Carta Pastoral de monseñor Luis T. Stöckler, obispo de Quilmes para la Cuaresma 2011. (AICA)
Mis queridos hermanos y hermanas en Cristo:
“Viene Jesús, viene la vida”, con esta expresión hemos empezado el año litúrgico e iniciado el “Año de la Vida”, declarado como tal por nuestra Conferencia Episcopal. El tiempo de la Cuaresma es un momento oportuno para profundizar esta propuesta del Papa.
Lo primero que me surge cuando pienso en la vida, es el asombro frente a la variedad incontable de seres vivientes que encontramos en la naturaleza. Sobre todo, me asombra la existencia del ser humano, donde cada persona tiene sus rasgos propios y únicos, sin haber hecho nada para venir al mundo, pero con el anhelo incontenible de vivir. ¿Para qué vinimos, y a dónde vamos?, es la pregunta que se despierta naturalmente ya en el niño. La vida debe tener un sentido. Imaginarme que el universo y el género humano sea el resultado de un largo juego del azar me parece inverosímil; y que la finalidad de la persona sea solamente prolongar la especie en los hijos y terminar con la muerte, me resulta absurdo. La seguidilla de las generaciones y la evolución del cosmos en miles de millones de años sería entonces la suma de la absurdidad total. Y esto no lo creo. En cambio, si detrás de todo hay alguien que ha creado con su sabiduría este mundo en sus detalles asombrosos y que ha dado al ser humano la inquietud de comprenderlo, entonces el anhelo de eternidad que hay en el hombre, tiene sentido. Esta convicción que el mundo es obra de un Creador y que el destino del hombre va más allá de la muerte, da a nuestra vida una dimensión que ingresa en el misterio de Dios mismo. Él nos ha llamado a cada uno a la existencia. “En efecto”, decía San Pablo, “somos de su raza” (Hch 17, 28). En esto radica nuestra dignidad, y en esto se funda el derecho a la vida y el respeto a los demás.
Hoy este derecho está cuestionado; y con ello la vida misma está amenazada. Como ciudadanos y como cristianos somos responsables de cuidarnos mutuamente, especialmente cuando las víctimas no tienen quien los defienda. El derecho a la vida comienza en el mismo instante de la fecundación, cuando como resultado de la relación entre el varón y la mujer se constituye con su información genética completa y definitiva un nuevo ser humano, que se desarrolla desde este momento con una dinámica incontenible. El cuerpo de la mujer es el hábitat del hijo, pero el hijo no es un órgano de la madre; es una persona, y nadie puede arrogarse la autoridad de negarle la vida. Salvo el caso de una enfermedad que pone en riesgo inminente la vida de la madre y que exige una intervención, con el efecto no buscado de que la criatura pierda la vida, no hay justificación moral para la interrupción del embarazo. No hace falta ser creyente para comprender este razonamiento. Los legisladores se hacen culpables, si proponen y votan leyes que facilitan el aborto. Es su obligación garantizar a la madre la ayuda necesaria para poder gestar y dar a luz al hijo que lleva en sus entrañas; más todavía cuando el hijo viene con una discapacidad que requiere una atención especial.
La necesidad de cuidar la vida del hijo sigue durante los primeros tres años, en los cuales la falta de nutrición y atención médica adecuadas deja daños cerebrales irreparables para toda la vida. No podemos desentendernos de las madres y familias en situación de indigencia que precisan el acompañamiento en esta etapa de los niños. Otra amenaza cada vez más feroz a la vida es el avance de las adicciones que destruyen a la persona física y moralmente y que reclama de nuestra parte cercanía y apoyo, para que estos hermanos nuestros puedan descubrir nuevamente el sentido de su vida. Finalmente, para honrar la vida, no podemos olvidarnos de nuestros mayores. Asistirlos con amor nos prepara a nosotros mismos, ya ahora, para cuando entremos en esta etapa culminante de nuestra existencia y demos el paso final a la presencia de nuestro Creador.
“Este es el ayuno que yo amo –oráculo del Señor–: no despreocuparte de tu propia carne. Entonces llamarás, y el Señor dirá: Aquí estoy” (Cf. Is 58, 6-9). Es en la caridad, donde durante la Cuaresma se verifica la autenticidad de nuestro ayuno y de nuestra oración. Que el cuidado de la vida en sus diversas etapas sea la prueba.
Mons. Luis T. Stöckler, obispo de Quilmes
Nota: Esta Carta se leerá en todas las Misas y Celebraciones del Domingo 1º de Cuaresma
DOMINGO 4 DE CUARESMA – A
3 de abril de 2011
Domingo del ciego de nacimiento
Jesús es la fuente de agua que mana hasta la vida eterna; Jesús es la luz del mundo; Jesús es la resurrección y la vida para todos los que creen en él. Que su gracia este con todos vosotros.
Nos vamos acercando a la Pascua. Dentro de tres semanas, en la Vigilia Pascual, encenderemos un cirio en medio de la noche, y lo seguiremos, y de él tomaremos la luz para nuestros pequeños cirios. Y luego, con esos pequeños cirios en las manos, renovaremos las promesas de nuestro bautismo.
Hoy, el evangelio que escucharemos nos ayudara a entender más lo que este rito significa. Jesús es la luz del mundo, Jesús es quien nos abre los ojos, como hizo con el ciego de nacimiento. Y por eso nosotros queremos seguirle, y fortalecer nuestra fe en 61).
A. penitencial: Ahora, en silencio, pidamos que la luz de Jesucristo ilumine nuestra oscuridad. (Silencio más largo).
Confesemos juntos nuestros pecados: Yo confieso ante Dios todopoderoso...
Dios todopoderoso tenga misericordia...
Y ahora, desde nuestra debilidad, invoquemos a Aquel que nos ama y tendrá piedad de nosotros:
1. lectura (1 Samuel 16,1.6-7.10-13a): En estos domingos de Cuaresma vamos siguiendo los principales momentos de la historia de la salvación de Dios. Hoy se nos presenta el principio de la historia de David, el gran rey de Israel.
2. lectura (Efesios 5,8-14): San Pablo, en la segunda lectura, nos exhorta a vivir como bautizados, como hijos de Dios; a vivir en la luz de Cristo, y no en la tiniebla del pecado.
Oración universal: A Jesús, que es la Luz que brilla en la oscuridad, pidámosle por nosotros y por toda la humanidad cantando: KYRIE, ELEISON
1. Por la Iglesia. Que, como Jesús, sepa acercarse amorosamente a todos los que viven en situaciones de oscuridad y de dolor. KYRIE, ELEISON. R/ KYRIE, ELEISON.
2. Por los jóvenes y adultos que se preparan para recibir el bautismo. Que el Señor los llene de su gracia y de su amor. KYRIE, ELEISON.
3. Por nuestras comunidades. Que crezcan entre nosotros las vocaciones sacerdotales y religiosas. KYRIE, ELEISON.
4. Por los que no tienen lo necesario para vivir. Que los que dominan el poder del dinero hagan posible que los bienes de este mundo lleguen a todos. KYRIE ELEISON.
5. Por nosotros. Que el Señor abra nuestro corazón a su Palabra que nos llama a la conversión. KYRIE, ELEISON.
Escúchanos, Señor tú eres la luz del mundo. Tú eres nuestra alegría. Envíanos tu Espíritu para que nos renueve, y nos haga siempre fieles a tu gracia. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Padrenuestro: Como hijos de la luz, como hijos de Dios, nos atrevemos a decir:
Gesto de paz: En Cristo, que nos ha reconciliado con su cruz, daos fraternal mente la paz.
Oración sobre el pueblo n° 7, p6g. 576.
CPL
CARITAS ARCIPRESTAL
ICOD DE LOS VINOS
03 de abril de 2011
Primer Domingo de mes
Las tres actitudes penitenciarias, clásicas y cuaresmales: la limosna, el ayuno y la oración, adquieren su sentido preciso en estas palabras, se trata de evitar a toda costa la hipocresía de muchas de nuestras actitudes ante la vida, la doblez de intención.
La limosna es compartir generosamente lo que se tiene, el ayuno es privarse del alimento para comprender mejor a quien pasa necesidad y para compartir con mayor conocimiento, la oraci6n es el encuentro íntimo, el diálogo con Dios, sin hacer alarde de nada.
NOTICIAS
04-04-2011: Taller de bisutería impartido en la sede Arciprestal del 04 de abril al 04 de junio de 2011.
10-04-2011: Encuentro de Pastoral Social.
26-04-2011: Reunión de la Permanente de Caritas Arciprestal a las 19.00horas.
Abierta la matricula para el "Curso de formaci6n de Seguridad y Salud laborales en el sector de la construcci6n", para mas información dirigirse a la sede Arciprestal.
Lectio divina para el viernes de la tercera semana de Cuaresma 2011, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.
LECTURA: “Marcos 12, 28b‑34”
En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?»
Respondió Jesús: «El primero es: "Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser." El segundo es éste: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo." No hay mandamiento mayor que éstos.»
El escriba replicó: «Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.» Jesús, viendo que habla respondido sensatamente, le dijo: «No estás lejos del reino de Dios.» Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.
MEDITACIÓN: “Escucha”
No es este el primer mandamiento, pero sí es la primera y necesaria actitud para poder acoger el primero y cualquier otro mandamiento. “Escuchar”. De ahí dimana todo lo que queramos poner en la vida. Porque el gran problema que arrastramos los hombres es, sencillamente, que nos hemos olvidado, o al menos nos cuesta mucho, escuchar. Y si no escuchamos nada de lo que pongamos detrás sirve.
Parece que tenía que ser algo lógico a estas alturas de nuestro existir humano, y del desarrollo que parece que estamos alcanzando, pero no. La realidad nos dice que cada vez nos es más difícil escuchar. Que cada uno escuchamos aquello y a aquellos a quienes nos interesa. Que nuestro diálogo, la mayor parte de las veces es un diálogo de sordos. Y esto a todos los niveles y en todos los campos. Y eso asusta.
Por eso tú te empeñas en repetir tantas veces la invitación, la llamada, la urgencia, a escuchar. Y, al final, tuviste que pagar los efectos de la sordera, de la cerrazón de oídos y, sobre todo, del corazón. Porque al final esa es la realidad, lo que cerramos para no oír, no son los oídos físicos, sino el corazón, y cuando el corazón se cierra y se hace sordo, se endurece, y cuando se endurece todo es posible. Todo mal, claro está.
Sí, tal vez, tenemos que corregir el orden de los mandamientos, o intercalar el paso previo, porque para comenzar a amar hay que comenzar a escuchar, las voces y el corazón. Y ahí me tocas y me interpelas con mucha fuerza.
ORACIÓN: “Tomarme en serio”
Señor, cuántas veces me llamas desde lo más profundo y cuántas veces hago oídos sordos a tus palabras. Luego me lamento, pero son lágrimas de cocodrilo, lastimeras y tal vez justificadoras. Ayúdame a tomarte y a tomarme en serio.
Se me llena la boca hablando de coherencia, la pido para los otros, pero yo camino, muchas veces, sin asumir mi responsabilidad gozosa de creyente. Ábreme los oídos, Señor, ábreme el corazón.
CONTEMPLACIÓN: “Ruidos”
Ruidos y más ruidos
que justifican mi sordera.
Ruidos que aturden
mis pensamientos
y distraen mis sentidos.
Ruidos cómodos
que permiten evadirme
y justificar mi indolencia
y mi indiferencia.
Haced, ruidos, silencio
en vuestra imparable locura
y dejad que se cuele la cordura,
y que un hilo de paz
prenda la llama frágil del amor.
ZENIT publica las palabras que dirigió Benedicto XVI este domingo a mediodía al rezar la oración mariana del Ángelus junto a varios miles de peregrinos congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano.
Queridos hermanos y hermanas:
Hoy es el primer domingo de Cuaresma, el tiempo litúrgico de cuarenta días que constituye en la Iglesia un camino espiritual de preparación para Pascua. Se trata, en definitiva, de seguir a Jesús, que se dirige decididamente hacia la Cruz, culmen de su misión de salvación. Si nos preguntamos: ¿por qué la Cuaresma? ¿Por qué la Cruz? La respuesta, en términos radicales, es ésta: porque existe el mal, es más, el pecado, que según las Escrituras es la causa profunda de todo mal. Pero esta afirmación no es algo que se puede dar por descontado, y la misma palabra "pecado" no es aceptada por muchos, pues presupone una visión religiosa del mundo y del hombre. De hecho, es verdad: si se elimina a Dios del horizonte del mundo, no se puede hablar de pecado. Al igual que cuando se esconde el sol desaparecen las sombras --la sombra sólo parece cuando hay sol--, del mismo modo el eclipse de Dios comporta necesariamente el eclipse del pecado. Por este motivo, el sentido del pecado --que es algo diferente al "sentido de culpa", como lo entiende la psicología--, se alcanza redescubriendo el sentido de Dios. Lo expresa el Salmo Miserere, atribuido al rey David con motivo de su doble pecado de adulterio y de homicidio: "Contra ti --dice David dirigiéndose a Dios--, contra ti sólo he pecado" (Salmo 51,6).
Ante el mal moral, la actitud de Dios es la de oponerse al pecado y salvar al pecador. Dios no tolera el mal, pues es Amor, Justicia, Fidelidad; y precisamente por este motivo no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva. Para salvar a la humanidad, Dios interviene: lo vemos en toda la historia del pueblo judío, a partir de la liberación de Egipto. Dios está determinado a liberar a sus hijos de la esclavitud para conducirles a la libertad. Y la esclavitud más grave y profunda es precisamente la del pecado. Por este motivo, Dios ha enviado a su Hijo al mundo: para liberar a los hombres del dominio de Satanás, "origen y causa de todo pecado". Lo ha enviado a nuestra carne mortal para que se convirtiera en víctima de expiación, muriendo por nosotros en la cruz. Contra este plan de salvación definitivo y universal, el Diablo se ha opuesto con todas sus fuerzas, como lo demuestra en particular el Evangelio de las tentaciones de Jesús en el desierto, que es proclamado cada año en el primer domingo de Cuaresma. De hecho, entrar en este período litúrgico significa ponerse cada vez del lado de Cristo contra el pecado, afrontar --ya sea como personas ya sea como Iglesia-- el combate espiritual contra el espíritu del mal (Miércoles de Ceniza, oración colecta).
Por este motivo, invocamos la ayuda maternal de María Santísima para el camino cuaresmal que acaba de comenzar para que esté lleno de frutos de conversión. Pido un recuerdo especial en la oración por mí y mis colaboradores de la Curia Romana, que esta noche comenzaremos la semana de Ejercicios Espirituales.
[Después de rezar el Ángelus, Benedicto XVI añadio:]
Queridos hermanos y hermanas:
Las imágenes del trágico terremoto y del consiguiente tsunami en Japón nos han impresionando profundamente a todos. Deseo renovar mi cercanía espiritual a las queridas poblaciones de ese país, que con dignidad y valentía están afrontando las consecuencias de estas calamidades. Rezo por las víctimas y por sus familiares y por todos los que sufren a causa de estos tremendos eventos. Aliento a todos los que, con encomiable rapidez, se están comprometiendo para llevar ayuda. Permanezcamos unidos en la oración. ¡El Señor está a nuestro lado!
[A continuación, el papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:]
Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española presentes en esta oración mariana, en particular al grupo de ucranianos llegados desde España y a los fieles de las parroquias de san Nicolás, de Plasencia y san Francisco de Sales, de Mérida. En este tiempo de Cuaresma, la imagen del desierto nos invita a recogernos interiormente y, con espíritu de penitencia, progresar en nuestro camino espiritual. Que apoyados en la Palabra de Dios y guiados por el ejemplo del Salvador vivamos con alegría y aprovechemos este tiempo de gracia. Os ruego también un recuerdo particular por mí y por mis colaboradores de la Curia romana, que esta tarde comenzaremos los ejercicios espirituales. Feliz domingo.
[Traducción del original italiano realizada por Jesús Colina
©Libreria Editrice Vaticana]
Lectio divina para el jeuves de la tercera semanade Cuaresma 2011,ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.
LECTURA: “Lucas 11, 14‑23”
En aquel tiempo, Jesús estaba echando un demonio que era mudo y, apenas salió el demonio, habló el mudo. La multitud se quedó admirada, pero algunos de ellos dijeron: «Si echa los demonios es por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios.»
Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo en el cielo. Él, leyendo sus pensamientos, les dijo: «Todo reino en guerra civil va a la ruina y se derrumba casa tras casa. Si también Satanás está en guerra civil, ¿cómo mantendrá su reino? Vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú; y, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros.
Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros. Pero, si otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte el botín.
El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama.»
MEDITACIÓN: “El Reino de Dios ha llegado”
El que no reconozcamos las cosas no significa que no sean verdad o que no existan. Si fuese así existirían muy poquitas cosas, sobre todo aquellas que no nos interesan o que no entran en nuestros reducidos y cerrados esquemas. Suele ser un fenómeno muy típico el cerrar los ojos cuando no queremos ver algo, es como si al cerrarlos dejasen de existir.
De la misma manera, es muy común también ver o pretender ver en las cosas lo que no son, dándoles el significado que cae en nuestros criterios. Y así ante un mismo hecho cada uno puede ver lo que le interesa. En un partido uno puede ver una falta y el del otro lado no verla. Nuestras intencionalidades nos impiden ser objetivos cuando no malévolos. Y así pretendían tergiversar tus actuaciones, igual que hoy.
Ante todas estas realidades e intereses que vivimos resuena tu palabra como anuncio para que cada uno coja lo que su corazón le dicte, pero tú nos manifiestas una certeza: contigo ha llegado el Reino de Dios. Contigo Dios ha llegado hasta nosotros, se ha hecho presente, se ha acercado a nuestra historia, nos ha manifestado su amor como nadie podía imaginar, por eso no somos capaces de verte ni nos interesa verte, porque aceptarte en tu realidad supondría dar un vuelco a nuestras actitudes, a nuestras relaciones, salir de nuestros intereses y comodidades, reconocer nuestra pequeñez y nuestra grandeza, nuestra dignidad, y actuar a la luz de ella, y preferimos actuar según la nuestra, más cómoda, más interesada, a veces, más rastrera.
Sí, es normal que prefiramos decir que estás endemoniado, el caso es que no molestes. Pero tu voz sigue resonando con toda su fuerza interpelante en el mundo y en mi corazón: el reino de Dios está cerca, tú lo has hecho presente, y pese a quien pese se hará en su momento realidad plena y definitiva. Allí nos esperas y hacia allí deseo, con tu fuerza, encaminar mis pasos, mi vida.
ORACIÓN: “Quiero acogerte”
Señor, gracias por la fuerza y la convicción de tu palabra. Gracias porque me manifiestas la fuerza y la realidad de tu presencia. Sabes que quiero acogerte, seguirte, vivirte. Sé también que estoy muy lejos, que en mí todavía hay muchas sombras, pero la seguridad de tu presencia sigue siendo mi fuerza.
Señor, perdóname por las veces que me justifico, por las veces que confío más en mí que en ti, por las veces que me seducen tantas cosas que no eres tú. Ayúdame a caminar contigo y hacia ti, para poder caminar cada día más cerca de mis hermanos.
CONTEMPLACIÓN: “Sed de ti”
Eres la luz que ilumina
las sombras de mis verdades
que trato de ocultar
tras la máscara de lo que no soy
y ni siquiera deseo ser.
Eres la trasparencia de mi alma
que pone al descubierto
lo que ni soy ni tengo.
Eres el agua cristalina
que arrastra el barro
de mis palabras fingidas
y que deja definitivamente
al descubierto
mi profunda sed de ti.
ZENIT publica el artículo que ha escrito monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas, con el título "México, decrece el porcentaje de católicos".
México, decrece el porcentaje de católicos
VER
Aunque en números reales aumentó al número de católicos en México, su porcentaje sigue descendiendo. En el año de 1950, éramos el 98.21 por ciento; en 1960, el 96.47; en 1970, el 96.17; en 1980, el 92.62; en 1990, el 89.69; en 2000, el 88.22. Ahora, somos sólo el 83.9. Disminuimos en un 4.32%, en relación a la década anterior.
En contraparte, aumentan los protestantes o evangélicos. En 1950, eran el 1.28 por ciento; en 1960, el 1.65; en 1970, el 1.82; en 1980, el 3.29; en 1990, el 4.89; en 2000, el 5.21; ahora son el 7.6. Lo más preocupante es el aumento de quienes se declaran sin religión. En el año 2000, eran el 3.5; ahora son el 4.6
En Chiapas, el Estado con menor porcentaje de católicos en el país, sucede un fenómeno semejante. Pasamos de ser el 91.2 por ciento en 1970, al 76.9 en 1980; al 67.6 en 1990; al 64.16 en 2000, y al 58.30 en 2010. Los protestantes han ido aumentando de 4.8 por ciento en 1970, al 11.5 en 1980; al 16.3 en 1990; al 22.59 en 2000, y al 27.35 en 2010, cifra inferior a quienes sostienen que son más del 40%. Los que dicen no tener religión, en 1970 eran el 3.5 por ciento; en 1980, el 10.0; en 1990, el 12.7; en 2000, el 12.16; en 2010, el 12.10. No todos los que dejaron de ser católicos se pasaron al protestantismo, pues nosotros disminuimos en un 5.86%; mientras ellos aumentaron sólo en un 4.76%. Creció significativamente el número de quienes no especificaron su religión: de ser el 0.79% en el año 2000, ahora son el 2.14%. Son los que se quedan en la incertidumbre, en la duda y en la indefinición. A éstos deberíamos buscar más, para ofrecerles -no imponerles- la luz del Evangelio.
JUZGAR
Estos datos son un fuerte llamado a revisarnos, para ver en qué estamos fallando y por qué no satisfacemos el hambre de Dios que tiene nuestro pueblo. El fenómeno no es sólo chiapaneco ni del sur del país, ni una razón más para desconfiar de la pastoral de una diócesis, sino que es nacional, e incluso mundial.
Pudo haber influido el descrédito generado por los casos de pederastia clerical, o por las deficiencias personales e institucionales. Sin embargo, las causas más profundas son el relativismo, que lleva a que cada quien se haga una religión al gusto; por ello proliferan los grupúsculos de nuevas religiones, que se subdividen de otras más históricas y formales. Varios andan de una en otra, inventan una nueva, o se quedan sin nada. Se dejan seducir por nuevos líderes.
Influyeron la desacralización creciente, el materialismo y el hedonismo reinantes, que no toleran que haya un Dios que ofrece un camino de vida plena e indica lo perjudicial que puede ser un pecado. Muchos medios de comunicación fincan su éxito económico en desprestigiar a las instituciones y promueven un liberalismo sexual y económico, donde ellos son los dioses que marcan la ruta, y rechazan cualquier criterio que venga de una religión.
Como dijo el Papa Juan Pablo II, "hay que preguntarse si una pastoral orientada de modo casi exclusivo a las necesidades materiales de los destinatarios, no haya terminado por defraudar el hambre de Dios que tienen esos pueblos, dejándolos así en una situación vulnerable ante cualquier oferta supuestamente espiritual. Por eso, es indispensable que todos tengan un contacto con Cristo mediante el anuncio kerigmático gozoso y transformante, especialmente mediante la predicación en la liturgia" (EAm 73).
ACTUAR
Analicemos nuestras fallas y qué encuentran las personas en otras religiones, pues tenemos todo lo que podrían necesitar, y mucho más. Incrementemos la formación religiosa, cimentada en la Palabra de Dios, no sólo para responder a los ataques, sino para que sea el camino hacia un encuentro vivo con Jesucristo, presente en la Eucaristía.
Debemos promover que los fieles no sólo conozcan más su fe, sino que se conviertan en misioneros dinámicos y evangelizadores creativos, para llegar a tantas partes a donde no llegamos. Hay que incrementar la pastoral vocacional, para que haya más sacerdotes, religiosas, misioneros y misioneras, consagrados y laicos, dedicados a la evangelización integral, para que los pueblos tengan vida plena en Cristo.
ZENIT publica el comentario que ha escrito para el semanario "Alfa y Omega" monseñor Juan Antonio Martínez Camino, obispo auxiliar de Madrid y secretario general de la Conferencia Episcopal, al segundo volumen de Benedicto XVI sobre "Jesús de Nazaret".
Cuando el cardenal Ratzinger fue elegido Papa, en abril de 2005, hacía dos años que había empezado a escribir un libro sobre Jesús. Tenía una gran ilusión en aquella obra, que habría de ser como el fruto maduro de una vida dedicada no sólo al estudio científico de la teología, sino también a la búsqueda creyente del rostro de Dios. Para entonces, tenía ya escritos cuatro capítulos. En dos años más, aprovechando todos los ratos libres que le dejaba el exigente oficio de Papa, consiguió publicar el primer resultado: Jesús de Nazaret. Primera parte: Desde el Bautismo en el Jordán hasta la Transfiguración (abril de 2007). Apenas cuatro años después, hoy, jueves, 10 de marzo de 2011, se presenta en Roma la Segunda Parte: Desde la Entrada en Jerusalén hasta la Resurrección. En realidad, ya hace un año que el Papa ha terminado esta segunda entrega, cuyo prólogo lleva fecha de 25 de abril de 2010. Pero ha sido necesario esperar que estuvieran preparadas las traducciones a las diversas lenguas.
Ser cristiano es tocar al Resucitado
¡Es admirable! Todo el mundo conoce la apretada agenda del Papa: viajes, audiencias, celebraciones litúrgicas, encíclicas y demás escritos magisteriales, etc. Se sabe también que sus innumerables homilías, catequesis, discursos y otras intervenciones llevan el inconfundible sello de su pluma. Sin embargo, ha buscado el tiempo para terminar el libro sobre Jesús en un plazo muy breve. Solo queda una tercera entrega, presumiblemente menos voluminosa, que versará sobre la infancia del Señor.
No es difícil adivinar la razón de este empeño tan digno de admiración como de inmensa gratitud. El Papa mismo la ha explicado.
Ser cristiano es tocar al Resucitado, como quería la Magdalena aquel primer día de la semana, según comenta el Papa en el último capítulo del libro. Ella lo quería tocar, porque lo conocía, lo quería y lo había acompañado hasta la cruz. Cristiano es quien se ha encontrado de modo semejante con Jesús, sabiendo que ya no es posible tocar su cuerpo mortal, pero sí su cuerpo glorioso, que está junto al Padre y que está también con nosotros, en la Eucaristía, de un modo no menos real que estuvo colgado de la cruz. Ser cristiano es haber tenido la gracia de haberse encontrado con el Amor infinito de Dios en su Hijo eterno, hecho carne, crucificado, resucitado y vivo en su Iglesia.
Eso significa que no se puede ser cristiano sin conocer la historia de Jesús de Nazaret. Si Él no hubiera nacido de María, si no hubiera predicado el Reino de Dios, si no lo hubiera hecho con una autoridad divina -no simplemente como un profeta o un maestro más-, si con su muerte no hubiera llevado a su cumplimiento y a su superación definitiva todos los sacrificios de Israel, instaurando una Alianza nueva y eterna con Dios, si todo ello no hubiera sido corroborado por el Padre con su resurrección de entre los muertos, la fe cristiana no sería más que el producto de algún tremendo malentendido o de un algún miserable engaño. ¿Fue aquello así? ¿Es aún así?
¿Fue aquello así?
He ahí la doble pregunta a la que el Papa se propone responder con su obra sobre Jesús. Es una tarea especialmente urgente. Si no se responde bien, la fe cristiana se desvanecerá o se adulterará. Si se responde bien, es posible el encuentro con Jesucristo, es posible la fe en Él. Comprendemos, pues, por qué el Papa se ha impuesto la ardua tarea de su obra sobre Jesús. Es un libro personal, no un documento oficial del magisterio pontificio. Pero el Papa teólogo -Benedicto XVI-, con este libro personal, está prestando un valiosísimo apoyo a su enseñanza oficial como papa. Él es capaz de entrar en el debate teológico especializado para dar respuesta a esas preguntas, ofreciendo al pueblo de Dios una respuesta sencilla y rigurosa que actúa como precioso complemento o -si se quiere- como providencial preámbulo de su propio magisterio pontificio.
¿Fue aquello así? Naturalmente la respuesta del libro del Papa es que sí, que así fue: los Evangelios nos ofrecen la imagen más real de Jesús, la única verdaderamente histórica. Es una afirmación simple, hasta hace cincuenta o sesenta años era también evidente para casi todos. Pero hoy hay que mostrarlo, frente a la llamada crítica histórica. Es lo que el Papa sabe hacer, adentrándose en el ámbito de la hermenéutica histórica, es decir, aprovechando todo lo que se ha aprendido en los últimos años con la aplicación de los métodos histórico-críticos al estudio de la Sagrada Escritura y, al mismo tiempo, superando las limitaciones propias o concomitantes de esos métodos.
Un ejemplo de este modo de aplicación de la interpretación histórica que se puede encontrar en el libro que acaba de aparecer es el de la cuestión de la fecha de la Última Cena. Según los evangelios sinópticos, Jesús reunió a sus discípulos en Jerusalén para celebrar la última Cena Pascual de su vida; por tanto, la noche del 14 al 15 del mes de Nisán. En cambio, según el Evangelio de San Juan, para ese momento Jesús ya habría sido crucificado, pues el drama del Calvario habría ocurrido el día de la preparación. La crítica histórica puede de por sí resolver esta aparente contradicción. Pero de hecho tiende a enredarse en una cadena interminable de hipótesis, que suele llevar a la suspensión del juicio (no sabemos lo que realmente pasó) o incluso al escepticismo histórico radical (demasiadas contradicciones como para no pensar que todo sea, al fin, una mera construcción ideal o interesada). El Papa, en cambio, repasando con el estudioso norteamericano John Meier todas las hipótesis al respecto, encuentra una salida perfectamente razonable que hace justicia a las diversas dificultades y muestra que lo que dicen los Evangelios fue así: Juan tiene razón en la fecha de la cena y de la crucifixión; los sinópticos, por su parte, se centran en su significado pascual. No es necesario recurrir a la propuesta artificial de que lo pascual en los sinópticos sea -como dice cierta critica- una interpolación posterior; tampoco hay por qué negar la historicidad de la cronología joánica recurriendo al inexacto principio crítico general de que todo es en este evangelista teológico o simbólico, en contraposición a histórico.
La actualidad de Jesús
¿Es aquello así también ahora? Esta segunda pregunta es más propia de la hermenéutica de la fe. Ciertamente, nada sería real ahora si sus presupuestos no lo hubieran sido ya en su momento. Pero la fe no se queda en la discusión, o en el establecimiento de los presupuestos, sino que vive del valor perenne de los hechos divinos. Veámoslo en el mismo ejemplo de la Última Cena. Jesús celebró una cena de despedida que tuvo lugar un día antes de la Cena pascual ordinaria. Pero fue una cena que Él convirtió en su Cena pascual. En ninguna tradición evangélica se describe una Cena pascual ordinaria. Lo que se describe es que Jesús se presenta a sí mismo como el Cordero, con cuyo sacrificio se va a sellar una Alianza nueva y eterna. Eso es lo realmente histórico y, al mismo tiempo, lo realmente teológico, es decir, lo que sigue teniendo un sentido de permanente actualidad, en cuanto manifiesta el actuar divino en la historia humana.
La segunda parte del libro del Papa sobre Jesús de Nazaret, que se acaba de presentar, está muy bien traducida y es, por eso, más fácil de leer que la primera. En cambio, no es fácil describir cuál sea su género literario, tan original. No es el propio de un manual de cristología; ni el de una vida de Jesús clásica; ni el de una meditación sobre los misterios de la vida de Cristo; tampoco es el de una encíclica o el de una instrucción magisterial. Tal vez pudiera describirse como una combinación de cuño propio entre la exégesis histórico-crítica y la meditación del misterio del Señor. De este modo, el Papa desea presentar los rasgos esenciales de la figura y del mensaje de Jesús en su verdad histórica, que no es otra que su verdad teológica. Sólo con una combinación de ese tipo se puede dar cuenta de la singularidad del Nazareno, en quien Dios se ha hecho historia y en quien la historia humana ha sido plenamente asumida en la vida divina. El nuevo libro del Papa lo consigue de un modo brillante. Pero que nadie se engañe: para gustarlo de verdad, habrá que leerlo más de una vez.
Subsidio litúrgico para el domingo cuarto de Cuaresma - A, ofrecido por el Área de Pastoral Socvial de la diócesis de Tenerife.
CELEBRACIÓN DEL DOMINGO CUARTO – 3 de abril
MONICIÓN DE ENTRADA
Un domingo más, en este tiempo de Cuaresma, nos reunimos a celebrar la Cena del Señor. Y nos reunimos con la disposición de dejarnos acompañar e impulsar por la Luz Palabra de Dios y por la Eucaristía para seguir creciendo en nuestra fe, hasta la adultez a la que estamos llamados.
El domingo pasado veíamos Cristo, agua viva, saciando la sed de la samaritana. Hoy vemos a Cristo, Luz del mundo, dando vista a un ciego de nacimiento. También Cristo nos ilumina a nosotros y quiere que vivamos como hijos de la luz y que lleguemos a ser luz en la noche del mundo.
Nos ponemos de pie para recibir al sacerdote, mientras cantamos.
MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA.
David fue elegido como rey del Pueblo de Israel. Y fue elegido aquel en quien nadie pensaba, el pastor más pequeño de la familia. Las preferencias de Dios no coinciden con la de los hombres. La mirada de Dios es más limpia y profunda. Los hombres estamos ciegos.
MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA.
El texto que vamos a escuchar de San Pablo a los Efesios es una reflexión moralizante sobre lo que significa la luz y las tinieblas. El bautizado es hijo de la Luz y tiene que vivir en consecuencia. Escuchemos.
MONICIÓN AL EVANGELIO
La lucha dramática entre luz y tinieblas es uno de los signos fuertes que recorre el evangelio de Juan. Hoy vemos a la Luz venciendo a las tinieblas, a Cristo curando a un ciego, al que lleva también a la fe. Pero hay otros ciegos que se enfrentan a la Luz y no se dejan curar. ¿Nos dejamos curar nosotros de nuestras cegueras? Escuchemos.
ORACIÓN DE LOS FIELES
Pidamos al Señor que nos de la luz de la fe y que mueva nuestros corazones para acogerla con prontitud.
Ilumina, Señor, a los pueblos que no te conocen y a los que habiéndote conocido, se han alejado de tu luz. Oremos.
Todos respondemos: Damos, Señor, la luz de la fe.
Ilumina, Señor a los responsables de los pueblos para que gobiernen a la luz de la solidaridad y de la paz. Oremos.
Santifica, Señor a tu Iglesia, para que lleve a todos la luz del Evangelio y el fuego de tu amor, principalmente con su testimonio de vida. Oremos.
Ilumina, Señor, a los que sufren de modo especial a los invidentes y haz que nosotros seamos cauce para que esta luz llegue a ellos, con nuestro compromiso y cercanía.
Para que los que han sido llamados por ti para ser misioneros, desde el sacerdocio o la vida consagrada, respondan a esta llamada con generosidad y prontitud y sean luz en el mundo. Oremos.
OREMOS:
Te pedimos, Señor, que aumentes nuestra fe para que seamos en el mundo, en nuestros ambientes, testigos responsables de tu presencia. Por NSJ…
EL LENGUAJE D ELOS SIGNOS – OFERTORIO
Cirio encendido:
Presentamos el Cirio, signo de Cristo que es la Luz capaz de encender nuestras lámparas para que seamos cada uno de nosotros también luz para los demás.
Un bastón (de invidente)
Con este bastón presentamos en el altar nuestras cegueras, para que sean curadas por el Señor.
Pan y vino
El pan y el vino serán nuestro alimento y nuestra fuerza para combatir nuestras cegueras y ayudar a que se curen las cegueras del mundo.
Colecta.
Nuestro compartir solidario, ayudará a que algunas cegueras desaparezcan de nuestros ambientes.
ACCIÓN DE GRACIAS
Gracias, Padre, Tú nos has enviado a tu Hijo que es la Luz del Mundo, Él nos ilumina y acompaña para que seamos personas adultas en la fe y comunicadoras de luz en nuestros ambientes.
Gracias, Jesús, porque como un día hiciste con el ciego de nacimiento que utilizaste la saliva, el barro, la piscina, usas con nosotros mediaciones para ayudarnos a descubrirte a ti como único Salvador y Señor.
Gracias, Espíritu Santo, por tu compañía en nuestro caminar para seguir con lucidez el Mensaje del Evangelio y para darlo a conocer.
Lectio divina para el miércoles dela tercera semana de Cuaresma 2011, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.
LECTURA: “Mateo 5, 17‑19”
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.
Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley.
El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.»
MEDITACIÓN: “Los cumpla y enseñe”
Me parece importante el matiz de tus palabras, aunque siempre tus matices son para añadir un plus en tu mensaje y en nuestra respuesta a él. Primero, porque sabemos que cuando hablas de “cumplir” no te estás refiriendo a la mera materialidad de lo escrito, eso no los dejaste bien clarito cuando fuiste añadiendo a lo escrito, “pero yo os digo”, y de esa manera nos invitas o nos urges a entrar en el fondo, en la raíz de las actitudes, en la base donde se gestan o donde se cuece todo lo que nos daña profundamente cuando lo dejamos de cuidar.
No, no venías a hacer rebajas para entrar más fácil en tu seguimiento, de eso nos encargamos nosotros con bastante facilidad y poniendo todas las disculpas y justificaciones a nuestro alcance para evadir, en la medida de nuestras posibilidades, la radicalidad a tu seguimiento. Nos quedamos en la afirmación fácil de que es “difícil” como si tuviese que ser lo “fácil” lo que marque el ritmo de nuestro vivir.
Y es cierto, seguirte supone poner en marcha nuestro querer y, con ello, nuestra ilusión y nuestro esfuerzo, convencidos de que en ello nos jugamos mucho. No precisamente una forma de religiosidad, sino un modo de ser y de vivir que afecta a todas las realidades en las que nos movemos, hasta definir nuestra forma de asumir la vida y la historia.
Y metidos en esa tarea ilusionada y esforzada no sólo entra el cumplir, el realizar, el poner en marcha, sino el transmitir, el enseñar, y más que con palabras con la propia vida, con nuestra coherencia, con nuestras actitudes y con nuestro esfuerzo ilusionado, para que puedan ver y saber mejor la acción de tu amor en nosotros. Sí, es verdad, no es fácil, pero qué bueno y qué importante es que seamos capaces de comprenderlo y hacerlo. Y ahí también, Señor, sé me esperas.
ORACIÓN: “Lección de vida”
Señor, cuántas disculpas te presento a lo largo de mi caminar, cuántas ausencias de esfuerzo e ilusión justifico con “razones” de todo tipo. Pero sé que me llamas a poner en juego mi vida, como tú, allí donde estoy, en mi realidad concreta de vida. Me quieres proyección de tu amor. Me sabe grande pero demuestra tu confianza en mí y al mismo tiempo mi grandeza. Ayúdame a responderte.
Y gracias una vez más por tu empeño en dignificar mi vida y convertirme en instrumento de transmisión. Que sepa aprender tu lección de vida y enseñarla con la mía.
CONTEMPLACIÓN: “Maestro del amor”
Maestro del amor,
así te presentas
con tu vida ante la mía,
y me basta con mirarte
para leer tu lección
de cada día.
Tu mirada me grita
y tu palabra me llama
a darle forma
y dibujarla en mis entrañas.
Y ahí, convertida en aroma,
dejar que fluya
en figuras de bien.
Homilía de monseñor Hugo Santiago, obispo de Santo Tomé, en la misa de ordenación presbiteral de Daniel Díaz y Sergio Fernández (Iglesia Catedral, 4 de marzo de 2011). (AICA)
ORDENACIÓN PRESBITERAL DANIEL DÍAZ Y SERGIO FERNANDEZ
¿Qué significa ser sacerdote?
Ser sacerdote es vivir los consejos evangélicos como Jesús
1. Ser sacerdote significa imitar a Jesús que vivió la POBREZA para enseñarnos que el Padre es la única riqueza que merece todo nuestro corazón, porque lo demás vale infinitamente menos comparado con Dios y porque sólo Él puede dar la vida en abundancia que buscamos.
2. Ser sacerdote es imitar a Jesús que vivió la OBEDIENCIA, haciendo de la voluntad del Padre el eje de su espiritualidad. Es también ser conscientes de que nosotros no somos como El. Jesús veía claramente la voluntad del Padre mientras que para nosotros no siempre es clara. Jesús quería plenamente la voluntad del Padre, nosotros no siempre la queremos o no la queremos toda. Por eso obedecemos a Dios a través de la mediación de la Iglesia. Por eso ustedes antes de esta ordenación hicieron el juramento de fidelidad al Magisterio de la Iglesia. Por eso es conveniente tener un director espiritual que nos ayude a discernir la voluntad del Padre. Por eso ahora ustedes prometerán respeto y obediencia a mí y a mis sucesores, porque la obediencia a Dios, en la Iglesia Católica pasa por la obediencia a las mediaciones legítimamente constituidas.
3. Ser sacerdote es vivir el CELIBATO renunciando no sólo a la sensualidad sino a la realidad buena del matrimonio y la familia. Porque como Jesús fue feliz consagrando su vida totalmente al Padre y a los hombres, creemos y constatamos que el consagrarnos a Dios y a la evangelización de los hombres da sentido a nuestra vida, da paz a nuestro corazón y ocupa todas nuestras energías afectivas, de modo que el vivir “de” Dios y evangelizar nos hace felices y no nos deja tiempo para dedicarnos a una familia. Somos padres de la gran familia de la Iglesia y al llegar a la noche tenemos el corazón lleno de nombres.
Ser sacerdotes es ser discípulos
4. Por eso el sacerdote debe sentirse atraído a orar mucho, no para asimilarse a los contemplativos sino en razón del apostolado. Un presbítero está llamado a orar desde la Eucaristía que es la fuente y la cumbre de la vida cristiana y también está llamado a orar personalmente cada día en largos tiempos de silencio. Mientras que la Eucaristía es la fuente de la gracia de donde surge la meditación, la oración personal le da profundidad a la Eucaristía. Preparando la homilía ante el Santísimo expuesto en el silencio de la oración cotidiana y poniéndonos como destinatarios de la Palabra, profundizamos la Eucaristía. Adorando y alabando a Cristo en una oración que no tiene otro sentido que estar con Él y darle gracias, profundizamos la Eucaristía. Sin oración personal como preparación a la Eucaristía, la celebración de la Misa corre el riesgo de hacerse repetitiva, rutinaria, superficial. Sin reflexión, la Liturgia de las Horas corre el riesgo de ser “despachada” en cinco minutos. Sin una verdadera actitud orante, podemos caer en un cumplimiento formalista, rezando todas juntas las horas litúrgicas desnaturalizando el Oficio Divino que está pensado para santificar las distintas horas del día. Por eso no siempre “cumplir” es rezar, por eso necesitamos de tiempos reposados que favorezcan una auténtica oración.
5. Hay un momento clave en el proceso de oración personal que señalan los maestros espirituales: cuando la oración deja de ser una obligación y pasa a ser una necesidad, cuando ya no podemos vivir sin estar largos tiempos cotidianos ante el Sagrario dialogando con Jesús, estando junto a Él como discípulos. Por eso, queridos Daniel y Sergio, si ustedes han pasado del deber a la necesidad de momentos cotidianos de meditación, cuiden esa experiencia porque es una gracia grande. Si no lo han experimentado todavía, búsquenlo porque sin esa gracia será difícil ser fieles y el sacerdocio se les hará cuesta arriba.
6. Queridos Sergio y Daniel, ¿Saben por qué estamos llamados a orar mucho? Porque la espiritualidad del sacerdote diocesano es una espiritualidad apostólica. Apóstol significa enviado y es obvio que el enviado debe escuchar al que lo envía, de lo contrario no es “enviado”.
7. Puesto que el enviado debe escuchar a quien lo envía, del sacerdote que no ora se puede sospechar que va a los hombres no en nombre de Cristo sino en nombre propio, y si va en nombre propio, por más que sea muy trabajador o un gran organizador, CORRE EN VANO porque la gente se va a encontrar con El y no con Cristo y como El no es el Salvador, su gente no se convertirá. Oramos mucho porque tenemos clara nuestra identidad de enviados y porque queremos que la gente a través nuestro se encuentre con Cristo, el único Salvador. Nuestra espiritualidad es la de Juan el Bautista: preparar el camino y desaparecer para que la gente se encuentre con Cristo. Somos la voz, no somos la Palabra y el servicio de nuestra voz es llevar a la Palabra que es Cristo, conscientes de que El es el Salvador, no nosotros. Somos el signo, no la gracia y la misión de nuestra persona es reflejar y transmitir la gracia de Cristo, ese es el sentido de nuestro ministerio.
Ser sacerdotes es ser misioneros.
8. Una de las gracias del Concilio Vaticano II fue rescatar la dimensión misionera de la Iglesia que estaba un poco dormida ante un mundo que comenzaba a descristianizarse. Luego, documentos como Evangelii Nuntiandi y Redemptoris Missio nos indicaron que la Iglesia es esencialmente misionera. Recientemente, el documento de “Aparecida” nos ha hablado de la urgencia de una conversión pastoral comenzando por los presbíteros, la urgencia de pasar de una pastoral de espera a una pastoral de propuesta.
9. Es verdad que las sectas se mueven por intereses egoístas y les mienten a la gente prometiéndole sanaciones que no se van a dar para sacarles dinero. Es verdad que aprovechan la superstición de mucha gente humilde a la cual tienen cautiva mediante las amenazas y el miedo. Pero es verdad también que ellos recorren casa por casa mientras nosotros nos hemos quedado en los templos. Así han hecho que mucha gente bautizada abandone la Iglesia católica. Es verdad que las sectas aprovechan la desgracia para hacerse presentes con intereses mezquinos, pero es verdad también que nosotros muchas veces hemos dejado de visitar a los enfermos y no hemos estado presentes cuando más nos necesitaban.
10. Este verano he percibido una realidad que me ha llenado de alegría y esperanza. He encontrado una triple coincidencia que me ha servido de discernimiento de los signos de los tiempos. Mientras la Iglesia a través de su Magisterio nos invita a una actitud misionera permanente, he encontrado el deseo de misionar en el corazón de los jóvenes que participaron en el campamento de animadores juveniles y en los candidatos al seminario. A su vez he experimentado una profunda alegría en la misión que hicimos con el Seminario en Garruchos, donde no sólo los seminaristas sino también los formadores y el Obispo íbamos casa por casa bendiciendo, reflexionando el Evangelio y asistiendo a los enfermos. La conclusión a la que he llegado es muy simple: la actitud misionera que el Espíritu Santo propone a través del Magisterio de la Iglesia está en el corazón de los jóvenes como entusiasmo misionero, y cada vez que concretamos ese entusiasmo en un gesto experimentamos alegría. Por esa triple coincidencia es claro que Dios quiere nuestra actividad misionera.
11. No se trata de que como sacerdotes abandonemos la organización parroquial y vivamos visitando a la gente, no, lo que se nos pide es tener una “actitud” misionera, realizar algunos gestos y sobre todo, organizar de manera inteligente a toda la comunidad parroquial para llegar a todos y para que ningún enfermo o persona que sufre quede sin ser asistida y consolada. Por eso tenemos que pensar a la comunidad parroquial como red misionera. Por eso queridos fieles laicos que nos acompañan en esta ordenación, para ustedes también es el llamado de Dios a la misión. Nos tienen que ayudar a llegar a todos con el mensaje de Jesús.
12. Queridos Daniel y Sergio, ustedes son jóvenes y por eso sé que el Espíritu misionero que sopla en la Iglesia actual está también en los corazones de ustedes como ardor, como entusiasmo por evangelizar. El amor a Jesucristo y a la gente los hará creativos para encontrar la forma de llegar a todos.
13. Que María, la Virgen pobre, obediente y casta, la mujer orante que va a servir a Isabel y a comunicarle la alegría de llevar al Hijo de Dios en su seno, los acompañe para que sean pastores totalmente consagrados a Dios y a su pueblo, orantes y misioneros. Amén.
Mons. Hugo Santiago, obispo de Santo Tomé
Homilía de monseñor Andrés Stanovnik, arzobispo de Corrientes, en la misa del miércoles de Ceniza (Iglesia catedral Nuestra Señora del Rosario, 9 de marzo de 2011). (AICA)
Hoy iniciamos la Cuaresma, cuya finalidad es prepararnos a celebrar la Pascua. Caminar hacia el encuentro con Jesús, que venció al “Señor de la muerte” (Hb 2,14) y ahora vive resucitado junto al Padre, nos llena de esperanza y de felicidad. Al contemplar ya desde el inicio de la Cuaresma a Jesús resucitado, como vida y esperanza nuestra, nos recuerda este año como el Año de la Vida. La vida es un don que recibimos de Dios y no un producto del ingenio humano. Cuando el hombre pierde esa conciencia, se empieza a sentir dueño de la propia vida y de allí hay un solo paso para constituirse en dueño de la vida de los otros. Así, ya no hay límite para decidir quién tiene derecho a vivir y quién no. La campaña en favor del aborto, es una señal de esa pérdida de conciencia sobre la vida como don. Por eso, lo primero que queremos hacer es aprender a recibirla y agradecerla como un verdadero don de Dios. Y la vida que él quiere darnos es nada menos que la suya propia. De allí el valor incomparable de toda vida humana. En esta Cuaresma suplicamos humildemente la gracia de caminar hacia una vida de mayor unión con Dios y con nuestro prójimo.
Todos deseamos para sí mismos y para los otros una vida digna, plena y feliz. Sin embargo experimentamos tantos peligros y fracasos, que nos hacen sentir la vida como algo muy frágil, tantas veces difícil de sobrellevar y, al final, con una fecha de vencimiento siempre demasiado próxima. Mientras tanto, nos aferramos a personas, a proyectos a cosas, que la mayoría de las veces terminan por defraudarnos. O peor aún, nos dejamos llevar por pensamientos y tendencias que nos desvían lejos de aquello que en realidad quisiéramos vivir. ¿Quién podrá librarme de este cuerpo que me lleva a la muerte? (Rm 7,24), se lamentaba San Pablo. Sin embargo, en medio de estas dificultades y angustias, Dios sigue llamando a sus hijos para que se arrepientan de su mala conducta y vuelvan a él.
La Cuaresma es un tiempo de reflexión sincera sobre nuestra vida. Este tiempo se inicia con el rito de la imposición de la ceniza. Se nos echa un poco de ceniza en nuestra frente para recordarnos que la vida es pasajera y que en ella no hay nada que pueda darnos un apoyo real y firme. Aquí podríamos decir que nadie puede asegurarse la vida. La verdadera seguridad es Cristo. Él venció el pecado y la muerte, y ahora vive resucitado. Él mismo nos asegura que su Palabra permanece para siempre (1Pe 1, 25). Por eso, cuando se nos impone la ceniza se nos dice que nos apoyemos en la Palabra de Dios: “Conviértete y cree en el Evangelio” (Mc 1,15); otra frase de la Escritura, que suele acompañar el rito de la ceniza, nos ayuda a tomar conciencia de nuestra fragilidad y confiar en el poder de Dios: “Acuérdate que eres polvo y en polvo te convertirás” (Gn 3,19). Volver a Dios y creer en él es un don que procede de su misericordia: la vida es un don de Dios y la unión con él nos da los sentimientos de Jesús (cf. Flp. 2,5). Esto nos llena de alegría y de paz, y nos da una nueva visión de la vida.
Esa vida en Cristo hay que cuidarla y hacerla fructificar, porque si no se debilita y se pierde. La práctica tradicional de la limosna, la oración y el ayuno, que recomienda Jesús (cf. Mt 6,1-18), es un método antiguo y muy eficaz para cuidar y desarrollar la vida en Cristo, es decir, para tener vida plena en él, vivirla con sentido y ser feliz. Esa práctica nos libera el corazón de las adicciones que nos atan desordenadamente a las personas y a las cosas, y nos hace libres para amar. La limosna, es la capacidad de compartir lo que soy y lo que tengo, y no dar de lo que me sobra; la limosna bien entendida, establece vínculos de amistad entre las personas. Cuando compartimos, nos liberamos de la ilusión de asegurar nuestra vida con los bienes materiales, y así dejamos que Dios Padre bueno y misericordioso sea el centro de nuestra vida. Esto nos abre a la vida de comunión y participación con nuestros hermanos. El ayuno –enseña el Santo Padre– es hacer más pobre nuestra mesa para aprender a superar el egoísmo y vivir en la lógica del don y del amor, reconociendo el rostro de Cristo de tantos hermanos y hermanas nuestros; la oración nos hace entrar en la intimidad con la Palabra de Dios, escucharla, recibirla, confiar en ella y orientar a partir de ella diariamente nuestra vida.
El jubileo, que concluimos hace poco, nos dejó más viva la memoria de Jesucristo, que conservamos en el signo de la Santísima Cruz de los Milagros. En ese signo se nos revela el inmenso amor de Jesús por nosotros. Vivir en amistad con él, nos da esa claridad que necesitamos para darnos cuenta de todo lo que no es vida y que sólo se le parece, pero en realidad no es más que un engaño.
En el camino de la vida nos encontramos con propuestas mentirosas que nos prometen felicidad a corto plazo, pero que terminan apartándonos de Dios. Sin Dios el hombre no sabe dónde ir ni tampoco logra entender quién es –afirmó el Papa Benedicto XVI–. Lejos de Dios, se debilitan los vínculos entre las personas, en la familia y en la sociedad. Ejemplo de esa degradación, es el escandaloso consumismo, mientras hay una pobreza que persiste; la multiplicación de casinos que crean la ilusión de “salvarse” por medio del juego de azar; el negocio letal de la droga que destruye gran parte de la generación joven; el contrasentido de pensar que eliminando a un niño recién concebido se salva a la madre…, entre otras barbaries a las que peligrosamente nos estamos habituando, sin darnos cuenta que ese camino nos tiende una trampa mortal.
En el mensaje para la cuaresma de este año, el Santo Padre nos recuerda que “la fe en la resurrección de los muertos y la esperanza en la vida eterna abren nuestra mirada al sentido último de nuestra existencia: Dios ha creado al hombre para la resurrección y para la vida, y esta verdad da la dimensión auténtica y definitiva a la historia de los hombres, a su existencia personal y a su vida social, a la cultura, a la política, a la economía. Privado de la luz de la fe todo el universo acaba encerrado dentro de un sepulcro sin futuro, sin esperanza.” Un mundo sin Dios se convierte en un mundo contra el hombre. Por eso, al iniciar el tiempo de cuaresma oímos la súplica apremiante de la Palabra de Dios: Déjense reconciliar por Dios, él es un Dios de vivos y no de muertos (cf Mc 12, 27).
Tierna Madre de Itatí, te pedimos que estos días de Cuaresma nos lleves hacia el encuentro tu Hijo Jesús, que vino para darnos vida. Danos “fortaleza en las tentaciones” para no caer en la trampa de seguir propuestas que encandilan, pero que nos llevan lejos de Dios y dejan un saldo de desilusión y tristeza. Vos que estuviste de pie junto a la Cruz de tu Hijo, te pedimos que mires con amor y atiendas las necesidades de tantos que se esfuerzan diariamente en vivir con fidelidad su matrimonio y con responsabilidad su familia; que sostengas a aquellos que en el trabajo, en la función pública y en el ejercicio de su profesión, no sucumben ante las múltiples y variadas seducciones del poder y del dinero fácil; y que fortalezcas y consueles a los que sufren en su cuerpo o en su espíritu. A todos, concédenos, Madre querida, un gran amor a tu Divino Jesús, en quien encontramos el gozo y la paz que tanto anhelamos. Así, prontos a hacer lo que Él nos diga, preparémonos a vivir la fiesta mayor de nuestra fe: la muerte y resurrección de Cristo, vida y esperanza nuestra.
Mons. Andrés Stanovnik, arzobispo de Rosario
Reflexión de José Antonio Pagola al evangelio del domingo tercero de Cuaresma - A, ofrecida por la Delegación Diocesana de Enseñanza de la diócesis de Tenerife.
CAMINOS HACIA LA FE
El relato es inolvidable. Se le llama tradicionalmente "La curación del ciego de nacimiento", pero es mucho más, pues el evangelista nos describe el recorrido interior que va haciendo un hombre perdido en tinieblas hasta encontrarse con Jesús, «Luz del mundo».
No conocemos su nombre. Sólo sabemos que es un mendigo, ciego de nacimiento, que pide limosna en las afueras del templo. No conoce la luz. No la ha visto nunca. No puede caminar ni orientarse por sí mismo. Su vida transcurre en tinieblas. Nunca podrá conocer una vida digna.
Un día Jesús pasa por su vida. El ciego está tan necesitado que deja que le trabaje sus ojos. No sabe quién es, pero confía en su fuerza curadora. Siguiendo sus indicaciones, limpia su mirada en la piscina de Siloé y, por primera vez, comienza a ver. El encuentro con Jesús va a cambiar su vida.
Los vecinos lo ven transformado. Es el mismo pero les parece otro. El hombre les explica su experiencia: «un hombre que se llama Jesús» lo ha curado. No sabe más. Ignora quién es y dónde está, pero le ha abierto los ojos. Jesús hace bien incluso a aquellos que sólo lo reconocen como hombre.
Los fariseos, entendidos en religión, le piden toda clase de explicaciones sobre Jesús. El les habla de su experiencia: «sólo sé una cosa: que era ciego y ahora veo». Le preguntan qué piensa de Jesús y él les dice lo que siente: «que es un profeta». Lo que ha recibido de Él es tan bueno que ese hombre tiene que venir de Dios. Así vive mucha gente sencilla su fe en Jesús. No saben teología, pero sienten que ese hombre viene de Dios.
Poco a poco, el mendigo se va quedando solo. Sus padres no lo defienden. Los dirigentes religiosos lo echan de la sinagoga. Pero Jesús no abandona a quien lo ama y lo busca. «Cuando oyó que lo habían expulsado, fue a buscarlo». Jesús tiene sus caminos para encontrarse con quienes lo buscan. Nadie se lo puede impedir.
Cuando Jesús se encuentra con aquel hombre a quien nadie parece entender, sólo le hace una pregunta: «¿Crees en el Hijo del Hombre?» ¿Crees en el Hombre Nuevo, el Hombre plenamente humano precisamente por ser expresión y encarnación del misterio insondable de Dios? El mendigo está dispuesto a creer, pero se encuentra más ciego que nunca: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?»
Jesús le dice: «Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es». Al ciego se le abren ahora los ojos del alma. Se postra ante Jesús y le dice: «Creo, Señor». Sólo escuchando a Jesús y dejándonos conducir interiormente por él, vamos caminando hacia una fe más plena y también más humilde.
José Antonio Pagola
Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
3 de abril de 2011
4 Cuaresma (A)
Juan 9, 1-41
Lectio divina para el martes de la tercera semana de Cuaresma 2011, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.
LECTURA: “Mateo 18, 21‑35”
En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?»
Jesús le contesta: «No te digo hasta siete voces, sino hasta setenta veces siete. Y a propósito de esto, el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: "Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo."
El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: Págame lo que me debes." El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: "Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré." Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: "¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?" Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.
Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.»
MEDITACIÓN: “Tener compasión”
Tengo la impresión, y ojalá que no fuese más que eso, de que vivimos en un momento en el que por una parte vale casi todo, cada uno va a lo suyo, sensibles hacia ciertos derechos y, por otra parte, tremendamente duros, insensibles, incluso con desprecio hacia algunas actitudes que se consideran blandas, como el amor, la compasión, la misericordia, el perdón. Y, por supuesto, con una vara de medir muy diferente de cara a nosotros y a los otros. Y este texto lo pone de manifiesto de un modo muy especial.
Desde ahí tú nos quieres llevar al terreno de Dios, no para evadirnos, si no precisamente para manifestar la correlación. Si experimentamos la realidad de un Dios que es compasivo con nosotros, es esa experiencia la que nos debía llevar a actuar como él, porque nuestra referencia debe estar siempre en él. En eso nos quieres volver a sensibilizar en este tiempo cuaresmal, a mirarle a él para actuar nosotros. Y el ejemplo está manifestado con claridad en tu vida, en tus gestos, en tus actitudes.
El problema es que nuestro corazón, el corazón humano da la sensación de que se ha hecho tan duro o tan indiferente tan distante de Dios y de los demás que parece no haber experimentado nunca la compasión, el perdón, la comprensión, la misericordia. Desde ahí, Señor, tu palabra entra en una especie de diálogo de sordos y, mientras, se desvanece la posibilidad de pensar en que caminamos a unas relaciones más humanas. Tú no te das por vencido y sigues volcando tu compasión, tu corazón humano sobre el nuestro, para que al calor de tu palabra y de tu amor nos termine haciendo fuertemente compasivos, auténticamente humanos.
ORACIÓN: “Ablanda mi corazón”
Señor, ablanda mi corazón. No, no llego a actitudes tan drásticas como las que descubres en tu historia, pero sí que me tengo que reconocer en esa corriente. Parece que en muchas cosas la indiferencia nos contagia, que no se endurezca mi corazón.
Está avanzando este tiempo cuaresmal, Señor, que lo siga aprovechando, que sepa descubrir en él tu presencia de gracia en mi vida, que mirándote a ti, me sepa descubrir en mi verdad y en mi potencialidad. Gracias, Señor.
CONTEMPLACIÓN: “Corazón de piedra”
Corazón de piedra
que no dejas que el agua
cale en tus entrañas
y dejas resbalar las gotas
del suave rocío de la mañana.
Corazón de piedra
que impides que un gesto
o una palabra cercana
ofrezca un gesto de vida.
Corazón de piedra,
escucha, llora y vibra.
Carta pastoral de monseñor Marcelo Raúl Martorell, obispo de Puerto Iguazú para la Cuaresma 2011 (9 de marzo de 2011). (AICA)
TIEMPO LITÚRGICO DE LA CUARESMA
Queridos hermanos, comenzamos nuestro tiempo litúrgico de la Cuaresma en un ambiente jubilar y esto nos ayuda a reflexionar y profundizar no sólo nuestro caminar como personas cristianas hijos del Señor, sino también como Iglesia diocesana próxima a cumplir 25 años de vida eclesial.
La cuaresma es un tiempo especial de penitencia y purificación del corazón, pues nosotros sabemos bien que la gracia recibida en el bautismo, robustecida por la confirmación y alimentada por la Eucaristía no nos hace impecables, por más que tenga una eficacia santificadora infalible, no nos fuerza a hacer el bien; y así el hombre queda siempre libre de corresponder o no al don divino teniendo siempre la triste responsabilidad de resistir a la gracia haciendo el mal. Llamados a ser santos, en realidad, "todos caemos muchas veces" (Sant.3,2) y es por esto que continuamente necesitamos de la "misericordia de Dios" (L.G.40) que viene a nosotros en forma de salvación "no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores" (Mt.9,13) y para perdonar los pecados instituyó el sacramento de la penitencia. "A quienes perdonéis los pecados le serán perdonados; y a quienes se los retengáis, les serán retenidos" (Jn. 20,23).
No obstante el sacramento de la penitencia presupone de parte del penitente, la penitencia interior, es decir la "conversión", sin la cual el mismo sacramento no tendría eficacia alguna, y por eso Jesús comenzó su vida púbica predicando esta penitencia, que el miércoles de cenizas, nos recordaremos cada uno: "convertíos y creed en el evangelio"(Mc. 1,15).
El pecado cualquiera sea su entidad conlleva consigo mismo un rechazo más o menos grave del amor de Dios y por lo tanto un alejamiento de El, de su Ley y del Evangelio y si no hay un deseo interior firme de cambiar, no habrá conversión y la gracia del Señor derramará fuera del corazón por más que haya confesión de los pecados. Pero quien se acerca a la misma con este deseo interior de cambio, recibirá la gracia del perdón, el perdón mismo, y un aumento de gracia y en caso que por el pecado la hubiese perdido, se la devuelve intacta como el día de su bautismo y con un corazón puro emprenderá el camino de la salvación, con un corazón converso será imagen de Cristo y de su infinita misericordia en el mundo.
Para que haya perdón y conversión, tendrá que haber "arrepentimiento" de haber cometido pecado, de haberse apartado del amor de Dios y si el arrepentimiento está producido por el amor de Dios, nos disponemos mejor aún a un perdón amplio y abundante (1Pe. 4,8). Vemos pues que nuestra actitud interior coopera con el sacramento de manera positiva. No somos sólo sujetos pasivos del mismo, sino que también cooperamos a su eficacia si nos acercamos con un corazón contrito.
Debemos tener en cuenta, queridos hermanos, que el pecado personal es la causa no sólo de la pérdida de la gracia individual, sino que también es causa del "pecado social" y "eclesial". Es causa más o menos grave de los males de la Comunidad y de la Iglesia como Comunidad de fe.
En la Iglesia de los primeros siglos había una conciencia clara del aspecto social del pecado, las injusticias sociales, la exclusión social, la pobreza extrema, la esclavitud de las drogas, del sexo y del alcohol, son hoy también causa de la falta de santidad de nosotros como miembros de la Iglesia.
Así en poco el pecado nos aparta de Cristo y de su amor, nos excluye de la Comunión Sacramental y nos hace causantes de la opacidad del Cuerpo Místico de Cristo que es la Iglesia. Por lo tanto es necesario que en este tiempo de cuaresma revisemos nuestras vidas, nuestro interior y miremos nuestro caminar como Iglesia, convirtiéndonos si fuera necesario por medio de la oración, la penitencia y la limosna.
Así penitentes, nos vamos reconciliando con Dios y con la Iglesia y nos vamos convirtiendo en constructores de una sociedad más cercana al amor de Dios y por lo tanto más justa y solidaria. No digamos esto no es para mí, pues caeríamos en un pecado más grande: el de la soberbia. Reconozcamos en nuestro corazón e intimidad que necesitamos ser más buenos y reconocidos con Dios, que necesitamos de su "divina misericordia", para caminar mejor eclesial y socialmente, "pues siendo muchos, no formamos más que un solo cuerpo en Cristo, cada uno por su parte, los unos miembros de los otros" (Rom.2, 5). Por la solidaridad que hace de todos los creyentes en Cristo un solo cuerpo, tanto el bien como el mal de cada uno, es el bien o mal de todos. El pecado hiere a Cristo como cabeza del Cuerpo Místico, en cuanto que es ofensa a Dios y además hiere a los miembros del Cuerpo Místico en cuanto que los daña espiritual o materialmente. Daña por más oculto que sea profundamente a la Iglesia como comunidad porque disminuye en ella el nivel de gracia, de virtud y de santidad y aumenta el lastre de miserias que dificultan el camino hacia Dios. Así como un solo acto de caridad acrecienta el amor en toda la Iglesia, un solo acto de falta de amor o pecaminoso, lo disminuye.
Casi siempre, queridos hermanos, el pecado daña a nuestro prójimo de un modo más directo. El sacramento en nombre de Dios nos perdona, pero el sacerdote, nos debe obligar a la reparación del daño realizado. Por ello la conversión conlleva un cambio y la penitencia nos debe llevar a la conversión, de otra forma sería muy fácil, bastaría con confesarnos y todo estaría bien. El Señor nos pide reparación en nombre de la conversión de nuestros corazones, para que podamos vivir la justicia y la paz. El sacramento nos lleva a vivir construyendo a través de nuestra conversión el bien común de la sociedad. Nos lleva a vivir de otra forma insertados en la sociedad, reparando y construyendo la misma por medio de la santidad de vida. De otra manera nuestra religiosidad sería desencarnada de la vida y de la sociedad que Dios nos pide construir y santificar.
Otras formas de penitencia son la oración, el ayuno y la limosna. En Lc.4,1-3 los cristianos son llamados a vivir intensamente la oración a semejanza de Jesús que fue llevado por el Espíritu al desierto para encontrarse con Dios. Así fue para Israel que vivió en el desierto durante 40 años, para purificar su fe y encontrarse verdaderamente con el Señor, así también para Elías que en él transcurrió 40 días, para Juan el Bautista. Jesús consagra esta costumbre y se retira a orar en él durante 40 días. El desierto es la ausencia de la distracción externa, es la percepción de uno que busca encontrarse con Dios el Señor. En esta soledad Jesús es tentado por el Demonio y asume su misión, no la gloria del mundo que le propone Satanás, sino la humillación de la Cruz como salvación del género humano. Intensificar a oración y el silencio, mirarse el corazón, encontrarse en él con el Señor, será la tarea del cristiano en el tiempo de la cuaresma, para poder llegar al "domingo de Pascua" con un corazón lleno de Dios.
Dar limosna, no lo que nos sobra sino aun lo que necesitamos, ser generosos en este gesto de caridad perdona nuestros pecados ¿Sabías, hermano, que la limosna hecha de corazón perdona los pecados? Los cristianos debemos obligarnos a la limosna, llegar a los más pobres y necesitados, sostener nuestro Culto a Dios, dando de todo corazón. La Iglesia reparte a los más necesitados y a los niños, en la copa de leche, en los orfanatorios, asilos, leprosarios y tantas obras de caridad que ella sostiene. Ofrecer al Señor, dando de lo nuestro, nos hace crecer en la santidad y la virtud humana .
Ayunar, es privarnos de algún alimento que nos agrada, especialmente los días viernes que la Iglesia nos señala como penitenciales. Los niños y los ancianos no deben hacer ayuno al igual que los enfermos. Los demás hagamos el esfuerzo de ofrecer de nuestro paladar, por la santificación de la Iglesia y de todos sus miembros, Obispos, sacerdotes, religiosos y laicos.
Recordemos que el "miércoles de ceniza y el Viernes Santo, son los días que la Iglesia nos manda hacer "ayuno y abstinencia de carne", acrecentar nuestra oración y saber que la Semana Santa es una semana de recogimiento en la oración, de íntima unión a los "misterios de aquel que dio su vida por nosotros, El Señor Jesús". Amén.
Que María Santísima nos ayude a crear en nosotros la imagen de Jesús.
Mons. Marcelo Raúl Martorell, obispo de Puerto Iguazú
Mensaje monseñor Luis Guillermo Eichhorn, obispo de Morón, para la Cuaresma 2011
(9 de marzo de 2011). (AICA)
“Vuelvan a mí de todo corazón, con ayuno, llantos y lamentos…”
Con estas palabras del profeta Joel, se inicia el tiempo de cuaresma. Tiempo para mirar nuestras vidas y reconocer nuestro pecado, y desde una sincera conversión, volver al Señor.
Cuaresma es tiempo de éxodo; de caminar junto al Señor, de escucha de su palabra, de sentir su cercanía y su amor de Alianza; es tiempo de camino, de itinerario hacia la Pascua, momento en que nuestra vida cristiana, tanto personal como de toda la comunidad, al renovar el bautismo, se reanimará con el don pleno del Espíritu en la noche de la Vigilia Pascual.
Los cinco domingos de Cuaresma nos marcan el camino, como señales de ruta.
Comenzamos con un encuentro con Jesucristo vivo; un tiempo kerygmático: Jesús, el Hijo de Dios encarnado, Mesías y Salvador, crucificado y glorificado (1º y 2º domingos, las tentaciones de Jesús en el desierto y la transfiguración del Señor, manifestación de su muerte y resurrección gloriosa).
Luego la liturgia, propiamente bautismal-catecumenal, nos lleva a considerar y vivir desde los signos sacramentales: El agua (3º domingo, encuentro de Jesús con la Samaritana), la luz (4º domingo, curación del ciego de nacimiento), y la vida (5º domingo, la resurrección de Lázaro).
La Iglesia, en su liturgia nos regala este itinerario; es una oportunidad magnífica para que nuestras comunidades puedan recorrer en profundidad este camino hacia la Pascua, renovando la Vida que el Señor nos da. Un camino catequístico y litúrgico, invitación a profundizar en la experiencia de fe, que es vivir el misterio de Jesús presente con su Espíritu en la Iglesia, encuentro con el Padre que nos ama, y que “no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva”.
Que la riqueza de la liturgia cuaresmal, la Palabra proclamada y recibida, sea fuente verdadera de toda la vida y actividad de nuestra Iglesia diocesana y de todas sus comunidades. Que cada familia pueda vivir la alegría del encuentro con el Señor, y como pequeña Iglesia doméstica, den un alegre testimonio de amor y de unidad.
Que la cuaresma, en este Año de la Vida, nos llene de agradecimiento, entusiasmo y fortaleza para asumir con generosidad este don tan grande que gratuitamente se nos da con abundancia.
Que Dios los bendiga a todos.
Mons. Luis Guillermo Eichhorn, obispo de Morón
Reflexión a las lecturas del domingo tercero de Cuaresma - A, ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DIA DEL SEÑOR".
ECOS DEL DIA DEL SEÑOR
Domingo 3º de Cuaresma A
Queridos amigos y amigas:
Agua, luz y vida. Estas tres realidades centrarán nuestra atención los tres domingos de Cuaresma que faltan para llegar a la Semana Santa, que culmina en la Pascua.
Son realidades que nos hablan del Bautismo, de Jesucristo, de nuestra condición de bautizados…
Agua, luz y vida responden al Domingo de la Samaritana –el agua-al Domingo del Ciego de nacimiento –la luz- y al Domingo de la Resurrección de Lázaro – la vida-.
Estos textos del Evangelio de S. Juan han servido durante siglos, para guiar a los adultos que se preparan al Bautismo –los catecúmenos- e intensifican su preparación durante la Cuaresma hacia la Noche de Pascua, que es la noche de los sacramentos de Iniciación Cristiana: el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía.
Este domingo centra nuestra atención en la samaritana. Aquella mujer, “sedienta”, que llega al pozo de Jacob a buscar agua como siempre y se encuentra con Jesucristo que descansa junto al pozo de Jacob, “cansado del camino...”
Pero donde se experimenta el rigor de la sed y la necesidad del agua es, sobre todo, en el desierto.
La primera lectura nos presenta al pueblo de Israel, liberado de la esclavitud de Egipto, que, en su marcha por el desierto, se queda sin agua…, se desespera por la sed y protesta contra Moisés…
En medio del desierto, el Señor le ofrece a aquel pueblo agua abundante que le salva de la muerte y que garantiza la vida, la limpieza, la alegría.
El agua salía de una roca. “Y la roca era Cristo”, dirá S. Pablo. (1Co 10, 4). No olvidemos este dato.
El agua del desierto prefigura el agua del Bautismo que nos libera de la muerte eterna y nos da la vida de Dios, que supone una nueva manera de ser y de vivir…
Y de agua nos habla también el Evangelio.
La samaritana era una mujer sedienta… Y no sólo del agua del pozo de Jacob, sino de una vida más feliz.
Había tratado de saciar su sed por el camino del sexo desordenado –eran ya seis los maridos- pero no lo había conseguido.
Y en aquella conversación impresionante, Jesucristo, que se le revela como “el Mesías”, le ofrece un agua nueva, “un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna”, de modo que el que tome esa agua “nunca más tendrá sed”.
Es el don del Espíritu Santo que se nos da, de un modo inicial, en el Bautismo y en plenitud, en la Confirmación.
El Espíritu Santo es el que crea en nosotros una vida nueva, la vida de Dios, la vida de la gracia.
Hay que nacer del agua y del Espíritu le había dicho Jesús Nicodemo (Jn 3, 2 – 6).
A la luz del Evangelio, tendríamos que preguntarnos este domingo muchas cosas: si nos interesa esa agua que Cristo nos ofrece, si nos interesa el Bautismo que hemos recibido por el sacramento del agua y del Espíritu Santo… Si estamos dispuestos a renovarlo la Noche Santa de la Pascua que se acerca, si, en definitiva, queremos seguir siendo cristianos, más cristianos, mejores cristianos.
Y ya sabemos que la mejor forma de renovar el Bautismo es recibir el Sacramento de la Reconciliación o Penitencia, al que los Santos Padres llamaban el “segundo bautismo”, por el que podemos recobrar esa vida si se ha perdido por el pecado mortal, o se purifica más y más nuestro interior, se renueva, se fortalece, se restaura… mientras renovamos nuestro propósito de no ofender al Señor…, es decir, de vivir en el amor… De ahí la importancia de la Confesión frecuente, como renovación de nuestro bautismo, camino hacia la perfección de la vida cristiana, hacia la santidad a la que Dios nos llama a todos…
Por tanto, por el camino de la Cuaresma, contemplamos este domingo a Jesucristo como la “Nueva Roca”, que sacia nuestra sed de caminantes por el desierto de esta vida hacia la nueva “tierra prometida” que es el Cielo, la Casa del Padre, que se abre para recibir a los hijos que llegan… Y contemplamos también a Jesucristo como el nuevo “Pozo de Jacob” que ofrece la única agua que apaga definitivamente la sed… Porque esa agua es El Espíritu Santo que se convierte en nuestro interior en “un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna”.
Lectio divina para el lunes de la tercerasemana de cuaresma 2011, ofrecida por la Delegación Diocesna de Liturgia de la diócesis de Tenerife.
LECTURA: “Lucas 4, 24‑30”
En aquel tiempo, dijo Jesús al pueblo en la sinagoga de Nazaret: «Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio.»
Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo.
Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.
MEDITACIÓN: “Lo empujaron fuera”
Por qué será, Señor, que la verdad nos molesta. Preferimos vivir engañados y engañándonos. Nos duele reconocer nuestra realidad, sobre todo en aquello que tiene de incoherencia, de intereses de cualquier tipo. Nos duele reconocer que si se dan unas consecuencias negativas es porque detrás hay una forma no correcta de actuar. Nos sorprende y nos preocupa, por ejemplo, ver tanta violencia y no somos capaces de reconocer que detrás hay una gran ausencia de valores que alteran todas las actitudes.
Y claro, es normal que cuando les dijiste la verdad a tus paisanos reaccionasen así, empujándote fuera para despeñarte. Es lo mismo que hacemos hoy. No lo podemos hacer físicamente, pero es igual. Tratamos de empujar fuera tu persona, tu figura, tu cruz, o los que quieren vivir desde ti. Molestas, Señor, molestas. Nos dices demasiadas verdades a los de dentro y a los de fuera; y unos de una forma más sutil y otros más burda, te empujamos fuera.
Sí, yo también. Muchas veces pienso que no, pero si no te empujo, al menos tampoco te acojo, tampoco me aferro a ti con todas las consecuencias y, por eso, proyecto tantas incoherencias. Mi fe es muy frágil, mi esperanza a veces se difumina y mi amor, mi amor anda muy a menudo por las ramas y le cuesta aterrizar en lo concreto.
Y tú no gritas, ni haces aspavientos, ni lanzas condenas, simplemente te abres paso y te alejas, para volver de nuevo, porque vuelves, porque me sigues esperando, porque sabes que sin ti no podemos avanzar. Te seguiremos empujando, pero tú seguirás pasando y esperando, porque tú eres nuestra única y auténtica esperanza.
ORACIÓN: “Suplicando tu perdón”
Señor, cuántos motivos tienes para no mirarme a la cara y alejarte de mí. Cuántas veces he actuado al margen de ti y luego vuelvo a ti con corazón aparentemente compungido suplicando tu perdón. Y tú, vuelves a poner tu mirada en mí.
Perdóname, Señor, y ayúdame a reconocer y aceptar la verdad de mis incoherencias y de mi poco esfuerzo para hacerles frente y superarlas. Ayúdame a mirarte, a acogerte, a dejarme tocar profundamente el corazón para que lo transformes.
CONTEMPLACIÓN: “Espérame”
No te vayas lejos, Señor,
espérame a la vuelta
de mis repetidos fracasos;
espérame a la vuelta
de mis insistentes caídas;
espérame en la verdad
de mis pobres mentiras.
Espérame inmerso en mi llanto,
en mi corazón herido.
Espérame, Señor
y quédate conmigo.
Lectio divina para el domingo tercero de Cuaresma- A, ofrecido por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.
LECTURA: “San Juan 4, 5‑42”
En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José: allí estaba el manantial de Jacob.
Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía. Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice: Dame de beber. (Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida). La Samaritana le dice: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana? (porque los judíos no se tratan con los samaritanos).
Jesús le contesto: Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva. La mujer le dice: Señor, si no tienes cubo y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?
Jesús le contesta: El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.
La mujer le dice: Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla. Señor, veo que tu eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén.
Jesús le dice: Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adoraran al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad. La mujer le dice: Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga él nos lo dirá todo. Jesús le dice: Soy yo: el que habla contigo.
En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer: Ya no creemos por lo que tú dices, nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo.
MEDITACIÓN: “Dame de beber”
Estamos ante un texto denso y un diálogo que va tomando muchos aspectos, y desde todo ello tal vez queda de pasada una frase, una petición, la primera petición que brota de tus labios, Señor. Tienes la intención de ofrecer a aquella mujer el don que nos vienes a ofrecer a todos, el don de tu Espíritu que como agua fresca quieres que vivifique nuestro corazón, nuestra existencia.
Pero, antes que nada, le pides a ella de beber, me pides a mí de beber que no tengo nada para darte. Y tal vez es eso lo que me quieres pedir, mi nada, mi sed de ti para que tú la sacies.
Sé que estás utilizando un lenguaje simbólico y desde ahí entiendo el agua de vida, la vida que me ofreces. Pero yo, qué te puedo dar yo, para saciar tu sed. Aquella mujer te podía dar agua del pozo, pero yo no puedo ni siquiera eso. Y al final descubro o intuyo, que tienes sed de mí, que me quieres a mí, que me esperas para ofrecerme tu agua, tu espíritu, tu amor. Es tu sed de mí la que me descubre mi sed, mi necesidad de ti. Porque tú eres el único que puede darme vida, el único que de verdad me abre a mi dignidad y a la de todo hombre, el único que me mete en la corriente de la vida sin más intereses que yo mismo, que el hombre como hombre.
Y así abres mi sed de darte de beber, y despiertas mi sed de ti. Y quiero y necesito, Señor, que me tomes, que tomes mis anhelos, que tomes mis deseos y mi corazón hambriento y sediento de sentido, de paz y de bien. Sí, Señor, tómame, bebe mi vida y hazla saltar, como un torrente de amor que reverdezca de paso el valle de la vida de mis hermanos, hasta la vida eterna.
ORACIÓN: “Para dar vida”
Señor, qué puedo pedirte sino que me tomes y que me des de tu agua. Hay tantas cosas, tantas situaciones que me resecan, que me hacen perder la ilusión y la esperanza. Contemplo tanto resquemor y odio que me invita a replegarme que necesito que me tomes y que me sigas dando tu agua de amor para que no me paralice.
Sé, Señor, y tú la sabes, que yo mismo a veces rehúyo tu agua y tu invitación. Sé y sabes que tengo la tentación de replegarme, como muchos ¡hay tantas cosas para rechazar y condenar! Ayúdame y enséñame a ponerme al lado de los que incansablemente, se ponen al lado de todos los que siguen queriendo beber de tu agua para vivir y para dar vida.
CONTEMPLACIÓN: “Tu torrente”
No sé, Señor, si tengo sed
o si estoy tan seco y resquebrajado,
incapaz de acoger ya ni una gota,
que sólo un torrente puede salvarme.
Necesito tu torrente,
el torrente de tu amor que me inunde
hasta quedar ebrio de ti.
Tu torrente que me arrastre
hasta el núcleo de tu corazón
donde pueda fundirse con el mío,
y poder beber tú de mí y yo de ti,
para correr juntos, siempre juntos,
hasta el mar amable y dulce de tu eternidad.
ZENIT nos ofrece la declaración de monseñor Francis Chullikatt, Observador Permanente de la Santa Sede, leída en representación suya por Charles Clark, profesor de economía en la Universidad St. John, durante el Segundo Comité Preparatorio para la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible.
Señor Presidente,
En primer lugar mi delegación quiere expresar su gratitud por la invitación realizada a la Santa Sede para participar en este Comité Preparatorio, como hizo hace exactamente 20 años, durante el cuarto Comité celebrado en marzo de 1992 antes de la Conferencia de Río donde acordamos que los seres humanos están en el centro de nuestra preocupación.
La promoción de un desarrollo sostenible es uno de los mayores retos que la humanidad afronta actualmente. Como el foro más importante de diálogo sobre cuestiones globales, las Naciones Unidas como “Familia de Naciones”, desempeñará necesariamente un papel clave en la promoción de la cooperación internacional hacia este objetivo. Estas reuniones preparatorias ofrecen a los Gobiernos y sociedades civiles una oportunidad provechosa de debatir sobre la mejor manera en la que la comunidad internacional puede alcanzar el desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza. Mi delegación espera que esta segunda ronda de reuniones preparatorias para la Conferencia Río +20 sobre el Desarrollo Sostenible, tenga éxito, confía en que todas las preocupaciones sean escuchadas y atendidas en el respeto mutuo y espíritu de buena voluntad, y propone su pequeña contribución con este mismo espíritu. Sobre todo, tenemos que admitir que los seres humanos deben permanecer en el centro de nuestra atención y ser la base de nuestras acciones para el desarrollo sostenible.
Aunque muchos han sugerido que este comité debería centrarse exclusivamente en “estrategias” y “mejores prácticas” y rechazar “debates teóricos”, desde el punto de vista de mi delegación sería provechoso reafirmar los principios que son necesarios para dirigir el desarrollo de estrategias y políticas no sea que nuestros esfuerzos acaben creando políticas que puedan ser perjudiciales. Esto se da cuando consideramos conceptos como la propuesta del tema de la “economía verde” como recomienda el informe del Comité. Para la consecución del objetivo de “La economía verde en el contexto de un desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza” (GESDPE), mi delegación confía en que no nos olvidemos que el propósito del desarrollo es el desarrollo humano integral y que todas nuestras estrategias y prácticas deberían ser juzgadas en base a esta norma -que los seres humanos son y deben seguir siendo nuestra principal preocupación.
Muchos años ante de la Cumbre de la Tierra, la Santa Sede pidió una nueva perspectiva del desarrollo que promoviese “un desarrollo humano auténtico” de todas las personas y de persona en su totalidad. Esta visión del desarrollo no está en oposición con el crecimiento económico y el progreso; en vez de esto, es un reconocimiento de que el crecimiento económico, si es conducido por los mercados o los Estados, no necesariamente promoverá un tipo de desarrollo digno de los seres humanos. Promover el desarrollo económico no debería ser a expensas de los pobres y marginados o de las generaciones futuras, que se define a menudo como “compromiso intergeneracional y justicia”. El bienestar de todos, especialmente de aquellos que viven en la penuria del hambre y los que están excluidos de la contribución y beneficio de la vida económica, social y política de sus comunidades, requiere que ambos, mercados y políticas de gobierno, sean dirigidas hacia el mayor objetivo del desarrollo integral humano, basado en el principio de la dignidad humana fundamental de cada persona. Con ellos, está nuestra solemne obligación de permanecer en solidaridad. Debemos trabajar juntos para asegurar que esto se incorpore al objetivo del desarrollo sostenible y al concepto de “economía verde”.
Muchas de las estrategias de desarrollo y políticas que han fracasado en la promoción del desarrollo humano integral en el pasado, lo han hecho porque los seres humanos han sido reducidos a una sombra de su humanidad. Por un lado se nos dice que el egoísmo y la codicia son los únicos controladores de la conducta humana, y que los “mercados libres” son lo que se necesita para convertir el “vicio privado en virtud pública”. Por otro lado se nos dice que la naturaleza humana es lo que la sociedad produce, dándonos una estrategia de desarrollo que se centra en estructuras e instituciones, con la esperanza de que las instituciones de derecho sean suficientes para promover el desarrollo. Cada opinión posee una parte de la verdad: los seres humanos a menudo se dejan llevar por el propio interés y las instituciones sociales forman en gran medida los comportamientos humanos y acciones, mercados y políticas de gobierno, ambos con el potencial de promover el bien común. Pero la humanidad no puede ser reducida a los egoísmos individuales o construcciones sociales. Un total entendimiento de lo que significa el ser humano también debe incluir la solidaridad básica que es una parte necesaria de nuestra humanidad, que concuerda con la dignidad fundamental de cada persona y que pide justicia. Así como necesitamos mejorar el funcionamiento de los mercados y la efectividad de las políticas de gobierno, debemos trabajar también en promover la solidaridad y la justicia social.
El desarrollo real no será y no puede ser producido sólo por cambios en estructuras o incentivos de mercado. De igual importancia es el cambio necesario en nuestros corazones y mentes así como en nuestras acciones posteriores. Benedicto XVI escribió: “el desarrollo humano integral es en primer lugar una vocación (Caritas in veritate, 11), para que el desarrollo sea significativo y sostenible tiene que haber un desarrollo humano, el desarrollo de cada ser humano en la totalidad de su humanidad, dirigido hacia el bien común. Si nuestro punto de vista de la Economía Verde en el contexto del Desarrollo Sostenible y la Erradicación de la Pobreza (GESDPE) se basa en cualquiera de los estrechos puntos de vista de personalidad, entonces las estrategias desarrolladas se centrarán sólo en “cambios estructurales y tecnológicos en las instituciones” y acabarán en el fracaso en la promoción del desarrollo humano auténtico. Los cambios estructurales y tecnológicos solo promoverán un desarrollo real si se usan para ayudar a la gente a ser más humanos. Cuando no promueven el desarrollo humano se arriesgan a convertirse en herramientas de control social y de exclusión.
La economía necesita una formación moral objetiva para poder funcionar correctamente -no de una ética cualquiera, sino de una formación moral que se base en las personas (CV45). Una economía basada en una ética centrada en las personas y una moralidad será necesaria para promover los objetivos del GESDPE, para que también se promuevan el cuidado de los seres humanos y el cuidado de la creación. Este enfoque debe reconocer que la economía empieza con varios regalos vitales: primero el don de la creación para todos los seres humanos y en segundo lugar el reparto de este don entre los seres humanos. Una economía no basada en una ética que tenga como centro las personas y la moralidad indudablemente instrumentalizará las riquezas de la tierra en beneficio de los ricos y poderosos. A su vez los indicadores sociales y medioambientales, que pueden ser importantes herramientas que ayuden a promover un auténtico desarrollo humano, en el momento de realizar estadísticas y falsos objetivos dan la apariencia de progreso pero no reflejan la realidad del verdadero progreso.
O peor, se pueden convertir en excusas por las que se sacrifiquen derechos humanos y se agreda la dignidad humana, todo desde una visión distorsionada del bien común. Si los humanos en su entera humanidad no son considerados como el objetivo definitivo del desarrollo como se acordó en Río hace 20 años, entonces nos tememos que los seres humanos serán para muchos como el primer obstáculo para el desarrollo y estamos seguros de que estos seres humanos serán: los pobres, los marginados, los que causan molestias, aquellos que no han nacido todavía y los que debido a su edad, discapacidad o enfermedad no sean capaces de defenderse a sí mismos.
Mi delegación confía en que el trabajo de este Comité establecerá el escenario para un nuevo compromiso en el desarrollo sostenible en Río +20. Puede ser una coincidencia que esta conferencia coincida con el 45 aniversario de la histórica encíclica del Papa Pablo VI “Populorum Progessio” (Desarrollo de los pueblos), considerada la carta magna del desarrollo. Esperamos que sea una llamada de atención a la gente de buena voluntad a un desarrollo humano integral que servirá de base para la paz, fundada en la justicia social y animada por la solidaridad.
Gracias, señor Presidente.
[Traducción del inglés por Carmen Álvarez]
Folleto ofrecido por un compañero saderdote paraa su difusión.
LAS RESPUESTAS QUE SIEMPRE QUISISTE SABER SOBRE LA IGLESIA
SOBRE LA SEMANA SANTA
FOLLETO SEGUNDO
1.- BREVE RESEÑA HISTÓRICA DEL VIERNES SANTO
Según testimonios, hacia finales del siglo IV el rito del Viernes Santo se comenzó a extender lentamente desde Jerusalén, lugar donde se custodiaba el madero de la cruz, a toda la Iglesia. El Viernes Santo el obispo presentaba al pueblo el madero de la cruz y todos los fieles hacían procesión ante la Cruz, se inclinaban, la tocaban con la frente y la besaban. Pero sólo hasta finales del año 700 se empieza a celebrar en Roma. Para este día se celebraba sólo con la liturgia de la Palabra y la comunión.
2.- POR QUÉ LOS ORNAMENTOS DEL VIERNES SANTO, NO SON MORADOS SINO ROJOS
Para muchos, debería hoy estar revestida la Liturgia de color morado, porque este color expresa duelo, tristeza, sin embargo, a pesar de que el Viernes Santo, tiene este carácter de duelo, no por casualidad se usan los ornamentos rojos, como el día en que se conmemora la entrada triunfante de Jesús en Jerusalén, tal como se hace el Domingo de Ramos. O como en los días en que la Iglesia celebra la entrada triunfal de los mártires a la Jerusalén celestial o como el día de Pentecostés cuando se celebra el triunfo del resucitado que como máximo fruto de la Pascua envía al Espíritu Santo a su Iglesia. Es decir, se usa el color rojo porque la Iglesia celebra la hora de la muerte de Jesús no como una derrota, sino como la hora de triunfo. Pues, con su muerte da cumplimiento a su pascua y a la nuestra, es decir, en Él se resume nuestro éxodo y nuestra esperaza final.
3.- QUÉ SE HACÍA EN LA EDAD MEDIA EL VIERNES SANTO
El gusto medieval por las representaciones teatrales originó entre el siglo X y el siglo XIV algunos ritos alrededor de la cruz en muchas iglesias europeas. Aunque estos ritos no fueron tenidos en cuenta por el misal romano. Después de la adoración de la cruz se envolvía en un paño blanco y se representaba una sepultura al lado del altar; allí permanecía hasta la vigilia pascual. Y con la misma cruz, elevada solemnemente entre aclamaciones del pueblo, se celebraba la victoria de la resurrección. Asimismo el gusto por las obras teatrales hizo que surgiera también el vía crucis y por su popularidad a partir del siglo XVIII se ha convertido en un elemento importante desde al celebración litúrgica.
4.- POR QUÉ EL VIERNES SANTO SE RECIBE LA COMUNIÓN SIN HABER MISA
Es lógico pensar así. La comunión fuera de la misa es siempre una excepción. Hoy la liturgia romana prevé la comunión de los fieles. Esta se da después de la adoración de la cruz en la que se cubre el altar con un mantel y sobre él se coloca un corporal. Seguidamente dos ministros acompañan el pan consagrado que se reservó de la misa de la última cena. Llegado el pan al altar, el sacerdote inmediatamente reza el Padrenuestro, comulga y procede a distribuir la comunión a los fieles. Terminada la comunión se lleva el pan consagrado al monumento y se desnuda el altar. La celebración concluye con la oración sobre el pueblo que es bien significativa en la que el sacerdote extiende las manos sobre el pueblo y dice: “Tu bendición abundante Señor descienda sobre este pueblo que ha celebrado tu muerte y espera tu resurrección”.
5.- EL RITO DEL FUEGO EN LA NOCHE DEL SABADO SANTO
El Rito del fuego entró en la liturgia romana hacia el siglo XII; parece que esta práctica se remite a una antigua tradición pagana que consistía en encender fogatas durante la primavera en honor de cualquier divinidad para propiciar el crecimiento de los frutos de la tierra. La Iglesia acogió este rito muy arraigado en la tradición popular y le dio un significado cristiano expresado muy bien en la plegaria de bendición, que escucharemos en la celebración de la Vigilia Pascual.
6.- EL CIRIO PASCUAL
El símbolo más destacado del tiempo pascual es el cirio. En medio de la oscuridad, de una hoguera previamente preparada se enciende el Cirio, que tiene una inscripción en forma de cruz, acompañada de la fecha del año y de las letras Alfa y Omega, es decir, Cristo principio y fin del universo. Luego, se le incrustan cinco granos de incienso simbolizando con esto las cinco llagas gloriosas del Señor Jesús en su crucifixión.
El Cirio pascual estará encendido durante la cincuentena pascual, durante todas las celebraciones hasta la tarde del domingo de Pentecostés; también se usa durante los bautizos y en las exequias, significando el principio y el término de la vida temporal, para simbolizar que un cristiano participa de la luz de Cristo a lo largo de todo su camino terreno, como garantía de su definitiva incorporación a Luz de la vida eterna.
7.- QUÉ SIGNIFICA PASCUA
El término tiene varios significados:
Etimológicamente se la relaciona con la raíz hebrea pasa, que significa: saltar, pasar, pasar de largo sin hacer daño (Ex 12,11.23.27).
Rito del cordero pascual: sacrificio de un cordero que practicaban los pastores nómadas en primavera para asegurarse la fecundidad de sus rebaños; los agricultores, personas sedentarias, en vez de un cordero, tenían la ofrenda de las primicias de los frutos de primavera.
Pascua hebrea: para los hebreos, la pascua era el sacrificio de un cordero. El significado de este rito estaba unido a la salvación de Dios hecha a favor de su pueblo al sacarlo de Egipto.
Para los cristianos: la Pascua asume los significados precedentes, sobre todo la pascua hebrea. Los cristianos vemos toda la riqueza de significado anterior cumplida y llevada a plenitud en la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo.
Pascua florida: según la tradición judía, en el hemisferio Norte, la pascua coincide con el mes de Nisán judío, el mes de la primavera, el mes en que Dios creó todas las cosas. La palabra primavera, en el uso ordinario del pueblo, hace alusión a “comienzo”, “edad bonita”, “plenitud de juventud”. El pueblo ha bautizado a la Pascua de Resurrección como “pascua florida” porque se celebra en plena primavera, y porque es el triunfo de la Vida que nace triunfante.
Día primero: “El día primero de la semana entró Jesús y se puso en medio de los discípulos”. Día primero es día de la resurrección, día de domingo, día del Señor, día nuevo, el día en que Dios recreo todo de nuevo con la resurrección de su Hijo. Se acabó el sabbat, ahora el día del Señor es un nuevo día, el primero, el domingo. Es otra etapa la que vivimos.
8.- FECHA DE LA PASCUA
La celebración de la Pascua es móvil. No cae siempre el mismo día. Los judíos celebran la Pascua el 14 de Nisan, día de luna llena de primavera. En el concilio de Nicea (325) los cristianos optaron por celebrar la fiesta de Pascua el domingo que seguía a la primera luna llena de primavera. En el Concilio Vaticano II hubo intentos de hacerla fija (el primer o segundo domingo de abril), pero los Ortodoxos se oponen radicalmente.
9.- LOS HUEVOS DE PASCUA.
Son muchas las tradiciones de la Pascua Florida. Todas están relacionadas con la primavera, la vida y el bautismo o agua. Así la tradición de que el padrino regalara al ahijado (mientras éste permaneciera soltero) “la rosca de Pascua” (la mona de Pascua que se entrega el lunes de Pascua, el huevo de Pascua...). El huevo típico en esta fecha (hoy se presenta refinado en forma de chocolate) se debe a que por fuera tiene aspecto de roca y por dentro esconde la vida, la germinación, el nacimiento de algo. Es la mejor manera de hablar de la vida que Jesús, el Resucitado, nos ofrece. En algunos lugares, los huevos cocidos eran rellenados de sorpresas. El turismo hoy está haciendo evolucionar las costumbres nacidas en un contexto de significado religioso a puras tradiciones populares desprovistas de sentido hondo. Se conservan las formas externas, pero se olvida el sentido y significado inicial de las tradiciones.
10.- LA BENDICIÓN DE LAS CASAS.
En nuestro entorno ha perdido fuerza, pero en contextos como Alemania e Italia sigue muy viva la tradición de la “bendición de las casas” en el tiempo pascual con el agua bendita de la noche pascual. El párroco pasa por las casa y las bendice. Es un signo de presencia de Dios, de apertura a Dios y de deseo de que sobre esa casa y sus moradores se derramen las gracias y las bendiciones que brotan de la Resurrección. En Alemania se marca la fecha de la bendición con tiza en un lugar visible.
11.- EL AGUA BENDITA.
Aunque se va perdiendo, pero aún es posible ver en algunas comunidades cristianas que en la pila bautismal está a disposición de los fieles el agua bendita de la noche pascual. Esta agua es llevada a los hogares como un sacramental que recuerda el bautismo, la noche pascual y como presencia de fecundidad espiritual que ayuda a vivir de manera evangélica a la familia. En algunos momentos significativos se usará, (como se usa el agua en gesto penitencial al entrar en la iglesia y santiguarse), por ejemplo, ante la tormenta, en días señalados familiares, en momentos de dificultad o enfermedad. No se trata de magia, sino de un elemento cargado de sentido religioso que está ahí para ayudarnos a recordar que tenemos que vivir en creyente, como resucitados, como bautizados, como pasados por el agua de la Pascua.
Folleto ofrecido por un compañero sacerdote para su difusión.
LAS RESPUESTAS QUE SIEMPRE QUISISTE SABER SOBRE LA IGLESIA
SOBRE LA SEMANA SANTA
FOLLETO PRIMERO
1.- POR QUÉ SE CUBREN IMÁGENES EN ALGUNAS IGLESIAS
En la liturgia tridentina, y hasta el Concilio Vaticano II, durante la Cuaresma se cubría todo lo que en el templo representaba a la Iglesia triunfante, o del cielo: retablos, imágenes, etc. En primer lugar para representar la gloria en todo su esplendor en la noche de pascua. Se le daba así a la liturgia, que cuenta con la sensibilidad de los fieles, un carácter de sobriedad, de recogimiento, de penitencia. Incluso la noche de Pascua, la Vigilia Pascual, hoy se comienza con todo apagado, para que vayamos descubriendo la Luz de Cristo y de la gloriosa Resurrección poco a poco. Con el Gloria ya se termina de encender todas las luces. Es ayudarnos a que por los sentidos nos entre el mensaje que nos trae la Liturgia sobre el Misterio de la Redención: Cristo muerto y Resucitado. A partir del Concilio Vaticano II se simplificaron las cosas, y sólo se cubre la cruz el Viernes santo para ir descubriéndola poco a poco en los Oficios de la Pasión.
2.- POR QUÉ EN LAS PROCESIONES DE SEMANA SANTA LOS QUE VAN EN LAS COFRADÍAS LLEVAN EL ROSTRO TAPADO
Lo de los nazarenos con la cara tapada tenía, y en algunos sigue teniendo, un significado importante. A los nazarenos se les llama penitentes. Las procesiones surgen con una doble necesidad: representar con imágenes en la calle la Pasión y Muerte del Señor, y hacer penitencia pública, aunque de una forma anónima (con la cara tapada) por los pecados cometidos durante el año. Antiguamente había menos procesiones, la que realmente se llamaba de los penitentes, y en ella iban los que tenían que CUMPLIR LA PENITENCIA por la confesión de sus pecados, o en reparación de algún mal que hubieran hecho. Pero para evitar comentarios, y facilitar esa penitencia salían con la cara tapada. Hoy siguen saliendo con la cara tapada, pero generalmente es ya más por tradición que por penitencia pública. Aunque existen, como no, verdaderos penitentes que ofrecen su sacrificio unidos a Cristo penitente por nosotros.
3.- DE DONDE OBTIENEN LAS CENIZAS QUE NOS IMPONEN EN LA FRENTE EN LA MISA DE MIÉRCOLES DE CENIZA
Si uno se adentra en la Biblia, comprende pronto que la “Ceniza” es un signo de penitencia. De hecho, aunque choque a nuestra cultura actual, en los primeros siglos del Cristianismo había una fuerte tradición muy arraigada entre la gente. Se rociaba con la ceniza a los penitentes “públicos” como una señal clara del arrepentimiento de sus faltas.
Esta ceniza proviene de los ramos de olivo bendecidos el Domingo de Ramos el año anterior. Esta costumbre data nada menos que del siglo XII.
4.- POR QUÉ EL JUEVES SANTO EL SAGRARIO ESTÁ ABIERTO Y VACÍO
En la misa de Jueves Santo, el sagrario debe estar abierto y vacío antes de iniciar la celebración de la Última Cena. Sólo se consagran las hostias necesarias para la comunión de los fieles y para que los sacerdotes y el pueblo puedan comulgar en la celebración de la Pasión del Señor que se realiza el Viernes Santo. Lo que la iglesia pretende con el signo del Sagrario vacío y de la comunión con el pan consagrado durante este grandioso día es comunicar lo que Jesús en realidad instituyó en la última Cena cuando partió el pan y lo dio a sus discípulos diciendo: tomad y comed todos de él porque esto es mi cuerpo que será entregado por vosotros. Se trata pues, de comer y de beber aquel vino que nos convierte en uno solo con Cristo para transformarnos y entregarnos también nosotros tal como Él lo hizo. En el servicio a los demás.
5.- QUE SIGNIFICA EL LAVATORIO DE LOS PIES
El lavatorio de los pies significa el servicio y el amor de Jesús que ha venido no a ser servido sino a servir. Recordemos que en occidente desde el siglo IV se realizaba el lavatorio de los pies en el rito del bautismo con el fin de que no se olvidaran que ser cristianos significa ser servidores a ejemplo de Jesús. Posteriormente comenzó a ser utilizado en los monasterios como signo de acogida a los huéspedes. Este gesto debe ser simbólico y profético, a la vez que explica el deseo de una Iglesia que a ejemplo de Jesús se hace servidora de la humanidad especialmente de los más pobres y oprimidos. El lavatorio se hace con autenticidad, no es teatro, se lavan, se secan y se besan los pies expresando el amor Fraterno, el servicio y la reconciliación.
6.- POR QUÉ EL JUEVES SANTO NO SE REZA EL CREDO
En la misa del Jueves Santo no se reza el Credo. Pues hemos de tener en cuenta que el Credo que los católicos proclamamos se hizo por tradición, es decir, por la experiencia de las primeras comunidades cristianas, después de la resurrección de Jesús, se entiende entonces, por qué no se profesa la fe públicamente este día, no es que sea una omisión, ni nada por el estilo, sino que es un acto de respeto por la misma Tradición antigua que no tenía prevista esta particular profesión de fe cuando se instauró el Jueves Santo. Sólo hasta el siglo XI el Credo entró definitivamente en la liturgia. Cabe decir también que hoy se recomienda que en los templos, se dé la comunión bajo las dos especies del pan y vino.
7.- POR QUÉ NO SE DA BENDICIÓN FINAL EN LA MISA DEL JUEVES SANTO
La conclusión de la celebración de la Última Cena es del todo insólita. Después de la oración final, se organiza una procesión solemne para llevar el Santísimo Sacramento hasta el lugar donde se tenga preparado el monumento. Posteriormente el sacerdote inciensa al Santísimo Sacramento mientras se entona un canto eucarístico. Allí se ha de permanecer en adoración en silencio. Luego el celebrante y los ministros hacen genuflexión y se retiran hacia la sacristía. La asamblea se dispersa sin ninguna clase de despedida litúrgica. Esto significa que quedamos en espera para participar de la más importante celebración del año Litúrgico. La Vigilia Pascual.
8.- POR QUÉ SE DESNUDA EL ALTAR EL JUEVES SANTO
Este gesto, de quitar el mantel que cubre el altar, hasta la Vigilia Pascual, es otro signo que asombra e interroga, pues, se retira el mantel que lo cubre, se quitan además las cruces o si no es posible retirarlas se cubren con un velo. Se trata de mantener estable una antiquísima tradición que tenía previsto este gesto final en cada celebración y que luego se conservó únicamente en el Triduo Pascual. Este gesto tan significativo, data desde el siglo X hasta la reforma de Pío XII que lo interpretó con el “desnudamiento” de Cristo, del cual el altar es símbolo. Mientras de despojaba solemnemente el altar se recitaba el salmo 21, que dice: “se reparten mi ropa, echan a suerte a mi túnica”.
9.- POR QUÉ NO SE PRENDEN VELAS A LAS IMÁGENES EL JUEVES SANTO
Hoy en nuestra liturgia, el altar desnudo no se refiere al sentido trágico de la pasión, sino que quiere centrar la atención en las realidades espirituales representadas en los signos litúrgicos. Por ello mismo la prohibición de encender velas ante las imágenes de la Virgen María y de los santos. Esta prohibición por parte de la Iglesia se inicia el Jueves santo, hasta la Vigilia Pascual. En lugar de encender velas a las imágenes se sugiere a los fieles que las velas se lleven y se prendan al pie del monumento, lugar donde está Jesús presente, pues, este acto de ir a orar y encender una luz en el monumento, es descubrir la luz del misterio eucarístico, que es lo verdaderamente importante para el cristiano.
10.- QUÉ ES EL MONUMENTO DEL JUEVES SANTO
Una vez concluida la Misa del Jueves santo, se procede a reservar el Santísimo Sacramento. Si en la iglesia hay capilla del santísimo, es lógico hacer allí la reserva, o sea, donde siempre se hace. Esto ayuda a recordar a la comunidad que siempre existe la reserva del santísimo, es decir, que la Eucaristía es también el sacramento de la presencia real del Señor Jesús y que por amor a nosotros se queda a nuestro lado para cumplir la promesa que nos hizo en el Evangelio de Mateo: “Yo estaré con vosotros hasta el fin del mundo”. Los monumentos se adornan, con flores, cirios y frutos de las cosechas. Los monumentos se hacen en todas las capillas con el objetivo también de guardar las hostias sagradas para la comunión en el Viernes Santo y la de los enfermos.
Vigilia Eucarística en Jornada Pro Vida 2011 bajo el lema SIEMPRE HAY UNA RAZÓN PARA VIVIR, ofrecida en los materiales para su celebración por la Subcomisión Pro Vida de la CEE.
SIEMPRE HAY UNA RAZÓN PARA VIVIR
Jornada por la Vida / 25 de marzo de 2011
Solemnidad de la Anunciación del Señor
VIGILIA EUCARÍSTICA
1. Monición inicial
«La verdadera, la gran esperanza del hombre que resiste a pesar de todas las desilusiones, solo puede ser Dios, el Dios que nos ha amado y que nos sigue amando “hasta el extremo”, “hasta el total cumplimiento” (…). Si estamos en relación con Aquel que no muere, que es la Vida misma y el Amor mismo, entonces estamos enla vida. Entonces “vivimos”»1.
Estas palabras del papa Benedicto XVI nos abren a la luz que da sentido a nuestra vida en todos sus momentos, especialmente en aquellos marcados por la cruz.
Sin embargo, en nuestra sociedad son muchos los que no descubren que la vida es un bien cuando viene acompañada por minusvalías, pobreza, soledad, enfermedades graves o que se revelan ante el momento en que la propia vida se abre al encuentro definitivo con el Altísimo.
Por ello, la Jornada por la Vida que organiza cada año la Conferencia Episcopal Española viene enmarcada con el lema «Siempre hay una razón para vivir».
En esta Vigilia de adoración eucarística queremos orar ante el Señor de la Vida por todas las personas que en su dolor no encuentran una razón para vivir, para que descubran la dignidad y el sentido de su vida amada hasta el extremo por Jesucristo.
Queremos pedir también por los que formamos la Iglesia, para que con nuestro amor a la medida de Cristo sepamos acompañar la vida de de toda persona que sufre.
2. Exposición del Santísimo Sacramento
Mientras se entona un canto apropiado, todos se ponen de rodillas mientras se traslada el Santísimo Sacramento desde su Capilla al altar tal como describe el «Rituale Romanum» en el «De sacra Communione et de Cultu mysterii Eucharistici extra Missam», nn. 93-100 y el «Caeremoniale Episcoporum», nn. 1102ss.
El sacerdote, de rodillas ante el altar, inciensa el Santísimo Sacramento mientras continúa el canto (cf. Ritual n. 89).
3. Oración
Oremos.
Oh Dios, que enviaste a tu Hijo, palabra de salvación y pan de vida, desde el cielo al seno de la Virgen María, concédenos recibir a Cristo como ella, conservando la palabra de Dios en el corazón y anunciar con firmeza y amor el Evangelio de la vida a los hombres de nuestro tiempo. Por Jesucristo nuestro Señor.
4. Lectura de la Carta del Apóstol san Pablo a los Romanos 8, 31b-30 (jueves de la semana XXX del tiempo ordinario – año I).
5. Salmo 102, 1-2, 3-4, 8-9, 10-11 (lunes de la semana XIII del tiempo ordinario – año I).
6. Lectura del santo Evangelio según san Mateo 5, 1-16 (lunes y martes de la semana X del tiempo ordinario).
7. Meditación (Conviene subrayar las referencias a la presencia eucarística sacramental de Cristo. También cabría adaptar el Mensaje de los Obispos).
8. Preces
Señor Jesús, creemos y proclamamos que Tú, el Hijo de Dios, que por nosotros entregaste tu vida en la cruz, estás realmente en este Santísimo Sacramento.Escucha las súplicas que te dirigimos para que el Evangelio de la vida sea acogido, celebrado y anunciado por todos los hombres. Respondemos a las súplicas diciendo:
R/. Oh Cristo, danos la «luz de la vida»
Señor: en la Eucaristía eres Luz del mundo y Vida de los hombres.Concédenos acompañar a toda persona que sufre, manifestar el rostro compasivo de Jesucristo y ser testigos de esperanza.
R/. Oh Cristo, danos la «luz de la vida»
– Cristo Jesús: en la Eucaristía te adoramos como Señor y Rey de reyes. Ilumina a nuestros gobernantes para que defiendan la vida desde su concepción hasta su muerte natural.
R/. Oh Cristo, danos la «luz de la vida»
– Señor: en la Eucaristía nos enseñas a caminar en la luz del amor. Ilumina a las mujeres que han concebido un hijo para que recorran el camino de la vida y encuentren las ayudas necesarias.
R/. Oh Cristo, danos la «luz de la vida»
– Cristo Jesús: Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo. Concede la gracia de la conversión a las personas que promueven o participan en el aborto, la eutanasia o cualquier atentado contra la dignidad de la persona.
R/. Oh Cristo, danos la «luz de la vida»
– Señor Jesús: en la Eucaristía nos amas hasta el extremo. Te presentamos a todas las personas que no encuentran una razón para vivir. Que descubran la esperanza en tu amor.
R/. Oh Cristo, danos la «luz de la vida»
– Señor: en la Eucaristía actualizas tu entrega en la cruz. Concede a todas las personas que sufren la enfermedad, la soledad o cualquier tipo de minusvalía o pobreza el don de unir su vida a tu amor crucificado.
R/. Oh Cristo, danos la «luz de la vida»
– Señor: en la Eucaristía te manifiestas como la Verdad encarnada. Guía a los científicos y profesionales de la medicina para que apoyen siemprela vida y rechacen toda práctica contraria a la dignidad del ser humano.
R/. Oh Cristo, danos la «luz de la vida»
– Señor Jesús: en la Eucaristía te manifiestas como el Esposo de la Iglesia. Concede a los matrimonios el don de tu gracia y a las familias ser el santuariode la vida.
R/. Oh Cristo, danos la «luz de la vida»
– Cristo Jesús: en la Eucaristía nos sales al encuentro revestido de pobreza y humildad. Bendice a las personas que sufren necesidades materiales.
R/. Oh Cristo, danos la «luz de la vida»
– Señor: en la Eucaristía eres Luz del mundo y Vida de los hombres. Concédenos el don de reconocerte en toda persona que sufre, acompañar su dolor y manifestar tu rostro compasivo.
R/. Oh Cristo, danos la «luz de la vida»
– Señor Jesús: en la Eucaristía eres el Pan que da la vida eterna. Líbranos del pecado que lleva a la muerte, concédenos la vida de tu gracia y a nuestros difuntos el gozo eterno.
R/. Oh Cristo, danos la«luz de la vida»
9. Bendición con el Santísimo Sacramento y Reserva
El sacerdote va ante el altar y se arrodilla. Entre tanto se entona la estrofa Tantum ergo u otro canto eucarístico. Tras la incensación –tres movimientos dobles– se levanta y dice Oremos. Todos oran en silencio durante algunos momentos. El sacerdote, con las manos extendidas, dice la siguiente oración:
– Les diste el pan del cielo.
R. Que contiene en sí todo deleite.
Oh Cristo, pan vivo bajado del cielo, te adoramos y te glorificamos, pues sabemos que, sin importar lo poderosa que sea la muerte, podemos encontrar en Ti la fuente de vida eterna.
Escucha nuestra oración y haznos apóstoles intrépidos del Evangelio de la Vida, para construir, junto con todos los hombres de buena voluntad, la civilización de la verdad y del amor, para alabanza y gloria del Dios Creador y amante de la vida. Tú que vives y reinas, por los siglos de los siglos.
El sacerdote recibe el humeral y tomando la custodia se vuelve hacia el pueblo trazando sobre él la señal de la cruz. A continuación tiene lugar la Reserva del Santísimo Sacramento.
10. Monición a la antífona mariana
Antes de despedirnos, confiemos a María, Madre de Dios y Madre nuestra, la causa de la vida. Pongamos ante sus ojos, que son misericordiosos, a los niños a quienes se les impide nacer, a los pobres a quienes se les hace difícil vivir, a los hombres y mujeres víctimas de la violencia inhumana, a los ancianos y enfermos que ven amenazada su vida a causa de la indiferencia o de una presunta piedad; y pidamos que intercedapor todos los cristianos para que seamos testigos del Evangelio de la Vida.
11. Canto de una antífona mariana
12. La alegría del Señor sea nuestra fuerza para proteger, defender y anunciar el valor sagrado del don de la vida. Podéis ir en paz.
1 BENEDICTO XVI, Carta encíclica Spe salvi, 27.
Nota de los obispos de la subcomisión para la familia y defensa de la vida de la Conferencia Episcopal Española con motivo de Jornada Por la Vida 2011 con el lema «Siempre hay una razón para vivir», reibida con los materiales para su celebración.
NOTA DE LOS OBISPOS DE LA SUBCOMISIÓN
PARA LA FAMILIA Y DEFENSA DE LA VIDA CON
MOTIVO DE LA JORNADA POR LA VIDA
(25 de Marzo de 2011)
«Siempre hay una razón para vivir»
La vida de cada ser humano es sagrada: tiene su origen en el amor eterno de Dios que ha querido que cada persona sea imagen de su gloria y participe de la misma filiación de su Hijo. Por eso la vida es un bien y cuidar la vida un deber.
Sin embargo, existe en la actualidad una oscuridad que lleva a no apreciar la grandeza y belleza de cada vida humana amada eternamente por Dios. Esta falta de luz afecta en primer lugar al reconocimiento de la dignidad personal del ser humano desde el instante de su concepción, tal y como hemos podido comprobar nuevamente con la reciente aprobación de la última ley del aborto que hace de este crimen un derecho.
Pero esta oscuridad sobre el origen sagrado y la dignidad absoluta de la vida humana se extiende a otros momentos de la existencia de las personas en los que se muestra y experimenta la fragilidad. Son muchos los que no descubren que la vida es un bien cuando viene acompañada por enfermedades graves, minusvalías psíquicas o físicas, momentos de pobreza, de soledad, de la debilidad que acompaña el paso de los años o en el momento del ocaso de la propia vida.
Por ello, y con motivo de la próxima Jornada por la Vida, los obispos de la subcomisión queremos anunciar la esperanza cristiana manifestando que «siempre hay una razón para vivir».
1. Llamados a ser hijos en Cristo
Dios nuestro Padre «nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos e intachables ante él por el amor. Él nos ha destinado por medio de Jesucristo según el beneplácito de su voluntad a ser sus hijos» (Ef 1, 4-5).
La asombrosa revelación de que existe una vocación personal, un proyecto divino dirigido a cada ser humano, nos hace descubrir el sentido que orienta la vida, la razón por la cual merece la pena ser vivida, siempre y en toda circunstancia. La elección eterna de Dios en Cristo para ser sus hijos y responder a su amor es la luz que ilumina la existencia concreta de cada persona, le hace descubrir su propia dignidad y le aporta la certeza de que está llamado en todo momento a dar fruto que permanece (cf. Jn 15, 16).
Existe una razón para vivir porque se nos ha ofrecido un amor mayor que nosotros mismos, que nos permite construir nuestra historia personal y que nos salva, dándonos la posibilidad de realizar plenamente nuestra vida en el amor siendo sus hijos, aunque esté marcada por el dolor.
Este amor incondicional del Padre se ha manifestado en plenitud en el envío de su propio Hijo, revelando así la grandeza y belleza de todo hombre cuya dignidad se mide no por lo que tiene o consigue, sino por el precio de la misma sangre de Cristo con la que ha sido rescatado (cf. 1 Pe 1, 18-19). Es esta misión del Hijo, por la que «se ha unido en cierto modo con todo hombre»1, la que manifiesta «el valor incomparable de cada persona humana»2.
Esta dignidad permanece inalterada en todos los momentos y fases de la vida.
Siempre somos hijos y en todo momento podemos vivir en comunión con Jesucristo, que acompaña a cada persona en todo momento y de un modo particular cuando la vida está marcada por el dolor o la pobreza (cf. Mt 25, 31-46). Por eso la enfermedad no es motivo de un abandono desesperado a la muerte, sino a la confianza en Aquel que nos ama y llena el sufrimiento de esperanza.
Este amor hasta el extremo manifestado en Cristo constituye la razón para vivir con sentido en aquellos momentos en los que aparentemente parece que no hay nada más que esperar: «solo la gran esperanza-certeza de que, a pesar de las frustraciones, mi vida personal y la historia en su conjunto están custodiadas por el poder indestructible del Amor (…) puede en ese caso dar todavía ánimo para actuar y continuar»3.
2. Llamados a ser santos en el amor
2.1. El amor transfigura el sufrimiento
Para muchos, inmersos en una mentalidad materialista y utilitarista que valora el fruto de la vida según una medida cuantificable de éxitos, placer, salud, triunfos, etc., es difícil encontrar la razón para vivir en los momentos en los que, a causa de las limitaciones, parece no servir para casi nada o se padece el sufrimiento con especial intensidad. Sin embargo, «la vida encuentra su centro, su sentido y su plenitud cuando se entrega»4. Por eso la existencia de cada persona no es valiosa ni fecunda por la ponderación de ciertos bienes logrados, sino por el don de la propia vida por amor: si el grano de trigo cae en tierra y muere da mucho fruto (cf. Jn 12, 24).
Y aquí radica la maravillosa posibilidad de encontrar un sentido a la vida incluso cuando está marcada por la fragilidad. La unión con Cristo en la cruz permite que el «sufrimiento quede traspasado por la luz del amor»5, descubriendo la fecundidad de entregar la propia vida en la ancianidad, la enfermedad u otras circunstancias.
Es Cristo quien nos da la posibilidad de vivir la vocación con dignidad en el momento de la cruz aceptando, madurando y dando un sentido al dolor que se transforma en fuente de salvación cuando se une al amor crucificado de Cristo6.
Por eso, frecuentemente nos encontramos con personas que aportan una gran luz en medio de su sufrimiento, creando a su alrededor un clima de amor que mueve a la correspondencia en familiares o amigos.
2.2. La Iglesia, hogar de compasión
«Para poder decir a alguien: “Tu vida es buena, aunque yo no conozca tu futuro”, hacen falta una autoridad y una credibilidad superiores a lo que el individuo puede darse por sí solo. El cristiano sabe que esta autoridad es conferida a la familia más amplia, que Dios, a través de su Hijo Jesucristo y del don del Espíritu Santo, ha creado en la historia de los hombres, es decir, a la Iglesia. Reconoce que en ella actúa aquel amor eterno e indestructible que asegura a la vida de cada uno de nosotros un sentido permanente, aunque no conozcamos el futuro»7.
Anunciar y hacer presente ese amor indestructible que aporta luz y sentido a la vida de cada ser humano constituye el corazón de la misión de la Iglesia.
Conscientes de la dignidad de cada persona y movidos por la caridad que genera el Espíritu Santo en el corazón de los creyentes, los cristianos estamos llamados a ser «santos en el amor» con la medida de la compasión de Cristo.
Cuando la sociedad no sabe dar sentido al dolor o a la fragilidad humana y abandona a las personas a su soledad, los miembros de la Iglesia nos sentimos urgidos para responder con el amor de Cristo y engendrar esperanza en personas que, al sentirse queridas y acompañadas en su sufrimiento o soledad, pueden superar engaños y dolores; es decir, pueden encontrar la razón para vivir.
En este sentido, es ingente la labor maternal de la Iglesia que siempre acoge a todo hombre, especialmente cuando sufre, reconociendo en su dolor al mismo Cristo crucificado. No podemos sino agradecer e impulsar el trabajo de tantos hermanos nuestros en el acompañamiento de la vida naciente y de las familias; en residencias de menores y de ancianos sin recursos; en hogares para niños con discapacidades físicas o psíquicas; en residencias para enfermos mentales o centros de recuperación de drogadictos; en centros de acogida y atención a enfermos de
SIDA; en comedores y albergues para los que no tienen techo; en hospitales o clínicas promovidas por la Iglesia para mostrar el amor de Cristo con el enfermo; en la inmensa red de Cáritas o en los innumerables proyectos realizados por multitud de consagrados y laicos comprometidos con los más pobres.
Esta enorme fecundidad eclesial es el testimonio sin palabras que reconoce la grandeza y dignidad sagradas del ser humano y manifiesta la certeza de que el amor de Dios abraza, cuida y comparte cada vida.
Conclusión
La vocación divina que ilumina todos los momentos de la historia de los hombres culmina en la vida eterna. A pesar de los dolores, enfermedades o pobrezas, la propia historia personal esconde una asombrosa promesa de eternidad en la vida que Cristo nos ha alcanzado: «yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante» (Jn 10, 10).
Por eso descubrimos la dignidad y la esperanza de la existencia humana no solo en la debilidad o el sufrimiento, sino también en el momento de la muerte, cuando confiamos el fin de nuestra vida terrena al Altísimo y nos abrimos al don de la bienaventuranza.
Encomendamos los frutos de la próxima Jornada por la Vida a nuestra Madre, fuente de consuelo que permanece al pie de la cruz de su Hijo y de cada hijo que sufre. Que Ella nos haga testigos infatigables del Evangelio de la vida anunciado que en Cristo siempre hay una razón para vivir.
Los Obispos de la Subcomisión para la Familia y Defensa de la Vida
Nota de los Obispos
1 Constitución pastoral Gaudium et spes, 22.
2 JUAN PABLO II, Carta encíclica Evangelium vitae, 2.
3 BENEDICTO XVI, Carta encíclica Spe salvi, 35.
4 JUAN PABLO II, Carta encíclica Evangelium vitae, 51.
5 BENEDICTO XVI, Carta encíclica Spe salvi, 38.
6 Cf. Ibíd., 37.
7 BENEDICTO XVI, Discurso de apertura de la Asamblea eclesial de la diócesis de Roma (6-VI-2005).
Subsidio litúirgico para la Solemnidad de la Anunciación del Señor 2011, publicado por los obispos de la Subcomisión pro Defensa de la Vida de la CEE.
SOLEMNIDAD DE LA ANUNCIACIÓN DEL SEÑOR
25 de marzo de 2011 - Jornada por la Vida
SUBSIDIO PARA LA CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA
RITOS INICIALES
Monición de entrada
En nuestro camino espiritual de la Cuaresma celebramos hoy la solemnidad de
la Anunciación del Señor, cuando el Verbo de Dios, por obra del Espíritu Santo, se encarnó en María, la Virgen, y se hizo hombre.
Nueve meses antes del día de Navidad, la Iglesia nos invita a vivir la Jornada
por la Vida. Al contemplar con asombro el misterio por el cual el Hijo de Dios se une definitivamente con la humanidad, descubrimos el valor incomparable de cada persona.
Con el lema «Siempre hay una razón para vivir», somos invitados a ser testigos de esta dignidad de la vida humana acompañada siempre por el amor incondicional de Dios, especialmente en los momentos de sufrimiento, soledad o pobreza.
Acto penitencial
El Señor Jesús, que por nosotros y por nuestra salvación se hizo hombre, intercede ahora por nosotros y nos reconcilia con el Padre. Abramos, pues, nuestro espíritu al arrepentimiento, para acercarnos a la mesa del Señor.
– Tú, que te hiciste hombre en las entrañas de la Virgen. Señor, ten piedad.
– Tú, que has compartido en todo nuestra condición humana menos en el
pecado. Cristo, ten piedad.
– Tú, que fuiste fiel hasta la muerte para que nosotros tengamos vida. Señor,
ten piedad.
Se dice Gloria.
Oración colecta
Señor, tú has querido que la Palabra se encarnase en el seno de la Virgen María; concédenos, en tu bondad, que cuantos confesamos a nuestro Redentor, como Dios y como hombre verdadero, lleguemos a hacernos semejantes a él en su naturaleza divina.
Por nuestro Señor Jesucristo.
LITURGIA DE LA PALABRA
Monición a la profesión de fe
Como hacemos cada domingo y en todas las solemnidades del año litúrgico,
ahora profesaremos la fe de la Iglesia. Hoy, como volveremos a hacer dentro de nueve meses cuando celebremos el nacimiento de nuestro Salvador, después de las palabras «Y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre», nos arrodillaremos y estaremos en silencio durante un instante.
Aprovechemos este momento para contemplar y adorar el misterio de su
Encarnación, aquel momento cumbre de la historia en el que Cristo Jesús inició su vida humana.
Se dice Credo.
Oración de los fieles
Para Dios nada hay imposible. Haciendo nuestros los sufrimientos y angustias
de toda la humanidad, especialmente los de los niños no nacidos que sufren la amenaza del aborto, dirijamos a Él nuestras súplicas con la firme esperanza de que sean escuchadas.
– Oremos por la Iglesia extendida de oriente a occidente. Para que, a ejemplo de la Virgen María, acoja, celebre y anuncie el Evangelio de la vida. Roguemos al Señor.
– Oremos por los gobiernos y los legisladores de las naciones. Para que, iluminados por el Espíritu Santo, protejan eficazmente el derecho de la vida desde su inicio hasta su fin natural. Roguemos al Señor.
– Oremos, de un modo especial, en esta Jornada por la Vida, por todas las personas que sufren la enfermedad, la soledad o cualquier tipo de minusvalía o pobreza. Para que descubran la dignidad de su vida llamada por Dios a dar fruto abundante.
– Oremos por todas las personas que en la Iglesia entregan generosamente su vida a las personas que sufren, mostrando que siempre hay una razón para vivir. Para que el Señor sostenga y bendiga su labor. Roguemos al Señor.
– Oremos agradecidos por las instituciones eclesiales y civiles que ofrecen un apoyo integral a las mujeres gestantes. Para que no les falte nunca nuestra oración y apoyo. Roguemos al Señor.
– Oremos por los científicos y profesionales de la medicina. Para que apoyen siempre la vida y rechacen toda práctica contraria a la dignidad del ser humano. Roguemos al Señor.
– Y oremos por nosotros, que nos preparamos para renovar en la noche santa de la Pascua el Bautismo por el que fuimos incorporados a la vida nueva de la gracia. Para que, animados por esta Jornada y alimentados con el pan vivo bajado del cielo, estemos siempre dispuestos a defender el gran don de la vida humana. Roguemos al Señor.
Oh Dios, Creador nuestro, escucha nuestras súplicas confiadas: que la Virgen María, Madre de tu Hijo, acompañe los trabajos en defensa de la vida e ilumine a todas las madres para que reconozcan en sus hijos que van a nacer el bien que puede llenar de alegría y plenitud sus vidas; y a nosotros, creados a tu imagen y semejanza, concédenos anunciar con fidelidad el Evangelio de la vida. Por Jesucristo nuestro Señor.
RITO DE CONCLUSIÓN
Oración después de la comunión
Confirma, Señor, en nosotros, la verdadera fe, mediante los sacramentos que hemos recibido; para que cuantos confesamos al Hijo de la Virgen como Dios y como hombre verdadero, podamos llegar a las alegrías del reino por el poder de su santa resurrección. Por Jesucristo nuestro Señor.
Bendición solemne
El Dios, que en su providencia amorosa quiso salvar al género humano por el fruto bendito del seno de la Virgen María, os colme de sus bendiciones.
R. Amén.
Que os acompañe siempre la protección de la Virgen, por quien habéis recibido al Autor de la vida.
R. Amén.
Y a todos vosotros os conceda el Señor de la vida la alegría del Espíritu y los bienes de su reino.
R. Amén.
Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo + y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.
R. Amén.
DOMINGO 3 DE CUARESMA/A
27 de marzo de 2011
Jesús es la fuente de agua que mana hasta la vida eterna; Jesús es la luz del mundo; Jesús es la resurrección y la vida para todos los que creen en él. Que su gracia este con todos vosotros.
Poco a poco vamos avanzando hacia la Pascua. Y este año, en los tres domingos centrales de la Cuaresma, escucharemos aquellas historias tan conocidas de la samaritana, el ciego de nacimiento y la resurrección de Lázaro. Son unos textos fundamentales que ya desde la antigua Iglesia han servido para preparar a aquellos que en la próxima Pascua han de recibir el bautismo. Que nos ayuden también a nosotros a renovar nuestra adhesión a Jesús muerto y resucitado).
A. penitencial: Ante Dios que nos ama, reconozcamos nuestro pecado. (Silencio más largo).
Confesemos juntos nuestros pecados: Yo confieso ante Dios todopoderoso...
Dios todopoderoso tenga misericordia...
Y ahora, desde nuestra debilidad, invoquemos a Aquel que nos ama y tendrá piedad de nosotros:
SENOR, TEN PIEDAD / CRISTO, TEN PIEDAD / SENOR, TEN PIEDAD (cantado).
1. lectura (Éxodo 17,3-7): En esta primera lectura, recordamos otro de los momentos centrales de la historia de la salvación. El pueblo de Israel, liberado de Egipto, se encuentra en el desierto. Y una vez mas se rebela contra Dios. Pero Dios, a través de Moisés, mantiene su fidelidad y les da el agua que necesitan.
2. lectura (Romanos 5,1-2.5-8): Recordemos ahora, con las palabras de San Pablo, de donde nos viene el perdón y la salvación que hemos recibido.
Oración universal: A Jesús, que es la fuente de agua viva, pidámosle por nosotros y por toda la humanidad cantando: KYRIE, ELEISON.
1. Por la Iglesia, por todos los que la formamos. Que vivamos con fe y sinceridad este tiempo de conversión. KYRIE, ELEISON. R/ KYRIE, ELEISON.
2. Por los que viven alejados de la fe y de la comunidad cristiana. Que encuentren en Jesús la fuente de agua que sacie su sed de valores auténticos. KYRIE, ELEISON.
3. Por todos aquellos que en el próximo tiempo de Pascua recibirán el bautismo, la confirmación o la primera comunión. Que vivan cada día con mayor profundidad su adhesión a Jesucristo. KYRIE, ELEISON.
4. Por los inmigrantes que viven entre nosotros. Que puedan encontrar la vida digna que todo ser humano merece. KYRIE, ELEISON.
Por nosotros. Que nos preparemos de verdad para poder celebrar con mucha alegría la Pascua del Señor. KYRIE, ELEISON.
Escúchanos, Señor, y derrama sobre nosotros el agua de la vida. Tú, que vives y reinas por los siglos ...
Padrenuestro: Confiando plenamente en nuestro Padre Dios, nos atrevemos a decir:
Gesto de paz: En Cristo, que nos ha reconciliado con su cruz, daos fraternalmente la paz.
CPL
Lectio divina para el sábado de la segunda semana de Cuaresma 2011, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.
LECTURA: ”Lucas 15, 1‑3. 11‑32”
En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: «Ése acoge a los pecadores y come con ellos.»
Jesús les dijo esta parábola: «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: "Padre, dame la parte que me toca de la fortuna." El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de saciarse de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando entonces, se dijo: "Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros."
Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo: "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo." Pero el padre dijo a sus criados: "Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado." Y empezaron el banquete.
Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: "Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud." Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre: "Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado".
El padre le dijo: "Hijo, tu siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado"».
MEDITACIÓN: “Contra el cielo y contra ti”
Puede ser que fuese un cambio de actitud interesado, pero es así, en muchos momentos, cuando descubrimos las consecuencias de las opciones que tomamos. Muchas veces damos la sensación de que vamos de ingenuos por la vida, Tratamos la vida con superficialidad y olvidamos que la vida es seria, y que la felicidad tiene un precio, el precio del bien. Si fuésemos conscientes de ello, si pisásemos suelo, seguro que muchas cosas las pensaríamos varis veces antes de hacerlas.
Y, al final, también tal vez tengamos que agradecer situaciones dolorosas que atravesamos, porque son ellas las que parece que necesitamos, en un momento dado, para descubrir el valor de lo bueno que somos y tenemos, y el alcance de nuestras opciones.
El ejemplo del joven de la parábola lo pone de manifiesto. Tuvo que experimentar el fracaso de su superficialidad para descubrir no sólo el valor del amor de su padre, sino también el valor del amor de Dios, inserto en su corazón, y que había intentado pasar por alto: “He pecado contra el cielo y contra ti”. Sí, y además en ese orden. Nuestras negatividades rompen primero lo más íntimo, lo más auténtico, lo que me une en mi realidad más profunda con la fuente del bien y del amor, con Dios. Y su efecto, sus consecuencias toman cuerpo en nuestras relaciones con los otros.
Nos cuesta descubrirlo o reconocerlo, pero cuando nos separamos de Dios, transgredimos todas las leyes humanas. Es una pena que tengamos que aprenderlo cuando experimentamos el dolor en nosotros y en los otros, pero si ese es el camino, bienvenido sea. Pero ayúdame, Señor, para que en la medida de lo posible lo descubra antes, aprenda a abrirme a ti, y puede vivir el gozo de sus efectos en mí y los que están a mi alrededor. Y gracias por seguir esperándome siempre.
ORACIÓN: “Ayúdame a aprender”
Sí, es cierto, Señor, te tengo que dar gracias por muchos momentos dolorosos de la vida, que me han puesto de manifiesto mis actitudes negativas. Tal vez no debían haberse dado, han sembrado tristeza, pero han sido mis lecciones. Ayúdame a aprender.
Y perdón, Señor, tampoco yo merecería llamarme hijo tuyo, pero tú no reniegas de tu ser de Padre, y ese empeño tuyo es mi fuerza y mi esperanza. Gracias, Señor.
CONTEMPLACIÓN: “Sigues ahí”
Cuántas veces me alejo de ti
creyendo que la vida es juego,
pensando encontrar
la felicidad en las cosas,
y vuelvo a mí vacío y roto,
por dentro y por fuera.
Y tú sigues ahí,
esperando ansioso mi vuelta
para darme tu abrazo y tu beso,
el que necesito,
el que me llena por dentro,
el que me recuerda que soy tu hijo,
y tú mi Padre,
y el otro, dolorido también,
mi hermano
ZENIT nos informa: El libro del Papa "Jesús de Nazaret. Desde la entrada en Jerusalén hasta la resurrección" ha sido publicado este jueves. La Librería Editorial Vaticana, de acuerdo con "Ediciones Encuentro" -encargada de la edición de la obra en lengua española-, ha anticipado algunos fragmentos de este segundo volumen cuyo lanzamiento ha tenido lugar, simultáneamente, en siete idiomas. Publicamos una selección de pasajes del primer punto --"La fecha de la Última Cena"- del cuarto capítulo del volumen.
El problema de la datación de la Última Cena de Jesús se basa en las divergencias sobre este punto entre los Evangelios sinópticos, por un lado, y el Evangelio de Juan, por otro. Marcos, al que Mateo y Lucas siguen en lo esencial, da una datación precisa al respecto. «El primer día de los ácimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos: "¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?"... Y al atardecer, llega él con los Doce» (Mc 14,12.17). La tarde del primer día de los ácimos, en la que se inmolaban en el templo los corderos pascuales, es la víspera de Pascua. Según la cronología de los Sinópticos es un jueves [...]
Esta cronología se ve comprometida por el hecho de que el proceso y la crucifixión de Jesús habrían tenido lugar en la fiesta de la Pascua, que en aquel año cayó en viernes. Es cierto que muchos estudiosos han tratado de demostrar que el juicio y la crucifixión eran compatibles con las prescripciones de la Pascua. Pero, no obstante tanta erudición, parece problemático que en ese día de fiesta tan importante para los judíos fuera lícito y posible el proceso ante Pilato y la crucifixión. Por otra parte, esta hipótesis encuentra un obstáculo también en un detalle que Marcos nos ha transmitido. Nos dice que, dos días antes de la Fiesta de los Ácimos, los sumos sacerdotes y los escribas buscaban cómo apresar a Jesús con engaño para matarlo, pero decían: «No durante las fiestas; podría amotinarse el pueblo» (14,1s). Sin embargo, según la cronología sinóptica, la ejecución de Jesús habría tenido lugar precisamente el mismo día de la fiesta.
Pasemos ahora a la cronología de Juan. El evangelista pone mucho cuidado en no presentar la Última Cena como cena pascual. Todo lo contrario. Las autoridades judías que llevan a Jesús ante el tribunal de Pilato evitan entrar en el pretorio «para no incurrir en impureza y poder así comer la Pascua» (18,28). Por tanto, la Pascua no comienza hasta el atardecer; durante el proceso se tiene todavía por delante la cena pascual; el juicio y la crucifixión tienen lugar el día antes de la Pascua, en la «Parasceve», no el mismo día de la fiesta. Por tanto, la Pascua de aquel año va desde la tarde del viernes hasta la tarde del sábado, y no desde la tarde del jueves hasta la tarde del viernes.
Por lo demás, el curso de los acontecimientos es el mismo. El jueves por la noche, la Última Cena de Jesús con sus discípulos, pero que no es una cena pascual; el viernes -vigilia de la fiesta y no la fiesta misma-, el proceso y la ejecución. El sábado, reposo en el sepulcro. El domingo, la resurrección. Según esta cronología, Jesús muere en el momento en que se sacrifican los corderos pascuales en el templo. Él muere como el verdadero Cordero, del que los corderos pascuales eran mero indicio [...].
Juan tiene razón: en el momento del proceso de Jesús ante Pilato las autoridades judías aún no habían comido la Pascua, y por eso debían mantenerse todavía cultualmente puras. Él tiene razón: la crucifixión no tuvo lugar el día de la fiesta, sino la víspera. Esto significa que Jesús murió a la hora en que se sacrificaban en el templo los corderos pascuales. Que los cristianos vieran después en esto algo más que una mera casualidad, que reconocieran a Jesús como el verdadero Cordero y que precisamente por eso consideraran que el rito de los corderos había llegado a su verdadero significado, todo esto es simplemente normal [...].
Jesús era consciente de su muerte inminente. Sabía que ya no podría comer la Pascua. En esta clara toma de conciencia invita a los suyos a una Última Cena particular, una cena que no obedecía a ningún determinado rito judío, sino que era su despedida, en la cual daba algo nuevo, se entregaba a sí mismo como el verdadero Cordero, instituyendo así su Pascua [...].
Una cosa resulta evidente en toda la tradición: la esencia de esta cena de despedida no era la antigua Pascua, sino la novedad que Jesús ha realizado en este contexto. Aunque este convite de Jesús con los Doce no haya sido una cena de Pascua según las prescripciones rituales del judaísmo, se ha puesto de relieve claramente en retrospectiva su conexión interna con la muerte y resurrección de Jesús: era la Pascua de Jesús. Y, en este sentido, Él ha celebrado la Pascua y no la ha celebrado: no se podían practicar los ritos antiguos; cuando llegó el momento para ello Jesús ya había muerto. Pero Él se había entregado a sí mismo, y
así había celebrado verdaderamente la Pascua con aquellos ritos. De esta manera no se negaba lo antiguo, sino que lo antiguo adquiría su sentido pleno.
El primer testimonio de esta visión unificadora de lo nuevo y lo antiguo, que da la nueva interpretación de la Última Cena de Jesús en relación con la Pascua en el contexto de su muerte y resurrección, se encuentra en Pablo, en 1 Corintios 5,7: «Barred la levadura vieja para ser una masa nueva, ya que sois panes ácimos. Porque ha sido inmolada nuestra víctima pascual: Cristo» (cf. Meier, A Marginal Jew, I, p. 429s). Como en Marcos 14,1, la Pascua sigue aquí al primer día de los Ácimos, pero el sentido del rito de entonces se transforma en un sentido cristológico y existencial. Ahora, los «ácimos» han de ser los cristianos mismos, liberados de la levadura del pecado. El cordero inmolado, sin embargo, es Cristo. En este sentido, Pablo concuerda perfectamente con la descripción joánica de los acontecimientos. Para él, la muerte y resurrección de Cristo se han convertido así en la Pascua que perdura.
Podemos entender con todo esto cómo la Última Cena de Jesús, que no sólo era un anuncio, sino que incluía en los dones eucarísticos también una anticipación de la cruz y la resurrección, fuera considerada muy pronto como Pascua, su Pascua. Y lo era verdaderamente.
Homilía de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas para el noveno domingo durante el año (6 de marzo de 2011). (AICA)
INICIO DE LA CATEQUESIS
El texto del Evangelio de este domingo (Mt. 7, 21-27) señala cuales son los auténticos discípulos de Jesús con una afirmación del Señor totalmente clara:”No son los que me dicen: “Señor, Señor,” los que entrarán en el Reino de los Cielos, sino los que cumplen la voluntad de mi Padre que está en el Cielo…Así, todo el que escucha las palabras que acabo de decir y las pone en práctica, puede compararse a un hombre sensato que edifico su casa sobre roca, cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa, pero esta no se derrumbó porque estaba construida sobre roca”. (Mt 7, 21.24-25). Podemos señalar que este texto nos relata una enseñanza del mismo Señor tomada en las primitivas comunidades cristianas. En las mismas se señalaba que la sola devoción a la invocación de Jesús como el Señor, y la recepción del carisma del apostolado no respaldan a nadie como verdadero discípulo. También Pablo, el Apóstol, dice que estos dones son vanos sin el amor. Ni hablar en lenguas, ni el don de profecía, ni el conocimiento, ni la misma fe, ni repartir los bienes a los pobres, si “no tenemos amor, no sirve para nada” (1Cor 13, 1-7).
Este domingo providencialmente se da el inicio de la catequesis en nuestra Diócesis y otras Diócesis argentinas. Quiero compartir la importancia que tiene la vida catequística en la acción evangelizadora de la Iglesia, constituyéndose en una de las claves de la acción pastoral de todas nuestras comunidades. Es asombrosa la fuerza y el número de niños y adolescentes, de catequistas y familias, que forman parte de la vida catequística de una Diócesis.
El Evangelio de este domingo nos da una enseñanza clara sobre aquello que es la catequesis, formando parte esencial en el camino discipular y misionero de todo cristiano, señalando la necesidad como aprendices y catecúmenos de escuchar la Palabra de Dios y ponerla en práctica.
En referencia a nuestros miles de catequistas quiero considerar algunos rasgos de la espiritualidad de los mismos que es conveniente que podamos conocer para valorar su misión en nuestras comunidades.
En primer lugar recordar que la espiritualidad del catequista brota del sacramento del bautismo y confirmación. El catequista consiente del significado en su vida del sacramento del bautismo y la confirmación, está llamado a intensificar el discipulado de Jesucristo. Como cristiano necesita tener una fuerte experiencia de Dios. Es el momento de la conversión. Por la oración personal, sacramental y litúrgica, celebramos la comunión y esto es indispensable para vivir el discípulado. Sobre todo poner en práctica aquello que creemos nos permitirá profundizar la comprensión de las enseñanzas del Señor. Por eso en el Bautismo somos ungidos para participar en el sacerdocio común de los fieles o sea celebrar a Jesucristo, llamados a ser profetas, a orar la Palabra y sobre todo vivirla y ser reyes, no como los de este mundo, sino testimoniar el Reino de Dios. La confirmación nos da la plenitud del Espíritu Santo y nos potencia para ser testigos de Cristo.
También debemos recordar que en la espiritualidad de los catequistas laicos es necesario enriquecer este ministerio desde su condición secular. Este es un punto desarrollado en el Directorio Catequístico. El ministerio del catequista laico se enriquece con su condición secular o sea por lo más específico del laico que es transformar las realidades temporales. Es bueno decirles a nuestros catequistas, pero en realidad a todos los cristianos, que la vida cotidiana, familiar, el trabajo, el barrio, lejos de ser un obstáculo, son espacios indispensables donde vivimos la fe. La verdadera espiritualidad, es de la cotidianidad. Muchas veces podemos tener la tentación de identificar la espiritualidad con una “mística de lo extraordinario”, milagros, sanaciones o creer que la espiritualidad es solo el momento de oración. En realidad la espiritualidad es esto que nos dice el Señor en el Evangelio de este domingo, al señalar que el discipulado requiere escuchar la Palabra de Dios y ponerla en práctica en la cotidianidad.
Les envío un saludo cercano y hasta el próximo domingo. s. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas
REDACCIÓN DE "IGLESIA NIVARIENSE"
C. San Agustín, nº 28
38201. La Laguna. Tenerife.
Tfno. 922-25 86 40 / Extensión 8
e-mail: iglesianivariense@obispadodetenerife.es
Boletín 428
LAS NOTICIAS AMPLIADAS PUEDEN VERLAS ENTRANDO EN NUESTRO BLOG. Textos, sonidos, e imágenes los tienen en: http://www.comunicacionobispadodetenerife.blogspot.com/
El Encuentro Diocesano de Catequistas se va a celebrar, en el Seminario Diocesano, este domingo, 27 de marzo. La cita se organizará en torno a lo que se ha llamado una “expocatequista”. Toda la información la tienen en la web del obispado. La cita comenzará a las 9.45 y a las 16 horas será la eucaristía con la que concluye el mismo.
También este domingo, a las 13 horas serán bendecidas las instalaciones de la nueva casa de la Orden de los Hermanos de Belén, ubicada en la segunda transversal del camino de Fuente Cañizares, en La Laguna. Los Hermanos de Belén están organizando un almuerzo con la finalidad de obtener fondos para terminar esta casa-residencia para atender en ella 30 ancianos pobres y desvalidos. El almuerzo está previsto para el día 3 de Abril, domingo, una semana después de la bendición.
La Conferencia Episcopal Española ha presentado la Campaña por la Vida 2011 que tiene como lema “Siempre hay una razón para vivir”. Como viene siendo habitual en los últimos años, la Jornada por la Vida se celebrará el 25 de marzo, festividad de la Encarnación del Señor.
Con motivo de la celebración del Día Internacional de la Vida , en S/C de Tenerife se ha convocado a la ciudadanía a expresar de manera pública su apoyo al derecho a la vida. El acto tendrá lugar el próximo domingo 27 de marzo de 2011 a partir de las 10:00h en la Plaza Primero de Mayo (enfrente del Mercado Nª Señora de África). En S/C de La Palma, el acto será un día antes, el sábado, a mediodía en la calle Real, concretamente, en la conocida Pérgola.
Muerte, morir, duelo y esperanza, es el título de un nuevo curso del ISTIC y la universidad Méndez Pelayo. Los próximos 28, 29, 30 y 31 de este mes de marzo queremos acercarnos a este asunto, sin miedo y con rigor. Cuestiones como ¿qué es la muerte?; muerte y medicina; ¿cómo enfrentar la realidad de la muerte?; la vejez y la muerte, o la muerte y el más allá en las grandes religiones, serán preguntas que conllevarán nuevamente reflexión sobre un asunto tan de hoy y de siempre.
El Consejo Presbiteral se reunió presidido por el Obispo. Durante el mismo se ha seguido profundizando, fundamentalmente, en la cuestión de la distribución del clero en la nueva realidad. Tanto el Vicario General, Domingo Navarro, como el delegado para el clero, Juan Fernando Pérez, así como Julio Sánchez expusieron al pleno el resultado de las opiniones y sugerencias realizadas en los distintos arciprestazgos.
Se ha desarrollado, igualmente, una sesión plenaria del Consejo Diocesano de Pastoral que estuvo, fundamentalmente, dedicado a la presentación de la síntesis de la evaluación del Plan Pastoral que termina, a partir de las aportaciones realizadas por los distintos ámbitos y sectores de la vida de la Iglesia Diocesana. Posteriormente, el Vicario General, Antonio Pérez realizó, a partir del análisis descrito, una propuesta para la futura planificación del venidero cuatrienio. El anteproyecto, en torno a la afirmación de la primera carta de S. Juan: "Lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos", planteaba como objetivo general o gran dirección de marcha 'la nueva evangelización' que debiera pivotar en torno a un doble movimiento sintetizado en la necesidad de capacitarnos para ser "discípulos y misioneros".
Este domingo tuvo lugar en el Seminario Diocesano el almuerzo de los llamados "amigos del Seminario". Además, en esta ocasión, la fiesta tuvo un momento central ya que tres seminaristas, Elisuán Delgado, Julián Azcárate y Antonio Delgado, fueron instituidos en el ministerio del acolitado de manos del Obispo, Bernardo Álvarez.
La casa de la Iglesia acogió un curso del Movimiento Apostólico Vida Ascendente, especialmente dirigido a los animadores de los grupos de ese movimiento diocesano. Los participantes reflexionaron en torno a la importancia del orden y el silencio, analizaron las claves más importantes de la actuación de todo animador y, por último, se ofreció una charla titulada "lo que tengo y lo que necesito".
La Ermita Antigua de Nuestra Señora del Carmen del barrio de La Zarza, en el municipio de Fasnia, ha abierto sus puertas oficialmente tras una restauración en la que se han invertido 60.000 euros
Hasta el próximo viernes 25 se estarán desarrollando en el Centro de Orientación Familiar (Cof2000) las jornadas “Alzhéimer y familia”, en las que también participa el Instituto Superior de Teología de las Islas Canarias, ISTIC.
El ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma ha elegido a María Nieves Cuevas Acosta como Mujer Destacada del municipio del año 2011 por su trayectoria social y personal. El acto de reconocimiento tuvo lugar este lunes en el Teatro Chico municipal. María Nieves ha desarrollado buena parte de su entrega a los demás, desde la parroquia de S. Francisco, como catequistas, miembro del movimiento vida ascendente, servicios socio-caritativos...
El Cabildo de La Palma ha organizado la celebración del I Ciclo de Conciertos de Órgano de La Palma, que se realizará en la iglesia de Nuestra Señora de La Encarnación, en Santa Cruz de La Palma.
El Subdirector de Cáritas Diocesana, José María Rivero Vargas, ha visitado el proyecto Dácil de inserción socio-laboral de mujeres excluidas socialmente en la isla de La Palma. La finalidad del proyecto es la de mejorar la calidad de vida de las mujeres responsables de núcleos familiares y mujeres con dificultades para acceder al empleo y favorecer su incorporación al mercado de trabajo.
Comenzaron, en el arciprestazgo de Granadilla, las segundas jornadas de Formación en la Fe y la Acción Pastoral con más de ciento cincuenta participantes, lo que supone un incremento respecto a la edición del pasado año.
Desde la tarde de este próximo viernes 25 de Marzo, hasta la tarde del domingo 27 de Marzo, está programado un nuevo Cursillo de Cristiandad, en la casa de la Iglesia (trasera del Seminario Diocesano. Será el cursillo número 343 desde que el primero se impartió en la Diócesis en Enero de 1958.
Con motivo del inicio de la Campaña anual de la Renta, Cáritas Diocesana de Tenerife ha lanzado, como cada año, su iniciativa de sensibilización dirigida a animar a todos los contribuyentes a marcar la “X” en las casillas correspondientes de la Asignación Tributaria.
Los más jóvenes del arciprestazgo de Taco movilizaron a ciento diez personas para recaudar fondos de cara a la venidera Jornada Mundial de la Juventud, Madrid 2011. Hubo tiempo para todo: celebrar la Eucaristía en Icod; almuerzo compartido y juegos en la zona recreativa de S. José de Los LLanos; visita a Santiago del Teide y merienda en Playa de S. Juan. Un día, en definitiva, redondo.
El próximo viernes, 25 de marzo, a las, en La Montaña de El Fraile (donde está el Restaurante El Monasterio), en Los Realejos, van a celebrar todos los grupos juveniles del Arciprestazgo del Valle de La Orotava, un VIA CRUCIS DE LOS JÓVENES. En él compartiremos un momento de oración en torno a la cruz de Cristo, que servirá de preparación para el gran evento de este año: las JMJ Madrid 2011
La Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de la Conferencia Episcopal Española (CEE) ha elaborado el informe anual sobre el número de alumnos que reciben formación religiosa y moral en la escuela. En el curso 2010-2011, la enseñanza religiosa y moral católica es una vez más la opción mayoritaria, escogida voluntariamente por tres de cada cuatro alumnos. En la actualidad cursan la asignatura 3.172.537 alumnos sobre un total de 4.470.191, lo que representa un 71%.
El Cabildo de Tenerife ha finalizado los trabajos para la instalación de una valla que sirve de protección de la ermita de Regla, en el término municipal de Santa Cruz. Esta actuación se incluye dentro de las mejoras que la Corporación insular ha programado en el entorno de este inmueble religioso, que fue fundado en 1643.
El 18 de marzo, se conmemoró un acontecimiento muy importante para el pueblo de Hermigua y que quedará en la memoria de todos los allí presentes: La celebración del 4º centenario de la fundación del Convento de San Pedro Apóstol,
El centro internacional de Ferias y congresos de Santa Cruz acogió la presentación del libro de Luigi Giussani, ‘el sentido religioso’. La misma corrió a cargo de Daniel Padilla, Jesús Carrascosa y Miguel Ángel Navarro.
El próximo viernes, 25 de marzo, a las, en La Montaña de El Fraile (donde está el Restaurante El Monasterio), en Los Realejos, van a celebrar todos los grupos juveniles del Arciprestazgo de La Orotava, un VIA CRUCIS DE LOS JÓVENES. En él compartiremos un momento de oración en torno a la cruz de Cristo, que servirá de preparación para el gran evento de este año: las JMJ Madrid 2011.
El próximo sábado, nueve de abril, a las 20 horas, en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de los Realejos tendrá lugar la solemne sesión de honores para hacer entrega del título de Hijo Adoptivo del citado municipio al sacerdote Juan Manuel Batista Núñez, que fuera párroco de Nuestra Señora de la Concepción, Nuestra Señora del Carmen y de San Joaquín y Santa Ana
Lectio divina para el viernes de la segunda semana de Cuaresma 2011, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.
LECTURA: “Mateo 21, 33‑43. 45‑46”
En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje.
Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: "Tendrán respeto a mi hijo." Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: “Éste es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia." Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron.
Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?» Le contestaron: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos.»
Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: "La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente"? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.»
Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que hablaba de ellos. Y, aunque buscaban echarle mano, temieron a la gente, que lo tenía por profeta.
MEDITACIÓN: “¿Qué hará?”
Muchas veces me hago esta misma pregunta, no por los otros sino por mí, por todos nosotros a quienes nos acercamos a la Palabra y sabemos que el Señor nos ha puesto en la viña de la Iglesia, en la viña del mundo, en la viña de mi nuestra propia vida para trabajarla Porque lógicamente estamos llamados a rendir cuentas de nuestro trabajo, estamos llamados a dar frutos.
Tenemos que reconocer que muchas veces nos puede el ambiente, nos pueden los ataques que nos hacen y tratamos de acomodarnos, nos pueden los rechazos a la iglesia, con muchas razón en cantidad de veces por la realidad de nuestras miserias y pecados, pero que sigue siendo santa en su núcleo, y casi consiguen que terminemos perdiéndole cariño olvidando que es el lugar donde juntos estamos llamados a hacer presente el reino de Dios. Nos pueden las visiones cómodas de la vida que nos meten a cada uno en nuestro mundo y nos insensibiliza ante tanto sufrimiento de nuestros hermanos los hombres, realizados a través de todo tipo de injusticias.
Y me sigo preguntando ¿qué hará Dios? Antes nuestras deserciones, ante nuestros miedos y comodidades, ante nuestras complicidades, ante nuestra resistencia a ser testigos de su amor, ante nuestra poca implicación en la construcción de una iglesia viva? ¿terminará renegando de nuestra dignidad de hijos y se la dará a otros que la merezcan más?
Y creo que a pesar de todo le sigue venciendo su corazón de Padre, y, por eso, continúa llamando a la puerta de nuestra corazón hasta que volvamos a él y seamos capaces de responder, como auténticos hijos y como hermanos, para eso entregó a su Hijo. Si, Dios nos sigue esperando, volcando su amor y su perdón. Y en este tiempo su llamada y su amor resuena con una fuerza especial. La pregunta ahora ante esta llamada, sería ¿qué haré yo?
ORACIÓN: “Ayúdame a responderte”
Señor, sé que estás esperando mi respuesta. Siempre estás esperando. No sé si un día te cansarás y me dejarás por perdido, abandonada a mi propia suerte. Sólo me puede brotar una palabra de perdón y una súplica: ayúdame a responderte.
Me es fácil buscar justificaciones, Señor, tú lo sabes, lo hago tantas veces y, además, me las termino creyendo, tal vez también tú. Pero no me dejes a mi suerte, Señor, sigue empujándome con tu amor, con tu ternura, con tu bondad y con tu fuerza.
CONTEMPLACIÓN: “En ti”
Dónde podría esconderme
para huir de tu mirada
si tú los abarcas todo.
Dónde podría huir
para esconderme de mí
y no me pudiesen encontrar
mis engaños y mis miedos.
Dónde puedo encontrar
ese lugar seguro
que sacie el hambre de paz
que mi corazón desea.
Y cuando te miro sereno
descubro que ese lugar
que busco ansiadamente
sólo lo encuentro en ti.
Homilía de monseñor Marcelo Raúl Martorell, obispo de Puerto Iguazú para el Miércoles de Ceniza (9 de marzo de 2011). (AICA)
MIÉRCOLES DE CENIZA
La Cuaresma nos ofrece un camino de cuarenta días y cuarenta noches; un largo camino de purificación del corazón. El miércoles de ceniza el sacerdote signa las frentes de los fieles con la oración “eres polvo y en polvo te convertirás” (Gén. 3,19). Estas palabras dichas a Adán por primera vez a causa del pecado, las repite hoy la Iglesia a todos los cristianos para recordarles tres cosas: “que venimos del polvo, que somos pecadores y que vamos a morir”.
Que venimos del polvo, significa que somos nada. Esto también nos lo recuerda el Salmo 39: “Señor mi existencia es nada ante ti”. ¡Cómo necesita hacerse añicos el orgullo del hombre frente a esta verdad, sabiendo el hombre que no es nada ante Dios y que es también pecador! La Iglesia invita a todos sus hijos hoy miércoles de ceniza e inicio de la Cuaresma a inclinar sus cabezas para recibir las cenizas en señal de humildad, para pedir perdón por todos sus pecados, recordándoles que en pena de sus pecados un día tendrán que volver al polvo.
El pecado y la muerte son frutos amargos e inseparables de la rebeldía del hombre frente a Dios: “Dios no creó la muerte, ella vino al mundo mediante el pecado (Rom. 6, 23). El hombre lleva dentro de sí el germen de la vida eterna, ha sido creado para la alegría, la santidad y la vida eterna (GS.18). Por eso la Iglesia al hacernos meditar estas realidades dolorosas no trata de hundir nuestro espíritu en una visión pesimista de la vida, sino más bien abrir nuestros corazones a la verdad del hombre, al arrepentimiento y a la esperanza.
Si la desobediencia de Adán ha traído estas realidades al mundo, la obediencia de Cristo las ha salvado. Y es por esto que la Cuaresma prepara a los fieles a la celebración pascual, en donde Cristo salva al hombre del pecado y de la muerte eterna y transforma nuestra muerte corporal en un paso a la vida verdadera. El pecado y la muerte son trasformados por Cristo muerto y resucitado y el hombre está invitado a participar de esta victoria cuanto más participe de la muerte y resurrección del Señor.
“Convertíos a mí de todo corazón, en ayunos, en llanto y gemidos; rasgad vuestros corazones y no vuestras vestiduras” (Joe l 2, 12-13). El elemento esencial al que nos llama la Cuaresma, es la contrición del corazón: un corazón roto, golpeado por el arrepentimiento del pecado, un arrepentimiento que incluye el deseo del cambio de vida. Todo hombre está llamado a esta realidad: “volver a Dios con más plenitud y verdadero fervor venciendo las debilidades y flaquezas que disminuyen nuestra orientación total a Él.
La Cuaresma es el tiempo clásico de esta renovación espiritual. Pertenece a cada cristiano hacer de él un momento decisivo para la historia de la propia salvación personal. No sólo el que está en pecado mortal tiene necesidad de esta conversión; toda falta de generosidad, de fidelidad a la gracia impide la amistad íntima con Dios, es un rechazo a la gracia que enfría la relación con Dios. Es un rechazo de su amor y por lo tanto exige arrepentimiento y conversión, exige una reconciliación con Dios y con el hermano.
¿Cuáles son los esfuerzos cuaresmales de la conversión? Son la limosna, la oración y el ayuno con disposiciones del corazón que los haga eficaces. La limosna “expía los pecados” (Ecl. 3,30) cuando es realizada con la intención única de agradar a Dios y de ayudar a quien está necesitado y no para ser visto y alabado por los demás. La oración une el corazón del hombre con Dios cuando ella brota del corazón sincero y no cuando son puras palabrerías. El ayuno es un sacrificio agradable a Dios y redime las culpas si va acompañado de una verdadera actitud interior y es una privación por amor y por la actitud del corazón, “el Padre que mira en lo secreto te recompensará” (Mt. 6,4.18) es decir te perdonará los pecados y te concederá la abundancia de la gracia.
Que la Virgen Madre nos ayude en este camino de conversión.
Mons. Marcelo Raúl Martorell, obispo de Puerto Iguazú
Homilía de monseñor Oscar Sarlinga, obispo de Zárate-Campana, en el inicio de la Cuaresma (Iglesia catedral de Santa Florentina, Campana, 9 de marzo de 2011). (AICA)
Queridos sacerdotes, queridos hermanos y hermanas
Hoy, miércoles llamado "de Ceniza", damos inicio a la Cuaresma, tiempo especialísimo en que “el auxilio nos viene del Señor”, tiempo litúrgico de purificación, de oración, de penitencia, de caridad y misericordia, de alegría inmensa, profunda, por la expiación que Jesucristo realizó por nosotros, porque nos ha salvado por su Cruz y nos brinda su gloriosa resurrección.
I EL AUXILIO NOS VIENE DEL SEÑOR
Por cierto que la vivencia de un tiempo litúrgico, lejos de llevarnos a escenificar, en este caso, tristeza, nos ha de hacer profundizar en lo que el misterio significa, y esto hecho con alegría cristiana; pues penitencia y purificación no son –necesariamente- tristezas, y mucho menos escenificación. Es liturgia, es vida, es vivencia, al mismo tiempo, del misterio de Cristo Salvador, en las circunstancias en las que Dios quiera o permita que vivamos. Ha sido un gozo ingresar al templo al son del canto del “Guardián del Pueblo”, el Salmo 120 y es así, por excelencia, en este tiempo litúrgico, como clama el salmista: (Salmo 120) 1 Levanto mis ojos a los montes: ¿de dónde me vendrá el auxilio? 2 El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra. 3 No permitirá que resbale tu pie, tu guardián no duerme; 4 no duerme ni reposa el guardián de Israel. El Señor es nuestro guardián, Él no duerme ni reposa porque vigila con su inmenso amor por nosotros; no, no duerme ni reposa, el guardián de Israel, nos cuida y nos prepara a la Pascua, que ya es eterna, porque ha sido realizada para siempre, aunque nosotros la vivamos y celebremos en las coordenadas del tiempo.
II LA BATALLA ESPIRITUAL
Para vencer las tentaciones y afincarnos en el amor sobrenatural hemos de participar de la Cruz de Cristo y unirnos a ella, aceptando el don de la misericordia, poniendo en obra la caridad, en primer lugar, pues no se trata sólo de decir, “Señor, Señor…” sino de confesar, sí, que Jesucristo es el “Señor” (ò Kýrios) y obrar en consecuencia (Cf Mt 7, 21; 1 Cor. 13, 13) y esto teniendo como “escuela” la Palabra de Dios, del Verbo que se nos ha dado, la “escuela” del Espíritu de verdad, que nos lo enseñará todo (Cf Jn 14, 26; 16, 13). Con la ayuda de la Gracia, sin prescindir (sino al contrario) del ejercicio de la inteligencia, del pensamiento, y de poner nuestra mente y nuestro corazón a disposición de la doctrina del Señor (Cf Jn 6, 45) es como venceremos “las obras de la carne” de las que habla San Pablo (Cf Gal 5, 10-21) “La batalla victoriosa contra las tentaciones, que da inicio a la misión de Jesús, es una invitación a tomar conciencia de la propia fragilidad para acoger la Gracia que libera del pecado e infunde nueva fuerza en Cristo, camino, verdad y vida (…)" .
III LA ASCESIS O ASCÉTICA
Palabra casi desconocida (o inusitada) en nuestra cultura contemporánea (y en nuestro lenguaje). Como imaginan, no proviene la palabra del “aceto” (balsámico), mucho más conocido. Algunos filósofos griegos la definían como el ejercicio de esfuerzo (o fatigoso) y perseverante, a la vez, que frena la espontánea y desordenada inclinación a vivir del instinto y de la pasión, sea en el campo de la vida animal (o sensitiva), sea en el campo de las facultades superiores, del pensamiento y del querer o voluntad. Sócrates la llamaba “enkratéia”. Es una buena base, ésta, puramente humana, pero buen fundamento. Sólo que para nosotros, creyentes en Cristo, esta “ascesis” o “ascética” ha de ser concebida según la fe, en el sentido de “dominar” las pasiones o concupiscencias (Cf Gal. 5, 24; cfr. Rom. 11, 20; 12, 3; etc.). La ascesis proveniente de la fe, está ordenada al desarrollo integral de la personalidad, a la libertad, a la vitalidad aunque no al vitalismo al menos en el sentido en que lo entiende cierta filosofía.
Puede ser difícil la ascética (lo es, es cierto) tanto como dice el Apóstol Pablo que lo es “la gimnasia” (Cf 1 Cor. 9, 24), una milicia (Cf 2 Cor. 10, 3), un deporte arduo (Cf 1 Cor. 9, 25). Repito, “con la ayuda de la Gracia”, la ascesis es un entrenamiento a la virtud, sí, a grandes virtudes (son “valores”, sí, pero “virtudes”, me parece, significa “más”) , para hacernos tender hacia la imitación del Señor, para ponernos al servicio del prójimo, para entregarnos con generosidad, para dar de nosotros sin envidia, sin retaceos.
Sabemos que esta robustez moral no está muy de moda hoy día, pero lejos de ver tinieblas u oscuridades en todos lados habidos y por haber (aunque las haya en muchas personas y lugares), tengamos esperanza y pongámosla en obra, que hay también en este mundo mucho amor, muchas potencialidades, que hay sacrificio para el bien, que muchos tienen esperanza, y muchos, muchos más de los que imaginamos, tienen una gran hambre de Dios, sed de Dios. Está en nosotros en ser receptivos, fieles, a cuánta Gracia Dios quiere darnos. La auto-entrega por el bien de los hermanos es también ascética, es renunciar a sí mismo y ganar la vida por amor a Cristo (Cf Mt 16, 24-25) con esa caridad de Cristo que “nos apremia” (2 Cor. 5, 14), con la fortaleza que viene de lo Alto, aunque tengamos que pasar pruebas y dificultades, incomprensiones o momentos de “baja” y de angustia (Cf 2 Cor. 7, 4). La esperanza nunca defrauda.
CUARESMA COMO IGLESIA
Por último, queridos hermanos y hermanas, más que individualmente, vivimos la Cuaresma como Iglesia congregada. Querámosla, hagámosla crecer. El Espíritu Santo vive en ella, en la Iglesia, y en los corazones de los fieles “como en un templo” (Cf 1 Cor. 3, 16; 6, 19); en los corazones de los fieles miembros del Pueblo de Dios, el Espíritu da testimonio de la adopción filial que ellos han recibido (Cf Gal. 4, 6; Rom. 8, 15-16 e 26). El Espíritu introduce a la Iglesia en toda la verdad (Cf Jn 16, 13), y cuando ella evangeliza, es el Espíritu el que hace que el misterio de la paternidad divina salga al encuentro de la humanidad toda, sí, de todos, aún de los que no creen ni esperan; el Espíritu unifica a la Iglesia en la comunión y en el ministerio, la edifica y la guía con diversos dones jerárquicos y carismáticos, la adorna con sus espléndidos frutos (Cf. Ef 4, 11-12; 1 Cor. 12, 4; Gal. 5, 22), con la fuerza del Evangelio la rejuvenece (¡no envejecerá nunca, por crisis o dificultades por las que tenga que pasar!) y continuamente la renueva...
En y con la Iglesia, vivamos una santa Cuaresma. Evangelicemos, misionemos, demos un buen testimonio. A través de la amistad social, de la amistad cívica, principios de la doctrina social de la Iglesia, llevemos a quienes están lejos, o no creen, esos valores que obtienen su luz de la luz del Evangelio. Con la ayuda de la Santísima Madre de Dios.
Mons. Oscar Sarlinga, obispo de Zárate-Campana
BENEDICTO XVI, Mensaje del Santo Padre para la cuaresma 2011, n. 2
Cfr. Santo Tomás de Aquino, S. TH. II-IIæ, 184, 7, ad 1.
Cf CONC. ECUM. VAT. II, Const. dogm. Lumen Gentium, 4.
Mensaje del cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires, con motivo del inicio de la Cuaresma (9 de marzo de 2011). (AICA)
GESTO SOLIDARIO DE CUARESMA 2011
El ayuno que Dios quiere
Los criterios inmediatistas y eficientistas poco a poco han invadido nuestra cultura. El máximo rendimiento con el mínimo esfuerzo, la inmolación del esfuerzo, del tiempo, de valores profundos y hasta de afectos vitales en vistas a un objetivo de corta duración que se presenta como plenificante en lo social o económico. De esta filosofía de vida, casi aceptada universalmente, no está exenta la vida de fe de los cristianos. Si bien la fe del discípulo se afianza y crece en el encuentro con Jesús vivo, que llega a todos los rincones de la vida y se nutre en la experiencia de ponerse de cara al evangelio para vivirlo como buena noticia que ilumina el andar cotidiano, podemos correr el riesgo de mirarlo de “reojo” y quedarnos sólo con una parte.
Hace algunos domingos, después de pronunciar el Sermón del monte, Jesús nos dijo “para que vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en los cielos”. Frente a esta palabra tan determinante podemos conformarnos con hacer algunas buenas obras y darnos por satisfechos. La propuesta del Señor es más ambiciosa. Nos propone un obrar “desde la bondad” que tiene su raíz en la fuerza del Espíritu que se derrama dinámicamente como don de amor para todo nuestro vivir. No se trata solamente de hacer obras buenas, se trata de obrar con bondad. Estamos en la puerta de la cuaresma y la tentación que podemos tener es la de reducirla a ciertas buenas prácticas que finalizan en la pascua, desperdiciando el caudal de gracia que puede significar este tiempo de conversión para toda nuestra vida.
Nuestro ayuno cuaresmal puede ser rutinario y llegar a ser un gesto maniqueo más que profético consistente en «cerrar la boca», porque la materia y los alimentos son impuros: cuando el ayuno que Dios quiere es partir el propio pan con el hambriento; privarnos no sólo de lo superfluo, sino aún de lo necesario para ayudar al los que tienen menos; dar trabajo al que no lo tiene curar a los que están enfermos en su cuerpo o en su espíritu; hacernos cargo de los que sufren el azote de la droga o ayudar a prevenir la caída de tantos; el denunciar toda injusticia; el trabajar para que tantos, especialmente chicos en la calle, dejen de ser el paisaje habitual; el dar amor al que está solo y no sólo al que se nos acerca.
No creamos que es el comer o el ayunar lo que importa. Lo que hace verdadero el ayuno es el espíritu con que se come o se ayuna. Si pasar hambre fuera una bendición, serían benditos todos los hambrientos de la tierra y no tendríamos porque preocuparnos. «Ningún acto de virtud puede ser grande si de él no se sigue también provecho para los otros... Así pues, por más que te pases el día en ayunas, por más que duermas sobre el duro suelo, y comas ceniza, y suspires continuamente, si no haces bien a otros, no haces nada grande».San Juan Crisóstomo
Jesús ayunó según la tradición de su pueblo pero también compartió la mesa de ricos y pobres, de los justos y pecadores. (Mt. ll,l9).
Ayunemos desde la solidaridad concreta como manifestación visible de la caridad de Cristo en nuestra vida. Así tiene sentido nuestro ayuno como gesto profético y acción eficaz. Así cobra sentido nuestro ayunar para que otros no ayunen. Ayunar es amar.
Necesitamos vivir la profundidad de no darle tanta importancia a la comida de la que nos privamos sino a la comida que posibilitamos a un hambriento con nuestras privaciones. Que nuestro ayuno voluntario sea el que impida tantos ayunos obligados de los pobres. Ayunar para que nadie tenga que ayunar a la fuerza.
Iniciando la cuaresma, benditos sean estos cuarenta días si nos entrenan el corazón en la actitud permanente de partir y repartir nuestro pan y nuestra vida con los más necesitados. Nuestro ayuno no puede ser dádiva ocasional sino una invitación a crecer en la libertad por la cual experimentamos que no es más feliz el que más tiene, sino el que más comparte porque ha entrado en la dinámica del amor gratuito de Dios.
Estamos en un tiempo marcado por la misión, no como gesto extraordinario sino como un modo de ser Iglesia en Buenos Aires. Cada gesto pastoral deseamos que no se agote en sí mismo sino que marque una brecha, genere una actitud que permanezca. En esta línea, queremos que el gesto solidario de cuaresma que realizamos desde hace ya varios años, nos permita rubricar el anuncio de la buena noticia, de que por el bautismo somos una familia que siente y vive como propias las angustias y dolores de todos, y todos los días del año.
Quiero agradecerles todo lo que se ha podido realizar a través de los gestos solidarios de los años anteriores y los animo a que la caridad viva sea el signo que acredite nuestras palabras de anuncio del Reino.
Que Dios los bendiga y le regale una Santa Cuaresma vivida den el amor de Dios por su pueblo
Cardenal Jorge Mario Bergoglio S.J., arzoibspo de Buenos Aires
Lectio divina para el jueves de la segunda semana de Cuaresma 2011, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.
LECTURA: “Lucas 16, 19‑31”
En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: «Habla un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico. Y hasta los perros se le acercaban a lamerle las llagas.
Sucedió que se murió el mendigo, y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán. Se murió también el rico, y lo enterraron. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritó: "Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas." Pero Abrahán le contestó: "Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces. Y además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta nosotros."
El rico insistió: "Te ruego, entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan también ellos a este lugar de tormento. Abrahán le dice: "Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen." El rico contestó: "No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a verlos, se arrepentirán." Abrahán le dijo: "Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto.”»
MEDITACIÓN: “Si no escuchan”
Esa es la cuestión, ahí está el secreto que queremos pasar por alto. Ahí está el que muchas veces no entendamos, o que no entiendan quienes nos ven desde otras perspectivas. Simplemente es que estamos en otra órbita y no escuchamos, o mejor aún, es que preferimos no escuchar, aunque luego nos tendremos que atener a las consecuencias. Y al final nos quejamos, porque ni queremos escuchar ni queremos atenernos a las consecuencias, pero eso es lo que nos pasa a todos los niveles en cualquiera de nuestras relaciones.
El mal que experimentamos los hombres es que a estas alturas, no hemos aprendido a escucharnos, incluso parece que a pesar de tantas reuniones, encuentros, etc., etc. No nos escuchamos, no nos entendemos, asistimos a diálogos de sordos, queremos actuar sólo desde nuestro lado y, al final, vamos ampliando las distancias, hasta crear esos abismos que, aunque queramos, ya no podemos atravesar. Y esa triste realidad es la que sufrimos constantemente.
Aquel hombre no quiso escuchar, tenía la palabra clara de la ley y los profetas, la misma que tenían los suyos, pero apela a los fenómenos extraordinarios, al final al miedo. Pero a ti no se te puede seguir por miedo, Tu palabra, es un mensaje de amor, que se acoge desde el amor y para amar, pero no desde la impresión de un susto. Un muerto no hace más auténtico un mensaje, lo hace un vivo. Tenemos que ser acogedores y manifestadores del amor en vida.
Y así tu palabra de vida me llega con nueva fuerza. Me esperas en los gestos de vida con los que puedo acoger a mis hermanos. Sólo cuando acogemos y damos vida, podemos entrar en su corriente, que salta, por gracia tuya, hasta la eterna, donde nos esperas para darnos tu vida en plenitud.
ORACIÓN: “Moldearme desde ti”
No son las cosas las que me distancian de ti y de los otros, es mi sordera y mi ceguera, es mi indiferencia y la dureza de mi corazón. Por eso, ayúdame a mantener mi mirada y mis oídos abiertos a ti y a dar forma a y tus palabras y tus gestos.
Perdona, Señor, la dureza, la indiferencia, la comodidad que se arraigan en mí, ayúdame a soltar mis amarras para que aprenda a moldearme desde ti.
CONTEMPLACIÓN: “Vivos”
No quiero encontrar muertos,
deseo encontrar vivos.
Vivos que me hablen
de la belleza de la vida,
y que tengan sus manos tendidas.
Vivos que lloren y que rían,
vivos que tejan perdón y ternura.
Quiero encontrarme con vivos
que me hablen de vida
y que me enseñen a darla.
Quiero ver vivos
que miran y escuchan
y cantan, y aman.
Quiero ver vivos y vivir con ellos
tu palabra.
Desde Cáritas Diocesana de Tenerife nos envían el decálogo del creyente adulto.
DECALOGO DEL CREYENTE ADULTO
Un creyente adulto es alguien que:
1. Desde una experiencia de fe en Cristo como Salvador y Señor de su vida, sigue los pasos de Jesús, porque en ese seguimiento gozoso ha descubierto el sentido último de su vida.
2. Escucha la Palabra, especialmente el Evangelio, lámpara para sus pasos y alimento para su fe.
3. Conoce y se deja iluminar por la Tradición viva y la Enseñanza de la Iglesia.
4. Hace oración asiduamente, tanto personal como comunitariamente.
5. Vive la Eucaristía dominical como fuente y culmen de su vida.
6. Vive en constante proceso de conversión por lo que practica la penitencia personal y celebra el Sacramento de la Reconciliación.
7. Vive responsablemente su vida de fe dentro de la comunidad y se siente unido a la Iglesia universal a través de su Iglesia particular.
8. Tiene una síntesis de fe y de moral adulta en la que procura profundizar permanentemente, uniendo fe y vida.
9. Ha hecho, a imitación de su Maestro, una opción por los empobrecidos, viviendo austeramente, compartiendo y luchando por construir e instaurar el Reinado de Dios en este mundo, a la vez que espera su plenitud cuando el Señor Jesús venga de nuevo.
10. Participa activamente de la misión evangelizadora de la Iglesia, especialmente hacia los alejados.
Otra manera de evaluar si somos adultos en la fe es si…
Creemos en Jesús, nos sentimos hijos de un Padre/ Madre en el Hijo y nos dejamos conducir por el Espíritu Santo.
Celebramos nuestra fe: oramos, escuchamos la Palabra, celebramos la Eucaristía dominical, el Perdón…
Anunciamos a Jesucristo construyendo el Reino desde la Iglesia, con una vida coherente con el Evangelio, entregada a los demás, con nuestro esfuerzo por hacer un mundo más humano, compartiendo nuestra fe, sin imponerla y siendo signos de esperanza en una vida plena y definitiva.
ZENIT nos ofrece el Mensaje que el Papa Benedicto XVI ha dirigido a monseñor Geraldo Lyrio Rocha, arzobispo de Mariana y presidente de la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil (CNBB), con motivo de la Campaña de Fraternidad que se celebra cada año en Brasil.
Al Venerado Hermano
DOM GERALDO LYRIO ROCHA
Arzobispo de Mariana (MG) y Presidente de la CNBB
Con viva satisfacción quiero unirme, una vez más, a toda la Iglesia en Brasil, que se propone recorrer el itinerario penitencial de la cuaresma, en preparación para la Pascua del Señor Jesús, en el que se inserta la Campaña de Fraternidad, cuyo tema en este año es: "Fraternidad y vida en el Planeta", pidiendo un cambio de mentalidad y actitudes para la salvaguarda de la creación.
Pensando en el lema de esta Campaña, "la creación gime con dolores de parto", que se hace eco de las palabras de san Pablo en la Carta a los Romanos (8,22), podemos incluir entre los motivos de tales gemidos el daño provocado en la creación por el egoísmo humano. Con todo, es igualmente verdadero que la "creación espera ansiosamente la revelación de los hijos de Dios" (Rm 8,19). Así como el pecado destruyó la creación, ésta es también restaurada cuando se hacen presentes "los hijos de Dios", cuidando del mundo para que Dios sea todo en todos (cf. 1 Co 15, 28).
El primer paso para una recta relación con el mundo que nos rodea es justamente el reconocimiento, por parte del hombre, de su condición de criatura: el hombre no es Dios, sino Su imagen; por eso, debe procurar volverse más sensible a la presencia de Dios en aquello que está a su alrededor: en todas las criaturas y, especialmente, en la persona humana hay una cierta epifanía de Dios. “Quien sabe reconocer en el cosmos los reflejos del rostro invisible del Creador, es llevado a tener mayor amor a las criaturas” (Benedicto XVI, Homilía en la Solemnidad de la Santísima Madre de Dios, 1-01-2010). El hombre sólo será capaz de respetar a las criaturas en la medida en que tenga en su espíritu un sentido pleno de la vida; en caso contrario, será llevado a despreciarse a sí mismo y a aquello que le rodea, a no tener respeto por el medio ambiente en que vive, por la creación. Por eso, la primera ecología que debe ser defendida es la "ecología humana" (cf. Benedicto XVI, Encíclica Caritas in veritate, 51). O sea, sin una clara defensa de la vida humana, desde su concepción hasta su muerte natural; sin una defensa de la familia basada en el matrimonio entre un hombre y una mujer; sin una verdadera defensa de quienes son excluidos y marginados por la sociedad, sin olvidar, en este contexto, a aquellos que lo pierden todo, víctimas de desastres naturales, nunca se podrá hablar de una auténtica defensa del medio ambiente.
Recordando que el deber de cuidar del medio ambiente es un imperativo que nace de la conciencia de que Dios confía Su creación al hombre, no para que éste ejerza sobre ella un dominio arbitrario, sino que la conserve y cuide como un hijo cuida de la herencia de su padre, y una herencia confió Dios a los brasileños, de buen grado os envío una propiciadora Bendición Apostólica.
Vaticano, 16 de febrero de 2011
BENEDICTUS PP. XVI
[Traducción del original portugués por Inma Álvarez]
Moniciones para el domingo tercero de Cuaresma - A ofrecidas por el Área de Pastoral Social de la diócesis de Tenerife.
CELEBRACIÓN DEL DOMINGO 3º DE CUARESMA 27 DE MARZO
MONICIÓN DE ENTRADA:
Nos reunimos, de nuevo, en este Templo para celebrar la Eucaristía, en este tercer domingo de Cuaresma.
Con frecuencia no estamos dispuestos a escuchar a las personas que nos juzgan o piensan de forma diferente. Escuchamos con facilidad y nos encontramos con aquellas que nos aceptan y nos respetan.
Nosotros, no hemos sido siempre las personas y los cristianos que debiéramos haber sido. Sin embargo sabemos que Jesús nos trata siempre con respeto y ve el potencial para el bien que anida en nuestro corazón, en todo nuestro ser.
El encuentro de Jesús con la Samaritana que vamos a escuchar en el Evangelio, dentro de unos momentos, es una maravillosa catequesis bautismal sobre el tema de la sed y el agua. Tenemos experiencia de que la sed que padecemos no siempre es biológica; muchas veces es más honda, es sicológica y espiritual. A esta sed, Jesús nos da una respuesta, siempre que nos abramos a su Palabra, a su gracia y compañía.
Nos ponemos de pie para recibir al celebrante, cantando.
MONICIÓN A LAS LECTURAS (Ex 17,3-7)
El pueblo liberado de dura esclavitud, llega en el desierto a una situación límite, la tortura de la sed. Era una angustia física y existencial y se convierte en una verdadera crisis teológica. ¿Y Dios? ¿Para qué sirve Dios? En el fondo de este interrogante está la idea de un Dios utilitario.
Moisés dio respuesta al pueblo de ayer ¿Quién dará respuesta hoy al pueblo?.. ¡Escuchemos!
MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA (Rm 5,1-2. 5-8)
Pablo nos ofrece un buen cuadro de la salvación, pintado con los colores de la fe, la esperanza y el amor. Es el Espíritu el que nos capacita para creer, para orar, para esperar, para amar. ¿Estamos abiertos a dejarnos conducir por el Espíritu?
MONICIÓN AL EVANGELIO
La samaritana, una mujer con sed, tuvo la suerte de encontrarse con un judío, también sediento que le pidió de beber. Cristo ofrece la respuesta definitiva a todos los sedientos.
Escuchemos la proclamación del Santo Evangelio.
ORACIÓN DE LOS FIELES
Presentemos al Señor nuestras súplicas, desde nuestra pobreza y desde nuestra confianza, diciéndole: Danos, Padre, la gracia de tu Espíritu.
Por todos los pueblos que sufren la escasez de agua y de alimentos, para que reciban la ayuda que necesitan. Oremos.
Por los que no encuentran sentido a sus trabajos y a sus luchas, para que encuentren la respuesta en la fe en Jesucristo. Oremos
Por los que buscan saciar su sed con aguas amargas y envenenadas para que pueden superar esas dependencias y encuentren e los creyentes el testimonio y compañía que necesitan para ello. Oremos.
Por toda la Iglesia y por todos los que creemos en Jesucristo para que presentemos el Evangelio como agua que sacia y da vida nueva. Oremos
Por….
OREMOS: Concédenos, Padre, la abundancia de tu Espíritu para saciar nuestra sed y anunciar la Buena Noticia del Evangelio… Por J.N.S.
EL LENGUAJE DE LOS SIGNOS PARA EL OFERTORIO
Cántaro o jarra con agua y vasos vacíos:
Queremos dejarnos llenar, como estos vasos, con la fuente de agua viva que es Jesucristo, sabiendo que Él es el único que puede saciar toda nuestra sed de felicidad.
Pan y vino:
El pan y el vino se convierten en alimento en el camino que guiados por el Espíritu de Jesús hemos de recorrer para ser adultos en la fe.
Colecta
Nuestro compartir solidario ayudará a saciar la sed de todo tipo que sufren las personas, las comunidades cristianas y los pueblos.
ACCIÓN DE GRACIAS, DESPUÉS DEL ACOMUNIÓN
Gracias, Padre, porque nos has llamado a vivir en la esperanza de la llegada de tu Reino. Una esperanza que no nos puede defraudar.
Gracias, Jesús, porque Tú eres la Fuente de Agua Viva que nos ayudas a colmar nuestra sed, nuestras ansias de plenitud y felicidad.
Gracias, Espíritu Santo, Tú nos das la capacidad para crecer hacia una fe adulta, que ama sin límites, espera sin límites y confía en el AMOR con mayúscula del Padre.
Carta Pro Terra Sancta del cardenal Leonardo Sandri, prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales, a todos los obispos del mundo, con ocasión de la colecta especial del Viernes Santo por los Santos Lugares.
Excelencia Reverendísima:
Recordar la Colecta del Viernes Santo significa referirse a un compromiso que se remonta hasta la época apostólica. Lo atestigua San Pablo, escribiendo a los cristianos de la Galacia: nos pidieron que nos acordásemos de los pobres, cosa que procuré yo cumplir con mucha solicitud (2, 10). Y lo confirma escribiendo a los hermanos de Corinto (1 Cor 16; 2 Cor 8-9) y de Roma: han tenido a bien hacer una colecta a beneficio de los pobres de entre los santos de Jerusalén (15, 25-26).
La Tierra Santa confía en la fraternidad de la Iglesia universal y desea corresponder a ella comunicando la experiencia de gracia y de dolor que marca su camino. Quiere reconocer, ante todo, la gracia del Sínodo de los Obispos para el Medio Oriente y de la Visita Papal a Chipre. Estos acontecimientos han aumentado el interés del mundo y el nuevo aflujo de tantos peregrinos sobre las huellas históricas del Señor Jesús. Pero siente también el dolor provocado por el incremento de las violencias contra los cristianos en las regiones orientales, cuyas consecuencias se manifiestan intensamente en Tierra Santa. Los cristianos de Oriente experimentan la actualidad del martirio y sufren por la inestabilidad o por la ausencia de paz. La señal más preocupante sigue siendo su imparable éxodo. Y, en efecto, algún signo positivo en ciertas situaciones, no resulta suficiente para invertir la dolorosa tendencia de la emigración cristiana, que empobrece toda el área al quedar privada de sus fuerzas más vitales, constituidas por las generaciones jóvenes.
Por ello nos corresponde unirnos al Santo Padre para animar a los cristianos de Jerusalén, Israel y Palestina, de Jordania y de los Países orientales circunstantes, con sus mismas palabras: Nunca debemos resignarnos a la falta de paz. La paz es posible. La paz es urgente. La paz es la condición indispensable para una vida digna de la persona humana y de la sociedad. La paz es también el mejor remedio para evitar la emigración de Oriente Medio (Benedicto XVI en la homilía conclusiva del Sínodo de Medio Oriente – 24-10-2010).
La presente llamada a la Colecta se inscribe en la causa de la paz, a la que los hermanos y las hermanas de Tierra Santa quieren servir como instrumentos eficaces en las manos del Señor, para bien de todo el Oriente.
Esta llamada, que llega al inicio del itinerario cuaresmal hacia la Pascua, podrá encontrar su punto culminante en el Viernes Santo, o bien en alguna ocasión considerada más favorable según las circunstancias locales. Pero, en todo caso, la Colecta sigue siendo en todas partes la vía ordinaria e indispensable para promover la vida de los cristianos en aquella amada Tierra.
La Congregación para las Iglesias Orientales se hace portavoz de las necesidades pastorales, educativas, asistenciales y caritativas de sus Iglesias. Gracias a la solidaridad universal, estas Iglesias permanecerán arraigadas en los sufrimientos y en las esperanzas de sus respectivos pueblos, creciendo en la colaboración ecuménica e interreligiosa. Darán gloria a Dios y defenderán los derechos y deberes de cada persona y de las comunidades, comenzando por el derecho al ejercicio personal y público de la libertad religiosa. Se pondrán al lado de los pobres, sin ningún tipo de distinción, contribuyendo a la promoción social del Medio Oriente. Y, sobre todo, vivirán las bienaventuranzas evangélicas en el perdón y en la reconciliación.
El Papa Benedicto nos invita, sin embargo, a ir más allá incluso del gesto –ciertamente digno de alabanza– de la ayuda concreta. La relación debe hacerse aún más intensa, hasta lograr la posesión de una "espiritualidad anclada en la Tierra de Jesús": Por tanto, cuanto más vemos la universalidad y la unicidad de la persona de Cristo, tanto más miramos con gratitud aquella Tierra, en la que Jesús ha nacido, ha vivido y se ha entregado a sí mismo por todos nosotros. Las piedras sobre las que ha caminado nuestro Redentor están cargadas de memoria para nosotros y siguen "gritando" la Buena Nueva. (...) todos los cristianos que viven en la Tierra de Jesús, testimoniando la fe en el Resucitado (...) están llamados no sólo a servir como «un faro de fe para la Iglesia universal, sino también como levadura de armonía, sabiduría y equilibrio en la vida de una sociedad que tradicionalmente ha sido, y sigue siendo, pluralista, multiétnica y multirreligiosa» (Exhortación postsinodal Verbum Domini, 89).
Doy las gracias en nombre del Santo Padre a los pastores y a los fieles de la Iglesia entera, con la firme confianza de que confirmarán una vez más su generosidad. Este agradecimiento es un "gracias" sincero que expresan juntamente la Iglesia latina, reunida en la Diócesis Patriarcal de Jerusalén y en la Custodia Franciscana, y las Iglesias Melquita, Maronita, Siria, Armenia y Caldea, que componen unidas la Iglesia católica en Tierra Santa.
Con la fraterna expresión de los mejores deseos en Cristo Jesús.
Leonardo Card. Sandri
Prefecto
Cyril Vasil’, S.I.
Arzobispo Secretario
[©Copyright 2011 – Libreria Editrice Vaticana]
Lectio divina para el miércoles de la segunda semana de Cuaresma 2011, ofreecida por la Delegación Diocesana de liturgia de la diócesis de Tenerife.
LECTURA: “Mateo 20, 17‑28"
En aquel tiempo, mientras iba subiendo Jesús a Jerusalén, tomando aparte a los Doce, les dijo por el camino: «Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; y al tercer día resucitará.»
Entonces se le acercó la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: «¿Qué deseas?»
Ella contestó: «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda'
Pero Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?» Contestaron: «Lo somos. Él les dijo: «Mi cáliz lo beberéis; pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre.»
Los otros diez, que lo habían oído, se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús, reuniéndolos, les dijo: «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo.
Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos.»
MEDITACIÓN: “¿Qué deseas?”
Al leer esta lectura y ver las actitudes de los personajes, me da lástima de aquellos hombres, aunque ya superaron esa etapa. Pero me da lástima en este caso más por mí que por ellos. Porque si tú me hicieses esa pregunta, yo, a estas alturas, y después de conocer tu evangelio, y de conocer tu vida, me gustaría responderte lo mismo. Es más, de una forma o de otra te respondo lo mismo. Quiero sentarme, no me atrevo a decir que a tu derecha o a tu izquierda, pero desearía sentarme aunque fuese en un rincón de tu cielo.
Al final, es lo de siempre, vamos siguiéndote para comprar un pedazo de cielo, algo que, por cierto no puedo comprar ni yo ni todo el oro del mundo, ni todos los santos juntos. El cielo nos lo has ganado tú. El tema es que, por obsesión, terminemos poniendo difícil el acceso. Estamos a veces tan obsesionados en el cielo que se nos olvida que a él llegamos teniendo los pies muy en la tierra, casi, casi, clavados en tierra para mejor servir a nuestros hermanos.
Ésta es tu lección y ésa es mi tarea, mis deberes, que no puedo pasar haciéndolos de cualquier manera. Es como una burla verte entregando tu vida y pretender yo pasar sin mancharme las manos en la masa de la historia, sin hacer aprendizaje de amor, de amor del tuyo.
Por eso, Señor, sé que esperas de mí una respuesta a la altura de mi realidad de bautizado, y desearía ser capaz de responderte así. Sigo deseando aprender a servir como tú, sigo deseando ser mano tendida portadora de bien, quiero seguir aprendiendo a ser don. Quiero contribuir a poner un poquito de cielo aquí, para que un día, si tú quieres, pueda seguir a tu lado, en el cielo que eres tú.
ORACIÓN: “Mi punto de fuerza”
Señor, gracias por tu paciencia, gracias porque sigues enseñándome y recordándome dónde tiene que estar mi punto de fuerza. Sí, claro que espero el regalo de tu cielo, pero también sé que esperas también mis gestos, donde manifiesto la verdad de ese deseo.
Gracias y perdona, porque soy lento y torpe. Porque al mismo tiempo que quiero, me alejo. Porque a veces me escondo y me evado, porque lo que quiero o digo querer, no lo hago. Perdona y gracias por seguir esperando.
CONTEMPLACIÓN: “Eres tú”
Eres el regalo
que deseas darme
cada mañana.
Eres el don del cielo
volcado en la dureza
de mi barro seco.
Eres el grito de esperanza
de mi realidad vacía.
Eres la voz y la mano
que me guía al hermano.
Eres puerta abierta
que apunta horizontes
de cielo y tierra.
Eres tú, Señor,
el todo de mi nada.
ZENIT nos ofrece la homilía que el Papa Benedicto XVI pronunció el miércoles 9 de Marzo de 2011 al presidir la Misa con imposición de la Ceniza, en la Basílica romana de Santa Sabina.
Queridos hermanos y hermanas
comenzamos hoy el tiempo litúrgico de la Cuaresma con el sugerente rito de la imposición de las cenizas, a través del cual queremos asumir el compromiso de convertir nuestro corazón hacia los horizontes de Gracia. En general, en la opinión común, este tiempo corre el riesgo de ser connotado por la tristeza, por la oscuridad de la vida. En cambio, es un don precioso de Dios, es un tiempo fuerte y denso de significados en el camino de la Iglesia, es el itinerario hacia la Pascua del Señor. Las lecturas bíblicas de la celebración de hoy nos ofrecen indicaciones para vivir en plenitud esta experiencia espiritual.
“Volved a mí de todo corazón (Jl 2,12). En la primera lectura, tomada del libro del profeta Joel, hemos escuchado estas palabras con las que Dios invita al pueblo judío a un arrepentimiento sincero y no aparente. No se trata de un a conversión superficial y transitoria, sino más bien de un itinerario espiritual que tiene que ver profundamente con las actitudes de la conciencia y que supone un sincero propósito de arrepentimiento. El profeta parte de la plaga de la invasión de las langostas que se había abatido sobre el pueblo destruyendo las cosechas, para invitar a una penitencia interior, a rasgarse el corazón y no las vestiduras (cfr 2,13). Se trata, por tanto, de poner en práctica una actitud de conversión auténtica a Dios – volver a Él –, reconociendo su santidad, su poder, su majestad. Y esta conversión es posible porque Dios es rico en misericordia y grande en el amor. La suya es una misericordia regeneradora, que crea en nosotros un corazón puro, renueva en el interior un espíritu firme, restituyéndonos la alegría de la salvación (cfr Sal 50,14). Dios, de hecho, no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva (cfr Ez 33,11). Así el profeta Joel ordena, en nombre del Señor que se cree un ambiente penitencial propicio: es necesario sonar la trompeta, convocar la reunión, despertar las conciencias. El periodo cuaresmal nos propone este ámbito litúrgico y penitencial: un camino de cuarenta días donde experimentar de modo eficaz el amor misericordioso de Dios. Hoy resuena para nosotros la llamada “Volved a mi con todo el corazón”; hoy somos nosotros los llamados a convertir nuestro corazón a Dios, conscientes siempre de no poder llevar a cabo nuestra conversión nosotros solos, con nuestras fuerzas, porque es Dios quien nos convierte. Él nos ofrece una vez más su perdón, invitándonos a volver a Él para darnos un corazón nuevo, purificado del mal que lo oprime, para hacernos tomar parte en su alegría. Nuestro mundo necesita ser convertido por Dios, necesita de su perdón, de su amor, necesita un corazón nuevo.
“Dejaos reconciliar con Dios” (2Cor 5,20). En la segunda lectura, san Pablo nos ofrece otro elemento en el camino de la conversión. El Apóstol invita a quitar la mirada de él y a dirigir en cambio la atención hacia quien le ha enviado y hacia el contenido del mensaje que trae: “Nosotros somos, por tanto, embajadores de Cristo, y es Dios el que exhorta a los hombres por medio nuestro. Por eso, os suplicamos en nombre de Cristo: Dejaos reconciliar con Dios” (ibid.). Un embajador repite lo que ha oído pronunciar a su Señor y habla con la autoridad y dentro de los límites que ha recibido. Quien desempeña el oficio de embajador no debe atraer el interés sobre sí mismo, sino que debe ponerse al servicio del mensaje que tiene que transmitir y de quien le ha mandado. Así actúa san Pablo al desempeñar su ministerio de predicador de la Palabra de Dios y de Apóstol de Jesucristo. Él no se echa atrás frente a la tarea recibida, sino que la lleva a cabo con dedicación total, invitando a abrirnos a la Gracia, a dejar que Dios nos convierta: “Y porque somos sus colaboradores – escribe –, os exhortamos a no recibir en vano la gracia de Dios” (2Cor 6,1). “Ahora bien, la llamada de Cristo a la conversión – nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica – sigue resonando en la vida de los cristianos. [...]es una tarea ininterrumpida para toda la Iglesia que 'recibe en su propio seno a los pecadores' y que siendo 'santa al mismo tiempo que necesitada de purificación constante,busca sin cesar la penitencia y la renovación' (LG 8). Este esfuerzo de conversión no es sólo una obra humana. Es el movimiento del 'corazón contrito' (Sal 51,19), atraído y movido por la gracia (cf Jn 6,44; 12,32) a responder al amor misericordioso de Dios que nos ha amado primero (cf 1 Jn 4,10)” (n. 1428). San Pablo habla a los cristianos de Corinto, pero a través de ellos pretende dirigirse a todos los hombres. Todos de hecho tienen necesidad de la gracia de Dios, que ilumine la mente y el corazón. Y el Apóstol añade: “Este es el tiempo favorable, este es el día de la salvación” (2Cor 6,2). Todos pueden abrirse a la acción de Dios, a su amor; con nuestro testimonio evangélico, los cristianos debemos ser un mensaje viviente, al contrario, en muchos casos somos el único Evangelio que los hombres de hoy leen aún. Esta es nuestra responsabilidad, tras las huellas de san Pablo, he ahí un motivo más para vivir bien la Cuaresma: ofrecer el testimonio de la fe vivida a un mundo en dificultad que necesita volver a Dios, que tiene necesidad de conversión.
“Tened cuidado de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos” (Mt 6,1). Jesús, en el Evangelio de hoy, relee las tres obras fundamentales de piedad previstas por la ley mosaica. La limosna, la oración y el ayuno caracterizan al judío observante de la ley. Con el paso del tiempo, estas prescripciones habían sido manchadas por la herrumbre del formalismo exterior, o incluso se habían transformado en un signo de superioridad. Jesús pone en evidencia en estas tres obras de piedad una tentación común. Cuando se realiza algo bueno, casi instintivamente nace el deseo de ser estimados y admirados por la buena acción, de tener una satisfacción. Y esto, por una parte nos cierra en nosotros mismos, y por la otra nos saca de nosotros mismos, porque vivimos proyectados hacia lo que los demás piensan de nosotros y admiran en nosotros. Al volver a proponer estas prescripciones, el Señor Jesús no pide un respeto formal a una ley extraña al hombre, impuesta por un legislador severo como una carga pesada, sino que nos invita a redescubrir estas tres obras de piedad viviéndolas de modo más profundo, no por amor propio sino por amor de Dios, como medios en el camino de conversión a Él. Limosna, oración y ayuno: es el trazado de la pedagogía divina que nos acompaña, no solo en Cuaresma, hacia el encuentro con el Señor Resucitado; un trazado que recorrer sin ostentación, en la certeza de que el Padre celeste sabe leer y ver también en el secreto de nuestro corazón.
Queridos hermanos y hermanas, comencemos confiados y gozosos este itinerario cuaresmal. Cuarenta días nos separan de la Pascua; este tiempo “fuerte” del año litúrgico es un tiempo propicio para atender, con mayor empeño, a nuestra conversión, para intensificar la escucha de la Palabra de Dios, la oración y la penitencia, abriendo el corazón a la dócil acogida de la voluntad divina, para una práctica más generosa de la mortificación, gracias a la cual ir más ampliamente en ayuda del prójimo necesitado: un itinerario espiritual que nos prepara a revivir el Misterio Pascual.
Que María, nuestra guía en el camino cuaresmal, nos conduzca a un conocimiento cada vez más profundo de Cristo, muerto y resucitado, nos ayude en el combate espiritual contra el pecado, nos sostenga al invocar con fuerza: Converte nos, Deus salutaris noster – Conviértenos a Ti, oh Dios, nuestra salvación”. ¡Amen!
[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]
ZENIT nos ofrece la catequesis que el Papa Benedicto XVI pronunció el Miércoles de Ceniza, 9 de Marzo de 2011, durante la Audiencia General celebrada en el Aula Pablo VI.
Queridos hermanos y hermanas,
Hoy, marcados por el austero símbolo de las Cenizas, entramos en el Tiempo de Cuaresma, iniciando un itinerario espiritual que nos prepara a celebrar dignamente los misterios pascuales. La ceniza bendecida impuesta sobre nuestra cabeza es un signo que nos recuerda nuestra condición de criaturas, nos invita a la penitencia y a intensificar el empeño de conversión para seguir cada vez más al Señor.
La Cuaresma es un camino, es acompañar a Jesús que sube a Jerusalén, lugar del cumplimiento de su misterio de pasión, muerte y resurrección; nos recuerda que la vida cristiana es un “camino” que recorrer, que consiste no tanto en una ley que observar, sino la persona misma de Cristo, a la que hay que encontrar, acoger, seguir. Jesús, de hecho, nos dice: “El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga" (Lc 9,23). Es decir, nos dice que para llegar con Él a la luz y a la alegría de la resurrección, a la victoria de la vida, del amor, del bien. También nosotros debemos tomar la cruz de cada día, como nos exhorta una bella página de la Imitación de Cristo: "Carga con tu cruz y sigue a Jesús; así irás hacia la vida eterna. Él fue delante, llevando su propia cruz y murió por ti en la cruz para que tú lleves tu propia cruz y estés dispuesto a morir en ella. Porque si mueres con Él con Él igualmente vivirás. Y si eres su socio en la pena también lo serás en el triunfo” (L. 2, c. 12, n. 2). En la Santa Misa del Primer Domingo de Cuaresma rezaremos: Oh Dios nuestro Padre, con la celebración de esta Cuaresma, signo sacramental de nuestra conversión, concede a tus fieles crecer en el conocimiento del misterio de Cristo y de dar testimonio de él con una digna conducta de vida” (Colecta). Es una invoación que dirigimos a Dios porque sabemos que sólo Él puede convertir nuestro corazón. Y es sobre todo en la Liturgia, en la participación en los santos misterios, donde somos llevados a recorrer este camino con el Señor; es un ponernos a la escuela de Jesús, recorrer los acontecimientos que nos han traido la salvación, pero no como una simple conmemoración, un recuerdo de hechos pasados. En las acciones litúrgicas, Cristo se hace presente a través de la obra del Espíritu Santo, esos acontecimientos salvíficos se vuelven actuales. Hay una palabra-clave a la que se recurre a menudo en la Liturgia para indicar esto: la palabra “hoy”; y esta debe entenderse en el sentido original, no metafórico. Hoy Dios revela su ley y nos da a elegir hoy entre el bien y el mal, entre la vida y la muerte (cfr Dt 30,19); hoy "el Reino de Dios está cerca. Convertíos y creed en el Evangelio” (Mc 1,15);hoy Cristo ha muerto en el Calvario y ha resucitado de entre los muertos; ha subido al cielo y se ha sentado a la derecha del Padre; hoy se nos da el Espíritu Santo; hoy es el tiempo favorable. Participar en la Liturgia significa entonces sumergir la propia vida en el misterio de Cristo, en su presencia permanente, recorrer un camino en el que entramos en su muerte y resurrección para tener la vida.
En los domingos de Cuaresma, de forma muy particular en este año litúrgico del ciclo A, somos introducidos a vivir un itinerario bautismal, casi a recorrer el camino de los catecúmenos, de quellos que se preparan a recibir el Bautosmo, para reavivar en nosotros este don y para hacer de modo que nuestra vida recupere las exigencias y los compromisos de este Sacramento, que está en la base de nuestra vida cristiana. En el mensaje que he enviado para esta Cuaresma, que querido recordar el nexo particular que liga el Tiempo cuaresmal al Bautismo. Desde siempre la Iglesia asocia la Vigilia Pascual a la celebración del Bautismo, paso a paso: en él se realiza ese gran misterio por el que el hombre, muerto al pecado, es hecho partícipe de la vida nueva en Cristo Resucitado y recibe el Espíritu de Dios que resucitó a Jesús de entre los muertos (cfr Rm 8,11). Las Lecturas que escucharemos en los próximos domingos y a las que os invito a prestar especial atención, se toman precisamente de la tradición antigua, que acompañaba al catecúmeno en el descubrimiento del Bautismo: son el gran anuncio de lo que Dios obra en este Sacramento, una estupenda catequesis bautismal dirigida a cada uno de nosotros. El Primer Domingo, llamado Domingo de la tentación, porque presenta las tentaciones de Jesús en el desierto, nos invita a renovar nuestra decisión definitiva por Dios y a afrontar con valor la lucha que nos espera para permanecerle fieles. Siempre está de nuevo esta necesidad de la decisión, de resistir al mal, de seguir a Jesús. En este Domingo la Iglesia, tras haber oído el testimonio de los padrinos y catequistas, celebra la elección de aquellos que son admitidos a los Sacramentos Pascuales. El Segundo Domingo es llamado de Abraham y de la Transfiguración. El Bautismo es el sacramento de la fe y de la filiación divina; como Abraham, padre de los creyentes, también nosotros somos invitados a partir, a salir de nuestra tierra, a dejar las seguridades que nos hemos construido, para volver a poner nuestra confianza en Dios; la meta se entrevé en la transfiguración de Cristo, el Hijo amado, en el que también nosotros nos convertimos en “hijos de Dios”. En los domingos sucesivos se presenta el Bautismo en las imágenes del agua, de la luz y de la vida. El Tercer Domingo nos hace encontrar a la Samaritana (cfr Jn 4,5-42). Como Israel en el Éxodo, también nosotros en el Bautismo hemos recibido el agua que salva; Jesús, como dice a la Samaritana, tiene un agua de vida, que extingue toda sed; y este agua es su mismo Espíritu. La Iglesia en este Domingo celebra el primer escrutinio de los catecúmenos y durante la semana les entrega el Símbolo: la Profesión de la fe, el Credo. El Cuarto Domingo nos hace reflexionar sobre la experiencia del “ciego de nacimiento" (cfr Jn 9,1-41). En el Bautismo somos liberados de las tinieblas del mal y recibimos la luz de Cristo para vivir como hijos de la luz. También nosotros debemos aprender a ver la presencia de Dios en el rostro de Cristo y así la luz. En el camino de los catecúmenos se celebra el segundo escrutinio. Finalmente, el Quinto Domingo nos presenta la resurrección de Lázaro (cfr Jn 11,1-45). En el Bautismo hemos pasado de la muerte a la vida y somos hechos capaces de gustar a Dios, de hacer morir el hombre viejo para vivir del Espíritu del Resucitado. Para los catecúmenos, se celebra el tercer escrutinio y durante la semana se les entrega la oración del Señor, el Padrenuestro.
Este itinerario cuaresmal que somos invitados a recorrer en Cuaresma se caracteriza, en la tradición de la Iglesia, por algunas prácticas: el ayuno, la limosna y la oración. El ayuno significa la abstinencia de la comida pero comprende otras formas de privación en aras de una vida más sobria. Todo esto no constituye todavía la realidad plena del ayuno: es el signo externo de una realidad interior, de nuestro compromiso, con la ayuda de Dios, de abstenernos del mal y de vivir el Evangelio. No ayuna de verdad quien no sabe nutrirse de la Palabra de Dios.
El ayuno, en la tradición cristiana, está ligado estrechamente a la limosna. San León Magno enseñaba en uno de sus discursos sobre la Cuaresma: “Cuanto todo cristiano hace siempre, tiene ahora que practicarlo con mayor dedicación y devoción, para cumplir la norma apostólica del ayuno cuaresmal consistente en la abstinencia no sólo de la comida, sino que sobre todo abstinencia de los pecados. A este obligado y santo ayuno, no se le puede añadir obra más útil que la limosna, la que bajo el nombre único de 'misericordia' comprende muchas obras buenas. Inmenso es el campo de las obras de misericordia. No sólo los ricos y pudientes pueden beneficiar a otros con la limosna, también los de modesta o pobre condición. De esta manera, aunque desiguales en los bienes, todos pueden ser iguales en los sentimientos de piedad del alma” (Discurso 6 sobre la Cuaresma, 2: PL 54, 286). San Gregorio Magno recordaba en su Regla Pastoral, que el ayuno es santo por las virtudes que lo acompañan, sobre todo por la caridad, por cada gesto de generosidad que da a los pobres y necesitados el fruto de nuestra privación (cfr 19,10-11).
La Cuaresma, además, es un tiempo privilegiado para la oración. San Agustín dice que el ayuno y la limosna son “las dos alas de la oración”, que le permiten alcanzar mayor impulso y llegar a Dios. Este afirma: “De tal modo nuestra oración, hecha con humildad y caridad, en el ayuno y la limosna, en la templanza y el perdón de las ofensas, dando cosas buenas y no devolviendo las malas, alejándose del mal y haciendo el bien, busca la paz y la consigue. Con las alas de estas virtudes nuestra oración vuela segura y es llevada con más seguridad hasta el cielo, donde Cristo, nuestra paz, nos ha precedido” (Sermón 206, 3 sobre la Cuaresma: PL 38,1042). La Iglesia sabe que, por nuestra debilidad, es muy fatigoso hacer silencio para ponerse delante de Dios, y tomar conciencia de nuestra condición de criaturas que dependen de Él y de pecadores necesitados de su amor; por esto en Cuaresma, nos invita a una oración más fiel e intensa y a una meditación prolongada sobre la Palabra de Dios. San Juan Crisóstomo nos exhorta: “Embellece tu casa con modestia y humildad a través de la práctica de la oración . Vuelve espléndida tu casa con la luz de la justicia; adorna sus paredes con las obras buenas como si fuesen una pátina de oro puro y en lugar de muros y de piedras preciosas coloca la fe y la sobrenatural magnanimidad, poniendo sobre todas las cosas, en alto del frontón, la oración como decoración de todo el complejo. Así preparas al Señor una morada digna, así lo acoges en un espléndido palacio. Él te concederá transformar tu alma en templo de su presencia” (Homilía 6 sobre la Oración: PG64,466).
Queridos amigos, en este camino cuaresmal estemos atentos a acoger la invitación de Cristo a seguirlo de un modo más decidido y coherente, renovando la gracia y los compromisos de nuestro Bautismo, para abandonar el hombre viejo que está en nosotros y revestirnos de Cristo, para, renovados, alcanzar la Pascua y poder decir con san Pablo “no vivo yo, es Cristo que vive en mí” (Gal 2,20). ¡Buen camino cuaresmal a todos vosotros!¡Gracias!
[En español dijo]
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, México, Chile y otros países latinoamericanos. Queridos amigos, en este camino cuaresmal, os invito a acoger la invitación de Cristo a seguirlo de un modo más decidido y coherente, renovando la gracia y los compromisos bautismales, para que revistiéndoos de Cristo, podáis llegar renovados a la Pascua y decir con san Pablo "vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí" (Gal 2, 20). Deseo a todos un santa Cuaresma.
[Traducción del original italiano por Carmen Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]
Lectio divina para el martes de la segunda semana de Cuaresma 2011, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.
LECTURA: “Mateo 23, 1 12”
En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a sus discípulos, diciendo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen.
Ellos lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar.
Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y ensanchan las franjas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias por la calle y que la gente los llame maestros.
Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. No os dejéis llamar consejeros, porque uno solo es vuestro consejero, Cristo.
El primero entre vosotros será vuestro servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»
MEDITACIÓN: “No hacen lo que dicen”
No sé si es quedarme en lo negativo, pero sí que es quedarme bastante cerca de la realidad. Ése es nuestro problema, no el problema de los que nos afirmamos creyentes, sino de todos los hombres. Siempre constatamos una gran diferencia entre lo que hablamos, lo que afirmamos, y lo que hacemos a la hora de la verdad. Puede ser que nuestros deseos sean más grandes que nuestra realidad, que nuestras posibilidades o, simplemente que tratamos de engañar o de engañarnos.
Las dos posibilidades son reales y las constato, Señor, no sólo en los otros, donde me es más fácil volver mi mirada y mi crítica, sino en mí mismo, en mi propia realidad. Y desde esa experiencia me vuelve a resonar tu palabra como llamada a trabajar mi coherencia, mi autenticidad, mi propia verdad.
Lo triste es que a veces nos asomamos con resignación a esa realidad, o con inconsciencia y superficialidad. Hacemos afirmaciones y manifestamos deseos, pero son de palabra, porque luego en el día a día, nos ponemos de manifiesto el esfuerzo y la ilusión para hacerlo realidad, y así da la sensación que existen como dos personas o dos realidades diferentes que se oponen dentro de nosotros.
Tu llamada quiere invitarme a ir unificando mi vida, a ir acortando distancias entre mis palabras de buena voluntad y mis actitudes, a unir mis pedazos rotos y dispersos, apoyado en la fuerza de tu amor. Tu palabra puede sonar fuerte pero me hace bien y me empuja hacia el centro de mí y de ti. Gracias, Señor.
ORACIÓN: “Construyendo verdad”
Sí, Señor, sabes que a mí también me puedo aplicar tu palabra, tu llamada de atención. Yo también soy víctima de mis mentiras, de mis contradicciones, que me duelen y que no me dejan elevarme hacia ti ni hacia lo mejor de mí. Ayúdame a ir construyendo verdad en mi vida.
Soy consciente de que muchas veces mis quejas son falsas porque no pongo todo mi esfuerzo y mi ilusión para conseguir lo que deseo. Perdóname y sigue dejando resonar con fuerza tu voz dentro de mí para que no ceje en el empeño.
CONTEMPLACIÓN: “Humildad gozosa”
Nubes que se esfuman
empujadas por los vientos
de cualquier deseo fugaz.
Ilusiones que se pierden
en las cómodas orillas
de mis playas fáciles.
Así son mis palabras
apoyadas en el aire
de mi ingenuidad buscada.
Y pisas mi realidad
con la fuerza tenaz de tu amor
hasta envolver el mío,
empeñado en enseñarme
Reflexión de José Antonio Pagola al evangelio del domingo tercero de Cuaresma - A, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.
LA RELIGIÓN DE JESÚS
Cansado del camino, Jesús se sienta junto al manantial de Jacob, en las cercanías de la aldea de Sicar. Pronto llega una mujer samaritana a apagar su sed. Espontáneamente, Jesús comienza a hablar con ella de lo que lleva en su corazón.
En un momento de la conversación, la mujer le plantea los conflictos que enfrentan a judíos y samaritanos. Los judíos peregrinan a Jerusalén para adorar a Dios. Los samaritanos suben al monte Garizim cuya cumbre se divisa desde el pozo de Jacob. ¿Dónde hay que adorar a Dios? ¿Cuál es la verdadera religión? ¿Qué piensa el profeta de Galilea?
Jesús comienza por aclarar que el verdadero culto no depende de un lugar determinado, por muy venerable que pueda ser. El Padre del cielo no está atado a ningún lugar, no es propiedad de ninguna religión. No pertenece a ningún pueblo concreto.
No lo hemos de olvidar. Para encontrarnos con Dios, no es necesario ir a Roma o peregrinar a Jerusalén. No hace falta entrar en una capilla o visitar una catedral. Desde la cárcel más secreta, desde la sala de cuidados intensivos de un hospital, desde cualquier cocina o lugar de trabajo podemos elevar nuestro corazón hacia Dios.
Jesús no habla a la samaritana de «adorar a Dios». Su lenguaje es nuevo. Hasta por tres veces le habla de «adorar al Padre». Por eso, no es necesario subir a una montaña para acercarnos un poco a un Dios lejano, desentendido de nuestros problemas, indiferente a nuestros sufrimientos. El verdadero culto empieza por reconocer a Dios como Padre querido que nos acompaña de cerca a lo largo de nuestra vida.
Jesús le dice algo más. El Padre está buscando «verdaderos adoradores». No está esperando de sus hijos grandes ceremonias, celebraciones solemnes, inciensos y procesiones. Lo que desea es corazones sencillos que le adoren «en espíritu y en verdad».
«Adorar al Padre en espíritu» es seguir los pasos de Jesús y dejarnos conducir como él por el Espíritu del Padre que lo envía siempre hacia los últimos. Aprender a ser compasivos como es el Padre. Lo dice Jesús de manera clara: «Dios es espíritu, y quienes le adoran deben hacerlo en espíritu». Dios es amor, perdón, ternura, aliento vivificador..., y quienes lo adoran deben parecerse a él.
«Adorar al Padre en verdad» es vivir en la verdad. Volver una y otra vez a la verdad del Evangelio. Ser fieles a la verdad de Jesús sin encerrarnos en nuestras propias mentiras. Después de veinte siglos de cristianismo, ¿hemos aprendido a dar culto verdadero a Dios? ¿Somos los verdaderos adoradores que busca el Padre?
José Antonio Pagola
Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
27 de marzo de 2011
3 Cuaresma (A)
Juan 4, 5-42
Carta pastoral de monseñor Baldomero Carlos Martini, obispo de San Justo, para la Cuaresma 2011. (AICA)
Dios nos dice a cada uno: “Elige la vida y vivirás tú y tus descendientes (Dt.30,19)”
Queridos Hermanos y hermanas.
¿QUÉ ES LA CUARESMA?
La Cuaresma es un tiempo muy rico para entrar dentro nuestro y descubrir la verdad de nuestra vida. Es un momento fuerte para peregrinar hacia dentro del Corazón de Cristo que es la Verdad en persona, quien nos revela el Plan amoroso de Dios sobre nuestra vida y misión.
Él Señor, con el esplendor de su Amor hecho Cruz, nos ilumina desde lo más profundo con este llamado: “transfórmense interiormente, renovando su mentalidad, a fin de que puedan discernir cuál es la voluntan de Dios: lo que es bueno, lo que agrada, lo perfecto” ( Rm 12,1)
Es una gracia para hacer memoria de nuestro Bautismo y prepararnos para celebrar la Pascua, encontrarnos con la Vida que supera la muerte. ¡Cuántas realidades de muerte nos invaden!
El Papa Benedicto nos enseña: que “mediante el encuentro personal con Nuestro Redentor y mediante el ayuno, la limosna y la oración, vivamos, el camino de conversión hacia la Pascua, que nos lleva a redescubrir nuestro Bautismo…Este es un tiempo favorable para reconocer nuestra debilidad, acoger con sincera revisión de vida, la Gracia renovadora del Sacramento de la Penitencia y caminar con decisión hacia Cristo”.El nos anuncia el Evangelio de la Vida, como el corazón de todo su Evangelio. Mis hermanos: Esta será la Cuaresma de la Vida, para tener el coraje de superar todas las realidades de muerte, lo que mata al hombre , llamado por Dios a la Vida.
1. LA VOCACIÓN DE CADA UNO ES CONVERTIRNOS A LA VIDA
Tengan presente mi Carta Pastoral de Adviento y Navidad, donde les ofrecí un mensaje para que lo desarrollemos, ampliándolo, en la formación permanente y encarnada de cada uno, en este año dedicado a la Vida y a las Vocaciones. Hemos descubierto en el camino pastoral, desde las necesidades de la gente, que debemos centrarnos en la Palabra de Dios y en la Eucaristía para una transformación hacia dentro y empeño hacia afuera, como Iglesia en permanente estado de Misión. Invito a partir de Cristo, que es la Vida, gritar con vocación de amor y ardor, el Evangelio de la vida. Su Palabra es luz y verdad que nos hace andar como cristianos.
Nos dice el Señor: “Hoy pongo delante de ti la vida y la felicidad, la muerte y la desdicha. Pero si tu corazón se desvía y no escuchas, si te dejas arrastrar y vas a postrarte ante otros dioses para servirlos… se perderán irremediablemente… Yo he puesto delante de ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Elige la vida y vivirás tú y tus descendientes, con tal que ames al Señor, tu Dios, escuches su voz y le seas fiel.” (Dt. 30,15-20) Esta Palabra toca las fibras más íntimas de nuestro caminar cuaresmal. Un programa de vida para cada uno. Todos somos responsables de que el hombre deje de ser víctima de otros hombres, deje de ser objeto, para ser respetado como sujeto capaz de responder. Ciudadanos, capaces de construir juntos una Patria de hermanos, donde se respeten todos los valores y derechos que brotan de la dignidad de la persona humana. Concientes de que la Vida es la clave para todo lo demás.
Al comenzar esta nueva Cuaresma, con el ayuno y la imposición de las cenizas, Cristo , el Señor, nos mira con amor y nos interpela a que cambiemos el corazón y el obrar de cada día , nos dice: “El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca.¡ Conviértanse y crean en la Buena Noticia! .” Convertirnos a Jesús conlleva mirarlo todo desde su Evangelio y dejarlo entrar a Él, en nuestra vida, para que nos transformemos en instrumentos de su amor, su alegría y su paz.
2. DEJÉMONOS CAUTIVAR POR LA BELLEZA DE LA VIDA Y DE LA VOCACIÓN
La Cuaresma nos prepara para celebrar la fiesta de la Vida , que es Cristo mismo, dando su vida para que nosotros la tengamos en abundancia y la vivamos en plenitud.
En el encuentro con Cristo, que es el Camino , la Verdad y la Vida, descubrimos a un Dios que es Padre, y que da la Vida para siempre. Somos llamados a vivir como sus hijos , con una misión y un destino eterno. Dentro de este Don que hizo decir a un Padre de la Iglesia: “¡Reconoce, oh cristiano, tu dignidad!”Queremos renovarnos como hijos de Dios y hermanos de todos, para una Argentina mejor y una Iglesia más santa y misionera.
Nuestro primer llamado, es a la vida, y en estos tiempos de menosprecio por la vida, es bueno y necesario, descubrir su belleza y la vocación de aceptarla, defenderla , promoverla y cuidarla.
“Desde su nacimiento la Iglesia de Cristo entiende su misión en el mundo como una celebración, un anuncio y un servicio a la Vida. A lo largo de sus dos mil años de existencia, promovió una cultura de la vida. Lo hizo a través de las obras de ayuda a los más necesitados”… (CEA)
En la vocación de la Iglesia, al amor a todos y especialmente a los menos amados y más frágiles se nos hace patente la belleza de las Vocaciones al Sacerdocio, al Diaconado ,a la vida consagrada y laical. La Iglesia existe para evangelizar y para que nos encontremos con la Vida.
En este primer año de la Novena de años, hacia el Jubileo Diocesano estamos llamados a descubrir la belleza de la vocación especial en la vida del Pueblo de Dios. Todos somos responsables de una pastoral vocacional que nos ayude a vivir la de cada uno. En la Cuaresma profundizamos la Vocación común a ser cristianos, a vivir con alegría la renovación bautismal y como Comunidad de fe, hacer todo lo necesario para que no nos falten los obreros de la Mies y de la Viña del Señor. Cristo necesita hombres, para hacerse presente como Pascua en el Altar y en el anuncio de su Palabra . Sin sacerdotes nos quedamos sin el Pan de la Vida y sin el Pan vivo bajado del cielo y entregado para la Vida del mundo (Jn 6).
3. PREPARÉMONOS PARA QUE LA PASCUA SEA UNA FIESTA DE LA VIDA
Acerquémonos cada Domingo para encontrarnos con Cristo que nos espera con la Mesa servida de su Palabra, de la cual todos podemos alimentarnos. La Belleza de la Palabra nos ayuda a entrar en la Belleza de la Oración y con ambas, podemos abrazarnos a la belleza de la Cruz, donde brotan sangre y agua, símbolos de la Vida para que realicemos los gestos del Amor más grande, que se hacen Ofrenda entregada, nos dan su Presencia y así tengamos vida eterna.
Abrámonos a Cristo viviente, que quiere hacer con su Pascua, una fiesta en lo profundo del corazón de cada hombre y mujer y mirar especialmente a los jóvenes para que lo encuentren y descubran su llamado a la vida y a la vocación al sacerdocio dando sus vidas por amor.
Con un corazón nuevo, podemos hacer un mundo mejor y se cumpla lo que pidió Pablo VI en la Naciones Unidas hace mucho tiempo: Que en el mundo, como un pan para todos, hagamos que en la mesa de la vida se repartan mejor los bienes y no se eliminen a los comensales.
“En el marco del Año por la vida, celebremos esta Cuaresma y dentro de ella el Día del Niño por nacer, pidiendo al Espíritu Santo, Dador de Vida, la fuerza necesaria para transformar la realidad y que
Alocución televisiva de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata en el programa “Claves para un mundo mejor” (5 de marzo de 2011). (AICA)
2011 EL AÑO DE LA VIDA: NO TENER MIEDO DE PROCLAMAR LA VERDAD
La Conferencia Episcopal Argentina ha señalado el año 2011 como “Año de la Vida”, es decir un periodo particularmente dedicado a profundizar en nuestra conciencia acerca de la dignidad y el valor de la vida humana en toda circunstancia desde la concepción hasta la muerte natural.
Esto significa que no solamente debemos proclamar el valor de la vida sino que también debemos señalar los peligros que la acechan y los delitos que pueden cometerse contra ella.
Es una tradición del pensamiento cristiano que no solamente hay que exponer la verdad también hay que identificar y refutar los errores. Por eso hablando de la vida tenemos que pensar también como se ha ido eclipsando el sentido auténtico de la vida humana.
Lo ha señalado nuevamente el Papa Benedicto XVI, el 26 de febrero pasado, en un discurso a la Asamblea Plenaria de la Pontificia Academia de la Vida.
Es necesario, entonces, tener una clara conciencia de lo que significa el aborto, la eutanasia, la desnutrición infantil, la miseria en la que se ven hundidas tantas familias, las condiciones serviles de trabajo, el abandono y la angustia de la mujer embarazada que ha quedado sola, y tantas otras circunstancias terribles que amenazan la vida o vulneran la dignidad de la persona humana.
Hoy quisiera decirles algo hoy acerca del aborto porque pareciera que no es “políticamente correcto” usar este nombre y señalar la gravedad de su malicia. Algunos piensan que deberíamos buscar otros modos de comunicar que sean más simpáticos; menos chocantes, presuntamente más positivos.
Por eso, me parece oportuno recordar lo que el Magisterio de la Iglesia enseña constantemente, y citar un pasaje de la Encíclica “El Evangelio de la Vida”, que Juan Pablo II publicó en 1995. Van a cumplirse 16 años el próximo 25 de marzo, solemnidad de la Encarnación del Señor y “Día del Niño por nacer”.
Dice el texto: “Entre todos los delitos que el hombre puede cometer contra la vida el aborto procurado presenta características que lo hacen particularmente grave e ignominioso. El Concilio Vaticano II lo define junto con el infanticidio como crímenes nefandos.
Hoy, sin embargo –sigue diciendo Juan Pablo II-, la percepción de su gravedad se ha ido debilitando progresivamente en la conciencia de muchos. La aceptación del aborto en la mentalidad, en las costumbres y en la misma ley es señal evidente de una peligrosísima crisis del sentido moral que es cada vez más incapaz de distinguir entre el bien y el mal, incluso cuando está en juego el derecho fundamental a la vida.
Ante una situación tan grave se requiere más que nunca el valor de mirar de frente a la verdad y de llamar a las cosas por su nombre sin ceder a compromisos de conveniencia o a la tentación de autoengaño. A este propósito resuena categórico el reproche del Profeta: “ay los que llaman al mal bien y al bien mal, que dan oscuridad por luz y luz por oscuridad!”.
Precisamente en el caso del aborto se percibe la difusión de una terminología ambigua como la de “interrupción del embarazo” que tiende a ocultar su verdadera naturaleza y a atenuar su gravedad en la opinión pública. Quizás este mismo fenómeno lingüístico sea síntoma de un malestar de las conciencias pero ninguna palabra puede cambiar la realidad de las cosas. El aborto procurado es la eliminación deliberada y directa, como quiera que se realice, de un ser humano en la fase inicial de su existencia, que va de la concepción al nacimiento (Evangelium Vital, 58).
¡Llamar a las cosas por su nombre!, dice el Papa. Es el lenguaje del Evangelio. Cuando es sí, decir sí, y cuando es no, decir no.
Así nos enseñó Jesús. Así ha procedido la Iglesia siempre, sobre todo respecto de esas realidades fundamentales, como los valores no negociables que enumeró Benedicto XVI, el primero de los cuales es el respeto y la defensa de la vida humana desde su concepción hasta su fin natural. Podemos decir que la verdad natural y cristiana sobre la vida es como un vino exquisito y no hay que rebajarlo con soda…
Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata
ZENIT nos ofrece el Mensaje a los Sacerdotes para la Cuaresma 2011 del cardenal Mauro Piacenza, prefecto de la Congregación para el Clero, que ha sido hecho público hoy en español.
MENSAJE A LOS SACERDOTES
Cuaresma 2011
S. Em. R. el Cardenal Mauro Piacenza
Prefecto de la Congregación para el Clero
Queridos hermanos en el Sacerdocio,
El tiempo de gracia, que se nos ofrece para vivirlo juntos, nos llama a una conversión renovada, así como siempre nuevo es el Regalo del Sacerdocio ministerial, a través del cual, el Señor Jesús se hace presente en nuestras vidas y, por medio de ellas, en la vida de todos los hombres.
Conversión, para nosotros Sacerdotes, significa sobre todo conformar cada vez más nuestra vida a la predicación, que cotidianamente podemos ofrecer a nuestros fieles, si de tal modo nos transformamos en “fragmentos” del Evangelio viviente, que todos puedan leer y acoger.
Fundamento de una tal actitud es, sin duda, la conversión a la propia identidad: ¡debemos convertirnos en aquello que somos! La identidad, recibida sacramentalmente y acogida por nuestra humanidad herida, nos pide la progresiva conformación de nuestro corazón, de nuestra mente, de nuestras actitudes, de todo cuanto somos a la imagen de Cristo Buen Pastor, que ha sido impresa sacramentalmente en nosotros.
Tenemos que entrar en los Misterios que celebramos, especialmente en la Santísima Eucaristía, y dejarnos plasmar por ellos; ¡Es en la Eucaristía que el Sacerdote redescubre la propia identidad! Es en la celebración de los Divinos Misterios donde se puede descubrir el “como” ser pastores y el “qué cosa” sea necesario hacer, para serlo verdaderamente al servicio de los hermanos.
Un mundo descristianizado necesita de una nueva evangelización, pero una nueva evangelización exige Sacerdotes “nuevos”, pero no en el sentido del impulso superficial de una efímera moda pasajera, sino con un corazón profundamente renovado por cada Santa Misa; renovado según la medida del amor del Sagrado Corazón de Jesús, Sacerdote y Buen Pastor.
Particularmente urgente es la conversión del ruido al silencio, de la preocupación por el “hacer” al “estar” con Jesús, participando cada vez más conscientemente de Su ser. ¡Cada acción pastoral tiene que ser siempre eco y dilatación de lo que el Sacerdote es!
Tenemos que convertirnos a la comunión, redescubriendo lo que realmente significa: comunión con Dios y con la Iglesia, y, en ella, con los hermanos. La comunión eclesial se caracteriza fundamentalmente por la conciencia renovada y experimentada de vivir y anunciar la misma Doctrina, la misma Tradición, la misma historia de santidad y, por lo tanto, la misma Iglesia. Estamos llamados a vivir la Cuaresma con un profundo sentido eclesial, redescubriendo la belleza de estar en una comunidad en éxodo, que incluye a todo el Orden sacerdotal y a toda nuestra gente, que mira a los propios Pastores como a un modelo de segura referencia y espera de ellos un renovado y luminoso testimonio.
Tenemos que convertirnos a la participación cotidiana del Sacrificio de Cristo sobre la Cruz. Así como Él dijo y realizó perfectamente aquella sustitución vicaría, que ha hecho posible y eficaz nuestra Salvación, así cada sacerdote, alter Christus, es llamado, como los grandes santos, a vivir en primera persona el misterio de tal sustitución, al servicio de los hermanos, sobre todo en la fiel celebración del Sacramento de la Reconciliación, buscándolo para sí mismos y ofreciéndolo generosamente a los hermanos, juntamente con la dirección espiritual, y con la oferta cotidiana de la propia vida en reparación por los pecados del mundo. Sacerdotes serenamente penitentes delante del Santísimo Sacramento, que capaces de llevar la luz de la sabiduría evangélica y eclesial en las circunstancias contemporáneas, que parecen desafiar nuestra fe, se vuelvan en realidad auténticos profetas, capaces, a su vez, de lanzar al mundo el único desafío auténtico: el desafío del Evangelio, que llama a la conversión.
A veces, la fatiga es verdaderamente grande y experimentamos ser pocos, con respecto a las necesidades de la Iglesia. Pero, si no nos convertimos, seremos cada vez menos, porque sólo un sacerdote renovado, convertido, “nuevo” se convierte en instrumento eficaz, a través del cual, el Espíritu llama a nuevos sacerdotes.
Confiamos este camino cuaresmal, a la Bienaventurada Virgen María, Reina de los Apóstoles, suplicando a la Divina Misericordia, que sobre el modelo de la Madre celeste, nuestro corazón sacerdotal se vuelva también “Refugium peccatorum”.
Homilía de monseñor Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia, para la homilía del 9° domingo durante el año (6 marzo 2011). (AICA)
EDIFICAR SOBRE LA ROCA
Mt 7,21-27
1. Hoy concluimos la lectura del Sermón de la Montaña, que venimos haciendo desde hace seis domingos. Del capítulo 7 de San Mateo leemos los versículos 21-27. La enseñanza de los restantes versículos la escuchamos en buena medida el año pasado, cuando leímos San Lucas (domingos 7º y 8º). Sin embargo, conviene tener presente todo el capítulo 7, para tener completa la figura del discípulo, hijo de Dios Padre, propuesta a lo largo del Sermón: a) ser benévolo al juzgar al hermano (vv. 1-5); b) respetar las cosas sagradas (v.6); c) orar al Padre con espíritu filial (vv. 7-11); d) entrar por la puerta estrecha del bien (vv. 13-14); e) cuidarse de los falsos profetas (vv. 15-20).
I. “NO SON LOS QUE ME DICEN: ‘SEÑOR, SEÑOR…
“SINO LOS QUE CUMPLEN LA VOLUNTAD DE MI PADRE”
2. A continuación viene el párrafo mencionado, que cierra perfectamente el Sermón, poniendo una vez más al discípulo en relación íntima con Dios Padre: “No son los que me dicen: ‘Señor, Señor’, los que entrarán en el Reino de los Cielos, sino los que cumplen la voluntad de mi Padre que está en el cielo” (Mt 7,21).
El discípulo de Jesús, que desde el comienzo del Sermón fue descrito como luz del mundo, cuyas obras han de brillar ante los hombres “a fin de que ellos glorifiquen al Padre que está en cielo” (Mt 5,16): cumple la voluntad del Padre. Para ello ha de poner en práctica la enseñanza de Jesús.
No basta conocerla con la mente. O confesarla con los labios. Es preciso llevarla a la práctica. Sin ello, la invocación de Dios en la liturgia se vuelve formalismo vacío. Es lo que sucedió con muchos hombres religiosos en tiempos de Jesús. Por ello les echó en cara: “¡Hipócritas! Bien profetizó de ustedes Isaías, cuando dijo: ‘Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinden culto: las doctrinas que enseñan no son sino preceptos humanos’” (Mt 15,7-9).
Nada más contrario al Evangelio que conocerlo y no vivirlo. Esto hace que no se lo entienda cabalmente. Incluso, el hecho de estar metido en cosas religiosas sin vivirlas de corazón, embota la mente y la incapacita para entenderlas de veras. Como dice Jesús: “Miran y no ven, oyen y no escuchan ni entienden… El corazón de este pueblo se ha endurecido, tienen tapados sus oídos y han cerrado sus ojos’” (Mt 13,13-15).
3. Jesús insiste sobre la necesidad de poner en práctica su palabra, y nos previene de no escudarnos en actividades religiosas, que también pueden ser hechas sin su espíritu: “Muchos me dirán en aquel día: ‘Señor, Señor, ¿acaso no profetizamos en tu Nombre? ¿No expulsamos a los demonios e hicimos muchos milagros en tu Nombre?’. Entonces yo les manifestaré: ‘Jamás los conocí; apártense de mí, ustedes, los que hacen el mal’” (Mt 7,22-23).
II. ANUNCIAR A JESÚS VIVO, ¿O COMO UN PEDAZO DE MADERA?
4. A la luz de la severa amonestación de Jesús, conviene que nos preguntemos sobre el apostolado que realizamos en la Iglesia, tan variado, fatigoso, y, muchas veces, tan estéril. Si bien la esterilidad puede provenir del rechazo del hombre moderno a la palabra de Dios, hemos de preguntarnos con humildad si no se debería también a que en la Iglesia estaríamos padeciendo el mismo drama que vivía la religión judía en tiempos de Jesús. Una religión para la cual Dios era una cosa, sublime, pero cosa al fin. Nos fatigamos hablando de religión, pero no mostramos con nuestro testimonio que Cristo puede cambiar nuestra vida. No se trata de hacer un sermón en toda clase de teología o de religión. Pero la teología y religión que se imparte, como también la catequesis y la predicación, deben mostrar el potencial transformador que tiene el Evangelio de Jesús. Refiriéndose a esta situación, una religiosa me comentaba: “Me enviaron a Italia a estudiar ciencias religiosas. Venían eminentes profesores. Pero muchos hablaban de Jesús como si fuese un trozo de madera, con el que no sabía qué hacer. Por fortuna, descubrí otro instituto, y se me abrió el cielo, porque el Jesús del que me hablaban era un Jesús creído y amado, al que valía la pena servir”.
III. “EL QUE ESCUCHA MIS PALABRAS Y NO LAS PRACTICA,
PUEDE COMPARARSE A UN HOMBRE INSENSATO”
5. El Sermón de la Montaña termina con la parábola de dos hombres: uno sensato y otro insensato. El primero, que practica la palabra de Jesús, construyó su casa sobre roca. El segundo, que no la practica, la construyó sobre arena. Cuando vino la tormenta, la primera quedó incólume. Con la segunda, en cambio, “su ruina fue grande” (vv. 24-27).
6. Jesús nos da su palabra para practicarla. Él no enseña nada sólo para acrecentar nuestros conocimientos religiosos. Si en el Sermón de la Montaña enseña que Dios es nuestro Padre, es para que nos comportemos como hijos suyos, y, consecuentemente, como hermanos de todos los hombres. De allí que la exhortación a practicar la Palabra esté siempre presente en la catequesis de los Apóstoles: “Pongan en práctica la Palabra y no se contenten sólo con oírla, de manera que se engañen a ustedes mismos. El que oye la Palabra y no la practica, se parece a un hombre que se mira en el espejo, pero enseguida se va y se olvida cómo es” (St 1,22-24).
Mons. Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia
ZENIT nos ofrece el texto de la lectio divina que el Papa Benedicto XVI celebró la tarde del viernes 4 de marzo de 2011 con los miembros del Seminario Mayor de Roma y todos los seminaristas diocesanos, con motivo de la celebración de la fiesta de Nuestra Señora de la Confianza. El texto de la lectio fue Ef 4,3.
Queridos hermanos y hermanas,
estoy muy feliz de estar, al menos una vez al año, aquí con mis seminaristas, con los jóvenes que están en camino hacia el sacerdocio y que serán el futuro presbiterio de Roma. Estoy contento de que esto suceda cada año en el día de la Virgen de la Confianza, de la Madre que nos acompaña con su amor día tras día y nos da la confianza de ir hacia Cristo. "En la unidad del Espíritu” es el tema que guía vuestras reflexiones durante este año formativo. Es una expresión que se encuentra precisamente en el pasaje de la Carta a los Efesios que se nos ha propuesto, allí donde san Pablo exhorta a los miembros de esa comunidad a "conservar la unidad del espíritu" (4,3). Este texto abre la segunda parte de la Carta a los Efesios, la llamada parte parenética, exhortativa y que comienza con la palabra parakalo, "os exhorto". Pero es la misma palabra que está también en el término Paraklitos, por tanto es una exhortación en la luz, en la fuerza del Espíritu Santo. La exhortación del Apóstol se basa en el misterio de salvación, que había presentado en los primeros tres capítulos. De hecho, nuestra cita comienza con las palabras “por tanto”: “Yo, por tanto, … os exhorto..." (v. 1). El comportamiento de los cristianos es la consecuencia del don, la realización de cuanto se nos da cada día. Y, sin embargo, si es simplemente realización del don que se nos ha dado, no se trata de un efecto automático, porque con Dios estamos siempre en la realidad de la libertad y por ello – pues la respuesta, también la realización del don, es libertad – el Apóstol debe recordarlo, no puede darlo por descontado. El Bautismo, lo sabemos, no produce automáticamente una vida coherente: ésta es fruto de la voluntad y del compromiso perseverante de colaborar con el don, con la Gracia recibida. Y este compromiso cuesta, hay un precio que pagar en persona. Quizás por ello san Pablo hace referencia precisamente aquí a su actual condición: "Yo, que estoy preso por el Señor, los exhorto …" (ibid.). Seguir a Cristo significa compartir su Pasión, su Cruz, seguirlo hasta el final, y esta participación en la suerte del Maestro nos une profundamente a Él y refuerza la autoridad de la exhortación del Apóstol.
Ahora entramos en el centro de nuestra meditación, encontramos una palabra que nos afecta de modo particular: la palabra “llamada”, “vocación”. San Pablo escribe: “comportaos de una manera digna de la vocación, de la klesis, que habéis recibido” (ibid.). Y la repetirá poco después, afirmando que "…una misma esperanza a la que habéis sido llamados, de acuerdo con la vocación recibida" (v. 4). Aquí, en este caso, se trata de la vocación común a todos los cristianos, es decir, de la vocación bautismal: la llamada a ser de Cristo y a vivir en Él, en su cuerpo. Dentro de esta palabra está inscrita una experiencia, resuena el eco de la experiencia de los primeros discípulos, la que conocemos por los Evangelios: cuando Jesús pasó por la orilla del lago de Galilea, y llamó a Simón y Andrés, y después Santiago y Juan (cfr Mc 1,16-20). Y antes aún, junto al río Jordán, después del bautismo, cuando dándose cuenta de que Andrés y el otro discípulo lo seguían, les dijo: “Venid y veréis” (Jn 1,39). La vida cristiana comienza con una llamada y queda siempre una respuesta, hasta el final. Y esto tanto en la dimensión del creer como en la del actuar: tanto la fe como el comportamiento del cristiano son correspondencia a la gracia de la vocación.
He hablado de la llamada de los primeros apóstoles, pero pensamos con la palabra “llamada” sobre todo el la Madre de toda llamada, en María Santísima, la elegida, la Llamada por excelencia. El icono de la Anunciación a María representa mucho más que ese particular episodio evangélico, por otro lado fundamental: contiene todo el misterio de María, toda su historia, su ser, y al mismo tiempo habla de la Iglesia, de su esencia para siempre; como también de cada creyente en Cristo, de cada alma cristiana llamada.
En este punto debemos tener presente que no hablamos de personas del pasado. Dios, el Señor, nos ha llamado a cada uno de nosotros, cada uno es llamado por su nombre. Dios es tan grande que tiene tiempo para cada uno de nosotros, me conoce, nos conoce a cada uno por el nombre, personalmente. Es una llamada personal a cada uno de nosotros. Pienso que debemos meditar varias veces este misterio: Dios, el Señor, me ha llamado a mí, me llama, me conoce, espera mi respuesta como esperaba la respuesta de María, esperaba la respuesta de los Apóstoles. Dios me llama: este hecho debería hacernos estar atentos a la voz de Dios, atentos a su Palabra, a su llamada hacia mí, para responder, para realizar esta parte de la historia de la salvación para la que me ha llamado. En este texto, además, san Pablo nos indica algún elemento concreto de esta respuesta con cuatro palabras: “humildad”, “dulzura”, “magnanimidad”, “soportándoos mutuamente por amor”. Quizás podamos meditar brevemente estas palabras en las que se expresa el camino cristiano. Volveremos al final, una vez más, sobre esto.
"Humildad": la palabra griega es tapeinophrosyne, la misma palabra que san Pablo usa en la Carta a los Filipenses cuando habla del Señor, que era Dios y se humilló, se hizo tapeinos, descendió hasta hacerse criatura, hasta hacerse hombre, hasta la obediencia de la Cruz (cfr Fil 2,7-8). Humildad, por tanto, no es una palabra cualquiera, una como modestia, algo... sino que es una palabra cristológica. Imitar al Dios que desciende hasta mí, que es tan grande que se hace mi amigo, sufre por mí, ha muerto por mí. Esta es la humildad que hay que aprender, la humildad de Dios. Quiere decir que debemos vernos siempre en la luz de Dios; así, al mismo tiempo, podemos conocer la grandeza de ser una persona amada por Dios, pero también nuestra pequeñez, nuestra pobreza, y así comportarnos justamente, no como amos, sino como siervos. Como dice san Pablo: “No pretendemos imponer nuestro dominio sobre vuestra fe, lo que queremos es aumentar vuestro gozo" (2Cor 1,24). Ser sacerdote, aún más que ser cristiano, implica esta humildad.
"Dulzura": en el texto griego aquí está la palabra praütes, la misma palabra que aparece en las Bienaventuranzas: “Bienaventurados los mansos porque ellos heredarán la tierra" (Mt 5,5,). Y en el libro de los Números, el cuarto libro de Moisés, encontramos la afirmación de que Moisés era el hombre más manso del mundo (cfr 12,3) y, en este sentido, era una prefiguración Cristo, de Jesús, que dice de sí mismo: “Yo soy manso y humilde de corazón" (Mt 11,29). También esta palabra, por tanto, “manso”, “dulzura”, es una palabra cristológica e implica de nuevo esta imitación de Cristo. Porque en el Bautismo somos conformados a Cristo, por tanto debemos conformarnos a Cristo, encontrar este espíritu del ser mansos, sin violencia, de convencer con el amor y con la bondad.
"Magnanimidad", makrothymia significa la generosidad del corazón, no ser minimalistas que dan sólo lo que es estrictamente necesario: démonos a nosotros mismos con todo lo que podemos, y crezcamos también nosotros en la magnanimidad.
“Soportándoos en el amor”: es una tarea de cada día soportare unos a otros en la propia alteridad, y precisamente soportándonos con humildad, aprender el verdadero amor.
Y ahora demos un paso adelante. Después de esta palabra de la llamada, sigue la dimensión eclesial. Hemos hablado ahora de la vocación como de una llamada muy personal: Dios me llama, me conoce, espera mi respuesta personal. Pero, al mismo tiempo, la llamada de Dios es una llamada en comunidad, es una llamada eclesial, Dios nos llama en una comunidad. Es verdad que en este pasaje que estamos meditando no está la palabra ekklesia, la palabra “Iglesia”, pero aparece mucho más la realidad. San Pablo habla de un Espíritu y de un cuerpo. El Espíritu se crea el cuerpo y nos une como un único cuerpo. Y después habla de la unidad, habla de la cadena del ser, del vínculo de la paz. Y con esta palabra nos indica la palabra “prisionero” del principio: es siempre la misma palabra, “yo estoy encadenado”, “cadenas te retendrán”, pero detrás está la gran cadena invisible, liberadora del amor. Nosotros estamos en este vínculo de la paz que es la Iglesia, el vínculo más grande que nos une con Cristo. Quizás debemos también meditar personalmente sobre este punto: somos llamados personalmente, pero somos llamados en un cuerpo. Y esto no es algo abstracto, sino muy real.
En este momento, el Seminario es el cuerpo en el que se realiza concretamente el estar en un camino común. Después estará la parroquia: aceptar, soportar, animar a toda la parroquia, a las personas, las simpáticas y las no simpáticas, insertarse en este cuerpo. Cuerpo: la Iglesia es cuerpo, por tanto tiene estructuras, tiene realmente un derecho y a veces no es tan sencillo insertarse. Cierto, queremos la relación personal con Dios, pero a menudo el cuerpo no nos gusta. Pero precisamente así estamos en comunión con Cristo: aceptando esta corporeidad de su Iglesia, del Espíritu, que se encarna en el cuerpo.
Y por otra parte, a menudo quizás sintamos el problema, la dificultad de esta comunidad, comenzando por la comunidad concreta del Seminario hasta la gran comunidad de la Iglesia, con sus instituciones. Debemos también tener presente que es muy bonito estar en una compañía, caminar en una gran compañía de todos los siglos, tener amigos en el Cielo y en la tierra, y sentir la belleza de este cuerpo, ser felices de que el Señor nos haya llamado en un cuerpo y nos haya dado amigos en todos los lugares del mundo.
He dicho que no está aquí la palabra ekklesia, pero está la palabra “cuerpo”, la palabra “espíritu”, la palabra “vínculo” y siete veces, en este pequeño pasaje, vuelve la palabra “uno”. Así sentimos cómo el Apóstol lleva en el corazón la unidad de la Iglesia. Y acaba con una “escala de unidad” hasta la Unidad: Uno es Dios, el Dios de todos. Dios es Uno y la unicidad de Dios se expresa en nuestra comunión, porque Dios es el Padre, el Creador de todos nosotros y por ello todos somos hermanos, todos somos un cuerpo y la unidad de Dios es la condición, es la creación también de la fraternidad humana, de la paz. Por tanto meditemos también este misterio de la unidad y de la importancia de buscar siempre la unidad en la comunión del único Cristo, del único Dios.
Ahora podemos dar un nuevo paso adelante. Si nos preguntamos cuál es el sentido profundo de este uso de la palabra “llamada”, vemos que ésta es una de las puertas que se abren sobre el misterio trinitario. Hasta hora hemos hablado del misterio de la Iglesia, del único Dios, pero aparece también el misterio trinitario. Jesús es el mediador de la llamada del Padre que tiene lugar en el Espíritu Santo. La vocación cristiana no puede tener sino una forma trinitaria, tanto a nivel de cada persona, como al nivel de la comunidad eclesial. El misterio de la Iglesia está totalmente animado por el dinamismo del Espíritu Santo, que es un dinamismo vocacional en sentido amplio y perenne, a partir de Abraham, el primero que escuchó la llamada de Dios y respondió con la fe y con la acción (cfr Gen 12,1-3); hasta el “aquí estoy” de María, reflejo perfecto del del Hijo de Dios, en el momento en que acoge del Padre la llamada a venir al mundo (cfr Hb 10,5-7). Así, en el “corazón” de la Iglesia – como diría santa Teresita del Niño Jesús – la llamada de cada cristiano es un misterio trinitario: el misterio del encuentro con Jesús, con la Palabra hecha carne, mediante la cual Dios Padre nos llama a la comunión con Él y para ello nos quiere dar su Santo Espíritu, y es precisamente gracias al Espíritu como nosotros podemos responder a Jesús y al Padre de forma auténtica, dentro de una relación real, filial. Sin el soplo del Espíritu Santo, la vocación cristiana sencillamente no se explica, pierde su linfa vital.
Y finalmente el último pasaje. La forma de la unidad según el Espíritu requiere, como había dicho, la imitación de Jesús, la conformación a Él en la concreción de sus comportamientos. Escribe el Apóstol, como hemos meditado: “Con mucha humildad, mansedumbre y paciencia, soportaos mutuamente por amor”, y después añade que la unidad del Espíritu debe conservarse “mediante el vínculo de la paz” (Ef 4,2-3).
La unidad de la Iglesia no se da por un “molde” impuesto desde fuera, sino que es el fruto de una concordia, de un empeño común de comportarse como Jesús, por medio de su Espíritu. Hay un comentario de san Juan Crisóstomo a este pasaje que es muy bello. Crisóstomo comenta la imagen del “vínculo”, el “vínculo de la paz”, y dice: “Es bello este vínculo, con el que nos ligamos tanto unos con otros como con Dios. No es una cadena que hiere. No da calambres en las manos, las deja libres, les da un espacio amplio y una valentía más grande" (Homilías sobre la Epístola a los Efesios 9, 4, 1-3). Encontramos aquí la paradoja evangélica: el amor cristiano es un vínculo, como hemos dicho, ¡pero un vínculo que libera! La imagen del vínculo, como os he dicho, nos vuelve a llevar a la situación de san Pablo, que está “prisionero”, está “en vínculo”. El Apóstol está en cadenas por causa del Señor, como Jesús mismo se hizo esclavo para liberarnos. Para conservar la unidad del espíritu hay que improntar el propio comportamiento a esta humildad, dulzura y magnanimidad de la que Jesús dio testimonio en su pasión: es necesario tener las manos y el corazón atados por ese vínculo de amor que Él mismo aceptó por nosotros, haciéndose nuestro siervo. Éste es el “vínculo de la paz”. Y dice también san Juan Crisóstomo, en el mismo comentario: “Ligaos a vuestros hermanos, quienes están así ligados juntos en el amor soportan todo con facilidad… Así quiere él que estemos ligados unos a otros, no sólo para estar en paz, no sólo para ser amigos, sino para ser todos uno, una sola alma” (ibid.).
El texto paulino, del que hemos meditado algunos elementos, es muy rico. He podido traeros sólo algunos esbozos, que confío a vuestra meditación. Y oremos a la Virgen María, Nuestra Señora de la Confianza, para que nos ayude a caminar con alegría en la unidad del Espíritu. ¡Gracias!.
[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana
Lectio divina para el lunes de la segunda semana de Cuaresma 2011, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.
LECTURA: “Lucas 6, 36‑38”
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que uséis, la usarán con vosotros.»
MEDITACIÓN: “Perdonad”
Son muchas llamadas las que nos haces y cualquiera de ellas tenemos que cuidarlas y potenciarlas. Si hoy me quedo con esta, Señor, es porque tal vez es la que encarna mejor la globalidad de este tiempo y porque es donde se apoya tu mensaje, el núcleo del anuncio de tu venida.
Tú, Señor, has venido a anunciarnos el amor de Dios, amor que se ha plasmado en su perdón. Aún siendo nosotros pecadores envió a su Hijo, nos dice tu apóstol Juan. Y esa fue tu última petición por nosotros. Y es que en esa palabra, en su contenido, está el secreto de nuestras relaciones humanas. Mientras los hombres no aprendamos a perdonarnos no lograremos pasar por encima de rencores, divisiones, enfrentamientos, incomprensiones y luchas.
Siempre que hacemos referencia a esta actitud señalamos su dificultad y, ciertamente, en muchas situaciones lo es. No nos dijiste que nada de tu mensaje fuese fácil, pero la facilidad o la dificultad de las cosas no debe suponer el rechazo a entrar en ellas e intentar integrarlas en nuestra vida; sobre todo, cuando somos capaces de reconocer que en ellas están las soluciones a muchos sufrimientos que nos generamos.
Por eso, tal vez para comenzar, sea bueno reconocerme amado y perdonado por ti, y descubrir que es tu perdón el que me permite caminar, avanzar, levantarme una y otra vez, y seguir apostando porque algo nuevo se ponga en marcha, surja, nazca en mi interior. Desde esa experiencia que me permite crecer entiendo tu llamada y reconozco la importancia de tu llamada, de tu reto, de tu perdón y del mío
ORACIÓN: “Crecer y avanzar”
Señor, experimento tu perdón constante, y es él quien me permite, en medio de las experiencias de mis fracasos, seguir luchando. Gracias, Señor, por tantas oportunidades. Gracias porque tú eres el primero empeñado en ayudarme a crecer y avanzar. Gracias porque sigues confiando en mí, como nadie lo hace. Gracias, Señor.
Y perdona, sigue perdonando mis torpezas, mis miedos, mis cobardías, mis comodidades, mis impotencias e incongruencias; y, no permites que me falte nunca la cercanía y la fuerza de tu palabra que me interpela, me cuestiona, me llama, me hiere y me sana.
CONTEMPLACIÓN: “Mi fuerza sanadora”
Has pasado por mi vida
dejando los destellos
continuos de tu perdón.
Mientras sentía las heridas
de mis dolorosas distancias
que no me alejaban de ti,
eras tú mi fuerza sanadora.
Y en ese milagro de tu amor
camino tras tus huellas
siempre herido
Lectio divina para el segundo domingo de Cuaresma - A, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.
LECTURA: “Mateo 17, 1‑9”
En aquel tiempo, Jesús tomo consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta.
Se transfiguró delante de ellos y su rostro resplandecía como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.
Pedro, entonces tomó la palabra y dijo a Jesús: Señor, ¡qué hermoso es estar aquí! Si quieres, haré tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: “Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadle”.
Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y tocándolos les dijo: Levantaos, no temáis. Al alzar los ojos no vieron a nadie más que a Jesús, solo.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos.
MEDITACIÓN: “Levantaos, no temáis”
La Palabra nos pone hoy de manifiesto, cuando ya nos vamos adentrando en este tiempo, hacia dónde nos conduce. La cuaresma no tiene valor en sí misma si no es en referencia a la Pascua. Desde esa perspectiva hacia a la que caminamos tiene sentido su llamada a la conversión, a mirar al Dios que nos espera y dirige nuestros pasos por el camino que nos lleva hacia él. Tenemos una meta que es plenitud y consumación de nuestra vida, y que nos queda prefigurada en esta transfiguración: Esa meta no elimina el camino complejo y, a veces duro, que tenemos que atravesar, pero le da sentido y fuerza para afrontarlo.
Desde ahí nos resuenan esas palabras que dirigiste a tus tres discípulos absortos, desbordados y temerosos ante un misterio que les sobrepasa, porque todo lo que nos desborda nos asusta o nos inquieta. Una palabra que nos invita a adentrarnos en ese camino real de tu seguimiento, con su dolor y con su esperanza.
Sabes perfectamente, Señor, todas las sensaciones, todas las realidades en las que estamos inmersos y que nos asedian. Cómo tu palabra de vida y tu oferta de salvación nos estimula, pero la acogemos condicionados. El marco en el que nos movemos nos exige la fuerza de la coherencia, y en muchos momentos esa fuerza se nos debilita.
Por eso, como aquellos discípulos necesitamos vislumbrar tu gloria y nuestra gloria. Necesitamos escuchar tu llamada a no dejarnos aplastar y a vivir nuestra opción por ti con toda dignidad, levantados, y no doblegados por quienes no piensan o incluso nos rechazan abiertamente. Necesitamos escuchar tu “no temáis” a nadie, ni al rechazo de los hombres y, mucho menos, a la voz del Dios liberador que desde lo más profundo de nosotros nos impulsa a escucharte, a optar contigo y por ti en la tarea de construir un mundo donde el amor sea el punto de partida y la meta. La historia, tu misma vida, nos habla de que no es tarea fácil, pero me ofreces y me esperas en este tiempo para afianzarme en tu seguimiento.
ORACIÓN: “Apoyarme en ti”
Señor, en medio de mis incertidumbres y de mis deseos necesito apoyarme en ti. Nadie como tú me ofrece unas palabras de vida y de esperanza como las tuyas. Nadie me habla de mi dignidad como tú lo haces. Que sienta la certeza de tu cercanía pero que aferrado en ti no haga dejación de mis gestos de bien.
Tus palabras siguen siendo para mí palabras de vida, que no sólo las acoja sino que sepa también ofrecerlas a quienes caminan a mi lado.
CONTEMPLAR: “Tu luz definitiva”
Vislumbro en mi interior
tu voz que me habla
y tu luz que me ilumina.
Experimento tu certeza
que contrasta con tantas voces
que desde fuera y desde dentro
me quieren doblegar
y me tambalean,
dejándome en la superficie
de mi ser y de mi existir.
Pero a tu lado retomo cada día
el camino de la vida,
en el que sé que me esperas
y por el que me guías,
hasta entrar en tu luz definitiva.
Carta de monseñor Aurelio José Kühn Ofm, obispo prelado de Deán Funes para la Cuaresma 2011. (AICA)
Hermanos sacerdotes y fieles, PAZ Y BIEN.
El próximo 9 de marzo, miércoles de ceniza, iniciaremos el camino cuaresmal de preparación a la Pascua. Ruego a Dios que sea un tiempo de gracia para todos los que nos ponemos en camino. Un tiempo de escucha de la Palabra y de cambios decisivos y profundos.
Dios nos llama con su Palabra y viene a nuestro encuentro de muchas y variadas formas. Las mismas pruebas por las que estamos pasando, que nos dejan tanta inseguridad y muchos sufrimientos, son un llamado de Dios, un llamado de atención, porque el hombre en medio de tantos descubrimientos y riquezas, ha orientado su corazón no al Dios verdadero, sino a los falsos dioses del poder, del dinero y del placer. Dios no es extraño a nuestros problemas. Al contrario, él responde a la sed que hay en el corazón de todo ser humano. Pero es necesario escucharlo atentamente y estar dispuestos a responderle con nuestro sí a su voluntad: “Reciban con docilidad la Palabra sembrada en ustedes, que es capaz de salvarlos” (Sant 1,21).
La Palabra de Dios en este tiempo cuaresmal proclama con fuerza: “No endurezcan el corazón, sino escuchen la voz de Dios” (Sal 94). “Vuelvan a mí de todo corazón, con ayuno, llantos y lamentos. Desgarren su corazón y nos sus vestiduras, y vuelvan al Señor su Dios, porque él es bondadoso y compasivo, lento para la ira y rico en amor” (Joel 2,12).
El tiempo cuaresmal será la oportunidad para entablar un nuevo, confiado y sincero diálogo con Dios, en la oración, especialmente con los salmos, donde “encontramos toda la articulada gama de sentimientos que el hombre experimenta en su propia existencia y que son presentados con sabiduría ante Dios; aquí se encuentran expresiones de gozo y dolor, angustia y esperanza, temor y ansiedad” (Benedicto XVI, VD, 24). Es en la oración donde se nos abre el camino de la esperanza en medio de las obscuras y complicadas situaciones que nos toca vivir hoy. “Cuando ya nadie me escucha, Dios todavía me escucha. Cuando ya no puedo hablar con ninguno, ni invocar a nadie, siempre puedo hablar con Dios. Si ya no hay nadie que pueda ayudarme, él puede ayudarme” (Benedicto XVI, SS,32).
Hermanos, los invito, pues, a vivir intensamente la Cuaresma, preparándonos así a la Pascua de Resurrección. Superemos los desánimos y los miedos, y pongámonos en camino. Escuchemos y leamos la Palabra que la Liturgia cada domingo y cada día nos propone. Será la Palabra que Dios me dirigirá a mí y a toda la comunidad. Procuren los párrocos y catequistas motivar y favorecer el acceso a la Palabra a todos los fieles. Les ofrezco, gratuitamente, Nuevos Testamentos, para los que no tengan Biblia.
Los tiempos urgen que realicemos un cambio. Y el primer cambio debe producirse en el corazón. Porque “es del corazón de donde provienen los malos pensamientos; de ahí proceden la inmoralidad sexual, robos, asesinatos, infidelidad matrimonial, codicia, maldad, vida viciosa, envidia, injuria, orgullo y falta de sentido moral. Todas estas maldades salen de dentro y hacen impura a la persona” (Mc 7, 20-23). Es lo que dijo Jesús, así, tan claramente, en su diálogo con los fariseos. Surge naturalmente el interrogante, ¿cómo sanar ese corazón herido y enfermo, afectado por la falta de valores y buenos ejemplos? ¿Cómo cambiar una mentalidad que ha echado raíces en la cultura de un pueblo, y revertir un estilo de vida?
La Palabra leída, meditada, rezada, contemplada y vivida, - es la “lectio divina” – hará posible el cambio del corazón y de la vida. Por eso mi propuesta, dentro del programa de la misión diocesana, es que se formen en las comunidades, también en el campo, los grupos bíblicos, los grupos de oración en torno a la Palabra. Como una planta necesita su tiempo y que se le riegue y cuide para crecer, así también el fiel cristiano necesita de la constancia y perseverancia en la oración, en la lectura orante de la Palabra, en la participación con la comunidad en las celebraciones litúrgicas, y como consecuencia, una coherencia en su vida cotidiana, para que pueda dar buenos frutos.
Dentro de este contexto tendremos la gracia y la alegría de instituir para el ministerio de lector al seminarista Jorge Daniel Juncos, el domingo 13 de marzo de 2011, a las 20 hs. en la Iglesia Catedral, “Ntra. Sra. Del Carmen”, en Deán Funes. Es su primer paso, después de la admisión, en su camino hacia el sacerdocio. La tarea propia del Lector, es la de proclamar la Palabra y ser animador de la escucha de la Palabra de Dios.
Dos son los seminaristas que tenemos en el Seminario de Córdoba, haciendo su proceso en vista al sacerdocio. Recomiendo y pido a los fieles que oren con confianza al Señor, por su perseverancia y santidad de vida. Y oren para que en nuestras comunidades aumenten las familias cristianas donde puedan surgir nuevas y generosas vocaciones, con verdadero espíritu misionero, para el servicio de Dios y de los hombres. Es necesario que se fortalezca en las parroquias la Obra de las Vocaciones Sacerdotales y Religiosas. Las vocaciones son un don de Dios a las comunidades cristianas: Pero éstas deben pedirlas, acompañarlas y sostenerlas.
También la familia necesita ayuda urgente de la Iglesia, de la comunidad cristiana. Sola no puede hoy sostenerse. Por una parte, es fuerte el ataque que viene del ambiente relativista que la rodea, y son difíciles en muchos casos las condiciones de vida, por falta de vivienda digna y de un trabajo estable; y también por la falta de valores en la misma familia. Son tremendamente destructivas las infidelidades y la insuficiente preparación para el matrimonio, cuando la hay. Porque con demasiada frecuencia ni siquiera se funda la familia en el sacramento del matrimonio por parte de los mismos creyentes.
Deberá ser una prioridad pastoral en la Prelatura la atención a la familia. Espero encontrar matrimonios comprometidos y dispuestos a integrar un equipo diocesano que sea de ayuda a otros matrimonios.
La adolescencia y primera juventud es una etapa delicada, difícil y decisiva de la vida. Detrás de sus dramas hay un fuerte reclamo de los adolescentes y jóvenes a ser escuchados, queridos y orientados. Dejo flotando una pregunta, ¿quién se ofrece para abrir senderos en la pastoral de los adolescentes y jóvenes?
Hermanos, el tiempo corre. Siempre hay cosas nuevas y urgentes. Pero están también las más importantes. Siento sobre todo la necesidad de abrirle el corazón a Dios, poner todo en sus manos y hacer camino Dejémonos, pues, iluminar por la Palabra, para que el Señor nos señale el camino concreto, realista que debemos recorrer en este Cuaresma, y llegar a una Pascua radiante, esperanzadora. Que sintamos que Cristo está vivo y camina con nosotros. Y que nuestro corazón fue capaz de liberarse de las ataduras que lo tenían esclavizado.
Nos conforta y anima el sí de María, el que dio en Nazaret y repitió al pie de la cruz.
Que el Señor los bendiga y guarde.
Deán Funes, 15 de febrero de 2011
Mons. Aurelio J. Kühn ofm, obispo prelado de Deán Funes
ZENIT nos frece el mensaje de los obispos españoles a los jóvenes, invitándoles a tomar parte en la próxima Jornada Mundial de la Juventud 2011 de Madrid. El Mensaje fue hecho público el pasado viernes 4 de marzo, al término de la XCVII Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española.
Mensaje a los jóvenes invitándoles a la Jornada Mundial de la Juventud
«Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe (cf. Col 2,7)»
Queridos Jóvenes:
Cerca ya la Jornada Mundial de la Juventud, que tendrá lugar en Madrid del 16 al 21 de Agosto, los obispos españoles, reunidos en Asamblea Plenaria, os dirigimos este breve mensaje para animaros a participar en ella. Sabemos que muchos de vosotros os estáis preparando con ilusión y que animáis a vuestros amigos y compañeros. Por nuestra parte, os invitamos a todos como ha hecho el Papa Benedicto XVI en el mensaje que os ha dirigido con ocasión de esta Jornada: «Quisiera que todos los jóvenes, tanto los que comparten nuestra fe, como los que vacilan, dudan o no creen, puedan vivir esta experiencia, que puede ser decisiva para la vida: la experiencia del Señor Jesús resucitado y vivo, y de su amor por cada uno de nosotros»[1].
1. Vivid con gozo y esperanza
Desde el inicio de la Iglesia, sus pastores os han mirado con esperanza y gozo porque sois el presente y, sobre todo, el futuro de la sociedad y de la Iglesia. En su primera carta, san Juan se dirige a vosotros con estas palabras: «Os he escrito, jóvenes, porque sois fuertes y la Palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al Maligno» (1Jn 2,14). Hoy, el Sucesor de Pedro os escribe diciendo: «Con profunda alegría, os espero a cada uno personalmente. Cristo quiere afianzaros en la fe por medio de la Iglesia»[2]. También nosotros, como obispos vuestros, confiamos en vosotros y os consideramos, no sólo destinatarios del Evangelio de Cristo, sino protagonistas de la historia de la Iglesia y de su edificación. El lema de la Jornada Mundial de la Juventud no puede ser más expresivo: «Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe (cf. Col 2,7)». En esa hermosa etapa de la vida, que es la juventud, os animamos a fortalecer y edificar vuestra fe, a profundizar vuestras raíces en Cristo, que os ama y llama a su amistad y os propone seguirle en el sacerdocio, en la vida consagrada o en el matrimonio para hacer de vosotros sus testigos. Él os dará luz y fuerza para edificar vuestro futuro, mediante el estudio, la profesión y el trabajo que, a pesar de las dificultades económicas y del paro actual, lucháis por conseguir.
El Papa Juan Pablo II, el anuncio de cuya próxima beatificación nos ha llenado de gozo, os situó en el centro de su interés y misión. Se le ha llamado el «Papa de los jóvenes», por el afecto y dedicación con que os distinguió. No se ganó vuestro cariño mediante la adulación o al plantearos reducidas exigencias en el seguimiento de Cristo. Todo lo contrario: os pedía lo mejor de vosotros mismos, la capacidad de entregaros totalmente al amor de Dios y de los hombres y a llevar una vida cristiana alejada de toda mediocridad, a contracorriente, si fuera necesario, de nuestro tiempo. ¡Cuántas veces os invitó a ser santos! Pensando en vosotros, inició la apasionante aventura de las Jornadas Mundiales de la Juventud, para que, como jóvenes, manifestarais al mundo la alegría de vivir en Cristo, la juventud y belleza de la Iglesia, y la firmeza de una fe que sea para todos el signo de la presencia del Dios vivo. Sí, amigos, este es el sentido de la próxima Jornada Mundial a la que os invitamos convencidos de vuestra apertura a la Verdad y de vuestra capacidad de crear lazos de amistad con los jóvenes de todo el mundo.
2. Celebrad una auténtica fiesta de la fe
Dentro de unos meses la Iglesia que peregrina en España vivirá la experiencia de acoger en las diócesis y finalmente en Madrid a cientos de miles de jóvenes convocados por el Papa Benedicto XVI para celebrar la XXVI Jornada Mundial de la Juventud. Tendréis ocasión, durante casi una semana, de rezar personal y comunitariamente, participaréis en las catequesis de obispos de todo el mundo sobre el significado de ser cristiano, celebraréis el perdón de Dios y la eucaristía, y expresaréis de muchas maneras – conciertos, exposiciones y actos culturales diversos – la alegría de la fe, que cambia vuestra vida y os proyecta en el mundo como creadores de obras donde brillan la caridad, la justicia y la verdad. La presencia del Papa os permitirá sentiros miembros del Pueblo universal, que es la Iglesia Católica.
La Jornada Mundial de la Juventud será, pues, una auténtica fiesta de la fe, que mostrará cómo son los cristianos que necesita el mundo de hoy: «artífices de paz, promotores de justicia, animadores de un mundo más humano, un mundo según Dios», que se comprometen «en diferentes ámbitos de la vida social, con competencia y profesionalidad, contribuyendo eficazmente al bien de todos»[3]. Se trata, amigos jóvenes, de hacer visible que «Cristo no es un bien sólo para nosotros mismos, sino que es el bien más precioso que tenemos que compartir con los demás. En la era de la globalización, sed testigos de la esperanza cristiana en el mundo entero: son muchos los que desean recibir esta esperanza»[4].
Os invitamos a participar en la Jornada Mundial de la Juventud como expresión de vuestra adhesión a Cristo y pertenencia a la Iglesia. Para que esta participación sea verdadera y fecunda os animamos desde ahora aperegrinar interiormente hacia Cristo, conscientes de que «la calidad de nuestro encuentro dependerá, sobre todo, de la preparación espiritual, de la oración, de la escucha en común de la Palabra de Dios y del apoyo recíproco»[5]. Nosotros mismos, vuestros sacerdotes, catequistas y jóvenes de vuestras comunidades os acompañaremos en esta tarea. No estáis solos, porque sois parte de la única Iglesia de Cristo que peregrina en el mundo. Sólo os pedimos que confiéis y pongáis en juego todas vuestras capacidades.
3. Manifestad el rostro de la Iglesia joven
Vuestra responsabilidad como jóvenes del país que acoge es muy grande. Vosotros seréis en cierto sentido el rostro de la Iglesia joven que recibirá a los peregrinos del mundo entero. Los días de acogida en las diócesis serán una experiencia inolvidable para vivir la universalidad de la Iglesia y la enorme riqueza y vitalidad de cada diócesis de España, que acogió el evangelio de Cristo desde la primera hora del cristianismo. Animad a vuestros amigos y compañeros para que participen en las diversas tareas de acogida y voluntariado, en las celebraciones de la fe y en las actividades que cada diócesis prepare. Ofreceos también como voluntarios para las muchas tareas de la organización en Madrid, sede de la Jornada Mundial de la Juventud. Se trata de servir a todos para que todos se sientan acogidos y amados por sí mismos. Os pedimos también vuestra solidaridad con los jóvenes de los países más necesitados. Muchos de ellos, con frecuencia aislados de experiencias de este tipo, desean participar en la Jornada para vivir dimensiones de la fe y de la vida eclesial que les enriquezcan. También esperamos a jóvenes de países donde la Iglesia es perseguida, que nos fortalecerán con su testimonio. Sed generosos al inscribiros contribuyendo con la cuota de solidaridad. Haréis felices a muchos compañeros vuestros.
No queremos terminar sin agradeceros de antemano la acogida de este mensaje y vuestro trabajo en la Iglesia. Recibid nuestras palabras como signo del afecto y cercanía que sentimos por vosotros. Como obispos, estamos a vuestro lado y os queremos. La Iglesia os necesita para anunciar a todos el amor de Dios. Sabemos que también vosotros nos queréis y necesitáis para crecer en vuestra fe y en la vida cristiana. Peregrinamos en Cristo, camino que nos lleva hacia el Padre. Todos somos caminantes y todos aspiramos a llegar juntos a la meta. ¿Acaso no son estas suficientes razones para vivir en la comunión que el Espíritu nos ha dado? ¿No será más grande nuestra alegría si todos nos encontramos con el Sucesor de Pedro que viene a confirmarnos en la fe? Pidamos, pues, unos por otros para que esta Jornada Mundial, como las anteriores, nos arraigue y edifique en Cristo y convierta nuestra fe en la roca firme sobre la que se asiente nuestra vida. No nos faltará la protección de María, Madre de Cristo y de la Iglesia, que desde la meta de la peregrinación vigila y custodia nuestros pasos.
Os bendecimos en el Señor Jesucristo
Madrid, 2 de marzo de 2011
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[1] Benedicto XVI, Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI a los jóvenes del mundo con ocasión de la XXVI Jornada Mundial de la Juventud 2011, 6-VIII, 2010.
[2] Benedicto XVI, Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI a los jóvenes del mundo con ocasión de la XXVI Jornada Mundial de la Juventud 2011, 6-VIII, 2010, 6.
[3] Benedicto XVI, Mensaje, 5.
[4] Benedicto XVI, Mensaje, 5.
[5] Benedicto XVI, Mensaje, 6.
Reflexión a las lecturas del domingo segundo de Cuaresma - A, ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DIA DEL SEÑOR".
ECOS DEL DIA DEL SEÑOR
Domingo II de Cuaresma A
Después que el hombre y la mujer fueron arrojados del Paraíso, la vida del hombre es una lucha, a veces desesperada, por alcanzar la felicidad perdida.
Lo fundamental es descubrir el camino por donde se puede encontrar… ¡Y son tantos los que no lo encuentran!
Unos lo buscan por un lado y otros por otro. Por supuesto, que, enseguida, se descarta el camino que nos ha señalado el Señor, el “camino del Evangelio”. A primera vista parece que es todo lo contrario.
Hay ocasiones, en que se encuentra alguna vereda que nos lleve a un poco de dicha pasajera. Pero después continúa el vacío, el anhelo por la felicidad a la que aspiramos desde lo más profundo de nuestro ser.
Sucede como a unos marineros, perdidos en alta mar, que, torturados por la sed, toman agua del mar. Es posible que, en un primer momento, consigan algo de alivio, pero después la sal del agua acrecienta la sed… hasta la desesperación.
De ahí la importancia del Mensaje de este domingo. El prefacio de la Misa lo resume y lo expresa de modo admirable: “…(Jesucristo) después de anunciar su muerte a los discípulos, les mostró en el monte santo la claridad de tu gloria para testimoniar de acuerdo con la Ley y los Profetas, que la Pasión es el camino de la Resurrección”.
¡He ahí el camino! ¡Lo hemos encontrado! ¡Por aquí se llega alegría desbordante, a la dicha sin fin…!
Pero vayamos despacio…
Los discípulos, imbuidos de la mentalidad de un Mesías – Rey, no podían entender que el Jesucristo tuviera padecer: Ser detenido, despreciado, torturado…, y morir en una cruz… Si esperaban del Mesías la liberación y el Reino, ¿cómo iban a comprender y a aceptar que Jesús, el Mesías, terminara en un fracaso? Porque lo de resucitar ellos no lo entendían mucho…
Por eso Jesús, en lo alto de la Montaña, les concede acercarse un poco a su grandeza divina, que ocultaba su Humanidad… Y les hace esta gran revelación: “Que la pasión es el camino de la resurrección”, es decir, que aquellos sufrimientos y la misma muerte no iban a ser el fin de todo, solo camino, paso, pascua…
Allí aparecieron Moisés y Elías como testigos de que todo eso estaba advertido en la Ley –Moisés-, y los Profetas –Elías- que ellos habían conocido en la Sinagoga…
Por eso Jesús la misma tarde de la Resurrección les reprocha a los discípulos de Emaús: "¿No era necesario que el Mesías padeciera esto e padecer esto y entrara así en su gloria? Y, comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó –por el camino- lo que se refería a Él en todas las Escrituras”. (Lc 24, 26 – 28).
En efecto, siguiendo el camino del sufrimiento y de la cruz, Jesús consigue su perfecta glorificación como hombre y la salvación del mundo entero.
Y a seguir este camino nos invita Él, cuando dice: “El que quiera venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga”(Mc 8, 34).
Y el Padre, desde la nube, también nos urge a seguirle: “Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadle”.
Y este ha sido siempre el camino de todo verdadero creyente:
Dios bendecirá a Abrahán. Pero, ante todo, tendrá que dejar su familia y su tierra para ir “hacia la patria que yo te mostraré…” (1ª Lect.).
S. Pablo advierte a Timoteo, -y a nosotros- que si queremos dicha y alegría sin fin, tenemos que tomar parte ahora en los “duros trabajos del Evangelio…” (2ª Lect..)
Cuentan que en la Persecución Religiosa de España, un P. Superior decía a los hermanos de comunidad, cuando iban a salir al martirio: “¡Fratres, passio, brevis; gloria, aeterna!”. (¡Hermanos, el sufrimiento es breve; la gloria, eterna!)
¿Y por qué todos los años, en el segundo domingo de Cuaresma, se nos presenta el Misterio de la Transfiguración?
Porque, desde que entrábamos en el Tiempo de Cuaresma, se nos advertía, de la dificultad del camino… Que hemos de tomar más en serio el seguimiento de Jesucristo. Que tenemos que prepararnos para la Pascua, de tal manera, que seamos capaces de renovar nuestro Bautismo en la Noche de Pascua, como si fuéramos a ser bautizados de nuevo aquella Noche Santa… Como si comenzáramos de nuevo a ser cristianos…
La Cuaresma se nos presenta así, como un tiempo de esfuerzo, de trabajo, de lucha… Se nos recordaba el domingo pasado, cuando contemplábamos a Cristo Vencedor en las Tentaciones del Desierto. Y todo eso es maravilloso sí, pero puede darnos un poco de miedo, de pereza, se nos puede acercar la “antigua serpiente” y hacernos caer en la tentación… Podemos entrar “en crisis” como los discípulos… Y, como ellos, necesitamos también nosotros subir a la Montaña de la Transfiguración para recordar, es más, revivir su enseñanza: Que la lucha, el sufrimiento, la tentación, la cruz de cada día, la muerte… no terminan en sí mismos, sino que son camino de la verdadera dicha, de la verdadera alegría… De modo imperfecto aquí, en el tiempo, pero real, constatable… Y en plenitud, por toda la Eternidad. ¡Que este es el camino!, el verdadero camino que anhelamos desde lo profundo de nuestro ser… ¡Que lo hemos encontrado…! ¡Que nos lo ha revelado el Señor…! Que está comprobado a lo largo de los siglos en la vida de Jesucristo, de la Virgen María, de los apóstoles y de “los que han vivido en tu amistad a través de los tiempos…”
Entonces pasará nuestra turbación y diremos de algún modo lo que Pedro, el rudo pescador de Galilea, balbucía en la el lo alto del Tabor: “Señor, qué hermoso es estar aquí.” Porque, en plenitud, en toda su grandeza, lo estaremos repitiendo por toda la Eternidad.
Lectio divina para el sábado de la primera semana de Cuaresma - 2011, ofrecida por la Delegación Diocesana de liturgia de la diócesis de Tenerife.
LECTURA: “ Mateo 5, 43‑48”
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: "Amarás a tu prójimo" y aborrecerás a tu enemigo.
Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.
Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.»
MEDITACIÓN: “Amad”
Si una palabra o un mensaje va a resonar siempre, pero en este tiempo de un modo especial es ésta: “amad”. Éste es el mensaje y el reto que nos lanzaste hace dos mil años y que debíamos recoger a manos llenas, pero lo hacemos con pinzas y dosis pequeñitas porque tememos que sea medicina con muchas contraindicaciones, y las tiene; pero, a pesar de esos riesgos merece la pena tomarla.
Por eso, tu llamada sigue resonando incansable: amad, amad a manos llenas, a todos: amigos, enemigos, hombres, animales, plantas, montañas…, amad todo y a todos, porque todo ha salido de las manos amorosas de un Dios a quien podemos llamar Padre, para que gocemos, para que seamos felices, para que nuestro amor camine por la senda del suyo, los caminos de la humanidad.
Yo, Señor, ya no sé distinguir si no queremos o no podemos; si nos pides a los hombres, si me pides a mí, algo de lo que somos incapaces, una especie de sueño de tu corazón pero inalcanzable para nosotros, que damos la sensación de que nos es más fácil deslizarnos hacia abajo que escalar hacia arriba.
Pero quiero entrar en tu sueño y, a pesar de tantos reveses, de tantos intentos fallidos, a pesar de tanto dolor y de tanto odio como contemplo, sigo creyendo contigo que es posible amar a todos, que puedo amar a todos, sencillamente porque el amor, mi amor, no depende de la respuesta de los otros sino de la mía, de dejar expresarse a la fuerza de tu amor que has depositado en mi ser, por eso sigues llamando, esperando mi respuesta. Y quiero, Señor, quiero.
ORACIÓN: “Amar como tú”
Cuando te miro en la cruz comprendo perfectamente que me pidas amar. Puede parecer un contrasentido; en nuestros esquemas limitados una injusticia no puede ser respondida con amor, pero el amor es así. Señor hazme entender la fuerza del amor, del amor como tú lo entiendes.
Tal vez la historia humana no sea capaz de comprender la autenticidad del amor, no sé si eso es ser derrotista pero qué difícil se me hace ver otra perspectiva. Pero, sea lo que sea, quisiera pasar mi historia aprendiendo a amar como tú. Ayúdame a aprender.
CONTEMPLACIÓN: “Te miro”
Te miro, Señor,
y me amas.
Me miro, Señor,
y me amas.
Te miro, Señor,
y me llamas.
Me miro, Señor,
mirándote,
y viendo mi realidad,
te amo.
ZENIT nos ofrece la intervención del Papa Benedicto XVI el domingo 6 de Marzo de 2011, al introducir el rezo del Ángelus, con los peregrinos congregados en la Plaza de San Pedro.
¡Queridos hermanos y hermanas!
El Evangelio de este domingo presenta la conclusión del "Discurso de la montaña", donde el Señor Jesús, a través de la parábola de las dos casas construidas una sobre la roca y otra sobre la arena, invita a sus discípulos a escuchar sus palabras y a ponerlas en práctica (cfr Mt 7,24). De este modo Él coloca al discípulo y a su camino de fe en el horizonte de la Alianza, constituida por la relación que Dios estableció con el hombre, a través del don de su Palabra, entrando en comunicación con nosotros. El Concilio Vaticano II afirma: "Dios invisible habla a los hombres como amigos, movido por su gran amor y mora con ellos, para invitarlos a la comunicación consigo y recibirlos en su compañía”. (Const... dogm. sobre la divina Revelación Dei Verbum, 2). "En esta visión, cada hombre se presenta como el destinatario de la Palabra, interpelado y llamado a entrar en este diálogo de amor mediante su respuesta libre" (Exhort. Ap. postsin. Verbum Domini, 22). Jesús es la Palabra viviente de Dios. Cuando enseñaba, la gente reconocía en sus palabras la misma autoridad divina, sentía la cercanía del Señor, su amor misericordioso, y alababa a Dios. En toda época y en todo lugar, quien tiene la gracia de conocer a Jesús, especialmente a través de la lectura del santo Evangelio, se queda fascinado con él, reconociendo que en su predicación, en sus gestos, en su Persona Él nos revela el verdadero rostro de Dios, y al mismo tiempo nos revela a nosotros mismos, nos hace sentir la alegría de ser hijos del Padre que está en los cielos, indicándonos la base sólida sobre la que edificar nuestra vida.
Pero a menudo el hombre no construye su actuación, su existencia, sobre esta identidad, y prefiere las arenas de las ideologías, del poder, del éxito y del dinero, pensando encontrar en ellos estabilidad y la respuesta a la imborrable demanda de felicidad y de plenitud que lleva en la propia alma. Y nosotros, ¿sobre qué queremos construir nuestra vida? ¿Quién puede responder verdaderamente a la inquietud de nuestro corazón? ¡Cristo es la roca de nuestra vida! Él es la Palabra eterna y definitiva que no hace temer ningún tipo de adversidad, de dificultad, de molestia (cfr Verbum Domini, 10). Que la Palabra de Dios pueda permear toda nuestra vida, pensamiento y acción, así como proclama la primera lectura de la Liturgia de hoy tomada del Libro del Deuteronomio: "Grabad estas palabras en lo más íntimo de vuestro corazón. Atadlas a vuestras manos como un signo, y que sean como una marca sobre vuestra frente" (11,18). Queridos hermanos, os exhorto a hacer lugar, cada día, a la Palabra de Dios, a nutriros de ella, a meditarla continuamente. Es una ayuda preciosa también para protegerse de un activismo superficial, que puede satisfacer por un momento el orgullo, pero que al final, nos deja vacíos e insatisfechos.
Invocamos la ayuda de la Virgen María, cuya existencia estuvo marcada por la fidelidad a la Palabra de Dios. La contemplamos en la Anunciación, a los pies de la Cruz, y ahora, partícipe de la gloria de Cristo Resucitado. Como ella, queremos renovar nuestro "sí" y entregar con confianza a Dios nuestro camino.
[Después del Ángelus]
Sigo continuamente y con gran aprensión las tensiones que en estos días se registran en diversos países de África y de Asia.
Pido al Señor Jesús que el conmovedor sacrificio de la vida del ministro paquistaní Shahbaz Bhatti despierte en las conciencias el valor y el compromiso de tutelar la libertad religiosa de todos los hombres y, de esta forma, promover su igual dignidad.
Mi pensamiento de corazón se dirige también a Libia, donde los recientes enfrentamientos han provocado numerosos muertos y una creciente crisis humanitaria. A todas las víctimas y a aquellos que se encuentran en situaciones angustiosas aseguro mi oración y mi cercanía, mientras pido la asistencia y socorro para las poblaciones afectadas.
[En español dijo]
Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, y en particular a los fieles de las parroquias San Francisco de Asís, de Murcia, y San Francisco Javier, de Los Barreros-Cartagena. Jesús nos dice en el Evangelio de este domingo que quien escucha sus palabras y las pone en práctica se parece a un hombre que construye su casa sobre roca. Esta roca firme sobre la que podemos construir nuestra vida es la fe en la Palabra de Dios. Fijando nuestros ojos en la Virgen María, aprendamos de ella a cumplir en todo momento la voluntad del Padre celestial para que, con la ayuda de la gracia divina, seamos transformados en imagen de Cristo y demos un testimonio eficaz de su vida y enseñanzas. Feliz domingo.
[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]
Carta del obispo de Tenerife monseñor Bernardo Álvarez Afonso con motivo del Día del Seminario con el título “El sacerdote, don de Dios para el mundo”,
“El sacerdote, don de Dios para el mundo”,
Queridos diocesanos:
Una vez más les escribo con motivo del Día del Seminario Diocesano que, en esta ocasión, tiene lugar los próximos días 19 y 20 de marzo. Ese fin de semana, aparte de rezar por los seminaristas y las vocaciones al sacerdocio, como ya lo hacemos a lo largo del año, en todas las misas haremos también la colecta para el sostenimiento del Seminario, colaborando así a la formación de los futuros sacerdotes. Además, el Día del Seminario es, también, una buena ocasión para reflexionar y tomar conciencia de la importancia de los sacerdotes para la vida de la Iglesia y, consecuentemente, valorar su ministerio como un regalo de Dios.
Como dice el lema elegido para este año, “El sacerdote, don de Dios para el mundo”, los católicos creemos que los sacerdotes son hombres que Dios elige, llama y consagra con el sacramento del Orden Sacerdotal para que, en nombre de Cristo y con su poder, sirvan a los demás. Son personas de las que Cristo se sirve para entregar su cuerpo y sangre en la Eucaristía, para perdonar a los pecadores, para consolar a los enfermos, para anunciar su Evangelio a todas las gentes… En esto radica la grandeza del sacerdocio católico y esto es lo que valora el pueblo cristiano en sus sacerdotes, aún reconociendo que, como hombres, están envueltos en debilidades y necesitan corregir sus defectos. Los sacerdotes son un regalo de Dios porque todo “lo que es” el sacerdote (su vocación) y “todo lo que hace” a favor de los demás (predicar la palabra de Dios, administrar los sacramentos y guiar la comunidad) se debe a que es Dios quien actúa en ellos y por medio de ellos.
En efecto, como dijo Jesús a sus apóstoles en la última cena: “No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca” (Jn. 15,16). Nadie puede darse el sacerdocio a sí mismo. Siempre es Dios quien llama y consagra. El elegido es una persona libre y, con su libertad, puede aceptar o rechazar la llamada. Si alguien acepta la llamada, la respuesta no puede ser meramente intencional, sino que ha de ser operativa, es decir, una respuesta que implica “vivir conforme a la vocación a la que ha sido llamado”. Para ello será necesario que conozca lo que lleva consigo la vocación al sacerdocio y se prepare para serlo de verdad.
La función del Seminario es, precisamente, la de formar a los que se sienten llamados, de modo que su repuesta sea consciente, libre y coherente, en línea con lo que Dios les pide. No se trata sólo de prepararles para que sepan hacer las cosas propias de un sacerdote sino, sobre todo, para que “sean sacerdotes” a imagen de Cristo, el único y verdadero sacerdote. El sacerdote que Dios nos regala es un sacerdote “al modo de Cristo”, el Buen Pastor que da la vida por la ovejas. Es un sacerdote que no sólo hace las cosas como un buen profesional sino que, como Cristo, en todo lo que hace se ofrece a sí mismo, sin buscar ni esperar otra cosa que el bien de los demás. Unido a Cristo, el sacerdote es un regalo para la vida del mundo y como en cualquier regalo lo que le caracteriza es que “es gratis”. Un sacerdote siempre tiene presente las palabras de Jesús a los apóstoles: “lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis”.
Pocas cosas tienen tanta importancia en la vida de la Diócesis como el Seminario. En él empleamos los mejores recursos de que disponemos: un gran número de sacerdotes, personas consagradas y laicos (formadores, directores espirituales, profesores, párrocos, amigos del seminario…), una instalaciones acordes con las necesidades propias de la formación sacerdotal (académicas, deportivas, residenciales…). Todo ello implica unos gastos considerables, pero están bien empleados porque son la mejor inversión que podemos hacer para el bien de todos los diocesanos. Sabemos y experimentamos lo importante y necesario que es un sacerdote para la vida cristiana en las parroquias y en todos aquellos ámbitos donde su ministerio es necesario (hospitales, centros de mayores, tanatorios, colegios…). Pero no tenemos sacerdotes suficientes. Las palabras de Jesús siguen siendo actuales: “El trabajo es mucho y los operarios pocos, rogad al dueño de la mies que envíe operarios a su mies”.
En nuestra Diócesis hay muchas parroquias sin sacerdote propio y, en la práctica, muchas no están suficientemente atendidas. Los sacerdotes son pocos en relación con nuestras necesidades. Los que hay están sobrecargados de trabajo, un buen número de ellos supera los 70 años y algunos tienen problemas de salud. Todos, de una forma o de otra, padecemos esta situación. ¿Cómo afrontarla? A mí, como obispo, me corresponde velar por el bien de todos y, como es lógico, sobre mí vienen todas las quejas y reclamaciones pidiéndome soluciones. ¡Cómo me gustaría poder contar con suficientes sacerdotes para cubrir todas las necesidades! Pero la realidad es que, en este momento, no los hay y que de cara a un futuro inmediato tampoco los vamos a tener. Los seminaristas también son pocos. ¿Qué podemos hacer? ¿Qué tenemos que hacer?
Yo creo que, ante todo, la situación debe servirnos para apoyar y ayudar más a los sacerdotes en su misión y tenerles en mayor estima por lo que son y el servicio que nos prestan. Hay cosas en la Iglesia que sólo puede hacer el sacerdote, pero hay otras muchas que son responsabilidad de todos, especialmente a la hora de transmitir y educar en la fe a los demás. Sin verdaderos cristianos no hay vocaciones al sacerdocio, ni seminaristas, ni sacerdotes. Éstos no caen del cielo, sino que salen de los jóvenes de nuestras familias, de nuestras parroquias y de nuestros movimientos apostólicos. Asimismo, tiene que dolernos la falta de sacerdotes porque eso debilita la vitalidad de la comunidad cristiana y la fe de mucha gente. Un dolor que nos hace clamar a Dios desde lo más profundo de nuestro corazón y pedirle por las vocaciones, por el seminario y los seminaristas, por los jóvenes, para que conozcan a Cristo y le sigan.
Cuando uno desea algo, lo busca, lo pide, lo compra… hace lo que sea para conseguir lo que quiere. ¿Queremos sacerdotes? ¿Qué podemos hacer para tenerlos? Los sacerdotes son un regalo de Dios para el mundo. Él es quien los tiene y los da. A Él se los tenemos que pedir. Orar es algo que podemos hacer todos, en cualquier tiempo y lugar, no importa la edad, si estamos sanos o enfermos, si somos niños, jóvenes o mayores. Todos podemos orar en la seguridad de ser escuchados. Aquí les ofrezco la oración que, desde el Seminario, nos han preparado para rezar este año:
Señor Jesús, que nos prometiste: «pedid y recibiréis, llamad y se os abrirá»,
regálanos las vocaciones sacerdotales que tanto necesita tu Iglesia y el mundo de hoy.
Haz que las familias sean el campo fértil donde puedan germinar.
Bendice el trabajo apostólico de catequistas y educadores,
para que logren despertar y madurar la vocación sacerdotal
en aquellos que tú, Señor, has elegido a tu servicio.
Ilumina la tarea educativa de los formadores del Seminario
para que creen un verdadero cenáculo donde el encuentro contigo
ayude a cada seminarista a configurar su corazón, de Buen Pastor, con el tuyo.
Que Santa María, Reina de los Apóstoles, lleve de la mano a los seminaristas y sacerdotes
para que sean realmente gloria de la Iglesia y un verdadero don de Dios para el mundo.
Amén
Les invito a dar gracias a Dios por nuestro Seminario (Mayor y Menor), por los seminaristas que allí se preparan, por todas las personas que con su dedicación y entrega generosa trabajan en la formación de los seminaristas, por las personas que colaboran con el Seminario con sus donativos y donaciones y por todos los sacerdotes que, a lo largo de más de cien años, se han formado allí y, una vez ordenados, han entregado su vida al servicio de los demás, es decir han sido y -los que aún viven- siguen siéndolo, “un regalo de Dios para la Iglesia y la sociedad”.
De corazón les bendice y les desea la paz del Señor,
† Bernardo Álvarez Afonso
Obispo Nivariense
Lectio divina para el viernes de la primera semana de Cuaresma 2011, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.
LECTURA: “Mateo 5, 20‑26”
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si no sois mejores que los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.
Habéis oído que se dijo a los antiguos: "No matarás", y el que mate será procesado. Pero yo os digo: Todo el que esté peleado con su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano "imbécil", tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama "renegado", merece la condena del fuego.
Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.
Con el que te pone pleito, procura arreglarte en seguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último cuarto.»
MEDITACIÓN: “Primero a reconciliarte”
Y todavía no hemos aprendido, Señor. Tu palabra es clara, pero nuestro corazón todavía camina a la inversa de ti. Parece que tenía que ser al revés, que Dios nos tenía que decir que primero él, primero el culto a él y pedirle perdón a él y reconciliarse en primer lugar con él y, luego, lógicamente, los demás.
Pero no, tú lógica es otra, primero el hermano y si no hay reconciliación con el hermano no la hay contigo, y no es la primera vez que lo dices. También cuando enseñas tu oración del Padre nuestro concluirás diciendo que si no perdonamos no podemos recibir perdón. Y es que decimos que tenemos miedo de ti, pero de quien tenemos miedo es de los hombres, de nosotros mismos. Nos podemos enfrentar contigo, que sabemos que eres amor, pero no entre nosotros, donde eso funciona a ratos y con condiciones.
Y nosotros, erre que erre, al revés, primero empeñados en presentar la ofrenda y en confesarnos para pedirte perdón por el mal que hemos hecho a los otros, y luego no pedimos perdón a quien hemos herido o poquitas veces, cuando además tenía que ser al revés, porque en el hermano te amamos o te herimos a ti, y en la reconciliación con él nos reconciliamos contigo y nuestro culto se hace entonces agradable.
Nuestra relación contigo no es teórica y comienza por el hermano. No, no quieres que nos perdamos en teorías angelicales, ni en espiritualidades que no tocan la vida, y para dejárnoslo más clarito te encarnaste en nuestra historia. Y antes que esperarnos en el cielo, nos esperas en el hermano, en el que nos quiere y en el que nos hiere, sí, también. Y de esa manera, como tú, vamos construyendo humanidad, vamos haciendo contigo historia de salvación.
ORACIÓN: “Acercarme a ti”
Señor, tenía que decirte gracias por ponerme tan fácil el modo de acercarme a ti, pero lo cierto es que se me hace difícil, preferiría pasar por encima del hermano y no tener que pasar a través de él, pero sé, Señor, que ese es el único modo de crear cauces de humanidad y te doy gracias.
Te doy gracias por ser un Dios tan humano, tan cercano, por ser un Dios reconciliador, un Dios perdón, un Dios amor. Y sólo me queda pedirte que me ayudes a entrar de lleno en tu modo de ser y de actuar. Ayúdame a dar un pasito más en esta cuaresma.
CONTEMPLACIÓN: “Rostro cercano”
Hay veces que te prefiero sin rostro
Dios anónimo y distante
al que alabarte en tu lejano cielo.
Pero has tomado rostro humano,
Rostro cercano de hermano,
mano tendida y necesitada,
mano a veces hiriente.
Y ahí quieres que aprenda
a verte y acogerte,
Dios cercano, rostro amigo.
Ideas para la homilía del DÍA DEL SEMINARIO en el segundo domingo de Cuaresma 2011, publicadas en el subsidio litúirgico recibido en la parroquia para su celebración.
Una llamada para salir
Las tres lecturas del domingo de hoy nos dan un claro y sencillo itinerario vocacional. Toda vocación comienza con una llamada igual que la que recibió Abrahán. Después del pecado del hombre, Dios no se da por vencido y reanuda el diálogo lanzando una invitación a Abrahán: «Sal de tu tierra y de la casa de tu padre hacia la tierra que te mostraré». Se trata de dejar el pasado y todas las seguridades que uno tiene y que le dan identidad (la tierra, la familia) para lanzarse a un futuro completamente incierto sin puntos de referencia. La única garantía es la promesa de la bendición de Dios. En un acto de fe total, «Abrahán marchó, como le había dicho el Señor» (no como a él le gustaría) abriendo así un futuro para la historia de la salvación.
Una llamada inmerecida para servir al Evangelio
Pero, aquellos que reciben una llamada especial del Señor ¿tienen unas cualidades particulares? No. San Pablo nos lo dice muy claramente: “nos llamó a una vida santa no por nuestros méritos, sino porque (…) dispuso darnos su gracia”. La vocación es una gracia que no merecemos.
Pero es una gracia que compromete toda la persona en un trabajo duro. Pablo lo tiene muy claro cuando da sus consejos a Timoteo: «Toma parte en los duros trabajos del Evangelio, según las fuerzas que Dios te dé». Es una invitación sin duda a arrimar el hombro cuando llegan los problemas y a seguir fiel. Seguir a Jesús no es fácil.
Escuchar a Jesús
Cuando llega ese momento de la dificultad es cuando cobra sentido el evangelio de hoy, el evangelio de la Transfiguración de Jesús. Su contexto litúrgico nos lo presenta después de la visita del tentador (domingo pasado) y su contexto literario, al comienzo del camino hacia la cruz y después del anuncio de la pasión (en los tres sinópticos). Es decir, es un contexto de desánimo después de conocer las exigencias del seguimiento; un contexto de tentación de abandono y de retirada. En este contexto, Jesús tomó consigo a los tres que luego serán testigos de su agonía en Getsemaní, y «se los llevó aparte a una montaña alta».
Allí, en la montaña, descubrirán, mejor, re-descubrirán, el origen, el motivo de su vocación, de su seguimiento. ¿Por qué vamos con Jesús? ¿Por qué le seguimos?
No para complacernos, ni para buscar éxitos ni ser aplaudidos. La teofanía del monte nos deja un mensaje tan claro como firme: «Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadle». Seguimos a Jesús porque hemos escuchado su voz, porque reconocemos que sus palabras son luz y guía para nuestro camino, porque le reconocemos como el Hijo de Dios.
Pedro, Santiago y Juan tienen la suerte, la gracia, de contemplar de manera fugaz la gloria del Hijo. Hay elementos narrativos como los vestidos blancos y el rostro resplandeciente que nos sugieren un anticipo de la victoria sobre la muerte, de la resurrección (mencionada incluso en el v.9). Así, la palabra de Jesús «Levantaos, no temáis» cobra todo su sentido. No se trata solo de un ponerse en pie físicamente, sino de de recuperar la dignidad perdida al sucumbir a la tentación, al desánimo, a la desesperanza. Jesús, Él mismo, nos da la confianza necesaria para seguir.
El sacerdote, regalo de Dios para el mundo
El sacerdote es alguien que, como Abrahán, ha escuchado la voz de Dios invitándole a dejarlo todo. A pesar de no ver claro se lanza confiando en la bendición de Dios. Por eso la misma presencia de un sacerdote debería ser un regalo para nosotros. Efectivamente, él nos recuerda que nada en este mundo puede atarnos definitivamente. Solo Dios lo merece todo.
El sacerdote asume también «los duros trabajos del Evangelio». Y asumiéndolos nos colma de regalos que vienen de Dios a través de los sacramentos, la proclamación y explicación de la Palabra de Dios, las acciones caritativas, el acompañamiento, etc…
Para que el sacerdote pueda llevar a cabo su misión no puede dejar de tener como referente a Jesús. Es a Él a quien tiene que escuchar. Es solo así como mostrará a los demás cristianos el camino, para que también le escuchen y le reconozcan como hijo de Dios.
Moniciones para el segundo de cuaresma cuando el Día del Seminario se celebra ese día.
Monición de entrada
En nuestro camino hacia la Pascua, celebramos hoy el segundo domingo de Cuaresma. La Palabra de Dios que vamos a escuchar nos presenta modelos vocacionales como Abrahán y Timoteo. Pero la invitación que hoy recibimos todos es la de escuchar a Jesús como el Hijo de Dios.
También hoy nuestra Iglesia diocesana celebra el Día del Seminario. Es una ocasión para que toda la diócesis en general y nuestra comunidad parroquial en particular den gracias a Dios por el sacerdocio y pidan a su vez, el don de la vocación para que jóvenes de entre nosotros se consagren al servicio del Pueblo de Dios.
La campaña de este año nos propone como lema «Sacerdote, regalo de Dios para el mundo». Los sacerdotes no hacen otra cosa que repartir los dones y regalos de Dios siguiendo el ejemplo de Jesús que se dio totalmente y sin límites. La Eucaristía es precisamente el sacramento del amor, del don total de sí, que hace memoria y actualiza la entrega de Jesús. Que nuestra participación a la Eucaristía de hoy haga de nosotros cristianos entregados totalmente al servicio de un mundo más fraterno.
Acto penitencial
Se puede hacer el propuesto para el día de San José.
Monición a las lecturas
• Gn 12, 1-4a
Dios dirige su palabra a Abrahán y le invita a salir. Toda vocación implica este gesto de salir, de dejar algo. Abrahán abandonó aquello que le daba identidad: su tierra y su familia. Marchó confiando solo en la bendición de Dios, aún sin conocer el futuro. Toda vocación implica asumir algunos riesgos confiando en Dios.
• Tm 1 ,8b-10
Pablo da algunos consejos a Timoteo para que pueda llevar a cabo su ministerio de una manera adecuada. Es cierto que evangelizar es un trabajo duro. Pero también es cierto que el Señor promete su fuerza y su gracia.
• Mt 17, 1-9
Seguir a Jesús no es fácil. Uno se puede desalentar ante las dificultades. Jesús, manifestándose en el monte Tabor, desvela a sus discípulos el triunfo sobre la muerte. La voz de la nube nos recuerda que lo esencial para seguir a Jesús es escucharle. Solo la escucha hace posible la respuesta.
Ideas para la homilía
Una llamada para salir
Las tres lecturas del domingo de hoy nos dan un claro y sencillo itinerario vocacional. Toda vocación comienza con una llamada igual que la que recibió Abrahán. Después del pecado del hombre, Dios no se da por vencido y reanuda el diálogo lanzando una invitación a Abrahán: «Sal de tu tierra y de la casa de tu padre hacia la tierra que te mostraré». Se trata de dejar el pasado y todas las seguridades que uno tiene y que le dan identidad (la tierra, la familia) para lanzarse a un futuro completamente incierto sin puntos de referencia. La única garantía es la promesa de la bendición de Dios. En un acto de fe total, «Abrahán marchó, como le había dicho el Señor» (no como a él le gustaría) abriendo así un futuro para la historia de la salvación.
Una llamada inmerecida para servir al Evangelio
Pero, aquellos que reciben una llamada especial del Señor ¿tienen unas cualidades particulares? No. San Pablo nos lo dice muy claramente: “nos llamó a una vida santa no por nuestros méritos, sino porque (…) dispuso darnos su gracia”. La vocación es una gracia que no merecemos.
Pero es una gracia que compromete toda la persona en un trabajo duro. Pablo lo tiene muy claro cuando da sus consejos a Timoteo: «Toma parte en los duros trabajos del Evangelio, según las fuerzas que Dios te dé». Es una invitación sin duda a arrimar el hombro cuando llegan los problemas y a seguir fiel. Seguir a Jesús no es fácil.
Escuchar a Jesús
Cuando llega ese momento de la dificultad es cuando cobra sentido el evangelio de hoy, el evangelio de la Transfiguración de Jesús. Su contexto litúrgico nos lo presenta después de la visita del tentador (domingo pasado) y su contexto literario, al comienzo del camino hacia la cruz y después del anuncio de la pasión (en los tres sinópticos). Es decir, es un contexto de desánimo después de conocer las exigencias del seguimiento; un contexto de tentación de abandono y de retirada. En este contexto, Jesús tomó consigo a los tres que luego serán testigos de su agonía en Getsemaní, y «se los llevó aparte a una montaña alta».
Allí, en la montaña, descubrirán, mejor, re-descubrirán, el origen, el motivo de su vocación, de su seguimiento. ¿Por qué vamos con Jesús? ¿Por qué le seguimos?
No para complacernos, ni para buscar éxitos ni ser aplaudidos. La teofanía del monte nos deja un mensaje tan claro como firme: «Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadle». Seguimos a Jesús porque hemos escuchado su voz, porque reconocemos que sus palabras son luz y guía para nuestro camino, porque le reconocemos como el Hijo de Dios.
Pedro, Santiago y Juan tienen la suerte, la gracia, de contemplar de manera fugaz la gloria del Hijo. Hay elementos narrativos como los vestidos blancos y el rostro resplandeciente que nos sugieren un anticipo de la victoria sobre la muerte, de la resurrección (mencionada incluso en el v.9). Así, la palabra de Jesús «Levantaos, no temáis» cobra todo su sentido. No se trata solo de un ponerse en pie físicamente, sino de de recuperar la dignidad perdida al sucumbir a la tentación, al desánimo, a la desesperanza. Jesús, Él mismo, nos da la confianza necesaria para seguir.
El sacerdote, regalo de Dios para el mundo
El sacerdote es alguien que, como Abrahán, ha escuchado la voz de Dios invitándole a dejarlo todo. A pesar de no ver claro se lanza confiando en la bendición de Dios. Por eso la misma presencia de un sacerdote debería ser un regalo para nosotros. Efectivamente, él nos recuerda que nada en este mundo puede atarnos definitivamente. Solo Dios lo merece todo.
El sacerdote asume también «los duros trabajos del Evangelio». Y asumiéndolos nos colma de regalos que vienen de Dios a través de los sacramentos, la proclamación y explicación de la Palabra de Dios, las acciones caritativas, el acompañamiento, etc…
Para que el sacerdote pueda llevar a cabo su misión no puede dejar de tener como referente a Jesús. Es a Él a quien tiene que escuchar. Es solo así como mostrará a los demás cristianos el camino, para que también le escuchen y le reconozcan como hijo de Dios.
Peticiones
Se pueden tomar las mismas que para el día de San José.
Acción de gracias
Se pude hacer la oración propuesta para el día de San José.
ZENIT publica la reflexión teológico-pastoral sobre el mensaje de Benedicto XVI con motivo de la Cuaresma de este año, "Con Cristo sois sepultados en el Bautismo, con él también habéis resucitado" (cf. Col 2, 12), que ha compartido con ZENIT el Consejo Pontificio "Cor Unum".
"Con Cristo sois sepultados en el Bautismo, con él también habéis resucitado" (cf. Col 2, 12). Estas palabras de san Pablo a la comunidad cristiana de Colosas hacen referencia al tema del Bautismo, que el Papa Benedicto XVI ha elegido para su Mensaje de Cuaresma de este año. El Santo Padre cita un pasaje del Apóstol de los Gentiles como síntesis de la finalidad de este sacramento: "conocerle a él, el poder de su resurrección y la comunión en sus padecimientos hasta hacerme semejante a él en su muerte" (Flp 3, 10-11).
El Consejo Pontificio Cor Unum es el dicasterio de la Santa Sede encargado de la presentación del Mensaje de Cuaresma. La principal tarea de Cor Unum es difundir la catequesis de la Iglesia sobre la caridad y las iniciativas caritativas concretas de nuestro Santo Padre. Para ayudar a dar a conocer este Mensaje cuaresmal anual en vuestras Iglesias, comunidades y organizaciones locales Cor Unum ofrece las siguientes claves de comprensión de este vínculo evidente entre Bautismo y caridad que el Papa Benedicto XVI desea subrayar:
1. Frente al auténtico sufrimiento que encontramos a nivel global - desastres naturales, enfermedad, hambruna, guerra - estamos obligados a dar respuesta a las necesidades inmediatas y a buscar soluciones concretas para aliviar la miseria (cf. Deus Caritas est, 31a). Pero, aunque es importante proveer a las necesidades materiales, de por sí esto nunca puede garantizar la felicidad y la paz duraderas. Cristo fundó la Iglesia para dar mucho más. El sufrimiento, tanto global como personal - enfermedad, soledad, penurias financieras, problemas familiares y, en última instancia, el mayor enemigo de todos, la muerte - requiere una respuesta que sólo el hecho de poseer la vida eterna puede dar: conocer a Cristo, "conocerle a él, el poder de su resurrección y la comunión en sus padecimientos, hasta hacerme semejante a él en su muerte, tratando de llegar a la resurrección de entre los muertos".
2. Este don se nos promete en nuestro Bautismo. En efecto, en el diálogo que forma parte del Rito, las preguntas y respuestas hacen hincapié en el don de la "fe" y en la promesa de la "vida eterna". El sacramento del Bautismo tiene este significado y realiza este don: "Esta misma vida ya se nos transmitió el día del Bautismo, «al participar de la muerte y resurrección de Cristo»", escribe el Papa en su Mensaje de Cuaresma. La palabra griega "bautizar" (báptizein) significa inmersión o sumergir en las aguas bautismales lo que el Apóstol Pablo llama el "hombre viejo" o el hombre que vive según la carne (cf. Col 3, 9). Se trata del hombre que vive sólo para sí mismo, separándose arrogantemente de su Creador y cerrando egoístamente los ojos ante las necesidades de su prójimo. No se trata de una simple descripción teológica: todos entendemos perfectamente lo que es el "hombre viejo" porque hacemos experiencia de los efectos directos de esta índole dentro de nosotros, sintetizados en los siete pecados capitales: ira, avaricia, pereza, soberbia, lujuria, envidia y gula.
3. El Bautismo es el "encuentro con Cristo", escribe el Papa Benedicto XVI en su Mensaje. Nos lava del pecado original que heredamos de nuestros primeros padres y del resultado de todos sus pecados, e imparte una naturaleza nueva, permitiéndonos entrar en "la mentalidad de Jesucristo". Este "hombre nuevo" vive según los sentimientos de Jesús por la "vida eterna" que recibe ya ahora del Espíritu Santo. San Pablo enumera los frutos del espíritu de Dios que habita en nosotros: amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio de sí (Ga 5, 22). En lo hondo del corazón de la persona - bautizada y no bautizada - yace el deseo de recibir y vivir estos frutos. Sólo el hecho de poseer esta vida es un remedio duradero para todo sufrimiento, tanto personal como universal.
4. La nueva naturaleza que recibimos en el Bautismo es la fuente para las obras de caridad específicas por amor de Dios y del prójimo, el primer y mayor mandamiento de la nueva Ley y compendio de todo el Evangelio (cf. Mt 22, 34-40). El ayuno, la limosna y la oración son una ayuda para que muera nuestra vieja naturaleza y abramos nuestro corazón al Señor y a nuestros hermanos y hermanas necesitados.
La fe, junto con la promesa de "vida eterna" que se nos hace en el Bautismo, debe crecer, ser constantemente alimentada (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 1254). Esta Cuaresma el Papa Benedicto XVI propone un itinerario o "hoja de ruta" para ayudarnos en esta tarea. Tres elementos pueden ser especialmente útiles para proponer a las comunidades parroquiales, a las instituciones (como las escuelas católicas y las universidades) y a los fieles:
--Primero, el Santo padre fija para nosotros citas concretas con personas y acontecimientos específicos en los cinco domingos de Cuaresma. Nos pone ante la Palabra de Dios que se proclama en esos domingos. De este modo desea que hagamos la experiencia de un encuentro personal con Cristo, la respuesta a los anhelos más profundos de la persona humana y del mundo. Este encuentro se puede concretar en el tiempo que dedicamos personalmente o con otros a la lectura de estos pasajes de la Escritura y que durante estos cuarenta días nos permiten escuchar, contemplar y poner en práctica la Palabra de Dios.
--Segundo, el encuentro con Cristo a través de su Palabra y los sacramentos se manifiesta en obras concretas de misericordia. También aquí, en nuestras parroquias, comunidades, instituciones educativas o de otro tipo, al igual que cada uno de nosotros personalmente, tenemos la oportunidad en este tiempo favorable, con la ayuda de la gracia de Dios, de dejar de vivir para nosotros mismos y de orientar nuestros corazones al amor a Dios y a nuestros hermanos necesitados. Este es también el ímpetu de las campañas cuaresmales que organizan las Conferencias Episcopales y otras entidades.
--Tercero, el Papa nos presenta el tiempo de Cuaresma como un "camino" o "itinerario", un arco de tiempo para que dé fruto la semilla plantada en el Bautismo. Este, nos indica el Papa, refleja la entera existencia de cada persona, vivida entre la resurrección de Cristo y la nuestra; este definitivo ofrecimiento de comunión con Dios para la eternidad conforma desde dentro nuestra vida actual, tanto en el ámbito social como individual. Este tercer elemento subraya la necesidad de alentar a vivir este itinerario con la ayuda de la gracia, particularmente mediante los sacramentos de la Reconciliación y la Eucaristía.
ZENIT publica el artículo que ha escrito monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas, con el título "Evangelización integral".
VER
En el reciente Encuentro de Catequistas de Adultos en nuestra diócesis, se lamentaba que hay personas que critican el que, en las catequesis y en las celebraciones, se aborden problemas de la comunidad a la luz de la Palabra de Dios. Hay fieles que querrían que nos quedáramos en un angelismo desencarnado y que habláramos de un Dios distante y alejado de lo que vive el pueblo. Como si la fe se redujera a un sentimiento piadoso, sin incidencia en la realidad. Es una queja que se escucha no sólo entre nosotros, sino en muchas otras latitudes.
Por otra lado, también hay quienes manipulan la Palabra de Dios para hacerla decir lo que uno piensa y quiere imponer; se escogen siempre textos que tienen que ver con los procesos sociales y políticos, sin dar su debida importancia a la oración, a la Misa dominical, a la confesión sacramental, a la estructura jerárquica de la Iglesia, a la defensa de la vida en el seno materno, a la devoción mariana.
No es fácil el equilibrio entre las dimensiones espiritual, trascendente y sobrenatural de la fe, con la social, política y cultural. No es sencillo armonizar las fuerzas entre la mano izquierda y la derecha del Cuerpo de Cristo, teniendo en cuenta que en la Iglesia del Señor se necesitan izquierdas y derechas, no peleando entre sí mismas, desgarrándose internamente, sino complementándose, para bien del pueblo.
JUZGAR
Dice el Papa Benedicto XVI en su mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones del próximo octubre: "La evangelización es un proceso complejo y comprende varios elementos. Entre estos, la animación misionera ha prestado siempre una atención peculiar a la solidaridad..., para dar la propia contribución a la mejora de las condiciones de vida de las personas en países en los que son más graves los fenómenos de la pobreza, malnutrición sobre todo infantil, enfermedades, carencia de servicios sanitarios y para la educación. También esto forma parte de la misión de la Iglesia".
Y reafirma con toda claridad, retomando lo que decía Pablo VI: "La Iglesia se toma en serio la vida humana en sentido pleno. No es aceptable que en la evangelización se descuiden los temas relacionados con la promoción humana, la justicia, la liberación de toda forma de opresión, obviamente respetando la autonomía de la esfera política. Desentenderse de los problemas temporales de la humanidad significaría ignorar la doctrina del Evangelio acerca del amor al prójimo que sufre o padece necesidad; no estaría en sintonía con el comportamiento de Jesús, el cual ‘recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas, proclamando la buena nueva del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias' (Mt 9,35).
ACTUAR
Revisemos en qué hacemos consistir nuestra fe y cómo llevamos la pastoral evangelizadora. No basta ir a Misa, bautizarse, recibir los demás sacramentos y recitar algunas oraciones. Esto es importante, pues es acercarse a la fuente de la vida y llenarse del amor de Dios, pero no para quedarse en ello, sino para proyectarse en el servicio a los demás, tanto al interior de la comunidad cristiana, como en los areópagos de la política, la economía, la educación, los medios de comunicación, etc. La fe debe llevar a la transformación de costumbres, de estilos de vida, de criterios y formas de pensar, para que sean conformes al Evangelio.
Sin embargo, todo tiene su tiempo y su lugar. No se puede manipular una celebración haciendo a un lado los textos bíblicos señalados por la Iglesia, o llevándolos a temas ajenos al momento litúrgico. La realidad que debe iluminar la Palabra de Dios no se reduce a lo social, político y económico, sino que abarca muchos otros aspectos. No es lo mismo una homilía, en que se explican los misterios que se celebran y se proyectan a la vida diaria, que una rueda de prensa, en que se abordan otro tipo de asuntos. No es lo mismo una Misa dominical, que una catequesis sistemática sobre cuestiones que la misma Doctrina Social de la Iglesia nos propone, y que tienen que ver directamente con lo social, político y económico. Seamos integrales en la vivencia de la fe y en la evangelización.
Lectio divina para el jueves de la primera semana de Cuaresma 2011, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diocesis de Tenerife.
LECTURA: “Lucas 9, 22‑25”
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día.»
Y, dirigiéndose a todos, dijo: «El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se perjudica a sí mismo?»
MEDITACIÓN: “Seguirme”
No puede extrañarnos tu invitación, hay muchos seguidores y muchos que se ofrecen o que piden ser seguidos, algunos hasta lo exigen y si dejan de hacerlo las consecuencias pueden ser nefastas, porque el protagonismo o todo lo que implique o consideremos que implique algún tipo de poder o de situarnos por encima nos resulta tremendamente apetecible.
Por otra parte, a nadie le disgusta seguir a alguien que tenga poder y se beneficie de alguna manera de ello, además lo buscamos de mil maneras, aunque sea para recoger migajas, siempre hablando a nivel material, claro está. Y es ahí donde radica el problema con tu llamada, Señor, que lo que tú ofreces no está entre los objetivos más buscados.
Cuando estamos afirmando nuestra autonomía y todo se centra en lo personal, tú nos hablas de negarnos a nosotros mismos. Cuando todo el mundo busca el bienestar y se nos llena la boca de la palabra, digo bien, de la palabra felicidad, tú nos hablas de cruz. Como puedes entender, Señor, si no tenemos más horizonte que el que vemos, como dice el refrán “más vale pájaro en mano”, lo mejor es intentar alcanzar aquí lo máximo que cada uno puede y sálvese quien pueda. Y no precisamente en el sentido en el que tú nos hablas de salvación.
Y tú sigues empeñado en invitarnos, en invitarme a seguirte, inmerso en ese programa. Y, puede ser que me mantenga en mi locura y en la tuya, pero sí, quiero seguirte. Quiero seguirte porque quiero ser capaz de romper mi círculo pequeño y estrecho que me lleva a vivir girando en torno a mí. Quiero seguir aprendiendo a salir de mí y descubrir mi dignidad, mi capacidad de crecer en humanidad. Quiero y deseo ser capaz de asumir mis aciertos y desaciertos, mis luces y mis sombras, mis gozos y mis sufrimientos, mis amores y mis perseguidores, y con ellos seguir avanzando sin dejar de amar, convencido de que es el único camino de una felicidad auténtica, aunque sea el hazmerreír de mi entorno. Creo y amo la vida, la que me has regalado y comenzado aquí, y la que creo que me regalarás, se prolongará más allá y donde me esperas. Por eso, sí, claro que sí, con todas mis limitaciones, pero con todas mis fuerzas, quiero seguirte.
ORACIÓN: “Tu referencia
Señor, sabes que trato de vivir inserto en tu seguimiento. Sabes con cuántas caídas lo hago, el esfuerzo que me cuesta muchas veces, el esfuerzo que dejo de hacer en muchísimas ocasiones, y la ilusión que me empuja en otras. Pero quiero seguirte porque sólo en ti descubro el sentido de la vida, el sentido de mi vida.
Sabes que necesito de la fuerza de tu palabra, del calor de tu presencia, de la que muchas veces me distancio al mismo tiempo que lo pido. Sabes que no lo tengo fácil en muchos momentos, ni desde dentro de mí ni desde fuera. Que no pierda nunca tu referencia, Señor.
CONTEMPLACIÓN: “Tu mano firme”
Siento en muchos momentos
que mi paso se hace cansino
frenado por muchos lastres,
difuminada la ilusión
y aplastada por la realidad
de mis propios lastres
que apagan la fuerza
y la belleza de tu amor.
Y en ella sigue resonando
el eco de tu invitación,
la calidez de tu mirada.
y el deseo de lo más mío
que, sin saber cómo,
sigue queriéndose hacer don.
Y siento tu mano firme
que aprieta la mía
con la ingente fuerza de tu ternura
que me envuelve
y arrastra mis pasos en pos de ti.
Vigilia de Oración con jóvenes- Cuaresma 2011, ofrecida por la Delegación Diocesana de juventud de la diócesis de Tenerife.
“ATRAERÉ A TODOS HACIA MI”
PARA LA PREPARACIÓN
Se desarrolla en una capilla adaptada. En forma de gran plaza se coloca en un lugar visible la imagen de Cristo crucificado de tamaño grande, de tal manera que sea accesible para poder llegar a ella y realizar un gesto. Con velas pequeñas se ilumina el lugar, de forma que quede en penumbra todo el ambiente. El Cristo puede estar iluminado con un foco de tipo cañón. De las manos del Cristo penden largas cintas de tela de diversos colores que servirán para realizar un gesto durante la celebración.
Los participantes están sentados alrededor. No se les reparte cancioneros, dado que no es posible poder leer en ese ambiente sin luz. A medida que van entrando se van colocando en su sitio. Un fondo musical estará puesto desde el principio y va creando ambiente.
MATERIALES
! Alargador de luz eléctrica.
! Mantas en el suelo para sentarse
! Reproductor de cd y música de oración
! Foco (tipo cañón)
! Cristo crucificado (en lugar visible a todos)
! Linternas para leer los textos.
! Textos para lectores
! Cintas de colores que cuelguen de las manos del Cristo en las que estarán escritas palabras de compromiso ( caridad, perdón, oración, solidaridad, fidelidad…)
! Velas encendidas en torno al Cristo.
! Tijeras para cortar las cintas.
1. MOTIVACIÓN
Se realiza en una sala distinta de la capilla, antes de pasar a la oración. En la capilla debe estar todo preparado. En la sala se motiva la celebración con estas o semejantes palabras, después de un tiempo prudencial de ensayo de cantos.
Buenas noches/tardes:
En este tiempo de oración queremos acercarnos hasta Jesús de Nazaret, el maestro, el único protagonista de nuestro encuentro, el que nos ha seducido con su vida. No vamos a tener prisas con Él en este rato.
Porque se trata de estar con Él. Nuestra vigilia de oración no tiene otras pretensiones. Evitemos el efectismo, que busca lo bonito y acaba olvidando al Señor. Superemos el cansancio, dejando que el Espíritu encienda en nosotros el deseo del encuentro con el Señor. Acudamos a su presencia con humildad, derramando nuestro corazón herido ante su presencia. No nos escondamos ante su mirada por miedo o por comodidad. No cerremos nuestros labios ante sus oídos comprensivos. No dejemos que se enfríe nuestro corazón ante su corazón de fuego. Vamos a ir juntos a su presencia.
Hace días comenzamos la cuaresma, tiempo de cambio que nos invita a la conversión. Tiempo para mejorar, tiempo para acercarnos al corazón de Jesús. Tiempo para dejar espacio para el Amor. Pero… ¿Qué quiero cambiar, Señor? ¿En qué me puedo convertir? ¿En qué actitudes quiero que entre tu amor?
Convertirse es cambiar, es reconciliarse, es mirar en otra dirección, más allá, más lejos, más profundo. Convertirse es arriesgar por el amor, es apostar por un mundo mejor en el que vivamos en sintonía con Jesús. Por ello, dejémonos amar por él, y así convertirnos desde el fondo.
Con estos deseos de cambio acerquémonos a la Palabra de Dios, ella es la que ilumina nuestros pasos y con ella aprendemos a amar más a nuestros hermanos. Abramos el corazón y acojamos a nuestro Señor
2. CANTO DE INTRODUCCION (canto de Cuaresma a elegir por cada grupo)
3. ORACIÓN
Una vez pasado el desconcierto que se puede originar hasta que los participantes estén acomodados y hayan entrado en ambiente, se hace pausadamente esta oración o incluso se puede entonar creando un clima de paz y tranquilidad.
ORACIÓN DE SANTA TERESA
Nada te turbe, nada te espante
Quien a Dios tiene nada le falta
todo se pasa, Dios no se muda,
la paciencia todo lo alcanza,
quien a Dios tiene nada le falta
sólo Dios basta.
Nada te turbe, nada te espante;
quien a Dios tiene nada le falta.
Nada te turbe, nada te espante;
sólo Dios basta.
4. PALABRA DE DIOS
Terminado el canto se deja un instante de silencio para preparar la interiorización. Pasado éste, se proclama de forma muy clara y lenta, el texto del Evangelio
Dijo Jesús:
Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el labrador. Todo sarmiento que en mí no lleva fruto, lo cortará; y a todo aquel que dé fruto, lo podará para que dé más fruto.
(Espacio de silencio)
... Permaneced en mí como yo en vosotros. Así como el sarmiento no puede producir fruto si no está unido a la vida, así tampoco vosotros podéis dar fruto si no estáis unidos a mí....
(Espacio de silencio)
Yo soy la vida y vosotros los sarmientos. Quien está unido a mí y yo a él, ése da mucho fruto. Porque sin mí no podéis hacer nada...
(Espacio de silencio)
Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. En adelante, ya no os llamaré siervos, porque el siervo no conoce lo que hace su señor. Desde ahora os llamo amigos, porque os he dado a conocer todo lo que he oído a mi Padre (Jn 15, 1-15)
(Espacio de silencio)
Dijo Jesús:
Te pido que todos sean uno, Padre, lo mismo que tú estás en mí y yo en ti, que también ellos estén unidos a nosotros; de este modo, el mundo podrá creer que tú me has enviado. Yo les he dado a ellos la gloria que tú me diste a mí, de tal manera que puedan ser uno, como lo somos nosotros. Yo en ellos y tú en mí, para que lleguen a la unión perfecta, y el mundo pueda reconocer así que tu me has enviado y que los amas a ellos como me amas a mí. Padre, yo deseo que todos estos que tú me has dado puedan estar conmigo donde esté yo, para que contemplen la gloria que me has dado, porque tú me amaste antes de la creación del mundo (Jn 17,21-24)
PALABRA DE DIOS
5. REFLEXION DE LA PALABRA DE DIOS
6. CANTO DE RESPUESTA A LA PALABRA
COMO EL PADRE ME AMÓ,
YO OS HE AMADO.
PERMANECED EN MI AMOR (bis)
7. ORACIÓN COMPARTIDA
Se lee entre dos personas haciendo una pequeña pausa después de cada expresión. Después se deja tiempo para que compartir de forma espontánea.
Tú serás COMPAÑERO DE JESÚS
$ Si te pones a la escucha de la Palabra de Dios y con la ayuda del Espíritu Santo vas descubriendo que tu vocación, aquello que Dios quiere de tu vida, pasa necesariamente por la entrega a los demás.
$ Si Cristo es tu mejor amigo y diariamente te comunicas con El, ya en oración particular, ya en la liturgia de la Iglesia a través de los sacramentos.
$ Si en tu vida cristiana satisfaces tus principales necesidades básicas: la necesidad de convivir, de comunicarte, de amar y de ser amado, la necesidad de salir de la soledad, de ser acogido y de ser comprendido.
$ Si la amistad profunda y sabrosa con Jesús tu amigo es una necesidad diaria en tu vida y no puedes pasar un día sin estar con Él, pase lo que pase.
$ Si al llamar a Dios: ¡PADRE!, en tu corazón sientes a todos los hombres y mujeres como HERMANOS, de manera que no te cansas de vivir con las manos abiertas y con un corazón sin puertas.
$ Si te mantienes fiel a Jesús a las duras y a las maduras, si te conviertes en esclavo y el servidor de todos y si haces de la acogida amistosa tu deber diario y vives para servir.
$ Si valoras a los demás sin límites, los comprendes sin límites y los alegras a tope, experimentando que el amor todo lo soporta.
$ Si eres capaz de perdonar siempre a todos y aceptas y comprendes al otro tal cual es y no como te gustaría que fuera, estando dispuesto a empezar siempre de nuevo
A continuación el grupo orante permanece en silencio para que en ese ambiente de oración se pueda interiorizar y personalizar.... Se invita además a que se añadan expresiones orantes... pero lo importante es ese clima que favorece el encuentro personal con el Señor...
8. MOTIVACIÓN PARA EL GESTO ANTE CRISTO
Tus brazos abiertos, Jesús, nos invitan a un abrazo común.
Son una llamada a seguirte y a vivir en comunidad con todos los que te quieren seguir... Tus manos agujereadas se alargan queriendo llegar a todos, deseando volver a repetir el milagro de la curación con su toque divino... Tú nunca quisiste vivir sólo... Tú, Señor, nos necesitas porque nos amas con locura. Por eso te has querido quedar para siempre en medio de nosotros. Cada vez que nos reunimos dos o más en tu nombre, sabemos que eres tú quien nos atraes. Has cumplido lo que dijiste: Atraeré a todos a mí.
Nosotros también esta noche queremos decirte sí.... queremos vivir esta cuaresma como un tiempo de conversión. Te decimos con orgullo que puedes contar con nosotros. Queremos vivir en comunidad de vida. Te lo queremos expresar todos los que estamos aquí, mirándote ahí colgado en esa cruz, con las manos cosidas al madero con los clavos, pero con los brazos bien abiertos dispuestos a acoger, abrazar, perdonar y acariciar...
(Dirigiéndose ahora a los participantes) Por eso, ahora os invito a todos vosotros, miembros de comunidades, a que volváis a manifestar ante Jesús de Nazaret, el maestro bueno, el Señor, vuestro compromiso de seguir en Él y con Él, entregándoos a vuestra comunidad. Renovad vuestro compromiso con un gesto sirviéndoos de las cintas que penden de las manos abiertas de Cristo. Cada uno, por tanto, os vais levantando cuando lo sintáis y expresáis vuestro compromiso de alguna manera. No lo hagáis con prisas, ni de manera maquinal. Poned el alma en ello.
Estamos ante el Señor. (SE CORTAN TROZOS DE CINTA CADA CUAL EL QUE QUIERA)
Se deja tiempo para que se realice el gesto. Debe ser un momento profundo, vivido sin prisas. Lo acompañamos con música ambiental y con cánones
9. AMBIENTACIÓN DEL GESTO (cánones cantados)
10. PADRENUESTRO
Con una pequeña motivación por parte de quien dirige la oración, terminamos rezando la oración que expresa la comunión, el ser hijos y hermanos, la oración que Cristo nos enseñó. Lo hacemos uniendo todos las manos, poniendo las suyas sobre la cruz los que más próximos estén al Cristo.
11. CONCLUSIÓN
Los participantes van terminando su oración. Quien lo desea puede seguir en la capilla. No hay prisas. Evitar ruidos innecesarios por parte de quienes van saliendo.
DOMINGO 2 DE CUARESMA
20 de Marzo de 2011
Jesús, el Hijo amado de Dios, a quien queremos escuchar y seguir, esté con todos vosotros
- Hermanas y hermanos. En nuestro camino hacia la Pascua nos reunimos para celebrar la Eucaristía en este segundo domingo de Cuaresma. Jesús nos convoca aquí, en esta iglesia, como un día tomó consigo a sus discípulos predilectos y se los llevó aparte a una montaña alta para transfigurarse delante de ellos.
- Ojalá que, al vemos iluminados por la luz de Jesús, al escuchar la Palabra del Padre, al comer el Pan de Vida, podamos decir como Pedro:"Señor, ¡qué bien se está aquí!".
A. penitencial: Ahora, al empezar, pidamos en silencio al Señor que limpie nuestro corazón, para que seamos dignos de experimentarlo presente en medio de nosotros. (Silencio, sin prisa).
Confesemos juntos nuestros pecados: Yo confieso ante Dios todopoderoso ...
Dios todopoderoso, rico en misericordia, se apiade de nosotros ...
y ahora desde nuestra debilidad, invoquemos a Aquel que nos ama y tiene piedad de nosotros:
SEÑOR, TEN PIEDAD / CRISTO, TEN PIEDAD / SEÑOR, TEN PIEDAD (can-
tado).
1 . lectura (Génesis 12,1 -4a):Escucharemos ahora una lectura muy breve, pero que marca un momento decisivo de la historia de la salvación de Dios. Se trata de la llamada que Dios hizo a Abrahán, y cómo éste respondió. Una
llamada y una respuesta que son modelos para los creyentes de todos los tiempos. Pongamos atención.
2. lectura (2 Timoteo 1,8b-10): Esta segunda lectura nos hablará de la salvación que hemos recibido por Jesucristo. Escuchémosla con atención y agradecimiento.
Oración universal: En Jesús, en su cruz, está nuestra vida y la de la humanidad entera. Puesta nuestra mirada en el crucificado glorioso, oremos cantando: KYRIE, ELEISON.
Por todos los cristianos. Para que vivamos con intensidad este tiempo de conversión, para poder compartir con Jesús su muerte y su resurrección. KYRIE, ELEISON.
Por los sacerdotes de nuestra diócesis. Para que den siempre un buen testimonio de fe y de esperanza. KYRIE, ELEISON.
Por los seminaristas. Para que vivan llenos del amor de Dios y de un profundo espíritu de servicio a los hermanos. KYRIE, ELEISON.
Por nuestras comunidades cristianas. Para que de ellas surjan jóvenes dispuestos a seguir a Jesús en el ministerio sacerdotal. KYRIE, ELEISON.
Por nosotros. Para que la celebración del misterio pascual del Señor nos renueve y fortalezca en nuestra vida y en nuestra fe. KYRIE, ELEISON.
Escucha, Señor, nuestras oraciones, y derrama sobre el mundo entero tu amor y tu perdón. Tú que ...
Padrenuestro: Jesucristo es el Hijo amado del Padre. Los que le escuchamos, elevamos (nuestras manos y) nuestras voces al cielo, diciendo:
Gesto de paz: En Cristo, que nos ha reconciliado con su cruz, daos fraternalmente la paz.
CPL
ZENIT publica la intervención, el martes 2 de marzo de 2011, de monseñor Silvano Tomasi, observador permanente de la Santa Sede ante la Oficina de las Naciones Unidas en Ginebra (Suiza), durante la Sesión Ordinaria del Consejo de los Derechos del Hombre sobre la libertad religiosa, y que hoy ha hecho pública la Santa Sede.
Señor presidente,
1. En el centro de los derechos humanos fundamentales está la libertad de religión, conciencia y creencias: afecta a la identidad personal y a las decisiones básicas, y hace posible el goce de otros derechos humanos. Tal y como reconoce la Declaración de la ONU sobre la eliminación de la Discriminación Religiosa, la dimensión espiritual de la vida es una parte vital de la existencia humana [1]. Pero una creciente proliferación de episodios de discriminación y de actos de violencia contra personas y comunidades de fe y lugares de culto en muchas regiones geográficas diferentes del mundo deniega en la práctica el principio proclamado en la ley. La lucha religiosa es un peligro para el desarrollo social, político y económico. El conflicto religioso polariza a la sociedad, rompiendo los vínculos necesarios para que florezcan la vida social y el comercio. Y siembra semillas de desconfianza y amargura que podrán superarse sólo en generaciones. A menudo la impunidad y la negligencia de los medios de comunicación siguen a estas tragedias. Un reciente informe muestra que por cada 100 personas asesinadas a causa del odio religioso, 75 son cristianas [2]. Tal concentración de discriminación religiosa debería preocuparnos a todos noostros. Pero el propósito de la Santa Sede en esta intervención es el de reafirmar la importancia del derecho a la libertad de religión para todas las personas, para todas las comunidades de creyentes, y para toda sociedad, en todo lugar del mundo.
2. El Estado tiene el deber de defender el derecho a la libertad religiosa y tiene la responsabilidad de crear un ambiente en el que este derecho pueda ser disfrutado. Como se afirma en la Declaración sobre la Discriminación Religiosa y en otros lugares, el Estado tiene que realizar muchos deberes en el funcionamiento diario de la sociedad. Por ejemplo, el Estado no debe practicar la discriminación religiosa – en sus leyes, en sus políticas, o permitiendo de facto la discriminación por parte de empleados públicos. Debe promover la tolerancia religiosa y la comprensión en la sociedad, un objetivo que puede lograrse si los sistemas educativos enseñan a respetar a todos y los sistemas judiciales son imparciales en la implementación de las leyes y rechazan la presión política dirigida a asegurar impunidad a quienes perpetran crimenes contra los derechos humanos contra los seguidores de una religión particular. El Estado debería apoyar todas las iniciativas dirgidas a promover el diálogo y el respeto mutuo entre las comunidades religiosas. Debería reforzar las leyes y luchar contra la discriminación religiosa – vigorosamente y sin selectividades. El Estado debe proporcionar seguridad psicológica a las comunidades religiosas que son atacadas. Debe animar a la mayoría de la población a permitir a las minorías religiosas practicar su fe individualmente y en comunidad sin amenazas ni obstáculos. El Estado debe tener leyes que hagan a los empleadores hacer “ajustes razonables” ante la religión del empleado.
3. La libertad de religión es un valor para la sociedad en su conjunto. El Estado que proteje este derecho permite a la sociedad beneficiarse de las consecuencias sociales que vienen de ello: coexistencia pacífica, integración nacional en las situaciones pluralistas de hoy, mayor creatividad dado que los talentos de todos se ponen al servicio del bien común. Por otro lado, la negación de la libertad religiosa obstaculiza cualquier aspiración democrática, favorece la opresión, y ahoga a toda la sociedad, que de vez en cuando explota con trágicos resultados. Desde esta perspectiva también, está claro que la libertad de religión y de convicciones está unida intrínsecamente a la libertad de opinión, expresión y asamblea. Junto a ello, un clima de libertad religiosa real se convierte en la medicina para prevenir la manipulación de la religión con propósitos políticos de conquista del poder o de mantenimiento del mismo, así como la opresión de los disidentes y de las comunidades y minorías religiosas diferentes. De hecho, la discriminación y las luchas religiosas raramente, si las hay, no son solamente el producto de la diferencia de opiniones y prácticas religiosas. Bajo la superficie hay problemas sociales y políticos.
4. Para recoger los beneficios sociales de la libertad religiosa es necesario elaborar medidas específicas que permitan florecer el ejercicio prácico de este derecho. Señor presidente, quisiera resaltar algunas medidas a nivel de la ONU. El Relator Especial sobre libertad religiosa debería ser invitado con regularidad a incluir información sobre la persecución de grupos religiosos. Sería de ayuda si el Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la Oficina de las Naciones Unidas siguiese los casos de restricciones gubernamentales o sociales contra la libertad religiosa y la trasladase anualmente al Consejo de los Derechos Humanos. El artículo 20 de la Declaración de Derechos Civiles y Políticos [3], referido a la apología del odio religioso que incite a la discriminación religiosa, plantea importantes cuestiones, tales como la relación entre los diversos derechos y sobre las mejores formas de lograr objetivos legítimos. Leyes como la de la blasfemia son un ejemplo de ello. Los grupos de trabajo encargados de estudiar el art. 20 y de proponer buenas prácticas, constituyen un paso en la dirección correcta.
5. Concluyo, señor presidente, llamando la atención sobre tres percepciones falsas que rodean a la libertad de religión y creencias. En primer lugar, el derecho a expresar y practicar la propia religión no se limita a los actos de culto.También incluye el derecho a expresar la fe a través de actos de servicio caritativo y social. Por ejemplo, prestar servicios sanitarios y educativos a través de las instituciones religiosas son importantes formas para las personas de vivir su fe. [4]. Segundo, las comunidades de creyentes tienen sus propias normas para cualificar a alguien para un cargo religioso, y para servir en las instituciones religiosas, incluidos los servicios de caridad. Estas instituciones religiosas son parte de la sociedad civil, y no de los poderes del Estado. En consecuencia, los límites que la ley internacional plantea a los Estados con respecto a las cualificaciones para los funcionarios y los servicios públicos no se aplican automáticamente a los actores no estatales. Según se reconoce en la Declaración sobre la discriminación religiosa, la libertad religiosa implica el derecho de una comunidad religiosa de establecer sus propias normativas [5]. La tolerancia religiosa incluye el respecto a las diferencias de opinión en estos asuntos, y el respeto de la diferencia entre el Estado y la institución religiosa. Y finalmente, existe el temor de que respetar la libertad de elegir y practicar otra religión, diferente de la propia, se basa en la premisa de que toda verdad es relativa y que la propia relición no válida de modo absoluto. Esto es un malentendido. El derecho de adoptar, y de cambiar, una religión se basa en el respeto de la dignidad humana: el Estado debe permitir a toda persona buscar libremente la verdad.
6. Señor presidente, el Estado tiene la obligación legal y ética de apoyar y hacer aplicable el derecho a la libertad de religión o convicción porque es un derecho fundamental y porque es su deber defender los derechos de los ciudadanos y buscar el bienestar de la sociedad,. Como afirmó Su Santidad el Papa Benedicto XVI al dirigirse al Cuerpo Diplomático, la libertad religiosa “es el camino fundamental a la paz. La paz se construye y preserva sólo cuando los seres humanos pueden libremente buscar a Dios en sus corazones y en sus relaciones con los demás" [6].
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1 Declaración sobre la Eliminación de Todas las Formas de Intolerancia y de Discriminación basadas en la Religión o en las Creencias, Resolución 36/55 de la Asamblea General (1981); e.g., cuarto párrafo del preámbulo.
2 Cfr., Ayuda a la Iglesia Necesitada, La Libertad religiosa en el Mundo – Informe 2010; Conferencia sobre la persecución de los cristianos organizada por el Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa, grupos de europarlamentarios del Partido Popular Europeo, del Partido Conservador y del Grupo Reformista el 10 de octubre de 2011
3 Artículo 20 : "1.Toda propaganda en favor de la guerra estará prohibida por la ley. 2. Toda apología del odio nacional, racial o religioso que constituya incitación a la discriminación, la hostilidad o la violencia será prohibida por la ley”.
4 Ver, por ejemplo, el artículo 6(b), Declaración sobre la Eliminación de toda forma de Intolerancia y de Discriminación basada en la Religión o en las Creencias.
5 Artículo 6(g), Declaración sobre la Eliminación de toda forma de Intolerancia y de Discriminación basada en la Religión o en las Creencias.
6 Benedicto XVI. Discurso a los Miembros del Cuerpo Diplomático, 10 de enero de 2011.
[Traducción del original inglés por Inma Álvarez]
Homilía de monseñor Raúl Martorell, obispo de Puerto Iguazú, para el octavo domingo durante el año (27 de febrero de 2011). (AICA)
BUSCAD PRIMERO EL REINO DE DIOS Y TODO LO DEMÁS VENDRÁ POR AÑADIDURA
Nos lleva la liturgia de este domingo a confiar en la Providencia de Dios. Dios nunca abandona a quien cree y confía en El, Dios nunca abandona al pueblo fiel. Cuando el Señor nos prueba estamos tentados de decir: "Dios nos ha abandonado". Esto mismo le sucedió muchas veces a Israel: "El Señor nos ha abandonado, el Señor nos ha olvidado" (ls. 49,14). Pero por boca de los Profetas mismos el Señor responde a su pueblo: "¿acaso olvida una madre a su niño de pecho?" y mira, aunque ellas llegasen a olvidar a sus niños, Yo el Señor no te olvido" (Ib. 15). Dios nos llama a la vida en un acto de amor y es imposible que en su amor de Padre El nos olvide. El hombre frecuentemente, en su debilidad y en su inclinación al pecado, olvida a quienes ha traído a la vida y aún en su pobreza espiritual es hasta capaz de quitarle la vida.
Pero, aunque Dios nos pruebe, El no obra de manera semejante al hombre. El nos ama con amor infinito y respeta nuestra vida. El nos da la vida en el momento mismo de la concepción y la lleva a su término natural. Mientras tanto a quienes nos acogemos a El, amándole y respetándole, nos cuida de todo mal y sobre todo de la muerte eterna: "no andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué me vestiré" (Mt. 6,25).
Nuestro corazón y nuestra mente se llenan de afanes y angustias porque confiamos demasiado en nosotros mismos, en nuestros propios recursos, en nuestras propias posibilidades dejando a Dios de lado. Quitamos a Dios de nuestras vidas confiando sólo en nosotros, sin darnos cuenta no solamente que el Señor es dueño de la vida y que puede probarnos, sino que nosotros somos débiles, tanto en nuestra inteligencia como en nuestra voluntad. Creemos más en los medios humanos que en el auxilio de Dios, en nuestras propias iniciativas que en la Providencia del Señor que cuida de unos y de otros. Otras veces estamos tan ocupados de nuestros negocios que no nos queda tiempo ni capacidad para acudir a Dios. Jesús introduce el discurso sobre la Providencia de Dios: "nadie puede servir a dos señores, a Dios y al dinero". El dinero es necesario para vivir, pero cuando se convierte en nuestro amo, nos tiraniza quitándonos la libertad -don maravilloso de Dios- y el interés por Dios, los hermanos y la sociedad, alejando de nosotros el sentido del bien común y llega a hacernos sus esclavos.
En cambio, cuando el hombre mira la existencia y el dinero en su justa medida, no le teme a la vida, porque ha puesto su confianza en Dios. Tampoco es esclavo de sus negocios, porque les serán dados en añadidura. Su amor estará puesto en la belleza y bondad de la vida, en Dios su Señor y Padre, confiando que nunca le abandonará. Cree en su Providencia, en El ha puesto su confianza.
En realidad es la poquedad de la fe del hombre, la que le hace tan inseguro de Dios y tan preocupado de si mismo. Jesús nos dice que esta conducta es propia de los paganos: "por estas cosas se afanan los paganos" (lb. 32). Y sin embargo es tan fácil para los cristianos dejarnos tomar por esta mentalidad puramente terrena y no ver más allá de los horizontes materiales y creer solamente en los negocios y ganancias terrenas, creyendo que sólo los bienes materiales nos darán el gozo y la felicidad. En cambio a quien ha puesto en Dios su confianza, El le hace descansar en su Providencia y lo libra de la esclavitud de los afanes terrenos: "buscad primero el Reino de Dios y su justicia y todo lo demás vendrá por añadidura" (Mt.6,33).
Que la Virgen, Madre confiada, nos enseñe a vivir el camino de la Providencia divina.
Mons. Marcelo Raúl Martorell, obispo de Puerto Iguazú
Mensaje de monseñor Agustín Radrizzani, arzobispo de Mercedes-Luján, a toda la comunidad arquidiocesana, con motivo del inicio del año pastoral (Marzo de 2011). (AICA)
INICIO DE UN NUEVO AÑO PASTORAL
Queridos hermanos y hermanas en el señor:
1) Nos disponemos a iniciar pastoralmente este 2011, asumiendo integralmente los diversos aspectos de la realidad que nos toca vivir: el gozo y la esperanza, la angustia y la tristeza de los hombres de nuestros días . Quisiera que trabajemos juntos, como discípulos misioneros del Señor para que su Vida se prolongue en nuestra arquidiócesis y abundantemente podamos dar los frutos que el Señor espera.
2) Objetivos que orientan el trabajo pastoral:
2.1 Será el año de la vida. El Papa Benedicto XVI nos ha señalado este tema como motivador de toda la tarea eclesial. Promover el respeto, el desarrollo, la plenificación de toda vida humana, desde el inicio hasta su muerte natural. Les pido tener muy en cuenta que la fuente de la vida es El y por lo tanto, hemos de promover en encuentro y la comunión con Jesús, manifestación humana de la vida divina para que nosotros nos divinicemos.
También la Conferencia de Aparecida tiene como tema principal la vida (aparece la palabra unas 630 veces en el documento) ya desde el lema “Discípulos misioneros para que nuestros pueblos, en El, tengan vida”. Seguro encontraremos allí inspiración para nuestra tarea pastoral. Añado a la presente la carta de la CEA que invita a profundizar el tema de la vida. .
2.2 A nivel arquidiocesano, será el año de preparación de los agentes pastorales para una renovada misión, en sintonía con la Misión Continental, propuesta por Aparecida. Creo necesario subrayar una vez más que no se trata de una misión concebida como un trabajo puntual en un espacio determinado y durante un tiempo (tres o seis meses en este determinado territorio) sino mas bien es una misión que comprende una actitud vital: lo que hemos visto, lo que hemos contemplado es lo que les anunciamos (1 Jn. 1, 1-4). Tampoco se trata de salir a misionar porque “no tenemos gente”, sino porque plenificados por Jesús, queremos darlo a conocer a todos: es lo mejor que nos pasó y nuestra alegría mayor es comunicarlo (cfr. Aparecida, 29).
Es una necesidad imperiosa vivir una fe coherente, que se transparente en toda la vida.
2.3 otro objetivo para este año será una toma de conciencia y un trabajo de todos por las vocaciones sacerdotales. Necesitamos obreros en la viña del señor para lograr los objetivos de Jesús: que el Padre sea glorificado y venga a nosotros su reino.
- cada sacerdote está invitado a dirigir espiritualmente a los jóvenes, para que a través de una vida comprometida con la fe puedan escuchar el llamado del Señor.
- también cada sacerdote, con el testimonio alegre de su propia vocación es signo claro de la llamada para otros.
- toda la comunidad cristiana es responsable de suscitar, acompañar, fomentar y alentar las vocaciones consagradas. Invito en particular a celebrar especialmente el domingo del Buen Pastor (15 de mayo) y reflexionar en las comunidades el mensaje del santo Padre con motivo de la XLVIII Jornada Mundial de Oración por las vocaciones, cuyo título es “Proponer la vocaciones en la iglesia local”.
La virgen de Luján nos acompañe y enseñe para ser verdaderos discípulos misioneros.
Los bendigo y les pido que recen por mi tarea como pastor.
Mons. Agustín Radrizzani, arzobispo de Mercedes-Luján
Concilio Vaticano II, Cons. Past. Gaudium et spes, 1.
Lectio divina para el miércoles de la primera semana de Cuaresma 2011, ofrecida por la Delegaicón Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.
LECTURA: “Lucas 11, 29‑32”
En aquel tiempo, la gente se apiñaba alrededor de Jesús, y él se puso a decirles: «Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación.
Cuando sean juzgados los hombres de esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que los condenen; porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón.
Cuando sea juzgada esta generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que los condenen; porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás.»
MEDITACIÓN: “Uno que es más”
Vivimos en la época de las figuras, de los personajes, que fácilmente hacen seguidores en todos los campos: de la política, del cine, de las artes, de la moda, de los deportes, … Personajes que cuando hablan parece que su palabra es la única y definitiva. Se está pendiente de su vida, de lo que hacen, de lo que dicen, y da la sensación de que todo el mundo tiene que seguirles, y así aparecen en todos los medios.
Siempre, de alguna manera u otra, ha habido personajes así que, por lo que sea, se convertían en referentes, unos por causas más profundas y otros por otras. De ello da fe esta palabra del mismo Jesús. Frente a esos personajes otros quedan relegados o pasan al olvido, o se les exige actuaciones especiales para ser creíbles, sobre todo cuando lo que dicen puede tener consecuencias significativas. Tampoco es de extrañar. Y así te piden pruebas a ti, Señor, van buscando signos espectaculares, magia, tu palabra no les sirve.
Y es que cuando algo no nos interesa, se lo ponemos bastante difícil a los otros. Y tu palabra apretaba y había que buscar la forma de evadirla. Podías haber hecho cualquier signo, no cabe duda, pero no buscabas la aprobación desde un hecho maravilloso, sino desde el sentido de tu palabra. Y por eso pones el ejemplo de personajes que fueron buscados o creídos por la intensidad y la fuerza de lo que trasmitían. Entre ellos y tú había la diferencia que existe entre el mensajero y el mensaje.
Tú eres más que Jonás y que Salomón, y que cualquier otro. Tú eres la Palabra de vida, la Palabra de salvación que quiere tocar los corazones y trastocarlos, y así devolver al hombre y al mundo su belleza y su dignidad. Pero seguimos prefiriendo otras voces, otros mensajes más cómodos. Pero no te cansas, y nos sigues recordando que sigue habiendo en medio de nosotros “uno que es más” y que en escucharle y acogerle todos nos jugamos mucho.
ORACIÓN: “Acogerte y vivirte”
Señor, tengo que pedirte perdón, porque yo también en algunos momentos te he pedido signos, no me bastaba tu palabra. A veces también, aunque ya no me atreva a pedirlos, tampoco acudo a ti, y hasta busco otras palabras que me puedan decir aquello que yo espero, o que me faciliten las cosas, o hasta que me digan lo que yo quiero.
Perdóname, Señor, y dame la luz necesaria para descubrir tu fuerza presente en mí, para escuchar tu palabra de esperanza, para descubrir que me amas. Dame tu luz y el valor necesario para acogerte y vivirte.
CONTEMPLACIÓN: “Simplemente”
No necesito signos
que justifiquen mis miedos
y mis cobardías.
No necesito signos
que ahoguen mi libertad
y dobleguen mi voluntad.
No necesito signos
que me obliguen a seguir
a dioses poderosos
y aceptar lo que no quiero ni deseo.
Me bastan tus gestos
que me muestran la belleza
del amor y del perdón.
Me bastan tus palabras de vida,
que me hablan de bondad
y de ternura,
de compasión y de paz.
Simplemente, me bastas tú.
ZENIT nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI ofreció el jueves 3 de Marzo de 2011 al tercer grupo de obispos de la Conferencia Episcopal de Filipinas, a quienes recibió hoy en la Sala del Consistorio con motivo de su visita ad Limina.
Mis queridos hermanos obispos,
Os doy con alegría la bienvenida mientras realizáis vuestra visita ad Limina Apostolorum. Extiendo mis cordiales saludos a través vuestro a los sacerdotes, religiosos y fieles de vuestras diversas diócesis. Nuestro encuentro de hoy me concede la oportunidad de daros las gracias colectivamente por el trabajo pastoral que lleváis a cabo con amor por Cristo y por su gente. Como dijo san Pablo, “No nos cansemos de hacer el bien, porque la cosecha llegará a su tiempo si no desfallecemos” (Gal 6, 9). Con estas palabras, el Apóstol anima a sus lectores a hacer el bien a todos, pero especialmente a los de la familia de los creyentes. Nos presenta un doble mandato, uno de los cuales es muy apropiado para vuestro ministerio como obispos de las islas del centro y del sur del archipiélago filipino. Debéis trabajar en hacer el bien tanto a los cristianos como a los no cristianos.
Respecto a “los de la familia de los creyentes” que requieren vuestro cuidado apostólico, la Iglesia en vuestras respectivas regiones comparte naturalmente muchos de los restos pastorales que debe afrontar el resto del país. Entre ellos, uno de los más importantes es la tarea de continuar la formación catequética. La profunda piedad personal de vuestra gente necesita ser alimentada y apoyada por una comprensión profunda y un aprecio por las enseñanzas de la Iglesia en materias de fe y de moral. De hecho, se requieren estos elementos para que el corazón humano pueda dar una respuesta total y adecuada a Dios. Mientras seguís reforzando la catequesis en vuestras diócesis, no dejéis de incluir en ella una extensión a las familias, con particular atención a los padres en su papel de primeros educadores de sus hijos en la fe. Esta tarea es ya evidente en vuestro apoyo a la familia frente a las influencias que quieren disminuir o destruir sus derechos e integridad. Reconozco que proporcionar este tipo de formación catequética no es una tarea pequeña, y aprovecho la oportunidad para saludar a las muchas religiosas y catequistas laicos que os ayudan en esta importante obra.
De hecho, como obispos diocesanos, nunca afrontáis los retos solos, sino que sois asistidos primero y sobre todo por vuestro clero. Junto a vosotros, ellos han dedicado sus vidas al servicio de Dios y de su pueblo, y requieren a su vez vuestro cuidado paternal. Como sabéis bien, vosotros y vuestros hermanos obispos tenéis el deber particular de conocer bien a vuestros sacerdotes y de guiarles con solicitud sincera, mientras que los sacerdotes deben estar siempre preparados para llevar a cabo con humildad y fidelidad las tareas que les confiéis. En este espíritu de cooperación mutua por el bien del Reino de Dios. Seguramente “llegará a su tiempo la cosecha” de la fe.
Muchas de vuestras diócesis han puesto ya en marcha programas de formación continua de los sacerdotes jóvenes, asistiéndoles en su transición desde la programación estructurada del seminario al planteamiento de vida más independiente en la parroquia. Entre estas líneas, es también útil para ellos que se les asignen mentores entre aquellos sacerdotes ancianos que hayan demostrado ser fieles sirvientes del Señor. Estos hombres pueden guiar a sus hermanos más jóvenes en el camino hacia una forma de vida sacerdotal madura y equilibrada.
Además, los sacerdotes de todas las edades requieren atención continua. Deben promoverse días habituales de reunión, los retiros anuales y las convocatorias, así como los programas de educación continua y asistencia para los sacerdotes que pueden estar afrontando dificultades. Confío en que encontraréis forma de apoyar a aquellos sacerdotes cuyas designaciones les dejan aislados. Es gratificante observar cómo el Segundo Congreso Nacional del Clero, realizado durante el Año Sacerdotal, supuso una ocasión de renovación y de apoyo fraternal. De cara a construir sobre este impulso, os animo a aprovechar la celebración anual del Jueves Santo, durante el que la Iglesia conmemora el sacerdocio de una forma especial. De acuerdo con sus solemnes promesas en la ordenación, recordad a vuestros sacerdotes su compromiso de celibato, obediencia, y una cada vez mayor dedicación al servicio pastoral. Viviendo ses promesas, estos hombres se convertirán en padres espirituales con una madurez personal y psicológica que crecerá para reflejar la paternidad de Dios.
Respetando el mandato de san Pablo de hacer el bien a quienes no pertenecen a la familia en la fe, el diálogo con las demás religiones sigue siendo una alta prioridad, especialmente en las áreas del sur de vuestro país. Si bien la Iglesia proclama sin error que Cristo es el camino, la verdad y la vida (cf. Jn 14,6), no es menos cierto que ella respeta todo lo que hay de verdad y de bien en otras religiones, y que busca, con prudencia y caridad, entrar en un diálogo honrado y amistoso con los seguidores de estas religiones en cuanto sea posible (cf. Nostra Aetate, 2). Haciendo así, la Iglesia trabaja hacia una comprensión mutua y el progreso del bien común de la humanidad. Os felicito por el trabajo que ya habéis hecho, y os animo a que, por medio del diálogo que se ha establecido, continuéis promoviendo el camino hacia la verdad y la paz duradera con todos vuestros vecinos, sin dejar nunca de tratar a cada persona, no importa cuáles sean sus creencias, como creada a imagen de Dios.
Finalmente, mientras nos esforzarnos por “no cansarnos de hacer el bien”, debemos recordar que el mayor bien que podemos ofrecer a aquellos a quienes servimos se nos da en la Eucaristía. En la Santa Misa, los fieles reciben la gracia necesaria para ser transformados en Jesucristo. Es alentador que muchos filipinos asistan a la misa dominical, pero esto no debe dejar lugar a la complacencia vuestra como pastores. Es tarea vuestra, y de vuestros sacerdotes, no cansaros nunca de salir en busca de la oveja perdida, asegurándoos de que todos los fieles viven del gran don que se nos ha dado en los Sagrados Misterios.
Queridos Hermanos Obispos, doy las gracias al Señor por estos días de vuestra visita a la Ciudad de Pedro y Pablo, durante la cual Dios ha fortalecido los lazos de nuestra comunión. A través de la intercesión de la Bendita Virgen María, que el Señor lleve vuestro trabajo a término. Os aseguro mi recuerdo en la oración, y de buen grado os imparto a vosotros y a los fieles confiados a vuestro cuidado mi Bendición Apostólica como prenda de gracia y paz.
[Traducción del original en inglés por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]
Reflexión de José Antonio Pagola al evangelio del domingo primero de Cuaresma - A, ofrecido por la Delegación Diocesana de Enseñanza de la diócesis e Tenerife.
MIEDO A JESÚS
La escena conocida como "la transfiguración de Jesús" concluye de una manera inesperada. Una voz venida de lo alto sobrecoge a los discípulos: «Este es mi Hijo amado»: el que tiene el rostro transfigurado. «Escuchadle a él». No a Moisés, el legislador. No a Elías, el profeta. Escuchad a Jesús. Sólo a él.
«Al oír esto, los discípulos caen de bruces, llenos de espanto». Les aterra la presencia cercana del misterio de Dios, pero también el miedo a vivir en adelante escuchando sólo a Jesús. La escena es insólita: los discípulos preferidos de Jesús caídos por tierra, llenos de miedo, sin atreverse a reaccionar ante la voz de Dios.
La actuación de Jesús es conmovedora: «Se acerca» para que sientan su presencia amistosa. «Los toca» para infundirles fuerza y confianza. Y les dice unas palabras inolvidables: «Levantaos. No temáis». Poneos de pie y seguidme. No tengáis miedo a vivir escuchándome a mí.
Es difícil ya ocultarlo. En la Iglesia tenemos miedo a escuchar a Jesús. Un miedo soterrado que nos está paralizando hasta impedirnos vivir hoy con paz, confianza y audacia tras los pasos de Jesús, nuestro único Señor.
Tenemos miedo a la innovación, pero no al inmovilismo que nos está alejando cada vez más de los hombres y mujeres de hoy. Se diría que lo único que hemos de hacer en estos tiempos de profundos cambios es conservar y repetir el pasado. ¿Qué hay detrás de este miedo? ¿Fidelidad a Jesús o miedo a poner en "odres nuevos" el "vino nuevo" del Evangelio?
Tenemos miedo a unas celebraciones más vivas, creativas y expresivas de la fe de los creyentes de hoy, pero nos preocupa menos el aburrimiento generalizado de tantos cristianos buenos que no pueden sintonizar ni vibrar con lo que allí se está celebrando. ¿Somos más fieles a Jesús urgiendo minuciosamente las normas litúrgicas, o nos da miedo "hacer memoria" de él celebrando nuestra fe con más verdad y creatividad?
Tenemos miedo a la libertad de los creyentes. Nos inquieta que el pueblo de Dios recupere la palabra y diga en voz alta sus aspiraciones, o que los laicos asuman su responsabilidad escuchando la voz de su conciencia. En algunos crece el recelo ante religiosos y religiosas que buscan ser fieles al carisma profético que han recibido de Dios. ¿Tenemos miedo a escuchar lo que el Espíritu puede estar diciendo a nuestras iglesias? ¿No tememos apagar el Espíritu en el pueblo de Dios?
En medio de su Iglesia Jesús sigue vivo, pero necesitamos sentir con más fe su presencia y escuchar con menos miedo sus palabras: «Levantaos. No tengáis miedo».
José Antonio Pagola
Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
20 de marzo de 2011
2 Cuaresma (A)
Mateo 17, 1-9
Lectio divina para el martes de la primera semana de Cuaresma, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.
LECTURA: “Mateo 6, 7‑15”
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis. Vosotros rezad así: "Padre nuestro del cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy el pan nuestro de cada día, perdónanos nuestras ofensas, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido, no nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del Maligno."
Porque si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas.»
MEDITACIÓN: “También vuestro Padre”
Dicho así podría parecer que Dios va un poco a nuestro remolque, y que si nosotros hacemos una cosa él hace lo mismo y si no lo hacemos él no lo hace. Sabemos que no es así, precisamente es casi lo contrario. Él nos ama aunque nosotros dejemos de hacerlo, como hace cualquier padre o madre, pero llevado a un nivel que a nosotros ni se nos alcanza siquiera.
Pero en tu pedagogía estas palabras tienen sentido y las entiendo, Señor. Nos estás pidiendo lógica y coherencia. No podemos pedir aquello que no nos planteamos dar nosotros. Y es que estamos acostumbrados a esa actitud ilógica. Queremos que tengan todo tipo de delicadezas y atenciones con nosotros; que nos disculpen y perdonen nuestros fallos y, a veces hasta desmanes, pero nuestras reacciones luego realizan lo contrario con los demás.
Es una llamada a tomar en serio nuestra vida y nuestras actitudes, a ser capaces de dar aquello que queremos recibir, a poner en marcha la coherencia de nuestra fraternidad. Y, es verdad, tal vez no lo podemos pedir a quienes no entran en el ámbito de la fe, pero sí a quienes rezamos la misma oración. Puede ser que nos encontremos en la vida con situaciones que no nos lo ponen muy fácil, donde entran en juego muchas situaciones complejas, difíciles y hasta injustas.
No significa tampoco que hay que dejarse pisar, tú, Señor, jamás lo permitiste contigo. Pero también es cierto que es en las situaciones complicadas donde se pone en juego la verdad de lo mejor de nuestras actitudes y de nuestra categoría humana, algo en lo que debíamos ser maestros quienes rezamos esta oración. Y, no cabe duda, esta cuaresma es un momento de gracia en el que me esperas para ponerme, con toda mi realidad, ante los otros desde ti. Todo un reto ilusionante y humanizador.
ORACIÓN: “Mi respuesta”
Señor, gracias por tu palabra y por tu oración. Gracias porque en pocas palabras abarcas toda la realidad de mi vida y sus puntos centrales desde los que asumir mi vida y mi historia. Gracias porque al decir Padre me estás enseñando a ser hermano y, con ello, lo mejor que hay en el interior de esas palabras y sus consecuencias.
Padre, a ser capaz de entrar en lo más auténtico de mi ser y a darlo. Ayúdame a intentar que mis gestos respondan siempre a tu proyecto de amor, porque tú pides mi respuesta. Y que en aquello que no entiendo, sepa poner siempre lo mejor de mí.
CONTEMPLACIÓN: “Que se haga”
Hágase, Señor,
que se haga en mí como en ti.
Que se haga el amor
en mis entrañas
y el perdón desborde gratuito,
como se desborda el tuyo,
cada mañana,
deshaciendo las trabas
que anudan mi interior
y le impiden volar desde ti.
Que se haga, Señor,
que se haga tu voluntad de amor
y que fluya como un río
Tu vida en mí,
y recorra el corazón
de mis hermanos,
hasta desembocar
definitivamente en ti.
lectio divina para el lunes de la primera semana de Cuaresma 2011, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diöcesis de Tenerife
LECTURA: “Mateo 25, 31‑46”
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.
Entonces dirá el rey a los de su derecha: "Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme."
Entonces los justos le contestarán: "Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?"
Y el rey les dirá: "Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis."
Y entonces dirá a los de su izquierda: "Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis."
Entonces también éstos contestarán: "Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?"
Y él replicará: "Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo."
Y éstos Irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.»
MEDITACIÓN: “¿Cuándo te vimos?”
Buena pregunta y, ciertamente, inmejorable respuesta la tuya, Señor. Pero a pesar de ello, tengo que reconocer que tendría que seguir haciéndote la pregunta, porque a pesar de tanta claridad, se me olvida, o la disimulo, o la lleno de disculpas, o de razones. ¡Es tan complicado! Y, por eso, muchas veces, la mayor parte de las veces, prefiero no mirar, para así no tener que ver.
La verdad es que más fácil no nos lo podías poner. Nosotros que decimos ser muy racionales y pragmáticos, nos gustaría verte en tu esplendor, tener visiones raras entre luces y cosas así, o hasta que cayésemos en éxtasis, en el fondo lo desearíamos. ¡Queremos verte! Y tú empeñado en decirnos que ya te vemos todos los días, y nosotros que no, que dónde, que cuándo. Porque seguimos pensando en visiones y hasta vamos buscando como desesperados a aquellos que dicen haber tenido esa suerte.
Y así, para nuestra desilusión, terminas diciendo que en todos aquellos que necesitan algo de los otros estás tú y lo que se le haga a ellos es hacértelo a ti. Y que hacer brotar una sonrisa es verte sonreír a ti, y que tender una mano a cualquiera es tendértela a ti. ¿Por qué nos empeñamos en desear verte de otra manera? O porqué no recordar, mejor, que si queremos verte así, tenemos que aprender a verte encarnado y doliente. ¿Por qué no comenzar por lo más fácil y a nuestro alcance para poder acceder a lo que para nosotros es imposible y desde ti es gracia?
Y puede ser que en esta cuaresma me esperes así, concreto y necesitado. Ayúdame a reconocerte.
ORACIÓN: “Humanidad en mis gestos”
Señor, intento acercarme y tender mano, pero también soy consciente de que la escondo y me evado muchas veces. Me resulta difícil, complicado, a veces hasta peligroso. Pero sé que estás ahí y no puedo pedirte más presencias. Son las que tú quieres y yo necesito para poder verte.
Sé también, Señor, que mi mano está llamada a ser tu mano y que mi corazón debía latir al ritmo del tuyo. Que este tiempo de gracia me ayude a poner un poco más de humanidad en mis gestos y mis palabras.
CONTEMPLACIÓN: “Quiero verte”
Quiero verte
y tú me esperas
en cada rostro necesitado,
en cada mano tendida,
en cada mirada triste,
en cada soledad vacía.
Quiero verte
y tú me esperas
con gritos o sin palabras,
desnudo o con corbata,
fuera o dentro de casa.
Quiero verte
y tú me esperas.
Me esperas
y quiero verte
Lectio divina para el priemer domingo de cuaresma - A, ofrecida por la Delegaci´`on Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.
LECTURA: “San Mateo 4, 1‑11”
En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al final sintió hambre. Y el tentador se le acercó y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes.
Pero él le contestó diciendo: Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
Entonces el diablo lo lleva a la Ciudad Santa, lo pone en el alero del templo y le dice: Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: Encargará a los ángeles que cuiden de ti y te sostendrán en sus manos para que tu pie no tropiece con las piedras.
Jesús le dijo: También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios.
Después el diablo lo lleva a una montaña altísima y mostrándole todos los reinos del mundo y su esplendor le dijo: Todo esto te daré si te postras y me adoras.
Entonces le dijo Jesús: Vete, Satanás, porque está escrito: Al Señor, tu Dios, adorarás y a él sólo darás culto.
Entonces lo dejó el diablo, y se acercaron los ángeles y le servían.
MEDITACIÓN: “Para ser tentado”
No sé si es la mejor frase para comenzar este primer domingo de cuaresma, pero no cabe duda de que es una realidad que experimentamos y que, tal vez, este texto nos puede ayudar a entender. La tentación forma parte de nuestra vida, y no podía dejar de formar parte de tu experiencia, Señor. Quisiste asumir nuestra condición, nuestra fragilidad, nuestras luchas y nuestros fracasos, aunque tal vez de diferente manera.
Y además leemos asombrados que fue el Espíritu quien te llevó a esa situación. Y es que era necesario, era importante que la experimentases, por ti y por nosotros. Por ti, para comprobar la dureza que conlleva, y la fuerza interior, de mente y de corazón, que hay que poner en marcha para dominarla y, tal vez, para comprendieses que nosotros fracasemos tantas veces en esa lucha o que, sin más, haya momentos en los que nos sintamos incapaces, no sepamos o no queramos luchar.
Importante para nosotros, para descubrir que la tentación forma parte de nuestro camino, y que en ella se va poniendo en juego, a lo largo de nuestra historia, la calidad de nuestro seguimiento, de nuestros deseos auténticos, de nuestro empeño por ser cómo tú dueños de nosotros mismos, de trabajarnos, de luchar para conseguir aquello que realmente queremos o de la verdad de nuestra opciones. Y para descubrir que, por fuerte que sean, por seductor que resulte, tenemos los resortes y la capacidad suficiente para dominarla.
Pero, sobre todo, nos recuerdas con tu actuar, que ese dominio, esa victoria sobre todo aquello que nos quiere encadenar desde dentro o desde fuera, sólo lo podemos vencer en la medida que nos apoyamos en la Palabra de Dios, en la medida en que hacemos de Dios nuestro apoyo, nuestra referencia, nuestra luz, nuestro criterio. Sólo desde él encontramos la fuerza y el sentido para romper nuestro cerco cerrado e insolidario y abrirnos a los otros. Es una lucha personal e intransferible pero en la que Dios se nos manifiesta a nuestro lado.
Una cuaresma más nos recuerda esta lucha constante, y la cercanía de un Dios que nos ama, que sigue saliendo a nuestro encuentro, y que nos espera. Y la nueva llamada a la conversión nos pone en ese camino.
ORACIÓN: “Dando pasos”
Señor, no hace falta que te diga de mis luchas y de mis fracasos, y también de mis cesiones fáciles y cómodas, y de mis justificaciones. Pero sales a mi encuentro y puedo mirarte y aprender de ti. Tu invitación me pesa y me ilusiona, porque me llama a crecer, a encontrarme con lo mejor de mí.
Sigo contando con tu fuerza, con la referencia continua de tu palabra, con tu luz, porque me es fácil acomodar, tergiversar y hasta manipular. Deseo seguir dando pasos, aunque sean titubeantes, hacia ti, porque sé que así aprendo a darlos hacia mí y hacia los demás.
CONTEMPLAR: “Tu mano”
No puedo hablarte sólo de tentaciones,
Tú lo sabes,
sino de caídas; caídas torpes,
gestadas en la superficialidad
y en la ingenuidad de mis engaños
que me encierran en mí,
pero que arrastran con su corriente
tristeza, dolor y vacío.
Y en ese caminar indiferente y cansino,
sigo viendo tu mano, tendida y firme,
que me espera incansable
para elevarme de mí mismo
y de mi aparente fracaso.
Y quiero agarrarme con fuerza a ella,
simplemente para que no me hunda,
y mi esperanza pueda mantenerse
aferrada firmemente en ti.
ZENIT nos ofrece la catequesis que el Papa Benedicto XVI pronunció el miércoles 2 de Marzo de 2011 sobre san Francisco de Sales, obispo de Ginebra, continuando con el ciclo sobre los Doctores de la Iglesia, durante la Audiencia General celebrada en el Aula Pablo VI.
Queridos hermanos y hermanas,
"Dieu est le Dieu du coeur humain" [Dios es el Dios del corazón humano] (Tratado del Amor de Dios, I, XV): con estas palabras aparentemente sencillas cogemos la esencia de la espiritualidad de un gran maestro, del que quisiera hablaros hoy, san Francisco de Sales, obispo y doctor de la Iglesia.
Nacido en 1567 en una región francesa fronteriza, era hijo del Señor de Boisy, de una antigua y noble familia de Saboya. Vivió a caballo entre dos siglos, el s. XVI y el XVII, recogió en sí lo mejor de las enseñanzas y de las conquistas culturales del siglo que terminaba, reconciliando la herencia del humanismo con la tendencia hacia el absoluto propia de las corrientes místicas. Su formación fue muy completa; en París hizo los estudios superiores, dedicándose también a la teología, y en la universidad de Padua, los estudios de jurisprudencia, como deseaba su padre, concluyó de forma brillante, con un doctorado en utroque iure, derecho canónico y derecho civil. En su armoniosa juventud, reflexionando sobre el pensamiento de san Agustín y santo Tomás de Aquino, tuvo una profunda crisis que lo indujo a interrogarse sobre su propia salvación eterna y sobre la predestinación de Dios con respecto a sí mismo, sufriendo como drama espiritual verdadero las principales cuestiones teológicas de su tiempo.
Oraba intensamente, pero la duda lo atormentó de tal manera que durante varias semanas casi ni comió ni bebió. Al final de la prueba, fue a la iglesia de los Dominicanos en París, y abriendo su corazón rezó de esta manera: “Cualquier cosa que suceda, Señor, tú que tienes todo en tu mano, y cuyos caminos son justicia y verdad; cualquier cosa que tu hayas decidido para mí...; tú que eres siempre juez justo y Padre misericordioso, yo te amaré, Señor […] te amaré aquí, oh Dios mío, y esperaré siempre en tu misericordia, y repetiré siempre tu alabanza... Oh Señor Jesús, tu serás siempre mi esperanza y mi salvación en la tierra de los vivos”(I Proc. Canon., vol I, art 4).
El veinteañero Francisco encontró la paz en la realidad radical y liberadora del amor de Dios: amarlo sin pedir nada a cambio y confiar en el amor divino; no preguntar más qué hará Dios conmigo: yo sencillamente lo amo, independientemente de cuanto me da o no me da. Así encontró la paz y la cuestión de la predestinación -sobre la que se discutía hacia tiempo- se resolvió, porque él no buscaba más lo que podía obtener de Dios; sencillamente lo amaba, se abandonaba a Su bondad. Este fue el secreto de su vida, que aparecerá en su obra más importante: el Tratado del amor de Dios.
Venciendo la resistencia de su padre, Francisco siguió la llamada del Señor y, el 18 de diciembre de 1593, fue ordenado sacerdote. En 1602 se convirtió en el obispo de Ginebra, en un periodo en el que la ciudad era el bastión del Calvinismo, tanto que la sede episcopal se encontraba “en exilio” en Annecy. Pastor de una diócesis pobre y atormentada, en una enclave de montaña del que conocía bien tanto la dureza como la belleza, escribió: [Dios] me encontré con Él lleno de dulzura y ternura entre nuestras altas y ásperas montañas, donde muchas almas sencillas lo amaban y lo adoraban con toda verdad y sinceridad; el corzo y el rebeco corrían de aquí a allá entre los hielos espantoso para anunciar su alabanza”, (Carta a la madre de Chantal, octubre de 1606, en Oeuvres, éd. Mackey, t. XIII, p. 223). Y sin embargo, la influencia de su vida y de su enseñanza en la Europa de la época fue inmensa. Fue apóstol, predicador, escritor, hombre de acción y de oración; comprometido a cumplir los ideales del Concilio de Trento, implicado en la controversia y en el diálogo con los protestantes, experimentando cada vez más, más allá del necesario enfrentamiento teológico, la eficacia de la relación personal y de la caridad; encargado de misiones diplomáticas a nivel europeo, y de deberes sociales de mediación y reconciliación. Pero sobre todo, san Francisco de Sales es un pastor de almas: del encuentro con una mujer joven, la señora de Charmoisy, se inspirará para escribir uno de los libros más leídos de la edad moderna, la Introducción a la vida devota; de su profunda comunión espiritual con una personalidad de excepción, santa Juana Francisca de Chantal, nacerá una nueva familia religiosa, la orden de la Visitación, caracterizada -como quiso el santo- por una consagración total a Dios vivida en la sencillez y la humildad, en el hacer extraordinariamente bien las cosas ordinarias: “...quiero que mis Hijas -escribió- no tengan otro ideal que el de glorificar [Nuestro Señor] con su humildad” (Carta a mons. De Marquemond, junio de 1615). Murió en 1622, a los cincuenta y cinco años, tras una existencia marcada por la dureza de los tiempos y por el cansancio apostólico.
La de san Francisco de Sales fue una vida relativamente breve, pero vivida con gran intensidad. De la figura de este santo emana una impresión de extraña plenitud, demostrada con la serenidad de su búsqueda intelectual, también en la riqueza de sus afectos, en la “dulzura” de sus enseñanzas que han tenido gran influencia en la conciencia cristiana. De la palabra “humanidad”, él ha encarnado distintas acepciones que, hoy como ayer, este término puede asumir cultura, cortesía, libertad y ternura, nobleza y solidaridad. En su aspecto tenía algo de la majestad del paisaje en el que vivió, conservando también la sencillez y la naturaleza. Las antiguas palabras y las imágenes con la que se expresaba se oyen inesperadamente, también el el oído del hombre actual como una lengua nativa y familiar.
A Filotea, destinataria ideal de su Introducción a la vida devota (1607), Francisco de Sales dirige una invitación que podía parecer, en la época, revolucionario. Es la invitación a ser completamente de Dios, viviendo en plenitud la presencia en el mundo y los deberes del propio estado “Mi intención es la de instruir a aquellos que viven en la ciudad, en estado civil, en el tribunal […] ”. (Prefacio a la Introducción de la vida devota”). El Documento con el que el Papa León XIII, más de dos siglos después, lo proclamó Doctor de la Iglesia insistirá en esta ampliación de la llamada a la perfección, a la santidad. En él escribió: “ [la verdadera piedad] penetra hasta el trono de los reyes, en la tienda de los jefes de los ejércitos, en el tribunal de los jueces, en las oficinas, en las tiendas e incluso en las cabañas de los pastores […]” (Breve Dives in misericordia, 16 noviembre de1877). Nacía así la llamada a los laicos, ese cuidado por la consagración de las cosas temporales y por la santificación de lo cotidiano sobre la que insistirán el Concilio Vaticano II y la espiritualidad de nuestro tiempo. Se manifestaba el ideal de una humanidad reconciliada, en la sintonía entre acción en el mundo y oración, entre condición secular y búsqueda de la perfección, con la ayuda de la Gracia de Dios que empapa lo humano y, sin destruirlo, lo purifica, alzándolo a las alturas divinas. A Teorimo, el cristiano adulto, espiritualmente maduro, al que dirigirá algunos años más tarde su Tratado del amor de Dios (1616), san Francisco de Sales ofrece una lección más compleja. Esta supone, el inicio, una precisa visión del ser humano, una antropología: la “razón” del hombre, incluso el “alma razonable”, es vista allí como una arquitectura armónica, un templo articulado en más espacios, alrededor de un centro, que él llama, junto con los grandes místicos, “cima”, “punta” del espíritu, o “fondo” del alma. Es el punto en el que la razón, recorridas todas las fases, “cierra los ojos” y el conocimiento se hace uno con el amor (cfr libro I, cap. XII). Que el amor, en su dimensión teologal, divina, sea la razón de ser de todas las cosas, en una escala ascendente que no parece conocer roturas o abismos, san Francisco de Sales lo ha resumido con una famosa frase: “El hombre es la perfección del universo, el espíritu es la perfección del hombre, el amor es la del espíritu, y la caridad es la del amor” (ibid., libro X, cap. I).
En un tiempo de florecimiento místico intenso, el Tratado del amor de Dios es una verdadera y propia summa, y a la vez una fascinante obra literaria. Su descripción del itinerario hacia Dios parte del reconocimiento de la “inclinación natural” (ibid., libro I, cap. XVI), inscrita en el corazón del hombre, aunque pecador, de amar a Dios sobre todas las cosas. Según el modelo de la Sagrada Escritura, san Francisco de Sales habla de la unión entre Dios y el hombre desarrollando una serie de imágenes de relaciones interpersonales. Su Dios es padre y señor, esposo y amigo, tiene características maternas y de nodriza, es el sol del que la noche es misteriosa revelación. Un tipo de Dios que atrae hacia sí al hombre con vínculos de amor, es decir de verdadera libertad: “ya que el amor no fuerza ni tiene esclavos, sino que reduce todas las cosas bajo la propia obediencia con una fuerza así deliciosa que, si nada es fuerte como el amor, nada es amable como su fuerza” (ibid., libro I, cap. VI). Encontramos en el Tratado de nuestro Santo, una meditación profunda sobre la voluntad humana y la descripción de su fluir, pasar, morir, para vivir (cfr ibid., libro IX, cap. XIII) en el completo abandono no sólo a la voluntad de Dios, sino que también a lo que Él le gusta, a su "bon plaisir", a su beneplácito (cfr ibid., libro IX, cap. I).En la cumbre de la unión con Dios, además de los secuestros del éxtasis contemplativo, se coloca ese rebrotar de la caridad concreta, que está atenta a todas las necesidades de los demás y que el llama “éxtasis de la vida y de las obras” (ibid., libro VII, cap. VI).
Se advierte bien, leyendo el libro sobre el amor de Dios y aún más en las cartas de dirección y amistad espirituales, que gran conocedor del corazón humano fue san Francisco de Sales. A santa Juana de Chantal, a la que escribe: “[...] Esta es la regla de nuestra obediencia que os escribo con letras grandes: HACER TODO POR AMOR, NADA POR LA FUERZA -AMAR MÁS LA OBEDIENCIA QUE TEMER LA DESOBEDIENCIA. Os dejo el espíritu de libertad, no el que excluye la obediencia, que esta es la libertad del mundo, sino la que excluye la violencia, el ansia y el escrúpulo” (Carta del 14 de octubre de 1604). No por nada, en el origen de muchas vías de la pedagogía y de la espiritualidad de nuestro tiempo encontramos las huellas de este maestro, sin el cual no hubieran existido san Juan Bosco ni la heroica “pequeña vía” de santa Teresa de Lisieux.
Queridos hermanos y hermanas, en un tiempo como el nuestro que busca la libertad, también con violencia e inquietud, no se debe perder la actualidad de este gran maestro de espiritualidad y de paz, que consigna a sus discípulos el “espíritu de libertad”, la verdadera, como culmen de una enseñanza fascinante y completa sobre la realidad del amor. San Francisco de Sales es un testimonio ejemplar del humanismo cristiano, con su estilo familiar, con parábolas que tienen a menudo batir de alas de la poesía, recuerda que el hombre lleva inscrito en lo más profundo de su ser la nostalgia de Dios y que sólo en Él se encuentra la verdadera alegría y su realización más plena.
[En español dijo]
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, Argentina, México y otros países latinoamericanos. Os invito a que, siguiendo el ejemplo de san Francisco de Sales, sepáis encontrar la libertad verdadera en el amor incondicional a Dios, nuestra verdadera alegría y nuestra plena realización.
[Traducción del original italiano por Carmen Álvarez
©Copyright 2011 Libreria Editrice Vaticana]
Homilía de monseñor Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia, para octavo domingo durante el año (27 de febrero de 2011). (AICA)
DIOS PADRE PROVIDENTE EN QUIEN CONFIAMOS
Mt 6,24-34
I. LEER EL TEXTO EVANGÉLICO EN SU CONTEXTO
1. Después de la lectura completa del capítulo 5 del Evangelio según San Mateo, hoy leemos sólo los versículos 24-34 del capítulo 6, sobre Dios Padre providente. Podrían parecer desgajados del resto del Sermón de la Montaña y como una joya perdida. Por ello, como sugerimos el domingo pasado, conviene leer y gustar el texto en el contexto en el cual aparece: Dios es “tu Padre, que ve en lo secreto”, premia tu limosna, escucha tu oración y recompensa tu ayuno (Mt 6,4.6-8.18).
2. El Dios Padre, que nos revela Jesucristo en el Sermón de la Montaña, nada tiene que ver con un dios terrorífico, especie de célula fotoeléctrica que no te deja pasar una: “Mira que te mira Dios; mira que te está mirando; mira que has de morir y no sabes cuándo”. Tampoco es el dios lejano de los grandes filósofos griegos, que nos crea y luego se despreocupa de nosotros. Es un Dios cercano a nosotros. Más aun: es íntimo a nosotros. Como dijo el apóstol Pablo a los ciudadanos de Atenas: “Él no está lejos de cada uno de nosotros. En efecto, en él vivimos, nos movemos y existimos” (Hch 17,27-28). Es el verdadero Dios cantado en los Salmos como un pastor solícito de su rebaño: “El Señor es mi pastor, nada me puede faltar. El me hace descansar en verdes praderas, me conduce a las aguas tranquilas y repara mis fuerzas; me guía por el recto sendero, por amor de su Nombre. Aunque cruce por oscuras quebradas, no temeré ningún mal, porque tú estás conmigo: tu vara y tu bastón me infunden confianza” (Sal 23,1-4).
3. Engarzado en su contexto normal, que es el Sermón de la Montaña, y en el contexto global de la Biblia, el párrafo que leemos hoy, Mt 6,24-34 sobre la confianza en Dios Padre Providente, aparece en todo su valor. Ésta ya no es una flor exótica cultivable sólo en las apacibles colinas de la Galilea, sino una actitud fundamental para el cristiano que vive en la frenética ciudad moderna.
II. “NO SE PUEDE SERVIR A DIOS Y AL DINERO”
4. Jesús nos enseña que junto a Dios Padre no hay lugar para otro señor: “Nadie puede servir a dos señores”. Y menos si se llama “Dinero”: “No se puede servir a Dios y al Dinero” (Mt 6,24).
El hombre, mucho antes del capitalismo, inventó el dinero como medio para intercambiar y compartir el fruto de su trabajo. Pero desde muy temprano, lo convirtió en su amo al cual servir. Así acumula dinero por acumular, como si fuese un valor absoluto, un dios al cual sacrificar su vida y cuanto encuentra a mano: seres queridos, conciudadanos, futuro de la patria. Pero es sólo un ídolo (apariencia) (Col 3,5). Por ello, periódicamente se esfuma, pues otro, - llámese privado, empresa, estado, multinacional-, que también acumula por acumular, se las ingenia para birlárselo y así aumentar su propia montaña de dinero. Es una guerra interminable de sacarle al otro para tener más, presentada como un inocente juego del mercado, que fomenta guerras crudelísimas. La crisis actual del capitalismo, que pareciera interminable, muestra a las claras que algo de muy corrompido hay en el modo de gestionarlo. No se puede acumular dinero de cualquier manera. Las palabras de Jesús adquirieron, de pronto, una actualidad impensada: “No acumulen tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre los consumen, y los ladrones perforan las paredes y los roban. Acumulen, en cambio, tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que los consuma, ni ladrones que perforen y roben” (Mt 6,19-20). Bien nos vendría aquí prestar atención a la encíclica social de Benedicto XVI, Caritas in veritate, sobre el desarrollo humano integral (29-6-2009).
III. “NO SE INQUIETEN POR SU VIDA”
5. Jesús dedica el largo párrafo de los versículos 25-34 a manejar bien nuestras preocupaciones económicas: “Por eso les digo: No se inquieten por su vida, pensando qué van a comer, ni por su cuerpo, pensando con qué se van a vestir. ¿No vale acaso más la vida que la comida y el cuerpo más que el vestido? Miren los pájaros del cielo: ellos no siembran ni cosechan, ni acumulan en graneros, y sin embargo, vuestro Padre que está en el cielo los alimenta. ¿No valen ustedes acaso más que ellos?... ¿Y por qué se inquietan por el vestido? Miren los lirios del campo, cómo van creciendo sin fatigarse ni tejer” (Mt 6,25-26). Esta enseñanza de ningún modo es una invitación a una vida irresponsable, a pretender vivir de arriba sin trabajar. La larga parábola de los talentos no permite tal interpretación (cf Mt 25,14-30). Es más bien una invitación de Jesús a que contemplemos bien la realidad y a descubrir en ella la presencia de Dios Padre Providente: “Miren los pájaros del cielo… Miren los lirios del campo”.
IV. “BUSQUEN PRIMERO EL REINO Y SU JUSTICIA”
6. Lo que Jesús dice de nuestras preocupaciones económicas, vale de todas, incluso de las apostólicas. ¿No nos sucede que, por el apostolado a realizar, nos ponemos a veces tan ansiosos que abandonamos la oración y herimos la caridad fraterna? Un tema a pensar, sobre todo cuando nos proponemos una misión continental. “Buscar primero el Reino y su Justicia” (Mt 6,33) es un criterio fundamental.
Mons. Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia
Homilía de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas para el octavo domingo durante el año (27 de febrero de 2010). (AICA)
El texto de este domingo (Mt. 6, 24-34) nos plantea que nadie puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien, se interesará por el primero y menospreciará al segundo. “No se puede servir a Dios y al dinero”. En realidad el texto hace una reflección sobre un tema que a veces queda marginado de nuestro estilo de vida que es la providencia, o bien, el sabernos cuidados por Dios, el tenerlo a Él como absoluto en nuestra vida. En general cuando Dios no está en nuestro corazón corremos el riesgo de poner otros absolutos como es el caso del tener o el poder. En la misma Palabra de Dios se nos enseña a no equivocarnos poniendo todo nuestro esfuerzo en “acumular bienes”, porque nadie sabe si estará al día siguiente: “¿Quién de Ustedes, por mucho que se inquiete, puede añadir un solo instante al tiempo de su vida?” (Mt. 6, 27).
Es importante señalar que en la perspectiva cristiana a diferencia de otras creencias religiosas no hay un desprecio de los bienes materiales, ni del uso de los mismos. Sí, se nos enseña que no debemos poner nuestro corazón en el tener y en el poder, sino que debemos entenderlos como “dones” de Dios, que los podamos multiplicar y usar para servir, y administrarlos teniendo en cuenta a los demás. En este contexto es clave entender la comunión de bienes, el ejercicio de la caridad cristiana, y el valor de la justicia.
Muchas de las desproporciones sociales y situaciones de injusticia son dadas porque algunos acaparan riquezas sin considerar a los demás, e incluso dañando a otros en su dignidad. Es escandaloso que en pleno siglo XXI tengamos tantas situaciones de aquello que hoy son llamados “trabajo esclavo”. Sabemos que en nuestra patria se dan muchas de estas situaciones de diversas maneras y fundamentalmente en nuestros jóvenes explotados sobre todo en zonas rurales. Situaciones de explotación que quedan en profundos pozos de silencio donde ni la justicia, ni el sindicalismo y ni el Estado están presentes.
Este no es un tema exclusivo de nuestra Patria, por eso el documento de Aparecida hace algunas referencias que lamentablemente se dan en nuestro Continente en relación a estos desequilibrios sociales. Dicho documento señala algunos beneficios que comportan el fenómeno de la globalización, pero también se señalan algunos riesgos: “no obstante estos avances el Papa también señala que la globalización comporta el riesgo de los grandes monopolios y de convertir el lucro en valor supremo”. Por ello. Benedicto XVI enfatiza que “como en todos los campos de la actividad humana, la globalización debe dirigirse también por la ética, poniendo todo al servicio de la persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios… Conducida por una tendencia que estimula el lucro y estimula la competencia, la globalización sigue una dinámica de concentración de poder y de riquezas en manos de pocos, no solo de los recursos físicos y monetarios, sino sobre todo en la información y de los recursos humanos…aumentando las desigualdades que marcan tristemente nuestro continente y que mantiene en pobreza a multitud de personas…Por eso, es necesario que los empresarios asuman su responsabilidad de crear más fuentes de trabajo y de invertir en la superación de esta nueva pobreza”.(60-62)
Es cierto que en la raíz de estos profundos desequilibrios se encuentra “la avaricia” que pone su corazón en la absolutización del tener o del poder que no reconoce a Dios, como “Señor”, y lo remplaza venerando ídolos. El Evangelio de este domingo nos da luz sobre estos temas y nos dice: “Busquen primero el Reino y su justicia y todo lo demás se le dará por añadidura. No se inquieten por el día de mañana; el mañana se inquietará por sí mismo. A cada día le basta su aflicción” (Mt. 6, 33-34).
Tanto los cristianos, como la gente de bien, tendremos que revisar donde tenemos nuestro corazón. La avidez daña, genera odios y violencias, por el contario una justa valoración del poder y tener, aún mejor la comprensión de estos como “don”, nos permiten ser generadores de justicia y solidaridad social.
Les envío un saludo cercano y hasta el próximo domingo
Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas
La Conferencia Episcopal Panameña (CEP), en un comunicado del que ha llegado copia a la Agencia Fides, ha lanzado un apelo para establecer un diálogo, “sin precondiciones y con transparencia", con el fin de encontrar una solución al conflicto minero que afecta a las comunidades indígenas del país.
COMUNICADO A LA NACION PANAMEÑA
La Conferencia Episcopal Panameña, ante las permanentes protestas que a lo largo de todo el país están protagonizando las comunidades indígenas y diversas organizaciones sociales, en oposición a la forma en que fue aprobada por la Asamblea Nacional y el Órgano Ejecutivo la Ley No. 8, que introduce reformas al Código Minero, sin que se dieran las consultas necesarias, desea hacer públicas las siguientes consideraciones:
1. A la Iglesia Panameña, que ha seguido de cerca los acontecimientos relacionados con la aprobación de la Ley 8, le preocupa el conflicto existente entre las comunidades indígenas, amplios sectores de la sociedad civil y las autoridades gubernamentales, que puede llevar a consecuencias impredecibles.
2. La Iglesia Católica está convencida de que el medio viable para buscar una solución a este conflicto es establecer una mesa de diálogo, sin precondiciones, con transparencia y con el tiempo necesario; en ella deben participar las comunidades afectadas, especialistas en la materia y una representación de los sectores de la sociedad preocupados por las consecuencias de estas reformas, para que se analicen serenamente las ventajas y desventajas de la industria minera y se llegue a un consenso sobre lo que es mejor para el bien común de la Nación panameña.
3. Como Pastores del Pueblo de Dios, alentamos a que se hagan todos los esfuerzos oportunos para construir una cultura de paz, mediante un diálogo justo, equitativo, constructivo, en actitud de tolerancia frente a las opiniones diversas, y que se fundamente en la defensa irrenunciable de la dignidad de la persona y del bien común, porque en el combate de la pobreza y la protección del medio ambiente “el primer capital que hay que salvaguardar y proteger es la persona humana en su integridad: “El ser humano es la fuente, el centro y el objetivo de toda la vida económica y social”. Palabras de monseñor Francis Chullikatt, observador permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas, 11 de febrero de 2011.
Panamá, 25 de febrero de 2011
Homilía de monseñor Luis T. Stöckler, obispo de Quilmes para la el octavo domingo durante el año (27 de febrero de 2011). (AICA)
DIOS Y EL DINERO
La enseñanza de Jesús en el sermón de la Montaña va al fondo de las cosas. Hoy nos advierte que la fe en Dios y el afán por el dinero son incompatibles. Una persona que pone su confianza en la plata y cuya principal preocupación son la comida y la ropa, se hace insensible a las atenciones de Dios y endurece su corazón a las necesidades del prójimo; se impide a sí misma a entrar en el Reino de Dios.
Grandes maestros como San Agustín y Santo Tomas nos explican que, a diferencia de los bienes espirituales, los bienes materiales, p. ej. una casa o un campo, dividen a los hombres, por no poder pertenecer, en su totalidad y al mismo tiempo, a dos personas; de ahí las divisiones, juicios y guerras. Los bienes espirituales, en cambio, como p. ej. la verdad, la virtud, y aún el mismo Dios, pueden pertenecer a muchos a la vez. Por eso, mientras que el ansia desenfrenada de los bienes materiales divide profundamente a los hombres, los bienes espirituales los unen.
Lo que Jesús enseñaba, lo practicaba y sus discípulos lo aprendieron con Él. Vivían de lo que la Providencia les daba, y por eso mismo su predicación fue creíble. Su desinterés por el dinero y la despreocupación hasta por la comida provocaban en los oyentes una generosidad que no les hacía faltar a los discípulos lo que necesitaban para el día. La vida apostólica ha inspirado a muchos movimientos renovadores en la historia de la Iglesia. Los frailes de San Francisco ya eran diez mil cuando él murió a los 46 años; la “piccola casa” de San José Cottolengo en Turín albergaba diez mil pobres enfermos; eran tres mil las hermanas a la muerte de la Madre Teresa de Calcuta en todo el mundo. La pobreza voluntaria es de tal fecundidad material que raya a veces en cosa milagrosa. “¿Se olvida una madre de su criatura, no se compadece del hijo de sus entrañas? ¡Pero aunque ella se olvide, yo nunca te olvidaré!”, dice Dios hoy por boca del profeta Isaías. Y lo podemos ver entre nosotros mismos; Dios no se olvida de sus hijos. La Fazenda de la Esperanza que comienza dentro de poco, es un regalo de la Providencia.
La palabra de Jesús es verdad. El desprendimiento de los bienes materiales libera de la angustia, aumenta la confianza en Dios y da a la persona una felicidad que solamente así puede alcanzar. Pobreza voluntaria y confianza en Dios son cosas inseparables; cuanto uno más se desprende de los bienes materiales, mayor es su anhelo por los espirituales; cuanto menos se busca apoyo en muletas humanas, mayor es la confianza en Dios.
Cada domingo es una invitación a vivir esta felicidad. Si la aceptamos, no tenemos que inquietarnos por el día de mañana y recibimos la fortaleza para afrontar también la semana con su aflicción.
Mons. Luis T. Stöckler, obispo de Quilmes
Reflexiones para el día del seminario compartidas y ofrecidas por un compañero sacerdote.
Reflexiones para el Día del Seminario
Cuando uno piensa que ni la Santísima Virgen puede hacer lo que un sacerdote.
Cuando uno piensa que ni los ángeles ni los arcángeles, ni príncipe alguno de aquellos que vencieron a Lucifer pueden hacer lo que un sacerdote.
Cuando uno piensa que Cristo en la última Cena realizó un milagro más grande que la creación del Universo, y que fue el convertir el pan y el vino en su Cuerpo y su Sangre, y que este portento, ante el cual se arrodillan los ángeles y los hombres, puede repetirlo cada día un sacerdote.
Cuando uno piensa en el otro milagro que solamente un sacerdote puede realizar: perdonar los pecados y que lo que él ata en el fondo de su humilde confesionario, Dios, obligado por su propia palabra, lo ata en el cielo, y lo que él desata, en el mismo instante lo desata Dios.
Cuando uno piensa que la humanidad se ha redimido y que el mundo subsiste porque hay hombres y mujeres que se alimentan cada día de ese Cuerpo y de esa Sangre redentora que sólo un sacerdote puede realizar.
Cuando uno piensa que el mundo moriría de la peor hambre si llegara a faltarle ese poquito de pan y ese poquito de vino.
Cuando uno piensa que eso puede ocurrir; y que cuando eso ocurra y las gentes gritarán de hambre y de angustia, y pedirán ese pan, y no habrá quien se los dé; y pedirán la absolución de sus culpas, y no habrá quien las absuelva, ¿qué puede llegar a pensar uno?
Cuando uno piensa que un sacerdote hace más falta que un rey, más que un militar, más que un banquero, más que un médico, más que un maestro, porque él puede reemplazar a todos y ninguno puede reemplazarlo a él.
Cuando uno piensa que un sacerdote cuando celebra en el altar tiene una dignidad infinitamente mayor que un rey; y que no es ni un símbolo, ni siquiera un embajador de Cristo, sino que es Cristo mismo que está allí repitiendo el mayor milagro de Dios.
Cuando uno piensa todo esto, uno llega a comprender la inmensa necesidad de fomentar las vocaciones sacerdotales.
Uno llega a comprender el afán con que, en tiempos antiguos, cada familia ansiaba que de su seno brotase una vocación sacerdotal.
Uno llega a comprender el inmenso respeto que los pueblos tenían por los sacerdotes.
Uno llega a comprender que más que una Iglesia, y más que una escuela, y más que un hospital, es necesario un seminario o un noviciado.
Y uno llega a comprender también que dar para mantener el seminario es allanar el camino por donde ha de llegar al altar un hombre que durante media hora, cada día, será mucho más que todas las dignidades de la tierra y que todos los santos del cielo, pues será Cristo mismo, sacrificando su Cuerpo y su Sangre, para alimentar al mundo.
Primer Domingo -13 Marzo 2011
Solo Dios
Oigo en mi corazón:
"Mi alimento es hacer
la voluntad de mi Padre.
Hay tantas personas
hambrientas, Señor;
hambrientas de pan
pero, sobre todo, de ti
y de tu presencia salvadora.
Espíritu Santo, condúceme
al desierto de mi corazón!
para allí encontrarme con
mi hambre y sed de Dios.
Que, ante las dificultades,
Padre, no se haga mi
voluntad, sino la tuya;
¡no me dejes caer
en la tentación!
Texto: Misioneras Oblatas de María
Inmaculada
Editado por FNP Asbl
15-17, rue de I'Hópital - 8-6060 Gilly
Reflexión a las lecturas del primer domingo de Cuaresma ofrecida por el sascerdote don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DIA DEL SEÑOR"
Domingo 1º de Cuaresma A.
En todos los trabajos, ocupaciones, realidades de la vida…, hay épocas de mayor esfuerzo, preocupación, intensidad. Pensemos por ejemplo en la agricultura o en los estudios… ¿no sucede algo de eso? Lo mismo sucede en la vida cristiana… Por ejemplo, ahora, en este tiempo de Cuaresma: Dentro de unos 40 días celebraremos la Pascua, la fiesta más importante de los cristianos. Y si es la más importante, será la que más y mejor se prepara.
Ya sabemos que muchos cristianos siguen de carnavales hasta la Semana Santa… Pero eso sucede siempre en todos los órdenes de la vida: mientras unos trabajan, otros derrochan. Mientras unos estudian, otros se divierten o pierden el tiempo. Además, lo que se celebra en estas fechas, no pueden llamarse carnaval que, por definición, terminan el miércoles de ceniza… Pero dejemos este tema porque nos queda mucha tarea.
¡Cuánto nos ayudan las Lecturas de la Palabra de Dios del Domingo de la Tentación, como llamamos a este día!
Podemos decir que La Liturgia de la Palabra nos presenta dos hechos de la Historia y un comentario.
En la primera lectura contemplamos cómo nuestros prime-ros padres que sucumben a la tentación que se presenta como una trampa, un engaño, “seréis como Dios”. Es la tentación fundamental del hombre de todos los tiempos: ocupar en la vida el lugar de Dios… Ser grandes, ser felices…, al margen de Dios o en contra de Dios. ¿Y qué es lo que consigue? Su desgracia… Meterse en un callejón sin salida: Pudo alejarse de Dios libremente, con todas sus consecuencias, pero ahora, por si mismo, no puede volver a Él. Tendrá que venir Dios mismo a salvarle.
El segundo hecho histórico es la “tentación en el desierto…”
Jesucristo es llevado al desierto por el Espíritu y allí es tentado por el diablo. La tentación aparece de nuevo como una trampa, un engaño… El diablo tiene un conocimiento perfecto de Jesucristo, de la Sagrada Escritura y de muchas cosas más...
Ahora como tantos dicen que no existe, trabaja con más facilidad y eficacia…
Hay comentarios interesantes sobre cada una de las tentaciones… A mí me gusta ir a lo fundamental: El diablo no se anda por las ramas. Va a la raíz de la misión de Jesucristo. Ahora, que va a comenzar su Vida Pública, Satanás le presenta, con todos los halagos, incluso con textos de la Sagrada Escritura, otro tipo de mesianismo, otra forma de ser el Mesías, distinta de la que el Padre le había encomendado y que lleva consigo la Pasión y la Cruz por la que quiere rescatar al hombre engañado y caído.
Es un mesianismo más brillante y atrayente que el otro: Un mesianismo espectacular como llegar a convertir las piedras en pan o a tirarse por el alero del templo para que lo recojan los ángeles; un mesianismo de poder y de gloria que quedaría garantizado firmando un pacto con el mismo diablo, como dirían algunos más tarde: “Éste echa los demonios con el poder de Belcebú, el príncipe de los demonios…”
Pero Jesucristo no se deja engañar. Es más fuerte y más sabio que el diablo. El Espíritu Santo le acompaña y le asiste… Y sale vencedor en la tentación… El enemigo queda derrotado.
La segunda Lectura, decíamos, es como un comentario a las otras dos y nos presenta las consecuencias tan graves que tuvo el primer pecado y la grandeza de la Redención por la que hemos conseguido más bienes que los que habíamos perdido por la “envidia del diablo”. S. Pablo se nos presenta, además, como testigo de la existencia de un pecado que no es personal y que se conoce en la Fe de la Iglesia como “el pecado original”: “… La muerte –dice el Apóstol- reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con un delito como el de Adán que era figura del que había de venir”. Éste no será derrotado como Adán sino que, con su victoria sobre la tentación, nos otorga la posibilidad de nuestra propia victoria…
Son muchas más las cosas que nos enseñan estas Lectu-ras… Quedémonos con esa imagen de “Cristo Vencedor”, que nos señala el verdadero camino.
Al comenzar la Cuaresma, tiempo de lucha, de esfuerzo, de tentación…, es de suma importancia para los cristianos que comenzamos a caminar hacia la Pascua, esta “Imagen de Cristo”, verdaderamente tentado y “vencedor”…. Él nos ofrece en la oración y en los sacramentos, especialmente, en la Eucaristía, alimento y fortaleza sobreabundante para luchar y vencer.
S. Juan Crisóstomo decía: “Salimos de esa Mesa como leones espirando llamas, haciéndonos temibles hasta al mismo diablo”.
ZENIT publica el comentario al Evangelio del próximo domingo, primero de Cuaresma (Mateo 4, 1-11), 13 de marzo, redactado por monseñor Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo.
Evangelio del domingo: Un camino de alegría
Antes de la escucha de la Palabra de Dios, antes de las ofrendas, antes de la comunión, la misa tiene un comienzo humilde: recordarnos que somos pecadores. No es una humillación que te aplasta, sino que es la que te permite recomenzar. La liturgia de cuaresma comienza con una afirmación impopular, que es quizás la que nos ha colgado a los cristianos el sambenito de tener una fe oscurantista. La afirmación es que necesitamos convertirnos porque somos indigentes. El salmo responsorial del primer domingo de cuaresma dice precisamente: "Reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado" (Sal 50). Y sin embargo si el pecado (y todos nuestros fracasos y limitaciones) tuviese la palabra última y fatal, eso sería lo triste.
Eso del pecado y eso de ser pecadores, no es un "tic" cristiano, sino una realidad patente. El cristiano le pone nombre, lo reconoce, y le ofrece una solución, pero el pecado no es invención del Cristianismo. Pensemos en la generosa gama de corrupciones, inmoralidades, violaciones, robos, homicidios, injusticias, depravaciones... Pensemos en todos esos sucesos que llenan hoy día las páginas luctuosas. Estas cosas son pecado, pero no existen porque los cristianos las cataloguemos como tales, sino justamente al revés: porque se dan por eso las llamamos pecado y las ponemos un nombre.
No obstante, si sólo llegásemos a denominar nuestro fracaso, nuestros fallidos intentos de ser felices sin ofender, sin manchar, sin machacar, el Cristianismo sería cruel por advertirnos anticipadamente de un mal que no tiene cura, de algo que realmente no tiene solución. Pero este es precisamente el núcleo del acontecimiento cristiano: que la salvación, la felicidad, la superación de todo pecado, de todo fracaso y de toda muerte se llama Jesucristo.
Por eso el salmo 50 continúa diciendo: "Crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme... devuélveme la alegría de tu salvación". Efectivamente, el mensaje de la cuaresma cristiana no es la condena a un terrible paredón, sino precisamente la más grande, la más inesperada y la más inmerecida de las amnistías.
Comienza la cuaresma. Es el desierto de todas nuestras tentaciones en donde se nos salva de la soledad librándonos de nuestras seducciones funestas. Comienza un tiempo de penitencia, de ayuno y de oración, para prepararnos a la acogida renovada de la Luz pascual que viene a iluminar todas nuestras oscuridades, la acogida de la salvación del Hijo de Dios en cuyas heridas todas las nuestras han sido curadas, la acogida de la victoria del Resucitado que viene a triunfar sobre todas nuestras muertes. Por eso, paradójicamente... la cuaresma es camino de alegría.
ZENIT nos ofrece por su indudable interés las palabras que pronunció el lunes 28 de Febrero de 2011 el cardenal Antonio María Rouco Varela, arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, durante el discurso de apertura de la Asamblea Plenaria de la CEE.
Queridos Hermanos Cardenales, Arzobispos y Obispos,
Señor Nuncio,
colaboradores de esta Casa,
señoras y señores:
A todos saludo muy cordialmente al comienzo de esta Asamblea Plenaria, ya la número noventa y siete en la historia de nuestra Conferencia Episcopal, que se va acercando al medio siglo de su existencia. Justo ayer se cumplían los cuarenta y cinco años de la aprobación de los primeros Estatutos, el 27 de febrero de 1966 [1].
Saludo especialmente al señor obispo de Solsona, Mons. D. Xavier Novell Gomá y al señor obispo auxiliar de Sevilla, Mons. D. Santiago Gómez Sierra, que participan en la Asamblea por primera vez. Para ellos, la más cordial bienvenida y enhorabuena. Felicitamos también a Mons. D. Atilano Rodríguez Martínez, a quien el Santo Padre ha elegido como pastor de la diócesis de Sigüenza-Guadalajara, así como a Mons. D. Raúl Berzosa Martínez, elegido para la de Ciudad Rodrigo. Pronto serán ordenados obispos D. Julián Ruiz Martorell, para las sedes de Jaca y de Huesca, y D. Eusebio Hernández Sola, para la de Tarazona. Los felicitamos y encomendamos al Señor.
Encomendamos también al Señor a nuestro hermano Mons. D. Ambrosio Echebarría Arroita, obispo emérito de Barbastro-Monzón, fallecido el día 6 de diciembre con la esperanza de la Resurrección.
I. “Hacia el gran encuentro de Madrid 2011":
Son las palabras con las que Benedicto XVI terminaba su alocución del Angelus del 5 de septiembre del año pasado, en la que hizo una presentación sintética del Mensaje que había dirigido pocos días antes a los jóvenes del mundo con motivo de la XXVI Jornada Mundial de la Juventud: “el gran encuentro de Madrid 2011"[2].
En esta Asamblea - la última antes de la Jornada de Madrid, el próximo mes de agosto - también nosotros, haciéndonos eco del Mensaje pontificio, nos dirigiremos a todos los fieles y, en particular a los jóvenes para invitarles a participar en esa fiesta de la fe que será el encuentro de la juventud del mundo convocada por el Santo Padre.
Queda ya poco tiempo. Es verdad que la preparación de la Jornada está en marcha desde hace prácticamente dos años. La peregrinación de la Cruz y del icono de la Virgen por las diócesis de España está siendo un verdadero acontecimiento de gracia. Pero los meses de los que todavía disponemos antes del verano han de ser un particular tiempo de intensa oración y de disposición espiritual para “el gran encuentro de Madrid 2011". Permítanme algunas reflexiones para este tramo final del camino.
1. Una gran misión para los jóvenes del 2011
La Jornada Mundial de la Juventud es un instrumento providencial al servicio del empeño misionero de la Iglesia en la evangelización de los jóvenes. La clarividencia apostólica de Juan Pablo II, iluminada por su gran amor a Cristo y a los jóvenes, fue el medio del que se valió la Providencia divina para poner en manos de la Iglesia este nuevo procedimiento evangelizador, tan apropiado para las generaciones jóvenes de los últimos decenios del siglo XX y de comienzos del siglo XXI. ¿Qué jóvenes son esos y cuál el secreto de la nueva gran misión dirigida a ellos? [3]
Los jóvenes de hoy - de comienzos del siglo XXI - ya no son exactamente aquellos de hace veinticinco años que respondieron a las primeras convocatorias del Juan Pablo II. Aquellos, que se calificaban a sí mismos como “los jóvenes del 2000", habían tenido ya tiempo de experimentar la decepción de las utopías fermentadas veinte años antes en el “mayo del 68", y miraban hacia el cambio de milenio como cifra de la deseada realización de ideales más verdaderos. Los jóvenes del 2011 han tenido también ya tiempo de experimentar el alcance real de las posteriores utopías de la libertad y están a la búsqueda de una libertad verdadera, sólida, que permita construir la casa de la vida.
La caída del muro de Berlín, en 1989, fue el símbolo de todo un proceso de derrumbamiento de las viejas utopías revolucionarias del pasado siglo. Las nuevas generaciones que se habían beneficiado del modo de vida cada vez más holgado que se hizo posible en las democracias surgidas de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial, habían establecido una paradójica complicidad con los ideales igualitarios de impronta totalitaria que se imponían al otro lado del telón de acero. Tal complicidad no podía sostenerse por más tiempo. Una nueva utopía iba a sustituir al viejo ideal revolucionario. Pero los jóvenes se mostraban abiertos a nuevas respuestas verdaderamente capaces de llenar el vacío creado por las experiencias personales y sociales de una vida sin Dios y sin Cristo que les había legado su inmediato pasado.
Fue en ese marco espiritual donde resultó tan apropiado el lema de la IV Jornada Mundial de 1989, celebrada en Santiago de Compostela, pocas semanas antes de los acontecimientos históricos a los que nos acabamos de referir. Jesucristo se mostró ante los jóvenes como Aquel que les buscaba y amaba de verdad, sin engañarles ni pedirles nada a cambio, salvo la respuesta de su amor. ¡Verdaderamente Él era su Señor, su Amigo, su Camino, su Verdad, su Vida!
Era también el momento en el que la renovación conciliar daba sus frutos. Los nuevos impulsos para una nueva evangelización se notaban por doquier y en los ambientes más diversos: entre los sacerdotes, los religiosos y en el mundo seglar. No era, pues, extraño que se percibiese entre los jóvenes de la Iglesia como una nueva nostalgia de Dios y un anhelo escondido de encontrarse de nuevo con Jesucristo: con su verdad y con su amor. El Papa, captando lo que estaba pasando, impulsa las Jornadas Mundiales de la Juventud e invita a toda la Iglesia a abrir un nuevo capítulo de la pastoral juvenil en el surco espiritual y evangelizador abierto por el Concilio Vaticano II. Los frutos no se hicieron esperar.
Entretanto, el ideal humano de la libertad reconquistada - bien antiguo y bien nuevo en las particulares expresiones de la moderna cultura de la libertad - ha sido propuesto y explorado por mil caminos en los dos últimos decenios. Entre esos caminos adquiere un puesto relevante el del mundo de la cibernética, cuyo desarrollo y popularización ha llegado a crear una nueva situación de intercomunicación globalizada de la que los jóvenes son actores principales. Prueba de ello son, por ejemplo, los acontecimientos de las últimas semanas y de ahora mismo en el mundo árabe, propiciados en buena medida por la aludida nueva situación. La red se ha convertido en un instrumento poderosísimo de información y de comunicación; pero también de propagación de fórmulas de vida de todo tipo, sin excluir las menos acordes con la dignidad humana. Así, los jóvenes se encuentran particularmente expuestos a la influencia desorientadora del relativismo, es decir, de una actitud guiada por la indiferencia ante el bien, por el “todo vale” y por la preterición de los bienes verdaderos. Al mismo tiempo, la atracción de las “redes sociales” propicia un estilo de vida “virtual”, vacío - paradójicamente - de encuentros y de relaciones verdaderamente personales. Si a ello se suma la coyuntura histórica general, dominada por una crisis económica, socio-política, cultural y ética con pocos precedentes, no es extraño que muchos jóvenes, duramente afectados por tal crisis, sientan sus vidas inmersas en la mayor de las incertidumbres.
Naturalmente, la gran cuestión de Dios y la interpelación proveniente de Jesucristo no se libran tampoco de la sospecha sistemática. Todo pasa a formar parte del mundo indiferenciado de “lo virtual” y de lo lejano.
¿Será, pues, necesario, ante la nueva situación en la que se encuentran los jóvenes del 2011, abandonar el planteamiento pastoral y evangelizador que ha caracterizado las Jornadas Mundiales de la Juventud? De ningún modo. Más bien es preciso consolidarlo y vivificarlo espiritualmente. No debe quedarnos ninguna duda al respecto: uno de los empeños misioneros más importantes de la Iglesia de comienzos del siglo XXI ha de ser una porfiada evangelización de los jóvenes que les posibilite y facilite vivir enraizados y edificados en Cristo, con una inquebrantable firmeza de fe. Es el programa que tan luminosamente nos ha propuesto el Papa en su Mensaje con motivo de la próxima Jornada Mundial de Madrid.
2. Una juventud necesitada y deseosa de Jesucristo
A algunos esto les parece una obviedad: centrar la misión juvenil en el anuncio completo de Jesucristo. Ellos buscarían enfoques supuestamente más específicos o más adaptados a las necesidades de los jóvenes. Sin embargo, después de dos mil años de evangelización, la Iglesia se encuentra hoy con que Jesucristo sigue siendo muy poco conocido y muy poco amado. Algunos, en los países de vieja cristiandad, secundando ciertos movimientos de apostasía implícita o explícita, se han alejado de la fe. Otros muchos, en los países de tradición cristiana más nueva o incluso apenas existente, nunca han conocido a Jesucristo ni siquiera de un modo elemental. Todos comparten hoy, en uno u otro grado, la situación de incertidumbre anteriormente descrita. Sin embargo, la Iglesia no tiene otra cosa que ofrecer a los jóvenes y a todos los hombres de hoy sino a Jesucristo. No hay salvación fuera de Él. Y ellos la necesitan con urgencia. Se trata ciertamente de una oferta “a contracorriente”, como señala el Papa en la alocución del Angelus a la que he hecho referencia. Pero, al mismo tiempo, es la propuesta que están esperando, sabiéndolo o no.
Es una oferta a contracorriente porque, en medio de un mundo que sufre de incertidumbre y que sin embargo parece disfrutar a menudo con ella, cerrándose a toda propuesta de verdad, la Iglesia quiere ofrecer a los jóvenes la firmeza de la fe que el Señor hace posible. La ofrece porque sabe - como el Papa explica remitiéndose a su propia experiencia y a la experiencia antropológica general - que los jóvenes no solo están preocupados por lo inmediato o por sus propios intereses coyunturales: “Desear algo más que la cotidianeidad regular de un empleo seguro - escribe Benedicto XVI - y sentir el anhelo de lo que es realmente grande forma parte del ser joven. ¿Se trata solo de un sueño vacío que se desvanece cuando uno se hace adulto? No, el hombre en verdad está creado para lo que es grande, para el infinito.” [4]
Por eso, el Papa se dirige a los jóvenes y les dice: “Es vital tener raíces y bases sólidas. Esto es verdad especialmente hoy, cuando muchos no tienen puntos de referencia estables para construir su vida, sintiéndose así profundamente inseguros. El relativismo que se ha difundido, y para el que todo da lo mismo y no existe ninguna verdad, ni un punto de referencia absoluto, no genera verdadera libertad, sino inestabilidad, desconcierto y conformismo con las modas del momento. Vosotros, jóvenes, tenéis el derecho de recibir de las generaciones que os preceden puntos firmes para hacer vuestras opciones y construir vuestras vidas”. [5]
De ahí que el Papa haya elegido para los jóvenes del 2011 un lema inspirado en la carta de San Pablo a los Colosenses, en el que Jesucristo aparece como Aquel que permite echar raíces, construir sólidamente la casa y vivir de la firmeza de la fe: “Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe (cf. Col 2, 7)”[6]. Sin Jesucristo no hay ni arraigo, ni edificación sólida, ni firmeza en la fe.
El programa de la pastoral juvenil de las Jornadas es una vez más netamente cristológico, centrado en Jesucristo. Así tiene que ser, porque “la fe cristiana no es solo creer en la verdad, sino sobre todo una relación personal con Jesucristo.”[7] Las raíces de la existencia no se echan solo a base de conocimientos, sino ante todo, en el trato con Dios que permite al joven saber de verdad quién es él mismo y cuál es el sentido de su vida. El Papa evoca su propia vocación infantil al sacerdocio y el proceso de reconquista de esa certeza en su época de joven estudiante: todo, basado en la seguridad de que el Señor le quería y que, por eso, le daría la fuerza necesaria para el camino que le proponía. “Escuchándole, estando con Él, llego a ser yo mismo”. Por eso, es vital para el éxito espiritual de la Jornada procurar por todos los medios pastorales a nuestro alcance que la Palabra de Dios y la voz del Señor lleguen directamente al corazón de los jóvenes. ¡Qué importante es que se sientan llamados por el que dio su vida por ellos, por el que les ama como nadie pudo, puede ni podrá amarlos nunca!
Por tanto, porque se trata del encuentro con Cristo, la Jornada ha de ser una gran proclamación y anuncio del “Kerygma” apostólico. Lo cual es tanto más necesario, cuanto que - como les pasaba a los cristianos de Colosas a quienes San Pablo escribía - también hoy son muchos los que consideran que la Cruz de Cristo es una necedad y proponen a los jóvenes sus particulares alternativas filosóficas e incluso supuestamente cristológicas, bajo capa de modernidad y de cientificidad. El Papa advierte de que “muchas de las imágenes que circulan de Jesús, y que se hacen pasar por científicas, le quitan su grandeza y la singularidad de su persona.” [8] Esas imágenes estorban la evangelización, porque impiden el encuentro con el verdadero Jesús, el del “Kerygma” apostólico, que el Papa presenta así: “Creemos firmemente que Jesucristo se entregó en la Cruz para ofrecernos su amor; en su pasión, soportó nuestros sufrimientos y cargó con nuestros pecados; nos consiguió el perdón y nos reconcilió con Dios Padre, abriéndonos el camino de la vida eterna. De este modo, hemos sido liberados de lo que más atenaza nuestra vida: la esclavitud del pecado, y podemos amar a todos, incluso a nuestros enemigos, y compartir este amor con los hermanos más pobres y en dificultad.” [9]
Para el diálogo personal con Jesucristo, en el que se alimenta el conocimiento de su misterio y de nuestra salvación, el Papa propone a los jóvenes en su Mensaje tres caminos: la celebración de los sacramentos, el servicio a los hermanos y el encuentro con la Palabra de Dios escrita.
“Queridos jóvenes - les dice - aprended a ‘ver’, a ‘encontrar’ a Jesús en la Eucaristía, donde está presente y cercano hasta entregarse como alimento para nuestro camino; en el Sacramento de la Penitencia, donde el Señor manifiesta su misericordia ofreciéndonos siempre su perdón. Reconoced y servid a Jesús también en los pobres y enfermos, en los hermanos que están en dificultad y necesitan ayuda. Entablad y cultivad un diálogo personal con Jesucristo, en la fe. Conocedle mediante la lectura de los Evangelios y del Catecismo de la Iglesia Católica.” [10]
Los tres caminos han de estar presentes equilibradamente en toda pastoral juvenil, como lo están en la dinámica de las Jornadas.
3. Una Iglesia particular con especial vocación de misión universal
Las Jornadas Mundiales de la Juventud se han caracterizado también por constituir una gran experiencia de Iglesia. Los jóvenes buscan a Cristo y buscan la compañía en la que pueden encontrarlo, conocerlo mejor y seguirlo con perseverancia. “Cristo quiere afianzaros en la fe por medio de la Iglesia”, les recuerda el Papa a los jóvenes [11]. ¡Qué grande es la responsabilidad de nuestras Iglesias diocesanas, la nuestra como Pastores, la de padres, párrocos, maestros católicos, catequistas, la de todos los bautizados, llamados a ser testigos creíbles del Señor para las nuevas generaciones!
También los mismos jóvenes católicos saben bien que ellos pueden ser los mejores evangelizadores de sus amigos y compañeros. De hecho, una de las virtudes de las Jornadas Mundiales de la Juventud es que, a través de ellas y de los numerosísimos jóvenes de todo el orbe católico que las protagonizan, la Iglesia ha podido mostrarse al mundo y a los jóvenes como un pueblo de anchos horizontes, lleno de vitalidad espiritual, cultural y artística, y de rostro joven. No precisamente en virtud de la mera dinámica de los movimientos de masas ni de las técnicas del espectáculo, sino gracias al aliento del Espíritu que caldea los corazones con sus dones y multiplica todas las capacidades humanas.
La Iglesia particular que ha recibido el encargo de la organización de la Jornada - junto con el Pontificio Consejo para los Laicos - y de la acogida de tantos jóvenes peregrinos quiere dar lo mejor de sí misma para estar a la altura de la responsabilidad asumida. Todas las Iglesias particulares que peregrinan en España se están preparando también con intensidad y entusiasmo para hacer rendir apostólicamente la ocasión que se nos brinda. Es oportuno recordar las palabras con las que, en su viaje a Santiago y Barcelona, el Santo Padre hablaba de la Iglesia en España evocando la vivacidad de su fe tanto en el pasado como en el presente, llegando a decir que “el renacimiento del catolicismo en la época moderna ocurrió sobre todo gracias a España” [12]. El Papa mencionaba en aquella ocasión a algunos de los grandes santos españoles que no solo contribuyeron de modo destacado a dicho renacimiento, sino que siguen inspirando el camino del futuro: San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier, Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz, San Juan de Ávila. Todos ellos son patronos de la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid, junto con San Isidro Labrador y Santa María de la Cabeza, Santa Rosa de Lima, San Rafael Arnáiz y, Dios mediante, - por diferente y particularísimo título - el Beato Juan Pablo II.
La Iglesia que peregrina en España ha sido y sigue siendo una iglesia con especial vocación de misión universal. La Jornada Mundial de Madrid pone a prueba esta vocación y ofrece una ocasión providencial para responder a ella con generosidad no menor que la de otras iglesias y siguiendo el ejemplo del mismo Benedicto XVI.
Aunque se espera todavía una confirmación definitiva, es ya conocido el programa de los actos que presidirá el Santo Padre: una intensa tarea pastoral que asume con generosidad y entrega admirables. El Papa llegará a Madrid el jueves 18 de agosto y presidirá una liturgia de la Palabra en la plaza de Cibeles, el mismo lugar en el que dos días antes, el día 16, el Arzobispo de Madrid habrá acogido a todos los peregrinos. El viernes, día 19, por la mañana se encontrará en el Monasterio de El Escorial con religiosas jóvenes del mundo y también con jóvenes profesores universitarios; por la tarde, presidirá el Vía Crucis que tendrá lugar en el Paseo de Recoletos. El sábado 20, por la mañana celebrará la Santa Misa para miles de seminaristas en la Catedral de Santa María la Real de la Almudena; al caer la tarde, se dirigirá al aeropuerto de Cuatro Vientos, donde presidirá una gran vigilia eucarística al aire libre. De camino, habrá visitado una institución eclesial donde son atendidas personas discapacitadas: el Instituto San José. Por fin, el día 21, a las nueve y media de la mañana, celebrará en el mismo aeropuerto la solemne Eucaristía dominical con todos los peregrinos. No dejará Madrid la tarde del domingo sin haberse encontrado antes con miles de voluntarios que han puesto sus talentos al servicio de la Jornada.
El Papa confía en la Iglesia que peregrina en España. La Iglesia en España agradece al Sucesor de Pedro su confianza y su incansable dedicación apostólica, a la que desea colaborar cada vez más estrechamente poniendo en ejercicio con responsabilidad y generosidad su tradicional solicitud por todas las iglesias en la unidad y universalidad de la Católica. Así lo haremos, con la ayuda de Dios, en la próxima Jornada Mundial de la Juventud y, ya desde ahora, en este último tramo del camino de preparación para ella.
II. La familia, la escuela y la parroquia, y la verdad del amor humano
Dos temas de vital importancia para la juventud de hoy y de mañana figuran en el orden del día de la presente Asamblea: la necesaria colaboración entre la familia, la parroquia y la escuela en orden a la educación en la fe de niños y jóvenes; y la cuestión de la verdad del amor humano, como elemento clave de la maduración de los jóvenes como personas y, por consiguiente, del bien común de toda la sociedad.
Cada una de las tres instituciones mencionadas - familia, escuela y parroquia - constituye de por sí todo un mundo de complejas relaciones en su interior y hacia sus entornos de cuyas implicaciones no es fácil dar cuenta, menos aún, en nuestro contexto histórico caracterizado por tantos cambios y crisis interactuantes. Esta Asamblea se ha ocupado ya en el pasado de las tres instituciones en diversos momentos y desde diversas perspectivas [13].
Sin embargo, es necesario volver continuamente sobre una temática tan amplia y, al mismo tiempo, de tan determinante actualidad. En concreto, es cada vez más claro que el futuro de las nuevas generaciones depende decisivamente de las familias cristianas. Al mismo tiempo, la experiencia pone también de manifiesto que la misión de la escuela resulta seriamente entorpecida y aun imposibilitada cuando no cuenta con la colaboración de los padres y de una vida familiar acorde con la ley natural y divina. El Estado no puede sustituir, ni siquiera suplir, el papel propio de esas dos instituciones básicas para el desarrollo de la persona. Por su parte, la parroquia, como célula básica de la vida eclesial, en la que el hombre natural se hace cristiano, manteniéndose dentro de su misión específica, ha de ser capaz, sin embargo, de actuar a modo de catalizador de la vida cristiana de la familia y de la escuela.
Es precisamente el modo concreto en el que deba configurarse la sinergia de familia, escuela y parroquia el objeto de nuestra reflexión, apoyados en el documento en el que ha trabajado la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis. De dicha sinergia depende en buena medida el fruto de la acción evangelizadora de la Iglesia en beneficio de los más jóvenes y, en definitiva, de toda la sociedad.
Ahora bien, la clave cultural, intelectual y moral para una realización verdadera de lo que son la familia, la escuela y la parroquia se halla, sin duda, en el acierto con el que sea percibida, comprendida y vivida la verdad del amor humano. De ahí la importancia de este otro tema al que me acabo de referir y sobre el que viene a esta Asamblea un borrador preparado por la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida.
Como ha recordado Benedicto XVI en la primera página de su encíclica Deus caritas est, “el término amor se ha convertido hoy en una de las palabras más utilizadas y también de las que más se abusa, a la cual damos acepciones totalmente diferentes.” [14] Se emplea ese mismo vocablo para significar la entrega permanente y sacrificada de unos padres que alimentan y educan a una familia numerosa en la que los hijos pueden crecer confiados y alegres, bajo la protección de un amor inquebrantable; como se emplea también para referirse al deseo de quien encarga para sí un niño a un laboratorio, predestinado a la orfandad de padre o de madre y a la soledad de hermanos; o también, para aludir a las relaciones esporádicas entre jóvenes inmaduros, a la cohabitación de personas del mismo sexo o, incluso, al comercio de imágenes o de encuentros en determinados locales o en la red. Todo es llamado del mismo modo: amor.
Sin embargo, el amor tiene una realidad propia, una naturaleza que lo define de un modo pertinente: existe una verdad del amor, que es necesario saber reconocer. Si se usa y abusa tanto de esta palabra, es porque alude a una realidad hermosa y esencial para la vida humana que ejerce una gran fascinación. Por eso es empleada de mil modos impropios con la finalidad de hacer pasar por bueno y bello lo que, en realidad, no es más que falso y no conforme con la verdadera humanidad.
Efectivamente, como escribía Juan Pablo II en su primera encíclica, “el hombre no puede vivir sin amor. Él permanece para sí mismo un ser incomprensible, su vida está privada de sentido, si no se le revela el amor, si no se encuentra con el amor, si no lo experimenta y lo hace propio, si no participa en él vivamente.” [15] Puede sorprender que la Iglesia hable de “la revelación del amor”. Porque se ha hecho demasiado común una comprensión de esa realidad humana fundamental que la entiende como un mero sentimiento emocional, un afecto espontáneo, un movimiento placentero del ánimo. Una realidad así, perteneciente más a la vida de los instintos o de lo puramente biológico que al alma espiritual y racional del ser humano, no necesitaría revelación alguna; más que “encontrarla” y “hacerla propia” - como escribe Juan Pablo II - lo que el hombre necesitaría sería simplemente sentirla y gozar de ella sensible y espontáneamente - según se dice.
Sin embargo, es verdad que el amor es encontrado por aquel a quien se le revela para que lo haga propio y participe de él. Porque el amor, antes que una realidad que se tiene como propia, es una realidad que precede a quien no puede vivir sin ella y por eso la desea y la busca. Pero tampoco es una realidad lejana, en búsqueda de la cual hubiera que realizar largos viajes. El amor nos precede y, al mismo tiempo, llama, cercano, a nuestra puerta, es más, se halla desde siempre en lo más interior de nuestro ser.
El amor nos precede porque implica la llamada de otro. El amor nos habita, porque sin una llamada así no podríamos ni siquiera existir. En su sentido más originario, el amor nos ha llamado al ser: el amor es Dios. En cuanto participamos del Amor creador y redentor, nuestro amor es la aceptación del otro: primero de Él, del Creador y Redentor, y, en Él, del otro a quien encontramos a nuestro lado.
Hay un amor específico, que se revela como imagen del Amor originario y creador, un amor que es pro-creador: el amor conyugal. “La revelación del amor conyugal - enseñaba esta Asamblea en 2001 -, en cuanto que implica a toda la persona y su libertad, nos descubre las características que lo especifican como tal: la incondicionalidadcon la que nos llama a aceptar a la otra persona en cuanto única e irrepetible, esto es, en exclusividad. Por ello, es un amor definitivo, no a prueba, porque acepta la persona como es y puede llegar a ser, hoy y siempre, hasta la muerte. Y por ser un amor que implica la corporeidad, es capaz de comunicarse, generando vida:porque no está cerrado en sí mismo.” [16]
La verdad del amor y, en concreto, del amor conyugal no puede ser “creada” ni por el hombre ni por las leyes. Más bien se manifiesta para ser comprendida y libremente aceptada. Cuando es remodelada al gusto de las opiniones o de los sentimientos del momento, privándola de alguna de sus características - que acabo de recordar -, entonces ya no se vive en la verdad, sino en el error y en la ofuscación.
En principio, la razón humana es capaz de reconocer la verdad del amor. Pero para ello debe mostrarse dispuesta a abrirse más allá de sí misma para acoger la razón divina del amor. “Ningún hombre ni ninguna mujer, por sí solos y únicamente con sus fuerzas, pueden dar a sus hijos de manera adecuada el amor y el sentido de la vida. En efecto, para poder decir a alguien: ‘Tu vida es buena, aunque yo no conozca tu futuro’, hace falta una autoridad y una credibilidad superiores a lo que el individuo puede darse por sí solo. El cristiano sabe que esa autoridad es conferida a la familia más amplia, que Dios, a través de su Hijo Jesucristo y del don del Espíritu Santo, ha creado en la historia de los hombres, es decir, a la Iglesia. Reconoce que en ella actúa aquel amor eterno e indestructible que asegura a la vida de cada uno de nosotros un sentido permanente, aunque no conozcamos su futuro.” [17]
El desconocimiento de la verdad del amor está causando mucho sufrimiento y rompiendo muchas vidas. La Iglesia: nuestras familias, escuelas y parroquias, con el aliento muy especial de los Pastores, ha de ayudar a los jóvenes a evitar la ignorancia de una verdad tan decisiva para sus vidas y a paliar la influencia negativa de un ambiente marcado por tantas fuerzas y corrientes desorientadoras. La reflexión que haremos en esta Asamblea tiene esta hermosa finalidad.
La reducción emotivista e individualista del amor, dominante en la cultura pública actual, ha conducido a una situación crítica que dificulta mucho la educación para el amor y para el matrimonio y que caracteriza nuestro vigente derecho matrimonial [18]. El matrimonio en nuestro Código Civil es simplemente “una manifestación señalada” de “la relación de convivencia de pareja, basada en el afecto.” [19] La institución matrimonial reducida así a una convivencia de pareja, sobre la base del afecto, con independencia de la diferencia de sexo de los convivientes, sin relación intrínseca y determinante con las características objetivas del amor conyugal dificulta gravemente la salida de la crisis de la familia con las consecuencias negativas que de tal situación se derivan para el bien común y para el futuro de las nuevas generaciones.
Anunciar el Evangelio del matrimonio y de la familia es, sin duda, uno de los aspectos más hermosos de la nueva evangelización y de la juventud. Su urgencia, por otro lado, es evidente: nos urge la dolorosa situación aludida, pero nos urge, sobre todo, el amor a Cristo y a los jóvenes.
III. A modo de conclusión
Mientras recorremos el camino de la preparación inmediata del gran encuentro de Madrid 2011, ponemos nuestra mirada en Jesucristo, en quien se ha revelado para todos los hombres la verdad del Amor que Dios es, así como el verdadero sentido de la vocación de todo ser humano ¡del hombre!, llamado a ser por el amor y a vivir en el amor. La Iglesia no puede ocultar la luz de esa verdad, ha de ponerla sobre el candelero para que alumbre a todos los de la casa. La Iglesia es misionera siempre: cuando evangeliza a los jóvenes con nuevo ardor y con los nuevos métodos de las Jornadas Mundiales de la Juventud y cuando lleva la luz del Evangelio a los pueblos que apenas han oído hablar de Jesucristo. En nuestra Asamblea estudiaremos también un nuevo documento que presenta la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias. La misión ad gentes es un estímulo saludable para la misión juvenil. Y, a la inversa, una juventud evangelizada y movida por el amor a Cristo, es condición indispensable para el impulso misionero.
Con estos grandes retos en perspectiva, procederemos a la renovación de cargos de la Conferencia Episcopal que nos demandan los Estatutos. Lo haremos en un ambiente de comunión fraterna y de disponibilidad para asumir las tareas que sean necesarias o convenientes para el buen funcionamiento de la Conferencia, de acuerdo con la naturaleza y los objetivos que la doctrina y la disciplina de la Iglesia les ha fijado a las Conferencias Episcopales.
Lo encomendamos todo a la materna intercesión de María Santísima, la Madre del Señor y de la Iglesia. Guiada por su luz, la nave de Pedro sigue surcando los mares de la historia.
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1 Cf. Colección Documental Informática. Documentos oficiales de la Conferencia Episcopal Española 1966-2006. Índices y CD-Rom, Editado por Mª Carmen del Valle Sánchez, Edice 2007.
2 Cf. ambos textos pontificios en: Ecclesia nº 3536 (18-IX-2010) 24-28.
3 Retomo aquí algunas ideas de mi intervención del 13 de enero de 2011, en el Real Centro Universitario El Escorial-María Cristina, en el marco del II Encuentro Preparatorio de la JMJ-Madrid 2011, donde se dieron cita, convocados por el Pontificio Consejo para los Laicos, delegados de pastoral juvenil de Conferencias Episcopales, Asociaciones y Movimientos de todo el mundo; publicada, bajo el título de La JMJ-Madrid 2011. Un empeño misionero para la evangelización de los jóvenes del siglo XXI, en la Colección de Cartas Pastorales del Sr. Cardenal-Arzobispo de Madrid, nº 39.
4 Benedicto XVI, “Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe” (cf. Col 2, 7). Mensaje para la XXVI Jornada Mundial de la Juventud , 1.
5 Ibid.
6 Es una frase sintética en la que se recogen estos versículos: “Mi espíritu está con vosotros - escribe San Pablo -, alegrándome de veros en vuestro puesto, y firmes en vuestra fe en Cristo. Por tanto, ya que habéis aceptado a Cristo Jesús, el Señor, proceded unidos a él, arraigados y edificados en él, afianzados en la fe que os enseñaron, y rebosando de agradecimiento.” (Col 2, 5-7).
7 Benedicto XVI, “Arraigados y cimentados en Cristo...”, 2.
8 Benedicto XVI, “Arraigados y cimentados en Cristo...”, 4.
9 Benedicto XVI, “Arraigados y cimentados en Cristo...”, 3. - El anuncio apostólico no está en contra del acercamiento verdaderamente científico a la figura histórica de Jesús, ni viceversa. El Papa recuerda en el Mensaje que el deseo de mostrar concretamente esa unidad entre historia y fe fue lo que le movió a escribir su libro “Jesús de Nazaret”, cuya segunda parte será presentada en Roma el próximo día 10 de marzo, Dios mediante.
10 Benedicto XVI, “Arraigados y cimentados en Cristo...”, 4. - Para la Jornada de Madrid se ha preparado una “traducción” del Catecismo de la Iglesia Católica al lenguaje de los jóvenes, un libro que lleva el título de Youcat. Catecismo joven de la Iglesia Católica. En el Prefacio escrito para este libro, Benedicto XVI vuelve a invitar a los jóvenes a estudiar el Catecismo diciéndoles: “¡Es mi deseo más ardiente!”
11 Benedicto XVI, “Arraigados y cimentados en Cristo...”, 6.
12 Citado en nuestro discurso inaugural de la última Asamblea Plenaria, en: Boletín Oficial de la Conferencia Episcopal Española 86 (31-XII-2010) 78.
13 A título de ejemplo: La iniciación cristiana. Reflexiones y orientaciones (27-XI-1998); Instr. Past. La familia, santuario de la vida y esperanza de la sociedad (27-IV-2001); La escuela católica. Oferta de la Iglesia en España para la educación en el siglo XXI (27-IV-2007).
14 Enc. Deus caritas est, 2.
15 Enc. Redemptor hominis, 10.
16 LXXVI Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española, Instr. Past. La familia, santuario de la vida y esperanza de la sociedad, nº 61.
17 Benedicto XVI, Discurso de apertura de la Asamblea eclesial de la diócesis de Roma (6-XI-2005).
18 Cf. LXXXVIII Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española, Instr. Past. Orientaciones morales ante la situación actual de España, 41.
19 Exposición de motivos I, de la Ley 13/2005 de 1 de Julio por la que se modifica el Código Civil en materia de derecho a contraer matrimonio.
ZENIT nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigió a los participantes a la XVII Asamblea General de la Academia Pontificia para la Vida, recibiéndolos en Audiencia, el sábado 26 de Febrero de 2011, en la Sala Clementina del Palacio Apostólico.
Señores cardenales,
venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio,
queridos hermanos y hermanas,
os acojo con alegría, con ocasión de la Asamblea anual de la Academia Pontificia para la Vida. Saludo en particular al presidente, monseñor Ignacio Carrasco de Paula, y le agradezco sus corteses palabras. ¡Dirijo mi cordial bienvenida a cada uno de vosotros! En las actividades de estos días habéis afrontado temas de relevante actualidad, que interrogan profundamente a la sociedad contemporánea y la retan a encontrar respuestas que se adecuen al bien de la persona humana. La cuestión del síndrome post-aborto – es decir el grave malestar psíquico experimentado frecuentemente por las mujeres que han recurrido al aborto voluntario – deja oír la voz insoslayable de la conciencia moral y la herida gravísima que ésta sufre cada vez que la acción del hombre traiciona su innata vocación al bien del ser humano, y del que da testimonio. En este reflexión sería útil dirigir también la atención sobre la conciencia, a veces borrosa, de los padres de los niños, que a menudo abandonan a las mujeres embarazadas. La conciencia moral – enseña el Catecismo de la Iglesia católica – es “un juicio de la razón por el que la persona humana reconoce la cualidad moral de un acto concreto que piensa hacer, está haciendo o ha hecho” (nº 1778).
Es, de hecho, deber de la conciencia moral discernir el bien del mal en las diversas situaciones de la existencia, con el fin de que, sobre la base de este juicio, el ser humano pueda libremente orientarse hacia el bien. Muchos quisieran negar la existencia de la conciencia moral en el hombre, reduciendo su voz al resultado de condicionamientos externos o a un fenómeno puramente emotivo, y es importante afirmar que la calidad moral de la acción humana no es un valor extrínseco o bien opcional y no es ni siquiera un prerrogativa de los cristianos o de los creyentes, sino común en todo ser humano. En la conciencia moral Dios habla a cada uno y lo invita a defender la vida humana en todo momento. En este vínculo personal con el Creador está la dignidad profunda de la conciencia moral y la razón de su inviolabilidad.
En la conciencia de todo hombre – inteligencia, emotividad, voluntad – se cumple la propia vocación al bien, de manera que la elección del bien o del mal en las situaciones concretas de la existencia terminan por marcar profundamente a la persona humana en cada expresión de su ser. Todo el hombre, de hecho, queda herido cuando su actuación se desarrolla contrariamente al dictamen de la propia conciencia.
Sin embargo, aún cuando el hombre rechaza la verdad y el bien que el Creador le propone, Dios no le abandona, sino que a través de la voz de la conciencia, continúa buscándole y hablándole, para que reconozca su error y se abra a la Misericordia divina capaz de sanar cualquier herida.
Los médicos, en particular, no pueden dejar de considerar importante el grave deber de defender del engaño a la conciencia de muchas mujeres que piensan encontrar en el aborto la solución a las dificultades familiares, económicas, sociales, o a problemas de salud de sus hijos. Especialmente en esta última situación, la mujer es convencida, a menudo por los mismos médicos, de que el aborto representa no sólo una elección moralmente lícita, sino que además es un acto “terapéutico” necesario para evitar el sufrimiento del niño y de su familia y una carga “injusta” para la sociedad.
Sobre un trasfondo cultural caracterizado por el eclipse del sentido de la vida, en el que se ha atenuado la percepción común de la gravedad moral del aborto y de otras formas de atentar contra la vida humana, se exige a los médicos una especial fortaleza para continuar afirmando que el aborto no resuelve nada, pero que mata al niño, destruye a la mujer y ciega la conciencia del padre del niño, arruinando a menudo, la vida familiar.
Este deber, sin embargo, no afecta sólo a la profesión médica o a los profesionales sanitarios. Es necesario que toda la sociedad defienda el derecho a la vida del concebido y el verdadero bien de la mujer, que nunca, bajo ninguna circunstancia, verá cumplido en la elección del aborto. De la misma manera es necesario – como se ha indicado en vuestros trabajos – proveer de las ayudas necesarias a las mujeres que lamentablemente, ya han recurrido al aborto, y que ahora experimentan todo su drama moral y existencial. Hay múltiples iniciativas, a nivel diocesano o a través de entes individuales de voluntariado, que ofrecen apoyo psicológico y espiritual para una recuperación humana completa. La solidaridad de la comunidad cristiana no puede renunciar a este tipo de corresponsabilidad.
Querría recordar, a este propósito, la invitación dirigida por el Venerable Juan Pablo II a las mujeres que han recurrido al aborto: “La Iglesia sabe cuántos condicionamientos pueden haber influido en vuestra decisión, y no duda de que en muchos casos se ha tratado de una decisión dolorosa e incluso dramática. Probablemente la herida aún no ha cicatrizado en vuestro interior. Es verdad que lo sucedido fue y sigue siendo profundamente injusto. Sin embargo, no os dejéis vencer por el desánimo y no abandonéis la esperanza. Antes bien, comprended lo ocurrido e interpretadlo en su verdad. Si aún no lo habéis hecho, abríos con humildad y confianza al arrepentimiento: el Padre de toda misericordia os espera para ofreceros su perdón y su paz en el sacramento de la Reconciliación. Podéis confiar con esperanza a vuestro hijo a este mismo Padre y a su misericordia. Ayudadas por el consejo y la cercanía de personas amigas y competentes, podréis estar con vuestro doloroso testimonio entre los defensores más elocuentes del derecho de todos a la vida” (Enc. Evangelium vitae, 99).
La conciencia moral de los investigadores y de toda la sociedad está íntimimamente implicada también en el segundo tema de vuestros trabajos: el uso de bancos de cordón umbilical, para fines clínicos y de investigación. La investigación médico-científica es un valor, y por tanto un compromiso, no sólo para los investigadores sino para toda la comunidad civil. El resultado es el deber de promocionar las investigaciones éticamente válidas por parte de las instituciones, y el valor de la solidaridad de los individuos en la participación en investigaciones dirigidas a promover el bien común.
Este valor, y la necesidad de esta solidaridad, se evidencian muy bien en el caso del empleo de las células madre provenientes del cordón umbilical. Se trata de aplicaciones clínicas importantes y de investigaciones prometedoras a nivel científico, pero que para su realización, muchas dependen de la generosidad, en la donación de la sangre del cordón en el momento del parto, por parte de las parturientas. Os invito, por tanto, a todos vosotros a ser promotores de una verdadera y consciente solidaridad humana y cristiana. A este propósito, muchos investigadores médicos con razón miran con perplejidad el creciente florecer de bancos privados de almacenamiento de la sangre del cordón para exclusivo uso autólogo. Tal opción – como demuestran los trabajos de vuestra Asamblea – además de carecer de una real superioridad científica respecto a la donación del cordón, debilita el genuino espíritu de solidaridad que debe animar constantemente la búsqueda de ese bien común al que, en última instancia, tienden la ciencia y la investigación médica.
Queridos hermanos y hermanas, una vez más expreso mi gratitud al presidente y a todos los miembros de la Academia Pontificia para la Vida por el valor científico y ético con el que cumplís con vuestro compromiso al servicio del bien de la persona humana. Mi esperanza es que mantengáis siempre vivo el espíritu de auténtico servicio que hace sensibles a los corazones y a las mentes para reconocer las necesidades de los hombres que son nuestros contemporáneos. A cada uno de vosotros y a vuestros seres queridos, imparto de corazón la Bendición Apostólica.
[Traducción del original italiano por Carmen Álvarez
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Boletín 425
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Este sábado en la parroquia lagunera de La Concepción el obispo dirigirá el tradicional retiro de cuaresma. Iniciativas similares se harán en distintos arciprestazgos. También el departamento de pastoral con jóvenes ha organizado un retiro, durante la cuaresma, en distintos lugares de la diócesis.
Como el pasado año, desde el Área de Pastoral Social, se ofrecen unas moniciones y otros materiales que pueden facilitar la preparación de las Celebración dominicales de este tiempo cuaresmal.
“Jóvenes misioneros para un continente joven” es el lema del Día de Hispanoamérica 2011, una jornada que la Iglesia española celebra cada primer domingo de marzo (en la Diócesis lo haremos el domingo 13 de marzo) para actualizar su compromiso misionero con el continente hermano.
Alfonso Calvente Ortiz, recibirá este sábado día doce, a las 18 horas, en la parroquia de Nuestra Señora del Rosario, en Valle Guerra, el ministerio del Lectorado en una eucaristía presidida por el obispo nivariense, Bernardo Álvarez. Este paso importante se encuadra en el proceso que Calvente está realizando de cara al diaconado permanente.
Por otro lado, el próximo día 20 de este mes de marzo, también en el seminario habrá institución de ministerios, en este caso a algunos candidatos en su itinerario hacia el presbiterado.
Más de mil noticias, sesenta y cuatro audios y treinta videos, ha compartido ya el blog del departamento de comunicación del obispado en sus poco más de nueve meses de funcionamiento. El blog se inauguró a finales de abril informando de la visita de la Cruz de los jóvenes a la diócesis.
La Jornada de Trabajo de Equipos Prematrimoniales que se celebrará el 12 de marzo en horario de 16:00 a 20:30 horas en el Seminario es otra cita importante para estos días. El ponente que guiará los trabajos será Víctor M. Oliva García, ecónomo diocesano y profesor de Moral y Derecho Canónico Matrimonial. La reflexión de la jornada llevará por título: MATRIMONIO: UN PROYECTO, UNA REALIDAD, UNA PLENITUD.
Ha sido inaugurada y bendecida la capilla del Tanatorio de Alcalá, en Guía de Isora. Se da la circunstancia que esta nueva infraestructura religiosa pasa a ser sede provisional de la parroquia de este lugar. El acto contó con la presencia del Obispo, Bernardo Álvarez, y el alcalde del municipio, Pedro Martín acompañados por el párroco, Julián Aquilino, el sacerdote adscrito, padre Evans y miembros de la comunidad.
El pasado sábado día 5 de febrero, se procedió a la inauguración de los locales de uso religioso del ariquero barrio de La Jaca. Un proyecto que ha contado con la entusiasta colaboración de un grupo de vecinos, que desde hace más de ocho años vienen recaudando fondos para esta obra, y dejaban constancia en el acto de bendición de esta primera fase, que ya tenían 25.000 euros recaudados, para continuar adelante con la construcción del templo.
En el año 1963, se creó por el Obispo Luis Franco Cascón, la actual parroquia de San Antonio de Padua, ubicada en el barrio del mismo nombre, en el municipio turístico del Puerto de la Cruz. Al cumplirse ahora cincuenta años se van a realizar distintos actos.
Ha finalizado el plazo para la recepción de las evaluaciones del PDP en los distintos ámbitos y sectores pastorales, aunque aún no se han recibido todas las respuestas. La Vicaría General elaborará una síntesis y una primera propuesta al próximo Consejo Diocesano de Pastoral a celebrar el 19 de marzo, a fin de ir trabajando el futuro Plan de Pastoral.
Desde el lunes 7 hasta el miércoles 9 de marzo, 13 sacerdotes jóvenes que viven su ministerio en las cuatro islas de nuestra Diócesis, han participado en unas jornadas de convivencia con espacios lúdicos, de oración y de reflexión, bajo el lema: “claves para vivir en el ministerio pastoral, el misterio de la cruz”. El tema fue dirigido por José Ruíz García, sacerdote diocesano de Murcia.
Con ocasión del Día de la Mujer Trabajadora, la JOC (Juventud Obrera Cristiana) y la HOAC (Hermandad Obrera de Acción Católica) han emitido un comunicado en el que –entre otras cosas- manifiestan que “la recién aprobada reforma de las pensiones afectará negativamente a toda la clase trabajadora, pero tendrá un impacto especial en las mujeres, que son las perceptoras de las pensiones más bajas…”. Además, en este comunicado, estos dos movimientos especializados de Acción Católica en el mundo obrero, se comprometen “a un esfuerzo pastoral, en consonancia con la Doctrina Social de la Iglesia, para trabar por el sueño de la igualdad de derecho, igualdad de oportunidades y progreso para todos y todas…”.
Desde el Arciprestazgo de Santa Cruz de La Palma, se propone por tercer año consecutivo un “espacio abierto a los agentes de pastoral y a todos aquellos que quisieran aprovechar unos días para mejorar la formación en su fe y en su tarea pastoral”. Los talleres se desarrollarán del lunes 14 hasta el viernes 18 de Marzo, entre las 20 y 21.30 horas en el colegio de La Palmita.
La Órden de Caballería del Santo Sepulcro de Jerusalén asistirá a una eucaristía el domingo 13 de marzo a las 13 horas en la Sede Catedralicia para unirse en oración por los cristianos perseguidos y por el respeto a la libertad religiosa.
El Ayuntamiento de Hermigua celebró un pleno extraordinario para nombrar Hijo Adoptivo a D. Mario Lhermet. Don Mario, del que se cumplieron treinta años de su fallecimiento el día once del pasado mes de enero, demostró, durante casi cuatro décadas, su amor por Hermigua en su labor como párroco y como fundador y mantenedor de un centro de enseñanza secundaria "La academia de Hermigua".
En marzo se cumplen 400 años de la fundación del convento de San Pedro Apóstol, el convento dominico que se construyó en Hermigua, y con tal motivo la comunidad parroquial y las instituciones públicas han preparado una serie de actos religiosos y culturales. El día más señalado será el viernes, 18 de marzo. Esa jornada se presentará un matasello de correos, se inaugurará la exposición ‘el Convento: 400 años caminando juntos’, habrá una conferencia sobre la presencia de los dominicos en Canarias y, a las 19 horas, el Obispo presidirá una Eucaristía tras la cual se ofrece un concierto.
En el Hospital San Juan de Dios de Tenerife se ofició esta mañana en su capilla una misa para celebrar la festividad de San Juan de Dios, que está teniendo lugar durante el día de hoy. La Eucaristía ha sido presidida por el obispo, Bernardo Álvarez, y además de estar presente una representación de profesionales del Hospital, también han acudido miembros del Consorcio de Bomberos de Tenerife, puesto que San Juan de Dios es el patrón de este gremio profesional.
La Semana Santa de La Laguna ya tiene cartel. En el mismo figura el paso de Las Lágrimas de S. Pedro. Además de los actos ya habituales, este año habrá un certamen fotográfico, un taller de confección de palmitos. El Pregón será el día siete de abril a las 20.30 horas en La Concepción.
El domingo 27 de marzo, a las 13 horas serán bendecidas las instalaciones de la nueva casa de la Orden de los Hermanos de Belén, ubicada en la segunda transversal del camino de Fuente Cañizares, en La Laguna.
Con este motivo de la pronta inauguración de la casa obra de la Diócesis que ha entregado a la Orden, los Hermanos de Belén están organizando un almuerzo con la finalidad de obtener fondos para terminar esta casa-residencia para atender en ella 30 ancianos pobres y desvalidos. El almuerzo está previsto para el día 3 de Abril, domingo, una semana después de la bendición,
El arciprestazgo de Granadilla organiza las II Jornadas de Formación Arciprestal en la Fe y la Acción Pastoral. Las mismas se desarrollarán en LLano del Camello, S. Miguel de Abona, entre el 21 y el 25 de marzo, en horario de 19.30 a 21.30.
En la hoja infamativa mensual de cáritas Arciprestal de Ofra correspondiente al mes de marzo se ofrecen –entre otros- los datos de atención social de base y de comunicación cristiana de bienes de febrero, los proyectos que se encuentran en esta zona pastoral y el servicio de acogida que se ofrece desde la misma.
‘Muerte, morir, duelo y esperanza’ es el título de un nuevo curso que oferta la Universidad Internacional Menéndez Pelayo juntamente con el ISTIC. El mismo se desarrollará entre el 28 y el 31 de marzo. En la página web del ISITC tiene toda la información.
Como ya hemos informado, la Comisión General de Justicia y Paz de España ha decidido celebrar sus jornadas anuales de este año en Tenerife, concretamente los próximos días 1 y 2 del mes de abril. Jornadas Nacionales que coinciden con el décimo aniversario de la creación de la comisión de Justicia y Paz en la Diócesis. Dentro de un plan trienal de estudio y compromiso ante la crisis, corresponde ahora el apartado “Crisis y Medio Ambiente”. Asunto éste sobre el que girarán todas las reflexiones.
Lectio divina para el sábado después de Ceniza, ofrecido por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.
LECTURA: “Lucas 5, 27‑32”
En aquel tiempo, Jesús vio a un publicano llamado Leví, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme.»
Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. Leví ofreció en su honor un gran banquete en su casa, y estaban a la mesa con ellos un gran número de publicanos y otros. Los fariseos y los escribas dijeron a sus discípulos, criticándolo: «¿Cómo es que coméis y bebéis con publicanos y pecadores?» Jesús les replicó: «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan.»
MEDITACIÓN: “Se levantó”
Quién le iba a decir a Leví el cambio que iba a dar su vida y que aquel maestro se pudiese fijar en él para invitar a seguirle. Él estaba bien asentado en su silla de cobrador de impuestos y aparentemente en su vida, pero parece que en su interior algo andaba inquieto y terminó aflorando con la repentina presencia de Jesús en su vida.
Resultan muy sugerentes y estimulantes actitudes y respuestas de personas como él. Cuántos damos la sensación de estar muy seguros de lo que somos y de lo que hacemos, porque la vida nos ha colocado en un rol determinado, y no somos capaces de romper con él por miedo, indecisión, comodidad, el qué dirán… Cuántos sienten en su interior la llamada a manifestar sus sentimientos religiosos y el ambiente se lo impide, porque a la hora de la verdad puede más el ambiente que nuestras convicciones. Hasta que uno es capaz de romper sus lastres, los que sean, y se levanta para emprender el camino que le dicta, no los otros, sino el corazón.
Es estimulante este testimonio en este inicio de la cuaresma. Y es gozoso saber que tú nunca cierras puertas, y si las hay se puede entrar y salir por ellas con libertad. Tú no pones más condiciones que la de acoger tu reino de amor y, para eso, no importa lo que ha habido detrás, sino lo que hay por delante. No sé si es un sueño irrealizable. Nosotros ponemos tantas condiciones para admitir a alguien en algo, miramos tanto su currículum para ver si nos podemos fiar o no. Y hasta guardamos los pasados para utilizarlos de arma arrojadiza. Tal vez tenga que ser así. Tal vez estemos demostrando que no podemos ya fiarnos de nada ni de nadie.
Pero tú te fías. Crees en la posibilidad de que sane nuestro cuerpo y nuestro espíritu, y de que entre en una etapa nueva. Sí, habrá que estar al tanto para evitar recaídas y, para ello, nos dejas la medicina de la conversión, la capacidad de mantener la mirada y el corazón fijo en ti. Y así confías y esperas siempre mi tensión gozosa, mi respuesta sincera, con mis limitaciones y condicionamientos, es cierto, pero asegurándome que tú siempre estás ahí, como buen médico, para sanar las heridas de mi camino y ayudarme a levantar. Y en esa presencia y en esa fuerza se sigue apoyando mi deseo de seguirte.
ORACIÓN: “Rescatar ilusiones”
Señor, yo también he sentido tu llamada, la siento cada mañana, y es la fuerza que me invita a seguir poniendo en juego lo mejor de mí mismo, lo mejor que tú has sembrado en mi interior. Tú sabes que no siempre acierto en la tarea y que me frenan más cosas de las que quisiera, por ello te pido que no dejes de pronunciar tu palabra sobre mí.
Sé también, Señor, que en este tiempo me esperas de un modo especial y yo también quiero seguir saliendo a tu encuentro. Ayúdame a romper miedos y a rescatar ilusiones. Que ninguna otra voz las apague, Señor.
CONTEMPLACIÓN: “Quiero levantarme”
Me vuelves a encontrar sentado
en la mesa de mis seguridades,
de lo que me han dado
o han hecho de mí,
porque hay quienes se empeñan
en dirigir el ritmo de mi vida
y obligarme a pisar donde todos pisan.
Y tu palabra despierta en mí
sueños y anhelos dormidos,
esperanzas frenadas y ahogadas
por los impetuosos ríos de la razón,
y de la corriente por donde todos pasan.
Y quiero ser yo y quiero ser tuyo,
y quiero levantarme y correr,
correr por los caminos de la vida
de tu vida,
y seguir soñando que contigo siempre
algo nuevo es posible.
ZENIT nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI ofreció el lunes 28 de Febrero de 2011 a los participantes en la Asamblea Plenaria del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, a quienes recibió hoy en audiencia en la Sala Clementina del Palacio Apostólico.
Queridos hermanos y hermanas,
estoy contento de acogeros con ocasión de la Plenaria del Dicasterio. Saludo al presidente, monseñor Claudio Maria Celli, a quien agradezco por sus corteses palabras, a los secretarios, los oficiales y a todo el personal.
En el Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales de este año, invité a reflexionar sobre el hecho de que las nuevas tecnologías no solamente cambian el modo de comunicar, sino que están llevando a cabo una vasta transformación cultural. Se está llevando a cabo una nueva forma de aprender y de pensar, con oportunidades inéditas de establecer relaciones y de construir comunión. Quisiera ahora detenerme en el hecho de que el pensamiento y la relación suceden siempre en la modalidad del lenguaje, entendido naturalmente en sentido general, no sólo verbal. El lenguaje no es un simple revestimiento intercambiable y provisional de conceptos, sino que el contexto viviente y palpitante en el que los pensamientos, las inquietudes y los proyectos de los hombres nacen a la conciencia y son plasmados en gestos, símbolos y palabras. El hombre, por tanto, no solo “usa”, sino que en cierto sentido “habita” el lenguaje. En particular hoy, las que el Concilio Vaticano II definió “maravillosas invenciones técnicas” (Inter mirifica, 1) están transformando el ambiente cultural, y esto requiere una atención específica a los lenguajes que se desarrollan en él. Las nuevas tecnologías “tienen la capacidad de pesar no sólo sobre las formas, sino también sobre los contenidos del pensamiento” (Aetatis novae, 4).
Los nuevos lenguajes que se desarrollan en la comunicación digital determinan, por otro lado, una capacidad más intuitiva y emotiva que analítica, orientan hacia una organización lógica del pensamiento y de la relación con la realidad, privilegian a menudo la imagen y y las conexiones hipertextuales. La tradicional distinción neta entre lenguaje escrito y oral, además, parece esfumarse a favor de una comunicación escrita que toma la forma y la inmediatez de la oralidad. Las dinámicas propias de las “redes participativas”, requieren además que la persona esté implicada en lo que comunica. Cuando las personas se intercambian informaciones, ya están compartiéndose a sí mismas y su visión del mundo: se convierten en “testigos” de lo que da sentido a su existencia. Los riesgos que se corren, ciertamente, están a los ojos de todos: la pérdida de la interioridad, la superficialidad en vivir las relaciones, la huida a la emotividad, el prevalecimiento de la opinión más convincente respecto al deseo de verdad. Y con todo estos son la consecuencia de una incapacidad de vivir con plenitud y de forma auténtica el sentido de las motivaciones. Por eso es urgente la reflexión sobre los lenguajes desarrollados por las nuevas tecnologías. El punto de partida es la misma Revelación, que nos da testimonio de cómo Dios comunicó sus maravillas precisamente en el lenguaje y en la experiencia real de los hombres, “según la cultura propia de cada época” (Gaudium et spes, 58), hasta la manifestación plena de sí del Hijo Encarnado. La fe siempre penetra, enriquece, exalta y vivifica la cultura, y esta, a su vez, se hace vehículo de la fe, a la que ofrece el lenguaje para pensarse y expresarse. Es necesario por tanto hacerse oyentes atentos de los lenguajes de los hombres de nuestro tiempo, para estar atentos a la obra de Dios en el mundo.
En este contexto, es importante el trabajo que lleva a cabo el Consejo Pontificio de las Comunicaciones Sociales de profundizar la “cultura digital”, estimulando y apoyando la reflexión para una mayor conciencia sobre los retos que esperan a la comunidad eclesial y civil. No se trata solamente de expresar el mensaje evangélico en el lenguaje de hoy, sino que hay que tener el valor de pensar de modo más profundo, como ha sucedido en otras épocas, la relación entre la fe, la vida de la Iglesia y los cambios que el hombre está viviendo. Es el compromiso de ayudar a cuantos tienen responsabilidad en la Iglesia a ser capaces de entender, interpretar y hablar el “nuevo lenguaje” de los media en función pastoral (cfr Aetatis novae, 2), en diálogo con el mundo contemporáneo, preguntándose: ¿Qué desafíos plantea a la fe y a la teología el llamado “pensamiento digital”? ¿Qué preguntas y requisitos?
El mundo de la comunicación interesa a todo el universo cultural, social y espiritual de la persona humana. Si los nuevos lenguajes tienen un impacto sobre el modo de pensar y de vivir, este afecta, de alguna forma, también al mundo de la fe, su inteligencia y su expresión. La teología, según una definición clásica, es inteligencia de la fe, y sabemos bien que la inteligencia, entendida como conocimiento reflexivo y crítico, no es extraña a los cambios culturales en acto. La cultura digital plantea nuevos desafíos a nuestra capacidad de hablar y de escuchar un lenguaje simbólico que hable de la trascendencia. Jesús mismo en el anuncio del Reino supo utilizar elementos de la cultura y del ambiente de su tiempo: el rebaño, los campos, el banquete, las semillas etc. Hoy somos llamados a descubrir, también en la cultura digital, símbolos y metáforas significativas para las personas, que puedan ser de ayuda al hablar del Reino de Dios al hombre contemporáneo.
Hay que considerar también que la comunicación en los tiempos de los “nuevos medios de comunicación” comporta una relación cada vea más estrecha y ordinaria entre el hombre y las máquinas, desde los ordenadores a los teléfonos móviles, por citar sólo los más comunes. ¿Cuáles serán los efectos de esta relación constante? Ya el papa Pablo VI, refiriéndose a los primeros proyectos de automatización del análisis lingüístico del texto bíblico, indicaba una pista de reflexión cuando se preguntaba: ¿No es este esfuerzo de infundir en instrumentos mecánicos el reflejo de funciones espirituales, como se ennoblece y eleva a un servicio, que toca lo sagrado? ¿Es el espíritu el que es hecho prisionero de la materia, o no es quizás la materia, ya domada y obligada a seguir leyes del espíritu, la que ofrece al propio espíritu un sublime homenaje?” (Discurso al Centro de Automatización del Aloisianum di Gallarate, 19 junio 1964). Se intuye en estas palabras el vínculo profundo con el espíritu al que la tecnologíaestá llamada por vocación (cfr Enc. Caritas in veritate, 69).
Es precisamente la apelación a los valores espirituales la que permitirá promover una comunicación verdaderamente humana: más allá de todo entusiasmo o escepticismo fácil, sabemos que esta es una respuesta a la llamada impresa en nuestra naturaleza de seres creados a imagen y semejanza de Dios en la comunión. Por esto la comunicación bíblica según la voluntad de Dios está siempre ligada al diálogo y a la responsabilidad, como atestiguan, por ejemplo, las figuras de Abraham, Moisés, Job y los Profetas, y nunca a la seducción lingüística, como es en cambio el caso de la serpiente, o de incomunicabilidad y de violencia, como en el caso de Caín. La contribución de los creyentes entonces podrá ser de ayuda para el propio mundo de los medios de comunicación, abriendo horizontes de sentido y de valor que la cultura digital no es capaz por sí sola de entrever y de representar.
En conclusión, quiero recordar, junto a muchas otras figuras de comunicadores, la del padre Matteo Ricci, protagonista del anuncio del Evangelio en China en la era moderna, del que hemos celebrado el IV centenario de su muerte. En su obra de difusión del mensaje de Cristo consideró siempre a la persona, su contexto cultural y filosófico, sus valores, su lenguaje, cogiendo todo lo positivo que se encontraba en su tradición, y ofreciendo animarlo y elevarlo con la sabiduría y la verdad de Cristo.
Queridos amigos, os doy las gracias por vuestro servicio; lo confío a la protección de la Virgen María y, asegurándoos mi oración, os imparto la Bendición Apostólica.
[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]
Lectio divina para el viernes después de Ceniza, ofrecida por la Delegación Diocesana de liturgia de la diócesis de Tenerife.
LECTURA: “Mateo 9, 14‑15”
En aquel tiempo, se acercaron los discípulos de Juan a Jesús, preguntándole: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?»
Jesús les dijo: «¿Es que pueden guardar luto los invitados a la boda, mientras el novio está con ellos?
Llegará un día en que se lleven al novio, y entonces ayunarán.»
MEDITACIÓN: “Ayunamos”
Creo que en la actualidad no nos crea mucho problema el tema del ayuno y, cuando en este tiempo lo ponemos un poco en la palestra, no lo miramos con ojos apetecibles. Pienso que no tanto por su aspecto restrictivo sino, sencillamente, no le descubrimos el sentido. Es el riesgo que tienen las cosas, incluso las cosas buenas, cuando se les saca de contexto, se convierten en fines, y pierden su fuerza primera. Y tenemos que reconocer que tanto nosotros, como tal vez aquellos que preguntan a Jesús, lo están viviendo más como costumbre religiosa, lo cual no tiene nada malo, pero al final un tanto desvinculado de su sentido o, en el mejor de los casos como gesto de espera del Mesías, del novio, que ya ha venido, aunque no se dan cuenta, de ahí la respuesta de Jesús.
El ayuno, cuando lo descubrimos en sus primeros momentos, está ligado a un momento intenso de reconocimiento de las actitudes que separan al creyente de Dios y del deseo, intenso, urgente y sincero, de cambiar de actitudes, frente a Dios y frente a los demás, no como rito que autosatisface en sí mismo. Y tenemos que reconocer que la mayor parte de las veces si ayunamos es porque nos viene reglamentado, mandado y no como necesidad que brota de nuestra realidad más profunda, unido al deseo de retomar y reconducir nuestra vida. Si lo hacemos desde ahí, no solamente es bueno, sino necesario. Es un medio que nos ayuda a preparar y expresar que hay algo que rectificar o, incluso, un gesto de solidaridad con el que nos queremos implicar y manifestar el compromiso de nuestra vida.
Si aprovechamos esos poquitos días que la Iglesia nos pide que lo hagamos y lo sentimos así, podemos experimentar que es un regalo, un gesto de gracia, de encuentro con Dios y con los hermanos. Nosotros tenemos la alegría de que el “Novio” ya está con nosotros, pero todavía tenemos bastante “ajuar” que preparar en nuestro corazón para entrar en el banquete con el “traje” impecable, y todo lo que nos ayude a preparar la “línea” de nuestro interior, es bueno y necesario que lo utilicemos. Desde ahí podemos descubrir que ayunar no es algo pesado y triste, sino un auténtico gozo, un medio estupendo para ayudarme a pensar dónde estoy y hacia dónde quiero caminar. Tal vez es cuestión de volver a intentarlo para descubrirlo así..
ORACIÓN: “Ayuno de mal”
Señor, tengo que reconocer que no se valorar los medios que tengo a mi alcance para adentrarme en ti y en mí. A veces superficializo las cosas, me quedo en lo externo, y tengo el riesgo de perder muchos medios que pones a mi alcance para modelar mi vida. Ayúdame a descubrir el valor del ayuno en este tiempo.
Y que este medio material, realizado en momentos puntuales, me enseñe a alcanzar el verdadero ayuno de todo aquello que haga mal a los que están conmigo. Que mi ayuno de mal, multiplique los gestos y las actitudes de amor y de bien.
CONTEMPLACIÓN: “Saciarme de ti”
Quiero saciarme, sí,
quiero saciarme de tu pan de vida,
quiero saciarme de tu amor.
Quiero y necesito saciarme
de tu entrañable misericordia,
de la calidez de tu ternura,
del gozo sereno y profundo de tu paz
del ímpetu y el coraje de tu Espíritu.
Quiero saciarme de compasión
hasta ser capaz de llorar
con los que lloran
y de reír con los que ríen.
Por eso quiero ayunar de mí
para poder saciarme de ti.
Lectio divina para el jueves después de Ceniza, ofrecidapor la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.
LECTURA: “Lucas 9, 22‑25”
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día.»
Y, dirigiéndose a todos, dijo: «El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se perjudica a sí mismo?»
MEDITACIÓN: “Seguirme”
No puede extrañarnos tu invitación, hay muchos seguidores y muchos que se ofrecen o que piden ser seguidos, algunos hasta lo exigen y si dejan de hacerlo las consecuencias pueden ser nefastas, porque el protagonismo o todo lo que implique o consideremos que implique algún tipo de poder o de situarnos por encima nos resulta tremendamente apetecible.
Por otra parte, a nadie le disgusta seguir a alguien que tenga poder y se beneficie de alguna manera de ello, además lo buscamos de mil maneras, aunque sea para recoger migajas, siempre hablando a nivel material, claro está. Y es ahí donde radica el problema con tu llamada, Señor, que lo que tú ofreces no está entre los objetivos más buscados.
Cuando estamos afirmando nuestra autonomía y todo se centra en lo personal, tú nos hablas de negarnos a nosotros mismos. Cuando todo el mundo busca el bienestar y se nos llena la boca de la palabra, digo bien, de la palabra felicidad, tú nos hablas de cruz. Como puedes entender, Señor, si no tenemos más horizonte que el que vemos, como dice el refrán “más vale pájaro en mano”, lo mejor es intentar alcanzar aquí lo máximo que cada uno puede y sálvese quien pueda. Y no precisamente en el sentido en el que tú nos hablas de salvación.
Y tú sigues empeñado en invitarnos, en invitarme a seguirte, inmerso en ese programa. Y, puede ser que me mantenga en mi locura y en la tuya, pero sí, quiero seguirte. Quiero seguirte porque quiero ser capaz de romper mi círculo pequeño y estrecho que me lleva a vivir girando en torno a mí. Quiero seguir aprendiendo a salir de mí y descubrir mi dignidad, mi capacidad de crecer en humanidad. Quiero y deseo ser capaz de asumir mis aciertos y desaciertos, mis luces y mis sombras, mis gozos y mis sufrimientos, mis amores y mis perseguidores, y con ellos seguir avanzando sin dejar de amar, convencido de que es el único camino de una felicidad auténtica, aunque sea el hazmerreír de mi entorno. Creo y amo la vida, la que me has regalado y comenzado aquí, y la que creo que me regalarás, se prolongará más allá y donde me esperas. Por eso, sí, claro que sí, con todas mis limitaciones, pero con todas mis fuerzas, quiero seguirte.
ORACIÓN: “Tu referencia
Señor, sabes que trato de vivir inserto en tu seguimiento. Sabes con cuántas caídas lo hago, el esfuerzo que me cuesta muchas veces, el esfuerzo que dejo de hacer en muchísimas ocasiones, y la ilusión que me empuja en otras. Pero quiero seguirte porque sólo en ti descubro el sentido de la vida, el sentido de mi vida.
Sabes que necesito de la fuerza de tu palabra, del calor de tu presencia, de la que muchas veces me distancio al mismo tiempo que lo pido. Sabes que no lo tengo fácil en muchos momentos, ni desde dentro de mí ni desde fuera. Que no pierda nunca tu referencia, Señor.
CONTEMPLACIÓN: “Tu mano firme”
Siento en muchos momentos
que mi paso se hace cansino
frenado por muchos lastres,
difuminada la ilusión
y aplastada por la realidad
de mis propios lastres
que apagan la fuerza
y la belleza de tu amor.
Y en ella sigue resonando
el eco de tu invitación,
la calidez de tu mirada.
y el deseo de lo más mío
que, sin saber cómo,
sigue queriéndose hacer don.
Y siento tu mano firme
que aprieta la mía
con la ingente fuerza de tu ternura
que me envuelve
y arrastra mis pasos en pos de ti.
DOMINGO 1 DE CUARESMA - A
13 de Marzo de 2011
Al empezar este tiempo de Cuaresma, hermanos y hermanas, que el Dios de la paz esté con todos vosotros.
A. penitencial: En silencio, pongámonos ahora ante Dios. Somos pecadores. En nuestra vida, a menudo nos alejamos del camino de amor que Jesús nos ha mostrado. Vivimos sin pensar, rezamos poco, tenemos el corazón poco abierto a los demás, no damos buen testimonio de nuestra fe. Por eso ahora, al empezar estos cuarenta días que nos llevarán hasta la Pascua, queremos pedir perdón, y queremos suplicarle a nuestro Padre del cielo que nos renueve y nos dé su gracia. Oremos ahora en silencio, en un silencio un poco más largo que el que acostumbramos a hacer cada domingo. (Silencio más largo).
Confesemos juntos nuestros pecados: Yo confieso ante Dios todopoderoso ...
Dios todopoderoso tenga siempre misericordia ...
y ahora, desde nuestra debilidad, invoquemos a Aquel que nos ama y tiene piedad de nosotros:
SEÑOR, TEN PIEDAD
CRISTO, TEN PIEDAD
SEÑOR, TEN PIEDAD (cantado).
1. lectura (Génesis 2,7-9; 3,7-70): En la primera lectura de estos domingos de Cuaresma iremos repasando diversos momentos de la historia de nuestra salvación.
Comenzamos hoy por una dolorosa realidad: desde el principio, la humanidad se ha alejado del camino de Dios, y ha preferido el camino del mal y del pecado.
Salmo (50): Con actitud de conversión, pidamos ahora el perdón de Dios con las palabras del salmo.
2. lectura (Romanos 5,72-79): San Pablo nos hace ver en esta lectura cómo Jesús le ha dado la vuelta a aquella realidad del pecado que marca la historia humana desde el principio: él es el nuevo Adán que ha comenzado una historia nueva de vida y de salvación para todos.
Recordemos que durante la Cuaresma, en vez de aleluya, se canta otra aclamación a Jesucristo antes de escuchar el evangelio.
Oración universal: Con fe, pidámosle a Dios que escuche la oración de su pueblo. Respondamos cantando: KYRIE, ELEISON. R/ KYRIE, ELEISON.
Para que cada vez más, en toda partes, en todos los corazones, triunfe el bien por encima del mal. KYRIE, ELEISON.
Para que los enfermos alcancen salud y fortaleza, y los que viven angustiados encuentren la paz del espíritu. KYRIE, ELEISON.
Para que la luz de Jesucristo ilumine a los que en esta Cuaresma se están preparando para el bautismo. KYRIE, ELEISON.
Para que este tiempo de Cuaresma sea, para toda la Iglesia, un tiempo de renovación en la fidelidad al Evangelio. KYRIE, ELEISON.
Para que cada uno de nosotros seamos siempre levadura y testimonio de amor y de esperanza. KYRIE, ELEISON.
Escúchanos, Padre, ydanos la vida nueva deJesucristo. Que vive y reina por los siglos de los siglos.
Padrenuestro: Unidos a Jesucristo, oremos a Dios nuestro Padre con toda confianza. Necesitamos su perdón, necesitamos su fuerza ante el mal y el pecado. Por
eso, nos atrevemos a decir:
Gesto de paz: En Cristo, que nos ha reconciliado con su cruz, daos fraternalmente la paz.
CPL
Benedicto XVI canonizará al "Apóstol de la caridad" Ciudad del Vaticano, 28 Feb. 11 (AICA)
El domingo 23 de octubre de este año, Jornada Mundial de las Misiones, el papa Benedicto XVI canonizará en la Plaza de San Pedro a tres beatos, uno de los cuales es el sacerdote italiano don Luis Guanella, conocido como el “Apóstol de la caridad”. Así fue resuelto en el consistorio ordinario público que, con la presidencia del Santo Padre y la participación de 47 cardenales, se celebró en la Sala del Consistorio del Palacio Apostólico Vaticano en febrero último.
Don Luis Guanella
Fue el noveno de los 13 hijos de Lorenzo y María Bianchi. Nació el 19 de diciembre de 1842 en Fraciscio, en los Alpes italianos. Fue bautizado al día siguiente. A los 12 años Luis quiso ingresar al seminario. Su padre no tenía la seguridad de poder costear sus estudios. Gracias a su tío, Luis obtuvo una beca y pudo culminar la secundaria en 1859.
Fue ordenado sacerdote el 26 de mayo de 1866. Su primer servicio fue ayudar en la pastoral a un anciano párroco. Su dedicación al bien de las almas y su sentido de responsabilidad se hicieron tan fuertes que empezó a hacer penitencias a favor a las personas que el Señor le había encomendado. El anciano párroco notó que la salud del padre Luis empezaba a declinar y se las prohibió.
Para Don Guanella la dignidad del ser humano fue siempre prioridad, especialmente la de aquellos que eran considerados inútiles por la sociedad como los pobres y discapacitados.
Comenzó varias casas especiales para su atención y fue así que fundó las congregaciones de los Siervos de la Caridad y de las Hijas de Santa María de la Providencia.
Era un convencido de que no bastaba que sus sacerdotes y religiosas confiaran en la ayuda de Dios, sino que debían también poner de su parte. Al ser preguntado sobre el sustento de sus muchas obras de bien, contestó: "El Siervo de la Caridad debe acostarse cada noche tan cansado por el trabajo, como si lo hubieran molido a palos".
Ideó una imagen de la Virgen María para sus fieles trabajadores y la llamó Nuestra Señora del Trabajo y en su honor erigió un hermoso templo.
Fue amigo del papa San Pío X. Ayudó a las víctimas de los terremotos en Italia de 1905 y 1915, el año de su muerte. Al empezar la primera Guerra mundial, participó en la asistencia a los heridos y por su notable actuación recibió una medalla de oro que le otorgó la Cámara de Diputados.
Con las "Estaciones Católicas", impulsó el retorno al catolicismo de algunas regiones de Suiza, promovió la devoción a la Virgen de Lourdes, lideró una peregrinación italiana al Congreso Eucarístico de Londres y viajó a los Estados Unidos en 1912 para saber más de la situación de los inmigrantes italianos. Envió a sus religiosas y sacerdotes para prestarles asistencia, que se extendió luego a los discapacitados.
Falleció el 24 de octubre de 1915 y fue beatificado por el papa Pablo VI el 25 de octubre de 1964.
En la Argentina
Los dos institutos fundados por Don Luis Guanella tienen presencia en la Argentina. Los Siervos de la Caridad, que llegaron al Río de la Plata en 1925, cuentan con nueve casas en diversas provincias del país, y las Hijas de Santa María de la Providencia, que llegaron en 1983, cuentan con tres comunidades.+
Reflexión de monseñor Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús para el programa radial "Compartiendo el Evangelio", para el 8º domingo durante el año (27 de febrero de 2011). (AICA)
SI DIOS NO PENSARA EN NOSOTROS, NOSOTROS NO EXISTIRÍAMOS
San Mateo 6, 24-34
Dijo Jesús a sus discípulos: “Nadie puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien, se interesará por el primero y menospreciará al segundo. No se puede servir a Dios y al dinero.
Por eso les digo: No se inquieten por su vida, pensando qué van a comer, ni por su cuerpo, pensando con qué se van a vestir. ¿No vale acaso más la vida que la comida y el cuerpo más que el vestido?
Miren los pájaros del cielo: ellos no siembran ni cosechan, ni acumulan en graneros, y sin embargo, el Padre que está en el cielo los alimenta. ¿No valen ustedes acaso más que ellos?
¿Quién de ustedes, por mucho que se inquiete, puede añadir un solo instante al tiempo de su vida?
¿Y por qué se inquietan por el vestido? Miren los lirios del campo, cómo van creciendo sin fatigarse ni tejer.
Yo les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vistió como uno de ellos.
Si Dios viste así la hierba de los campos, que hoy existe y mañana será echada al fuego, ¡cuánto más hará por ustedes, hombres de poca fe!
No se inquieten entonces, diciendo: '¿Qué comeremos, qué beberemos, o con qué nos vestiremos?'.
Son los paganos los que van detrás de estas cosas. El Padre que está en el cielo sabe bien que ustedes las necesitan.
Busquen primero el Reino y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura.
No se inquieten por el día de mañana; el mañana se inquietará por sí mismo. A cada día le basta su aflicción.”
En este Evangelio de la Providencia, o de la confianza que uno tiene que tener en Dios, notamos tan exacto y tan claro por qué el ser humano depende de Dios. Si Dios no pensara en nosotros, nosotros no existiríamos; si Dios no nos sostuviera en la cuenca de su mano, nosotros caeríamos en la nada. Estamos en este mundo por amor de nuestros padres, pero fundamentalmente, por amor de Dios.
Es importante saber que tenemos que vivir confiadamente. Confiadamente porque Dios va a realizar su proyecto y su obra, de un modo infalible. Dios no se va a retractar jamás. Es inmutable su fidelidad y nosotros tenemos que acompañarlo a Él, tenemos que recibirlo a Él.
¡Dios es providente con nosotros, pero también nosotros tenemos que ser providentes con los demás! ¡Dios nos cuida a nosotros, también nosotros tenemos que cuidar a los demás, y cuidarnos!
¿Acaso el esposo no debe cuidar a la esposa?
¿La esposa, no debe cuidar al esposo?
¿Los padres, no deben cuidar a los hijos?
¿Los hijos, no deben honrar a los padres?
¿Nosotros, no tenemos que cuidar la Creación?
¿No tenemos que cuidar la naturaleza?
¿No tenemos una responsabilidad frente a los vínculos con los demás en la fraternidad humana, en la sociedad, frente al bien común, frente a la patria, frente a la Iglesia?
Como estos valores se han perdido, los hemos desdibujado, hoy casi nadie tiene noción de los valores importantes, supremos o superiores.
“Honrar a la patria”, ¡es una palabra muy fuerte!, ¡es un concepto muy fuerte! La corrupción, la mentira, la injusticia, los delitos, ¡es tremendo! Se hiere con mucha facilidad, como si fuera algo igual. ¡Es tremendo como no nos damos cuenta de nuestra responsabilidad!
Decía San Ignacio de Loyola que nosotros tenemos que pensar y obrar sabiendo que todo depende de nosotros, pero tenemos que saber que todo depende de Dios.
“A Dios orando y con el mazo dando” se decía antes. Dios nos da, pero nosotros tenemos que poner nuestra voluntad y nuestra responsabilidad. Tenemos que tener confianza plena en Dios, pero nunca tenemos que ser pasivos ante Dios. Esta confianza es para que el Reino de Dios llegue; para que se transforme; para que nos transformemos; ¡es por nuestras comunidades, por la Iglesia, por la sociedad, por el país, por la patria!
Queridos hermanos, no podemos “servir a dos señores”; cuando es si, es si y cuando es no, es no; y nosotros tenemos que tener claridad en la visión, definición en la finalidad y ejecución ante el pensamiento. ¡No podemos servir a dos señores! Recordemos aquello de "donde esté tu tesoro, allí estará tu corazón."
Que el Señor nos de su amor de providencia y nos cuide, pero que también nosotros -responsablemente- cuidemos a los demás.
Les dejo mi bendición en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén
Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús
Moniciones para el domingo segundo de Cuaresma - A 2011, ofrecidas por el Área de Pastoral Social de la diócesis de Tenerife.
MONICIONES PARA EL 2º DOMINGO DE CUARESMA
19 y 20 de marzo de 2011
ENTRADA.
Siempre estamos en camino. Como Abraham, llamado a salir de su tierra. Como Jesús, que sube a la montaña acompañado por sus discípulos. Esta Cuaresma es también un camino para alcanzar la madurez de la fe en la entrega, dejando atrás, como pide Pablo a Timoteo, una vida mediocre.
Nos ponemos de pie para comenzar la Eucaristía como expresión del deseo de seguir los pasos de Jesús venciendo todo obstáculo.
PRIMERA LECTURA.
El Dios de Abraham siempre nos saca de nuestras casillas, de nuestras seguridades: “Sal, levántate…”. Pero estas exigencias van siempre acompañadas de bendiciones.
SEGUNDA LECTURA.
Pablo tiene claras tres cosas: La llamada proviene de Dios. El evangelio, aunque trabajoso, es gracia. Y, en tercer lugar, Dios da a cada uno las fuerzas necesarias para llevar a cabo la tarea de la evangelización.
EVANGELIO.
Jesús en la montaña, mientras oraba, tuvo una experiencia de cielo. Algo de esta experiencia nos puede también tocar a nosotros. Escuchemos.
EL LENGUAJE DE LOS SIGNOS.
UN CIRIO ENCENDIDO.
Este cirio anticipa la luz pascual de Jesucristo Resucitado.
LECCIONARIO.
Este Leccionario, con la Palabra de Dios expresa nuestro deseo de oír a Jesús y sólo a Él.
ORACIÓN DE LOS FIELES.
Sintiendo, Padre, tu presencia en esta celebración, y sabiéndonos hijos tuyos, te pedimos confiadamente. A cada petición, respondemos todos: Abba, Padre
Para que el mundo progrese según tus designios y se superen tantos obstáculos que impiden este crecimiento. Abba, Padre.
Para que la Iglesia, escuchando la Palabra de tu Hijo Jesús, se haga eco de esa Palabra salvadora. Abba, Padre.
Para que los pobres y los que sufren reciban buenas noticias de salvación. Abba, Padre.
Para que esta Eucaristía sea un verdadero Tabor y nosotros escuchemos las palabras de Jesucristo. Abba, Padre.
ACCIÓN DE GRACIAS
Gracias, Padre, porque nos has dado a tu Hijo como Palabra salvadora.
Gracias, Jesús, porque Tú vas delante de nosotros en nuestro proceso de madurez en la fe.
Gracias, Espíritu Santo porque Tú nos iluminas y alientas en nuestro caminar.
Moniciones para el primer domingo de Cuaresma - A - 2011, ofrecidas por el Área de Pastoral Social de la diócesis de Tenerife.
DOMINGO PRIMERO DE CUARESMA 13 DE MARZO DE 2011
MONICIÓN DE ENTRADA
Hermanos y hermanas:
Benedicto XVI, en su Mensaje a toda la Iglesia para esta Cuaresma nos dice, refiriéndose a este primer domingo: “La batalla victoriosa contra las tentaciones, que da inicio a la misión de Jesús, es una invitación a tomar conciencia de la propia fragilidad para acoger la Gracia que nos libera del pecado y nos infunde nueva fuerza en Cristo, camino, verdad y vida”.
Es una llamada decidida a recordar que la fe cristiana implica, siguiendo el ejemplo de Jesús y en unión con Él, una lucha «contra los Dominadores de este mundo tenebroso» (Ef 6, 12), en el cual el diablo actúa y no se cansa, tampoco hoy, de tentar a las personas que quieren acercarse al Señor: Cristo sale victorioso, para abrir también nuestro corazón a la esperanza y ayudarnos a vencer las seducciones del mal.
Dispuestos a abrir nuestro corazón a la esperanza salvadora de Jesucristo, durante el camino de madurez en la fe hacia la Pascua , nos ponemos en pie para recibir al sacerdote, mientras cantamos….
MONICIÓN A LA 1ª LECTURA: (Gen 2,7-9; 3,1-7)
La lucha entre el bien y el mal que nos ofrece este relato sigue siendo actual. Somos débiles, sucumbimos a la tentación. Pero Dios no nos abandona.
MONICIÓN A LA 2ª LECTURA: (Rom. 5,12-19)
Dios no podía permitir que su proyecto humano fracasara totalmente. Adán fue un desastre: “por un solo hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte”. Pero habrá que esperar la aparición de un nuevo Adán, que pondrá en marcha un movimiento de restauración completa. Escuchemos lo que dice San Pablo a los cristianos de Roma.
MONICIÓN AL EVANGELIO: (Mt. 4,1-11)
El primer Adán fue tentado y perdió. No sólo él sino toda su descendencia que somos todos los hombres y mujeres. En cambio, el nuevo Adán, Jesucristo, fue tentado y venció. Una victoria grande para él y para cuantos creen en Él. Escuchemos con atención la proclamación del Evangelio.
OFRENDAS
Barro: Símbolo de nuestra debilidad
Presentamos este barro, con el que queremos traer al altar todas nuestras debilidades y limitaciones, dispuestos a dejarnos conducir por Jesucristo para superarlas.
Biblia: Símbolo de la luz y la fuerza
Presentamos La Palabra de Dios, la luz que durante este tiempo de Cuaresma nos ayudará a conocer mejor a Jesús y su Mensaje y nos impulsará para crecer como adultos en la fe.
Pan y vino: Símbolo del alimento en el camino
Este pan y vino que te presentamos, se convertirán en el Cuerpo y la Sangre del Señor. Él será nuestro alimento que fortalecerá nuestra fe, y nos ayudará a no caer en las tentaciones que, seguro, tendremos.
La colecta:
Compartir nuestros bienes es un medio que nos ayudará a no caer en la tentación de ambicionar y acaparar los bienes, mientras otros hermanos no tienen lo mínimo para vivir dignamente.
ORACIÓN DE LOS FIELES
Pedimos a Dios, Padre, en este tiempo de gracia, por nosotros y por todas las necesidades de los hermanos. A cada petición respondemos: LIBRANOS DEL MAL
Libra a los pueblos del hambre, la guerra, el terrorismo, y haz que nosotros seamos cada día más austeros y constructores de paz. Oremos…
Libra a los gobernantes del orgullo, la tiranía y la codicia y haz que todos estemos con los ojos abiertos para descubrir estos comportamientos en nosotros. Oremos…
Libra a la Iglesia del triunfalismo y del conformismo y haz que nosotros nos sintamos corresponsables de la vida y misión de la Iglesia, como adultos cristianos. Oremos…
Líbranos a todos del consumismo ciego e injusto y de las tentaciones de cada día. Oremos.
Oremos:
Líbranos, Padre, de todo mal. Que no nos falte nunca la luz de tu Palabra y la fuerza de tu Espíritu.
Desde el área de Pastoral Social de la diócesis de Tenerife nos ofrecen las monicionespara el Miércoles de Ceniza 2011
MIERCOLES DE CENIZA – CELEBRACIÓN 9 de marzo de 2011
MONICIÓN DE ENTRADA
Queridos hermanos y hermanas:
Hoy, Miércoles de Ceniza, los cristianos emprendemos la Ruta de la Cuaresma. Un recorrido de cuarenta días hasta llegar a la Fiesta más importante para nosotros: El Triunfo de Jesús sobre la muerte, la Pascua de Resurrección.
Los atletas, para estar en forma, se dan masajes, entrenan, se esfuerzan. La vida es como una carrera, y, para llegar a la meta, también hace falta estar en forma.
Al iniciar esta ruta, a los cristianos se nos impone ceniza sobre nuestras cabezas. Este rito nos puede parecer anticuado y antihigiénico. Quizás no nos guste demasiado lasceniza porque nos recuerdan momentos desagradables de nuestra vida.
Pero este rito tiene un significado muy importante: el sacerdote, al imponernos la ceniza, nos invita a convertirnos y a creer en el Evangelio y, además, nos acercarnos a recibirla siendo conscientes de nuestra debilidad y limitación.
La ceniza que se impondrá sobre nuestras cabezas, nos recuerda que la vida es:
CRUZ, MUERTE, SACRIFICIO..., pero a la vez nos recuerda que se TRANSFORMARÁ EN FLORES, EN VIDA, EN FELICIDAD, GRACIAS AL TRIUNFO DE JESÚS.
Nos ponemos en pie para recibir al sacerdote que va a presidir esta celebración.
(Delante del altar habrá cuatro signos: Una Biblia, el Cirio Pascual, la Ceniza y un recipiente con agua.)
EXPLICACIÓN DE LOS SÍMBOLOS:
(Se pueden explicar los signos antes de la procesión de entrada de sacerdote o, después de terminar el canto de entrada y que llegue el sacerdote al altar)
Cuatro símbolos importantes presiden nuestra celebración del Miércoles de Ceniza:
La Biblia.-
La Palabra de Dios quiere que en este día, abramos nuestras inteligencias y nuestros corazones al Señor. Ella será nuestro mejor consejero a lo largo de toda la Cuaresma.
El Cirio Pascual.-
Los cristianos somos iluminados por Jesús, la Luz del mundo. Si perdemos el contacto con esta Luz, vamos caminando por la vida a ciegas. Hemos de mantener la Luz encendida; Debemos caminar durante la Cuaresma, iluminados por la Luz de Jesús.
La Ceniza.-
Por el camino siempre encontraremos polvo, barro, suciedad. Nos podemos manchar de egoísmo, de odio y de violencia. Pero contamos con Jesús que recorrió el mismo camino y llegó hasta final. La ceniza nos recuerda que en la vida hay que sacrificarse para llegar a la meta.
El Agua.-
Lo mismo que la luz puede a las tinieblas, también el agua le puede a la suciedad. El agua purifica, refresca, limpia... Es símbolo de nuestro Bautismo, de nuestra incorporación a los salvados por Jesús.
ORACIÓN:
Señor, ayúdanos con tu gracia, al empezar la Cuaresma. Cierra los ojos a nuestras faltas y debilidades y mira nuestro sincero deseo de caminar hacia las Fiestas de Pascua con un corazón arrepentido y dispuesto a seguirte. Ayúdanos a ser fieles al Mensaje de Jesús, y a pedir perdón si nos apartamos del camino. Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
MONICIÓN A LAS LECTURAS
Las lecturas que ahora vamos a escuchar, nos llaman a la conversión, al cambio de nuestra vida. Y nos dirán que, hoy mismo, es el día de la salvación, el tiempo de gracia.
Quieren dejarnos muy claro que la conversión agradable a Dios, es la que empieza en el corazón, no la que se queda en la apariencia.
No es solo una conversión meramente individual. Joel llama a la conversión a todo el pueblo. Pablo nos recuerda que Jesucristo ha inaugurado un tiempo de salvación, de reconciliación. El Evangelio nos muestra el tipo de penitencia que nos pide el Señor.
Escuchemos con atención la proclamación de la Palabra de Dios.
RITO DE LA BENDICIÓN E IMPOSICIÓN DE LA CENIZA.
MONICIÓN.-
Ahora el Sacerdote va a bendecir la ceniza que luego impondrá sobre nuestras cabezas. Esta ceniza es símbolo de nuestra debilidad, de nuestros pecados, de nuestro egoísmo al separamos de Dios y de los demás. Al recibirla vamos a comprometemos a cambiar el rumbo de nuestras vidas, y emprender una Nueva Ruta que nos lleve al encuentro con Jesús y con todos nuestros hermanos.
INVITACIÓN A LA ORACIÓN Y BENDICIÓN. (Sacerdote)
Con actitud humilde, oremos todos a Dios Nuestro Padre, para que bendiga con su gracia, esta ceniza que vamos a imponer sobre nuestras cabezas en señal de penitencia.
¡Oh Dios!, que te dejas vencer por el que se humilla y encuentras agrado en el que pide perdón de sus pecados. Escucha nuestras súplicas y derrama tu bendición sobre esta ceniza y sobre estos hijos tuyos que vamos a recibirla.
Haz que, fieles a las prácticas Cuaresmales, podamos llegar con un corazón limpio a la Celebración de las Fiestas Pascuales de Tu Hijo Jesús que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
IMPOSICIÓN DE LA CENIZA: “Conviértete y cree en el Evangelio."
(Mientras se impone la Ceniza podemos cantar una antífona conocida (ej. “Caminaré en presencia del Señor”, intercalando parte del texto de la oración siguiente). Si parece oportuno, se puede presentar el Leccionario para que, después de recibir la ceniza, lo besen o hagan un gesto de veneración.
ORACIÓN DE LA CENIZA.
¿A dónde vas? ¿A dónde te diriges? ¡Detente y piensa un poco! Toma en tus manos estas cenizas, sopla sobre ellas. ¿Qué te ha quedado en las manos, en tus manos de hombre? Con un soplo... todo se ha esparcido. ¿No lo entiendes? ¿No ves todavía tu fragilidad? Y. a lo mejor, te crees grande ... Y, a lo mejor te sientes poderoso ... Hoy, un poco de ceniza se hace pregunta y nos interroga y nos invita a reflexionar sobre la verdad de lo que somos. Hoy, un poco de ceniza, al comienzo de la Cuaresma, nos grita desde lo profundo, nos anima a buscar caminos nuevos, a abrimos a la Palabra de Jesús, a seguir los pasos de Jesús, conviviendo todos como hermanos.Hoy comenzamos alegres y esperanzados, dispuestos a crecer en una fe más adulta. ayúdanos, Señor.
ORACIÓN DE LOS FIELES.
En este tiempo de gracia, la ceniza nos recuerda que somos poca cosa, limitados, pecadores; por eso acudimos a ti, Padre, para que vengas en nuestra ayuda.
Por las personas que sufren; especialmente, por las víctimas de las estructuras de pecado: los parados, los sin hogar, los inmigrantes, los muertos por el hambre, los olvidados. Roguemos al Señor.
Por nuestra Iglesia. Para que evitando el conformismo o la desesperanza, busque la conversión y su renovación, desde la fidelidad al Evangelio. Roguemos al Señor.
Por todos nosotros, para que la Cuaresma sea el principio de una mayor cercanía a Jesucristo y a los hermanos. Roguemos al Señor.
Para que la ceniza que se nos ha impuesto y, sobre todo, la fuerza del Espíritu de Jesús, nos hagan progresar en la fe adulta, la esperanza, el amor y la paz. Roguemos al Señor.
Señor y Padre nuestro, ten misericordia de nuestra debilidad, y ayúdanos a caminar decididos hacia tu Reino, pues somos tus hijos. Por Jesucristo nuestro Señor.
DESPUÉS DE LA COMUNIÓN. ORACIÓN AGRADECIDA
Señor y Padre nuestro, gracias por concedernos vivir, con sentido cristiano, este tiempo de Cuaresma y por invitarnos y acompañarnos en el camino hacia la Pascua con una fe adulta.
Gracias porque tú nos comunicas tu Espíritu para que desde hoy empecemos a tomar más en serio el mensaje del Evangelio.
Gracias, Jesús, porque quieres que nuestras privaciones sirvan de ayuda a los necesitados y de alivio a los que sufren.
Lectio divina para el Miércoles de Ceniza - A 2011, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.
LECTURA: “Mateo 6, 1‑6. 16‑18”
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga.
Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará.
Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga.
Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará.
Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará.»
MEDITACIÓN: “Tu Padre”
Abrimos la puerta de la cuaresma, y lo hacemos con cautela. Este tiempo siempre tiene algo especial y su arranque no tiene el empuje de un adviento o una Navidad, hemos conseguido hacer de él un tiempo un tanto pesado, tal vez podríamos decir que hasta triste. Hemos cargado su sentido en uno de sus momentos que nos sitúa en tu entrega en la cruz y hemos dejado la resurrección para después. Y no es así. Este tiempo si tiene sentido es porque concluye en resurrección. Sí, es verdad, pasando por la cruz, no lo podemos obviar, como tampoco podemos olvidar que es la cruz del amor. Y así es un tiempo que nos quiere abrir con toda su fuerza a la esperanza, a la culminación de nuestra realidad de salvados.
Y en este comienzo, si ya la Palabra nos quiere poner en contacto con alguien hacia el cual dirigir nuestra mirada y nuestra llamada reiterada a la conversión, no es a un Dios cualquiera, distante, serio y dolorido, sino a un Dios cargado de vida, cargado de amor, un Dios a quien podemos llamar y experimentar como Padre. Un Padre que ve en lo secreto, que no necesita que finjamos, un Padre que sabe interpretar los latidos de nuestro corazón, que intuye la verdad de nuestros gestos, de nuestras palabras, de nuestras actitudes. Porque, sencillamente, el amor es así. Lo que sucede es que tal vez se nos esté olvidando qué es el amor.
Volver a descubrir y a encontrarnos con este Dios que nos sigue saliendo al encuentro, que nos espera antes de que lo busquemos, que nos sabe hijos, aunque sea pródigos, y nos quiere hermanos, sin ruidos, sin aspavientos, sin dobles sentidos, es, sin lugar a dudas, el mejor regalo que nos podemos hacer. Y el tiempo privilegiado para intentarlo se nos vuelve a regalar. Que sepa aprovecharlo, Padre.
ORACIÓN: “Conversión”
Padre, te doy gracias por esta nueva cuaresma que pones ante mí. Sí, reconozco que me cuesta iniciarla, pero la experiencia me dice que me hace bien, que me descubre en mi pobreza y en mi riqueza, y me ayuda a crecer.
No, ya sé que a estas alturas de mi caminar no hay grandes transformaciones de las que me pueda gloriar, pero me mantienes en tu amor y eso lo siento como un gran milagro en mi camino, tal vez pobre, pero camino al fin y al cabo, de conversión.
CONTEMPLACIÓN: “Mi nombre de hijo”
Es bueno andar caminos
y saber que siempre hay
puertas que se abren,
horizontes que se pueden
redibujar de colores nuevos,
sueños que despertar
y esperanzas a las que devolver
su vuelo y sus anhelos,
siempre mayores
que mis pobres incertidumbres.
Y hasta nuevos rumbos
que retomar con fuerzas sacadas
de ese fondo que ya creía perdido.
Y todo sencillamente porque
Tú sigues ahí, vivo, esperando,
saliendo a mi encuentro,
llamándome por mi nombre,
mi nombre de hijo.
Homilía de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La plata, en la misa de los educadores platenses al comienzo del año lectivo (Iglesia Catedral, 25 de febrero de 2011). (AICA)
MISIÓN DE LA ESCUELA, MISIÓN EN LA ESCUELA
El encuentro en el que nos damos cita todos los años, poco antes de iniciar el ciclo escolar, coincide esta vez con la fiesta litúrgica de la beata María Ludovica. Esta circunstancia providencial resulta significativa para nosotros, educadores. Sobre todo porque conocemos muy bien su figura, porque la queremos y estamos orgullosos de ella. Es aleccionador, tiene que causarnos asombro, recordar que una muchacha nacida en un pueblo de los Abruzzos, privada de toda cultura académica, extraña por su lengua y costumbres a nuestro medio rioplatense, llegó a ser admirada unánimemente y reconocida como ciudadana ilustre de esta capital provincial, centro administrativo y político de peso en el país y célebre por su tradición universitaria. Este hecho nos mueve a alabar a Dios y a darle gracias.
Ludovica trajo consigo aquella visión del mundo y de la vida propia de la civilización campesina, enriquecida con sólidas virtudes humanas y cristianas, iluminada con la claridad de una fe sin fisuras. Ella transmitió esa visión más que con palabras con la natural sobrenaturalidad de su presencia y de su entrega en el trabajo cotidiano. Como superiora de su comunidad religiosa y como administradora del Hospital de Niños fue una educadora de la caridad. Con su ejemplo de desprendimiento y de disponibilidad total se hizo eco de la revelación del amor que se manifestó en la entrega de Cristo por nosotros; comprendió y vivió con una coherencia heroica y una desconcertante sencillez el principio central del cristianismo expuesto por San Juan en el pasaje de su primera carta que hemos escuchado hace un momento: En esto hemos conocido el amor: en que él entregó su vida por nosotros; por eso, también nosotros debemos dar la vida por nuestros hermanos (1 Jn. 3, 16). Su ejemplo desarmaba resistencias y reticencias, movía a la generosidad, resultaba contagioso, transformante, arrollador.
Insisto en su condición de educadora, que puede servirnos de modelo a quienes nos dedicamos a la educación: en este campo estamos llamados a entregar la vida, no simplemente a ejercer una profesión; el secreto está siempre en el amor. Una religiosa que vivió catorce años junto a la Superiora Ludovica ofreció este testimonio en el proceso de beatificación: Nos decía a las hermanas: nosotras tenemos que obrar bien, no por nosotras, sino por Dios, por la Iglesia, porque nosotras somos Iglesia y representamos a nuestro Instituto; en nuestro comportamiento no debemos olvidar nunca que somos hijas de Dios; para él vivimos y para él tenemos que ser. Y repetía: no se cansen nunca de hacer el bien; hermanas, no importan las cosas que pasen, siempre hagan el bien. La declaración incluye también esta sentencia de la beata que lo explica todo: el amor más grande es el de estar siempre unida con Dios. Esa exhortación simple y esencial, referida al trabajo hospitalario, cuadra perfectamente a las exigencias de la tarea escolar.
En esta Misa previa al comienzo del año lectivo encomendamos al Señor nuestras intenciones y preocupaciones, invocamos la inspiración y la fortaleza que tienen su fuente en el Espíritu Santo para hacer frente con lucidez y buen ánimo a las dificultades de nuestra misión. Pero también se nos brinda la oportunidad de reflexionar sobre algún aspecto de la educación cristiana. Hoy quiero detenerme en la misión de la escuela, de la escuela católica, la que le es intrínsecamente propia, y que se identifica con la misión que la Iglesia debe desarrollar en la escuela y a través de ella. Nuestra arquidiócesis, a tono con el impulso renovado en la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, quiere verificar seriamente su condición de Iglesia misionera, especialmente en la orientación y el dinamismo de la pastoral ordinaria.
Esta decisión vale también –no podría ser de otra manera– para la pastoral educativa que se debe desarrollar ordinariamente y con puntual continuidad en nuestras escuelas. Ahora bien, en ellas la pastoral educativa coincide con su específica misión de educar en sentido integral y cristiano. En otras ocasiones me he referido a las características de una educación que pueda reconocerse, en sentido genuinamente católico, como formación integral de la persona en su irreductible identidad femenina o varonil. Me permito ahora formular algunas observaciones sobre la dimensión misional de la educación, especialmente en relación a las dificultades que encuentra, en la actualidad, su plena realización.
En primer lugar recordemos que la escuela católica, al cultivar y transmitir las diversas disciplinas curriculares en los distintos niveles, comenzando por los saberes elementales, cumple una misión al servicio de la Verdad. Lo que debe proponerse cultivar y transmitir es la cosmovisión cristiana, en la que letras, ciencias y arte se articulan armoniosamente en una síntesis sapiencial a la luz de la fe. Nuestros institutos de enseñanza no son sucursales de la iniciativa oficial o ámbitos supletorios de la responsabilidad educativa del Estado en una especie de subsidiaridad invertida; tienen su propia identidad –esencia, principios, fines, métodos– y constituyen, junto con otras instituciones privadas y con la vertiente estatal, un único sistema público de educación. Nuestra identidad se refiere a la misión de la Iglesia, se inscribe en ella, y por lo tanto se remite a Jesucristo, Camino, Verdad y Vida (cf. Jn. 14, 6). La escuela católica es la Iglesia en función de educar; su misionalidad se cumple primeramente en la transmisión de la Verdad.
Debemos prestar una atención alerta y sanamente crítica a los diseños curriculares para hacerlos objeto de un discernimiento imprescindible. Ésta es la mejor colaboración que podemos ofrecer a las necesidades educativas de la Argentina de hoy. No es posible ignorar o disimular por una especie de tolerancia beata, o por temor, el sesgo ideológico que campea en varios de ellos, sobre todo en áreas tales como Historia, Educación sexual, Salud y adolescencia, Construcción de ciudadanía, y ahora Política y ciudadanía. Basta recorrer con la mirada la bibliografía propuesta para advertir la inspiración que ha presidido el trazado de esos diseños; no sólo por los nombres emblemáticos que figuran en la lista, sino también por los que lamentablemente han sido omitidos. Se dice que es responsabilidad del Estado formar ciudadanos, pero ¿acaso pretende hacerlo adoctrinando a niños y adolescentes para domesticar así a la sociedad con la vara del pensamiento único? Cada tanto parece asomar nuevamente la ambición monopólica del Estado en un ámbito tan delicado como éste de la orientación intelectual y del juicio sobre los acontecimientos históricos y las realidades sociopolíticas. El modelo de los regímenes totalitarios es un ejemplo pernicioso del cual debemos cuidarnos. Los padres de familia tendrían que estar más atentos a lo que se enseña a sus hijos en la escuela –pienso sobre todo en la de gestión estatal–. Nosotros, por nuestra parte, que también ejercemos la responsabilidad de formar ciudadanos, tenemos el derecho y el deber de examinar los programas, corregirlos y completarlos a la luz de la antropología cristiana y la doctrina social de la Iglesia. No es lo mismo formar buenos ciudadanos que pequeños teóricos críticos, politizados prematuramente y uniformados por una concepción pseudoprogresista del cambio social. Lo mismo hay que decir de la elección de los textos; la disponibilidad de obras de referencia adecuadas es un campo en el cual aún estamos en falta. El proyecto educativo de la escuela católica queda en pura aspiración ideal si no se concreta en una ratio studiorum y en los textos correspondientes.
Quiero de paso recordar amablemente a los representantes legales –por si hiciera falta– que no representan al Estado, sino al arzobispado o a la congregación religiosa titular del instituto en el que ejercen su dignísimo cargo; ellos y los directores deben obedecer antes a la Iglesia, al obispo, y luego, en lo que corresponda, al inspector o a la inspectora.
Otro obstáculo que la misión educativa tiene que afrontar es el ambiente cultural en el que vivimos, en el cual se advierte hasta qué grado ha llegado el proceso de descristianización que afecta incluso a muchas personas que se consideran católicas, y lo son por el bautismo, pero que no piensan ni viven como tales. Hay que contar también con la fobia anticatólica de pequeños cenáculos muy activos e influyentes, con la parcialidad opinativa y la degradación cultural que destilan algunos medios de comunicación. Ese clima deseducador influye desde fuera sobre la tarea educativa de la escuela y penetra por diversos canales en su interior. Sin exasperación, con mucha paciencia, nos hacemos cargo de esta situación y la asumimos como un desafío exaltante que la Providencia presenta a nuestra misión de educadores.
Un punto clave es la convicción y el testimonio de directivos, profesores, maestros y auxiliares, es decir, de toda la comunidad educativa. La primera misión a desarrollar se sitúa ad intra, se dirige a la actividad misma de la vida institucional. Para apelar a la bien conocida definición del cristiano propuesta por el Documento de Aparecida, digamos que cada miembro de la comunidad educativa tiene que perfilarse cada vez mejor y reconocerse como discípulo misionero de Jesucristo. Sabemos que, gracias a Dios, muchos docentes y preceptores, que diariamente están en contacto directo con los chicos, lo son y viven como tales ofreciendo un precioso testimonio. Pero el dinamismo misionero de una escuela que es una auténtica comunidad cristiana puede lograr, con el tiempo, que aún aquellos que se integraron a ella con el respetable pero insuficiente propósito de obtener un empleo, descubran vitalmente a Cristo, renueven su fe e identificados plenamente con el proyecto educativo católico asuman su trabajo como una misión. El papel del personal directivo es aquí fundamental: de ellos depende la elección de los docentes, la orientación asidua, la supervisión y coordinación de las tareas; también a ellos corresponde sostener el espíritu y animar continuamente la vocación misional de la comunidad como servicio rendido a la Verdad.
Aunque el tema merecería un amplio desarrollo, quiero referirme, siquiera de modo alusivo, a la misión que la escuela debe cumplir respecto de los alumnos y sus familias. En este caso hablo de misión en el sentido más propio del término, según el lenguaje pastoral que usamos habitualmente: dar a conocer a Jesucristo, favorecer y procurar la adhesión de fe a su persona y a su mensaje, invitar –sobre todo a través del ambiente de la comunidad educativa– a abrazar el ideal de la vida cristiana y la plena inserción en la vida eclesial. En muchos casos, los alumnos permanecen en una institución desde la primera sala del nivel inicial hasta el último año del secundario. ¿Qué relación de conocimiento, de afecto, de mutua colaboración entabla la comunidad educativa con las respectivas familias? A partir de una imprescindible y creciente vinculación se debe proponer explícitamente una misión en favor de ellas, para intentar comunicarles el mensaje del Evangelio o hacerles crecer en la alegría de la fe. Puede pensarse, por ejemplo, en una misión precisa y programada, a reiterar periódicamente, abarcando tiempos y fechas de particular significación, o en la participación de la escuela en el tiempo de misión señalado cada año por la arquidiócesis y que debe cumplirse en todas las parroquias. ¿No podríamos asimismo proclamar una Gran Misión Escolar, convenientemente preparada, a desarrollar simultáneamente en todas las instituciones, como signo y a la vez como aliciente de nuestro compromiso apostólico y del carácter eminentemente pastoral de nuestro empeño educativo?
Es competencia de la Junta Regional de Educación Católica, en coordinación con otros organismos arquidiocesanos, promover la misionalidad de nuestras escuelas como un aspecto insoslayable de la animación pastoral. Nuestra atención y nuestros esfuerzos resultan a menudo absorbidos por las exigencias burocráticas oficiales, por los problemas pedagógicos, administrativos o contables, y no nos queda tiempo, ánimo, entusiasmo para afianzar la dimensión pastoral de nuestra tarea y proyectarla a las familias de los alumnos y al medio social en el que se inserta la escuela. En síntesis: reconozcamos que nuestras comunidades educativas han de ponerse en acto de misión; no pueden permanecer al margen del movimiento, del paso que adopta la Iglesia en la arquidiócesis. Los párrocos o capellanes, los coordinadores de pastoral, los catequistas y profesores de religión tienen en este campo una responsabilidad y una incumbencia singulares.
Me permito una última observación. La unidad del subsistema educativo eclesial, tanto en el nivel diocesano cuanto en el provincial y nacional es en cierto modo una realidad estructural existente, pero al mismo tiempo un ideal a alcanzar y perfeccionar incesantemente. El objetivo permanente es superar una posible dispersión. Cada institución educativa goza de su propia identidad, pero todas las identidades han de referirse finalmente a un ideario común, definido por la fe católica y caracterizado por la fidelidad a la doctrina de la Iglesia; del mismo modo, la eficacia misionera del conjunto depende de la armonía de los criterios de acción y de la coordinación de los esfuerzos.
Invito a todos a reflexionar sobre estas propuestas para hacerlas objeto de sus intenciones, de sus decisiones y de su oración. Ahora, al ofrecer la Eucaristía, podemos encomendarlas al Señor invocando la intercesión de la Virgen María, dulcísima educadora de Jesús, y de la beata Ludovica, maestra de caridad.
Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata
San José del Amazonas (Agencia Fides) – Como conclusión del cuarto Encuentro de Pastoral Indígena de la Amazonía Peruana, los Obispos de las diócesis de la Selva peruana han publicado una carta pastoral para reflexionar sobre la riqueza de la Amazonía peruana y sobre la defensa de las comunidades indígenas que en ella habitan.
CARTA PASTORAL DE LOS OBISPOS DE LA SELVA
Estimados hermanos y hermanas: Paz y Bien.
Reunidos en el IV Encuentro de Pastoral Indígena de la Amazonía Peruana los obispos de la Selva queremos dirigirnos a ustedes para compartir nuestra herencia misionera, nuestras convicciones en torno al trabajo de pastoral indígena y nuestro compromiso de acompanar a nuestros hermanos y hermanas indígenas, riberenos y pobladores urbanos de la Amazonía, en la maduración de su fe, en su búsqueda o acercamiento a ella y en la consecución de una vida digna como hijos e hijas de Dios.
1.- Nuestra Herencia Misionera.
Primeramente queremos “Rendir homenaje de gratitud y admiración a los misioneros y misioneras que nos antecedieron, quienes supieron sembrar entre lágrimas y sollozos, dejando sus vidas, su juventud y su ilusión en este extenso campo verde llamado la Amazonía… [ellos y ellas] nos dejaron una herencia de calidad misionera que nunca podrá olvidarse, ellos supieron moverse a impulsos del celo por las almas inspirados por la caridad misma de Cristo, hecha de atención, ternura, compasión, acogida, disponibilidad e interés por los problemas de la gente. Hoy les dedicamos este recuerdo agradecido porque nos ensenaron a ser más desprendidos, más entusiastas, más misioneros” (Carta Pastoral de los Obispos de la Selva con motivo del Centenario de la creación de los Vicariatos, 2000 n. 45).
La evangelización en la Amazonía comenzó desde la Colonia con las primeras expediciones de exploradores y misioneros [dominicos, franciscanos, mercedarios, jesuitas, agustinos y otros]; quienes con grandes esfuerzos, intentos ilusionados, éxitos y fracasos presentaron a Jesucristo a estos pueblos desconocidos, dispersos, con diversas culturas y lenguas, en territorios inaccesibles y complicados. Parecía imposible que personas no nativas de esta región tan inhóspita pudieran permanecer en la Selva. Algunos misioneros dejaron en ella su vida, y de otros nos quedaron sus crónicas y noticias.
La Amazonía siempre ha sido un reto incitante, doloroso y muy querido para la Iglesia.
La época del caucho, a finales del S. XIX y comienzos del S. XX, fue un tiempo de mucho dolor y sufrimiento para la Amazonía porque los indígenas y algunos mestizos fueron utilizados como mano de obra barata y desintegrados de sus comunidades. Hubo esclavitud, tráfico de seres humanos, genocidio y, con estas atrocidades, corrupción económica y social. Después del derrumbe del caucho quedó el caos.
Por ese mismo tiempo el Papa León XIII en 1894 dirigió una carta a los obispos del Perú instándoles a preocuparse por los indígenas de la Amazonía de tal manera que “se multipliquen las santas expediciones [y] aumenten los mensajeros a fin de ganarlos para Cristo” (1o de Mayo de 1894). Posteriormente el Papa San Pío X en 1912, ante el genocidio de la época del caucho, dice: “Cuando analizamos los crímenes y maldades que suelen cometerse contra ellos [los indios], ciertamente quedamos horrorizados y profundamente conmovidos… Condenamos y declaramos reos de inhumanos crímenes a (quienes) pongan en esclavitud, los vendan, los compren, los cambien o regalen, los separen de sus mujeres o de sus hijos, se apoderen de sus casas o de sus bienes, o de cualquier manera los priven de su libertad, reteniéndoles en esclavitud… y os exhortamos encarecidamente que todas aquellas cosas que en vuestras diócesis están instituidas para el bien de los indios, las promováis con toda vuestra preocupación, al mismo tiempo cuidéis de instituir aquellas otras que parezcan necesarias a la misma causa” (Encíclica Lacrimabili Statu Indorum).
También el Gobierno peruano se preocupó por esta deplorable situación de los indígenas y solicitó ante la Santa Sede la erección de Vicariatos Apostólicos para atender pastoral y socialmente esta zona tan abandonada por el mismo Estado y para proteger las fronteras ante las permanentes invasiones de los países vecinos.
Respondiendo a esta solicitud se erigieron en diferentes fechas los Vicariatos Apostólicos con la finalidad de dar una mejor atención pastoral y social a los habitantes de esta aislada, dispersa y olvidada Amazonía. En el ano 1900 se crearon las Prefecturas Apostólicas de Santo Domingo de Madre de Dios confiada a los dominicos, San Francisco del Ucayali confiada a los franciscanos y San León del Amazonas confiada a los agustinos. Luego se formaron las Prefecturas de Yurimaguas (1921) confiada a los pasionistas, Jaén (1945) confiada a los jesuitas y San José del Amazonas (1945) confiada a los franciscanos de Canadá. Todas ellas, en distintas fechas, fueron pasando a ser Vicariatos Apostólicos. Y el de San Francisco del Ucayali se dividió en tres en 1956: San Ramón y Requena confiados a los franciscanos y Pucallpa a la Sociedad de Misiones Extranjeras de Canadá.
Desde estos comienzos los misioneros y misioneras tuvieron que realizar, con gran ahínco y dedicación, una evangelización que abarcase todos los aspectos de la realidad que vivían los hombres y mujeres de la selva. En bastantes lugares hubo que empezar por confeccionar los mapas, explorar y descubrir nuevos caminos por tierra, ríos y quebradas, únicas vías de comunicación. Se organizó mejor la vida social y religiosa, muchas veces incipiente, en las comunidades indígenas, urbanas y riberenas de la Amazonía peruana. Así los misioneros, mayormente extranjeros, trabajaron en la formación cristiana de los animadores, catequistas y agentes de pastoral; pero también tuvieron que dedicarse a la educación, la salud, la promoción humana, familiar y social, al desarrollo económico y organización de las comunidades, pueblos y distritos promoviendo la dignidad humana, fortaleciendo las organizaciones indígenas, protegiendo sus territorios y en los últimos anos educando sobre el cuidado del Medio Ambiente. En muchos lugares, donde el Estado no estaba presente, los misioneros de los Vicariatos Apostólicos han respondido a un sinfín de necesidades como canales de solidaridad nacional e internacional.
Y toda esta actividad fue misionera, evangelizadora. Nosotros la vemos como la respuesta de aquellos hombres y mujeres a una pregunta que seguramente se hicieron muchas veces: “?Qué haría Jesús si estuviera en nuestro lugar?” Y entonces recordaron aquello de que los discípulos “partieron y fueron recorriendo los pueblos, anunciando la buena noticia y sanando enfermos por todas partes” (Lc. 9.6).
Es lo mismo que hoy queremos seguir haciendo nosotros. Recogiendo la herencia del pasado seguimos anunciando la buena noticia de la salvación de Jesús con signos, obras y palabras. Anunciamos el Evangelio y ‘sanamos enfermedades’. Aunque entre nosotros haya quienes tienen conocimientos de antropología, sociología, economía y otras ciencias ’humanas’, todos no somos sino misioneros, evangelizadores.
2.- Nuestra Relación con las Comunidades Indígenas.
Los Obispos reunidos en Aparecida nos dijeron que: “Los indígenas son ’otros’ diferentes que exigen respeto y reconocimiento. La sociedad tiende a menospreciarlos, desconociendo su diferencia. Su situación social está marcada por la exclusión y la pobreza. La Iglesia los debe acompanar respaldando sus legítimos derechos… Sufren graves ataques a su identidad y supervivencia, pues la globalización económica y cultural pone en peligro su propia existencia como pueblos diferentes. Su progresiva transformación cultural provoca la rápida desaparición de algunas lenguas y culturas… Emergen como un ’kairós’ que reclaman reconocimiento pleno de sus derechos individuales y colectivos” (DA. 89 - 91).
Por eso nosotros, como pastores, queremos acompanarlos, apoyarlos y anunciarles el Evangelio, que es la plenitud de la revelación divina y el camino de salvación.
En estos días y en los Encuentros anteriores de Pastoral Indígena que hemos realizado en Lima los obispos, junto con algunos sacerdotes, religiosas, laicos e indígenas hemos querido acercarnos respetuosamente a las realidades que hoy vivimos para conocerlas mejor y acompanar esta pastoral en nuestros Vicariatos.
Venimos de fuera de la Selva y reconocemos que nos falta mucho para conocer bien sus diferentes culturas. Se nos hace difícil saber cómo integrar la Pastoral Indígena en nuestros planes pastorales para formar una Iglesia Comunión con las demás comunidades hispanohablantes riberenas y urbanas que guiamos como pastores, respondiendo al encargo confiado por Dios y el Santo Padre.
Como pastores de la Selva queremos propiciar un diálogo y comunicación entre los indígenas de diversos grupos étnicos, agentes pastorales que trabajan entre ellos y nosotros mismos, para conocer las tradiciones culturales, relatos, símbolos, ritos, y para intercambiar las experiencias de los caminos recorridos en este campo. Con este diálogo esperamos poderlos acompanar mejor y más de cerca, dar orientaciones desde nuestra misión pastoral y responder juntos a los desafíos actuales que se nos presentan.
A pesar de que hemos confesado lo que todavía nos falta para conocer bien las culturas indígenas, estamos seguros de que en sus símbolos, mitos y ritos hay, en general, una espiritualidad muy profunda en moldes culturales diversos. Son aquellas ’semillas del Verbo’ de las que aprendimos a hablar sobre todo a partir del Concilio Vaticano II. Pero esas ’semillas’ tienen que llegar a ser espiga granada y a dar mucho fruto. Por eso los misioneros fueron a las tierras que se llamaban ’de misión’, y ahora nosotros estamos en ellas, anunciando el Nombre de Jesús como el único en el que podemos encontrar el perfeccionamiento de todo lo bueno que hay en esas diferentes culturas y la plena salvación de nuestra vida.
Queremos ayudar a madurar la Fe cristiana de nuestros pueblos originarios, lo mismo que en nosotros, misioneros, y a purificar en sus culturas lo que no es conforme con el Evangelio. Estamos convencidos de que son los mismos indígenas quienes, ya evangelizados, deben encarnar y expresar entre sus hermanos el Evangelio y la presencia transformadora del Reino de Dios.
Les recomendamos a los misioneros y misioneras de nuestros Vicariatos el interesante documento de Mons. Felipe Arizmendi que nos han entregado en este encuentro.
3.- ?Cómo vemos, y creemos que la Iglesia quiere verse en nuestra Amazonía?
Nuestros Vicariatos son Iglesias de fronteras. Estamos en los lugares más recónditos, de difícil acceso, aislados, distantes y limitando con Iglesias y países vecinos. Experimentamos junto con sus pobladores la pobreza, exclusión, abandono y marginación. Sabemos que Jesucristo también inició su misión en las fronteras de Galilea, en las tierras de Zabulón y Neftalí (Mt. 4.13-15) y eso nos anima a vivir con gozo nuestra misión en estos lugares. Esta presencia fronteriza nos da oportunidad de comunicarnos, apoyarnos y solidarizarnos más entre nosotros, los Vicariatos Apostólicos de la Selva, y con nuestros vecinos tratando de cumplir lo que el Documento de Aparecida nos dice: “Establecer entre las Iglesias locales que están en la cuenca amazónica, una pastoral de conjunto que privilegie a los pobres y sirva al bien común, proclame el Evangelio de la vida y desarrolle su trabajo pastoral en la formación de laicos y sacerdotes” (n. 475).
Una Iglesia en la que las comunidades indígenas, riberenas y urbanas se sientan siempre acompanadas. Una Iglesia peregrina, itinerante, profética, que sea voz de los pueblos de la Selva, facilitadora de diálogo entre las comunidades, la Sociedad Civil y el Estado asumiendo sus consecuencias de ser en algunas ocasiones criticada, perseguida y amenazada. Una Iglesia que cuenta con misioneros y misioneras valientes, comprometidos en su ministerio a favor de las personas postergadas, excluidas y olvidadas.
Somos una Iglesia misionera enviada para anunciar a Jesucristo en los lugares más distantes y abandonados. Una Iglesia que depende todavía de misioneros y misioneras extranjeros, que van disminuyendo considerablemente y que cuenta con pocos sacerdotes, religiosas, religiosos y agentes pastorales. Pero que, por ser ella misma “ministerial”, es una Iglesia que camina para llegar a tener entre sus hijos e hijas sus propios ministros ordenados, instituidos y designados, personas consagradas y todos los agentes pastorales que necesita para animar y sostener la fe y la vida de sus miembros. Una Iglesia en la que laicos, religiosas y sacerdotes, junto con sus Obispos y en comunión con el Papa, trabajan desde una pastoral de conjunto y en un ’permanente estado de misión’ para llegar a los que están más alejados.
Una Iglesia servidora que está atenta a los acontecimientos religiosos y sociales de la Amazonía, que enfrenta diversos desafíos y que quiere responder a ellos con los frutos de una evangelización integral. Una Iglesia que se pone al servicio de la vida, y que por eso, guiada por su Doctrina Social, toma en cuenta todos los aspectos de la existencia humana: espiritual, social, política y económica ’para que nuestros pueblos, en Cristo, tengan vida en plenitud’.
Queremos ser una Iglesia discípula y formadora de discípulos, conscientes de la centralidad de Jesucristo en su vida y misión, que dedica tiempo a la oración, a la escucha de la Palabra de Dios, a su formación integral, inicial y permanente, fortaleciendo su pertenencia eclesial, afectiva y efectiva, creciendo en la vida sacramental y comprometiéndose a dar testimonio de su vida cristiana con el anuncio explícito de Cristo ’camino, verdad y vida’ (Jn. 14,6 ).
Una Iglesia en la que todos sus miembros se sienten y sean protagonistas en la tarea de ser signos de la comunión trinitaria para el mundo, siguiendo el deseo de Jesús: “Padre, que todos sean uno como Nosotros somos uno” (Jn. 17.21).
!Que el Senor los bendiga y los guarde!
Mons. José Luis Astigarraga Lizarralde, CP
Obispo-Vicario Apostólico de Yurimaguas
Mons. Santiago García de la Rasilla, SJ
Obispo-Vicario de Jaén
Mons. Francisco González Hernández, OP
Obispo-Vicario de Puerto Maldonado
Mons. Gaetano Galbusera F., SDB
Obispo-Vicario de Pucallpa
Mons. Gerardo Zerdín Bukovec, OFM
Obispo-Vicario de San Ramón
Mons. Juan Oliver Climent, OFM.
Obispo-Vicario de Requena
Mons. Alberto Campos H., OFM.
Obispo-Vicario de San José del Amazonas
Lima, 04 de febrero de 2011
ZENIT publica las palabras que dirigió Benedicto XVI este domingo a mediodía al rezar la oración mariana del Ángelus junto a los peregrinos congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano.
Queridos hermanos y hermanas:
La liturgia de hoy se hace eco de una de las palabras más impactantes de la Sagrada Escritura. El Espíritu Santo nos la ha dado a través de la pluma del llamado "segundo Isaías", el cual, para consolar a Jerusalén, afligida por desventuras, dice así: "¿Se olvida una madre de su criatura, no se compadece del hijo de sus entrañas? ¡Pero aunque ella se olvide, yo no te olvidaré!" (Isaías 49,15). Esta invitación a la confianza en el indefectible amor de Dios es presentada junto al pasaje, igualmente sugerente, del evangelio de Mateo, en el que Jesús exhorta a sus discípulos a confiar en la providencia del Padre celestial, quien da de comer a los pájaros del cielo y viste a los lirios del campo, y conoce todas nuestras necesidades (Cf. 6,24-34). Así dice el Maestro: "No os inquietéis entonces, diciendo: '¿Qué comeremos, qué beberemos, o con qué nos vestiremos?'. Son los paganos los que van detrás de estas cosas. El Padre que está en el cielo sabe bien que las necesitáis".
Ante la situación de tantas personas, cercanas o alejadas, que viven en la miseria, estas palabras de Jesús podrían parecer poco realistas, o más bien evasivas. En realidad, el Señor quiere dar a entender con claridad que no es posible servir a dos señores: Dios y la riqueza. Quien cree en Dios, Padre lleno de amor por sus hijos, pone en primer lugar la búsqueda de su Reino, de su voluntad. Es todo lo contrario del fatalismo o el ingenuo irenismo. La fe en la Providencia, de hecho, no exime de la cansada lucha por una vida digna, sino que libera de la preocupación por las cosas y del miedo del mañana. Está claro que esta enseñanza de Jesús, si bien sigue manteniendo su verdad y validez para todos, es practicada de maneras diferentes según las diferentes vocaciones: un fraile franciscano podrá seguirla de manera más radical, mientras que un padre de familia deberá tener en cuenta sus deberes hacia su esposa e hijos. En todo caso, el cristiano se distingue por su absoluta confianza en el Padre celestial, como Jesús. Precisamente la relación con Dios Padre da sentido a toda la vida de Cristo, a sus palabras, a sus gestos de salvación, hasta su pasión muerte y resurrección. Jesús nos ha demostrado qué significa vivir con los pies bien plantados en la tierra, atentos a las situaciones concretas del prójimo, y, al mismo tiempo, teniendo el corazón en el Cielo, sumergido en la misericordia de Dios.
Queridos amigos, a la luz de la Palabra de Dios de este domingo, os invito a invocar a la Virgen María con el título de Madre de la divina Providencia. A ella le encomendamos nuestra vida, el camino de la Iglesia, las vicisitudes de la historia. En particular, invocamos su intercesión para que todos aprendan a vivir siguiendo un estilo más sencillo y sobrio en la vida cotidiana y en el respeto de la creación, que Dios ha encomendado a nuestra custodia.
[Después de rezar el Ángelus, el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas, en español dijo:]
Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española presentes en esta oración mariana, en particular al grupo de peregrinos de las parroquias de Santa Eulalia y de Santa Cruz, de la diócesis de Ibiza, acompañados de su Obispo, así como a los fieles provenientes de la parroquia de San Miguel Arcángel de Villanueva, de Córdoba. La liturgia de este día nos exhorta a confiar en la providencia divina; recordándonos que somos amados por Dios y asistidos por su auxilio. Os invito a corresponder a dicho amor, a imitación de la Virgen María, cuya existencia terrena se mostró siempre bajo el signo de la gratuidad y de la alabanza, para que así experimentéis la paz verdadera y la alegría auténtica. Feliz domingo.
[Traducción realizada por Jesús Colina
©Libreria Editrice Vaticana]
Reflexión de José Antonio Pagola al Evangelio del domingo primero de Cuaresma - A, ofrecida por la Delegación Diocesana de Ensenñanza de la diócesis de Tenerife.
TENTACIONES
No le resultó nada fácil a Jesús mantenerse fiel a la misión recibida de su Padre, sin desviarse de su voluntad. Los evangelios recuerdan su lucha interior y las pruebas que tuvo que superar, junto a sus discípulos, a lo largo de su vida.
Los maestros de la ley lo acosaban con preguntas capciosas para someterlo al orden establecido, olvidando al Espíritu que lo impulsaba a curar incluso en sábado. Los fariseos le pedían que dejara de aliviar el sufrimiento de la gente y realizara algo más espectacular, "un signo del cielo", de proporciones cósmicas, con el que Dios lo confirmara ante todos.
Las tentaciones le venían incluso de sus discípulos más queridos. Santiago y Juan le pedían que se olvidara de los últimos, y pensara más en reservarles a ellos los puestos de más honor y poder. Pedro le reprende porque pone en riesgo su vida y puede terminar ejecutado.
Sufría Jesús y sufrían también sus discípulos. Nada era fácil ni claro. Todos tenían que buscar la voluntad del Padre superando pruebas y tentaciones de diverso género. Pocas horas antes de ser detenido por las fuerzas de seguridad del templo Jesús les dice así: "Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas" (Lucas 22,28).
El episodio conocido como "las tentaciones de Jesús" es un relato en el que se reagrupan y resumen las tentaciones que hubo de superar Jesús a lo largo de toda su vida. Aunque vive movido por el Espíritu recibido en el Jordán, nada le dispensa de sentirse atraído hacia formas falsas de mesianismo.
¿Ha de pensar en su propio interés, o escuchar la voluntad del Padre? ¿Ha de imponer su poder de Mesías, o ponerse al servicio de quienes lo necesitan? ¿Ha de buscar su propia gloria, o manifestar la compasión de Dios hacia los que sufren? ¿Ha de evitar riesgos y eludir la crucifixión, o entregarse a su misión confiando en el Padre?
El relato de las tentaciones de Jesús fue recogido en los evangelios para alertar a sus seguidores. Hemos de ser lúcidos. El Espíritu de Jesús está vivo en su Iglesia, pero los cristianos no estamos libres de falsear una y otra vez nuestra identidad cayendo en múltiples tentaciones.
Identificar hoy las tentaciones de la Iglesia y de la jerarquía, de los cristianos y de sus comunidades; hacernos conscientes de ellas como Jesús; y afrontarlas como lo hizo él, es lo primero para seguirle con fidelidad. Una Iglesia que no es consciente de sus tentaciones, pronto falseará su identidad y su misión. ¿No nos está sucediendo algo de esto? ¿No necesitamos más lucidez y vigilancia para no caer en la infidelidad?
José Antonio Pagola
Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
13 de marzo de 2011
1 Cuaresma (A)
Mateo 4, 1-11
ZENIT publica el artículo que ha escrito monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas, con el título "Catequistas para la vida del pueblo".
VER
Hemos realizado el II Encuentro Diocesano de Catequistas de Adultos, responsables de la evangelización integral en las comunidades, sobre todo donde no hay diáconos, religiosas ni sacerdotes. Participaron unos 800, representando a los 8,000 que tenemos. La mayoría son indígenas varones, aunque van aumentando las mujeres. Crecen los y las catequistas de niños. Son fruto del movimiento catequístico que se inició en la década de los 50, con el obispo de entonces Lucio Torre Blanca, que fortaleció mucho Mons. Samuel Ruiz, y que ahora tratamos de consolidar y coordinar.
El objetivo del Encuentro fue "concientizarnos, desde la fe, de que la evangelización nos lleva a un compromiso de trabajar por la vida integral de nuestras comunidades y, en particular, por el cuidado de nuestra madre tierra". Previamente, en las parroquias se reflexionó sobre el tema. Los obispos y una misionera laica expusimos lo que dicen la Palabra de Dios y el Magisterio de la Iglesia al respecto.
JUZGAR
Los catequistas mismos hicieron un juicio sobre las luces y las sombras de su servicio. Valoran como positivo: El acompañamiento de los sacerdotes y religiosas; la coordinación entre catequistas, el trabajo conforme al plan parroquial, evangelizar sin esperar nada a cambio, la disponibilidad para cumplir los cargos, la constancia.
Dicen que les iluminan: El camino de Jesús como ejemplo para nuestras vidas, la Palabra de Dios, el Espíritu Santo que mora en nuestros corazones, nos anima y guía, los sacramentos, la oración, las fiestas patronales y las tradiciones que nos dan vida.
Aprecian: Cuando anunciamos la justicia y denunciamos las injusticias, la traducción de materiales a la lengua indígena, hermanos que se han apartado del alcohol, la formación integral, cuando valoramos el trabajo de las mujeres, la información de la realidad, la formación de nuestra conciencia para no dejarnos engañar, los trabajos colectivos.
Entre lo negativo, enumeran: Falta de fe en Dios, desobediencia a lo que Jesús pide, desánimo en la Palabra de Dios, la poca importancia que damos a la oración y a la Palabra de Dios, falta de compromiso, rivalidad entre servidores, falta de interés en la formación; cuando dejamos botado el cargo por cuestiones políticas o intereses personales, cuando acumulamos cargos y somos duros de corazón, cuando no se escucha ni respeta la palabra de las mujeres, cuando cometemos injusticias entre hermanos sin tomar en cuenta la Palabra de Dios o justificándonos en ella, el abuso del alcohol, la drogadicción, cuando dicen que lo que compartimos ya no es Palabra de Dios, las sectas, la migración, la pérdida de las identidades culturales, la influencia de las culturas extrañas a la nuestra.
ACTUAR
Se propusieron: Hacer vida la Palabra de Dios, que la fe vaya acompañada de obras, que ayudemos a cambiar las malas costumbres. Tomar conciencia de nuestra realidad y ser compasivos con nuestros hermanos que sufren. Hay que cuidar a los pobres, estar abiertos a las necesidades de la comunidad, a nuestros hermanos desamparados que sufren injusticias y violaciones en sus derechos. Predicar la Palabra de Dios con humildad y paciencia. No desmayar en la evangelización. No darnos por vencidos y ser firmes en el Evangelio. Fomentar la unidad; no dejarnos dividir por organizaciones y partidos. Hacer análisis de la realidad y oración constante. Fortalecer la espiritualidad, asistir a Misa, poner en práctica la Palabra de Dios. Ser honestos y amables. Promover una evangelización integral, abarcando todos los aspectos: salud, rescate de tradiciones y símbolos, derechos humanos, pastoral de la tierra, etc.; denunciar las injusticias, asumir nuestros valores y recuperar la sabiduría de los abuelos, estar dispuestos a la conversión, aceptar las críticas justas y estar serenos ante las injustas.
Un compromiso particular fue: Cuidar la madre tierra: evitar incendios forestales y la tala inmoderada, respetar las áreas protegidas, no usar fertilizantes químicos, herbicidas y pesticidas químicos, ni artículos desechables, separar los desechos, no tirar basura en los ojos de agua, arroyos y manantiales, desenzolvar y limpiar los ríos, generar bosques de leña, dejar descansar la tierra, recuperar las semillas criollas, promover hortalizas, desarrollar tecnologías alternativas (estufas ahorradoras, letrinas aboneras, compostas, captación de aguas, filtros naturales, abonos verdes, etc.), hacer oración antes de trabajar la madre tierra, capacitarnos constantemente, trabajar bien organizados y con firmeza.
ZENIT publica el mensaje que ha escrito monseñor Francisco Gil Hellín, arzobispo de Burgos, con motivo del fallecimiento del doctor Bernard Nathanson.
Acaba de fallecer el que fue conocido como "rey del aborto". Él, no sólo porque practicó varios miles sino porque fue el que promovió y consiguió el cambio en la legislación de los Estados Unidos. Ahora lloran su muerte todos los líderes mundiales pro-vida. Se trata del famoso doctor Bernard Nathanson. Yo tuve la suerte de conocerle personalmente y me complace hablar de él en este momento, porque es un caso típico de cómo las personas pueden cambiar si se abren a la verdad científica y a la gracia. Él mismo ha descrito el itinerario de su vida como abortista y como defensor de la vida.
Todo comenzó cuando una amiga suya quedó embarazada por él y no quería seguir adelante con su embarazo. Este caso suscitó en él una gran sensibilidad por la penosa situación de las mujeres que recurrían al aborto clandestino, que con frecuencia era realizado por personas poco profesionales en ginecología. Como las leyes norteamericanas prohibían el aborto, se decidió a cambiar esa legislación y fundó, con algunos más, la Asociación Nacional para Revocar las Leyes sobre el Aborto en los EEUU, en 1968. A los cinco años, lo había conseguido, pues el Tribunal Superior legalizó el aborto en 1973. Él mismo ha descrito las tácticas que emplearon para conseguirlo de modo tan rápido y eficaz.
El primer objetivo fue hacerse con los medios de comunicación de masas. "Les convencimos de que la causa pro-aborto favorecía un liberalismo avanzado y amañamos los resultados de supuestas encuestas, que ellos publicaron". Amañaron también el número de abortos ilegales, pues cambiaron la cifra de cien mil, aproximadamente, por la de un millón. Esta mentira fue reiteradamente repetida y publicada en los medios de comunicación, convirtiéndose en verdad.
La segunda táctica fue -son sus palabras- "vilipendiar sistemáticamente a la Iglesia Católica, calificando sus ideas sociales de retrógradas; y atribuimos a sus Jerarquías el papel del "malo" principal entre los opositores al Aborto Permisivo". El mismo Nathanson ha escrito que "los tambores de los medios de comunicación persuadieron al pueblo americano de que cualquier oposición al aborto tenía su origen en la Jerarquía Católica y que los católicos pro-abortistas eran los inteligentes y progresistas".
La tercera táctica fundamental fue denigrar o ignorar cualquier evidencia científica de que la vida comienza con la concepción.
En 1973 fue nombrado Director de Obstetricia de un gran Hospital de Nueva York. Allí inició una nueva tecnología que ahora se usa diariamente para estudiar el feto en el útero materno. Gracias a ella, pudo tomar por ultrasonido una muestra de un bebé nonato, mediante un aparato aspirador para la práctica del aborto, antes de que fuera absorbido del vientre de su madre. Esas imágenes cambiaron su vida, al comprobar que allí había vida y que lo que allí ocurría era, ni más ni menos, el asesinato de un niño indefenso. «Como científico, no es que simplemente lo crea, sino que sé y conozco que la vida humana comienza en la concepción y requiere toda la protección que gozamos cualquiera de nosotros».
Cuando alguien le preguntó cómo, siendo las cosas científicamente tan claras, no todos los doctores siguen su ejemplo sino que algunos practican el aborto, contestó: «Es cuestión de aritmética. A 300 dólares cada uno, un millón y medio de abortos en Estados Unidos implican una industria que produce quinientos millones de dólares anuales, y la mayor parte van a los bolsillos de los médicos que los practican».
Dios ha premiado su honestidad, pues el doctor Nathanson, que era ateo, fue bautizado en la Iglesia en 1996 y desde entonces fue un fervoroso católico. De su mano salieron vídeos tan famosos como «El grito silencioso» ¡Que ese buen Dios le haya acogido en su gloria!
MIÉRCOLES DE CENIZA
9 de Marzo de 2011
La gracia y el amor de Jesucristo, que nos llama a la conversión, estén con todos vosotros.
- Nos reunimos hoy para comenzar juntos la Cuaresma. Hoy nos hacemos el propósito de intensificar, a lo largo de estas semanas, el esfuerzo de fidelidad al camino del Evangelio, al camino que se inició con nuestro bautismo. Así podremos celebrar con gozo la Pascua del Señor.
Hoy escuchamos la llamada a convertirnos sinceramente, reconocemos nuestra condición de pecadores, y pedimos al Señor que nos ayude en este camino cuaresmal.
Ahora se dicen o cantan las invocaciones: "Señor, ten piedad ...
Durante la Cuaresma se omite el Gloria.
Oración universal: A Dios nuestro Padre, con toda confianza, pidámosle que escuche la oración de su pueblo. Respondamos diciendo: TE ROGAMOS, ÓYENOS.
Para que este tiempo de Cuaresma sea, para toda la Iglesia, un tiempo de renovación para acercarse más sinceramente a Jesús y a su Evangelio. OREMOS:
Para que los que están alejados de la fe sientan la llamada a vivir la vida nueva de Dios. OREMOS:
Para que los que están hundidos bajo el peso del pecado encuentren la ayuda necesaria para cambiar de vida. OREMOS:
Para que todos nosotros nos dispongamos sinceramente a dar frutos de verdadera conversión. OREMOS:
Acoge, Padre, nuestras plegarias, y renuévanos con tu gracia amorosa. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Padrenuestro: Unidos a Jesucristo, oremos a Dios nuestro Padre con toda confianza. Necesitamos su perdón, necesitamos su fuerza ante el mal y el pecado. Por eso, nos atrevemos a decir:
Gesto de paz: En Cristo, que nos ha reconciliado con su cruz, daos fraternalmente la paz.
Oración sobre el pueblo: Hermanos, inclinaos para recibir la bendición.
(La oración se dice con las manos extendidas sobre la asamblea y al final se da la bendición. Si no se dice
desde el altar, convendrá que alguien le sostenga al celebrante el texto de la oración).
Infunde propicio, Señor, un espíritu de contrición sobre los que se inclinan ante tu majestad, para que merezcan conseguir la recompensa que tu misericordia ha prometido a los que se arrepienten. Por Jesucristo, nuestro Señor.
CPL
Ideas para la homilía para el día 19 de Marzo, solemnidad de San José y día del Seminario, publicadas en el Guión Litúrgico para la celebración elaborado por la Comisión Episcopal de Seminarios y universidades de la CEE.
José, hombre justo
El Evangelio de Mateo recoge una de las definiciones más bellas que se puede dar a una persona. Efectivamente, el evangelista nos dice que José «era justo». ¿Cómo hay que entender esta alabanza? Si nos servimos de la segunda lectura para iluminarnos un poco, entendemos esta justicia como la acogida del don de la fe. José era justo porque era un creyente, un creyente obediente a la voluntad de Dios. Esta justicia de José viene adornada por la obediencia y por otros rasgos muy bíblicos como son el respeto (a María) y la humildad.
Ante el embarazo de María (algo de lo que la ley judía no hacía un gran problema al tratarse de novios-desposados) José no duda tanto de ella como de sí mismo. ¿Cuál es su papel, su misión? ¿Qué pinta él en el misterio que envuelve a María? Su humildad le hace retirarse.
La intervención del ángel le aclara a José lo que se espera de él: deberá poner el nombre al niño para aparecer como su padre legal. Con el rito de la imposición del nombre, un hombre reconocía el hijo como propio. Aquí se acabaron las dudas. José creyó como Abrahán. Modelo de fe. José deja de lado su propio proyecto para aceptar el de Dios.
La fe está ligada a una promesa de Dios (un hijo, una tierra, una herencia…), por eso deviene esperanza. Y aunque tanto Abrahán como José tenían motivos humanos para desesperar, creyeron contra toda esperanza. Es así una fe fuerte, profunda, incluso heroica.
El sacerdote, hombre «justo»
¡Qué bonito sería escuchar de la boca de los cristianos que un sacerdote es «justo»! Desgraciadamente en los medios de comunicación social solo salen los malos ejemplos. Los buenos, hay que buscarlos. Pero los hay y son muchos. Al ejemplo de José, un sacerdote «justo» será un hombre de fe profunda, que escucha a Dios, que es capaz de vivir según su voluntad. Un sacerdote «justo» es obediente al Espíritu, respetuoso con todos los miembros de la comunidad y humilde, sabiendo que todo lo que hace depende de Dios. A pesar de todas las dificultades que se experimentan hoy en día para ser un buen sacerdote, será un hombre capaz de creer contra toda esperanza, un experto en esperanza que se compromete a construir la civilización del amor.
El sacerdote, regalo de Dios para el mundo
Un sacerdote que vive así su identidad y su ministerio es un verdadero regalo para el mundo en general y para los cristianos en particular. Podríamos decir que su misión es, en cierto modo, la misma de José: poner el nombre de Jesús, que quiere decir «Dios salva». Más que por ser carpintero, José debería ser recordado como aquel a quien le correspondía poner nombre al Hijo de Dios, dando con ello comienzo a la presencia salvífica de su Reino en el mundo.
Hacen falta todavía muchos otros como José, que al pronunciar el nombre de Jesús hagan realidad su significado. Sacerdotes que sean, en definitiva, actualizadores de su Encarnación, de su presencia entre nosotros. Por eso hoy, en el Día del Seminario pedimos al Señor por nuestros sacerdotes, para que sepan llevar a cabo esta misión. Y también pedimos para que haya jóvenes que se arriesguen a serlo con la gracia de Dios. Ser regalo para el mundo no es tarea fácil, implica descubrir que existo para darme totalmente a los demás. Lo que recibo de Dios no me pertenece, sino que pertenece a los cristianos.
Que la intercesión de san José nos ayude a tener los sacerdotes que necesitan el mundo y la Iglesia.
Guión Litúrgico para el día del Seminario 2011, 19 de Marzo, solemnidad de San José, recibido con los materiales para su celebaración y eleborado por la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la CEE.
GUIÓNLITÚRGICO.- El día 19 de marzo
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Hoy, día de San José, nuestra Iglesia diocesana celebra el tradicional Día del Seminario. Es una ocasión para que toda la diócesis en general y nuestra comunidad parroquial en particular den gracias a Dios por el sacerdocio y pidan a su vez el don de la vocación para que jóvenes de entre nosotros se consagren al servicio del Pueblo de Dios.
La campaña de este año nos propone como lema «Sacerdote, regalo de Dios para el mundo». Los sacerdotes no hacen otra cosa que repartir los dones y regalos de Dios siguiendo el ejemplo de Jesús, que se dio totalmente y sin límites. La Eucaristía es precisamente el sacramento del amor, del don total de sí, que hace memoria y actualiza la entrega de Jesús. Que nuestra participación a la Eucaristía de hoy haga de nosotros cristianos entregados totalmente al servicio de un mundo más fraterno.
Acto penitencial
• Señor, muchas veces nos quejamos de la falta de sacerdotes. Otras veces dudamos de que nos escuches cuando pedimos por las vocaciones sacerdotales. Señor, nos falta fe. Perdónanos por nuestra falta de esperanza, porque no confiamos en tu promesa de darnos sacerdotes según tu corazón. SEÑOR, TEN PIEDAD.
• Señor, a veces olvidamos que los sacerdotes son personas que necesitan nuestro apoyo, nuestro ánimo y nuestra oración. Nos cuesta valorar sus cualidades y solo nos fijamos en sus defectos. Señor, perdónanos por nuestra falta de caridad hacia ellos, por nuestros pecados de omisión, por todo aquello que podemos hacer para que nuestros sacerdotes sean buenos y no lo hacemos. CRISTO, TEN PIEDAD.
• Señor, cuando pedimos por las vocaciones para el sacerdocio lo hacemos con la boca pequeña o mirando a otro lado. Te pedimos sacerdotes, pero que no salgan de nuestras familias. Perdónanos, Señor, por nuestra poca generosidad, porque nos cuesta también a nosotros entender que la vida es un regalo. SEÑOR, TEN PIEDAD.
Monición a las lecturas
• 2S 7, 4-5a.12-14a.16
El profeta Natán anuncia a David una descendencia que consolidará su realeza para siempre. Este anuncio va más allá de un hecho histórico concreto para convertirse en profecía del Mesías. José será el último eslabón en la genealogía de David que atraviesa la historia de la Salvación.
• Rom 4, 13.16-18.22
San Pablo nos presenta a Abrahán como modelo de fe. La fe entendida como capacidad de acogida del don de la gracia, es el único camino que nos lleva a la salvación. Por su fe en una promesa, Abrahán llega a ser el padre de muchos pueblos, de todos aquellos que son capaces de creer en Dios contra toda esperanza, como hizo San José.
• Mt 1, 16.18-21.24a
Mateo nos presenta a José como un hombre justo, un hombre de fe capaz de obedecer a la voluntad de Dios. Por eso es capaz de cambiar su proyecto personal inicial para encontrar su puesto y su misión en la historia de la Salvación: ser padre legal de Jesús.
Ideas para la homilía
José, hombre justo
El Evangelio de Mateo recoge una de las definiciones más bellas que se puede dar a una persona. Efectivamente, el evangelista nos dice que José «era justo». ¿Cómo hay que entender esta alabanza? Si nos servimos de la segunda lectura para iluminarnos un poco, entendemos esta justicia como la acogida del don de la fe. José era justo porque era un creyente, un creyente obediente a la voluntad de Dios. Esta justicia de José viene adornada por la obediencia y por otros rasgos muy bíblicos como son el respeto (a María) y la humildad.
Ante el embarazo de María (algo de lo que la ley judía no hacía un gran problema al tratarse de novios-desposados) José no duda tanto de ella como de sí mismo. ¿Cuál es su papel, su misión? ¿Qué pinta él en el misterio que envuelve a María? Su humildad le hace retirarse.
La intervención del ángel le aclara a José lo que se espera de él: deberá poner el nombre al niño para aparecer como su padre legal. Con el rito de la imposición del nombre, un hombre reconocía el hijo como propio. Aquí se acabaron las dudas. José creyó como Abrahán. Modelo de fe. José deja de lado su propio proyecto para aceptar el de Dios.
La fe está ligada a una promesa de Dios (un hijo, una tierra, una herencia…), por eso deviene esperanza. Y aunque tanto Abrahán como José tenían motivos humanos para desesperar, creyeron contra toda esperanza. Es así una fe fuerte, profunda, incluso heroica.
El sacerdote, hombre «justo»
¡Qué bonito sería escuchar de la boca de los cristianos que un sacerdote es «justo»! Desgraciadamente en los medios de comunicación social solo salen los malos ejemplos. Los buenos, hay que buscarlos. Pero los hay y son muchos. Al ejemplo de José, un sacerdote «justo» será un hombre de fe profunda, que escucha a Dios, que es capaz de vivir según su voluntad. Un sacerdote «justo» es obediente al Espíritu, respetuoso con todos los miembros de la comunidad y humilde, sabiendo que todo lo que hace depende de Dios. A pesar de todas las dificultades que se experimentan hoy en día para ser un buen sacerdote, será un hombre capaz de creer contra toda esperanza, un experto en esperanza que se compromete a construir la civilización del amor.
El sacerdote, regalo de Dios para el mundo
Un sacerdote que vive así su identidad y su ministerio es un verdadero regalo para el mundo en general y para los cristianos en particular. Podríamos decir que su misión es, en cierto modo, la misma de José: poner el nombre de Jesús, que quiere decir «Dios salva». Más que por ser carpintero, José debería ser recordado como aquel a quien le correspondía poner nombre al Hijo de Dios, dando con ello comienzo a la presencia salvífica de su Reino en el mundo.
Hacen falta todavía muchos otros como José, que al pronunciar el nombre de Jesús hagan realidad su significado. Sacerdotes que sean, en definitiva, actualizadores de su Encarnación, de su presencia entre nosotros. Por eso hoy, en el Día del Seminario pedimos al Señor por nuestros sacerdotes, para que sepan llevar a cabo esta misión. Y también pedimos para que haya jóvenes que se arriesguen a serlo con la gracia de Dios. Ser regalo para el mundo no es tarea fácil, implica descubrir que existo para darme totalmente a los demás. Lo que recibo de Dios no me pertenece, sino que pertenece a los cristianos.
Que la intercesión de san José nos ayude a tener los sacerdotes que necesitan el mundo y la Iglesia.
Peticiones
Te pedimos Señor por el papa Benedicto XVI para que le bendigas con tu gracia y le concedas tu Espíritu de discernimiento y de guía. Que su testimonio y su magisterio, sobre todo durante la próxima Jornada mundial de la Juventud, sea una invitación para que muchos jóvenes se decidan a servirte en el sacerdocio. TE LO PEDIMOS, SEÑOR.
Te pedimos también por nuestro obispo N, responsable de las vocaciones en nuestra diócesis, para que sepa ser padre y hermano de todos los sacerdotes que forman el presbiterio diocesano. Que su ejemplo de unidad y fraternidad sea un estímulo para los jóvenes. TE LO PEDIMOS, SEÑOR.
Te pedimos por los sacerdotes de nuestra diócesis, para que al ejemplo de Jesús que dio su vida por los hombres, sean generosos en su ministerio sin ahorrarse ni esfuerzos ni fatigas. Que tengan un corazón de padre como el tuyo, de manera que toda su vida sea un regalo total para el mundo. TE LO PEDIMOS, SEÑOR.
Te pedimos de una manera especial por los sacerdotes mayores y por los sacerdotes enfermos. Te damos gracias por su entrega generosa en la fidelidad y la constancia. Que nunca se sientan solos o abandonados. Que nuestra cercanía y amor sea manifestación de nuestro aprecio agradecido. TE LO PEDIMOS, SEÑOR.
Te pedimos por los seminaristas de nuestra diócesis, para que no sean víctimas del individualismo ni del afán de éxito que nos impone la sociedad de hoy. Que desde su etapa de formación aprendan que ser sacerdote es ser servidor entendiendo la vida y el ministerio como un regalo para el mundo. TE LO PEDIMOS, SEÑOR.
Te pedimos por los jóvenes de nuestra diócesis para que no tengan miedo de entregarse totalmente como sacerdotes al servicio del mundo y de la Iglesia. TE LO PEDIMOS SEÑOR.
Acción de gracias
Toda celebración eucarística es una acción de gracias.
Y hoy te queremos dar gracias y bendecirte por los sacerdotes, ellos son para nosotros un precioso regalo de tu parte.
Gracias, Señor, por este regalo que tantas veces no sabemos apreciar.
Gracias por los sacerdotes ancianos y mayores que se han desgastado en el anonimato y la fidelidad del día a día.
Gracias por los sacerdotes enfermos cuyo testimonio de entrega hasta el sufrimiento nos anima a seguir luchando en la vida.
Gracias por nuestros párrocos y vicarios que, como pastores responsables, están siempre a nuestro lado para guiarnos y acompañarnos.
Gracias por los sacerdotes misioneros, su ejemplo es para nosotros una invitación a dejarlo todo para anunciar en nuestro ambiente tu Palabra sin complejos.
Gracias por los sacerdotes que trabajan en los hospitales, donde su presencia es signo de tu presencia que da vida y salud.
Gracias por los sacerdotes que trabajan en las escuelas, las universidades y todas las instituciones educativas; ellos se esfuerzan en mostrar que la fe y la cultura se necesitan mutuamente.
Gracias por los sacerdotes que acompañan tantos movimientos y grupos que hay en tu Iglesia porque hacen lo posible para que el fuego del apostolado esté siempre vivo.
Gracias por los sacerdotes que nos acompañan en nuestro camino espiritual; gracias por su escucha, su silencio, su respeto y sus palabras de consejo, de ánimo y de consuelo.
Gracias por los sacerdotes que trabajan en la formación de los seminaristas, dándolo todo para formales según tu corazón y al ejemplo de tu Hijo el Buen Pastor.
Gracias por los sacerdotes que trabajan con los más desfavorecidos de nuestro mundo injusto; porque intentan construir con gestos proféticos el reino de las bienaventuranzas.
Gracias por los sacerdotes que nos han dado el sacramento del bautismo, el don de la fe y la gracia de ser hijos de tu Iglesia.
Gracias por los sacerdotes que nos alimentan en la Eucaristía con la Palabra y el Pan de la Vida que nos permiten seguir caminando como hermanos.
Gracias por los sacerdotes que en tu nombre perdonan nuestros pecados y enjugan nuestras lágrimas con palabras de misericordia.
Gracias por los sacerdotes que bendicen nuestros matrimonios para que sean signo de tu amor hacia todos nosotros.
Gracias por los sacerdotes que nos visitan cuando estamos enfermos y nos dan fuerzas para soportar el sufrimiento y el dolor.
Gracias por los sacerdotes, Señor.
Gracias, muchas gracias.
Reflexión teológico-pastoral para el día del seminario 2011 recibida con los materiales para su celebración, eleborada por la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la CEE.
REFLEXIÓN TEOLÓGICO-PASTORAL
«El sacerdote es un don del corazón de Cristo: un don para la Iglesia y para el mundo» (Benedicto XVI, Ángelus 13.06.10).
El día en que Benedicto XVI exhortaba con estas palabras tras el rezo del ángelus a la multitud congregada en la plaza de san Pedro, Roma era un hervidero de sacerdotes venidos de todas partes del mundo. El motivo de esta concentración de culturas, lenguas y geografías diversas, expresión de una fraternidad presbiteral que no conoce fronteras, era la conclusión del Año Sacerdotal que el Santo Padre había convocado un año antes para conmemorar el centenario de la muerte de san Juan María Vianney. No obstante la pléyade de voces alzadas en convenios teológicos, publicaciones y alocuciones diversas a propósito de este evento, pocas palabras como las proferidas por el Papa aquella mañana logran iluminar con igual sencillez y clarividencia la esencia del sacerdocio ministerial.
«El sacerdote, regalo de Dios para el mundo». Este es el lema que, parafraseando la frase de Benedicto XVI, anima la jornada del Día del Seminario de este año. El eslogan puede resultar algo manido, dado por descontado; una obviedad sobre la que no merece la pena detenerse. No obstante la posibilidad de esta inmediata impresión, quizá sea hoy más que nunca necesario afirmar que el sacerdote representa para el mundo una acción de Dios en la que se refleja su predilección amorosa por los hombres. Esta verdad, llamada a animar el ejercicio del ministerio e interiorizarse en quienes se preparan para recibir el sacramento del orden, exige su proclamación constante, sobre todo en un mundo que ni parece necesitar ni solicita este «regalo».
1. Un mundo «de-sacerdotalizado»
En efecto, no parece que ni la sociedad ni la cultura contemporánea contemplen en la figura del sacerdote un bien necesario para el funcionamiento del tejido social. Hoy en día, el presbítero es considerado por una mayoría de bautizados no practicantes como una especie de «funcionario» cualificado, que presta un servicio religioso en momentos cruciales de la vida como el nacimiento, el matrimonio o la muerte. Para un número creciente de ciudadanos que se manifiestan indiferentes en materia de religión, el sacerdote carece de significación pública alguna. Los miembros de otras religiones lo consideran un representante oficial de la Iglesia. Por último, para un número no desdeñable de cristianos practicantes, con diversos grados de compromiso, el sacerdote se muestra como guía espiritual, mediador del encuentro sacramental entre Dios y el hombre, animador de la comunidad, de los ministerios y carismas que la constituyen. El sacerdote preside la Eucaristía, momento festivo y gozoso en el que se hace actual la salvación acaecida en la muerte y resurrección de Cristo, y visibiliza el rostro misericordioso del Padre en el sacramento de la penitencia.
Esta fragmentación de significado social, cultural y religioso de la figura del sacerdote constituye un fenómeno relativamente reciente que discurre a la par del proceso de secularización en el que estamos inmersos. Si hasta hace poco el sacerdote era captado con unos rasgos unívocos que permitían incluso delinear personajes literarios emblemáticos, hoy asistimos al surgir de una generación que al leer San Manuel Bueno y Mártir, El poder y la gloria o Diario de un cura rural, no logran simpatizar con el drama interno que asola a sus protagonistas, sacerdotes atenazados por la duda, la responsabilidad ante el pueblo cristiano y un reverencial temor de Dios. Esta ausencia de empatía refleja el desvanecimiento de un «mundo» familiarizado con la cosmovisión cristiana y sus elementos constituyentes, situación que conlleva un «extrañamiento» creciente ante la figura del sacerdote.
El «mundo» diseñado en Occidente durante el siglo xx, marcado por las guerras mundiales y el delicado equilibrio entre las grandes potencias, es un mundo labrado a partir de un puñado de ideas que portan en sí el legado de una larga incubación filosófica y teológica. Principios como la emancipación, la lucha o la liberación, con sus variados adjetivos o genitivos –lucha obrera, emancipación de la mujer, liberación sexual–, han guiado la actividad humana y la búsqueda espiritual del hombre del último siglo. En los albores del tercer milenio, una idea sobresale como herencia de este devenir cultural entre los nuevos mitos que sustentan el contrato social: la idea de «progreso».
La idea de progreso constituye uno de los elementos basilares de la cultura en la era de la técnica y es, en gran medida, consecuencia de ella. El papa Benedicto XVI se ha hecho eco en repetidas ocasiones de la visión del mundo emergente de una «ideología del progreso», versión secular de la esperanza escatológica, y de las dificultades que esta estación cultural genera para la vivencia de la fe cristiana, que se ve sustituida por una «fe en el progreso»1. El «mundo» que emerge de esta visión se ve privado de un horizonte escatológico, de la confianza radical en la promesa del Padre que ha sido cumplida definitivamente en Cristo y que aguarda su recapitulación última. En un mundo así, el sacerdote, puente tradicional entre la orilla del «mundo» y la del Reino, deviene innecesario y prescindible.
Sin embargo, la fe en el progreso se demuestra incapaz de generar sentido. En el panorama de increencia generalizado, proliferan experiencias de diverso género que tienen en común la búsqueda (¿desesperada?) del sentido. Las corrientes afines a la New Age, la meditación trascendental, el yoga, etc. toman el puesto de las tradicionales prácticas cristianas, ofreciendo una vía para afrontar la «tragedia» de una existencia humana regida por la mera necesidad2. El sacerdote es sustituido, en cierto modo, por el gurú, el maestro de relajación o el personal-trainer.
2. ¿Un sacerdocio «de-mundanizado»?
La situación esbozada en las líneas precedentes es susceptible de múltiples interpretaciones. El Concilio Vaticano II ha marcado, sin embargo, una orientación fundamental en la comprensión de la relación de la Iglesia con la comunidad humana, expresada en la constitución Gaudium et Spes. Esta orientación de apertura y diálogo nace de la natural vocación de la Iglesia a anunciar a todos los hombres la Palabra de la salvación acontecida en Cristo, lo que nos obligar a considerar como tentación el impulso hacia el repliegue que nace de la constatación de un «mundo» sordo ante la Palabra de Dios.
La tentación del repliegue hacia el interior afecta sobremanera a los sacerdotes, quienes han sido objeto de un progresivo exilio de los ámbitos de la cultura y de la incidencia pública. Una funesta consecuencia del «anticlericalismo» –actuado en diversos ámbitos y con intensidad variada–, ha sido no solo la difusión, sino también la interiorización en no pocos ministros, de un errado convencimiento según el cual el sacerdote no debe sostener discurso alguno en la construcción del espacio público3. Su ámbito de acción se limita a la esfera de lo privado y de lo confesional. Este arrinconamiento no procede de una voluntad directa, sino que es la consecuencia de una organización del mundo basada en la ideología del progreso. El espacio público es ocupado por el libre mercado, los valores económicos y la carrera desenfrenada por el poder. El encuentro con Cristo y el amor son acontecimientos de la vida humana que quedan fuera de la organización cívica. Y, sin embargo, son los eventos fundadores de una existencia auténtica, de los que el sacerdote se hace eco con su propia vida entregada a la causa del Reino.
La existencia sacerdotal está sostenida por una paradoja de no fácil gestión. Por un lado, el presbítero está llamado a guiar a una comunidad eclesial concreta, para que esta sea precisamente «voz» en el mundo de la Buena Nueva. El presbítero es un hombre fundamentalmente dedicado a su comunidad, en la que preside la Eucaristía y perdona los pecados, proclama la Palabra y anima los ministerios y carismas. El sacerdote es, en este sentido, un «hombre de Iglesia», que representa visiblemente la institución eclesial. Pero por otro lado, la evangelización y el apostolado constituyen un aspecto esencial de su identidad ministerial, que adquieren una especial relevancia en un contexto marcado por la secularización y la increencia.
La gestión de esta tensión inherente al sacerdocio da lugar a no pocas incertidumbres sobre el modo concreto de llevarla a cabo. Una articulación posible de la misión de la Iglesia consiste en la «funcionalización» de las tareas: mientras que a los laicos les compete el anuncio de la palabra en el «mundo», de los sacerdotes se espera la proclamación de esta misma Palabra en el seno de la comunidad eclesial. Este modo de vislumbrar la actividad misionera de la Iglesia, sin embargo, parece en cierta medida preso de una «lógica de la eficiencia» que ha de ser juzgada teológicamente. En una visión del género se produce un riesgo considerable de de-mundanizar el ministerio sacerdotal, esto es, de apagar el originario dinamismo apostólico de la vocación presbiteral en beneficio de una concentración en las tareas típicamente eclesiales.
La historia de la Iglesia brinda una dilatada nómina de figuras sacerdotales que, explorando esta originaria dimensión apostólica, han contribuido a forjar síntesis y visiones de vida que permanecen como un tesoro inmaterial de la humanidad: san Ambrosio, san Agustín, santo Tomás de Aquino, Bartolomé de las Casas, Erasmo de Rotterdam, el beato John Henry Newman, etc. Estos y otros tantos nombres fueron sacerdotes que, en los momentos críticos de la historia, esto es, cuando se gestaba una nueva estación del espíritu humano, realizaron contribuciones originales e imprescindibles de las cuales aún hoy se alimenta nuestra experiencia espiritual y cultural. Reivindicar su memoria como sacerdotes que entendieron su ministerio como servicio a la Verdad, y en consecuencia como servicio al «mundo», es un acicate para explorar nuevas vías de expresión de esta dimensión apostólica del ministerio sacerdotal.
3. El sacerdote, un don para el mundo hoy
En tiempos de incertidumbre, se antoja más necesario que nunca prolongar la estela de tantos sacerdotes que han sido claves para la renovación espiritual y social del «mundo» en distintas épocas y geografías. La proclamación del Evangelio más allá de los confines de la Iglesia –la nueva evangelización– constituye esencialmente al sacerdocio ministerial. No se trata de una dimensión accesoria o prescindible, sino de un impulso constitutivo de la identidad presbiteral que encuentra su mejor expresión en la «caridad pastoral», que «los pone en la iglesia (a los sacerdotes) como servidores autorizados del anuncio del Evangelio a toda criatura y como servidores de la plenitud de la vida cristiana de todos los bautizados»4.
La postura de Jesús ante el «mundo», de cuya caridad pastoral participan los presbíteros5, esclarece el sentido y el modo de la donación del sacerdote al mundo. El Evangelio de Juan presenta una teología sobre la relación de la Iglesia con el mundo, en el que se describe un modo de situarse ante las realidades terrenas desde la fe en Jesús y la esperanza en el Reino venidero. «Mi reino no es de este mundo» (Jn 18, 36), afirma Jesús ante Pilatos. La lógica del Reino de Dios que Él ha proclamado y la lógica del mundo no se confunden. La Iglesia, prolongando la misión de Cristo, ha tratado de mediar, aunque no pocas veces oscureciendo el brillo del Evangelio, la relación entre el mundo y el Reino de Dios al que la humanidad entera ha sido convocada. La Iglesia, que constituye ya en la tierra «el germen y el principio de este reino»6, continúa su peregrinaje hasta que «todas las cosas, tanto las del cielo como las de la tierra» sean reconciliadas con Cristo (Col 1, 20).
Al sacerdote le compete hoy seguir convocando a todos los hombres a descubrir la promesa de Dios y suscitar la esperanza en el advenimiento definitivo del Reino. Esta función, que brota del impulso apostólico que anima su vocación presbiteral, requiere una sensibilidad evangélica que colorea tanto su presencia en el mundo como su relación con las realidades terrenas. Sobre el modo de articular concretamente este tipo de presencia, sugerimos algunas vías concretas.
El sacerdote puede ser hoy un verdadero «regalo» de Dios al mundo si se atreve a desvelar su lógica aplastante, guiada por la auto-afirmación y el poder. Lo expresa de un modo sobrecogedor Fiedrich, el personaje de la película La caída de los dioses7, cuando en su afán de poder y enriquecimiento se ve «obligado» a asesinar a su socio: «He aceptado una lógica despiadada de la que jamás podré liberarme». El «mundo» de hoy, que confía ciegamente en la idea del progreso, cae preso de una lógica deshumanizante en la que el dinero, el poder sobre los otros, la auto-afirmación, devienen principios rectores de la existencia. El sacerdote ha de tener el coraje de poner de manifiesto las nuevas idolatrías, no con un fin reprobatorio e incriminador, sino con un interés soteriológico que nace del convencimiento de que todo hombre ha sido llamado a degustar la salvación definitiva acaecida en Cristo. Solo después de este desenmascaramiento, el sacerdote deberá proponer la lógica de Jesús, basada en el servicio humilde y en el amor desinteresado, como principio rector de una existencia verdaderamente humana8.
El ejercicio de este servicio al mundo requiere de un esfuerzo constante por reavivar la dimensión profética y poética de la existencia sacerdotal9. El don del Espíritu recibido en la ordenación exige la puesta en juego de todas las potencialidades y capacidades personales. Los presbíteros y los candidatos al sacerdocio, como reiteran los documentos del Magisterio que abordan la formación presbiteral, han de cultivar una sensibilidad cultural, intelectual y espiritual que les permita escudriñar los signos de los tiempos. El ejercicio de esta función profética conlleva un interés verdadero por la literatura, las artes, el cine, etc., esto es, por todas las creaciones donde cristalizan el espíritu y los símbolos de la cultura de nuestro tiempo, que portan propuestas de sentido en ocasiones ajenas a cualquier significación trascendente. Conlleva también un conocimiento de las leyes económicas y de las estrategias políticas, del funcionamiento de los medios, el «cuarto poder», y del modo en que la así llamada «opinión pública» es generada y difundida. Conlleva, en definitiva, una destreza mínima para circular en el alambicado circuito de la post-modernidad, donde no existen reglas fijas ni metas predefinidas.
El sacerdote es «regalo» de Dios al mundo también cuando se empeña en las actividades típicamente eclesiales, esto, es cuando edifica y acompaña a la comunidad eclesial. Los hombres y mujeres que constituyen esta comunidad también viven en el tiempo presente, con problemáticas y desafíos idénticos al resto de individuos que componen la sociedad en la que se hace presente la Iglesia. Es responsabilidad del ministro ordenado conducir a la comunidad cristiana de tal modo que esta llegue a ser verdadera «luz del mundo» (Mt 5, 16). En no pocas ocasiones se alzan lamentos entre el pueblo de Dios ante la superficialidad y escasa preparación de muchas homilías. Qué distinto sería si el sacerdote que las proclama se hiciese siempre consciente de que los destinatarios de sus palabras viven y están «en el mundo», atenazados por preocupaciones y proyectos que ocupan al conjunto de los ciudadanos.
El sacerdote es «regalo» de Dios al mundo cuando a través de su existencia concreta, su estilo de vida, sus gestos y palabras, contribuye a desvelar el rostro trinitario de Dios; cuando su «mundo personal» rezuma misericordia, hospitalidad, entrega. La antropología dominante está profundamente marcada por la idea de subjetividad personal. Cada uno construye su propio «mundo», su personal visión de la existencia, a partir de las experiencias hechas, de las decisiones tomadas y de las acciones emprendidas. No existe un solo «mundo», esto es, una cosmovisión dominante, sino una pluralidad de mundos, de modos de ubicarse en la existencia, de maneras de vivir la propia vida. Al sacerdote se le abre un precioso campo de acción: el acompañamiento a los jóvenes en la creación del propio mundo, en la gestación de la propia identidad, que tiene que ver con el descubrimiento y asimilación de la vocación personal a la que cada uno ha sido llamado.
El sacerdote es, por último, «regalo» de Dios al mundo cuando reza por él, cuando hace memoria en su oración de la conflictividad inherente al mundo, de las víctimas de las guerras, del injusto reparto de los bienes, de los desastres naturales, etc. Las palabras de Jesús sostienen el impulso apostólico del presbítero, consciente de que este afán, como nos recuerda Benedicto XVI, nace del corazón de Cristo: «Como tú me enviaste al mundo, así yo los envío también al mundo. Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad. No solo por ellos ruego, sino también para los que crean en mí por la palabra de ellos» (Jn 17, 18-20).
1 Cf. Benedicto XVI, Spe Salvi 17. Al aludir a esta «nueva fe» viene a la mente el título del primer disco de Micah P. Hinson –Micah P. Hinson and the Gospel of Progress–, un título elocuente y sugestivo de cuanto venimos diciendo.
2 Cf. F. Nietzsche, El nacimiento de la tragedia, Madrid 2007.
3 El tema es sobremanera complejo. Las raíces y las expresiones del anti-clericalismo son variadas y de diversa coloración e intensidad. El fenómeno del anti-clericalismo se observa en las presentes líneas en la medida que conlleva un desafío para la definición del papel del sacerdocio en el «mundo».
4 Pastores dabo vobis 15.
5 Cf. Pastores dabo vobis 22-23.
6 Lumen gentium 6.
7 El título del film de L. Visconti no es casual. Cuando Dios desaparece del horizonte humano, el mundo queda abandonado a su suerte, guiado por una lógica absurda de la que «ningún dios nos puede salvar».
8 Cf. Gaudium et spes 22: «El misterio del hombre solo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado».
9 Cf. K. Rahner, «Existencia sacerdotal», Escritos de teología III, Madrid 2002, 251-274; Id., «Sacerdote y poeta», Escritos de teología III, 307-328.
La Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife nos propone para la Cuaresma 2011 entre los materiales una parábola inicial que se puede leer, escenificar, fotocopiar y repartir, etc… y que nos motiva a vivir este tiempo como experiencia de regreso sabiendo que somos esperados. Este texto ayudará mejor a entender el signo que hemos elegido.
La parábola inicial: ¡ALGUIEN ME ESPERA!
Corría el tren por la vía en busca de las estaciones que se acercaban sin cesar. Entre el bullicio que había en el pasillo, nadie reparó en un joven que estaba sentado con el rostro entre las manos en un compartimiento. Cuando levantaba el rostro, se veían en él las huellas de la tristeza, el desencanto y la preocupación. Después de varias estaciones, un señor mayor que estaba sentado frente a él, se animó a preguntarle cuál era el motivo de su turbación.
Verá, -dijo el joven- siendo adolescente, era muy rebelde y no hice caso a mi padre que me aconsejaba dejar las malas compañías. En una de esas andanzas mías, en una pelea, maté a una persona. Fui juzgado, condenado a diez años de cárcel y mi sentencia la tuve que pagar en una prisión lejos de mi casa. Nadie me escribió durante ese tiempo, y todas las cartas que envié no tuvieron respuesta.
Unos meses atrás, -prosiguió el joven- cuando supe la fecha de mi liberación le escribí a mi padre una carta. En ella le decía más o menos así: "Querido papá, sé que has sufrido mucho por mi causa en estos diez años. Sé que he sido un mal hijo y que entiendo tu silencio al no querer comunicarte conmigo. Dentro de unos meses voy a estar libre y quisiera regresar a casa. No sé si me estarás esperando, por lo cual te ruego que me des una señal de que me aceptarás. ¿Te acuerdas el cerezo que hay en la estación de trenes? Yo voy a comprar un pasaje que sirva para más allá de nuestro pueblo. Si tú me perdonaste y aceptas mi regreso, te ruego le pongas una cinta blanca a ese cerezo, entonces yo al verlo me bajaré. Si no aceptas mi regreso, al no ver la cinta blanca en el árbol, seguiré de largo y nunca más te molestaré."
Esta es mi historia, señor, y quisiera pedirle un favor. ¿Podría mirar Ud. en la próxima estación si ve el árbol con cinta blanca? Tengo tanto miedo que no me animo a mirar.
En silencio, solo interrumpido por los sollozos del joven, el tren fue avanzando, acercándose cada vez más a la estación asignada. De repente, el señor que estaba enfrente gritó lleno de júbilo:
-¡Joven, joven, mire! Alzando los ojos surcados por las lágrimas, el joven contempló el espectáculo más hermoso que podían ver sus ojos. El cerezo no tenía una cinta blanca. Su padre lo había llenado entero de cintas blancas, pero no solo él, sino todos los árboles del pueblo estaban llenos de cintas blancas. ALGUIEN SIEMPRE LO HABÍA ESPERADO.
Introducción a la Cuaresma 2011 ofrecida con los materiales para su celebración por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.
Introducción a la Cuaresma 2011
Nos adentramos en una nueva cuaresma. Un tiempo litúrgico fuerte que da la sensación de que siempre comenzamos con un poco de pereza. Pasan los días tan de prisa que todavía parece que resuenan los ecos navideños, y el contraste es significativo.
Tenemos que reconocer, y ese aspecto tiene su peso, que hemos cargado la cuaresma de bastantes tintes oscuros, y la preparación a la que es la mayor de nuestras fiestas, la Pascua, le hemos dado la sensación de algo que hay que pasar con cara de circunstancias. Es verdad que tendremos que hablar de conversión y de cruz; que vamos a vislumbrar acontecimientos de muerte, porque así parece que nos empeñamos en hacer la vida; pero hasta esa muerte, apoyada en la fuerza del amor, nos seguirá hablando de vida, de la llamada a optar por la vida, a generar vida, a construir vida. Es la buena noticia de la esencia del amor en el que se nos invita, una vez más, a seguir adentrándonos, a hacer opción, con todas sus consecuencias. Y, claro que sí, para eso, necesitamos prepararnos lo mejor posible, mirando hacia dentro y hacia fuera de nosotros, no sin dolor y exigencia, pero con esperanza y con gozo.
Ningún tiempo litúrgico, desde la fe, puede estar marcado por la tristeza. Todas nuestras celebraciones se apoyan en el Dios del amor y de la vida que se nos ha manifestado en Jesús de Nazaret. En este Dios que ha salido al encuentro de nuestra historia, de mi historia, para salvarla, para decirnos que nos ama, que ha derrochado amor en ella y que lo ha plantado como semilla frágil y fuerte en nuestro corazón. Nos empeñamos en generar gestos de muerte, pero estamos hechos para vivir, para dar vida, estamos hechos por el Amor y para amar.
Y nuestro Dios no ha pronunciado esta palabra y este deseo desde un aparente estático cielo. Desde allí se nos ha manifestado Trinidad, para enseñarnos que el amor, por grande que sea, nunca se da ni se produce ni se alimenta solo. El amor es corriente de vida, por eso se desbordó y plantó su tienda entre nosotros, en nosotros. De esta manera, hemos descubierto que Dios no sólo no nos espera pasivamente, sino que es la fuente y la fuerza continua de nuestro amor; y que sigue llamando ansiosa y respetuosamente a las puertas de nuestro ser hasta que le abramos y le dejemos entrar para que irrumpa y lo trastoque todo. A eso le llamamos conversión.
Si, todos los días, pero en este tiempo de gracia cuaresmal de un modo especial, Dios nos espera; y eso nos debe estimular, ya que en nuestra apertura y en nuestra vuelta a él nos jugamos lo mejor de nosotros mismos. Porque en ese encuentro se nos llama a descubrir al hombre hermano que también nos espera, como nos recuerda el Papa en su mensaje cuaresmal de este año, para derramar sobre él su justicia y construirla juntos. Por todo ello, aprovechemos todos los medios que la Iglesia pone en este tiempo a nuestro alcance, no son para incordiarnos sino para acercarnos más y mejor al que nos espera. Puede ser que esta nueva cuaresma, con su llamada a la conversión, nos urja a remozar algunos rincones de nuestro ser y de nuestra vida; puede ser que cuestione e interpele muchas de nuestras actitudes cómodas; puede ser que hasta nos haga llorar, ¡ojalá!, si esas lágrimas nos ayudan a humanizar un poco más nuestros gestos, a hacernos más solidarios, mejores testigos de su presencia, y nos permiten dirigir la mirada del corazón al Dios que nos espera y camina con nosotros, a Cristo nuestra Pascua, origen, camino y meta de nuestra salvación.
Lectio divina para el domingo noveno del Tiempo Ordinario - A, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.
LECTURA: “ Mateo 7, 21‑27”
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: No todo el que me dice «Señor, Señor» entrará en el Reino de los Cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo.
Aquel día muchos dirán: Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre, y en tu nombre echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros? Yo entonces les declararé: Nunca os he conocido. Alejaos de mí, malvados.
El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca.
El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente
MEDITACIÓN: “Las pone en práctica”
Ésta es la cuestión. Y ésa es nuestra piedra de toque. Tu mensaje, Señor, es hermoso, esperanzador, es don que nos viene de ti, pero exige respuesta de nuestra parte. No basta con conseguir que se emocione mi corazón y saber que tú estás ahí, cercano, tendiendo tu mano, si yo no extiendo la mía.
Es fácil decir Señor, Señor, y pretender esperar que se nos dé todo hecho. Eso no haría de nosotros hombres, haría muñecos. Tú nos has abierto el sentido de la vida, has depositado en nosotros todos tus dones. El Espíritu es garantía de ello. Nos has hecho capaces de bien, de bondad, de amor, de perdón, de solidaridad, de paz, de generar vida. Todo eso lo has grabado en nuestro corazón. Pero de poco sirve si no los trabajamos, si no los dejamos actuar, si los encerramos en nuestros intereses y comodidades, si preferimos dejarnos llevar por lo fácil, lo meramente placentero.
Al final, nos es más fácil cimentar en arena, total, vivimos en la etapa del usar y tirar, que ahondar en roca firme. Y así andamos, sufrimos o gozamos sin consistencia y con sensación, al final, de vacío.
Mientras tú sigues extendiendo tu mano hacia mí. Te me ofreces como roca firme. Y yo necesito ahondar en ti, aferrarme a ti. Poner en práctica el amor, tu amor.
ORACIÓN: “Enséñame a escuchar”
Ése es mi problema, que me escucho más a mí que a ti. Enséñame a escucharte, Señor y hacer vida tu palabra. Enséñame a escuchar, Señor, tu llamada al amor y ayúdame a ahondar en la roca del tuyo.
Señor, enséñame a escuchar tu voz en la voz de todos los que me necesitan. Que en todo grito de vida sepa que tú estás detrás y tú seas mi fuerza para responder.
CONTEMPLACIÓN: “Señor”
No te llamo, Señor,
para esconderme detrás de ti,
y buscar seguridades
que no puedes darme.
Mi palabra es un grito
de indigencia,
un tender hacia ti
mis manos desnudas,
para que aferradas a ti
trabajen mi historia
y forjen en ella
un gesto de ternura,
una estela de paz.
ZENIT publica la carta pastoral que ha enviado monseñor Kay Schmalhausen Panizo SCV, obispo prelado de Ayaviri, en Perú, en pleno debate sobre el aborto con motivo de la actual campaña electoral que vive el país.
La presencia de la Iglesia en el debate público
y algunos criterios éticos con relación a la propuesta de legalización del aborto
Queridos hermanos,
En el debate público con ocasión de las próximas elecciones presidenciales y congresales se han puesto a consideración por parte de algunos candidatos ciertas propuestas de profundas implicancias morales, con la posibilidad de serias consecuencias sociales en lo que concierne al futuro de nuestra nación. Es positivo que en los procesos democráticos de cada nación puedan exponerse y debatirse temas de orden político, económico, social y moral. Esto además de resultar sumamente positivo, requiere de madurez democrática y altura intelectual.
Algunas de las propuestas mencionadas y sacadas a luz con cierta ligereza en el debate político, no deberían ser tocadas simplemente de un modo superficial y por la conveniencia del momento. Exigen un debate serio y profundo que esclarezca tanto los principios más hondos sobre los que se quieren fundamentar así como las consecuencias sociales y morales que conllevarían para el Perú.
1. La participación de la Iglesia en el debate público:
En los últimos meses se ha criticado la intervención de la Iglesia al pronunciarse con claridad sobre estos asuntos que son de interés nacional, advirtiendo de los graves riesgos morales y sociales que conllevan las propuestas. Hablamos de las legalizaciones del aborto, de las uniones homosexuales equiparadas al matrimonio y de la comercialización y consumo de drogas.
Se dice que la Iglesia no debe inmiscuirse en asuntos de política. Participar en el debate de ideas y decisiones que conciernen al interés de todos los ciudadanos, no es hacer política partidaria. La finalidad de los debates públicos es la de escuchar el aporte de los ciudadanos y atendiendo a sus ideas conocer las necesidades, inquietudes y propuestas de cara al futuro del país. Un debate en que no se escuche con respeto al que asume una posición diversa ni se sea capaz de razonar sobre las ideas de su oponente sería más bien un monólogo y tiene el peligro de convertirse en una dictadura de las ideas.
La Iglesia Católica, parte integrante desde los comienzos de la historia y la vida social de nuestra nación, tiene el derecho -como lo es de toda institución o persona -de pronunciarse al respecto de las cosas públicas, en este caso las que atañen a la fe y moral de los católicos, siempre en fidelidad a las enseñanzas de su Maestro, no faltando en nada ni contra nadie al hacerlo en espíritu de verdad y con caridad. Esta enseñanza pública de la fe y la moral es constitutiva a la misión de la Iglesia y no constituye agravio a nadie.
Resulta por lo menos incoherente que se quiera acallar la voz de la Iglesia cuando, sin pretender inmiscuirse en asuntos de política partidaria, se pronuncia con una clara visión del hombre y de la sociedad, sobre temas que pueden contrariar gravemente los derechos fundamentales del ser humano o atentar contra aspectos inherentes a su naturaleza, su altísima dignidad y su vocación.
Más aún, una nación que se precia de su democracia al contar con la voz de la Iglesia encuentra en ella una posibilidad más de enriquecerse en su capacidad de diálogo, estimular la reflexión política y de la sociedad civil, y elevar el nivel cultural y espiritual de sus hijos. No es dable que para algunos se pida tolerancia y para otros se actúe de forma intolerante, queriendo callar una voz porque pueda incomodar.
Por otro lado, al hacer oír su voz la Iglesia cumple con la misión de instruir a los fieles católicos, que constituyen una gran mayoría de esta nación, quienes no solo tienen el deber de conocer sino el derecho de escuchar los argumentos de fe y de razón sobre las implicancias morales y sociales de temas que aparecen en el debate político nacional.
2. En cuanto a la legalización del aborto provocado.
He mencionado al inicio de esta carta pastoral tres temas de importancia aparecidos en el debate público. Quiero ahora referirme solamente al primero de los tres, el aborto, dejando los otros dos para un futuro próximo. En este sentido, con relación a la legalización del aborto los fieles católicos tengamos en cuenta en primer lugar que el "aborto voluntario o provocado" constituye siempre un grave atentado contra la vida humana y es de suyo un crimen.
Su legalización no lo convierte nunca en un acto moral indiferente ni mucho menos bueno. La ley, aunque debiera hacerlo, es de lamentar que no siempre marche al paso de la ética y los principios de la moral.
Legitimar o despenalizar el aborto tiende a anestesiar la conciencia moral de las sociedades y este crimen se disfraza bajo el ropaje de un supuesto bien para la comunidad humana. Pero la verdad es que se desampara a los seres más directamente involucrados y vulnerados: las madres gestantes y sus hijos por nacer.
Muchas veces se justifica la práctica del aborto como un asunto de salud pública. Matar los hijos en el vientre de sus madres no puede ser considerado jamás como un asunto de salud, ni debe convertirse mucho menos en política de Estado.
En las últimas décadas se ha conseguido tras fuertes presiones mediática y políticas, financiadas con cuantiosos recursos, y por medio de constantes argucias legales introducir el aborto legal en los sistemas jurídicos de muchas naciones, legitimando su práctica. Que una práctica sea común o esté amparada por la ley, no quiere decir que sea buena. Además debemos tener en claro que el aborto provocado es siempre contrario al derecho fundamental a la vida, el cual es debido a todo ser humano.
Hoy en día hay que decir en voz alta que al derecho fundamental de todo ser humano a la vida, consagrado por la "Declaración Universal de los Derechos Humanos" suscrita por las naciones del orbe, le corresponde el deber inherente a todas las sociedades de protegerla y si es necesario defenderla.
En nuestra país la Constitución Política del Estado reconoce que el concebido es sujeto de derecho en todo cuanto le favorece, por lo cual tiene derecho a la vida y a su integridad física. Por su parte el Código Civil reconoce expresamente que la vida humana comienza con la concepción y que el concebido es sujeto de derecho en todo lo que le favorece. Asimismo, el Código de los Niños y Adolescentes reconoce expresamente que se considera niño a todo ser humano desde su concepción y que todo niño tiene derecho a la vida desde su concepción.
Contrario a nuestras leyes se ha esgrimido muchas veces en el debate público el argumento de que el "embrión humano" no debería ser considerado un "ser humano", y por tanto no gozaría del derecho fundamental a la vida ni de su legítima defensa en caso de que se encuentre en riesgo. Debemos preguntarnos si existe alguna autoridad que posea el derecho de quitar el estatuto de ser humano al concebido no nacido.
Los católicos, llevados por serios argumentos de razón, además de tener la firme convicción de que la vida humana es un don de Dios y en cuanto tal es intangible defendemos el estatuto de "ser humano" del niño por nacer desde el momento mismo de su concepción.
Afirmamos además que no existe ninguna autoridad humana ni es capaz el voto democrático de las mayorías para determinar el día o la hora a partir del cual el concebido pasaría a tener la categoría de persona humana o establecer la fecha antes de la cual sería catalogable como simple materia de desecho.
Los católicos todos, obispos, sacerdotes, religiosos y fieles laicos, sentimos el gravísimo deber de rechazar privada y públicamente tanto la práctica del aborto como su legitimación. En este sentido los criterios y principios morales en torno al aborto provocado no son una cuestión opinable sino que obligan a los católicos a la comunión de fe y moral con la Iglesia.
Finalmente de cara a nuestro país no está demás preguntarse: ¿qué se puede esperar de una nación que legitima el asesinato de los hijos en el vientre de sus madres? ¿Qué futuro puede esperarle al Perú cuando edifica su vida social sobre leyes que amparan un genocidio que aunque callado y oculto resulta una verdadera carnicería humana de proporciones masivas? ¿Es este el Perú que queremos dejar a las futuras generaciones de nuestro país?
3. Algunas falacias sobre el aborto:
En el debate público sobre el aborto se esgrimen un sinnúmero de razones aparentes con las cuales se le quiere justificar. No siempre quedan en claro a los oyentes las argucias o falacias que entrañan y por tanto son muchos los que pueden sentir confusión. A continuación se esclarecen algunos de estos argumentos:
-Ante quienes afirman que la madre tiene derecho para decidir sobre su cuerpo dando implícitamente por sentado que el niño que llevan en su vientre es no un ser autónomo y propio sino solo una parte de su cuerpo: hay que recordar que con este argumento se ignora o quiere hacer ignorar los avances científicos que evidencian que cada embrión humano tiene un genoma o código genético propio y que éste le da el carácter de un ser único y distinto al de la madre.
-Ante quienes afirman que la madre que ha concebido un hijo como resultado de una violación tiene el derecho de no vivir traumatizada con el fruto de esa relación y de abortarlo, e invocan además para ello una supuesta razón de piedad; hay que decir que callan gravemente el hecho de que con el aborto, el primer trauma de la violación, es agravado con un segundo trauma, el del asesinato del hijo en las entrañas de la madre. Legalizar la práctica del aborto en caso de violación no constituye jamás un acto de misericordia sino una gravísima humillación y condena a la madre. Son innumerables los testimonios de mujeres que a causa del aborto provocado sufren el "síndrome post aborto" (depresión, ansiedad, insomnio, ideas suicidas y de autocastigo, sentimientos de culpa, etc.) consecuencia del trauma de ver arrebatado el hijo de sus entrañas.
-Ante quienes pretenden legalizar el aborto por razones eugenésicas, es decir que, una madre o unos padres de familia tendrían derecho de procurar el aborto de su hijo en caso que tuviera malformaciones genéticas o adoleciera de deficiencias físicas o mentales, hay que decir lo siguiente: en el actual discurso social se ha dado gran relevancia al concepto de la inclusión. Hoy constituye para todos un valor irrenunciable la inclusión de las minorías marginadas en razón de circunstancias o condiciones especiales. Una ley que pretenda eliminar a los hijos por nacer en razón de sus deficiencias congénitas, sean éstas de índole física o psíquica no solamente es cuestionable desde el punto de vista de que un Estado ampare la selección humana de los miembros de su nación, sino que se estaría incorporando al sistema jurídico peruano de modo formal y sistemático una "exclusión" social horrenda y antihumana. Además, con una ley de esta naturaleza se sentencia para el país que hay peruanos que tienen mayor valor que otros, y que los últimos en razón de sus defectos personales, se les debe negar el derecho a la vida.
-Ante quienes afirman que la legalización del aborto provocado resolvería el problema de los abortos clandestinos que conllevarían un alto índice de mortalidad materna hay que decir: ni el aborto clandestino ni el aborto legal resuelven nada. Ambos son una lacra social. En nuestro país se pretenda imponer la legalización del aborto, sin haber hecho ningún esfuerzo por encontrar otra solución a esta grave problemática en el que están en juego al menos dos vidas humanas: la de la madre y el hijo. El Estado peruano ha hecho muy poco para y tiene la obligación de proteger a las madres gestantes que se encuentran en riesgo de abortar. Ellas son en la mayoría de los casos una población altamente vulnerable que debe ser protegida y ayudada. Esta ayuda no debe de ningún modo contrariar el derecho que tienen los dos, tanto la madre como el niño concebido, a la vida. Ambos deben constituir para el Estado peruano un grupo humano con interés de primer orden sin vulnerar ni la ley ni la moral.
-Aun cuando al parecer existe consenso en aceptar el llamado aborto terapéutico previsto en el Código Penal cuando esta en peligro la vida de la madre, es mi deber como pastor iluminar los errores que ello encierra. En primer lugar cabe señalar que con los avances de la medicina, son muy poco frecuentes los casos en que la presencia del concebido haga peligrar la vida de la madre. No obstante de ocurrir un caso de esta naturaleza se tiene siempre la obligación moral de salvar la vida tanto de la madre como de su niño por nacer. En este contexto moralmente nunca es admisible eliminar una vida para salvar otra. Es muy distinto el caso de la "legitima defensa" en que existe un injusto agresor. El concebido no puede ser nunca considerado como tal sino siempre como un inocente.
-Por último debo advertir de los intentos de ampliar la regulación restrictiva que tiene el aborto terapéutico en el Código Penal del Perú. Se busca establecer un protocolo de aborto terapéutico que pretende abrir una casuística más amplia con mayores variables para practicar el aborto. Esta obsesión por liberalizar el aborto provocado a través de una vía reglamentaria que no pasará por el Congreso debe ser rechazada como una argucia desde todo punto de vista infame.
4. Algunas situaciones particulares y criterios a tener en cuenta:
Es bueno advertir que la enseñanza de la Iglesia sobre el aborto tiene consecuencias prácticas para la vida cristiana del católico, así como para su presencia en la sociedad civil y política o de cara a su vida profesional. A continuación se enumeran algunas de ellas:
1. El fiel católico que voluntariamente comete o que participa material o formalmente en el aborto, advertido de la gravedad de esta falta moral, queda automáticamente excomulgado hasta que dé muestras sinceras de arrepentimiento y busque el necesario perdón de esta falta gravísima por medio de la confesión sacramental y enmiende su conducta.
2. Con relación a los políticos y/o personas públicas que afirman ser católicos y que sin embargo públicamente defienden o promueven el aborto, estos tales no puede de ninguna manera ser admitidos a la comunión eucarística. En este sentido todo sacerdote tiene el deber de negar públicamente la comunión a quienes públicamente se definen a favor del aborto. Los fieles laicos tienen a su vez el deber de advertir de esta enseñanza cuando las circunstancias lo ameritan.
3. La elección de los gobernantes de una nación supone siempre un acto de gran responsabilidad por parte de la sociedad civil. Para todo católico es un deber moral conocer las propuestas electorales y juzgarlas a partir de los auténticos criterios éticos y morales que se corresponden con la ley natural y la dignidad humana. Igualmente resulta un deber moral conocer suficientemente estos criterios morales, pues solo así se pueden tomar decisiones conscientes y responsables frente a los candidatos y sus propuestas y dar un voto maduro y libre para el verdadero bien que queremos para nuestra patria y el futuro de nuestros hijos.
4. En este sentido hay que dejar en claro que ningún católico debe nunca votar intencionalmente a favor del aborto. Este criterio debe ser tenido en cuenta por parte de todos los católicos al momento de evaluar a los candidatos y considerar sus propuestas electorales.
5. Además, en el contexto de los procesos electorales existe siempre grave obligación de elegir el bien mayor, y solo dadas las circunstancias extremas el mal menor para una nación. En este sentido junto con la valoración de las propuestas económicas que suelen creerse como prioritarias o únicas, los criterios éticos y morales que aparecen no deben ser considerados nunca de segundo orden. Son éstos los que finalmente definen el nivel cultural, moral y espiritual de una nación y transforman el país o en más grande y digno o en menos humano y cruel.
6. Los católicos laicos que han incursionado en la política u ocupan cargos públicos tienen el no solo el derecho sino en conciencia el deber de apoyar en cuanto esté a su alcance una cultura a favor de la vida humana y específicamente asegurar - de ser posible a su función - una legislación que proteja y promueva la vida humana desde su misma concepción.
7. Finalmente, en el campo laboral son muchos los católicos quienes por su labor profesional (médicos, enfermeras, obstetras, personal del sector salud, educadores,...) se encuentran en circunstancias en las que a veces se ven presionados a participar directa o indirectamente de la práctica del aborto o se les quiera exigir participar en la difusión del ideario pro-abortista, en contra de sus principios y convicciones. Es justo defender el derecho fundamental a la libertad de opinión y expresión, y es de justicia que en asunto tan delicado se goce del derecho de objeción de conciencia, pudiendo invocarlo sin ser discriminado por ello.
Esperando que la presente carta pastoral pueda ser de utilidad y mayor instrucción para los fieles de nuestra Prelatura, les hago llegar con vivo aprecio mi bendición.
Ayaviri, 22 de febrero de 2011, en la fiesta de la Cátedra de San Pedro Apóstol.
Mensaje de monseñor Martín de Elizalde OSB, obispo de Nueve de Julio (Febrero de 2011). (AICA)
REFLEXIÓN PARA EL COMIENZO DE LAS CLASES
Queridos hermanos y hermanas:
Cada año, al empezar el año lectivo, la comunidad vive con renovada sensibilidad muchas ilusiones y expectativas, así como interrogantes y desafíos, algunos de ellos difíciles de resolver. Digamos algo sobre los estudiantes: la disposición de los niños que inician el Jardín y la primaria está marcada por la esperanza de nuevas experiencias y alentada por el apoyo y la presentación de sus padres y familiares; iniciarse en la escolaridad deja una marca profunda en las personas y en nuestra sociedad, de una manera que las palabras no llegan a describir. Los más grandes, sobre todo quienes cambian de nivel o abordan cursos que contienen mayores exigencias y dificultades, aunque manifiesten la contrariedad de dejar atrás los meses de vacaciones, se disponen también con alegría al reencuentro con sus compañeros y a retomar la disciplina del estudio, estimulados por la curiosidad de nuevos conocimientos. Por su parte, los padres de estos niños y jóvenes, que valoran y agradecen la posibilidad de formarse que se les ofrece a los suyos, comparten esta alegría esperanzada con algo de preocupación: es un interrogante serio cómo vivirán el pasaje de la niñez a la adolescencia, de la adolescencia a la juventud; son conscientes de los peligros que pueden encontrar en una sociedad que no sabe o no puede proteger a sus jóvenes. En el ámbito de la escuela se perciben síntomas inquietantes de indisciplina y hasta de violencia; hay una invasión de propuestas que se presentan atrayentes, pero muchas veces son en verdad corruptoras y para nada positivas, venidas del exterior, y el mismo sector de la educación no ofrece siempre el ejemplo de unidad y de responsabilidad, con sus contiendas gremiales y los paros, que se podría esperar de quienes son por vocación y por misión formadores de los jóvenes.
Los docentes y sus auxiliares y colaboradores, por su parte, se disponen a desempeñar a lo largo del año la tarea que se les confía, y que han abrazado con responsabilidad y dedicación, con competencia y continuidad. Todos los sectores que conforman la comunidad educativa comparten entonces una actividad muy noble, que en la tradición de nuestro país ha alcanzado niveles de excelencia y que ha dado frutos duraderos para lograr la constitución de la Nación sobre las bases de la justicia y de la búsqueda del Bien.
Ha sido nuestra tradición educativa un instrumento privilegiado para fundamentar y afianzar el progreso, aportando identidad y unidad, estableciendo vínculos que hacen a la vida cultural, social y política. Estos valores de la educación argentina se hacen presentes en cada inicio del ciclo lectivo, y nos plantean la grave cuestión de darles continuidad y hacerlos aún mejores y más
Eficaces en este tiempo. Las contrariedades que aparecen en el camino de la sociedad argentina, las confrontaciones, la intolerancia, que a todos nos preocupan, ¿no deberían ser prevenidas con una educación de mayor calidad, que abra a un humanismo más integral, a una visión más honesta y constructiva, y estimule el sentido de la verdad y de la justicia? Las ilusiones y expectativas del comienzo de las clases no se pueden limitar a las emociones pasajeras del primer día de Jardín o de escuela, del cambio de nivel y del encuentro con nuevos maestros y compañeros y el reencuentro con los ya conocidos. Seguramente, en la mirada atenta e inocente de los más pequeños, en la confianza de los padres, en la franca y ruidosa sociedad de los adolescentes y jóvenes, en la disposición y ánimo de los docentes, se puede descubrir un deseo no expresado claramente, pero muy real y urgente, y es que la educación y la escuela contribuyan a mejorar a la familia argentina, y que sus aportes, tan esperados, sean los más justos y adecuados para el objetivo propuesto, que es formar para una sociedad justa, amante de la verdad, solidaria, acogedora y progresista.
La Iglesia Católica ha dedicado siempre ingentes esfuerzos a la educación de los niños y jóvenes. Lo ha hecho de diferentes maneras, según las épocas y las situaciones, pero sabiéndose siempre responsable de un legado precioso, que debía mostrar y compartir con todos los pueblos. La Revelación de Jesucristo es la llamada dirigida a todos los hombres, en todos los tiempos. En ella se encuentra la verdad y se aprende a practicar el bien, se descubre la felicidad y se camina y se obra según la misma naturaleza nos ha dispuesto por el gesto creador de Dios. Estos elementos configuran la tradición de nuestra cultura y la historia de nuestra tierra, ellos han contribuido a formarnos y a que seamos lo que somos.
Por eso, frente a la responsabilidad que tenemos para con las nuevas generaciones, la Iglesia propone el redescubrimiento de nuestras raíces cristianas, de la cultura animada por la inteligencia de la fe, de una conducta cimentada sobre el amor y la justicia.
Este es el mejor deseo que podemos expresar en estos días del comienzo del año lectivo: que nuestra escuela reencuentre y profundice su propia identidad y su misión formativa, y proyecte hacia la sociedad el fruto de su dedicación y entrega, para trasmitir y afianzar los valores permanentes, espirituales y humanos, sobre los que ha de construir la verdadera fraternidad.
Con mucho afecto, los saluda y bendice,
Mons. Martín de Elizalde OSB, obispo de Nueve de Julio
Febrero de 2011
Homilía de monseñor Luis T. Stöckler, obispo de Quilmes para la el séptimo domingo durante el año (20 de febrero de 2011). (AICA)
AMAR AL ENEMIGO
Las últimas dos antítesis de las seis, en que Jesús nos hace comprender los mandamientos desde su raíz, tratan de la justicia y del amor frente al enemigo.
La justicia penal judía, igual que la de todos los pueblos del antiguo oriente, partía de la ley del talión, según la cual al delincuente se aplicaba el mismo daño que había causado al otro: ojo por ojo, diente por diente, brazo por brazo, etc. Jesús no cuestiona la responsabilidad del estado de establecer un orden jurídico que supere la venganza individual y garantice el respeto a la ley por la imposición de penas. Pero a sus discípulos invita a prescindir de este castigo - lo que la ley permitía cuando el mismo perjudicado lo solicitaba - y asumir una actitud que se inspira solamente en el amor. Y lo ejemplifica con cuatro situaciones de violencia, de mayor a menor: la agresión física de una bofetada, el reclamo judicial de la túnica, la coacción en la calle para un servicio y la petición simple de un préstamo. Lo último ya no es una injusticia, sino más bien una molestia. Presentar la otra mejilla, entregar también el manto, llevar el bulto un kilómetro más y no volver la espalda al que pide ayuda, o sea, devolver el mal haciendo el bien, exige mucha fuerza moral que el hombre por si solo no alcanza.
Esto se evidencia más todavía, cuando escuchamos la última antítesis: “Yo les digo: Amen a sus enemigos”. Judíos muy fanáticos, como p. ej. los esenios, consideraban como prójimos solamente a los de su propio pueblo que cumplían las prescripciones de la pureza cultual y moral. Los fariseos eran similares y detestaban como enemigos a todos los demás que estaban del otro lado de esta línea divisoria. Jesús, en cambio, no excluye a nadie de ser considerado prójimo, sea judío o no, ni a los malos ni a los injustos. El motivo de su amor no es la perfección de las personas, sino la perfección del “Padre que está en el cielo, porque Él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos”. El amor del Padre es total. Su dimensión infinita manifestó Jesús cuando lo insultaban y ultrajaban, y él rogaba al Padre que los perdonara, porque no sabían lo que estaban haciendo.
Lo que Jesús espera de sus discípulos es, que su amor también sea total. Cuando concentra todos los mandamientos y las diversas prescripciones que habían elaborado las escuelas rabínicas a un solo mandamiento, el del amor, simplificó la vida religiosa y moral de tal manera que cualquiera podía entender la ley de Dios. No hace falta un estudio esforzado como lo hacían los escribas. Desde el amor todas las obligaciones encuentran su justo lugar. “Ama y haz lo que quieras”; así lo resumió San Agustín. Pero con esta simplificación la exigencia espiritual no se ha hecho más fácil, sino por el contrario, mayor todavía. Hay que ir al fondo de nuestro corazón, porque es de ahí, donde proceden las malas intenciones, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los robos, los falsos testimonios, las difamaciones (cf. Mt 15, 19). El bien que hay que hacer, hay que hacerlo de verdad. El que no trata de liberarse de su ira, aunque no mate a nadie, no se ha decidido en serio. El que evita el adulterio pero guarda el deseo malo en su corazón, no ha llegado a la pureza sincera. El que responde a la injusticia con la venganza, no se da cuenta que la confirma y que él mismo comete otra.
No se trata de acumular méritos para recibir una recompensa, sino permitir que Dios haga su obra en nosotros. Las exigencias del amor nos hacen tomar conciencia que necesitamos de la misericordia y de la ayuda del Padre. Con profunda confianza tenemos que decirle: “Hágase tu voluntad”, y rogar por aquellos que nos lastimen. Esta humildad conduce a la santidad.
Mons. Luis T. Stöckler, obispo de Quilmes
ZENIT publica el comentario al Evangelio del próximo domingo, noveno del tiempo ordinario (Mateo 7, 21-27), 6 de marzo, redactado por monseñor Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo.
Evangelio del domingo: Una escucha edificante
En la gran exhortación bíblica que atraviesa toda la Escritura Santa, se nos invita a escuchar a Dios: "Escucha, Israel" ..."Este es mi Hijo bienamado, escuchadle". El que hizo las cosas diciéndolas: "Dijo Dios, hágase", las rehace a través de la palabra redentora de su propio Hijo. No es por tanto una cuestión secundaria lo de escuchar a Dios, y por este motivo la Iglesia nos convoca para escuchar juntos los hablares del Señor cada domingo.
Nos dice el libro del Deuteronomio que Dios pone ante nuestros ojos una bendición y una maldición (Deut 11,18-28), como para indicarnos que en la realidad en la que nuestra vida se desenvuelve hay siempre una gran cuestión: cómo se sitúa nuestra libertad. Y es aquí donde encontramos una llamada de atención que examina en definitiva nuestra actitud oyente. Porque podemos escuchar de tantos modos a este Deus loquens, un Dios que tiene boca y que sabe y quiere hablarnos. Podría sonarnos en el oído la letra de su voz e incluso saber tatarear la música escondida en su relato, y aprendernos de carrerilla incluso alguna oración: "Señor, Señor...", como irónicamente nos dice el Evangelio. Y a pesar de todo ello, permanecer sordos a lo que hablándonos Dios nos quiere dar, hacer, alertar, confirmar o reprender.
El Evangelio de este domingo nos pone precisamente ante ese juego de la libertad en la cual se cifra nuestra calidad oyente del Señor que nos habla. Y viene a preguntarnos plásticamente sobre qué firme edificamos nuestra vida, a qué, a quién y cómo entregamos nuestra entrega cuando nos damos. Si lo que es importante en nuestra vida como es el amor, los ensueños, aquello en lo que nos empeñamos o lo que guardamos como recuerdo, lo construimos sobre una arena movediza que no tiene fundamento, es arriesgarse irresponsablemente a que nuestra vida sea fatalmente vulnerable, insulsa, vacía, sin significado y víctima de la improvisación o de cualquier desaprensivo ataque.
Escuchar al Señor es edificar sobre la roca, caminar en la compañía de su Palabra que nos da la vida, que nos ilumina en las cañadas oscuras, que en medio de las tormentas nos pacifica, que es capaz de ablandar nuestra dureza de corazón, y con su verdad nos salva de la mentira. Pero este tipo de escucha honda y sincera, es la que traduce a la vida concreta lo que ha escuchado de los labios de Dios: no os contentéis con oír la Palabra, sino poned por obra lo que habéis escuchado. Lo que decimos con los labios no lo contradigan nuestras obras, y que éstas sean el fiel reflejo de lo que hemos oído al Señor.
Homilía de monseñor Raúl Martorell, obispo de Puerto Iguazú, para el séptimo domingo durante el año (20 de febrero de 2011). (AICA)
«NO ODIES EN TU CORAZÓN A TU HERMANO…NI TE VENGARÁS DE ÉL…»
Todo el Antiguo Testamento y la Ley, preservaban en el corazón del creyente el mandamiento del amor, desde la Ley de Moisés pasando por el Libro del Levítico: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Lev.19,17). Y aunque el pueblo lo interpretaba en sentido restringido, es decir dentro del ámbito del Pueblo de Israel, ya esta ley -por ser divina- contiene el espíritu del Nuevo Testamento, en donde Jesús rompe todas las barreras dando al precepto del amor (caridad) dimensiones universales: “habéis oído que se dijo amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo, yo, -pues os digo– amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen” (Mt. 5, 43-44).
El odio a los enemigos no es un precepto bíblico, es más bien una deformación de los preceptos del Antiguo Testamento, pues habría entre el amor y la misericordia de Dios una contradicción esencial con un precepto que nos llevara al odio de alguien, deformación de la Ley convertida en norma de vida. El odio pone un abismo con el amor, motivo de la vida y de la vida misma del Redentor. Jesús al perfeccionar la ley lo hace de un modo especial con la “caridad-amor” que serán el cauce de todos los preceptos evangélicos y de la relación misma del hombre con Dios y con los hermanos.
Todos los preceptos y mandamientos se reducen al “amor” y al final de la vida seremos interrogados en el amor. Jesús es claro: el cristiano ha de amar tanto al amigo como al enemigo sin excepción, no se admiten interpretaciones arbitrarias. El amor para cristo es la fuente donde nos nutrimos, es el camino por el que tenemos que caminar y es el término de nuestro andar cristiano. Nos preguntamos por qué esta realidad tan dura en el precepto del amor, amigos y enemigos en un mismo nivel. Y esto es porque ambos son hijos de un mismo Dios y Padre y por eso todos los hombres somos hermanos y por lo tanto prójimos. Aquí en este precepto no entran las distinciones humanas, el sentido de pueblo, de maldad u odio, el bien o el mal, pueblo y pueblo, raza y raza, beneficios y daños u ofensas recibidas.
Por ningún motivo le será lícito el odiar a un creyente en Dios. Más aún a un cristiano, pues todos somos hijos de un mismo Padre y de un amor eterno que se cobija en nuestros corazones de hombres creyentes. ¡Y qué terrible sería decir que odiamos “por amor a Dios”! Es un grave error en la concepción de la fe en el Dios Único y Señor. El Señor nos dijo: “amad…para que seáis hijos de vuestro Padre Celestial que hace salir el sol sobre buenos y malos y llover sobre justos e injustos” (Ib. 44-45). Nosotros, semejantes a Cristo por el bautismo, debemos reflejar en nuestras vidas el amor de Cristo y de Cristo Crucificado por nuestros pecados. Nuestros rostros deben reflejar el amor de Cristo, nuestras palabras y gestos, cuidar lo que decimos de y a nuestro prójimo, cuidar lo que decimos de su fama o de su vida. Somos fáciles en el juzgar al hermano y hablar mal de él, con o sin razón. Esta realidad entrará en el juicio de Dios y hemos de pagar gravemente esta falta de amor, ruptura con el precepto más importante de la Ley del Señor.
El mundo tiene como necedad pagar el odio con amor, el mal con bien, las ofensas con perdón, pero San Pablo nos enseña que para seguir a Cristo es preciso hacerse “necio”, “porque la sabiduría de este mundo es necedad a los ojos de Dios” (1 Cor. 3,19). Nosotros no somos del mundo, porque el mundo no es de Dios y tampoco su sabiduría. El cristiano es de Cristo y Cristo de Dios y siendo de Cristo, el cristiano sigue su doctrina y con Él y en Él quieren pertenecer a Dios. Imitar a Cristo en el amor nos hace vivir en una dimensión distinta a la de los hombres sin fe y nos lleva a elevar la dignidad humana de hijos de Dios y construir una sociedad distinta a la que vivimos, sin odios, sin rencores, reconciliados entre nosotros. Será la única forma de sanar nuestra sociedad.
Que María, fuente del amor eterno, nos ilumine y nos guíe en el conocimiento del amor de Dios y nos haga testigos en el mundo de ese amor.
Mons. Marcelo Raúl Martorell, obispo de Puerto Iguazú
Homilía del Nuncio Apostólico, Mons. Adriano Bernardini, en la misa de apertura de la Asamblea de las OMP (Buenos Aires, 22 de febrero de 2011). (AICA)
Es con verdadero placer que una vez más me encuentro en esta Sede de las Pontificias Obras Misioneras, para reunirme con todos ustedes tan empeñados en este apostolado. A todos auguro un nuevo año de trabajo en el espíritu de la Liturgia de hoy, festividad de la Cátedra de San Pedro, y sobre todo en el trozo del Evangelio que acabamos de leer.
“Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella” (Mt. 16,18)
Este texto de Mateo contiene dos elementos muy importantes:
-El primado de pedro y el de sus Sucesores en la Iglesia, que Cristo ha fundado, y por lo tanto del Santo Padre;
-La asistencia de Jesús a su Iglesia contra las fuerzas del mal.
Damos por descontado el primer punto, fundamental para la Iglesia, porque sin este primado de Pedro y la comunión con el mismo, no existe la Iglesia Católica. Permítanme, en cambio, algunas reflexiones sobre el segundo punto: las fuerzas del Mal, que Mateo llama “el poder de la Muerte”.
Asistimos hoy a un ensañamiento muy especial contra la Iglesia Católica en general y el Santo Padre en particular. ¿Por qué todo esto? ¿Cuál es el motivo principal? Lo podemos enunciar en pocas palabras: ¡Es la Verdad que nos da el Mensaje de Cristo!
Cuando esta Verdad no se opone a las fuerzas del mal todo va bien. En cambio, cuanto presenta la mínima oposición, surge una lucha que se hace calumnia, odio e incluso persecución contra la Iglesia y más específicamente contra la persona del Santo Padre.
Veamos algún punto de la historia, que es “la maestra de la verdad”.
Los años inmediatamente subsiguientes al Vaticano II transcurren en una euforia general para la Iglesia y en consecuencia para el Papa. Pero es suficiente la publicación de la “Humanae Vitae”, con la que el Santo Padre confirma la doctrina tradicional, en base a la cual el acto conyugal y el aspecto procreativo no pueden ser lícitamente separados, que estallan las críticas mas feroces contra Pablo VI, que hasta aquel momento había agradado al mundo. Sus simpatías por Jacque Maritain y por el humanismo integral habían abierto las esperanzas de los ambientes modernistas internos a la Iglesia y al progresismo político y mundano.
Lo mismo se repite más veces en el largo pontificado de Juan Pablo II. Cuando es elegido, las élites culturales occidentales están fascinadas por la lectura marxista de la realidad. Juan Pablo II no se adapta a este embarazoso conformismo cultural y traba con el comunismo un duelo muy duro, que lo lleva sin más a ser un blanco físico de un oscuro proyecto homicida.
Lo mismo le sucederá siempre a Juan Pablo II con respecto a la Bioética, sobre todo con la publicación de la “Evangelium Vitae” del 1995, un compendio sólido y sin detracciones sobre las principales cuestiones de la vida y de la muerte.
Y ahora, siempre por el amor a la “Verdad verdadera y Evangélica”, el blanco se ha vuelto sobre Benedicto XVI. Ya marcado con desprecio en los años precedentes como “guardián de la fe”, apenas elegido, acogido de inmediato por los comentaristas de todo el mundo con una mezcla de sentimientos, que iban de la rabia al miedo, al verdadero y propio temor.
Ahora, una cosa es cierta: El Papa Benedicto imprimió a su pontificado el sello de continuidad con la tradición milenaria de la Iglesia y sobre todo de purificación. Sí, porque a la inseguridad de la fe siempre le sigue la ofuscación de la moral.
En realidad, si queremos ser sinceros, debemos reconocer que año tras año ha aumentado, entre teólogos y religiosos, hermanas y obispos, el grupo de cuantos están convencidos que la pertenencia a la Iglesia no comporta el conocimiento y la adhesión a una doctrina objetiva.
Se ha afirmado un catolicismo “ á la carte”, en el cual cada uno elige la porción que prefiere y rechaza el plato que considera indigesto. En la práctica un catolicismo dominado por la confusión de los roles, con sacerdotes que no se aplican con empeño a la celebración de la Misa y a las confesiones de los penitentes, prefiriendo hacer otra cosa. Y con laicos y mujeres que buscan sustraer un poco por vez, el lugar al sacerdote para ganarse un cuarto de hora de celebridad parroquial, leyendo la oración de los fieles o distribuyendo la comunión.
He aquí que el Papa Benedicto, precisamente por su fidelidad a la “Verità” hace una cosa que escapó a la atención de muchos comentaristas: trae de nuevo, integralmente, el credo en la fórmula del concilio de Constantinopla, es decir en la versión normalmente contenida en la Misa. El mensaje es claro: recomenzamos de la doctrina, de los contenidos fundamentales de nuestra fe. “Sí, porque -escribe el teólogo y Pontífice Ratzinger- el primer anuncio misionero de la Iglesia hoy es puesto en peligro por teorías de tipo relativista, que entienden justificar el pluralismo religioso, no solo “de facto”, sino también “de jure”.
La consecuencia de este relativismo, explica el futuro Benedicto XVI, es que se consideren superadas una serie de verdades, como por ejemplo: el carácter definitivo y completo de la revelación de Cristo; la naturaleza de la fe teologal cristiana con respecto a la creencia en las otras religiones; la unicidad y la universalidad salvífica en el misterio de Cristo; la mediación salvífica universal de la Iglesia; la subsistencia en la Iglesia Católica de la única Iglesia de Cristo.
He aquí, por lo tanto, la Verdad como causa principal de esta aversión y diría casi persecución al Santo Padre. Una aversión que tiene como consecuencia práctica su sentirse solo, un poco abandonado.
¿Abandonado de quién? ¡He aquí la gran contradicción! Abandonado por los opositores a la Verdad, pero sobre todo de ciertos sacerdotes y religiosos, no sólo Obispos, pero no de los fieles.
Así el clero está atravesando una cierta crisis, en el episcopado prevalece un bajo perfil, no obstante los fieles de Cristo están aún con todo su entusiasmo. Obstinadamente continúan rezando y van a Misa, a frecuentar los sacramentos y a rezar el rosario. Y sobre todo esperan en el Papa. Hay un sorprendente punto de solidez entre el Papa Benedicto y el Pueblo, entre el hombre vestido de blanco y las almas de millones de cristianos. Ellos entienden y aman al Papa. ¡Esto porque su fe es simple!. Por otra parte es la simplicidad la puerta de ingreso a la Verdad.
Durante esta Celebración Eucarística pidamos al buen Dios y a la Virgen poder formar parte, también nosotros de este tipo de cristianos.
Mons. Adriano Bernardini, Nuncio Apostólico
ZENIT nos ofrece la catequesis que el Santo Padre Benedicto XVI pronunció el miércoles 23 de Febrero de 2011 sobre san Roberto Belarmino, siguiendo el ciclo de catequesis sobre los Doctores de la Iglesia, durante la Audiencia General celebrada en el Aula Pablo VI.
Queridos hermanos y hermanas,
San Roberto Belarmino, del cual deseo hablaros hoy, nos lleva con la memoria al tiempo de la dolorosa escisión de la cristiandad occidental, cuando un grave crisis política y religiosa provocó el distanciamiento de naciones enteras de la Sede Apostólica
Nació el 4 de octubre de 1542, en Montepulciano, cerca de Siena, era sobrino, por parte de madre, del papa Marcelo II. Tuvo una excelente formación humanística antes de entrar en la Compañía de Jesús el 20 de septiembre de 1560. Los estudios de filosofía y teología, que realizó entre el Colegio Romano, Padua y Lovaina, centrados en santo Tomás y en los Padres de la Iglesia, fueron decisivos para su orientación teológica. Ordenado sacerdote el 25 de marzo de 1570, fue, durante algunos años, profesor de teología en Lovaina.
Sucesivamente, llamado a Roma como profesor en el Colegio Romano, le fue confiada la cátedra de “Apologética”; en la década en la que desempeñó tal encargo (1576-1586), elaboró un curso de lecciones recogidas después en el Controversia, obra súbito célebre por la claridad y la riqueza de contenidos y por el corte prevalentemente histórico. Había terminado hacía poco tiempo el Concilio de Trento y para la Iglesia Católica era necesario reforzar y confirmar su propia identidad también respecto a la Reforma protestantes. La acción de Belarmino se insertó en este contexto. Desde el 1588 al 1594 fue, primero, padre espiritual de los estudiantes jesuitas del Colegio Romano, entre los cuales conoció y dirigió a san Luis Gonzaga, después superior religioso. El Papa Clemente VII lo nombró teólogo pontificio, consultor del Santo Oficio y rector del Colegio de Confesores de la Basílica de San Pedro. Del 1597 al 1598 escribe su catecismo, Dottrina cristiana breve, que fue su trabajo más famoso.
El 3 de marzo de 1599 fue nombrado cardenal por el Papa Clemente VIII y, el 18 de marzo de 1602, fue nombrado arzobispo de Capua. Recibió la ordenación episcopal el 21 de abril del mismo año. En los tres años en los que fue obispo diocesano, se distinguió por el celo con que predicaba en la catedral, por la visita que realizaba semanalmente en las parroquias, por los tres Sínodos diocesanos y un Concilio provincial al que dio vida. Después de haber participado en los cónclaves que eligieron a los Papas León XI y Pablo V, fue llamado a Roma, donde formó parte de las Congregaciones del Santo Oficio, del Índice, de los Ritos, de los Obispos y de la Propagación de la Fe. Tuvo también encargos diplomáticos, en la República de Venecia e Inglaterra, defendiendo los derechos de la Sede Apostólica. En sus últimos años compuso varios libros de espiritualidad, en los cuales condensó el fruto de sus ejercicios espirituales anuales. De la lectura de los mismos el pueblo cristiano obtiene, todavía hoy, gran edificación. Murió en Roma el 17 de septiembre de 1621. El Papa Pío XI lo beatificó en 1923, lo canonizó en 1930 y lo proclamó Doctor de la Iglesia en 1931.
San Roberto Belarmino tuvo un papel importante en la Iglesia en las últimas décadas del siglo XVI y de los primeros años del siglo sucesivo. Sus Controversiae constituyeron un punto de referencia, todavía válido, para la eclesiología católica sobre las cuestiones acerca de la Revelación, la naturaleza de la Iglesia, los Sacramentos y la antropología teológica. En estos se acentúa el aspecto institucional de la Iglesia, con motivo de los errores que circulaban sobre tales cuestiones. Incluso Belarmino aclaró los aspectos invisibles de la Iglesia como el Cuerpo Místico y lo ilustró con la analogía del cuerpo y del alma, con el fin de describir la relación entre las riquezas internas de la Iglesia y los aspectos exteriores que la vuelven perceptible. En esta obra monumental, que intenta sistematizar las varias controversias teológicas de la época, él evita todo corte polémico y agresivo respecto a las ideas de la Reforma, y usa los argumentos de la razón y de la Tradición de la Iglesia e ilustra de un modo claro y eficaz la doctrina católica
Sin embargo, su legado se encuentra en la forma en la que concibió su trabajo. Los tediosos oficios de gobierno no le impidieron, de hecho, caminar hacia la santidad con la fidelidad a las exigencias de su propio estado de religioso, sacerdote y obispo. De esta fidelidad surge su compromiso con la predicación. Siendo, como sacerdote y obispo, antes que nada un pastor de almas, sintió el deber de predicar asiduamente. Hay centenares de sermones -las homilías- realizadas en Flandes, en Roma, en Nápoles y en Capua con ocasión de las celebraciones litúrgicas. No menos abundantes son sus expositiones y las explanationes a los párrocos, a las religiosas, a los estudiantes del Colegio Romano, que a menudo hablan de la Sagrada Escritura especialmente de las Epístolas de san Pablo. Su predicación y sus catequesis tienen este mismo carácter de sencillez que obtuvo de la educación jesuita, toda dirigida concentrar las fuerzas del alma en Jesús, profundamente conocido, amado e imitado.
En los escritos de este hombre de gobierno se advierte de modo claro, incluso en la reserva en la que esconde sus sentimientos, la primacía que asigna a las enseñanzas de Cristo. San Belarmino ofrece de esta manera un modelo de oración, alma de toda actividad: una oración que escucha la Palabra del Señor, que se colma con la contemplación de la grandeza, que no se encierra en sí misma, que se alegra de abandonarse a Dios. Un signo distintivo de la espiritualidad del Belarmino y la percepción viva y personal de la inmensa bondad de Dios, por el que nuestro Santo se sentía verdaderamente hijo amado por Dios y era fuente de gran alegría el recogerse, con serenidad y sencillez, en la oración, en la contemplación de Dios. En su libro De ascensione mentis in Deum -Elevación de la mente a Dios- compuesto sobre la estructura del Itinerarium de san Buenaventura, exclama: “Oh alma, tu ejemplo es Dios, belleza infinita, luz sin sombras, esplendor que supera el de la luna y del sol. Alza los ojos a Dios en el que se encuentran los arquetipos de todas las cosas, y del cual, como desde una fuente de infinita fecundidad, deriva esta variedad casi infinita de las cosas. Por tanto debes concluir: quien encuentra a Dios encuentra todas las cosas, quien pierde a Dios pierde todo”.
En este texto se oye el eco de la célebre contemplatio ad amorem obtineundum- contemplación para obtener el amor- de los Ejercicios Espirituales de san Ignacio de Loyola. El Belarmino, que vivió en la fastuosa y a menudo malsana sociedad de los últimos años del siglo XVI y la primera del siglo XVII, de esta contemplación recoge aplicaciones prácticas y proyecta la situación de la Iglesia de su tiempo con animosa inspiración pastoral. En el libro De arte bene moriendi -el arte de morir bien- por ejemplo, indica como norma segura del buen vivir y también del buen morir, el meditar a menudo y seriamente que se deberá rendir cuentas a Dios de las propias acciones y del propio modo de vivir, y evitar la acumulación de riquezas en esta tierra, sino de vivir sencillamente y con caridad para acumular bienes en el cielo. En el libro De gemitu columbae -El gemido de la paloma, donde la paloma representa a la Iglesia- exhorta con fuerza al clero y a todos los fieles a una reforma personal y concreta de la propia vida siguiendo lo que enseñan las Escrituras y los Santos, entre los cuales cita en particular a san Gregorio Nacianceno, san Juan Crisóstomo, san Jerónimo y san Agustín, además de los grandes fundadores de órdenes religiosas como san Benito, santo Domingo y san Francisco. Belarmino enseña con gran claridad y con el ejemplo de su propia vida que no puede haber una verdadera reforma de la Iglesia si primero no se da nuestra reforma personal y la conversión de nuestro corazón.
En los Ejercicios espirituales de san Ignacio, Belarmino daba consejos para comunicar de un modo profunda, también a los más sencillos, la belleza de los misterios de la fe. Escribió “Si tienes sabiduría, comprendes que has sido creado para la gloria de Dios y para tu salvación eterna. Esta es tu finalidad, este es el centro de tu alma, este es el tesoro de tu corazón. Por esto, considera bueno para ti, lo que te conduce a esta finalidad, verdadero mal lo que no lo hace. Sucesos prósperos o adversos, riquezas y pobreza, salud y enfermedad, honores y ultrajes, vida y muerte, el sabio no debe ni buscarlos ni evitarlos por sí mismo. Son buenos y deseables solo si contribuyen a la gloria de Dios y a tu felicidad eterna, son malos y evitables si la obstaculizan” (De ascensione mentis in Deum, grad. 1).
Estas, obviamente no son palabras pasadas de moda, sino palabras para meditar largamente hoy por nosotros para orientar nuestro camino sobre esta tierra. Nos recuerdan que el fin de nuestra vida es el Señor, el Dios que se ha revelado en Jesucristo, en el cual Él continua llamándonos y prometiéndonos la comunión con Él. Nos recuerdan la importancia de confiar en el Señor, de vivir una vida fiel al Evangelio, de aceptar e iluminar con la fe y con la oración toda circunstancia y toda acción de nuestra vida, siempre deseosos de la unión con Él. Gracias.
[El Papa dijo en español]
Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, en particular a las Aliadas Carmelitas Descalzas y a los demás grupos procedentes de España, Méjico, Chile y otros países de América latina. Que la enseñanza y el testimonio de vida de san Roberto Belarmino, ilumine también nuestro camino hacia Dios en la Iglesia. Muchas Gracias.
[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Copyright 2011 Libreria Editrice Vaticana]
Reflexión a las lecturas del domingo noveno del Tiempo Ordinario - A, realizada por el sacerdote don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DIA DEL SEÑOR"
Domingo 9º del Tiempo Ordinario A
Hemos escuchado y meditado, domingo tras domingo, el Sermón de la Montaña… Y ahora, ¿qué tenemos que hacer? De una manera o de otra, lo hemos venido señalando en nuestra reflexión de cada domingo. Ahora, termina Jesús estas enseñanzas diciendo que todo eso que hemos escuchado tenemos que llevarlo a la práctica…
Esta es la recomendación constante del Evangelio. Ahora no podía ser de otra manera…
Para eso, Jesús nos hace una comparación que todo el mundo entiende: En la construcción de una casa es muy importante, fundamental, algo que muchas veces no se ve: los cimientos.
Y Jesús nos dice que el que oye su Palabra y la pone en práctica se parece a un hombre “prudente” que edificó su casa sobre roca. Esa casa está garantizada. Aunque, venga una tempestad se mantendrá firme y segura…
Pero hay algún hombre “necio” que, al construir su casa, no se preocupa de los cimientos… La edifica sobre arena… Desde que venga una tempestad, se cae “Y se hundió totalmente”, dice el Evangelio Y esta construcción se parece al que escucha la Palabra de Dios y no la pone en práctica.
La cosa, por tanto, es clara: construir sobre roca o sobre arena.
Y, además, Jesús habla del que escucha la Palabra y la pone o no en práctica. Del que no escucha la Palabra no dice nada.
Por tanto, la parábola va por nosotros, los que practicamos, los que escuchamos la Palabra… ¿La ponemos en práctica?
Y ¿a quién se le va a ocurrir construir sobre arena? No hace falta ser un gran arquitecto para saber que eso no se puede hacer, que es una “locura”.
¡Oh, mis queridos amigos! ¡¡Cuántos son los que escuchan la Palabra de Dios y no la cumplen…!! O mejor, ¿quién de nosotros puede decir que cumple siempre, perfectamente, lo que el Señor nos enseña?
De este modo, el tema queda abierto a la perfección de la vida cristiana, a la santidad, a la que el Señor nos llama a todos.
Y esta es la única manera de entrar en el Reino de los Cielos que Jesucristo ha venido a traer a la tierra.
No vale, por tanto, sólo con rezar mucho… Ni siquiera con “hacer milagros”. Lo único que vale es hacer la voluntad del Padre, que lleva consigo el “ora et labora” de S. Benito.
Frente al culto vacío de los fariseos y escribas, éste es el verdadero culto que agrada al Padre: escuchar la Palabra, en este caso, el Sermón de la Montaña, y ponerla por obra…
De esta manera, Jesucristo, como un nuevo Moisés pone este domingo delante de nosotros maldición o bendición según sea nuestra actitud ante “los preceptos del Señor”. Y tendremos lo que elijamos. Es el mensaje de la primera Lectura…
Ahora, que nos disponemos a comenzar la Cuaresma de este año, tal vez no podíamos encontrar un texto mejor que éste para comenzar el camino…
En alguna ocasión, el Evangelio nos presenta a la Virgen María, como “la Mujer” que escucha la Palabra de Dios, y la pone en práctica…, como el modelo y el camino de la verdadera práctica cristiana…
Es hermoso y hasta emotivo terminar hoy nuestras reflexiones sobre el Mensaje Central del Reino, señalando a María, Madre de Dios y de la Iglesia, como la “Mujer” que ha edificado su casa, es decir, su vida, sobre la Roca viva que es Cristo, su Hijo. A Él todo honor y toda gloria ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
ZENIT nos ofrece por su interés la Declaración de Reconocimiento Recíproco del Bautismo entre la Conferencia Episcopal Española y la Iglesia Española Reformada Episcopal, que ha sido firmado hoy en Madrid.
“Confesamos un solo Bautismo para el Perdón de los Pecados”
1. La “Conferencia Episcopal Española” y la “Iglesia Española Reformada Episcopal”, asociada con su propia identidad eclesial a la Comunión Anglicana, conscientes de que el bautismo común es el primero y principal vínculo que une a los cristianos y que puede ayudarles a superar las divisiones que todavía los separan [1], no han dejado de alentarse al recíproco reconocimiento del bautismo. Lo hacen siguiendo las pautas del diálogo teológico anglicano-católico, reconociendo “con agradecimiento nuestra fe común en Dios nuestro Padre, en nuestro Señor Jesucristo y en el Espíritu Santo, y nuestro bautismo común en la única Iglesia de Dios” [2]
Lo hacen asimismo conforme a la doctrina de la Iglesia, que reconoce desde los tiempos apostólicos la legitimidad del único bautismo válidamente administrado. Conscientes asimismo de que el diálogo ecuménico ha ayudado a afianzar la convicción del carácter fundamental del bautismo en la obra de la edificación de la Iglesia [3] , al reconocer recíprocamente el bautismo que los une en Cristo, quieren dar cumplimiento a las recomendaciones de que este reconocimiento goce de una expresión autorizada [4].
Significado del bautismo
2. La única Iglesia, nacida del costado de Cristo dormido en la cruz [5], se manifiesta en el único bautismo, que eleva al hombre a la vida sobrenatural y por ello es llamado nuevo nacimiento (cf. Jn 3,3), fundamento de toda la vida cristiana y pórtico de la vida en el espíritu que abre el acceso a la participación eucarística [6]. El bautismo “es la incorporación a Cristo, el Crucificado y el Resucitado; es la entrada en la Alianza Nueva entre Dios y su pueblo” [7] mediante el cual los bautizados adquieren la común dignidad de cristianos y se incorporan a la comunidad de la Iglesia, cuerpo místico de Cristo y templo del Espíritu Santo.
3. Nuestro Señor Jesucristo conoció un bautismo practicado como medio de purificación ritual, y acudió a las aguas del río Jordán para ser bautizado por Juan, su Precursor, siendo señalado por él como “el cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Jn 1,29). “El que no cometió pecado” (1 Pe 2,21) quiso descender al agua para significar el lavado de nuestras impurezas, “cargando sobre sí nuestros pecados” (1 Pe 2,24).
4. Por el bautismo le es dado al cristiano participar sacramentalmente en la muerte y resurrección de Jesucristo, muriendo a todo pecado, original y personal, y resucitando a una vida nueva; de suerte que por el bautismo los cristianos son sumergidos en la muerte liberadora de Cristo y, crucificado con Cristo el «viejo Adán», y vencido el poder del pecado, los bautizados ya no son esclavos del pecado, sino libres, para que, totalmente identificados con la muerte de Cristo y sepultados con él, reciban, aquí y ahora, una nueva vida por el poder de su resurrección (Rom 6,3-11; Col 2,13; 3,1; Ef 2,5-6) [8]. Este sacramento del bautismo, que siempre invita a una conversión constante, es mandato de Jesucristo, que después de su resurrección envío a sus apóstoles a evangelizar bautizando para la salvación: “Id por todo el mundo y proclamad a todos la buena noticia. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, será condenado” (Mc16,16; cf. Mt 28,19-20).
5. El bautismo, sin embargo, no está cerrado en sí mismo como acto sacramental, sino que constituye el inicio de la vida cristiana, dando cauce a su pleno desarrollo gracias al don del Espíritu Santo, que marca a los bautizados con su sello, e implanta en sus corazones la prenda de su herencia en calidad de hijos e hijas de Dios [9]; y nutre la vida del cristiano, alimentando el desarrollo de la vida de gracia con el alimento de la palabra de Dios (cf. Mt 4,4) y del don sacramental del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, entregado por nosotros (cf. Lc 22,19-20; 1 Cor 11,24ss).
6. Creado por Dios a su imagen y semejanza (Gn 1,26) y caído en el pecado por su desobediencia (Rom 5,19), por el bautismo el hombre es liberado del pecado original en el que ha nacido, recibe el perdón de todos los pecados personales y por la obediencia de Cristo, “a quien Dios entregó a la muerte por nuestros pecados y resucitó para ser nuestra salvación” (Rom 4,25), obtiene la salvación y recibe aquellos dones que por nuestra desobediencia habíamos perdido [10].
7. El bautismo significa el «paso» y realiza la «pascua» mediante la cual Dios misericordioso “nos ha trasladado del dominio de las tinieblas y nos traslada al reino de su Hijo querido del que nos viene la liberación y el perdón de los pecados” (Col 1,13), y nos ha despojado del hombre viejo y “revestido de la criatura nueva, creada a imagen de Dios en orden a una vida verdaderamente recta y santa” (Ef 4,22-24; Col 3,9-10) [11].
Administración del bautismo
8. En obediencia al mandato de Cristo, la Iglesia, desde la época apostólica, administró el bautismo como medio de salvación que Dios ofrece a los hombres (cf. Hech 2,38; 8,16; 10,48; 19,5). El mismo san Pablo fue bautizado (cf. Hech 9,18; 22,16), al igual que eran bautizados cuantos se convertían personalmente a Cristo, e incluso familias enteras, incluyendo los niños junto con los adultos (cf. Hech 16, 15; 1 Cor1,14-16). Esta doble práctica de la Iglesia apostólica fue seguida por la Iglesia antigua durante los primeros siglos, si bien el bautismo de adultos, que sigue a la profesión de fe, preparado por el catecumenado que conducía a él es la práctica común de modo general hasta la difusión del cristianismo dando curso normal al bautismo de niños [12].
9. La Iglesia administró el bautismo a los niños y defendió su legitimidad, afirmando la iniciativa de Dios en la liberación del pecado, que por su carácter universal (cf. 1 Tim 2,4) alcanza también a los niños, que nacen también con “una naturaleza humana caída y manchada por el pecado original” [13]. El niño, en efecto, “nace en un mundo quebrado y participa de su ruptura”. De esta suerte, “los niños necesitan también el nuevo nacimiento del bautismo” [14]. Es por medio del sacramento de la regeneración por el agua y el Espíritu Santo como la promesa y exigencia del Evangelio se hacen realidad en los niños que son bautizados. Esta doble práctica del bautismo, de adultos y niños, por su propia legitimidad no es ni excluyente ni disyuntiva. El bautismo de niños “subraya la fe de la comunidad y la que el niño comparte con sus padres” [15] y ha de desarrollar con su ayuda y la de sus padrinos (padrino y/o madrina) [16].
Sobre la validez del bautismo
10. La validez del bautismo depende del correcto empleo del agua y de las palabras que acompañan el acto bautismal, así como la intención del ministro de hacer aquello que hace la Iglesia al bautizar siguiendo el mandato de Cristo [17]; y la intención de quien pide el bautismo personalmente, si es adulto [18]; o de quienes presentan a un niño al bautismo. Como el bautismo es un lavado, es administrado con agua derramada sobre la cabeza del bautizando (bautismo por infusión), o mediante su inmersión en la fuente bautismal. Aunque la inmersión puede expresar la participación en la muerte, sepultura y resurrección de Cristo, ambas formas son plenamente válidas. La aspersión colectiva no garantiza la validez, por la dificultad de realizar plenamente el simbolismo bautismal, si bien la aspersión puede servir de evocación litúrgica del bautismo válidamente recibido [19]. Al elemento material del agua, se une para la validez la invocación trinitaria «en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo» (Mt 28,19) por parte de quien administra el bautismo [20].
11. «La fe insuficiente de un ministro respecto al bautismo nunca ha hecho inválido el bautismo. Debe presumirse siempre la intención suficiente del ministro que bautiza, a menos que existan razones serias para dudar de que ha querido hacer lo que hace la Iglesia». [21] Aún cuando el bautismo de niños no requiere el acto de fe personal del bautizando, la validez del bautismo de niños se justifica por ser presentados al bautismo por sus padres o tutores con la garantía de la promesa de “educar a los niños en la fe cristiana dentro de la Iglesia y con su cooperación”. [22] Las promesas bautismales que se exigen de las personas adultas, en el caso del bautismo de niños son hechas, en nombre de los infantes, por los padres y padrinos, los cuales garantizan el crecimiento de los mismos, dentro de la Iglesia, en el conocimiento y seguimiento de Cristo [23]. Si no existe garantía de su educación cristiana, debe diferirse el bautismo y no debe otra Iglesia o Comunidad eclesial administrarlo.
12. El bautismo válido es en sí mismo un acto sacramental irrepetible [24]. La Conferencia Episcopal Española y la Iglesia Española Reformada Episcopal evitan siempre cualquier acto litúrgico que pudiera interpretarse como una repetición del bautismo [25], salvo que se trate del bautismo «sub conditione». Éste se confiere sólo ante la duda de que se haya dado un bautismo verdaderamente válido por razón de la materia o utilización del agua, de la invocación trinitaria o fórmula utilizada, o bien sobre la intención del que bautiza o del que recibe el bautismo. El principio de verificación de la validez de un bautismo consistente en la observación de todos los elementos que lo constituyen. Cuando existen fundadas dudas sobre la práctica bautismal de una determinada Iglesia o Comunidad eclesial, se ha de investigar dicha práctica antes de emitir un juicio sobre la validad de su bautismo [26].
13. La verificación de la práctica bautismal que ha de resolver las dudas existentes debe contar al menos con los siguientes elementos:
― Certificación del bautismo debidamente diligenciada por la Iglesia o Comunidad eclesial que haya administrado el bautismo de cuya validez se duda y cuya identidad se certifica, consignando en la certificación el libro o registro de donde se extraen los datos, firma y sello, si existiere en el acta o registro del bautismo.
― La forma de bautizar de acuerdo con los libros litúrgicos de la Iglesia o Comunidad que bautiza.
― La consulta a la autoridad eclesiástica superior, si fuere necesaria.
Si persiste la duda tras la investigación, el bautismo «sub conditione» nunca significa una reiteración sino la seguridad de la validez [27], debiendo explicarse al interesado el significado de este bautismo, que se administrará privadamente.
La Conferencia Episcopal Española y la Iglesia Española Reformada Episcopal, firmantes de la presente Declaración, que conservarán en sus respectivos archivos, reconocen el mismo y único bautismo válidamente administrado y recibido. Con esta Declaración manifiestan el acuerdo existente “en que el bautismo cristiano se realiza por el agua y por el Espíritu Santo” [28].
La Declaración no se manifiesta sobre la diferencia acerca de la naturaleza sacramental de la Confirmación. Esta diferencia no afecta al reconocimiento de la sacramentalidad del Bautismo y a su administración válida.
Con este reconocimiento recíproco del único bautismo, expresión del impulso del movimiento ecuménico, manifiestan al mismo tiempo su vivo deseo de que todos los bautizados en Cristo vivan como cristianos la común dignidad bautismal y se reconozcan como miembros de la Iglesia, que es su Cuerpo, y hermanos en el mismo Señor.
Madrid, 22 de febrero de 2011
Fiesta de la Cátedra del Apóstol San Pedro
POR LA CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA
Adolfo González Montes
Obispo de Almería
Presidente de la Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales
POR LA IGLESIA ESPAÑOLA REFORMADA EPISCOPAL
Carlos López Lozano
Obispo de la Iglesia Española Reformada Episcopal
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NOTAS
1 COMISIÓN DE FE Y CONSTITUCIÓN, Bautismo, Eucaristía y Ministerio (Lima 1982) [BEM]: Bautismo, n.6. PONTIFICIO CONSEJO PARA LA PROMOCIÓN DE LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS, Directorio para la aplicación de los principios y normas sobre el Ecumenismo (1993) [DE], n. 92; cf. Catecismo de la Iglesia Católica [CCE], n.1271.
2 COMISIÓN PREPARATORIA MIXTA ANGLICANA-CATÓLICO ROMANA, Relación de Malta (1968), n.1. Cf. COMISIÓN INTERNACIONAL ANGLICANA-CATÓLICO ROMANA, Relación final (1981), prefacio e introducción, n.1.
3 JUAN PABLO II, Carta encíclica Ut Unum sint, n.42.
4 BEM: Bautismo, nn.15-16. DE, n.94; IIª ASAMBLEA ECUMÉNICA EUROPEA DE IGLESIAS (Graz 1997): Recomendación 1.1.
5 VATICANO II, Constitución sobre la sagrada Liturgia Sacrosanctum Concilium (1963), n.5.
6 CCE, n.1213.
7 BEM: Bautismo, n.1.
8 BEM: Bautismo, n.3.
9 BEM: Bautismo, n.5.
10 MISAL ROMANO: Prefacio VII dominical del Tiempo ordinario.
11 BEM: Bautismo, n.4.
12 CCE, n.1247,1252; BEM: Bautismo, n.11.
13 CCE, n.1250.
14 CCE, nn.1250, 1256.
15 BEM: Bautismo, n.12 y comentario.
16 CCE, nn. 1254,1255.
17 CCE, n.1256.
18 Código de Derecho Canónico [de la Iglesia Católica Romana] (1983), can. 869 §2.
19 DE, n.95a, nota 105; cf. BEM: Bautismo, n.18.
20 CCE, n.1240; BEM: Bautismo, n.17; DE, n.93.
21 DE, n.95b.
22 BEM: Bautismo, n.11.
23 Cf. catequesis sobre el bautismo del Libro de Oración Común: Primer Oficio de Instrucción.
24 BEM: Bautismo, n.13.
25 CCE, n.1272; BEM: Bautismo, comentario al n.13.
26 DE, n.95c.
27 DE, n.99d.
28 BEM, n.14.
[©Conferencia Episcopal Española]
ZENIT nos ofrece por su interés para los lectores de lengua española la intervención íntegra de la presidenta de la asociación caritativa española Manos Unidas, Myriam García Abrisqueta, hoy durante la rueda de prensa de presentación del Mensaje del Papa para la Cuaresma 2011.
Antes de nada y con absoluta humildad, quiero dar las gracias al Señor por estar aquí para la presentación del mensaje de Su Santidad Benedicto XVI a la Iglesia universal para la preparación de la Cuaresma de 2011. Es para Manos Unidas un gran honor que el Pontificio Consejo Cor Unum nos haya elegido en esta ocasión para acompañarles y lo hago con la alegría y emoción que me produce poder compartir el tesoro de nuestra fe con Ustedes...
Como señala el documento, la Cuaresma es un tiempo para reavivar - para vivir de nuevo o vivir más intensamente - la gracia del Bautismo en nosotros. De la fuente del Bautismo brota el agua de la caridad - del amor gratuito y desinteresado - que a través de tantas asociaciones caritativas de la Iglesia distribuye los dones, bienes, ansias de justicia y talentos de los fieles entre los más pobres de todo el mundo. Y yo querría dar testimonio de esto.
El hombre ha sido creado por Dios con una inmensa dignidad y nos ha hecho hermanos unos de otros, hijos suyos, por esa condición también nos ha dado un corazón sensible a las necesidades de los más próximos a nosotros. Nos ha dado un corazón COMPASIVO, (que tiene la capacidad de moverse con auténtica Pasión por el otro...) Es teniendo en cuenta esta vinculación de hijos de Dios, este ser ungidos y elegidos por el Bautismo, y este ser regalados con el don del Amor como podemos explicar el nacimiento de Manos Unidas, pues nació como compromiso que brota de la vocación cristiana.
Las mujeres de la Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas, hace algo más de 50 años, lanzaron un grito de atención hacia el hambre en el mundo. En una hermosa expresión del "genio femenino" en la Iglesia, hicieron público un manifiesto en el que se unen de forma magistral su deseo natural de mujeres y la acción del amor de Dios en ellas. Así se ven movidas, por su naturaleza y como madres, a dar y proteger la vida; y como mujeres católicas llamadas por Jesucristo, "a dar testimonio de un amor universal y efectivo por la familia humana".[1] Como consecuencia de este manifiesto, las mujeres de la Acción Católica Española iniciaron "la Campaña contra el hambre", que llegó a ser Manos Unidas.
Ellas no podían permanecer tranquilas viendo el sufrimiento de los hombres que vivían y morían sin el derecho a la dignidad plena a la que habían sido llamados.
Y se pusieron a trabajar con verdadero espíritu de sacrificio y servicio para hacer posible que en España hubiera una conciencia mayor de amor al prójimo. Nunca pensaron que estaban haciendo algo distinto a lo que les exigía su condición de hijas de Dios y así seguimos pensando hoy en día.
Ya desde el principio entendieron que tenían que luchar contra el hambre de pan, el hambre de cultura y el hambre de Dios. Que lo tenían que hacer desde la sensibilización y la educación de nuestra rica sociedad, sin olvidar la importancia de lo pequeño, desde las acciones domésticas hasta la cooperación con los organismos internacionales y hacerlo, al mismo tiempo, a través de acciones concretas de desarrollo, donde la dimensión del amor siempre estuviese presente, pues siempre, desde nuestro origen, hemos pensado que el autentico desarrollo se da donde la persona es amada.
Desde entonces, esta asociación ha ido creciendo y hoy es una hermosa realidad, en la que participamos miles de hombres y mujeres. Siempre unida a la Iglesia, en la que nació y a la que pertenece.
A través del tiempo hemos ido fortaleciendo una espiritualidad profundamente eclesial, porque queremos servir a la Iglesia, queremos ser instrumento para llevar la verdad de Cristo y del Evangelio – al mundo - a través de la misión que la Iglesia en España nos ha encomendado: favorecer el desarrollo integral y auténtico en los pueblos en vías de desarrollo, unidos a los que de un modo u otro participan de nuestro trabajo, apostolado y servicio.
De este modo, esta organización de la Iglesia en España ha podido estar al lado de hombres y mujeres de más de 60 países a través de unos 25.000 proyectos de desarrollo.
Me gustaría insistir en que lo que hace posible nuestro trabajo en tantos proyectos y países - colaborando con misioneros, Cáritas locales, órdenes religiosas, ONG locales u organizaciones de base - es la vida bautismal que se desarrolla en las comunidades cristianas, pues nuestro trabajo tiene mayoritariamente su origen en la gratuidad que aportan miles de voluntarios distribuidos en delegaciones diocesanas, y en las pequeñas colectas hechas por fieles en parroquias y colegios de toda España, en una infinidad de pequeños gestos de personas que, como la viuda del evangelio, dando lo poco que tienen, lo dan todo. [2]
En efecto, Manos Unidas es una institución formada por voluntarios, puesto que, aunque hay profesionales que trabajan con nosotros, el peso de la responsabilidad lo llevamos los seglares que de modo gratuito, con sencillo espíritu de entrega, colaboramos como voluntarios en todos los campos en los que es necesario estar presente para llevar a cabo la misión encomendada. Podemos decir con alegría que en todas las parroquias, arciprestazgos y diócesis hay voluntarios que, según sus capacidades y posibilidades, aportan su tiempo, sus conocimientos, su sacrificio. Así nos unimosa todas las personas de buena voluntad que comparten nuestro sueño de compromiso gratuito, especialmente en este año 2011, que la Unión Europea ha consagrado a los voluntarios y que marca el décimo aniversario del Año del Voluntariado de las Naciones Unidas.
Con espíritu de fe y con una gran confianza en la Divina Providencia, Manos Unidas ha ido fortaleciendo la espiritualidad de sus voluntarios enraizada en nuestro Bautismo que nos hace ser testigos de un amor más grande, el amor de Dios por el hombre. Un amor que se expresó y materializó en la encarnación del Verbo, asumiendo la condición del hombre, pero que no se conformó con eso, sino que se quiso identificar con aquellos que menos tienen: "tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me recogisteis, estaba desnudo y me cubristeis…" [3]
Esta es la consecuencia de los que el Santo Padre llama "la aventura gozosa y entusiasmante del discípulo" [4] Es un claro ejemplo de la caridad operante que nace del bautismo. Es la caridad que no se pierde en un acto emocionalmente intenso, pero fugaz; sino que es sostenida por la Gracia en el tiempo.
Nuestro trabajo, en las instituciones de Caridad de la Iglesia, de modo discreto y seguramente secundario, no pretende otra cosa que ayudar al hombre de hoy a encontrarse con ese Cristo muerto y resucitado, para que descubran que todos, cada uno en su situación concreta, sin distinción de raza, sexo, color, cultura, edad, formación, están llamados a vivir la vida de Cristo.
Manos Unidas, con el resto de instituciones de la Iglesia que se dedican a la caridad, puede ayudar al hombre de hoy abriendo caminos por los que encauzar sus buenos propósitos, sus deseos de servicio y su auténtica vocación. La caridad, nos ha dicho el Santo Padre, es "es el mejor testimonio de Dios en el que creemos y que nos impulsa a amar. [5]
Cuando en el corazón del hombre se fomenta el desprendimiento, el servicio, la generosidad, el deseo de entregarse al prójimo, se está fomentando el rechazo de esa vida que quedó enterrada con el Bautismo que es la vida de pecado y de autosuficiencia que se mantiene en nuestro interior.
Termino estas palabras que se me ha pedido dirija con motivo del comienzo de la Cuaresma de este año dando gracias a Su Santidad por sus enseñanzas que nos ayudan a todos a poner de nuevo las cosas en su sitio, a redescubrir la necesidad de vivir el Evangelio con sencillez y humildad, pero también con generosidad y entrega. Su última Carta Encíclica sobre el desarrollo humano integral en la caridad y en la verdad, Caritas in veritate ha sido un nuevo aliento en nuestro trabajo diario por hacer de este mundo algo más hermoso, donde Cristo se pueda hacer presente.
Espero que esta Cuaresma nos traiga el fruto deseado: la Resurrección y la Vida Eterna que el Señor ha ganado para todos en la Cruz, en su sacrificio redentor.
Pongo a disposición del Señor, el trabajo de todos los que estamos al servicio de la CARIDAD, nuestras Manos y Corazones Unidos.
Muchas gracias.
_______________________
1 Manifiesto de la UMOFC. 2 de julio de 1995
2 Cf. Mc.12, 41-44
3 Mt 25, 35ss
4 Homilía en la fiesta del Bautismo del Señor, 10 de enero de 2010
5 DCE 31
[Texto publicado por el Vatican Information Service]
Guión litúrgico para el Día de Hispanoamérica 2011, publicado por el Secretariado de la Comisión de misiones de la CEE, con el lema “Jóvenes misioneros para un continente joven”, una jornada que la Iglesia española celebra cada primer domingo de marzo (en la Diócesis de Tenerife lo haremos el domingo 13 de marzo) para actualizar su compromiso misionero con el continente hermano.
JÓVENES MISIONEROS PARA UN CONTINENTE JOVEN
GUIÓN LITÚRGICO
Domingo, 6 de marzo de 2011
IX domingo del tiempo ordinario
Introducción
La comunidad cristiana se reúne como cada domingo para escuchar la Palabra de Dios y celebrar el sacramento de la Eucaristía.
En el encuentro con Jesús, su Espíritu Santo nos llena de renovada vitalidad, para que con el espíritu siempre joven salgamos nosotros también al encuentro de nuestros hermanos en la misión.
Hoy, además, la Iglesia en España celebra el «Día de Hispanoamérica »; en el contexto de la preparación para la próxima Jornada mundial de la Juventud de Madrid, el lema nos invita a quemiremos hacia este joven continente y hacia los jóvenes: «Jóvenesmisioneros para un continente joven».
Acto penitencial
Dios nos ofrece su Palabra para que la escuchemos con fe y la proclamemos con confianza.
– Hijo único de Dios, Palabra hecha carne. Señor, ten piedad.
– Hijo del hombre, solo Tú tienes palabras de vida eterna. Cristo, ten piedad.
– Verbo eterno del Padre, que nos haces hijos de Dios. Señor, ten piedad.
Monición a las lecturas
Las lecturas de la liturgia de este día nos invitan a que interioricemos la Palabra de Dios, a que no la escuchemos de manera fríao indiferente y la dejemos pasar de largo, sino que la acojamos demanera que cale en nuestro corazón, nos afiancemos en ella ydejemos que fructifique en nuestras vidas. Como dice el Papa en su Exhortación apostólica sobre la Palabra de Dios, hay que «revalorizarla Palabra divina en la vida de la Iglesia» porque la Palabra es «fuente de constante renovación» y así «sea cada vez más el corazón de toda actividad eclesial» (n. 1). Por eso nos disponemos a acogerla con espíritu de gratitud y de humilde escucha.
Ideas para la homilía
– Dios nos ofrece su Palabra como su supremo gesto de amor: como una bendición que es fuente de vida. La Palabra de Dios es un ofrecimiento a nuestra libertad: podemos escuchar la Palabra y seguirla o seguir otras voces (primera lectura). La respuesta debe ser de corazón, pero tampoco quedarse en el corazón: hay que llevarla a la vida para que sea también el signo visible de nuestra fe en el Dios que nos confía su Palabra.
– Lo que nos salva es la fe, entendida como relación personal con Dios, no la literalidad de lo escrito en la Palabra de Dios; Dios nos salva porque nos ha redimido en Cristo (segunda lectura). No es razonable quedarse en palabras humanas, sin llegar a la Palabra hecha carne, que ha muerto y resucitado por nosotros.
– El Evangelio es la invitación de Jesús a que edifiquemos la vida cristiana sobre roca, es decir, a no ser oyentes olvidadizos de la Palabra de Dios, sino a ser, como María, de aquellos que escuchan la Palabra y la ponen en práctica.
– En el corazón de toda persona humana resuena siempre lapregunta de cómo alcanzar una vida plena y feliz (cf. Mensaje Día de Hispanoamérica, n. 2). La respuesta está en que Dios nos dirige de forma más personal y directa: «Ven y sígueme». Es «una propuesta de amor» de parte de Jesús que pide una «respuesta de amor» por parte nuestra (cf. Mensaje, n. 3).
– «La extraordinaria fuerza atractiva que ejerce en las personas la llamada personal de Jesucristo» (Mensaje, n. 4) es la única explicación adecuada para entender el dinamismo de continua renovación de la Iglesia y su constante impulso misionero. La llamada de Jesús a seguirle hace que la Iglesia se mantenga siempre joven y abierta a las cambiantes necesidades de las personas, los pueblos y el mundo entero. Por el contrario, cuando la Iglesia se cierra a la llamada delSeñor, se anquilosa y se encierra en sí misma.
– El Día de Hispanoamérica es una ocasión propicia para que las comunidades cristianas en España reflexionen sobre la urgencia de renovarse y abrirse para que el Evangelio llegue a los jóvenes de aquí, pero también del continenteamericano.
Oración de los fieles
Dios, nuestro Padre, nos entrega su Palabra y nos invita a confiar en Él. Por eso, pedimos con la confianza de reconocernos como hijos suyos:
– Por el Papa, los obispos y todos los pastores, para que alimenten abundantemente a los fieles con el pan de la Palabra y el de la Eucaristía. Roguemos al Señor.
– Por toda la Iglesia, para que la vida de todos los cristianos se edifique cada vez más sobre la roca de la Palabra de Dios. Roguemos al Señor.
– Por los jóvenes, para que encuentren en Cristo, Palabra viva de Dios, la respuesta a sus ideales e ilusiones. Roguemos al Señor.
– Por los misioneros y misioneras que están en América Latina, en especial los sacerdotes de la OCSHA que celebran sus «bodas de oro sacerdotales», para que renueven su vocación y servicio en aquellas comunidades cristianas. Roguemos al Señor.
– Por la Iglesia en España para que la próxima Jornada mundial de la Juventud sea ocasión de renovar el espíritu joven y misionero de todos nosotros. Roguemos al Señor.
Escucha, Padre de bondad, la oración de tu Iglesia y atiende con misericordia su plegaria. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Monición de ofertorio
Presentamos el pan y el vino: son los dones que recibimos de Dios y que las palabras de Jesús y su Espíritu consagrarán como Cuerpo y Sangre de Cristo.
Presentamos el cartel de esta Jornada misionera para que durante la celebración eucarística nos ayude a estar unidos y rezar por el continente americano.
También presentamos la colecta, como signo de la ayuda fraterna que deseamos compartir con los que en América Latina gastan y desgastan su vida por llevar la Palabra de Dios a ese continente.
Oración sobre el pueblo y bendición final
Dios, Padre nuestro, que has enviado a los hombres a tu hijo Jesucristo, Palabra de vida, haz que tu pueblo se afiance en esta roca y permanezca siempre arraigado y cimentado en Cristo, firme en la fe. Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor.
Juan F. Martínez Sáez, FMVD
Colaborador del Secretariado de la CEM
ZENIT nos ofrece el Mensaje para el Día de Hispanoamérica en las diócesis españolas (que se celebra este domingo 6 de marzo), de la Pontificia Comisión para América Latina, y hecho público por la Conferencia Episcopal Española.
MENSAJE DE LA PRESIDENCIA DE LA PONTIFICIA COMISION PARA AMERICA LATINA
con motivo del Día de Hispanoamérica en las diócesis de España
- Domingo 6 de marzo de 2011 -
1. La Pontificia Comisión para América Latina dirige un saludo cordial a todos los fieles de la Iglesia en España y se une con gozo a la celebraci6n del Día de Hispanoamérica de este año 2011, inspirada por el lema «Jóvenes misioneros para un Continente joven». El lema escogido para este desafío, ademas de brindamos una ocasi6n privilegiada para renovar la solicitud especial de la Iglesia por sus miembros mas jóvenes, se enmarca significativamente en el contexto de la preparación para la próxima Jornada Mundial de la Juventud que se desarrollara en la ciudad de Madrid en el mes de agosto.
2. Hace un año, en el contexto de la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud del 2010, el Santo Padre se refirió ala figura del joven rico, concretamente a la pregunta «¿que tengo que hacer para heredar la vidaeternaa?» (Mc 10, 17), frase que constituyo el lema de dicha Jornada. Y en efecto, la reflexión acerca del lugar de los jóvenes en la vida de la Iglesia encuentra en ese famoso encuentro de Jesús con este personaje del Evangelio una magnifica fuente de inspiración. En aquella pregunta emblemática, esta representada de alguna manera una inquietud que está en el corazón de todo joven, especialmente en esa etapa de la vida tan marcada por la búsqueda del sentido de la existencia. Pero esta pregunta se presenta de muchos modos; algunas veces como un deseo explicito de encontrar a Dios y conocer su concreto designio; otras veces tal vez de manera un poco vaga, como la búsqueda espiritual de un sentido mas alto que de significado a la existencia mas allá de las experiencias terrenas; otras veces, en cambio, aparece como un peso silencioso que agobia el corazón de la persona y se traduce en desasosiego o un cierto vado que no logra explicar; tampoco faltan quienes creen haber encontrado ese sentido definitivo en las mismas realidades mundanas, acallando poco a poco la voz de su conciencia. ¡Pero la pregunta esta siempre allí!, aunque muchas veces se presente de manera un tanto velada.
Hoy en día el mundo, ayudado por el avance de las ciencias y el desarrollo de la técnica y las comunicaciones, con la inmensa gama de posibilidades que estas ofrecen, parece tener mucho que proponer al corazón hambriento de los jóvenes: ¡tantas ofertas falsas de felicidad! Y ante ella, la Iglesia, «experta en humanidad», como gustaba decir el Papa Pablo VI, no deja de recordar a los hombres y mujeres de todo el mundo la verdadera respuesta que solo el Maestro posee, la única capaz de colmar el corazón humano y de ofrecer a la persona el mas alto ideal de realización y felicidad posibles; y esa respuesta es El mismo, la persona misma de Jesucristo. No son pocos los que en algún momento de su existencia se topan con esta respuesta, pero como sucedió al joven que se encontró cara a cara con Jesús, atados alas cosas de este mundo, enamorados de tantas ilusiones, no tienen la valentía suficiente para seguirlo y se vuelven entristecidos. Otros, en cambio, al descubrir en Cristo el horizonte infinito del amor y el ideal mas grande al que se puede aspirar, se deciden a ser de sus discípulos, y reflejan en su opción las bellas palabras del apóstol Pedro: «Señor, ¿donde quien vamos a ir, si solo Tu tienes palabras de vida eterna?» (In 6, 68).
3. La Iglesia renueva hoy mas que nunca su confianza en los jóvenes, en su deseo profundo de encontrar un sentido alto de la existencia y en su capacidad de conocer la verdad. De hecho son muchos los que hoy en día, con madurez, escuchan la voz de Cristo y se deciden a ir mas allá de sus aspiraciones terrenas o de sus proyectos personales, llegando a descubrir en É1 aquella respuesta que calma la nostalgia del corazón humano. «Ven y sígueme», son las palabras que brotaron de los labios del Señor luego de que, como dice el Evangelista, É1 miro fijamente a los ojos al joven rico «y le amó». Fue, como dice el Santo Padre, «una propuesta de amor», que solo puede realizarse en la vocación a la vida cristiana si esta es realmente «una respuesta de amor» (Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la XXV Jornada Mundial de la Juventud, 28 de marzo de 2010).
La Iglesia, por tanto, invita incansablemente a los jóvenes a no dejar de lado aquellas preguntas fundamentales de la existencia: ¿en que consiste la verdadera felicidad?, ¿como podre saciar mis aspiraciones mas hondas?, ¿cual es el camino que conduce a la verdadera vida? Asimismo, les invita a no tener miedo de encontrar la respuesta y de abrazarla con toda la energía propia de la edad juvenil. El Señor dirige incansablemente su mirada de amor hacia cada hombre y mujer que peregrina en la Tierra y lo llama a seguirlo. Pero Él tiene una mirada especial para los jóvenes, a quienes invita también hoy a ser discípulos suyos y misioneros en medio del mundo. A algunos, ciertamente, los llama a seguirlo mas de cerca para que consagren su vida al anuncio del Reino, o a configurarse a su corazón sacerdotal a través del misterio del sacramento del Orden.
4. Ciertamente no son tiempos fáciles para el sacerdote. Hace algunos años, siendo Cardenal y Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el ahora Papa Benedicto XVI, en una homilía durante la celebración de la primera misa de un sacerdote, se preguntaba: «¿Tiene sentido hacerse sacerdote en un mundo en el que no existe otra meta que el progreso técnico y social? ¿Tiene futuro la fe? ¿Merece la pena jugarse la vida por esta única carta? ¿No es el sacerdocio una reliquia del pasado, ya superada, que ya nadie mas necesita, pues todas las fuerzas deben ser aunadas para dominar la miseria y hacer crecer el progreso?» A partir de allí el Cardenal puntualizaba que el mundo necesita de pastores que se preocupen por el alma del hombre y Ie ayuden a no perderla en el barullo diario. Se puede decir que la respuesta a estas preguntas ha sido uno de los hilos conductores de las enseñanzas de Benedicto XVI sobre el sacerdocio en el mundo actual. Recientemente, en la carta dirigida a todos los seminaristas del mundo, nos recuerda: «Si, tiene sentido ser sacerdote: el mundo, mientras exista, necesita sacerdotes y pastores, hoy, mañana y siempre» (Carta que el Papa Benedicto XVI ha dirigido a los seminaristas de todo el mundo, con motivo de la Clausura del Año Sacerdotal, 18 de octubre de 2010).
Resultan un tanto provocativas las palabras del Papa. ¡Hoy mas que nunca el sacerdote es en el mundo signo de contradicción! Y es que a pesar de las crisis existentes y de 1os datos de la ciencia estadística que no siempre son favorables, sigue sorprendiendo al mundo el que aun hoy en día, con todo lo que este tiene para ofrecer a los jóvenes, muchos sigan optando por un camino de radical renuncia y entrega. ¿Como explicar una decisión de esa naturaleza en medio de la cultura contemporánea? ¿Que motivación puede impulsar a un joven a optar por un ideal que con frecuencia va en la dirección exactamente opuesta a lo que la gran mayoría considera humanamente deseable? Ello solo se explica por la extraordinaria fuerza atractiva que ejerce en las personas la llamada personal de Jesucristo.
Por ello la Iglesia sigue haciendo eco de la llamada de Jesús, aquella que dirigió a sus primeros apóstoles y que dirige también a los mas jóvenes; aquella invitación a Pedro a ser «pescador de hombres» (Lc 5,8); aquel escueto pero convincente «sígueme» (Mt 9,10) que dirigió a Mateo y que llevo repentinamente a cambiar de vida y a dejarlo todo por Cristo. Esa llamada se ha seguido repitiéndose en la vida de muchos hombres y mujeres que han respondido y que en los últimos dos mil años de la vida de la Iglesia nos han dejado innumerables testimonios de heroísmo y de una vida de plena realización en el seguimiento de Jesús. Ese mismo llamado se dirige hoy de manera personal a nosotros e interpela de manera especial al corazón lleno de entusiasmo y de fuerza proprio de los jóvenes. Es cierto que, señalan los Obispos de América Latina en el Documento Conclusivo de la V Conferencia General de Aparecida: «El llamado a ser discípulos misioneros nos exige una decisión clara por Jesús y su Evangelio, coherencia entre la fe y la vida, encarnacion de los valores del Reino, inserción en la comunidad y ser signo de contradicción en un mundo que promueve el consumismo y desfigura los valores que dignifican al ser humano» (Documento Conclusivo, Mensaje Final). Es su ser "discípulo y misionero" aquello que define mejor al sacerdote: «estar con Él y ser mandado por Él» (Cf. Mc 3,14): «Solo quien esta con Él aprende a conocerlo y es capaz de anunciarlo realmente. Quien esta con Él, no retiene para sí aquello que ha encontrado, sino que siente la necesidad de comunicarlo» (Audiencia General, 11 de septiembre de 2006). Verdaderamente aquello que mejor define al sacerdote es su unión personal a Cristo y el conocimiento que de Él tiene en cuanto discípulo suyo.
5. ¡EI mundo necesita sacerdotes! ¡Sacerdotes santos! Lo confirma la experiencia de muchos hombres que con extraordinario valor y con total gozo entregan su vida a diario en los mas recónditos lugares del mundo. España tiene una historia rica en vocaciones misioneras. Y es una característica que se ha venido haciendo patente también en la vida de miles de sacerdotes pertenecientes a la Obra de Cooperación Sacerdotal Hispanoamericana, que en estos últimos tiempos han escuchado el llamado apremiante del Señora «anunciar la Buena Nueva hasta los confines de la Tierra» (Mt 28,19; Hch 1,8) y han respondido con extraordinario desprendimiento y generosidad. Hemos de elevar por ellos una especial oración de gratitud a Dios y recordar al mismo tiempo, con particular afecto, a los que en este año 2011 cumplen 50 años al servicio de esta misi6n tan importante.
Elevemos al Señor, por intercesión de María Santísima, Madre de todos los sacerdotes, sus hijos predilectos, una oración por todos sacerdotes del mundo, especialmente por los que se encuentran en lugares alejados y padecen cualquier tipo de necesidad, y por aquellos que son perseguidos por actuar en nombre de Cristo. Y al mismo tiempo, no dejemos de dirigir nuestra oración perseverante al Dueño de la Mies, ¡para que envíe cada vez mas obreros a trabajar en su viña! (Lc 10,1-12).
Cardenal MARC OUELET
Presidente
OCTAVIO RUIZ ARENAS
Vicepresidente
La secreteria general de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana ha enviado a la Agencia Fides una nota sobre la educación publica en el país, y de forma específica sobre la Educación Religiosa.
La Educación Religiosa
La Conferencia Episcopal Ecuatoriana agradece al Señor Dios por algunos logros recientes en materia de educación. Al extender a todo centro escolar particular la posibilidad de ser cofinanciado por el Estado, al garantizar la educación no estatal y al prever un currículo de estudio integrado por elementos procedentes también del ideario de cada institución, la nueva Ley Orgánica de Educación Intercultural traerá ciertamente un significativo avance para la vigencia de la libertad educativa en nuestro país.
Sin embargo, la plena libertad de educación seguirá siendo en el Ecuador una prerrogativa de la que la mayor parte de ciudadanos queda excluida. Y esto, gracias a la Asamblea Legislativa que, por una mayoría circunstancial, ha restringido el derecho constitucional que ampara a todos los padres de familia a escoger para sus hijos la educación según sus principios y creencia. Este derecho se niega a todos los que – en gran parte por razones económicas – deciden acudir a los establecimientos del Estado.
El derecho que se ha negado consiste en la posibilidad de que, a los estudiantes cuyas familias libremente lo solicitaren, se les imparta una enseñanza religiosa y moral en cualquier establecimiento, de acuerdo con las propias convicciones. Por ser una asignatura curricular, esta enseñanza es algo bien distinto de la catequesis y de la educación en la fe, realizada en iglesias y centros de culto. Se trata de una enseñanza que integra la propia tradición religiosa, conforme a la conciencia familiar, en la formación cultural completa. Además, los mismos derechos educativos se refieren también al tipo de educación de la afectividad y de la sexualidad, que jamás puede prescindir de la participación de los padres.
Los Obispos del Ecuador recogemos la voz de una gran mayoría de familias ecuatorianas, de innumerables educadores y de amplísimos sectores de la sociedad (no sólo católicos) que, hoy más que nunca, sienten la tarea grave de la educación como su primera responsabilidad y no están dispuestos a ceder sus derechos por ningún cálculo político o vetustos prejuicios ideológicos.
Como nos recuerda el Papa Benedicto XVI, sólo una esperanza razonable y el amor a la vida son el alma de una verdadera educación. La sed de la verdad y del auténtico bien, que caracteriza el corazón de la niñez y de la juventud, no pueden quedar abandonados ante el desafío de la vida; no deben sucumbir a la imposición de un mal entendido laicismo estatal. La libertad educativa es un precioso tesoro que nunca dejará de interpelar a una sociedad democrática.
Sólo una educación que eduque a la razón y a la libertad, según los principios religiosos y morales de la familia, podrá ofrecer a la convivencia civil las propias bases del bien común garantizado por un auténtico Estado de Derecho. La evidente inconstitucionalidad de lo actuado por la Asamblea que, para “precautelar la educación laica”, no ha tenido reparo en coartar los derechos constitucionales de los ciudadanos merece una movilización general de la conciencia ciudadana; a través de sus legítimas organizaciones, la sociedad tiene todo el derecho de acudir a las instancias competentes previstas por el marco constitucional vigente, y hacer valer así sus justas razones.
Quito, 2 de marzo de 2011
SECRETARÍA GENERAL DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL ECUATORIANA
REDACCIÓN DE "IGLESIA NIVARIENSE"
c. San Agustín, nº 28
38201. La Laguna. Tenerife.
Tfno. 922-25 86 40 / Extensión 8
e-mail: iglesianivariense@obispadodetenerife.es
Boletín 425
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Con ocasión del Día del San José, los seminaristas han comenzado a hacerse presentes en distintas comunidades y ámbitos pastorales para realizar la Campaña Vocacional del presente curso. El lema de la presente campaña es “el sacerdote, don de Dios para el mundo”. Este fin de semana en concreto se encuentran, entre otras, en las parroquias y algunos centros educativos de El Hierro y La Palma y algunos lugares de Tenerife.
El próximo sábado, 5 de marzo, a las 20:00 horas en la parroquia Matriz del Apóstol Santiago, los Realejos, tendrá lugar una vigilia de oración por las vocaciones tanto sacerdotales como religiosas, pero con una intención especial a las del ministerio ordenado, con ocasión de celebrar el día 19 de marzo en toda nuestra Diócesis, el Día del Seminario. La vigilia estará animada por varios seminaristas.
El número correspondiente al mes de marzo de la revista ‘Iglesia Nivariense’ contiene un cuadernillo interior especial dedicado al Seminario Menor, ‘cantera de servidores’.
Ha finalizado el plazo para la recepción de las evaluaciones del PDP en los distintos ámbitos y sectores pastorales, aunque aún no se han recibido todas las respuestas. La Vicaría General elaborará una síntesis y una primera propuesta al próximo Consejo Diocesano de Pastoral a celebrar el 19 de marzo, a fin de ir trabajando el futuro Plan de Pastoral
El miércoles comienza la cuaresma, las propuestas de la delegación de liturgia la pueden descargar desde la web del obispado. Igualmente este es un tiempo en que sucederán los retiros e iniciativas pastorales para prepararnos a vivir la Pascua.
Por otro lado, el sábado 12, el Obispo dirigirá un retiro cuaresmal en la Catedral. También distintos arciprestazgos ofertan acciones similares en sus zonas, o alguna delegación como la de pastoral con jóvenes o cáritas hace también lo propio
Coincidiendo con los días de carnaval, los sacerdotes más jóvenes de la diócesis están invitados a la tradicional convivencia anual. Convivencia que tendrá lugar en distintos enclaves de la isla colombina. Será el sacerdote José Ruiz García, de la Diócesis de Murcia quien guie las jornadas de reflexión, estudio y oración con el tema “claves para vivir en el ministerio, el misterio de la cruz”.
El Ayuntamiento de Hermigua celebrará el próximo domingo día 6 de marzo pleno extraordinario para nombrar Hijo Adoptivo a D. Mario Lhermet. Don Mario, del que se cumplieron treinta años de su fallecimiento el día once del pasado mes de enero, demostró, durante casi cuatro décadas, su amor por Hermigua en su labor como párroco y como fundador y mantenedor de un centro de enseñanza secundaria "La academia de Hermigua".
Las escuelas Católicas (FERE-CECA y EyG) inicia este viernes en Oviedo sus XX Jornadas de Pastoral Educativa, ‘Pastoral en 3D. Ensayo de complicidad espiritual’, que se celebrarán hasta abril en nueve ciudades españolas –los días 1 y 2 de abril en Tenerife– y a las que asistirán delegados de congregaciones, responsables de pastoral en centros educativos y profesores.
El neopresbítero Carmelo González tomó posesión de las parroquias de Ntra. Sra. de Candelaria (Chipude), Las Nieves (La Dama) y Ntra. Sra. de la Salud (Arure), en La Gomera. Además, Carmelo será el capellán del hospital Nuestra Señora de Guadalupe en la capital gomera.
En las Salas Capitulares, se firmaba “el contrato de ejecución del proyecto de reposición de las cubiertas de la Catedral de La Laguna, II fase”. Por parte de la diócesis firmaba el vicario para los Asuntos Económicos, Julián de Armas y, por parte de la empresa constructora lo hacía Víctor Rodríguez Rodríguez.
El material que se empleará en las obras del primer templo de la Diócesis es innovador. La durabilidad estimada del mismo será de hasta 300 años y antes de proceder a abordar la colocación de la nueva cubierta del templo se construirá una bóveda tipo y se someterá a un proceso de pruebas durante unos tres meses para ver si su resistencia es la adecuada.
El domingo 27 de marzo, a las 13 horas serán bendecidas las instalaciones de la nueva casa de la Orden de los Hermanos de Belén, ubicada en la segunda transversal del camino de Fuente Cañizares, en La Laguna.
Con este motivo de la pronta inauguración de la casa obra de la Diócesis que ha entregado a la Orden, los Hermanos de Belén están organizando un almuerzo con la finalidad de obtener fondos para terminar esta casa-residencia para atender en ella 30 ancianos pobres y desvalidos. El almuerzo está previsto para el día 3 de Abril, domingo, una semana después de la bendición,
“Jóvenes misioneros para un continente joven” es el lema del Día de Hispanoamérica 2011, una jornada que la Iglesia española celebra cada primer domingo de marzo (en la Diócesis lo haremos el domingo 13 de marzo) para actualizar su compromiso misionero con el continente hermano.
Ya está todo listo para la Jornada de Trabajo de Equipos Prematrimoniales que se celebrará el 12 de marzo en horario de 16:00 a 20:30 horas en el Seminario Diocesano. El ponente que guiará los trabajos será Víctor M. Oliva García, ecónomo diocesano y profesor de Moral y Derecho Canónico Matrimonial en el Centro de Estudios Teológicos. La reflexión de la jornada llevará por título: MATRIMONIO: UN PROYECTO, UNA REALIDAD, UNA PLENITUD.
El arciprestazgo de Granadilla organiza las II Jornadas de Formación Arciprestal en la Fe y la Acción Pastoral. Las mismas se desarrollarán en LLano del Camello, S. Miguel de Abona, entre el 21 y el 25 de marzo, en horario de 19.30 a 21.30.
Desde el Arciprestazgo de Santa Cruz de La Palma, se propone por tercer año consecutivo un “espacio abierto a los agentes de pastoral y a todos aquellos que quisieran aprovechar unos días para mejorar la formación en su fe y en su tarea pastoral”. Los talleres se desarrollarán del lunes 14 hasta el viernes 18 de Marzo, entre las 20 y 21.30 horas en el colegio de La Palmita.
El lunes 28 de febrero, tuvo lugar un encuentro formativo con los obispos y sacerdotes que colaboran en la programación de Radio María, que en la actualidad son 66 repartidos por las diferentes diócesis españolas. Entre ellos, tres son sacerdotes de la Diócesis Nivariense.
En la capilla del Hospital S. Juan de Dios se celebrará una Eucaristía el día 8 de marzo, martes, a las 12.00 horas, con motivo de la festividad del fundador San Juan de Dios. La misma estará presidida por el Obispo Nivariense, Bernardo Álvarez.
"San Salvador de Horta: historia, tradición y arte" es el título del libro que ha escrito el profesor Modesto Jiménez Pérez, obra que fue presentada el lunes, en el salón de plenos del Cabildo de El Hierro. Esta publicación es un trabajo complejo e interdisciplinar. Su autor ha buceado en distintas fuentes para entretejer el rompecabezas de la historia de la talla de San Salvador de Horta, sobre todo en El Hierro, y su vinculación con la festividad votiva herreña por excelencia, esto es, la cuatrienal Bajada, de ahí el subtítulo del libro: "la talla del franciscano de Horta y la Bajada de la Virgen de los Reyes en la isla de El Hierro".
Tras su paso por Tenerife, la presidenta nacional de Manos Unidas, Myriam García Abrisqueta, visitó la isla de La Palma, dentro del programa de actos para conmemorar la entrega del Premio Príncipe de Asturias a la Concordia. García estuvo acompañada por la ex presidenta nacional y la delegada de esta ONG católica para el desarrollo en la diócesis. En la isla, la presidenta pudo realizar un acto de agradecimiento y sensibilización en la parroquia de El Salvador, en S/C de La Palma. Igualmente, Myriam García se reunió con voluntarios y cooperadores de Manos Unidas. Por último, los representantes de esta organización se desplazaron a los Llanos de Aridane, donde pudieron departir con el párroco de Los Remedios y otros voluntarios de la zona.
Este de marzo se cumplen 400 años de la fundación del convento de San Pedro Apóstol, el convento dominico que se construyó en Hermigua, y con tal motivo la comunidad parroquial y las instituciones públicas han preparado una serie de actos religiosos y culturales.
El pasado sábado se reunía en el Seminario, el Consejo Diocesano de Cáritas. Bajo la presidencia del Director de la institución, los representantes de los distintos sectores y arciprestazgos revisaron los acuerdos tomados en el Consejo extraordinario de diciembre y fueron informados sobre los depósitos de las Cáritas arciprestales. Además, se evaluó la Escuela de Otoño, se hizo un avance del informe económico de 2010 y de la memoria de actividades de ese periodo. Entre otras cuestiones, también se dedicó un tiempo a la preparación del Encuentro de Pastoral Social a realizar el próximo diez de abril.
Y a ti... ¿Te importa la familia?" Esa es la pregunta que ha servido a convocar, en la parroquia de Cuevas Blancas a distintos agentes de pastoral en esta acción promovida por el arciprestazgo de Taco, dentro de este año de especial atención a la familia. Ramón Acosta, médico y agente de pastoral en este sector, ha compartido con los participantes distintas iniciativas a partir de lo que afirma el magisterio de la Iglesia sobre la preparación remota, próxima e inmediata al matrimonio.
Los coordinadores arciprestales de catequesis y los miembros de este departamento diocesano dan un paso más este sábado en la preparación del venidero Encuentro Diocesano de Catequistas a celebrar, en el Seminario Diocesano, el próximo 27 de marzo. Además, esta cita sirve para realizar la evaluación del proyecto de catequesis de los pasados cuatro años y proponer algunas orientaciones de fondo para el venidero Plan de Pastoral Diocesano.
‘Muerte, morir, duelo y esperanza’ es el título de un nuevo curso que oferta la Universidad Internacional Menéndez Pelayo juntamente con el ISTIC. El mismo se desarrollará entre el 28 y el 31 de marzo. En la página web del ISITC tiene toda la información.
Reflexión de monseñor Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús para el programa radial "Compartiendo el Evangelio", para el 7º domingo durante el año (20 de febrero de 2011). (AICA)
San Mateo 5, 38-48 (ciclo A)
Jesús dijo a sus discípulos: “Ustedes han oído que se dijo: Ojo por ojo, diente por diente; pero yo les digo que no hagan frente al que les hace mal. Al contrario, si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, preséntale también la izquierda; al que quiera hacerte un juicio para quitarte la túnica, déjale también el manto. Y si te exige que le acompañes un kilómetro camina dos con él. Da al que te pide y no le vuelvas la espalda al que quiere pedirte algo prestado.
Han oído ustedes que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo; pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores así serán hijos del Padre que está en el cielo porque El hace salir el sol sobre buenos y malos, y hace caer la lluvia sobre justos e injustos.
Si ustedes aman únicamente a los que los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen eso mismo los publicanos? Y si saludan tan sólo a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen eso mismo los paganos? Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo”.
Siempre nos encontramos frente al Evangelio y a la persona de Jesús que nos da más: su afirmación, su presencia, su doctrina, nos sorprende, nos sacude, nos ilumina, nos consuela y también nos exige. De allí que el Evangelio sea siempre exigente.
Pero esta exigencia que el Señor tiene para con nosotros, no es una ilusión es una gracia. ¿Por qué me refiero a la palabra “ilusión”?, porque a veces queremos vivir de acuerdo a una cierta omnipotencia y es así que tenemos ilusión: la ilusión de querer todo, de conocer todo y de experimentar todo.
Es evidente que uno no puede querer todo, conocer todo y experimentar todo ya que esta pretensión de ilusión, que para nosotros puede ser una tentación, también se puede convertir en una enfermedad, porque de alguna manera uno se cree prescindente de Dios.
Y la sociedad está cambiando. Antes se peleaba contra Dios por alguna cosa, por alguna situación, por algún problema, por algún desastre de la n