolencia.
Ojos que me miran
lanzando interrogantes
de incredulidad y de tristeza.
Muertes absurdas
en nombre de un paz
interesada y mentirosa,
hija bastarda
de corazones cerrados.
Llamada urgente
de un Dios que contempla
su obra masacrada,
rota la criatura de sus sueños
y desvelos,
y me sigue ofreciendo,
incansable,
el brazo de su amor
y de su vida.
ZENIT publica el mensaje que ha escrito monseñor Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo, administrador apostólico de Huesca y Jaca con motivo de la visita de Benedicto XVI a Santiago ye Compostela y Barcelona, que tendrá lugar entre el 6 y el 7 de noviembre.
Benedicto XVI: peregrino y testigo. Su visita a España
Queridos hermanos y amigos: paz y bien.
Son muchos los peregrinos que se allegan a Santiago de Compostela. Los caminos diversos ven pasar año tras año, y de modo creciente, miles de personas en su mayoría jóvenes, que deciden hacer esta ruta cristiana que tiene meta: Jesucristo. Que tiene viaje de ida y que tiene viaje de vuelta también. Son innumerables los preciosos testimonios de personas que han visto transformarse sus vidas cuando las búsquedas sinceras de sus corazones se han puesto en marcha por los caminos que Dios frecuenta, y como sucediera con aquellos peregrinos fugitivos de Jerusalén hacia Emaús, también el Señor se hace encontradizo, respetuoso y eficaz, para abrir los ojos con la luz verdadera y para encender la entraña con la lumbre de Dios.
Así va nuestro querido Santo Padre como un peregrino más en este año jubilar jacobeo. Y así le esperamos en nuestra tierra una vez más que nos visita, siendo peregrinos junto a él. Santiago de Compostela significa no sólo el fin del camino de conversión que se hace andando los cristianos, sino también una parábola de nueva evangelización.
Allí resonó aquel grito de padre, cuando el Papa Juan Pablo II dijo a Europa: vuelve a tus raíces cristianas. Y ese grito que es plegaria, recordatorio, programa también, ha sido bellamente recordado por Benedicto XVI cuando en su reciente viaje apostólico al Reino Unido, ha expresado su convicción de que esta Europa que a veces atraviesa momentos de confusión, de pérdida de identidad, de complejo, sigue teniendo un alma cristiana: «quise hablar al corazón de todos los habitantes del Reino Unido, sin excluir a nadie, de la verdadera realidad del hombre, de sus necesidades más profundas y de su destino último. Al dirigirme a los ciudadanos de ese país, encrucijada de la cultura y de la economía mundial, tuve presente a todo Occidente, dialogando con las razones de esta civilización y comunicando la imperecedera novedad del Evangelio, del cual está impregnada. Este viaje apostólico ha confirmado en mí una profunda convicción: las antiguas naciones de Europa tienen un alma cristiana, que constituye una sola cosa con el «genio» y la historia de los respectivos pueblos, y la Iglesia no cesa de trabajar por mantener continuamente despierta esta tradición espiritual y cultural».
Lo decía con audacia Will Durant, que «una gran civilización no es conquistada desde fuera hasta que no se ha destruido a sí misma desde dentro». Esta frase, que como alguien ha dicho tiene una lucidez que espanta, sirve de diagnóstico para nuestra época. No quisiéramos ser conquistados por nadie, y por el contrario queremos y podemos dialogar con todos, no en un encuentro vacío de compromiso y de traición a la propia identidad, sino desde el leal deseo de ofrecer nuestra perspectiva católica en la vida pública, como quien comparte lo que a nosotros se nos ha concedido inmerecidamente de parte de Dios, cuya herencia y patrimonio, la Iglesia custodia, defiende, celebra y anuncia con fidelidad creativa y con apasionada pasión.
Después de Compostela, el Papa continuará su viaje a Barcelona donde consagrará ese emblemático y bellísimo templo dedicado a la Sagrada Familia, según el proyecto que quedó inconcluso y que ahora se corona felizmente, del gran arquitecto y artista cristiano Antonio Gaudí. Allí el Papa nos hablará de la familia, verdadero corazón de una sociedad y de la humanidad según el diseño del Señor para sus hijos. Somos imagen y semejanza de ese Dios amor, comunión de un Padre que quiere al Hijo en el Amor. Necesitamos volver a las fuentes de nuestra fe y de nuestro ser, especialmente en momentos de rebaja y ninguneo, de ataque y disolución a la familia fundada en el matrimonio entre hombre y mujer, en comunidad de amor fiel y abiertos a la vida. Es el proyecto de Dios. Una buena noticia que también gozaremos poder volver a escuchar. Recibid mi afecto y mi bendición.
ZENIT publica el artículo que ha escrito monseñor Francisco Gil Hellín, arzobispo de Burgos, ante la inminencia de la celebración de los fieles difuntos.
La muerte, ¿tragicomedia o realidad esperanzada?
Nosotros celebramos el cumpleaños el día de nuestro nacimiento. Y, cuando se pregunta a los feudos por la fecha de nacimiento del familiar difunto, remiten también a ese día. La Iglesia, en cambio, procede de otro modo. Para ella, "el día del nacimiento" de sus hijos -el dies natalis- es el día de la muerte. Eso explica que cuando declara que alguno de ellos es santo, fija su celebración el día de su muerte, no el de su nacimiento.
Este modo de proceder no es una rareza ni un afán de singularizarse, sino que responde a la idea que ella tiene de la muerte. La Iglesia es consciente de que el hombre, como todos los seres vivos de la tierra, cambia con el paso de los años, envejece y, al final, siente en su carne la muerte corporal. Pero ella, a diferencia de quienes tienen una concepción materialista del mundo y del hombre, profesa que la muerte no es el final del hombre sino el final de su etapa terrena y de su peregrinación por este mundo. Es el final del caminar terreno pero no el final de nosotros mismos, de nuestro ser: nuestra alma es inmortal y nuestro cuerpo está llamado a la resurrección al final de los tiempos.
La concepción que la Iglesia tiene de la muerte es, pues, profundamente esperanzada. Me atrevería a decir que es incluso gozosa. Ella no ve en la muerte una tragedia que nos destruye y sepulta en el reino de la nada, sino la puerta que nos abre a una nueva vida; vida que no tendrá fin. Por eso, el máximo enigma de la vida humana, que es la muerte, queda iluminado con la certeza de una eternidad con Dios. Apoyada en esta certeza creó muchos usos y prácticas funerarias. Por ejemplo, sustituyó el término "necrópolis" -"ciudad de los muertos"- que encontró en el ámbito del imperio grecorromano, por el de "cementerio" o "dormitorio". En esa perspectiva llegó a sustituir el mismo término "muerte" por el de "sueño". Las personas no se morían sino que se dormían.
Por esa misma razón trató con gran respeto a los cadáveres. Algunas de esas muestras perduran hasta el día de hoy, como la de rociarlos con agua bendita y perfumarlos con incienso. La misma costumbre de inhumar y no quemar los cadáveres arranca de esta misma concepción antropológica. De hecho, aunque hoy permite la cremación de los cadáveres, sin embargo exige que esa elección no se haga por razones contrarias a la fe cristiana, a la cabeza de las cuales se encuentra la resurrección de los muertos.
Esta idea de la vida y de la muerte del hombre es una fuente inagotable de consuelo. Una esposa o una madre, por ejemplo, dicen a su cónyuge o a su hijo mas que "adiós", "hasta luego" o "hasta pronto", sabedores de que un día volverán a encontrarse. El ramo de flores que depositamos en la tumba de nuestros antepasados, expresa nuestro convencimiento de que ellos perviven y de que nosotros nos sentimos unidos a ellos con vínculos realísimos. Lo mismo ocurre con el diálogo que tantas veces mantenemos con ellos: no es un sentimentalismo vano, sino que responde a una realidad muy profunda.
La comunión de vida, afectos y creencias que hemos mantenido en la vida, no se destruyen sino que se subliman; por eso, rezamos por nuestros difuntos y por eso rezamos a nuestros difuntos. Esta comunión es particularmente intensa en la celebración de la Eucaristía, pues en ella nos unimos con vínculos especiales todos los que somos miembros de Cristo, con independencia de que peregrinemos todavía en este mundo o hayan llegado ya al final y se purifiquen o gocen de la visión de Dios.
La muerte no es nunca una comedia. Menos todavía, una tragicomedia. Para quienes creemos en Jesucristo una puerta de fe y esperanza que nos introduce en el encuentro definitivo con él y con todos los que hemos estado unidos aquí abajo. Sólo por esto vale la pena ser cristiano.
Documento elaborado por Mons. Adolfo González Montes, Obispo Delegado para la Catequesis de la Asamblea de Obispos del Sur de España. Se publica por mandato de los señores Obispos como documento de estudio y reflexión con miras a la elaboración de un «Directorio de la iniciación cristiana» de los Obispos del Sur de España.
Reflexiones sobre la iniciación cristiana en la Escuela Católic
II. La unidad de catequesis y liturgia en la iniciación cristiana
Si la iniciación cristiana es catequística y sacramental, lo que incluye catequesis y liturgia: instrucción en la fe o trasmisión de doctrina y del código de conducta moral, y mistagogía y experiencia de la fe, como se observa sistemáticamente en la instrucción La iniciación cristiana31, la aludida disolución de contenidos e intensidad de la acción catequística tiene manifestaciones evidentes en algunas pérdidas significativas en la actualidad.
1. Catequesis carente de instrucción en la «historia sagrada»
La catequesis de iniciación cristiana y la formación cristiana escolar acusan carencia de la instrucción básica en la «historia sagrada», o lo que es lo mismo: carencia de un marco de identificación de la historia de la salvación, sin la cual queda sin contexto histórico-religioso la revelación del misterio de Dios y de la vocación del hombre, lo que dificulta la presentación objetiva y con sentido histórico-salvífico de la doctrina de la fe y del código moral cristiano tanto a los catequizando como a los alumnos de la clase de religión. Lo cual se agrava por la sustitución de la formación en la fe por la llamada «educación en valores y actitudes», que puede fácilmente conducir al educando a un espejismo, ya que el conjunto de valores propuesto, por lo general, no es otro que el de la cultura relativista, oficialmente programada y socialmente admitida de la moderna sociedad democrática y pluralista.
Se hace preciso, a este respecto, anotar que la connotación pluralista no lo es de hecho tanto en países de identidad religiosa propia, pero que el poder político que ampara la cultural oficial tiende a toda costa a modificar la realidad cultural de las sociedades cristianas notablemente homogénea mediante la defensa e imposición del nuevo dogma del pluralismo como muy superior a una sociedad que participa de una cultura ampliamente homogénea regida por los valores de la tradición cristiana, incluso en su forma más secular.
2. Carencia de una vida litúrgica y de oración
Falta asimismo la simbiosis que se a de dar entre la vivencia de la acción litúrgica y la oración propia de la iniciación en la fe anterior al bautismo, como es el caso de los niños no bautizados en edad escolar, o principalmente posterior al bautismo. Este último es el caso de los niños que son catequizados para la recepción de la Primera Comunión y de los adolescentes para la recepción de la Confirmación. No trato de decir que no haya oración en la catequesis, sino que es su deficiente el entrelazamiento orgánico de catequesis y liturgia tanto en intensidad como en duración.
Para superar esta carencia de oración y vida litúrgica de los niños y adolescentes, es preciso promover la familia como comunidad de oración, a fin de que los niños puedan percibir y experimentar la comunidad de fe, oración y testimonio apostólico que es la «iglesia doméstica». Si existe una ruptura entre la familia y la comunidad cristiana parroquial, no puede ser muy grande la esperanza de que la familia pueda llegar a ser ámbito de experiencia de la fe, unidad mistagógica de comunión en la fe en la cual se quiere iniciar al catecúmeno en edad escolar. La conciencia moral que comprende el verdadero alcance del mandamiento de la Iglesia de participar en la celebración eucarística los domingos y días de precepto se desarrolla desde la infancia mediante el apercibimiento de que la Misa, gracias a la familia, aparece a los ojos del niño en edad escolar como medio sacramental querido por Cristo; si el sacramento de la Eucaristía es apreciado como el medio de singular valor para llegar a una verdadera experiencia de comunión divina. Es decir, si la celebración eucarística es contemplada y vivida como el lugar donde la Palabra y la vida de Dios nutren la vida de la gracia, sin la cual no puede vivir el cristiano. Para poder percibirlo así el niño bautizado necesita tanto del principio de autoridad de los padres, necesario para crear la conciencia moral cristiana en el niño como la experiencia y el ejemplo familiar.
Para mayor oscurecimiento de la conciencia del niño y del adolescente con relación a la práctica de la fe, no se debe olvidar que entre los signos más significativos de la crisis de los años setenta está el «hecho pedagógico» de haber sido la escuela católica la que puso en cuestión no sólo la asistencia a Misa, sino la misma oración pública en muchos colegios católicos. La Misa era vista como un acto de cierta violencia sobre la libertad del niño y del adolescente en proceso de formación cristiana. La situación se ha modificado, en algunos casos de manera significativa y constituye una enmienda a un proceso educativo errado. La situación actual dista todavía mucho de haber vuelto a tomar por verdad cierta que la oración y la liturgia, y la instrucción en el conocimiento y desarrollo de la acción litúrgica y en especial de la santa Misa, es parte sustantiva de la educación en la fe, en la cual han de resultar convergentes y debidamente coordinadas la acción de la familia, la parroquia y la escuela católica.
En este sentido es de gran importancia que parroquia y escuela católica tengan en cuenta el principio fundamental según el cual la instrucción en la fe es simultánea de la experiencia mistagógica mediante la cual es personalmente apropiada por los catequizandos la vivencia de los misterios de la salvación.32
3. Algunos hechos que evidencian las deficiencias en la transmisión de la fe durante la iniciación cristiana
Al señalar estos hechos no pretendo ignorar lo mucho que se ha trabajado desde hace veinte años en la catequesis de la iniciación cristiana, sino describir en términos generales lo que fácilmente perceptible. Se trata de hechos que responden estado generalizado de la catequesis de iniciación cristiana, y tienen un mismo patrón en el comportamiento litúrgico, porque descubren una mentalidad afectada por la secularización actual que repercute sobre la vida de la comunidad cristiana y sobre la acción evangelizadora en la forma en que se deja ver en estos hechos.
― Con relación a la santidad de la Eucaristía y del templo cristiano. Se da una falta de percepción del carácter santo del templo cristiano y de la Reserva eucarística. La secularización del trato devocional de la Eucaristía y la pérdida del sentido de adoración de Cristo presente en el sacramento del Altar ha conducido a la pérdida de la adoración eucarística, que tradicionalmente acompañaba la catequesis, realizada en la misma iglesia parroquial o en la capilla de los colegios católicos. La misma catequesis inculcaba en los niños la visita al Santísimo Sacramento a lo largo de la jornada escolar. A su vez, la secularización del trato con la Eucaristía ha hecho más fácil la secularización del templo cristiano. El énfasis puesto en el «aula» o «domus ecclesiae» como lugar de reunión y encuentro ha contribuido a la pérdida del sentido de la santidad del templo como lugar de encuentro con Dios. Se ha querido retrotraer la inteligencia de la iglesia cristiana a su condición primera de «domus ecclesiae», sin tener en cuenta la evolución de la comprensión sacramental de la iglesia como «domus Dei» una vez transferido el significado sacramental del templo de Jerusalén al nuevo templo de Dios que es el cuerpo glorioso de Cristo: (cf. Jn 2,21) y su prolongación mística en la Iglesia: (cf. 1 Cor 3,16; 6,16; 2 Cor 6,16). Esta significación sacramental de Cristo como templo de Dios pasa a significarse en la misma edificación de la iglesia como “templo santo en el Señor (…) para ser morada de Dios en el Espíritu” (Ef 2, 20-22). El desarrollo está ya contenido en las palabras de Cristo: “Mi casa es casa de oración” (Mc 11,17), transferidas a la iglesia cristiana dedicada, cuyo paradigma es la catedral como “manifestación de la imagen expresa y visible de la Iglesia de Cristo que predica, canta y adora en toda la extensión de la tierra” y, por ello, “imagen del Cuerpo místico de Cristo”33.
Lo que se dice de la catedral como primera iglesia de una diócesis, se dice de cada una de las iglesias parroquiales en su propio contexto en cuanto casa de oración, de cual habla en diversos momentos el rito de la dedicación. De ahí que crear para los catequizandos, niños y jóvenes, un ambiente de oración sea tarea del catequista y del educador en la fe. La iglesia consagrada, particularmente si es la iglesia catedral, adquiere de forma singular en el mismo rito de la dedicación la condición de espacio sagrado en sentido cristiano, es decir, espacio sacramental, apto para el encuentro con el Dios santo en la oración34. Aunque no es éste el lugar de afrontar asunto tan importante, se ha de dejar constancia de que los protagonistas responsables de la iniciación cristiana han de asumir que a ellos corresponde realizar la iniciación a la inteligencia y experiencia mistagógica de lo que con gran acierto el teólogo Yves Congar calificaba del «misterio del templo»35, que consiste en alcanzar las realidades invisibles por medio de las realidades visibles. Así el misterio de Cristo, en cuya humanidad mora la divinidad como en el templo nuevo, se expresa en las realidades simbólicas de la construcción material del templo cristiano, cuya inteligencia es inseparable del carácter sacramental del culto cristiano, el culto “en espíritu y en verdad” (Jn 4,24) del Nuevo Testamento36.
Hoy, el constante tráfico de visitantes y personas que hablan y deambulan por las naves de catedrales e iglesias, vestidos de forma inadecuada y con frecuencia sin respeto por el lugar, ciertamente no favorece la transmisión en la catequesis del carácter de la iglesia como espacio sagrado. Con ello se hace difícil la percepción de los ámbitos sacramentales de una iglesia: baptisterio, suprimido tan arbitrariamente en muchos casos, aula (con sus naves), presbiterio, capilla del Santísimo y capilla penitencial, ámbitos y espacios sacramentales que han de ser incluidos en la catequesis como lugares de experiencia mistagógica. Sin embargo, no es suficiente la catequesis y formación cristiana que transmite el sentido trascendente de los espacios de una iglesia, si no describe cómo la iglesia al tiempo que domus Dei es la casa de la asamblea o domus ecclesiae, donde resuena la Palabra divina, se celebra la liturgia y se realiza el sacrificio eucarístico, descripción inseparable de la explicación de la Misa y de los sacramentos en la catequesis.
― Con relación al oracional común. Es notoria la falta de apropiación del oracional común y de su recitación al unísono por los niños y adolescentes, tanto en la iniciación cristiana parroquial como en la escolar. No se trata de que no exista este oracional, su ausencia se debe a que no se ha tenido en cuenta en la iniciación cristiana ni en la parroquia ni en la escuela de forma suficiente para que produzca el fruto de la actuosa participatio en la liturgia sobre todo de los adolescentes y jóvenes, tal como pide la Constitución «Sacrosanctum Concilium»37. Se ha querido hacer una liturgia para adolescentes y jóvenes que supone de hecho una ruptura con la comunidad celebrante según la mente de la Iglesia. La confusión entre canto catequístico y litúrgico ha sido una de las causas de esta situación. No me detengo en ello, he dejado constancia de la fenomenología que acusan las celebraciones litúrgicas en mi Carta pastoral Dar el pan de la Palabra y de la Eucaristía (2008)38.
El Concilio encomendó a los pastores de almas “fomentar con diligencia y paciencia la educación litúrgica, así como la participación activa de los fieles, interna y externa, según edad, condición, género de vida y grado de cultura religiosa, cumpliendo así una de las más importantes funciones del dispensador fiel de los misterios de Dios, y deben guiar en este punto a su rebaño no sólo con la palabra, sino también con el ejemplo”39. Los primeros responsables de que en la iniciación cristiana el catequizando en etapa escolar baya introduciéndose en la experiencia celebrativa de los misterios de la fe son, ciertamente, los padres, pero éstos no pueden ser los únicos mistagogos que los introduzcan en la celebración mistérica de la fe, pues su acción conduce a los niños al encuentro con el liturgo y mistagogo de la comunidad por vocación y ordenación sacramental, que es el sacerdote, que hace presente al Obispo, y el diácono. Los ministros ordenados cuentan en su acción mistagógica propia con la ayuda de sus colaboradores, particularmente los catequistas y los educadores en la fe. Esto supuesto, no hay que esperar a que los niños lleguen a ser adultos para introducirlos en la experiencia oracional y celebrativa de la sagrada liturgia ni crear una liturgia propia para ellos sino acomodar su participación a su edad y comprensión de la celebración.
El nuevo catecismo Jesús es el Señor, de la Conferencia Episcopal Española, para la iniciación cristiana de los niños y mirando principalmente a la primera Comunión, ha querido expresamente conjugar en su concepción instrucción y acceso al saber de Dios, de la revelación divina, con la experiencia mistagógica de Dios y de la vida divina, proporcionando para ello este oracional distribuido de modo progresivo y sistemático. La relación entre instrucción e introducción y práctica de la oración cristiana se ha especificado en cada bloque en la Guía básica que el Secretariado de la Subcomisión de Catequesis de la Conferencia ha preparado, para mejor utilización pedagógica y didáctica del nuevo catecismo40. Ya en esta línea se sitúan algunos materiales al servicio de la iniciación cristiana. Se trata, como reza el subtítulo, de un verdadero «itinerario catequético de iniciación cristiana» para jóvenes y adolescentes confeccionado por los obispos de la Provincia eclesiástica de Granada41.
Detrás de este déficit oracional de la iniciación cristiana hay un prejuicio promocionado por una pedagogía contraria a la memoria como medio de instrucción y apropiación de la fe. El fracaso catequístico de la iniciación cristiana tiene también que ver con este “destierro pedagógico” de la memoria como medio de instrucción de la catequesis. En contra, el Catecismo de la Iglesia Católica dice: “La memorización de las oraciones fundamentales ofrece una base indispensable para la vida de oración, pero es importante hacer gustar su sentido”42. Tal como puede verse en la misma confección del Catecismo de la Iglesia Católica43, corresponde a la catequesis la iniciación en la oración como educación de la fe, y así de la plegaria del cristiano, en la interiorización de la palabra de Dios, de la cual emana la vida nueva44. Ésta es siempre fruto de la experiencia de Dios y medio de purificación de aquellas formas de oración que no son inspiradas por el Espíritu y, de una u otra forma, están afectadas por las concupiscencias humanas. Orar conforme al Espíritu sólo viene del Espíritu, pues “no sabemos pedir lo que nos conviene” (Rom 8,26; cf. vv. 8,6.26-27). La catequesis inicia en la docilidad orante a la inspiración del Espíritu como forma cristiana del diálogo con Dios.
― Con relación al desarrollo gestual del rito litúrgico de la Misa y sus partes. Hay un desconocimiento de los gestos y del desarrollo secuencial de la Misa. Lo que evidencia la falta de instrucción en la colación eucarística y el desarrollo de sus partes y contenido de las mismas en la catequesis. Es necesario anotar que el apercibimiento de esta carencia tan llamativa ha estimulado la reedición de los antiguos cartones y paneles de la Misa, en algunos casos modernizados con acierto. Una catequesis obsesionada con la transmisión de los valores ciudadanos al uso ha corrido el grave riesgo de negarse a sí misma como acción eclesial, produciéndose el efecto contrario del perseguido en la escuela. Si la escuela católica ha de ser lugar eclesial, es del todo paradójico convertir la parroquia y el acto catequético en lugar de educación ciudadana.
Con la deficiencia gestual litúrgica, siendo así que niños y adolescentes son particularmente sensibles al lenguaje de los signos y de los símbolos, no deja de ser llamativa la falta de una pedagogía y didáctica de los signos y símbolos litúrgicos, mientras hay un recurso permanente a otros signos y símbolos supuestamente catequísticos, que se ofrecen como alternativos a los mismos signos sacramentales, que hasta el presente han venido interrumpiendo incluso el ritmo de la celebración eucarística, para dar lugar a escenificaciones del ofertorio, que en ocasiones aparecen como una especie de happening litúrgico, sin el cual los muchachos parecen quedar desarmados y no saber qué hacer en la liturgia. Esto evidencia una ausencia real de formación catequística en la práctica oracional y litúrgica, en definitiva, de mistagogía de la fe que la catequesis parroquial y la escuela católica tienen que afrontar como reto para la iniciación cristiana.
― Con relación al canto litúrgico. ¿Por qué los jóvenes no pueden cantar la Misa? Falta un «cantoral común» que incluya al menos dos misas en español que puedan ser cantadas por los confirmandos, que ni cantan ni recitan las partes invariables, tales como el Kyrie, Gloria, Credo, Sanctus y Agnus Dei. Sin entrar la caracterización descriptiva del canto juvenil que se aplica a las celebraciones de niños y jóvenes, algunos ejemplos esclarecedores del estado del canto litúrgico entre los adolescentes y jóvenes lo constituye el dato significativo de que, veinte años después de la modificación del Padrenuestro para la unificación del Ordinario de la Misa, los confirmandos no son capaces de cantar la oración dominical; y si se canta, se sigue hipotecando la versión vigente en la versión anterior, a pesar de que la unificación del Ordinario de la Misa data de 1992. En el mejor de los casos, los jóvenes cantan composiciones del Padrenuestro al arbitrio de sus compositores que han trastocado el tenor del texto de la oración del Señor.
Los adolescentes y jóvenes acusan una notable incapacidad para el canto de las antífonas de la Misa, desconocidas para los formadores y catequistas. Entre ellas el canto del aleluya resulta una mezcla de reclamo comercial y mixtura religiosa con carácter de “amenidad polivalente”. Sin embargo, cuando se proponen en un colegio un ensayo como tal, da su resultado, pero hay que urgirlo y reiterar una y otra vez a los religiosos y religiosas educadores el deseo de que así se haga. Cantan canciones de estado anímico sin otro valor que el que pueda darle el corillo de jovencitos que cantan y que nadie de la asamblea entiende45.
De todo se deducen las deficiencias objetivas de la catequesis como transmisión ordenada y sistemática de la doctrina cristiana e introducción en los misterios de la fe, sin los cuales una vez concluida la fase de formación de los adolescentes, queda una nebulosa sobre la identidad de su fe, de caracterización débil y liviana. Cabe, como es obvio, ponderar la fenomenología positiva de los grupos parroquiales y de los grupos que giran en torno a los colegios, que nutren incluso las grandes manifestaciones de los jóvenes católicos, sobre todo en torno a los viajes del Papa a las Jornadas Mundiales de la Juventud. Sin sufrir espejismos no deseados conviene también retener de este fenómeno cuanto tiene de coyuntural y fenómeno juvenil; y, aunque es de hecho importante, en el conjunto de la juventud mundial no puede valorarse objetivamente si no se tiene en cuenta toda la sociología juvenil, el fenómeno de la música rock y el alejamiento de los millones de jóvenes enteramente marginales a la Iglesia.
Es un logro indudable de la educación católica que la promoción y defensa de la vida haya prendido en tantos miles de jóvenes que se manifiestan opuestos a la cultura actual de la muerte, sin embargo, no se ha logrado una práctica sostenida de la fe, que se manifiesta en la ausencia de los jóvenes de las celebraciones litúrgicas y de los movimientos apostólicos.
III. La parroquia como lugar propio de la iniciación cristiana y relación con la escuela católica
1. Actuación conjunta de parroquia y escuela católica en la iniciación cristiana
Partimos del principio de la necesidad de coordinar la acción de la parroquia y de la escuela católica, y en la medida en que es posible también de la formación religiosa de escuela pública, para lograr una verdadera cooperación en la iniciación cristiana.
Aun siendo la escuela católica lugar eclesial, como lo es de forma particular la familia, quienes imparten la catequesis al servicio de la iniciación cristiana, no puede perder de vista que el acto catequético, por su misma naturaleza mistagógica cuyo fin es la iniciación sacramental, no puede ser autónomo con relación a la comunidad parroquial. La instrucción de los obispos españoles recuerda, a este respecto, que “la parroquia, después de la catedral, es el ámbito privilegiado para realizar la iniciación cristiana en todas sus facetas catequéticas y litúrgicas del nacimiento y desarrollo de la fe”46.
Hoy se da, como casi siempre se ha dado, un desconocimiento por parte de la parroquia de cuanto se hace en los colegios, y un desconocimiento por parte de éstos de cuanto se hace en la parroquia en la iniciación cristiana. Destaca el hecho de que, por lo general, los Obispos no conocen quién imparte la catequesis y la enseñanza católica en los colegios religiosos, quién ha nombrado a los profesores y a los catequistas, quién los ha formado y forma permanentemente.
Una de las cosas difíciles de conseguir la lista de personas que colaboran en la instrucción religiosa y catequística cristiana como tarea específica y privilegiada en los colegios católicos: religiosos y religiosas, profesores y educadores habilitados para impartir la Religión católica y catequistas. No consta qué formación tienen y cuál es su formación permanente, quién la da y con qué programas; en definitiva, quién forma a los catequistas.
Dada la disminución de las vocaciones religiosas, esta cuestión es de la mayor importancia, pues en principio cabe suponer que las religiosas en particular están bien preparadas para la iniciación catequística y sacramental, pero no es fácil tener seguridad sobre ello. No lo están para la enseñanza de la Religión y Moral católica en muchos casos y la ideología cultural ambiente ha hecho presa en muchos de las educadores religiosos, que proyectan sobre la catequesis los prejuicios de esta ideología, en algunos casos alimentada por religiosos sacerdotes que se ocupan sin el conocimiento de los obispos de la asistencia pastoral y religiosa a las comunidades de los colegios católicos, como resultado de la familiaridad de trato e identidad de planteamientos entre las ramas masculinas y femeninas de algunas órdenes y congregaciones.
No es necesario ponderar la repercusión que esto tiene en la trasmisión y celebración de la fe de los alumnos, que no reciben la verdad de la fe sobre el misterio de Dios, de la Iglesia, de los sacramentos y de la conducta del cristiano. Esto sucede no tanto por desviaciones doctrinales manifiestas como por silenciamiento de importantes contenidos de la fe como la idea y concepto cristiano de Dios Trinidad (sustituido por un concepto banal de la bondad y misericordia de Dios, que se ha convertido en recurrente causa manipulación al servicio de una ideología liviana de la vida cristiana), la razón soteriológica de la redención de Cristo, la necesidad del perdón y de la penitencia con la consiguiente disciplina sacramental, etc.
No podemos analizar ahora estos contenidos, pero afirmar con convicción y por experiencia que esta es una de las causas más graves por las cuales los jóvenes tienen muy pocas ideas claras sobre la fe y elaboran a no tardar mucho en la primera juventud el menú religioso que eligen como religión personal: católicos, pero no creen en la resurrección de Cristo y de los muertos (la vida eterna); o aman a Cristo, pero no creen que sea Hijo de Dios y Dios verdadero. No valoran la práctica sacramental y menos la moral católica, en permanente contradicción con la propuesta ética civil de la cultura ambiente, basada en el consenso de los grupos sociales políticamente mediatizado sin escrúpulo por las transacciones a que obliga la permanencia en el poder.
Los jóvenes se conducen por el sentimiento religioso, a veces alimentado en la familia con la mejor voluntad pero enteramente marginal al aludido «vínculo institucional eclesial» de la escuela católica.
2. Programación de la acción conjunta
No puede haber coordinación, si no hay una elaboración conjunta de un programa de actuación de consuno, con acciones complementarias y de recíproca referencia. Estas acciones requieren la orientación de un proyecto diocesano para la iniciación cristiana que sea asumido por las parroquias y los religiosos y religiosas que se han consagrado a la escuela católica. Esto exige coordinar algunos elementos fundamentales en la catequesis:
1º. Una programación de la catequesis que se atenga los mismos criterios para la selección y formación de catequistas y que atienda a las mismas etapas de la catequesis sin vacilación (grupos de niños y adolescentes sujetos de catequización).
2º. Fijación de las edades sacramentales y mantenimiento sin vacilación, reconduciendo los grupos hasta su ajuste real.
3º. Aprobación
Documento elaborado por Mons. Adolfo González Montes, Obispo Delegado para la Catequesis de la Asamblea de Obispos del Sur de España. Se publica por mandato de los señores Obispos como documento de estudio y reflexión con miras a la elaboración de un «Directorio de la iniciación cristiana» de los Obispos del Sur de España.
Reflexiones sobre la iniciación cristiana en la Escuela Católica
I. La escuela católica, «lugar eclesial» para la educación en la fe
Definición de la escuela católica: “La escuela católica es una institución educativa que la Iglesia pone al servicio del hombre y de la sociedad, al mismo tiempo que responde al derecho de los padres a que sus hijos reciban la formación religiosa y moral conforme a sus convicciones, como reconoce el artículo 27.3 de la Constitución Española, en el marco de la libertad de enseñanza”1. Determinante de la educación es el proyecto educativo, que en la escuela católica viene dado por la concepción del hombre conforme con la imagen revelada que Dios ofrece en Jesucristo: “desde la óptica de la Vida, la Palabra y la Persona de Jesucristo, al que todos pueden en su crecimiento escuchar, imitar y seguir compartiendo y promoviendo sus valores y su forma de vida en toda su actividad escolar y extraescolar. Esta propuesta educativa de la escuela católica se concibe como formación integral”2.
La escuela católica cuenta con dos piezas fundamentales para la formación cristiana de los educandos:
a) la enseñanza de la religión católica; y
b) la catequesis.
Ambas, en efecto, son piezas fundamentales en la educación cristiana de la infancia y de la juventud. Dejando ahora la atención de primera importancia que requiere la enseñanza de la religión, nos tenemos en la catequesis.
1. La iniciación cristiana mediante la catequesis
La catequesis es instrucción en la fe e introducción en su experiencia, de ahí su carácter mistagógico, está al servicio de la iniciación cristiana y forma parte de ella.
En razón de esta definición, el fin de la catequesis “es que la fe ilustrada por la doctrina, se torne viva, explícita y activa participación en el misterio litúrgico, tanto a los niños y adolescentes como a los jóvenes y también a los adultos”3.
Conviene por esto partir de la definición de la iniciación cristiana, que “es un don de Dios que recibe la persona humana por la mediación de la Madre Iglesia”4. Es obra de Dios, que hace renacer de Cristo a los que vienen a la fe y reciben el bautismo y son injertados en la nueva vida surgida de la redención. La iniciativa es de Dios, a quien corresponde el protagonismo del dinamismo trinitario que se pone en acción en la iniciación cristiana5. La catequesis “tiende a desarrollar la inteligencia del misterio de Cristo a la luz de la Palabra, para que el hombre entero sea impregnado por ella. Transformado por la acción de la gracia en nueva criatura, el cristiano se pone así a seguir a Cristo y, en la Iglesia aprende siempre a pensar mejor como Él, a juzgar como Él, a actuar de acuerdo con sus mandamientos, a esperar como él nos invita a ella”6. Por esta razón Juan Pablo II, en la Exhortación apostólica postsinodal «Catechesi tradendae», afirmaba con énfasis que la catequesis es pieza clave de la acción de evangelización de la Iglesia, que requiere, en primer lugar, un elemento de coherencia como es la articulación ordenada en la transmisión de sus contenidos; es decir, el sistema que le da organicidad expositiva y ofrece al entendimiento la necesaria ordenación de lo creído que requiere una verdadera la inteligencia de la fe. Asimismo requiere, en segundo lugar, contar con la experiencia, importante elemento que hace de la catequesis testimonio de la fe7. La catequesis no puede ser impartida ni por quien desconoce la estructura articulada de la fe dogmática o fe creída (fides quae creditur), ni por quien no es testigo de la fe vivida y carece de la adhesión fiducial (fides qua creditur) a aquel en quien confiadamente cree, y que por ello tiene la vida de gracia cuya rica experiencia consiste en haber conocido el misterio de la salvación. El catequista tanto en la parroquia como en la escuela católica tiene que ser portador de aquella experiencia mística que caracteriza la vida del cristiano: la vivencia de Cristo que lleva consigo la experiencia de la fe, y que Dios otorga a cuantos le aman atrayéndolos a Cristo por medio de su Santo Espíritu (cf. Mt 11, 25-27; Lc 10, 21; Jn 6,44).
2. La escuela católica, lugar eclesial, al servicio de la transmisión y educación de la fe
La escuela católica, «expresión de la comunidad eclesial», institucionalmente vinculada a la acción pastoral del Obispo, tiene en el proyecto educativo el instrumento adecuado para la educación en la fe de la infancia y de la juventud.
De ahí que, para que esta fe así vivida pueda transmitirse, la catequesis tiene sus propios lugares eclesiales y no es viable fuera de ellos, porque la catequesis se da en la comunión de la Iglesia. Estos lugares eclesiales de la catequesis al servicio de la iniciación cristiana son la parroquia, la familia, las asociaciones y movimientos apostólicos, la escuela católica y la misma enseñanza religiosa escolar. Los obispos españoles han mencionado estos lugares señalando su importancia en el proceso catequístico del que se inicia en la fe. Entre estos lugares, se menciona la escuela católica, que no ha de confundirse con la impartición de la clase de religión y moral católica en la escuela estatal8; si bien, la clase de religión puede integrarse y debe integrarse en el conjunto de medios de formación cristiana de la infancia y de la adolescencia. La Congregación para la Educación Católica ha insistido en este planteamiento con claridad y acierto. No obstante, se tendrá en cuenta que en la escuela católica, no sólo el catequista será testigo de la fe en la que instruye e inicia, sino que por la naturaleza integradora de la educación cristiana, lo será el educador católico, porque la escuela católica es lugar eclesial9.
La Carta circular de la Congregación, del pasado año 2009, dirigida a los presidentes de las Conferencias episcopales, dice: “La escuela católica es un verdadero y real sujeto eclesial en razón de su acción escolar, donde se fundan en armonía la fe, la cultura y la vida”10. En este sentido, si de hecho “está abierta a todos aquellos que quieran compartir el proyecto educativo inspirado en los principios cristianos”, no puede, sin embargo, supeditar ni la enseñanza ni el proyecto educativo a quienes pretenden ayudarla: ya sea al Estado, con el cual puede concertar la escuela católica su propia financiación, ya se trate de las nuevas fundaciones, que tratan de garantizar su futuro, pero no a costa de su identidad, a la cual la escuela católica no puede renunciar sin negarse a sí misma.
Por esta razón ante el riesgo de su disolución o pérdida de identidad, es preciso establecer los límites dentro de los cuales la escuela católica verá salvaguardada su identidad contra quienes pretenden disolverla. A ello hay que añadir que la escuela católica, aún admitiendo el concurso del Estado y de diversas fundaciones y asociaciones en su reglamentación financiera y organizativa, e incluso admitiendo en sus aulas a quienes no comparten su ideario, no puede renunciar a mantenerlo como condición evidente de su propia supervivencia e identidad.
Por otra parte, la escuela católica tampoco puede supeditar su existencia y misión a la aceptación de la ideología del pluralismo social, porque si lo hiciera, estaría en peligro el derecho fundamental de los ciudadanos al ejercicio de la libertad religiosa de los grupos sociales, a la cual pertenece su propia voluntad confesional, que inspira su propio proyecto educativo. Tal es la condición eclesial de la escuela católica, conforme a la cual, la escuela católica es “expresión de la comunidad eclesial y su catolicidad está garantizada por las autoridades competentes: el Ordinario del lugar”11. El documento de la Congregación de 1977 dejaba en claro que el pluralismo de la sociedad contemporánea no puede eclipsar la identidad del proyecto educativo de la escuela católica: “En la sociedad actual, caracterizada, entre otras manifestaciones, por el pluralismo cultural, la Iglesia capta la necesidad urgente de garantizar la presencia del pensamiento cristiano, puesto que éste, en el caos de las concepciones y de los comportamientos, constituye un criterio válido de discernimiento: «la referencia a Jesucristo enseña de hecho a discernir los valores que hacen al hombre, y los contravalores que lo degradan »”12.
La instrucción pastoral de los obispos españoles La iniciación cristiana [IC] recoge cuanto dice este documento de la Congregación sobre el proyecto educativo de la escuela católica como definitorio de su identidad: “El proyecto educativo de la escuela católica se define precisamente por su referencia explícita al Evangelio de Jesucristo, con el intento de arraigarlo en la conciencia y en la vida de los jóvenes, teniendo en cuenta los condicionamientos culturales de hoy”13. La instrucción IC explana esta concepción de la escuela católica subrayando que su carácter específico “la convierte en una comunidad cristiana en constante referencia a la Palabra de Dios y al encuentro siempre renovado con Jesucristo”, para precisar además que, “cuando actúa así, puede ser también un medio eclesial para la iniciación cristiana de sus alumnos, colaborando en coordinación con los planes pastorales diocesanos”14.
En consecuencia, la escuela católica no puede obviar que es un instrumento de la Iglesia al servicio de la educación en la fe. De ahí que la escuela católica tenga un vínculo institucional con la jerarquía católica, como responsable de la catequesis eclesial15. Así lo establece el CIC, can. 775 §1, que al confiar la catequesis al cuidado, reglamentación y vigilancia del Obispo, le confía la responsabilidad última sobre la transmisión y, en consecuencia, sólo corresponde al Obispo la missio canonica y autorización para impartir aquellas materias relacionadas con la transmisión de la fe y sus contenidos, que alcanza asimismo la clase de religión escolar tanto en la escuela católica como en la escuela estatal o de iniciativa privada, teniendo en cuenta la legislación vigente civil y canónica.
La competencia del Obispo en la escuela católica no afecta tan sólo a la catequesis y a la vigilancia sobre la clase de religión, sino a la salvaguarda de su identidad y organización, incluso cuando la escuela católica es promovida por institutos religiosos. El can 806 §1es del todo explícito al afirmar: “Compete al Obispo el derecho de vigilar y visitar las escuelas católicas establecidas en su territorio, aun las fundadas y dirigidas por miembros de institutos religiosos; asimismo le compete dar normas sobre la organización general de las escuelas católicas; tales normas también son válidas para las escuelas dirigidas por miembros de esos institutos, sin perjuicio de su autonomía en lo que se refiere al régimen interno de esas escuelas”.
El Directorio para el ministerio pastoral de los obispos «Apostolorum Successores» no deja lugar a dudas sobre la responsabilidad del Obispo en la catequesis, que legitima teológicamente por ser la catequesis el acto pastoral que ha de seguir a la predicación en orden a la formación cristiana de cuantos vienen a la fe, o bien son desde infantes educados en ella, habiendo sido bautizados en el contexto de la comunidad de fe de sus padres y/o padrinos. El Directorio contempla la acción pastoral de los colaboradores del Obispo en el ministerio de la Palabra y precisa el ordenamiento general que el Obispo ha de hacer del ministerio de la Palabra16, incluyendo orientaciones precisas sobre su responsabilidad en la catequesis17 y sobre la escuela católica18. Por lo que afecta a la ordenación de la catequesis, acción que compete realizar al Obispo en su Iglesia, ha dado lugar a las diversas normativas vigentes en las Iglesias particulares o diocesanas, por lo general inspiradas en el magisterio pontificio, si bien esta ordenación no se ha traducido en normativa definida del mismo rango en las diócesis19.
No puede ser de otro modo, porque la escuela católica regentada por los institutos religiosos, sociedades de vida apostólica y por otras asociaciones o sociedades de vida consagrada y al servicio de la propagación de la fe realizan su apostolado de la educación cristiana bajo la responsabilidad del Obispo, a quien corresponde aprobar el proyecto diocesano de educación en la fe en términos generales y en conjunto. Lo cual no significa que no gocen los institutos religiosos consagrados a la educación cristiana de su propio ideario institucional, operativo, como es lógico, en los centros educativos de dichos institutos religiosos y sociedades apostólicas. Así, la ley de la Iglesia establece, en efecto, en lo tocante a la impartición de la catequesis en la escuela católica regentada por los institutos religiosos y asimilados, que corresponde a los superiores de los mismos “cuidar de que en sus iglesias, escuelas y obras que de cualquier modo les hayan sido encomendadas, se imparta diligentemente la formación catequística”20. Ahora bien, la autonomía de organización interna y de carácter pedagógico y didáctico de los institutos, según su propio carisma y trayectoria histórica, no obsta a que tal cometido escolar puesto bajo la vigilancia y estímulo de los superiores se lleve a cabo no sólo en comunión con la Iglesia universal y su magisterio, sino asimismo a tenor y conforme con la normativa de las Iglesias particulares, sobre la materia, aprobada por sus obispos.
Según esto, la solicitud y cuidado de los superiores ha de tener en cuenta que es a los obispos a quienes corresponde orientar y ordenar el desarrollo de la catequesis en la Iglesia particular21, así como la instrucción cristiana que facilita la escuela católica y alcanza no sólo a los educandos, sino también a “los padres de familia, los profesores y el personal”22. La acción del ministerio episcopal en la educación cristiana es expresión del ejercicio del munus docendi que configura la acción pastoral que le es propia, y que las personas de vida consagrada tienen que tener presente a la hora de proponer, organizar y desarrollar su propio apostolado educativo de la infancia y la juventud en la Iglesia particular23.
Con todo, no basta sólo quedarse en el marco de afirmaciones generales y orientaciones que rigen la acción catequística y de formación cristiana en la escuela y, en la escuela católica en particular, definida como lugar eclesial, como se ha dicho, y por tanto ámbito también de la iniciación cristiana.
3. La escuela católica, lugar eclesial para la iniciación cristiana, y su relación con la parroquia como lugar específico de la iniciación y vida sacramental
a) La escuela católica, ámbito apto para la iniciación cristiana, catequística y sacramental, de la infancia y de la juventud
La instrucción La iniciación cristiana habla de la doble proyección del proyecto educativo diocesano: a) “proceso de iniciación cristiana, unitario y coherente, para niños, adolescentes y jóvenes, en íntima conexión con los sacramentos de la iniciación cristiana ya recibidos o por recibir, y en relación con la pastoral educativa”24; y b) un proyecto de catequesis para adultos: ya sea de formación en la fe o de preparación catecumenal para recibir los sacramentos de la iniciación cristiana como tal.
Junto con la aprobación del proyecto educativo diocesano, que incluye la acción catequística que está a su servicio, la ley de la Iglesia establece que es responsabilidad de los obispos la procura y vigilancia de la formación y actividad de los catequistas25. En ello se fundamenta el necesario conocimiento que han de tener el Obispo de la actividad de la actividad catequística en su diócesis, con relación a la selección y formación de los catequistas, y procurando que tanto en la parroquias como en las escuelas católicas los responsables sopesen los motivos que tienen para confiar a unas u otras personas la acción catequística procurando la necesaria vigilancia ya por sí mismo en las visitas pastorales, ya de los vicarios y/o delegados episcopales para la catequesis, de suerte que exista una verdadera coordinación de la acción catequística de las parroquias con los institutos religiosos. En esta tarea el Código determina que los superiores religiosos y de las sociedades apostólicas han de vigilar la acción catequística, procurando que en sus institutos “se imparta diligentemente la acción catequética”26.
b) Déficit actual de la escuela católica con relación a la iniciación cristiana de los alumnos
Los colegios católicos acumulan un haber histórico positivo, que hace de ellos referente de la educación cristiana de amplios sectores de la sociedad, que no es preciso analizar pormenorizadamente ahora. Está en la mente de todos y la sociedad cristiana desde el siglo XVII hasta el presente los institutos religiosos, órdenes y congregaciones, y sociedades de vida apostólica que han tenido hasta hoy por carisma orientador la formación cristiana de la juventud, acumulan una herencia que ha comenzado a hacer crisis profunda. Esta crisis viene provocada en muy alta medida por la carencia que estos institutos religiosos tienen de vocaciones en la actualidad, ciertamente, pero no todo es atribuible a la ausencia de vocaciones religiosas continuadoras de la labor de las generaciones precedentes. La crisis de la escuela católica tiene mucho que ver con la misma crisis del sistema educativo en general. La escuela católica ha tenido que soportar la crítica ideológica del agnosticismo y del cientismo y de los diversos modelos de humanismo ateo alimentados por los grandes maestros de la sospecha, que vieron en la educación católica un proceso de acomodación al medio para perpetuar una sociedad articulada en torno al principio de autoridad como instancia de represión coercitiva, y a la reproducción de una sociedad clasista, a la que suelen tildar además de sociedad basada en el modelo tradicional o patriarcal de la familia. No hace al caso el análisis de la influencia y repercusión del pensamiento crítico sobre todo el sistema educativo en general, y los desoladores resultados a que ha conducido la apropiación de algunos modelos de pedagogía pretendidamente alternativos, desde el modelo de escuela inspirada en la «pedagogía no directiva» de Carl Rogers y la «pedagogía del oprimido», parcialmente inspirada en la obra de Paulo Freire, que hace de la apropiación de la lengua el medio apto de apropiación social del poder, a los modelos educativos actuales ideológicamente marcados por el relativismo laicista y la ideología de género.
Estos modelos educativos, que se han comprendido como modelos alternativos, han tenido por objetivo vaciar la educación de su alcance integral y trascendente, proveniente de la antropología revelada, que constituye el referente de transmisión de la concepción occidental del ser humano como base de la sociedad cristiana. Basten, por ello, tan sólo algunas observaciones que permitan ver el trazado del diseño que ofrece la educación en la actualidad y que afecta a la misma escuela católica. Los colegios católicos fueron, ciertamente, medio eficaz de instrucción y formación cristiana de generaciones directivas de la sociedad, y han sido también un instrumento idóneo para promover la alfabetización y amplia socialización de la educación y de la cultura entre sectores desfavorecidos. Fueron una y otra cosa, y lo siguen siendo, sin duda alguna, gracias a la generosa entrega de generaciones de personas de vida consagrada y al carácter confesional de su ideario y proyecto educativo. Sin embargo, es patente a cualquier análisis sin prejuicios que estos colegios no sólo han perdido en gran medida su carácter confesional, presionados por las condiciones impuestas para ser económicamente sostenidos dentro del sistema de financiación concertada con las administraciones públicas, sino que también, debido a la crisis de vocaciones que padecen los institutos religiosos, corren el riesgo grave de una pérdida definitiva de identidad como colegios católicos al ser gestionados por las nuevas fundaciones ideadas para poder gestionar el patrimonio de los colegios católicos y prolongar su presencia y acción en el tiempo y en la sociedad, a pesar de la carencia de vocaciones a la vida consagrada.
Si es cierto que estas fundaciones, la mayoría registradas como fundaciones civiles y, por tanto, sometidas a la regulación civil de los protectorados de las administraciones públicas, parecen venir en socorro de estos colegios católicos, no lo es menos que la ausencia de carácter canónico que acusan las fundaciones erigidas tan sólo al amparo de la legislación civil puede arriesgar tanto el carácter eclesiástico de su patrimonio y su gestión como el ideario escolar católico al cual debe servir ese patrimonio y gestión. Al margen de esta cuestión, que es importante considerar27, hay que reconocer, por lo demás, que los institutos religiosos están haciendo un importante esfuerzo de incorporación y formación de un laicado cristiano que se mueva por los objetivos del carisma educacional de cada instituto y comparta con los miembros, hombres y mujeres de vida consagrada, el carisma fundacional de sus escuelas. En este sentido es encomiable la labor que se está realizando, labor que la Congregación para la Educación Católica estimulaba mediante la Instrucción aprobada por el Papa «Educar juntos en la escuela católica», en el que se afirma que esta colaboración de personas consagradas y fieles laicos unidos por la vocación educacional se asimila a la comunión de la Iglesia y, citando la exhortación de Juan Pablo II sobre la vida de consagración, que encomia el valor de esta colaboración, mediante la cual “es más fácil dar respuesta a los grandes retos de nuestro tiempo con la aportación coral de los diferentes dones”28, el documento de la Congregación prosigue: “En tal contexto eclesial, la misión de la escuela católica, vivida por una comunidad constituida de personas consagradas y de fieles laicos, asume un significado completamente particular y manifiesta una riqueza que es necesario saber reconocer y valorar”29.
Se ha de observar, por otra parte, que si muchos colegios católicos se han convertido en centros educativos atrayentes, se lo deben hoy más a su condición de centros de calidad para la comunicación de los saberes y las ciencias, que a su identidad católica, debilitada y obligada a convivir, para seguir siendo subvencionada, con la ideología laicista que inspira la escuela en general. Es un hecho que la crisis que afecta a escuela tiene su manifestación clara en la degradación institucional que provoca un sistema educativo que se apoya en una visión ideologizada de la vida, que además de ser contraria a los valores tradicionales propuestos por el cristianismo, inhibe la aspiración a la excelencia en el despliegue de las facultades humanas. Se trata de una ideología de la mediocridad como patrimonio común del colectivo, que no puede tolerar la aspiración a lo moralmente mejor, que ha descartado el esfuerzo y el sacrificio como medio de superación, ineludiblemente necesario tanto para la adquisición del conocimiento como para el perfeccionamiento humano, aun cuando el equipamiento técnico y de medios didácticos de la escuela es el mejor que se ha conocido hasta el presente, fruto de los logros indudables de la sociedad del bienestar. En esta situación los centros católicos, a pesar de verse en parte influidos por la crisis general de la escuela, provocada por la presión de la ideología socio-cultural vigente, y tener parcialmente afectada su identidad católica, conservan, sin embargo, una indudable calidad en la transmisión de los saberes y una propuesta cívica, inspirada por la fe religiosa, que les hace preferibles a la escuela estatal a ojos de los padres.
Volviendo a la cuestión del debilitamiento del ideario católico de los colegios de la Iglesia, es verdad que la grave crisis de identidad que padecieron los colegios católicos, particularmente los colegios promovidos por institutos religiosos, en los años ochenta y noventa del pasado siglo se ha atemperado, pero no es menos verdad que se ha difuminado grandemente su identidad católica, lo que se aprecia en algunas connotaciones perceptibles, que es preciso tener presentes algunas, por cuanto repercuten en los modelos y propuestas pedagógicas y didácticas en la transmisión e iniciación de la fe en los colegios católicos. Describimos parcialmente lo que podemos llamar el déficit de la escuela católica, que es preciso contrarrestar con la propuesta educativa basada en la identidad sin compromisos de la escuela católica, sin la cual no es fácil llevar a cabo en los colegios católicos la iniciación cristiana. El déficit se manifiesta del modo siguiente.
― Haber perdido la tarea explícita de la transmisión de la fe, sólo mantenida en la preparación para los sacramentos de la Eucaristía (Primera Comunión) y de la Confirmación. En la historia de los colegios católicos como centros confesionales, la catequesis formó parte del conjunto de las actividades educativas. Hoy prima la calidad de la enseñanza y los colegios católicos se acreditan socialmente sobre todo por esa calidad, acompañada de múltiples ofertas complementarias: aprendizaje de destreza en instrumentos musicales, bailes y danza, kárate lucha, acrobacias gimnásticas, deportes y otros, más ciertos hobbies.
― A esta preterición de la catequesis y formación cristiana como actividad específica en beneficio de las actividades mencionadas y de la competencia profesional del colegio, se le acumulan las dificultades de la clase de religión, que no tiene compensación posible en la ordenación escolar vigente en España, unilateralmente establecida a pesar del Acuerdo internacional entre la Santa Sede y el Estado Español sobre Enseñanza y Asuntos Culturales, del 3 de enero de 1979.
― La significación social de la clase de religión como fundamentación del sistema moral de valores se ha visto notablemente rebajada por la presión de la ideología al uso sobre valores y actitudes de una sociedad pluralista, cuya finalidad es lograr un ciudadano enteramente sumiso a la cosmovisión propuesta e impuesta desde el poder político y cultural mediante la legislación, una de cuyas características más nocivas para el desarrollo de la personalidad es la llamada «ideología de género», que se pretende imponer sin reparar en medios de presión y coerción moral. No es posible pasar a examinarlo detenidamente. El nuevo documento de la Conferencia Episcopal Española hace una amplia descripción fenomenológica de la cultura y situación histórico-espiritual que debe afrontar como reto específico la educación cristiana de la escuela católica, y a e este remito30.
ZENIT publica la traducción al español de las Proposiciones 41 a 44 (versión no oficial), de la reciente Asamblea Extraordinaria para Oriente Medio del Sínodo de los Obispos – cuyo texto oficial está en árabe –, objeto de voto personal por parte de los padres sinodales, presentadas al Papa Benedicto XVI. Este texto, como su nombre indica, tiene carácter propositivo.
Propositio 41
Judaísmo
El judaísmo ocupa un lugar relevante en la declaración Nostra Aetate del Concilio Vaticano II. Las iniciativas de diálogo y de cooperación con los judíos deben alentarse para profundizar en los valores humanos y religiosos, la libertad, la justicia, la paz y la fraternidad. La lectura del Antiguo Testamento y la profundización de las tradiciones del judaísmo ayudan a conocer mejor la religión judía. Nosotros rechazamos el antisemitismo y el antijudaísmo, distinguiendo entre religión y política.
Propositio 42
Islam
La declaración Nostra Aetate del Concilio Vaticano II, como las cartas pastorales de los Patriarcas Católicos de Oriente, plantean también el fundamento de las relaciones de la Iglesia católica con los musulmaner. El Papa Benedicto XVI declaró: “El diálogo interreligioso e intercultural entre los cristianos y musulmanes no puede reducirse a una elección estacional. Este en efecto es una necesidad vital, de la que depende en gran parte nuestro futuro” (Benedicto XVI, "Encuentro con los representantes de las comunidades musulmanas", Colonia, 20.08.2005).
En Oriente Medio los cristianos comparten con los musulmanes la misma vida y el mismo destino. Edifican juntos la sociedad. Es importante promover la noción de ciudadanía, la dignidad de la persona humana, la igualdad de los derechos y de los deberes y la libertad religiosa que comprenda la libertad de culto y la libertad de conciencia.
Los cristianos de Oriente Medio Oriente son llamados a continuar el fecundo diálogo de vida con los musulmanes. Estos cuidarán de tener a propósito de esto una mirada de estima y de amor, poniendo de parte todo prejuicio negativo. Juntos son invitados a descubrir los respectivos valores religiosos. Ofrecerán así al mundo la imagen de un encuentro positivo y de una colaboración fructífera entre los creyentes de estas religiones, oponiéndose a todo tipo de fundamentalismo y de violencia en nombre de la religión.
CONCLUSIÓN
Propositio 43
Continuación del Sínodo
Las Iglesias que han participado en el Sínodo son llamadas a proveerse de medios para asegurar la continuación, en colaboración con el Consejo de los Patriarcas Católicos de Oriente y las estructuras oficiales de las Iglesias interesadas, y a implicar mayormente a los sacerdotes, los laicos expertos y los religiosos.
Propositio 44
La Virgen María
María, la Virgen de Nazaret, es modelo perfecto de escucha de la Palabra de Dios e hija bendita de nuestra tierra. Desde el inicio de la historia cristiana la reflexión teológica en nuestras Iglesias de Oriente contribuyó de manera decisiva a definir a María con el nombre estupendo de Theotokos, Madre de Dios.
En las liturgias de todas nuestras Iglesias la Virgen María ocupa un lugar por excelencia y estña rodeada del afecto singular de todo el pueblo de Dios.
Precisamente esta hija de nuestra tierra, a la que todas las gentes llaman bendita, viene justamente invocada como Madre de la Ilesia, sobre todo a partir del Concilio ecuménico Vaticano II.
Conscientes de los especiales vínculos que por designio de Dios nos unen a la Madre de Jesús, proponemos que nuestras Iglesias, unidas y en un acto común, confíen todo Oriente Medio a la protección de la Virgen María.
[Traducción de la versión italiana por Inma Álvarez]
Reflexión de monseñor Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús para el programa radial "Compartiendo el Evangelio", para el 30º domingo durante el año (24 de octubre de 2010). (AICA)
EL PUBLICANO Y EL FARISEO
San Lucas 18, 9-14
La actitud del publicano y el fariseo, o del fariseo y el publicano, nos revelan comportamientos, pensamientos, valores, posturas, posiciones, etc. Lo que es de desear, lo que debemos pedir, como todos debemos crecer y madurar en la vida, es acercarnos cada vez más al misterio de Dios.
En ese acercarnos nos vamos conociendo más a nosotros mismos, nos vamos teniendo más, nos vamos perteneciendo más. Cuando hay más luz, uno ve más las sombras, las percibe mejor.
Por eso cuando uno se acerca más a Dios, uno descubre su pecado, su limitación; mira en profundidad, mira en serio; no se mira superficialmente; no se mira “para la foto”, se ve en serio.
De allí que la actitud que uno tiene que pedirle a Dios, siempre, es la actitud de saber que Dios tiene misericordia de nosotros, que uno es necesitado, es un pobre que necesita y que Dios siempre escucha atentamente a aquél que dice la verdad, a aquel que es humilde, a aquel que sabe rezar.
Pidamos al Señor tener esa actitud de gratitud, de pedido, y a la vez de reconocimiento. Porque Dios nunca nos va a humillar, Dios siempre nos va a enaltecer.
Dios nos dio la dignidad de existir como personas, nos dio la dignidad de creyentes, de cristianos en el Pueblo de Dios. Nos dio una misión y un destino: quiere que vayamos, a través de la oración, reconociendo estas dignidades que Dios nos da y que nadie nos puede quitar.
¡Acuérdate que, si eres humilde, dices la verdad; y si dices la verdad, siendo humilde, estás más cerca de Dios, estás más cerca de los hermanos! Si haces lo contrario, te alejas de Dios, te alejas de ti mismo y te alejas de los hermanos.
Les dejo mi bendición: en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén
Mons. Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús
Invitación de monseñor José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario, a rezar por los difuntos y a visitar los cementerios el 1º y 2 de noviembre. (AICA)
INVITACIÓN A REZAR POR LOS DIFUNTOS
Queridos sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles laicos:
El día de Todos los Santos, el lunes 1º de noviembre, y el de los difuntos, el próximo martes 2 de noviembre, son una ocasión para rezar e invitar a los fieles a unirse en la celebración de la Misa: en la fiesta de Todos los Santos, la Iglesia nos invita a mirar al cielo y contemplar la multitud de hombres y mujeres de todo pueblo y nación que están junto a Dios y es la "Jornada para rezar por la santificación del pueblo argentino y la glorificación de los siervos de Dios"; ellos le dan gloria y alabanza a Cristo, porque en esta vida lo siguieron y vivieron su mensaje de amor.
La vida de los que creemos en Ti no termina (Pref. Dif)
En la conmemoración de los difuntos, en cambio, miramos a nuestros seres queridos en el paso de esta vida a la muerte. A la luz de la fe en Cristo, el principio y el fin, el Alfa y la Omega, contemplamos el misterio del tiempo y la eternidad, de la muerte y la vida.
“Yo soy la Resurrección y la vida…Crees esto”
Ante la muerte y la esperanza de la Vida eterna, Jesús vuelve a decirnos en este día, como lo hizo a Marta en el Evangelio: “Yo soy la Resurrección y la vida. Quien cree en mi aunque muera, vivirá; y quien vive y cree en mi no morirá para siempre”.
En el día de los difuntos les recomiendo vivamente visitar los cementerios y rezar por los difuntos. Así recordamos a nuestros seres queridos, sabiendo que ellos no están resignados al olvido o a morir para siempre.
La muerte está iluminada por la fe
Nuestra visita a los cementerios no es el recorrido por un museo o a una galería de arte. Para los cristianos, la muerte está iluminada por la fe. En el cementerio podemos expresar con nuestro silencio y reconocimiento, el recuerdo a nuestros seres queridos y la oración. Allí reposan los restos de quienes compartieron con nosotros la vida, ellos esperan la Resurrección.
Mons. José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario
ZENIT nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigió el jueves 28 de Octubre de 2010 a los participantes en la Asamblea Plenaria de la Pontificia Academia de las Ciencias, a quienes recibió en audiencia en la Sala Clementina del Palacio Apostólico.
Eminencia,
Excelencias,
Distinguidos Señores y Señoras.
Estoy contento de saludarles a todos vosotros aquí presentes con motivo de la Sesión Plenaria de la Pontificia Academia de las Ciencias, para reflexionar sobre “La herencia científica del siglo XX”. Saludo particularmente al obispo Marcelo Sánchez Sorondo, Canciller de la Academia. Aprovecho esta oportunidad también para recordar con afecto y gratitud al profesor Nicola Cabibbo, vuestro llorado presidente. Con todos vosotros, encomiendo su noble alma a Dios, Padre de las misericordias.
La historia de la ciencia en el siglo XX está marcada por indudables logros y avances importantes. Por desgracia, la imagen popular de la ciencia del siglo XX se caracteriza a veces de forma diversa, por dos elementos extremos. Por un lado, la ciencia es considerada por algunos como una panacea, demostrado por los notables logros del siglo pasado. De hecho, sus innumerables avances han sido tan amplios y tan rápidos que parecen confirmar el punto de vista de que la ciencia puede responder a todas las preguntas sobre la existencia del hombre, e incluso sus más altas aspiraciones. Por otro lado, están aquellos que temen a la ciencia y que se distancian de ella, debido a desarrollos preocupantes como la construcción y el terrible uso de las armas nucleares.
La ciencia, por supuesto, no se define por cualquiera de estos extremos. Su tarea fue y sigue siendo un paciente y con todo apasionada búsqueda de la verdad sobre el cosmos, la naturaleza y sobre la constitución del ser humano. En esta búsqueda, ha habido muchos éxitos y fracasos, triunfos y reveses. La evolución de la ciencia ha sido a la vez edificante, como cuando fueron descubiertos la complejidad de la naturaleza y sus fenómenos, superando nuestras expectativas; y humilde, como cuando algunas de las teorías que pensábamos que podían haber explicado los fenómenos de una vez por todas se demostraban solo parciales. Sin embargo, incluso los resultados aún provisionales constituyen una contribución real para revelar la correspondencia entre el intelecto y la realidad natural, en el que las generaciones posteriores pueden basarse para seguir construyendo.
Los progresos realizados en el conocimiento científico durante el siglo XX, en todas sus diversas disciplinas, ha dado lugar a una mayor concienciación sobre el lugar que el hombre y el planeta ocupan en el universo. En todas las ciencias, el denominador común sigue siendo la idea de la experimentación como un método organizado para la observación de la naturaleza. En el último siglo, el hombre ciertamente avanzado más – aunque no siempre en el conocimiento de sí mismo y de Dios, pero sí ciertamente en su conocimiento del macro y microcosmos – que en toda la historia de la humanidad. Nuestro encuentro aquí hoy, queridos amigos, es una prueba de la estima de la Iglesia hacia la investigación científica en curso y de su gratitud por la labor científica, que ella alienta y de la que se beneficia. En nuestros días, los científicos se dan cuenta cada vez más de la necesidad de estar abierto a la filosofía si se quiere descubrir el fundamento lógico y epistemológico de su metodología y sus conclusiones. Por su parte, la Iglesia está convencida de que la actividad científica en última instancia, se beneficia del reconocimiento de la dimensión espiritual del hombre y de su búsqueda de respuestas definitivas que permitan el reconocimiento de un mundo que existe independientemente de nosotros, que no entienden completamente y que sólo podemos comprender en la medida en que aprehendamos su lógica inherente. Los científicos no crean el mundo, sino que aprenden de él y tratar de imitarlo, a través de las leyes y la inteligibilidad que la naturaleza nos manifiesta. La experiencia del científico como ser humano es, pues, la de percibir una constante, una ley, un logos que no ha creado pero que en cambio, ha observado: de hecho, nos lleva a admitir la existencia de una razón todopoderosa, que es distinta de la del hombre, y que sostiene el mundo. Este es el punto de encuentro entre las ciencias naturales y la religión. Como resultado, la ciencia se convierte en un lugar de diálogo, un encuentro entre el hombre y la naturaleza y, potencialmente, incluso entre el hombre y su Creador.
Al mirar hacia el siglo XXI, me gustaría proponer dos ideas para una reflexión más profunda. En primer lugar, a medida que el aumento de los logros de las ciencias acrecientan nuestra maravilla frente a la complejidad de la naturaleza, se percibe cada vez más la necesidad de un enfoque interdisciplinario ligado con la reflexión filosófica. En segundo lugar, los logros científicos en este nuevo siglo deberían ser siempre guiados por el sentido de la fraternidad y la paz, ayudando a resolver los grandes problemas de la humanidad, y dirigir los esfuerzos de todos hacia el verdadero bien del hombre y el desarrollo integral de los pueblos del mundo. El resultado positivo de la ciencia del siglo XXI seguramente dependerá en gran medida de la capacidad del científico de buscar la verdad y de aplicar los descubrimientos de una manera que va de la mano con la búsqueda de lo que es justo y bueno. Con estos sentimientos, os invito a dirigir vuestra mirada hacia Cristo, la Sabiduría increada, y reconocer en su rostro, el Logos del Creador de todas las cosas. Renovandoos mis mejores deseos para vuestro trabajo, os imparto mi Bendición Apostólica.
[Traducción del inglés por Inma Álvarez
© Copyright 2010 - Libreria Editrice Vaticana]
ZENIT publica la traducción al español de las Proposiciones 31 a 40 (versión no oficial), de la reciente Asamblea Extraordinaria para Oriente Medio del Sínodo de los Obispos – cuyo texto oficial está en árabe –, objeto de voto personal por parte de los padres sinodales, presentadas al Papa Benedicto XVI. Este texto, como su nombre indica, tiene carácter propositivo.
Propositio 31
Agentes pastorales
Para la formación de cuatros y agentes pastorales en los diversos ámbitos, se propone fundar y desarrollar Centros de formación intereclesial en cada país. Se recomienda que estos Centros utilicen los nuevos medios audiovisuales de comunicación. El material producido debería estar disponible en Internet y en DVD, para permitir la máxima difusión con el mínimo gasto.
Propositio 32
Escuelas e instituciones educativas católicas
Los padres sinodales animan a las escuelas y las instituciones educativas católicas a continuar siendo fieles a su misión de educar a las nuevas generaciones en el espíritu de Cristo y en los valores humanos y evangélicos, a consolidar la cultura de la apertura y de la convivencia, el cuidado y la acogida de los pobres y de los discapacitados. A pesar de las dificultades, los Padres invitan a las escuelas a conservar la misión educadora de la Iglesia y a promover el desarrollo de los jóvenes, que son el futuro de nuestras sociedades. Se recomienda a los responsables la necesidad de sostener estas instituciones, dada la importancia de su papel para el bien común.
Propositio 33
Medios de comunicación
Los Padres sinodales pusieron de manifiesto la importancia capital de los nuevos medios de comunicación para la formación cristiana en Oriente Medio como también para el anuncio de la fe. Son redes de comunicación privilegiadas para propagar la enseñanza de la Iglesia.
Concretamente, los Padres sinodales recomiendan ayudar y sostener con todos los medios las estructuras ya existentes en este ámbito, como Télé-lumière-Noursat, La Voix de la Charité y otras, para que estas realicen en el espíritu eclesial los objetivos para los que fueron creadas. Algunos han incluso augurado apoyar la creación de una ciudad mediática para Noursat regional e internacional.
Los Padres recomiendan vivamente a los responsables de las estructuras audiovisuales en nuestras Iglesias:
- formar un equipo especializado en los planos teológico y técnico;
- establecer programas de formación bíblica para uso pastoral;
- subtitular en turco y persa los programas, para uso de los cristianos de Turquía e Irán.
Propositio 34
Misión
Herederos de un impulso apostólico que llevó la Buena Noticia a tierras lejanas, nuestras Iglesias orientales católicas son solicitadas a renovar el espíritu misionero en la oración, con la formación y con el envío en misión. Éstas son interpeladas por la urgencia misionera ad intra y ad extra.
Propositio 35
Familia
La familia, célula básica e "Iglesia doméstica", necesita ser acompañada y apoyada en sus problemas y en sus dificultades, sobre todo en los contextos urbanos. Por esto es oportuno reforzar los centros de preparación al matrimonio, los centros de escucha y de orientación, el acompañamiento espiritual y humano de las parejas jóvenes, la atención pastoral a las familias, sobre todo a las que tienen que afrontar situaciones difíciles (conflictos internos, discapacidades, droga, etc.), y reavivar la visita de los pastores a las familias, como también el aliento a la natalidad y a la buena educación de los hijos.
Propositio 36
Jóvenes
“Los jóvenes son el futuro de la Iglesia”, decía Juan Pablo II. Su Santidad el Papa Benedicto XVI sigue animándoles: “¡A pesar de las dificultades, no os desaniméis y no renunciéis a vuestros sueños! Cultivad en cambio en el corazón deseos grandes de fraternidad, de justicia y de paz. El futuro está en las manos de quien sabe buscar y encontrar razones fuertes de vida y de esperanza” ("Mensaje para la XXV Jornada Mundial de la Juventud", 28 de marzo de 2010, n. 7). Además les llama a ser misioneros y testigos en sus sociedades y en sus ambientes de vida. Y les anima a profundizar en su fe y su conocimiento de Jesucristo, su ideal y modelo, para participar con Él en la salvación del mundo.
Los Padres sinodales se comprometen:
- A ponerse a la escucha para responder a sus preguntas y necesidades.
- A asegurarles la formación espiritual y teológica necesaria, adecuada para ayudarles en el trabajo.
- A construir con ellos los puentes de diálogo para abatir los muros de división y de separación en las sociedades.
- A valorar su creatividad y sus habilidades para ponerlas al servicio de Cristo y de los demás jóvenes de su edad y de su sociedad.
Propositio 37
La Nueva Evangelización
Nuestras Iglesias están llamadas a entrar en la perspectiva de la Nueva Evangelización, tomando en consideración el contexto cultural y social en el que se encuentra viviendo, trabajando y actuando el hombre de hoy. Esto exige una profunda conversión y una renovación a la luz de la Palabra de Dios y de los sacramentos, particularmente la Reconciliación y la Eucaristía.
Propositio 38
Doctrina social
Los Padres sinodales recomiendan la difusión de la doctrina social de la Iglesia, en general poco presente. Esta es parte integrante de la formación de la fe. El Catecismo de la Iglesia Católica y el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia son recursos importantes en este ámbito.
Los Padres sinodales recomiendan que la asamblea de los obispos en cada país forme una comisión episcopal para preparar y difundir el discurso social de la Iglesia, basándose en la enseñanza de la Iglesia. Las posiciones de la Santa Sede sobre los problemas actuales y las circunstancias reales de cada país.
Los Padres recomiendan que las Iglesias orientales se ocupen de las personas de la tercera edad, de los inmigrantes y de los refugiados con sus diversas necesidades sociales y que cuiden particularmente a los discapacitados, creando las necesarias estructuras adecuadas a ellos, y favoreciendo su integración en la sociedad.
En la fidelidad a Dios Creador, los cristianos tomarán en serio la protección de la naturaleza y del medio ambiente. Estos apelan a los gobiernos y a todos los hombres de buena voluntad para que unan sus esfuerzos en favor de la salvaguardia de la creación.
B. La Liturgia
Propositio 39
Liturgia
La riqueza bíblica y teológica de las liturgias orientales está al servicio espiritual de la Iglesia universal. A pesar de ello sería importante y útil renovar los textos de las celebraciones litúrgicos allí donde sea necesario, para que respondan mejor a las necesidades y a las expectativas de los fieles sobre la base de un conocimiento cada vez más profundo de la tradición adaptado al lenguaje de hoy y a las diversas categorías de edad.
C. Dialogo interreligioso
Propositio 40
Diálogo interreligioso
Los cristianes de Oriente Medio están llamados a continuar el diálogo con sus conciudadanos de otras religiones, diálogo que acerca los espíritus y los corazones. Por esto son invitados, con sus interlocutores, al reforzamiento del diálogo interreligioso, a la purificación de la memoria, al perdón recíproco del pasado y a la búsqueda de un futuro común mejor.
En la vida de cada día buscarán la aceptación mutua a pesar de las diferencias, y trabajarán para edificar una sociedad nueva donde el pluralismo religioso sea respetado y donde el fanatismo y el extremismo sean excluidos.
Los Padres sinodales recomiendan la elaboración de un plan de formación en el diálogo, tanto en los institutos de enseñanza como en los seminarios y noviciados, de cara a favorecer una cultura del diálogo basada en la solidaridad humana y religiosa.
[Traducción de la versión italiana por Inma Álvarez]
ZENIT publica el comentario al Evangelio del próximo domingo, 14 de noviembre, XXXIII del tiempo ordinario (Lucas 21,5-19), redactado por monseñor Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo, administrador apostólico de Huesca y de Jaca.
Evangelio del domingo: Por su nombre
El Evangelio de este domingo nos deja una sensación agridulce, con un cierto desconcierto. Las diversas respuestas de Jesús, indicaban a sus oyentes que todo estaba inacabado, inseguro. Hasta la belleza del Templo era frágil y su solidez amenazada: "no quedará piedra sobre piedra". Surgirán profetas falsos una vez más, llegarán guerras, catástrofes, espantos. Y a los discípulos les dirá: os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a los tribunales y a la cárcel, y os harán comparecer ante gobernadores por causa de mi nombre. Hasta los más cercanos como padres, hermanos, parientes y amigos, los odiarán, los traicionarán e incluso los matarán por causa de su nombre.
Muchas veces ha surgido la tentación de hacer del Cristianismo una especie de vergel, de tranquilo paraíso donde evadirse de un mundo corrupto y caduco que se empeña en no vivir "como Dios manda". Pero el Cristianismo no ha sido regalado por Dios como una "burbuja de paz". De hecho, los mejores hijos de la Iglesia han tenido que sufrir persecución, incomprensión y martirio de tantos modos, como la prolongación en la historia de aquél por mi nombre del que nos habla hoy el Evangelio. Vivir en su Nombre, diciendo su Nombre, siendo su Nombre.
Jesús y el Cristianismo no son un sedante para nuestras molestias sociales, ni un barbitúrico para perpetuar privilegios. No provocan alucinaciones sino compromisos. Los cristianos somos llamados a pertenecer a la historia de Aquel que fue anunciado como "signo de contradicción", y que vino a traer el fuego y la espada, es decir portador de la Luz y portavoz de la Verdad en un mundo que con demasiada frecuencia pacta con la oscuridad y la mentira.
Pero este Evangelio, aunque duro, no es desesperanzador. Nos dice Jesús: "no les tengáis miedo". Ha prometido darnos palabras y sabiduría para hacer frente a cualquier adversario. Lo que importa es que esa Presencia y esa Palabra por Él prometidas, resuenen y se reflejen en la vida de la comunidad cristiana y en la de cada cristiano particular.
El Cristianismo no es una aventura para fugarse del mundo, sino una urgencia para transformarlo según el proyecto de Dios, en el Nombre del Señor. Los cristianos no son los del eterno poderío o los de la eterna oposición, sino los eternos discípulos del único Maestro. Poniendo lo mejor de nosotros mismos para que en cada rincón de la historia pueda seguir escuchándose la Buena Noticia de Jesús y haciéndose realidad el don inmerecido de su Reino que la Iglesia en cada época no deja de anunciar.
ZENIT nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigió el jueves 28 de Octubre de 2010 a los obispos de la región Nordeste 5 de la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil, a quienes recibió con ocasión de la visita "ad Limina Apostolorum".
Amados Hermanos en el Episcopado,
“Llegue a vosotros la gracia y la paz que proceden de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo” (2 Cor 1, 2). Deseo antes todo agradecer a Dios por vuestro celo y dedicación a Cristo y a su Iglesia que crece en la Región Nordeste 5. Leyendo vuestros informes, puedo darme cuenta de los problemas de carácter religioso y pastoral, además de humano y social, que tenéis que afrontar diariamente. El cuadro general tiene sus sombres, pero tiene también señales de esperanza, como monseñor Xavier Gilles acaba de referir en el saludo que me ha dirigido, dando rienda suelta a los sentimientos de todos vosotros y de vuestro pueblo.
Como sabéis, en los sucesivos encuentros con las diversas Regiones de la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil, he hecho hincapié en los diferentes ámbitos y respectivos agentes del multiforme servicio evangelizador y pastoral de la Iglesia en vuestra gran Nación; hoy, quisiera hablaros de cómo la Iglesia, en su misión de fecundar y fermentar la sociedad humana con el Evangelio, enseña al hombre su dignidad de hijo de Dios y su vocación a la unión con todos los hombres, de los que se desprenden las exigencias de justicia y de paz social, conforme a la sabiduría divina.
Entretanto, el deber inmediato de trabajar por un orden social justo es propio de los fieles laicos, que como ciudadanos libres y responsables, se empeñan en contribuir a la recta configuración de la vida social, en el respeto de su legítima autonomía y del orden moral natural (cf. Deus caritas est, 29). Vuestro deber como obispos, junto con vuestro clero, es mediar, en cuanto que os compete contribuir a la purificación de la razón y al despertar de las fuerzas morales necesarias para la construcción de una sociedad justa y fraterna. Cuando, sin embargo, los derechos fundamentales de la persona o la salvación de las almas lo exigieran, los pastores tienen el grave deber de emitir un juicio moral, también en cuestiones políticas (cf. GS, 76).
Al formular estos juicios, los pastores deben tener en cuenta el valor absoluto de aquellos preceptos morales negativos que declaran moralmente inaceptable la elección de una determinada acción intrínsecamente mala e incompatible con la dignidad humana; tal elección no puede ser redimida por la bondad de cualquier fin, consecuencia o circunstancia. Por tanto, sería totalmente falsa e ilusoria cualquier defensa de los derechos humanos políticos, económicos y sociales que no incluyeran la enérgica defensa del derecho a la vida desde la concepción hasta la muerte natural (cf. Christifideles laici, 38). También como parte de los esfuerzos hacia los más débiles y más indefensos, ¿hay algo más indefenso que un niño no nacido o un paciente en estado vegetativo o terminal? Cuando los proyectos políticos contemplan, abierta o veladamente, la descriminalización del aborto o de la eutanasia, el ideal democrático – que sólo es verdaderamente tal cuando reconoce y tutela la dignidad de toda la persona humana – es traicionado en sus bases (cf. Evangelium vitæ, 74). Por tanto, queridos hermanos en el Episcopado, al defender la vida “no debemos temer la oposición e impopularidad, rechazando cualquier compromiso y ambigüedad que nos conformen con la mentalidad de este mundo” (ibidem, 82).
Además de eso, para ayudar mejor a los laicos a vivir su compromiso cristiano y socio-político de un modo unitario y coherente, es “necesaria — como os dije en Aparecida — una catequesis social y una adecuada formación en la doctrina social de la Iglesia, siendo muy útil para eso el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia” (Discurso inaugural de la V Conferencia General del Episcopado Latino-Americano y del Caribe, 3). Esto significa también que en determinadas ocasiones, los pastores deben también recordar a todos los ciudadanos el derecho, que es también un deber, de usar libremente el proprio voto para la promoción del bien común (cf. GS, 75).
En este punto, la política y la fe se tocan. A fe tiene, sin duda, su naturaleza específica de encuentro con el Dios vivo que abre nuevos horizontes mucho más allá del ámbito propio de la razón. “En efecto, sin la corrección ofrecida por la religión también la razón puede volverse víctima de ambigüedades, como sucede cuando es manipulada por la ideología, o pretende ser aplicada de una manera parcial, sin tener en consideración la dignidad de la persona humana” (Viaje Apostólico al Reino Unido, Encuentro con las autoridades civiles, 17-IX-2010).
Sólo respetando, promoviendo y enseñando incansablemente la naturaleza trascendente de la persona humana podrá una sociedad ser construida. Así, Dios debe “encontrar lugar también en la esfera pública, particularmente en las dimensiones cultural, social, económica y particularmente política” (Caritas in veritate, 56). Por eso, amados Hermanos, uno mi voz a la vuestra en un vivo llamamiento a favor de la educación religiosa, y más concretamente de la enseñanza confesional y plural de la religión, en la escuela pública del Estado.
Quería también recordar que la presencia de símbolos religiosos en la vida pública es al mismo tiempo recuerdo de la trascendencia del hombre y garantía de su respeto. Estos tienen un valor particular, en el caso de Brasil, en que la religión católica es parte integral de su historia. ¿Como no pensar en este momento en la imagen de Jesucristo con los brazos extendidos sobre la bahía de Guanabara que representa la hospitalidad y el amor con que Brasil siempre supo abrir sus brazos a hombres y mujeres perseguidos y necesitados procedentes de todo el mundo? Fue en esa presencia de Jesús en la vida brasileña, como ellos se integraron armónicamente en la sociedad, contribuyendo al enriquecimiento de la cultura, al crecimiento económico y al espíritu de solidaridad y libertad.
Amados Hermanos, confío a la Madre de Dios y nuestra, invocada en Brasil bajo el título de Nuestra Señora Aparecida, estos anhelos de la Iglesia católica en la Tierra de Santa Cruz y de todos los hombres de buena voluntad en defensa de los valores de la vida humana y de su transcendencia, junto con las alegrías y esperanzas, las tristezas y angustias de los hombres y mujeres de la provincia eclesiástica de Maranhão. A todos coloco bajo Su materna protección, y a vosotros y a vuestro pueblo concedo mi Bendición Apostólica.
[Traducción del portugués por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]
ZENIT publica la traducción al español de las Proposiciones 11 a 30 (versión no oficial), de la reciente Asamblea Extraordinaria para Oriente Medio del Sínodo de los Obispos – cuyo texto oficial está en árabe –, objeto de voto personal por parte de los padres sinodales, presentadas al Papa Benedicto XVI. Este texto, como su nombre indica, tiene carácter propositivo.
Propositio 21
La lengua árabe
La experiencia del Sínodo para Oriente Medio ha puesto de relieve la importancia de la lengua árabe; sobre todo que ella ha contribuido al desarrollo del pensamiento teológico y espiritual de la Iglesia universal, y más precisamente, del patrimonio de la literatura árabe cristiana.
Se propone intensificar el uso de la lengua árabe en el cuadro de las instituciones de la Santa Sede y de las reuniones oficiales, para que los cristianos de cultura árabe tengan acceso a las informaciones procedentes de la Santa Sede en su lengua materna.
B. Comunión entre obispos, clero y fieles
Propositio 22
Subsistencia del clero
Para asegurar al clero una vida decorosa y una subsistencia honorable, en particular para la tercra y cuarta edad, sería necesario:
1. Poner a punto, en conformidad con las normas canónicas, un sistema de solidaridad que asegure la misma remuneración a todos los sacerdotes, tanto a los que ejercen el ministerio como aquellos que ya no están en activo.
2. Apoyándose en cuanto existe en cada país, instituir un sistema de protección social que debería ser extendido a los religiosos y a las religiosas, como también a las mujeres de los sacerdotes casados y a sus hijos menores de edad.
Propositio 23
Sacerdotes casados
El celibato eclesiástico es estimado y apreciado siempre y en todas partes en la Iglesia católica, en Oriente como en Occidente. Con todo, para asegurar un servicio pastoral en favor de nuestros fieles, allá donde vayan, y para respetar las tradiciones orientales, sería augurable estudiar la posibilidad de tener sacerdotes casados fuera de los territorios patriarcales.
Propositio 24
Los laicos
Por el bautismo, los laicos participan en la triple función sacerdotal de Cristo, convirtiéndose en profetas, reyes y sacerdotes. El Concilio ecuménico Vaticano II reconoció el papel y la misión de los laicos en su decreto sobre el apostolado de los laicos (Apostolicam Actuositatem). El Papa Juan Pablo II convocó un sínodo sobre los laicos y publicó la Exhortación Apostólica Christifideles laici, en la cual expresa su estima por “la aportación de los fieles laicos, hombres y mujeres, en favor de la evangelización, de la santificación y de la animación cristiana de las realidades temporales” (n. 23).
Los Padres sinodales se comprometen en la misma línea, tanto más cuando en Oriente los laicos siempre han desempeñado un papel en la vida de la Iglesia. Ellos quieren darles mayor espacio en la participación en las responsabilidades de la Iglesia y animarles a ser apóstoles en su propio ambiente y a dar testimonio de Cristo en el mundo en el que viven.
Propositio 25
Formación de los seminaristas
Con el fin de profundizar la unidad en la diversidad, los seminaristas deberán ser formados cada uno en un seminario de su propia Iglesia, aún recibiendo la formación teológica en una facultad católica común. En ciertos lugares y por razones pastorales y administrativas es también preferible tener un solo seminario para las distintas Iglesias.
Propositio 26
La vida consagrada
La vida consagrada, apostólica, monástica y contemplativa, está en el corazón de la Iglesia. Los Padres sinodales manifiestan una profunda gratitus hacia las personas consagradas por su testimonio evangélico. Hacen memoria en particular de los mártires de ayer y de hoy. Recuerdan que la vida consagrada, adecuadamente renovada, sea acogida, animada e integrada cada vez más en la vida y en la misión de la Iglesia en Oriente Medio.
Nuestras Iglesias reconocen la importancia del lugar de las consagradas en la sociedad, en razón de su testimonio de fe, de su servicio desinteresado y de su aportación preciosa al “diálogo de vida”.
Propositio 27
Las mujeres y los niños
Nuestras Iglesias adoptarán los medios idóneos para animar y reforzar el respeto, la dignidad, el papel y los derechos de la mujer. La dedicación competente y generosa de las mujeres al servicio de la vida, de la familia, de la educación y del cuidado de la salud debe ser muy apreciada. Nuestras Iglesias favorecerán su integración y su participación en la pastoral.
Los hijos son la corona del matrimonio y un don especial para el mundo. La Iglesia católica y los padres católicos han mostrado siempre un interés particular por la salud y la educación de todos sus hijos. Se deberá hacer todo esfuerzo para salvaguardar y promover el respeto de sus derechos humanos naturales, a partir del momento de la concepción, para asegurarles los cuidados sanitarios y una educación cristiana.
C. Comunión con las Iglesias y las comunidades eclesiales (ad extra)
Propositio 28
Ecumenismo
La unidad entre todos los discípulos de Cristo en Oriente Medio es ante todo obra del Espíritu Santo. Ésta debe buscarse en un espíritu de oración, conversión del corazón, respeto, perseverancia y amor, lejos de toda desconfianza, temor o prejuicio que son obstáculo a la unidad. Auguramos ver nuestras Iglesias renovar su compromiso ecuménico a través de iniciativas prácticas:
- Sostener el Consejo de las Iglesias de Oriente Medio;
- Asegurar una formación en el Espíritu ecuménico en las parroquias, en las escuelas y en los seminarios, para que valoren las adquisiciones del movimiento ecuménico;
- Aplicar los acuerdos pastorales concluidos, allí donde existan;
- Organizar encuentros entre fieles y pastores para la oración, la meditación de la Palabra de Dios y la colaboración en todos los ámbitos;
- Adoptar una traducción árabe común del Padre Nuestro y del Símbolo niceno-costantinopolitano.
- Trabajar por la unificación de la fecha de Navidad y de Pascua.
Las Iglesias orientales católicas, viviendo la comunión con la Iglesia de Roma en la fidelidad a sus tradiciones orientales, tienen un importante papel ecuménico que desempeñar.
Los Padres sinodales animan a estas Iglesias a instaurar un diálogo ecuménico a nivel local. Recomiendan también a las Iglesias orientales católicas que se impliquen más en las comisiones internacionales de diálogo, en la medida de lo posible.
Propositio 29
Fiesta de los mártires
Instituir una fiesta común anual de los mártires para las Iglesias de Oriente y pedir a cada Iglesia oriental que establezca una lista de sus propios mártires, testigos de la Fe.
III. EL TESTIMONIO CRISTIANO
TESTIGOS DE LA RESURRECCIÓN Y DEL AMOR
A. La formación cristiana
Propositio 30
Formación
Para repsonder a las necesidades de una formación de fe viva de los adultos, nuestras Iglesias de Oriente Medio proponen la creación de Centros de catequesis donde no existen. Es necesario insistir en la formación permanente y sobre la colaboración entre las diversas Iglesias a nivel de laicos, seminarios y universidades. Todos estos Centros deberían estar abiertos a todas las Iglesias. Los catequistas en particular deben estar bien preparados con una formación idónea que tenga en cuenta los problemas y los retos actuales.
Todo bautizado debe estar preparado a dar razones de su fe en Jesucristo y tener la preocupación de proponer el Evangelio sin timidez, pero también sin provocación, La formación dentrá que ver con la celebración de los misterios, el saber, el vivir y el actuar. La homilía debe estar bien preparada, basada en la Palabra de Dios y vinvulada a la vida. Es importante que la formación implique el adiestramiento en las técnicas modrnas y en la ciencia de las comunicaciones. Los laicos deben dar firmemente testimonio de Cristo en la sociedad. Los fundamentos para ser testigos de este tipo se encuentran en las escuelas católicas que están reconocidas desde siempre como los medios más importantes de la educación religiosa para los católicos y de la formación social, de cara a la comprensión recíproca entre todos los miembros de la sociedad. A nivel universitario, animamos a la creación de una Asociación de Instituciones de Formación Superior con una atención particular a la doctrina social de la Iglesia.
[Traducción de la versión italiana por Inma Álvarez]
Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - "Para una atención sanitaria justa y humana a la luz de la Caritas in veritate" es el tema de la 25 ª Conferencia Internacional del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud, prevista para el 18 y 19 de noviembre en el Aula Nueva del Sínodo en el Vaticano, y en el Instituto Patrístico Augustinianum. Durante la presentación oficial del evento ante el Santo Padre Benedicto XVI, el Presidente del Dicasterio, el Arzobispo Zygmunt Zimowski, ha subrayado que la edición de 2010 se verá enriquecida por la participación de varias personalidades de primer orden de la Iglesia católica, de la investigación científica, de la diplomacia, del mundo de la salud y de la economía. Entre todos ellos hemos entrevistado al Padre Renato Salvatore, Superior General de los Camilos, que ha expuesto a Fides algunas reflexiones sobre la Iglesia y la promoción de la salud.
Fides: ¿Cómo cree que se debería intervenir para ofrecer la posibilidad de una salud ecua y humana para todos?
P. Salvatore: El concepto de salud se deriva de la consideración del hombre como ser creado a imagen y semejanza de Dios y destinado a la comunión eterna con Él. La antropología cristiana ofrece una escala especial de valores: Dios ocupa el primer puesto; la vida eterna precede a la vida terrenal está por encima de la salud... Por lo tanto, el cristiano no puede decir, por ejemplo, "¡en primer lugar la salud!". De hecho, la salud es un bien y no el Bien; y además se trata de un bien instrumental, es decir, que es útil para seguir otros valores más importantes. Desde el punto de vista cristiano, una persona físicamente enferma tiene la posibilidad de vivir "sanamente" si, a pesar de la enfermedad, sigue teniendo la determinación de realizar el plan de Dios. Jesús quiere donar a cada hombre la plenitud de la vida, por lo tanto, su vida es una salud integral. Él no es sólo un sanador, sino el Salvador. Cristo es la salud: Él es médico y medicina; terapeuta y salvador; hombre nuevo y modelo del hombre nuevo. ¡ Ofrece su "salud" a los enfermos y sanos!. Él nos sana y nos permite sanar a otros que están prisioneros del mal porque la promoción de la salud es parte del trabajo de la construcción del Reino. La Iglesia proclama, testimonia y promueve esta idea de la salud con la proclamación de la Palabra, con la celebración de los sacramentos y con el servicio de la caridad. Las estructuras socio-sanitarias católicas son una forma de promoción de la salud salvífica y de la salvación saludable. La creciente búsqueda de salud hasta llegar al extremo de la medicina de los deseos - expresa un deseo latente de plenitud, de superación de lo que es frágil y precario. Esto se puede interpretar como una petición de "salvación": esta búsqueda inconsciente es acogida por la Iglesia para promover su "terapia" evangélica, que actúa directamente sobre los estilos de vida que no son saludables. La Iglesia trabaja a favor de la salud de las personas de muchas maneras, particularmente con sus 120.000 (aproximadamente) estructuras socio-sanitarias diseminadas por todo el mundo. La acción de la Iglesia se distingue de la de las entidades estatales o privadas por "su" concepto de salud y por la unión indisoluble de la caridad con la verdad, como el Santo Padre nos recuerda en la Encíclica "Caritas in veritate".
Fides: ¿Cómo cree que se puede responder a la luz de la Caritas in veritate?
P. Salvatore: "El anuncio de Cristo es el primer y principal factor del desarrollo" (Caritas in Veritate 8) verdaderamente humano y la construcción de un sistema socio-sanitario realmente a medida del hombre. nos recuerda el Papa Benedicto XVI: el auténtico desarrollo del hombre concierne de manera unitaria a la totalidad de la persona en todas sus dimensiones [
] las instituciones por sí solas no bastan, porque el desarrollo humano integral es ante todo vocación y, por tanto, comporta que se asuman libre y solidariamente responsabilidades por parte de todos. Este desarrollo exige, además, una visión trascendente de la persona, necesitada de Dios (Caritas in Veritate 11). Las instituciones socio-sanitarias católicas mientras responden generosamente a las necesidades del cuerpo no pueden olvidar las necesidades profundas y las insistentes preguntas del espíritu. Y la respuesta, la única que puede satisfacer el corazón humano, nos la dona el Padre a través del Hijo en el Espíritu Santo. Fuera de la verdad no hay libertad, no hay posibilidad de desarrollo real de la persona, y mucho menos de una sociedad justa y fraterna. La historia ha enseñado con un muchos ejemplos que Dios es el defensor supremo del ser humano, de su dignidad, de su vida, de sus derechos. La adhesión a la Revelación es el modo más seguro para la promoción de todos aquellos bienes que son requisitos esenciales para la promoción de la salud: educación, trabajo, comida, agua, vivienda, paz, libertad de manifestar la propia fe religiosa o expresar las propias opiniones... A quién le falte uno o más de estos bienes, inevitablemente tendrá en peligro su salud.
Fides: Vosotros, los Camilos estáis inclinados por carisma hacia la salud física y espiritual de los que sufren. ¿Cuál es el compromiso de la Iglesia misionera en este ámbito?
P. Salvatore: Forma parte de las tareas prioritarias de la Iglesia el denunciar todas las opresiones de la vida y la salud, los atentados contra la dignidad y la integridad de los más débiles, la injusta distribución de los recursos de salud, los mecanismos y las estructuras que impiden a los más pobres llegar a la mesa de la vida y la salud. Sin embargo, este compromiso, requiere un esfuerzo igualmente importante para promover una nueva cultura de la salud, hecha a medida del hombre, capaz de sanar los elementos patógenos, personales y estructurales de la sociedad [...] Por último, no es menor el reto de mostrar, con la propia vida y con la dedicación a los demás, que el Evangelio vivido es la mejor fuente de salud querida por Cristo y confiada a la Iglesia como un don y una misión. Es la profecía de la nueva salud para un mundo hambriento y sediento de plenitud" (Religiosos Camilos, documento capitular, Unidos por la Justicia y la solidaridad en el mundo de la salud. Religiosos Camilos y misión profética, Roma 2007, n. 67). (AP/RS) (Agencia Fides 11/11/2010)
Artículo del párroco de San Juan de la Rambla, publicado en el Programa de Actos de la Visita Lustral de la imagen de Ntra. Sra. de la Esperanza al barrio de Santa Catalina y de las Fiestas Patronales, que se desarrollarán desde el 18 al 27 de Nviembre de 2010.
El calendario va corriendo, y sentimos ya cercanas las fechas en que nuestro barrio festeja a su Santa titular, la Virgen y Mártir Santa Catalina. Pero este año, al cerrar un lustro, nuestra alegría se duplica porque la Patrona del municipio nos visita nuevamente. Se duplica la alegría y se multiplica el trabajo. Varios meses se lleva preparando este evento, y ahora que ya es inminente, hay que apurar los detalles, para que todo esté a punto.
Pero ¿estaremos también a punto interiormente? No nos encontramos ante una tradición inmemorial, sino ante un hecho que comenzó a suceder en tiempos recientes. La primera visita de la Virgen de la Esperanza tuvo lugar con ocasión de un Año Santo, y revivir el hecho ha de servir para actualizar el motivo.
Y un año santo siempre es una ocasión de renovación para la vida cristiana. Y esto sucede siempre por la toma de conciencia de la cercanía del Dios que nos salva. La visita de la Virgen de la Esperanza no puede ser otra cosa que una nueva ocasión para reencontrarnos con la salvación de Dios. Y esta es la razón permanente de la fiesta y la alegría cristiana. Por esa salvación cercana, Santa Catalina no dudó en afrontar los debates que la condujeron al martirio.
En estos tiempos difíciles, recibir en el barrio a la Virgen de la Esperanza puede ser una ocasión para volver a tomar conciencia de la verdaderamente fundamental y así afrontarla vida como testimonio de la fe cristiana, sin temor a lo que nos puede suceder.
Van a ser días de emociones intensas, muy concentrados, para que sean en verdad levadura que haga fermentar nuestra vida cristiana. La coincidencia de esta visita con la evocación del Quinto Centenario de la primera Ermita, y con la apertura del proceso de ampliación de la Ermita actual, puede muy bien sugerirnos la necesidad de emprender el camino de renovación de nuestra comunidad cristiana, pues nuestra generación quedará vinculada en adelante a este testimonio material que será la Ermita ampliada y sus instalaciones anejas.
Que la Virgen de la Esperanza bendiga nuestros proyectos, y que el testimonio continuo de nuestra patrona Santa Catalina nos implulse a llevarlos adelante con espíritu cristiano, para que todos vean la salvación de Dios.
iFelices Fiestas!
Arsenio M. de la Cruz Reymond Párroco de San Juan Bautista
Colocamos a continuación el programa de Actos que con motivo de la Visita Lustral de la imagen de Ntra. Sra. de la Esperanza, patrona del municipio de La Guancha, hace al barrio de Santa Catalina y con motivo de las Fiestas de Santa Catalina Mártir ha elabaorado la Comisión y que se desarrollará durante los días 18 al 27 de Noviembre de 2010.
PROGRAMA DE ACTOS DE LA VISITA DE LA IMAGEN DE NTRA. SRA. DE LA ESPERANZA Y DE LAS FIESTAS DE SANTA CATALINA MÁRTIR EN LA GUANCHA
JUEVES,18:
A partir de las 17:00 horas, EXPOSICIÓN DE PROGRAMAS DE FIESTA (del año 1978 a 2010), en el Salón de Actos del Edificio de Usos Múltiples del Barrio (31 Edad).
- A las 18:00 horas, en el mismo lugar, Charla Coloquio con el tema: LOS TRESCIENTOS PRIMEROS AÑOS EN EL BARRIO DE STA. CATALINA Y LA ERMITA PRIMITIVA. Actuando como orador: D. JOSÉ ANTONIO ORAMAS LUIS, hijo de San Juan de la Rambla (Doctor en Pedagogía y Catedrático de Escuela Universitaria de la Universidad de La Laguna). Seguidamente proyección de diapositivas de las distintas BAJADAS DE LA VIRGEN A ESTE BARRIO.
VIERNES,19:
- A las 17:00 horas, BAJADA Y TRASLADO PROCESIONAL DE LA VENERADA IMAGEN "NTRA. SRA. DE LA ESPERANZA", desde la Parroquia Dulce Nombre de Jesús de La Guancha, al barrio de Santa Catalina, durante el recorrido del mismo se rezará el Rosario y Cantos a María. A su llegada al barrio encuentro con la imagen "SANTA CATALINA MARTIR", PREGON de Bienvenida a cargo del Párroco de San Juan de la Rambla, versos y canto a cargo del coro DIVERTIMENTO. Seguidamente procesión acompañada de la banda de música ALCARAVAN, hasta la ermita. A su llegada Santa Misa presidida por los párrocos de San Juan de la Rambla y La Guancha.Una vez finalizado los actos religiosos habrá Chocolate con Churros para todos los asistentes en la Plaza del Natero.
A partir de las 23:00 horas, CONCIERTO DE ROCK, con las actuaciones de los grupos:
POINTER (Teloneros)
SELEKTOS
BARRIO CONFLICTIVO
SABADO, 20:
- A las 10:00 horas, GRAN DIA PARA LOS NIÑOS/AS, en la Plaza del Natero:
- LUDO PARQUE
- CASTILLO TOBOGAN + PISCINA CON BOLAS
- CASTILLO MULTIOBSTACULOS
- CASTILLO CIRCUITO
- TALLER MAQUILLAJE, CON MONITORES
-A las 12:00 del mediodía, Santa Misa
A las 17:00, horas, XI BAJADA DE LA PALMA, llegada de parrandas y músicos a las Haciendas, con reparto de las tradicionales garbanzas, vino, etc. Salida con las palmas hacia el Natero, donde habrá una Gran Chuletada para los asistentes. A continuación Gran Baile con la orquesta BAHIA BAND.
DOMINGO, 21:
-A las 7:00 de la mañana repique de campanas, voladores y diana floreada.
- A las 12:30 del mediodía, SOLEMNE FUNCION RELIGIOSA, en honor a las veneradas imágenes de NTRA. SRA. DE LA ESPERANZA Y SANTA CATALINA MÁRTIR, con la Eucaristía concelebrada y presidida por:
D. ARSENIO M. DE LA CRUZ REYMOND
D. SEBASTIAN GARCIA MARTÍN
D. PRUDENCIO REDONDO CAMARERO
D. FRANCISCO HERNÁNDEZ GARCÍA
La misa será cantada por la rondalla: Asociación de Mayores LOS DOS HERMANOS, de Punta del Hidalgo. Retransmitida por Radio La Guancha, F.M. 107.2
A las 18.00 horas, actuación de la rondalla: Asociación de Mayores LOS DOS HERMANOS, de Punta del Hidalgo, en la plaza del Natero,
A las 19:00 horas, Rezo del SANTO ROSARIO, seguidamente Solemne Procesión de las Veneradas Imágenes por el recorrido de costumbre, acompañada por el clero parroquial, autoridades civiles, Cofradía de La Santa Pasión de La Guaricha y fieles devotos. Asimismo contaremos con la participación de la Banda de Música Ntra. Sra. La Esperanza de La Guaricha y la Asoc. Banda de Cornetas, Tambores y Gaitas, Ntra. Sra. de La salud del Puerto de la Cruz. Durante el recorrido tendrá lugar la dedicatoria musical de Verónica Afonso, y la quema de las tradicionales lluvias de voladores y fuegos, por parte de los vecinos/as. La exhibición pirotécnica estará a cargo de la Pirotecnia Hermanos Toste de Los Realejos.
LUNES, 22:
A las 10:30 horas, Misa por los Difuntos del Barrio.
A las 17:00 horas, en la Plaza del Natero, FESTIVAL INFANTIL, a cargo de de los niños/as del barrio y con la participación del los personajes DISNEY.
A las 21.00 horas, FESTIVAL DE VARIEDADES, con la actuación de:
MARIACHY ALEGRES COLOMBINOS
JUANITO PANCHIN (HUMORISTA)
-PEPE BENAVENTE
Presenta y produce: MAR PRODUCCIONES Transmitido por Radio La Guancha (107.2, FM)
MARTES, 23:
A las 16:30, Santo Rosario, a continuación DESPEDIDA DE NUESTRA MADRE LA STAMA. VIRGEN DE LA ESPERANZA en la plaza del Natero, y retorno a la parroquia del Dulce Nombre de Jesús, a su llegada al templo celebración de la Santa Misa.
A las 21:30 horas, en la plaza del Natero:
OBRA DE TEATRO, a cargo de un grupo de vecinos de San Juan de la Rambla
Actuación del cantanteJOHAN (Pop latino)
MIERCOLES, 24:
A las 17:00 horas, IV ANIVERSARIO del Centro de la 31 edad de Santa Catalina, en el Salón de Usos Múltiples, con las actuaciones de:
- GRUPO FOLCLORICO DE LA 31 EDAD DE STA. CATALINA
- GRUPO FOLCLORICO DE LA 31 EDAD DE LAGUANCHA
- GRUPO FOLCLORICO "RENACER COSTERO" STO. DOMINGO - PARRANDA FOLCLORICA DE SANTA CATALINA
-GRUPO FOLCLORICO PINOLERE
-A las 17:30 horas, en la plaza del Natero, Juegos Infantiles Tradicionales: Carrera de Sacos, Juego de las Sillas, Carrera de sortijas en bici, patines, patineta, etc.
A las 21:00 horas, en la Sala de Usos Múltiples de barrio Proyección de una Película de Cine.
JUEVES, 25: FESTIVIDAD DE SANTA CATALINA
CELEBRACIÓN DEL QUINTO CENTENARIO DEL LEVANTAMIENTO DE LA PRIMITIVA ERMITA, (1510 — 2010),
- A las 12:00 del mediodía, repique de campanas y lanzamiento de cohetes.
A las 19:30 de la tarde, Solemne Función Religiosa en Honor a Santa Catalina Mártir, a su término Procesión hasta la Cruz del Natero acompañada por los músicos del barrio.
- Seguidamente en la plaza del Natero, BOCADILLO GIGANTE, acompañado de un buen vino y refrescos. A continuación FESTIVAL con las actuaciones de: -MIGUEL ANGEL (CANTANTE)
-JAVIER YSUS MUÑECOS
VIERNES, 26:
- A las 17:00 horas, en la Sala de Usos Múltiples, CINE INFANTIL, con la proyección de la película: PLANET51
- A la misma hora en el polideportivo del barrio diferentes torneos de futbol sala femenino y masculino.
- A las 18:00 horas, en la plaza, 1 CERTAMEN DE CATA DE VINOS DEL BARRIO con jurado, organizado por: Asociación "CATEMOS Y DEGUSTEMOS", de Icod de los Vinos. Terminado el mismo, degustaremos una copa de los diferentes caldo que nos ofrecen nuestros cosecheros.
- A las 21:30 horas, GALA DRAG QUEEN TRANSFORMISTA, presentada por YASMINA.
SABADO, 27:
- A las 9:00 de la mañana, CONCURSO DE PESCA CON CAÑA, en el litoral de Marrero. A su término en la plaza del Natero, Gran Paella para los participantes.
- A las 16:00 horas, Vill DUATLON Santa Catalina.
- A las 20:00 horas, SABROSA PLATANADA, acompañada de sardinas, papas arrugadas, gofio amasado, mojo, pan, buen vino y refrescos. Seguidamente ENTREGA DE BANDERA a la nueva comisión de Fiestas 2011, acompañada por la FANFARRIA DEL BARRIO, A continuación como fin de fiestas, Gran Verbena, por la orquesta: LOS VOLCANICOS.
NOTA: Durante los días de la Fiesta habrá música de ambiente en la plaza y estará abierto el ventorrillo de la Comisión de Fiestas 2011, con sus manjares yvino del país.
NOTA: La Comisión de Fiestas pide la colaboración de todos los vecinos/as para engalanar las fachadas y azoteas de sus casas con banderas, colgaduras, macetas, etc. y tiren pétalos de flores al paso del cortejo procesional.
Asimismo esta Comisión no se hace responsable de la quema de cohetes, bengalas o cualquier otro tipo de material pirotécnico que realicen particulares.
Esta Comisión de Fiestas se reserva el derecho de realizar cualquier tipo de cambio en el orden del programa. Los mismos serán comunicados oportunamente.
ZENIT nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI pronunció el lunes, 25 de Octubre de 2010, al recibir a los participantes en el Simposio Internacional sobre Erik Peterson.
Eminencias,
queridos hermanos en el sacerdocio,
gentiles Señoras y Señores,
queridos amigos,
con gran alegría os saludo a todos vosotros que habéis venid aquí a Roma con ocasión del Simposio internacional sobre Erik Peterson. En particular le doy las gracias a usted, querido cardenal Lehmann, por las cordiales palabras con que ha introducido nuestro encuentro.
Como Usted ha afirmado, esta año se celebran los 120 años del nacimiento en Hamburgo de este ilustre teólogo; y, casi en este mismo día, el 26 de octubre de 1960, Erik Peterson moría, siempre en su ciudad natal de Hamburgo. Él vivió aquí en Roma, con su familia, durante algunos periodos a partir de 1930 y después se estableció en ella desde 1933: primero en el Aventino, cerca de San Anselmo, y, sucesivamente, en las cercanías del Vaticano, en una casa frente a la Puerta de Santa Ana. Por esto, es para mí una alegría particular poder saludar a la familia Peterson presente entre nosotros, los estimados hijos e hijas con sus respectivas familias. En 1990, junto con el cardenal Lehmann, pude entregar a vuestra madre, en vuestro apartamento, con ocasión de su 80° cumpleaños, un autógrafo con la imagen del papa Juan Pablo II, y recuerdo de buen grado este encuentro con vosotros.
"No tenemos aquí una ciudad estable, sino que vamos en busca de la futura" (Hb 13,14). Esta cita de la Carta a los Hebreos se podría poner como lema de la vida de Erik Peterson. En realidad, él no encontró un verdadero lugar en toda su vida, donde poder obtener reconocimiento y morada estable. El inicio de su actividad científica cayó en un periodo de revueltas en la Alemania posterior a la Primera Guerra Mundial. La monarquía había caído. El orden civil parecía estar en riesgo ante los disturbios políticos y sociales. Esto se reflejaba también en el ámbito religioso, y, de forma particular, en el protestantismo alemán. La teología liberal hasta ahora predominante, con el propio optimismo del progreso, había entrado en crisis y dejaba espacio a nuevas líneas teológicas enfrentadas entre sí. La situación contemporánea planteaba un problema existencial al joven Peterson. Con interés tanto histórico como teológico, él había ya elegido la materia de sus estudios, como afirma, según la perspectiva de que “cuando nos quedamos solos con la historia humana, nos encontramos ante un enigma sin sentido" (Eintrag in das Bonner „Album Professorum" 1926/27, Ausgewählte Schriften, Sonderband S. 111). Peterson, lo cito de nuevo, decidió “trabajar en el campo histórico y afrontar especialmente problemas de historia de las religiones", porque en la teología evangélica de entonces, no conseguía “hacerse camino, entre el cúmulo de opiniones, hasta las cosas en sí mismas" (ibid.). En este camino llegó cada vez más a la certeza de que no hay ninguna historia separada de Dios y de que en esta historia la Iglesia tiene un lugar especial y encuentra su significado. Cito de nuevo: “Que la Iglesia existe y que está constituida de un modo del todo particular, depende estrechamente del hecho que (…) hay una determinada historia específicamente teológica" (Vorlesung „Geschichte der Alten Kirche" Bonn 1928, Ausgewählte Schriften, Sonderband S.88). La Iglesia recibe de Dios el mandato de conducir a los hombres desde su existencia limitada y aislada a una comunión universal, de lo natural a lo sobrenatural, de la fugacidad al final de los tiempos. En su obra sobre los ángeles afirma al respecto: “El camino de la Iglesia conduce de la Jerusalén terrestre a la celeste, (…) a la ciudad de los ángeles y de los santos" (Buch von den Engeln, Einleitung).
El punto de partida de este camino es el carácter vinculante de la Sagrada Escritura. Según Peterson, la Sagrada Escritura se convierte y es vinculante no en cuanto tal, ella no está solo en sí misma, sino en la hermenéutica de la Tradición apostólica, que, a su vez, se concreta en la sucesión apostólica y así la Iglesia mantiene la Escritura en una actualidad viva y al mismo tiempo la interpreta. A través de los obispos, que se encuentran en la sucesión apostólica, el testimonio de la Escritura permanece vivo en la Iglesia y constituye el fundamento para las convicciones de fe permanentemente válidas de la Iglesia, que encontramos ante todo en el credo y en el dogma. Estas convicciones se despliegan continuamente en la liturgia como espacio vivido de la Iglesia para la alabanza de Dios. El Oficio divino celebrado en la tierra se encuentra, por tanto, en una relación indisoluble con la Jerusalén celeste: allí se ofrece a Dios y al Cordero el verdadero y eterno sacrificio de alabanza, del que la celebración terrena es solo la imagen. Quien participa en la Santa Misa se detiene casi en el umbral de la esfera celeste, desde la cual contempla el culto que se realiza entre los Ángeles y los Santos. En cualquier lugar en el que la Iglesia terrestre entona su alabanza eucarística, esta se une a la festiva asamblea celeste, en la cual, en los santos, ya ha llegado una parte de sí misma, y da esperanza a cuantos están aún en camino en esta tierra hacia el cumplimiento eterno.
Quizás este es el punto, en el que debo insertar una reflexión personal. Descubrí por primera vez la figura de Erik Peterson en 1951. Entonces yo era capellán en Bogenhausen y el director de la casa editorial local Kösel, el señor Wild, me dio el volumen, apenas publicado, Theologische Traktate (Tratados teológicos). Lo leí con curiosidad creciente y me dejé verdaderamente apasionar por este libro, porque allí estaba la teología que buscaba: una teología, que emplea toda la seriedad histórica para comprender y estudiar los textos, analizándolos con toda la seriedad de la investigación histórica, y que no les deja quedarse en el pasado, sino que, en su investigación, participa en la autosuperación de la letra, entra en esta autosuperación y se deja conducir por ella y así entra en contacto con Aquel del que proviene la propia teología: con el Dios vivo. Y así el hiato entre el pasado, que la filología analiza, y el hoy, es superado es superado por sí mismo, porque la palabra conduce al encuentro con la realidad, y la actualidad entera de lo que está escrito, que se trasciende a sí misma hacia la realidad, se convierte en viva y operante. Así, de él aprendí, de la forma más esencial y profunda, qué es realmente la teología y llegué a sentir incluso admiración, porque aquí no dice sólo lo que piensa, sino que este libro es expresión de un camino que era la pasión de su vida.
Paradójicamente, precisamente el intercambio de cartas con Harnack expresa al máximo la imprevista atención que Peterson estaba recibiendo. Harnack confirmó, es más, había escrito ya con precedencia e independencia, que el principio formal católico según el cual “la Escritura vive en la Tradición y la Tradición viven en la forma viviente de la Sucesión”, es el principio originario y objetivo, y que el sola Scriptura no funciona. Peterson asumió esta afirmación del teólogo liberal en toda su seriedad y se dejó sacudir, turbar, doblar, transformar por ella, y así encontró el camino a la conversión. Y con ello realizó verdaderamente un paso como Abraham, según cuanto hemos escuchado al inicio de la Carta a los Hebreos: “No tenemos aquí una ciudad permanente". Él pasó de la seguridad de una cátedra a la incertidumbre, sin morada, y se quedó durante toda su vida privado de una base segura y sin una patria cierta, verdaderamente en camino con la fe y por la fe, en la confianza de que en este estar en camino sin morada, estaba en casa de otra manera y se acercaba cada vez más a la liturgia celeste, que le había impresionado.
Por todo esto se comprende que muchos pensamientos y escritos de Peterson quedaron fragmentarios a causa de la situación precaria de su vida, tras la pérdida de la enseñanza, a raíz de su conversión. Pero aún debiendo vivir sin la seguridad de un sueldo fijo, se casó aquí en Roma y constituyó una familia. Con ello expresó de modo concreto su convicción interior de que nosotros, aunque extranjeros – y él lo era de modo particular – encontramos un apoyo en la comunión del amor, y que en el amor mismo hay algo que dura por la eternidad. Él vivió este ser extranjero del cristiano. Se había convertido en extranjero en la teología evangélica y permaneció extranjero también en la teología católica, como era entonces. Hoy sabemos que pertenece a ambas, que ambas deben aprender de él todo el drama, el realismo y la exigencia existencial y humana de la teología. Erik Peterson, como ha afirmado el cardenal Lehmann, fue ciertamente apreciado y amado por muchos, un autor recomendado en un círculo restringido, pero no recibió el reconocimiento científico que habría merecido; habría sido, de alguna forma, demasiado pronto. Como he dicho, él era aquí y allí [en la teología católica y en la evangélica] un extranjero. Por tanto, no se podrá alabar bastante al cardenal Lehmann por haber tomado la iniciativa de publicar las obras de Peterson en una magnífica edición completa, y a la señora Nichtweiß, a la que ha confiado esta tarea, que ella lleva a cabo con competencia admirable. Así la atención que se le dirige a través de esta edición es más que justa, considerando que ahora varias obras han sido traducidas en italiano, francés, español, inglés, húngaro e incluso en chino. Auguro que con esto se difunda ulteriormente el pensamiento de Peterson, que no se queda en los detalles, sino que tiene siempre una visión del conjunto de la teología.
Doy las gracias de corazón a todos los presentes por haber venido. Mi agradecimiento particular a los organizadores de este Simposio, sobre todo al cardenal Farina, el patrono de este acontecimiento, y al doctor Giancarlo Caronello. De corazón dirijo mis mejores augurios para una discusión interesante y estimulante en el espíritu de Erik Peterson. Espero abundantes frutos de este Congreso, e imparto a todos vosotros y a cuantos lleváis en el corazón la Bendición Apostólica.
[Traducción de la versión italiana por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]
ZENIT nos ofrece la catequesis que el Papa pronunció hel miércoles 27 de Octubre de 2010 durante la Audiencia General celebrada en la Plaza de San Pedro, con los peregrinos procedentes de todo el mundo.
Queridos hermanos y hermanas,
en la ferviente vigilia del Gran Jubileo del Año 2000, el Venerable Siervo de Dios Juan Pablo II proclamó a santa Brígida de Suecia copatrona de toda Europa. Esta mañana quisiera presentar su figura, su mensaje, y las razones por las que esta santa mujer tiene mucho que enseñar – aún hoy – a la Iglesia y al mundo.
Conocemos bien los acontecimientos de la vida de santa Brígida, porque sus padres espirituales redactaron su biografía para promover su proceso de canonización inmediatamente después de su muerte, que tuvo lugar en 1373. Brígida había nacido setenta años antes, en 1303, en Finster, en Suecia, una nación del Norte de Europa que desde hacía tres siglos había acogido la fe cristiana con el mismo entusiasmo con el que la Santa la había recibido de sus padres, personas muy piadosas, pertenecientes a familias nobles cercanas a la Casa reinante.
Podemos distinguir dos periodos en la vida de esta Santa.
El primero se caracterizó por su condición de mujer felizmente casada. Su marido se llamaba Ulf y era gobernador de un importante distrito del reino de Suecia. El matrimonio duró veintiocho años, hasta la muerte de Ulf. Nacieron ocho hijos, de los que la segunda, Karin (Catalina), es venerada como santa. Esto es un signo elocuente del compromiso educativo de Brígida respecto de sus propios hijos. Por lo demás, su sabiduría pedagógica era apreciada hasta tal punto que el rey de Suecia, Magnus, la llamó a la corte por un cierto tiempo, con el fin de introducir a su joven esposa, Blanca de Namur, en la cultura sueca.
Brígida, espiritualmente guiada por un docto religioso que la inició en el estudio de las Escrituras, ejerció una influencia muy positiva en su propia familia que, gracias a su presencia, se convirtió en una verdadera “iglesia doméstica”. Junto con su marido, adoptó la Regla de los Terciarios franciscanos. Practicaba con generosidad obras de caridad hacia los indigentes; fundó también un hospital. Junto a su esposa, Ulf aprendió a mejorar su carácter y a progresar en la vida cristiana. A la vuelta de una larga peregrinación a Santiago de Compostela, efectuado en 1341 junto a otros miembros de la familia, los esposos maduraron el proyecto de vivir en continencia; pero poco después, en la paz de un monasterio en el que se había retirado, Ulf concluyó su vida terrena.
Este primer periodo de la vida de Brígida nos ayuda a apreciar la que hoy podríamos definir una auténtica “espiritualidad conyugal”: juntos, los esposos cristianos pueden recorrer un camino de santidad, sostenidos por la gracia del Sacramento del Matrimonio. No pocas veces, precisamente como sucedió en la vida de santa Brígida y de Ulf, es la mujer la que con su sensibilidad religiosa, con la delicadeza y la dulzura consigue hacer recorrer al marido un camino de fe. Pienso con reconocimiento en tantas mujeres que, día a día, aún hoy iluminan a sus propias familias con su testimonio de vida cristiana. Que el Espíritu del Señor pueda suscitar también hoy la santidad de los esposos cristianos, para mostrar al mundo la belleza del matrimonio vivido según los valores del Evangelio: el amor, la ternura, la ayuda recíproca, la fecundidad en engendrar y educar hijos, la apertura y la solidaridad hacia el mundo, la participación en la vida de la Iglesia.
Cuando Brígida se quedó viuda, comenzó el segundo periodo de su vida. Renunció a otro matrimonio para profundizar en la unión con el Señor a través de la oración, la penitencia y las obras de caridad. También las viudas cristianas, por tanto, pueden encontrar en esta Santa un modelo a seguir. En efecto, Brígida, a la muerte de su marido, tras haber distribuido sus propios bienes a los pobres, aún sin acceder nunca a la consagración religiosa, se estableció en el monasterio cisterciense de Alvastra. Aquí tuvieron inicio las revelaciones divinas, que la acompañaron todo el resto de su vida. Éstas fueron dictadas por Brígida a sus secretarios-confesores, que las tradujeron del sueco al latín y las recogieron en una edición de ocho libros, titulados Revelationes (Revelaciones). A estos libros se añadió un suplemento, que lleva por título Revelationes extra vagantes (Revelaciones suplementarias).
Las Revelaciones de santa Brígida presentan un contenido y un estilo muy variados. A veces la revelación se presenta bajo forma de diálogos entre las Personas divinas, la Virgen, los santos y también los demonios; diálogos en los que también Brígida interviene. Otras veces, en cambio, se trata de la narración de una visión particular; y en otras se narra lo que la Virgen María le revela sobre la vida y los misterios del Hijo. El valor de las Revelaciones de santa Brígida, a veces objeto de alguna duda, fue precisado por el Venerable Juan Pablo II en la Carta Spes Aedificandi: “Reconociendo la santidad de Brígida – escribe mi amado Predecesor – la Iglesia, aún sin pronunciarse sobre cada una de las revelaciones, acogió la autenticidad conjunta de su experiencia interior” (n. 5).
De hecho, leyendo estas Revelaciones, se nos interpela sobre muchos temas importantes. Por ejemplo, vuelve frecuentemente la descripción, con detalles muy realistas, de la Pasión de Cristo, hacia la cual Brígida tuvo siempre una devoción privilegiada, contemplando en ella el amor infinito de Dios por los hombres. En la boca del Señor que le habla, ella pone con audacia estas conmovedoras palabras: “Oh, amigos míos, yo amo tan tiernamente a mis ovejas que, si fuese posible, quisiera morir muchas otras veces, por cada una de ellas, de la misma muerte que sufrí por la redención de todas” (Revelationes, Libro I, c. 59). También la dolorosa maternidad de María, que la hizo Mediadora y Madre de misericordia, es un argumento que se repite a menudo en las Revelaciones.
Recibiendo estos carismas, Brígida era consciente de ser destinataria de un don de gran predilección por parte del Señor: “Hija mía – leemos en el primer libro de las Revelaciones – Yo te he elegido para mí, ámame con todo tu corazón... más que todo lo que existe en el mundo” (c. 1). Por lo demás, Brígida sabía bien, y estaba firmemente convencida de ello, que todo carisma está destinado a edificar la Iglesia. Precisamente por ese motivo, no pocas de sus revelaciones estaban dirigidas, en forma de advertencias incluso severas, a los creyentes de su tiempo, incluyendo las Autoridades religiosas y políticas, para que viviesen coherentemente su vida cristiana; pero hacía esto con una actitud de respeto y de fidelidad plena al Magisterio de la Iglesia, en particular al Sucesor del Apóstol Pedro.
En 1349 Brígida dejó para siempre Suecia y se dirigió en peregrinación a Roma. No sólo quería tomar parte en el Jubileo de 1350, sino que deseaba también obtener del Papa la aprobación de la Regla de una orden religiosa que quería fundar, dedicada al Santo Salvador, y compuesta por monjes y monjas bajo la autoridad de la abadesa. Este es un elemento que no debe sorprendernos: en la Edad Media existían fundaciones monásticas con na rama masculina y una rama femenina, pero con la práctica de la misma regla monástica, que preveía la dirección de la Abadesa. De hecho, en la gran tradición cristiana, a la mujer se le reconoce una dignidad propia y – a ejemplo de María, Reina de los Apóstoles – un lugar propio en la Iglesia, que, sin coincidir con el sacerdocio ordenado, es también importante para el crecimiento espiritual de la Comunidad. Además, la colaboración de consagrados y consagradas, siempre en el respeto de su vocación específica, reviste una gran importancia en el mundo de hoy.
En Roma, en compañía de su hija Karin, Brígida se dedicó a una vida de intenso apostolado y de oración. Y desde Roma se fue en peregrinación a varios santuarios italianos, en particular a Asís, patria de san Francisco, hacia el cual Brígida sintió siempre gran devoción. Finalmente, en 1371, coronó su más grande deseo: el viaje a Tierra Santa, a donde se dirigió en compañía de sus hijos espirituales, un grupo al que Brígida llamaba “los amigos de Dios”.
Durante esos años, los pontífices se encontraban en Aviñón, lejos de Roma: Brígida se dirigió encarecidamente a ellos, para que volviesen a la sede de Pedro, en la Ciudad Eterna.
Murió en 1373, antes de que el Papa Gregorio XI volviese definitivamente a Roma. Fue sepultada provisionalmente en la iglesia romana de San Lorenzo en Panisperna, pero en 1374 sus hijos Birger y Karin la volvieron a llevar a su patria, al monasterio de Vadstena, sede de la Orden religiosa fundada por santa Brígida, que conoció en seguida una notable expansión. En 1391 el Papa Bonifacio IX la canonizó solemnemente.
La santidad de Brígida, caracterizada por la multiplicidad de los dones y de las experiencias que he querido recordar en este breve perfil biográfico-espiritual, la hace una figura eminente en la historia de Europa. Procedente de Escandinavia, santa Brígida atestigua cómo el cristianismo había permeado profundamente la vida de todos los pueblos de este Continente. Declarándola copatrona de Europa, el Papa Juan Pablo II auguró que santa Brígida – vivida en el siglo XIV, cuando la cristiandad occidental aún no había sido herida por la división – pueda interceder eficazmente ante Dios, para obtener la gracia tan esperada de la plena unidad de todos los cristianos. Por esta misma intención, que consideramos tan importante, y para que Europa sepa siempre alimentarse de sus propias raíces cristianas, queremos rezar, queridos hermanos y hermanas, invocando la poderosa intercesión de santa Brígida de Suecia, fiel discípula de Dios, copatrona de Europa.
[En español]
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a las Religiosas Carmelitas Misioneras Teresianas; a los miembros de la Cofradía de Nuestra Señora de la Cabeza, de Andújar; al grupo de la parroquia de Nuestra Señora del Rescate, de Ujarrás, en Costa Rica, así como a los demás grupos provenientes de España, México y otros países latinoamericanos. Invito a todos a llevar una intensa vida de oración, a ejemplo de Santa Brígida de Suecia, copatrona de Europa. Muchas gracias.
[Llamamiento]
En las últimas horas, un nuevo y terrible tsunami se ha abatido sobre las costas de Indonesia, afectada también por una erupción volcánica, provocando numerosos muertos y desaparecidos. A los familiares de las víctimas expreso la más viva condolencia por la pérdida de sus seres queridos y a toda la población indonesia aseguro mi cercanía y mi oración.
Estoy, además, cercano a la querida población de Benin, afectada por continuas inundaciones, que han dejado a muchas personas sin techo y en precarias situaciones higiénico-sanitarias. Sobre las víctimas y sobre toda la nación invoco la bendición y el consuelo del Señor.
A la comunidad internacional pido que se prodigue en proporcionar la necesaria ayuda y para aliviar las penas de cuantos sufren por estas devastaciones.
[Traducción del italiano por Inma Álvarez]
Homilía de monseñor Raúl Martorell, obispo de Puerto Iguazú, para el 30º domingo durante el año (24 de octubre de 2010). (AICA)
SEÑOR, ESCUCHA NUESTRA ORACIÓN Y LÍBRANOS DE LA AFLICCIÓN
En este domingo el libro del Eclesiástico 35,12.16-18 nos enseña que “los gritos del pobre atraviesan las nubes” obtienen la gracia de Dios y que también que Dios ”pagará a cada uno según sus acciones”. Este es el centro de la liturgia dominical. El hombre debe hacer obras buenas y ofrecer a Dios sacrificios, pero esto no le da derechos ante Dios. Él examina el corazón de aquel que lo invoca con confianza, esperanza y amor. “Dios escucha al que sirve de buen grado La primera lectura es un elogio a la Justicia de Dios que no se fija en el rostro de nadie ni es parcial con ninguno, sino que escucha la oración del pobre, del indefenso, del huérfano y de la viuda. Es un elogio también a la oración del humilde que conoce sus límites y recurre a Dios en su necesidad de auxilio y de salvación. Esta es la oración que atraviesa las nubes y obtienen la gracia y la justicia divina.
Es una introducción maravillosa a la parábola del fariseo y el publicano que fueron al Templo para orar (Lc.18, 9-14). Allí Jesús compara y confronta la oración de ambos. Sus actitudes y sus comportamientos son distintos y opuestos. Para el fariseo la oración es un simple pretexto para jactarse de su justicia a expensas de los pobres a los que él ayuda: “Oh Dios, te doy gracias porque no soy como los demás: ladrones, injustos y adúlteros, ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo. Este fariseo se siente sin pecado, cumplidor de la ley. Es arrogante, juzga, critica, difama y condena a los demás. ¿Quién más digno que él para recibir la gracia como recompensa por su justicia? Pero su corazón está lejos de Dios porque está lleno de soberbia y de desprecio por el prójimo: “yo no soy como los demás”.
Por el contrario, el publicano -al fondo del Templo- se confiesa pecador e indigno y quizá con razón porque su conducta no es conforme a la Ley de Dios. El no es un cumplidor de la Ley, sin embargo está arrepentido, reconoce su miseria moral y se da cuenta de que es indigno del favor de Dios. Dice el evangelio: “no se atrevía a levantar sus ojos al cielo, sólo se golpeaba el pecho diciendo: “¡Oh Dios, ten compasión de este pecador” (Ib. 13). La conclusión de la parábola nos desconcierta: el fariseo salió del templo sin justificación y el publicano salió justificado. Esto no quiere decir que Dios prefiera al libertino, pecador o estafador antes que al hombre honesto; sino que prefiere la humildad del hombre arrepentido, de aquel que reconoce la verdad de su situación y que no cree que tener frente a Dios derechos, como cree el Fariseo. El publicano desde su realidad se abre a Dios con confianza y pone su esperanza en Él. Además el mismo Jesús nos enseña que todo el que se humilla será enaltecido y todo el que se enaltece será humillado. En realidad los dos tenían razón para humillarse, pues ¿quién puede decir que es justo y perfecto delante de Dios?
De alguna manera -como estos dos personajes- todos los cristianos tenemos suficientes motivos para humillarnos y pedir perdón. No somos perfectos en el cumplimiento del mandato del “amor al prójimo”, no siempre somos justos ni ayudamos a la viuda ni al huérfano, no siempre trabajamos por la verdad del ser humano o por el valor de la vida humana. Muchas veces somos egoístas y cerrados en nosotros mismos, sin tener en cuenta al hermano necesitado. Es entonces que tenemos necesidad de reconocer nuestras faltas y de arrepentirnos de ellas y pedir al Señor de la Misericordia su perdón y su gracia para no pecar y ser fieles seguidores del evangelio.
San Pablo, en la segunda lectura de este domingo, reconoce haber corrido hasta la meta, haber mantenido la fe. Reconoce el bien realizado, pero con un espíritu diferente. Afirma que el Señor dará “la corona merecida” no solamente a él sino a todos los que aguarden con amor su venida. En lugar de jactarse del bien realizado, confiesa que es Dios quien le ha sostenido y dado fuerzas. Lejos de contar con sus méritos, confía en Dios para ser salvado y le da por ello gracias: “El Señor seguirá librándome de todo mal, me salvará y me llevará a su reino del cielo. ¡A él la gloria por los siglos de los siglos! Amén”.
Que la Virgen, Madre del Amor, nos enseñe a orar por las dificultades de este tiempo y nos ayude a ser servidores de Jesús y seguidores fieles del Evangelio.
Mons. Marcelo Raúl Martorell, obispo de Puerto Iguazú
Nota de los Obispos de Angola por los 35 años de independencia (Fides)
NOTA PASTORAL sobre o 35º Aniversário da Independência de ANGOLA
1. Aproxima-se o dia 11 de Novembro, em que nós, angolanos, vamos celebrar o 35º aniversário da Independência Nacional. Foram sete lustros de história, em que nós mesmos assumimos, como Nação, a responsabilidade do nosso destino.
Destes 35 anos, 27 decorreram em clima de guerra e oito decorreram em clima de Paz. No período de guerra, muitas feridas se abriram no coração dos angolanos, as quais, felizmente, têm vindo a cicatrizar. Rogamos ao Senhor que esta cura seja completa sem qualquer perigo de recaída alguma.
O efeito da guerra era duplamente negativo: por um lado, desfazia o que estava feito; por outro lado, não deixava refazer o que estava desfeito.
2. Saudamos com regozijo os progressos que se registaram nestes oito anos da paz: as vias de comunicação, de per si vitais para o progresso, reconheceram um avanço que honra a governação e facilita a vida dos cidadãos. Sobretudo, a ligação das periferias com a Capital do País conheceu um avanço inegável.
Com não menor regozijo, saudamos as escolas criadas nos centros municipais e comunais do País, bem como as estruturas sanitárias.
3. Porém, reconhecemos que urge avançar mais. Não somente as escolas, mas também os serviços primários de saúde têm que entrar nas nossas aldeias, de forma que qualquer doente ou mesmo parturiente possa ter o devido atendimento.
A água potável é um bem precioso e essencial, a que todo o cidadão deve ter acesso fácil. E hoje, outro tanto se deve dizer da energia e da habitação, sem o que um povo vive marginado da civilização actual.
Por sua vez, as vias de comunicação chamadas terciárias reclamam um tratamento que as torne convenientemente utilizáveis. Só assim poderemos evitar a disparidade de condições de vida entre os nossos concidadãos e entre as assimetrias que os discriminam.
4. No sector social, de modo particular na educação, seria fechar os olhos à verdade não reconhecer o contributo da Igreja. Obstaculizá-la, agora, na continuação deste seu mister, seria privar o país do melhor contributo que parceiro algum lhe pode proporcionar, como afirmou, ainda não há muito, um qualificado membro do Governo. Por isso, ajudar a Igreja a reconstruir suas escolas e suas estruturas sanitárias não é privilegiá-la, é ajudá-la a colaborar melhor no desenvolvimento do País.
5. Preocupa-nos, sobremaneira, a insegurança que ameaça a vida humana, como a fome, a violência e os acidentes principalmente estradais. Num País como Angola, riquíssimo em recursos alimentares, é imperdoável a fome que ainda aflige irmãos nossos nalgumas regiões. É urgente tomar as necessárias medidas para modificar tão dolorosa situação.
Por sua vez, a violência, sobretudo doméstica, torna-se cada vez mais notícia da comunicação social. Ninguém ignora os malefícios que esta situação provoca na família. Por isso, apelamos a todos os pais que façam dos seus lares a vivência do Reino de Deus, que é “justiça, paz, alegria no Espírito Santo” (Ro 14, 17).
Enfim, os acidentes nas vias rodoviárias vão ceifando vítimas de forma impressionante. Os condutores não devem esquecer que o volante é uma arma cujo manuseio requer sumo cuidado e respeito pela vida. Também aqui, apelamos aos condutores para que defendam a vida, evitando todos os perigos que a podem ameaçar.
6. A defesa do ambiente deixou de ser uma página de mera cultura para se tornar uma tarefa e um dever universais. Destruir o ambiente é tornar a terra inabitável, é acabar com a vida humana sobre a mesma terra. Ao criar o homem, Deus colocou-o no Éden, para “o cultivar, e também para o guardar” (Gen 2, 15). Daqui, a responsabilidade humana em respeitar a natureza sem a degradar com uma exploração irracional, o que infelizmente está a acontecer. Por isso, defendamos e salvaguardemos esta terra que Deus criou e não a delapidemos com uma irracional utilização.
Roguemos ao Senhor porque este novo aniversário da nossa Independência seja um jubiloso ponto de chegada e um auspicioso ponto de partida para mais e melhor na nossa vida nacional.
Que a Virgem Imaculada abençõe estes nossos votos e os torne frutíferos.
Luanda aos 27 de Outubro de 2010.
Os Bispos da CEAST
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Boletín 409
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Este domingo se celebra “El Día de la Iglesia Diocesana”. El lema escogido para esta jornada es: “La Iglesia: comunidad de fe, caridad y esperanza”.
Con la celebración de este día, señala el obispo Bernardo Álvarez, debemos reconocer y agradecer el trabajo directo que realizan miles de personas, hombres y mujeres laicos, personas de la vida consagrada, sacerdotes, etc. “Sí, doy gracias a Dios por todos vosotros, por vuestra fe, por sentir la Iglesia como algo propio y por contribuir con el testimonio de vuestra vida, y la participación activa en su misión, a que nuestra Diócesis sea cada día más una comunidad de fe, caridad y esperanza. –indicó el prelado en su carta pastoral.
Con motivo del Día de la Iglesia Diocesana, el vicario general, Antonio Pérez, presidirá una Eucaristía, el domingo, 14 de noviembre, a las 12 horas, en Sede Catedralicia. Asimismo, el Obispo presidirá la Misa del 21 de noviembre, en la capilla del Seminario Diocesano a las 12:30 horas. Posteriormente, habrá un almuerzo durante el cual, serán homenajeados varios insignes diocesanos: El matrimonio compuesto por Inmaculada Padrón Cáceres y Salvador Fernández Morán, Tomás Rodríguez Rivero y María de la Cruz Perdomo Arteaga.
Una nueva edición de la Escuela de Otoño de Cáritas tendrá lugar los días 12 y 13 de noviembre en el Seminario Diocesano. La misma, se desarrollará bajo el lema “¡Carga tus pilas! Apostando por la promoción”. La Escuela se inaugurará el viernes con la ponencia “Instrumentos para trabajar el territorio, a partir de experiencias concretas”, a cargo de un técnico de Cáritas Española. Esta jornada finalizará con una obra de teatro costumbrista canaria por parte de la Asociación de Mujeres Laurisilva.
Con motivo del Día Mundial sin Alcohol (15 de noviembre), el Proyecto Drago, de deshabituación y rehabilitación alcohólica de Cáritas Diocesana, ha organizado una jornada el 11 de noviembre, en horario de 16 a 19 horas, en la sede del proyecto.
En lo que va de año, desde el Proyecto Drago, se han atendido 139 personas. El perfil de los usuarios del proyecto sería el de un hombre de 50 años de edad, tinerfeño, de pocos estudios y procedente del sector Servicios, con edad de inicio del consumo que oscila entre 11 y 20 años y con otros trastornos psiquiátricos. Un 79% de estas personas tienen apoyo familiar, clave para su tratamiento y curación.
El próximo 12 de noviembre se realizará el acto de homenaje al Siervo de Dios Fr. Juan Jesús, cuya sepultura se encuentra en la ermita de San Diego. Dicho acto tendrá lugar en esta misma ermita, a las 18:30 horas, y constará de una conferencia sobre “La vida del Siervo de Dios y su legado”, a cargo de Antonio Lorenzo León, presidente de la Asociación de Amigos del Fray Juan de Jesús, una ofrenda floral y un concierto sacro de órgano y flauta a cargo de María Armas Díaz y Pablo Díaz Estrada.
Una veintena de personas procedentes de la Diócesis Nivariense participaron en los actos que el Papa Benedicto XVI presidió en Barcelona. Alberto Hernández, párroco de La Laguna y Todoque, en Los Llanos de Aridane y de Las Manchas en El Paso, indicó que se trató de una visita muy intensa y rica en contenidos.
Por su parte, Elena, una de las integrantes del grupo expresó que a pesar de la gran masa de gente, pudo sentir la cercanía del Santo Padre. “Compartimos nuestra fe con miles de personas provenientes de muchos países y fue un gozo muy grande sentirse Iglesia universal.
El Obispo está presente en un seminario de obispos europeos y africanos, en Costa Marfil. Bernardo Álvarez ha indicado que: “Mi participación en el encuentro de obispos europeos y africanos en Abiyán, Costa de Marfil, del 10 al 14 de noviembre, se debe al encargo de la Conferencia Episcopal Española. Iré representando a los obispos españoles. Se trata de un tipo de reuniones que se repiten asiduamente. En este caso, el objetivo del encuentro es tratar el tema de la presencia de los sacerdotes y seminaristas africanos en Europa, así como la posibilidad de envío de sacerdotes de las diócesis europeas para trabajar en las diócesis africanas.
La coordinadora de jóvenes del arciprestazgo de Icod ha organizado un concierto benéfico el 19 de noviembre, a las 20:30 horas en la parroquia de San Andrés Apóstol de La Centinela. Dicho recital se llevará a cabo bajo el lema "Cantar a Dios es otro cantar", y servirá también para motivar a los jóvenes a que participen un día después, en el Encuentro de Jóvenes del Médano.
Por tanto, el 20 de noviembre será el Encuentro Diocesano de la pastoral con Jóvenes. Será en el Médano
El Instituto Superior de Teología de las Islas Canarias, ha organizado la XXV Semana de Teología en colaboración con la Universidad de La Laguna del 22 al 26 de noviembre. En esta ocasión las jornadas llevan por título: “Creyentes y Testigos: en busca de un nuevo paradigma”. Las mismas estarán dirigidas por Eloy Bueno de la Fuente, Catedrático de Teología de la Facultad de Teología de Burgos y por Emilio Alberich Sotomayor, Catedrático Emérito de Catequética en la Universidad Salesiana de Roma.
La delegación de enseñanza ha organizado para los días 26 y 27 de noviembre en el seminario, unas jornadas de capacitación para todos los agentes de pastoral que lo deseen de cara a poder ser acompañantes del proceso de formación de adultos: “ser cristianos en el corazón del mundo”. En esa sesión contará con ponentes de mucha “altura”: Elías Yanes, ex-presidente de la Conferencia Episcopal y Lourdes Azorín y Beatriz Pascual: una maestra y una médico con experiencia en este proyecto formativo.
Por otro lado, la Coordinadora Arciprestal de Cáritas La Orotava ha organizado una cena solidaria a beneficio del proyecto "Casa de Acogida Mª Blanca" el próximo sábado 27 de noviembre a las 21:00 h., en el Hogar Santa Rita II en las Dehesas, Puerto de la Cruz. El precio de la entrada es de 10 € y se podrán adquirir en las Cáritas de las diferentes parroquias del Valle de La Orotava.
El movimiento de Familias Cristianas ha recordado que todos los encuentros que lleva a cabo dicho movimiento (salvo los de La Palma) se celebran en la Casa de la Iglesia de La Laguna. El próximo encuentro se desarrollará durante los días 13 y 14 de noviembre.
La Gomera cuenta con el Aula de Pensamiento Social “Oscar Romero”. Se trata de un espacio que se crea, por segundo año consecutivo, impulsada por la parroquia de S. Juan de Vallehermoso para la reflexión, el diálogo y debate, sobre los interrogantes que se ciernen, una y otra vez, sobre el mundo en que vivimos. El aula busca, desde una base de respeto y diálogo, aportar algo de luz desde el mensaje cristiano a cada una de las realidades que envuelven nuestra vida cotidiana. El 26 de este mes será la primera sesión del Aula bajo el título: “Recobrar la dignidad de la política”.
La parroquia de San Juan Bautista en La Orotava llevará a cabo durante el 11 y 12 de noviembre, a las 20:00 horas, en el propio templo, las II Jornadas Musicales a beneficio de la Fundación “Niño Feliz” que promueve el apadrinamiento de niños en Bolivia para ayudarles en los gastos de comedor y estudios.
El organismo estatal de Costas ha comunicado a los religiosos del convento de los padres dominicos de Candelaria, que la Basílica vulnera la Ley de Costas. Los religiosos se han manifestado tranquilos ya que estos inmuebles han sido declarados Bien de Interés Cultural (BIC). El prior de los dominicos, Alexis González ha indicado que el nuevo linde está completamente igual que en la anterior Ley del año 1968.
El pasado viernes 5 de Noviembre tuvo lugar en la Parroquia de Nuestra Señora de la Merced, en El Médano, el primer concierto sacro del curso, a cargo de la Orquesta sinfónica de viento de la ciudad alemana de Wangen im Allgäu. Estos conciertos benéficos buscan recaudar fondos para la restauración del órgano de la iglesia, que está afectado en su revestimiento externo de madera por insectos xilófagos. La orquesta, dirigida por Tobías Zinser, estuvo acompañada en varias de las obras interpretadas por el órgano.
El pasado viernes, 5 de Noviembre, se clausuró el curso sobre acogida impartido en los salones de San Pedro Daute en Garachico y que congregó a 23 voluntarios de distintas parroquias del arciprestazgo de Icod de los Vinos. El curso estuvo impartido por la trabajadora social de Cáritas Diocesana Dácil Viera. Este curso surgió por la petición de la cáritas interparroquial de Garachico.
Homilía de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para el 30° domingo durante el año (24 de octubre de 2010). (AICA)
En el texto del Evangelio de este domingo (Lc. 18,9-14), el Señor nos presenta la parábola del fariseo y el publicano. San Lucas hace una apreciación sobre quienes eran los fariseos: “Algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás” (Lc. 18,9).
Leyendo la Palabra de Dios notamos que los fariseos eran gente que tenían un gran celo por la ley (Mt. 23,15) y solicitud por la perfección y la pureza (Mt. 5,20), pero se ataban a las tradiciones rigoristas y humanas que los hacían cometer excesos, despreciaban a los ignorantes en nombre de su propia justicia (Lc. 18,11), impedían el contacto con los pecadores y publicanos, limitando así su horizonte relacionado al amor de Dios y a los hermanos, caracú y clave de comprensión de la Palabra de Dios. Creo que es conveniente que leamos detenidamente la parábola de este domingo, porque en ella encontramos elementos profundos y necesarios en la espiritualidad y religiosidad del cristiano.
En esta reflexión quiero especialmente que pongamos la mirada en la actitud del publicano de la parábola. El texto del Evangelio nos dice: “Manteniéndose a distancia, no se animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo ¡Dios mío, ten piedad de mi, porque soy un pecador! (Lc. 18,13). En realidad a este publicano se le abrieron las puertas del Reino que el Señor anunciaba por su humildad y pobreza de espíritu: “Bienaventurados los pobres de espíritu porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos” (Mt. 5,3).
El documento de Aparecida señala esta clave de la acción evangelizadora de la Iglesia y de toda búsqueda de espiritualidad que es “la opción preferencial por los pobres y excluidos” y la necesidad de considerar que todo evangelizador solo podrá cumplir su misión tomando la actitud del publicano del evangelio que es la pequeñez y la pobreza. El texto nos dice: “Nuestra fe proclama que “Jesucristo es el rostro humano de Dios y el rostro divino del hombre”. Por eso “la opción preferencial por los pobres está implícita en la fe cristológica en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza. Esta opción nace de nuestra fe en Jesucristo, el Dios hecho hombre, que se ha hecho nuestro hermano (Hb. 2,11-12). Ella, sin embargo, no es exclusiva, ni excluyente.
Si esta opción está implícita en la fe cristológica, los cristianos, como discípulos y misioneros, estamos llamados a contemplar, en los rostros sufrientes de nuestros hermanos, el rostro de Cristo que nos llama a servirlo en ellos: “Los rostros sufrientes de los pobres son rostros sufrientes de Cristo”. Ellos interpelan el núcleo del obrar de la Iglesia, de la pastoral y de nuestras actitudes cristianas. Todo lo que tenga que ver con Cristo, tiene que ver con los pobres y todo lo relacionado con los pobres reclama a Jesucristo: “Cuanto lo hicieron con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicieron” (Mt. 25,40). Juan Pablo II destacó que este texto bíblico “ilumina el misterio de Cristo”. “Porque en Cristo el grande se hizo pequeño, el fuerte se hizo frágil, el rico se hizo pobre”. … El servicio de la caridad de la Iglesia entre los pobres “es un ámbito que caracteriza de manera decisiva la vida cristiana, el estilo eclesial y la programación pastoral” (392-394).
A diferencia del publicano de la parábola, el fariseo y el fariseísmo tiene grandes similitudes con lo que hoy llamamos “fundamentalismos” o bien “integrismos”. En general su error consiste en absolutizar su postura y condenar al que piensa distinto y sobre todo sentirse superior y mejor que los otros. Aún hoy tenemos en el mismo cristianismo posturas fundamentalistas o integristas. Cuantas veces en nuestras mismas comunidades hay quienes en nombre de una supuesta pureza doctrinal, o bien de una mal entendida opción por o desde los pobres “se tienen por justos y desprecian a los demás” (Lc. 18,9).
Es cierto que aquello que más abunda son nuevas formas de fundamentalismos que debemos considerarlas especialmente y aparecen engañosamente como los adalides de la libertad y el pluralismo, y sostienen duramente una nueva “dictadura del relativismo”. Son los que sostienen que no existen la verdad, ni valores, ni principios y condenan con apodos y rotulaciones a quienes no se someten a relativizarlo todo. Este falso pluralismo autoritario, también es una nueva forma de fundamentalismo.
Estos fundamentalismos por su soberbia siempre son generadores de violencia y en el corazón autoritario, la humildad y pequeñez están en el destierro. Sin embargo, aquellos que comprendan el valor de la pobreza espiritual y la humildad y la pongan en práctica, serán constructores de una sociedad mejor.
¡Les envío un saludo cercano y hasta el próximo domingo!
Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas
ZENIT publica la traducción al español de las Proposiciones 11 a 20 (versión no oficial), de la reciente Asamblea Extraordinaria para Oriente Medio del Sínodo de los Obispos – cuyo texto oficial está en árabe –, objeto de voto personal por parte de los padres sinodales, presentadas al Papa Benedicto XVI. Este texto, como su nombre indica, tiene carácter propositivo.
Propositio 11
La pastoral de la emigración
La presencia de numerosos cristianos de Oriente en todos los continentes interpela a las Iglesias a adoptar una pastoral específica de la emigración:
1. Los obispos de la emigración visitarán los seminarios en Oriente Medio para presentar la situación y las necesidades de sus eparquías;
2. Formación de los seminaristas en un espíritu misionero, abriéndoles a las diferentes culturas.
3. Preparación y acompañamiento de los sacerdotes enviados en misión fuera del territorio patriarcal.
4. Promoción de una pastoral vocacional en las comunidades fuera del territorio patriarcal.
5. Envío de sacerdotes y erección de eparquías propias, allí donde las necesidades pastorales lo requieran, según las normas canónicas.
Propositio 12
Emigración y solidaridad
1. Hacer surgir y reforzar en los emigrantes el sentido de solidaridad y del compartir con los países de origen, contribuyendo a los proyectos pastorales y al desarrollo cultural, educativo, social y económico.
2. Educar a los cristianos de la emigración a conservar la fidelidad a la tradición de sus orígenes.
3. Reforzar los vínculos de comunión entre los emigrantes y la Iglesia de procedencia.
Propositio 13
Emigración – formación
Se recomienda que las Iglesias de acogida, en sus normas y prácticas sacramentales y administrativas, conozcan y respeten la teología, las tradiciones y los patrimonios orientales. Esto favorecerá la colaboración con las Iglesias orientales presentes en los países de emigración en la formación y en la pastoral de sus fieles.
Propositio 14
Inmigración
La situación de los trabajadores inmigrantes en Oriente Medio, cristianos y no cristianos, sobre todo las mujeres, nos conciernen al más alto grado. Muchos de ellos se encuentran en situaciones difíciles o lesivas de su dignidad.
Solicitamos a los sínodos patriarcales y a las conferencias episcopales, las instituciones caritativas católicas, en particular a Caritas, a los jefes políticos como también a los hombres de buena voluntad, que hagan todo lo que entre en sus competencias para que los derechos fundamentales de los inmigrantes, reconocidos por el derecho internacional, sean respetados, prescindiendo de la nacionalidad y de la religión de los inmigrantes, y para ayudarles en el plano jurídico y humanitario. Nuestras Iglesias deben velar para asegurarles la asistencia espiritual necesaria, como signo de hospitalidad cristiana y de comunión eclesial.
Propositio 15
Iglesias de acogida
Para una mejor acogida y acompañamiento de los inmigrantes en Oriente Medio, las Iglesias de procedencia están llamadas a establecer contactos regulares con las Iglesias de acogida, las cuales las ayudarán a dotarse de las estructuras necesarias: parroquias, escuelas, centros de encuentro, etc.
II. LA COMUNIÓN ECLESIAL
A. Comunión en el seno de la Iglesia católica (ad intra)
Propositio 16
Comunión en el seno de la Iglesia católica
“La santa Iglesia católica, que es el Cuerpo místico de Cristo, consta de fieles que se unen orgánicamente en el Espíritu Santo por la misma fe, por los mismos sacramentos y por el mismo gobierno. Estos fieles, reuniéndose en varias agrupaciones unidas a la jerarquía, constituyen las Iglesias particulares o ritos. Entre estas Iglesias y ritos vige una admirable comunión, de tal modo que su variedad en la Iglesia no sólo no daña a su unidad, sino que más bien la explicita” (Orientalium Ecclesiarum, 2). Para consolidar esta comunión recomendamos:
1. Crear una comisión de cooperación entre las jerarquías católicas de Oriente Medio, encargada de promover estrategias pastorales comunes, un conocimiento recíproco de las tradiciones, de los institutos interrituales, de los organismos de caridad comunes.
2. Organizar encuentros periódicos y regulares entre las jerarquías católicas de Oriente Medio.
3. Praticar una solidaridad material entre las diócesis ricas y las menos ricas.
4. Crear para los sacerdotes una asociación sacerdotal Fidei Donum para favorecer la ayuda recíproca entre eparquías e Iglesias.
Propositio 17
Nuevos movimientos eclesiales
Muchos Padres reconocen que los nuevos movimientos eclesiales de tradición occidental, cada vez más presentes en las Iglesias de Oriente Medio, son un don del Espíritu para la Igesia entera. Para que estos movimientos sean recibidos como un carisma para la edificación de la Iglesia, los miembros de estos movimientos deben vivir su propio carisma teniendo en cuenta la cultura, la historia, la liturgia y la espiritualidad de la Iglesia local.
Para alcanzar este objetivo, se pide vivamente a estos movimientos que trabajen en unión con el Obispo local y según sus directivas pastorales. Sería augurable que la jerarquía católica en cada país de Oriente Medio tuviera una postura pastoral común respecto a los movimientos en cuestión, a su inserción y a su actividad pastoral.
Propositio 18
La jurisdicción de los Patriarcas
Fuera del territorio patriarcale, para mantener la comunión de los fieles orientales con sus Iglesias patriarcales y asegurarls un servicio pastoral idóneo, es augurable que la cuestión de la extensión de la jurisdicción de los patriarcas orientales a las personas de sus Iglesias en cualquier parte del mundo sea objeto de estudio de cara a adoptar medidas apropiadas.
Propositio 19
Situación de los fieles católicos en los Países del Golfo
En un espíritu de comunión y para el bien de los fieles, sría augurable la formación de una comisión qu reagrupe a los representantes de los dicasterios competentes, vicarios apostólicos de la región y represntantes de las Iglesias sui iuris interesadas. Esta estaría encargada de estudiar la situación de los fieles católicos en los países del Golfo, la jurisdicción eclesiástica y de proponer a la Santa Sede las soluciones que juzgue útiles para favorecer la acción pastoral.
Propositio 20
Pastoral de las vocaciones
La pastoral vocacional supone que:
- Se rece por las vocaciones en la familia, en la parroquia, etc.,
- Se creen comités para las vocaciones en cada diócesis, que incluyan a sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos. Estos comités organizan reuniones con los jóvenes con el fin de exponerles las distintas vocaciones en la Iglesia para iluminar su discerniminto;
- Se conciba un proyecto de formación espiritual profunda entre los jóvenes vinculados en los movimientos eclesiales;
- Se sensibilice a las parroquias y a las escuelas en las dimensiones de las diversas vocaciones sacerdotales, religiosas y laicas;
- Se mantengan o instituyan, donde sea posible, seminarios menores;
- Se invite a los sacerdotes, los religiosos y religiosas, a dar un testimonio coherente entre la vida y las palabras;
- Se intensifique la comunión eclesial y sacerdotal, que exige una apertura a las diversas necesidades pastorales de las diócesis para responder a la falta de sacerdotes;
- Se atraiga a los jóvenes a la vida consagrada mediante el ejemplo de vida espiritual, profunda, luminosa y feliz.
[Traducción de la versión italiana por Inma Álvarez]
ZENIT nos ofrece el Mensaje que el Papa Benedicto XVI ha escrito con motivo de la próxima Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado (16 de enero de 2011) con el título Una sola familia humana, y que ha sido dado a conocer hoy en rueda de prensa por monseñor Antonio Mª Vegliò, presidente del Consejo Pontificio para la Pastoral de Migrantes e Itinerantes.
Queridos hermanos y hermanas:
La Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado brinda a toda la Iglesia la oportunidad de reflexionar sobre un tema vinculado al creciente fenómeno de la emigración, de orar para que los corazones se abran a la acogida cristiana y de trabajar para que crezcan en el mundo la justicia y la caridad, columnas para la construcción de una paz auténtica y duradera. «Como yo os he amado, que también os améis unos a otros» (Jn 13, 34) es la invitación que el Señor nos dirige con fuerza y nos renueva constantemente: si el Padre nos llama a ser hijos amados en su Hijo predilecto, nos llama también a reconocernos todos como hermanos en Cristo.
De este vínculo profundo entre todos los seres humanos nace el tema que he elegido este año para nuestra reflexión: «Una sola familia humana», una sola familia de hermanos y hermanas en sociedades que son cada vez más multiétnicas e interculturales, donde también las personas de diversas religiones se ven impulsadas al diálogo, para que se pueda encontrar una convivencia serena y provechosa en el respeto de las legítimas diferencias. El Concilio Vaticano II afirma que «todos los pueblos forman una comunidad, tienen un mismo origen, puesto que Dios hizo habitar a todo el género humano sobre la faz de la tierra (cf. Hch 17, 26), y tienen también un fin último, que es Dios, cuya providencia, manifestación de bondad y designios de salvación se extienden a todos» (Decl. Nostra aetate, 1). Así, «no vivimos unos al lado de otros por casualidad; todos estamos recorriendo un mismo camino como hombres y, por tanto, como hermanos y hermanas» (Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2008, 6).
El camino es el mismo, el de la vida, pero las situaciones que atravesamos en ese recorrido son distintas: muchos deben afrontar la difícil experiencia de la emigración, en sus diferentes expresiones: internas o internacionales, permanentes o estacionales, económicas o políticas, voluntarias o forzadas. En algunos casos las personas se ven forzadas a abandonar el propio país impulsadas por diversas formas de persecución, por lo que la huida aparece como necesaria. Además, el fenómeno mismo de la globalización, característico de nuestra época, no es sólo un proceso socioeconómico, sino que conlleva también «una humanidad cada vez más interrelacionada», que supera fronteras geográficas y culturales. Al respecto, la Iglesia no cesa de recordar que el sentido profundo de este proceso histórico y su criterio ético fundamental vienen dados precisamente por la unidad de la familia humana y su desarrollo en el bien (cf. Benedicto XVI, Enc. Caritas in veritate, 42). Por tanto, todos, tanto emigrantes como poblaciones locales que los acogen, forman parte de una sola familia, y todos tienen el mismo derecho a gozar de los bienes de la tierra, cuya destinación es universal, como enseña la doctrina social de la Iglesia. Aquí encuentran fundamento la solidaridad y el compartir.
«En una sociedad en vías de globalización, el bien común y el esfuerzo por él han de abarcar necesariamente a toda la familia humana, es decir, a la comunidad de los pueblos y naciones, dando así forma de unidad y de paz a la ciudad del hombre, y haciéndola en cierta medida una anticipación que prefigura la ciudad de Dios sin barreras» (Benedicto XVI, Enc. Caritas in veritate, 7). Desde esta perspectiva hay que mirar también la realidad de las migraciones. De hecho, como ya observaba el Siervo de Dios Pablo VI, «la falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos» es causa profunda del subdesarrollo (Enc. Populorum progressio, 66) y -podríamos añadir- incide fuertemente en el fenómeno migratorio. La fraternidad humana es la experiencia, a veces sorprendente, de una relación que une, de un vínculo profundo con el otro, diferente de mí, basado en el simple hecho de ser hombres. Asumida y vivida responsablemente, alimenta una vida de comunión y de compartir con todos, de modo especial con los emigrantes; sostiene la entrega de sí mismo a los demás, a su bien, al bien de todos, en la comunidad política local, nacional y mundial.
El Venerable Juan Pablo II, con ocasión de esta misma Jornada celebrada en 2001, subrayó que «[el bien común universal] abarca toda la familia de los pueblos, por encima de cualquier egoísmo nacionalista. En este contexto, precisamente, se debe considerar el derecho a emigrar. La Iglesia lo reconoce a todo hombre, en el doble aspecto de la posibilidad de salir del propio país y la posibilidad de entrar en otro, en busca de mejores condiciones de vida» (Mensaje para la Jornada Mundial de las Migraciones 2001, 3; cf. Juan XXIII, Enc. Mater et Magistra, 30; Pablo VI, Enc. Octogesima adveniens, 17). Al mismo tiempo, los Estados tienen el derecho de regular los flujos migratorios y defender sus fronteras, asegurando siempre el respeto debido a la dignidad de toda persona humana. Los inmigrantes, además, tienen el deber de integrarse en el país de acogida, respetando sus leyes y la identidad nacional. «Se trata, pues, de conjugar la acogida que se debe a todos los seres humanos, en especial si son indigentes, con la consideración sobre las condiciones indispensables para una vida decorosa y pacífica, tanto para los habitantes originarios como para los nuevos llegado» (Juan Pablo II, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2001, 13).
En este contexto, la presencia de la Iglesia, en cuanto pueblo de Dios que camina en la historia en medio de todos los demás pueblos, es fuente de confianza y de esperanza. De hecho, la Iglesia es «en Cristo com un sacramento o sea signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano» (Conc. Ecum. Vat. II, Const. Dogm. Lumen gentium, 1); y, gracias a la acción del Espíritu Santo en ella, «esforzarse por instaurar la fraternidad universal no son cosas inútiles» (Idem, Const. past. Gaudium et spes, 38). De un modo especial la sagrada Eucaristía constituye, en el corazón de la Iglesia, una fuente inagotable de comunión para toda la humanidad. Gracias a ella, el Pueblo de Dios abraza a «toda nación, razas, pueblos y lenguas» (Ap 7, 9) no con una especie de poder sagrado, sino con el servicio superior de la caridad. En efecto, el ejercicio de la caridad, especialmente para con los más pobres y débiles, es criterio que prueba la autenticidad de las celebraciones eucarísticas (cf. Juan Pablo II, Carta ap. Mane nobiscum Domine, 28).
A la luz del tema «Una sola familia humana» es preciso considerar específicamente la situación de los refugiados y de los demás emigrantes forzados, que son una parte relevante del fenómeno migratorio. Respecto a estas personas, que huyen de violencias y persecuciones, la comunidad internacional ha asumido compromisos precisos. El respeto de sus derechos, así como las justas preocupaciones por la seguridad y la cohesión social, favorecen una convivencia estable y armoniosa.
También en el caso de los emigrantes forzados la solidaridad se alimenta en la «reserva» de amor que nace de considerarnos una sola familia humana y, para los fieles católicos, miembros del Cuerpo Místico de Cristo: de hecho nos encontramos dependiendo los unos de los otros, todos responsables de los hermanos y hermanas en humanidad y, para quien cree, en la fe. Como ya dije en otra ocasión, «acoger a los refugiados y darles hospitalidad es para todos un gesto obligado de solidaridad humana, a fin de que no se sientan aislados a causa de la intolerancia y el desinterés» (Audiencia general del 20 de junio de 2007: L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 22 de junio de 2007, p. 15). Esto significa que a quienes se ven forzados a dejar sus casas o su tierra se les debe ayudar a encontrar un lugar donde puedan vivir en paz y seguridad, donde puedan trabajar y asumir los derechos y deberes existentes en el país que los acoge, contribuyendo al bien común, sin olvidar la dimensión religiosa de la vida.
Por último, quiero dirigir una palavra especial, acompañada de la oración, a los estudiantes extranjeros e internacionales, que son también una realidad en crecimiento dentro del gran fenómeno migratorio. Se trata de una categoría también socialmente relevante en la perspectiva de su regreso, como futuros dirigentes, a sus países de origen. Constituyen «puentes» culturales y económicos entre estos países y los de acogida, lo que va precisamente en la dirección de formar «una sola familia humana». Esta convicción es la que debe sostener el compromiso en favor de los estudiantes extranjeros, estando atentos a sus problemas concretos, como las estrecheces económicas o la aflicción de sentirse solos a la hora de afrontar un ambiente social y universitario muy distinto, al igual que las dificultades de inserción. A este propósito, me complace recordar que «pertenecer a una comunidad universitaria significa estar en la encrucijada de las culturas que han formado el mundo moderno» (Juan Pablo II, A los obispos estadounidenses de las provincias eclesiásticas de Chicago, Indianápolis y Milwaukee en visita ad limina, 30 de mayo de 1998: L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 19 de junio de 2010, p. 7). En la escuela y en la universidad se forma la cultura de las nuevas generaciones: de estas instituciones depende en gran medida su capacidad de mirar a la humanidad como a una familia llamada a estar unida en la diversidad.
Queridos hermanos y hermanas, el mundo de los emigrantes es vasto y diversificado. Conoce experiencias maravillosas y prometedoras, y, lamentablemente, también muchas otras dramáticas e indignas del hombre y de sociedades que se consideran civilizadas. Para la Iglesia, esta realidad constituye un signo elocuente de nuestro tiempo, que avidencia aún más la vocación de la humanidad a formar una sola familia y, al mismo tiempo, las dificultades que, en lugar de unirla, la dividen y la laceran. No perdamos la esperanza, y oremos juntos a Dios, Padre de todos, para que nos ayude a ser, a cada uno en primera persona, hombres y mujeres capaces de relaciones fraternas; y para que, en el ámbito social, político e institucional, crezcan la comprensión y la estima recíproca entre los pueblos y las culturas. Con estos deseos, invocando la intercesión de María Santísima Stella maris, envío de corazón a todos la Bendición Apostólica, de modo especial a los emigrantes y a los refugiados, así como a cuantos trabajan en este importante ámbito.
Castel Gandolfo, 27 de septiembre de 2010
BENEDICTUS PP. XVI
[©Libreria Editrice Vaticana]
Texto del micro radial de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, emitido por LT 9 (23 de octubre de 2010). (AICA)
LA ORACIÓN
Uno de los aspectos centrales en la vida del cristiano es la oración. Es el mismo Jesucristo quién, recogiendo la rica tradición orante de la Biblia, nos habla de la oración como expresión superior en la relación hombre-Dios. Es más, para Él, los momentos más significativos de su vida fueron momentos de oración, de encuentro con su Padre. En un sentido es la oración la que nos introduce en la verdad profunda de lo que somos. En ella descubrimos esa primera relación de nuestra condición de criaturas, con su grandeza y sus límites. No somos dioses, ni simples miembros del mundo de la naturaleza; somos seres espirituales únicos, dotados de inteligencia y capacidad de amar. Por ello la oración al descubrirnos en esta verdad de seres espirituales y darnos la certeza de un diálogo posible con Dios, nos muestra un mundo nuevo. La oración nos libera de la angustia de la soledad, porque nos abre a un diálogo con Dios en el que se expresa nuestra vocación trascendente. Ella no es un agregado a la vida del hombre, sino un signo de su dimensión espiritual.
Es significativo que los discípulos no le pidan grandes cosas a Jesús, sino algo simple: “Señor, enséñanos a orar” (Lc. 11, 1), que es como decirle danos lo importante, es decir, aquello que nos permita dar sentido a nuestra vida. Por ello, cuando una madre enseña a rezar a su hijo lo está introduciendo en esa verdad profunda del hombre como ser espiritual. Le está dando lo más importante. La oración no es tanto una cuestión piadosa, cuanto una verdad antropológica en la que el hombre se descubre. Este domingo en la liturgia leemos un pasaje del evangelio de san Lucas, en el que Jesús nos advierte sobre la actitud con la cual debemos orar. Nos va a hablar de la humildad, como actitud básica que tiene su fuente en esa verdad de nuestra relación de criaturas frente a Dios, y que se debe vivir y expresar en nuestra relación de amor hacia los demás. Podríamos decir que la fe que nos introduce en ese diálogo con Dios, tiene que hacerse camino de caridad con nuestros hermanos.
“Dos hombres subieron al Templo para orar, dice Jesús, uno era fariseo y el otro, publicano. El fariseo oraba en voz alta diciendo: Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás…., ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago la décima parte de mis entradas. En cambio el publicano, manteniéndose a distancia… se golpeaba el pecho, diciendo: ¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador! Les aseguro, concluye Jesús, que este último volvió a su casa justificado, pero no el primero” (Lc. 18, 9-14). Como vemos, el camino de la oración que nos presenta Jesús no se construye con grandes cosas sino con actitudes simples, como es el espíritu de fe y la sencillez de corazón. Lo simple de la pobreza espiritual y la humildad, son las actitudes básicas que permiten ese diálogo fecundo con Dios que nos abren a una Vida Nueva, que es causa de nuestra liberación y santidad.
Deseándoles un buen fin de semana en compañía de su familia y amigos, les hago llegar junto a mi afecto y oraciones, mi bendición de Padre y amigo.
Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz
Reflexión de José Antonio Pagola para el domingo treintitrés del Tiempo Ordinario - C, ofrecida por la Delegación de Enseñanza de la Diócesis de Tenerife
PARA TIEMPOS DIFÍCILES
Los profundos cambios socioculturales que se están produciendo en nuestros días y la crisis religiosa que sacude las raíces del cristianismo en occidente, nos han de urgir más que nunca a buscar en Jesús la luz y la fuerza que necesitamos para leer y vivir estos tiempos de manera lúcida y responsable.
Llamada al realismo. En ningún momento augura Jesús a sus seguidores un camino fácil de éxito y gloria. Al contrario, les da a entender que su larga historia estará llena de dificultades y luchas. Es contrario al espíritu de Jesús cultivar el triunfalismo o alimentar la nostalgia de grandezas. Este camino que a nosotros nos parece extrañamente duro es el más acorde a una Iglesia fiel a su Señor.
No a la ingenuidad. En momentos de crisis, desconcierto y confusión no es extraño que se escuchen mensajes y revelaciones proponiendo caminos nuevos de salvación. Éstas son las consignas de Jesús. En primer lugar, «que nadie os engañe»: no caer en la ingenuidad de dar crédito a mensajes ajenos al evangelio, ni fuera ni dentro de la Iglesia. Por tanto, «no vayáis tras ellos»: No seguir a quienes nos separan de Jesucristo, único fundamento y origen de nuestra fe.
Centrarnos en lo esencial. Cada generación cristiana tiene sus propios problemas, dificultades y búsquedas. No hemos de perder la calma, sino asumir nuestra propia responsabilidad. No se nos pide nada que esté por encima de nuestras fuerzas. Contamos con la ayuda del mismo Jesús: «Yo os daré palabras y sabiduría»… Incluso en un ambiente hostil de rechazo o desafecto, podemos practicar el evangelio y vivir con sensatez cristiana.
La hora del testimonio. Los tiempos difíciles no han de ser tiempos para los lamentos, la nostalgia o el desaliento. No es la hora de la resignación, la pasividad o la dimisión. La idea de Jesús es otra: en tiempos difíciles «tendréis ocasión de dar testimonio». Es ahora precisamente cuando hemos de reavivar entre nosotros la llamada a ser testigos humildes pero convincentes de Jesús, de su mensaje y de su proyecto.
Paciencia. Ésta es la exhortación de Jesús para momentos duros: «Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas». El término original puede ser traducido indistintamente como "paciencia" o "perseverancia". Entre los cristianos hablamos poco de la paciencia, pero la necesitamos más que nunca. Es el momento de cultivar un estilo de vida cristiana, paciente y tenaz, que nos ayude a responder a nuevas situaciones y retos sin perder la paz ni la lucidez.
José Antonio Pagola
Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
14 de noviembre de 2010
33 Tiempo ordinario (C)
Lucas 21, 5-19
Homilía de monseñor Marcelo Raúl Martorell, obispo de Puerto Iguazú, misa del Jubileo de los Docentes con la presencia de todas las instituciones educativas que dependen de la diócesis (Iglesia catedral, 23 de octubre de 2010). (AICA)
JUBILEO DE LOS DOCENTES
Los docentes y los estudiantes católicos de Iguazú estamos celebrando el Jubileo Diocesano con la alegría que significa celebrar 25 años de vida diocesana. Y queremos recordar que uno de los principales desafíos de la Iglesia es formar en la fe y en la razón a los que se preparan para vivir, es decir, hacer crecer en el amor a Jesucristo a los niños y jóvenes, hacerlos crecer en la fe en el evangelio y en el amor a las ciencias de tal modo que sean capaces de enfrentar el desafío del mundo que les toca vivir. Fe y razón encontrarán -por el esfuerzo cotidiano- el equilibrio que los capacite para vivir.
Hoy nos toca enfrentar un mundo y una historia que se definen como el tiempo de la postmodernidad, tiempo que conlleva la desestabilización y la desestructuración de la síntesis cultural que ha prevalecido en occidente hasta los tiempos más recientes.
La postmodernidad se presenta como un desafío y contiene elementos que debemos saber leer. Esta posmodernidad es exponente de los abusos del racionalismo moderno, del formalismo vacío de las virtudes humanas y cristianas y del autoritarismo de todo tipo. Desgraciadamente el postmodernismo ha roto el equilibrio entre la razón, los sentimientos y la fe. Ya no existe lo blanco o lo negro. Existen los desequilibrios de los sentimientos del individualismo: “ya no pienso, ya no tengo principios, siento y porque siento obro”. La postmodernidad impulsa la desaparición de toda "verdad objetiva", de las virtudes personales y sociales, el bien común y el accionar comunitario para el "bien objetivo y moral".
En este contexto se encuentra el hombre de hoy, especialmente el niño y el joven. Y es por eso que la Iglesia como educadora tiene ante sí un gran desafío: armonizar la fe y la razón para poder tener una percepción equilibrada de la realidad, del mundo que nos dejó Dios como compromiso de construcción.
Herbert Marcuse, padre de la revolución postmodernista, señalaba que toda realidad es una construcción social, que la verdad y la realidad no tienen un contenido estable y objetivo. Y aún más: no existen. Para el postmodernismo la realidad es un "algo que hay que interpretar" y en ese contexto toda interpretación -cualquiera sea- tiene un valor equivalente. Se trata, pues, de una hermenéutica individual y sensible, carente de objetiva racionalidad. Se podría decir a la luz de esa manera de pensar posmoderna que “cuando todo es válido, nada es estable” y por lo tanto "todo puede ser cambiado", creando una sociedad con normas distintas que sirvan a un modelo determinado por el "momento". Así podrían cambiarse las estructuras políticas, sociales, religiosas, la estructura del varón o de la mujer o el lugar del hombre en el mundo. El posmodernismo propone que todo puede ser "deconstruido y construido" o "reconstruido" a voluntad del sujeto y según las transformaciones sociales del momento. A la luz de esta pretensión ideológica nos damos cuenta por qué el equilibrio y la estabilidad legal o jurídica no son permanentes, por qué las leyes no tienen estabilidad, por qué la identidad de las personas pueden ser cambiadas y la sexualidad de las mismas pueden proclamarse relativas.
Este es el gran desafío cultural frente al cual se encuentra hoy la Iglesia, la escuela y por qué no el Estado. Y todo esto porque la postmodernidad al exaltar la desestabilización y la deconstrucción destruye todo derecho establecido para el bien común y se vuelve contra las leyes de la naturaleza (la ley natural), contra las tradiciones culturales de los pueblos e incluso contra la Revelación Divina. El postmodernismo pretende fundar una nueva ética liberal e individualista en la que cada uno tiene derecho a tomar sus propias decisiones y a elegir en nombre de esta nueva ética el derecho a tomar decisiones intrínsecamente malas: considerar como bien el aborto, la homosexualidad, el amor libre, el cambio de identidad y el rol de sexos, la eutanasia, el suicidio asistido, el rechazo de cualquier forma de autoridad legítima o jerarquía e imponer la tolerancia obligatoria a todas las opiniones. La norma para el posmodernismo es el “derecho individual a elegir y hacer legítimo cualquier tipo de sentimiento por más irracional que éste sea".
El gran reto que se presenta a la escuela, al Estado y a la Iglesia, consiste en fundar una nueva ética que se sustente en el amor cristiano, restablecer la cultura del amor que la Iglesia llama "crear una nueva civilización del amor". Siguiendo las palabras de Jesús, estamos llamados a evangelizar a través de todos los instrumentos que nos brinda el tiempo en que vivimos, haciendo el esfuerzo en esta cultura de implantar el Evangelio de Jesús y la ética cristiana que de él se desprende, para poder frenar esta otra ética disociadora de la postmodernidad.
El feroz individualismo de esta nueva ética postmoderna genera realidades a las que nos vamos adhiriendo sin darnos cuenta en nuestro afán de ser "modernos y actuales". Así es que vamos aceptando, casi con naturalidad, el desinterés por el estudio y la formación, la exclusión de la educación y del progreso espiritual y cultural, la cultura de la comodidad y del placer hedónico y desmedido, la aparente relación al amor vacío de contenido que lleva a un pansexualismo, a la precoz maternidad y finalmente al "aborto" justificado con leyes llenas de incoherencia moral, llegándose a afirmar que con el aborto estamos defendiendo la vida.
Esto debe llevarnos a realizar un vez más la profunda confesión y convicción de que "Jesús es el Señor del tiempo y de la historia", profesión de fe de la Iglesia y de todas las comunidades eclesiales hermanas. Profesión de fe que la escuela cristiana ha defendido y realizado en pos de una sociedad mejor formada y de una cultura coherente con el fin del hombre que es el Bien Supremo.
Podemos afirmar que educar -tarea propia de un maestro- no es simplemente y nunca lo será tan sólo el comunicar información o proporcionar capacitación en diferentes habilidades. La educación no es y nunca lo será, algo meramente utilitario. La educación consiste en formar personas que sean capaces de vivir en plenitud la vida humana. Se trata de impartir aquella sabiduría que es capaz de hacer tomar conciencia de la presencia del Creador en la vida.
Jesús, el Señor de la historia, quiso vivir como uno de nosotros. Su grandeza infinita de Dios compartió la pequeñez de nuestras vidas sin tener vergüenza de llamarse hermano nuestro. La eternidad visitó nuestra humanidad haciéndose hermano, trabajador, miembro de una familia, no sólo como un hecho histórico más sino para cambiar la historia toda. El nació en tiempos de un gran paganismo, de una gran disolución de la sociedad, pero por medio de su mensaje y su vida, entremezclado con los hombres de su tiempo y sus conflictos, vivió expuesto al rechazo y al dolor hasta sufrir por nuestra transformación y la del mundo entero la violencia, la tortura y la muerte en la Cruz.
Pero el que murió en la cruz, resucitó haciendo que su señorío sobre la historia sea plenitud de vida y de espíritu, haciendo eterna su presencia y su mensaje, mensaje que -si queremos salvar a la humanidad- debemos profundizar conociéndolo cada vez más y llevándolo a todos los que amamos, a todos los seres de esta tierra, en especial a los niños y a los jóvenes.
Este mensaje de fe debemos predicarlo con paciencia en esta historia concreta, pues Jesús no ha venido a salvarnos "de la historia", sino "en la historia". Nos enseña la Iglesia que el encuentro con Jesús y la salvación que Él nos ofrece se darán en el "corazón de la vida", en medio de sus circunstancias concretas, conflictos y dolores, controversias y errores, personas concretas y comunidades, grupos violentos y autoritarios y sectas urbanas. Esta es nuestra historia, la cual debe ser visitada por Dios a través nuestro para ser transformada, convirtiéndonos en evangelizadores de una nueva civilización, la civilización del amor.
La escuela debe convertirse en un templo en donde la Verdad -que es Dios mismo- sea predicada, vivida y llevada a la familia y a la sociedad. No dejemos de invocar al Espíritu Santo para que Él derrame su dinamismo de amor sobre nosotros, sobre nuestras escuelas y sobre esta historia concreta que debemos transformar, porque sin este dinamismo del Espíritu perderemos fuerzas y efectividad en nuestra tarea de maestros y evangelizadores.
Demos gracias a Dios por estos 25 años en donde la Iglesia de Iguazú no dejó nunca de lado este compromiso de fe con el pueblo y su cultura. Amén.
Mons. Marcelo Raúl Martorell, obispo de Puerto Iguazú
Homilía de monseñor Carlos María Franzini, obispo de Rafaela, en la misa de la Fiesta Patronal de la ciudad (24 de octubre de 2010; 129º aniversario de la ciudad de Rafaela). (AICA)
LA “SAGRADA DIGNIDAD” DE TODA PERSONA HUMANA
1 Rey 6, 1.7.11-13; Sal 121;
1 Cor 3, 9c.11.16-17; Jn 4,19-24
Mis queridos hermanos:
Esta mañana nos convocan en la Catedral varias razones. Con toda la Iglesia celebramos el domingo, el día del Señor, la Pascua semanal. Con la Iglesia diocesana celebramos un nuevo aniversario de la solemne dedicación de este templo, celebrada hace 15 años. Con la ciudad de Rafaela celebramos un nuevo aniversario de la formación de esta pujante realidad que es hoy nuestra ciudad y la antigua fiesta litúrgica del Patrono San Rafael.
Agradecemos la presencia de las autoridades municipales y de representantes de distintas instituciones que construyen día a día nuestra vida ciudadana. La ya tradicional participación del coro de la Escuela Municipal de Música realza y embellece nuestro canto que se hace así de manera más patente una forma sublime de alabanza y oración.
Los textos bíblicos proclamados corresponden a la liturgia del aniversario de la dedicación del templo y nos invitan a recordar el carácter simbólico y expresivo del templo material, cuyo fundamento es el mismo Jesucristo. Sobre este tema meditamos en esta misma ocasión el año pasado. Hoy quisiera invitarlos a reflexionar muy brevemente sobre otro aspecto de la enseñanza bíblica que nos propone la liturgia de este día.
Jesucristo le advierte a la samaritana que el verdadero culto es el que se celebra “en espíritu y en verdad” y no se circunscribe al templo material sino que abarca la vida toda. En este mismo sentido, San Pablo les recuerda a los corintios –y a nosotros- que somos “templos” del Espíritu, es decir lugar sagrado donde Dios habita.
Cada persona humana, morada de Dios por el Espíritu, encuentra aquí el fundamento más alto de su sagrada dignidad. Por eso si el abandono, el descuido o la destrucción del templo material son un grave pecado mucho más lo es la destrucción del templo espiritual que es cada persona humana. El cristiano se sabe deudor de Dios por el don de su vida, lo reconoce y lo cuida. Pero además se compromete en favor del don de la vida humana “…en todas sus etapas, desde la concepción hasta la muerte natural" y en todas sus dimensiones: física, espiritual, familiar, social, política, religiosa, etc…”
Hace muy pocos días la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Argentina emitió un breve comunicado con motivo de la celebración del “año de la vida” el próximo año 2011, invitándonos a responder a la convocatoria del Papa a una “…vigilia de oración por la vida naciente, a realizarse el 27 de noviembre al comenzar el tiempo del Adviento, para agradecer al Señor que, con el don total de sí mismo, ha dado sentido y valor a toda vida humana y para invocar su protección sobre cada ser humano llamado a la existencia…”
Celebrar el espacio material del templo y reconocer allí la singular presencia de Dios nos invita y estimula a reconocer y celebrar la presencia de Dios en cada hombre y a resaltar la dignidad sagrada de la vida humana. Dicen los obispos “…como pastores y ciudadanos, queremos reafirmar, en este camino del Bicentenario y de modo especial durante el 2011, la necesidad imperiosa de priorizar en nuestra patria el derecho a la vida en todas sus manifestaciones, poniendo especial atención en los niños por nacer, como en nuestros hermanos que crecen en la pobreza y marginalidad… Estamos convencidos de que no podremos construir una Nación que nos incluya a todos si no prevalece en nuestro proyecto de país el derecho primario de toda persona sin excepción: el derecho a la vida desde la concepción, protegiendo la vida de la madre embarazada, y, potenciando el vínculo madre-hijo a fin de cuidar su calidad de vida hasta la muerte natural... Debemos encontrar caminos para cuidar la vida de la madre y del hijo por nacer, y así, salvar a los dos. Alentamos, entonces, a todos los argentinos a realizar una opción sincera, madura y comprometida por la vida garantizando la protección de este derecho fundamental sin el cual no podremos edificar el país que anhelamos…”
Estas breves reflexiones pueden iluminarnos también a nivel local. Celebrar un nuevo aniversario de este templo y de nuestra ciudad es una oportunidad magnífica para volver a renovar el compromiso por una vida digna, plena y segura para todos los ciudadanos de nuestra querida Rafaela. Es oportunidad para volver a proponernos hacer cada uno su pequeño o gran aporte en orden a proteger y afianzar la vida, sobre todo allí donde esté más amenazada. De este compromiso nadie puede dispensarse: autoridades y simples ciudadanos; dirigentes sociales y religiosos; jóvenes y adultos; ricos y pobres…
Adorar al Señor “en espíritu y en verdad” es servirlo allí donde ha querido quedarse de manera privilegiada: los pequeños, los pobres, los débiles, los que sufren, los enfermos. Honrar la vida y dignificarla es también denunciar todo lo que la amenaza: la exclusión social en sus distintas expresiones; la falta de trabajo o vivienda digna; una educación insuficiente; la violencia en cualquiera de sus formas; el crimen del aborto; las diversas adicciones, hoy tan extendidas; la trata de personas y la prostitución…
Dignos herederos de aquellos gringos pioneros, estamos convocados a poner todo nuestro empeño en buscar una vida plena y digna para todos los habitantes de la ciudad; abiertos y acogedores para quienes quieran sumarse a este proyecto compartido, animados por la común esperanza de que Dios bendice estos esfuerzos y los llevará a “buen puerto”.
La lenta y progresiva restauración de esta iglesia Catedral puede servirnos de “imagen pedagógica” para entender en qué consiste este “culto espiritual” que el Señor nos propone: se trata de una tarea que exige conciencia, lucidez, decisión, perseverancia y el aporte de todos. La meta es la que ya proponía hace muchos siglos el Santo Obispo Ireneo de Lyon al enseñar que la “gloria de Dios es la vida del hombre”. Demos gloria a Dios procurando una vida plena para todos, demos gloria a Dios cuidando la vida humana desde el primer instante de su concepción, demos gloria a Dios cuidando y protegiendo este don hasta su fin natural.
Que nuestro Santo Patrono, el Arcángel Rafael, medicina de Dios y compañero de camino, nos proteja y enseñe a cuidar la vida y a dignificarla cada día más.
Mons. Carlos María Franzini, obispo de Rafaela
Nota:
Comisión Ejecutiva de la CEA: “2011: el año de la vida”; Buenos Aires, 14 de octubre de 2010.
ZENIT publica la traducción al español de las Proposiciones 1 a 10 (versión no oficial), de la reciente Asamblea Extraordinaria para Oriente Medio del Sínodo de los Obispos – cuyo texto oficial está en árabe –, objeto de voto personal por parte de los padres sinodales, presentadas al Papa Benedicto XVI. Este texto, como su nombre indica, tiene carácter propositivo.
Propositio 1
Documentos que se presentan al Sumo Pontífice
Los Padres sinodales presentan a la consideración del Sumo Pontífice los documentos sobre “La Iglesia católica en Oriente Medio: comunión y testimonio. La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma (Hch 4, 32)” relativos a este sínodo. Esta documentación comprende: los Lineamenta, el Instrumentum laboris, las Relaciones ante y post disceptationem, los textos de las intervenciones, tanto los pronunciados en el aula como los in scriptis, y sobre todo propuestas concretas, que los Padres han considerado de fundamental importancia.
Los propios Padres piden humildemente al Santo Padre que valore la oportunidad de ofrecer un documento sobre comunión y testimonio en la Iglesia en Oriente Medio.
Propositio 2
La Palabra de Dios
La Palabra de Dios es el alma y el fundamento de toda la pastoral; se augura que cada familia tenga una Biblia.
Los Padres sinodales animan a la lectura y la meditación cotidiana de la Palabra de Dios, especialmente la lectio divina, la creación de un sitio Internet bíblico con explicaciones y comentarios católicos al alcance de los fieles, la preparación de una guía de introducción a la Biblia (Antiguo y Nuevo Testamento) con un método fácil de leer la Biblia.
Animan también a las eparquías / diócesis (desde ahora se usará el término “diócesis” equivalente a “eparquía” propio de la terminología oriental) y a las parroquias a promover encuentros bíblicos en lso que se medite y explique la Palabra de Dios para respondr a las preguntas de los fieles, con el objetivo de crear en ellos una familiaridad con las Escrituras, una profundización d la espiritualidad y un compromiso en el apostolado y en la misión.
Propositio 3
Pastoral bíblica
Los Padres sinodales recomiendan trabajar para poner la Sagrada Escritura, en sus dos Testamentos, en el centro de nuestra vida cristiana. Esto sucederá a través del ánimo a leerla, meditarla, interpretarla de modo cristocéntrico y celebrarla en la liturgia, según el ejemplo de la primera comunidad cristiana.
Se propone proclamar, tras una preparación adecuada, un año bíblico, seguido de una semana anual de la Biblia.
I - LA PRESENZA CRISTIANA IN MEDIO ORIENTE
Propositio 4
Identidad de las Iglesias católicas en Oriente
En un mundo marcado por divisiones y por posturas extremas, nosotros estamos llamados a vivir como Iglesia de comunión, permaneciendo abiertos a todos, sin caer en el confesionalismo. Seremos capaces de ello si permanecemos fieles a nuestro rico patrimonio histórico, litúrgico, patrístico y espiritual, como también a las enseñanzas del Concilio Vaticano II y a las normas y estructuras del Código de los Cánones de las Iglesias Orientales (CCEO) y al Código de Derecho Canónico (CIC) y a los derechos particulares de las Iglesias.
Propositio 5
Compartir la cruz
Aún denunciando como cualquier hombre la persecución y la violencia, el cristiano recuerda que ser cristiano comporta compartir la Cruz de Cristo. El discípulo no es más grande que el Maestro (cf. Mt 10, 24). El cristiano recuerda la bienaventuranza de los perseguidos a causa de la justicia que tendrán en herencia el Reino (cf. Mt 5,10).
La persecución con todo debe despertar la conciencia de los cristianos en el mundo a una más grande solidaridad. Debe suscitar al mismo tiempo el compromiso de reclamar y sostener el derecho internacional y el respeto de todas las personas y de todos los pueblos.
Será necesario atraer la atención del mundo entero sobre la situación dramática de ciertas comunidades cristianas en Oriente Medio, las cuales sufren todo tipo de dificultades, llegando a veces hasta el martirio.
Es necesario también pedir a las instancias nacionales e internacionales un esfuerzo especial para poner fin a esta situación de tensión restableciendo la justicia y la paz.
Propositio 6
La tierra
Dado que el apego a la tierra natal es un elemento esencial de la identidad de las personas y de los pueblos y que la tierra es un espacio de libertas, exhortamos a nuetsros fieles y a nuestras comunidades eclesiales a no ceder a la tentación de cender sus propiedades inmobiliarias. Para ayudar a los cristianos a conservar sus tierras o a adquirir otras nuevas, en situaciones económicas difíciles, proponemos por ejemplo la creación de proyectos que se hagan cargo de hacerlas fructificar para permitir a los propietarios quedarse dignamente en sus países. Este esfuerzo debe acompañarse de una profunda reflexión sobre el sentido de la presencia y de la vocación cristiana en Oriente Medio.
Propositio 7
Gestión de los bienes
Con el fin de asegurar la transparencia, es necesario aplicar un sistema de auditoría contable en los asuntos financieros de la Iglesia, distinguiendo con claridad lo que le pertenece y lo que es propiedad del personal eclesiástico. Al mismo tiempo es necesario preservar las propiedades y los bienes de la Iglesia y de sus instituciones.
Propositio 8
Alentar la peregrinación
Oriente fue la tierra de la Revelación bíblica. Bien pronto esta región se convirtió en meta de peregrinación tras las huellas de Abraham en Iraq, tras las huellas de Moisés en Egipto y en el Sinaí, tras las huellas de Jesús en Tierra Santa (Egipto, Israel, Palestina, Jordania, Líbano), tras las huellas de san Pablo y de las Iglesias de los Hehocs de los Apóstoles y del Apocalipsis (Siria, Chipre, Turquía).
La peregrinación a los Santos Lugares ha sido alentada por los Sumos Pontífices. Es la ocasión de una catequesis profundizada, a través de una vuelta a las fuentes. Permitir descubrir la riqueza de las Iglesias de Oriente, encontrar u animar a las comunidades cristianas locales, piedras vivas de la Iglesia.
Propositio 9
Paz
Nuestras Iglesias deben comprometerse a rezar y trabajar por la justicia y la paz en Oriente Medio, y a dedicarse a la purificación de la memoria y a la promoción del lenguaje de la paz y de la esperanza, en lugar de el del miedo y la violencia. Se apelará a las autoridades civiles responsables para que apliquen las resoluciones de las Naciones Unidas relativas a la religión, en particular a la vuelta de los refugiados, el estatuto de Jerusalén y a los lugares santos.
Propositio 10
Consolidar la presencia de los cristianos
Neuestras Iglesias deben crear una oficina o una comisión que se ocupe del estudio del fenomeno migratorio y de sus motivaciones para encontrar los medios de afrontarlo. Estas harán todo lo posible y con todos los mdios para consolidar la presencia de los cristianos en sus patrias y esto a través de proyectos de desarrollo para limitar el fenomeno migratorio.
[Traducción de la versión italiana por Inma Álvarez]
Quito (Agencia Fides) – Comunicado de los Obispos de Ecuador reunidos en la CXXVII Asamblea Plenaria semestral en el Centro de Formación Social Bethania, para examinar y aprobar el Plano Global Pastoral de la Iglesia Ecuatoriana 2011-2015.
RECONCILIACIÓN Y DIÁLOGO
Lamentamos los disturbios y violencias, con el saldo doloroso de pérdida de vidas humanas, de heridos y de familias destrozadas. Así como también el choque entre hermanos, la fractura social y la inestabilidad política creada.
No puede justificarse la insubordinación y el irrespeto al orden constitucional, así como tampoco la agresión al Señor Presidente de la República. Al contrario, creemos que es preciso promover y respetar siempre la legalidad democrática, las instituciones y, muy principalmente, la vida y los derechos de todas las personas. El manejo de las crisis y, en general, del accionar político reclaman por parte de todos actuaciones serenas y prudentes.
De cara al futuro de la Patria, hay que reflexionar, ante Dios Nuestro Señor, sobre algunos valores y actitudes que hoy se vuelven más necesarios.
Ante todo, queremos comprometernos con una búsqueda sincera de la reconciliación y de la fraternidad, del diálogo abierto y constructivo y de una cultura de la legalidad, sobre la base de nuestras tradiciones cristianas y humanistas.
Nos parece fundamental en estos momentos el respeto de la institucionalidad democrática por parte de todos los ciudadanos y de los mismos Poderes del Estado. La democracia adquiere vigencia no sólo por el ejercicio del voto sino, muy principalmente, por la necesaria participación y concertación de los diversos agentes sociales. Ello permitirá superar una relación de confrontación y de violencia y promover, al mismo tiempo, una participación ciudadana crítica y responsable, sin clientelismos ni exclusiones.
Acogemos el anhelo de nuestro pueblo a favor de una Patria grande en la que todos se sientan debidamente acogidos y valorados. Esto nos exige seguir trabajando por erradicar la inequidad y pobreza, como requisito indispensable para la paz social.
Esto implica también superar la inseguridad jurídica y ciudadana, promover el empleo y la inversión productiva y asegurar especialmente a las jóvenes generaciones la esperanza de una vida más plena. Todo esto, según el llamado de los Obispos Latinoamericanos en Aparecida, nunca será posible sin la presencia y el compromiso, en los ámbitos políticos, comunicativos y universitarios, de líderes coherentes con sus convicciones éticas y religiosas.
Con la intercesión de la Virgen Santísima, el Dios de la Paz bendiga nuestra Patria.
Quito, octubre 21 del 2010
+ Antonio Arregui Yarza, + Ángel Polivio Sánchez Loaiza,
ARZOBISPO DE GUAYAQUIL OBISPO DE GUARANDA
Presidente de la Conferencia Secretario General de la Conferencia
Episcopal Ecuatoriana Episcopal Ecuatoriana
Fecha Publicación:
2010-10-21
DOMINGO 33 TIEMPO ORDINARIO/ C
14 de Noviembre de 2010
La gracia de Dios, el amor de Jesucristo y el don del Espíritu Santo estén con todos vosotros.
Durante este mes de noviembre, en el final del año litúrgico, escuchamos, en las lecturas que se proclaman en nuestras celebraciones, la llamada a mirar hacia el término de nuestra historia, la de cada uno de nosotros y la de toda la humanidad.
Hoy, este anuncio del final de la historia se nos proclamará con palabras que parecen destinadas a alarmamos, porque hablan de dolores y catástrofes.
Pero no debe ser así. Lo que Jesús nos anuncia es un mensaje de salvación: pase lo que pase, vaya como vaya todo, él ofrece la vida nueva de su Reino a todos los que hayan querido seguir su camino.
A. penitencial: Comencemos esta Eucaristía con unos momentos de silencio. Digámosle a Dios nuestro Padre que confiamos en su amor y que, a pesar de nuestras debilidades, queremos serie fieles. (Silencio).
- Tú, que nos ofreces tu amor. SEÑOR, TEN PIEDAD.
- Tú, que nos ofreces tu felicidad. CRISTO, TEN PIEDAD.
- Tú, que nos ofreces tu vida. SEÑOR,TEN PIEDAD.
1. lectura (Malaquías 3, 19-20a): El profeta Malaquías nos habla, en esta breve lectura, del fin del mundo. Para los que queremos seguir el camino del amor de Dios, sus palabras son un anuncio de salvación.
2. lectura (2 Tesalonicenses 3,7-12): La segunda lectura también nos habla del fin del mundo, pero de un modo muy distinto que el profeta Malaquías. En la comunidad de Tesalónica había cristianos que, como creían que el fin
del mundo iba a llegar pronto, vivían sin trabajar y sin hacer nada. Escuchemos lo que les dice san Pablo.
Antes del aleluya (Ev.: Lucas 21,5-19): En el evangelio de este domingo, Jesús nos habla de desgracias y de catástrofes. Habla de la destrucción del templo de Jerusalén, y habla al mismo tiempo del fin del mundo, como una gran batalla entre el bien y el mal, entre los que han querido seguir su camino de amor y los que han buscado en cambio el poder y el éxito de este mundo.
Y anuncia la victoria final del amor de Dios. Recibamos este mensaje con el canto del aleluya.
Oración universal: Oremos a Dios nuestro Padre, porque él es la fuente de toda bondad. Oremos diciendo: ESCÚCHANOS, PADRE.
Por el papa Benedicto, y por todos los pastores de la Iglesia. Para que con su palabra y su vida sean estímulo de fe y de esperanza para el pueblo cristiano. OREMOS:
Por nuestra Iglesia diocesana. Para que disponga de los recursos materiales necesarios para llevar a cabo toda su actividad y mantener todas sus obras apostólicas. OREMOS:
Por los responsables de la economía de la Iglesia. Para que ejerzan su responsabilidad con dedicación y acierto. OREMOS:
Por los que sufren a causa de la soledad, la enfermedad, el hambre o la pobreza. Para que no les falte la ayuda de los que pueden hacer más llevadera su situación. OREMOS:
Por todos nosotros. Para que un día el Padre del amor y de la misericordia nos reciba con nuestros hermanos difuntos en el banquete de su Reino. OREMOS:
Escúchanos, Padre, y danos tu luz y tu vida. Por ...
Padrenuestro: Unidos a Jesucristo, y como él nos enseñó, nos atrevemos a decir:
CPL
ZENIT nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI pronunció el sábado 24 de Octubre de 2010, tras la comida fraterna con los participantes en la Asamblea Especial del Sínodo para Oriente Medio, en el Atrio del Aula Pablo VI.
Queridos amigos,
según una bella tradición creada por el papa Juan Pablo II, los Sínodos se concluyen con una comida, un acto de convivencia que se inscribe bien también en el clima de este Sínodo, que habla de la comunión: no sólo ha hablado de ella, sino que nos ha hecho realizar la comunión.
Este es para mi el momento de decir gracias. Gracias al secretario general del Sínodo y a su staff, que han preparado y están preparando también el seguimiento de los trabajos. Gracias a los presidentes delegados, gracias sobre todo al relator y al secretario adjunto, que han hecho un trabajo increíble. ¡Gracias! También yo una vez fui relator en el sínodo sobre la familia y puedo imaginarme un poco cuánto trabajo habéis hecho. Gracias también a todos los Padres que han presentado la voz de la Iglesia en Oriente, a los auditores, a los delegados fraternos, a todos.
Comunión y testimonio. En este momento damos gracias al Señor por la comunión que nos ha dado y nos da. Hemos visto a riqueza, la diversidad de esta comunión. Siete Iglesias de ritos distintos que forman, sin embargo, junto con todos los demás ritos, la única Iglesia católica. Es hermoso ver esta verdadera catolicidad, que es tan rica en diversidad, tan rica en posibilidades, en culturas distintas; y, con todo, precisamente así crece la polifonía de una única fe, de una verdadera comunión de los corazones, que sólo el Señor puede dar. Por esta experiencia de la comunión damos las gracias al Señor, os doy las gracias a todos vosotros. Me parece quizás este el don más importante del Sínodo que hemos realizado: la comunión que nos une a todos y que es también en sí misma testimonio.
Comunión. La comunión católica, cristiana, es una comunión abierta, dialogal. Así estábamos también en permanente dialogo, interior y exteriormente, con los hermanos ortodoxos, con las demás comunidades eclesiales. Y hemos sentido que precisamente en esto estamos unidos – aunque haya divisiones exteriores: hemos sentido la profunda comunión en el Señor, en el don de su Palabra, de su vida, y esperamos que el Señor nos guíe para avanzar en esta comunión profunda.
Nosotros estamos unidos con el Señor y así – podemos decir – somos “encontrados” por la verdad. Y esta no cierra, no pone límites, sino que abre. Por ello estábamos también en diálogo franco y abierto con los hermanos musulmanes, con los hermanos judíos, todos juntos responsables del don de la paz, de la paz precisamente en esta parte de la tierra bendecida por el Señor, cuna del cristianismo y también de las otras dos religiones. Queremos continuar en este camino con fuerza, ternura y humildad, y con el valor de la verdad que es amor y que se abre en el amor.
He dicho que concluimos este Sínodo con la comida. Pero la verdadera conclusión mañana es la vivencia con el Señor, la celebración de la Eucaristía. La Eucaristía, en realidad, no es una conclusión sino una apertura. El Señor camina con nosotros, está con nosotros, el Señor nos pone en movimiento. Y así, en este sentido, estamos en Sínodo, es decir, en un camino que continua también cuando estamos dispersos: estamos en Sínodo, en un camino común. Pidamos al Señor que nos ayude. ¡Y gracias a todos vosotros!
[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]
Lectio divina para el domingo treintidos del Tiempo Ordinario- C, ofrecida por la Delegación Diocesana de liturgia de la Diócesis de Tenerife.
LECTURA: “Lucas 20, 27‑38”
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron: «Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano. Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella.»
Jesús les contestó: «En esta vida, hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección.
Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor "Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob". No es Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están vivos.»
MEDITACIÓN: “Dios de vivos”
Creamos lo que creamos, nos cerremos o no a tu proyecto de realización del ser humano, tu palabra se presenta firme: El Dios que nos acercas es el Dios de la vida, de la vida que comienza aquí, que estamos llamados a realizar desde todos aquellos valores que dignifican al hombre como ser humano, creado según tu corazón. No es un Dios que va acumulando muertos en el vacío de la nada y que cuando caiga el último seguirá envuelto en su manto de absurda y vacía eternidad.
Eres un Dios creador de vida, generador de vida, que te comprometes en nuestra historia, en mi historia personal, para invitarme a generar y dignificar vida, como tú.
Puede ser que, ciertamente, se nos escape la comprensión de ese futuro nuevo, como se nos escapan tantas cosas de aquí, cómo se nos escapa o, al menos se me escapa a mí, que podamos los hombres generar tanto dolor y tanto absurdo, y además nos congratulemos de estar inmersos en ello. Como se me escapa que sigamos generando tantas injusticias, tantas desigualdades. Como se me escapa que no nos empeñemos en dar lo mejor de nosotros y nos anclemos en lo más material, que llena nuestra despensas y armarios, a costa del vacío de otras, y termina vaciando nuestro corazón.
En ese absurdo y sinsentido en el que me veo envuelto, es cierto que se me escapa la concreción de un más allá, pero creo en tu palabra, porque, a pesar de todo, sigo creyendo en la dignidad de todo ser humano y en el sentido de su existencia. Sentido que sólo me ofreces tú; y yo, Señor, lo acojo, porque creo que eres un Dios de vivos.
ORACIÓN: “Lo mejor de mí”
Gracias, Señor, porque me abres al sentido de la vida. Gracias porque frente a tanta finitud y cortedad de miras, me abres las puertas de mi existencia. Creo en ti, y en la vida que brota de ti. Creo en el amor que te ha llevado a dar vida a este universo misterioso y maravilloso, y a poner en el corazón del hombre la semilla de tu amor.
Ensancha mi corazón, abre los ojos de mi interioridad, que me permitan ver más adentro y más allá, para que sea capaz de generar y potenciar lo mejor de mí. Que todos mis gestos y mis actuaciones, y mis esfuerzos, me lleven a poner gestos de vida, porque ellos, sin darme cuenta, estoy convencido de que me adentran en ti, Dios de la vida, hasta descansar mi plena realización en ti.
CONTEMPLACIÓN: “Un rayo de luz”
Quieren hundirme
en el vacío de la muerte.
Quieren apagar
mis ilusiones.
Quieren negar mis sueños
y hacerme vivir
entre dos puertas cerradas,
prisionero en una jaula,
que quieren dorar inútilmente,
pero de la que no puedo salir.
Y mis amores se ahogan,
y mi vida se va haciendo
estrecha,
como los límites que me imponen.
Pero una corriente de vida
atraviesa mis entrañas,
y siento que una mano
dibuja en las paredes de esta celda
una ventana
por la que penetra
un aire fresco de esperanza.
Y siento que una puerta
se abre en mi interior,
y un rayo de luz
ilumina ese vacío
para descubrirme que todo está lleno
de ti.
ZENIT nos ofrece el texto de la homilía que el Papa Benedicto XVI pronunció el día 7 de Noviembre de 2010 durante la Misa de dedicación de la iglesia y altar de la Sagrada Familia de Barcelona, que desde hoy es Basílica menor.
En catalán:
Estimats germans i germanes en el Senyor:
“La diada d’avui és santa, dedicada a Déu, nostre Senyor; no us entristiu ni ploreu… El goig del Senyor sarà la vostra força” (Ne 8, 9-11). Amb aquestes paraules de la primera lectura que hem proclamat vull saludar-vos a tots els qui us trobeu aquí presents participant en aquesta celebració. Adreço una salutació afectuosa a Ses Majestats els Reis d’Espanya, que han volgut acompanyar-nos cordialment. La meva salutació agraïda al Senyor Cardenal Lluís Martínez Sistach, Arquebisbe de Barcelona, per les seves paraules de benvinguda i la seva invitació a dedicar aquesta Església de la Sagrada Família, suma admirable de tècnica, d’art i de fe. Saludo també al Cardenal Ricard Maria Carles Gordó, Arquebisbe emèrit de Barcelona, als altres Senyors Cardenals i Germans en l’Episcopat, especialment, al Bisbe auxiliar d’aquesta Església particular, com també als nombrosos sacerdots, diaques, seminaristes, religiosos i fidels que participen en aquesta solemne cerimònia. També adreço la meva deferent salutació a totes les Autoritats Nacionals, Autonòmiques i Locals, com també als membres d’altres comunitats cristianes, que s’han unit al nostre goig i a la nostra lloança agraïda a Déu.
[Amadísimos Hermanos y Hermanas en el Señor:
“Hoy es un día consagrado a nuestro Dios; no hagáis duelo ni lloréis… El gozo en el Señor es vuestra fortaleza” (Neh 8,9-11). Con estas palabras de la primera lectura que hemos proclamado quiero saludaros a todos los que estáis aquí presentes participando en esta celebración. Dirijo un afectuoso saludo a Sus Majestades los Reyes de España, que han querido cordialmente acompañarnos. Vaya mi saludo agradecido al Señor Cardenal Lluís Martínez Sistach, Arzobispo de Barcelona, por sus palabras de bienvenida y su invitación para la dedicación de esta Iglesia de la Sagrada Familia, admirable suma de técnica, de arte y de fe. Saludo igualmente al Cardenal Ricardo María Carles Gordó, Arzobispo emérito de Barcelona, a los demás Señores Cardenales y Hermanos en el Episcopado, en especial, al Obispo auxiliar de esta Iglesia particular, así como a los numerosos sacerdotes, diáconos, seminaristas, religiosos y fieles que participan en esta solemne ceremonia. Asimismo, dirijo mi deferente saludo a las Autoridades Nacionales, Autonómicas y Locales, así como a los miembros de otras comunidades cristianas, que se unen a nuestra alegría y alabanza agradecida a Dios.]
Este día es un punto significativo en una larga historia de ilusión, de trabajo y de generosidad, que dura más de un siglo. En estos momentos, quisiera recordar a todos y a cada uno de los que han hecho posible el gozo que a todos nos embarga hoy, desde los promotores hasta los ejecutores de la obra; desde los arquitectos y albañiles de la misma, a todos aquellos que han ofrecido, de una u otra forma, su inestimable aportación para hacer posible la progresión de este edificio. Y recordamos, sobre todo, al que fue alma y artífice de este proyecto: a Antoni Gaudí, arquitecto genial y cristiano consecuente, con la antorcha de su fe ardiendo hasta el término de su vida, vivida en dignidad y austeridad absoluta. Este acto es también, de algún modo, el punto cumbre y la desembocadura de una historia de esta tierra catalana que, sobre todo desde finales del siglo XIX, dio una pléyade de santos y de fundadores, de mártires y de poetas cristianos. Historia de santidad, de creación artística y poética, nacidas de la fe, que hoy recogemos y presentamos como ofrenda a Dios en esta Eucaristía.
La alegría que siento de poder presidir esta ceremonia se ha visto incrementada cuando he sabido que este templo, desde sus orígenes, ha estado muy vinculado a la figura de san José. Me ha conmovido especialmente la seguridad con la que Gaudí, ante las innumerables dificultades que tuvo que afrontar, exclamaba lleno de confianza en la divina Providencia: “San José acabará el templo”. Por eso ahora, no deja de ser significativo que sea dedicado por un Papa cuyo nombre de pila es José.
¿Qué hacemos al dedicar este templo? En el corazón del mundo, ante la mirada de Dios y de los hombres, en un humilde y gozoso acto de fe, levantamos una inmensa mole de materia, fruto de la naturaleza y de un inconmensurable esfuerzo de la inteligencia humana, constructora de esta obra de arte. Ella es un signo visible del Dios invisible, a cuya gloria se alzan estas torres, saetas que apuntan al absoluto de la luz y de Aquel que es la Luz, la Altura y la Belleza misma.
En este recinto, Gaudí quiso unir la inspiración que le llegaba de los tres grandes libros en los que se alimentaba como hombre, como creyente y como arquitecto: el libro de la naturaleza, el libro de la Sagrada Escritura y el libro de la Liturgia. Así unió la realidad del mundo y la historia de la salvación, tal como nos es narrada en la Biblia y actualizada en la Liturgia. Introdujo piedras, árboles y vida humana dentro del templo, para que toda la creación convergiera en la alabanza divina, pero al mismo tiempo sacó los retablos afuera, para poner ante los hombres el misterio de Dios revelado en el nacimiento, pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. De este modo, colaboró genialmente a la edificación de la conciencia humana anclada en el mundo, abierta a Dios, iluminada y santificada por Cristo. E hizo algo que es una de las tareas más importantes hoy: superar la escisión entre conciencia humana y conciencia cristiana, entre existencia en este mundo temporal y apertura a una vida eterna, entre belleza de las cosas y Dios como Belleza. Esto lo realizó Antoni Gaudí no con palabras sino con piedras, trazos, planos y cumbres. Y es que la belleza es la gran necesidad del hombre; es la raíz de la que brota el tronco de nuestra paz y los frutos de nuestra esperanza. La belleza es también reveladora de Dios porque, como Él, la obra bella es pura gratuidad, invita a la libertad y arranca del egoísmo.
Hemos dedicado este espacio sagrado a Dios, que se nos ha revelado y entregado en Cristo para ser definitivamente Dios con los hombres. La Palabra revelada, la humanidad de Cristo y su Iglesia son las tres expresiones máximas de su manifestación y entrega a los hombres. «Mire cada cual cómo construye. Pues nadie puede poner otro cimiento que el ya puesto, que es Jesucristo» (1 Co 3,10-11), dice San Pablo en la segunda lectura. El Señor Jesús es la piedra que soporta el peso del mundo, que mantiene la cohesión de la Iglesia y que recoge en unidad final todas las conquistas de la humanidad. En Él tenemos la Palabra y la presencia de Dios, y de Él recibe la Iglesia su vida, su doctrina y su misión. La Iglesia no tiene consistencia por sí misma; está llamada a ser signo e instrumento de Cristo, en pura docilidad a su autoridad y en total servicio a su mandato. El único Cristo funda la única Iglesia; Él es la roca sobre la que se cimienta nuestra fe. Apoyados en esa fe, busquemos juntos mostrar al mundo el rostro de Dios, que es amor y el único que puede responder al anhelo de plenitud del hombre. Ésa es la gran tarea, mostrar a todos que Dios es Dios de paz y no de violencia, de libertad y no de coacción, de concordia y no de discordia. En este sentido, pienso que la dedicación de este templo de la Sagrada Familia, en una época en la que el hombre pretende edificar su vida de espaldas a Dios, como si ya no tuviera nada que decirle, resulta un hecho de gran significado. Gaudí, con su obra, nos muestra que Dios es la verdadera medida del hombre. Que el secreto de la auténtica originalidad está, como decía él, en volver al origen que es Dios. Él mismo, abriendo así su espíritu a Dios ha sido capaz de crear en esta ciudad un espacio de belleza, de fe y de esperanza, que lleva al hombre al encuentro con quien es la Verdad y la Belleza misma. Así expresaba el arquitecto sus sentimientos: “Un templo [es] la única cosa digna de representar el sentir de un pueblo, ya que la religión es la cosa más elevada en el hombre”.
Esa afirmación de Dios lleva consigo la suprema afirmación y tutela de la dignidad de cada hombre y de todos los hombres: “¿No sabéis que sois templo de Dios?... El templo de Dios es santo: ese templo sois vosotros” (1 Co 3,16-17). He aquí unidas la verdad y dignidad de Dios con la verdad y la dignidad del hombre. Al consagrar el altar de este templo, considerando a Cristo como su fundamento, estamos presentando ante el mundo a Dios que es amigo de los hombres e invitando a los hombres a ser amigos de Dios. Como enseña el caso de Zaqueo, del que se habla en el Evangelio de hoy (cf. Lc 19,1-10), si el hombre deja entrar a Dios en su vida y en su mundo, si deja que Cristo viva en su corazón, no se arrepentirá, sino que experimentará la alegría de compartir su misma vida siendo objeto de su amor infinito.
La iniciativa de este templo se debe a la Asociación de amigos de San José, quienes quisieron dedicarlo a la Sagrada Familia de Nazaret. Desde siempre, el hogar formado por Jesús, María y José ha sido considerado como escuela de amor, oración y trabajo. Los patrocinadores de este templo querían mostrar al mundo el amor, el trabajo y el servicio vividos ante Dios, tal como los vivió la Sagrada Familia de Nazaret. Las condiciones de la vida han cambiado mucho y con ellas se ha avanzado enormemente en ámbitos técnicos, sociales y culturales. No podemos contentarnos con estos progresos. Junto a ellos deben estar siempre los progresos morales, como la atención, protección y ayuda a la familia, ya que el amor generoso e indisoluble de un hombre y una mujer es el marco eficaz y el fundamento de la vida humana en su gestación, en su alumbramiento, en su crecimiento y en su término natural. Sólo donde existen el amor y la fidelidad, nace y perdura la verdadera libertad. Por eso, la Iglesia aboga por adecuadas medidas económicas y sociales para que la mujer encuentre en el hogar y en el trabajo su plena realización; para que el hombre y la mujer que contraen matrimonio y forman una familia sean decididamente apoyados por el Estado; para que se defienda la vida de los hijos como sagrada e inviolable desde el momento de su concepción; para que la natalidad sea dignificada, valorada y apoyada jurídica, social y legislativamente. Por eso, la Iglesia se opone a todas las formas de negación de la vida humana y apoya cuanto promueva el orden natural en el ámbito de la institución familiar.
Al contemplar admirado este recinto santo de asombrosa belleza, con tanta historia de fe, pido a Dios que en esta tierra catalana se multipliquen y consoliden nuevos testimonios de santidad, que presten al mundo el gran servicio que la Iglesia puede y debe prestar a la humanidad: ser icono de la belleza divina, llama ardiente de caridad, cauce para que el mundo crea en Aquel que Dios ha enviado (cf. Jn 6,29).
Queridos hermanos, al dedicar este espléndido templo, suplico igualmente al Señor de nuestras vidas que de este altar, que ahora va a ser ungido con óleo santo y sobre el que se consumará el sacrificio de amor de Cristo, brote un río constante de gracia y caridad sobre esta ciudad de Barcelona y sus gentes, y sobre el mundo entero. Que estas aguas fecundas llenen de fe y vitalidad apostólica a esta Iglesia archidiocesana, a sus pastores y fieles.
En catalán:
Desitjo, finalment, confiar a l’amorosa protecció de la Mare de Déu, Maria Santissima, Rosa d’abril, Mare de la Mercè, tots els aquí presents, i tots aquells que amb paraules i obres, silenci o pregària, han fet possible aquest miracle arquitectònic. Que Ella presenti al seu diví Fill les joies i les penes de tots els qui vinguin en aquest lloc sagrat en el futur, perquè, com prega l’Església en la dedicació dels temples, els pobres trobin misericòrdia, els oprimits assoleixin la llibertat veritable i tots els homes es revesteixin de la dignitat dels fills de Déu. Amén.
[Deseo, finalmente, confiar a la amorosa protección de la Madre de Dios, María Santísima, Rosa de abril, Madre de la Merced, a todos los que estáis aquí, y a todos los que con palabras y obras, silencio u oración, han hecho posible este milagro arquitectónico. Que Ella presente también a su divino Hijo las alegrías y las penas de todos los que lleguen a este lugar sagrado en el futuro, para que, como reza la Iglesia al dedicar los templos, los pobres puedan encontrar misericordia, los oprimidos alcanzar la libertad verdadera y todos los hombres se revistan de la dignidad de hijos de Dios. Amén.]
[©Libreria Editrice Vaticana]
ZENIT nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI pronunció el domingo 7 de Noviembre de 2010 en su visita a la "Obra Benéfico-Social del Nen Déu", institución que se dedica a la asistencia de niños enfermos y necesitados.
Señor Cardenal Arzobispo de Barcelona,
Queridos Hermanos en el Episcopado,
Queridos sacerdotes, diáconos, religiosas y religiosos,
Distinguidas Autoridades,
Amigos todos
Siento una gran alegría al poder estar con todas las personas que formáis esta más que centenaria Obra Benéfico-Social del Nen Déu. Agradezco al Cardenal Lluís Martínez Sistach, Arzobispo de Barcelona, a la Hermana Rosario, Superiora de la Comunidad, a los niños Antonio y María del Mar, que han tomado la palabra, así como a los que tan maravillosamente han cantado, la cordial bienvenida que me han dispensado.
En catalán:
També estic agraït als presents, en especial als membres del Patronat de l’Obra, a la Mare General i a les Religioses Franciscanes dels Sagrats Cors, als nens, joves i adults acollits en aquesta institució, als seus pares i altres familiars, així com als professionals i voluntaris que aquí treballen benemèritament.
Voldria, també, manifestar la meva reconeixença a les Autoritats, invitant-les a maldar perquè els serveis socials arribin sempre als més desvalguts, i als qui amb el seu generós recolzament sostenen entitats assistencials d’iniciativa privada, com aquesta Escola d’Educació Especial del Nen Déu. En aquests moments, en els quals moltes llars passen serioses dificultats econòmiques, els deixebles de Crist hem de multiplicar els gestos concrets de solidaritat efectiva i constant, manifestant així que la caritat és el distintiu de la nostra condició cristiana.
[Doy también las gracias a los presentes, en particular a los miembros del Patronato de la Obra, a la Madre General y a las Religiosas Franciscanas de los Sagrados Corazones, a los niños, jóvenes y adultos acogidos en esta institución, a sus padres y demás familiares, así como a los profesionales y voluntarios que aquí ejercen su benemérita labor.
Quisiera, asimismo, expresar mi reconocimiento a las Autoridades, invitándolas a prodigarse para que los servicios sociales alcancen siempre a los más desvalidos, y a quienes sostienen con su generoso apoyo entidades asistenciales de iniciativa privada, como esta Escuela de Educación Especial del Nen Déu. En estos momentos, en que muchos hogares afrontan serias dificultades económicas, los discípulos de Cristo hemos de multiplicar los gestos concretos de solidaridad efectiva y constante, mostrando así que la caridad es el distintivo de nuestra condición cristiana.]
Con la dedicación de la Basílica de la Sagrada Familia, se ha puesto de relieve esta mañana que el templo es signo del verdadero santuario de Dios entre los hombres. Ahora, quiero destacar cómo, con el esfuerzo de ésta y otras instituciones eclesiales análogas, a la que se sumará la nueva Residencia que habéis deseado que llevara el nombre del Papa, se pone de manifiesto que, para el cristiano, todo hombre es un verdadero santuario de Dios, que ha de ser tratado con sumo respeto y cariño, sobre todo cuando se encuentra en necesidad. La Iglesia quiere así hacer realidad las palabras del Señor en el Evangelio: «Os aseguro que cuanto hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis» (Mt 25,40). En esta tierra, esas palabras de Cristo han impulsado a muchos hijos de la Iglesia a dedicar sus vidas a la enseñanza, la beneficencia o el cuidado de los enfermos y discapacitados. Inspirados en su ejemplo, os pido que sigáis socorriendo a los más pequeños y menesterosos, dándoles lo mejor de vosotros mismos.
En el cuidado de los más débiles, mucho han contribuido los formidables avances de la sanidad en los últimos decenios, que han ido acompañados por la creciente convicción de la importancia de un esmerado trato humano para el buen resultado del proceso terapéutico. Por eso, es imprescindible que los nuevos desarrollos tecnológicos en el campo médico nunca vayan en detrimento del respeto a la vida y dignidad humana, de modo que quienes padecen enfermedades o minusvalías psíquicas o físicas puedan recibir siempre aquel amor y atenciones que los haga sentirse valorados como personas en sus necesidades concretas.
Queridos niños y jóvenes, me despido de vosotros dando gracias a Dios por vuestras vidas, tan preciosas a sus ojos, y asegurándoos que ocupáis un lugar muy importante en el corazón del Papa. Rezo por vosotros todos los días y os ruego que me ayudéis con vuestra oración a cumplir con fidelidad la misión que Cristo me ha encomendado. No me olvido tampoco de orar por los que están al servicio de los que sufren, trabajando incansablemente para que las personas con discapacidades puedan ocupar su justo lugar en la sociedad y no sean marginadas a causa de sus limitaciones. A este respecto, quisiera reconocer, de manera especial, el testimonio fiel de los sacerdotes y visitadores de enfermos en sus casas, en los hospitales o en otras instituciones especializadas. Ellos encarnan ese importante ministerio de consolación ante las fragilidades de nuestra condición, que la Iglesia busca desempeñar con los mismos sentimientos del Buen Samaritano (cf. Lc 10,29-37).
Por intercesión de Nuestra Señora de la Merced y de la Beata Madre Carmen del Niño Jesús, que Dios bendiga a cuantos integráis la gran familia de esta espléndida Obra, así como a vuestros seres queridos y a quienes cooperáis con esta institución u otras semejantes a ésta. Que de ello sea prenda la Bendición Apostólica, que cordialmente imparto a todos.
[©Libreria Editrice Vaticana]
ZENIT pblica el discurso que pronunció Benedicto XVI el domingo 7 de Noviembre de 2010 en la ceremonia de despedida, en el aeropuerto internacional de El Prat (Barcelona), al concluir su segunda visita apostólica en España, en presencia de Sus Majestades, los Reyes de España, y del primer ministro, José Luis Rodriguez Zapatero.
Majestades,
Señor Cardenal Arzobispo de Barcelona,
Señor Cardenal Presidente de la Conferencia Episcopal Española,
Señores Cardenales y Hermanos en el Episcopado,
Señor Presidente del Gobierno,
Distinguidas Autoridades Nacionales, Autonómicas y Locales,
Queridos hermanos y hermanas,
Amigos todos:
Muchísimas gracias. Desearía que estas breves palabras pudieran condensar los sentimientos de gratitud que albergo en mi interior al concluir mi visita a Santiago de Compostela y a Barcelona. Muchísimas gracias, Majestades, por haber querido estar aquí presentes. Agradezco las amables palabras que Vuestra Majestad ha tenido la gentileza de dirigirme y que son expresión del afecto de este noble pueblo hacia el Sucesor de Pedro. Asimismo, quiero manifestar mi cordial agradecimiento a las Autoridades que nos acompañan, a los Señores Arzobispos de Santiago de Compostela y de Barcelona, al Episcopado español y a tantas personas que, sin ahorrar sacrificios, han colaborado para que este viaje culmine felizmente. Agradezco vivamente a todos las continuas y delicadas atenciones que han tenido en estos días con el Papa, y que ponen de relieve el carácter hospitalario y acogedor de las gentes de estas tierras, tan cercanas a mi corazón.
En Compostela he querido unirme como un peregrino más a tantas personas de España, de Europa y de otros lugares del mundo, que llegan a la tumba del Apóstol para fortalecer su fe y recibir el perdón y la paz. Como Sucesor de Pedro, he venido además para confirmar a mis hermanos en la fe. Esa fe que en los albores del cristianismo llegó a estas tierras y se enraizó tan profundamente que ha ido forjando el espíritu, las costumbres, el arte y la idiosincrasia de sus gentes. Preservar y fomentar ese rico patrimonio espiritual, no sólo manifiesta el amor de un País hacia su historia y su cultura, sino que es también una vía privilegiada para transmitir a las jóvenes generaciones aquellos valores fundamentales tan necesarios para edificar un futuro de convivencia armónica y solidaria.
Los caminos que atravesaban Europa para llegar a Santiago eran muy diversos entre sí, cada uno con su lengua y sus particularidades, pero la fe era la misma. Había un lenguaje común, el Evangelio de Cristo. En cualquier lugar, el peregrino podía sentirse como en casa. Más allá de las diferencias nacionales, se sabía miembro de una gran familia, a la que pertenecían los demás peregrinos y habitantes que encontraba a su paso. Que esa fe alcance nuevo vigor en este Continente, y se convierta en fuente de inspiración, que haga crecer la solidaridad y el servicio a todos, especialmente a los grupos humanos y a las naciones más necesitadas.
[En catalán:]
A Barcelona, he tingut el gran goig de dedicar la Basílica de la Sagrada Família, que Gaudí va concebre com una lloança en pedra a Déu, i he visitat també una significativa institució eclesial de caràcter benèfico-social. Són com dos símbols en la Barcelona d'avui de la fecunditat d'aquesta mateixa fe, que va marcar també les entranyes d'aquest poble i que, a través de la caritat i de la bellesa del misteri de Déu, contribueix a crear una societat més digna de l'home. En efecte, la bellesa, la santedat i l'amor de Déu porten l'home a viure en el món amb esperança.
[En Barcelona, he tenido la inmensa alegría de dedicar la Basílica de la Sagrada Familia, que Gaudí concibió como una alabanza en piedra a Dios, y he visitado también una significativa institución eclesial de carácter benéfico-social. Son como dos símbolos en la Barcelona de hoy de la fecundidad de esa misma fe, que marcó también las entrañas de este pueblo y que, a través de la caridad y de la belleza del misterio de Dios, contribuye a crear una sociedad más digna del hombre. En efecto, la belleza, la santidad y el amor de Dios llevan al hombre a vivir en el mundo con esperanza.]
Regreso a Roma habiendo estado sólo en dos lugares de vuestra hermosa geografía. Sin embargo, con la oración y el pensamiento, he deseado abrazar a todos los españoles, sin excepción alguna, y a tantos otros que viven entre vosotros, sin haber nacido aquí. Llevo a todos en mi corazón y por todos rezo, en particular por los que sufren, y los pongo bajo el amparo materno de María Santísima, tan venerada e invocada en Galicia, en Cataluña y en los demás pueblos de España. A Ella le pido también que os alcance del Altísimo copiosos dones celestiales, que os ayuden a vivir como una sola familia, guiados por la luz de la fe. Os bendigo en el nombre del Señor. Con su ayuda, nos veremos en Madrid, el año próximo, para celebrar la Jornada Mundial de la Juventud. Adiós.
[©Libreria Editrice Vaticana]
ZENIT nos ofrece la homilía que pronunció el sábado 6 de Noviembre de 2010 el Papa durante la Misa celebrada en la Plaza del Obradoiro de Santiago de Compostela.
En gallego:
Benqueridos irmáns en Xesucristo:
Dou gracias a Deus polo don de poder estar aquí, nesta espléndida praza chea de arte, cultura e significado espiritual. Neste Ano Santo, chego como peregrino entre os peregrinos, acompañando a tantos deles que veñen ata aquí sedentos da fe en Cristo Resucitado. Fe anunciada e transmitida fielmente polos Apóstolos, como Santiago o Maior, ao que se venera en Compostela desde tempo inmemorial.
[Amadísimos Hermanos en Jesucristo:
Doy gracias a Dios por el don de poder estar aquí, en esta espléndida plaza repleta de arte, cultura y significado espiritual. En este Año Santo, llego como peregrino entre los peregrinos, acompañando a tantos como vienen hasta aquí sedientos de la fe en Cristo resucitado. Fe anunciada y transmitida fielmente por los Apóstoles, como Santiago el Mayor, a quien se venera en Compostela desde tiempo inmemorial.]
Agradezco las gentiles palabras de bienvenida de Monseñor Julián Barrio Barrio, Arzobispo de esta Iglesia particular, y la amable presencia de Sus Altezas Reales los Príncipes de Asturias, de los Señores Cardenales, así como de los numerosos Hermanos en el Episcopado y el Sacerdocio. Vaya también mi saludo cordial a los Parlamentarios Europeos, miembros del intergrupo "Camino de Santiago", así como a las distinguidas Autoridades Nacionales, Autonómicas y Locales que han querido estar presentes en esta celebración. Todo ello es signo de deferencia para con el Sucesor de Pedro y también del sentimiento entrañable que Santiago de Compostela despierta en Galicia y en los demás pueblos de España, que reconoce al Apóstol como su Patrón y protector. Un caluroso saludo igualmente a las personas consagradas, seminaristas y fieles que participan en esta Eucaristía y, con una emoción particular, a los peregrinos, forjadores del genuino espíritu jacobeo, sin el cual poco o nada se entendería de lo que aquí tiene lugar.
Una frase de la primera lectura afirma con admirable sencillez: «Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor con mucho valor» (Hch 4,33). En efecto, en el punto de partida de todo lo que el cristianismo ha sido y sigue siendo no una gesta o un proyecto humano, sino Dios, que declara a Jesús justo y santo frente a la sentencia del tribunal humano que lo condenó por blasfemo y subversivo; Dios, que ha arrancado a Jesucristo de la muerte; Dios, que hará justicia a todos los injustamente humillados de la historia.
“Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen” (Hch 5,32), dicen los apóstoles. Así pues, ellos dieron testimonio de la vida, muerte y resurrección de Cristo Jesús, a quien conocieron mientras predicaba y hacía milagros. A nosotros, queridos hermanos, nos toca hoy seguir el ejemplo de los apóstoles, conociendo al Señor cada día más y dando un testimonio claro y valiente de su Evangelio. No hay mayor tesoro que podamos ofrecer a nuestros contemporáneos. Así imitaremos también a San Pablo que, en medio de tantas tribulaciones, naufragios y soledades, proclamaba exultante: “Este tesoro lo llevamos en vasijas de barro, para que se vea que esa fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros” (2 Co 4,7).
Junto a estas palabras del Apóstol de los gentiles, están las propias palabras del Evangelio que acabamos de escuchar, y que invitan a vivir desde la humildad de Cristo que, siguiendo en todo la voluntad del Padre, ha venido para servir, “para dar su vida en rescate por muchos” (Mt 20,28). Para los discípulos que quieren seguir e imitar a Cristo, el servir a los hermanos ya no es una mera opción, sino parte esencial de su ser. Un servicio que no se mide por los criterios mundanos de lo inmediato, lo material y vistoso, sino porque hace presente el amor de Dios a todos los hombres y en todas sus dimensiones, y da testimonio de Él, incluso con los gestos más sencillos. Al proponer este nuevo modo de relacionarse en la comunidad, basado en la lógica del amor y del servicio, Jesús se dirige también a los “jefes de los pueblos”, porque donde no hay entrega por los demás surgen formas de prepotencia y explotación que no dejan espacio para una auténtica promoción humana integral. Y quisiera que este mensaje llegara sobre todo a los jóvenes: precisamente a vosotros, este contenido esencial del Evangelio os indica la vía para que, renunciando a un modo de pensar egoísta, de cortos alcances, como tantas veces os proponen, y asumiendo el de Jesús, podáis realizaros plenamente y ser semilla de esperanza.
Esto es lo que nos recuerda también la celebración de este Año Santo Compostelano. Y esto es lo que en el secreto del corazón, sabiéndolo explícitamente o sintiéndolo sin saber expresarlo con palabras, viven tantos peregrinos que caminan a Santiago de Compostela para abrazar al Apóstol. El cansancio del andar, la variedad de paisajes, el encuentro con personas de otra nacionalidad, los abren a lo más profundo y común que nos une a los humanos: seres en búsqueda, seres necesitados de verdad y de belleza, de una experiencia de gracia, de caridad y de paz, de perdón y de redención. Y en lo más recóndito de todos esos hombres resuena la presencia de Dios y la acción del Espíritu Santo. Sí, a todo hombre que hace silencio en su interior y pone distancia a las apetencias, deseos y quehaceres inmediatos, al hombre que ora, Dios le alumbra para que le encuentre y para que reconozca a Cristo. Quien peregrina a Santiago, en el fondo, lo hace para encontrarse sobre todo con Dios que, reflejado en la majestad de Cristo, lo acoge y bendice al llegar al Pórtico de la Gloria.
Desde aquí, como mensajero del Evangelio que Pedro y Santiago rubricaron con su sangre, deseo volver la mirada a la Europa que peregrinó a Compostela. ¿Cuáles son sus grandes necesidades, temores y esperanzas? ¿Cuál es la aportación específica y fundamental de la Iglesia a esa Europa, que ha recorrido en el último medio siglo un camino hacia nuevas configuraciones y proyectos? Su aportación se centra en una realidad tan sencilla y decisiva como ésta: que Dios existe y que es Él quien nos ha dado la vida. Solo Él es absoluto, amor fiel e indeclinable, meta infinita que se trasluce detrás de todos los bienes, verdades y bellezas admirables de este mundo; admirables pero insuficientes para el corazón del hombre. Bien comprendió esto Santa Teresa de Jesús cuando escribió: "Sólo Dios basta".
Es una tragedia que en Europa, sobre todo en el siglo XIX, se afirmase y divulgase la convicción de que Dios es el antagonista del hombre y el enemigo de su libertad. Con esto se quería ensombrecer la verdadera fe bíblica en Dios, que envió al mundo a su Hijo Jesucristo, a fin de que nadie perezca, sino que todos tengan vida eterna (cf. Jn 3,16).
El autor sagrado afirma tajante ante un paganismo para el cual Dios es envidioso o despectivo del hombre: ¿Cómo hubiera creado Dios todas las cosas si no las hubiera amado, Él que en su plenitud infinita no necesita nada? (cf. Sab 11,24-26). ¿Cómo se hubiera revelado a los hombres si no quisiera velar por ellos? Dios es el origen de nuestro ser y cimiento y cúspide de nuestra libertad; no su oponente. ¿Cómo el hombre mortal se va a fundar a sí mismo y cómo el hombre pecador se va a reconciliar a sí mismo? ¿Cómo es posible que se haya hecho silencio público sobre la realidad primera y esencial de la vida humana? ¿Cómo lo más determinante de ella puede ser recluido en la mera intimidad o remitido a la penumbra? Los hombres no podemos vivir a oscuras, sin ver la luz del sol. Y, entonces, ¿cómo es posible que se le niegue a Dios, sol de las inteligencias, fuerza de las voluntades e imán de nuestros corazones, el derecho de proponer esa luz que disipa toda tiniebla? Por eso, es necesario que Dios vuelva a resonar gozosamente bajo los cielos de Europa; que esa palabra santa no se pronuncie jamás en vano; que no se pervierta haciéndola servir a fines que le son impropios. Es menester que se profiera santamente. Es necesario que la percibamos así en la vida de cada día, en el silencio del trabajo, en el amor fraterno y en las dificultades que los años traen consigo.
Europa ha de abrirse a Dios, salir a su encuentro sin miedo, trabajar con su gracia por aquella dignidad del hombre que habían descubierto las mejores tradiciones: además de la bíblica, fundamental en este orden, también las de época clásica, medieval y moderna, de las que nacieron las grandes creaciones filosóficas y literarias, culturales y sociales de Europa.
Ese Dios y ese hombre son los que se han manifestado concreta e históricamente en Cristo. A ese Cristo que podemos hallar en los caminos hasta llegar a Compostela, pues en ellos hay una cruz que acoge y orienta en las encrucijadas. Esa cruz, supremo signo del amor llevado hasta el extremo, y por eso don y perdón al mismo tiempo, debe ser nuestra estrella orientadora en la noche del tiempo. Cruz y amor, cruz y luz han sido sinónimos en nuestra historia, porque Cristo se dejó clavar en ella para darnos el supremo testimonio de su amor, para invitarnos al perdón y la reconciliación, para enseñarnos a vencer el mal con el bien. No dejéis de aprender las lecciones de ese Cristo de las encrucijadas de los caminos y de la vida, en el que nos sale al encuentro Dios como amigo, padre y guía. ¡Oh Cruz bendita, brilla siempre en tierras de Europa!
Dejadme que proclame desde aquí la gloria del hombre, que advierta de las amenazas a su dignidad por el expolio de sus valores y riquezas originarios, por la marginación o la muerte infligidas a los más débiles y pobres. No se puede dar culto a Dios sin velar por el hombre su hijo y no se sirve al hombre sin preguntarse por quién es su Padre y responderle a la pregunta por él. La Europa de la ciencia y de las tecnologías, la Europa de la civilización y de la cultura, tiene que ser a la vez la Europa abierta a la trascendencia y a la fraternidad con otros continentes, al Dios vivo y verdadero desde el hombre vivo y verdadero. Esto es lo que la Iglesia desea aportar a Europa: velar por Dios y velar por el hombre, desde la comprensión que de ambos se nos ofrece en Jesucristo.
Queridos amigos, levantemos una mirada esperanzadora hacia todo lo que Dios nos ha prometido y nos ofrece. Que Él nos dé su fortaleza, que aliente a esta Archidiócesis compostelana, que vivifique la fe de sus hijos y los ayude a seguir fieles a su vocación de sembrar y dar vigor al Evangelio, también en otras tierras.
En gallego:
Que Santiago, o Amigo do Señor, acade abundantes bendicións para Galicia, para os demais pobos de España, de Europa e de tantos outros lugares alén mar onde o Apóstolo e sinal de identidade cristiá e promotor do anuncio de Cristo.
[Que Santiago, el amigo del Señor, alcance abundantes bendiciones para Galicia, para los demás pueblos de España, de Europa y de tantos otros lugares allende los mares, donde el Apóstol es signo de identidad cristiana y promotor del anuncio de Cristo.]
[©Libreria Editrice Vaticana]
ZENIT nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI pronunció el sábado 6 de Noviembre de 2010 durante su visita a la catedral de Santiago de Compostela, para dar el tradicional abrazo al Apóstol.
Señores Cardenales,
Queridos Hermanos en el Episcopado,
Distinguidas Autoridades,
Queridos sacerdotes, seminaristas, religiosos y religiosas,
Queridos hermanos y hermanas,
Amigos todos
En gallego:
Agradezo a Monseñor Xulián Barrio Barrio, Arcebispo de Santiago de Compostela, as amables palabras que agora me ten dirixido e ás que correspondo compracido, saudándovos a todos vós con afecto no Señor e dándovo-las gracias pola vosa presencia neste lugar tan significativo.
[Agradezco a Monseñor Julián Barrio Barrio, Arzobispo de Santiago de Compostela, las amables palabras que me acaba de dirigir y a las que correspondo complacido, saludando a todos con afecto en el Señor y dándoos las gracias por vuestra presencia en este lugar tan significativo.]
Peregrinar no es simplemente visitar un lugar cualquiera para admirar sus tesoros de naturaleza, arte o historia. Peregrinar significa, más bien, salir de nosotros mismos para ir al encuentro de Dios allí donde Él se ha manifestado, allí donde la gracia divina se ha mostrado con particular esplendor y ha producido abundantes frutos de conversión y santidad entre los creyentes. Los cristianos peregrinaron, ante todo, a los lugares vinculados a la pasión, muerte y resurrección del Señor, a Tierra Santa. Luego a Roma, ciudad del martirio de Pedro y Pablo, y también a Compostela, que, unida a la memoria de Santiago, ha recibido peregrinos de todo el mundo, deseosos de fortalecer su espíritu con el testimonio de fe y amor del Apóstol.
En este Año Santo Compostelano, como Sucesor de Pedro, he querido yo también peregrinar a la Casa del Señor Santiago, que se apresta a celebrar el ochocientos aniversario de su consagración, para confirmar vuestra fe y avivar vuestra esperanza, y para confiar a la intercesión del Apóstol vuestros anhelos, fatigas y trabajos por el Evangelio. Al abrazar su venerada imagen, he pedido también por todos los hijos de la Iglesia, que tiene su origen en el misterio de comunión que es Dios. Mediante la fe, somos introducidos en el misterio de amor que es la Santísima Trinidad. Somos, de alguna manera, abrazados por Dios, transformados por su amor. La Iglesia es ese abrazo de Dios en el que los hombres aprenden también a abrazar a sus hermanos, descubriendo en ellos la imagen y semejanza divina, que constituye la verdad más profunda de su ser, y que es origen de la genuina libertad.
Entre verdad y libertad hay una relación estrecha y necesaria. La búsqueda honesta de la verdad, la aspiración a ella, es la condición para una auténtica libertad. No se puede vivir una sin otra. La Iglesia, que desea servir con todas sus fuerzas a la persona humana y su dignidad, está al servicio de ambas, de la verdad y de la libertad. No puede renunciar a ellas, porque está en juego el ser humano, porque le mueve el amor al hombre, “que es la única criatura en la tierra a la que Dios ha amado por sí misma” (Gaudium et spes, 24), y porque sin esa aspiración a la verdad, a la justicia y a la libertad, el hombre se perdería a sí mismo.
Dejadme que desde Compostela, corazón espiritual de Galicia y, al mismo tiempo, escuela de universalidad sin confines, exhorte a todos los fieles de esta querida Archidiócesis, y a los de la Iglesia en España, a vivir iluminados por la verdad de Cristo, confesando la fe con alegría, coherencia y sencillez, en casa, en el trabajo y en el compromiso como ciudadanos.
Que la alegría de sentiros hijos queridos de Dios os lleve también a un amor cada vez más entrañable a la Iglesia, cooperando con ella en su labor de llevar a Cristo a todos los hombres. Orad al Dueño de la mies, para que muchos jóvenes se consagren a esta misión en el ministerio sacerdotal y en la vida consagrada: hoy, como siempre, merece la pena entregarse de por vida a proponer la novedad del Evangelio.
No quiero concluir sin antes felicitar y agradecer a los católicos españoles la generosidad con que sostienen tantas instituciones de caridad y de promoción humana. No dejéis de mantener esas obras, que benefician a toda la sociedad, y cuya eficacia se ha puesto de manifiesto de modo especial en la actual crisis económica, así como con ocasión de las graves calamidades naturales que han afectado a varios países.
En gallego:
Con estes sentimentos, pídolle ao Altísimo que vos conceda a todos a ousadía que tivo Santiago para ser testemuña de Cristo Resucitado, e así permanezades fieis nos camiños da santidade e vos gastedes pola gloria de Deus e polo ben dos irmáns máis desamparados. Moitas gracias.
[Con estos sentimientos, pido al Altísimo que conceda a todos la audacia que tuvo Santiago para ser testigo de Cristo Resucitado, y así permanezcáis fieles en los caminos de la santidad y os gastéis por la gloria de Dios y el bien de los hermanos más desamparados. Muchas gracias.]
[©Libreria Editrice Vaticana]
ZENIT nos ofrece el discurso que el Papa pronunció el sábado 6 de Noviembre de 2010 a su llegada al aeropuerto de Lavacolla (Santiago de Compostela), durante la ceremonia de bienvenida.
Altezas Reales,
Distinguidas Autoridades Nacionales, Autonómicas y Locales,
Señor Arzobispo de Santiago de Compostela,
Señor Cardenal Presidente de la Conferencia Episcopal Española,
Señores Cardenales y Hermanos en el Episcopado,
Queridos hermanos y hermanas,
Amigos todos
Gracias, Alteza, por las deferentes palabras que me habéis dirigido en nombre de todos, y que son el eco entrañable de los sentimientos de afecto hacia el Sucesor de Pedro de los hijos e hijas de estas nobles tierras.
Saludo cordialmente a quienes están aquí presentes y a todos los que se unen a nosotros a través de los medios de comunicación social, dando las gracias también a cuantos han colaborado generosamente, desde diversas instancias eclesiales y civiles, para que este breve pero intenso viaje a Santiago de Compostela y a Barcelona sea del todo fructuoso.
En lo más íntimo de su ser, el hombre está siempre en camino, está en busca de la verdad. La Iglesia participa de ese anhelo profundo del ser humano y ella misma se pone en camino, acompañando al hombre que ansía la plenitud de su propio ser. Al mismo tiempo, la Iglesia lleva a cabo su propio camino interior, aquél que la conduce a través de la fe, la esperanza y el amor, a hacerse transparencia de Cristo para el mundo. Ésta es su misión y éste es su camino: ser cada vez más, en medio de los hombres, presencia de Cristo, "a quien Dios ha hecho para nosotros sabiduría, justicia, santificación y redención" (1 Co 1,30). Por eso, también yo me he puesto en camino para confirmar en la fe a mis hermanos (cf. Lc22, 32).
Vengo como peregrino en este Año Santo Compostelano y traigo en el corazón el mismo amor a Cristo que movía al Apóstol Pablo a emprender sus viajes, ansiando llegar también a España (cf. Rm 15,22-29). Deseo unirme así a esa larga hilera de hombres y mujeres que, a lo largo de los siglos, han llegado a Compostela desde todos los rincones de la Península y de Europa, e incluso del mundo entero, para ponerse a los pies de Santiago y dejarse transformar por el testimonio de su fe. Ellos, con la huella de sus pasos y llenos de esperanza, fueron creando una vía de cultura, de oración, de misericordia y conversión, que se ha plasmado en iglesias y hospitales, en albergues, puentes y monasterios. De esta manera, España y Europa fueron desarrollando una fisonomía espiritual marcada de modo indeleble por el Evangelio.
Precisamente como mensajero y testigo del Evangelio, iré también a Barcelona, para alentar la fe de sus gentes acogedoras y dinámicas. Una fe sembrada ya en los albores del cristianismo, y que fue germinando y creciendo al calor de innumerables ejemplos de santidad, dando origen a tantas instituciones de beneficencia, cultura y educación. Fe que inspiró al genial arquitecto Antoni Gaudí a emprender en esa ciudad, con el fervor y la colaboración de muchos, esa maravilla que es el templo de la Sagrada Familia. Tendré la dicha de dedicar ese templo, en el que se refleja toda la grandeza del espíritu humano que se abre a Dios.
Siento una profunda alegría al estar de nuevo en España, que ha dado al mundo una pléyade de grandes santos, fundadores y poetas, como Ignacio de Loyola, Teresa de Jesús, Juan de la Cruz, Francisco Javier, entre otros muchos; la que en el siglo XX ha suscitado nuevas instituciones, grupos y comunidades de vida cristiana y de acción apostólica y, en los últimos decenios, camina en concordia y unidad, en libertad y paz, mirando al futuro con esperanza y responsabilidad. Movida por su rico patrimonio de valores humanos y espirituales, busca asimismo superarse en medio de las dificultades y ofrecer su solidaridad a la comunidad internacional.
Estas aportaciones e iniciativas de vuestra dilatada historia, y también de hoy, junto al significado de estos dos lugares de vuestra hermosa geografía que visitaré en esta ocasión, me dan pie para ensanchar mi pensamiento a todos los pueblos de España y de Europa. Como el Siervo de Dios Juan Pablo II, que desde Compostela exhortó al viejo Continente a dar nueva pujanza a sus raíces cristianas, también yo quisiera invitar a España y a Europa a edificar su presente y a proyectar su futuro desde la verdad auténtica del hombre, desde la libertad que respeta esa verdad y nunca la hiere, y desde la justicia para todos, comenzando por los más pobres y desvalidos. Una España y una Europa no sólo preocupadas de las necesidades materiales de los hombres, sino también de las morales y sociales, de las espirituales y religiosas, porque todas ellas son exigencias genuinas del único hombre y sólo así se trabaja eficaz, íntegra y fecundamente por su bien.
En gallego:
Benqueridos amigos, reitérovos o meu agradecemento pola vosa amable benvida e a vosa presencia neste aeroporto. Renovo o meu agarimo e proximidade aos amadísimos fillos de Galicia, de Cataluña e dos demais pobos de España. Ao encomendar à intercesión do Apóstolo Santiago a miña estadía entre vós, prégolle a Deus que as suas bendicións vos alcancen a todos. Moitas gracias.
[Queridos amigos, os reitero mi agradecimiento por vuestra amable bienvenida y vuestra presencia en este aeropuerto. Renuevo mi cariño y cercanía a los amadísimos hijos de Galicia, de Cataluña y de los demás pueblos de España. Al encomendar a la intercesión de Santiago Apóstol mi estancia entre vosotros, suplico a Dios que sus bendiciones alcancen a todos. Muchas gracias.]
[©Libreria Editrice Vaticana]
ZENIT publica las respuestas de Benedicto XVI en un rueda de prensa concedida el sábado, 6 de Noviembre de 2010, a los periodistas que le acompañaban en el vuelo papal rumbo a Santiago de Compostela. Las preguntas fueron expuestas, en nombre de los presentes, por el padre Federico Lombardi, director de la Oficina de Información de la Santa Sede.
--Padre Lombardi: Santidad, en el mensaje con motivo del reciente congreso de los santuarios que se celebraba precisamente en Santiago de Compostela, usted ha dicho que vive su pontificado con sentimientos de peregrino. También en su escudo aparece la concha del peregrino. ¿Quiere decirnos algo sobre la perspectiva de la peregrinación, también en su vida personal y en su espiritualidad, y sobre los sentimientos con los que se dirige como peregrino a Santiago?
--Benedicto XVI: ¡Buenos días! Podría decir que estar en camino forma parte de mi biografía. Pero esto quizá es algo exterior; sin embargo, me ha hecho pensar en la inestabilidad de esta vida, en el hecho de estar en camino. Sobre la peregrinación uno podría decir: Dios está en todas partes, no hace falta ir a otro lugar, pero también es cierto que la fe, según su esencia, consiste en ser peregrino. La Carta a los Hebreos muestra la figura de Abraham, que sale de su tierra y se convierte en peregrino hacia el futuro por toda la vida, y este movimiento abrahámico sigue estando presente en el acto de fe, es un ser peregrino sobre todo interiormente pero debe expresarse también exteriormente. En ocasiones hay que salir de la vida cotidiana, del mundo de lo útil, del utilitarismo, para ponerse verdaderamente en camino hacia la trascendencia, trascenderse a sí mismo y la vida cotidiana, y así encontrar también una nueva libertad, un tiempo de replanteamiento interior, de identificación de sí mismo, para ver al otro, a Dios. Así es también siempre la peregrinación: no consiste sólo en salir de sí mismo hacia el más Grande, sino también en caminar juntos. La peregrinación congrega, vamos juntos hacia el otro y así nos encontramos recíprocamente. Basta decir que los caminos de Santiago son un elemento en la formación de la unidad espiritual del continente europeo, peregrinando aquí se ha encontrado la común identidad europea, y también hoy renace este movimiento, este sueño de estar en movimiento espiritual y físicamente, de encontrarse el uno con el otro y de encontrar silencio, libertad, renovación, y encontrar a Dios.
--Padre Lombardi: Gracias, Santidad. Ahora dirigimos la mirada a Barcelona. ¿Qué significado puede tener la consagración de un templo como la Sagrada Familia al comienzo del siglo XXI? ¿Hay algún aspecto específico de la visión de Gaudí que le ha impresionado en particular?
--Benedicto XVI: En realidad, esta catedral es también un signo precisamente para nuestro tiempo. En la visión de Gaudí, percibo sobre todo tres elementos. El primero es la síntesis entre continuidad y novedad, tradición y creatividad. Gaudí tuvo la valentía de insertarse en la gran tradición de las catedrales, de atreverse en su siglo, con una visión totalmente nueva. Presenta esta catedral como lugar del encuentro entre Dios y el hombre en una gran solemnidad. Tiene la valentía de estar en la tradición pero con una creatividad nueva, que renueva la tradición, y demuestra así la unidad y el progreso de la historia. Es algo hermoso. En segundo lugar, Gaudí buscaba este trinomio: libro de la naturaleza, libro de la Escritura, libro de la liturgia. Y esta síntesis es precisamente hoy de gran importancia. En la liturgia, la Escritura se hace presente, se convierte en realidad hoy, no es una Escritura de hace dos mil años sino que es celebrada, realizada. En la celebración de la Escritura habla la creación, encuentra lo creado, y encuentra su verdadera respuesta, porque --como nos dice san Pablo-- la criatura sufre, y en lugar de ser destruida, despreciada, aguarda a los hijos de Dios, es decir, quienes la ven en la luz de Dios. Esta síntesis entre el sentido de la creación, la Escritura y la adoración es precisamente un mensaje muy importante para la actualidad. Y finalmente hay un tercer punto: esta catedral nació por una devoción típica del siglo XIX: san José, la Sagrada Familia de Nazaret, el misterio de Nazaret, pero esta devoción de ayer es de grandísima actualidad, porque el problema de la familia, de la renovación de la familia como célula fundamental de la sociedad, es el gran tema de hoy y nos indica hacia dónde podemos ir tanto en la edificación de la sociedad como en la unidad entre fe y vida, entre religión y sociedad. Expresa el tema fundamental de la Familia, diciendo que Dios mismo se hizo hijo en la familia y nos llama a edificar y vivir la familia.
--Padre Lombardi: Y continuando con esta línea, Gaudí y la Sagrada Familia representan, como usted ha dicho, el binomio entre fe y arte. ¿Cómo puede la fe volver a encontrar hoy su puesto en el mundo del arte y de la cultura? ¿Es éste uno de los temas importantes de su pontificado?
--Benedicto XVI: Así es. Vosotros sabéis que yo insisto mucho en la relación entre fe y razón, en que la fe, y la fe cristiana, sólo encuentra su identidad en la apertura a la razón, y que la razón se realiza si trasciende hacia la fe. Pero del mismo modo es importante la relación entre fe y arte, porque la verdad, fin y vida de la razón, se expresa en la belleza y se autorrealiza en la belleza, se encuentra como verdad. Y donde está la verdad debe nacer la belleza. Donde el ser humano se realiza de modo correcto se expresa en la belleza. La relación entre verdad y belleza es inseparable y por eso tenemos necesidad de la belleza. En la Iglesia, desde el comienzo, incluso en la gran modestia y pobreza del tiempo de las persecuciones, la expresión de la salvación de Dios ha tenido lugar en las imágenes del mundo, en el arte, la pintura, en el canto, y luego también en la arquitectura. Todo esto es constitutivo para la Iglesia y sigue siendo constitutivo para siempre. De este modo, la Iglesia era madre de las artes por siglos y siglos. El gran tesoro del arte, música, arquitectura, pintura, ha nacido de la fe en la Iglesia. Actualmente hay un cierto disenso, pero esto daña tanto al arte como a la fe: el arte que perdiera la raíz de la trascendencia ya no se dirigiría hacia Dios, sería un arte escindido, perdería su raíz viva; y una fe que dejara el arte en el pasado, ya no sería fe en el presente. Hoy se debe expresar de nuevo como verdad, que está siempre presente. Por eso, el diálogo o el encuentro entre arte y fe está inscrito en la más profunda esencia de la fe. Debemos hacer todo lo posible para que también hoy la fe se exprese en arte auténtico, como Gaudí, en la continuidad y en la novedad, y para que el arte no pierda el contacto con la fe.
--Padre Lombardi: En estos meses emprende su camino el nuevo dicasterio para la nueva evangelización. Y muchos se preguntan si precisamente España, con el desarrollo de la secularización y de la disminución de la práctica religiosa, es uno de los países en los que usted pensó como objetivo para este nuevo dicasterio o incluso como objetivo principal...
--Benedicto XVI: Con este dicasterio he pensando en el mundo entero porque la novedad del pensamiento, la dificultad de pensar en los conceptos de la Escritura, de la teología, es universal, pero se da un punto central, el mundo occidental, con su secularismo, su laicidad, y la continuidad de la fe que debe renovarse para ser la fe de hoy y para responder al desafío de la laicidad. En Occidente, todos los grandes países tienen su propio modo de vivir este problema: hemos tenido, por ejemplo, los viajes a Francia, a la República Checa, al Reino Unido, donde por todas partes está presente de modo específico para una nación, para una historia, el mismo problema. Y esto vale también de manera fuerte para España. España era siempre, por una parte, un país originario de la fe. Pensemos que el renacimiento del catolicismo en la época moderna ocurrió sobre todo gracias a España. Figuras como san Ignacio de Loyola, santa Teresa y san Juan de Ávila, son figuras que han renovado el catolicismo y conformado la fisonomía del catolicismo moderno. Pero también es verdad que en España ha nacido una laicidad, un anticlericalismo, un secularismo fuerte y agresivo como lo vimos precisamente en los años treinta, y esta disputa, más aún, este enfrentamiento entre fe y modernidad, ambos muy vivaces, se realiza hoy nuevamente en España: por eso, para el futuro de la fe y del encuentro --¡no el desencuentro!, sino encuentro-- entre fe y laicidad, tiene un foco central también en la cultura española. En este sentido, he pensado en todos los grandes países de Occidente, pero sobre todo también en España.
--Padre Lombardi: Con el viaje a Madrid del año próximo con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), usted habrá hecho tres viajes a España, algo que no ha tenido lugar con ningún otro país. ¿Por qué este privilegio? ¿Es un signo de amor o de particular preocupación?
--Benedicto XVI: Naturalmente es un signo de amor. Se podría decir que es una coincidencia que venga tres veces a España. La primera visita fue el gran encuentro internacional de las familias, en Valencia: ¿cómo el Papa podría estar ausente si las familias del mundo se encuentran? El próximo año tiene lugar la JMJ, el encuentro de la juventud del mundo en Madrid, y en esa ocasión el Papa no puede estar ausente. Y finalmente tenemos el año santo de Santiago, y la consagración después de más de cien años de trabajo de la catedral de la Sagrada Familia de Barcelona. ¿Cómo no podía venir el Papa? Por tanto, las ocasiones son también los desafíos, casi una necesidad de ir. Ahora bien, precisamente el hecho de que precisamente en España se concentren tantas ocasiones muestra también que es realmente un país lleno de dinamismo, lleno de la fuerza de la fe, y la fe responde a los desafíos que están igualmente presentes en España. Por eso decimos que la casualidad ha hecho que venga, pero esta casualidad demuestra una realidad más profunda, la fuerza de la fe y la fuerza del desafío para la fe.
--Gracias, Santidad. Y ahora, si quiere decir algo más para concluir nuestro encuentro, ¿hay algún mensaje particular que usted espera dar a España y al mundo actual con este viaje?
--Benedicto XVI: Yo diría que este viaje tiene dos temas: el tema de la peregrinación, estar en camino, y el tema de la belleza, la expresión de la verdad en la belleza, la continuidad entre tradición y renovación. Yo pienso que estos dos temas del viaje son también un mensaje: estar en camino, no perder el camino de la fe, buscar la belleza de la fe, la novedad y la tradición de la fe que sabe expresarse y sabe encontrarse con la belleza moderna, con el mundo de hoy. Gracias.
[Transcripción no oficial realizada por ZENIT
Traducción de Jesús Colina]
zenit nos ofrece la homilía pronunciada por el Papa Benedicto XVI durante la solemne celebración de Clausura del Sínodo Especial para Oriente Medio, el domingo 24 e octubre de 2010 en la Basílica de San Pedro.
¡Venerados Hermanos,
ilustres señores y señoras,
queridos hermanos y hermanas!
A distancia de dos semanas de la Celebración de apertura, nos reunimos de nuevo en el día del Señor, alrededor del Altar de la Confesión de la Basílica de San Pedro, para concluir la Asamblea Especial para Oriente Medio del Sínodo de los Obispos. En nuestros corazones hay una profunda gratitud a Dios que nos ha donado esta experiencia de verdad extraordinaria, no sólo para nosotros, sino para el bien de la Iglesia, del Pueblo de Dios que vive en las tierras entre el Mediterráneo y Mesopotamia. Como Obispo de Roma, deseo compartir este reconocimiento con vosotros, venerados Padres Sinodales: Cardenales, Patriarcas, Arzobispos, Obispos. Doy las gracias de manera particular al Secretario General, a los cuatro Presidentes Delegados, al Relator General, al Secretario Especial y a todos los colaboradores que, en estos días, han trabajado sin ahorrar esfuerzos. Esta mañana hemos dejado el Aula del Sínodo y hemos venido “al templo para rezar”; por esto, nos atañe directamente la parábola del fariseo y del publicano relatada por Jesús y referida por el evangelista San Lucas (cfr. Lc 18, 9-14). También nosotros podríamos tener la tentación, como el fariseo, de recordar a Dios nuestros méritos, tal vez pensando en el trabajo de estas jornadas. Pero, para subir al Cielo, la oración debe salir de un corazón humilde, pobre. Y, por tanto, también nosotros, al término de este evento eclesial, deseamos ante todo rendir gracias a Dios, no por nuestros méritos, sino por el don que Él no ha hecho. Nos reconocemos pequeños y necesitados de salvación, de misericordia; reconocemos que todo viene de Él y sólo con su Gracia se realizará todo cuanto el Espíritu Santo nos ha dicho. Sólo así podremos “volver a casa” verdaderamente enriquecidos, más justos y más capaces de caminar por las vías del Señor.
La Primera Lectura y el Salmo responsorial insisten en el tema de la oración, subrayando que ésta es más potente en el corazón de Dios cuanto mayor es la condición de necesidad y aflicción de quien la reza. “La oración del humilde atraviesa las nubes” afirma el Eclesiástico (Si 35,21); y el salmista agrega: “Yahvé está cerca de los desanimados, él salva a los espíritus hundidos” (Sal 34,19). Tenemos presentes a tantos hermanos y hermanas que viven en la región medio-oriental y que se encuentran en situaciones difíciles, a veces muy duras, tanto por los problemas materiales como por el desánimo, el estado de tensión y, a veces, el miedo. La Palabra de Dios hoy nos ofrece también una luz de esperanza consoladora, allí donde presenta la oración, personificada, que “ no desiste hasta que el Altísimo le atiende, juzga a los justos y les hace justicia” (Si 35, 21-22). También este vínculo entre oración y justicia nos hace pensar en tantas situaciones en el mundo, en particular en Oriente Medio. El grito del pobre y del oprimido encuentra inmediato eco en Dios, que quiere intervenir para abrir una vía de salida, para restituir un futuro de liberad, un horizonte de esperanza.
Esta confianza en el Dios cercano, que libera a sus amigos, es la que testimonia el Apóstol Pablo en la epístola hodierna, extraída de la Segunda Epístola a Timoteo. Al ver cercano el final de la vida terrenal, Pablo hace un balance. “He competido en la noble competición, he llegado a la meta en la carrera, he conservado la fe” (2 Tm 4, 7). Para cada uno de nosotros, queridos hermanos en el episcopado, este es un modelo que hay que imitar: ¡que la Bondad divina nos conceda hacer nuestro un similar balance! “Pero el Señor, -prosigue Pablo - me asistió y me dio fuerzas para que, por mi medio, se proclamara plenamente el mensaje y lo oyeran todos los gentiles” (2 Tm 4, 17). ¡Es una palabra que resuena con especial fuerza en este domingo en que celebramos la Jornada Misionera Mundial! Comunión con Jesús crucificado y resucitado, testimonio de su amor. La experiencia del Apóstol es paradigmática para cada cristiano, especialmente para nosotros Pastores. Hemos compartido un momento importante de comunión eclesial. Ahora nos separamos para volver cada uno a su misión, pero sabemos que permanecemos unidos, permanecemos en su amor.
La Asamblea sinodal que hoy se concluye ha tenido presente siempre la imagen de la primera comunidad cristiana, descrita en los Hechos de los Apóstoles: “La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma” (Hch 4, 32). Es una realidad experimentada en los días pasados, durante los cuales hemos compartido las alegrías y los dolores, las preocupaciones y las esperanzas de los cristianos de Oriente Medio. Hemos vivido la unidad de la Iglesia en la variedad de las Iglesias presentes en esa región. Guiados por el Espíritu Santo, nos hemos convertido en “un solo corazón y una sola alma” en la fe, en la esperanza y en la caridad, sobre todo durante las Celebraciones eucarísticas, fuente y culmen de la comunión eclesial, como también en la Liturgia de las Horas, celebrada cada mañana en uno de los 7 ritos católicos de Oriente Medio. Así, hemos valorado la riqueza litúrgica, espiritual y teológica de las Iglesias Orientales Católicas, además de la de la Iglesia Latina. Se ha tratado de un intercambio de dones preciosos, de los cuales se han beneficiado todos los Padres sinodales. Deseamos que esta experiencia positiva se repita también en las respectivas comunidades de Oriente Medio, favoreciendo la participación de los fieles en las celebraciones litúrgicas de los demás ritos católicos y, por lo tanto, la apertura a la dimensión de la Iglesia universal.
La oración común nos ha ayudado también a afrontar los desafíos de la Iglesia Católica en Oriente Medio. Uno de ellos es la comunión en el interior de cada Iglesia sui iuris, así como en las relaciones entre las varias Iglesias Católicas de distintas tradiciones. Como nos ha recordado la hodierna página del Evangelio (cfr. Lc 18, 9-14), necesitamos humildad para reconocer nuestros límites, nuestros errores y nuestras omisiones, con objeto de poder formar verdaderamente “un solo corazón y una sola alma”. Una comunión más plena en el interior de la Iglesia Católica favorece también el diálogo ecuménico con las otras Iglesias y Comunidades eclesiales. En esta Asamblea Sinodal la Iglesia Católica ha corroborado también su profunda convicción de proseguir este diálogo, con el fin de que se realice cumplidamente la oración del Señor Jesús “para que todos sean uno” (Jn 17,21).
A los cristianos en Oriente Medio se les pueden aplicar las palabras del Señor Jesús: “No temas, pequeño rebaño, porque a vuestro Padre le ha parecido bien daros a vosotros el Reino” (Lc 12,32). En efecto, aunque poco numerosos, ellos son portadores de la Buena Nueva del amor de Dios por el hombre, amor que se reveló precisamente en Tierra Santa en la persona de Jesucristo. Esta Palabra de salvación, reforzada con la gracia de los Sacramentos, resuena con particular eficacia en los lugares en los que, por la divina Providencia, fue escrita, y es la única Palabra capaz de romper el círculo vicioso de la venganza, del odio, de la violencia. De un corazón purificado, en paz con Dios y con el prójimo, pueden nacer propósitos e iniciativas de paz a nivel local, nacional e internacional. A esta obra, a cuya realización está llamada toda la comunidad internacional, los cristianos, ciudadanos de pleno derecho, pueden y deben dar su contribución con el espíritu de las bienaventuranzas, convirtiéndose así en constructores de paz y en apóstoles de reconciliación para el beneficio de toda la sociedad.
Desde hace demasiado tiempo en Oriente Medio perduran los conflictos, las guerras, la violencia, el terrorismo. La paz, que es don de Dios, también es el resultado de los esfuerzos de los hombres de buena voluntad, de las instituciones nacionales e internacionales, y en particular de los Estados más implicados en la búsqueda de la solución de los conflictos. Nunca debemos resignarnos a la falta de paz. La paz es posible. La paz es urgente. La paz es la condición indispensable para una vida digna de la persona humana y de la sociedad. La paz es también el mejor remedio para evitar la emigración de Oriente Medio. “Invocad la paz sobre Jerusalén” -nos dice el Salmo (122, 6). Oremos por la paz en Tierra Santa. Oremos por la paz en Oriente Medio, esforzándonos para que este don de Dios ofrecido a los hom