Jueves, 28 de abril de 2011

?Estudio Pastoral para la Jornada de Vocaciones Nativas 2011 publicado en la revista misionera ILLUMINARE,? n? 382, ABRIL 2011, recibida en la parroquia con los materiales para su celebraci?n el 8 de Mayo.

?VOCACIONES NATIVAS...

??????????? LLAMADAS A LA MISI?N??

No existe vocaci?n sin misi?n?

Cuando leo los evangelios, me sorprende siempre constatar que junto al relato y al testimonio de Jesucristo (su vida, su obra y su identidad m?s profunda), encontramos la historia de aquellos que han sido llamados para ser sus disc?pulos y testigos.

Apenas Jes?s empieza a predicar, ya podemos leer que llama a algunos pescadores: ?Venid conmigo, y os har? llegar a ser pescadores de hombres? (Mc 1,17). Esta expresi?n nos muestra ya claramente que la invitaci?n a seguirlo implica al mismo tiempo una misi?n hacia los otros. Poco m?s adelante podemos leer que Jes?s llama a los Doce ?para que estuvieran con ?l, y para enviarlos a predicar y con poder de expulsar los demonios? (Mc 3,14-15). Teniendo en cuenta que Jes?s vivi? enteramente empe?ado en la misi?n que hab?a recibido de su Padre ??Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra? (Jn 4,34)?, no se pod?a ser sus compa?eros sin estar asociados a su obra. No es extra?o, por lo tanto, que m?s tarde, Jes?s env?e a los Doce de dos en dos (cf. Mc 6,7-13). El evangelio de Mateo dedica todo el cap?tulo 11 a este env?o a la misi?n y a las caracter?sticas del disc?pulo misionero.

Hay que entender bien que el disc?pulo tiene necesidad de un largo aprendizaje y de una profunda conversi?n para purificar sus propios ideales, demasiado apegados a sus propios intereses y deseos, para poder llegar a ser un verdadero servidor-misionero del Evangelio. Solamente pasando a trav?s de la prueba de la cruz, ellos podr?n entender, en el encuentro con el Resucitado, que no se pertenecen a s? mismos, sino a Cristo, que les env?a como testigos ?a todas las naciones, empezando por Jerusal?n? (Lc 24,47-48). Los Hechos de los Ap?stoles y los otros escritos del Nuevo Testamento nos narran esta primera aventura misionera del primer siglo.

Desde el primer momento, aquellos que recib?an el bautismo y el Esp?ritu, convirti?ndose as? en cristianos, estaban llamados a compartir su nueva vida con los dem?s. Incluso una comunidad reci?n nacida, gracias al anuncio del Evangelio por parte de los misioneros que le hab?an sido enviados, estaba inmediatamente llamada a participar en el anuncio del Evangelio en su propio ambiente e incluso entre los m?s alejados.

Esta es la raz?n por la cual la Iglesia, a trav?s de los siglos, ha impulsado el nacimiento de vocaciones sacerdotales y religiosas en las j?venes comunidades de las tierras de misi?n. El movimiento inaugurado por Juana Bigard al final del siglo XIX, y que luego tomar? el nombre de Obra Pontificia de San Pedro Ap?stol, se inscribe, precisamente en este cuadro. Se trata de sostener, con la amistad, la oraci?n y la recogida de medios financieros, a las j?venes Iglesias en sus esfuerzos por asegurar una buena formaci?n a los candidatos al ministerio presbiteral y a la vida religiosa.

Cuando Juana Bigard inici? la Obra de San Pedro Ap?stol, la mayor?a de los europeos no consideraba una prioridad la formaci?n de los sacerdotes aut?ctonos. Un complejo de superioridad entre algunos cristianos y misioneros, y una falta de confianza en que el Se?or llam? ?a los que ?l quiso? (Mc 3,13), estaba en el origen de la convicci?n de que las Iglesias de reciente fundaci?n eran todav?a demasiado j?venes para disponer de sus propios presb?teros y obispos, religiosos y religiosas. En contraposici?n con esta actitud, los papas han tomado la palabra en numerosas ocasiones. Quiero se?alar aqu? la llamada que Pablo VI lanz? en Kampala (Uganda), en 1969, pidiendo a los africanos que fueran misioneros en sus propias Iglesias locales y por todo el mundo. Despu?s de m?s de cuarenta a?os, y de modo cada vez m?s amplio, las Iglesias de ?frica, Asia y Am?rica Latina han tomado conciencia de su responsabilidad en la Iglesia universal de ser testigos de Jesucristo ante aquellos que todav?a no lo conocen o aquellos otros que se han alejado de la fe. Al mismo tiempo estas Iglesias dan una gran importancia a la formaci?n misionera de los cristianos y, en particular, de los presb?teros y seminaristas.?

Profunda formaci?n misionera

?C?mo formar una persona para que sea misionera del amor de Dios en 2011? Pienso que podemos encontrar las orientaciones fundamentales siguiendo el camino por el cual Jes?s ha convertido a los pescadores del lago de Galilea en ?pescadores de hombres?.

?l los ha invitado, en primer lugar, a seguirlo en su camino. De este modo, ellos ser?n introducidos en el fundamento de su vida: su uni?n con ese Dios que ?l llamar? familiarmente, Abba, ?pap?. Ellos ven c?mo ?l libra a las personas de sus males, de su aislamiento, de sus enfermedades, de los esp?ritus inmundos e, incluso, del peso de sus propios pecados. Ellos ser?n testigos de la acogida que Jes?s ofrece a todos aquellos que en su ambiente o su religi?n eran considerados como personas poco recomendables para relacionarse, y de su oposici?n a los especialistas religiosos de su tiempo. Y viendo la incre?ble autoridad con la cual ?l sigue su camino, con simplicidad y sin miedo, ellos comprenden, poco a poco, el secreto de su vida, tal como el evangelio de san Juan nos narra: ?El Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre: lo que hace ?l, eso tambi?n lo hace igualmente el Hijo? (Jn 5,19). Ser misionero no tiene nada que ver con un vendedor que vende su mercanc?a o un propagandista que intenta convencer a los otros de sus ideas. El misionero, como el mismo Jes?s, no hace otra cosa que compartir aquello que ?l mismo ha recibido. Aprendiendo a trav?s de las par?bolas y las ense?anzas ?a menudo como reacci?n a disputas y acontecimientos concretos? los futuros misioneros empiezan a entender el verdadero sentido de las palabras que su Maestro repite: ?El Reino de Dios est? cerca? (Mc 1,15). Ellos pueden, sobre todo, familiarizarse con el esp?ritu de este Reino, porque ellos est?n directamente asociados al estilo de vida de Jes?s, a su oraci?n, sus aptitudes y?? reacciones ante los encuentros que ?casualmente? suceden durante la ruta.

En la medida en que el candidato-misionero, hoy como en los tiempos de los ap?stoles, es iniciado en el misterio del Reino de Dios, es invitado a la conversi?n, es decir, a cambiar sus actitudes espont?neas en un estilo de vida que se conforme a los valores del Reino de Dios, que significa, entre otras cosas, formar comunidades donde todos sean hermanos, en vez de asambleas donde los jefes hacen ver su poder sobre los otros, compartir en vez de acumular riquezas, perdonar en vez de vengarse, aprender a servir en lugar de buscar los mejores lugares, perder su vida, renunciando a sus propios intereses, ventajas y placeres, para ponerse al servicio de los dem?s y dar su vida por la vida de la multitud.

Es necesaria toda la vida para convertirse a un semejante estilo de vida y adquirir estos ?reflejos evang?licos? capaces de superar los reflejos espont?neos que habitan dentro de cada persona humana. En este sentido, el seminario o el noviciado constituyen un tiempo fuerte y privilegiado para encaminarse hacia el ?hombre nuevo? del que habla san Pablo: solo hombres nuevos pueden compartir el Evangelio y ser testigos cre?bles. La evangelizaci?n no se realiza, en un primer momento, con acciones sistem?ticas, sino que es, sobre todo, una presencia aut?ntica. Yo no puedo contar a los otros la historia de Dios con los hombres si esta no se ha convertido en mi historia personal.

Si el Evangelio de Jesucristo nos da las bases y las orientaciones de la formaci?n misionera, muchos otros conocimientos son tambi?n preciosos. El cuarto evangelio nos dice que Jes?s ?conoc?a lo que hay en el hombre? (Jn 2,25). Un proverbio ingl?s dice: ?El que quiere aprender el ingl?s de Juan tiene que conocer bien a Juan?. Un buen misionero debe tener una mirada atenta sobre ?lo que hay en el hombre?, no solamente en el hombre en general, sino el hombre en la multiplicidad de las culturas y la complejidad de las sociedades. En un mundo cada vez m?s influenciado por las investigaciones cient?ficas en todos los campos y por una mentalidad t?cnica, se necesita un esp?ritu misionero que exige un m?nimo de conocimiento de este ambiente, y en todo caso, una mente abierta. No se aprende a ser misioneros si nos encerrarnos en nuestro propio mundo, donde uno se siente seguro y bien acomodado y donde la fe cristiana parece evidente.?

Por la vida del mundo

?En la gran mayor?a de las j?venes Iglesias, los obispos, presb?teros, religiosos aut?ctonos han recogido el relevo de los misioneros extranjeros. Al mismo tiempo, ellos se encuentran delante desaf?os que no se limitan a las comunidades y obras que los misioneros han dejado, sino que deben convertirse en fundadores de nuevas comunidades, acerc?ndose a nuevos sectores de la sociedad, respondiendo con creatividad a las nuevas necesidades dentro de su propio ambiente y tambi?n respecto a los que est?n lejos.

Los evangelios de Marcos y Lucas (cf. Mc 1,35-39; Lc 4,42-44) cuentan un episodio que ilustra bien la actitud misionera que hay que tener hacia aquellos que se encuentran todav?a alejados, record?ndonos que no hay que quedarse tranquilos junto a los que se han acercado. El episodio nos narra c?mo, despu?s de un d?a en Cafarna?m donde ?l ha ense?ado, expulsado demonios y curado a muchos de sus enfermedades, todo el mundo lo busca y quieren impedirle que se vaya. Pero Jes?s reacciona: ?Tambi?n a otras ciudades tengo que anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios, porque a esto he sido enviado? (Lc 4,43).

El misionero es siempre aquel o aquella que dejando el ambiente familiar va hacia aquellos o aquellas que est?n fuera de la comunidad. El buen pastor-misionero es aquel que toma la actitud de Jes?s, que dice: ?Tambi?n tengo otras ovejas, que no son de este redil; tambi?n a esas las tengo que conducir y escuchar?n mi voz; y habr? un solo reba?o, un solo pastor? (Jn 10,16).

Las j?venes Iglesias, incluso all? donde los primeros bautismos han tenido lugar hace menos de un siglo, manifiestan un esp?ritu misionero asombroso. En numerosas congregaciones y movimientos misioneros, fundados en los pa?ses de larga tradici?n cat?lica, en la actualidad, la mayor?a de sus miembros provienen de las j?venes Iglesias. Muchos sacerdotes diocesanos de estas iglesias salen hacia otras di?cesis de sus pa?ses o de otras naciones donde faltan presb?teros.

Tambi?n en las Iglesias de Europa est? trabajando un gran n?mero de sacerdotes de las j?venes Iglesias. No se trata solamente de un remedio a la falta de sacerdotes en Europa. Estos presb?teros, venidos desde Iglesias hermanas, son una expresi?n elocuente de la naturaleza profunda de la Iglesia, es decir, ser una comunidad universal; de aqu?, precisamente, deriva el sentido de la palabra cat?lico. Su presencia y ministerio les permite ser un signo de acci?n de gracias por la labor de los misioneros que un d?a llevaron el Evangelio a sus regiones, y que ha hecho que naciesen Iglesias capaces, ahora, de ?ofrecer? sacerdotes y religiosos para el trabajo misionero y pastoral en todo el mundo, en signo de agradecimiento a Dios? (del Mensaje de la Asamblea de los representantes del Simposio de las Conferencias Episcopales de ?frica y Madagascar y del Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa, que tuvo lugar en Abiy?n, Costa de Marfil, del 10 al 14 de noviembre de 2010).

Por ?ltimo, al acoger a los misioneros que vienen de m?s all? del mar, la Iglesia de Europa ofrece un testimonio elocuente al viejo continente de su fe en que en Cristo ?no hay griego y jud?o; circuncisi?n e incircuncisi?n; b?rbaro, escita, esclavo, libre, sino que Cristo es todo y en todos? (Col 3,11). ?No es esta experiencia de fraternidad universal en un mismo Cristo la que atraer? pronto a miles de j?venes a la JMJ de Madrid? Si Dios ?tanto am? al mundo que dio a su Hijo ?nico, para que todo el que crea en ?l no perezca, sino que tenga vida eterna? (Jn 3,16), entonces, el mejor servicio que nosotros podemos ofrecer a este mundo es presentar al Dios de Jesucristo. Para que la globalizaci?n de nuestro mundo sea la globalizaci?n de la paz, de la justicia y del amor.

Por Jan Dumon
Secretario General de la Obra Pontificia de San Pedro Ap?stol

?


Publicado por verdenaranja @ 21:10  | Misiones
 | Enviar