Jueves, 28 de abril de 2011

?Presentaci?n de la Campa?a de Vocaciones nativas??2011 por Mons. Francisco P?rez Gonz?lez, Arzobispo de Pamplona-Tudela y Director Nacional de OMP publicada en la revista misisonera ILLUMINARE? n? 382, ABRIL 2011, recibida en la parroquia para su celebraci?n el 8 de Mayo.

8 de Mayo - Jonada de Vocaciones Nativas

VOCACIONES NATIVAS...

???????????????????? LLAMADAS ALA MISI?N

?Por Mons. Francisco P?rez Gonz?lez,
Arzobispo de Pamplona-Tudela y Director Nacional de OMP?

Hablar de vocaci?n o simplemente pronunciar este nombre no se comprende en la sociedad moderna. Es una palabra que se pone en tela de juicio. Hoy, m?s bien, se habla de empleo, profesi?n, posici?n social, realizaci?n laboral o frustraci?n laboral, trabajo o paro? Parece como si solo existiera el trabajo o la profesi?n como el m?ximo a lo que cada uno debe aspirar. Es cierto que con el trabajo nos realizamos como personas o nos frustramos si este nos falta, pero el ser humano debe tener aspiraciones mayores: la realizaci?n de su personalidad humana y espiritual. Como todo se mide por el rendimiento o por lo que el trabajo comporta econ?micamente, se ha ido perdiendo aquello que es la esencia propia del mismo. No nos extra?emos de que, como consecuencia, se vean situaciones de ambiciones, corruptelas y desviaciones que indican hasta d?nde puede llevar el desenfoque de la aut?ntica antropolog?a. Por naturaleza el ser humano tiene una vocaci?n, que es la respuesta a una llamada para ejercer, con su esfuerzo y dedicaci?n, el bien que redunde en la sociedad.

La vocaci?n secunda una llamada que se hace viva en la persona, y esa llamada es originada por un protagonista que tiene la cualidad de dise?ar nuestra vida y nos convoca para administrar dignamente un proyecto que, si se realiza bien, embellecer? y armonizar? a la misma creaci?n. El protagonista, que es Dios, nos ofrece a cada uno las cualidades suficientes para conseguir el fin como objeto de la vocaci?n. Si se ha sido fiel a la vocaci?n, los frutos ser?n el premio mejor.

Cuando el ser humano margina a Dios, pierde todo; es m?s, pierde la referencia a la vocaci?n. En la historia de la humanidad lo hemos podido comprobar en muchos momentos: cuanto m?s el hombre se afirma a s? mismo y se cree totalmente aut?nomo, m?s pierde el objeto de su realizaci?n. La vocaci?n fundamental del g?nero humano es la del amor, puesto que por Amor es creado y al Amor es llamado.?

La dimensi?n antropol?gica de la actividad misionera?

El ?ser para las gentes? es el elemento dinamizante del ser eclesial. Precisamente, la actividad misionera pone a la Iglesia en una permanente b?squeda del hombre concreto para ofrecerle la Buena Noticia de su salvaci?n integral. La acci?n misionera debe ser una propuesta firme pero respetuosa de la libertad. Como dec?a el muy pronto beato Juan Pablo II en la ?ltima visita a Espa?a: ?A Cristo se le propone, pero no se le impone?. Esta actitud est? basada en la convicci?n de que el Evangelio constituye un bien para el ser humano y para su realizaci?n como persona y como camino de santificaci?n. El cristiano ha de sentirse colmado de un gran amor que Dios le concede, y se har? m?s evidente que en la entra?a misma de su vida lo importante es la filiaci?n divina adoptiva. La fe cristiana ofrece respuestas a los interrogantes m?s profundos del ser humano y da sentido a su existencia.

Aunque lo primordial de la actividad misionera de la Iglesia se manifiesta en la dimensi?n trascendente, esta supone e incluye dentro de sus tareas la promoci?n humana en s?. En este comp?s entre la actividad misionera y la historia humana con su propia progresividad, la misi?n de la Iglesia se apoya en la esperanza de la consumaci?n definitiva, y poniendo la mirada en el final, no ha de olvidarse de promover los valores evang?licos. Y esto es verdadera promoci?n humana, puesto que la fe no disminuye al ser humano, sino que lo dignifica y ennoblece.

La misma teolog?a de la misi?n ha de subrayar absolutamente que la misi?n de Cristo Redentor, que se contin?a a trav?s de la Iglesia, es principalmente transformaci?n espiritual, la cual ha de repercutir en la transformaci?n integral de la persona y de la sociedad. La Iglesia, anunciando la salvaci?n en Cristo que lleva a la conversi?n y el bautismo, fundando nuevas comunidades locales, contribuye al verdadero progreso humano salvaguardando la prioridad de su realidad trascendente. La Iglesia fundada y sustentada en Cristo es Reino del Dios vivo que en Jesucristo resucitado hace caminar con mayor firmeza hacia la plenitud escatol?gica.

La vocaci?n del misionero es una vocaci?n de entrega, ante todo, para llevar la salvaci?n en Cristo a toda la humanidad. Conviene mentalizarse siempre de que la finalidad de la misi?n es prioritariamente la salvaci?n en el Se?or y para que el g?nero humano encuentre el abrazo amoroso del Padre. Que no se desfigure la misi?n poniendo el acento sobre las realidades humanas que han de cambiar o que hay que cubrir. Alguien desafortunadamente afirmaba que ?l estaba en la misi?n para salvar los cuerpos, no las almas; estaba cometiendo un grave error y cayendo en la herej?a m?s absurda sobre el sentido de la misi?n. Solo tiene sentido misionar si se lleva la salvaci?n en Cristo, que quiere hacernos part?cipes de su vida en eternidad. Y esto no significa desentenderse del progreso y la promoci?n humana en la b?squeda de transformaciones sociales, pol?ticas y culturales que eliminen la injusticia y la pobreza. Pero hay que tener presente que todo ello debe orientarse a Cristo, sabiendo que ?l es el que, resucitado y sentado a la derecha del Padre, lleva la historia a su plenitud.?

Las vocaciones nativas, profec?a de la misi?n.

Cuanto m?s santa es la vida del misionero, tanto m?s eficaz es la misi?n??

Al celebrar los veinte a?os de la enc?clica Redemptoris missio (7-12-1990), que ten?a como finalidad subrayar la validez permanente del mandato misionero y de la misi?n ad gentes en particular, no podemos pasar por alto la labor que est?n realizando hoy tantos misioneros que han tomado en serio el mandato de Cristo para llevar el Evangelio a todo el mundo. Ante la globalizaci?n que se hace cada d?a m?s honda y donde las fronteras se desvanecen, no hemos de olvidar que para la misi?n y los misioneros, sus servidores, se hace m?s urgente llevar el mensaje liberador de Jesucristo.

El Papa Juan Pablo II, en dicha enc?clica, afirma que la acci?n misionera hacia los pueblos y grupos humanos no evangelizados sigue siendo necesaria, particularmente en algunas ?reas del mundo y en determinados contextos culturales. En el centro de la actividad misionera est? el anuncio de Cristo, el conocimiento y la experiencia de su amor. Este anuncio no quita la autonom?a propia de algunas actividades como el di?logo y la promoci?n humana, sino que, al contrario, las funda en la caridad difusiva y las encamina a un testimonio siempre respetuoso de los otros en el atento discernimiento de lo que el Esp?ritu suscita en ellos. No se debe olvidar nunca ?contin?a el Papa? que la fidelidad del evangelizador a su Se?or est? en la base de la actividad misionera. Cuanto m?s santa es la vida, tanto m?s eficaz es esta misi?n suya. La llamada a la misi?n es llamada incesante a la santidad.

Si la Jornada de Vocaciones Nativas nos interpela a todos es por su calado vocacional, de muchos hombres y mujeres que ponen en el centro de su vida la entrega generosa por llevar a todo el g?nero humano el amor de Cristo. La sociedad contempor?nea adolece de una gran enfermedad: la falta de sentido en su vida. Las grandes promesas que ofrec?an los buscadores y conquistadores de ?para?sos perdidos? han fracasado. S?lo quien se afiance en el amor salvador de Cristo encontrar? su realizaci?n m?s plena.

Recemos por los que sienten la llamada a ser promotores de la nueva misi?n: los sacerdotes, religiosos y laicos. Miles y miles de misioneros durante siglos han mostrado la cara aut?ntica de la vida humana. Hoy, a trav?s de la Obra Pontificia de San Pedro Ap?stol, que atiende las vocaciones nativas, hagamos lo posible para cooperar y apoyar desde la oraci?n, la ofrenda de sacrificios y la solidaridad econ?mica, con vistas a que nadie se pierda en el recorrido de este hermoso camino de llevar al g?nero humano al encuentro con Cristo.

Roguemos a la Virgen Mar?a, auxilio de los misioneros, para que los j?venes, que celebrar?n en Madrid el gran evento de la Jornada Mundial de la Juventud, juntos con el Papa, vivan una explosi?n misionera y que muchos se sientan interpelados para donarse a favor de la misi?n y as? llegar a tantos hombres y mujeres de nuestro tiempo que a?n no conocen a Jesucristo.?


Publicado por verdenaranja @ 21:19  | Hablan los obispos
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