viernes, 31 de diciembre de 2010

ZENIT  publica el artículo que ha escrito monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas, con el título "¿Iglesia entrometida?".

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Cuando los obispos emitimos un juicio pastoral en torno a leyes sobre aborto, familia, uniones homosexuales, eutanasia, alquiler de vientres, elecciones, educación, etc., es frecuente escuchar, sobre todo a políticos y articulistas, que nos entrometemos en lo que no nos toca. Nos achacan que queremos gobernar al país e imponer una moral y una religión a todos los ciudadanos; dicen que anhelamos volver a siglos pasados.

Al cardenal Juan Sandoval y al sacerdote Hugo Valdemar se les intenta enjuiciar penal o administrativamente, más allá de si el cardenal calumnió al Jefe de Gobierno del Distrito Federal y a los Ministros de la Suprema Corte de Justicia (más bien de Legalidad, o de Constitucionalidad), o si ambos se sobrepasaron en sus juicios sobre el Partido de la Revolución Democrática, lo cual hay que analizar desapasionada y legalmente, lo que más interesa a quienes los enjuician es "pararle el alto" a la Iglesia para que no se meta en lo que ellos consideran asuntos que no nos competen, sino que les dejemos las manos libres para que legislen y procedan sin nuestra interferencia. En el fondo, el problema es que las leyes actuales del país no reconocen a los ministros de culto la libertad religiosa a que tenemos derecho para opinar sobre asuntos que tienen que ver con la moral y la fe. Nos han puesto candados legales, y quisieran reforzarlos aún más. ¿Esa es la democracia que alardean partidos y legisladores, limitando nuestra libertad? ¿Por qué ese temor a la Iglesia?

JUZGAR

El Papa Benedicto XVI, al recibir al nuevo Embajador de El Salvador ante la Santa Sede, reiteró lo que siempre ha dicho sobre la tarea y misión de la Iglesia, y que vale para cualquier otro país: "La Iglesia, desde su competencia específica, con independencia y libertad, trata de servir a la promoción del bien común en todas sus dimensiones y al fomento de aquellas condiciones que consientan en los hombres y mujeres el desarrollo integral de sus personas, impregnando para ello el contexto social con la luz que dimana de su vocación renovadora en medio del mundo. Evangelizando y dando testimonio de amor a Dios y a todo hombre sin excepción alguna, se convierte en elemento eficaz para la erradicación de la pobreza y en acicate vigoroso para luchar contra la violencia, la impunidad y el narcotráfico, que tantos estragos están causando, sobre todo entre los jóvenes. Al contribuir en la medida de sus posibilidades al cuidado de los enfermos y ancianos, o a la reconstrucción de las regiones devastadas por las catástrofes naturales, quiere seguir el ejemplo de su divino Fundador, que no le permite permanecer ajena a las aspiraciones y dinamismos del ser humano, ni mirar con indiferencia cuando se debilitan exigencias tan primordiales como la equitativa distribución de la riqueza, la honradez en el desempeño de las funciones públicas o la independencia de los tribunales de justicia. Tampoco deja de sentirse interpelada la comunidad eclesial cuando a muchos falta una vivienda digna o no tienen un empleo que les procure su realización personal y el mantenimiento de sus familias, viéndose obligados a emigrar fuera de la patria"(18-X-2010).

Explícitamente defendió "la labor materna de la Iglesia en su afán constante de defender la inviolable dignidad de la vida humana desde su concepción a su ocaso natural, el valor de la familia fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, y el derecho de los padres a educar a su prole según sus propias convicciones morales y espirituales".

ACTUAR

Dejemos ya tantas desconfianzas y descalificaciones. No es nuestra vocación el poder político o económico. No pretendemos imponer nuestra religión a todos los ciudadanos. Sólo anhelamos un reconocimiento legal a la libertad religiosa para todos, para todas las religiones, que no se reduzca a la libertad de culto y de creencias, que sí reconoce nuestra legislación. No teman reconocer nuestro derecho a la libertad de expresión, cuando están en juego principios éticos y criterios morales que lesionan las creencias de la mayoría cristiana y católica, o los derechos de minorías.


Publicado por verdenaranja @ 15:37  | Hablan los obispos
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ZENIT  publica la carta de preparación a la Navidad que ha escrito monseñor Javier Echevarría Rodríguez, obispo prelado del Opus Dei.

Queridísimos: ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos!

Con inmensa alegría recuerdo el gozo con que San Josemaría repetía, durante el tiempo de Adviento, las palabras de la liturgia: Dominus prope est![1]. Esperaba con prisa y agradecimiento la solemnidad que conmemora la llegada del Salvador a la tierra.

Hemos comenzado estas semanas, que nos ayudan a prepararnos para la Navidad y las demás fiestas en torno al nacimiento del Señor. Pienso que se nos vendrán a la boca las palabras del profeta Isaías, que se recogen en la Misa del primer Domingo: sucederá en los últimos días que el monte del Templo del Señor se afirmará en la cumbre de los montes, se alzará sobre los collados, y afluirán a él todas las naciones[2]. Y nos rendiremos ante la bondad del Cielo, al ver cómo se cumplió esta profecía cuando el Verbo divino tomó carne en el seno virginal de María Santísima por obra del Espíritu Santo. Con su encarnación redentora, y especialmente por el misterio pascual de su muerte y su resurrección, el Señor ha traído la paz a la tierra, como anunciaron los ángeles en la primera Navidad. Aunque esa paz no se manifieste aún plenamente -pues el designio divino contempla que sólo al final de los tiempos Dios será todo en todas las cosas[3]-, ya ha hecho desaparecer el muro que se alzaba entre los hombres y Dios, a causa del pecado original y de nuestros pecados personales[4]. Además,Jesucristo quiere que los cristianos colaboremos diariamente en la implantación de su paz en los corazones, llegándonos hasta el último rincón de la sociedad.

El Papa comentaba, hace algunos años, que «los Padres de la Iglesia, en su traducción griega del Antiguo Testamento, usaron unas palabras del profeta Isaías que también cita Pablo para mostrar cómo los nuevos caminos de Dios fueron preanunciados ya en el Antiguo Testamento. Allí se leía: "Dios ha cumplido su palabra y la ha abreviado" (Is 10, 23;Rm 9, 28) (...). El Hijo mismo es la Palabra, el Logos; la Palabra eterna se ha hecho pequeña, tan pequeña como para estar en un pesebre. Se ha hecho niño para que la Palabra esté a nuestro alcance[5]. Y añade el Santo Padre, en su reciente Exhortación apostólica: ahora, la Palabra no sólo se puede oír, no sólo tiene una voz, sino que tiene un rostro que podemos ver: Jesús de Nazaret»[6].

Prosigamos, pues, con seguridad y gran contento, nuestro camino cristiano. «La Navidad nos recuerda que el Señor es el principio y el fin y el centro de la creación: en el principio era el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios (Jn 1, 1). Es Cristo, hijas e hijos míos, el que atrae a todas las criaturas: por Él fueron creadas todas las cosas, y sin Él no se ha hecho cosa alguna, de cuantas han sido hechas (Jn 1, 3). Y al encarnarse, viniendo a vivir entre nosotros (cfr. Jn 1, 14), nos ha demostrado que no estamos en la vida para buscar una felicidad temporal, pasajera. Estamos para alcanzar la bienaventuranza eterna, siguiendo sus pisadas. Y esto sólo lo lograremos aprendiendo de Él»[7].

Hemos sido revestidos de Cristo en el Bautismo. Para conformarnos más y más a Él, el Señor nos ha dejado los demás sacramentos, especialmente la Penitencia y la Eucaristía. Recibiéndolos con frecuencia y con las disposiciones debidas, nuestro parecido con Jesús se refuerza, nos hacemos mejores hijos de Dios. El Espíritu Santo realiza esa tarea en las almas, contando con nuestra colaboración personal. Y parte de esa colaboración se concreta en leer asiduamente la Palabra de Dios, que es viva y eficaz, y más cortante que una espada de doble filo: entra hasta la división del alma y del espíritu, de las articulaciones y de la médula, y descubre los sentimientos y pensamientos del corazón[8]. De ahí el consejo de nuestro Padre: «Hemos de reproducir, en la nuestra, la vida de Cristo, conociendo a Cristo: a fuerza de leer la Sagrada Escritura y de meditarla, a fuerza de hacer oración»[9]. Empeñémonos, en las próximas fiestas, por «entender las lecciones que nos da Jesús ya desde Niño, desde que está recién nacido, desde que sus ojos se abrieron a esta bendita tierra de los hombres»[10]. Ponderemos con frecuencia: ¿con qué afán de santidad me acerco a las fuentes de la gracia? ¿Busco el modo de ser puntual en la recepción de los sacramentos, queriendo adquirir la limpieza de alma y el tono sobrenatural que Dios espera de mí?

La reciente Exhortación apostólica del Santo Padre, Verbum Domini,destaca la importancia de la Sagrada Escritura en la vida y misión de la Iglesia, y en la existencia personal de cada cristiano. Allí, Benedicto XVIrecuerda a los estudiosos de la Sagrada Escritura, y a todos, una afirmación fundamental: «El lugar originario de la interpretación escriturística es la vida de la Iglesia»[11]. Sólo en el seno de la Iglesia, en continuidad con la Tradición viva y bajo la guía del Magisterio instituido por Cristo, se puede entender adecuadamente lo que el Espíritu Santo quiso comunicarnos para nuestra salvación, por medio de los escritores inspirados, sirviéndose de palabras humanas. Es decir, únicamente en la fe y desde la fe es posible comprender con hondura y exactitud, sin peligro de errar, lo que Dios nos ha revelado en orden a nuestra participación en la misma Vida divina. El estudio científico de la Sagrada Escritura se precisa para hacer una buena exégesis, pero igualmente necesaria -y en mayor grado- resulta la plena identificación con la fe propuesta por el Magisterio de la Iglesia. Por eso, «una auténtica interpretación de la Biblia ha de concordar siempre armónicamente con la fe de la Iglesia católica»[12].

Para comprender bien la Palabra de Dios, además de avivar la fe, esforcémonos por leer y meditar la Biblia en el clima espiritual en que fue escrita. Por eso resulta necesario que, al repasar con detenimiento el Evangelio y los demás libros inspirados, fomentemos una actitud personal de escucha. La Sagrada Escritura, sobre todo cuando es proclamada en el seno de la celebración litúrgica, cobra siempre actualidad, transmite la novedad de las cosas de Dios a la persona concreta que la oye con atención y desea asimilarla. Sus palabras, como escribe San Josemaría, son «luces del Paráclito, que habla con voces humanas para que nuestra inteligencia sepa y contemple, para que la voluntad se robustezca y la acción se cumpla. Porque somos un solo pueblo que confiesa una sola fe, un Credo; un pueblo congregado en la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo»[13].

De modo análogo, también en la lectura personal de la Biblia -sobre todo, del Evangelio- resuena la voz de Dios, que hemos de esforzarnos por aplicar a nuestra situación concreta. Si nos afanamos por cuidar la atención -una atención filial- en la lectura de los textos sagrados, esa actividad se transformará verdaderamente en oración. «Al abrir el Santo Evangelio -escribió nuestro Padre-, piensa que lo que allí se narra -obras y dichos de Cristo- no sólo has de saberlo, sino que has de vivirlo. Todo, cada punto relatado, se ha recogido, detalle a detalle, para que lo encarnes en las circunstancias concretas de tu existencia.

»-El Señor nos ha llamado a los católicos para que le sigamos de cerca y, en ese Texto Santo, encuentras la Vida de Jesús; pero, además, debes encontrar tu propia vida.

»Aprenderás a preguntar tú también, como el Apóstol, lleno de amor: "Señor, ¿qué quieres que yo haga?..." -¡La Voluntad de Dios!, oyes en tu alma de modo terminante.

»Pues, toma el Evangelio a diario, y léelo y vívelo como norma concreta. -Así han procedido los santos»[14].

En el documento que he recordado, Benedicto XVI dedica varios párrafos a exponer cómo la vida de los santos ofrece una gran ayuda para penetrar con mayor profundidad en el sentido de la Escritura. San Gregorio Magno -el Papa lo recoge en la Exhortación apostólica- aseguró que «viva lectio est vita bonorum»[15], que la vida de los santos es una lección muy viva, muy honda. «La interpretación más profunda de la Escritura proviene precisamente de los que se han dejado plasmar por la Palabra de Dios a través de la escucha, la lectura y la meditación asidua (...). No es una casualidad -prosigue el Santo Padre- que las grandes espiritualidades que han marcado la historia de la Iglesia hayan surgido de una explícita referencia a la Escritura»[16].

Después de afirmar que «cada santo es como un rayo de luz que sale de la Palabra de Dios»[17], el Santo Padre menciona a varios santos y santas que han aportado luces nuevas, sacadas del Evangelio, a la vida de la Iglesia; y muestra cómo uno de esos rayos se manifiesta «en San Josemaría Escrivá y su predicación sobre la llamada universal a la santidad»[18]. Estas palabras nos han colmado -como es natural- de mucha alegría, al tiempo que nos traen al alma una llamada a nuestro sentido de responsabilidad, para sacar más provecho de las enseñanzas de nuestro Padre y difundir más aún su mensaje, amando así más a Dios y a la Iglesia.

Sigamos, pues, las repetidas invitaciones de San Josemaría a servirnos con frecuencia de los textos de la Biblia para alimentar nuestros ratos de oración y contemplar las escenas de la vida de Cristo, metiéndonos en el Evangelio «como un personaje más». Los textos litúrgicos de la Misa, tanto en el Adviento como en la Navidad, nos impulsarán fuertemente a crecer en familiaridad con la Palabra de Dios y a aumentar nuestra intimidad con Jesús, María y José. Entremos con decisión en sus vidas acompañando a los tres de todo corazón.

«Toda la vida del Señor me enamora», escribió nuestro Padre. «Tengo, además, una debilidad particular por sus treinta años de existencia oculta en Belén, en Egipto y en Nazaret. Ese tiempo -largo-, del que apenas se habla en el Evangelio, aparece desprovisto de significado propio a los ojos de quien lo considera con superficialidad. Y, sin embargo, siempre he sostenido que ese silencio sobre la biografía del Maestro es bien elocuente, y encierra lecciones de maravilla para los cristianos. Fueron años intensos de trabajo y de oración, en los queJesucristo llevó una vida corriente -como la nuestra, si queremos-, divina y humana a la vez; en aquel sencillo e ignorado taller de artesano, como después ante la muchedumbre, todo lo cumplió a la perfección»[19].

Un consejo me gustaría sugeriros, tomando ocasión de esas palabras del Papa a propósito de San Josemaría: aumentad -aumentemos todos- el afán de conocer a fondo los comentarios de nuestro Padre a la Sagrada Escritura. Aprenderemos así a movernos con mayor soltura en el mar profundo de la Revelación, y sabremos descubrir también el sentido espiritual que se esconde en las palabras del texto sacro: lo que el Espíritu Santo desea transmitirnos, aquí y ahora, a cada una y a cada uno de nosotros. Con esta perspectiva os invito a releer un punto de Forja: «"Aquæ multæ non potuerunt exstinguere caritatem!" -la turbulencia de las aguas no pudo extinguir el fuego de la caridad. -Te ofrezco dos interpretaciones de estas palabras de la Escritura Santa. -Una, que la muchedumbre de tus pecados pasados -a ti, que estás bien arrepentido- no te apartará del Amor de nuestro Dios; y otra, que las aguas de la incomprensión, de las contradicciones, que quizá padezcas, no deberán interrumpir tu labor apostólica»[20].

En los días pasados hice un rápido viaje a Fátima y a Santiago de Compostela, siguiendo las huellas de nuestro Fundador. Conocéis que el Santuario de Fátima le atraía especialmente; allí, como os he comentado otras veces, acudió San Josemaría con frecuencia para confiar a la Virgen sus intenciones, convencido de que la oración de María es siempre atendida por el Señor. También fui a Santiago de Compostela, recordando la peregrinación de nuestro Fundador al sepulcro del Apóstol, en 1938, que también fue un año jubilar, y uniéndome a la oración de Benedicto XVI en ese lugar, pocos días antes. En los dos sitios me he sentido apoyado por todos -como pedí, antes de salir, a vuestras hermanas y a vuestros hermanos de Roma-, para que el Señor nos conceda todo lo que le suplicamos. Recé por la Iglesia, por el Papa, por los fieles -cada mujer, cada hombre- del Opus Dei. Acudamos siempre a Jesús por medio de María, con fe y perseverancia, en una oración de unidad con la Iglesia y con la humanidad entera.

Con todo cariño, os bendice

vuestro Padre

+ Javier

Roma, 1 de diciembre de 2010. 

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[1] Misal Romano, Domingo III de Adviento, Antífona de entrada (Flp 4, 5).
[2] Misal Romano, Domingo I de Adviento, Primera lectura (A) (Is 2, 2).
[3] 1 Cor 15, 28.
[4] Cfr. Ef 2, 14.
[5] Benedicto XVI, Homilía en la Misa de Nochebuena, 24-XII-2006.
[6] Benedicto XVI, Exhort. apost. Verbum Domini, 30-IX-2010, n. 12.
[7] San Josemaría, Notas de una meditación, 25-XII-1972.
[8] Hb 4, 12.
[9] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 14.
[10] Ibid.
[11] Benedicto XVI, Exhort. apost. Verbum Domini, 30-IX-2010, n. 29.
[12] Ibid., n. 30.
[13] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 89; citando a San Cipriano, De dominica oratione, 23 (PL 4, 553).
[14] San Josemaría, Forja, n. 754.
[15] San Gregorio Magno, Moralia in Job XXIV, 8, 16 (PL 76, 295).
[16] Benedicto XVI, Exhort. apost. Verbum Domini, 30-IX-2010, n. 48.
[17] Ibid.
[18] Ibid.
[19] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 56.
[20] San Josemaría, Forja, n. 655. 


Publicado por verdenaranja @ 15:35  | Hablan los obispos
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ZENIT  publica la carta que ha enviado el arzobispo de Valencia, monseñor Carlos Osoro, con el título "La misión de transfigurar el mundo".

Cuando estamos en plena celebración del Adviento, cuando acabamos de escuchar este domingo pasado cómo Juan Bautista nos decía, "convertíos, porque está cerca el Reino de Dios", hagamos la misión de transfigurar el mundo. Cuando la Palabra del Señor nos invitaba a una "metanoia", a un cambio de mentalidad, de orientación, a una transfiguración de nuestra vida, descubrimos que la invitación era a cambiar nuestra manera de pensar, a abrirnos a la posibilidad de que nuestras ideas, convicciones y seguridades, que a veces no coinciden con las de Dios, se vayan transfigurando. ¡Qué fondo de belleza aparece en el horizonte de nuestra existencia, al ver con suma claridad que nuestra misión de cristianos es la de transfigurar el mundo! Y el fondo es de tal belleza porque descubrimos que la tarea del cristiano no es revolucionar el mundo, sino transfigurarlo tomando la fuerza de Jesucristo que nos convoca a la mesa de su Palabra y de la Eucaristía, para gustar el don de su presencia, formarnos en su escucha y vivir cada vez más conscientemente unidos a Él, Maestro y Señor.

Si cuando nos referimos a la Transfiguración del Señor, hablamos del cambio de aspecto de Jesús en presencia de sus tres discípulos predilectos, cuando nos referimos a la transfiguración del mundo, tendremos que tener presente el cambio que este mundo experimenta con la presencia en él de los cristianos, con la "metanaoia" producida en sus vidas fruto del encuentro con Jesucristo. ¡Qué belleza tiene un texto de la Carta a Diogneto para explicar esta misión de transfigurar el mundo! Describe a los cristianos así: "lo que el alma es en el cuerpo, los cristianos son al mundo" (Carta a Diogneto, 6). ¡Qué fuerza y qué belleza tiene la descripción que hace de los cristianos en el mundo!: "los cristianos no se distinguen del resto de la humanidad por su país, su lenguaje o sus costumbres. Tampoco porque vivan en ciudades exclusivas, hablen un dialecto peculiar o practiquen un excéntrico estilo de vida... Antes bien, viven en Grecia o en ciudades bárbaras, cada uno en el lugar que decide o le corresponde, y siguen las costumbres locales en el vestir y el comer y en cualquier otro aspecto de vida, demostrando al tiempo un inusual carácter de su propia ciudadanía. Viven en las mismas tierras pero siempre como extraños; participan en todo como ciudadanos, permaneciendo en todo como extranjeros. Todo país extranjero es su patria, y su descendencia, pero no exponen a sus vástagos. Comparten sus comidas pero no sus esposas. Ellos están en la carne pero no viven de acuerdo a la carne. Viven en la tierra pero son ciudadanos del cielo. Obedecen las leyes establecidas, pero en su vida privada transcienden las leyes" (Carta a Diogneto, 5, 1-10).

Asumamos la misión de transfigurar este mundo que, desde la óptica cristiana, es tanto lugar de acción de Dios en la historia, como antesala de nuestro verdadero hogar que es la ciudad del Dios vivo, como nos dice la carta a los Hebreos (cf. Heb 12, 22). Transfigura el mundo quien sabe hacer con todas las consecuencias la confesión cristológica básica de la Iglesia, "Jesucristo es el Señor" (Flp 2, 11), que es quien le da el único fundamento para la esperanza cristiana. Porque una cosa es el optimismo y otra la esperanza cristiana, dado que ésta está construida sobre la transformadora convicción de que Jesús es Señor. ¿Dónde los cristianos obtienen el valor para comprometerse con el mundo hasta llegar a su transfiguración? Nos lo ha dicho Hans Urs von Baltasar cuando encuentra el origen de lo que llama "la valentía para proseguir por el sendero de la historia" en la convicción de que el Verbo se hará carne y habitará entre nosotros, lleno de gracia y de verdad. Solamente el cristiano tiene la valentía de afirmar el presente porque Dios lo ha afirmado. Él se hizo hombre como nosotros. Él vivió nuestra alienación y murió en nuestro valle de lágrimas. Él nos enseñó la plenitud de la gracia y la verdad aquí y ahora.

Hay que transfigurar este mundo y para ello la Iglesia no tiene una agenda, pero esto no quiere decir que no tenga nada que decir al mundo. Entre otras cosas, le quiere decir que le dé espacio legal, social y psicológico para su ministerio de la palabra, del sacramento y de la caridad. El mundo debe de dejar a la Iglesia ser la Iglesia, es decir, una realidad en la naturaleza de un sacramento, un signo e instrumento de la comunión con Dios en la unidad de todos los hombres. En el fondo y en la forma, la Iglesia requiere del mundo que le permita ser ella misma. Por otra parte, también el mundo debe de considerar la posibilidad de su redención. Sabemos que el mundo no siempre acepta agradecidamente el mensaje de la Iglesia, que le está recordando que podría necesitar redención y que esa redención que necesita ha sido realizada por Cristo y en Cristo. La proclamación de esta verdad y la invitación a considerar esta posibilidad en nuestro mundo occidental encuentra, no tanto un rechazo directo, sino una especie de indiferencia social. Pero esto mismo es un riesgo tremendo, pues un mundo que renuncia a su posibilidad de redención se abandona a un vacío tal que ni siquiera puede asegurar el fundamento cultural en el que construir y mantener la sociedad civil y democrática.

Tenemos la misión de transfigurar el mundo. Aprovechemos un signo de nuestro tiempo: el anhelo de vida eterna, de permanencia, de infinitud que el ser humano necesita, sólo puede provenir de Dios. Por tanto, Dios es de primera necesidad para resistir las tribulaciones de este tiempo. Fijemos nuestra atención en algo muy importante que se da en nuestro mundo y entre todos los hombres: una necesidad de sanación que nos da la posibilidad de explicar de nuevo lo que significa salvación. Si Dios está ausente, la existencia humana enferma y no puede subsistir. El ser humano necesita hoy, más que nunca, respuestas que él mismo no puede darse. Por eso, nuestro tiempo lo es de Adviento. Sigue siendo necesario decir con Juan Bautista, "convertíos", pues hay necesidad de un cambio que nunca se producirá sin un cambio interior, sin una conversión interior. Este cambio supone que coloquemos a Dios nuevamente en primer término. Y esto no se consigue con palabras, se logra "haciendo ver" con nuestras propias vidas. Hagamos esta propuesta a todos los hombres de nuestro tiempo sin complejos: arriesguemos nuestras vidas a presentar, a través de ellas, el rostro bello del Dios que se nos ha revelado en Jesucristo Nuestro Señor.


Publicado por verdenaranja @ 15:31  | Hablan los obispos
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Lectio divina para la fiesta de Santa María Madre de Dios 2011, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.

LECTURA:      “ Lucas 2, 16‑21”

En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo a Belén y encontraron a Maria y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño.

Todos los que lo oían se admiraban de lo que les decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.

Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho.

Al cumplirse los ocho días, tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

MEDITACIÓN:             “Meditándolas en su corazón”        

            Ha pasado el momento de las palabras. Tampoco han sido muchas, pero sí intensas y cargadas de consecuencias. Ahora es el momento de que todas esas palabras se conviertan en vida, y asimilarlas va a exigir muchos momentos de silencio. Muchos momentos de ver, oír y guardar todo en el cofre del corazón, para contemplarlo, meditarlo, asimilarlo, comprenderlo o, simplemente, para seguir diciendo “fiat”.

            Aquellas palabras primeras del ángel, se van a ir realizando en el misterio, al estilo de Dios, y María tendrá que ir confrontando, como pegando los acontecimientos con aquellas palabras que en casi nada se le parecen, pero plenamente convencida de que Dios a su estilo, las está llevando adelante.

            De momento, el trono de ese rey anunciado es un pesebre, y su corte, unos pobres pastores, tan emocionados y desconcertados como ella y como José. Y en ese desconcierto pero cargado de emoción profunda, lo único que queda es dar gloria y alabar a Dios. Pero María, guardará esas palabras en el cofre de su corazón para abrirlo constantemente y meditarlas pausadamente, inserta en el misterio del amor de Dios.

            Y a mí también esas palabras y esos acontecimientos me invitan a ponerme ante ellos, y como aquellos que escuchaban a los pastores y como María, admirarme y sorprenderme y dejarme cautivar, por la grandeza de un Dios, que es capaz de hacerse ternura y fragilidad, la mejor expresión del amor y de la paz que viene a anunciar.   

ORACIÓN:            “Como tú”

            Gracias, Señor, por tu grandeza y por tu pequeñez. Gracias porque ya desde ahora intuyo la clase de Dios que eres. Y no necesito más palabras. Como dice el refranero “una imagen vale más que mil palabras”. Y en ti, hecho niño, vienen dichas todas. Por algo te gustará repetir tanto que hay que hacerse niños, no infantiles, que es otra cosa.

            Gracias porque al comenzar un nuevo año y con tu imagen delante en brazo de tu madre, Madre de Dios y Madre mía, me invitas a sentirme hijo y hermano, y humano, Como tú. Gracias.     

CONTEMPLACIÓN:               “Escuchad en silencio”

Palabras que se lleva el viento,
callad por un momento
y escuchad en el silencio
el grito del amor
hecho llanto de niño,
caricia de madre
y emoción de padre.

Escuchad la voz de los pobres
que no buscan grandezas
y que ven esperanza
en un niño que nace.

Palabras que se lleva el viento
y justificáis dolores
y aniquiláis ilusiones,
y hasta cerráis puertas
que abren amores,
callad por un momento
y escuchad en silencio
la esperanza que late escondida
en los corazones.


Publicado por verdenaranja @ 15:25  | Liturgia
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jueves, 30 de diciembre de 2010

ZENIT  publica la segunda meditación de Adviento que predicó el viernes, 10 de Diciembre de 2010, el padre Raniero Cantalamessa OFM cap, predicador de la Casa Pontificia, ante Benedicto XVI y la Curia Romana para ofrecer "La respuesta cristiana al secularismo".

P. Raniero Cantalamessa, ofmcap.

Segunda Predicación de Adviento 

"OS ANUNCIAMOS LA VIDA ETERNA" (1 JN 1,2)

La respuesta cristiana al secularismo

1. Secularización y secularismo

En esta meditación nos ocupamos del segundo escollo que encuentra la evangelización en el mundo moderno occidental, la secularización. En el Motu Proprio con el que el Papa instituyó el Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva eEvangelización, se dice que éste "está al servicio de las Iglesias particulares, especialmente en aquellos territorios de antigua tradición cristiana donde con mayor evidencia se manifiesta el fenómeno de la secularización".

La secularización es un fenómeno complejo y ambivalente. Puede indicar la autonomía de las realidades terrenas y la separación entre reino de Dios y reino del César y, en este sentido, no sólo no está contra el Evangelio sino que encuentra en él una de sus raíces profundas; puede, sin embargo, indicar también todo un conjunto de actitudes contrarias a la religión y a la fe, para el que se prefiere utilizar el término de secularismo. El secularismo es a la secularización lo que el cientificismo a la cientificidad y el racionalismo a la racionalidad.

Ocupándonos de los obstáculos o de los desafíos que la fe encuentra en el mundo moderno, nos referimos exclusivamente a esta acepción negativa de la secularización. A pesar de delimitarlo así, sin embargo, la secularización presenta muchas caras según los campos en los que se manifiesta: la teología, la ciencia, la ética, la hermenéutica bíblica, la cultura en general, la vida cotidiana. En la presente meditación tomo el término en su significado primordial. Secularización, como secularismo, derivan de hecho de la palabra "saeculum" que en el lenguaje común ha acabado por indicar el tiempo presente ("el eón actual", según la Biblia), en oposición a la eternidad (el eón futuro, o "los siglos de los siglos", de la Biblia). En este sentido, secularismo es un sinónimo de temporalismo, de reducción de lo real a una única dimensión terrena.

La caída del horizonte de la eternidad o de la vida eterna, tiene sobre la fe cristiana el efecto que tiene la arena arrojada sobre una llama: la sofoca, la apaga. La fe en la vida eterna constituye una de las condiciones de posibilidad de la evangelización: "Si nosotros hemos puesto nuestra esperanza en Cristo solamente para esta vida, seríamos los hombres más dignos de lástima" (1 Cor 15,19).

2. Ascensión y ocaso de la idea de eternidad

Recordemos a grandes rasgos la historia de la creencia en una vida más allá de la muerte; nos ayudará a medir la novedad traída por el Evangelio en este campo. En la religión judía del Antiguo Testamento esta creencia se afirma sólo de forma tardía. Sólo después del exilio, frente al fracaso de las esperanzas temporales, se abre camino la idea de la resurrección de la carne y de una recompensa ultraterrena de los justos, e incluso entonces no en todos (los Saduceos, se sabe, no compartían esta creencia).

Esto desmiente clamorosamente la tesis de aquellos (Feuerbach, Marx, Freud) que explican la creencia en Dios con el deseo de una recompensa eterna, como proyección en el más allá de las esperanzas terrenas defraudadas. ¡Israel creyó en Dios muchos siglos antes que en una recompensa eterna en el más allá! No es, por tanto, el deseo de una recompensa eterna lo que produjo la fe en Dios, sino que es la fe en Dios la que produjo la creencia en una recompensa ultraterrena.

La revelación plena de la vida eterna se tiene, en el mundo bíblico, con la venida de Cristo. Jesús no funda la certeza de la vida eterna en la naturaleza del hombre, la inmortalidad del alma, sino en el "poder de Dios", que es un "Dios de vivos y no de muertos" (Lc  20,27-38). Después de la Pascua, a este fundamento teológico, los apóstoles añadirán el cristológico: la resurrección de Cristo de la muerte. Sobre ella funda el Apóstol la fe en la resurrección de la carne y en la vida eterna: "Si se anuncia que Cristo resucitó de entre los muertos, ¿cómo algunos de vosotros afirmáis que los muertos no resucitan?... Pero no, Cristo resucitó de entre los muertos, el primero de todos" (1 Cor 15, 12.20).

También en el mundo grecorromano se asiste a una evolución en la concepción de la ultratumba. La idea más antigua es que la vida verdadera termina con la muerte; tras ella hay sólo una apariencia de vida, en un mundo de sombras. Se registra una novedad con la aparición de la religión órfico-pitagórica. Según ésta, el verdadero yo del hombre es el alma que, liberada de la prisión (sema) del cuerpo (soma), puede finalmente vivir su verdadera vida. Platón dará a este descubrimiento una dignidad filosófica, basándola en la naturaleza espiritual, y por tanto inmortal, del alma [1].

Esta creencia permanecerá, con todo, muy minoritaria, reservada a los iniciados en los misterios y a los seguidores de escuelas filosóficas particulares. Entre la masa persistirá la antigua convicción de que la verdadera vida termina con la muerte. Son conocidas las palabras que el emperador Adriano se dirige a sí mismo al acercarse a la muerte:

Pequeña alma extraviada y suave,
Compañera y huésped del cuerpo,
ahora te preparas a subir a lugares
incoloros, arduos y desnudos,
donde ya no tendrás las distracciones de costumbre.
Aún un instante
miremos juntos las orillas familiares, 
las cosas que ciertamente ya no volveremos a ver jamás...[2].

Se comprende en este trasfondo el impacto que debía tener el anuncio cristiano de una vida después de la muerte infinitamente más plena y más gozosa que la terrena; se comprende también por qué la idea y los símbolos de la vida eterna son tan frecuentes en las sepulturas cristianas de las catacumbas.

Pero ¿qué ha sucedido con la idea cristiana de una vida eterna para el alma y para el cuerpo, después de haber triunfado sobre la idea pagana de la "oscuridad después de la muerte"? A diferencia del momento actual en el que el ateísmo se expresa sobre todo en la negación de la existencia de un Creador, en el siglo XIX se expresó preferentemente en la negación de un más allá. Recogiendo la afirmación de Hegel, según la cual "los cristianos desperdician en el cielo las energías destinadas a la tierra", Feuerbach y sobre todo Marx combatieron la creencia en una vida después de la muerte, bajo pretexto de que esta aliena del compromiso terreno. A la idea de una supervivencia personal en Dios, se sustituye con la idea de una supervivencia en la especie y en la sociedad del futuro.

Poco a poco, con la sospecha, cayó sobre la palabra eternidad el olvido y el silencio, El materialismo y el consumismo han hecho el resto en las sociedades opulentas, haciendo incluso que parezca inconveniente que se hable aún de eternidad entre personas cultas y acorde con su timpo. Todo esto ha tenido una clara repercusión en la fe de los creyentes, que se ha hecho, en esta cuestión, tímida y reticente. ¿Cuándo escuchamos la última predicación sobre la vida eterna? Seguimos recitando en el Credo: Et expecto resurrectionem mortuorum et vitam venturi saeculi: "Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro", pero sin dar demasiada importancia a estas palabras. Tenía razón Kierkegaard cuando escribía: "El más allá se ha convertido en una broma, una exigencia tan incierta que no sólo ya nadie la respeta, sino que incluso ya no la prevé, hasta el punto de que hay quien incluso se divierte pensando que había una época en la que esta idea transformaba toda la existencia" [3].

¿Cuál es la consecuencia práctica de esta eclipse de la idea de eternidad? San Pablo refiere el propósito de aquellos que no creen en la resurrección de la muerte: "Comamos y bebamos que mañana moriremos" (l Cor 15,32). El deseo natural de vivir siempre , distorsionado, se convierte en deseo, o frenesí, de vivir bien, es decir, de forma placentera, incluso a costa de los demás, si es necesario. La tierra entera se convierte en lo que Dante decía de la Italia de su tiempo: "el jardincito que nos hace tan feroces". Caído el horizonte de la eternidad, el sufrimiento humano parece doble e irremediablemente absurdo.

3. La eternidad: una esperanza y una presencia

También a propósito del secularismo, como del cientificismo, la respuesta más eficaz no consiste en combatir el error contrario, sino en hacer resplandecer de nuevo ante los hombres la certeza de la vida eterna, aprovechando la fuerza inherente que tiene la verdad cuando es acompañada del testimonio de la vida. "A una idea - escribía un antiguo Padre -, siempre se puede oponer otra idea, y a una opinión otra opinión; pero qué se puede oponer a una vida?"

Debemos aprovechar también la correspondencia de esta verdad con el deseo más profundo, aunque reprimido, del corazón humano. A un amigo que le reprochaba, como si fuese una forma de orgullo y de presunción, su anhelo de la eternidad, Miguel de Unamuno, que no era ciertamente un apologeta de la fe, respondía en una carta:

"Yo no digo que merecemos un más allá, ni que la lógica nos lo muestre; digo que lo necesito, merézcalo o no, y nada más. Digo que lo que pasa no me satisface, que tengo sed de eternidad, y que sin ella me es todo igual. Yo necesito eso, ¡lo ne-ce-si-to! Y sin ello ni hay alegría de vivir ni la alegría de vivir quiere decir nada. Es muy cómodo eso de decir "¡Hay que vivir, hay que contentarse con la vida!". ¿Y los que no nos contentamos con ella?"

"Es tanto lo que amo la vida que el perderla me parece el peor de los males. Los que gozan al día, sin cuidarse de si han de perderla o no del todo, es que no la quieren"[4].

No es quien desea la eternidad, añadía en la misma ocasión, quien muestra despreciar el mundo y la vida de aquí abajo, sino al contrario, quien no la desea: "Es tanto lo que amo la vida que el perderla me parece el peor de los males. Los que gozan al día, sin cuidarse de si han de perderla o no del todo, es que no la quieren". San Agustín decía lo mismo: "Cui non datur semper vivere, quid prodest bene vivere?", "¿De qué sirve vivir, si no nos es dado vivir siempre?"[5]. "Todo, excepto lo eterno, es vano en el mundo", ha cantado un poeta nuestro [6].

A los hombres de nuestro tiempo que cultivan en el fondo del corazón este anhelo de eternidad, quizás sin tener el valor de confesarlo a los demás y ni siquiera a sí mismos, podemos repetir lo que Pablo decía a los atenienses: "Ahora, yo vengo a anunciaros eso que adoráis sin conocer" (cf. Hch 17,23).

La respuesta cristiana al secularismo en el sentido en que lo entendemos aquí, no se funda, como para Platón, en una idea filosófica - la inmortalidad del alma -, sino en un acontecimiento. La ilustración había planteado el célebre problema de cómo se puede tender a la eternidad mientras se está en el tiempo, y cómo se puede dar un punto de partida histórico a una conciencia eterna [7]. En otras palabras: cómo se puede justificar la pretensión de la fe cristiana de prometer una vida eterna y de amenazar con una pena igualmente eterna, para actos realizados en el tiempo.

La única respuesta válida a este problema es la que se funda en la fe en la encarnación de Dios. En Cristo, lo eterno ha entrado en el tiempo, se ha manifestado en la carne; ante él es posible tomar una decisión para la eternidad. Es así como el evangelista Juan habla de la vida eterna: "Os anunciamos la Vida eterna, que existía junto al Padre y que se nos ha manifestado" (1 Jn 1, 2).

Para el creyente, la eternidad no es, como se ve, solo una esperanza, es también una presencia. Hacemos experiencia de ello cada vez que hacemos un verdadero acto de fe en Cristo, porque quien cree en él "posee ya la vida eterna" (cfr. 1Jn 5,13); cada vez que recibimos la comunión, en la que "se nos da la prenda de la gloria futura" (futurae gloriae nobis pignus datur); cada vez que escuchamos las palabras del Evangelio que son "palabras de vida eterna" (cfr. Jn 6,68). También santo Tomás de Aquino dice que "la gracia es el inicio de la gloria" [8].

Esta presencia de la eternidad en el tiempo se llama Espíritu Santo. Él es llamado "las arras de nuestra heredad" (Ef 1,14; 2 Cor 5,5), y nos ha sido dado para que, habiendo recibido las primicias, anhelemos la plenitud. "Cristo - escribe san Agustín - nos ha dado las arras del Espíritu Santo con las que él, que nunca podría engañarnos, quiso ratificarnos el cumplimiento de su promesa. ¿Qué prometió? Pormetió la vida eterna de la que es prenda el Espíritu que nos ha dado" [9].

4. ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos?

Entre la vida temporal de fe y la vida eterna hay una relación análoga a la que existe entre la vida del embrión en el seno materno y la del niño, una vez dado a luz. Escribe el Cabasilas:

"Este mundo lleva a la gestación al hombre interior, nuevo, creado según Dios, hasta que éste, plasmado, modelado y hecho perfecto aquí, sea engendrado a ese mundo perfecto que no envejece. Igual que el embrión el cual, mientras está en la existencia tenebrosa y fluida, la naturaleza le prepara a la vida en la luz, así es de los santos [...]. Para el embrión con todo la vida futura es absolutamente futura: a él no llega ningún rayo de luz, nada de lo que existe de esta vida. No es así para nosotros, desde el momento en que el siglo futuro ha sido como revertido y comprometido en este presente [...] Por ello ya ahora se concede a los santos no sólo disponerse y prepararse para la vida, sino vivir y actuar en ella" [10].

Existe una historieta que ilustra esta comparación. Había dos mellizos, un niño y una niña, tan inteligentes y precoces que, ya en el seno de su madre, hablaban entre sí. La niña preguntaba al niño: "Según tu, ¿habrá vida después del nacimiento?". Él respondía: "No seas ridícula. ¿Qué te hace pensar que haya algo fuera de este espacio estrecho y oscuro en el que nos encontramos?" La niña, reuniendo valor, insistía: "¿Quién sabe? Quizás exista una madre, alguien que nos ha puesto aquí y que cuidará de nosotros". Y él: "¿Acaso ves tu una madre por alguna parte? Lo que ves s todo lo que hay". Ella de nuevo: "Pero no notas tu también a veces como una presión en el pecho que aumenta día a día y nos empuja adelante?". "Pensándolo bien, respondía él, es verdad, la siento todo el rato". "Ves, concluía triunfante la hermanita, este dolor no puede ser para nada. Yo creo que nos está preparando para algo más grande que este pequeño espacio".

Podríamos utilizar esta simpática historieta cuando tengamos que anunciar la vida eterna a personas que han perdido la fe en ella, pero que conservan nostalgia de ella y quizás piensan que la Iglesia, como esa niña, les ayude a creer en ella.

Hay preguntas que los hombres no dejan de plantearse desde que el mundo es mundo, y los hombres de hoy no son una excepción: "¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos?". En su Historia eclesiástica del pueblo inglés, Beda el Venerable narra cómo la fe cristiana hizo su ingreso en el norte de Inglaterra. Cuando los misioneros venidos de Roma llegaron a Northumbria, el rey Edwin convocó un consejo de dignatarios para decidir su permitirles o no difundir el nuevo mensaje. Se levantó uno de ellos y dijo:

"La vida actual del hombre, oh rey, me parece, en comparación con ese tiempo que nos es desconocido, como el rápido vuelo de un gorrión a través de la sala en donde te sientas a cenar en invierno, con tus comandantes y ministros, y un buen fuego en el medio, mientras que las tormentas de lluvia y nieve dominan en el exterior, el gorrión, digo, volando entra por una puerta, e inmediatamente sale por la otra. Mientras que está dentro, está a salvo de la tormenta invernal; pero después de un corto espacio de buen tiempo, inmediatamente desaparece de tu vista, en el oscuro invierno de donde había surgido. Así esta vida del hombre aparece por un corto espacio, pero de lo que había antes, o de lo que va a venir después, somos totalmente ignorantes. Si, por lo tanto, esta nueva doctrina contiene algo más seguro, parece justo que merezca ser seguida". [11].

Quién sabe si la fe cristiana no podrá volver a Inglaterra y al continente europeo por la misma razón por la que entró en él: como la única que tiene una respuesta segura que dar a los grandes interrogantes de la vida terrena. La ocasión más propicia para hacer llegar este mensaje son los funerales. En ellos las personas están menos distraídas que en otros ritos de paso (bautismo, matrimonio), se preguntan sobre su propio destino. Cuando se llora por un ser querido difunto, se llora también sobre uno mismo.

Escuché una vez un interesante programa de la BBC inglesa sobre los llamados "funerales laicos", con la grabación en directo de la celebración de uno de ellos. En cierto momento se oía al oficiante que decía a los presentes: "No debemos estar tristes. Vivir una buena vida, satisfactoria, durante setenta y ocho años (la edad de la difunta) es algo de lo que hay que estar agradecidos". ¿Agradecidos a quién?, me preguntaba. Un funeral semejante no hace sino volver más evidente la derrota total del hombre frente a la muerte.

Sociólogos y hombres de cultura, llamados a explicar el fenómeno de los funerales laicos o "humanísticos", veían la causa de la difusión de esta práctica en algunos países del norte de Europa, en el hecho de que los funerales religiosos implican en los presentes una fe que estos no sienten compartir. La propuesta que hacían era esta: que la Iglesia, en los funerales, evite toda referencia a Dios, a la vida eterna, a Jesucristo muerto y resucitado, y limite su papel al de "natural y experimentado organizador de ritos de paso". ¡En otras palabras, que se resigne también a la secularización de la muerte!

5. ¡Iremos a la casa del Señor!

Una renovada fe en la eternidad no nos sirve solo para la evangelización, es decir, para el anuncio que hay que hacer a los demás; nos sirve, antes aún, para imprimir un nuevo empuje a nuestro camino hacia la santidad. El debilitamiento de la idea de eternidad actúa también sobre los creyentes, disminuyendo en ellos la capacidad de afrontar con valor el sufrimiento y las pruebas de la vida.

Pensemos en un hombre con una balanza en la mano: una de esas balanzas que se sostienen con una sola mano y tienen por un lado el plato en el que poner las cosas a pesar y por otro una barra graduada que aguanta el peso o la medida. Si cae a tierra, o se pierde la medida, todo lo que se ponga en el plato hace elevarse la barra e inclinar a tierra la balanza. Todo es superior, incluso un puñado de plumas.

Así somos nosotros cuando perdemos el peso, la medida de todo lo que es la eternidad: las cosas y los sufrimientos terrenos arrojan fácilmente nuestra alma al suelo. Todo nos parece muy pesado, excesivo. Jesús decía: "Si tu mano o tu pie son para ti ocasión de pecado, córtalos y arrójalos lejos de ti, porque más te vale entrar en la Vida manco o lisiado, que ser arrojado con tus dos manos o tus dos pies en el fuego eterno. Y si tu ojo es para ti ocasión de pecado, arráncalo y tíralo lejos, porque más te vale entrar con un solo ojo en la Vida, que ser arrojado con tus dos ojos en la Gehena del fuego" (cfr. Mt 18,8-9). Pero nosotros, habiendo perdido de vista la eternidad, encontramos incluso excesivo que se nos pida que cerremos los ojos ante un espectáculo inmoral.

San Pablo se atreve a escribir: "Nuestra angustia, que es leve y pasajera, nos prepara una gloria eterna, que supera toda medida. Porque no tenemos puesta la mirada en las cosas visibles, sino en las invisibles: lo que se ve es transitorio, lo que no se ve es eterno" (2 Cor 4,17-18). El peso de la tribulación es "ligero precisamente porque es momentáneo, el de la gloria es desmesurado porque es eterno. Por esto precisamente, el mismo Apóstol puede decir: "Yo considero que los sufrimientos del tiempo presente no pueden compararse con la gloria futura que se revelará en nosotros" (Rm 8,18).

El cardenal Newman, a quien hemos elegido como maestro especial en este Adviento, nos obliga a añadir una verdad que falta en las reflexiones expuestas hasta aquí sobre la eternidad. Lo hace con el poema "El sueño de Geroncio", llevado a la música por el gran compositor inglés Edgar Elgar. Una verdadera obra maestra por la profundidad de sus pensamientos, por la inspiración lírica y por la dramaticidad coral.

Describe el sueño de un anciano (esto significa el nombre Geroncio) que se siente próximo al fin. A sus pensamientos sobre el sentido de la vida, de la muerte, sobre el abismo de la nada al que se está precipitando, se sobreponen los comentarios de los espectadores, la voz orante de la Iglesia: "Parte de este mundo, alma cristiana" (proficiscere, anima christiana), las voces contrastantes de ángeles y demonios que sopesan su vida y reclaman su alma. Particularmente bella y profunda es la descripción del momento del fallecimiento y del despertar en otro mundo:

"Me dormí; y ahora estoy despierto.
Un extraño despertar: pues siento en mí
Una luz inexpresiva, y un sentimiento
De libertad, como si yo fuese finalmente yo mismo
Y nunca lo hubiera sido antes. ¡Qué tranquilidad!
Ya no escucho el sonido ajetreado del timpo,
no, ni mi respiración jadeante, ni el latido del pulso;
Ningún momento es distinto del siguiente" [12].

Las últimas palabras que el alma pronuncia en el poema son aquellas con las que se dirige serena, incluso impaciente, al Purgatorio:

"Allí cantaré a mi Señor y Amor ausente: -

Llévame contigo,
que cuanto antes me eleve y suba,
y Le vea en la verdad del día sin fin" [13].

Para el emperador Adriano, la muerte era el paso de la realidad a las sombras, para el cristiano John Newman es el paso de las sombras a la realidad, ex umbris et imaginibus in veritatem, como quiso que se escribiera sobre su tumba.

¿Cuál es, entonces, la verdad que falta y que Newman nos obliga a no callar? Que el paso del tiempo a la eternidad no es rectilíneo e igual para todos. Hay que afrontar un juicio, y un juicio que puede tener dos finales muy distintos, el infierno o el paraíso. La de Newman es una espiritualidad austera, incluso a veces rigorista, como la del Dies irae, pero ¡qué saludable en una época proclive a tomar todo a la ligera y a bromear, como decía Kierkegaard, con el pensamiento de la eternidad!

Dirijamos por tanto con renovado impulso nuestros pensamientos hacia la eternidad, repitámonos a nosotros mismos con las palabras del poeta: "Todo, excepto lo eterno, es vano en el mundo". En el salterio judío hay un grupo de salmos, llamados "salmos de las subidas" o "cánticos de Sión". Eran los salmos que cantaban los peregrinos israelitas cuando "subían" en peregrinación hacia la ciudad santa, Jerusalén. Uno de ellos comienza: "Iremos a la casa del Señor" (Sal 122, 1). Estos salmos de las subidas se han convertido en los salmos de aquellos que, en la Iglesia, están en camino hacia la Jerusalén celeste; son nuestros salmos. Comentando esas palabras iniciales del salmo, san Agustín decía a sus fieles:

"Corramos porque iremos a la casa del Señor; corramos porque esta carrera no cansa; porque llegaremos a una meta donde no existe el cansancio. Corramos a la casa del Señor y que nuestra alma se alegre por quienes nos repiten estas palabras. Ellos vieron la patria antes que nosotros, la vieron los apóstoles y nos dijeron: ¡Corred, daos prisa, seguidnos! "¡Vamos a la casa del Señor!"[14].

Tenemos ante nosotros, en esta capilla, una espléndida representación mural de la Jerusalén celeste, con María, los apóstoles y una larga  procesión de los Santos de Oriente y Occidente. Ellos nos repiten silenciosamente esta invitación. Acojámosla y llevémosla con nosotros en esta jornada y durante toda la vida.

NOTAS

[1] Cf. M. Pohlenz, L'uomo greco, Florencia 1967, p. 173ss.
[2] Animula vagula, blandula, traducción de Lidia Storoni Mazzolani.
[3] S. Kierkegaard, Postilla conclusiva, 4, en Opere, dirigido por C. Fabro, Florencia 1972, p. 458.
[4] Miguel de Unamuno, "Cartas inéditas de Miguel de Unamuno y Pedro Jiménez Ilundain," ed. Hernán Benítez, Revista de la Universidad de Buenos Aires, vol. 3, no. 9 (Enero-Marzo 1949), pp. 135. 150.
[5] San Agustín, Tratados sobre el Evangelio de Juan, 45, 2 (PL,  35, 1720).
[6] Antonio Fogazzaro, "A Sera," en Le poesie, Milán, Mondadori, 1935, pp. 194-197.
[7] G.E. Lessing, Über den Beweis des Geistes und der Kraft, ed. Lachmann, X, p.36.
[8] S. Tomás de Aquino, Suma Teológica, II-IIae, q. 24, art.3, ad 2.
[9] S. Agustín, Sermo 378,1 (PL, 39, 1673).
[10] N. Cabasilas, Vita in Cristo, I,1-2, ed. dirigido por U. Neri, Turín, UTET, 1971, pp.65-67.,
[11] Beda el Venerable, Historia ecclesiastica Anglorum, II, 13.
[12] Il sogno di Geronzio, en Newman Poeta, dirigido por L. Obertello, Jaka Book, Milán 2010, p.124
[13] Ib, p. 156.
[14] S. Agustín, Enarrationes in Psalmos 121,2 (CCL, 40, p. 1802).


[Traducción del italiano por Inma Álvarez]


Publicado por verdenaranja @ 22:26  | Espiritualidad
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 Lectio divina para el día 31 de Diciembre, ofrecida por la Deelgación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.

LECTURA:           “ Juan 1, 1‑18”

En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho.

En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió.

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz.

La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios.

Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad.

Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Este es de quien dije: "El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo."» Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.

A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

MEDITACIÓN:                “Lo ha dado a conocer”

            El gran deseo del hombre ha sido siempre, no ahora en nuestro mundo occidental, ver a Dios, descubrir su rostro. No bastaba con escuchar sus palabras o ver a sus enviados. Moisés después de una relación tan intensa con él, pide verle. Era mera curiosidad. Pero, al final, Dios atiende la demanda del hombre y se encarna. La Palabra de Dios en la que había vida y luz, que era vida y luz, toma cuerpo, rostro, pies y manos en Jesús.

            En Jesús Dios nos ha revelado su rostro, no el físico,  es el menos importante, sino el profundo. Nos muestra cómo es materialmente, como actúa, cuáles son sus deseos, sus prioridades. No había nada nuevo, pero era plasmación física, interpretación real de su palabra dicha y resonada a través de los siglos y de sus enviados. Y, claro está, como todas las cosas importantes, de las que nos hemos forjado ya una imagen en nuestro interior, su rostro, su vida, sus gestos, nos gustaron a la mayoría. Resultó ser un Dios demasiado encarnado, demasiado comprometido con nuestra historia, demasiado empeñado en ser Padre y en hacernos sentir hijos y hermanos.

            En Jesús Dios se nos manifestó más amante de la vida que del culto vacío, más amante de la verdad que de nuestros intereses cómodos y superficiales. Y ese rostro terminó no gustando y lo tratamos de borrar, entonces y ahora. Pero Dios no tiene otra Palabra para ser dicha y vivida. En Jesús Dios se ha manifestado plenamente, se nos ha dado, y ya no tiene nada más que decirnos y manifestarnos, sino seguir ahondado y manifestando su rostro a través del Espíritu de su Hijo resucitado. Y sólo, sólo un corazón sincero, humilde, abierto, honrado y justo, lo podrá descubrir y manifestar.   

ORACIÓN:               “Seguir caminando”

            Terminamos el año, Señor, y tu palabra de amor, de cercanía, de presencia continua acompaña mi historia que se va y que viene. Señor, gracias por tu amor, gracias por haberte manifestado en mi vida. Gracias porque das sentido a todo lo que soy y lo que hago, porque en ti descubro lo mejor de mí y de los otros.

            Ante este año que se me abre, con todas las incógnitas de la vida, sólo puedo ponerme en tus manos y decirte que, en medio de mis limitaciones, que tú sabes que son muchas y lo que me duelen, quiero seguir caminando a la luz de tu rostro y de tu palabra de vida. Ayúdame, Señor.         

CONTEMPLACIÓN:            “Misterio cercano”

No necesito ver tu rostro
para saber que me amas.

Me basta con saber que eres
con saber que estás.

Y en el misterio cercano
e inabarcable de tu divinidad
dejo que tus manos me cuiden
y tu corazón vele mi historia
de dolor y de esperanza.


Publicado por verdenaranja @ 22:16  | Liturgia
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Es lo que escriben en el mensaje final los participantes del Seminario sobre la "Nueva situación de la Misión Ad Gentes. Intercambio de sacerdotes y agentes pastorales - Formación - Vocaciones", que se ha celebrado en Abidjan, Costa de Marfil, del10 al 14 de noviembre, patrocinado por el CCEE (Consejo de las Conferencias Episcopales Europeas) y por el Simposio de las Conferencias Episcopales de África y Madagascar (SECAM / SCEAM) (ver Fides 5/11/2010; 11/11/2010). (Fides  

1. Saludos e Introducción: ¡Que la gracia de nuestro Señor y Salvador Jesucristo esté con vosotros! Nosotros, vuestros obispos procedentes de Europa y África, como representantes del Consejo de Conferencias de Obispos Europeos (CCEE) y del Simposio de las Conferencias Episcopales de África y Madagascar (SECAM), nos hemos reunido aquí en la Arquidiócesis de Abidjan, Costa de Marfil, del 10 al 14 de noviembre de 2010. Este es el tercer seminario conjunto de este tipo de los dos cuerpos continentales después de la inauguración del simposio que tuvo lugar en Roma, en noviembre de 2004 sobre el tema de Comunión y la Solidaridad entre África y Europa. Los dos últimos seminarios tuvieron lugar en Elmina, Ghana en 2007 y en Liverpool, en el Reino Unido en 2008. 

En este seminario, en Abidján, hemos estado reflexionando sobre el tema: Nuevas situaciones de la misión Ad Gentes: Intercambio de sacerdotes y agentes pastorales-Formación y Vocaciones, junto con algunos participantes de algunos organismos asociados de nuestra Iglesia a quienes estamos muy agradecidos por su apoyo y presencia. 

2. Para la Iglesia en Costa de Marfil: Damos gracias a Dios por haber hecho posible para nosotros el tener esta reunión intercontinental de los obispos en un ambiente de intercambio fraternal de experiencias pastorales. Es un paso más en la mejora de la Comunión y Solidaridad Pastoral entre África y Europa, el principal objetivo de este proyecto colaborativo de CCEE-SECAM. Juntos, damos las gracias a la Iglesia en Costa de Marfil y en particular por la Arquidiócesis anfitriona de Abiyán por su cálida y maravillosa hospitalidad y por compartir su riqueza de fe católica y tradición con nosotros. Oramos y deseamos a este querido país el bien en los próximos años. ¡Que el Señor nuestro Dios os bendiga con su paz y progreso en armonía! ¡Que María, Nuestra Señora de la Paz, interceda por Costa de Marfil! 

Este mensaje va dirigido especialmente a los obispos, clero y religiosos, y al pueblo fiel de Dios en nuestros dos continentes de Europa y África. 

3. Nuevas situaciones de las Iglesias de Europa y África en la actualidad: Queridos hermanos en Cristo, en los últimos treinta años más o menos, la Iglesia en todo el mundo ha vivido una fuerte transformación, que ha planteado nuevos desafíos a la misión misma de la evangelización que Jesucristo ha confiado a la Iglesia. Algunos de estos cambios sociales, políticos y culturales provienen del fenómeno de globalización y secularización en el mundo de hoy. Fue en respuesta a estos desafíos en todas partes que el difunto Papa Juan Pablo II, ahora Siervo de Dios, llamó a una nueva evangelización. Y en junio de este año, Su Santidad el Papa Benedicto XVI creó el Consejo Pontificio para la Nueva Evangelización. Nos regocijamos con esto y nos unimos a nuestro Santo Padre en la oración por el éxito de coronar este nuevo impulso en la misión evangelizadora de la Iglesia. 

Por origen y por su propia naturaleza la Iglesia es misionera, y todos sus miembros, en virtud de su bautismo, están llamados a ser misioneros también de forma individual y como una comunidad en el Cuerpo de Cristo (cf. Mt 28, 18-20.; 1 Cor. 12,04 y siguientes). Evangelizar es la misión de todo cristiano, ya sea en África, en Europa o en cualquier otro lugar. 

Por tanto, estamos agradecidos a Dios hoy día porque África, gracias a los muchos siglos de sacrificio desinteresado de los cientos de miles de misioneros procedentes de Europa y de otros lugares, tiene una vibrante Iglesia y, ahora rica en vocaciones al Sacerdocio Santo y la Vida Religiosa Consagrada, está ofreciendo sacerdotes y  personal religioso para el trabajo pastoral-misionero en el mundo en agradecimiento a Dios. La Iglesia en África está de hecho dando cumplimiento a la llamada del Papa Pablo VI, 1969 en Kampala, Uganda, a ser misionera para sí misma dentro de la Iglesia y también para el mundo. 

4. Vocaciones sacerdotales y religiosas: En nuestras deliberaciones e intercambio aquí en Abidján sobre las vocaciones al Sacerdocio Santo y la vida religiosa consagrada, reconocemos la necesidad de preparar a nuestros sacerdotes y religiosos mejor y dotarlos de las competencias necesarias intelectuales, pastorales, psicológicas y espirituales para los trabajos de la nueva evangelización según lo exigido por los desafíos de hoy día. 

Para esta tarea de formación, nuestra Iglesia abunda en los conocimientos necesarios, en los documentos y directrices del Magisterio para la formación integral de los sacerdotes, religiosos y agentes pastorales. Tenemos que tener debidamente en cuenta tales enseñanzas de la Iglesia como "Fidei donum (1957) del Papa Pío XII, los documentos del Vaticano II como Optatam totius y Presbyterorum Ordinis, así como los post-conciliares, como Postquam Apostoli (1980), Pastores dabo vobis (1992), etc, Por lo tanto, los recomendamos a los formadores de nuestros seminarios y casas religiosas y alentamos su uso, además de otras directrices oficiales pertinentes de la Iglesia. 

5. La presencia de sacerdotes africanos y europeos: Además de la formación de nuestros seminaristas, sacerdotes y religiosos, también revisamos críticamente los diferentes tipos de presencia de los sacerdotes africanos en Europa y viceversa, es decir aquellos que realizan estudios de postgrado en instituciones de enseñanza superior eclesiástica o secular , y los que ofrecen servicios sacerdotales pastorales en las diócesis de Europa y África, y en comunidades como capellanes, misioneros y sacerdotes fidei donum. 

En este contexto de sacerdotes enviados para otros estudios a Europa, hacemos un llamamiento a nuestros hermanos obispos de garantizar una preparación adecuada en todos los sectores antes de que los sacerdotes se les permita emigrar a Europa. Tal sacerdote debe ante todo ser una persona madura, bien preparado culturalmente y espiritualmente para sacar el mejor partido de su estancia y para beneficiar a su iglesia de origen, así como la Iglesia de destino, ya sea en Europa o en África. 

Sin embargo, estamos muy contentos con el hecho de que, hoy día, varios sacerdotes africanos están no sólo en Europa para adquirir títulos académicos, sino que también por medio de su presencia en varios ministerios pastorales allí, ya sea  permanentes o temporales, en las diócesis e instituciones europeas como sacerdotes o misioneros de fidei donum señalan entre otras cosas, la naturaleza de la Iglesia como comunión de personas, de ministerios y carismas en Cristo Jesús. 

Por nuestra parte, nosotros, los obispos de África y Europa, renovamos nuestro compromiso de intensificar nuestro cuidado paternal y solicitud pastoral de todos los sacerdotes, los nuestros propios o los otros de otras Iglesias / diócesis que residen en nuestras jurisdicciones eclesiásticas, como sacerdotes-estudiantes o misioneros fidei donum. Aprovechamos esta oportunidad para agradecer a todos los sacerdotes y religiosos que han abandonado hogar, familia y país para dar en sacrificio sus vidas como misioneros en otros lugares por todo el mundo. Oramos para que Dios haga surgir muchas más vocaciones misioneras en nuestras Iglesias. 

6. Convenios y Contratos: La Iglesia en África todavía necesita misioneros y debería ser misionera para sí misma ya que hay aún millones de personas esperando escuchar la Buena Nueva de Jesucristo. Alentamos a las Iglesias locales y particulares en África a escuchar la llamada recíproca de misioneros y ayuda misionera y venir en ayuda de uno a otro aquí en África como en cualquier otro lugar. 

En este contexto de enviar misioneros donde se les necesita, recomendamos cooperación aún mayor entre nosotros los obispos y entre la Iglesia en África y en Europa en la formación e intercambio de personal para los distintos ministerios pastorales. Esto requeriría acuerdos y contratos bien calculados escritos que tengan en cuenta lo que sea necesario para el bienestar de los sacerdotes, tanto como sea posible. Esto debe estar en el espíritu de una mayor comunión y solidaridad. 

Es en este mismo espíritu que también hablamos y rezamos por la paz en esos países en el continente de África todavía atrapado en diversas formas de conflictos, como Sudán, República Democrática del Congo, etc La misión de la nueva evangelización lo exige de nosotros como en una Iglesia que es familia de Dios. 

7. Mayor comunión y solidaridad: Queridos hermanos, nosotros, vuestros pastores de Europa y África nos alegramos al decir que por la gracia de Dios nuestros dos cuerpos continentales de CCEE y SECAM están dando pasos muy grandes y positivos en nuestra búsqueda de una mayor comunión, de colaboración y solidaridad pastoral entre nuestras Iglesias. Damos gracias a Dios por esto. 

A medida en que llevamos este seminario a su fin, es nuestra esperanza y oración que podamos ampliar esta consulta intercontinental y celebración de comunión y solidaridad en el futuro muy cercano incluyendo a nuestros sacerdotes y religiosos y a nuestros queridos fieles laicos.

¡Que la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor de Dios Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos vosotros! Amén.


Abidján, 13 de noviembre 2010 

(Traducción particular no oficial desde el inglés)

El texto completo del mensaje, en ingles


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REDACCIÓN DE "IGLESIA NIVARIENSE"
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Boletín 416

 LAS NOTICIAS AMPLIADAS PUEDEN VERLAS ENTRANDO EN NUESTRO BLOG. Textos, sonidos, e imágenes los tienen en:
http://www.comunicacionobispadodetenerife.blogspot.com/ 

El próximo 1 de enero se celebra la XLIV Jornada Mundial de la Paz. El Papa, en su mensaje para este día, ha señalado que piensa de modo particular en la tierra de Irak, que en su camino hacia la deseada estabilidad y reconciliación sigue siendo escenario de violencias y atentados. “Vienen a la memoria los recientes sufrimientos de la comunidad cristiana, y de modo especial el vil ataque contra la catedral sirio-católica Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, de Bagdad, en la que el 31 de octubre pasado fueron asesinados dos sacerdotes y más de cincuenta fieles, mientras estaban reunidos para la celebración de la Santa Misa.”  

13tv retransmitirá en directo para toda España la celebración de los actos organizados con motivo de la celebración del Día de la Familia. La madrileña plaza de Colón será el escenario elegido para acoger la ceremonia el domingo, 2 de enero. 9:30 horas de la mañana. 

El sacerdote diocesano Onofre Díaz Delgado falleció en la madrugada del pasado 24 de diciembre. Don Onofre nació el 2 de mayo de 1925 en S/C y a los 16 años, ingresó en el Seminario Diocesano y fue ordenado en la Catedral, por el obispo Domingo Pérez Cáceres, el 4 de mayo de 1952. Fue durante muchos años párroco de S. Andrés en la capital tinerfeña y, posteriormente, de la parroquia de Nuestra Señora de la Paz y la Unión, en la Cuesta, de la que era, en este momento, párroco emérito. También hay que destacar su especial vinculación con el hospital S. Juan de Dios, lo que le valió recibir en 2002 la 'Carta de Hermandad de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios'.  

Por cierto, que al servicio pastoral de don Onofre le ha dedicado un amplio reportaje el periódico La Opinión, en el que se incluyen elogiosas palabras de los que fueron sus parroquianos.  

Se ha inaugurado la nueva Escuela para Padres y Madres de niños con discapacidad leve y trastornos de conducta asociados con la que cuenta ya la orden de los Hermanos Franciscanos de Cruz Blanca en el municipio de Aguere y que, dentro del programa de intervención de la Residencia de esta Orden, entrará en funcionamiento en 2011. 

Como ocurre desde hace más de un siglo, el pueblo lagunero de Tejina (Tenerife) acogerá el 5 de enero, una nueva representación de su Auto Sacramental de los Reyes Magos, una de las piezas dramáticas más antiguas y valiosas del teatro navideño en Canarias y una joya de la cultura del archipiélago.  

También, el jueves, día de Reyes, se cumplen 465 años de la arribada de la imagen de la Virgen de Los Reyes a la isla de El Hierro. Un día 6 de enero de 1.546 aparece la imagen de la Virgen en las costas de Orchilla. La eucaristía se celebrará a las 17:00 horas y estará presidida por el obispo. Bernardo Álvarez, que estará en la isla del meridiano desde el 4 al 7 de enero. 

La Cabalgata de Reyes Magos de San Cristóbal de La Laguna, acogerá este año varias sorpresas que servirán de antesala a la celebración del centenario de su fundación en la próxima Navidad de 2012. Una de estas novedades será la recuperación en la víspera de Reyes de la adoración al Niño de los Afligidos en el Real Santuario del Cristo lagunero, una tradición que se había perdido hace más de 80 años y que ahora se va a rescatar este año para, a continuación, comenzar la Cabalgata por las calles de la ciudad. 

Los horarios especiales que los inmuebles religiosos de La Laguna presentan durante estas fiestas navideñas, de cara a sus visitas turísticas, por lo tanto, no en referencia al culto que en ellos pusiera existir, han sufrido algunas variaciones. En ese sentido, se comunica que estos permanecerán cerrados los días 1 y 6 de enero y además, el 31 de diciembre cerrarán sus puertas a las 13.00 horas, incluido el acceso a la Torre de La Concepción. Los días 2 y 3 de enero no abrirán sus puertas a los visitantes la iglesia del Convento de Santa Catalina de Siena, Museo de la Siervita y Locutorio del Convento de Santa Catalina de Siena, Iglesia del Convento de las Claras y la Iglesia de Nuestra Señora de La Concepción. 

El Obispo ha convocado órdenes de presbíteros para el día 12 de febrero. 

En este final de año, Cáritas Arciprestal de Icod de los Vinos ha querido reconocer la colaboración que ha tenido en estos dos últimos años la Fundación "Jesús Hernández Guzmán y Hortensia Pérez". Ha sido una colaboración tan necesaria e importante, que sin ella, no podría hacer frente esta institución a la gran demanda de personas que acuden a la sede arciprestal los lunes y miércoles. Para ello, se le ha hecho entrega de una placa como agradecimiento. 

Del 18 al 20 de febrero se desarrollará la segunda edición del Master en Pastoral Familiar, que con tanto éxito se celebró el curso pasado por primera vez, en Tenerife. El tema elegido para esta sesión será: "La Revelación del amor en la Sagrada Familia" y será impartido por el P. Carlos Granados, doctor del Pontificio Instituto Bíblico de Roma. No es necesario haber participado en las anteriores ediciones para hacerlo en éste ya que se va haciendo por módulos independientes. 

La campaña de Navidad 2010 de Cáritas presenta el valor de la Fraternidad como una propuesta de vida que nos pone en relación a unos con otros y nos invita a salir de nuestro universo particular para interesarnos y corresponsabilizarnos de la vida de los demás y de lo que ocurre en nuestro mundo. “Somos vecinos, somos hermanos. Si tú no estás, nos falta algo”, es el lema de dicha campaña. 

La asociación de vecinos Luz y Vida del barrio de El Toscal mantendrá abierto hasta el próximo día 5 de enero el rastrillo benéfico que ha instalado en la Casa Pisaca a beneficio de Cáritas, en el que colabora el Distrito Centro. En este espacio han colaborado los propios vecinos, cuyas donaciones se suman a las que aportan los comercios de la zona, donde los más caro que se puede encontrar ronda los 20 euros y los más barato los 50 céntimos. 

Por su parte, la UD María Auxliadora organizó una campaña de Recogida de Juguetes con el fin de donarlos a Cáritas Arafo. El acto contó con la presencia del párroco Víctor Álvarez, el presidente del club, José Antonio y el grupo de voluntarios/as de Cáritas Arafo. Además, estuvieron presentes los jugadores del club y miembros de la junta directiva. 

El Centro Psicopedagógico del Hospital San Juan de Dios de Tenerife vivió el domingo, 26 de diciembre, una jornada muy especial. Tuvieron la grata visita de, nada menos, que Pedro Rodríguez, el jugador tinerfeño del primer equipo del Fútbol Club Barcelona, que quiso hacer un alto en su apretada agenda para visitar a sus usuarios, familiares y profesionales del centro. Pedro Rodríguez expresó que se sentía muy contento por el cariño que estaba recibiendo por "los chicos del centro" y destacó que "quería tener un detalle con ellos pues se lo merecen y más en estas fechas tan señaladas".  

Otro tanto ocurrió con los componentes del Club Voleibol Jamper Aguere y del CD Tenerife, que  también mostraron su solidaridad con los usuarios del Centro Psicopedagógico San Juan de Dios.

Las distintas parroquias de la isla de El Hierro, dedican las especiales colectas de estos días a colaborar con el proyecto de Cáritas Diocesana:"ayuda a familias y personas sin recursos". La finalidad del proyecto y sus diferentes acciones es que a través de un trabajo individual y grupal, las familias tengan oportunidad de mejorar la situación en la que se encuentran prestando especial importancia a las necesidades de los menores. 

El convento de clausura de las Clarisas, en La Laguna, tiene tres nuevas campanas. La principal lleva grabados los nombres de las 15 religiosas que forman la comunidad que habita en el mismo. El mal estado de las campanas que coronaban la torre obligó a la reposición, que se enmarca dentro de la rehabilitación integral que se realiza en el edificio.  

Durante el pasado martes un buen número de catequistas del arciprestazgo de Los LLanos de Aridane se reunieron en un encuentro formativo y festivo en la parroquia de Todoque. Los catequistas de cada una de las parroquias de esta zona de La Palma, representaron lo que significaba para cada grupo la tarea educativa y evangelizadora que es la catequesis.  El almuerzo compartido dio paso a un momento lúdico y a la celebración de la eucaristía presidida por el vice arcipreste, Moisés Acevedo, el cual en su homilía animó a los participantes a que, como María y José tomaron al niño y marcharon a Egipto, también los catequistas tuviesen en su ministerio a Jesús en sus vidas, y vivieran, peregrinaran en la fe con ilusión y esperanza a su particular Egipto.  

El alcalde de La Laguna, Fernando Clavijo, visitó e el Centro de Mayores Las Nieves, de Finca España. Recibido por el Director de Cáritas Diocesana, Leonardo Ruiz acompañado por la concejal de Bienestar Social, Blanca Pérez y de miembros de la Asociación de Vecinos de Finca España, recorrió las instalaciones de este centro donde actualmente asisten 35 mayores que realizan diferentes actividades, ejercitan la mente y al tiempo, se les ofrece todos los cuidados que necesitan. En este centro, los mayores disponen de áreas de ocio, salas audiovisuales, talleres, comedor y un patio. 

En breve estará disponible el nuevo número de la revista "Iglesia Nivariense" que en esta ocasión tendrá un cuadernillo interior dedicado a la revisión del Plan Diocesano de Pastoral. 

El Cabildo Insular de Tenerife, a través de Metropolitano de Tenerife (MTSA), del Instituto de Tecnologías y Energías Renovables (ITER) y del Teleférico del Teide, ha acordado, dada la actual situación económica, destinar una partida de 25.000 euros en concepto de ayuda de emergencia social. Por ello, un total de 15.000 euros se repartirá entre los comedores sociales de La Milagrosa, Virgen Poderosa, San Juan de La Laguna y Padre Laraña y el resto de la aportación económica, 10.000 euros, se entregará al Banco de Alimentos con el objetivo de que continúe desarrollando sus labores sociales. Por su parte, la empresa Teleférico del Teide concedió un total de 10.000 euros a compartir entre los comedores La Milagrosa, Las Cabritas y Padre Laraña, mientras que el ITER asignó 5.000 euros a Virgen Poderosa.  

Un buen número de feligreses de la parroquia de El Salvador, en S/C de La Palma, participó en las dependencias de Santo Domingo, en un almuerzo fraterno con motivo del día de la Sagrada Familia, en plenas fiestas de Navidad. La jornada sirvió para fomentar los lazos de fraternidad entre los miembros de esta comunidad.  

El martes día 28 en la parroquia de Guadalupe, en el Toscal-La Longera (Los Realejos), dentro del mes socio-religioso “Virgen de Guadalupe se desarrolló una jornada dedicada a la juventud. La misma comenzó con una conferencia a cargo de José Melchior Hernández Castilla, psicólogo y secretario de la Asociación Cultural Wolfagang KöHLER, con el título “Derechos y Deberes de los jóvenes de hoy”.


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miércoles, 29 de diciembre de 2010

Homilía de monseñor Oscar Sarlinga, obispo de Zárate-Campana, en la solemnidad de la Inmaculada Concepción (8 de diciembre de 2010, en las “Bodas de Plata” de la parroquia de la Inmaculada Concepción). (AICA)

SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN        

 

Queridos hermanos sacerdotes, autoridades civiles, diáconos permanentes, seminaristas, religiosos, religiosas, hermanos y hermanas todos

Proclamamos una vez más a María, con todo nuestro corazón, la Bienaventurada, la Feliz, porque ha creído. Luego de la procesión realizado, que ha sido casi una peregrinación, a lo largo de quince cuadras, con tanta feligresía proveniente de las distintas capillas y centros pastorales, celebramos la solemnidad de la Inmaculada Concepción, en las “bodas de plata” de esta parroquia, joven, de esta región, también joven y tan poblada.  

I LO QUE FUE OBRANDO LA VIRGEN INMACULADA EN MAQUINISTA SAVIO 

En efecto, tierras de antigua cristiandad no podrían ser éstas, porque no lo son de antigua población, y  tampoco han pertenecido a esos centros de la más antigua evangelización de la zona, como el histórico Pilar viejo, o, ya más en el interior de la diócesis, Santiago del Baradero (del siglo XVII) o San Antonio de Areco y Capilla del Señor, ambas poblaciones del siglo XVIII. Con el sucederse de la historia, y porque nada escapa al designio providente de Dios, Él quería que la Inmaculada tuviera su templo en esta región, que estaba llamada a ser un lugar populosísimo de la Provincia de Buenos Aires, y que deviniera, con el tiempo, una jurisdicción parroquial de la diócesis de Zárate-Campana, a la que creó S.S. Pablo VI en 1976.

Según palabras registradas de un testigo directo, de la familia Nieto, en los recientes orígenes de Maquinista Savio se tenía ya desde el inicio la intención de construir una capilla, para lo cual la consecución del terreno acabó materializándose en 1958, ubicado aquél, precisamente, en la división territorial de los partidos de Escobar y Pilar, del lado de la acera de este último. Aunque parezca especial, una calle que separa ambos partidos hace que el actual templo se ubique en la acera correspondiente a Pilar. Por entonces, la familia Beliera donó el terreno para la escuela, y la familia Nieto el de la iglesia, que era un proyecto. Faltaba el templo. En 1980 el cura párroco de Garín, Padre Perna, manifestó la intención de construir dicho templo, más allá de las diferencias entre  los límites de los partidos en el que el predio donado se ubicaba. Fue así como en 1981 se edificó la capilla, “Inmaculada Concepción”, con el aporte de donaciones locales y uno significativo de que llegó de los católicos alemanes, gestionado por el Padre Florencio de Del Viso. En 1985 el entonces Obispo diocesano, Mons. Alfredo Mario Espósito, la erigió como parroquia.

Por aquí pasaron, pues, el Padre Perna, el Padre Florencio, el Padre Elías, el Padre Sposaro, el Padre Edgardo Galuppo, el P. Hugo Acuña, y por cierto el P. Justo Rodríguez Gallego quien, junto con los laicos colaboradores, puso un sentido de misionariedad, de comunión y paz. Fue de importancia el aporte pastoral de la diócesis de Toledo a estas tierras, con la voluntad de configurar una parroquia misionera y solidaria, y en esta historia vivida, historia sagrada, continuó, pues, como lo he dicho, Mons. Justo Rodríguez Gallego, junto con sus colaboradores laicos, habiendo concluido el templo parroquial, el cual tuve la dicha de consagrar solemnemente, el 8 de mayo de 2006, hace exactamente 4 años. El Obispado quiso donar el altar, lugar de la Eucaristía, fuente y culmen de la vida cristiana, desde donde es construida y fortalecida, en y por Cristo, la comunidad parroquial. En muy sucinta historia, me comprenderán ustedes, ésta es historia vivida de la comunidad católica de Maquinista Savio, es historia guiada por la mano Providente del Padre, y por la poderosa intercesión de María, la Inmaculada Concepción, la Esposa del Espíritu Santo, la Madre de Jesucristo nuestro Dios y Señor.

II LA INMACULADA CONCEPCIÓN, “KEKHARITOUMÉNE” MADRE DEL MESÍAS SALVADOR 

Sí, hermanos todos que forman esta multitud reunida en este gran gimnasio, estamos hoy aquí en esta parroquia de la Inmaculada Concepción para manifestar, exclamar, declamar, nuestro amor a María Santísima, Madre de Dios y de la Iglesia, Madre de cada uno de nosotros, pues el Evangelio, asegurándonos que la Virgen es Madre de Dios (Cf Lc 1,26ss) nos ofrece la base granítica, a la que no puede rozar la menor sombra de duda, para dar a María el honor debido y la efusión de un sentimiento afectuoso que, como amoroso eco, se resume en el Hijo, en Cristo. Ella, María, es la “llena de gracia” (Lc 1,28), la Kekharitouméne, la cual nos ha dado a Jesucristo, razón por la que cada uno puede ver cuánto el ejemplo de la Virgen,  su intercesión, su protección, nos ayudan grandemente, como fieles suyos, a renovarnos interiormente y a reconciliarnos con Dios y con los hermanos, así como a huir del pecado y de sus consecuencias.

Y la “Inmaculada Concepción”, más que una “advocación”, o “título” de la Virgen, es lo que Ella misma es. La Virgen misma es la Inmaculada Concepción, porque Ella, la Virgen, es la obra maestra de la redención obrada por Cristo. Por la potencia de su amor y de su mediación única y universal, Cristo ha obtenido que la Madre fuera preservada del pecado original; por ello María ha sido totalmente redimida por Cristo, ya antes de ser concebida, en razón de la misión que le reservaba el Padre, el ser Madre del Mesías Salvador. 

III EN LA PARROQUIA SE REALIZA TAMBIÉN LA IMAGEN DE LA IGLESIA COMO PUEBLO MESIÁNICO 

Es la ocasión, por esto, de redescubrir también hoy, nosotros, a la Iglesia como Cuerpo del Salvador, como Pueblo peregrinante de Jesucristo, el Ungido del Padre, nacido de María Virgen.

La Iglesia es pueblo mesiánico porque, con el don recibido, el «sentido de la fe» procedente de la unción del Espíritu, se hace “pueblo profético” que exhorta con amor y con mansedumbre a todos los hombres a la conversión. También la parroquia tiene ese sentido profético, y también ella posee la misión de ser un centro del “profetismo de la esperanza”, esa esperanza en que todo cuanto ha sido sembrado en 25 años sea cultivado y produzca cosecha abundante, conforme a la voluntad de Dios, que da a uno a sembrar, a otro el cosechar (Cf Jn 4,37).

Para dar testimonio de esa índole mesiánica que tenemos como Pueblo, necesitamos esperanza. Me refiero a la esperanza teologal, más que a las meras “expectativas” o “ganas” o “tendencias” con las que a veces nuestras mentes pueden confundirse, al no escapar del todo al secularismo imperante. La esperanza verdadera es la que “renueva”, porque es Dios mismo quien dijo “Yo hago nuevas todas las cosas”; es Él, con su Gracia, el que tiene el poder de hacernos “nacer de nuevo”, y por eso la esperanza nos hace renacer, y por eso también la enseñanza de la Iglesia reactualiza la palabra que Dios Padre, en el Hijo Jesús (el Verbo) “dice” desde el origen del mundo, y que el Espíritu de Amor reactualiza hoy y hace comprensible, en el tiempo, y en los tiempos nuestros, creaturas históricas, y que podemos hoy resumir en estas tres bíblicas exhortaciones: “escucha”, “recuerda”, “conviértete”. En esto radica la base de la pastoral de una parroquia, a través de “la escucha de la fe”, de la catequesis, y de la misión que de allí procede.  

La esperanza, queridos hermanos e hijos, promueve al mismo tiempo una dinámica evangelizadora y promotora de la dignidad humana, de tal modo que hace desarrollar y crecer una interrelación mutua de caridad, de participación, de colaboración, de mutua ayuda, al modo como vemos en la comunidad eclesial del libro de los Hechos (Cf Hech 18,1-4). De tal modo que, movidos por el Espíritu, vivamos unidos los unos a los otros en la humildad, sin sobreestimarnos a nosotros mismos, o creernos los detentores de lo absoluto, del conocimiento, de los poderes, por pequeños que estos sean si los miramos a una escala global; lo malo es cuando a esos poderes los queremos acaparar, y esto sin espíritu de servicio. Por eso es tan importante en una parroquia la corrección fraterna y el ponernos siempre a la escucha, como María, el estar en relación con todos, y en especial con los más pobres, con los pequeños, los sencillos, a la manera como  lo refiere San Pablo, es decir, no creyéndonos llenos de sabiduría, “sino con el amor gratuito”(cf 1 Cor 13).

Es con este espíritu como ha de ser comprendida la colaboración y el diálogo, y de ese modo se sientan las bases para “edificar” la Iglesia como pueblo de Dios, como obra agradable a Dios, que asciende “con suave fragancia”, como sacrificio, y que a la vez desciende “como bendición” sobre nuestro pueblo, porque, como ha dicho el Señor a través del profeta Jeremías: “Yo encontraré mi gozo en hacerles el bien” (Jer 32,41).

¡Si tuviéramos más conciencia, psicológica y moral, de cuánto necesitamos colaborar, cada uno según su vocación, elección, misión,  a “edificar” la Iglesia! 

IV EN LA INMACULADA SE REFLEJA LA BELLEZA INFINITA 

Por último, hermanos y hermanas, oímos hablar tantas veces de relativismo y secularismo; son desafíos que hemos de asumir en una nueva evangelización. Me referiré sólo a una de las manifestaciones de aquéllos, y quiero decirles que existen tantas falsas luces que atraen nuestra atención, nuestra fascinación, tantas pseudo-bellezas que nos encandilan en este mundo en que ni todo ni mucho es como aparece; pseudo-bellezas que en realidad terminen obscureciendo nuestra mirada, y pueden enceguecernos, tales como la fascinación del poder por el poder mismo, el ansia de predominio, la hipocresía que nos deja bellos por fuera (en el mejor de los casos) y feos por dentro, el abuso, el mal uso del sexo, el no poner importancia más que en nuestro propio interés por encima del bien común; son como “luces fatuas”, como pseudo-faros que atraen enfermizamente nuestras potencias y nuestras facultades, pero que en el fondo y al final nos dejan tristeza, una nada interior y un horrendo vacío en nuestra vida.

Y hoy, en la solemnidad de la Inmaculada, ¿no sería acaso la oportunidad de responder a una cuestión semejante, de gran actualidad pastoral, esto es, cómo reproponer en manera adecuada a María a nuestro pueblo, desde la perspectiva de la belleza que atrae nuestras potencias?. Desde la oración y en ella, querríamos hoy también proponer la “vía de la belleza” de María, la que Ella tiene como Esposa del Espíritu Santo, como “toda hermosa” (tota pulchra), como ideal supremo de perfección al que ningún artista ha logrado plasmar en plenitud, como “la Mujer revestida de sol” (Ap 12,1), en la cual los rayos purísimos de la belleza humana se conjugan con los rayos luminosos, soberanos, de la belleza sobrenatural. Sí, también la contemplación de la “Toda Hermosa” nos ayudará en nuestro camino de fe, porque Ella es hermosa porque “Kekharitouméne”, porque llena de gracia, llena del Espíritu, cuya Luz que no tiene fin brilla con incomparable esplendor. La belleza de María nos ayudará a concentrar nuestra mirada y quitarla de las luces fatuas que terminan obscureciéndonos, haciéndonos seres obscuros u obscurecidos, por lo menos. ¡Qué renovada espiritualidad puede surgir de la vía de la belleza!. Se lo auguro a todos ustedes, se lo deseo de corazón, redescubrir, con María, la belleza de la imagen de Dios en nosotros, en la familia, en la comunidad, en la lucha diaria por el bien común.

El Señor conceda a todos, Pastores y fieles, la firmeza y suavidad de la fe, la fuerza de la esperanza y la caridad amorosa, y que la gracia divina esté con ustedes en estas Bodas de Plata de la parroquia, y siempre, como nos lo deseó San Pablo: «la gracia esté con todos aquellos que aman a Nuestro Señor Jesucristo con amor inmutable» (Ef. 6, 24). 

Mons. Oscar Sarlinga, obispo de Zárate-Campana

     CF BENEDICTO XVI, Audiencia general, Aula Pablo VI, Ciudad del Vaticano, Miércoles 7 de julio de 2010
     Cf. CONC. ECUM. VAT. II, Const. dogm. Lumen gentium, 9. 
     Cf CONC. ECUM. VAT. II, Const. dogm. Lumen gentium, 37.  


Publicado por verdenaranja @ 21:52  | Homilías
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Homilía de monseñor Sergio Osvaldo Buenanueva, obispo auxiliar de Mendoza en la Solemnidad de la Inmaculada Concepción (Predio “Juan Pablo II”, Guaymallén, 8 de diciembre de 2010). (AICA)

SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA

1. Cada uno de nosotros lleva inscrito en su alma el secreto anhelo de ser amados de manera incondicional. Ser amados por lo que somos más que por lo que hacemos o tenemos. El hombre es un incansable peregrino de amor, de relaciones vitales que lo confirmen en su valor fundamental como persona. Busca así a Dios, el Sumo Bien que sacia todos sus anhelos.

Este anhelo se agudiza en una sociedad como la nuestra que tiende a reducir el valor de las personas a su función o relevancia social, a su aspecto físico externo o a su eficacia productiva. Vivimos una suerte de “fiebre por figurar, aparecer y ser aplaudidos”, y esto a toda costa. Se agudiza la necesidad de contar con relaciones humanas estables, significativas y positivas para la persona.

En el rostro de María Inmaculada - La Purísima - nosotros contemplamos el “sí” gozoso de Dios al hombre. “Dios nos eligió antes de la creación del mundo… nos predestinó a ser sus hijos… a ser aquellos que han puesto su esperanza en Cristo, para alabanza de su gloria.” (Ef 1,4.5.12).

Este “sí” de Dios al hombres es el motivo más profundo de la alegría que esta tarde ha tomado la forma de esta celebración multitudinaria, cita obligada de los católicos mendocinos. Se ha hecho peregrinación juvenil; es ahora celebración del misterio de la fe en la Eucaristía; será, en pocos minutos, música y canto que celebran la belleza del don de Dios.

2. En el relato evangélico, hemos vuelto a escuchar el “sí” de María al designio de Dios sobre ella: “Yo soy la servidora del Señor, que se haga en mí según tu Palabra” (Lc 1,38). María ha encontrado su lugar en la vida, en el plan de Dios, y todo el camino subsiguiente será un entrar cada vez más consciente y libremente en el misterio de la redención.

¿De dónde procede esta lucidez y esta capacidad de compromiso personal? ¿De dónde saca María esa fuerza espiritual para comprometerse tan apasionadamente con la vida?

El mismo relato nos lo dice claramente: “El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo».” (Lc 1,28).

En la raíz de la personalidad de esta mujer está Dios. El lenguaje bíblico ha acuñado una expresión bellísima, que parece ser el nombre nuevo que María recibe de labios del ángel, para expresar este misterio de alianza, de comunión y de vida: “Gracia”, “Llena de gracia”. Gracia es el Dios amor que se entrega a su criatura, se confía a ella de una manera incondicional. Transfigurado por el Espíritu Santo que es el amor de Dios derramado sobre el mundo, el hombre llega a ser una criatura nueva, a imagen de Cristo.

El don de Dios libera las energías humanas más preciosas escondidas en el corazón de María. La comunión con Dios hace de María una mujer libre, dueña de sí, auténtica. Ella se confronta lealmente con Dios, lo interroga, busca esclarecer su mente para que el compromiso de su voluntad sea plenamente libre. Cuando percibe la credibilidad del misterio que se le ofrece, ella pronuncia su “sí” racional, libre y liberador.

3. Lo que Dios hace en María es un signo de esperanza para nosotros, para toda la humanidad. María es la imagen más lograda de la humanidad nueva, de lo que Dios creador ha soñado siempre del ser humano. La obra de Dios en ella, lo que nosotros contemplamos plenamente realizada en su humanidad, es anticipo, garantía y desvelamiento de la obra más secreta de Dios en el hombre. Lo que Dios está obrando, por su Hijo y su Espíritu, en el corazón de cada hombre.

Dios obra en nosotros como obró en María, es decir, invitando a nuestra inteligencia y libertad a plegarse comprometidamente con la obra de restauración del género humano.

Es verdad que la existencia humana está siempre amenazada por la potencia misteriosa del mal, que el relato bíblico del Génesis representa en la serpiente. Esta le ofrece al hombre la posibilidad engañosa de realizarse expulsando a Dios de su vida, ilusionándolo con una libertad y autonomías absolutas que, de hecho, convierten a cada individuo en un diosillo en el que se confunden la verdadera libertad con la mera desinhibición o con el capricho infantil. La obra maestra de la serpiente tentadora es sembrar en el corazón humano la desconfianza en Dios, en sus reales intenciones y en su poder. Sin Dios, origen, fundamento y fin de todo, el hombre se deshumaniza irremediablemente.

Cada generación humana vuelve a confrontarse con formas nuevas de la vieja tentación. También nosotros como hombres y mujeres de este tiempo, aquí en Mendoza.

4. María es signo de esperanza para nosotros. De la mano de Dios podemos encontrar aquella energía interior que es imprescindible para luchar por una ciudad más humana. A través de María, Dios nos está diciendo: “Estoy con ustedes. Tienen mi gracia para hacer más humana la vida de todos, especialmente de los más indefensos”.

Este es un mensaje especialmente urgente y valioso para las familias. La familia fundada sobre el matrimonio de un varón y una mujer, es una obra maestra del Creador, no el mero producto de la evolución cultural del hombre. Para los cristianos, además, está enriquecida con la gracia del sacramento. Los vínculos que distinguen a la familia de otras formas de convivencia (esponsalidad, paternidad, filiación y fraternidad) son expresión de la vida íntima del Dios familia: Padre, Hijo y Espíritu Santo. En su apertura a Dios, la familia encontrará la energía necesaria para seguir siendo, en medio de los desafíos actuales, hogar de la vida. Incluso cuando esto suponga un alto grado de resistencia a la cultura dominante, particularmente agresiva con los vínculos familiares.

En este año del Bicentenario, este “sí” de Dios a la humanidad que resplandece en el rostro de la Purísima, es también un mensaje de esperanza para los ciudadanos en su lucha por la justicia y en el compromiso cotidiano por el bien común. Los creyentes, especialmente los católicos, sabemos que nuestra mejor contribución a la edificación de una Argentina con futuro es el testimonio visible y audible de los valores religiosos que contienen un gran potencial humanizador. Nos sentimos urgidos a restablecer la plena ciudadanía visible de la fe en el Dios amor manifestado en Jesucristo.

5. Queridos hermanos y hermanas: volvamos a escuchar el “sí” gozoso que Dios pronuncia en María y que está dirigido a cada hombre, a cada persona. Un “sí” que traducido nos dice: “sos valioso, tu vida tiene sentido, estás invitado a hacerte hermano de cada persona”. Escuchemos este “sí” de Dios, y dispongámonos a pronunciar el nuestro, sostenidos por el “sí” de María.

También nosotros digamos esta tarde: “Aquí están los servidores del Señor, que se haga en nosotros según tu Palabra” Amén.  

Mons. Sergio Osvaldo Buenanueva, obispo auxiliar de Mendoza 


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De caritas arciprestal de Icod de los Vinos nos envían el informe ordinario para el mes de Enero 2011.                                                                                

02 de Enero de 2011

                                                                           Primer Domingo de mes

 

Los que alivian al prójimo reflejan el rostro de Jesús, lleno siempre de  misericordia cada vez que nos volcamos en favor de los necesitados, somos un fiel reflojo suyo, le hacemos presente, Jesús hoy se sirve de nosotros para desvelar su amor y cercanía a los hombres y mujeres con los que nos encontramos en la vida.

Y todo esto es motivo de Alegría y Esperanza. Somos personas, he ahí un buen motivo para que podamos  encontrarnos con Dios.

 

INFORMACION

15-01-2011  Reunión de la permanente de Cáritas Arciprestal con la Parroquia de Santo Domingo, hora 8,30 de la tarde.

16-01-2011   Dia de las migraciones.

25-01-2011   Reunión consejo Diocesano zona norte.

26-01-2011   Reunión permanente Cáritas Arciprestal  a 19 00 horas

27-01-2011   Reunión de consejo Diocesano zona sur.

28 al 30-01-2011  Asamblea General de Cáritas Españolas.


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Lectio divina para el día 30 de Diciembre, ofrecida por la Delegación de Liturgia de la diócesis de Tenerife.

LECTURA:          “Lucas 2, 36‑40”

En aquel tiempo, había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.

Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.

MEDITACIÓN:              “Iba creciendo”

            Eso es lo que esperamos de todo niño, que vaya creciendo, y así nos lo deja plasmado el evangelista. Pero es importante el dato, porque ese crecimiento no hace referencia sólo a su aspecto físico. El niño iba creciendo por fuera y por dentro, llenándose de sabiduría y de gracia.

            Y me parece importante, no sólo por lo que atañe a Jesús, sino porque ese crecimiento, es algo a lo que estamos llamados todos, aunque no le damos la importancia a toda la totalidad, no sé por qué nos solemos quedar un poco en la superficie, de pequeños y de mayores, y se nos olvida que el crecimiento no se acaba nunca. Estamos hechos para crecer. Lo mismo que una fruta está llamada a madurar para estar en su sazón, y no sólo en la forma externa, sino en su interior, también los hombres. No sólo somos adultos cuando hemos llegado a una edad y a nuestro desarrollo físico. El ser adulto y maduro lo marca nuestro interior.

            Las actitudes, los valores y las opciones que nos van abriendo a los otros, van poniendo de manifiesto nuestra grandeza de espíritu, nuestra dignidad, nuestra sensibilidad, nuestra hondura de humanidad. Ésa es la auténtica sabiduría de la vida y donde se acoge y se manifiesta la gracia. Y ese crecimiento es ilimitado. Y, sin embargo, tendemos a pararnos, tiendo a justificar mis parones, y tú, Señor, me llamas a seguir creciendo, con mi deseo, mi esfuerzo y tu gracia.

ORACIÓN:                “Ayúdame a crecer”

            Que no me pare, Señor, que no me canse, que no me justifique, que no me empobrezca, que no me frenen. A veces deseo pararme, me paro,  es tan fácil, tan cómodo, me lo facilitan tanto. Pero que no me pare, Señor, quiero seguir creciendo, quiero ser cada día más libre, más yo.

            Ayúdame, Señor, sé que tu gracia no me falta nunca, que no me cierre a ella, que no me evada, que no ceje en la lucha. Que está siempre abierto a la escucha de tu palabra, a las insinuaciones que me vienen de tantas partes desde las que tú te manifiestas. Ayúdame a crecer.    

CONTEMPLACIÓN:              “Creciste”

Creciste, Señor,
hasta llenar la hondura
de tu humanidad
y de la mía.

Creciste hasta llenarte
del amor de Dios
y lo derramaste
por todos los poros de tu ser.

Creciste hasta llenar
la tierra de cielo
y llevar la tierra al cielo.

Creciste para que te viese
a ti y en ti me viese a mí.

Creciste para enseñarme a crecer
y alcanzar contigo,
y por ti,
el techo de tu cielo y del mío.


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DOMINGO 2 DESPUÉS DE NAVIDAD
2 de Enero de 2011

 

El amor y la paz de Jesucristo, el hijo de María, el Hijo de Dios, estén con todos vosotros.

- Celebrábamos ayer el inicio del año haciendo memoria de santa María, la Madre de Dios. Hoy volvemos a encontrarnos para celebrar el domingo, el primer domingo de este nuevo año, el 2005.

 -  Hoy, como todas las semanas desde el tiempo de los apóstoles, nos reunimos, convocados por Jesucristo, para escuchar su Palabra y alimentarnos de su Cuerpo y su Sangre. Así, día tras día, año tras año, avanzamos por el camino del Evangelio, y nos llenamos de su fuerza y su gracia.

-  En este tiempo de Navidad, en la celebración gozosa del nacimiento de Jesús, renovamos una vez más la alegría de seguirle, y nuestro deseo de que Él, el Dios hecho hombre, nuestro hermano, sea cada vez más conocido y amad).

A. penitencial: En unos momentos de silencio, preparémonos para celebrar esta Eucaristía. (Silencio).

         -        Hijo de Dios, que, nacido de María, te hiciste nuestro hermano. SEÑOR, TEN PIEDAD.

         -        Palabra eterna del Padre, por la que todo ha venido a la existencia. CRISTO, TEN PIEDAD.

         -        Luz verdadera, que has venido al mundo para traernos la paz y la salvación. SEÑOR, TEN PIEDAD.

Antes de las lecturas: Dispongámonos ahora a escuchar la Palabra de Dios. En medio de estas fiestas de Navidad, las lecturas nos invitan a contemplar la bondad de Dios que ha querido hacerse presente en nuestra historia con su gracia y su bendición. Y por ello, como escucharemos en el evangelio, el Hijo de Dios se ha hecho hombre, y ha venido a compartir nuestra vida.
Recibimos con fe este mensaje de salvación.

Credo largo

Oración universal: Jesús ha venido a traernos el calor y la compañía del amor de Dios. Oremos de todo corazón para que nadie, en ningún lugar del mundo, quede al margen de ese amor. Oremos diciendo: ESCÚCHANOS,
PADRE.

         1.      Para que la Iglesia sea un hogar abierto a todos; para que en ella nadie se sienta excluido. OREMOS:

Para que todos nosotros demos un buen testimonio de Jesucristo, con nuestra palabra y con nuestra manera de vivir. OREMOS:

Para que los cristianos y todas las personas de buena voluntad, trabajemos juntos para lograr un mundo de justicia e igualdad, como quiere Dios. OREMOS:

Para que en este año que empezamos crezca el amor de Dios en nuestras vidas, mediante la oración y el servicio a los demás. OREMOS:

Padre del amor, escúchanos y haz que el mundo entero, guiado por la estrella luminosa del Evangelio, sea, cada vez más, un lugar de paz, de fraternidad y de fe.
Por Jesucristo nuestro Señor.

Padrenuestro: Hemos escuchado en el evangelio: “A cuantos le recibieron les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre”: Nosotros le hemos recibido, nosotros creemos en su nombre. Por eso somos hijos e hijas de Dios, y nos dirigimos a él diciéndole:

 

CPL


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SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS
1 de Enero de 2011

 

Hermanas y hermanos, que la paz de Dios esté con todos vosotros.

- Bienvenidos en este inicio del año 2011. Nos reunimos hoy en esta iglesia, justo una semana después de celebrar el nacimiento del Hijo de Dios. Y hoy, en este día que coincide con el inicio del año, recordamos con un gozo especial a aquella que nos lo trajo al mundo: María, la mujer fiel, la mujer que supo responder como nadie a la llamada que Dios le hizo, y así se convirtió en la madre del salvador.

- Con la alegría de la Navidad, unidos a María, y poniendo ante Dios nuestros más sinceros anhelos de paz para el mundo entero en este año que comienza, iniciemos nuestra celebración.

A. penitencial: En silencio, pidamos la paz y el amor del Señor.

         -        Hijo de Dios, que, nacido de María, te hiciste nuestro hermano. SEÑOR,TEN PIEDAD.

         -        Palabra eterna del Padre, por la que todo ha venido a la existencia. CRISTO, TEN PIEDAD.

         -        Luz verdadera, que has venido al mundo para traernos la paz y la salvación. SEÑOR, TEN PIEDAD:  

Credo largo

Oración universal: Al empezar este año 2011, presentemos al Padre nuestra oración y pidamos que derrame su amor sobre nosotros y sobre el mundo entero.
Oremos diciendo: PADRE, ESCÚCHANOS.

Oremos por el papa Benedicto, por los obispos, sacerdotes y diáconos, y por todos los cristianos y cristianas. Para que todos sepamos transmitir  alegría y mostremos en nuestras vidas el rostro misericordioso de Dios. OREMOS:

Oremos portadas los pueblos de la tierra, y de un modo especial por los que sufren los horrores del hambre o de la guerra. Para que todo el mundo pueda vivir en paz y prosperidad. OREMOS:

Oremos por los que a lo largo de este año vivirán acontecimientos importantes para sus vidas. Por los niños que nacerán, las parejas que se casarán, los que se consagrarán a la vida sacerdotal o religiosa. Que Dios les bendiga y les acompañe siempre. OREMOS:

Oremos por los trabajadores del campo y del mar, por los que se ganan la vida en las fábricas y en los talleres, por los que están en las oficinas y en los centros de enseñanza. Para que su trabajo les permita una vida digna y tranquila. OREMOS:

Oremos también por los que no tienen empleo o han de trabajar en condiciones precarias y sin seguridad ante el futuro. Para que se terminen estas situaciones dolorosas e injustas. OREMOS:

Oremos finalmente por todos los hombres y mujeres, de cualquier lugar del mundo. Para que a todos llegue el amor, la paz y la vida que Dios nos da. OREMOS:

Escucha, Padre, nuestra oración, y llénanos con tu luz. Por Jesucristo, tu Hijo, el hijo de María, nuestro hermano, que vive y reina por los siglos ...

Padrenuestro: El Hijo de Dios se hizo hombre para hacer de nosotros hijos e hijas de Dios. Por eso ahora, siguiendo su enseñanza, nos atrevemos a decir:

 

CPL


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martes, 28 de diciembre de 2010

Homilía de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, en la misa con los niños que hicieron la primera comunión durante el año (Iglesia Catedral, 8 de diciembre de 2010). (AICA)

AMIGOS Y MISIONEROS DE JESÚS          

Queridos chicos: Hoy festejamos a la Virgen María, la Inmaculada Madre de Dios. Nos alegramos con ella y la felicitamos porque Dios la eligió para ser su Madre y por eso la hizo llena de gracia. También festejamos que ustedes este año han hecho su primera comunión; es decir: empezaron a participar plenamente de la Santa Misa recibiendo el Cuerpo y la Sangre de Jesús, el alimento de nuestra vida cristiana. Con la primera comunión ustedes completaron la iniciación cristiana; ahora pueden llevar una vida eucarística, porque cada domingo –si están en gracia de Dios- pueden unirse a Jesús en la comunión.

En los tres años de catequesis ustedes aprendieron muchas cosas que Jesús nos enseñó. Se hicieron discípulos suyos. Se llama discípulo a la persona que aprende de un maestro, es dirigida por él y lo sigue con amor. Ustedes empezaron a conocer a Jesús y también empezaron a ser amigos suyos. ¿Qué saben de Jesús? Saben, por ejemplo, que él es el Hijo de Dios que vive desde toda la eternidad con el Padre y el Espíritu Santo; que vino a la tierra, se hizo hombre y fue niño como ustedes –hijo de la Virgen María-. Saben que nos habló del Padre y nos enseñó el camino que lleva a él. Saben que Jesús murió por nosotros, para que se nos perdonen los pecados, y que resucitó para darnos la gracia que nos hace hijos de Dios. Jesús nos dejó al Espíritu Santo para que nos ilumine y nos guíe con sus dones.

Ustedes son discípulos y amigos de Jesús. ¡Qué grande es esto! Pensemos un poco qué significa ser amigos de Jesús. Quiere decir que creemos en él y en todo lo que nos enseñó, que lo queremos mucho, que estamos agradecidos porque él nos amó primero y nos eligió para que seamos sus discípulos y amigos. La amistad con Jesús se parece a la que podemos tener con otros amigos, pero también es muy distinta; es misteriosa y mucho más importante. Jesús es un amigo que no falla, que nunca nos va a olvidar o a traicionar. Nosotros tenemos que preocuparnos de no olvidarlo ni fallarle a él. Poco a poco vamos aprendiendo a tratar con él, a hablar con él. Eso es la oración: hablar con él, a veces usando las oraciones que aprendimos de memoria, a veces usando nuestras propias palabras para conversar familiarmente con él, como lo hacemos con nuestros amigos. Pero la amistad pide que también escuchemos al amigo: quedándonos en silencio, leyendo el Evangelio, atendiendo en la Misa al sacerdote que predica. Sobre todo cuando comulgamos tenemos que aprovechar ese momento, sin distraernos, para conversar con Jesús y para escucharlo, porque a veces nos habla sin ruido de palabras, nos habla directamente al corazón.

Queridos chicos: quiero decirles otra cosa más. Si somos amigos de Jesús, si estamos contentos con serlo, nos tiene que gustar que otras personas lo conozcan y se hagan amigos suyos. A ustedes Jesús los eligió para que estén con él y para que cuenten a otros qué bueno es eso. Jesús quiere que sus discípulos y amigos sean también sus misioneros. Quizá ustedes oyeron que hay muchos hombres y mujeres que dejan su patria y van a países lejanos para llevar el mensaje de Jesús. En realidad, todos los cristianos tenemos que ser misioneros y para eso no hace falta irse lejos. Ustedes también tienen que ser misioneros: misioneritos y misioneritas de Jesús. ¿Dónde? ¿Cómo? En la propia casa, por ejemplo, contándoles a sus padres y a sus hermanos lo que aprendieron en la catequesis, recordándoles que los domingos tienen que ir a Misa todos juntos, en familia. En el colegio, en el barrio, en el club, donde sea, tienen que ser misioneros para que otros chicos se acerquen a Jesús; pueden hablarles de él, llevarlos a la iglesia, pueden darles buen ejemplo y ayudarlos en lo que necesiten. Recuerden siempre esto y repítanlo interiormente: soy amigo y misionero de Jesús. Ahora lo repetimos en voz alta, todos juntos: ¡soy amigo y misionero de Jesús!

Que María, la Virgen Inmaculada, los ayude a mantener esa decisión, los bendiga y los proteja siempre. 

Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata 


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Lectio divina para el día 29 de Diciembre, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.

LECTURA:      “Lucas 2, 22‑35”

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.»

Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.

Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.»

Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño.

Simeón los bendijo, diciendo a María su madre: «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.»

MEDITACIÓN:           “Luz para alumbrar”    

            Este momento de tu encarnación, Señor, está atravesado por la imagen de la luz. Será una expresión en boca de muchos y tú la utilizarás en muchos momentos. Y es que necesitamos luz. Son muchos los empeñados en quitarla, porque la luz deja ver muchas cosas que no nos interesan. Tal vez por eso nos gustan tanto las noches, aunque las llenemos de luces artificiales, pero siempre ella esconde algo que no lo permite el día.

            Nuestra vida en sí, dejada a la lectura de nuestras posibilidades, se muestra limitada, incluso acabada en oscuridad porque nosotros no podemos aportarle nada más cuando se cierran nuestros ojos.

            Y tú vienes a traer luz, y todo lo que ella conlleva: Vida, alegría, paz, transparencia, verdad, ternura, compasión, .. Y vienes a descubrirnos nuestro tesoro de humanidad escondido en nuestro interior, y abrirnos las puertas de la esperanza, y a descubrirnos nuestra llamada a culminar en ti. Vienes a alimentar todo lo que de bueno late en lo más auténtico de nosotros mismos y a descubrirnos, cómo no, nuestras trampas y miedos, nuestras comodidades e incoherencias. Y no para marcarnos como culpables, sino para enseñarnos el camino de  hacernos hombres y mujeres capaces de construir un mundo en el que podamos vivir como hermanos ayudándonos a crecer.

            Parece un sueño irrealizable si miramos el transcurso de nuestra historia, pero es algo a lo que no queremos renegar y tú tampoco. Por eso vuelves a acercarte a nuestra historia, a mi historia, para abrirme tu corazón y así abrir el mío. Quieres iluminarme para que pueda yo iluminar. Y aunque a veces me deslumbres y hasta me moleste tu luz, no dejes de proyectarte sobre mí. Te necesito.

ORACIÓN:                “Amor que me sana”

            Ilumina, Señor, mi corazón, para que mis ojos puedan ver lo que tú y como tú. Ilumina mis rincones oscuros. Me da miedo y vergüenza, sí, pero es que sólo contigo puedo hacer frente a mi lenta limpieza.

            Ilumíname, Señor, y déjame sentir el calor de tu mirada en la que pueda ver reflejada la ternura de tu amor que me sana, y que poco a poco me enseña a amar.    

CONTEMPLACIÓN:                “Ilumíname”

Vienes a iluminar
los rincones oscuros
de mi mundoy de mi  historia;
y busco esconder
las vergüenzas inconfesadas
de mis miserias
que dominan la debilidad
de mis estériles fuerzas.

Y rechazo tu luz
pero la quiero;
la busco, la espero
y la necesito.

Y aunque no me deje,
ilumíname, Señor,
ilumíname.


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Lectio divina para el día de los Santos Inocentes,  ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.

LECTURA:       “Mateo 2, 13-18”

Cuando se marcharon los magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, coge al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo.» José se levantó, cogió al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que dijo el Señor por el profeta: «Llamé a mi hijo, para que saliera de Egipto.»

Al verse burlado por los magos, Herodes montó en cólera y mandó matar a todos los niños de dos años para abajo, en Belén y sus alrededores, calculando el tiempo por lo que había averiguado de los magos.

Entonces se cumplió el oráculo del profeta Jeremías: «Un grito se oye en Ramá, llanto y lamentos grandes; es Raquel que llora por sus hijos, y rehúsa el consuelo, porque ya no viven.»

MEDITACIÓN:            “Coge al niño”

            No todo fueron alegrías. Cantamos paz y amor en estos días, pero no es para todos, El niño, los niños, siguen siendo una amenaza a nuestros intereses. Tú, Señor, traías paz, venías a anunciarnos el amor de un Dios que nos ama y que nos hace hijos y hermanos. Y eso no es buena noticia para muchos. Es un peligro. Tiene más fuerza nuestra palabra y nuestros intereses que los tuyos.

            El corazón de Herodes se turbó, pero no sólo el suyo, sino que todo Jerusalén con él. Un Dios amor es un incordio que nos echa por tierra muchos intereses y comodidades. Hechas por tierra muchos poderes turbios que esclavizan y enriquecen. Hechas por tierra muchas verdades incómodas que me obligan a salir de mis territorios seguros, y sentimos miedos. Miedos que queremos tapar con la fuerza, con las palabras altas, con las verdades a medias de nuestra incapacidad de amar.

            Y nos tapamos los oídos para no oír ni las voces, ni los gritos, ni los silencios, sólo nuestras voces con sus ecos huecos, que a fuerza de repetirse terminamos por creer que son las voces de la verdad. Tal vez por eso has querido dejarte ver y hacerte niño, hacerte ternura,  inocencia desnuda y desarmada, amor confiado, gesto y llamada de vida. Así nos invitas a cogerte, a arroparte, a apretarte, aunque sea torpemente, a nuestro corazón, para sentir tu calor, el calor de tu amor total, y gritar contigo, silenciosamente o fuertemente, ante tanta muerte inocente, un canto a la vida.

ORACIÓN:               “Entrañas de misericordia”

            Hoy, Señor, me brota un grito ahogado desde lo más profundo de mí. Un grito ahogado por las atrocidades que se cometieron y la que se siguen cometiendo, con tantos inocentes de tantas edades y tantos lugares. Tantas atrocidades que vivimos ya con tanta resignación e indolencia que causa todavía más terror. Perdónanos, Señor, pero sobre todo, conviértenos. No sé si lo puedes hacer, cuando tú mismo has sido víctima inocente de tantos intereses. Pero sigue tocando con tu presencia, con tu ternura, con tu amor, el corazón herido del hombre, sánalo y dale entrañas de misericordia, como la tuya para que se haga cada día más humano.

CONTEMPLACIÓN:              “Portador de vida”

Qué sucede, Señor,
qué sucede
en el corazón del hombre
para que se haga
tan insensible y duro

Qué sucede
para que olvide
su capacidad de amar.

Qué sucede
para que actúe
contra aquello
para lo que está hecho.

Qué sucede en mí
para que no me estremezca,
para que ya no llore
ante tanto dolor absurdo.

Déjame mirarte,
despacio y profundo,
deja resonar tu llanto
en mi interior,
brotado de tantos rostros inocentes,
ayúdame a llorar
con ellos, por ellos
y por mí.

Sigue haciéndome portador de vida,
Sigue haciéndome portador de amor.


Publicado por verdenaranja @ 17:05  | Liturgia
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Lectio divina para el día 27 de Diciembre, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.

LECTURA:      “Juan 20, 2-8”

El primer día de la semana, María Magdalena echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.»

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró.

Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte.

Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.

MEDITACIÓN:              “Vio y creyó”

            Juan es el segundo personaje al que nos asoma la liturgia nada más acontecida la Encarnación, después de haber recordado al primer mártir, Esteban. No podía ser de otra manera. Juan es el que nos ha hecho la introducción más densa del nacimiento de Cristo. Es el que se adentró como nadie en ese misterio del Dios amor, que le desbordó, y por el que se dejó cautivar. Por el que se enamoró con toda la fuerza de esa palabra y la hondura que lleva consigo.

            Juan es el apóstol que vio y creyó, no sólo ante el sepulcro vacío, sino ante toda la realidad que se plasmaba en toda la realidad de Jesús. Juan era de los hombres fogosos, hijos del trueno les llamaban a los dos hermanos, pero que sabía mirar dentro, profundo, y así descubrió toda la realidad escondida y plasmada en Jesús. No es tan sencillo como parece. Muchos ven, pero no miran ni descubren, o no quieren ver a pesar de lo que ven. O no quieren creer lo que ven, porque no son capaces o no les interesa.

            Y a Juan le gustará recordar y comunicar, porque eso es lo que ha tocado y transformado su vida, que lo que ha visto es lo que anuncia. No se ha inventado nada, es un testigo del don de Dios que ha salido al encuentro del hombre, y no puede menos que anunciarlo. Él vio y creyó, en la persona, en las palabras, en los gestos, en los silencios, en los signos y en las actitudes. Y descubrió la fuerza del amor de un Dios que lo llenó de ternura y de energía,

            Y su persona, su palabra, su evangelio, nos llega con toda la intensidad del que se ha dejado cautivar por el amor de Dios manifestado en su Hijo y,  por el cual, hemos sido también nosotros constituidos hijos y hermanos. Es el gran regalo de la Encarnación. 

ORACIÓN:              “Portador de ti”

            Señor, hay cosas que yo no puedo ver con los ojos físicos, pero hay muchas cosas, tal vez las más importantes, que los hombres sólo podemos ver con los ojos del corazón, que ahondan y van más allá. Y hay muchos signos, como los que vio Juan, que me hablan de ti, de tu presencia, de tu fuerza, de tu amor, y que siguen poniendo mi vida en movimiento y abriéndome a lo mejor de mí y de los otros. Que no se me apague nunca esta visión.

            Me has hecho experimentar en muchas ocasiones la fuerza y la ternura de tu amor. Que en medio de las vicisitudes del camino de la vida. En medio de mis paradas y pérdidas que a veces experimento, que nunca deje de intuir tu cercanía que me abre y me llama a la vida, donde me invitas a ser portador de ti.

CONTEMPLACIÓN:               “Latido”

Latido intenso y suave
que me habla de una vida
Que se ha hecho amor,
que se ha hecho don.

Latido caliente
que acoge mis preguntas
y mis incertidumbres.

Latido doloroso
que estremece respuestas
y dibuja la oscura noche
de mi corazón herido.

Latido firme
que no se apaga
hasta dar la última gota
de su sí a Dios
y al hombre.


Publicado por verdenaranja @ 17:00  | Liturgia
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Lectio divina para la fiesta de la Sagrada Familia, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife. 

LECTURA:             “Mateo 2, 13‑15.19‑23”

Cuando se marcharon los Magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: Levántate, coge al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo.

José se levantó, cogió al niño y a su madre de noche; se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes; así se cumplió lo que dijo el Señor por el Profeta: «Llamé a mi hijo para que saliera de Egipto.»

       Cuando murió Herodes, el ángel del Señor se apareció de nuevo en sueños a José en Egipto y le dijo: Levántate, coge al niño y a su madre y vuélvete a Israel; ya han muerto los que atentaban contra la vida del niño. Se levantó, cogió al niño y a su madre y volvió a Israel.

Pero al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea como sucesor de su padre Herodes tuvo miedo de ir allá. Y avisado en sueños se retiró a Galilea y se estableció en un pueblo llamado Nazaret. Así se cumplió lo que dijeron los profetas, que se llamaría nazareno.

MEDITACIÓN:           “Cogió al niño y a su madre”

            Hoy parece complicado hablar de la familia, muchos ya no saben a qué se puede aplicar este término. Una de las peculiaridades de nuestra época es que se van distorsionando el significado de las palabras y ya nada quiere significar lo que significaba sino muchas cosas más o nada al final. Ya el amor no expresa lo que entendíamos por amor; ni el matrimonio, ni la familia, ni la vida, ni la libertad, ni la verdad y, al final, ya casi todo vale igual.

            No creo que nuestra tarea sea la de protestar o reivindicar, pero sí pienso que es el momento de manifestar con la vida el valor de lo que creemos, mientras eso en lo que creemos genere bien. Podremos y tendremos que respetar a quien piense de otra manera, pero nosotros tenemos que aprender a decir que creemos en el valor de la familia unida, de ese núcleo vital en el que aprendemos a dar los primeros pasos de nuestros descubrimientos de gestos de humanidad.

Tenemos que tener el valor de manifestar que creemos en el valor de pasar juntos, por encima de las dificultades que la vida presente, desde fuera y desde dentro, incluyendo el sufrimiento, porque ahí aprendemos a crecer, a conocernos, a respetarnos, a confluir en lo fundamental, a aunar valores que compartir juntos. Porque cuando cada uno va por su lado, cuando no hay nada común que haga crecer, cuando no hay una meta que alcanzar, en la lucha y el esfuerzo continuo, todo se viene abajo.

            No, estoy convencido de que no se trata de ponerse contra nadie, sino de implicarnos con seguridad y con gozo en lo que creemos. Dios no nos quita las dificultades, pero nos ofrece la seguridad de que camina con nosotros, de que sigue estando a nuestro lado para ayudarnos a discernir y a leer los signos de la historia y de los acontecimientos, unidos, con él y desde él, como María y José. De esa manera, más con nuestros gestos que con nuestras palabras, seguiremos teniendo algo que decir, una alternativa clara que ofrecer, unos valores humanos y divinos que compartir. Y en ese aprendizaje al familia es el punto de partida esencial del que no se puede prescindir.

ORACIÓN:             “Por todas las familias”

            Señor, en este día que recordamos a la familia que forjaste en Nazaret, donde tú eras el centro, me gustaría pedirte por todas las familias que tratan de vivir contigo y desde ti. No es fácil, metidos como estamos en una corriente de individualismo y de intentos de distorsionar las cosas que parecen más elementales y naturales. Fortalécela y afiánzalas en ti. Y fortalece también a esas familias que se rompen con tanta facilidad.

            Señor, tú no nos evades de la tarea de luchar por aquello que queremos, ni de la necesidad de trabajar juntos, con el esfuerzo que conlleva el amor y las dificultades de la ida y de nuestro crecimiento personal, que se pone a prueba cuando empezamos a convivir.  Que veamos en ti y que sintamos desde ti, tu presencia que nos estimula, nos alienta, y nos enseña la fuerza del perdón y del amor.

CONTEMPLACIÓN:             “Amor que nace y crece”

Amor que nace y crece
en los corazones que se abren.

Amor que nace y crece
en los sueños compartidos,
en las dificultades que vienen,
y oscurecen el camino.

Amor que nace y crece
cuando se mira al lado
y al frente,
y se comparten dolores y gozos.

Amor que nace y crece
cuando se descubre la fuente,
y se sabe de dónde viene,
por dónde camina
y cuál es su meta.

Amor que nace y crece
entre risas y llantos,
entre distancias y abrazos.

Amor que nace y crece
porque se apoya en ti,
amor de Padre y Madre,
que me descubre hijo
del Amor y del Amado.


Publicado por verdenaranja @ 16:56  | Liturgia
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lunes, 27 de diciembre de 2010

ZENIT  publica el discurso pronunciado por el Papa Benedicto XVI el miércoles, 8 de Diciembre de 2010, por la tarde, durante el tradicional acto de veneración de la Inmaculada en la Plaza de España en Roma.

¡Queridos hermanos y hermanas!

También este año nos hemos dado cita aquí, en la Plaza de España, para rendir homenaje a la Virgen Inmaculada, con ocasión de su fiesta solemne. A todos vosotros, que habéis venido en gran número, como también a cuantos participan mediante la radio y la televisión, dirijo mi saludo cordial. Estamos aquí reunidos en torno a este histórico monumento, que hoy está todo rodeado de flores, signo del amor y de la devoción del pueblo romano por la Madre de Jesús. Y el don más bello, y que a ella más agrada, que nosotros ofrecemos es nuestra oración, la que llevamos en el corazón y que confiamos a su intercesión. Son invocaciones de acción de gracias y de súplica: agradecimiento por el don de la fe y por todo el bien que cotidianamente recibimos de Dios; y súplica por las diversas necesidades, por la familia, la salud, el trabajo, por todas las dificultades que la vida nos hace encontrar.

Pero cuando venimos aquí, especialmente en esta celebración del 8 de diciembre, es mucho más importante lo que recibimos de María, respecto a lo que le ofrecemos. Ella, de hecho, nos da un mensaje destinado a cada uno de nosotros, a la ciudad de Roma y al mundo entero. También yo, que soy el Obispo de esta Ciudad, vengo para ponerme a la escucha, no solo por mí, sino por todos. ¿Y qué nos dice María? Ella nos habla con la Palabra de Dios, que se hizo carne en su seno. Su “mensaje” no es otro que Jesús, Él que es toda su vida. Y gracias a Él y por Él que es la Inmaculada. Y como el Hijo de Dios se hizo hombre por nosotros, así también ella, la Madre, fue preservado del pecado por nosotros, por todos, como anticipo de la salvación de Dios para cada hombre. Así María nos dice que todos somos llamados a abrirnos a la acción del Espíritu Santo para poder llegar, en nuestro destino final, a ser inmaculados, plena y definitivamente libres del mal. Nos lo dice con su misma santidad, con una mirada llena de esperanza y de compasión, que evoca palabras como estas: “No temas, hijo, Dios te quiere; te ama personalmente; pensó en ti antes de que vinieras al mundo y te llamó a la existencia para colmarte de amor y de vida; por esto ha salido a tu encuentro, se ha hecho como tú, se ha convertido en Jesús, Dios-Hombre, en todo igual que tú pero sin pecado; se dio a sí mismo por ti, hasta morir en la cruz, y así te dio una vida nueva, libre, santa e inmaculada" (cfr Ef 1,3-5).

Este mensaje nos da María, y cuando vengo aquí, a esta Fiesta, me impresiona, porque lo siento dirigido a toda la Ciudad, a todos los hombres y mujeres que viven en Roma: también a quien no piensa en ello, a quien hoy no se acuerda siquiera que es la Fiesta de la Inmaculada; a quien se siente solo y abandonado. La mirada de María es la mirada de Dios sobre cada uno. Ella nos mira con el amor mismo del Padre y nos bendice. Se comporta como nuestra “abogada” - y así la invocamos en la Salve, Regina: "Advocata nostra". Aunque todos hablaran mal de nosotros, ella, la la Madre, hablaría bien, porque su corazón inmaculado está sintonizado con la misericordia de Dios. Así ve ella la Ciudad: no como un aglomerado anónimo, sino como una constelación donde Dios conoce a todos personalmente por su nombre, uno a uno, y nos llama a resplandecer de su luz. Y quienes a los ojos del mundo son los primeros, para Dios son los últimos; los que son pequeños, para Dios son grandes. La Madre nos mira como Dios la miró a ella, humilde muchacha de Nazaret, insignificante a los ojos del mundo pero elegida y preciosa para Dios. Reconoce en cada uno la semejanza con su Hijo Jesús, ¡aunque nosotros seamos tan diferentes! ¿Pero quién más que ella conoce el poder de la Gracia divina? ¿Quién mejor que ella sabe que nada es imposible para Dios, capaz incluso de sacar el bien del mal?

Este es, queridos hermanos y hermanas, el mensaje que recibimos aquí, a los pies de María Inmaculada. Es un mensaje de confianza para cada persona de esta Ciudad y del mundo entero. Un mensaje de esperanza no hecho de palabras, sino de su misma historia: ¡ella, una mujer de nuestra estirpe, que dio a luz al Hijo de Dios y compartió toda su propia existencia con Él! Y hoy nos dice: este es también tu destino, el vuestro, el destino de todos: ser santos como nuestro Padre, ser inmaculados como nuestro Hermano Jesucristo, ser hijos amados, adoptados todos para formar una gran familia, sin límites de nacionalidad, de color, de lengua, porque uno solo es Dios, Padre de cada hombre.

¡Gracias, oh Madre Inmaculada, por estar siempre con nosotros! Vela siempre sobre nuestra Ciudad: conforta a los enfermos, alienta a los jóvenes, sostén a las familias. Infunde la fuerza para rechazar el mal, en todas sus formas, y de elegir el bien, aun cuando cuesta y comporta ir contracorriente. Danos la alegría de sentirnos amados por Dios, bendecidos por Él, predestinados a ser sus hijos.

¡Virgen Inmaculada, dulcísima Madre nuestra, ruega por nosotros!

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
© Copyright 2010 - Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 21:44  | Habla el Papa
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ZENIT  publica las palabras que dirigió Benedicto XVI el miércoles, 8 de Diciembre de 2010, solemnidad de la Inmaculada Concepción, al rezar la oración mariana del Ángelus junto a varios miles de peregrinos congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano.

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy nuestra cita con motivo de la oración del Ángelus adquiere una luz especial, en el contexto de la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María. En la Liturgia de esta fiesta, se proclama el Evangelio de la Anunciación (Lucas 1, 26-38), que presenta precisamente el diálogo entre el ángel Gabriel y la Virgen. "¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo", dice el mensajero de Dios, y de este modo revela la identidad más profunda de María, el "nombre" por así decir con el que el mismo Dios la conoce: "llena de gracia". Esta expresión, que nos resulta tan familiar desde la infancia, pues la pronunciamos cada vez que rezamos el Avemaría, nos explica el misterio que hoy celebramos. De hecho, María, desde el momento en que fue concebida por sus padres, fue objeto de una predilección singular por parte de Dios, quien en su designio eterno la escogió para ser la madre de su Hijo hecho hombre y, por tanto, preservada del pecado original. Por este motivo, el ángel se dirige a ella con este nombre, que implícitamente significa: "llena desde siempre del amor de Dios", de su gracia.

El misterio de la Inmaculada Concepción es fuente de luz interior, de esperanza y de consuelo. En medio de las pruebas de la vida, y especialmente de las contradicciones que experimenta el hombre en su interior y a su alrededor, María, Madre de Cristo, nos dice que la Gracia es más grande que el pecado, que la misericordia de Dios es más potente que el mal y sabe transformarlo en bien. Por desgracia, cada día, nosotros experimentamos el mal, que se manifiesta de muchas maneras en las relaciones y en los acontecimientos, pero que tiene su raíz en el corazón del hombre, un corazón herido, enfermo, incapaz de curarse por sí solo. La Sagrada Escritura nos revela que en el origen de todo mal se encuentra la desobediencia a la voluntad de Dios, y que la muerte ha dominado porque la libertad humana ha cedido a la tentación del Maligno. Pero Dios no desfallece en su designio de amor y de vida: a través de un largo y paciente camino de reconciliación, ha preparado la alianza nueva y eterna, sellada con la sangre de su Hijo, que para ofrecerse a sí mismo en expiación "nació de mujer" (Gálatas 4, 4). Esta mujer, la Virgen María, se benefició de manera anticipada de la muerte redentora de su Hijo y desde la concepción quedó preservada del contagio de la culpa. Por este motivo, con su corazón inmaculado, nos dice: confiad en Jesús, Él os salva.

Queridos amigos: hoy por la tarde renovaré el tradicional homenaje a la Virgen Inmaculada, ante el monumento a ella dedicado, en la plaza de España. Con este acto de devoción me hago intérprete del amor de los fieles de Roma y de todo el mundo a la Madre que Cristo nos ha dado. Encomiendo a su intercesión las necesidades más urgentes de la Iglesia y del mundo. Que ella nos ayude sobre todo a tener fe en Dios, a creer en su Palabra, a rechazar siempre el mal y a escoger el bien.  

[Después de rezar el Ángelus, el Papa añadió:]

En la fiesta de hoy, tengo la alegría de saludar a la Academia Pontificia de la Inmaculada. Queridos amigos, invoco sobre cada uno de vosotros la protección maternal de la Virgen María y encomiendo a su intercesión vuestra actividad. Os doy las gracias por vuestro generoso trabajo.

Dirijo un saludo especial también a la Acción Católica Italiana, que hoy, en muchas parroquias renueva su compromiso en la Iglesia. Recordando la gran fiesta vivida junto a los muchachos y jóvenes, aquí, en la Plaza de San Pedro, a finales de octubre, manifiesto a todos los socios mi afecto y mi cercanía. Les aliento a caminar por el camino de la santidad, llevando la luz del Evangelio a los espacios de la vida cotidiana.

[A continuación, el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:] 

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, en particular a los profesores y alumnos del Colegio Claret, de Madrid. En este día en que la Iglesia celebra la fiesta de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, nos dirigimos a la madre del Señor para que ilumine con su luz este tiempo de vigilante y confiada espera del Salvador, que es el Adviento. Para que, meditando con docilidad la palabra de Dios, sepamos acoger a Cristo en nuestra vida y llevarlo a los demás, con el testimonio de nuestra fe y caridad. Feliz fiesta de la Inmaculada. 

[Traducción del original italiano realizada por Jesús Colina
© Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 21:41  | Habla el Papa
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Historieta ofrecida por la Delegación Diocesana de Enseñanza de cómo contar a los niños el regalo de los Reyes Magos.

EL REGALO DE LOS REYES MAGOS.

Apenas su padre se había sentado al llegar a casa, dispuesto a escucharle como todos los días lo que su hija le contaba de sus actividades en el colegio,
cuando ésta en voz algo baja, como con miedo, le dijo:


- ¿Papá?
- Sí hija, cuéntame.
- Oye quiero...que me digas la verdad.
- Claro hija. Siempre te la digo.- Respondió el padre un poco sorprendido
- Es que…- titubeó Cristina.
- Dime hija, dime.
- Papá ¿existen los Reyes Magos?


El padre de Cristina se quedó mudo, miró a su mujer, intentando descubrir el origen de aquella pregunta, pero sólo pudo ver un rostro tan sorprendido como
el suyo que le miraba igualmente.

- Las niñas dicen que son los padres. ¿Es verdad?

La nueva pregunta de Cristina le obligó a volver la mirada hacia la niña y tragando saliva le dijo:

- ¿Y tú qué crees, hija?
- Yo no sé, papá, que sí y que no. Por un lado me parece que sí que existen porque tu no me engañas, pero como las niñas dicen eso.
- Mira hija efectivamente son los padres los que ponen los regalos pero…
- ¿Entonces es verdad?- , cortó la niña con los ojos humedecidos.- ¡Me habéis engañado!
- No, mira, nunca te hemos engañado porque los Reyes Magos sí que existen,- respondió el padre cogiendo con sus dos manos la cara de Cristina.
- Entonces no lo entiendo papá.-
- Siéntate, cariño, y escucha esta historia que te voy a contar porque ya ha llegado la hora de que puedas comprenderla.- dijo el padre mientras señalaba
con la mano el asiento a su lado.

Cristina se sentó entre sus padres ansiosa de escuchar cualquier cosa que le sacase de su duda, y su padre se dispuso a narrar lo que para él debió de ser
la verdadera historia de los Reyes Magos:

Cuando el Niño Dios nació, tres Reyes que venían de Oriente guiados por una gran estrella se acercaron al Portal para adorarle. Le llevaron regalos en
prueba de amor y respeto y el Niño se puso tan contento y parecía tan feliz que el más anciano de los Reyes, Melchor, dijo:

- ¡Es maravilloso ver tan feliz a un niño! Deberíamos llevar regalos a todos los niños del mundo y ver lo felices que serían.
- ¡Oh, sí!- exclamó Gaspar.- Es una buena idea, pero es muy difícil de hacer. No seremos capaces de poder llevar regalos a tantos millones de niños como hay en el mundo.

Baltasar, el tercero de los Reyes, que estaba escuchando a sus dos compañeros con cara de alegría comentó:

- Es verdad que sería fantástico, pero Gaspar tiene razón y, aunque somos magos, ya somos ancianos y nos resultaría muy difícil poder recorrer el mundo
entero entregando regalos a todos los niños. Pero sería tan bonito.

Los tres Reyes se pusieron muy tristes al pensar que no podrían realizar sudeseo.

El Niño Jesús que desde su pobre cunita parecía escucharles muy atento sonrió y la voz de Dios se escuchó en el Portal:

- Sois muy buenos, queridos Reyes, y os agradezco vuestros regalos. Voy a ayudaros a realizar vuestro hermoso deseo. Decidme ¿qué necesitáis para poder llevar regalos a todos los niños?
- ¡Oh, Señor!- dijeron los tres Reyes postrándose de rodillas. Necesitaríamos millones y millones de pajes, casi uno para cada niño que pudieran llevar al
mismo tiempo a cada casa nuestros regalos, pero…no podemos tener tantos pajes...no existen tantos.- 
- No os preocupéis por eso - dijo Dios - yo os voy a dar, no uno sino dos pajes para cada niño que hay en el mundo.

- ¡Sería fantástico! ¿Pero cómo es posible? - dijeron a la vez los tres Reyes con cara de sorpresa y admiración.
- Decidme, ¿no es verdad que los pajes que os gustaría tener deben de querer
mucho a los niños?- preguntó Dios.
- Sí claro, eso es fundamental - asistieron los tres Reyes.
- Y, ¿verdad que esos pajes deberían conocer muy bien los deseos de los niños?-
- Sí, sí. Eso es lo que exigiríamos a un paje - respondieron cada vez más entusiasmados los tres.
- Pues decidme, queridos Reyes, ¿hay alguien que quiera más a los niños y los conozca mejor que sus propios padres? 

Los tres Reyes se miraron asintiendo y empezando a comprender lo que Dios estaba planeando cuando la voz de nuevo se volvió a oír:
- Puesto que así lo habéis querido y para que en nombre de los Tres Reyes de Oriente todos los niños del mundo reciban algunos regalos, yo ordeno que en
Navidad, conmemorando estos momentos, todos los padres se conviertan en vuestros pajes, y que en vuestro nombre, y de vuestra parte regalen a sus hijos
los regalos que deseen. También ordenó que, mientras los niños sean pequeños, la entrega de regalos se haga como si la hicieran los propios Reyes Magos. Pero cuando los niños sean suficientemente mayores para entender esto, los padres les contarán esta historia y a partir de entonces, en todas las Navidades, los niños harán también regalos a sus padres en prueba de cariño. Y, alrededor del Belén, recordarán que gracias a los Tres Reyes Magos todos son más felices.
 
Cuando el padre de Cristina hubo terminado de contar esta historia, la niña se levantó y dando un beso a sus padres dijo:

- Ahora sí que lo entiendo todo papá. Y estoy muy contenta de saber que me queréis y que no me habéis engañado.-

Y corriendo se dirigió a su cuarto regresando con su hucha en la mano mientras decía:

- No sé si tendré bastante para compraros algún regalo, pero para el año que
viene ya guardaré más dinero.-

Y todos se abrazaron mientras a buen seguro, desde el Cielo, tres Reyes Magos
contemplaban la escena tremendamente satisfechos.

 


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Reflexión de José Antonio Pagola poara el evangelio del segundo domingo de Navidad 2010, ofrecida por la Delegación Diocesana de Enseñanza de la diócesis de Tenerife.

EL ROSTRO HUMANO DE DIOS 

         No recuperaremos los cristianos el vigor espiritual que necesitamos en estos tiempos de crisis religiosa, si no aprendemos a vivir nuestra adhesión a Jesús con una calidad nueva. Ya no basta relacionarnos con un Jesús mal conocido, vagamente captado, confesado de manera abstracta o admirado como un líder humano más.

         ¿Cómo redescubrir con fe renovada el misterio que se encierra en Jesús? ¿Cómo recuperar su novedad única e irrepetible? ¿Cómo dejarnos sacudir por sus palabras de fuego? El prólogo del evangelio de Juan nos recuerda algunas convicciones cristianas de suma importancia.

         En Jesús ha ocurrido algo desconcertante. Juan lo dice con términos muy cuidados: «la Palabra de Dios se ha hecho carne». No se ha quedado en silencio para siempre. Dios se nos ha querido comunicar, no a través de revelaciones o apariciones, sino encarnándose en la humanidad de Jesús. No se ha "revestido" de carne, no ha tomado la "apariencia" de un ser humano. Dios se ha hecho realmente carne débil, frágil y vulnerable como la nuestra.

         Los cristianos no creemos en un Dios aislado e inaccesible, encerrado en su Misterio impenetrable. Nos podemos encontrar con él en un ser humano como nosotros. Para relacionarnos con él, no hemos de salir de nuestro mundo. No hemos de buscarlo fuera de nuestra vida. Lo encontramos hecho carne en Jesús.

         Esto nos hace vivir la relación con él con una profundidad única e inconfundible. Jesús es para nosotros el rostro humano de Dios. En sus gestos de bondad se nos va revelando de manera humana cómo es y cómo nos quiere Dios. En sus palabras vamos escuchando su voz, sus llamadas y sus promesas. En su proyecto descubrimos el proyecto del Padre.

         Todo esto lo hemos de entender de manera viva y concreta. La sensibilidad de Jesús para acercarse a los enfermos, curar sus males y aliviar su sufrimiento, nos descubre cómo nos mira Dios cuando no ve sufrir, y cómo nos quiere ver actuar con los que sufren. La acogida amistosa de Jesús a pecadores, prostitutas e indeseables nos manifiesta cómo nos comprende y perdona, y cómo nos quiere ver perdonar a quienes nos ofenden.

         Por eso dice Juan que Jesús está «lleno de gracia y de verdad». En él nos encontramos con el amor gratuito y desbordante de Dios. En él acogemos su amor verdadero, firme y fiel. En estos tiempos en que no pocos creyentes viven su fe de manera perpleja, sin saber qué creer ni en quién confiar, nada hay más importante que poner en el centro de las comunidades cristianas a Jesús como rostro humano de Dios.

José Antonio Pagola 

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
2 de enero de 2011
2 Domingo de Navidad (A)
Juan 1, 1-18

 


Publicado por verdenaranja @ 16:53  | Espiritualidad
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domingo, 26 de diciembre de 2010

ZENIT  publica, por su indudable interés,  la carta pastoral que monseñor Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo y administrador apostólico de Huesca y Jaca ha enviado este fin de semana a sus fieles.

Queridos hermanos y amigos: Paz y Bien.

Hace unos días se ha presentado un Informe sobre la Libertad Religiosa, que realiza la importante organización católica “Ayuda a la Iglesia necesitada” que fundara el P. Werenfried van Straaten en 1947, para ayudar pastoralmente a las comunidades cristianas que tienen diversas necesidades o que sufre persecución en cualquier parte del mundo. Su director en España, Javier Menéndez Ros, acaba de asegurar que la situación ha empeorado en estos dos últimos años. Aduce que esta tendencia agresiva obedece a los datos que hay de una radicalización de una parte del mundo islámico y por otra, a la llamada cristianofobia del laicismo beligerante y la barata facilidad con la que la Iglesia es sometida a befa y mofa en el entorno de los países de occidente.

En el mapa de la intolerancia religiosa que este informe dibuja con preocupante realismo y precisión, se indica que en el mundo hay más de 350 millones de personas creyentes que son discriminadas e incluso perseguidas y asesinadas por el delito de profesar su fe en Dios. Ante el incomprensible silencio frente al genocidio religioso que en mayor o menor escala se factura en lugares como China, India, Paquistán o Irak con datos terribles de intolerancia, se constata que son zonas en donde se observa el rápido crecimiento el extremismo religioso de corte islámico verdaderamente virulento y cruel.

Uno se pregunta con extrañeza por qué hay patente de corso en esa exclusión del hecho religioso en general y del cristiano y eclesial en particular. La impunidad con la que los intolerantes imponen su censura a veces con violencia, en algunos casos tiene una pátina de legalidad, de razones de seguridad, de apoyo a las minorías, en cuyos eufemismos se esconde la política de desgaste hacia la presencia cristiana, la estrategia de confusión para diluir el hecho religioso o el maquillado complejo con los que posiciones políticas, culturales y mediáticas tratan de atacar y destruir al cristianismo.

No son casuales los hechos por parte de unos pocos paniaguados que se dedican a la extorsión, al ataque, a la violencia para excluir la expresión pública de la fe. Lo hemos lamentado ante el tratamiento de las palabras del Papa en sus viajes apostólicos, en la censura de la presencia cristiana en algunos ámbitos de la sociedad como la universidad tal y como ha sucedido con la misa en la Universidad de Barcelona a la que hay que asistir con protección o la conferencia suspendida del cardenal Rouco en la Universidad Autónoma de Madrid. Tristemente es la mejor verificación de las palabras de Benedicto XVI en su reciente viaje a España: “este enfrentamiento entre fe y modernidad, ambos muy vivaces, se realiza hoy nuevamente en España: por eso, para el futuro de la fe y del encuentro —no desencuentro, sino encuentro— entre fe y laicidad, tiene un foco central también en la cultura española”.

En la presentación del informe sobre la libertad religiosa antes aludido, intervino también el padre salesiano Miguel Ángel Ruiz, que trabaja en Pakistán, para citar oportunamente las palabras que el Papa Benedicto XVI pronunció en su visita apostólica al Reino Unido, la víspera de la beatificación del Cardenal Newman “en nuestro tiempo el precio que hay que pagar por la fidelidad al Evangelio ya no es ser ahorcado, descoyuntado y descuartizado, pero a menudo implica ser excluido, ridiculizado y parodiado”. Es un juicio certero del momento apasionante en el que nuestra generación cristiana tiene que dar testimonio de su fe, amando a Dios y todo lo que Dios ama, frente a los que odian la gloria de Dios y odian la libertad del hombre.

Recibid mi afecto y mi bendición

+ Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo
A.A. de Huesca y de Jaca


Publicado por verdenaranja @ 20:01  | Hablan los obispos
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ZENIT  nos ofrece el Mensaje Final hecho público por el Consejo Pontificio para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes y el Departamento de Justicia y Solidaridad del CELAM, al terminar el Encuentro Continental latinoamericano de Pastoral de las Migraciones (Bogotá, Colombia, 20 de noviembre de 2010), sobre el tema “Por una mejor pastoral de las migraciones económicas y forzadas en América Latina y en el Caribe”.

I. El evento

El Encuentro Continental Latinoamericano de pastoral de las migraciones ha tenido lugar en la sede del Secretariado Permanente de la Conferencia Episcopal, en Bogotá, Colombia, del 17 al 20 de noviembre de 2010. Organizado por el Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes, conjuntamente con la Sección de Movilidad Humana - Departamento de Justicia y Solidaridad del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), la reunión ha contado con la participación de S.E. Mons. Antonio Maria Vegliò, Presidente del Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes, y del Rev. P. Gabriele F. Bentoglio, Subsecretario del mismo Dicasterio. Participaron también 68 delegados (Obispos, presbíteros, religiosas y laicos) representando a 19 países americanos (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, EEUU, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Uruguay y Venezuela) y representantes de la Sección de Movilidad Humana del CELAM. Estaban presentes Directores y Coordinadores de Movilidad Humana de las Conferencias Episcopales nacionales o sus correspondientes a nivel diocesano, todos involucrados de forma activa en esta pastoral.

II. El tema

El tema del Encuentro ha sido “Por una mejor pastoral de las migraciones económicas y forzadas en América Latina y en el Caribe”. El objetivo de la reunión ha sido individuar modos y estrategias para una pastoral que responda cada vez mejor a las exigencias de los trabajadores migrantes y de aquéllos que son obligados a dejar sus hogares e incluso su país de origen, provenientes de esta área geográfica o que se encuentren en ella.

Mediante los aportes de los participantes se ha conocido mejor la situación de todas las formas de migración en América Latina. Además, se han abordado temas como la dignidad y los derechos de todas y todos los migrantes, la integración, el diálogo, el bien común, así como sus aspectos negativos, entre los que destacan la explotación sexual y laboral, la negación de sus derechos, la discriminación, las deportaciones y toda violencia contra los migrantes. Se han compartido experiencias concretas tendentes a ofrecer adecuadas respuestas pastorales a las distintas situaciones, analizando la medida de su eficacia e individuando modos con los que se podrían mejorar.

Dada la importancia atribuida a las diversas formas de colaboración en el contexto migratorio, se ha examinado el desarrollo en los diversos contextos de la cooperación entre las Iglesias del norte y del sur del Continente, entre las Conferencias Episcopales y/o las diócesis de origen, tránsito y de destino de los migrantes, y entre los migrantes y las comunidades locales.

Los análisis y las discusiones han sido realizados a la luz del Magisterio de la Iglesia, especialmente de la Instrucción Erga migrantes caritas Christi y de otros instrumentos importantes que la Iglesia ofrece para servir de guía a esta pastoral específica.

III. Conclusiones:

- Hemos constatado que en esta área geográfica hay un notable aumento tanto de la emigración como de la inmigración, de la feminización de la migración, de las deportaciones masivas y del tráfico de migrantes y trata de personas, fruto también de la globalización, de la crisis del mercado liberal y de la economía mundial, en general. Se tomó en consideración además el reciente fenómeno de la llegada de refugiados, solicitantes de asilo y migrantes provenientes de África y Asia, así como las migraciones forzadas a causa de los desastres ecológicos. Se ha observado además el creciente fenómeno de las migraciones de regreso.

- El dolor de los migrantes y de los desplazados se refleja en el rostro sufriente de tantos hermanos y hermanas que recorren los caminos del mundo, lejos de su hogar y de su patria, privados del cariño de los suyos y del apoyo social disponible en la sociedad de origen, luchando por una vida digna, e incluso por la supervivencia, para ellos y para sus familias. En efecto, con frecuencia ponen en peligro sus propias vidas a merced de los traficantes de seres humanos y se arriesgan a ser víctimas del secuestro de personas, como con frecuencia sucede especialmente en el caso de los desplazamientos irregulares.

- Hemos reconocido en cada migrante y desplazado el rostro de Jesucristo, al que hay que amar, consolar y ayudar con calor humano, al que ofrecer solidaridad humana y cristiana. Ellos esperan la proclamación del Evangelio, Palabra que ilumina, conforta y salva. De hecho, también a ellos se refería el Señor cuando dijo: “Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis” (Mt 25,40).

- Hemos percibido la urgencia de apoyar a los migrantes y a todos los que están desplazados en este duro camino, de modo que se sientan como en casa en la tierra que les ofrece el pan para vivir y en la Iglesia donde el Pan de la vida alimenta nuevos sueños y esperanzas, animándoles también en las empresas más difíciles, incluyendo la de la integración sin ser asimilados, y en la lucha contra la discriminación y el racismo.

- Además hemos constatado el grave peligro en el que en ocasiones viven y las amenazas a las que son expuestos tanto los agentes pastorales como todos aquellos que defienden la persona, la dignidad y los derechos de las personas afectadas sea por la migración económica como por la forzada.

- Se ha dado gran importancia al objetivo principal de nuestra misión que es acompañar pastoral e integralmente a los migrantes y a los desplazados para confirmarlos en la fe en la que deben encontrar alivio y apoyo, y en la defensa de sus derechos, durante y después de que atraviesen las fronteras, los océanos y los continentes.

- Hemos insistido en la urgencia de velar por el bien de la familia, y en especial favorecer la unidad entre sus miembros.

- Hemos afirmado, por su importancia,  la necesidad de fortalecer la presencia de las Comisiones de pastoral de Movilidad Humana en el seno de las Conferencias Episcopales, evitando su absorción por la pastoral social o Cáritas.

- Vemos necesario incrementar la colaboración entre las Conferencias Episcopales de origen, tránsito y destino, como por ejemplo se está dando entre las Conferencias Episcopales de los Estados Unidos y de México, que se ha transformado en un proceso regional, destinado a convertirse en continental.

IV. Recomendaciones:

- Invitamos a las comunidades cristianas y a todas las organizaciones de los países de destino a apoyar iniciativas que intenten constituir organizaciones de migrantes, de modo que éstos puedan ofrecer su contribución como actores e interlocutores en la sociedad de llegada.

- Es indispensable que quienes trabajan a favor de los migrantes y de los desplazados aprendan a escucharlos, ya que esto es de capital importancia para restituirles su dignidad humana, ofreciéndoles la posibilidad de expresarse y, si es necesario, convertirse en sus portavoces.

- Recomendamos implicar a los mismos migrantes y desplazados en la acción activa a favor de otras personas que comparten su condición y, junto a ellos, actuar en sinergia.

- Recomendamos la formación de los migrantes y de los desplazados, tanto en la vida de fe como en la profesional y laboral, esforzándose en ayudarles a aprender la lengua del país de llegada.

- Es muy importante el respeto a los derechos de los trabajadores migrantes y consolidar la integración en las estructuras de las organizaciones de trabajadores ya existentes.

- Invitamos a las comunidades cristianas a fortalecer las organizaciones en zona de fronteras constituyendo así puentes sólidos en favor de los migrantes y de aquéllos que son forzados a dejar sus hogares, acompañando especialmente a los deportados o expulsados y a los que deciden voluntariamente volver a sus países de origen.

- Las Conferencias Episcopales intercambien informaciones y buenas prácticas y discutan e individúen juntas modos concretos en favor de una colaboración eficaz que posteriormente puedan desarrollar.

- Animamos a los Obispos latinoamericanos a realizar visitas pastorales a las comunidades de sus connacionales que se encuentran en el extranjero y a enviar cartas pastorales con ocasión de Navidad, Pascua y sus fiestas más significativas.

- En los países de origen es necesario instituir programas de formación para sensibilizar a los potenciales emigrantes sobre los riesgos y peligros vinculados al tráfico de personas, especialmente de mujeres y niños.

- Dar a conocer los canales regulares de emigración y de reunificación familiar, intentando que nadie caiga en una emigración irregular. Incidir políticamente para que haya leyes más justas que favorezcan la libre circulación de las personas.

- Hay que asegurar que estén involucrados todos los actores interesados en la cooperación intercontinental (las Iglesias, sociedad civil, gobiernos, agencias, organizaciones de migrantes y organismos internacionales), en el nivel intergubernamental, gubernamental y no gubernamental, a favor de la integración y el bienestar de todos los migrantes y desplazados.

- Hay que estudiar mejores formas para hacer llegar el mensaje de la Iglesia a los fieles laicos, a la sociedad civil, a los gobernantes, a los Estados, a las organizaciones internacionales gubernativas o no gubernativas, de modo que sea mejor acogido por los interesados y por la opinión pública.

- Incrementar, por medio de los nuevos medios de comunicación, el diálogo, consultas y reuniones entre los actores de la pastoral de la movilidad humana.

- Es necesario favorecer el conocimiento de la realidad migratoria mediante la concienciación en todos los ámbitos a través de los modernos medios de comunicación, cursos, talleres y foros sea para los agentes pastorales, como para los propios migrantes y otros sectores de la sociedad.

- Se recomienda a los Estados la adopción de instrumentos internacionales para la protección de los derechos de todos los migrantes y de sus familias, así como de los refugiados y desplazados, de modo particular la ratificación de la Convención Internacional sobre la protección de los derechos de todos los trabajadores migrantes y de los miembros de sus familias, la Convención de Ginebra sobre el Estatuto de los Refugiados y la Declaración de Cartagena sobre los Refugiados en América Latina.

- Recomendamos que el CELAM, con el apoyo del Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes, dirija una carta pastoral sobre el fenómeno de las migraciones económicas y de aquellas forzadas a los Obispos y fieles del continente latinoamericano, incluyendo las posibles respuestas pastorales, de modo que se haga escuchar la voz de la Iglesia en este asunto, incidiendo así a nivel político, social y eclesial.

- Solicitamos, por último, al CELAM que elabore un plan estratégico de acción regional-continental, con el apoyo del Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes, con el objeto de promover una mejor coordinación y diálogo entre las Conferencias Episcopales de los hemisferios norte y sur a la hora de afrontar los desafíos del fenómeno de las migraciones económicas y de aquellas forzadas.


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Mensaje de los participantes en la reunión, que se ha celebrado en Roma del 16 al 17 de noviembre,  bajo el tema "Las nuevas Caras de la Migración en África- causas profundas, desafíos, perspectivas del segundo Sínodo de África y el papel de la Iglesia en África", organizada por el Simposio de las Conferencias Episcopales de África y Madagascar (SECAM/SCEAM) y por la Comisión Internacional Católica de Migración (ICMC/CICM). (Fides

Mensaje emitido por los participantes africanos del Encuentro Consulta de SECAM-ICMC sobre Migrantes celebrada en Roma 16-17 de noviembre de 2010.

Preámbulo

Nosotros, los participantes de África durante una consulta de dos días sobre migración, hemos discutido una serie de cuestiones sobre el tema: "Los nuevos rostros de la migración en África - Causa Raíz, Desafíos, Perspectivas desde el Segundo Sínodo de África y el Papel de la Iglesia en África”. 

Estamos muy agradecidos a SECAM y a la ICMC por haber organizado esta importante reunión que congregó a participantes de 22 Conferencias Episcopales de África, nacionales y regionales, especialistas de dentro y fuera de África. También tuvimos el honor de la presencia de Su Eminencia, el Cardenal Policarpo Pengo, Presidente del SECAM y el arzobispo Gabriel Mbilingi, Segundo Vicepresidente del SECAM y Presidente de Justicia y Paz del Departamento de Desarrollo del SECAM, así como al Presidente y al Secretario General de la ICMC, los Sres. John M. Klink y Ketelaars Johan, respectivamente.
Deseamos dirigir este mensaje a la comunidad internacional, ICMC y a nosotros mismos como los africanos. 

Causas de la migración

En los últimos cincuenta años más o menos la población de África se ha enfrentado a enormes desafíos en materia de migración.  Las causas de la migración dentro de África y hacia otros países de Europa, América del Norte y Oriente Medio se encuentran más en el mal gobierno, las malas políticas económicas, injusticias socio-políticas, guerras, conflictos religiosos, pobreza y falta de oportunidades de empleo. Se estima que hay cerca de 200 millones de migrantes en todo el mundo con una cuarta parte de ese número procedentes de África.

Para la Comunidad Internacional

En la medida en que valoramos los problemas que afrontan un número de países que tienen una gran afluencia de migrantes y los derechos de tales Estados para frenar este fenómeno, queremos recordarles los derechos humanos básicos consagrados en la Declaración Universal de Derechos Humanos, Artículo 13: (1) Toda persona tiene derecho a la libertad de circulación y residencia en el territorio de cada Estado, y (2) que toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluido el propio. Por lo tanto, condenamos los muchos prejuicios y malos tratos que se imponen en contra de los migrantes en particular los de África. Estamos apelando a los países interesados a aplicar sus leyes sobre los inmigrantes de manera justa y equitativa. No sólo no deben construir barreras para impedir que la gente emigre, sino instar a los países desarrollados a ayudar a los países africanos a resolver sus problemas económicos y socio-políticos. 

Para los gobiernos africanos

El problema de la migración de los africanos en gran medida se debe a pobreza, guerras y falta de puestos de trabajo. Para ello queremos hacer un llamamiento a nuestros gobiernos a esforzarse por crear un clima de seguridad y libertad y otras condiciones necesarias en términos de buen gobierno, promoción de principios democráticos y creación de empleo para disuadir a sus ciudadanos de salir de sus países con el fin de reducir al mínimo si no eliminar por completo la migración. Tenemos que entender que la migración siendo un resultado directo de la pobreza y el desorden social también afecta al logro del desarrollo económico por la fuga de cerebros o la pérdida de trabajadores calificados o profesionales. 

Para la Iglesia en África

De esta reunión hemos puesto de relieve que el extranjero en otro país no debe ser visto como una amenaza, sino debe ser visto como un hijo de Dios. Como Iglesia es una necesidad para nosotros aplicar en serio la enseñanza de la Iglesia sobre la migración con especial referencia a: "Erga Migrantes Caritas Christi" de 2004; Pastoralis migratorum Cura" del Papa Pablo VI y la reciente encíclica del Papa Benedicto XVI, Caritas in Veritate.
Estamos más que convencidos de que los migrantes en la mayoría de los casos contribuyen al desarrollo de la comunidad en que residen. En el ámbito religioso los migrantes apoyan los esfuerzos de evangelización de la Iglesia local.
La iglesia, por tanto, debería continuar ejerciendo su papel profético en la búsqueda de soluciones sobre lo que hace a uno un migrante y prestando atención a los derechos humanos y a las dignidades sociales de estos hermanos y hermanas nuestras. 

Un llamado a la colaboración, cooperación y conexión de redes

Gracias al intercambio fructífero y franco que tuvo lugar durante esta reunión hemos llegado a comprender y apreciar la valiosa labor que ICMC, Caritas África y otros organismos están haciendo por el pueblo de nuestro continente en particular en el ámbito de la migración.
Es en reconocimiento de estos esfuerzos que estamos amablemente instando a estas organizaciones - ICMC, África Caritas, Caritas Internationalis, el Consejo Pontificio sobre pueblos Migrantes e Itinerantes, Catholic Relief Services y otras organizaciones católicas que tienen una sinergia de las actividades mediante la armonización de sus operaciones en África a través de una estrecha colaboración y cooperación con SECAM. Esta convocatoria no significa en absoluto una fusión de estos organismos, sino una necesidad sentida y clamor de nuestro pueblo por una plataforma común para el uso de los recursos de estas organizaciones. La iglesia tiene que hacer el mejor y posible uso de los recursos humanos, materiales, financieros y espirituales a su disposición. 

Compromiso y Gratitud

Nos comprometemos a trabajar con las organizaciones de la sociedad civil y es más con las organizaciones gubernamentales y en particular la Unión Africana para informar o educar a nuestros medios a informar o educar a nuestros hermanos africanos acerca de los efectos negativos de la migración - lo que significa vivir en un país que no sea de uno  propio. Se les debe hacer entender que no es tan bueno como ellos probablemente imaginan estar en Europa, América del Norte y Oriente Medio.
En conclusión, queremos expresar nuestro sincero agradecimiento y gratitud a SECAM y ICMC por la organización de esta primera consulta de África con el apoyo financiero de la ICMC. Cualquier cosa que hagáis al más pequeño de mis hermanos, me lo hacéis a mí (Mt 25, 40). Esperamos una colaboración más estrecha entre el SECAM y ICMC.
Que la bendición de Dios Todopoderoso esté con todos nosotros.
Roma, 17 de noviembre de 2010. 

(Traducción particular desde el inglés)

Message issued by the African participants of the SECAM-ICMC Consultation (en ingles)


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Carta del Cardenal Paul Shan, Arzobispo emérito de Kaohsiung, dirigida "a todos los hermanos Obispos", que lleva la fecha del 1 de mayo de 2010 y se ha hecho pública en los últimos días. (Fides) 

Carta del Cardenal Paul Shan a todos los hermanos en el episcopado
01 de mayo 2010

Amados hermanos en el episcopado:

Que la paz y la alegría de Cristo esté con ustedes, ya que Él ha vencido el mal y la muerte al resucitar de entre los muertos.

A pesar de que nunca nos hemos reunido o comunicado por carta, rezo por ustedes, por sus diócesis y por toda la Iglesia en China por lo menos siete veces al día. Que el Señor os conceda la paz y la salud en cuerpo y alma. Que el Señor os conceda también que vuestra evangelización y trabajo pastoral progrese sin problemas y con éxito. Que todos los católicos de vuestra diócesis estén unidos de corazón y alma, y cooperen unos con otros en el amor mutuo. Que cada Iglesia particular esté en comunión con la Iglesia Universal con el fin de hacer realidad  la voluntad de Nuestro Señor que haya un solo rebaño y un solo pastor.

Un obispo hermano me sugirió una vez que debería compartir mi experiencia pastoral como sacerdote durante más de 50 años y como obispo durante 30 años con mis hermanos obispos. Puesto que este año es el Año Sacerdotal, creo que debo compartir con mis hermanos obispos algo sobre "la relación entre un obispo y sus sacerdotes". Nuestra fe católica nos dice que los obispos son los sucesores de los Apóstoles y los ordinarios legítimos de sus diócesis, y que los sacerdotes son los colaboradores más cercanos de los obispos en la evangelización y el trabajo pastoral. La relación entre un obispo y sus sacerdotes es muy íntima y polifacética. Ahora brevemente comparto con ustedes, mis hermanos obispos, los siguientes tres tipos de relaciones importantes.

La relación padre-hijo

La relación padre-hijo, que un obispo tiene con sus sacerdotes, no es paternalista, como la de una sociedad patriarcal antigua. Más bien dentro de las limitaciones de la naturaleza humana, imita la relación, que el Padre celestial tiene con su único y encarnado Hijo, Jesús. El Padre y Su único Hijo Jesús, con un solo corazón y mente, viven, se comunican y trabajan juntos. Jesús es la imagen visible del Padre: "Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo puedes decir: 'Muéstranos al Padre? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta. El Padre que mora en mí hace sus obras." (Juan 14, 9-10) Esta conversación entre Jesús y Felipe en el cenáculo en la Última Cena muestra claramente lo cerca que estaba la relación padre-hijo entre Jesús y el Padre. La intensidad de la intimidad los hizo inseparables y totalmente uno. 

Jesús esperaba que sus discípulos y sus creyentes en las generaciones siguientes se amaran unos a otros, y estuvieran unidos como uno solo. Por lo tanto, en la Última Cena Él oró por ellos de esta manera: "Que todos sean uno, como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me ha enviado... que sean uno, como nosotros somos uno. " (Juan 17, 21-22) La relación padre-hijo entre el Padre y Su único Hijo es tal que son de la misma naturaleza, con un solo corazón y una sola mente, amándose mutuamente e inseparables. Este es el modelo más perfecto de la relación padre-hijo de un obispo con sus sacerdotes. Aunque debido a la debilidad y las limitaciones de la naturaleza humana, este modelo no se pueda lograr por completo, un obispo y sus sacerdotes al menos se esfuerzan mucho para llegar a este nivel de una relación padre-hijo. 

Si la diócesis se puede comparar con una familia, el obispo es la cabeza de la familia y los sacerdotes son sus hijos. La principal tarea del cabeza de la familia es satisfacer las necesidades físicas, intelectuales y espirituales de sus hijos, para que puedan tener la sensación de seguridad en el hogar. Al mismo tiempo debe poner todo su esfuerzo en la crianza de los hijos hasta que sean adultos. También tiene la responsabilidad de alimentar a la familia y de desarrollar la empresa familiar 

El cabeza de la familia diocesana sobre todo debe tener cuidado de los medios de vida de los sacerdotes y las necesidades materiales. Esto es especialmente cierto para los sacerdotes ancianos y enfermos. Estas iniciativas deberían contar con atención médica y con planes para la jubilación. A pesar de que las finanzas de una diócesis pueden estar ajustadas, aún así el cuidado de los sacerdotes debe ser una prioridad. Las parroquias pueden ser grandes o pequeñas, con más o menos ingresos. Pero puesto que el obispo está generalmente demasiado ocupado para complacer a todos, lo mejor que puede hacer es seleccionar sacerdotes, religiosas y laicos que sean  fervientes, justos y bien informados en asuntos financieros para formar un comité, bajo la supervisión del obispo. Deben con caridad y justicia administrar y distribuir los recursos de la diócesis.

Esto permitiría que cada sacerdote esté despreocupado por sus necesidades materiales, y esté totalmente dedicado a la evangelización y al trabajo pastoral. En mi diócesis, he experimentado que las parroquias más grandes cuiden de las pequeñas parroquias. El resultado fue bueno y beneficioso para ambas partes. Pero una advertencia se debe dar: No permitir que las parroquias pequeñas confíen demasiado en las parroquias grandes, porque deben llegar a ser autosuficientes en sí mismas. Después de algún tiempo, una vez que son autosuficientes, puedan ayudar a otras parroquias más pequeñas o a las misiones de nuevo desarrollo. 

El cabeza de la diócesis también debe estar preocupado por el crecimiento psicológico e intelectual de los sacerdotes. Aquí, "psicológico e intelectual" significa la formación y el desarrollo de los sentimientos y el intelecto de los sacerdotes. Una persona que es tanto psicológica como intelectualmente sana, puede ocuparse del trabajo pastoral y evangélico de una manera racional. Con todo respeto invito a cada obispo a llevar a los sacerdotes de su diócesis a formar un colegio sacerdotal (presbiterio), que tendría un ambiente cálido, cordial y amable, con un espíritu de cooperación mutua y el cuidado de unos a otros, y con los sacerdotes unidos en un solo corazón y  mente. Para formar una comunidad, los sacerdotes tienen que estar en constante contacto, comunicación y comunión unos con otros.

Por lo tanto, cada sacerdote debe valorar los retiros mensuales sacerdotales y las reuniones con el obispo. Además de los ejercicios espirituales, los sacerdotes pueden intercambiar experiencias pastorales y de evangelización, sin tener en cuenta los éxitos y fracasos. También pueden compartir las alegrías y las tristezas de la vida. Como los tiempos van cambiando y desarrollándose, los sacerdotes también necesitan estar al día en Escritura, teología, espiritualidad, estudios pastorales,  derecho canónico,  liturgia, filosofía, gestión y relaciones personales, con el fin de estar en contacto con la era moderna. El obispo puede unirse con otros obispos de las diócesis cercanas e invitar a académicos y expertos para realizar talleres  con el fin de favorecer el conocimiento de los sacerdotes en los temas anteriores. Aparte de los talleres a gran escala, y los retiros sacerdotales mensuales, cada decanato puede organizar reuniones una vez al mes, “sin un formato fijo," manteniéndolas en diversas parroquias por turno. Así se puede comprender la realidad del trabajo pastoral y la evangelización en cada parroquia. Los sacerdotes pueden animarse unos a otros, y estudiar temas de interés común en el mismo decanato. 

No sólo el cabeza de familia tiene las responsabilidades de la familia, los hijos pueden tener sus derechos también. El primero es entender la mente de su padre y llevar a cabo de todo corazón la voluntad del padre. La relación entre Jesús y su Padre es un modelo perfecto a seguir por los sacerdotes y su obispo. Jesús considera hacer la voluntad del Padre como alimento (Jn 4, 31-34) y fue "obediente hasta la muerte, y muerte de cruz" (Filipenses 2, 8) Antes de que un obispo haga una decisión importante en materias mayores diocesanas, debe trabajar con los sacerdotes del Consejo de la diócesis y con las personas relacionadas, con el fin de que tenga  comunicación sustancial, investigación, un intercambio de puntos de vista, y un consenso, antes de llegar finalmente a una decisión. Después de que el obispo anuncia la decisión, los sacerdotes deberían aceptarla de todo corazón, teniéndola como la voluntad de Dios expresada a través del obispo. Esto sin duda traerá bendiciones de Dios para que el sacerdote complete el trabajo pastoral y la evangelización que el obispo le ha confiado. También ayudará a que el sacerdote se sienta feliz y en paz. 

La relación profesor-alumno

La relación entre el obispo y los sacerdotes de su diócesis se puede comparar a la relación profesor-alumno, que Jesús tiene con sus discípulos. Jesús usó todo tipo de oportunidades y maneras de formar a sus discípulos, y de fortalecerles en las tres virtudes de fe, esperanza y caridad. Especialmente fue un ejemplo para ellos, así  poco a poco influenciando en ellos. El obispo debe ser el primero en dar ejemplo. En su vida cotidiana, cuando se trata de personas y cosas, debe vivir activamente las tres virtudes de fe, esperanza y caridad.

El obispo es el protector y el instructor en los fundamentos de la fe. En la situación actual, el desafío más grande se encuentra en el ámbito de la eclesiología. El obispo tiene la responsabilidad de proteger y enseñar las cuatro cualidades de la Iglesia, es decir, de ser una, santa, católica y apostólica. También debe proteger la jerarquía de la Iglesia, y enseñar la importancia de la comunión y la unidad con el Sucesor de San Pedro. No sólo debe asegurarse de que sus sacerdotes entienden claramente estas doctrinas importantes, sino que debe informarles e instruirles a que los laicos las observen.

En cuanto a la formación permanente de los sacerdotes en Escritura,  teología, espiritualidad, derecho canónico, teología moral, pastoral, la evangelización y catequesis, el obispo puede unirse a los obispos de las diócesis vecinas para organizar conjuntamente talleres. Puede invitar a académicos y expertos para ayudarles con su programa de actualización. Por otra parte, los obispos deben animar a sus sacerdotes a leer buenos libros. Sería bueno si cada decanato creara un comité para la formación permanente de los sacerdotes. Podrían reunirse una vez al mes. Cada sacerdote podría compartir lo que ha aprendido de su lectura y reflexión. De esta manera la lectura de una persona podría beneficiar a otros. La diócesis incluso puede formar grupos de estudio, de acuerdo a los intereses y la especialización de los sacerdotes, sobre Biblia, teología, espiritualidad, ministerio pastoral, evangelización, teología moral, derecho canónico, catequesis y gestión de la parroquia. Entonces, cuando surja la pregunta, los grupos de estudio especiales pueden ser invitados a la investigación y a explicarla. 

Los compañeros del trabajo pastoral y evangelización

Cuando Jesús proclamó el Evangelio en esta tierra, Él había  elegido a los apóstoles como sus colaboradores y ayudantes. Cuando los apóstoles se dieron a la tarea de predicación, también seleccionaron  compañeros de trabajo y ayudantes. Se les impusieron las manos y los consagraron como un presbítero o sacerdote. Hoy los laicos normalmente los llaman "Padre", porque ayudan al obispo al  cuidado de la vida espiritual y las necesidades de los católicos. Para poder atender adecuadamente la vida espiritual y las necesidades de los católicos, así como para extender  la labor de predicar el Evangelio, de modo que lo acepten más  no creyentes y sean bautizados como hijos de Dios, el obispo y los sacerdotes deben trabajar en estrecha colaboración. 

En el trabajo pastoral y evangelización, los sacerdotes son los socios más íntimos y amigos del obispo. Por lo tanto, en el proceso de planificación y formulación de políticas para el trabajo pastoral y de evangelización, el obispo debería permitir a los sacerdotes a participar en la investigación y la discusión. Sólo después de un consenso que se alcance, los planes deben ser implementados. Este proceso puede parecer una pérdida de tiempo, pero en realidad, se ahorra tiempo. Si los ejecutores  participan en la planificación y toma de decisiones, entonces las tareas se llevarán a cabo más a fondo y de manera eficiente.

Si el obispo vive como Jesús, no tratará a los sacerdotes como a sus empleados o criados. Más bien los llamará sus compañeros de trabajo y amigos. Él les comunicará acerca de sus planes de trabajo pastoral y de evangelización. "Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor. A vosotros os he llamado amigos, porque os lo he dicho todo lo que he oído a mi Padre." (Juan 15, 15) Si los sacerdotes, con una sola mente y un corazón, ayudan al obispo en su ministerio pastoral y el trabajo de evangelización, la diócesis recogerá una cosecha abundante. 

Hermanos Obispos muy queridos, sé de las situaciones difíciles en las que estáis. No sólo rezo todos los días por ustedes y por vuestras diócesis, quiero compartir este pequeño aporte de mis más de 30 años de experiencia como obispo con ustedes. Creo que la relación entre un obispo y sus sacerdotes es muy importante. Si el obispo puede mantener una buena relación con sus sacerdotes, como un padre con sus hijos, o un maestro con sus compañeros de trabajo, entonces él estará feliz y tranquilo, y Dios bendecirá su labor pastoral y evangélica con abundante fruto.

Que Dios les conceda su paz.

Su hermano en Cristo 

Shan Kuo-hsi

(Traducción particular desde el inglés)

Texto original en inglés

 


Publicado por verdenaranja @ 19:24  | Hablan los obispos
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sábado, 25 de diciembre de 2010

Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas para el 2º domingo de Adviento (5 de diciembre de 2010) (AICA)

LOS DERECHOS DE LOS NIÑOS Y JÓVENES

Estamos caminando el tiempo del Adviento con el propósito de “volver a Dios” para celebrar bien la Navidad. Pero este camino lo podemos realizar solamente cuando captamos desde la fe que tenemos que convertirnos en pequeños y humildes para comprender el Reino que nos anuncia Jesucristo, el Señor. En el Evangelio de este segundo domingo de Adviento (Mt. 3,1-12), San Juan Bautista aparece proclamando en el desierto de Judea: “Convertíos porque ha llegado el Reino de los cielos”.

Para “convertirnos” es necesario hacernos pequeños y sabemos que el lenguaje del pesebre es elocuente y nos enseña como ingresar al Reino que anunciaba Jesús. Algunos contemporáneos del Señor recibieron el calificativo de bienaventurados, porque por su situación se encontraban a punto para el encuentro salvífico con Jesús. Paradójicamente su pobre situación los había hecho dichosos, ricos y privilegiados. Ellos son los pobres, los que lloran, los misericordiosos… con los cuales Jesús se identifica plenamente. “Tuve hambre y me dieron de comer, enfermo y me visitaron, en la cárcel y vinieron a verme… Cuanto hagan a uno de estos hermanos míos más pequeños a mi me lo hacen” (Mt. 25,35-36.40). A este texto de Mateo se le pueden añadir otras situaciones en donde podemos encontrar a Jesús en los pobres.

Al reflexionar sobre el tema de “la vida” durante este adviento hemos hecho referencia a la gravedad que reviste en nuestro tiempo la defensa de los derechos de los “niños por nacer”, considerando que los grupos de militantes en favor del aborto se contradicen al hablar de derechos humanos, y no defender los derechos de los niños a que vivan desde que son concebidos como nos enseña claramente la genética, definiendo científicamente que desde la concepción hay “vida humana”. Lamentablemente los que militan en favor del aborto, sobre este tema deberían justificar la decisión de eliminar una vida humana por nacer, y de esto hacen un profundo silencio y de ese derecho no hablan. Raramente señalan que mueren casi 500.000 niños por año, hablan de “fetos” como si fuesen solo hígados o riñones que sobran en la mujer y no de vidas humanas.

El próximo 8 de diciembre celebramos la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, fecha tan querida por el pueblo de Dios. En relación a esa celebración habitualmente he tratado de reflexionar sobre el valor de “la pureza”, especialmente ligada a nuestros niños y jóvenes. Debemos reconocer que teniendo en cuenta los peligros que acechan al tema de la vida en todas sus dimensiones, y el ambiente sobre todo que ofrecen la mayor parte de los medios de comunicación, hablar de “pureza en los niños y jóvenes” parece absurdo. Por un lado nos escandalizamos de la violencia y problemas juveniles, y por otro la comunicación consumista, el alcohol y la droga entre otros, se multiplican descontroladamente.

La droga no es único mal que padecen nuestros jóvenes, hay muchos otros males, el alcoholismo, la promoción de una sexualidad promiscua, incluso en planteos educativos… todo esto es fruto de una visión del hombre (varón y mujer) materialista y sin ninguna dimensión de lo trascendente. Sabemos que el ambiente determina en gran medida la voluntad y la libertad de aquellos que en la adolescencia empiezan a realizar sus primeras opciones fundamentales.

En este contexto tendremos que acentuar con más fuerza el valor de “la pureza”, como clave para “la vida” de nuestros jóvenes y para todas las edades. En nuestras escuelas hoy se ha logrado introducir un poco más el tema de la ecología, de lo natural, pero lamentablemente no se introdujo el valor de “la ecología humana”, del respeto y cuidado de nuestra propia naturaleza humana. Hablar de pureza de vida, como una opción fundamental parece ir a contrapelo del consumismo que con tal de ganar plata, no tiene ningún escrúpulo en destrozar a los niños y jóvenes y el derecho que tienen a ser respetados en su dignidad de personas. Debemos subrayar que los mismos padres y educadores al ser los primeros responsables de nuestros niños y jóvenes necesitan ahondar sobre el valor de la pureza.

La esperanza cristiana, porque tiene a Dios como su meta y absoluto nos compromete a trabajar activamente para mejorar nuestro tiempo. Los niños y jóvenes son el presente y el futuro y todo lo que invirtamos en ellos será un signo de esperanza.

¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo! 

Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas 


Publicado por verdenaranja @ 22:04  | Hablan los obispos
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Exposición de monseñor Eduardo Eliseo Martín, obispo de Villa de la Concepción del Río Cuarto en la Reunión de Defensores del Pueblo (2 de diciembre de 2010). (AICA)

REUNION DE DEFENSORES DEL PUEBLO            

 Sr Defensor del Pueblo de la Nación, a cargo: Dr. Anselmo Sella
Sr. Defensor del Pueblo de Río Cuarto Dn. Eduardo Mugnaini
Sres. Defensores del Pueblo venidos de distintas partes del país. 

En primer lugar quiero expresar mi agradecimiento a los organizadores de este evento por haberme invitado a participar del mismo y poder dirigirles la palabra.

El ser humano tiene un corazón que es igual en todos, desde que el hombre es hombre. Corazón en el sentido de la Biblia, como núcleo de la persona. La naturaleza del corazón es ser apertura al infinito; el ser humano tiene una dimensión trascendente, abierta, sin límite. Y esta apertura es en el orden de algunas exigencias fundamentales, que vienen dadas por la naturaleza misma, que son interiores, y que son inextirpables. Las mismas pueden ser silenciadas, adormecidas, pero nunca extirpadas. Y siempre hay circunstancias de la vida que las despiertan.

Las mismas son las exigencias de la verdad, de la justicia, del amor, de la belleza. En una palabra la exigencia de la felicidad. Es cierto también, y esto lo sabemos por la experiencia, que nada de lo que encontramos en el camino de esta vida coincide con el deseo de justicia, de amor, de belleza, de felicidad que tenemos. La experiencia nos muestra que el deseo de las mismas es inconmensurable. Por tanto, sólo la admisión del Misterio como respuesta última a estas exigencias es la verdadera satisfacción de las mismas. Si excluyéramos el más allá, todas estas exigencias se verían antinaturalmente truncadas, y la vida sería una permanente insatisfacción.

Ustedes, estimados defensores del Pueblo, son requeridos, particularmente por esa necesidad de justicia que tantas veces experimenta el ciudadano común y que no encuentra como satisfacerla.

En realidad la exigencia de justicia se identifica con el hombre mismo, es a la persona a la que hay que hacerle justicia, cuando la misma es conculcada. De allí la gran tarea de ustedes como defensores del pueblo en el buscar los caminos para satisfacer esa exigencia en nuestro pueblo.

Pero debemos ser conscientes de los límites y de la imposibilidad, a veces, de que se satisfaga el reclamo de los ciudadanos. Nos dice al respecto el Papa Benedicto XVI que el hombre que sigue siendo siempre libre tiene una libertad frágil: “nunca existirá en este mundo el reino del bien definitivamente consolidado. Quien promete el mundo mejor que duraría irrevocablemente para siempre, hace una falsa promesa, pues ignora la libertad humana”; es de allí, también que, frente a estos casos y tantos otros que jalonan la larga historia de la humanidad, sin la perspectiva de un “más allá” la justicia es imposible. Esto no quiere decir que no hay que hacer nada, que haya que cruzarse de brazos; todo lo contrario; todo lo que podamos hacer para que haya justicia lo debemos hacer. En este sentido, ustedes, con su accionar pueden contribuir a solucionar tantos problemas que aquejan a los ciudadanos, y que en esta Institución del defensor del Pueblo, pueden encontrar una respuesta satisfactoria a sus requerimientos de justicia, y de un modo particular los más pobres y desvalidos.

Tener una Institución, o estructura como solemos llamarlas, como la de Defensor del Pueblo es de suma importancia, y más aún, es necesaria. Pero es justo recordar que “incluso las mejores estructuras funcionan únicamente cuando en una comunidad existen unas convicciones vivas capaces de motivar a los hombres para una adhesión libre al ordenamiento comunitario.”

Es verdad, que se encuentran y se encontrarán muchas veces con escollos muy grandes y fuertes intereses de carácter económico o político que puedan dificultar vuestra actividad, por ello es necesario tener un conjunto de convicciones y virtudes que les permitan desempeñar fielmente la misión encomendada. Vuestra labor mira a responder a las exigencias de justicia de los ciudadanos, y a la defensa de los derechos humanos, pero para llevar a cabo rectamente su función, “la razón ha de purificarse constantemente, porque su ceguera ética, que deriva de la preponderancia del interés y del poder que la deslumbran, es un peligro que nunca se puede descartar totalmente”. Esta es una constatación realista que el cristianismo hace de la condición humana: que la misma está herida como consecuencia del pecado.

¿Qué puede ofrecerles la Iglesia como ayuda a su difícil misión?

Ciertamente que no puede ser una ayuda de carácter técnico. La fe, como encuentro con el Dios vivo ayuda a la razón a purificarse y librarse de los encandilamientos del poder y de los intereses. La fe, nos dice el Papa, “permite a la razón desempeñar del mejor modo su cometido y ver más claramente lo que le es propio.

Ubicamos aquí el primer modo en que la Iglesia indirectamente puede prestar una ayuda: La Doctrina Social de la Iglesia que argumenta desde la razón y el derecho Natural, es decir, a partir de lo que corresponde a la naturaleza de todo ser humano.

La DSI con sus grandes principios y valores puede ser de gran ayuda a su misión, ayudando a formar la conciencia y contribuir a que crezca la percepción de las verdaderas exigencias de la justicia.

El segundo modo con que la Iglesia ayuda a la tarea de los hombres por conseguir una sociedad justa es “despertando las fuerzas espirituales, sin las cuales la justicia, que siempre exige también renuncias, no puede afirmarse ni prosperar. Sólo una verdadera pertenencia al Misterio puede hacer hombres verdaderamente servidores, superando el individualismo, y configurando así ese nuevo estilo de líder, que hoy de un modo particular necesitamos en nuestra querida Argentina. De modo clarividente, Ernesto Sábato, pone la raíz de un hombre capaz de ser servidor de los demás en la relación con Dios: “¿Podremos vivir la vida sin que tenga un sentido perdurable? Camus, comprendiendo la magnitud de lo perdido dice que el gran dilema del hombre es si es posible o no ser santos sin Dios. Pero…si Dios no existe todo está permitido. Sartre deduce de la célebre frase la total responsabilidad del hombre, aunque, como dijo, la vida sea un absurdo. Esta cumbre del comportamiento humano se manifiesta en la solidaridad, pero cuando la vida se siente como un caos, cuando ya no hay un Padre a través del cual sentirnos hermanos, el sacrificio pierde el fuego del que se nutre.

Si todo es relativo, ¿encuentra el hombre valor para el sacrificio? ¿Y sin sacrificio se puede acaso vivir? Los hijos son un sacrificio para los padres, el cuidado de los mayores o de los enfermos también lo es. Como la renuncia a lo individual por el bien común, como el amor. Se sacrifican quienes envejecen trabajando por los demás, quienes mueren para salvar al prójimo. ¿Y puede haber sacrificio cuando la vida ha perdido el sentido para el hombre, o sólo lo halla en la comodidad individual, en la realización del éxito personal?” La raíz de un nuevo liderazgo que sea concebido como servicio al prójimo y al bien común está, según nuestro autor en la relación con Dios.

La Iglesia puede cooperar así, ofreciendo la gracia de Cristo, en la “generación de un liderazgo con capacidad de promover el desarrollo integral de la persona y de la sociedad. No habrá cambios profundos si no renace en todos los ambientes y sectores, una intensa mística del servicio, que ayude a despertar nuevas vocaciones de compromiso social y político. El verdadero liderazgo supera la omnipotencia del poder y no se conforma con la mera gestión de las urgencias”

 La Iglesia tiene solamente una función instrumental: ser el Sacramento Universal de Salvación, es decir, ser signo e instrumento de la íntima comunión de los hombres con Dios y de los hombres entre sí. Y esta comunión la ofrece humildemente a todo hombre que de ella quiera nutrirse, en la convicción profunda de que sin la gracia de Dios nada podemos hacer.

Estimados defensores del Pueblo, sepan que la Iglesia está cercana a sus luchas y labores, muchas veces arduas, fatigosas y a veces con sinsabores. Los alienta a procurar servir a los ciudadanos en sus reclamos de justicia, en reclamo de la defensa de los derechos humanos. Los exhorta a ser firmes y valientes defensores de los derechos humanos, comenzando por el derecho a la vida, base de todos los demás derechos. La Iglesia ruega por ustedes al Señor para que los ilumine, fortalezca y sostenga en esta importante y necesaria misión a favor del bien común.

Que la Virgen Inmaculada, patrona de esta Villa de la Concepción del Río Cuarto los ampare con su poderosa y tierna intercesión. 

Mons. Eduardo Eliseo Martín, obispo diocesano

     BENEDICTO XVI. Encíclica Spe Sal vi. Nº24.
     Ibid. Nº 24,a
     BENEDICTO XVI. Encíclica Deus Caritas est. Nº 28.
     BENEDICTO XVI.Ibid.
     SABATO, E. La Resitencia Seix Barral. Págs 49-50
     CEA, Hacia un Bicentenario en Justicia y Solidaridad. Nº 22.

 


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Texto del micro radial de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, emitido por LT 9 (4 de diciembre de 2010). (AICA)

ADVIENTO Y PRESENCIA DE LA VIRGEN             

Adviento es tiempo de preparación para celebrar el nacimiento de Jesús. El sentido de preparación es propio de la vida cristina, porque ella es un encuentro libre con Jesucristo. Todo encuentro para que sea fecundo necesita de preparación. En este tiempo la liturgia nos propone la figura de la Virgen María para acompañarnos.

Este encuentro necesita apertura, capacidad de comunión y disponibilidad, porque se realiza en ese marco de amor y de libertad que es el ámbito propio de Dios. Definir la vida cristiana en términos de encuentro con Jesucristo nos ayuda, además, a no instalarnos en esa aparente certeza de lo ya conocido que, nos empobrece espiritualmente. La Iglesia, a través de la pedagogía de su liturgia dispone, para ello, de tiempos de preparación para renovar este encuentro.

María Santísima nos enseña a vivir este tiempo de preparación y encuentro. Toda ella es apertura a la obra de Dios cuando recibe el llamado de ser la madre de su Hijo: “Feliz de ti por haber creído lo que te fue anunciado por el Señor” (Lc. 1, 45). Su vida fue un testimonio de comunión con el mensaje de su Hijo: “Hagan todo lo que él les diga” (Jn. 2, 5).

Su maternidad, que maduró en la cruz, se hace espera misionera de Pentecostés: “Todos ellos (los apóstoles) íntimamente unidos, de dedicaban a la oración, en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús” (Hech. 1, 14). Como vemos, su disponibilidad es servicio, su camino evangélico signo de comunión y su vida compromiso con la misión de su Hijo. Esta actitud de María es el ideal que nos presenta la Iglesia durante este tiempo de preparación.

Recordemos en este Adviento el marco que nos propone la Iglesia de caminar: “Hacia un Bicentenario en Justicia y Solidaridad”. Entre las metas que nos presenta les propongo reflexionar sobre la primera, que nos habla de la familia y la vida. Es necesario, nos dice: “Recuperar el respeto por la familia y por la vida en todas sus formas”. Familia y vida son resonancias de nuestra fe en Dios que no sólo nos ha creado, sino que nos acompaña con la presencia viva de su Hijo. Al hablar de estas realidades estamos ante hechos que tienen una identidad propia y permanente. Es posible y necesario recrearlos en cada época, pero no cambiar su sentido y exigencia.

Podemos hablar, por ello, de anunciar hoy el Evangelio de la Vida y de la Familia, como realidades que tienen su fuente en Dios y su plenitud de sentido en Jesucristo. A estas verdades las podemos conocer en el plano de la razón sin recurrir a la fe, sin embargo, al descubrirnos la fe el significado único, personal, y trascendente que tiene la vida del hombre. Ello le agrega una nota decisiva. La dignidad humana, que tiene su primer derecho en el derecho a la vida, tiene, además, una vocación personal de plenitud que es la Vida eterna. Aquí se encuentran la fe y la razón: “como las dos alas con las cuales el espíritu humano contempla la verdad” (F.R. 1). No se excluyen, sino que se necesitan para comprender y vivir la verdad plena del hombre.

Queridos amigos, vivamos este tiempo de Adviento como tiempo de gracia en nuestra vida, en nuestras familias y comunidades cristianas. Reciban de su Obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor que ha nacido en Belén. 

Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz 


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Alocución televisiva de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata en el programa “Claves para un mundo mejor” (4 de noviembre de 2010). (AICA)

NAVIDAD DE CRISTO, NACIMIENTO DE LA VIDA          

El Papa Benedicto XVI ha marcado el comienzo del tiempo litúrgico de Adviento con una celebración de las primeras vísperas y, en ella, una singular conmemoración de la vida naciente. Ha propuesto una vigilia por la vida naciente, señalando con esta iniciativa la relación íntima que existe entre el Misterio de la Encarnación de Cristo Nuestro Señor y el origen de toda vida humana.

Nos recuerda el Papa que Dios se ha hecho vecino, cercano a nosotros, se ha hecho hombre, se ha hecho niño y ha recorrido el camino de la vida humana desde sus orígenes. En virtud de esa disposición divina, la dignidad de la vida humana se revela altísima, incomparable, precisamente por su vinculación con el Misterio de la Encarnación del Señor.

Podríamos añadir también una referencia a la Creación ya que en el origen de cada vida humana interviene Dios Creador dotando a ese nuevo miembro de la humanidad de un alma inmortal. Y también podríamos mirar hacia el fin, pues el hombre que procede de Dios está orientado a Él y tiene en Él su fin, su meta. Ha salido de Dios y debe llegar a Dios.

En el centro de la historia y en el centro de cada aventura humana está Cristo verdadero Dios y verdadero Hombre.

Pero es notable también que el Santo Padre haya utilizado, durante esta celebración, en su preciosa homilía, un argumento científico. Es algo por demás conocido que nosotros muchas veces hemos comentado aquí, pero quiero leer las palabras mismas del Papa:

“Existen tendencias culturales que procuran anestesiar las conciencias con motivaciones que son más bien pretextos. Respecto al embrión en el seno materno la ciencia misma pone en evidencia su autonomía, su capacidad de interacción con la madre, la coordinación de los procesos biológicos, la continuidad del desarrollo, la creciente complejidad del organismo. No se trata de un cúmulo de material biológico sino de un nuevo ser viviente, dinámico y maravillosamente ordenado, un nuevo individuo de la especie humana. Así ha sido Jesucristo en el seno de María, con un antiguo autor cristiano, Tertuliano, podemos afirmar: “ya es un hombre aquel que llegará a serlo”. No hay ninguna razón –concluye el Papa- para no considerarlo persona desde la concepción como cada uno de nosotros en el seno de su madre”.

Me parece importante que en este tiempo de Adviento, en la preparación de la próxima Navidad y en la misma celebración de esta hermosa fiesta, recojamos la vinculación que el Santo Padre nos sugiere entre el origen de toda vida humana y la Encarnación del Verbo que comenzó a hacerse hombre en el seno de María, se desarrolló en él durante nueve meses y nació virginalmente para ser nuestro Salvador. Él fue un “nascituro”, un niño por nacer.

Para nosotros, argentinos, es particularmente importante esta referencia en este tiempo cuando la Comisión de Legislación Penal de la Cámara de Diputados de la Nación ha comenzado, a modo de audiencias públicas, a discutir la problemática del aborto y los proyectos que amenazan convertirse en ley.

Sería penoso que demos ese paso en falso, ese paso hacia atrás, cuando hasta la ciencia misma reconoce la condición personal del embrión humano. Sería terrible que la Argentina, desconociendo eso, establezca bajo el relativo eufemismo de despenalización del aborto la condena a muerte de muchos niños por las circunstancias particulares en las cuales han sido concebidos. Es sabido, además, que la intención de los lobbies abortistas apuntan a mucho más, ya que presenta ese atentado contra la vida naciente como un derecho de la mujer que se debe reclamar y reconocer.

La Iglesia está salvaguardando un valor fundamental de humanidad que es el respeto a la vida y a su dignidad incomparable desde el instante mismo de la concepción. Un valor natural, sostenido y afirmado por la ciencia, pero fortalecido por la fe, robustecido por la teología, por la luz resplandeciente del misterio de la Encarnación. 

Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata 


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viernes, 24 de diciembre de 2010

ZENIT publica la reflexión que ha escrito monseñor Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo y administrador apostólico de Huesca y Jaca, sobre el pasaje evangélico (Mateo 2,13-15) de la liturgia de este domingo, fiesta de la Sagrada Familia, 26 de diciembre. 

Evangelio del domingo: Dios cantó a la vida dándonos la familia 

Estamos en pleno ambiente navideño, y aquí se nos permite asomarnos familiarmente a una santa familia. Sabemos que sin familia el hombre se deshumaniza. Y por eso Dios, puesto a huma­narse, no ha querido ni podido prescindir de esta realidad. Jesús, junto a María y a José, tienen una palabra que decirnos. No resisto a leer la Palabra de Dios de esta fiesta, viendo en esta Familia Santa una valoración de la vida. La manifestación de esa vida, tal como era ofrecida por Dios, representaba un peligro al poder dominante. Pero encontramos una misma actitud por parte de ese poder ante la vida de Jesús: censurarla. En este sentido, poco se diferen­cia la decisión de Herodes de querer matar a este niño -aun a costa de sacrificar a tan­tos inocentes-; de la decisión manipulada de un pueblo -más bien una masa títere- pi­diendo la muerte crucificada de quien poco antes era acogido con vivas y hosannas; o de la decisión de los sumos sa­cerdotes de decir a los centinelas que comunicaran que el cuerpo de Jesús había sido robado por sus discípulos. En estas tres situaciones hay una misma actitud de fondo: censurar la vida que se manifiesta como Dios la quiere manifestar: no interesa que haya nacido el Mesías (y por eso Herodes lo buscaba para matarlo), no interesa que ese Mesías siga viviendo (y por eso se montará una gran ma­qui­nación a fin de acabar con él), y no interesa que el Mesías haya resucitado (y por eso habrá que inventar lo del rapto de sus discípulos).

Hoy, ante esta vida de Dios que se ha manifestado no sólo hace dos mil años en Belén, sino que a diario se manifiesta en nosotros y entre nosotros, po­demos pregun­tarnos qué tipos de censuras practicamos... ¡respecto del mismo Dios! Porque podemos ser creyentes de un Dios inofensivo, lejano, respetuoso de nuestras formas, maneras, decisiones; creyentes en un Dios con domicilio en cualquier panteón clásico, con tal que no nos moleste, que no nos denuncie los malos vivires y que no nos anuncie como son los vivires buenos, un Dios que nos deje en paz. No sólo Herodes, o aquel pueblo, o Pilato... hay muchas formas de censurar la vida, la vida que Dios es y que nos da, la vida que Dios pide de nosotros: abortos y eutanasias, injusti­cias y violencias, despil­farros y corrupciones, egoísmos e insolidaridades, vulgarida­des...

Aquella Santa Familia, como aque­llos pri­meros cristianos, tratándose como eran tratados por Dios, fueron capaces de transfor­mar el mundo... sacando al Dios desconocido de los panteones para reconocerlo en lo cotidiano, en los días laborables, en lo familiar de una vida humana. La Belleza y la Bondad de Dios, se hizo familia.


Publicado por verdenaranja @ 18:25  | Espiritualidad
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Moniciones para el día de la de la Sagrada Familia 2010, ofrecidas por el Área de Pastoral Social de la diócesis de Tenerife.

MONICIÓN DE ENTRADA O AMBIENTACIÓN.

         Hermanos y hermanas: Nos reunimos en torno al altar para Celebrar la Eucaristía en este Domingo de la Sagrada Familia cerca de la finalización del año 2010. Hemos tenido 365 días para construir nuestra vida y nuestra familia con amor. Hemos tenido 365 días para la búsqueda del Dios de Jesús. Hoy comienza de nuevo. En el horizonte tres figuras: una mujer, su esposo y un niño pequeño. Tres puntos que se funden en uno: el corazón de Dios al lado del nuestro, guiando y sintiendo a la Humanidad en el pálpito incesante de su amor para siempre.

MONICIÓN A LAS LECTURAS. (Si 3,2-6.12-14 sal 127 Col 3,12-21 Mt 2,13-15.19-23)

La Palabra de Dios nos presenta un cuadro de la Sagrada Familia de Nazaret. Si lo contemplamos descubrimos: el amor y el respeto de los padres, la vida entendida como bendición y regalo de Dios, y una comunidad consagrada por el Espíritu, que favorece la unidad y la reconciliación. Escuchemos.

ORACIÓN DE LOS FIELES

Unidos a la Sagrada Familia de Nazaret, modelo e imagen de la humanidad nueva, elevemos al Padre nuestra oración para que todas las familias sean luz y esperanza en el mundo: Renueva nuestras familias, Señor.

  1. Por la santa Iglesia de Dios: para que sus hijos vivan siempre unidos en el amor. Oremos.
  2. Por los gobernantes: para que procuren la solución de los graves problemas que, en estos tiempos de dificultades económicas, afec­tan a las familias. Oremos.
  3. Por todos los hogares cristianos: para que sean imágenes vivas de la Sagrada Familia de Nazaret, testigos del abrazo de Dios a los hombres y portadoras de esperanza. Oremos.
  4. Por los padres, para que movidos por el Espíritu Santo guíen a sus hijos en el camino del amor y de la santidad. Oremos.
  5. Por los novios: para que, Jesucristo esté presente en su noviazgo y se formen para vivir el amor generoso e indisoluble según el proyecto de Dios.
  6. Por nuestra sociedad: para que valore, acoja y defienda la vida humana como sagrada e inviolable desde el momento de la concepción hasta su término natural. Oremos.
  7. Por los ancianos: para que en los últimos años de su vida no les falte el cariño familiar. Oremos.
  8. Por los miembros difuntos de nuestras familias: para que el Señor les conceda el descanso eterno. Oremos.

Oh Dios, que en Jesús, José y María nos has dado una viva imagen de tu eterna comunión de amor; renueva en todos los hogares las maravillas de tu Espíritu para que nuestras familias puedan experimentar tu presencia y protección. Por Jesucristo nuestro Señor.

OFERTORIO: Símbolos:

Pan y vino:

       El pan es el alimento común a todas las familias, por pobres que sean. El vino, símbolo del encuentro gozoso de todas las familias. Ahora, te presentamos ambas cosas que Tú has escogido como símbolo de tu permanencia viva entre nosotros. Pronto serán tu Cuerpo y Sangre que tomaremos como alimento espiritual.

        Icono de la Sagrada Familia:

María, José y Jesús, la familia de Nazaret, es el icono que manifiesta lo que es tu voluntad en relación con nuestras familias. Que la memoria de esta Sagrada Familia ayude a todas las familias de nuestra Parroquia a vivir en fidelidad a tu Voluntad.

Libro de registro de los matrimonios realizados en la Parroquia durante este año:

Con este libro que recoge el registro de las familias constituidas, por el sacramento del Matrimonio, durante este año en nuestra Parroquia, queremos recoger los deseos de todas las nuevas familias de ser felices y deseamos que busquen esta felicidad siguiendo siempre unidas, superando las dificultades

Colecta:

Este dinero que hemos compartido, siendo solidarios con las necesidades de la Iglesia, te lo presentamos, dispuestos a seguir con los ojos abiertos para descubrir a quienes nos necesiten y tener la mano pronta y generosa para responder a ellas. 

Después de la Comunión: ORACIÓN POR LAS FAMILIAS (Si es posible, recitada por todos)

Madre de la esperanza, que en Belén diste a luz a Jesucristo, el cual en la Cruz, supremo signo del amor, ha mostrado la gran esperanza a los hombres. 

Intercede por nosotros, para que en cada familia cristiana se viva el amor fiel a imagen de Jesucristo, los  jóvenes descubran la lógica del servicio, la vida humana sea acogida como sagrada e inviolable, y la Iglesia sea el hogar donde cada persona  experimente el abrazo de Dios. 

Madre nuestra, enséñanos a creer, esperar y amar contigo. Estrella del mar, brilla sobre nosotros  y guíanos en nuestro camino para que la Iglesia y la familia sean esperanza para la humanidad.

Por Jesucristo Nuestro Señor, Amén

 MONICIÓN DE DESPEDIDA

Vayamos a casa felices y contentos. La Familia de Nazaret es nuestro ejemplo. Y todavía escuchamos las canciones de la Virgen María, las risas del Niño Jesús, los ruidos del trabajo de José. Es una música para la esperanza. Y que esa Sagrada Familia se acuerde de las nuestras -de todas nuestras familias- para que todos vivamos en paz y unidos.  


Publicado por verdenaranja @ 18:17  | Liturgia
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Moniciones para el día de la Natividad del Señor, ofrecidas por el Área de Pastoral Social de la diócesis de Tenerife.  

ANUNCIO DEL DÍA DE NAVIDAD AL PRINCIPIO DE LA CELEBRACIÓN

Hoy, para los creyentes en Jesús, es Navidad y esta Celebración es auténtica:

 Si Vivimos la  Navidad abajándonos, para que otros recuperen su dignidad. Si la vivimos la empobreciéndonos, para que otros dejen de ser tan pobres.

Si vivimos la Navidad disponiéndonos a servir, a dar la mano, a levantar al caído. Si la vivimos,  saboreando y alegrando la fiesta  a quienes conviven en nuestras familias.

Si vivimos la Navidad, reconciliándonos con quienes sentimos alejados de nosotros, amando a quienes se encuentran solos, como el Niño, con una entrega hasta el fin.


PARA TODOS, HERMANAS Y HERMANOS, GRACIA, PAZ Y TERNURA,  EN ESTE DÍA EN QUE NACIÓ JESÚS.

Alegrémonos y gocemos pues Dios nos ha visitado en la persona de su Hijo amado. Ésta es la noticia de la historia: Dios nos ha visitado y se ha hecho hombre entre nosotros. Para todos, hermanas y hermanos, gracia, paz y ternura, en estos días en que nació Jesús. Y gloria a Dios en el cielo  y en la tierra paz a quienes ama el Señor. 

MONICIÓN A LAS LECTURAS DE LA PALABRA

Hoy nos ha nacido un Salvador. La luz vence a las tinieblas. Hoy nos ha nacido un Salvador, la Paz supera a las violencias. Los confines de la tierra verán la victoria de nuestro Dios porque su Palabra se hizo carne y  acampó entre nosotros. Nos ha  hablado por su Hijo. Escuchemos con atención este gran Mensaje. 

ORACIÓN DE LOS FIELES

A TI, Padre, que tanto nos has amado que nos diste a tu Hijo y al Espíritu de tu Hijo, te aclamaos:  ¡Abba, Padre!

Para que el nacimiento de Jesús, nos haga tener conciencia de que somos todos hijos tuyos y hermanos unos de otros.  Oremos.

Para que por el nacimiento de tu Hijo se intensifiquen los lazos  de la solidaridad y la fraternidad entre los pueblos. Oremos.

Para que el hermano no mate al hermano ni lo deje morir, ni lo menosprecie o desconozca. Oremos.

Para que nadie se sienta solo o huérfano y desamparado, sabiendo que Tú eres nuestro Padre. Oremos.

Para que la Iglesia sea la gran familia de los hijos de Dios. Oremos.

Para que todos nosotros, que celebramos el nacimiento de Jesucristo, seamos sembradores y cultivadores de fraternidad. Oremos. 

OREMOS: Abba, Padre, nos ponemos en tus manos, con el deseo de que se cumpla tu voluntad en nosotros y en todos tus hijos, nuestros hermanos. Por Jesucristo…

ACCIÓN DE GRACIAS, DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Señor te damos gracias porque sabemos que:

Cada vez que en nuestros hogares preparamos, estas fiestas, huyendo del derroche y del consumo excesivo. Cada vez que compartimos nuestros regalos con los más necesitados. Cada vez que Jesús es el centro de nuestras celebraciones familiares. ES NAVIDAD.

Cada vez que unas madres y padres se aman con ternura. Cada vez que hacen de su casa un sitio acogedor, donde los niños son escuchados; los adolescentes, son comprendidos y los ancianos, son queridos. ES NAVIDAD.

Cada vez que las familias se interesan por los problemas que surgen en cualquier lugar del mundo, por lejano que sea. Cada vez que se vive el respeto a la vida y a las diferentes ideas y sensibilidades. ES NAVIDAD.

Cada vez que acogemos al inmigrante; cada vez que lo tratamos como merece su dignidad de persona, una persona con los mismos derechos y necesidades que los nuestros. ES NAVIDAD.

Cada vez que un creyente dialoga con alguien que no tiene fe y descubre en él actitudes de búsqueda, de compromiso solidario, de respeto a todas las ideas, portador y defensor de la paz. ES NAVIDAD.

Cada vez que en la comunidad cristiana celebramos con gozo la fe; cada vez que esta misma comunidad nos estimula a visitar a los enfermos, a acoger a los pobres, a compartir nuestros bienes y nuestro tiempo con los más débiles. ES NAVIDAD.

 Por todo lo bueno que Tú nos has transmitido y por tantas veces que nos impulsas y acompañas a seguir tus pasos, Te damos gracias, Señor.  


Publicado por verdenaranja @ 18:12  | Liturgia
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 Moniciones para la Noche Buena, ofrecidas por el Área de Pastoral Social de la diócesis de Tenerife.

MONICIÓN DE ENTRADA:

Queridos amigos y amigas. Sean todos bienvenidos a esta celebración en esta fiesta grande del nacimiento del Señor. Acojamos al sacerdote que va a presidirla, que avanza desde el fondo del Templo con el Niño entre sus manos, cantemos con fuerza la llegada del Salvador y luego escuchemos atentos, con gozo y emoción el anuncio de su venida, que hemos ido preparando durante todo el Adviento. 

CANTO DE ENTRADA

(Mientras se canta, avanza el sacerdote en procesión desde el fondo del templo con el Niño entre sus manos. El sacerdote presenta al niño, se lee el Pregón y luego lo coloca en el pesebre). 

PREGÓN DE NAVIDAD

Hermanos y hermanas, les anunciamos a todos y a todas  una buena noticia.
Una gran alegría para todo el pueblo. Escúchenla con corazón gozoso.
Habían pasado miles y miles de años desde que, al principio, Dios creó el cielo y la tierra
e hizo al ser humano a su imagen y semejanza;
y miles y miles de años desde que cesó el diluvio
y el Altísimo hizo resplandecer el arco iris, signo de alianza y de paz.  

En el año 752 de la fundación de Roma;
en el año 42 del imperio de Octavio Augusto, mientras sobre toda la tierra reinaba la paz,
en la sexta edad del mundo, hace 2010 años, 
en Belén de Judá, pueblo humilde de Israel, ocupado entonces por los romanos,
en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada,
de María virgen, esposa de José, de la casa y familia de David,
nació Jesús, Hijo del eterno Padre y hombre verdadero, llamado Mesías y Cristo,
que es el Salvador que la humanidad esperaba.  

Celebrar la Navidad es afirmar nuestra fe,  en que la Palabra de Dios,
ha venido a los suyos y se ha hecho carne de nuestra carne.                      

Celebrar una vez más la Navidad  es sentir la llamada a nuestra puerta
con esa Buena Noticia sorprendente de que Dios se hace presente en la débil carne humana. 

Y la Palabra de Dios se ha hecho carne y habita entre nosotros.

Desde entonces, Dios está y lo encontramos:
en el cuerpo doliente del enfermo,
en el cuerpo olvido del excluido y empobrecido,
en el cuerpo agotado del anciano,
en la carne necesitada del inmigrante,
en el cuerpo cansado del obrero,
en el cuerpo palpitante de la madre y el niño,
en el cuerpo apasionado del enamorado,
en el cuerpo transfigurado del santo.  

La Palabra de Dios se ha hecho carne  y nuestra débil carne humana
se ha hecho palabra y signo  del amor y la bondad de Dios.

                                               (Pausa. Se coloca el Niño en la cuna. El sacerdote va a la sede y dice)

SACERDOTE:  

Cantemos con alegría. Alabemos a Dios con los ángeles de la noche de Navidad.

CANTO DEL gloria

monición a la palabra:

         En Belén, en un establo oscuro y desaliñado, ha nacido un niño. Nadie se hubiera enterado si no hubiese sido por los ángeles que lo anunciaron a unos pastores que estaban en aquella región.

         La Palabra de Dios de esta noche, revela el sentido profundo de este nacimiento: Habitaban tierras de sombra, y una luz les brilló. Hoy nos ha nacido un Salvador. Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.

ORACIÓN UNIVERSAL

En esta Navidad en la que se ha manifestado la bondad, la alegría y el amor de Dios a la humanidad, pidamos por todos los hombres y mujeres del mundo y por sus necesidades. 

1.- La Palabra se hizo carne.

Ojalá que desde cada corazón humano brote hoy la alegría porque Dios pone su amor a nuestra disposición, para que todos nos hagamos más misericordiosos y compasivos con los demás. ROGUEMOS AL SEÑOR.

 2.- La Navidad es misterio de pobreza.

Que el misterio de estas fiestas nos ayude a reconocer al Dios cercano en nuestras vidas y, sobre todo, en los pequeños y los débiles. Roguemos al Señor.

 3.- No había sitio en la posada para la familia de Nazaret.

Recordamos a todas las personas que no tienen hogar, a las personas desempleadas, a las que viven la Navidad fuera de sus países; para que los acojamos con cariño, y compartamos con ellos la alegría de esta fiesta. Roguemos al Señor.

 4.- La Navidad es paz.

Para que nos dejemos empapar por las ganas de hacer el mundo diferente, más justo y pacífico. Para que nos dejemos llevar por las ganas, de construir el amor, de crecer en la fe y de gritar esperanza. Roguemos al Señor.

  5.- Y habitó entre nosotros.

Para que no caigamos en el error de pensar que somos nosotros quienes buscamos y nos acercamos a Dios, sino que experimentemos que es Él quien nos busca, nos invita, nos ama. Roguemos al Señor.

 6. Los pastores lo acogieron y los ángeles cantaron.

Para que  todos nosotros ayudemos a que nuestra Parroquia sea, cada vez más, una comunidad acogedora y alegre que vive y anuncia la Buena Noticia del Evangelio, con obras y palabras. ROGUEMOS AL SEÑOR

Sacerd. te lo pedimos por jns….

OFERTORIO

1. PAN Y VINO

         Con este pan y vino presentamos nuestro compromiso de querer comenzar una nueva vida, desde ahora. Sabemos que la vida de Cristo, tuvo sentido porque, toda ella, fue una entrega completa a la voluntad del Padre y una donación constante al servicio de sus hermanos.

Nosotros, somos sus discípulos. Queremos vivir como El: dando frutos de paz, amor, fraternidad, justicia y liberación.

2. Una vela encendida

         Presentamos esta vela encendida, símbolo de la luz y de la paz que nos trae la reconciliación con Dios, con nuestros familiares y amigos, con nuestros vecinos y con todos aquellos que pudieron habernos lastimado o que nosotros mismos hemos herido.

3. La Biblia

         Presentamos la Biblia, la Palabra de Dios, como símbolo de nuestro compromiso de anunciar la Buena Noticia que Jesús, trajo a todos los que tienen sed y hambre de verdad, de justicia, de liberación, de felicidad. Queremos crecer como comunidad parroquial, haciendo Memoria de Jesucristo.

4. LA COLECTA, PAÑALES Y SÁBANAS

         Con nuestro compartir solidario a favor de los que más lo necesitan, queremos despojarnos de nuestras pertenencias, descubriendo y siguiendo a  Jesús que se despojó de su condición divina para hacerse uno de nosotros. Él es el Camino, la Verdad y la Vida.  

EN EL SILENCIO DE LA COMUNIÓN   

Señor te damos gracias porque sabemos que:

Cada vez que en nuestros hogares preparamos, estas fiestas, huyendo del derroche y del consumo excesivo. Cada vez que compartimos nuestros regalos con los más necesitados. Cada vez que Jesús es el centro de nuestras celebraciones familiares. ES NAVIDAD.

Cada vez que unas madres y padres se aman con ternura. Cada vez que hacen de su casa un sitio acogedor, donde los niños son escuchados; los adolescentes, son comprendidos y los ancianos, son queridos. ES NAVIDAD.

Cada vez que las familias se interesan por los problemas que surgen en cualquier lugar del mundo, por lejano que sea. Cada vez que se vive el respeto a la vida y a las diferentes ideas y sensibilidades. ES NAVIDAD.

Cada vez que acogemos al inmigrante; cada vez que lo tratamos como merece su dignidad de persona, una persona con los mismos derechos y necesidades que los nuestros. ES NAVIDAD.

Cada vez que un creyente dialoga con alguien que no tiene fe y descubre en él actitudes de búsqueda, de compromiso solidario, de respeto a todas las ideas, portador y defensor de la paz. ES NAVIDAD.

Cada vez que en la comunidad cristiana celebramos con gozo la fe; cada vez que esta misma comunidad nos estimula a visitar a los enfermos, a acoger a los pobres, a compartir nuestros bienes y nuestro tiempo con los más débiles. ES NAVIDAD.

 Por todo lo bueno que Tú nos has transmitido y por tantas veces que nos impulsas y acompañas a seguir tus pasos, Te damos gracias, Señor.  


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jueves, 23 de diciembre de 2010

ZENIT  nos ofrece las palabras que Benedicto XVI pronunció el domingo 5 de Diciembre de 2010 desde la ventana de su estudio del Palacio Apostólico Vaticano ante miles de fieles congregados en la plaza de San Pedro con motivo del rezo del Ángelus.

¡Queridos hermanos y hermanas!

El Evangelio de este segundo domingo de Adviento (Mt 3,1-12) nos presenta la figura de san Juan Bautista, el cual, según una célebre profecía de Isaías (cf. 40,3), se retiró al desierto de Judea y, con su predicación, llamó al pueblo a convertirse para estar preparado para la inminente venida del Mesías. San Gregorio Magno comenta que el Bautista “predica la recta fe y las obras buenas... para que la fuerza de la gracia penetre, la luz de la verdad resplandezca, los caminos hacia Dios se enderecen y nazcan en el corazón pensamientos honestos tras la escucha de la Palabra que guía hacia el bien” (Hom. in Evangelia, XX, 3, CCL 141, 155). El Precursor de Jesús, situado entre la Antigua y la Nueva Alianza, es como una estrella que precede a la salida del Sol, de Cristo, es decir, de Aquel -según otra profecía de Isaías- sobre el cual “reposará el espíritu de Yahveh: espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de fortaleza y temor de Yahveh” (Is 11,2).

En el Tiempo de Adviento, también nosotros estamos llamados a escuchar la voz de Dios, que resuena en el desierto del mundo a través de las Sagradas Escrituras, especialmente cuando se predican con la fuerza del Espíritu Santo. La fe, de hecho, se fortalece cuanto más se deja iluminar por la Palabra divina, por “todo cuanto -como nos recuerda el apóstol Pablo- fue escrito en el pasado... para enseñanza nuestra, para que con la paciencia y el consuelo que dan las Escrituras mantengamos la esperanza” (Rm 15,4). El modelo de la escucha es la Virgen María: “Contemplando en la Madre de Dios una existencia totalmente modelada por la Palabra, también nosotros nos sentimos llamados a entrar en el misterio de la fe, con la que Cristo viene a habitar en nuestra vida. San Ambrosio nos recuerda que todo cristiano que cree, concibe en cierto sentido y engendra al Verbo de Dios en sí mismo” (Exhort. ap. postsin. Verbum Domini, 28).

Queridos amigos, “nuestra salvación se basa en una venida”, ha escrito Romano Guardini (La santa notte. Dall’Avvento all’Epifania, [La santa noche. Del Adviento a la Epifanía, n.d.t.] Brescia 1994, p. 13). “El Salvador vino de la libertad de Dios... Así la decisión de la fe consiste... en acoger a Aquel que se acerca (ivi, p. 14). “El Redentor -añade- viene a cada hombre: en sus alegrías y penas, en su conocimiento claro, en sus dudas y tentaciones, en todo lo que constituye su naturaleza y su vida (ivi, p. 15).

A la Virgen María, en cuyo seno moró el Hijo del Altísimo, y que el miércoles próximo, 8 de diciembre, celebraremos en la solemnidad de la Inmaculada Concepción, pedimos que nos sostenga en este camino espiritual, para acoger con fe y con amor la venida del Señor.

[Después del Ángelus, dijo:]

En este tiempo de Adviento, en el que estamos llamados a alimentar nuestra espera del Señor y a acogerlo en medio de nosotros, os invito a rezar por todas las situaciones de violencia, de intolerancia, de sufrimiento que hay en el mundo, para que la venida de Jesús traiga consuelo, reconciliación y paz. Pienso en las muchas situaciones difíciles, como los continuos atentados que se verifican en Irak contra cristianos y musulmanes, los enfrentamientos en Egipto en los que ha habido muertos y heridos, en las víctimas de traficantes y de criminales, como el drama de los rehenes eritreos y de otras nacionalidades, en el desierto del Sinaí. El respeto a los derechos de todos es el requisito para la convivencia cívica. Que nuestra oración al Señor y nuestra solidaridad puedan llevar esperanza a los que se encuentran en el sufrimiento.

[A continuación, saludó a los peregrinos en distintas lenguas. En español, dijo:]

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española que participan en esta oración del Ángelus, en particular al grupo de la parroquia de san Agustín, de Alcalá de Guadaira, en su cincuenta aniversario, así como a los feligreses de las parroquias de san Isidoro y de san Lorenzo, de Valencia, y de san Antonio de Padua, de sant Vicenç dels Horts, y de san Pedro del Masnou, de Barcelona. Invito a todos a preparar interiormente la Navidad mediante la conversión del corazón, que nos permita acoger la venida de Jesús con los sentimientos de gozo, disponibilidad y fe de María. Que Ella nos acompañe en este camino. Feliz domingo. 

[Traducción del original italiano por Patricia Navas
© Copyright 2010 - Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 21:36  | Habla el Papa
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Lectio divina para el día de Navidad, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.

LECTURA:           “Juan 1, 1‑18”

En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios.

La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió.

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron.  Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de  sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios.

Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad.

Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Éste es de quien dije: "El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo."» Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.

A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

MEDITACIÓN:               “Entre nosotros”

            Todas las imágenes, todas las expresiones, se nos quedan cortas o tal vez distantes. Expresar la realidad que sentimos no es fácil o, tal vez, tan fácil que es suficiente con un corazón sencillo, con un corazón que sigue soñando con que lo mejor puede hacerse realidad si nos abrimos al don de Dios.

            Por eso, aunque Juan nos adentre en la grandeza del misterio, la mayor parte de los signos y gestos de este tiempo de Navidad, van a estar marcados por la presencia de la sencillez y de los sencillos, única forma de expresar lo más grande, y de entenderlo y acogerlo en toda su fuerza.

            Y el anuncio, le demos la forma que queramos, es que Dios, el Eterno, el Omnipotente, el Todopoderoso, el Ser, el Todo, el Vacío, la Esencia, el Verbo,…, o como lo queramos expresar, es algo tan grande, tan inmenso, que ha querido meterse en nuestra historia, caminar con nosotros, y mostrarnos su rosto de amor.

            Ya no hace falta que para hablar de Dios miremos hacia arriba, basta con mirar adentro, y al frente, para encontrarlo en la realidad de cada hombre y en cada gesto de bien. Dios camina con nosotros, camina conmigo, camina en mí. Él mismo viene a hacerse camino para que junto a él, aunque muchos se nieguen a recibirlo, entonces y ahora, y por él, sigamos abriendo caminos y gestos de paz. Parece un sueño irrealizable, pero con él entre nosotros se hace posible.   

ORACIÓN:               “Capaz de amor”

            Tu mensaje nos desborda porque no entra en nuestros pobres esquemas minúsculos. Somos capaces de generar grandes proyectos y de desarrollar grandes inventos, pero todavía no somos capaces de acoger el amor que nos ofreces para hacer un mundo más humano. Y renuevas tu presencia, y me lanzas tu sonrisa de niño, que lo espera todo de mí, que confía en mí, que me hace capaz de amor.

            Gracias por este milagro de tu empeño. Gracias por seguir viniendo. Gracias porque no se acaba tu amor divino para ayudarnos a generar nuestro amor humano. Y gracias  por volver a insistirme que es posible.         

CONTEMPLACIÓN:               “Mi vida”

No eres palabra
que se pierde en promesas
y en discursos fáciles
de un Dios lejano
que en nada implican la vida.

Te has hecho
palabra encarnada,
vida y gesto de amor,
caminando al paso
de nuestra historia dolorida,
sanando sus heridas
y despertando
esperanzas perdidas.

Eres palabra hecha vida,
Palabra de vida,
la Vida hecha vida
mi vida.


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Lectio divina para el viernes de la cuarta semana de Adviento, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la Diócesis de Tenerife.

LECTURA:      “ Lucas 1, 67‑79”

En aquel tiempo, Zacarías, padre de Juan, lleno del Espíritu Santo, profetizó diciendo: «Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo habla predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad  y justicia, en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz»

MEDITACIÓN:            “Para iluminar”

            Es lo que necesitamos, luz. Y se nos regala no sólo luz, sino todo un sol. Pero también nos podemos ocultar del sol, también podemos cerrar los ojos a la luz que sentimos molesta, sobre todo cuando esa luz pretende iluminar no nuestros ojos externos, sino los de nuestro corazón, porque sabemos que esa luz ilumina muchas más cosas que preferimos no ver.

            Tu luz, Señor, ilumina nuestros rincones oscuros, y debíamos agradecértelo, y estar deseando ver todo aquello que nos impide descubrir nuestro tesoro interior. Pero, aunque no lo queramos reconocer, tenemos miedo de saber que somos hijos tuyos, que hemos sido creados para amar, que somos portadores de valores eternos que nos hablan de nuestra dignidad, y preferimos cerrar las puertas e impedir que entre tu luz.

            Pero tú vienes, y sigues brillando con la fuerza de la vida. Sigues derrochando misericordia, sigues compadeciéndote de nuestras torpezas y miserias, de nuestra estrechez que se empeña en cerrar horizontes y quedarse en las paredes limitadas de nuestra realidad más material y caduca, y nos sigues ofreciendo los horizontes amplios de tu salvación.

            Y a las puertas de tu llegada, sencilla, humilde, imperceptible, pero iluminadora de todos los corazones sencillos, los únicos capaces de reconocerte y acogerte, quiero abrirme a tu mensaje de amor y de paz, llenarme de él y ser portador de tu buena noticia de luz.

ORACIÓN:                “La fuerza del amor”

            Hoy no puede brotarme si no un gracias tremendo, agradecido, emocionado. Vienes a iluminar mi oscuridad, esa oscuridad que no logro expulsar de mi vida, de mi corazón y que impide que mi corazón irradie paz y alegría por todos los poros de mi ser.

            Gracias por tu empeño, por venir una y otra vez, incansablemente a ofrecerme el calor de la vida, y a despertar y desatar toda la fuerza del amor que has sembrado en mi corazón. Gracias porque ese empeño mantiene vivo el sueño de mi esperanza en ti, en mí y en los otros.

CONTEMPLACIÓN:              “Tu salvación”

Vienes a iluminar
las sombras de mi historia,
a descubrir mis pobrezas
y mis grandezas,
a despertar la fuerza de amor
escondido en lo profundo
de mis entrañas,
como parte de lo más auténtico
de mi ser,
que me asusta y ansío
descubrir.

Y tú vienes a iluminar
y a descubrirme que,
más allá de mis oscuridades
y de mis empeños torpes
en impedir tu luz,
ansío tu salvación.


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REDACCIÓN DE "IGLESIA NIVARIENSE"
C. San Agustín, nº 28
38201. La Laguna. Tenerife.
Tfno. 922-25 86 40 / Extensión 8
e-mail: iglesianivariense@obispadodetenerife.es

Boletín 415 

LAS NOTICIAS AMPLIADAS PUEDEN VERLAS ENTRANDO EN NUESTRO BLOG. Textos, sonidos, e imágenes los tienen en:
http://www.comunicacionobispadodetenerife.blogspot.com/

 El Obispo, como es tradicional, presidirá la Misa del Gallo y la de Navidad en La Catedral, la noche del 24 de diciembre y la mañana del día 25.

La campaña de Navidad 2010 de Cáritas, presenta el valor de la Fraternidad como una propuesta de vida que nos pone en relación a unos con otros y nos invita a salir de nuestro universo particular para interesarnos y corresponsabilizarnos de la vida de los demás y de lo que ocurre en nuestro mundo. “Somos vecinos, somos hermanos. Si tú no estás, nos falta algo”. 

Un buen número de usuarios y profesionales acudió la mañana de este martes a la Misa presidida por el Obispo en el servicio de Rehabilitación del Hospital de la Candelaria. Junto al prelado se encontraban los capellanes del centro. No faltaron en la eucaristía los tradicionales villancicos, ya que todo el acto estuvo rodeado del ambiente festivo de estos días. 

A través de la cadena 13tv, se podrán seguir las principales transmisiones desde el Vaticano estos días. Así ocurrirá con la Misa del Gallo, que la cadena emitirá a partir de las 21 horas el viernes, día de nochebuena. En día de Navidad, 13tv emite la Misa a las diez y a continuación la bendición Urbi et Orbi. Para acabar el año, la cadena emite la celebración presidida por el Papa el 31 de diciembre.Para acabar el año, la cadena emitirá el 31 de diciembre la celebración presidida por Benedicto VI en la que rezará las vísperas, cantará el Te Deum y visitará el nacimiento gigante ubicado n el centro de la Plaza de San Pedro, el mismo lugar donde presidirá la celebración de inicio deaño el 1 de enero. Por último, transmitirá la Fiesta de Bautismo del Señor el 9 de enero. 

En la página web del Obispado se puede acceder al material litúrgico para celebrar adecuadamente la Fiesta de la Sagrada Familia el próximo día 26 de diciembre.

Del 18 al 20 de febrero se desarrollará la segunda edición del Master en Pastoral Familiar, que con tanto éxito se celebró el curso pasado por primera vez, en Tenerife. El tema elegido para esta sesión será: "La Revelación del amor en la Sagrada Familia" y será impartido por el P. Carlos Granados, doctor del Pontificio Instituto Bíblico de Roma. No es necesario haber participado en las anteriores ediciones para hacerlo en éste ya que se va haciendo por módulos independientes. 

El Antiguo Convento de Santo Domingo, en La Laguna acoge actualmente una selección de piezas de platería de los siglos XVII a XIX, conservadas en veinte templos canarios y dos colecciones privadas. La exposición 'Arte, devoción y fortuna. Platería americana en las Canarias occidentales', que reúne 35 piezas de platería conservada en las Islas, como representación del que seguramente sea el conjunto más importante de estos tesoros patrimoniales fuera del Nuevo Mundo.

Esta semana Ataretaco ha conmemorado su 25 aniversario con una jornada de puertas abiertas donde los participantes pudieron disfrutar tanto de talleres como de un rastrillo. El proyecto Ataretaco nació en 1985, a partir de un grupo de voluntarios de Cáritas y de otros vecinos del barrio de Taco como respuesta a la problemática del paro y las drogodependencias. 

El jueves, 23 de diciembre, a partir de las 21:00 horas, en la parroquia de El Salvador, en Santa Cruz de La Palma se desarrollará el II Festival Navideño a favor de Cáritas.  

El Ayuntamiento de Villa de Mazo ha puesto en marcha por cuarto año consecutivo la campaña comercial de Navidad. Cada establecimiento pondrá a la venta el Lápiz Solidario a un precio de 1,50 euros, donando todo lo recaudado con esta acción a Cáritas Diocesana, quien a su vez lo invertirá en el Proyecto Lázaro, que actualmente funciona con una casa de acogida en Tenerife para personas con VIH. 

En la parroquia de San Antonio de Padua, en Ofra, se realizó el montaje navideño titulado: ¿...Y nacerá?". Una obra que pusieron en escena más de 150 niños y jóvenes de esta comunidad. Además, en dicha parroquia se ha preparado una exposición de belenes del mundo. Bajo el título: "Se armó en Belén", se podrá visitar del 25 de diciembre el 6 de enero en horario de tarde. 

La postal de Navidad del arciprestazgo de El Hierro es fruto del concurso que cada año hacen en la isla con los profesores de religión católica. Este año, el ganador fue Olin Scharm, un alumno de 3º de la ESO del IES Garoé.  

Por otro lado, la niña Silvia M. Izquierdo Rufino, alumna de 3º de la ESO del Colegio Madres Dominicas de Vistabella, es la ganadora del tercer concurso de postales navideñas organizado por la tienda de comercio justo "El Surco" y con la que Cáritas Diocesana de Tenerife realizará su felicitación institucional.  

Asimismo, Cáritas Diocesana ha diseñado y elaborado la tarjeta con la que el Parlamento de Canarias, a través de su presidente, Antonio Castro Cordobez, felicitará a los canarios dentro y fuera de las islas. 

También las parroquias de San Pedro de Güímar y Santo Domingo de Güímar han entregado los premios correspondientes al Concurso de Postales de Navidad 2010. En el certamen, que este año gozó de una colaboración extraordinaria de los profesores de religión y catequistas de ambas parroquias participaron unos doscientos niños de todos los colegios de la zona que recibieron sus premios en el Festival de Villancicos que se celebró en la Plaza del Ayuntamiento de Güímar. 

Los Scout Católicos de Tenerife, recibieron recientemente en la parroquia de San Jerónimo de Taco la “Luz de la Paz de Belén”, en una Eucaristía celebrada por el obispo. Este año la actividad llevó por Lema “SIEMBRALA” y estuvo celebrada por una media de 300 scouts de diferentes edades. 

La comunidad parroquial de San José, en San Juan de la Rambla, está de enhorabuena. Su templo, después de dos años y medio cerrado, fue abierto de nuevo al culto. En la presentación del acto el párroco señaló que “aquello que empezó siendo una restauración puntual se convirtió en una rehabilitación casi total del templo, de edificación sencilla y planta rectangular, cuyos orígenes se remontan a la segunda mitad del siglo XVIII”. En la homilía, el obispo dio las gracias a todas las instituciones que con su aportación económica y su dirección habían hecho posible esta bella obra.  

Retorna a la capital tinerfeña el tradicional ciclo de Conciertos de Música Sacra, que en sus diez anteriores ediciones ha llenado el aforo de la iglesia de La Concepción, donde se han celebrado las audiciones. Bajo la coordinación de la directora artística del ciclo, la musicóloga Rosario Álvarez, que a su vez es presidenta de la Real Academia de Bellas Artes, la próxima cita será el domingo 26 de diciembre, a las 21.00 horas en la citada iglesia.  

Un año más, los grupos de Vida Ascendente de las parroquias de La Dama y Los Santos Reyes, en La Gomera se unieron con un grupo notable de feligreses de las parroquias de Chipude y Arure, para celebrar, por tercer año consecutivo, desde un ambiente de convivencia y formación su presencia en nuestro arciprestazgo. El encuentro se desarrolló en el entorno de la ermita de San Lorenzo y de la Virgen del Paso. 

Se ha reunido el Consejo de Profesores del Instituto Superior de Teología de la sede de Tenerife. El mismo, entre otros asuntos, abordó el balance económico del ejercicio 2010 y el Presupuesto del venidero ejercicio. Igualmente se informó de la reorganización de la gestión de la Sede de Tenerife tras la constitución de la Permanente y el nombramiento de subdirector.  

El alcalde de La Laguna, Fernando Clavijo, y la representante de la congregación de las Siervas de María, Inés Santos, han firmado un acuerdo de colaboración social entre ambas entidades que se traduce en la aportación de 6.000 euros por parte del Ayuntamiento para que esta comunidad religiosa “pueda seguir adelante con la gran labor de ayuda que realiza en nuestra ciudad desde más de un siglo”, indicó el regidor lagunero. 

Un grupo de jóvenes de los grupos de Savia Nueva y de las parroquias de Los Realejos interpretaron la obra "Cuentos de Navidad" de Charles Dickens en el Cine Teatro Realejos. El motivo fue recaudar fondos para asistir a las JMJ en Madrid este verano por lo que también se proyectó un vídeo con fotos de la visita de la cruz a Tenerife.  

Sor Juana Pérez Hernández ha fallecido a la edad de 78 años. Sor Juana era natural de La Laguna y pertenecía a las Hijas de María Auxiliadora. Durante muchos años desempeñó su labor docente como profesora de Música en el Colegio Hogar Escuela, en Santa Cruz de Tenerife. Quienes compartieron la vida con ella la recuerdan como una mujer muy sencilla, entregada y sonriente. Sor Juana cumplió sus bodas de oro como religiosa en 2002. La misa fueneral se celebrará el día 22 de diciembre,a las 20:00 horas, en la iglesia del Cristo de La Laguna. 

La directora general de Cooperación y Patrimonio Cultural, Aranzazu Gutiérrez, realizó una visita al principal templo de la capital Gomera y anunció una inversión de 30.000 euros para la segunda fase de las obras de restauración del retablo San Ramón Nonato, datado en el siglo XVIII, que se encuentra en un lateral de la parroquia de la Asunción.

La Asociación de Amigos de la Catedral ha editado un nuevo número de su Boletín Informativo, el cual recoge, entre otras cuestiones, la firma del convenio con el ministerio de Cultura para poder comenzar las obras de reposición de las cubiertas del templo, la asamblea general de esta asociación, así como distintos momentos de su iniciativa titulada: Encuentros en la Catedral.


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miércoles, 22 de diciembre de 2010

ZENIT publica la primera predicación de Adviento que pronunció el viernes 4 de Dciembre de 2010 el padre Raniero Cantalamessa OFM cap, predicador de la Casa Pontificia, ante Benedicto XVI y la Curia Romana para ofrecer "La respuesta cristiana al cientificismo ateo".  

Primera predicación de Adviento 2010

"CUANDO CONTEMPLO TUS CIELOS, LA LUNA Y LAS ESTRELLAS, ¿QUÉ ES EL HOMBRE?" (Sal 8, 4-5)

La respuesta cristiana al cientificismo ateo 

1. Las tesis del cientificismo ateo

Las tres meditaciones de este Adviento 2010 quieren ser una pequeña contribución a la necesidad de la Iglesia que ha llevado al Santo Padre Benedicto XVI a instituir el "Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización" y a elegir como tema de la próxima Asamblea general ordinaria del Sínodo de los Obispos el tema "Nova evangelizatio ad cristianam fidem tradendam - La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana".

La intención es la de señalar algunos nudos u obstáculos de fondo que hacen a muchos países de antigua tradición cristiana "refractarios" ante el mensaje evangélico, como dice el Santo Padre en el Motu Proprio con el que ha instituido el nuevo Consejo [1]. Los nudos o desafíos que pretendo tomar en consideración y a los que quisiera intentar dar una respuesta de fe son el cientificismo, el secularismo y el racionalismo. El apóstol Pablo los llamaría "los sofismas y toda clase de altanería que se levanta contra el conocimiento de Dios" (Cf. 2 Corintios 10,4).

En esta primera meditación examinamos el cientificismo. Para comprender qué se entiende con este término podemos partir de la descripción que hizo de él Juan Pablo II: "Otro peligro considerable es el cientificismo. Esta corriente filosófica no admite como válidas otras formas de conocimiento que no sean las propias de las ciencias positivas, relegando al ámbito de la mera imaginación tanto el conocimiento religioso y teológico, como el saber ético y estético"[2].

Podemos resumir así las tesis principales de esta corriente de pensamiento:

Primera tesis. La ciencia, y en particular la cosmología, la física y la biología, son la única forma objetiva y seria de conocimiento de la realidad. "Las sociedades modernas, escribió Monod, se han construido sobre la ciencia. Le deben su riqueza, su poder, y la certeza de que riquezas y poder aún mayores serán accesibles un mañana al hombre, si él lo desea [...]. Provistas de todo poder, dotadas de todas las riquezas que la ciencia les ofrece, nuestras sociedades intentan aún vivir y enseñar sistemas de valores, ya minados en su base por esta misma ciencia"[3].

Segunda tesis. Esta forma de conocimiento es incompatible con la fe que se basa en presupuestos que no son ni demostrables ni falsables. En esta línea, el ateo militante R. Dawkins nos empuja incluso a definir "analfabetos" a esos científicos que se profesan creyentes, olvidando cuántos científicos muy famosos se han declarado y siguen declarándose creyentes.

Tercera tesis. La ciencia ha demostrado la falsedad, o al menos la no necesidad de la hipótesis de Dios. Es la afirmación a la que dieron amplio relieve los medios de comunicación de todo el mundo en los meses pasados, a causa de una afirmación del astrofísico inglés Stephen Hawking. Este, contrariamente a cuanto había escrito anteriormente, en su último libro The Grand Design, El Gran Diseño, sostiene que los conocimientos logrados por la física hacen ya inútil creer en una divinidad creadora del universo: "la creación espontánea es la razón por la que existe algo".

Cuarta tesis: La casi totalidad, o al menos la gran mayoría de los científicos son ateos. Esta es la afirmación del ateísmo científico militante que tiene en Richard Dawkins, autor del libro God's Delusion, El espejismo de Dios, su más activo propagador.

Todas estas tesis se revelan falsas, no en virtud de un razonamiento a priori o en virtud de argumentos teológicos y de fe, sino del análisis mismo de los resultados de la ciencia y de las opiniones de muchos entre los científicos más ilustres del pasado y del presente. Un científico del calibre de Max Planck, fundador de la teoría cuántica, dice, de la ciencia, lo que Agustín, Tomás de Aquino, Pascal, Kierkegaard y otros habían afirmado de la razón: "La ciencia nos lleva a un punto más allá del cual no puede guiarnos"[4].

Yo no insisto en la confutación de las tesis enunciadas, que ya ha sido hecha, con mayor competencia, por científicos y filósofos de la ciencia. Cito, por ejemplo, la crítica puntual de Roberto Timossi, en el libro L'illusione dell'ateismo. Perché la scienza non nega Dio, (La ilusión del ateísmo. Por qué la ciencia no niega a Dios, n.d.r.) que publica la presentación del cardenal Angelo Bagnasco (Edizioni San Paolo2009). Me limito a una observación elemental. En la semana en la que los medios de comunicación difundieron la afirmación recordada, según el cual la ciencia ha hecho inútil la hipótesis de un creador, me encontré con la necesidad, en la homilía dominical, de explicar a cristianos muy sencillos, en una pequeña ciudad del Reatino, donde está el error de fondo de los científicos ateos y por qué no deberían dejarse impresionar por el impacto suscitado por esa afirmación. Lo hice con un ejemplo que quizás pueda ser útil repetir también aquí en un contexto tan distinto.

Hay pájaros nocturnos, como el búho y la lechuza, cuyos ojos están hechos para ver de noche en la oscuridad, no de día. La luz del sol les cegaría. Estos pájaros lo saben todo y se mueven a sus anchas en el mundo nocturno, pero no saben nada del mundo diurno. Adoptemos por un momento el género de las fábulas, donde los animales hablan entre sí. Supongamos que un águila haga amistad con una familia de lechuzas, y les hable del sol: de cómo lo ilumina todo, de cómo sin él, todo caería en la oscuridad y en hielo, cómo su propio mundo nocturno no existiría sin el sol. Qué respondería la lechuza, sino: "¡Tu cuentas mentiras! Nunca hemos visto vuestro sol. Nos movemos muy bien y nos procuramos alimento sin él; vuestro sol es una hipótesis inútil y por tanto no existe".

Es exactamente lo que hace el científico ateo cuando dice: "Dios no existe". Juzga un mundo que no conoce, aplica sus leyes a un objeto que está fuera de su alcance. Para ver a Dios es necesario abrir un ojo distinto, es necesario aventurarse fuera de la noche. En este sentido, es aún válida la antigua afirmación del salmista: "El necio dice: Dios no existe". 

2. No a lo científico, sí a la ciencia

El rechazo del cientificismo no nos debe naturalmente inducir al rechazo de la ciencia o a la desconfianza hacia ella, como el rechazo del racionalismo no nos lleva al rechazo de la razón. Actuar de otra forma sería un mal a la fe, más aún que a la ciencia. La historia nos ha enseñado dolorosamente a dónde lleva semejante actitud.

De una postura abierta y constructiva hacia la ciencia nos dio un ejemplo luminoso el nuevo beato John Henry Newman. Nueve años después de la publicación de la obra de Darwin sobre la evolución de las especies, cuando no pocos espíritus alrededor suyo se mostraban turbados y perplejos, él les tranquilizaba, expresando un juicio que anticipaba el actual de la Iglesia sobre la no incompatibilidad de esta teoría con la fe bíblica. Vale la pena volver a escuchar los pasajes centrales de su carta al canónigo J. Walker que conservan aún gran parte de su validez:

"Esta [la teoría de Darwin] no me da miedo [...] No me parece hilar lógicamente que se niegue la creación por el hecho de que el Creador hace millones de años impusiera leyes a la materia. No negamos ni circunscribimos al Creador por el hecho de que haya creado la acción autónoma que dio origen al intelecto humano, dotado casi de un talento creativo; mucho menos por tanto negamos o circunscribimos su poder, si consideramos que Él asignada a la materia leyes tales para plasmar y construir mediante su ciega instrumentalidad el mundo tal y como lo vemos, a través de eras innumerables [...]. La teoría del señor Darwin no necesariamente debe ser atea, sea cierta o no; puede sencillamente estar sugiriendo una idea más amplia de Divina Presciencia y Capacidad.... A primera vista no veo como ‘la evolución casual de seres orgánicos' sea incoherente con el designio divino - Es casual para nosotros, no para Dios"[5].

Su gran fe permitía a Newman mirar con gran serenidad los descubrimientos científicos presentes o futuros. "Cuando un diluvio de hechos, comprobados o presuntos, se nos echa encima, mientras infinitos otros ya empiezan a delinearse, todos los creyentes, católicos o no, se sienten invitados a examinar qué significado tienen tales hechos"[6]. Él veía en estos descubrimientos "una relación indirecta con las opiniones religiosas". Un ejemplo de esta relación, creo yo, es precisamente el hecho de que en los mismos años en que Darwin elaboraba la teoría de la evolución de las especies, él, independientemente, enunciaba su doctrina del "desarrollo de la doctrina cristiana". Señalando la analogía, en este punto, entre el orden natural y físico y el moral, escribía: "De la misma forma que el Creador descansó el séptimo día después de la obra realizada, y sin embargo 'aún actúa', así él comunicó de una vez por todas el Credo en el origen, y sin embargo favorece aún su desarrollo y provee a su incremento" [7].

De la actitud nueva y positiva por parte de la Iglesia católica hacia la ciencia es expresión concreta la Academia Pontificia de las Ciencias, en la que eminentes científicos de todo el mundo, creyentes y no creyentes, se encuentran para exponer y debatir libremente sus ideas sobre problemas de interés común para la ciencia y para la fe.

3. ¿El hombre para el cosmos o el cosmos para el hombre?

Pero, repito, no es mi intención empeñarme aquí en una crítica general del cientificismo. Lo que me urge poner en claro es un aspecto particular de éste que tiene una incidencia directa y decisiva en la evangelización: se trata de la posición que ocupa el hombre en la visión del cientificismo ateo.

Se ha convertido ya en una carrera entre los científicos no creyentes, sobre todo entre biólogos y cosmólogos, a ver quien va más lejos en afirmar la total marginalidad e insignificancia del hombre en el universo y en el mismo gran mar de la vida. "La antigua alianza se ha quebrantado - escribió Monod -; el hombre finalmente sabe que está solo en la inmensidad del Universo del que surgió por casualidad. Su deber, como su destino, no está escrito en ningún sitio" [8]. "Siempre he creído - afirma otro - ser insignificante. Conociendo las dimensiones del Universo, no hago más que darme cuenta de cuánto lo soy de verdad... Somos sólo un poco de fango en un planeta que pertenece al sol"[9].

Blaise Pascal confutó anticipadamente esta tesis con un argumento que conserva todavía toda su fuerza: "El hombre es solo una caña, la más frágil de la naturaleza; pero una caña que piensa. No es necesario que el universo entero se arme para aniquilarlo; un vapor, una gota de agua bastan para matarlo. Pero, aunque el universo lo aplastase, el hombre sería aun siempre más noble que lo que lo mata, porque sabe morir, y la superioridad que el universo tiene sobre él; mientras que el universo no sabe nada"[10].

La visión cientificista de la realidad, junto con el hombre, quita de golpe del centro del universo también a Cristo. Él se reduce, por usar las palabras de M. Blondel, a "un incidente histórico, aislado del cosmos como un episodio postizo, un intruso o un desconocido en la aplastante y hostil inmensidad del Universo"[11].

Esta visión del hombre tiene reflejos también prácticos, a nivel de cultura y de mentalidad. Se explican así ciertos excesos del ecologismo que tienden a equiparar los derechos de los animales e incluso de las plantas a los del hombre. Es sabido que hay animales cuidados y alimentados mucho mejor que millones de niños. La influencia se advierte también en el campo religioso. Hay formas difundidas de religiosidad en las que el contacto y la sintonía con las energías del cosmos ha tomado el sitio del contacto con Dios como camino de salvación. Lo que Pablo decía de Dios: "En él vivimos, nos movemos y existimos" (Hch 17, 28), se dice aquí del cosmos material.

En ciertos aspectos, se trata del regreso a la visión precristiana que tenía como esquema: Dios - cosmos - hombre, y a la que la Biblia y el cristianismo opusieron el esquema: Dios-hombre-cosmos. El cosmos es para el hombre, no el hombre para el cosmos. Una de las acusaciones más violentas que el pagano Celso dirige a judíos y cristianos es la de afirmar que "Dios existe e, inmediatamente después de él, nosotros, desde el momento en que somos creados por él a su completa semejanza; todo nos está subordinado: la tierra, el agua, el aire, las estrellas; todo existe para nosotros y está ordenado a nuestro servicio" [12].

Existe también sin embargo una profunda diferencia: en el pensamiento antiguo, sobre todo el griego, el hombre, aún subordinado al cosmos, tiene una altísima dignidad, como puso en claro la obra magistral de Max Pohlenz, "El hombre griego"[13]; aquí en cambio parece que se tome gusto en deprimir al hombre y despojarlo de toda pretensión de superioridad sobre el resto de la naturaleza. Más que de un "humanismo ateo", al menos desde este punto de vista, se debería hablar, en mi opinión, de anti-humanismo e incluso de inhumanismo ateo.

Vayamos ahora a la visión cristiana. Celso no se equivoca en hacerla derivar de la gran afirmación de Génesis 1, 26 sobre el hombre creado "a imagen y semejanza" de Dios [14]. La visión bíblica encontró su más espléndida expresión en el Salmo 8:

Al ver el cielo, obra de tus manos,
la luna y la estrellas que has creado:
¿qué es el hombre para que pienses en él,
el ser humano para que lo cuides?

Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y esplendor;
le diste dominio sobre la obra de tus manos,
todo lo pusiste bajo sus pies.

La creación del hombre a imagen de Dios tiene implicaciones en ciertos aspectos sorprendentes sobre la concepción del hombre que el debate actual nos empuja a sacar a la luz. Todo se funda en la revelación de la Trinidad traída por Cristo. El hombre es creado a imagen de Dios, lo que quiere decir que participa en la íntima esencia de Dios que es relación de amor entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Es evidente que hay un abismo ontológico entre Dios y la criatura. Sin embargo, por gracia (¡nunca hay que olvidar esta precisión!) este abismo se ha llenado, de manera que es menos profundo que el existente entre el hombre y el resto de la Creación.

Sólo el hombre, de hecho, como persona capaz de relaciones, participa en la dimensión personal y relacional de Dios, es su imagen. Lo que significa que él, en su esencia, aunque a un nivel de criatura, es lo que, a nivel increado, son el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, en su esencia. La persona creada es "persona" precisamente por este núcleo racional que le hace capaz de acoger la relación que Dios quiere establecer con ella y al mismo tiempo se hace generador de relaciones hacia los demás y hacia el mundo. 

4. La fuerza de la verdad

Probemos a ver cómo se podría traducir en el plano de la evangelización esta visión cristiana de la relación hombre-cosmos. Ante todo una premisa. Resumiendo el pensamiento de su maestro, un discípulo de Dionisio Areopagita enunció esta gran verdad: "No se deben confutar las opiniones de los demás, ni se debe escribir contra una opinión o una religión que no parece buena. Se debe escribir sólo a favor de la verdad y no contra los demás" [15].

No se puede absolutizar este principio (a veces puede ser útil y necesario confutar las doctrinas falsas), pero es cierto que la exposición positiva de la verdad es a menudo más eficaz que no la confutación del error contrario. Es importante, creo, tener en cuenta este criterio en la evangelización y en particular hacia los tres obstáculos mencionados: cientificismo, secularismo y racionalismo. Más eficaz que la polémica contra ellos es, en la evangelización, la exposición irenística de la visión cristiana, haciendo hincapié en la fuerza intrínseca de ella cuando está acompañada por una convicción íntima y se hace, como inculcaba san Pedro, "con dulzura y respeto" (1 Pe 3,16).

La expresión más alta de la dignidad y de la vocación del hombre según la visión cristiana se ha cristalizado en la doctrina de la divinización del hombre. Esta doctrina no ha tenido la misma relevancia en la Iglesia ortodoxa y en la latina. Los Padres griegos, superando todas las hipotecas que la costumbre pagana había acumulado sobre el concepto de deificación (theosis), hicieron de ella el eje de su espiritualidad. La teología latina ha insistido menos en ella. "El objetivo de la vida para los cristianos griegos - se lee en el Dictionnaire de Spiritualité - es la divinización, el de los cristianos de occidente es la adquisición de la santidad... El Verbo se hizo carne, según los griegos, para restituir al hombre la semejanza con Dios perdida en Adán y para divinizarlo. Según los latinos, se hizo hombre para redimir a la humanidad... y para pagar la deuda debida a la justicia de Dios" [16]. Podríamos decir, simplificando al máximo, que la teología latina, tras Agustín, insiste más sobre lo que Cristo ha venido a quitar - el pecado - y la griega insiste más en lo que ha venido a dar a los hombres: la imagen de Dios, el Espíritu Santo y la vida divina.

No se debe forzar demasiado esta contraposición, como a veces se tiende a hacer por parte de autores ortodoxos. La espiritualidad latina expresa a veces el mismo ideal aunque evita el término divinización que, conviene recordarlo, es extraño al lenguaje bíblico. En la Liturgia de las horas de la noche de Navidad volveremos a escuchar la vibrante exhortación de san León Magno que expresa la misma visión de la vocación cristiana: "Reconoce, cristiano, tu dignidad y, hecho partícipe de la naturaleza divina, no quieras volver a la abyección de un tiempo con una conducta indigna. Acuérdate de quién es tu Cabeza y de qué Cuerpo eres miembro" [17].

Por desgracia, ciertos autores ortodoxos se quedaron en la polémica del siglo XIV entre Gregorio Palamas y Barlaam y parecen ignorar la rica tradición mística latina. La doctrina de san Juan de la Cruz, por ejemplo, según la cual el cristiano, redimido por Cristo y hecho hijo en el Hijo, está inmerso en el flujo de las operaciones trinitarias y participa de la vida íntima de Dios, no es menos elevada de la de la divinización, aunque se expresa en términos distintos. También la doctrina sobre los dones de intelecto y de sabiduría del Espíritu Santo, tan querida a san Buenaventura y a los autores medievales, estaba animada por la misma inspiración mística.

No se puede con todo dejar de reconocer que la espiritualidad ortodoxa tiene algo que enseñar en este punto al resto de la cristiandad, a la teología protestante aún más que a la teología católica. Si hay de hecho algo verdaderamente opuesto a la visión ortodoxa del cristiano deificado por la gracia, esto es la concepción protestante, y en particular luterana, de la justificación extrínseca y forense, por la que el hombre redimido es "al mismo tiempo justo y pecador", pecador en sí mismo, justo ante Dios.

Sobre todo podemos aprender de la tradición oriental a no reservar este ideal sublime de la vida cristiana a una élite espiritual llamada a recorrer las vías de la mística, sino a proponerla a todos los bautizados, a hacer de ella objeto de catequesis al pueblo, de formación religiosa en los seminarios y en los noviciados. Si vuelvo a pensar en los años de mi formación encuentro en ellos una insistencia casi exclusiva en una ascética que ponía todo el acento en la corrección de los vicios y la adquisición de las virtudes. A la pregunta del discípulo sobre el objetivo último de la vida cristiana un santo ruso, san Serafín de Sarov, respondía sin dudar: "El verdadero fin de la vida cristiana es la adquisición del Espíritu Santo de Dios. En cuanto a la oración, el ayuno, las vigilias, la limosna y toda otra buena acción hecha en el nombre de Cristo, son solo medios para adquirir el Espíritu Santo"[18].

5. "Todo fue hecho por medio de él"

La Navidad es la ocasión ideal para volver a proponernos a nosotros mismos y a los demás este ideal que es patrimonio común de la cristiandad. Es la encarnación del Verbo de donde los Padres griegos hacen derivar la posibilidad misma de la divinización. San Atanasio no se cansa de repetir: "El Verbo se hizo hombre para que nosotros pudiésemos ser deificados" [19]. "Él se encarnó y el hombre se ha convertido en Dios, pues se ha unido a Dios", escribe a su vez san Gregorio Nacianceno [20]. Con Cristo es restaurado, o devuelto a la luz, ese ser "a imagen de Dios" que funda la superioridad del hombre sobre el resto de la Creación.

Observaba antes que la marginación del hombre lleva consigo automáticamente la marginación de Cristo del cosmos y de la historia. También desde este punto de vista la Navidad es la antítesis más radical a la visión cientificista. En ella se escuchará proclamar solemnemente que "todo fue hecho por medio de él y sin él no se hizo nada de cuanto existe" (Jn 1,3); "Todo fue creado por medio de él y en vista de él" (Col 1, 16). La Iglesia ha recogido esta revelación y en el Credo nos hace repetir: Per quem omnia facta sunt, Por medio de él se hizo todo.

Volver a escuchar estas palabras, mientras a nuestro alrededor no se hace sino repetir 'El mundo se explica por sí solo, sin necesidad de la hipótesis de un creador', o también 'somos fruto de la casualidad y de la necesidad', provoca indudablemente un shock - reconoció -, pero es más fácil que una conversación y una fe surjan de un shock semejante que de una larga argumentación apologética. La pregunta crucial es: ¿seremos capaces, nosotros que aspiramos a volver a evangelizar el mundo, de dilatar nuestra fe a estas dimensiones de vértigo? ¿Creemos verdaderamente, con todo el corazón, que "todo fue hecho por medio de Cristo y en vista de Cristo"?

En su libro de hace tantos años Introducción al cristianismo usted, Santo Padre, escribía: "Con el segundo artículo del ‘Credo' estamos ante el auténtico escándalo del cristianismo. Esto está constituido por la confesión de que el hombre-Jesús, un individuo ajusticiado hacia el año 30 en Palestina, sea el ‘Cristo' (el ungido, el elegido) de Dios, es más, incluso el Hijo mismo de Dios, por tanto el punto central, el eje determinante de toda la historia humana... ¿Nos es verdaderamente lícito aferrarnos al frágil cabo de un único acontecimiento histórico? ¿Podemos correr el riesgo de confiar toda nuestra existencia, es más, toda la historia, a este hilo de paja de un acontecimiento cualquiera, que flota en el océano sin límites de la vicisitud cósmica?"[21].

A estas preguntas, Santo Padre, respondemos sin duda como lo hace usted en ese libro y como no se cansa de repetir hoy, en calidad de Sumo Pontífice: sí, es posible, es liberador, y es gozoso. No por nuestras fuerzas, sino por el don inestimable de la fe que hemos recibido y por la que damos infinitas gracias a Dios.

 

[1] Benedicto XVI, Motu Proprio "Ubicunque et semper".
[2] Juan Pablo II, Parole sull'uomo, Rizzoli, Milán 2002, p. 443; cf, también Enc. Fides et ratio, n. 88
[3] J. Monod, Il caso e la necessità,  Mondadori, Milán, 1970, pags. 136-7. [Ed. original francesa: Jacques Monod, Le Hazard et la necessité. Essai sur la philosophie naturelle de la biologie moderne. Seuil, París 1970; English trans. Chance and Necessity. An Essay on the Natural Philosophy of Modern Biology, Vintage 1971].
[4] M. Planck, La conoscenza del mondo fisico, p. 155, (cit. por Timossi, op.cit.  p. 160)
[5]  J.H. Newman, Carta al canónigo J. Walker (1868), en The Letters and Diaries, vol. XXIV, Oxford 1973, pp. 77 s. (Trad. ital. Di P. Zanna).
[6] J.H. Newman, Apologia pro vita sua, Brescia 1982, p.277[7] J.H. Newman, Lo sviluppo della dottrina cristiana, Bolonia 1967, p. 95.
[8]  Monod, op. cit. p. 136.
[9] P. Atkins, citado por Timossi, op. cit. p. 482.
[10] B. Pascal, Pensieri, 377 (ed. Brunschwicg, n. 347),
[11] M. Blondel et A. Valensin, Correspondance, Aubier, París 1965.
[12] En Orígenes, Contra Celsum, IV, 23 (SCh 136, p.238; cf. también IV, 74 (ib. p. 366)
[13] Cf. M. Pohlenz, L'uomo greco, Florencia 1962.
[14]  En Orígenes, op. cit., IV, 30 (SCh 136, p. 254).
[15] Escolios a Dionisio Areopagita en PG 4, 536; cf. Dionisio Areopagita, Carta VI (PG, 3, 1077).
[16] G. Bardy, en Dct. Spir., III, col. 1389 s.
[17] S. León Magno, Discurso 1 sobre la Navidad (PL 54, 190 s.).
[18] Dialogo con Motovilov, en Irina Ggorainoff, Serafín de Sarov, Gribaudi, Turín 1981. p. 156.
[19]  S. Atanasio, La encarnación del Señor, 54 (PG 25, 192B).
[20]  S. Gregorio Nacianceno, Discursos teológicos, III, 19 (PG 36, 100A).
[21] J. Ratzinger, Introduzione al cristianesimo, Brescia 1969,  p.149.


Publicado por verdenaranja @ 22:29  | Espiritualidad
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ZENIT  publica el artículo que ha escrito monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas, con el título "Iglesia y cambio climático".

Iglesia y cambio climático 

VER

Se está llevando a cabo en Cancún la Convención de la ONU sobre Cambio Climático, con la participación de 194 países. La Iglesia Católica está presente, por medio de Caritas, con testimonios y celebraciones.

En la pasada asamblea de nuestra diócesis, ante el progresivo desastre ecológico, tomamos el acuerdo de articular la pastoral de la tierra. Para ello, nos propusimos impulsar un proceso de concientización sobre el amor, respeto y cuidado que merece y necesita la madre tierra; recuperar las experiencias de las comunidades, para que se articulen a nivel diocesano; detener los daños que nosotros mismos le causamos; organizarnos para concientizar sobre el avance de proyectos de muerte; promover talleres y cursos.

¿Por qué nuestra Iglesia se interesa por estos temas? ¿Es sólo por moda, por seguir la corriente? ¿Es una distracción de nuestra misión evangelizadora? ¿Es pura política? ¿Tiene que ver con la fe cristiana?

JUZGAR

El Papa Benedicto XVI, en su Mensaje para la Jornada Mundial por la Paz de este año, no deja lugar a dudas, cuando dice: "El respeto a lo que ha sido creado tiene gran importancia, puesto que la creación es el comienzo y el fundamento de todas las obras de Dios, y su salvaguardia se ha hecho hoy esencial para la convivencia pacífica de la humanidad. No son menos preocupantes los peligros causados por el descuido, e incluso por el abuso que se hace de la tierra y de los bienes naturales que Dios nos ha dado. Por este motivo, es indispensable que la humanidad renueve y refuerce esa alianza entre ser humano y medio ambiente que ha de ser reflejo del amor creador de Dios, del cual procedemos y hacia el cual caminamos.

¿ Cómo permanecer indiferentes ante los problemas que se derivan de fenómenos como el cambio climático, la desertificación, el deterioro y la pérdida de productividad de amplias zonas agrícolas, la contaminación de los ríos y de las capas acuíferas, la pérdida de la biodiversidad, el aumento de sucesos naturales extremos, la deforestación de las áreas ecuatoriales y tropicales? Todas estas son cuestiones que tienen una repercusión profunda en el ejercicio de los derechos humanos como, por ejemplo, el derecho a la vida, a la alimentación, a la salud y al desarrollo.

Se ha de constatar por desgracia que numerosas personas, en muchos países y regiones del planeta, sufren crecientes dificultades a causa de la negligencia o el rechazo por parte de tantos a ejercer un gobierno responsable respecto al medio ambiente.

Entre las causas de la crisis ecológica actual, es importante reconocer la responsabilidad histórica de los países industrializados. No obstante, tampoco los países menos industrializados, particularmente aquellos emergentes, están eximidos de la propia responsabilidad respecto a la creación, porque el deber de adoptar gradualmente medidas y políticas ambientales eficaces incumbe a todos".

ACTUAR

Concluye el Papa, y yo aduzco su autoridad, para que se comprenda que esta preocupación forma parte también de las exigencias de nuestra fe: "Todos somos responsables de la protección y el cuidado de la creación. No se puede permanecer indiferente ante lo que ocurre en nuestro entorno, porque la degradación de cualquier parte del planeta afectaría a todos. La Iglesia tiene una responsabilidad respecto a la creación y se siente en el deber de ejercerla también en el ámbito público, para defender la tierra, el agua y el aire, dones de Dios Creador para todos, y sobre todo para proteger al hombre frente al peligro de la destrucción de sí mismo. Al cuidar la creación, vemos que Dios, a través de ella, cuida de nosotros".

Mientras los países más contaminantes se resisten a controlar sus industrias, nosotros cuidemos los árboles, los ríos, los manantiales. En las tierras en declive, hay que hacer bordos o terrazas, para que la tierra buena no se vaya al río con las lluvias. Si necesitas cortar un árbol, siembra y cuida diez. Aprende a manejar la basura. No te dejes engañar por los agroquímicos. Elabora y usa abonos orgánicos. Evita los incendios destructivos. Ama y cuida la tierra, nuestra casa.


Publicado por verdenaranja @ 22:20  | Hablan los obispos
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ZENIT  nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigió el viernes 3 de Diciembre de 2010 a los miembros de la Comisión Teológica Internacional, a quienes recibió en audiencia en la Sala del Consistorio con motivo de su Sesión Plenaria.

Señor cardenal,
venerados Hermanos en el Episcopado,
ilustres profesores y queridos colaboradores

Os acojo con alegría, al término de los trabajos de vuestra Sesión Plenaria anual. Deseo ante todo expresar un sentido agradecimiento por las palabras de obsequio que, en nombre de todos, Usted, señor cardenal, en calidad de presidente de la Comisión Teológica Internacional, ha querido dirigirme. Los trabajos de este octavo “quinquenio” de la Comisión, como Usted ha recordado, afrontan los siguientes temas de gran peso: la teología y su metodología; la cuestión del único Dios en relación con las tres religiones monoteístas; la integración de la Doctrina social de la Iglesia en el contexto más amplio de la doctrina cristiana.

“Porque el amor de Cristo nos apremia, al considerar que si uno solo murió por todos, entonces todos han muerto. Y él murió por todos, a fin de que los que viven no vivan más para sí mismos, sino para aquel que murió y resucitó por ellos" (2Cor 5,14-15). ¿Cómo no sentir también como nuestra esta bella reacción del apóstol Pablo a su encuentro con Cristo resucitado? Precisamente esta experiencia está en la raíz de los tres temas importantes que habéis profundizado en vuestra Sesión Plenaria que acaba de concluir.

Quien ha descubierto en Cristo el amor de Dios, infundido por el Espíritu Santo en nuestros corazones, desea conocer mejor a Aquel de quien es amado y a quien ama. Conocimiento y amor se sostienen mutuamente. Como afirmaron los Padres de la Iglesia, quien ama a Dios es impulsado a convertirse, en cierto sentido, en un teólogo, uno que habla con Dios, que piensa sobre Dios y que intenta pensar con Dios; al mismo tiempo, el trabajo profesional de teólogo es para algunos una vocación de gran responsabilidad ante Cristo, ante la Iglesia. Poder estudiar profesionalmente a Dios mismo y poder hablar de eso – contemplari et contemplata docere (S. Tomás de Aquino, Super Sent., lib. 3 d. 35 q. 1 a. 3 qc. 1 arg. 3) – es un gran privilegio. Vuestra reflexión sobre la visión cristiana de Dios podrá ser una contribución preciosa tanto para la vida de los fieles como para nuestro diálogo con los creyentes de otras religiones y también con los no creyentes. De hecho, la misma palabra "teo-logía" revela este aspecto comunicativo de vuestro trabajo – en la teología intentamos, a través del logos, comunicar lo que “hemos visto y oído" (1Jn 1,3). Pero sabemos bien que la palabra "logos" tiene un significado mucho más grande, que comprende también el sentido de "ratio", "razón". Y este hecho nos lleva a un segundo punto muy importante. Podemos pensar en Dios y comunicar lo que hemos pensado porque Él nos ha dotado de una razón en armonía con su naturaleza. No es por casualidad que el evangelio de Juan comience con la afirmación “En principio estaba el Logos... y el Logos era Dios" (Jn 1,1). Acoger este Logos – este pensamiento divino – es al final también una contribución a la paz en el mundo. De hecho, conocer a Dios en su verdadera naturaleza es también el modo más seguro para asegurar la paz. Un Dios que no fuese percibido como fuente de perdón, de justicia y de amor, no podría ser luz sobre el sendero de la paz.

Así como el hombre tiende siempre a unir sus conocimientos entre sí, también el conocimiento de Dios se organiza de modo sistemático. Pero ningún sistema teológico puede subsistir si no está permeado por el amor de su divino “Objeto”, que en la teología necesariamente debe ser “Sujeto” que nos habla y con el que estamos en relación de amor. Así, la teología debe ser siempre nutrida por el diálogo con el Logos divino, Creador y Redentor. Además, ninguna teología es tal si no está integrada en la vida y en la reflexión de la Iglesia a través del tiempo y del espacio. Sí, es verdad que, para ser científica, la teología debe argumentar de modo racional, pero debe también ser fiel a la naturaleza de la fe eclesial: centrada en Dios, arraigada en la oración, en una comunión con los demás discípulos del Señor garantizada por la comunión con el Sucesor de Pedro y todo el Colegio episcopal.

Esta acogida y transmisión del Logos tiene también como consecuencia que la misma racionalidad de la teología ayuda a purificar la razón humana liberándola de ciertos prejuicios e ideas que pueden ejercer un fuerte influjo en el pensamiento de cada época. Es necesario por otra parte poner de relieve que la teología vive siempre en continuidad y en diálogo con los creyentes y los teólogos que vinieron antes de nosotros; dado que la comunión eclesial es diacrónica, lo es también la teología. El teólogo no parte nunca de cero, sino que considera como maestros a los Padres y los teólogos de toda la tradición cristiana. Arraigada en la Sagrada Escritura, leída con los Padres y los Doctores, la teología puede ser escuela de santidad, como nos ha atestiguado el beato John Henry Newman. Hacer descubrir el valor permanente de la riqueza transmitida por el pasado no es una contribución pequeña de la teología al concierto de las ciencias.

Cristo murió por todos, aunque no todos lo sepan y lo acepten. Habiendo recibido el amor de Dios, ¿cómo podríamos no amar a aquellos por quienes Cristo dio su propia vida? "Él entregó su vida por nosotros. Por eso, también nosotros debemos dar la vida por nuestros hermanos” (1 Jn 3,16). Todo esto nos lleva al servicio de los demás en el nombre de Cristo; en otras palabras, el compromiso social de los cristianos deriva necesariamente de la manifestación del amor divino. La contemplación del Dios revelado y la caridad hacia el prójimo no se pueden separar, aunque se vivan según carismas distintos. En un mundo que a menudo aprecia muchos dones del Cristianismo – como por ejemplo la idea de una igualdad democrática – sin comprender la raíz de los propios ideales, es particularmente importante mostrar que los frutos mueren si se corta la raíz del árbol. De hecho no hay justicia sin verdad, y la justicia no se desarrolla plenamente si su horizonte se limita al mundo material. Para nosotros los cristianos la solidaridad social tiene siempre una perspectiva de eternidad.

Queridos amigos teólogos, nuestro encuentro de hoy manifiesta de modo precioso y singular la unidad indispensable que debe reinar entre teólogos y pastores. No se puede ser teólogos en soledad:los teólogos necesitan del ministerio de los Pastores de la Iglesia, así como el Magisterio necesita teólogos que lleven a cabo su servicio hasta el fondo, con toda la ascesis que eso implica. A través de vuestra Comisión, deseo por ello dar las gracias a todos los teólogos y animarles a tener fe en el gran valor de su compromiso. Al daros mi enhorabuena por vuestro trabajo, os imparto con afecto mi Bendición.

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 21:58  | Habla el Papa
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Lectio divina para el jueves de la cuarta semana de Adviento, ofrecida por la Delegaicón Diocesana de liturgia de la diócesis de Tenerife.

LECTURA:      “Lucas 1, 57‑66”

A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le habla hecho una gran misericordia, y la felicitaban.

A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaban Zacarías, como a su padre. La madre intervino diciendo: «¡No! Se va a llamar Juan.»

Le replicaron: «Ninguno de tus parientes se llama así.» Entonces preguntaban por señas al padre como quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre». Todos se quedaron extrañados. Inmediatamente se le salto la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios.

Los vecinos quedaron sobrecogidos, y corrió la noticia por toda la montaña de Judea. Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo: «¿Qué va a ser este niño?» Porque la mano del Señor estaba con él.

MEDITACIÓN:            “Estaba con él”

            Me resuenan de un modo especial todas las expresiones que ponen de manifiesto tu cercanía. Porque ésa es la gran noticia que nos comunicas. Tal vez para muchos incomprensible o molesta. No cabe duda, te preferiríamos metido en tu cielo, distante, lejano, sin inmiscuirte en nuestra vida, dejándonos hacer lo que nos viniese en gana, como niños caprichosos o arrogantes adolescentes que no quieren la injerencia de nadie en sus vidas.

            Te nos has hecho un Dios tan cercano que preferimos renegar de ti. Pero tenemos la experiencia de que cuando prescindimos de ti, terminamos prescindiendo los unos de los otros, porque los lazos de amor y fraternidad no se mantienen si no hay alguien que nos haga sentirnos vinculados, familia, hermanos.

            Y tú sigues viniendo, a pesar de nuestras pataletas. Vienes porque sabes que te necesitamos, aunque no lo sepamos o no lo queramos admitir. Necesitamos que tus manos estén con nosotros, que nos guíen, que nos muestren el camino, nuestro camino interior y exterior, porque sólo somos capaces de hacer un camino exterior coherente, en la medida  que vamos haciendo o construyendo nuestro camino interior.

            Y Juan será el encargado de recordarnos la necesidad de preparar esos caminos íntimos que nos permita caminar y dejar transitar por ellos, acogiéndote y acogiéndonos. Y por eso vienes, y por eso te empeñas en ser Dios con nosotros, aunque te rechacemos. Sigue viniendo, sigue estando, sigue salvándome, salvándonos.               

ORACIÓN:              “La fuerza de tu amor”

            Señor, tú sabes mejor que yo mismo como te necesito. Como necesito tu calor, tu perdón, tu coraje, tu fuerza y tu ternura. La necesito simplemente para ser y para hacerme humano y para construir humanidad. Fuérzame y entra en mi interior para transformarlo desde dentro con la fuerza de tu amor.

            Señor, perdona mis rechazos, mis comodidades, mis incoherencias, mis huidas hacia no sé dónde, mis huidas de mí mismo y de mis miedos a encontrarme conmigo mismo, con mi propia verdad que me obligaría a dar un giro a mi vida cada mañana. Perdóname y fuerza mi cobardía y mis deseos. 

CONTEMPLACIÓN:             “Eres”

Eres el milagro de mi vida,
el que me descubre
mis miserias y mis grandezas,
la verdad de mis huidas
y de mis reencuentros.

Eres el sueño de mis deseos
que descubre mi realidad
de criatura amada
y salvada.

Eres la esperanza
de mis desesperanzas
que experimentan el vacío
de mis posibilidades
que no me puedo ofrecer.

Eres el Dios de la vida,
de mi vida,
que sales a mi encuentro
para recordarme,
con gritos de amor,
que no estoy sólo,
que vienes a estar conmigo.


Publicado por verdenaranja @ 20:53  | Liturgia
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Desde Caritas Diocesana se nos comunica propuesta de actuación de Caritas Diocesana de Tenerife frente a la situación actual de la Entidad según extgraordinario del Consejo Diocesano de Caritas de 11 de Diciembre de 2010.

Propuesta de actuación de Cáritas Diocesana de Tenerife frente a la situación actual de la Entidad 

El 11 de diciembre tuvo lugar la reunión extraordinaria del Consejo Diocesano de Cáritas en el Seminario Diocesano de San Cristóbal de La Laguna, en la cual estuvieron representados todos los arciprestazgos de la Diócesis. De la reflexión del Consejo sobre la situación económica de la Entidad y la aportación de criterios y propuestas de medidas a tomar necesarias para la continuidad de nuestra acción en la Diócesis, surge la siguiente propuesta:

1. Continuar con la acción de animación en el territorio en la estructura actual: un equipo de diez personas al servicio de toda la Diócesis coordinado desde los SS.GG. con las Cáritas arciprestales y parroquiales y al servicio de las mismas.

2. Finalización de los contratos temporales del personal eventual en los diferentes proyectos de la Entidad a 31 de diciembre de 2010.

3. Reducción de personal en proyectos específicos por falta de financiación para el mantenimiento y el desarrollo de las actividades de los mismos, lo que también lleva a reducir los horarios de atención y el número de personas atendidas en cada proyecto.

4. Reubicación del personal de estos proyectos en otros según sus necesidades y en sustitución del personal eventual.

5. Compromiso de aportación de las cáritas arciprestales y parroquiales, según sus posibilidades económicas, a los SS.GG. para el desarrollo de la acción de Cáritas en la Diócesis y en concreto de la animación en el territorio.

6. Solicitud a los arciprestazgos de que la aportación a los SS.GG. se haga antes del 31 de diciembre, teniendo en cuenta el carácter de urgencia de la situación económica de la Entidad, que presenta un déficit estimado de 230.000 € para el 2011, como consecuencia de la reducción en las subvenciones públicas.

7. Aportación a la cuenta de depósito de Cáritas a efectos de reducción de intereses bancarios. Recordamos que como depósito, cada cáritas arciprestal puede disponer en cualquier momento del fondo depositado, por lo que animamos a que, salvando los saldos medios mensuales necesarios para la actividad de cada arciprestazgo, se aporte la mayor cantidad posible a dicho depósito.

8. Revisión semestral de los fondos arciprestales y parroquiales y valoración de aportación a los SS.GG. según las posibilidades de cada cáritas arciprestal y parroquial.

9. Solicitud a los consejeros de llevar lo tratado en el Consejo extraordinario a todos los órganos arciprestales y parroquiales. Que se trate con total transparencia la gestión que estamos llevando a cabo de los fondos de los SS.GG. de Cáritas, invitando a cada cáritas arciprestal y parroquial a revisar de igual manera la gestión de los que dispone, y a contribuir en la medida de sus posibilidades según la Comunicación Cristiana de Bienes. 

Todas estas medidas deberán ser revisadas en el próximo Consejo Ordinario de Cáritas, previa valoración en cada uno de los arciprestazgos.  

“Que cada uno aporte según sus posibilidades y reciba según sus necesidades”. 

Firmo el presente documento, aprobado por la Comisión Permanente de Cáritas Diocesana el día 21 de diciembre de 2010.  

Rosa Mª Martín González
Secretaria General 


Publicado por verdenaranja @ 16:28  | Caritas
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martes, 21 de diciembre de 2010

ZENIT  nos ofrece el discurso que el Papa Beneidcto XVI dirigió el viernes 3 de Diciembre de 2010 al nuevo embarajdor de Costa Rica ante la Santa Sede, Fernando Felipe Sánchez Campos, al aceptar sus Cartas Credenciales.

Señor Embajador:

1. Al recibir de manos de Vuestra Excelencia las Cartas credenciales como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de Costa Rica ante la Santa Sede, le agradezco vivamente sus deferentes palabras, así como el gentil saludo que me ha transmitido de parte de la Señora Presidenta de la República, Doctora Laura Chinchilla Miranda, al que correspondo complacido con los mejores deseos de que lleve a cabo un fructífero servicio al frente de esa dilecta Nación, tan vinculada a la Sede Apostólica por estrechas y cordiales relaciones, así como por la especial devoción de los costarricenses al Sucesor de Pedro.

2. Vuestra presencia en este acto solemne, Excelencia, aviva en mi corazón los sentimientos de afecto y benevolencia hacia el amadísimo pueblo costarricense, que, el pasado día 2 de agosto, se llenó de regocijo al conmemorar los 375 años del hallazgo de la venerada imagen de Nuestra Señora de los Ángeles, su celestial Patrona. A la vez que me uno a su acción de gracias al Todopoderoso en tan feliz circunstancia, no dudo que el Año Jubilar que se está celebrando producirá abundantes frutos de vida cristiana, siendo también una oportunidad singular para agradecer a la Virgen los favores recibidos y elevar una súplica por todas las necesidades de ese noble País, que desea seguir recorriendo al amparo de la Madre de Dios los caminos del mutuo entendimiento y la concordia, en un clima de auténtica fraternidad y de próvida solidaridad.

3. No podría ser de otra manera en Vuestra Patria, acreedora del particular interés de la Santa Sede, y en donde la belleza se hace montaña y llanura, río y mar, brisa y viento que da ímpetu a un pueblo hospitalario y orgulloso de sus tradiciones; un pueblo que hace siglos acogió la semilla evangélica para ver cómo germinaba pujante en innumerables iniciativas educativas, sanitarias y de promoción humana. De este modo, los hijos de Vuestra Patria saben bien que, en Cristo, el Hijo de Dios, el hombre puede encontrar siempre la fuerza para luchar contra la pobreza, la violencia doméstica, el desempleo y la corrupción, procurando la justicia social, el bien común y el progreso integral de las personas. Nadie puede sentirse al margen de la consecución de esas altas metas. En este contexto, la Autoridad pública ha de ser la primera en buscar lo que a todos beneficia, obrando principalmente como una fuerza moral que potencie la libertad y el sentido de responsabilidad de cada uno. Y todo esto, sin menoscabar los valores fundamentales que vertebran la inviolable dignidad de la persona, comenzando por la firme salvaguarda de la vida humana. En este ámbito, me complace recordar que fue precisamente en Vuestro País donde se firmó el Pacto de San José, en el que se reconoce expresamente el valor de la vida humana desde su concepción. Así pues, es deseable que Costa Rica no viole los derechos del nasciturus con leyes que legitimen la fecundación in vitro y el aborto.

4. Recientemente, ha surgido el deseo de plasmar en un nuevo y solemne acuerdo jurídico la larga trayectoria de mutua colaboración, sana independencia y respeto recíproco entre la Santa Sede y Costa Rica, afianzando así aún más las proficuas relaciones existentes entre la Iglesia y el Estado en Vuestra Patria. Concretar las materias de interés común, fijando pormenorizadamente los derechos y obligaciones de las partes signatarias, servirá para seguir garantizando de manera estable y más conforme a las actuales circunstancias históricas su ya tradicional y fecundo entendimiento, con miras al mayor bien de la vida religiosa y civil de la Nación y en beneficio de aquellas personas objeto de los mismos desvelos.

5. Con ocasión de este encuentro, quisiera asegurarle, Señor Embajador, que, en estos días, he tenido un particular recuerdo en la oración por Costa Rica, con motivo de las dolorosas consecuencias que han causado las lluvias torrenciales que han afectado al País. He pedido también a Dios que Vuestra Patria no deje de roturar los caminos que la hacen ante la comunidad internacional un referente de paz. Para ello, es importante que los que están al frente de sus destinos no vacilen en rechazar con firmeza la impunidad, la delincuencia juvenil, el trabajo infantil, la injusticia y el narcotráfico, impulsando medidas tan importantes como la seguridad ciudadana, una adecuada formación de niños y jóvenes, la debida atención a los encarcelados, la eficaz asistencia sanitaria a todos, en particular a los más menesterosos y a los ancianos, así como los programas que lleven a la población a alcanzar una vivienda digna y un empleo decente. Es primordial, además, que las nuevas generaciones adquieran la convicción de que los conflictos no se vencen con la mera fuerza, sino convirtiendo los corazones al bien y la verdad, acabando con la miseria y el analfabetismo, robusteciendo el Estado de derecho y vigorizando la independencia y eficacia de los tribunales de justicia. Mucho contribuirá a dilatar este horizonte el afianzamiento en la sociedad de un pilar tan sustancial e irrenunciable como la estabilidad y unión de la familia, institución que está sufriendo, quizás como ninguna otra, la acometida de las transformaciones amplias y rápidas de la sociedad y de la cultura, y que, sin embargo, no puede perder su identidad genuina, pues está llamada a ser vivero de virtudes humanas y cristianas, en donde los hijos aprendan de sus padres de forma natural a respetarse y comprenderse, a madurar como personas, creyentes y ciudadanos ejemplares. Por consiguiente, nada de cuanto favorezca, tutele y apoye la familia fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer será baldío. En este sentido, la Iglesia no se cansará de alentar especialmente a los jóvenes, para que descubran la belleza y grandeza que entraña servir fiel y generosamente al amor matrimonial y a la transmisión de la vida.

6. La defensa de la paz se verá facilitada asimismo con el cuidado del entorno natural, pues son realidades íntimamente relacionadas entre sí. A este respecto, Costa Rica, abanderada de la amistad y el buen entendimiento entre las Naciones, se ha distinguido también en la preservación del medio ambiente y la búsqueda de un equilibrio entre el desarrollo humano y la conservación de los recursos. Esto conlleva la ponderación conjunta y responsable de esta cuestión tan esencial, en aras de "esa alianza entre ser humano y medio ambiente que ha de ser reflejo del amor creador de Dios, del cual procedemos y hacia el cual caminamos" (Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2008, n. 7). Con este objetivo, animo a todos los costarricenses a continuar desarrollando lo que propicia un verdadero desarrollo humano, en armonía con la creación, evitando intereses espurios y faltos de clarividencia en un tema de tanta trascendencia.

7. Al concluir, quiero expresarle, Señor Embajador, mis mejores votos para la misión que comienza hoy. Tenga la seguridad de que en su ejercicio siempre encontrará la ayuda que precise de mis colaboradores. Con estos sentimientos, pongo bajo la mirada de Nuestra Señora de los Ángeles, tan venerada en vuestra tierra y en toda Centroamérica, a las Autoridades y al querido pueblo costarricense, suplicándole también que sostenga con su amor materno a todos los hijos de Vuestra Patria, para que, apoyándose en su rico patrimonio espiritual, puedan cooperar a una solidaridad cada vez mayor entre las personas y entre los pueblos. Y como prenda de copiosos dones divinos, imparto la Bendición apostólica a Vuestra Excelencia y su familia, así como al personal de esa Misión Diplomática.

[©Libreria Editrice Vaticana]


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Homilía de monseñor Miguel Esteban Hesayne, obispo emérito de Viedma para el 1º domingo de Adviento (28 de noviembre de 2010). (AICA)

LA IGLESIA Y SU MISIÓN SOCIAL-POLÍTICA      

La Fe Cristiana es operativa, sino, no es Fe en Jesús y su Evangelio. Por eso, es iluminación e impulso para actuar. También, en el campo social-político hasta desarrollar en cada cristiano una praxis solidaria.

El discípulo de Jesús conoce lo elemental de la enseñanza bíblica: Dios ha creado todas las cosas de este mundo para el bien de todos y cada uno de los seres humanos. Desde la primera página de la Biblia, el Dios de Jesucristo se muestra preocupado por el bienestar de la humanidad entera. Es un Dios “humano”. A tal punto que se hace perfecto hombre para emplear toda su fuerza divina en liberar a “todos los hombres y a todo el hombre” de todos los males en esta condición histórica. Para ésto, elige un “pueblo” que, a medida que se vaya liberando, se transforme en liberador de todos los demás pueblos. Ayer fue Israel, hoy es la Iglesia, el Pueblo de Dios al servicio de la humanidad, como la declaró Paulo VI al clasurar el Concilio Vaticano II.

Por eso, la Comunidad cristiana, desde sus orígenes, asumiendo su misión de Pueblo de Dios, se reúne para educarse con la Palabra de Dios y saber vivir de acuerdo al proyecto de quién ha creado este mundo; para no caer en falsos proyectos creados por quiénes no buscan el bien de todos, sino el propio interés en un individualismo exacerbado y hasta feroz, que lleva al hombre a pensar sólo en sí mismo.

Para caminar por el sendero que señala la Biblia, dónde se va descubriendo el auténtico proyecto humano y humanizante, la Iglesia, desde que aparece en la historia, a través de sus comunidades, examina la sociedad en la está surgiendo, la sociedad con la que se está relacionando, la sociedad que la está influyendo, la sociedad a la que está llamada por misión, a transformar en nueva civilización solidaria, justa y fraterna. Ver, descubrir, conocer, tomar conciencia de los móviles profundos, los intereses reales de la sociedad de donde actúa la comunidad cristiana, es la primera instancia de una Comunidad animada por la Fe en Jesús y su Evangelio. Por eso, hoy, en toda Comunidad cristiana, cada hombre o mujer que pretenda ser discípula/o del Divino Maestro, Jesús, ha de crearse un espacio para preguntarse sobre los criterios y actitudes de quiénes los rodean y/o se relacionan. Sin llegar a ser analista social ó político, ha de tomar conciencia de la nueva época, la nueva cultura, que se está viviendo. Ha de saber discernir su bondad ó su maldad. ¿Podemos los cristianos, pretender seguir a Jesús, como hace 50 años atrás, sin tomar conciencia de los profundos cambios de época que el Concilio Vaticano II nos lo viene anunciando?- A poco que reflexionemos sobre qué mundo vivimos, comprobamos que se están dando cambios no periféricos o meramente coyunturales sino que además de rápidos y desconcertantes son globales y profundos. ¿Quedaremos cargados de simple preocupación y estériles lamentos ante el preciso y fuerte juicio de un sabio analítico de los signos de tiempos, que nos describe el mundo que vivimos: como un “mundo sin alma que se nos obliga a aceptar como único posible; no hay pueblos, sino mercados, no hay ciudadanos, sino empresas; no hay ciudades, sino aglomeraciones, no hay relaciones humanas, sino competencias mercantiles”?- Frente a esta cultura dominante y dominadora, cargada de individualismo y de consumismo; frente a una economía sin ética que desemboca en una economía salvaje, al decir de Juan Pablo II; frente a una corrupción generalizada con la secuela de sobornos, robos, drogadicción, inseguridad e impunidad; frente al desprestigio de dirigentes políticos y hasta de los mismos partidos políticos, necesitamos recrear una cultura humana y humanizante. Y ésta es misión de cada cristiano. Urge re-agruparse en torno a la Doctrina Social de la Iglesia, ícono del Evangelio, para afrontar el reto de proyectos inhumanos y ofrecer alternativas de una sociedad solidaria, justa y fraterna, colaborando con gente de buena voluntad o tomando la iniciativa de construir un mundo digno y habitable. 

Mons. Miguel Esteban Hesayne, obispo emérito de Viedma

(1) Eduardo Galeano


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Oración por las familias



Madre de la esperanza,
que en Belén diste a luz a Jesucristo,
el cual en la Cruz, supremo signo del amor,
ha mostrado la gran esperanza a los hombres.

Intercede por nosotros,
para que en cada familia cristiana
se viva el amor fiel a imagen de Jesucristo,
los jóvenes descubran la lógica del servicio,
la vida humana sea acogida como sagrada e inviolable,
y la Iglesia sea el hogar donde cada persona
experimente el abrazo de Dios.

Madre nuestra,
enséñanos a creer, esperar y amar contigo.

Estrella del mar, brilla sobre nosotros
y guíanos en nuestro camino
para que la Iglesia y la familia
sean esperanza para la humanidad.

Por Jesucristo Nuestro Señor,
Amén 


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Ideas poara la homilía del día de la Sagrada Familia que se  celebrará el 26 de Diciembre de 2010, ofrecidas por Delegación Familia y Vida de la diócesis de Tenerife.

Ideas para la homilía.

Damos poca importancia a los sueños. Los sufrimos, los toleramos, pero raramente les prestamos la debida atención. A lo largo de la historia los sueños han servido para interpretar la vida. Se ha visto en ellos una luz, una señal, un mal presagio, una advertencia…Si recurrimos a los relatos de Daniel, de Jacob o de S. José, de quien nos habla el evangelio hoy, aprenderemos a dar importancia a la interpretación creyente de los sueños.

¿Cuál es el sueño sobre la familia de los niños que sufren por la separación de sus padres? ¿Qué sueños familiares tiene el marido acusado de malos tratos, o su mujer maltratada? ¿Qué sueño de familia es el del anciano amenazado con la residencia? ¿Cuál son los sueños del adolescente que soporta los gritos y malos modales de sus padres? ¿Qué sueños tiene la madre con su hijo parado, deprimido y a punto de caer en las redes del alcohol y de la droga?

No sabemos si la situación de la familia hoy da para muchos sueños positivos, pero sí es motivo de ensueño y de preocupación para la Iglesia: “Levántate..., ya han muerto los que atentaban contra la vida del niño”, le dice el ángel en sueños a José. Y José se pone en camino.

Las familias creyentes experimentan el atentado diario que supone para su fe y su ser el hecho de vivir en esta sociedad. Los sueños negativos sobre el futuro de la familia nos agobian. Hemos de poner nuestra atención en sueños positivos, de esperanza: los que sirven para afinar la percepción de la voluntad de Dios y la seguridad en el presente. Esos que pretenden lanzarnos sin miedos, por caminos creativos, con el fin de hacer posibles alternativas válidas a la realidad desequilibrada en la que viven nuestras familias. O se trata d que la Iglesia, de modo oficial, nos dé recetas prácticas, sino de que los cristianos casados y sus familias, ante la nueva cultura, recreen estilos diferentes de vivir la fe y la familia.

La Palabra de Dios, como un sueño de esperanza, en medio de las celebraciones de la Navidad del Señor de estos días, nos ofrece hoy el uniforme que han de ponerse las familias que recorren el camino del Señor: “la misericordia entrañable, la bondad, la humildad…” Colosenses ofrece un rayo de luz, quizá un sueño, en medio del barullo en el que vivimos. Sed como el Señor, haced como el Señor, nos viene a recordar. No hay soluciones desde fuera.

 “Celebrad…enseñaos…exhortaos…dadle gracias…que todo sea en nombre de Jesús”. La sabiduría del Eclesiástico nos recuerda lo básico y natural en el comportamiento de una persona: el respeto profundo por los que son parte de la familia.

Pero hay más. Los cristianos sabemos que existe una familia más grande que la propia, que la de la sangre, la nueva familia de la iglesia, nacida en Cristo. La familia-Iglesia ha de ser, por su fe y testimonio, fermento de una nueva vida cristiana.

Es navidad. María, José y Jesús, en quien hemos comprendido la fragilidad en la que se desvela el Misterio de Dios, son la escuela para aprender y vivir el amor. La familia es escuela para la vida, y hemos de optar por hacer que esa escuela siga viva. Quienes han bebido en su fuente las primeras aguas de la fe y los valores del evangelio, saben que el calor del hogar es insustituible para orientar unas personalidades sanas, que asuman el evangelio. Optar por el cuidado de la familia es optar por la vida, y hacerlo con naturalidad es optar por la posibilidad de que el evangelio siga vivo.


Publicado por verdenaranja @ 20:39  | Espiritualidad
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Lectio divina para el miércoles de cuarta semana de Adviento, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.

LECTURA:      “Lucas 1, 46‑56”

En aquel tiempo, María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia, —como lo había prometido a nuestros padres— en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.»

María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

MEDITACIÓN:            “Su misericordia llega”

            El Magnificat es el cántico del adviento por excelencia. Es el canto que celebra al Dios que viene, al que vino y al que vendrá, y todo él pone de manifiesto las consecuencias de esta venida, de su llegada, de su irrupción en nuestra historia, en mi propia historia. Y dentro de todo su mensaje, que capta María con toda su fuerza, esta frase es como el compendio de todo él.

            Dios ha derramado, sigue derramando su misericordia, porque es lo mejor que puede derramar sobre nosotros, los hombres, cuando nos mira y ve nuestro caminar torpe y a veces doloroso. Cristo va a encarnar la misericordia de este Dios derramándose por todos los lugares por donde pasa y tocando todos los corazones sedientos de ella.

            Dios derrocha su misericordia en Jesús para que conozcamos y veamos con nuestros ojos cómo es su corazón y cómo está llamado a ser el nuestro, que por haber sido creado a su imagen tiene la misma capacidad y la misma necesidad de manifestarse.

            Ante lo que parece ser nuestro corazón cada vez más endurecido,  cada vez más insensible y frío, sufriendo las consecuencias de esa aparente indiferencia, el anuncio de la misericordia que llega, que se acerca, que se derrama, que se nos da, es como la apertura de una ventana de aire fresco que nos despierta la esperanza, y las ansias de acoger y de ofrecer el mayor tesoro de nuestro corazón.    

ORACIÓN:               “Cauce de tu misericordia”

            Te doy gracias, Señor, porque en el caminar de mi vida me has permitido experimentar tu misericordia, porque he sentido el calor y la fuerza de tu perdón, y tu llamada a seguir intentando dar pasos en la aventura de mi crecimiento. Sé que muchas veces no he sabido responder, ni estar a la altura de mi vocación, pero tu misericordia ha puesto una y otra vez mis pasos en el camino de tu seguimiento. Gracias, Señor.

            En esta tarea de mi andadura, en esta llamada continua que me haces a mantenerme  en el empeño, enséñame a acercarme a los otros y ser para ellos expresión de tu acogida y tu calor. Que sepa hacerme cauce de tu misericordia. 

CONTEMPLACIÓN:              “Mi esperanza”

Te derramas como rocío
que reverdece
y despierta la vida
de todo lo que tocas.

Así levantas de su letargo
el corazón herido
del que ya poco espera
ni siquiera de sí mismo.

Y tú alientas los deseos
al poner tu corazón
de padre y de amigo.

Y recreas la esperanza,
mi esperanza,
que a veces yace caída
y que sólo tu palabra,
cargada de ternura
la reaviva.


Publicado por verdenaranja @ 20:35  | Liturgia
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lunes, 20 de diciembre de 2010

Subsidio litúrgico para el día de la Sagrada Familia, ofrecido por la Delegación de Familia y Vida de la diócesis deTenerife, a celebrar el 26 de Dciembre de 2010.

TIEMPO DE NAVIDAD
26 de diciembre. Fiesta de la Sagrada Familia 

Ideas para la liturgia 

Monición de entrada o ambientación.

Hemos tenido 365 días para construir nuestra vida y nuestra familia con amor. Hemos tenido 365 días para la búsqueda del Dios de Jesús. Hoy comienza de nuevo. En el horizonte tres figuras: una mujer, su esposo y un niño pequeño. Tres puntos que se funden en uno: el corazón de Dios al lado del nuestro, guiando y sintiendo a la Humanidad en el pálpito incesante de su amor para siempre. 

Monición a las lecturas. (Si 3,2-6.12-14 sal 127 Col 3,12-21 Mt 2,13-15.19-23)

La Palabra de Dios nos presenta un cuadro de la Sagrada Familia de Nazaret. Si lo contemplamos descubrimos: el amor y el respeto de los padres, la vida entendida como bendición y regalo de Dios, y una comunidad consagrada por el Espíritu, que favorece la unidad y la reconciliación. Escuchemos. 

Ideas para la homilía.

Damos poca importancia a los sueños. Los sufrimos, los toleramos, pero raramente les prestamos la debida atención. A lo largo de la historia los sueños han servido para interpretar la vida. Se ha visto en ellos una luz, una señal, un mal presagio, una advertencia…Si recurrimos a los relatos de Daniel, de Jacob o de S. José, de quien nos habla el evangelio hoy, aprenderemos a dar importancia a la interpretación creyente de los sueños.

¿Cuál es el sueño sobre la familia de los niños que sufren por la separación de sus padres? ¿Qué sueños familiares tiene el marido acusado de malos tratos, o su mujer maltratada? ¿Qué sueño de familia es el del anciano amenazado con la residencia? ¿Cuál son los sueños del adolescente que soporta los gritos y malos modales de sus padres? ¿Qué sueños tiene la madre con su hijo parado, deprimido y a punto de caer en las redes del alcohol y de la droga?

No sabemos si la situación de la familia hoy da para muchos sueños positivos, pero sí es motivo de ensueño y de preocupación para la Iglesia: “Levántate..., ya han muerto los que atentaban contra la vida del niño”, le dice el ángel en sueños a José. Y José se pone en camino.

Las familias creyentes experimentan el atentado diario que supone para su fe y su ser el hecho de vivir en esta sociedad. Los sueños negativos sobre el futuro de la familia nos agobian. Hemos de poner nuestra atención en sueños positivos, de esperanza: los que sirven para afinar la percepción de la voluntad de Dios y la seguridad en el presente. Esos que pretenden lanzarnos sin miedos, por caminos creativos, con el fin de hacer posibles alternativas válidas a la realidad desequilibrada en la que viven nuestras familias. O se trata d que la Iglesia, de modo oficial, nos dé recetas prácticas, sino de que los cristianos casados y sus familias, ante la nueva cultura, recreen estilos diferentes de vivir la fe y la familia.

La Palabra de Dios, como un sueño de esperanza, en medio de las celebraciones de la Navidad del Señor de estos días, nos ofrece hoy el uniforme que han de ponerse las familias que recorren el camino del Señor: “la misericordia entrañable, la bondad, la humildad…” Colosenses ofrece un rayo de luz, quizá un sueño, en medio del barullo en el que vivimos. Sed como el Señor, haced como el Señor, nos viene a recordar. No hay soluciones desde fuera.

 “Celebrad…enseñaos…exhortaos…dadle gracias…que todo sea en nombre de Jesús”. La sabiduría del Eclesiástico nos recuerda lo básico y natural en el comportamiento de una persona: el respeto profundo por los que son parte de la familia.

Pero hay más. Los cristianos sabemos que existe una familia más grande que la propia, que la de la sangre, la nueva familia de la iglesia, nacida en Cristo. La familia-Iglesia ha de ser, por su fe y testimonio, fermento de una nueva vida cristiana.

Es navidad. María, José y Jesús, en quien hemos comprendido la fragilidad en la que se desvela el Misterio de Dios, son la escuela para aprender y vivir el amor. La familia es escuela para la vida, y hemos de optar por hacer que esa escuela siga viva. Quienes han bebido en su fuente las primeras aguas de la fe y los valores del evangelio, saben que el calor del hogar es insustituible para orientar unas personalidades sanas, que asuman el evangelio. Optar por el cuidado de la familia es optar por la vida, y hacerlo con naturalidad es optar por la posibilidad de que el evangelio siga vivo.

Oración de los fieles

Unidos a la Sagrada Familia de Nazaret, modelo e imagen de la humanidad nueva, elevemos al Padre nuestra oración para que todas las familias sean luz y esperanza en el mundo: Renueva nuestras familias, Señor.

Por la santa Iglesia de Dios: para que sus hijos vivan siempre unidos en el amor. Oremos.

Por los gobernantes: para que procuren la solución de los graves problemas que, en estos tiempos de dificultades económicas, afec­tan a las familias. Oremos.

Por todos los hogares cristianos: para que sean imágenes vivas de la Sagrada Familia de Nazaret, testigos del abrazo de Dios a los hombres y portadoras de esperanza. Oremos.

Por los padres, para que movidos por el Espíritu Santo guíen a sus hijos en el camino del amor y de la santidad. Oremos.

Por los novios: para que, Jesucristo esté presente en su noviazgo y se formen para vivir el amor generoso e indisoluble según el proyecto de Dios.

Por nuestra sociedad: para que valore, acoja y defienda la vida humana como sagrada e inviolable desde el momento de la concepción hasta su término natural. Oremos.

Por los ancianos: para que en los últimos años de su vida no les falte el cariño familiar. Oremos.

Por los miembros difuntos de nuestras familias: para que el Señor les conceda el descanso eterno. Oremos.

Oh Dios, que en Jesús, José y María
nos has dado una viva imagen de tu eterna comunión de amor;
renueva en todos los hogares las maravillas de tu Espíritu
para que nuestras familias puedan experimentar tu presencia y protección.
Por Jesucristo nuestro Señor. 

Ofertorio

Símbolos: icono de la Sagrada Familia; alianzas esponsales; brotes de olivo (sal 127); lista de matrimonios y bautizos celebrados en la parroquia durante el año; arena y paloma de la paz (desierto y ángel que anuncia Buena Nueva). 

Oración por las familias


Madre de la esperanza,
que en Belén diste a luz a Jesucristo,
el cual en la Cruz, supremo signo del amor,
ha mostrado la gran esperanza a los hombres.

Intercede por nosotros,
para que en cada familia cristiana
se viva el amor fiel a imagen de Jesucristo,
los jóvenes descubran la lógica del servicio,
la vida humana sea acogida como sagrada e inviolable,
y la Iglesia sea el hogar donde cada persona
experimente el abrazo de Dios.

Madre nuestra,
enséñanos a creer, esperar y amar contigo.

Estrella del mar, brilla sobre nosotros
y guíanos en nuestro camino
para que la Iglesia y la familia
sean esperanza para la humanidad.

Por Jesucristo Nuestro Señor,
Amén 

Monición de despedida

Vayamos a casa felices y contentos. La Familia de Nazaret es nuestro ejemplo. Y todavía escuchamos las canciones de la Virgen María, las risas del Niño Jesús, los ruidos del trabajo de José. Es una música para la esperanza. Y que esa Sagrada Familia se acuerde de las nuestras -de todas nuestras familias- para que todos vivamos en paz y unidos.

 


Publicado por verdenaranja @ 22:38  | Liturgia
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Lectio divina para el martes de la cuarta semana de Adviento, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la Diócesis de Tenerife.

LECTURA:          Lucas 1, 39‑45

Unos días después, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.

En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.»

MEDITACIÓN:            “Se puso en camino”

            Pienso que María nos da un poco la clave de este tiempo. El adviento es tiempo de espera, pero no de una espera pasiva, como la de aquella persona que espera que llegue el autobús. No es una espera de brazos cruzados o haciendo algo que nada tiene que ver con lo esperado.

            María se pone en camino en seguida para ayudar  a su prima y para llevarle también su buena noticia. Su espera es activa y haciendo algo que tiene que ver con lo que ella misma espera, llevar presencia y gesto de Dios que se hace servicio, don, como es don el Hijo que va a venir.

            Creemos que Dios llegará un día definitivamente a consumar su obra salvadora y nos quiere encontrar trabajando, con las manos en la construcción de la masa de la historia; él mismo lo repetirá incansablemente, aportando amor, aportando vida, aportando esperanza. A Dios no lo podemos esperar sentados, hay que salir a su encuentro en nuestro interior y en los otros. María lo entendió perfectamente y adelantó el fruto de esa espera.

            Y así tenemos la seguridad, no sólo de que Dios vendrá un día definitivamente al final de la historia, sino que está viniendo constantemente cuando nos ponemos en camino para acogerlo en nuestros hermanos necesitados y lo hacemos visible con nuestra vida, cuando dejamos que sea y siga siendo Dios con nosotros.      

ORACIÓN:             “Gestos de bondad”

            Señor, quisiera estar preparado para cuando vengas definitivamente para llevarme a la orilla definitiva de la plenitud de tu amor, pero sé que la mejor preparación es la ser capaz de acogerte en tu venida continua, en tu hacerte presente en lo más íntimo de mí y de mis hermanos.  A veces me resulta incómodo pero sé que es la única forma auténtica de esperarte.

            Ayúdame a poner en juego todos los resortes de bien que has depositado en mí. Ayúdame a poner en juego mi persona para ser cauce de gestos de bondad y de vida. Ayúdame no encerrarme en mis seguridades y comodidades, enséñame a estar siempre disponible, en camino, como María.      

CONTEMPLACIÓN:              “En camino”

No me quieres
de brazos cruzados,
me quieres en camino
anunciador de tu venida,
portador de tu vida.

No me quieres
esperando tranquilo
que vengas a traer
un abrazo frío
desde un cielo lejano.

Me quieres en camino,
llevando sonrisas
y gestos de vida.

No me quieres parado,
cómodamente instalado
y mis manos vacías.

Me quieres en camino
hacia mi hermano herido,
portador de esperanza
mano tendida.


Publicado por verdenaranja @ 16:26  | Liturgia
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Lectio divina para el lunes de cuarta semana de Adviento, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.

 

LECTURA:      “ Lucas 1, 26‑38”

A los seis meses, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.

El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.»

Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.

El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.»

Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»

El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios.

Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.»

María contestó: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.»

Y la dejó el ángel.

MEDITACIÓN:              “El Señor está contigo”

            Esta es la noticia que desbordó a María y es la noticia que nos desborda también a nosotros. Aunque la perspectiva es diferente. María atrajo la mirada de Dios, tal vez en ella contempló lo que deseaba ver en cada uno de nosotros. Motivos para esperarlo no le faltaban, a todos nos había creado a su imagen y semejanza, a todos nos había predestinado a ser santos por el amor, como nos diría Pablo. Es normal que aquella muchacha sencilla se sintiese desbordada, pero Dios tenía motivos para confiarle su obra cumbre de la redención.

            Y nosotros, que no podemos escuchar esas palabras por nosotros mismos, las escucharemos como acción gratuita y desbordante de un Dios que increíblemente nos ama, nos sigue amando. Y así nos permite seguir escuchando estas palabras derramadas sobre nosotros, afirmándonos un día y otro, un año y otro, que él ha sido, es y seguirá siendo “Dios con nosotros”.

            Este es el milagro de un nuevo adviento y de una nueva Navidad. Dios sigue empeñado en acercarse a nuestra historia, a mi historia frágil, cargada de buenos deseos y de incoherencias, pero necesitada continuamente de salvación. Dios sigue viniendo y pidiendo la disponibilidad de mi vida, como pidió la de María, para encarnarse en mis gestos, en mi vida. Y ante ese empeño divino y mis pobres deseos humanos, a pesar de la experiencia de fragilidad que me da mi historia personal y concreta, quiero seguir soñando lanzando mi tímido pero sincero “hágase según tu palabra”, con la esperanza de seguir madurando y permitiendo hacer crecer,  con tu gracia, mi opción de fe.

ORACIÓN:            “Seguir esperando”

            Dios mío, tu palabra me desborda continuamente, y escuchar tu palabra en el recorrer de mi vida sigue manteniendo viva esa esperanza que a veces siento desvanecer. Por eso, una y otra vez gracias, porque sigues llegando a mí, porque sigues tocando la puerta de mi corazón, porque me permites seguir esperando sin detener el caminar de mis pasos y sentarme desalentado en el camino de mi historia.

            Gracias, Señor, por tu empeño en seguir confiando y esperando cuando parece que yo ya doy muchas cosas por perdidas. Por seguir pasando por encima de mis fracasos y mantener encendida la llama de la esperanza. Gracias, Señor.

CONTEMPLACIÓN:              “Estás conmigo”

Estás conmigo, Señor,
y siento el calor de tu presencia
incluso en tus aparentes ausencias.

Estás conmigo, Señor,
aunque no quiera sentirte
y tape mis ojos y mis oídos.

Estás conmigo, Señor,
respetando mis silencios
y esperando sereno
a que abra mi puerta
para compartir conmigo
la fuerza de tu ternura
y tu palabra de vida.

Estás conmigo, Señor,
llenando mi corazón vacío,
ven y entra
que anhelo estar contigo.


Publicado por verdenaranja @ 16:23  | Liturgia
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Lectio divina para el cuarta domingo de Adviento- A, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la dióceis de Tenerife.

LECTURA:           “Mateo 1,18‑24”

El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.

José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.»

Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el profeta: Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel que significa “Dios‑con‑nosotros”.»

       Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer.

MEDITACIÓN:           “Era justo”

Estamos a las puertas de la Navidad. Hemos recorrido la figura de diferentes personajes, y hoy no puedo pasar por alto la del que aparece hoy: José. Se dicen en este texto cosas muy importantes del niño que va a nacer, pero hoy José me conmueve. Pienso que fue un de los momentos más duros en la vida de este hombre justo, bueno, tremendamente enamorado de María, que vive una experiencia desconcertante, que le lleva a abrazar la oscuridad de la fe, como de noche es el momento en que vislumbra la respuesta, porque cuando la fe se abre se iluminan los rincones oscuros de nuestro caminar.

José, en el desconcierto, en esa noche física y espiritual, se fía de Dios, de su voz interior, y de María, y acoge, y se mete de lleno en el misterio desconcertante de Dios. Y no hay palabras, ni quejas, ni petición de razones, sólo un silencio respetuoso que le hace levantarse y abrazar el modo de hacer de Dios. Es el “fiat” callado y confiado de José.

Pienso que hace falta estar muy enamorado de una mujer y de Dios, y creer totalmente en ellos, para actuar así.

Nosotros siempre buscamos razones, ponemos objeciones, rechazamos y nos rebelamos. Buscamos atar los cabos, entrar en serios discernimientos para intentar descubrir cual es la respuesta que tenemos que darte a muchas circunstancias desconcertantes que se cruzan en el camino de nuestra vida. Nos hacemos mil peguntas para ver qué trampas pueden esconderse en nuestra psicología o en intereses encubiertos, y, sí, tal vez hay que hacerlos. Pero hoy, José, en este momento, me lleva a entrar en la dinámica de la fe, de la confianza plena en ti, cuando las realidades nos desconciertan o no las entendemos, pero nos hacen intuir profundamente que tú estás detrás de ellas.

José, este hombre sencillo, bueno, carpintero de Nazaret, me enseña que antes de dejarse llevar por los sentimientos, hay que pasar los acontecimientos por el corazón, por la razón y por la fe, seguro de que las respuestas van a terminar siendo distintas. Y yo tengo también esa experiencia. No siempre me es fácil realizarla, pero no cabe duda de que muchas cosas, todas las cosas, cambian a tu luz.

ORACIÓN:           “Corazón limpio”

            Señor, gracias por el ejemplo de José. Gracias por recordarme en él que sigue habiendo muchas personas buenas, justas, de corazón limpio. Hombres y mujeres enamorados de verdad. No personas tontas, sino de fe honda, que son capaces de responder con hondura a las circunstancias desde lo más auténtico, noble y puro que hay en ellas. A algunos les puede parecer ingenuo, pero la autenticidad es así. El problema es que no sé si a estas alturas que la técnica va alcanzando en nuestra realidad, está endureciendo, tecnificando también nuestro corazón, haciéndolo más máquina de juego, que humano.

            Que no se endurezca, Señor, el corazón del hombre, ni el mío. Que siga siendo un corazón humano. Sensible, limpio, auténtico, capaz de amar y de penetrar en lo más hondo de sí mismo y de los otros. Que te descubramos, Señor, presente en él, siendo “Dios-con nosotros”.

CONTEMPLACIÓN:           “Dios conmigo”

Llamas, una y otra vez,
a la puerta de mi corazón,
en los días de sol,
en la niebla de mis amaneceres
y en la oscuridad de mis noches.

Ahí eres siempre
Dios con nosotros,
Dios conmigo,
para ayudarme a ver
más allá de mis penumbras
y de mi corazón turbado
y herido.

Eres Dios
que me abre a la vida,
a la confianza ingenua
y profundamente madura,
del que cree,
que detrás de todo,
dentro de todo,
Tú alientas la existencia,
para hacerme contigo
presencia divina,
humanidad gozosa
y sencilla.


Publicado por verdenaranja @ 16:18  | Liturgia
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Palabras de agradecimiento del párroco de la iglesia de San josé de San Juan de la Rambla, Tenerife, en el día de su reapertura, 19 de Diciemb re de 2010, después de dos años y medio cerrada.

REAPERTURA DE LA IGLESIA DE SAN JOSÉ EN SAN JUAN DE LA RAMBLA
19 de Diciembre de 2010

Recogiendo los sentimientos de la comunidad  parroquial expreso  nuestra gratitud en primer lugar al Sr. Obispo Don Bernardo Álvarez, al Sr. Presidente del Gobierno de Canarias Don Paulino Rivero y al Sr. Presidente del Cabildo de Tenerife Don Ricardo Melchior. Es la primera vez que este humilde templo y esta comunidad parroquial se sienten honrados con la presencia juntamente de las personas que ostentan las más altas responsabilidades en nuestra diócesis y en nuestra comunidad canaria. En segundo lugar descendiendo a detalles  gratitud al Excelentísimo Ayuntamiento de San Juan de la Rambla, que a través de su Alcalde Don Manuel Reyes y del Concejal de Obras Don Marcos Abreu Oramas, no sólo tomaron la iniciativa en que las autoridades autonómicas se fijaran en nuestra iglesia sino que también han estado siempre pendientes y preocupados por la marcha de las obras ofreciendo su ayuda y colaboración. A sus desvelos se debe el adecentamiento exterior y el acceso al templo de ambas puertas. Gratitud al Cabildo de Tenerife en su apuesta por el patrimonio y su recuperación, que, a través de la entonces Consejera de Cultura Doña Dulce Xerach Pérez, concedió subvención para las restauraciones puntuales. Reconocimiento al Gobierno de Canarias, que a través de la Directora General de Patrimonio doña María Aranzazu Gutiérrez Ávila, no permitió que la iglesia quedara en su primera fase sino que haciendo un esfuerzo buscó financiación para concluir las obras. Somos conscientes que la recuperación del patrimonio les desborda porque hay que invertir mucho. No obstante a la vista  está cuánto se ha actuado en el patrimonio religioso de nuestras islas en los últimos años. Los signos religiosos son expresión de la cultura e identidad de nuestros pueblos. Gratitud al Obispado de Tenerife, tanto por su ayuda económica como por el seguimiento y preocupación de las personas que actualmente tiene con la misión de velar por el patrimonio religioso.

Gratitud a la empresa Construcciones Felipe Méndez por los profesionales con los que cuenta y que destacan por el respeto, cariño y fidelidad a la estructura y a los elementos del pasado.

Gratitud a los miembros de la comisión parroquial. A ellos, sacando horas de sus quehaceres, les ha tocado limpiar, traer, colocar, ordenar… Alabo la comprensión y apoyo de los fieles de nuestra parroquia. Han sufrido pacientemente el ver su templo cerrado. Esto les ha ayudado a comprender que lo más importante no es el templo material sino los fieles que son las piedras vivas  del edificio que es la Iglesia. Los fieles son los que dan vida al templo. Nuestros templos no son piezas de museo. Durante estos dos años la falta del templo no ha interrumpido en nada la tarea pastoral de la comunidad parroquial, que ha continuado su vida de celebraciones en los salones parroquiales aunque soportando la incomodidad del calor y la estrechez.

No quiero terminar sin expresar mi agradecimiento también a la persona que donó la alfombra que embellece en este día el pasillo central. Gracias a los sacerdotes concelebrantes, a las autoridades acompañantes, al coro y a los niños, jóvenes y fieles presentes.

Después de la terminación de la misa habrá un brindis en la Plaza al que todos están invitados. Gracias a todos.

Sebastián García


Publicado por verdenaranja @ 11:20
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Palabras de introducción al Acto de Reapertura del templo parroquial de San José de San Juan de la Rambla, isla de Tenerife, que tuvo lugar el 19 de Diciembre de 2010 después de dos años y medio cerrado por obras de restauración.

Reapertura Templo de San José  en el municipio de San Juan de la Rambla, Tenerife.
19 de Diciembre de 2010

Buenos días. Nuestra comunidad parroquial está de enhorabuena y desborda de alegría. Nuestro templo, después de casi dos años y medio cerrado,  abre sus puestas al culto. Hoy vamos a asistir a su reapertura solemne.

Con este motivo nos honran con su presencia el Obispo de la diócesis, Don Bernardo Álvarez, el  Presidente de la Autonomía Canaria, Don Paulino Rivero;  el Presidente del Cabildo, Don Ricardo Melchior; el Alcalde de San Juan de la Rambla, Don Manuel Reyes,  y su corporación. Nos acompañan también Doña María Aránzazu Gutiérrez Ávila, Directora General de Patrimonio el Gobierno Autónomo y el Coordinador Insular de Cultura, Don Cristóbal de la Rosa.

Sean ustedes bienvenidos. Los fieles de la parroquia de San José de San Juan de la Rambla agradecen vivamente el que compartan nuestro gozo.

Lo que empezó siendo una restauración puntual se ha convertido en una rehabilitación casi total de esta iglesia de  segunda mitad del siglo XVIII, de edificación sencilla, de planta rectangular, de paredes de piedra y barro, lisas y encaladas de blanco, cubiertas por un tejado de cuatro aguas, techo artesonado de par y nudillo con cuatro tirantes decorados por estrellas de lacería, una puerta de madera de tea mirando al este enmarcada por un arco de medio punto en piedra gris labrada y otra de la misma madera mirando al Norte, dos tribunas que dan acceso al coro, la tribuna de los Oramas, un púlpito y un retablo  del siglo XVIII..   Primero fue ermita dedicada a San José y ahora es templo parroquial de la parroquia de San José en el municipio de San Juan de la Rambla desde Mayo de 1963.

La restauración ha tenido dos etapas: una primera etapa que va desde Octubre de 2008 a Julio de 2010, cuya ejecución fue encomendada al Ayuntamiento de San Juan de la Rambla con subvención del Cabildo de Tenerife,  llevada a cabo por la empresa SIDCI 200 S. L. bajo la dirección técnica del arquitecto Don Carlos Neira Ríos. Comprendió la eliminación de un arco postizo y recuperación del tirante que se encuentra junto al altar, sustitución de las losetas hidráulicas por piedra natural, barandas de madera del presbiterio, restauración en parte de las puertas de tea, instalación eléctrica y compra de 20 bancos en sustitución de los que poseía.

A partir del mes de Julio de este año y por iniciativa del Delegado Diocesano de Patrimonio y de la Directora General de Patrimonio del Gobierno de Canarias y a petición del Señor Alcalde se emprende la segunda etapa de la restauración subvencionada por el Gobierno de Canarias y Obispado de Tenerife y llevada a cabo por la empresa Construcciones Felipe Méndez S.L. bajo la dirección técnica del arquitecto del Obispado Don Javier Álvarez Muñoz. Gracias a la actuación tan perfectamente coordinada de estas instituciones se acomete el trabajo de restauración de las tribunas que dan acceso al coro, coro y cancel,  las puertas en su totalidad, tribuna de los Oramas con su acceso, limpieza y barnizado del artesonado mudéjar, pulido y encerado del pavimento, iluminación de la iglesia, impermeabilización del techo de la sacristía y su pintado y reparación del tejado.
Sin lugar a dudas la espera ha valido la pena. Damos por tanto comienzo a este acto inaugural con la intervención del  Sr. Alcalde del municipio Don Manuel Reyes

Interviene ahora el Presidente del Cabildo Don Ricardo Melchior

Escuchamos ahora al Presidente de la Autonomía Canaria  Don Paulino Rivero

Entrega de la llave de la iglesia por parte de la empresa al Presidente del Cabildo

Sebastián García

Párroco


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domingo, 19 de diciembre de 2010

ZENIT  nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigió el jueves 2 de Diciembre de 2010 al nuevo embajador de Hungría ante la Santa Sede, Gábor Győriványi, al presentarle éste sus Cartas Credenciales.

Señor Embajador,

con alegría le doy la bienvenida en esta solemne ocasión de la entrega de las Cartas Credenciales que le acreditan como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de la República de Hungría ante la Santa Sede, y le doy las gracias por sus amables palabras. Estoy agradecido por los deferentes saludos que me ha presentado en nombre del señor Presidente, Dr. Pál Schmitt y del Gobierno, y que devuelvo de buen grado. Al mismo tiempo quisiera pedirle que asegure a sus connacionales mi sincero afecto y mi benevolencia.

Tras la reanudación de las relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y la República de Hungría en 1990, se ha podido desarrollar nueva confianza para un diálogo activo y constructivo con la Iglesia católica. Nutro al mismo tiempo la esperanza de que las profundas heridas de esa visión materialista del hombre, que se había apoderado de los corazones y de la comunidad de los ciudadanos de su país durante casi 45 años, puedan seguir curando en un clima de paz, de libertad y respeto de la dignidad del hombre.

La fe católica forma sin duda parte de los pilares fundamentales de la historia de Hungría. Cuando, en el lejano año 1000, el joven príncipe húngaro Esteban recibió la corona real que le envió el papa Silvestre II, a ella se le unía el mandato de dar a la fe en Jesucristo espacio y patria en aquella tierra. La piedad personal, el sentido de justicia y las virtudes humanas de este gran rey son un alto punto de referencia que sirve de estímulo e imperativo, hoy como entonces, a cuantos se ha confiado un cargo de gobierno u otra responsabilidad análoga. Ciertamente no se espera que el Estado que imponga una determinada religión; éste debería más bien garantizar la libertad de confesar y practicar la fe. Con todo, política y fe cristiana se tocan. Por supuesto la fe tiene su naturaleza específica como encuentro con el Dios vivo que nos abre nuevos horizontes más allá del ámbito propio de la razón. Pero al mismo tiempo ésta es una fuerza purificadora para la razón misma, permitiéndole llevar a cabo de la mejor forma su tarea y de ver mejor lo que le es propio. No se trata de imponer normas o modos de comportamiento a quienes no comparten la fe. Se trata sencillamente de la purificación de la razón, que quiere ayudar a hacer que lo que es bueno y justo pueda, aquí y ahora, ser reconocido y después también realizado (cfr. Encíclica Deus caritas est, 28).

En los últimos años, poco más de veinte, desde la caída de la cortina de hierro, acontecimiento en el que Hungría tuvo un papel relevante, su país ha ocupado un lugar importante en la comunidad de los pueblos. Desde hace ya seis años Hungría es también miembro de la Unión Europea. Con ello aporta una contribución importante al coro de más voces de los Estados de Europa. Al inicio del año próximo tocará a Hungría, por primera vez, asumir la Presidencia del Consejo de la Unión Europea. Hungría está llamada de modo particular a ser mediadora entre Oriente y Occidente. Ya la Sagrada Corona, herencia del rey Esteban, en la unión de la corona graeca circular con la corona latina colocada en arco sobre ella – ambas llevan el rostro de Cristo y están coronadas por la cruz – muestra cómo Oriente y Occidente deberían apoyarse mutuamente y enriquecerse uno a otro a partir del patrimonio espiritual y cultural y de la viva profesión de fe. Podemos entender esto también como un leitmotiv para su país.

La Santa Sede toma nota con interés de los esfuerzos de las autoridades políticas de elaborar un cambio en la Constitución. Se ha expresado la intención de querer hacer referencia, en el preámbulo, a la herencia del Cristianismo. Es también deseable que la nueva Constitución esté inspirada por los valores cristianos, de modo particular en lo que concierne a la posición del matrimonio y de la familia en la sociedad y la protección de la vida.

El matrimonio y la familia constituyen un fundamento decisivo para un sano desarrollo de la sociedad civil, de los países y de los pueblos. El matrimonio como forma de ordenamiento básico de la relación entre hombre y mujer y, al mismo tiempo, como célula fundacional de la comunidad estatal, ha ido plasmándose también a partir de la fe bíblica. De esta forma, el matrimonio ha dado a Europa su particular aspecto y su humanismo, también y precisamente porque ha debido aprender u conseguir continuamente la característica de fidelidad y de renuncia trazada por él. Europa ya no sería Europa si esta célula básica de la construcción social desapareciese o fuese sustancialmente transformada. Sabemos todos cuánto riesgo corren el matrimonio y la familia hoy – por un lado por la erosión de sus valores más íntimos de estabilidad e indisolubilidad, a causa d una creciente liberalización del derecho de divorcio y de la costumbre, cada vez más difundida, de la convivencia de hombre y mujer sin la forma jurídica y la protección del matrimonio, por otro lado, por los diversos tipos de unión que no tienen ningún fundamento en la historia de la cultura y del derecho en Europa. La Iglesia no puede aprobar iniciativas legislativas que impliquen una valoración de modelos alternativos de la vida de pareja y de la familia. Estos contribuyen al debilitamiento de los principios del derecho natural y así a la relativización de toda la legislación, además de la conciencia de los valores en la sociedad.

"La sociedad cada vez más globalizada nos hace cercanos, pero no nos hace hermanos” (Encíclica Caritas in veritate, 19). La razón es capaz de garantizar la igualdad entre los hombres y de establecer una convivencia cívica, pero no logra, al final, fundar la fraternidad. Esto tiene origen en una vocación sobrenatural de Dios, el cual creó a los hombres por amor y nos enseñó por medio de Jesucristo lo que es la caridad fraterna. La fraternidad es, en un cierto sentido, el otro lado de la libertad y de la igualdad. Esta abre al hombre al altruismo, al sentido cívico, a la atención hacia el otro. La persona humana, de hecho, se encuentra a si misma sólo cuando supera la mentalidad centrada en sus propias pretensiones y se proyecta en la actitud del don gratuito y de la solidaridad auténtica, que responde mucho mejor a su vocación comunitaria.

La Iglesia católica, como las demás comunidades religiosas, tiene un papel no insignificante en la sociedad húngara. Esta se compromete a gran escala con sus instituciones en el campo de la educación escolar y de la cultura, además de la asistencia social y de este modo contribuye a la construcción moral, verdaderamente útil a su país. La Iglesia confía en poder continuar, con el apoyo del Estado, a llevar a cabo e intensificar este servicio por el bien de los hombres y el desarrollo de su país. Que la colaboración entre Estado e Iglesia católica en este campo crezca también en el futuro y traiga provecho para todos.

Ilustre señor Embajador, al inicio de su noble tarea le aseguro una misión llena de éxito, y le aseguro al mismo tiempo el sostén y apoyo de mis colaboradores. Que María Santísima, la Magna Domina Hungarorum, extienda su propia mano protectora sobre su país. De corazón imploro para usted, señor Embajador, para su familia y para sus colaboradores y colaboradoras en la Embajada y para todo el pueblo húngaro la abundante bendición divina.

[Traducción de la versión italiana por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 20:07  | Habla el Papa
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ZENIT  nos ofrece la homilía que el Papa Benedicto XVI pronunció el jueves 2 de Diciembre de 2010 por la mañana, durante la Misa en sufragio por Manuela Camagni, la Memor Domini de la Familia Pontificia fallecida el pasado 24 de noviembre a raíz de un accidente de tráfico.

Queridos hermanos y hermanas,

en los últimos días de su vida, nuestra querida Manuela hablaba del hecho que el 29 de noviembre habría pertenecido desde había treinta años a la comunidad de los Memores Domini. Y lo dijo con gran alegría, preparándose – esa era la impresión- a una fiesta interior por este camino treintenal hacia el Señor, en la comunión de los amigos del Señor. La fiesta, sin embargo, era distinta de la prevista: precisamente el 29 de noviembre la llevamos al cementerio, cantamos que los Ángeles la acompañaran al Paraíso, la guiamos a la fiesta definitiva, a la gran fiesta de Dios, a las Bodas del Cordero. Treinta años de camino hacia el Señor, entrando a la fiesta del Señor. Manuela era una "virgen sabia, prudente", llevaba el aceite en su lámpara, el aceite de la fe, una fe vivida, una fe nutrida por la oración, por el diálogo con el Señor, por la meditación de la Palabra de Dios, por la comunión en la amistad con Cristo. Y esta fe era esperanza, sabiduría, era certeza de que la fe abre el verdadero futuro. Y la fe era caridad, era darse por los demás, vivir en el servicio del Señor por los demás. Yo, personalmente, debo dar gracias por esta disponibilidad suya de poner todas sus fuerzas en el trabajo en mi casa, con este espíritu de caridad, de esperanza que viene de la fe.

Ha entrado en la fiesta del Señor como virgen prudente y sabia, porque había vivido no en la superficialidad de cuantos olvidan la grandeza de nuestra vocación, sino en la gran visión de la vida eterna, y así estaba preparada a la llegada del Señor.

Treinta años Memores Domini. San Buenaventura dice que en la profundidad de nuestro ser está inscrita la memoria del Creador. Y precisamente porque esta memoria está inscrita en nuestro ser, podemos reconocer al Creador en su creación, podemos acordarnos, ver sus huellas en este cosmos creado por Él. Dice también san Buenaventura que esta memoria del Creador no es sólo memoria de un pasado, porque el origen está presente, es memoria de la presencia del Señor; es también memoria del futuro, porque es certeza de que venimos de la bondad de Dios y somos llamados a alcanzar la bondad de Dios. Por ello en esta memoria está presente el elemento de la alegría, nuestro origen en el gozo que es Dios y nuestra llamada a llegar al gran gozo. Y sabemos que Manuela era una persona interiormente penetrada por la alegría, precisamente por esa alegría que deriva de la memoria de Dios. Pero san Buenaventura añade también que nuestra memoria, como toda nuestra existencia, está herida por el pecado: así la memoria está oscurecida, está cubierta por otras memorias superficiales, y ya no podemos traspasar estas otras memorias superficiales, llegar al fondo, hasta la verdadera memoria que sostiene nuestro ser. Por ello, a causa de este olvido de Dios, de este olvido de la memoria fundamental, también la alegría está oculta, oscurecida. Sí, sabemos que somos creados para la alegría, pero ya no sabemos donde se encuentra, y la buscamos en diversos lugares. Vemos hoy esta búsqueda desesperada de la alegría que se aleja cada vez más de su verdadera fuente, de la verdadera alegría. Olvido de Dios, olvido de nuestra verdadera memoria. Manuela no era de esos que habían olvidado su memoria: vivió precisamente en la memoria viva del Creador, en la alegría de su creación, viendo la transparencia de Dios en todo lo creado, también en los acontecimientos cotidianos de nuestra vida, y supo que de esta memoria – presente y futuro – viene la alegría.

Memores Domini. Los Memores Domini saben que Cristo, en la vigilia de su pasión, renovó, incluso elevó nuestra memoria. "Haced esto en memoria mía", dijo, y así nos dio la memoria de su presencia, la memoria del don de si, del don de su Cuerpo y de su Sangre, y en este don de su Cuerpo y de su Sangre, en este don de su amor infinito, tocamos de nuevo con nuestra memoria la presencia más fuerte de Dios, su don de si. En cuanto Memor Domini, Manuela vivió precisamente esta memoria viva, que el Señor con su Cuerpo se da y renueva nuestro saber de Dios.

En la controversia con los saduceos sobre la resurrección, el Señor les dice a estos, que no creen en ella: Pero Dios se ha llamado “Dios de Abraham, de Isaac, de Jacob”. Los tres forman parte del nombre de Dios, están inscritos en el nombre de Dios, están en el nombre de Dios, en la memoria de Dios, y así el Señor dice: Dios no es un Dios de muertos, es un Dios de vivos, y quien forma parte del nombre de Dios, quien está en la memoria de Dios, está vivo. Nosotros los hombres, con nuestra memoria, podemos conservar sólo, por desgracia, una sombra de las personas que hemos amado. Pero la memoria de Dios no conserva sólo las sombras, es origen de vida: aquí los muertos viven, en su vida y con su vida han entrado en la memoria de Dios, que es vida. Esto nos dice hoy el Señor: Tu estás inscrito en el nombre de Dios, tu vives en Dios con la vida verdadera, vives de la fuente verdadera de la vida.

Así, en este momento de tristeza, somos consolados. Y la liturgia renovada después del Concilio, se atreve a enseñarnos a cantar “Aleluya” también en la Misa de Difuntos. ¡Es audaz, esto! Sentimos sobre todo el dolor de la pérdida, sentimos sobre todo la ausencia, el pasado, pero la liturgia sabe que estamos en el mismo Cuerpo de Cristo y vivimos a partir de la memoria de Dios, que es nuestra memoria. En este entramado de su memoria y de nuestra memoria estamos juntos, estamos vivos. Oremos al Señor que podamos sentir cada vez más esta comunión de memoria, que nuestra memoria de Dios en Cristo sea cada vez más viva, y que así podamos sentir que nuestra verdadera vida está en El y en El permanecemos todos unidos. En este sentido, cantamos “Aleluya”, seguros de que el Señor es la vida y su amor no acaba nunca. Amen.

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 20:03  | Habla el Papa
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Mensaje de los obispos de la región Patagonia-Comahue para la Navidad 2010. (AICA)

NAVIDAD 2010           

“Dios se hace hombre, Dios se hace historia
 La historia es camino de salvación” 

1. Cada año la Navidad se nos presenta con un mensaje simple, pero siempre nuevo. Simple porque nos trae la buena noticia que ha nacido un niño; un hecho de todos los días, de todas las horas. Nuevo porque cada niño es distinto, tiene potencialidades propias, características propias, un futuro suyo. Cada niño es un don para los demás, para su familia, la patria, la Iglesia y la humanidad. En cada niño llega una novedad a la historia.

Y siendo que ese niño que nace es el Hijo de Dios que se hace hombre, aunque  pequeño y frágil, trae consigo una novedad que desborda todo cálculo humano.

Jesús nace para revelarnos y manifestarnos con su vida y su palabra la Buena Noticia que Dios es Padre; un Padre bueno que quiere lo mejor para cada uno de los hombres y de las mujeres: quiere la felicidad plena y verdadera. Pero no en un contexto mágico. Dios, por medio de Jesucristo, entra en diálogo con nosotros, nos propone su plan, nos invita a asumir este proyecto desde nuestra participación libre y comprometida.

La Navidad es comienzo e invitación de todo esto. Jesús, el primero de todos, acepta, hace suyo el proyecto de amor del Padre, y nos da su gracia para que también nosotros podamos aceptarlo y vivirlo. 

2. Toda la vida de Jesús es una constante escucha del Padre, de su Palabra, de su Amor y una respuesta incondicional y allí, en esa entrega, Jesús encuentra la vida plena. Cabe recordar aquí las palabras de Jesús a María y a José cuando lo buscaban angustiadamente: “¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?” (Lc. 2,49). De este modo Jesús nos señala el camino que plenifica la vida humana: la obediencia total al Padre Dios.

Esa adhesión incondicional al Padre, llevará a Jesús a situaciones de rechazo y de incomprensiones, y a la muerte en cruz. Jesús reafirma en cada momento que en la voluntad del Padre está la vida plena.

Jesús recorre este camino de plenitud, desde su nacimiento, participando activamente en su sociedad y en las instituciones que la formaban. Vivió así en una familia, se unió a la sinagoga y al Templo, con todo lo que de religioso y civil tenían. Críticamente vivió la situación social y política de su pueblo, y desde el proyecto de felicidad del Padre aportó a la renovación de esas instituciones. Recordemos algunas de las expresiones que nos traen los Evangelios, expresiones que nos manifiestan que el proyecto de felicidad que nos ofrece el Padre se va realizando desde y por medio de instituciones concretas, siempre necesarias y al mismo tiempo, sujetas a purificaciones. Respecto a la familia se dice en el Evangelio: “Jesús regresó con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos” (Lc. 2,51). Frente a las autoridades: “aquellos a quienes se consideran gobernantes, dominan a las naciones como si fueran sus dueños y los poderosos les hacen sentir su autoridad. Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario el que quiera ser grande que se haga servidor de ustedes,  y el que quiera ser el primero que se haga servidor de todos” (Mc. 10,42-44). Ante los escribas y fariseos que tenían la responsabilidad de enseñar: “hagan y cumplan todo lo que ellos les digan, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen” (Mt. 23,2-3) 

3. Hemos iniciado las celebraciones del Bicentenario de nuestra Patria (25 de mayo 2010 – 9 de julio 2016), con el anhelo de que estas celebraciones marquen profundamente este inicio del tercer milenio y el rumbo de nuestra patria.

Como Iglesia nos hemos propuesto ayudar a realizar una sociedad sin excluidos, en justicia y solidaridad. Quisiéramos invitarlos a imaginar una sociedad así, donde todos nos sintamos responsables de la realización de un proyecto que no excluye a nadie ni por su cultura, ni por sus medios económicos, ni por su religión, ni por su sexo, que propone en la verdad, una convivencia en plenitud, posibilitada y transformada por este Niño que Nace.

Tal proyecto de País implica tener instituciones reconocidas y estimadas, cuidadas y aceptadas como necesarias, para la realización plena de cada persona y de la sociedad en sí.

De allí nuestro llamada a valorar: al matrimonio, y a la familia primera y fundamental institución de la sociedad, al estado con la autonomía de sus poderes (el poder judicial, el poder legislativo y el poder ejecutivo), a las escuelas y universidades educadoras de personas y al trabajo dignificante del hombre.

Estas instituciones esenciales a la persona y a la sociedad no se pueden desconocer, lastimar con criticas injustas y a menudo falsas, despreciar y vulnerar impunemente. Tampoco se pueden ‘usar como trampolín’ para la obtención de fines vacíos. Son para el bien común de todos; forman parte de ese plan de vida plena que todos merecemos disfrutar y gozar. Son esenciales para que la Patria pueda ser esa casa de todos y para todos, que nuestros próceres soñaron y por la que gastaron sus vidas.  

4. Creemos no equivocarnos si decimos que hoy todas estas instituciones están profundamente ‘heridas’. Que muchas de ellas no alcanzan a sumar la adhesión de los conciudadanos; al contrario, hay un manifiesto descreimiento y una fuerte crítica hacia ellas. Pero en realidad lo que hay es mucho dolor por su creciente deterioro.

No se sabe en quiénes confiar, y cómo lograr la sociedad justa, reconciliada e incluyente que anhelamos. En la búsqueda de una justicia más rápida y eficaz, y de leyes que tengan en cuenta las aspiraciones de muchos, con frecuencia se recurre a manifestaciones públicas, a marchas de protestas, porque no se confía más ni en los hombres de la justicia, ni en los legisladores.

Cabe señalar también que ciertas manifestaciones populares son artificiosamente creadas para ‘torcer el brazo’ de alguno de los poderes o para conseguir un resultado desnaturalizado, porque es para provecho sólo de algunos y no de toda la comunidad. Lejos entonces de aportar un bien, se va profundizando el deterioro de las instituciones, que son vitales para el bien de la persona y de la sociedad.

La ausencia de la familia, como espacio natural de comunión y de contención, la caída del nivel de la educación pública y la falta de perspectivas de futuro, precipita a muchos jóvenes en la soledad, que los empuja luego a buscar refugio en las adicciones, y en algunos casos hasta en el suicidio.

Demasiados son los síntomas de esa herida que sufre hoy nuestra sociedad. En cada herida reconocemos una causa que la produce. Se trata de un desorden provocado por la ambición personal, por el egoísmo, por mezquinos intereses sectoriales o ideológicos, por la falta de referencia a Dios y a la fuerza transformante de su amor; en una palabra, por el pecado personal y por las estructuras que condicionan (ignorancia, complicidad, facilismo) y dan lugar al llamado pecado social que debemos superar con un humilde retorno a Dios que posibilite una participación libre y comprometida de todos los ciudadanos en la búsqueda del Bien Común.  

5. Este tiempo de Navidad puede ser un momento bueno para que hagamos una honda reflexión que nos permita descubrir la novedad y estilo de vida que nos propone el Niño de Belén,  impulsándonos a buscar los caminos de la conversión personal y social, en pos de un Bicentenario sin pobreza y sin exclusiones.

Por lo tanto, la Navidad no debiera reducirse a una fiesta folclórica con arbolitos, lamparitas de color, Papás Noel que invitan a comprar y gastar… El recordar y revivir cada año la Navidad es aceptar el plan de amor de Dios, es descubrir en Jesús que “El camino para llegar a la Vida es el Amor, no entendido como sentimiento, sino como servicio a los demás” decía el Papa Benedicto XVI: (Ángelus del 26/9/2010) y que sólo en Él encontramos cómo ser plenamente felices. Cada Navidad es revivir el comienzo histórico de ese plan de Dios para que cada uno pueda hacerlo suyo en todos los tiempos y lugares.

¡Feliz Navidad para todos! En la esperanza cristiana y con María Madre de Jesús y nuestra, afirmamos nuestra fe en la presencia transformante de Cristo, Niño que nace, Señor de la historia. Que en la Patagonia, Él nos encuentre disponibles para realizar el sueño de Dios y construir juntos una Patria feliz para todos.

Noviembre - Diciembre del 2010 

Virginio D. Bressanelli, scj, obispo Coadjutor de Neuquén
Marcelo A. Cuenca, obispo del Alto Valle del Río Negro
Joaquín Gimeno Lahoz, obispo de Comodoro Rivadavia
Esteban M. Laxague, sdb, obispo de Viedma
Fernando C. Maletti, obispo de San Carlos de Bariloche
Marcelo A. Melani, sdb, obispo de Neuquén
Juan C. Romanín, sdb, obispo de Río Gallegos
José Slaby, c.ss.r., obispo de la Prelatura de Esquel
Miguel E. Hesayne, obispo emérito de Viedma
Néstor H. Navarro y José Pedro Pozzi, sdb, obispos eméritos del Alto Valle del Río Negro


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ZENIT nos ofrece el texto de la intervención del cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado vaticano, en la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE), que se está celebrando en Astaná (Kazajstán).

Señor Presidente,
Excelencias,

1. Desideraría ante todo expresar mi gratitud al Presidente de Kazajstán por la amable y cordial acogida reservada a todas las Autoridades, con ocasión de este Encuentro Cumbre de de Jefes de Estado y de Gobierno de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa – el primero del siglo XXI. ¡Gracias también por la exquisita hospitalidad, mostrada de muchas maneras! Mi gratitud va también a las Autoridades administrativas de Kazajstán, como también a cuantos han preparado la reunión y han cuidado sus detalles de organización: a todos y a cada uno va la expresión del más vivo reconocimiento por parte de la Santa Sede.

Un particular agradecimiento quiero tributar a la Presidencia kazaja en ejercicio, que con perseverancia y gran empeño ha conseguido convencer a los Estados participantes de la utilidad de este paso y que con su trabajo incansable ha creado los presupuestos para que éste pueda favorecer decisiones políticas importantes para la Organización.

2. ¡Kazajstán es un país lleno de siglos de historia, que sabe cuán importante y urgente es la paz! Por conformación geográfica, es tierra de frontera y de encuentro. Aquí, en estas estepas infinitas, se han encontrado y siguen encontrándose pacíficamente hombres y mujeres pertenecientes a etnias, culturas y religiones distintas. No puedo dejar de recordar las palabras del gran pensador y poeta kazajo Abai Kunanbai: “La humanidad tiene como principio el amor y la justicia, estas son el coronamiento de la obra del Altísimo” (Los dichos, cap. 45).

En un cierto sentido, estos principios del amor y de la justicia están en la base del Acta Final de Helsinki, de la que se celebra este año el trigésimo quinto aniversario. Su Documento Final es uno de los instrumentos más significativos del diálogo internacional. Los treinta y cinco países firmantes llegaron a un acuerdo fundamental: la paz no está asegurada solo cuando las armas callan; es más bien el resultado de la cooperación de los individuos por una parte y de las propias sociedades por la otra, y es también el resultado del respecto de algunos imperativos éticos.

Los famosos “diez principios” que abren el Documento Final constituyen la base sobre la cual los pueblos de Europa, que fueron durante años víctimas de guerras y divisiones, quisieron consolidar y preservar la paz, de modo tal que permitiese a las generaciones futuras vivir en armonía y en la seguridad. Los autores del documento final comprendieron claramente que la paz sería muy precaria sin una cooperación entre las naciones y entre los individuos, sin una mejor calidad de vida y sin la promoción de los valores que tienen en común.

¡Señor Presidente!

3. ¡Qué actuales son esos “diez principios”! No hay duda de que, junto a los innegables progresos conseguidos, existen sectores en los que el debilitamiento de la confianza recíproca entre los Estados participantes ha impedido alcanzar objetivos más ambiciosos. Es en estos sectores donde deben concentrarse los esfuerzos de la Cumbre para ofrecer indicaciones precisas sobre las que desarrollar las actividades de la OSCE en 2011 y en los años siguientes.

Por lo que respecta a la primera dimensión, la político-militar, no podemos sino felicitarnos del hecho de que, en los más de diez años transcurridos desde la Cumbre de Estambul, las amenazas tradicionales a la seguridad que habían caracterizado los años anteriores se hayan debilitado, en cuanto se ha respondido eficazmente a ellas con la realización de importantes instrumentos sobre el Control de los Armamentos y sobre las Medidas de Confianza y Seguridad.

Con todo, la situación de los armamentos (fuerzas en liza, doctrinas de empleo, organización y nuevas tecnologías armamentísticas) ha evolucionado y es por ello apropiado que esta Cumbre tome nota de ello, comprometiendo a los Estados participantes a negociar mejoras y actualizaciones de los instrumentos existentes y a idearlos de nuevo, si es el caso. Nos referimos naturalmente a la revitalización del Tratado sobre las Fuerzas Convencionales en Europa (CFE), a una completa revisión del Documento de Viena 1999 y, por qué no, a eventuales desarrollos del Código de Conducta sobre los aspectos político-militares de la Seguridad.

El Foro para la Cooperación en materia de Seguridad (FSC) ha llevado a cabo un importante trabajo propedéutico en esta dirección, bajo la competente guía de las diversas Presidencias que se han sucedido, la última la de Irlanda, a las que va todo nuestro aplauso. Esto nos hace optimistas sobre ulteriores progresos.

Otro tanto, si no aún mayor impulso, deben recibir los esfuerzos dirigidos a resolver los conflictos prolongados, que, aún en su dimensión localizada, representan una grave amenaza a la seguridad y a la estabilidad de toda el área OSCE.

Deben también afinarse las potencialidades de la Organización, de forma limitada a los sectores en los que puede proporcionar una contribución original, en la lucha contra las amenazas representadas por el terrorismo. Hay constar al Secretariado de los esfuerzos que está realizando al respecto a través de sus Unidades especializadas, y concuerdo con la oportunidad de una coordinación más estrecha.

Auguro finalmente que reciban más apoyo esas actividades que, de manera más inmediata, inciden en la seguridad de los ciudadanos, como la eliminación de la amenaza representada por las Armas Ligeras y de Pequeño Calibre (SALW) y por los Depósitos de Municiones Convencionales (SCA), la lucha contra las Armas de Destrucción Masiva (WMD) y la tutela del ambiente cibernético.

¡Señor Presidente!

4. El Acta Final de Helsinki reconoció también la importancia de los factores económicos y medioambientales para la paz, la seguridad y la cooperación.

Al respecto, la Santa Sede no cesa de reafirmar que un objetivo común de los Estados debería ser la tutela y el respeto de la dignidad humana que une a toda la familia humana, una unidad enraizada en los cuatro principios fundamentales de la centralidad de la persona humana, de la solidaridad, de la subsidiariedad y del bien común. Estos principios son más que consonantes con el concepto comprensivo de la seguridad que está en la base de nuestra Organización y que constituyen una llamada continua de la que debe hacerse cargo la comunidad política.

El Papa Benedicto XVI, en su última Encíclica Caritas in veritate afirma: “El gran desafío que tenemos, planteado por las dificultades del desarrollo en este tiempo de globalización y agravado por la crisis económico-financiera actual, es mostrar, tanto en el orden de las ideas como de los comportamientos, que no sólo no se pueden olvidar o debilitar los principios tradicionales de la ética social, como la transparencia, la honestidad y la responsabilidad, sino que en las relaciones mercantiles el principio de gratuidad y la lógica del don, como expresiones de fraternidad, pueden y deben tener espacio en la actividad económica ordinaria. Esto es una exigencia del hombre en el momento actual, pero también de la razón económica misma. Una exigencia de la caridad y de la verdad al mismo tiempo” (N. 36).

De hecho, precisamente la crisis económico-financiera ha mostrado la importancia de la dimensión ética para el sector económico-ambiental y la necesidad de no descuidar los principios de solidaridad, de gratuidad y de la lógica del don también en las relaciones interestatales, para poder lograr paz y seguridad equitativas, justas y duraderas. La Santa Sede considera que es urgente introducir una lógica que ponga a la persona humana y, en particular, a la familia y a las personas necesitadas, como centro y fin de la economía.

La Cumbre nos ofrece una oportunidad única para afrontar los desafíos actuales a la paz y a la seguridad, causados también por los problemas económicos y medioambientales, y para reafirmar una aproximación integrada a la realización de todos los derechos del hombre, incluidos los económicos y sociales, Quisiera aquí recordar el principio de solidaridad entre los pueblos, esencial para el progreso económico y social. La solidaridad implica también el compromiso de los Estados de desarrollar la cooperación, con el fin de mejorar el bienestar de los pueblos y de contribuir a la satisfacción de sus aspiraciones. Las ventajas de los logros en el campo económico, científico, técnico, social, cultural y humanitario contribuirán a la creación de condiciones favorables para hacer estas ventajas accesibles a todos a través de la reducción de las diferencias de los niveles de desarrollo económico.

Un campo particular en el que la OSCE podría intensificar sus actividades es el de la cooperación técnica y científica con la facilitación de la transferencia de las tecnologías y del know-how en el campo de los transportes, de la gestión de las fronteras, de la seguridad energética y de la cibernética.

En en campo medioambiental no puede faltar una atención al agua – una necesidad fundamental para la vida. A todo ser humano debería asegurársele la disponibilidad de una cantidad suficiente de agua de calidad adecuada. Una mayor disponibilidad de agua significa más alimento, menos hambre, salud mejor y un estímulo general a un desarrollo sostenible.

La Santa Sede apoya también otros temas de los que tradicionalmente se ocupa la OSCE, inter alia, la promoción del buen gobierno, la lucha contra la corrupción, la seguridad y la eficacia de los transportes, la prevención de las catástrofes naturales, causadas por el hombre y por la propia naturaleza, como también la gestión de los flujos migratorios, con una atención particular a los derechos de los migrantes y de sus familias.

Especialmente en este tiempo de crisis económica existe la tendencia a olvidar los derechos de los migrantes. Debemos recordar, en todo caso, que todos los seres humanos, sin excepción alguna, incluidos los migrantes, están dotados de derechos inalienables que no pueden, ni ser violados, ni mucho menos ignorados. El estatus de migrante no borra su dignidad humana. Además, los Estados deben actuar de modo tal que aseguren a los trabajadores migrantes legalmente residentes un empleo justo y la seguridad social. En referencia a los derechos del migrante no podemos olvidar a la familia. Esta tiene un valor fundamental en la construcción de cualquier sociedad. La Santa Sede subraya, de modo particular, el derecho a reunificar las familias, que los Estados participantes se comprometieron a facilitar en el Acta Final de Helsinki, en el Documento de Madrid de 1983 y en el Documento Final de Viena de 1989.

¡Señor Presidente!

5. Las discusiones en la base del Proceso de Corfú pusieron el acento en el hecho de que, en el acquis que la OSCE se ha construido en años, se incluyen compromiso de gran alcance en favor de la defensa de las libertades fundamentales y de los derechos humanos, del derecho al desarrollo humano integral y del apoyo a la ley internacional y de las instituciones globales. La CSCE y la OSCE han tenido siempre en sus respectivas agendas la promoción y la protección de los derechos humanos. La dignidad de la persona humana es la que motiva el deseo de nuestra Organización de trabajar por la realización efectiva de todos los derechos humanos.

Entre estas libertades fundamentales está el derecho a la libertad religiosa. Esta se ha convertido en un tema recurrente en el contexto de los asuntos internacionales. El problema se ha convertido en parte de la cultura de nuestro tiempo, porque nuestros contemporáneos han aprendido mucho de los excesos del pasado, y han comprendido que creer en Dios, practicando la religión y uniéndose a los demás en expresar la propia fe, no es una concesión otorgada por el Estado, sino un verdadero derecho fundado en la dignidad misma de la persona humana. La libertad religiosa protege la dimensión trascendental del ser humano y expresa su derecho de buscar a Dios y de relacionarse con Él, sea como individuo, sea como comunidad de creyentes.

Los avances de estos últimos años y los progresos realizados en la redacción de los diversos textos emanados de la OSCE demuestran cada vez más claramente que la libertad religiosa puede existir en diferentes sistemas sociales. Por desgracia, se observa una "creciente marginalización de la religión, en particular del Cristianismo, que está tomando pie en algunos ámbitos, incluso en naciones que atribuyen a la tolerancia un gran valor" (Discurso del Santo Padre a la sociedad británica, Westminster Hall, 17 de septiembre de 2010). La idea de la religión como forma de alienación está desmentida por la constatación de que los creyentes representan un eje fundamental a favor del bien común.

La vida religiosa, como factor importante para la vida social y cultural de los países, no está amenazada sólo por restricciones vejatorias, sino también por el relativismo y por un falso secularismo, que excluye la religión de la vida pública. Por eso es de vital importancia para los creyentes participar libremente en el debate público para presentar así una visión del mundo inspirada por su fe. De esta forma contribuyen al crecimiento moral de la sociedad en la que viven. Los Estados participantes en la OSCE han adquirido cada vez más la conciencia de que una confrontación franca de ideas y de convicciones es condición indispensable para su desarrollo global. Por esta razón la zona de “Vancouver a Vladivostok” puede con derecho esperar de las religiones una contribución eficaz a la cohesión social, a la seguridad y a la paz.

Estrechamente unida a la libertad religiosa, allí donde esta es negada, se encuentran la intolerancia y la discriminación por motivos religiosos, especialmente contra los cristianos. Está ampliamente documentado que los cristianos son el grupo religioso mayormente perseguido y discriminado. Más de 200 millones de ellos, pertenecientes a confesiones distintas, se encuentran en situación de dificultad a causa de estructuras legales y culturales.

La comunidad internacional debe combatir la intolerancia y la discriminación contra los cristianos con la misma determinación con la que lucha contra el odio hacia los miembros de otras comunidades religiosas. Y los Estados participantes en la OSCE se han comprometido a hacerlo. En las discusiones durante la Mesa Redonda de marzo de 2009 surgió claramente que la intolerancia y la discriminación contra los cristianos se manifiestan bajo formas diversas dentro de toda el área de la OSCE. En algunos países existen aún leyes intolerantes y discriminatorias, decisiones y comportamientos, acciones y omisiones que niegan esta libertad. Se registran episodios recurrentes de violencia e incluso asesinatos de cristianos. Sigue habiendo restricciones excesivas hacia el registro de Iglesias y comunidades religiosas, como también contra la importación y la distribución de su material religioso. Hay también interferencias ilegítimas en el campo de su autonomía a nivel organizativo, que impiden actuar de forma coherente con las convicciones morales. A veces se ejerce una presión excesiva sobre personas empleadas en la administración pública que lesionan su derecho de seguir los dictados de su propia conciencia, con claros signos de resistencia contra el reconocimiento del papel público de la religión. La educación cívica es carente en respetar la identidad y los principios de los cristianos y de los miembros de otras religiones. Tampoco los medios de comunicación y los discursos públicos están libres siempre de actitudes de intolerancia y, a veces, de verdaderas denigraciones hacia los cristianos y los miembros de otras religiones. La OSCE debería, por tanto, desarrollar propuestas efectivas para combatir dichas injusticias.

Señor Presidente,

La Santa Sede ha sido siempre consciente de la gravedad del crimen del tráfico de seres humanos, una forma moderna de esclavitud. Precisamente hoy se celebra la Jornada Mundial para la Abolición de la Esclavitud.

Todos los esfuerzos dirigidos a hacer frente a las actividades criminales y a proteger a las víctimas del tráfico deberían incluir a hombres y mujeres y poner los derechos humanos en el centro de todas las estrategias. Esta misma visión debería ser aplicada a otras formas de tráfico, como las formas ilícitas de subcontratación que sacan provecho de condiciones de trabajo basadas en la explotación.

El tráfico de seres humanos es un problema pluridimensional, a menudo ligado a la migración, pero va mucho más allá de la industria del sexo, pues comprende también el trabajo forzado de hombres, mujeres y niños en varios sectores industriales y comerciales. Si por una parte el trabajo coaccionado está relacionado con la discriminación, con la pobreza, con las costumbres locales, al analfabetismo de la víctima, por otra tiene un nexo con el trabajo flexible y barato. Las diversas formas de tráfico requieren medidas y visiones distintas, dirigidas a devolver dignidad a las víctimas.

Para prevenir el tráfico de seres humano hoy se recurre a menudo a políticas de inmigración más severas, a mayores controles en las fronteras y a la lucha contra el crimen organizado, Con todo, mientras las víctimas que son repatriadas se encuentren en las mismas condiciones de las que intentaron huir, el tráfico no se interrumpirá fácilmente. Por tanto las iniciativas anti-tráfico deben buscar también desarrollar y ofrecer posibilidades concretas para huir del ciclo pobreza-abuso-explotación. Como afirma el Papa Benedicto XVI, en su Encíclica Spe salvi: “La grandeza de la humanidad está determinada esencialmente por su relación con el sufrimiento y con el que sufre. Esto es válido tanto para el individuo como para la sociedad” (N. 38).

Señor Presidente,

6. La Declaración Final de la Cumbre, como también el Plan de Acción, atestiguan la actualidad de los “diez principios” de Helsinki. Estos documentos revelan al mundo que los compromisos concordados por la OSCE son fuertes y nobles, son apoyados por un mandato sólido y por el principio del consenso. La Santa Sede reafirma estos compromisos y anima a la Organización a permanecer firme en ellos.

Permitaseme, Señor Presidente, concluir mi intervención citando las palabras del Papa Juan Pablo II con ocasión de su Visita Pastoral a Finlandia en 1989. Dirigiéndose a los componentes de la Asociación Paasikivi, dijo: “En la noble tarea de llevar a término el proceso de Helsinki la Iglesia católica no dejará de estar junto a vosotros, a vuestro lado, de ese modo discreto que caracteriza su dimensión religiosa. Ella está convencida de la validez del ideal encarnado aquí hace catorce años en un documento que para millones de europeos es más que un documento final: ¡es un 'acto de esperanza'!".

¡Que el Encuentro Cumbre de Astaná sea también un “acto de esperanza” para nuestra generación!

¡Gracias, Señor Presidente!

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 19:42  | Hablan los obispos
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sábado, 18 de diciembre de 2010

ZENIT  nos ofrece la catequesis que el Papa Benedicto XVI dirigió el miércoles 1 de Diciembre de 2010 a los peregrinos reunidos en el Aula Pablo VI para la Audiencia General de los miércoles.

Queridos hermanos y hermanas,

recuerdo aún con gran alegría el Viaje apostólico realizado al Reino Unido el pasado septiembre. Inglaterra es una tierra que ha visto nacer a muchas figuras ilustres que con su testimonio y su enseñanza embellecen la historia de la Iglesia. Una de ellas, venerada tanto por la Iglesia católica como por la Comunión anglicana, es la mística Juliana de Norwich, de la que querría hablaros esta mañana.

Las noticias de que disponemos sobre su vida – no muchas – se deducen principalmente del libro en el que esta mujer gentil y piadosa recogió el contenido de sus visiones, titulado Revelaciones del Amor divino. Se sabe que vivió aproximadamente entre 1342 y 1430, años tormentosos tanto para la Iglesia, lacerada por el cisma que siguió a la vuelta del Papa de Aviñón a Roma, como para la vida de la gente que sufría las consecuencias de una larga guerra entre el reino de Inglaterra y el de Francia. Dios, sin embargo, tampoco en los tiempos de tribulación cesa de suscitar figuras como Juliana de Norwich, para llamar a los hombres a la paz, al amor y a la alegría.

Como ella misma nos narra, en mayo de 1373, probablemente el 13 de aquel mes, fue afectada de repente por una enfermedad gravísima que en tres días pareció llevarla a la muerte. Después de que el sacerdote, que acudió a su cabecera, le mostró el Crucifijo, Juliana no sólo recuperó en seguida la salud, sino que recibió dieciséis revelaciones que después consignó por escrito y comentó en su libro, las Revelaciones del Amor divino. Y fue el propio Señor quien, quince años después de estos acontecimientos extraordinarios, le reveló el sentido de esas visiones. “¿Quieres saber lo que pretendía tu Señor y conocer el sentido de esta revelación? Sábelo bien: amor es lo que Él pretendió. ¿Quién te lo revela? El amor. ¿Por qué te lo revela? Por amor... Así aprenderás que nuestro Señor significa amor" (Juliana de Norwich, Il libro delle rivelazioni, cap. 86, Milán 1997, p. 320).

Inspirada por el amor divino, Juliana tomó una decisión radical. Como una antigua anacoreta, eligió vivir dentro de una celda, colocada en las proximidades de la iglesia dedicada a san Julián, dentro de la ciudad de Norwich, en sus tiempos un importante centro urbano, cerca de Londres. Quizás asumió el nombre de Juliana precisamente por el del santo al que estaba dedicada la iglesia junto a la que vivió durante muchos años, hasta su muerte. Podría sorprendernos e incluso dejarnos perplejos esta decisión de vivir “recluida”, como se decía en sus tiempos. Pero no era la única en realizar esta elección: en aquellos siglos un número considerable de mujeres optó por este tipo de vida, adoptando reglas elaboradas a propósito para ellas, como la compuesta por san Elredo de Rievaulx. Las anacoretas o “reclusas”, dentro de su celda, se dedicaban a la oración, a la meditación y al estudio. De esta forma, maduraban una sensibilidad humana y religiosa finísima, que las hacía veneradas por la gente. Hombres y mujeres de toda edad y condición, necesitados de consejos y de consuelo, las buscaban con devoción. Por tanto no era una decisión individualista; precisamente con esta cercanía al Señor maduraba en ella también la capacidad de ser consejera para muchos, de ayudar a cuantos vivían en dificultad en esta vida.

Sabemos que también Juliana recibía frecuentes visitas, como nos lo atestigua la autobiografía de otra ferviente cristiana de su tiempo, Margery Kempe, que se dirigió a Norwich en 1413 para recibir sugerencias sobre su vida espiritual. De ahí que, cuando Juliana estaba viva, era llamada, como está escrita en el monumento fúnebre que recoge sus restos: "Madre Juliana". Se había convertido en madre para muchos.

Las mujeres y los hombres que se retiran para vivir en compañía de Dios, precisamente gracias a esta decisión suya, adquieren un gran sentido de compasión por las penas y debilidades de los demás. Amigas y amigos de Dios, disponen de una sabiduría que el mundo, del que se alejan, no posee, y con amabilidad la comparten con aquellos que llaman a sus puertas. Pienso por tanto con admiración y reconocimiento en los monasterios de clausura femeninos y masculinos que, hoy más que nunca, son oasis de paz y de esperanza, precioso tesoro para toda la Iglesia, especialmente al recordar la primacía de Dios y la importancia de una oración constante e intensa para el camino de fe.

Fue precisamente en la soledad habitada por Dios como Juliana de Norwich compuso las Revelaciones del Amor divino, de la que nos han llegado dos redacciones, una más breve, probablemente la más antigua, y una más larga. Este libro contiene un mensaje de optimismo fundado en la certeza de ser amados por Dios y de ser protegidos por su Providencia. Leemos en este libro las siguientes palabras estupendas: “Ve con absoluta seguridad ... que Dios antes aún de crearnos nos amó, con un amor que nunca ha disminuido, y nunca se desvanecerá. Y en este amor Él hizo todas sus obras, y en este amor Él hizo de modo que todas las cosas resulten útiles para nosotros, y en este amor nuestra vida dura por siempre... En este amor tenemos nuestro principio, y todo esto lo veremos en Dios sin fin" (El libro de las revelaciones, cap. 86, p. 320).

El tema del amor divino vuelve a menudo en las visiones de Juliana de Norwich quien, con una cierta audacia, no duda en compararlo también al amor materno. Este es uno de los mensajes más característicos de su teología mística. La ternura, la solicitud y la dulzura de la bondad de Dios hacia nosotros son tan grandes, que a nosotros peregrinos en la tierra nos evocan el amor de una madre por sus propios hijos. En realidad, también los profetas bíblicos a veces utilizaron este lenguaje que recuerda la ternura, la intensidad y la totalidad del amor de Dios, que se manifiesta en la creación y en toda la historia de la salvación y que tiene el culmen en la Encarnación del Hijo. Dios, que sin embargo supera siempre todo amor humano, como dice el profeta Isaías: "¿Se olvida una madre de su criatura, no se compadece del hijo de sus entrañas? ¡Pero aunque ella se olvide, yo no te olvidaré!" (Is 49, 15). Juliana de Norwich comprendió el mensaje central para la vida espiritual: Dios es amor y sólo cuando se abre a él, totalmente y con confianza total, a este amor y se deja que éste se convierta en la única guía de la existencia, todo se transfigura, se encuentran la verdadera paz y la verdadera alegría y se es capaz de difundirla alrededor.

Quisiera subrayar otro punto. El Catecismo de la Iglesia Católica recoge las palabras de Juliana de Norwich cuando expone el punto de vista de la fe católica sobre un argumento que no deja de constituir una provocación para todos los creyentes (cfr nn. 304-314). Si Dios es sumamente bueno y sabio, ¿por qué existen el mal y el sufrimiento de los inocentes? También los santos, precisamente los santos, se plantean esta pregunta. Iluminados por la fe, nos dan una respuesta que abre nuestro corazón a la confianza a la esperanza: en los misteriosos designios de la Providencia, también del mal sabe sacar Dios un bien más grande, como escribió Juliana de Norwich: "Aprendí de la gracia de Dios que debía permanecer firmemente en la fe, y que debía por tanto creer firme y perfectamente que todo habría acabado en bien…" (Il libro delle rivelazioni, cap. 32, p. 173).

Si, queridos hermanos y hermanas, las promesas de Dios son siempre más grandes que nuestras esperanzas. Si entregamos a Dios, a su inmenso amor, los deseos más puros y más profundos de nuestro corazón, nunca serenos decepcionados. “Y todo estará bien”, “todo será para bien": este es el mensaje final que Juliana de Norwich nos transmite y que también yo os propongo hoy. Gracias.

[En español dijo]

Saludo con afecto a los grupos de lengua española, provenientes de España, México y otros países latinoamericanos. Las promesas divinas son más grandes que nuestras expectativas. Si entregamos a Dios, a su inmenso amor, los deseos más puros y profundos de nuestro corazón, nunca nos sentiremos defraudados. "Todo estará bien", "cada cosa será para bien". Esto lo vivió con gran intensidad Juliana de Norwich. Que su ejemplo os ayude en vuestra vida cristiana, para que siempre seáis signos vivos de la caridad de Cristo y transmitáis a los demás con serena alegría la belleza de su mensaje de salvación. Muchas gracias.

[Llamamiento]

Recomiendo a vuestras oraciones y a las de los católicos de todo el mundo a la Iglesia en China, que, como sabéis, está viviendo momentos particularmente difíciles. Pedimos a la Bendita Virgen María, Auxilio de los Cristianos, que sostenga a todos los obispos chinos, a mi tan queridos, para que den testimonio de su fe con valor, poniendo toda esperanza en el Salvador que esperamos. Confiemos también a la Virgen a todos los católicos de ese amado país, para que, con su intercesión, puedan realizar una auténtica existencia cristiana en comunión con la Iglesia universal, contribuyendo así también a la armonía y al bien común de su noble Pueblo.

[Traducción del italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 23:39  | Habla el Papa
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Homilía de monseñor Carlos José Tissera, obispo de San Francisco, en la misa de ordenación de diaconos (21 de noviembre de 2010). (AICA)

ORDENACIÓN DE DIÁCONOS         

“Demos gracias al Padre, que…
nos hizo entrar en el Reino de su Hijo muy querido…
restableciendo la paz por la sangre de su cruz” 

En esta Solemnidad de nuestro Señor Jesucristo, rey del universo, nuestra Iglesia diocesana alaba y bendice al Señor, en el corazón de María y de la mano de San Francisco de Asís, por el regalo de cuatro nuevos diáconos: Gabriel, Marcio, Marcos y Pablo. 

La imagen que preside esta Catedral, el Cristo abrazado por San Francisco, es la que el Evangelio nos pinta hoy. Este es el Rey, el que reina desde la Cruz. En el despojo total del calvario, se manifiesta el Rey de reyes, explotando de amor misericordioso. “El buen Pastor que da su vida por las ovejas” (Jn. 10, 11). “Por sus llagas hemos sido sanados” (1 Pe. 2, 24). Su amor paciente despertó en el alma del ladrón arrepentido el deseo de salvación: “Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino”. Ese Reino ya estaba ahí: “Yo te aseguro que HOY estarás conmigo en el Paraíso” (Lc. 23, 43). El es el Rey, el Mesías esperado, Mostrándose, no con el poder de los monarcas de la tierra, sino con el estilo que asumió entre nosotros, como un siervo: “se anonadó a sí mismo tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres; y presentándose con aspecto humano, se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz. Por eso, Dios lo exaltó y le dio el Nombre que está sobre todo nombre” (Flp. 2, 7-9).  

“El no ha hecho nada malo” (Lc. 23, 41), le dice el crucificado arrepentido al desesperado compañero de suplicio. El buen ladrón, atraído por la bondad de Jesús, quiere estar con El. Descubrió al pastor que deja las 99 ovejas y va en busca de la que se ha perdido; “porque el Hijo del hombre vino buscar y salvar lo perdido” (Lc. 19, 10). 

Horas antes, en la última Cena, Jesús lavando los pies a sus discípulos, mostró en una síntesis propia del divino Maestro, cuál es el estilo de su misión redentora, cuál ha de ser el modo de su reinado: servicio, “diaconía”. 

Este es el Reino que anunciamos, el Reino del amor y de la vida, de la misericordia y el perdón, de la justicia y de la paz. 

Este Cristo Servidor los ha llamado a ustedes, queridos Pablo, Marcos, Marcio y Gabriel, y desde que le dieron su generoso y aún inmaduro si, Él los fue formando como sus discípulos y misioneros, a través de todos las experiencias vividas durante el tiempo de la formación inicial en el Seminario, sintetizadas en la Eucaristía de cada dia; los fue haciendo semejantes a Él. Los ha ido identificando con su condición de servidor, de diácono del Padre y de los hombres.

Esto les ha llevado a elegir el texto de la hermosa tarjeta con la que nos hicieron participes de este momento de sus vidas: “servidores de ustedes por amor de Jesús” ( 2 Co. 4,5). 

Leemos en la Constitución dogmática sobre la Iglesia, del Concilio Vaticano II:  “los diáconos, confortados con la gracia sacramental, en comunión con el Obispo y su presbiterio, sirven al Pueblo de Dios en el ministerio de la liturgia, de la palabra y de la caridad. Es oficio propio del diácono, según le fuere asignado por la autoridad competente, administrar solemnemente el bautismo, reservar y distribuir la Eucaristía, asistir al matrimonio y bendecirlo en nombre de la Iglesia, llevar el viático a los moribundos, leer la Sagrada Escritura a los fieles, instruir y exhortar al pueblo, presidir el culto y oración de los fieles, administrar los sacramentales, presidir el rito de los funerales y sepultura. Dedicados a los oficios de la caridad y de la administración, recuerden los diáconos el aviso del bienaventurado Policarpo: «Misericordiosos, diligentes, procediendo conforme a la verdad del Señor, que se hizo servidor de todos» (LG. 29). 

El don del Espíritu Santo los fortalecerá para que ayuden al Obispo y a su Presbiterio, anunciando la Palabra de Dios. Les competirá evangelizar a los que no creen y catequizarlos enseñándoles la sagrada doctrina. Es por ello que luego del rito de imposición de manos y la plegaria de ordenación, revestidos con la estola cruzada, recibirán en sus manos el Evangeliario, con las preciosas palabras: “Recibe el Evangelio de Cristo del cual eres mensajero. Cree lo que lees, enseña lo que crees, y practica lo que enseñas”. 

Es por ello que nuestra Conferencia Episcopal, en el Plan para los Seminarios de la República Argentina, dice: “Los seminaristas han de prepararse mediante la catequética y la homilética para ejercer el ministerio de predicar la Palabra de Dios a los fieles, de tal modo que puedan ser profundos, claros y breves, recurriendo a un lenguaje comprensible y sencillo” (C.E.A. (1994), “La formación para el Sacerdocio Ministerial, n° 169). 

Cómo no mencionar a este propósito, al “Cura de Ars” de la Argentina, como dijo Juan Pablo II, nuestro querido Cura Brochero, que “inventó un género de oratoria sagrada de lo más original que pudiera imaginarse en su época, perfectamente discreta y eficaz en un sacerdote del campo que, para hacerse comprender, se amoldó al carácter, a la índole y a la capacidad de la gente que lo escuchaba, explicando las cosas de la religión a lo criollo, como por ejemplo: “la gracia de Dios es como la lluvia, que a todos moja”. Dice un diario de la época: “El convento de Santo Domingo, las Congregaciones de monjas, las sociedades de obreros, las colectividades rurales han escuchado la sencilla palabra apostólica del infatigable religioso… que desciende hasta el corazón de su auditorio para consolarlo … con sus sanos consejos y su palabra sincera y honrada”… Las personas que lo conocieron dicen: “consta que se adaptó en todo, incluso en el lenguaje, para que todos lo entendieran. Afirmaba en expresión de San Agustín, que prefería ser entendido, antes que pasar por erudito y que no lo entendieran. (Sor María Nora Diáz Cornejo, “José Gabriel del Rosario Brochero. Buenos Aires. San Pablo (2007), pgs. 62-63). 

La Liturgia de las Horas y la Lectio Divina, además de interceder por todo el Pueblo de Dios, les ayudarán a iluminar la vida de ustedes y de los demás, acogiendo la Palabra divina con corazón de discípulos, y así, descubrir a y aceptar, vitalmente, en todas las cosas, la voluntad de Dios. 

Consagrados por la imposición de las manos, practicada desde el tiempo de los Apóstoles, y estrechamente unidos al altar, cumplirán el ministerio de la caridad en nombre del Obispo o del párroco. Con la ayuda de Dios, deberán obrar de tal manera que los reconozcan como discípulos de aquel “que no vino a ser servido sino a servir” (Lc.10, 45). 

Aquí también viene el ejemplo del Siervo de Dios de “traslasierra”: “Durante la epidemia del cólera, cuando todos huían del horroroso flagelo, Brochero permaneció siempre en la ciudad de Córdoba, llevando a los enfermos los consuelos religiosos, socorriendo a todo el que llamaba su auxilio y extendiendo su piadosa acción hasta donde le permitía su actividad extraordinaria en la práctica del bien. Fue uno de los sacerdotes que más se distinguieron entonces, eternizando, en la memoria de un pueblo entero, el completo desprendimiento de sí mismo y la absoluta consagración en beneficio de los demás… Se lo veía correr de enfermo a enfermo, recogiendo la última palabra del moribundo, cubriendo la miseria del huérfano…” (Positio, vol. I, pg. 56) 

Por entonces el Cura Brochero tenía apenas 27 años. Ya se perfilaba con evidencia el buen discípulo del Pastor que dio la vida por sus ovejas. 

Libremente ustedes acceden al Orden del diaconado; deben dar testimonio del bien, llenos del Espíritu Santo y del gusto por las cosas de Dios. 

Ejercerán su ministerio, observando el celibato. Será para ustedes símbolo y, al mismo tiempo, estímulo del amor pastoral y fuente peculiar de fecundidad apostólica en el mundo. Movidos por un amor sincero a Jesucristo, el Señor, y viviendo este estado con una total entrega, la consagración de ustedes a Cristo se renueva de modo más excelente. Por el celibato, en efecto, les resultará más fácil consagrarse, sin dividir el corazón, al servicio de Dios y de los hombres.  

“El celibato del apóstol no se deriva de la separación, sino de la profundidad de su vínculo con los humanos. Ellos constituyen la comunidad alimentada por su carisma y destinada a concentrar toda la capacidad de amar que una persona lleva dentro de sí” (S. Dianich, “Nuevo diccionario de Espiritualidad”. Art. “Ministerio pastoral”. Ed. Paulinas 1983, pg. 913, col. 2ª).  

Tendrán por raíz y cimiento la fe. Muéstrense sin mancha e irreprochables ante Dios y ante los hombres. No se dejen arrancar la esperanza del Evangelio, al que no sólo deben escuchar, sino servir. 

Gabriel:

Me has dicho ayer, que en todo este tiempo la palabra “servicio”, como una campana, ha repiqueteado fuerte en tu corazón. Ya desde niño lo sentías junto al altar, como monaguillo; en ese “siempre listo” en tu grupo scouts, en los servicios encomendados en el Seminario…  Hoy el Señor se muestra lavándote los pies, como a los apóstoles en la última cena. Déjate lavar, como Pedro, para que puedas seguirle hasta el fin. 

Marcio:

También ayer me abrías tu corazón al decirme que “conocer a Jesús es lo mejor que te ha pasado en la vida, y que darlo a conocer es tu gozo y alegría”. Así como en pequeñas cosas, a través de otras personas, Jesús fue conquistando tu corazón, lo seguirá haciendo a lo largo de tu vida, para enseñarte que el Reino es como una semilla de mostaza. 

Marcos:

Me has hablado del regalo del Orden Sagrado. Que en este tiempo resonaron fuertemente en tu alma dos mociones del Espíritu: Caridad y Unidad. Nada más hermoso para expresar lo que es el sacramento del Orden Sagrado. La Caridad de Cristo a la que te unes por este ministerio de diaconía, y la unidad, que como parte de Cristo Cabeza de la Iglesia, deberás cultivar, animar y armonizar desde la riqueza de los carismas que el Espiritu suscita en el Pueblo de Dios.

 Pablo:

También ayer me confiabas que te acompañaron como dos luces interiores: desear que el Corazón de Jesús forme en tí un corazón como el de El, y el querer ser sólo un servidor de Cristo y administrador de sus misterios, pidiéndole ser un admnistrador fiel. Aun suenan en nosotros, terminado el Año Sacerdotal, las palabras del Santo Cura de Ars: “El Sacerdocio es el amor del Corazón de Jesús”.

Me viene a la memoria también las palabras de un santo Padre de la Iglesia: “Comprende el sentido de las palabras de Jesús, solamente quien reposó sobre el pecho de Jesús” (Orígenes, In Joannem 1,6). Cultiva siempre esa amistad. 

Queridos padres y familiares de Gabriel, Marcio, Marcos y Pablo. Gracias por  el amor y la generosidad de ustedes. La Iglesia se enriquece con estos nuevos servidores. Toda elección supone una renuncia. Porque se sigue, se deja. Les invito a ponerse en el corazón de María Madre y de San José, aquella Pascua en que Jesús había tomado la decisión de quedarse en Jerusalén sin que sus padres lo supieran. Después de tres días, cuando lo encuentran en el templo sentado entre los doctores de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas, al verlo quedaron desconcertados, y su madre le dijo: “Hijo, ¿por qué nos has hecho esto?. Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados”. El replicó: ¿Por qué me buscaban?  ¿No sabían que yo debo ocuparme  de los asuntos de mi Padre?. Ellos no entendieron lo que les decía… Su madre conservaba estas cosas en su corazón. (Cfr. Lc. 2, 41-52) 

En breves momentos escucharán, en el diálogo que tendré con cada uno de sus hijos: “¿prometes respeto y obediencia a mí y a mis sucesores?” Y la respuesta: “Sí prometo”, de su parte. tocará las fibras de sus corazones. Es la obediencia al Espíritu Santo en la Iglesia. Así expresan que, al modo de Jesús, quieren entregar sus vidas al Pueblo de Dios que peregrina guiado por éste Pastor. Somos los que obedecemos, no sólo al Padre Dios en lo que se refiere a las grandes disposiciones de la vida,  sino que obedecemos a Jesús y su Evangelio, a la vida pobre y humilde, con la oración, con el desprendimiento, el amor a los últimos y la actitud de gratuidad. 

Vivir la obediencia es vivir abandonados al designio del Padre, en el amor a Jesús, por la gracia del Espíritu Santo. El mismo Espíritu nos ayudará a gustar estas cosas y a vivirlas, desde el silencio de la oración  

La ordenación de estos cuatro jóvenes nos está diciendo que  “para los discípulos que quieren seguir e imitar a Cristo, el servir a los hermanos ya no es una mera opción, sino parte esencial de su ser. Un servicio que no se mide por los criterios mundanos de lo inmediato, lo material o lo vistoso, sino porque hace presente el amor de Dios  a todos los hombres y en todas sus dimensiones, y da testimonio de él, incluso con los gestos más sencillos… Que este mensaje llegue sobre todo a los jóvenes: precisamente a ustedes, este contenido esencial del Evangelio, el del servicio, les indica el camino para que, renunciando a un modo de pensar egoísta, de cortos alcances, como tantas veces les proponen, y asumiendo el de Jesús, puedan realizarse plenamente y ser semillas de esperanza” (Benedicto XVI, en Santiago de Compostela, 6 de noviembre de 2010). 

Marcos, Marcio, Pablo y Gabriel: Nunca pierdan la esperanza que proviene del Evangelio. Conserven el misterio de la fe con pureza de alma, y practiquen la Palabra de Dios que anunciarán, a fin de escuchar un día de labios del Señor: “Bien, servidor bueno y fiel, entra a participar del gozo de tu Señor”. 

Hermanos: vivimos esta Ordenación de Diáconos, como preludio del Jubileo por los 50 años de nuestra Diócesis de San Francisco, que lo hacemos bajo el lema: “JUNTOS FESTEJEMOS LA VIDA”. 

Celebremos, entonces, la alegría de este don, de este gran regalo: cuatro nuevos SERVIDORES DEL EVANGELIO DE JESÚS. Este acontecimiento nos invita a vivir en la alegría. Alegría que brota del corazón de Jesús y de su Palabra. “Se pueden organizar fiestas, pero no la alegría. Según la Escritura, la alegría es fruto del Espíritu Santo (cf. Ga 5,22), que nos permite entrar en la Palabra y hacer que la Palabra divina entre en nosotros trayendo frutos de vida eterna” (Benedicto XVI, “Verbum Domini”, 123). 

Nos lo enseñará a vivir María, la Virgen fiel y Causa de nuestra alegría. En Ella seremos fieles. Desde ella enseñaremos a los hombres a ser felices. 

Mons. Carlos José Tissera, obispo de San Francisco 


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Carta pastoral de monseñor Baldomero Carlos Martini, obispo de San Justo para el Adviento y la Navidad 2010. (AICA)

ADVIENTO Y NAVIDAD 2010          

“La Virgen dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús,
El salvará a su pueblo de todos sus pecados” (Mt 1 18-24) 

Queridos hermanos y hermanas:

El Adviento nos abre un camino de esperanza, de amor y de luz que tiene como meta la Navidad del Hijo de Dios hecho hombre. Cada Navidad nos ofrece la Vida, en este Niño que es Dios y en Él nos viene el sentido y el valor de toda vida humana, y también el compromiso con cada persona llamada a la existencia, cuya vida es preciosa desde el momento de la fecundación hasta su fin natural y en todo su recorrido.

Vivir el Adviento es una gracia que apunta a un cambio y nos renueva por dentro para que tengamos vida y la tengamos en abundancia. (Jn 10,10) Nos enseña el Papa Benedicto “En la Navidad no nació solamente un hombre que tenía que ver con Dios, sino que en Él nació Dios en la tierra. Dios salió de si mismo. Pero también podemos decir lo contrario: Dios nos atrajo a si mismo, de modo que ya no estamos fuera de Dios, sino que estamos en su intimidad, en la intimidad de Dios mismo.” ¡Qué bueno ser llamados a vivir la Navidad como un canto de amor y de vida! 

1. NOS AMENAZA LA INCULTURA DE LA MUERTE 

Hoy vivimos realidades de muerte, que mucho nos entristecen, y lo más peligroso es que muchas de estas manifestaciones en contra de la vida, nacen de ideologías y falsas compasiones, que van contaminando poco a poco la mentalidad y el actuar de los argentinos.

Pareciera que la vida no tuviese importancia o valor. Es atacada cada día de tantas maneras, en policías asesinados y hogares atropellados, en cierto odio a la vida del infante por nacer y por los niños abusados, destruidos por el paco y en los jóvenes por la droga y el alcohol. También el juego extendido se lleva vidas jóvenes y destruye la cuna de la vida y del amor que es la familia.

Mis hermanos: Las leyes son buenas, si sirven para construir la patria como nación, que ha recibido una herencia y tiene raíces que cuidar y sanar, para que todos juntos demos frutos de auténtico humanismo, que nos lleve sin odios a construir una patria de hermanos. Solo Dios es dueño de la vida y para nosotros es un don y una responsabilidad. La pregunta de Dios a Caín ¿Dónde esta tu hermano Abel? sigue resonando hoy con especial intensidad. Y como todo lo que hiere al hombre hiere a Dios no podemos quedarnos indiferentes. Ante la incultura de la muerte, debemos decirle si a la vida, si a la familia si a la dignidad humana de todos.  

2. NOS COMPROMETEMOS A VIVIR EN LA CULTURA DE LA VIDA 

Si la vida es amada y respetada desde su comienzo , la cultura de la vida debe ser una misión inclaudicable para todos, en estos tiempos difíciles de tanta inseguridad y confusión..

El Adviento nos prepara para recibir al Niño Dios, quien vino, viene y vendrá. Nos muestra a su Madre aceptando la Vida: La Virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrá el nombre de Emmanuel que significa Dios con Nosotros.” Aquí encontramos el fundamento de la cultura de la vida y como canta el salmo, valoramos la belleza de la maternidad y de cada persona: ¡Señor! “Tu creaste mis entrañas, me plasmaste en el seno de mi madre: te doy gracias porque fui formado de una manera admirable. ¡Qué maravillosas son tus obras! Tú conocías hasta el fondo de mi alma y nada de mi ser se te ocultaba, cuando yo era formado en lo secreto, cuando era tejido en lo profundo de la tierra” (139,13-15)

La cultura de la vida la vamos forjando y madurando desde una conciente relación con Dios de quien procede y le pertenece la vida y desde una sana relación con todos los hombres y un respeto profundo a la naturaleza, salida de las manos del Creador y Padre de todos.

Hermanos queridos: En gestos concretos de amor a la vida, busquemos el Rostro del Niño Dios, en los niños y en cada persona humana. La cultura de la vida abraza la dignidad de la persona humana y sus derechos. Les recuerdo que por el hecho de ser humanos, todos, creyentes y no creyentes, debemos construir en el corazón de la sociedad argentina la cultura de la vida, que supere y venza la incultura de la muerte. 

3. ABRAMOS EL CORAZÓN AL EVANGELIO DE LA VIDA Y ANUNCIEMOSLO 

Comenzamos desde este Adviento y Navidad todo un Año dedicado a la Vida, como expresión de amor. Un tiempo especial y para abrirle la conciencia al Evangelio de la Vida que está en el corazón de la Buena Noticia de Jesucristo que transfigura y cambia a cada uno , a cada familia y a la Patria entera, que a pesar de las ideologías, sigue siendo cristiana y valora la vida y la familia.

Los invito como padre y pastor a que vivamos en cada Parroquia como Comunidad de Comunidades este Adviento y la Santa Navidad, celebrándolas desde esta hermosa realidad, que es la vida y nos ayudemos a descubrir la responsabilidad de todos, de anunciar el Evangelio de la vida, como expresión del amor, para que tengamos un año mejor renovados por el Espíritu de Dios, que es Amor.

Les ruego, realizar gestos concretos que nos lleven a estar cerca del dolor de los que son heridos por la muerte y destruidos por la adicciones y aprender juntos a conmovernos por los niños no nacidos, los no deseados y los asesinados por el aborto. El misterio de la Encarnación del Hijo de Dios, del Dios que se hace embrión en el seno virginal de María, nos dé el coraje para gritar: ¡Si a la vida!

Ayudemos a que el odio se transforme en amor y perdón y que tantas lágrimas derramadas nos cambie el corazón a todos y así preparemos el mejor regalo al Niño Dios, que viene como la alegría de la Esperanza que no defrauda.

Abrazo con mi dolor, mi oración y mi bendición de Pastor a todos, especialmente a los que son víctimas de otros hombres y necesitan la unción del Niño Dios sobre sus heridas. 

¡DIOS ES AMOR! 

“Vayamos a Belén y veamos lo que ha sucedido y el Señor nos ha anunciado” 


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Homilía de monseñor Mario Cargnello, arzobispo de Salta en la Vigilia de Oración por la Vida Naciente (Catedral Basílica de Salta, 27 de noviembre de 2010). (AICA)

VIGILIA DE ORACIÓN POR LA VIDA NACIENTE             

Mis queridos hermanos:

Comenzamos un nuevo año litúrgico y el corazón de toda la Iglesia se pone en tensión hacia la Navidad, viviendo estas cuatro semanas el tiempo del Adviento. Si hay una actitud que marca este tiempo, es la actitud de la esperanza: se trata de descubrir la historia y la vida personal como el camino hacia un encuentro, como la espera de alguien que viene; se trata de descubrir la vida como el camino hacia un norte, el camino con sentido. La Iglesia se pone en esa dinámica y va hacia el Encuentro con el Señor que viene.

En este primer domingo meditamos el Evangelio según San Mateo y nos ponemos frente a la imagen del Juez de la vida, el Señor; es Él quien alimenta nuestra esperanza.

¿Puede el hombre de nuestro tiempo esperar? Si hemos tirado abajo tantos mitos, tantas creencias; si la capacidad de investigación del hombre y el avance de la ciencia nos ha permitido vencer tantos obstáculos, tantas enfermedades, mejorando la calidad de vida, prolongando la vida… ¿puede el hombre de nuestro tiempo esperar? Ya no vivimos en tiempos en los que muchas de las realidades que acompañan al hombre se convertían en amenazas, que alimentaban el temor y por eso se buscaba respuestas en el religioso. ¿Tiene sentido, hoy, esperar? Y sin embargo, el hombre de hoy, como el hombre de siempre, se sigue preguntando. Incluso, más que nunca, sigue buscando a magos, a horóscopos, a turismos, a palabras, a revelaciones… tratando de alimentar esperanzas. Este hombre tan seguro de sí mismo aparece en este tiempo profundamente frágil y en el corazón de la fragilidad humana nosotros los creyentes nos ponemos en la dinámica de la verdadera esperanza, que es esa tensión hacia un encuentro, que es un ir hacia alguien que viene. Eso es el Adviento.

Escuchábamos nosotros los textos de la Palabra de Dios. En el Evangelio se nos ha leído un párrafo del capítulo 24 de San Mateo. Es un gran discurso sobre el final de los tiempos;  una exhortación a estar vigilantes y fieles y a no tener la actitud que tuvieron aquellos contemporáneos de Noé que no advertían la novedad de su tiempo, pereciendo con el diluvio. Hay que entender que estos textos del Evangelio de Mateo que estamos leyendo responden a una expresión dicha por el Señor, algunos versículos antes: “Ustedes van a tener tribulaciones, muchos sucumbirán,  aparecerán una multitud de falsos profetas que engañaran a mucha gente” y dice esta expresión: “al aumentar la maldad se enfriará el amor de muchos”.

No podemos negar que aumenta en el ambiente cultural un clima de relativismo, de mentira, de querer hacer un dios a nuestra medida, de querer justificar lo que hacemos porque no queremos tomar en serio la vida. Muchas veces el éxito es más importante que la nobleza de la vida. Si nosotros tuviéramos aquí una persona exitosa, y al lado un científico trabajador que quizás salvó la vida a veinticinco, estoy seguro que nuestra mirada y nuestra atención iría al exitoso, aunque para ser exitoso hubiera cortado veinticinco cabezas. El clima general de la cultura de occidente se deja impregnar por este mentir, por este atropellar relativizando todo.

Vivimos una cultura que hace un culto del propio yo, del propio placer, en la que la vida se encierra en una actitud autista y en la que se hace difícil ir más allá del límite de nuestro propio cuerpo. Frente a eso, el Señor nos invita a vigilar: “Estén prevenidos, porque ustedes no saben qué dia vendrá el Señor”. Hay muchos en nuestra sociedad que han vaciado de contenido la vida, la dignidad de las personas y de los vínculos: se han destruido familias, se disuelven con mucha facilidad familias, no creemos en la institución familia, todo depende de lo que sentimos, todo es por un cierto tiempo. No se usa la palabra “siempre”, se le tiene miedo, se le considera como algo que “hay que arrastrar”, que “ya no va más”; y lo que nos queda es una vida vacía, que termina evadiéndose por lo frívolo, muchas veces por lo mentiroso que termina destruyendo al hombre. Al querer acallar a Dios, terminamos destruyendo al hombre. La muerte de Dios termina siendo la muerte del hombre.

Frente a eso, la Iglesia nos invita a reconocer el valor magnifico de la vida desde la esperanza. Se trata de volver a mirar a Cristo, volver a encontrarnos con Él y con su Palabra, de volver a descubrir la fuerza magnifica de la existencia que brota del Dios que está desde el comienzo de la vida, del Dios de Jesús que nos espera al final y nos acompaña siempre. La vida está llena de la presencia de Dios.

En ese vaciar el contenido de la vida, se vacía también el sentido y significado de la vida. Nuestro tiempo –y está muy bien- descubre el derecho de las personas, los pone a consideración de los pueblos, los defiende, los cuida con las leyes; pero, al mismo tiempo, margina al no nacido, presenta la relación entre la madre y el hijo como una relación de rivalidad en el propio vientre de la madre. Marginamos la vida de los niños, porque no sabemos orientarlos, porque no propiciamos una cultura de la familia y los dejamos librados a la incertidumbre de las peleas de los padres, de las separaciones rápidas, de las decisiones irresponsables. Con el prurito de destacar el éxito a cualquier precio,  justificamos las inequidades. Tenemos a nuestros jóvenes sin futuro, porque no pensamos en dejarles una sociedad que fomente el trabajo sino principalmente el lucro. Y vemos chicos y chicas que a los veinte años ya están cansados de vivir. Se van gestando economías de familias que viven de la venta de la droga, y mientras vemos zapatillas y celulares colgados,  decimos que nos sabemos dónde se vende. Pretendemos justificar la decisión de un suicidio usando eufemismos. Y marginamos.

Frente a esto, sólo una accion poderosa del Espíritu puede recrearnos en el encuentro con la Palabra de Dios, puede devolver a la propia vida y a la vida que nos rodea el peso magnifico de la dignidad del Hijo de Dios, de la familia de Dios.

Pablo decía “ustedes saben en qué tiempo vivimos… basta de excesos en la comida y en la bebida, basta de lujuria y libertinaje”. En el fondo el conflicto está en cómo pienso la vida: si centrada en mí o abierta los demás. ¿Quién es el eje de mi existencia: mi propio yo en un egoísmo que me destruye o Jesucristo que me enseña a entregarme a los demás?

Somos invitados a celebrar la Navidad venciendo cualquier miedo y abriéndonos de corazón al Dios de la Vida para que Él pueda pedirnos a nosotros, los cristianos, que abriéndonos con generosidad a la Palabra de Dios nos dispongamos a que Él cambie el corazón nuestro y nos haga capaces de sembrar generosidad en donde nos toca vivir y donde nos toca actuar.

El Papa ha pedido que en esta tarde, durante la Vigilia del primer domingo de Adviento, juntos todos rezáramos por la vida. Nosotros comenzamos rezando los salmos. ‘Vísperas’ es la hora cuando cae el sol, renovándose la esperanza de que mañana volverá a salir. El cristiano es uno que vive mañana y tarde en la dinámica de la Pascua: mueres, resucitas; mueres, vives; vences tu egoísmo y creces en solidaridad y en altruismo. Te descubres Hijo de Dios, te descubres hermano de los demás.  Morir y vivir, morir y servir, he aquí el camino de este Adviento y de este nuevo año litúrgico que comienza hoy. Ese es el estilo del cristiano.

Vigilemos. La vida no es la que hoy aparece en la televisión; la vida tiene el peso y el valor magnifico de la vida de Jesús entregada por cada uno de nosotros. La vida humana vale la Sangre de Jesús. El cristiano no puede minimizar esto. 

Mons. Mario Cargnello, arzobispo de Salta  


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ZENIT   publica el comentario al Evangelio del próximo domingo, 19 de diciembre, cuarto de Adviento (Mateo 1,18-24), redactado por monseñor Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo, administrador apostólico de Huesca y de Jaca.   

Evangelio del domingo: Dejar que Dios lo sea, Enmanuel 

Hay buenas formas que están ocultando una inconfesable "deformación". Hay modos educados que podrían estar maquillando una extraña grosería. Hay maneras de "respetar" a Dios, como las que nos narra Isaías en la primera lectura respecto del rey Acaz, con las que elegantemente tener a Dios bajo control, con una distancia sufi­ciente como para que no influya ni modifique nuestra vida de cada día. Sería una forma de ateísmo, una manera de negar a Dios manejándolo, porque se le redu­ciría a algo: se le "perdona la vida" con tal que se esté quieto, que no moleste, que no nos critique, que no ponga su dedo en nuestras abundantes llagas, que no sospeche siquiera la falacia de nuestros disfraces.

El rey Acaz no quería "tentar" a Dios como buen creyente que conocía la Escritura: "no tentarás al Señor tu Dios" (Deut 6,16). No quería importunarle, porque Dios estaba bien en su nimbo de nubes y a sus divinas la­bores. Pero el profeta no aplaudirá este respeto que se ofrece para despreciar, esta veneración que se practica para ignorar.

Estamos ya a las puertas de la Navidad, y también a nosotros se nos ha anunciado esta Buena noticia prome­tida antiguamente por los profetas (Rom 1,2). No sólo para Acaz, ni sólo para Israel, sino para todos y para siempre, Yahvéh dejará de ser un Dios Altísimo (en cuanto lejano) para ser un Dios-con-nosotros, un Dios que ha querido acam­parse en nuestro suelo (Jn 1,14), hablar nuestro lenguaje, pasear nuestras andanzas, sufrir nuestros do­lores y gozar nuestros alegrones.

Si fuera sólo Dios pero no estuviese con noso­tros, sería una divinidad tan lejana que sería opresora o inútil, y por lo tanto su salvación no nos interesaría ni nos serviría para nada. Si estuviera con-nosotros pero no fuese Dios, estaríamos ante alguien "buena persona", alguien "majo", pero que no podría acceder a los entresijos de nuestro corazón y de nuestra his­toria, en donde nuestra felicidad se hace o se deshace. Él es Dios y con-nosotros, es el Enmanuel. Ojalá que descubramos que jamás molestamos a un Dios que ha querido amarnos hasta la convivencia, hasta la coexistencia, hasta ser-estar con nosotros. Y ojalá nos conceda tratarnos entre nosotros como somos tratados por Él: que acogiendo y contemplando al Enmanuel, al Dios-con-nosotros, podamos a nuestra vez ser también nosotros hermanos-entre-herma­nos siendo verdaderamente hijos-ante-Él.


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viernes, 17 de diciembre de 2010

ZENIT nos ofrece, por su interés, la homilía que el cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado, pronunció el 30 de Noviembre de 2010 en la catedral ortodoxa de la Asunción de Astaná (Kazajstán), durante una celebración litúrgica, en la que entregó en nombre del Papa Benedicto XVI unas reliquias de san Andrés al Metropolita Alexander.

Queridos hermanos y hermanas

Estoy contento de encontrarme en Astaná, capital de la República de Kazajstán, este noble y extenso país situado en el corazón del territorio eurasiático. Deseo expresar mi profunda alegría de poder visitar esta catedral vuestra de la Asunción, recientemente abierta al culto. Os saludo a todos con afecto, comenzando por Su Eminencia el Metropolita Alexander y, mientras le doy las gracias por su fraternal acogida, le hago llegar a usted y a todos el cordial saludo del Santo Padre Benedicto XVI, con ruego de transmitirlo a Su Santidad Kiril, Patriarca de Moscú y de todas las Rusias. Saludo además a las demás Autoridades religiosas (y civiles), a los sacerdotes, los diáconos y los fieles de la Iglesia Ortodoxa de Kazajstán. Que este encuentro fraternal nuestro pueda suscitar un renovado impulso a unir esfuerzos, para que en un futuro no lejano los discípulos de Cristo proclamen con una sola voz y un solo corazón el Evangelio, mensaje de esperanza para toda la humanidad.

La ocasión de esta grata visita mía a Astaná es la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de los países de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), que tendrá lugar en los próximos días. Esta circunstancia sugirió a las Autoridades de Kazajstán dirigirme una cortés invitación para visitar vuestra tierra. Al acoger de buen grado este gesto apreciado y deferente, pensé en seguida en la alegría de poder dirigirme a un país en el que hay amplias posibilidades para una serena y provechosa convivencia religiosa. En este contexto, para nosotros cristianos el deber del amor recíproco es de lo más urgente: estamos de hecho llamados a dar testimonio a todos, con las palabras y con las obras, de que Dios es Amor. Al respecto, mi presencia quiere ser también un aliento a proseguir en el camino del gran respeto y afecto, que sé que existe entre la comunidad ortodoxa y la católica de Astaná, como también de otras ciudades. Que no falten, queridos amigos, ocasiones propicias de mutuo apoyo y de profundización de la amistad.

Hoy, en este grato encuentro con vosotros, tengo la especial alegría de cumplir el alto encargo que me confió el Santo Padre Benedicto XVI, de entregaros un fragmento de las insignes Reliquias del Apóstol san Andrés, que se veneran en Italia, en la ciudad de Amalfi. Esta entrega, que me honra efectuar en las manos de Su Eminencia el Metropolita Alexander, tiene lugar en respuesta a la devota petición que su predecesor, el Metropolita Mefodji, y el arzobispo Tomash Peta, Metropolita católico, dirigieron conjuntamente al Papa Benedicto XVI. El Pontífice, queriendo salir al encuentro de buen grado al ardiente deseo, decidió destinar a las respectivas iglesias dos fragmentos de las preciosas Reliquias. Esta elección reviste profundo significado, en cuanto que subraya la común veneración de los Apóstoles.

Quiero subrayar que el acto de entrega hoy de la reliquia de san Andrés, que vosotros tanto veneráis, coincide precisamente con el día en el que, según el calendario de la Iglesia latina, se celebra su fiesta litúrgica. Andrés nació en Betsaida, fue antes discípulo de Juan Bautista y después siguió al Señor Jesús, a quien condujo también a su hermano Pedro. Junto a Felipe presentó al propio Cristo a los gentiles, e indicó al muchacho que llevaba los peces y el pan. Según la tradición, después de Pentecostés, predicó en diversas regiones y fue crucificado en Acaya (Grecia). El Evangelio nos narra que Jesús, “mientras iba por la orilla del mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que echaban las redes en el agua, porque eran pescadores. Jesús les dijo: 'Seguidme, y yo os haré pescadores de hombres'” (Mc 1,16-17). Andrés, por tanto, fue el primero de los Apóstoles en ser llamado a seguir a Jesús. Precisamente sobre la base de este hecho, la liturgia bizantina lo honra con el apelativo de Protóklitos, que significa precisamente, el primer llamado.

El relato evangélico prosigue precisando que "inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron" (Mc 1,18). Esta adhesión inmediata es la que permitió a los Apóstoles difundir la Palabra, la “buena noticia” de la salvación. La fe viene de la escucha y lo que se escucha es la Palabra de Cristo, que también hoy la Iglesia difunde hasta los confines de la tierra. Esta Palabra es el alimento indispensable para el alma. Se dice en el libro del profeta Amós que Dios pondrá en el mundo un hambre, no hambre de pan, sino de escuchar su palabra (cfr Am 8,11). Esta es un hambre saludable, porque nos hace buscar y acoger continuamente la Palabra de Dios, sabiendo que ella nos debe nutrir para toda la vida. Nada en la vida puede tener consistencia, nada puede verdaderamente satisfacernos, si no es nutrido, penetrado, iluminado, guiado por la Palabra del Señor. Además, un empeño cada vez más profundo de adhesión radical a esta Palabra, junto con el apoyo del Espíritu Santo, constituyen la fuerza para realizar las aspiraciones de cada Comunidad cristiana y de cada uno de los fieles a la unidad (cfr Benedicto XVI, Exhort. ap. Verbum Domini, 46).

Del Evangelio de san Juan recogemos otro detalle importante respecto al apóstol Andrés: "Al primero que encontró fue a su propio hermano Simón, y le dijo 'Hemos encontrado al Mesías', que traducido significa Cristo. Entonces lo llevó a donde estaba Jesús” (Jn 1,41-43), demostrando en seguida un destacado espíritu apostólico. A propósito de esto, san Juan Crisóstomo comenta: la de Andrés es la palabra de uno que esperaba con ansia la venida del Mesías, que esperaba su descenso del cielo, que saltó de alegría cuando le vio llegar, y que se apresuró a comunicar a los demás la gran noticia. ¿Ve de que manera notifica lo que había sabido en poco tiempo? Andrés, tras haber permanecido con Jesús y haber aprendido todo lo que Jesús le había enseñado, no se quedó encerrado para sí el tesoro, sino que se apresuró a correr donde su hermano para comunicarle la riqueza que había recibido... Mira también el alma de Pedro, desde el inicio dócil y dispuesto a la fe: inmediatamente corre sin preocuparse de nada más”. (Hom.19, 1; PG 59, 120).

En el precioso icono entregado por el Patriarca Atenágoras I al Papa Pablo VI el 5 de enero de 1964, los dos santos Apóstoles, Pedro el Corifeo y Andrés el Protóclito, se abrazan, en un elocuente lenguaje de amor, debajo de Cristo glorioso. Andrés fue el primero en ponerse en el seguimiento del Señor, Pedro fue llamado a confirmar a sus hermanos en la fe. Su abrazo bajo la mirada de Cristo es una invitación a proseguir en el camino emprendido, hacia ese objetivo de unidad que juntos pretendemos alcanzar. Que nada nos desanime, sino que sigamos adelante con esperanza, sostenidos por la intercesión de los apóstoles Pedro y Andrés, como también por la protección maternal de María Santísima, Madre de Cristo y Madre nuestra. Con particular intensidad pidamos a Dios el don precioso de la unidad entre todos los cristianos, haciendo nuestra la invocación que Jesús elevó al Padre por sus discípulos: “Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste" (Jn 17,21).

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana] 


Publicado por verdenaranja @ 22:47  | Hablan los obispos
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ZENIT  nos ofrece el mensaje que el Papa Benedicto XVI ha hecho llegar el martes 30 de Noviembre de 2010, a través del cardenal Kurt Koch, presidente del Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos, al Patriarca Ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I.

 

A Su Santidad Bartolomé I
Arzobispo de Constantinopla
Patriarca Ecumenico

Con gran alegría, con ocasión de la Fiesta de San Andrés Apóstol, hermano de San Pedro y Patrono del Patriarcado Ecuménico, le dirijo este escrito, confiado al Venerado Hermano el cardenal Kurt Koch, presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, para augurar a Vuestra Santidad, a los miembros del Santo Sínodo, al clero, a los monjes y a todos los fieles abundancia de dones celestiales y de bendiciones divinas.

En este gozoso día de fiesta, junto con todos los hermanos y hermanas católicos, me uno a Usted en la acción de gracias a Dios por las maravillas que ha realizado, en su infinita misericordia, a través de la vida y el martirio de San Andrés. Los Apóstoles, ofreciendo generosamente su vida en sacrificio por el Señor y por sus hermanos, dieron testimonio de la Buena Noticia proclamada por ellos hasta los confines del mundo entonces conocido.

La Fiesta del Apóstol, que cae en este mismo día en los calendarios litúrgicos de Oriente y de Occidente, representa, para todos aquellos que por la gracia de Dios y el don del Bautismo aceptaron el mensaje de salvación, una fuerte invitación a renovar la propia fidelidad a la enseñanza de los Apóstoles y a convertirse en anunciadores incansables de la fe en Cristo, con la palabra y el testimonio de la vida.

En este tiempo nuestro, esta invitación es más urgente que nunca e interpela a todos los cristianos. En un mundo marcado por una creciente interdependencia y solidaridad, estamos llamados a proclamar con renovada convicción la verdad del Evangelio y a presentar al Señor resucitado como la respuesta a las preguntas y aspiraciones espirituales más profundas de los hombres y de las mujeres de hoy.

Para poder tener éxito en esta gran tarea, debemos continuar progresando en el camino hacia la plena comunión, mostrando que ya hemos unido nuestros esfuerzos por un testimonio común del Evangelio ante los hombres de nuestro tiempo. Por esta razón querría expresar mi sincera gratitud a Su Santidad y al Patriarcado Ecuménico por la generosa hospitalidad ofrecida el pasado octubre en la isla de Rodas a los Delegados de las Conferencias Episcopales de Europa, que se reunieron con representantes de las Iglesias Ortodoxas de Europa para el II Foro católico-ortodoxo sobre el tema “Relaciones Iglesia-Estado: perspectivas teológicas e históricas”.

Santidad, estoy siguiendo con atención sus sabios esfuerzos por el bien de la Ortodoxia y por la promoción de los valores cristianos en muchos contextos internacionales. Asegurándole un recuerdo en mis oraciones en esta Fiesta de San Andrés Apóstol, renuevo mis buenos deseos de paz, bienestar y abundantes bendiciones espirituales sobre usted y sobre todos los fieles.

Con sentimientos de estima y de cercanía espiritual, le extiendo con mucho gusto un abrazo fraterno en nombre de nuestro único Señor Jesucristo.

Desde el Vaticano, 30 de noviembre de 2010

BENEDICTUS PP XVI

[Traducción del original en inglés por Patricia Navas]


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ZENIT  nos ofrece la carta que el Papa Benedicto XVI hizo llegar el lunes, 29 de Noviembre de 2020, a través de su secretario personal, monseñor Georg Gänswein, al funeral de Manuela Camagni, una de las asistentes del apartamento pontificio, fallecida en accidente de tráfico. El contenido de la carta ha sido hecho público hoy por la Santa Sede.

Queridos hermanos y hermanas,

de buen grado habría presidido las Exequias de la querida Manuela Camagni, pero – como podéis imaginar – no me ha sido posible. Con todo, la comunión en Cristo nos permite a los cristianos una real cercanía espiritual, en la que compartimos la oración y el afecto del alma. En este vínculo profundo os saludo a todos vosotros, de modo particular a los familiares de Manuela, el obispo diocesano, los sacerdotes, los Memores Domini, los amigos.

Quisiera aquí ofrecer muy brevemente mi testimonio sobre esta Hermana nuestra, que se ha ido al Cielo. Muchos de vosotros conocéis a Manuela desde hace mucho tiempo. Yo he podido beneficiarme de su presencia y de su servicio en el apartamento pontificio, en los últimos cinco años, en una dimensión familiar. Por esto deseo dar gracias al Señor por el don de la vida de Manuela, por su fe, por su generosa respuesta a la vocación. La divina Providencia la llevó a un servicio discreto pero precioso en la casa del Papa. Ella estaba contenta de esto, y participaba con alegría en los momentos familiares: en la santa Misa de la mañana, en las Vísperas, en las comidas en común y en las diversos y significativos acontecimientos de casa.

La separación de ella, tan de repente, y también la forma en que se nos ha quitado, nos ha dado un gran dolor, que solo la fe puede consolar. Encuentro mucho apoyo al pensar en las palabras que son el nombre de su comunidad: Memores Domini. Meditando sobre estas palabras, sobre su significado, encuentro un sentimiento de paz, porque estas remiten a una relación profunda que es más fuerte que la muerte. Memores Domini quiere decir: "que recuerdan al Señor", es decir, personas que viven en la memoria de Dios y de Jesús, y en esta memoria cotidiana, llena de fe y de amor, encuentran el sentido de todo, tanto de las pequeñas acciones como de las grandes decisiones, del trabajo, del estudio, de la fraternidad. La memoria del Señor llena el corazón de una alegría profunda, como dice un antiguo himno de la Iglesia: "Jesu dulcis memoria, dans vera cordis gaudia" [Jesús dulce memoria, que da la verdadera alegría al corazón].

Por esto me da paz pensar que Manuela es una Memor Domini, una persona que vive en la memoria del Señor. Esta relación con Él es más profunda que el abismo de la muerte. Es un vínculo que nada ni nadie puede romper, como dice san Pablo: “[Nada] podrá nunca separarnos del amor de Dios, que está en Cristo Jesús, nuestro Señor” (Rm 8,39). Sí, si recordamos al Señor, es porque Él, aún antes, se acuerda de nosotros. Nosotros somos memores Domini porque Él es Memor nostri, nos recuerda con el amor de un Padre, de un Hermano, de un Amigo, también en el momento de la muerte. Aunque a veces pueda parecer que en ese momento Él esté ausente, que se olvide de nosotros, en realidad nosotros estamos siempre presentes ante Él, estamos en su corazón. Allá donde podamos caer, caemos en sus manos. Precisamente allí, donde nadie puede acompañarnos, nos espera Dios: nuestra Vida.

Queridos hermanos y hermanas, en esta fe llena de esperanza, que es la fe de María junto a cruz de Jesús, celebré la santa Misa de sufragio por Manuela la misma mañana de su muerte. Y mientras acompaño con la oración el rito cristiano de su sepultura, imparto con afecto a los familiares, a las hermanas y a todos vosotros mi Bendición.

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:33  | Habla el Papa
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 Lectio divina para el sábado de la tercera semana de Adviento, ofrecida por la Deelgación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.

LECTURA:           “Mateo 1, 18‑24”

El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.

José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.»

Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta: «Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa "Dios‑con‑nosotros".»

Cuando José se despertó, hizo lo que le habla mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer.

MEDITACIÓN:             “Por obra del Espíritu Santo”

            Dios lo podía haber puesto todo un poco más fácil y evitar sufrimientos innecesarios, pero lo cierto es que a aquellas promesas y anuncios primeros le surgen las dificultades en seguida, y no será sino el inicio de toda una cadena de acontecimientos, en los que José y María, especialmente, tendrán que mirar a los acontecimientos con ojos de fe profunda y sincera, para ver más allá y más adentro de lo que palpan.

            Los jóvenes esposos, buenos y justos los dos, tendrán que aprender a conocer el modo de actuar de Dios, presente en los acontecimientos aún más oscuros para su comprensión y descubrir en ellos su presencia. Tendrán que experimentar que no hay milagros espectaculares, que el mayor milagro será saber que Dios ha tocado sus vidas, las sigue tocando y les seguirá dando su fuerza para ir respondiendo, poniendo en juego lo más auténtico de ellos, y así irán creciendo y madurando en su fe, en la fe en un Dios que cuando más cerca se manifiesta, cuanto más implica nuestra vida, más capacita para ver las cosas desde dentro, desde lo más profundo, desde  lo más noble del corazón humano.

            Cuando el Espíritu entra en nuestra vida, y ésta es tal vez la experiencia más vibrante y fuerte de esta nueva etapa de la historia de la salvación, no es para hacerle volar pasando por encima de las circunstancias  de la vida sin verse salpicadas por ellas. No. El Espíritu es la fuerza del amor que toca lo más profundo del corazón humano para mirar todo con ojos de Dios y poner en juego, impulsados por su fuerza, la totalidad del ser. Eso es lo que se convierte en motor de nuestra vida, lo que permite hacer frente a todos los avatares de la vida y a darles un valor y una significación que va más allá de nuestras pobres posibilidades y que, al mismo tiempo, nos descubre el tesoro de nuestra grandeza y nos permite crecer allí donde parece que nunca podríamos llegar. Y en esa aventura, que es la nuestra, se adentran José y María para enseñarnos a adentrarnos con ellos en nuestra común historia de salvación.

ORACIÓN:               “La fuerza del amor”

            Señor, nos gustaría que todo funcionase a base de varita mágica, pero ya no seríamos hombres, sino juguetes en tus manos. Y olvidamos que contamos con el gran milagro de tu Espíritu que se convierte en fuerza de nuestro caminar. Ayúdame a descubrirlo en toda la realidad de su implicación en mi vida.

            Ayúdame, Señor, a descubrir tu presencia en los acontecimientos de mi vida para trata de verlos con tus ojos y responder poniendo en juego toda la fuerza del amor que has inscrito en mi interior. Sé que desde ti las dificultades no desaparecen pero encuentro luz y fuerza para responder a ellas.  

CONTEMPLACIÓN:            “Noches oscuras”

Noches oscuras
en las que no encuentro respuestas.

Noches oscuras
que desvelan mis incertidumbres
y mis miedos.

Noches oscuras
que tambalean mis caminos
y los hace inciertos y dolorosos.

Noches oscuras
que se clavan en mis entrañas
y en las que elevo  mi grito mudo
esperando que alguien responda.

Noches oscuras
que me permiten también
ver las estrellas encendidas
y me hablan de la fuerza del amor
e iluminan y guían
el camino encendido de mi alma.

Noches oscuras
que me descubren tu presencia
callada pero firme y tierna.

Noches oscuras
que me hablan de luz
y me guían contigo a ella.


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jueves, 16 de diciembre de 2010

Mensaje de Mons. Martín de Elizalde OSB, obispo de Nueve de Julio para el Adviento 2010. (AICA)

CELEBRAR LA NAVIDAD ES RECIBIR CON FE AL SEÑOR JESÚS PARA ANUNCIARLO A LOS HERMANOS              

Queridos hermanos sacerdotes y diáconos,
queridos religiosos y religiosas, seminaristas,
queridos colaboradores en la tarea apostólica,
hermanos y hermanas: 

En la celebración de la Navidad tenemos una oportunidad de gracia que hemos de aprovechar. Consideramos el Misterio del nacimiento del Hijo de Dios, que es actualizado para nosotros en la fe por la Liturgia de la Iglesia; es el don infinitamente generoso de Dios, que envía a su propio Hijo para reconciliarnos con Él por su sacrificio, y que al entregar su vida, nos la ofrece, para transformar nuestra existencia. Dios se hace presente en ella por la Encarnación del Hijo, y nosotros participamos por la comunión de la fe y la gracia de los sacramentos.  

Es cuanto más oportuno en este tiempo, en el desarrollo de la Misión en que estamos ahora comprometidos como iglesia diocesana, hacer una reflexión
sobre la fe en la Encarnación del Hijo de Dios,
sobre la experiencia de ella que nos es otorgada en la Liturgia
y sobre el anuncio siempre renovado que debemos hacer del Evangelio,
para dar a conocer la vida divina.
 

Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios

En las celebraciones eucarísticas del día de Navidad, la asamblea de los fieles dobla sus rodillas a las palabras del Credo: “por obra del Espíritu Santo, se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre”, dando su asentimiento de fe al anuncio que hemos recibido, y que creemos firmemente. Este gesto sencillo da a la recordación cristiana del Nacimiento su sentido más pleno: hemos sido visitados por Dios; no ha llegado solamente hasta nosotros un hombre extraordinario, un maestro, consolador de los pobres y afligidos, sino Dios mismo. El relato de los evangelios que leemos en estos días nos ilumina por la relación con las promesas hechas a los primeros padres y que reiteraron los profetas a lo largo de los siglos, y por el sentido tan profundo con que ese anuncio es trasmitido como ya cumplido, respondiendo a los anhelos de los hombres, de todos los lugares y de todos los tiempos. No es un héroe o un titán; con mansedumbre y paciencia llega a los rincones más hondos del corazón, justamente porque renueva, enseña y sana con un poder divino a quienes lo reconocen como el Hijo de Dios. 

Los cristianos debemos afirmar siempre –y donde ello sea necesario, recuperarlo– el sentido auténtico de la Navidad. No es solo una ocasión grata por la tradicional celebración familiar; nuestra cultura sigue conservando, gracias a Dios, las resonancias interiores, espirituales, de tan pura alegría. Estas emociones tan arraigadas en nuestras familias y comunidades, que reviven en las reuniones domésticas y, sobre todo, en la celebración litúrgica, nos señalan su alcance trascendente, la aceptación por la fe, la irrupción de la gracia. Celebrar la Navidad es, pues, proclamar nuestra fe en Jesucristo, el Hijo de Dios, y por consiguiente, abrirnos a su mensaje y comprometernos en su misión. 

Hay una pérdida innegable en nuestra sociedad de los valores religiosos y de la percepción de la presencia de Dios. Se ha producido una separación, una discontinuidad, entre lo que creemos y lo que hacemos, entre la fe y la moral, entre los principios y la práctica, entre la voluntad divina y la nuestra. Por eso hemos de ponernos a la escucha de la voz discreta, del silencio elocuente, del misterio de la Navidad. Desde este punto central, inicio de la vida y ministerio terrenal de Jesús, que muestra en los milagros su poder, se va desarrollando su enseñanza, se produce la elección de los discípulos, se les confía el encargo misionero – para que los hombres tengan vida. No nos sorprende que cueste tanto abrirse a la gracia, pues es el precio de haber nacido libres, pero hoy como entonces, en el corazón de cada uno de nosotros, se abre camino el anuncio del Salvador, doblegando los egoísmos y descubriéndonos las maravillas que nos promete. La Pasión y la Resurrección, la Ascensión a los cielos y el envío del Espíritu Santo, son la consumación de la promesa: para esto vino el Hijo de Dios, para darnos vida y congregarnos en la unidad, con la esperanza de la gloria. Pero se trata de un comienzo desde la fe, no solamente como una experiencia gratificante o emotiva, y que se realiza desde cuando nos inclinamos frente el pesebre, cuando descubrimos en el Niño al Hijo de Dios, como los pastores de Belén, llamados por el ángel para adorarlo. Cada misterio de Cristo es un punto de partida, un encuentro que nos revoluciona y renueva, para disponernos a seguir su enseñanza y a profundizar en la comunión con Él. Y Él, Jesucristo glorioso, es la cabeza de la Iglesia. 

Participando de este altar, tengamos parte en la plenitud de tu Reino

Estas palabras se encuentran en la Plegaria eucarística primera, el Canon romano, después de la consagración, y son pronunciadas por el sacerdote celebrante. Ellas relacionan el sacrificio eucarístico con la participación en la gloria futura, ya que por la ofrenda del mismo Hijo de Dios nosotros podemos alcanzar la vida eterna. La participación en el misterio sagrado nos otorga esta esperanza, pues tomar parte en la Eucaristía hace posible que en nuestra vida y conducta respondamos a Dios, que nos invita a vivir según su voluntad, y llegar así a su presencia. El reino de Dios espera a los fieles discípulos del Señor; la comunión de la santidad, que se alcanza en la Eucaristía y en los demás sacramentos, conduce a la expresión de esa misma fe a través de las obras, en el servicio de Dios y de los hermanos, en el anuncio misionero, en la caridad, en la colaboración con la Iglesia. La Eucaristía consagra nuestra vida y nuestros esfuerzos, haciendo que el sacrificio del altar les otorgue el valor que la misericordia divina reconoce, y con su infinita bondad, acepta como un culto espiritual, agradable a Dios. 

La Liturgia, que es comunión en la alabanza y reconocimiento de la presencia divina, afirma y fundamenta la práctica de la vida cristiana, y da fecundidad a nuestros esfuerzos apostólicos. 

Por eso, quiero referirme en forma particular a algunos ámbitos donde el vínculo entre la santidad de los sacramentos, en particular la Eucaristía, y el fruto de la acción apostólica, son más evidentes y necesarios. 

a) La familia cristiana

En el seno de la familia cristiana comienza el camino de fe, que conduce al encuentro con Dios. Así como los padres son colaboradores suyos para la transmisión de la vida, ellos también, ungidos por el Espíritu Santo en su iniciación cristiana y consagrados por el vínculo sacramental del matrimonio, ofrecen el ámbito donde se conoce y ama y celebra el Misterio del Hijo, para que sus propios hijos según la carne sean también hijos de Dios y discípulos de Jesucristo. La familia es la iglesia doméstica; ella abre el camino y ofrece el espacio para que la gracia de los sacramentos, el testimonio de los padres, la participación en la comunión de la Iglesia y la oración, incorporen a los nuevos cristianos, santificándolos, y se encaminen según la fidelidad al Evangelio. Los padres son los primeros formadores, trasmisores de la fe, iniciadores en las prácticas cristianas de la oración y el culto, las buenas obras y las virtudes. 

b) La catequesis

Los primeros catequistas de los hijos son sus padres, con la colaboración y el ejemplo de los abuelos y de los hermanos mayores; a ellos los ayuda la organización que la Iglesia pone a su disposición en cada comunidad, acompañándolos con la catequesis, las celebraciones y otras actividades. Los catequistas asisten a los padres en su función indelegable, y tienen que encontrar los caminos y el modo para hacer posible esta colaboración, integrando armónicamente a las familias; no solo ofreciéndoles los medios pedagógicos y formativos, sino ayudándolos a que se incorporen a la vida de la comunidad, que cree y celebra. Por eso, así como los padres trasmiten la fe que practican y enseñan, los catequistas, junto a ellos, con su espíritu eclesial, contribuyen a hacer de las familias  semillero de cristianos y testigos de fe, esperanza y caridad. 

La misión de los cristianos

Cristo envía a sus discípulos a anunciar el Evangelio a todos los hombres. No los capacita con una simple preparación intelectual o técnica, sino que por el envío del Espíritu Santo otorga la gracia para semejante misión. El alma de la Iglesia es el Espíritu, que habita en ella, y que ella distribuye por el ministerio que le ha sido confiado. La formación para esta misión consiste en identificarse con el Señor que nos llama, en atesorar su gracia, en vivir en los lazos de la comunión, escuchando la Palabra que nos envía y dejándonos modelar por ella.  

El misterio de la Navidad nos ofrece, en su celebración litúrgica,
señales importantes, necesarias,
para ser verdaderos discípulos que se disponen a la misión,
con la alabanza, que se inspira en la fe de los testigos del Nacimiento,
con la alegría, por conocer la Verdad,
con la disponibilidad, para acudir al llamado
y disponernos a salir para trasmitir el anuncio

a) La tarea de los pastores

Los obispos y sacerdotes, con los demás ministros, han recibido el encargo de sostener sacramentalmente el camino del Pueblo de Dios. A ellos toca, por la triple función de santificar, enseñar y pastorear, hacer visible en el mundo al Hijo de Dios y acercar a sus hermanos la llamada a la salvación. En cada celebración eucarística, y en cada encuentro con la gracia por los sacramentos, cuanto se realiza por el ministerio de la Iglesia aquí en la tierra, tiene su respuesta en el cielo. El ministerio ordenado alimenta y encuadra el sacerdocio bautismal, desde el sacramento que es conferido por su medio, y es el primero de los signos que acompañan la vida del cristiano, y lo guía y acompaña por los demás. No es una tarea que dependa solamente de la inteligencia, de la laboriosidad o de la simpatía del ministro, pues actúa como representante de Cristo, para realizar su misión según su voluntad. Por eso debe estar verdaderamente atento, con fidelidad ejemplar, al significado de estos signos sacramentales, sin reinterpretarlos ni empobrecerlos, para dar respuesta genuina al reclamo, aún silencioso, de sus hermanos que desean conocer a Dios y acercarse a Él, y que tienen derecho a recibir su presencia en los sacramentos, sin alteraciones ni abusos.  

Esto vale sobre todo para la Eucaristía dominical, sacramento de la unidad del Pueblo de Dios, encuentro en un mismo tiempo y espacio con el Misterio que se celebra. La fidelidad a la voluntad del Señor se expresa en la adhesión cordial, en la fe, a su sentido propio, verdadero, con sus contenidos y sus signos propios, instrumentos de comunión. La Palabra de Dios, que la Iglesia lee primeramente en la celebración litúrgica, y que presenta y explica el sacerdote, ofreciéndola como alimento espiritual a los fieles, es inseparable de la celebración de los sacramentos y del anuncio que hacen los pastores. La reciente Exhortación postsinodal “Verbum Domini” del Santo Padre Benito XVI, sobre La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia, será un valiosísimo instrumento para ahondar en esta dimensión fundamental.

Mira a tu pueblo, Señor, para que difunda en todas partes los dones de tu amor

Estas palabras provienen de una de las hermosas oraciones sobre el pueblo, que se encuentran en el Misal para ser pronunciadas en el momento de la bendición conclusiva en la celebración eucarística. Nos parece que resumen bellamente el Misterio celebrado: el Amor de Dios es la Eucaristía compartida, que nos ha renovado en la santidad, y con ella han venido los dones que nos enriquecen, con frutos espirituales y con actitudes y propósitos que dan testimonio ante los hombres del gran bien recibido. Es el pueblo todo el que tiene esta misión, y el resultado de nuestra participación en la Misa es la gracia de ser mejores discípulos, y por el testimonio y las buenas obras anunciar, como misioneros, la riqueza del Evangelio. 

A partir, entonces, de una renovada participación en la Eucaristía, podemos esperar que se rejuvenezca y dinamice toda la acción evangelizadora de la Iglesia, haciéndose más profunda y generosa, sostenida por la presencia del Señor Resucitado, por la oración constante y fervorosa y por la obra misionera de todos los bautizados. 

Para la Misión continental es necesario, pues, que todos los fieles que han sido convocados y que aceptaron esta llamada de la Iglesia por la voz del Santo Padre y de los obispos de toda América, se esfuercen en la más fiel participación eucarística – donde se encuentran los dones del amor de Dios - y sepan trasmitir con su testimonio la felicidad de este encuentro. En las visitas domiciliarias, además de rezar con los hermanos y llevarles el tríptico, procuren dejarles un breve esquema de oración y de celebración (como un devocionario), para que la misma familia prolongue de ese modo la visita recibida, orientándose hacia la Eucaristía y recibiendo al mismo tiempo una catequesis sencilla que afiance en ellos el conocimiento y la práctica de la fe. Un desarrollo por temas anuales puede ser muy útil, para presentar en las visitas a los hogares, así como programas especiales para las distintas áreas pastorales, como Caritas, catequesis, pastoral de la salud, pastoral carcelaria, colegios, etc. El Año de la vida que el Papa Benito XVI ha proclamado para 2011 es una oportunidad para afianzar en las familias el sentido con que desde la fe se aprecia y protege la vida humana desde su comienzo. Ello está estrechamente vinculado con el respeto y la promoción de la familia, constituida según la misma naturaleza y elevada por la gracia del sacramento del matrimonio.  

En la catequesis y en los colegios católicos se procure acompañar la instrucción religiosa y la preparación sacramental con la oración y la participación en las celebraciones, insistiendo en la Santa Misa y en los actos de piedad acostumbrados que se realizan en las comunidades parroquiales y capillas, como el Santo Rosario, las novenas y procesiones y otros. Una invitación especial debe dirigirse a las familias, para que no solo asistan exteriormente con sus niños y jóvenes, sino proponiéndoles charlas formativas, actividades como retiros y jornadas. También tiene que preocuparnos ofrecer una catequesis adecuada para los niños pequeños, aún antes del comienzo de la preparación para los sacramentos, acercándoles a las familias un material sencillo, que los mismos padres podrán emplear con sus hijos. 

A partir de estos encuentros litúrgicos y de oración se ha de insistir luego en la incorporación de los cristianos en las tareas de la Iglesia, tanto las apostólicas como las de apoyo a la obra evangelizadora, previendo la necesaria formación permanente, y renovándose en el espíritu de la Misión.  

Propongo que hagamos en nuestra diócesis el año próximo una evaluación de la vitalidad y la orientación de nuestras instituciones pastorales con una JORNADA DIOCESANA, preparada cuidadosamente, que nos ayude a conocer dónde estamos y cómo debemos seguir caminando. En la próxima reunión del Presbiterio haremos esta propuesta, para que a través de las parroquias, colegios, instituciones y movimientos, se convoque a un mayor compromiso, más profundo y eficiente, rogando al mismo tiempo por los frutos de los esfuerzos generosos y dedicados de todos, sacerdotes, religiosos y fieles. 

*** 

La celebración de la Navidad es un encuentro actual, no un mero recuerdo. Acudamos, entonces, en estos días santos, en el tiempo propicio que es el Adviento, que precede la gran solemnidad del Nacimiento y nos prepara para ella, con un corazón puro y con la diligencia de los fieles discípulos, al encuentro del Señor, y junto al Pesebre renovemos nuestra consagración. De Belén salió la luz que debía iluminar al mundo entero; busquemos al Hijo de Dios, que nos muestra al Padre y nos conduce a Él. 

Encomendemos todo esto a la Santísima Virgen, primer testigo de la Encarnación, rogando que lleguemos a ser como ella, adoradores en el silencio, discípulos en el encuentro y enviados para dar a conocer a los hermanos las maravillas de la Encarnación. La experiencia de la Navidad, con fe y con amor, es el deseo que expreso para todos ustedes, queridos hermanos y hermanas, y que pido a Dios les conceda con abundancia.  

Nueve de Julio, 18 de noviembre de 2010
Conmemoración de la Dedicación de las Basílicas de San Pedro y de San Pablo 

Mons. Martín de Elizalde OSB, obispo de Nueve de Julio, R. Argentina


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Alocución en la Celebración de Acción de Gracias en el 128º aniversario de la fundación de La Plata (Iglesia Catedral, 19 de noviembre de 2010). (AICA)

CUIDAR LA CIUDAD

La ciudad, tal como la encontramos en la historia, es el punto de concentración máxima del poderío y de la cultura de una comunidad. Es el lugar donde los rayos luminosos pero divergentes de la vida se unen formando un haz más eficiente y más rico en significado social. La ciudad es la forma y el símbolo de una relación social integrada: en ella se encuentra el templo, el mercado, el palacio de justicia y la academia del conocimiento. Aquí, en la ciudad, los beneficios de la civilización son múltiples y variados; aquí es donde la experiencia humana se transforma en signos visibles, símbolos, normas de conducta y sistemas de orden. Aquí es donde se concentran los destinos de la civilización y donde, en ciertas ocasiones, el ceremonial se transforma en el drama activo de una sociedad totalmente diferenciada y consciente de ella misma. Con este elogio de la vida urbana se abre la obra clásica de Lewis Mumford La cultura de las ciudades, en la cual el ilustre autor abarca un período histórico de mil años y lo somete a un riguroso análisis sociológico para describir el apogeo y la eventual y temible degradación de la pólis. En su reflexión aparece con claridad el carácter eminentemente humano del fenómeno de la ciudad y la dimensión moral de su organización y de la vida en ella. La posible decadencia de una ciudad es una derrota del esfuerzo civilizado que ocurre cuando la estructura urbana deja de servir a los fines elevados del hombre y se convierte en un instrumento para sujetarlo a formas de barbarie. En vísperas de la segunda guerra mundial, Mumford describía la escena de un fracaso general, los resultados físicos de un descenso;  de la pólis rumbo a la necrópolis: paisajes mutilados, distritos urbanos desordenados, focos de enfermedad, grandes zonas recubiertas de hollín, kilómetros y más kilómetros de barrios miserables estandarizados alrededor de las grandes ciudades. El ritmo de la decadencia lo establece el progresivo embotellamiento del sentido moral. 

Al celebrar un nuevo aniversario de la fundación de La Plata, ciudad reconocidamente bella y para nosotros tan querida, conviene registrar como advertencia y acicate los peligros que pueden amenazar su presente y su futuro próximo y la necesidad de cuidarla con dedicación y amor. Los problemas propios de una urbe moderna requieren la aplicación de medios científicos y tecnológicos adecuados, la visión prudencial del político y la responsable participación de los vecinos, con los cambios de actitud que sean menester, pero sobre todo exigen la recreación incesante de un ambiente, de un clima espiritual. Deseo subrayar la dimensión fundamentalmente ética de los problemas que nos afligen hoy a los argentinos, que pueden irse resolviendo quizá con mayores probabilidades de éxito en el ámbito de la vida municipal. 

Las lecturas bíblicas que iluminan y motivan nuestra acción de gracias y nuestra plegaria en esta celebración nos hacen presentes rasgos característicos de la sabiduría cristiana en los cuales se pueden reconocer auténticos valores de humanidad. 

El apóstol Santiago en su Carta (3, 13-18) nos previene contra un falso saber y un afecto torcido, un artificio irracional y maléfico, expresión de amargura interior, de resentimiento, que enmascara la verdad y destila engaño; donde hay rivalidad y discordia, hay también desorden y toda clase de maldad. La discordia, el partidismo exacerbado, es uno de los defectos principales de nuestra vida social, que se agrava cuando las posturas ideológicas y los alineamientos políticos de orden nacional interfieren en la solución de los problemas locales y dilatan o impiden la satisfacción de las necesidades inmediatas de los vecinos. También los defectos del federalismo argentino y la violación del principio de subsidiariedad que afecta muchas veces a la legítima autonomía de los municipios, tiene una base moral, aunque podríamos decir que constituye asimismo un error garrafal y un signo de mezquindad. La palabra de Dios nos exhorta, en cambio, a cultivar criterios límpidos y un ánimo apacible; a tratarnos con sinceridad, porque estamos llamados a vivir en la verdad y a cumplir nuestros deberes con honradez. Es esta una sabiduría pura, pacífica, benévola y conciliadora; con ella se edifica la amistad social. 

El Evangelio ( Lc. 22, 24-30) nos transmite uno de los acentos principales puestos por Jesús en la formación de sus discípulos: el carácter servicial de la autoridad. Hay un dejo de desafecto en la evocación que hace el Señor: Los reyes de las naciones dominan sobre ellas, y los que ejercen el poder sobre el pueblo se hacen llamar bienhechores. Este desliz autoritario que parece exclusivo de las viejas monarquías puede darse también en las democracias, sobre todo cuando éstas son más bien sedicentes que reales. Jesús establece enseguida la distancia: entre ustedes no debe ser así. La doctrina social de la Iglesia propone como componentes morales de la representación política aquellas virtudes que favorecen la práctica del poder con espíritu de servicio: paciencia, moderación, modestia, caridad, intención y esfuerzo de compartir. Sólo así se puede asumir como finalidad del ejercicio de la autoridad el bien común y no la búsqueda de prestigio o la adquisición de ventajas personales. En realidad, estos criterios, este espíritu, no sólo legitiman éticamente a los que gobiernan, sino que humanizan la vida de relación cuando reinan también entre los ciudadanos, entre los miembros de una institución, en el barrio o en el seno de la familia. Todos ejercemos algún grado, aunque sea ínfimo, de autoridad. La actitud de servicio nos mueve a preocuparnos por los demás y a través de gestos de cuidado recíproco, a cuidar la ciudad. Cito otra vez a Mumford, quien refiriéndose a los cuidados ecológicos, escribía: Lo que hace falta es que la gente cambie su actitud para consigo misma. La mayoría de los cambios verdaderamente importantes, verdaderamente decisivos, tendrán que ser cambios humanos, no cambios tecnológicos. Tenemos que modificar nuestros hábitos de vida, nuestras expectativas. Es un cambio que nada tiene que ver con la tecnología, pues de lo que se trata es de una actitud fundamentalmente moral. 

El templo ocupa un lugar central en la geografía urbana; aquí en La Plata, este templo mayor se alza en el centro de su perfecto cuadrilátero como un signo insoslayable de la referencia a Dios. Hemos escuchado en el Salmo responsorial una afirmación sorprendente, expresada con hipérbole: Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los albañiles; si el Señor no custodia la ciudad en vano vigila el centinela (Sal. 126, 1). Le hacen eco otros refranes bíblicos que, en términos al parecer exagerados quieren invitarnos a depositar en Dios una confianza total: la bendición del Señor es la que enriquece, y nada le añade nuestro esfuerzo (Prov. 10, 22); hay muchos proyectos en el corazón del hombre, pero sólo se realiza el designio del Señor (ib. 19, 21); se equipa el caballo para el día del combate, pero la victoria pertenece al Señor (ib. 21, 31). El pensamiento bíblico contrasta con un elemento característico de la cultura actual: la tendencia a prescindir de Dios y a confiar exclusivamente en su propio arbitrio, en su capacidad, en su esfuerzo y en la eficacia de los medios científicos y tecnológicos. Con el olvido de Dios se torna brumoso el horizonte moral, se borronea la frontera entre el bien y el mal. Creyéndose un pequeño dios, el hombre pierde su rumbo y escamotea su auténtica humanidad. El mismo daño que se produce en el ámbito de la existencia personal se traslada a la comunidad cuando se ofusca en la cultura el sentido religioso y cuando el Estado intenta marginar a la religión como si se tratara de un fenómeno privado y no tuviera nada que decir acerca del orden justo de la sociedad. No podemos desertar de nuestra responsabilidad en el cuidado de la comunidad a la que pertenecemos; cada uno de nosotros es a su manera, en su medida, centinela de la ciudad. Pero como si no valiera nada lo que hacemos, le confiamos al Señor la vigilancia suprema y descansamos en su bondad y en su poder; apoyamos en la súplica humilde nuestros mejores esfuerzos. 

Es muy significativo como expresión de fe que, en cumplimiento de una bella tradición que se remonta a los orígenes de nuestra Patria, la autoridad civil solicite al pastor de la Iglesia la celebración de este rito de acción de gracias en el aniversario de la fundación de la ciudad. Así reconocemos nuestra necesidad de Dios y manifestamos nuestra esperanza: Apiádate de nosotros, Señor, apiádate de nosotros; venga su misericordia sobre nosotros, como lo esperamos de ti. Elevamos esta plegaria en nombre de la ciudad implorando su bien y encomendamos la necesidad común a la intercesión de su patrono San Ponciano, Papa y Mártir. 

Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata 


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ZENIT  nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigió el  sábado, 29 de Noviembre de 2010, al nuevo embajador de Japón ante la Santa Sede, Hidekazu Yamaguchi, durante la presentación de sus Cartas Credenciales.

Excelencia,

Estoy contento de acogerle y de aceptar las Cartas que le acreditan como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de Japón ante la Santa Sede. Le estoy agradecido por los amables saludos que me ha dirigido de parte de su Majestad el Emperador. A cambio, le ruego que le transmita mis votos cordiales y la seguridad de mi oración por su salud y por la de los miembros de la Familia imperial. Estoy contento también de saludar al Gobierno y a todo el pueblo de Japón. La Santa Sede se alegra de las excelentes relaciones que han existido siempre con su país desde cuando fueron instauradas, hace casi sesenta años. Éstas se han caracterizado constantemente por la cordialidad y por la comprensión recíproca. A través de usted, Excelencia, quisiera asegurar a Su Majestad Imperial, como también al Gobierno, el compromiso de la Santa Sedeen seguir reforzando estas relaciones.

Desde su ingreso en la Organización de las Naciones Unidad, Japón ha sido un actor importante en la escena regional e internacional, y ha contribuido de modo significativo a la expansión de la paz, de la democracia y de los derechos del hombre en Extremo Oriente y también en otros lugares, en particular en los países del mundo en vías de desarrollo. La Santa Sede, por medio de sus misiones diplomáticas presentes en estos Estados, ha observado con satisfacción la financiación proporcionada por su país para el desarrollo y también para otras formas de asistencia. Las repercusiones sobre los beneficiarios son inmediatas, es verdad, pero es también ciertamente una piedra angular esencial para la instauración de una paz sólida y de la prosperidad en el conjunto de las naciones del mundo.

Trabajando así para la edificación de la unidad de la familia humana, a través de la cooperación internacional, contribuiréis a construir una economía mundial en la que cada uno ocupará el lugar que le es debido y podrá beneficiarse, como nunca antes, de los recursos mundiales. Permítame animar a su Gobierno a continuar su política de cooperación al desarrollo, en particular en los ámbitos que afectan a los más pobres y los más débiles.

Este año se cumple el sexagésimo quinto aniversario del trágico bombardeo atómico sobre las poblaciones de Hiroshima y de Nagasaki. El recuerdo de este oscuro episodio de la historia de la humanidad va siendo cada vez más doloroso, a medida que desaparecen cuantos fueron testigos de un horror semejante. Esta tragedia nos recuerda con insistencia cuán necesario es perseverar en los esfuerzos a favor de la no proliferación de las armas nucleares y del desarme. El arma nuclear sigue siendo una fuente de gran preocupación. Su posesión y el riesgo de un eventual uso generan tensiones y desconfianzas en numerosas regiones del mundo. Su nación, señor Embajador, debe ser citada como ejemplo para el apoyo constante a la búsqueda de soluciones políticas que permitan no solo impedir la proliferación de las armas nucleares, sino también de evitar que la guerra sea considerada como un medio para resolver los conflictos entre las naciones y entre los pueblos.

Compartiendo con Japón esta preocupación por crear un mundo sin armas nucleares, la Santa Sede anima a todas las naciones a instaurar pacientemente los vínculos económicos y políticos de la paz, para que se eleven como una plaza fuerte contra toda pretensión de recurso a las armas, y permitan promover el desarrollo humano integral de todos los pueblos (cfr. Audiencia general, 5 de mayo de 2010). Una parte de las sumas dedicadas a las armas podría ser destinada a proyectos de desarrollo económico y social, a la educación y a la sanidad. Esto contribuiría sin duda alguna a la estabilidad interna de los países y a la de entre los pueblos (cfr. Caritas in veritate, n. 29). En estos tiempos de inestabilidad de los mercados y del empleo, la necesidad de encontrar financiaciones seguras para el desarrollo es de hecho una constante preocupación.

Las dificultades ligadas a la recesión económica mundial actual no han dejado a salvo a ningún país. A pesar de ello, el lugar que Japón ocupa en la economía internacional sigue siendo muy importante y, con motivo de la creciente globalización del sistema comercial y de los movimientos de capitales, que es una realidad, las decisiones que tome su Gobierno seguirán teniendo repercusiones mucho más allá de sus fronteras. Que todos los pueblos de buena voluntad puedan ver en la crisis económica mundial actual una “ocasión de discernir y proyectar de un modo nuevo” (Caritas in veritate, n. 21), un modo de proyectar marcado por la caridad en la verdad, por la solidaridad y por un compromiso en favor de una esfera económica orientada de forma ética (cfr. ibidem, n. 36).

Su país, Excelencia, goza desde hace muchos años de la libertad de conciencia y de la libertad de culto, y la Iglesia católica en Japón tiene así la posibilidad de vivir en paz y en fraternidad con todos. Sus miembros son libres no sólo de comprometerse en la cultura y en la sociedad japonesas, sino también de llevar a cabo un papel vivo y activo en el Japón contemporáneo, en particular a través de sus universidades, sus escuelas, sus hospitales y sus instituciones caritativas, que ésta pone de buen grado al servicio de toda la comunidad. Últimamente, estas instituciones han estado contentas de responder también a las necesidades de las poblaciones migrantes llegadas a Japón, cuya situación requiere ciertamente una prudente atención y una ayuda efectiva por parte de toda la sociedad.

Además, subrayo que los miembros d la Iglesia católica en Japón están comprometidos desde hace largo tiempo en un dialogo abierto y respetuoso con las demás religiones, especialmente las que hunden sus propias raíces en su nación. La Iglesia ha promovido siempre el respeto de la persona humana en su integridad y en su dimensión espiritual, como un elemento esencial común a todas las culturas que se expresa en la búsqueda personal de lo sagrado y en la práctica religiosa. “Dios es el garante del verdadero desarrollo del hombre en cuanto, habiéndolo creado a su imagen, funda también su dignidad trascendente y alimenta su anhelo constitutivo de 'ser más'” (ibidem, n. 29). Quisiera asegurar al pueblo japonés la gran consideración en que la Iglesia católica tiene el diálogo interreligioso, comprometiéndose firmemente en el con el fin de animar la confianza recíproca, la comprensión y la amistad, en el interés de toda la familia humana.

Finalmente, señor Embajador, permítame formular mis mejores augurios acompañados por mi oración por el éxito de su misión, y asegurarle que las diversas oficinas de la Curia Romana estarán dispuestas a ayudarla en el ejercicio de sus funciones. Sobre usted, Excelencia, sobre su familia y sobre el noble pueblo de Japón, invoco de corazón abundantes Bendiciones de Dios.

[Traducción del original en francés por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


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 DOMINGO 4 DE ADVIENTO - A
19 de diciembre de 2010

El Señor, que viene a salvamos, esté con todos vosotros.

- La Navidad está ya muy cerca. Y nosotros nos queremos preparar de todo corazón, para que realmente la venida de Jesús que vamos a celebrar transforme nuestras vidas y nos haga mensajeros de su amor.

-   Son días de fiesta y de alegría, una fiesta y una alegría que está ya presente por todas partes. Por eso es importante la Eucaristía de este domingo: para que la alegría sea también una profunda alegría cristiana, una alegría que nos una más a Jesucristo y nos abra a su Buena Noticia.

Corona de Adviento: Como José, como María, nosotros queremos recibir a Jesús y queremos que su venida sea una luz brillante para el mundo entero. Por eso ahora, en este último domingo de Adviento, encendemos ya el último cirio de la corona. La luz de Jesús iluminará toda oscuridad, y hará de nosotros constructores de
esperanza, de justicia, de fraternidad, de fe.

Se enciende el cuarto cirio de la corona de Adviento (los otros tres ya estarán encendidos). Entretanto, se puede cantar otra
estrofa del canto de entrada, o bien decir las siguientes invocaciones, o la oración que ofrecimos en las hojas amarillas del
número anterior, o lo que sea costumbre en cada lugar.

- Jesús, Señor, luz de todos los pueblos. SEÑOR, TEN PIEDAD.

- Jesús, Señor, paz y alegría en los corazones. CRISTO, TEN PIEDAD.

- Jesús, Señor, Dios con nosotros. SEÑOR, TEN PIEDAD.

Antes de las lecturas: Las profecías de Isaías que hemos ido escuchando en estos domingos de Adviento, nos traen hoy el anuncio definitivo: el nacimiento de un niño que será la presencia de Dios en medio de nosotros. Esto es lo que nos preparamos para celebrar en la Navidad. Esto es lo que todas las lecturas de este domingo, y
especialmente el evangelio, nos disponen ya a vivir con fe y esperanza.

Oración universal: Preparándonos para celebrar la venida entre nosotros del Hijo de Dios hecho hombre, oremos
diciendo (cantando): VEN, SEÑOR JESÚS.

Oremos por la Iglesia, por todos los cristianos. Que, como María, la Virgen Madre de Dios, sepamos ofrecer a Jesús al mundo, con sencillez, con espíritu abierto, con un profundo amor. OREMOS AL SEÑOR:

Oremos por los gobernantes de nuestro país y del mundo entero. Que nunca olviden que su misión es trabajar por el bien de todos los ciudadanos. OREMOS AL SEÑOR:

Oremos por los pobres, y por todos los que pasarán estas fiestas en la soledad o el dolor. Que puedan sentir muy cercano el amor de Dios y nuestra ayuda y compañía. OREMOS AL SEÑOR:

4. Oremos por nosotros, y por nuestras familias, y por nuestros amigos. Que estos días de Navidad sean para todos una luz que nos haga crecer en la fe, la esperanza y el amor. OREMOS AL SEÑOR:

Ven, Señor, muéstranos tu misericordia y danos tu salvación. Tú, que vives y reinas por los siglos ...

Padrenuestro: Hoy, en el evangelio, hemos visto en san José un gran ejemplo de fe y de confianza en Dios. Con ese mismo espíritu, y como Jesús nos enseñó, también nosotros nos atrevemos a decir:

CPL


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REDACCIÓN DE "IGLESIA NIVARIENSE"
C. San Agustín, nº 28
38201. La Laguna. Tenerife.
Tfno. 922-25 86 40 / Extensión 8
e-mail: iglesianivariense@obispadodetenerife.es

Boletín 414 

LAS NOTICIAS AMPLIADAS PUEDEN VERLAS ENTRANDO EN NUESTRO BLOG. Textos, sonidos, e imágenes los tienen en:
http://www.comunicacionobispadodetenerife.blogspot.com/ 

 

El próximo sábado 18 de diciembre, tendrá lugar la jornada de las Obras Misionales Pontificias “Sembradores de Estrellas”, este año bajo el lema “Con los niños de Oceanía seguimos a Jesús”. Se trata de una iniciativa en la que durante los días previos a la Navidad, numerosos niños se convierten en misioneros y salen a las calles para “sembrar” estrellas de ilusión, de amor, de alegría y de amistad. El material para la celebración de este día se encuentra en el blog de misiones: misionestenerife@blogspot.com

Los nueve días previos a la Navidad, algunos municipios de las islas conservan la tradición de “los divinos”: Se trata de agrupaciones musicales que recorren sus calles anunciando la inminencia del nacimiento de Jesús, al tiempo que en sus parroquias se celebran las llamadas “misas de Luz”. 

Esta semana se ha reunido la comisión diocesana del Centro de Orientación familiar (COF) para dar a conocer los datos estadísticos de los servicios prestados, con motivo del cuarto aniversario de dicho centro. El COF cuenta actualmente con alrededor de cincuenta profesionales de distintos ámbitos de la mediación familiar que desarrollan su actividad de forma voluntaria. 

Durante la mañana del pasado miércoles tuvo lugar una nueva sesión de la formación para el clero en el Seminario Diocesano. La misma constó de tres conferencias llevadas a cabo por los sacerdotes Joaquín Herbá, Macario López y Miguel Ángel Navarro. Las disertaciones versaron sobre el sacramento de la penitencia; el perdón de los pecados en el Nuevo Testamento, en la época de los Santos Padres y a lo largo del segundo milenio. 

El próximo domingo, 19 de diciembre, se reabrirá la iglesia de San José en San Juan de la Rambla. La celebración de la Eucaristía será a las 11:00 horas. 

Se ha realizado la firma del convenio de colaboración entre el Ayuntamiento de El Sauzal, CajaCanarias y la parroquia de San Pedro Apóstol (en representación de la Diócesis Nivariense) para la creación del Museo de Arte Sacro en una de las naves de la iglesia matriz de la localidad. El acontecimiento tuvo lugar en rueda de prensa, justo en el mismo entorno donde se ubicará el museo, frente a la Pila Bautismal donde se bautizó sor María de Jesús (La Siervita), y contó con la presencia del alcalde de El Sauzal, Mariano Pérez, el presidente de CajaCanarias, Álvaro Arvelo, el párroco, Agustín Mendoza y la historiadora, Fedencia Iglesias. 

El jueves, 23 de diciembre, a partir de las 21:00 horas, en la parroquia de El Salvador, en Santa Cruz de La Palma se desarrollará el II Festival Navideño a favor de Cáritas. Dicho festival contará con la participación de la soprano argentina, Laura Morera, el tenor, Juan Antonio Nogueira, Álvaro Velázquez, Benito Bethencourt y el coro femenino de Irene Martín Castillo. Además, estarán acompañados por la rondalla "Lo Divino" de Santo Domingo quien es, a su vez, organizadora de esta iniciativa. 

Los nueve días previos a la Navidad, algunos municipios de las islas conservan la tradición de “los divinos”: Se trata de agrupaciones musicales que recorren sus calles anunciando la inminencia del nacimiento de Jesús, al tiempo que en sus parroquias se celebran las llamadas “misas de Luz”. 

Este sábado están citados a partir de las once los profesores del ISTIC para celebrar una sesión ordinaria del Consejo de Profesores.  

El pasado domingo se celebró en el Seminario Diocesano el encuentro de las familias de nuestros seminaristas menores y mayores. Previamente, el Obispo celebró la Eucaristía en la que se realizó el Rito de la Admisión y confirió el ministerio del Lectorado a un grupo de seminaristas. En la celebración participaron más de 400 personas y muchas de ellas se quedaron también al almuerzo fraterno. Por la tarde, se llevaron a cabo diferentes actos lúdicos programados por los seminaristas.  

Sor Rosa de Santa Mónica Rodríguez, natural de Santa Catalina, un pueblo de Orense ha fallecido a la edad de 99 años. Sor Rosa llegó al Hogar de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, en La Laguna, en el año 1949. Quienes la conocieron la recuerdan como una religiosa entregada a su misión con los ancianos, con una caridad exquisita y una humildad extraordinaria. Sor Rosa, además de su larga dedicación a los ancianos estuvo mucho tiempo encargada de la portería del Hogar. Asimismo, recorrió muchos pueblos de Tenerife buscando ayudas económicas para el mantenimiento del asilo.  

Se ha reabierto el mercadillo de Navidad de los usuarios del Centro Psicopedagógico San Juan de Dios. El mismo está emplazado en la entrada del centro hospitalario tinerfeño para vender al público los artículos que han elaborado en los talleres de manualidades y jardinería, y cuya recaudación servirá para cubrir necesidades de los propios pacientes.  

Por su parte, un grupo de voluntarias de la parroquia de Santa Catalina Mártir, en Tacoronte continúa llevando a cabo el IV rastrillo solidario a favor de Manos Unidas. El rastrillo permanecerá abierto hasta el 12 de diciembre, de 10 de la mañana a 6 de la tarde, junto a la iglesia del Cristo en Tacoronte. 

Como viene siendo tradición desde hace años, el colegio Dominicas de La Laguna, Santa Rosa de Lima, ha iniciado en este tiempo de Adviento su campaña de solidaridad, con el fin de recolectar alimentos y juguetes para las familias más desfavorecidas. En esta ocasión, bajo el lema “Mirar con los ojos del corazón”, se ha invitado a los alumnos a que acudan al centro con alimentos y juguetes para luego hacerlos llegar a Cáritas y al Ayuntamiento de La Laguna. Ambas instituciones se encargarán posteriormente de repartir los alimentos y los juguetes recolectados entre aquellos hogares más necesitados. 

El sábado 18 de diciembre, bajo el lema: "Esperando lo nuevo", se oferta un nuevo retiro espiritual en la Casa Manresa de Tacoronte. El mismo comenzará a las 10:00 y finalizará sobre las 17:00 horas. Se trata de un retiro organizado por CVX-Tenerife, abierto a todo el mundo y con un coste de 5 Euros. Asimismo, es necesario llevar alimentos para compartir. Los interesados pueden apuntarse contactando con el correo: dfagundosj@yahoo.es

Recientemente, ha tenido lugar la Junta General Ordinaria de la Pontificia, Real y Venerable Esclavitud del Santísimo Cristo de La Laguna, en la que fue elegido como nuevo esclavo mayor Iván González Riverol, en sustitución de Domingo Lecuona. 

Cáritas Diocesana celebró un Consejo Diocesano extraordinario destinado, fundamentalmente, a evaluar la realidad económica y social de cara a abordar el próximo año en sus servicios y proyectos. La reunión se celebró en el seminario. En una parte de la misma se contó con la participación del Obispo y de una responsable pública de asuntos sociales. 

El pasado mes de noviembre se formó en Vallehermoso, la comisión Pro-Restauración de la Ermita de Ntra. Sra. del Carmen, patrona y alcaldesa honoraria y perpetua de este municipio. La comisión está formada por vecinos y feligreses del casco municipal y de los distintos barrios que configuran el barranco del Ingenio. 

Siguiendo en La Gomera, diversos agentes de pastoral de las distintas comunidades parroquiales de la isla colombina se reunieron recientemente a fin de potenciar o crear grupos parroquiales de liturgia. La acción pastoral se desarrolló en los salones parroquiales de Playa de Santiago. El encuentro estuvo animado por Rubén Herrera, párroco en Valle Gran Rey. 

Por su parte, los delegados de los distintos departamentos de la diócesis se reunieron con el Obispo en el Seminario. La Cita sirvió para evaluar el comienzo del curso pastoral y para comenzar a programar el período, primero de evaluación del PDP que termina, y luego de elaboración de un nuevo Plan cuatrienal de acción pastoral. Los distintos responsables fueron analizando el grado de acogida del Plan "Haz Memoria de Jesucristo Resucitado" y quedaron emplazados a dar más sugerencias para las líneas maestras de la venidera planificación. 

La parroquia de Ntra. Sra. de Guadalupe, en el barrio del Toscal-Longuera en Los Realejos, está desarrollando hasta el 9 de enero, el segundo mes socio religioso en honor a la titular de la parroquia. Estas actividades están encaminadas a dar a conocer la comunidad parroquial y a difundir la devoción a la Virgen, destacando su fiesta litúrgica el 12 de diciembre. 

Ya ha comenzado la campaña fotográfica “YO REGALO COMERCIO JUSTO” de la tienda EL Surco en la que voluntariamente participan personas que se manifiestan partidarias de regalar en Navidad "lo justo", de tal manera que gane la persona que recibe (calidad+diseño+originalidad) y el que produce (más oportunidades para tener una vida digna). Para ver las fotos se puede acceder al enlace: http://regalacomerciojusto.blogspot.com/p/yo-regalo-comercio-justo.html 

"Alégrate, llegó la Navidad" fue la interpretación elegida por el colegio Pureza de María, de Santa Cruz, que se llevó el primer premio del XX Concurso de Villancicos, organizado por el Club Naira en el Auditorio de Tenerife. El segundo premio recayó en el colegio Rodríguez Alberto, que interpretó el villancico "Juguetes por Navidad".


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miércoles, 15 de diciembre de 2010

ZENIT  nos ofrece el texto de la homilía que el Papa Benedicto XVI pronunció el pasado sábado, 27 de Noviembre de 2010, por la tarde, durante la Vigilia por la Vida Naciente, antes de comenzar las Primeras Vísperas del primer domingo de Adviento, con el que se inauguraba este tiempo litúrgico.

Queridos hermanos y hermanas,

con esta celebración vespertina, el Señor nos da la gracia y la alegría de abrir un nuevo Año Litúrgico comenzando por su primera etapa: el Adviento, el periodo que hace memoria de la venida de Dios entre nosotros. Todo inicio trae consigo una gracia particular, porque está bendecido por el Señor. En este Adviento se nos concederá, una vez más, hacer experiencia de la cercanía de Aquel que creó el mundo, que orienta la historia y que se ha cuidado de nosotros llegando hasta el culmen de su condescendencia con el hacerse hombre. Precisamente el misterio grande y fascinante del Dios con nosotros, es más, del Dios que se hace uno de nosotros, es cuanto celebraremos en las próximas semanas caminando hacia la santa Navidad. Durante el tiempo de Adviento sentiremos a la Iglesia que nos toma de la mano y, a imagen de María Santísima, expresa su maternidad haciéndonos experimentar la espera gozosa de la venida del Señor, que nos abraza a todos en su amor y nos consuela. Mientras nuestros corazones se dirigen hacia la celebración anual del nacimiento de Cristo, la liturgia de la Iglesia orienta nuestra mirada a la meta definitiva: el encuentro con el Señor que vendrá en el esplendor de la gloria. Por esto nosotros, que en cada Eucaristia, "anunciamos su muerte, proclamamos su resurrección, en espera de su venida”, vigilamos en oración. La liturgia no se cansa de animarnos y de sostenernos, poniendo en nuestros labios, en los días del Adviento, el grito con el que se cierra toda la Sagrada Escritura, en la última página del Apocalipsis de san Juan: “¡Ven, Señor Jesús!" (22, 20).

Queridos hermanos y hermanas, nuestra reunión esta tarde para comenzar el camino del Adviento se enriquece con otro importante motivo: con toda la Iglesia, queremos celebrar solemnemente una vigilia de oración por la vida naciente. Deseo expresar mi agradecimiento a todos aquellos que se han adherido a esta invitación y a cuantos se dedican de modo específico a acoger y custodiar la vida humana en las diversas situaciones de fragilidad, en particular en sus inicios y en sus primeros pasos. Precisamente el inicio del Año Litúrgico nos hace vivir nuevamente la espera de Dios que se hace carne en el seno de la Virgen María, de Dios que se hace pequeño, se convierte en niño; nos habla dela venida de un Dios cercano, que ha querido recorrer la vida del hombre, desde el comienzo, y esto para salvarla totalmente, en plenitud. Y así el misterio de la Encarnación del Señor y el inicio de la vida humana están íntima y armónicamente conectados entre sí en el único designio salvífico de Dios, Señor de la vida de todos y cada uno. La encarnación nos revela con intensa luz y de modo sorprendente que toda vida humana tiene una dignidad altísima, incomparable.

El hombre presenta una originalidad inconfundible respecto a todos los demás seres vivientes que pueblan la tierra. Se presenta como sujeto único y singular, dotado de inteligencia y voluntad libre, además de estar compuesto de realidad material. Vive simultanea e inescindiblemente en la dimensión espiritual y en la dimensión corpórea. Lo sugiere también el texto de la Primera Carta a los Tesalonicenses que ha sido proclamado: “Que el Dios de la paz – escribe san Pablo – os santifique plenamente, para que os conservéis irreprochables en todo vuestro ser –espíritu, alma y cuerpo– hasta la Venida de nuestro Señor Jesucristo" (5,23). Somos por tanto espíritu, alma y cuerpo. Somos parte de este mundo, ligados a las posibilidades y a los límites de la condición material; al mismo tiempo estamos abiertos a un horizonte infinito, capaces de dialogar con Dios y de acogerlo en nosotros. Actuamos en las realidades terrenas y a través de ellas podemos percibir la presencia de Dios y tender a Él, verdad, bondad y belleza absoluta. Saboreamos fragmentos de vida y de felicidad y anhelamos la plenitud total.

Dios nos ama de modo profundo, total, sin distinciones; nos llama a la amistad con Él; nos hace partícipes de una realidad por encima de toda imaginación y de todo pensamiento y palabra: su misma vida divina. Con conmoción y gratitud tomemos conciencia del valor, de la dignidad incomparable de toda persona humana y de la gran responsabilidad que tenemos hacia todos. “Cristo, el nuevo Adán – afirma el Concilio Vaticano II –, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación... con su encarnación se ha unido, en cierto modo, con todo hombre" (Const. Gaudium et spes, 22).

Creer en Jesucristo comporta también tener una mirada nueva sobre el hombre, una mirada de confianza, de esperanza. Por lo demás la misma experiencia y la recta razón atestiguan que el ser humano es un sujeto capaz de entender y de querer, autoconsciente y libre, irrepetible e insustituible, cumbre de todas las realidades terrenas, que exige ser reconocido como valor en sí mismo y que merece ser acogido siempre con respeto y amor. Él tiene derecho a no ser tratado como un objeto que poseer o como una cosa que se pueda manipular a voluntad, de no ser reducido a puro instrumento a ventaja de otros y de sus intereses. La persona es un bien en sí misma y es necesario buscar siempre su desarrollo integral. El amor hacia todos, además, si es sincero, tiende espontáneamente a convertirse en atención preferencial por los más débiles y los más pobres. En esta línea se coloca la solicitud de la Iglesia por la vida naciente, la más frágil, la más amenazada por el egoísmo de los adultos y por el oscurecimiento de las conciencias. La Iglesia continuamente reafirma cuanto declaró el Concilio Vaticano II contra el aborto y toda violación de la vida naciente: “La vida, una vez concebida, debe ser protegida con el máximo cuidado" (ibid., n. 51).

Hay tendencias culturales que intentan anestesiar las conciencias con motivos pretextuosos. Respecto al embrión en el seno materno, la ciencia misma pone en evidencia su autonomía capaz de interacción con la madre, la coordinación de sus procesos biológicos, la continuidad del desarrollo, la creciente complejidad del organismo. No se trata de un cúmulo de material biológico, sino de un nuevo ser vivo, dinámico y maravillosamente ordenado, un nuevo individuo de la especie humana. Así lo fue para Jesús en el seno de María; así lo ha sido para cada uno de nosotros, en el seno de la madre. Con el antiguo autor cristiano Tertuliano podemos afirmar: “Es ya un hombre aquel que lo será" (Apologético, IX, 8); no hay ninguna razón para no considerarlo persona desde la concepción.

Por desgracia, también después del nacimiento, la vida de los niños sigue estando expuesta al abandono, al hambre, a la miseria, a la enfermedad, a los abusos, a la violencia, a la explotación. Las múltiples violaciones de sus derechos que se cometen en el mundo hieren dolorosamente la conciencia de todo hombre de buena voluntad. Ante el triste panorama de las injusticias cometidas contra la vida del hombre, antes y después del nacimiento, hago mío el apasionado llamamiento del Papa Juan Pablo II a la responsabilidad de todos y de cada uno: “¡Respeta, defiende, ama y sirve a la vida, a toda vida humana ¡Sólo siguiendo este camino encontrarás justicia, desarrollo, libertad verdadera, paz y felicidad!” (Enc. Evangelium vitae, 5). Exhorto a los protagonistas de la política, de la economía y de la comunicación social a hacer cuanto esté en sus posibilidades para promover una cultura siempre respetuosa de la vida humana, para procurar condiciones favorables y redes de apoyo a la acogida y al desarrollo de esta.

A la Virgen María, que acogió al Hijo de Dios hecho hombre con su fe, con su seno materno, con el cuidado solícito, con el acompañamiento solidario y vibrante de amor, confiamos la oración y el compromiso a favor de la vida naciente. Lo hacemos en la liturgia – que es el lugar donde vivimos la verdad y donde la verdad vive con nosotros – adorando la divina Eucaristía, en la que contemplamos el Cuerpo de Cristo, ese Cuerpo que tomó carne de María por obra del Espíritu Santo, y que nació de ella en Belén, para nuestra salvación. Ave, verum Corpus, natum de Maria Virgine!

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


ZENIT  nos ofrece el discurso que Benedicto XVI dirigió, el lunes, 29 de Noviembre de 2010, por la mañana en la Sala del Consistorio del Palacio Apostólico Vaticano, a los obispos de las Conferencia Episcopal de Filipinas, a quienes está recibiendo estos días en audiencias separadas con motivo de su visita ad Limina.

Queridos hermanos obispos,

Tengo el placer de dirigiros a todos una cálida bienvenida con motivo de vuestra visita ad Limina Apostolorum. Doy las gracias al cardenal Gaudencio Rosales, por las amables palabras que me ha dirigido en vuestro nombre, y os aseguro mis oraciones y buenos deseos a vosotros y a todos los fieles confiados a vuestro cuidado pastoral. Vuestra presencia aquí en Roma fortalece los vínculos de comunión entre la comunidad católica en Filipinas y la Sede de Pedro, una comunión que se remonta a más de cuatro siglos desde el primer ofrecimiento del sacrificio eucarístico en sus costas. Así como esta comunión de fe y del sacramento ha alimentado a vuestro pueblo durante muchas generaciones, ruego que pueda seguir actuando como fermento en la cultura actual, para que las generaciones actuales y futuras de los filipinos sigan encontrándose con el gozoso mensaje del Evangelio de nuestro Señor Jesucristo.

Para ser ese fermento, la Iglesia siempre debe tratar de encontrar su propia voz, porque es a través de la proclamación como el Evangelio trae sus frutos que cambian la vida (Mc 16, 15-16). Esta voz se expresa en el compromiso moral y espiritual de las vidas de los creyentes. También se expresa en el testimonio público ofrecido por los Obispos, así como por los profesores de primaria de la Iglesia, y por todos los que tienen una función en la enseñanza de la fe a los demás. Gracias a la presentación clara del Evangelio de la verdad sobre Dios y el hombre, generaciones de celosos clérigos filipinos, religiosos y laicos han promovido un orden social cada vez más justo. A veces, esta tarea de proclamación toca algunas cuestiones relevantes de la esfera política. No es sorprendente, ya que la comunidad política y la Iglesia, aun debidamente diferentes, están sin embargo ambas al servicio del desarrollo integral de todo ser humano y de la sociedad en su conjunto. Por su parte, la Iglesia contribuye sumamente en la construcción de un orden social justo y caritativo cuando, “predicando la verdad evangélica e iluminando todos los sectores de la acción humana con su doctrina y con el testimonio de los cristianos, respeta y promueve también la libertad y la responsabilidad políticas del ciudadano". (Gaudium et Spes, 76).

Al mismo tiempo, el ministerio profético de la Iglesia pide que ésta sea libre “para predicar la fe, enseñar su doctrina social... y dar su juicio moral, incluso sobre materias referentes al orden político, cuando lo exijan los derechos fundamentales de la persona o la salvación de las almas” (ibid.). A la luz de esta tarea profética, encomiendo a la Iglesia en Filipinas a que intente desempeñar su papel en apoyo a la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural, y en la defensa de la integridad del matrimonio y de la familia. En estas áreas estáis promoviendo las verdades sobre la persona humana y sobre la sociedad que se derivan no sólo de la revelación divina sino también de la ley natural, un orden que es accesible a la razón humana y que por tanto proporciona una base para el diálogo y para un discernimiento más profundo por parte de todas las personas de buena voluntad. También destaco con aprecio el trabajo de la Iglesia para abolir la pena de muerte en vuestro país.

Una área específica en la que la Iglesia debe encontrar siempre su propia voz viene en el campo de las comunicaciones sociales y los medios de comunicación. La tarea que tiene por delante el conjunto de la comunidad católica es transmitir una visión llena de esperanza de la fe y la virtud para que los filipinos puedan encontrar aliento y guía en su camino a una vida plena en Cristo. Es necesario que se presente al público una voz unificada y positiva en formas tanto de medios de comunicación antiguos como nuevos, para que el mensaje del Evangelio pueda tener un impacto cada vez más poderoso en las personas de la nación. Es importante que el laicado católico competente en comunicaciones sociales ocupe su propio lugar en la propuesta del mensaje cristiano de una manera convincente y atractiva. Si el Evangelio de Cristo es ser levadura en la sociedad filipina, entonces toda la comunidad católica debe estar atenta a la fuerza de la verdad proclamada con amor.

Un tercer aspecto de la misión de la Iglesia de proclamar la palabra de Dios que da vida se encuentra en su compromiso con las preocupaciones sociales y económicas, en particular respecto a los más pobres y débiles de la sociedad. En el Segundo Consejo Plenario de Filipinas, la Iglesia en vuestra nación tomó un especial interés en dedicarse más plenamente al cuidado de los pobres. Es alentador ver que este compromiso ha dado fruto, con instituciones caritativas católicas comprometidas activamente en el país. Muchos de vuestros conciudadanos, sin embargo, permanecen sin empleo, educación adecuada o servicios básicos y así vuestras declaraciones proféticas y vuestra acción caritativa a favor de los pobres continúa siendo muy apreciada. Además de ese esfuerzo, estáis preocupados con razón por que haya un compromiso permanente en la lucha contra la corrupción, ya que el crecimiento de una economía justa y sostenible sólo se logrará cuando haya una aplicación clara y consistente de la regla de la ley en todo el país.

Queridos Hermanos Obispos, como mi predecesor el Papa Juan Pablo II destacó con razón, “vosotros sois Pastores de un pueblo enamorado de María” (14 de enero de 1995). Que su voluntad de llevar la Palabra que es Jesucristo al mundo sea para vosotros una inspiración continua en vuestro ministerio apostólico. A todos vosotros, y a los sacerdotes, religiosos y fieles laicos de vuestras diócesis, imparto de corazón mi Bendición Apostólica como prenda de paz y alegría.

[Traducción del original inglés por Patricia Navas
©Libreria Editrice Vaticana


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Carta de monseñor Carlos H. Malfa, obispo de Chascomús, para el Adviento 2010. (AICA)

CARTA DE ADVIENTO 2010            

Queridos hermanos y hermanas:

Entramos en el Adviento, tiempo de alegría, que viviremos con la Virgen María, como futura mamá, y con su esposo San José hasta la Navidad, cuando al nacer Jesús, nos uniremos a la alegría de los pastores y de los magos. 

El Santo Padre nos ha propuesto comenzar este Adviento con una Vigilia de oración, el sábado 27 de noviembre para agradecer la vida que hemos recibido y pedir la gracia de saber compartir y cuidar este don incomparable de la vida humana. 

Como preparación para este Adviento he vuelto a leer la Carta Encíclica de Juan Pablo II "El Evangelio de la vida" (Evangelium vitae). Evangelio significa Buena Nueva, que proviene del mismo Dios. El la sembró en todos los corazones, por eso recomiendo la lectura serena y abierta a la reflexión de esta hermosa Carta  no solo a los católicos o creyentes sino a todas las personas de buena voluntad. Y aunque en primer lugar me dirija a los hijos de la Iglesia Católica, también deseo anunciar a cristianos de otras confesiones y a hombres y mujeres de buena voluntad que buscan con sinceridad el bien y la verdad, la gozosa noticia de la Vida, primer derecho humano y fundamento de todos los demás.

Los invito a dirigir nuestra mirada hacia el niño por nacer. Y consecuentemente en todos los lugares donde se forma al hombre y al cristiano   -la familia, la escuela, la parroquia- se grabe de manera imperecedera en la conciencia y en el corazón el valor sagrado e inviolable de la vida humana, y se enseñe a amar y defender la vida contra toda forma de violencia personal, social o estructural, la vida en toda su riqueza humana, cultural y espiritual; la vida en toda su dimensión terrena y eterna, desde la concepción hasta la muerte natural. 

En nuestra sociedad se discute el derecho a "la interrupción voluntaria del embarazo", expresión políticamente correcta que se utiliza para suavizar la cruel verdad sobre el aborto que siempre es: matar al ser más inocente, más débil, más indefenso. Una vez producida la concepción hay un solo derecho: el derecho a nacer.  Es oportuno citar al jurista y filósofo italiano Norberto Bobbio (no ciertamente cercano a las enseñanzas de la Iglesia) quien dice: "me sorprende que los laicos dejen a los creyentes el privilegio y el honor de afirmar que no se debe matar".  

En el aborto junto con el niño es víctima la mujer, dotada por Dios y la naturaleza para engendrar y dar vida, ella es no solo espectadora sino protagonista del desarrollo y maduración del hijo, vive una entrega generosa y con frecuencia heroica al darse a sí misma en el amor hecho protección de esa vida nueva que lleva en su seno. 

Sabemos que no siempre la futura mamá es la primera responsable del aborto, el Papa dice en la Encíclica que no raras veces la mujer "está sometida a presiones tan fuertes que se siente psicológicamente obligada a ceder al aborto" (nº 59). En el acompañamiento de la mujer está también comprometida nuestra responsabilidad en el cuidado de la vida no nacida. Juan Pablo II habla con ternura a las mamás que han llegado al aborto en una decisión dolorosa y dramática: "no abandonen la esperanza. El Padre de toda misericordia las espera. Y podrán pedir perdón a su hijo que ahora vive en el Señor" (cf. nº 99).

Entre los animales tiene prioridad el más fuerte para mejorar la especie pero entre nosotros tiene prioridad el más débil. Más que una especie somos la familia humana y en ella cada uno es el hijo preferido de Dios. Así lo agradecemos en el salmo 139 (138): "Tú Señor formaste mis entrañas, me tejiste en el seno materno", Dios es inmutable, pero si le arrancamos ese tejido de sus manos, una lágrima caerá por su rostro.  

Dios sembró el amor en nuestro corazón pero el egoísmo no lo deja nacer. "¿Acaso yo soy el guardián de mi hermano?" respondió Caín cuando el Señor le preguntó por su hermano Abel, mintiendo para ocultar su delito (cf. Gen. 4,9). Todos somos guardián de nuestro hermano aunque ignoremos su nombre. Los cristianos defendemos el derecho a nacer y además nos sentimos contagiados por la alegría de nacer, el llanto del bebé recién nacido es un poema de alegría cantado para sus padres y para toda la familia humana. Se habla de "salvar" a la madre de un aborto improvisado, nosotros queremos salvar a los dos, a la mamá y al bebé, para que se alegren juntos. 

 El nacer es una alegría permanente a la que sigue la alegría de vivir y de crecer. Somos llamados a sentirnos custodios de los niños desnutridos, a dedicarnos a los niños pobres e indigentes que apenas sobreviven: el amor que cuida, el alimento que nutre, la atención médica que cura, la educación que dignifica... es como volver a nacer. Y aún ¡qué hermosa obra de amor y de dar vida es la actitud de los hogares que adoptan niños abandonados! 

La alegría es un fruto del Espíritu Santo. Cuando la Virgen María visitó a su parienta Isabel, las dos madres fueron alegradas por sus hijos, el pequeño Jesús y Juan, el futuro Bautista, tres meses antes de nacer. Dice San Ambrosio, citado  en la Encíclica, que María e Isabel "empiezan a profetizar por inspiración de sus propios hijos" (nº 45). Toda futura madre profetiza porque abre un camino de vida y de esperanza hacia el futuro. 

Pido a los sacerdotes animen en todas las Parroquias y Capillas esta Vigilia de oración en comunión con el Santo Padre y que luego esta plegaria se continúe de modo que en toda nuestra diócesis se eleve ininterrumpidamente "una gran oración por la vida" (nº 100). De modo especial confío esta intención a nuestros queridos hermanos enfermos, para que al unir sus sufrimientos a la Cruz de Jesús pidan un cambio cultural a favor de la vida en nuestra patria y en el mundo. Igualmente se rece en las comunidades educativas y particularmente pido a las familias y a los queridísimos jóvenes se encuentren y visiten el Sagrario para orar por la vida. 

Queridos amigos y amigas: todos somos enviados por Jesús para anunciar el Evangelio de la vida. Debemos preguntarnos, y yo el primero, qué gestos vamos a realizar juntos para que la alegría de nacer, de vivir y de crecer se contagie a todos, y el amor y respeto por la dignidad de toda vida nos oriente para hacer una sociedad más humana. 

Deseándoles un Adviento muy fecundo, los abrazo y bendigo de corazón en Cristo y María Santísima. 

Mons. Carlos H. Malfa, obispo de Chascomús 


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Mensaje de monseñor Oscar Sarlinga, obispo de Zárate-Campana, en la Vigilia por la Vida (Iglesia catedral Santa Florentina, Vísperas del primer domingo de adviento, 27 de noviembre de 2010). (AICA)

VIGILIA POR LA VIDA

Queridos sacerdotes, hermanos y hermanas, muy queridos jóvenes, que numerosos han acudido a nuestro llamado: 

Estamos hoy aquí, en esta Vigilia en la iglesia catedral, para abrir el corazón a la Palabra de Cristo. El Verbo Eterno ha oído todo del Padre, en la eternidad del Amor entre ambos, su Espíritu. Jesucristo, el Verbo de Dios hecho Hombre, quien nos dijo “(…) todo aquello que he oído del Padre, se lo he dado a conocer a ustedes” (Jn 15,15c). Él nos libera;  nos llama, por ello, “amigos”, más que siervos, y nos llama así, pues lo somos, es maravilloso tenerlo como nuestro Amigo, aquél que nos enseña la Ley nueva del Amor, aquél que es, Él mismo, “el Evangelio de la Vida”. Por eso queremos proclamar con entusiasmo un gran “Sí” a la vida humana, a la persona como imagen de Dios, en todas las etapas y dimensiones de su existencia. Esta verdad “crística” sobre el sentido más profundo de nuestra vida humana nos trae liberación interior y alivio frente a no pocas adversidades que nos toca vivir en nuestra sociedad contemporánea. ¿Lo creemos?. Porque el creerlo, el vivirlo interiormente será lo que nos hará “libres”, con la libertad evangélica.  

I EL INICIO DEL ADVIENTO 

El inicio del tiempo litúrgico del Adviento provoca en nosotros sentimientos de agradecimiento por la liberación que nos trajo Cristo. El agraviante e insoportable peso de la esclavitud, de cualquier esclavitud, a comenzar por la más originaria, la del pecado, ya no tiene derecho alguno sobre nosotros, porque el Espíritu Santo infunde hoy, con suavidad y firmeza, en los oídos interiores de nuestra alma, la disposición a dedicarnos con entera libertad a proclamar con nuestra palabra y nuestras obras ese Evangelio. Queremos hacerlo como “pueblo de la vida” que, en tanto miembros de la Iglesia, verdaderamente somos.  

Con esta disposición de espíritu, “aquí estamos”, le decimos al Señor, con una alentadora presencia de juventud católica, este sábado 27 de noviembre, en la iglesia catedral de Santa Florentina, unidos al Papa y a toda la Iglesia en la celebración de la "Vigilia por la vida naciente". Nos hemos hecho eco de la iniciativa del Santo Padre Benedicto XVI, quien preside las Vísperas en la Basílica de San Pedro, y en cuya invitación a la Vigilia nos ha dicho:  

"Todos nosotros somos conscientes de los peligros que amenazan hoy la vida humana a causa de la cultura relativista y utilitarista que ofusca la percepción de la dignidad propia de cada persona humana, cualquiera que sea el estadio de su desarrollo. Estamos llamados más que nunca a ser "el pueblo de la vida" (Juan Pablo II, Encíclica Evangelium vitae, n. 79) con la oración y el compromiso” 

II LA VIDA HUMANA ES DON SAGRADO 

El valor de la vida humana es sagrado, porque así lo quiso Dios en su sapiencia.  En la primera página del Génesis, se narran acontecimientos de fe e “históricos” (con el género de la historia sagrada) a la vez: la creación del universo y del hombre, es decir, el nacimiento de la primera criatura humana, hecha a imagen y semejanza del Creador (cfr. Gen. 2, 7; 1, 26-27). En la visión bíblica, el ser humano goza de un alma espiritual, inmortal, irreductible a lo corpóreo. Por esta razón, como deducía el Bienaventurado Papa Juan XXIII en la “Mater et Magistra”, toda vida humana “ha de considerarse por todos como algo sagrado, ya que desde su mismo origen exige la acción creadora de Dios”

El alma que vivifica al ser humano es creada inmediatamente de la nada por Dios en el instante de la concepción de ese nuevo ser, de modo tal que el varón y la mujer, el papá y la mamá, son cooperadores libres de la Providencia divina, y de esta manera intervienen como en un “milagro portentoso”, más notable todavía que resucitar a un muerto o devolver la vista a un ciego. Esto último lo dice Santo Tomás de Aquino: “es más milagro el crear almas, aunque esto maraville menos, que iluminar a un ciego; sin embargo, como éste es más raro, se tiene por más admirable” . Y el gran Doctor de la Iglesia San Agustín queda incluso más maravillado ante el hecho de la creación de un nuevo ser humano “que ante la resurrección de un muerto”, pues, afirma, cuando Dios resucita un muerto, recompone o recrea “huesos y cenizas”; sin embargo –prosigue el Santo Obispo y Doctor- “(…) tú antes de llegar a ser hombre no eras ni cenizas ni huesos; y sin embargo has sido hecho, no siendo antes absolutamente nada” .  

De aquí el alcance vital, existencial, del drama tremendo del aborto procurado. No se trata de condenar a las personas que han vivido o viven ese drama, se trata de la dignidad de la persona humana concebida, y de la dignidad de la persona humana durante toda su vida, lo cual, es cierto, sólo se comprende cabalmente desde una visión integral del ser humano, como lo afirmaba el Papa Pablo VI cuando recordaba que este problema, como cualquier otro referente a la vida humana, hay que considerarlo, por encima de las perspectivas parciales de orden biológico o sociológico, “(…) a la luz de una visión integral del hombre y de su vocación, no sólo natural y terrena sino también sobrenatural y eterna”. Se trata también del valor pedagógico de la ley (incluso de la ley civil) y de su incidencia en una sociedad civilizada.  

III JUSTICIA, DERECHOS Y CARIDAD, PUES NO HAY VIDA SIN LA LEY NUEVA DEL AMOR 

Nuestro gran “Sí” a la vida incluye todos los derechos. ¿Cómo olvidarlo?. Este “Sí” está animado por la Ley Suprema del Amor, la cual posee también una dimensión social. Así, queremos reafirmar hoy el derecho de educar a los hijos conforme a las convicciones profundas, el derecho fundamental de la libertad religiosa, todos los derechos humanos, y el anhelo a la paz y la justicia social, en tiempos caracterizados por transformaciones sociales y culturales.  Como tuvo ocasión de subrayarlo el Papa Benedicto XVI en su Encíclica “Caritas in veritate”, la Doctrina Social de la Iglesia ha puesto siempre de manifiesto la importancia de la justicia distributiva y de la justicia social en los diversos sectores de las relaciones humanas. Es preciso decir que sin justicia tampoco hay un “Sí” a la vida. Se promueve la justicia cuando se acoge la vida del otro y se asume la responsabilidad hacia él, respondiendo a sus expectativas, porque en él se capta el rostro mismo del Hijo de Dios, que por nosotros se hizo hombre. La imagen divina impresa en nuestro hermano funda la altísima dignidad de toda persona y suscita en cada uno la exigencia del respeto, del cuidado y del servicio. Por ello, que ninguno disocie, en este tema: el vínculo entre justicia y caridad, en perspectiva cristiana, es cercanísimo, “inter-incluido”, diríamos: "(…) la caridad supera a la justicia, porque amar es donar, ofrecer de lo "mío" al otro; pero nunca sin la justicia, que induce a dar al otro lo que es "suyo", lo que le corresponde en razón de su ser y de su obrar [...] Quien ama con caridad a los demás es ante todo justo hacia ellos. No solo la justicia no es extraña a la caridad, no sólo no es una vía alternativa o paralela a la caridad: la justicia es 'inseparable de la caridad', intrínseca a ella. La justicia es la primera vía de la caridad" . Y de todo esto, de todo, la Eucaristía es "fuente y culmen".  

CONCLUSIÓN

EL EVANGELIO DE LA VIDA NOS MUEVE A CUMPLIR EN ESPÍRITU Y EN VERDAD EL QUINTO MANDAMIENTO 

“No matarás” nos dice la Ley de Dios. ¿Por qué acostumbrarnos a recibir todos los días noticias de cómo se matan unas gentes a otras?. Es como si la conciencia moral se hubiera cauterizado en ese aspecto. Por otra parte, podemos entender el “matarse” en una pluriformidad de significado. Me explico: existe una tendencia creciente a pensar que podemos arbitrariamente disponer de nuestra propia vida y de la vida de los demás, por los motivos que fuere, ya sea por causa de un relativismo muy enraizado, por ejemplo, o por la infravaloración de la vida propia (parece increíble, pero esto se da cada vez más) y de la vida de los otros. Puede que ello se dé respecto de la persona humana recién concebida, o de los niños, o del ser humano en cualquiera de sus etapas o dimensiones. También se puede “matar” en un sentido más amplio que podemos atribuir a la palabra, cuando se daña conscientemente al otro por odio, codicia, envidia, intereses egoístas u otras causales, las cuales, en el fondo, tienen su raíz en las “obras de la carne” que menciona San Pablo (Cf Gal 5,11-21). A este propósito, resulta de gran iluminación para nuestro corazón el que  San Pablo, al hablar de las mencionadas “obras de la carne”, mencione no sólo “fornicación, impureza, lascivia (...) embriagueces, orgías”, sino que nombra también otros pecados, en lo que lo “carnal” y “sensual” pareciera no estar tan patente, pero que sí lo está, porque aquéllos constituyen, en lo más hondo, “pecados del espíritu” humano, y por ende, “de la carne afectada por el pecado”: “idolatría, hechicería, odios, discordias, celos, iras, rencillas, disensiones, divisiones, envidias...” (Cf Ibid). Si ponemos nuestra mente a ver la realidad, junto con numerosos signos de amor, de entrega, de generoso sacrificio y de alegría que se dan en nuestro mundo, encontraremos también todo esto que nos menciona San Pablo; son realidades de rigurosa actualidad, y constituyen algunas de las causas más profundas del irrespeto de la dignidad de las personas. Por el contrario, el  respetar la dignidad de la persona es la esencia del quinto mandamiento, el cual también nos enseña que hemos de respetar el alma, la salud, el cuerpo y la fama de nosotros mismos y de los demás. De tal modo, el escándalo voluntariamente procurado (o surgido del nunca suficientemente calibrado pecado de la imprudencia), y asimismo las faltas a la salud propia o de los demás, la cólera y el odio, y miríadas de formas de irrespeto de la vida, nos hablan, casi como por sentido contrario, de la importancia de llenar nuestra alma, nuestra mente, nuestro espíritu, nuestras obras, de la Luz de Dios y de la mencionada nueva “Ley”, la “Ley nueva del Amor, del Espíritu Santo”. Veamos esperanza, queridos hermanos. Veamos la capacidad que el Señor puso en nosotros para “transformar el mundo” con la ayuda de su Gracia, con su Amor, para que, cada uno según su misión y elección, contribuyamos a la generación de un humanismo nuevo, trascendente, verdaderamente digno de Dios y del hombre, como nos lo enseña la doctrina social de la Iglesia. Con la ayuda de la Virgen Madre de Dios, Madre de la Iglesia, Estrella de la Evangelización.  

Mons. Oscar Sarlinga, obispo de Zárate-Campana 

    Juan XXIII, Enc. Mater et Magistra, 15-V-1961
    S. TOMAS DE AQUINO, Los cuatro opuestos, 7.
    S. AGUSTIN, Sermo 127, 11, 15; ML 38, 713.
    Pablo VI, Enc. Humanae vitae, n. 7.
    Benedicto XVI, Enc. Caritas in veritate, n. 35.
    Benedicto XVI, Enc. Caritas in veritate, n. 6.
    Cf PONT. CONSEJO “JUSTICIA Y PAZ”, COMPENDIO DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA, Introducción, n. 19.

 


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Lectio divina para el viernes de la tercera semana de Adviento, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.

LECTURA:      “Mateo 1, 1‑17”

Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán.

Abrahán engendró a Isaac, Isaac a Jacob, Jacob a Judá y a sus hermanos. Judá engendró, de Tamar, a Farés y a Zara, Farés a Esrón, Esrón a Aram, Aram a Aminadab, Aminadab a Naasón, Naasón a Salmón, Salmón engendró, de Rahab, a Booz; Booz engendró, de Rut, a Obed; Obed a Jesé, Jesé engendró a David, el rey.

David, de la mujer de Urías, engendró a Salomón, Salomón a Roboam, Roboam a Abías, Abías a Asaf, Asaf a Josafat, Josafat a Joram, Joram a Ozías, Ozías a Joatán, Joatán a Acaz, Acaz a Ezequías, Ezequías engendró a Manases, Manasés a Amós, Amós a Josías; Josías engendro a Jeconías y a sus hermanos, cuando el destierro de Babilonia.

Después del destierro de Babilonia, Jeconías engendro a Salatiel, Salatiel a Zorobabel, Zorobabel a Abiud, Abiud a Eliaquín, Eliaquín a Azor, Azor a Sadoc, Sadoc a Aquim, Aquim a Eliud, Eliud a Eleazar, Eleazar a Matan, Matán a Jacob; y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.

Así, las generaciones desde Abrahán a David fueron en total catorce; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce; y desde la deportación a Babilonia hasta el Mesías, catorce.

MEDITACIÓN:            “De la cual nació Jesús”

            Nos acercamos a la Navidad y el adviento nos invita a volver la mirada al momento cumbre de nuestra historia de salvación que va a culminar en la encarnación. Jesús no es una piedra suelta en el camino de la esperanza de un pueblo, está plenamente insertada en ella, es la culminación, y así nos lo muestra esta genealogía.

            Es Dios amor quien se manifiesta y asume toda nuestra historia real, frágil y, por eso, necesitada de salvación. Él no viene a llamar a los justos sino a los pecadores, al fin y al cabo a todo hombre, porque todos llevamos en el cuerpo las secuelas y los condicionamientos del mal.

            Y en medio de esta realidad en la que nos sentimos inmersos, nos llega el amor de Dios para decirnos que somos hijos y para que sintamos que somos hechura suya. Él se ha hecho hechura nuestra y nace, como uno de nosotros, de una mujer, María, esposa de José, que hunde las raíces en esa historia de esperanza.

Si Juan ha ocupado un puesto primordial estos días, María le tomará el relevo. Ella va a ser la creyente que inserta en esa historia, apoyada en la promesa de Dios, fiada plenamente en su palabra, se dejará fecundar en su cuerpo y en su espíritu, convirtiéndose en prototipo de creyente que hace posible que la salvación se inserte en la historia en la persona de su Hijo, en ella y en nosotros.

            En esa genealogía que se sigue extendiendo a lo largo de la historia nos insertamos todos, me inserto yo, con mis grandezas y mis miserias, para ser protagonista en esta historia de amor.

ORACIÓN:              “Responder con más fuerza”

            Señor, tu realidad nos desborda. Ciertamente tenemos motivos para no comprenderte, porque tú vas mucha más allá de mi comprensión limitada. Sólo en la realidad de un Dios amor podemos situar esta historia gratuita y desbordante de amor, en la que quiero pedirte que me mantengas.

            Sé que mi realidad está más cerca de esos hombres y mujeres cargados de limitaciones y defectos pero que trataron de abrirse a ti. Ayúdame para que cada día sepa responder con más fuerza a tu llamada de amor.  

CONTEMPLACIÓN:              “En tus brazos”

Me introduces
en tu historia
y me conviertes
en un milagro
de tu amor.

Y en ella sé
que esperas
mi respuesta,
sabedor seguro
de que un día
acabaré en tus brazos
de Padre.


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martes, 14 de diciembre de 2010

Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas para el 1er. domingo de Adviento (28 de noviembre de 2010). (AICA)

COMPROMETIDOS CON LA VIDA              

Estamos iniciando el tiempo del adviento o sea de preparación para celebrar la Navidad. Desde ya que todos sentimos el cansancio propio del fin de año y en este contexto la liturgia del adviento nos invita a animarnos en la esperanza. 

El Evangelio de este domingo (Mt. 24,37-44), nos exhorta a la vigilancia y a la fidelidad: “Estén prevenidos porque ustedes no saben que día vendrá su Señor. Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a que hora de la noche va a llegar el ladrón, velaría y no dejaría perforar las paredes de su casa. Ustedes también estén preparados porque el Hijo del hombre vendrá a la hora menos pensada” (42-44). 

La liturgia del adviento subraya el sentido pleno de la esperanza cristiana, la esperanza “escatológica”, la del final de los tiempos, pero de ninguna manera esta perspectiva que nos hace reclamar: “Ven Señor Jesús”, nos deja en la pasividad. Esto sería una esperanza alienante y la esperanza cristiana por el contrario nos exige comprometernos con el presente y evangelizar nuestra cultura y nuestro tiempo. 

No es fácil tener esperanza en este inicio del siglo XXI donde nos encontramos con muchos signos de muerte. Permanentemente aparecen  militantes que promueven el libre ejercicio de la muerte de los niños por nacer “abortándolos”, sin reconocer el derecho de la vida humana, o bien otras situaciones responsables de la cultura de la muerte como la desnutrición infantil, la droga y el alcoholismo en los jóvenes y adolescentes, o bien el flagelo de la pobreza. La esperanza a los cristianos nos tiene que mover a ser ciudadanos comprometidos y responsables. “Comprometidos con la Vida”. 

Este año hemos iniciado el adviento con una petición especial en las Misas orando “por la vida naciente”. De hecho en la Catedral hemos realizado una adoración al Santísimo y las Misas del fin de semana uniéndonos al pedido del Papa Benedicto. En una carta enviada por el Cardenal Antonelli, Presidente del Pontificio Consejo para la familia nos dice: “Todos nosotros somos conscientes de los peligros que amenazan hoy la vida humana a causa de la cultura relativista y utilitarista que ofusca la percepción de la dignidad propia de cada persona humana, cualquiera que sea el estado de su desarrollo. Estamos llamados más que nunca a ser “el pueblo de la vida” con la oración y el compromiso. Con esta vigilia celebrada en todas las iglesias particulares en unión con el Santo Padre, pastor universal, impetramos la gracia y la luz del Señor para la conversión de los corazones y daremos un testimonio eclesial común a favor de una cultura de la vida y el amor”. 

Aunque no claudicamos en la esperanza y creemos que las cosas pueden mejorar si mejoramos nosotros, y nos convertimos a Dios y a algunos valores indispensables como la vida, la verdad y la justicia, no podemos dejar de tener los pies en la tierra y ser claros con los problemas que deberemos enfrentar. Considero oportuno recordar un texto de Aparecida que subraya el valor de la vida y la dignidad humana: “Proclamamos que todo ser humano existe pura y simplemente por el amor de Dios que lo creó, y por el amor de Dios que lo conserva en cada instante. La creación del varón y la mujer, a su imagen y semejanza, es un acontecimiento divino de vida, y su fuente es el amor fiel del Señor. Luego, sólo el Señor es el autor y el dueño de la vida, y el ser humano, su imagen viviente, es siempre sagrado, desde su concepción, en todas las etapas de la existencia, hasta su muerte natural y después de la muerte. La mirada cristiana sobre el ser humano permite percibir su valor que trasciende todo el universo: “Dios nos ha mostrado de modo insuperable cómo ama a cada hombre, y con ello confiere una dignidad infinita” (388). 

De nuestra fe en Cristo, brota también la solidaridad como actitud permanente de encuentro, hermandad y servicio, que ha de manifestarse en opciones y gestos visibles, principalmente en la defensa de la vida y de los derechos de los más vulnerables y excluidos, y en el permanente acompañamiento en sus esfuerzos por ser sujetos de cambio y trasformación de su situación. En este primer domingo de adviento la Palabra de Dios nos exhorta a que estemos prevenidos, porque el Señor vendrá a la hora menos pensada. Evidentemente nuestra sociedad necesita convertirse al bien común y a la justicia. La esperanza cristiana nos impulsa a sentirnos responsables para ser testigos de la dignidad humana y de “la vida”. 

¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo! 

Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas 


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Homilía de monseñor José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario, en la misa y Vigilia por la Vida Naciente (Catedral de Rosario, 27 de noviembre de 2010). (AICA)

MISA Y VIGILIA POR LA VIDA NACIENTE

Queridos hermanos: 

El tiempo de Adviento

El comienzo del Adviento, que anuncia la espera del nacimiento de Jesucristo, autor de la vida, nos permite celebrar también la Jornada de la vida naciente, convocada por el Santo Padre Benedicto XVI. Nuestra Arquidiócesis de Rosario se une íntimamente al pedido del Papa; que simboliza en esta celebración el deseo de defender y tutelar la vida; por eso ofrece esta Vigilia en la Iglesia Catedral y en las parroquias y capillas.

Este tiempo nos hace pensar desde ya en las palabras del ángel, que anuncia la Navidad: « Les anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: hoy les ha nacido, en la ciudad de David, el Salvador, el Mesías y Señor » (Lc 2, 10 -11).

La encarnación del Verbo y la esperanza del nacimiento de Jesucristo, le da un valor más pleno a toda la vida humana y nos llena de alegría, ya que por la encarnación, Dios vino a nosotros; y de un modo particular también la vida humana naciente desde el seno materno, es motivo de gratitud a Dios, que nos llena del mismo gozo.

Asimismo, el Evangelio nos habla de la venida de Jesús al final de la historia, y nos hace repetir confiadamente: “Ven Señor Jesús”. Por ello, tenemos presente que el Señor vino, viene y vendrá al fin de los tiempos; y que cada uno de nosotros debe encontrase con Él, en esta vida y al final de los tiempos.  

La vida humana naciente

Esta celebración, como expresé, también mira a un motivo querido por el Papa; se trata de la vida naciente. La misma vida que está en el centro del mensaje de Jesucristo, que es la Buena Noticia de todos los hombres, y que hoy queremos volver a anunciar y vivir con absoluta fidelidad. Para ello, como nos dice la segunda lectura que proclamamos: “Abandonemos las obras propias de la noche y vistámonos con la armadura de la luz” (Ro.13, 12).

Cada uno de nosotros conoce su propia vida, y sabe que está llamado desde que nacemos a vivirla en plenitud. La vida ha sido creada por Dios, y todos fuimos creados a su imagen, y llamados a la eternidad, de tal manera que cada vida es sagrada, en cualquiera de sus etapas, desde la primera cuna, que es el seno materno.

Podemos decir entonces que la vida es sagrada, durante este camino del tiempo y de la historia; y es también sagrada por su fin sobrenatural, por lo cual merece que “la custodiemos con sentido de responsabilidad y la llevemos a perfección en el amor y en el don de nosotros mismos a Dios y a los hermanos (Juan Pablo II, Ev. Vitae, int.).

Por ello, resulta tan importante tener siempre presente, que la vida del niño por nacer, la vida humana naciente también es sagrada. 

Se desvaloriza la vida, y se oscurece su dignidad

Pero podemos preguntarnos: ¿por qué en nuestro tiempo se desvaloriza la vida, y se oscurece su dignidad?

Es verdad que en este nuevo milenio encontramos adelantos sociales, técnicos, y científicos; pero sabemos que no basta con estos; y que necesitamos contar también con otros progresos morales, que se puedan seguir reflejando en la vida de nuestros pueblos y ciudades, en sus costumbres y en su legislación; principalmente a favor de la familia, y en la protección y ayuda al matrimonio y a sus hijos.

La humanidad de hoy, lamentablemente, nos ofrece datos difíciles de comprender en relación a la vida humana naciente, si consideramos los atentados frecuentes contra la vida en el seno materno, así como su proporción numérica, junto con el múltiple apoyo que reciben de la opinión pública, de un buscado reconocimiento legal y hasta de de la implicación del mismo personal que lo ejerce (cfr. Ev. Vitae, n º 17).

De esta manera, no podemos quedarnos tranquilos y aceptar pasivamente las formas de negación de la vida humana, y queremos apoyar todo cuanto promueva el orden natural en el ámbito de la institución familiar (cfr. Benedicto XVI, 7.XI.2010). Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, como nos decía Juan Pablo II, aún entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón (cf. Rm 2, 14 -15), como es el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término; y afirmar el derecho de cada ser humano a ver respetado este bien primario suyo.

Justamente, en el reconocimiento de este derecho se fundamenta la convivencia humana y la misma comunidad política (Ev. Vitae, nº2).

Y sin duda, el amor generoso e indisoluble de un hombre y una mujer, es el marco y el fundamento de la vida humana que la favorece y protege, tanto en su gestación, como en su nacimiento y crecimiento, así como en su término natural.

Que el hombre y la mujer que contraen el matrimonio y forman una familia sean valorados y apoyados en su misión en torno a la vida.

Por eso, deseamos que el hombre y la mujer que contraen el matrimonio y forman una familia sean valorados y apoyados en su misión en torno a la vida, y ésta pueda ser siempre protegida eficazmente. Pedimos que se defienda la vida de los hijos como sagrada e inviolable desde el momento de su concepción; y que la natalidad sea dignificada, valorada y apoyada jurídica, social y legislativamente (cfr. Benedicto XVI, ib).

Pedimos también que se respete la objeción de conciencia, de quienes quieren defender la vida del niño que va a nacer. Y que se trabaje al mismo tiempo por la vida del niño y del joven ya nacido, cuya vida tienen una dignidad incomparable: con salud, educación, y una familia, y a la vez sin padecer miseria, droga, inseguridad, y sin explotación ni abusos.

Siempre nos duelen las profanaciones a la vida en todas sus etapas, y sobre todo en el santuario de la vida naciente, que procuran quitar la vida al niño en gestación, huésped del seno materno; también nos duelen la actitudes de quienes buscando la adhesión social a esta opción, como si hubiera que eliminar a un injusto agresor, hayan transformado esta lamentable opción en una ideología, que crece al margen de la verdad, y se expresa frecuentemente con cantos y burlas, con gritos e insultos contra la vida del niño por nacer, y contra todos los que la defienden.

No queremos el mal de nadie, sino el bien de un niño que va a nacer. Queremos ser pacíficamente defensores de la vida; con la actitud que nos enseña la Palabra de Dios, que manifiesta su amor a cada ser humano, aún antes de su formación en el seno de la madre. Por eso le dice Dios al profeta Jeremías: "Antes de haberte formado yo en el seno materno, te conocía, y antes que nacieses, te tenía consagrado" (Jr 1, 5). 

“La vida se nos manifestó: y nosotros la hemos visto” (1 Juan 1,12)

Este amor ilimitado y casi incomprensible de Dios al hombre revela hasta qué punto la persona humana es digna de ser amada por sí misma, desde la concepción, independientemente de cualquier otra consideración: salud, capacidad, inteligencia, belleza, juventud, etc. En definitiva, la vida humana siempre es un bien, puesto que "es manifestación de Dios en el mundo, signo de su presencia, resplandor de su gloria" ("Ev. vitae", 34).

Se lo pedimos a María, la Madre de la vida naciente; en cuya maternidad viene exaltada al máximo la vocación a la maternidad de toda mujer. Así María se pone como modelo para la Iglesia, llamada a ser la “nueva Eva , madre de los creyentes, madre de los « vivientes » (cf. Gn 3, 20) y madre nuestra. 

Mons. José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario 


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Texto del micro radial de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, emitido por LT 9 (27 de noviembre de 2010). (AICA)

LA VIDA, DON Y RESPONSABILIDAD         

El Santo Padre ha querido iniciar el tiempo de Adviento con una solemne “Vigilia por la vida naciente”. El nacimiento de Jesús nos habla no sólo del valor de su vida y misión, sino que se convierte, para toda la humanidad, en el camino que ilumina y protege la vida de cada ser humano. La vida naciente presenta la exigencia de un derecho y reclama la responsabilidad de una tarea que nos compromete. La fe no me aísla en una relación personal con Dios, sino que me compromete con su obra, en especial con su obra mayor que es el hombre.

La gloria de Dios consiste, decía san Ireneo, en que el hombre viva, y la vida del hombre consiste en el encuentro con Dios. Todo este misterio de la grandeza de la vida y el destino del hombre está encerrado en la fragilidad de la vida naciente. Por ello, la realidad de esta vida es un don y una responsabilidad para el hombre y la sociedad.  

No somos dueños de la vida humana, pero sí partícipes necesarios de su concepción y cuidado. Esta verdad pertenece al orden natural y es captado por la razón y compromete, por lo mismo, una actitud moral. No podríamos hablar de la dignidad de la vida humana sino asumimos la exigencia de la tutela de su primer derecho, que es el derecho a la vida. Esto pertenece al orden la justicia que nos habla de dar a cada uno lo que le corresponde, en este caso el cuidado de la vida concebida. La correcta lectura de este hecho sólo requiere de una mirada simple, pero necesita de una actitud responsable.

Cuánto debemos agradecer el esfuerzo de personas e instituciones que acompañan este don de la vida, pienso entre nosotros en Grávida. Y qué triste es escuchar voces que proclaman el aborto seguro como un logro de la ciencia.  

Cuando el hombre olvida, por otra parte, su origen y destino trascendente queda encerrado en un mundo inmanente sin raíces ni horizonte. Esta afirmación que es fruto de la fe no es ajena a la razón, pero sí le agrega a la vida del hombre un valor de trascendencia que le da un sentido de plenitud. A aquellas razones humanas sobre la dignidad de la vida del hombre, esta mirada de fe le agrega la dimensión de una vocación que es única y personal, y para la cual Jesucristo ha venido para ser su Camino, su Verdad y su Vida. Toda la historia del amor de Dios, que en Jesucristo se ha hecho don personal para cada uno de nosotros, tiene en la vida naciente de todo hombre el comienzo de un diálogo que es la razón del envío y misión de Jesucristo.

Para esto he venido, nos dirá, para que el hombre participe de la vida de Dios. Estas razones que conocemos por la fe, porque provienen de la Palabra de Jesucristo, enriquecen a la razón y comprometen con más fuerza el cuidado de la vida.  

Que esta Vigilia por la vida naciente, con la que el Santo Padre ha querido inaugurar este tiempo de Adviento, renueve en nosotros el compromiso con la defensa de la vida en todas sus etapas. Reciban junto a mi afecto y oración, mi bendición en el Señor Jesús y María Santísima, Nuestra Madre de Guadalupe. 

Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz


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Lectio divina para el jueves de la tercera semana de Adviento, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.

LECTURA:          “Lucas 7, 24‑30”

Cuando se marcharon los mensajeros de Juan, Jesús se puso a hablar a la gente acerca de Juan: «¿Qué salisteis a contemplar en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? ¿O qué salisteis a ver? ¿Un hombre vestido con lujo? Los que se visten fastuosamente y viven entre placeres están en los palacios.

Entonces, ¿qué salisteis a ver? ¿Un profeta? Sí, os digo, y más que profeta. Él es de quien está escrito: "Yo envío mi mensajero delante de ti para que prepare el camino ante ti." Os digo que entre los nacidos de mujer nadie es más grande que Juan. Aunque el más pequeño en el reino de Dios es más grande que él.»

Al oírlo, toda la gente, incluso los publicanos, que habían recibido el bautismo de Juan, bendijeron a Dios. Pero los fariseos y los maestros de la ley, que no habían aceptado su bautismo, frustraron el designio de Dios para con ellos.

MEDITACIÓN:             “Mi mensajero”

            Juan fue mensajero, un buen mensajero. Fue capaz de hacer la carta de presentación de Jesús, sabiéndose él en su puesto, en su papel. Lo tenía fácil para haber usurpado un puesto privilegiado. Su voz, atrajo a muchos y les devolvió la esperanza y la fuerza para reorientar sus vidas. Pero tuvo claro que su tarea era la de ser mensajero. Y no tuvo ningún reparo en dejar que aquellos que se le habían juntado siguiesen a aquél a quien no era digno de desatarle las sandalias.

            Y no, no es que lo tuviese clarísimo, por eso tuvo que mandar una comisión que le preguntase si era él que tenía que venir.  Juan es de esos hombres honestos y honrados consigo mismos. De los que han vivido a la escucha para responder al plan de Dios en sus vidas. Que han sabido estar en un lugar preferente y que han sido capaces de dejar el paso libre señalando con claridad a quién hay que mirar para seguir el camino, con una radicalidad y coherencia que asume todas las consecuencias.

            Y así, en este momento, Juan se me vuelve a convertir  en llamada y en referente. También a mí, me llamas a ser mensajero de tu presencia, con mi palabra y con mi vida. Y no hacen faltan más llamadas especiales. Mi bautismo, como el tuyo y el de Juan, me ha puesto en el punto de partida y, actualizarlo en este momento de mi vida, es parte de mi llamada a seguir haciendo crecer mi fe, a madurarla, a ayudarle que se vaya haciendo adulta, firme, coherente, para no frustrar tu proyecto de amor en mí.

ORACIÓN:           “A la altura de tu llamada”

            Señor, no es fácil escuchar tu voz cuando no nos interesa escuchar, cuando no necesitamos de nadie que nos anuncie nada y de que ponga en jaque la coherencia y la autenticidad de nuestra vida y, sobre todo, cuando nos llama al servicio. Pero te doy gracias por tu llamada continua.

            Sí, gracias por tu llamada que resuena en mí a través de voces y de vidas como las del Bautista, porque es a través de ellas como me interpelas, me cuestionas y me pides una respuesta. Gracias porque me recuerdas que mi realidad de bautizado me sigue pidiendo mi respuesta y mi coherencia. Ayúdame para que mi respuesta esté ala altura de tu llamada.    

CONTEMPLACIÓN:           “Pequeño”

Soy pequeño
y en ti descubro la grandeza
a la que me llamas
y de la que soy portador.

Me has hecho hijo y mensajero,
y me quieres testigo de tu amor.

De ese amor que bulle
en mi interior
y que no soy capaz de expresar
aunque lo deseo.

Soy pequeño y limitado
si me encierro
en la cuatro paredes
de mi humanidad desvalida
capaz de grandes palabras
y de pocos gestos.

Y eres tú,
cuando sales a mi paso,
quien me desvela
tu tesoro escondido
en la gran tarea y dignidad
de mi pequeñez.


Publicado por verdenaranja @ 16:24  | Liturgia
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Lectio divina para el miércoles de la tercera semana de Adviento, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenrife.

LECTURA:          “Lucas 7, 19‑23”

En aquel tiempo, Juan envió a dos de sus discípulos a preguntar al Señor: «¿Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?»

Los hombres se presentaron a Jesús y le dijeron: «Juan, el Bautista, nos ha mandado a preguntarte: "¿Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?"»

Y en aquella ocasión Jesús curó a muchos de enfermedades, achaques y malos espíritus, y a muchos ciegos les otorgó la vista.

Después contestó a los enviados: «Id a anunciar a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los inválidos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio. Y dichoso el que no se escandalice de mí.»

MEDITACIÓN:          “¿Esperar a otro?”

            Ciertamente hay muchos que ya no esperan nada ni a nadie. Se ha apoderado del hombre de hoy un tal desencanto que ya no hay esperanza para que quepa nada nuevo. Hasta nosotros tenemos a veces esa tentación. Pero si hubiese que esperar a alguien que trajese algo de esperanza, alguien que nos abriese perspectivas de un horizonte nueva, que despejase las nieblas que hemos cernido sobre el hombre. Si tuviésemos que esperar a alguien que nos hablase del amor de verdad, y del perdón y de la paz profunda que brota de lo más íntimo del corazón y de la capacidad de todos para conseguir la armonía con todos los seres y la creación, si quisiéramos esperar a alguien así, tendríamos que repetirte.

            Lo que todos esperamos en lo más profundo de nuestra humanidad, aunque no queramos o no sepamos expresarlo ni reconocerlo, se ha hecho realidad en ti. No. No tenemos que esperar a otro, porque tú has venido, tú sigues viniendo, tú estás y seguirás estando y dejando resonar tu voz y tu amor en lo más profundo del corazón humano, creado a tu imagen y semejanza.

            Lo que sí espero, Señor, lo que sigo esperando, es que el hombre herido, que yo, sea capaz de abrirme a tu presencia, sea capaz de acoger el don de tu amor, sea capaz de reconocerte presente en esa sed de más que no me sacian las demás cosas y que por mucho que las tenga siempre dejan en mí una sensación de vacío, de insatisfacción, de inquietud, de dolor. Quiero seguir esperando en ti, porque tú sigues esperando en mí y ahí se sustenta la fragilidad de mis mejores deseos. Gracias por haber venido y seguir llamando a la puerta de mi existencia.         

ORACIÓN:              “Valor para acogerte”

            Gracias, Señor, porque sigues viniendo, porque sigues pasando por mi vida una y otra vez, gracias porque me llamas desde la inquietud de mi interior y porque también me gritas tu presencia en tantos hermanos necesitados que me tienden su mano y yo pretendo esquivar. Gracias porque tu voz es clara, aunque me resista a escucharla.

            Y dame el valor y el coraje, y la humildad necesaria para reconocer que me has encontrado y que soy yo el que me escondo, el que huyo de ti, el que me resisto a dejarme encontrar, el que cierra los ojos para no complicar mi vida. Dame valor para acogerte           

CONTEMPLACIÓN:            “Entra”

Eres el milagro de la vida
que no quiero ver,
eres la luz de la esperanza
que me niego a mirar,
eres el grito de la vida
que me da miedo a abrazar,
eres la fuerza del amor
que no sé cómo tratar.

Y quisiera cerrar
los ojos y el corazón
para no sentir tu presencia,
y acallar la fuerza de tu voz
que me grita por dentro.

Y así sigues llamando
a mi puerta entreabierta,
y aunque no sé cómo expresarlo,
entra, Señor, entra.


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lunes, 13 de diciembre de 2010

Moniciones para el cuarto domingo de Adviento - A, ofrecidas por el Área de Pastoral Social de la Diócesis de Tenerife.
Una espera madura que se traduce en amor

CELEBRACIÓN DEL CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO

MONICIÓN DE ENTRADA:

Hermanos y hermanas: La Navidad está cercana. Hoy encendemos la cuarta vela de la Corona de Adviento. Todas las lámparas están encendidas para acoger al Mesías. Sin embargo, las llamadas que se nos hacen en la calle anunciando al Navidad no son las apropiadas para vivir nuestra Navidad como creyentes en Jesucristo.

Pidamos hoy especialmente a María, modelo de la comunidad creyente, que nos enseñe a creer, celebrar y vivir la Navidad. Necesitamos su fe, su humildad, su esperanza, su amor. Si la vivimos como Ella, no tenemos duda que la Navidad será una verdadera LUZ para todos.

Con estos deseos demos comencemos a la celebración. 

AL  ENCENDER LA 4º VELA DE LA CORONA: 

Hoy se enciende una luz para toda persona humana. Jesús pronto llegará y se hará presente entre nosotros. El coro celestial dirá “Paz” “a los hombres de buena voluntad”: Digamos todos alegres: ¡gloria al Señor!  

MONICIÓN A LA 1ª LECTURA:

El profeta quiere que el Rey se apoye en Dios, pero el rey prefiere apoyarse en la diplomacia y la fuerza.  Isaías ofrece una señal salvadora: la Virgen embarazada dará  a luz un niño divino. Estas palabras que se hacen realidad en María y en Jesús, el Enmauel. Escuchemos 

MONICIÓN A LA 2ª LECTURA:

         Pablo se presenta a los romanos como un hombre de Cristo. No ofrece más títulos que sus relaciones con el Señor. Esto mismo tendríamos que repetir todos los cristianos: Hemos sido bautizados para servir, para ser sus testigos y anunciar el Evangelio de Dios, siendo con nuestra forma de ser y hacer la buena-noticia de su amor misericordioso. 

MONICIÓN AL EVANGELIO:  

         Mateo en el Evangelio que vamos escuchar,  explica cómo se cumplió la profecía de Isaías en María y define a José como hombre justo, creyente, obediente y responsable.  

ORACIÓN DE LOS FIELES

Por la intersección de  María, esperanza nuestra, y de su hijo Jesucristo, nuestro Emmanuel, le pedimos al Padre: Ven, Señor a salvarnos.

Que la Iglesia, como María, Virgen y Madre, tenga  como norte siempre en su vida y en su actuación la Palabra de Dios. Oremos

Que todos dejemos que Dios, con la entrada de su Hijo en el Mundo, humanice las relaciones entre todas las personas y los pueblos. Oremos.

Que, con nuestro compromiso,  el anuncio de la Navidad aporte consuelo a los afligidos, fortalezca a los débiles, esperanza a los excluidos, salud a los enfermos y salvación para todos. Oremos. 

Que florezca en toda la tierra la paz y la justicia y que nosotros colaboremos en su extensión. Oremos.

Que sepamos descubrir la presencia de Emmanuel y las señales de esperanza que Dios nos envía. Oremos.

Que los que hoy comulgamos el cuerpo  y al sangre de Cristo seamos  testigos de la Navidad y de la Pascua y vivamos una Navidad gozosa y solidaria. Oremos.

OREMOS: Ven, Señor, a salvarnos; Ven, Señor, y quédate siempre con nosotros.

OFRENDAS:

PAN Y VINO: Que este pan y vino, Señor, que se transformará en tu Cuerpo y Sangre, boas transforme a nosotros para comunicar nuestra alegría por tu presencia entre nosotros.

CUNA VACÍA: Te presentamos esta cuna vacía para que nazca en ella el Niño. Queremos llenarla con nuestros compromisos  y oraciones.

OFRENDA DE CARIDAD. Te presentamos, Señor, estos pañales de niños, como expresión de nuestro a compartir con  los más necesitados.

COLECTA:   Ponemos junto al altar nuestro compartir solidario y nuestra decisión de vivir con mayor austeridad, mientras haya tantas personas que pasan hambre, no tienen trabajo y son tratadas injustamente.

ACCIÓN DE GRACIAS

Cristo, Jesús, Gracias  por tu visita. Sabemos que contigo nos viene la Salvación, tu fuerza, tu belleza y tu alegría.
Cristo, Jesús, te agradecemos  la esperanza que nos das para vivir  vigilantes, alegres, incluso en las dificultades  y siendo pacientes.
Cristo, Jesús,  a pesar de que nos acobardamos por nuestras  debilidades, te damos las gracias  porque, a pesar de que somos competitivos e individualistas, nos quieres con las manos unidas, creando comunidades fraternas a nuestro alrededor.

PASTORAL DE LA SALUD

La Pastoral de la Salud celebra este año los 25 años de la primera  Jornada Eclesial del  Día del Enfermo, con el lema: “DANDO VIDA, SEMBRANDO ESPERANZA.

Cada año, el 2 de febrero celebramos el “Día eclesial del Enfermo”, conscientes de que las personas enfermas son miembros vivos de la comunidad cristiana, sujetos activos de la Evangelización que anuncian y testimonian el Evangelio.  También en el Cuarto domingo de Pascua celebramos en nuestras parroquias y/o zonas Pastorales  la Pascua del Enfermo.

A ejemplo de la actitud de Jesús con los enfermos que encontraba en su camino, queremos estar cerca de las personas que viven en el entorno de nuestras parroquias, en situación de debilidad y enfermedad, acompañándoles a ellos y a sus familias, con nuestros cuidados y atenciones, colaborando en la humanización de su entorno. Este es el objeto de los grupos parroquiales de Pastoral de la Salud. 

La Pastoral de la Salud dedica sus esfuerzos en la atención pastoral a los enfermos en los hospitales y residencias, con sus capellanes y grupos de seglares que visitan y acompañan. Queremos poner especial cuidado en el servicio al enfermo más pobre y desasistido.


Publicado por verdenaranja @ 22:51  | Liturgia
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ZENIT  nos ofrece las palabras que el Papa Benedicto XVI pronunció el domingo, 28 de Noviembre de 2010 a mediodía, al introducir el rezo del Ángelus con los peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro.

¡Queridos hermanos y hermanas!

Hoy, primer domingo de Adviento, la Iglesia inicia un nuevo Año Litúrgico, un nuevo camino de fe que, por una parte, hace memoria del acontecimiento de Jesucristo, y por otra, se abre a su cumplimiento final. Es precisamente desde esta doble perspectiva de donde vive el Tiempo de Adviento, mirando tanto a la primera venida del Hijo de Dios, cuando nació de la Virgen María, como a su vuelta gloriosa, cuando vendrá a “juzgar a vivos y muertos”, como decimos en el Credo. Sobre este sugestivo tema de la “espera” quisiera ahora detenerme brevemente, porque se trata de un aspecto profundamente humano, en el que la fe se convierte, por así decirlo, en un todo con nuestra carne y nuestro corazón.

La espera, el esperar es una dimensión que atraviesa toda nuestra existencia personal, familiar y social. La espera está presente en mil situaciones, desde las más pequeñas y banales hasta las más importantes, que nos implican totalmente y en lo profundo. Pensemos, entre estas, en la espera de un hijo por parte de dos esposos; a la de un pariente o de un amigo que viene a visitarnos de lejos; pensemos, para un joven, en la espera del éxito en un examen decisivo, o de una entrevista de trabajo; en las relaciones afectivas, en la espera del encuentro con la persona amada, de la respuesta a una carta, o de la acogida de un perdón... Se podría decir que el hombre está vivo mientras espera, mientras en su corazón está viva la esperanza. Y al hombre se le reconoce por sus esperas: nuestra “estatura” moral y espiritual se puede medir por lo que esperamos, por aquello en lo que esperamos.

Cada uno de nosotros, por tanto, especialmente en este Tiempo que nos prepara a la Navidad, puede preguntarse: yo, ¿qué espero? ¿A qué, en este momento de mi vida, está dirigido mi corazón? Y esta misma pregunta se puede plantear a nivel de familia, de comunidad, de nación. ¿Qué es lo que esperamos, juntos? ¿Qué une nuestras aspiraciones, qué las acomuna? En el tiempo precedente al nacimiento de Jesús, era fortísima en Israel la espera del Mesías, es decir, de un Consagrado, descendiente del rey David, que habría finalmente liberado al pueblo de toda esclavitud moral y política e instaurado el Reino de Dios. Pero nadie habría nunca imaginado que el Mesías pudiese nacer de una joven humilde como era María, prometida del justo José. Ni siquiera ella lo habría esperado nunca, pero en su corazón la espera del Salvador era tan grande, su fe y su esperanza eran tan ardientes, que Él pudo encontrar en ella una madre digna. Del resto, Dios mismo la había preparado, antes de los siglos. Hay una misteriosa correspondencia entre la espera de Dios y la de María, la criatura “llena de gracia”, totalmente transparente al designio de amor del Altísimo. Aprendamos de Ella, Mujer del Adviento, a gestionar los gestos cotidianos con un espíritu nuevo, con el sentimiento de una espera profunda, que solo la venida de Dios puede colmar.

[Después del rezo del Ángelus, el Papa dijo en español]

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española que participan en esta oración mariana, así como a quienes se unen a ella a través de la radio y la televisión. Al iniciar el santo tiempo de Adviento, invito a todos a intensificar la oración y la meditación de la Palabra de Dios, para que se avive el deseo de salir al encuentro de Cristo, cuya primera venida recordamos con gozo, mientras nos preparamos a su segunda venida, al final de los tiempos, con atenta vigilancia y ardiente caridad. Que a ello nos ayude la amorosa protección de María Santísima, Virgen y Madre. Feliz Domingo.

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
© Copyright 2010 - Libreria Editrice Vaticana]


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(De Fueste de la Guancha)

FIESTA LITÚRGICA DE SANTA TERESA DEL NIÑO JESÚS

1 de Octubre

Nuestra parroquia cuenta con una imagen de Santa Teresita de Lisieux, que se colocó sobre pedestal con flores para su celebración litúrgica el 1 de Octubre. El párroco, después de recordar su vida, invitó a los asistentes a seguir su ejemplo en el “caminito” de la sencillez, a enamorarnos del Amor con todas nuestras fuerzas, a cumplir la voluntad de Dios siempre y en todo y a tener paciencia ante las dificultades de la vida. 

INICIO OFICIAL DE LA CATEQUESIS. DÍA DE LA CATEQUESIS

2 de Octubre

Con el lema “Adultos en la fe” se ha recibido el cartel y subsidio litúrgico para la celebración del DÍA DE LA CATEQUESIS que tendrá lugar en nuestra diócesis de Tenerife el 10 de Octubre de 2010. El Delegado en carta aparte invita a los catequistas a analizar nuestra fe, preguntarnos cada uno ante el Señor, por la calidad de nuestro seguimiento de Jesús y de nuestro ardor misionero” para sintonizar así con el objetivo preferente del PDP en este año pastoral, e insiste en la importancia de la formación continua. 

DÍA DE LA POLICÍA MUNICIPAL

3 de Octubre

Los miembros de la Policía de nuestro municipio de La Guancha se hicieron presentes en el templo parroquial para celebrar la fiesta litúrgica de los Santos Ángeles Custodios que tienen como patronos. En la Misa estuvieron acompañados por la Señora Alcaldesa y Concejales y el coro parroquial se encargó de las partes cantadas. 

FIESTA LITÚRGICA DE SAN FRANCISCO DE ASÍS

4 de Octubre

No pasó desapercibida la fiesta litúrgica de San Francisco de Asís en nuestra parroquia puesto que posee una imagen del Pobrecillo de Asís. Ya el párroco había anunciado en las misas dominicales su celebración. Un grupo de fieles respondió a llamada para invocar la intercesión del Santo de Asís y conocer  un poco más su vida de entrega en el seguimiento de Cristo.

 PROGRAMA DE LAS FIESTAS DEL ROSARIO

4 de Octubre

Los cofrades de Ntra. Sra. del Rosario están distribuyendo en todos los hogares de la parroquia el Programa de Actos para la celebración de las Fiestas 2010. En él se encuentran los escritos de la Señora Alcaldesa y del párroco invitando a las fiestas, un Himno a la Virgen del Rosario de La Guancha y el horario de los actos religiosos y profanos entre el 7 y 11 de octubre. 

BODA EN LA GUACHA

9 de Octubre

Después de la Eucaristía del sábado tuvo lugar en nuestra iglesia, que se encontraba con todas sus galas por la fiesta del Rosario, la celebración del matrimonio de los jóvenes José Roberto, natural y vecino del Tanque, y Beatriz, natural y vecina de nuestro pueblo. Sus padrinos fueron Jesús Manuel y Sandra del Rosario, hermano y cuñada de la contrayente. 

TERCER DÍA DEL TRIDUO: ROSARIO, EUCARISTÍA, HIMNO Y RECITAL POÉTICO EN HONOR DE NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO

9 de Octubre

La tarde del tercer día del Triduo giró totalmente en torno a María, Madre del Rosario. Comenzó con el rezo de Santo Rosario meditado, dando paso a la celebración de la Eucaristía cuyas partes cantadas estuvieron a cargo del Coro de Ntra. Sra. del Carmen de Los Realejos. Al final de la Misa este mismo coro interpretó y estrenó el himno dedicado a la Virgen del Rosario de La Guancha, según música compuesta por D. José García Melo y letra de D. Manuel Pérez Rodríguez. Luego tuvo lugar el tradicional Recital Poético por  la Asociación Canaria de Poetas Universo, presentados por el ya mencionado Don Manuel que elevaron en verso por décima quinta vez alabanzas, súplicas y acción de gracias a María.  

DÍA PRINCIPAL DE LAS FIESTAS DEL ROSARIO

10 de Octubre 

A las seis y media de la tarde del domingo 10 de de octubre comenzaban los actos principales de la fiesta que durante todo el  día los repiques de campanas y cohetes habían anunciado: La Eucaristía, Procesión y quema de los barcos. Don Cristóbal Pérez Vega, canónigo lectoral de la Catedral  de La Laguna, dirigió la palabra y el coro de Ntra. Sra. de la Encarnación de la Victoria llevó a cabo las partes cantadas de la Misa. La procesión fue acompañada por las autoridades locales y banda de música “La Esperanza ”, quemándose fuegos artificiales en su recorrido. Después de la procesión se escenificó la alegoría de la Batalla de Lepanto con la quema de los barcos, y se exaltó el rezo del rosario como fuente de gracias. 

ENVÍO DE LOS CATEQUISTAS

10 de Octubre

Dimos inicio en nuestras parroquias de La Guancha de de San José a la catequesis parroquial uniéndonos a toda la Comunidad Diocesana de Tenerife que celebraba el 10 de Octubre el Día de la Catequesis bajo el lema "ADULTOS EN LA FE". Diez catequistas en la Guancha y cuatro en San José pidieron junto con los padres, niños y jóvenes el don del Espíritu Santo, recibieron la bendición del párroco y los materiales y se comprometieron a ser testigos de la fe la Iglesia y a trasmitirla a sus catequizandos.  

EXCURSIÓN PARROQUIAL AL SUR DE LA ISLA

12 de Octubre

Ya es tradicional que la Comisión Parroquial organice el 12 de Octubre una excursión, aprovechando que es festivo. Este año el recorrido fue: Santiago del Teide, Playa de San Juan, Los Cristianos y Candelaria, respondiendo a la convocatoria ciento cinco personas. Tuvimos la celebración de la eucaristía en la Iglesia de San Fernando Rey en Santiago del Teide. Después contemplamos  los progresos turísticos de Playa de San Juan y de Los Cristianos. Terminamos haciendo una visita al Santuario de Ntra. Sra. de Candelaria y rezando ante el altar de la Patrona del Archipiélago Canario   

MATERIALES DOMUND 2010

13 de Octubre

“El lema para la jornada del Domund 2010, en palabras de mons. Francisco Pérez, Director de OMP en España, es una propuesta muy clara para todos: “Queremos ver a Jesús”. El cartel, que nos presenta a una joven religiosa que mira con amor cristiano a una niña frágil y hambrienta de afecto, el tríptico  y la revista ILUMINARE con la presentación  de la campaña de Mons. Francisco Pérez, mensaje del Papa, servicio teológico-pastoral, guión litúrgico, vigilia de la luz y testimonios nos ayudarán a los objetivos para este año: 1) iniciar a los fieles en la contemplación del rostro de Dios, en el que se reflejan los rostros de los más necesitados, 2) promover una sensibilidad a los que buscan conocer y ver a jesús, 3) participar en actividades con motivo del Domund, 4) colaborar con una aportación económica y 5) orar por las vocaciones misioneras. 

CELEBRACIÓN DEL ROSARIO EN LA PARROQUIA DE SAN JOSÉ

16 de octubre

En la tarde-noche  del sábado 16 de Octubre un grupo numeroso de fieles se reunieron en el templo parroquial de San José de San Juan de la Rambla para participar en la Eucaristía y posterior procesión en honor de Ntra. Sra. del Rosario. La procesión recorrió las calles de la urbanización Los Toscales. Todos los fieles portaban velas encendidas en sus manos mientras se rezaban los cinco misterios de Gloria introducidos por un texto de la Sagrada Escritura y dirigidos por los miembros del Rosario de Fátima. Después de los fuegos artificiales el sacerdote en la puerta del templo despide a los fieles y les da la bendición. 

VISITA DE UN SEMINARISTA

16 y 17 de Octubre

Este año la visita anual del seminarista a nuestra parroquia se adelantó. La intención del Seminario es hacerse presente en todas las parroquias de la diócesis a través del testimonio de los seminaristas, lo cual comporta empezar desde el inicio del curso.

Un joven de primero institucional estuvo entre nosotros el sábado y domingo y tuvo la oportunidad de hablar de su vocación en todos los lugares de culto de las dos parroquias: San José y El Dulce Nombre de Jesús.  

BODA EN LA GUANCHA

16 de Octubre

Los jóvenes Juan Pedro, natural de San Juan del Reparo en Garachico,  y Jacqueline, natural y vecina de nuestra parroquia. Contrajeron matrimonio dentro de la misa de la víspera del domingo veintinueve del Tiempo Ordinario. Fueron acompañados por numerosos familiares y amigos.  

VISITA DE LA DIRECTORA GENERAL DE PATRIMONIO A LA IGLESIA DE SAN JOSÉ

26 de Octubre

En la mañana del 26 de Octubre la Directora General de patrimonio, doña María Aranzazu Gutiérrez Ávila, visitó nuestra iglesia de San José para conocer in situ el ritmo de las obras de restauración de elementos puntuales del templo en su segunda fase. Le acompañaron el Delegado Diocesano, don Miguel Ángel Navarro Mederos, y el arquitecto del obispado además de el Concejal de Cultura del Ayuntamiento, el rematador y el párroco. Las obras se están realizando en colaboración de la Dirección General, Obispado y Ayuntamiento y abarcan en esta segunda fase la restauración interior del artesonado, coro, tribuna, puertas de tea y el marco de la puerta transversal de abajo.
Vista la evolución de las obras se decidió que la inauguración oficial tendrá lugar el 19 de Diciembre. 

VISITA DE RESIDENTES EN CENTRO SOCIOSANITARIO GEROVITAE DE LA GUANCHA

27 de Octubre

En la mañana del miércoles 27 de Octubre recibimos en el templo parroquial a un grupo de residentes del Centro Sociosanitario Gerovitae de nuestro municipio en visita cultural. Fueron recibidos por el párroco quien, después de una oración con los ancianos, les saludó e hizo un recorrido histórico del edificio, retablos e imágenes. Al terminar les repartió una fotografía de la Virgen de la Esperanza y del Niño Jesús. 

FIESTA LITÚRGICA DE SAN JUDAS

28 de Octubre

El templo parroquial posee una imagen de San Judas Tadeo, que se bajó del retablo y se colocó a la izquierda del altar mayor para veneración de los fieles en el día de su fiesta litúrgica. El anuncio del párroco  el domingo anterior y los repiques de campanas hicieron que para la celebración de la Eucaristía se reuniera un grupo numeroso de personas.


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(De Fuente de La Guancha

BAUTISMOS EN LA GUANCHA

12 de Septiembre  

En el segundo domingo del mes de Septiembre recibieron el bautismo tres niños: Ainhoa, Martina y Adrián. 

FIESTA PATRONALES DE SAN JOSÉ

12 y 13 de Septiembre

Como es tradición centenaria los fieles de la parroquia de San José de San Juan de la Rambla celebraron sus Fiestas Patronales. Una serie de actos religiosos y profanos hicieron que en torno a la plaza e iglesia se hayan reunido cientos de personas. Durante doce días, la Comisión organizó actos culturales, folklóricos y lúdicos para esparcimiento de mayores, niños y jóvenes. Pero sin lugar a dudas el día principal y central de las fiestas fue el Lunes 13 en el que se tuvo la Eucaristía concelebrada y la procesión acompañada de las autoridades locales, de varios consejeros autonómicos, alcaldes vecinos, romeras y Banda de música. Al terminar se bendijeron los animales. 

CELEBRACIÓN DE LA EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ

14 de Septiembre

La Ermita del Calvario se convirtió este día en el punto de referencia de los vecinos de nuestra parroquia. La Comisión responsable se encargó de que  no pasara desapercibido puesto que desde la mañana el continuo lanzamiento de cohetes así lo exigía. La Ermita del Calvario aparecía con flores, papeles de colores y hojas de palmeras. En la tarde se tuvo la Santa Misa cantada. No faltaron al terminar la copa de vino y los rosquetes guancheros. 

CELEBRACIÓN DE LA VIRGEN DE LOS DOLORES

15 de Septiembre

El día de Ntra. Sra. de los Dolores fue también especial en nuestra parroquia. La Cofradía de la Santa Pasión colocó la imagen bajo dosel y los repiques de campanas anunciaron su fiesta. En la tarde se convocó a los fieles para la Eucaristía cantando coro parroquial. 

OBRAS DE RESTAURACIÓN EN IGLESIA DE SAN JOSE

17 de Septiembre

Las obras de restauración del templo parroquial de San José de San Juan de la Rambla van a buen ritmo. La empresa “Construcciones Ventura”, que actualmente está trabajando en él, tiene previsto dejar el templo dispuesto para el culto en dos meses.  

BODA EN LA GUANCHA

18 de Septiembre

Pedro José, natural y vecino de Santa Cruz, y María Candelaria, natural y vecina de la parroquia, se unieron en matrimonio en nuestra iglesia parroquial el sábado 18 de Septiembre durante la celebración de la Santa Misa de la víspera del domingo veinticinco del Tiempo Ordinario. Fueron sus padrinos el padre de la novia y la hermana del novio. 

BODA EN LA GUANCHA

25 de Septiembre

También el sábado 25 de Septiembre y en la Eucaristía de la víspera del domingo veintiséis del Tiempo Ordinario contrajeron matrimonio los jóvenes Juan Argelio, natural de La Laguna y vecino de Santa Cruz, y María de los Ángeles, natural y vecina de nuestra parroquia. Fueron sus padrinos el padre de la contrayente y la madre del contrayente. 


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Lectio divina para el martes de la tercera semana de Adviento, ofrecida por la Delegación Diocesana de liturgia de la diócesis de Tenrife.

LECTURA:      “Mateo 21, 28‑32”

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña." Él le contestó: "No quiero." Pero después recapacitó y fue.

Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: "Voy, señor." Pero no fue.

¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre?»

Contestaron: «El primero.» Jesús les dijo: «Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no recapacitasteis ni le creísteis.»

MEDITACIÓN:               “Después recapacitó”

            Generalmente en nuestro actuar se suelen dar dos tiempos: el primero que responde a la reacción espontánea del momento, de las circunstancias y del propio temperamento y que, por ello, suele ser, generalmente, la menos correcta Y un segundo momento, en el que se supone que hemos repensado nuestra primera actuación y hemos sido capaces de responder de manera pensada, ponderada y valorando los pros y los contras, y ahí puede ser que coincida o no nuestra respuesta con la anterior.

            Este segundo paso es el más importante, porque señala nuestra capacidad de discernir, de responder con más cordura y sentido común a las situaciones que nos surgen y, por lo tanto el que tiene valor.

            Y así pasó con estos hijos cuya segunda actitud puso de manifiesto la capacidad o la autenticidad de cada uno. Y así pasa en nuestras vidas y en mi vida, como con aquellos personajes a quienes descubriste en su incoherencia. Solemos hacer afirmaciones generosas en la teoría, pero que luego, a la hora de la verdad, no somos capaces de realizar por lo que sea, porque no las hemos asimilado, porque a la hora de la verdad las cosas son más complejas de lo que parece, o porque exigen un esfuerzo y una responsabilidad a cuya altura no hemos llegado o no queremos llegar.

            Y siento que me llamas a recapacitar, a repensar, a profundizar, a manifestar la madurez y la adultez de mis opciones de fe con todas sus consecuencias. Me gustaría quedarme en la superficie, en lo fácil, en lo cómodo, en el nadar y guardar la ropa, pero ese juego no sirve y, tal vez me están llevando la delantera muchos que pienso que tienen que estar por detrás. Sí, creo que tengo que despertar mi capacidad de discernir, en ello se juega lo mejor de mí.

ORACIÓN:             “Dame sensatez”

            Señor, ante ti no puedo utilizar disculpas con las que me quiera justificar. Tú me sondeas y me conoces en mi realidad. Dame sensatez para responder a mi verdad y a la tuya.

            Y gracias, una y otra vez, porque al mismo tiempo que tocas mi fibra sensible, la que me duele y que desearía no tener, me descubres el punto a sanar, el espacio donde crecer.

CONTEMPLACIÓN:             “Me descubres”

Me descubres las sombras
de mis verdades a medias,
de mis engaños encubiertos,
de la pobreza
de mis seguridades inciertas.

Y me lanzas a la aventura
de encontrarme
con mi verdad desnuda
y de sanar las heridas
de mis intereses torpes.

Y en ese doloroso desconcierto
descubro mi tesoro escondido
esperando junto al tuyo.


Publicado por verdenaranja @ 16:44  | Liturgia
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domingo, 12 de diciembre de 2010

ZENIT  publica el balance que ha realizado monseñor Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo, administrador apostólico de Huesca y de Jaca, de la visita de Benedicot XVI a Santiago de Compostela y Barcelona, del 6 al 7 de noviembre.

Me han preguntado en tantos sitios qué me ha llamado la atención de la visita que el Papa ha hecho recientemente a España. A nuestras comunidades cristianas, a los círculos mediáticos, culturales y políticos, les he dicho lo mismo: que una vez más, me sorprende la realidad por encima del prejuicio, especialmente ante los vaticinios catastrofistas de quienes piensan que su cortedad de miras coincide con lo que de hecho acontece. Por eso, esta visita no deja de llenarme de una sana y enorme satisfacción. El Papa ha visitado un pueblo que tiene raíces cristianas, tal vez descuidadas, mal regadas, de mucha historia en los mil avatares, pero ese pueblo en su hondura creyente hace que las dificultades internas y las que provienen desde fuera siempre tengan fondo para volver a reverdecer.

Lo hemos visto en pueblos y civilizaciones arrasadas por una calculada destrucción alienadora, una terrible estrategia cultural y violenta de acabar con el cristianismo, que a la vuelta de un tiempo, los arrasadores han pasado, sus destrucciones caducaron, y de modo misterioso y gratuito (como hace Dios las cosas), vuelve a nacer lo que anidaba en la savia profunda de la fe y de la memoria de un pueblo que no se rindió.

He visto, en este sentido, a ese pueblo cristiano que de nuevo saca a la plaza pública una fe que celebra, que la hace propuesta de nueva humanidad, que la narra como se ofrece una cultura de la vida, de la verdad, de la bondad y de la belleza. Y esa belleza coincide con la Belleza que Dios mismo es.

Porque la Belleza con mayúsculas no es una cuestión estética, la de las buenas formas, los buenos gustos, lo políticamente correcto. La Belleza es el modo de ser de Dios, su firma de autor en todo cuanto hace y rehace. Era muy hermoso el fragmento que el Papa pronunció en el marco conmovedor de la Basílica de la Sagrada Familia, obra del artista y arquitecto cristiano Antonio Gaudí. Y es que el hombre está herido de esa Belleza primordial que nos constituye: somos imagen y semejanza de un Dios que es la misma Belleza.

Siempre que traicionamos, de mil modos, esa exigencia de Belleza escrita en nuestro corazón, nuestra vida se disuelve, no se entiende, se puede llegar a destruir por dentro, a enfrentar por fuera, y a perder el vínculo más verdadero con el Misterio que representa Dios. Los santos no han dejado de narrar con su vida, con sus obras en tantos campos, la Belleza de ese Dios que ellos testimonian en cada tramo de la historia y a cada generación.Hay una indómita nostalgia que nos constituye en mendigos de una gracia para la que hemos nacido, que nos hace caminantes hacia una tierra a la -lo sepamos o no- peregrina cada fibra de nuestro ser. Dios ha venido para abrazar ese deseo escrito en el corazón, para acompañarlo y para darle cumplimiento.

Un apunte final al hilo de las últimas cortinas de humo. Algunos han dicho que perdemos feligreses y que nos deberíamos preocupar. No conozco las fuentes de sus estadísticas, no vaya a ser que se les haya traspapelado la intención de voto en sus votantes, pero lo que sí les puedo decir es que las personas en las filas del paro, no dejan de llamar a nuestras puertas, y Cáritas tiene más feligreses que nunca. Y a los que de este modo nos dan consejos, yo les diría que en lugar de prepararnos leyes para la muerte digna, que ninguno ha pedido ni constituye una demanda social, mejor no se distraigan y que se empleen a fondo en trabajar para encontrar medios para una vida digna. Para ésta sí que hay demanda humana. Que no son los apellidos y su orden lo que nos preocupa a los ciudadanos, sino poder arreglar sin demagogias lo que no tiene nombre.


Publicado por verdenaranja @ 19:55  | Hablan los obispos
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ZENIT  publica las palabras pronunciadas por el Cardenal Joseph Zen, obispo emérito de Hong Kong, frente al Santo Padre y los miembros del Colegio Cardenalicio durante la jornada de oración y reflexión que tuvo lugar el 19 de noviembre en el Vaticano, antes del Consistorio para la creación de 24 nuevos cardenales.

 

Pienso que es mi deber, existiendo esta especial oportunidad, informar a mis eminentísimos hermanos de que en China no hay aún libertad religiosa. Hay en el aire demasiado optimismo que no corresponde a la realidad. Algunos no tienen manera de conocer la realidad; algunos cierran los ojos frente a la realidad; algunos entienden la libertad religiosa en un sentido bastante reduccionista. 

Si dais una vuelta por China (lo que no recomiendo, porque vuestras visitas serán manipuladas y explotadas con el fin de propaganda), veréis bellas iglesias llenas de fieles que rezan y cantan, como en cualquier otra ciudad del mundo cristiano. Pero la libertad religiosa no se reduce a libertad de culto.

Hay mucho más. Alguno protestará. Hay quien ha escrito: "Pekín quiere los obispos queridos por el Papa". ¡Ojalá fuese cierto! La realidad es que se da un "pulso", en la que no sé quien ha cedido más.

Que recientemente no haya habido ordenaciones episcopales ilícitas es ciertamente un bien  [esto fue pronunciado el pasado viernes, antes de la ordenación episcopal ilícita de Joseph Guo Jincai]. Pero cuando el gobierno chino levanta la voz y nuestras posibilidades de investigación son tan limitadas, sumado al temor de nuevas tensiones, existe el riesgo real de que se aprueben jóvenes obispos no idóneos que reinarán por décadas.

Me pregunto: ¿Por qué no se ha llegado todavía a un acuerdo que garantice la iniciativa del Papa en la elección de los obispos, aún admitiendo un lugar para la opinión del gobierno chino? No sé cómo están yendo las tratativas entre ambas partes porque no estamos entre los expertos y no se nos permite saber nada. Pero entre los expertos que siguen de cerca los acontecimientos, la impresión general es que de "nuestra" parte hay una estrategia de compromiso, si no a ultranza, al menos de preponderancia. Por otra parte, en cambio, no se ve una mínima intención de cambiar. Los comunistas chinos han seguido siempre con la política religiosa de control absoluto. Entre nosotros todos sabemos que los comunistas aplastan a quien se muestra débil mientras que, frente a la firmeza, alguna vez pueden incluso cambiar de actitud.

Se publicó una carta del Papa a la Iglesia en China, hace ya más de tres años, una obra maestra de equilibrio entre la claridad de la verdad y la magnanimidad para un diálogo. Lamentablemente creo tener que decir que no ha sido tomada en serio por todos.

Está quien se ha permitido expresar de modo bastante diverso (ver las así llamadas "Notas explicativas" que acompañaban la publicación de la Carta); está quien le da una interpretación distorsionada (P. Jeroome Heyndrickx, cicm), citando expresiones fuera de contexto.

Esta interpretación dice que ahora ya todos los de la comunidad clandestina deben salir al exterior [es decir, registrarse ante el gobierno]. Pero el Papa no ha dicho esto. Ha dicho, sí, que la condición clandestina no es la normalidad, pero explica también que quien se siente forzado a andar en clandestinidad es para no someterse a una estructura ilícita.

El Santo Padre ha dicho, sí, que cada obispo puede juzgar si aceptar o pedir el reconocimiento público del gobierno y trabajar abiertamente, pero no sin haberlos advertido del peligro de que lamentablemente las autoridades "casi siempre" (esta partícula ha desaparecido en la traducción china a cargo de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos) exigen condiciones inaceptables para una conciencia católica.

Esta interpretación distorsionada - pero que obviamente ha encontrado consentimientos (en la Curia), que tiene la directa responsabilidad por la Iglesia en China - ha creado una gran confusión y ha causado dolorosas divisiones en el seno de las comunidades clandestinas.

Esta interpretación distorsionada ha sido desaprobada sólo después de dos años en dos notas en el Compendio de la Carta papal, a cargo del Holy Spirit Study Centre de Hong Kong y aprobado por el comité permanente de la Comisión para la Iglesia en China. En aquellas notas se aclara que la reconciliación recomendada por el Santo Padre debe tratarse de un reacercamiento de los corazones entre las dos comunidades, pero una unificación (entendida como "fusión") no es todavía posible dada la inmodificada política del gobierno.

Pero también después de esta clarificación, el proceder de quien domina la situación no parece haber cambiado de dirección, como se puede constatar en los trágicos hechos de Baoding, de los cuales el último acto ha sido la instalación del pobre mons. Francesco Ann, un acto seriamente ambiguo, pero sobre el cual hay un silencio - desde el 7 de agosto hasta hoy - que deja desorientada a la comunidad de los fieles, no sólo en la parte clandestina, no sólo en Baoding, sino en toda China.

La pobre comunidad clandestina, que es ciertamente la pars patior de nuestra Iglesia en China, se siente actualmente frustrada. Al mismo tiempo que encuentra muchas palabras de ánimo en la Carta del Santo Padre, se ve tratada, por otra parte, como una molestia, un estorbo, un problema. Es claro que alguno quiere verla desaparecer y ser absorbida en la oficial, es decir, bajo el mismo estricto control del gobierno (¡¿así habrá paz?!).

¿Pero cómo se encuentra la comunidad "oficial? Se sabe que en ella casi todos los obispos son legítimos o legitimados. Pero el control asfixiante y humillante por parte de organismos que no son de la Iglesia - Asociación Patriótica y Oficina para los Asuntos Religiosos - no ha cambiado para nada.

Cuando el Santo Padre reconoce a aquellos obispos sin exigir que se separen enseguida de aquella estructura ilícita, es obviamente en la esperanza de que trabajen desde dentro de aquella estructura para liberarse de ella, porque tal estructura no es compatible con la naturaleza de la Iglesia. Pero después de tantos años, ¿qué vemos? Pocos obispos han vivido a la altura de tal esperanza. Muchos han buscado sobrevivir de todos modos; no pocos, lamentablemente, no han realizado actos coherentes con su estado de comunión con el Papa. Alguno los describe así: "Viajan felices sobre la carroza de la Iglesia independiente y se contentan con gritar cada tanto: ¡Viva el Papa!".

El gobierno, que usaba sólo amenazas y castigos, ahora ha mejorado sus métodos de persecución: dinero (regalos, automóviles, embellecimiento del obispado) y honores (miembros del Congreso del pueblo, o del órgano político consultivo a diversos niveles, con reuniones, almuerzos, cenas y lo que sigue).

¿Cuál es la estrategia por parte "nuestra? Temo que, con frecuencia, es una falsa compasión que deja a los hermanos débiles caer cada vez más abajo y volverse cada vez más esclavizados. Las excomuniones son "olvidadas" a escondidas; a la pregunta "¿podemos ir a la celebración del 50º aniversario de las primeras ordenaciones ilícitas?" se responde: "Haced lo posible por no ir" (y naturalmente fueron casi todos).

Después de una larga discusión en la Comisión para la Iglesia en China se decide mandar una clara orden a los obispos de no participar a la prevista "Asamblea de los representantes de la Iglesia en China", pero alguno dice todavía: "comprendemos las dificultades de los obispos en no ir": Frente a estos mensajes contradictorios, el gobierno sabe que puede ignorar la Carta del Papa impunemente.

Queridos hermanos, supongo que estáis informados de los últimos hechos: están intentando nuevamente hacer una ordenación episcopal sin mandato pontificio. Para esto han secuestrado obispos, han presionado a otros: son graves ofensas a la libertad religiosa y a la dignidad personal. Aprecio la declaración oportuna, precisa y digna de la Secretaría de Estado. Entre otras cosas, hay razones para sospechar que tales intentos no vienen ni siquiera desde arriba sino de aquellos que en todos estos años han ganado posiciones de poder y ventajas y no quieren que las cosas cambien.

Pidamos a Nuestra Señora, Auxilio de los cristianos, para que abra los ojos de los supremos dirigentes de nuestra nación, para que pongan fin a estas malvadas y vergonzosas maniobras y busquen reconocer a nuestros hermanos la verdadera y plena libertad religiosa, la cual redundará también en honor de nuestra patria.

Recemos por una corrección de la estrategia de parte "nuestra", para que se adecue sinceramente a la dirección indicada por la Carta del Santo Padre. Esperemos que no sea demasiado tarde para un buen cambio de dirección. 

[Fuente: Asianews 

Traducción: La Buhardilla de Jerónimo]


Publicado por verdenaranja @ 19:51  | Hablan los obispos
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Artículo que ha escrito monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas, con el título "Una nueva revolución".

 Una nueva revolución 

VER

Se han concluido en el país las celebraciones por el centenario del inicio del movimiento de la revolución, que fue una lucha para generar cambios por la democracia, la libertad y la justicia, sobre todo para los campesinos. Los indígenas, como tales, no fueron tomados en cuenta. El catolicismo social de la época influyó mucho en estos cambios, aunque algunos ideólogos consideraron a la Iglesia Católica como enemiga y hubo leyes represoras, que coartaron la libertad religiosa y generaron la llamada guerra cristera, una defensa de la Iglesia por parte de los creyentes, al grito de ¡Viva Cristo Rey!

Hay que seguir revisando la historia; sin embargo, esto no nos puede distraer de los problemas actuales. Para enfrentarlos, se requiere una nueva revolución, no armada, pues ésta genera de ordinario peores injusticias, sino de las conciencias, para construir la sociedad justa y fraterna que anhelamos.

JUZGAR

En la reciente Carta Pastoral que los obispos escribimos, señalamos tres prioridades de esta revolución: combate a la pobreza, educación integral y de calidad para todos y reconciliación nacional. Transcribo sólo algunos párrafos del primer punto:

"No debemos acostumbrarnos nunca a un escenario de desigualdad social y a una pobreza creciente, como si se tratara de un fatalismo insuperable o un determinismo sin salida. Hace falta generar condiciones de justicia social para producir mayores empleos de calidad, que permitan un salario justo para una vida digna como personas, familias y sociedad. Esto implica no sólo una modernización de las estructuras productivas, sino también una serie de reformas legales que lo favorezcan y garanticen, una serie de acuerdos políticos que estén a la altura de lo que necesita la Nación mexicana y no sólo de los intereses limitados de algunos grupos políticos o gremiales. Hacemos también un fuerte llamado a los empresarios para que asuman la verdadera responsabilidad social que corresponde a la ética de sus actividades económicas.

La superación de la pobreza debe incluir programas para el desarrollo integral de las personas y de las comunidades, a fin de que éstas tomen la responsabilidad de su propio desarrollo. No bastan los programas sociales asistencialistas, y tampoco las acciones de gobierno que sólo se concentran a dar respuesta a situaciones de emergencia o meramente circunstanciales. Las soluciones que México requiere, y que responden a su cultura, han de ser construidas desde la comunidad, contando con el apoyo subsidiario de otras dimensiones de la vida social y del Estado.

De manera especial deben ser atendidos los espacios deprimidos por la miseria urbana o rural, dado que allí está la primera exigencia de solidaridad y el primer foco de desestabilización social. Una sociedad que está marcada por la desigualdad no puede crecer con armonía. Allí donde imperan la miseria y la desigualdad, crecerá siempre el rencor y la tentación de caminos equivocados para el desarrollo personal y social. Es allí donde el crimen organizado puede encontrar mucho más fácilmente manos desesperadas dispuestas para la violencia. Es allí donde la manipulación política y hasta religiosa pasa por encima de la dignidad de las personas para ganar adeptos. Es allí donde se pueden generar estallidos sociales" (Nos. 119-122).

ACTUAR

¿Qué hacer, más en concreto? Para combatir la pobreza, ante todo hay que trabajar, no malgastar los pocos recursos que se tienen y saber ahorrar. Desde luego, gobierno y dueños de capital deben generar empleos dignos.

Hay que organizarse en pequeños grupos, en barrios o en comunidades, para llevar a cabo obras en forma autogestiva, como cooperativas y ayudas mutuas, también para exigir al gobierno que cumpla sus deberes con los pobres; sin embargo, evitar la dependencia, pues algunos, con lo que reciben de los diversos programas sociales, ya no trabajan. Los pobres, organizados y sin alcohol, son una gran fuerza de progreso.

Hay que sacrificarse y educar a los hijos para la austeridad, evitando el despilfarro y la adquisición de cosas no tan indispensables.


Publicado por verdenaranja @ 19:47  | Hablan los obispos
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Lectio divina para el lunes de la tercera semana de adviento, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.

 

LECTURA:      “ Mateo 21, 23‑27”

En aquel tiempo, Jesús llegó al templo y, mientras enseñaba, se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo para preguntarle: «¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado semejante autoridad?»

Jesús les replicó: «Os voy a hacer yo también una pregunta; si me la contestáis, os diré yo también con qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan ¿de dónde venía, del cielo o de los hombres?»

Ellos se pusieron a deliberar: «Si decimos "del cielo", nos dirá: “¿Por qué no le habéis creído)" Si le decimos "de los hombres", tememos a la gente; porque todos tienen a Juan por profeta.» Y respondieron a Jesús: «No sabemos.»

Él, por su parte, les dijo: «Pues tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto.»

MEDITACIÓN:            “Tampoco yo os digo”

            Siempre me han impresionado estas palabras tuyas. Por una parte, me gustan porque forman parte de tu agudeza en los encuentros interesados y malintencionados de tus interlocutores y, por otra parte, me interpelan porque ponen de manifiesto que hay o puede haber momentos en que calles intencionadamente ante nuestros despropósitos.

            Tú nunca has forzado o violentado tu inmersión en nuestra vida. Sí que nos has manifestado las consecuencias que tiene vivir al margen de ti, y podemos eliminarte de nuestra existencia, como lo hicieron entonces físicamente, pero sabemos que prescindir de ti es negar la fuerza del amor, la fuerza de la vida, que está llamada a hacer crecer nuestra humanidad.

            En aquellos hombres se desvelaron los intereses escondidos. Esos intereses que se esconden en el interior de muchos,  a veces dentro de mí mismo,  y que se quieren disimular con un sinfín de disculpas y de razones, que siempre las hay para no comprometerse, para evadirse, para justificarse. Pero si tú callas, Señor, si las únicas voces que estemos dispuestos a oír son las nuestras, es seguro que estamos perdidos.

            Pero tú nos conoces y, porque sabes que te necesitamos, sigues saliendo a nuestro encuentro, una y otra vez, a pesar de nuestros desprecios y desintereses. Sigues llamando a nuestras puertas cerradas, sigues viniendo, ofreciéndonos la fuerza de tu amor.  

ORACIÓN:              “Iluminar mis rincones”

            Señor, perdona mis silencios y mis intereses. Perdona mis miedos, mis infidelidades y comodidades. Haz mi corazón receptivo a tu amor.

            Que no me falte tu luz, Señor, para iluminar mis rincones oscuros, aquellos que ni yo mismo se encender y que me hace vivir en ocasiones una doble vida. Ayúdame, Señor, a limpiar mi mente y mi corazón hasta hacerlos transparentes como tú.             

CONTEMPLACIÓN:             “Vienes a mí”

Vienes a mí

a corazón abierto,

aun sabiendo

de la cerrazón del mío.

Pero sigues viniendo

porque sabes

que es tu empeño

el que me salva,

el que me sigue

abriendo el camino

para hacer posible

el encuentro

de tu corazón y el mío


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Lectio divina para el domingo tercero de Adviento - A, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.

LECTURA:       “Mateo 11,  2‑11”

En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, le mandó a preguntar por medio de sus discípulos: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?»

Jesús les respondió: «Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio ¡Y dichoso el que no se escandalice de mí!»

        Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan: «¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O qué fuisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis?, ¿a ver a un profeta? Sí, os digo, y más que profeta; él es de quien está escrito: “Yo envío mi mensajero delante de ti, para que prepare el camino ante ti.”

         Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.»

MEDITACIÓN:           “El que ha de venir”

Es el problema de siempre, nos quejamos de la aparente distancia de Dios, y cuando se nos manifiesta cercano, humano, lo rechazamos, porque lo queremos espectacular. Abominamos de un Dios poderoso, pero nos alejamos de él porque no vemos sus gestos de poder, sus milagros en nuestra vida, y no porque no los haya, sino simplemente porque cerramos los ojos y el corazón, y porque lo pretendemos solucionador de todos los problemas y angustias que nos asolan.

Y éste quiere ser tu anuncio: no eres el dios espectacular, no eres el dios mago. Eres, sí, el Dios del milagro del amor cuando dejamos que irrumpas en nuestro ser; cuando somos capaces de entrar en el núcleo irresistible de tu amor que puede hacer prender los deseos más nobles e intensos del corazón humano. Eres un Dios tremendamente humano, porque eres tremendamente Dios.

No, no tenemos que esperar a otro. En ti está la fuente de la vida, en ti está la garantía de todo lo que lleva a la vida y el único que la lleva a la consumación. Tú el que desvelas el tesoro escondido en nuestro corazón y quien se aposenta en él para sufrir, gozar y luchar juntos. Tú, el único capaz de iluminar nuestras entrañas y desvelarnos nuestra realidad de hijos, y ayudarnos a crear un mundo de hermanos.

Sigue habiendo, incluso en mi corazón, muchas fuerzas que prefieren apagar tu luz, acallar tu voz, y cerrar las puertas y los horizontes. Pero a los hombres se les sigue anunciando tu buena noticia, y los que tienen un corazón de pobre, un corazón receptivo, siguen siendo los que mejor se abren a ella, la acogen, la viven y la proclaman. Y el mío quiere crecer y madurar así.

ORACIÓN:          “Que crezca”

            Abre mis ojos, Señor. Abre los ojos de tantos que no quieren ver, de los que no les interesa ver, de los que prefieren que nadie vea más que lo que ellos quieren dejarles ver. Abre los ojos y, sobre todo, los corazones cerrados en sí mismos y endurecidos.

            Que tu palabra, Señor, siga resonando con la fuerza de la vida, del amor, de todo lo que lleva el sello de la libertad que humaniza, que permite crecer todo lo que hay de bueno en el corazón humano. Que crezca, Señor.            

CONTEMPLACIÓN:             “Tu presencia”

Se agotan las buenas palabras
y los buenos deseos,
amordazadas y ahogados
por mentes cerradas
y sentimientos negros,
de quien ha perdido
el sentido noble de la vida.

Y cuando el corazón
se encoge ante lo incierto
del existir humano,
tú acercas tu palabra
y tu presencia,
como un grito de esperanza,
que hace revivir anhelos,
y me recuerda
que el sol sigue en su sitio,
con su brillo y su calor de vida,
intensos,
y que las nubes oscuras
son sólo nubes,
aunque descarguen tormentas,
y que el cielo azul me espera,
no, ¡mejor!, despunta,
porque parte de él
lo has puesto ya,
contigo,
en mis entrañas.

 


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sábado, 11 de diciembre de 2010

ZENIT   nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI pronunció el viernes 26 de Noviembre de 2010 durante la audiencia concedida a los participantes en la Asamblea de la Federación Italiana de Semanarios Católicos (FISC) en la Sala Clementina del Palacio Apostólico

¡Queridos hermanos y hermanas!

Estoy contento de encontraros con ocasión de la Asamblea de la Federación Italiana de Semanarios Católicos. Mi cordial saludo va a monseñor Mariano Crociata, secretario de la Conferencia Episcopal Italiana, a los prelados y sacerdotes presentes, y a don Giorgio Zucchelli, presidente de la Federación, a quien doy las gracias por sus corteses palabras. Os saludo a vosotros, directores y colaboradores de las 188 cabeceras periodísticas católicas representadas en la Federación; en particular, al director de la agencia Sir y al director del diario Avvenire. Estoy agradecido por este encuentro, con el que manifestáis vuestra fidelidad a la Iglesia y a su magisterio; os doy las gracias también por el apoyo que seguís dando a la colecta del Óbolo de San Pedro y a las iniciativas benéficas promovidas y sostenidas por la Santa Sede.

La Federación Italiana de Semanarios Católicos reúne a los semanarios diocesanos y a los diversos órganos de prensa de inspiración católica de toda la península italiana. Esta surgió en 1966 para responder a la exigencia de desarrollar sinergias y colaboraciones, dirigidas a favorecer la preciosa tarea de dar a conocer la vida, la actividad y la enseñanza de la Iglesia. Creando canales de comunicación entre los diversos órganos de la prensa local, diseminados por toda Italia, se quiso responder a la exigencia de promover la colaboración y de dar una cierta organicidad a las diversas potencialidades intelectuales y creativas, precisamente para aumentar la eficacia y la incisividad del anuncio del mensaje evangélico. Esta es la función peculiar de los periódicos de inspiración católica: anunciar la Buena Nueva a través de la narración de los hechos concretos que viven las comunidades cristianas y de las situaciones reales en las que se insertan. Como una pequeña cantidad de levadura, mezclado con la harina, hace fermentar toda la masa, así la Iglesia, presente en la sociedad, hace crecer y madurar lo que en ella hay de verdadero, de bueno y de bello; y vosotros tenéis la tarea de dar cuenta de esta presencia, que promueve y fortifica lo que es auténticamente humano y que lleva al hombre de hoy el mensaje de verdad y de esperanza del Señor Jesús.

Sabéis bien que, en el contexto de la postmodernidad en la que vivimos, uno de los retos culturales más importantes implica el modo de entender la verdad. La cultura dominante, la más difundida en el areópago mediático, se coloca, respecto a la verdad, con una actitud escéptica y relativista, considerándola igual que las simples opiniones y considerando, en consecuencia, como posibles y legítimas muchas “verdades”. Pero el deseo que hay en el corazón del hombre atestigua la imposibilidad de contentarse con verdades parciales; por eso, la persona humana "tiende hacia una verdad ulterior que pueda explicar el sentido de la vida; por eso es una búsqueda que no puede encontrar solución si no es en el absoluto” (Juan Pablo II, Enc. Fides et ratio, 33). La verdad, de la que el hombre está sediento, es una persona: el Señor Jesús. En el encuentro con esta Verdad, en conocerla y amarla, encontramos la verdadera paz la verdadera felicidad. La misión de la Iglesia consiste en crear las condiciones para que se realice este encuentro del hombre con Cristo. Colaborando en esta tarea, los órganos de información están llamados a servir con valor a la verdad, para ayudar a la opinión pública a mirar y a leer la realidad desde un punto de vista evangélico. Se trata de presentar las razones de la fe, que, en cuanto tales, van más allá de cualquier visión ideológica y tienen pleno derecho de ciudadanía en el debate público. De esta exigencia nace vuestro compromiso constante de dar voz a un punto de vista que refleje el pensamiento católico en todas las cuestiones éticas y sociales.

Queridos amigos, la importancia de vuestra presencia está atestiguada por la difusión capilar de las cabeceras periodísticas a las que representáis. Esta difusión pasa a través del medio del papel impreso, que, precisamente por su sencillez, sigue siendo eficaz caja de resonancia de cuanto sucede dentro de las diversas realidades diocesanas. Os exhorto por ello a proseguir en vuestro servicio de informar sobre las vicisitudes que marcan el camino delas comunidades, sobre su vida cotidiana, sobre las muchas iniciativas caritativas y benéficas que estas promueven. Seguid siendo periódicos de la gente, que intenten favorecer un diálogo auténtico entre los diversos componentes sociales, palestras de confrontación y de debate leal entre opiniones distintas. Haciendo así, los periódicos católicos, mientras llevan a cabo la importante tarea de informar, realizan, al mismo tiempo, una insustituible función formativa, promoviendo una inteligencia evangélica de la realidad compleja, como también la educación de conciencias críticas y cristianas. Con ello respondéis al llamamiento de la Conferencia Episcopal Italiana, que ha puesto en el centro del empeño pastoral de la próxima década el desafío educativo, la necesidad de dar al pueblo cristiano una formación sólida y robusta.

Queridos hermanos y hermanos, todo cristiano, a través del sacramento del Bautismo, se convierte en templo del Espíritu Santo e, inmerso en la muerte y resurrección del Señor, se consagra a Él y le pertenece. También vosotros, para llevar a término vuestra importante tarea, debéis ante todo cultivar un vínculo constante y profundo con Cristo; ¡sólo la comunión profunda con Él os hará capaces de llevar al hombre de hoy el anuncio de la Salvación! Que en la laboriosidad y en la dedicación a vuestro trabajo sepáis dar testimonio de vuestra fe, el don grande y gratuito de la vocación cristiana. Seguid manteniendoos en la comunión eclesial con vuestros Pastores, para poder cooperar con ellos, como directores, redactores y administradores de semanarios católicos, en la misión evangelizadora de la Iglesia.

Al despedirme de vosotros, quisiera aseguraros mi recuerdo en sufragio del llorado monseñor Franco Peradotto, recientemente fallecido, primer presidente de la Federación de los Semanarios Católicos Italianos y durante mucho tiempo director de la Voce del Popolo de Turín. Confiando la Federación y vuestro trabajo a la intercesión celestial de la Virgen María y de san Francisco de Sales, os imparto de corazón a vosotros y a todos vuestros colaboradores la Bendición Apostolica.

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


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ZENIT nos ofrece el discurso que Benedicto XVI ofreció al recibir en audiencia, el viernes, 26 de Noviembre de 2010,  en la Sala Clementina del Palacio Apostólico Vaticano, a los participantes de la Asamblea general semestral de la Unión de los Superiores Generales (USG).

¡Queridísimos Hermanos y Hermanas!

Estoy contento de encontrarme con vosotros con ocasión de la Asamblea Semestral de la Unión de los Superiores Generales, que estáis celebrando, en continuidad con la del mayo pasado, sobre el tema de la vida consagrada en Europa. Saludo al Presidente, Don Pascual Chávez – a quien doy las gracias por las palabras que me ha dirigido- así como al Consejo Ejecutivo; un saludo particular al Comité Directivo de la Unión Internacional de los Superiores Generales y a los numerosos Superiores Generales. Extiendo mi pensamiento a todos vuestros hermanos y hermanas dispersos por el mundo, especialmente a los que sufren por dar testimonio del Evangelio. Deseo expresar mi sincero agradecimiento por todo lo que hacéis en la Iglesia y con la Iglesia a favor de la evangelización y del hombre. Pienso en las múltiples actividades pastorales en las parroquias, en los santuarios y en los centros de culto, por la catequesis y la formación cristiana de los niños, de los jóvenes y de los adultos, manifestando vuestra pasión por Cristo y por la humanidad. Pienso en el gran trabajo en el campo educativo, en las universidades y en las escuelas; en las múltiples obras sociales, a través de las cuales salís al encuentro de los hermanos más necesitados con el amor mismo de Dios. Pienso también en el testimonio, a veces arriesgado, de vida evangélica en las misiones ad gentes, en circunstancias a menudo difíciles.

Vuestras dos últimas Asambleas han estado dedicadas a considerar el futuro de la vida consagrada en Europa. Esto ha significado replantear el sentido mismo de vuestra vocación, que comporta, ante todo, buscar a Dios, quaerere Deum: sois por vocación buscadores de Dios. A esta búsqueda consagráis las mejores energías de vuestra vida. Pasáis de las cosas secundarias a las esenciales, es decir a lo que es verdaderamente importante; buscáis lo definitivo, buscáis a Dios, mantenéis la mirada puesta en Él. Como los primeros monjes, cultiváis una orientación escatológica: detrás de lo provisional buscáis lo que permanece, es decir lo que no pasa (cf. Discurso en el Colegio de los Bernardinos, París, 12 de septiembre de 2008). Buscáis a Dios en los hermanos que os ha dado, con los cuales compartís la misma vida y misión. Lo buscáis en los hombres y en las mujeres de nuestro tiempo, a los que estáis invitados a ofrecer, con la vida y la palabra, el don del Evangelio. Lo buscáis especialmente en los pobres, primeros destinatarios de la Buena Noticia (cf. Lc 4,18). Lo buscáis en la Iglesia, donde el Señor se hace presente, sobre todo en la Eucaristía y en los demás Sacramentos; y en su Palabra, que es vía maestra para la búsqueda de Dios, nos introduce en el coloquio con Él y nos revela su verdadero rostro. ¡Sed siempre buscadores apasionados y testigos de Dios!

La renovación profunda de la vida consagrada parte de la centralidad de la Palabra de Dios, y más en concreto del Evangelio, regola suprema para todos vosotros, como afirma el Concilio Vaticano II en el Decreto Perfectae caritatis (cf. n. 2) y como bien comprendieron vuestros Fundadores: la vida consagrada es una planta rica en ramas que hunde las raíces en el Evangelio. Lo demuestra la historia de vuestros Institutos, en los que la firme voluntad de vivir el Mensaje de Cristo y de configurar la propia vida según él, ha sido y continúa siendo el criterio fundamental del discernimiento vocacional y de vuestro discernimiento personal y comunitario. Es el Evangelio vivido cotidianamente el elemento que da fascinación y belleza a la vida consagrada y la presenta ante el mundo como una alternativa viable. Esto necesita la sociedad actual, esto espera de vosotros la Iglesia: que seáis Evangelio vivo.

Otro aspecto fundamental de la vida consagrada que querría destacar es la fraternidad: confessio Trinitatis (cf. Juan Pablo II, Exhort. Ap. Vita consecrata, 41) y parábola de la Iglesia comunión. A través de ésta, de hecho, pasa el testimonio de vuestra consagración. La vida fraterna es uno de los aspectos que más buscan los jóvenes cuando se acercan a vuestra vida; es un elemento profético importante que ofrecéis en una sociedad fuertemente individualista. Conozco los esfuerzos que estáis haciendo en este campo, como conozco también las dificultades que la vida comunitaria comporta. Es necesario un serio y constante discernimiento para escuchar lo que el Espíritu dice a la comunidad (cf. Ap 2,7), para reconocer lo que viene del Señor y lo que le es contrario (cf. Vita consecrata, 73). Sin el discernimiento, acompañado de la oración y de la reflexión, la vida consagrada corre el peligro de acomodarse a los criterios de este mundo: el individualismo, el consumismo, el materialismo; criterios que hacen disminuir la fraternidad y hacen perder fascinación y penetración a la misma vida consagrada. Sed maestros del discernimiento, para que vuestros hermanos y vuestras hermanas asuman este habitus y vuestras comunidades sean signo elocuente para el mundo de hoy. Vosotros que ejercéis el servicio de la autoridad, y que tenéis tareas de guía y de proyección del futuro de vuestros Institutos Religiosos, recordad que una parte importante de la animación espiritual y del gobierno es la búsqueda común de los medios para favorecer la comunión, la comunicación mutua, la calidez y la verdad en las relaciones recíprocas.

Un último elemento que quiero evidenciar es la misión. La misión es el modo de ser de la Iglesia y, en ella, de la vida consagrada; forma parte de vuestra identidad; os empuja a llevar el Evangelio a todos, sin límites. La misión, sostenida por una fuerte experiencia de Dios, por una robusta formación y por la vida fraterna en comunidad, es una clave para comprender y revitalizar la vida consagrada. Id, por tanto, y en fidelidad creativa haced vuestro el desafío de la nueva evangelización. Renovad vuestra presencia en los aerópagos de hoy para anunciar, como hizo san Pablo en Atenas, al Dios “desconocido” (cf. Discurso en el Colegio de los Bernardinos).

Queridos Superiores Generales, el momento actual presenta para no pocos Institutos el dato de la disminución numérica, especialmente en Europa. Las dificultades, sin embargo, no deben hacernos olvidar que la vida consagrada tiene su origen en el Señor: es querida por Él para la edificación y la santidad de su Iglesia, y por eso la misma Iglesia nunca estará privada de ella. Mientras os aliento a caminar en la fe y en la esperanza, os pido un renovado compromiso en la pastoral vocacional y en la formación inicial y permanente. Os confío a la Bienaventurada Virgen María, a vuestros Santos Fundadores y Patrones, mientras de corazón os imparto mi Bendición Apostólica, que extiendo a vuestras Familias religiosas. 

[Traducción del original italiano por Patricia Navas
©Libreria Editrice Vaticana]


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Reflexiones de monseñor José Luis Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz para el Adviento 2010. (AICA)

ADVIENTO 2010         

La Iglesia nos invita a iniciar el Tiempo de Adviento, como preparación a la Fiesta de Navidad. La vida cristiana sólo se entiende en términos de encuentro con Jesucristo; este hecho, el ser un “encuentro”, hace de la preparación un aspecto esencial. Todo encuentro para que sea fecundo necesita de una preparación. Encuentro es apertura, espera y comunión. La vida cristiana no es ajena a esta dinámica, no es algo mágico ni mecánico, sino el encuentro del amor de Dios con la libertad del hombre.  

Nuestra libertad, incluso frente a Dios, es signo de grandeza y responsabilidad. La liturgia, en su rica pedagogía, dispone de tiempos de preparación para este renovado encuentro con Dios que viene a nosotros en Jesucristo. 

Cuando hablamos de preparación creo que es oportuno recordar la parábola del Sembrador. En ella es tan importante la vitalidad de la semilla como la riqueza del suelo. La semilla siempre conservará su poder, pero necesita de la disponibilidad de la tierra. Conocemos los términos de esta parábola, que es bueno releerla, sólo retengo el final: “Y los que reciben la semilla en tierra buena, son los que escuchan la Palabra, la aceptan y dan fruto al treinta, al sesenta y al ciento por uno” (Lc. 4, 1-20). Definir la vida cristiana en términos de encuentro con Jesucristo, nos permite no instalarnos en esa cómoda y aparente certeza de lo adquirido y conocido que, cuántas veces, empobrece nuestro nivel espiritual y fervor misionero. Hacemos del cristianismo una práctica que nos contiene y da seguridad, pero que no siempre nos hace testigos gozosos de una Vida Nueva. 

En este Tiempo la Iglesia nos hablará a través de propuestas y testigos. En primer lugar nos señalará la importancia de la oración, como respuesta a una lectura orante de la Biblia. La oración es signo de la presencia del Espíritu Santo que nos mueve hacia ese encuentro con Jesucristo. Palabra y oración equivale a decir, Jesucristo y Espíritu en el plan de Dios. Este es el contexto en el que crece la vida cristiana. También nos hablará de la práctica del ayuno como expresión de penitencia, de dominio personal y actitud de servicio a nuestros hermanos más necesitados. El horizonte del ayuno es la caridad. Finalmente nos propone intensificar nuestra limosna, como gesto de privación, austeridad y de solidaridad con quienes menos tienen. A estas enseñanzas hay que vivirlas desde la fe, para descubrir en ellas su profundo sentido de comunión con Dios y de servicio. 

Los testigos son hombres elegidos por Dios, para anunciar la llegada del Señor y acompañar nuestro camino hacia él. Así, Isaías nos dirá: “Preparen en el desierto el camino del Señor” (Is. 40, 3), para agregar: “No temas, porque yo estoy contigo, no te inquietes, porque yo soy tu Dios” (Is. 41, 10). La profecía es la certeza de la presencia de Dios que mantiene viva la esperanza de su pueblo. Juan Bautista, el Precursor, nos señala la llegada de la salvación esperada: el tiempo se ha cumplido, y señalándolo a Jesús, nos dice: “Este es el Cordero de Dios” (Jn. 1, 29). Tiempo de espera y de cumplimiento. Estas dos figuras nos presentan, a través de sus palabras y testimonio, la riqueza de una Presencia anunciada y actual, que nos llama a un encuentro siempre nuevo. 

En la persona de María Santísima, “la hija de Sión, la alegría de Israel y el orgullo de nuestro pueblo”, el tiempo alcanza su plenitud y se nos entrega el Salvador. “Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor” (Lc. 1, 45), es el saludo de su prima Isabel y el mayor reconocimiento a su actitud de fe y confianza en Dios. Ella nos sigue enseñando, desde el hoy del Evangelio, a vivir este tiempo de preparación y encuentro con el Señor. Disponibilidad a la obra de Dios, Comunión en el camino de su Hijo y conciencia de la Misión, son tres momentos en la vida de la Virgen María. Disponibilidad como apertura, Comunión como estilo de vida y Misión como compromiso con la obra de su Hijo, tienen que ser para nosotros, en nuestro peregrinar como Iglesia, un ideal en el camino de preparación a la celebración del nacimiento de Nuestro Señor. 

Vivimos este Adviento, además, en el contexto pastoral de la Iglesia en Argentina que nos ha propuesto caminar bajo el lema: “Hacia un Bicentenario en Justicia y Solidaridad”. Para ello, hemos presentado aportes que se orientan a recrear las condiciones de vida para una nueva Nación. Esto también debe formar parte de nuestra vida cristiana. La fe no nos aleja de lo concreto de nuestra historia y sus circunstancias, por el contrario, ella nos compromete a trabajar por su presente y futuro. Recordemos que Jesús lloró por su Patria, Jerusalén, porque la amaba. Entre las metas que nos hemos propuesto me voy a referir sólo a la primera, que nos habla de la familia y de la vida. En ella podemos encontrar elementos de reflexión y de examen de conciencia, para este tiempo de preparación que debe ser tiempo de conversión y de compromiso ciudadano. 

“Recuperar el respeto por la familia y por la vida en todas sus formas”. Familia y vida son resonancias de nuestra fe en un Dios que nos ha revelado su designio de amor y salvación. No estamos ante hechos coyunturales o sólo culturales y, por lo mismo, sin una identidad propia y permanente. Podemos, por ello, hablar y anunciar el Evangelio de la Vida y de la Familia, como realidades que tienen su fuente en Dios y su plenitud de gracia en Jesucristo. Decir Evangelio es decir anuncio. Si bien el sentido de estas verdades las podemos comprender y explicar en el plano humano como científico sin recurrir a la fe, sin embargo ella nos descubre el significado último y trascendente que tiene la vida del hombre como obra de Dios. La ley nueva de este Reino es, precisamente, el Evangelio de las Bienaventuranzas (Mt 5,3-12). Hemos sido creados para participar en la bienaventuranza del Reino de Dios. La dignidad humana tiene su primer principio en el derecho a la vida y su destino último la plenitud de vida en el Reino de Dios. Aquí se encuentran la fe y la razón, “como las dos alas con las cuales el espíritu humano contempla la verdad” (F. R. 1). 

El Santo Padre ha querido presidir una Vigilia de oración por la vida, con ocasión del inicio litúrgico del tiempo de Adviento. El lema que ha elegido para esta jornada es: “La defensa de la vida que nace”. Creo que esta iniciativa nos ayuda a profundizar el sentido único e irrepetible de toda vida humana. Además de la oración, que es la base de toda acción cristiana, como de la clara palabra docente, debemos comprometernos en todo aquello que esté a nuestro alcance para acompañar la vida naciente. Tenemos en nuestra Arquidiócesis, gracias a Dios, la presencia de “Grávida” como signo y testimonio de una obra posible, pero que necesita de conocimiento y compromiso. No quiero dejar de mencionar la obra de los “Hogares sustitutos”, que con su silencio y entrega son presencia del amor providente de Dios. 

Queridos hermanos, tratemos de vivir este tiempo de Adviento como un tiempo de preparación y de gracia en nuestra vida, en nuestras familias y comunidades cristianas. Que la liturgia, con su sabia pedagogía celebrativa, nos vaya guiando en este camino de conversión, para disponernos a la alegría de un renovado encuentro con Jesucristo. Reciban junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor Jesús y María Nuestra Madre de Guadalupe. 

Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

Santa Fe de la Vera Cruz, noviembre de 2010 


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Ofrecidos por la Delegación Diocesana de Misiones de la diócesis de Tenerife hemos recibido los materiales para la Celebración del Envío de "Sembradores de Estrellas 2010", entre los que se encuentra el rito del envío siguiente:

Sembradores de estrellas 2010 

AMBIENTACIÓN

En un lugar visible de la capilla se colocan carteles con estas palabras: buscar, encontrar, seguir, hablar y acoger. Se quiere relacionar esta celebración con los lemas de Infancia Misionera de 2009 a 2013.

MONICIÓN

Un año más, nos reunimos unos días antes de Navidad para salir por nuestras calles y sembrar estrellas de ilusión, de amor, de alegría, de amistad… y repletas del mensaje de Jesús. Esto nos convierte en misioneros que llenan el mundo de Dios, que es amor.

En el nombre del Padre…

Que Jesús, nuestro amigo, que llama a nuestros corazones, esté con nosotros.

TEXTO EVANGÉLICO: Lucas 2,1-7

DIÁLOGO (leído, representado, o ambas cosas)
Personajes: José, María, Posadero 1, Posadero 2, Niño y Narrador.

JOSÉ:¡Ánimo, María!, ya nos queda poco para llegar. Buscaremos una posada para pasar la noche y que puedas descansar.

MARÍA: Uf, sí, no puedo más; estoy muy cansada y tengo los pies hinchados. Está a punto de nacer el niño, y como no encontremos sitio, no sé dónde lo voy a recostar.

JOSÉ: No te preocupes, algo saldrá. Mira, ahí hay una posada; vamos a preguntar.
Buenas noches, venimos a buscar un sitio en la posada. Mi mujer está a punto de dar a luz y está muy cansada; hemos hecho un largo viaje.

POSADERO 1: (Murmurando). Estos tienen pinta de no tener un duro. Les diré que no hay sitio, por si acaso no me pagan. (Dirigiéndose a ellos). ¡Uy!, pues ya lo siento: no tenemos ni una cama libre. Acaba de venir una familia de ocho personas y han completado lo que faltaba. Además, como esto ha sido tan inesperado, hemos echado hasta colchonetas por el suelo. No cabe ni un alfiler.

MARÍA: ¡Ay, José!, esto va a ser muy difícil. Si esta, que es la más grande, está ocupada, ¡cómo estarán las otras! Jesús está a punto de nacer, y no vamos a poder darle cobijo.

JOSÉ: Tranquila, María; tiene que haber algún huequecito en alguna parte. Jesús no puede nacer así, sin más, sin que haya nadie que lo acoja. Vamos a esta otra posada, a ver qué nos encontramos.
Buenas noches, posadero. Venimos de lejos, mi mujer está a punto de dar a luz y no tenemos dónde cobijarnos. ¿Hay sitio en tu posada?

POSADERO 2: (Murmurando). Estos son extranjeros. ¿A qué vendrán aquí, a quitarnos trabajo? Seguro que si les dejamos que se queden, nos roban todo o nos hacen alguna fechoría. Mejor que se vayan a su país. (Dirigiéndose a ellos). Lo siento, con mucho gusto lo haría; sería un honor que naciese un niño en mi posada, pero no hay ni un hueco: estamos hasta los topes. ¡Que tengáis mucha suerte! Seguro que encontraréis algo.

JOSÉ: No perdamos la esperanza. Va a ser difícil, porque está todo lleno, pero alguien de buen corazón habrá que nos acoja para que Jesús esté bien y pueda nacer.
Mira, ahí tenemos otra.

NARRADOR: ... Y así fueron probando suerte. En un sitio no los admitieron porque los consideraban menos listos que ellos; en otro, porque parecían poca cosa; en otro más, porque no querían compartir con ellos lo que tenían, porque estaban sucios… Y tras llamar a todas las posadas que había, cuando ya estaban tristes y desesperanzados, de repente…

NIÑO:  (En su mano lleva una estrella y un farol encendido). ¡Eh, eh! ¡Oigan, oigan, no se vayan! Yo no tengo posada, pero, si quieren, pueden quedarse en mi casa. Bueno, primero tendré que preguntárselo a mis padres, porque estos mayores…

MARÍA: ¡Ay, cariño!, ya no sabíamos qué hacer. Por fin Jesús tiene un sitio para nacer y alguien  que lo acoja. Muchas gracias por tu generosidad. Vamos, vamos. 

NARRADOR: Y se fueron con él a su casa. Al niño no le importó ni cómo iban ni de dónde venían ni si tenían dinero. Sólo se fijó en que necesitaban ayuda y acogida. Esa misma noche, Jesús nació en su casa… y en su corazón.
Mirad: cuando decimos la verdad, cuando pensamos en los demás, al devolver bien por mal, al ofrecer nuestra amistad, al rezar…, en todos esos momentos, acogemos a Jesús y somos misioneros. Para que no se nos olvide, vamos a cantar juntos esta canción.

CANTO: Hoy, mañana y siempre

PADRENUESTRO

Con el deseo de que todos cumplamos la voluntad de Dios, que es Padre de todos, nos unimos en la oración que Jesús nos enseñó.

ENVÍO

¿Estáis dispuestos a acoger a Jesús en vuestro corazón?

¿Estáis dispuestos a acoger a Jesús en los demás?

¿Estáis dispuestos a anunciar a Jesús?

¿Y a ser misioneros, hoy, mañana y siempre, allá donde estéis?

Pues salgamos a la calle a felicitar a todos la Navidad de parte de los misioneros.

Se acerca al altar un representante de cada grupo a recoger las estrellas.

Mientras se canta, se reparten.

CANTO: Por el norte...

 

Delegación de Misiones de Logroño (la Rioja)


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ZENIT  publica el comentario al Evangelio del próximo domingo, 12 de diciembre, segundo de tercero de Adviento (Mateo 11,2-11), redactado por monseñor Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo, administrador apostólico de Huesca y de Jaca.   

Tercer domingo de Adviento: Una provocadora alegría 

Podría parecer casi una burla, o al menos una provocación, la de invitar nada menos que a la alegría en estos momentos de hondas dificultades en tantas personas. Pero he aquí que este tercer domingo de Adviento, se le llama domingo gaudete (alegraos), porque la alegría forma parte de este tiempo de espera. No era fácil y halagüeña la situación desde la que hablaba Isaías. El profeta tuvo que experimentar el vértigo de anunciar esperanza en medio de un pueblo desesperanzado; anunciar alegría y fiesta, a un pueblo que fatalmente se iba resignando con la tristeza y el luto. Y esto es lo que hizo Isaías: ¿veis el desierto y los yermos? ¿veis el páramo y la estepa? Pues florecerán como florece el narciso, y se alegrarán con un gozo de alegría verdadera. ¿Tenéis la sensación de soledad, de abandono, de que vuestra situación no hay nada ni nadie que la pueda cambiar? Pues no pactéis con la tristeza y que el miedo no llene vuestro corazón, sed fuertes, no temáis: vuestro Dios viene en persona, para resarciros y salvaros. Y como quien está ciego y vuelve a la luz, como quien sufre sordera y se le abren los oídos, como quien renquea de cojera y salta como un ciervo, como quien se amilana como mudo y consigue cantar... así, así veréis que se termina vuestro destierro, vuestra soledad, vuestra tristeza, vuestra pesadumbre..., y volveréis a vuestra tierra como rescatados del Señor.

¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro? -le preguntarán a Jesús los discípulos del Bautista-, y Jesús responderá: decidle a Juan lo que estáis viendo y oyendo:los ciegos ven, los inválidos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, a los pobres se les anuncia la Buena Noticia. La alegría profetizada por Isaías tomaba rostro y nombre: Jesús.

A nosotros, cristianos que recorremos este Adviento con el deseo de no repetir cansinamente el de años anteriores, se nos dirige también una invitación a la alegría. Cada uno tendrá que reconocer cuáles son sus desiertos, sus yermos, sus páramos y estepas; cada uno tendrá que poner nombre a la ceguera, la sordera, la cojera o la mudez de las que nos habla este Domingo la Palabra de Dios. Pero es ciertamente en toda esa situación donde hemos de esperar a quien viene para rescatarnos de la muerte, de la tristeza, del fatalismo. Y somos llamados a testimoniar ante el mundo esa alegría que nos ha acontecido, que se ha hecho también para nosotros el Rostro, la Carne y la Historia de Jesucristo. Entonces la alegría deja de ser un lujo y se convierte en una urgencia, en un catecismo, en una evangelización. Esta es la alegría que esperamos y que se nos dará por quien está viniendo.


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viernes, 10 de diciembre de 2010

Discurso inaugural de la XII Exposición del Libro Católico en La Plata (22 de noviembre de 2010). (AICA)

EL LIBRO CATÓLICO, INSTRUMENTO CULTURAL DE EVANGELIZACIÓN               

El mandato misionero de Jesús, expresado en las frases finales del Evangelio según San Mateo, propone un objetivo universal: hacer que todos los pueblos sean discípulos del Resucitado, hasta el fin del mundo. Es importante subrayar la dimensión comunitaria o colectiva de la fórmula, que según el texto griego suena: mathetéusate pánta ta éthne; todas las naciones, todas las gentes, la humanidad entera. Podríamos también interpretar así las palabras del Señor: inculturen el Evangelio en todos los pueblos; evangelicen, cristianicen, todas las culturas. 

Es precisamente eso lo que siempre ha hecho la Iglesia, desde la mañana de Pentecostés. La conversión cristiana es una gracia eminentemente personal, pero incluye una vocación misionera, ya que está destinada a difundirse y multiplicarse a través del testimonio de la palabra y de las obras. Así se convierten los pueblos, se cristianizan las culturas. La gracia de la fe y la caridad, el testimonio de los predicadores y de los mártires, la vivencia sencilla y cotidiana del Evangelio obran eficazmente, maduran con el tiempo, transforman desde dentro las realidades humanas: las personas, las familias, las estructuras sociales. Contamos con modelos históricos paradigmáticos: el encuentro de la predicación cristiana con el mundo del antiguo paganismo en el ámbito del Imperio Romano; la evangelización de las protoculturas aborígenes de la América precolombina; los intentos de reevangelización de las culturas modernas. 

La relación del Evangelio y de la fe cristiana con las culturas de la humanidad puede concebirse como un proceso dialéctico, con una referencia teológica a los misterios de la Encarnación, de Pascua y de Pentecostés. El primer momento es el de la empatía, el acercamiento que ocasiona un encuentro: la fe tiende a penetrar hondamente en la vida, a impregnar toda la realidad humana porque manifiesta el sentido de la existencia personal y de la historia al revelar proféticamente el origen y el fin de la aventura terrena de los hombres. El momento central está señalado por el discernimiento crítico de acuerdo a un principio de muerte y resurrección: purificación de los antivalores que puede ostentar una cultura para hacerla disponible a la necesaria transformación que realce sus valores naturales, nativos. Por último, la manifestación de una cultura cristiana, en la que la verdad de la fe y la gracia de la caridad inspiran y animan la cultura humana, el estilo de vida de un pueblo, las relaciones que los hombres y mujeres de ese pueblo entablan entre ellos, con el cosmos y con Dios. Es el mismo Espíritu que habla todas las lenguas. 

En la cultura argentina actual, como en la de los demás países iberoamericanos, se puede reconocer un sustrato marcado por la fe cristiana, los restos de una cultura católica que se constituyó como fruto de la primera evangelización. Desde el punto de vista sociológico suele hablarse de un mestizaje en el que se han incorporado valiosos elementos aborígenes y el aporte ulterior de las corrientes inmigratorias. Pero es evidente que aquel sustrato cultural subsiste sólo como un resto, ya que la cultura católica fundacional –supuesto que se haya formado plenamente– fue erosionada, desde los comienzos de la vida independiente de las naciones de la antigua América española, por las ideas naturalistas, racionalistas y anticatólicas de la Ilustración. En el caso argentino las dos corrientes: la tradicional, de raigambre hispánica y católica, y la liberal sea afrancesada o anglófila, que progresivamente agravó su tendencia laicista y anticatólica, trabajan nuestra historia casi desde los años iniciales. La decadencia de la cultura de la Ilustración y el influjo posterior de las corrientes ideológicas que la han sucedido a lo largo del siglo XX, llevan a la confusa situación actual, en la que confluyen los acentos de una incierta posmodernidad, el periódico surgir de nuevas utopías y la atomización del pensamiento, incapaz de reconocer la auténtica humanidad del hombre relativista y aun nihilista y por tanto de señalarle un destino trascendente. 

Si la cultura cristiana –como hemos afirmado– tiene su raíz y origen en la fe recibida, vivida y transmitida en un pueblo, su recreación depende que esa fe cobre nuevo vigor e inspire una nueva evangelización, que ha de ser inteligente y fervorosa evangelización de la cultura. En este contexto, cobra una pertinencia luminosa el magisterio del Santo Padre Benedicto XVI y su acción pastoral que orientan a los pueblos hacia el retorno a Dios y señalan la centralidad de la adoración y la primacía de la gracia, como así también a un diálogo renovado entre la fe y la razón. En su reciente discurso en el Parlamento británico, el Papa ha manifestado su preocupación por el intento, registrado en muchas naciones, de marginar y silenciar a la religión para relegarla a la esfera privada. A la vez ha indicado que el mundo de la razón y el mundo de la fe –el mundo de la racionalidad secular y el mundo de las creencias religiosas– necesitan uno de otro y no deberían tener miedo de entablar un diálogo profundo y continuo, por el bien de nuestra civilización. Podemos recoger estas palabras como un llamado específico dirigido a la inteligencia católica, que debe empeñarse en pensar la fe para iluminar luego las instancias cruciales del pensamiento contemporáneo, como lo hizo en los momentos históricos del apogeo de la cultura cristiana. 

En los últimos años hemos asumido como principio de todo esfuerzo misional la definición del católico como discípulo-misionero de Jesucristo. Si esta definición, lejos de convertirse en un eslogan que se repite por necesidad retórica o como mera expresión de deseo, se hace realidad en la vida de cada uno de los fieles católicos, podemos aspirar a la apertura de un nuevo ciclo cultural, a edificar una alternativa cultural de inspiración cristiana en la cual –y sólo en ella– puede rescatarse la auténtica humanidad del hombre. Una nueva verificación del mandato: Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado (Mt. 28, 19 s.). De la conversión y el bautismo, del cumplimiento de lo que el Señor nos enseñó, brota la cultura cristiana. La conversión de los pecadores transforma la vida de la sociedad. 

¿Cómo entran los libros, el libro católico, en este discurso? Como un modesto pero eficaz instrumento de evangelización de la cultura. En primer lugar, aportando doctrina teológica y experiencia espiritual al conocimiento de Cristo y de la verdad que él nos ha revelado y que es transmitida por la Iglesia. No hace falta ponderar el valor providencial de un buen libro en la vida de una persona –creyente o incrédulo– y en su posible orientación hacia Dios, en su encuentro con Jesucristo vivo. Además, los libros pueden transmitirnos el patrimonio de la tradición y de la cultura cristiana. Ofrecen apoyo al discernimiento de los lectores cuando afrontan a la luz del magisterio eclesial los problemas de actualidad y las objeciones y críticas de la cultura vigente. Buenos autores ensayan en sus libros nuevas síntesis de inculturación de la verdad cristiana, de acuerdo al dinamismo que es propio de toda cultura y recogiendo las nuevas experiencias de los fieles. En los libros se recogen los resultados del diálogo entre la fe y la razón, sobre todo entre la fe y las ciencias positivas, con la necesaria mediación de una filosofía cristiana. El libro nos acerca también las obras de autores que son personas de fe, cuya fe no queda al margen de sus creaciones literarias y de sus ensayos sobre las más variadas materias. 

Una biblioteca de libros católicos, o una exposición como ésta que hoy inauguramos es un repositorio de cultura, una muestra objetiva, de mayor o menor envergadura, de lo que puede inspirar la fe. Pero el libro sólo puede ser instrumento de evangelización de la cultura si es leído, si se convierte así en un protagonista vivo del diálogo entre la cultura y la fe. En la exposición se lo mira, se lo toca, se lo hojea; quizá se lo compre; la cuestión es leerlo. 

Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata 


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Lectio divina para el sábado de la segunda semana del Adviento, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.

LECTURA:      “Mateo 17,10‑13”

Cuando bajaban de la montaña, los discípulos preguntaron a Jesús: «¿Por qué dicen los escribas que primero tiene que venir Elías?»

Él les contestó: «Elías vendrá y lo renovará todo. Pero os digo que Elías ya ha venido, y no lo reconocieron, sino que lo trataron a su antojo. Así también el Hijo del hombre va a padecer a manos de ellos.»

Entonces entendieron los discípulos que se refería a Juan, el Bautista.

MEDITACIÓN:            “Ya ha venido”

                  El panorama no parece nada halagüeño, da la sensación de que el mal irrumpe en la historia y tiene todas las de vencer. Se esperaba a Elías, cuya papel era reconciliar, pero Elías, manifestado en la persona de Juan, ha sido tratado a antojo de los hombres a quienes no interesaba su mensaje. Y no basta con eso, el mismo Jesús, que recoge el testigo de Juan para dar a conocer el gran anuncio de la llegada de aquél a quien no merecía ni desatar las sandalias, también va a padecer a manos de ellos. Y sabemos, Señor, cómo acabaste, aunque ése no fue el final de la historia.

            Y es verdad, Señor, celebramos y creemos en tu resurrección y la nuestra, es el mensaje que está resonando en este adviento, esperamos el cielo nuevo y la tierra nueva donde habite definitivamente la justicia, tu justicia. Pero el camino sigue siendo difícil. Se siguen eliminando a todos los “bautistas” a los que vienen en tu nombre y a ti mismo. Tú y tu mensaje seguís siendo molestos. El amor parece no tener cabida, al menos como tú lo quieres entender.

            Y lo triste, Señor, no es que sean los distantes de la Iglesia quienes provoquen este rechazo, nosotros mismos apagamos tu espíritu. Nosotros mismos vivimos una fe diluida. Nosotros mismos queremos jugar a poner una de cal y otra de arena. Es a nosotros mismos a quienes nos cuesta perdonar, respetar nuestra dignidad, reconocer nuestra fraternidad, y seguimos siendo una gran masa anónima que no somos testigos de nada y, en consecuencia, no somos motivo de atracción; al contrario, muchas veces desdibujamos el rostro de tu Iglesia y de tu presencia.

            Pero tú has venido y sigues viniendo a ser Dios con nosotros, a iluminar nuestras sombras, a ilusionar nuestro corazón a potenciar nuestra dignidad, a descubrirnos nuestra humanidad. Y de nueva me das la oportunidad de seguir intentando madurar y seguir haciendo crecer mi fe, mi esperanza y mi amor.

ORACIÓN:             “La coherencia de mi fe”

            Señor, tengo muchos motivos para pedirte perdón. Muchos motivos para confesar mis miedos y mis reticencias a poner en juego lo mejor de mí y poder ser testigo de tu presencia y de tu amor, que he experimentado y que sigo experimentando. Ayúdame a trabajar la coherencia de mi fe.

            Y, en medio de esa realidad condicionada que reconozco, también quiero darte gracias, porque aunque sea débilmente y con un montón de infidelidades en mi haber, me permites seguir estando cerca de ti, y mantener viva la llama de mis deseos. Sé que no basta, pero lo siento también como un milagro de tu amor. Gracias, Señor.       

CONTEMPLACIÓN:               “Has venido”

Has venido y sigues viniendo,
llamando una y otra vez
a la puerta de mi vida,
Y tengo miedo a abrirte
de par en par
porque sé que me pides todo,
que me trastocas
y me transformas.

Y, al mismo tiempo lo quiero.

Quiero  y necesito
el milagro de tu amor
que empuje mis pasos hacia ti
y que me lance al mundo
como testigo frágil y pobre,
pero testigo,
de que tú has venido,
de que estás,
y de que me amas.


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Lectio divina para el viernes de la segunda semada de Adviento, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.

 

LECTURA:      “Mateo 11, 16‑19”

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «¿A quién se parece esta generación? Se parece a los niños sentados en la plaza, que gritan a otros: "Hemos tocado la flauta, y no habéis bailado; hemos cantado lamentaciones, y no habéis llorado."

Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: "Tiene un demonio." Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: "Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores."

Pero los hechos dan razón a la sabiduría de Dios.»

MEDITACIÓN.           “Amigo”

            La verdad es que no te encajamos, Señor. Queremos seguir haciendo un Dios a nuestro estilo y por eso nos cuesta reconocerte, nos cuesta aceptar tus predilecciones, tu forma de ser, tu forma de pensar y, claro, chocamos con tu imagen. No nos encajas. Te situamos, no sólo entonces, sino también ahora, más cerca de la imagen austera de Juan. Hemos llegado a afirmar hasta que tú no te reías. ¡Vamos!, que ibas por la vida perdonando, acogiendo, acariciando, tocando a la gente, con cara de circunstancias.

            Pues no sé qué cara pondrías, imagino que muy acogedora porque invitabas a que se te acercase todo el mundo, y eras amigo. Qué bueno que dijesen eso, eras amigo de tus amigos, eso tú mismo lo afirmaste. Pero es que además los que te veían te identificaban como amigo de la gente, como amigo de los que nadie quiere ser amigo, amigo de los que ni yo me atrevería tal vez a ser amigo.

            Y es que estabas empeñado en hacer sentir a todos, bueno y no buenos, que Dios nos ama a todos. Que Dios no margina a nadie. Que quiere que todos le conozcan, conozcan su bondad y su amor, y le amen y así construyamos un mundo mejor, para que nos salvemos todos y encontremos juntos el camino de casa. Para eso has venido, pero todavía no lo entendemos, ni los de dentro ni los de fuera. Los de dentro nos parece irreverente llamarte amigo y, los de fuera, más por nosotros que por ti, les hemos llegado a convencer de que no quieres saber nada con ellos y vamos por ahí lanzando anatemas, con caras de circunstancias, en lugar de acercarnos y comer con ellos.

            Y vuelves a venir. Vuelves a actualizar tu venida, para que a fuerza de repetir y desde la experiencia que nos va dando el camino de la vida, terminemos aprendiendo. No es fácil, por eso sigues en el empeño de ayudarnos a madurar nuestra fe.

ORACIÓN:             “Sigue viniendo”

            Gracias, Señor, gracias por hacerte cercano, por querer ser mi amigo, por querer intimar conmigo. Me gusta y, al mismo tiempo, a veces, me da miedo porque no sé estar a la altura de tu amistad y como muchas se encargan de recordármelo siento que es mejor alejarme.

            Pero no, Señor, sigue viniendo a mí, sigue llamándome amigo, a pesar de mis pecados, a pesar de mis distanciamientos y de mis indiferencias. Sigue pasando por mi vida porque sólo saber que estás ahí, mantiene viva mi esperanza.                      

CONTEMPLACIÓN:             “Dios amigo”

Que nadie me engañe,
eres Dios amigo
y sé que me abres
tus puertas
y tus brazos.

Eres Dios amigo
de la vida, de la paz
y del perdón
que no sabemos dar.

Eres Dios amigo
del santo y del pecador,
del que grita
y del que calla,
del que ríe y del que sufre.

Eres Dios amigo
del grande y del pequeño,
del que te ama
y del que te rechaza.

Eres Dios amigo
y así te quiero
y te necesito.


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Información sobre el Secretariado del Apostolado del Mar de la Diócesis de Tenerife, ofrecida por el Área de Pastoral Social de la misma diócesis.

SECRETARIADO DIOCESANO DEL APOSTOLADO DEL MAR.

La actividad del Apostolado del Mar en la diócesis de Tenerife es el fruto de la gestión de la Comisión promovida por nuestro obispo D. Felipe Fernández García desde Abril de 1998, que queda constituida en Secretariado Diocesano del Apostolado del Mar el día 15 de Abril, día del Patrón de los navegantes, al frente del cual es nombrado Secretario, por el obispo, Juan Esteban Pérez Rodríguez, dando así respuesta a las Constituciones Sinodales sobre el apostolado del mar.

El Apostolado del Mar, desde su  primera etapa,  analiza la realidad marinera y diseña acciones concretas que consiguen dar presencia a la Iglesia "en la orilla de la gente del mar". Desde la sensibilización y formación de un voluntariado fiel y capaz.

Estructura organizativa que coordina toda la actividad para alcanzar sus objetivos está formada por:

Una PERMANENTE: cuyos cometidos son: la coordinación, las relaciones institucionales, el acopio de información, la dinamización de la actividad, la administración y la economía son cometidos de esta Permanente. 

El CONSEJO: sus funciones son determinar, elaborar y desarrollar las acciones que la pastoral requiera (sensibilización, captación de voluntariado, formación, recursos...)

La ASAMBLEA: constituida por el voluntariado dedicado a esta pastoral, es un espacio de experiencias, discernimiento y propuestas de acciones concretas para el desarrollo adecuado del apostolado del mar. También es un espacio de encuentro cristiano celebrativo desde los elementos que

En total participan de este Secretariado 36 personas, entre voluntarios y colaboradores.

RELACIONES Y VÍNCULOS

En el ámbito eclesial, además de contactar con la Dirección Nacional del Apostolado del Mar y con otras diócesis, se da importancia a la relación con delegaciones diocesanas: Ecumenismo, Pastoral Social, Apostolado Seglar y Pastoral Misionera. En el ámbito civil se mantienen contacto con el Centro Superior de Estudios Náuticos, Comandancia de Marina, Capitanía de Puerto, Consejería de Pesca del Gobierno de Canarias, Autoridad Portuaria, y otras.

SEDE:

      Edif Puerto Ciudad, local 1-D Muelle Ribera Santa cruz de Tenerife Tf-Fax 922316502 Ext 9674


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Moniciones para el domingo tercero de Adviento - A, ofrecidas por la Delegación Diocesana de Acción Pastoral de la Diócesis de Tenerife.                                     

MONICIÓN DE ENTRADA

Bienvenidos a la Celebración de este domingo 3º de Adviento. Estamos a la mitad del camino antes de Navidad, la liturgia nos trae un mensaje de optimismo y gozosa esperanza. A nosotros hoy, igual que al Pueblo que pasaba por la peor de las crisis, se nos anuncian y se nos piden tres cosas importantes: paciencia esperanzada como la del sembrador, descubrir la Buena Noticia de un Dios que viene a salvarnos  y la lectura esperanzada de los hechos y de los signos de los tiempos, como se le pedía a Juan el Bautista que estaba en la cárcel y en la desesperanza.

Pongámonos en disposición para acoger con gozo este Mensaje salvador.

SE ENCIENDE LA 3ª VELA DE LA CORONA: Se enciende una luz para todo  hombre y mujer, pronto Jesús llegará entre nosotros. Preparemonos para adorar con humildad a Cristo que nace en la pobreza y sirve a los pobres.

MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA: Is.  35,1-10

          Por medio del profeta Isaías, Dios nos promete que él mismo vendrá a liberar a su pueblo. Los cautivos serán liberados, los enfermos y discapacitados curados y los entristecidos expulsarán sus penas y gozarán.  Jesús traerá esta esperanza y alegría a todos. Escuchemos.

MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA  (Sant 5,7-10):

   El apóstol Santiago nos advierte de la necesidad de la espera y la paciencia porque el Señor está de Camino hacia nosotros. Necesitamos este tiempo de espera para que nos preparemos para recibirlo, sepamos valorar su llegada y para que lo deseemos con mayor intensidad.

MONICIÓN AL EVANGELIO: Mt 11,2-11):

Jesús trae el amor de Dios a los pobres y a los que sufren; de esta forma cumple lo que el profeta Isaías había anunciado sobre la instauración del nuevo mundo de Dios. 

ORACIÓN DE LOS FIELES

     Pidamos a Jesús nuestro Señor que no tarde más en traernos la alegría de vivir más profundamente entre nosotros. Y digámosle: R/ ¡Ven, Señor Jesús!

Hemos creado en nuestro mundo demasiados desiertos donde el amor brilla por su ausencia. Para que el Señor haga fértiles nuestros desiertos y broten y florezcan con la alegría del amor, le pedimos: ¡Ven, Señor Jesús!

Hemos rechazado muchas veces dialogar unos con otros. Para que el Señor abra nuestros oídos sordos y dé habla a nuestros labios silenciosos, para compartir con los hermanos la alegría de la comprensión y de la unidad, le pedimos: ¡Ven, Señor Jesús!

Hemos construido prisiones unos para otros. Para que el Señor que libera a los cautivos restaure la libertad de todos, le pedimos: ¡Ven, Señor Jesús!

Nosotros con frecuencia nos declaramos guerra unos contra otros. Para que el Señor quite de nuestro corazón todo odio y rencor, y nos traiga la alegría de su paz, le pedimos: ¡Ven, Señor Jesús!

 Muchas veces hemos dejado que los pobres pasen hambre y aflicción. Para que el Señor nos  mueva a compartir nuestro alimento y nuestro amor, le pedimos: ¡Ven, Señor Jesús!

 Nosotros hemos permitido que nuestra fe se ajase y secase. Para que el Señor abra nuestros  corazones y renueve la alegría de nuestra fe en su presencia, le pedimos: ¡Ven, Señor Jesús!

OREMOS: ¡Ven, Señor Jesús! ¡Ven y sálvanos! Sin ti nada podemos, pero contigo podemos
realizar lo imposible, porque tú eres nuestro Señor y Salvador por los siglos de los siglos. 

OFRENDAS

Pan y vino: Te presentamos el pan y el vino que se transformarán en el Cuerpo y Sangre del Señor, con nuestro deseo y compromiso de recibirlo y dejarnos transformar por su fuerza liberadora.

Velón grande encendido: Con esta luz queremos simbolizar nuestro compromiso de comunicar nuestra experiencia de encuentro con Jesús, que es LUZ en el camino y que viene a salvarnos, a las personas que no lo conocen.

 Colecta: Ofrecemos el resultado de nuestro compartir solidario, colaborando para disminuir la pobreza material y espiritual de tantas personas, que viven cerca de nosotros.

Una flor: Con esta flor simbolizamos el gozo y la alegría de la espera del  Señor que viene a salvarnos.

                    AL FINAL, DESPUÉS DE LA COMUNIÓN,    podemos recitar entre todos o leer las  BIENAVEN-TURANZAS DEL ADVIENTO,  que se adjuntas en hoja aparte.


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jueves, 09 de diciembre de 2010

ZENIT  publica la homilía que el Papa Benedicto XVI pronunció el miércoles, 24 de Noviemb re de 2010, por la mañana en la Basílica Vaticana con ocasión de las exequias del cardenal español Urbano Navarrete, SI, fallecido el pasado lunes a la edad de 90 años.

"Y muchos de los que duermen en el suelo polvoriento se despertarán" (Dn 12,2).

Las palabras del profeta Daniel, que hemos escuchado en la primera Lectura, son un claro testimonio bíblico de la fe en la resurrección de los muertos. La visión profética se proyecta hacia el tiempo final: tras un periodo de gran angustia, Dios salvará a su pueblo. Con todo, la salvación será sólo para cuantos están inscritos en el "libro de la vida". El horizonte descrito por Daniel es el del Pueblo de la Alianza, que, en la dificultad, en la prueba, en la persecución, debe tomar posición ante Dios: mantenerse firme en la fe de sus padres o renegar de ella. El profeta anuncia la doble suerte que se sigue de ello: unos se despertarán a la “vida eterna”, los otros a la “infamia eterna". Se pone de relieve por tanto la justicia de Dios: ésta no permite que cuantos han dado la vida por Dios la pierdan definitivamente. Es la enseñanza de Jesús: quien acepta poner en primer lugar el Reino de Dios, quien sabe dejar casa, padre, madre por él, quien está dispuesto a perder su propia existencia por este tesoro precioso, tendrá en herencia la vida eterna (cfr Mt 19,29; Lc 9,24).

Señores cardenales, venerados Hermanos en el Episcopado y en el Sacerdocio, queridos fieles todos, en la luz de la fe en Cristo, nuestra vida y resurrección, celebramos hoy las exequias del querido y venerado cardenal Urbano Navarrete, que el pasado lunes, a la edad de noventa años, terminó su larga y fecunda peregrinación en la tierra. Él pertenece, así queremos creerlo, al grupo de aquellos que gastaron sin reservas su existencia por el Reino de Dios, y por ello confiamos en que su nombre esté ahora escrito en el "libro de la vida".

"Los que hayan enseñado a muchos la justicia brillarán como las estrellas, por los siglos de los siglos" (Dn 12,3).

Con ánimo conmovido y agradecido, deseo en este momento recordar al llorado Purpurado como “maestro de justicia”. El estudio escrupuloso y la enseñanza apasionada del derecho canónico han representado un elemento central de su vida. Educar especialmente a las jóvenes generaciones a la verdadera justicia, la de Cristo, la del Evangelio: ese es el ministerio que el cardenal Navarrete llevó a cabo durante todo el arco de su vida. A esto se dedicó generosamente, prodigándose con humilde disponibilidad, en las diversas situaciones en las que le puso la obediencia y la providencia de Dios: de las aulas universitarias, en particular como experto en derecho matrimonial, al cargo de Decano de la Facultad de Derecho Canónico de la Pontificia Universidad Gregoriana, a la alta responsabilidad de Rector del mismo Ateneo. Quiero subrayar, además, su atención a importantes acontecimientos eclesiales, como el Sínodo diocesano de Roma, el Concilio Vaticano II; como también su competente contribución científica a la revisión del Código de Derecho Canónico y la fructífera colaboración con varios Dicasterios de la Curia Romana, en calidad de apreciado consultor.

A propósito de su propia vocación sacerdotal y religiosa, el cardenal Navarrete, en una reciente entrevista, había dicho con sencillez: “Nunca he dudado de mi decisión. Nunca he tenido la duda de que este era mi camino, ni siquiera en los tiempos de la contestación”, en los momentos más difíciles. Esta afirmación resume la fidelidad generosa de este servidor de la Iglesia a la llamada de, Señor, a la voluntad de Dios. Con el equilibrio que le caracterizaba, solía decir que eran tres los principios fundamentales que le guiaban n el estudio: mucho amor al pasado, a la tradición, porque en el campo científico, y particularmente eclesiástico, quien no ama el pasado es como un hijo sin padres; después la sensibilidad hacia los problemas, las exigencias, los desafíos del presente, donde Dios nos ha puesto; finalmente, la capacidad de mirar y abrirse al futuro sin temor, pero con esperanza, la que viene de la fe. Una visión profundamente cristiana, que guió su compromiso por Dios, por la Iglesia, por el hombre en la enseñanza y en las obras.

"Dios, que es rico en misericordia ... nos hizo revivir con Cristo" (Ef 2,4).

Iluminados por las palabras de san Pablo, que hemos escuchado en la segunda Lectura, volvemos la mirada al misterio de la encarnación, pasión, muerte y resurrección de Cristo, donde reposa nuestra auténtica justicia, don de la misericordia de Dios. La gracia divina derramada con abundancia sobre nosotros a través de la sangre redentora de Cristo crucificado, nos lava de las culpas, nos libra de la muerte y nos abre la puerta de la vida eterna. El Apóstol repite con fuerza: “por gracia habéis sido salvados" (v. 5), por un don del amor sobreabundante del Padre que sacrificó a su Hijo. En Cristo, el hombre vuelve a encontrar el camino de la salvación, y también la historia humana recibe su punto de referencia y su significado profundo. En este horizonte de esperanza, nosotros pensamos hoy en el cardenal Urbano Navarrete: él se durmió en el Señor al término de una laboriosa existencia, en la que profesó incesantemente la fe en este misterio de amor, proclamando a todos con la palabra y con la vida: “por gracia habéis sido salvados” (Ef 2,5).

"Padre, quiero que los que tú me diste estén conmigo donde yo esté" (Jn 17,24).

Esta ardiente voluntad salvífica de Cristo ilumina la vida después de la muerte: Jesús quiere que los que el Padre le ha dado estén con Él y contemplen su gloria. Por tanto hay un destino de felicidad, de unión plena con Dios, que sigue a la fidelidad con la cual hemos quedado unidos a Jesucristo en nuestro camino terreno. Será entrar en esa comunión de los santos donde reinan la paz y la alegría de tomar parte juntos en la gloria de Cristo.

La luminosa verdad de fe de la vida eterna nos conforta cada vez que damos el último saludo a un hermano difunto. El cardenal Urbano Navarrete, hijo espiritual de san Ignacio de Loyola, es uno de los discípulos fieles que el Padre ha dado a Cristo "para que estén con él", y habiendo estado "con Jesús" en el transcurso de su larga existencia, conoció su nombre (cfr v. 26), le amó viviendo en íntima unión con Él, especialmente en los prolongados intervalos de oración, donde tomaba de la fuente de la salvación la fuerza para ser fiel a la voluntad de Dios, en toda circunstancia, incluso la más adversa. Esto lo había aprendido desde niño en la familia, gracias al luminoso ejemplo de sus padres, especialmente del padre, los cuales supieron crear en la familia un clima de profunda fe cristiana, favoreciendo en seis hijos, de los cuales tres jesuitas y dos religiosas, el valor de dar testimonio de la propia fe, no anteponiendo nada al amor de Cristo y haciendo todo para mayor gloria de Dios.

Queridos amigos, esta mirada de fe es la que sostuvo la larga vida de nuestro venerado Hermano, y es esta fe la que él predicó. Queremos dirigirnos a Dios rico en misericordia, para que ahora la fe del cardenal Urbano Navarrete se convierta en visión, encuentro cara a cara con Él, en cuyo amor supo reconocer y buscar el cumplimiento de toda ley. A la intercesión de la Madre de Jesús y Madre nuestra, confiamos su alma. Estamos seguros de que Ella, Speculum iustitiae, querrá acogerlo para introducirlo en el Cielo de Dios, donde podrá gozar eternamente de la plenitud de la paz. Amen.

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
© Copyright 2010 - Libreria Editrice Vaticana]


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ZENIT  nnos ofrece la homilía que el Papa Benedicto XVI pronunció el domingo, 20 de Noviembre de 2010, Solemnidad de Cristo Rey, durante la concelebración eucarística con los 24 nuevos cardenales en la Basílica de San Pedro.

Señores cardenales,
venerados hermanos en el Episcopado y en el Sacerdocio,
queridos hermanos y hermanas

En la solemnidad de Cristo Rey del Universo, tenemos la alegría de reunirnos aquí en torno al Altar del Señor junto con los 24 nuevos cardenales, que ayer agregué al Colegio Cardenalicio. A ellos, ante todo, dirijo mi cordial saludo, que extiendo a los demás Purpurados y a todos los Prelados presentes; como también a las distinguidas autoridades, a los señores Embajadores, a los sacerdotes, a los religiosos y a todos los fieles, llegados de diversas partes del mundo para esta feliz circunstancia, que reviste un marcado carácter de universalidad.

Muchos de vosotros habréis notado que también el Consistorio Público precedente para la creación de cardenales, celebrado en noviembre de 2007, fue celebrado en la vigilia de la Solemnidad de Cristo Rey. Han pasado tres años y, por tanto, según el ciclo litúrgico dominical, la Palabra de Dios nos sale al encuentro a través de las mismas lecturas bíblicas, propias de esta importante festividad. Esta se coloca en el último domingo del año litúrgico y nos presenta, al término del itinerario de la fe, el rostro real de Cristo, como el Pantocrator en el ábside de una antigua basílica. Esta coincidencia nos invita a meditar profundamente sobre el ministerio del Obispo de Roma y sobre el de los cardenales, ligado a éste, a la luz de la singular Realeza de Jesús, nuestro Señor.

El primer servicio del Sucesor de Pedro es el de la fe. En el Nuevo Testamento, Pedro se convirtió en la “piedra” de la Iglesia en cuanto portador del Credo: el "nosotros" de la Iglesia comienza con el nombre de aquel que profesó en primer lugar la fe en Cristo, inicia con su fe; una fe al principio inmadura y aún “demasiado humana", pero después, tras la Pascua, madura y capaz de seguir a Cristo hasta el don de sí; madura en creer que Jesús es verdaderamente el Rey; que lo es precisamente porque permaneció en la Cruz, y de esa forma dio la vida por los pecadores. En el Evangelio se ve que todos piden a Jesús que baje de la cruz. Se ríen de él, pero es también un modo de disculparse, como diciendo: no es culpa nuestra si tu estás allí en la cruz; es solo culpa tuya, porque si tu fueses verdaderamente el Hijo de Dios, el Rey de los Judíos, tu no estarías allí sino que te salvarías bajando de ese patíbulo infame. Por tanto, si te quedas allí, quiere decir que tu estás equivocado y que nosotros tenemos razón. El drama que se desarrolla bajo la cruz de Jesús es un drama universal; afecta a todos los hombres frente a Dios que se revela por lo que es, es decir, Amor. En Jesús crucificado la divinidad está desfigurada, despojada de toda gloria visible, pero presente y real. Sólo la fe sabe reconocerla: la fe de María, que une en su corazón también esta última tesela del mosaico de la vida de su Hijo; Ella no ve aún el conjunto, pero sigue confiando en Dios, repitiendo una vez más con el mismo abandono "He aquí la esclava del Señor" (Lc 1,38). Y después está la fe del buen ladrón: una fe apenas esbozada, pero suficiente para asegurarle la salvación “Hoy estarás conmigo en el paraíso". Decisivo es ese “conmigo”. Sí, es esto lo que lo salva. Cierto, el buen ladrón está en la cruz como Jesús, pero sobre todo está en la cruz con Jesús. Y a diferencia del otro malhechor, y de todos los demás que lo escarnecen, no pide a Jesús que descienda de la cruz ni que le haga descender. Dice en cambio: “Acuérdate de mi cuando llegues a tu reino”. Lo ve en la cruz, desfigurado, irreconocible, y sin embargo se confía a él como a un rey, es más, como al Rey. El buen ladrón cree en lo que está escrito en esta tabla sobre la cabeza de Jesús: “El rey de los judíos": cree en él, y se confía. Por esto está ya, en seguida, en el “hoy” de Dios, en el paraíso, porque el paraíso es esto: estar con Jesús, estar con Dios.

Aquí entonces, queridos hermanos, surge claramente el primer y fundamental mensaje que la Palabra de Dios hoy nos dice: a mí, Sucesor de Pedro, y a vosotros, cardenales. Nos llama a estar con Jesús, como María, y a no pedirle bajar de la cruz, sino quedarnos con Él. Y esto, con motivo de nuestro ministerio, debemos hacerlo no sólo por nosotros mismos, sino por toda la Iglesia, por todo el pueblo de Dios. Sabemos por los Evangelios que la cruz fue el punto crítico de la fe de Simón Pedro y de los demás Apóstoles. Está claro que no podía ser de otra manera: eran hombres y pensaban “según los hombres”, no podían tolerar la idea de un Mesías crucificado. La “conversión” de Pedro se realiza plenamente cuando renuncia a querer "salvar" a Jesús y acepta ser salvado por Él. Renuncia a querer salvar a Jesús de la cruz y acepta ser salvado por su cruz. "Yo he rogado por ti, para que no te falte la fe. Y tú, después que hayas vuelto, confirma a tus hermanos " (Lc 22,32), dice el Señor. El ministerio de Pedro consiste todo en su fe, una fe que Jesús reconoció en seguida, desde el principio, como genuina, como don del Padre celeste; pero una fe que debe pasar a través del escándalo de la cruz, para convertirse en auténtica, verdaderamente "cristiana", para llegar a ser “roca” sobre la que Jesús podrá construir su Iglesia. La participación en el señorío de Cristo se verifica concretamente solo al compartir en su abajamiento, en la Cruz. También mi ministerio, queridos Hermanos, es en consecuencia también el vuestro, consiste todo en la fe. Jesús puede construir en nosotros su Iglesia en la medida en que encuentra en nosotros esa fe verdadera, pascual, esa fe que no quiere hacer bajar a Jesús de la Cruz, sino que se confía a Él en la Cruz. En este sentido el lugar auténtico del Vicario de Cristo es la Cruz, persistir en la obediencia de la Cruz.

Es difícil este ministerio, porque no se alinea a la forma de pensar de los hombres – a esa lógica natural que por otro lado permanece siempre activa también en nosotros mismos. Pero este es y seguirá siendo siempre nuestro primer servicio, el servicio de la fe, que transforma toda la vida: creer que Jesús es Dios, que es el Rey precisamente porque llegó a ese punto, porque nos amó hasta el extremo. Y esta realeza paradójica, debemos testimoniarla y anunciarla como lo hizo Él, el Rey, es decir siguiendo su mismo camino y esforzándonos en adoptar su misma lógica, la lógica de la humildad y del servicio, del grano de trigo que muere para dar fruto. El Papa y los cardenales están llamados a estar profundamente unidos ante todo en esto: todos juntos, bajo la guía del Sucesor de Pedro, deben permanecer en la realeza de Cristo, pensando y actuando según la lógica de la Cruz – y esto nunca es fácil ni se da por descontado. En esto debemos ser compactos, y lo somos porque no nos une una idea, una estrategia, sino porque nos unen el amor de Cristo y su Santo Espíritu. La eficacia de nuestro servicio a la Iglesia, la Esposa de Cristo, depende esencialmente de esto, de nuestra fidelidad a la realeza divina del Amor crucificado. Por esto, en el anillo que hoy os entrego, sello de vuestro pacto nupcial con la Iglesia, está representada la imagen de la Crucifixión. Y por el mismo motivo el color de vuestro vestido alude a la sangre, símbolo de la vida y del amor. La Sangre de Cristo que, según una antigua iconografía, María recoge del costado del Hijo muerto en la cruz; y que el apóstol Juan contempla mientras brota junto con el agua, según las Escrituras proféticas.

Queridos hermanos, de aquí deriva nuestra sabiduría: sapientia Crucis. Sobre esto reflexionó a fondo san Pablo, el primero en trazar un pensamiento cristiano orgánico, centrado precisamente n la paradoja de la Cruz (cfr 1Cor 1,18-25; 2,1-8). En la Carta a los Colosenses – de la que la Liturgia de hoy propone el himno cristológico – la reflexión paulina, fecundada por la gracia del Espíritu, alcanza ya un nivel impresionante de síntesis al expresar una auténtica concepción cristiana de Dios y del mundo, de la salvación personal y universal; todo está centrado en Cristo, Señor de los corazones, de la historia y del cosmos: “Porque Dios quiso que en él residiera toda la Plenitud. Por él quiso reconciliar consigo todo lo que existe en la tierra y en el cielo, restableciendo la paz por la sangre de su cruz" (Col1,19-20). Esto, queridos hermanos, es lo que somos llamados siempre a anunciar al mundo: Cristo "imagen del Dios invisible", Cristo "primogénito de toda la creación" y "de los que resucitan de entre los muertos”, para que – come escribe el Apóstol – "sea él el que tenga la primacía sobre todas las cosas” (Col 1,15.18). El primado de Pedro y de sus Sucesores está totalmente al servicio de este primado de Jesucristo, único Señor; al servicio de su Reino, es decir, de su Señorío de amor, para que éste venga y se difunda, renueve a los hombres y a las cosas, transforme la tierra y haga germinar en ella la paz y la justicia.

Dentro de este diseño, que trasciende la historia y, al mismo tiempo, se revela y se realiza en ella, encuentra su lugar la Iglesia, “cuerpo” del que Cristo es "la cabeza" (cfr Col1,18). En la Carta a los Efesios, san Pablo habla explícitamente del señorío de Cristo y lo pone en relación con la Iglesia. Formula una oración de alabanza a la “grandeza del poder de Dios”, que resucitó a Cristo y lo constituyó Señor universal, y concluye: "El puso todas las cosas bajo sus pies y lo constituyó, por encima de todo, Cabeza de la Iglesia, que es su Cuerpo y la Plenitud de aquel que llena completamente todas las cosas” (Ef 1,22-23). La misma palabra “plenitud”, que corresponde a Cristo, Pablo la atribuye aquí a la Iglesia, por participación: el cuerpo, de hecho, participa de la plenitud de la Cabeza. He aquí, venerados hermanos cardenales – y me dirijo también a todos vosotros, que compartís con nosotros la gracia de ser cristianos – he aquí cuál es nuestra alegría: la de participar, en la Iglesia, en la plenitud de Cristo a través de la obediencia de la Cruz, de “participar en la suerte de los santos en la luz”, de haber sido “transferidos” en el reino del Hijo d Dios (cfr Col 1,12-13). Por esto vivimos en perenne acción de gracias, y también a través de las pruebas no disminuyen la alegría y la paz que Cristo nos dejó, como arra de su Reino, que ya está en medio de nosotros, que esperamos con fe y esperanza, y pregustamos en la caridad. Amen.

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana


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DOMINGO  3 DE ADVIENTO / A
12 de Diciembre de 2010

Jesús, el Señor, que nos trae la alegría y la paz, esté con todos vosotros.

Bienvenidos a celebrar la Eucaristía en este tercer domingo de Adviento. Nos ha convocado el Espíritu del Señor. El mismo Espíritu que llenaba y movía a Jesús, el Espíritu que le envió a dar la buena noticia a los pobres, a vendar los corazones desgarrados, a proclamar la liberación a los cautivos. 
 Bienvenidos todos los que habéis escuchado en este domingo la llamada del Espíritu y estáis aquí para compartir la Palabra y el Pan de Dios).

Corona de Adviento: Para anunciar la Buena Noticia de la venida del Señor, encendemos el tercer cirio de la corona de Adviento. Jesús nos ilumina con su luz.

- Jesús, Señor, luz de todos los pueblos. SEÑOR, TEN PIEDAD.
- Jesús, Señor, paz y alegría en los corazones. CRISTO, TEN PIEDAD.
- Jesús, Señor, Dios con nosotros. SEÑOR, TEN PIEDAD.

1. lectura (lsaías 35,7 -6a. 7 O): Hace 2.500 años, Israel fue ocupado por las tropas de Asiria y Babilonia y los judíos fueron deportados. Luego, al cabo de muchos
años, obtuvieron permiso para volver a su tierra. Pero el temor ante el desierto y ante lo desconocido, hacía que muchos no quisieran volver. Escuchamos hoy la llamada que les hace Isaías para animarlos al retorno.
Es, también para nosotros, una llamada al camino de esperanza que el Señor nos invita a recorrer.

Salmo (745): Alabemos al Señor que acompaña el camino de su pueblo, al Señor que nunca nos abandona.

2. lectura (Santiago 5,7-7 O). La carta de Santiago nos exhorta a mantenernos firmes en nuestro camino, mientras esperamos la venida del Señor.

Oración universal: El Señor está cerca. Por eso, con toda confianza, le presentamos nuestras peticiones diciendo: VEN, SEÑOR JESÚS.

1. Para que toda la Iglesia, todos los cristianos, sepamos renovarnos para recibir al Señor que viene a nosotros. OREMOS:

2.Para que los que se han consagrado a Dios en la vida sacerdotal o religiosa, se sientan siempre acompañados por su fuerza y su gracia. OREMOS

3. Para que en el mundo crezca la justicia; para que la riqueza no quede en manos de unos pocos, sino que llegue a todos, como Dios quiere. OREMOS:

4. Para que en todas las circunstancias de la vida, pase lo que pase, no dejemos nunca de confiar en el Señor. OREMOS:

Ven, Señor, tú que traes la paz y la alegría al mundo. Ven a salvarnos, tú que vives y reinas por los siglos ...

Padrenuestro: Mientras esperamos la venida de su Hijo Jesucristo, y la venida definitiva del Reino que él mismo nos anunció, nos dirigimos al Padre del cielo diciendo:

 

CPL


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REDACCIÓN DE "IGLESIA NIVARIENSE"
C. San Agustín, nº 28
38201. La Laguna. Tenerife.
Tfno. 922-25 86 40 / Extensión 8
e-mail: iglesianivariense@obispadodetenerife.es

Boletín 413 

LAS NOTICIAS AMPLIADAS PUEDEN VERLAS ENTRANDO EN NUESTRO BLOG. Textos, sonidos, e imágenes los tienen en:
http://www.comunicacionobispadodetenerife.blogspot.com/ 

El próximo domingo 12 de diciembre, a las 12:30 horas, en la capilla del Seminario Diocesano se celebrará una Eucaristía en la que varios jóvenes serán admitidos a las Sagradas Órdenes y Ministerio del Lectorado. El lema escogido es: "Somos barro en las manos del alfarero".  

Admisión a las Sagradas Órdenes: David Kevin Barroso Hernández (Sta. Isabel de Portugal, el Fraile) y David Rodríguez Martín (Ntra. Sra. de los Remedios, Los Llanos de Aridane). Admisión a las Sagradas Órdenes y Ministerio del Lectorado: Flavio Juan de Armas Hernández (Ntra. Sra. del Perpetuo Socorro, La Cuesta), Antonio Fernando Delgado Rodríguez (S. Lázaro, La Laguna) y Luis David Pérez Martín (Ntra. Sra. de Candelaria, Mirca). Ministerio del Lectorado: Julián Andrés Azcarate Acosta (Ntra. Sra. de Añaza), Elisuán Delgado Reverón (S. Luis Rey, Charco del Pino) y David Socas Díaz (Ntra. Sra. de Candelaria, Icod de los Vinos). 

El obispo, Bernardo Álvarez, resaltó el Plan de Salvación de Dios para la humanidad y el mundo, en la homilía de la Eucaristía que presidió en la Concepción de La Laguna, en el día de su titular. Al hilo de las lecturas, Álvarez subrayó cómo Dios trazó un camino, un Plan para encontrarse con nosotros y salvarnos, dándonos la dignidad de ser hijos suyos. Al final de la Eucaristía, se impartió la Bendición Apostólica y, a continuación, se realizó la procesión con la imagen de la Inmaculada por las principales calles de La Laguna. Otro tanto ocurrió en numeras parroquias de la geografía diocesana. 

Este sábado, en el seminario se reunirán por segunda vez en el presente curso, los responsables de los distintos departamentos de la Diócesis. Según la comunicación de la Vicaría General, se trata de dedicar tiempo y energías para examinar cómo construimos (1Cor 3, 10), es decir, revisar el comienzo de este curso pastoral con su objetivo preferente de los adultos y la familia, con pequeña reflexión del departamento de pastoral familiar. Igualmente hacer propuestas para el modo de proceder al periodo de evaluación pastoral del PDP a partir de Enero de 2011. Asimismo, dedicar tiempo para abrir caminos nuevos y a hacer aportaciones para elaborar el nuevo PPD. 

Este viernes, a las 11 de la mañana, en las Casas Capitulares de La Laguna se firmará el Convenio entre el ministerio de Cultura y el Obispado que garantizará la financiación económica necesaria para concluir las obras de restauración de las bóvedas que configuran la techumbre de la Catedral. Por parte del ministerio firmará la subsecretaria del citado departamento ministerial, Mercedes del Palacio, y por parte de la diócesis lo hará el Obispo Nivariense, Bernardo Álvarez. 

El deán de la Catedral, Julián de Armas, ha señalado a DIARIO DE AVISOS que "ya se ve la luz al final de este largo camino", y deseó que las obras de construcción de las nuevas cubiertas puedan comenzar a finales del mes de enero de 2011 para que estén finalizadas en 2013, y podremos - declaró- "abrir la Catedral para celebrar los actos del centenario de su consagración, que es lo que todos deseamos". 

El próximo 18 de diciembre, tendrá lugar la jornada de las Obras Misionales Pontificias “Sembradores de Estrellas”, este año bajo el lema “Con los niños de Oceanía seguimos a Jesús”. Se trata de una iniciativa en la que durante los días previos a la Navidad, numerosos niños se convierten en misioneros y salen a las calles para “sembrar” estrellas de ilusión, de amor, de alegría y de amistad.  

Los nueve días previos a la Navidad, algunos municipios de las islas conservan la tradición de “los divinos”: Se trata de agrupaciones musicales que recorren sus calles anunciando la inminencia del nacimiento de Jesús, al tiempo que en sus parroquias se celebran las llamadas “misas de Luz”. 

Ese mismo día, el 18 de diciembre, bajo el lema: "Esperando lo nuevo", se oferta un nuevo retiro espiritual en la Casa Manresa de Tacoronte. El mismo comenzará a las 10:00 y finalizará sobre las 17:00 horas. Se trata de un retiro organizado por CVX-Tenerife, abierto a todo el mundo y con un coste de 5 Euros. Asimismo, es necesario llevar alimentos para compartir. Los interesados pueden apuntarse contactando con el correo: dfagundosj@yahoo.es

Los día 10 y 11 de diciembre se llevará a cabo en el Seminario Diocesano el curso organizado por la delegación de Pastoral Misionera “Herramientas de Google”. El viernes 10, en horario de 18 a 21 horas y el sábado 11 de 10 a 13:00 horas. 

El sábado 11 de diciembre, a las 19:00 horas, en la plaza de la iglesia, en Valle Guerra, se desarrollará un festival que servirá para presentar la Jornada Mundial de los Jóvenes 2011. Dicha iniciativa, presentada por el periodista Mayer Trujillo, contará con la actuación del cantautor Alejandro Abrante, así como otras actuaciones en vivo, vídeos, etc. Las personas que estén interesadas en participar en la Jornada Mundial de la Juventud podrán apuntarse el día del festival de Valle de Guerra. El grupo San Rafael ha animado a todos los jóvenes a que vivan esta experiencia única para compartir la fe con personas de todo el mundo. 

Un grupo de voluntarias de la parroquia de Santa Catalina Mártir, en Tacoronte continúa llevando a cabo el IV rastrillo solidario a favor de Manos Unidas. El rastrillo permanecerá abierto hasta el 12 de diciembre, de 10 de la mañana a 6 de la tarde, junto a la iglesia del Cristo en Tacoronte. 

Por su parte, La Laguna acogió otro rastrillo solidario cuya recaudación irá a beneficio de los proyectos sociales que lleva a cabo la orden de los Hermanos de Cruz Blanca. En concreto, el rastrillo solidario, con la colaboración de la empresa Whebe. 

Asimismo, la asociación de vecinos “Luz y Vida” del barrio de El Toscal ha organizado otro rastrillo. En esta ocasión los fondos recaudados irán dirigidos a Cáritas Diocesana de Tenerife. Rosa Ramallo, presidenta de la agrupación vecinal señaló que “los comedores sociales están desbordados y las hermanas necesitan más comida para abastecer la alta demanda”. 

Por cierto, que la Junta de Hermandades y Cofradías de La Laguna  llevará a cabo una jornada de recogida de alimentos a beneficio de Cáritas el sábado, 11 de diciembre, en la plaza de La Concepción. Dicha iniciativa se desarrollará de 10 a 13 horas y contará con las actuaciones de la Agrupación Musical Verode y la Asociación Cultural Arraigo. 

La parroquia de Ntra. Sra. de Guadalupe, en el barrio del Toscal-Longuera en Los Realejos, está desarrollando hasta el 9 de enero, el segundo mes socio religioso en honor a la titular de la parroquia. Estas actividades están encaminadas a dar a conocer la comunidad parroquial y a difundir la devoción a la Virgen, destacando su fiesta litúrgica el 12 de diciembre. 

El periódico "La Opinión de Tenerife" ha publicado un reportaje titulado "Los límites de la cortina azul" sobre la atención que presta el centro San Juan de Dios a personas discapacitadas y con trastornos de la conducta. 

Además, el citado rotativo ha recogido la iniciativa del equipo de liturgia de la parroquia de Santa Ana, en Garachico, con motivo de la Navidad. Se trata de la exposición "Nacimientos, Pesebres y Belenes…un vuelo imaginativo de la fe”. La misma permanecerá abierta hasta el día 9 de Enero. La exposición, instalada en la iglesia del ex convento de San Francisco y presidida por la imagen de este Santo, nos recuerda de paso que fue precisamente San Francisco de Asís quien, según la tradición, inició en la Navidad del año 1223 la costumbre de montar un belén. 

Cuidada y explicativa, sin demasiadas pretensiones de datos históricos, con fotos impresionantes, pero sobre todo, comprensible para todo público. Así describe el padre Ángel Castro Blanco, párroco de la parroquia Nuestra Señora de la Peña de Francia, en Diario de Avisos, la guía editada recientemente para dar a conocer muchas de las joyas y tesoros que alberga la iglesia matriz de Puerto de la Cruz y que hasta el momento, eran desconocidos tanto para los turistas como para muchos feligreses.  

Por otro lado, “Sin techo, sin trabajo” es como titula José Luis Cámara un amplio artículo en el Diario de Avisos sobre la situación de las personas sin techo que atiende Cáritas Diocesana. Como si de un mal sueño se tratase, indica el periodista, la crisis económica y el desempleo están provocando en Canarias imágenes surrealistas e impropias de una sociedad que se autodenomina del ‘primer mundo’. 

Ya está disponible un nuevo número de la revista “Iglesia Nivariense”. En esta publicación se recoge un amplio reportaje sobre el encuentro de jóvenes en El Médano, así como de los insignes diocesanos y de la pasada Semana de Teología, entre otros temas. 

El arciprestazgo de Taco realizará una peregrinación a Candelaria este sábado a partir de las 7:00 horas. El grupo de peregrinos partirá de la plaza de Llano del Moro, pasará por la ermita del Rosario (Machado) y luego se dirigirá a la Basílica de Candelaria. 

El Ayuntamiento de La Laguna, a través del área de Bienestar Social y Calidad de Vida, firmó esta semana un convenio de colaboración con el comedor benéfico interparroquial de San Juan a través del cual, el Consistorio concede la cantidad de 7.828, 10 euros con destino a sufragar los gastos derivados para el desarrollo de las actividades propias del comedor para el año 2010.


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miércoles, 08 de diciembre de 2010

ZENIT  nos ofrece la catequesis que el Papa Benedicto XVI pronunció el miércoles 24 de Noviembre de 2010 durante la Audiencia General celebrada en el Aula Pablo VI con peregrinos procedentes de todo el mundo.

Queridos hermanos y hermanas,

hoy quisiera hablaros de una mujer que ha tenido un papel eminente en la historia de la Iglesia. Se trata de santa Catalina de Siena. El siglo en que vivió – el decimocuarto – fue una época difícil para la vida de la Iglesia y para todo el tejido social en Italia y en Europa. Con todo, incluso en los momentos de mayor dificultad, el Señor no cesa de bendecir a su Pueblo, suscitando Santos y Santas que sacudan las mentes y los corazones provocando conversión y renovación. Catalina es una de estas y aún hoy nos habla y nos empuja a caminar con valor hacia la santidad para ser de forma cada vez más plena discípulos del Señor.

Nacida en Siena, en 1347, en una familia muy numerosa, murió en su ciudad natal en 1380. A la edad de 16 años, impulsada por una visión de santo Domingo, entró en la Orden Terciaria Dominica, en la rama femenina llamada Mantellate [llamadas así por llevar un manto negro, n.d.t.]. Permaneciendo con la familia, confirmó el voto de virginidad que había hecho de forma privada cuando era aún adolescente, se dedicó a la oración, a la penitencia, a las obras de caridad, sobre todo en beneficio de los enfermos.

Cuando la fama de su santidad se difundió, fue protagonista de una intensa actividad de consejo espiritual hacia toda categoría de personas: nobles y hombres políticos, artistas y gente del pueblo, personas consagradas, eclesiásticos, incluido el papa Gregorio XI, que en aquel periodo residía en Aviñón y a quien Catalina exhortó enérgica y eficazmente a volver a Roma. Viajó mucho para solicitar la reforma interior de la Iglesia y para favorecer la paz entre los Estados: también por este motivo el Venerable Juan Pablo II la quiso declarar Copatrona de Europa: para que el Viejo Continente no olvide nunca las raíces cristianas que están en la base de su camino y siga tomando del Evangelio los valores fundamentales que aseguran la justicia y la concordia.

Catalina sufrió mucho, como muchos Santos. Alguno pensó incluso que había que desconfiar de ella hasta el punto de que en 1374, seis años antes de su muerte, el capítulo general de los Dominicos la convocó a Florencia para interrogarla. Le pusieron al lado a un fraile docto y humilde, Raimundo de Capua, futuro Maestro General de la Orden. Convertido en su confesor y también en su “hijo espiritual”, escribió una primera biografía completa de la Santa. Fue canonizada en 1461.

La doctrina de Catalina, que aprendió a leer con dificultad y a escribir cuando era ya adulta, está contenida en el Diálogo de la Divina Providencia o bien Libro de la Divina Doctrina, una obra maestra de la literatura espiritual, en su Epistolario y en la colección de las Oraciones. Su enseñanza está dotada de una riqueza tal que el Siervo de Dios Pablo VI, en 1970, la declaró Doctora de la Iglesia, título que se añadía al de Copatrona de la Ciudad de Roma, por voluntad del Beato Pío IX, y de Patrona de Italia, por decisión del Venerable Pío XII.

En una visión que nunca se borró del corazón y de la mente de Catalina, la Virgen la presentó a Jesús, que le dio un espléndido anillo, diciéndole: "Yo, tu Creador y Salvador, te desposo en la fe, que conservarás siempre pura hasta cuando celebres conmigo en el cielo tus bodas eternas” (Raimundo de Capua, S. Catalina de Siena, Legenda maior, n. 115, Siena 1998). Ese anillo le era visible solo a ella. En este episodio extraordinario advertimos el centro vital de la religiosidad de Catalina y de toda auténtica espiritualidad: el cristocentrismo. Cristo es para ella como el esposo, con el que hay una relación de intimidad, de comunión y de fidelidad; es el bien amado sobre cualquier otro bien.

Esta unión profunda con el Señor está ilustrada por otro de la vida de esta insigne mística: el intercambio del corazón. Según Raimundo de Capua, que transmite las confidencias recibidas de Catalina, el Señor Jesús se le apareció con un corazón humano rojo resplandeciente en la mano, le abrió el pecho, se lo introdujo y dijo: “Queridísima hija, como el otro día tomé el corazón tuyo que me ofrecías, he aquí que ahora te doy el mío, y de ahora en adelante estará en el lugar que ocupaba el tuyo” (ibid.). Catalina vivió verdaderamente las palabras de san Pablo, “...no vivo yo, sino que Cristo vive en mi" (Gal 2,20).

Como la santa de Siena, todo creyente siente la necesidad de conformarse a los sentimientos del Corazón de Cristo para amar a Dios y al prójimo como el mismo Cristo ama. Y todos nosotros podemos dejarnos transformar el corazón y aprender a amar como Cristo, en una familiaridad con Él nutrida por la oración, por la meditación sobre la Palabra de Dios y por los Sacramentos, sobre todo recibiendo frecuentemente y con devoción la santa Comunión. También Catalina pertenece a este grupo de santos eucarísticos con la que quise concluir mi Exhortación Apostólica Sacramentum Caritatis (cfr n. 94). Queridos hermanos y hermanas, la Eucaristía es un extraordinario don de amor que Dios nos renueva continuamente para nutrir nuestro camino de fe, revigorizar nuestra esperanza, inflamar nuestra caridad, para hacernos cada vez más semejantes a Él.

Alrededor de una personalidad tan fuerte y auténtica se fue construyendo una verdadera y auténtica familia espiritual. Se trataba de personas fascinadas por la autoridad moral de esta joven mujer de elevadísimo nivel de vida, y quizás impresionadas también por los fenómenos místicos a los que asistían, como los frecuentes éxtasis. Muchos se pusieron a su servicio y sobre todo consideraron un privilegio ser guiados espiritualmente por Catalina. La llamaban “mamá”, pues como hijos espirituales tomaban de ella la nutrición del espíritu.

También hoy la Iglesia recibe un gran beneficio del ejercicio de la maternidad espiritual de tantas mujeres, consagradas y laicas, que alimentan en las almas el pensamiento de Dios, refuerzan la fe de la gente y orientan la vida cristiana hacia cimas cada vez más elevadas. “Hijo os digo y os llamo – escribe Catalina dirigiéndose a uno de sus hijos espirituales, el cartujo Giovanni Sabatini -, en cuanto que os doy a luz a través de continuas oraciones y deseo en presencia de Dios, así como una madre da a luz a su hijo" (Epistolario, Carta n. 141: A don Giovanni de’ Sabbatini). Al fraile dominico Bartolomeo de Dominici solía dirigirse con estas palabras: "Dilectísimo y queridísimo hermano e hijo en el dulce Jesucristo".

Otro rasgo de la espiritualidad de Catalina está ligado al don de las lágrimas. Estas expresan una sensibilidad exquisita y profunda, capacidad de conmoción y de ternura. No pocos santos tuvieron el don de las lágrimas, renovando la emoción del mismo Jesús, que no reprimió ni escondió su llanto ante el sepulcro del amigo Lázaro y al dolor de María y de Marta, y a la vista de Jerusalén, en sus últimos días terrenos. Según Catalina, las lágrimas de los Santos se mezclan con la Sangre de Cristo, de la que ella habló con tonos vibrantes y con imágenes simbólicas muy eficaces: “Tened memoria de Cristo crucificado, Dios y hombre (…). Poneos por objetivo a Cristo crucificado, escondeos en las llagas de Cristo crucificado, ahogaos en la sangre de Cristo crucificado" (Epistolario, Carta n. 16: A uno cuyo nombre se calla).

Aquí podemos comprender por qué Catalina, aún consciente de las debilidades humanas de los sacerdotes, hubiese tenido siempre una grandísima reverencia por ellos: ellos dispensan, a través de los Sacramentos y la Palabra, la fuerza salvífica de la Sangre de Cristo. La Santa de Siena invitó siempre a los sagrados ministros, también al Papa, a quien llamaba “dulce Cristo en la tierra", a ser fieles a sus responsabilidades, movida siempre y solo por su amor profundo y constante por la Iglesia. Antes de morir dijo: “Partiendo del cuerpo yo, en verdad, he consumido y dado la vida en la Iglesia y por la Iglesia Santa, lo cual me es de singularísima gracia" (Raimundo de Capua, S. Caterina da Siena, Legenda maior, n. 363).

De santa Catalina, por tanto, aprendemos la ciencia más sublime: conocer y amar a Jesucristo y a su Iglesia. En el Diálogo de la Divina Providencia, ella, con una imagen singular, describe a Cristo como un puente lanzado entre el cielo y la tierra. Está formado por tres escalones constituidos por los pies, el costado y la boca de Jesús. Elevándose a través de estos escalones, el alma pasa a través de las tres etapas de todo camino de santificación: el desapego del pecado, la práctica de las virtudes y del amor, la unión dulce y afectuosa con Dios.

Queridos hermanos y hermanas, aprendamos de santa Catalina a amar con valor, de forma intensa y sincera, a Cristo y la Iglesia. Hagamos nuestras para ello las palabras de santa Catalina que leemos en el Diálogo de la Divina Providencia, en la conclusión del capítulo que habla de Cristo-puente: "Por misericordia nos has lavado en la Sangre, por misericordia quisiste conversar con las criaturas. ¡Oh Loco de amor! ¡No te bastó encarnarte, sino que quisiste también morir! (...) ¡Oh misericordia! El corazón se me ahoga al pensar en ti: a dondequiera que me vuelva a pensar, no encuentro sino misericordia" (cap. 30, pp. 79-80). Gracias.

[En español dijo]

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los venidos de Chile, España, México, República Dominicana y otros países latinoamericanos. Siguiendo el ejemplo y la enseñanza de Santa Catalina de Siena, os invito a todos a amar a Cristo y a la Iglesia con un amor cada vez más intenso y sincero. Muchas gracias.

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


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Homenaje a Santiago Alberione en el aniversario de su muerte 
Buenos Aires, 23 Nov. 10 (AICA)

El próximo 26 de noviembre se cumplirá un nuevo aniversario de la muerte del beato Santiago Alberione (1884-1971). Por ese motivo, las hermanas Paulinas -Sociedad Hijas de San Pablo- difundieron un texto en homenaje a su fundador titulado “Evangelizar desde los medios; un carisma de este tiempo”.

     El comunicado recuerda que Santiago Alberione nació un 4 de abril de 1884 en Piamonte, Italia. Fue ordenado sacerdote en 1907. Su obra es muy rica y extensa. Fue un hombre de profunda vida de oración y de incansable acción. Pensó para la vida apostólica en hombres y mujeres que busquen “resanar las leyes, la escuela, la literatura, la prensa, las costumbres, usando los nuevos medios de apostolado con un renovado empuje misionero”.

     Fundó cinco congregaciones religiosas que en su conjunto constituyen la “Familia Paulina”. Todos comprometidos de modos distintos, en el apostolado de la comunicación, siendo San Pablo su modelo evangelizador.

     Privilegió la prensa y se propuso popularizar la enseñanza de la Iglesia y hacerla comprensible para todos los hombres. Después de largos años de obstáculos e incomprensiones, ya participando del Concilio Vaticano II, Alberione vio concretados sus sueños al aprobarse el documento que comprometía a toda la Iglesia a “predicar” con los nuevos medios de comunicación social; prensa, cine, radio y televisión.

     Las religiosas destacan que en algún momento Alberione se refirió a la libertad de expresión que en la Iglesia todavía no tenía el espacio necesario. Decía: “No tenemos que desanimarnos, sino que hay que orar... necesitamos tener libertad de acción porque lo exige nuestra misión”.

     Particularmente lo recuerdan como un apóstol de la Biblia; la quiso accesible a todos, explicada, que fuera el punto de partida de toda acción pastoral, y que el Catecismo, la Liturgia estuviesen impregnados de la Palabra de Dios. En 1960 fundó la Sociedad Bíblica Católica Internacional. Alberione, en todas sus obras, estuvo animado por un profundo amor a la Eucaristía. Tanto es así, que su obra nació en una noche de adoración Eucarística.

     También subrayan que fue un pionero de la era mediática y un profeta de su tiempo. Su vida de entrega incansable al servicio de la Iglesia tenía una meta: llegar a la gente con un mensaje no tan solo religioso, sino penetrar todo el pensamiento y el saber humano con el evangelio. Por ese decía: “Hoy no basta el púlpito, se necesitan todos los medios. En pocos años se ha transformado el mundo y nosotros, para caminar con él, debemos ponernos al día”. Se hace necesario “el cine, la radio, la prensa, la televisión y todo lo que sirva para comunicar el pensamiento”.

     El 26 de noviembre de 1971 fallece en Roma a los 87 años. Su figura pequeña y frágil no se dio tregua en su entrega por la construcción de la Iglesia y de una sociedad, vislumbrando la aurora de una nueva era en los medios de comunicación social.+


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Homilía de monseñor Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús, en la misa de ordenaciones sacerdotales de Sebastián Calabrese y Leonardo Chimento (Catedral de Avellaneda-Lanús, 20 de noviembre 2010). (AICA)

ORDENACIONES SACERDOTALES            

Queridos sacerdotes.
Queridos seminaristas.
Queridas religiosas y religiosos.
Querido pueblo fiel: 

Como Obispo de esta diócesis de Avellaneda Lanús, hoy tengo el gozo de poder conferir a estos dos hermanos diáconos el orden de presbíteros, constituirlos sacerdotes. Un regalo muy grande, una gracia muy grande, donde Dios nos bendice enormemente. Estamos en este inicio de Año Jubilar, estos cincuenta año de nuestra querida diócesis y el Señor nos regala dos nuevos sacerdotes. También nosotros, los consagrados, hoy renovamos esa gracia que Dios nos regaló y que es para siempre.

Dios nos toma, y Dios los toma, de una manera muy especial llamándolos a identificarse a Jesucristo, cabeza pero siguiéndolo a Él, imitándolo a Él, escuchándolo a Él y para que cumplan con la misión que el Señor, a través de la Iglesia, les confiere.

Están llamados y es una gracia de Dios. No duden jamás de la exigencia, y mucho menos de la respuesta, para que no vacilen, para que no duden, para que no tiemblen, para que no tengan miedo, para que sí sepan y puedan confiar en el Señor. Si el Señor los llamó, si el Señor los miró, si el Señor los amó y el Señor les confió, ustedes tendrán que seguir confiando en esa ternura y en esa misericordia de haber sido asociados de cerca a  Jesucristo en la cruz.

El sacerdote, el presbítero, está llamado por Dios para vivir en la Iglesia. Y lo llama el Obispo y lo llama el presbiterio; por eso no se concibe un sacerdote individualista y separado. El sacerdote tiene que estar unido al presbiterio, pues esa es su razón de ser y su caridad que tendrá que vivir unido al obispo y al presbiterio; unido al presbiterio con el Obispo. Y vivir en esa comunión, que no es secundaria, ni circunstancial, ni funcional, sino que es estructural.

La comunión de la cual ustedes participan, y no son simplemente sacerdotes y después pueden hacer lo que quieran, sino que están metidos, llamados, al orden del presbiterado y por eso ustedes tienen que estar unidos en comunión.

Queridos hermanos, es un regalo extraordinario; donde Dios los llama a ustedes, jóvenes en un mundo complejo y muy difícil, pero que el Señor a través de la Iglesia les dice algo y también nos quiere decir algo a nosotros y quiere decir algo al mundo: ¡que lo que es imposible para los hombres, es posible con la cercanía y la gracia de Dios!, ¡Dios hace posible vuestra entrega, vuestra fidelidad y vuestra perseverancia!

El Señor los llama para que crean y lean la Palabra de Dios; creyéndola, leyéndola, enseñándola y practicándola, esa palabra de Dios los tendrá que alimentar siempre, iluminar siempre para iluminar y acompañar a los hermanos. El protagonismo no será de ustedes, el protagonismo es de Jesucristo, es de su Palabra y es del Espíritu Santo. Por lo tanto ustedes sean verdaderos oyentes de la Palabra de Dios, para que puedan alimentar a los hermanos.

Ustedes también tendrán la dicha y la gracia de participar del ministerio eucarístico; y en el nombre de Cristo podrán perdonar y absolver los pecados; podrán bautizar, ungir al enfermo y sobre todo dar a Cristo en LA comunión. Se unirán a ese misterio y vuestra vida, si tiene sentido, y si quieren que la vida de ustedes tenga sentido, ¡fusiónense al misterio de Cristo!, ¡suban al altar y quédense allí para vivir sagradamente el sacrificio! El sacrificio del cual ustedes son revestidos de Jesucristo, unidos e identificados con Él; y Él no sólo los alimentará a ustedes sino que también alimentará al Pueblo de Dios, por medio de ustedes.

También les da otra misión: el pastoreo. “¿Me amas?, cuida a mi gente; ¿me amas?, cuida ami pueblo, ¿me amas?, cuida a la Iglesia”. No son palabras meramente retóricas, son sustanciales, son contundentes, son ontológicas. De alguna manera, el sacerdote de Cristo es sacerdote para Cristo para su pueblo y para la Iglesia. Ese pastoreo lo tendrán que desarrollar, cultivar, vivir y comunicar.

Son muchas las cosas a que un sacerdote está llamado pero, como decía la primera lectura de Jeremías, “no temas, tú vas donde yo te envío y no temas pues yo te voy a enseñar lo que te mande” El sacerdote tendrá que ser un hombre de Dios y si no es un hombre de Dios no va a saber decírselo a la gente. El sacerdote tendrá que estar enamorado de un modo indiviso para que Dios siga siendo el centro de su vida, y que ustedes, desde ese centro, lo puedan comunicar a los demás. La gente necesita eso, la gente pide eso, la gente quiere eso. No quiere otra cosa.

Vamos a pedir como Iglesia que Dios los bendiga y que ustedes siempre cuenten con Él. Dios no pide y después defrauda. Lo que Dios pide, lo da y lo da en abundancia. Confíen y sean siempre los que están enamorados de Dios. ¡Enamorados de Dios para no buscar en otro charco!, ¡enamorados de Cristo para servir a la Iglesia!, ¡enamorados de Cristo para dar la vida con Él!, ¡enamorados de Cristo para que nuestra Iglesia sea cada vez más creíble, más entendida, más amada y más respetada! A eso están llamados, queridos hijos; cuenten con la ayuda de Dios, con la gracia; que la gracia hace lo que Dios da. Y cuenten con la ayuda maternal de la Virgen; Ella los va a acompañar siempre; Ella despeja pero también acerca a Jesucristo el Señor.

Como Dios no se deja vencer en generosidad, ustedes tienen familias y sus familias nos han acompañado; sus amigos también y sus respectivas comunidades a lo largo de estos años de formación. Agradezco en especial a los padres de ustedes dos; sepan que al hijo no lo pierden y que el hijo sacerdote será sacerdote pero sigue siendo hijo, por lo tanto alguna vez tírenle la oreja al hijo aunque sea sacerdote. Porque Dios nunca rompe los vínculos anteriores, al contrario ¡los potencia, los enardece, los ilumina, los enriquece!

Como es generoso los bendice también a ustedes; no tengan dudas de que es una bendición. Ellos no tendrán hijos propios, pero tendrán muchos hijos espirituales y verán ustedes como el corazón les seguirá agrandando y ardiendo, porque Dios nos da familias nuevas, hermanos y hermanas nuevas. Ayúdenlos a ellos para que sigan siempre cumpliendo con la misión.

Que el Señor los bendiga a todos y que nos bendiga personalmente a cada uno en este día porque es una gracia muy grande. Está el obispo, están los sacerdotes, están las religiosas, están ustedes: si dos o tres personas se reúnen en su nombre, Él está. Y,  ¡cómo el Señor no va a estar presente en esta celebración! Y si el Señor está presente en esta celebración es para que nos siga tocando, nos siga confirmando, nos siga cambiando y nos siga enviando, porque estamos en la Iglesia para hacer lo que Él quiere, lo que Él nos diga.

Que la Santísima Virgen María, bajo la advocación  de Nuestra Señora de la Asunción, les ayude a perseverar e interceda ante su Hijo para que ustedes hagan siempre su voluntad. 

Que así sea.

Mons. Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús 


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Lectio divina para el jueves de la segunda semana de Adviento, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.

 

LECTURA:       “Mateo 11, 11‑15”

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista; aunque el más  pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.

Desde los días de Juan, el Bautista, hasta ahora se hace violencia contra el reino de Dios, y gente  violenta quiere arrebatárselo.

Los profetas y la Ley han profetizado hasta que vino Juan; él es Elías, el que tenía que venir, con tal que queráis admitirlo. El que tenga oídos que escuche.»

MEDITACIÓN:           “Vino Juan”

            Empieza a aparecer uno de los personajes nucleares de este tiempo, Juan el Bautista. En sí para nosotros no representa más que un personaje más en esa cadena de hombres recios que aparecen en la historia de Israel, pero que no cabe duda de que jugó un papel muy significativo preparando el camino a Jesús y dejándole paso libre para el inicio de su actividad.

            La fuerza de su personalidad atrajo a muchos hacia él y planteó muchas incógnitas, que el mismo Jesús despejaría. En su persona confluirían parte de las esperanzas del pueblo. No sólo es el Elías que tenía que volver, y así dar paso al momento cumbre de la historia, introduciendo en ella al que iba a reconciliarnos a los hombres entre sí, sino algo mucho más importante, a los hombres con el mismo Dios.

            Pero todo esto, como lo afirma el mismo Jesús, en la medida que lo queramos creer. Nos volvemos a adentrar en el misterio del amor de Dios que actúa a través de mediaciones, y así va construyendo y llevando adelante la historia. Historia que parece seguir resistiéndose a que Dios entre en ella de lleno hasta que descubra que sólo la fuerza del amor puede construirla y salvarla. Me sigues llamando a colaborar en hacerlo posible, y acogiendo la llamada de Juan quiero seguir inmerso, a pesar de mis contradicciones, en esta historia de salvación.

ORACIÓN:              “Que no me evada”

            Señor, cuando miro a estos personajes que han entrado en la corriente de tu vida soy consciente de que a mi escala también me has llamado a jugar un papel, mi papel, en tu historia de salvación. Que no me evada, y que aprenda de ellos coherencia.

            Pero tengo que volver a pedirte fuerza. Cuando les veo a ellos también experimento con más claridad mi fragilidad y mis miedos. No es fácil seguirte en un ambiente hostil pero sé que contigo puedo.                      

CONTEMPLACIÓN:            “Tu historia de salvación”

Has pensado en mí
y has puesto mis pasos
en tu historia de salvación.

No te han echado atrás
mis pasos cortos,
mis manos temblorosas
y mi corazón incierto.

Y así mantienes
la llama frágil,
pero ilusionada,
de mi fe
y de mi esperanza,
que apoyadas en ti
sueñan en hacer arder
el fuego de tu amor.


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martes, 07 de diciembre de 2010

Lectio divina para el miércoles de la segunda semana de Adviento, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.

LECTURA:      “Mateo 11, 28‑30”

En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»

MEDITACIÓN:            “Aprended de mí”        

            Me lanzas un reto, Señor, nos lanzas un reto a todos, uno de esos retos, que preferiríamos eludir, pero que nos va mucho en aceptarlo o no. Aprender de ti es un reto que nos asusta, y preferimos eludirlo y decir que no nos interesas a descubrir la grandeza de la tarea e intentar asumirla con gozo, con decisión y apoyado en tu propia fuerza.

            Pero sí, Señor, necesito y quiero aprender de ti. Aprender humildad, docilidad, generosidad, bondad, ternura, misericordia, perdón… y un largo etcétera de actitudes que no puedo adquirir en ningún otro sitio más que en ti. En ellas se asienta o se puede asentar la experiencia de mi propia paz, la convicción gozosa de estar intentando poner en juego lo más valioso de mí.

            Al final nos vas pidiendo poner en juego nuestra sensibilidad humana. Si te rechazamos en muchas ocasiones, no es porque nos parezca malo tu mensaje, sino porque nos parece exigente, y preferimos mirar a otro lado, incluso evadirnos para no comprometernos.

            Ahí está tu llamada y tu invitación porque nunca es tarde para adentrarnos en el empeño de aprender. Un aprendizaje que no se acaba, que dura toda la vida, porque la sensibilidad humana, el amor, no es tarea que se agote, y ponerle límites es cortarle alas a nuestra historia personal. Y yo, Señor, aunque con toda la torpeza del mundo, quiero volar.

ORACIÓN:              “Sostenme con tu fuerza”

            Señor, quiero aprender de ti. Me gustaría poder mirar a otro lado y evadirme. Preferiría no complicar mi vida, y dejarme llevar por lo fácil, a veces tengo ese deseo e incluso caigo en él. Pero no quiero darme por vencido y quiero, Señor aprender.

            Y también lo sabes, Señor, pero sigo necesitando tu fuerza, que tu palabra siga resonando incansablemente en mi corazón torpe y, a veces, con sentimientos encontrados. Por eso sostenme con tu fuerza y no dejes de enseñarme y de llamarme.

CONTEMPLACIÓN:              “Aprenderte a ti”

Quisiera cerrar los ojos
para no ver más allá
de mis pasos torpes
y mis quereres fáciles.

Pero tus pasos firmes
y tu voz serena
descubren mi verdad
a medias
y mis mentiras ciertas;
y al romper mis lazos
y mirarme dentro
quiero cargar tu yugo,
aprenderte a ti,
y seguirte cerca.


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Lectio divina para el martes de la segunda semana de Adviento, ofrecida por la Delegaicón Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.

 

LECTURA:      “Mateo 18, 12‑14”

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en el monte y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, os aseguro que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado.

Lo mismo vuestro Padre del cielo: no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños.»

MEDITACIÓN:            “Que no se pierda”

            Señor, a veces pienso que tus esfuerzos por hacerte comprender no nos sirve a los hombres de hoy, ni tal vez a los que nos seguimos teniendo por cristianos. Ya pocos entienden o entendemos de ovejas, y si hay tantas y se pierde alguna, pues que se fastidie, quién va a perder el tiempo en buscarla con el trabajo y el dinero que supone.

            Y si pasamos de ovejas a hombres, también qué más da. Cada uno hace lo que quiere, vive como quiere y se marcha a donde quiere, pues si se escapa del grupo por algo será, que lo dejen tranquilo y que no nos complique la vida. Cada uno es libre de hacer lo que quiera.

            Qué diferentes son tus pensamientos de los nuestros. Nosotros nos importamos bastante poquito. Decimos vivir en una aldea global, pero cada vez nos llevamos peor y nos distanciamos más. Y tú, tú estás muy lejano como para que nos importes, y buscarte, conocerte, sentirte, resulta bastante complicado.

            Pero independientemente de lo que pensemos nosotros, de lo que hagamos nosotros, de lo que nos importe o nos deje de importar tú o los otros, tu mensaje es claro: a ti te importamos. Tú nos buscas, sencillamente porque tú nos amas, porque nos has creado, porque somos hechura tuya. Nos lo podemos creer o no, pero es tu palabra, es tu mensaje, es tu vida, la que lo pone de manifiesto.

            Por eso no quieres que nos perdamos, y te alegras de que nos encontremos contigo porque es la garantía de encontrarnos entre nosotros. Por eso sales cada mañana a nuestro encuentro, a pesar de nuestros desprecios e indiferencias, porque sabes que más que rechazo lo que tenemos es miedo a las consecuencias de este amor, y tu palabra es una invitación a adentrarme en él.

ORACIÓN:           “Llamado a compartir”

            Señor, no sé cómo pero sé que sales cada mañana a mi encuentro, que cada día es un milagro de tu amor, en el que me invita a poner en juego lo mejor de mí. Y tu presencia me interpela y, al mismo tiempo me ilusiona. Dame la suficiente libertad para que  nada me aparte de esta convicción.

            Y gracias, Señor, una vez más, porque es ese empeño tuyo, molesto a veces, el que me recuerda que soy portador de un tesoro en mí mismo y que estoy llamado a compartir.

CONTEMPLACIÓN:           “Te importo”

Te importo
y sales a mi encuentro
cada mañana.

Te importo
y no te da lo mismo
que ande perdido.

Te importo
y te alegras
cuando me hago
sensible a tu palabra
y me dejo acariciar por ella.

Te importo
y no has dejado de amarme
ni un instante
a pesar de mis rechazos
a pesar de mis distancias.

Te importo
y seguirás respetando
mis desprecios
y mis rechazos.

Te importo
y sé que seguirás
saliendo a mi encuentro.

Y necesito que lo hagas,
porque aunque me aleje
necesito saber que me buscas
y que me amas.


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Lectio divina para el lunes de la segunda semana de Adviento, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.

LECTURA:      “Lucas 5, 17‑26”

            Un día estaba Jesús enseñando, y estaban sentados unos fariseos y maestros de la ley, venidos de todas las aldeas de Galilea, Judea y Jerusalén. Y el poder del Señor lo impulsaba a curar.

Llegaron unos hombres que traían en una camilla a un paralítico y trataban de introducirlo para colocarlo delante de él. No encontrando por donde introducirlo, a causa del gentío, subieron a la azotea y, separando las losetas, lo descolgaron con la camilla hasta el centro, delante de Jesús. Él, viendo la fe que tenían, dijo: «Hombre, tus pecados están perdonados.»

Los escribas y los fariseos se pusieron a pensar: «¿Quién es éste que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados más que Dios?»

Pero Jesús, leyendo sus pensamientos, les replicó: «¿Qué pensáis en vuestro interior? ¿Qué es más fácil: decir "tus pecados quedan perdonados", o decir "levántate y anda"? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar pecados ‑dijo al paralítico: A ti te lo digo, ponte en pie, toma tu camilla y vete a tu casa.» Él, levantándose al punto, a la vista de ellos, tomó la camilla donde estaba tendido y se marchó a su casa dando gloria a Dios.

Todos quedaron asombrados, y daban gloria a Dios, diciendo llenos de temor: «Hoy hemos visto cosas admirables.»

MEDITACIÓN:            “Viendo la fe”

            Puede parecer un poco extraño de entrada, pero es cierto, la fe se ve y si no se ve es que no existe. Y no cabe duda de que quien mejor la ve es el propio Jesús. Nosotros podemos pasarla más inadvertida pero él no, porque él ve lo profundo y lo auténtico del corazón. Tal como lo vio en aquellos hombres.

            No cabe duda, aquel gesto, aquel esfuerzo, aquel empeño por llegar a Jesús, ponía de manifiesto la confianza plena en él, y no agotaron ningún esfuerzo para poder llegar delante de él, ni físico ni de miedo a las críticas que ese gesto pudiese suscitar. Y así consiguieron arrancar del Señor, no sólo la curación física sino la más profunda; tal vez no la esperaban, casi seguro que no, pero también es seguro que aquel perdón regalado por Jesús, aunque no lo entendieran muchos, incluso lo criticaran, tuvo que tocar profundamente a aquel hombre que estaba llamado a comenzar una nueva andadura en su vida.

            Sí, Señor, yo sé que la fe se ve. Lo saben hasta los que dicen que no la tienen, porque nos echan en cara cuando no vivimos la coherencia de lo que decimos creer, y no nos gusta, pero es bueno que nos lo digan, en ese sentido hasta hacen de instrumentos tuyos para llamarnos la atención sobre la verdad con la que asumimos tu seguimiento.

            La fe no es indiferente, por eso a muchos les gustaría meternos en las sacristías, que viviésemos en privado la fe, pero eso es como decir que tenemos que comer pero viviendo como si no comiésemos. Tú quieres ver mi fe para volcarte en mí, yo quiero y necesito manifestar mi fe, y el mundo, los que viven a mi alrededor, tiene que saber que creo, en quién creo y cómo lo manifiesto. Esto me complica, pero me da fuerzas para coger el peso de mi vida y llevarla, en medio de los demás, dando gloria a Dios.

ORACIÓN:          “Testigo coherente”

            Sí, señor, yo sé que mi de se nota, no con toda la fuerza que debería, pero no puedo no expresarla porque forma parte de lo que soy. Pero ayúdame a vivirla cada vez con más fidelidad, con más coherencia, con más alegría.

            Gracias, Señor, porque en medio de las dificultades en que a veces me muevo, en medio de un ambiente hostil e indiferente, me sigues dando tu fuerza para mantenerme firme. Que no me falte tu fuerza para ser testigo coherente de mi fe.

CONTEMPLACIÓN:             “Ante ti”

Vengo ante ti
con mi fe postrada y frágil
porque sé que tú
no me rechazas.

Y espero de nuevo,
sí, de nuevo,
tu palabra amable y firme
que me levanta
y me invita a caminar
portando el peso
de mis pobrezas
pero firme y seguro
porque tú amor y tu perdón
me empujan.


Publicado por verdenaranja @ 10:17  | Liturgia
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 Lectio divina  para el segundo domingo de Adviento - A, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.

LECTURA:            “Mateo  3, 1‑12”º

Por aquel tiempo, Juan Bautista se presentó en el desierto de Judea, predicando: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.» Éste es el que anunció el Profeta Isaías diciendo: «Una voz grita en el desierto: “Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos.”

Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y del valle del Jordán; confesaban sus pecados; y él los bautizaba en el Jordán.

Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a que los bautizara, les dijo: «¡Camada de víboras!, ¿quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente? Dad el fruto que pide la conversión. Y no os hagáis ilusiones, pensando: “Abrahán es nuestro padre”, pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abrahán de estas piedras. Ya toca el hacha la base de los árboles, y el árbol que no da buen fruto será talado y echado al fuego.

Yo os bautizo con agua para que os convirtáis; pero el que viene detrás de mí puede más que yo, y no merezco ni llevarle las sandalias. El os bautizará con Espíritu Santo y fuego. El tiene el bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga.»

MEDITACIÓN:              “Preparad el camino”

            Juan podía parecer un extravagante, pero la gente sabe distinguir un asceta de un charlatán. Su voz resuena con fuerza y su llamada no suena precisamente a algo agradable: habla de conversión, de cambio de vida, de cambio de actitudes, y da una razón y una consecuencia. La razón es que Dios está cerca y hay que volver la mirada y el corazón a él; la consecuencia de esa conversión es la necesidad de dar frutos dignos de ella y del Dios que viene. No habla de cuáles son esos frutos, pero no son difíciles de entresacar a través de toda su palabra: honradez, justicia, verdad, honestidad…, es decir, todos aquellos valores que se desprenden de Dios y que dignifican y humanizan al hombre.

            Su llamada a la conversión no es de medias tintas, no es un gesto sin más para justificarse ante los demás. Así denuncia con fuerza, con la fuerza de un hombre del desierto, libre ante todo y ante todos, a aquellos que se presentan sin una voluntad sincera de cambio, ahí no hay terreno para dar cabida a Dios, sino a sí mismo.

            Y así me resuena a mí de nuevo este grito del Bautista pidiéndome autenticidad. Su voz llega de nuevo y con la misma fuerza. El mundo sigue necesitado de Dios, de un Dios amor que humanice nuestros corazones, y su urgencia es tal, dada la realidad que estamos creando, que necesita ser gritado con la fuerza de la palabra, pero también de los gestos de verdad de nuestra vida.

Sí, con el Bautista tenemos y podemos gritar que Dios está cerca, que Dios está en medio, que Dios está en el propio núcleo de nuestro ser. Será ése el gran mensaje que termine estallando en la Navidad. Pero para que este Dios se haga presente necesita un corazón preparado, un corazón disponible, un deseo sincero de dejar que tome posesión de nuestra vida y la inunde de su fuerza, trocándola toda en gestos de amor. Tal vez sea un sueño, cuando sentimos el ambiente más agresivo con todo lo que suene a cristiano, pero vivimos tiempos en los que es necesario soñar con lo que parece imposible, apostar por ello y ahondar para madurar nuestra fe. Y el grito resuena en mis oídos y en mi corazón.

ORACIÓN:            “Nuestro esfuerzo”

            Gracias, Señor, por dejar resonar tu voz. Por recordarme que es posible y que no es algo distante. La esperanza y el amor se construyen con nuestras vidas, con nuestro esfuerzo, y parece que no estamos en la época de los esfuerzos, sino de lo fácilmente conseguido, de lo que se usa y se tira. Y qué bueno que, en medio de tanta banalidad, podamos afirmar que todavía poseemos algo que no tiene fecha de caducidad, sino que tiene visos de eternidad.

            Y lo mejor es que tú vienes, que tú estás, y haces el camino con nosotros. Convierte mi corazón a ti, Señor, convierte, sí, mi corazón al amor, yo lo necesito y el mundo también.

CONTEMPLACIÓN:              “Es tiempo”

Es tiempo de preparar caminos.

Es tiempo de abrir el corazón
y dejar que el agua de tu vida,
que el torrente de tu amor,
riegue mi existencia
y haga rebrotar
la hierba verde y fresca
del amor y la esperanza.

Es tiempo de soñar
que todavía es posible
algo nuevo y bueno,
en mi mundo interior
y en el que me rodea.

Es tiempo de anhelar
los frutos de la vida,
de mi vida,
y regalar sonrisas
cuando es difícil darlas.

Es tiempo de acoger
la verdad de tu presencia,
e introducirme en ti,
saciarme de tu paz
y hacerme portador de ella.


Publicado por verdenaranja @ 10:14  | Liturgia
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lunes, 06 de diciembre de 2010

Homilía de monseñor José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario en la consagración del templo y del altar de la parroquia Cristo Rey (Fisherton, 21 de noviembre de 2010, solemnidad de Cristo Rey). (AICA)

CONSAGRACIÓN DEL TEMPLO PARROQUIAL Y DEL ALTAR DE CRISTO REY         

Culminamos el año litúrgico, que comenzó en el adviento pasado. Hoy celebramos la fiesta de Cristo, Rey del universo, a quien vemos en la imagen del Pantocrátor, como resplandece en los ábsides de las antiguas basílicas cristianas. También conmemoramos las Fiestas patronales de esta Parroquia dedicada a Cristo Rey, cuya iglesia voy a consagrar conjuntamente con su nuevo altar.

Celebrar a Cristo Rey, es celebrar también el Reino de Dios, que Jesús anunció al comenzar su vida pública, y que todavía debe llegar a su plenitud. Más aún, la presencia de Jesús hace cercano su Reino diciendo: “Se ha cumplido el tiempo, y está cerca el Reino de Dios. Arrepiéntanse y crean en la Buena Nueva" (Mc 1,14).

Para hablarnos de Cristo Rey, la liturgia nos invita este año a leer una página de la pasión del Señor. En este Evangelio precisamente se llama Rey a Jesús, cuando se encuentra clavado en la cruz:

Jesús para salvarnos, fiel a la voluntad del Padre, el ungido por Dios, nos ofreció una nueva alianza con la humanidad. Para poder llegar a ese acuerdo, Dios tomó la iniciativa: envió a su Hijo, “el primogénito de toda la creación, en quien fueron creadas todas las cosas, tanto en el cielo como en la tierra”, para encarnarse y morir en la cruz. Y así, El, que es el Señor, se anonadó, se abajó y se entregó por nosotros, sin hacer alarde de su condición de Dios.

Despojándose de su condición, el Rey vino a nosotros. Su Reino, que no es de este mundo, se instauró con su venida, iniciándose entre nosotros un reino de paz, de justicia, de amor y de paz.

Jesucristo eligió servir y no ser servido. Y aceptó la muerte, y una muerte de cruz: de tal manera que su reino lo inició en medio nuestro, como víctima inmaculada y pacífica, que se ofreció en el altar de la cruz, realizando el misterio de la redención humana (cfr. Prefacio Cristo Rey).

En la cruz Jesucristo nos redime y nos salva, su misión es saldar la deuda que habíamos contraído con Dios. Por esto nos dice la segunda lectura que escuchamos recién: "Dios nos ha sacado del dominio de las tinieblas y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido, por cuya sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados".

Así reina el Señor. Jesucristo no trajo la violencia, ni quiso otro triunfo en este mundo que la victoria de la cruz y de su Resurrección. Tampoco nos prometió el cielo en la tierra; sino que nos invitó a seguir un camino diferente al que nos propone el mundo: el de la fe, la esperanza y el amor.

De este modo el reinado de Cristo ya se comienza a construir en la tierra, luchando contra todo mal, y las miserias y egoísmos humanos, hasta vencer definitivamente a la muerte. Por ello la fe en Cristo resucitado hace más posible el amor al prójimo, confiando en su presencia en cada hermano, y acrecienta la entrega de tantos hombres y mujeres a la transformación del mundo, para devolverlo al Padre: «Así Dios será todo para todos».

Los que no conocen el Reino de Dios pretenden pruebas extraordinarias, comprobar su grandeza, y que Jesús les muestre su poder. Solo el ladrón arrepentido del Evangelio, vecino a su cruz, le pide lo más importante: poder estar con Jesús cuando llegue a su Reino: Desde la cruz, él solo quiere estar en su Reino, y lo consigue: “Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso” Lucas 23,43).

La Virgen María reina con Cristo. Ella fue la primera que conoció y siguió fielmente al Señor. María es grande precisamente porque quiso enaltecer a Dios en lugar de a sí misma. Ella es humilde: y solo quiso ser la sierva del Señor. Supo estar siempre a disposición no de sus deseos, sino de la iniciativa de Dios, para contribuir a la salvación del mundo. Por ello es una mujer de esperanza: sólo porque cree en las promesas de Dios, y espera la salvación (cfr. Dios es caridad, nº 41).

Esto mismo que meditamos, queridos hermanos, lo encontramos significado en la Iglesia y en el altar que vamos a consagrar, signos y símbolos muy profundos, que nos hablan de Cristo Rey.

En el centro del retablo se destaca una corona, que simboliza que Cristo es rey; pero a la vez en este mismo retablo, junto a la corona encontramos varias frases del Evangelio que explican su hondo sentido: “Cuando hayan levantado en alto al Hijo del hombre, comprenderán que soy yo" (Juan 8,28). Y más abajo, sobresaliendo al resto nos dice: “ Dios, es amor (1 Juan 4,16).

La cruz, que preside el altar, también nos habla de Cristo Rey; y nos enseña a cada uno que morir por Cristo es reinar. En un mundo donde se quiere prescindir de la cruz, ésta nos enseña que es el signo visible del amor, con el cual Dios viene a nuestro encuentro.

Pero sobre todo, el altar, que hoy será ungido, simboliza al mismo Cristo: " Por eso te ha ungido Dios, tu Dios, con perfume de fiesta" (Heb.1,9). Él quiso, al instituir el memorial del sacrificio que ofreció al Padre en el ara de la cruz, que fuera la sagrada mesa, alrededor de la cual sus discípulos se iban a reunir para celebrar su Pascua y recibir la Eucaristía, verdadero Cuerpo y Sangre del Señor.

Y así en cada celebración de la Eucaristía, sacrificio y banquete celestial, celebramos la grandeza de Cristo Rey, muerto en la cruz, y proclamamos su resurrección, para entregar "a su majestad infinita un reino eterno y universal; el reino de la verdad y de la vida, el reino de la santidad y de la gracia, el reino de la justicia, del amor y de la paz" (ib. Pref. Eucaristía).

Hoy tenemos la oportunidad de volver a renovar el pacto con nuestro rey. A trabajar por el Reino, al que pertenecemos; a ser parte viva de su Iglesia, que anuncia su reino hasta que Él vuelva. Lo hacemos siempre unidos a María, la Virgen Reina, que nos señala el camino del Reino, y así como permaneció intrépida a los pies de la cruz; hoy filialmente la honramos gozosa en la gloria de su Hijo. 

Mons. José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario 


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Homilía de monseñor Luis Teodorico Stöckler, obispo de Quilmes de la XV Misa de la Esperanza (Cruce Varela, 20 de noviembre de 2010). (AICA)

«GENTE PEQUEÑA HACIENDO COSAS PEQUEÑAS EN ESPACIOS PEQUEÑOS, PRODUCE GRANDES CAMBIOS»        

Siempre cuando nos encontramos en este lugar céntrico de nuestra diócesis, donde se entrecruzan las avenidas de Quilmes, Berazategui y Florencio Varela, nos motiva la preocupación de lo que está pasando en nuestro pueblo y la responsabilidad que nos incumbe como cristianos. Lo que tematizamos hoy, el fenómeno de la droga, no es novedoso pero sí alarmante, porque ha tomado últimamente dimensiones, que ponen la Argentina entre los países de mayor consumo de drogas. Hemos igualado en el consumo de cocaína a los Estados Unidos y en marihuana somos los primeros en el mundo. Hace diez años Argentina era un país de tránsito, hoy consumen más de tres millones de personas. En los últimos años del secundario, el 15% consume marihuana, en el conurbano hasta el 30%; y el 90% de los chicos consumen alcohol. El uso de estupefacientes comienza hoy ya en niños de apenas ocho años de edad. El “paco” causa estragos, sobre todo entre los pobres. Lo que llama la atención es que, a pesar de esta realidad alarmante, la mayoría de la población todavía cree poder desentenderse del problema, aunque nuestra sociedad y nuestras comunidades están profundamente afectadas por la droga y sus consecuencias.

¿Qué hacemos frente a esta realidad? Entendemos que la criminalización de las personas que consumen drogas es una idea inadecuada para pensar cualquier tipo de política de prevención y asistencia de las adicciones. Sin embargo, el modo en que se ha planteado el debate público sobre la despenalización de la tenencia de sustancias para consumo personal exige una profundización. La Ley del Estado dice que los planes de vida de las personas sólo pueden ser limitados mediante coerción cuando perjudican a terceros. Nosotros preguntamos: ¿No son terceros potencialmente perjudicados los padres? ¿No lo son los ciudadanos que padecemos el flagelo de la inseguridad? Algunas corrientes de opinión proponen legalizar la producción y la comercialización de determinadas drogas. Se minimizan los peligros, distinguiendo entre drogas blandas y drogas duras, lo que lleva a liberalizar el uso de determinadas sustancias. “La droga no se vence con la droga. Las drogas sustitutivas no son una terapia suficiente, sino más bien un modo velado de rendirse ante el fenómeno” (Juan Pablo II, 27-05-1984). La producción de drogas en nuestro país, su oferta y consumo crecientes reclama un Estado que ha de tener una actitud firme frente a los mercaderes de este enorme negocio criminal. Estamos concientes de que este compromiso puede significar perder la vida en el enfrentamiento con los poderosos de este mundo siniestro. Nuestros gobernantes, especialmente los responsables de nuestra seguridad necesitan, por eso, de nuestro apoyo espiritual para que tomen los recaudos imprescindibles y señalen y denuncien a los culpables que están hasta en sus propias filas.

Como Iglesia nos corresponde descubrir las causas profundas del flagelo de las adicciones e ir a la raíz del problema. Lo que importa no es tanto la droga cuanto los interrogantes humanos, psicológicos y espirituales, implicados en las conductas. La raíz de la drogadicción no estriba en el producto sino en la persona que llega a sentir su necesidad. Recurrir a la droga es síntoma de un malestar profundo. “La causa mayor de la fuerza con que la droga hace presa en el espíritu juvenil está en la indiferencia ante la vida, en la caída de los ideales, el miedo al futuro” (Juan Pablo II, id.). “Es preciso reconocer que se da un nexo entre la patología mortal causada por el abuso de drogas y una patología del espíritu que lleva a la persona a huir de sí misma y buscar placeres ilusorios, escapando de la realidad, hasta tal punto que pierde totalmente el sentido de la existencia personal” (id. 07-02-1997). Es preciso refutar totalmente el uso de la droga desde el punto de vista moral. Nadie tiene derecho a dañarse a sí mismo.

Al fenómeno de la drogadicción la Iglesia responde con un mensaje de esperanza y un servicio que, más allá de los síntomas y la conducta de las personas, se dirige al corazón mismo del hombre. No es posible implementar a través del poder un cambio de conducta frente a las adicciones. Nuestra misión es evangélica: anunciar la Buena Nueva. Al toxicómano, que fundamentalmente sufre de falta de amor, la Iglesia quiere ayudarle a descubrir el amor de Jesucristo. En una situación de malestar, en el vacío profundo de la existencia, el camino hacia la luz pasa por el renacimiento de un ideal auténtico de vida, que se encuentra plenamente manifestado en el misterio de la revelación de nuestro Señor. No venimos a sustituir a ninguna institución y personas que se dedican a los toxicómanos; al contrario, es nuestro deseo de sostenerlos en su desempeño. Nuestro servicio específico consiste en proponer la “escuela evangélica” como forma de vida fundamentada en la relación con Cristo, el único que puede satisfacer todos los deseos del hombre, porque nuestra alma tiene sed del Dios vivo (cf. Salmo 62). Las palabras de Cristo: “Vengan a mí todos los que están fatigados y afligidos, que yo los aliviaré” (Mt 11, 28) cobran un sentido maravilloso cuando se dirigen a los que sufren el flagelo de la droga.

Hace tiempo que en nuestra diócesis hermanos y hermanas que han sido afectos por la droga, sea por la experiencia personal o de un familiar, gracias a la fe están saliendo del infierno de la adicción. Y últimamente la providencia de Dios ha abierto el horizonte para iniciar entre nosotros una “Fazenda da Esperanza”, esta obra asombrosa de evangelización, donde nuestros hermanos recuperan su dignidad y el sentido de la vida. Es una obra donde “gente pequeña, haciendo cosas pequeñas en espacios pequeños producen grandes cambios”. Gracias a la generosidad de una persona ha sido donada en Florencio Varela una propiedad de catorce hectáreas, donde en comunidades pequeñas, durante un año, convivirán los que quieren liberarse de la esclavitud de la droga, ganándose su sustento por su propio trabajo, acompañados por personas que se dedican totalmente a ellos; laicos y laicas, célibes y casados, sacerdotes y religiosas que se consagran para siempre a esta obra de amor, llamada “Familia de la Esperanza”. Dios nos sorprende por el modo cómo está abriendo las puertas para esta obra entre nosotros y nos invita a darle todo nuestro apoyo espiritual y colaboración. Esta “eucaristía-acción de gracias” realmente se merece su nombre tradicional: “Misa de la Esperanza”. Los testimonios que escuchamos ahora de hermanos que vinieron de Dean Funes, donde comenzó, hace cinco años, la primera Fazenda da Esperança en la Argentina, nos animarán para confiar también aquí en la Providencia de Dios. 

Luis Teodorico Stöckler, obispo de Quilmes 


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ZENIT  nos ofrece el saludo del Papa Benedicto XVI a los nuevos cardenales, a quienes recibió el lunes 22 de Noviembre de 2010 en audiencia, junto con sus familiares y acompañantes, en el Aula Pablo VI.

Señores cardenales,
queridos hermanos en el Episcopado y en el presbiterado,
queridos amigos

Están aún vivos en la mente y en el corazón de todos nosotros los sentimientos y las emociones que hemos vivido ayer y anteayer, con ocasión de la creación de 24 nuevos cardenales. Han sido momentos de ferviente oración y de profunda comunión, que hoy deseamos prolongar con el alma llena de gratitud hacia el Señor, el cual nos ha dado la alegría de vivir una nueva página de la historia de la Iglesia. Estoy por tanto contento de acogeros también hoy, en este encuentro sencillo y familiar, y de dirigir mi cordial saludo a los neo-purpurados, como también a sus parientes, amigos y a cuantos les acompañan en esta circunstancia tan solemne e importante.

Os saludo en primer lugar a vosotros, queridos cardenales italianos. Le saludo a usted, señor cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos; le saludo a usted, señor cardenal Francesco Monterisi, arcipreste de la Basílica papal de San Pablo Extramuros; le saludo a usted, señor cardenal Fortunato Baldelli, penitenciario mayor; le saludo a usted, señor cardenal Paolo Sardi, vice camarlengo de la Santa Iglesia Romana; le saludo a usted, señor cardenal Mauro Piacenza, prefecto de la Congregación para el Clero; le saludo a usted, señor cardenal Velasio De Paolis, presidente de la Prefectura de Asuntos Económicos de la Santa Sede; le saludo a usted, señor cardenal Gianfranco Ravasi, presidente del Consejo Pontificio de la Cultura; le saludo a usted, señor cardenal Paolo Romeo, arzobispo de Palermo; le saludo a usted, señor cardenal Elio Sgreccia, anterior presidente de la Academia Pontificia para la Vida; le saludo a usted, señor cardenal Domenico Bartolucci, anterior maestro director de la Capilla Musical Pontificia. Queridos y Venerados Hermanos, a través vuestro, la Iglesia que está en Italia enriquece al Colegio Cardenalicio con ulterior sabiduría pastoral y entusiasmo apostólico. Extiendo de buen grado mi cordial saludo a cuantos comparten con vosotros la alegría de este momento y les exhorto a asegurar el apoyo de su oración, para que podáis perseverar fielmente en vuestras respectivas tareas por el bien del Evangelio y de todo el pueblo cristiano.

[En francés]

Dirijo mi cordial saludo a los nuevos cardenales francófonos: al patriarca de Alejandría de los Coptos, cardenal Antonios Naguib; al presidente del Consejo Pontificio Cor Unum, cardenal Robert Sarah; al arzobispo de Kinshasa, cardenal Laurent Monsengwo Pasinya. Saludo también con alegría a sus parientes y a todas las personas que les acompañan en estos días de fiesta que estamos viviendo. Queridos amigos, estas celebraciones nos invitan a extender nuestra mirada a las dimensiones de la Iglesia universal. Os invito a rezar por los nuevos cardenales para que en comunión con el Sucesor de Pedro trabajen eficazmente por la unidad y la santidad del entero Pueblo de Dios. Y vosotros mismos, sed testigos ardientes del Evangelio para volver a dar al mundo la esperanza que necesita y para contribuir en todas partes al establecimiento de la paz y de la fraternidad.

[En inglés]

Extiendo un saludo cordial a los prelados de habla inglesa a quienes he tenido la alegría de elevar a la dignidad de cardenales en el consistorio del pasado sábado. Cardenal Raymond Leo Burke, prefecto del Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica; cardenal Medardo Joseph Mazombwe, arzobispo emérito de Lusaka (Zambia); cardenal Donald William Wuerl, arzobispo de Washington (EE.UU) y cardenal Albert Malcolm Ranjith Patabendige Don, arzobispo de Colombo (Sri Lanka).

También doy la bienvenida a sus familiares y amigos, y a los fieles que les han acompañado a Roma.

El Colegio de Cardenales, cuyo origen está unido al antiguo clero de la Iglesia romana, tiene a su cargo la elección del Sucesor de Pedro y aconsejarle en los asuntos de mayor importancia. Tanto en las oficinas de la Curia Romana como en su ministerio en las Iglesias locales a través del mundo, los cardenales están llamados a participar de una forma especial en la solicitud del Papa por la Iglesia universa. El vivo color de sus ropajes ha sido visto tradicionalmente como un signo de su compromiso en defender al rebaño de Cristo hasta el derramamiento de su sangre. Al aceptar los nuevos cardenales la carga de este oficio, confío en que serán apoyados por vuestras oraciones constantes y vuestra cooperación en sus esfuerzos para construir el Cuerpo de Cristo en unidad, santidad y paz.

[En alemán]

Un saludo especial a los recién nombrados cardenales alemanes. Debo comenzar con el cardenal Kurt Koch, a quien saludo con afecto, así como a su familia, sus amigos e invitados de Suiza, en especial a los representantes de la diócesis de Basilea, donde ha trabajado muchos años como obispo, y los representantes del Consejo Federal y el cantonés. Me uno a él en la oración y el apoyo en su importante tarea al servicio de la Iglesia universal y del Papaal servicio de la unidad de los cristianos. Saludo cordialmente además al cardenal Reinhard Marx, así como a su familia, y peregrinos de la archidiócesis de Munich y Freising, los obispos auxiliares, el personal de los organismos diocesanos, los representantes de la vida política y pública, así como los fieles de la diócesis de Tréveris y del arzobispado de Paderborn. Por último, saludo cálidamente al cardenal Walter Müller con su familia y amigos en Roma, Augsburgo y Bamberg. Queridos amigos, los cardenales asumen de una manera especial la asistencia al sucesor de Pedro en su servicio a la Iglesia unviersal. Signo es el rojo púrpura, que se interpreta como su disposición para proteger el rebaño de Cristo hasta el extremo, el sacrificio de su sangre.  Acompaño su tarea y su compromiso con la iglesia con oraciones.

[En español]

Saludo con afecto a los nuevos Cardenales de lengua española, acompañados de sus familiares y de tantos Obispos, sacerdotes, religiosos y laicos venidos especialmente de Ecuador y España. La Iglesia en Ecuador se alegra por el Cardenal Raúl Eduardo Vela Chiriboga, Arzobispo Emérito de Quito, que con celo y dedicación ejemplar ha desempeñado también su ministerio episcopal en Guayaquil, Azogues, y como Obispo Ordinario Militar. También la Iglesia que peregrina en España se congratula por el Cardenal José Manuel Estepa Llaurens, Arzobispo Emérito Castrense, que ha prestado un servicio precioso participando en la redacción del Catecismo de la Iglesia Católica. Os invito a todos a acompañar con vuestra oración y cercanía espiritual a los nuevos miembros del Colegio de cardenales para que, movidos por un amor intenso a Cristo y unidos en estrecha comunión con el Sucesor de Pedro, continúen sirviendo con fidelidad a la Iglesia.

[En portugués]

Saludo al señor cardenal Raymundo Damasceno Assis, aquí rodeado de personas amigas, congratulándose se ver a su persona más íntimamente asociada al ministerio del Papa. Vuestra presencia me recuerda las horas de íntima alegría y gran esperanza eclesial vividas en Aparecida, durante mi inolvidable visita a Brasil que, sobre todo en ese día, se extendía a todo el Continente Latino-Americano y Caribeño, con su episcopado allí reunido en comunión de fe, esperanza y amor, bajo la mirada maternal de María, en torno al Sucesor de Pedro. Hoy con vosotros reitero mi confianza afectuosa al señor cardenal arzobispo de Aparecida y pido a Nuestra Señora que os proteja y asista a todos, iluminando con la esperanza vuestro camino, en unión con el pastor y amigo, para instaurar todas las cosas en Cristo.

[En polaco]

Expresiones de saludo dirijo al cardenal Kazimierz Nycz y a sus huéspedes. El nombramiento cardenalicio obliga a la solicitud ya no solo por la Iglesia local, sino por la suerte de la Iglesia universal, además de a la estrecha colaboración con el Papa en el desarrollo del oficio petrino. Por esto imploro para él todas las gracias necesarias, y os pido a todos vosotros la oración constante por la luz y el poder del Espíritu Santo – Espíritu de sabiduría y de consejo. ¡Que Dios os bendiga!

[En italiano]

¡Queridos y Venerados hermanos que habéis entrado a formar parte del Colegio Cardenalicio! Renuevo a cada uno de vosotros mi augurio más cordial. Vuestro ministerio se enriquece con un ulterior compromiso en apoyar al Sucesor de Pedro, en su universal servicio a la Iglesia. Confío mucho en vosotros, en vuestra oración y en vuestra preciosa ayuda. Con fraternal estima, os animo a proseguir en vuestra misión espiritual y apostólica, que ha conocido una etapa muy importante. Mantened fija la mirada en Cristo, tomando de Él toda gracia y consuelo espiritual, según el ejemplo luminoso de los santos cardenales, intrépidos servidores de la Iglesia que, en el transcurso de los siglos, han dado gloria a Dios con el ejercicio heroico de las virtudes y la tenaz fidelidad al Evangelio. Invoco sobre vosotros y sobre los presentes la protección maternal de la Virgen María, Madre de la Iglesia, y de la mártir santa Cecilia, cuya memoria celebramos hoy. Que la patrona de la música y del bel canto acompañe y sostenga vuestro compromiso de ser en la Iglesia atentos oyentes de las diversas voces, para hacer más profunda la unidad de los corazones. Con estos sentimientos os imparto con afecto a vosotros y a todos los presentes una especial Bendición Apostólica.

[Traducción del original plurilingüe por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


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ZENIT  nos ofrece el mensaje que el Papa Benedicto XVI ha hecho llegar al Simposio “El primado de Dios en la vida y en los escritos del beato John Henry Newman, que se está celebrando en Roma, organizado por el Centro Internacional Amigos de Newman.

Al Reverendo Padre
HERMANN GEISSLER, F.S.O.
Director del International Centre of Newman Friends

Mientras está en mí aún viva la alegría por haber podido proclamar beato al cardenal John Henry Newman, durante mi reciente viaje al Reino Unido, le dirijo un cordial saludo a Usted, a los ilustres ponentes y a todos los participantes en el Simposio organizado en Roma por el Centro Internacional Amigos de Newman. Expreso mi aprecio por el tema elegido: “El primado de Dios en la vida y en los escritos del beato John Henry Newman". Con él de hecho se pone en justa evidencia el teocentrismo como perspectiva fundamental que caracterizó la personalidad y la obra del gran teólogo inglés.

Es bien conocido que el joven Newman, a pesar de que había podido conocer, gracias a su madre la "religión de la Biblia", atravesó un periodo de dificultades y de dudas. A los catorce años sufrió, de hecho, la influencia de filósofos como Hume y Voltaire y, reconociéndose en sus objeciones a la religión, se encaminó, según la moda humanista y liberal de su época, hacia una especie de deísmo.

El año siguiente, con todo, Newman recibió la gracia de la conversión, encontrando descanso “en el pensamiento de dos seres absolutos y luminosamente evidentes en sí mismos, yo y mi Creador" (J.H. Newman, Apologia pro vita sua, Milán 2001, pp. 137-138). Descubrió por tanto la verdad objetiva de un Dios personal y viviente, que habla a la conciencia y revela al hombre su condición de criatura. Comprendió su propia dependencia en el ser de Aquel que es el principio de todas las cosas, encontrando así en Él el origen y el sentido de su identidad y singularidad personal. Es esta experiencia particular la que constituye la base para la primacía de Dios en la vida de Newman.

Tras la conversión, se dejó guiar por dos criterios fundamentales – tomados del libro La fuerza de la verdad, del calvinista Thomas Scott – que manifiestan plenamente la primacía de Dios en su vida. El primero: “la santidad antes que la paz" (ibid., p. 139), documenta su firme voluntad de adherirse al Maestro interior con su propia conciencia, de abandonarse confiadamente al Padre y de vivir en la fidelidad a la verdad reconocida. Estos ideales habrían comportado en seguida “un gran precio que pagar”. Newman, de hecho, sea como anglicano que como católico, tuvo que sufrir muchas pruebas, desilusiones e incomprensiones. Con todo, nunca descendió a falsos compromisos o se contentó con consensos fáciles. Permaneció siempre honrado en la búsqueda de la verdad, fiel a las llamadas de su propia conciencia y dirigido hacia el ideal de la santidad.

El segundo lema elegido por Newman: "el crecimiento es la única expresión de vida" (ibid.), expresa de forma clara su disposición a una continua conversión, transformación y crecimiento interior, siempre apoyado confiadamente en Dios. Descubrió así su vocación al servicio de la Palabra de Dios y, dirigiéndose a los Padres de la Iglesia para encontrar mayor luz, propuso una verdadera reforma del anglicanismo, adhiriéndose finalmente a la Iglesia católica. Resumió su propia experiencia de crecimiento, en la fidelidad a sí mismo y a la voluntad del Señor, con sus conocidas palabras: “Aquí en la tierra vivir es cambiar, y la perfección es el resultado de muchas transformaciones” (J.H. Newman, Lo sviluppo della dottrina cristiana, Milano 2002, p. 75). Y Newman fue a lo largo de toda su existencia uno que se convirtió, uno que se transformó, y de esta forma permaneció siempre el mismo, y se convirtió cada vez más en sí mismo.

El horizonte de la primacía de Dios marca en profundidad también las numerosas publicaciones de Newman. En el citado ensayo sobre El desarrollo de la doctrina cristiana, escribió: "Hay una verdad; hay una sola verdad; ... la búsqueda de la verdad no debe ser satisfacción de curiosidades; la adquisición de la verdad no se parece en nada a la excitación de un descubrimiento; nuestro espíritu está sometido a la verdad, no es, por tanto, superior a ella, y debe no tanto disertar sobre ella sino venerarla" (pp. 344-345). La primacía de Dios se traduce, para Newman, en la primacía de la verdad, una verdad que debe buscarse ante todo disponiendo la propia interioridad a la acogida, en un intercambio abierto y sincero con todos, y que encuentra su culmen en el encuentro con Cristo, "camino, verdad y vida" (Jn 12,6). Newman dio por ello testimonio de la Verdad también con su riquísima producción literaria pasando de la teología a la poesía, de la filosofía a la pedagogía, de la exegesis a la historia del cristianismo, de las novelas a las meditaciones y a las oraciones.

Presentando y defendiendo la Verdad, Newman estuvo siempre atento también en encontrar el lenguaje apropiado, la forma justa y el tono adecuado. Intentó no ofender nunca y dar testimonio de la gentil luz interior ("kindly light"), esforzándose en convencer con la humildad, la alegría y la paciencia. En una oración dirigida a san Felipe Neri escribió: “Que mi aspecto sea siempre abierto y alegre, y mis palabras amables y agradables, como conviene a aquellos que, cualquiera que sea su estado de vida, gozan del más grande de todos los bienes, del favor de Dios y de la esperanza de la felicidad eterna" (J.H. Newman, Meditazioni e preghiere, Milano 2002, pp. 193-194).

Al beato John Henry Newman, maestro en enseñarnos que la primacía de Dios es la primacía de la verdad y del amor, confío las reflexiones y el trabajo del presente Simposio, mientras que, por intercesión de la Virgen María, Madre de la Iglesia, le imparto con alegría a usted y a todos los participantes la implorada Bendición Apostólica, prenda de abundantes favores celestiales.

En el Vaticano, 18 de noviembre de 2010

BENEDICTUS PP. XVI

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


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INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA
8 de Dciembre de 2010

La gracia y la paz de nuestro Señor Jesucristo estén con todos vosotros.

 Dios escogió a María, aquella muchacha sencilla de Nazaret, y la llenó con su gracia y su bondad. Hoy, en medio de este tiempo de espera de la venida del Señor, la contemplamos a ella y celebramos al Dios
que hace obras grandes.

María, escogida como madre del Salvador, ha sido liberada del pecado. Y esta gran obra de Dios es también un anuncio de vida para nosotros: es el anuncio de que Dios realiza su proyecto salvador para la humanidad entera.

A. penitencial: Pongámonos ahora en silencio ante el Señor. Pidámosle que descienda sobre nosotros su gracia, su amor, su perdón (Silencio).

- Tú, el hijo de María, el Hijo de Dios. SEÑOR,TEN PIEDAD.
- Tú, que vienes a compartir nuestra misma vida. CRISTO, TEN PIEDAD.
- Tú, que colmas de bienes a los pobres y te acuerdas de tu misericordia por siempre. SEÑOR, TEN PIEDAD.

1. lectura (Génesis 3,9-15.20): Desde el principio, los hombres nos hemos alejado del camino de Dios. Las primeras páginas de la Biblia nos narran con lenguaje popular esta ruptura. Pero, desde el principio también,
Dios promete que de la estirpe humana surgirá alguien capaz de rehacer esta relación rota. Escuchémoslo.

2. lectura (Efesios 1,3-6.11-12): Nuestra historia humana es una historia llena de amor: una historia llena del amor de Dios. Desde el principio, más allá de las infidelidades
de los hombres, Dios ha querido darnos su salvación y su vida. En María vemos hoy realizada esta voluntad amorosa de Dios.

Oración universal: Unidos en la fe y en la esperanza, presentemos al Padre nuestras plegarias diciendo: VEN, SEÑOR JESÚS.

Por la Iglesia. Que, como María, sea pobre y humilde y ponga toda la esperanza en su Señor. OREMOS.

Por nuestras familias, y portadas las familias de nuestra parroquia. Que aprendamos a querernos más y a procurar el bien de todos, y nos ayudemos a crecer en la fe y en la esperanza. OREMOS.

Portadas los que sufren problemas económicos graves, tensiones y rupturas, tristezas y desengaños. Que encuentren la fuerza y la ayuda que necesitan para seguir adelante. OREMOS.

Por nosotros. Que experimentemos siempre la protección de María y sepamos, como ella, ofrecer a Jesucristo al mundo. OREMOS.

Escucha, Padre, las peticiones que te presentamos en esta fiesta, y concédenos lo que te pedimos con fe. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Padrenuestro: Como hijos de Dios, con toda confianza,  como Jesús nos enseñó, nos atrevemos a decir:

 

CPL


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domingo, 05 de diciembre de 2010

Texto del micro radial de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, emitido por LT 9 (20 de noviembre de 2010). (AICA)

FIESTA DE CRISTO REY        

Este domingo celebramos la Fiesta de Jesucristo, Rey del Universo. Con ella concluye el ciclo litúrgico del presente año para comenzar el Tiempo de Adviento. El significado de esta fiesta tiene un sentido teológico y otro referido al obrar según el Evangelio. La teología da fundamento al orden moral, es decir, a la actividad del hombre en su relación con sus hermanos y la creación. No se puede separar lo que uno cree, de cómo uno vive aquello que cree.

Teología y moral son dos aspectos de la vida cristiana que tienen una misma fuente: Jesucristo. Ambas tienen en él un lugar de encuentro, que es principio de vida y acción. El cristiano contempla a Dios desde Jesucristo, y con él orienta y da sentido a su vida. Por ello decimos que Jesucristo es el centro y la fuente de esta relación del hombre con Dios y con el mundo.

El sentido teológico de esta Fiesta nos presenta la misión de Jesucristo como principio que recrea y da unidad a la humanidad y el universo, orientándolos hacia Dios, que es su fuente y vocación última. San Pablo lo expresa diciendo: “El (Jesucristo) es la imagen del Dios invisible, el Primogénito de toda la creación, porque en él fueron creadas todas las cosas. El es también la Cabeza del Cuerpo, es decir, de la Iglesia. Por él quiso reconciliar consigo todo lo que existe en la tierra y el cielo, restableciendo la paz por la sangre de su cruz” (Col. 1, 15-20).

Esta función de Cristo es el sentido de su reinado: “para esto he nacido y he venido al mundo” (Jn. 18, 37), le dirá a Pilato. En esta Fiesta celebramos el reinado de Jesucristo, como la verdad que orienta la vida del hombre en el mundo.

El sentido moral se nos muestra en este caso, en el ejercicio del poder. La gente espera ver signos de este reinado según las formas del mundo. En cambio, se encuentran con una imagen que contradice esa función. “Si eres Rey de los Judíos, sálvate a ti mismo y a nosotros” (Lc. 23, 35-43), le dicen los que lo observan en la cruz. ¿Cuáles son los rasgos de su reinado? El ejercicio de la autoridad lo vive como un servicio. Esta es la primera contradicción que presenta Jesucristo a los ojos del mundo.

Las actitudes de su reinado son humildad y servicio, es decir, pensar primero en el bien del otro. Jesucristo, por quién “fueron creadas todas las cosas”, vino para reconciliar a este mundo y transformarlo en un Reino de verdad y vida, de santidad y gracia, de justicia, de amor y de paz. Esto ya no es una utopía sino una realidad que se nos ofrece. El vivir en Cristo es la clave de este Reino de Dios.

Cuando nos referíamos a la necesidad de un nuevo estilo de liderazgo, en la carta: “Hacia un Bicentenario en Justicia y Solidaridad”, teníamos presente la imagen de Jesucristo. Es fundamental, decíamos, “generar y alentar un estilo de liderazgo centrado en el servicio al prójimo y al bien común”. No quedarse encerrado en la omnipotencia del poder, sino descubrirse como un servidor. Esto implica austeridad de vida, primacía de los valores morales, coherencia y ejemplaridad en la gestión, capacidad de escucha y de compromiso con las necesidades del otro, es decir, vivir con entrega un ideal que es posible y del cual estoy llamado a ser protagonista.

Reciban junto a mi afecto y oraciones mi bendición en la Fiesta de Cristo Rey, que nos invita a ser protagonistas de un Mundo Nuevo. 

Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz


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Buenos Aires, 22 Nov. 10 (AICA)

 

La defensa de la vida humana fue el tema del Plenario de Universidades Católicas que se reunió el 17 de noviembre en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, de la Universidad Católica de Cuyo (UCC), y que concluyó con una firme declaración titulada “La apertura a la vida, centro del verdadero desarrollo”.


Texto de la declaración


     “1. “La apertura a la vida está en el centro del verdadero desarrollo” (Caritas in Veritate, n. 28). Como Universidades comprometidas con el país, debidamente reconocidas y acreditadas en el sistema de Educación Superior, queremos expresar algunas reflexiones sobre la centralidad de la vida humana desde el inicio de la concepción en el seno materno, en la perspectiva de nuestro crecimiento como Nación. Esta vinculación entre vida y desarrollo no es forzada ni casual, ya que es evidente que en la capacidad de recibir, proteger y acompañar cada vida humana para que alcance su desarrollo pleno, se ponen en juego y fortalecen relaciones sociales de compromiso y entrega desinteresada por el bien común.

     2. Cotidianamente constatamos la fragilidad y la falta de aprecio por la vida. La violencia de todo tipo, la muerte de niños a causa del aborto y durante el primer año de vida, las muertes maternas, las que derivan de situaciones de pobreza extrema, embarazos de alto riesgo y no controlados, las víctimas de las adicciones, etc. En todas ellas, la fragilidad de la vida humana queda expuesta a la indiferencia social y política y a la instrumentación de los poderosos. Estas situaciones nos interpelan y nos mueven a hacernos cargo de cada vida humana de manera más racional, concreta, eficiente, programada y sustentable.

     3. En este marco, nos sorprende la irrupción de diversos proyectos de ley que propugnan la despenalización y legalización del aborto, o pretenden legitimar la producción de embriones para superar riesgos genéticos, la criopreservación de embriones humanos y el descarte de los sobrantes de técnicas artificiales de reproducción humana. Estas iniciativas denigran la naturaleza humana, son una afrenta a la dignidad del embrión humano que impide ser tratado como un objeto y debilitan la percepción cultural y social del valor inalienable de cada vida humana, introduciendo en la sociedad mecanismos de eliminación y exclusión de los más débiles e indefensos. En ese sentido, nuestra determinación como Universidad es comprometernos a formar profesionales para curar, investigar, ayudar y legislar a favor de la vida.

     4. Al respecto, las modernas tecnologías nos han abierto de manera maravillosa la intimidad del seno materno y nos han confirmado lo que el sentido común nos advertía desde siempre: la plena humanidad del niño por nacer. Esta inédita capacidad de conocer la realidad biológica del concebido, que incluso es tratado como paciente en la medicina fetal (diagnóstico pre-natal, cirugías intrauterinas, ecografías 3D), es una invitación a desarrollar una igual y proporcionada capacidad de reconocer en ese embrión-feto a un ser humano, con toda la dignidad y derechos de la persona humana. Este dato biológico es una realidad científica incontrastable de la cual no puede apartarse el legislador. Por ello toda argumentación a favor del aborto encierra un sofisma porque parte de soslayar este dato científico y biológico.

     Nuestra capacidad de reconocer, cuidar y promover a la vida naciente tiene que abarcar todas las circunstancias en que la vida se presenta. Todos los hijos, sin distinción de origen o nacimiento, tienen igual derecho a la vida (cf. Art. 3°, Convención sobre los Derechos del Niño). Lamentablemente se verifican en el mundo nuevas tendencias que desde un análisis de costo-beneficio buscan eliminar la vida que presenta alguna discapacidad, generando la peor discriminación que es eliminar al débil. Ello no sólo es grave para con la persona concreta con discapacidad, sino que también significa un mensaje de minusvaloración para todos los que padecen esta problemática y a quienes debemos un mayor y más intenso cuidado y amor. Tampoco es lícito discriminar a los hijos según sean “deseados” o “no deseados”.

     5. La mortalidad materna también es invocada con frecuencia como causal para la despenalización del aborto. Al respecto, estamos convencidos que el mejor modo de evitar las muertes maternas no es sumar la muerte del niño en su seno, multiplicando así el dolor y el sufrimiento, sino al contrario, es hacerse cargo del cuidado, contención y acompañamiento sanitario, psicológico, económico y social integral de la madre y su bebé desde la fecundación. El drama del aborto debe encontrar soluciones por caminos menos devastadores para el concebido y para la madre que la liberación irrestricta de las prácticas abortivas. No será con la banalización de esta grave cuestión sino con políticas públicas que se inscriban en el personalismo solidarista como se removerán efectivamente sus causas (individuales, familiares, sociales, económicas), y con la asistencia y la ayuda a las madres y la toma de conciencia del deber propiamente humano de acoger y proteger la vida que nace.

      6. En el lamentable caso de una mujer que ha sufrido un ataque a su integridad sexual es necesario un renovado compromiso de apoyo del Estado y de las organizaciones de la sociedad civil. A tal fin, cuando el embarazo se origina en una violación, es compromiso ineludible ayudar a la víctima a llevar a término su gestación. En el caso que se viere imposibilitada de asumir la crianza de su hijo luego del nacimiento, debemos apoyarla integralmente para que pueda asumir y desarrollar la maternidad. Si la madre no está en condiciones de cuidar a su hijo, ella le habrá dado la posibilidad de vivir y de ser criado por una de tantas familias que anhelan tener hijos y no pueden concebirlos.

      7. La legislación debe tutelar la vida, por ello entendemos que no puede haber derecho cuando la sustancia, el factor eficiente, la finalidad, sea la muerte. Pero además, la ley tiene una función docente que es decisiva en este camino de apertura a la vida. Como decía Juan Pablo II, “Si las leyes no son el único instrumento para defender la vida humana, sin embargo desempeñan un papel muy importante y a veces determinante en la promoción de una mentalidad y de unas costumbres” (Evangelium Vitae, 90). Por ello, apelamos a la conciencia cívica de los legisladores, así como a su indelegable responsabilidad en el cuidado de cada vida humana. Por otra parte, la despenalización del aborto conduce a una depreciación del bien jurídico vida frente a otros bienes ciertamente menos relevantes desde la perspectiva de los derechos humanos y, consecuentemente, a una distorsión de la coherencia legislativa.

     A contramano de los avances en la protección de los derechos humanos, lamentablemente constatamos la paradoja de que a la vida le es negada su condición de derecho natural, protegido además como derecho subjetivo por todo el ordenamiento jurídico argentino.

     Nuestra esperanza y determinación es que la medicina, la enfermería, la biología, la farmacología, el derecho, la comunicación, el Congreso y sus leyes, la universidad y la política sean aliados por la vida. “El verdadero grado de civilización de una nación se mide por cómo protege a los mas necesitados. Por eso se debe proteger más a los más débiles. Porque el criterio no es ya el valor del sujeto en función de los afectos que suscita en los demás o de la utilidad que presta, sino el valor que resulta de su mera existencia”.

     8. La Constitución Nacional y los Tratados Internacionales de Derechos Humanos con jerarquía constitucional, como así también el Código Civil, el Código Penal, las leyes nacionales y las constituciones provinciales son claras en reconocer a cada ser humano la dignidad y derechos fundamentales de la persona desde el momento de la concepción. En especial, el derecho a la vida se presenta como el primer derecho humano, un derecho tan fundamental y básico que no puede ser reglamentado sin que ello signifique automáticamente su aniquilación.

     9. Por ello, este Plenario de Universidades Católicas en defensa de la Vida Humana, reunido en la Provincia de San Juan, renueva su más decidido apoyo a la defensa de la vida humana desde la concepción de la persona hasta su muerte natural, y expresa su más enérgico rechazo a los proyectos legislativos tendientes a la despenalización y legalización del aborto, como a toda disposición administrativa orientada a favorecerlo.

     10. En el año del Bicentenario, adherimos al Año de la Vida que impulsa la Conferencia Episcopal Argentina, en la convicción que “La persona humana, portadora de vida, es «necesariamente fundamento, causa y fin de todas las instituciones sociales» y es en este sentido que la Iglesia ha buscado siempre, en su accionar, la promoción de la dignidad de la persona y la protección de los derechos humanos como sustento imprescindible y constitutivo de todo orden social” (Declaración “2011: Año de la Vida”, 14 de octubre de 2010). Como Universidades Católicas, con la fuerza de la fe y la razón, renovamos nuestro compromiso por trabajar por “la vida, la dignidad y la integridad de la persona humana” (Aparecida, 468), desde las aportacione