S?bado, 30 de abril de 2011

ZENIT? nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI ha dirigido a los fieles, continuando el ciclo de catequesis sobre los Doctores de la Iglesia, en la audiencia general celebrada en la ma?ana del 30 de Marzo de 2011 en la Plaza San Pedro.

Queridos hermanos y hermanas,

hoy quisiera presentaros la figura de un santo Doctor de la Iglesia al que debemos mucho, ya que fue un insigne te?logo moralista y un maestro de vida espiritual para todos, sobre todo para la gente humilde. Es el autor de la letra y de la m?sica de uno de los villancicos navide?os m?s famosos de Italia: Tu scendi dalle stelle, adem?s de otras muchas cosas.

Perteneciente a una familia napolitana noble y rica, Alfonso Mar?a de Ligorio naci? en 1696. Dotado de grandes cualidades intelectuales, con tan solo 16 a?os se gradu? en derecho civil y can?nico. Era el abogado m?s brillante del foro de N?poles: durante ocho a?os gan? todas las causas que defendi?. Sin embargo, su alma ten?a sed de Dios y estaba deseosa de la perfecci?n, as? el Se?or le hizo comprender que era otra la vocaci?n a la que lo llamaba. De hecho, en 1723, indignado por la corrupci?n y la injusticia que viciaban el ambiente que lo rodeaba, abandon? su profesi?n -y con ella la riqueza y el ?xito- y decide convertirse en sacerdote, a pesar de la oposici?n paterna. Tuvo maestros excelentes que lo introdujeron en el estudio de las Sagradas Escrituras, de la Historia de la Iglesia y de la m?stica. Adquiri? una amplia cultura teol?gica, que comenz? a dar fruto cuando, algunos a?os despu?s, comienza su labor de escritor. Fue ordenado sacerdote en 1726 y se entreg?, para el ejercicio de su ministerio, a la Congregaci?n diocesana de las Misiones Apost?licas. Alfonso inici? la evangelizaci?n y la catequesis entre los estratos m?s bajos de la sociedad napolitana, a la que gustaba predicar, y a la que instru?a en las verdades fundamentales de la fe. No pocas de estas personas, pobres y modestas, a las que se dirigi?, a menudo se dedicaban a los vicios y realizaban acciones criminales. Con paciencia les ense?aba a rezar, anim?ndolas a mejorar su modo de vivir. Alfonso obtuvo resultados excelentes: en el barrio m?s miserable de la ciudad se multiplicaban los grupos de personas que, al caer la tarde, se reun?an en las casas privadas y en los talleres, para rezar y meditar la Palabra de Dios, bajo la gu?a de un catequista formado por Alfonso y por otros sacerdotes, que visitaban regularmente a estos grupos de fieles. Cuando, por deseo expreso del arzobispo de N?poles, estas reuniones comenzaron a celebrarse en las capillas de la ciudad, estas tomaron el nombre de ?capillas nocturnas?. Esto fue una verdadera y propia fuente de educaci?n moral, de saneamiento social, de ayuda rec?proca entre los pobres: esto puso fin a robos, duelos, prostituci?n hasta casi desaparecer.

Aunque si el contexto social y religioso de la ?poca de san Alfonso era muy distinto del nuestro, las

?capillas nocturnas? son un modelo de acci?n misionera en el que nos podemos inspirar tambi?n hoy para ?una nueva evangelizaci?n?, particularmente de los m?s pobres, y para construir una convivencia humana m?s justa, fraterna y solidaria. A los sacerdotes se les ha confiado un deber de ministerio espiritual, mientras que los laicos bien formados pueden ser eficaces animadores cristianos, aut?ntica levadura evang?lica en el seno de la sociedad.

Despu?s de haber pensado irse para evangelizar a los pueblos paganos, Alfonso, a la edad de 35 a?os, entr? en contacto con los agricultores y pastores de las regiones interiores del Reino de N?poles, y estupefacto por su ignorancia religiosa y el estado de abandono en el que estaban, decidi? dejar la capital y dedicarse a estas personas, que eran pobres espiritual y materialmente. En 1732 fund? la Congregaci?n religiosa del Sant?simo Redentor, que puso bajo la tutela del obispo Tommaso Falcoia, y de la que se convirti? en el superior. Estos religiosos, dirigidos por Alfonso, fueron aut?nticos misioneros itinerantes, que llegaron incluso a los pueblos m?s remotos, exhortando a la conversi?n y a la perseverancia en la vida cristiana sobre todo por medio de la oraci?n. Todav?a hoy, los redentoristas, esparcidos por tantos pa?ses del mundo, con nuevas formas de apostolado, contin?an esta misi?n de evangelizaci?n. Pienso en ellos con reconocimiento, exhort?ndoles a ser siempre fieles al ejemplo de su Santo Fundador.

Estimado por su bondad y por su celo pastoral, en 1762 Alfonso fue nombrado obispo de Sant'Agata dei Goti, ministerio que, dej? en 1775 por causa de las enfermedades que sufr?a, por concesi?n del Papa P?o VI. El mismo Pont?fice, en 1787, exclam?, al recibir la noticia de su muerte, que se produjo con mucho sufrimiento, exclam?: ??Era un santo!?. Y no se equivocaba: Alfonso fue canonizado en 1839, y en 1871 es declarado Doctor de la Iglesia. Este t?tulo se le concede por muchas razones. Antes que nada, porque propuso una rica ense?anza de teolog?a moral, que expresa adecuadamente la doctrina cat?lica hasta el punto de ser proclamado por el Papa P?o XII como ?Patr?n de todos los confesores y moralistas?. En su ?poca, se difundi? una interpretaci?n muy rigurosa de la vida moral, quiz?s por la mentalidad jansenista, que antes que alimentar la confianza y esperanza en la misericordia de Dios, fomentaba el miedo y presentaba un rostro de Dios adusto y severo, muy lejano al revelado por Jes?s. San Alfonso, sobre todo en su obra principal titulada Teolog?a Moral, propone una s?ntesis equilibrada y convincente entre las exigencias de la ley de Dios, esculpida en nuestros corazones, revelada plenamente por Cristo y interpretada con autoridad por la Iglesia, y los dinamismos de la conciencia y de la libertad del hombre, que en la adhesi?n a la verdad y al bien, permiten la maduraci?n y la realizaci?n de la persona. A los pastores de almas y a los confesores, Alfonso recomendaba ser fieles a la doctrina moral cat?lica, asumiendo al mismo tiempo, una actitud caritativa, comprensiva, dulce para que los penitentes se sintiesen acompa?ados, sostenidos, animados en su camino de fe y de vida cristiana. San Alfonso no se cansaba nunca de repetir que los sacerdotes son un signo visible de la infinita misericordia de Dios, que perdona e ilumina la mente y el coraz?n del pecador para que se convierta y cambie de vida. En nuestra ?poca, en la que son claros los signos de p?rdida de la conciencia moral y -es necesario reconocerlo- de una cierta falta de estima hacia el Sacramento de la Confesi?n, la ense?anza de san Alfonso es todav?a de gran actualidad.

Junto a las obras de teolog?a, san Alfonso compuso muchos otros escritos, destinados a la formaci?n religiosa del pueblo. Es estilo es simple y agradable. Le?das y traducidas en numerosas lenguas, las obras de san Alfonso han contribuido a plasmarla espiritualidad popular de los ?ltimos dos siglos. Algunas de estas son textos que aportan grandes beneficios todav?a hoy, como M?ximas Eternas, Las Glorias de Mar?a, Pr?ctica de amor a Jesucristo, obra -esta ?ltima- que representa la s?ntesis de su pensamiento y de su obra maestra. Insiste mucho en la necesidad de la oraci?n, que permite abrirse a la Gracia divina para cumplir cotidianamente la voluntad de Dios y conseguir la propia santificaci?n. Con respecto a la oraci?n escribe: ?Dios no niega a nadie la gracia de la oraci?n, con la que se obtiene la ayuda para vencer toda concupiscencia y toda tentaci?n. Y digo, replico y replicar? siempre, durante toda mi vida, que toda nuestra salvaci?n est? en el rezar?. De aqu? su famoso axioma: ?Quien reza se salva? ?Del gran Medio de la Oraci?n y op?sculos afines?. Obras Asc?ticas II, Roma 1962, p. 171). Me viene a la mente, a este prop?sito, la exhortaci?n de mi predecesor, el Venerable Siervo de Dios Juan Pablo II: ?nuestras comunidades cristianas tienen que llegar a ser aut?nticas 'escuelas de oraci?n'?... ?Hace falta, pues, que la educaci?n en la oraci?n se convierta de alguna manera en un punto determinante de toda programaci?n pastoral? (Carta Apost?lica Novo Millenio ineunte, 33 y 34).

Entre las formas de oraci?n aconsejadas fervientemente por san Alfonso, destaca la visita al Sant?simo Sacramento o, como dir?amos hoy, la adoraci?n, breve o prolongada, personal o comunitaria, ante la Eucarist?a. ?Ciertamente -escribe Alfonso- entre todas las devociones esta de adorar a Jes?s sacramentado es justo despu?s de los sacramentos, la m?s querida por Dios y la m?s ?til para nosotros... ?Oh, qu? bella delicia estar delante de una altar con fe.. presentando nuestras necesidades, como hace un amigo a otro con el que se tiene total confianza!? (?Visitas al Sant?simo Sacramento, a Mar?a Sant?sima y a San Jos? correspondientes a cada d?a del mes?. Introducci?n). La espiritualidad alfonsiana es, de hecho, eminentemente cristol?gica, centrada en Cristo y en su Evangelio. La meditaci?n del misterio de la Encarnaci?n y de la Pasi?n del Se?or son frecuentemente objeto de su predicaci?n. En estos eventos, la Redenci?n es ofrecida a todos los hombres ?copiosamente?. Y justo porque es cristol?gica, la piedad alfonsiana es tambi?n exquisitamente mariana. Muy devoto de Mar?a, Alfonso ilustra su papel en la historia de la salvaci?n: socia de la Redenci?n y mediadora de gracia, Madre, Abogada y Reina. Adem?s, san Alfonso afirma que la devoci?n a Mar?a nos confortar? en el momento de nuestra muerte. Estaba convencido que la meditaci?n sobre nuestro destino eterno, sobre nuestra llamada a participar para siempre en la beatitud de Dios, as? como la posibilidad tr?gica de la condenaci?n, contribuye a vivir con serenidad y compromiso, y a afrontar la realidad de la muerte conservando siempre la confianza en la bondad de Dios.

San Alfonso Mar?a de Ligorio es un ejemplo de pastor celoso, que ha conquistado las almas predicando el Evangelio y administrando los Sacramentos, combinado con un modo de hacer basado en una bondad humilde y suave, que nac?a de la intensa relaci?n con Dios, que es la Bondad infinita. Tuvo una visi?n realista y optimista de los recursos del bien que el Se?or da a cada hombre y dio importancia a los afectos y a los sentimientos del coraz?n, adem?s de la mente, para poder amar a Dios y al pr?jimo.

En conclusi?n, quisiera recordar que nuestro santo, an?logamente a San Francisco de Sales -del que habl? hace alguna semana- insiste en decir que la santidad es accesible a todos los cristianos: ?El religioso por religioso, el seglar por seglar, el sacerdote por sacerdote, el casado por casado, el comerciante por comerciante, el soldado por soldado, y as? hablando en todos los estados?(Pr?ctica de amor a Jesucristo. Obras asc?ticas I, Roma 1933, p. 79). Agradezcamos al Se?or que, con su Providencia, suscita santos y doctores en lugares y tiempos diversos, que hablan el mismo lenguaje para invitarnos a crecer en la fe y a vivir con amor y con alegr?a nuestro ser cristianos en las sencillas acciones de cada d?a, para caminar en el camino de la santidad, en el camino hacia Dios y hacia la verdadera alegr?a. Gracias.

[Traducci?n del original italiano por Carmen ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 23:25  | Habla el Papa
 | Enviar