lunes, 31 de enero de 2011

ZENIT publica las palabras que dirigió Benedicto XVI el domingo 16 de Enero de 2011 a mediodía al rezar la oración mariana del Ángelus junto a varios miles de peregrinos congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano.

Queridos hermanos y hermanas:

En este domingo se celebra la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado, que cada año nos invita a reflexionar sobre la experiencia de tantos hombres y mujeres, y de tantas familias, que dejan su propio país en busca de mejores condiciones de vida.  Esta migración a veces es voluntaria, otras veces, por desgracia, es forzada por guerras o persecuciones, y con frecuencia tiene lugar, como sabemos, en condiciones dramáticas. Por este motivo, fue instituido hace sesenta años el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados. En la fiesta de la Sagrada Familia, después de Navidad, recordamos que también los padres de Jesús tuvieron que huir  de la propia tierra y refugiarse en Egipto para salvar la vida de su niño: el Mesías, el Hijo de Dios fue un refugiado. La Iglesia, desde siempre, viven en su interior la experiencia de la migración. En ocasiones, por desgracia, los cristianos se ven obligados a dejar en medio del sufrimiento su tierra, empobreciendo así a los países en los que han vivido sus antepasados. Por otro lado, los traslados voluntarios de los cristianos  por diferentes motivos de una ciudad a otra, de un país al otro, de un continente al otro, son una ocasión para incrementar el dinamismo misionero de la Palabra de Dios y permiten que el testimonio de la fe circule aún más en el Cuerpo místico de Cristo, atravesando los pueblos y las culturas, y alcanzando nuevas fronteras, nuevos ambientes. 

"Una sola familia humana": este es el tema del mensaje que he enviado con motivo de esta Jornada. Un tema que indica el fin, la meta del gran viaje de la humanidad a través de los siglos: formar una sola familia, naturalmente con todas las diferencias que la enriquecen, pero sin barreras, reconociéndonos todos como hermanos. El Concilio Vaticano II dice: "Todos los pueblos forman una comunidad, tienen un mismo origen, puesto que Dios hizo habitar a todo el género humano sobre la faz de la tierra" (declaración Nostra aetate, 1). La Iglesia, sigue diciendo el Concilio, "es en Cristo como un sacramento, o sea signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano" (constitución Lumen gentium, 1). Por este motivo, es fundamental que los cristianos, si bien están esparcidos por todo el mundo y, por tanto, tienen diferentes culturas y tradiciones, sean una sola cosa, como quiere el Señor. Este es el objetivo de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, que tendrá lugar en los próximos días, del 18 al 25 de enero. Este año se inspira en un pasaje de los Hechos de los Apóstoles: "Unidos en la enseñanza de los apóstoles, la comunión fraterna, la fracción del pan y la oración" (Hechos 2,42). El octavario por la unidad de los cristianos es precedido, mañana, por la Jornada de diálogo judeocristiano: la concomitancia de las fechas es muy significativa, pues recuerda la importancia de las raíces comunes que unen a judíos y cristianos.

Al dirigirnos a la Virgen María, con la oración del Ángelus, encomendamos a su protección a todos los emigrantes y a quienes se comprometen en el trabajo pastoral entre ellos. Que María, Madre de la Iglesia, nos permita, además, avanzar en el camino hacia la plena comunión de todos los discípulos de Cristo.

[Después de rezar el Ángelus, el papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En italiano, comenzó diciendo:]

Queridos hermanos y hermanas: como sabéis, el 1 de mayo próximo, tendré la alegría de proclamar beato al venerable papa Juan Pablo II, mi amado predecesor. La fecha escogida es muy significativa: de hecho, será el segundo domingo de Pascua, que él mismo dedicó a la Divina Misericordia, y en cuya vigilia concluyó su vida terrena. Quienes le conocieron, quienes le estimaron y amaron, se alegrarán con la Iglesia por este acontecimiento. ¡Estamos felices!

Deseo asegurar mi particular recuerdo en la oración a las poblaciones de Australia, Brasil, Filipinas y Sri Lanka, recientemente golpeadas por devastadoras inundaciones. Que el Señor acoja las almas de los difuntos, dé fuerza a los evacuados, y apoye el compromiso de quienes se están entregando para aliviar sufrimientos y dificultades.

[En español, dijo:]

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española presentes en esta oración mariana, particularmente a los alumnos y profesores del Instituto de Villafranca de los Barros. Al comenzar esta Semana de oración por la unidad de los cristianos, invito a todos a pedir con constancia a Dios, para que siga santificando a todos sus hijos en la verdad de Cristo, crezcamos en el conocimiento de su Palabra y sirvamos a la edificación de su Reino con humildad y amor. Que la maternal intercesión de la Santísima Virgen María, anime todos los corazones, para que se eliminen las barreras de separación y, curados de toda división, demos un testimonio creíble del Evangelio de la Salvación. Feliz domingo.

[En polaco, dijo:]

Queridos hermanos y hermanas polacos: os saludo cordialmente a todos aquí, en Roma, en Polonia y en todo el mundo. Comparto con vosotros la alegría por el anuncio de la beatificación del Santo Padre Juan Pablo II, que tendrá lugar el 1 de mayo. Esta noticia era muy esperada por todos, en particular por vosotros, para quienes mi venerable predecesor fue guía en la fe, en la verdad, y en la libertad. Os deseo una profunda preparación espiritual para este acontecimiento y a todos os bendigo de corazón.

[Traducción de Jesús Colina
© Libreria Editrice Vaticana]


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Artículo que ha escrito monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas sobre el derecho a la libertad religiosa.

DERECHO A LA LIBERTAD RELIGIOSA

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En 1992, se hizo una primera reforma de la legislación religiosa en nuestro país, superando la injusta que permanecía vigente desde 1917 y que ponía a la Iglesia bajo absoluto control del Estado. Quienes lucharon por el cambio constitucional exigieron el reconocimiento del derecho a la libertad religiosa no sólo para los católicos, sino para todas las confesiones, lo que algunas han agradecido. Se logró un avance importante, pero limitado. Hoy estamos exigiendo plena libertad religiosa como un derecho humano básico, no como una concesión política oportunista, y esto para todas las tendencias, incluso para los no creyentes. Aunque no faltan protestantes que nos critican por esta lucha, también ellos saldrán beneficiados. Exigimos, por ejemplo, más libertad de expresión en los medios electrónicos, cosa que ellos en cierto sentido usurpan, pues sólo en Chiapas tienen más de cincuenta radiodifusoras ilegales, con peligro de que la autoridad judicial las decomise y encarcele a los operadores. Todo cambiaría para ellos y nosotros, si las leyes fueran más respetuosas del derecho que exigimos.

El Papa Benedicto XVI, en su tradicional encuentro de año nuevo con los embajadores acreditados ante la Santa Sede, dijo que, aunque algunas Constituciones reconocen "cierta libertad religiosa, la vida de las comunidades religiosas se hace, de hecho, difícil y a veces incluso insegura, ya que el ordenamiento jurídico o social se inspira en sistemas filosóficos y políticos que postulan un estricto control, por no decir un monopolio, del Estado sobre la sociedad".

Denunció "otros tipos de amenazas contra el pleno ejercicio de la libertad religiosa. Pienso, en primer lugar, en los países que conceden una gran importancia al pluralismo y la tolerancia, pero donde la religión sufre una marginación creciente. Se tiende a considerar la religión, toda religión, como un factor sin importancia, extraño a la sociedad moderna o incluso desestabilizador, y se busca por diversos medios impedir su influencia en la vida social. Se llega así a exigir que los cristianos ejerzan su profesión sin referencia a sus convicciones religiosas o morales, e incluso en contradicción con ellas, como, por ejemplo, allí donde están en vigor leyes que limitan el derecho a la objeción de conciencia de los profesionales sanitarios o de algunos profesionales del derecho".

Agregó: "Otra manifestación de marginación de la religión y, en particular, del cristianismo, consiste en desterrar de la vida pública fiestas y símbolos religiosos, por respeto a los que pertenecen a otras religiones o no creen. De esta manera, no sólo se limita el derecho de los creyentes a la expresión pública de su fe, sino que se cortan las raíces culturales que alimentan la identidad profunda y la cohesión social de muchas naciones". Deploró el "monopolio estatal en materia escolástica", y los "cursos de educación sexual o cívica que transmiten una concepción de la persona y de la vida pretendidamente neutra, pero que en realidad reflejan una antropología contraria a la fe y a la justa razón".

JUZGAR

¿Qué pedimos el Papa y nosotros? Ante todo, tomar en cuenta que "el derecho a la libertad religiosa no se aplica plenamente allí donde sólo se garantiza la libertad de culto, y además con limitaciones". Además, algo que debería alegrar a quienes, en algunas partes, se quejan de discriminación por parte de la mayoría católica, dice el Papa con toda claridad: "El peso particular de una determinada religión en una nación jamás debería implicar la discriminación en la vida social de los ciudadanos que pertenecen a otra confesión o, peor aún, que se consienta la violencia contra ellos".

Y afirma: "La veneración a Dios promueve la fraternidad y el amor, no el odio o la división. La búsqueda sincera de Dios ha llevado a un mayor respeto de la dignidad del hombre. Quisiera reafirmar con fuerza que la religión no constituye un problema para la sociedad, no es un factor de perturbación o de conflicto. Quisiera repetir que la Iglesia no busca privilegios, ni quiere intervenir en cuestiones extrañas a su misión, sino simplemente cumplirla con libertad".

ACTUAR

Analicemos desapasionadamente lo que implica el derecho a la plena libertad religiosa. Eso es justicia, eso es libertad, eso es democracia.


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ZENIT.org publica un pasaje del libro "Evangelizar" de monseñor Fernando Sebastián, arzobispo emérito de Pamplona y Tudela, publicado por Ediciones Encuentro, sobre el desafío que atraviesa el cristianismo en España.

España está a punto de romper la continuidad de su tradición espiritual cristiana y católica, para instalarse en un contexto cultural nuevo, ateo, materialista y nihilista. No es cuestión de promover la guerra entre creyentes y no creyentes, ni se trata de estimular la resistencia numantina. El Evangelio de Jesús es capaz de vivir en todas las situaciones imaginables y puede sobrevivir a todas las agresiones, y de vencer convenciendo a sus mismos agresores. El Evangelio de Jesús sigue siendo la única levadura capaz de transformar la masa inerte de nuestro viejo mundo egoísta y resignado a morir, la única luz capaz de iluminar nuestras tinieblas y alumbrarnos nuevos caminos de esperanza y de alegría.


No podemos decir ya que la sociedad española es una sociedad católica. Hay muchos bautizados que no piensan ni viven de acuerdo con su Bautismo. Otros muchos han abandonado explícitamente la fe bautismal. Otros rechazan elementos de la doctrina católica, ya sean dogmáticos o morales. En algunas ciudades, es frecuente encontrar familias que no bautizan a sus hijos... Está claro que no podremos cambiar las cosas de la noche a la mañana, pero, con la ayuda de Dios y nuestra colaboración entusiasta, sí podemos cambiar la tendencia y comenzar una nueva era que llegue a su esplendor cuando Dios quiera. La urgencia resulta más apremiante si tenemos en cuenta que lo que ahora ocurre en Occidente es muy probable que pase en pocos años a otros continentes menos afectados hoy por el secularismo. No nos engañemos, nadie se librará de pasar la crisis de la confrontación con la modernidad laicista.


No hemos logrado despertar en nuestras Iglesias un movimiento auténticamente evangelizador. Lo que sí se percibe es una reacción al proceso secularizador y descristianizador, de tipo restauracionista y formalista que, si en algunas cosas puede estar justificada, no coincide con lo que tiene que ser el núcleo ni la inspiración de una época evangelizadora, orientada a romper el cerco cultural del cristianismo y a abrir nuevos espacios a la fe. Restaurar los usos externos de los años pasados no es lo mismo que recuperar la fuerza espiritual y la eficacia transformadora de las convicciones religiosas de los primeros cristianos. Tengo la impresión de que no se quiere reconocer esta situación de descristianización generalizada. Es preciso fortalecer la fe de los cristianos. Tenemos que aprender a vivir todos como miembros de una Iglesia verdaderamente evangelizadora y misionera. No podemos aceptar como normal la situación actual en la que tantos cristianos desertan de la Iglesia, en la que las generaciones jóvenes crecen en un mundo prácticamente ateo, sin una relación vital con la persona de Jesucristo ni con el Dios de la salvación. Todos los demás problemas que podamos señalar, por importantes que nos parezcan, son secundarios en relación con esta tarea primordial de la evangelización. Tenemos que ver cómo podemos llevar el Evangelio de Jesús a los ateos, a los indiferentes, a los agnósticos, pero también a los protestantes, a los musulmanes, a los budistas, a los animistas que viven con nosotros.


La presentación del Evangelio de Jesús tiene que producir en los oyentes una verdadera crisis de conversión. Crisis que es juicio sobre la vida anterior, esa vida normal que malgastamos dejándonos absorber y dominar por las cosas y los afanes de este mundo. Son pocas las actividades pastorales que buscan realmente esta conversión. Nos olvidamos de que la vida cristiana comienza con la conversión personal, o bien damos por supuesto que esta conversión quedó hecha anteriormente.
Tenemos que comenzar de nuevo.

Más información sobre el libro "Evangelizar" (424 páginas, 19.00 €) en  http://www.ediciones-encuentro.es


Publicado por verdenaranja @ 21:09  | Hablan los obispos
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ZENNIT nos ofrece por su indudable interés, el texto completo del Decreto de beatificación del papa Juan Pablo II de la Congregación para las Causas de los Santos, que ha sido publicado por Radio Vaticano.

Beatificación: Señal de hondura de fe e invitación a una vida cristiana plena

La proclamación por la Iglesia de un santo o un beato es fruto de la unión de varios aspectos relativos a una persona concreta. Primero, es un acto que dice algo importante en la vida de la misma Iglesia. Está ligado a un “culto”, por ejemplo, a la memoria de la persona, a su pleno reconocimiento en la conciencia de la comunidad eclesial, del país, o de la Iglesia universal en distintos países, continentes y culturas. Otro aspecto es la conciencia de que la “elevación a los altares” será un importante signo de la hondura de la fe, de la difusión de la fe en el itinerario vital de esta persona, y que este signo se convertirá en una invitación, un estímulo para todos nosotros hacia una vida cristiana incluso más profunda y plena. Finalmente, la condición sine qua non es la santidad de la vida de la persona, verificada en los precisos y formales procedimientos canónicos. Todo ello proporciona el material para la decisión del sucesor de Pedro, del Papa, con vistas a la proclamación de un beato o un santo, del culto en el contexto de la comunidad eclesial y de su liturgia.

El pontificado de Juan Pablo II fue un elocuente y claro signo, no sólo para los católicos, sino para la opinión pública mundial, para personas de todos los colores y credos. La reacción mundial a su estilo de vida, al desarrollo de misión apostólica, al modo como soportó su sufrimiento, la decisión de continuar su misión petrina hasta el final como querida por la divida Providencia, y finalmente, la reacción a su muerte, la popularidad de la aclamación “¡Santo, ya!”, que algunos hicieron el día de su funeral, todo ello es base sólida en la experiencia de haberse encontrado con la persona que era el Papa. Los fieles sintieron, experimentaron que era un “hombre de Dios”, que realmente ve los pasos concretos y los mecanismos del mundo contemporáneo “en Dios”, en la perspectiva de Dios, con los ojos de un místico que alza los ojos sólo a Dios. Fue claramente un hombre de oración: tanto es así que, sólo en la dinámica de unión personal con Dios, de la escucha permanente a los que Dios quiere decir en una situación concreta, fluía la entera actividad del papa Juan Pablo II. Quienes estuvieron más cercanos a él pudieron ver que, antes de sus entrevistas con sus visitantes, ya fueran jefes de Estado, altos dignatarios de la Iglesia o sencillos ciudadanos, Juan Pablo II se recogía en oración por las intenciones de los visitantes y de la reunión a celebrar.

1.- Aportación de Karol Wojtyla al Concilio Vaticano II

Tras el Vaticano II, durante los pontificados de Pablo VI y Juan Pablo II, el modo de presentación, y entonces de autopresentación del papado, ha sido completamente expresiva. Con motivo del 25 aniversario del pontificado de Juan Pablo II, el Ministerio de Asuntos Exteriores italiano publicó en 2004 un libro titulado “Id por todo el mundo”. Giancarlo Zizola, vaticanista reconocido, subrayó que “el papado ha conquistado su ciudadanía en el reino de la visibilidad pública, saliendo del lugar de marginación del culto a donde había sido relegado por decreto de la sociedad secular, en nombre de una visión militante del principio liberal de separación de Iglesia y Estado (p. 17). Un historiador alemán, el jesuita Klaus Schatz, hablando de Pablo VI y de Juan Pablo II, subrayó el significado de “papado itinerante” –por tanto en conformidad con el Vaticano II- más en modo de un movimiento misionero que como un polo estático de unidad. Schatz se refiere a la manera de interpretar la misión papal como una llamada a “confirmar en la fe a los hermanos” (Lucas 22, 32), en un modo ligado a la autoridad estructural pero con un fuerte toque espiritual y carismático, en relación con la credibilidad personal y arraigada en el mismo Dios.

Detengámonos un momento a considerar el Vaticano II. El joven arzobispo de Cracovia fue uno de los padres conciliares más activos. Hizo una aportación significativa al “Esquema XIII”, que luego devendría en la constitución pastoral del Concilio Gaudium et Spes sobre la Iglesia en el Mundo Contemporáneo, y la constitución dogmática Lumen Gentium. Gracias a sus estudios en el extranjero, el obispo Wojtyla tenía una experiencia concreta de evangelización y de la misión de la Iglesia, en Europa occidental o en otros continentes, pero sobre todo del ateísmo totalitario en Polonia y en otros países del bloque soviético. Llevó toda esta experiencia a los debates conciliares, ciertamente no como conversaciones de salón, muy corteses pero vacías de contenido. Aquí había un esfuerzo sustancial y decisivo por insertar el dinamismo del Evangelio en el entusiasmo conciliar arraigado en la convicción de que el cristianismo es capaz de dar un “alma” al desarrollo de la modernidad y a la realidad del mundo social y cultural.

Todo esto sería utilizado en preparar las futuras responsabilidades del sucesor de Pedro. Como Juan Pablo II dijo, el ya tenía en mente su primera encíclica, Redemptor Hominis, y la trajo a Roma desde Cracovia. Todo lo que tenía que hacer en Roma era redactar todas estas ideas. En su encíclica, hay una amplia invitación a la humanidad a redescubrir la realidad de la redención en Cristo: El hombre (...) permanece como un ser incomprensible para sí mismo, su vida no tiene sentido, si no se le revela el amor, si no encuentra el amor, si no lo experimenta y lo hace suyo, si no participa íntimamente en él. Esto, como ya se ha dicho, se debe a que Cristo el Redentor “revela plenamente al hombre su mismo ser”. (...) el hombre reencuentra la grandeza, dignidad y valor de su propia humanidad. En el misterio de la Redención, el hombre es nuevamente “expresado” y, en cierta manera, es nuevamente creado. (...) El hombre que desea comprenderse a sí mismo a fondo --y no sólo de acuerdo a los inmediatos, parciales, a menudo superficiales, e incluso ilusorios estándares y medidas de su ser- debe con su inquietud, incertidumbre e incluso debilidad y pecaminosidad, con su vida y muerte, acercarse a Cristo. Debe, en cierto modo, entrar en él con todo su propio ser, debe “apropiarse” y asimilar la totalidad de la realidad de la Encarnación y la Redención para encontrarse a sí mismo (n° 10).

Esta unión de Cristo con el hombre es en sí misma un misterio. Del misterio ha nacido “el hombre nuevo”, llamado a ser copartícipe de la vida de Dios, y nuevamente creado en Cristo por la plenitud de la gracia y la verdad. (...) El hombre es transformado interiormente por este poder como fuente de una nueva vida que no desaparece y no pasa sino que dura hasta la vida eterna. (...) Esta vida, que el Padre prometió y ofreció a cada hombre en Jesucristo (...) es en cierto modo la plenitud del “destino” que Dios ha preparado para él desde la eternidad. Este “destino divino” progresa, a pesar de todos los enigmas, los enigmas sin resolver, giros, vueltas del “destino humano” en el mundo temporal. En efecto, mientras tanto, mientras todo esto, a pesar de todas las riquezas de la vida temporal, necesaria e inevitablemente lleva a la frontera de la muerte y al fin de la destrucción del cuerpo humano, más allá de este fin vemos a Cristo. “Yo soy la resurrección y la vida, quien cree en mí... nunca morirá” (n° 18).

2.- Totus Tuus, confianza en María Madre de Dios

La vida de Juan Pablo II se dedicó totalmente al servicio del Señor, por intercesión de su Madre. Su lema era Totus Tuus, ya fuera para el bien de la Iglesia o para el del hombre que es el camino para la Iglesia (Redemptor Hominis, n° 14). Esta es la “razón de ser” de los viajes apostólicos internacionales, los encuentros diarios con la gente, con los responsables de comunidades eclesiales, con cardenales y obispos, con los cabezas de otras Iglesias y comunidades cristianas, los líderes de otras religiones y con los laicos. Esto es también verdad en los documentos escritos por el papa, las relaciones diplomáticas de la Sante Sede con los estados y organizaciones internacionales. La profunda convicción del valor del Vaticano II –no sólo sobre la necesidad sino también sobre la posibilidad, para la Iglesia, de ofrecer el Evangelio de Cristo y construir sobre él la experiencia de la Iglesia como una inspiración vibrante y energética de la visión y mecanismos del mundo moderno- fue siempre convicción del papa.

En 1989, cayó el Muro de Berlín pero, a nivel internacional, se podía sentir la fuerza destructiva de los mecanismos comerciales y de los intereses privados económicos e ideológicos, incluso muchos de ellos anónimos, que traían injusticia y marginación a todos los pueblos –incluso a ciertos grupos sociales en los países desarrollados--, y en especial se podía percibir que la vida humana había sido devaluada. En muchos viajes apostólicos internacionales a los varios continentes, el Papa proclamó el Evangelio de Cristo y la preocupación de la Iglesia. Escribió de modo más sistemático las encíclicas Laborem Exercens, Sollicitudo Rei Socialis, Centesimus Annus; y también Evangelium Vitae, Veritatis Splendor, Fides et Ratio; y las encíclicas que tenían que ver directamente con la vida y el apostolado de la Iglesia, como Dominum et Vivificantem, Redemptoris Missio, Ut Unum Sint, Ecclesia de Eucharistia.

3 – La guerra de Iraq y la “paz ofensiva”

A menudo, como en el caso de los esfuerzos realizados para evitar la guerra entre los Estados unidos e Iraq, existe una auténtica “paz ofensiva”, no sólo para salvar la vida de las personas, también para frenar el crecimiento del odio y las dementes ideas sobre el enfrentamientos entre las civilizaciones, o sobre el nuevo fenómeno de terrorismo a gran escala. De ahí el discurso de Año Nuevo ante los cuerpos diplomáticos acreditados en la Santa Sede, también el inolvidable febrero de 2002 en el que el Papa mantuvo encuentros con diplomáticos de “primera categoría”, J.Fischer (el 7 de febrero); Tarek Aziz (el 14 de febrero), Kofi Anan (18 de febrero), Tony Blair (22 de febrero, Jose Mª Aznar y el enviado de Seyyed Mohammed Khatami, presidente de la República Islámica de Irán (27 de febrero); y finalmente, debido a la insostenible situación humana, la deciisión de mandar al cardenal Echegaray en misión especial a Bagdad (15 de febrero) y al cardenal Pío Laghi a Washington (del 3 al 9 de marzo). El “febrero del Papa” concluyó con el encuentro del cardenal J.L. Tauran con los 74 embajadores y diplomáticos del mundo entero; el secretario por las Relaciones con los Estados, el “ministro de Asuntos Exteriores” del Papa, el cardenal Tauran hizo un llamamiento para evitar la guerra, y les recordó todo lo que el Papa había dicho en su “paz ofensiva”.

4 – Año 2000 Jubileo: una realidad histórica para recordar la venida de Jesús de Nazaret

La entonces actual tarea de Juan Pablo II se centró en la pastoral y vida de la Iglesia: las visitas ad Limina de los obispos de todo el mundo, las audiencias de los miércoles y los encuentros de los domingos con los fieles, para el Ángelus, las visitas pastorales a las parroquias de Roma. Todo fue hecho y recordado para promover la proclamación de Cristo, para acercar a nuestros conocimientos Su Persona, y “las palabras que Cristo había dicho cuando estaba a punto de dejar a los Apóstoles nos habla del misterio de la vida del hombre, de uno y de todos, el misterio de la historia de la humanidad. Bautizar en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo es una inmersión en el Dios viviente, 'en uno que es, que fue y que será'. El Bautismo es el principio del encuentro , de la unión, de la comunión, y de esta vida terrenal no es más que un prólogo y una introducción; cumplimiento y plenitud pertenecen a la eternidad. La imagen de este mundo se desvanece. Debemos encontrarnos a nosotros mismos, en el 'mundo de Dios', con el fin de llegar a la meta, ir hacia la plenitud de la vida y de la vocación del hombre” (Cracovia, 10 de junio de 1979).

“Esta es precisamente una de las cosas que Juan Pablo II quiso más: explicar claramente que nosotros miramos a Cristo que viene; por supuesto El que vino, pero aún más el que vendrá, y ésto, desde este punto de vista, mantiene nuestra fe, orientándonos hacia el futuro. En este camino, somos realmente capaces de presentar un mensaje de fe, en una nueva manera, desde la perspectiva de Cristo que viene. (Benedicto XVI, Luz del Mundo).

El Gran Jubileo de la Redención, en el año 2000, no fue para Juan Pablo II, un “pretexto” para la acción pastoral, sino que ante todo fue una realidad histórica que recuerda la venida de Jesús de Nazaret y todo lo que este acontecimiento histórico ha traído consigo, a saber, la Redención, el Testimonio del Amor de Dios en la Cruz y en la Resurrección, la vida de la Iglesia primitiva, el camino de salvación realizado por el Salvador por el que ha introducido a su Iglesia como un signo e instrumento de unidad interna con Dios, así como de la familia humana. El año Jubileo del Año 2000 nos trae de la Tierra Santa, tierra de Jesús, y de Roma, sitio del apostolados del Sucesor de Pedro, el vínculo de autenticidad del mensaje y de la unidad de la comunidad eclesial. El mensaje ha sido reformulado en las Cartas Tertio Millenio Adveniente y Novo Millennio Ineunte. Pero para el Papa lo que más importaba era el agradecimiento personal y de la Iglesia entera a nuestro Señor Jesús y el encuentro en la fe con el que Él nos ha amado hasta el final, que nos ha salvado y sigue siendo un signo tan necesario en un mundo que se está volviendo cada vez más sordo, mientras trata de organizar su vida como si Dios no existiese, errando sin identidad y sin sentido.

5 – Atención a la Juventud y el significado de las JMJ

Juan Pablo II acostumbraba a analizar los resultados de sus Viajes Apostólicos al extranjero con sus colaboradores, para identificar lo que se había hecho bien, y prever cambios para los viajes sucesivos. Tras el viaje a Polonia en 1991, el papa se dio cuenta que, durante la Misa en Varsovia, en las zonas más alejadas, los jóvenes iban y venían, bebían cerveza o coca-cola, y volvían. “No era como en los viajes anteriores, dijo, ha habido un cambio en la mentalidad de la sociedad. No vale la pena fijarnos en los 'primeros puestos'. Los VIP están siempre sentados de la misma manera, pero los 'márgenes' son importantes y merecen nuestra atención”. Es importante fijarnos en que el Papa no usaba la palabra “multitud”: él siempre veía y prestaba atención a "la gente". Era muy atento al papel de los laicos en la vida y misión de la Iglesia. Es muy significativo que, cuando todavía era capellán de la Universidad de Cracovia, aprovechara un breve periodo de "deshielo político" en 1957 para organizar – en colaboración con el arzobispo de Wroclaw, Boleslaw Kominek - un simposio en la ciudad para más de 100 estudiantes universitarios de toda Polonia (¡por primera vez desde hacía décadas!) precisamente sobre el tema "El papel de los laicos en la Iglesia" (¡y esto fue años antes del Concilio Vaticano II!). Más tarde, durante las vacaciones de verano, organizaba ejercicios espirituales en la sede de las Hermanas Ursulinas de la Unión Romana de Bado Slaskie para un grupo un poco más pequeño de participantes del simposio de Wroclaw, precisamente para promover la "formación de los laicos".

Con la creación de las Jornadas Mundiales de la Juventud, el Papa dio su apoyo a diversas formas de actividad de los laicos en la vida y misión de la Iglesia, allanando así el camino a iniciativas muy significativas, algunos años más tarde, durante el pontificado de Benedicto XVI: la celebración, en septiembre de 2010 en Corea, de un importante Congreso de laicos católicos de Asia, las reuniones de los obispos africanos que cada vez alientan más a los laicos a ocupar cargos de responsabilidad en los sectores de la evangelización, la actividad social y en ámbito educativo de la Iglesia, la significativa presencia de laicos católicos en la Misión Continental de América Latina.

Al revisar su pontificado, Benedicto XVI hace una observación de los cambios generacionales a escala mundial, y llega a la misma conclusión que su predecesor, a saber, que "los tiempos han cambiado". Mientras tanto, una nueva generación ha llegado, con nuevos problemas. La generación de finales de los sesenta, con sus propias peculiaridades, vino y se fue. Incluso la siguiente generación, más pragmática, ha envejecido. Hoy en día, hay que preguntarse: "¿Cómo podemos hacer frente a un mundo que se pone en peligro, y en el que el progreso se convierte en un peligro? ¿No deberíamos empezar todo de nuevo desde Dios?"(Luz del Mundo). Así que Benedicto XVI hace un llamamiento "a que pueda surgir una nueva generación de católicos, personas renovadas interiormente, que se comprometan en la política sin ningún complejo de inferioridad" (una idea muchas veces repetida por el Papa, por ejemplo, en el Mensaje para la 46 ª Semana Social de los católicos italianos, 12 de octubre de 2010). Él sigue pidiendo una nueva generación de buenos intelectuales y científicos, atentos al hecho de que "un punto de vista científico que ignora la dimensión ética y religiosa de la vida se vuelve peligrosamente estrecho, justo como sucedería a una religión, si se negara a una legítima contribución de la ciencia a nuestra comprensión del mundo" (Londres, St. Mary's College, 17 de septiembre de 2010); el Papa pide una"nueva generación de laicos cristianos comprometidos, capaces de buscar, con rigor y competencia moral, soluciones de desarrollo sostenible" (7 de septiembre de 2008).

6 – La sencillez de la oración de Juan Pablo II

Cuando recordamos lo que Juan Pablo II llevó a cabo, los "grandes eventos" se mezclan con el recuerdo de momentos sencillos de oración, que fueron una fuente de asombro incluso para sus colaboradores. Voy a mencionar sólo dos, procedentes de dos diferentes períodos de su vida. En los años setenta, yo era capellán de los estudiantes de la Universidad Católica de Lublín. Al inicio del año académico, el entonces cardenal de Cracovia vino para participar en la Eucaristía en la iglesia de la universidad, en la inauguración oficial del gran salón, y en el almuerzo. Después de eso, el cardenal estaba listo para regresar a Cracovia. El rector de la Universidad, el padre Krapiec, lo acompañó hasta el coche, pero se detuvo a charlar con otro invitado, tanto que hicieron para llegar al coche. Pero he aquí que ¡el cardenal había "desaparecido"! Los diez segundos que esperaron les pareceron diez siglos. El rector, acostumbrado a tener todo bajo control, no sabía dónde podía haber ido el cardenal. Me preguntó: "¿Dónde está Wojtyla? ¡El cardenal ha desaparecido! ¿Dónde está?" Con una leve sonrisa burlona, me tomé un tiempo antes de responderle, sólo para tomarle el pelo un poco. Entonces le dije: "Probablemente ha ido a la iglesia". Allí fuimos, y efectivamente, encontramos al cardenal, arrodillado en oración delante del Vía Crucis.

El otro recuerdo fue en 1999, durante su séptimo viaje apostólico a Polonia. Duró 13 días, con 22 paradas en el programa, desde el Norte hacia el Sur del país. Un programa mucho más allá de las capacidades físicas del papa. Uno de esos días, tenía que celebrarse – según el programa – la bendición del Santuario de Lichen, la Eucaristía en Bydgoszcz, a continuación una reunión con la gente de la universidad, la liturgia del Sagrado Corazón, en relación con la beatificación del p. Frelichowski en otra ciudad, en Torun, y después volver a Lichen para la noche. ¡Un día de lo más ocupado! Así que, después de la cena, la comitiva papal se fue a la cama inmediatamente. Pero el Papa se encerró solo en la capilla por un largo, muy largo momento de oración. Quedabamos sólo tres de nosotros: monseñor Chrapek, encargado de la planificación de la visita para el episcopado, yo mismo, como "asistente", y el famoso Camillo Cibin, jefe de la seguridad del Vaticano. Por fin, el Papa salió de la capilla para ir a su dormitorio. Cibin me dijo: "Padre Andrea, tráigame una silla. Pero una que sea dura, de madera, no un sofá, dos tazas de café, café fuerte, y una manzana”. Todo ello para ayudarle a esperar toda la noche en la puerta de la habitación del Papa, que no se había cerrado del todo, para determinar si el Papa – no sólo cansado, sino también de edad avanzada – respiraba con normalidad o si tenía alguna necesidad de ayuda. La santidad personal del Papa era algo que estaba más allá y por encima de la estima de que gozaba entre sus colaboradores más cercanos, y esto era muy significativo.

7 – El testamento de Juan Pablo II

Juan Pablo II era consciente del hecho de que estamos viviendo momentos muy difíciles de la historia, que el Sucesor de Pedro tenía el deber de confirmar en la fe, pero era igualmente consciente de que el aspecto más importante fue el de confiar en Dios. El testamento que él escribió en 1979, y que modificaba todos los años,durante los ejercicios espirituales, nos da un poderoso testimonio de ello. Del 24 febrero al 1 de marzo, escribió:

“24.II – 1.III.1980. Durante estos ejercicios espirituales he reflexionado sobre la verdad del Sacerdocio de Cristo ante el paso que supone, para cada uno de nosotros, la hora de nuestra muerte. Para nosotros, partir de este mundo - para renacer en el siguiente, el mundo futuro, signo elocuente (añadía la palabra decisivo sobre ella), es la Resurrección de Cristo (...) Los tiempos que vivimos se han convertido en indeciblemente difíciles y preocupantes. La vida de la Iglesia también ha vuelto difícil y tenso, una prueba característica de estos tiempos – para los fieles y los pastores. En algunos países (como uno sobre el que leí durante los ejercicios espirituales), la Iglesia se encuentra en un momento de la persecución igual al de los primeros siglos, tal vez más, teniendo en cuenta el grado de crueldad y de odio. Sanguis martyrum - semen christianorum. Por otra parte, tantas personas inocentes han desaparecido, incluso en este país en el que vivimos …

Una vez más deseo confiarme totalmente a la gracia del Señor. Él decidirá cuándo y cómo debo terminar mi vida terrena y mi ministerio pastoral. En la vida y en la muerte Totus Tuus, mediante la Inmaculada. Aceptando ya esta muerte, espero que Cristo me dé la gracia de este último pasaje, es decir, (mi) Pascua. Yo también espero que la haga útil para esta causa más importante a la que trato de servir: la salvación de los seres humanos, la protección de la familia humana, en todas las naciones y entre todos los pueblos (entre ellos me refiero, en particular, a mi propio país natal), útil para aquellos que, de una manera especial, se me han confiado, en la Iglesia, para gloria del propio Dios".

El 5 de marzo de 1982, añadió: "El atentado contra mi vida, el 13.V.1981, ha confirmado, en cierto modo, la exactitud de las palabras escritas durante los ejercicios espirituales de 1980 (24.II – 1.III). Siento aún más profundamente que estoy totalmente en las Manos de Dios – y permanezco continuamente a disposición de mi Señor, encomendándome a Él en Su Inmaculada Madre (Totus Tuus)".

Posteriormente, el 17 de marzo del Año Jubilar 2000, número 3: "Como cada año, durante los ejercicios espirituales, leo mi testamento del 6.III.1979. Sigo manteniendo las disposiciones contenidas en él. Lo que se ha añadido, en ese momento y durante los siguientes ejercicios espirituales, constituye un reflejo de la situación general difícil y tensa que ha marcado los años ochenta. Desde el otoño de 1989, esta situación ha cambiado. La última década del siglo pasado estuvo libre de las tensiones anteriores; esto no significa que no hubiera nuevos problemas o dificultades. De manera especial, que la Divina Providencia sea alabada por ello, el periodo llamado "guerra fría" ha terminado sin un violento conflicto nuclear, una amenaza que pesaba sobre el mundo durante el período anterior" (palabras subrayadas por el propio Papa).

8 – Un aspecto esencial del nuevo Beato: “Dios es el fundamento de todos nuestros esfuerzos”

Este es de nuevo un aspecto esencial, si se quiere entender más profundamente la personalidad del nuevo Beato para la Iglesia, Karol Wojtyla – Juan Pablo II. El fundamento de todos los esfuerzos de nuestra vida está en Dios. Estamos rodeados por el amor divino, por los resultados de la Redención y la Salvación. Pero hay que ayudar a que se arraigue profundamente en Dios mismo, debemos hacer todo lo posible para que se creen actitudes personalesy sociales arraigadas en la realidad de Dios. Esto requiere paciencia, tiempo y la capacidad de verlo todo a través de los ojos de Dios.

La última y breve peregrinación del papa Juan Pablo II a Polonia, más concretamente a su “patria chica", a Cracovia, Wadovice y al Camino de la Cruz (de Kalwaria Zebrzydowska), mostró una determinación, pero también una agudeza espiritual "en el proceso de maduración en el tiempo" para que toda la humanidad, especialmente la comunidad eclesial y cristiana, pudiese comprender mejor algunos de los aspectos fundamentales de la fe. Desde el comienzo de su pontificado, en 1978, Juan Pablo II hablaba a menudo en sus homilías de la misericordia de Dios. Esta se convirtió en el tema de su segunda Encíclica Dives in Misericordia, en 1980. Era consciente de que la cultura moderna y su lenguaje no tienen un lugar para la misericordia, tratándola como algo extraño, sino que tratan de inscribirlo todo en las categorías de la justicia y la ley. Pero esto no es suficiente, porque no es en absoluto la realidad de Dios.

9 – Confiar al mundo a la Divina Misericordia

Más tarde, el Papa tomó algunas medidas para finalizar el proceso de beatificación de sor Faustina Kowalska, y la canonización (2000). Toda la comunidad eclesial fue llevada a sentir la cercanía de esa persona tan íntimamente vinculada con el mensaje de la Misericordia, lo que facilitó el desarrollo de este tema para Juan Pablo II, mostrando la realidad de la Divina Misericordia en los muchos contextos alrededor del mundo, en los diversos continentes de la humanidad hoy.

Por último, en agosto de 2002, en Lagiewniki, donde sor Faustina vivió y murió, Juan Pablo II confió el mundo a la Divina Misericordia, a la confianza ilimitada en Dios, el Misericordioso, a Aquel que ha sido no solo una fuente de inspiración, sino también de la fuerza de su servicio como Sucesor de Pedro. “Es el Espíritu Santo, Consolador y Espíritu de verdad, quien nos conduce por los caminos de la Misericordia divina. Él, convenciendo al mundo "en lo referente al pecado, en lo referente a la justicia y en lo referente al juicio" (Jn 16, 8), al mismo tiempo revela la plenitud de la salvación en Cristo. Este convencer en lo referente al pecado tiene lugar en una doble relación con la cruz de Cristo. Por una parte, el Espíritu Santo nos permite reconocer, mediante la cruz de Cristo, el pecado, todo pecado, en toda la dimensión del mal, que encierra y esconde en sí. Por otra, el Espíritu Santo nos permite ver, siempre mediante la cruz de Cristo, el pecado a la luz del "mysterium pietatis", es decir, del amor misericordioso e indulgente de Dios (cf. Dominum et vivificantem, 32). Y así, el "convencer en lo referente al pecado", se transforma al mismo tiempo en un convencer de que el pecado puede ser perdonado y el hombre puede corresponder de nuevo a la dignidad de hijo predilecto de Dios. En efecto, la cruz "es la inclinación más profunda de la Divinidad hacia el hombre (...). La cruz es como un toque del amor eterno sobre las heridas más dolorosas de la existencia terrena del hombre" (Dives in misericordia, 8). La piedra angular de este santuario, tomada del monte Calvario, en cierto modo de la base de la cruz en la que Jesucristo venció el pecado y la muerte, recordará siempre esta verdad. (…) ¡Cuánta necesidad de la misericordia de Dios tiene el mundo de hoy! En todos los continentes, desde lo más profundo del sufrimiento humano parece elevarse la invocación de la misericordia. Donde reinan el odio y la sed de venganza, donde la guerra causa el dolor y la muerte de los inocentes se necesita la gracia de la misericordia para calmar las mentes y los corazones, y hacer que brote la paz. Donde no se respeta la vida y la dignidad del hombre se necesita el amor misericordioso de Dios, a cuya luz se manifiesta el inexpresable valor de todo ser humano. Se necesita la misericordia para hacer que toda injusticia en el mundo termine en el resplandor de la verdad. Por eso hoy, en este santuario, quiero consagrar solemnemente el mundo a la Misericordia divina. Lo hago con el deseo ardiente de que el mensaje del amor misericordioso de Dios, proclamado aquí a través de santa Faustina, llegue a todos los habitantes de la tierra y llene su corazón de esperanza. Que este mensaje se difunda desde este lugar a toda nuestra amada patria y al mundo. Ojalá se cumpla la firme promesa del Señor Jesús: de aquí debe salir "la chispa que preparará al mundo para su última venida" (Homilía en Lagiewniki, 17 de agosto de 2002).

Esto hizo los últimos meses en la vida del papa Juan Pablo II, marcados por el sufrimiento, llevando su Pontificado a su cumplimiento.

[Traducción del original en inglés realizada por ZENIT]


Carta Pastoral del obispo nivariense Don Bernardo Álvarez Afonso con motivo de la celebración Jubilar de los quinientos años de la aprobación pontificia de la Regla de las Monjas Concepcionistas, que tienen un convento en el pueblo de Garachico de la isla de Tenerife.

CONVENTO DE GARACHICO: ESPACIO Y TIEMPO DE GRACIA Y RECONCILIACIÓN 

Queridos diocesanos:

Con motivo de la Celebración Jubilar de los "Quinientos años de la aprobación pontificia de la Regla de las  Monjas Concepcionistas", fundadas por Santa Beatriz de Silva, el Santo Padre Benedicto XVI ha concedido la gracia de la Indulgencia Plenaria. Entre el 8 de diciembre de 2010 y el 17 de septiembre de 2001, quienes visiten un lugar sagrado de dicha orden y realicen los actos indicados podrán obtener la indulgencia. 

Una vez más, Dios Misericordioso nos ofrece, a su pueblo, un tiempo de gracia y reconciliación. El Padre nos alienta en Cristo para que volvamos a El, obedeciendo más plenamente al Espíritu Santo y nos entreguemos al servicio de todos los hombres (cf. Pref. Plegaria de la Reconciliación I)

Como ya sabemos, nuestra Diócesis cuenta –en el municipio de Garachico- con un Convento de Monjas Concepcionistas desde el año 1643. Aunque un incendio destruyó el edificio del monasterio en 1709, no desapareció la comunidad. Las monjas, con grandes dificultades y no poca oposición, estuvieron durante 40 años en una casa cedida por el Marqués de la Quinta Roja. Finalmente se pudo reconstruir y habitar de nuevo el convento de la Concepción que hoy conocemos.

El actual monasterio se debe a la piedad del Obispo Guillén quien, además de poseer bienes por herencia familiar, tenía una caridad inagotable. Viendo la situación precaria en que vivían las monjas, dio disposiciones para la construcción del convento y con sus bienes contribuyó a la realización de la obra. Levantó, desde los cimientos, el nuevo monasterio con una magnífica iglesia, en la cual cuatro años después, en 1749, colocó el Santísimo Sacramento. El traslado de las religiosas al nuevo monasterio se llevó a cabo, con toda solemnidad, el 7 de diciembre de 1749, cuya dedicación se celebró el 8 de diciembre. Durante la octava de Ntra. Señora de la Concepción, nueva Patrona del monasterio, se realizaron solemnes funciones, con la presencia de su nuevo e ilustre fundador. En recuerdo y agradecimiento se conserva en el presbiterio un cuadro con la figura del Obispo D. Juan Guillén.

En la actualidad, forman la comunidad 14 monjas procedentes de distintos pueblos de la isla de Tenerife y una de Ciudad Real. Siguiendo el sentir del Concilio Vaticano II, el convento facilita la participación de los laicos en la oración litúrgica de la comunidad y en la Eucaristía, compartiendo los gozos y esperanzas de la humanidad. Tiene como servicio a la Iglesia una hospedería para las personas que quieran retirarse unos días a la reflexión y la oración. Aparte de las labores propias de la casa, las monjas realizan trabajos de costura (mantos, túnicas, etc. para las imágenes), también hacen escapularios y algo de repostería.

La celebración de los “Cinco Siglos de aprobación de la Regla”, que regula la vida de las Monjas Concepcionistas, nos da la oportunidad de renovar nuestra gratitud a Dios por el don de este carisma. La Iglesia en todo el mundo y, nuestra Diócesis, a lo largo de los 368 años, se ha beneficiado de la permanencia de las Concepcionistas en Garachico.

Invito a todos los diocesanos a unirnos a las monjas en esta Celebración Jubilar, participando en los actos organizados, o visitando el convento en cualquier ocasión, y así acogernos al don de la Indulgencia Plenaria concedida por el Papa, en los términos y condiciones establecidos. De paso podremos conocer mejor el convento, a las propias monjas y su carisma, así como expresar nuestra gratitud por el gran servicio que prestan a la misión de la Iglesia desde el silencio del claustro con su oración y sacrificio.

Muy especialmente, les ruego que ésta sea, también, una ocasión privilegiada para orar por las vocaciones a la vida consagrada y sacerdotal, particularmente para que el Señor llame a muchas jóvenes a consagrarse en la vida monástica bajo el carisma fundado por Santa Beatriz de Silva: las Monjas Concepcionistas Franciscanas.

La indulgencia Plenaria consiste en la reconciliación o perdón abundante y generoso, derramado sobre los que se convierten e imploran la remisión total de sus culpas y la restauración de sus vidas y personas. Como nos enseña la Iglesia, en el pecador reconciliado permanecen algunas consecuencias del pecado, que necesitan curación y purificación. En este ámbito adquiere relevancia la indulgencia, que nos ayuda a cicatrizar definitivamente las heridas del pecado y nos libera de lo que llamamos “pena temporal”. La purificación de esta pena temporal nos abre a la comunión con Dios, con los hermanos y con nosotros mismos. Así mismo, las indulgencias nos enseñan que cada uno de nosotros puede ayudar mucho a los otros, vivos y difuntos, para estar unidos al Padre.

Cualquier “tiempo jubilar” que, con su autoridad, concede el Papa a los fieles, es un verdadero tiempo de gracia que Dios nos otorga, pues forma parte del “poder de las llaves” que el Señor concedió a Pedro y sus sucesores: “lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que  desates en la tierra quedará desatado en los cielos” (Mt. 16, 19). Por tanto, aquí se cumple lo que nos promete el Señor por boca de San Pablo: “En el tiempo favorable te escuché y en el día de salvación te ayudé. Mirad ahora el momento favorable; mirad ahora el día de salvación” (2Cor. 6,2).  Por tanto, haciendo mías las palabras del propio San Pablo, les digo: “como si Dios exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os suplicamos: ¡reconciliaos con Dios! (2Cor. 5, 20).

Se nos ofrece, por tanto, un tiempo de renovación y conversión, que implica necesariamente dos manifestaciones: arrepentimiento como consecuencia de haber tomado conciencia de nuestra condición de pecadores y un retorno a Dios. Tenemos que destruir los ídolos que hemos puesto en lugar de Dios y darle el lugar que le corresponde en nuestro corazón. Para ello hemos de acercarnos a Jesucristo que es la palabra que nos salva, la mano que Dios tiende a los pecadores, el camino que nos conduce a la paz.

Todo tiempo jubilar es como una llamada profética, un despertar la conciencia, una maduración cristiana, un renovar las energías espirituales y morales de la Iglesia, y como consecuencia, la de cada uno de los fieles que aprovechan la ocasión. Para ello, es fundamental meditar con frecuencia y profundidad la Palabra de Dios, así como renovar nuestra vivencia eucarística y penitencial, que son los sacramentos que han de alimentar y transformar nuestra vida de creyentes que debe, cada vez más, producir el fruto de las buenas obras. También, hemos de mirar a la Madre de Dios, la Inmaculada Concepción, confiar más en Ella, conocerla mejor como modelo de vida cristiana e invocarla como Madre de nuestra reconciliación: “ruega por nosotros pecadores”.

Confiados en la gracia salvadora del Señor Jesús, deseamos que la Celebración de los quinientos años de la Regla de las Monjas Concepcionistas sea un tiempo de gracia y salvación, para ellas y para cuantos se unen a las celebraciones jubilares. Gracia y salvación para quienes alcancen la Indulgencia Plenaria concedida por el Santo Padre. Que sea para todos un año de renovación espiritual, de modo que se realice en cada uno la salvación obrada por Cristo, que se entregó por nosotros para rescatarnos de toda impiedad y nos enseñó a renunciar a la vida sin religión y a los deseos mundanos, llevando a partir de ahora una vida sobria, honrada y religiosa (cf. Tit. 2,11-14).

Deseando que sean muchos los que aprovechen ésta efemérides para acercarse más a Cristo y beber de El, que es la fuente de la salvación, de todo corazón les bendice,

† Bernardo Álvarez Afonso


domingo, 30 de enero de 2011

ZENIT Publica el discurso pronunciado el viernes, 14 de Enero de 2011, por el Papa Benedicto XVI al recibir en audiencia a los administradores de la Región Lazio, del Ayuntamiento y de la Provincia de Roma, con ocasión del tradicional intercambio de felicitaciones por el nuevo año.

Ilustres señores y señoras

Siguiendo una feliz costumbre, también este año tengo la grata ocasión de encontrar a los representantes de las Instituciones de la Región Lazio, del Ayuntamiento y de la Provincia de Roma. Doy las gracias a la honorable Renata Polverini, presidenta de la Junta Regional del Lazio, al honorable Giovanni Alemanno, Alcalde de Roma, y al honorable Nicola Zingaretti, presidente de la Provincia de Roma, por las corteses palabras que me han dirigido en nombre de todos. Os devuelvo los cordiales votos augurales por el nuevo año a vosotros, a los ciudadanos de Roma y de la Provincia y a los habitantes del Lazio, a quienes me siendo particularmente ligado como obispo de esta Ciudad, Sucesor de Pedro.

La vocación singular de Roma, centro del catolicismo y capital del Estado italiano, requiere a nuestra ciudad ser un ejemplo de colaboración fecunda y provechosa entre las Instituciones públicas y la Comunidad eclesial. Esta colaboración, en el respeto de las recíprocas competencias, es hoy particularmente urgente ante los nuevos retos que se asoman en el horizonte. La Iglesia, en particular mediante la obra de los fieles laicos y de las asociaciones de inspiración católica, desea continuamente ofrecer su propia contribución a la promoción del bien común y de un progreso auténticamente humano.

La célula originaria de la sociedad es la familia, fundada en el matrimonio entre el hombre y la mujer. Es en la familia donde los hijos aprenden los valores humanos y cristianos que permiten una convivencia constructiva y pacífica. Es en la familia donde se aprenden la solidaridad entre las generaciones, el respeto de las normas, el perdón y la acogida al otro. Es en la propia casa donde los jóvenes, experimentando el afecto de los padres, descubren qué es el amor y aprenden a amar. La familia, por tanto, debe ser apoyada por políticas orgánicas que no se limiten a proponer soluciones a los problemas contingentes, sino que tengan como objetivo su consolidación y desarrollo y sean acompañadas por una adecuada obra educativa. A veces, por desgracia, suceden graves hechos de violencia y se amplifican algunos aspecto de crisis de la familia, causados por los rápidos cambios sociales y culturales. También el aprobar formas de unión que desnaturalizan la esencia y el fin de la familia, acaba por penalizar a cuantos, no sin esfuerzo, se empeñan en vivir vínculos afectivos estables, jurídicamente garantizados y públicamente reconocidos. En esta perspectiva, la Iglesia mira con favor a todas las iniciativas que buscan educar a los jóvenes a vivir el amor en la lógica del don de sí mismos, con una visión alta y oblativa de la sexualidad. Es necesaria con este objetivo una convergencia educativa entre los diversos componentes de la sociedad, para que el amor humano no se reduzca a un objeto de consumo, sino que pueda ser percibido y vivido como experiencia fundamental que da sentido y finalidad a la existencia.

La entrega recíproca de los cónyuges trae consigo la apertura a la generación: el deseo de la paternidad y de la maternidad está de hecho inscrito en el corazón humano. Muchas parejas desearían acoger el don de nuevos hijos, pero son empujadas a esperar. Por esto es necesario apoyar concretamente la maternidad, como también garantizar a las mujeres que desarrollan una profesión la posibilidad de conciliar familia y trabajo. Demasiadas veces, de hecho, estas son obligadas necesariamente a elegir entre ambas. El desarrollo de políticas adecuadas de ayuda, como también de estructuras destinadas a la infancia, como las guarderías, también los gestionados por familias, puede ayudar a hacer que el hijo no sea visto como un problema, sino como un don y una alegría grande. Además, dado que “la apertura a la vida está en el centro del verdadero desarrollo" (Caritas in veritate, 28), el elevado número de abortos que son practicados en nuestra Región no puede dejarnos indiferentes. La comunidad cristiana, a través de numerosas "Casas familia", los "Centros de Ayuda a la Vida" y otras iniciativas parecidas, está comprometida en acompañar y dar apoyo a las mujeres que se encuentran en grave dificultad al acoger una nueva vida. Que las Instituciones públicas sepan ofrecer su apoyo para que los Consultores familiares estén en condición de ayudar a las mujeres a superar las causas que pueden llevar a interrumpir el embarazo. A propósito de esto, expreso mi aprecio por la ley vigente en la Región Lazio que prevé el llamado “cociente familiar" y considera el hijo concebido como un componente de la familia, y auguro que esta normativa encuentre plena realización. Estoy contento de que la ciudad de Roma haya puesto ya en marcha su compromiso en esta dirección.

En el otro lado de la vida, el envejecimiento de la población plantea nuevos problemas. Los ancianos son una gran riqueza para la sociedad. Sus conocimientos, su experiencia, su sabiduría son un patrimonio para los jóvenes, que necesitan maestros de vida. Si bien muchos ancianos pueden contar con el apoyo y la cercanía de su propia familia, crece el número de quienes están solos y necesitan asistencia médico-sanitaria. La Iglesia, también en nuestra Región, está siempre cerca de aquellos se se encuentran en condiciones frágiles por motivo de la edad o de la salud precaria. Mientras me alegro por la sinergia existente con las grandes realidades sanitarias católicas – como, por ejemplo, en el campo de la infancia, entre el hospital Bambin Gesù y las Instituciones públicas – auguro que estas estructuras puedan seguir colaborando con las entidades locales para asegurarles su servicio a cuantos se dirigen a ellas, renuevo la invitación a promover una cultura que respete la vida hasta su término natural, en la conciencia de que “la medida de la humanidad se determina esencialmente en la relación con el sufrimiento y con el que sufre" (Enc.Spe salvi, 38).

En estos últimos tiempos, la serenidad de nuestras familias está amenazada por la grave y persistente crisis económica, y muchas familias ya no consiguen garantizar un nivel suficiente de vida a sus propios hijos. Nuestras parroquias, a través de Cáritas, se prodigan para salir al encuentro de estos núcleos familiares aliviando, en cuanto pueden, los malestares y haciendo frente a las exigencias primarias. Confío en que puedan adoptarse procedimientos adecuados, dirigidos a sostener a las familias de renta baja, particularmente las numerosas, penalizadas demasiado a menudo. A ello se añade un problema cada día más dramático. Me refiero a la grave cuestión del trabajo. Los jóvenes, en particular, que después de años de preparación no ven salidas laborales y posibilidades de inserción social, y de proyección de futuro, se sienten a menudo desilusionados y se ven tentados de rechazar a la propia sociedad. La prolongación de situaciones semejantes causa tensiones sociales, que son aprovechadas por las organizaciones criminales para proponer actividades ilícitas. Es por tanto urgente que, aun en este momento difícil, se hagan todos los esfuerzos por promover políticas ocupacionales, que puedan garantizar un trabajo y una sustentación digna, condición indispensable para dar vida a nuevas familias.

Gentiles Autoridades, son múltiples los problemas que requieren una solución. Que vuestro compromiso de Administradores, que se esfuerzan en colaborar juntos por el bien de la comunidad, sepa siempre considerar al hombre como un fin, para que pueda vivir de manera autenticamente humana. Como obispo de esta ciudad quisiera, por tanto, invitaros a encontrar en la Palabra de Dios la fuente de inspiración para vuestra acción política y social, en la “búsqueda del verdadero bien de todos, en el respeto y en la promoción de la dignidad de toda persona" (Ex. ap. postsinodall Verbum Domini, 101). Os aseguro mi recuerdo en la oración, sobre todo por aquellos que comienzan su servicio al bien común, y mientras invoco sobre vuestro trabajo la protección maternal de la Virgen María, Salus Populi Romani, os imparto de corazón mi Bendición, que de buen grado extiendo a los habitantes de Roma, de su Provincia y de todo el Lazio.

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
© Copyright 2011 - Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 19:29  | Habla el Papa
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ZENIT  nos ofrece la catequesis que el Papa Benedicto XVI dirigió, durante la Audiencia General celebrada en el Aula Pablo VI, el miércoles 12 d eEnero de 2011, a un grupo de fieles y peregrinos provenientes de Italia y de todo el mundo.

Queridos hermanos y hermanas,

hoy querría hablar de otra santa que como Catalina de Siena y Catalina de Bolonia, también lleva el nombre de Catalina; hablo de Catalina de Génova, que destaca sobre todo por sus visiones del purgatorio.

El texto que nos cuenta su vida y su pensamiento, viene publicado en la ciudad ligure en el 1551; está dividido en tres partes: la Vita, propiamente dicha, la Dimostratione et dechiaratione del purgatorio – más conocida como Trattato- y el Dialogo tra l'anima e il corpo . El compilador de la obra de Catalina fue su confesor, el sacerdote Cattaneo Marabotto.

Catalina nació en Génova, en 1447; última de cinco hijos, perdió a su padre, Giacomo Fieschi, a su más tierna infancia. La madre, Francesca di Negro, les educó cristianamente, tanto es así que la mayor de las dos hijas se hizo religiosa.. a los dieciséis años, Catalina fue casada con Giuliano Adorno, un hombre que, tras varias experiencias en el ramo del comercio y en el mundo militar en Medio Oriente, había vuelto a Génova para casarse. La vida conyugal no fue fácil, sobre todo por el carácter del marido, quien gustaba de los juegos de azar. Catalina misma fue inducida, al principio, a llevar un tipo de vida mundana, en la cual no consiguió encontrar serenidad. Después de diez años, en su corazón había una sensación profunda de vacío y de amargura.

La conversión se inició el 20 de marzo de 1473, gracias a una insólita experiencia. Catalina fue a la iglesia de San Benito y al monasterio de Nuestra Señora de las Gracias, para confesarse, y arrodillándose ante el sacerdote, “recibí”, como escribe ella misma, “una herida en el corazón del inmenso amor de Dios”, y tal clara visión de sus miserias y defectos, y a la vez, de la bondad de Dios, que casi se desmaya. Fue herida en el corazón con el conocimiento de sí misma, de la vida que llevaba y de la bondad de Dios. De esta experiencia nació la decisión que orientó toda su vida, que expresada en palabras fue: “No más mundo, no más pecado” (cfr Vita mirabile, 3rv). Catalina entonces, se fue dejando interrumpida la confesión. Cuando volvió a casa, fue a la habitación más apartada y pensó durante mucho tiempo. En ese momento fue instruida interiormente sobre la oración y tuvo conciencia del amor de Dios hacia ella que era pecadora, una experiencia espiritual que no conseguía expresar en palabras (cfr Vita mirabile, 4r). Es en esta ocasión que se le apareció Jesús sufriente, cargado con la cruz, como a menudo se representa en la iconografía de la Santa. Pocos días después, volvió donde el sacerdote para realizar, finalmente, una buena confesión. Inició aquí la “vida de purificación” que, durante tanto tiempo, le hizo sufrir un dolor constante por los pecados cometidos y la empujó a imponerse penitencias y sacrificios para mostrar su amor a Dios.

En este camino, Catalina se iba acercando cada vez más al Señor, hasta entrar en la que se conoce como “vida unitiva”, es decir, una relación de unión profunda con Dios. En la  Vita  está escrito que su alma era guiada y amaestrada sólo por el dulce amor de Dios, que le daba todo lo que necesitaba. Catalina se abandonó de tal modo en las manos del Señor que vivió, casi veinticinco años, como ella escribió, “sin necesidad de criatura alguna, sólo instruida y gobernada por Dios”(Vita, 117r-118r), nutrida sobre todo, de la oración constante y de la Santa Comunión recibida todos los días, algo no común en esa época. Sólo años más tarde, el Señor le dio un sacerdote que cuidase su alma.

Catalina fue siempre reacia a confiar y manifestar su experiencia de comunión mística con Dios, sobre todo por la profunda humildad que sentía frente a las gracias del Señor. Sólo desde la perspectiva de darle gloria y poder ayudar a otros en su camino espiritual, se animó a contar lo que le había sucedido en el momento de su conversión, que es su experiencia original y fundamental.

El lugar de su ascensión a las cumbres místicas fue el hospital de Pammatone, el complejo hospitalario más grande de Génova, del que fue directora y animadora. Por tanto Catalina vivió una existencia totalmente activa, no obstante la profundidad de su vida interior. En Pammatone se formó en torno a ella un grupo de seguidores, discípulos y colaboradores, fascinados por su vida de fe y su caridad. Consiguió que su mismo marido, Giuliano Adorno, dejara la vida disipada, se hiciera terciario franciscano y se transfiriera al hospital para ayudar a su mujer. La participación de Catalina en el cuidado de los enfermos se prolongó hasta los últimos días de su camino terreno, el 15 de septiembre de 1510. Desde su conversión hasta su muerte, no hubo sucesos extraordinarios, sólo dos elementos caracterizaron su existencia entera: por una parte la experiencia mística, es decir, la profunda unión con Dios, vivida como una unión esponsal, y por la otra las asistencia a los enfermos, la organización del hospital, el servicio al prójimo, especialmente a los más abandonados y necesitados. Estos dos polos- Dios y el prójimo- colmaron toda su vida, transcurrida prácticamente dentro de los muros del hospital.

Queridos amigos, no debemos olvidar que cuanto más amamos a Dios y somos constantes en la oración, tanto más amaremos verdaderamente a quien está alrededor nuestro, a quien está cerca de nosotros, porque seremos capaces de ver en cada persona el rostro del Señor, que ama sin límites ni distinciones. La mística no crea distancias con el otro, no crea una vida abstracta, sino que acerca al otro porque se comienza a ver y a actuar con los ojos, con el corazón de Dios.

 

El pensamiento de Catalina sobre el purgatorio, por el que es particularmente conocida, está condensado en las últimas dos partes del libro citado al inicio: el Tratado sobre el purgatorio y el Diálogo entre el alma y el cuerpo. Es importante observar que Catalina, en su experiencia mística, nunca tuvo revelaciones específicas sobre el purgatorio o sobre las almas que se están purificando en él. Con todo, en los escritos inspirados por nuestra Santa es un elemento central, y la manera de describirlo tiene características originales respecto a su época. El primer rasgo original se refiere al “lugar” de la purificación de las almas. En su tiempo se representaba principalmente con el recurso a imágenes ligadas al espacio: se pensaba en un cierto espacio, donde se encontraría el purgatorio. En Catalina, en cambio, el purgatorio no está presentado como un elemento del paisaje de las entrañas de la tierra: es un fuego no exterior, sino interior. Esto es el purgatorio, un fuego interior. La Santa habla del camino de purificación del alma hacia la comunión plena con Dios, partiendo de su propia experiencia de profundo dolor por los pecados cometidos, en contraste con el infinito amor de Dios (cfr Vita mirabile, 171v). Hemos escuchado sobre el momento de la conversión, donde Catalina siente de repente la bondad de Dios, la distancia infinita de su propia vida de esta bondad y un fuego abrasador dentro de ella. Y este es el fuego que purifica, es el fuego interior del purgatorio. También aquí hay un rasgo original respecto al pensamiento de la época. No se parte, de hecho, del más allá para narrar los tormentos del purgatorio – como era habitual en ese tiempo y quizás también hoy – y después indicar el camino para la purificación o la conversión, sino que nuestra Santa parte de la experiencia propia interior de su vida en camino hacia la eternidad. El alma – dice Catalina – se presenta a Dios aún ligada a los deseos y a la pena que derivan del pecado, y esto le hace imposible gozar de la visión beatífica de Dios. Catalina afirma que Dios es tan puro y santo que el alma con las manchas del pecado no puede encontrarse en presencia de la divina majestad (cfr Vita mirabile, 177r). Y también nosotros nos damos cuenta de cuán alejados estamos, cómo estamos llenos de tantas cosas, de manera que no podemos ver a Dios. El alma es consciente del inmenso amor y de la perfecta justicia de Dios y, en consecuencia, sufre por no haber respondido de modo correcto y perfecto a ese amor, y por ello el amor mismo a Dios se convierte en llama, el amor mismo la purifica de sus escorias de pecado.

En Catalina se percibe la presencia de fuentes teológicas y místicas a las que era normal recurrir en su época. En particular se encuentra una imagen de Dionisio el Areopagita, la del hilo de oro que une el corazón humano con Dios mismo. Cuando Dios ha purificado al hombre, lo ata con un hilo finísimo de oro, que es su amor, y lo atrae hacia sí con un afecto tan fuerte, que el hombre se queda como “superado y vencido y todo fuera de sí”. Así el corazón humano es invadido por el amor de Dios, que se convierte en la única guía, el único motor de su existencia (cfr Vita mirabile, 246rv). Esta situación de elevación hacia Dios y de abandono a su voluntad, expresada en la imagen del hilo, es utilizada por Catalina para expresar la acción de la luz divina sobre las almas del purgatorio, luz que las purifica y las eleva hacia los esplendores de los rayos resplandecientes de Dios (cfr Vita mirabile, 179r).

Queridos amigos, los santos, en su experiencia de unión con Dios, alcanzan un “saber” tan profundo de los misterios divinos, en el que amor y conocimiento se compenetran, que son de ayuda a los mismos teólogos en su tarea de estudio, de intelligentia fidei, de intelligentia de los misterios de la fe, de profundización real de los misterios, por ejemplo de qué es el purgatorio.

Con su vida, santa Catalina nos enseña que cuanto más amamos a Dios y entramos en intimidad con Él en la oración, tanto más Él se deja conocer y enciende nuestro corazón con su amor. Escribiendo sobre el purgatorio, la Santa nos recuerda una verdad fundamental de la fe que se convierte para nosotros en invitación a rezar por los difuntos para que puedan llegar a la visión bendita de Dios en la comunión de los santos (cfr Catecismo de la Iglesia Católica, 1032). El servicio humilde, fiel y generoso, que la Santa prestó durante toda su vida en el hospital de Pammatone, además, es un luminoso ejemplo de caridad para todos y un aliento especial para las mujeres que dan una contribución fundamental a la sociedad y a la Iglesia con su preciosa obra, enriquecida por su sensibilidad y por la atención hacia los más pobres y necesitados. Gracias.

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1 cfr Libro de la Vita mirabile et dottrina santa, de la beata Caterinetta da Genoa. Nel quale si contiene una utile et catholica dimostratione et dechiaratione del purgatorio, Genova 1551.

[En español dijo]

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, Uruguay y México y otros países latinoamericanos. Os invito a que siguiendo el ejemplo de amor de Dios de santa Catalina de Génova, sepáis entrar en intimidad de oración con Él y os dejéis transformar por el fuego de su amor. .

[Traducción del original italiano por Carmen Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana] 


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ZENIT  nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigió el lunes 10 de Enero de 2011 a los miembros del Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, a quienes recibió en audiencia en la Sala Regia del Palacio Apostólico, para felicitarles el nuevo año.

Señoras y Señores

Me alegra recibiros, ilustres Representantes de tantos países, en este encuentro en el que, como cada año, os reunís con el Sucesor de Pedro. Este encuentro reviste un gran significado, ya que ofrece una imagen, al mismo tiempo que un ejemplo, del papel de la Iglesia y de la Santa Sede en la comunidad internacional. Saludo cordialmente a cada uno, en particular a los que participáis por primera vez. Os agradezco la dedicación y atención con que, en el ejercicio de vuestras delicadas funciones, seguís mis actividades, las de la curia romana y así, en cierta medida, la vida de la Iglesia católica en todo el mundo. Vuestro Decano, el Embajador Alejandro Valladares Lanza, se ha hecho portavoz de vuestros sentimientos, y le agradezco los deseos que me ha expresado en nombre de todos. Conociendo la unión de vuestra comunidad, estoy seguro de que en vuestro recuerdo estará hoy presente la Embajadora del Reino de los Países Bajos, la Baronesa van Lynden-Leijten, que hace unas semanas marchó a la casa del Padre. Me uno con la oración a vuestros sentimientos.

Al comienzo de un nuevo año, resuena en nuestros corazones y en el mundo entero el eco del anuncio gozoso que resplandeció en la noche Belén hace veinte siglos, noche que simboliza la condición humana en su necesidad de luz, de amor y de paz. A los hombres de entonces, así como a los de ahora, los ejércitos celestiales llevaron la buena nueva de la llegada del Salvador: «El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en un país de sombras, una luz les brilló» (Is 9,1). El Misterio del Hijo de Dios que se hace hombre supera completamente cualquier expectativa humana. En su absoluta gratuidad, este acontecimiento de salvación es la respuesta auténtica y completa al deseo más profundo del corazón. De Dios viene la verdad, el bien, la bondad, la vida en plenitud que cada hombre busca consciente o inconscientemente. Aspirando a estos bienes, toda persona busca a su Creador, ya que «sólo Dios responde a la sed que hay en el corazón de todo ser humano» (Exhort. ap. Postsinodal Verbum Domini, 23). La humanidad, a través de sus creencias y ritos, ha manifestado a lo largo de su historia una búsqueda incesante de Dios, y «estas formas de expresión son tan universales que se puede llamar al hombre un ser religioso» (Catecismo de la Iglesia Católica, 28). La dimensión religiosa es una característica innegable e irreprimible del ser y del obrar del hombre, la medida de la realización de su destino y de la construcción de la comunidad a la que pertenece. Por consiguiente, cuando el mismo individuo, o los que están a su alrededor, olvidan o niegan este aspecto fundamental, se crean desequilibrios y conflictos en todos los sentidos, tanto en el aspecto personal como interpersonal.

Esta verdad primera y fundamental es la razón por la que, en el Mensaje para la celebración de la Jornada Mundial de la Paz, de este año, he señalado la libertad religiosa como el camino fundamental para la construcción de la paz. Ésta, en efecto, se construye y se conserva solo cuando el hombre puede buscar y servir a Dios libremente en su corazón, en su vida y en sus relaciones con los demás.

Señoras y Señores Embajadores, vuestra presencia en esta solemne circunstancia me invita a realizar un recorrido general por los países que representáis y por el mundo entero. En esta panorámica, ¿no se ven acaso numerosas situaciones en las que lamentablemente el derecho a la libertad religiosa ha sido lesionado o negado? Este derecho del hombre, que es en realidad el primer derecho, porque históricamente ha sido afirmado en primer lugar, y porque, por otra parte, tiene como objeto la dimensión constitutiva del hombre, es decir, su relación con el Creador, ¿no ha sido demasiadas veces puesto en discusión o violado? Me parece que hoy la sociedad, sus responsables y la opinión pública, son más conscientes, incluso aunque no siempre de manera exacta, la gravedad de esta herida contra la dignidad y la libertad del homo religiosus, sobre la que he querido llamar la atención de todos en muchas ocasiones.

Lo he hecho en mis viajes apostólicos del último año, en Malta y Portugal, en Chipre, en el Reino Unido y en España. Más allá de las características diferentes de estos países, conservo de todos un recuerdo lleno de gratitud por la acogida que me han dispensado. La Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para el Medio Oriente, celebrada en el Vaticano en octubre pasado, ha sido un momento de oración y reflexión, en el que el pensamiento se ha dirigido con insistencia a las comunidades cristianas de esta región del mundo, tan probadas a causa de su adhesión a Cristo y a la Iglesia.

Sí, mirando hacia Oriente, nos han consternado los atentados que han sembrado la muerte, el dolor y la angustia entre los cristianos de Iraq, hasta el punto de inducirlos a dejar la tierra de sus padres en la que han vivido desde siglos. Renuevo a las autoridades de ese País y a los jefes religiosos musulmanes mi apremiante llamamiento a trabajar para que sus conciudadanos cristianos puedan vivir con seguridad y puedan seguir dando su aportación a la sociedad de la que son miembros con pleno derecho. También en Egipto, en Alejandría, el terrorismo ha golpeado brutalmente a los fieles reunidos en oración en una iglesia. Esta sucesión de ataques es un signo más de la urgente necesidad de que los Gobiernos de la Región adopten, a pesar de las dificultades y amenazas, medidas eficaces para la protección de las minorías religiosas. Si es necesario lo diremos una vez más. En Oriente Medio, «los cristianos son ciudadanos originarios y auténticos, leales a su patria y, por ende, cumplen con sus deberes nacionales. Es normal que ellos puedan gozar de todos los derechos como ciudadanos, de la libertad de conciencia y de culto, de la libertad en el ámbito de la educación y de la enseñanza en el ámbito de los medios de comunicación» (Mensaje al Pueblo de Dios del Sínodo de Obispos para Oriente Medio, 10). A este respecto, aprecio la preocupación por los derechos de los más débiles y la clarividencia política que algunos países de Europa han demostrado en estos últimos días, pidiendo una respuesta concertada de la Unión Europea para que los cristianos sean protegidos en Oriente Medio. Quisiera recordar, en definitiva, que el derecho a la libertad religiosa no se aplica plenamente allí donde sólo se garantiza la libertad de culto, y además con limitaciones. Asimismo, animo a que se promueva la plena salvaguarda de la libertad religiosa y de los demás derechos humanos, mediante programas que, desde la escuela primaria y en el marco de la enseñanza religiosa, enseñen a respetar a todos los hermanos en humanidad. Por lo que respecta a los Estados de la Península Arábica, donde viven numerosos trabajadores cristianos inmigrantes, espero que la Iglesia católica pueda disponer de estructuras pastorales apropiadas.

Entre las normas que lesionan el derecho de las personas a la libertad religiosa, merece una mención especial la ley contra la blasfemia en Pakistán: Animo de nuevo a las autoridades de ese País a realizar los esfuerzos necesarios para abrogarla, tanto más cuanto es evidente que sirve de pretexto para cometer injusticias y violencias contra las minorías religiosas. El trágico asesinato del Gobernador del Punjab pone de manifiesto la urgencia de proceder en este sentido: la veneración a Dios promueve la fraternidad y el amor, no el odio o la división. Se pueden mencionar otras situaciones preocupantes, a veces violentas, en el Sur y Sureste del continente asiático, en países que tienen por otra parte una tradición de relaciones sociales pacíficas. El peso particular de una determinada religión en una nación jamás debería implicar la discriminación en la vida social de los ciudadanos que pertenecen a otra confesión o, peor aún, que se consienta la violencia contra ellos. A este respecto, es importante que el diálogo interreligioso favorezca un compromiso común para reconocer y promover la libertad religiosa de todas las personas y comunidades. Por último, como ya he recordado, la violencia contra los cristianos no perdona ni siquiera a África. Un triste testimonio de ello son los ataques contra dos lugares de culto en Nigeria, mientras se celebraba el Nacimiento de Cristo.

Por otra parte, en diversos países en que la Constitución reconoce una cierta libertad religiosa, la vida de las comunidades religiosas se hace, de hecho, difícil y a veces incluso insegura (cf. Conc. Vat. II, Decl.Dignitatis Humanae, 15), ya que el ordenamiento jurídico o social se inspira en sistemas filosóficos y políticos que postulan un estricto control, por no decir un monopolio, del Estado sobre la sociedad. Es necesario que cesen tales ambigüedades, de manera que los creyentes no tengan ya que debatirse entre la fidelidad a Dios y la lealtad a su patria. Pido de modo particular que todos garanticen a la comunidad católica la plena autonomía de organización y la libertad de cumplir su misión, conforme a las normas y estándares internacionales en este ámbito. En este momento, mi pensamiento vuelve de nuevo a las comunidades católicas de China continental y a sus Pastores, que viven un momento de dificultad y de prueba. Por otro lado, quisiera dirigir una palabra de ánimo a las autoridades de Cuba, País que en 2010 ha celebrado los 75 años de sus relaciones diplomáticas ininterrumpidas con la Santa Sede, para que el diálogo que felizmente se ha instaurado con la Iglesia se refuerce y amplíe todavía más.

Dirigiendo nuestra mirada de Oriente a Occidente, nos encontramos frente a otros tipos de amenazas contra el pleno ejercicio de la libertad religiosa. Pienso, en primer lugar, en los países que conceden una gran importancia al pluralismo y la tolerancia, pero donde la religión sufre una marginación creciente. Se tiende a considerar la religión, toda religión, como un factor sin importancia, extraño a la sociedad moderna o incluso desestabilizador, y se busca por diversos medios impedir su influencia en la vida social. Se llega así a exigir que los cristianos ejerzan su profesión sin referencia a sus convicciones religiosas o morales, e incluso en contradicción con ellas, como, por ejemplo, allí donde están en vigor leyes que limitan el derecho a la objeción de conciencia de los profesionales sanitarios o de algunos profesionales del derecho.

En este contexto, es un motivo de alegría que el Consejo de Europa, en el mes de octubre pasado, haya adoptado una Resolución que protege el derecho del personal médico a la objeción de conciencia frente a ciertos actos que, como el aborto, lesionan gravemente el derecho a la vida.

Otra manifestación de marginación de la religión y, en particular, del cristianismo, consiste en desterrar de la vida pública fiestas y símbolos religiosos, por respeto a los que pertenecen a otras religiones o no creen. De esta manera, no sólo se limita el derecho de los creyentes a la expresión pública de su fe, sino que se cortan las raíces culturales que alimentan la identidad profunda y la cohesión social de muchas naciones. El año pasado, algunos países europeos se unieron al recurso del Gobierno italiano en la famosa causa de la exposición del crucifijo en los lugares públicos. Deseo expresar mi gratitud a las autoridades de esas naciones, así como a todos los que se han empeñado en este sentido, episcopados, organizaciones y asociaciones civiles o religiosas, en particular al Patriarcado de Moscú y a los demás representantes de la jerarquía ortodoxa, y a todas las personas, creyentes y también no creyentes, que han querido manifestar su aprecio por este símbolo portador de valores universales.

Reconocer la libertad religiosa significa, además, garantizar que las comunidades religiosas puedan trabajar libremente en la sociedad, con iniciativas en el ámbito social, caritativo o educativo. Por otra parte, se puede constatar por todo el mundo la fecunda labor de la Iglesia católica en estos ámbitos. Es preocupante que este servicio que las comunidades religiosas ofrecen a toda la sociedad, en particular mediante la educación de las jóvenes generaciones, sea puesto en peligro u obstaculizado por proyectos de ley que amenazan con crear una especie de monopolio estatal en materia escolástica, como se puede constatar por ejemplo en algunos países de América Latina. Mientras muchos de ellos celebran el segundo centenario de su independencia, ocasión propicia para recordar la contribución de la Iglesia católica en la formación de la identidad nacional, exhorto a todos los Gobiernos a promover sistemas educativos que respeten el derecho primordial de las familias a decidir la educación de sus hijos, inspirándose en el principio de subsidiariedad, esencial para organizar una sociedad justa.

Continuando mi reflexión, no puedo dejar de mencionar otra amenaza a la libertad religiosa de las familias en algunos países europeos, allí donde se ha impuesto la participación a cursos de educación sexual o cívica que transmiten una concepción de la persona y de la vida pretendidamente neutra, pero que en realidad reflejan una antropología contraria a la fe y a la justa razón.

Señoras y Señores Embajadores.

En esta solemne circunstancia, permitirme explicitar algunos principios que inspiran la actividad de la Santa Sede, y de toda la Iglesia católica, ante las Organizaciones Internacionales intergubernamentales, a fin de promover el pleno respeto de la libertad religiosa de todos. En primer lugar, está la convicción de que no se puede crear una especie de escala en la gravedad de la intolerancia contra las religiones. Desgraciadamente, una actitud semejante es frecuente, y los actos discriminatorios contra los cristianos son considerados precisamente como menos graves, menos dignos de atención por parte de los Gobiernos y de la opinión pública. Al mismo tiempo, se debe rechazar también el peligroso contraste que algunos quieren establecer entre el derecho a la libertad religiosa y los demás derechos del hombre, olvidando o negando así el papel central que el respeto de la libertad religiosa tiene en la defensa y protección de la alta dignidad del hombre. Todavía menos justificables son los intentos de oponer al derecho a la libertad religiosa unos derechos pretendidamente nuevos, promovidos activamente por ciertos sectores de la sociedad e incluidos en las legislaciones nacionales o en directivas internacionales, pero que no son, en realidad, más que la expresión de deseos egoístas que no encuentran fundamento en la auténtica naturaleza humana. Por último, es necesario afirmar que no es suficiente una proclamación abstracta de la libertad religiosa: esta norma fundamental de la vida social debe ser aplicada y respetada en todos los niveles y ámbitos; de otra manera, a pesar de justas afirmaciones de principio, se corre el riesgo de cometer profundas injusticias contra los ciudadanos que desean profesar y practicar libremente su fe.

La promoción de una plena libertad religiosa de las comunidades católicas es también el objetivo que persigue la Santa Sede cuando establece concordatos u otros acuerdos. Me alegra el que algunos Estados de diversas regiones del mundo y de tradiciones religiosas, culturales y jurídicas distintas elijan el instrumento de las convenciones internacionales como medio para organizar las relaciones entre la comunidad política y la Iglesia católica, estableciendo a través del diálogo el cuadro de una colaboración en el respeto de las competencias recíprocas. El año pasado se ha concluido y ha entrado en vigor un Acuerdo para la asistencia religiosa de los fieles católicos de las fuerzas armadas en Bosnia-Herzegovina, y actualmente hay negociaciones en curso en diversos países. Esperamos un resultado positivo que asegure una solución que respete la naturaleza y la libertad de la Iglesia, para el bien de toda la sociedad.

La actividad de los representantes pontificios en los Estados y Organizaciones internacionales está igualmente al servicio de la libertad religiosa. Quisiera señalar con satisfacción que las autoridades vietnamitas han aceptado la designación de un Representante mío que, visitando las queridas comunidades católicas de ese País, manifestará la solicitud del Sucesor de Pedro. Quisiera igualmente recordar que, durante el año pasado, la red diplomática de la Santa Sede se ha reforzado en África, desde ahora una presencia estable se ha asegurado en tres países donde el nuncio no era residente. Si Dios quiere, me acercaré una vez más a ese continente, a Benin, el próximo noviembre, para entregar la Exhortación apostólica que recogerá el fruto de los trabajos de la segunda Asamblea especial para África del Sínodo de los Obispos.

Ante este ilustre auditorio, quisiera reafirmar con fuerza que la religión no constituye un problema para la sociedad, no es un factor de perturbación o de conflicto. Quisiera repetir que la Iglesia no busca privilegios, ni quiere intervenir en cuestiones extrañas a su misión, sino simplemente cumplirla con libertad. Invito a cada uno a reconocer la gran lección de la historia: «¿Cómo negar la aportación de las grandes religiones del mundo al desarrollo de la civilización? La búsqueda sincera de Dios ha llevado a un mayor respeto de la dignidad del hombre. Las comunidades cristianas, con su patrimonio de valores y principios, han contribuido mucho a que las personas y los pueblos hayan tomado conciencia de su propia identidad y dignidad, así como a la conquista de instituciones democráticas y a la afirmación de los derechos del hombre con sus respectivas obligaciones. También hoy, en una sociedad cada vez más globalizada, los cristianos están llamados a dar su aportación preciosa al fatigoso y apasionante compromiso por la justicia, al desarrollo humano integral y a la recta ordenación de las realidades humanas, no sólo con un compromiso civil, económico y político responsable, sino también con el testimonio de su propia fe y caridad» (Mensaje para la celebración de la Jornada Mundial de la Paz, 1 enero 2011, 7).

En este sentido, la figura de la Beata Madre Teresa de Calcuta es emblemática: el centenario de su nacimiento se ha celebrado en Tirana, en Skopje, en Pristina, así como en India; le han rendido un vibrante homenaje, no sólo la Iglesia, sino también las autoridades civiles y los jefes religiosos, sin contar personas de todas las confesiones. Ejemplos como el suyo muestran al mundo cuánto puede beneficiar a la sociedad el compromiso que nace de la fe.

Que ninguna sociedad humana se prive voluntariamente de la contribución fundamental que constituyen las personas y las comunidades religiosas. Como recuerda el Concilio Vaticano II, la sociedad, asegurando plenamente a todos la justa libertad religiosa, podrá así gozar «de los bienes de la justicia y de la paz que dimanan de la fidelidad de los hombres a Dios y a su santa voluntad» (Decl. Dignitatis Humanae, 6).

Por eso, mientras formulo votos para que este nuevo año sea rico en concordia y en un progreso real, exhorto a todos, responsables políticos, jefes religiosos y personas de toda clase, a emprender con determinación el camino hacia una paz auténtica y estable, que pase por el respeto del derecho a la libertad religiosa en toda su amplitud.

Sobre este compromiso, que para hacerse realidad necesita del empeño de toda la familia humana, invoco la Bendición de Dios Todopoderoso, que por su Hijo Jesucristo, nuestra paz, llevó a cabo nuestra reconciliación con él y entre nosotros (Ef. 2, 14).

Feliz año a todos.

[©Copyright 2011 - Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 18:46  | Habla el Papa
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ZENIT nos ofrece la homilía que Benedicto XVI pronunció durante la misa de la fiesta del Bautismo del Señor, celebrada el domingo, 9 de Enero e 2011, por la mañana en la Capilla Sixtina y durante la cual administró el sacramento del Bautismo a 21 bebés.

Queridos hermanos y hermanas,

estoy contento de daros una cordial bienvenida en particular a vosotros, padres, padrinos y madrinas de los 21 bebés a los que, en breve, tendré la alegría de administrar el Sacramento del Bautismo. Como ya es tradición, este rito tiene lugar también este año en la santa Eucaristía con la que celebramos el Bautismo del Señor. Se trata de la Fiesta que, en el primer domingo después de la solemnidad de la Epifanía, cierra el tiempo navideño con la manifestación del Señor en el Jordán.

Según el relato del evangelista Mateo (3,13-17), Jesús fue de Galilea al río Jordán, para hacerse bautizar por Juan; de hecho, acudían de toda Palestina para escuchar la prédica de este gran profeta, el anuncio de la venida del Reino de Dios, y para recibir el bautismo, es decir para someterse a ese signo de penitencia que llamaba a la conversión del pecado. Aun llamándose bautismo, éste no tenía el valor sacramental del rito que celebramos hoy; como sabéis, es de hecho con su muerte y resurrección como Jesús instituye los Sacramentos y hace nacer la Iglesia. El administrado por Juan, era un acto penitencial, un gesto que invitaba a la humildad frente a Dios, invitaba a un nuevo inicio: sumergiéndose en el agua, el penitente reconocía haber pecado, imploraba a Dios la purificación de sus culpas y era enviado a cambiar los malos comportamientos, como muriendo en el agua y resurgiendo a una nueva vida.

Por eso, cuando el Bautista ve a Jesús que, en fila con los pecadores, viene a hacerse bautizar, queda asombrado; reconociendo en él al Mesías, el Santo de Dios, Aquel que está sin pecado, Juan manifiesta su desconcierto; él mismo, el bautista hubiera querido hacerse bautizar por Jesús. Pero Jesús le exhorta a no oponer resistencia, a aceptar cumplir este acto, para hacer lo que es conveniente y “cumplir toda justicia”. Con esta expresión, Jesús manifiesta haber venido al mundo para hacer la voluntad de Quien lo ha enviado, para cumplir todo lo que el Padre le pide; para obedecer al Padre Él ha aceptado hacerse hombre. Este gesto revela sobre todo quién es Jesús; es el Hijo de Dios, verdadero Dios como el Padre; es Aquel que “se ha bajado” para hacerse uno de nosotros, Aquel que se ha hecho hombre y ha aceptado humillarse hasta la muerte de cruz (cf. Fil 2,7). El bautismo de Jesús, del que hoy hacemos memoria, se sitúa en esta lógica de la humildad y de la solidaridad: es el gesto de Aquel que quiere hacerse en todo uno de nosotros y se pone realmente en fila con los pecadores; Él, que está sin pecado, se deja tratar como pecador (cf. 2Cor 5,21), para llevar sobre sus hombros el peso de la culpa de toda la humanidad, también de nuestra culpa. Es el “siervo de Dios” del que nos ha hablado el profeta Isaías en la primera lectura (cf. 42,1). Su humildad está dictada por la voluntad de establecer una comunión plena con la humanidad, por el deseo de realizar una verdadera solidaridad con el hombre y con su condición. El gesto de Jesús anticipa la Cruz, la aceptación de la muerte por los pecados del hombre. Este acto de abajamiento, con el que Jesús quiere ajustarse totalmente al designio de amor del Padre y conformarse a nosotros, manifiesta la plena sintonía de voluntad y de entente que hay entre las personas de la Santísima Trinidad. Para ese acto de amor, el Espíritu de Dios se manifiesta y viene como una paloma sobre Él, y en ese momento el amor que une a Jesús y al Padre es testimoniado a los que asisten al bautismo por una voz de lo alto que todos oyen. El Padre manifiesta abiertamente a los hombres, a nosotros, la comunión profunda que lo liga al Hijo: la voz que resuena de lo alto atestigua que Jesús es obediente en todo al Padre y que esta obediencia es expresión del amor que les une entre ellos. Por eso, el Padre pone su complacencia en Jesús, porque reconoce en el actuar del Hijo el deseo de seguir en todo su voluntad: “éste es mi Hijo amado en quien tengo mis complacencias” (Mt 3,17). Y esta palabra del Padre alude también, en anticipo, la victoria de la resurrección y nos dice cómo debemos vivir para estar en la complacencia del Padre, comportándonos como Jesús.

Queridos padres, el Bautismo que vosotros hoy pedís para vuestros hijos, les inserta en este intercambio de amor recíproco que hay en Dios entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo; por este gesto que voy a realizar, se derrama en ellos el amor de Dios, inundándoles de sus dones. A través del lavado del agua, vuestros hijos se insertan en la vida misma de Jesús, que murió en la cruz para liberarnos del pecado y resucitando venció la muerte. Por eso, inmersos espiritualmente en su muerte y resurrección, son liberados del pecado original y en ellos empieza la vida de la gracia, que es la vida misma de Jesús Resucitado. “Él -afirma San Pablo- se entregó por nosotros para rescatarnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celador de buenas obras” (Tt 2,14).

Queridos amigos, dándonos la fe, el Señor nos ha dado lo más precioso de la vida, es decir el motivo más verdadero y más bello por el que vivir: por gracia hemos creído en Dios, hemos conocido su amor, con el que quiere salvarnos y liberarnos del mal. La fe es el gran don con el que nos da también la vida eterna, la verdadera vida. Ahora vosotros, queridos padres, padrinos y madrinas, pedís a la Iglesia que acoja en su seno a estos niños, que les dé el Bautismo: y esta petición la hacéis en razón del don de la fe que vosotros mismos habéis, a vuestra vez, recibido. Con el profeta Isaías, todo cristiano puede repetir: “desde el seno materno me formó para siervo suyo” (cf. 49,5); así, queridos padres, vuestros hijos son un don precioso del Señor, quien se ha reservado para sí su corazón, para poderlo volver a colmar de su amor. A través del sacramento del Bautismo, hoy los consagra y los llama a seguir a Jesús, a través de la realización de su vocación personal según el particular designio de amor que el Padre tiene en mente para cada uno de ellos: meta de esta peregrinación terrena será la plena comunión con Él en la felicidad eterna.

Recibiendo el Bautismo, estos niños obtienen en don un sello espiritual indeleble, el “carácter”, que marca interiormente para siempre su pertenencia al Señor y los hace miembros vivos de su cuerpo místico, que es la Iglesia. Al entrar a formar parte del Pueblo de Dios, para estos niños, empieza hoy un camino que deberá ser un camino de santidad y de conformarse a Jesús, una realidad que está puesta en ellos como la semilla de un árbol espléndido, que se debe hacer crecer. Por eso, comprendiendo la grandeza de este don, desde los primeros siglos se ha tenido la consideración de dar el Bautismo a los niños justo después de nacer. Ciertamente, será después necesaria una adhesión libre y consciente a esta vida de fe y de amor, y por eso es necesario que, después del Bautismo, sean educados en la fe, instruidos según la sabiduría de la Sagrada Escritura y las enseñanzas de la Iglesia, de manera que crezca en ellos esta semilla de la fe que hoy reciben y puedan llegar a la plena madurez cristiana. La Iglesia, que los acoge entre sus hijos, debe hacerse cargo, junto a los padres y a los padrinos, de acompañarlos en este camino de crecimiento. La colaboración entre comunidad cristiana y familia es más necesaria que nunca en el actual contexto social, en el que la institución familiar está amenazada por muchas partes y se encuentra que tiene que enfrentarse a no pocas dificultades en su misión de educar en la fe. La disminución de referencias culturales estables y la rápida transformación a la que está sometida continuamente la sociedad, hacen verdaderamente arduo el compromiso educativo. Por eso, es necesario que las parroquias se esfuercen cada vez más en apoyar a las familias, pequeñas Iglesias domésticas, en su tarea de transmisión de la fe.

Queridísimos padres, doy gracias con vosotros al Señor por el don del Bautismo de estos hijos vuestros; al elevar nuestra oración por ellos, invocamos el don abundante del Espíritu Santo, que hoy les consagra como imagen de Cristo sacerdote, rey y profeta. Confiándoles a la maternal intercesión de María Santísima, pidamos por su vida y salud, para que puedan crecer y madurar en la fe, y llevar, con su vida, frutos de santidad y de amor. ¡Amén! 

[Traducción del original italiano por Patricia Navas
©Libreria Editrice Vaticana]


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ZENIT  nos ofrece las palabras que dirigió Benedicto XVI el domingo, 9 de Enero de 2011, a mediodía al rezar la oración mariana del Ángelus desde la ventana de su estudio del Palacio Apostólico Vaticano junto a varios miles de peregrinos congregados en la plaza de San Pedro, tras bautizar a un grupo de bebés en la Capilla Sixtina.

¡Queridos hermanos y hermanas!

Hoy la Iglesia celebra el Bautismo del Señor, fiesta que concluye el tiempo litúrgico de la Navidad. Este misterio de la vida de Cristo muestra visiblemente que su venida a la carne es el acto sublime de amor de las Tres Personas divinas. Podemos decir que de este solemne acontecimiento la acción creadora, redentora y santificadora de la Santísima Trinidad será cada vez más manifiesta en la misión pública de Jesús, en su enseñanza, en los milagros, en su pasión, muerte y resurrección. Leemos, de hecho, en el Evangelio según san Mateo, que “bautizado Jesús, salió luego del agua; y he aquí que se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios descender como paloma y venir sobre él, mientras una voz del cielo decía: “'Éste es mi hijo amado, en quien tengo mis complacencias'» (3,16-17). El Espíritu Santo “mora” en el Hijo y da testimonio de la divinidad, mientras la voz del Padre, procedente de los cielos, expresa la comunión de amor. “La conclusión de la escena del bautismo nos dice que Jesús ha recibido esta “unción” auténtica, que Él es el Ungido [el Cristo] esperado” (Jesús de Nazaret, Milán 2007, 47-48), como confirmación de la profecía de Isaías: “He aquí mi Siervo, a quien sostengo yo; mi elegido, en quien se complace mi alma” (Is 42,1). Es verdaderamente el Mesías, el Hijo del Altísimo que, saliendo de las aguas del Jordán, establece la regeneración en el Espíritu y abre, a los que lo quieran, la posibilidad de convertirse en hijos de Dios. No es por casualidad, de hecho, que todo bautizado adquiera el carácter de hijo a partir del nombre cristiano, signo inconfundible de que el Espíritu Santo hace nacer “de nuevo” al hombre desde el seno de la Iglesia. El beato Antonio Rosmini afirma que “el bautizado sufre una secreta pero potentísima operación, por la cual es elevado al orden sobrenatural, es puesto en comunicación con Dios (Del principio supremo de la metódica…, Turín 1857, n. 331). Todo esto se ha realizado nuevamente esta mañana, durante la celebración eucarística en la Capilla Sixtina, donde he conferido el sacramento del Bautismo a 21 bebés.

Queridos amigos, el Bautismo es el inicio de la vida espiritual, que encuentra su plenitud por medio de la Iglesia. En la hora propicia del Sacramento, mientras la Comunidad eclesial reza y confía a Dios a un nuevo hijo, los padres y los padrinos se comprometen a acoger al recién bautizado sosteniéndolo en la formación y en la educación cristiana. ¡Y ésta es una gran responsabilidad, que deriva de un gran don! Por eso, deseo alentar a todos los fieles a redescubrir la belleza de estar bautizados y pertenecer a la gran familia de Dios, y a dar gozoso testimonio de su fe, para que ésta genere frutos de bien y de concordia.

Lo pedimos por intercesión de la Bienaventurada Virgen María, Auxilio de los cristianos, a quien confiamos a los padres que se están preparando para el Bautismo de sus hijos, así como a los catequistas. ¡Que toda la comunidad participe en la alegría del renacimiento del agua y del Espíritu Santo!

[Después de rezar el Ángelus, dijo:]

En el contexto de la oración mariana, deseo reservar un particular recuerdo a la población de Haití, un año después del terrible terremoto, al que por desgracia ha seguido también una grave epidemia de cólera. El cardenal Robert Sarah, presidente del Consejo Pontificio Cor Unum, va hoy a la Isla caribeña, para expresar mi constante cercanía y la de toda la Iglesia.

Saludo al grupo de Parlamentarios italianos, aquí presentes, y les agradezco su compromiso, compartido con otros compañeros, a favor de la libertad religiosa. Con ellos saludo también a los fieles coptos aquí presentes a los que renuevo mi cercanía.

[A continuación, saludó a los peregrinos en diversas lenguas. En español, dijo:]

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española. En este domingo, que sigue a la Fiesta de la Epifanía, celebramos el Bautismo del Señor, concluyendo así el tiempo litúrgico de la Navidad. El Padre manifiesta en el Jordán a Jesús como su Hijo amado, ungido por el Espíritu, revelando también así el misterio del nuevo bautismo por el que llegamos a ser en verdad hijos suyos. Que la intercesión de la Santísima Virgen María os ayude a ser imagen de aquel que hemos conocido semejante a nosotros en la carne y renueve en todos la vocación a la santidad a la que se está llamado por el bautismo. Feliz domingo. 

[Traducción del original italiano por Patricia Navas
©Libreria Editrice Vaticana]


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s?bado, 29 de enero de 2011

Artículo que ha escrito monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas, con el título "Libertad religiosa par todos".

VER

De cuando en cuando unos medios califican a católicos de nuestra diócesis como intolerantes, porque alguna comunidad indígena pone trabas a protestantes en la práctica de su fe y les impide hacer proselitismo; incluso les han expulsado y hasta les han dañado en sus propiedades. A pesar de que hemos insistido en el derecho que todos tenemos a practicar la religión de nuestra preferencia, en algunos lugares ni a mí me han hecho caso y lamentamos que hayan sucedido esas injusticias. Son decisiones que no pasan por la diócesis y las parroquias, sino que dependen de las asambleas ejidales, que ven la divergencia religiosa como un atropello a su unidad ancestral, unidad que es esencial en la cultura indígena. También los católicos sufrimos ofensas y descalificaciones por hermanos de otras confesiones, en sus emisoras no autorizadas y en sus visitas insistentes a los hogares católicos.

Por otra parte, cuando los obispos decimos que las leyes no respetan plenamente nuestro derecho a la libertad religiosa, responden que los artículos 24 y 130 de la Constitución ya reconocen ese derecho, y que lo que realmente ambicionamos es imponer nuestros dogmas y nuestra moral a todos los ciudadanos. Esto es falso. No quieren aceptar que esos artículos limitan la libertad religiosa al culto y la creencia, pero no garantizan libertad de expresión y participación. Pretenden reforzar el laicismo oficial, para impedirnos esas libertades.

JUZGAR

El Papa Benedicto XVI ha dedicado su Mensaje de la Jornada de la Paz, este 1 de enero de 2011, precisamente a "La libertad religiosa, camino para la paz". Entre otras cosas, afirma: "Se puede constatar con dolor que en algunas regiones del mundo la profesión y expresión de la propia religión comporta un riesgo para la vida y la libertad personal. En otras regiones, se dan formas más silenciosas y sofisticadas de prejuicio y de oposición hacia los creyentes y los símbolos religiosos. Los cristianos son actualmente el grupo religioso que sufre el mayor número de persecuciones a causa de su fe. Muchos sufren cada día ofensas y viven frecuentemente con miedo por su búsqueda de la verdad, su fe en Jesucristo y por su sincero llamamiento a que se reconozca la libertad religiosa. Todo esto no se puede aceptar, porque constituye una ofensa a Dios y a la dignidad humana; además es una amenaza a la seguridad y a la paz, e impide la realización de un auténtico desarrollo humano integral... Es inconcebible que los creyentes tengan que suprimir una parte de sí mismos -su fe- para ser ciudadanos activos. Nunca debería ser necesario renegar de Dios para poder gozar de los propios derechos".

Y describe lo que implica la libertad religiosa: "Toda persona ha de poder ejercer libremente el derecho a profesar y manifestar, individualmente o comunitariamente, la propia religión o fe, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, las publicaciones, el culto o la observancia de los ritos. No debería haber obstáculos si quisiera adherirse eventualmente a otra religión, o no profesar ninguna".

ACTUAR

Reitero mi insistente llamado a las comunidades donde persisten conflictos de intolerancia religiosa, en Chiapas y en otras latitudes, a respetar el justo derecho de todos a practicar su propia religión. Transcribo lo que dije el 21 de noviembre de 2001, en un evento de las Sociedades Bíblicas, al entregar la Biblia traducida al tsotsil de Chamula: "Hemos de aprender a respetarnos en nuestras legítimas diferencias y a no repetir agresiones y ofensas. No aprobamos ni promovemos expulsiones de quienes deciden profesar una religión diferente a la de la mayoría en una comunidad. Aunque sea un acuerdo tomado en asamblea comunitaria, es violatorio de derechos fundamentales de la persona humana. Toda expulsión o discriminación por motivos religiosos no es acorde con el Evangelio ni con nuestra ley civil, y por tanto la Iglesia Católica la rechaza y no la alienta. Los niños tienen derecho a ser aceptados en cualquier escuela, sean de la religión que fueren. Y para lograr este nuevo clima de libertad religiosa para todos, los líderes cristianos y las autoridades civiles debemos inculcar y exigir un gran respeto a la diversidad religiosa de las personas, de los grupos y de las comunidades".

Esperamos mayor madurez de nuestros legisladores, para que hagan avanzar el derecho de todos, creyentes y no creyentes, católicos y de otras confesiones, a la plena libertad religiosa.


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ZENIT nos ofrece la catequesis que el Papa dirigió, el miércoles 29 de diciembre de 2010, durante la Audiencia General celebrada en el Aula Pablo VI, a los peregrinos procedentes de todo el mundo.

Queridos hermanos y hermanas,

en una catequesis reciente hablé de Santa Catalina de Siena. Hoy querría presentaros a otra santa, menos conocida, que lleva el mismo nombre: santa Catalina de Bolonia, mujer de gran cultura, pero muy humilde; dedicada a la oración, pero siempre preparada para servir; generosa en el sacrificio, pero llena de alegría para acoger con Cristo, la cruz.

Nació en Bolonia el 8 de septiembre de 1413, primogénita de Benvenuta Mammolini y de Giovanni de'Vigri, noble culto y rico de Ferrara, doctor en leyes y lector público en Padua, donde ejercía de diplomático para Niccolò III d' Este, marqués de Ferrara. Los detalles de su infancia y juventud de Catalina son escasos y no del todo seguros. De niña vivió en Bolonia, en la casa de sus abuelos, allí fue educada por su familia, sobre todo por su madre, mujer de gran fe. Se trasladó con ella a Ferrara, cuando cumplió 10 años, entrando a esta edad en la corte de Niccolò III d'Este como damisela de honor de Margarita, hija natural de Niccolò. El marqués transformó Ferrara en una espléndida ciudad, llamando a artistas y literatos de varios países. Promovió la cultura, y aunque no tuvo una vida privada ejemplar, cuidó mucho el bien espiritual, la conducta moral y la educación de los súbditos.

En Ferrara, Catalina no se vio afectada por los aspectos negativos que a menudo llevaba consigo la vida de la corte; disfrutó de la amistad de Margarita y se convirtió en su confidente; enriqueció su cultura: estudió música, pintura, danza; aprendió poesías, a escribir composiciones literarias, a tocar la viola; se convirtió en una experta en el arte de la miniatura y de la copia; perfeccionó su estudio del latín. En su posterior vida monástica apreció mucho la formación cultural y artística que adquirió esos años. Aprendió con facilidad, pasión y tenacidad; mostró gran prudencia, singular modestia, gracia y bondad en su comportamiento. Una cosa, sin embargo, la distingue de un modo absolutamente claro: su espíritu constantemente fijo en las cosas del Cielo. En el año 1427, con sólo catorce años, y después de algunos sucesos en el ámbito de su familia, Catalina decide dejar la corte, para unirse a un grupo de mujeres jóvenes provenientes de familias nobles que hacían vida en común, consagrándose a Dios. La madre, con fe, consiente, aunque tenía otros proyectos para ella.

No conocemos el camino espiritual de Catalina, antes de esta elección. Hablando en tercera persona, ella afirmó que entró al servicio de Dios, “iluminada por la gracia divina […] con conciencia recta y gran fervor”, se dedica día y noche a la oración, empeñándose en conquistar todas las virtudes que veía en otros “ no por envidia, sino por complacer más a Dios, en quien había puesto todo su amor” (Las siete armas espirituales, VII, 8, Bolonia 1998, p. 12). Son notables sus progresos espirituales en esta nueva fase de su vida, pero grandes y terribles son también las pruebas, los sufrimientos internos, sobre todo las tentaciones del demonio. Atravesó un profunda crisis espiritual hasta los límites de la desesperación (cfr ibid., VII, p. 12-29). Vivió en la noche del alma, golpeada además, por las tentaciones de incredulidad hacia la Eucaristía. Después de tanto sufrir, el Señor la consoló: en una visión, le dio la clara conciencia de la presencia real eucarística, un conocimiento tan luminoso que Catalina non consiguió expresar en palabras (cfr ibid., VIII, 2, p. 42-46). En el mismo periodo, una prueba muy dolorosa cae sobre su comunidad: surgen tensiones entre aquellas que quieren seguir la espiritualidad agustiniana y quienes se sentían más orientadas hacia la espiritualidad franciscana.

Entre el 1429 y el 1430, la responsable del grupo, Lucia Mascheroni, decide fundar un convento de agustinas. Catalina, sin embargo, decide con otras, ligarse a la regla de santa Clara de Asís. Es un regalo de la Providencia, ya que la comunidad vive en la cercanía de la iglesia del Espíritu Santo anexa al convento de los frailes menores, que se han adherido al movimiento de la Observancia. Catalina y sus compañeras pudieron así participar regularmente en las celebraciones litúrgicas y recibir una adecuada asistencia espiritual. Tuvieron, también, la fortuna de poder escuchar la predicación de san Bernardino de Siena (cfr ibid., VII, 62, p. 26). Catalina contó que, en el 1429 - tercer año desde su conversión- fue a confesarse a uno de los frailes menores, después de una buena confesión y rezando intensamente al Señor para que le perdonase todos sus pecados y le librase del dolor que iba unido a ellos, Dios le reveló en una visión que le había perdonado todo. Fue una experiencia tan fuerte de la misericordia divina, que la marcó para siempre, dándole un nuevo impulso para responder con generosidad al inmenso amor de Dios (cfr ibid., IX, 2, p. 46-48).

En el 1431 tuvo una visión del juicio final. La terrorífica escena de los condenados la empujó a intensificar la oración y la penitencia por la salvación de los pecadores. El demonio continuó acosándola pero ella se confió de modo total al Señor y a la Virgen María (cfr. ibid., X, 3, p. 53-54). En sus escritos, Catalina nos dejó algunas características importantes de este misterioso combate, del cual sale victoriosa por la gracia de Dios. Lo hizo para instruir a sus hermanas y a aquellos que pretendían encaminarse en la vía de la perfección: quiso ponerse en guardia de las tentaciones del demonio, que se esconde a menudo bajo apariencias engañosas, para después insinuar dudas de fe, inseguridades en la vocación, sensualidad.

En el tratado autobiográfico y didáctico, Las siete armas espirituales, Catalina ofreció enseñanzas de gran sabiduría y de profundo discernimiento. Habló en tercera persona al relatar las gracias extraordinarias que el Señor le dio, y en primera persona al confesar los propios pecados. Su escrito destila la pureza de su fe en Dios, la profunda humildad, la simplicidad del corazón, el ardor misionero, la pasión por la salvación de las almas. Concreta siete armas en la lucha contra el mal, contra el diablo: 1. Cuidarse y preocuparse en hacer siempre el bien; 2. Creer que solos nunca podemos hacer nada verdaderamente bueno; 3,Confiar en Dios y, con su amor, no temer nunca la batalla contra el mal, sea en el mundo, sea en nosotros mismos; 4. Meditar a menudo los sucesos y palabras de la vida de Jesús, sobre todo su pasión y muerte; 5. Recordar que somos mortales; 6. Tener siempre presente el recuerdo de los bienes del paraíso; 7. Tener familiaridad con la Santa Escritura, llevándola siempre en el corazón para que oriente todos los pensamientos y todas las acciones. ¡Un bello programa de vida espiritual, también hoy, para cada uno de nosotros!

En el convento, a pesar de haberse acostumbrado a la corte de Ferrara, Catalina desempeñó tareas de lavandera, costurera, panadera y del cuidado de los animales. Cumplió todo, incluso los servicios más humildes, con amor y diligente obediencia, ofreciendo a sus hermanas un testimonio luminoso.

De hecho, vio en la desobediencia el orgullo espiritual que destruye cualquier otra virtud. Por obediencia, aceptó el encargo de enseñar a las novicias, aún cuando se vio incapaz de realizar el encargo, y Dios continuó animándola con su presencia y sus dones: fue, desde luego, una maestra sabia y apreciada.

Más tarde le fue encargado el servicio del locutorio. Le costó mucho interrumpir a menudo la oración para responder a las personas que se presentaban a la reja del monasterio, pero también en esta ocasión el Señor no dejó de visitarla y de estar cerca. Con ella el monasterio fue más que nunca un lugar de oración, de ofrenda, de silencio, de cansancio y de gozo. Cuando murió la abadesa, los superiores pensaron en seguida en ella, pero Catalina los animó a dirigirse a las clarisas de Mantua, más instruidas en la constitución y observancia religiosa. Pocos años después, en el 1456, se pidió a su monasterio la creación de una nueva sede en Bolonia. Catalina hubiera preferido terminar sus días en Ferrara, pero el Señor se le apareció y le exhortó a cumplir su voluntad como abadesa en Bolonia. Se preparó para este nuevo desempeño con ayunos, disciplina y penitencias. Fue a Bolonia con dieciocho hermanas. Como superiora fue la primera en la oración y en el servicio; vivió en profunda humildad y pobreza. Después de tres años como abadesa, fue feliz al ser sustituida, pero un año después hubo de retomar sus funciones, porque la nueva elegida se quedó ciega. Aunque el sufrimiento y las graves enfermedades la atormentaban, realizó su servicio con generosidad y dedicación.

Todavía durante un año, exhortó a sus hermanas a la vida evangélica, a la paciencia y a la constancia en las pruebas, al amor fraterno, a la unión con el Esposo Divino, Jesús, para preparar de esta manera la propia dote para las bodas eternas. Una dote que Catalina basó en el saber compartir los sufrimientos de Cristo, afrontando con serenidad disgustos, angustias, desprecios e incomprensiones (cfr Le sette armi spirituali, X, 20, p. 57-58). Al principio de 1463, las enfermedades se agravaron; reunió a las hermanas por ultima vez en el Capitulo, para anunciarles su muerte y recomendarles la observancia de la regla. Hacia el final de febrero comenzó a sufrir fuertes dolores que no la dejaron más, pero ella siguió confortando a las hermanas desde el dolor, asegurándoles su ayuda también desde el cielo. Después de haber recibido los últimos sacramentos, entregó a su confesor el escrito Las siete armas espirituales y entró en agonía; su rostro se volvió bello y luminoso; miró con amor a cuantas la rodeaban y expiró dulcemente, pronunciando tres veces el nombre de Jesús: era el 9 de marzo de 1463 (cfr I. Bembo,Espejo de iluminación. Vida de santa Catalina en Bolonia, Florencia 2001, cap. III). Catalina fue canonizada por el Papa Clemente XI el 22 de mayo de 1712. La capilla del monasterio del Corpus Domini, en la ciudad de Bolonia,, custodia su cuerpo incorrupto.

Queridos amigos, santa Catalina de Bolonia, con sus palabras y con su vida, es una invitación entusiasta a dejarnos guiar siempre por Dios, a cumplir su voluntad todos los días, aunque si a menudo no se corresponde con nuestros proyectos, a confiar en su providencia que nunca nos deja solos. Desde esta perspectiva, santa Catalina habla con nosotros; desde la distancia de tantos siglos, es todavía muy moderna y habla a nuestra vida. Como nosotros sufre la tentación, la tentación de la incredulidad, de la sensualidad, de un combate difícil, espiritual. Se sintió abandonada por Dios, se encontró en la oscuridad de la fe. Pero en todas estas situaciones se cogió siempre a la mano del Señor, no lo dejó, no lo abandonó. Y caminando de la mano del Señor, fue por el sendero correcto y en encontró el camino de la luz. Así, nos dice también: ánimo, que también en la noche oscura de la fe , con tantas dudas que pueda haber, no dejéis la mano del Señor, caminad con vuestra mano en su mano, creed en la bondad del Señor; ¡esto es caminar por el sendero correcto! Y quisiera subrayar otro aspecto, el de su gran humildad: fue una persona que no quiso ser alguien o algo, no quiso aparentar; no quiso gobernar. Quiso servir, hacer la voluntad de Dios, estar al servicio de los demás. Por esto en concreto, Catalina era una autoridad creíble, porque se podía ver que para ella la autoridad era exactamente servir a los demás. Pidamos a Dios, con la intercesión de nuestra santa, el don de realizar el proyecto que Él tiene para nosotros, con valentía y generosidad, para que sólo Él sea la roca sólida sobre la que edificar nuestra vida. Gracias.

[En español dijo]

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, en particular a los fieles de la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, de Valdivia, a los miembros de la Escolanía de Loyola, de Pamplona, y a los demás grupos procedentes de España, Méjico, Argentina y otros países latinoamericanos. Que, a ejemplo de Santa Catalina de Bolonia, os dejéis guiar siempre por Dios, confiando en su bondad, que nunca nos abandona. Deseo a todos un Año lleno de las bendiciones del Señor. Muchas gracias.

[Traducción del original italiano por Carmen Álvarez
©Copyright 2010 Libreria Editrice Vaticana]


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Comentario a las lecturas del domingo cuarto del Tiempo Ordinario - A, realizado por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DIA DEL SEÑOR" 

4º Domingo del T. Ordinario (A)       

Queridos amigos y amigas:

En el mundo en que vivimos da, con frecuencia, la impresión de que el Evangelio de este Domingo, el de las bienaventuranzas, aún no se ha proclamado en sectores muy grandes de la sociedad…

Porque el Evangelio de hoy nos enseña el verdadero camino que busca cada hombre y cada mujer en la vida, para encontrar “eso que se llama la felicidad…”  Pero cada vez son menos los que piensan que este por este camino, el de Jesucristo ,  se vaya a encontrar dicha alguna. Todo lo contrario. Ya se dice que “todo lo bueno o hace daño o está prohibido”. Los mandamientos, el mensaje del Evangelio -creen muchos- va en contra de todo lo que nos agrada. ¿Y la Iglesia?  Lo mismo. Todo lo que enseña –dicen- va en contra de las aspiraciones, los deseos, las ilusiones… del hombre actual… No merece la pena pertenecer a ella, concluyen. 

Y mira qué descripción más acertada de todo esto que venimos diciendo, es ésta: “Dios enemigo del hombre…”  El hombre, por tanto, tiene que defenderse y convertirse en “enemigo de Dios”.

Lo plantea así el Papa Juan Pablo II en la Encíclica sobre el Espíritu Santo, “Dominum et Vivificantem”, núm 38: “…El espíritu de las tinieblas es capaz de mostrar a Dios como enemigo de la propia criatura y, ante todo, como enemigo del hombre, como fuente de peligro y amenaza para el hombre”.   "…. El hombre es retado a convertirse en adversario de Dios".  Hay que conseguir –dicen- hacer desaparecer a Dios del horizonte de la Historia… Hay que  dar muerte a Dios. ¿No se habla, desde hace tiempo, de la “muerte de Dios”? 

El Evangelio de este Domingo, por el contrario, enseña, más todavía,  grita… al hombre de todos los tiempos, que el mensaje de Jesucristo es  el camino escondido que lleva a la verdadera dicha, a la verdadera felicidad, de un modo imperfecto en esta vida, y  perfecto, pleno, en la Eternidad. 

¡Y Jesucristo lo revela a sus amigos…!  

Veamos: 

         S. Mateo nos presenta a Jesucristo de un modo muy solemne: “…Al ver Jesús el gentío subió a la montaña, se sentó y se acercaron sus discípulos, y El se puso a hablar, enseñándoles”: Se trata, por tanto, de algo muy importante. Y, como un nuevo Moisés, comienza  a presentarnos, con las bienaventuranzas, el Mensaje Central del Reino, que el evangelista recoge en los capítulos 5, 6 y 7. Lo iremos escuchando a lo largo de los domingos que siguen, hasta comenzar la Cuaresma. 

Y empieza Jesús a decir: Dichosos los pobres, los sufridos, los que lloran, los que tienen hambre y sed de la justicia, los misericordiosos, los limpios de corazón, los que trabajan por la paz, los perseguidos por causa de la justicia. 

Pero en la sociedad actual estamos acostumbrados a otro lenguaje: Dichoso el que tiene dinero, el que puede gozar de todo, el que tiene salud, el que vive a tope…

Jesús, en el pequeño espacio del texto que comentamos, repite nueve veces la palabra “dichosos”.

Y eso quiere decir, en primer lugar, que Dios nos quiere  felices, alegres, dichosos. No. No es el “enemigo del hombre”. El es el que ha venido a revelarnos este camino misterioso, que conduce a la verdadera grandeza, a la verdadera felicidad del hombre, el camino acorde con su dignidad. 

Los que continúan diciendo que, por este camino, es imposible conseguir nada…, tienen que darse cuenta que todo esto  está ya comprobado… Durante muchos siglos… comenzando por el mismo Jesucristo que enseña, no sólo con su  palabra, sino también, con su estilo de vida…  Y después, la Virgen, los apóstoles, los santos, que son aquellos que han llevado mejor a la práctica este mensaje. Aún, en medio contratiempos y dificultades.

Se cuenta, por ejemplo, que S. Francisco Javier, allá en el Extremo Oriente, donde estaba de misionero, se dirigía al Señor, en alguna ocasión, diciéndole: “No más felicidad, Señor… No más felicidad… Que se me va romper el corazón…” 

Y además, si algo está comprobado, desde el principio del mundo hasta hoy, es que el que hombre jamás ha sido feliz, ha sido grande… en contra de Dios o al margen de Dios… “Los que se alejan de ti se pierden”, leemos en el Libro de los Salmos (73, 27).

Y a estas alturas, ya conocemos suficientemente a dónde conducen esos caminos fáciles que se presentan al hombre y a la mujer de hoy como rutas seguras de felicidad…

Hoy hay muchos cristianos, que siguiendo el mensaje que propone Jesús, son felices con poco…, mientras otros buscan, con desespero, por un lado y por otro, una gota de felicidad… 

Ahora no tenemos tiempo de ir desgranando cada una de las bienaventuranzas… Pero se nos dice que todas se pueden resumir en la primera: “Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos”.

El pobre de espíritu no es,  simplemente,  el que no tiene dinero u otros medios humanos, sino aquel que, tenga mucho o poco, no está apegado a nada ni está encandilado por nada…, sino que se siente radicalmente necesitado de Dios y de los demás… Y por eso  busca al Señor,  se abre a la Buena Noticia, se esfuerza  por  practicar  las demás bienaventuranzas,  porque éstas no son unas recetas para ser felices y cada uno elige la suya, sino que todas, constituyen un nuevo estilo de vida. 

En definitiva, si el mensaje de Jesucristo no nos hace felices, alegres, si no nos da, por lo menos, la paz del corazón, ¿De qué nos vale ser cristianos?


Publicado por verdenaranja @ 15:45  | Espiritualidad
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Comentario de Jesús Sanz Montes, arzobispo de Oviedo y administrador apostólico de Huesca y de Jaca al evangelio del domingo cuarto del Tiempo Ordinario - A, 30 de Enero de 2011.

Domingo 4º Tiempo Ordinario: Ser feliz        

 Es la gran pregunta y la verdadera cuestión del corazón humano: ser feliz. ¿Quién nos lo podría asegurar y darle cumplimento? Es lo que el Evangelio de este domingo nos propone. Como un nuevo Moisés, Jesús subirá a la montaña para proclamar allí su pro­grama de bendición. Por eso Jesús realiza una nueva creación, porque con su vida y su muerte, con su resurrección, ha posibilitado nuevamente y definitivamente el proyecto del Padre que el pecado humano había frustrado. El sermón de la montaña que escucharemos este domingo, no es sino la primera entrega de este volver a "decirse" de Dios en la boca de su Hijo, el bien-amado que hemos de escuchar. 

         Produce una sensación extraña ir escuchando estas ocho formas de felicidad que son las bienaventuranzas. Pero ¿puede hablarse hoy de felicidad... de una felicidad ver­dadera y duradera? ¿No hay demasiadas contraindicaciones, demasiados dramas y os­curidades que nos rebozan su desmentido? Jesús hablará de la felicidad de los pobres de espíritu (los humildes en sentido bíblico), de la felicidad de los afligidos, la de los mansos, la de los hambrientos y sedien­tos, de la felicidad de los misericordiosos, de la felicidad de los limpios de corazón, la de los pacíficos, la de los perseguidos por la justicia... Y por si fuera poco provocativo su mensaje, Jesús añadirá todavía una felicidad más desconcertante aún: la de los que su­frirán insultos, persecución y maledicencia por  causa de Él. 

         No es fácil tampoco hoy el sermón de las bienaventuranzas, no porque nuestro corazón no se reconozca en ellas, sino porque nos parecen tan imposibles, tan distantes estamos de ellas, que la Palabra de Jesús nos resulta como nombrar la soga en la casa del ahorcado: O ¿es que no duele su mensaje de humildad, de mansedumbre, de paz, de limpieza, de misericordia... cuando seguimos empeñados −cada cual a su nivel  correspondiente− en construir, en fomentar, en subvencionar un mundo que es arrogante, agresivo, violento, sucio, intolerante? Por esto son difíciles de escuchar las bienaventuranzas, porque nos ponen de nuevo ante la verdad para la que nacimos, ante lo más original de nuestro corazón y de nuestras entrañas humanas. 

            Las bienaventuranzas nos esperan, en lo pequeño, en lo cotidiano, en el prójimo más próximo, y nos vuelven a decir: la paz es posible, la alegría no es una quimera, la justicia no es un lujo a negociar. No os engañéis más, no os acostumbréis a lo malo y a lo deforme, porque nacisteis para la bondad y la belleza. Y S. Agustín dirá: «Nos hiciste, Señor, para ti e inquieto estará nuestro corazón hasta que descanse en ti».    


Publicado por verdenaranja @ 15:35  | Espiritualidad
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“Para que en los territorios de misión donde es más urgente la lucha contra las enfermedades, las comunidades cristianas sepan testimoniar la presencia de Cristo a quienes sufren” - Comentario de la Intención Misionera de febrero 2011

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – Durante su vida en la tierra, Jesús se mostró siempre cercano al sufrimiento de los hombres. La experiencia de la curación de los enfermos ocupó gran parte de su misión pública. A Él acudían enfermos, tullidos, ciegos y leprosos. Toda una cadena de dolor vivido tantas veces en la marginación social, y considerado fruto del pecado personal o paterno (cf. Jn 9, 2). S. Agustín gustaba de llamar a Jesús “el médico humilde”. Él pasó por el mundo haciendo el bien y curando las enfermedades.


Benedicto XVI afirmaba: "Aunque la enfermedad forma parte de la experiencia humana, no logramos habituarnos a ella, no sólo porque a veces resulta verdaderamente pesada y grave, sino fundamentalmente porque hemos sido creados para la vida, para la vida plena. Justamente nuestro "instinto interior" nos hace pensar en Dios como plenitud de vida, más aún, como Vida eterna y perfecta” (Ángelus, 8de febrero de 2009).


A veces el dolor y la impotencia provocada por la enfermedad pueden poner a prueba la fe. Los creyentes tenemos que ayudar a nuestros hermanos a encontrar el sentido del dolor en la cruz de Jesucristo y a seguir suplicando a Dios la gracia de “saber sufrir”. Tenemos que ser para ellos la cercanía de Dios en medio del dolor.
Ante la pregunta que suscita la enfermedad, Dios nos ha respondido en Jesucristo: "Dios —cuyo rostro él mismo nos ha revelado— es el Dios de la vida, que nos libra de todo mal. Los signos de este poder suyo de amor son las curaciones que realiza: así demuestra que el reino de Dios está cerca, devolviendo a hombres y mujeres la plena integridad de espíritu y cuerpo” (Benedicto XVI, ibid.).


Pero estas curaciones físicas no son un fin en sí mismas. Son signos que nos hablan de la necesidad de una curación más profunda. La más grave enfermedad que aqueja al hombre de todos los tiempos es la ausencia de Dios, fuente de la verdad y del amor. En Cristo, Dios se ha hecho Buen Samaritano para nosotros. Por la encarnación se ha hecho “nuestro prójimo”, nos ha recogido en sus hombros de Buen Pastor y nos ha llevado a la posada que es símbolo de la Iglesia. Allí nos ha curado las heridas con el óleo de los sacramentos, para devolvernos la salud.


Hablando de ese sentido pleno del ministerio de Cristo, el Papa afirma que "sólo la reconciliación con Dios puede darnos la verdadera curación, la verdadera vida, porque una vida sin amor y sin verdad no sería vida. El reino de Dios es precisamente la presencia de la verdad y del amor; y así es curación en la profundidad de nuestro ser. Por tanto, se comprende por qué su predicación y las curaciones que realiza siempre están unidas. En efecto, forman un único mensaje de esperanza y de salvación” (Benedicto XVI, ibid.).


El ministerio de Cristo se prolonga en la Iglesia. Ella sigue curando a los hombres con la gracia de los sacramentos, a la vez que, empeñada en mil actividades caritativas, mitiga el dolor de los que sufren, siendo para ellos la presencia del amor de Dios. Pidamos para que tantos cristianos –sacerdotes, religiosos y laicos- que prestan sus servicios a los enfermos en tantas partes del mundo, sigan siendo las manos y el Corazón de Cristo para sus hermanos en los países de misión. “Lo que hicisteis con uno de estos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis" (Mt 25, 40). (Agencia Fides 29/1/2011)


Publicado por verdenaranja @ 15:31  | Misiones
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viernes, 28 de enero de 2011

ZENIT publica la carta apostólica de Benedicto XVI en forma de "motu proprio" para la prevención y el contraste de las actividades ilegales en el ámbito financiero y monetario.

La Santa Sede siempre ha levantado su voz para instar a todas las personas de buena voluntad, y sobre todo a los líderes de las naciones, al compromiso de la edificación, también a través de una paz justa y duradera en todo el mundo, de la ciudad universal de Dios hacia la que avanza la historia de la comunidad de los pueblos y las naciones. [Benedicto XVI, Carta Encíclica "Caritas in veritate" (29 de junio de 2009), 7: AAS 101 / 2009), 645]. Por desgracia, en nuestro tiempo la paz, en una sociedad cada vez más global, se ve amenazada por diversas causas, entre las cuales las de un uso impropio del mercado y de la economía y aquella, terrible y destructiva, de la violencia perpetrada por el terrorismo, que causa muerte, sufrimientos, odio e inestabilidad social.

Muy oportunamente, la comunidad internacional se está dotando cada vez más de los principios y herramientas jurídicas que permiten prevenir y combatir los fenómenos del reciclaje de capital y la financiación del terrorismo.

La Santa Sede aprueba este compromiso y quiere hacer propias aquellas reglas para la utilización de los recursos materiales necesarios para la realización de su misión y de las tareas del Estado de la Ciudad del Vaticano.

En este marco, incluida la aplicación de la Convención monetaria entre el Estado de la Ciudad del Vaticano y la Unión Europea de 17 de diciembre de 2009, he aprobado para ese Estado la emanación de la Ley concerniente a la prevención y lucha contra el blanqueo de los ingresos procedentes de actividades delictivas y de la financiación del terrorismo, del 30 de diciembre de 2010, que se promulga hoy.

Con la presente Carta Apostólica en forma de Motu Proprio:

a) establezco que la mencionada ley del Estado de la Ciudad del Vaticano y sus modificaciones posteriores tengan validez para los Departamentos de la Curia Romana y de todos los organismos y entidades dependientes de la Santa Sede, donde lleven a cabo las actividades citadas en el art. 2 de dicha Ley;

b) instituyo la Autoridad de Información Financiera (AIF), indicada en el artículo 33 de la "Ley concerniente a la prevención y contraste del reciclaje del producto de actividades delictivas y de financiación del terrorismo" como institución ligada a la Santa Sede, en conformidad con los artículos 186 y 190-191 de la Constitución Apostólica "Pastor Bonus", confiriéndole la personalidad jurídica canónica pública y la personalidad civil vaticana y aprobando el Estatuto, unido al presente Motu Proprio.

c) establezco que la Autoridad de Información Financiera (AIF) ejerza sus funciones en relación con los dicasterios de la Curia Romana y de todos los organismos y entidades mencionadas en el inciso a);

d) delego, con limitación a las hipótesis delictivas mencionadas en la citada ley, a los órganos judiciales competentes del Estado de la Ciudad del Vaticano, el ejercicio de la jurisdicción penal en relación con los dicasterios de la Curia Romana y de todas las organizaciones y entidades mencionadas en el apartado a).
Dispongo que las disposiciones establecidas tengan valor pleno y estable a partir de la fecha de hoy, no obstante cualquier disposición en contrario, aunque merezca mención especial.

Establezco que la presente Carta Apostólica Motu Proprio sea publicada en el Acta Apostolicae Sedis.

Publicado en Roma, en el palacio apostólico, el 30 de diciembre de 2010, el sexto de mi Pontificado.


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ZENIT nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI pronunció el miércoles 5 de Enero de 2011 durante su visita al Policlínico Gemelli, en ocasión de la solemnidad de la Epifanía.

Señor cardenal, queridos sacerdotes, autoridades académicas, dirigentes, personal médico y paramédico, queridos niños, padres y amigos,

¿Por qué he venido hoy aquí, día en que celebramos la solemnidad de la Epifanía? Antes que nada para daros las gracias. Gracias a vosotros, niños, que me habéis acogido: quiero deciros que os quiero mucho y que me siento cerca de vosotros con mi oración y mi afecto, también para daros fuerzas al afrontar vuestra enfermedad. Querría agradeceros también a vosotros padres, familia, dirigentes y todo el personal del Policlínico, que con competencia y caridad cuidan a los que sufren; en particular querría agradecer al equipo de este departamento de pediatría y del centro de atención a los niños con espina bífida. Bendigo a las personas, el desempeño y el ambiente en el que se ejercita de un modo concreto el amor hacia los más pequeños y más necesitados.

Queridos niños y jóvenes, he querido reunirme con vosotros también para hacer un poco como los Magos, que celebramos en esta fiesta de la Epifanía: ellos llevaron regalos a Jesús – oro, incienso y mirra – para manifestarle adoración y afecto. Hoy os he traído también yo regalos, para que sintáis, por medio de este pequeño gesto, la cercanía y el afecto del Papa. Pero querría que todos, adultos y niños, en este tiempo de Navidad, recordásemos que el mayor regalo nos lo ha hecho Dios a cada uno de nosotros.

Miremos a la cueva de Belén, en el pesebre, ¿qué vemos?¿qué encontramos? Está María, está José, pero sobre todo hay un niño, pequeño y necesitado de atención, de cuidados, de amor: ese niño es Jesús, ese niño es Dios mismo que ha querido bajar a la tierra para mostranos cuánto nos quiere, es Dios mismo que se ha hecho pequeño como vosotros, para decirnos que está siempre a nuestro lado y para señalar a cada uno de nosotros que todo niño refleja su rostro.

Ahora, antes de concluir, no puedo dejar de saludar a todo el personal y a todos los pacientes de este gran hospital. Animo a todas las iniciativas de bien y de voluntariado, como también las instituciones que se comprometen en el servicio de la vida, en particular al Instituto Científico Internacional Pablo VI, dedicado a promover la procreación responsable. ¡Gracias a todos de nuevo! ¡El Papa os quiere mucho!

[Traducción del original italiano por Carmen Álvarez
©Copyright 2011 Libreria Editrice Vaticana]


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ZENIT  nos ofrece la homilía que Benedicto XVI pronunció el jueves, 6 de Enero de 2011, por la mañana tras la proclamación del Evangelio y el anuncio del día de la Pascua, durante la misa de la solemnidad de la Epifanía del Señor, celebrada en la Basílica vaticana.

Queridos hermanos y hermanas,

en la solemnidad de la Epifanía la Iglesia continúa contemplando y celebrando el misterio del nacimiento de Jesús salvador. En particular, el aniversario de hoy destaca el destino y el significado universal de este nacimiento. Haciéndose hombre en el seno de María, el Hijo de Dios vino no sólo para el pueblo de Israel, representado por los pastores de Belén, sino también para toda la humanidad, representada por los Magos. Y es precisamente sobre los Magos y sobre su camino en búsqueda del Mesías (cf. Mt 2,1-12) sobre lo que la Iglesia nos invita hoy a meditar y a rezar. En el Evangelio hemos escuchado que ellos, llegados a Jerusalén desde el Oriente, preguntan: “¿Dónde está el rey de los Judíos que acaba de nacer? Porque hemos visto su estrella al oriente y venimos a adorarle” (v. 2). ¿Qué tipo de personas eran, y que especie de estrella era aquella? Ellos eran probablemente sabios que escrutaban el cielo, pero no para buscar “leer” en los astros el futuro, eventualmente para recaudar un dinero; eran más bien hombres “en búsqueda” de algo más, en búsqueda de la verdadera luz, capaz de indicar el camino que recorrer en la vida. Eran personas seguras de que en la creación existe lo que podemos definir como la “firma” de Dios, una firma que el hombre puede y debe intentar descubrir y descifrar. Quizás el modo para conocer mejor a estos Magos y acoger su deseo de dejarse guiar por los signos de Dios es detenernos a considerar lo que ellos se encuentran, en su camino, en la gran ciudad de Jerusalén.

En primer lugar se encontraron al rey Herodes. Ciertamente él estaba interesado en el niño del que hablaban los Magos; sin embargo no con el objetivo de adorarlo, como quiere dar a entender mintiendo, sino para suprimirlo. Herodes es un hombre de poder, que sólo logra ver en el otro a un rival a combatir. En el fondo, si reflexionamos bien, también Dios le parece un rival, más bien, un rival especialmente peligroso, que querría privar a los hombres de su espacio vital, de su autonomía, de su poder; un rival que indica el camino que recorrer en la vida e impide, así, hacer todo lo que se quiere. Herodes escucha de sus expertos en las Sagradas Escrituras las palabras del profeta Miqueas (5,1), pero su único pensamiento es el trono. Entonces Dios mismo debe ser ofuscado y las personas deben reducirse a simples peones que mover en el gran tablero de ajedrez del poder. Herodes es un personaje que no nos resulta simpático y que instintivamente juzgamos negativamente por su brutalidad. Pero debemos preguntarnos: ¿quizás hay algo de Herodes también en nosotros? ¿Quizás también nosotros, a veces, vemos a Dios como una especie de rival? ¿Quizás también nosotros somos ciegos ante sus signos, sordos a sus palabras, porque pensamos que pone límites a nuestra vida y no nos permite disponer de la existencia a nuestro gusto? Queridos hermanos y hermanas, cuando vemos a Dios así acabamos por sentirnos insatisfechos y descontentos, porque no nos dejamos guiar por Aquel que es el fundamento de todas las cosas. Debemos eliminar de nuestra mente y de nuestro corazón la idea de la rivalidad, la idea de que dar espacio a Dios es un límite para nosotros mismos; debemos abrirnos a la certeza de que Dios es el amor omnipotente que no quita nada, no amenaza, sino que es el Único capaz de ofrecernos la posibilidad de vivir en plenitud, de experimentar la verdadera alegría.

Los Magos se encuentran después con los estudiosos, los teólogos, los expertos que lo saben todo sobre las Sagradas Escrituras, que conocen las posibles interpretaciones de ellas, que son capaces de citar de memoria cualquier pasaje y que por tanto son una preciosa ayuda para quien quiere recorrer el camino de Dios. Pero, afirma san Agustín, ellos quieren ser guías para los demás, indican el camino, pero no caminan, permanecen inmóviles. Para ellos las Escrituras se convierten en una especie de atlas que leer con curiosidad, un conjunto de palabras y de conceptos por examinar y sobre los que discutir doctamente. Pero nuevamente podemos preguntarnos: ¿no está también en nosotros la tentación de considerar las Sagradas Escrituras, este tesoro riquísimo y vital para la fe de la Iglesia, más como un objeto para el estudio y la discusión de los especialistas que como el Libro que nos indica el camino para llegar a la vida? Pienso que, como he indicado en la Exhortación apostólica Verbum Domini, debería nacer siempre de nuevo en nosotros la disposición profunda a ver la palabra de la Biblia, leída en la Tradición viva de la Iglesia (n. 18) como la verdad que nos dice lo que es el hombre y cómo puede realizarse plenamente, la verdad que es el camino por recorrer cotidianamente, junto a los demás, si queremos construir nuestra existencia sobre roca y no sobre arena.

Y llegamos así a la estrella. ¿Qué tipo de estrella era aquella que los Magos vieron y siguieron? A lo largo de los siglos esta pregunta ha sido objeto de discusiones entre los astrónomos, Kepler, por ejemplo, consideraba que se trataba de una “nova” o una “supernova”, es decir de una de esas estrellas que normalmente emiten una luz débil, pero que pueden tener de manera improvisada una violenta explosión interna que produce una luz excepcional. Sí, cosas interesantes, pero que no nos guían a lo que es esencial para entender esa estrella. Debemos volver al hecho de que esos hombres buscaban las huellas de Dios; buscaban leer su “firma” en la creación; sabían que “los cielos narran la gloria de Dios” (Sal 19,2); estaban seguros, de que Dios puede vislumbrarse en lo creado. Pero, como hombres sabios, sabían sin embargo que no es con un telescopio cualquiera, sino con los ojos profundos de la razón en búsqueda del sentido último de la realidad y con el deseo de Dios movido por la fe, como es posible encontrarlo, incluso se hace posible que Dios se acerque a nosotros. El universo no es el resultado de la casualidad, como algunos quieren hacernos creer. Contemplándolo, estamos invitados a leer en él algo profundo: la sabiduría del Creador, la inagotable fantasía de Dios, su infinito amor por nosotros. No debemos dejarnos limitar la mente por teorías que llegan siempre sólo hasta un cierto punto y que -si miramos bien- no están de hecho en contradicción con la fe, pero no logran explicar el sentido último de la realidad. En la belleza del mundo, en su misterio, en su grandeza y en su racionalidad no podemos dejar de leer la racionalidad eterna, y no podemos menos que dejarnos guiar por ella hasta el único Dios, creador del cielo y de la tierra. Si tenemos esta mirada, veremos a Aquel que ha creado el mundo y Aquel que nació en una cueva en Belén y continúa habitando en medio de nosotros en la Eucaristía, son el mismo Dios vivo, que nos interpela, nos ama, quiere conducirnos a la vida eterna.

Herodes, los expertos en las Escrituras, la estrella. Pero sigamos el camino de los Magos que llegan a Jerusalén. Sobre la gran ciudad la estrella desaparece, ya no se ve. ¿Qué significa? También en este caso debemos leer el signo en profundidad. Para aquellos hombres era lógico buscar al nuevo rey en el palacio real, donde se encontraban los sabios consejeros de la corte. Pero, probablemente con asombro, debieron constatar que aquel recién nacido no se encontraba en los lugares del poder y de la cultura, aunque en aquellos lugares se les ofrecían preciosas informaciones sobre él. Se dieron cuenta, en cambio, de que, a veces, el poder, incluso el del conocimiento, barra el camino al encuentro con el Niño. La estrella les guió entonces a Belén, una pequeña ciudad; les guió entre los pobres, entre los humildes, para encontrar al Rey del mundo. Los criterios de Dios son diferentes a los de los hombres; Dios no se manifiesta en el poder de este mundo, sino en la humildad de su amor, ese amor que pide a nuestra libertad ser acogido para transformarnos y hacernos capaces de llegar a Aquel que es el Amor. Pero también para nosotros las cosas no son tan diferentes como lo eran para los Magos. Si se nos preguntara nuestra opinión sobre cómo Dios debería haber salvado el mundo, quizás responderíamos que debería haber manifestado todo su poder para dar al mundo un sistema económico más justo, en el que cada uno pudiera tener todo lo que quisiera. En realidad, esto sería una especie de violencia sobre el hombre, porque lo privaría de elementos fundamentales que lo caracterizan. De hecho, no involucrarían ni nuestra libertad, ni nuestro amor. El poder de Dios se manifiesta de manera totalmente diferente: en Belén, donde encontramos la aparente impotencia de su amor. Y es allí donde nosotros debemos ir, y es allí donde reencontramos la estrella de Dios.

Así nos aparece bien claro también un último elemento importante del acontecimiento de los Magos: el lenguaje de lo creado nos permite recorrer un buen tramo de camino hacia Dios, pero no nos da la luz definitiva. Al final, para los Magos fue indispensable escuchar la voz de las Sagradas Escrituras: sólo ellas podían indicarles el camino. Es la Palabra de Dios la verdadera estrella, que, en la incertidumbre de los discursos humanos, nos ofrece el inmenso esplendor de la verdad divina. Queridos hermanos y hermanas, dejémonos guiar por la estrella, que es la Palabra de Dios, sigámosla en nuestra vida, caminando con la Iglesia, donde la Palabra ha plantado su tienda. Nuestro camino estará siempre iluminado por una luz que ningún otro signo puede darnos. Y podremos también nosotros convertirnos en estrellas para los demás, reflejo de esa luz que Cristo ha hecho resplandecer sobre nosotros. Amén.


[Traducción del original italiano por Patricia Navas
©Libreria Editrice Vaticana]


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Lima (Agencia Fides) – La Conferencia Episcopal Peruana ha publicado, al concluir su Asamblea plenaria, un documento que se propone como una reflexión para la comunidad, en vista de la consulta electoral para el Presidente de la republica que se celebrará el próximo 10 de abril.

AL SERVICIO DE LA DIGNIDAD HUMANA Y DEL BIEN COMÚN 

Ante las próximas Elecciones Generales 2011, los Obispos del Perú, atentos a la voz de Jesucristo el Buen Pastor, que dice: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10, 10), queremos ofrecer  a todos los actores del proceso democrático -católicos y ciudadanos en general- algunas reflexiones que ayuden a ejercer el deber electoral con verdad y responsabilidad. 

1. La dignidad de la persona es el centro de la preocupación social de la Iglesia.  Ella enseña que, para discernir lo que es más justo y adecuado en orden al bien común, debe tenerse en cuenta la primacía del ser humano, la promoción de sus derechos fundamentales y la inclusión de los más débiles en los proyectos de desarrollo. La Iglesia considera el ejercicio de la política como un servicio a la nación. Es fundamental que se analicen las propuestas de los candidatos para garantizar estos principios. 

2. El desarrollo social debe fundarse en el respeto y la promoción de los derechos humanos, el acceso a los servicios básicos de salud, nutrición, agua, educación, vivienda y seguridad ciudadana, especialmente de los más pobres. Las mejores condiciones económicas que el país experimenta  deben llegar cuanto antes a los que todavía se encuentran  en la pobreza o  la marginación. 

3. El ejercicio de la democracia debe respetar los principios éticos y morales vinculados a la promoción del bien común. Por ello, sin expresar preferencia por ninguna de las propuestas electorales,  tenemos el deber de orientar a los fieles en aquellos planteamientos que, por sus implicaciones religiosas y morales, contradicen las enseñanzas de la Iglesia (cfr. Compendio de la Doctrina Social de Ia Iglesia, n.424). 

4. Invitamos a estar alerta ante las propuestas que atentan contra la ley natural, el respeto a la dignidad humana,  la verdad y la práctica de la justicia. Ir contra estos principios es desconocer nuestra realidad natural. Intentar cambiarlos traerá graves consecuencias para la sociedad, y los perjudicados siempre serán los más débiles.  Por ello, el respeto y la defensa de la vida desde el primer instante de su concepción hasta su muerte natural es irrenunciable en todo planteamiento. No se pueden aceptar bajo ningún argumento el aborto, la eutanasia o la manipulación genética. 

5. El matrimonio es la  base de la familia y de la sociedad y tiene una importancia fundamental  para el auténtico desarrollo. Por su origen divino, posee unas características propias e irrenunciables. “Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios lo creó; varón y mujer los creó” (Gen 1,27). El matrimonio no es una unión cualquiera entre personas.  Es la unión estable e indisoluble de un hombre y una mujer que se complementan y se entregan recíprocamente en una relación abierta a la vida. “Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre” (Mt 19,6). También es reconocido así el matrimonio por las grandes culturas y por la Constitución Política del Perú. Ninguna otra realidad se le puede equiparar. Es responsabilidad de todas las instancias de la sociedad promover cuanto contribuya el bien del matrimonio y de la familia. 

6. El vicio de la corrupción continúa socavando el desarrollo social y político de nuestro pueblo. Ha faltado la voluntad tenaz y el compromiso ejemplar de nuestras autoridades, la vigilancia y la colaboración eficaz de todos los ciudadanos y sobre todo, nos está faltando una fuerte conciencia ética y moral (cfr. Iglesia en América, 23). El proceso electoral es una ocasión propicia para exigir la presentación de programas que enfrenten con valentía las diversas formas de corrupción, tanto en los poderes del Estado como en los ámbitos de la actividad pública y privada.

7. Es preciso lograr un saludable equilibrio entre progreso económico y respeto  a la naturaleza. Los planes de gobierno han de tener en cuenta la ecología y el uso racional de las riquezas de nuestro país, consultando oportunamente a los pueblos y a las comunidades en cuyo territorio se dan las concesiones de tierras y  las licencias de explotación de los recursos naturales. Hay que prevenir así futuros conflictos y enfrentamientos que tanto dolor nos han causado y combatir abusos como el narcotráfico y la depredación de costa, sierra y selva. 

8. Los candidatos deben tener en cuenta que la violencia social no se genera solamente porque exista pobreza, sino porque existe desigualdad. Un reto para las autoridades elegidas es lograr un mayor desarrollo, pero que se vea reflejado en la vida de todos los peruanos, principalmente de los más desfavorecidos. Por eso, las propuestas de gobierno deben expresar un compromiso real con los más necesitados y así mantener la esperanza de nuestros pueblos. 

9. Es tiempo de un diálogo fecundo y alturado que genere espacios de armonía. La transparencia del proceso electoral  exige que los electores sean escuchados por los candidatos y que entre estos haya un sereno intercambio de ideas. Así el elector podrá conocer no sólo los contenidos de los programas, sino también la preparación del candidato y la coherencia de su actitud. Por consideración al elector,  se han de promover debates que le permitan formarse una opinión sólida y así poder ejercer libre y responsablemente su derecho a votar. 

10. El ciudadano merece  respeto e información veraz.  Es indigno tratarlo como un objeto que se puede manipular o engañar. La dignidad del votante exige que resplandezca la verdad como elemento esencial para la paz, la convivencia, la democracia y la vida institucional . “La verdad los hará libres” (Jn 8,32) 

11. Los periodistas y los medios de comunicación social  han de participar con la máxima responsabilidad en el proceso. Los invitamos a ejercer la libertad de expresión buscando la verdad unida a la justicia y al bien común. Que su información sea objetiva, imparcial, abierta a todos los candidatos, a fin de que las propuestas sean conocidas de manera íntegra y veraz. Más allá de las lícitas actividades publicitarias de la campaña electoral y dejando de lado los cambiantes resultados de las  encuestas, se debe privilegiar la correcta información para garantizar una verdadera participación ciudadana. 

12. Los Obispos Latinoamericanos dijimos en Aparecida: “Urge crear estructuras que consoliden un orden social, económico y político en el que no haya inequidad y donde haya posibilidades para todos. Igualmente, se requieren nuevas estructuras que promuevan una auténtica convivencia humana, que impidan la prepotencia de algunos y faciliten el diálogo constructivo para los necesarios consensos sociales” (Documento de Aparecida, 384). En esta etapa decisiva para el futuro del país, pidamos a Dios que nos ilumine para elegir a los más capaces y con mayor vocación de servicio; que a las autoridades les conceda la sabiduría necesaria para velar por el bien común; y que todos, solidariamente unidos, estemos dispuestos a trabajar por el Perú. 

Lima, 26 de Enero, 2011             

Los Obispos del Perú


Publicado por verdenaranja @ 16:24  | Hablan los obispos
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Reflexión del sacerdote José Manuel Pérez Piñero sobre la madurez en fe que se pide a los novios que piden casarse por la Iglesia, queriendo responer al objetivo del PDP de la diódesis: ¡ADULTOS EN LA FE… UNA FE ADULTA! 

¿TIENE UD. VERDADERA FE?: HABLANDO DE NOVIOS

Cuando unos novios van a la parroquia a preparar su boda, tal vez, hace mucho tiempo que no tienen un contacto personal con su párroco, y adolecen de una formación cristiana seria. Con frecuencia hay que remitirse a la catequesis de infancia…

Hay una pregunta en el examen de los contrayentes que dice:   ¿Tiene –cada uno- formación suficiente para recibir el sacramento del matrimonio?

Suelo aprovechar este momento para hablarles de la necesidad de tener una fe adulta, segura y fuerte, adecuada también para la vida de matrimonio y la educación cristiana de los hijos…

Y les abro el abanico de posibilidades, de medios para conseguirla: desde la lectura de un libro apropiado hasta la integración en una catequesis de adultos.

De cara al sacramento que se acerca, hay que hacer lo que se pueda. Y siempre se puede hacer algo… Hay que garantizar, por lo menos,  una capacitación, acaso mínima, para recibir el Sacramento del Matrimonio… La pregunta del examen de contrayentes, a la que antes me refería, está muy bien planteada: formación suficiente para recibir el sacramento.

Lo demás queda, de momento, como un serio planteamiento de vida  de cara al futuro. Y sólo Dios conoce el futuro…

Siempre he pensado que la preparación de los novios para el sacramento del matrimonio, es, entre nosotros,  casi siempre, muy pobre…

¿Y cómo sé yo si tengo una fe adulta? Sigo diciendo a los novios.

Muy fácil. En la medida que tenga uno motivos, razones serias, convincentes, para creer o no. Es lo propio de un adulto y de una fe adulta: ¡Tener razones para creer!

 Hay mucha gente que se extraña al oírme decir estas cosas, por ejemplo, en la predicación…  “¿No dicen –me preguntan- que la fe es creer sin ver?”  

Si, es creer sin ver, pero no sin motivos, sin razones sólidas. Este es uno de los puntos programáticos del Pontificado del Papa Benedicto XVI: la relación entre fe y razón, el carácter racional de la fe. Lo encontramos a cada paso en su libro-entrevista “Luz del Mundo”.

Y el mismo S. Pedro nos enseña que hemos de estar dispues-tos siempre para dar explicación a todo el que nos pida una razón de nuestra esperanza. (1Pe 3, 15).

 Con todo, me parece que en nuestros ambientes pastorales es un tanto difícil, en general, que los cristianos adultos comprendan que tienen que ser también adultos en la fe.

Se ha hecho célebre la oración del Pablo VI para implorar el don de la fe… Dice entre otras cosas: “Dame una fe cierta, cierta por una exterior congruencia de pruebas y por un interior testimonio del Espíritu Santo…”

Esto es lo que sucede, por ejemplo, en una investigación policial: este motivo y el otro y el otro… llevan a la policía a concluir que aquel es el  delincuente. “La congruencia de pruebas”  lo demuestra.

Cuando San Juan va concluir su Evangelio, escribe: “Otros muchos signos que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos se han escrito para que creáis que Jesús el Mesías, el Hijo de Dios; y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre”. (Jn 21, 30 – 32)

“Para que creáis…” Y si no conocemos esos signos, ¿cómo vamos a creer ? 

Todo lo demás –una participación adecuada en la liturgia de la Iglesia, la recepción frecuente de los sacramentos, el compromiso y el testimonio de vida, el espíritu solidario y fraterno, el apostolado… son consecuencia de aquel planteamiento fundamental.

La fe  cristiana adulta y auténtica  se sitúa, por tanto, después de todo un proceso de estudio, oración, reflexión, acompañamiento espiritual…,  que culmina en una especie de conversión a una vida auténticamente cristiana, fruto de un encuentro personal con Jesucristo, el Señor.

Recuerdo mis tiempos de Seminario, ya un poco lejanos, en los que me hacía ilusión prepararme bien para ser capaz de llevar a nuestra gente, en un lenguaje sencillo, inteligible, los grandes misterios de nuestra fe.

Y continúo con los novios: ¿Y Vds. pueden ir a contraer matrimonio con la ropa con que hicieron la primera Comunión?

¿Qué no? ¿Por qué? ¿Acaso aquella ropa no era buena? ¿No estaban guapos y bien arreglados ese día?

Sí, la ropa era buena. Todavía, incluso, la conservan, pero vale solamente para cuando eran niños… Ahora habría que alargarla, acomodarla a su condición de adultos.

Lo mismo sucede con nuestra fe. La formación que recibimos cuando pequeños, era buena, era válida, y tendrá repercusiones en toda nuestra vida… Las razones que nos dieron, entonces, son validas también ahora, pero para un niño…

Del mismo modo, que hemos crecido, nos hemos desarrollado, y madurado en los distintos aspectos de la vida humana, así tiene que suceder con la fe y la práctica cristiana: hay crecer en la fe, hay que conseguir una fe adulta…

Si una persona se empeña en salir a la calle con una ropa  que usaba cuando era pequeña,  hace el ridículo. Pues el ridículo hace a cada paso, un cristiano que no haya ensanchado, hecha adulta su fe.

¿Y cuántos de nuestros cristianos pueden decir que ya tienen una fe adulta? Muchos, seguramente…¿Pero no es verdad que, en el camino de la fe, estamos siempre en camino?  ¿Hasta dónde? ¿Hasta cuándo?  Hasta que llegue la hora de nuestro encuentro definitivo con el Señor, en la Asamblea Festiva del Cielo.

         Este es un tema apasionante, que el Plan Pastoral de la Diócesis ha señalado como el pico de un gran iceberg: ¡Una  multitud de cristianos, bautizados cuando éramos recién nacidos, que no hemos pasado por ningún catecumenado y que todo ha dependido del compromiso de nuestros padres y padrinos y de alguna otra circunstancia providencial, como en mi caso, la formación sacerdotal!

         Buen momento este, la revisión del Programa Pastoral que concluye, para que volvamos a plantearnos, una vez más, esta cuestión fundamental y decisiva para todo cristiano y para la vida de la Iglesia:  “Adultos en la fe… Una fe adulta”.


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Reflexión de José Antonio Pagola para el evangelio del domingo cuarto del Tiempo Ordinario - A, ofrecido por la Delegación Diocesana de Enseñanza de la diócesis de Tenerife.

IGLESIA MÁS EVANGÉLICA 

         Al formular las bienaventuranzas, Mateo, a diferencia de Lucas, se preocupa de trazar los rasgos que han de caracterizar a los seguidores de Jesús. De ahí la importancia que tienen para nosotros en estos tiempos en que la Iglesia ha de ir encontrando su estilo cristiano de estar en medio de una sociedad secularizada.

         No es posible proponer la Buena Noticia de Jesús de cualquier forma. El Evangelio sólo se difunde desde actitudes evangélicas. Las bienaventuranzas nos indican el espíritu que ha de inspirar la actuación de la Iglesia mientras peregrina hacia el Padre. Las hemos de escuchar en actitud de conversión personal y comunitaria. Sólo así hemos de caminar hacia el futuro.

         Dichosa la Iglesia "pobre de espíritu" y de corazón sencillo, que actúa sin prepotencia ni arrogancia, sin riquezas ni esplendor, sostenida por la autoridad humilde de Jesús. De ella es el reino de Dios.

         Dichosa la Iglesia que "llora" con los que lloran y sufre al ser despojada de privilegios y poder, pues podrá compartir mejor la suerte de los perdedores y también el destino de Jesús. Un día será consolada por Dios.

         Dichosa la Iglesia que renuncia a imponerse por la fuerza, la coacción o el sometimiento, practicando siempre la mansedumbre de su Maestro y Señor. Heredará un día la tierra prometida.

         Dichosa la Iglesia que tiene "hambre y sed de justicia" dentro de sí misma y en el mundo entero, pues buscará su propia conversión y trabajará por una vida más justa y digna para todos, empezando por los últimos. Su anhelo será saciado por Dios.

         Dichosa la Iglesia compasiva que renuncia al rigorismo y prefiere la misericordia antes que los sacrificios, pues acogerá a los pecadores y no les ocultará la Buena Noticia de Jesús. Ella alcanzará de Dios misericordia.

         Dichosa la Iglesia de "corazón limpio" y conducta transparente, que no encubre sus pecados ni promueve el secretismo o la ambigüedad, pues caminará en la verdad de Jesús. Un día verá a Dios.

         Dichosa la Iglesia que "trabaja por la paz" y lucha contra las guerras, que aúna los corazones y siembra concordia, pues contagiará la paz de Jesús que el mundo no puede dar. Ella será hija de Dios.

         Dichosa la Iglesia que sufre hostilidad y persecución a causa de la justicia, sin rehuir el martirio, pues sabrá llorar con las víctimas y conocerá la cruz de Jesús. De ella es el reino de Dios.

         La sociedad actual necesita conocer comunidades cristianas marcadas por este espíritu de las bienaventuranzas. Sólo una Iglesia evangélica tiene autoridad y credibilidad para mostrar el rostro de Jesús a los hombres y mujeres de hoy.

José Antonio Pagola 

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
30 de enero de 2011
4 Tiempo ordinario (A)


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jueves, 27 de enero de 2011

ZENIT  nos ofrece la catequesis que el Papa Benedicto XVI pronunció el miércoles 5 de enero de 2011, durante la Audiencia General celebrada en el Aula Pablo VI, con peregrinos procedentes de todo el mundo.

Queridos hermanos y hermanas,

Estoy contento de acogeros en esta primera Audiencia General del nuevo año y de todo corazón os doy a vosotros y a vuestras familias mis mayores felicitaciones. Que el Señor del tiempo y de la historia guíe nuestros pasos por el camino del bien y conceda a cada uno abundancia de gracia y de prosperidad. Rodeados aún por la luz de la Santa Navidad, que nos invita al gozo por la venida del Salvador, estamos hoy en la vigilia de la Epifanía, en la que celebramos la manifestación del Señor a todas las gentes. La fiesta de la Navidad fascina hoy como siempre, más que otras grandes fiestas de la Iglesia; fascina porque todos de alguna forma intuyen que el nacimiento de Jesús tiene que ver con las aspiraciones y las esperanzas más profundas del hombre. El consumismo puede apartarnos de esta nostalgia interior, pero si en el corazón está el deseo de acoger a ese Niño que trae la novedad de Dios, que ha venido para darnos la vida en plenitud, las luces de los adornos navideños pueden convertirse incluso en un reflejo de la Luz que se ha encendido con la encarnación de Dios.

En las celebraciones litúrgicas de estos días santos hemos vivido de modo misterioso pero real la entrada del Hijo de Dios en el mundo y hemos sido iluminados una vez más por la luz de su fulgor. Cada celebración es presencia actual del misterio de Cristo y en ella se prolonga la historia de la salvación. A propósito de la Navidad, el papa san León Magno afirma: “Aunque la sucesión de las acciones corpóreas ya ha pasado, como fue ordenado previamente en el designio eterno..., con todo nosotros adoramos continuamente el mismo parto de la Virgen que produce nuestra salvación" (Sermón sobre la Natividad del Señor 29,2), y precisa: "porque ese día no ha pasado de forma tal que haya pasado también el poder de la obra que entonces fue revelada" (Sermón sobre la Epifanía 36,1). Celebrar los acontecimientos de la encarnación del Hijo de Dios no es un simple recuerdo de hechos del pasado, sino que es hacer presentes esos misterios portadores de salvación. En la Liturgia, en la celebración de los Sacramentos, esos misterios se hacen actuales y se convierten en eficaces para nosotros, hoy. De nuevo san León Magno afirma: "Todo lo que el Hijo de Dios hizo y enseñó para reconciliar al mundo, no lo conocemos sólo en el relato de acciones realizadas en el pasado, sino que estamos bajo el efecto del dinamismo de esas acciones presentes" (Sermón 52,1).

En la Constitución sobre la sagrada liturgia, el Concilio Vaticano II subraya que la obra de salvación realizada por Cristo continúa en la Iglesia mediante la celebración de los santos misterios, gracias a la acción del Espíritu Santo. Ya en el Antiguo Testamento, en el camino hacia la plenitud de la fe, tenemos testimonios de cómo la presencia y la acción de Dios fue mediada a través de signos, por ejemplo, el del fuego (cfr Ex 3,2ss; 19,18). Pero a partir de la Encarnación sucede algo sorprendente: el régimen de contacto salvífico con Dios se transforma radicalmente y la carne se convierte en el instrumento de la salvación: "Verbum caro factum est", "el Verbo se hizo carne", escribe el evangelista Juan y un autor cristiano del siglo III, Tertuliano, afirma: "Caro salutis est cardo", "la carne es el eje de la salvación" (De carnis resurrectione, 8,3: PL 2,806).

La Navidad es ya la primicia del "sacramentum-mysterium paschale", es decir, es el inicio del misterio central de la salvación que culmina en la pasión, muerte y resurrección, porque Jesús comienza el ofrecimiento de sí mismo por amor desde el primer instante de su existencia humana en el seno de la Virgen María. La noche de Navidad está por tanto profundamente ligada a la gran vigilia nocturna de la Pascua, cuando la redención se realiza en el sacrificio glorioso del Señor muerto y resucitado. El mismo belén, como imagen de la encarnación del Verbo, a la luz del relato evangélico, alude ya a la Pascua y es interesante ver cómo en algunos iconos de la Natividad en la tradición oriental, el Niño Jesús es representado envuelto en pañales y depositado en un pesebre que tiene la forma de un sepulcro; una alusión al momento en el que Él será bajado de la cruz, envuelto en una sábana y puesto en un sepulcro excavado en la roca (cfr Lc 2,7; 23,53). Encarnación y Pascua no están una junto a la otra, sino que son los dos puntos clave inseparables de la única fe en Jesucristo, el Hijo de Dios Encarnado y Redentor. La Cruz y la Resurrección presuponen la Encarnación. Sólo porque verdaderamente el Hijo, y en Él Dios mismo, “descendió” y “se hizo carne”, la muerte y la resurrección de Jesús son acontecimientos que nos resultan contemporáneos y nos afectan, nos arrancan de la muerte y nos abren a un futuro en el que esta "carne", la existencia terrena y transitoria, entrará en la eternidad de Dios. En esta perspectiva unitaria del Misterio de Cristo, la visita al belén orienta a la visita a la Eucaristía, donde encontramos presente de modo real al Cristo crucificado y resucitado, al Cristo viviente.

La celebración litúrgica de la Navidad, entonces, no es sólo recuerdo, sino que es sobre todo misterio; no es sólo memoria, sino también presencia. Para captar el sentido de estos dos aspectos inseparables, es necesario vivir intensamente todo el Tiempo navideño como la Iglesia lo presenta. Si lo consideramos en sentido amplio, se extiende durante cuarenta días, del 25 de diciembre al 2 de febrero, de la celebración de la Noche de Navidad, a la Maternidad de María, a la Epifanía, al Bautismo de Jesús, a las Bodas de Caná, a la Presentación en el Templo, precisamente en analogía con el Tiempo pascual, que forma una unidad de cincuenta días, hasta Pentecostés. La manifestación de Dios en la carne es el acontecimiento que ha revelado la Verdad en la historia. De hecho, la fecha del 25 de diciembre, vinculada a la idea de la manifestación solar – Dios que aparece como luz sin ocaso en el horizonte de la historia –, nos recuerda que no se trata sólo de una idea, la de que Dios es la plenitud de la luz, sino de una realidad para nosotros los hombres ya realizada y siempre actual: hoy, como entonces, Dios se revela en la carne, es decir, en el “cuerpo vivo" de la Iglesia que peregrina en el tiempo, y en los Sacramentos nos da hoy la salvación.

Los símbolos de las celebraciones navideñas, recordados por las Lecturas y por las oraciones, dan a la liturgia de este Tiempo un sentido profundo de "epifanía" de Dios en su Cristo-Verbo encarnado, es decir, de “manifestación” que posee también un significado escatológico, es decir, que orienta a los últimos tiempos. Ya en el Adviento las dos venidas, la histórica y la del final de la historia, estaban directamente vinculadas; pero es en particular en la Epifanía y en el Bautismo de Jesús donde la manifestación mesiánica se celebra en la perspectiva de las esperanzas escatológicas: la consagración mesiánica de Jesús, Verbo encarnado, mediante la efusión del Espíritu Santo de forma visible, lleva a cumplimiento el tiempo de las promesas e inaugura los últimos tiempos.

Es necesario rescatar este Tiempo navideño de un revestimiento demasiado moralista y sentimental. La celebración de la Navidad no nos propone sólo ejemplos a imitar, como la humildad y la pobreza del Señor, su benevolencia y amor hacia los hombres; sino que es más bien una invitación a dejarnos transformar totalmente por Aquel que ha entrado en nuestra carne. San León Magno exclama: "el Hijo de Dios … se ha unido a nosotros y nos ha unido a nosotros consigo de tal manera que el abajamiento de Dios hasta la condición humana se convirtiera en una elevación del hombre hasta las alturas de Dios" (Sermón sobre la Natividad del Señor 27,2). La manifestación de Dios tiene como fin nuestra participación en la vida divina, la realización en nosotros del misterio de su encarnación. Este misterio es la realización de la vocación del hombre. De nuevo san León Magno explica la importancia concreta y siempre actual para la vida cristiana del misterio de la Navidad: “las palabras del Evangelio y de los Profetas … inflaman nuestro espíritu y nos enseñan a comprender la Natividad del Señor, este misterio del Verbo hecho carne, no tanto como un recuerdo de un acontecimiento pasado, sino como un hecho que tiene lugar ante nuestros ojos... es como si se nos hubiese proclamado de nuevo en la solemnidad de hoy: 'Os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, que es el Cristo Señor'" (Sermón sobre la Natividad del Señor 29,1). Y añade: “Reconoce, cristiano, tu dignidad, y, hecho partícipe de la naturaleza divina, cuida de no recaer, con una conducta indigna, de tal grandeza, a la primitiva bajeza" (Sermón sobre la Natividad del Señor, 3).

Queridos amigos, vivamos este Tiempo navideño con intensidad: tras haber adorado al Hijo de Dios hecho hombre y depositado en el pesebre, somos llamados a pasar al altar del Sacrificio, donde Cristo, el Pan vivo bajado del cielo, se nos ofrece como verdadero alimento para la vida eterna. Y lo que hemos visto con nuestros ojos, en la mesa de la Palabra y del Pan de Vida, lo que hemos contemplado, lo que nuestras manos han tocado, es decir, al Verbo hecho carne, anunciémoslo con alegría al mundo y demos testimonio de él generosamente con toda nuestra vida. Renuevo de corazón a todos vosotros y a vuestros seres queridos sentidas felicitaciones por el Nuevo Año y os deseo una buena festividad de la Epifanía.

[En español dijo]

Saludo cordialmente a los fieles de lengua española aquí presentes. En particular, a los peregrinos de España, México, y de otros países latinoamericanos. Os exhorto a vivir con intensidad el misterio del nacimiento del Hijo de Dios, a anunciarlo con alegría al mundo, y dar testimonio de su amor con vuestra vida. Asimismo, os renuevo de corazón mis mejores deseos para este Año Nuevo, así como una feliz fiesta de la Epifanía. Muchas gracias.

[En italiano dijo]

Saludo finalmente a los jóvenes, los enfermos y los recién casados. Mañana, solemnidad de la Epifanía del Señor, recordaremos el camino de los Magos hacia Cristo, guiados por la luz de la estrella. Su ejemplo, queridos jóvenes, alimente en vosotros el deseo de encontrar a Jesús y de transmitir a todos la alegría de su Evangelio; os lleve, queridos enfermos, a ofrecer al Niño de Belén vuestros dolores y sufrimientos, hechos preciosos por la fe; que constituya para vosotros, queridos recién casados, un estímulo constante a hacer vuestras familias “pequeñas iglesias” que acojan los signos misteriosos de Dios y del don de la vida.

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:29  | Habla el Papa
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ZENIT nos ofrece las palabras que el Papa Benedicto XVI dirigió el  domingo 2 de enero de 2011, durante el rezo del Ángelus, a los fieles congregados en la Plaza de San Pedro y, en conexión televisiva directa, a las familias reunidas en la Plaza Colón de Madrid (España).

Queridos hermanos y hermanas

Renuevo a todos mis felicitaciones por el nuevo año y doy las gracias a cuantos me han enviado mensajes de cercanía espiritual. La liturgia de este domingo vuelve a proponer el Prólogo del Evangelio de san Juan, proclamado solemnemente en el día de Navidad. Este texto admirable expresa, en forma de un himno, el misterio de la Encarnación, predicado por los testigos oculares, los Apóstoles, en particular por Juan, cuya fiesta, no por casualidad, se celebra el 27 de diciembre. Afirma san Cromacio de Aquileia que “Juan era el más joven de todos los discípulos del Señor; el más joven por edad, pero ya anciano en la fe” (Sermo II,1 De Sancto Iohanne Evangelista, CCL 9a, 101). Cuando leemos “Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios” (Jn 1,1), el Evangelista – comparado tradicionalmente con un águila – se eleva por encima de la historia humana escrutando las profundidades de Dios; pero bien pronto, siguiendo a su Maestro, vuelve a la dimensión terrena diciendo: "Y la Palabra se hizo carne" (Jn 1,14). El Verbo es "una realidad viviente: un Dios que … se comunica haciéndose Él mismo Hombre” (J. Ratzinger, Teologia della liturgia, LEV 2010, 618). De hecho, atestigua Juan, “habitó entre nosotros, y nosotros hemos visto su gloria" (Jn 1,14). "Él se abajó hasta asumir la humildad de nuestra condición – comenta san León Magno – sin que por ello disminuyera su majestad" (Tractatus XXI, 2, CCL 138, 86-87). Leemos también en el Prologo: "De su plenitud, todos nosotros hemos participado y hemos recibido gracia sobre gracia" (Jn 1,16). "¿Cuál es la primera gracia que hemos recibido?" – se pregunta san Agustín, y responde – "Es la fe". La segunda gracia, añade en seguida, es "la vida eterna" (Tractatus in Ioh. III, 8.9, CCL 36, 24.25).

Ahora me dirijo en lengua española a las miles de familias reunidas en Madrid para una gran manifestación.

[En español]

Saludo con afecto a los numerosos Pastores y fieles reunidos en la Plaza de Colón, de Madrid, para celebrar con gozo el valor del matrimonio y la familia bajo el lema: "La familia cristiana, esperanza para Europa". Queridos hermanos, os invito a ser fuertes en el amor y a contemplar con humildad el Misterio de la Navidad, que continúa hablando al corazón y se convierte en escuela de vida familiar y fraterna. La mirada maternal de la Virgen María, la amorosa protección de San José y la dulce presencia del Niño Jesús son una imagen nítida de lo que ha de ser cada una de las familias cristianas, auténticos santuarios de fidelidad, respeto y comprensión, en los que también se transmite la fe, se fortalece la esperanza y se enardece la caridad. Aliento a todos a vivir con renovado entusiasmo la vocación cristiana en el seno del hogar, como genuinos servidores del amor que acoge, acompaña y defiende la vida. Haced de vuestras casas un verdadero semillero de virtudes y un espacio sereno y luminoso de confianza, en el que guiados por la gracia de Dios se pueda sabiamente discernir la llamada del Señor, que sigue invitando a su seguimiento. Con estos sentimientos, encomiendo fervientemente a la Sagrada Familia de Nazaret los propósitos y frutos de ese encuentro, para que sean cada vez más las familias en las que reine la alegría, la entrega mutua y la generosidad. Que Dios os bendiga siempre.

[En italiano]

A la Virgen María, que el Señor confió como Madre al "discípulo que Él amaba", pidamos la fuerza de comportarnos como hijos “engendrados por Dios” (cfr Jn 1,13), acogiéndonos unos a otros y manifestando así el amor fraterno.

[Después del Ángelus]

Ayer por la mañana supimos con dolor la noticia del grave atentado contra la comunidad cristiana copta llevado a cabo en Alejandría de Egipto. Este vil gesto de muerte, como el de poner bombas ahora también cerca de las casas de los cristianos en Iraq para obligarles a irse, ofende a Dios y a toda la humanidad, que precisamente ayer rezaba por la paz y que ha comenzado con esperanza un nuevo año. Ante esta estrategia de violencias que tiene como objetivo a los cristianos, y que tiene consecuencias sobre toda la población, rezo por las víctimas y sus familiares, y animo a las comunidades eclesiales a perseverar en la fe y en el testimonio de no violencia que nos viene del Evangelio. Pienso también en los numerosos agentes pastorales asesinados en 2010 en diversos lugares del mundo: a ellos va igualmente nuestro afectuoso recuerdo ante el Señor. ¡Permanezcamos unidos en Cristo, nuestra esperanza y nuestra paz!

[En español dijo]

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española presentes en esta oración mariana. La liturgia de este tiempo de Navidad nos conduce a contemplar con asombro a Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, el Enmanuel. Os invito en estos días santos a abrir vuestras almas a este misterio de infinito amor. Que a ello os ayude la Santísima Virgen María y san José, cuya protección invoco sobre todas las familias, particularmente sobre las que se encuentran en dificultad o están probadas por la incomprensión y la división. El Salvador, luz del mundo, conceda a todas la gracia para superar cualquier contrariedad, y de este modo puedan avanzar siempre por el camino del bien. Feliz domingo.

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:25  | Habla el Papa
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ZENIT  nos ofrece las palabras que Benedicto XVI pronunció el jueves, 6 de Enero de 2011, desde la ventana de su estudio del Palacio Apostólico al rezar el Ángelus con miles de fieles congregados en la plaza de San Pedro, después de la misa con motivo de la Epifanía del Señor celebrada en la Basílica vaticana.

¡Queridos hermanos y hermanas!

Celebramos hoy la Epifanía, la manifestación de Jesús a todas las naciones, representadas por los Magos, que llegaron a Belén desde Oriente para rendir homenaje al Rey de los Judíos, cuyo nacimiento habían conocido por la aparición de una nueva estrella en el cielo (cf. Mt 2,1-12). En efecto, antes de la llegada de los Magos, el conocimiento de este acontecimiento había llegado poco más allá del círculo familiar: además de a María y a José, y probablemente a otros familiares, se había dado a conocer a los pastores de Belén, los cuales, oído el gozoso anuncio, habían acudido a ver al niño mientras todavía yacía en el pesebre. La venida del Mesías, el esperado de las gentes anunciado por los Profetas, permanecía así inicialmente en lo oculto. Hasta que, precisamente, llegaron a Jerusalén esos misteriosos personajes, los Magos, a pedir noticias del “rey de los Judíos”, nacido recientemente. Obviamente, tratándose de un rey, fueron al palacio real, donde residía Herodes. Pero éste no sabía nada de ese nacimiento y, muy preocupado, convocó rápidamente a los sacerdotes y a los escribas, quienes, basándose en la célebre profecía de Miqueas (cf. 5,1), afirmaron que el Mesías debía nacer en Belén. Y, de hecho, volviendo a caminar en esa dirección, los Magos vieron de nuevo la estrella, que les guió hasta el lugar donde se encontraba Jesús. Una vez dentro, se postraron y lo adoraron, ofreciendo dones simbólicos: oro, incienso y mirra. He aquí la epifanía, la manifestación: la venida y la adoración de los Magos es el primer signo de la singular identidad del hijo de Dios, que es también hijo de la Virgen María. Desde entonces empezó a propagarse la pregunta que acompañará toda la vida de Cristo, y que de varias maneras atraviesa los siglos: ¿quién es este Jesús?

Queridos amigos, ésta es la pregunta que la Iglesia quiere suscitar en el corazón de todos los hombres: ¿quién es Jesús? Éste es el ansia espiritual que impulsa la misión de la Iglesia: dar a conocer a Jesús, su Evangelio, para que todo hombre pueda descubrir en su rostro humano el rostro de Dios, y ser iluminado por su misterio de amor. La Epifanía anuncia la apertura universal de la Iglesia, su llamada a evangelizar a todas las gentes. Pero la epifanía nos dice también cómo la Iglesia realiza esta misión: reflejando la luz de Cristo y anunciando su Palabra. Los cristianos están llamados a imitar el servicio que hizo la estrella para los Magos. Debemos resplandecer como hijos de la luz, para atraer a todos a la belleza del Reino de Dios. Y a cuantos buscan la verdad, les debemos ofrecer la Palabra de Dios, que conduce a reconocer en Jesús “al verdadero Dios y la vida eterna” (1 Gv 5,20).

Una vez más, sentimos en nosotros un profundo reconocimiento a María, la Madre de Jesús. Ella es la imagen perfecta de la Iglesia que da al mundo la luz de Cristo: es la Estrella de la evangelización. "Respice Stellam", nos dice san Bernardo: mira la Stella, tú que vas en busca de la verdad y de la paz; dirige la mirada a María, y Ella te mostrará a Jesús, luz para todo hombre y para todos los pueblos.

[Después del Ángelus, dijo:]

Dirijo de corazón mi saludo y mis felicitaciones más fervientes a los hermanos y a las hermanas de las Iglesias Orientales que mañana celebrarán la Santa Navidad. La bondad de Dios, manifestada en Jesucristo, Verbo encarnado, refuerce en todos la fe, la esperanza y la caridad, y conforte a las comunidades que se encuentran en pruebas. Recuerdo también que la Epifanía es la Jornada Misionera de los Niños, propuesta por la Obra Pontificia de la Santa Infancia. Muchos niños y chicos, organizados en las parroquias y en las escuelas, forman una red espiritual y de solidaridad para ayudar a sus coetáneos más en dificultad. Es muy bonito e importante que los niños crezcan con una mentalidad abierta al mundo, con sentimientos de amor y de fraternidad, superando el egocentrismo y el consumismo. Queridos niños y chicos, con vuestra oración y vuestro compromiso vosotros colaboráis en la misión de la Iglesia. ¡Os doy las gracias por ello y os bendigo!

[El Papa saludó después a los peregrinos en diversas lenguas. En español, dijo:]

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, y en particular a la Iglesia en Nicaragua que hoy conmemora el cincuenta aniversario de "Radio Católica". Les aliento a seguir difundiendo con fidelidad el mensaje del Evangelio. Celebramos hoy la Solemnidad de la Epifanía. En la imagen de los Magos de Oriente, la Iglesia contempla a todos los pueblos de la tierra que reconocen a Jesús como Señor de las naciones. Siguiendo el ejemplo de la Virgen María, que acogió con fe a su Hijo, abrid vuestros corazones a la Palabra divina, para que guiados por su luz, salgáis al encuentro de quienes están necesitados de amor y misericordia. ¡Feliz fiesta para todos! 

[Traducción del original italiano por Patricia Navas
©Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:23  | Habla el Papa
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Subsidio litúrgico para Jornada de la Vida Consagrada 2011, publicado en folleto de la CEE recibido en la parroquia junto cartel poara su ceelebración el 2 de Febrero.

Jóvenes consagrados, un reto para el mundo
FIRMES EN LA FE (Col 2,7)

MONICIÓN DE ENTRADA

Queridos hermanos todos. Convocados por el Señor celebramos hoy en la Iglesia la fiesta de la Presentación del Niño Jesús en el Templo. María y José, fieles a la tradición de su pueblo, entran en el Templo con su Hijo a los 40 días de su nacimiento. Del mismo modo, también nosotros, 40 días después de la Navidad, somos llevados y presentados por nuestra Madre la Iglesia ante el Dios vivo y verdadero, al tiempo que sentimos y Agradecemos la paternal custodia de nuestro obispo diocesano.

El lema de esta Jornada de la Vida Consagrada, Firmes en la fe (Col 2, 7), Jóvenes consagrados, un reto para el mundo, nos vincula a ese evento tan importante para la Iglesia que se celebrará en Madrid en agosto de este año: la Jornada Mundial de la Juventud. Los consagrados y consagradas, que hemos recibido en la comunidad cristiana la extraordinaria vocación de vivir entregados totalmente a Dios y al servicio del prójimo en la caridad, queremos comunicar nuestra alegría a todos los jóvenes, tanto a los que comparten nuestra fe como a los que vacilan, dudan o no creen, para que puedan vivir la experiencia del Señor Jesús resucitado y vivo, y de su amor
por cada uno de nosotros.

Nos disponemos ahora a escuchar la Palabra de Dios y celebrar el sacramento de la Eucaristía, donde somos transformados en ofrenda permanente, consagrados al Padre, siguiendo al Hijo y habitados por el Espíritu.

Hoy, todos nosotros renovamos la elección de Dios presididos por nuestro obispo, y salimos al encuentro del Señor con la luz de la Fe, la fuerza de la Esperanza y el fuego del Amor que el Padre ha encendido en nuestros corazones.

RENOVACIÓN DE LA CONSAGRACIÓN

[Acabada la homilía, los miembros de los institutos de vida consagrada
renuevan su consagración en el seguimiento de Cristo y en la misión de la
glesia.]  

El celebrante:

Hermanos y hermanas:

En esta fiesta de la Presentación de Jesús en el templo, os invito a todos a agradecer conmigo al Señor el don de la vida consagrada, que el Espíritu ha suscitado en la Iglesia. Vosotros, aquí presentes, consagrados al servicio de Dios, en una gran variedad de vocaciones eclesiales, renováis vuestro compromiso de seguir a Cristo obediente, pobre y casto, para que, por medio de vuestro testimonio evangélico, la presencia de Cristo Señor, luz de los pueblos, resplandezca en la Iglesia e ilumine al mundo.

(Todos oran en silencio durante algún tiempo)

El celebrante:

Bendito seas, Señor, Padre Santo, porque en tu infinita bondad, con la voz del Espíritu, siempre has llamado a hombres y mujeres que, ya consagrados en el Bautismo, fuesen en la Iglesia signo del seguimiento radical de Cristo, testimonio vivo del Evangelio, anuncio de los valores del Reino, profecía de la Ciudad última y nueva.

Cantor: Gloria a Ti, por los siglos.
Asamblea: Gloria a Ti, por los siglos.

 Lector 1°:

Te glorificamos, Padre, y te bendecimos, porque en Jesucristo, tu Hijo, nos has dado la imagen perfecta del servidor obediente: Él hizo de tu voluntad su alimento, del servicio la norma de vida, del amor la ley suprema del Reino.

Lector 2°:

Gracias, Padre, por el don de Cristo, hijo de tu Sierva, servidor obediente hasta la muerte. Con gozo confirmamos hoy nuestro compromiso de obediencia al Evangelio, a la voz de la Iglesia, a nuestra Regla de vida.

Asamblea: Gloria a Ti, por los siglos.

Lector 1°:

Te glorificamos, Padre, y te bendecimos, porque en Jesucristo, nuestro hermano, nos has dado el ejemplo más grande de la entrega de sí: Él, que era rico, por nosotros se hizo pobre, proclamó bienaventurados a los que tienen espíritu de pobre y abrió a los pequeños los tesoros del Reino.

Lector 2°:

Gracias, Padre, por el don de Cristo, hijo del hombre, paciente, humilde, pobre, que no tiene dónde descansar la cabeza. Felices, confirmamos hoy nuestro empeño de vivir con sobriedad y austeridad, de vencer el ansia de la posesión con el gozo de la entrega, de utilizar los bienes del mundo por la causa del Evangelio y la promoción del hombre.

Asamblea: Gloria a Ti, por los siglos.

Lector 1°:

Te glorificamos, Padre, y te bendecimos, porque en Jesucristo, hijo de la Virgen Madre, nos diste un modelo supremo de amor consagrado: Él, Cordero inocente, vivió amándote y amando a los hermanos, murió perdonando y abriendo las puertas del Reino.

Lector 2°:

Gracias, Padre, por el don de Cristo, esposo virgen de la Iglesia virgen. Felices confirmamos hoy nuestro compromiso de tener nuestro cuerpo casto y nuestro corazón puro, de vivir con amor indiviso para tu gloria y la salvación del hombre.

Asamblea: Gloria a Ti, por los siglos.

El celebrante:

Mira bondadoso, Señor, a estos hijos tuyos y a estas hijas tuyas: firmes en la fe y alegres en la esperanza, sean, por tu gracia, un reflejo de tu luz,
instrumentos del Espíritu de paz, prolongación entre los hombres de la presencia de Cristo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Asamblea: (Cantando)
Amén, amén, amén.

PRECES

(A las preces completas de la Solemnidad, se propone añadir estas
cuatro específicas)

·Por todos los jóvenes, para que respondan generosamente a la llamada de Cristo acogiendo en su corazón la radicalidad del mensaje evangélico. Roguemos al Señor.

·Por los religiosos, los miembros de institutos seculares y de nuevas formas de vida consagrada, por el orden de las vírgenes, para que del encuentro con Cristo reciban los frutos de santidad que muestren al mundo el Amor de Dios. Roguemos al Señor.

·Por todas las familias, elegidas por Dios para transmitir la fe a la próxima generación, para que impulsadas por la fuerza del Espíritu y el amor de Jesús, puedan ejercer su misión de engendrar vocaciones para el Cielo. Roguemos al Señor.

·Por quienes estamos participando en esta celebración de acción de gracias por la vida consagrada, para que todos seamos uno en el amor, y el mundo crea en Jesucristo, único Salvador de todos los hombres. Roguemos al Señor.


Publicado por verdenaranja @ 16:27  | Liturgia
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Presentación del Pesidente de la CEE para la Vida Consagrada de la Jornada 2011 que se presenta con el lema "Jóvenes consagrados, un reto para el mundo" - FIRMES EN LA FE (Col  2, 7), publicado en folleto de la CEE que se ha recibido en la parroquia para su celebración el 2 de Febrero.

JÓVENES CONSAGRADOS, UN RETO PARA EL MUNDO

Lo han dicho todos los autores que han tratado de las edades del hombre, que la juventud no es un factor cronológico sin más, sino una actitud ante la vida, una cualidad de la mente y del corazón.
También esto se refiere a la juventud dentro de la vida consagrada. Puede darse que haya viejos prematuros o que haya jóvenes perennes, y esto lo da no tanto la edad sino el modo de vivir las cosas.

En esta Jornada Mundial de la Vida Consagrada, nos acercamos al leit motiv del encuentro que tendrá lugar el próximo mes de agosto entre el Papa Benedicto XVI y los jóvenes del mundo, que se darán cita en Madrid. También los consagrados tiene una juventud que vivir sin que les caduque la esperanza lozana y la pasión ilusionada. No se trata de una sugestión, ni de una estrategia o demagogia sino de algo que nos permite creer el célebre dicho: no años a la vida sino vida a los años.

«Firmes en la fe» significa, para un cristiano, y máxime para un consagrado, estar arraigados en esa tierra que acoge las raíces y las permite
nutrir a fin de que el árbol plantado junto a la buena acequia pueda seguir dando frutos en sazón. Es la fe lo que permite tener una firmeza que no es la intransigencia de los confusos ni la pretensión de los demagogos. La fe que nos pone delante de un Tú ante el cual cada instante de nuestra vida se decide. Es el Tú nada menos que del mismo Dios.

No es una figura fantasmal sino Alguien completamente real. Alguien que es quien más se corresponde con las verdaderas exigencias de mi corazón. Es el encuentro con un Dios vivo que cotidianamente me llama por mi nombre, que lo tatuó en la palma de su mano, y que a diario se asoma al ventanal de su misericordia para ver si regresamos de nuestros devaneos pródigos. Precisamente en el Mensaje para la Jornada Mundial de la Juventud 2011 hay un párrafo inicial en el primer punto en el que se aborda esta cuestión de lo concreto del Señor en nuestras vidas: «el hombre en verdad está creado para lo que es grande, para el infinito. Cualquier otra cosa es insuficiente. San Agustín tenía razón: nuestro corazón está inquieto, hasta que no descansa en Ti. El deseo de la vida más grande es un signo de que Él nos ha creado, de que llevamos su "huella". Dios es vida, y cada criatura tiende a la vida; en un modo único y especial, la persona humana, hecha a imagen de Dios, aspira al amor, a la alegría y a la paz. Entonces comprendemos que es un contrasentido pretender eliminar a Dios para que el hombre viva. Dios es la fuente de la vida; eliminarlo equivale a separarse de esta fuente e, inevitablemente, privarse de la plenitud y la alegría. La cultura actual, en algunas partes del mundo, sobre todo en Occidente, tiende a excluir a Dios, o a considerar la fe como un hecho privado, sin ninguna relevancia en la vida social. .. se constata una especie de "eclipse de Dios", una cierta amnesia; más aún, un verdadero rechazo del cristianismo y una negación del tesoro de la fe recibida, con el riesgo de perder aquello que más profundamente nos caracteriza».

Ante este reto, emerge la esperanza de la que son destinatarios y agentes a la vez los jóvenes consagrados: ser un desafío para este mundo de nuestra generación que sigue buscando a Dios mientras a veces se aleja de Él. La consagración en sí es un reto en medio de un mundo secularizado y anticristiano. Es entonces cuando el testimonio de los jóvenes consagrados acerca apasionadamente al Señor, hablando de una firmeza que arraiga en las auténticas raíces, y que se aprestan para narrar, desde un carisma suscitado por el Espíritu Santo en su Iglesia, lo que los demás jóvenes y el mundo entero necesitan ver: que los cristianos somos la prolongación en la historia del acontecimiento salvador de Dios. Firmes en la fe, ser reto para el mundo.

+ Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo
Presidente de la C.E. para la Vida Consagrada


Publicado por verdenaranja @ 16:07  | Pastoral Vocacional
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DEPARTAMENTO DE COMUNICACIÓN
38201. La Laguna. Tenerife.
Tfno. 922-25 86 40 / Extensión 8
e-mail: comunicacionobispadodetenerife@gmail.com

Boletín 420 

LAS NOTICIAS AMPLIADAS PUEDEN VERLAS ENTRANDO EN NUESTRO BLOG. Textos, sonidos, e imágenes los tienen en:
http://www.comunicacionobispadodetenerife.blogspot.com/ 

El sábado día 29, de 9.30 a 13 horas, el Obispo se reunirá con los arciprestes y vicearciprestes, en el seminario diocesano, a fin de presentar el proyecto de evaluación pastoral y conocer las sugerencias que quieran hacer para este proceso que iniciamos con el comienzo de Año.  

Una emotiva Misa Exequial presidida por el Obispo en el colegio santacrucero de los escolapios, sirvió para encomendar al Padre, al presbítero Felicísimo del Mazo Hinojal, de 85 años. El mismo se encontraba en el colegio y comunidad Escuelas Pías Quisisana, de la capital tinerfeña. Felicísimo era natural de Burgos y llegó a Tenerife, por primera vez, en los años 50. Posteriormente, permaneció casi 30 años en Colombia y Ecuador. En 1996 regresó a Tenerife en donde residió hasta su fallecimiento. 

También ha fallecido Sor Josefina, natural de Garachico (La Caleta), a los 91 años de edad. Los últimos quince los pasó –debido a una enfermedad- en el Asilo de Ancianos de las Hermanitas de los Desamparados de La Laguna. A finales de la década de los 80 estuvo muchos años en El Hierro junto a otras dos hermanas mientras se construía el Monasterio Ntra. Sra. de los Reyes de las Dominicas, en Frontera. La Misa Exequial tuvo lugar en la Iglesia del Monasterio de Santa Catalina de Siena, en La Laguna.

Ya se han adjudicado las obras de la Catedral de La Laguna correspondientes a la segunda fase y centradas en la reposición de las bóvedas y cúpula central. En este sentido, la empresa elegida para tal fin ha sido “Víctor Rodríguez e Hijos”. Julián de Armas agradeció el esfuerzo y dedicación del resto de empresas que optaban a construir la nueva cubierta de la iglesia lagunera y añadió que la empresa “Víctor Rodríguez e Hijos” tendrá un plazo hasta el 1 de marzo para comenzar las obras. 

El próximo 2 de febrero Radio Ecca comienza a emitir el curso EL SEÑOR DEL CRISTIANISMO, que cuenta con la aprobación de la diócesis de San Cristóbal de La Laguna y con el asesoramiento técnico de un equipo de profesores de la Facultad de Teología de Granada. Puede ser una formación oportuna para el profesorado, para catequistas, para muchas personas que sencillamente quieran acercarse a la figura de Jesús. Para matricularse: Cualquier punto de orientación de Radio ECCA. El teléfono 902 312 212.

La Comisión Diocesana de Justicia y Paz ha emitido un comunicado en defensa del modelo de las Cajas de Ahorro y su función social. En el mismo realizan una serie de consideraciones sobre el origen y el servicio de estas instituciones financieras, ya que - señalan- "las Cajas de Ahorros de nuestro país viven un momento de cambios profundos, tanto en su configuración como a su régimen jurídico, los cuales afectan sensiblemente su identidad, su función social y, incluso, ponen en cuestión la continuidad de este modelo de entidad financiera". 

Las Hijas de la Caridad del Comedor Social de La Noria de la capital tinerfeña han agradecido a "todos los tinerfeños" que hayan repetido el milagro de los panes y los peces y las despensas del comedor se hayan llenado de alimentos durante la Navidad gracias a la colaboración anónima de miles de personas. 

El Obispo Bernardo Álvarez ha estado visitando las diferentes realidades de intervención social que Cáritas Diocesana realiza con la población más desfavorecida. Ésta se inició en la sede de la Entidad ante el equipo directivo, trabajadores y voluntarios. El prelado agradeció el trabajo que se estaba haciendo con los más empobrecidos de la sociedad al mismo tiempo que alentó a seguir con el ánimo alto en estos tiempos tan difíciles que nos ha tocado vivir. 

Seguimos con Cáritas, porque su director, Leonardo Ruiz, y los responsables de la Fundación MAPFRE Guanarteme José Francisco Martín y Juan Enrique Brito, han firmado un protocolo de colaboración entre ambas entidades para el apoyo económico de dos proyectos que desarrolla Cáritas Diocesana por un importe de 55.000 euros.  

El arciprestazgo de Granadilla, junto con el Seminario Diocesano organizan dos jornadas de pastoral vocacional dirigidas para jóvenes y monaguillos. Será en la parroquia de S. Miguel, los días 28 y 29 de enero. 

El Obispo ha convocado órdenes de presbíteros para el día 12 de febrero. En el blog comunicacionobispadodetenerife.blogspot.com se pueden escuchar los testimonios de los tres jóvenes que aspiran al sacerdocio: Honorio Campos, Juan Francisco Lugo y Carmelo Gómez. 

Asimismo, en el mencionado blog se encuentra publicado el programa de actos correspondiente a la Fiesta Litúrgica de Nuestra Señora de Candelaria. El miércoles, 2 de febrero, el obispo, Bernardo Álvarez presidirá la Eucaristía en la Basílica Mariana a las 12:00 horas. Dicha celebración viene marcada este año por la proclamación oficial y solemne, al Santuario de Nuestra Señora de Candelaria del título de “Basílica Menor”, otorgado por la Santa Sede.  

Este año se celebrará, por primera vez, una Marcha Misionera en la isla de El Hierro. Una jornada que tendrá lugar el próximo sábado, 29 de enero. Asimismo, durante esta semana, se están desarrollando, en dicha isla, unas jornadas de animación misionera en colegios, institutos y parroquias, con la participación del Padre Claretiano José Carvajal, vicario parroquial de Ntra. Sra. del Pilar de Santa Cruz de Tenerife. Carvajal cuenta con una amplia experiencia misionera en Argentina. 

Los días 4, 5 y 6 de febrero, en San Pedro Daute, en Garachico, Ángel Moreno, capellán del monasterio cisterciense de Buenafuente del Sistal, impartirá un curso sobre la Liturgia de las Horas. Los organizadores del curso han previsto un servicio de hospedería para quienes deseen pernoctar en Garachico. Por otro lado, cabe señalar que Ángel Moreno también estará presente en el Encuentro Diocesano de la Vida Consagrada que este año se celebrará también en Garachico, en la mañana del día 5 de febrero. Para inscribirse en el curso o solicitar más información, los interesados pueden llamar al teléfono de la parroquia de Santa Ana: 922 830 244. 

“La Libertad Religiosa, camino de la Paz” es el lema elegido para la peregrinación diocesana de oración por la paz del próximo 19 de febrero de 2011. Se saldrá, como en años anteriores, desde la Iglesia de Sto. Domingo de Guzmán en La Laguna en torno a las 6.00 horas tras una pequeña celebración de la Palabra. En Caletillas será la reunión con el resto de participantes para continuar la marcha hacia la Basílica, en la cual celebraremos la Eucaristía presidida por el Obispo. 

Manos Unidas continúa trabajando con los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). En 2011, esta Organización No Gubernamental para el Desarrollo se centrará en el cuarto objetivo: "Reducir la Mortalidad Infantil". En nuestra diócesis, el viernes 11 de febrero, Día del Ayuno Voluntario, Manos Unidas ha invitado a quienes lo deseen a acudir a la Eucaristía presidida por el Obispo, que se celebrará en la parroquia de Nuestra Señora de la Peña de Francia, en el Puerto de la Cruz, a las 19:00 horas. 

"Koinonía. Espiritualidad del Evangelizador" es un curso destinado a todos los evangelizadores que son conscientes de la necesidad de cuidar la vida interior para poder llevar más eficazmente el mensaje del Evangelio. Está organizado por la delegación de pastoral misionera y se desarrollará del 18 de febrero a las 20:00 horas al 20 de febrero después de almuerzo, en la Casa de la Iglesia, en La Laguna. 

Del 18 al 20 de febrero se desarrollará la segunda edición del Master en Pastoral Familiar bajo el tema: "La Revelación del amor en la Sagrada Escritura". El lugar escogido para desarrollar esta sesión será la Casa de Ejercicios de Santa Cruz de Tenerife. Los interesados en participar pueden comunicarlo a través de los correos: familiayvida.tenerife@gmail.com y personayfamilia@jp2madrid.org. Hasta el 7 de febrero, se ha abierto el plazo de matrícula. Las plazas son limitadas. 

El fin de semana del 28 al 30 de enero, se celebrará, en la Casa de la Iglesia, el cursillo de Cristiandad nº 342. La misión del mismo es colaborar con la gracia para provocar, en quienes participan, un encuentro personal con Cristo.  

El próximo día 27 de enero, un grupo de 25 religiosas viajará a Tierra Santa, acompañadas por el Deán de la Catedral de La Laguna, Julián de Armas. Los peregrinos realizarán ejercicios espirituales en los Santos Lugares que fueron escenario de la vida, muerte y resurrección de Jesucristo. Además, el grupo tendrá un encuentro con el Patriarca Latino de Jerusalén, así como con otras comunidades cristianas. 

Por otro lado, del 5 al 15 de marzo se desarrollará la 45º Peregrinación Diocesana a Tierra Santa, una iniciativa dirigida por el sacerdote Juan Carlos Alameda.

El sábado 29 de enero de 2011 a las 21h se desarrollará otro concierto de órgano en la parroquia de El Médano, con entrada libre. Son conciertos benéficos, al final de los cuales se recogen los donativos voluntarios que los asistentes quieran dejar y que van destinados a la restauración del Órgano parroquial, afectado por insectos xilófagos en su revestimiento exterior.

Más de 29.000 turistas visitaron durante 2010 la torre del templo lagunero de La Concepción, según recogió el periódico 'El Día'. De esta manera, señala el rotativo, esta torre es una estrella del patrimonio de la ciudad de aguere. Fue derribada en 1630 y se construyó otra que al resultar defectuosa se dispuso hacer una tercera y actual torre que data de 1694. 

Durante los días 28 y 29 de enero tendrán lugar las VI Jornadas Cofrades bajo el título: “Cofradías y la calle”. Las mismas se desarrollarán en la sede de la Junta de Hermandades y Cofradías, en La Laguna.

Las obras de restauración de la Ermita Antigua de Nuestra Señora del Carmen en el barrio fasniero de La Zarza avanzan rápidamente. Se trata de unas obras cuyo presupuesto asciende a unos 60.000 euros y que son fruto del convenio de colaboración firmado entre el Cabildo Insular y el Obispado de Tenerife, y en el que el Ayuntamiento de Fasnia también ha colaborado.


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mi?rcoles, 26 de enero de 2011

ZENIT  nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigió a la Federación Internacional “Pueri Cantores” en el Aula Pablo VI, al recibirles en audiencia con motivo de su XXXVI Congreso Internacional.

Queridos jóvenes miembros de la Federación Pueri Cantores,
Queridos amigos,

estoy encantado de recibiros hoy, día en que vosotros celebráis vuestro 36 Congreso Internacional aquí en Roma, y os agradezco por vuestro compromiso con el apostolado del canto litúrgico. En palabras de san Agustín: "cantar es expresión de alegría y … amor” (Sermo 34:1). Contando las alabanzas de Dios, vosotros dais voz al deseo natural de cada ser humano de glorificarlo con cantos de amor. Es difícil encontrar las palabras para transmitir la alegría del alma en su encuentro amoroso con Dios, sin embargo la buena música es capaz de expresar algo del misterio de su amor por nosotros y del nuestro por Él , como se nos recuerda por el tema elegido para este Congreso: Deus Caritas Est.

Recordad siempre que vuestro canto es un servicio. Es un servicio a Dios, ofreciéndole la alabanza que le es debida.. Es un servicio para otros fieles, ayudándolos a elevar sus corazones y mentes en oración. Y es un servicio para la iglesia entera, un anticipo de la liturgia celestial en la que los coros de los ángeles y santos se unen en una infinita canción de amor y alabanza.

Saludo especialmente a los grupos hoy presentes, que vienen de los Estados Unidos, Suecia, Irlanda, Latvia y Corea del Sur. Os animo a perseverar en vuestra buena obra. Os aseguro mis oraciones, y con alegría os doy mi bendición apostólica.

[En italiano dijo]

¡Un afectuoso saludo a los Pueri Cantores de lengua italiana!

Queridos y jóvenes amigos, os agradezco a vosotros y a aquellos que os instruyen en el canto sacro, por el precioso servicio que realizáis en la Liturgia. Os animo a todos a perseverar y os invito a sentiros siempre partícipes de la vida de las comunidades cristianas a las que pertenecéis. Custodiad la alegría que la venida de Cristo lleva consigo y descubrid siempre cuanto os ama Él. ¡Os bendigo a todos!

[En francés dijo]

Estoy contento de saludar muy cordialmente a los Pueri Cantores de lengua francesa, procedentes de Bélgica, de la República Democratica del Congo y de Francia. Con la belleza de vuestros cantos manifestáis a Dios vuestro gozo y vuestr amor y ayudáis al pueblo cristiano a entrar más en profundidad en los misterois celebrados en el transcurso de la Liturgia. Os doy las gracias vivamente por esto. ¡Que el canto liturgico, a través del cual expresáis la grandeza y el amor de Dios, os permita crecer en santidad! ¡Que Dios os bendiga!

[En alemán dijo]

Saludo de todo corazón a los Pueri Cantores de los países de lengua alemana. El Evangelio de la Noche Santa narra la alabanza de los ángeles, que los pastores de Belén escucharon. Desde siempre los cristianos consideran estas palabras de los ángeles como un canto y son entusiastas de honrar a Dios con la música. También vosotros, con vuestro canto tomáis parte en esta hermosa tarea de forma que Dios sea honrado y los hombres sientan gozo. Os doy las gracias por vuetsro compromiso, queridos jóvenes, y os auguro la paz de la Navidad y la gracia de Jesucristo.

[En español dijo]

Saludo con afecto a los Pueri Cantores de lengua española. Con vuestro canto contribuís a que el pueblo cristiano contemple con más profundidad el misterio de Cristo, celebrado en la liturgia. Que el amor de Jesús recién nacido llene vuestros corazones de alegría y de paz. Que Dios os bendiga a vosotros y a vuestras familias.

[En portugués dijo]

Un muy afectuoso saludo también a los “pequeños Cantores” venidos de Portugal. Os agradezco el precioso servicio que realizais, animando con los cantos las celebraciones litúrgicas.

[En polaco dijo]

Un cariñoso saludo a los Pueri Cantores venidos de Polonia. ¡Gracias por el precioso servicio que realizais animando con los cantos las celebraciones litúrgicas y ayudando de esta manera a alabar y dar fracias al Señor!

[En ruso dijo]

Un afectuoso saludo a los Pueri Cantores venidos de Ucrania. ¡Os agradezco el precioso servicio que realizais animando con el canto las celebraciones litúrgicas! 

[Traducción del original inglés por Carmen Álvarez
©Copyright 2010 Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:02  | Habla el Papa
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ZENIT  nos  ofrece el discurso pronunciado por el Papa Benedicto XVI durante el almuerzo ofrecido por él, en el Aula Pablo VI a las personas asistidas por las diversas comunidades romanas de las Misioneras de la Caridad, con ocasión del centenario del nacimiento de la beata Teresa de Calcuta, el  27 de diciembre de 2010.

Queridos amigos,

estoy muy contento de estar hoy aquí con vosotros y dirijo mi más cordial saludo a la reverenda madre general de las Misioneras de la Caridad, a los sacerdotes, a las hermanas, a los hermanos contemplativos y a todos los que estamos aquí presentes para vivir juntos este momento fraterno.

La luz de la Natividad del Señor colma nuestros corazones de la alegría y de la paz anunciada por los ángeles a los pastores de Belén: “¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz a los hombres amados por él” (Lc 2,14). El niño que vemos en la cueva es Dios mismo que se ha hecho hombre, para mostrarnos cuánto nos quiere, cuánto nos ama: Dios se ha convertido en uno de nosotros, para acercarse a cada uno, para vencer el mal, para liberarnos del pecado, para darnos esperanza, para decirnos que no estamos solos nunca. Nosotros podemos dirigirnos siempre a Él, sin miedo, llamándolo Padre, seguros de que en todo momento, en cada una de las situaciones de la vida, incluso en las más difíciles, Él no nos olvida. Debemos decirnos más a menudo: Sí, Dios me cuida, me quiere, Jesús ha nacido también por mí; debo tener siempre fe en Él.

Queridos hermanos y hermanas, dejemos que la luz del Niño Jesús, del Hijo de Dios hecho hombre, ilumine nuestra vida para transformarla en luz, como vemos de modo especial en la vida de los santos. Recuerdo el testimonio de la beata Teresa de Calcuta, un reflejo de la luz del amor de Dios. Celebrar que hace 100 años que nació es un motivo de agradecimiento y de reflexión hacia un renovado y gozoso empeño al servicio del Señor y de los hermanos, especialmente de los más necesitados. El Señor mismo quería ser necesitado, como sabemos. Queridas hermanas, queridos sacerdotes y hermanos, queridos amigos del personal, la caridad es la fuerza que cambia el mundo, porque Dios es amor (cfr 1Jn 4,7-9). La beata Teresa de Calcuta ha vivido la caridad hacia los demás sin distinciones, pero prefiriendo a los más pobres y abandonados: signo luminoso de la paternidad y de la bondad de Dios. Ha sabido reconocer en cada uno el rostro de Cristo, amado por ella con todo su ser: al Cristo que ella adoraba y recibía en la Eucaristía, lo encontraba por las calles de la ciudad, convirtiéndose en una imagen viva de Jesús que vierte sobre las heridas del hombre la gracia del amor misericordioso. A quien se pregunta por qué la madre Teresa se convirtió en alguien tan famoso, la respuesta es simple: porque ha vivido de manera humilde y oculta, por amor y en el amor de Dios. Ella misma afirmaba que su gran premio era amar a Jesús y servirlo en los pobres. Su figura pequeña, con las manos unidas o mientras acariciaba a un enfermo, un leproso, un moribundo, un niño, es el signo visible de un existencia transformada por Dios. En la noche del dolor humano ha hecho resplandecer la luz del Amor divino y ha ayudado a muchos corazones a encontrar la paz que sólo Dios puede dar.

Demos gracias a Dios, porque en la beata Teresa de Calcuta todos hemos visto como nuestra existencia puede cambiar cuando se encuentra con Jesús; Puede convertirse, para los demás, en reflejo de la luz de Dios.

A muchos hombres y mujeres en situación de miseria y sufrimiento, ella ha dado consuelo y la certeza de que ¡Dios no abandona a nadie, nunca!. Su misión continúa a través de aquellos, que como en otras partes del mundo, viven el carisma de ser misioneros y misioneras de la Caridad.

Nuestra gratitud es grande, queridos hermanas y hermanos, por vuestra presencia humilde, discreta, oculta a los ojos de los hombres, pero extraordinaria y preciosa para el corazón de Dios. Al hombre, a menudo en busca de una felicidad aparente, vuestro testimonio de vida le dice dónde se encuentra la verdadera felicidad: en el compartir, en el donarse, en el amar con la misma gratuidad de Dios que rompe la lógica del egoísmo humano.

¡Queridos amigos! Sabed que el Papa os quiere mucho, os lleva en el corazón, os acoge a todos en un abrazo paterno y reza por vosotros. ¡Muchas felicidades! Gracias por haber querido compartir la alegría de estos días de fiesta. Invoco la protección materna de la Sagrada Familia de Nazaret que celebramos hoy -Jesús, María y José- y os bendigo a vosotros y a vuestros seres queridos.

[Traducción del original italiano por Carmen Álvarez
©Copyright 2010 Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 21:58  | Habla el Papa
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ZENIT  nos ofrece la Carta que el Papa Benedicto XVI hizo llegar al arzobispo de Santiago de Compostela (España), monseñor Julián Barrio, con motivo de la Clausura del Año Santo Compostelano, y que hizo pública el viernes 31 de Diciembre de 2010 por la Santa Sede.

Al Venerado Hermano, Monseñor Julián Barrio Barrio,
Arzobispo Metropolitano de Santiago de Compostela

1. Con ocasión de la solemne clausura del Año Santo Compostelano de 2010, vuelvo a pensar con emoción en la Casa del Señor Santiago, que visité recientemente con hondo gozo interior. Deseo unirme a la acción de gracias a Dios por los dones que su bondad ha derramado en estos meses en la multitud de personas que han peregrinado a ese lugar santo con fe viva, renovando la firme adhesión al mensaje transmitido por los Apóstoles y viviendo con espíritu de conversión el encuentro con la misericordia y el amor de Jesucristo. Al saludar con afecto a los Pastores, religiosos, seminaristas y fieles congregados en esa circunstancia, evocando los inolvidables momentos que vivimos junto a la Tumba del Apóstol protomártir, quisiera dirigirles una palabra de aliento, para que los frutos de vida cristiana y de renovación eclesial cosechados copiosamente en el Año Santo impulsen a los que han llegado hasta Santiago de Compostela a ser testigos de Cristo Resucitado.

2. En efecto, en el camino, compartieron preocupaciones, esperanzas y desafíos con los hermanos que encontraron a su lado, buscando escuchar al Dios que nos habla y habita en nuestro interior para salir de sí mismos y abrirse a los demás. Al llegar al Pórtico de la gloria, los esperaba la majestad amorosa y acogedora de Cristo, a cuya luz el hombre puede hallar el auténtico sentido de su existencia y sendas para una convivencia pacífica y constructiva entre los pueblos. Bajo la mirada serena del Apóstol, renovaron su profesión de fe, entonaron su alabanza e hicieron humilde confesión de sus pecados. A la profesión de fe siguió la recepción del perdón en el sacramento de la Penitencia y el encuentro con el Señor en la Eucaristía.

3. Dicho encuentro no puede dejarlos indiferentes. Los peregrinos han de volver a sus casas como regresaron a Jerusalén los discípulos de Emaús, que conversaron con Jesús por el camino y le reconocieron al partir el pan. Gozosos y agradecidos fueron a la Ciudad Santa a comunicar a todos que había resucitado y se les había aparecido vivo. Se convirtieron así en mensajeros alegres y confiados del Cristo viviente, que es bálsamo para nuestras penas y fundamento de nuestra esperanza (cf. Lc 24,13-35). También ahora, al dejar Compostela tras haber experimentado el amor del Señor que nos ha salido al encuentro, se hará sentir el anhelo de cumplir el encargo del Apóstol Pedro: "Glorificad en vuestros corazones a Cristo Señor y estad siempre prontos para dar razón de vuestra esperanza a todo el que os la pidiere" (1 P 3,15). Ello requiere el propósito de fortalecer cada día más nuestra fe, participando asiduamente en los misterios de gracia confiados a la Iglesia y dando ejemplo eficaz y concreto de caridad. No seremos testigos creíbles de Dios si no somos fieles colaboradores y servidores de los hombres. Este servicio a una comprensión profunda y a una defensa valerosa del hombre es una exigencia del Evangelio y una aportación esencial a la sociedad de nuestra condición cristiana.

4. Con estos sentimientos, quisiera ahora dirigirme en particular a los jóvenes, con quienes tendré la dicha de reunirme el año próximo en Madrid, para la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud. Los invito a dejarse interpelar por Cristo, entablando con Él un diálogo franco y pausado y preguntándose también: ¿Contará el Señor conmigo para ser su apóstol en el mundo, para ser mensajero de su amor? Que no falte la generosidad en la respuesta, ni tampoco aquel arrojo que llevó a Santiago a seguir al Maestro sin ahorrar sacrificios. Asimismo, animo a los seminaristas a que se identifiquen cada vez más con Jesús, que los llama a trabajar en su viña (cf. Mt 20,3-4). La vocación al sacerdocio es un admirable don del que se ha de estar orgulloso, porque el mundo necesita de personas dedicadas por completo a hacer presente a Jesucristo, configurando toda su vida y su quehacer con Él, repitiendo diariamente con humildad sus palabras y sus gestos, para ser transparencia suya en medio de la grey que les ha sido encomendada. Aquí está la fatiga y también la gloria de los presbíteros, a quienes quisiera recordar con San Pablo, que nada ni nadie en este mundo podrá arrancarlos del amor de Dios manifestado en Cristo (cf. Rm 8,39).

5. Conservando en mi alma el recuerdo de mi grata estancia en Compostela, pido al Señor que el perdón y la aspiración a la santidad que han germinado en este Año Santo Compostelano ayuden a hacer más presente, bajo la guía de Santiago, la Palabra redentora de Jesucristo en esa Iglesia particular y en todos los pueblos de España, y que su luz se perciba igualmente en Europa, como una invitación incesante a vigorizar sus raíces cristianas y así potenciar su compromiso por la solidaridad y la firme defensa de la dignidad del hombre.

6. A la amorosa protección de la Santísima Virgen María, a cuyo corazón de Madre confió el Apóstol Santiago sus penas y alegrías, según venerable tradición, encomiendo a todos los hijos e hijas de esas nobles tierras y les imparto la Bendición Apostólica, signo de consuelo y de constante asistencia divina.

Vaticano, 18 de diciembre de 2010.

BENEDICTUS PP. XVI

[©Copyright 2010 - Libreria Editrice Vaticana]


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Carta a Mi querido Teófilo del Padre Antonio María Hernández del Hogar Santa Rita del Puerto de la Cruz, publicado en la revista "Como las Abejas", número 53, Noviembre-Diciembre de 2010.

CARTA A MI QUERIDO TEÓFILO 29 

Mi buen Teófilo, mi siempre estimado amigo. iQué difícil me lo has puesto con esta carta! Lo curioso es que has llegado a estos años ya jubilado y cargado de años, pues, te tocó sufrir de niño las consecuencias de aquella horrorosa guerra entre españoles y luego la segunda guerra mundial, en la que no entró España; pero que
las consecuencias sí llegaron hasta aquí. Te ha tocado vivir años muy duros: el trabajo con patrón a quién siempre odiaste, desde tus once años, los maltratos a tu mujer, la separación de tu mujer y el tener que presenciar a tu mujer con otro hombre, el cáncer, la quimioterapia; pero, a pesar de todo, has aguantado, sea como sea, hasta jubilarte y en esta etapa última de tu vida ahora estás locamente desesperado y con ansias de poner fin a tu vida por la vía rápida. La verdad que no lo entiendo. No sé cuántos más años te tocarán vivir, sin ilusión, sin ninguna expectativa, sin sueños positivos, sin ninguna motivación por la que seguir luchando.

iQué puedo yo decirte! iQué puedo yo aconsejarte! Yo no soy Dios, ni soy el dueño de la fe para poder suministrártela, ni puedo imponerte una creencia, ni transferirte mis vivencias. Válgante solamente las palabras de un amigo, que siempre lo ha sido, en todos los momentos de tu vida y sabes muy bien que conozco bastante
los entresijos de tu vida. Somos «viejos amigos», como ciertamente dices tú. iQuizá cuando llegue esta carta a tu casa ya tú no existas. No lo sé. He intentado llamarte a tu móvil y a tu teléfono fijo y nadie me contesta. Así que estoy escribiendo esta carta, quizá dirigida a la eternidad si ya estás en ella, ni tampoco puedo convencerte de nada; pero si realmente llega a tus manos esta carta, quiero que al menos me escuches, sin juzgarme, sin prejuicios preconcebidos, ni poniéndote a la defensiva para que nadie te convenza del error en el que estás metido. No te obligo ni puedo hacerla, a que creas en mi postura. Piensa sólo que es un amigo sincero el que te habla y en honor a esa «vieja amistad», sigue un poco el «hilo» de estas palabras salidas del corazón. Aunque te lo diga con toda la verdad y yo creo en la sinceridad de tus palabras, es casi imposible que tengas una desesperación tan larga que haya empezado desde el día en que naciste y que te haya acompañado a lo largo de toda tu vida. Pienso que lo más hermoso que ha ocurrido en tu vida es el haber nacido. Yo conocí a tu madre que marchó de este mundo cuando tú eras muy joven; pero era una mujer muy religiosa y no me cave en la cabeza que no te haya enseñado a rezar. Te educaste durante unos años en un colegio religioso, hiciste la "Primera Comunión», luego ya te abandonaste y no llegaste a confirmarte ...

He reflexionado mucho sobre tu escrito y está todo él cargado de pesimismo, de negatividad, de amargura, de tristeza. iCuánto daría para que tu vida cambie de rumbo! iCuánto daría por verte pasar la última etapa de tu vida, con más esperanza, con mayor ilusión!; pero Dios te creó libre y las vivencias, aunque puedan contagiar en sentido positivo o negativo, son intransferibles. Tú siempre has sido un luchador y has remado fuerte en mares enfurecidos. Te has cargado de años y de experiencia. Dices que "estás harto, que ya no puedes más y no aguantas más»: Creo que siempre se puede aguantar un poco más.

Mi buen Teófilo, ¿por qué no te vas a un lugar solitario o al monte y allí, solo con tu conciencia, examinas un poco tu vida y profundizas desde tu niñez, juventud y vida de adulto, los ratos bonitos de tu vida? Es imposible que hayas llegado a esta edad, con sólo una cadena ininterrumpida de fracasos, desengaños, desgracias, frustraciones. Me parece casi imposible que en tantos años no hayas tenido a nadie que te haya querido, a nadie que te haya valorado, a nadie que te haya amado, nadie, ni nada que te haya hecho pasar ratos bonitos. Has sido un agraciado en tu salud, y ya, con más de sesenta años conservas tu mente lúcida, no te falta la comida y tienes un lugar donde dormir. Ahora ya estás jubilado, y esto significa una etapa de alegría y de paz. Quizá, a lo largo de tu vida, has pensado mucho en ti mismo y en tus problemas.

Tampoco te vaya decir que otros están, peor que tú, aunque sea cierto, porque «mal de muchos es consuelo de tontos», y «un mal no justifica otro mal». Quizá tú y yo estamos hablando en idiomas distintos, y por eso es difícil entendernos. Yo, personalmente, no pienso ni en la vejez, ni en la jubilación. Por amor a Dios, o
por amor propio, o amor a los demás, ya que Dios ha decidido prolongarme un poco más la vida, quiero gastarla hasta que una enfermedad o la muerte ponga punto y final a mi vida en la Tierra. También pienso que la vida no se termina con la muerte y que todo comienza, cuando tanta gente dice que se acabó todo. Es horroroso pensar que después de tanto sufrir, tanto luchar, no haya nada en otro lugar en donde se premie el bien y se haga justicia ante tanta injusticia, como hay en este planeta.

Me cuentas que en una discusión te salió el «machismo» y le destrozaste la mandíbula a tu mujer. Hoy se diría «violencia de género», tan de moda. Es lógico que tu mujer haya dicho «basta» y haya rehecho su vida con alguien que le trate mejor y la ame más. Sin embargo, no pienso, que sea un castigo de Dios, ni «cosa del destino». No obstante, se te ha escapado algo positivo. Me cuentas que el haber conocido a tu mujer era «lo único bueno que jamás había pasado en tu vida». Por qué, pues, no recuerdas estos tiempos bonitos en que el amor era lo que confortaba tu corazón y que nunca podrás desprenderte de él. Hay cosas que ya no pueden recomponerse, como tu amistad con tu mujer; pero fuiste muy feliz con ella durante unos cuantos años y eso es positivo. De tu vida de casado también te nacieron dos hijos: chico y chica y ya ellos te han dado cinco nietos. También esto es algo positivo, creo yo.

Cierto que cuando te digo que tengas fe, que se lo pidas a Dios, suena a palabras sin contenido, pues, tú te declaras abiertamente ateo y nada te dice Dios. Ni te ilusiona el Cielo, ni tienes miedo al Infierno. Sencillamente pasas de todo. No obstante, concédeme el favor de creer que te lo digo por convencimiento. Dios existe, mi buen amigo Teófilo, y si existe es bueno y te quiere. Te quiere como jamás pomas imaginarte, no porque tú seas bueno o malo, sino porque Él es bueno, y no me quiere a mí más que a ti, ni menos. Él es mi padre y tu padre.

Pídele en serio, aunque te parezca que hablas al aire, que te dé fe. Repite una, otra y otra vez: «Señor Dios, yo quiero creer, yo quiero creer, ayúdame dándome la fe de la que tanto me habla el Padre Antonio». Pasa página. No le des más vueltas al «hecho de tu desesperación», gánate a tus nietos. Ahora tienes tiempo. Ven a Santa Rita, voluntariamente y haz feliz a algún anciano, de esos que están en peores condiciones que tú, sin familia, sin nadie que los visite, darle un paseo a alguno que, esté en silla de ruedas, siéntate al lado simplemente o juega una partida al dominó o a la baraja. Haz algo, siéntete útil. Toma en tus manos las riendas de tu vida. no mires hacia atrás. Gasta bien los días que te quedan en este planeta. Comienza una nueva vida. Todavía tienes tiempo de «tener expectativas, objetivos y algo que hacer».

Tú tienes un gran corazón. Cuando me dices que aceptas que tu mujer esté con otro, porque te lo mereces y que no quieres molestarla, sino que viva su nueva vida tranquila, para demostrar que realmente la querías y que la sigues queriendo, indica un gesto de un corazón bondadoso y lleno de nobleza. Nunca es tarde para empezar. Tú eres una buena persona, jamás he oído hablar mal de ti, excepto esa historia puntual que has tenido con la que fue tu mujer. Y no lo recuerdes más. Cambia ese semblante. Todavía puedes hacer mucho bien. A tu historia le faltan aún muchos capítulos. Escribe nuevas páginas; sonríe, crea a tu alrededor un ambiente de esperanza. No te sientas derrotado. Que nadie note que tú te derrumbas, que te vienes abajo. Si tienes mil razones para la desesperación, busca diez mil motivaciones para alzarte sobre tus cenizas: que nadie tenga lástima de ti. Conserva tu amor propio. Aún puedes superarte si tú quieres, porque si "tú no quieres, no hay santo que te ayude». Lo más hermoso y más delicado que ese Dios, en quien, tú no crees, nos ha dejado, es la libertad. Dios no te pone la pistola en el pecho para que tú le quieras.

En alguna etapa de tu vida, tú has creído, aunque haga ya muchos años, aviva esa etapa. Ponle coraje a la vida. Sigue adelante, aunque aparentemente parezcas acabado. Para tu orgullo personal, no le des el gusto a los que quieran verte triste, cabizbajo, deprimido, aplastado y hasta muerto. Tú siempre has creído en mi amistad y no sólo te digo que "Dios es el amigo que nunca falla», tienes que creer en mi amistad y esta carta no te la escribo porque soy sacerdote y porque "tengo que hablar así». Lo que te escribo es porque lo siento, por convencimiento y porque yo, que también soy un hombre de carne y hueso como tú, también he tenido etapas muy difíciles en mi vida y entiendo ahora que mi vida sin Dios, no tiene sentido.

Sabes que hace poco me operaron de un "cáncer». De momento va todo bien; pero estuve a punto de escribir el último capítulo de mi vida personal. Fueron cinco meses ingresado en el Hospital General: noches largas, sin poder pegar ojo, limitado, dependiente, sin saber en qué terminaba todo. Muchas veces me cayeron
las lágrimas de impotencia y aún ahora, no estoy bien al cien por cien. En tantas horas sin hacer nada, sino atado a unos sueros, lo que no se me prohibía era pensar, rezar.

Mi madre decía: "Que en el mar se aprende a rezar», y yo añadiría por experiencia propia que, "en el Hospital se aprende a rezar». Cada día me decían de alguien que se había muerto. iQué misterio es la salud y la vida! El doctor Gaitano que me operó, me dijo un día: "le vaya enseñar la fotografía de alguno de mis hijos» y sin más, me enseñó un "álbum curioso y muy valioso» para él, en el que estaban las fotografías de algunos, a los que él con sus maravillosas manos había salvado en operaciones muy complicadas. "Estos son mis hijos». Lo decía con mucho amor. Yo estoy casado, me decía, y no hemos tenido hijos y Dios ha querido regalarme todos estos hijos. Ahora en ese bendito álbum, uno de sus hijos es el "Padre Antonio María», qué bonito es contar todo esto y estar vivo para contarlo. Dios ha decidido que siga vivo. Por lo visto aún me tiene reservado algún capítulo por realizar. Ahora vivo con mayor intensidad y me olvido de todo lo que he hecho y no pierdo el tiempo para rememorar las obras realizadas, sino que, sigo luchando, hasta el día que Dios quiera parar mi vida. Hasta ese día estaré, si Dios quiere, con "las botas puestas».

Por eso mi amigo Teófilo, no te acobardes, no te sientas abatido. Mira hacia delante, llena páginas de amor y de alegría. Utiliza tu vida. Gástala bien y con buen talante, que tus hijos, tus nietos, tus amigos y yo mismo nos sintamos orgullosos de haberte conocido un día y entonces te darás cuenta de que ha valido la pena de que un día, tu madre te haya traído al mundo. Que te convenzas de una vez por todas que tú no has venido a este mundo por pura casualidad o porque así ha sido tu destino. Dios te quiere amigo mío, Dios te quiere. Esta es la gran verdad que un amigo te afirma.

Ponte de pie, levántate, camina, echa adelante que, como dice el poeta: "se hace camino al andar», y tú no eres quién para cerrar el libro de tu vida. Todavía quedan muchas páginas por llenar y que, de momento, son inéditas.

No sé si me he enrollado demasiado queriendo explicar, lo inexplicable y lo hago precisamente en honor a nuestra amistad, nunca vieja, siempre nueva y es mi deseo seguir en la brega y un día poder encontrarnos en ese Cielo, en el que tú no crees en este momento; pero que existe, independientemente de que tú creas o no en él. Fíate alguna vez de este amigo tuyo, que te habla desinteresadamente y que también ha tenido momentos muy difíciles y oscuros en su vida.

Seguiremos más adelante esta conversación. Los dos nos vamos poniendo viejos y no podemos desperdiciar ningún cartucho. ¿Okey?

Antonio María Hernández Hernández


Publicado por verdenaranja @ 17:21  | Cartas a Teófilo
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Oración pidiendo santidad de vida ofrecida en un retiro sacerdotal.

ORACIÓN PIDIENDO SANTIDAD DE VIDA

 


Creo en ti, Señor, pero ayúdame a creer con firmeza; espero en ti, pero
ayúdame a esperar sin desconfianza; te amo, Señor, pero ayúdame a
demostrarte que te quiero; estoy arrepentido, pero ayúdame a no volver a
ofenderte.

Te adoro, Señor, porque eres mi creador y te anhelo porque eres mi fin:
te alabo, porque no te cansas de hacerme el bien y me refugio en ti, porque
eres mi protector.

Que tu sabiduría, Señor, me dirija y tu justicia me reprima; que tu
misericordia me consuele y tu poder me defienda.

Te ofrezco, Señor, mis pensamientos, ayúdame a pensar en ti; te ofrezco
mis palabras, ayúdame a hablar de ti; te ofrezco mis obras, ayúdame a cumplir
tu voluntad; te ofrezco mis penas, ayúdame a sufrir por ti.

Todo aquello que quieres Tú, Señor, lo quiero yo, precisamente porque lo
quieres tú, como tú lo quieras y durante todo el tiempo que lo quieras.

Te pido, Señor, que ilumines mi entendimiento, que fortalezcas mi
voluntad, que purifiques mi corazón y santifiques mi espíritu.

Hazme llorar, Señor, mis pecados, rechazar las tentaciones, vencer mis
inclinaciones al mal y cultivar las virtudes.

Dame tu gracia, Señor, para amarte y olvidarme de mi, para buscar el
bien de mi prójimo sin tenerle miedo al mundo.

Dame tu gracia para ser obediente con mis superiores, comprensivo con
mis inferiores, solícito con mis amigos y generoso con mis enemigos.

Ayúdame, Señor, a superar con austeridad el placer, con generosidad la
avaricia, con amabilidad la ira, con fervor la tibieza.

Que sepa yo tener prudencia, Señor, al aconsejar, valor en los peligros,
paciencia en las dificultades, sencillez en los éxitos.

Concédeme, Señor, atención al orar, sobriedad al comer, responsabilidad
en mi trabajo y firmeza en mis propósitos.

Ayúdame a conservar la pureza del alma, a ser modesto en mis actitudes,
ejemplar en mi trato con el prójimo y verdaderamente cristiano en mi
conducta.

Concédeme tu ayuda para dominar mis instintos, para fomentar en mí, tu
vida de gracia, para cumplir tus mandamientos y obtener mi salvación.

Enséñame, Señor, a comprender la pequeñez de lo terreno, la grandeza
de lo divino, la brevedad de esta vida y la eternidad de la futura.

Amén.


Publicado por verdenaranja @ 16:48  | Oraciones
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DOMINGO CUARTO DEL TIEMPO ORDINARIO
30 de Enero de 2011

La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos vosotros.

- Hoy es un domingo en el que, aunque no celebramos ninguna fiesta especial, las lecturas que escucharemos pondrán ante nuestros ojos algo muy central en nuestra fe. Hoy, en el evangelio, escucharemos a Jesús que nos proclama el mensaje básico del Reino de Dios, el mensaje de felicidad que son las bienaventuranzas.

- Comencemos gozosa mente la celebración de la Eucaristía. Y pidamos que Jesús, con su palabra, toque nuestro corazón y renueve nuestra voluntad
de seguirle.

A.penitencial: Preparémonos en unos momentos de silencio y de oración ante Dios. (Silencio).

- Tú, que haces justicia a los oprimidos. SEÑOR,TEN PIEDAD.
- Tú, que abres los ojos al ciego. CRISTO, TEN PIEDAD.
- Tú, que amas a los pobres. SEÑOR, TEN PIEDAD.

1. lectura (Sofonías 2,3; 3, 72-73): Como preparación para recibir luego la palabra de Jesús en el evangelio, escucharemos ahora al profeta Sofonías que nos proclama el amor de Dios para con los pobres y los humildes.

2. lectura (7 Corintios 7,26-371): El texto de san Pablo que escucharemos hoy nos hablará también de lo mismo que luego nos proclamará Jesús: la preferencia de Dios hacia los pobres, hacia los que no tienen ningún poder
en este mundo.

Oración universal: A Dios nuestro Padre, que ama a los pobres y nos llama a todos a vivir la vida de su Reino, orémosle diciendo: PADRE, ESCÚCHANOS.

Por la Iglesia; por todos los que hemos escuchado la llamada de Jesús y queremos seguirle. OREMOS:

Por los que se preparan para la vida sacerdotal o religiosa. OREMOS:

Por los cristianos que viven en países en los que son discriminados o perseguidos. OREMOS:

Por los pobres; por los 9ue, en nuestro país y en el mundo entero, no tienen lo necesario para vivir. OREMOS:

Portadas las personas de buena voluntad que trabajan y luchan al servicio de los pobres. OREMOS:

Por. nosotros, por nuestras familias, y por nuestros amigos. OREMOS:

Escucha, Padre, nuestra 6ración, y haz que la Buena Noticia de tu Hijo renueve a toda la humanidad. Él que vive y reina contigo por los siglos de los siglos.

Padrenuestro: Fieles a la enseñanza de Jesucristo, unidos en el camino del Reino de Dios que él ha venido a anunciarnos, nos atrevemos a decir:

 

CPL


Publicado por verdenaranja @ 16:28  | Liturgia
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martes, 25 de enero de 2011

ZENIT  nos  ofrece el Mensaje del Papa Benedicto XVI para la XLV Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, que ha sido hecho público el lunes 24 de Enero de 2011 por el Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, con motivo de la fiesta de san Francisco de Sales, patrón de los escritores y periodistas católicos.

Verdad, anuncio y autenticidad de vida en la era digital

Queridos hermanos y hermanas

Con ocasión de la XLV Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, deseo compartir algunas reflexiones, motivadas por un fenómeno característico de nuestro tiempo: la propagación de la comunicación a través de internet. Se extiende cada vez más la opinión de que, así como la revolución industrial produjo un cambio profundo en la sociedad, por las novedades introducidas en el ciclo productivo y en la vida de los trabajadores, la amplia transformación en el campo de las comunicaciones dirige las grandes mutaciones culturales y sociales de hoy. Las nuevas tecnologías no modifican sólo el modo de comunicar, sino la comunicación en sí misma, por lo que se puede afirmar que nos encontramos ante una vasta transformación cultural. Junto a ese modo de difundir información y conocimientos, nace un nuevo modo de aprender y de pensar, así como nuevas oportunidades para establecer relaciones y construir lazos de comunión.

Se presentan a nuestro alcance objetivos hasta ahora impensables, que asombran por las posibilidades de los nuevos medios, y que a la vez exigen con creciente urgencia una seria reflexión sobre el sentido de la comunicación en la era digital. Esto se ve más claramente aún cuando nos confrontamos con las extraordinarias potencialidades de internet y la complejidad de sus aplicaciones. Como todo fruto del ingenio humano, las nuevas tecnologías de comunicación deben ponerse al servicio del bien integral de la persona y de la humanidad entera. Si se usan con sabiduría, pueden contribuir a satisfacer el deseo de sentido, de verdad y de unidad que sigue siendo la aspiración más profunda del ser humano.

Transmitir información en el mundo digital significa cada vez más introducirla en una red social, en la que el conocimiento se comparte en el ámbito de intercambios personales. Se relativiza la distinción entre el productor y el consumidor de información, y la comunicación ya no se reduce a un intercambio de datos, sino que se desea compartir. Esta dinámica ha contribuido a una renovada valoración del acto de comunicar, considerado sobre todo como diálogo, intercambio, solidaridad y creación de relaciones positivas. Por otro lado, todo ello tropieza con algunos límites típicos de la comunicación digital: una interacción parcial, la tendencia a comunicar sólo algunas partes del propio mundo interior, el riesgo de construir una cierta imagen de sí mismos que suele llevar a la autocomplacencia.

De modo especial, los jóvenes están viviendo este cambio en la comunicación con todas las aspiraciones, las contradicciones y la creatividad propias de quienes se abren con entusiasmo y curiosidad a las nuevas experiencias de la vida. Cuanto más se participa en el espacio público digital, creado por las llamadas redes sociales, se establecen nuevas formas de relación interpersonal que inciden en la imagen que se tiene de uno mismo. Es inevitable que ello haga plantearse no sólo la pregunta sobre la calidad del propio actuar, sino también sobre la autenticidad del propio ser. La presencia en estos espacios virtuales puede ser expresión de una búsqueda sincera de un encuentro personal con el otro, si se evitan ciertos riesgos, como buscar refugio en una especie de mundo paralelo, o una excesiva exposición al mundo virtual. El anhelo de compartir, de establecer "amistades", implica el desafío de ser auténticos, fieles a sí mismos, sin ceder a la ilusión de construir artificialmente el propio "perfil" público.

Las nuevas tecnologías permiten a las personas encontrarse más allá de las fronteras del espacio y de las propias culturas, inaugurando así un mundo nuevo de amistades potenciales. Ésta es una gran oportunidad, pero supone también prestar una mayor atención y una toma de conciencia sobre los posibles riesgos. ¿Quién es mi "prójimo" en este nuevo mundo? ¿Existe el peligro de estar menos presentes con quien encontramos en nuestra vida cotidiana ordinaria? ¿Tenemos el peligro de caer en la dispersión, dado que nuestra atención está fragmentada y absorta en un mundo "diferente" al que vivimos? ¿Dedicamos tiempo a reflexionar críticamente sobre nuestras decisiones y a alimentar relaciones humanas que sean realmente profundas y duraderas? Es importante recordar siempre que el contacto virtual no puede y no debe sustituir el contacto humano directo, en todos los aspectos de nuestra vida.

También en la era digital, cada uno siente la necesidad de ser una persona auténtica y reflexiva. Además, las redes sociales muestran que uno está siempre implicado en aquello que comunica. Cuando se intercambian informaciones, las personas se comparten a sí mismas, su visión del mundo, sus esperanzas, sus ideales. Por eso, puede decirse que existe un estilo cristiano de presencia también en el mundo digital, caracterizado por una comunicación franca y abierta, responsable y respetuosa del otro. Comunicar el Evangelio a través de los nuevos medios significa no sólo poner contenidos abiertamente religiosos en las plataformas de los diversos medios, sino también dar testimonio coherente en el propio perfil digital y en el modo de comunicar preferencias, opciones y juicios que sean profundamente concordes con el Evangelio, incluso cuando no se hable explícitamente de él. Asimismo, tampoco se puede anunciar un mensaje en el mundo digital sin el testimonio coherente de quien lo anuncia. En los nuevos contextos y con las nuevas formas de expresión, el cristiano está llamado de nuevo a responder a quien le pida razón de su esperanza (cf. 1 P 3,15).

El compromiso de ser testigos del Evangelio en la era digital exige a todos el estar muy atentos con respecto a los aspectos de ese mensaje que puedan contrastar con algunas lógicas típicas de la red. Hemos de tomar conciencia sobre todo de que el valor de la verdad que deseamos compartir no se basa en la "popularidad" o la cantidad de atención que provoca. Debemos darla a conocer en su integridad, más que intentar hacerla aceptable, quizá desvirtuándola. Debe transformarse en alimento cotidiano y no en atracción de un momento.

La verdad del Evangelio no puede ser objeto de consumo ni de disfrute superficial, sino un don que pide una respuesta libre. Esa verdad, incluso cuando se proclama en el espacio virtual de la red, está llamada siempre a encarnarse en el mundo real y en relación con los rostros concretos de los hermanos y hermanas con quienes compartimos la vida cotidiana. Por eso, siguen siendo fundamentales las relaciones humanas directas en la transmisión de la fe.

Con todo, deseo invitar a los cristianos a unirse con confianza y creatividad responsable a la red de relaciones que la era digital ha hecho posible, no simplemente para satisfacer el deseo de estar presentes, sino porque esta red es parte integrante de la vida humana. La red está contribuyendo al desarrollo de nuevas y más complejas formas de conciencia intelectual y espiritual, de comprensión común. También en este campo estamos llamados a anunciar nuestra fe en Cristo, que es Dios, el Salvador del hombre y de la historia, Aquél en quien todas las cosas alcanzan su plenitud (cf. Ef 1, 10). La proclamación del Evangelio supone una forma de comunicación respetuosa y discreta, que incita el corazón y mueve la conciencia; una forma que evoca el estilo de Jesús resucitado cuando se hizo compañero de camino de los discípulos de Emaús (cf. Lc 24, 13-35), a quienes mediante su cercanía condujo gradualmente a la comprensión del misterio, dialogando con ellos, tratando con delicadeza que manifestaran lo que tenían en el corazón.

La Verdad, que es Cristo, es en definitiva la respuesta plena y auténtica a ese deseo humano de relación, de comunión y de sentido, que se manifiesta también en la participación masiva en las diversas redes sociales. Los creyentes, dando testimonio de sus más profundas convicciones, ofrecen una valiosa aportación, para que la red no sea un instrumento que reduce las personas a categorías, que intenta manipularlas emotivamente o que permite a los poderosos monopolizar las opiniones de los demás. Por el contrario, los creyentes animan a todos a mantener vivas las cuestiones eternas sobre el hombre, que atestiguan su deseo de trascendencia y la nostalgia por formas de vida auténticas, dignas de ser vividas. Esta tensión espiritual típicamente humana es precisamente la que fundamenta nuestra sed de verdad y de comunión, que nos empuja a comunicarnos con integridad y honradez.

Invito sobre todo a los jóvenes a hacer buen uso de su presencia en el espacio digital. Les reitero nuestra cita en la próxima Jornada Mundial de la Juventud, en Madrid, cuya preparación debe mucho a las ventajas de las nuevas tecnologías. Para quienes trabajan en la comunicación, pido a Dios, por intercesión de su Patrón, san Francisco de Sales, la capacidad de ejercer su labor conscientemente y con escrupulosa profesionalidad, a la vez que imparto a todos la Bendición Apostólica.

Vaticano, 24 de enero 2011, fiesta de san Francisco de Sales.

BENEDICTUS PP. XVI

[©Copyright 2011 - Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:15  | Habla el Papa
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ZENIT  nos  ofrece por su interés en español el texto del comunicado conjunto hecho público hoy por la Santa Sede, sobre el Coloquio mantenido en Bangalore (India) entre obispos y teólogos de este país, y representantes de la Congregación para la Doctrina de la Fe, para aclarar algunas cuestiones relacionadas con el papel de los teólogos en la Iglesia y de los obispos como maestros de la fe.

Comunicado sobre el papel de teólogos y obispos en la Iglesia en India
Reunión conjunta entre obispos, teólogos y Congregación para la Doctrina de la Fe

COOPERATORES VERITATIS - Buscando juntos la verdad

Desde el 16 al 22 de enero, se ha mantenido un coloquio en la St. John’s National Academy of Health Sciences en Bangalore, India, en la que una delegación de la Santa Sede se encontró con veintiocho miembros de la Conferencia Episcopal de la India y con veintiséis teólogos de diversas partes del país. La delegación de la Santa Sede estaba encabezada por Su Eminencia el cardenal William Levada, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, asistido por Su Excelencia el arzobispo Luis Ladaria, SI, secretario de la Congregación, por monseñor Charles Scicluna, promotor de Justicia, y tres oficiales. Los miembros del episcopado indio que participaron en el Coloquio representaban a las tres Iglesias con ritos sui iuris en la India, encabezados por Su Eminencia el cardenal Oswald Gracias, arzobispo de Bombay y presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de la India. Además, Su Eminencia el cardenal Telesphore Toppo, arzobispo de Ranchi, de Rito Latino y presidente de la Conferencia Episcopal de los Obispos Católicos de la India (CCBI), Su Beatitud Moran Mor Baselios Cleemis, arzobispo mayor - Catholicos y presidente del Santo Sínodo Episcopal de la Iglesia católica siro-malankar, Su Excelencia monseñor George Punnakottil de la Iglesia siro-malabar, obispo de Kothamangalam y vice presidente de la CBCI, y Su Excelencia monseñor Joseph Kallarangatt, obispo de Palai y presidente de la Comisión Doctrinal de la CBCI estuvieron entre los participantes. Los teólogos que tomaron parte procedían también de las tres Iglesias sui iuris. El Coloquio fue fruto de la larga cooperación entre la Congregación para la Doctrina de la Fe y la Conferencia de Obispos Católicos de la India, y fue preparada y organizada por Su Excelencia monseñor Thomas Dabre, obispo de Poona, que antes sirvió como presidente de la Comisión Doctirnal de la CBCI, con la asistencia experta del padre Dominic Veliath, S.D.B., secretario de la Comisión Doctirnal de la CBCI y también miembro de la Comisión Teológica Internacional. El nuncio apostólico en la India, Su Gracia el arzobispo Salvatore Pennacchio también tomó parte en los procedimientos.

Los coloquios anuales entre obispos y teólogos en la India comenzaron en 1996. En un encuentro posterior mantenido en Roma ese mismo año entre un número de obispos de la India y representantes de los diversos dicasterios de la Santa Sede, se expresó la esperanza de que, en algún momento en el futuro, la Congregación para la Doctrina de la Fe tomase parte en estos encuentros. El Coloquio en Bangalore ha sido la realización de esta esperanza, y fue entendido específicamente como un foro donde tratar algunos de los asuntos teológicos que afronta la Iglesia en India, en una atmósfera colaboradora de diálogo y discusión. Como es bien sabido, en la gran nación india hay más de un billón de seres humanos, de los que aproximadamente el 2,3% son cristianos. La Iglesia católica en India tiene sus orígenes en santo Tomás apóstol y recibió nuevos ímpetus con la actividad misionera de san Francisco Javier. Hoy, los católicos en India, aunque pocos en número, realizan una ampliamente apreciada contribución al bienestar del país, sobre todo a través de numerosas instituciones educativas, atención sanitaria, iniciativas de acción social y obras caritativas. Fue el carácter específico y único de la Iglesia católica en India la que proveyó el contexto para las exposiciones y discusiones durante el Coloquio de Bangalore.

En la primera parte del Coloquio, los teólogos plantearon cuestiones como la del papel específico del teólogo en la Iglesia, la metodología teológica en Oriente y Occidente, la inculturación, Jesucristo como el único salvador de todas las gentes, las relaciones entre la Iglesia de Cristo y las demás religiones, el concepto cristiano de la auténtica liberación humana, el papel de la comunidad de fe (el "sensus fidelium"), y lo distintivo de la oración y la espiritualidad cristianas. Cada exposición teológica fue seguida por un diálogo vivo y sostenido en el que todos los participantes – teólogos, obispos y representantes de la Santa Sede – ofrecieron libremente sus contribuciones para una comprensión más profunda de los asuntos tratados. Las discusiones trataron de tomar en cuenta la presencia católica en el particular contexto indio, enfatizando al mismo tiempo el don inestimable de la universalidad de la fe católica, que debe ser siempre comunicado en su integridad y autenticidad. Se hizo hincapié en la singular importancia del papel del teólogo en la Iglesia, así como en la necesidad, especialmente cuando se busca elaborar una teología contextualizada, de construir sobre un fundamento teológico sólido, siempre fiel a la autoridad magisterial de la Iglesia.

La segunda parte del Coloquio se organizó para los obispos y los representantes de la Santa Sede. Estos días se dedicaron a diversas cuestiones relativas al papel y la responsabilidad específicas de los obispos en la Iglesia, así como del obispo como maestro de la fe, el funcionamiento de las Comisión Doctrinal de la Conferencia Episcopal, la formación de los futuros sacerdotes y miembros de las congregaciones religiosas, y la adjudicación correcta de los delitos canónicos más serios.

El Coloquio, que se prolongó durante la semana, fue una experiencia de trabajo intenso y de diálogo fructífero en el que se clarificaron muchas cuestiones y se propusieron iniciativas válidas. Se espera que los frutos del Coloquio, ya percibidos por los participantes en la experiencia compartida de la oración litúrgica de acuerdo con las tres expresiones rituales de la Iglesia católica en India, seguirá beneficiando no solo a la Iglesia, sino también a la más amplia sociedad en India durante los próximos años.

[Traducción del original inglés por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


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ZENIT  nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto ofreció el lunes 24 de Enero de 2011 a una delegación de la Iglesia Unida Evangélica Luterana alemana, presentes en Roma para la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, a quienes recibió hoy en el Palacio Apostólico.

Obispo regional Friedrich,
Queridos amigos de Alemania

Os ofrezco una cordial bienvenida a todos vosotros, representantes de los dirigentes de la Iglesia Unida Evangélica Luterana alemana, aquí en el Palacio Apostólico y me alegro por el hecho de que vosotros, como delegación, hayáis venido a Roma tras conclusión de la semana de oración por la unidad de los cristianos. Mostráis, de esta manera, también que todo nuestro anhelo de unidad pueda cosechar frutos sólo enraizándose en la oración común. En particular querría agradecerle a usted, querido obispo regional, por sus palabras que, con gran sinceridad expresan los esfuerzos comunes por una unidad más profunda entre todos los cristianos.

Mientras tanto, el diálogo oficial entre luteranos y católicos, así está escrito aquí, puede mirar atrás a más de cincuenta años de actividad intensa. Usted ha hablado de treinta años. Creo que hace treinta años, después de la visita del Papa, comenzamos oficialmente pero de hecho, hacía ya mucho tiempo que dialogábamos. Yo mismo he sido miembro del Jaeger-Stählin-Kreis, nacido justo después de la guerra. Se puede por tanto hablar tanto de cincuenta como de de treinta años. A pesar de las diferencias teológicas que continúan existiendo sobre cuestiones en parte fundamentales, ha crecido un “juntos” entre nosotros que se convierte cada vez más en la base de una comunión vivida en la fe y en la espiritualidad entre luteranos y católicos. Todo lo ya conseguido refuerza nuestra fe en proseguir el diálogo, porque sólo así podemos permanecer juntos a lo largo de este camino que en definitiva es Jesucristo mismo.

Por tanto, el empeño de la Iglesia Católica en el ecumenismo, como ya afirmó mi venerado predecesor el Papa Juan Pablo II en su encíclica “Ut unum sint”, no es una mera estrategia de comunicación en un mundo que cambia, sino que es un esfuerzo fundamental de la Iglesia a partir de la propia misión (cfr. Nm 28-32).

A algunos contemporáneos, la meta común de la unidad plena y visible de los cristianos hoy les parece estar de nuevo más lejos. Los interlocutores ecuménicos aportan al diálogo ideas completamente distintas sobre la unidad de la Iglesia. Comparto la preocupación de muchos cristianos por el hecho de que los frutos de la obra ecuménica, sobre todo en relación con la idea de Iglesia y de ministerio, no son suficientemente aceptados por los interlocutores ecuménicos. Con todo, aunque surgen siempre nuevas dificultades, miramos con esperanza al futuro. Aunque las divisiones entre los cristianos son un obstáculo en el modelar plenamente la catolicidad en la realidad de la vida de la Iglesia, como ha sido prometido en Cristo y a través de Cristo (cfr. Unitatis redintegratio,  n. 4), confiamos en que, bajo la guía del Espíritu Santo, el diálogo ecuménico, como instrumento importante en la vida de la Iglesia, sirva para superar este conflicto.

Ésto sucederá, en primer lugar, a través del diálogo teológico, que debe contribuir a un entendimiento en las cuestiones planteadas, que son un obstáculo a lo largo del camino que lleva a la unidad visible y la celebración común de la Eucaristía como sacramento de la unidad entre los cristianos.

Me complace decir que, junto al diálogo luterano-católico internacional sobre el tema “Bautismo y la creciente comunión eclesial”, también en Alemania, desde 2009, una comisión bilateral de diálogo de la Conferencia Episcopal y de la Iglesia Evangélica luterana alemana, ha retomado su actividad sobre el tema “Dios y la dignidad del hombre”. Este ámbito temático comprende en particular los problemas surgidos recientemente en relación a la tutela y la dignidad de la vida humana, así como las cuestiones urgentes de la familia, el matrimonio, la sexualidad, que no pueden ser excluidas o marginadas para no poner en peligro el consenso ecuménico conseguido hasta ahora.

Esperemos que en estos importantes temas relativos a la vida no surjan nuevas diferencias confesionales sino que, juntos, podamos ofrecer un testimonio al mundo y a los hombres de lo que el Señor nos ha mostrado y nos muestra.

Hoy el diálogo ecuménico no puede estar separado de la realidad y de la vida en la fe en nuestras iglesias sin reportarles un daño. Por tanto dirijamos juntos nuestra mirada al año 2017, que nos recuerda la publicación de las tesis de Martín Lutero sobre las indulgencias de hace 500 años. En esa ocasión católicos y luteranos tendrán la oportunidad de celebrar en todo el mundo una conmemoración ecuménica común, de luchar a nivel mundial por las cuestiones fundamentales – como usted ha dicho – no bajo una forma de celebración triunfalista, sino como una profesión común de nuestra fe en el Dios uno y trino, en la obediencia común a Nuestro Señor y a su Palabra.

Debemos darle un lugar importante a la oración en común y a la oración interior dirigidas ambas a nuestro Señor Jesucristo para el perdón de los errores recíprocos y por la culpa relativa a las divisiones. De esta purificación de la conciencia forma parte el intercambio recíproco de la valoración de los 1500 años previos a la Reforma y que por tanto son comunes a nosotros.

Por esto, deseamos implorar, juntos, de un modo constante, la ayuda de Dios y la asistencia del Espíritu Santo, con el fin de dar más pasos hacia la ansiada unidad y no quedarnos parados en los resultados ya obtenidos.

A lo largo de este camino nos anima también la semana de oración por la unidad de los cristianos de este año. Nos recuerda el capítulo de los Hechos de los Apóstoles: “Todos se reunían asiduamente para escuchar la enseñanza de los Apóstoles y participar en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones” (Hch 2,42). En estos cuatro hechos y comportamientos, los primeros cristianos eran constantes y por tanto la comunidad crecía con Cristo, de esto nació este “juntos” de los hombres en Cristo. Este testimonio extraordinario y visible para el mundo, de la unidad de la Iglesia primitiva podría ser también para nosotros, impulso y norma para nuestro camino ecuménico común en el futuro.

Con la esperanza de que vuestra visita refuerce posteriormente la válida colaboración entre luteranos y católicos en Alemania, imploro para todos vosotros la gracia de Dios y sus bendiciones abundantes.

[Traducción de la versión italiana del original alemán por Carmen Álvarez

©Copyright 2011 Libreria Editrice Vaticana – L'Osservatore Romano]


Publicado por verdenaranja @ 22:04  | Habla el Papa
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Se adjunta comunicado de Justicia y Paz en defensa del  modelo de las Cajas de Ahorros y de su función social.

Las Cajas de Ahorros de nuestro país viven un momento de cambios profundos, tanto en su configuración como a su régimen jurídico, los cuales afectan sensiblemente su identidad, su función social y, incluso, ponen en cuestión la continuidad de este modelo de entidad financiera.

En Justicia y Paz nos preocupa esta situación y, por ello, queremos compartir públicamente nuestras reflexiones al respecto, con la intención de contribuir y promover el debate ciudadano en torno a estas instituciones.

1. Desde sus orígenes, las Cajas de Ahorro han cumplido y cumplen aún hoy una importante función social y económica en nuestro país. Históricamente, con mayor o menor intensidad según la capacidad y características de cada entidad, las Cajas de Ahorro han promovido el ahorro popular, han universalizado el acceso a los recursos y los servicios financieros (en nuestro país las tasas de exclusión financiera son bastante bajas), han fomentado dinámicas empresariales y han contribuido al desarrollo económico local y al uso de nuevas herramientas financieras. Asimismo, han desarrollado una labor social significativa (la denominada obra social), a través de la canalización de los superávits producidos por su actividad hacia el fomento de iniciativas culturales y educativas, de proyectos de inserción laboral, de lucha contra la exclusión social, de cooperación al desarrollo de los países empobrecidos o de preservación del patrimonio histórico, artístico o natural.

2. Este modelo de entidad financiera (no exento de problemas y dificultades, como después señalaremos) ha sido posible gracias a su naturaleza jurídica de instituciones sin ánimo de lucro, gobernadas por actores sin interés lucrativo y obligadas estatutariamente a revertir las ganancias en favor de intereses generales.

3. Con todo, ya hace tiempo que en Justicia y Paz, como otras entidades, nos han preocupado algunos defectos históricos importantes en la práctica de muchas de estas entidades. Entre estos defectos encontramos en muchos casos el olvido de su finalidad social en la misma práctica bancaria, los nombramientos discutibles o retribución excesiva de algunos directivos, algunas prácticas financieras o inversiones especulativas, poco responsables o poco éticas, las interferencias de intereses políticos o partidistas en algunas decisiones, la canalización de beneficios hacia inversiones no del todo justificadas, la utilización a menudo de la obra social más como instrumento de publicidad al servicio de la actividad financiera (y no al revés, como debería ser) o el mal enfoque en algunos casos de esta obra social hacia fines discutibles o poco comprometidas hacia los sectores más desfavorecidos.

4. Ahora bien, muchos de estos defectos se han ido corrigiendo y, en cualquier caso, un balance global no puede negar la contribución al bienestar social que estas entidades han hecho en nuestro país y que deberían continuar haciendo en el futuro.

5. Pero actualmente este modelo está en peligro de desaparición. Como es sabido, las graves turbulencias que sacuden los mercados financieros a escala mundial desde el año 2008, además de contribuir a generar una profunda crisis económica, de la que todavía muchos países no se ha recuperado (como es el caso de nuestro), han creado graves problemas para el sector financiero. En muchos países se produjo la quiebra de entidades financieras importantes (algunas de las cuales fueron rescatadas con dinero público o nacionalizadas) y, en general, una situación delicada en el sector.

6. En el caso de España, el pinchazo de la burbuja inmobiliaria y derrumbe del sector de la construcción, la persistencia de la crisis económica, el crecimiento de la morosidad, las dificultades de las entidades financieras para acceder a crédito exterior, la crisis de la deuda público o las crecientes exigencias internacionales sobre capitalización de instituciones financieras, entre otros factores, han situado en el sector financiero español en una situación delicada. De ahí la disminución importante de los activos inmobiliarios de bancos y cajas, la publicación de informes sobre las dificultades que tendrían algunas Cajas para subsistir en caso de agravarse la crisis (test de estrés) o las recientes disminuciones del valor en bolsa de la mayor parte de bancos españoles.

7. Todo ello ha llevado al Gobierno (con el apoyo de la mayoría del del arco parlamentario) y al Banco de España a impulsar un profundo proceso reestructuración del sector financiero y, en particular, de las Cajas de Ahorros. La principal intencionalidad de este proceso, según el Gobierno, es garantizar la subsistencia de estas entidades y evitar quiebras (una Caja tuvo que ser intervenida recientemente por el Banco de España), lo que se busca promoviendo fusiones financiadas con préstamos públicos (de ahí que la inmensa mayoría de cajas españolas participan ya en procesos de fusión) y reformando su régimen jurídico (RDL 11/2010, de 9 de julio), para incentivar su capitalización con fondos privados. Esto último ha hecho con la creación de las denominadas "cuotas participativas", las cuales, además de beneficios, dan derechos políticos a los inversores sobre la gestión de las Cajas y facilitando la constitución de sociedades anónimas (bancos) para realizar su práctica financiera o para gestionar agrupaciones de Cajas (SIP).

8. A pesar de estos cambios, se anuncia ahora desde el Gobierno una nueva reforma legal que podría obligar a las cajas a reconvertirse en simples fundaciones titulares de acciones de bancos mercantiles.

9. Este proceso de fusiones y esta nueva regulación nos preocupa profundamente, tanto por la forma como se ha impulsado como por sus consecuencias a medio y largo plazo sobre el modelo de las Cajas de Ahorros.

10. Por un lado, este proceso, a pesar de las importantes consecuencias de futuro para las Cajas y por el territorio donde operan, se ha hecho al margen del necesario debate social y, en especial, sin la necesaria participación de la sociedad civil, de las entidades del territorio donde operaban estas cajas, los impositores y de sus trabajadores. Más bien nos preocupa la influencia que pueden haber tenido y tienen todavía en el proceso los intereses de los bancos privados de penetrar en la cuota de mercado de las Cajas, que en nuestro país llega aún hasta el 50%.

11. Pero sobre todo nos preocupa este proceso porque pone en peligro la identidad de las Cajas de Ahorros y, en consecuencia, su función social, ya que conlleva la pérdida de vinculación con su territorio histórico, la centralización de los recursos y del poder económico, reduciendo la participación social en estas entidades, así como avanzar hacia una especie de privatización. Esta es la consecuencia más inmediata que se puede derivar de la posibilidad legal de que inversores privados adquieran posiciones de control en el gobierno de la entidad, más aún si las Cajas convierten en simples bancos. Estas posiciones naturalmente serán utilizadas en interés de las propias estrategias corporativas orientadas al lucro.

12. Por todo ello, consideramos sumamente necesario y urgente que se abra un debate social amplio y serio, en el que participen todos los agentes económicos y sociales, la sociedad civil y las diferentes administraciones, sobre la situación, el papel social y el futuro de las Cajas de Ahorros, debate sin el cual no se deberían tomar nuevas reformas legales en la dirección actual.

13. En todo caso, consideramos necesaria la preservación de este modelo en sus aspectos sustanciales. Entendemos que las circunstancias pueden imponer cambios importantes, pero sería un grave error dar lugar a la desnaturalización de las Cajas, entregándose las al control por parte de capitales privados. Hay otras fórmulas que pueden conseguir los mismos efectos para preservar la solvencia de estas entidades sin transformarlas en algo parecido a bancos privados.

14. Lo que hay, pues, es preservar y proteger la vinculación de las Cajas en el territorio, reforzar su capacidad de promover el ahorro, de apoyar el autónomo y la pequeña y mediana empresa, garantizar una función social en sus inversiones y en su práctica bancaria ordinaria (especialmente con la prevención de la exclusión financiera) y la participación de la sociedad civil en su gestión, así como proteger su obra social, para que continúen favoreciendo la cohesión social.


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Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – “Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo” (Jn 20,21) es el tema del mensaje del Santo Padre Benedicto XVI en ocasión de la Jornada Mundial de las Misiones 2011, que se celebrará el domingo 23 de octubre. A continuación el texto completo.


Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”(Jn 20,21)


“Con ocasión del Jubileo del año 2000, el Venerable Juan Pablo II, al comienzo de un nuevo milenio de la era cristiana, confirmó con fuerza la necesidad de renovar el celo por llevar a todos el anuncio del Evangelio «con el mismo entusiasmo de los cristianos de los primeros tiempos» (Carta ap. Novo millennio ineunte, 58). Es el servicio más precioso que la Iglesia puede ofrecer a la humanidad y a cada persona que busca las razones profundas para vivir en plenitud la propia existencia. Por eso, esa misma invitación resuena cada año en la celebración de la Jornada Mundial de las Misiones. Efectivamente, el incansable anuncio del Evangelio vivifica también a la Iglesia, su fervor, su espíritu apostólico; renueva sus métodos pastorales para que cada vez sean más apropiados para las nuevas situaciones —incluso aquellas que requieren una nueva evangelización— y estén animados por el impulso misionero: «La misión renueva la Iglesia, refuerza la fe y la identidad cristiana, da nuevo entusiasmo y nuevas motivaciones. ¡La fe se fortalece dándola! La nueva evangelización de los pueblos cristianos hallará inspiración y apoyo en el compromiso por la misión universal» (JUAN PABLO II, Enc. Redemptoris missio, 2).

Id y anunciad
Este objetivo se refuerza continuamente por la celebración de la liturgia, especialmente de la Eucaristía, que se concluye siempre evocando el mandato de Jesús resucitado a los Apóstoles: “Id...” (Mt 28,19). La liturgia es siempre una llamada ‘del mundo’ y un nuevo envío ‘al mundo’ para ser testigos de lo que se ha experimentado: la fuerza salvífica de la Palabra de Dios, la fuerza salvífica del Misterio Pascual de Cristo. Todos los que han encontrado al Señor resucitado han sentido la necesidad de anunciarlo a los otros, como hicieron los dos discípulos de Meaux. Estos, después de haber reconocido al Señor al partir el pan, «levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once» y refirieron lo que les había sucedido por el camino (Lc 24,33-34). El Papa Juan Pablo II exhortaba a estar “vigilantes y preparados para reconocer su rostro y correr hacia nuestros hermanos, para llevarles el gran anuncio: ¡Hemos visto al Señor!”

A todos
Destinatarios del anuncio del Evangelio son todos los pueblos. La Iglesia, «es, por su propia naturaleza, misionera, puesto que tiene su origen en la misión del Hijo y la misión del Espíritu Santo según el plan de Dios Padre» (CONC. ECUM. VAT. II, Decr. Ad gentes, 2). Esta es «la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar» (PABLO VI, Exhort. ap. Evangelii nuntiandi, 14). Consiguientemente, nunca puede encerrarse en sí misma. Se enraíza en determinados lugares para ir más allá. Su acción, adhiriéndose a la palabra de Cristo y bajo la influencia de su gracia y de su caridad, se hace plenamente y actualmente presente a todos los hombres y a todos los pueblos para conducirles a la fe en Cristo (cfr Ad gentes, 5).
Esta tarea no ha perdido su urgencia. Al contrario, «la misión de Cristo Redentor, confiada a la Iglesia, está aún lejos de cumplirse… una mirada global a la humanidad demuestra que esta misión se halla todavía en los comienzos y que debemos comprometernos con todas nuestras energías en su servicio» (JUAN PABLO II, Enc. Redemptoris missio, 1). No podemos quedarnos tranquilos si pensamos que, después de dos mil años, todavía existen pueblos que no conocen a Cristo y que todavía no han escuchado su mensaje de salvación.
No solo eso, sino que se amplía el número de quienes, aun habiendo recibido el anuncio del Evangelio, lo han olvidado y abandonado, y ya no se reconocen en la Iglesia; y muchos ambientes, incluso en sociedades tradicionalmente cristianas, son hoy renuentes a abrirse a la palabra de la fe. Se está dando un cambio cultural, alimentado también por la globalización, por movimientos de pensamiento y por el relativismo imperante; un cambio que lleva a una mentalidad y a un estilo de vida que prescinden del mensaje evangélico, como si Dios no existiera, y que exaltan la búsqueda del bienestar, de la ganancia fácil, del logro profesional y del éxito como finalidad de la vida, incluso en menoscabo de los valores morales.

Corresponsabilidad de todos
La misión universal implica a todos, a todo y siempre. El Evangelio no es un bien exclusivo de quien lo ha recibido, sino que es un don que hay que compartir, una buena noticia que hay que comunicar. Y este don-compromiso le es confiado no solamente a algunos, sino a todos los bautizados, los cuales son «un linaje elegido, … nación santa, un pueblo adquirido por Dios» (1 Pe 2, 9) para que proclame sus obras maravillosas.
Están implicadas en ello también todas las actividades. La atención y la colaboración con la actividad evangelizadora de la Iglesia en el mundo no pueden limitarse a algunos momentos y ocasiones particulares, ni tampoco se pueden considerar como una más entre otras actividades pastorales: la dimensión misionera de la Iglesia es esencial, por lo que hay que tenerla siempre presente. Es importante que tanto cada bautizado como las comunidades eclesiales se interesen en la misión no de manera esporádica y ocasional, sino de manera constante, como forma de la vida cristiana. La misma Jornada Mundial de las Misiones no es un momento aislado en el curso del año, sino que es una ocasión preciosa para pararse a pensar si respondemos y cómo respondemos a la vocación misionera; una respuesta esencial para la vida de la Iglesia.

Evangelización global
La evangelización es un proceso complejo y comprende varios elementos. Entre estos, la animación misionera ha prestado siempre una atención particular a la solidaridad. Este es también uno de los objetivos de la Jornada Mundial de las Misiones, que, a través de las Obras Misionales Pontificias, solicita la colaboración para llevar a cabo las tareas de evangelización en los territorios de misión. Se trata de sostener instituciones necesarias para establecer y consolidar la Iglesia mediante los catequistas, los seminarios, los sacerdotes; y de dar también nuestra propia aportación para que mejoren las condiciones de vida de las personas en países en los que son más graves los fenómenos de pobreza, malnutrición, sobre todo infantil, enfermedades, ausencia de servicios de salud y de educación. También esto entra en la misión de la Iglesia. Anunciando el Evangelio, se preocupa por la vida humana en sentido pleno. No se pude aceptar, decía el Siervo de Dios Pablo VI, que en la evangelización se descuiden los aspectos que se refieren a la promoción humana, la justicia, la liberación de toda forma de opresión, evidentemente dentro del respeto a la autonomía del ámbito político. Desinteresarse de los problemas temporales de la humanidad significaría «ignorar la doctrina del Evangelio acerca del amor hacia el prójimo que sufre o padece necesidad» (Exhort. ap. Evangelii nuntiandi, 31.34); no estaría en sintonía con el comportamiento de Jesús, el cual “recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia” (Mt 9,35).
Así, por medio de la participación responsable en la misión de la Iglesia, el cristiano llega a ser constructor de la comunión, de la paz, de la solidaridad que Cristo nos ha dado, y colabora en la realización del proyecto salvífico de Dios para toda la humanidad. Los desafíos que esta encuentra llaman a los cristianos a caminar con los demás, y la misión es parte integrante de este camino con todos. En ella llevamos, si bien en vasijas de barro, nuestra vocación cristiana, el tesoro inestimable del Evangelio, el testimonio vivo de Jesús muerto y resucitado, encontrado y creído en la Iglesia.

Que la Jornada Mundial de las Misiones renueve en cada uno el deseo y la alegría de “ir” al encuentro de la humanidad llevando a todos a Cristo. En su nombre os imparto de corazón la Bendición apostólica, en particular a los que más trabajan y sufren por el Evangelio.
Del Vaticano, 6 de enero de 2011, Solemnidad de la Epifanía del Señor.

Benedictus PP XVI
(Agencia Fides 25/01/2011)


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lunes, 24 de enero de 2011

ZENIT  nos ofrece la homilía que el Papa Benedicto XVI pronunció ayer 31 de diciembre durante las primeras Vísperas de la Solemnidad de Santa María Madre de Dios y de Acción de Gracias por el fin del año civil, en la Basílica de San Pedro.

¡Queridos hermanos y hermanas!

En el fin del año, nos encontramos esta tarde en la Basílica Vaticana para celebrar las primeras vísperas de la solemnidad de María Santísima Madre de Dios y para elevar un himno de gracias al Señor por las innumerables gracias que nos ha dado, pero además y sobre todo por la Gracia en persona, es decir por el Don viviente y personal del Padre, que es su Hijo predilecto, nuestro Señor Jesucristo. Precisamente esta gratitud por los dones recibidos de Dios en el tiempo que se nos ha concedido vivir, nos ayuda a descubrir un gran valor inscrito en el tiempo: marcado en sus ritmos anuales, mensuales, semanales y diarios, está habitado por el amor de Dios, por sus dones de gracia; es tiempo de salvación. Sí, el Dios eterno entró y permanece en el tiempo del hombre. Entró en él y permanece en él con la persona de Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre, el Salvador del mundo. Es cuanto nos ha recordado el apóstol Pablo en la lectura breve poco antes proclamada: “Pero cuando se cumplió el tiempo establecido, Dios envió a su Hijo … para hacernos hijos adoptivos” (Gal 4,4-5).

Por tanto, el Eterno entra en el tiempo y lo renueva de raíz, liberando al hombre del pecado y haciéndolo hijo de Dios. Ya ‘al principio’, o sea, con la creación del mundo y del hombre en el mundo, la eternidad de Dios hizo surgir el tiempo, en el que transcurre la historia humana, de generación en generación. Ahora, con la venida de Cristo y con su redención, estamos “en la plenitud” del tiempo. Como revela san Pablo, con Jesús el tiempo se hace pleno, llega a su cumplimiento, adquiriendo ese significado de salvación y de gracia por el que fue querido por Dios antes de la creación del mundo. La Navidad nos remite a esta 'plenitud' del tiempo, es decir, a la salvación renovadora traída por Jesús a todos los hombres. Nos la recuerda y, misteriosa pero realmente, nos la da siempre de nuevo. Nuestro tiempo humano está lleno de males, de sufrimientos, de dramas de todo tipo – desde los provocados por la maldad de los hombres hasta los derivados de las catástrofes naturales –, pero encierra ya, y de forma definitiva e imborrable la novedad gozosa y liberadora de Cristo salvador. Precisamente en el Niño de Belén podemos contemplar de modo particularmente luminoso y elocuente el encuentro de la eternidad con el tiempo, como le gusta expresar a la liturgia de la Iglesia. La Navidad nos hace volver a encontrar a Dios en la carne humilde y débil de un niño. ¿No hay aquí quizás una invitación a reencontrar la presencia de Dios y de su amor que da la salvación también en las horas breves y agotadoras de nuestra vida cotidiana? ¿No es quizás una invitación a descubrir que en nuestro tiempo humano – también en los momentos difíciles y duros – está enriquecido incesantemente por las gracias del Señor, es más, por la Gracia que es el Señor mismo?

Al final de este año 2010, antes de entregar los días y las horas a Dios y a su juicio justo y misericordioso, siento muy vivo en el corazón la necesidad de elevar nuestro “gracias” a Él y a su amor por nosotros. En este clima de agradecimiento, deseo dirigir un saludo particular al cardenal vicario, a los obispos auxiliares, a los sacerdotes, a las personas consagradas, como también a los muchos fieles laicos aquí reunidos. Saludo al señor Alcalde y a las Autoridades presentes. Un recuerdo especial va a cuantos están en dificultad y transcurren estos días de fiesta entre problemas y sufrimientos. A todos y a cada uno aseguro mi pensamiento afectuoso, que acompaño con la oración.

Queridos hermanos y hermanas, nuestra Iglesia de Roma está empeñada en ayudar a todos los bautizados a vivir fielmente la vocación que han recibido y a dar testimonio de la belleza de la fe. Para poder ser auténticos discípulos de Cristo, una ayuda esencial nos viene de la meditación cotidiana de la Palabra de Dios que, como escribí en la reciente Exhortación apostólica Verbum Domini, “está en la base de toda auténtica espiritualidad cristiana” (n. 86). Por esto deseo animar a todos a cultivar una intensa relación con ella, en particular a través de la lectio divina, para tener esa luz necesaria para discernir los signos de dios en el tiempo presente y a proclamar eficazmente el Evangelio. También en Roma, de hecho, hay cada vez más necesidad de un renovado anuncio del Evangelio, para que los corazones de los habitantes de nuestra ciudad se abran al encuentro con ese Niño, que nació por nosotros, con Cristo, Redentor del mundo. Pues, como recuerda el Apóstol Pablo, “la fe, por lo tanto, nace de la predicación y la predicación se realiza en virtud de la Palabra de Cristo” (Rm 10,17), una ayuda útil en esta acción evangelizadora puede venir – como ya se experimentó durante la Misión Ciudadana de preparación al Gran Jubileo del año 2000 – por los “Centros de escucha del Evangelio", que animo a hacer renacer o a revitalizar no sólo en las casas, sino también en los hospitales, en los lugares de trabajo y en aquellos donde se forman las nuevas generaciones y se elabora la cultura. El Verbo de Dios, de hecho, se hizo carne por todos y su verdad es accesible a todo hombre y a toda cultura. He sabido con agrado del ulterior empeño del Vicariato en la organización de los "Diálogos en la Catedral", que tendrán lugar en la Basílica de San Juan de Letrán: estas significativas citas expresan el deseo de la Iglesia de encontrar a todos aquellos que están buscando respuestas a las grandes preguntas de la existencia humana.

El lugar privilegiado de la escucha de la Palabra de Dios es la celebración de la Eucaristía. El Congreso diocesano del pasado junio, en el que participé, quiso poner de manifiesto la centralidad de la Santa Misa dominical en la vida de cada comunidad cristiana y ofreció indicaciones para que la belleza de los divinos misterios pueda resplandecer mayormente en el acto celebrativo y en los frutos espirituales que derivan de él. Animo a los párrocos y a los sacerdotes a llevar a cabo lo indicado en el programa pastoral: la formación de un grupo litúrgico que anime la celebración, y una catequesis que ayude a todos a conocer más el misterio eucarístico, del que brota el testimonio de la caridad. Nutridos por Cristo, también nosotros somos atraídos en el mismo acto de ofrecimiento total, que empujó al Señor a dar su propia vida, revelando de ese modo el inmenso amor del Padre. El testimonio de la caridad posee, por tanto, una esencial dimensión teologal y está profundamente unida al anuncio de la Palabra. En esta celebración de acción de gracias a Dios por los dones recibidos en el curso del año, recuerdo en particular la visita que realicé al hostal de Caritas en la Estación Termini donde, a través del servicio y de la dedicación generosa de numerosos voluntarios, tantos hombres y mujeres pueden tocar con la mano el amor de Dios. El momento presente genera aún preocupación por la precariedad en la que se encuentran tantas familias y pide a toda la comunidad diocesana que esté cerca de aquellos que viven en condiciones de pobreza y dificultad. Que Dios, amor infinito, inflame los corazones de cada uno de nosotros con esa caridad que lo empujó a entregarnos a su Hijo unigénito.

Queridos hermanos y hermanas, somos invitados a mirar al futuro, y a mirarlo con esa esperanza que es la palabra final del Te Deum: "In te, Domine, speravi: non confundar in aeternum! - Señor, Tu eres nuestra esperanza, no seremos confundidos eternamente". Quien nos entrega a Cristo, nuestra Esperanza, es siempre ella, la Madre de Dios: María santísima. Como antes a los pastores y a los magos, sus brazos y aún más su corazón siguen ofreciendo al mundo a Jesús, su Hijo y nuestro Salvador. En Él está toda nuestra esperanza, porque de Él han venido para todo hombre la salvación y la paz. ¡Amen!

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


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Artículo publicado en folleto de la CEE para la celebración del Octavario por la Unidad de los Cristinanos, recibido en la parroquia.

VIDA ECUMÉNICA DE JERUSALÉN

Desde Jerusalén Jesús envió a los apóstoles para ser sus testigos «hasta los confines de la tierra» (Hechos 1, 8). Durante su misión, entraron en contacto con un gran número de lenguas y civilizaciones muy ricas y se pusieron a proclamar el Evangelio y a celebrar la Eucaristía en todas estas lenguas. Por lo tanto, la vida cristiana y la liturgia adquirieron muchas formas y expresiones que se enriquecen y se complementan mutuamente.

Muy pronto, todas estas Iglesias y tradiciones cristianas quisieron conjuntamente estar presentes en la Iglesia local, en Jerusalén, lugar de nacimiento de la Iglesia. Experimentaron la necesidad de tener una comunidad de oración y de servicio sobre la tierra donde se había desarrollado la historia de la salvación y cerca de los lugares donde Jesús había vivido, ejercido su ministerio, sufrido su pasión y había entrado así en su misterio pascual de muerte y resurrección. Por ello la Iglesia de Jerusalén se convirtió en la imagen viva de la diversidad y de la riqueza de las múltiples tradiciones cristianas de Oriente y de Occidente. Todo visitante o peregrino que llega a Jerusalén es invitado a descubrir estas tradiciones ricas y variadas.

Desgraciadamente, durante la historia y por distintas razones, esta bella diversidad también se convirtió en fuente de divisiones. Estas divisiones son aún más dolorosas en Jerusalén, puesto que es el lugar mismo donde Jesús oró para que «todos sean uno» (Jn 17, 21), donde ha muerto «para conseguir la unión de todos los hijos de Dios que se hallaban dispersos» (Jn 11, 52), y donde tuvo lugar el primer Pentecostés. Es importante, sin embargo, añadir que ninguna de estas divisiones tienen a Jerusalén como origen. Todas ellas han sido introducidas en Jerusalén a través de las Iglesias ya divididas. Por lo tanto, casi todas las Iglesias del mundo tienen su parte de responsabilidad en las divisiones de la Iglesia de Jerusalén y también deben trabajar por su unidad con las Iglesias locales.

Hay actualmente en Jerusalén trece Iglesias adjuntas de tradición episcopal: la Iglesia greco ortodoxa, la Iglesia latina (católica), la Iglesia apostólica armenia, la Iglesia siria ortodoxa, la Iglesia copta ortodoxa, la Iglesiaetíope ortodoxa, la Iglesia greco melkita (católica), la Iglesia maronita (católica), la Iglesia siria católica, la Iglesia armenia católica, la Iglesia caldea (católica), la Iglesia evangélica episcopaliana y la Iglesia evangélica luterana. Además de las que acabamos de nombrar, un número considerable de otras Iglesias o comunidades están presentes en Jerusalén y en Tierra Santa: presbiterianos, reformados, bautistas, evangélicos, pentecostales, etc.

Los cristianos de Palestina e Israel en su conjunto son de 150.000 a 200.000 y representan entre 1% y un 2% de la población total. La gran mayoría de estos cristianos son palestinos de lengua árabe, pero en algunas Iglesias existen también grupos de fieles que hablan hebreo y que desean constituir una presencia y un testimonio cristianos en la sociedad israelí. Además existen asambleas llamadas también mesiánicas que representan aproximadamente de cuatro a cinco mil creyentes pero a los que no se tiene habitualmente en cuenta en el censo de los cristianos.

Para lo que son las recientes evoluciones de las relaciones ecuménicas en Jerusalén, la peregrinación del papa Pablo VI a Tierra Santa, en enero de 1964, sigue representando una etapa decisiva. Sus encuentros en Jerusalén con los patriarcas Atenágoras de Constantinopla y Benedicto de Jerusalén, han señalado el principio de un nuevo clima en las relaciones entre Iglesias. A partir de ese momento, las cosas han comenzado a evolucionar de una nueva manera.

La etapa importante que siguió fue la primera intifada palestina, al final de los años 1980. En un clima de inseguridad, violencia, sufrimiento y muerte, los responsables de las Iglesias comenzaron a encontrarse para reflexionar conjuntamente sobre lo que podían y debían decir y hacer juntos. Decidieron publicar mensajes y declaraciones comunes y comenzaron a tomar juntos iniciativas para una paz justa y duradera.

Desde entonces, los responsables de las Iglesias de Jerusalén publican cada año un mensaje común para Pascua y para Navidad, así como declaraciones y comunicados en ocasiones particulares. Dos declaraciones merecen mencionarse especialmente. En noviembre de 1994, los responsables de las trece Iglesias firmaron un memorandum común sobre la importancia de Jerusalén para los cristianos y sobre los derechos que resultan para las comunidades cristianas. Desde entonces, se reúnen casi todos los meses. Publicaron una declaración actualizada sobre el mismo tema, en septiembre de 2006.

Hasta ahora, la entrada ecuménica en el tercer milenio sobre el lugar de la Cueva en Belén, en diciembre de 1999, permanece siendo la expresión más significativa de este nuevo peregrinaje ecuménico común. Los responsables y fieles de las trece Iglesias, reunidos con peregrinos venidos del mundo entero han pasado una tarde juntos, cantando, leyendo la Palabra de Dios y orando juntos.

En 2006, la creación del Centro ecuménico de Jerusalén, en colaboración con las Iglesias locales, el Consejo Ecuménico de las Iglesias y el Consejo de las Iglesias del Oriente Medio, expresó también la colaboración creciente entre las Iglesias locales, y la fuerza de los vínculos que existen entre ellas y las Iglesias del resto del mundo. Este Centro es al mismo tiempo un precioso instrumento al servicio de este crecimiento ecuménico.

El Programa de Acompañamiento Ecuménico de Palestina e Israel comenzó en 2002, en coordinación con las Iglesias locales y el COE.

Implica voluntarios venidos de Iglesias del mundo entero con el fin de colaborar con los israelíes y los palestinos a reducir las consecuencias del conflicto, y acompañarlos en los lugares de confrontaciones. Esta iniciativa constituye otra potente herramienta para reforzar los vínculos de solidaridad, tanto en Tierra Santa como con las Iglesias a las que pertenecen los voluntarios.

También existen otros grupos ecuménicos informales en Jerusalén. Uno de ellos, el Círculo Ecuménico de los Amigos, que se reúne una vez al mes, coordina la celebración anual de la Semana de oración por la unidad cristiana en Jerusalén desde hace cuarenta años, aproximadamente.

Cada año, esta celebración constituye un notable acontecimiento en la vida de las Iglesias. El diálogo interreligioso en Jerusalén, ciudad considerada como santa por los judíos, los cristianos y los musulmanes, tiene también importantes repercusiones ecuménicas gracias a los miembros de distintas Iglesias que trabajan juntos. En este diálogo, hacen colectivamente la experiencia de la necesidad de superar los desacuerdos y controversias del pasado y de encontrar una nueva lengua común para poder dar testimonio del mensaje evangélico en una actitud de respeto mutuo.

Para los cristianos de base, de Palestina e Israel, el ecumenismo forma parte de cada día. Hacen constantemente la experiencia de que la solidaridad y la colaboración son de una importancia vital para la presencia de su pequeña minoría en medio de la mayoría de los creyentes de las dos otras religiones monoteístas. Las escuelas, instituciones y movimientos cristianos trabajan juntos, de una y otra parte, para proponer un servicio y un testimonio comunes. Se aceptan ahora generalmente los matrimonios entre miembros de Iglesias diferentes y casi se encuentra en todas las familias. Por lo tanto, las Iglesias comparten las alegrías y dolores, unos y otros, en medio de una situación de conflicto e inestabilidad que afecta también a sus hermanos y hermanas musulmanes cuya cultura, lengua e historia comparten, y con quienes deben construir un mejor futuro común. Están dispuestas a colaborar con los musulmanes y los judíos creyentes para preparar las vías del diálogo y de una solución justa y duradera a un conflicto que se ha utilizado a menudo demasiado y se ha abusado, además, de la religión. En vez de participar en el conflicto, la verdadera religión debe contribuir a solucionarlo.

Lo que es significativo también es que la Iglesia de Jerusalén sigue viviendo en un clima político similar en muchos aspectos a aquel que conoció la primera comunidad cristiana. Los cristianos palestinos se convirtieron en una pequeña minoría enfrentada a los serios retos que amenazan de muchas maneras su futuro, mientras que aspiran a la libertad, a la dignidad humana, a la justicia, la paz y la seguridad.

En medio de todo eso, los cristianos de las Iglesias de Jerusalén piden a sus hermanos y hermanas del resto del mundo, en esta Semana de oración por la unidad de los cristianos, orar con ellos y para ellos para que lleguen a lo que aspiran en materia de libertad y dignidad, y que finalicen todas las formas de opresión humana. La Iglesia eleva su oración a Dios, anticipando y esperando para sí misma y para el mundo que todos estemos unidos en una misma fe, un mismo testimonio y un mismo amor.

2 Este texto sobre las Iglesias de Jerusalén y la situación ecuménica de esa ciudad se publica bajo la responsabilidad del grupo preparatorio.


Publicado por verdenaranja @ 16:14  | Ecumenismo
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Textos bíblicos, meditaiones y oraciones para el día octavo del Octavario por la Unidad de los Cristianos, publicados en folleto de la CEE recibido en la parroquia para su celebración.

Llamados al servicio de la reconciliación 

Génesis 33, 1-4: Esaú corrió al encuentro de Jacob y lo abrazó, y lloraron.
Salmo 96, 1-13: Decid a las naciones: «el Señor es rey».
2 Corintios 5, 17-21: Dios hizo la paz con el mundo por medio de Cristo y a nosotros nos ha confiado este mensaje de paz.
Mateo 5, 21-26: Deja tu ofrenda delante del altar, y ve primero a reconciliarte con tu hermano…

Comentario

Las oraciones de esta semana nos han llevado a hacer un planteamiento común. Guiados por las Escrituras, somos llamados a volver a nuestros orígenes cristianos, los de la Iglesia apostólica de Jerusalén. Vimos su asiduidad en la enseñanza de los apóstoles, la comunión fraterna, la fracción del pan y las oraciones.

Al término de nuestras reflexiones sobre la comunidad cristiana  ideal presentada en los Hechos 2, 42, volvemos de nuevo a los contextos que son nuestros: realidades de divisiones, de insatisfacciones, de decepciones y de injusticias. Y allí, la Iglesia de Jerusalén nos plantea la siguiente cuestión: ¿a qué somos llamados, aquí y ahora, cuando terminamos esta Semana de oración por la unidad de los cristianos?

Los cristianos de Jerusalén de hoy nos sugieren una respuesta: somos llamados sobre todo al servicio de la reconciliación. Tal llamada se refiere a la reconciliación sobre los planes, y en toda una complejidad de divisiones. Oramos por la unidad de los cristianos para que la Iglesia sea signo e instrumento de curación de las divisiones e injusticias políticas y estructurales; para una coexistencia justa y pacífica entre judíos, cristianos y musulmanes; para que crezca la comprensión entre las personas de todas las creencias e increencias. En nuestras vidas personales y familiares, la llamada a la reconciliación debe también encontrar una respuesta.

Jacob y Esaú, en el texto del Génesis, son hermanos y, sin embargo, extranjeros uno del otro. Su reconciliación se produce mientras se podía esperar un conflicto. La violencia y las prácticas de ira se dejan de lado mientras que los hermanos se encuentran y lloran juntos.

El reconocimiento ante Dios de nuestra unidad como cristianos, y también como seres humanos, nos conduce al gran canto de alabanza del salmo hacia el Señor que gobierna el mundo con justicia y amor. En Cristo, Dios busca reconciliarse con todos los pueblos. San Pablo, que lo describe en nuestra segunda lectura, celebra esta vida de reconciliación como «una nueva creación». La llamada a reconciliarse es una llamada a dejar actuar en nosotros la fuerza de Dios para hacer nuevas todas las cosas.

Una vez más, sabemos que esta «buena noticia» nos invita a modificar nuestra manera de vivir. Como san Mateo lo relata, Jesús nos exhorta con determinación: no podemos seguir presentando nuestras ofrendas en el altar sabiendo que somos responsables de las divisiones y de las injusticias. La llamada a la oración por la unidad de los cristianos es una llamada a la reconciliación.

La llamada a la reconciliación es una llamada a actuar, incluso si fuere para interrumpir nuestras actividades eclesiales.

Oración

Dios de la paz, te damos gracias por enviarnos a Jesús para reconciliarnos en Él contigo. Danos la gracia de ser verdaderos servidores de reconciliación en nuestras Iglesias. Ayúdanos así a ponernos al servicio de la reconciliación de todos los pueblos, en particular en tu Tierra Santa, el lugar donde quieres abatir el muro de separación entre los pueblos, y reunir a cada uno en el Cuerpo de Cristo, ofrecido en sacrificio en el Calvario. Llénanos de amor a unos y a otros, para que nuestra unidad sirva a la reconciliación que deseas para toda la creación. Te lo pedimos en la fuerza del Espíritu. Amén.


Publicado por verdenaranja @ 16:01  | Ecumenismo
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Textos bíblicos, meditaciones y oraciones para el día séptimo del Ocatavario por la Unidad de los Cristianos, publicados en folleto de la CEE para su celebración yrecibido en la parroquia.

Vivir en la fe de la resurrección

Isaías 60, 1-3.18-22: Llamarás a tu muralla «Victoria» y a tus puertas «Alabanza».
Salmo 118, 1.5-7: No he de morir, viviré.
Romanos 6, 3-11: Por el bautismo fuimos sepultados en Cristo… para que también nosotros emprendamos una vida nueva.
Mateo 28, 1-10: Jesús les dijo: «No tengáis miedo…».

Comentario

La asiduidad de los primeros cristianos a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión fraterna, a la fracción del pan y a las oraciones  fue sobre todo posible con el poder de vida de Jesús resucitado.

Este poder continúa actuando, como dan prueba los cristianos de la Jerusalén actual. A pesar de las dificultades de la situación donde se encuentran, y cualquiera que sea la posible semejanza con Getsemaní y Gólgota, saben desde la fe que todo se renueva en la verdad de la resurrección de Jesús de entre los muertos.

La luz y la esperanza de la resurrección transforman todo. Como anunció Isaías, la oscuridad se cambia en luz; todos los pueblos son iluminados. La fuerza de la resurrección irradia desde Jerusalén, lugar de la Pasión del Señor, y atrae a todas las naciones hacia su claridad. Es una nueva vida, donde la violencia se descarta y donde se encuentra seguridad en la salvación y la alabanza.

En el salmo, encontramos las palabras para celebrar la experiencia central del cristianismo: el paso de la muerte a la vida. Es la señal permanente del amor inquebrantable de Dios. Este paso de los terrores de la muerte a la nueva vida es lo que define a todos los cristianos. Ya que, como nos enseña San Pablo, por el bautismo hemos estado en el sepulcro con Cristo y hemos resucitado con Él. Hemos muerto con Cristo, y vivimos para compartir su vida de resucitado. Podemos ver al mundo diferentemente, con compasión, paciencia, amor y esperanza, porque, en Cristo, las dificultades del momento nunca pueden ser la palabra final de la historia. A pesar de nuestras divisiones, nosotros, los cristianos, sabemos que el bautismo nos reúne para permitirnos llevar la cruz en la luz de la resurrección.

Según el Evangelio, esta vida de resucitado no es un simple concepto o una idea alentadora; ella se arraiga en un acontecimiento vivo en el tiempo y en el espacio. Es el acontecimiento que nos relata la lectura del Evangelio de manera muy humana y expresiva. Desde Jerusalén, el Señor resucitado saluda a sus discípulos de todas las épocas, pidiéndonos a todos seguirlo sin temor. Va delante de nosotros. 

Oración

Dios, que proteges a la viuda, al huérfano y al extranjero en un mundo donde muchos conocen la desesperación; Tú has resucitado a tu Hijo Jesús para llevar esperanza a la humanidad y renovación a tierra. Sigue consolidando y unificando tu Iglesia en sus luchas contra las fuerzas de la muerte, en un mundo donde la violencia hacia la creación y hacia la humanidad obscurecen la esperanza en la nueva vida que Tú ofreces. Te lo pedimos en nombre de Cristo resucitado, en la fuerza de su Espíritu. Amén.


Publicado por verdenaranja @ 15:54  | Ecumenismo
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Lectio divina para el segundo domingo del Tiempo Ordinario - A, pfrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.

LECTURA:          “Mateo 4, 12‑23”

Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea. Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que había dicho el Profeta Isaías: «País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló.»

Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: “Convertíos, porque está cerca el Reino de los cielos”.

[Paseando junto al lago de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y a Andrés, que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores. Les dijo: “Venid y seguidme y os haré pescadores de hombres”. Inmediatamente dejaron las redes y le siguieron.

Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre. Jesús los llamo también. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.

Recorría toda Galilea enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del Reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo.]

MEDITACIÓN:      “Convertíos”

            Sí, ya sé que esta palabra va a volver a resonar muy pronto en la próxima cuaresma, pero el escucharla ahora, fuera de ese contexto, me recuerda que no está ligada automáticamente a ese tiempo, sino que forma parte del punto de arranque de tu mensaje, sin ella, nada de lo que venga detrás se puede entender y acoger.

            Tal vez el haberla ligado con fuerza a ese tiempo nos la ha hecho menos agradable, como seria y exigente, cuando en realidad es una invitación, una llamada para preparar el corazón a algo que debía sonarme estupendo: Dios, el Dios del amor, el Dios que me ama y me invita a amar, está cerca. Como has dejado resonar en esta navidad, eres Dios con nosotros, Dios conmigo, y no para estorbarme, no para aguar la fiesta de mi vida, de mis caprichos o justificaciones, sino para descubrirme mi dignidad, mi grandeza, mi capacidad.

            Me llamas una vez más, como una nueva oportunidad, a volverme hacia ti, eso es convertirse, y vuelto hacia ti, dejar que mi corazón se identifique con el tuyo, hasta dejar que tu amor fluya, se manifieste, en mí.   

ORACIÓN:       “Conviérteme”  

            Conviérteme, Señor, a ti. Haz que me rostro y mi corazón se vuelvan continuamente a ti. Que tu palabra me resuene como llamada de amor, como urgencia a aprender a amar como tú.       

            Conviérteme para que tu llamada constante resuene en mí y que me recuerde lo que me amas, lo que nos amas, y ante tanta dureza de la que somos y soy portador, haga posible que mi corazón se haga cada vez menos duro, más de carne, más humano. Conviértelo para que se parezca al tuyo.

CONTEMPLACIÓN:       “A ti”

Miro arriba y hacia dentro
y te descubro a ti,
ofreciéndome tu amor
y suplicando el mío;
y extiendo la mano
de mis deseos
para que la tomes,
la agarres con fuerza,
y me vuelvas, para siempre.


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domingo, 23 de enero de 2011

ZENIT nos ofrece la homilía pronunciada el sábado 1 de Enero de 2011 por el Papa Benedicto XVI durante la Misa con motivo de la Solemnidad de María Santísima Madre de Dios, Jornada Mundial de la Paz, en la Basílica de San Pedro.

Queridos hermanos y hermanas

Envueltos aún por el clima espiritual de la Navidad, en el que hemos contemplado el misterio del nacimiento de Cristo, hoy celebramos con los mismos sentimientos a la Virgen María, a la que la Iglesia venera como Madre de Dios, en cuanto que dio carne al Hijo del eterno Padre. Las lecturas bíblicas de esta solemnidad ponen el acento principalmente sobre el Hijo de Dios hecho hombre y sobre el “nombre” del Señor. La primera lectura nos presenta la bendición solemne que los sacerdotes pronunciaban sobre los israelitas en las grandes fiestas religiosas: está marcada precisamente por el nombre del Señor, repetido por tres veces, como expresando la plenitud y la fuerza que deriva de esa evocación. Este texto de bendición litúrgica, de hecho, evoca la riqueza de gracia y de paz que Dios da al hombre, con una disposición benévola hacia él, y que se manifiesta con el “resplandecimiento” del rostro divino y el “dirigirlo” hacia nosotros.

La Iglesia vuelve a escuchar hoy estas palabras, mientras pide al Señor que bendiga el nuevo año apenas comenzado, con la conciencia de que ante los trágicos acontecimientos que marcan la historia, ante las lógicas de guerra que por desgracia aún no están superadas del todo, sólo Dios puede tocar en lo profundo el alma humana y asegurar esperanza y paz a la humanidad. Ya es una tradición consolidada, de hecho, que el primer día del año la Iglesia, diseminada en todo el mundo, eleve una oración conjunta para invocar la paz. Es bueno comenzar una nueva etapa del camino poniéndose con decisión en el camino de la paz. Hoy queremos recoger el grito de tantos hombres, mujeres, niños y ancianos víctimas de la guerra, que es el rostro más horrendo y violento de la historia. Nosotros rezamos hoy para que la paz, que los ángeles anunciaron a los pastores la noche de Navidad, pueda llegar a todas partes: "super terram pax in hominibus bonae voluntatis" (Lc 2,14). Por esto, especialmente con nuestra oración, queremos ayudar a todo hombre y a todo pueblo, en particular a cuantos tienen responsabilidad de gobierno, a caminar de modo cada vez más decidido en el camino de la paz.

En la segunda lectura, san Pablo resume en la adopción filial la obra de salvación realizada por Cristo, en la que está como engastada la figura de María. Gracias a ella el Hijo de Dios, “nacido de mujer” (Gal 4,4), pudo venir al mundo como verdadero hombre, en la plenitud de los tiempos. Este cumplimiento, esta plenitud, se refiere al pasado y a las expectativas mesiánicas, que se cumplen, pero, al mismo tiempo, se refiere también a la plenitud en sentido absoluto: en el verbo hecho carne, Dios ha dicho su Palabra última y definitiva. En el umbral de un nuevo año, resuena así la invitación a caminar con alegría hacia la luz del “sol que nace de lo alto" (Lc 1,78), pues en la perspectiva cristiana, todo el tiempo está habitado por Dios, no hay futuro que no esté dirigido a Cristo, y no existe plenitud fuera de la de Cristo.

El pasaje del Evangelio de hoy termina con la imposición del nombre de Jesús, mientras María participa en silencio, meditando en su corazón en el misterio de este Hijo suyo, que de una forma tan singular es don de Dios. Pero la vita evangélica que hemos escuchado pone en particular evidencia a los pastores, que volvieron “glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían visto y oído" (Lc 2,20). El ángel les había anunciado que en la ciudad de David, o sea, en Belén, había nacido el Salvador y que habrían encontrado la señal: un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre (cfr Lc 2,11-12). Partiendo rápidamente, habían encontrado a María y José y el Niño. Observemos cómo el Evangelista habla de la maternidad de María a partir del Hijo, de ese “niño envuelto en pañales", porque es Él – el Verbo de Dios (Jn 1,14) – el punto de referencia, el centro del acontecimiento que se está realizando y es Él el que hace que la maternidad de María sea calificada como "divina".

Esta mayor atención que las lecturas de hoy dedican al “Hijo”, a Jesús, no reduce el papel de la Madre, al contrario, la coloca en la justa perspectiva: María, de hecho, es verdadera Madre de Dios precisamente en virtud de su relación total a Cristo. Por tanto, glorificando al Hijo se honra a la Madre, y honrando a la Madre se glorifica al Hijo. El título de “Madre de Dios”, que hoy la liturgia pone de relieve, subraya la misión única de la Virgen Santa en la historia de la salvación: misión que está a la base del culto y de la devoción que el pueblo cristiano le reserva. María de hecho no recibió el don de Dios sólo para sí misma, sino para traerlo al mundo: en su virginidad fecunda, Dios dio a los hombres los bienes de la salvación eterna (cfr Colecta). Y María ofrece continuamente su mediación al Pueblo de Dios que peregrina en la historia hacia la eternidad, como antes la ofreció a los pastores del Belén. Ella, que dio la vida terrena al Hijo de Dios, continua dando a los hombres la vida divina, que es Jesús mismo y su Santo Espíritu. Por esto se la considera madre de cada hombre que nace a la Gracia y al mismo tiempo es invocada como Madre de la Iglesia.

Es en nombre de María, Madre de Dios y de los hombres, que desde el 1 de enero de 1968 se celebra en todo el mundo la Jornada Mundial de la Paz. La paz es don de Dios, como hemos escuchado en la primera lectura: “El Señor … te conceda la paz" (Nm 6,26). Esta es el don mesiánico por excelencia, el primer fruto de la caridad que Jesús nos ha dado, es nuestra reconciliación y pacificación con Dios. La paz es también un valor humano que realizar en el plano social y político, pero que hunde sus raíces en el misterio de Cristo (cfr Conc. Vat. II, Const. Gaudium et spes, 77-90). En esta celebración solemne, con ocasión de la cuadragésimo cuarta Jornada Mundial de la Paz, estoy contento de dirigir mi saludo deferente a los ilustres Señores Embajadores ante la Santa Sede, con mis mejores deseos por su misión. Un saludo fraterno y cordial va, también, a mi Secretario de Estado y a los demás responsables de los dicasterios de la Curia Romana, con un particular pensamiento hacia el presidente del Consejo Pontificio “Justicia y Paz” y sus colaboradores. Deseo manifestarles mi vivo reconocimiento por su empeño cotidiano a favor de una convivencia pacífica entre los pueblos y de la formación cada vez más sólida de una conciencia de paz en la Iglesia y en el mundo. En esta perspectiva, la comunidad eclesial está cada vez más comprometida en trabajar, según las indicaciones del Magisterio, para ofrecer un patrimonio espiritual seguro de valores y de principios de la continua búsqueda de la paz.

He querido recordar en mi Mensaje para la Jornada de hoy, con el título “Libertad religiosa, camino para la paz": "El mundo necesita a Dios. Necesita valores éticos y espirituales, universales y compartidos, y la religión puede ofrecer una preciosa contribución en su búsqueda, para la construcción de un orden social e internacional justo y pacífico" (n. 15). He subrayado, por tanto, que “la libertad religiosa es un elemento imprescindible de un Estado de derecho; no se puede negar sin dañar al mismo tiempo los demás derechos y libertades fundamentales, pues es su síntesis y su cumbre" (n. 5).

La humanidad no puede mostrarse resignada a la fuerza negativa del egoísmo y de la violencia; no debe acostumbrase a conflictos que provocan víctimas y ponen en riesgo el futuro de los pueblos. Frente a las tensiones amenazadoras de este momento, especialmente frente a las discriminaciones, a los abusos y a las intolerancias religiosas, que hoy afectan de modo particular a los cristianos (cfr ibid., 1), dirijo una vez más una invitación apremiante a no ceder al desaliento y a la resignación. Exhorto a todos a rezar para que lleguen a buen fin los esfuerzos emprendidos por muchas partes para promover y construir la paz en el mundo. Para esta difícil tarea no son suficientes las palabras, es necesario el compromiso concreto y constante de los responsables de las naciones, sino que es necesario sobre todo que cada persona esté animada por un auténtico espíritu de paz, que hay que implorar siempre de nuevo en la oración y que hay que vivir en las relaciones cotidianas, en cada ambiente.

En esta celebración eucarística tenemos ante los ojos, para nuestra veneración, la imagen de Nuestra Señora del Sacro Monte de Viggiano, tan querida a las gentes de Basilicata. La Virgen María nos da a su Hijo, nos muestra el rostro de su Hijo, Príncipe de la Paz: que ella nos ayude a permanecer a la luz de este rostro, que brilla sobre nosotros (cfr Nm 6,25), para redescubrir toda la ternura de Dios Padre; que ella nos sostenga en invocar al Espíritu Santo, para que renueve la faz de la tierra y transforme los corazones, deshaciendo su dureza ante la bondad desarmante del Niño, que nació por nosotros. Que la Madre de Dios nos acompañe en este nuevo años; que obtenga para nosotros y para el mundo entero el deseado don de la paz. Amén.

[Traducción del original italiano por Inma Álvarezç
©Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 20:48  | Habla el Papa
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ZENIT nos ofrece la intervención del Papa Benedicto XVI el sábado 1 de Enero de 2011 al introducir el rezo del Ángelus con los peregrinos de todo el mundo reunidos en la Plaza de San Pedro.

Queridos hermanos y hermanas

En este primer Ángelus del 2011, dirijo a todos mi augurio de paz y de bien confiándolo a la intercesión de María Santísima, a la que hoy celebramos como Madre de Dios. Al inicio de un nuevo año, el Pueblo cristiano se reúne espiritualmente ante la gruta de Belén, donde la Virgen María dio a luz a Jesús. Pedimos a la Madre la bendición, y ella nos bendice mostrándonos al Hijo: de hecho, Él en persona es la Bendición. Dándonos a Jesús, Dios nos lo ha dado todo: su amor, su vida, la luz de la verdad, el perdón de los pecados; nos ha dado la paz. Sí, Jesús es nuestra paz (cfr Ef 2,14). Él trajo al mundo la semilla del amor y de la paz, más fuerte que la semilla del odio y de la violencia; más fuerte porque el Nombre de Jesús es superior a cualquier otro nombre, contiene todo el señorío de Dios, como había anunciado el profeta Miqueas: "Y tú, Belén … de ti me nacerá el que debe gobernar … Él se mantendrá de pie y los apacentará con la fuerza del Señor, con la majestad del nombre del Señor, su Dios … ¡Y él mismo será la paz!" (5,1-4).

Por esto, ante el icono de la Virgen Madre, la Iglesia en este día invoca de Dios, por medio de Jesucristo, el don de la paz: es la Jornada Mundial de la Paz, ocasión propicia para reflexionar juntos sobre los grandes desafíos que nuestra época plantea a la humanidad. Uno de estos, dramáticamente urgente en nuestros días, es el de la libertad religiosa; por ello, este año he querido dedicar mi Mensaje a este tema: “Libertad religiosa, camino para la paz”. Asistimos hoy a dos tendencias opuestas, dos extremos negativos ambos: por una parte el laicismo, que de forma a menudo oculta, margina la religión para confinarla a la esfera privada; por otra el fundamentalismo, que en cambio querría imponerla a todos con la fuerza. En realidad, “Dios llama a sí a la humanidad con un designio de amor que, a la vez que implica a toda la persona en su dimensión natural y espiritual, requiere corresponderle en términos de libertad y responsabilidad, con todo el corazón y con todo el propio ser, individual y comunitario" (Mensaje, 8). Allí donde se reconoce de forma efectiva la libertad religiosa, la dignidad de la persona es respetada en su raíz y, a través de una búsqueda sincera de la verdad y del bien, se consolida la conciencia moral y se refuerzan las propias instituciones y la convivencia civil (cfr ibid. 5). Por esto la libertad religiosa es el camino privilegiado para construir la paz.

Queridos amigos, dirijamos de nuevo la mirada a Jesús, entre los brazos de María su Madre. Mirándole a Él, que es el “Príncipe de la paz" (Is 9,5), comprendemos que la paz no se alcanza con las armas, ni con el poder económico, político, cultural y mediático. La paz es obra de conciencias que se abren a la verdad y al amor. Que Dios nos ayude a progresar en este camino en el nuevo año que nos concede vivir.

[Después del Ángelus dijo]

Queridos hermanos y hermanas, en el Mensaje de la Jornada de la Paz de hoy he subrayado que las grandes religiones pueden constituir un importante factor de unidad y de paz para la familia humana, y he recordado, a propósito de esto, que en este año 2011 se celebrará el 25° aniversario de la Jornada Mundial de Oración por la Paz que el Venerable Juan Pablo II convocó en Asís en 1986. Por esto, en el próximo mes de octubre, me dirigiré peregrino a la ciudad de san Francisco, invitando a unirse a este camino a los hermanos cristianos de las distintas confesiones, los representantes de las tradiciones religiosas del mundo, y de forma ideal, a todos los hombres de buena voluntad, con el fin de hacer memoria de este gesto histórico querido por mi Predecesor y de renovar solemnemente el compromiso de los creyentes de toda religión de vivir la propia fe religiosa como servicio a la causa de la paz. Quien está en camino hacia Dios no puede dejar de transmitir paz, quien construye paz no puede dejar de acercarse a Dios. Os invito a acompañar desde ahora con vuestra oración esta iniciativa.

En este contexto deseo saludar y animar a cuantos, desde ayer por la noche y durante la jornada de hoy, en toda la Iglesia rezan por la paz y por la libertad religiosa. En Italia, la tradicional marcha propuesta por la CEI, Pax Christi e Caritas tuvo lugar en Ancona, ciudad que acogerá en el próximo septiembre el Congreso Eucarístico Nacional. Aquí en Roma, y en otras ciudades del mundo, la Comunidad de San Egidio ha vuelto a proponer la iniciativa “Paz en todas las tierras”: saludo de corazón a cuantos toman parte en ella. Saludo también a los participantes en el Movimiento del Amor Familiar, que esta noche han velado en la Plaza de San Pedro y en la diócesis de L'Aquila, rezando por la paz en las familias y entre las naciones.

[En español dijo]

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española que participan en esta oración mariana en este primer día del año, octava de la Navidad. La Iglesia celebra hoy la solemnidad de Santa María, Madre de Dios, y también la Jornada Mundial de la Paz. Os invito a entrar en la escuela de la Virgen Santísima, fiel discípula del Señor, para aprender de Ella a acoger en la fe y en la oración la salvación que Dios quiere derramar sobre los que confían en su paz y amor misericordioso. Feliz Año Nuevo.

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 20:43  | Habla el Papa
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ZENIT  nos ofrece la intervención del Papa Benedicto XVI el  domingo 26 de diciembre de 2010, fiesta de la Sagrada Familia, al introducir el rezo del Ángelus con los peregrinos de todo el mundo presentes en la Plaza de San Pedro.

Queridos hermanos y hermanas,

El Evangelio según san Lucas narra que los pastores de Belén, tras haber recibido del ángel el anuncio del nacimiento del Mesías, “fueron rápidamente y encontraron a María, a José, y al recién nacido acostado en el pesebre" (2,16). Ante los primeros testigos oculares del nacimiento de Jesús se presentó, por tanto, la escena de una familia: madre, padre e hijo recién nacido. Por esto la Liturgia nos hace celebrar, en el primer domingo después de Navidad, la fiesta de la santa Familia. Este año, esta cae precisamente el día después de Navidad, y, prevaleciendo sobre la de san Esteban, nos invita a contemplar este “icono” en el que el pequeño Jesús aparece en el centro del afecto y de la solicitud de sus padres. En la pobre gruta de Belén – escriben los Padres de la Iglesia – resplandece una luz vivísima, reflejo del misterio profundo que envuelve a ese Niño, y que María y José guardan en sus corazones y dejan transparentar en sus miradas, en los gestos, sobre todo en sus silencios. Ellos, de hecho, conservan en lo más íntimo las palabras del anuncio del ángel a María: “Aquel que nacerá será llamado Hijo de Dios" (Lc 1,35).

¡Y sin embargo, el nacimiento de cada niño lleva consigo algo de este misterio! Lo saben bien los padres, que lo reciben como un don y que, a menudo, hablan así de él. A todos nos ha pasado oír decir a un papá y a una mamá: “¡Este niño es un regalo, un milagro!". En efecto, los seres humanos viven la procreación no como un mero acto reproductivo, sino que perciben su riqueza, intuyen que cada criatura humana que se asoma a la tierra es el “signo” por excelencia del Creador y Padre que está en los cielos. ¡Qué importante es, entonces, que cada niño, al venir al mundo, sea acogido por el calor de una familia! No importan las comodidades exteriores: Jesús nació en un establo y como primera cuna tuvo un pesebre, pero el amor de María y de José le hizo sentir la ternura y la belleza de ser amado. De esto necesitan los niños: del amor del padre y de la madre. Esto es lo que les da seguridad y lo que, al crecer, permite el descubrimiento del sentido de la vida. La santa Familia de Nazaret atravesó muchas pruebas, como esa – recordada en el Evangelio según san Mateo – de la “matanza de los inocentes”, que obligó a José y María a emigrar a Egipto (cfr 2,13-23). Pero, confiando en la divina Providencia, encontraron su estabilidad y aseguraron a Jesús una infancia serena y una educación sólida.

Queridos amigos, la santa Familia es ciertamente singular e irrepetible, pero al mismo tiempo es “modelo de vida” para toda familia, porque Jesús, verdadero hombre, quiso nacer en una familia humana, y haciendo así la bendijo y consagró. Confiemos por tanto a la Virgen y a san José a todas las familias, para que no se desanimen frente a las pruebas y a las dificultades, sino que cultiven siempre el amor conyugal y se dediquen con confianza al servicio de la vida y de la educación.

[Después del Ángelus dijo]

En este tiempo de la Santa Navidad, el deseo y la invocación de la paz se han hecho aún más intensos. Pero nuestro mundo sigue estando marcado por la violencia, especialmente contra los discípulos de Cristo. He sabido con gran tristeza del atentado en una iglesia católica de Filipinas, mientras se celebraban los ritos del día de Navidad, como también del ataque a iglesias cristianas en Nigeria. La tierra se ha manchado una vez más de sangre en otras partes del mundo como en Paquistán. Deseo expresar mis sentidas condolencias por las víctimas de estas absurdas violencias, y repito una vez más el llamamiento a abandonar el camino del odio para encontrar soluciones pacíficas de los conflictos y dar a las queridas poblaciones seguridad y serenidad. En este día en el que celebramos la Santa Familia, que vivió la dramática experiencia de tener que huir a Egipto por la furia homicida de Herodes, recordemos también a todos aquellos – en particular a las familias – que son obligados a abandonar sus propias casas a causa de la guerra, de la violencia y de la intolerancia. Os invito, por tanto, a uniros a mi en la oración para pedir con fuerza al Señor que toque el corazón de los hombres y traiga esperanza, reconciliación y paz.

[En español dijo]

Saludo cordialmente a los fieles de lengua española que participan en esta oración mariana. En la fiesta de la Sagrada Familia, contemplamos el misterio del Hijo de Dios que vino al mundo rodeado del afecto de María y de José. Invito a las familias cristianas a mirar con confianza el hogar de Nazaret, cuyo ejemplo de vida y comunión nos alienta a afrontar las preocupaciones y necesidades domésticas con profundo amor y recíproca comprensión. A vosotros y a vuestras familias os reitero mi cordial felicitación en estas fiestas de Navidad. Que Dios os bendiga siempre.

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


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Homilía de monseñor Luis T. Stöckler, obispo de Quilmes para la fiesta de la Sagrada Familia (26 de diciembre de 2010). (AICA)

EL PADRE DE FAMILIA          

En el evangelio de Mateo, a diferencia de Lucas, San José, el padre adoptivo de Jesús, ejerce un rol protagónico. En el árbol genealógico de Jesús se toman en cuenta los antepasados de José,  “el esposo de María, de la cual nació Jesús, que es llamado Cristo” (Mt 1, 16). José es el destinatario del mensaje del ángel, para que recibiera a María en su casa y que pusiera a su hijo el nombre de Jesús (Mt 1, 21). Cuando Jesús nació en Belén, José nuevamente fue avisado por el ángel que llevara al niño y a su madre a Egipto, para salvarlo de la persecución de Herodes. Y finalmente, después de la muerte del tirano, por indicación del ángel, José volvió con su familia a su país, donde se estableció en Nazaret.

En los Evangelios se expone claramente la tarea paterna de José respecto a Jesús. De hecho, la salvación, que pasa a través de la humanidad de Jesús, el Verbo encarnado, se realiza en los gestos que forman parte diariamente de la vida familiar. Los Evangelistas están muy atentos en mostrar cómo en la vida de Jesús nada se deja a la casualidad y todo se desarrolla según un plan divinamente preestablecido. La fórmula repetida a menudo: «Así sucedió, para que se cumplieran...» y la referencia del acontecimiento descrito a un texto del Antiguo Testamento, subrayan la unidad y la continuidad del proyecto, que alcanza en Cristo su cumplimiento. María es la humilde sierva del Señor, preparada desde la eternidad para la misión de ser Madre de Dios; José es aquel que Dios ha elegido para ser «el coordinador del nacimiento del Señor», aquél que tiene el encargo de proveer a la inserción «ordenada» del Hijo de Dios en el mundo, en el respeto de las disposiciones divinas y de las leyes humanas. Toda la vida, tanto «privada» como «escondida» de Jesús ha sido confiada a su custodia. Con la potestad paterna sobre Jesús, Dios ha otorgado a José el amor correspondiente, aquel amor que tiene su fuente en el Padre, «de quien toma nombre toda familia en el cielo y en la tierra» (Ef 3, 15). (Redemptoris custos, 8).

La familia de Nazaret, si bien es única por la relación conyugal excepcional entre María u José, y especialmente por su hijo que es el Hijo de Dios; sin embargo, es modelo para todos los hogares, ya que la Virgen era realmente la madre de este Hijo, y San José asumió plenamente sus obligaciones de padre de familia. Porque el Hijo de Dios se había hecho realmente hombre; un niño que tenía que “crecer en sabiduría, en estatura y en gracia delante de Dios y de los hombres (Lc 2, 52). Jesús, para su sano desarrollo, necesitaba la ternura de su madre, pero a la vez también la imagen del varón, al cual Él llamaba Abbá, Padre;  término que usó después en su propia oración y en su enseñanza para animarnos a tratar con esta familiaridad del hogar al mismo Padre en el cielo. Fue a ese esposo fiel y padre cuidadoso, al cual Jesús se sujetó en obediencia. Fue San José quien instruyó en la  ley de Dios y del trabajo, al que hoy es nuestro Maestro. Él alimentó al que hoy comemos como Pan de vida eterna. Con su silencio le enseñó a contemplar lo divino en lo humano, y la exigencia del amor que se vive en el servicio.

Ante el aparente oscurecimiento  de la  profundidad del amor humano, conviene acercarse a las aguas puras del evangelio. Pidamos por nuestras familias, por los matrimonios, por los padres en particular para que los hijos puedan reconocer en ellos la imagen de Dios, del cual ellos mismos un día han de ser una imagen creíble delante de sus propios hijos. Que la Virgen, que es el rostro maternal de este mismo Dios, nos lo alcance por su intercesión.  

Mons. Luis T. Stöckler, obispo de Quilmes 


Publicado por verdenaranja @ 20:31  | Homilías
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Homilía de monseñor Andrés Stanovnik, arzobispo de Corrientes en la festividad de la Sagrada Familia (Iglesia Catedral Nuestra Señora del Rosario, 26 de diciembre de 2010). (AICA)

CELEBREMOS LA VIDA EN FAMILIA COMO DON Y MISIÓN               

El Evangelio nos relata las circunstancias difíciles que atravesaron José, María y el Niño, ante la amenaza de los poderosos: primero Herodes –el de la matanza de los inocentes– que provocó la huida de la Sagrada Familia a Egipto; luego, al regresar, con el peligro que representaba el hijo de Herodes, Arquelao, entonces en el poder, tuvieron que buscar refugio en una región vecina. En ese contexto de inseguridad y peligro, el relato evangélico resalta la figura de José, mostrando su personalidad firme y decidida. En efecto, en medio de la persecución, José, esposo fiel y padre responsable, no duda en tomar al niño y a su madre, e irse al exilio. El texto evangélico también destaca la familiaridad que José tiene con la voz y la presencia del Ángel. Esa familiaridad le dio una mente lúcida y una voluntad de decidida para querer lo que Dios quiere. Y Dios no quiere otra cosa que la vida y la felicidad para todas sus criaturas. Por eso, José que estaba identificado con el querer de Dios, se puso a disposición de su voluntad para defender decididamente la vida del Niño y de su Madre. 

La vida: don y misión

El lema que la Pastoral de la familia propuso está en perfecta consonancia con el espíritu de esta jornada: “Celebremos la vida en familia como don y misión”. La Palabra de Dios lo ilumina aún más cuando muestra a José, esposo fiel y padre responsable, que cuida, defiende y respeta la vida del Niño y de su Madre. Para sostener y defender el derecho primario a la vida que tiene toda persona, sin excepción, es imprescindible reconocer a Dios –autor y dador de la vida– como garantía y base sobre la que se construye nuestra sociedad. Si la vida humana se redujera sólo a un derecho individual o a un obligado producto de los propios deseos, se la convertiría inevitablemente en un objeto para ser manipulado según los intereses de los individuos. Entonces, la vida humana quedaría sometida a la cambiante voluntad de los hombres y al inestable resultado de los consensos.

La luz de la razón nos dice que la vida es un don recibido y no un mero producto humano. Nadie puede darse la vida a sí mismo. Ahora bien, si el poder de dar la vida no está en el individuo, tampoco podría estarlo en individuos asociados. Nadie da lo que no tiene. Por eso, es razonable pensar que si no podemos darnos la vida a nosotros mismos, la que tenemos la hemos recibido. Y la vida, como don recibido, no la podemos convertir ahora en un producto que prefabricamos a nuestro antojo. La luz de la fe le brinda aún más claridad a la inteligencia, al descubrir que esa vida recibida es un don de Dios. Y por ser regalo de Dios, la vida es sagrada y como tal posee un valor incomparable. 

La vida es sagrada: le pertenece a Dios

La vida humana es sagrada porque participa de la vida de Dios. Él nos sorprendió con la desconcertante noticia de venir hasta nosotros y hacerse hombre. Esa paternal cercanía de Dios se manifiesta en su Hijo Jesús, desangrado de amor por nosotros. Sólo un Dios así puede ayudarnos a respetar y amarnos como hermanos, y ser el fundamento para construir el matrimonio y la familia sobre la base sólida del amor y la fidelidad. A partir de esta verdad, el ser humano y la familia humana ya no se pueden pensar ni comprender al margen de Dios. En consecuencia, todo lo que existe no es fruto del azar irracional, sino que ha sido querido por Dios, está en sus planes, en cuyo centro está la invitación a participar en la vida divina en Cristo, afirmó el Santo Padre en su última exhortación apostólica.

Al participar de la vida de Dios, el ser humano le pertenece a él y a nadie más. Por eso, la vida humana es esencialmente vincular en todas sus dimensiones, especialmente en el momento de la vida naciente. Esa dimensión relacional es horizontal y al mismo tiempo vertical: horizontal, porque la engendran un varón y una mujer; y es vertical, porque esa vida concebida no es sólo resultado de la acción de ellos, sino un don de Dios y a él le pertenece, del mismo modo que le pertenece a él la vida de la madre y del padre. Cuando se deterioran o rompen estas dimensiones vinculares constitutivas de la vida humana, el individuo queda solo y aislado. Para que eso no suceda, es urgente que se aplique toda la inteligencia y se destinen los mejores recursos para ayudar a reconstruir los vínculos fundamentales de la familia, vínculos fundados en el amor, la fidelidad y la estabilidad de la relación matrimonial entre un varón y una mujer.

 José: fiel esposo y padre responsable

La figura de san José –varón, esposo fiel y padre responsable, que pone de relieve la Palabra de Dios– debe hacernos pensar en la vocación y misión del varón, esposo y padre en el contexto de la familia. Al irse demoliendo progresivamente su autoridad, se favoreció, en gran parte, a la desintegración familiar. Se habla muy poco de los deberes del padre hacia la vida engendrada, y casi nada de la autoridad paterna, que debe ser compartida en conjunto con la autoridad de la madre; más bien, se ataca la autoridad del padre y se niega el derecho que ambos –la madre y el padre– tienen en la educación de sus hijos. El relato del Evangelio de hoy nos impacta con la actitud decidida y responsable que asume José, haciéndose cargo del Niño y de la Madre. En este contexto, quisiera destacar y agradecer el enorme esfuerzo pastoral que realizan muchos matrimonios y familias para estar cerca, acompañar y evangelizar las diversas realidades por las que atraviesan los matrimonios y las familias. Sin embargo, hay desafíos nuevos que reclaman nuestro acompañamiento pastoral, por ejemplo, las personas separadas en nuevas uniones; las madres con sus hijos sin la presencia del esposo y del padre, muchas de ellas demasiado jóvenes y con preparación insuficiente para ser madres; revalorizar la misión del varón padre de familia ante el poder desintegrador de la cultura actual; y socorrer caritativamente la urgencia que demanda la pobreza extrema en muchos hogares.

Al contemplar a José en la vida cotidiana de la Sagrada Familia, asumiendo su autoridad y su misión específica, reafirmamos la importancia fundamental que tienen el padre y la madre en el cuidado de la vida naciente y en la educación de sus hijos. Al declararse el 2011 como Año de la vida, dijimos que, como pastores y ciudadanos, queremos reafirmar, en este camino del Bicentenario, la necesidad imperiosa de priorizar en nuestra patria el derecho a la vida en todas sus manifestaciones, poniendo especial atención en los niños por nacer, como en nuestros hermanos que crecen en la pobreza y marginalidad; y añadíamos: sobre todo cuando se trata de la vida naciente, protegiendo la vida de la madre embarazada, y, potenciando el vínculo madre-hijo a fin de cuidar su calidad de vida hasta la muerte natural. Debemos encontrar caminos para cuidar la vida de la madre y del hijo por nacer, y así, salvar a los dos. Esas palabras adquieren una fuerza especial y se iluminan si las leemos a la luz de la conducta responsable de José, que se levantó, tomo al Niño y a su Madre y se puso en camino. Dios quiera que en el camino del Bicentenario también nuestra comunidad correntina se levante, tome con amor a sus niños y a sus madres, y se ponga en camino de cuidarlos, defenderlos y proporcionarles los recursos suficientes para que puedan crecer y desarrollarse, ante todo, en sus propias familias y luego en la sociedad.

Por último, comparto con ustedes la luminosa enseñanza que nos entregó el Papa Benedicto XVI en la última exhortación apostólica postsinodal sobre la Palabra de Dios, el matrimonio y la familia. Ante todo, recuerda que la Palabra de Dios está en el origen del matrimonio (cf. Gn 2,24) y que Jesús mismo ha querido incluir el matrimonio entre las instituciones de su Reino (cf. MT 19,4-8), elevando a sacramento lo que originariamente está inscrito en la naturaleza humana. Y más adelante, advierte que frente al difundido desorden de los afectos y el surgir de modos de pensar que banalizan el cuerpo humano y la diferencia sexual, la Palabra de Dios reafirma la bondad originaria del hombre, creado como varón y mujer, y llamado al amor fiel, recíproco y fecundo. En otro lugar llama a la responsabilidad de la comunidad eclesial para que sostenga y ayude a fomentar la oración en la familia y la escucha de la Palabra y el conocimiento de la Biblia. Para ello, recomienda que cada casa tenga su Biblia y la custodie de modo decoroso, de manera que se la pueda leer y utilizar para la oración. El texto finaliza destacando el papel indispensable de las mujeres en la familia, la educación, la catequesis y la transmisión de los valores. Ellas saben ser portadoras de amor, maestras de misericordia y constructoras de paz, comunicadoras de calor y humanidad, en un mundo que valora a las personas con demasiada frecuencia según los criterios fríos de explotación y ganancia.

Encomendamos a todas nuestras familias, a nuestras mujeres madres, sobre todo a las adolescentes, y a los hogares que sufren los efectos de la pobreza, al amparo de la Sagrada Familia de Jesús, María y José; y le pedimos que nos alcancen la gracia para ser testigos del incomparable valor y belleza que se irradian a través del matrimonio y la familia concebidos según el plan del Señor y, al mismo tiempo, nos dé sabiduría y decisión para hacernos cargo con mayor fervor y audacia de la misión evangelizadora que tiene el matrimonio y la familia cristiana en la sociedad que nos toca vivir. Amén. 

Mons. Andrés Stanovnik, arzobispo de Corrientes 


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s?bado, 22 de enero de 2011

Mensaje de monseñor Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús para la Navidad 2010. (AICA)

HOY NACE EL REDENTOR, SURGE LA ESPERANZA      

A los queridos fieles y a todas las personas de buena voluntad de Avellaneda-Lanús:

Estamos hoy invitados a contemplar el misterio más grande que compromete la historia de la humanidad. Este es el acontecimiento más original, inédito y único. El nacimiento del Redentor, es la manifestación más expresa de que la voluntad de Dios ha querido plantar su presencia en medio de nosotros. El Verbo se hace carne. Lo divino y lo humano vienen a nosotros para caminar definitivamente en y con nosotros.

La contemplación de este misterio comporta un compromiso; nos lleva como peregrinos a  buscarlo, reconocerlo, seguirlo y adorarlo. Las cosas de Dios son para los hombres. Lo infinito y lo trascendente toca y enaltece todo lo humano. A partir de esta manifestación la realidad de las personas se integran en estas dos realidades que son distintas pero que no deben ser separadas jamás. Lo divino, lo trascendente y lo humano deben encarnarse en cada uno de nosotros simultáneamente, para obtener su pleno significado.

En la situación actual,  tanto en lo  personal, como familiar, en lo público y en lo social, en nuestro país, como en el mundo entero,  la vida se está desarrollando como una pérdida de equilibrios, de raíces, de valores, de vínculos interpersonales muy deteriorados y con una  acentuada pérdida de sentido a todo. Realmente estamos ante un cambio de época y ante una  profunda crisis de la civilización.

La exacerbación del individualismo. El relativismo que sostiene que no hay nada objetivo, sino que todo se reduce a lo empírico, a la sensación y a las ganas, es moneda corriente hoy tanto en el campo del pensamiento como en el de la acción. Debemos recuperar la capacidad de vivir de acuerdo a la conciencia, es decir la capacidad de reconocer en los ámbitos decisivos de la existencia humana, el valor supremo de la verdad incluida la dimensión moral y religiosa. Reconocer la capacidad del hombre para descubrir la verdad, implica al mismo tiempo el deber de encaminarse hacia  la verdad, de buscarla y subordinarse a ella donde se la encuentre. Esto quiere decir que no debemos olvidar de seguir los dictámenes de nuestra conciencia. (Cfr. Discurso del Santo Padre, a la Curia Romana, 20-12-10).

Santo Padre, nos enseña, citando a Alexis Tocqueville, que éste  en su tiempo observó que en América la democracia fue posible y había funcionado porque existía un consenso moral de base que unía a todos. Sólo si existe un consenso semejante sobre lo esencial, las constituciones y el derecho pueden funcionar. Este consenso de fondo, está en peligro donde en su lugar, en vez de la razón moral, se pone la mera racionalidad finalista…Donde se da el primer  lugar a lo mediático, a la pura conveniencia independientemente de la verdad, de la objetividad y de aquello que es, realmente esta consideración “pone en juego el futuro del mundo”.

Celebrar entonces la Navidad, es contemplar, recibir y comprometerse a seguir la luz, la verdad y el amor. Cualquier tipo de violencia, no produce ningún progreso. Sólo con el compromiso y la comprensión mutua se podrá restablecer la verdadera unidad y procurar así la paz. Es necesario reconocer la luz y seguirla. Hay que definirse y comprometerse en la realización  del proyecto que hemos recibido, y que queremos para nosotros y para el futuro de nuestra sociedad.

El misterio de la Navidad no puede agotarse en un saludo superficial ni menos expresarse en un consumismo exacerbado que no llega al alma, a la profundidad de nuestro ser.

Les deseo, a todos, el fortalecimiento de lo divino y lo humano que están presentes en cada uno de nosotros. No sólo en lo que decimos, o hacemos, sino empezando por lo que somos. Me gustaría que resuene en la conciencia y en el corazón de cada uno, la palabra del Señor: “No teman, yo estoy con ustedes” y  “Ámense los unos a los otros como yo los he amado”, ya que vivir es amar y si no amamos no sabemos vivir.

Feliz Nochebuena y Feliz Navidad para cada uno de ustedes, para sus familias y para todos los hombres y mujeres que, sin lugar a dudas, son amados  por Dios. 

Mons. Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús
Avellaneda, 23 de diciembre de 2010 


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Mensaje de los obispos santiagueños para la Navidad 2010. (AICA)

LA NAVIDAD DEL BICENTENARIO EN SANTIAGO          

“Y María dio a luz a su Hijo Primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el albergue” (Luc. 2,7) 

En este tiempo de Navidad, donde la alegría y la esperanza invaden nuestros corazones; cuando los saludos, los regalos y las expresiones de cariño se hacen presentes en las familias, estamos reactualizando un acontecimiento que tantas veces suele pasar desapercibido a nuestra conciencia: Jesús nace en un pesebre, porque no tuvo un lugar digno para nacer.

La contemplación del pesebre nos debe hacer reflexionar en la ternura de un Dios encarnado, hecho uno de nosotros, pero también nos llama a recapacitar que los hombres no supimos hacerle lugar al “Dios con nosotros”. No había espacio en este mundo para Él, por más pequeño que fuera. No había siquiera alguien que se compadeciera y le abriera las puertas de su hogar.

¿Encontrará el Niño Dios lugar donde nacer en la Argentina de hoy?

Son variadas las situaciones en nuestra patria que muestran que aún no hemos recibido al  Divino Niño que nos trae la paz.

Tal como hemos afirmado reiteradamente los obispos argentinos, los acontecimientos dolorosos que estamos viviendo, muestran la evidencia de serios problemas que manifiestan signos de fragmentación social. En efecto, entre ellos podemos observar: la persistencia de la pobreza e inequidad, la dificultad para el diálogo, la violencia y la agresión, la prepotencia y el maltrato. Esta situación se presta a diversas manipulaciones que hieren en lo profundo la dignidad humana y acrecientan aún más la injusticia.

Últimamente se ha hecho patente en nuestra patria el drama de la falta de una vivienda digna.

Hoy observamos, como comunidad nacional, un espectáculo preocupante. Muchos hermanos, algunos argentinos, y otros que no nacieron en esta patria, pero que la eligieron como suya, carecen de un lugar para vivir.

Numerosos hermanos necesitan un hogar; y, como en Belén, también hoy se les cierran las posibilidades a las familias pobres. No hay lugar para ellos, como no lo hubo para María, José y el Niño por nacer.

En efecto, los obispos reunidos en la última asamblea permanente, en el mensaje de esta Navidad, decían: “en varias regiones del país, debemos atender la preocupante situación de las comunidades aborígenes y campesinas que son desplazadas de sus lugares de trabajo y subsistencia, y finalmente, terminan engrosando los cordones de pobreza de varias ciudades”.

Como pastores, recogiendo el llamado de nuestros hermanos obispos, queremos exhortar a todos los argentinos y especialmente a los santiagueños:

1. Reconozcamos a Dios, como lo hicieron nuestros Constituyentes, que es la garantía y la base sobre la que se construye nuestra sociedad. La invocación a Dios como Padre nos ayuda a respetarnos y amarnos como hermanos. En este sentido, la fe de nuestro pueblo, especialmente expresada en su religiosidad popular, es un reservorio moral que debemos acrecentar, alimentar y aportar para el bien de nuestra patria.

2. Reafirmemos el derecho primario a la vida, como a la integridad física y moral de toda persona. Los santiagueños tenemos un amor especial por la vida, que nunca la veamos como una amenaza, sino como un preciado regalo de Dios. Debemos tomar la iniciativa en la promoción de este derecho fundamental, sobre el cual se fundan todos los demás derechos humanos.

3. Recuperemos la vigencia y el sentido de los valores morales como fundamento de la convivencia social. Especialmente procuremos transmitir estos ideales a nuestros niños y jóvenes santiagueños, que a veces vemos tan desorientados y desalentados, vulnerables al alcohol y a las adicciones.

4. Trabajemos por la dignidad humana, para erradicar la pobreza y promover el desarrollo integral. Procuremos que en Santiago se den las condiciones para que haya pan, salud, educación y trabajo para todos.

5. Renovemos el compromiso por el bien común y el fortalecimiento del Estado y las Instituciones de la República. Como hemos afirmado tantas veces, sólo el diálogo sincero es el camino que nos aleja del enfrentamiento y la violencia. Todas las instituciones santiagueñas: la familia, la Iglesia, las escuelas y las demás organizaciones que tienen alguna responsabilidad en la educación y el bien común, debemos trabajar mancomunadamente en un diálogo respetuoso para poder brindar un futuro mejor a nuestros niños y jóvenes.

El Papa Benedicto XVI afirma que “se podrían enumerar muchos problemas que existen en la actualidad y que es preciso resolver, pero todos ellos sólo se pueden resolver si se pone a Dios en el centro, si Dios resulta de nuevo visible en el mundo”.

Los invitamos, como pastores, a que le den posada a ese Niño envuelto en pañales, que es nuestro Dios, haciéndole lugar, y apartando todo aquello que nos pueda alejar de Él y de los demás

En esta Navidad del Bicentenario recemos al Niño Jesús que, tal como lo hemos soñado, según canta nuestro folclore, queremos que nazca en nuestro querido Santiago.

Mons. Francisco Polti, obispo de Santiago del Estero
Mons. Ariel Torrado Mosconi, obispo auxiliar Santiago del Estero
Mons. Adolfo Uriona, obispo de Añatuya 


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Reflexión acerca de las lecturas del domingo tercero del Tiempo Ordinario - A realizada por el sacerdote Don Juan Manuel  Pérez Piñero.

ECOS DEL DIA DEL SEÑOR
Domingo III del  T. Ordinario A 

Queridos amigos y amigas:

         Después de la Navidad, hemos venido contemplando a Jesucristo, el Señor, en los comienzos de su Vida Pública.   Este Domingo, podíamos decir que se nos presenta el comienzo de la Vida Pública del Señor, según San Mateo, el evangelista que nos guía en las celebraciones de este año A ó I.

Cuando leemos algunas páginas del Evangelio, quedamos admirados de la capacidad que tienen los evangelistas, eso sí, conducidos por el Espíritu Santo, de presentar a Jesucristo de una manera tan atrayente incluso, para el hombre de hoy. Miremos cómo lo hace S. Mateo en el Evangelio de este Domingo: “Recorría toda Galilea enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del Reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo…” ¡Precioso!

Y S. Mateo, que escribe su Evangelio para los judíos, se siente movido por el  deseo de ayudarles a comprender que Jesucristo es el Mesías de su esperanza, porque en El se cumple todo lo que habían anunciado los profetas… Y así, a cada paso, nos va señalando el cumplimiento de las profecías.

Cuando comienza a presentarnos  a Jesucristo iniciando su actividad en Galilea, recuerda lo anunciado por el profeta Isaías, que escuchamos en la primera lectura de hoy: “País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, Galilea de los gentiles. El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte una luz les brilló…”

Y ya conocemos el sentido de la oposición “luz – tinieblas” en la Sagrada Escritura.

Y nos transmite las primeras palabras del Señor: “Convertíos, porque está cerca el Reino de los cielos”.

¿Qué significa todo eso?

Sencillamente, que el Hijo de Dios ha venido hasta nosotros y nos ha traído el Reino de los Cielos; podíamos decir que es algo así, como la forma de pensar y de vivir que hay en el Cielo…”

        ¡El Señor nos trae, por tanto,  algo muy importante, muy hermoso, extraordinario…! Enseguida, entendemos por qué hay que convertirse. ¡Es que el Cielo tiene que ser tan diferente de la tierra!

         Está claro. Hay que convertirse y acoger a Jesucristo, la Palabra, la Buena Noticia del Padre, para comenzar a pertenecer al Reino de los Cielos, que iniciado aquí, tiene su desarrollo pleno en la Eternidad, especialmente, cuando vuelva el Señor, como Rey Universal, en su gloria.

Este domingo, sentimos dos llamadas especiales a la conversión:

Estamos en el Octavario de la Oración por la Unidad de los Cristianos… ¡Ahí tenemos la primera llamada a la conversión...! Porque Jesucristo nos quiere unidos, “para que el mundo crea”. “Poneos de acuerdo y no andéis divididos”, nos dice S. Pablo en la segunda lectura de hoy. Y para que eso sea así, ¿qué tenemos que hacer? ¿En qué tendríamos que cambiar? ¿Formamos hoy los católicos una Iglesia atrayente a los separados? ¿Nuestra sociedad que se llama cristiana constituye un ejemplo para los que se han marchado?

¡Cuánta necesidad de cambio, de conversión!

La segunda llamada a la conversión, es la Santa Infancia, la Jornada Misionera de los Niños. Una Jornada hermosa, muy arraigada entre nosotros. La Iglesia, Madre y Maestra, quiere enseñar a los cristianos, desde que son pequeños, que “ser cristiano es ser misionero”. En esta Jornada se invita a los niños cristianos a recordar y ayudar a los niños que no conocen a Jesucristo. Y que, además, son casi siempre, los niños que lo pasan mal, que sufren y mueren…

¿Y nuestros niños ven en nosotros, los mayores? ¿Un ejemplo de vida cristiana, de seguimiento verdadero de Jesucristo? ¿Nos ven preocupados porque tantos hombres, mujeres y niños  no conocen a Jesucristo? ¿O por tantas personas que viven en la miseria, que carecen, incluso de lo más elemental? ¿Entienden que somos “pescadores de hombres?” ¿En qué se nota todo eso? ¿Qué hacemos?

         ¡Fuerte llamada a la conversión también la Jornada Misionera de los Niños!

Después, S. Mateo nos presenta a Jesús paseando junto al lago de Galilea… ¡Qué contemplación tan hermosa ésta de Jesucristo paseando por la orilla del mar!

Y en este “pasear” invita a seguirle a los primeros discípulos: A dos hermanos, Pedro y Andrés… Y después, a otros dos, Santiago y Juan. Y la misión que les señala es muy concreta: “ser pescadores de hombres…” 

¡Qué impresionante es todo esto!

¡Seguir a Jesús, ser “pescadores de hombres”! He ahí la llamada, el reto, que nos presenta el Señor a todos nosotros, a cada uno de nosotros, este Domingo.

¡Es el camino al que nos conduce una verdadera conversión, que nos dispone a pertenecer al Reino de los Cielos que ha venido a traernos el Señor a la tierra!


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Textos bíblicos, meditaciones y oraciones para el día sexto del Octavario por la Unidad de los Cristianos, publicados en el folleto para su celebración recibido en la parroquia.

Fuertes en la oración para actuar

Jonás 2, 1-9: ¡La salvación se halla en el Señor!
Salmo 67, 1-7: ¡Oh Dios, que todos los pueblos te alaben!
1 Timoteo 2, 1-8: Que se hagan peticiones por toda la humanidad, por los reyes y por todos los que tienen autoridad…
Mateo 6, 5-15: Hágase tu voluntad…

 Comentario

Después de la asiduidad a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión fraterna y a la fracción del pan, la cuarta característica notable de la Iglesia primitiva de Jerusalén es la vida de oración.

Los cristianos de Jerusalén y de otras partes tienen hoy experiencia de esta oración, en la cual encuentran el poder y la fuerza necesarios. Por su testimonio, los cristianos de Jerusalén nos piden hoy tomar mejor conciencia de la manera en que nos enfrentamos ante las situaciones de injusticia y desigualdad, allí donde estamos. En todo eso, es la oración la que da a los cristianos la fuerza para ejercer la misión común.

En Jonás, es la intensidad de la oración lo que permite la fantástica liberación del vientre del cetáceo. Su oración es sincera porque ella se eleva a los que se arrepienten de haber evitado la voluntad de Dios: se desvió de la llamada del Señor a profetizar, y fue llevado a un lugar sin esperanza. Y allí Dios va a escuchar su oración liberándole para permitirle su misión.

El salmo nos pide orar para que el rostro de Dios brille sobre nosotros, no solamente para nuestro propio beneficio, sino para que su ley sea conocida «entre todas las naciones».

La Iglesia apostólica nos recuerda que la oración forma parte del poder y de la aptitud a la misión y a la profecía para el mundo. La carta de Pablo a Timoteo nos enseña aquí a rogar especialmente por los que tienen autoridad en el mundo, para que llevemos juntos una vida tranquila y pacífica. Oramos por para la unidad de nuestras sociedades y de nuestros países, y por la unidad de toda la humanidad en Dios. Nuestra oración por la unidad en Cristo se extiende al mundo entero.

El dinamismo de esta vida de oración se arraiga en la enseñanza del Señor a sus discípulos. En nuestra lectura del evangelio según san Mateo, nos proponemos hablar de la oración como una fuerza «secreta» que no es fruto ni de la ostentación ni del espectáculo, sino de la humilde presencia del Señor. La enseñanza de Jesús se resume en el Padre Nuestro. Al decirlo juntos, formamos un pueblo unido que busca la voluntad del Padre y la edificación de su Reino aquí mismo sobre la tierra, y somos llamados a una vida de perdón y reconciliación.

Oración

Dios Padre nuestro, nos alegramos de que en todo momento, lugar y cultura, la gente se vuelve hacia ti para orar. Te damos gracias sobre todo por el ejemplo y la enseñanza de tu Hijo, Jesucristo, que nos enseñó a perseverar en la oración para que venga tu reino. Enséñanos a orar mejor entre los cristianos reunidos, para que tengamos siempre conciencia de que Tú nos guías y nos animas a través de todas nuestras alegrías y nuestros dolores, con la fuerza del Espíritu Santo. Amén.


Publicado por verdenaranja @ 18:28  | Ecumenismo
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ZENIT publica el comentario al Evangelio del próximo domingo, tercero del tiempo ordinario (Mateo 4,12-23), 23 de enero, redactado por monseñor Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo.

 Evangelio del domingo: El otro sendero luminoso

La luz y la tiniebla pertenecen al universo religioso de tantos creyentes que cifran precisamente en la claridad o en la oscuridad su cercanía o su lejanía de Dios. En este sentido, el no haber puesto su esperanza, su seguridad y fortaleza en Yahvéh Dios, una vez más conduciría a aquel pueblo a un callejón sin salida aparente, donde las tinieblas eran el ambiente para masticar su tristeza e infelicidad. Así lo cuenta la primera lectura de Isaías que el Evangelio citará. Un pueblo confundido ante su propio error, esclavo de patrones que han puesto cepos en su libertad y cade­nas en sus corazones, un pueblo sacudido por el terror de la pesadilla que emprendía... ese pueblo vería la luz de nuevo. Un verdadero desafío por parte de Dios a través de su profeta: mi­rad vuestras ruinas, considerad vuestras penas, guardad vuestras lágrimas... y creed que llegará un día en el que no habitareis más una tierra de sombras. Y podréis experi­mentar que vuestro gozo aumenta, y crece la alegría, porque la vara del opresor y el yugo de su carga serán quebrantados (Is 9,3-4).

Jesús es la Luz que ha brillado en la tiniebla, que no ha dejado de alumbrar a pesar de que ésta la haya rechazado (Jn 1,5.9). Ha sido enviada no ya a la oscuridad de un pueblo deportado por su infidelidad, sino al corazón del mismo hombre, donde se libran todas las libertades y esclavitudes, donde se decide un destino feliz o trun­cado. Por eso el Evangelio narra la elección de Jesús a los discípulos. Gente corriente, sor­prendida en su faenar cotidiano, e invitada ante todo a un seguimiento, a una adhesión a la Persona de Jesús. Escucharán su Palabra, convivirán con Él, y se harán testigos de esa alegría.

En nuestro entorno, encontramos continuamente personas que sufren una honda oscuridad, con sufrimientos que casi ahogan el respiro de la esperanza. Y Jesús sigue viniendo a todos nuestros exilios, al gran exilio de la infeli­cidad en tantas formas, para anunciarnos una Luz y una Alegría que nadie nos podrá quitar (Jn 16,22). Jesús, con quien quiera seguirle, recorre nuestras tierras, nuestros hogares, nuestras vidas, para proclamar el Evangelio del Reino, curando las enfermedades y las dolencias.

La historia culminada por Jesús continúa con nosotros... si lo dejamos todo y le seguimos. Sí, somos llamados a pertenecer a la gente que nos rodea, desde la perte­nencia a Cristo, a abrazarles en su oscuridad y su tristeza para comunicarles algo que es más grande que nosotros, que no ha ideado nuestra mente ni han amasado nuestras manos: el don de la Luz de Dios, el regalo de la alegría que no finge, la certeza de la es­peranza que no defrauda.


Publicado por verdenaranja @ 14:53  | Espiritualidad
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viernes, 21 de enero de 2011

Textos bíblicos, meditaciones y oraciones para el día quinto del Octavario por la Unidad de los Cristianos, publicados en folleto de la CEE recibido en la parroquia para su celebración.

La fracción del pan en la esperanza

Éxodo 16, 13b-21a: Este es el pan que el Señor os da como alimento.
Salmo 116, 12-14.16-18: Alzaré la copa de la salvación.
1 Corintios 11, 17-18.23-26: Haced esto en memoria mía.
Juan 6, 53-58: Este es el pan que ha bajado del cielo. 

Comentario

Desde la primera Iglesia de Jerusalén hasta ahora, la «fraccióndel pan» siempre ha sido un acto central para los cristianos. Para los de la Jerusalén actual, el partir el pan es tradicionalmente símbolo de amistad, perdón y compromiso frente a otros. Esta fracción del pan nos pone en el reto de buscar una unidad que pueda expresar algo de profético en un mundo de divisiones.

También ese mundo es, de distintas maneras, tarea de todos nosotros. En la fracción del pan, los cristianos son el mensaje profético de esperanza destinado a toda la humanidad. Actualmente, nosotros rompemos también el pan «con un corazón grande y generoso»; pero cada celebración de la Eucaristía nos recuerda también el hecho doloroso de nuestra desunión. En este quinto día de la Semana de oración, los cristianos de Jerusalén se reúnen en el Cenáculo, lugar de la última Cena. Y allí, sin celebrar la Eucaristía, rompen el pan en la esperanza.

Sabemos de esta esperanza cuando Dios se une con nosotros a través del desierto de nuestras propias insatisfacciones. El Éxodo nos informa de cómo Dios responde a las murmuraciones del pueblo liberado: proporcionándole lo que necesitaba, ni  más, ni menos. El maná del desierto es un don de Dios que nunca se puede guardar en reserva, ni comprender plenamente. Es, como lo celebra nuestro salmo, un momento que llama, simplemente, a la acción de gracias, ya que Dios «desató nuestras ataduras».

San Pablo reconoce que romper el pan no significa solamente celebrar la Eucaristía, sino ser un pueblo eucarístico: llegar a ser el Cuerpo de Cristo en el mundo. En este contexto, esta breve lectura (1 Co 10-11) recuerda cómo la comunidad cristiana debe esforzarse para vivir en una comunión en Cristo que determina una recta conducta, en un contexto mundial difícil y guiándose sobre la realidad de una vida en Él. Vivimos «en la memoria de Él».

Porque somos un pueblo de la fracción del pan, somos un pueblo de vida eterna, de vida en plenitud, como nos lo enseña la lectura de San Juan. Nuestra celebración de la Eucaristía nos incita a reflexionar sobre la manera en la cual se expresa día a día la abundancia de este don de vida, estemos en la esperanza o en las dificultades. A pesar de los retos diarios que conocen los cristianos de Jerusalén, dan prueba de que es posible alegrarse y esperar. 

Oración

Dios de esperanza, te alabamos por el don que Tú nos has hecho en la cena del Señor donde, en el Espíritu Santo, encontramos a tu Hijo Jesucristo, el pan vivo bajado del cielo. Perdona nuestra infidelidad a este gran don, nuestra vida de clanes, nuestra complicidad con las desigualdades, nuestra complacencia en la separación. Señor, te rogamos que se acelere el día en que toda tu Iglesia se reunirá para la fracción del pan y, en la espera de este día, haz que aprendamos aún más a ser un pueblo modelado por la Eucaristía para el servicio del mundo. Te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén.


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jueves, 20 de enero de 2011

Homilía de monseñor Oscar Sarlinga, obispo de Zárate-Campana, en la Nochebuyena (Iglesia concatedral de la Natividad del Señor, Belén de Escobar, 24 de diciembre de 2010). (AICA)

NOCHEBUENA DE 2010        

 I LA LUZ RENACIENTE PARA ILUMINAR NUESTRA SOCIEDAD ACTUAL

La nuestra es una humanidad y una sociedad en la que no faltan luces, causales de un sano optimismo (que hemos de basar en la virtud y en el don de la esperanza), aunque también existen motivos de obscurecimiento, de índole moral, cultural, socioeconómica, y, en nada menor, espiritual. Hoy es Nochebuena, es la noche más buena porque víspera del Nacimiento, la Natividad o Navidad, ocasión para clamar, para “anunciar” (Cf. Lc. 4, 18, ss) que “éste es el día que hizo el Señor,  y que por eso, nos alegramos y regocijamos” (Cf Ps. 117, 24).  Es el Nacimiento del Señor Jesucristo, que nos trae con toda la fuerza de su verdad, de su gracia, el mensaje y la realidad de liberación, en primer lugar, liberación del pecado y sus consecuencias. Liberación, por ende, de nuestras obscuridades, de toda angustia, de toda zozobra, liberación que lo es, al mismo tiempo, de los límites autocomplacientes con los que podríamos congratularnos, y que nos harían permanecer en una cómoda mediocridad, en el orden espiritual y en todos los ámbitos de la vida. La Luz, que brilla en las tinieblas (Cf Jn 1,5) renaciente en nuestros corazones ha venido, en cambio, para iluminar nuestras vidas personales y nuestra sociedad actual.

Es Navidad, realidad a la vez humilde e inmensa, humana y divina. La única Persona del Verbo une dos naturalezas, la divina y la humana. Esta última, hecha a imagen de la divina (Cf. Gen. 1, 26-27). La divina, eterna, infinita. El niño nacido, en su misma humanidad, es también imagen inefable, inenarrable de Dios invisible (Cf Col. 1, 15; 2 Cor. 4, 4). En su divinidad, es Dios que se hizo Hombre. Se trata aquí, fijémonos, del inefable misterio del Niño nacido, Hombre y Dios, como lo expresa San Agustín: «natus est Christus (. . .) de Patre, Deus; de Matre, homo», ha nacido Cristo; de Padre, Dios, de Madre, hombre, de modo tal que Él viene a nosotros como fuente y culmen de nuestra historia humana, uniendo lo celestial y lo terreno (Cf Ef. 1, 10) y dándonos, así, pleno acceso a la salvación (Cf Lc. 3, 6).

El Papa Benedicto XVI, en una homilía navideña en el año 2001, en que se refirió a San Gregorio di Nissa y a San Anselmo de Canterbury, desarrolló el tema a partir de un versículo del evangelio de Juan: “Puso su tienda en medio de nosotros” (Jn 1,14), y explicaba cómo San Gregorio aplicaba esta palabra de la “tienda” a nuestro cuerpo (y a nuestro espíritu) expuesto al dolor y al sufrimiento, y San Anselmo lo aplicaba asimismo al cosmos, al mundo, lacerado por el pecado del hombre. Fue la ocasión para que el Papa aludiera a este mundo nuestro, herido también por el abuso de las energías, por la explotación indiscriminada de éstas, por la contaminación y por todo lo que arruina la armonía, el equilibrio, la belleza y la salud de la naturaleza. Será ésta una renovada ocasión de meditar en cuidar “la Casa grande” en la que vivimos, nuestro mundo de hoy, y de cuidar particularmente de cada uno de nuestros hermanos y hermanas. Es cuidar de recuperar nuestra dignidad, cada día.  

II RENACER, DESPERTARSE, LEVANTARSE, RECIBIR UN IMPULSO RENOVADO POR LA LUZ DE NAVIDAD

Necesitamos un impulso “renovador desde dentro”, verdaderamente liberador. Como cristianos, una somnolencia nos puede afectar, incluso acosar, diríamos. A esa somnolencia a la que nos referimos, puede sucederle el letargo, e incluso la postración (causada casi siempre, y en el fondo, por el miedo). Necesitamos un impulso renovador, y queremos recibirlo en fidelidad a la Iglesia, en comunión dentro de ella, con el Papa, Obispo de Roma y sucesor de San Pedro, el cual "(…) es el principio y fundamento perpetuo y visible de unidad, tanto de los Obispos como de la muchedumbre de los fieles" y con todos nuestros hermanos y hermanas. Lo que necesitamos es un impulso nuevo capaz de crear “tiempos nuevos de evangelización” (y civilización), arraigándonos, como Iglesia que somos, todavía más en la fuerza profética y poder perennes de Pentecostés, para ser de verdad “un solo corazón y una sola alma” (Cf Hech. 4, 32).  

En tanto Iglesia particular de Zárate-Campana nos hemos puesto como gran meta el afianzar la herencia del Gran Jubileo por el que entramos en el IIIer. Milenio, puesto nuestro corazón en Jesucristo, el que hace “nuevas todas las cosas” (y a cuyo Corazón hemos consagrado la diócesis el 9 de mayo de 2009 en la iglesia concatedral de Belén de Escobar). Lo haremos sólo si somos humildes y si estamos dispuestos al desafío de la unidad. Ese «sentir con la Iglesia» ha sido comprendido en nuestro Plan Pastoral, conscientes de la esencial necesidad, sobre todo, de vivir más y mejor el Evangelio de Jesucristo, porque sólo así viviremos la “novedad” perenne del Evangelio.  A este respecto, Benedicto XVI nos refería, en su encíclica “Deus Caritas est”: "(…) ahora nos toca recoger la herencia jubilar, tomar conciencia de que lo importante no es tanto hacer "programas nuevos", sino vivir la novedad permanente del evangelio...".  Para realizarlo, hay que despertar de la somnolencia que puede afectarnos, siguiendo la exhortación, hoy más viva que nunca, de San Agustín: «Despiértate, hombre, porque por ti Dios se hizo hombre».  Despertarse y levantarse, para ponerse a caminar; lejos de nosotros la “postración espiritual”, es tiempo de caminar.

III LA BÚSQUEDA DEL NIÑO QUE HA NACIDO HACE RENACER EN LA IGLESIA EL “CORAZÓN MISIONAL”

El Amor que surge del Corazón de Cristo nos asocia a nosotros, como hermanos y hermanas, en la gran familia humana amada y salvada por Él, que es la Iglesia, en la cual puede y debe nacer “una nueva manera de ser como seres humanos”, pues hemos sido hechos hijos de Dios, y por consiguiente “hermanos”. ¿Qué necesidad hay del odio, de la intriga, de la violencia, o del indeferentismo?. Nuestras familias, nuestra sociedad, merecen una renovación obrada por el Amor; los más pobres y excuidos, los enfermos, los necesitados, los que han perdido el sentido de la vida y de la auténtica felicidad, también lo merecen. Si a la Iglesia la cimienta Cristo mismo con su Amor, podemos y debemos esperar que un mundo mejor va a renacer, y, de hecho, en cierto sentido nace cada día; tengamos esperanza.  Tengamos realismo y esperanza, puesta en obra, esta última, para un humanismo trascendente, digno de Dios y digno del hombre, que abrace a todos y a cada uno en una gran fraternidad, en la justicia largamente esperada, en la amistad social.

Para nosotros que somos fieles de Cristo, si queremos contribuir, colaborar a la profunda renovación que conlleva ese humanismo trascendente, es preciso asumir, como nos enseñaba la inolvidable exhortación Evangelii Nuntiandi, que "(…) no hay humanidad nueva si no hay en primer lugar hombres nuevos con la novedad del bautismo y de la vida según el Evangelio. La finalidad de la evangelización es por consiguiente este cambio interior y, si hubiera que resumirlo en una palabra, lo mejor sería decir que la Iglesia evangeliza cuando, por la sola fuerza divina del Mensaje que proclama, trata de convertir al mismo tiempo la conciencia personal y colectiva de los hombres, la actividad en la que ellos están comprometidos, su vida y ambiente concretos".

En esa línea, el “corazón misional” de la Iglesia tiene particularmente en Navidad un objetivo: mostrar dónde está el Pesebre, con el “Niño que nos ha nacido”, para, desde allí, colaborar a la transformación de los corazones, primero, y de la sociedad actual. ¿Obstáculos existen?. Muchos, hay muchos obstáculos que son manifiestos, pero el más importante de ellos no siempre lo es tanto, tan manifiesto, digo, y se trata de la soberbia, personal, o, en cierto sentido, grupal o colectiva. En esto hemos de mirarnos nosotros mismos, bien dentro, pues puede anidar en repliegues interiores de nuestro espíritu. Por el contrario, la humildad nos corrige de esa falla fundamental, la cual impide a quien la padece (o la cultiva) el lograr ese encuentro con  “Cristo Revelador”, quien se manifiesta a los humildes de corazón y a aquéllos que lo buscan movidos interiormente por el Espíritu de Amor.

Consideremos cómo se manifestó el Salvador del mundo, con humildad, casi sin que los hombres de su tiempo lo advirtieran, como si hubiera querido que, inspirados quienes lo esperaban como por un movimiento interior, hubieran tenido que “ponerse a buscarlo”. Para buscar al Niño pequeño y para encontrarlo, era preciso “inclinarse”, como lo hicieron los “anawim”, los “pobres de Yahweh”, en lenguaje bíblico. El inclinarnos para encontrar el supremo Bien -en este sentido bíblico mencionado- nos da dignidad, nos dignifica, lejos de constituir una abajadora indignidad o sujeción. Si nos ponemos a su búsqueda, aunque de entrada no lo divisemos, el Niño nos saldrá al encuentro, nos tomará de la mano y nos conducirá, incluso como a la oveja perdida, si es necesario (Cf Lc. 15, 5). Nos conducirá al redil de su justicia y su felicidad, si confiamos en Él, tengamos fe y confianza en dejarnos guiar. El Niño se hará para nosotros “Puerta de nuestra salvación”,  “Puerta de la Vida”, y “Puerta de la Paz”, como llamó Juan Pablo II a Jesucristo en un Mensaje de Navidad.

No tengamos miedo. Es el momento, en esta Nochebuena, de hacer resonar en nuestros oídos del alma la voz de San Pablo cuando nos dijo: «Alégrense en el Señor, se lo repito, ¡alégrense!» (Fil 4, 4; 2, 18; 3, 1). Creámosle al Ángel presente en el Pesebre, a la voz angélica que ha entonado el mensaje de esa inmensa alegría que espanta de nosotros el miedo y la postración: «¡No teman!. He aquí que les anuncio una gran alegría, que será para todo el pueblo: hoy les ha nacido en la ciudad de David un salvador, que es Cristo el Señor» (Lc. 2, 10-11).

Quiera el Señor darnos que estas celebraciones navideñas confirmen en nosotros, como fieles cristianos, nuestra plena, cordial, amorosa y firme adhesión a Cristo Jesús, el Señor. ¡Creemos en Él!. Creemos, y le pedimos que aumente nuestra fe.  Él sólo es nuestro Salvador y el Salvador del mundo (Cf Hech 4,12), el que nació para nosotros (Cf Lc. 2, 11), el que vino por cada uno de nosotros (Cf Gal. 2, 20).  

PONEMOS NUESTRA RENOVADA NATIVIDAD EN MANOS DE LA VIRGEN MADRE

A los fines de poner en las mejores manos todo lo que hemos considerado anteriormente, dejémosle un gran lugar en nuestra vida a la intercesión de Aquélla a quien todas las generaciones llamarán por siempre Bienaventurada, la Virgen María. Sí, Bienaventurada  por haber creído en el cumplimiento de lo que se le había dicho de parte del Señor, por haber creído en Su Palabra (Cf Luc. 1, 45).

En esta Nochebuena bendita, que María, la Mujer creyente, la Madre de Dios y la Madre de la Iglesia, junto con San José, nos protejan y guíen, en estas fiestas patronales de la iglesia concatedral de Belén de Escobar, con augurio de bendiciones para el cercano año 2011, y en todos los momentos de nuestra vida. 

 

Mons. Oscar Sarlinga, obispo de Zárate-Campana 

 1. SAN AGUSTÍN Sermo 184: PL 38, 997
 2. BENEDICTO XVI, Homilía en la Misa de Navidad, 24 de diciembre de 2007, Basílica de San Pedro, Ciudad del Vaticano. 
 3. CONC. ECUM. VAT. II, Const. dogm. Lumen gentium, n. 23.
 4. "Por consiguiente, la evangelización no puede por menos de incluir el anuncio profético de un más allá, vocación profunda y definitiva del hombre (…). La evangelización comprende además la predicación de la esperanza en las promesas hechas por Dios mediante la nueva alianza en Jesucristo (…) Predicación, asimismo, y ésta se hace cada vez más urgente, de la búsqueda del mismo Dios a través de la oración, sobre todo de adoración y de acción de gracias, y también a través de la comunión con ese signo visible del encuentro con Dios que es la Iglesia de Jesucristo" (PABLO VI, Exh. apost. postsinodal Evangelii nuntiandi, n. 28).
 5. Cf OBISPADO de ZÁRATE-CAMPANA, Plan Pastoral diocesano, Introducción, 1: Orientación fundamental del plan. 
 6. BENEDICTO XVI, Enc. Deus Caritas est, 1.
 7. SAN AGUSTÍN Sermo 185: PL 38, 907)
 8. Cf PABLO VI, Homilía de Su Santidad Pablo VI, en el día de Navidad, Ciudad del Vaticano, 25 de diciembre de 1972.
 9. Cf. PONT. CONSEJO IUSTITIA ET PAX, Compendio de la Doctrina social de la Iglesia, Introducción, n. 19.
 10. PABLO VI, Exh. apost. postsinodal Evangelii nuntiandi, n. 13
11. Cf Id., Homilía en la Solemnidad de la Santa Navidad de Nuestro Señor Jesucristo, Basílica de San Pedro, 26 de diciembre de 1976, Ciudad del Vaticano.
12. Cf JUAN PABLO II, Mensaje URBI ET ORBI, Navidad, 25 de diciembre de 1999

 


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Homilía de monseñor José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario en la Nochebuena (Catedral de Rosario, 24 de diciembre de 2010). (AICA)

NOCHEBUENA            

Queridos hermanos:

Al terminar el tiempo del Adviento, nos envuelve esta noche la espera y el gozo del nacimiento del Redentor. “Hoy en la ciudad de David les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor”. El Evangelio que acabamos de proclamar en esta Misa  de la vigilia de Navidad, nos hace este anuncio esperado. Estas palabras que hacen referencia a la venida del Salvador para el pueblo, se hicieron una realidad en el establo de Belén. El Niño en el pesebre, junto a María y a José,  es verdaderamente el Hijo de Dios.

Esta es la Navidad. Dios se hizo hombre para acercarnos a Dios, para que podamos seguirlo e imitarlo. El niño acostado en el pesebre, que viene a renovar todas las cosas, es el signo de su bondad y de su amor.

Dios, es tan  grande, que pudo hacerse  pequeño; se hizo niño para iniciar con nosotros un camino nuevo de salvación y de amor.

Por eso, también podemos pensar,  a la luz de este misterio, que en cada niño se refleja el resplandor de una vida nueva, un destello de la cercanía de Dios, que debemos amar; inclusive desde el seno materno (cfr. Benedicto XVI, 24.XII.2005).  

Mientras que el hombre, para sobresalir quiere tener más y hace de su vida una carrera por el poder; Dios en cambio, se abajó a nuestra condición, dejó de lado  su grandeza  y para que podamos encontrarlo y seguirlo nació en un humilde establo. De este modo, su amor toca nuestro corazón, y su luz, que brilla en medio de las tinieblas, ilumina también nuestra vida.      

Nos dice la primera lectura de  esta noche, tomada del profeta Isaías, que: “El pueblo que caminaba en las tinieblas vio una gran luz” (Is 9,1). También nosotros percibimos que “al venir a este mundo ilumina a todo hombre” (Juan 1, 9); y por eso movidos por la celebración de la Nochebuena, nos sentimos atraídos por el resplandor de su nacimiento, que esperamos con fe y celebramos en esta fiesta.    

La luz de Jesús, que se renueva en cada Nochebuena y Navidad se fue haciendo más intensa y brillante; y se irradió por el mundo. Esta luz, que es Cristo, el Emmanuel, es la única  que nos permite ver en medio nuestro al Dios con nosotros. Esta luz explica  el origen de nuestro ser; ilumina el camino de nuestra  vida cristiana, y al final de nuestra existencia, nos descubre el resplandor infinito de Dios.

Hablando de los pastores, nos dice el Evangelio de la Misa, que: “De pronto, se les apareció el ángel del Señor y la gloria del Señor los envolvió con su luz”. La luz que brilla en las tinieblas,  nos trae la visita del Sol naciente, para iluminar a los que están en la oscuridad y en la sombra de la muerte, y guiar nuestros pasos por el camino de la paz (Lc, 1, 78-79). Luz divina que hace que lo más sencillo sea lo verdadero, y lo verdadero sea lo más sencillo (cfr. Benedicto XVI, Luz del mundo, n º 17).

La luz de Jesús, que esta noche nace en Belén, y que solo los pastores fueron los primeros en ver, nos permite contemplar desde la fe lo más verdadero y  auténtico de nuestra propia vida, y lo que de verdad le da su profundo sentido  (ibídem).

Esta luz de Cristo es la misma que aparece reluciente en su transfiguración, como nos dice  San Mateo, que hizo que su rostro resplandeciera como el sol y sus vestidos se volvieran blancos como la luz  (17,2).

Su luz también nos hace ver la verdad, en contraste con la oscuridad del egoísmo y de la mentira. Por eso Jesús será llamado “consejero maravilloso”, porque es quien nos hace ver el camino mejor,  y nos aconseja en el sendero de la vida.

En este sentido, la luz que brota de la enseñanza de Jesucristo nos ilumina para ver, y  formar nuestras  conciencias en los valores morales,   que cuando se olvidan, o no se respetan ponen en peligro al hombre mismo y a la  sociedad, en medio del viento en contra de un marco  cultural que no nos ayuda, ya que está signado por el relativismo, y donde el hombre  tiende a  creer que lo que  piensa y le agrada es lo mejor.

Por ello, queremos ser iluminados por la luz del niño de Belén. Esta luz que nos muestra la verdad; y nos da la valentía también para vivirla; y de ser  en consecuencia libres con respecto a muchos ofrecimientos diarios que se muestran tentadores,  tanto en la vida personal, familiar  o social.

De este  modo, también en esta Noche santa  pedimos por todos nosotros con una oración sincera. Que tengamos la libertad de los hijos de Dios, que consiste en seguir sin claudicar el camino de la verdad,  iluminado por su venida;  el camino mejor, que es el del amor (1Co,13,13), sobre el cual seremos juzgados al  final de nuestra vida.

Que esta luz de la Nochebuena se manifieste en reconocer la dignidad de cada persona, creada por Dios, que Jesús vino a salvar, sin ninguna clase de discriminación, sobre todo particularmente frente a la vida. La violación sistemática de este  respeto a la vida y a su dignidad, produce una especie de ofuscación cada vez mayor, y una progresiva oscuridad para percibir la presencia salvadora de Dios en cada persona, inclusive desde el seno materno (cfr. Ev. Vitae, n º 21).

Queridos hermanos: el  misterio de la Navidad es celebrar el resplandor  que viene de este Niño; y se difunde como una luz brillante para todos.  Que  este resplandor interior nos ilumine a cada uno de nosotros, y se  encienda en nuestro corazón  la bondad de Dios; y  todos vivamos  el amor. 

Así como en el pesebre, la imagen de Nuestra Santísima Madre nos atrae de un modo especial; y  nuestra mirada y atención se fijan en Ella, y  la buscamos espontáneamente, y no podemos mirar al niño Jesús, sin dirigirnos enseguida a María; esta Nochebuena miremos a María y pidámosle que sea Ella   quien nos haga vivir la alegría y el gozo del nacimiento del Redentor. 

Mons. José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario
Nochebuena 2010 


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Alocución televisiva de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata en el programa “Claves para un mundo mejor” (25 de diciembre de 2010). (AICA)

NAVIDAD: ADMIRACIÓN, ALEGRIA Y ESPERANZA        

¿Qué sentimientos, qué actitudes, corresponde exhibir ante el gran misterio que hoy celebramos, la Navidad del Señor?.

En primer lugar se me ocurre que corresponde un sentimiento de admiración. Pensemos que significa la Navidad: que Dios se ha hecho hombre, que ha nacido como hombre, que ha sido niño, que ha recorrido todas las etapas de la vida humana.

Jesucristo ha sido un embrión en el seno de María Santísima, formado por la acción del Espíritu Santo. Ha nacido virginalmente de Ella. Ha sido niño, ha sido adolescente y ha llegado a la adultez, a la plena edad de la madurez humana, capaz de entregarse libremente por nosotros y ofrecernos, atravesando la muerte, desde la gloria de la resurrección, un futuro definitivo para la humanidad.

Entonces lo primero es admiración, porque Dios podía haber hecho las cosas de otro modo. Sabemos que la finalidad del nacimiento temporal de Jesús ha sido nuestra salvación, que nosotros lleguemos a ser hijos de Dios en virtud de ese intercambio admirable entre lo divino y lo humano. Dios ha tomado lo que no era de sí mismo –lo explica San Agustín- y nos ha dado lo que nosotros no éramos de nosotros mismos. Nos ha dado la comunicación de su vida divina. Por eso lo primero es admiración.

En segundo lugar, consiguientemente, la navidad es causa de alegría porque hemos sido privilegiados de este modo. Al hacerse hombre, el Hijo de Dios manifiesta el amor del creador por su criatura y exalta su dignidad. Ante todo se justifica la alegría.

Porque Cristo nos ha comunicado esa vida sobrenatural que empieza con la gracia y nos acompaña durante nuestra existencia temporal para eclosionar en la vida eterna.

El gozo de la Navidad tiene que marcar, de suyo, para siempre, la vida del cristiano, como el sustrato espiritual que nos hace posible vivir con serenidad y fortaleza las tristezas, los dolores y las tragedias de la vida.

Pero también si miramos la escena de la Navidad, el Pesebre de Belén, vemos allí una lección de sobriedad: Cristo elige nacer en la pobreza, en un lugar prestado, en un contexto que es inequívoco al respecto.

La sobriedad corresponde, en realidad a la medida humana, a la condición creatural del hombre. Pero tuvo que enseñarnos  esto el Dios humilde, que nos enriqueció con su pobreza y nos hizo comprender qué es lo mejor. Si Dios se ha humillado así, ¿por qué vamos a exaltarnos indebidamente, olvidando nuestra nativa pequeñez y nuestra condición de pecadores? Mirando el pesebre, las cosas humanas aparecen en su verdadera dimensión. Tendríamos que cambiar el enfoque y el juicio que hacemos sobre tantas cosas y muchas de nuestras valoraciones de personas y acontecimientos.

Y, por último, la Navidad suscita en nosotros un sentimiento de esperanza. Si bien esta Navidad, y cada Navidad, nos muestra un mundo de luces y sombras, pruebas que llegan hasta el límite de lo soportable, los cristianos después de la Encarnación de Dios tenemos que vivir en la esperanza. Si Dios se ha ocupado de esa manera de nosotros, ¡cómo no va a escuchar nuestras plegarias, cómo no nos va a asistir en nuestros problemas, como no nos va a ayudar para que podamos abrirnos el camino!. Pero eso depende de que con la esperanza estemos pendientes de su misericordia, de su amor. Lo que nos muestra la Navidad es que Dios amó tanto al mundo que entregó a su Hijo.

Después de esto solo me queda decirles: ¡Feliz Navidad! Que podamos efectivamente gozar de esta Navidad y que comprendamos que, de alguna manera, todos los días del año pueden ser Navidad si reconocemos esta visita que Dios nos ha hecho para quedarse definitivamente con nosotros. 

Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata 


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Textos bíblicos, meditaciones y oraciones para el día cuarto del octavario de Oración por la Unidad de los Cristianos, publicados en folleto pra su celebración recibido en la parroquia.

El comportamiento, expresión de nuestra unidad

Isaías 58, 6-10: ¿No es compartir tu alimento con el hambriento?
Salmo 37, 1-11: Confía en el Señor y haz el bien.
Hechos 4, 32-37: Todo lo disfrutaban en común.
Mateo 6, 25-34: Antes que nada, buscad el reino de Dios.

Comentario

La continuidad con la Iglesia apostólica de Jerusalén se manifiesta en «la asiduidad en la enseñanza de los apóstoles y la comunión fraterna, en la fracción del pan y la oración.» La Iglesia actual de Jerusalén nos recuerda, no obstante, las consecuencias prácticas de tal asiduidad: el compartir. Los Hechos de los Apóstoles afirman simplemente que «todos los creyentes vivían de mutuo acuerdo y todo lo compartían. Hasta vendían las propiedades y bienes, y repartían el dinero entre todos según la necesidad de cada cual» (Hechos 2, 44-45). La lectura que hacemos hoy del libro de los Hechos vincula este compartir radical al «testimonio dado por los apóstoles a la resurrección de Jesús, el Señor, con toda firmeza, y se los miraba con gran simpatía» Más tarde, los perseguidores de la Iglesia, en el Imperio romano, observarán con una clara perspicacia: «Mirad cómo se aman». 

La vida de los cristianos de la Jerusalén actual se caracteriza por un compartir similar de los recursos. Es una señal de su continuidad con los primeros cristianos; es también una señal y un reto para todas las Iglesias. Conecta la proclamación del Evangelio, la celebración de la Eucaristía y la comunión fraterna de la comunidad cristiana con una igualdad y una justicia radicales respecto de todos. Hasta el punto que este compartir pasa a ser un testimonio de la resurrección del Señor Jesús y una señal de continuidad con la Iglesia apostólica de Jerusalén; es también una señal de nuestra unidad unos con los otros. 

El compartir puede tomar muchas formas. Existe el compartir radical de la Iglesia apostólica donde nadie queda en la indigencia. Existe el compartir la carga, luchas, dolores y sufrimientos de unos a otros. Existe el compartir alegrías y éxitos, bendiciones y curaciones. Existe también el compartir dones y comprensiones mutuas, a pesar de nuestra situación de separación y, en consecuencia, un determinado «intercambio ecuménico de los dones». Este generoso compartir es una consecuencia práctica de nuestra asiduidad a la enseñanza de los apóstoles y a la comunión fraterna; es fruto de nuestra oración por la unidad de los cristianos. 

Oración

Dios de justicia, tus dones son ilimitados. Te damos gracias por habernos dado lo necesario para que todos puedan alimentarse, vestirse y alojarse. Presérvanos del pecado de egoísmo que lleva a acumular, e incítanos a ser los instrumentos de tu amor, compartiendo lo que nos has dado con el fin de ser así los testigos de tu generosidad y de tu justicia. Puesto que somos discípulos de Cristo, haznos actuar juntos allí donde existen necesidades: donde las familias son expulsadas, donde los necesitados sufren a manos de los poderosos, donde la pobreza y el desempleo destruyen vidas. Te lo pedimos en nombre de Jesús, en la unidad del Espíritu Santo. Amén.


Publicado por verdenaranja @ 17:55  | Ecumenismo
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Tfno. 922-25 86 40 / Extensión 8
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Boletín 419 

LAS NOTICIAS AMPLIADAS PUEDEN VERLAS ENTRANDO EN NUESTRO BLOG. Textos, sonidos, e imágenes los tienen en:
http://www.comunicacionobispadodetenerife.blogspot.com/

El próximo domingo 23 de enero se celebrará la Jornada de la Infancia Misionera bajo el lema: “Con los niños de Oceanía seguimos a Jesús”. Como viene siendo habitual cada año, el día previo a la jornada, el sábado 22, tendrá lugar la Marcha Misionera de los Niños desde Caletillas hasta la Basílica de Candelaria. La acogida será a las 10:30 horas y la Eucaristía, presidida por el obispo, se celebrará en torno a las 12:30 horas. 

La Congregación de las hijas de María Auxiliadora, familiarmente conocidas como las salesianas, celebra este 2011, el 125 aniversario de la llegada a España. Con tal motivo, el Obispo presidirá el próximo 24 de enero, en la casa de la capital tinerfeña, los actos de apertura de esta efemérides. 

Este, como todos los años, celebraremos en toda la iglesia junto con muchos hermanos y hermanas del mundo entero, la SEMANA DE ORACIÓN POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS, con el lema: “Unidos en la enseñanza de los apóstoles, la comunión fraterna, la fracción del pan y la oración” (Hch. 2, 42). Así, desde el Martes 18 y hasta el Martes 25 de Enero, en cada comunidad de la Diócesis se hará oración común, para que un día, cuando el Señor diga, todos puedan compartir en el mundo la misma fe y compartir el mismo amor, en la única Mesa Eucarística. La CELEBRACION ECUMENICA junto a otras confesiones tendrá lugar el martes 25 de enero, en la Iglesia de San Francisco del Puerto de la Cruz, a las 7 de la tarde. 

En este principio de año 2011, ATARETACO se encuentra celebrando los 25 años de andadura de la fundación que tiene como objetivo la formación e inserción socio laboral. Por este motivo, se ha organizado un acto conmemorativo para el día 20 de enero, en el salón de  actos de CajaCanarias, (Plaza del Patriotismo, 1 de Santa Cruz de Tenerife), entre las 18.00  y 20.00 horas.

Los días 4, 5 y 6 de febrero, en San Pedro Daute, en Garachico, Ángel Moreno, capellán del monasterio cisterciense de Buenafuente del Sistal, impartirá un curso sobre la Liturgia de las Horas. Los organizadores del curso han previsto un servicio de hospedería para quienes deseen pernoctar en Garachico. Por otro lado, cabe señalar que Ángel Moreno también estará presente en el Encuentro Diocesano de la Vida Consagrada que este año se celebrará también en Garachico, en la mañana del día 5 de febrero. Para inscribirse en el curso o solicitar más información, los interesados pueden llamar al teléfono de la parroquia de Santa Ana: 922 830 244. 

Por otro lado, “La Libertad Religiosa, camino de la Paz” es el lema elegido para la peregrinación diocesana de oración por la paz del próximo 19 de febrero de 2011. Se saldrá, como en años anteriores, desde la Iglesia de Sto. Domingo de Guzmán en La Laguna en torno a las 6.00 horas tras una pequeña celebración de la Palabra. En Caletillas será la reunión con el resto de participantes para continuar la marcha hacia la Basílica, en la cual celebraremos la Eucaristía presidida por el Obispo. 

Manos Unidas continúa trabajando con los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). En 2011, esta Organización No Gubernamental para el Desarrollo se centrará en el cuarto objetivo: "Reducir la Mortalidad Infantil". En nuestra diócesis, el viernes 11 de febrero, Día del Ayuno Voluntario, Manos Unidas ha invitado a quienes lo deseen a acudir a la Eucaristía presidida por el Obispo, que se celebrará en la parroquia de Nuestra Señora de la Peña de Francia, en el Puerto de la Cruz, a las 19:00 horas. 

"Koinonía. Espiritualidad del Evangelizador" es un curso destinado a todos los evangelizadores que son conscientes de la necesidad de cuidar la vida interior para poder llevar más eficazmente el mensaje del Evangelio. Está organizado por la delegación de pastoral misionera y se desarrollará del 18 de febrero a las 20:00 horas al 20 de febrero después de almuerzo, en la Casa de la Iglesia, en La Laguna.  

Del 18 al 20 de febrero se desarrollará la segunda edición del Master en Pastoral Familiar bajo el tema: "La Revelación del amor en la Sagrada Familia". El lugar escogido para desarrollar esta sesión será la Casa de Ejercicios de Santa Cruz de Tenerife. Los interesados en participar pueden comunicarlo a través de los correos: familiayvida.tenerife@gmail.com y personayfamilia@jp2madrid.org.  

El pasado 29 de noviembre, el fuerte viento ocasionó daños en el tejado de la parroquia realejera de la Concepción, por tal motivo, se ha empezado una campaña para recaudar fondos para el arreglo del tejado. Sólo tienes que dar un donativo de 3€ por cada teja y escribir una oración en ella. 

Se ha desarrollado en el Seminario Diocesano, una nueva sesión de la Jornada de Formación para el Clero. Dentro del tema general de la Misericordia de Dios, que se viene abordando en los últimos encuentros, en esta ocasión, la primera ponencia a cargo de José Domingo Morales, abordó la "Síntesis de la Teología medieval sobre el sacramento de la penitencia". La segunda parte de la Jornada la guió Rubén José Fagundo, quien disertó sobre la penitencia y el Concilio de Trento. 

Los miembros de la mesa de trabajo encargada de adjudicar la obra de restauración de las cubiertas de la Catedral de La Laguna. se reunirán el día 25 de enero para estudiar las cuatro ofertas que distintas empresas han presentado.  

El sacerdote Diego Carmelo Rodríguez, actual párroco de Nuestra Señora del Carmen, Nuestra Señora del Coromoto y San Benito Abad, en La Laguna, ha sido nombrado nuevo canónigo de la Catedral.  

El Hermano Fermín tras veinte años de trabajo en el centro de los Hermanos de la Cruz Blanca en La Laguna deja el mismo, al ser trasladado a Córdoba. Esta residencia abrió sus puertas en 1980 para prestar servicio a personas con discapacidad intelectual y en la actualidad presta servicio a 25 personas.

El arciprestazgo de Granadilla, junto con el Seminario Diocesano organizan dos jornadas de pastoral vocacional dirigidas para jóvenes y monaguillos. Será en la parroquia de S. Miguel, los días 28 y 29 de enero.  

El fin de semana del 28 al 30 de enero, se celebrará, en la Casa de la Iglesia, el cursillo de Cristiandad nº 342. La misión del mismo es colaborar con la gracia para provocar, en quienes participan, un encuentro personal con Cristo. Si cree que alguna persona puede beneficiarse del mismo, puede ponerse en contacto mediante nuestro correo electrónico, cursillostfe_secre@hotmail.com

Se cumplen cincuenta años de la llegada de la imagen de Nuestra Señora de Coromoto, patrona de Venezuela, a la ciudad palmera de El Paso. Fue un 22 de Enero de 1961. Medio siglo después la comunidad venezolana, y cuantos quieran, han sido invitados a una eucaristía a las 19 horas este 22 de enero, pero de 2011. Será en el templo de Nuestra Señora de Bonanza. Tras la Misa se realizará una procesión con la imagen de esta advocación mariana. 

El próximo día 27 de enero, un grupo de 25 religiosas viajará a Tierra Santa, acompañadas por el Deán de la Catedral de La Laguna, Julián de Armas. Los peregrinos realizarán ejercicios espirituales en los Santos Lugares que fueron escenario de la vida, muerte y resurrección de Jesucristo. Además, el grupo tendrá un encuentro con el Patriarca Latino de Jerusalén, así como con otras comunidades cristianas. 

En la tarde del pasado sábado en el marco de una eucaristía celebrada en la parroquia Concepción de los Realejos, fue Admitido por el Obispo como candidato al Diaconado Permanente Alejandro Abrante. El prelado destacó en su homilía que el diácono es servidor y que, como todo cristiano, como Juan el Bautista, ha de ir por la vida señalando por dónde está Jesucristo, al tiempo que es preciso dar testimonio de ir con Él y detrás de Él. 

El Obispo ha convocado órdenes de presbíteros para el día 12 de febrero. 

Del 5 al 15 de marzo se desarrollará la 45º Peregrinación Diocesana a Tierra Santa, una iniciativa dirigida por el sacerdote Juan Carlos Alameda. 

El sábado 29 de enero de 2011 a las 21h se desarrollará otro concierto de órgano en la parroquia de El Médano, con entrada libre. Son conciertos benéficos, al final de los cuales se recogen los donativos voluntarios que los asistentes quieran dejar y que van destinados a la restauración del Órgano parroquial, afectado por insectos xilófagos en su revestimiento exterior. 

Una sentencia de la Sala de lo Social del Tribunal Supremo ha confirmado que el profesorado de Religión podrá ostentar puestos directivos en su centro --Vicedirección, Secretaría y Jefatura de estudios--, así como ser jefe del Departamento de Religión y tutor de un grupo de alumnos, teniendo derecho a los oportunos descuentos lectivos, según ha informado en un comunicado el sindicato ANPE en Canarias. 

Bomberos de Tenerife han hecho entrega de una partida de alimentos a Cáritas en la parroquia de Santa María de Añaza, parroquia del arciprestazgo de Taco y ubicada en el municipio de Santa Cruz de Tenerife. Esta acción se encuendra dentro de la campaña solidaria, que con motivo de las fiestas navideñas, han desarrollado este colectivo en estas últimas semanas. 

Continuando con un artículo publicado hace unos días, el decano de la prensa de Canarias, Diario de Avisos, titula en su edición de este miércoles una información relativa a la tarea de Cáritas arciprestal de Granadilla de la siguiente manera: "Cientos de inmigrantes dependen de ayuda humanitaria por la crisis". "La mayoría de las más de mil personas que Cáritas atiende son extranjeros sin empleo y, muchos, sin papeles o sin subsidio, por haber trabajado sin contrato". 

Desde el pasado mes de Octubre hasta el mes de Febrero un grupo de 15 personas asisten al TALLER DE ORACION organizado por la Parroquia de San Fernando Rey, en las Barriadas de García Escamez y Somosierra (Santa Cruz de Tenerife). Los Talleres de Oración (TOV) son un método práctico del Padre Ignacio Larrañaga para aprender a orar de una manera ordenada, variada y progresiva: desde los primeros pasos hasta las profundidades de la contemplación. Si quieres saber más de los Talleres de Oración: http://www.tovpil.org/gira/index.php  

Con el arranque de 2011, llega el momento de evaluar el Plan Diocesano de Pastoral: “Haz memoria de Jesucristo resucitado”. Por tal motivo, el próximo sábado día 29, de 9.30 a 13 horas, el Obispo se reunirá con los arciprestes y vicearciprestes, en el seminario diocesano, a fin de presentar el proyecto de evaluación pastoral y conocer las sugerencias que quieran hacer para este proceso que iniciamos con el comienzo de Año.


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mi?rcoles, 19 de enero de 2011

ZENIT  publica la homilía que pronunció el patriarca latino de Jerusalén, Su Beatitud Fouad Twal, durante la Misa del Gallo en la Nochebuena 2010 que presidió en la iglesia de Santa Catalina de Belén.

"Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado; lleva sobre su hombro el señorío; proclaman su nombre: 'Consejero admirable, Dios fuerte, Padre sempiterno, Príncipe de la Paz'" (Isaís 9,5) 

Queridos hermanos y hermanas:

¡Feliz Navidad!
Os doy a todos la bienvenida, y, particularmente al señor presidente Mahmoud Abbas, así como al primer ministro, el señor Salam Fayaad, acompañados de su delegación: gracias por vuestra presencia entre nosotros.

Navidad es una fiesta para todos los habitantes de la Tierra Santa, y para todos los artífices de Paz.

Saludo a los peregrinos que nos acompañan en esta noche, a todos los fieles de Palestina, Jordania e Israel, y también a todos aquellos que nos acompañan en este momento gracias a los medios de comunicación.

Queridos hermanos y hermanas,
Ya desde hace milenios, nuestros antepasados en la fe rezaban: "Que los cielos destilen el rocío, y las nubes lluevan la justicia. Que se abra la tierra y germine la salvación". (Is 45, 8).

Toda la Creación sufría, gemía: ella esperaba la Salvación anunciada. Cuando llegó la plenitud de los tiempos, el Salvador prometido nació en la Gruta de Belén. Es, entonces, que los Ángeles anunciaron la Buena Noticia a simples pastores que velaban sus rebaños, no lejos de aquí. Es a ellos que los ángeles harán oír su canto: "Gloria a Dios en lo más Alto del Cielo y paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad. Os ha nacido hoy un Salvador en la ciudad de David: que es Cristo, el Señor". (Lc 2, 10-11).

¡Se trata verdaderamente de una Buena Noticia, pues numerosos son los males de los que tenemos necesidad de ser salvados!

Tenemos necesidad de ser sanados de todas nuestras heridas espirituales, causa de sufrimiento para nosotros y para nuestro entorno.

El Niño de Belén, nacido en una gruta, nos da también una enseñanza de humildad, de simplicidad, de dulzura, en nuestro mundo construido sobre la fuerza y la voluntad de poder. Toda la vida de Jesús nos invita a esto:  "quien quiera ser grande que se haga vuestro servidor" y también:  "el que se eleve será humillado, y el que se abaje será elevado" (Mt 20, 26 y Mt 23, 12).

Este Divino Niño ha nacido en el seno de una familia unida, que tenía la experiencia del Amor y de la ternura. La familia es esencial para la vida y el buen desarrollo de la persona: el hombre nace y crece en la cuna de amor de la familia, que es también la primera célula de la sociedad. Si la familia es sana, es el conjunto de la sociedad que se beneficia. De igual modo, los desgarros en su seno y la falta de consideración que se le dirigen tienen consecuencias nefastas sobre el conjunto del cuerpo social. Cada familia está invitada por Cristo a seguir el ejemplo de la Sagrada Familia de Nazaret.

Navidad nos recuerda el valor único de la vida humana, que es un don de Dios. Cada niño nacido o por nacer tiene una dignidad única y merece un gran respeto, pues es creado a imagen del Niño de la Gruta. ¡Cómo es doloroso constatar que millones de abortos son cometidos cada año en el mundo, a causa del egoísmo y de la dureza de corazón, a causa del rechazo de la vida que comienza desde los primeros instantes de la concepción! ¡Y cómo es doloroso el pensar en los sufrimientos de quien comete tales acciones: son heridas que destruyen a las personas en lo más profundo de su ser! Estas personas tienen necesidad de ser ayudadas y de dirigirse al Dios de misericordia.

Estamos, de igual modo, entristecidos por las difíciles situaciones en las cuales crecen alrededor del 80% de los niños de la Humanidad. Pensamos particularmente en los niños de nuestros países de Oriente Medio, que se encuentran debajo del nivel de la pobreza. Muchos conocen condiciones precarias, en los campos de refugiados, o bien, viven situaciones familiares dramáticas, privados de la ternura de sus padres.

En un mundo herido por la violencia y el integrismo, que legitima las peores acciones, llegando hasta los asesinatos en las iglesias, el Niño de Belén viene a recordarnos que el primer mandamiento es el del Amor. Él nos enseña el perdón y la reconciliación, incluso con nuestros enemigos. "Vosotros habéis oído que ha sido dicho: amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pues bien, Yo os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por quienes os persiguen, a fin de ser verdaderos hijos de vuestro Padre que está en los cielos" (Mt 5, 43-45).

Jesús es, de igual modo, portador de un mensaje de unidad, para nuestras familias, nuestros barrios o entre nuestros pueblos. Esta enseñanza se dirige también a los responsables de las naciones, que tienen en mano el destino de las naciones.

El Apóstol Pablo nos recuerda esta exigencia de la unidad querida por Cristo mismo: "Yo, que estoy en prisión a causa del Señor, os exhorto a que viváis de una manera digna de la vocación con que habéis sido llamados: con toda humildad, dulzura y paciencia, soportándoos unos a otros con amor; poniendo empeño en conservar la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza a que habéis sido llamados" (Ef 4, 1-4).

Queridos hermanos y hermanas,
Quisiera dirigiros algunas palabras sobre el tema del Sínodo para Oriente Medio que ha tenido lugar en Roma en octubre pasado. Los padres sinodales han dirigido en dicha ocasión un Mensaje al Pueblo de Dios, así como recomendaciones que deseamos poner en práctica gradualmente. Entre los principales temas están el de la comunión, la caridad fraterna, la colaboración, la apertura a los otros, el diálogo y la ciudadanía. El diálogo es una disposición de corazón, un valor indispensable en todos los niveles: ante todo, entre las diferentes iglesias católicas de Oriente Medio, que pasa por la colaboración entre los diferentes Patriarcados, pero también a nivel interconfesional e interreligioso. Este diálogo es un imperativo, es la respuesta al ateísmo moderno y a los integrismos que amenazan al Pueblo de Dios. Así, el fanatismo ha recientemente golpeado la comunidad cristiana de Irak de una manera trágica. Tales acciones son unánimemente condenadas por cristianos y musulmanes.

El Mensaje del Sínodo invita a intensificar el diálogo con nuestros hermanos judíos y musulmanes: se trata de reunirnos en torno a nuestros valores comunes, que son numerosos, como la oración, la piedad, el ayuno, la limosna y, sobre todo, los valores éticos.

En esta Navidad, deseamos que Jerusalén llegue a ser no solamente la capital de dos Naciones, sino también un modelo para el mundo entero de buen entendimiento y de coexistencia entre las tres religiones monoteístas.

Nuestro deseo para esta fiesta es que el sonido de las campanas de nuestras iglesias cubra el ruido de las armas en nuestro Oriente Medio herido. ¡Que la alegría se dibuje sobre todos los rostros, que la alegría penetre todo los corazones!

Rezamos por la paz: deseamos que ella descienda sobre el pueblo de Israel así como sobre el pueblo Palestino y sobre todo el Oriente Medio, a fin que nuestros niños puedan vivir y crecer en un entorno sereno.

Queridos hermanos y hermanas, queridos peregrinos, queridos amigos, ¡la paz del Niño de la Gruta esté con vosotros! No nos dejéis solos en estas situaciones difíciles. Rezad por nosotros, nosotros haremos lo mismo por vosotros. ¡Feliz Navidad!


Publicado por verdenaranja @ 21:44  | Homilías
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ZENIT  publica la homilía que pronunció Benedicto XVI en la Misa del Gallo de la Nochebuena 2010, que presidió en la Basílica de San Pedro del Vaticano.

Queridos hermanos y hermanas

"Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy". La Iglesia comienza la liturgia del Noche Santa con estas palabras del Salmo segundo. Ella sabe que estas palabras pertenecían originariamente al rito de la coronación de los reyes de Israel. El rey, que de por sí es un ser humano como los demás hombres, se convierte en "hijo de Dios" mediante la llamada y la toma de posesión de su cargo: es una especie de adopción por parte de Dios, un acto de decisión, por el que confiere a ese hombre una nueva existencia, lo atrae en su propio ser. La lectura tomada del profeta Isaías, que acabamos de escuchar, presenta de manera todavía más clara el mismo proceso en una situación de turbación y amenaza para Israel: "Un hijo se nos ha dado: lleva sobre sus hombros el principado" (9,5). La toma de posesión de la función de rey es como un nuevo nacimiento. Precisamente como recién nacido por decisión personal de Dios, como niño procedente de Dios, el rey constituye una esperanza. El futuro recae sobre sus hombros. Él es el portador de la promesa de paz. En la noche de Belén, esta palabra profética se ha hecho realidad de un modo que habría sido todavía inimaginable en tiempos de Isaías. Sí, ahora es realmente un niño el que lleva sobre sus hombros el poder. En Él aparece la nueva realeza que Dios establece en el mundo. Este niño ha nacido realmente de Dios. Es la Palabra eterna de Dios, que une la humanidad y la divinidad. Para este niño valen los títulos de dignidad que el cántico de coronación de Isaías le atribuye: Consejero admirable, Dios poderoso, Padre por siempre, Príncipe de la paz (9,5). Sí, este rey no necesita consejeros provenientes de los sabios del mundo. Él lleva en sí mismo la sabiduría y el consejo de Dios. Precisamente en la debilidad como niño Él es el Dios fuerte, y nos muestra así, frente a los poderes presuntuosos del mundo, la fortaleza propia de Dios.

A decir verdad, las palabras del rito de coronación en Israel eran siempre sólo ritos de esperanza, que preveían a lo lejos un futuro que sería otorgado por Dios. Ninguno de los reyes saludados de este modo se correspondía con lo sublime de dichas palabras. En ellos, todas las palabras sobre la filiación de Dios, sobre su designación como heredero de las naciones, sobre el dominio de las tierras lejanas (Sal 2,8), quedaron sólo como referencia a un futuro; casi como carteles que señalan la esperanza, indicaciones que guían hacia un futuro, que en aquel entonces era todavía inconcebible. Por eso, el cumplimiento de la palabra que da comienzo en la noche de Belén es a la vez inmensamente más grande y -desde el punto de vista del mundo- más humilde que lo que la palabra profética permitía intuir. Es más grande, porque este niño es realmente Hijo de Dios, verdaderamente "Dios de Dios, Luz de Luz, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre". Ha quedado superada la distancia infinita entre Dios y el hombre. Dios no solamente se ha inclinado hacia abajo, como dicen los Salmos; Él ha "descendido" realmente, ha entrado en el mundo, haciéndose uno de nosotros para atraernos a todos a sí. Este niño es verdaderamente el Emmanuel, el Dios-con-nosotros. Su reino se extiende realmente hasta los confines de la tierra. En la magnitud universal de la santa Eucaristía, Él ha hecho surgir realmente islas de paz. En cualquier lugar que se celebra hay una isla de paz, de esa paz que es propia de Dios. Este niño ha encendido en los hombres la luz de la bondad y les ha dado la fuerza de resistir a la tiranía del poder. Él construye su reino desde dentro, partiendo del corazón, en cada generación. Pero también es cierto que no se ha roto la "vara del opresor". También hoy siguen marchando con estruendo las botas de los soldados y todavía hoy, una y otra vez, queda la "túnica empapada de sangre" (Is 9,3s). Así, forma parte de esta noche la alegría por la cercanía de Dios. Damos gracias porque el Dios niño se pone en nuestras manos, mendiga, por decirlo así, nuestro amor, infunde su paz en nuestro corazón. Esta alegría, sin embargo, es también una oración: Señor, cumple por entero tu promesa. Quiebra las varas de los opresores. Quema las botas resonantes. Haz que termine el tiempo de las túnicas ensangrentadas. Cumple la promesa: "La paz no tendrá fin" (Is 9,6). Te damos gracias por tu bondad, pero también te pedimos: Muestra tu poder. Erige en el mundo el dominio de tu verdad, de tu amor; el "reino de justicia, de amor y de paz".

"María dio a la luz a su hijo primogénito" (Lc 2,7). San Lucas describe con esta frase, sin énfasis alguno, el gran acontecimiento que habían vislumbrado con antelación las palabras proféticas en la historia de Israel. Designa al niño como "primogénito". En el lenguaje que se había ido formando en la Sagrada Escritura de la Antigua Alianza, "primogénito" no significa el primero de otros hijos. "Primogénito" es un título de honor, independientemente de que después sigan o no otros hermanos y hermanas. Así, en el Libro del Éxodo (Ex 4,22), Dios llama a Israel "mi hijo primogénito", expresando de este modo su elección, su dignidad única, el amor particular de Dios Padre. La Iglesia naciente sabía que esta palabra había recibido una nueva profundidad en Jesús; que en Él se resumen las promesas hechas a Israel. Así, la Carta a los Hebreos llama a Jesús simplemente "el primogénito", para identificarlo como el Hijo que Dios envía al mundo después de los preparativos en el Antiguo Testamento (cf. Hb 1,5-7). El primogénito pertenece de modo particular a Dios, y por eso -como en muchas religiones- debía ser entregado de manera especial a Dios y ser rescatado mediante un sacrificio sustitutivo, como relata san Lucas en el episodio de la presentación de Jesús en templo. El primogénito pertenece a Dios de modo particular; está destinado al sacrificio, por decirlo así. El destino del primogénito se cumple de modo único en el sacrificio de Jesús en la cruz. Él ofrece en sí mismo la humanidad a Dios, y une al hombre y a Dios de tal modo que Dios sea todo en todos. San Pablo ha ampliado y profundizado la idea de Jesús como primogénito en las Cartas a los Colosenses y a los Efesios: Jesús, nos dicen estas Cartas, es el Primogénito de la creación: el verdadero arquetipo del hombre, según el cual Dios ha formado la criatura hombre. El hombre puede ser imagen de Dios, porque Jesús es Dios y Hombre, la verdadera imagen de Dios y el Hombre. Él es el primogénito de los muertos, nos dicen además estas Cartas. En la Resurrección, Él ha desfondado el muro de la muerte para todos nosotros. Ha abierto al hombre la dimensión de la vida eterna en la comunión con Dios. Finalmente, se nos dice: Él es el primogénito de muchos hermanos. Sí, con todo, Él es ahora el primero de más hermanos, es decir, el primero que inaugura para nosotros el estar en comunión con Dios. Crea la verdadera hermandad: no la hermandad deteriorada por el pecado, la de Caín y Abel, de Rómulo y Remo, sino la hermandad nueva en la que somos de la misma familia de Dios. Esta nueva familia de Dios comienza en el momento en el que María envuelve en pañales al "primogénito" y lo acuesta en el pesebre. Pidámosle: Señor Jesús, tú que has querido nacer como el primero de muchos hermanos, danos la verdadera hermandad. Ayúdanos para que nos parezcamos a ti. Ayúdanos a reconocer tu rostro en el otro que me necesita, en los que sufren o están desamparados, en todos los hombres, y a vivir junto a ti como hermanos y hermanas, para convertirnos en una familia, tu familia.

El Evangelio de Navidad nos relata al final que una multitud de ángeles del ejército celestial alababa a Dios diciendo: "Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que Dios ama" (Lc2,14). La Iglesia ha amplificado en el Gloria esta alabanza, que los ángeles entonaron ante el acontecimiento de la Noche Santa, haciéndola un himno de alegría sobre la gloria de Dios. "Por tu gloria inmensa, te damos gracias". Te damos gracias por la belleza, por la grandeza, por tu bondad, que en esta noche se nos manifiestan. La aparición de la belleza, de lo hermoso, nos hace alegres sin tener que preguntarnos por su utilidad. La gloria de Dios, de la que proviene toda belleza, hace saltar en nosotros el asombro y la alegría. Quien vislumbra a Dios siente alegría, y en esta noche vemos algo de su luz. Pero el mensaje de los ángeles en la Noche Santa habla también de los hombres: "Paz a los hombres que Dios ama". La traducción latina de estas palabras, que usamos en la liturgia y que se remonta a Jerónimo, suena de otra manera: "Paz a los hombres de buena voluntad". La expresión "hombres de buena voluntad" ha entrado en el vocabulario de la Iglesia de un modo particular precisamente en los últimos decenios. Pero, ¿cuál es la traducción correcta? Debemos leer ambos textos juntos; sólo así entenderemos la palabra de los ángeles del modo justo. Sería equivocada una interpretación que reconociera solamente el obrar exclusivo de Dios, como si Él no hubiera llamado al hombre a una libre respuesta de amor. Pero sería también errónea una interpretación moralizadora, según la cual, por decirlo así, el hombre podría con su buena voluntad redimirse a sí mismo. Ambas cosas van juntas: gracia y libertad; el amor de Dios, que nos precede, y sin el cual no podríamos amarlo, y nuestra respuesta, que Él espera y que incluso nos ruega en el nacimiento de su Hijo. El entramado de gracia y libertad, de llamada y respuesta, no lo podemos dividir en partes separadas una de otra. Las dos están indisolublemente entretejidas entre sí. Así, esta palabra es promesa y llamada a la vez. Dios nos ha precedido con el don de su Hijo. Una y otra vez, nos precede de manera inesperada. No deja de buscarnos, de levantarnos cada vez que lo necesitamos. No abandona a la oveja extraviada en el desierto en que se ha perdido. Dios no se deja confundir por nuestro pecado. Él siempre vuelve a comenzar con nosotros. No obstante, espera que amemos con Él. Él nos ama para que nosotros podamos convertirnos en personas que aman junto con Él y así haya paz en la tierra.

Lucas no dice que los ángeles cantaran. Él escribe muy sobriamente: el ejército celestial alababa a Dios diciendo: "Gloria a Dios en el cielo... " (Lc 2,13s). Pero los hombres siempre han sabido que el hablar de los ángeles es diferente al de los hombres; que precisamente esta noche del mensaje gozoso ha sido un canto en el que ha brillado la gloria sublime de Dios. Por eso, este canto de los ángeles ha sido percibido desde el principio como música que viene de Dios, más aún, como invitación a unirse al canto, a la alegría del corazón por ser amados por Dios. Cantare amantis est, dice san Agustín: cantar es propio de quien ama. Así, a lo largo de los siglos, el canto de los ángeles se ha convertido siempre en un nuevo canto de amor y alegría, un canto de los que aman. En esta hora, nosotros nos asociamos llenos de gratitud a este cantar de todos los siglos, que une cielo y tierra, ángeles y hombres. Sí, te damos gracias por tu gloria inmensa. Te damos gracias por tu amor. Haz que seamos cada vez más personas que aman contigo y, por tanto, personas de paz. Amén.


[Traducción distribuida por la Santa Sede
© Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 21:41  | Habla el Papa
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Reflexión de José Antonio Pagola al evangelio del domingo tercero del Tiempo Ordinario - A, ofreci8da por la Delegación Diocesana de Enseñanza de la diócesis de Tenerife.

SEGUIDORES 

         Cuando Jesús se entera de que el Bautista ha sido encarcelado, abandona su aldea de Nazaret y marcha a la ribera del lago de Galilea para comenzar su misión. Su primera intervención no tiene nada de espectacular. No realiza un prodigio. Sencillamente, llama a unos pescadores que responden inmediatamente a su voz: "Seguidme".

         Así comienza el movimiento de seguidores de Jesús. Aquí está el germen humilde de lo que un día será su Iglesia. Aquí se nos manifiesta por vez primera la relación que ha de mantenerse siempre viva entre Jesús y quienes creen en él. El cristianismo es, antes que nada, seguimiento a Jesucristo.

         Esto significa que la fe cristiana no es sólo adhesión doctrinal, sino conducta y vida marcada por nuestra vinculación a Jesús. Creer en Jesucristo es vivir su estilo de vida, animados por su Espíritu, colaborando en su proyecto del reino de Dios y cargando con su cruz para compartir su resurrección.

         Nuestra tentación es siempre querer ser cristianos sin seguir a Jesús, reduciendo nuestra fe a una afirmación dogmática o a un culto a Jesús como Señor e Hijo de Dios. Sin embargo, el criterio para verificar si creemos en Jesús como Hijo encarnado de Dios es comprobar si le seguimos sólo a él.

         La adhesión a Jesús no consiste sólo en admirarlo como hombre ni en adorarlo como Dios. Quien lo admira o lo adora, quedándose personalmente fuera, sin descubrir en él la exigencia a seguirle de cerca, no vive la fe cristiana de manera integral. Sólo el que sigue a Jesús se coloca en la verdadera perspectiva para entender y vivir la experiencia cristiana de forma auténtica.

         En el cristianismo actual vivimos una situación paradójica. A la Iglesia no sólo pertenecen los que siguen o intentan seguir a Jesús, sino, además, los que no se preocupan en absoluto de caminar tras sus pasos. Basta estar bautizado y no romper la comunión con la institución, para pertenecer oficialmente a la Iglesia de Jesús, aunque jamás se haya propuesto seguirle.

         Lo primero que hemos de escuchar de Jesús en esta Iglesia es su llamada a seguirle sin reservas, liberándonos de ataduras, cobardías y desviaciones que nos impiden caminar tras él. Estos tiempos de crisis pueden ser la mejor oportunidad para corregir el cristianismo y mover a la Iglesia en dirección hacia Jesús.

         Hemos de aprender a vivir en nuestras comunidades y grupos cristianos de manera dinámica, con los ojos fijos en él, siguiendo sus pasos y colaborando con él en humanizar la vida. Disfrutaremos de nuestra fe de manera nueva. 

José Antonio Pagola 

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
 23 de enero de 2011
3 Tiempo ordinario (A)
Mateo, 4, 12-23


Publicado por verdenaranja @ 21:37  | Espiritualidad
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DOMINGO 3 DEL TIEMPO ORDINARIO
23 de Enero de 2011

La paz, el amor y la fe, de parte de Dios, nuestro Padre, y de Jesucristo, el Señor, estén con todos vosotros.

 

- "Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos" Son las primeras palabras de Jesús al inicio de su predicación, y que escucharemos hoy en el evangelio de Mateo, que es el evangelio que vamos siguiendo a lo largo de este año. Una llamada a la conversión que es para todos, un recuerdo que siempre debemos tener presente. Los que nos llamamos cristianos hemos
hecho nuestra esa invitación de Jesús, y nos hemos decidido a seguirle, como los primeros discípulos, en nuestra vida.

-  Desgraciadamente, los que seguimos a Jesús no estamos todos unidos, no formamos una sola Iglesia, una sola comunidad. Estos días se celebra la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, y por eso hoy pedimos especialmente para que se pueda llegar a hacer realidad ese deseo: que todos los que creemos en Cristo lleguemos a superar nuestras divisiones y formemos un solo cuerpo.  

A. penitencial: Comencemos nuestra celebración pidiendo el perdón y la gracia de Dios. (Silencio).

- Tú, que eres el camino que conduce al Padre. SEÑOR, TEN PIEDAD.
- Tú, que eres la verdad que ilumina los pueblos. CRISTO, TEN PIEDAD.
- Tú, que eres la vida que renueva el mundo. SEÑOR, TEN PIEDAD.  

1. lectura (lsaías B,23b-9,3): La primera lectura de hoy es un texto conocido de Isaías, que ya escuchamos la noche de Navidad: "El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande': San Mateo, en el evangelio que después escucharemos, citará este texto para referirse al inicio de la predicación de Jesús.           

2. lectura (7 Corintios 7,70-73.77): En la comunidad cristiana de Corinto había discordias y divisiones, y san Pablo les exhorta a superarías y a centrarse sólo en Cristo. Escuchémoslo con atención.  

Oración universal: Oremos a Dios el Padre, hoy especialmente pidiendo la unidad de los cristianos. Oremos diciendo: ESCÚCHANOS, PADRE.

Por todos los que creemos en Jesucristo. Que le sigamos de todo corazón en nuestras vidas y demos siempre un buen testimonio de nuestra fe. OREMOS:
Por las distintas Iglesias cristianas. Que valoremos lo esencial que nos une para poder avanzar así hacia la plena comunión. OREMOS:
Por nuestro mundo, dividido por guerras y discordias. Que los cristianos seamos' instrumento de unidad, de concordia y de paz. OREMOS:
Por todos nosotros, reunidos para celebrar la eucaristía del domingo. Que cada día avancemos más por el camino de la conversión. OREMOS:

Escucha, Padre, las oraciones de tus hijos, que quieren caminar unidos siguiendo a Jesús, nuestro único Señor, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Prefacio de la Unidad de los Cristianos (Misal pág. 924).

Padrenuestro: Sintiéndonos unidos a los cristianos de las diversas confesiones, dirijámonos al Padre del cielo con la oración que Jesús nos enseñó y que nos vincula a todos como hermanos. Digamos, pues, con mucha confianza:

CPL


Publicado por verdenaranja @ 16:26  | Liturgia
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Textos bíblicos, meditaciones y oraciones para el día tercero del Octavario de Oración por la Unidad de los Cristianos 2011, publicados en folleto para su celebración recibido en la parroquia.

La asiduidad a la enseñanza de los apóstoles nos reúne 

Isaías 51, 4-8: Prestadme atención, gente mía.
Salmo 119, 105-112: Tu palabra es antorcha para mis pasos.
Romanos 1, 15-17: Dispuesto a proclamar la buena noticia.
Juan 17, 6-19: He dado a conocer tu nombre. 

Comentario

La Iglesia de Jerusalén en los Hechos de los Apóstoles se unía en la asiduidad a la enseñanza de los apóstoles, a pesar de la gran diversidad de lenguas y culturas entre sus miembros. La enseñanza de los apóstoles consiste en dar testimonio de la vida, de la enseñanza, del ministerio, de la muerte y de la resurrección del Señor Jesús. Su enseñanza se resume en lo que San Pablo llama simplemente «el Evangelio». Se encuentra un ejemplo de la enseñanza de los apóstoles en la predicación de San Pedro en Jerusalén, el día de Pentecostés. A partir del profeta Joel, la Iglesia se vincula a la historia bíblica del pueblo de Dios, llevándonos al relato que comienza con la creación.

A pesar de nuestras divisiones, la Palabra de Dios nos reúne y nos une. La enseñanza de los apóstoles, la buena noticia para todos en su plenitud, estaba en el centro de la unidad en la diversidad de la primera Iglesia de Jerusalén. Los cristianos de Jerusalén nos recuerdan hoy que no era solamente «la enseñanza de los apóstoles» lo que unía a la Iglesia primitiva, sino su asiduidad a esta enseñanza. Es también la asiduidad que refleja San Pablo cuando califica el Evangelio como «poder de Dios para la salvación». 

El profeta Isaías nos recuerda que la enseñanza de Dios es inseparable del «juicio, luz de los pueblos». Y el salmista ora así: «Tu palabra es antorcha para mis pasos; es la luz en mi sendero. Mi herencia perpetua son tus mandamientos, alegría de mi corazón». 

Oración

Dios de luz, te damos gracias por revelar tu verdad en Jesucristo, tu Palabra de Vida, que recibimos a través de la enseñanza de los apóstoles, transmitida en primer lugar en Jerusalén.

Que tu Espíritu Santo siga santificándonos en la verdad de tu Hijo, para que por nuestra unidad en Él crezcamos en la asiduidad a tu Palabra y sirvamos juntos tu Reino en la humildad y en el amor. Te lo pedimos en nombre de Jesucristo. Amén.


Publicado por verdenaranja @ 16:08  | Ecumenismo
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martes, 18 de enero de 2011

La responsable de la Peregrinación por la Paz del este año de 2011 envía carta a los sacerdotes anunciando el día 19 de Febrero como para su realización.

San Cristóbal de La Laguna a 19 de enero de 2011 

Estimado en Cristo, 

         Un año más, el Señor Obispo me ha nombrado responsable de la peregrinación en oración por la paz a Candelaria, actividad que se viene desarrollando desde hace ya varios años, motivada por los momentos más difíciles de la Guerra del Golfo. 

         “La Libertad Religiosa, camino de la Paz” es el lema elegido para esta jornada por el Papa Benedicto XVI, el cual, reafirma el empeño de la Iglesia en toda forma de colaboración leal para la promoción de la paz. La paz es un don de Dios y al mismo tiempo un proyecto que realizar, pero que nunca se cumplirá totalmente. El Papa afirma que la libertad religiosa es un arma auténtica de la paz, con una misión histórica y profética. Es necesario, pues, educar las conciencias de sus miembros en la apertura hacia los demás, en el respeto hacia el otro, en la tolerancia, unida a la búsqueda de la verdad, así como a la solidaridad.

         Desde la comisión que se ha creado para dicha actividad diocesana queremos invitarles a que animen a sus comunidades parroquiales, colegios, grupos, etc. a participar en ella, el próximo 19 de febrero de 2011, saliendo como en años anteriores desde la Iglesia de Sto. Domingo de Guzmán en La Laguna en torno a las 6.00 horas tras una pequeña celebración de la Palabra y reuniéndonos en Caletillas con el resto para continuar la marcha hacia la Basílica, en la cual celebraremos la Eucaristía presidida por nuestro Sr. Obispo. 

Un saludo,l

Galdys Rodríguez Hernández

(Responsable de la Peregrinación por la Paz)


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Estructura y desarrollo de celebración ecuménica 2011 para el Octavario de Oración por la Unidad de los Cristianos, publicados en folleto de la CEE recibido en la parroquia.

— Introducción —

I. Reunión

Según las prácticas locales, los símbolos convenientes pueden llevarse y colocarse delante de la asamblea durante el himno de apertura. Después del saludo inicial por la persona que preside, algunas palabras de bienvenida  pueden ser expresadas por las comunidades y los responsables reunidos para celebrar. Se invita a la asamblea a prepararse para celebrar y alabar a Dios con las fórmulas de apertura y una oración introductoria bajo forma de letanía, según la manera tradicional oriental.

II. Celebración de la Palabra de Dios

La lectura de los Hechos de los Apóstoles es central y a partir de ella se organizan las otras etapas de la celebración. Al elegir este texto de los Hechos, el comité preparatorio de Jerusalén se proponía acentuar las ideas de fidelidad a la enseñanza de los apóstoles y de puesta en común de todos los bienes como claves de la unidad. La homilía puede desarrollar estos temas o insistir en la necesidad de que los cristianos extendidos por el mundo apoyan en la oración a sus hermanas y hermanos que, en la Ciudad Santa, dan prueba del Evangelio del amor.

Después de la homilía, se puede tener un tiempo de meditación silenciosa o acompañado de música. Una ofrenda o una colecta en favor de los  cristianos y sus instituciones (escuelas, hospitales, etc.) podrá tener lugar e ir dirigida a una organización eclesial conveniente.

III. Oración de arrepentimiento y paz

Un gesto simbólico puede tener lugar durante esta oración.

Opción nº l: Velas llevadas en procesión durante la liturgia de apertura y colocadas a la vista de la asamblea; pueden ser apagadas una a una, después de cada fórmula del rezo penitencial, mientras se deja una gran vela o el cirio pascual encendido, y se apagan las luces de la iglesia. Al final de la liturgia de paz, se distribuyen pequeñas velas a las personas presentes. La confesión de fe, que se puede recitar según el credo de Nicea o el símbolo de los apóstoles, o también según otra expresión tradicional de la fe, sigue con el intercambio de la paz en la penumbra. Las velas apagadas se encienden entonces una a una (de la gran vela o el cirio pascual) después de cada intención de la letanía por la unidad de los cristianos. Se invita a los participantes a llevar con ellos las velas que recibieron, a encenderlas cada noche de la semana de oración y, si conviene, colocarlas en su ventana para prolongar esta vigilia de oración y recuerdo de los cristianos de Tierra Santa y de quienes sufren por su fe.

Opción nº 2: Un grupo (de niños o jóvenes, por ejemplo) prepara de antemano el «mosaico» (una imagen de Cristo, una cruz, la imagen de una iglesia, cualquier otro símbolo de unidad juzgado conveniente) y lo divide en grandes pedazos. Durante la letanía de la unidad de los cristianos, representantes de las comunidades presentes colocan los pedazos del mosaico sucesivamente en un marco, delante de la asamblea. Al final de la letanía, el mosaico representará la unidad de todos los cristianos en el único cuerpo de Cristo, en la diversidad que muestra la riqueza del don que Dios hizo a las Iglesias.

Opción nº 3: El incienso puede ser ofrecido por los miembros de cada una de las comunidades después de cada fórmula del rezo penitencial, para significar la misericordia de Dios que se extiende sobre nuestros pecados y la gracia de Dios que nos sana. Un recipiente que contiene carbón de madera encendido puede colocarse en el centro de la asamblea o cerca del lugar donde se efectuarán las lecturas de la Escritura. Después de cada fórmula penitencial, el lector u otro miembro de la asamblea pondrá incienso sobre el carbón de madera. Este gesto expresa la voluntad de la asamblea de reconocer su pecado y de acoger en respuesta la misericordia de Dios.

IV. Letanía de la unidad de los cristianos

Estas fórmulas se inspiran sobre la situación de las Iglesias en Jerusalén. No obstante, en función de la situación local, se pueden sustituir por fórmulas propias del lugar, con el fin de manifestar cómo se pretende por todas partes superar las divisiones y tender a la plena comunión visible. El presidente y el lector dirigen la letanía, respondiendo la asamblea cada vez. La letanía se concluye por la recitación del Padre Nuestro. Cada uno puede pedir en su propia lengua o en arameo, lengua de uso para algunos cristianos de la Ciudad Santa (véase apéndice).

V. Envío

La asamblea invoca la bendición de Dios sobre sus miembros, enviados para ser embajadores de la Buena Noticia de la reconciliación. Un himno puede cerrar la celebración.

 

I. Reunión

Himno de apertura

Invocación de apertura

P.: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

A.: Amén.

Fórmulas de apertura

P.: A todos los cristianos de Jerusalén y a los fieles que están en NN, gracia y paz de parte de Dios Padre y del Señor Jesucristo (1 Tes 1,1).

A.: Demos gracias a Dios.

Saludos

P.: Dios de misericordia y amor, Tú nos has creado a tu imagen.

A.: Te alabamos y te damos gracias.

L.: Nos reunimos en tu nombre, para implorar que restaures la unidad de todos los que confiesan a tu Hijo Jesucristo como Señor y Salvador de toda la humanidad.

A.: Dios nuestro, escúchanos y ten piedad de nosotros.

L.: Apóyanos en nuestra debilidad y fortalécenos por tu Espíritu Santo.

A.: Envía tu Espíritu y reúnenos en la unidad.

L.: Roguemos al Señor:

A.: Kyrie, kyrie eleison. 

— Desarrollo —

P.: Presidente de la celebración

A.: Asamblea

L.: Lector

L.: Dios de gracia, Tú has prometido por tus profetas hacer de Jerusalén una morada para una multitud de pueblos, y una madre para un gran número de naciones. Escucha nuestras oraciones para que Jerusalén, la ciudad que has visitado, sea un lugar donde todos puedan permanecer contigo y encontrarse en la paz. Roguemos al Señor.

A.: Kyrie, kyrie eleison.

L.: Dios de misericordia, que tu Espíritu vivificante anime todos los corazones, para que se eliminen las barreras de separaciones, que desaparezcan las sospechas, que cesen los odios y que tu pueblo, curado de sus divisiones, pueda vivir en la justicia y en la paz. Roguemos al Señor.

A.: Kyrie, kyrie eleison.

L.: Dios de amor, escucha nuestras oraciones por tu ciudad santa, Jerusalén. Pon fin a sus sufrimientos y reúnela en la unidad. Haz que tu morada vuelva a ser una ciudad de paz y luz para todos los pueblos. Fomenta la concordia en la Ciudad Santa y entre todos sus habitantes.

Roguemos al Señor.

A.: Kyrie, kyrie eleison.

P.: Abre ahora nuestros oídos y nuestros corazones para escuchar la proclamación de tu Palabra y ayúdanos a vivir con más fidelidad en todo lo que hacemos y decimos, para que tu nombre sea glorificado y se extienda tu reino, Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

A.: Amén.

II. Liturgia de la Palabra

P.: Sabiduría. ¡Estemos atentos!

Antiguo Testamento: Génesis 33,3-4 o Isaías 58, 6-10

Salmo 96, 1-13

A.: Cantad al Señor un canto nuevo porque ha hecho maravillas (u otro himno basado en el Salmo 96)

L.: Vv 1,2,3.

L.: Vv. 4,5,6.

L.: Vv.7,8,9

L.: V. 10

L.: Vv. 11, 12a

L.: Vv. 12b, 13

Segunda lectura: Hechos 2, 42-47

Aleluya (cantado)

Deja allí tu ofrenda, allí mismo, delante del altar, y ve primero a reconciliarte con tu hermano; luego regresa y presenta tu ofrenda (Mt 5, 24).

Aleluya, aleluya.

Evangelio: Mateo 5, 21-26

Homilía/Sermón

Himno

III. Oración penitencial

P.: Con las Iglesias de Jerusalén, roguemos al Señor.

Recordamos que los creyentes eran asiduos en la enseñanza de los apóstoles y en la comunión fraterna. Confesamos nuestras faltas de fidelidad y fraternidad. Roguemos al Señor.

A.: Señor, ten piedad.

P.: Con las Iglesias de Jerusalén, roguemos al Señor.

Recordamos que el temor ganaba todos los corazones y que eran testigos de muchos prodigios y señales. Confesamos la estrechez de nuestra vista que nos impide descubrir la gloria de tu obra en medio de nosotros. Roguemos al Señor.

A.: Señor, ten piedad.

P.: Con las Iglesias de Jerusalén, roguemos al Señor.

Recordamos que los creyentes ponían todo en común y ayudaban a los que estaban en necesidad. Confesamos que nos agarramos a nuestros bienes en detrimento de los pobres. Roguemos al Señor.

A.: Señor, ten piedad.

P.: Con las Iglesias de Jerusalén, roguemos al Señor.

Recordamos que los creyentes oraban con asiduidad y partían el pan entre ellos en la alegría y la simplicidad del corazón. Confesamos nuestra falta de amor y generosidad. Roguemos al Señor.

A.: Señor, ten piedad.

Seguridad del perdón de Dios

P.: He aquí lo que ha sido anunciado por el profeta Joel: «Sucederá en los últimos días, declara el Señor, que extenderé mi Espíritu sobre toda carne… Entonces cualquiera que invoque el nombre del Señor se salvará».

Nosotros esperamos la llegada del Señor; nosotros tenemos también la seguridad de que, en Cristo, somos perdonados, renovados y restablecidos en la unidad.

Fórmula de paz

P.: Cristo es nuestra paz. Nos reconcilió con Dios en un único cuerpo por la cruz; nos reunimos en su nombre y compartimos su paz.

Que la paz del Señor esté siempre con vosotros.

A.: Y con tu espíritu.

Profesión de fe (Símbolo de los Apóstoles, de Nicea, u otra fórmula adaptada)

Himno

IV. Letanía de la unidad de los cristianos

P.: En Cristo el mundo se reconcilia con Dios, que nos confía el mensaje de la reconciliación. Somos embajadores de Cristo, encargados de su obra de reconciliación, y elevamos a Dios nuestras preces:

L.: Cuando oramos juntos en la diversidad de nuestras tradiciones,

A.: Tú, el Santo, tú que nos unes, haz visible nuestra unidad y da al mundo la curación.

L.: Cuando leemos la Biblia juntos en la diversidad de nuestras lenguas y nuestros contextos de vida,

A.: Tú que te revelas, tú que nos unes, haz visible nuestra unidad y da al mundo la curación.

L.: Cuando establecemos relaciones amistosas entre judíos, cristianos y musulmanes, cuando destruimos las paredes de indiferencia y odio,

A.: Tú el misericordioso, tú que nos unes, haz visible nuestra unidad y da al mundo la curación.

L.: Cuando trabajamos por la justicia y la solidaridad, cuando pasamos del temor a la confianza,

A.: Tú que fortificas, tú que nos unes, haz visible nuestra unidad y da al mundo la curación.

L.: Por todas partes donde se sufre guerra y violencia, injusticia y desigualdades, enfermedad y prejuicios, pobreza y desesperación, atráenos hacia la cruz de Cristo y los unos hacia los otros,

A.: Tú que fuiste herido, tú que nos unes, haz visible nuestra unidad y da al mundo la curación.

P.: Con los cristianos de Tierra Santa, damos testimonio también del nacimiento de Jesucristo en Belén, de su ministerio en Galilea, de su muerte y su resurrección, y de la llegada del Espíritu Santo en Jerusalén; imploramos la paz y la justicia para todos, en la segura y firme esperanza de la llegada de tu reino,

A.: Tú Dios trinitario, tú que nos unes, haz visible nuestra unidad y da al mundo la curación.

Padre Nuestro (cada uno en su propia lengua)

V. Envío

La asamblea invoca la bendición de Dios sobre sus miembros que son enviados para ser embajadores de la Buena Noticia de la reconciliación.

La celebración puede terminar con un himno.

P.: Que el Padre, que es fiel a sus promesas y del que la ayuda nunca falta, os sostenga en su lucha por la justicia y sus esfuerzos para poner término a las divisiones.

A.: Amén.

P.: Que el Hijo, que santificó la Tierra Santa con su nacimiento, su ministerio, su muerte y su resurrección, os conceda la redención, la reconciliación y la paz.

A.: Amén.

P.: Que el Espíritu Santo, que reunió en la unidad a los primeros cristianos en Jerusalén, os una en la fidelidad a la enseñanza de los apóstoles y a la comunión fraterna, a la fracción del pan y a las oraciones, y os fortalezca para predicar y vivir el Evangelio.

A.: Amén.

P.: Que os bendiga y os guarde el único Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, para que os ayude a proclamar su Buena Nueva en todo el mundo.

A.: Demos gracias a Dios.

Bendición

A.: Que la bendición del Dios de la paz y la justicia os acompañe;

Que la bendición del Hijo que limpia las lágrimas de todos los que sufren en el mundo os acompañe;

Y que la bendición del Espíritu que nos invita a la reconciliación y a la esperanza os acompañe ahora y siempre.

Amén.

Himno


Publicado por verdenaranja @ 22:51  | Ecumenismo
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Introducción al tema de este año de 2011 para la celebración ecuménica de oración por la Unidad de los Cristianos bajo el lema "Unidos en la enseñanza de los apóstoles, la comunión fraterna, la fracción del pan y la oración", tomada del folleto publicado por la CEE y recibido en la parroquia.  

La Iglesia de Jerusalén: ayer, hoy y mañana

Hace dos mil años, los primeros discípulos de Cristo reunidos en Jerusalén tuvieron la experiencia de la efusión del Espíritu Santo en Pentecostés y, desde entonces, han estado reunidos en la unidad que constituye el cuerpo del Cristo. Los cristianos de siempre y de todo lugar ven en este acontecimiento el origen de su comunidad de fieles, llamados a proclamar juntos a Jesucristo como Señor y Salvador. Aunque esta Iglesia primitiva de Jerusalén ha conocido dificultades, tanto exteriormente como en su seno, sus miembros han perseverado en la fidelidad y en la comunión fraterna, en la fracción del pan y en las oraciones.

No es difícil constatar que la situación de los primeros cristianos de la Ciudad Santa se vincula hoy a la Iglesia de Jerusalén. La comunidad actual conoce muchas alegrías y sufrimientos que fueron los de la Iglesia primitiva: sus injusticias y desigualdades, sus divisiones, y también su fiel perseverancia y su consideración de una unidad mayor entre los cristianos.

Las Iglesias de Jerusalén nos hacen actualmente entrever lo que significa luchar por la unidad, incluso en las grandes dificultades. Nos muestran que la llamada a la unidad puede ir bien más allá de las palabras y orientarnos de verdad hacia un futuro que nos haga anticipar la Jerusalén celestial y contribuir a su construcción.

Es necesario el realismo para que esta idea se convierta en realidad. La responsabilidad de nuestras divisiones nos incumbe; es fruto de nuestros propios actos. Debemos transformar nuestra oración, y pedir a Dios que nos transforme a nosotros mismos para que podamos trabajar activamente por la unidad. Tenemos buena voluntad para pedir por la unidad. Puede Introducción que el Espíritu Santo nos anime a nosotros mismos ante el obstáculo de la unidad; ¿es nuestra propia soberbia la que impide la unidad?

La llamada a la unidad llega este año desde Jerusalén, la Iglesia madre, a las Iglesias del mundo entero. Conscientes de sus propias divisiones y de la  necesidad de hacer ellas mismas mucho más por la unidad del Cuerpo de Cristo, las Iglesias de Jerusalén piden a todos los cristianos redescubrir los valores que constituyen la unidad de la primera comunidad cristiana de Jerusalén, cuando era asidua a la enseñanza de los Apóstoles y a la comunión fraterna, a la fracción del pan y a las oraciones. He aquí el desafío que tenemos. Los cristianos de Jerusalén piden a sus hermanos y hermanas hacer de esta semana de oración la ocasión de renovar su compromiso para trabajar por un verdadero ecumenismo, arraigado en la experiencia de la Iglesia primitiva.

Cuatro elementos de unidad

Las oraciones de 2011 para la Semana de oración por la unidad de los cristianos han sido preparadas por los cristianos de Jerusalén, que eligieron el tema de los Hechos 2, 42: «Eran asiduos a la enseñanza de los apóstoles y a la comunión fraterna, a la fracción del pan y a las oraciones.»

Este tema nos recuerda los orígenes de la primera Iglesia de Jerusalén; invita a la reflexión y a la renovación, a una vuelta a los fundamentos de la fe; invita a recordar el tiempo en que la Iglesia era aún indivisa. Cuatro elementos se presentan para meditar este tema; fueron características destacadas de la comunidad cristiana primitiva y son esenciales para la vida de toda comunidad cristiana. En primer lugar, los apóstoles transmitieron la Palabra. En segundo lugar, una de las características destacadas de la primera comunidad que creía cuando se reunía, era la comunión fraterna (koinonia). Una tercera característica de la Iglesia primitiva consistía en celebrar la Eucaristía (la «fracción del pan»), en memoria de la Nueva Alianza que Jesús realizó a través sus sufrimientos, su muerte y su resurrección.

El cuarto aspecto era la ofrenda de una oración continua. Estos cuatro elementos son los pilares de la vida de la Iglesia y de su unidad.

La comunidad cristiana de Tierra Santa propone poner de relieve estos elementos fundamentales y ruega a Dios por la unidad y la vitalidad de la Iglesia extendida por el mundo. Los cristianos de Jerusalén invitan a sus hermanas y hermanos en todo el mundo a unirse a su oración en su  lucha por la justicia, la paz y la prosperidad de todos los pueblos de esta tierra.

Los temas del Octavario

Un planteamiento de fe puede ser percibido a través de los temas del octavario. Desde su inicio en la habitación superior, la comunidad cristiana primitiva experimenta la efusión del Espíritu Santo, que la vuelve capaz de crecer en la fe y la unidad, en la oración y la acción, para convertirse realmente en la comunidad de la resurrección, unida a Cristo en su victoria sobre todo lo que nos separa a unos de otros y de Él. La Iglesia de Jerusalén se transforma así en faro de esperanza, anticipo de la Jerusalén celestial, llamada a reconciliar no solamente nuestras Iglesias sino a todos los pueblos. Este camino es guiado por el Espíritu Santo que conduce a los primeros cristianos al conocimiento de la verdad sobre Jesucristo, y llena a la Iglesia primitiva de signos y maravillas. Prosiguiendo su planteamiento, los cristianos de Jerusalén se reúnen con fervor para escuchar la Palabra de Dios transmitida por la enseñanza de los apóstoles, y se reúnen en la comunión fraterna para celebrar su fe en el sacramento y la oración.

Llena de poder y de esperanza en la resurrección, la propia comunidad celebra la certeza de su victoria sobre el pecado y la muerte, para tener el proyecto y el valor de ser ella misma instrumento de reconciliación, capaz de inspirar a todos los pueblos y de llamarles decididamente a superar las divisiones y las injusticias que sufren.

El día primero sitúa los orígenes de la Iglesia madre de Jerusalén y se muestra claramente la continuidad con la Iglesia extendida hoy a través del mundo. Nos recuerda el valor de la Iglesia primitiva que daba fielmente testimonio a la verdad, al igual que hoy nosotros tenemos que trabajar por la justicia, tanto en Jerusalén como en el resto del mundo.

El día segundo recuerda que la primera comunidad reunida en Pentecostés se componía de orígenes muy distintos y que, de la misma manera, se encuentran hoy en la Iglesia de Jerusalén una gran diversidad de tradiciones cristianas. Tenemos presente el desafío de realizar una unidad visible aún más extendida, por los medios que tienen en cuenta nuestras diferencias y nuestras tradiciones.

El día tercero presta atención al aspecto más fundamental de la unidad: la Palabra de Dios comunicada a partir de la enseñanza de los apóstoles.

La Iglesia de Jerusalén nos recuerda que, cualesquiera que sean nuestras divisiones, esta enseñanza nos exhorta a que nos gastemos por amor los unos a los otros, y en la fidelidad al único cuerpo que es la Iglesia.

El día cuarto insiste sobre la participación como la segunda expresión de la unidad. Sobre el método de los primeros cristianos que ponían todo en común, la Iglesia de Jerusalén pide a todos sus hermanos y hermanas de la Iglesia compartir sus bienes y sus preocupaciones en la alegría y la generosidad de corazón, para que nadie permanezca en la necesidad.

El día quinto se refiere al tercer aspecto de la unidad: la fracción del pan, que nos reúne en la esperanza. Nuestra unidad se extiende más allá de la santa comunión; debe implicar una actitud correcta en cuanto a la vida moral, a la persona humana y al conjunto de la comunidad. La Iglesia de Jerusalén pide a los cristianos unirse en «la fracción del pan», ya que una Iglesia dividida no puede expresarse con autoridad sobre las cuestiones de justicia y paz.

El día sexto presenta la cuarta característica de la unidad; como la Iglesia  de Jerusalén, sacamos nuestra fuerza del tiempo que pasamos orando. Nuestro Padre, muy especialmente, nos llama a todos, débiles o fuertes, tanto en Jerusalén como en el resto del mundo, a trabajar juntos por la justicia, la paz y la unidad para que venga el reino de Dios.

El día séptimo nos lleva más allá de estos cuatro elementos de unidad: la Iglesia de Jerusalén proclama alegremente la resurrección, incluso mientras aguanta el sufrimiento de la cruz. La resurrección de Jesús es para los cristianos de la Jerusalén actual una esperanza y una fuerza que les hace capaces de seguir siendo constantes en su testimonio y trabajar por la libertad y la paz en la Ciudad de la paz.

El día octavo concluye el planteamiento sobre una llamada hecha por las Iglesias de Jerusalén en favor de un servicio más extenso: el de la reconciliación. Aunque los cristianos llegasen a la unidad entre ellos, no habrán acabado su trabajo, ya que ellos mismos deben reconciliarse con otros. En el contexto de Jerusalén, se significa entre palestinos e israelíes;  en otras comunidades, los cristianos deben buscar la justicia y la reconciliación en el contexto que les es propio.

El tema de cada día se ha elegido no solamente para recordarnos la historia de la Iglesia primitiva, sino también para que las experiencias de los cristianos de la Jerusalén actual estén presentes espiritualmente y nos inviten a reflexionar a todos sobre la manera en que podemos aprovechar en nuestras comunidades cristianas locales este tipo de experiencia.

Durante este planteamiento de ocho días, los cristianos de Jerusalén nos invitan a proclamar y a testimoniar que la unidad –en su pleno sentido de fidelidad a la enseñanza de los apóstoles y a la comunión fraterna, a la fracción del pan y a las oraciones– nos hará capaces de triunfar juntos sobre el mal, no sólo en Jerusalén, sino por todas partes del mundo.


Publicado por verdenaranja @ 17:28  | Ecumenismo
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Textos bíblicos, meditaciones y oraciones para el Octavario de Oración por la Unidad de los Cristianos 2011 para el día segundo día, publicado en folleto para su celebración recibido en la parroquia.

Día segundo 

Muchos miembros en un solo cuerpo

 

Isaías 51, 4-8: Prestadme atención, gente mía.
Salmo 119, 105-112: Tu palabra es antorcha para mis pasos.
Romanos 1, 15-17: Dispuesto a proclamar la buena noticia.
Juan 17, 6-19: He dado a conocer tu nombre.

Comentario

La Iglesia de Jerusalén descrita en los Hechos de los Apóstoles es el modelo de la unidad que buscamos actualmente. Como tal, nos recuerda que la oración por la unidad de los cristianos no puede contemplar la uniformidad, ya que la unidad se caracterizó desde el principio por una gran diversidad.  La Iglesia de Jerusalén es el modelo o el icono de la unidad en la diversidad. 

El relato de Pentecostés en el libro de los Hechos nos dice que, ese día, todas las lenguas y culturas del antiguo mundo mediterráneo y que estaban representadas en Jerusalén, la gente oía el Evangelio en sus distintas lenguas y que a través de la predicación de Pedro, se unieron los unos a los otros en el arrepentimiento, bautismo y efusión del Espíritu Santo. San Pablo, por su parte, escribirá más tarde: «Todos nosotros, en efecto, seamos judíos o no judíos, esclavos o libres, hemos recibido en el bautismo un mismo Espíritu, a fin de formar un solo cuerpo; a todos se nos ha dado a beber de un mismo Espíritu». No es una comunidad uniforme, hecha de espíritus similares, de gente unida por la cultura y la lengua, que era asidua a la enseñanza de los apóstoles y a la comunión fraterna, sino una comunidad de una gran diversidad, donde las diferencias podían fácilmente degenerar en controversias. Fue el caso entre los cristianos de origen griego y los de origen judío con respecto a la negligencia con la cual trataban a las viudas griegas, como informa san Lucas (Hechos 6, 1). Por tanto, la Iglesia de Jerusalén estaba unida en sí misma, y que el Señor resucitado declara: «Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. El que permanece unido a mí, como yo estoy unido a él, produce mucho fruto». 

Una gran diversidad caracteriza hoy todavía a las Iglesias de Jerusalén y a las de todo el mundo. En Jerusalén esta diversidad puede fácilmente degenerar en controversia, ya que el actual clima político de hostilidad no hace más que acentuarlo. Pero, como la Iglesia primitiva de Jerusalén, los cristianos de Jerusalén nos recuerdan hoy que formamos un mismo cuerpo muchos miembros, una unidad en la diversidad. Las antiguas tradiciones nos enseñan que la diversidad y la unidad existen también en la Jerusalén celestial. Nos recuerdan que la diferencia y la diversidad no significan división y desunión, y que la unidad de los cristianos para la cual oramos siempre ha supuesto una real diversidad. 

Oración 

Dios, de quien procede toda vida en su gran diversidad, que llamas a tu Iglesia como Cuerpo de Cristo a estar unida en el amor. Haz que comprendamos aún más nuestra unidad en la diversidad, y que nos esforcemos en trabajar juntos para predicar y construir el reino de tu inmenso amor para la humanidad, acompañándonos unos a otros por todas partes y en todo lugar. Haz que tengamos siempre conciencia de que Cristo es la causa de nuestra vida común. Te lo pedimos en la unidad del Espíritu.

Amén.


Publicado por verdenaranja @ 12:34  | Ecumenismo
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lunes, 17 de enero de 2011

ZENIT  publica el mensaje navideño que dirigió a mediodía Benedicto XVI desde el balcón de la fachada de la Basílica de San Pedro del Vaticano antes de impartir la bendición "Urbi et Orbi".

"Verbum caro factum est" - "El Verbo se hizo carne" (Jn 1,14).

Queridos hermanos y hermanas que me escucháis en Roma y en el mundo entero, os anuncio con gozo el mensaje de la Navidad: Dios se ha hecho hombre, ha venido a habitar entre nosotros. Dios no está lejano: está cerca, más aún, es el "Emmanuel", el Dios-con-nosotros. No es un desconocido: tiene un rostro, el de Jesús.

Es un mensaje siempre nuevo, siempre sorprendente, porque supera nuestras más audaces esperanzas. Especialmente porque no es sólo un anuncio: es un acontecimiento, un suceso, que testigos fiables han visto, oído y tocado en la persona de Jesús de Nazaret. Al estar con Él, observando lo que hace y escuchando sus palabras, han reconocido en Jesús al Mesías; y, viéndolo resucitado después de haber sido crucificado, han tenido la certeza de que Él, verdadero hombre, era al mismo tiempo verdadero Dios, el Hijo unigénito venido del Padre, lleno de gracia y de verdad (cf. Jn1,14).

"El Verbo se hizo carne". Ante esta revelación, vuelve a surgir una vez más en nosotros la pregunta: ¿Cómo es posible? El Verbo y la carne son realidades opuestas; ¿cómo puede convertirse la Palabra eterna y omnipotente en un hombre frágil y mortal? No hay más que una respuesta: el Amor. El que ama quiere compartir con el amado, quiere estar unido a él, y la Sagrada Escritura nos presenta precisamente la gran historia del amor de Dios por su pueblo, que culmina en Jesucristo.

En realidad, Dios no cambia: es fiel a sí mismo. El que ha creado el mundo es el mismo que ha llamado a Abraham y que ha revelado el propio Nombre a Moisés: Yo soy el que soy... el Dios de Abraham, Isaac y Jacob... Dios misericordioso y piadoso, rico en amor y fidelidad (cf. Ex 3,14-15; 34,6). Dios no cambia, desde siempre y por siempre es Amor. Es en sí mismo comunión, unidad en la Trinidad, y cada una de sus obras y palabras tienden a la comunión. La encarnación es la cumbre de la creación. Cuando, por la voluntad del Padre y la acción del Espíritu Santo, se formó en el regazo de María Jesús, Hijo de Dios hecho hombre, la creación alcanzó su cima. El principio ordenador del universo, el Logos, comenzó a existir en el mundo, en un tiempo y en un lugar.

"El Verbo se hizo carne". La luz de esta verdad se manifiesta a quien la acoge con fe, porque es un misterio de amor. Sólo los que se abren al amor son cubiertos por la luz de la Navidad. Así fue en la noche de Belén, y así también es hoy. La encarnación del Hijo de Dios es un acontecimiento que ha ocurrido en la historia, pero que al mismo tiempo la supera. En la noche del mundo se enciende una nueva luz, que se deja ver por los ojos sencillos de la fe, del corazón manso y humilde de quien espera al Salvador. Si la verdad fuera sólo una fórmula matemática, en cierto sentido se impondría por sí misma. Pero si la Verdad es Amor, pide la fe, el 'sí' de nuestro corazón”

Y, en efecto, ¿qué busca nuestro corazón si no una Verdad que sea Amor? La busca el niño, con sus preguntas tan desarmantes y estimulantes; la busca el joven, necesitado de encontrar el sentido profundo de la propia vida; la busca el hombre y la mujer en su madurez, para orientar y apoyar el compromiso en la familia y en el trabajo; la busca la persona anciana, para dar cumplimiento a la existencia terrenal.

"El Verbo se hizo carne". El anuncio de la Navidad es también luz para los pueblos, para el camino conjunto de la humanidad. El "Emmanuel", el Dios-con-nosotros, ha venido como Rey de justicia y de paz. Su Reino -lo sabemos- no es de este mundo, sin embargo, es más importante que todos los reinos de este mundo. Es como la levadura de la humanidad: si faltara, desaparecería la fuerza que lleva adelante el verdadero desarrollo, el impulso a colaborar por el bien común, al servicio desinteresado del prójimo, a la lucha pacífica por la justicia. Creer en el Dios que ha querido compartir nuestra historia es un constante estímulo a comprometerse en ella, incluso entre sus contradicciones. Es motivo de esperanza para todos aquellos cuya dignidad es ofendida y violada, porque Aquel que ha nacido en Belén ha venido a liberar al hombre de la raíz de toda esclavitud.

Que la luz de la Navidad resplandezca de nuevo en aquella Tierra donde Jesús ha nacido e inspire a israelíes y palestinos a buscar una convivencia justa y pacífica. Que el anuncio consolador de la llegada del Emmanuel alivie el dolor y conforte en las pruebas a las queridas comunidades cristianas en Irak y en todo Oriente Medio, dándoles aliento y esperanza para el futuro, y animando a los responsables de las Naciones a una solidaridad efectiva para con ellas. Que se haga esto también en favor de los que todavía sufren por las consecuencias del terremoto devastador y la reciente epidemia de cólera en Haití. Y que tampoco se olvide a los que en Colombia y en Venezuela, como también en Guatemala y Costa Rica, han sido afectados por recientes calamidades naturales.

Que el nacimiento del Salvador abra perspectivas de paz duradera y de auténtico progreso a las poblaciones de Somalia, de Darfur y Costa de Marfil; que promueva la estabilidad política y social en Madagascar; que lleve seguridad y respeto de los derechos humanos en Afganistán y Pakistán; que impulse el diálogo entre Nicaragua y Costa Rica; que favorezca la reconciliación en la Península coreana.

Que la celebración del nacimiento del Redentor refuerce el espíritu de fe, paciencia y fortaleza en los fieles de la Iglesia en la China continental, para que no se desanimen por las limitaciones a su libertad de religión y conciencia y, perseverando en la fidelidad a Cristo y a su Iglesia, mantengan viva la llama de la esperanza. Que el amor del "Dios con nosotros" otorgue perseverancia a todas las comunidades cristianas que sufren discriminación y persecución, e inspire a los líderes políticos y religiosos a comprometerse por el pleno respeto de la libertad religiosa de todos.

Queridos hermanos y hermanas, "el Verbo se hizo carne", ha venido a habitar entre nosotros, es el Emmanuel, el Dios que se nos ha hecho cercano. Contemplemos juntos este gran misterio de amor, dejémonos iluminar el corazón por la luz que brilla en la gruta de Belén. ¡Feliz Navidad a todos!


[Traducción distribuida por la Santa Sede
© Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 21:48  | Habla el Papa
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ZENIT  publica el mensaje que ha enviado con motivo de la Navidad a los sacerdotes el cardenal Mauro Piacenza, prefecto de la Congregación para el Clero.

Reverendos y queridos sacerdotes:

Con alegría me dirijo a cada uno de vosotros, ante la inminencia de la Santa Navidad, recordándoos en la oración y pidiendo a la Luz que viene al mundo el don de santos sacerdotes para la Iglesia del tercer milenio.

Que el empeñativo trabajo de estos días, por el que el Señor y la Iglesia os dan profundamente las gracias, no os impida deteneros en silencio y con sorprendida y profunda adoración ante ese Misterio, del que dependen radicalmente la salvación del mundo y nuestra misma existencia sacerdotal.

El discurso con el que el Santo Padre Benedicto XVI ha dirigido sus propias felicitaciones a la Curia Romana, ha subrayado de manera especial el don que ha significado el Año Sacerdotal, a pesar de las grandes fatigas que le han caracterizado. Con la lúcida y realista constatación de realidades inimaginables y dolorosísimas, el Santo Padre ha invitado a toda la Iglesia al realismo de la fe y a la disponibilidad a la penitencia, elementos indispensables y constitutivos de toda auténtica, posible y deseada renovación.

De rodillas, ante la gruta de Belén, contemplando al Verbo hecho carne y escuchando su gemido, lleno de ternura y al mismo tiempo profético, mendigamos, por intercesión de la bienaventurada Virgen María, Reina de los Apóstoles, y de san José, su castísimo esposo, que el Señor haga grandes cosas en su Cuerpo, que Él quiere siempre joven, renovado, resplandeciente y misionero.

Con estos sentimientos, aseguro a todos los queridos amigos sacerdotes, esparcidos por todo el mundo, un especial recuerdo en la oración, y a cada uno le pido el apoyo con la oración en el ministerio que me ha sido confiado.


Publicado por verdenaranja @ 21:45  | Hablan los obispos
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Textos bíblicos, meditaciones y oraciones para el Octavario para el día primero, publicados en folleto para su celebración recibido en la parroquia.

Joel 2, 21-22.28-29: Derramaré mi Espíritu sobre todo ser humano.
Salmo 46: Dios está en medio de la ciudad.
Hechos 2, 1-12: Al llegar el día de Pentecostés.
Juan 14, 15-21: El Espíritu de la verdad.

Día primero

La Iglesia de Jerusalén

 

Comentario

El planteamiento de esta Semana de oración por la unidad de los cristianos parte de Jerusalén, el día de Pentecostés, es decir, en el momento en que la Iglesia inicia su propia marcha.

El tema del Octavario es: «Unidos en la enseñanza de los apóstoles, la comunión fraterna, la fracción del pan y la oración».

«Ellos» designa la Iglesia primitiva de Jerusalén, nacida el día de Pentecostés en que el Paráclito, el Espíritu de verdad, descendió sobre los primeros creyentes, como Dios lo había prometido a través del profeta Joel, y por el Señor Jesús en la noche anterior a su pasión y a su muerte. Todos los que viven en la continuidad del día de Pentecostés, viven en la continuidad de la Iglesia primitiva de Jerusalén y su responsable, Santiago. Esta Iglesia es nuestra Iglesia, madre de todos. Nos da la imagen o el icono de la unidad de los cristianos por la cual rogamos esta semana.

Según una tradición oriental antigua, la sucesión eclesial se realiza en la continuidad con la primera comunidad cristiana de Jerusalén. La Iglesia apostólica de Jerusalén se realiza en la Iglesia de la Jerusalén celestial que, a su vez, se convierte en el icono de todas las Iglesias cristianas. En señal de su continuidad con la Iglesia de Jerusalén, todas las Iglesias deben conservar las «características» de la primera comunidad cristiana, por su asiduidad «a la enseñanza de los apóstoles, la comunión fraterna, la fracción del pan y la oración».

La Iglesia actual de Jerusalén vive especialmente su continuidad con la Iglesia apostólica de Jerusalén a través del costoso testimonio que ella da de la verdad. Su testimonio dado por el Evangelio y su lucha contra las desigualdades e injusticias nos recuerdan que la oración por la unidad de los cristianos es inseparable de la oración por la paz y la justicia.

Oración

Dios todopoderoso y misericordioso, que con gran poder has reunido a los primeros cristianos de Jerusalén por el don del Espíritu Santo, desafiando así el poder humano del Imperio romano. Haz que, como la primera Iglesia de Jerusalén, podamos reunirnos en la dignidad de predicar y vivir la buena noticia de la reconciliación y de la paz, por todas partes donde existen desigualdades e injusticias. Te lo pedimos en nombre de Jesucristo, que nos libera de los vínculos del pecado y de la muerte. Amén.


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Mensaje de los Obispos de la Comisión Episcopal para las Relaciones Interconfesionales con motivo de la Semana de oración por la Unidad de los Cristianos, recibido con los materiales para su celebración del 18-25 de enero de 2011. 

 

"Unidos en la enseñanza de los apóstoles..." (Hech 2,42)

 

La Iglesia madre de Jerusalén, ideal de comunión eclesial

1 Desde que san Lucas en el libro de los Hechos de los Apóstoles presentara la comunión como una característica de la primitiva comunidad cristiana, la Iglesia de Jerusalén ha atraído siempre las miradas de todas las Iglesias del mundo como ideal eclesial.

San Lucas nos ha transmitido una crónica de la vida de la Iglesia madre que propone a todas las Iglesias, pero el evangelista no ha ocultado que en esa Iglesia surgieron ya desde el principio tensiones, pues “al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, porque en el servicio diario no se atendía a sus viudas” (Hech 6,1).  Estas quejas dieron ocasión a que los Doce instituyeran el ministerio del diaconado.

Después, en la medida en que se extendía la predicación y crecía la Iglesia en los países gentiles, se originaron nuevas tensiones entre los judíos partidarios de que los paganos convertidos a Cristo observaran la ley de Moisés y los que, con Pablo a la cabeza, consideraban que someter a los nuevos cristianos a la circuncisión era tanto como atribuir a la ley mosaica la salvación que sólo Cristo podía dar. El libro de los Hechos da cuenta de cómo el Espíritu Santo fue haciendo patente a la comunidad apostólica el carácter universal e irrevocable de la salvación, defendido ya sin ambages por Pedro, quien dice en casa del centurión romano Cornelio: “Pues, si Dios les ha dado a ellos [a los gentiles] el mismo don que a nosotros, por haber creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo para oponer a Dios?” (Hech 11,17).

La controversia, sin embargo, prosiguió agravada por la dura campaña de los judaizantes contra los cristianos nuevos no circuncidados, lo que provocaría la reunión de los Apóstoles y los presbíteros en Jerusalén, con miras a resolver la controversia y pacificar las tensiones. El llamado primer concilio de la historia de la Iglesia consideró necesario resolver mediante decreto las divisiones surgidas en las comunidades cristianas, confirmando la mediación única de la salvación en Cristo y la obligatoriedad de evitar escándalos entre los judíos respetando ciertos rituales de pureza, con la observación final del decreto: “Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más cargas que las indispensables…” (Hech 15,28).

Esta mediación de los Apóstoles y presbíteros, ejercida con la autoridad de Cristo como maestros de la fe, con ánimo de salvaguardar la unidad eclesial entre los discípulos enfrentados, caracteriza el ministerio apostólico, prolongado en la Iglesia en el ministerio de Pedro y de los obispos al servicio de la unidad de la Iglesia.

San Lucas presenta al comienzo del libro de los Hechos la comunión eclesial de Jerusalén como ideal realizado en la Iglesia matriz de todas las Iglesias, transmisora sin defecto de la revelación divina mediante la predicación apostólica. Este ideal pudo hacerse realidad gracias a la fidelidad de la Iglesia madre a la enseñanza apostólica. La Iglesia de Jerusalén, comunión en la que se realiza la Iglesia universal, precede a todas las Iglesias locales surgidas de la predicación apostólica. Así lo recordaba en su día la Congregación para la Doctrina de la Fe al afirmar: “De esta Iglesia, nacida y manifestada universal, tomaron origen todas las Iglesias locales, como realizaciones particulares de esa única y una Iglesia de Jesucristo. Naciendo en y a partir de la Iglesia universal, en ella y de ella tienen su propia eclesialidad” (Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta sobre algunos aspectos de la Iglesia considerada como comunión «Communionis notio» [28 mayo 1992], n.II/n.7).

Un Octavario para volver la mirada hacia la Iglesia de Jerusalén

Para restaurar la unidad en la verdad revelada

2 El lema del Octavario elegido para este año ha sido tomado del ideal de comunión eclesial de la Iglesia madre de Jerusalén y nos obliga, por esto mismo, a detenernos en los elementos que articulan esta unidad eclesial de la Iglesia universal como Iglesia madre: la fidelidad a la enseñanza apostólica, la comunión existente entre los miembros de  la congregación eclesial, en la fracción del pan y en las oraciones. La quiebra de alguno de estos elementos resulta atentatoria contra la comunión eclesial, de ahí que el Octavario sea tiempo propicio para mirar hacia Jerusalén y reforzar la voluntad de fidelidad a la predicación apostólica como medio de aproximación y camino hacia la unidad en la verdad revelada.

La Iglesia una y santa de Cristo nunca ha dejado de guardar fidelidad a su Señor y Esposo, pues Cristo se ha entregado por ella y “no puede dejar de ser santa” (LG, n.39), a pesar de las infidelidades de muchos de sus miembros (cf. GS, n.43). Por eso, aun cuando la Iglesia se encuentre con no pocos sufrimientos y dificultades, tanto exteriores como interiores, para llevar al mundo el mensaje evangélico, cuenta con la fortaleza que le infunde su Señor para “revelar en el mundo el misterio de Cristo aun bajo sombras, pero con fidelidad hasta que al final se manifieste la luz” (LG, n.8).

Esta fidelidad de la Iglesia a la verdad evangélica se manifiesta en la continuidad a lo largo del tiempo de la tradición de fe («traditio fidei»), siempre idéntica en su verdad aun cuando se hayan ido sucediendo formulaciones diversas que han obedecido a la voluntad de la Iglesia de expresar mejor la fe apostólica frente al error y las desviaciones surgidas en la historia de la Iglesia. Algo que el Espíritu Santo hace posible por su presencia y acción en la Iglesia mediante el ministerio de los Apóstoles, que recibieron de Cristo la revelación divina. La fidelidad a la enseñanza de los Apóstoles de la comunidad eclesial de Jerusalén la mantuvo en la comunión eclesial, que los Apóstoles confiaron a sus sucesores, los obispos, dejándoles su cargo en el magisterio, como dice san Ireneo y recuerda el Vaticano II (San Ireneo de Lyón, Adv. haer. III 3,1: PG 7,848; cf. DV, n.7).

Con la ayuda inestimable del «diálogo de la caridad» y la oración, que purifican la memoria histórica

3 La unidad visible de la Iglesia como meta del ecumenismo pretende la total convergencia de las Iglesias cristianas en la misma inteligencia de la fe apostólica, pero a esta convergencia ayuda sobremanera la comunión de los corazones que practica el diálogo de la caridad, mediante el cual los cristianos manifiestan su voluntad sincera de llegar a compartir los bienes de la salvación acogiéndose mutuamente, en tanto llega la meta deseada de la comunión eucarística, como miembros del cuerpo místico de Cristo que es su Iglesia, por haber sido bautizados en el único y mismo bautismo que los ha hecho cristianos.

Más aún, esta voluntad de plena convergencia en la fe que les abrirá el acceso a la misma celebración eucarística, realización plena de la comunión eclesial, les ha ido franqueando el camino a la oración en común, que es una de las notas distintivas que caracterizaba a la comunión de la Iglesia madre de Jerusalén. La oración ecuménica tiene precisamente en el Octavario una expresión tan genuina y singular que todas las comunidades cristianas están llamadas a secundarla, movidas por el propósito ecuménico que le dio origen, practicando durante esta Semana de oración por la unidad de los cristianos la purificación de la memoria. El Octavario nos ayudará, un año más, a revisar y relativizar, en aras de la unidad de la Iglesia, la herida que ha dejado en las comunidades cristianas la división que nos aparta de la voluntad de Cristo.

4 Durante el Octavario es muy conveniente la oración ecuménica interconfesional, pero también la oración de cada comunidad confesional suplicando de Dios la restauración de la unidad visible de la Iglesia. Para ello sirven de orientación, siempre con la posibilidad de adaptación a cada comunidad cristiana, en particular a las comunidades parroquiales y conventuales, los guiones aprobados por la Comisión de Fe y Constitución y el Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos. Estos guiones han sido elaborados para el año 2011 por representantes de las Iglesias cristianas presentes en Jerusalén, reunidos en el monasterio de Saydnaya (Siria), acogidos a la hospitalidad de Su Beatitud el Patriarca greco-ortodoxo de Antioquía. En la confección de los guiones han tomado parte miembros de la Iglesia católica, tanto del Patriarcado latino como de otras Iglesias diocesanas occidentales, de la Iglesia evangélica luterana en Jordania y en Tierra Santa, de la Iglesia episcopal de Jerusalén y Oriente Medio,  del Patriarcado greco ortodoxo de Jerusalén y siro-ortodoxo de Antioquía, de la Iglesia ortodoxa armenia y de la Iglesia melquita católica.

Ayudar a la Iglesias presentes en Tierra Santa

5 El que este año hayan sido las Iglesias de Tierra Santa las que han confeccionado los guiones ha sido motivado por el deseo y el deber que todos los cristianos tenemos de ser conscientes de la necesidad de mantenernos unidos a las Iglesias cristianas de la Palestina histórica, particularmente presentes en la ciudad santa de Jerusalén. Todas ellas están cada vez más empeñadas en una colaboración estrecha a favor de las causas que son comunes a todos los cristianos, por ser expresión de la caridad de Cristo. Entre estas causas, es urgente la unidad de acción de los cristianos a favor de dos particularmente urgentes: la paz entre las diversas comunidades religiosas y la asistencia material y espiritual a los cristianos de Tierra Santa.

Jerusalén, ciudad santa para judíos y musulmanes que se consideran descendencia de Abrahán, no lo es menos para los cristianos, que nos consideramos herencia espiritual de Abrahán, constituido por la fe en “padre de muchos pueblos” (cf. Rom 4,13-17). Por esto las Iglesias hemos de ayudar y sostener a los cristianos que sufren a causa de las diferencias políticas que separan a judíos y musulmanes, dando origen a una espiral permanente de violencia en Tierra Santa, escenario histórico y temporal donde por designio divino aconteció la historia de nuestra salvación en Cristo.

Este sostén y fraternal ayuda será tanto más eficaz si todos apoyamos la presencia de la Iglesia Católica y de las demás Iglesias cristianas en Jerusalén socorriendo a los cristianos que habitan Tierra Santa. Contribuyendo al sostén de los cristianos de Tierra Santa, evitaremos su abandono por parte de los cristianos que allí nacieron y allí viven pero para los que no es fácil mantener trabajo y familia en un clima de inseguridad, víctimas de una violencia que no parece acabar. Con nuestra ayuda nos acercaremos al ideal de comunión que se alimenta también en la comunión de bienes, a la cual nos invita el libro de los Hechos: “Los creyentes vivían todos unidos y todo lo tenían en común (…) y lo repartían entre todos según la necesidad de cada uno” (Hech 2,44).

6 Los católicos hemos de poner el mayor interés en sostener tanto los centros católicos de investigación bíblica, arqueológica y teológica, a los que la Santa Sede y los Episcopados de los países católicos vienen prestando importante ayuda, como los centros ecuménicos, viva expresión de la colaboración entre las Iglesias locales y las Iglesias del mundo entero. La Congregación para las Iglesias Orientales nos viene recordando cada año la necesidad e importancia de sostener sin desmayo las comunidades cristianas de Tierra Santa y las diversas instituciones y comunidades religiosas que nos vinculan con particular afecto fraternal a las Iglesias de rito bizantino y a las Iglesias orientales antiguas que se hallan en plena comunión con el Santo Padre, sin descuidar la fraternal relación con las demás Iglesias y Comunidades cristianas presentes en Tierra Santa y particularmente en Jerusalén. Algo que requiere la estrecha colaboración ecuménica de todos los cristianos, para salvaguardar la libertad de movimientos fortaleciendo la paz religiosa entre las comunidades cristianas, y superando viejas oposiciones.

En este sentido, es de la mayor importancia mantener y promover las peregrinaciones a los Santos Lugares tanto de los católicos como de los cristianos de otras confesiones. Las peregrinaciones, además de una práctica de piedad cristiana muy apreciable, son un medio inestimable para proteger los lugares elegidos por designio divino como escenario de la salvación, muchos de ellos confiados por el Papa a la Custodia franciscana, que trabaja en su mantenimiento y promoción con esfuerzo y generosa entrega. Son también expresión y medio de la presencia que corresponde por derecho y por historia a los cristianos en Tierra Santa, al amparo del derecho fundamental al ejercicio pleno de la libertad religiosa y del derecho internacional.

7 A causa del conflicto existente en Tierra Santa, cobra particular importancia el diálogo interreligioso, “que tiene también importantes repercusiones ecuménicas gracias a los miembros de las distintas Iglesias que trabajan juntos. En este diálogo, hacen colectivamente la experiencia de la necesidad de superar los desacuerdos y controversias del pasado y de encontrar una nueva lengua común para poder dar testimonio del mensaje evangélico en una actitud de respeto mutuo (…) Están dispuestos a colaborar con los musulmanes y los judíos creyentes para preparar las vías del diálogo y de una solución justa y duradera a un conflicto en el que con demasiada frecuencia se ha usado y abusado de la religión. En vez de participar en el conflicto, la verdadera religión debe contribuir a solucionarlo.” (Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos / Comisión «Fe y Constitución» del Consejo Mundial de las Iglesias, ed., Oración por la unidad de los cristianos 2011 «Unidos en la enseñanza… (Hech 2,42)», Madrid: Edice 2010, p. 46).

El bautismo común que nos injerta en Cristo y nos une

8 Esta colaboración de las Iglesias de Tierra Santa no obedece sólo a la necesidad de una estrategia de unas minorías religiosas cristianas ante las mayorías judía y musulmana. Esta colaboración es también el resultado de una misma conciencia de unidad en Cristo de los cristianos, a los cuales une el mismo bautismo. Los progresos alcanzados por el diálogo teológico interconfesional han hecho posible el mutuo reconocimiento de la eclesialidad de la Iglesia Católica y de las «Iglesias hermanas» orientales y bizantinas. A ello se suma  la progresiva búsqueda de convergencia en la fe en la acción salvífica de Dios que llega a los creyentes en Cristo mediante el bautismo, la Eucaristía y el Ministerio. Esta convergencia deseada en aras de la restauración visible de la unidad cristiana tiene un instrumento apreciable, de indudables resultados, en el diálogo teológico y el diálogo de la caridad. Todo ello ha contribuido a que la aproximación de las Iglesias cristianas presentes en Tierra Santa hayan visto cómo el Espíritu Santo las ha ido conduciendo a un recíproco aprecio y colaboración de beneficiosos efectos para el testimonio evangélico de los cristianos ante los otros credos religiosos y ante quienes han perdido la fe en la misión divina de la Iglesia.

9 Gracias a este mutuo respeto y reconocimiento entre las Iglesias y Comunidades eclesiales cristianas, también aquí, entre nosotros, hemos podido dar un significativo paso hacia la unidad visible de la Iglesia, mediante el recíproco reconocimiento de nuestro bautismo en Cristo, que nos une y nos agrega a la Iglesia una y santa de Cristo. Con la ayuda de Dios la Conferencia Episcopal Española y la Iglesia Española Reformada Episcopal han llegado a la Declaración común «Confesamos un solo bautismo para el perdón de los pecados», la cual fue aprobada por la Asamblea plenaria de la Conferencia en la sesión de otoño del presente año.

Esta declaración de reconocimiento recíproco del bautismo será ratificada próximamente. Damos gracias a Dios porque aviva y acrece en nosotros con renovado espíritu la labor ecuménica, llamándonos a dar testimonio de la fe común en la salvación que Dios realiza en cuantos creen en Cristo en el santo sacramento del bautismo.

10  Invitamos a todos los católicos a acoger el nuevo Octavario por la unidad de la Iglesia que celebraremos en enero de 2011, un año más de gracia que el Señor nos otorga para su gloria y nuestra salvación. Deseamos vivamente que la fraterna solidaridad con los cristianos de Tierra Santa acreciente nuestra conciencia y deseo de alcanzar la anhelada comunión eclesial, que se levanta sobre la común fidelidad a las enseñanzas de los Apóstoles y a la participación en los bienes de la salvación que nos llegan por medio de esta comunión, en la cual la Iglesia madre de Jerusalén desempeñó en los orígenes de la predicación apostólica una singular misión en la plantación universal de la Iglesia.

Con nuestro fraternal nuestro saludo y bendición, unidos en la oración por la unidad de los cristianos.

Madrid, el 6 de enero de 2011
En la solemnidad de la Epifanía del Señor

 

+ Adolfo González Montes
 Obispo de Almería, Presidente de la Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales
+ Román Casanova y Casanova, Obispo de Vic
+ César A. Franco Martínez, Obispo auxiliar de Madrid
+ José Diéguez Reboredo, Obispo emérito de Tui-Vigo

 

 


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Lectio divina para el segundo domingo del Tiempo Ordinario, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.

LECTURA:             “Juan 1, 29‑34”

En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquél de quien yo dije: «Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo.» Yo no lo conocía, pero ha salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel.

Y Juan dio testimonio diciendo: He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo. Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.

MEDITACIÓN:            “Éste es el Cordero de Dios”

            Se nos ha quedado como frase hecha, con profundas raíces bíblicas, y que resuena a algo desbordante ya realizado y, al mismo tiempo, a tarea que abrazar. Y que deja ya apuntado lo que va a ser tu paso por nuestra historia.

            Lo realizado es que tú, Señor, nos amas a todos los hombres, sin distinción, y desde ese amor, has pasado poniendo vida, hasta entregarla, porque el amor es así, aunque nos cueste entenderlo, a fuerza de desfigurarlo. El amor no quita vida, eso es fácil, la da, y eso es más complicado y requiere mucha fuerza, fuerza interior. Y cuando falta fuerza interior terminamos volviendo a la exterior, que es más burda, pero más fácil y apta para todos.

Insertos en esta realidad, necesitamos de alguien que de nuevo, como Juan, nos dirija la mirada hacia ti, porque tú, desde tus opciones, nos abres el horizonte del sentido de nuestra vida, de nuestra humanidad. Nos abres las puertas de tu casa y de tu corazón, para descubrirnos el nuestro,  y nos confirmas que en ti no caminamos ni en el vacío ni hacia el vacío, sino hacia la plenitud del amor que está y se realiza en ti.

            Y con esa afirmación, y desde la realidad de tu donación, nos invitas y nos llamas, me llamas, a ser contigo y desde ti, hacedor de amor, cordero y no lobo. Tratamos de disimularlo, pero vivimos amenazados, tal vez más inseguros y más vigilados que nunca. Tristemente está volviendo a coger una fuerza tremenda aquella frase que quiso definir al hombre como “lobo para el hombre”. Y tú me invitas, una vez más, a ser cordero, a ser hacedor de paz, de bondad, de perdón, de vida. Y tú te sigues acercando para poner luz y cordura en nuestra vida, mientras nosotros seguimos en apagarla y desquiciarla. Pero no te canses, mantén viva tu llama en mí.         

ORACIÓN:               “Que sea cordero, Señor”

            Que sea cordero, Señor, que no es sinónimo de borrego, ni de gregario, sino de inocencia, de cercanía, de bondad, de paz.

            Que sea como tú, cordero. Que prefiera sufrir el mal antes que hacerlo, que no significa ser tonto, sino tener la valentía y el coraje de romper cualquier círculo de violencia que se me quiera imponer. Ayúdame a ser instrumento pacífico y pacificador, a ser como Juan testigo de tu presencia.

CONTEMPLACIÓN:              “Como tú”

Vienes a mí
como cordero,
pacífico y pacificador,
ofreciendo vida
y brindando amor.

Y siento que me llamas,
en medio de tantos lobos,
a seguir siendo cordero,
pacífico y pacificador,
como tú.


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domingo, 16 de enero de 2011

Homilía de monseñor Miguel Esteban Hesayne, obispo emérito de Vidma, para el 4º domingo de Adviento (19 de diciembre de 2010). (AICA)

CELEBRANDO NAVIDAD PARA UN AÑO NUEVO EN PAZ          

A más de 2000 años de la primera Navidad, la histórica, la real, tras esta misma palabra: NAVIDAD, se encierran las más variadas maneras de entender lo que significa Navidad

La Navidad real ha sufrido tal deterioro, que es como una artística escultura hecha añicos. No hay nada más que leer los títulos de revistas, diarios o ver o escuchar la publicidad de la T.V. o Radio. Para “festejar en grande” la Navidad hay que comprar y comprar regalos y más regalos. Es la navidad del consumo y de la diversión, del placer de abundantes manjares rociados con buenos vinos con olvido indiferente de lo que pasa afuera del entorno íntimo… Hasta con inventada y pseudo espiritualidad, se ofrecen  “Cuentos de navidad” para amenizar la reunión familiar… Esta falsa navidad comenzó, cambiando el Pesebre  por el Árbol y hoy queda reducida a una palabra-consigna para festejos y diversiones, paseos y turismo y hasta derroche irritante ante la miseria de millones de hermanas y hermanos nuestros… Vayamos a la historia real. Lucas, evangelista, especialista en la historia de la infancia de Jesús, describe la primera Navidad en estos términos:

“Mientras estaban en Belén, a María le llegó la hora del nacimiento de su hijo.
Como no encontraron ningún cuarto donde pasar la noche,
los hospedaron en el lugar de la casa dónde se cuidan los animales.
Cuando el niño nació, María lo envolvió en pañales
y lo acostó en un pesebre” Lucas 2, 6-7

Unos pastores, que se encontraban en la cercanía, al tener la noticia de que su Salvador acababa de nacer, corrieron a Belén para ver esto que Dios les anunciaba y Lucas insiste en un hecho conmovedor, impensado, admirable, describiendo la escena navideña de la primera Noche Buena en Belén de Judá: “y encontraron a María y a José

y al niño acostado en el pesebre” Lc.2.16

La NAVIDAD que nos regaló el Amor de Dios a nosotros, hombres y mujeres de todos los tiempos y de todos los lugares de esta tierra, es: un niño acostado en un pesebre.

Ese Niño es Dios hecho hombre, llamado Jesús, acostado en dura y desnuda madera. Lo que hace Navidad es Jesús, el Hijo del Padre-Dios, cuya Madre se llama María. Navidad, entonces, es Jesús para quienes lo quieran recibir. Jesús, el Salvador del mundo entero, nace vacío de cosas… en absoluta pobreza, nace excluido y marginado. Su madre, María y su padre adoptivo José, tan pobres y marginados que no le pudieron ofrecer más que una dura madera en donde reclinarlo. Los primeros visitantes… gente mal vista por la sociedad  y desprovista de lo elemental. Su entrada a nuestra historia entre quienes venía a liberar de todo mal, fue, literalmente, desde los más pobres y lejos del más mínimo bienestar material. ¿Esta extrema situación del nacimiento del Hijo de Dios fue sadismo o un signo del mismísimo  Padre-Dios, indicándonos las condiciones para recibir su “regalo” –nuestro Salvador- y así celebrar la auténtica Navidad? A la luz de la Fe Cristiana que sabe que Dios es puro AMOR no cabe duda alguna en afirmar que el Papito-Dios nos está enseñando cuál es la Navidad real; cuáles son los preparativos que hemos de emplear, cuidadosamente, si pretendemos celebrar una auténtica Navidad y recibir al Salvador.-No cabe duda, que con un corazón vacío de propios intereses y lleno de ganas de servir a los demás que nos rodean. Si cada ciudadano argentino, cristiano, en esta Navidad opta por celebrar la Navidad auténtica, se irá encontrando con Jesús Salvador, en un mayor compromiso social-político por una justicia en el amor, para combatir “la persistencia de la pobreza e inequidad”, allanar “la dificultad para el diálogo” y desterrar “la violencia y la agresión y el desprecio a los inmigrantes” Llagas que se agravan en la sociedad argentina porque esta sociedad no le da lugar a Jesús Salvador, que se hace presente en los sin techos, sin alimentos, sin medicamentos, sin educación, en los excluidos.  Mt. 25, 31-46. Cuando no hay lugar para Dios-Amor, se enciende el fuego destructor. Cuando se da lugar al “dios dinero” aparece la injusticia que engendra violencia. Qué hacer? dar lugar a Jesús, nacido en Belén y reinarán la justicia y la Paz social. Lc.2, 14. 

Mons. Miguel Esteban Hesayne, obispo emérito de Vidma

Declaración de Obispos Argentinos 15-12-2010 


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Homilía de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas para el 4º domingo de Adviento (19 de diciembre de 2010). (AICA)

VOLVER A DIOS          

En este último domingo del adviento ya estamos próximos a celebrar la Navidad. Uno de los ejes de la oración y reflexión de este tiempo es la esperanza. La espera y expectativa de los contemporáneos de Jesús en la llegada del Mesías, es actualizada por la liturgia del adviento, que nos prepara para el nacimiento del Señor.

Es un tiempo especial porque vamos cerrando el año, quizá cansados por la intensidad de lo vivido. Las luces navideñas de los pueblos y ciudades empiezan a encenderse, así como las despedidas festivas. En medio de esta realidad es importante evaluarnos y tratar de salir por un momento de tantas urgencias, para ver si “aquello que es importante” como nuestros ideales y valores, así como la familia, la vida, la solidaridad… ocupan un lugar central en nuestro corazón. La Navidad, el Dios hecho hombre, el nacimiento marginal de Jesús en el pesebre, nos permiten comprender “el lenguaje de Dios” y ubicarnos en aquello que es central, para responder a tantas urgencias que nos agobian.

La Navidad es un tiempo de gracia que nos puede llevar a “volver a Dios”. No es fácil porque nos juega en contra el excesivo consumismo de la época. Lamentablemente dicho consumismo usa hasta las fiestas fundamentales como la Navidad y la vacía de contenido. ¿Cuántas familias se reúnen, festejan y se olvidan el sentido y el por qué del festejo? ¿Cuántos saludos de fin de año y deseos de felicidades, que siguen marginando a Jesús?

Si bien hay mucha religiosidad y nuestra cultura local es especialmente religiosa, con una fuerte raíz católica, muchos no practican su fe y desconocen básicamente sus contenidos. El adviento es un tiempo oportuno para “volver a Dios”. En las capillas se multiplican los pesebres y las Misas navideña. La fe necesita ser compartida y requiere nuestro compromiso y búsqueda de comunión con otros hermanos que están en el mismo camino. El pesebre nos ayuda a convertirnos. Nos permite comprender que no necesitamos mucho para ser amigos de Dios. Ante el pesebre descubrimos la pequeñez, la necesidad de la humildad, la grandeza y la esperanza.

Una de las dificultades para “volver a Dios” en este inicio del siglo XXI es el creciente subjetivismo de la fe. Cuando nos pasa esto es porque fuimos acomodando la fe a nuestro parecer, afectos y criterios. Es una tendencia fuerte este excesivo subjetivismo que nos lleva a adecuar la propuesta de Jesucristo, el Señor, a lo que nos parece y nos gusta en el momento, eludiendo aquello que nos enseña el Evangelio. Si bien es cierto que su propuesta habitualmente es exigente, tenemos la certeza que siempre el camino que Él nos propone lleva a la verdadera felicidad.

Al finalizar el año queremos agradecer por tantas cosas vividas como Diócesis. El camino de nuestro Sínodo, con la Asamblea que hemos tenido en junio pasado, para evaluar y proyectarnos con la temática sobre juventud, familia y laicos para seguir trabajando en nuestras comunidades con “las orientaciones pastorales” que hemos actualizado. Lo vivido como espiritualidad de Loreto con la venida del corazón de San Roque González que fue un momento de especial gracia de Dios y de compromiso evangelizador. El laicado que va haciendo consistente el trabajo evangelizador en las distintas áreas pastorales, y sobre todo el incremento vocacional en nuestro Seminario Santo Cura de Ars que es un verdadero signo de esperanza. Este año con sus primeros frutos, con las ordenaciones sacerdotales del P. Julio Centurión, P. Alonso Freiberger y el P. Gervasio Silva. También como en la vida tenemos dolores y sufrimientos, y motivos para pedir perdón a Dios, y con la gracia del adviento buscar la conversión y “volver a Dios”.

Ya tan próximos a la noche buena y Navidad debemos preguntarnos si queremos realmente “volver a Dios”. Volver a Dios, implica revisar nuestras vidas, cambiar, arrepentirnos, potenciar nuestros dones y confiar que podemos mejorar. Volver a Dios requiere gestos concretos relacionados a Dios y a nuestros hermanos. También expresar nuestra fe en la participación de la Misa de noche buena o de Navidad. En poner un pesebre en nuestros hogares. En hacer la bendición de nuestra mesa familiar. ¿Rezar? Sí, rezar juntos. Seguramente la oración nos permitirá descubrir un nuevo sentido al encuentro familiar y con amigos que realizaremos en esta Navidad. Reencontrarnos más profundamente con Jesús en el pesebre navideño nos permitirá reencontrarnos en la esperanza.

¡Les deseo una Feliz Navidad y hasta el próximo domingo! 

Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas 


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Mensaje de monseñor Mario Luis Bautista Maulión, arzobispo de Paraná para la Navidad 2010. (AICA)

¡FELIZ NAVIDAD!        

La fiesta de la Navidad (y también la del Año Nuevo) traen para muchos la renovación de la alegría, de la esperanza y de la vida. Quienes creemos en Jesús, Hijo del Dios Eterno, hecho hombre en el seno de su Madre, la Virgen María, reavivamos esa alegría porque sentimos que Él ha venido y viene a salvarnos. Quienes no comparten esta fe, sienten también en estas fiestas las ansias, los anhelos y los deseos de paz, de esperanzas y de vida.

Estas fiestas nos llevan a la expectativa y la necesidad de cosas que interiormente añoramos  como la paz, una vida mejor, una esperanza que sea más que un sueño imposible: añoramos todo esto porque, en distintos grados, nos falta.

Estas fiestas no pueden permitir salir un poco del ritmo concreto y vertiginoso de nuestra vida y poder mirar nuestra persona y nuestra convivencia familiar y social con ojos renovados, con ojos de amor y de paz.

El año que termina y que hemos recorrido juntos estuvo marcado por muchos acontecimientos de distintas dimensiones: unos, alegres, esperanzadores, otros tristes, penosos, desencontrados, desconcertantes.

Pienso que tenemos que mirar todo esto con serenidad y con seriedad: junto a lo positivo y valioso de mucho de lo vivido están también los acontecimientos penosos, tristes y lamentables. Tanto lo positivo como lo negativo nos afectan y nos tocan como personas individuales, como miembros de una familia, como miembros de nuestra sociedad.

La propia persona, la familia, la sociedad no son realidades ya hechas y constituidas. Mas bien las vamos construyendo (o deteriorando) según como actuemos. Y alcanzan todo el ámbito de nuestra realidad. Creo que de un modo particular abarcan el ámbito de la vida, de la familia y de la convivencia social.

En todo el ámbito de la VIDA, en especial de la vida humana, vemos aspiraciones, logros muy positivos, alentadores para promoverla, cuidarla, cultivarla. Pero también se advierten signos y síntomas negativos y alarmantes: descuido por la vida en muy diversas formas y grados con conductas que van desde el desinterés por el otro hasta la perversión de destruir la vid. La droga, el alcoholismo, la violencia, la prostitución y el abuso hacia otros son realidades que parecen ir creciendo y aumentando. En todo esto siempre hay víctimas, con frecuencia, inocentes Y, algo más inquietante: diversas corrientes de pensamiento que buscan justificar todo esto.

En el ámbito de la FAMILIA, junto con logros muy positivos, hay situaciones que la condicionan, perturban o degradan. Sin ánimo de generalizar, se ve que la familia va perdiendo estabilidad y consistencia, la relación entre esposos, padres e hijos se debilita y la familia, el ámbito vital en el que los hombres nos formamos desde el nacimiento, va perdiendo  - por falta de amor y entrega generosa -  la sólida unidad que la hace vigorosa.

En la CONVIVENCIA SOCIAL junto con los grandes esfuerzos por lograr una convivencia que se acerque a ser una verdadera amistad social, se notan situaciones de enfrentamientos, luchas, fragmentaciones y un avance de los interesas personales o sectoriales sobre el auténtico Bien Común que caracteriza a una sociedad justa.

Desde la perspectiva y el espíritu de la Navidad, tanto a creyentes como a no creyentes, se nos abren caminos de compromisos por la defensa y cultivo de la VIDA en todas sus formas, desde la misma concepción hasta su fin natural, particularmente para los más desprotegidos e indefensos.

Estamos llamados a consolidar nuestra FAMILIA por el único camino que la hace consistente: el amor servicial y abnegado de cada uno hacia los demás miembros que la componen.

La CONVIVENCIA SOCIAL armónica, justa, solidaria no es sólo una saludable aspiración. Es, sobre todo, tarea de cada uno y de todos, para hacer de nuestra sociedad una patria de hermanos y amigos.

La Paz, anunciada a los pastores en el Belén cuando nació Jesús, es la Paz que desde lo más hondo del corazón y desde el Amor de Dios se nos propone para que vigoricemos nuestras personas, nuestras familias, nuestra sociedad. Haciendo así, tendrá un contenido muy humano lo que expresamos en los saludos que mutuamente nos estamos dando: ¡FELIZ NAVIDAD! 

Mons. Mario Luis Bautista Maulión, arzobispo de Paraná

Paraná, Navidad de 2010 


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Mensaje de monseñor Domingo Salvador Castagna, arzobispo de Corrientes para la Navidad 2010. (AICA)

NAVIDAD 2010              

Cuando la fe se apaga, los grandes acontecimientos religiosos se vuelven extraños e incomprensibles. Quienes tenemos muchos años, hemos presenciado el deterioro y vaciamiento progresivo de la Navidad. Muchos de quienes la “celebran”, al estímulo de una tradición meramente folclórica, ignoran su verdadero sentido y no pueden explicar sus orígenes. En tiempos de un implacable enjuiciamiento a las tradiciones cristianas se encuentran muchos bautizados desprovistos de los contenidos necesarios de la fe que dicen profesar.  Es lo que se observa en la Europa moderna - que insiste en negar sus raíces cristianas – y que se extiende, como una moda ideológicamente perniciosa, en nuestros países latinoamericanos. Ya no es la incongruente indiferencia de numerosos dirigentes políticos y sociales, sino el ataque de la incredulidad ilustrada contra la fe simple del pueblo.

La Iglesia, garante de la fe, es desafiada a cambiar su metodología evangelizadora hasta adecuarla a las exigencias de hombres y mujeres creyentes que se niegan a caer en la trampa moderna de la apostasía. Lamentablemente el estilo comunicacional de muchos medios exhibe una jerarquización de las noticias que privilegia el escándalo, y su prolongada exposición, frente a los grandes y numerosos testimonios de santidad de auténticos creyentes. Para restablecer la salud, a Dios gracias no definitivamente perdida, es preciso volver a los orígenes. Para ello se requiere una honestidad a toda prueba, en base a la humildad. Los niños mantienen esa disposición; se equiparan a ellos los pobres y humildes o “los pequeños”, debidamente  identificados por Jesús: “Te doy gracias Padre porque estas cosas las has revelado a los pequeños…”   Mientras se intenta eliminar los signos originales, hasta reducir la Natividad de Jesús a una mera fiesta familiar, reaparece la enseñanza del Maestro: únicamente los “humildes” podrán recuperar el sentido de la celebración tradicional. Y con el sentido, el hecho real de la Encarnación del Hijo de Dios.

Es más sabio un niño absorto y orando ante una versión rudimentaria del Pesebre original que los promotores de una fabula tardía que intenta reemplazarlo. En el niño está el alma de la gente pobre, poseedora del Reino, que no entiende por qué se empeñan en borrar la verdad del nacimiento del Niño Dios. La Iglesia tendrá que retomar las armas de la evangelización y salir al encuentro del relativismo agnóstico que pretende armar un mundo sin infancia inocente, ateizada desde la cuna y educada al margen de valores cristianos, con la complicidad de espectáculos infantiles que causan un verdadero vacío del sentido religioso de la vida. En esta simple consideración hubiera preferido eludir el actual estado de la celebración navideña. No es posible. Nos queda como único recurso volvernos a la Palabra inalterable que escuchamos y celebramos en nuestros templos. Este mundo, que es nuestro  y nos duele en el alma, necesita un llamado de alerta, con poder suficiente para causar un saludable cambio de rumbo. No se logrará depositando la confianza absoluta en el poder de la técnica y de la ciencia sino en la gracia de Cristo.

El Papa Benedicto XVI, con la clarividencia intelectual y espiritual que lo distingue acaba de decirnos: “Al alba  del tercer milenio, no sólo hay todavía muchos pueblos que no han conocido la Buena Nueva, sino también muchos cristianos necesitados de que se les vuelva a anunciar persuasivamente la Palabra de Dios, de manera que puedan experimentar concretamente la fuerza del Evangelio. Tantos hermanos están bautizados, pero no suficientemente evangelizados”. (Verbum Domini Nº 96) El espacio festivo que perdura, a veces como un cascarón vacío, nos ofrece la oportunidad de retomar el curso de la evangelización apostólica. Gracias al Cielo, en Argentina 2010, aún no está prohibido hablar de la Navidad. Es el momento de confiar en el poder del auténtico acontecimiento. Basta recordarlo en silencio y volver a la actitud sabia de quienes no se avergüenzan de orar ante el Divino Niño, junto a su Madre y a José. En estos términos deseo a todos una ¡MUY FELIZ NAVIDAD!  

Mons. Domingo Salvador Castagna, arzobispo emérito de Corrientes 


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ZENIT nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigió el miércoles 22 de Dicembre de 2010 a los peregrinos congregados en el Aula Pablo VI para la audiencia general.

Queridos hermanos y hermanas

Con esta última audiencia antes de las fiestas de Navidad, nos acercamos, temblorosos y llenos de asombro, al “lugar” donde todo comenzó por nosotros y por nuestra salvación, donde todo encontró su cumplimiento, allí donde se encontraron y se entrecruzaron las esperanzas del mundo y del corazón humano con la presencia de Dios.

Podemos ya desde ahora pregustar la alegría por esa pequeña luz que se entrevé, que desde la gruta de Belén comienza a irradiarse en el mundo. En el camino del Adviento, que la liturgia nos ha invitado a vivir, se nos ha acompañado para acoger con disponibilidad y reconocimiento el gran Acontecimiento de la venida del Salvador y para contemplar maravillados su entrada en el mundo.

La esperanza gozosa, característica de los días que preceden la Santa Navidad, es ciertamente la actitud fundamental del cristiano que desea vivir con fruto el renovado encuentro con Aquel que viene a habitar en medio de nosotros: Cristo Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre. Volvemos a encontrar esta disposición del corazón,y la hacemos nuestra, en aquellos que en primer lugar acogieron la venida del Mesías: Zacarías e Isabel, los pastores, el pueblo sencillo, y especialmente María y José, los cuales probaron en primera persona el temblor, pero sobre todo el gozo por el misterio de este nacimiento. Todo el Antiguo Testamento constituye una única gran promesa, que debía realizarse con la venida de un salvador poderoso. De ello da testimonio en particular el libro del profeta Isaías, el cual nos hablar de los sufrimientos de la historia y de toda la creación por una redención destinada a volver a dar nuevas energías y nueva orientación al mundo entero. Así, junto a la espera de los personajes de las Sagradas Escrituras, encuentra espacio y significado, a través de los siglos, también nuestra espera, la que en estos días estamos experimentando y la que nos mantiene en pie durante todo el camino de nuestra vida. Toda la existencia humana, de hecho, está animada por este profundo sentimiento, por el deseo de que lo más verdadero, lo más bello y lo más grande que hemos entrevisto e intuido con la mente y el corazón, pueda salir a nuestro encuentro y se haga concreto ante nuestros ojos y nos vuelva a levantar.

“He aquí que viene el Señor omnipotente: se llamará Enmanuel, Dios-con-nosotros” (Antífona de entrada, Santa Misa del 21 de diciembre). Con frecuencia, en estos días, repetimos estas palabras. En el tiempo de la liturgia, que vuelve a actualizar el Misterio, ya está a las puertas Aquel que viene a salvarnos del pecado y de la muerte, Aquel que, después de la desobediencia de Adán y Eva, nos vuelve a abrazar y abre para nosotros el acceso a la vida verdadera. Lo explica san Ireneo, en su tratado “Contra las herejías”, cuando afirma: “El Hijo mismo de Dios descendió 'en una carne semejante a la del pecado' (Rm 8,3) para condenar el pecado y, después de haberlo condenado, excluirlo completamente del género humano. Llamó al hombre a la semejanza consigo mismo, lo hizo imitador de Dios, lo encaminó en el camino indicado por el Padre para que pudiese ver a Dios, y le diese en don al mismo Padre” (III, 20, 2-3). 

Nos aparecen algunas ideas preferidas de san Ireneo, que Dios con el Niño Jesús nos llama a la semejanza consigo mismo. Vemos cómo es Dios. Y así nos recuerda que deberíamos ser semejantes a Dios. Y que debemos imitarlo. Dios se ha entregado, Dios se ha entregado en nuestras manos. Debemos imitar a Dios. Y finalmente la idea de que así podemos ver a Dios. Una idea central de san Ireneo: el hombre no ve a Dios, no puede verlo, y así está en la oscuridad sobre la verdad,sobre sí mismo. Pero el hombre, que no puede ver a Dios, puede ver a Jesús. Y así ve a Dios, así empieza a ver la verdad, así empieza a vivir.

El Salvador, por tanto, viene para reducir a la impotencia la obra del mal y todo aquello que aún puede mantenernos alejados de Dios, para restituirnos al antiguo esplendor y a la paternidad primitiva. Con su venida entre nosotros, Él nos indica y nos asigna también una tarea: precisamente la de ser semejantes a Él y de tender a la verdadera vida, de llegar a la visión de Dios en el rostro de Cristo. De nuevo san Ireneo afirma: “El Verbo de Dios puso su morada entre los hombres y se hizo Hijo del hombre, para acostumbrar al hombre a comprender a Dios y para acostumbrar a Dios a poner su morada en el hombre según la voluntad del Padre. Por esto, Dios nos dio como 'signo' de nuestra salvación a aquel que, nacido de la Virgen, es el Enmanuel” (ibidem). También aquí hay una idea central muy bella de san Ireneo: tenemos que acostumbrarnos a percibir a Dios.Dios está normalmente alejado de nuestra vida, de nuestras ideas, de nuestro actuar. Ha venido junto a nosotros y tenemos que acostumbrarnos a estar con Dios. Y, audazmente, Ireneo se atreve a decir que también Dios tiene que acostumbrarse a estar con nosotros y en nosotros. Y que Dios quizás debería acompañarnos en Navidad, acostumbrarnos a Dios, como Dios se tiene que acostumbrar a nosotros, a nuestra pobreza y fragilidad. La venida del Señor, por ello, no puede tener otro objetivo que el de enseñarnos a ver y a amar los acontecimientos, el mundo y todo lo que nos rodea, con los mismos ojos de Dios. El Verbo hecho niño nos ayuda a comprender el modo de actuar de Dios, para que seamos capaces de dejarnos transformar cada vez más por su bondad y por su infinita misericordia.

En la noche del mundo, dejémonos aún sorprender e iluminar por este acto de Dios, que es totalmente inesperado: Dios se hace Niño. Dejémonos sorprender, iluminar por la Estrella que inundó de alegría el universo. Que el Niño Jesús, al llegar a nosotros, no nos encuentre sin preparar, empeñados solo a hacer más bella y atrayente la realidad exterior. Que el cuidado que ponemos en hacer más resplandecientes nuestras calles y nuestras casas nos impulse aún más a predisponer nuestra alma para encontrarnos con Aquel que vendrá a visitarnos. Purifiquemos nuestra conciencia y nuestra vida de lo que es contrario a esta venida: pensamientos, palabras, actitudes y obras, impulsándonos a hacer el bien y a contribuir a realizar en este mundo nuestro la paz y la justicia para todo hombre y a caminar así al encuentro del Señor.

Signo característico del tiempo navideño es el belén. También en la Plaza de San Pedro, según la costumbre, está casi preparado y se asoma idealmente sobre Roma y sobre el mundo entero, representando la belleza del Misterio de Dios que se hizo hombre y puso su tienda en medio de nosotros (cfr Jn 1,14). El belén es expresión de nuestra espera, de que Dios se acerque a nosotros, de que Jesús se acerque a nosotros, pero también de la acción de gracias a Aquel que decidió compartir nuestra condición humana, en la pobreza y en la sencillez. Me alegro porque permanece viva, e incluso se está redescubriendo, la tradición de preparar el belén en las casas, en los lugares de trabajo, en los lugares de encuentro. Que este testimonio genuino de fe cristiana pueda ofrecer también hoy para todos los hombres de buena voluntad un icono sugerente del amor infinito del Padre hacia todos nosotros. Que los corazones de los niños y de los adultos puedan aún sorprenderse ante él.

Queridos hermanos y hermanas, que la Virgen María y san José nos ayuden a vivir el Misterio de la Navidad con gratitud renovada al Señor. En medio de la frenética actividad de nuestros días, que este tiempo nos dé un poco de calma y de alegría y nos haga tocar con la mano la bondad de nuestro Dios, que se hace Niño para salvarnos y dar nuevo aliento y nueva luz a nuestro camino. Este es mi deseo para una santa y feliz Navidad: lo dirijo con afecto a todos vosotros aquí presentes, a vuestros familiares, en particular a los enfermos y a los que sufren, como también a vuestras comunidades y a vuestros seres queridos.

[En español dijo]

Saludo a los grupos de lengua española, en particular a los peregrinos de Alange y Córdoba, así como a los demás fieles provenientes de España, México y otros países latinoamericanos. Deseo a todos una feliz Navidad y os invito a preparar vuestro corazón para recibir al Niño Jesús. Que la Virgen María y San José nos ayuden a vivir el Misterio de este tiempo santo con renovada gratitud al Señor, ofreciendo a los demás paz y alegría. Muchas gracias.

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


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s?bado, 15 de enero de 2011

Reflexión para el domingo segundo del Tiempo Ordinario - A, ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero.

ECOS DEL DIA DEL SEÑOR
II Domingo del Tiempo Ordinario  (A)   

Queridos amigos y amigas:

El Domingo pasado, salíamos de la Navidad fijando nuestros ojos en Jesucristo que, con su Bautismo,  iniciaba su Vida Pública. Durante esta semana, hemos venido escuchando sus primeras palabras, contemplando la elección de sus primeros discípulos, algunos de sus milagros, su poder sobre el demonio, sus primeros pasos…

En el Evangelio de hoy, escuchamos la presentación que hace Juan Bautista, de Jesucristo: “Éste es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”.

A nosotros nos puede parecer una expresión un tanto extraña, aunque sea habitual en la vida de la Iglesia… Sin embargo, para un judío piadoso, era un título mesiánico… Por eso, dos de los discípulos de Juan, al oírlo, siguieron a Jesús (Jn 1, 35 – 38).

Los judíos, en efecto, tenían muchos sacrificios, especialmente, el sacrificio pascual, conocían el Canto del Siervo de Yahvé  del profeta Isaías, del que escuchamos un fragmento en la primera lectura de este Domingo… Entendían, por tanto, perfectamente, la expresión del Bautista.

De esta manera, se enlaza la Navidad (que también se llama pascua) con la Pascua, el  Misterio Pascual, mediante el cual, Jesucristo quita el pecado del mundo. Por eso, en el salmo responsorial, se nos presenta la actitud de Jesucristo, al entrar en el mundo, y por tanto, la actitud de cada cristiano que este Domingo proclama: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”.

A los evangelistas les venía muy bien recordar a los cristianos el testimonio del Bautista, porque tenía una gran autoridad en las primeras comunidades cristianas.

Este título de Jesús, el Cordero que quita el pecado del mundo, es para nosotros muy importante. Expresa el objetivo fundamental de la venida de Jesucristo al mundo: redimirnos del pecado y darnos la vida divina.

Quitar el pecado del mundo es algo fundamental, porque el pecado de Adán y de cada persona, constituye una fuente incesante de males… ¡Qué sería del mundo, de la sociedad, de la misma Iglesia..., si se pudiera quitar todo pecado, de modo que cada persona estuviera centrada en hacer, en cada momento, lo que Dios quiere…! Pues a eso estamos convocados los cristianos. Esa es nuestra tarea y nuestra misión fundamental. Pero eso no se puede imponer por la fuerza. Se nos ofrece como don que respeta la libertad. Aquí está la tragedia de la historia humana:  Que pudiendo ser dichosa, siguiendo los preceptos del Señor,  se cierra a su mensaje, sufre y muere... 

En nuestros días, vemos como los responsables de las naciones multiplican las organizaciones internacionales, los encuentros, las negociaciones… Y qué difícil se hace, a veces, lograr un acuerdo. Para los cristianos todo está muy claro: La Palabra de Dios, nos ofrece desde antiguo, la solución, (la salvación): ¡Cumplir los preceptos del Señor...!

Pero en nuestro tiempo, los mandamientos no están de moda, los preceptos del Señor, que constituyen, en gran parte, el patrimonio ético de la humanidad, repelen. Sin, embargo, los cristianos estamos educados en la escuela de la Palabra de Dios, que en el Libro de Los Salmos, canta y proclama la sabiduría del Señor, cuya ley “es perfecta y es descanso del alma… “Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón…” “…Son verdaderos y enteramente justos. Más valiosos que el oro, más que el oro fino; más dulces que la miel de un panal que destila…” (Sal 18, 8 y ss.)

¿Y cómo sabe el Bautista quién es el Cordero de Dios, el Mesías de nuestra esperanza?

         Escuchémosle:

“Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquel sobre el que veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo…”

Es para una contemplación interminable de Jesucristo: "¡El que tiene el Espíritu Santo! …" El Espíritu que le consagra y le acompaña siempre en la misión encomendada por el Padre y que  es, en definitiva, acción de la Santísima Trinidad.

         ¡¡He ahí la clave de todo: el Espíritu Santo!!

El Espíritu que nos da Jesucristo, después de su Resurrección, el Espíritu que renueva constantemente la faz (el rostro) de la tierra, el Espíritu que hace posible la misión de la Iglesia en el mundo, a través de los siglos; el Espíritu que inspira y alienta todo lo grande, lo puro, lo bello, que se realiza en la tierra. El Espíritu que todo lo hace posible…

Y La presencia del Espíritu Santo se garantiza en cada uno de nosotros y, por tanto, en toda la Iglesia, por un sacramento: el de la Confirmación… Así quedamos capacitados para realizar la misión de Jesucristo: “Quitar el pecado del mundo”.


Publicado por verdenaranja @ 23:42  | Espiritualidad
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Mensaje de monseñor Jorge Lugones, obispo de Lomas de Zamora, para la Navidad 2010. (AICA)

ANUNCIAR A JESÚS, ES NUESTRO GOZO          

En los sinsabores de la vida vamos llevando nuestra carga;
una alforja de penas y otra de trabajos; pero en medio,
la alegría de Dios que vamos gritando día y noche,
 como un pregón.

Queridas comunidades de nuestra diócesis de Lomas de Zamora, y hombres y mujeres de buena voluntad que residen en los municipios de Almirante Brown, Esteban Echeverría, Ezeiza, Lomas de Zamora, Presidente Perón y San Vicente: deseo expresarles mi más cordial cercanía.

Se acerca la navidad y todos pensamos un poco más en Dios y en el año que se termina. Tal vez nos quedaron proyectos, cosas por hacer, perdones que dar o pedir… Pero no nos quedemos sólo en las cosas que no fueron, dejemos que nuestra fe, esa que nos inculcaron nuestros padres, abuelos y padrinos, brote junto a nuestro deseo religioso de acudir a Dios, para agradecerle, pedirle, hablarle, cuestionarle o simplemente estar con Él, en silencio.

Silencio también había aquella tarde en que un mensajero de Dios llegó a la casa de la Virgen María. Contemplamos la presencia gozosa del ángel que recibe la misión de realizar el gran anuncio; nos rodea la alegría angelical de Gabriel, enviado a la tierra con la más grande y hermosa de las noticias: Concebirás y darás a luz un hijo que será llamado Hijo de Dios.

El gozo y el consuelo, como el niño que viene y está por nacer, es imparable porque nos permite dar a luz la alegría de Dios con nosotros, el gozo de haberlo encontrado y poder anunciarlo.

El mensaje del ángel se inicia con la exclamación ¡Alégrate, María! Es una invitación al regocijo personal, pero que supera lo propio para hacerse de todos; es universal, es decir, el niño no será solamente tuyo, será de todos, porque así lo dispone Dios; por eso, ¡alégrate! Porque la alegría es para anunciarla, para compartirla.

Y hay fiesta en el cielo porque la alegría es incontenible, lo trasciende todo, lo puede todo, y lo facilita todo. Y los ángeles no pueden dejar de contagiar este gozo y anunciarlo a la tierra sombría, entristecida y que ya no espera nada, porque ha perdido el rumbo: Y llegó el tiempo de Dios pa salú de los mortales, como un pimpollo que sale floreció el Divino Niño, y la Virgen con cariño lo envolvió con los pañales.

Alegría: de “Dios con nosotros” y en medio de nosotros en la sonrisa tierna del Niño Dios que nos abre la puerta de su corazón, porque Él es la puerta de la salvación.

Como dice el poeta: Alegría que nos brota, vaya a saber de qué vertiente escondida.

El Dios de la vida nos recrea en navidad, desde su debilidad e impotencia de recién nacido, y nos cuestiona ante la vida no nacida, ante el drama de adolescentes que no han recibido el cariño, la escucha, la palabra a tiempo y la contención que les haga valorar su propia vida y toda vida; ante un facilismo que propone sólo la satisfacción particular, por encima de todo, aún de la propia familia. Se hace cuesta arriba llevar el anuncio con gozo, cuando los adultos somos los que “hacemos la nuestra” y encima creemos que distraídamente podemos mirar para otro lado y justificarnos.

La alegría mira de frente la vida y la muerte. Es fruto del Espíritu. Una paz en el fondo de toda inquietud; una seguridad en medio de toda duda.

Navidad también es dejarse sorprender por el Espíritu Santo, quien suscita en nosotros las buenas inclinaciones. Dejémoslo actuar, no le pongamos trabas, no lo entristezcamos (Ef 4, 30), permitamos que esas buenas inclinaciones triunfen sobre nuestra propias negatividades. Que esa parte enojada que exige amor, se deje amar por esa otra parte que dentro de nosotros es capaz de dar amor.

Los hombres somos unos seres tristes, insatisfechos y poco seguros. Hacemos ruidos para disimular la melancolía y el miedo; al fin tristes, porque no somos buenos y hemos perdido el arte de “vivir desde adentro”.

María y José ante el niño, “viven desde adentro”, en el pesebre han abierto su corazón a Dios, y Dios los mira ahora “de más cerquita”, familiarmente. Pese a semejante regalo, para ellos las cosas no parecen ser más fáciles, al contrario, deben pasar por la dura prueba de la soledad, la exclusión, la pobreza, la desocupación, la lejanía de sus parientes y amigos, la violencia de Herodes, el destierro... Y sin embargo, sacarán lo mejor de ellos mismos desde su confianza en Dios, que no les simplifica todo, pero sí les da muestras de su amor, de su predilección, de su compañía en medio del desierto de las pruebas, saben que Dios siempre está con ellos.

Los primeros cristianos vivían alegres en medio de malos vientos: hablaban con Dios, con el Dios de la alegría y servían a Dios con alegría, como dice el salmo. Anunciar a Jesús era su gozo.

En navidad queremos acercar nuestro corazón al pesebre, viendo al niñito Dios sonreír y, como Él, abrirnos a la alegría que nunca nos defrauda. Contamos con Él, por eso, lo buscamos nosotros pero Él nos encuentra, y se hace encontradizo.

Él es la ternura que nos llena de alegría y es la Palabra que nos colma, nos consuela, nos trae la Paz, y nos envía, nos misiona. 

Por eso repetimos que ¡anunciar a Jesús es nuestro gozo!

¡Feliz Navidad para todos! 

Mons. Jorge R. Lugones SJ, obispo de Lomas de Zamora 

Anzi A., ¿Dónde está Dios? Editorial Patria Grande, Buenos Aires 21986.
Anzi A.,  El Evangelio Criollo. Editorial Patria Grande, Buenos Aires 21980.
Anzi A., ¿Dónde está tu Dios?, op. cit.
Anzi A., ¿Dónde está tu Dios?, op. cit.
Anzi A., ¿Dónde está tu Dios?, op. cit. 


Publicado por verdenaranja @ 23:33  | Hablan los obispos
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Mensaje de monseñor Andrés Stanovnik, arzobispo de Corrientes, para la Navidad 2010 (20 de diciembre de 2010). (AICA)

CELEBREMOS CON JÚBILO EL NACIMIENTO DE JESÚS, PORQUE CON ÉL NACE LA VIDA        

La noticia más extraordinaria y desconcertante de todos los tiempos es esta: “el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1,14). Es decir, la Palabra de Dios, esa “palabra eterna se ha hecho pequeña, tan pequeña como para estar en un pesebre. Se ha hecho niño para que la Palabra esté a nuestro alcance. Ahora, la Palabra no sólo se puede oír, no sólo tiene una voz, sino que tiene un rostro que podemos ver: Jesús de Nazaret” (Verbum Domini, 12). Nace Jesús, nace la vida: la tierra se ilumina desde el cielo –esa patria de donde proviene la palabra– que con sus ángeles reacciona exultante exclamando “¡Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres amados por él!” (Lc 2,14).

A partir de esa noticia, todo cambia radicalmente: el sentido y el valor de la existencia humana se entienden cabalmente sólo desde Jesús. Si quitamos a Jesús de en medio, nos quedamos solos con nosotros mismos, en la oscuridad del universo individual y social. Y solos no podemos darnos la vida, ni producir esa luz que la ilumine y que le dé sentido. Pensemos en Vanessa, aquella niña de 3 años, atrapada en un pozo, hundida en la oscuridad, con recursos limitados e insuficientes para sobrevivir por sí misma. Su estado representa, por una parte, la impotencia de la condición humana para salvarse por sí misma; pero por otra, revela la maravillosa capacidad que tiene el ser humano de abrirse y escuchar la voz que le viene “de lo alto”: esa voz familiar y salvadora que le va indicando con vigor y ternura los pasos que debe dar para salvarse, para tener vida en plenitud.

La que prestó oído a la voz que le vino de lo alto, siguió atenta a sus indicaciones y le entregó todo su ser, fue María de Nazaret. La joven obediente a la Palabra de Dios, abierta a la vida, valiente para enfrentar las dificultades e incomprensiones del medio, acompañada por José, el joven justo y bueno, abrió las “puertas de la tierra” para que el Verbo se hiciera carne en ella y por medio de ella “el cielo habitara” entre los hombres. Desde aquel momento, la alegría más honda que experimenta el ser humano es descubrir que la vida naciente es un don de Dios, que le pertenece a él y que él decide compartirla amorosamente con el hombre.

La vida naciente es siempre consecuencia de un acontecimiento relacional, nunca es un hecho meramente individual. Por eso, la responsabilidad de la vida humana en todas sus manifestaciones es una cuestión esencialmente interpersonal y social, y en ningún caso puede dejarse librada sólo al criterio individual. La luz de la fe acompaña el argumento de la razón y la ilumina aún más, cuando nos revela que Dios establece una alianza de amor con el hombre, que esa alianza llega a su plenitud en Jesucristo, en quien la vida humana alcanza su máxima belleza y plenitud.

“Por eso, como pastores y ciudadanos, queremos reafirmar, en este camino del Bicentenario y de modo especial durante el 2011, la necesidad imperiosa de priorizar en nuestra patria el derecho a la vida en todas sus manifestaciones, poniendo especial atención en los niños por nacer, como en nuestros hermanos que crecen en la pobreza y marginalidad”, dijimos al proponer el año 2011 como el Año de la Vida.

Celebremos con júbilo el nacimiento de Jesús, porque con él nace la vida. “La noticia gozosa de este anuncio –nos recuerda el apóstol Juan– se nos ha dado para que nuestra alegría sea completa” (1Jn 1,4). (Verbum Domini, 123). 

Mons. Andrés Stanovnik, arzobispo de Corrientes

Corrientes, 20 de diciembre de 2010. 


Publicado por verdenaranja @ 23:29  | Hablan los obispos
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ZENIT  nos ofrece el mensaje que el Patriarca de Jerusalén, monseñor Fouad Twal, ha hecho llegar a los fieles del Patriarcado Latino.

Os saludo cordialmente a todos vosotros, periodistas presentes, y os doy las gracias por vuestro servicio de información y de formación, además de por el compromiso por la verdad. El mensaje del reciente Sínodo para Oriente Medio ha reconocido la importancia de vuestro papel: Apreciamos el papel de los medios de comunicación escrita y audiovisual. Os damos las gracias a vosotros, periodistas, por vuestra colaboración con la Iglesia para la difusión de sus enseñanzas y de sus actividades (Nuntius 4.4).

A todos vosotros y a todos los habitantes de Israel, Palestina, Jordania y Chipre, auguro una Feliz Navidad y Año Nuevo lleno de sorpresas, tanto a nivel mundial, como a nivel local y personal, un año de paz y de prosperidad.

Saludo a los obispos presentes: monseñor Giacinto - Boulos Marcuzzo, nuestro vicario patriarcal para Israel, y al nuevo obispo auxiliar y vicario patriarcal para Jerusalén y los Territorios Palestinos, monseñor William Shomali, que fue consagrado el pasado mayo y que ahora nos ayuda con nuevas energías en nuestra misión. Saludo también al rev. P. David Neuhaus, SJ, nuestro vicario patriarcal en Israel para la comunidad de lengua hebrea y le doy las gracias por su importante trabajo.

Como el año pasado, quisiera hacer un breve balance de los acontecimientos importantes que han marcado este año especialmente en nuestro Oriente Medio. Quisiera subrayar ante todo los aspectos positivos,aunque sin omitir los motivos de sufrimiento y de preocupación que quedan.

1. Damos las gracias al Santo Padre por haber convocado el Sínodo para Oriente Medio, celebrado en Roma del 10 al 24 de octubre. En esa ocasión pudimos poner el dedo en nuestras llagas y en nuestros miedos, pero al mismo tiempo, también expresar nuestras expectativas y nuestras esperanzas. El Sínodo invitó a los cristianos de Oriente Medio a vivir como buenos creyentes y como buenos ciudadanos.

La fe, lejos de alejarnos de la vida pública, debería hacernos estar más implicados en la edificación de nuestras respectivas sociedades, tanto en en los países árabes como en Israel. El Sínodo subrayó también la importancia del diálogo ecuménico e interreligioso. Esperemos que este diálogo pueda progresar no solamente dentro de los círculos intelectuales, entre expertos y teólogos, sino en todas las clases de la sociedad, convirtiéndose cada vez más en un diálogo de vida.

El Sínodo condenó la violencia, el fundamentalismo religioso, el antisemitismo, el antijudaísmo, el anticristianismo y la islamofobia, e invitó a las religiones a “asumir sus responsabilidades en la promoción del diálogo de las culturas y de las civilizaciones en nuestra región y en el mundo entero" (Mensaje, 11).

2. El turismo religioso y las peregrinaciones a Tierra Santa están conociendo cifras récord. Hasta el mes de noviembre de 2010 tres millones de personas han visitado Tierra Santa. Este número podría aumentar hasta alcanzar los 3.400.000 visitantes, cifra nunca alcanzada hasta ahora, ni siquiera en el año jubilar del 2000, que había obtenido, por lo demás, resultados considerables.

Esto se refleja de modo significativo la dimensión universal de Jerusalén, de Belén, de Nazaret, la buena acogida reservada a los peregrinos por nuestro pueblo y por nuestras iglesias y el trabajo de calidad llevado a cabo por los Ministerios de Turismo en Israel y en Palestina.

3. Deseo también subrayar la mejoría respecto a la obtención de visados para religiosos, seminaristas y voluntarios.

4. El pasado 7 de diciembre se retomaron los coloquios entre la Santa Sede y la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), con el objetivo de poner en práctica el Acuerdo de base estipulado en 2000. Estos se refieren principalmente a la libertad religiosa y la legislación en materia fiscal. Rezamos por el éxito de estos coloquios y de la misma forma por los que ya están en marcha con Israel.

5. Tuve el placer de visitar, el pasado noviembre, diversos países de América Latina: Chile, Argentina, Honduras y Colombia. Pude encontrarme con los obispos de estos países, con las máximas autoridades civiles, y sobre todo con nuestros fieles que viven “en diaspora”. Sólo en Chile hay más de 400.000. Se trata en su mayor parte de emigrados entre 1900 y 1950 a causa de problemas debidos a la pobreza y a las condiciones de inseguridad. Actualmente están bien integrados, muchos de ellos han expresado su disponibilidad para sostener nuestros proyectos y para venir en peregrinación a Tierra Santa.

Entre estos grandes proyectos que el Patriarcado Latino está intentando llevar a cabo, deseo mencionar el nuevo Hospital Psiquiátrico de Belén, que llevará el nombre de Benedicto XVI, la Universidad de Madaba, que comenzará su actividad el próximo octubre, y el nuevo Sitio para peregrinos en Jordania, en los lugares del Bautismo de Cristo.

6. Recientemente ha causado gran preocupación el incendio que ha devastado bosques enteros en las zonas de Haifa. Presentamos nuestras condolencias a las familias de las víctimas y expresamos nuestra admiración por el valor manifestado por aquellos que han muerto cumpliendo con su deber. En este triste acontecimiento hemos experimentado una gran solidaridad internacional. El hecho de que la Autoridad Palestina haya puesto a disposición cuadrillas de bomberos ha sido además un gesto muy significativo. Puede representar el comienzo de una colaboración fructífera que esperamos que pueda continuar en condiciones favorables, cuando la paz tan deseada reine sobre esta tierra martirizada.

7. Al respecto, nos hace sufrir el fracaso de las conversaciones de paz dirigidos entre Israel y la Autoridad Palestina. Pero este fracaso no puede dejarnos en la desesperación. Seguimos creyendo que en ambas partes en conflicto, así como en la comunidad internacional, hay personas de buena voluntad, que se prodigarán para unir sus energías y su compromiso por la paz. Creemos que nada es imposible para Dios y deseamos que pueda cumplirse el deseo pronunciado por los ángeles la noche de Navidad: “¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz a los hombres amados por él” (Lc 2,14). Deseamos al mismo tiempo que Europa pueda jugar un papel más importante en este proceso.

8. Hemos quedado afectados y turbados frente a la masacre llevada a cabo contra los cristianos de Bagdad en la Iglesia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Estas víctimas inocentes se añaden a las miles de víctimas del fundamentalismo y de la violencia, plagas que están afligiendo a Iraq. Deseo por tanto referirme a las palabras pronunciadas por el Santo Padre Benedicto XVI en esa ocasión: “Ante los crueles episodios de violencia, que siguen devastando las poblaciones de Oriente Medio, quisiera finalmente renovar mi llamamiento apremiante a la paz: esta es don de Dios, pero es también el resultado de los esfuerzos de los hombres de buena voluntad, de las instituciones nacionales e internacionales. ¡Que todos unan sus fuerzas para que termine toda violencia!

Queridos amigos, dejadme terminar este mensaje formulando mis cordiales augurios de una reconciliación entre nuestros pueblos, entre israelíes y palestinos. Es tiempo de comprometerse juntos por una paz sincera, justa y definitiva.

Que la alegría de la Navidad se difunda en vuestros corazones. Feliz Navidad.

+Fouad Twal, Patriarca Latino


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Reflexión de monseñor Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús para el programa radial "Compartiendo el Evangelio", para el 4º domingo de Adviento (19 de diciembre de 2010). (AICA)

UN MISTERIO PARA VIVIRLO RELIGIOSAMENTE

Evangelio según San Mateo 1, 18-24 (ciclo A) 

“Este fue el origen de Jesucristo:
María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto. Mientras pensaba en esto, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: ‘José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados. Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por el Profeta: La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel, que traducido significa: Dios con nosotros.’ Al despertar, José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa”. 

Estamos en la antesala del misterio único, inédito y original: el Dios que viene a visitarnos; el Dios que se hace hombre y que toma nuestra naturaleza humana, en todo igual menos en el pecado y asume una cultura, una historia, un tiempo; asume todo lo que es contemporáneo de aquél entonces: Jesús el Hijo de Dios, el Hijo de María Virgen.

Es algo misterioso porque su naturaleza es judía, judaica, del mismo color, la misma piel, las mismas costumbres, pero es el Hijo de Dios. Y la Virgen María también es judía, con la misma cultura. Pero nos muestran algo extraordinario: cómo cada uno de ellos, el Señor -en lo divino y lo humano-, la Virgen y San José, cumple con la voluntad de Dios.

Fijémonos: José es visitado por el ángel, ante la duda que él podría tener, y sin embargo el ángel le dice “no temas en recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en Ella proviene del Espíritu Santo”; José es el “varón justo” que cuida a la Virgen y va a custodiar a su Hijo, a Jesús, al Cristo, al Mesías.

María es la mujer elegida desde siempre por Dios para ser la Madre del Salvador. El sí de María es algo extraordinario; Ella, no conociendo varón, no sabiendo cómo sucederían estas cosas, dice SI a Dios y va a dar a luz el Hijo a quien se le pondrá el nombre de Jesús, “pues El salvará al pueblo de todos sus pecados”

Este misterio se entiende desde la fe.

Este misterio se vuelve a repetir.

Este misterio hay que vivirlo religiosamente y cada uno de nosotros tiene que abrir el corazón, abrir la mente porque viene Dios a visitarnos; entra en su casa; entra en mi casa; entra en nuestro corazón ¡nos toca!

¡Entra la luz y tienen que desaparecer las tinieblas!

¡Entra la gracia y tiene que haber una conversión!

¡Entra la Verdad y tenemos que alejarnos de la mentira!

¡Entra el amor y hay que aprender a vivirlo y perdonar a los demás!

¡Entra la paz y no seamos generadores de violencias, de incertidumbres, de perplejidades!

Ante la proximidad de la Navidad, pidamos al Señor que nazca en nuestro corazón y en nuestra vida. Si se lo permitimos y ponemos los medios, yo les aseguro y les prometo que no se van a arrepentir, porque lo de Dios es extraordinario, es gozoso, es el único que puede colmar nuestra alma y nuestro corazón.

Les dejo mi bendición, en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén 

Mons. Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús 


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viernes, 14 de enero de 2011

Homilía de monseñor Raúl Martorell, obispo de Puerto Iguazú, para el 4º domingo de Adviento (19 de diciembre de 2010). (AICA)

¡OH EMMANUEL, VEN A SALVARNOS, REY Y SEÑOR NUESTRO, VEN A SALVARNOS!              

El último domingo de adviento nos introduce en el nacimiento del Salvador y nos hace ver cuán grande es el Señor y su obra. Dios viene a nosotros hecho carne asumiendo la humanidad y trayendo en ella los dones de las promesas mesiánicas. Isaías nos presenta la famosa promesa sobre el Emmanuel, dirigida en un momento particular de Israel al impío rey Acaz, quien se niega a creer que Dios puede sacar al pueblo de la situación que está viviendo y entonces Isaías, para demostrarle que Dios puede hacer eso y cosas más grandes, le dice: “El Señor mismo os dará por eso una señal: He aquí que una virgen encinta dará a luz y le llamará Emmanuel” (Is.7,14). Algunos dicen que esta profecía se refiere al heredero del trono, pero nada de esto ocurre entonces y solamente se realizará siete siglos más tarde con el nacimiento de Jesús.

El evangelio de San Mateo confirma esta interpretación, cuando al concluir la narración del nacimiento milagroso y virginal de Jesús, dice: “Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que el Señor había anunciado por el profeta. He aquí que una virgen concebirá y dará a luz un hijo y se le pondrá por nombre Emmanuel, que quiere decir –Dios con nosotros-“ (Mt. 1,22-23).

Mateo escribe para el pueblo judío y como judío conoce las Escrituras y sobre todo las profecías del pueblo y espera -como espera el pueblo- que éstas se cumplan, y al escribir la luz del Espíritu que guía sus manos, le hace demostrar que Jesús es el Mesías, que es verdadero hombre, hijo de David, hijo de Abraham y narrando su nacimiento de María Virgen, hecha madre por “obra del Espíritu Santo” (Ib. 18). Afirma que Jesús es verdaderamente Dios, declarando, conforme a la profecía de Isaías que es el Salvador prometido por los profetas, el Emmanuel, Dios con nosotros.

San Pablo siguiendo la línea de los profetas y de San Mateo, proclama a Jesús “nacido de la descendencia de David según la carne” (Rom.1,3) y que es” Hijo de Dios”, como siervo del evangelio, resume toda la vida y la obra del salvador, desde su nacimiento en la carne hasta su resurrección gloriosa y el poder de santificar a los hombres. El misterio de Cristo es uno, comienza en Belén y culmina en la Pascua; pero la Navidad ilumina la Pascua y todo el misterio de Cristo en cuanto nos revela los orígenes y la naturaleza del que morirá en la cruz para la salvación del mundo; es el Hijo de Dios, el Verbo Encarnado.

Vivir la Navidad es vivir todo el misterio de Cristo y recibir la gracia de prepararse de todo corazón para renacer con Cristo a una vida nueva, después de la Navidad somos hombres nuevos que tenemos una vida nueva para ser vivida con intensidad en la gracia y los sacramentos. No nos permitamos hacer de la navidad una fiesta más que tradicionalmente festejamos, ni menos aún una fiesta pagana. Hagamos de ella lo que ella es y significa: el recuerdo vivo del nacimiento de Jesús, y con el, el nacimiento de una vida nueva que se centra en la esperanza de un mundo mejor, reavivemos nuestra fe en el Señor del cielo y de la tierra, y renovemos en nuestros corazones la alegría de sabernos hombres y mujeres nuevos, jóvenes y niños con la esperanza puesta en que Jesús que nace hará renacer en nuestros corazones y en nuestras mentes el deseo y la esperanza de un mundo mejor, del cual con Jesús podemos cambiar, un mundo pacifico en la construcción de un amor que no se desgasta por el tiempo, que cada día podemos hacer florecer con más fuerza. Que los ancianos y los que están enfermos se llenen en sus corazones, con la certera esperanza de que el Señor de la Misericordia viene a salvarnos.

Que la Virgen Madre de Belén nos acerque a Jesús que nace y nos regala una vida nueva. 

Mons. Marcelo Raúl Martorell, obispo Puerto Iguazú 


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Llamado de los obispos ante el avance del juego  
Buenos Aires, 21 Dic. 10 (AICA

El juego se torna peligroso

Introducción

     Los Obispos de la Argentina hemos querido dedicar el año 2011 a resaltar el valor de la vida humana y su dignidad inviolable. Todo lo que agreda o limite la dignidad de la vida personal y social es un obstáculo en el camino de plenitud al cual estamos llamados. Uno de los valores fundamentales para ello es la libertad, tan apreciada por nuestra sociedad. Anhelamos ser libres de toda atadura. Por eso hoy queremos expresar nuestra inquietud y dolor por un flagelo creciente para muchas familias: la adicción al juego de azar.

1. Una oferta que crece y enriquece a unos pocos

     En el Documento "Hacia un Bicentenario en justicia y solidaridad 2010-2016", hemos señalado con preocupación que "en todo el país se ha multiplicado la oferta del juego de azar", lo cual puede favorecer actitudes adictivas. Nos referimos en estas reflexiones al juego como estructura lucrativa, sea privada o estatal, con sus diferencias según el caso.

     Vemos como han proliferado los casinos, los bingos, unidos al fabuloso negocio de las máquinas tragamonedas, aun en cercanías a barrios pobres. También se han sobremultiplicado las cuantiosas ofertas de juegos de apuestas en locales de lotería. Asimismo, el fenómeno de las nuevas tecnologías, como Internet, hace emerger nuevas y cada vez más masivas formas de juego.

     Es importante hablar sin eufemismos. El juego de azar es un negocio que mueve gran cantidad de dinero para beneficio de unos pocos en detrimento de muchos, especialmente de los más pobres.

     Sabemos también de la vinculación de esta actividad con el lavado de dinero proveniente del tráfico de drogas, armas, personas. La problemática es vasta y compleja.

2. Las graves consecuencias personales, familiares y sociales del juego

     El Estado debe garantizar la protección integral de la familia. Quien se apasiona en el juego puede arriesgar y perder aquello que pertenece también a su cónyuge y sus hijos. Es una acción que daña la comunión familiar, y lleva muchas veces a discusiones, reproches y peleas. Cuando la situación se torna incontrolable, aparecen las conductas adictivas. La ludopatía es una enfermedad emocional de naturaleza progresiva. Quien padece esta patología suele tener baja estima de sí mismo. Desde esta perspectiva hay una raíz común con otras adicciones.

     En esta situación de debilidad, es perjudicial que de diversas maneras se promueva la ilusión de "salvarse" o solucionar todos los problemas económicos con un "golpe de suerte". Sin embargo, pocas veces se muestra la cantidad de personas que han jugado lo necesario para el sustento familiar para que sólo algunos pocos obtengan un premio. Persiguiendo una fantasía irreal de ganar dinero sin esfuerzo se llega al golpe de la desilusión. Por lo general se comienza con pequeñas sumas que llevan a la peligrosa vorágine de no saber parar hasta caer en otra ilusión: "recuperar lo perdido". Somos testigos de hermanas y hermanos que nos han contado de la pérdida hasta de sus propios hogares por esta adicción.

3. Propuestas de acción

     -En varias ocasiones, se dice que un porcentaje de las actividades del juego es la fuente de recursos económicos para el sostenimiento de algunos planes sociales en sus diversos niveles nacional, provincial y municipal. Debemos recordar que el fin no justifica los medios. Además es bueno clarificar que un gran porcentaje de lo recaudado del juego favorece los bolsillos de unos pocos, y solo una parte mínima se destina a ayuda social para los más pobres (muchos de los cuales han jugado con expectativa de ganar para "salvarse"). ¿No sería bueno pensar gradualmente en fuentes de financiamiento más adecuadas?

     -El rol del Estado es central en esta problemática. Por un lado, debe dedicar recursos económicos para atender los efectos de esta adicción. Por otro, tiene que regular con transparencia la actividad del juego de azar con límites de horarios y lugares de funcionamiento, cuidando especialmente a los pobres. Es muy importante fortalecer la moral del pueblo y evitar toda sospecha de corrupción.

     -Es fundamental el papel de la educación y prevención. La familia, las comunidades religiosas, las escuelas, los clubes; tenemos que mostrar la belleza de la existencia y fortalecer lazos afectivos y sociales. Hemos de fomentar espacios de encuentros familiares, festivos, deportivos.

     - Si el adicto es un enfermo, hay que abrazarlo con ternura y ayudarle a su recuperación. Hay varios caminos posibles, según el grado de la patología y la necesidad de la persona. Algunos requieren un tratamiento integral que incluya tres pilares: el médico-psiquiátrico, la terapia psicológica y la integración en grupos de autoayuda (muchos de los cuales funcionan en nuestras parroquias).

     - "No podemos olvidar que la mayor pobreza es la de no reconocer la presencia del misterio de Dios y de su amor en la vida del hombre, que es lo único que verdaderamente sana y libera" (Documento de Aparecida, 405). En el camino de sanación es vital desplegar la dimensión religiosa del ser humano. Esto también es una constatación de las comunidades terapéuticas. La experiencia de encuentro con Dios Padre y Misericordioso, sana las heridas de la vida y es fortaleza para reconstruir la persona y restablecer lazos familiares y de amistad.

4. Con el Bicentenario 2010-2016 como horizonte

      Nos proponemos para la próxima Cuaresma realizar una campaña de concientización en todas nuestras comunidades acerca de los peligros y daños a la vida digna que encierra esta adicción.

     Con esta carta buscamos compartir nuestras reflexiones y generar conciencia sobre lo dañino y perverso de la proliferación de estas ofertas del juego y sus consecuencias, porque constituyen un serio obstáculo social, político, moral y cultural para erradicar la pobreza y promover el desarrollo integral de todos.

     Reconocemos con San Pablo que "hemos sido llamados para vivir en libertad" (Gal. 5,13). Fomentar nuevas esclavitudes no nos hará más libres ni más hermanos.

     En las cercanías de la Navidad imploramos la bendición de Dios para todo el pueblo argentino.
 

157ª Comisión Permanente

Adviento 2010 


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Texto del micro radial de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, emitido por LT 9 (18 de diciembre de 2010). (AICA)

LA NAVIDAD NOS INVITA A VIVIR COMO HERMANOS            

Próximos a la celebración de la Navidad, que es un tiempo de paz y esperanza para nuestro pueblo, recordamos que Dios en Jesús de Nazareth, se hizo uno de nosotros y eligió el camino de la pequeñez y la pobreza.

Los acontecimientos de estos últimos días han puesto en los corazones de millones de argentinos, la evidencia de serios problemas que manifiestan signos de fragmentación social: la persistencia de la pobreza e inequidad, la dificultad para el diálogo, la violencia y la agresión, el desprecio a los migrantes. Esta situación se presta a diversas manipulaciones que hieren en lo profundo la dignidad humana y acrecientan aún más la injusticia.

Se hace patente el drama de la falta de una vivienda digna, como también de gente que vive y duerme en las calles. A esto se suma la preocupante situación en varias regiones del país, de comunidades aborígenes y campesinas que son desplazadas de sus lugares de trabajo y subsistencia, y terminan engrosando los cordones de pobreza de varias ciudades.

Como hombres de fe, queremos hacer un llamado a todos los argentinos y hermanos de otros países que habitan nuestro suelo:

1. El reconocimiento de Dios como lo hicieron nuestros Constituyentes es la garantía y la base sobre la que se construye nuestra sociedad. La invocación a Dios como Padre nos ayuda a respetarnos y amarnos como hermanos.

2. Reafirmemos el derecho primario a la vida, como a la integridad física y moral de toda persona.

3. Recuperemos la vigencia y el sentido de los valores morales como fundamento de la convivencia social.

4. Trabajemos por la dignidad humana, para erradicar la pobreza y promover el desarrollo integral.

5. Renovemos el compromiso por el bien común y el fortalecimiento del Estado y las Instituciones de la República. Como hemos afirmado tantas veces, sólo el diálogo sincero es el camino que nos aleja del enfrentamiento y la violencia.

En la Navidad del Bicentenario recemos al Niño Jesús que nació en una familia pobre y sin lugar entre las casas de Belén. 

Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz 


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ZENIT publica el comentario al Evangelio del próximo domingo, segundo del tiempo ordinario (Juan 1, 29-34), 16 de enero, redactado por monseñor Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo.

Evangelio del domingo: Un Cordero de mansedumbre y fortaleza

Retomamos el tiempo ordinario y volvemos a la trayectoria de Jesús en su vida pública que a lo largo del año litúrgico se nos propondrá. La primera escena tiene lugar a orillas del Jordán, continuando lo que vimos el domingo pasado en el Bautismo de Jesús. Juan, el precursor del Maestro, utiliza una expresión muy querida para cualquier hebreo religioso: «Al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo» (Jn 1,29).

         Los ojos del evangelista que relata este momento quedarán prendados, como quien encuentra finalmente a Aquél que esperaba. De hecho, tanto Juan como Andrés seguirán a ese Cordero, y preguntándole dónde vivía se quedarían con Él aquel día y para siempre. Era el encuentro que sigilará todas sus búsquedas y  que dará cumplimiento a todas sus esperas. Por ello, con una extraña anotación cargada de fidelidad, anotará muchos años después cuando escriba su evan­gelio, que este encuentro tan decisivo sucedió a las cuatro de la tarde (Jn 1,37-39). Como siempre sucede con todo verdadero amor, hace memoria emocionada del primer instante de una historia que permanece y que ha marcado el resto de la existencia.

         El Evangelio de Juan, desarrollará este momento inicial a través de los diferentes encuentros entre el Cordero Jesús y las personas que se cruzarán en su camino. Todos ellos recibirán la liberación de su des-gracia sea cual sea su nombre (oscuridad, sed, enfermedad, confusión... pecado), con tal que la confiesen, con tal que no la maquillen ni la disfracen, y reconozcan en Jesús a quien trae la Gracia eficaz para todas sus des-gracias impotentes. Por esta razón, en aquel momento no estaban los que des­pués a lo largo del Evangelio de Juan van a aparecer como los difidentes de Jesús, los prejuiciosos de sus signos y palabras, los enemigos de su vida.

           Hay una llamada a reconocernos ante el Cordero que quita los pecados, que nos señala y nos denuncia los pecados de nuestra época y los traspiés de nuestra genera­ción: la mentira, la injusticia, el hedonismo en todas sus formas, el egoísmo disfrazado de cultura de bienestar, las corrupciones oficiales y oficiosas, la matanza de la belleza y de la vida... Y todo esto no para apabullarnos y hacernos pesimistas o reaccionarios, sino para señalarnos y anunciarnos que hay otro modo de vivir y convivir, otra ma­nera de hacer un mundo habitable, otro camino para responder a nuestras preguntas de felicidad: el que nace del reconocimiento de este Cordero y de la adhesión a su vida y su palabra. Este es el Cordero, el que quita nuestros pecados. Por eso hay esperanza.


Publicado por verdenaranja @ 21:44  | Espiritualidad
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Lectio divina para el sabado de la primera semana del Tiempo ordinario, ofrecida por laDelegación Diocesana de liturgia de la diócesis de Tenerife.

LECTURA:       “Marcos 2, 13-17”

     En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo a la orilla del lago; la gente acudía a él y les enseñaba. Al pasar vio a Leví, el de Alfeo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: Sígueme. Se levantó y lo siguió.

     Estando Jesús a la mesa en su casa, de entre los muchos que lo seguían un grupo de recaudadores y otra gente de mala fama se sentaron con Jesús y sus discípulos.

     Algunos letrados fariseos, al ver que comía con recaudadores y otra gente de mala fama, les dijeron a los discípulos: ¡De modo que come con recaudadores y pecadores! Jesús lo oyó y les dijo: No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar justos, sino pecadores.

MEDITACIÓN:             “Sígueme”

            Esta palabra va a resonar casi insistentemente, de una manera o de otra. Has venido para que te sigamos, no  porque te interese rodearte de un corte de gente que avale tu poder, sino porque quieres que todos se salven, que todos entren en la corriente de la vida, del amor.

            Y aquí va a venir el problema, porque tú lo tienes claro, pero nosotros no. Y lo cierto es que no es tan fácil como parece. Lo lógico, si es que cabe la palabra, es que los buenos, entre comillas, estén con los buenos y los malos con los malos. Pero no es esa tu manera de pensar. Tú eres bueno, eres el bueno, aunque quisiste dejar esa palabra en exclusiva para Dios, y te mezclaste con los malos, porque, sencillamente, venías a sanar, a curar, a salvar lo que estaba perdido.

            Lo malo, o lo curioso, es que ahí entramos todos, a diferentes niveles, pero los “buenos” no lo entendían así, ni entonces ni ahora y, por eso, seguimos creando barreras, cuando tú a lo que venías era a eliminarlas. Y así comías con gente de “mala fama” y llamabas a publicanos y otros de nada buena reputación a ser, nada más y nada menos, que discípulos tuyos, cosa que si hubiese dependido de nosotros jamás se habría producido.

            Y hoy, tanto dentro como fuera de la Iglesia, seguimos pensando que aquí sólo tenemos que estar los “buenos” y cuando se demuestra que no, que estamos los pobres pecadores, nos echamos las manos a la cabeza, otros nos tiran piedras, y yo te doy gracias porque siendo pecador me permites seguirte cada día, arrastrando mis miserias, pero intentando aprender de ti, acogiendo tu perdón y sintiendo la fuerza, la única fuerza de alguien que me acoge en mi pobreza pero cada día me abre a la grandeza de mi dignidad invitándome a seguirte incansablemente.

ORACIÓN:            “Convertirme”

            Qué sería de mí si no aceptases en tu seguimiento a los pecadores. Gracias, Señor, gracias. Ya sé que eso no significa que todo vale en mi caminar. No. Cada día resuene en mi corazón tu llamada a convertirme, tu llamada a amar, tu llamada a ser perfecto como lo es Dios. Y yo, bien sabes que lo deseo, aunque mis pasos sean lentos, torpes, a veces equivocados, muy equivocados. Pero te doy las gracias, porque sigues dándome cada día una nueva oportunidad.

            Por eso, también mi petición de perdón se eleva a ti desde le experiencia dolorosa de mis contradicciones y mis infidelidades. Sigue derramando en mi corazón la fuerza de tu Espíritu para que no cese en el empeño, para que siga confiando en tu llamada y en tu palabra. Gracias, Señor.

CONTEMPLACIÓN:             “Incansable”

Sigues saliendo a mi encuentro
cada amanecer
Para invitarme a caminar contigo,
para sentarte conmigo a la mesa.

Y hasta te has atrevido
a hacerte mi alimento.

Alimento que sana y que salva,
alimento que hace latir el corazón
al ritmo del amor de Dios.

Y aunque yo lo intente apagar
vuelves a llamar a mi puerta,
¡incansable!,
para decirme. “Sígueme”


Publicado por verdenaranja @ 16:42  | Liturgia
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jueves, 13 de enero de 2011

ZENIT nos ofrece el mensaje que el Papa Benedicto XVI hizo público el sábado 18 de diciembre DE 2010, con motivo de la XIX Jornada Mundial del Enfermo, que se celebrará el próximo 11 de febrero de 2011.

"Por sus llagas habéis sido curados" (1Pe 2,24)

¡Queridos hermanos y hermanas!

Cada año, en la celebración de la memoria de la Beata Virgen de Lourdes, que se celebra el 11 de febrero, la Iglesia propone la Jornada Mundial del Enfermo. Esta circunstancia, como quiso el venerable Juan Pablo II, se convierte en una ocasión propicia para reflexionar sobre el misterio del sufrimiento y, sobre todo, para hacer a nuestras comunidades y a la sociedad civil más sensibles hacia los hermanos y las hermanas enfermos. Si cada hombre es hermano nuestro, tanto más el débil, el sufriente y el necesitado de cuidados deben estar en el centro de nuestra atención, para que ninguno de ellos se sienta olvidado o marginado: de hecho, “la medida de la humanidad se determina esencialmente en la relación con el sufrimiento y con el que sufre. Esto vale tanto para el individuo como para la sociedad. Una sociedad que no consigue aceptar a los que sufren y que no es capaz de contribuir mediante la compasión a hacer que el sufrimiento sea compartido y llevada también interiormente es una sociedad cruel e inhumana" (Carta enc. Spe salvi, 38). Las iniciativas que serán promovidas en cada diócesis con ocasión de esta Jornada, sean de estímulo para hacer cada vez más eficaz el cuidado hacia los que sufren, de cara también a la celebración de modo solemne, que tendrá lugar, en 2013, en el Santuario mariano de Altötting, en Alemania.

1. Llevo aún en el corazón el momento en que, en el transcurso de la visita pastoral a Turín, pude estar en reflexión y oración ante la Sagrada Síndone, ante ese rostro sufriente, que nos invita a meditar sobre Aquel que llevó sobre sí la pasión del hombre de todo tiempo y de todo lugar, y también nuestros sufrimientos, nuestras dificultades, nuestros pecados. ¡Cuántos fieles, en toda la historia, han pasado ante ese lienzo sepulcral, que envolvió el cuerpo de un hombre crucificado, que corresponde en todo a lo que los Evangelios nos transmiten sobre la pasión y muerte de Jesús! Contemplarlo es una invitación a reflexionar sobre lo que escribe san Pedro: “Por sus llagas habéis sido curados" (1Pe 2,24). El Hijo de Dios sufrió, murió, pero ha resucitado, y precisamente por esto esas llagas se convierten en el signo de nuestra redención, del perdón y de la reconciliación con el Padre; se convierten también, sin embargo, en un banco de prueba para la fe de los discípulos y para nuestra fe: cada vez que el Señor habla de su pasión y muerte, ellos no comprenden, rechazan, se oponen. Para ellos, como para nosotros, el sufrimiento permanece siempre lleno de misterio, difícil de aceptar y de llevar. Los dos discípulos de Emaús caminan tristes por los acontecimientos sucedidos aquellos días en Jerusalén, y sólo cuando el Resucitado recorre el camino con ellos, se abren a una visión nueva (cfr Lc 24,13-31). También al apóstol Tomás le cuesta creer en la vía de la pasión redentora: “Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré" (Jn 20,25). Pero frente a Cristo que muestra sus llagas, su respuesta se transforma en una conmovedora profesión de fe: “¡Señor mío y Dios mío!" (Jn 20,28). Lo que antes era un obstáculo insuperable, porque era signo del aparente fracaso de Jesús, se convierte, en el encuentro con el Resucitado, en la prueba de un amor victorioso: “Sólo un Dios que nos ama hasta tomar sobre sí nuestras heridas y nuestro dolor, sobre todo el inocente, es digno de fe" (Mensaje Urbi et Orbi, Pascua 2007).

2. Queridos enfermos y sufrientes, es precisamente a través de las llagas de Cristo como nosotros podemos ver, con ojos de esperanza, todos los males que afligen a la humanidad. Resucitando, el Señor no ha quitado el sufrimiento ni el mal del mundo, sino que los ha vencido de raíz. A la prepotencia del mal ha opuesto la omnipotencia de su Amor. Nos indicó, así, que el camino de la paz y de la alegría es el Amor: "Así como yo os he amado, amaos también vosotros los unos a los otros" (Jn 13,34). Cristo, vencedor de la muerte, está vivo en medio de nosotros. Y mientras con santo Tomás decimos también nosotros: “¡Señor mío y Dios mío!", sigamos a nuestro Maestro en la disponibilidad de dar la vida por nuestros hermanos (cfr 1 Jn 3,16), siendo así mensajeros de una alegría que no teme el dolor, la alegría de la Resurrección.

San Bernardo afirma: "Dios no puede padecer, pero puede compadecer". Dios, la Verdad y el Amor en persona, quiso sufrir por nosotros y con nosotros; se hizo hombre para poder com-padecer con el hombre, de modo real, en carne y sangre. En cada sufrimiento humano, ha entrado Uno que comparte el sufrimiento y la soportación; el cada sufrimiento se difunde la con-solatio, la consolación del amor partícipe de Dios para hacer surgir la estrella de la esperanza (cfr Carta enc. Spe salvi, 39).

A vosotros, queridos hermanos y hermanas repite este mensaje, para que seáis testigos de ello a través de vuestro sufrimiento, vuestra vida y vuestra fe.

3. Mirando a la cita de Madrid, en el próximo agosto de 2011, para la Jornada Mundial de la Juventud, quisiera dirigir también un pensamiento particular a los jóvenes, especialmente a aquellos que viven la experiencia de la enfermedad. A menudo la Pasión, la Cruz de Jesús dan miedo, porque parecen ser la negación de la vida. ¡En realidad, es exactamente al contrario! La Cruz es el “sí” de Dios al hombre, la expresión más alta y más intensa de su amor y la fuente de la que brota la vida eterna. Del corazón atravesado de Jesús ha brotado esta vida divina. Solo Él es capaz de liberar el mundo del mal y de hacer crecer su Reino de justicia, de paz y de amor al que todos aspiramos (cfr Mensaje para la Jornada Mundial de la Juventud 2011, 3). Queridos jóvenes, aprended a “ver” y a “encontrar” a Jesús en la Eucaristía, donde está presente de modo real por nosotros, hasta el punto de hacerse alimento para el camino, pero también sabedlo reconocer y servir en los pobres, en los enfermos, en los hermanos sufrientes y en dificultad, que necesitan vuestra ayuda (cfr ibid., 4). A todos vosotros jóvenes, enfermos y sanos, repito la invitación a crear puentes de amor y de solidaridad, para que nadie se sienta solo, sino cercano a Dios y parte de la gran familia de sus hijos (cfr Audiencia general, 15 de noviembre de 2006).

4. Contemplando las llagas de Jesús, nuestra mirada se dirige a su Corazón sacratísimo, donde se manifiesta en sumo grado el amor de Dios. El Sagrado Corazón es Cristo crucificado, con el costado abierto por la lanza del que brotan sangre y agua (cfr Jn 19,34), "símbolo de los sacramentos de la Iglesia, para que todos los hombres, atraídos al Corazón del Salvador, beban con alegría de la fuente perenne de la salvación" (Misal Romano, Prefacio de la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús). Especialmente vosotros, queridos enfermos, sentid la cercanía de este Corazón lleno de amor y bebes con fe y alegría de esta fuente, rezando: “Agua del costado de Cristo, lávame. Pasión de Cristo, fortifícame. Oh buen Jesús, escuchame. En tus llagas, escóndeme" (Oración de san Ignacio de Loyola).

5. Al término de este Mensaje mío para la próxima Jornada Mundial del enfermo, deseo expresar mi afecto a todos y a cada uno, sintiéndome partícipe de los sufrimientos y de las esperanzas que vivís cotidianamente en unión con Cristo crucificado y resucitado, para que os de la paz y la curación del corazón. Junto a él vele a vuestro lado la Virgen María, a la que invocamos con confianza Salud de los enfermos y Consoladora de los afligidos. A los pies de la Cruz se realiza para ella la profecía de Simeón: su corazón de Madre está atravesado (cfr Lc 2,35). Desde el abismo de su dolor, participación en el del Hijo, María ha sido hecha capaz de acoger la nueva misión: ser la Madre de Cristo en sus miembros. En la hora de la Cruz, Jesús le presenta a cada uno de sus discípulos diciéndole: “He ahí a tu hijo” (cfr Jn 19,26-27). La compasión maternal hacia el Hijo se convierte en compasión maternal hacia cada uno de nosotros en nuestros sufrimientos cotidianos (cfr Homilía en Lourdes, 15 de septiembre de 2008).

Queridos hermanos y hermanas, en esta Jornada Mundial del enfermo, invito también a las Autoridades para que inviertan cada vez más energías en estructuras sanitarias que sean de ayuda y de apoyo a los que sufren, sobre todo a los más pobres y necesitados, y dirigiendo mi pensamiento a todas las diócesis, envío un afectuoso saludo a los obispos, a los sacerdotes, a las personas consagradas, a los seminaristas, a los agentes sanitarios, a los voluntarios y a todos aquellos que se dedican con amor a curar y aliviar las llagas de cada hermano o hermana enfermos, en los hospitales o residencias, en las familias: que en el rostro de los enfermos sepáis ver siempre el Rostro de los rostros: el de Cristo.

Aseguro a todos mi recuerdo en la oración, mientras que imparto a cada uno una especial Bendición Apostólica.

En el Vaticano, 21 de noviembre de 2010, Fiesta de Cristo Rey del Universo.

BENEDICTUS PP XVI

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 23:01  | Habla el Papa
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ZENIT  nos ofrece el discurso de felicitación de Navidad a los cardenales y miembros de la Curia Roma, a a quienes recibió el lunes, 20 e Diciembre de 2010, en la Sala Regia del Palacio Apostólico.

Señores cardenales,
venerados hermanos en el Episcopado y en el Sacerdocio,
queridos hermanos y hermanas

Me encuentro con vosotros con vivo agrado, queridos Miembros del Colegio Cardenalicio, representantes de la Curia Romana y de la Gobernación, para esta cita tradicional. Os dirijo a cada uno un cordial saludo, empezando por el cardenal Angelo Sodano, a quien doy las gracias por las expresiones de devoción y de comunión, y por los fervientes augurios que me ha dirigido en nombre de todos. Prope est jam Dominus, venite, adoremus! Contemplamos como una única familia el misterio del Emmanuel, del Dios-con-nosotros, como dijo el cardenal decano. Os devuelvo de buen grado vuestras felicitaciones y deseo agradeceros vivamente a todos, incluyendo a los representantes pontificios diseminados por el mundo, la aportación competente y generosa que cada uno presta al Vicario de Cristo y a la Iglesia.

"Excita, Domine, potentiam tuam, et veni" – con estas palabras y otras similares, la liturgia de la Iglesia reza repetidamente en los días del Adviento. Son invocaciones formuladas probablemente en el periodo de decadencia del Imperio Romano. La descomposición de los ordenamientos que sostenían el derecho y de las actitudes morales de fondo, que daban fuerza a aquellos, causaban la ruptura de los márgenes que hasta aquel momento habían protegido la convivencia pacífica entre los hombres. Un mundo estaba desapareciendo. Frecuentes cataclismos naturales aumentaban aún más esta experiencia de inseguridad. No se veía fuerza alguna que pudiese frenar aquel ocaso. Tanto más insistente era la invocación del poder propio de Dios: que Él viniera y protegiera a los hombres de todas estas amenazas.

"Excita, Domine, potentiam tuam, et veni". También hoy tenemos nosotros muchos motivos para asociarnos a esta oración de Adviento de la Iglesia. El mundo, con todas sus nuevas esperanzas y posibilidades, está al mismo tiempo angustiado por la impresión de que el consenso moral se está disolviendo, un consenso sin el cual las estructuras jurídicas y políticas no funcionan; en consecuencia, las fuerzas movilizadas para la defensa de estas estructuras parecen estar destinadas al fracaso.

Excita – la oración recuerda el grito dirigido al Señor, que estaba durmiendo en la barca de los discípulos zarandeada por la tempestad y a punto de hundirse. Cuando su palabra poderosa hubo aplacado la tempestad, Él reprochó a los discípulos por su poca fe (cfr Mt 8,26 y par.). Quería decir: en vosotros mismos, la fe se ha dormido. Lo mismo quiere decirnos también a nosotros. También en nosotros la fe a menudo se duerme. Pidámosle por tanto que nos despierte del sueño de una fe que se ha vuelto cansada y que vuelva a dar a nuestra fe el poder de mover las montañas -es decir, de dar el orden justo a las cosas del mundo.

"Excita, Domine, potentiam tuam, et veni": en las grandes angustias, a la que hemos sido expuestos este año, esta oración de Adviento me ha vuelto siempre al corazón y a los labios. Con gran alegría habíamos comenzado el Año sacerdotal y, gracias a Dios, pudimos concluirlo también con gran agradecimiento, a pesar de que se llevara a cabo de forma tan distinta a como esperábamos. En nosotros los sacerdotes, y en los laicos, y precisamente también en los jóvenes, se ha renovado la conciencia de qué don representa el sacerdocio de la Iglesia católica, que el Señor nos ha confiado. Nos hemos dado cuenta nuevamente de qué bello es que los seres humanos hayamos sido autorizados a pronunciar, en nombre de Dios y con pleno poder, la palabra del perdón, y seamos así capaces de cambiar el mundo, la vida; qué hermoso es que los seres humanos hayamos sido autorizados a pronunciar las palabras de la consagración, con las que el Señor atrae hacia sí un trozo de mundo, y en cierta forma lo transforme en su sustancia; qué hermoso es poder estar, con la fuerza del Señor, cerca de los hombres en sus alegrías y sufrimientos, tanto en las horas importantes como en las horas oscuras de la existencia; qué hermoso es tener en la vida como tarea no esto o lo otro, sino sencillamente el ser mismo del hombre – para ayudarle a que se abra a Dios y que viva a partir de Dios. Por eso hemos sido turbados cuando, precisamente en este año y en una dimensión inimaginable para nosotros, hemos tenido conocimiento de abusos contra menores cometidos por sacerdotes, que trabucan el Sacramento en su contrario: bajo el manto de lo sagrado hieren profundamente a la persona humana en su infancia y le acarrean un daño para toda la vida.

En este contexto, me venía a la mente una visión de santa Hildegarda de Bingen que describe de forma conmovedora lo que hemos vivido este año: “En el año 1170 después del nacimiento de Cristo estuve durante largo tiempo enferma en la cama. Entonces, física y mentalmente despierta, vi a una mujer de una belleza tal que la mente humana no era capaz de comprender. Su figura se erguía desde la tierra hasta el cielo. Su rostro brillaba con un resplandor sublime. Su mirada estaba dirigida al cielo. Estaba vestida con una túnica luminosa y radiante de seda blanca y un manto guarnecido de piedras preciosas. En los pies calzaba zapatos de ónice. Pero su rostro estaba embadurnado de polvo; su vestido, por el lado derecho, estaba desgarrado. También el manto había perdido su belleza singular, y sus zapatos estaban ensuciados por encima. Con voz alta y dolorida, la mujer gritó hacia el cielo: '¡Escucha, oh cielo, mi rostro está manchado! ¡Aflígete, oh tierra: mi vestido está desgarrado! ¡Tiembla, oh abismo: mis zapatos están ensuciados!’

Y prosiguió: ‘Estaba escondida en el corazón del Padre, hasta que el Hijo del hombre, concebido y dado a luz en la virginidad, derramó su sangre. Con esta sangre, como dote suya, me tomó como su esposa.

Los estigmas de mi esposo permanecen frescos y abiertos, mientras estén abiertas las heridas de los pecados de los hombres. Precisamente el que sigan abiertas las heridas de Cristo es por culpa de los sacerdotes. Estos desgarran mi túnica porque son transgresores de la Ley, del Evangelio y de su deber sacerdotal. Quitan el esplendor a mi manto, porque descuidan totalmente los preceptos que se les impusieron. Ensucian mis zapatos, porque no caminan por sendas rectas, es decir, en las duras y severas de la justicia, y tampoco dan buen ejemplo a sus súbditos. Con todo, encuentro en algunos el esplendor de la verdad’.

Y escuché una voz del cielo que decía: 'Esta imagen representa a la Iglesia. Por esto, oh ser humano que ves todo esto y que escuchas las palabras de lamento, anúncialo a los sacerdotes que están destinados a la guía y a la instrucción del pueblo de Dios y a los cuales, como a los apóstoles, se ha dicho: Id a todo el mundo y anunciad el Evangelio a toda criatura’ (Mc 16,15)" (Carta a Werner von Kirchheim y a su comunidad sacerdotal: PL 197, 269ss).

En la visión de santa Hildegarda, el rostro de la Iglesia está cubierto de polvo, y es así como lo hemos visto nosotros. Su vestido está desgarrado – por culpa de los sacerdotes. Así como ella lo vio y expresó, lo hemos vivido este año. Debemos aceptar esta humillación como una exhortación a la verdad y una llamada a la renovación. Sólo la verdad salva. Debemos preguntarnos qué podemos hacer para reparar lo más posible la injusticia cometida. Debemos preguntarnos qué era equivocado en nuestro anuncio, en toda nuestra forma de configurar el ser cristiano, de manera que una cosa semejante pudiera suceder. Debemos encontrar una nueva determinación en la fe y en el bien. Debemos ser capaces de penitencia. Debemos esforzarnos en intentar todo lo posible, en la preparación al sacerdocio, para que una cosa semejante no pueda volver a suceder. Éste es también el lugar para agradecer de corazón a todos aquellos que se han empeñado en ayudar a las víctimas y en devolverles la confianza en la Iglesia, la capacidad de creer en su mensaje. En mis encuentros con las víctimas de este pecado, siempre he encontrado a personas que, con gran dedicación, están al lado de quienes sufren y han sufrido daño. Ésta es la ocasión también para dar las gracias también a tantos buenos sacerdotes que transmiten en humildad y fidelidad la bondad del Señor y que, en medio de las devastaciones, son testigos de la belleza no perdida del sacerdocio.

Somos conscientes de la particular gravedad de este pecado cometido por sacerdotes y de nuestra correspondiente responsabilidad. Pero no podemos tampoco callar sobre el contexto de nuestro tiempo en el que hemos tenido que ver estos acontecimientos. Existe un mercado de la pornografía que afecta a los niños, que de alguna forma parece ser considerado por la sociedad cada vez más como algo normal. La destrucción psicológica de niños, cuyas personas son reducidas a artículo de mercado, es un espantoso signo de los tiempos. Escucho de los obispos de países del Tercer Mundo una y otra vez que el turismo sexual amenaza a una generación entera y la daña en su libertad y en su dignidad humana. El Apocalipsis de san Juan enumera entre los grandes pecados de Babilonia – símbolo de las grandes ciudades irreligiosas del mundo – el hecho de practicar el comercio de los cuerpos y de las almas y de hacer de ellos una mercancía (cfrAp 18,13). En este contexto, se plantea también el problema de la droga, que con fuerza creciente extiende sus tentáculos de pulpo en todo el globo terrestre – expresión elocuente de la dictadura de Mammón que pervierte al hombre. Todo placer resulta insuficiente y el exceso en el engaño de la embriaguez se convierte en una violencia que destruye regiones enteras, y esto en nombre de un malentendido fatal de la libertad en el que precisamente la libertad del hombre es minada y al final anulada del todo.

Para oponernos a estas fuerzas debemos echar una mirada a sus fundamentos ideológicos. En los años 70, la pedofilia fue teorizada como algo totalmente conforme al hombre y también al niño. Esto, sin embargo, formaba parte de una perversión de fondo del concepto de ethos. Se afirmaba – incluso en el ámbito de la teología católica – que no existían ni el mal en sí ni el bien en sí. Existirían sólo un “mejor que” y un “peor que”. Nada sería de por sí bueno o malo. Todo dependería de las circunstancias y del fin pretendido. Según los fines y las circunstancias, todo podría ser bueno o también malo. La moral se sustituyó por un cálculo de las consecuencias y con ello dejó de existir. Los efectos de tales teorías son hoy evidentes. Contra ellas el papa Juan Pablo II, en su encíclica Veritatis splendor de 1993, indicó con fuerza profética en la gran tradición del ethos cristiano las bases esenciales de la actuación moral. Este texto debe ser puesto hoy nuevamente en el centro como camino en la formación de la conciencia. Es responsabilidad nuestra hacer nuevamente audibles y comprensibles entre los hombres estos criterios como vías de la verdadera humanidad, en el contexto de la preocupación por el hombre, en la que estamos inmersos.

Como segundo punto quisiera decir algo sobre el Sínodo de las Iglesias de Oriente Medio. Este comenzó con mi viaje a Chipre donde pude entregar el Instrumentum laboris para el Sínodo a los obispos de esos países allí reunidos. Permanece inolvidable la hospitalidad de la Iglesia ortodoxa que pudimos experimentar con gran gratitud. Aunque la comunión plena no nos ha sido dada aún, constatamos con alegría, con todo, que la forma básica de la Iglesia antigua nos une profundamente unos a otros; el ministerio sacramental de los Obispos como portadores de la tradición apostólica, la lectura de la Escritura según la hermenéutica de la Regula fidei, la comprensión de la Escritura en la unidad multiforme centrada en Cristo y desarrollada gracias a la inspiración de Dios y, finalmente, la fe en la centralidad de la Eucaristía en la vida de la Iglesia. Así hemos encontrado de modo vivo la riqueza de los ritos de la Iglesia antigua también dentro de la Iglesia católica. Tuvimos liturgias con maronitas y con melquitas, celebramos en rito latino y tuvimos momentos de oración ecuménica con los ortodoxos y, en manifestaciones imponentes, pudimos ver la rica cultura cristiana del Oriente cristiano. Pero vimos también el problema del país dividido. Se hacían visibles las culpas del pasado y las profundas heridas, pero también el deseo de paz y de comunión como existían antes. Todos son conscientes del hecho de que la violencia no lleva a ningún progreso – ésta, de hecho, ha creado la situación actual. Sólo en el compromiso y en la comprensión mutua puede restablecerse una unidad. Preparar a la gente a esta actitud de paz es una tarea esencial de la pastoral.

En el Sínodo la mirada se extendió también a todo Oriente Medio, donde conviven los fieles pertenecientes a religiones distintas y también a múltiples tradiciones y ritos distintos. En lo que respecta a los cristianos, hay Iglesias precalcedonenses y calcedonenses; Iglesias en comunión con Roma y otras que están fuera de esta comunión, y en ambas existen, uno junto a otro, múltiples ritos. En los desórdenes de los últimos años ha sido turbada la historia de convivencia, las tensiones y las divisiones han crecido, de modo que cada vez más con temor somos testigos de actos de violencia en los que ya no se respeta lo que para el otro es sagrado, sino que al contrario, se derrumban las reglas más elementales de la humanidad. En la situación actual, los cristianos son la minoría más oprimida y atormentada. Durante siglos vivieron pacíficamente junto con sus vecinos judíos y musulmanes. En el Sínodo escuchamos las sabias palabras del Consejo del Mufti de la República del Líbano contra los actos de violencia contra los cristianos. Él decía: hiriendo a los cristianos nos herimos a nosotros mismos. Por desgracia, ésta y otras voces análogas de la razón, por las que estamos profundamente agradecidos, son demasiado débiles. También aquí el obstáculo es la unión entre la avidez de lucro y la ceguera ideológica. Sobre la base del espíritu de la fe y de su racionabilidad, el Sínodo ha desarrollado un gran concepto de diálogo, de perdón y de mutua acogida, un concepto que queremos ahora gritar al mundo. El ser humano es uno solo y la humanidad es una sola. Lo que en cualquier lugar se haga contra un hombre al final daña a todos. Así las palabras y las ideas del Sínodo deben ser un fuerte grito dirigido a todas las personas con responsabilidad política o religiosa para que detengan la cristianofobia; para que se levanten en defensa de los prófugos y de los que sufren y revitalicen el espíritu de la reconciliación. En último análisis, la curación podrá venir sólo de una fe profunda en el amor reconciliador de Dios. Dar fuerza a esta fe, nutrirla y hacerla resplandecer es la tarea principal de la Iglesia en esta hora.

Me gustaría hablar detalladamente del inolvidable viaje al Reino Unido, pero quiero limitarme a dos puntos que están relacionados con el tema de la responsabilidad de los cristianos en este tiempo y con la tarea de la Iglesia de anunciar el Evangelio. El pensamiento sale ante todo al encuentro con el mundo de la cultura en la Westminster Hall, un encuentro en el que la conciencia de la responsabilidad común en este momento histórico creó una gran atención, que, en el fondo, se dirige a la cuestión sobre la verdad y la propia fe. Que en este debate la Iglesia debe dar su propia contribución, era evidente para todos. Alexis de Tocqueville, en su época, había observado que en América la democracia había sido posible y había funcionado porque existía un consenso moral de base que, yendo más allá de las denominaciones individuales, unía a todos. Sólo si existe un consenso semejante sobre lo esencial, las constituciones y el derecho pueden funcionar. Este consenso de fondo procedente del patrimonio cristiano está en peligro allí donde en su lugar, en lugar de la razón moral, se coloca la mera racionalidad finalista de la que he hablado hace un momento. Esto supone en realidad una ceguera de la razón hacia lo que es esencial. Combatir contra esta ceguera de la razón y conservar su capacidad de ver lo esencial, de ver a Dios y al hombre, lo que es bueno y lo que es verdadero, es el interés común que debe unir a todos los hombres de buena voluntad. Está en juego el futuro del mundo.

Finalmente, quisiera recordar una vez más la beatificación del cardenal John Henry Newman. ¿Por qué ha sido beatificado? ¿Qué tiene que decirnos? A estas preguntas se pueden dar muchas respuestas, que ya se han desarrollado en el contexto de la beatificación. Quisiera poner de manifiesto solamente dos aspectos que van unidos y que, a fin de cuentas, expresan lo mismo. El primero es que debemos hablar de las tres conversiones de Newman, porque son los pasos de un camino espiritual que nos interesa a todos. Quisiera subrayar aquí sólo la primera conversión: la conversión a la fe en el Dios vivo. Hasta aquel momento, Newman pensaba como la mayoría de los hombres de su tiempo y como la mayoría de los hombres de hoy, que no excluyen simplemente la existencia de Dios, pero que la consideran como algo inseguro, que no tiene un papel esencial en la propia vida. Lo que a él le parecía verdaderamente real, como a los hombres de su tiempo, era lo empírico, lo que es materialmente perceptible. Ésta es la “realidad” según la cual se orientaba. Lo “real” es lo que es aprehensible, son las cosas que se pueden calcular y tomar en la mano. En su conversión Newman reconoce que las cosas son precisamente al contrario: que Dios y el alma, el ser mismo del hombre a nivel espiritual, constituyen lo que es verdaderamente real, lo que cuenta. Son mucho más reales que los objetos perceptibles. Esta conversión constituye un giro copernicano. Lo que hasta entonces le había parecido como irreal y secundario se revela como lo verdaderamente decisivo. Donde una conversión semejante tiene lugar, no cambia simplemente una teoría, sino que cambia la forma fundamental de la vida. Todos nosotros tenemos siempre necesidad de esta conversión: entonces estamos en el buen camino.

La fuerza motriz que le empujaba en el camino de la conversión, en Newman, era la conciencia. ¿Pero qué se entiende con ello? En el pensamiento moderno, la palabra "conciencia" significa que en materia de moral y de religión, la dimensión subjetiva, el individuo, constituye la última instancia de la decisión. El mundo se divide en los ámbitos de lo objetivo y de lo subjetivo. A lo objetivo pertenecen las cosas que se pueden calcular y comprobar mediante el experimento. La religión y la moral se sustraen a estos métodos y por ello se consideran en el ámbito de lo subjetivo. Aquí no existirían, en último análisis, criterios objetivos. La última instancia que puede decidir aquí sería por tanto sólo el sujeto, y con la palabra “conciencia” se expresa precisamente esto: en este ámbito puede decidir sólo el individuo con sus intuiciones y experiencias. La concepción que Newman tiene de la conciencia es diametralmente opuesta. Para él “conciencia” significa la capacidad de verdad del hombre: la capacidad de reconocer precisamente en los ámbitos decisivos de su existencia – religión y moral – una verdad, la verdad. La conciencia, la capacidad del hombre de reconocer la verdad, le impone con ello, al mismo tiempo, el deber de encaminarse hacia la verdad, de buscarla y de someterse a ella allí donde la encuentra. Conciencia y capacidad de verdad y de obediencia a la verdad, que se muestra al hombre que busca con corazón abierto. El camino de las conversiones de Newman es un camino de la conciencia – un camino no de la subjetividad que se afirma, sino, precisamente al contrario, de la obediencia a la verdad que paso a paso se abría a él. Su tercera conversión, al Catolicismo, exigía de él abandonar casi todo lo que le era precioso: sus bienes y su profesión, su grado académico, los vínculos familiares y muchos amigos. La renuncia que la obediencia a la verdad, su conciencia, le pedía, iba más allá. Newman había sido siempre consciente de tener una misión hacia Inglaterra. Pero en la teología católica de su tiempo, su voz apenas podía oírse. Era demasiado extraña respecto a la forma dominante del pensamiento teológico y también de la piedad. En enero de 1863 escribió en su diario estas frases conmovedoras: “Como protestante, mi religión me parecía mísera, pero no mi vida. Y ahora, como católico, mi vida es mísera, pero no mi religión". No había llegado aún la hora de su eficacia. En la humildad y en la oscuridad de la obediencia, tuvo que esperar hasta que su mensaje fuera utilizado y comprendido. Para poder afirmar la identidad entre el concepto que Newman tenía de la conciencia y la moderna comprensión subjetiva de la conciencia, se hace referencia a su palabra según la cual él – si hubiera tenido que hacer un brindis – habría brindado por la conciencia y después por el Papa. Pero en esta afirmación, “conciencia” no significa la última obligatoriedad de la intuición subjetiva. Es la expresión de la accesibilidad y de la fuerza vinculante de la verdad: en ello se funda su primado. Al Papa se le puede dedicar el segundo brindis, porque su tarea es exigir la obediencia a la verdad.

Tengo que renunciar a hablar de los viajes tan significativos a Malta, a Portugal y a España. En ellos se ha hecho nuevamente visible que la fe no es algo del pasado, sino un encuentro con Dios que vive y actúa ahora. Él nos desafía y se opone a nuestra pereza, pero precisamente así nos abre el camino hacia la felicidad verdadera.

"Excita, Domine, potentiam tuam, et veni!". Hemos partido de la invocación de la presencia y del poder de Dios en nuestro tiempo y de la experiencia de su aparente ausencia. Si abrimos nuestros ojos, precisamente en la retrospectiva del año que llega a su fin, puede hacerse visible que el poder y la bondad de Dios están presentes de muchas maneras también hoy. Así todos tenemos motivos para darle gracias. Con el agradecimiento al Señor renuevo mi agradecimiento a todos los colaboradores. Quiera Dios concedernos a todos una Santa Navidad y acompañarnos con su bondad en el próximo año.

Confío estos deseos a la intercesión de la Virgen santa, Madre del Redentor, y a todos vosotros y a la gran familia de la Curia Romana imparto de corazón la Bendición Apostólica. ¡Feliz Navidad!

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:56  | Habla el Papa
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DOMINGO 2 DEL TIEMPO ORDINARIO/A
16 de Enero 2011

Hermanos y hermanas, el Señor esté con vosotros.

- Hemosterminadoya losdíasde la Navidadyla Epifanía, y empezamos ahora una serie de domingos en los que no celebramos ningún tiempo ni ninguna fiesta en especial. Son domingos en los que iremos contemplando, en el evangelio, los inicios de la vida pública de Jesús, primero allí en el Jordán, con Juan Bautista, y luego en Galilea, con sus primeros discípulos. Así nos
empezará a anunciar su mensaje de salvación.

- Reafirmemos, pues, una vez más, nuestra fe en Jesús, y dispongámonos a escucharle y a sequirle.

A. penitencial: En silencio, preparémonos para celebrar la Eucaristía. (Silencio).

- Tú, Hijo amado de Dios. SEÑOR,TEN PIEDAD.
- Tú, lleno del Espíritu Santo. CRISTO, TEN PIEDAD.
- Tú, luz de las naciones. SEÑOR,TEN PIEDAD.

1. lectura (lsaías 49,5-6): Escuchemos ahora, para empezar, una profecía del libro de Isaías. Se nos habla de un Siervo de Dios, un Siervo al que Dios ha llamado y enviado, y en el que nosotros vemos anunciada la persona de Jesús.

2. lectura (1 Corintios 7,7-3): La segunda lectura de este domingo es muy breve Es el inicio de la primera carta de san Pablo a los cristianos de la ciudad de Corinto, una carta que iremos leyendo durante los próximos
domingos. Fijémonos cómo habla de la comunidad cristiana, de lo que significa estar bautizado y ser seguidor de Jesús.

Oración universal: Unidos a Jesús, presentémosle al Padre nuestras plegarias diciendo: ESCÚCHANOS, PADRE.

Por nuestra Iglesia. Que todos los que la formamos sepamos vivir a fondo y con sencillez las Bienaventuranzas de Jesús. OREMOS:

Por las personas que sufren alguna discapacidad o enfermedad. Que puedan contar con los recursos sociales y con el apoyo y afecto necesarios para desarrollar todas sus capacidades. OREMOS:

Por las personas que se encuentran en paro. Que puedan acceder a trabajos estables que les permitan vivir con dignidad. OREMOS:

Por las personas que viven en situación de pobreza. Que encuentren en nosotros consuelo, generosidad y voluntad de trabajar contra las causas de la pobreza. OREMOS:

Por nuestros barrios y pueblos. Que sean espacios de buena convivencia donde toda persona sea respetada y acogida. OREMOS:

Por nosotros y por nuestras parroquias y comunidades. Que seamos capaces de trabajar para acercar el Reino del Dios que nos ama a' nuestros vecinos y vecinas. OREMOS:

Escucha, Padre, nuestra oración, y haz de nosotros fieles seguidores de tu Hijo Jesucristo, que vive y reina contigo por los siglos de los siglos.

Padrenuestro: Fieles a la enseñanza de Jesucristo y llenos de confianza en el amor de Dios, ahora, antes de comulgar, nos atrevemos a decir:

 

CPL


Publicado por verdenaranja @ 16:21  | Liturgia
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Lectio divina para el viernes de primera semana del Tiempo Ordinario, ofrecida por la Delegación Diocesana de liturgia de la diócesis de Tenerife.

LECTURA:             “Marcos 2, 1-12”

     Cuando a los pocos días volvió Jesús a Cafarnaún, se supo que estaba en casa. Acudieron tantos, que no quedaba sitio ni a la puerta. Él les proponía la Palabra.

     Llegaron cuatro llevando un paralítico, y como no podían meterlo por el gentío, levantaron unas tejas encima de donde estaba Jesús, abrieron un boquete y descolgaron la camilla con el paralítico.

     Viendo Jesús la fe que tenían, le dijo al paralítico: Hijo, tus pecados quedan perdonados.

     Unos letrados, que estaban allí sentados, pensaban para sus adentros: ¿Por qué habla éste así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados fuera de Dios?

     Jesús se dio cuenta de lo que pensaban y les dijo: ¿Por qué pensáis eso? ¿Qué es más fácil: decirle al paralítico «tus pecados quedan perdonados» o decirle «levántate, coge la camilla y echa a andar»? Pues, para que veáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados... entonces le dijo al paralítico: Contigo hablo: Levántate, coge tu camilla y vete a tu casa. Se levantó inmediatamente, cogió la camilla y salió a la vista de todos.

     Se quedaron atónitos y daban gloria a Dios diciendo: Nunca hemos visto una cosa igual.

MEDITACIÓN:              “Quedan perdonados”

            Qué desconcierto, pero qué importante tu afirmación. Cuando comenzamos la andadura de tu mensaje y empieza a manifestarse tu actividad sanadora quieres poner de manifiesto cuál es la auténtica sanación que vienes a ofrecernos, la sanación de nuestro corazón.

            Puede ser que aquellos hombres se quedasen desconcertados ante tus primeras palabras, pero qué importante eran, porque les querías decir, nos quieres decir, me quieres decir, que la sanación principal, la más importante, la que afecta a lo más nuclear de mi existencia, es la sanación de mi corazón.

            No brotan nuestros males de nuestras parálisis o enfermedades físicas, sino de las parálisis de nuestro corazón, ésas son las que nos impiden avanzar, las que nos paralizan en nuestro acercamiento a los demás, las que producen barreras y generan dolor. Por eso, lo primero que nos querías trasmitir era el amor y el perdón de Dios. Venías a eliminar todas las barreras posibles que podíamos pensar que existían entre tú y nosotros, Más aún, venías a decirnos que no las había, que de ti hacia nosotros sólo había, sólo hay amor. Y que si nos hay barreras entre tú y nosotros tampoco las debe haber entre nosotros.

            Es así como nos invitas a caminar, con parálisis o sin ellas; tumbados en una cama o corriendo el mayor maratón, poniendo en juego toda la capacidad de bien inscrita en nuestro corazón. Y eso, es una buena noticia que necesito escuchar, que desbloquea muchas barreras de mi interior y que me descubre la riqueza de mi dignidad. Y sí, con mi camilla al hombro, porque siempre hay alguna camilla en nuestra historia, quiero hacer mi historia a la vista de todos.        

ORACIÓN:             “Seguir adelante”

            No puedo dejar de darte gracias, Señor, porque nadie como tú me permite descubrir la dignidad de mi ser persona. Gracias, porque nadie como tú, es capaz de ayudarme a pasar por encima de mis ataduras para seguir poniendo en juego lo mejor de mí mismo. Gracias, porque nadie como tú me encamina siempre a lo que hay de fundamentalmente humano en mi ser. Gracias porque nadie como tú me descubre el verdadero sentido de mi libertad.

            Pero quiero pedirte también, que no me falte el valor necesario para seguir adelante, para no pararme ante las dificultades, antes mis miedos, mis frenos o mis comodidades. Dame fuerza para que no me venza el peso de mis camilla y no pierda nunca la referencia de tu amor.

CONTEMPLACIÓN:                “Tu palabra de amor”

Hoy también me encuentras
postrado en el lecho
de mis cansancios
y mis limitaciones,
de mis miedos
e inseguridades,
incapaz de reconocerlos
y aceptarlos como míos.

Pero tú me vuelves
a mirar con ternura
y a pronunciar tu palabra de amor,
que me desconcierta,
pero robustece las rodillas
de mi corazón,
corta el lastre de mis ataduras,
y me permite continuar
con nuevo brío mi andadura.


Publicado por verdenaranja @ 16:07  | Liturgia
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Boletín 418

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 “Una sola familia humana” es el lema de este año para el Día de las Migraciones del próximo domingo 16 de enero. Jesús Alberto González Concepción, delegado de Migraciones. ha indicado que “se trata de una llamada a estar abiertos, a ir construyendo entre todos una sana convivencia donde seamos acogedores y apoyemos la integración”.  

Desde la delegación de Migraciones, se han organizado dos momentos celebrativos para el fin de semana del 15 y 16 de enero. Por un lado, la vigilia de oración que tendrá lugar en la parroquia de San Antonio de Padua, Urb. Las Retamas, el viernes 14 de enero, a las 20:00 horas. Por otro lado, la Eucaristía de la Jornada de Migraciones se celebrará el domingo 16 de enero a las 11:00 horas, en la parroquia de Santa Bárbara Mártir en Tío Pino-Somosierra. 

Con el arranque de 2011, llega el momento de evaluar el Plan Diocesano de Pastoral: “Haz memoria de Jesucristo resucitado”. Por tal motivo, el próximo sábado día 29, de 9.30 a 13 horas, el Obispo se reunirá con los arciprestes y vicearciprestes, en el seminario diocesano, a fin de presentar el proyecto de evaluación pastoral y conocer las sugerencias que quieran hacer para este proceso que iniciamos con el comienzo de Año.  

El sábado, 15 de enero, a las 19:00 horas, en la parroquia de la Concepción de Los Realejos (Realejo Bajo), Alejandro Abrante recibirá la admisión al Diaconado Permanente.  

El próximo domingo 23 de enero se celebrará la Jornada de la Infancia Misionera bajo el lema: “Con los niños de Oceanía seguimos a Jesús”. Como viene siendo habitual cada año, el día previo a la jornada, el sábado 22, tendrá lugar la Marcha Misionera de los Niños desde Caletillas hasta la Basílica de Candelaria. La acogida será a las 10:30 horas y la Eucaristía, presidida por el obispo, se celebrará en torno a las 12:30 horas. 

El director de Cáritas Diocesana, Leonardo Ruiz del Castillo, ha señalado en COPE Tenerife que en Tenerife hay mucha gente que pasa necesidades y no tienen forma de hacer frente a las necesidades más básicas. Ruiz consideró necesaria la construcción de centros donde puedan recibir estas atenciones mínimas.  

Ha tenido lugar la toma de posesión de su cargo como nuevo director de COPE Canarias, Juan Narbona Morales, natural de Jerez de la Frontera, Cádiz. Narbona es diplomado en empresariales y llegó a COPE en el año 1994 desempeñando la función de director comercial de COPE Cádiz. En el acto de toma de posesión de su cargo estuvieron presentes, entre otras, el presidente del Parlamento de Canarias, Antonio Castro Cordobez, el presidente del Cabildo de Tenerife, Ricardo Melchior, el subdelegado del Gobierno, José Antonio Batista, y el vicario general, Antonio Pérez. 

En este principio de año 2011, ATARETACO se encuentra celebrando los 25 años de andadura de la fundación que tiene como objetivo la formación e inserción socio laboral. Por este motivo, se ha organizado un acto conmemorativo para el día 20 de enero, en el salón de  actos de CajaCanarias, (Plaza del Patriotismo, 1 de Santa Cruz de Tenerife), entre las 18.00  y 20.00 horas. 

Del 18 al 20 de febrero se desarrollará la segunda edición del Master en Pastoral Familiar bajo el tema: "La Revelación del amor en la Sagrada Familia". El lugar escogido para desarrollar esta sesión será la Casa de Ejercicios de Santa Cruz de Tenerife. Los interesados en participar pueden comunicarlo a través de los correos: familiayvida.tenerife@gmail.com y personayfamilia@jp2madrid.org

La Congregación de las hijas de María Auxiliadora, familiarmente conocidas como las salesianas, celebra este 2011, el 125 aniversario de la llegada a España. Con tal motivo, el Obispo presidirá el próximo 24 de enero, en la casa de la capital tinerfeña, los actos de apertura de esta efemérides. 

Ya se ha constituido la mesa de trabajo encargada de adjudicar la obra de restauración de las cubiertas de la Catedral de La Laguna. Los miembros de la misma se reunirán, bajo la presidencia de Julián de Armas, el día 25 de enero para estudiar las cuatro ofertas que distintas empresas presentarán el lunes, 17 de enero. Dichas empresas son: Acciona, Dragados, Fronpeca y Víctor Rodríguez e Hijos. Una de ellas saldrá elegida para llevar a cabo los trabajos en el templo lagunero. Julián de Armas ha indicado que, “probablemente, las obras de reposición de las cubiertas comenzarán en torno al 20 de febrero”. 

Se cumplen cincuenta años de la llegada de la imagen de Nuestra Señora de Coromoto, patrona de Venezuela, a la ciudad palmera de El Paso. Fue un 22 de Enero de 1961. Medio siglo después la comunidad venezolana, y cuantos quieran, han sido invitados a una eucaristía a las 19 horas este 22 de enero, pero de 2011. Será en el templo de Nuestra Señora de Bonanza. Tras la Misa se realizará una procesión con la imagen de esta advocación mariana. 

El próximo día 27 de enero, un grupo de 25 religiosas viajará a Tierra Santa, acompañadas por el Deán de la Catedral de La Laguna, Julián de Armas. Los peregrinos realizarán ejercicios espirituales en los Santos Lugares que fueron escenario de la vida, muerte y resurrección de Jesucristo. Además, el grupo tendrá un encuentro con el Patriarca Latino de Jerusalén, así como con otras comunidades cristianas. 

Después de un año tras el terremoto de Haití, Manos Unidas ha indicado que “recorrer las calles de Puerto Príncipe, es transitar por un escenario todavía dantesco. En Manos Unidas, a pesar de la lentitud, del desorden y el desgobierno, seguimos creyendo que esta situación no es fruto del temblor, sino de las grandes carencias estructurales derivadas de doscientos años de injusticias de toda índole permitidas, cuando no provocadas, por la comunidad internacional.” La recaudación contabilizada en Manos Unidas, desde la apertura de la cuenta de emergencia tras el terremoto de Haití  hasta el 18 de noviembre, ascendía a 3.538.660 euros. 

Por su parte, Cáritas ha indicado que “gracias a un trabajo sistemático de coordinación con Cáritas Haití y con el conjunto de la red internacional de Cáritas, a lo largo de los últimos doce meses, hemos podido llevar ayuda directa a 367.500 damnificados a través de un importante paquete de proyectos a los que se han destinado un total de 7.448.146 euros.” 

El Obispo ha convocado órdenes de presbíteros para el día 12 de febrero. 

Del 5 al 15 de marzo se desarrollará la 45º Peregrinación Diocesana a Tierra Santa, una iniciativa dirigida por el sacerdote Juan Carlos Alameda. 

El sábado 29 de enero de 2011 a las 21h se desarrollará otro concierto de órgano en la parroquia de El Médano, con entrada libre. Son conciertos benéficos, al final de los cuales se recogen los donativos voluntarios que los asistentes quieran dejar y que van destinados a la restauración del Órgano parroquial, afectado por insectos xilófagos en su revestimiento exterior. 

“Un respiro para los más necesitados”, es el título del reportaje que ha dedicado el periódico “La Opinión” a los cuatro comedores sociales que en Tenerife alimentan al día a más de 500 personas sin recursos. “El comedor Obra Social La Milagrosa Hijas de la Caridad, la Asociación Benéfica Padre Laraña, el Comedor Social San Vicente de Paúl y la Asociación Benéfica Comedor Interparroquial de La Laguna no solamente ofrecen alimentos a sus usuarios, sino que con el paso de los años, se han convertido en puntos de reunión o acogimiento y, en muchos casos, suponen la última esperanza de una situación social o familiar límite.”  

Asimismo, este diario recoge otro reportaje titulado “El milagro de las 16 hermanas” en el que indica que el pleno del ayuntamiento de La Laguna ha acordado proponer a las Hijas de la Caridad para la Medalla de Oro de Tenerife.  

La localidad de Machado se prepara para recibir este fin de semana la celebración en honor a San Amaro. Para este domingo, 16 de enero, a las 12:30 horas del mediodía, está prevista una Misa, que dará paso a la procesión con las imágenes de San Sebastián y de Santa Lucía, junto a las recién restauradas imágenes de San Amaro y de San José, que culminará con un agasajo en la plaza de la ermita para todos los presentes. La presentación oficial de las restauradas imágenes se hizo este fin de semana pasado, para que los feligreses supieran de primera mano las técnicas de restauración de las que han sido objeto las Imágenes, para garantizar su conservación.  

El Ayuntamiento de La Laguna ha concedido casi 20.000 euros a la Asociación de Caridad San Vicente de Paúl. En concreto, de la citada cantidad, 7.828,10 euros de ellos irán destinados a ayudar a mantener los gastos de funcionamiento del comedor asistencial ‘Virgen Poderosa’ que esta asociación de caridad tiene en la lagunera calle del Agua. 

Hace algunas semanas que se están realizando obras de afianzamiento del campanario del Santuario del Cristo. Según publica el rotativo 'La Opinión', esta actuación inicial responde al mal estado en el que se encuentra el campanario En total y hasta el momento, se han invertido en el edificio unos 63.000 euros, explicaron al periódico desde la corporación insular.


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mi?rcoles, 12 de enero de 2011

Mensaje de Navidad de monseñor Carlos José Tissera, obispo de San Francisco (Diciembre de 2010). (AICA)

«NACE JESÚS, NACE LA VIDA»      

Hermanas y hermanos:

Este año he finalizado las visitas pastorales a las parroquias de la Diócesis. Durante los cuatro años que duró esta experiencia pastoral, he aprendido mucho de todos ustedes. Compartí hermosos momentos en los diversos encuentros, desde la Palabra de Dios, animados por el Espíritu de comunión, y celebrados junto a Jesús Eucaristía. Una de las vivencias más gozosas fue el encuentro con los niños, tanto en las parroquias como en las escuelas que visitaba. El último fue en la Colonia “Campo La Mendoza”, Parroquia de Laspiur. En todos esos encuentros escuchábamos a Jesús que nos decía: “Dejen que los niños vengan a mí, no se lo impidan. Porque el Reino de los cielos  es de los que se hacen como niños” (Mt. 19,14). Repetíamos juntos esta frase y luego cantábamos “Yo tengo un amigo que me ama”. Los chicos me contagiaban su alegría. Se sentían amados por Jesús ¡Qué sencillez y que fe tan bella! En la Navidad me vienen a la memoria esos rostros, esos recuerdos.

A propósito deseo compartir lo que he leído estos días en una revista católica:

“Hacerse hombre significa hacerse niño. Desde Adán y Eva no hay excepción. El camino que lleva a ser hombre pasa por el niño. Éste es precisamente el camino de Dios: el Hijo de Dios se ha hecho hombre, haciéndose niño. 

Nosotros le pertenecemos si recibimos a sus amigos, los niños. Sólo quien se hace como un niño entrará en el Reino. Hacerse simples, puros, compartir el dolor, compartir las alegrías. Dejarse hacer un regalo y retribuirlo.

El niño: virtud que salva de la resignación y del cálculo, del egoísmo y de la falta de sentido. El niño nos pide vivir y tener un espacio vital.

El niño en el pesebre es quien nos invita a ser hombres con él y a recibir de él una vida divina”. (De “Dio si é fatto bambino”, Roma. Cittá Nuova, 1995, p. 34).

En esta Navidad, nace Jesús, nace la vida ¡Qué precioso regalo! Apreciémoslo como los niños y celebremos la vida que nos da con profunda alegría cristiana. ¡Cuidar la vida es la mejor tarea! Cuando la vida es frágil, en las embarazadas, en los pobres, en los adictos, en los ancianos, NOS HACEMOS CARGO. La luz de Belén ilumine nuestras mentes, y el amor de Jesús nos fortalezca para defender y amar la vida desde su concepción hasta la muerte natural. 

¡FELIZ NAVIDAD Y VENTUROSO AÑO NUEVO! 

Les saludo y bendice con afecto paternal 

Mons. Carlos José Tissera, obispo de San Francisco

Diciembre de 2010 


Publicado por verdenaranja @ 22:48  | Hablan los obispos
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ZENIT  nos  ofrece la carta que el Papa Benedicto XVI ha enviado al cardenal Crescenzio Sepe, arzobispo metropolitano de Nápoles, con ocasión de la apertura de un Año Jubilar especial en la Iglesia napolitana, en el décimo aniversario del Gran Jubileo.

Al Venerado Hermano
cardenal Crescenzio Sepe
arzobispo metropolitano de Nápoles

Deseo expresarle, venerado Hermano, mi complacencia por la solicitud manifestada por usted de muchas formas hacia la amada Iglesia de Nápoles, cuya historia se enriquece ahora con un significativo capítulo ulterior con la apertura de un Año Jubilar especial, diez años después del Gran Jubileo del Año 2000.

Conservo aún querido en mi corazón el vivo recuerdo de la Visita Pastoral del 21 de noviembre de 2007, agradecido siempre al pueblo napolitano por el afectuoso abrazo con el que me acogió. Esta comunidad diocesana tiene un patrimonio religioso precioso, que exige la coherencia de la fidelidad y el valor del testimonio. En la estela de esta rica tradición ha florcido abundante la santidad cristiana, expresándose en figuras célebres que han dejado una huella profunda en la Iglesia y en la sociedad. De estos resplandecientes ejemplos deriva la llamada a continuar en esta tierra vuestra esta historia de fe y de caridad, trabajando con igual valor y empuje apostólico. Ciertamente, el contexto sociocultural es hoy bien distinto respecto al pasado, y, si bien se debe alegrar en el Señor por la fe genuina y perseverante de tantos cristianos, es doloroso constatar la difusión de una visión secularista de la vida y la intensidad de males que afligen la convivencia civil, amenazada por el individualismo.

En esta atmósfera se verifica también la influencia de modelos negativos y desviados que inciden fuertemente en la vida familiar y social, en particular en las nuevas generaciones. Deseo reafirmar, por tanto, la urgencia de la formación humana y cristiana de los niños y de los jóvenes, porque estos están gravemente expuestos a los riesgos de la desviación. Es necesario formar a hombres y mujeres de personalidad fuerte, de fe sólida y de vida cristiana coherente. Exhorto a los padres a dar a conocer a Jesús y su mensaje a los hijos, desde pequeños, con los signos y las palabras que la comunidad cristiana ha sugerido y practicado desde siempre. El futuro depende en gran parte del éxito de este compromiso formativo integral.

En los diverso ambientes de la vida, los cristianos están llamados a ser agentes de verdad y testigos valientes del Evangelio; cada uno debe y puede trabajar para que los valores espirituales y éticos, traducidos en estilos de vida, ofrezcan una contribución determinante ala edificación de una sociedad más justa y fraterna. Habrá entonces que empeñarse en asegurar, con la inspiración y la fuerza que vienen de Dios, relaciones de auténtica caridad, que se expresen en formas concretas de solidaridad y de servicio, de forma que se muestren ejemplos de vida alternativos accesibles a todos y, al mismo tiempo, emblemáticos. Así se podrá reforzar la conciencia de que también hoy, como siempre, la semilla del Reino de Dios está presente y activa: una simiente llena de futuro, capaz, si es acogida de modo personal y generoso, de transformar incluso las situaciones más difíciles y de renovar el corazón y el rostro de Nápoles.

Venerado Hermano, confío los buenos propósitos de este Año Jubilar diocesano a la Virgen del Carmen, protectora de la Ciudad partenopea. Que la Virgen María, Madre de la Santa Esperanza, y el venerado obispo y mártir san Genaro, animen y sostengan los esfuerzos comunes, para que Nápoles vuelva a encontrar el esplendor de sus mejores tiempos.

Con estos deseos, le imparto de corazón a usted y a toda la comunidad diocesana y ciudadana una especial Bendición Apostólica, propiciadora de paz y de fervor espiritual.

En el Vaticano, 14 de diciembre de 2010


BENEDICTUS PP. XVI 

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:38  | Habla el Papa
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ZENIT  nos  ofrece las palabras que dirigió Benedicto XVI el domingo, 19 deDiciembre de 2010, a mediodía al rezar la oración mariana del Ángelus desde la ventana de su estudio del Palacio Apostólico Vaticano junto a varios miles de peregrinos congregados en la plaza de San Pedro.

¡Queridos hermanos y hermanas!

En este cuarto domingo de Adviento el Evangelio de san Mateo narra cómo sucede el nacimiento de Jesús colocándose desde el punto de vista de san José. Él era el prometido de María, la cual “antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo” (Mt 1,18). El Hijo de Dios, realizando una antigua profecía (cf. Is 7,14), se hace hombre en el seno de una virgen, y ese misterio manifiesta a la vez el amor, la sabiduría y el poder de Dios a favor de la humanidad herida por el pecado. San José es presentado como hombre “justo” (Mt 1,19), fiel a la ley de Dios, disponible a cumplir su voluntad. Por eso entra en el misterio de la Encarnación después de que un ángel del Señor, apareciéndosele en sueños, le anuncia: “José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mt 1,20-21).

Abandonado el pensamiento de repudiar en secreto a María, la toma consigo, porque ahora sus ojos ven en ella la obra de Dios.

San Ambrosio comenta que “En José nos fue dada la amabilidad y la figura del justo, para hacer más digna su calidad de testimonio” (Exp. Ev. sec. Lucam II, 5: CCL 14,32-33). Él -prosigue Ambrosio- “no habría podido contaminar el templo del Espíritu Santo, la Madre del Señor, el seno fecundado por el misterio” (ibid., II, 6: CCL 14,33). A pesar de haber experimentado turbación, José actúa “como le había ordenado el ángel del Señor”, seguro de cumplir lo justo. También poniendo el nombre de “Jesús” a ese Niño que rige todo el universo, él se sitúa en las filas de los servidores humildes y fieles, parecidos a los ángeles y a los profetas, parecidos a los mártires y a los apóstoles -como cantan antiguos himnos orientales. San José anuncia los prodigios del Señor, dando testimonio de la virginidad de María, de la acción gratuita de Dios, y custodiando la vida terrena del Mesías. Veneremos por tanto al padre legal de Jesús (cf. CCC, 532), porque en él se perfila el hombre nuevo, que mira con fe y valentía al futuro, no sigue su propio proyecto, sino que se confía totalmente a la infinita misericordia de Aquel que realiza las profecías y abre el tiempo de la salvación.

Queridos amigos, a san José, patrono universal de la Iglesia, deseo confiar a todos los Pastores, exhortándoles a ofrecer “a los fieles cristianos y al mundo entero la humilde y cotidiana propuesta de las palabras y de los gestos de Cristo” (Carta Convocatoria del Año Sacerdotal). Que nuestra vida pueda adherirse cada vez más a la Persona de Jesús, precisamente porque “Aquel que es el Verbo asume Él mismo un cuerpo, viene de Dios como hombre y atrae a sí a toda la existencia humana, la lleva al interior de la palabra de Dios” (Jesús de Nazaret, Milán 2007, 383). Invoquemos con fe a la Virgen María, la llena de gracia “adornada por Dios”, para que, en la próxima Navidad, nuestros ojos se abran y vean a Jesús, y el corazón se alegre en este admirable encuentro de amor.

[Después del Ángelus, saludó a los peregrinos en varias lenguas. En español, dijo:]

Saludo con afecto a los fieles de lengua española aquí presentes y a cuantos participan en esta oración mariana a través de los diversos medios de comunicación. En la proximidad de la Navidad, os invito a dirigir vuestra oración humilde y confiada al Niño Jesús, nacido de la Santísima Virgen, para que su luz oriente vuestras vidas y os llene de su amor y paz. Que impulsados por la docilidad de nuestra Madre del Cielo estemos siempre dispuestos a realizar en todo la voluntad del Señor, que nos llama y cuenta con cada uno de nosotros. Feliz domingo. 

[Traducción del original italiano realizada por Patricia Navas
©Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 21:28  | Habla el Papa
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Lectio divina para el jueves de la primera semana del Tiempo ordinario, ofrecida por la Delegación Diocesana de litgurgia de la diócesis de Tenerife

LECTURA:       “ Marcos 1, 40-45”

     En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: Si quieres, puedes limpiarme.

     Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó diciendo: quiero: queda limpio. La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio.

     Él lo despidió, encargándole severamente: No se lo digas a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés.

     Pero cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.

MEDITACIÓN:          “Lo tocó”

            De nuevo uno de esos gestos que repetirás constantemente. Es fruto y consecuencia de lo que decía ayer, te acercabas, y la gente también se atreve a acercarse a ti. No eres un Dios que dé miedo, para eso has venido, para que te conozcamos mejor y se nos caigan nuestros tópicos “divinos”.

            Nosotros sí. A nosotros nos gusta hacernos dioses, ponernos por encima de los demás, que nos teman. Cuando queremos que quede clara nuestra autoridad tenemos que echarnos a temblar. Pero tú no. Tú eres un Dios amigo, hermano, padre, Tú liberas, sanas, lavas los pies. Y te acercas, y tocas. Tocas con amor, hasta a los leprosos. ¡Te haces impuro!, pero te acercas, y amas tocando y tocas amando.

            Nosotros cada vez somos más intocables. Hasta es peligroso tocarnos, y así no sanamos, al contrario, enfermamos. Cada vez más distantes. Y necesitamos tocar y que nos toquen. Necesitamos amar y sentirnos amados. Pero de verdad, con limpieza, sin intereses, si más interés que el aportar vida. Porque has venido a eso a dar vida, a enseñarnos a vivir, a ser portadores de vida. Lo sabemos, lo queremos y no nos dejan hacerlo. Enséñanos.

ORACIÓN:                “Alientas mi caminar”

            Señor, sé que no me puedes tocar con tus manos, pero me tocan tus palabras, me toan los gestos que tuviste y que muchas veces siento. Sí, ya sé que pueden ser sensaciones psicológicas, pero no me importa, he sentido que me tocas, que me amas, que te acercas a mí con tu ternura, con una palabra de amor, de perdón, de vida. Y cuando te siento así alientas mi caminar cansino, renuevas mi esperanza y despiertas mis deseos de humanidad. Gracias, Señor.

            Gracias, porque te has encarnado, porque eres mejor que nosotros, porque nadie me puede ofrecer una palabra mejor. Gracias por descubrirme mi dignidad, por despertarla y por defenderla. Gracias.   

CONTEMPLACIÓN:               “”¡Quiero!”

Me acerco a ti
con mi dignidad rota,
esperando que compongas
Los mil pedazos 
de mi alma
que yo mismo
he contribuido a romper.

No puedo ofrecerte
más garantía
que la de tu propia querer.

Y en mi espera,
anhelante y necesitada,
vuelvo a escuchar,
día tras día:

¡Quiero!


Publicado por verdenaranja @ 16:59  | Liturgia
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martes, 11 de enero de 2011

Artículo que ha escrito monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas, con el título "Intelectuales contra la Iglesia".

VER

Un grupo de intelectuales, políticos, líderes sociales, analistas y comunicadores acaba de publicar un libro que titularon La Iglesia contra México. Dicen que miembros de la jerarquía católica estamos contra nuestro país, porque nos oponemos al laicismo, al aborto, a la píldora anticonceptiva, al "matrimonio" y a la adopción entre personas del mismo sexo. Aducen que obstaculizamos programas de educación sexual en las escuelas, la cartilla para adolescentes que recomienda el condón, la pastilla de emergencia o del día siguiente, las campañas masivas de promoción del condón. Argumentan que pretendemos imponer nuestra moral en las políticas públicas y que haya una religión de Estado, haciendo que la legislación "se subordine a las llamadas leyes de Dios, que no son otras que las que dicta el Vaticano". Nos achacan encubrimiento de abusos sexuales por parte de clérigos. Dicen que por esto y por otras cosas, damos mala imagen y que nuestra Iglesia se ha debilitado ante el pueblo. ¡Cuánta parcialidad, cuánto manejo de datos, cuánta interpretación tendenciosa, cuánta ideología! Es verdad que hay fallas internas, que tratamos de corregir, pero ¿por qué tanto ensañamiento?

Por lo contrario, el pueblo sencillo nos aprecia, nos valora y nos tiene confianza. Con frecuencia vamos a las comunidades, sobre todo campesinas e indígenas, y nos reciben con vallas, confeti, collares de flores, vivas, saludos efusivos. Todos nos quieren saludar y nos agasajan con tortillas hechas a mano y un rico caldo de gallina de rancho. Nos comparten generosamente sus sencillas ofrendas y quieren sacarse fotos con nosotros. Yo regreso fortalecido, sobre todo cuando los medios de comunicación se solazan en difundir las fallas clericales, que tampoco se pueden negar, pero que se sobredimensionan. Los pobres y los que sufren siempre acuden con confianza en busca de ayuda. Los migrantes a donde con más seguridad se acercan es a nuestra Iglesia. Si estuviéramos en contra de México, no habría este cariño tan entrañable hacia nosotros. ¿Será esto lo que les causa encono?

JUZGAR

Dijo el Papa Benedicto XVI a los obispos de Brasil: "Vuestro deber como obispos, junto con vuestro clero, es contribuir a la purificación de la razón y al despertar de las fuerzas morales necesarias para la construcción de una sociedad justa y fraterna. Cuando, sin embargo, los derechos fundamentales de la persona o la salvación de las almas lo exigieran, los pastores tienen el grave deber de emitir un juicio moral, también en cuestiones políticas.

Al formular estos juicios, los pastores deben tener en cuenta el valor absoluto de aquellos preceptos morales negativos que declaran moralmente inaceptable la elección de una determinada acción intrínsecamente mala e incompatible con la dignidad humana; tal elección no puede ser redimida por la bondad de cualquier fin, consecuencia o circunstancia. Por tanto, sería totalmente falsa e ilusoria cualquier defensa de los derechos humanos políticos, económicos y sociales que no incluyeran la enérgica defensa del derecho a la vida desde la concepción hasta la muerte natural. Al defender la vida, no debemos temer la oposición e impopularidad, rechazando cualquier compromiso y ambigüedad que nos conformen con la mentalidad de este mundo. Sin la corrección ofrecida por la religión, la razón puede volverse víctima de ambigüedades, como sucede cuando es manipulada por la ideología, o pretende ser aplicada de una manera parcial, sin tener en consideración la dignidad de la persona humana" (28-X-2010).

ACTUAR

No debemos callar cuando se trata de defender el derecho a la vida y otros valores, inspirados en la revelación divina. No pretendemos imponer nuestro punto de vista; sólo exigimos libertad de presentarlo en la plaza pública. No anhelamos una religión de Estado, sino que éste sea realmente democrático y reconozca nuestro derecho a una más plena libertad religiosa, no sólo para ministros católicos, sino para todas las confesiones. No basta la libertad de credo y de culto; necesitamos libertad de expresión.


Publicado por verdenaranja @ 22:19
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Reflexión de José Antonio Pagola al evangelio de domingo segundo del Tiempo Ordinario - A, ofrecida por la Delegación de Enseñanza de la diócesis de Tenerife.

HAMBRE DE ESPIRITUALIDAD 

         Las primeras generaciones cristianas sabían muy bien que "bautizarse" significa literalmente sumergirse en el agua, bañarse o limpiarse. Por eso, diferenciaban muy bien el "bautismo de agua" que impartía el Bautista en las aguas del Jordán y el "bautismo de Espíritu Santo" que reciben de Jesús.

         El bautismo de Jesús no es un baño corporal que se recibe sumergiéndose en el agua, sino un baño interior en el que nos dejamos empapar y penetrar por su Espíritu, que se convierte dentro de nosotros en un manantial de vida nueva e inconfundible.

         Por eso, los primeros cristianos  bautizaban invocando el nombre de Jesús sobre cada bautizado. Pablo de Tarso dice que los cristianos están bautizados en "Cristo" y, por eso, han de sentirse llamados a "vivir en Cristo", animados por su Espíritu, interiorizando su experiencia de Dios y sus actitudes más profundas.

         No es difícil observar en la sociedad moderna signos que manifiestan un hambre profunda de espiritualidad. Está creciendo el número de personas que buscan algo que les dé fuerza interior para afrontar la vida de manera diferente. Es difícil vivir una vida que no apunta hacia meta alguna. No basta tampoco pasarlo bien. La existencia termina haciéndose insoportable cuando todo se reduce a pragmatismo y frivolidad.

         Otros sienten necesidad de paz interior y de seguridad para hacer frente a sentimientos de miedo y de incertidumbre que nacen en su interior. Hay quienes se sienten mal por dentro: heridos, maltratados por la vida, desvalidos, necesitados de sanación interior.

         Son cada vez más los que buscan algo que no es técnica, ni ciencia, ni ideología religiosa. Quieren sentirse de manera diferente en la vida. Necesitan experimentar una especie de "salvación"; entrar en contacto con el Misterio que intuyen en su interior.

         Nos inquieta mucho que bastantes padres no bauticen ya a sus hijos. Lo que nos ha de preocupar es que muchos y muchas se marchan de nuestra Iglesia sin haber oído hablar del "bautismo del Espíritu" y sin haber podido experimentar a Jesús como fuente interior de vida.

         Es un error que en el interior mismo de la Iglesia se esté fomentando, con frecuencia, una espiritualidad que tiende a marginar a Jesús como algo irrelevante y de poca importancia. Los seguidores de Jesús no podemos vivir una espiritualidad seria, lúcida y responsable si no está inspirada por su Espíritu. Nada más importante podemos hoy ofrecer a las personas que una ayuda a encontrarse interiormente con Jesús, nuestro Maestro y Señor.

José Antonio Pagola 

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
 16 de enero de 2011
2 Tiempo ordinario (A)
Juan 1, 29-34


Publicado por verdenaranja @ 21:58  | Espiritualidad
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Lectio divina para el miércoles dela primera semana del Tiempo Ordinario, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.

LECTURA:       “ Marcos 1, 29-39”

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles.

Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y poseídos. La

población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar.

Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar. Simón y

sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron: Todo el mundo te busca. Él les respondió: Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he venido.

Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios.

MEDITACIÓN:            “Se acercó”

            Comienza tu andadura y en ella nos vas a ir mostrando tu modo de hacer. No te has encarnado para mantenerte distante y no contaminarte con nuestra humanidad, sino precisamente a todo lo contrario, a mostrarnos la cercanía de un Dios que nos ama, y para enseñarnos a actuar igual.

            Lo de menos es que te siga la gente, que pidan que les cures, cosa totalmente normal cuando empiezan a ver tu capacidad de sanación, lo significativo es que tú rompes barreras, lo has hecho desde el comienzo, y te acercas al hombre herido, para cogerlo de la mano y ayudarle a levantarse para seguir su camino.

Te acercas para ayudar a levantarnos de nuestras postraciones y continuar nuestro servicio. Es algo que está mucho más allá de una mera curación física. Porque lo que es claro es que no vienes a ejercer de médico o curandero, vienes a sanarnos en lo más profundo, en todo aquello que nos paraliza, que nos distancia o nos incapacita para estar al lado de los otros. Ése es tu milagro. El gran milagro que realizas con todo, que realizas conmigo, y que si no me rehabilita no es porque haya fallado tu fuerza, sino porque me aferro a mi postración.

Y un secreto. Esa cercanía al hombre arranca de tu cercanía a Dios, de tu relación íntima y continua con él. Todavía nos cuesta aprender que sólo desde ahí podemos seguir caminando y ayudando a caminar. Gracias por dejármelo claro desde el comienzo.

ORACIÓN:                “Mano tendida”

            Señor, no puedo esquivar mi agradecimiento por tantas veces que me has hecho sentir tu mano cercana y tu palabra de vida que me ha permitido seguir adelante en mi camino cuando he experimentado tantos motivos para pararme. Gracias porque no te cansas de acercarte, de llamarme, de sanarme, de empujarme.

            Ayúdame, Señor, para que yo también sea en mi andadura cercanía y mano tendida. No es fácil en medio de tanto individualismo e inseguridad. Son muchos los miedos internos y externos, pero ayúdame a saber y a aprender el cómo y el cuándo. Todos lo necesitamos.    

CONTEMPLACIÓN:                “Cuántas veces”

Cuántas veces
me encuentras postrado
en el lecho de mis miedos
y seguridades.

Cuántas veces
me has tendido tu mano
y he lamentado
no aferrarme a ella
con todas mis fuerzas.

Cuántas veces
llamas a mi puerta cerrada
y no encuentras respuesta.

Cuántas veces
me ha levantado tu palabra
y he vuelto a caer
vencido por lo crónico
de mi enfermedad.

Cuántas veces
me has dicho que me amas.

Y esa voz, esa mano,
esa mirada,
me siguen sanando


Publicado por verdenaranja @ 17:32  | Liturgia
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Sugerencias para la homilía  de la celebración de la 97ª Jornada Mundial del Emigrante y Refugiado a celebrar el 16 de enero de 2011, publicadas en Guión litúrgico para su celebración.

«Una sola familia humana»

Misal: hoy, por mandato o con permiso del ordinario del lugar, también puede celebrarse la misa «Por los Emigrantes y Exiliados» (cf. OGMR 374), Gl., Cr., Pf dominical.

Sugerencias para la homilía

1. En el camino hacia el corazón del año litúrgico, la Pascua de resurrección del Cordero de Dios, hemos entrado en el tiempo ordinario; Juan el Bautista nos introduce a la persona de Jesús, que resume en sí, con riqueza inagotable, todas las referencias bíblicas al «cordero» (que en la lengua aramea significa también siervo). Es como si el Bautista dijera: he aquí el cordero para el sacrificio de la nueva Pascua, he aquí el siervo mesiánico que se inmola por el pecado del mundo. El dedo índice que los señala lo hace para todo el mundo. Y es que el amor de Jesús resucitado nos hermana y su Espíritu nos empuja a crear y mantener relaciones de justicia y de paz.

2. Si miramos a España, podemos constatar cómo se está convirtiendo en una sociedad más multiétnica, donde aumentan las relaciones interculturales y «donde también las personas de diversas religiones se ven impulsadas al diálogo, para que se pueda encontrar una convivencia serena y provechosa en el respeto de las legítimas diferencias» (Mensaje de Benedicto XVI). Son por lo menos 120 los países representados por las personas inmigrantes y refugiadas, las cuales han traído en sus corazones también el deseo de poder vivir, expresar y compartir sus anhelos más profundos de amor y de paz. Como cristianos, desde nuestra identidad bautismal también podemos prestar nuestra preciosa mediación para que nuestro testimonio, nuestro trabajo por la paz con el diálogo fraterno, nuestro trabajo ecuménico e interreligioso y nuestra esperanza enraizada en Cristo contribuya a la estima y al respeto recíproco en un mundo tan diverso y plural.

3. Lo mismo que Dios llama a Samuel hoy también Dios necesita colaboradores, voluntarios, mediaciones que en todo el mundo quieran llevar adelante su proyecto de salvación sobre los hombres. Pero a la vez que es necesaria la pronta disponibilidad, también es urgente que estas mediaciones respondan con fidelidad, lo mejor preparadas posible para que sean creíbles a nuestros hermanos y hermanas inmigrantes con sus preocupaciones, angustias y esperanzas. Porque el Señor siempre oye el grito del excluido, como nos recuerda el salmo.

4. La Iglesia reconoce a toda persona el derecho a emigrar, «en el doble aspecto de la posibilidad de salir del propio país y la posibilidad de entrar en otro, en busca de mejores condiciones de vida. Al mismo tiempo, los Estados tienen el derecho de regular los flujos migratorios y defender sus fronteras, asegurando siempre el respeto debido a la dignidad de toda persona humana. Los inmigrantes, además, tienen el deber de integrarse en el país de acogida, respetando sus leyes y la identidad nacional» (Mensaje de Benedicto XVI).

Se trata, pues, de conjugar la acogida que se debe a todos los seres humanos, en especial si son necesitados, con la consideración sobre las condiciones indispensables para una vida decorosa y pacífica, tanto para los habitantes originarios como para los nuevos llegados. La dignidad del cuerpo humano, de la que habla la segunda lectura, es inseparable de la dignidad de la persona humana. La tarea evangelizadora nacida del encuentro con Jesús –como el que nos narra el Evangelio– nos debe llevar al encuentro con los hombres y mujeres de nuestro entorno que hoy podemos simbolizar en nuestros hermanos y hermanas inmigrantes en un mundo cada vez más globalizado.


Publicado por verdenaranja @ 17:26  | Homilías
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Guión litúrgico para la celebración de la 97ª Jornada Mundial del Emigrante y Refugiado a celebrar el 16 de enero de 2011, publicado por CEE junto con materiales para su celebración.

«Una sola familia humana»

Misal: hoy, por mandato o con permiso del ordinario del lugar, también puede celebrarse la misa «Por los Emigrantes y Exiliados» (cf. OGMR 374), Gl., Cr., Pf dominical.

Monición de entrada

En este segundo domingo del tiempo ordinario celebramos la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado. El lema escogido es «Una sola familia humana». Le pedimos al Padre, por medio de Jesús, que atienda los deseos y súplicas de esta familia que ha congregado en su presencia y que reúna en torno a Cristo, rico en misericordia, a todos sus hijos dispersos por el mundo.

La Eucaristía constituye, en el corazón de la Iglesia, una fuente inagotable de comunión para toda la humanidad. Gracias a ella, el pueblo de Dios abraza a «toda nación, razas, pueblos y lenguas» y está capacitado para el servicio de la caridad y la acogida. Celebremos con alegría y oremos por nuestra familia humana.

Lecturas: Is 49, 3.5-6; Salm 39; 1 Co 1, 1-3; Jn 1, 29-34

Sugerencias para la homilía

1. En el camino hacia el corazón del año litúrgico, la Pascua de resurrección del Cordero de Dios, hemos entrado en el tiempo ordinario; Juan el Bautista nos introduce a la persona de Jesús, que resume en sí, con riqueza inagotable, todas las referencias bíblicas al «cordero» (que en la lengua aramea significa también siervo). Es como si el Bautista dijera: he aquí el cordero para el sacrificio de la nueva Pascua, he aquí el siervo mesiánico que se inmola por el pecado del mundo. El dedo índice que los señala lo hace para todo el mundo. Y es que el amor de Jesús resucitado nos hermana y su Espíritu nos empuja a crear y mantener relaciones de justicia y de paz.

2. Si miramos a España, podemos constatar cómo se está convirtiendo en una sociedad más multiétnica, donde aumentan las relaciones interculturales y «donde también las personas de diversas religiones se ven impulsadas al diálogo, para que se pueda encontrar una convivencia serena y provechosa en el respeto de las legítimas diferencias» (Mensaje de Benedicto XVI). Son por lo menos 120 los países representados por las personas inmigrantes y refugiadas, las cuales han traído en sus corazones también el deseo de poder vivir, expresar y compartir sus anhelos más profundos de amor y de paz. Como cristianos, desde nuestra identidad bautismal también podemos prestar nuestra preciosa mediación para que nuestro testimonio, nuestro trabajo por la paz con el diálogo fraterno, nuestro trabajo ecuménico e interreligioso y nuestra esperanza enraizada en Cristo contribuya a la estima y al respeto recíproco en un mundo tan diverso y plural.

3. Lo mismo que Dios llama a Samuel hoy también Dios necesita colaboradores, voluntarios, mediaciones que en todo el mundo quieran llevar adelante su proyecto de salvación sobre los hombres. Pero a la vez que es necesaria la pronta disponibilidad, también es urgente que estas mediaciones respondan con fidelidad, lo mejor preparadas posible para que sean creíbles a nuestros hermanos y hermanas inmigrantes con sus preocupaciones, angustias y esperanzas. Porque el Señor siempre oye el grito del excluido, como nos recuerda el salmo.

4. La Iglesia reconoce a toda persona el derecho a emigrar, «en el doble aspecto de la posibilidad de salir del propio país y la posibilidad de entrar en otro, en busca de mejores condiciones de vida. Al mismo tiempo, los Estados tienen el derecho de regular los flujos migratorios y defender sus fronteras, asegurando siempre el respeto debido a la dignidad de toda persona humana. Los inmigrantes, además, tienen el deber de integrarse en el país de acogida, respetando sus leyes y la identidad nacional» (Mensaje de Benedicto XVI).

Se trata, pues, de conjugar la acogida que se debe a todos los seres humanos, en especial si son necesitados, con la consideración sobre las condiciones indispensables para una vida decorosa y pacífica, tanto para los habitantes originarios como para los nuevos llegados. La dignidad del cuerpo humano, de la que habla la segunda lectura, es inseparable de la dignidad de la persona humana. La tarea evangelizadora nacida del encuentro con Jesús –como el que nos narra el Evangelio– nos debe llevar al encuentro con los hombres y mujeres de nuestro entorno que hoy podemos simbolizar en nuestros hermanos y hermanas inmigrantes en un mundo cada vez más globalizado.

Oración de los fieles

Oremos al Padre, para que por medio de Nuestro Señor Jesucristo y con la ayuda del Espíritu Santo escuche nuestra plegaria:

1. Te pedimos, Padre, por la Iglesia en Comunión. Es tu pueblo que camina en medio de todos los pueblos, para que siga siendo en Cristo signo e instrumento de unidad y fraternidad. Oremos: escúchanos Padre...

2. Te pedimos, Padre, por nuestros gobernantes y asambleas legislativas: ilumínalos con tu Espíritu a la hora de pensar, aprobar y aplicar leyes que regulan en justicia los derechos y deberes de las personas migrantes. Oremos: escúchanos Padre...

3. Te pedimos, Padre, que la próxima Jornada Mundial de la Juventud, expresión juvenil de la gran fa humana recoja y exprese con fuerza los grandes valores cristianos de la acogida cristiana, la hospitalidad y el esfuerzo para que crezca el reino en todo el mundo con la justicia y la caridad. Oremos: escúchanos Padre...

4. Te pedimos, Padre, por las personas y familias migrantes y refugiadas que más sufren la fragilidad de derechos, la inestabilidad de trabajo, la espera de soluciones solidarias de sus problemas. Para que el “respeto de sus derechos, así como las justas preocupaciones por la seguridad y la cohesión social, favorezcan una convivencia estable y armoniosa”. Oremos: escúchanos Padre...

5. Te pedimos, Padre, por los hermanos y hermanas que de distintos países han traído a nuestras parroquias y comunidades también su fe sincera y su activa colaboración y te pedimos que nuestras asambleas reflejen cada vez más la universalidad de la Iglesia católica.

6.… [Intención según las circunstancias locales].

Oremos: escúchanos Padre...

Se pueden presentar las ofrendas del pan y el vino acompañadas de unas palabras que expresen que los granos de pan y los racimos dispersados en los campos se han reunido para formar el pan y el vino, y, así, nosotros, de diversas razas, culturas y naciones nos unimos en Cristo Jesús.

Despedida

En el mensaje del Santo Padre de este año nos dice que crezcan la compresión y la estima entre los pueblos y las culturas. Que la Eucaristía que acabamos de celebrar nos dé la fuerza necesaria para llevar adelante en el ambiente de cada uno de nosotros el lema del Papa. Que la Virgen María sea la Estrella que dé fuerza a todos los emigrantes y refugiados.


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lunes, 10 de enero de 2011

Mensaje de la Comisión Episcopal de Migración para la Jornada Mundial del emigrante y del refugiado, 2011

UNA SOLA FAMILIA HUMANA

1. Una voz esperanzada

La voz esperanzada del Papa en la Jornada Mundial del emigrante y del refugiado, en este domingo 16 de enero de 2011, es: “Una sola familia humana”. Es anuncio, invitación, denuncia y programa, a la vez, que quiere hacerse oír en medio de la grave situación por la que atraviesa nuestra sociedad y que tan negativamente repercute en numerosas familias, muy especialmente en las familias emigrantes.

En el VI Congreso Mundial de Pastoral para los Emigrantes y Refugiados celebrado en Roma en abril de 2009, se abordó la respuesta pastoral al fenómeno migratorio en la era de la globalización 1 En la audiencia a los participantes, el Papa afirmó en su discurso, “que la migración es una oportunidad para destacar la unidad de la familia humana.” En las conclusiones del Congreso se afirma que la migración, un fenómeno en la era de la globalización y un signo de los tiempos, afecta profundamente a nuestras sociedades en una época de cambios rápidos y sin precedentes.

Asimismo, en el VIII Congreso Europeo de Migraciones del Consejo de Conferencias Episcopales Europeas (CCEE), celebrado en Málaga, en los días 30 de abril al 1 de mayo de 2010, uno de los temas estudiados fue el de “la familia migrante”.

2. Principios de la Sagrada Escritura y de la Doctrina Social de la Iglesia

Los derechos de los emigrantes a vivir como miembros de la familia humana y la obligación correspondiente hacia ellos de acogida, ayuda, solidaridad y fraternidad tienen su fundamento en la condición de todos los seres humanos de hijos del mismo Padre Dios, de la que se deriva la común vocación de hermanos. Tenemos un origen común, el mismo fin, el mismo hábitat, la tierra creada por Dios y puesta al servicio de todos los hombres y mujeres de todos los tiempos y lugares. Tenemos un camino común, aunque vivamos diferentes situaciones.

3. Emigración globalización y una familia

Una de esas diferentes situaciones es la emigración; circunstancia que no afecta a la común pertenencia a la misma y única familia humana.

Otra circunstancia en el camino común es el fenómeno de la globalización, con su ambigüedad de ventajas e inconvenientes. En el citado Mensaje para la Jornada Mundial, el Papa Benedicto XVI, en referencia a su Encíclica Caritas y Veritate, dice del fenómeno de la globalización “característico de nuestra época” que “no es sólo un proceso socioeconómico, sino que conlleva también «una humanidad cada vez más interrelacionada», que supera fronteras geográficas y culturales. Al respecto, la Iglesia no cesa de recordar que el sentido profundo de este proceso histórico y su criterio ético fundamental vienen dados precisamente por la unidad de la familia humana y su desarrollo en el bien (cf. Benedicto XVI, Enc. Caritas in veritate, 42). Por tanto, todos, tanto emigrantes como poblaciones locales que los acogen, forman parte de una sola familia, y todos tienen el mismo derecho a gozar de los bienes de la tierra, cuyo destino es universal, como enseña la doctrina social de la Iglesia. Aquí encuentran fundamento la solidaridad y el compartir” (Benedicto XVI, Mensaje 2011).

Más aún, en el fenómeno de la globalización, asumido y vivido con criterios y actitudes de acogida de los diferentes, de justicia y de solidaridad, en orden al bien común, puede prefigurarse y anticiparse la ciudad nueva y definitiva del futuro «En una sociedad en vías de globalización - dice el Papa - el bien común y el esfuerzo por él han de abarcar necesariamente a toda la familia humana, es decir, a la comunidad de los pueblos y naciones, dando así forma de unidad y de paz a la ciudad del hombre, y haciéndola en cierta medida una anticipación que prefigura la ciudad de Dios sin barreras» (Benedicto XVI, Enc. Caritas in veritate, 7).

Contrasta con este cuadro ideal la dura realidad, agravada por la crisis económica y no siempre favorecida por las leyes, que afectan a los emigrantes y refugiados. Surgen el miedo al extraño, el rechazo, la merma en la cordial acogida, en la hospitalidad… Se hace necesario rescatar la centralidad de la persona humana y de su dignidad, con sus correspondientes e inalienables derechos y deberes.

4. Un largo camino

El ideal y la tarea de constituir una sola familia de personas, pueblos, culturas, religiones… tan numerosas y diversas, nos urgen a todos, emigrantes y autóctonos. El camino es arduo y tiene aún un largo recorrido.

No es superfluo volver a recordar, como punto de partida el derecho fundamental de toda persona a salir de su tierra y a ir a otro país que le ofrezca mejores posibilidades, sin tener que desprenderse de su familia, de su religión, de su cultura…

Tampoco podemos olvidar el derecho propio de los Estados a regular los flujos migratorios con justicia, con solidaridad y con sentido del bien común. En esa regulación justa entra también el establecer condiciones dignas para la acogida y la gradual y armónica integración de emigrantes y refugiados en la nueva sociedad, en la normal interacción entre la población autóctona y la emigrante.

Palabra e instrumento clave en este proceso es el diálogo en todas sus variantes, empezando por el diálogo de la vida, en el trabajo, en la escuela, en el tiempo libre, en la vecindad, en la convivencia, en la defensa común de los derechos, en las acciones comunes, en el servicio al bien común. Fundamental es el diálogo intercultural y, en el campo religioso, el diálogo ecuménico y el interreligioso.

Dice a este respecto el Santo Padre en el citado Mensaje: “Una sola familia de hermanos y hermanas en sociedades, que son cada vez más multiétnicas e interculturales, donde también las personas de diversas religiones se ven impulsadas al diálogo, para que se pueda encontrar una convivencia serena y provechosa en el respeto de las legítimas diferencias” (Mensaje, 2011).

5. Iglesia pionera

La Iglesia, que ha recibido el mandato del Señor de hacer de todos los pueblos una sola familia, ha de ser pionera en la tarea de acoger a los diferentes, de ayudarles en su proceso de incorporación a la nueva sociedad, y a la comunidad creyente a cristianos y a los que voluntariamente lo pidan.

Asimismo, la Iglesia debe ser ejemplar en su ayuda a la asunción de responsabilidades por parte de los emigrantes, de su papel y tareas en la nueva sociedad y en la nueva comunidad creyente, respetando siempre la identidad de cada uno, dentro de la única familia.

En su condición de “católica”, la Iglesia y los católicos han de ser signos e instrumentos de la realidad de la única familia de Dios, en la que caben hombres y mujeres diferentes en procedencia, raza, cultura, clase social… La Iglesia es la “casa común”, en la que todos tienen cabida.

Fiel al mandato de su Señor, la Iglesia ha de ser modelo en el amor fraterno, viendo en cada hermano al mismo Cristo, su Señor.

La Iglesia, en sus comunidades, en su vida, en su acción, en sus manifestaciones… ha de constituir un signo de esperanza en medio de una sociedad tentada de desesperanza. 

6. Emigrantes víctimas de la violencia y estudiantes, sectores de especial atención 

En su mensaje, el Papa Benedicto XVI nos invita a tener una especial atención y prestar especial servicio a los refugiados y demás emigrantes forzados por la violencia, a los que “se les debe ayudar a encontrar un lugar donde puedan vivir en paz y seguridad, donde puedan trabajar y asumir los derechos y deberes existentes en el país que los acoge, contribuyendo al bien común, sin olvidar la dimensión religiosa de la vida” (Mensaje, 2011).

Consideración especial dedica también el Santo Padre a los estudiantes extranjeros e internacionales, que son cada día más numerosos, para los que pide estar atentos a sus problemas concretos. Ellos son “una categoría socialmente relevante en la perspectiva de su regreso, como futuros dirigentes, a sus países de origen. Constituyen «puentes» culturales y económicos entre estos países y los de acogida, lo que va precisamente en la dirección de formar «una sola familia humana» (l.c.). 

Conclusión 

Terminamos con las mismas palabras con las que el Santo Padre cierra su Mensaje: “No perdamos la esperanza, y oremos juntos a Dios, Padre de todos, para que nos ayude a ser, a cada uno en primera persona, hombres y mujeres capaces de relaciones fraternas; y para que, en el ámbito social, político e institucional, crezcan la comprensión y la estima recíproca entre los pueblos y las culturas. Invoquemos con el Papa la intercesión de María Santísima Stella maris.

16 de Enero de 2011

Los Obispos de la Comisión Episcopal de Migración 

1Cfr. VI Congreso Mundial de Pastoral para los Emigrantes y Refugiado. Roma 9-12 de Noviembre.
People on the Move. XLI .111December 2009


Publicado por verdenaranja @ 21:55  | Hablan los obispos
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Lectio divina para el martes de la primera semana del Tiempo Ordinario, ofrecidapor la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.

LECTURA:       “Marcos 1, 21-28”

Llegó Jesús a Cafarnaún, y cuando el sábado siguiente fue a la sinagoga a enseñar, se quedaron asombrados de su enseñanza, porque no enseñaba como los letrados, sino con autoridad.

Estaba precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo, y se

puso a gritar: ¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: El Santo de Dios. Jesús lo increpó: Cállate y sal de él. El espíritu inmundo lo retorció y, dando un grito muy fuerte salió.

Todos se preguntaron estupefactos: ¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es

nuevo. Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen.

Su fama se extendió en seguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea.

MEDITACIÓN.              “¿Qué quieres de nosotros?”

            Creo que en el inicio de tu andadura pública ésta es una buena pregunta si ampliamos el sujeto de ella. Eres la Palabra encarnada en nuestra historia. Te has hecho presente en nuestra historia y no es por mera curiosidad, para ver qué se siente siendo hombre. Vienes a traernos una palabra de vida. Vienes a mostrarnos el amor de Dios, a hablarnos de nuestra dignidad, a manifestarnos el sentido de nuestra historia. Desde ahí ya nada es igual y la pregunta tiene sentido ¿Qué quieres de nosotros, qué quieres de mí?

            La pregunta en boca de aquel espíritu inmundo era de temor, porque sabía que venías a enfrentarte cuerpo a cuerpo contra el mal que doblega al hombre, que lo degrada. Venías a restaurar nuestra dignidad, a devolvernos la libertad perdida, a arrancarnos de las garras del mal. Y en esa respuesta estaba implícita la que venías a darnos a todos, la que me das, día tras día a mí.

            No es fácil tu empeño, Señor, el mal nos seduce y nos atrae. A veces ejerce una fuerza irresistible, que nos revuelca por dentro, como a aquel hombre, y con más dureza si queremos que salga de nosotros. Pero tú sigues empeñado en devolvernos nuestra dignidad humana, nuestra dignidad de hijos.

            Con tu propia vida entregada nos mostraste tu empeño y la fuerza del amor, capaz de pasar por encima de todo mal y de transformar nuestra historia. Quieres de nosotros y para nosotros toda la fuerza de la vida, nuestra eterna felicidad. Y vienes a construirla con nosotros, conmigo y en mí.

ORACIÓN :              “La belleza del amor”

            Señor, no necesito mirar a mi alrededor, me basta mirarme a mí, mirar a mi interior, para descubrir todas esas fuerzas que me distancias de mí mismo y de ti. Tanto que a veces me asusta. Dame tu fuerza, Señor. Dame tu fuerza para conseguir ser dueño de mi persona y para dejar crecer en mí la belleza del amor.

            Y gracias, Señor, porque aunque en muchos momentos no lo consiga, aunque en muchas circunstancias no te deje lugar en mí, sigues a mi lado ofreciéndome tu perdón y tu paz.

CONTEMPLACIÓN:               “Hijo”

No te asusta
la deformidad de mi barro
pisoteado por la superficialidad
de mis gestos dobles.

Y con tus manos
de alfarero divino
intentas moldear,
una y otra vez,
mi corazón humano,
dignificar mi realidad
de hombre,
para volver a llamarme,
con emoción de padre:
Hijo.


Publicado por verdenaranja @ 21:39  | Liturgia
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Lectio divina para el lunes de la primera semana del Tiempo Ordinario, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenrife.

LECTURA:       “Marcos 1, 14-20”

Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de

Dios. Decía: Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios: Convertíos y creed la Buena Noticia.

Pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago. Jesús les dijo: Venid conmigo y os haré pescadores de hombres. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.

Un poco más adelante vio a Santiago, hijo del Zebedeo, y a su hermano Juan, que

estaban  en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con él.

MEDITACIÓN:          “El evangelio de Dios”

            Comenzamos la andadura de tu vida pública y con ella quiero seguir haciendo la mía, manteniendo viva la fuerza de tu palabra que me llama, me conduce, me acompaña, me empuja y me interpela. Es la única forma que tengo de poder ir haciendo mi historia sin que me puedan tantas seducciones fáciles, aunque, al mismo tiempo, tristes, vacías, sin horizontes, que me ofrecen muchos placeres pero al precio de robarme mis sueños, mis anhelos, mi esperanza, mi dignidad.

               Y me da alegría que ya de entrada, para que lo tenga claro, para que sepa por donde tengo que caminar o, al menos, cuál es tu camino, tu anuncio me habla de una buena noticia. Parece que todos estamos ansiosos de oír buenas noticias, máxime en estos tiempos confusos y dolorosos que tanto sufrimiento están generando. Pero tu buena noticia no parece entusiasmarnos, porque no nos resuelva nada, ni nos da trabajo, ni …, tu buena noticia solamente nos quiere hablar de Dios y, parece, que Dios hoy es para muchos un enemigo, tal vez porque se equivocan de dios. Tal vez porque yo, y los que como yo decirnos seguirte, desdibujamos su rostro.

            Pero tú vuelves, empeñado, para decirme, para decirnos, que Dios es una buena noticia. Que Dios no es un enemigo del hombre ¿cómo va a ser el creador enemigo de su obra, cómo va a ser un padre enemigo de su hijo? Entre nosotros tal vez sí, pero contigo y desde ti, no. Tú nos ofreces tu paz, tu dignidad, tu amor, tu bondad, tu luz, tu compasión, tu perdón, tu vida, tu belleza. Y todo eso es nuestro porque lo hemos heredado de ti. Tú no solucionas como un mago nuestros problemas, pero si viviésemos contigo y desde ti es seguro que no los generaríamos.

            Hemos hecho una historia compleja mediatizada por tantos intereses bastardos que ya no sabemos cómo encontrar soluciones, queremos responder quitando valores, magnificando nuestros derechos y obviando nuestros deberes y ya nos sabemos cómo volver a la sencillez del bien, del amor, de la paz, de la vida, del perdón. Yo tampoco tengo la solución pero tu palabra me llega cargada con la esperanza de tu buena noticia, la buena noticia de que Dios, el Dios que tú nos muestras y se manifiesta en ti, está cerca, muy cerca, en lo más íntimo de nuestra intimidad. Gracias.

ORACIÓN:              “Gracias por venir”

            Sí, gracias, gracias, Señor por tu buena noticia. Gracias porque sigue resonando en los aires y en muchos corazones. Gracias porque necesitamos escucharla y hacerle un espacio en nuestro ser. Gracias por venir y seguir llamando a mi puerta.

            Señor, sé que sigo repitiendo deseos e incoherencias. Sé que mis gestos no manifiestan la fuerza de lo que creo y espero. Sé que mi conversión es una lucha, a veces anodina, donde me doy por vencido antes de salir al campo de batalla. Pero no dejes de venir y de llamarme, porque eso sostiene la esperanza de mi dignidad.

CONTEMPLACIÓN:           “Como una flor”

Son mis deseos
traídos y llevados
por los vientos vacíos
de mi indigencia.

Y son los deseos
mantenidos
por la fuerza de tu palabra
que me sigue susurrando
y gritando
la belleza y la grandeza
de mi dignidad que,
como una flor,
 aterida por el frío,
se marchita
y que al calor de tu aliento
revive y se abre
mostrando su desconocido
esplendor.


Publicado por verdenaranja @ 21:35  | Liturgia
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Sugerencias para la homilía de la Eucaristía de la Jornada de la Infancia Misionera 2011, publicadas en Guión Litúrgico de la revista ILLUMINARE, nº 381, ENERO 2011 para su celebración el 23 de Enero.

SUGERENCIAS PARA LA HOMILíA

• En la primera lectura resuenan aún los ecos de la Navidad, con la lectura del profeta Isaías que nos habla de la luz que va a brillar a los que viven en la oscuridad. Es la "tierra de los gentiles", de aquellos que no han tenido la oportunidad de escuchar la Palabra de Dios, de aquellos más alejados, en principio, de Dios; a ellos se les promete que también les llegará la luz y, con ella, la alegría y el regocijo.

• La profecía de Isaías, por este motivo, es citada por el evangelista Mateo a propósito de Jesús, que se establece en aquellas tierras, "para que se cumpla la Escritura". Cristo es la luz, y el hecho de establecerse en un lugar considerado de paganos es visto por el evangelista como la realización de las palabras de Isaías, de que la luz de la Palabra de Dios llegará a todos los pueblos. El Evangelio nos muestra a Jesús, que comienza su ministerio predicando la conversión porque "el Reino de Dios ha llegado". En este contexto, se entiende perfectamente que el Reino es para todos aquellos que con fe se abren al anuncio de Cristo.
La llamada posterior a los discípulos no es más que la confirmación de que es Dios mismo quien, por medio de su Palabra, reúne a todas las personas, de cualquier raza y condición, en un único pueblo, el nuevo pueblo de Dios que es la Iglesia, en la que todos tienen cabida.

• En la Iglesia no puede haber divisiones, si de verdad escuchamos la Palabra de Dios y seguimos a Cristo. San Pablo reacciona enérgicamente contra las divisiones existentes en la comunidad cristiana de Corinto; contra ellas afirma la fuerza de la predicación de la Palabra, que es eficaz no tanto por ser sabiduría humana, sino por la sabiduría divina que hay en ella,
la que viene de la cruz de Cristo. Seguir la llamada de Cristo es configuramos con Él, con su muerte y su resurrección, y ser de este modo sus testigos.

• La Jornada de la Infancia Misionera nos recuerda que los cristianos formamos el pueblo de Dios, que es la Iglesia, y que todos estamos llamados a ser miembros activos de ella, a conocer a Jesús, a ser sus amigos desde niños y a seguirle en su misión.

• Este año nos unimos a los niños de Oceanía; es un continente lejano y desconocido para nosotros. En él la Iglesia tiene una presencia pequeña, pero muy importante y significativa. Con la fuerza de su fe, los cristianos de Oceanía siguen al Señor con alegría siendo testigos del reino de Dios. Nos unimos a ellos para que continúen siendo luz para ese continente, especialmente para los niños y jóvenes.


Publicado por verdenaranja @ 16:43  | Homilías
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Guión Litúrgico para la Eucaristía de la Jornada de la Infancia Midçsionera, publicado en la revista ILLUMINARE, nº 381 - ENERO 2011, recibida en la parroquia con los materiales para su celebración el 23 de Enero.

INTRODUCCiÓN  

Los discípulos de Jesús nos reunimos cada domingo para escuchar su palabra y recibirle en el sacramento de la Eucaristía. En cada celebración eucarística, Él pasa por nuestras vidas para que, con la fuerza que nos da el encuentro personal con Él, le sigamos como amigos suyos. Escuchamos en la lectura del Evangelio cómo los apóstoles fueron llamados a ser sus primeros amigos y discípulos. También a nosotros nos ofrece el Señor ahora la oportunidad de acoger su amistad y de seguirle.

Hoy, además, la Iglesia en España dedica esta jornada a la Obra Pontificia de Infancia Misionera, que la celebra con el lema "Con los niños de Oceanía ... seguimos a Jesús". Es una oportunidad para acoger la amistad que nos ofrece Jesús y ser sus misioneros, hasta los confines más lejanos de la Tierra.

ACTO PENITENCIAL

Comenzamos la celebración pidiendo a Dios, nuestro Padre, que disponga nuestros corazones a la conversión y al seguimiento:

• Tú que has sido enviado a sanar los corazones afligidos. Señor, ten piedad.

• Tú que has venido a llamar a los pecadores. Cristo, ten piedad.

• Tú que estás sentado a la derecha del Padre para interceder por nosotros. Señor, ten piedad.

MONICIÓN A LAS LECTURAS

La Palabra de Dios es luz: en medio de las tinieblas de este mundo, brilla para que podamos ver a Dios. En Jesús, Palabra hecha carne, la luz de Dios nos ilumina y nos pide que le escuchemos y le sigamos, convirtiéndonos en sus discípulos y misioneros.

Muchos pensamientos, preocupaciones, inquietudes ... pueden distraemos de escuchar solamente a Aquel que es la Palabra de Vida. Nos preparamos, por eso, a escuchar la Palabra de Dios, para que con su luz despeje las tinieblas de nuestro corazón, nos guíe y nos haga ser amogos del Señor. 

SUGERENCIAS PARA LA HOMILíA

• En la primera lectura resuenan aún los ecos de la Navidad, con la lectura del profeta Isaías que nos habla de la luz que va a brillar a los que viven en la oscuridad. Es la "tierra de los gentiles", de aquellos que no han tenido la oportunidad de escuchar la Palabra de Dios, de aquellos más alejados, en principio, de Dios; a ellos se les promete que también les llegará la luz y, con ella, la alegría y el regocijo.

• La profecía de Isaías, por este motivo, es citada por el evangelista Mateo a propósito de Jesús, que se establece en aquellas tierras, "para que se cumpla la Escritura". Cristo es la luz, y el hecho de establecerse en un lugar considerado de paganos es visto por el evangelista como la realización de las palabras de Isaías, de que la luz de la Palabra de Dios llegará a todos los pueblos. El Evangelio nos muestra a Jesús, que comienza su ministerio predicando la conversión porque "el Reino de Dios ha llegado". En este contexto, se entiende perfectamente que el Reino es para todos aquellos que con fe se abren al anuncio de Cristo.
La llamada posterior a los discípulos no es más que la confirmación de que es Dios mismo quien, por medio de su Palabra, reúne a todas las personas, de cualquier raza y condición, en un único pueblo, el nuevo pueblo de Dios que es la Iglesia, en la que todos tienen cabida.

• En la Iglesia no puede haber divisiones, si de verdad escuchamos la Palabra de Dios y seguimos a Cristo. San Pablo reacciona enérgicamente contra las divisiones existentes en la comunidad cristiana de Corinto; contra ellas afirma la fuerza de la predicación de la Palabra, que es eficaz no tanto por ser sabiduría humana, sino por la sabiduría divina que hay en ella,
la que viene de la cruz de Cristo. Seguir la llamada de Cristo es configuramos con Él, con su muerte y su resurrección, y ser de este modo sus testigos.

• La Jornada de la Infancia Misionera nos recuerda que los cristianos formamos el pueblo de Dios, que es la Iglesia, y que todos estamos llamados a ser miembros activos de ella, a conocer a Jesús, a ser sus amigos desde niños y a seguirle en su misión.

• Este año nos unimos a los niños de Oceanía; es un continente lejano y desconocido para nosotros. En él la Iglesia tiene una presencia pequeña, pero muy importante y significativa. Con la fuerza de su fe, los cristianos de Oceanía siguen al Señor con alegría siendo testigos del reino de Dios. Nos unimos a ellos para que continúen siendo luz para ese continente, especialmente para los niños y jóvenes.  

ORACiÓN DE LOS FIELES

Jesús ha venido para anunciar e instaurar el reino de Dios entre nosotros. Animados por esta esperanza, oramos al Padre como hijos suyos: R/ Venga a nosotros tu Reino.

Para que la Iglesia viva con esperanza renovada el seguimiento de Jesús en el anuncio del Reino. Oremos.

Para que pastores y fieles cristianos se esfuercen en hacer presente el reino de Dios en todo el mundo. Oremos.

Para que los gobernantes de los países promuevan el bien de todos los pueblos. Oremos.

Para que los misioneros y misioneras sirvan a la Iglesia y al reino de Dios. Oremos.

Para que los niños de todo el mundo experimenten la llamada a ser los primeros en el reino de Dios, siendo amigos de Jesús. Oremos.

Para que los niños de la Infancia Misionera vivan con alegría su compromiso misionero. Oremos.

Para que nosotros seamos de verdad discípulos de Cristo y sus testigos ante el mundo. Oremos.

Acoge, Padre, la oración de tu Iglesia, que pone todo su esfuerzo en anunciar e instaurar tu Reino, y dale la fuerza de tu Espíritu para que no decaiga ante la dificultad. Por Jesucristo, nuestro Señor.

MONICiÓN DE OFERTORIO

En este día misionero, presentamos el pan y el vino; son los dones que todos nosotros, pueblo de Dios, ofrecemos para que la Palabra y el Espíritu de Cristo los consagren y se conviertan en su Cuerpo y su Sangre.

También ponemos ante el altar la colecta que hemos realizado para la Infancia Misionera; así, de manera palpable a través de los proyectos de Infancia Misionera, contribuimos como comunidad cristiana a hacer presente el reino de Dios en todo el mundo, especialmente entre los niños más desfavorecidos.

ORACIÓN SOBRE EL PUEBLO Y BENDICIÓN FINAL

Derrama, Padre, tu amor y tu gracia
sobre aquellos que se alegran

de ser amigos y discípulos de tu Hijo
y quieren proclamarte con sus vidas
ante todos los pueblos del mundo,
manifestando tu Reino.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Juan Martínez Sáez, fmvd. Colaborador de las OMP


Publicado por verdenaranja @ 16:39  | Liturgia
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domingo, 09 de enero de 2011

El Delegado Diocesano de la diócesis de Tenerife anuncia actos a celebrar a nivel diocesano con motivo de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2011, al mismo tiempo que envía cartel y material.

DELEGACIÓN DIOCESANA DE
RELACIONES INTERCONFESIONALES
DIÓCESIS DE TENERIFE

Los Realejos a 12 de Diciembre de 2010

Queridos hermanos/as sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas y seglares 

La Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos de este año 2011, preparada desde el Comité Local de Jerusalén, nos trae el sugerente título, sacado de la vida de la Primitiva Comunidad Cristiana: 

Unidos en la enseñanza de los apóstoles,

la comunión fraterna, la fracción del pan y la oración (cf. Hch 2,42) 

En este curso en el que finalizamos la andadura del presente Plan Diocesano de Pastoral, se nos invita a trabajar para que todos lleguemos a la madurez en la vida cristiana, para ser adultos en la fe. Y un aspecto muy importante en el que debemos trabajar es el de la unidad. Sólo se llega a la madurez en la fe, cuando ponemos como uno de los primeros valores en la vida cristiana, el trabajar incansablemente por la unidad. 

El material que se nos ofrece, sirve para orar en la Semana de la Unidad, pero también para todo el año 2011 en cada una de las Comunidades Cristianas. 

Les invitamos a todos a participar de la Celebración Ecuménica, que como cada año compartimos con los cristianos de otras confesiones que están presentes en nuestras islas. Será Dios mediante, el martes 25 de Enero a las 19,00 horas en la iglesia de San Francisco del Puerto de la Cruz, contando con la presencia de nuestro Obispo Don Bernardo Alvarez Afonso y de los pastores de otras Iglesias y Comunidades Cristianas. 

Reciban un cordial saludo de los miembros de esta Delegación, aprovechando la ocasión para desearles un Feliz Nacimiento del Señor en nuestras vidas. El nos convoca a la Unidad en su amor. 

Hasta vernos. Unidos en la oración por la unidad de todos los cristianos.

Marcos Antonio García Luis


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Delegado diocesano de Misiones presenta la Jornada de la Infancia Misionera 2011 enviando los materiales y ofrece el programa de organización de la Marcha Misionera de los Niños a Candelaria.

DELEGACIÓN DIOCESANA DE MISIONES
OBISPADO DE TENERIFE
La Laguna 2 de diciembre de 2010 Querido hermano/a en Jesús Nuestro Dios y Señor: 

En primer lugar, en nombre de Gladys, de los componentes del equipo de la Delegación y en el mío propio, te deseamos que el Niño Dios que nace en Belén te colme de todos sus bienes. Quisiera recordarte que la Iglesia celebra en el mes de enero, la jornada de la Infancia Misionera, el lema escogido para este año es: "Con los niños de Oceanía... seguimos a Jesús" Con el deseo de unirnos a toda la comunidad cristiana y sensibilizar al pueblo de Dios, especialmente a los niños, te enviamos todo el material de la campaña.

Como es tradicional en nuestra diócesis celebraremos el día de la Marcha Misionera el sábado 22 de enero de 2011 en la Villa de Candelaria, junto a la patrona de nuestras islas y presidida por nuestro Obispo. Pueden participar niños desde 3° de primaria hasta los 14 años. A continuación, te ofrecemos algunos aspectos que has de tener en cuenta para un mejor desarrollo de los actos de este día. Lo fundamental de esta jornada es la motivación y sensibilización de los niños a través de la catequesis y la clase de religión. El trabajo educativo es imprescindible.

l . Horario del día:

10,30: Acogida en Las Caletillas en el comienzo de la Avenida Marítima. 11,00: Motivación mientras vamos llegando todos.
11,15: Salida de la Marcha hacia la Basílica.
12,30: Eucaristía presidida por el Sr. Obispo.
13,30: Almuerzo, cantos y juegos compartidos.
15,00: Cantos y dinámicas misioneras.
16,00: Despedida del encuentro y regreso a los lugares de origen. 

2. La colocación de los niños se hará con el color correspondiente a cada continente, para ello los niños han de tener un pañuelo en el cuello, (desde la Dirección Nacional de las OMP nos han remitido pañuelos bellamente confeccionados, si los desean adquirir el precio por unidad es de I€).

Pañuelo Rojo (América): Arciprestazgos de Tegueste y Tacoronte
Pañuelo Verde (Africa): Arciprestazgos de La Laguna, Taco y La Cuesta.
Pañuelo blanco (Europa): Arciprestazgos de Güimar, Granadilla,
Isora, La Gomera, El Hierro, Los Llanos y Santa Cruz de la Palma
Pañuelo Amarillo (Asia): Arciprestazgos de Icod y La Orotava.
Pañuelo Azul (Oceanía): Arciprestazgos de Santa Cruz, Ofra y La Salud. 

(Como ven nos gustaría, si fuera posible, poder contar con representantes de todos los Arciprestazgos).

3. Las Guaguas nos dejaran al principio de la Avenida Marítima (Las Caletillas) y la Policía Local indicará donde deben aparcarse. Por la tarde recogerán a los pasajeros en la plaza de la Basílica.

4. La colecta debe hacerse en cada guagua, irá destinada a los niños de las misiones y se entregará a los organizadores para ofrecerla en la Eucaristía de ese día expresando así nuestro espíritu misionero. Sería bueno motivar a los niños con anterioridad para que tenga un carácter penitencial (que sea fruto del ahorro y de la privación diaria). Por otro lado, los niños que vayan a comulgar deben haber recibido el Sacramento de la Reconciliación; es difícil celebrarlo ese día, por la cantidad de participantes.

5. Los responsables de cada guagua rellenarán la ficha correspondiente que luego entregarán a los organizadores de la Marcha.

6. Los niños deberán traer la comida y bebida necesaria, junto al calzado y la vestimenta adecuada (gorra para el sol), para pasarlo lo mejor posible.

7. Se recomienda motivar a los niños, en las catequesis y las clases de religión para que toda la jornada tenga una motivación misionera. 

8. La Eucaristía, si el tiempo lo permite, se celebrará en la plaza. 

9. Como himno de la Marcha utilizamos el de años anteriores "Canta y Camina". (Se puede encontrar en la Web de las OMP: wv v omp.es // www.domund.org). 

10. Rogamos a los acompañantes de los chicos que colaboren con los organizadores a la hora de velar por su seguridad (especialmente tener cuidado con el mar y el tráfico). 

11. Les pedimos, por favor, que se respete el horario previsto: si se llega demasiado temprano, cada grupo debe traer actividades preparadas para animar a los chicos ya que si no es así, éstos se aburren y los animadores se ponen nerviosos. No olvidemos que debemos esperar por los que son puntuales. Por otro lado, avisen adecuadamente a los padres en cuanto al regreso y así colaboramos a no desesperarnos por la tarde (comenzamos en torno a las 10,30 h. y terminaremos alrededor de las 16,00 h.) 

12. Pedimos a los sacerdotes y religiosas que deseen acompañamos que hagan compatible su presencia con sus compromisos pastorales de la tarde (los horarios están muy claros y si nos desesperamos no favorecemos la buena organización de esta jornada). 

13. Es importante que cada grupo organice, para los tiempos libres, cantos, dinámicas y juegos de acuerdo con el sentido de lo que celebramos ese día. La preparación y motivación previa es fundamental. 

14. Nota Final: Este año no tendremos, por sugerencias de algunos grupos, Festival de la Canción Misionera. En su lugar, tendremos unas dinámicas misioneras.

Sin otro particular y quedando a su disposición para cualquier servicio que te podamos prestar desde esta Delegación 

Te saluda atentamente:

Juan Manuel Yánez Marrero
Delegado Diocesano de Misiones


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Presentación de la Jornada de la Infancia Misionera 2011 por Mons. Francisco Pérez González, Arzobispo de Pamplona-Tudela y Director Nacional de OMP, publicada en la revista ILLUMINARE, nº 381 - ENERO 2011, recibida en la parroquia con los materiales para cu celebración el 23 de Enero de 2011. 

Con niños de Oceanía...

  seguimos a Jesús 

Este año la Infancia Misionera, en su repaso a los continentes, ha llegado a Oceanía. Hace dos años, este recorrido comenzó “con los niños de Asia... buscamos a Jesús”; continuó el año pasado “con los niños de África... encontramos a Jesús”. Este 2011 “con los niños de Oceanía... seguimos a Jesús”, un lema que es la definición resumida de lo que significa ser cristiano. ¿Qué es ser cristiano? Seguir a Jesús, seguir su camino...; es correr hasta ponernos a su altura y, así, continuar el camino conversando con este amigo que nunca te falla.

Sí, lo de caminar lo llevamos los cristianos en la sangre. Es lo que nos hace ser misioneros. Somos caminantes, seguidores, enviados... a anunciar a Jesús. Todo expresa movimiento. Pero, como el mensaje que anunciamos es el mismo Jesús que está vivo y al que seguimos y nos acompaña, también somos compañeros, amigos, comunidad, es decir, Iglesia.

Toda la historia de la Iglesia, la historia de los cristianos, está llena de caminantes, de seguidores de Jesús, siempre acompañados. Solo hay que acordarse de los primeros amigos de Jesús, los apóstoles. Se pusieron a caminar hacia todos los confines del mundo para anunciar la Buena Nueva. San Pedro llegó hasta Roma, Santo Tomás hasta la India, San Pablo... San Pablo no paró de caminar y seguir a Jesús. Santiago vino hasta España y nos dejó en herencia el Camino de Santiago. Un “camino” que nos muestra lo cercana que es al cristiano la idea de seguir, de caminar. Los grandes santos, San Francisco de Asís, San Ignacio de Loyola, Santa Teresa de Jesús..., no se estaban quietos, siempre estaban en camino. Pero incluso aquellos santos que se dedicaban a adorar a Jesús en los monasterios “seguían” espiritualmente a este amigo que nunca nos abandona. La Patrona de las Misiones, Santa Teresita del Niño Jesús, es la mejor muestra.

El mayor ejemplo de misionero, San Francisco Javier, recorrió medio mundo por seguir a Jesús, llegando en un viaje que duró años –paraba sólo y únicamente para predicar a Jesús– hasta el Pacífico, hasta las aguas de Oceanía, el continente del lema de este año. 

A todos ellos, como a todos los misioneros, como a ti y a mí, nos acompaña Jesús. Pero ir con Jesús, seguirlo, ir a su paso, no es lo mismo que seguir a cualquier otro. Jesús camina firme y no duda. Sabe adónde va y adónde te lleva. Te da la mano y, si tú no quieres, Él no te suelta. 

Jesús camina firme y no duda. Tenemos que mirarle y aprender a caminar como lo hace Él. La mejor forma para ello es leer el Evangelio, sentir su frío en el pesebre, ver sus gestos al curar a los enfermos, oír sus palabras a las multitudes y a sus apóstoles. Sin duda, esta es la mejor manera de aprender a caminar como Él, de aprender a seguirle. El Santo Padre Benedicto XVI ponía un ejemplo de cómo ver a Jesús y sus gestos, leyendo el Evangelio: “Jesús lleva aparte a un hombre sordo y mudo y, tras haber realizado algunos gestos simbólicos, alza los ojos al cielo y le dice: «¡Effetá!», es decir: «¡Ábrete!». En aquel instante, relata el evangelista, al hombre le fue restituido el oído, se le desató la lengua y hablaba correctamente. Los gestos de Jesús están llenos de atención amorosa y expresan profunda compasión por el hombre que está ante Él: le manifiesta su interés concreto, lo saca de la confusión de la multitud, le hace sentir su cercanía y comprensión mediante algunos gestos llenos de significado. Le pone los dedos en los oídos y con la saliva le toca la lengua. Le invita después a dirigir con Él la mirada interior, la del corazón, hacia el Padre celestial. Finalmente, lo cura y lo devuelve a su familia, a su gente. Y la multitud, asombrada, no puede sino exclamar: «¡Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos!» (Mc 7,37)” (discurso a los participantes en la Conferencia Internacional sobre pastoral con no oyentes, 20 de noviembre de 2009). 

Sabe adónde va y adónde te lleva. En el Evangelio, el apóstol Tomás le dice: “Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?” (Jn 14,5). Jesús nos lleva hacia su Padre, hacia Dios, hacia la Felicidad Plena, hacia todo lo que de verdad queremos… En el mundo hay guerras, Él nos lleva a la verdadera paz; en el mundo hay tristeza, Él nos lleva a la verdadera alegría; en el mundo hay odio, Él nos lleva al amor. Por eso, hay que tener una confianza plena en Él, para no dejarnos eclipsar por otras cosas que irán apareciendo en nuestro seguimiento de Jesús. Ni tener muchas cosas, ni pasárselo bien a todas horas olvidándonos de los demás, ni creernos los más listos o los más guapos o los mejores; nada de eso puede sustituir a la verdadera alegría de seguir a Jesús. 

Te da la mano y, si tú no quieres, Él no te suelta. Es un amigo, el mejor amigo. Él siempre estará para escucharte en la Eucaristía; nunca te dejará. Él no se enfada, ni te echa en cara nada; solo quiere que le digas que sí, que le sigas.

Hace unos años el Papa Benedicto XVI tuvo un encuentro con un grupo de niños de primera comunión. Le preguntaron qué recuerdo tenía de su propia primera comunión: “Fue un hermoso domingo de marzo de 1936; o sea, hace 69 años. Era un día de sol; era muy bella la iglesia y la música; eran muchas las cosas hermosas, y aún las recuerdo. Éramos unos treinta niños y niñas de nuestra pequeña localidad, que apenas tenía 500 habitantes. Comprendí que entonces comenzaba una nueva etapa de mi vida –tenía 9 años– y que era importante permanecer fiel a ese encuentro, a esa comunión. Prometí al Señor: «Quisiera estar siempre contigo» en la medida de lo posible, y le pedí: «Pero, sobre todo, estate Tú siempre conmigo». Y así he ido adelante por la vida. Gracias a Dios, el Señor me ha llevado siempre de la mano y me ha guiado incluso en situaciones difíciles. Así, esa alegría de la primera comunión fue el inicio de un camino recorrido juntos. Espero que, también para todos vosotros, la primera comunión, que habéis recibido en este Año de la Eucaristía, sea el inicio de una amistad con Jesús para toda la vida. El inicio de un camino juntos, porque yendo con Jesús vamos bien, y nuestra vida es buena”. (encuentro con los niños de primera comunión, Plaza de San Pedro, 15 de octubre de 2005).

Por si fuera poco, siempre tendremos a nuestra Madre al lado: la Virgen Santísima nos enseñará cómo hay que seguir a Jesús, porque nadie le ha seguido mejor que Ella. Ponte al paso de Jesús, síguele, habla con él: es tu amigo.


Publicado por verdenaranja @ 19:48  | Misiones
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Artículo de Juan Ignacio Rodríguez Trillo, Director del Secretariado de la Subcomisión Episcopal de Catequesis, para la Jornada de la Infancia Misionera 2011, publicado  en la revista ILLUMINARE, nº 381 - ENERO 2011, recibida en la parroquia con los materiales para la celebración el 23 de Enero de 2010.

CON LOS NIÑOS DE OCEANÍA... SEGUIMOS A JESÚS

Oceanía es un continente insular constituido por la plataforma continental de Australia, las islas de Nueva Guinea y Nueva Zelanda, y los archipiélagos coralinos y volcánicos de Micronesia, Polinesia y Melanesia. Todas estas islas están distribuidas por el Océano Pacífico. Con una extensión de 9.008.458 km², se trata del continente más pequeño del planeta. 

Querido amigo lector, esta descripción de Oceanía no es sin más una presentación o una parte del diseño de este artículo. Sirve para preguntarte: ¿qué sabes de Oceanía? ¿Sabes situarla en el mapa del mundo y hacerlo con exactitud? Describir sus países, sus tradiciones, su cultura, posiblemente sería ya más complicado. Hoy es fácil recurrir a Internet e informarnos, interesarnos por este continente e, incluso, realizar algún viaje virtual por alguna de sus islas. Espero que a ti, como me ha pasado a mí al escribir este artículo, se te abra el corazón hacia un lugar de la Tierra, pienses en sus gentes, en sus problemas y dificultades, en sus ilusiones y esperanzas y, más allá de un viaje virtual, eleves una oración al Dios Creador y Padre de todos los hombres.

Te brindo la oración que los obispos de Oceanía rezaron al final del Sínodo para este continente, que se desarrolló en Roma en el año 1988. Es la mejor forma de leer estas páginas; rezando por Oceanía, en comunión con sus gentes y deseando que el mensaje de Cristo continúe llegando a todos los rincones de la Tierra. En esta oración se habla de seguir a Jesús, proclamar su verdad, vivir su vida y adquirir el compromiso misionero de buscar a los extraviados. Dice así:

«Dios eterno, míranos con benevolencia… en Jesucristo. Él es tu Verbo hecho carne que nos invita a seguir su camino, a proclamar su verdad y a vivir su vida. Nosotros,  los pueblos de Oceanía, que vivimos en un territorio tan vasto y tenemos tradiciones tan diversas, nos comprometemos a anunciar al mundo su amor, a buscar a los extraviados y a llevarlos a Ti. María, Reina de la Paz, intercede por nosotros, tus hijos, que hacemos esta oración en nombre de Jesús». 

«Sígueme» 

Como cada año, Infancia Misionera nos invita a fijar nuestra mirada en un continente y a rastrear el Evangelio en busca de la Palabra que Jesús quiere hacer llegar a nuestra vida. “Con los niños de Oceanía... seguimos a Jesús” es el lema de esta campaña. Nos hemos situado en el lugar, Oceanía, y queremos ahora escuchar a Jesús y su Palabra para aprender nuevas cosas o renovar las que ya sabemos, de cara a nuestra misión en cualquier parte del mundo.

La palabra este año es “sígueme” y, a través de los niños, va a llegar hasta nosotros. ¿Podemos encontrar en la relación de Jesús con los niños retazos para describir una vida de servicio misionero? Intentémoslo a través de algunos relatos entrañables del Evangelio. 

1. Acoger lo que somos
“Y Jesús, llamando a un niño, lo puso delante” (Mt 18,3)

Los discípulos se acercaron a Jesús con una pregunta: “¿Quién es el más grande?”. Nosotros nos acercamos a Jesús para preguntarle con sencillez: “¿Quién puede ser misionero? ¿A quién eliges?”. Jesús se jugaba mucho en aquella respuesta, pues se trataba de una forma de vivir, y, sorprendentemente, llamó a un niño. “Jesús va a responder con un gesto incomprensible y elocuente a la vez. Convoca a un pequeño a una reunión de adultos en discusión. Un niño esllamado por Jesús. Diríamos que es un niño con vocación. Es llamado y responde con la presteza de un inocente que se fía de quien llama. Con presteza y docilidad responde a la llamada del Maestro… No son las capacidades de la persona las que suscitan la llamada del Señor; más bien la incapacidad es la que se vuelve susceptible de una elección por parte de Dios. El niño es, en este pasaje, el más pobre, incapaz y pequeño de los que están con Jesús” (R. Belda, Al paso de los niños, Edicep, 2008, p. 191). 

Qué hermosa lección del Señor, que aplicamos a la misión. Nos elige porque nos ama y al más pequeño le sitúa en el centro, le pone como modelo. No sabemos el nombre de este niño, pero este pequeño nos da una lección que agradecemos. Si para entrar en el Reino de Dios hay que hacerse como niños, podemos afirmar también que para anunciar el Reino de Dios, para extenderlo por toda la Tierra, hay que hacerse como un niño.  

2. Presentar lo que tenemos
“Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces, pero qué es eso para tanta gente” (Jn 6,9)

De nuevo un niño, un niño anónimo, pero al que podemos atribuir un dato: estaba cerca de Jesús, le seguía como uno más entre la multitud. Sin él saberlo, llevaba todo lo necesario para que Jesús pudiera realizar uno de sus mayores prodigios, que no fue únicamente dar de comer a la multitud que le seguía, sino manifestarse a sí mismo como el Pan de vida. Y para ello necesitó de un niño y, una vez más, de la pobreza ofrecida con generosidad. El niño pone de manifiesto el rasgo de la generosidad, del desprendimiento, de la humildad. Es un gran misionero, primero porque admira a Jesús, le sigue entre los suyos, quiere aprender de Él y quiere hacer cosas con Él. Al estar cerca de Jesús tanto el niño como el misionero experimentan la compasión por la gente, la comprensión de las dificultades de todos, la posibilidad siempre real de solucionar el hambre de las personas, la confianza total en que la presencia de Jesús lo puede todo. El niño deja hacer a Jesús ofreciendo lo que tiene.

Se nos presenta el estilo de vida de la misión: la pobreza ofrecida, que atrae la bendición de Dios, la multiplicación de la gracia. “Todo apunta a lo mismo: la debilidad, la pequeñez, la humildad; el ser niño y saberse pobre, no solo no es obstáculo para la manifestación de Jesús, sino su mejor instrumento, su idóneo cooperador… Y todo gracias a un niño discípulo, pobre, oblato, eucaristía…”    (R. Belda, Al paso de los niños, p. 221).

3. Anunciar al Salvador
“Jesús, tomándolo de la mano, lo hizo levantar y el muchacho se puso en pie” (Mc 9,27)

De nuevo un niño se hace protagonista evangélico de un relato salvador. El pasaje es muy rico en datos y detalles, pero retendremos únicamente los que nos invitan a centrar nuestra mirada en una humanidad enferma y necesitada de salvación. ¿Qué salvación? La de Jesucristo, único Salvador de los hombres. El relato de la difícil curación radical de un niño nos ofrece todo el Misterio salvador encerrado en la humanidad de Cristo. Nuestro mundo puede asemejarse a este niño enfermo, y este niño, este mundo, necesita, en primer lugar, alguien que le lleve ante Jesús. “Te he traído a mi hijo… Por favor, si algo puedes, compadécete de nosotros y ayúdanos”. Nos acercamos a la primera enseñanza del texto de cara a la misión: la oración por el necesitado, la confianza en Jesús, la búsqueda de la curación. ¡En cuántos lugares del mundo, aún hoy, la Iglesia no ha llegado a anunciar al Señor por falta de mensajeros! La llamada continúa siendo acuciante, nuestros hermanos los hombres necesitan a Dios y alguien que les lleve a Él. Es el arranque de la vocación cristiana, de la vocación misionera: ver la necesidad de Dios que el mundo tiene.

El texto se nos revela como un camino de fe. La enfermedad, la situación crítica y la salvación que llegará por la fe. El texto, de múltiples maneras, conduce a la fe en Jesús y a la confianza en Dios, llegando a superar la incredulidad, el desamor, la enfermedad y la muerte. Hay un camino de fe en este padre angustiado, pues se acerca a Jesús, le abre el corazón, le manifiesta su necesidad, acoge la Palabra hasta manifestar su fe en la persona del Señor.

En el contexto de la misión de la Iglesia, este pasaje evoca un mundo enfermo, nos sitúa ante un mundo lleno de problemas y necesidades, que en ocasiones llevan a la angustia y a la ruina ante situaciones humanamente degradantes de pobreza y humillación. El texto nos muestra, asimismo, cómo la presencia de Dios eleva al hombre a su verdadera dignidad. En la misión se hace presente Cristo Salvador. Él es quien responde a la angustia del hombre. Jesucristo es quien, en toda su vida, se ha compadecido de nosotros y nos ha ayudado: “Si algo puedes, compadécete de nosotros y ayúdanos”. Él es quien ha hecho posible el amor auténtico, la solución de cualquier drama humano: “Todo es posible para el que tiene fe”. Él es quien salva: “Espíritu sordo y mudo, te ordeno que salgas y que no vuelvas a entrar”. Él es quien levanta al hombre de todo mal: “Tomándolo de la mano, lo levantó, y él se puso en pie”. 

4. Aclamar y confesar el nombre de Jesús
“Y los niños gritaban: Hosanna al Hijo de David” (Mt 21,15)

Los niños en el Evangelio nos presentan un modelo de seguimiento. Nos hemos acercado previamente a tres relatos en los que ellos son protagonistas: el niño llamado por Jesús, el niño de la multiplicación de los panes, la curación de un niño gravemente enfermo. Invito al lector a pensar en otros pasajes del Nuevo Testamento y aplicarlos a la misión: los niños inocentes (Mt 2,13.18), los niños a los que Jesús bendice (Mc 10,13), los niños que revelan el amor del Padre (Lc 10,21), los niños enfermos y resucitados (Mc 9,14 y Mc 5,21), los niños modelos para la oración (Mt 7,7-11).

Concluimos con una mirada a los niños que alaban a Jesús y confiesan su fe en Él con libertad y entusiasmo, en medio de la gente y ante la mirada, a veces asombrada de los mayores. El Evangelio pone en boca de los niños la confesión de fe en Jesucristo: “Hosanna al Hijo de David”. Asimismo muestra la forma de realizar esta confesión: alabando, bendiciendo y cantando. Mientras que los sabios y entendidos pueden seguir discutiendo e intentando impedir la presencia de Jesús en nuestra sociedad, los niños en el Evangelio, y los misioneros entre nosotros, hablan al mundo con claridad: Jesús es el Hijo de Dios, el Salvador. El estilo de vida del misionero –su alegría desbordante, sus obras de amor eficaces ante las situaciones de mayor pobreza, la oración continua– es el que más se asemeja a los niños del Evangelio. Jesús dice que a ellos el Padre les ha revelado los secretos del Reino.

Únicamente aquel a quien le ha sido revelado el Reino por su condición de pobre, de humilde, de sencillo, de niño, puede a su vez hacerse mensajero de este Reino, pues dará de lo que ha recibido. Y lo hará al estilo del niño que sigue a Jesús, atendiendo a la llamada de Jesús en su pobreza, entregando todo lo que tiene hasta quedarse sin nada, mostrando a Jesús como Salvador, caminando con Él hasta reconocerle como Salvador y Mesías, alabando y cantando las maravillas del Señor. 

Stella Maris, luz de los océanos

Miramos a la Madre del Dios hecho niño y retomamos nuestra mirada sobre la Iglesia en Oceanía para aplicar a aquellos lugares lo que, a través de los niños, hemos aprendido. Lo hacemos dirigiéndonos a María en oración, con las palabras finales de la exhortación apostólica Ecclesia in Oceania. Ellas son una síntesis de lo que todo misionero desea para su vida y lo que nosotros queremos pedir para la Iglesia en cualquier lugar del mundo: la fuerza para anunciar, el coraje para proclamar, la alegría para vivir. 

Oh, Stella Maris, luz de los océanos
y Señora de la profundidad,
que la Iglesia en Oceanía                   
no cese de mostrar a todos
el rostro glorioso de tu Hijo,
lleno de gracia y de verdad,
para que Dios reine
en los pueblos del Pacífico
y encuentren la paz
en el Salvador del mundo.

Intercede por la Iglesia en Oceanía
 para que tenga la fuerza de seguir
fielmente el camino de Jesucristo,
 de proclamar con energía la verdad
de Jesucristo, de vivir alegremente
 la vida de Jesucristo.

Auxilio de los cristianos, protégenos.
Luminosa estrella del mar, guíanos.
Nuestra Señora de la paz,
ruega por nosotros. 


Publicado por verdenaranja @ 18:18  | Misiones
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Información sacada de la revista ILLUMINARE, nº 381 - ENERO 2011 que se ha recibido con los materiales para la JORNADA DE LA INFANCIA MISIONERA 2011  a celebrar el 23 de Enero de 2011

LEMA:

“Con los niños de Oceanía... Los niños de Infancia Misionera iniciaron hace dos años el recorrido por los cinco continentes. Ya se han encontrado con los niños de Asia y de África. Este año se trasladan a Oceanía para invitar  a los niños de allí a sumarse a ellos y, juntos, seguir a Jesús. En efecto, lo buscaron con los niños de Asia, lo encontraron con los de África y ahora toca seguirle con los de Oceanía. 

... seguimos a Jesús” Una vez han entrado en contacto con los niños de Oceanía y han descubierto sus costumbres, todos miran a Jesús, escuchan su voz y se ponen en camino con Él. Esto es lo que hicieron sus discípulos y lo que hacen los cristianos. Para ello hay que dejar muchas cosas, estar ligeros de equipaje y poner las pisadas sobre las huellas de Jesús. Él, como buen amigo, va por delante, con paso firme y la mirada en el horizonte. Sabe adónde se dirige y cómo se llega a la meta. 

Cartel:

Infancia Misionera usa el color azul del mar para Oceanía. Este color evoca valores humanos y sumamente educativos, como la transparencia, la dulzura, la libertad, la serenidad, la confianza... Las imágenes del cartel muestran la identificación de los habitantes de este continente con el océano. Sus viviendas y formas de vida están en sintonía con el mar. 

El anuncio misionero del Evangelio suscitó en los habitantes de este continente, en los siglos XIX y XX, el deseo de seguir a Jesús como Maestro y Señor. Desde entonces, muchas islas han sido evangelizadas, y la fe se ha transmitido en la familia, en los colegios y en las comunidades cristianas. En esta tarea es imprescindible la labor de los miles de catequistas misioneros que dedican su vida a señalar el camino que lleva a Jesús. Quienes le encuentran y deciden seguirle se convierten también en misioneros para otros.


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s?bado, 08 de enero de 2011

ZENIT publica la tercera meditación de Adviento que predicó el viernes 17 de Diciembre de 2010 el padre Raniero Cantalamessa OFM cap, predicador de la Casa Pontificia, ante Benedicto XVI y la Curia Romana para ofrecer "La respuesta cristiana al racionalismo".

 P. Raniero Cantalamessa, ofmcap.

Tercera Predicación de Adviento

“DISPUESTOS A DAR RAZÓN DE LA ESPERANZA QUE HAY EN NOSOTROS”
(1 Pedro 3,15) 

La respuesta cristiana al racionalismo

1. La razón usurpadora

El tercer obstáculo, que hace a mucha parte de la cultura moderna “refractaria” al Evangelio, es el racionalismo. De éste pretendemos ocuparnos en esta última meditación de Adviento.

El cardenal, y ahora beato, John Henry Newman nos dejó un memorable discurso, pronunciado el 11 de diciembre de 1831, en la Universidad de Oxford, titulado The Usurpation of Raison, la usurpación, o la prevaricación, de la razón. En este título está ya la definición de lo que entendemos por racionalismo [1]. En una nota de comentario a este discurso, escrita en el prefacio a su tercera edición en 1871, el autor explica qué entiende con esta expresión. Por usurpación de la razón – dice – se entiende “ese cierto difundido abuso de esta facultad que se verifica cada vez que uno se ocupa de religión sin un adecuado conocimiento íntimo, o sin el debido respeto por los primeros principios propios a ella. Esta pretendida 'razón' es llamada por la Escritura 'la sabiduría del mundo'; es el razonar sobre religión de quien tiene la mentalidad secularista, y se basa sobre máximas mundanas, que le son intrínsecamente extrañas” [2].

En otro de sus Sermones universitarios, titulado “Fe y razón frente a frente”, Newman ilustra por qué la razón no puede ser el último juez en cuestiones de religión y fe, con la analogía de la conciencia.

“Nadie, escribe, diría que la conciencia se opone a la razón, o que sus dictados no puedan ser planteados de forma argumentativa; con todo, ¿quién, de ello, querrá argumentar que la conciencia no sea un principio original, sino que para actuar necesita esperar los resultados de un proceso lógico-racional? La razón analiza los fundamentos y los motivos de la acción sin ser ella misma uno de esos motivos. Por tanto, así como la conciencia es un elemento sencillo de nuestra naturaleza, y sin embargo sus operaciones necesitan ser justificadas por la razón, de la misma forma la fe puede ser cognoscible y sus actos pueden ser justificados por la razón, sin por ello depender realmente de ésta […].Cuando se dice que el Evangelio exige una fe racional, se quiere decir solo que la fe concuerda con la recta razón en abstracto, pero no que sea en realidad su resultado” [3].

Una segunda analogía es la del arte. “El crítico de arte –escribe – valora lo que él mismo no sabe crear; de la misma forma la razón puede dar su aprobación al acto de fe, sin ser por ello la fuente de la que esa fe emana” [4].

El análisis de Newman tiene rasgos nuevos y originales; saca a la luz la tendencia, por así decirlo, imperialista, de la razón de someter todo aspecto de la realidad a sus propios principios. Pero se puede considerar el racionalismo también desde otro punto de vista, estrechamente unido con el anterior. Por quedarnos en la metáfora política empleada por Newman, podríamos definirlo como la postura del aislacionismo, de cerrazón en sí misma de la razón. Este no consiste tanto en invadir el campo de los demás, sino en no reconocer la existencia de otro campo fuera del proprio. En otras palabras, en el rechazo de que pueda existir verdad alguna fuera de la que pasa a través de la razón humana.

Bajo este aspecto, el racionalismo no nació con la Ilustración, aunque ésta haya imprimido en él una aceleración cuyos efectos se observan aún. Es una tendencia con la que la fe ha tenido que echar cuentas desde siempre. No solo la fe cristiana, sino también la judía y la islámica, al menos en la Edad Media, conocieron este desafío.

Contra esta pretensión de absolutismo de la razón, se ha elevado en todas las épocas no sólo la voz de hombres de fe, sino también la de hombres militantes en el campo de la razón, filósofos y científicos. “El acto supremo de la razón, escribió Pascal, está en reconocer que existe una infinidad de cosas que la sobrepasan" [5]. En el instante mismo en que la razón reconoce su límite, lo franquea y lo supera. Este reconocimiento se produce por obra de la razón, y por ello es un acto exquisitamente racional. Es, literalmente, una “docta ignorancia” [6]. Un ignorar "con conocimiento de causa", sabiendo que no se sabe.

Se debe afirmar por tanto que pone un límite a la razón y la humilla aquel que no le reconoce esta capacidad de trascenderse. "Hasta ahora – escribió Kierkegaard – se ha dicho siempre esto: 'Decir que esto o aquello no se puede entender, no satisface a la ciencia que quiere entender'. Ese es el error. Se debe decir precisamente lo contrario: mientras que la ciencia no quiera reconocer que hay algo que no puede entender, o – de forma más precisa – algo de lo que ella claramente 'comprende que no puede entender', todo estará desordenado. Por ello es un deber del conocimiento humano comprender que existen y cuáles son las cosas que no puede entender” [7].

2. Fe y sentido de lo Sagrado

Es de esperar que este tipo de controversia recíproca entre fe y razón continúe también en el futuro. Es inevitable que cada época vuelva a hacer el camino por su propia cuenta, pero ni los racionalistas convertirán con sus argumentos a los creyentes, ni los creyentes a los racionalistas. Es necesario encontrar un camino para romper este círculo y liberar a la fe de este atasco. En todo este debate sobre razón y fe, es la razón la que impone su elección y obliga a la fe, por así decirlo, a jugar fuera de casa y a la defensiva.

De ello era muy consciente el cardenal Newman, que en otro de sus discursos universitarios pone en guardia contra el riesgo de una mundanización de la fe en su deseo de correr detrás de la razón. Dice que comprende, aunque no puede aceptarlas del todo, las razones de aquellos que están tentados de desvincular completamente la fe de la investigación racional, a causa “ de los antagonismos y las divisiones fomentadas por la argumentación y el debate, la confianza orgullosa que a menudo acompaña al estudio de las pruebas apologéticas, la frialdad, el formalismo, el espíritu secularista y carnal, mientras que la Escritura habla de la religión como de una vida divina, arraigada en los afectos y que se manifiesta en gracias espirituales” [8].

En todas las intervenciones de Newman sobre la relación entre razón y fe, entonces no menos debatida que hoy, se observa una advertencia: no se puede combatir el racionalismo con otro racionalismo, aunque sea en sentido contrario. Es necesario por tanto encontrar otro camino que no pretenda sustituir el de la defensa racional de la fe, pero al menos que la acompañe, también porque los destinatarios del anuncio cristiano no son sólo los intelectuales, capaces de empeñarse en este tipo de controversia, sino también la masa de las personas corrientes indiferentes a él y más sensible a otros argumentos.

Pascal proponía el camino del corazón: “El corazón tiene razones que la razón no entiende” [9]; los románticos (por ejemplo, Schleiermacher) proponían el del sentimiento. Nos queda, creo, un camino que descubrir: el de la experiencia y del testimonio. No pretendo hablar aquí de la experiencia personal, subjetiva, de la fe, sino de una experiencia universal y objetiva que podemos por eso hace valer también ante personas aún extrañas a la fe. Esta no nos lleva hacia la fe plena y que salva:la fe en Jesucristo muerto y resucitado, pero nos puede ayudar a crear el presupuesto para ella, que es la apertura al misterio, la percepción de algo que está por encima del mundo y de la razón.

La contribución más notable que la moderna fenomenología de la religión ha dado a la fe, sobre todo en la forma que ésta reviste en la obra clásica de Rudolph Otto “Lo sagrado”[10], es la de haber mostrado que la afirmación tradicional de que hay algo que no se explica con la razón, no es un postulado teórico o de fe, sino un dato primordial de la experiencia.

Existe un sentimiento que acompaña a la humanidad desde sus principios y que está presente en todas las religiones y las culturas: el autor lo llama el sentimiento de lo numinoso. Este es un dato primario, irreducible a cualquier otro sentimiento o experiencia humana; embarga al hombre con un estremecimiento cuando, por cualquier circunstancia externa o interna a él, se encuentra ante la revelación del misterio “tremendo y fascinante” de lo sobrenatural.

Otto designa el objeto de esta experiencia con el adjetivo “irracional” (el subtítulo de la obra es “Lo irracional en la idea de lo divino y su relación con lo racional”); pero toda la obra demuestra que el sentido que él da al término “irracional” no es el de “contrario a la razón”, sino el de “fuera de la razón”, de no traducible en términos racionales. Lo numinoso se manifiesta en grados diversos de pureza: del estadio menos refinado, que es la reacción inquietante suscitada por las historias de espíritus y de espectros, al estadio más puro que es la manifestación de la santidad de Dios – el Qadosh bíblico -, como en la célebre escena de la invocación de Isaías (Is 6, 1 ss).

Si es así, la reevangelización del mundo secularizado pasa también a través de una recuperación del sentido de lo sagrado. El terreno cultural del racionalismo – su causa y al mismo tiempo su efecto – es la pérdida del sentido de lo sagrado, es necesario por ello que la Iglesia ayude a los hombres a remontar la pendiente y redescubrir la presencia y la belleza de lo sagrado en el mundo. Charles Péguy dijo que “la tremenda penuria de lo Sagrado es la marca profunda del mundo moderno”. Eso se advierte en todo aspecto de la vida, pero en particular en el arte, en la literatura y en el lenguaje de todos los días. Para muchos autores, ser definidos “irreverentes” ya no es una ofensa, sino un cumplido.

La Biblia es acusada a veces de haber “desacralizado” el mundo por haber expulsado a las ninfas y divinidades de los montes, de los mares y de los bosques, y haber hecho de ellos simples criaturas al servicio del hombre. Esto es verdad, pero es precisamente despojándolas de esta falsa pretensión d ser ellos mismos divinidades, como la Escritura los ha restituido a su naturaleza genuina de “signo” de lo divino. Es la idolatría de las criaturas lo que la Biblia combate, no su sacralidad.

Así “secularizada”, la Creación tiene aún el poder de provocar la experiencia de lo numinoso y de lo divino. De una experiencia de este tipo lleva el signo, en mi opinión, la célebre declaración de Kant, el representante más ilustre del racionalismo filosófico:

Dos cosas llenan mi alma de admiración y veneración siempre nueva y creciente, cuanto más a menudo y por más tiempo la reflexión se ocupa de ellas: el cielo estrellado sobre mí, y la ley moral en mí. […]. La primera comienza desde el lugar que yo ocupo en el mundo sensible externo, y extiende la conexión en la que me encuentro a una grandeza interminable, con mundos y mundos, y sistemas y sistemas; y aún después a los tiempos ilimitados de su movimiento periódico, de su principio y de su duración” [11].

Un científico vivo, Francis Collins, nombrado hace poco académico pontificio, en su libro “El lenguaje de Dios”, describe así el momento de su vuelta a la fe: “En una hermosa mañana de otoño, mientras por primera vez, paseando por las montañas, me dirigía al oeste del Mississippi, la majestad y belleza de la creación vencieron mi resistencia. Comprendí que la búsqueda había llegado a su fin. La mañana siguiente, al salir el sol, me arrodillé sobre la hierba húmeda y me rendí a Jesucristo” [12].

Los mismos descubrimientos maravillosos de la ciencia y de la técnica, en lugar de llevar al desencanto, pueden convertirse en ocasiones de estupor y de experiencia de lo divino. El momento final del descubrimiento del genoma humano es descrito por el mismo Francis Collins, que dirigió el equipo directivo que llevó a este descubrimiento, “una experiencia de exaltación científica y al mismo tiempo de adoración religiosa”. Entre las maravillas de la creación, nada hay más maravilloso que el hombre y, en el hombre, que su inteligencia creada por Dios.

La ciencia desespera ya de tocar un límite máximo en la exploración de lo infinitamente grande que es el universo y en la exploración de lo infinitamente pequeño que son las partículas subatómicas. Algunos hacen de estas “desproporciones” un argumento a favor de la inexistencia de un Creador y de la insignificancia del hombre. Para el creyente, éstas son el signo por excelencia, no solo de la existencia sino también de los atributos de Dios: la vastedad del universo, es signo de su infinita grandeza y trascendencia, la pequeñez del átomo, lo es de su inmanencia y de la humildad de su encarnación que le llevó a hacerse niño en el seno de una madre y minúsculo pedazo de pan en las manos del sacerdote.

Tampoco en la vida humana cotidiana faltan ocasiones en las que es posible hacer experiencia de “otra” dimensión: el enamoramiento, el nacimiento del primer hijo, una gran alegría. Es necesario ayudar a las personas a abrir los ojos y a volver a encontrar la capacidad de sorprenderse. “Quien se asombra, reinará”, dice un dicho atribuido a Jesús fuera de los Evangelios [13]. En la novela Los hermanos Karamazov, Dostoevskij refiere las palabras que el starez Zosimo, aún oficial del ejército, dirige a los presentes en el momento en que, deslumbrado por la gracia, renuncia a batirse en duelo con su adversario: “Señores, girad la mirada alrededor a los dones de Dios: este cielo límpido, este aire puro, esta hierba tierna, estos pajaritos: la naturaleza es tan bella e inocente, mientras que nosotros, solo nosotros, estamos lejos de Dios, y somos estúpidos y no comprendemos que la vida es un paraíso, pues bastaría que quisiéramos comprenderlo, y en seguida éste se instauraría en toda su belleza, y nosotros nos abrazaríamos y romperíamos a llorar” [14]. ¡Este es el sentido genuino de la sacralidad del mundo y de la vida!

3. Necesidad de testigos

Cuando la experiencia de lo sagrado y de lo que nos llega de repente e inesperada desde fuera de nosotros, es acogida y cultivada, se convierte en experiencia subjetiva vivida. Se tienen así los “testigos” de Dios que son los santos y, de modo totalmente particular, una categoría de estos, los místicos.

Los místicos, dice una celebre definición de Dionisio Areopagita, son aquellos que han “padecido a Dios” [15], es decir, que han experimentado y vivido lo divino. Son, para el resto de la humanidad, como los exploradores que entraron primero, a escondidas, en la Tierra Prometida y después volvieron atrás para referir lo que habían visto – “una tierra que mana leche y miel” - exhortando a todo el pueblo a atravesar el Jordán (cf Num 14,6-9). Por medio de ellos nos llegan a nosotros, en esta vida, los primeros fulgores de la vida eterna.

Cuando leemos sus escritos, ¡qué alejadas parecen, e incluso qué ingenuas, las más sutiles argumentaciones de los ateos y de los racionalistas! Nace, hacia estos últimos, un sentido de estupor y también de pena, como ante uno que habla de cosas que manifiestamente no conoce. Como quien creyera descubrir continuos errores de gramática en un interlocutor, y no se diese cuenta de que simplemente está hablando otra lengua que él no conoce. Pero no hay ninguna gana de ponerse a rebatirles, tanto las propias palabras dichas en defensa de Dios parecen, en ese momento, vacías y fuera de lugar.

Los místicos son, por excelencia, los que han descubierto que Dios “existe”; es más, que sólo él existe verdaderamente y que es infinitamente más real que aquello que con frecuencia llamamos realidad. Fue precisamente en uno de estos encuentros como una discípula del filósofo Husserl, judía y atea convencida, una noche descubrió al Dios vivo. Hablo de Edith Stein, ahora santa Teresa Benedicta de la Cruz. Era huésped de unos amigos cristianos y una noche que estos tuvieron que ausentarse, no sabiendo qué hacer, cogió un libro de su biblioteca y se puso a leerlo. Era la autobiografía de santa Teresa de Ávila. Siguió leyendo toda la noche. Llegada al final, exclamó sencillamente: “¡Ésta es la verdad!". Por la mañana fue a la ciudad a comprar un catecismo católico y un misal, y tras haberlos estudiado, se dirigió a una iglesia cercana y pidió al sacerdote ser bautizada.

Yo también tuve una pequeña experiencia del poder que tienen los místicos de hacer tocar con la mano lo sobrenatural. Era el año en el que se discutía mucho sobre un libro de un teólogo titulado: “¿Existe Dios?” (Existiert Gott?) pero, al llegar al final de la lectura, eran muy pocos los que estaban dispuestos a cambiar la interrogación del título por una exclamación. Yendo a un congreso, me llevé conmigo el libro de los escritos de la beata Angela de Foligno que no conocía aún. Me quedé literalmente deslumbrado; lo llevada conmigo a las conferencias, lo abría en cada pausa, y a final lo cerré diciéndome: “¿Si Dios existe? ¡No solo existe, sino que es verdaderamente fuego devorador!”

Por desgracia, una cierta moda literaria ha conseguido neutralizar también la “prueba” viviente de la existencia de Dios que son los místicos. Lo ha hecho con un método singularísimo: no reduciendo su número, sino aumentándolo, no restringiendo el fenómeno, sino dilatándolo desmesuradamente. Me refiero a aquellos que en una colección de místicos, en antologías de sus escritos, o en una historia de la mística, ponen juntos, como pertenecientes al mismo tipo de fenómenos, a san Juan de la Cruz y a Nostradamus, a santos y a excéntricos, mística cristiana y cábala medieval, hermetismo, teosofismo, formas de panteísmo e incluso la alquimia. Los místicos verdaderos son otra cosa y la Iglesia tiene razón en ser tan rigurosa en su juicio sobre ellos.

El teólogo Karl Rahner, retomando, parece, una frase de Raimundo Pannikar, afirmó: “El cristiano de mañana, o será un místico o no será”. Quería decir que, en el futuro, será el testimonio de personas que tienen una profunda experiencia de Dios el que mantenga viva nuestra fe, más que la demostración de su plausibilidad racional. Pablo VI decía, en el fondo, lo mismo cuando afirmaba en la Evangelii nuntiandi (nr.41): “El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan, o si escuchan a los que enseñan, es porque dan testimonio”.

Cuando el apóstol Pedro recomendaba a los cristianos estar preparados para “dar razón de su esperanza” (1 Pe 3,15), es cierto, por el contexto, que él tampoco pretendía hablar de razones especulativas o dialécticas, sino de las razones prácticas, es decir, de su experiencia de Cristo, unida al testimonio apostólico que la garantizaba. En un comentario a este texto, el cardenal Newman, habla de “razones implícitas”, que son, para el creyente, más íntimamente persuasivas que no las razones explícitas y argumentativas [16].

4. Un estremecimiento de fe en Navidad

Llegamos así a la conclusión práctica que más nos interesa en una meditación como esta. No sólo los no creyentes y los racionalistas necesitan irrupciones imprevistas de lo sobrenatural en la vida para llegar a la fe; las necesitamos también nosotros los creyentes para reavivar nuestra fe. El peligro mayor que corren las personas religiosas es el de reducir la fe a una secuencia de ritos y de fórmulas, repetidas incluso con escrúpulo, pero de forma mecánica y sin participación íntima de todo el ser. “Este pueblo se acerca a mí con la boca – se lamenta Dios en Isaías –, y me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí, y el temor que me tiene no es más que un precepto humano, aprendido por rutina” (Is 29, 13).

La Navidad puede ser una ocasión privilegiada para tener este estremecimiento de fe. Esta es la suprema “teofanía” de Dios, la más alta “manifestación de lo Sagrado”. Por desgracia el fenómeno del secularismo está despojando a esta fiesta de su carácter de “misterio tremendo” – es decir, que induce al santo temor y a la adoración –, para reducirlo al único aspecto de “misterio fascinante”. Fascinante, lo que es peor, en sentido sólo natural, no sobrenatural: una fiesta de los valores familiares, del invierno, del árbol, de los renos y de Papá Noel. Existe en algunos países la intención de cambiar también el nombre de Navidad por el de “fiesta de la luz”. En pocos casos la secularización es tan visible como en Navidad.

Para mí, el carácter “numinoso” de la Navidad está ligado a un recuerdo. Asistía un año a la Misa de Medianoche presidida por Juan Pablo II en San Pedro. Llegó el momento del canto de las Calendas, es decir, la solemne proclamación del nacimiento del Salvador, presente en el antiguo Martirologio y reintroducida en la liturgia navideña después del Vaticano II:

“Muchos siglos después de la creación del mundo...

Trece siglos después de la salida de Egipto...

En la 195ª Olimpiada,

en el año 752 de la fundación de Roma...

En el cuadragésimo segundo año del imperio de César Augusto,

Jesucristo, Dios eterno e Hijo del eterno Padre, siendo concebido por obra del Espíritu Santo, transcurridos nueve meses, nace en Belén de Judá de la Virgen María, hecho hombre”.

Llegados a estas últimas palabras sentí la que se llama “la unción de la fe”: una imprevista claridad interior, por la que recuerdo que decía dentro de mí: “¡Es verdad! ¡Es verdad todo esto que se canta! No son solo palabras. Lo eterno entra en el tiempo. El último acontecimiento de la serie ha roto la serie; ha creado un “antes” y un “después” irreversibles; el cómputo del tiempo que antes tenía lugar en relación a diversos acontecimientos (olimpiada tal, reino de tal), ahora sucede en relación a un único acontecimiento”. Una conmoción de repente me atravesó toda la persona, mientras solamente podía decir: “¡Gracias, Santísima Trinidad, y gracias también a ti, Santa Madre de Dios!”.

Ayuda mucho a hacer de la Navidad la ocasión para un sobresalto de fe encontrar espacios de silencio. La liturgia envuelve el nacimiento de Jesús en el silencio: Dum medium silentium tenerent omnia, mientras todo alrededor estaba en silencio. Stille Nacht, noche de silencio, se llama a la Navidad en el más difundido y querido de los villancicos. En Navidad deberíamos escuchar como dirigida personalmente a nosotros la invitación del Salmo: “Rendíos y reconoced que yo soy Dios” (Sal 46,11).

La Madre de Dios es el modelo insuperable de este silencio navideño: “María – está escrito – conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón” (Lc 2, 19). El silencio de María en Navidad es más que un simple callarse; es maravilla, es adoración; es un “silencio religioso”, un ser superada por la realidad. La interpretación más verdadera del silencio de María es la que está en los iconos bizantinos, donde la Madre de Dios nos parece inmóvil, con la mirada fija, los ojos desorbitados, como quien ha visto cosas que no se pueden describir con palabras. María, la primera, elevó a Dios lo que san Gregorio Nacianceno llama un “himno de silencio” [17].

Celebra verdaderamente la Navidad quien es capaz de hacer hoy, a distancia de siglos, lo que habría hecho, si hubiese estado presente ese día. Quien hace lo que nos enseñó a hacer María: ¡arrodillarse, adorar y callar!

[1] J.H. Newman, Oxford University Sermons, Londres 1900, pp.54-74; trad. Ital. de L. Chitarin, Bolonia, Ediciones Studio Domenicano, 2004, pp. 465-481.
[2] Ib.p. XV (trad. ital. Cit. p.726).
[3] Ib., p. 183 (trad. ital. Cit. p.575).
[4] Ibidem.
[5] B.Pascal, Pensieri 267 Br.
[6] San Agustín , Epist. 130,28 (PL 33, 505).
[7] S. Kierkegaard, Diario VIII A 11.
[8] Newman, op. cit., p. 262   (trad. ital. cit., p. 640 s).
[9] B. Pascal, Pensieri, n.146 (ed. Br. N. 277).
[10] R. Otto, Das Heilige. Über das Irrationale in der Idee des Göttlichen und seine Verhältnis zum Rationalem, 1917. ( Trad. ital. de E. Bonaiuti,  Il Sacro, Milán, Feltrinelli 1966).
[11] I. Kant, Critica della ragion pratica, Laterza, Bari, 1974, p. 197.
[12] F. Collins, The Language of God. A Scientist Presents Evidence for Belief, Free Press 2006, pp. 219 e 255.
[13] En Clemente Alejandrino, Stromati, 2, 9).
[14] F. Dostoevskij, Los Hermanos Karamazov, parte II, VI,
[15] Dionisio Areopagita, Nomi divini II,9 (PG 3, 648) ("pati  divina").
[16] Cf. Newman, “Implicit and Explicit Reason”, en  University Sermons, XIII, cit., pp. 251-277
[17] S. Gregorio Nacianceno, Carmi, XXIX (PG 37, 507).

[Traducción del italiano por Inma Álvarez]


Publicado por verdenaranja @ 22:47  | Espiritualidad
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ZENIT  nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigió el viernes 17 de Diciembre de 2010 al nuevo embajador de Italia ante la Santa Sede, Francesco Maria Greco, al recibir de este sus Cartas Credenciales.

Señor embajador,

estoy contento de acoger las Cartas con las que el presidente de la República Italiana le acredita como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario ante la Santa Sede. Al agradecerle por la nobles expresiones que me ha dirigido, mi pensamiento se extiende al Jefe de Estado, a las demás Autoridades y a todo el querido pueblo italiano. Continuamente tengo la ocasión de constatar qué fuerte es la conciencia de los vínculos particulares entre la Sede de Pedro e Italia, que encuentran expresión significativa tanto en la atención que las autoridades civiles tienen por el Sucesor del Príncipe de los Apóstoles y por la Santa Sede, como en el afecto que la gente de Italia me demuestra con tanto entusiasmo aquí en Roma y durante los viajes que realizo en el país, como ha sucedido también recientemente con ocasión de mi visita a Palermo. Quisiera asegurar que mi oración acompaña de cerca las vicisitudes alegres y tristes de Italia, por la que pido al Dador de todo bien que le conserve el tesoro precioso de la fe cristiana y que le conceda los dones de la concordia y de la prosperidad.

En esta feliz circunstancia Le dirijo, con mi cordial bienvenida, un ferviente augurio por la comprometida misión que usted asume oficialmente hoy. De hecho, la Embajada de Italia ante la Santa Sede – cuya prestigiosa sede, ligada también a la memoria de san Carlos Borromeo, pude visitar hace ya dos años – constituye un importante punto de conexión para las relaciones de intensa colaboración que existen entre la Santa Sede e Italia, no solo desde el punto de vista bilateral, sino también en el más amplio contexto de la vida internacional. Además, la Representación diplomática, cuya guía usted asume, ofrece una contribución válida al desarrollo de relaciones armoniosas entre la comunidad civil y la eclesial en el país, y presta también preciosos servicios al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede. Estoy seguro de que bajo su guía, esta intensa actividad proseguirá con renovado empuje, y ya desde ahora le expreso a usted y a sus colaboradores mi vivo reconocimiento.

Como usted ha recordado, han comenzado las celebraciones del 150° aniversario de la unidad de Italia, ocasión para una reflexión no sólo de tipo conmemorativo, sino también de carácter proyectual, muy oportuna en la difícil fase histórica actual, nacional e internacional. Estoy contento de que también los pastores y los diversos componentes de la comunidad eclesial estén implicados activamente en la conmemoración del proceso de unificación de la Nación iniciado en 1861.

Ahora, uno de los aspectos más relevantes de ese largo, a veces fatigoso y controvertido, camino, que ha llevado a la actual fisionomía del Estado italiano, está constituido por la búsqueda de una correcta distinción y de formas justas de colaboración entre la comunidad civil y la religiosa, exigencia tanto más sentida en un país como Italia, cuya historia y cultura están tan profundamente marcadas por la Iglesia católica y en cuya capital tiene su sede episcopal el Jefe visible de esta Comunidad, difundida en todo el mundo. Estas características, que desde hace siglos forman parte del patrimonio histórico y cultural de Italia no pueden ser negadas, olvidadas o marginadas; la experiencia de estos 150 años enseña que cuando se ha intentado hacerlo, se han causado peligrosos desequilibrios y dolorosas fracturas en la vida social del país.

A este respecto, vuestra Excelencia ha recordado oportunamente la importancia de los Pactos de Letrán y del Acuerdo de Villa Madama, que fijan las coordenadas de un justo equilibrio de relaciones, del que se benefician tanto la Sede Apostólica como el Estado y la Iglesia en Italia. De hecho, el Tratado de Letrán, configurando el Estado de la Ciudad del Vaticano y previendo una serie de inmunidades personales y reales, ha puesto las condiciones para asegurar al Pontífice y a la Santa Sede plena soberanía e independencia, en tutela de su misión universal. A su vez, el Acuerdo de modificación del Concordato mira fundamentalmente a garantizar el pleno ejercicio de la libertad religiosa, es decir, de ese derecho, que es histórica y objetivamente el primero entre los fundamentales de la persona humana. Es por ello de gran importancia observar y, al mismo tiempo, desarrollar la letra y el espíritu de esos Acuerdos y de los que derivan de ellos, recordando que éstos han garantizado y pueden aún garantizar una serena convivencia de la sociedad italiana.

Aquellos pactos internacionales no son expresión de una voluntad de la Iglesia o de la Santa Sede de obtener poder, privilegios o posiciones de ventaja económica y social, ni con ellos se pretende sobrepasar el ámbito que es propio de la misión asignada por el Divino Fundador a Su comunidad en la tierra. Al contrario, estos acuerdos tienen su fundamento en la justa voluntad por parte del Estado de garantizar a los individuos y a la Iglesia el pleno ejercicio de la libertad religiosa, derecho que tiene una dimensión no sólo personal, pues “la misma naturaleza social del hombre exige que éste manifieste externamente los actos internos de religión, que se comunique con otros en materia religiosa, que profese su religión de forma comunitaria" (CONC. VAT. II, Decl. Dignitatis humanae, 3). La libertad religiosa es, por tanto, un derecho, además de individual, de la familia, de los grupos religiosos y de la Iglesia (cfr ibid., 4-5.13), y el Estado está llamado a tutelar no sólo los derechos de los creyentes a la libertad de conciencia y de religión, sino también el papel legítimo de la religión y de las comunidades religiosas en la esfera pública.

El recto ejercicio y el correspondiente reconocimiento de este derecho permiten a la sociedad valerse de los recursos morales y de la generosa actividad de los creyentes. Por esto no se puede pensar en conseguir el auténtico progreso social, recorriendo el camino de la marginación o incluso del rechazo explícito del factor religioso, como en nuestros tiempos se tiende a hacer con diversas modalidades. Una de estas es, por ejemplo, el intento de eliminar de los lugares públicos la exposición de los símbolos religiosos, el primero de ellos el Crucifijo, que es ciertamente el emblema por excelencia de la fe cristiana, pero que, al mismo tiempo, habla a todos los hombres de buena voluntad y, como tal, no es factor que discrimina. Deseo expresar mi vivo aprecio al Gobierno italiano que a este respecto se ha movido en conformidad con una correcta visión de la laicidad y a la luz de su historia, cultura y tradición, encontrando en ello el apoyo positivo también de otras Naciones europeas.

Mientras en algunas sociedades hay intentos de marginar la dimensión religiosa, las noticias recientes nos dan testimonio de cómo en nuestros días se llevan a cabo también abiertas violaciones de la libertad religiosa. Frente a esta dolorosa realidad, la sociedad italiana y sus Autoridades han demostrado una particular sensibilidad por la suerte de esas minorías cristianas, que, con motivo de su fe, sufren violencias, son discriminadas o obligadas a una emigración forzosa de su patria. Auguro que pueda crecer en todas partes la conciencia de esta problemática y que, en consecuencia, se intensifiquen los esfuerzos por ver realizado, en todas partes y por todos, el pleno respeto de la libertad religiosa. Estoy seguro de que al compromiso en este sentido por parte de la Santa Sede no faltará el apoyo de Italia en el ámbito internacional.

Señor embajador, concluyendo mis reflexiones, deseo asegurarle que, en el cumplimiento de la alta misión a usted confiada, podrá contar con mi apoyo y el de mis colaboradores. Sobre todo invoco sobre estos comienzos la protección de la Madre de Dios, tan amada y venerada en toda la Península, y de los patronos de la nación, los santos Francisco de Asís y Catalina de Siena, y le imparto de corazón a usted, a su familia, a sus colaboradores y al querido pueblo italiano la Bendición Apostólica.

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


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ZENIT publica el discurso pronunciado el viernes, 17 de Diciembre de 2010, por Benedicto XVI al recibir en el Vaticano a los peregrinos de la diócesis de Bolzano-Bressanone, con ocasión del regalo del árbol de Navidad que se colocará en la Plaza de San Pedro.

¡Queridos hermanos y hermanas!
¡Queridos amigos!

Con alegría doy la bienvenida a todos aquellos que me hacéis entrega de vuestro hermoso árbol de Navidad procedente de Luson. Os saludo de todo corazón a todos, empezando por el obispo Karl Golser, a quien doy las gracias por las afectuosas palabras que me ha dirigido. Con él saludo a los sacerdotes, los religiosos, los consejos parroquiales y a todos los fieles de las ciudades, de las localidades y de los valles de vuestra bella tierra, que está profundamente plasmada por la fe. Saludo al presidente de la provincia que comprende el Tirol del Sur y el alcalde de la ciudad de Bressanone. Le doy las gracias por las bellas palabras que me han dirigido y que me han transmitido verdaderamente la sensación de estar en casa en el Sudtirolo y de estar rodeado y acompañado por su amistad.

Dirijo un saludo también a los representantes de la ciudad de Bressanone y del municipio de Luson, del círculo de los Schützen de Bressanone y de la comunidad de distrito de Valle Isarco. Dirijo un particular Grüß Gott al alcalde de Natz-Schabs, que me otorgará la ciudadanía honoraria, en recuerdo de mi amada abuela por parte de madre, que nació en Raas, una fracción de este municipio. ¡Dirijo un cordial Vergelt's Gott por este grato signo de vuestro afecto! En mi saludo incluyo también a todos los demás representantes de la vida pública además de a todos vosotros, que con los trajes tradicionales, la sugestiva música y las especialidades regionales habéis venido a Roma para dar a conocer las tradiciones de vuestra espléndida tierra.

Sé que este particular acontecimiento ha despertado interés y ha implicado a toda la población de la región. Sobre todo, como he sabido, las mujeres de Bressanone han trabajado en la preparación de las estrellas de paja que son decoraciones navideñas típicas del área de lengua alemana. Os doy las gracias a todos vosotros por el regalo particular de este abeto rojo así como por todos los demás árboles de Navidad, que decorarán el Palacio Apostólico y el área del Vaticano y que me hacen también sentir la presencia del Tirol del Sur en mi apartamento. Que esta generosa iniciativa exhorte a todos los habitantes del Sudtirolo a dar testimonio en el propio ambiente de los valores de la vida, del amor y de la paz que cada año nos encomienda la Navidad.

Este año el abeto de la plaza de San Pedro procede de la pintoresca Luson, no lejana del Sass de Putia, sobre los inmensos Dolomitas. La belleza extraordinaria de este paisaje nos invita a reconocer la grandeza de nuestro Creador, cuyo amor resplandece de modo incesante en su obra maravillosa de la naturaleza, para iluminar también el corazón del hombre y colmarlo de paz y de alegría.

Esta noche, al término de la ceremonia de entrega oficial, en presencia del cardenal Giovanni Lajolo, presidente de la Gobernación, se encenderán las luces que adornan el abeto. Este, recogido a una altitud de casi 1.500 metros y cortado sin provocar daño a la vida del bosque, quedará junto al belén hasta el final de las fiestas navideñas, y será admirado por los numerosos peregrinos y turistas procedentes de todas partes del mundo, como símbolo significativo de la luce que Cristo, con su nacimiento, ha traído a la humanidad. Él, el Mesías, se hizo hombre y vino en medio de nosotros, para disipar las tinieblas del error y del pecado, realizando “de modo insuperable la condescendencia de Dios” (Exhort. Ap. Verbum Domini, 11). Tener fe en Él significa acoger en uno mismo la luz que es Cristo Jesús.

El árbol de Navidad enriquece el valor simbólico del belén, que es un mensaje de fraternidad y de amistad; una invitación a la unidad y a la paz; una invitación a dejar sitio, en nuestra vida y en la sociedad, a Dios, el cual nos ofrece su amor omnipotente a través de la frágil figura de un Niño, porque quiere que respondamos libremente a su amor con nuestro amor. El belén y el árbol traen por tanto un mensaje de esperanza y de amor, y ayudan a crear el clima propicio para vivir en la justa dimensión espiritual y religiosa el misterio del nacimiento del Redentor.

Queridos amigos, de corazón auguro a todos los presentes y a vuestros paisanos una Navidad de recogimiento y de tranquilidad. Os aseguro que junto al Belén rezaré por vosotros, por vuestras familias y por todas las personas en vuestra región y os imparto a todos la bendición apostólica.

¡A todos una Santa Navidad!

[Traducción del original italiana por Inma Álvarez
Publicado en la edición de L'Osservatore Romano del 18 de diciembre de 2010]


Publicado por verdenaranja @ 22:18  | Habla el Papa
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Reflexión sobre las lecturas del domingo del Bautismo del Señor - A, ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el título "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR".

ECOS DEL DIA DEL SEÑOR
Fiesta del Bautismo del Señor

¿Y ahora qué hacemos?

Es la pregunta que surge, espontáneamente, al darnos cuenta de que con esta Fiesta del Bautismo del Señor, se termina el Tiempo de Navidad…

¿Y Ahora, qué? ¿A qué nos dedicamos ahora? ¿Hasta que llegue la Cuaresma, qué hacemos?

La Fiesta que celebramos hoy nos da la respuesta: Porque el Bautismo del Señor señala el comienzo de su Vida Pública. En estos días que siguen, el Evangelio de cada día,  nos irá presentando sus primeras palabras, sus primeros discípulos, sus primeros milagros, sus primeros pasos…

En la primera Lectura, hemos escuchado: “Mirad mi siervo a quien sostengo, mi elegido a quien prefiero…” De eso se trata, de centrarnos en el Señor… Salimos, por tanto, de la Navidad,  fijando nuestros ojos y nuestro corazón en Jesucristo que inicia su Vida Pública…

Esta Fiesta nos viene muy bien como punto de partida…

El Evangelio nos presenta a Jesucristo, que quiere recibir aquel bautismo de purificación con el que Juan preparaba al pueblo para que recibiera, bien dispuesto, al Mesías…

Jesús baja al agua del Jordán llevando sobre sus hombros los pecados de toda de la Humanidad…, hasta el fin de los siglos… Y con este hecho, consagra las aguas que, serán desde ahora, signo de la vida nueva, que se recibe en el Bautismo cristiano.

Y con ocasión del Bautismo, se produce una gran revelación…  Por eso forma parte, como decíamos el otro día, de las Fiestas de la Epifanía. En efecto, se abrió el Cielo, nos dice el Evangelio, y  Espíritu Santo desciende sobre El y lo consagra para la misión que iba a comenzar, por mandato del Padre, y que      S. Pedro sintetiza en la 2ª Lectura, diciendo: “Pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con El”.

Y se oye la voz del Padre, que lo presenta a su pueblo elegido como aquel, que esperaban ansiosamente: “Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto”. Y en medio de todo, contempla-mos a las tres Personas de la Santísima Trinidad, que Juan contempla el primero, en la vera del Jordán: “Voz y Paloma en los cielos, y al Verbo eterno a sus pies”. (Him. Vísperas)

Es tan importante este acontecimiento, esta Unción del Espíritu, que de aquí  deriva el nombre principal, con el que conocemos a Jesucristo: “El Ungido”,  que en hebreo, se dice “Mesías”,  y en griego, “Cristo”.

Y de Cristo, “cristianos”, que significa los “ungidos”.

¡Qué importante es todo esto! 

Jesucristo viene, en efecto, a traernos el nuevo Bautismo, el Bautismo de los cristianos… “El os bautizará con Espíritu Santo y fuego”, anunciaba  Juan, el Precursor.

Es el Espíritu Santo el que viene a nosotros en el sacramento del Bautismo, para realizar la obra asombrosa de purificarnos de todo pecado (el fuego)  y llenarnos de la vida divina… Y esta acción de Dios en nosotros se irá acrecentando, a lo largo de la vida, con la Confirmación y los demás sacramentos.

Como Jesucristo, los cristianos somos los hombres y mujeres del Espíritu. Ya lo contemplaremos de nuevo así, el próximo Domingo.

Los santos Padres sintetizaban el “Misterio de la Navidad”, diciendo que el Hijo de Dios se hizo hombre, para hacer al hombre hijo de Dios.

Por eso hoy, al terminar la Navidad, es un día muy apropiado para renovar, es decir, revivir, nuestro Bautismo en Cristo, por el Espíritu Santo, que nos hace clamar: “Abbá”, Padre.

Es también un día apropiado para reflexionar sobre el Bautismo de los niños, recién nacidos, y la responsabilidad de los padres y padrinos.

No podemos olvidar que, en el momento del Bautismo de los niños, se produce un pacto sagrado entre el sacerdote (Cristo, la Iglesia) y los padres y padrinos: Para que el niño pueda ser bautizado lícitamente, se necesita el compromiso de los padres y padrinos de educar al niño como cristiano, siempre. Sin una garantía fundada, no se puede administrar el Bautismo, hay que dejarlo, “diferirlo” hasta que cambie la situación… Y si se bautiza en esas condiciones, el Bautismo es válido, pero ilícito. (C.D.C., canon, 806, 2º).

¡Cuánta seriedad, cuánta importancia y gravedad tiene este compromiso y qué negativos sus efectos, cuando no se cumple..! ¡Dichosos los niños cristianos que tienen unos padres y padrinos que sí lo hacen…!

Decía el Papa Juan Pablo II, en un día como éste, en el Bautismo de unos niños: “En un futuro, cuando estén capacitados para comprender, ellos mismos deberán realizar, de manera personal y libre, un camino espiritual que los llevará, con la gracia de Dios, a confirmar, en el sacramento de de la Confirmación, el don que hoy reciben”.

         Cuántas cosas podríamos seguir comentando, pero no hay tiempo de más…

         Renovado nuestro Bautismo al salir de la Navidad, estamos en la mejor disposición, para acompañar a Jesucristo por los senderos de su Vida Pública, en orden a un conocimiento y a un seguimiento cada vez mejor… Entonces, “todo lo demás vendrá por añadidura”.Y se hará realidad en nuestra vida,  lo que  proclamamos hoy en el salmo responsorial: "El Señor bendice a su pueblo con la paz".


Publicado por verdenaranja @ 22:11  | Espiritualidad
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ZENIT  publica el comentario al Evangelio del próximo domingo, Bautismo del Señor (Mateo3,13-17), redactado por monseñor Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo. 

Evangelio del domingo: Como el último, saber vivir desde Otro 

La fiesta de la Epifanía, es la fiesta de la manifestación de Jesús ante aquellos sabios de Oriente que siguiendo la estrella vinieron a adorarle. El domingo siguiente a la Epifanía celebramos la fiesta del Bautismo del Señor, que es como una segunda manifestación de aquel Niño encarnado en nuestra historia, de aquella Palabra acampada en nuestros mutismos. Han pasado casi treinta años de escondimiento desapercibido en Nazaret como uno de tantos. El bautismo de Jesús concluye esa fase del Señor en la que se asemejó completamente a nosotros.

Jesús no es un enviado de Dios que acorrala, un mensajero que se ensaña con los indignos de la luz y de la gracia del Padre, sino alguien que viene a restablecer el latir de los corazones acabados. Y para ello, se pondrá el último de la fila como uno de tantos, fingiendo amorosamente una necesidad que no tenía, abrazando extremosamente un pecado que no le pertenecía. Era el abrazo a una humanidad concreta, buscadora de una felicidad que no conseguía encontrar, la humanidad frágil y pecadora por la que Él vino, a la que amó hasta el extremo, por la que dará su propia vida.

Este Jesús manifestado así humildemente, es reconocido en el escenario del Jordán por Juan el Bautista. Era un escenario doliente de tantos dramas, junto a unas aguas bañadas por lágrimas de arrepentimiento y deseo de perdón. Allí estaba Él, el justo, el santo, Dios mismo en Él manifestado.

Así, sin concesiones ni componendas, un Jesús que nació como nació en Belén, que vivió como vivió en Nazaret, quiere ahora seguir su itinerario y su misión desde la única razón de toda su existencia: hacer la voluntad de Dios, vivir desde Otro, sin fraude ni traición. No lo que le apetece, lo que señalan los sondeos al uso, o lo que dictan las conveniencias políticas... sino lo que quiere Dios, lo que el Otro, el Padre, ha diseñado como designio de amor y de salvación.

Nuestra postura ante tantas cosas debe beber y debe vivir en la que hemos aprendido de Jesús: dejar que nuestra vida sea vivida desde Otro, realizando el diseño y el designio de ese Otro, del Padre Dios, para que como Jesús también seamos hijos, y amados y predilectos, y para que el Espíritu se pose en nosotros y nosotros a nuestra vez podamos re-crear tantas cosas.

No es nuestra obra, sino la del Espíritu en nosotros, que posándose en nuestra vida como aquel día junto al Jordán, hace nuevas todas las cosas al hacernos hijos, amados y predilectos de Dios.


Publicado por verdenaranja @ 10:30  | Espiritualidad
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viernes, 07 de enero de 2011

ZENIT   nos ofrece la homilía que el Papa Benedicto XVI pronunció el jueves 16 de Diciembre de 2010 por la tarde, durante la celebración de las Vísperas de preparación a la Navidad con los universitarios de Roma, en la Basílica de San Pedro.

"Tened paciencia, hermanos, hasta que llegue el Señor" (Santiago 5,7).

Con estas palabras el apóstol Santiago nos ha introducido en el camino de preparación inmediata a la Santa Navidad, que en esta Liturgia vespertina, tengo la alegría de empezar con vosotros, queridos estudiantes e ilustres docentes de las universidades de Roma. Dirijo a todos mi saludo cordial, en particular al consistente grupo de aquellos que se preparan a recibir la Confirmación, y expreso mi vivo aprecio por el empeño que ponéis en la animación cristiana de la cultura de nuestra ciudad. Agradezco al rector magnífico de la Universidad de Roma Tor Vergata, el profesor Renato Lauro, las palabras de augurio que me ha dirigido en nombre de todos. Dirijo un saludo especial y deferente al cardenal vicario y a las diversas autoridades académicas e institucionales.

La invitación del apóstol nos indica el camino que lleva a Belén liberando nuestro corazón de todo fermento de impaciencia y de falsa espera, que puede anidarse siempre en nosotros, si olvidamos que Dios ya ha venido, está ya actuando en nuestra historia personal y comunitaria y pide ser acogido. El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob se ha revelado, ha mostrado su rostro y ha tomado morada en nuestra carne, en Jesús, hijo de María - verdadero Dios y verdadero hombre - a quien encontraremos en la Gruta de Belén. Volver allí, a ese lugar humilde y estrecho, no es un simple itinerario ideal: es el camino que estamos llamados a recorrer experimentando en el hoy la cercanía de Dios y su acción que renueva y sostiene nuestra existencia. La paciencia y la constancia cristiana - de la que habla Santiago - no son sinónimo de apatía o de resignación, sino que son virtudes de quien sabe que puede y debe construir no sobre arena, sino sobre roca; virtud de quien sabe respetar los tiempos y las formas de la condición humana y, por ello, evita ofuscar las expectativas más profundas del alma con esperanzas utópicas o fugaces, que luego decepcionan.

"Mirad cómo el sembrador espera el fruto precioso de la tierra" (Santiago 5,7). Queridos amigos, a nosotros, inmersos en una sociedad cada vez más dinámica, puede sonar sorprendente esta invitación que hace referencia al mundo rural, al ritmo de los tiempos de la naturaleza. Pero la comparación elegida por el Apóstol nos llama a dirigir la mirada al verdadero y único "agricultor", el Dios de Jesucristo, a su misterio más profundo que se ha revelado en la Encarnación del Hijo. De hecho, el Creador de todas las cosas no es un déspota que ordena e interviene con poder en la historia, sino más bien es como el agricultor que siembra, hace crecer y dar fruto. También el hombre puede ser, con Él, un buen agricultor, que ama la historia y la construye en profundidad, reconociendo y contribuyendo a hacer crecer las semillas del bien que el Señor ha dado. Vayamos por tanto también nosotros hacia Belén con la mirada dirigida al Dios paciente y fiel que sabe esperar, que sabe pararse, que sabe respetar los tiempos de nuestra existencia. Ese Niño que encontraremos es la manifestación plena del misterio del amor de Dios que ama dando la vida, que ama de modo desinteresado, que nos enseña a amar y sólo pide ser amado.

"Reanimad vuestros corazones". El camino hacia la Gruta de Belén es un itinerario de liberación interior, una experiencia de libertad profunda, pues nos lleva a salir de nosotros mismo y a encaminarnos hacia Dios, que se acercó a nosotros, que reanima nuestros corazones con su presencia y con su amor gratuito, que nos precede y nos acompaña en nuestras opciones diarias, que nos habla en lo secreto del corazón y en las Sagradas Escrituras. Él quiere infundir valentía a nuestra vida, especialmente en los momentos en los que nos sentimos cansados y agobiados y en los que tenemos necesidad de volver a encontrar la serenidad en el camino y de sentirnos con alegría peregrinos hacia la eternidad.

"La venida del Señor está cerca". Es el anuncio que llena de emoción y de maravilla esta celebración, y que hace que nuestro paso se apresure hacia la Gruta. El Niño, a quien encontraremos entre María y José, es el  Logos-Amor, la Palabra que puede dar consistencia plena a nuestra vida. Dios nos ha abierto los tesoros de su profundo silencio y con su Palabra se nos ha comunicado. En Belén el hoy perenne de Dios toca nuestro tiempo pasajero, que recibe orientación y luz para el camino de la vida.

Queridos amigos de las universidades de Roma: el Verbo Encarnado os pide a vosotros, que recorréis el camino fascinante y comprometedor de la búsqueda y de la elaboración cultural, que compartáis con Él la paciencia para "construir".  Construir la existencia propia, construir la sociedad, no es una obra que puedan realizar mentes y corazones distraídos y superficiales. Se requiere una profunda acción educativa y un continuo discernimiento que deben involucrar a toda la comunidad académica, favoreciendo esa síntesis entre formación intelectual, disciplina moral y compromiso religioso que el beato John Henry Newman había propuesto en su "Idea de Universidad". En nuestros tiempos se siente la necesidad de una nueva clase de intelectuales capaces de interpretar las dinámicas sociales y culturales que no ofrezcan soluciones abstractas, sino concretas y realistas. La Universidad está llamada a desempeñar este papel insustituible y la Iglesia la sostiene con convicción de manera concreta.

La Iglesia de Roma, en particular, está comprometida desde hace muchos años en apoyar la vocación de la Universidad y en servirla con la contribución sencilla y discreta de tantos sacerdotes que trabajan en las capellanías y en las realidades eclesiales. Quisiera expresar mi aprecio al cardenal vicario y a sus colaboradores por el programa de pastoral universitaria que, este año, en sintonía con el proyecto diocesano, ha sido sintetizado acertadamente con el tema: "Ite, missa est... en el patio de los gentiles". El saludo al final de la celebración eucarística, "Ite, missa est", invita a todos a ser testigos de esa caridad que transforma la vida del hombre y de este modo injerta en la sociedad el germen de la civilización del amor. Vuestro programa de ofrecer a la ciudad de Roma una cultura al servicio del desarrollo integral de la persona humana, como he indicado en la encíclica  Caritas in veritate, es un ejemplo concreto de vuestro compromiso para promover comunidades académicas en las que se madura y ejerce lo que Giovanni Battista Montini, cuando era asistente de la Federación Universitaria Católica Italiana (FUCI), llamaba "la caridad intelectual".

La comunidad universitaria romana, con su riqueza de instituciones estatales, privadas, católicas y pontificias, está llamada a una tarea histórica notable: la de superar prejuicios que en ocasiones impiden el desarrollo de una cultura auténtica. Trabajando con sinergias, en particular con las facultades teológicas, las universidades romanas pueden indicar que es posible un nuevo diálogo y una nueva colaboración entre fe cristiana y los diferentes saberes, sin confusión ni separación, sino compartiendo la misma aspiración a servir al hombre en su plenitud. Deseo que el próximo simposio internacional sobre el tema "La universidad y el desarrollo de los saberes: ¿hacia dónde va el futuro?" pueda constituir una etapa significativa en este camino renovado de investigación y empeño. Desde esta perspectiva, deseo alentar también las iniciativas promovidas por la dirección general de la Cooperación al Desarrollo del Ministerio de Asuntos Exteriores de Italia, involucrando a universidades de todos los continentes, incluyendo también a las de Oriente Medio, representadas aquí por algunos rectores.

Queridos jóvenes universitarios: ha resonado en esta asamblea el recuerdo de la Cruz de las Jornadas Mundiales de la Juventud. Al final de la celebración, la delegación universitaria africana entregará el icono de MaríaSedes Sapientiae [Trono de Sabiduría] a la delegación universitaria española. Comenzará así la peregrinación de esta imagen mariana por todas las universidades de España, un signo que nos orienta hacia el encuentro del próximo mes de agosto en Madrid. Es muy importante la presencia de jóvenes universitarios preparados, que desean comunicar a sus coetáneos la fecundidad de la fe cristiana no sólo en Europa, sino en todo el mundo. Con María, que nos precede en nuestro camino de preparación, os doy cita en Madrid y confío mucho en vuestro generoso y creativo compromiso. A ella, Sedes Sapientiae, encomiendo a toda la comunidad universitaria romana. Con ella, dispongámonos a encontrar al Niño en la Gruta de Belén: ¡es el Señor que viene por nosotros! Amén.

[Traducción del original italiano realizado por Inma Álvarez y Jesús Colina
©Libreria Editrice Vatiana]


Publicado por verdenaranja @ 22:35  | Habla el Papa
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Homilía de monseñor Antonio Marino, obispo auxiliar de La Plata, en la solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María (Iglesia del Seminario, 8 de diciembre de 2010). (AICA)

«SUBLIME IMAGEN MÍSTICA DE LAS BODAS DE LA IGLESIA CON CRISTO»        

La solemnidad de la Concepción Inmaculada de la Santísima Virgen María nos llena el alma de alegría espiritual, al contemplar con los ojos de la fe la “graciosa belleza” con que el Dios uno y trino ha querido dotar, desde el primer instante, la existencia de esta criatura, humilde y sublime a la vez, “predestinada desde toda la eternidad como Madre de Dios juntamente con la encarnación del Verbo”, como nos dice la Constitución Lumen gentium (LG 61).

La fe de la Iglesia Católica confiesa que María no sólo no ha cometido nunca ningún pecado, sino que incluso ha sido preservada de la herencia común de todo el género humano, que es el pecado original. Esto se vincula con su vocación de ser la Madre del Redentor. De este modo, la misma gracia de su Hijo, que en todos los tiempos, por obra del Espíritu, salva y redime a los hombres, actuó en ella de la forma más radical posible: no purificándola de la herencia del pecado, como a nosotros, sino preservándola de contraerlo.

El Espíritu Santo que Jesús nos dejó, fue conduciendo a la Iglesia a la comprensión cada vez más profunda y explícita del lugar que la Madre de Cristo ocupa en la obra de nuestra redención, y de las prerrogativas de gracia con que, en orden a esa misión, quiso Dios dotarla, a fin de ser para su Hijo “compañera singularmente generosa entre todas las demás criaturas y humilde esclava del Señor” (LG 61).

Bajo la acción suave e iluminante del Espíritu, ya desde el siglo II los Padres de la Iglesia otorgaron a la Madre de Jesús el título de “nueva Eva”, virtualmente contenido en las Sagradas Escrituras (cf. Jn 2,4; 19,26) y con el paso del tiempo se detendrán en el significado del saludo del ángel en la Anunciación, quien la llama “llena de gracia” (Lc 1,28).

Antes de ser objeto de especulación teológica, ella fue ocupando un lugar de privilegio en la mente y el corazón de los fieles y de los pastores, quienes primero entenderán su íntima asociación a Cristo en la obra de nuestra redención y luego, más lenta y laboriosamente, los efectos que sobre ella misma produjo la gracia redentora de su Hijo.

Antes que el concepto está la vida. Por eso, la experiencia interior de las realidades sobrenaturales se anticipó al razonamiento. Antes que la fórmula dogmática estuvo la intuición de la fe. No esperó la Iglesia diecinueve siglos para celebrar la plenitud de gracia de María. Lo sabía desde siempre, aunque este saber encontrará su expresión conceptual más acabada sólo con un fatigoso esfuerzo de siglos. La percepción de su deslumbrante belleza y del fulgor de su santidad aconteció antes que el discurso intelectual. El amor y la alabanza se anticiparon a la comprensión teológica. El canto jubiloso de la Iglesia estuvo primero, la palabra exacta vino después.

Ella hizo las delicias de la contemplación de los fieles y, en clima de alabanza a la Trinidad y a su obra salvadora, será llamada en oriente “toda santa”, panagía. Por doquier la Iglesia, en lenguaje despojado de tecnicismo, comenzará a celebrar en ella una santidad que se remonta a los orígenes de su existencia. Se trataba de celebrar a aquella a quien el Espíritu Santo preparaba desde el principio para ser la digna Madre de Dios, morada santísima del Hijo eterno, su mística esposa y compañera asociada a su obra salvadora.

Si nos propusiéramos hacer un elenco de los textos de la tradición eclesial sobre la santidad intacta de la Madre de Dios, escucharíamos un extenso himno de alabanza incomparable a lo largo de los siglos, desde oriente a occidente. Para nuestra común edificación me complazco en espigar algunos, seleccionados casi al azar. Es parte de nuestro homenaje hacia la Purísima hacer resonar en este día la voz de la Tradición.

En occidente, a finales del siglo IV y comienzos del V, San Máximo de Turín, en una homilía sobre la Navidad del Señor, hablará de la “gracia original” de María (ML 57,235). El patriarca San Proclo de Constantinopla, en el siglo V la saludaba con estas palabras: “Santuario de impecabilidad, templo santificado por Dios, paraíso verdeante e incorruptible” (Hom.). En Palestina, hacia fines del siglo VI, el obispo Teotecno de Livias, afirmaba: “Nace como los querubines, aquella que es de una arcilla pura e inmaculada”. Entre el siglo VII y el VIII San Andrés de Creta dirá que estuvo “dotada del don de la primera creación de parte de Dios” (MG 97,812).

La gran familiaridad con las Escrituras, pronto llevó a los Padres a decir de María lo que San Pablo dice de la Iglesia, esposa santa e inmaculada (cf. Ef 5,27). En una homilía sobre la Anunciación, San Gregorio de Nisa en el siglo IV exclamaba: “¡Salve, por tanto, llena de gracia! Eres grata a aquel que te ha creado (…). Eres grata a quien goza de la belleza de las almas; has encontrado un esposo que custodia y no corrompe tu virginidad; has encontrado un esposo que, con gran amor, ha querido convertirse en tu hijo”.

Entre el siglo IV y el V, San Paulino de Nola se expresaba en forma análoga: “¡Sublime imagen mística de las bodas de la Iglesia con Cristo! También ella es hermana del Señor y esposa cariñosa. Como madre recibe la semilla de la Palabra eterna, lleva al pueblo en su seno y lo conduce a la luz. La esposa que nadie ha tocado, permanece verdaderamente hermana en el amor; su abrazo es el Espíritu, porque quien la ama es Dios”.

Eco de la misma tradición, en el Prefacio de la Misa de hoy oiremos decir de María que es “comienzo e imagen de la Iglesia, esposa de Cristo, llena de juventud y de limpia hermosura”. Esta mujer “plasmada y hecha una nueva creatura por el Espíritu Santo” ha sido dotada de este resplandor de santidad en orden a colaborar íntimamente con Cristo abrazando “de todo corazón y sin entorpecimiento de pecado alguno la voluntad salvífica de Dios” (LG 56).

Una hermosa oración del ámbito de la Iglesia de Ravena, entre los siglos IV y V, celebra a María como morada o templo de Dios por su papel en la Encarnación: “Oh Dios, majestad eterna, tu inexpresable Palabra anunciada por el ángel fue acogida y la Virgen inmaculada se convirtió en habitación del Dios viviente, llena de la luz del Espíritu Santo” (Rollo de Ravena).

Citemos, por último, la divina liturgia llamada de San Basilio, donde el oriente bizantino eleva esta plegaria, después de la consagración y de la epíclesis: “En ti se alegra, oh llena de gracia, toda la creación, el coro de los ángeles y el género humano; en ti, templo santificado y paraíso racional, gloria de la virginidad de la que Dios tomó carne y se hizo niño, aquel que es nuestro Dios antes de los siglos. Él formó tu vientre e hizo de él su trono, lo ha hecho más amplio que los cielos”.

A la luz de estos testimonios, se entiende mejor la oración inicial de esta Misa de la Inmaculada, redactada en el siglo XV: “Dios nuestro que por la Concepción Inmaculada de la Virgen María preservada de todo pecado, preparaste a tu Hijo una digna morada en atención a los méritos de la muerte redentora de Cristo…”. Esto significa que el misterio de la Inmaculada consiste en poner los cimientos de un templo o morada magnífica donde habitará Cristo. Por eso, la Iglesia en este día celebra también su propio misterio, conforme a las palabras del Apóstol: “En Él, también ustedes son incorporados al edificio, para llegar a ser una morada de Dios en el Espíritu” (Ef 2,22).

Nueva Eva, mística esposa y, a la vez, madre y compañera inseparable del Redentor, digna morada o templo santísimo del Hijo de Dios, figuran entre los principales títulos con que la liturgia celebra hoy a la Madre de Cristo en las oraciones, lecturas bíblicas y el Prefacio de la Misa. Son estas alabanzas las que fueron preparando el paso de la invocación a María como Virgen inmaculada a la proclamación de la Inmaculada Concepción de la Virgen María.